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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Revista de Filosofía, Año V - Nº 3 - May/1919 - Cultura--Ciencias--Educación - -Author: Various - -Editor: José Ingenieros - -Release Date: December 12, 2016 [EBook #53718] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK REVISTA DE FILOSOFIA, MAY, 1919 *** - - - - -Produced by Adrian Mastronardi and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net - - - - - - - - Año V--N.ᵒ 3 Mayo de 1919 - - Revista de Filosofía - - Cultura--Ciencias--Educación - - PUBLICACIÓN BIMESTRAL DIRIGIDA POR - JOSÉ INGENIEROS - - SUMARIO - - _321_--_Rodolfo Rivarola_ Discurso de apertura de la Universidad. - - _332_--_David Peña_ Alberdi, Sarmiento y Mitre. Alrededor - de 1852. - - _358_--_J. Alfredo Ferreyra_ Acotaciones a Montaigne. - - _367_--_Rodolfo Senet_ Los sentimientos morales, estéticos y - religiosos. - - _386_--_J. Laub_ ¿Qué son espacio y tiempo? - - _406_--_Leopoldo Maupas_ Lógica inductiva. - - _437_--_Nicolás Besio Moreno_ Ulises en el Infierno dantesco. - - _442_--_César Reyes_ Democracia individualista. - - _457_--_Octavio Méndez Pereyra_ La crítica y el arte. - - _462_--_José Ingenieros_ Las ideas filosóficas de Ameghino. - - ÍNDICE DEL VOLUMEN IX - - Redacción: calle Viamonte 743 - Administración: Casa Vaccaro--Avenida de Mayo 638 - BUENOS AIRES - - -EN LOS NUMEROS PRÓXIMOS - - _Carlos O. Bunge_ Ensayo sobre Sarmiento (póstumo) - - _Ernesto Quesada_ Desenvolvimiento social hispano americano. - - _Juan Agustín García_ Notas sobre la evolución colonial. - - _José Nicolás Matienzo_ Problemas universitarios. - - _Roberto J. Giusti_ Ensayo sobre Amiel. - - _Pedro N. Arata_ La ciencia en la época del Renacimiento. - - _Franciso de Veyga_ La psicología hindú. - - _Rodolfo Rivarola_ Cuestiones de filosofía política. - - _Joaquín V. González_ Problemas culturales y universitarios. - - _Leopoldo Maupas_ Ensayos de lógica. - - _Carlos F. Melo_ Fundamentos y función social del Derecho. - - _Enrique Mouchet_ Sobre psicología del lenguaje. - - _Víctor Mercante_ Principios básicos de la educación. - - _Rodolfo Senet_ Los sentimientos morales y religiosos. - - _Juan Chiabra_ La metafísica dogmática contra la ciencia. - - _J. Alfredo Ferreyra_ Estudios de ética. - - _Alcira Villegas_ Ética social. - - _Félix Icasate Larios_ Las categorías en Aristóteles y Kant. - - _R. Sarmiento Laspiur_ La obra científica de Julio Méndez. - - _Cristóbal M. Hicken_ La obra científica de Eduardo L. Holmberg. - - _Eusebio Gómez_ Psicología de las pasiones antisociales. - - _Narciso Laclau_ El problema de la vida. - - -_Obras de JOSÉ INGENIEROS_ - -Acaban de reeditarse: - - LA SIMULACIÓN EN LA LUCHA POR LA VIDA (11.ª edición corregida) - -Un volumen de 220 páginas: $ 1 m/n. - - SIMULACION DE LA LOCURA (8.ª edición, revisada por el autor) - -Un volumen de 400 páginas: $ 2 m/n. - - SOCIOLOGÍA ARGENTINA (7.ª edición, muy aumentada) - -Un volumen de 450 páginas: $ 2 m/n. - - PRINCIPIOS DE PSICOLOGIA (6.ª edición, corregida) - -Un volumen de 400 páginas: $ 2 m/n. - - CRIMINOLOGIA (7.ª edición, corregida) - -Un volumen de 314 páginas: $ 2 m/n. - - EL HOMBRE MEDIOCRE (5.ª edición, muy corregida) - -Un volumen de 250 páginas: $ 1 m/n. - - HACIA UNA MORAL SIN DOGMAS - -Un volumen de 212 páginas: $ 1 m/n. - - PROPOSICIONES, relativas al porvenir de la filosofía - -Un volumen de 160 páginas: $ 1 m/n. - - Pedidos a la Casa Vaccaro, AVENIDA DE MAYO 638, Buenos Aires - - - - - REVISTA DE FILOSOFIA - - Año V--N.° 3 Mayo de 1919 - - - - -DISCURSO DE APERTURA DE LA UNIVERSIDAD - -POR EL DR. RODOLFO RIVAROLA - -Presidente de la Universidad de La Plata - - -La situación actual del mundo, en lo político, económico, social y -moral presenta problemas para un porvenir inmediato de tal magnitud que -ni siquiera me animo a nombrar, y mucho menos a abrir discusión sobre -ellos en este acto. Están fuera de nuestro país, y asimismo, gravemente -al parecer, dentro de nuestras fronteras. Diríamos que se respiran en -el ambiente y producen en nuestro espíritu una sensación de peligro -próximo. Con todo, no es de ello que debo hablar en este acto, sino de -lo concreto de nuestros problemas más inmediatos, los que correspondan -a la común aspiración de la mejor enseñanza, y a la mayor consideración -y estimación recíproca de profesores y alumnos. - -En mi razonamiento, lo que digo significa, para mí, que hay un -compromiso de conciencia que nos afecta por igual a profesores y -alumnos. Tenemos los primeros que saber claramente para qué enseñamos -y los segundos saber también claramente para qué asisten a nuestras -enseñanzas. - -En el análisis de la primera proposición _para qué enseñamos_, -confesemos dos motivos egoístas: la satisfacción de una tarea honrosa -y la percepción del honorario. No podemos moralmente contentarnos con -los motivos egoístas. Uno y otro implican el cumplimiento de un deber, -sin el cual, en vez de satisfacción, sentiríamos vergüenza y pena, -si tenemos conciencia regularmente normal y moral. Nuestro honorario -se compone de dos partes: una que paga la Sociedad por su órgano, -el Estado; otra que pagan los alumnos a título de derechos que la -Universidad percibe. Nuestro servicio será para la Sociedad, en cuanto -la Universidad deberá proveerla de aptitudes individuales útiles para -su bienestar, su mejor gobierno, sus mejores servicios administrativos, -su mayor producción económica, su mejor justicia, su mejor moralidad, -salud o higiene. Deberá ser para cada alumno, en cuanto le habilitará -para que sirviendo bien a la sociedad, se sirva a sí mismo mediante la -remuneración honrada de su trabajo. - -Si hemos tomado a nuestro cargo la responsabilidad de enseñar, es -porque confiamos en nuestras aptitudes; pero tal vez no meditamos -suficientemente en el fin de nuestras enseñanzas. De aquí se sigue que -nuestros planes de estudios, nuestros programas o nuestros métodos -puedan carecer de precisión para orientarnos hacia la utilidad social e -individual. - - * * * * * - -Es urgente distinguir entre la elaboración de la ciencia y su -aplicación, o sea entre investigar y hacer. ¿Por qué haríamos un -investigador de física cuando sólo necesitamos un electricista? -¿Por qué haríamos un botánico, cuando necesitamos un agricultor? Un -electricista deberá convertir su habilidad en dinero: un agricultor -lo mismo. Su servicio será para un industrial, particular, sociedad o -colectividad, en vista de una retribución correspondiente. ¿Qué haría -con el investigador de física o de botánica, el industrial a quien sólo -interesara el rendimiento económico más provechoso, si el sabio ocupara -su tiempo en adelantar la ciencia en vez de adelantar las entradas -en dinero de la industria? Ante el peligro de que la investigación -científica arruinase la industria ¿despediría el sabio o, por lo menos, -le relegaría a un laboratorio y tomaría un técnico? Lo que digo del -físico y del botánico, lo digo también del químico, del médico, del -veterinario, del abogado y de cuanto _saber_ debe transformarse en -_hacer_, de cuanta ciencia debe ser arte: _arte de curar_, se decía de -la medicina. - -El método de educar para la ciencia y el método de preparar para -la profesión, son necesariamente diversos como correspondientes a -fines distintos. El primero aspira a la explicación más completa de -las cosas; el segundo a la ejecución más perfecta de las obras. La -ejecución es más perfecta cuando responde con mayor exactitud al -fin deseado, aunque en cualquier caso particular el ejecutor ignore -la explicación. Continuando todavía con uno de los ejemplos que he -propuesto, la agricultura es fuente de riqueza nacional; la proposición -sería de una trivialidad afligente si intentara decir alguna -novedad. En ella va contenida la afirmación de ser la agricultura -arte de economía; arte de producir riqueza transformada en su signo -representativo, la moneda. Cuando diplomamos a un perito agrónomo, -no tenemos que certificar sus conocimientos científicos o teóricos -en las diversas ciencias que adelantan la agricultura. Se nos pide -únicamente que certifiquemos su habilidad para transformar semilla en -dinero. Deberá nuestro perito tener esta habilidad; con el menor gasto -posible producir la mayor utilidad. No solamente deberá saber cuál -es la semilla que produce mejores plantas, sino que es indispensable -que sepa cuánto cuesta y dónde se vende, y deberá saber qué precio se -obtendrá por los productos. La perfección de este arte no estará, pues, -en presentar los frutos más hermosos, según el criterio estético, sino -en obtener los de mayor utilidad económica, porque este es el fin del -servicio. Una escuela de agronomía es, pues, una escuela económica, -destinada a preparar comerciantes de la agricultura, y ella misma debe -ser una casa de comercio agrícola, para que sus alumnos puedan ser -buenos comerciantes (no demos a la palabra la acepción jurídica) de la -industria rural. - -Sé que expreso estos pensamientos contrarios a otros que oigo y leo -sobre enseñanza agrícola. Tengo desde muchos años en los oídos esta -frase de los especialistas más respetables y distinguidos: las escuelas -de agricultura son establecimientos de enseñanza y no de producción; -a lo cual contesto que deben ser de producción para que se aprenda -a producir. Pero declaro que mi interés de este momento no es abrir -polémica sobre esta cuestión, sino presentar un ejemplo de demostración -lógica, aplicable a cualquier arte, considerada en el único aspecto -que indicará el método de enseñarla: su finalidad. Quien acude a un -abogado porque tiene un pleito, le interesará que su letrado obtenga -el reconocimiento de lo que cree su derecho, le importará poco lo que -sepa sobre problemas de reformas legislativas, que correspondan al -grado de estudio cuyo objeto es la mejor organización de la sociedad. -Lo mismo, quien acude a un médico es para que le cure la enfermedad; le -importará poco cuáles sean sus profundos conocimientos en determinada -investigación de laboratorio, si no ha visto muchos enfermos y -aprendido su arte al lado de quien los asistía y los curaba de modo -que él mismo sepa curar... por lo menos las enfermedades curables, las -únicas que se curan, como decía el doctor Wilde. - - * * * * * - -El tema que aquí trato es el mismo que sometí a la Asamblea General -de Profesores, en agosto del año pasado; y lo consideraremos de nuevo -en la próxima Asamblea General. Me sirve ahora para traerlo hasta -algunas de las cuestiones universitarias que parecen haber tomado mayor -importancia. - -Las ideas corrientes de organización universitaria argentina, -sus planes de estudio y métodos, aspiran a hacer principalmente -profesionales, o sea técnicos, mediante métodos de investigación -científica. No hay distinción positiva, bien clara, entre la -preparación para la ciencia y la preparación para la profesión. No -tenemos escuelas técnicas, porque la enseñanza técnica está dentro -de las mismas universidades, y cuando se encuentra afuera imita los -métodos y planes científicos, aspira a igualar con la enseñanza que -debería ser puramente científica y no profesional. No es para mí -inconveniente que se encuentre dentro de la Universidad lo científico -puro y lo profesional, lo elemental y lo superior; pero a condición -de que distingamos lo que corresponde a una y otra finalidad de la -enseñanza. - -Cuando se cita el ejemplo de universidades extranjeras, especialmente -alemanas, y se encomia su admirable libertad de enseñar lo que el -profesor quiera, y de aprender el alumno lo que quiera, de asistir -o de no asistir a clase, de elegir unas materias y no otras, de no -dar exámenes, etc., se advierte al mismo tiempo que en aquellas -universidades la enseñanza es puramente científica, y que la técnica -se da en institutos especiales. He mostrado en otro momento y lo -repito ahora, que hay gravísimo error en aplicar aquellas ideas a las -universidades argentinas, que no son puramente científicas, sino que -proponen a la vez los dos fines de preparación para la ciencia y para -la profesión. - -Cuando los estudios científicos con educación especial en métodos -adecuados y rigurosos, corran por separado de los métodos para la -preparación profesional, diremos claramente que no hay exigencia de -asistir a clase, ni reglamento de práctica, ni obligación de alumno: -quien quisiere aprender asistirá a la enseñanza que pueda darle quien -tenga ciencia para enseñar. - -Esta separación es simplemente una tesis que sostengo; no es una -realidad existente en nuestras universidades. Muchos, tal vez -la mayoría, no creen en ella, como yo no creía antes de haberme -rectificado. Toda la enseñanza universitaria está organizada bajo -el supuesto de una base científica sin distinción de finalidad -científica o profesional. De esto resulta que, en definitiva, no sea -ni preparatoria de aptitudes científicas ni preparatoria de habilidad -profesional. - -La medida en que la enseñanza científica deberá servir a la preparación -profesional, es en casos particulares de positiva dificultad. Lo -reconozco y lo declaro. Por eso mismo, y mientras la tesis no se haya -convertido en realidad, corresponde que cada alumno se proponga a sí -mismo la cuestión de su propia vocación y destino que desea dar a sus -estudios. En la enseñanza de cada materia, encontrará una parte o un -aspecto, un modo o un método que se ajustará mejor a sus deseos o -conveniencias. Es en este sentido que la presencia en la clase será -para él un beneficio que a su tiempo lamentará haber descuidado, aun -cuando a su juicio, en cuya infalibilidad de hoy no debe creer, le -parezca que la enseñanza no responda a su interés futuro. - -Por otra parte, quien aspire solamente a ejercer una profesión, por ser -ésta de carácter que requiere derivarse de conocimientos científicos, -ninguna medida de tiempo que emplee en adquirirlo le será perjudicial -para su profesión. De la misma manera, quien aspire a consagrar su -empeño en la adquisición de la ciencia, en ninguna manera le será -perjudicial cualquier contacto con el arte o aplicación profesional de -la ciencia. - -Demasiado sabemos por experiencia propia que no alcanzamos a ser -hombres de ciencia, desde que discutimos o inventamos muy poca cosa en -la vía de la producción científica, y si adquirimos alguna habilidad -profesional es con frecuencia mediante rectificación de errores que -reconocemos después de haberlos cometido. - -Mediante la misma rectificación de errores bajo el látigo de la -experiencia diaria, hemos llegado a profesar en la cátedra y a tener -en verdad cierta experiencia que utilizamos y debemos utilizar para -aprovechamiento de los jóvenes que en calidad de alumnos nos reclaman -el fruto de lo que la vida haya sembrado en nuestro espíritu. Agregaré, -porque es verdad y porque hablo sin disimulo, que así como no todas -las tierras son apropiadas para que la semilla germine y salga a la -luz la planta, no en todos los espíritus la experiencia da frutos -iguales. Resulta así natural desigualdad en aptitudes para enseñar. -Tal desigualdad se hará mayormente manifiesta, cuanto mayor sea lo -que puede llamarse individualismo profesional, quiero decir, completa -libertad del profesor para hacer o no hacer, enseñar o no enseñar, -guardar analogía con la media normal del método de enseñar, o no -guardarla, sea por mayor aproximación a cualquier extravagancia de -genio o de talento, o por retardo, hijo de la pereza, o de cualquier -otra madre. - -Entretanto, cumplidas las exigencias de planes de estudio y programas, -el decano o director de instituto firma un diploma que certifica con -valor de instrumento público inatacable que el poseedor del pergamino -o cartulina sirve profesionalmente para lo que el documento declara. -Suscripto por el decano o director, el documento pasa a la firma del -presidente de la Universidad y es así, bajo esta doble fe de verdad, -que el público la recibe. - -Parece elemental que por respeto a la firma propia, que es el propio -honor, nada sea suscripto por ella que no sea verdad. De esto nace el -deber de verificar si es cierto lo que bajo la propia firma se declara -y el derecho de hacer lo necesario para cumplir con el deber. El decano -o director tiene deber y derecho de verificar la enseñanza que se da -bajo su dirección inmediata y el rector o presidente tienen deber y -derecho de exigir que la vigilancia sea cumplida. Estas son funciones -del cargo respectivo, declaradas por la ley y bajo la responsabilidad -de los funcionarios a quienes las confía. - -Supone esta organización universitaria, que cada cual cumple con su -deber y facilita en perfecta armonía y cordialidad el cumplimiento del -deber de los demás. Todo profesor debe tener agrado en que su enseñanza -sea directamente vigilada por el propio decano o director, que para -esto cuenta con el voto de la mayoría, que no es más que un signo de -voluntad de la total corporación docente. Debe tener agrado y ver en la -función de vigilancia un descargo de la propia responsabilidad y una -seguridad contra el error de los alumnos. - -Son francas mis expresiones y deseo que nadie las encuentre ásperas -como papel de lija. Me son sugeridas por la observación de lo que en -parte explica alguna agitación universitaria fuera de nuestra casa, por -muy tranquilos que nos sintiéramos de que en la nuestra no habrá motivo -de análogos sinsabores. Un aspecto de cualquiera reforma universitaria -que hayamos observado, deja advertir de alguna falta de idoneidad del -personal docente. Los alumnos descubren algunas veces este defecto y -ejercen ellos, en formas propias de la edad, el legítimo derecho de -descontento, que la dirección de la enseñanza debió prever y evitar. -Es natural que cuando falta gobierno regular desde arriba, comience -el gobierno irregular desde abajo, que puede ser, por lo irregular, -desgobierno. La reacción se hace revolucionaria y corren a veces igual -suerte los buenos y los malos, si acaso los primeros no son los que se -retiran de la lucha amargados y entristecidos. Cuanto desde este punto -de mi discurso podría decir, me llevaría demasiado lejos. La limitación -de tiempo me conduce a esta única declaración de mi pensamiento: el -mal de que estoy hablando no se cura con reformas electorales en la -provisión de los cargos universitarios. Con ellas o sin ellas puede -crecer si no se despierta la conciencia del deber que a cada cual -impone la función que le está confiada. - -Y como deseo concluir, adelanto que no pongo en mis palabras ninguna -reserva sobre los diversos recursos alegados para corregir males de -este género. - -Por el momento me ocuparé de dos de ellos que sirven de tema a -conversaciones de alumnos y profesores, a saber: la asistencia de -alumnos en los consejos directivos y la libre asistencia o inasistencia -a las clases teóricas. - -En cuanto a lo primero, declaro mi disconformidad con el voto electoral -de los alumnos para elegir autoridades universitarias. De todas maneras -tal voto está excluído por nuestra ley universitaria. En cambio, -consecuente con pensamientos ya antiguos en mi experiencia de estas -cosas, he suscripto con el vicepresidente de la Universidad, señor -Besio Moreno, el proyecto para que los alumnos tengan delegados con voz -en los consejos, que ha sido sancionado anteayer. - -En cuanto a la asistencia obligatoria, me he declarado autor de la -iniciativa que es el texto de la ordenanza de fecha 3 de marzo de 1906 -que dice: “en la Universidad Nacional de la Plata no habrá alumnos -libres”. - -Su objeto fué crear el estudiante universitario para la Universidad -que entonces se fundó. El efecto de esta resolución está a la vista. -La nueva Universidad pudo ser un simple establecimiento de mesas -examinadoras para alumnos de todas las regiones de la República. La -ciudad de la Plata es hoy universitaria porque los estudiantes han -tenido que ser alumnos regulares. De esta ordenanza han derivado otras, -particulares de las facultades o generales de la Universidad, que han -declarado obligatoria la asistencia a un número de clases. Yo deseo que -la ordenanza que excluye los alumnos libres sea mantenida y no tengo -inconveniente en que se derogue la asistencia obligatoria. Todo estará -en encontrar la definición del alumno libre excluído, o la definición -del alumno propio o regular por algún signo diverso de la asistencia -obligada a un número proporcional de clases de todos los cursos y en -todos los años. No es esto imposible, ni siquiera difícil, y muchos -alumnos conocen ya el pensamiento que es objeto de mis reflexiones para -hallar solución a este problema. - -La no asistencia a clase tiene dos aspectos; uno el de los alumnos -perezosos que no van a clase o huyen del profesor que les interroga; -otra el de los alumnos diligentes que aspiran a prepararse seriamente -y quieren significar por su inasistencia a algunas clases su -disconformidad con los profesores que creen malos. De este último -aspecto sólo puedo reconocerles que ejercitarán ellos una función -realmente abandonada, cuando tal ocurriese, por los respectivos decanos -y consejos. - -La no asistencia a las clases puede ser realmente un signo de -disconformidad de los alumnos con un mal profesor; pero sé por -experiencia que data de algunos años antes de que nacieran los jóvenes -que ahora son alumnos, que también es motivo de deserción de la clase -el temor de ser interrogados para observaciones de clasificación. -Seamos todos absolutamente sinceros; séanlo, pues, como yo, los jóvenes -que me escuchan o que lean después estas declaraciones; el alumno que -estudia mal, que se distrae en cosas que no son las correspondientes -a su preparación para la clase o que no tiene educación mental -anterior, está siempre dispuesto a faltar el día en que sospecha que -puede ser interrogado. Profesores más empeñosos, los que asisten con -interés y disposición docente, los que dan muestra de su labor en la -producción científica y hacen lo que es posible hacer para adelantar -los conocimientos, podrán ver sus clases desiertas el día en que se -propongan interrogar. Esto es de mi experiencia personal, si se me -permite contarme entre los que hayan seguido con alguna vocación la -carrera docente y pensado y escrito sobre diversas materias de ciencia -y enseñanza desde hace treinta años. He tenido la fortuna de que mis -alumnos me consideraran siempre con respetuosa amistad y no me dieran -sino satisfacciones en mi vida de profesor. Es, pues, el cuento que -hace próximamente veinte años tenía yo a mi cargo una clase de Derecho -Civil en la Universidad de Buenos Aires, con más de doscientos alumnos -en lista. Comencé mi año con el afán de profesor todavía joven y con -ilusiones mejores que la realidad. Preparé mis lecciones metódicamente, -con sumarios de exposición que no he vuelto a hacer desde entonces, -y dí con este método un curso de conferencias. A cierta altura de mi -exposición del programa, quise informarme de la utilidad que para los -alumnos tuviera mi enseñanza de la materia; el aula estaba completa -como de ordinario; comencé a nombrar uno por uno a los que estaban -en la lista, y como continuaba yo leyendo sin que nadie se dijera -presente, me dirigí a la clase con esta pregunta: “Pero, señores, -¿quiénes son ustedes?” Como tampoco respondieran, hablé particularmente -a uno de la primera fila: “¿Cómo se llama usted?” Me dijo su nombre; -yo lo había leído. Le pregunté: ¿Por qué no ha contestado usted -cuando le llamé? Porque no estaba preparado, señor. Pasé a otro con -la misma pregunta y la misma respuesta. Les dije entonces: “No es -posible que la imprevisión de ustedes sea tanta que ni siquiera se -encuentren preparados para saber cómo se llaman; para esto no necesitan -preparación”. Seguí informándome y resultó que toda la clase estaba -presente para escuchar y ausente para hablar. Si yo hubiera dicho en la -anterior que interrogaría, no hubiera tenido a quien llamar porque el -aula habría estado desierta. - -Es este caso de inasistencia voluntaria con asistencia corporal, -que no he olvidado cada vez que se ha hecho el argumento de que la -inasistencia de los alumnos sea un signo positivo de la incapacidad -del profesor. Pero es también verdad, señores, que lo mismo que -ocurre a tantos otros en todo género de funciones, no me he decidido -a reconocer mi propia incapacidad, que si la reconociera tendría que -abandonar necesariamente la función de mi cargo. - -Para no perder a mis alumnos de entonces ni enfriar mi entusiasmo de -profesor privándome de numerosa asistencia, declaré que no volvería a -interrogar, con aviso ni sin aviso previo, y todo lo contrario, quedaba -a disposición de mis alumnos, para ser interrogado por ellos sin previo -aviso. - -Y sucedió así; después de repetir mi declaración al terminar algunas -clases que siguieron, alguien me interrogó, y luego otros y otros -más. Pude entonces descubrir que una pregunta es indicio más seguro -de estudio o talento en quien la hace que una respuesta a una -interrogación. Efectivamente, en toda pregunta va contenido un elemento -para la respuesta; algo como presentación de términos afirmativos o -negativos; y la posibilidad de error se reduce a contestar no, en -lugar de sí, o viceversa. Entretanto, para formular la pregunta ocurre -la necesidad de optar entre una multitud de términos, y formular -previamente múltiples juicios de opción para que la pregunta tenga -sentido. Descubrí así, que tal vez la verdad en estos casos está, como -en muchos otros, al revés de lo que vemos. En realidad, un hombre de -estudio y de ingenio preguntará siempre cosas interesantes; un tonto no -preguntará sino tonterías. - -Se me disculpará la pesada narración de mi anécdota, que no he sabido -contar más brevemente, pero estimo que algún valor tenga para quienes -hacen todavía experiencia de profesores y de alumnos; puede asímismo -concluirse de ella que tales cuestiones como las que hoy se agitan no -son nuevas. - -Sirvan los pensamientos de este discurso para que profesores y alumnos -pongan su mejor voluntad en comenzar y continuar las labores del año -con el mejor empeño en el estudio y la mejor cordialidad en el trato. - - * * * * * - -Me complace declarar que esta cordialidad ha sido como un signo -o carácter particular de esta Universidad. La generalidad de los -profesores pusieron siempre noble y generoso empeño en servir sus -cátedras del mejor modo posible. El ejercicio continuado de la docencia -ha formado en ellas ese caudal de experiencia que no se improvisa ni se -adquiere fuera del ejercicio de la cátedra. Alguna que otra excepción -que habría que hacer con sentimiento en días recientes, sirven para -confirmar que las direcciones de la enseñanza universitaria no son -indiferentes al deber de vigilancia o al ejercicio de su autoridad -cuando el caso ocurra. - -Las aptitudes que se adquieren en la experiencia no pueden ser -suplidas por ningún otro origen, aunque tenga por medida la vocación o -disposición natural para enseñar. Se debe tolerar en cierta medida de -equidad cualquiera falla de menor cuantía, cuando se sabe lo difícil -que es llenar la vacante de una cátedra. - -No sé por qué destino personal he tenido desde hace más de veinte -años, por razón de mis cargos universitarios, la grave responsabilidad -de elegir candidatos para el profesorado superior. Las vacilaciones, -diría mejor las tribulaciones de mi espíritu, las han tenido cuantos -han pasado por semejante situación. No se puede ser profesor porque -sí, porque se reciba un nombramiento o porque se tenga un título -profesional. De esto puede resultar un profesor, pero no hay relación -entre el título o nombramiento y la aptitud para enseñar. - -Sirvan estas palabras para dar un consejo amistoso a los jóvenes que -tan repetidamente me dan pruebas de confianza consultándome sobre -intereses generales de la enseñanza o sobre sus casos particulares. -Piensen y admitan la posibilidad de ser llamados algún día a -la cátedra; de ser llamados aunque no aspiren a ella, o de ser -aspirantes aunque hoy no tengan estímulos ni sientan vocación que -podrá despertarse en lo sucesivo. Al asistir a cada clase aprendan -dos cosas, a saber: la concerniente a la materia particular de la -enseñanza y la que corresponde al modo o método de enseñar. Aprendan -lo correspondiente a la rama de las matemáticas, de las ciencias -sociales o de las ciencias naturales, de que tratan sus profesores, y -aprendan a la vez, por el ejemplo que tienen a la vista, de qué manera -se enseña. Tienen ellos una medida o patrón de crítica que les servirá -para evitar, cuando a ellos les toque enseñar, los defectos que crean -advertir como alumnos. Piensen en hacerlo mejor cuando les llegue el -turno de profesor. - -Advierto que mis palabras en lo que estoy diciendo son superfluas. -Tengo repetidos testimonios de ser los alumnos de esta Universidad -disciplinados en el estudio, amantes de la institución y dispuestos a -honrarla dentro y fuera de la casa. A propósito, y antes que el año -que ha pasado se aleje en la corriente del tiempo, que se lleva todos -los recuerdos, detenga en este lugar el de la grata impresión que -produjo en mi espíritu la opinión que dejaron de sí mismos y de la -Universidad los jóvenes delegados al Congreso Universitario de Córdoba, -el año anterior. Recogí, entonces, de fuente sincera y de testigos -inmediatos, la seguridad de que los delegados de la Universidad de -la Plata se habían conducido con tal seriedad y circunspección, que -se hizo notable en la opinión de aquella ciudad y se esparció luego -fuera de ella. Al regreso de la delegación, tuve el placer de escuchar -el relato de los asuntos tratados por ellos y confirmar personalmente -la buena opinión que habían conquistado. Pensé entonces que por mucho -que tal circunspección fuese inspirada por condiciones de temperamento -personal, algún influjo tenía en ellas la colectividad de estudiantes y -alguna en esta última la dirección docente de facultades e institutos -y la obra perseverante de mi antecesor en fundar el porvenir de la -Universidad sobre la base de los buenos sentimientos recíprocos -entre profesores y alumnos. Puede comprenderse cuánta será mi propia -felicidad si llego a comprobar que no se ha destruído ni disipado en -mis manos el tesoro de simpatías acumuladas en la Universidad que tengo -tanto honor en presidir. Espero que en ellas mismas se encuentre la -mayor felicidad para cuantos comiencen hoy un año más en el trabajo de -enseñar y de aprender. - -Y así esperaremos con serenidad y de frente los peligros que amenazan -al mundo y los que más de cerca nos aflijan. - -Quedan abiertos los cursos de 1919. - -17 Marzo 1919. - - - - -ALBERDI, SARMIENTO Y MITRE - -ALREDEDOR DE 1852 - -Por DAVID PEÑA - -Profesor en las Universidades de Buenos Aires y La Plata - - -Por el asedio y otras causas, la rueda de argentinos residentes en -Montevideo se achicó de pronto hacia 1851, aumentando, en cambio, -las que existían en Santiago, Valparaíso y Copiapó. Otros pasaron al -Perú, otros a Bolivia y otros al Brasil. Esta incorporación ahondó -la divergencia que ya existía en Chile entre los primeros acerca de -las cuestiones internas de la República Argentina y sus problemas -exteriores. Algunos de los recién llegados se inclinaron al grupo que -tenía su sede en Valparaíso y otros al Club que comenzaba a funcionar -en Santiago. - -Sarmiento y Alberdi eran los representantes de éstas como tendencias -antagónicas que estaban latentes en todos los espíritus, manifestadas -en los vagos anhelos, en las observaciones críticas, en las -conversaciones de las ruedas familiares de las tardes y las noches. Los -sucesos y los hombres de la patria se apreciaban de diverso modo, como -también se discrepaba al considerar los planes referentes al futuro. - -Cuando Sarmiento y Mitre abandonaron el hospitalario Chile, ya quedaban -divididos los ánimos, mucho antes de Caseros. - -Sarmiento y Mitre, acompañados de Aquino y de Paunero, embarcáronse en -Valparaíso, con rumbo a Montevideo, a donde llegaron el 2 de Noviembre -de 1851. De allí escribe Sarmiento a don Manuel Montt esta fatua -confidencia: “Todos presienten que hay un rol que me está reservado, y -mi llegada parece que llena una necesidad”. - -Tal ufanía sería explicable tratándose del escritor, pero no del -político, y menos del organizador. Bien conocidos eran los méritos -de la pluma de Sarmiento como incansable denostador de la tiranía y -anheloso propagandista del régimen de libertad, para que no se le -estimulase con el augurio de que el general Urquiza sabría apreciar -debidamente sus talentos y utilizar su pluma; pero no suplían sus -tentativas en el papel para acreditarle capacidad de mando, en una -campaña que llevaba consumidas existencias valiosas y el patrimonio -de dos generaciones. A él le bastaba, sin embargo, que el hermano de -Lavalle le hubiera regalado las espuelas que usara el general, o que -el ministro Batlle se desprendiera de su espada, en su obsequio, para -sentirse animado de aquel superior aliento que transportaba heroísmo -a la adarga de Don Quijote. Puso en agitación a medio Chile con su -proyecto de penetrar a su país por la región andina al frente de una -expedición, y, al salir con Paunero, Aquino y Mitre... sólo obtuvo -el acompañamiento de tres peones que andaban sin trabajo. Mas ¿qué -importa? Habían sido soldados del Ejército de los Andes, desde luego -sargentos, y nada más fácil que del Regimiento de Granaderos a caballo. -A poco, uno de ellos, su asistente, se deja seducir por un bombero de -Pacheco y, entre libación y libación, le entrega el paquete de papeles -y el “Diario de Campaña” de su jefe el escritor. - -Sarmiento trasladóse a Gualeguaychú, acompañado de Aquino, donde el -general Urquiza preparaba su ejército desde su cuartel general. La -entrevista debió ser interesante. Sarmiento vestía un flamante traje -de teniente coronel, grado que él se concediera ante sí y por sí. -Urquiza lo reconoció y mantuvo en ese grado, con su poco de apego -por el extraño personaje que pusiera su pluma poderosa al servicio -de la campaña contra Rosas y también de su persona. Conocía todos -los artículos laudatorios del eminente escritor de “La Crónica”, “La -Tribuna” y “Sud América”, como de años atrás las páginas de “Facundo”; -pero también sabía que Sarmiento constituía una fuerza incierta, -un punto de apoyo de insegura resistencia, un aliado intermitente. -Debióle bastar un simple golpe de ojo al Favio criollo para averiguar -la psiquis de aquel raro compatriota que hablaba a destajo de las -eminencias europeas y barajaba los ejemplos de la América del Norte, -entre el ludir de las caballadas y el hervor del campamento, semejante -a colmena. De aquella conversación en la carpa no resultó Sarmiento -jefe del Estado Mayor sino encargado de redactar el “Boletín” del -ejército. Munido de fondos, regresó a Montevideo a organizar su -imprenta ambulatoria. - -Paunero y Mitre lo esperaban allí. Con ellos se embarcó en uno de los -buques de la escuadra brasileña que debían proteger el pasaje del -ejército, soportando en el Paso del Tonelero el fuego de las baterías -enemigas al mando de Mansilla, amigo después de ellos. Al siguiente -día llegaron al Diamante, donde ya había empezado el ejército de -Urquiza el pasaje histórico. Mientras Mitre y Paunero ocupan los -puestos que se les tenía ofrecidos, Sarmiento prepara los enseres de la -imprenta militar. Una vez la columna en marcha, Sarmiento se adelantó -hacia el Rosario sin la correspondiente autorización del general en -jefe, a recibir las anticipadas ovaciones de aquella modesta villa que -se acababa de declarar por la revolución[1]. - -Fué allí mismo y a los breves días, que aconteció el suceso desgraciado -y alarmante de la sublevación del regimiento de Aquino y el asesinato -de este jefe por sus propios soldados. Mitre atravesaba esa noche el -campo para ir a visitarlo en su carpa, y distraído en la conversación -con quien lo acompañaba, se separó del camino. Si llega antes, asiste -a la tragedia. En homenaje a la amistad y a su empeñosa solicitud, -Urquiza recomendó de todos modos la aprehensión de los soldados -fugitivos, prometiéndole que sería inexorable con los asesinos del -valeroso jefe. - -Caseros se produce. Sarmiento no tiene ningún papel militar, pero -asiste a la batalla. Mitre comanda unas piezas de artillería frente -a frente de su ínclito ex jefe el coronel Martiniano Chilavert, el -antiguo unitario pasado recientemente a las fuerzas de Rosas después de -sus lucidos servicios a la causa opuesta. - -La batalla de Monte Caseros ha sido juzgada con distinto criterio -como hecho de armas, pero del punto de vista de su acción política y -moral, es una batalla grande, de las más grandes después de las de la -Independencia, como que allí fué, por fin, aventada la omnímoda tiranía -que desde 1829 resistiera todos los embates y cruzadas. - -En los preliminares de esta acción, preocupaba a Urquiza la -averiguación del jefe a quien Rosas entregaría la dirección del -combate, como que de su elección dependería, en mucho, el éxito, dando -siempre sus ojos, al repasar la lista, con el nombre del general -Pacheco. Díaz, Chilavert, Lagos, no detenían su atención. Era Pacheco. -Era Pacheco. Entonces urdió una supuesta correspondencia con él, de -anterior data, y escribióle cartas como si fueran la continuación de -aquélla, cartas que confiaba a chasques con instrucción respecto del -camino que debían de tomar, el mismo por donde estaban apostados los -centinelas de Rosas. Apresados los citados mensajeros, eran llevados -ante el Restaurador con el cuerpo del delito. - -Contábale yo este episodio al general don Benjamín Victorica hace -muy pocos años y, al oirme, él completó la narración de esta manera: -“Como se acercara el momento de la batalla y el gobernador (Rosas) no -le hubiera designado al general Pacheco su papel en ella, y en cambio -Manuelita había tenido ya actos de preferencia y de obsequiosidad para -con Lagos, el general Pacheco resolvió entrevistarse con el general -Rosas, buscándolo donde se hallara. Rosas consintió en recibirlo en -las proximidades de Caseros, en un edificio que antes sirviera de -panadería. Yo me quedé a la espera del general Pacheco, de quien era -ayudante. Cuando salió, vi su fisonomía descompuesta.--“Ciertamente el -gobernador debe de estar loco”, fué lo único que me dijo. Nos alejamos -en nuestros caballos hasta una casa semi abandonada, seguidos de los -soldados que formaban su guardia. Penetramos a una de las piezas, -y como era ya de noche, preparamos nuestros recados como camas y, -acostados uno cerca del otro, encendimos nuestros cigarros mientras nos -venía el sueño. - -De pronto vi una sombra pegada a la ventana cerca de la cual yo estaba, -y oí mi nombre pronunciado apenas. Me levanté al instante y acudí al -llamado. Un hombre embozado hasta los ojos díjome que un amigo, que -no puedo nombrar a usted, me prevenía no dormir esa noche cerca del -general Pacheco. El misterioso mensajero desapareció en seguida. - -Yo dí aviso al general del peligro que lo amenazaba, y él dispuso -entonces volver a ensillar los caballos y separarse de aquel sitio. -Lentamente proseguimos en dirección a sus campos. El general Pacheco, -terminaba el doctor Victorica, no asistió en efecto a la batalla. Al -otro día tuvimos noticias del resultado de ella, muy distantes del -lugar en que se había realizado”.[2] - -Vencedor Urquiza, estableció su residencia en Palermo. Los primeros -días, sofocados los asaltos de la canalla y los robos de delincuentes y -soldados, debieron ser de regocijo indescriptible para los que volvían -a ver las calles de Buenos Aires después de una proscripción forzosa o -voluntaria de más de cuatro lustros. - -¡Buenos Aires! Los de menor alejamiento eran los que salieron jóvenes -a la época que iniciara Alberdi la égida en 1838. Mitre no conocía -propiamente la ciudad soñada, pues trasladado a Patagones el mismo año -de su nacimiento, de allí pasó a la estancia del hermano de Rosas, y de -esa estancia a Montevideo. Así se explica que en los días inmediatos -a Caseros aquellos hombres jóvenes se pasaran recorriendo los lugares -históricos con un fervor intenso y un tanto melancólico, porque se -sentían como extraños en el hogar común[3]. - -Vencedor Urquiza, decía, estableció su residencia en Palermo. Allí -le presentaron parte de los desertores asesinos de Aquino, los que -fueron en seguida fusilados. También lo fué Chilavert, a causa (a -estar al ayudante Elías) de su arrogante manifestación hecha con el -objeto de que lo supiera Urquiza, que para él Rosas representaba la -causa de la nacionalidad; y que, lejos de arrepentirse de su reciente -renegación, la volvería a cometer una y cien veces. Saldías, pariente -de Chilavert, ha rodeado de comentarios dramáticos este final del -talentoso artillero para hacerlo caer como un héroe de leyenda; y otros -historiógrafos han difundido el dato de que Mitre le vituperó con -energía la acción al mismo vencedor. Si a renglón seguido se recuerda -que el rasgo fisonómico de Urquiza que nos han grabado a fuego los -mismos narradores, transformaban a aquel hombre en tigre, con sus ojos -verdes, brillantes por la cólera, y sus pómulos movidos por el temblor -del odio, no sabemos cuando tienen razón: si cuando trazan la figura de -Urquiza en actitud de oir, sumiso, la reprimenda del comandante Mitre, -o cuando lo muestran poseído de la crueldad de las fieras. - -Urquiza no se entrega a las delicias de Capua. Urgido por el -cumplimiento de sus promesas hechas a la faz de América y del mundo, va -derecho a la solución de los problemas que preocuparan a los hombres -de Mayo y que quedaron interrumpidos en el último ensayo del año -26, brillando un día en la mentalidad de Facundo:--la organización -nacional. - -Echa el vistazo en derredor y percibe de inmediato el espíritu unitario -en conciliábulo extraño, resto de aquel rezongo de los que detuvieron -el paso de Dante en el Infierno. - -Urquiza protege la ciudad; Urquiza declara y demuestra no querer -intervenir en un solo acto relativo al manejo interior de Buenos Aires; -Urquiza comparte su victoria y su gloria con todos los generales del -ejército aliado acordándose del propio jubiloso modo de los orientales -como de los correntinos, de los brasileños como de los entrerrianos. -Impide que se inmiscuya el ejército en los preliminares del acto -electoral que después de veinte años va a llevarse a cabo, a fin -de que haya una legislatura libre. Todo lo espera del patriotismo -como el suyo. No hay vencedores ni vencidos, vuelve a decir, como en -Montevideo. Olvídese el pasado. No hay otro enemigo que el que yace -derrocado, camino de la proscripción. ¿A qué perseguir ese enemigo? No -se pesquisará a nadie, pues, porque todos los argentinos hacen falta al -fin inmediato y perentorio de reconstruir el edificio desde sus propios -cimientos. Mientras llega el momento de ensayar el ejercicio de las -nuevas instituciones y de dar al país su ley fundamental, por medio -de un congreso general, ocupe el gobierno de la provincia de Buenos -Aires el varón más anciano y también el más ilustre, el que desempeñara -accidentalmente el cargo de presidente al renunciar Rivadavia, el autor -de la Canción Nacional de 1813. - -Todo esto por el lado inmediato y con relación a Buenos Aires. Del -Arroyo del Medio para allá, ¿qué hacer con las provincias? ¿Qué hacer -con las gobernaciones? Si se las desatiende o desconoce y con más -razón si se les humilla o ataca, volveráse a la guerra civil del año -20 como pensaba Sarmiento el año 92. Se plantearán las luchas de -Buenos Aires contra López, Ramírez y Bustos. No. No se ha destruído -una tiranía de 20 años para empujar al país reconquistado, hacia -una anarquía innecesaria. Esos gobiernos de provincia representan -“intereses creados”. Hay que acordarles intervención en la obra común -de la organización política, porque son partes del todo, ramas de un -mismo árbol, miembros de la familia que vuelve a estar reunida. A fin -de inspirarles confianza, comenzando por las clases obscuras, en cuyo -seno está el hogar gaucho y en él la materia de que se ha de hacer el -pueblo, ofrézcase un hecho material visible que sirva de promesa y de -vínculo ideal, tardío y complicado si ha de traducirse en palabras; -simple y claro si el signo entra por los ojos. Y Urquiza propone, como -en el ejército, el uso de una cinta colorada como prenda de conformidad -en la iniciación del nuevo credo republicano argentino. - -Lo grave de la decisión estuvo en el color elegido, y acaso únicamente -en el color, pues el uso de cintas como distintivos políticos se -pierde en los siglos. Como primer antecedente argentino figuran las -escarapelas repartidas por Beruti y French a los patriotas de 1810. -Pero Urquiza necesitaba apoyarse en los mismos servidores de Rosas, y -en el color residía el secreto. Claro es que si la cinta colorada le -aportaba el concurso de los federales, despertaba la desconfianza o -engendraba la “fobia” en los unitarios. ¿Adónde habría ido a parar la -inspiración de Sarmiento, provocada por el color colorado, si Urquiza -elige el azul? Pero todo el mundo sabe que en la época de Rosas no -existía este color en Buenos Aires. - -La cinta colorada o cintillo--después de ser aceptado--fué el pretexto -para el repudio y el encono, atribuyendo al vencedor el propósito -oculto de substituir la tiranía de Rosas por la propia. Pero se -escondió en los revueltos pechos la causa verdadera que era el afán de -reemplazarlo en la tarea de la organización de la República. ¿Y quiénes -hubieran realizado esa organización? ¿Los unitarios que dirigieron -sin acierto la campaña militar que dió el triunfo completo al general -Oribe? ¿Los unitarios civiles que, dispersos de Montevideo a Chile -y del Brasil a Bolivia no habían podido juntar los medios eficaces -de derrocar a Rosas desde 1835 a 1852, cayendo en el error de creer -que si la pluma bastó para engendrar el desprestigio de un déspota, -pudo también unir pueblos desarticulados por el odio y trabajados -por la desconfianza? ¿Cuál era el hombre capaz de ocupar la posición -de Urquiza, por valimientos propios, considerando valimientos para -las funciones de gobierno desde el factor de la riqueza material, -que afianza la independencia de la conducta y facilita la ayuda a -los demás, hasta el claro conocimiento de las necesidades de todo el -territorio a gobernar, y desde el talento de clasificar y medir hombres -e intenciones, hasta las galas del valor físico, necesario a demostrar -en todo la superioridad señalada por el medio? - -Urquiza celebra conferencias con los hombres distinguidos que concurren -a Palermo, jóvenes o viejos, provincianos o porteños, militares o -civiles. - -Tenía del gaucho de la tierra el astuto disimulo y una sin igual -penetración para distinguir el valer positivo del mérito ocasional. -Mezcla y lucha de claridad interior y de vacilación externa, concebía -el problema sin poseer los medios mentales para resolverlo, como que -su instrucción sólo le permitía la resultante pero no los términos. -Era clara su visión y podía, con mano firme, realizar el trazo; pero, -faltábale la línea y el color. - -Muy conocedor de hombres, prefería siempre oírlos. Su silencio era -en él una facultad equivalente a la función de asimilación de cuanto -convenía a su espíritu. Escaso de dulzura para atraerlos por los -recursos ondulantes, hoy tan esparcidos en política, elegía el camino -más corto para que lo entendieran. - -Entre las variantes de los caudillos argentinos, carecía de la -generosidad de Facundo, del donaire de Ramírez, de la mansedumbre -de Benavídez, de la implacable y fría exterioridad de Rosas, de la -hipocresía de López. Su gran pasión fué poseer tierras. No hubo señor -feudal más rico en campos. La más enorme de sus satisfacciones era -dominar el horizonte de una altura y descubrir con sus ojos los límites -infinitos de sus posesiones para no hallarles término. - -Sarmiento no mereció de parte del general Urquiza la distinción del -intercambio de ideas políticas, por lo que resolvió de pronto pedir -licencia para trasladarse a Río Janeiro y de allí volver a Chile. ¿Qué -había acontecido? Hasta tanto lleguemos a la explicación cierta de tan -repentino alejamiento, digamos que su amor propio comenzó a sufrir -desde la travesía del ejército donde sólo se le distinguía con el mote -de “El Boletinero”. - -¿No supo mantener, o en aquel ambiente complejo no le quisieron -acordar, la autoridad moral a que era acreedor por sus antecedentes -intelectuales, y antes de un rompimiento, prefirió la deserción -voluntaria? Más adelante se verá el fundamento de esta duda. - -Sarmiento se detiene en Río, con efecto, y allí es recibido con -afabilidad por el joven emperador del Brasil don Pedro de Alcántara, -muy capacitado para el conocimiento de los hombres y sucesos del Plata -por su inclinación a la información oral y a la lectura. - -“El emperador, dice Sarmiento en carta a Mitre,--joven de veintiséis -años (Sarmiento tiene 41) estudioso, y dotado de cualidades de espíritu -y de corazón que lo harían un hombre distinguido en cualquier posición -de la vida, se ha entregado con pasión al estudio de nuestros poetas, -publicistas, escritores sobre costumbres y caracteres nacionales. -Echeverría, Mármol, Alberdi, Gutiérrez, Alsina, etc., etc. son nombres -familiares a su oído, y por lo que a mí respecta, habíame introducido -favorablemente “Civilización y Barbarie”, hace tiempo, con la primera -edición, habiéndose procurado después “Sud América” “Argirópolis”, -“Educación Popular”, etc.[4]. - -Hasta el momento actual nada ha podido ocurrir que baste a alterar los -vínculos de compañerismo y amistad entre Sarmiento, Alberdi y Mitre. -Sarmiento ha tenido, es cierto, dos encuentros periodísticos con -Alberdi, explicables por las modalidades de temperamento, antes que -por disconformidad de ideas, a propósito de la tesis de Alberdi para -graduarse en Chile, la primera vez, y otra “sobre lo que era “honesto y -permitido” en un extranjero en América”. Se han escrito con asiduidad y -recíprocamente se han auxiliado con nobleza. Es al volver Sarmiento a -Chile que procura embarcar a Alberdi en sus prejuicios y enconos contra -Urquiza, trayéndole la pasión de sus enojos; pero Alberdi se gobierna -a sí mismo y opone su tranquila fe en la obra imperecedera y en las -cualidades del obrero. - -Esta fe la ha demostrado Alberdi escribiendo casi improvisadamente -un libro que constituye la colaboración más trascendental a la obra -realizada y a realizar por el general Urquiza, a quien se lo envía con -la siguiente carta: - - A S. E. el Señor General - - Don Justo José de Urquiza - - Valparaíso, Mayo 30 de 1852. - - Señor General: - - Los argentinos de todas partes, aun los más humildes y - desconocidos, somos deudores a V. E. del homenaje de nuestra - perpetua gratitud por la heroicidad sin ejemplo con que ha - sabido restablecer la libertad de la patria, anonadada por - tantos años. En cortos meses ha realizado V. E. lo que en - muchos años han intentado en vano los primeros poderes de - Europa, y un partido poderoso de la República Argentina. Quien - tal prodigio ha conseguido ¿por qué no sería capaz de darnos - otro resultado, igualmente portentoso, que en vano persigue - hace cuarenta años nuestro país? Abrigo la persuasión de que - la inmensa gloria--esa gloria que a nadie pertenece hasta - aquí--de dar una Constitución duradera a la República, está - reservada a la estrella feliz que guía los pasos de V. E. Con - este convencimiento he consagrado muchas noches a la redacción - del libro sobre “Bases” de organización política para nuestro - país, libro que tengo el honor de someter al excelente buen - sentido de V. E. En él no hay nada mío sino el trabajo de - expresar débilmente lo que pertenece al buen sentido general - de esta época y a la experiencia de nuestra patria. Deseo ver - unida la gloria de V. E. a la obra de la Constitución del - país; mas, para que ambas se apoyen mutuamente, es menester - que la Constitución repose sobre bases poderosas. Los grandes - edificios de la antigüedad no llegan a nuestros días sino - porque están cimentados sobre granito; pero la historia, - señor, los precedentes del país, los hechos normales, son la - roca granítica en que descansan las constituciones duraderas. - Todo mi libro está reducido a la demostración de esto, con - la aplicación a la República Argentina. Espero que encuentre - en la indulgencia de V. E. la acogida que merecen las buenas - intenciones, y que admitirá con igual bondad V. E. la - seguridad de mi gratitud, como ciudadano argentino, y del - respeto profundo con que tengo el honor de suscribirme de V. E. - atento servidor. - - Juan B. Alberdi. - -El general Urquiza se apresura a contestar esta carta en la siguiente -forma: - - “Al señor Doctor - - D. Juan B. Alberdi - - Valparaíso. - - Palermo (Buenos Aires), Julio 22 de 1852. - - Apreciable compatriota: - - La carta que con fecha 30 de Mayo me ha dirigido usted, - adjuntándome un ejemplar de su libro “Bases y puntos de partida - para la organización política de la República Argentina”, ha - confirmado en mí el juicio que sobre su distinguida capacidad, - y muy especialmente sobre su patriotismo, había formado de - antemano. - - Me es muy lisonjero encontrar en la generalidad de los - argentinos el deseo y la firme resolución de contribuir a que - nuestra querida patria se constituya al fin un sistema de leyes - digno de sus antecedentes de gloria y capaz de conducirla al - grado de prosperidad que le corresponde. - - Conociendo bien esos sentimientos de los argentinos, contando - con ellos y con sus decididos esfuerzos, me he puesto al frente - de la grande obra de constituir la República. Tengo fe de que - esta obra será llevada a cabo. - - Su bien pensado libro, es, a mi juicio, un medio de cooperación - importantísimo. No puede ser escrito ni publicado en mejor - oportunidad. - - Por mi parte, lo acepto como un homenaje digno de la patria y - de un buen argentino. - - La gloria de constituir la República debe ser de todos y para - todos. Yo tendré siempre en mucho la de haber comprendido - bien el pensamiento de mis conciudadanos y contribuido a su - realización. - - A su ilustrado criterio no se ocultará que en esta empresa - deben encontrarse grandes obstáculos. Algunos, en efecto, se me - han presentado ya; pero el interés de la patria se sobrepone a - todos. Después de haber vencido una tiranía poderosa, todos los - demás me parecen menores. - - ¡Que la República Argentina sea grande y feliz, y mis más - ardientes votos quedarán satisfechos! - - Usted hallará siempre en mí un apreciador de sus talentos y de - su patriotismo y en tal concepto los sentimientos sinceros de - un afectuoso compatriota y amigo.--Justo José de Urquiza.” - -La aparición de las “Bases” fué saludada con entusiasmo dentro y fuera -del lugar en que su autor residiera. En Chile puede apreciarse esa -impresión con sólo saber que el Club Constitucional Argentino que -presidía don Gregorio Gómez, resolvió un acuerdo que significó un -homenaje cívico en favor de la personalidad de Alberdi. - -Sarmiento, por su parte, deja estampado así su juicio acerca de “Las -Bases”. - - “Yungay, Septiembre 16 de 1852. - - Mi querido Alberdi: - - Su Constitución es un monumento: es usted el legislador del - buen sentido bajo las formas de la ciencia. - - Su Constitución es nuestra bandera, nuestro símbolo. Así lo - toma hoy la República Argentina. Yo creo que su libro “Bases” - va a ejercer un efecto benéfico. - - Es posible que su Constitución sea adoptada; es posible que - sea alterada, truncada; pero los pueblos, por lo suprimido o - alterado, verán el espíritu que dirige las supresiones: su - libro, pues, va a ser el Decálogo Argentino: la bandera de - todos los hombres de corazón.--Domingo F. Sarmiento.” - -Desde ese instante los hombres que rodeaban al general Urquiza tuvieron -su brújula segura para orientar el barco que acababan de tripular. Mas -las opiniones del grupo unitario persistían en su afán de no despegarse -del terreno, entendiendo que era a ellos a quienes les correspondía por -derecho propio la tarea de organizar la República. - -Para medir entretanto en su tamaño real la obra que acababa de realizar -el general Urquiza, conviene echar una mirada retrospectiva hacia el -Buenos Aires que Rosas había gobernado y las maneras que usó. - -Rosas había comenzado por dividir la sociedad en dos partes: lo físico -y lo moral. Lo moral era el elemento ilustrado de la ciudad, que tuvo -a Rivadavia por representante y cuyo fracaso estaba fresco. Lo físico -era la campaña, el elemento inculto, que él representaba y para el -cual reivindicaba el ensayo del gobierno. Para identificarse a él, -decía, había llegado al sacrificio: a abandonar las comodidades y las -seguridades del poblado y a hacer abandono absoluto de su provecho -personal. - -Había vivido en contacto íntimo con la masa, en el desierto, con el -paisano paria. Ahora probaría el manejo de la cosa pública con esa -fuerza incomprendida y se vería que el éxito estaba de su lado; que -eran estos hombres repudiados los que tenían de su parte el buen -sentido, el patriotismo y la honradez[5]. - -Después del último ensayo constitucional--27 años atrás--el espíritu -público de Buenos Aires había caído en la atonía a que contribuye y -arrastra en conspiración la lentitud del tiempo, sometiéndose a la -pasibilidad fatalista de todo pueblo inculto, hecho al manejo del -héroe, cacique o César. Faltaba en su seno el ejercicio, aún primario, -de toda libertad democrática. La reunión pública no existía. No se -conocía el debate de la prensa ni de la Sala de Representantes. El -ambiente de claustro universitario había desaparecido. La rueda social -enrarecida, no daba asidero ni siquiera al comentario, porque el -espionaje de la servidumbre se encargaba de transportarlo en delación -de los oídos de doña Encarnación Ezcurra, y, después de ella, a los de -cualquiera de los directores de la Mazorca. Rosas hacía un gobierno -de información plebeya y poseía en sus manos los hilos de todas las -familias, como los tenía el virrey y el obispo en la época de la -colonia. No había suceso de carácter policial que no pasara su vista -para su resolución. La vida de Buenos Aires estaba contenida en los -prontuarios o carpetas que a diario se elevaban a su conocimiento, -arriba de las cuales, en dos líneas, debajo de su extracto, iba la -pena, escrita de su puño. Era el gobierno de la menudencia íntima, pero -a cuya virtud él debía el dominio de cada cuestión, de cada hogar, de -cada ser, y por tanto, de la sociedad entera. - -Los asuntos de mayor volumen, relacionados a los intereses, civiles -o comerciales o a las grandes faltas o crímenes, pasaban, con mayor -razón, a su conocimiento inmediato y en escrupulosa preferencia. -Entonces se entendía con los jueces directamente, sin cortapisas ni -escrúpulos, echando mano siempre de un recurso en el que era artista -supremo. La anécdota de su entrevista con el doctor don Vicente López -es así tan sugerente y de tan provechosa enseñanza psicológica que vale -por una demostración. - -Otro recurso de que Rosas usaba para su dominación, era el dinero. -Las almas angustiadas, apuradas todas las soluciones, iban en última -instancia, a él; y hecha la confesión del desastre y la sentida promesa -de la gratitud eterna, venía el préstamo en fácil y abundante forma. -Rosas era el hidalgo prestamista que sólo pedía la adhesión como -interés, y esta franca munificencia, secreto de todo caudillismo, era -más abierta y espontánea con aquellos individuos de quienes él se -prometía un favor político o militar. Banco de descuentos, de provisión -o ayudas, formábase en su torno el halo del hombre providencia, tanto -más general y esparcido cuanto mayor era su tacto para manejarse con -los favorecidos. Estos tratos eran siempre directos y reservados. -Manuelita intervenía para los de otra laya: la súplica ante “tatita” -para indultos, conmutaciones, gracias. Este espíritu detallista y -administrador regía en sus relaciones con los gobernadores y sus -emisarios, aunque éstos fueran chasques. Rosas presidía personalmente -desde el suministro de armas o ropas para el ejército, hasta el de una -pieza de lienzo para el gaucho portador de cartas. - -Dipútanse el desempeño de comisiones ante él desde los confines de -la República, los más infelices paisanos, porque la “menta” de su -generosidad se había extendido hasta ellos. Quien, había traído un -caballo regalado; quien, un poncho, quien, un traje. Los gobernadores -que gozaban de la amistad de Rosas tenían franquicias comerciales -para sus Estados, soluciones para los intercambios de sus productos, -para los problemas de su moneda o para los pasajes de sus haciendas. -Y cuando esos gobernadores venían a su sede, eran proverbiales los -agasajos de toda la sociedad de Buenos Aires, amén de sus favorables -concesiones. A Quiroga le decreta honores que recorren la gama del -placer, desde el caballo a la bacanal degastadora y crapulosa. A López, -banquetes y vacas; a Ibarra plata y armas. - -En los asuntos arduos obtiene el medio de saber, valiéndose de -una estratagema. Cuando se presenta una cuestión internacional o -simplemente de derecho administrativo o de gobierno, complicada o -difícil, manda llamar a su despacho o a su casa al doctor Lorenzo -Torres, explica el caso y le pide su juicio. Horas más tarde usa el -mismo procedimiento para con el doctor Dalmacio Vélez; y por el mismo -repetía la consulta con don Pedro de Angelis o don Tomás de Anchorena. -Preparado de este modo, reunía todo el cónclave y a cada uno presenta -la cuestión con la argumentación tomada del contrario, resultando que a -su modo repite el papel de Napoleón en la discusión del Código. - -Tiene la pluma fácil: es de su agrado el escribir. Escribe sobre todo: -desde la carta política a Ibarra, glosando el versículo de la Biblia de -“quien no está conmigo está en contra de mí” al billetito penetrante y -avisor, como el mandado a doña Inés Dorrego. ¡Todo un espécimen! Dos -son sus grandes amanuenses de confianza: Reyes, cuya letra llega a -confundirse con la de él, y don Pedro de Angelis, que lo interpreta a -maravilla. - -Un otro factor de verdadera confianza y como complemento de su -personalidad: la casa que habita. - -Cualquiera podría creer que quien vivía en esa penumbra era un -misántropo, un enfermo, un melancólico a lo Francia, Felipe II o Luis -XI. No, por cierto. Rosas es una expresión casi permanente de buen -humor, entremezclado con una cantidad de inconsciencia manifiesta, que -lo acerca al terrible filósofo siempre optimista y cínico hechura -de Luzbel. Ordena un fusilamiento o un degüello y en seguida está -apto para urdir una broma. Tras de un asesinato, del de Maza, por -ejemplo, puede reir si se le ocurre hacer llamar por medio de Corvalán -al señor Obligado, que ese día ha tomado purga. Como a Alejandro VI, -un espectáculo de muerte puede abrirle el apetito. Ahora, pasemos al -Rosas de la proscripción. Es charlador, sociable, cultor de damas, y -borrajeador incansable de cuartillas. Fabrica él mismo adobes; anda a -caballo todo el día, luego se pone a escribir un libro de medicina. -Llama a su criada con cencerro; se hace dar friegas en las piernas; -no le agradan las visitas de americanos. Tal su régimen por años. -¿Tuvo una hora de honda meditación en las soledades de Southampton? -¿Sintió una sola vez, una siquiera, el estremecimiento de ese dolor -que remuerde por no haber hecho a su patria y a sus compatriotas todo -el bien que pudo y que deja escapar por entre las palmas de las manos? -Por lo menos en el instante final, en esa última palpitación del -cerebro y del corazón, de la memoria y de las fibras, al despedirse -del cuadro lleno de luz ante su vista interior, ¿lo sacudió una -angustia, un recuerdo hondo, un arrepentimiento de los que acaso bastan -a la purificación en el dintel de la Eternidad? Ni uno solo. Su hija -nos habla de la agonía y de la muerte serena de su padre, como un -historiador nos hablaría de la agonía y muerte de un justo. ¡Conciencia -humana! ¿Qué eres? - -Pero, volvamos a tomar los hilos de nuestro discurso o sea lo que -importa a las tres vidas paralelas, materia de estos capítulos. - -Al regresar Sarmiento a Chile con el ánimo enconado contra el general -Urquiza por el único delito de que Urquiza no le consultara sobre el -plan de Caseros, primero, y luego sobre el mejor modo de organizar -el país, dióse a glosar los 26 Boletines de la Campaña del Ejército -Libertador de que había estado encargado, intercalando entre ellos -comentarios despectivos contra la persona del general vencedor. Al dar -a luz este trabajo, determinó dedicárselo a Alberdi. - -Según un pasaje de esta dedicatoria parecería que Alberdi hubiera -suscitado la polémica en “El Diario” de Valparaíso; pero el aludido -rechaza categóricamente la alusión. - -La dedicatoria está llena de velados cargos y otros bien directos -contra Alberdi, desde la inculpación de su posición semioficial, -hasta la de creerlo interesado en lanzar a Sarmiento a la anticipada -publicación de su “Campaña”, que él reservaba para muchos años después. -Desde su ignorancia de los hechos, que Sarmiento en cambio acaba de ver -envueltos en sangre, hasta el recuerdo de su deserción de Montevideo, -al acercarse a Oribe. - -La censura, pues, a Urquiza comienza con una página adversa a su amigo, -a quien llama “Mi querido Alberdi”. - -La “Campaña en el Ejército Grande” se inicia con la Introducción, que -es otro golpe indirecto a Alberdi, y entra luego, como diario de un -viaje, a referir impresiones de los distintos puntos y accidentes por -que ha tenido que pasar, desde su salida de Chile hasta la “fuga” de -Buenos Aires, después de Caseros. - -En forma amena, pero falta de cohesión, va dejando escapar sus -sentimientos y reflexiones sobre los hombres y los sucesos que le salen -al encuentro, destacando siempre de la interesante narración su figura -en primer término. - -Sin constituir una crónica de hechos, ni menos un estudio de -caracteres, esta producción de Sarmiento, tan rica de matices, puede -ser considerada como un auxiliar para la historia de la época o del -acontecimiento que comprende, si bien debe cuidarse quien la utilice, -del espíritu preconcebido que la mueve. Bajo la pasión demoledora de -estas páginas, no obstante, asoma aquí y allá un afecto, un rasgo de -admiración, un verdadero aplauso a tal o cual figura determinada, -todo ello mezclado con lo anterior, como tintas claras y obscuras, -manejadas a un tiempo en un mismo estado de ánimo por un firme pincel. -No se ajusta el autor a ningún género dado, como que la soltura sigue -siendo su característica; quiero decir que, junto a la descripción de -un paisaje, vése un estudio de paralelo; y al lado de una reflexión -filosófica, que dá a la oración un corte de discurso moral, interrumpe -un diálogo y con éste una narración pintoresca y con ella un apóstrofe -y en seguida un retrato y por último una epístola. - -De estas páginas, que causan el efecto de hojas diseminadas, Sarmiento -lo va diciendo todo muy aprisa, con el único cuidado de no posponer al -protagonista ni un instante. Y por ese propio apuro, el protagonista -moral y material, nos resulta un extraño ser, un ser inexplicable. De -pronto un hombre que tiene miedo a un perro y, al lado, un valeroso -crítico del general en jefe, compitiendo con él en volumen político y -social, como por ejemplo al adelantarse al Rosario, o al recibir las -primeras salutaciones de Palermo. Unas veces el servidor medroso que -espera del ayudante una palabra tranquilizadora de parte del superior; -otras, el violento discutidor que a voz en cuello censura al padre ante -su hijo. De pronto, vestido de pequeño mariscal francés, con plumas en -el sombrero, depositando a gritos palabras peligrosas en el oído de las -gentes que le salen al paso. Más tarde, sometiéndose a las menores -indicaciones del general, con una disciplina rayana en servilismo. - -A las impresiones relacionadas con lo que Sarmiento llama su Campaña, -están unidos sus juicios referentes a los sucesos que siguieron a la -batalla, en la cual, desde luego, no desempeña ningún papel. - - “Mi papel de “boletinero” me exoneraba de toda obligación - militar con mis jefes, por lo que, así que hubimos de rompernos - los cuernos, dejé al general Virasoro con sus edecanes y sus - caballos blancos, yo que no andaba muy bien montado, y busqué - el batallón oriental que mandaba el coronel Lezica y me coloqué - donde no estorbase, con mi ayudante, el capitán Dillon y uno - de mis asistentes, pero en lugar bien aparente, precaviéndome - contra ciertas bromas que estaba seguro se harían valer contra - mí,--el militar con guantes y con levita,--si podían decir que - me había perdido.” - -En balde será el empeño de hallar en esta producción de Sarmiento las -pruebas que justifiquen sus acerbas manifestaciones contra el general -Urquiza, a quien llega a examinar hasta en su faz doméstica. Del relato -mismo se desprende que éste y todos los jefes que lo acompañan, sólo -tuvieron consideración y afecto para con el instable compañero. - - “Enrolándome, dice Sarmiento, en el Ejército, tuve ocasión de - conocer de cerca el personal de guerra de nuestro país, los - jefes más acreditados, los medios de acción y cuanto interesa - al publicista, al historiador, al viajero, y al político - argentino. Merecí de todos, distinción y aprecio, y reconocí - las virtudes, patriotismo, capacidades, y talentos de los - hombres que han de figurar más tarde. Déboles a todos los - jefes y oficiales el más profundo agradecimiento. Fuí siempre - atendido por los coroneles Urdinarrain, Palavecino, Basabilvaso - y otros de Entre Ríos; considerado por Virasoro y Galán: y sólo - con el coronel Pirán tuve reyertas en que nos decíamos ambos - las impertinencias de más grueso calibre.” - -En lo que se relaciona con el general Urquiza, Sarmiento nos dice que -en cierta ocasión le dió mil explicaciones, lo llamó su amigo y se -estrecharon varias veces la mano. Hay pasajes en que su devoción por el -general Urquiza pasa por entre sus enconos, como la luz por entre los -celajes, y en que llega a aplaudir terribles hechos de sangre, tal como -en la escena en que traen a la presencia del general vencedor al jefe -rosista Santa Coloma, que Urquiza manda degollar por la nuca en castigo -de sus víctimas, inmoladas en la misma forma. - -Viaja el monorritmo de la cinta colorada por entre las páginas de la -“Campaña” como una obsesión formada e impuesta a los fines de disculpar -tanto agravio férvido en la pluma del autor. Pero si hay momentos en -que el tema puede ser oído con alarma, descúbrese en seguida que es uno -de los “sistemas” a que obedece la modalidad literaria de Sarmiento, y -de la que no se aparta a pesar de consejos tan sanos y autorizados como -los que ya le había dado don Valentín Alsina. - -Tal es la síntesis de la “Campaña en el Ejército Grande”. La -imparcialidad del lector crítico no puede atenuar el egotismo y la -imprecación hiriente que constituyen su esencia, porque el limo que -sus aguas dejan, fecundiza la figura del vencedor de Caseros, dando un -resultado contraproducente acerca de la tolerancia de su alma, frente a -la ingratitud que lo combate. - -Alberdi no considera el ataque de este punto de vista, sino del que -le es directo. Mas, lejos de contestarlo en el tono de la réplica, -volviéndola también reducida y personal, saca partido doctrinario -del asunto y lo eleva a la altura de un estudio, generalizándolo y -legándolo como enseñanza. - -Retirado en Quillota, dedicó cuatro cartas a su adversario que aparecen -fechadas tres en el mes de enero y otra en febrero desde Valparaíso. - -Explica en la primera que no hubiera leído, por escasez de tiempo, la -“Campaña”, cualquiera sea su mérito, a no verse obligado a ello por -la dedicatoria, lo que a su vez lo determina a analizar y contestar -todo el trabajo. Advierte que nada tendrá que hacer con la persona del -contendor, quien sólo le merecerá una crítica alta, digna y respetuosa, -y que su propósito capital es estudiarlo en sus escritos. Y al entrar -en materia, comienza por establecer cuán distinta tiene que resultar -la prensa, desde la caída de Rosas, si ha de intentar llegar a la -eficacia de sus fines políticos. Tras del dibujo del licenciado de -la vieja prensa, insubordinado a toda regla o disciplina, agitador -de poblaciones y de improvisada preparación, especie de gaucho malo, -el lector vé alzarse, como en fotografía superpuesta, la efigie de -Sarmiento. Estas primeras cuatro cartas son de una notable importancia -por la serenidad, por la lógica, por la fuerza destructora e inmensa y -por el estilo diáfano. - -Es acaso el primer escritor de América que conoce los insuperables -secretos de la difícil síntesis. Escribe, con la menor cantidad de -palabras, la mayor porción de ideas. Del ahorro de sonidos, obtiene más -substancia y pensamiento. Es la pluma de las “Bases”. Y lo admirable -de su construcción, es que lejos de perder la forma de su belleza, la -aumenta en flexibilidad y ondulaciones, volviendo tan terso y sutil -el velo, que se ve toda la imagen al través. De modo que es el latín -clásico traducido al español armonioso. - -Estas cartas debieron producir la sensación de las máquinas de guerra -de los griegos que se destinaban a aplanar los cuerpos de los muertos, -después de la batalla. . . - -Pero, Sarmiento no estaba muerto. Contestó la réplica de Alberdi con -toda la violencia de su temperamento de demostrado luchador, tirando a -fondo sus formidables golpes de clava como para finalizarlo todo. - -Su prosa es amplia, su brazo largo, su juego desordenado y abierto, -sus golpes a la cabeza del contendor. No le perdona ni la letra. Y de -la letra, la estatura, la manera de reir, las intenciones, y, acto por -acto de su vida de abogado, de escritor, de periodista.--“Alma y cara -de conejo”, le dice. “Sólo sabe agrupar pesetas y palabritas”. Llega al -giro despreciativo minúsculo: “pillito”, “ratoncito que roe papeles”. -“Estate quietito: tú serás enviado diplomático en Chile”. - -Otras veces, del asunto obtiene el vocablo que le viene a la pluma: -“ergotista genovés”, recordando que Alberdi estuvo en Génova y que allí -escribió uno de sus libros. “Andate enhoramala, botarate”. - -La gracia y la novedad del denuesto se traduce en figuras como ésta: -“Es una esponja de limpiar muebles que absorbe todas las ideas para -volverlas a estrujar y aplicarse a todas las cosas sucias”. - -El tono sube:--“Y no ha habido en Valparaíso un hombre de los que -pertenecen “a la multitud de frac” que le saque los calzones a ese -raquítico, jorobado de la civilización, y le ponga polleras. . .” -“Entecado que no sabe montar a caballo”. . . “Abate por sus modales; -saltimbanqui por sus pases magnéticos; mujer por la voz; conejo por -el miedo; eunuco por sus comparaciones políticas; federal-unitario, -ecléctico-panteísta; periodista, abogado, conservador, demagogo”. - -Este es Sarmiento de una vez:--“¡Pues, qué! ¿quería mamar a dos tetas?” - -Sarmiento vuelve a recuperar el campo como Hércules vencedor. Sus -amigos, sus admiradores, los jóvenes, los viejos, sus compatriotas, -el resto de emigrados que presenciaban el encuentro desde la sombra -del tendido, lanzaron el ¡hurra! del loor ganado. Sarmiento era el -representante de la democracia brava frente a la borla doctoral. - -¿Y Alberdi? No responde. ¿Dónde está el doctor Alberdi? No es habido -en los sitios sociales ni en el foro. ¿Qué le pasa al académico -escritor? Su posición es tan ingrata que sus íntimos y correligionarios -deciden instarlo a la refriega, pero se hallan con que el metódico -trabajador tiene entre manos, en esos mismos instantes, un proyecto de -Constitución para su país, que forma el complemento de las “Bases”. -Hasta tanto no lo termine, no se enterará de los nuevos ataques -de Sarmiento. Vanos fueron los argumentos que se le hicieron para -demostrarle la necesidad perentoria de que ensayara la refutación -de los cargos y acusaciones de su enemigo implacable. Alberdi . . . -Pero estoy cometiendo una falta de probidad y de buen gusto al dar -ropaje propio a un relato que ha sido ya hecho por un maestro, por el -inolvidable Lucio V. López, que a su vez repite la narración de su -ilustre padre, testigo de la época, amigo por igual de Alberdi y de -Sarmiento. - -Al ocuparse Lucio López de la reimpresión de las “Cartas Quillotanas” -en 1873, legó páginas de insuperable mérito, que contienen con la -dramaticidad del momento, noticias directas de la psicología de los dos -soberbios contendores. Helas aquí: - - * * * * * - -“Las “Cartas Quillotanas” están destinadas a vivir siempre en la -literatura política de nuestro país. Ellas son la más severa lección -que se ha dado a la prensa que emplea el dicterio y el insulto para -convencer al público y confundir al adversario. Ellas son la protesta -más ardiente y victoriosa que puede hacerse contra esa literatura feroz -de que la ignorancia vulgar de nuestras sociedades se ha amamantado -en las pasadas luchas civiles, creando reputaciones de arcilla e -inconsistentes que la justicia severa de los fallos modernos tiene por -fuerza que desconocer. - -Esas cartas son poco conocidas en Buenos Aires. Hasta hace muy poco, -tan sólo las conocíamos por las referencias de sus contemporáneos, y -su crónica había llegado hasta nosotros, sin que hubiéramos podido -procurarnos las preciosas páginas que las contenían. Es por esto, que -no podemos menos de agradecer al editor el verdadero servicio que se ha -hecho a las letras argentinas, haciendo de ellas una edición copiosa -que, al mismo tiempo que pueda repartirse con profunsión por todos los -rincones de la República, sirva para estudiar tranquilamente y sin -pasiones mezquinas la índole de ciertos hombres que las injusticias del -pasado han tratado de obscurecer. - -La historia de las “Cartas Quillotanas” es interesante. Un testigo -ocular nos ha narrado su crónica que vamos a tratar de transmitir a -nuestros lectores con toda la imparcialidad que nos corresponde. - -La refutación del doctor Alberdi a la Campaña del Ejército Grande, que -el señor Sarmiento le narra intencionalmente, exasperó el ánimo de éste -con justos motivos. El golpe había sido mortal. La contestación había -apurado todos los recursos de la sátira y la pluma de Alberdi había -rayado en el papel la caricatura del adversario con los gráficos rasgos -de un Chatam y con la culta acrimonía de un Timon. La primera parte de -las cartas es la gran parodia “de la Campaña”. - -Los gritos de la herida fueron tan elocuentes por parte del señor -Sarmiento como había sido punzante el dardo sutil que la causaba. Su -espíritu se encrespó, tomó formas colosales, midió el cuerpo de su -adversario y prorrumpió en un torrente de lava escrita característico -en él, si tenemos en cuenta una cualidad remarcable de sus talentos: -la labia copiosa con que manifiesta sus pasiones. Alberdi se encontró -ahogado por aquella avalancha. Danton y Robespierre, y todas las furias -de la revolución francesa, no habrían producido una diatriba más -sublime que aquella. - -El señor Sarmiento no es clásico sino “criollo puro” y sin embargo, es -curioso de notar, cómo en su réplica a las primeras cartas de Alberdi, -palpita el más legítimo paganismo haciendo recordar las pasiones del -anatema clásico puesta en boca de los dioses, menos el estro de Homero -y de Virgilio. - -La cultura del lenguaje, la delicadeza del escritor, todos los -escrúpulos sociales están desconocidos en la réplica del señor -Sarmiento y para que no se dude de nuestra aseveración puede leerse -el siguiente párrafo con que ataca al señor Alberdi. “Usted ha tenido -la debilidad de eludir la ley penal por el decoro; pues yo tendré la -gentileza “de degradar mi rango de escritor y de insultar la ley y la -sociedad poniendo escritos inmundos contra usted”. - -Si Facundo hubiera sabido escribir, no de otra manera hubiera escrito. - -La réplica del señor Sarmiento hizo gran sensación en Chile. Los -amigos de Alberdi se enfriaron en su entusiasmo. Los amigos del señor -Sarmiento aprovecharon esta frialdad y la convirtieron en éxito para -sus afecciones. El señor Sarmiento estaba triunfante y la “vox populi” -sancionaba su victoria. Alberdi había enmudecido y todos consideraron -que el golpe lo había abrumado. ¿Qué hacía? ¿Dónde estaba? ¿Cuál -era la causa de su silencio? Este continuaba. Días, semanas y meses -pasaban sin que respirase. Varios amigos suyos resolvieron buscarlo -y decirle la crítica posición en que se encontraba. Lo hicieron, y -fueron recibidos en su gabinete donde trabajaba con perfecta calma y -tranquilidad. Le manifestaron lo que pasaba en Chile con su persona, -y una vez enterado, oyeron con asombro de sus labios que no había -leído la réplica del señor Sarmiento, que estaba sumamente empeñado -en concluir su proyecto de constitución para la República Argentina -y que había previsto que la lectura de las cartas de su adversario, -podía distraer su atención poniendo en conflicto la terminación de su -obra. En vano fué que sus amigos le manifestasen la necesidad en que -estaba de salir cuanto antes de su crítica posición. Su determinación -fué irresistible. No hizo la lectura y se dispuso a desocuparse del -trabajo que se lo impedía. Extrañó, sí, la debilidad de la opinión para -condenarlo tan ligeramente y quiso tal vez imponerle con su silencio -el castigo de su ligereza. A los pocos días llamó a uno de sus amigos -y le manifestó que su proyecto de Constitución estaba concluído y -que al día siguiente partía para Quillota a ocuparse de contestar al -señor Sarmiento cuya réplica ya había leído. Prometió a sus amigos -vindicarse ante la opinión y anonadar a su adversario para siempre. -Regresó de Quillota al poco tiempo trayendo un rayo que lanzó de -improviso y que cambió el hado próspero de su contendor. Y en efecto, -“La complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República -Argentina”, que era el título de la contrarréplica, fué fatal para -el señor Sarmiento. Este había presentado infinidad de hechos que -menoscababan la reputación del doctor Alberdi. Estos hechos fueron -desmentidos uno por uno, con datos tan fidedignos que toda la opinión -reconoció su veracidad. Alberdi en boca de Sarmiento había sido indigno -instrumento de los gobiernos, mal abogado, mal escritor, ignorante, -mal político y en fin dueño de las cualidades más poco envidiables que -se pueden poseer, y el mismo Alberdi, según su expresión, se encargaba -de “tomar por la oreja al mentiroso, sentarlo en el banco de la risa -y hacerlo desmentirse con sus propios escritos” que dejaban a Alberdi -bajo el punto de vista de un hombre digno, independiente, buen abogado, -brillante y competentísimo escritor, político hábil y en fin con todas -las excelentes dotes que las pasiones febriles del señor Sarmiento le -habían desconocido. - -Las últimas cartas de Alberdi corrieron de mano en mano con un -prestigio extraordinario. Llamó la atención sobre todo la parte -final titulada “Enmienda Honorable” que es una colección crecida, -compuesta únicamente de elogios de todo orden, debidos a la pluma de su -adversario. La crónica cuenta que el señor Sarmiento quedó sumamente -mal parado. Ofreció cuarenta cartas más con las que prometía hundir por -siempre a su antiguo amigo, pero sólo produjo dos y la mala acogida que -recibieron acabó de descorazonarlo para siempre haciéndolo abandonar -la escena que le había arrebatado tan felizmente su adversario. - -Esta es la sencilla historia de las “Cartas Quillotanas”, cuya -reimpresión acaba de hacerse y cuya lectura no podemos menos de -recordar a los que no lo hayan hecho. En ellas se verá que la República -Argentina tiene en su literatura ingenios de nota, cuyos escritos -participan del género de los que inmortalizaron a Fígaro y a Cormenin. - -De las “Cartas sobre la prensa” resulta, que hasta el odio a Buenos -Aires, otro de los cargos vulgares con que se ha querido combatir -a Alberdi, nadie lo ha expresado como el actual presidente de la -república en los siguientes párrafos que insertamos: - -“En vano le han pedido (a Buenos Aires) las provincias que les dejase -pasar un poco de civilización, de industria y de población europea: -una política estúpida y colonial se hizo sorda a estos clamores. Pero -las provincias se vengaron mandándole en Rosas mucho y demasiado de -la barbarie que a ellos le sobraba. Harto caro la han pagado los -que decían: “La República Argentina acaba en el Arroyo del Medio”. -(Sarmiento: “Facundo“, pág. 23, 1.ª edición). - -“Tucumán tiene hoy una grande explotación de azúcares y licores que -podría permutar por las mercaderías europeas “en esa ingrata y torpe -Buenos Aires” desde donde le viene hoy el “movimiento barbarizador”. -(Sarmiento: “Facundo”, pág. 195. 1.ª edición). - -“¡Eh! vergüenza de Buenos Aires, os habeis hecho las guaridas de todas -las alimañas, que Paz hace huir del interior”. (Sarmiento: “Facundo”, -pág. 195, 1.ª edición). - -“Diréselo a usted al oído, a fe de provinciano, porque el pueblo de -Buenos Aires, con todas sus ventajas es el más “bárbaro” que existe en -América”. (Sarmiento: “Sud América”, tom. 2, núm. 2.--Mayo 1.ᵒ de 1851). - -Después de estas inserciones, todo comentario nos parece inútil, pues -la justicia no puede hacer sino uno que no corresponde repetir.” - - * * * * * - -Terminado y remitido, pues, con urgencia el Proyecto de Constitución, -Alberdi vuelve a la polémica, titulando esta vez sus escritos así: -“Complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República -Argentina” y precediéndolas de una saludable “Advertencia”. - -Si eficaces fueron las primeras, estas últimas resultaron decisivas. -Y debieron serlo, de verdad, porque redujeron a silencio la pluma de -Sarmiento y abrieron doble brecha en su cuerpo y en su ánimo. En cartas -íntimas gime su cuita y expresa el dolor de su carne macerada por el -látigo de Alberdi[6]. - -Quedó abierto desde entonces el abismo que había de separar hasta -más allá de la tumba el alma de estos dos argentinos. ¡Y qué larga y -profunda fué la venganza de Sarmiento contra las “Cartas Quillotanas”! - -De modo que por su orden de tiempo debe leerse la “Campaña del Ejército -Grande” de Sarmiento, punto inicial de la polémica; en seguida las -“Cartas sobre la prensa” más conocidas por “Cartas Quillotanas” -de Alberdi; luego “Las Ciento y Una” de Sarmiento, y, por último, -“Complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República -Argentina” punto final, puesto por Alberdi. - -No hay otro duelo en los fastos literarios de América de mayor -repercusión y de mejor enseñanza. Préstanle su fama el volumen de sus -autores, la habilidad en las armas y la gravitación que tuvo en los -sucesos públicos de la patria. - -El lauro ha sido discernido por la posteridad a Alberdi, quien al -domeñar todos sus humanos impulsos, habilitóse a sí mismo para vencer -al adversario, colérico y sin freno, impulsivo, ciego y cruel. Alberdi -constituye de entonces un modelo en la alta polémica. La cultura -universitaria, aun en la pelea, tenía que salir victoriosa de la locura -del titán. - - - - -ACOTACIONES A MONTAIGNE - -(Notas marginales) - -Por J. ALFREDO FERREYRA - -Profesor en la Universidad de La Plata - - -Conocía a Montaigne por la monografía que Compayré le dedica en su -galería de didactas ilustres. Había meditado también el capítulo que el -mismo Montaigne dedica con tan buen sentido a la educación: sus vistas -reformadoras y libres, de hombre del Renacimiento. Pero por primera -vez leí todos sus ENSAYOS en las vacaciones de 1905-1906. En enero a -febrero de 1913, los repasé, pero no de punta a cabo, sino según el -método con que él los escribió. Abría las páginas que más me llamaban -la atención, o buscaba aquellas en que creía encontrar la aclaración de -una duda mía, o por saber qué opiniones alentaba el autor sobre tal o -cual cuestión. - -Conozco, además, biografías del hombre, desde luego cortas, pues ha -sido un cuerpo de poca acción. Todo su espíritu, movedizo y ondulante, -está en su obra. Su biografía es su libro. Europa ha producido algunos -hombres de pensamiento y de acción, cuyo prototipo es César. Pero en -América no son raros los ejemplos de Mitre, Sarmiento, Roosevelt. El -concepto de la educación integral bien practicado, creo que ha de -fomentar al hombre que hace y piensa al mismo tiempo, pues la acción -social me parece tan excitadora, como el estudio sedentario de un -problema científico. - -Quiero transmitir mi impresión personal sobre Montaigne, como quien -comenta al pasar una lectura en voz alta. Incitar a leer los grandes -libros podría ser un servicio didáctico: se cuenta entre los deberes y -los derechos del maestro de escuela. - - * * * * * - -Es un genio que hace de la modestia, de la franca confesión de sus -ineptitudes, una fuerza principal. Constituye casi una excepción entre -sus congéneres que pecan de vanidosos, según lo creía Sarmiento. -Sócrates confesaba que nada sabía, para mejorar su situación mental -respecto a los otros hombres. Jesús se endiosó. Y la lista sería larga. - -Alguna vez, es verdad, que la humildad de Montaigne se parece al -orgullo de Diógenes al través de su capa remendada. Reitera su pereza, -por ejemplo. Le gusta leer indolentemente a los clásicos latinos sin -propósito determinado, hasta que cierta necesidad de exponer sus -reflexiones y sugestiones le hace tomar la pluma. Parecería que con -ello muestra que no hay que forzar a los temperamentos, torciendo o -pretendiendo torcer las vocaciones grandes o pequeñas con presiones -exteriores y artificiales, a que han sido bastante aficionados los -padres y las escuelas. - -Recalca filosóficamente su falta de memoria, intuyendo con gran -sagacidad de su propia introspección, que esa deficiencia, lejos de -ser un mal absoluto, puede favorecer la meditación y las concepciones -originales. El memorista corre el peligro de ser un incorregible -repetidor de cosas ajenas. - - * * * * * - -Montaigne quiere sobrevivirse; de ahí que defienda la inmortalidad -en cualquier forma. En ninguna parte he visto tratada esta cuestión -con rasgos de mayor originalidad que en los Ensayos. Presenta el caso -de capitanes antiguos o coetáneos que encargaban que su cuerpo o su -esqueleto acompañase a sus ejércitos en el curso de la guerra, para -asegurar su triunfo. No cita al Cid, cuyo cadáver montado en Babieca, -ganó su última batalla contra la morisma en Valencia. Otras veces, -para el cadáver no se pedía tregua ni concesiones al enemigo, como si -continuara vivo el jefe al que pertenecía. - -Este es realmente un modo concreto de concebir la inmortalidad -subjetiva, formulada casi tres siglos después por Comte. - - * * * * * - -Muchos pensadores antiguos--Epicuro, Lucrecio, Séneca, entre otros--no -creyeron en la supervivencia del cuerpo ni del alma después de la -muerte. Estuvieron muy lejos de comulgar con el valle de Josafat. -Debemos convenir que el buen sentido ha tenido sus representantes en -todos los tiempos, como el mal sentido los tiene aún en el siglo XX, en -que un señor de Unamuno, ahuecando un tanto la voz, llama a la muerte -“pavoroso e insoluble problema”. - - * * * * * - -La ociosidad produjo los ENSAYOS de Montaigne; esa ociosidad, que -dejaba vagar con libertad (“la del caballo que dispara sin freno, -albarda, ni jinete”) su mente por diferentes asuntos, sin orden -aparente. Nunca la ociosidad ni la comodidad de un hombre que no tuvo -necesidad de ganarse la vida produjo tan glorioso resultado. - - * * * * * - -A Montaigne le faltó, en general, el punto de vista social de que -participamos, ahora aún los principiantes en sociología. Una ciencia -más o menos sistematizada ayuda mucho las operaciones mentales. -Montaigne precedió a Montesquieu en más de un siglo; de modo que la -concepción de un organismo social o de organismos sociales regidos por -leyes internas y externas, a semejanza de los individuales, era acaso -anticipada para él. - -En su original capítulo acerca de los medios contradictorios que los -hombres han empleado para llegar al mismo resultado o a resultados -opuestos, se nota esa ausencia de concepción sociológica. - -Un vencido o los vencidos en una guerra, han obtenido clemencia del -vencedor unas veces por la súplica y otras por el valor altivo. En -otras ocasiones, uno y otro medio han conducido al exterminio, a la -mayor cólera del vencedor, aunque éste fuera el magnánimo transigente -Alejandro de Macedonia. - -Atribuye Montaigne estos hechos exclusivamente a la psicología personal -del vencedor; nunca a otras circunstancias, principalmente las sociales -que tanto influyen en los acontecimientos, mucho más que los deseos y -resoluciones individuales. - -Maquiavelo, en sus _Aforismos políticos_ fundados en la Historia de -Tito Livio y en la de su tiempo, tiene idénticas observaciones; pero -mayor perspicacia sociológica, para inducir que en la función pública -se cambia de método con el cambio de circunstancias. - - * * * * * - -Montaigne no se contenta con lo presente, y con lo que ve, y donde -vive. Se extiende hacia lo pasado y mucho hacia lo porvenir. Sale de la -tierra. Lo desconocido lo atrae. Se reconoce habitante del Universo. -Actuando en un radio limitadísimo, de aislamiento en su castillo, habla -de un radio inmenso, desconocido, que la Humanidad va desbrozando -poco a poco. El infinito y la eternidad están descubiertos. Imposible -sujetar la imaginación a la ciencia experimental, por más que sus -resultados constituyan su solo regulador externo. Cuando se pierde este -elemento de equilibrio, la imaginación se exalta hasta la locura, como -Don Quijote que, a fuerza de palos y de no leer más, notó al fin que -los nidos no tenían pájaros. No quiere decir que los creadores, por -la imaginación, no sean incomparables intuitores. Comte llama a los -grandes poetas profundos observadores de la naturaleza humana. - -Este descontento por la realidad develada por sabios y poetas, en cada -época de la evolución mental colectiva, produce las hipótesis más sanas -y más disparatadas. Lo primero, engendra el progreso comprobable y -utilizable; lo segundo, las vaguedades metafísicas que se complacen en -meditar horas enteras si los valles se mueven o se están quietos, y -otras tonterías. Las luces relativamente verdaderas y las relativamente -falsas, marchan paralelas. - - * * * * * - -Montaigne trata del rezo con su buen sentido positivo. Las peticiones -de la oración son muchas veces injustas y generalmente egoístas. “Dios” -merecería respeto y debe recibir homenajes y “servicios”, y no pedidos -de codiciosos, maleantes de todo género que ruegan salir sin peligro -o airosos de una aventura. Margarita de Navarra recuerda de uno que -atravesaba compungido el interior de una iglesia, para ir a dormir con -su querida, haciendo antes actos de devoción ante el altar mayor. - -A Montaigne se le ha escapado, sin embargo, el lado psicológico de -la plegaria: su fuerza sugestiva y autosugestiva, cuando es sincera. -La oración teológica ha debido producir sus efectos en el período -correspondiente de la Humanidad, y del que muchos seres humanos aún -no han salido. Ahora, en vez de suprimirse, debería transformarse -en creación positiva, en propósitos determinados de acción, como -lo aconseja Smiles. En la gran guerra, se inventó la plegaria del -centinela y del soldado, como acto de resolución resignada, por ideales -humanos, sin invocación sobrenatural. - - * * * * * - -Llama la atención de Montaigne la vanidad de Cicerón, y la detracta. -Visto el gran romano a través de ese juicio, parece un petimetre sin -méritos que busca gloriolas, apelando hasta al “réclame”. No es así. -Cicerón tenía cualidades sólidas, y, en su género, fué uno de los más -perfectos que exhiba la historia. Es claro que mostraba también el -reverso del orador y del artista: instabilidad, indecisión. Me habría -satisfecho más y habría sido más justo un estudio sobre la personalidad -total. Pero Montaigne no supo o no quiso hacerlo por cualquier razón. -Ya se sabe que él no escribió un libro, sino una serie de artículos -sobre lo que se le antojaba y cuando se le antojaba. No fué un escritor -profesional que tuviera que exprimir su inteligencia sobre temas -obligados u obligantes. - -Para cohonestar su juicio unilateral sobre Cicerón, debe anotarse -que la antropología no es de su tiempo, y los psicólogos natos, los -Shakespeares y Cervantes, han sido muy contados, aún en esta época de -psicologías. - -A medida que más se penetra en el estudio del hombre, más se explican -sus anomalías, sin odio, tal vez con piedad y aun amor. Si el análisis -crítico es cada vez más profundo, la censura va de capa caída, manejada -sólo por los meros literatos que abominan de todo lo que no coincide -con sus inclinaciones personales instituídas, sin mayores miramientos, -en el patrón único para juzgar todo. Debemos aceptar lo irremediable, -es decir, los millares de temperamentos diferentes y diferenciados, -y su distinta manera de manifestarse. En el fondo, es un bien que la -naturaleza humana muestre tantos matices como la naturaleza cósmica. - - * * * * * - -Montaigne (1533-1592) no creía en el progreso, es decir, en la -evolución aprovechada por el hombre. Estaba con el _corso e ricorso_. -Era hombre del siglo XVI. Comte sostiene que la idea de un progreso -continuo e indefinido se afirmó en el siglo XVII y XVIII, como lo -demuestran las fórmulas orgánicas de Pascal, Leibnitz y Condorcet, -que instituyeron una Humanidad, sobre las patrias, que constantemente -aprende y constantemente crece. - -Yo creo que uno de los hechos que más ha afirmado la creencia de -un progreso general, a pesar de los retrocesos regionales o de -factores aislados, es la conquista sucesiva de la Humanidad sobre la -Naturaleza, es decir, el método experimental que dió sostén sólido a la -ciencia. Esta se aplicó a la industria que trasforma constantemente las -cosas en el sentido de su mayor utilidad humana. Estas trasformaciones -objetivas se han impuesto. El progreso subjetivo de las ideas era menos -discernible, ya porque está fuera del contralor de la mayor parte -de las gentes, ya porque su mezcla y confusión por los sofistas de -todos los tiempos que hacen juegos malabares, aparentan muchas veces -estacionamiento o retroceso. - -El progreso de las cosas derivadas del progreso de las ideas, ha -producido a su turno el desenvolvimiento de éstas, que se apoyan así -en una comprobación externa. El progreso se realiza por inventos -sucesivos, dice Pasteur. Cada nuevo invento demuestra un mayor dominio -del hombre sobre el universo cósmico y social, y nos da la perspectiva -de que ese dominio será ilimitado. Cada vez que un eminente genio ha -afirmado una imposibilidad en el futuro, ha errado, dice Flammarión. - -Las ideas invisibles pueden discutirse; pero su encarnación en hechos -sucesivos, no. Si todo es ilusión, si no nos es dable percibir al -Universo tal cual es por deficiencia de sentidos y estructura cerebral, -la utilización de las cosas, de los hechos y de las leyes para el -acrecentamiento humano, es una realidad aunque no fuera la realidad. - - * * * * * - -Montaigne es el tipo del hombre del Renacimiento. Ama la gloria -literaria de Grecia y de Roma. Cita constantemente a sus pensadores, a -sus poetas, historiadores, oradores. Plutarco y Séneca son sus guías. -Pero Horacio, Juvenal y Persio, Cicerón, Terencio, Ovidio, Plinio el -viejo y el joven, ratifican sus afirmaciones. Sábese que hablaba el -latín. Lo aprendió desde niño, conversando, como un idioma vivo, y -leía constantemente a los creadores de tan profunda literatura. No era -latinista de catálogo, de los tantos defensores del latín, incapaces -de leer de corrido tres sentencias del Cornelio Nepote. Virgilio y -Lucrecio están siempre en la punta de su pluma. Resurge, pues, en su -mente, libre observadora del presente moderno, la antigüedad clásica. -Esa aleación ha producido una síntesis inmortal con los ENSAYOS. - -Montaigne está lejos de ser un dogmático: no quiere y, sobre todo, no -puede serlo. Su afirmación es siempre débil; su duda, transparente. Su -positivismo es notorio; pero no dispone de elementos necesarios para -apoyarlo. - -Nada de antropocéntrico, y esa es una de sus glorias. Su pensamiento y -sentimiento ondulantes participan de la diversidad de los temperamentos -humanos. Parecería que quisiera observar el mundo al través de cada -uno de sus semejantes. Hay en él varios espíritus, como los que -inspiraban a Goethe. Nada lo apasiona, todo lo reflexiona, es un famoso -plurilateral. - -Leí con cuidado el capítulo que dedica a Raimundo Sabunde, donde se -muestra más su positividad. Cree que los animales tienen más que -instinto: inteligencia y sentimientos morales. La diferencia con el -hombre es sólo de grados. Hace presentir a Lamarck y a Darwin. Cita un -número asombroso de hechos referentes a los animales. Hoy que ha tomado -cuerpo la psicología animal, resurge Montaigne. - -La verdad es que todos los problemas, resueltos o no, de que está -ocupada la Humanidad presente, ya han sido propuestos por los antiguos, -y a muchos se les ha dado en remotos tiempos una solución acertada, -si bien por excepcionales pensadores que predicaren o no en desierto. -El problema de la muerte, de la inmortalidad, de Dios: todo ha sido -tratado abundantemente. Lucrecio, siguiendo a Epicuro, cuya doctrina -poetizó, sostuvo que el aniquilamiento del cuerpo traía también el del -alma, función corporal. Alguien dijo que Dios no era un ser, ni menos -extrauniversal, sino una ley. Otros, que la inmortalidad objetiva del -alma era apenas un mito poético y consolador para el tiempo respectivo. - -Nótase también que muchos problemas metafísicos se han reducido por los -progresos de la ciencia que ha muerto hipótesis y divagaciones, creando -probablemente otras. Pero la ciencia no sólo ha respondido a muchas -interrogaciones seculares, sino que ha mostrado el régimen fecundo -de la razón humana, el método que ha descubierto y ha de descubrir -gradualmente, con mayor o menor rapidez, enigmas que la inquietud -humana formula sin cansarse. - - * * * * * - -En Montaigne se nota el sentimiento de la verdad relativa. Nadie lo -tuvo como él al afirmar o negar. Pregunta más que contesta. De nada -está completamente seguro. Define con simpatía el Pirronismo. Pero -él es sólo Pirronista intelectual. No llegó a la ética estoica que -alcanzó el sublime escéptico griego. Este enseñaba que todas las -cosas son igualmente inciertas y discutibles. Es necesario dudar de -todo y ser indiferente a todo. De ahí derivaba su moral, doctrina de -renunciamiento e indiferencia, que él practicó fielmente con organismo -adaptado. - -No tener opinión ni sobre el bien, ni sobre el mal, es el medio de -evitar todas las causas de turbación. Las más de las veces los hombres -mismos se hacen desgraciados: sufren porque son privados de lo que -creen ser un bien, o temen perderlo, porque estiman que esto sería -un mal. Suprímase toda creencia de este género, y todos los males -desaparecerán. Dejar que siga el mundo como es, y que cada uno tome su -lote de males inevitables: he ahí el ideal de Pirrón. No le importaba -más vivir que morir, porque no estaba convencido que lo uno fuera bien -y lo otro mal. En un naufragio, mostró con toda calma a los pasajeros -despavoridos la impasibilidad de un cerdo que comía tranquilamente, -mientras el barco se sumergía. Así debería ser la impasibilidad -consciente del sabio, en presencia de los hechos de la vida y de la -muerte. Pudo decir con Lucrecio que la religión no consiste en adorar -piedras o ensangrentar altares, sino en contemplar con ánimo sereno la -corriente favorable o adversa de los sucesos. - -Montaigne no tuvo nunca la concepción, ni menos practicó la ética de -Pirrón. Fué un rico que vivió cómodamente en su castillo campestre, -bien servido, eligiendo su sociedad, pensando muy mal de las mujeres, -perfumando sus pañuelos y guantes, abrigándose mucho en invierno porque -era friolento, y temiendo la muerte. - - * * * * * - -En la voluptuosidad de leer descansadamente a los genios antiguos, -meditar espontáneamente, escribir sin trabajar, anotando los -pensamientos que su profunda naturaleza le sugería: así se engendró ese -libro universal que se llama los ENSAYOS. Salió espontáneamente como la -seda del gusano. - -Es un realista sin prejuicios y sin las groserías de Rabelais. Es el -padre espiritual de Renán, de Anatole France, de la sonriente ironía -francesa también heroica. Es la resurrección, al través de las letras -latinas, de la mentalidad griega tan poco respetuosa de los dogmas, tan -poco asustadiza de los misterios, tan poco sorprendida de lo nuevo, que -aceptó sin mayores preocupaciones el todo o la nada de la vida. - -Febrero 1919. - - - - -LOS SENTIMIENTOS MORALES, ESTÉTICOS Y RELIGIOSOS - -Por RODOLFO SENET - -Profesor de la Universidad de Buenos Aires - - -LA RELIGIÓN Y LOS SENTIMIENTOS ÉTICOS - -Tener una religión sin poseer sentimientos religiosos, es no tener -nada. Los sentimientos religiosos deben ser siempre previos a su -sistematización y sintetización en forma de religión. - -La ética que se basa en los principios religiosos, es ultraegoista. -El estudio de la gran mayoría de los preceptos morales que surgen -de esa fuente, comprueban con toda evidencia el aserto. Tomaré el -tan difundido “Haz bien y no mires a quien”, que sólo obedece a que, -persiguiendo el sujeto beneficiarse a sí mismo, claro está que sea -indiferente el individuo sobre quien recae la acción. El benefactor lo -es, ante todo, de sí mismo, puesto que su buena acción no quedará sin -su premio correspondiente y se sumará en su haber. Si bien es cierto -que el hecho es que resulta un beneficiado, la falta de discernimiento -con que se aplica el beneficio, indica que el primer plano lo ocupa el -benefactor, siendo absolutamente indiferente el beneficiado. Los que -practican la caridad aplicando el precepto sin tener en cuenta para -nada su beneficio personal, creen de buena fé realizar un acto moral, -y no obstante, es pseudomoral; los que lo realizan desde el punto -de vista de la recompensa futura, inconscientemente, realizan actos -inmorales. De este modo, cuando un religioso hace una obra piadosa -cualquiera, con el ánimo de hacer méritos, quien debe agradecer es él -antes que nadie y no el que recibe el beneficio, y debe quedarle grato, -además, por prestarse o hacerse cómplice de su egoismo, puesto que el -premio que espera obtener supera con mucho al bien realizado. - -La moral religiosa es una moral a base de premios y castigos, de -carácter eminentemente egoista, prometiendo castigos horrendos o como -recompensa un sensualismo que envidiarían los epicuristas. El “rogaré -por Vd.”, el “Dios se lo pague”, etc., que contestan los beneficiados, -en los casos de limosna, por ejemplo, indica una devolución de -ultratumba infinitamente mayor al beneficio realizado. Si esa moral se -pudiera hacer efectiva en la vida diaria, la usura ahogaría a la vida -misma. - -Por lo demás, el eje sobre el que reposa, especialmente la moral -religiosa, es la cuestión sexual. - -El instinto de conservación específico, satisfecho de acuerdo con los -preceptos establecidos, resulta siempre una inmoralidad disimulada, -y por tanto, tolerada. En el terreno afectivo-emocional, su base más -honda, está en la afectividad negativa y en la emotividad depresiva. - -No entraré a analizar la pseudomoralidad que aporta en la ética -individual, la religión; caería en el terreno del deporte de los poco -cultos que recién descubren la pseudomoralidad de la ética religiosa. - -Lo que trataré de ver es si normalmente, si racionalmente, se puede -edificar una ética o se pueden formar sentimientos morales, a base de -religión. - -Los prácticos lo consagran así, y, no obstante los reiterados fracasos, -la rutina subsiste. El hogar religioso, trata desde la más tierna edad -de formar en el niño sentimientos religiosos. Luego las clases de -doctrina dadas por sacerdotes del culto, y en algunos países atrasados -la enseñanza de la religión en la escuela, tratan de crear sentimientos -religiosos a bases de enseñanza de la religión. - -Claro se vé que si es absurdo tratar de formar sentimientos morales, -enseñando moral teórica, lo es _a fortiori_, pretendiendo hacer -penetrar a los niños en abstracciones muy alejadas de su mentalidad y -en cuestiones de carácter dogmático. Los resultados así lo atestiguan, -pues salvo el caso de que al sujeto lo haya rodeado un ambiente muy -propicio, o que se trate de sujetos de cierta pobreza mental, los -demás, cuando llegan a jóvenes, hablan en tono jocoso de la religión -que les inculcaron en la niñez, evaporada hoy; recuerdan lo odioso -de esa enseñanza impuesta, o bien las travesuras de las clases de -doctrina, o los regalitos para atraerlos, u otros procedimientos como -juegos, etc., para inculcarles la fe. - -Analizar todas estas tentativas para desarrollar en el niño -sentimientos religiosos, desde el punto de vista psicológico, es, -sencillamente, tiempo perdido. Basta una palabra, se trata de -disparates. - -No se pueden desarrollar sentimientos morales a base de sentimientos -religiosos, porque los últimos están por sobre los primeros, son -superiores en jerarquía y mal pueden ser causa de los sentimientos -morales, cuando deben ser efectos de éstos. Los sentimientos morales -son previos a los religiosos, de manera que no son los sentimientos -religiosos los que conducen a los morales, sino que la evolución -superior de los morales conduce a los religiosos. Si los sentimientos -religiosos son verdaderos, sinceros, si no se trata de vividores o -mistificadores, para llegar a esta etapa de la evolución psíquica, el -sujeto debe, necesariamente, haber construído antes todo su andamiaje -ético, para construir más tarde su monumento religioso. Antes de llegar -a la fé, el individuo ha tenido un período de duda, o por lo menos, de -discusión y de grande sintetización, de carácter, no solo sentimental, -sino también mental. Los sujetos verdaderamente religiosos son grandes -razonadores; sólo los débiles mentales tienen fe sin discernimiento. - -En la filogenia el sentimiento religioso es el último en aparecer. -Obsérvese que las religiones de los pueblos al través de la Historia, -siempre expresan la síntesis de su progreso y civilización; es decir, -que a nosotros, como colectividad, nos da la expresión más avanzada -de su progreso. La religión ocupa siempre la cúspide, no está en -la base. Cuando la religión queda por debajo de los conocimientos, -necesariamente se modifica o es reemplazada por otra. De ese -modo vemos, al través de los tiempos, modificarse las religiones -paralelamente a los adelantos en la cultura y civilización. - -En la ontogenia ocurre lo mismo; los sentimientos religiosos son los -últimos en aparecer. En la niñez no existen en realidad, todo lo más, -encontraremos la emoción del temor, que sólo se liga a cuestiones -religiosas si al niño se le orienta en esa dirección mediante -sugestiones; de otra manera ese temor en el niño, nada tiene que hacer -con lo religioso actual y estará vinculado a formas filogenéticas más o -menos remotas; el temor religioso será instintivo. Durante la juventud -lo general es que el sujeto sea indiferente, no se preocupe, es decir, -está en un período donde aún no ha formado síntesis y es irreligioso -como regla general. Los sentimientos religiosos se forman en una época -relativamente tardía, la edad madura, como síntesis de los sentimientos -morales. - -En la vejez y, particularmente, en la edad senil, las tendencias -religiosas, el fanatismo de los ancianos, se debe a otras causas. - -Siendo mucho más amplios los sentimientos religiosos que el sentimiento -de equidad y de justicia, a título de simple comparación, para -diferenciarlos, digo: que los sentimientos religiosos, son a los -morales, lo que el sentimiento de equidad es al de justicia. El -sentimiento religioso, para el que lo posee, es lo superior, comprende -una síntesis enorme, donde entra lo ideal, lo intangible, lo sublime, -lo perfecto, la evolución o la superstición de las concepciones morales -del sujeto; los sentimientos morales no son superhumanos, sino muy -humanos, dentro de lo real y de lo tangible. El sentimiento moral es al -religioso, lo que lo concreto es a lo abstracto, lo que lo relativo es -a lo absoluto. - -Fundar los sentimientos morales en los religiosos, es pues, proceder en -sentido inverso; es antilógico. - -Los procedimientos empleados en la enseñanza de la religión, y -particularmente, para desarrollar o dar siquiera nacimiento a -sentimientos religiosos en los niños, demuestran hasta la evidencia, -que no se pueden desarrollar sentimientos, ni siquiera adquirir ideas -religiosas, sino mediante los sentimientos morales. - -Lo contrario es absurdo, o, por lo menos, no se vé su posibilidad; -equivaldría a pretender educar las aptitudes intelectuales del sujeto, -sin instruir. Los resultados están de acuerdo con lo manifestado, los -niños tienen tantos sentimientos religiosos antes como después de los -cursos de doctrina. Lo común es que el resultado, a la larga, concluya -por ser contraproducente. - -Es que en realidad de los sentimientos éticos a los religiosos media -una respetable distancia en la ontogenia, como ha ocurrido en la -filogenia. En la juventud ya se presentan bastante desarrollados los -sentimientos morales, mientras que, como regla general, los religiosos -ni siquiera comienzan a alborear. Estos, como lo he manifestado, no son -más que resultantes de grandes síntesis, las que no pueden realizarse -sino al través de los años. Además, para que los sentimientos morales -evolucionen hacia la formación de los religiosos, es menester que -construyan los intermediarios entre unos y otros, representados por los -sentimientos estéticos. Ya volveré sobre este asunto. - - -LOS SENTIMIENTOS ESTÉTICOS Y LOS ÉTICOS - -Considero á los sentimientos estéticos como íntimamente vinculados con -los éticos, siendo los estéticos de jerarquía superior a los éticos, -más que nada, por su formación filogenética. - -Creo que los sentimientos estéticos del individuo pueden servir -de norma para valorar los morales y que puede establecerse como -regla general, que a mayor evolución de los sentimientos estéticos -corresponde mayor evolución de los éticos. De este modo, se podría -enunciar el principio, o con más corrección para no asignarle tanto -alcance, la regla, en esta forma: _los sentimientos estéticos están en -relación directa con los éticos_. - -Aquí el lector, inmediatamente me objetará en una forma a su juicio -contundente, diciéndome que, justamente, los cultores de la estética, -los profesionales de ella, en su gran mayoría, no son los que más -brillan por su moralidad, sino al contrario, por su inmoralidad. - -Dejemos estas objeciones para su debido tiempo, si es que después de -precisar el alcance de los términos, se persiste en ellas. - -El orden de formación filogenética de los sentimientos es el siguiente: -sentimientos éticos, a los que les ha seguido casi inmediatamente los -estéticos, y por último los religiosos. - -En la ontogenia los sentimientos morales y los estéticos se presentan -aparentemente simultáneos, es decir, a sentimientos éticos determinados -le corresponden sentimientos estéticos determinados, o a la misma -altura de evolución, tal cual ocurre con los sentimientos morales y -estéticos, en la niñez, en la adolescencia, etc. Esto indicaría que la -sucesividad de sentimientos éticos y estéticos en la filogenia ha sido -corta, por su aparente simultaneidad en la ontogenia. - -Se infiere que los sentimientos estéticos en la filogenia no -pudieron ser originariamente primitivos, sino que derivaron de -los éticos que estaban en más estricta vinculación, o mejor, -dependían más directamente de la lucha por la vida, del instinto -de conservación, siendo los sentimientos estéticos, en cualquiera -de sus manifestaciones, los sentimientos del triunfo en la lucha -por la existencia; es decir, los sentimientos estéticos dependieron -de lo bueno, de lo útil, de lo eficaz, pero para eso debió existir -previamente la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo útil y lo -inútil, lo eficaz e ineficaz, que eran, en definitiva lo moral y lo -inmoral. - -En la ontogenia resultan ambos sentimientos asociados y todo lo ético -es estético y lo estético para ser tal, en los sujetos normales, debe, -necesariamente, ser ético. Sólo un falso discernimiento puede disociar -lo estético de lo ético, admitiendo que pueda existir lo estético -independientemente de lo ético, o en otros términos, que pueda existir -algo estético que no sea moral. Por lo demás se vé que lo amoral es -inestético, como que lo inestético es amoral y que lo inmoral es -antiestético, y que solo como aberraciones se presenten los sujetos que -estiman lo inmoral, o en particular, algo inmoral, como estético. - -Dije que el sentimiento estético en su origen es el sentimiento del -triunfo en la lucha por la vida. No voy a tratar de demostrar esta -tesis, sobre la cual he escrito un libro. Sólo recordaré que en los -sentimientos estéticos, como en las demás aptitudes, existe una larga -gradación desde lo rudimentario hasta los grados más avanzados y que -su vinculación con el instinto de conservación, es tanto más evidente -cuanto más inferiores son, pues en los grados superiores la causa -originaria resulta muy alejada por la cantidad de intermediarios que -intervienen entre el instinto, o mejor dicho, la satisfacción del -instinto en la lucha por la vida y el sentimiento estético. - -En la naturaleza las cosas o los fenómenos no son ni morales, ni -inmorales, ni estéticos, ni antiestéticos, sino amorales e inestéticos. -El sentimiento de lo moral o de lo bello nace en nosotros por las -reacciones que en nuestro sistema nervioso provocan esos agentes. De -ahí que lo estético y lo moral dependan del individuo y que sea el -criterio de la mayoría el que pretenda dar la pauta de lo estético, -antiestético, moral e inmoral. - -Naturalmente que no hay razón alguna para limitar la estética a las -manifestaciones del arte y creer que los sentimientos estéticos sean -sentimientos ligados exclusivamente al arte. El arte no es el único -poseedor de la estética, ni cosa semejante. Si se han hecho casi -sinónimos es porque el arte, para ser tal, exige el concurso de la -estética, o mejor dicho, debe provocar reacciones de carácter estético; -pero la estética del arte, o las reacciones estéticas provocadas por -las ramas del arte, se diferencian solo de grado con las provenientes -de otros géneros de actividades humanas, son términos de una misma -serie y las reacciones estéticas que provoca una obra de arte pueden -ser muy inferiores a las provocadas por la ciencia o superarlas, según -el grado de evolución del sujeto que las percibe. - -Recordaré, brevemente, las etapas de la filogenia de los sentimientos -estéticos que corresponden exactamente a los que se observan en la -ontogenia. - -1.ª _Estética motriz._--Llamo así a las reacciones estéticas -provenientes de las nociones que provee el sentido muscular. La belleza -reside en la dirección, o bien en la velocidad, o bien en la agilidad, -o bien en la precisión, etc., del movimiento. El movimiento es el -agente de la reacción estética y la belleza reside en el movimiento, -ya obre el sujeto como actor o como espectador. Es la estética más -rudimentaria: la del hombre primitivo, la del salvaje actual y la del -niño. Sus sentimientos estéticos están ligados a ejercicios, manejo de -las armas, deportes, bailes, etc.; su estética musical está más en el -ritmo que en la melodía, es decir, en la noción de movimiento. - -Para que el agente provoque sentimientos estéticos es menester que -sea llevado a la mayor perfección posible, por ejemplo, que el o los -movimientos ejecutados sean de la mayor agilidad y precisión, pues lo -imperfecto, pesado, o grosero, resulta antiestético. En la filogenia, -lo más perfecto fué lo más útil, porque conducía más directamente al -triunfo. La estética resultó de una ética utilitaria. El sujeto que -sobresalía, que se distinguía de los demás, era el que mejor realizaba -lo estético, si llegaba a lo verdaderamente excepcional, fué el -superhombre de esos tiempos, el respetado, el temido, el que servía de -término de comparación, de unidad moral o término superior, y también -el término superior en lo estético. La dependencia de lo estético de -lo moral se presenta muy clara en el hombre primitivo y en el salvaje -actual y también en los individuos inferiores de las colectividades -cultas que son otros tantos salvajes dentro de un medio evolucionado, -y, por último, en el niño. En éste, particularmente en el período -belicoso, es notable su admiración por el más fuerte y con especialidad -por el diestro en el manejo de los puños. Endiosan al peleador, -alabando sus sopapos, sus quites, etc. El niño, como el salvaje, admira -y respeta al que prima por más diestro en la fuerza bruta. - -La sucesividad: ética, estética y religión, se observa muy bien en el -estadio de la estética motriz, en que el hombre no había llegado aún -a discernir lo mejor de lo peor, lo bueno y lo malo, etc., sino en el -mundo sensorio, y, aun en éste, limitado a las sensaciones musculares -que, a los efectos de la realización de la vida, ocupaban el primer -puesto, eran los primordiales. El sujeto que sobrepasaba a los demás -en fuerza muscular, o bien en el manejo de las armas, por ejemplo, -realizaba lo más estético, prevalecía, era luego el jefe, el árbitro -de lo ético, el modelo en la realización de lo estético; si llegó a lo -extraordinario, las generaciones siguientes lo erigieron en ser mítico, -más tarde en dios. Hombre extraordinario, jefe, mito, dios; he ahí un -origen estético de muchos dioses primitivos y origen estético-motor -surgido del sentido muscular como arma para satisfacer el instinto de -conservación en la lucha por la vida. En aquellas épocas alejadas, el -arma más eficaz para el triunfo era la fuerza muscular y la maestría -para utilizarla mejor, porque aún no habían nacido otros medios de -lucha, el hombre admiró y exaltó lo más perfecto, y llegó a crear los -dioses que representaban el summum de la fuerza o de la perfección -en las nociones que provee el sentido muscular. Pero la fuerza y la -maestría si eran armas eficaces para la lucha por la vida, no lo eran -para luchar contra agentes naturales como la tempestad, el rayo, la -obscuridad; y el sentimiento del temor nacido de la ineficacia de -los medios de lucha, dió origen a la creación de dioses misteriosos, -monstruosos, brutales. Pero estos dioses eran de origen más remoto; -estos dioses productos del terror perduraron y fueron, poco a poco, -desplazados por los dioses motores. Los dioses de origen fóbico -convivieron cierto tiempo con los dioses motores, hasta que estos -últimos los desplazaron del todo. - -Y este fenómeno de simultaneidad y desplazamiento gradual de dioses de -distinto origen, ha sido de todos los tiempos y es el que, aunque con -mucha mayor complejidad, ocurre actualmente. - -No fueron los dioses los que engendraron al miedo sino el miedo el que -creó a los dioses, como muy bien lo dijo _Lucrecio_. Como el hombre -los creó bajo la influencia depresiva del terror, que es eminentemente -antiestético, todos esos dioses son sumamente antiestéticos: son -creaciones cuya sola vista debe provocar el mismo sentimiento de -terror con que fueron creados, son dioses onomatopéyicos del terror, -como ocurre con la diosa Kali indú, o los animales monstruosos de los -egipcios que poblaban la tierra de que habla Máspero, o los dioses -estrafalariamente horribles de los asirios y caldeos, etc. - -Tampoco fueron los dioses los que crearon los sentimientos estéticos -motores, sino los sentimientos estéticos motores los que crearon los -dioses motores, cuyas figuras representan el summum de la estética -motriz de entonces. Tal ocurre con los dioses egipcios que no eran de -origen fóbico, como Ammon que era un dios de fuerza, Osiris e Isis, -dioses de energía o fuentes de energía, Hércules que cae de un plano -superior en Egipto a uno más inferior en Grecia que estaba en un -período mucho más avanzado de evolución, y los dioses de fuerza, los -dioses motores pasan a la categoría de semidioses o héroes: Teseo, -Perseo, Belerofonte, Cadmo, etc. - -Se ascendió de lo estético a los dioses y no se descendió de los dioses -a lo estético. Los dioses sintetizaron lo estético. - -Lo estético se presenta así como un grado de evolución superior a lo -ético, como un sentimiento intermediario entre el sentimiento moral y -el religioso. Por eso es que en el sentimiento de la inspiración, el -inspirado se encuentra en un estado sentimental intermediario entre el -sentimiento que provocan las reflexiones morales y el éxtasis místico. -El momento de inspiración es un momento de _éxtasis estético_ y el -sujeto se halla en lo que respecta al mundo exterior, en un estado de -semiconciencia, casi completamente aislado y no completamente aislado, -ajeno a todo lo que ocurre fuera de él, como acontece en el _éxtasis -místico_, que, en lo que concierne al sentimiento, es la superevolución -del éxtasis estético. - -Pero la estética motriz no es exclusiva de los pueblos primitivos y -salvajes; en infinidad de hombres se encuentra hoy, si no en la forma -rudimentaria del salvaje, en un grado de evolución algo superior. Como -es muy reducido el número de sujetos en los cuales los agentes motores -ya no provocan reacciones estéticas, resulta que la estética motriz -es cultivada, no solo por los motores, sino por todos aquellos en los -cuales este factor tiene aun importancia psicológica. Así se explica -que perduren aún cantidad de deportes, que solo se diferencian de los -del salvaje por la indumentaria de los que los realizan, o por la forma -o los medios de realizarlos. Si se estudian los medios de provocar -reacciones estéticas motrices, en las colectividades más avanzadas, se -verá que son de una enorme variedad, desde el simple culto de la fuerza -en los atletas, boxeadores o luchadores, hasta el tango, desde las -cinchadas o gatas paridas al partido de _football_ o de _tennis_, desde -las cinchadas y visteadas al sable o al florete y desde el juego del -sapo al campeonato de tiro. - -En el niño, durante la primera, la segunda infancia y aun invadiendo -la niñez, las reacciones estéticas provienen, especialmente, de -excitantes motores, ya obre como actor o como simple espectador. Por -grados insensibles, durante la niñez, de la estética motriz pasará al -predominio de la estética sensoria, que culminará al final de la niñez. - -El sujeto puede quedar estacionado, en lo que a sentimientos estéticos -se refiere, en cualquier etapa. Si queda en la sensoria, será un -adulto cuyos sentimientos estéticos serán sensorios y reaccionará -como reacciona un niño, es decir, mediante excitantes sensorios. Si -se estaciona en la motriz, sus sentimientos estéticos se manifestarán -exclusivamente en lo motor y representará, en ese concepto, a un -salvaje viviendo en un medio culto. - -2.ᵒ _Estética sensoria._--En la filogenia, sobre la base de las -reacciones estéticas de carácter motriz, evolucionaron las _sensorias_. -Llamo así, a las reacciones estéticas provenientes de todas las -sensaciones, excepto las musculares o las que provoca en el espectador -el movimiento, para las cuales se reserva el vocablo motriz, es decir, -reacciones estéticas motrices. Los sentimientos estéticos de origen -sensorio, provienen, pues, de las sensaciones visuales, auditivas, -tactiles y térmicas, gustativas, olfativas y de orientación. - -El nacimiento de estas reacciones estéticas en la filogenia, se -explica porque complejizándose cada vez más, con la concurrencia -vital, la lucha, fué necesario emplear mayor número de medios, y de -medios más eficaces. Sucedió, entonces, lo mismo que ocurre ahora. Al -hombre primitivo no le bastaron en una etapa dada, para tener éxito, -las sensaciones musculares y la fuerza muscular, y tuvo que echar mano -de otros medios auxiliares, que no podían provenir más que del empleo -de los otros sentidos, perfeccionándolos, o adaptándolos mejor con el -uso. Pero lo auxiliar en su origen, se fué convirtiendo, poco a poco, -en fundamental, pasando lo fundamental, en muchas actividades, a ser -secundario. El hombre primitivo superaba, como supera con mucho el -salvaje actual, al hombre culto, en lo que respecta a sentido muscular. -Salvo actividades excepcionales, el sentido muscular no es el más -importante a los efectos de la lucha diaria y más concurso prestan las -otras sensaciones, sin exceptuar, naturalmente, a los obreros. - -En el estadio de la estética sensoria, para los que han llegado a -penetrar en él, la estética motriz es de carácter secundario, pasando a -ocupar el primer puesto la sensoria. - -En la Historia el tipo de estética sensoria es el pueblo griego. -Téngase en cuenta que aludo a la cultura media del pueblo griego y no a -la de sus grandes hombres. - -Los dioses primitivos de origen fóbico desempeñan allí un papel muy -secundario; los dioses motores como Hércules han caído a la categoría -de héroes. No obstante esto, no por eso desaparece la estética motriz, -como no ha desaparecido hoy y por inferior que sea perdurará aún, y -se manifiesta en los diversos juegos celebrados y cantados por sus -poetas. Pero las sensaciones, de lo ético ascendieron a lo estético, y -de lo estético se llegó a lo religioso. De ahí la serie de dioses de -origen sensorio, de mitos, de genios, todos de carácter estético. Si -se exceptúa Júpiter que es un dios de fuerza, Marte que lo es motor y -alguno más, los otros en su mayoría son evidentemente sensorios: Venus, -Cupido, Baco, Eolo, las nereidas, las sílfides, las ondinas, etc. -Quedan Plutón, las arpías, las furias y otros genios de origen fóbico, -pero ya no son tan horripilantes como los dioses fóbicos asirios o la -diosa Kali. - -Los epicureístas y los estoicos no son más que dos tendencias -antagónicas en una ética sensoria, que llega a culminar en la estética -sensoria. Tanto los epicureístas como los estoicos surgen del mundo -sensorio, como propulsor de la voluntad: satisfacer la sensación de -afectividad positiva, o no satisfacerla prefiriendo la negativa; he -ahí a la sensación obrando en la voluntad, para unos como elemento de -impulsión (epicureístas), para los otros como elemento de inhibición -(estoicos), o si se quiere plantear en otros términos: el dominio de -los sentidos sobre el _yo_ o el dominio del _yo_ sobre los sentidos. - -En la actualidad no son muchos los que han ultrapasado el límite de la -estética sensoria. La mayoría permanece en ella, perfeccionándola. Su -ética será también poco elevada. - -En el terreno del arte los estetas sensorios son aquellos que -reaccionan ante las sensaciones; en visión el sujeto reaccionará -ante el colorido, la perspectiva, la distribución en el paisaje, el -conjunto, el claro-oscuro, etc.; en audición, se extasiará con el -timbre, con la altura del sonido, con la intensidad, pero no le exige -mucho más; en el gusto, será un perfecto goloso, etc. - -En las producciones artísticas al visual le bastará la estética motriz -o sea la ejecución, la virtuosidad del pintor, y el elemento sensorio, -el colorido, la perspectiva, etc. - -En literatura preferirá al descriptor colorista, importándosele muy -poco del contenido, de la tesis sustentada, del meollo de la obra. -Al auditivo le llamará la atención la parte motriz, ritmo, compás, -movimiento, virtuosidad; preferirá en la audición lo puramente melódico -o armónicamente simple. Las complejidades quedan fuera de su alcance. - -Es de advertir que cantidad de productores, a los que se les -llama artistas, sólo realizan la estética motriz y sensoria y sus -producciones no ultrapasan ese límite. Naturalmente, obtienen un -éxito inmediato; son los menos discutidos, porque la estética de sus -producciones es perfectamente accesible para la gran masa y para los -críticos que, si son tales, es por incapacidad de ser productores, -lo que equivale a decir que siempre están en un plano inferior al -productor, aunque su producción no ultrapase el límite de lo sensorio. -Es por eso, por lo que, en general, los críticos hincan sus garras en -la producción superior, que les es inaccesible, y no en la inferior, -que pueden catar mejor. - -La moralidad de los artistas que no ultrapasan la estética sensoria -debe estar de acuerdo con sus sentimientos estéticos y nada tiene de -extraordinario pues, que sean _sensualistas_, libertinos que llevan -una vida disipada, como ocurre con una cantidad de literatos y de -artistas en general, que en realidad son pseudo artistas, los que -llegan hasta creer que la producción superior trae aparejado ese género -de vida. Pero analícense sus producciones y se verá que les espera una -existencia precaria; que no tendrán más longevidad que la del artículo -de diario, o de la columna de revista o cosas semejantes; no pasan -jamás a la Historia. - -No ocurre lo mismo con cerebros como el de Víctor Hugo, con artistas -como él, como Carducci, como Zola, cuya forma tachada de inmoral, es -un medio de llegar a la estética del pensar, que surge de una profunda -ética. - -Claro está que al hablar de artistas excluyo a los llamados artistas -líricos, bufos, cómicos, dramáticos, danzantes, prestidigitadores, etc. -Del punto de vista de la mentalidad y del sentimiento, estos sujetos -tienen muy poco de artistas y mucho de pobres diablos. Sus sentimientos -estéticos, salvo las excepciones de sujetos superiores, son inferiores -como lo son los éticos. - -Cuando se habla pues de artistas inmorales, lo que debe discutirse, en -primer término, es si se trata realmente de artistas y no de sujetos -con sentimientos estéticos sensorios que no ultrapasen este límite. -Por lo demás, no hay por qué circunscribir los sentimientos morales -a un fallo, sino tomarlos en toda su amplitud. Me parece que no se -debe echar en olvido todas las prendas morales que posea un individuo, -porque tenga hábitos alcohólicos que no dañan más que a su persona, -por ejemplo. No es vulgar encontrar entre los artistas, estafadores, -ladrones o criminales. Si cabe llamar artistas a los sujetos cuyas -producciones no van más allá de excitar nuestros sentidos y esos -artistas en su mayoría son inmorales, en cualquier caso serían simples -excepciones que no destruirían la regla, porque, sin ir más lejos, en -nuestro medio, los sujetos de producción que van mucho más allá de -lo sensorio, que yo conozco y que constituyen la gran mayoría, son -individuos de la más elevada moralidad. - -Cierto es que han existido artistas y grandes artistas inmorales, pero -son casos aberrantes, excepcionales, y su inmoralidad ha sido siempre -unilateral, una falla personal sin sanción penal. - -Como lo he manifestado, en la ontogenia, las reacciones estéticas de -carácter sensorio se encuentran en su período álgido al fin de la -niñez; se instalaron en la época motriz y declinan en la adolescencia y -pubertad en los sujetos que evolucionan hacia formas superiores. - -En la mujer, este período es de menor duración que en el varón, por ser -la mujer más precoz en el período sexual. Las mujeres que se estacionan -en la estética sensoria son excepcionales; su enorme mayoría penetra en -los sentimientos estéticos sexuales que, más o menos perfeccionados, -según los sujetos, son el término de la evolución de sus sentimientos -estéticos. Sólo rarísimos casos excepcionales ultrapasaron este límite, -para penetrar en la estética intelectual. - -3.ᵒ _Estética sexual_.--No llamo estética sexual a la belleza física, -moral o intelectual de la mujer o del hombre. La estética sexual -resulta de las reacciones de carácter estético provenientes de la -esfera sexual. - -La tendencia hacia el acto sexual o su realización, está muy lejos de -lo estético y debe considerarse simplemente como la satisfacción de -una necesidad de la vida orgánica. Si se le considerara como estética -sexual, resultaría toda la humanidad compuesta de estetas sexuales y -que los más impulsados, lo serían más. Pero ocurre que éstos, cuando -persiguen como fin el acto sexual, teniendo poco en cuenta la persona -con quien se realiza, no son ni remotamente estetas sexuales. Entre los -varones el número de estetas sexuales es muy reducido, particularmente -en la edad viril; en la juventud suele ser mucho más frecuente, pero lo -ordinario es que sea un período de transición, que declina en su forma -estética en plena edad viril. - -La mujer en su enorme mayoría resulta con respecto al varón, esteta -sexual, pero la sexualidad femenina difiere de la masculina, no sólo -cuantitativamente, sino también cualitativamente. - -El instinto de conservación específica se satisface por un doble -mecanismo, tanto en el varón como en la mujer. En otros términos, -intervienen dos factores muy complejos: el fisiológico y el psíquico. - -Orgánicamente el hombre difiere de la mujer en que la zona de -excitación sexual es mucho más extendida en ésta que en aquél. Si -diferencias hay en el orden físico, mayores y más complicadas son en el -orden psíquico. - -De los dos factores que intervienen en la sexualidad, el fisiológico es -primitivo, el psíquico es adquirido. De la intensidad de su actuación -resultan los tipos de amor. - -Cuando prima el factor fisiológico porque el psíquico es rudimentario, -se está en presencia del amor animal, de la forma más inferior del -amor. El candidato para satisfacer ese amor es cualquiera, lo único -que se requiere, por ser condición indispensable, es el sexo opuesto, -pero los atributos sexuales secundarios entrarán poco en cuenta; si los -posee mejor, se le aplicará el dicho de que “lo que sobra no daña”. -Este tipo, es el tipo del amor fisiológico, que nada tiene de estético; -es puramente instintivo, y, por tanto, impulsivo. - -No me ocuparé de los tipos intermediarios, que se encuentran en mi -trabajo sobre ese tópico, e iré al término opuesto de la serie: -predominio del factor psíquico que llega a hacer aparecer al -fisiológico como nulo en un principio, rudimentario después y sigue su -curso ascendente mucho más tarde. En estos casos se trata de estetas -sexuales. - -En mi trabajo sobre sentimientos estéticos he descripto este tipo. Aquí -no haré más que dar un boceto: - -El amor está lleno de atributos de carácter fuertemente sentimental -y débilmente intelectual, porque el factor sentimental casi anula -al intelectual. Son los casos donde cuadra bien el dicho de que “_el -amor es ciego_”. El amor es un complejo de ideal, ilusión, pasión, -fe, franqueza y alta dosis de timidez, no obstante la fe, celos, y -cosas así aparentemente antagónicas, de coexistencia imposible; tiene -un fondo marcadamente megalómano, puesto que el amante es el elegido -por el ser amado, el único que ha podido conquistarlo entre cantidad -de pretendientes, todos llenos de brillantes dotes y ese ser amado -es superior a los demás: posee las más altas aptitudes y si no lo -parece es porque modestamente las oculta y esa modestia contribuye -a exaltar sus atributos estéticos; en una palabra, el ser amado es -excepcionalmente superior, de donde resulta que el amante, debe también -serlo, pues de otra manera no se explicaría la correspondencia en el -amor. En estos sujetos existe un sentimiento marcado de triunfo, y si -no existe, inventa dificultades que vencer. - -Largo sería anotar todas las características del esteta sexual. En la -época sexual o período sexual que corresponde a la pubertad y a la -juventud, el tipo de esteta sexual abunda; y está representado por el -joven realmente enamorado. En la edad adulta ya ha declinado el período -y los casos no son abundantes. - -En la mujer es el tipo normal. El amor femenino es de reacciones -eminentemente estéticas. - -La proyección más vasta de la estética sexual está en el romanticismo; -es una estética que sea directa, sea indirectamente, a veces al -través de muchos intermediarios, tiene como base el amor sexual. Los -románticos son, pues, estetas sexuales y han sido descriptos en sus -casos más agudos por novelistas, también románticos, es decir, de la -misma pasta, con los nombres de _Atala_, _Romeo_, _Julieta_, _Pablo_, -_Virginia_, _Graciella_, _Rafael_, _Werther_, _etc_. La literatura -moderna está plagada de descripciones de tipos de esa clase, o bien se -basan en argumentos sentimentales o románticos. - -La estética sexual evoluciona en todos los casos sobre la base de -la estética sensoria y de la estética motriz; su mayor desarrollo -haciéndola prevalecer, oscurece a las otras formas y las reacciones -estético-sensorias son ya débiles, siéndolo mucho más las -estético-motrices. Los individuos estetas sexuales son superiores a -los estetas sensorios y _a fortiori_, a los estetas motores. En los -primeros las reacciones estéticas provienen del sentimiento; en los -segundos, de las sensaciones, y en los últimos, del movimiento. El -orden ascendente es, pues, éste: 1.ᵒ, estética del movimiento; 2.ᵒ, -estética de las sensaciones; 3.ᵒ, estética del sentimiento, y la 4.ᵒ, -corresponde a la estética del pensamiento. - -Entre el amor puramente impulsivo del imbécil, del degenerado mental, -o la sexualidad fisiológica del que realiza el acto satisfaciendo una -necesidad de la vida vegetativa, por higiene, y el esteta sexual, media -una distancia enorme. En los primeros desempeña el papel primordial el -instinto y todo se reduce a ese papel, mientras que en el último entran -en colaboración sentimientos de distinta naturaleza, la imaginación en -una proporción enorme, y otras aptitudes intelectuales. - -La estética sexual se asienta en la filogenia sobre la base de la -motriz y de la sensoria, y aparece cuando los sentimientos han -alcanzado un alto grado de desarrollo. La evolución superior de esta -estética a base de sentimientos, dió lugar a las religiones a base -sentimental. - -El triunfo en la lucha para satisfacer el instinto de conservación -individual dió lugar a las reacciones estéticas motrices y sensorias, -y en el instinto de conservación de la especie a las sexuales. La -estética motriz y sensoria tienen su punto de origen en la satisfacción -del instinto de conservación del individuo; la estética sexual, en el -instinto de conservación de la especie. - -Los dioses más arcaicos fueron de origen fóbico; les siguieron los -dioses motores y luego los sensorios. El desarrollo de la estética -sexual, trajo como consecuencia un mayor vuelo sentimental, lo que -dió origen a los dioses de origen sentimental, que son los dioses -actuales. Llámesele El Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, Dios, Cristo, -la Virgen María, llámesele ángeles, santos o santas, son perfectamente -dioses, semidioses, héroes. Pero son dioses creados más que de nada, -del sentimiento, poseyendo los atributos de la fuerza. Obsérvese que -no hay un sólo santo sabio, los santos capaces de realizar milagros -equivalen a los dioses secundarios o los héroes del paganismo, pero -aquí se caracterizan por sus atributos sentimentales, por su ética -sentimental. Las cuestiones de carácter científico quedan para la -discusión de los hombres; en el reino de los cielos no se hace cuestión -de conocimientos, sino de sentimientos. El diablo o satanás, y en -general los diablos, son dioses fóbicos, seres horribles de un poder -extraordinario para la realización del mal. Satanás es un dios atávico -que está descalificado, pues sólo reducidísimo número de sujetos en el -mundo civilizado cree realmente en su existencia. En cambio se le ha -substituído por un concepto abstracto del mal; es una forma nueva, cuyo -fondo es atávico, porque es de origen fóbico. La existencia del mal, -es la conversión a lo abstracto de los dioses fóbicos concretos de las -religiones salvajes primitivas. - -Religiones a base sentimental o de origen estético sentimental, son las -actuales en los pueblos más cultos, las más difundidas y que afectan -al mayor número de individuos dentro de las colectividades cultas. Los -pueblos salvajes están en etapas mucho más inferiores; sus dioses son -fóbicos o motores, como ocurre en los pueblos del Africa Central, en -algunas sectas indúes, en los Onas o los Yagan fueguinos, etcétera, -etcétera. - -El último estadio, como veré más adelante, corresponde a los dioses que -nadie conoce con el nombre de dioses, surgidos de la intelectualidad, -es decir, a los dioses intelectuales, que surgen de la estética -intelectual que sólo afecta a muy reducido número de individuos de las -colectividades más avanzadas. - -4.ᵒ _Estética intelectual_.--La estética intelectual proviene de -las reacciones estéticas de origen mental. La belleza de la idea, -la belleza del pensamiento. Es la estética del pensar, o el término -superior de la serie que comenzando con el movimiento, asciende en el -sentir, se perfecciona con el sentimiento en la sexualidad y llega a -su punto culminante en la intelectualidad. Las reacciones estéticas de -carácter intelectual están en el mundo de las operaciones superiores -de la mente, están en las ideas; más complicadas y armónicas, en -los juicios; de mayor empuje y amplitud, en el razonamiento, y como -pináculo, en la creación. - -La estética intelectual no se encuentra en las operaciones de las -aptitudes adquisitivas, sino en forma oscura y rudimentaria; es propia -de las aptitudes elaborativas, en el sujeto que piensa, que medita, -que en cualquier forma crea, rectifica, corrige, amplía o simplemente -discute ideas. Su expresión más elevada se encuentra en los pensadores, -en los filósofos, en los inventores y en los descubridores. - -La belleza reside, como en las otras formas, en el triunfo, en llegar a -la deducción o inducción, en intuir, en arribar a la teoría, principio -o ley. Como los sujetos sienten la belleza del fin que persiguen, es -muy común que se la atribuyan a los medios para llegar a ese fin. Sólo -así se explica que los naturalistas hablen de hermosos ejemplares de -acaroidios, de ofideos o de arácnidos, que un anátomo patologista -aluda a un lindo caso de tumor y que se hable de bellas colecciones de -casos teratológicos, de hermosas colas de panochtus o de hoplophurus, -y apliquen calificativos como bello, hermosísimo, precioso, etc., a -cosas de por sí evidentemente antiestéticas. Es que lo estético no -está en la cosa misma, sino en lo que permite construir esa cosa. -El vulgo, incapaz de apreciar lo último, ríe o queda estupefacto de -la aplicación de los adjetivos. Sólo por las reacciones estéticas -intelectuales se explica la existencia de individuos que se pasan días -enteros, semanas, meses, años meditando, o persiguiendo la solución -de un problema científico cualquiera. Sólo por el placer estético -intelectual se explica el afán de llegar a la meta, no sólo en los -hombres entregados a las ciencias, sino en todo aquel que ejercita sus -aptitudes intelectuales persiguiendo la explicación de un fenómeno de -carácter social o la discusión de un asunto de carácter moral, y le sea -indiferente o abandone por completo todo lo que para la generalidad -es estético. Estos sujetos son excepcionales, y en ellos, los agentes -de las reacciones estéticas comunes, no los hacen reaccionar. No -encuentran belleza donde la enorme mayoría goza y si la encuentran -siempre será débil, pues la estética intensa, para ellos, está en -la elaboración superior. De ahí que sienten plaza de raros, porque -en realidad lo son, pero son raros como sinónimos de excepcionales, -y son raros, en el concepto de salir de la norma general, lo que se -interpreta como sujetos inexplicables, ridículos o cuasi ridículos. - -En la mujer sólo como rarísima excepción se encontrarán casos que -invadan el terreno de la estética intelectual y una de las causas -primordiales está en su reducido vuelo de la imaginación creadora, -siendo la mujer más perceptiva que imaginativa y más sentimental que -imaginativa. - -En la filogenia, la estética intelectual es reciente, si se compara con -los otros géneros de estética, y el período histórico sólo nos habla de -reducidísimo número de sujetos intelectualmente superiores, que son los -que reaccionan a la estética intelectual, en cada época. Si la estética -motriz o las reacciones estético-motrices son un carácter específico; -las sensorias, étnico; las sexuales, de pueblo; las intelectuales, han -sido en todo lo que conocemos, un carácter puramente individual. - -De ese modo, si en la filogenia las reacciones estético-intelectuales -se nos presentan como un carácter individual, no podemos ni siquiera -hablar de ellas en la ontogenia, y sólo afectarán al sujeto excepcional -de que se trate. La filogenia de la estética intelectual está, pues, -en formación; sólo con el andar de las generaciones, cuando se haya -convertido siquiera en carácter de pueblo, se podrá hablar en la -ontogenia de la mencionada estética, como reproducción de un carácter -adquirido en la filogenia. - -Claro se ve que la estética del pensar, no puede aparecer sino con -la capacidad de pensar de acuerdo con la edad. Pero en esto, como se -trata de un carácter individual, no se puede invocar la ley de herencia -homocrona y las variaciones en los sujetos son muchas; mientras Pascal, -por ejemplo, fué muy precoz, Darwin no lo fué tanto. Algunos grandes -hombres manifestáronse tales desde temprana edad, otros en la edad -madura. - -Derivando los sentimientos estéticos de los éticos, la estética -intelectual proviene de la ética intelectual. Pero la estética -intelectual (así como la estética sexual, eminentemente sentimental, -conducía a la religión sentimental) conduce a la religión intelectual o -a los sentimientos religiosos de origen intelectual. - -El esteta intelectual con su gran aptitud de razonar, buscando el -origen de las cosas, las causas de todos los fenómenos, en su afán de -síntesis, no pudiendo poner límites o vallas a su aptitud, vuela hacia -esas síntesis o esa síntesis que la encuentra como la causa primera más -razonable y cree, por convencimiento en la Naturaleza, o en la Fuerza, -o en la Materia, o en la Verdad, etc., etc., que son otros tantos -dioses de origen intelectual. Así los hay partidarios o religiosos de -las leyes de la Naturaleza (politeístas) de la Energía, de la Materia, -del Absoluto (monoteístas), etc. No tienen religión determinada, pero -han construído su edificio personal, en el que creen con toda buena fe, -con toda sinceridad, sin sospechar siquiera que están abiertamente en -el campo religioso. Claro es que sus dioses o su dios carecen de forma, -de dimensión, etc., no tienen los atributos de los dioses primitivos, -pero son siempre la causa. No existe culto externo, ni prácticas -religiosas, pero sí el convencimiento. Decir que no existe Dios y que -todo se explica por la Evolución, es decir que la evolución es Dios: -sostener que la energía es la causa o el origen de todo, es cambiar -la palabra Dios, por energía. No hay en verdad grande originalidad en -el asunto, porque el Dios único, causa u origen de lo estático y de -lo dinámico, de la materia, de la fuerza, de todo el mundo fenomenal -conocido y desconocido, ha tiempo fué concebido. La única verdad que -hay en todas estas intentonas, es el hecho de querer penetrar en -explicaciones que aparentemente aproximan al hombre a esa causa única. -Los sujetos que invocan como causa a la Naturaleza y sus leyes, a la -Materia, a la Energía, etcétera, y que se dicen ateos e irreligiosos, -no han hecho más que no tener prácticas externas y substituir el nombre -de Dios por la causa invocada. El irreligioso no se preocupa nunca en -buscar la causa primera, busca, si es tipo de labor mental, la causa -inmediata, si la encuentra trata de inquirir la causa de esta causa, -sin lanzarse en hipótesis, si no la encuentra, es decir, su espíritu -no está ávido del conocimiento que no pueda adquirir experiencial o -experimentalmente. El antirreligioso, en general lo es, para imponer su -insospechada religión; él cree de buena fe no tenerla y en realidad no -la tiene por la falta de coherencia, de cuerpo, de doctrina, pero todas -sus creencias que se arraigan con profunda fe, lo hacen en general un -fanático. Esto ocurre con suma frecuencia: son los que más combaten el -fanatismo y a título de libres pensadores tratan de coartar la libertad -de pensar. - -Los verdaderamente religiosos psicológicamente se aproximan muchísimo -siempre que sean sujetos superiores; lo que aleja en religión a los -sujetos, son las prácticas religiosas, la mediocridad que interpreta o -la inferioridad. - -La decadencia de las religiones, estriba más que en nada, en la -pertinacia de querer explicar por las causas primeras lo que debe -explicarse, porque puede explicarse sin recurrir a ellas, por apegarse -a sus prácticas, por hacerse rutinarios y no evolucionar paralelamente -a las ciencias. El sentimiento religioso requiere cada vez más la base -intelectual. El afán de lo ignoto conduce al sentimiento religioso, -pero no comenzará el sentimiento religioso sino en el límite superior -de lo racionalmente explicable. - -El hombre de ciencia es, en general, irreligioso mientras no invada el -terreno de lo metafísico y pueden considerarse como raras excepciones -los que no lo intentan siquiera. Lo común es que hombres de ciencia que -se han declarado enemigos acérrimos de la metafísica, se debatan en -plena metafísica y sostengan que su metafísica no es tal por tomar como -punto de partida bases eminentemente positivas. La verdad es que la -mente humana en su afán de volar no reconoce vallas y que por caminos -muy diversos se vuela a lo ignoto. Los que sostienen que ha pasado -la época de la metafísica y que no volverá más, están en un grave -error; es la metafísica antigua la que ha pasado y dió su cosecha; los -adelantos en materia científica no hacen más que desplazar más adelante -a la metafísica; cada arremetida, la empuja más allá, pero ella -conserva los más vastos dominios donde tanto suelen recrearse los que -más impugnan a la vieja metafísica. Ella existirá mientras existan los -problemas de lo desconocido; cuando mucho de lo desconocido actualmente -sea conocido, ese lote de la metafísica habrá ingresado al dominio de -lo positivo y desde allí se tendrá en frente el campo de la metafísica -futura tentando constantemente a la inteligencia a hacer incursiones -por sus vastos dominios. - - - - -¿QUÉ SON ESPACIO Y TIEMPO? - -Por J. LAUB[7] - - _A Alberto Einstein, en el XL aniversario de su natalicio._ - - “Consuetudine oculorum assuescunt animi, neque admirantur, - neque requirunt rationes earum rerum, quas semper vident”. - Cicero: _De Natura Deorum_. - - -INTRODUCCION - -1. Si me hubiera atrevido hace veinte años a hablar del espacio y -tiempo, habría tenido primero que justificar mi invasión en el sagrado -templo de la metafísica. Pero en la última década la situación ha -cambiado totalmente, y al tratar hoy como físico la cuestión del -espacio y tiempo, estoy como en mi casa. En efecto, las investigaciones -de _Einstein_ y _Minkowski_, basadas en la _física experimental_, han -dado al mencionado problema una solución general que conservará en -todo caso siempre su valor para la crítica del conocimiento y para la -metafísica. - -2. Estudiando la evolución de las ciencias exactas, llama la atención -que el físico “ex officio” se haya ocupado relativamente poco en el -siglo XIX de la cuestión que nos interesa, aunque espacio y tiempo -constituyen el edificio en que todos los fenómenos físicos tienen -lugar. Mientras que el número de las publicaciones metafísicas sobre -el problema del tiempo y del espacio es casi inmenso, la mayor parte -de los físicos apenas han dedicado algunas investigaciones a estos -conceptos tan fundamentales. - -Cierto es que encontramos ya discusiones sobre tiempo y espacio en el -tratado de Newton: “_Philosophiae naturalis principia mathematica_”, -aquella obra maravillosa que todavía hoy es una joya del pensamiento -humano; cierto es que _Ernesto Mach_ y _Henri Poincaré_ se ocuparon muy -extensamente del espacio y tiempo; sin embargo ninguna investigación -ha provocado en las esferas filosóficas y en las ciencias exactas un -cambio tan radical como la _teoría de la relatividad_ introducida por -_A. Einstein_ en el año 1905.[8] - -3. El fundamento de este cambio hay que buscarlo, según mi juicio, -en el hecho de que con la teoría de la relatividad se produce una -verdadera revolución en nuestros conceptos y nuestras opiniones -anteriores, una revolución que podemos, según el ilustre físico -_Planck_, comparar únicamente con la que provocó en la astronomía el -sistema de _Copérnico_. - -Pero esta no es la única causa. Sabido es que los físicos son muy -críticos y no se dejan engañar con especulaciones interesantes e -ingeniosas. También algunas obras metafísicas contienen disertaciones -muy finas que pretenden derrumbar todo lo pasado, sin embargo, el -investigador de las ciencias exactas, orgulloso y frío, deja de lado -esos trabajos, sin tomarlos en cuenta. _Lo nuevo y lo maravilloso en -la teoría de la relatividad consiste en lo siguiente: A. Einstein -partiendo del experimento, demuestra que los hechos reales nos obligan -a transformar nuestras ideas del espacio y tiempo._ Pero no es sólo -eso. Las nociones modificadas por la nueva teoría nos permiten -explicar una serie de hechos que han originado para las otras teorías -físicas dificultades invencibles. Además, apoyándose sobre un nuevo -concepto del espacio y tiempo, se puede prever, sirviéndose de métodos -_puramente analíticos_, algunos fenómenos accesibles al experimento, -teniendo de esta manera la posibilidad de dilucidar la verdad de -nuestra teoría. _La gran diferencia entre las teorías filosóficas -del espacio y tiempo y entre la teoría de la relatividad, consiste -entonces en que la última se funda en el experimento, permitiendo una -comprobación cuantitativa._ - -4. La mayor parte de los metafísicos se apoyan en sus consideraciones -en el razonamiento, muy raras veces en la observación y experiencia, -casi nunca en el experimento. Esta es la causa de que los resultados -obtenidos por los metafísicos apenas se aplican a la realidad cuando ya -chocan con contradicciones. No es raro el caso de que la metafísica, -teniendo exagerada fe en la omnipotencia del pensamiento, llega _ad -absurdum_. Por eso se entiende que ella ha perdido su autoridad entre -los representantes de las ciencias exactas, hasta el punto de ser -considerada como completamente superflua e inútil. - -Pero con mucha frecuencia también los naturalistas cayeron en errores -muy extremos, considerando sus métodos y resultados como infalibles, en -la creencia de que se encontraban en el seguro terreno del experimento. -Tuvieron la convicción de haber expulsado de su imperio todo lo -trascendental y que en sus conclusiones jamás traspasaron los límites -de lo que es dado por la experiencia. - -Constituye el gran mérito de _Ernesto Mach_ el haber llamado la -atención acerca de que entre los conceptos fundamentales de física -hay muchos restos de origen metafísico, que deben ser forzosamente -eliminados. Sin embargo, ningún sabio se animó a sacudir con tanta -sagacidad y con tanta audacia los pilares de las ciencias físicas como -_Einstein_, quien empezó sus investigaciones con la siguiente sencilla -pregunta: ¿cómo se miden en física el tiempo y el espacio? - -5. Tocando ya en esta ocasión la célebre pregunta de si hay _un espacio -absoluto_, si existe un _tiempo absoluto_, tenemos primero que aclarar -algo que nosotros comprenderemos con la palabra “_existe_”. “_Existe_”, -por ejemplo: “existe un átomo”, equivale a haber introducido este -concepto en las ciencias, basándonos en el experimento: sabemos algo de -las propiedades del átomo, conocemos su reacción bajo las influencias -físicas y químicas; no podemos _por el momento_ desistir de él y no nos -conduce a la contradicción con la experiencia. - -_¿Y qué dice la palabra “absoluto”?_ Hablando del espacio _absoluto_ -¿queremos quizás expresar que él existe _en sí y por sí_, independiente -de nosotros, independiente de nuestras observaciones y medidas? Pero -en este caso el problema del espacio absoluto y tiempo absoluto -coincidiría con el problema del objeto “_en sí_”, que difícilmente -provocará mucho entusiasmo entre los físicos. - -6. Con estas palabras indico el objeto de mis conferencias y revelo -mi modo de pensar respecto de este asunto. Desde luego podría entrar -ya en el campo de las ciencias físicas y empezar con el ensayo de -un _tratamiento sistemático_[9] _de los conceptos fundamentales de -tiempo y espacio, tema principal de estas conversaciones._ No tomo, -sin embargo, este camino y me traslado primero a los dominios de -las especulaciones metafísicas, haciéndolo intencionalmente por las -siguientes razones: - -El problema de tiempo y espacio interesa no solamente al naturalista -sino también al _filósofo_. Es una cuestión en la cual se ocupa el -cerebro humano desde los tiempos más remotos hasta hoy día, librando -verdaderas batallas, a las cuales se podría aplicar con una cierta -ironía las palabras de Mefistófeles: - - “¡Ay, en verdad te lo digo, - yo que centenares de años - estoy royendo y royendo - el fruto indigesto y áspero! - - ¡Ay, en verdad te lo digo! - De la cuna al Camposanto - digerir no puede el hombre - la levadura de antaño”. - -En la lejana antigüedad, en la Edad Media, en la época la más moderna, -se afirma, se comprueba, se niega que haya un tiempo absoluto, que haya -un espacio absoluto. Los métodos de investigación cambian, se llega a -distintos resultados; sin embargo, creemos no equivocarnos comparando -la evolución de nuestro problema de disputa con _el movimiento sobre -una espiral, pues en el fondo llegamos siembre al mismo punto, pero -situado un poco más alto_. - -Una historia análoga recorren las otras nociones fundamentales de las -ciencias físicas, lo que trataremos en otra oportunidad. - -Un ejemplo ilustrará lo dicho. Es sabido que ya _Leukippos y -Demócritos_ han introducido el concepto _átomo_ en las ciencias. -Según ellos el universo consiste en pequeñas partículas indivisibles -(_átomos_), que son de la misma cualidad y se distinguen únicamente por -su _forma_, _tamaño_ y _posición_, (_diferencias geométricas_). Hoy -día la hipótesis atómica es el fundamento de las ciencias naturales, -pero el átomo moderno de _J. J. Thomson_ o de _Bohr_, aquel aparato -complicado, en cuyo mecanismo penetramos cada día más, es _muy -distinto_ del átomo de Demócritos y tiene una existencia asegurada en -una enorme cantidad de hechos experimentales. - -Tenemos, pues, que considerar de suma importancia, ocupándonos -de cuestiones tan primordiales como las de tiempo y espacio, el -_conocimiento y la crítica de las opiniones de otros sabios_; debemos -consultar la historia, aquella grande maestra de investigación, pues de -esta manera podremos también apreciar mejor _las grandes ventajas_ y el -_enorme progreso_ de _las teorías modernas_. - -Pero esto implica ya tácitamente que bajo ninguna condición podemos -_dejar de lado a la filosofía_, porque en lo que hemos heredado de -los griegos no se puede separar las ciencias exactas de la filosofía -y hasta en los tiempos modernos sería muy difícil trazar un límite -entre los investigadores de ciencias exactas y filosóficas, cuando nos -encontramos en los campos limítrofes de las nociones fundamentales. - - -CAPITULO I - -TIEMPO Y ESPACIO EN LA CIENCIA GRIEGA Y ROMANA - -7. Tiempo y espacio ocupan desde los primeros principios del -pensamiento al espíritu humano, pues ya en las fábulas míticas -encontramos estos conceptos. Y así leemos en el primer libro de Moisés, -“y la tierra era desierta y vacía”. - -_Pherekydes_ de Syros, introduce al Zeus, tierra y _tiempo_, como -elementos fundamentales para la evolución del universo. - -Cuando el hombre llegó del fantástico mito a la ciencia, preguntó, no -solamente cuál es el fundamento _temporal_ del mundo, sino también cual -es su _esencia_. De esta manera surgieron la cosmología, la física, la -ontología, con los problemas del tiempo, espacio, materia, etc. - -En general, en las primeras filosofías se identificaba el espacio -geométrico con el físico, especialmente cuando se llegó a la convicción -de que también el aire, anteriormente considerado como vacío, tiene -peso. - -8. Estudiando la filosofía jónica, vemos que _Anajimandros_ atribuye -a su sustancia universal lo _infinito_ en el _tiempo_ y _espacio_; -la arché es lo ápeiron, distinta de todos los elementos conocidos en -aquella época, y sin embargo, con propiedades _corporales_. - -_Pytágoras_ y sus discípulos consideran los números como formas legales -de todos los fenómenos, pero el _espacio_, el símbolo de la geometría, -es para ellos el _mediador_ entre el _número_ y la _naturaleza_. Parece -que la escuela pytagórica ha introducido en la ciencia griega el -concepto del _vacío_, aplicándole a los intervalos entre los sonidos. - -8. _Los Eleatas_.--Discusiones _muy detalladas_ y bastante profundas -sobre la naturaleza del espacio y tiempo, encontramos por la primera -vez en la filosofía de los _Eleatas_. - -Es sabido que el punto culminante de este pensamiento forma el concepto -del ser y el de la _unidad_ de todo lo que sucede. _Lo característico -de todos los representantes de esta escuela es la negación del -espacio_[10]. - -_Parmenides_, el más importante pensador eleata, en su poema “Sobre -la naturaleza”, afirma lo siguiente: Los sentidos no conducen a la -verdad, pues ellos nos engañan, indicándonos la multiplicidad y el -eterno cambio de las cosas; a lo _verdadero nos lleva la razón y el -pensamiento_, que reconoce “_el ser de lo existente como indispensable; -el ser del no-ser como imposible_”. La verdad está fundada en el -principio de que únicamente el _ser es_ y que el _no-ser no es_. -Podemos solamente pensar _en un ser, y no hay pensamiento sin el ser al -cual se refiere_. Según _Parmenides_, _pensar y ser es lo mismo. Mas el -espacio es un vacío, es un no ser, por esta causa él no puede existir_ -(ni en el pensamiento). - -El _ser_, según este filósofo, no tiene ni origen ni fin, es eterno, -inmóvil, _invariable_. Parece que él _duda de la existencia del -tiempo_. Y en efecto, ¿para qué servirá el concepto tiempo en un mundo, -_donde nada sucede en el tiempo, donde se niega la realidad a todos -los fenómenos temporales_? Para _Parmenides_, efectivamente, no puede -existir tiempo ni tampoco espacio, pues admitiendo su realidad, sería -lo mismo como afirmar que _es_ los que _no_ es. - -Parecería, entonces, que el universo de _Parmenides_ debería ser -ilimitado e infinito. Sin embargo lo _real_ es, según él, algo -_extenso_ y que tiene la forma de una _esfera_. Es difícil concebir -esta rara deducción de _Parmenides_; quizás la simetría y el hecho de -que también la esfera no tiene ni fin ni origen, le indujeron a aceptar -esta forma. - -9. _Melissos_, otro Eleata también, atribuye al _ser_ la extensión, -pero le saca todo lo _corporal_; además, le dota, no solamente de lo -_infinito_ en el _tiempo_, sino también en _el espacio_. “_Lo que es, era -en la eternidad, y será en eternidad. El ser debe ser también infinito -en su tamaño._” Este pensador hace, sencillamente el salto del infinito -en el tiempo al infinito en el espacio, introduciendo, en vez del -origen y fin _temporal_, los respectivos conceptos para el espacio. - -En vista de que niega la posibilidad del movimiento, no admite tampoco -la _existencia del espacio_. “_El vacío es nada y una nada no puede ser_”. - -A pesar de esto, según _Melissos_, existe en el universo una sustancia -que no tiene _nada de corporal_. “_Pues siendo “una” no debe tener -cuerpo. Porque si tuviera espesor tendría también partes y ya no sería -una unidad_”. - -No podemos imaginarnos en qué consiste la materia mundial de este -filósofo, ni cuál es la diferencia entre aquella sustancia universal y -el espacio (vacío). - -10. _Zeno_, el discípulo de Parmenides, según _Platón_, el fundador -del método dialéctico, trata de demostrar la imposibilidad del -espacio, tiempo (y también del movimiento), por medio de sus célebres -_perplejidades_, “aporias”. - -La noción espacio la somete, además, a la siguiente crítica. Si todo lo -real (ser) está en el espacio, entonces también el mismo espacio,--si -no carece de realidad--debe encontrarse en espacio, es decir, en un -_segundo espacio_. Mas por la misma razón el segundo espacio debe estar -en un _tercero_, y así _ad infinitum_. No tenemos, según _Zeno_, otra -alternativa que aceptar estas consecuencias o negar la realidad del -espacio. - -Las deducciones de _Zeno_, como de los otros filósofos de esta escuela, -son sofismas, son juguetes con palabras, son, en la mayor parte, -también equivocaciones lingüísticas, pues aplican los sustantivos para -designar todas las abstracciones posibles, identificándolas con hechos -y objetos _concretos_. Nosotros podríamos, por ejemplo, de la misma -manera, afirmar: todo lo real tiene lugar en el tiempo. Si el tiempo -es real, entonces, él también debe tener lugar en un tiempo, es decir, -en un segundo tiempo, etc. Mas podemos también decir: Todo lo real o -existente tiene existencia, si ésta no es una quimera, ella también -debe tener una existencia, es decir, una segunda existencia, etc. - -11. Volviendo a las perplejidades, podemos decir lo siguiente: _Zeno_ -llega en sus aporias (Achilles y la tortuga, la flecha volante, etc.) -a la conclusión de que tiempo y espacio son ideas imposibles, sino -queremos admitir contradicciones con la experiencia. Pero lo que él de -hecho demuestra, es la _imposibilidad de dividir el espacio y el tiempo -continuo en partes discretas_. - -Por el momento nos interesa, especialmente, la aporia, en la cual trata -de evidenciar la relatividad (de la medida) del movimiento y se podría -agregar la relatividad (de la medida) del tiempo. - -Tomo esta aporia de la obra clásica de _Gomperz_: “Pensadores griegos”, -modificándola para nuestros fines. - -12. Sean tres coches (_A_, _B_, _C_,) de la _misma estructura_ y de la -_misma longitud_, por ejemplo, 10 m. El primer coche _A_, sea dotado de -un movimiento uniforme, rectilíneo, siendo su velocidad de 100 metros -por minuto; el segundo _B_ se encuentre en el estado de _reposo_; el -tercero _C_ tenga el _mismo_ movimiento con la _misma_ velocidad _como -A, pero dirigida en el sentido contrario_. El tiempo que el punto -inicial _I_ de _A_ emplea para llegar al punto final de _B_ será, -evidentemente, el doble de lo que necesita para alcanzar el punto final -del coche _C_ de la misma longitud. Preguntando ahora con qué velocidad -se mueve _A_, tenemos que dar una contestación contradictoria, según -sea que refiramos la velocidad al coche _móvil_ _C_ o al coche _B_ (en -reposo). - -Se podría ahora agregar de nuestra parte que si un observador tomase -la velocidad del coche _A_ como fundamento para ajustar su reloj, -encontraría también distintos _tiempos_. - -Este resultado lo consideró _Zeno_ como tan anormal y ridículo, que lo -ha tomado como la mejor comprobación de la _no_ existencia del tiempo, -espacio y movimiento. - -Vemos, pues, qué consecuencias fatales puede tener el verbalismo -excesivo. Los _Eleatas_ se han enredado en sus propias palabras, de -suerte que han perdido el buen sentido para la realidad. Al frente -de su pensamiento ponen la noción de la _unidad absoluta_, lo que, -naturalmente, es incompatible con el concepto de la extensión, con los -conceptos espacio y tiempo. - -13.--_Demócritos._--Una reacción muy saludable contra los eleatas -encontramos en la filosofía de los _atomistas_. _Demócritos_ de Abdera, -el mayor naturalista de la antigüedad, introduce el _espacio_ (vacío), -pues lo precisa para el movimiento de los átomos. Según Demócrito el -espacio (vacío), el _no ser_, tiene una _verdadera existencia, una -existencia tan real como los mismos átomos_. - -Y de este modo asistimos al interesante fenómeno de que los fundadores -del _materialismo_ elevan los _invisibles átomos_, el _invisible -espacio_, a la _categoría de un verdadero ser_; mientras que los -semiracionalistas eleatas niegan el espacio, pues ellos conciben, -únicamente, lo que es corporal, es decir, conciben únicamente lo -_presente_. - -14. _La filosofía ática._--De nuestro problema fundamental han tenido, -naturalmente, que ocuparse los grandes filósofos áticos. Y, en efecto, -en las obras de _Platón y Aristóteles_ encontramos consideraciones -importantísimas sobre el tiempo y especialmente sobre el espacio. - -_Platón_, el primer filósofo que con la mayor precisión plantea el -problema de _cómo y si puede existir una ciencia_, quiere fijar lo -que queda conservado siempre en la corriente de los fenómenos, para -llegar al conocimiento de la _verdad absoluta_. Por esta razón hace los -mayores esfuerzos para fundar una ciencia _general_ de la verdadera -esencia de las cosas. Según _Platón_ el mundo de nuestros sentidos, -aquel mundo que sufre continuos cambios y transformaciones, no puede -conducir jamás a la verdad. _El camino a la realidad está en el -pensamiento, en la razón pura._ Pues siendo, según _Platón_, fuera de -toda duda, que el _razonamiento_ nos lleva a un conocimiento _superior_ -a la observación, resulta que forzosamente también los objetos de -nuestro pensar tienen un _mayor grado_ de _realidad_ que los del mundo -sensible. Por esta causa _Platón_ crea el concepto “_idea_”, que _forma -el contenido objetivo del pensamiento_. _En las ideas está la realidad -absoluta, en las ideas concebimos el verdadero ser, la esencia del -universo_, independiente de todas influencias externas[11]. Los objetos -de la naturaleza forman un mundo de una verdad relativa; mientras que -las _ideas_ representan el mundo de _verdad absoluta_. Hay, entonces, -según _Platón, dos mundos distintos: la naturaleza y las ideas_. - -Las ideas ocupan en la filosofía platónica una posición tan -privilegiada, que solamente el saber de ellas forma _la ciencia_ -(epístéme), la que es el privilegio de Dios y de un pequeño número de -mortales; el saber de la naturaleza es solo una especie de opinión o -persuasión (doksa), con mayor o menor probabilidad. - -15. Ahora bien: según Platón se llega a la _idea_, como ya lo indica -su nombre, por intermedio de una especie de _mirar las cosas, de -interesarse por intuición_. Las ideas se forman por la mirada de los -objetos que actúan sobre nuestros sentidos, pues observando las cosas -corporales la razón pura reproduce la idea, cuando el alma recuerda la -idea vista ya antes del nacimiento (_a priori!_) - -Se podría, entonces, esperar que el gran filósofo idealista considerará -al tiempo y espacio como ideas. Pero esto no sucede porque, según él, -justamente lo que caracteriza el mundo de nuestras percepciones es su -cambio en el espacio y con el tiempo. _Por eso el tiempo y espacio no -pueden tener sitio en el imperio de las ideas._ La _idea_, el verdadero -ser, (usía) se la imagina _Platón_ en su intuición filosófico poética, -reinando eternamente en un lugar superceleste, allá arriba en los -campos de la verdad. _La idea está fuera del espacio y tiempo y de otra -parte: tiempo y espacio están fuera de las ideas._ Y así leemos en -el Timeo[12], según mi juicio la mayor obra de _Platón_: “Es preciso -distinguir entre lo que _es y existe siempre_, sin haber nacido jamás, -y lo que nace o pasa siempre, sin existir lo mismo. Lo que _es_ y -_subsiste lo mismo_, es comprendido por el puro pensamiento; lo que -deviene siempre, objeto mudable de los sentidos, no puede ser conocido -sino de una manera conjetural. _Las ideas han existido siempre, no -habiendo tenido principio._ El mundo ha tenido principio, entonces, -no ha existido siempre. Lo que ha comenzado a ser, es necesariamente, -corporal, visible y tangible”. - -16. _Platón_ conocía perfectamente la capital importancia del espacio -y tiempo para nuestro conocimiento, pero para explicar su esencia -chocó con dificultades sin poder resolverlas. El se dió cuenta de que -estas nociones son de una estructura especial y de que no pueden ser -consideradas ni como ideas ni como objetos de la sensación. Para salir -del dilema _Platón asigna al espacio y tiempo una posición intermedia -entre las ideas y las cosas de la experiencia._ - -Según _Platón_ también el mundo empírico tiene su importancia--aunque -no la misma que las ideas--para el saber humano, pues él es una copia -del eterno modelo de ideas. Los seres de la naturaleza son copias de -los seres eternos, formados a su semejanza; además, _justamente_ estas -copias _dan el motivo_ para la creación de ideas. Por otra parte, las -cosas de la naturaleza las _observamos siempre en el espacio y en el -tiempo_, siendo de esta manera estos últimos mediadores entre el mundo -de ideas y él de nuestra percepción. - -17. Refiriéndome a las propiedades del espacio, debo decir que, según -_Platón_, el espacio _no tiene ninguna_ forma, _es la pura negación_ -del ser, pero es capaz de tomar todas las figuras posibles, gracias -a las determinaciones geométricas. (Por eso _Platón_ considera la -geometría como un saber indispensable para los filósofos; en la entrada -de la Academia platónica estaban fijadas las palabras: “Sin geometría -no hay entrada”). El espacio infinito e informe (ápeiron) y la forma -geométrica (péras) suministran _juntos_ los objetos de nuestros -sentidos. Al espacio _solo_ no podemos concebirlo ni con el pensamiento -ni con los sentidos, ni es un concepto ni un objeto de percepción, -ni idea. El es el “_no_” _ser_, sin el cual no podemos ver las ideas -copiadas y representadas en los objetos sensibles. “El espacio no muda -jamás su naturaleza, recibe continuamente todas las cosas en su seno, -sin tomar absolutamente ninguna de sus formas particulares. _Es el -fondo de todo lo que existe_”. - -Al espacio _Platón_ le atribuye tanto valor que lo cuenta entre los -principios fundamentales para la formación del universo. En el _Timeo_ -leemos las palabras: “He _aquí el resultado de mis reflexiones, y en -resumen mi opinión_: el _ser_, el _lugar_ y la _generación_, son _los -tres principios fundamentales_”. - -Tiene para nosotros un interés especial el hecho de que a pesar de todo -_Platón_ introduce en el Timeo la existencia de un espacio _eterno_, -una especie de semiidea que parece ser, quizás el _modelo_ de nuestro -espacio común, en que observamos los fenómenos.[13] - -Para darnos todavía mejor cuenta de la opinión platónica sobre el -espacio, conviene citar todavía las siguientes palabras de _Platón_: -“_Es preciso reconocer una tercera especie, la del lugar eterno, que -no puede ser destruído, que sirve de teatro para todo lo que nace, no -está sometido a los sentidos, es solo perceptible a una especie de -razonamiento bastardo, que vislumbramos como un sueño al decir que es -de absoluta necesidad que todo lo que existe esté en algún lugar y -ocupe algún espacio_”. Gracias a una especie de pseudo razonamiento -nosotros creemos, entonces, que el espacio es algo real, que todo lo -que existe debe estar en el espacio. _Pero de hecho el espacio nuestro -no tiene una existencia real, y nosotros nos encontramos como en un -sueño._ - -18. Opiniones muy originales tiene _Platón_ sobre el _tiempo_. El -_tiempo_, como lo observamos nosotros, es _según él una copia de -la eternidad_. Mientras que el tiempo del mundo sensible corre -continuamente adelante en forma de días, meses y años, su modelo (la -eternidad) _descansa siempre en sí_. No puedo ilustrar mejor la opinión -platónica del tiempo, que citando las siguientes bellas palabras del -_Timeo_: - -“Cuando el padre y autor del mundo vió moverse y animarse esta imagen -de los dioses eternos (es decir, de las _ideas_), que él había -producido, se gozó en su obra, y lleno de satisfacción, quiso hacerla -más semejante aún a su modelo. Y como este modelo era un ser eterno, -se esforzó para dar al universo, en cuanto fuera posible, este mismo -género de perfección. Pero esta naturaleza eterna del ser inteligible -no había medio de adaptarla a lo que es engendrado. Así es que Dios -resolvió crear una imagen móvil de la eternidad, y por la disposición -que puso en todas las partes del universo, hizo a semejanza de la -eternidad, que _descansa en la unidad_, esta _imagen eterna_, pero -_divisible_, que llamamos el _tiempo_. Los días y las noches, los meses -y los años, no existían antes, y Dios los hizo aparecer, introduciendo -el orden en el cielo. Estas son _partes_ del _tiempo_, y como el tiempo -huye, el futuro y el pasado son _formas_ que en nuestra ignorancia -aplicamos muy indebidamente al _Ser eterno_. Nosotros decimos de -él: ha sido, es, será; cuando sólo puede decirse, en verdad: él es. -Las expresiones _ha sido, será_, solo convienen a la _generación, -que pasa y se sucede_ en el tiempo. Tales expresiones representan -_movimientos_, y el Ser eterno inmutable, inmóvil, no puede ser más -viejo ni más joven; no existe, ni ha existido, ni existirá en el -tiempo. En una palabra, no está sujeto a ninguno de los accidentes -que la generación pone en las cosas que se mueven y están sometidas -a los sentidos; _éstas son formas del tiempo que imita la eternidad, -realizando sus revoluciones, medidas por el número_. “El tiempo fué, -pues, producido con el cielo, a fin de que, nacidos juntos, perezcan -juntos, si es que deben algún día perecer; y fué hecho, según el modelo -de la naturaleza eterna, para que se pareciese a ésta todo lo posible. -Porque el _modelo está siendo_ de toda eternidad, y el _tiempo es_, -desde el principio hasta el fin, _habiendo sido_, _siendo_ y _debiendo -ser_. Con este designio y con este pensamiento, Dios, _para producir el -tiempo_, hizo _nacer el Sol_, la _Luna_ y _los otros cinco astros_, que -llamamos planetas y que _están destinados a marcar y mantener la medida -del tiempo_.” - -Existe, entonces, según _Platón, una especie de reloj mundial y eterno, -cuya imagen es el tiempo nuestro, observado y medido por movimiento de -planetas_. - -Parece que _Platón_ hasta _identifica_ el _tiempo_ del mundo -experimental _con el movimiento_, pues en el _Timeo_ habla de los -planetas como (órgana chrónu); otra vez dice: Chrónos hé tu uranú -kínesis: _Tiempo_ el _movimiento_ del cielo. - -19. Las palabras pronunciadas despiertan en mi memoria las célebres -afirmaciones del gran físico inglés _Isaac Newton_ sobre el “_tiempo -verdadero y absoluto_” en oposición con el tiempo “_relativo y vulgar_”. - -En la definición 8 de la mecánica (“_Philosophiae naturalis principia -mathematica_”), _Newton_ exclama: - -“Tempus _absolutum_, _verum_ et mathematicum in se et natura sua absque -relatione ad externum quodvis aequabiliter fluit alioque nomine dicitur -duratio. _Relativum, apparens_ et vulgare est sensibilis et externa -quaevis durationis per _motum mensura_ (seu accurata seu inaequabilis), -qua vulgus _vice veri temporis utitur ut hora, dies, mensis, annus_. - -_Tempus absolutum_ a _relativo_ distinguitur in astronomia per -aequationem _temporis vulgi_. Inaequales enim sunt dies naturales, -qui vulgo tamquam aequales pro mensura temporis habentur. Hanc -inaequalitatem corrigunt astronomi, ut ex veriore tempore mensurent -motus celestes. _Possibile est, ut nullus sit motus aequabilis, quo -tempus accurate mensuretur. Accelerari et retardari possunt motus -omines, sed fluxus temporis absoluti mutari nequit. Eadem es duratio -seu perseverantia rerum, sive motus sint celeres, sive tardi, sive -nulli._” - -_¿No hay una sorprendente analogía entre las afirmaciones_ de _Platón_ -y de _Newton_? - -20. Haciendo ahora un brevísimo resumen en palabras modernas, podemos -decir lo siguiente: Según _Platón_ tiempo y espacio _son el fundamento -del mundo sensible, pues todos los fenómenos tienen lugar en algún -espacio y en un cierto tiempo. El espacio es algo informe, ilimitado, -incorporal e invisible, pero puede tomar todas las formas geométricas -posibles por intermedio de los cuerpos_. - -Aunque _Platón_ en su cosmogonía hace nacer los elementos del espacio, -sin embargo, no cabe duda de que el espacio platónico _no_ coincide -con el concepto moderno de la _materia_ que está caracterizado por la -inercia. Lo “_ápeiron_” de _Platón_ es el receptor de los fenómenos -físicos, pero distinto del concepto “_hyle_” (materia) de Aristóteles. - -21. Estudiando las obras platónicas, se ve con qué enormes dificultades -ha tenido que luchar el gran filósofo para resolver nuestro problema. -Esta es la razón porque usa tan distintas y raras expresiones, cuando -analiza las nociones espacio y tiempo. La causa principal de las -dificultades está en esto, que _Platón_--como los otros filósofos -griegos--no _ha podido concebir la noción del vacío_. - -22. En la _teleología_ platónica el espacio y tiempo ocupan un lugar -muy singular. Dios ha creado un mundo _absolutamente perfecto_, es -decir, el mundo de las _ideas_, el mundo de las _verdades absolutas_; -pero el género humano observa en la naturaleza únicamente _imágenes_, -_copias_ muy pálidas de aquel mundo divino, porque justamente el -espacio y tiempo tienen la culpa de que nosotros veamos todo de una -manera imperfecta y percibimos sólo verdades _aparentes_. Nuestro -horizonte es limitado, pues estamos obligados a mirar las cosas en vez -de “_sub especie eternitatis_” en un espacio y tiempo limitado. Espacio -y tiempo, pues, no sólo son los mediadores entre el mundo sensual e -ideal, sino, además, _no nos permiten ver el universo_ (las ideas) _en -su verdad desnuda_. - -23. Como nos convenceremos más tarde, las investigaciones de _Platón_ -forman el punto de partida para toda la concepción _idealista_ -(relativa) del espacio.[14] No cabe duda de que _Platón_ sintió, -en su intuición filosófico-poética, que el espacio es la condición -indispensable para poder percibir y comprender los fenómenos de -la naturaleza, lo que él expresa diciendo: la condición “_para la -presentación de las ideas en el mundo de sensibilidad_”. Aplicando -la terminología de _Kant_ será, quizás, permitido afirmar que -para _Platón_ el espacio era casi la condición “_de una posible -experiencia_”. - -Pero, a pesar de todo, _Platón_ no llegó a considerar el espacio y -menos todavía el tiempo como formas de _nuestra intuición_; pues en el -fondo no ha tenido nociones completamente claras sobre el asunto. Él -mismo lo confiesa con la franqueza propia de los grandes pensadores, -cuando dice: “_El espacio es una especie de ser, que participa de lo -inteligible de una manera obscura e inexplicable_”. - -No vacilamos en afirmar que _Platón_ estaba ya _muy cerca_ de -considerar el espacio como una forma de nuestra intuición, es decir, -que tenía la solución casi en la mano, pero se le escapó. Han debido -pasar siglos, han tenido que aparecer los sistemas de _Berkeley y Hume_ -antes de conseguir este sencillo resultado: tiempo y espacio son formas -de intuición. - -El gran genio griego en su intuición concibió el problema, pero la -solución clara y precisa la dió _Kant en su criticismo_. - -También en las ciencias modernas encontraremos algo análogo. Un -pensador meridional--me refiero a _Poincaré_--ha echado las bases para -la reforma del concepto tiempo, sometiendo la noción “_simultaneidad_” -a una crítica _muy interesante_; mas la solución exacta, el nuevo -concepto tiempo, lo dió un físico del Norte de Europa. - -_Aristóteles_.--24. _Aristóteles_, el más eminente discípulo de -_Platón_, no sigue el camino del maestro; pues funda más bien un -sistema propio que está, en cierto sentido, opuesto a la doctrina -idealista. - -_Aristóteles_ era más universal que _Platón_ y le superó, -especialmente, en sus conocimientos de las _ciencias naturales_. Un -cerebro sumamente vasto, era el verdadero _polisabio_, la encarnación -del saber de su época, de suerte que con razón se le indica hasta -hoy día con el epíteto “_el filósofo_”, por antonomasia. Como buen -observador, atribuyó mucha importancia a las ciencias naturales; en -sus investigaciones trató en lo posible de _definir_ todo, es decir, -fijar en cada fenómeno _aislado_ lo esencial “usía” y al mismo tiempo -expresar su relación con el concepto general. - -25. _Platón_ proclamó como la _única_ realidad los objetos de los -conceptos _generales_ (ideas), que tienen existencia completamente -_independiente de_ las _cosas sensuales_; los objetos aislados eran, -según _Platón_, solo imágenes de lo verdadero. - -_Aristóteles_ rechaza este pensamiento, pues, según él, el _error -principal del sistema platónico consiste justamente en aquella -separación completa de las ideas y de los objetos_. - -Los conceptos generales expresan, según _Aristóteles_, únicamente -propiedades _comunes a muchos objetos aislados_; mas los conceptos -generales por sí mismos no tienen existencia independiente. Pero si lo -general no subsiste por sí mismo, no puede ser sustancia (“usia”), la -que por su parte forma el fundamento real de todo. - -Como sabemos _Platón_ ya _a priori_ atribuye a las ideas una existencia -original, independiente del mundo de nuestros sentidos, creando, de -este modo, dos mundos completamente distintos. _Aristóteles_ considera -imposible que la doctrina idealista pueda explicar la esencia del -mundo empírico; según sus juicios, hay más bien que suprimir aquella -contradicción entre el mundo de ideas y el mundo de objetos, _pues -las ideas no deben ser concebidas como algo distinto de las cosas -sensuales_. Para conseguir la verdad, para conocer la esencia del -mundo, hay que examinar con mucha precisión y mucho cuidado los -fenómenos de la naturaleza. Y haciendo esto se llega al resultado -de _que la verdadera realidad está en lo individual_. Mientras, -entonces, para _Platón_, la verdad está en el concepto general, según -Aristóteles, al revés lo _individual_ (“tóde tí”) _es el tipo de la -completa realidad_. - -Mas no hay que creer que Aristóteles entienda con su “tóde tí” los -objetos _materiales_; pues también, según él, todo lo sensible es -pasajero y mudable, mientras que el saber, la ciencia, debe ocuparse -de _cosas invariables y eternas_. El objeto del verdadero conocimiento -es, pues, lo _individual_, pero no lo_ material_, lo sensible, sino lo -_individual concepcionalmente pensado_. La realidad metafísica está, -entonces, _fundada en lo individual determinado por el concepto_. - -Llegamos al conocimiento del mundo saliendo de los hechos aislados -é investigando la relación entre lo especial y lo general. En esta -ocasión nos convencemos de que _cada objeto_ de la naturaleza consiste -en _materia y forma_, estando estas dos ligadas de tal manera que jamás -puede _subsistir materia sin forma o forma sin materia_.[15] - -La “usia” se compone de _forma y materia_; y la generación estriba en -esto; que la esencia de las cosas (“usia”) pasa de la mera posibilidad -“_dinamis_” a la _realidad_ “_energeia_”. La _materia_ (“_hyle_”) -representa la _posibilidad_, de que la materia, plasmada por la forma, -se convierte en _realidad_. - -La materia es pura _pasividad_, es el objeto en el cual los fines, o -mejor dicho, los _designios_ de la naturaleza, hallan su realización. -Pero no hay _contraste entre materia y forma_ (como entre la “idea” y -el “objeto sensible” de _Platón_), no subsisten dos cosas distintas -y opuestas: materia y forma, sino que el mismo objeto, considerado en -su materia, es _la posibilidad de la realidad, representada por su -forma_.[16] - -Será, quizás, permitido decir: _Materia y forma son los dos lados de la -misma medalla_. - -26. El paso de la posibilidad a la realidad se efectúa por intermedio -del _movimiento_. _Aristóteles_ distingue tres especies de movimiento: -1) cuantitativo o cambio del tamaño; 2) cualitativo o cambio de las -propiedades del cuerpo; 3) cambio del lugar en el espacio. Pero todas -estas especies quedan reducidas al movimiento de la última clase. La -materia, tiene una inclinación natural, “desea” la forma; pero en vista -de que es sólo posibilidad, puede tomar distintas formas; ella tiene -_inercia_ y por esto impide la completa realización de la naturaleza, -siendo de este modo la causa del azar en el universo. - -27. En la filosofía de _Platón_ hemos encontrado _tres_ fundamentos -principales del mundo: - -1) _Ideas._ - -2) _Sensibilidad._ - -3) _Espacio_ (ápeiron), mediador entre 1 y 2, donde sólo 1) tiene una -existencia original e independiente. _Aristóteles_ acepta _cuatro -causas originales_ (arché). - -1) _Materia_, _Pasividad o Posibilidad_. - -2) _Forma_, _Actividad_. - -3) _Movimiento_, mediador entre 1 y 2. - -4) _Designio final_, - -pero al mismo tiempo trata de unir los tres grados platónicos de -realidad en un solo concepto real. De esta manera, la _transcendencia_ -de _Platón_ queda reemplazada en cierto sentido por la _inmanencia_. - -28. Después de lo explicado podemos esperar, que 1) _Aristóteles_, -seguramente, también se ocupará de los conceptos, espacio y tiempo, -pues cada movimiento--una de las “_arché_”--tiene lugar en el espacio y -tiempo. - -2) que el espacio no tendrá ya un papel análogo a lo “_ápeiron_” de -_Platón_. - -3) que _Aristóteles_ se apoyará más en la observación y en los hechos -aislados (tratando el problema que nos interesa). - -4) que el _naturalista Aristóteles_ llegará a una solución distinta de -la platónica. - -Y, en efecto, ya en su célebre obra “_Categorías_”[17] _Aristóteles_ se -ocupa del espacio y tiempo. - -29. Tiempo y espacio aparecen como la 5 y 6 categorías. - -Aristóteles distingue en las “categorías” cantidades _discretas y -continuas_. _El espacio lo cuenta entre las cantidades continuas_, -porque “_las partes del cuerpo, que mediante su reunión van a pasar -a un término común, ocupan siempre un espacio. Por consiguiente, las -partes del espacio, que ocupa cada una de las partes del cuerpo, se -suman en este mismo término común en que se reúnen las partes del -cuerpo mismo: luego el espacio es una cantidad continua, puesto que sus -partes van a pasar mediante su reunión a un término común_”. - -El tiempo también _es continuo_; porque “_de una parte lo presente se -relaciona a la vez con lo pasado y con lo porvenir_”. - -Una diferencia principal entre el espacio y el tiempo la encuentra -_Aristóteles_ en el hecho de que “las partes del espacio tienen entre -sí una _relación de posición, mientras_ que las partes del tiempo por -el contrario tienen entre sí un cierto _orden_, puesto que en el tiempo -esta parte es _anterior_, y aquella otra posterior”. “Partes del tiempo -no pueden tener una posición, porque ninguna de las partes del tiempo -es permanente”. “_Lo que no es permanente no puede tener posición_”. - -El tiempo es, según _Aristóteles_, muy estrechamente ligado con el -_número_; los dos se unen en el concepto común “antes” (“_próteron_”) y -“_después_” (“_hysteron_”). - -30. El espacio es el lugar que ocupa el cuerpo. Esto se podría deducir -de las palabras citadas de las “Categorías”. Sin embargo no hay que -pensar en que _Aristóteles_ identifica el espacio con la forma del -cuerpo, pues él mismo lo advierte expresamente, que en tal caso los -cuerpos se moverían no _en_ el espacio sino _con su_ espacio. - -Para evitar equivocaciones Aristóteles dió la siguiente definición del -espacio: - -“_El espacio es el límite inmóvil entre el cuerpo envolvente y el -envuelto_”. - -El espacio exige, entonces, la presencia de la materia o con -más exactitud la _presencia, por lo menos, de dos cuerpos_. _La -subsistencia del espacio está ligada a la existencia del mundo -corporal._ Y así el espacio de la mesa en la sala será el límite fijo -entre la mesa (envuelta) y el aire que la envuelve. - -Se ve en seguida que esta explicación aparente de la “esencia” del -espacio se basa en una observación muy grosera. - -Ya de la definición resulta que el espacio _aristoteliano_ tiene que -ser _limitado_; además, resulta la _imposibilidad_ del espacio _vacío, -pues se entiende por sí mismo_,--si el espacio es el límite entre el -cuerpo envolvente y el envuelto--_que donde no hay cuerpos tampoco hay -espacios_. - -Aunque _Aristóteles_ estaba convencido de que el concepto de espacio, -“vacío” contradice al sentido común[18], sin embargo, dió en sus obras -muchos otros argumentos contra la posibilidad de un espacio vacío e -ilimitado. - -31. _Argumentos contra el espacio vacío:_ - -Si además del espacio (_tópos_) ocupado por los cuerpos hay un -_otro vacío_, entonces al entrar un cuerpo en éste (vacío), debían -atravesarse dos espacios. - -Otro argumento es el siguiente: _Aristóteles_ deduce que en un espacio -vacío todos los cuerpos debían caer con la misma velocidad; lo que, -según su juicio, es una cosa imposible; por consiguiente un vacío no -puede subsistir. Esta demostración aparente, y, además, falsa[19], le -parece ser una refutación tan _decisiva_ que exclama con ironía: “Y así -resulta _que la afirmación del vacío en realidad es un vacío_”. - -32. _Argumentos contra lo infinito del espacio._ Cada cuerpo tiene que -estar en un cierto lugar, porque cada cuerpo tiende a su lugar natural, -pero en lo infinito no hay un lugar determinado, no hay diferencia -entre abajo y arriba, entre la derecha e izquierda; _por consiguiente -el espacio es limitado_. - -Debemos imaginarnos el mundo como algo _acabado, completo y perfecto_. -Mas _Aristóteles niega_, sobre todo, que las cantidades infinitas -pueden existir como algo “_acabado_”, porque “_lo infinito no existe, -sino se forma_”; entonces, un espacio infinito no puede subsistir en el -mundo. - -Todo el espacio está limitado, según Aristóteles, por la esfera -celeste, porque en su creación la divinidad consumió toda la materia -existente. Más allá de la esfera celeste, cuyo centro es nuestra -tierra, no hay, entonces, materia, por consiguiente allá no hay -espacios y mucho menos espacios vacíos, _lo que sería un doble -disparate_. - -33. Cerrando la discusión sobre el espacio quiero, todavía, mencionar -que _Aristóteles_ trata de demostrar que nuestro espacio no puede tener -_más que tres dimensiones_. Lo hace refiriéndose a la costumbre de -decir “ambos” cuando hay dos, y que cuando hay tres se habla ya del -“todo”, porque no hay una palabra especial. - -34. Al concepto _tiempo_ lo somete _Aristóteles_ a un tratamiento -parecido al del espacio. En la “_Física_” leemos lo siguiente: “_El -tiempo es una cantidad continua, él es el número_ (medida) _del -movimiento con relación a lo precedente y lo sucesivo_”. - -Debo llamar la atención de que en esta definición la palabra -“_movimiento_” se refiere no solo _a los fenómenos físicos_ sino -también _a los psíquicos_, pues _Aristóteles_ dice una vez: “_Si -bien al reinar la obscuridad y calma nosotros no percibimos ninguna -impresión del cuerpo, tenemos, sin embargo, en seguida la sensación -del tiempo, cuando se produce en nuestra alma algún movimiento_” -(conmoción). Por esta razón _Gomperz_ pone, en vez de la palabra -“_movimiento_” (kinesis), “suceso”. - -_El tiempo es pues, la medida_ (el número) _del movimiento_. La unidad -de este número (medida) constituye el concepto de “_ahora_”; por _el -movimiento_ de dicho concepto “ahora” _nace el tiempo_. - -_Aristóteles no identifica_ el tiempo con el movimiento, como sucede en -las obras de _Platón_; _pero el concepto “tiempo” está ligado al número -y al movimiento_. _Donde no hay cuerpos no hay tiempo._ - -Siendo el movimiento del universo, según _Aristóteles_, sin principio -ni fin, sigue ya forzosamente de la definición que _el tiempo es -infinito e ilimitado_. - -En una ocasión se pregunta _Aristóteles_, si el tiempo podría -substituir aunque no existiera el alma. Su contestación es: _el tiempo -no puede subsistir sin el alma_, como _el número no puede existir sin -la persona que cuenta_. - -Debíamos, entonces, admitir que _Aristóteles_ niega la existencia de un -tiempo absoluto. Y sin embargo, introduce al lado del tiempo infinito, -en el cual se mueve lo mudable, el concepto “_eternidad_” (“_aión_”), -que es la esencia sin tiempo de lo invariable, y así Dios no está en -el tiempo, sino en la eternidad. _Todos los fenómenos tienen lugar en -el espacio y tiempo, únicamente Dios no está ni en el tiempo ni en el -espacio_. - -35. En las “_categorías_” _Aristóteles_ analiza también los conceptos -_prioridad y simultaneidad_. Por razones especiales citaré lo que -afirma de la simultaneidad: “_Se dice, en general y en el sentido más -especial de la palabra, que dos cosas son simultáneas, cuando su -existencia tiene lugar al mismo tiempo. Ni la una es anterior, ni la -otra posterior; se dice también que existen a la vez en el tiempo_”. - -“En _general se llaman simultáneas las cosas cuya existencia se produce -a la vez en el tiempo_”. - -Volveremos sobre este punto al tratar en el último capítulo el concepto -_simultaneidad_ en la teoría de la relatividad. - -36. Tampoco _Aristóteles_ considera tiempo y espacio como _formas de la -intuición_; en su filosofía, tiempo y espacio aparecen un “_accidens_” -de los cuerpos. Según mi juicio el concepto aristotélico del espacio -significa _un paso atrás_ en _comparación con Platón_. - - - - -LÓGICA INDUCTIVA - -POR LEOPOLDO MAUPAS - -Profesor en la Universidad de Buenos Aires - - 1.--El problema de la lógica inductiva.--2. Fundamento de - la inducción.--3. La causa como principio crítico.--4. El - principio de causalidad como postulado de la inferencia - causal.--5. La constatación de la coincidencia solitaria, como - base experimental de esa inferencia.--6. Leyes empíricas.--7. - Fundamento y determinación de las leyes empíricas.--8. - Aplicaciones de las leyes empíricas.--9. Conclusión. - - -I.--EL PROBLEMA DE LA LÓGICA INDUCTIVA - -El conocimiento crítico empieza, en la evolución del espíritu humano, -cuando la verdad se refiere no a la creencia sino a los fundamentos de -la creencia. - -La experiencia que sirve de fundamento a la ciencia siempre es -indirecta, y se realiza por medio del razonamiento crítico. La -experiencia directa no es fundamento científico. La comprobación -de la dirección rectilínea de la propagación de la luz, no sería -posible referirla a la experiencia directa. Se prueba indirectamente -en la forma de la sombra de un cuerpo opaco. La forma de la sombra -verifica que la dirección de la luz es rectilínea, porque comprueba -indirectamente la conclusión del razonamiento geométrico que determina -cuál sería la forma de la sombra si los rayos luminosos se propagaran -en dirección rectilínea. La realización de la previsión en la -experiencia, prueba así indirectamente, la dirección de la luz. - -La experiencia que funda al conocimiento científico es así indirecta, y -el razonamiento crítico es el instrumento que la hace posible. - -El valor de la crítica científica, supone, pues, una experiencia -justa y un razonamiento legítimo. La conclusión será falsa, aunque el -razonamiento sea legítimo, si la experiencia no es justa. Si veo mal la -sombra que produce el cuerpo opaco y no concuerda con la que debería -producir de acuerdo con el razonamiento geométrico, la conclusión que -podría sacar con la dirección rectilínea de la luz sería falsa en razón -de la deficiencia de la experiencia. En cambio sería falsa en razón -de la ilegitimidad del razonamiento, si la sombra de la experiencia -no concuerda con la que debería producirse según el razonamiento -geométrico, por error de cálculo (aunque la observación de la sombra -sea justa). - -Veamos en qué puede consistir la ilegitimidad del razonamiento. - -Sabemos que el razonamiento crítico es una serie de sustituciones de -afirmaciones idénticas. Decimos que “la Democracia es la mejor forma -de gobierno”, porque entendemos que decir “mejor forma de gobierno” -es igual a decir “gobierno que responde al interés de la mayoría de -los ciudadanos” y que decir “gobierno que responde al interés de la -mayoría de los ciudadanos” es lo mismo que decir “gobierno que se -someta al contralor de la voluntad de la mayoría”; pero esto es lo -mismo que decir “Democracia”; por lo tanto, suprimiendo las identidades -intermedias concluímos que “la Democracia es la mejor forma de -gobierno”. - -El razonamiento crítico es así una serie de sustituciones de -afirmaciones. Ahora bien; cada sustitución es evidente o no lo es. Si -no lo es, necesita demostración. En ese caso un nuevo razonamiento -tendrá que fundar las sustituciones, y así sucesivamente como lo -dijimos al hablar de los problemas de la crítica científica[20], hasta -llegar a la afirmación de sustituciones evidentes por sí mismas. - -Pero, llegados a esos términos básicos del razonamiento, ¿cómo se -funda la legitimidad de la sustitución? También lo hemos dicho al -ocuparnos del mecanismo de la crítica. La sustitución se legitima en -la evidencia de la identidad de la sustitución. Sustituyo la forma de -la sombra que me daba el razonamiento geométrico por la sombra que mis -ojos ven en la experiencia realizada, porque hay identidad entre las -dos formas. Esa evidencia de la identidad de los términos sustituídos -es así el criterio único y último en que se funda la legitimidad de la -sustitución. - -De manera, pues, que en definitiva, el fundamento de la sustitución -o exclusión de los términos en los razonamientos es la evidencia de -su identidad o de su contradicción. Ahora bien; la identidad o la -contradicción, constatada en la evidencia, no es susceptible de -verificación. La evidencia es el criterio último y único de la verdad. -No es rectificable. Si la evidencia se equivoca, no hay manera de -reparar la equivocación. Solamente la experiencia contradictoria o -mayores conocimientos pueden modificar nuestras primitivas evidencias. -Mientras esto no sucede, la conciencia sigue tranquila y exenta de -curiosidad, por la imposibilidad en que se encuentra de sospechar su -error. Pero, si llega a suceder, al comprobar la falsedad de muchas -sustituciones que parecieron evidentes, puede reconstruir el proceso -del error y determinar sus causas, y en consecuencia precaverse de -ellas. De la experiencia del error nació así la lógica. - -El propósito de explicar las falsas sustituciones de términos en los -razonamientos, justifica pragmáticamente los estudios lógicos, y les da -sentido en la teoría de la ciencia. - -Ahora bien; en sus reflexiones acerca de las causas del error en -los razonamientos, el espíritu humano ha encontrado que la falsa -sustitución de los términos puede provenir o bien de deficiencias -de lenguaje, o de mala interpretación de la experiencia en las -generalizaciones, o de deficiencias en las observaciones, y también de -prejuicios individuales o colectivos. Ejemplos de lo primero son todos -los casos en que se violan las reglas de la lógica formal. Si de la -consideración de que el rey de Sajonia era Francisco Augusto III y de -que los ingleses son sajones deduzco que Federico Augusto III era rey -de Inglaterra, el error tiene por causa una inadvertencia de lenguaje, -por dar a la palabra sajón, cuando hablo de Federico Augusto como -rey de los sajones, una extensión que no tiene cuando califico a los -ingleses como sajones. La lógica formal nos previene contra esa causa -de error indicándonos que en los silogismos el término medio se debe -tomar por lo menos una vez en toda su extensión. Ahora bien; en los -ejemplos propuestos, la palabra sajón en ninguno de los dos casos se -refiere a todos los sajones. - -Ejemplos de falsa sustitución por deficiencia en la interpretación de -la experiencia, son todos aquellos casos en que se violan las reglas de -la lógica inductiva. Si he comprobado que el vapor de agua en Buenos -Aires disuelve una sustancia, que se podría encontrar en abundancia en -una montaña de 3.000 metros, y resuelvo establecer una industria para -su explotación; si esa sustancia para disolverse necesita vapor de agua -a la temperatura que tiene en Buenos Aires, mi determinación se fundará -en un falso razonamiento, por falsa generalización respecto a la -temperatura a que el agua hierve. La temperatura del vapor de agua no -llegaría a disolver la sustancia, porque a esa altura el agua hierve -antes de alcanzar la temperatura requerida. - -Ejemplos de deficiencias en la observación o de prejuicios individuales -o colectivos, serían todos aquellos que nos hacen ver en las cosas -caracteres que no tienen y las falsas nociones que nos hacen establecer -entre esas cosas y otras, relaciones de identidad que no existen. El -que se asusta de los gestos que hace el que se despereza ha observado -mal el acto. Los exorcismos con que en la edad media se pretendía -curar a los endemoniados no eran sino consecuencias de los prejuicios -de la época. Estas causas de error son inevitables. Bacon indica las -precauciones que conviene tomar para evitar las malas observaciones. -Estas indicaciones son de carácter puramente psicológico; pero es -interesante conocerlas, y hemos de ocuparnos de ellas al hablar de los -principios de la investigación. Por lo que se refiere a los prejuicios -individuales y colectivos, representan el estado de la ciencia -individual y colectiva. Contra ellos nada se puede. Sólo más ciencia -puede evitarlos. - -En el último artículo que he publicado en esta revista he indicado -como procede la lógica formal para evitar los malos razonamientos -que tienen su origen en la indebida extensión de los términos en el -lenguaje. Y he indicado también cómo ese problema desaparece, y en -consecuencia la necesidad de la lógica formal, si se da a los términos -valor pragmático. Procediendo en términos definidos pragmáticamente, el -peligro de razonar mal por deficiencia de lenguaje desaparece. - -Con esto queda claramente delimitada la función de la lógica -inductiva en la solución de los problemas que plantea la crítica del -conocimiento. Su función es verificar el valor de las generalizaciones. -Un razonamiento puede ser justo desde el punto de vista formal; puede -no tener defectos de observación; los prejuicios podrían no tener -importancia para la conclusión, y sin embargo ser ésta falsa en razón -de una mala generalización. Y para esclarecer estas afirmaciones, voy -a recurrir a un ejemplo que he empleado a menudo: la inferencia que se -saca de la muerte de una cobaya respecto al efecto que produciría en -el hombre la inyección de la sustancia que le produjo la muerte. La -inferencia se funda en la identidad de constitución que se establece -entre el hombre y el cochinillo de la India, que afirmamos en razón de -la identidad de los caracteres de su constitución. La determinación -de la identidad de los caracteres podría ser justa, y con todo la -inferencia podría ser ilegítima en razón de la falsa generalización. -Puede ser cierto que el conejillo murió a consecuencia de la inyección -de la sustancia venenosa. Puede ser también que sea legítima la -identidad de constitución que se ha observado entre el hombre y el -conejo. Pero, la generalización podría ser ilegítima si, por ejemplo, -el conejo no murió en razón de los caracteres de su organización, en -lo que son idénticos con los del hombre, y que de haber sido por esa -causa legitimarían la generalización. Si por el contrario la inyección -hubiese muerto al conejo porque momentos antes había comido una yerba -determinada, el hecho no solamente no prueba que los hombres morirían -con igual inyección, sino que tampoco probaría que los demás conejos -hubiesen de morir a consecuencia de ella. La única generalización que -se podría hacer sería que los conejos que han comido tal sustancia -morirán si se les inyecta el veneno en cuestión. Pero, ¿en qué consiste -la falsa generalización? ¿Cuáles son las condiciones que tiene que -reunir una generalización justa? - -Y esa pregunta nos acerca a la delimitación de la función propia de -la lógica inductiva. Y digo nos acerca, porque la lógica inductiva no -tiene por función determinar las condiciones de toda generalización, -sino de aquellas generalizaciones que se fundan en la inducción. - -Efectivamente, hay dos clases de generalizaciones: las que se fundan -en la simple enumeración de los caracteres constatados en los casos -particulares, como cuando se ve que cada una de las fichas que se -encuentran encerradas en una caja son de color rojo, y generalizando -se afirma que las fichas de esa caja son rojas. La otra clase de -generalización es la que se funda sólo en la observación de uno o más -casos particulares, como cuando afirmo que los hombres mueren si un -balazo les atraviesa el corazón, fundado en que Juan murió por esa -causa. - -Las generalizaciones que no son más que la expresión de una totalidad, -se fundan en la enumeración de todos los casos. Esta clase de -generalización, salvo deficiencias en la observación, no puede tener -más causas de error que la enumeración incompleta. Si he observado bien -y he contado todos los casos, la generalización no puede ser falsa[21]. - -Así es cómo la teoría de la inducción tiene por función resolver -uno de los problemas que plantea la crítica de los conocimientos, -y que consiste en determinar las condiciones que debe reunir una -generalización fundada en la inducción. - -La importancia de la lógica inductiva es así enorme. Constituye la -teoría fundamental de casi toda la ciencia de lo real. Pero grandes -dominios de la ciencia se construyen fuera de su fundamento, y -para acabar de determinar los límites de sus funciones, veamos -especialmente cuáles son los que no se fundan en ella. - -La lógica inductiva sólo se refiere a la verificación de las ideas -reales generales que se fundan en la inducción. Ni las ideas irreales, -ni las ideas concretas, ni las ideas generales que se fundan en -la simple enumeración, son susceptibles de verificación por el -razonamiento inductivo. Tampoco se fundan en la inducción las leyes -derivadas de otras más generales. - -Efectivamente, las ideas matemáticas, o son principios racionales, -axiomas, definiciones y postulados, es decir, verdades intuitivas -inverificables y presupuestos que se afirman sin demostración, o son -ideas construídas sobre esos elementos. Ahora bien; los elementos de -esas construcciones, los principios racionales, son inverificables, -y el valor de las ideas derivadas se determina en la coexistencia -armónica del sistema. El origen psicológico de las ideas matemáticas -podrá ser experimental; pero su crítica científica nada tiene que ver -con ese origen experimental. Por eso es que la teoría de la inducción, -que trata de determinar las condiciones que debe reunir la experiencia -para permitir la generalización, nada tiene que ver con la verificación -de las ideas irreales. - -Tampoco tiene función que llenar la lógica inductiva en las ciencias -aplicadas. Estas operan con ideas concretas y su verificación no -es objeto de la lógica inductiva. Como lo dijimos en su lugar, las -ideas concretas se verifican en el conocimiento de su ley, es decir, -de la idea general de la que son un caso particular. Se verifican -deductivamente. La simple constatación de un hecho particular no nos -saca del conocimiento vulgar: conocer científicamente un hecho concreto -es explicarlo, y explicarlo para la ciencia en la actualidad, lo mismo -que para Aristóteles, es determinar su ley. Cuando se le puede deducir -de ésta, el hecho queda explicado. - -Tampoco son de aplicación las reglas de la lógica inductiva a -la verificación de las ideas generales que se fundan por simple -enumeración, con lo que vienen a quedar excluídas de su consideración -las leyes que S. Mill llama leyes de coexistencia no dependientes de -causalidad, es decir, la determinación de los caracteres primitivos de -los géneros. - -Y, por fin, tampoco son de aplicación las reglas de la lógica inductiva -a las ideas generales, cuando éstas se deducen de otras ideas más -generales. - -La lógica inductiva no es, pues, la teoría de toda la ciencia. Ni -siquiera de toda la ciencia de lo real. Gran parte de ésta escapa a su -fundamento; pero su dominio es tan grande y tan importante, que casi se -podría decir que es la teoría de la ciencia experimental. - -Y con esto dejamos determinada la función de la lógica inductiva: es la -teoría de la verificación de las ideas generales que se fundan en la -inducción. - - -II.--FUNDAMENTOS DE LA INDUCCIÓN - -Pasemos a considerar cómo la lógica inductiva trata de resolver el -problema que se le propone. - -La inducción consiste en verificar la afirmación general en uno o en -varios casos particulares. Sabemos, por habernos ocupado de ello al -estudiar la crítica del conocimiento, qué es lo general. Lo general es -lo común a varios. Y por lo tanto la fuente para la verificación de las -ideas generales tiene que ser los casos individuales que comprende. El -problema que plantea la verificación de las ideas generales es saber -cómo se puede verificar en lo particular la verdad que se afirma en -general. - -Ahora bien; si lo general es lo común a varios, sumando en los casos -particulares los caracteres comunes se podrá verificar la verdad de la -afirmación general: Si individualmente se puede constatar que cada uno -de los doce apóstoles usaba barba, la afirmación general de que los -apóstoles eran barbudos queda verificada. - -Pero no siempre es posible hacer el recuento de los casos particulares -que constituyen un género. Por el contrario, en la mayoría de los casos -no es posible la enumeración. No es posible contar todos los ejemplares -del género hombre para verificar la afirmación de que el hombre es -mortal. Y aunque se pudieran contar los que existen actualmente, no -podríamos comprender en la enumeración a los hombres que fueron y a los -que serán. Y sin embargo generalizamos también para ellos. Fundándonos -en la afirmación de unos cuantos casos, afirmamos que lo que en ellos -hemos constatado es la expresión de una ley general. - -La generalización por inducción se distingue de la generalización por -simple enumeración, en que ésta es el resultado del recuento de todos -los casos particulares comprendidos en la afirmación general; mientras -que la inducción se funda sólo en algunos casos y a veces en uno solo. - -Pero, ¿cómo es posible que lo constatado en uno o en varios casos se -pueda afirmar de todos los individuos comprendidos en el género? Y -sobre todo ¿cómo distinguir los casos particulares que expresan lo -general de aquellos que no lo hacen? Porque no siempre lo particular es -prueba de lo general. - -Si un balazo atraviesa el corazón de Juan y muere, este hecho -particular es una prueba de la afirmación general de que los hombres -mueren si una bala les atraviesa el corazón. Pero, si bañándose -Juan muere ahogado en el río, este hecho particular no probaría la -afirmación general de que los hombres que se bañan en el río mueren -ahogados. ¿Por qué en un caso el hecho particular verifica la verdad de -la idea general y en el otro no? ¿Cuál es el fundamento de la inducción? - -La respuesta es fácil. En el primer caso afirmamos que la muerte de -Juan prueba que en el mismo caso los demás hombres morirían porque la -herida que sufrió en el corazón es la _causa_ de la muerte. En cambio, -en el segundo caso, no podemos decir que los hombres que se bañan en el -río han de morir ahogados, porque la _causa_ de la muerte de Juan no es -el hecho de que se haya bañado en el río sino la de que no sabía nadar -y no hubo nadie que pudiera auxiliarlo. En cambio el conocimiento de -esta causa nos permitiría generalizar y afirmar que los que no saben -nadar y no tienen quiénes los auxilien, en las mismas circunstancias, -morirán ahogados. - -Así es como el conocimiento de la causa del hecho particular es lo -que nos permite generalizar. Y debemos decir, por lo tanto, que el -fundamento de la generalización es la determinación de la causa de un -hecho. - -Pero con esto sólo hacemos una constatación, y es la de que la -inducción la fundamos en el conocimiento de la causa de los hechos -particulares. Pero una cosa es lo que hacemos y otra cosa es la -legitimidad de lo que hacemos. Inducimos fundándonos en el conocimiento -de la causa de los hechos; pero, ¿con qué derecho lo hacemos? - -He ahí el problema de la legitimidad de la inducción. - -Este problema es insoluble para el dogmatismo. A pesar de las pruebas -de ingenio que se han dado en este sentido, de nada han valido las -proezas realizadas para fundar la legitimidad de la inducción. Y sin -embargo nada más fácil de legitimar cuando se tiene en cuenta el -sentido pragmático de los términos en el razonamiento. Se legitima -por la identidad de los términos sustituídos cuando se sustituye a lo -particular lo general. Veamos cómo puede ser esto. - -Cuando afirmo en general lo que he constatado como causa del hecho -particular, no digo nada nuevo, digo lo mismo de lo mismo. En la -comprobación de la muerte de Juan a causa de la herida sufrida en el -corazón, hago más y hago menos que comprobar la causa de la muerte -de Juan. Hago menos en este sentido, de que no constato la causa -de la muerte de Juan en toda la complejidad del concepto dogmático -de Juan. La muerte del Juan cuya causa constato, no es la del Juan -padre de familia, o del Juan persona honesta, o del Juan versado en -conocimientos astronómicos, sino simplemente del Juan cuyo sistema -circulatorio depende de la integridad de su corazón. El Juan de cuya -muerte constato la causa es el Juan organismo vital con un sistema -circulatorio determinado. Y en la constatación de la muerte de Juan -hago más que constatar la causa de su muerte, porque afirmo la causa -de la destrucción de los organismos construídos sobre el tipo del que -él presenta. No es la causa de la destrucción del organismo de Juan -en cuanto es de Juan, sino la destrucción de un organismo de un tipo -determinado. Ahora bien; cuando generalizamos procedemos de la misma -manera al referirnos a los demás hombres. Al decir que los demás -hombres morirán si se les hiere en el corazón, no pensamos ni en la -extensión del concepto hombre, ni en todas sus diversas características -que determinan su comprensión. No es al hombre en cuanto racional que -se generaliza, no es al hombre en cuanto animal que prepara su comida, -que pensamos, sino al hombre organismo de tal tipo. Ahora bien; como -en la comprobación de la muerte de Juan sólo hemos visto al organismo -de tal tipo, al afirmar en general no hacemos sino decir lo que hemos -constatado en particular, es decir, que el organismo de tal tipo muere -si se le hiere en el corazón. - -Así es como el principio de identidad es el fundamento que legitima -la inducción, de la misma manera que legitima las otras formas del -razonamiento. Por eso hemos dicho, al ocuparnos del razonamiento -crítico, que éste es único en sus tres formas: matemática, inductiva y -deductiva. Razonar es sustituir términos idénticos. En el razonamiento -matemático la identidad se manifiesta en la igualdad de los términos; -en el razonamiento deductivo aparece oculta en la subordinación de la -especie al género; en el razonamiento inductivo hay que desentrañarla -en la determinación de la causa. - -La determinación de la causa justifica, pues, la inducción en cuanto -permite fundarla en el principio de identidad. - -La determinación de la causa es así fundamental para legitimar la -inducción. Y la legitimidad de la inducción supone en consecuencia la -posibilidad de determinar la causa. Si no se pudiesen determinar las -causas de las cosas, la inducción no sería posible, y no podríamos -aceptar las generalizaciones fundadas en ella, es decir, casi todas las -leyes de la naturaleza. - -De ahí la importancia que tiene para la ciencia la discusión acerca de -la existencia de las causas y de la posibilidad de determinarla. - - -III.--LA CAUSA COMO PRINCIPIO CRÍTICO - -Causa, en lenguaje corriente, es una cosa o un hecho cuya presencia o -ausencia impone la presencia o ausencia de otra cosa o hecho que se -llama efecto. La idea de causa implica la de acción o eficiencia de la -causa sobre el efecto. Pero la noción de causa no es sensible. Vemos -sucesiones; mas no la acción del antecedente sobre el consecuente. -La noción de causa tampoco es inteligible. Tiene contradicciones -intrínsecas que no es posible resolver. La causa es un concepto -relativo. No se concibe la causa sin efecto. Pero si es relativa le -está en cierta manera subordinada, y en este caso ¿cómo hablar de -dependencia del efecto a la causa? Por otra parte la causa no se puede -concebir ni como anterior ni como coetánea del efecto. Si desapareciera -antes de producirse el efecto, no existiría la acción de la causa sobre -el efecto; pero, si fueran coetáneos, ¿cómo determinar la causa?; -¿quién sería el que acciona a quién? - -La afirmación del concepto de causa, como concepto real, ofrece -obstáculos al parecer insuperables, y las ciencias, a fin de no cargar -con concepto tan difícil de justificar, tienden a eliminar su uso y -a sustituirlo por otros que, desempeñando las mismas funciones, no -presenten tan graves dificultades. Y así es como renunciando a la -investigación de las causas primeras de las cosas, ven un sustitutivo -en los conceptos de función y energía.[22] - -La noción de causa como concepto real, es difícil de defender, y si -la lógica inductiva tuviese que esperar que terminaran las disputas a -que ha dado lugar su aceptación, para poder constituirse, deberíamos -decir con S. Mill que sería de desesperar el poder adoptar una buena -teoría de la inducción. Salvo que dijéramos, también con Mill, que -afortunadamente la ciencia de la investigación de la Verdad por la -vía de la Prueba, es independiente de las controversias que perturban -la ciencia del espíritu humano, y que no es necesario proseguir el -análisis de los fenómenos intelectuales hasta ese último límite que -sólo puede contentar a un metafísico. - -Pero no creo que sea necesario cortar la dificultad como lo hace Mill -a la manera de Alejandro el nudo gordiano. La noción de causa como -concepto real ofrece evidentemente dificultades insuperables. Pero creo -que procediendo pragmáticamente se puede orillar la dificultad en la -teoría de la inducción. Y para esto tenemos que hacer una distinción -análoga a la que hicimos al considerar los principios generales de -todo razonamiento, los de identidad y de contradicción. En éstos -distinguimos el principio crítico del concepto real. Y en la causa -tenemos que hacer igual distinción. Una cosa es el concepto metafísico -de la causa realizada en los objetos y otra cosa es el principio -crítico fundamento de la inducción. - -La causa como principio crítico es la necesidad subjetiva de afirmar -la relación de causalidad entre dos fenómenos, necesidad que se funda -en el postulado del determinismo universal por una parte y en la -imposibilidad por la otra de referir la producción del fenómeno a otro -antecedente que no sea el que calificamos de causa. Como principio -crítico sólo tiene valor subjetivo, a diferencia del concepto real que -afirma la existencia de la correlación. Como principio crítico tiene -sólo un valor instrumental. Y este valor dependerá de su eficacia. -La afirmación de la causa tiene el mismo valor instrumental que la -afirmación de la identidad y de la contradicción en los razonamientos. -Estos, como conceptos reales, ofrecen los mismos inconvenientes. Lo -sensible no ofrece ejemplos ni de identidades ni de contradicciones, -e inteligiblemente son también inconcebibles; pero tienen valor -instrumental, y en este sentido son eficaces, y por eso los afirmamos. -Esto que para nosotros los escépticos no presenta dificultades, -naturalmente no puede ser admitido por un dogmático. - -La noción de causa, como la de identidad y de contradicción, vale como -principio crítico; pero a diferencia de aquellos principios que se -afirman intuitivamente, la noción de causa supone una inferencia. La -necesidad en que se encuentra el espíritu humano de afirmar la relación -causal entre dos fenómenos, proviene de la imposibilidad de explicar -en otra forma la sucesión o la coexistencia entre ellos. La relación -causal no está dada en la observación, a diferencia de la identidad y -de la contradicción. La contradicción de que un negro sea blanco es -intuitiva, como lo es la identidad del color de las diversas partes de -una pared blanca. Pero la constatación de una relación causal nunca -puede resultar de la intuición sensible. La relación causal no es -perceptible. Es imposible ver la acción de una cosa sobre la otra: “por -ejemplo, la acción de una billa sobre la otra; la acción de la luna -sobre el mar. Hume lo ha demostrado, y nadie lo ha contradicho. Así, -pues, la observación no puede constatar la causa; aunque tuviéramos los -ojos de Argos o microscopios que aumentaran un millón de veces, no se -vería a este respecto más de lo que vemos” (Rabier). - -La afirmación causal es el producto de una inferencia. Si dos hechos -se suceden de modo que la aparición de uno determina la del otro y -no viceversa, y si entre ellos no se interponen otros hechos u otras -cosas, sentimos la necesidad de afirmar la relación causal, la que se -funda así: 1.ᵒ en la existencia de un presupuesto: el de que los hechos -no se producen sin causa; y 2.ᵒ en una constatación: la de que no -existen otros antecedentes que el que se afirma como causa. - -La noción de causa como principio crítico sólo afirma un estado -subjetivo, lo mismo que el principio de identidad y de contradicción. -Pero, a diferencia, de éstos, que se fundan intuitivamente, la -noción de causa supone una inferencia que la afirme, fundada en un -postulado invariable que es el principio de causalidad o determinismo -universal, y en una constatación de hecho, la de la ausencia de otros -antecedentes, es decir la coincidencia solitaria de la causa con el -efecto. El valor de la afirmación de una causa depende, por lo tanto, -del valor del postulado y de la legitimidad de la constatación. -Veamos, pues, el valor del principio de la casualidad primero, y luego -determinemos la manera de proceder para establecer la coincidencia -solitaria entre los dos fenómenos. - - -IV.--EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD COMO POSTULADO DE LA INFERENCIA CAUSAL - -El determinismo universal es un postulado crítico, un principio del -razonamiento real, como el principio de identidad y el de contradicción -lo son de todo razonamiento, tanto real como ideal. La ciencia de lo -real no sería posible si se negara el principio de causalidad, porque -este es el fundamento de la afirmación de la causa, y la determinación -de la causa es el fundamento de la inducción. Renunciar a él sería -renunciar a la crítica científica en materia de conocimientos reales y -afirmar el derecho a la arbitrariedad. - -Esa es su función lógica. Tiene, además, una función psicológica: -es uno de los fundamentos y el que da direcciones principales a la -curiosidad humana. La creencia de que todas las cosas tienen una -causa es lo que impulsa el pensamiento del hombre. A ella obedece -inconscientemente el salvaje, cuando supone un genio en cada objeto -para explicar sus cambios y movimientos. El conocimiento de ciertas -fuerzas naturales y la reducción consiguiente de los fenómenos, limita -la intervención de los espíritus y nace el politeísmo. La concepción -de la posibilidad de un principio universal de la naturaleza, evita la -necesidad de la diversidad de dioses para su explicación y la noción -de Dios se conserva como la de un primer motor, en la argumentación -de los teístas contra los sabios materialistas que aun no han podido -determinar la causa primera que podría suplirlo. Y lo mismo que en -esta dirección general de la ciencia, en las cuestiones particulares -siempre es el sentimiento del determinismo, de la creencia en la -existencia de una causa, lo que impulsa las investigaciones. - -La función de este principio es así enorme en las ciencias. Para -nosotros los escépticos es un postulado, como lo son los principios -de identidad y de contradicción. Y la legitimidad de su afirmación -resulta de su valor instrumental. La ciencia lo exige, y la utilidad de -la ciencia para el hombre es lo que en definitiva le da razón de ser. -La utilidad de la ciencia justifica así el principio en que ella se -funda y determina a su vez los límites de su legitimidad. La ciencia -ha demostrado su utilidad en la explicación de nuestra experiencia, -y dentro de este límite, en consecuencia, el principio de causalidad -se justifica; pero, si pretendiera franquearlo, nuestro escepticismo -tendría que detenerlo. Su legitimación en el campo de la metafísica -requeriría la previa determinación de la utilidad de las soluciones que -hubiese permitido alcanzar. - -La aceptación del carácter axiomático o de presupuesto con que -podemos afirmarlo los escépticos, no es compatible con el punto de -vista dogmático, porque ese principio no tiene los caracteres de las -verdades axiomáticas, ni siquiera la evidencia requerida para poder -afirmarlo como postulado. De no probarse la verdad del principio, -habría que afirmar su carácter hipotético; pero esto sería dar razón al -escepticismo, ya que ese carácter hipotético se extendería a toda la -ciencia de lo real, que no podría tener más valor que el que tiene su -fundamento. Por eso es que los dogmáticos se han esforzado en fundar -la legitimidad del principio de causalidad universal; pero sólo han -conseguido dar explicaciones psicológicas. Los empiristas pretenden -que el fundamento del principio está en la experiencia. Pero es fácil -demostrar que la experiencia nunca nos ha puesto en presencia de la -_necesidad_ que implica el principio de causalidad. Hume lo ha probado. -La experiencia sólo nos presenta sucesiones; pero no da cuenta de la -necesidad de la sucesión. Empíricamente, sólo se puede explicar el -sentimiento de espera del efecto, por la costumbre de ver unidos los -dos fenómenos. Pero esa costumbre, como lo ha demostrado Kant, no puede -justificar la seguridad de la espera. De que siempre un fenómeno haya -seguido a otro, no se puede concluir que siempre lo tenga que seguir. -Por eso Kant pretende justificar el principio en otra forma. También -buscan los empiristas un fundamento genético; pero no en la materia -de la experiencia sino en la constitución del espíritu humano. El -principio de causalidad es un principio a priori del entendimiento. -Forma parte de la constitución mental, y en consecuencia no se -puede hacer de menos que ver las cosas a través de esta categoría -fundamental. Pero la explicación de Kant no sólo no justifica el -valor objetivo del principio sino que para no postular el principio -de causalidad tiene que postular la constitución del espíritu humano. -Es querer desalojar una hipótesis con otra hipótesis, y sustituir a -una dificultad otra mayor. Como lo dice Rabier, en la exposición clara -e interesante que hace de esta cuestión, sólo el idealismo absoluto -podría dar certeza dogmática a este principio; pero ¿en dónde estarían -las pruebas del idealismo absoluto? - -Las dificultades con que tropieza el dogmatismo para querer fundar el -principio de causalidad, no lo son para el escéptico. Este se atiene -a sus propias fuerzas y no pretende sobrepasarse. Sabe que la certeza -está fuera de nuestro alcance y modestamente se satisface con aquello -a que nuestras fuerzas llegan. La verdad dogmática nos está vedada, -y se resigna a conseguir conocimientos útiles para la dirección de -nuestra conducta. El principio de causalidad ha hecho sus armas y la -utilidad de su aplicación en la investigación científica es fundamento -suficiente para que le reconozcamos en su carácter de principio -director de la ciencia. Tiene toda la verdad que nuestro escepticismo -reconoce: su utilidad repetidamente constatada y jamás desmentida en la -dirección de la crítica y de la investigación científica. - -Pragmáticamente el principio de causalidad se legitima por su valor -instrumental, y se justifica en definitiva por el valor de la ciencia -para la dirección de la conducta. Tal es el fundamento de la base -invariable en que se funda la determinación de la causa. Pasemos a -considerar la manera como se determina la segunda base de la inferencia -de la causa: la determinación de la coincidencia solitaria entre el -antecedente y el consecuente. - - -V.--LA CONSTATACIÓN DE LA COINCIDENCIA SOLITARIA COMO BASE EXPERIMENTAL -DE LA INFERENCIA CAUSAL - -La segunda condición para poder inferir una relación de causalidad en -la sucesión o coincidencia de dos fenómenos es la imposibilidad de -que el efecto tenga otro antecedente. Pero, ¿cómo se puede fundar la -coincidencia solitaria entre los dos fenómenos? - -Si los fenómenos, dice Rabier, se presentaran en una sucesión lineal, -siguiendo cada secuente a un solo antecedente, la relación de -causalidad resultaría de esa coincidencia solitaria. Pero es el caso -de que en la experiencia la sucesión de los fenómenos nunca se nos -aparece así. Suelen aparecer antecedentes y consecuentes confundidos en -masas conjuntas, sin que podamos decir en qué relación individual se -encuentran unos con otros. - -A pesar de esto, dice también Rabier, sería con todo posible realizar -experimentalmente la coincidencia solitaria, si siendo todopoderosos -como el Creador, nos fuese posible realizar en algún rincón del -universo una especie de vacío absoluto impenetrable a toda influencia -de las partes adjuntas a los fenómenos: podríamos excluir todos los -antecedentes a los que no siguiera la aparición del fenómeno; pues, en -ese caso habríamos realizado la coincidencia solitaria. - -Pero esto tampoco es posible realizarlo. La realización experimental -de la coincidencia solitaria es imposible. No es posible aislar todos -los antecedentes y todos los consecuentes. Hay antecedentes variables -que es posible excluir; pero, hay antecedentes invariables que no es -posible modificar, ni excluir. Y entre estos antecedentes invariables -algunos son causas permanentes, otros son simplemente efectos de la -coligación de causas, otros son efectos de la misma causa que produjo -al consecuente, y por último entre esos antecedentes suele haber causas -concurrentes del consecuente. - -No es mi propósito hacer una exposición de la lógica inductiva que -no tendría razón de ser, ya que nada tengo que agregar y muy poco -que rectificar a lo que S. Mill ha expuesto en su tratado de Lógica. -No tengo más propósito que hacer resaltar su sentido, que no siempre -aparece suficientemente definido, y sobre todo indicar la posición -que ocupa en la teoría de la ciencia que he expuesto en artículos -anteriores de esta Revista. Dado mi propósito es hasta conveniente que -no me detenga en los detalles y de que pase superficialmente una mirada -de conjunto sobre el asunto que voy considerando. Por eso en este lugar -me refiero al interesante capítulo de S. Mill sobre la determinación -de las causas. Aquí me reduzco a afirmar la imposibilidad de realizar -experimentalmente la coincidencia solitaria. - -No es posible realizar experimentalmente la coincidencia solitaria. -¿Quiere esto decir que la determinación de las causas de las cosas -no sea posible? Esa sería la solución a que deberíamos llegar si -el espíritu humano no hubiera encontrado el medio de salvar esa -imposibilidad. Ha sido gloria de Bacon encontrarlo: “Cierto es que no -es posible ni separar ni unir por el fuego de la naturaleza; pero, sí -lo es con la mente que es como fuego divino”. No es posible excluir los -antecedentes experimentalmente; pero, la fuerza de la lógica lo puede -realizar. La coincidencia solitaria se determina idealmente. - -¿Pero, como se ha podido alcanzar ese resultado? ¿Cómo es posible -realizar idealmente lo que no se puede hacer experimentalmente? Ese -resultado se alcanza por medio de los llamados métodos experimentales -para determinar la causa, que concebidos por Bacon, han sido -definitivamente determinados por S. Mill. - -Estos métodos son cinco: el de concordancia, el de diferencia, el -método combinado de concordancia y diferencia, el de resíduo y el de -variaciones concomitantes. - -La aplicación de estos métodos supone la previa determinación de los -antecedentes y de los secuentes. Se basa en las tablas de presencia y -de ausencia. Cuando se trata de determinar la causa de un fenómeno, -hay que empezar por observar las condiciones de su producción y anotar -cuidadosamente todos los antecedentes. Y de la misma manera respecto -de los diversos antecedentes, observar y anotar los consecuentes. Esas -observaciones permiten determinar los casos de presencia y de ausencia -de los diversos antecedentes y de los diversos consecuentes. - -Hechas esas tablas es posible ver en ellas por la aplicación de los -métodos experimentales la coincidencia solitaria. Lo que no se podía -realizar experimentalmente, es decir, la separación de los antecedentes -y secuentes, se puede conseguir idealmente, eliminando los antecedentes -que en las tablas de presencia, muestran que pueden estar ausentes o no -variar, cuando el fenómeno secuente existe o varía, o bien, que pueden -haber estado presentes o variado cuando el fenómeno no se ha producido -o no ha variado. En cualquiera de esos casos se vé evidentemente la -falta de coincidencia entre los fenómenos, y en consecuencia, quedan -eliminados. - -Ahora bien; si en ese proceso eliminatorio resulta un antecedente -que no se puede eliminar, que siempre ha estado presente cuando el -fenómeno se ha producido y que ha estado ausente en los casos en que -el secuente no ha existido, se dice que la concordancia de ausencia y -de presencia demuestra que ese es el único antecedente que puede ser -causa del fenómeno secuente. Taine trae el siguiente ejemplo: Se trata -de determinar la causa del sonido. Se observa los casos en que un oído -normal percibe sonidos. El sonido puede producirse con una campana, -con una cuerda que se hace vibrar, con un tambor que se golpea, con un -clarín en el que se sopla, con la boca y los pulmones en la voz humana. -En esas diversas observaciones lo único que permanece constante es -la vibración de un cuerpo sonoro que se propaga a través de un medio -hasta llegar al aparato auditivo. Esta vibración transmitida es el -antecedente buscado. - -Por el método de diferencia se llega al mismo resultado procediendo -no, como en el método anterior, por eliminación sucesiva de los -antecedentes no causales, sino por eliminación conjunta de todos los -antecedentes no causales, de la siguiente manera: Se observa que todos -los antecedentes que existían antes de producirse el fenómeno siguen -subsistiendo en el momento de su producción, excepción hecha de uno -que se ha agregado o que se ha quitado. Si los antecedentes presentes -en el momento de la aparición del fenómeno existieron con anterioridad -sin producirlo, demuestra esto, que no son la causa del fenómeno, y -eliminados solo queda como antecedente solitario el fenómeno agregado -o suprimido. Por ejemplo el que camina tranquilamente por la calle y -cae muerto por un balazo, la coincidencia solitaria entre la muerte y -el balazo resulta de la consideración de que todos los antecedentes que -acompañaron al balazo, existían el segundo anterior en que se produjese -el hecho, y que en consecuencia no pueden haber sido la causa de la -muerte, puesto que en ese segundo anterior no la habían producido. - -Los otros métodos, el combinado de concordancia y diferencia, el de -variaciones concomitantes, y el de residuos, son simples aplicaciones -de los principios de estos dos métodos. El método combinado es la -realización del principio del de diferencia por la doble aplicación del -método de concordancia a los casos positivos y negativos. Si en todos -las reuniones en que interviene Juan siempre hay discusiones violentas, -variando la composición de las personas, por una primera concordancia -Juan aparece como el antecedente invariable. Una segunda concordancia -de la que resultara que todas esas personas han intervenido en -otras reuniones sin que haya habido discusiones violentas, en las -que Juan no ha estado, permitiría concluir, realizando el principio -del método de diferencia, que la única diferencia entre todos esos -casos está en la presencia o la ausencia de Juan. El método de -variaciones concomitantes, no es más que una modalidad de los métodos -de concordancia y de diferencia. La modalidad consiste en que la -concordancia y la diferencia se determinan, no en la presencia y -ausencia de los fenómenos, sino en la concomitancia de sus variaciones. -Todo cuerpo tiene calor. La dilatación de los cuerpos por el calor no -se podría determinar si hubiese de compararse la dilatación en cuerpos -que tienen y en cuerpos que no tienen calor. Pero, se puede observar -la influencia del aumento y de la disminución de la temperatura en -la dilatación de los cuerpos. El método de residuos no es más que la -aplicación del principio del de diferencia. Es la eliminación de los -antecedentes cuyos efectos se conocen, y la atribución de un efecto -dado, al único antecedente que queda y cuyos efectos no se conocen. -Si hay objetos construídos por cuatro obreros y puedo individualizar -los objetos construídos por tres de ellos, los demás son los que ha -construído el cuarto obrero. - -Estos diversos métodos suponen, si son la aplicación del principio de -concordancia, que se han podido determinar todos los antecedentes. -Porque si no se hubiesen determinado todos los antecedentes, podría -ser que el antecedente no considerado fuera la causa del fenómeno, y -que la relación invariable que se ha constatado entre los fenómenos -fuera debida simplemente a que son efectos de una misma causa o bien -el resultado de la coligación primitiva de sus causas. El día y la -noche son efectos de una misma causa: el movimiento de la tierra. El -ignorante que prescinde de este antecedente podría ver en la sucesión -del día a la noche una relación de causalidad. La coligación de causas -primitivas podría ser la razón de que los negros sean motudos. La -convicción íntima de que no conocemos todos los antecedentes que pueden -influir en la producción de esos caracteres somáticos, a pesar de la -invariabilidad de la relación, nos impide afirmar de que entre ellos -pueda haber relación de causalidad. - -Y si son la aplicación del principio del método de diferencia los -diversos métodos suponen la imposibilidad de que con la introducción -o la exclusión del antecedente considerado, no se haya introducido -o excluído otro antecedente. Para poder afirmar que la causa de la -muerte del transeunte ha sido el balazo que lo ha herido, sería -necesario poder afirmar con toda seguridad de que en el momento en que -la bala iba a entrar en el corazón no sufrió un ataque de apoplejía. -La ignorancia del peso del aire, dice Rabier, había hecho explicar la -ascensión del agua en las bombas por el horror al vacío. - -Ahora bien; no es posible tener la seguridad que los principios de esos -métodos exige. No es posible tener la seguridad en el caso del método -de concordancia, de haber tenido en cuenta todos los antecedentes del -fenómeno. Y en el caso del método de diferencia no es posible tener la -seguridad absoluta de que con el antecedente considerado no se haya -agregado o suprimido inconscientemente, algún otro antecedente, como en -el caso de la explicación de la ascensión del agua en las bombas. - -Y he ahí una nueva razón de dudar del valor dogmático de las -generalizaciones mejor fundadas. Suponiendo resueltas las objeciones -que se refieren al fundamento de la inducción tropezaríamos en esta -consideración con una objeción insalvable, y de proceder dogmáticamente -tendríamos que negar valor a la ciencia de lo real, a la única ciencia -que puede tener valor propio. - -Pero siendo escépticos podemos aceptar los fundamentos psicológicos -que se dan para salvar la dificultad. La repetición de la experiencia -un número suficiente de veces llega a eliminar la _probabilidad_ de -que pueda existir otro antecedente, además de los considerados, por lo -que se refiere al método de concordancia, y la improbabilidad de que -hayan intervenido otros antecedentes con el considerado en el método de -diferencia cuando se toman ciertas precauciones en las experiencias. -Por ejemplo en la muerte por asfixia de un pájaro colocado en una -campana de vidrio, la rapidez de la introducción del gas venenoso en -la experiencia, aleja la sospecha de que pueda haber intervenido otro -antecedente en la muerte del animal. - -La determinación de la coincidencia solitaria que ha de permitir -la inferencia de la causa, no tiene, pues, más fundamento que la -_probabilidad_, concepto puramente subjetivo que a un espíritu -dogmático consecuente tendría que llevarlo a la negación de la ciencia. - -Pero no es esta la única dificultad para la determinación de las causas -de los fenómenos. Hasta ahora hemos supuesto el caso de fenómenos cuya -causa es única; pero esto no es lo común. Lo corriente es el caso -de pluralidad de causas. Y cuando esto sucede no siempre es posible -la aplicación de los métodos anteriormente mencionados, y cuando es -posible su aplicación requiere precauciones especiales. - -Cuando un fenómeno es producido por diversas causas, para saber si los -métodos empíricos son aplicables hay que distinguir el caso de causas -que producen separadamente sus efectos de aquellos en que se combinan -para producirlos. Un ejemplo de lo primero sería la determinación de -las causas de la producción del agua. - -La determinación de las causas cuando obran separadamente es -relativamente sencilla. Se aplican los métodos anteriormente indicados. -Se hace la comprobación para cada una de las causas como si fueran -causas únicas en grupos de fenómenos en que no intervengan las -otras causas. O bien se hace en el curso de observaciones en que -desfilen todas las causas. Resultará en este segundo caso que nunca -se encontrará en las observaciones el antecedente invariable, porque -todas las causas pueden faltar sucesivamente, siempre que alguna de -ellas esté presente. Pero, con todo, después de cierto número de -observaciones, se encontrará que si bien todos los antecedentes pueden -variar, sólo pueden variar dentro de ciertos límites: el fenómeno no se -produce si faltan todos los de cierto grupo de antecedentes. Si alguno -de ellos existe se produce el fenómeno, aunque falten los demás; pero, -si todos faltan, el fenómeno no se produce. - -Mas complicado es determinar las causas cuando éstas se combinan -para producir el efecto. Se pueden presentar dos casos. O las causas -se combinan en forma tal que el efecto es algo nuevo, completamente -distinto de sus causas: un nuevo fenómeno con leyes propias, como -sucede en la combinación del oxígeno y del hidrógeno para producir -el agua; o bien es algo en que la individualidad de las causas no -desaparece, y en el producto en consecuencia sigue subsistiendo la ley -de sus causas, por ejemplo el movimiento combinado de dos fuerzas. - -No es mi propósito hacer la exposición de la lógica inductiva, como -ya lo he dicho, sino determinar su sentido y exponer sus líneas más -generales para facilitar la lectura de los tratados. Por eso me -reduciré en este punto a llamar la atención sobre las indicaciones que -en esas lecturas se encontrarán respecto a la manera como se determina -las causas. - -Cuando se trata de determinar las causas que producen efectos que son -fenómenos distintos a sus causas, hay que distinguir si el fenómeno -es reversible a sus causas o no lo es. El agua es reversible a sus -elementos. La vejez no es reversible a las causas que la han producido. -Si las causas son reversibles, la determinación de las causas se reduce -a la determinación de los efectos. Los efectos de oxidación del hierro -por el agua permiten la separación de los elementos constitutivos del -agua. Pero, si no son reversibles, la determinación de sus causas -es más difícil. Para hacerlo hay que proceder como en el caso de la -combinación de causas en el que éstas no pierden su individualidad: Las -causas de la vejez se determinan por el mismo procedimiento que las -causas de un movimiento combinado. - -Ahora bien; en estos últimos casos se procede de la siguiente manera. -Si se sospecha que las causas de un fenómeno pueden ser tales o cuales, -se formula la hipótesis de sus causas, y luego se procede: 1.ᵒ, a -determinar los efectos de cada una de esas causas; 2.ᵒ, a calcular el -efecto posible de la combinación; 3.ᵒ, a la verificación experimental -del cálculo. Son los tres momentos de lo que se llama el método -deductivo experimental, y que es el más corriente en las ciencias, y el -único aplicable en ciertos ramos del conocimiento humano. Es el método -obligado en las ciencias biológicas, psíquicas y sociales. - -Naturalmente, la determinación de las causas por estos diversos métodos -de uso obligado cuando se trata de pluralidad de causas, está lejos -de presentar la seguridad que ofrecen los métodos experimentales que -determinan las causas únicas. Por eso para juzgar del valor de las -generalizaciones fundadas en la aplicación de los métodos inductivos -tenemos que referirlo al de sus métodos más precisos. - -Ahora bien; de todo lo dicho, podemos concluir que si fuera posible -la aplicación lógica de los principios a que responden los diversos -métodos experimentales, la determinación de la coincidencia solitaria -sería perfecta; pero, como de hecho nunca se puede tener la seguridad, -en los casos en que se aplica el método de concordancia, de haber -considerado todos los antecedentes, la fe que se puede tener en los -resultados de su aplicación queda quebrantada. Y por lo que se refiere -a la aplicación del método de diferencia, no se puede eliminar la -imposibilidad de la introducción o extracción de otros elementos -conjuntamente con la causa considerada. - -Nuestro escepticismo vuelve, pues, a encontrar nuevos motivos de -duda, y un dogmático no podría dejar de reconocer que la fe concedida -al resultado de los métodos experimentales se funda más en motivos -psicológicos que en fundamentos lógicos. - -Y con esto podríamos dar por terminada la exposición de la lógica -inductiva, refiriéndonos para el conocimiento de sus detalles a la obra -fundamental de S. Mill; pero habríamos dejado de considerar uno de sus -aspectos más interesantes: el de las generalizaciones inductivas que -suponen la ignorancia de las causas de los hechos particulares que las -fundan; me refiero a la teoría de las leyes empíricas no causales, las -leyes empíricas propiamente dichas. - - -VI.--LEYES EMPÍRICAS - -Las leyes empíricas son, como las leyes causales, generalizaciones -inductivas; pero se distinguen de éstas en que no se fundan en el -conocimiento de la causa de los hechos, sino en su suposición. - -A las leyes empíricas se las suele definir diciendo que son aquéllas -leyes que no se dejan reducir a otras; pero, que se suponen reductibles. - -Esa definición de las leyes empíricas tiene en vista no la -verificación, sino la explicación de esas leyes. Sabemos que no es lo -mismo verificar que explicar. Para un hecho concreto, explicarlo es -reducirlo a su ley. Lo que explica la temperatura de 100° que tiene el -vapor de agua que sale de la cacerola, es la ley de la ebullición del -agua a la presión de la altura del mar. De la misma manera explicar una -ley es reducir esa ley a una ley más general. La ley de la gravedad -terrestre no es más que un caso de la ley de la atracción universal. -Esta explica a la primera. - -Las leyes primitivas, las que explican a las otras, no pueden ser -explicadas por otras; pero, como no son reductibles, no se les llama -empíricas. Se llaman empíricas las que no son reductibles; pero que se -supone que han de llegar a serlo. - -Ahora bien; entre esas leyes empíricas hay algunas que son causales, -por ejemplo la fórmula de la composición del agua. Es empírica, porque -suponemos que debe existir una causa que, sirviendo como de eslabón en -la explicación, exprese el por qué de la combinación del oxígeno y del -hidrógeno. Pero, con ser empírica esta ley, se afirma universalmente, -para cualquier tiempo y cualquier lugar, porque hemos determinado la -relación causal del agua con la combinación de sus elementos. Pero -existen otras leyes empíricas que no se afirman en el conocimiento de -las causas, sino simplemente en la observación constantemente repetida. -Sabemos que las razas animales y vegetales mejoran por cruzamiento; -pero es una afirmación empírica cuya causa desconocemos. No conociendo -la causa de los hechos, cuya repetición hemos podido constatar, como no -nos es posible distinguir, entre los diversos antecedentes que suelen -acompañar la producción de los fenómenos, cuáles pueden ser excluídos -y cuáles no, sólo nos permitimos afirmar como ley la observación -constantemente repetida dentro de las condiciones generales que suelen -rodear a la experiencia. - -Desde el punto de vista de la crítica del conocimiento, no interesa la -consideración de las leyes empíricas causales, pues reúnen todos los -requisitos a que debe responder una inducción legítima. Pero no sucede -lo mismo con las leyes empíricas propiamente dichas, con las que no son -causales. Cierto es que la generalización la afirmamos dentro de los -límites de las condiciones en que se han realizado las experiencias; -pero, aunque sólo se afirmen dentro de esos límites, ¿qué es lo que -puede legitimar la generalización, si la generalización inductiva -sólo la hemos podido fundar en el conocimiento de las causas de los -fenómenos particulares? - - -VII.--FUNDAMENTO Y DETERMINACIÓN DE LAS LEYES EMPÍRICAS - -El fundamento de la inducción en las leyes empíricas es el mismo que -el de las leyes causales: Siempre es la afirmación de la causa lo que -legitima la generalización; pero, mientras que en las leyes causales -la causa se designa, en las leyes empíricas la causa se supone. No -se puede determinar cuál sea la causa; pero se puede afirmar que la -causa existe. La aplicación de estas leyes es más reducida porque la -causa no se puede determinar, y por eso se limita la generalización a -las condiciones de tiempo y de lugar en que las experiencias se han -realizado; pero, dentro de estos límites, la ley se justifica. Veamos -cómo. - -El fundamento de las leyes empíricas es un fundamento invertido. En -las leyes causales la afirmación de la regularidad se funda en el -conocimiento de la causa. En las leyes empíricas, al revés, lo que -funda la suposición de la causa es la regularidad. El conocimiento de -la causa permite afirmar la regularidad, porque la relación causal -implica necesidad. Pero, a su vez, la regularidad tiene que suponer -una causa que la explique, salvo que se admitiese la intervención del -azar en la repetición de los hechos. Y por lo tanto, si eliminamos la -posibilidad del azar en la coincidencia de dos fenómenos, ésta sólo -se puede explicar por la intervención de una causa. La regularidad -quedaría fundada, y la generalización, en consecuencia, legitimada. Y -así es como por la suposición de la causa, constatada en la regularidad -de la coincidencia, se justifica la inducción de las leyes empíricas. -La eliminación del azar en la coincidencia de dos fenómenos es lo que -legitima la generalización de la ley empírica. - -Pero, ¿cómo eliminar la posibilidad del azar en la consideración de -la coincidencia de dos fenómenos? Tal es el problema que plantea el -fundamento de las leyes empíricas. - -Así como la idea de causa implica las de determinación y necesidad, la -de azar implica la indeterminación y la contingencia. El azar sería la -indeterminación y la contingencia. El azar sería la indeterminación -de los fenómenos, la posibilidad de que acaezcan o no. Las cosas -sucederían al azar si no existiesen más motivos para que sucedieren en -una forma o en otra. - -¿Pero, la idea de azar así comprendida es admisible? La afirmación del -azar, como concepto real, ha dado lugar a las mismas, sino a mayores -dificultades, que la afirmación en el mismo sentido de la causa. Así -como se ha podido negar la existencia de la causa, se puede negar la -existencia del azar. - -Por lo pronto la idea de azar implica la negación del principio de -causalidad. Pero a su vez la noción de causa exige la de azar sin la -que no tendría sentido. Si no todas las coincidencias son causales, -es porque hay algunas que no lo son, es decir, que son producto del -azar. La afirmación del azar como concepto real ofrece dificultades -insalvables, y como la noción de causa, y las de identidad y de -contradicción, consideradas desde este punto de vista, son argumentos -fundamentales para el escepticismo.[23] - -Considerado como principio crítico, el azar es la indeterminación en -que se encuentra nuestro espíritu para afirmar, debido a la falta de -motivos. Como la noción de causa es un concepto subjetivo, y es la -negación de la causa. Expresa la ausencia de motivos para creer en la -regularidad de la relación que hemos observado entre dos fenómenos. Y -el fundamento de su afirmación, pragmáticamente, es el mismo que el -de su concepto correlativo, el de causalidad: su valor instrumental. -Sin insistir sobre este punto, y determinado el valor exclusivamente -crítico que atribuímos a este término, veamos cuáles son los -fundamentos que pueden eliminar o que justifican la eliminación del -azar, es decir, la indeterminación de nuestro espíritu en presencia de -una coincidencia constante. - -Excluída la determinación de la causa ¿cuál sería el fundamento -que permitiría afirmar la regularidad? En la experiencia vulgar la -repetición constante de una relación cuando es repetida y variada, se -presenta como una prueba de la regularidad; pero estas condiciones no -son garantías suficientes para un espíritu científico. Si un fenómeno -existe siempre y otro se produce accidentalmente, es forzoso que -coincidan constantemente en todas nuestras experiencias. Supongamos el -ejemplo que da Mill. Las estrellas fijas siempre han coexistido con -todos los hechos que han realizado los hombres. No hay coincidencia -más constante, repetida y variada. Sin embargo, es imposible que haya -entre los hechos y las estrellas relación de causalidad, porque la -coincidencia se mantiene con hechos contradictorios. Por otra parte, -si para nosotros una coincidencia es fortuita, no habría más razón, -para que la coincidencia no se volviera a repetir, como para que se -repitiera indefinidamente. La coincidencia por constante y repetida que -sea, por sí sola no justifica la afirmación de una regularidad. - -Pero, si no es la repetición de la coincidencia constante lo que -justifica la afirmación de la regularidad, ¿en qué puede fundarse ésta? - -La ciencia no acepta la simple repetición como fundamento de la -generalización. La coincidencia entre dos fenómenos debe ser tal, que -la suposición de la causa sea obligada. No basta que la repetición -sea frecuente, es condición que esa frecuencia sea mayor que la que -debería _esperarse_ entre ellas. Una repetición constante--lo hemos -visto en el ejemplo de las estrellas--no es fundamento para afirmar -una regularidad. En cambio una repetición no constante, pero que sea -más frecuente de lo que normalmente debería esperarse, puede serlo. En -Inglaterra llueve con todos los vientos, dice Mill; en este sentido -no se podría decir que haya relación de necesidad entre la lluvia y -un viento dado; pero la lluvia puede tener, con todo, alguna relación -causal con uno de los vientos. Pero, ¿cómo se puede determinarlo? -Evidentemente, hay que observar si llueve más con un viento que con -otro; pero, esta simple constatación de la frecuencia no basta. Si -llueve dos veces más con el viento O. que con los otros vientos, -esto no querrá decir que hay relación de causalidad entre viento y -la lluvia, porque como en Inglaterra sopla dos veces más el viento -O. que los otros vientos, lo normal sería que lloviera dos veces más -con él que con los otros. Estaría esa relación en los términos de la -normalidad y en consecuencia no se podría hablar de relación causal -entre los dos fenómenos. Pero, si en vez de llover dos veces más la -frecuencia fuera mayor, deberíamos reconocer que hay alguna causa común -que tiende a producir conjuntamente la lluvia y el viento del O., o -bien, que sea el viento mismo del O. que tienda a producir la lluvia. - -Como vemos, el fundamento de la ley empírica supone la determinación -de la normalidad de la frecuencia de los fenómenos. La frecuencia -_normal_ de dos fenómenos no elimina la posibilidad del azar; pero, la -frecuencia _normal_ nos obliga a suponer la existencia de una causa. - -Ahora bien; la normalidad de la coincidencia se refiere a la relación -de frecuencia entre los fenómenos referida a una unidad de medida. -En el ejemplo propuesto esa unidad de medida ha sido el año. Se -observa cuántos días llueve en el año con cada uno de los vientos, y -se establece la proporción numérica. Luego se hace lo mismo con la -frecuencia de los diversos vientos. La comparación de esas proporciones -permite establecer la normalidad. - -Pero, ¿por qué es que la _anormalidad_ funda la afirmación de la -regularidad, y la _normalidad_ es signo de que la repetición no es -causal? Y con esto llegamos al punto esencial de nuestra exposición, a -la determinación del fundamento íntimo de las leyes empíricas. - -Hemos dicho que el azar supone la indeterminación. Y la indeterminación -nos impide atribuir más razón de ser a la repetición de un fenómeno -que a su no repetición. La coincidencia constante es compatible con la -idea de azar, pues no hay más razón para que una cosa que se produce -por azar no se vuelva a reproducir, como para que se reproduzca -indefinidamente. Pero, si esto es así, ¿cómo se puede afirmar que la -anormalidad de los fenómenos es fundamento de la existencia de una -causa, y que la anormalidad sea signo del azar? ¿No es contradictorio -hablar de normalidad a propósito de los hechos que se producen al azar? -¿Esto no es asignarle leyes al azar? ¿Cómo es posible que el azar se -manifieste en una forma regular, si el azar supone la negación de toda -regularidad? - -Si hubiéramos de habernos atenido a la concepción dogmática del azar, -y buscar analíticamente su eliminación, ésta no hubiese sido posible, -porque habría una contradicción insanable entre el concepto del azar -y las condiciones que requiere su eliminación. Pero, la experiencia, -siempre maestra, ha puesto al espíritu humano en presencia de casos -reales sencillos que se acercan a la realización práctica de la noción -de azar, y le ha demostrado la regularidad de su funcionamiento, -permitiéndole descubrir experimentalmente las leyes del azar. - -Estos casos reales sencillos son los que presentan los diversos juegos -de azar. En ellos se ha constatado empíricamente la regularidad de los -hechos que no tienen más razón de ser en un sentido que en otro. Y por -la observación se ha llegado a descubrir que la regularidad del azar -está determinada por su posibilidad. Es por lo tanto la experiencia -la que ha permitido constatar que lo que no tiene más razón de ser en -un sentido que en otro, tiende a realizar todas sus posibilidades. -La posibilidad de que salgan los diversos números en el juego de los -dados es igual para todos. En consecuencia todos tenderán a salir el -mismo número de veces. En una ruleta bien construída todos los números -saldrán el mismo número de veces. - -Así, pues, en esos casos sencillos, la experiencia ha demostrado -que la indeterminación de las causas tiende a realizar todas las -posibilidades. Pero, en cambio ha enseñado que la presencia de un -invariante, es decir, una causa, tiende a reproducir una sola de las -posibilidades. Si el dado ha sido cargado o la ruleta adulterada, uno -de los números tenderá a salir con más frecuencia que los otros. - -Así es, como, fundados en la constatación experimental de casos -sencillos que parecen realizar todas las condiciones teóricas del -azar, se ha llegado a afirmar que la tendencia a reproducir todas -las posibilidades es una prueba de la fortuidad de las diversas -combinaciones, mientras que la tendencia a reproducir una sola de las -posibilidades es una prueba de la presencia de una causa invariante. - -Tal es el fundamento de la ley empírica en la eliminación del azar. - -Veamos ahora como se procede para la determinación de las -posibilidades, ya que esto es fundamental para determinar la normalidad -que califica al azar. - -En ciertos casos es relativamente fácil determinar las posibilidades. -Cuando sólo hay dos bolas en una caja, la posibilidad se reduce a -la de extraer una de las dos bolas. Sólo son posibles dos casos. -La posibilidad de pronunciar una letra del alfabeto es de 25. La -posibilidad de que llueva durante un año es de 0 a 365 días. Si, por -lo tanto, se nota cierta limitación y regularidad en las observaciones -hechas durante varios años, es que debe haber alguna causa que la -determina. De la misma manera la posibilidad de la mortalidad de -personas de 20 años en un país es de 0 al total de individuos de esa -edad. Por lo tanto, si el número no varía o se nota una correlación -entre su aumento y el de la mortalidad, se puede decir que hay causas -invariables que determinan el porcentaje de la mortalidad. Pero, la -posibilidad de posiciones con relación a una recta son infinitas. En -este caso cualquier repetición sería anormal. De manera que cuanto más -nos acerquemos a lo infinito de las posibilidades, la repetición será -tanto más indicativa de una relación causal. Cuanto mayor sea el número -de las posibilidades, la repetición de las coincidencias será más -indicativa de la presencia de una invariante. Y por lo tanto, cuanto -mayor sea el número de las posibilidades, mayor será la seguridad -que resulta de la constatación de la regularidad. El que procede con -grandes números aumenta las posibilidades, y cada repetición tiene más -valor que cuando las posibilidades son pocas. Que salga tres veces -seguidas el as, no es prueba de que esté falseado el dado; pero, si -las observaciones de tres años seguidos en un país de 100 millones de -habitantes dan la misma cifra de mortalidad, es una prueba de causas -invariantes. - -Hasta aquí nos hemos referido a la determinación de la normalidad de -un fenómeno por sí mismo; pero la regularidad puede aparecer entre dos -fenómenos. Por ejemplo la coincidencia entre el viento y la lluvia de -que antes hemos hablado. La normalidad de las coincidencias se refiere -siempre a sus posibilidades, y la posibilidad de sus coincidencias la -determina la multiplicación de sus propias posibilidades. Si llueve -una vez cada tres días durante el año, y venta del oeste cada dos, la -posibilidad de su coincidencia la determina la multiplicación de ½ por -⅓, esto es, ⅙. Por lo tanto si cada seis días coinciden la lluvia y -el viento del oeste, la coincidencia es normal; pero, si fuera mayor -tendríamos que concluir en la existencia de una relación causal entre -el viento del oeste y la lluvia. - -Tal es el procedimiento para determinar la normalidad que permite -fundar las inducciones de las leyes empíricas. - -Pero ese procedimiento no sólo tiene ese valor crítico. Al estudiarlo -S. Mill se refiere a casos en que es un verdadero instrumento de -investigación. Por él se llega a descubrir la regularidad de causas -ocultas cuando concurren numerosas causas en la producción de ciertos -fenómenos. Por ejemplo la influencia constante del sol en la elevación -de la temperatura estival. Permite también descubrir fenómenos que -escapan a la observación. Por ejemplo la constatación de la regularidad -en la diversidad de temperatura durante el día, que sólo se ha podido -descubrir por medio de las estadísticas. - - -VIII.--APLICACIÓN DE LAS LEYES EMPÍRICAS - -Hasta aquí he hablado del _fundamento_ de las leyes empíricas no -causales. Pasemos a considerar las _previsiones_ que permiten. - -Esta distinción entre el fundamento y la aplicación de las leyes -empíricas no está bien establecida en la obra de S. Mill, y es una de -las causas que dificultan su lectura en esta parte. - -Las leyes causales permiten previsiones absolutas. El conocimiento de -la causa permite la previsión absoluta del efecto. Pero, en las leyes -empíricas se ignora la causa. Sólo se sabe que hay una causa, pero sin -poder determinarla. Se sabe que hay causas que hacen que durante el año -llueva 90 días; pero, ¿lloverá mañana? La ley se refiere al año, no a -los días del año. - -Si la ley fuera causal, podríamos saberlo porque conociendo la causa, -la respuesta dependería solamente de la determinación de su presencia -o de su ausencia. Pero, ¿en qué medida podríamos aprovechar la ley -empírica para el pronóstico? La ley empírica sólo permite en este -sentido afirmar probabilidades, y sus aplicaciones se hacen por el -cálculo de probabilidades. - -El cálculo de probabilidades se refiere así, no al fundamento de la -ley empírica, sino a sus aplicaciones particulares. El cálculo de -probabilidades sólo puede tener lugar si se conoce la ley. Es necesario -saber que la ley existe, que el fenómeno se producirá. El cálculo de -probabilidades puede servir para determinar nuestra indecisión ante -la falta de precisión de la ley; pero no para fundar la ley, como -parece querer decirlo S. Mill. La ley empírica de la mortalidad no se -funda en el cálculo de las probabilidades. El asegurador que necesita -seguridades y no probabilidades, no basa sus cálculos en éstas, sino -en la ley empírica que dan las tablas de la mortandad. El dueño de la -ruleta tampoco va a probabilidades, va a seguro. - -El cálculo de probabilidades tiene por función suplir la falta de -precisión de la ley. Tiene su razón de ser cuando se quieren sacar -conclusiones de una ley que no están expresadas en ella. Las tablas -de la mortalidad, respecto a la previsión de la mortalidad, no -expresan probabilidades. Dentro de ciertos límites, entiende expresar -una previsión absoluta. Sólo da probabilidades, si se quiere sacar -conclusiones que ella no expresa, respecto de personas singulares -comprendidas en las edades a que se refieren las tablas de mortalidad. -De la misma manera de cálculo de probabilidades no tendría por qué ser -empleado por el propietario de la ruleta. Sólo podría interesar al -jugador que, no teniendo más razón de pensar que ha de salir un número -que otro, necesita decidirse, y a falta de mejores motivos cuenta las -probabilidades de uno y otro. Para el jugador que, sabiendo que tiene -que salir tantas veces el as, cuenta las veces que ha salido, jugará -casi seguro contra él, si ha salido acercándose al límite de lo que -debe salir. Pero, esto no quiere decir que tenga que ganar. - -La aplicación del cálculo de probabilidades exige así el conocimiento -de la ley, y la ignorancia de su frecuencia. Es decir que debe ser una -ley que o no exprese relaciones constantes, o que las aplicaciones -que se quieren hacer de ella estén fuera del límite de su constancia. -Por eso sería un absurdo la aplicación del cálculo a la veracidad -de los testigos. Para que le fuera aplicable sería necesario una -ley que estableciera la regularidad del porcentaje de la veracidad -de los testigos. Si existiese esa ley, la aplicación del cálculo -de probabilidades a la determinación de la veracidad de un testigo -singular sería tan legítima como en el caso de la determinación del -jugador a favor de un número determinado. Pero si en aquel caso el -empleo del cálculo de la probabilidad puede ser una manera de salir -de la indecisión, y que tiene su razón de ser porque en los grandes -números acaba por ganar el que se dirige por ella, aunque aplicado a -la apreciación testimonial se pudiese llegar a los mismos resultados, -es decir, que en el total de condenas en los juicios criminales -prevalecerían las condenas justas basadas en la apreciación testimonial -por el cálculo de probabilidades, siempre sería una infamia a la -que nuestra conciencia moral se resistiría pasar por la condena de -inocentes, en razón de que en sus totalidades habría un porcentaje -considerable en que la justicia saldría triunfante. - - -IX.--CONCLUSIÓN - -Y con esto creo que puedo dar por terminada la exposición de la teoría -de la generalización inductiva, pues si bien Mill comprende en ella a -las generalizaciones fundadas en la analogía, a las generalizaciones -no dependientes de causalidad, y a las generalizaciones aproximativas, -creo que lo hace erróneamente. - -Efectivamente, las generalizaciones analógicas son falsas -generalizaciones. La analogía puede ser un instrumento de -investigación, de descubrimiento; pero, no sólo no puede dar un -fundamento lógico a la generalización, sino que basta poder determinar -que una generalización es analógica para declararla infundada. Para -la práctica y para la investigación, la analogía puede tener mucha -importancia: pero no la tiene de ninguna manera para la crítica de los -conocimientos. - -Por lo que se refiere a las leyes de coexistencia no dependientes -de causalidad, a mi modo de ver S. Mill erróneamente las considera -en la lógica de la inducción. Las relaciones entre las propiedades -elementales de los cuerpos, cuya solidaridad se generaliza, no tiene -más fundamento que la simple enumeración. Esas generalizaciones no -hacen más que expresar lo que se ha observado hasta el momento. No -son una inducción. No son el producto de la generalización de lo que -se ha observado en uno o en varios casos, sino la afirmación de una -coincidencia a la que no se le conocen excepciones. - -Por lo que se refiere a las generalizaciones aproximativas, es decir, -generalizaciones parciales, como cuando se dice la mayor parte de los -vascos son honestos, S. Mill distingue perfectamente el caso de las -cuasi generalizaciones, que no tiene valor científico, de la verdadera -generalización hecha en forma de aproximación. Las primeras pueden -tener un interés muy grande para la vida y se justifica el interés con -que S. Mill las estudia; pero, para la crítica científica no tienen -valor alguno. Se deben usar con grandes precauciones. En cambio, las -generalizaciones aproximativas, que son verdaderas generalizaciones, -en su limitación, son absolutas, es decir, que limitadas al porcentaje -o a la tendencia que expresan en su aplicación, permiten previsiones -absolutas. Es el caso de las generalizaciones sobre los grandes -números. Las tablas de la mortalidad, son generalizaciones de esta -naturaleza. En sus aplicaciones, como grandes números, son tan -absolutas como las otras inducciones. Lo prueba la ganancia de las -compañías de seguros. En las especulaciones de carácter social, en las -que sólo se tienen en vista masas humanas, en que la consideración de -los individuos desaparece, las generalizaciones aproximativas tienen -un valor absoluto, porque las excepciones individuales no llegan a -modificar los resultados totales que son los únicos que interesan. -Otro caso en el que las generalizaciones aproximativas tienen un valor -absoluto es cuando se conoce la causa de la generalidad de un fenómeno -o de las excepciones individuales, y la generalización se expresa con -la limitación que impone su causa o las causas de las excepciones -individuales. - -Ahora bien; las generalizaciones aproximativas, cuando tienen esas -condiciones de una verdadera generalización, son o leyes causales -o leyes empíricas no causales. De modo que, salvo la forma de la -expresión, que no afecta su valor científico, no hay por qué hacer -de las generalizaciones aproximativas una categoría especial de -generalización entre las inductivas. - -Así, pues, podemos concluir que la teoría crítica de la generalización -abarca la justificación de las generalizaciones por simple enumeración, -y las generalizaciones inductivas. El fundamento de las primeras es -evidente, no así el de las generalizaciones inductivas. Hemos fundado -la inducción en el principio de identidad por la determinación de la -causa. Luego hemos indicado y discutido el valor de los métodos para -determinar las causas. Y al llegar a este punto hemos observado que no -siempre es posible la determinación de la causa; pero, no por eso la -ciencia se arredra, y fundada en la simple regularidad, formula leyes -que se llaman empíricas no causales. Y nos hemos preguntado por su -fundamento. Hemos visto que siempre lo es la afirmación de la causa; -pero, que no pudiendo determinarse, se la supone. Pero, esa suposición -no es arbitraria. Requiere la constatación de la regularidad, que hemos -visto que se funda en la eliminación del azar. La realización de su -condición teórica da a las leyes empíricas el mismo valor que tienen -las causales, en los límites dentro de los que se afirman. - -De la excursión que hemos hecho por la teoría de la generalización -inductiva, que es el fundamento de casi toda la ciencia de lo real, -lejos de amenguar nuestro sentimiento escéptico, éste ha tenido que -fortificarse; pero, no por eso nuestro escepticismo nos ha hecho negar -la ciencia, al contrario, sólo él la puede salvar. Fríamente analizada -con criterio dogmático hubiéramos tenido que negarla cien veces. - - - - -ULISES EN EL INFIERNO DANTESCO[24] - -POR NICOLAS BESIO MORENO - -Profesor en la Universidad de La Plata - - - Punta del Este, marzo 5 de 1919. - - Querido amigo: - -He leído con vivo placer su interesante estudio sobre el fraude, y -sobre la moral de Ulises, aparecido en su _Revista de Filosofía_ de -este mes de Marzo. Toda la enseñanza que de él brota, sería de alta -utilidad para los gobernantes y políticos de nuestro tiempo. - -Pero, quiero referirme a las citas dantescas, que usted hace en el -trabajo, justificadas por cierto, ya que el primer poeta de todos los -tiempos, ha destinado a los falsarios y traidores, como usted lo dice, -numerosos cantos de su Infierno. Fraude, hijo de la soberbia, primero y -más grave de los pecados de la fe de Dante. A él también se refiere en -los cantos X, XI y XII del purgatorio. - -“En vano--dice usted--releyendo esa parte del poema dantesco, buscamos -entre los fraudulentos al _divino_ Ulises, arquetipo clásico de todos -los simuladores. Y sorprende la ausencia pues el viaje...” - -El párrafo me resulta inexplicable, conocidas sus aficiones dantescas y -por las mismas citas, justísimas, que lo preceden. - -El prudente rey de Itaca aparece entre los fraudulentos peores, pues el -canto XXVI del Infierno, está dedicado a los grandes compañeros Ulises -y Diomedes, allí reducidos no sólo por sus fraudes, sino por haberlos -hecho cometer a otros; en el mismo canto se narra el último viaje y la -muerte de Ulises. - - * * * * * - -Hacia poco más de la mitad del canto XVI del Infierno, el altísimo -sabio y su duque comienzan a acercarse al reino espantoso de los -fraudulentos de toda especie, al que los transporta el monstruoso -vigilante de la entrada. El bello episodio de la cuerda que ceñía el -talle del poeta, inicia el descenso al pavoroso círculo octavo, de los -verdaderos fraudulentos, pero ya, poco antes, en los últimos fosos -del círculo séptimo, se aperciben los usureros, perseguidos por la -implacable lluvia de fuego. - -El canto XVIII, describe las dos primeras fosas del círculo octavo, -donde los seductores de mujeres, por cuenta ajena (rufianes) y por -cuenta propia, marchan en sentidos contrarios, perseguidos por -multitud de diablos, y donde los aduladores--también mísera especie -de indignos--están sumergidos en repugnante estiércol, como fuera -repugnante el vicio que en vida padecieron. Allí se ven el maldito -hermano de Ghisolabella, el seductor de Isífile y Medea, la desdichada -Taide. - -En la tercer fosa del círculo octavo (canto XIX) pone Dante a los -numerosos simoníacos de sus tiempos, que están cabeza abajo, con los -pies ardiendo y aun las piernas; allí están el pérfido papa Nicolás -III, Clemente V y todos los demás desdeñados por el poeta. - -En la cuarta fosa (canto XX), los adivinos tienen la cabeza dada -vuelta y caminan retrocediendo. Allí aparecen el gigante Anfiarco, -prudentísimo varón, a quien Esquilo en sus “siete sobre Tebas” pone -frente a la puerta Homoloidea, donde adivina su propia desdicha; -Tiresias, el adivino de la misma ciudad de Cadmo; Aronta, que vaticinó -el triunfo de César; la hija de Tiresias, que asentó donde debía -fundarse la ciudad patria de Virgilio; Euripilo y muchos más. - -La quinta fosa, de cola hirviente, encierra a los intrigantes (canto -XXI y XXII) y la sexta a los hipócritas (canto XXIII), donde Caifás, -que aconsejara la crucifixión, marcha oprimido por una dorada capa de -plomo. - -Y siguen los tipos de falsarios. A los ladrones se llega en la fosa -séptima (canto XXIV) donde están mordidos por serpientes y quedan -reducidos a cenizas, de las que renacen a su forma primitiva pasando -por la de serpientes. Entre las multitudes se divisa al que hubo de -apoderarse del trono de San Jacobo; en el canto XXV Caco y cinco -ladrones florentinos sufren el castigo de su bajo delito en la tierra. - -Y así llegamos al famoso canto XXVI, donde hemos de encontrar a Ulises -y Diómedes entre los consejeros fraudulentos de que se ocupa también el -canto XXVII. - - * * * * * - -Usted vé cómo, hasta ahora, son todos fraudulentos. - -Usan unos del fraude para seducir mujeres y entregarlas a otros o -gozarlas ellos mismos; otros usan todo género de fraudes para poder -aplaudir y adular a los poderosos; luego los fraudulentos en simonía, -que venden las ventajas de su encumbrada posición; los adivinos -también, hijos del fraude, porque la adivinación, siendo imposible para -los mortales, tenía que llevarlos a la mentira frecuente; nadie usa -más del fraude que los intrigantes, pues de él se valen para vaciar -su envidia o su ambición, que es soberbia; de los hipócritas no hay -que explicar si son fraudulentos, pues ocultan invariablemente sus -propósitos para parecer lo que no son; usan del fraude los ladrones, -después; y los consejeros fraudulentos, más delictuosos que todos, -pues se empeñan en hacer cometer su delito a los demás, aparecen -representados por los dos grandes héroes troyanos Ulises Laertíada -y Diómedes Tideida, unidos en la expiación como fueran unidos en el -delito. - -Es en este asombroso canto XXVI, donde Dante tiene la maravillosa -intuición de la llama parlante, que la física habría de realizar -muchos años después. Los condenados están enteramente envueltos en una -llama que termina en punta, siendo mayor la de Ulises, el ingenioso, -de linaje divino, que la de Diómedes, por ser aquél el director de -las intrigas comunes y el autor único de muchas intrigas propias, y -por ser, como usted dice, el que instigara a otros honestos a cometer -delito de fraude; Diómedes, más heroico, más grande en la guerra, -invicto siempre, vencedor de los propios dioses en los combates -troyanos, merecía más consideración que el que arrancara a Aquiles de -los brazos de Deidamia, para llevarlo ante los muros de Ilión. - -No; Dante no podía olvidarse de ningún héroe ni personaje considerable -de la guerra de Troya, porque la fundación de Roma--que era para el -sumo poeta la máxima grandeza de la tierra--fué debida a linaje troyano -y a la caída de la ciudad de Príamo. - -Así Electra, madre del fundador de Troya, está en el Limbo, con Héctor -y Eneas, padre de Silvio; entre los lujuriosos, Elena y Aquiles y -Paris; Diómedes y Ulises ya citados; ni deja de recordarse de Príamo y -Hécuba, Agamenon (I. XXX, 15; I. XXX. 16; Par. v. 69), Orestes su hijo -(Purg. XIII, 32) y otros atridas más. - -Pero Dante tenía un interés fundamental en ocuparse del esposo de la -honesta Penélope, pues debía apartarse de la tradición homérica que no -daba al fin del Laertíada un carácter tan trabajado y difícil, como -el que él debía asignarle. Ulises estaba destinado, antes de morir, -a salvar los límites del Mediterráneo y fundar Lisboa en la costa -atlántica, para caer después sepultado en el anchuroso mar. - -A la invocación gentilísima del mantuano, la más alta de las -llamas que formaban el grupo de los héroes comienza ya a agitarse -murmurando--como la que el viento al mover fatiga--así la punta aquí y -allá llevando--cual si fuera una lengua la que hablase--lanzó sus voces -fuera y dijo: “Cuando--... y habla de tal modo el ingenioso Ulises -durante 52 versos del mayor poema. - -Pero aquí no terminan los fraudulentos y, como aquéllos, está aquí -Bonifacio VIII; después vienen los cismáticos: Mahoma, Rev. de Medicina -y otros; falsarios de toda calidad, como los falsificadores de metales; -de personas, como la incestuosa Mirra y la triste Hécuba; de monedas; -de palabra, como la mujer de Putifar y Simón de Troya, que logró abrir -la brecha de sus muros. - -En el círculo noveno (canto XXXI) se castigan otras formas de soberbia; -entre ellas la de los gigantes que quisieron escalar el cielo. -Finalmente viene la mayor forma del fraude: la traición, para la -que se destina el mayor castigo ideado por Dante. Los traidores de -sus parientes, primero; luego los traidores a la patria; después los -traidores de sus comensales; los traidores de sus benefactores; y, -finalmente, los traidores a la divinidad y a la majestad: Judas y Bruto -el asesino de César, y Lucifer mismo. - -Discúlpeme, mi amigo, que ésta haya salido tan larga y cuente con su -amigo affmo. - - N. BESIO MORENO. - -_Señor doctor José Ingenieros._ - - - - -DEMOCRACIA INDIVIDUALISTA[25] - -POR EL DR. CESAR REYES - -Ex magistrado en La Rioja - - -I - -Escribía hacia los años de la Revolución de Mayo Bartolomé Hidalgo, -primer poeta nativo del Río de la Plata, en sus poesías gauchescas, -haciendo hablar al paisano Chano, “capataz de una estancia en las islas -del Tordillo”, en sus diálogos con el gaucho Contreras, “de la guardia -del Monte”: - - _Contreras_ - - Pues yo siempre oí decir - Que ante la lay era yo - Igual a todos los hombres. - - _Chano_ - - Mesmamente, así pasó - Y en papeletas de molde - Por todo se publicó - Pero hay sus dificultades - En cuanto a la ejecución. - Roba un gaucho unas espuelas, - O quitó algún mancarrón, - O del peso de unos medios - A algún paisano alivió; - Lo prienden, me lo enchalecan, - Y en cuanto se descuidó - Le limpiaron la caracha, - Y de malo y saldeador - Me lo tratan, y a un presidio - Lo mandan con calzador; - Aquí la lay cumplió, es cierto - Y de esto me alegro yo, - Quien tal hizo, que tal pague. - Vamos, pues, a un señorón: - Tiene una casualidá... - Ya se ve... se _remedió_... - Un descuido que a un cualquiera - Le sucede, si, señor, - Al principio mucha bulla, - Embargo, causa, prisión - Van y vienen, van y vienen, - Secretos, almiración, - ¿Qué declara? que es mentira, - Que él es un hombre de honor. - ¿Y la mosca? no se sabe, - El estao la perdió, - El preso sale a la calle - Y se acaba la junción, - ¿Y esto se llama igualdá? - ¡La perra que me parió! - En fin dejemos amigo, - Tan triste conversación, - Pues no pierdo la esperanza - De ver la reformación. - -Y en eso estamos, desde hace ya más de un siglo, en que nuestro -humanista cuanto patriota, que fué militar de la Independencia, -escribía:--manteniendo la esperanza de ver la reformación. ¿Hasta -cuándo? Desde los albores de la independencia, desde antes, desde la -dominación española, ya se decía en el papel que “todos éramos iguales -ante la ley”. Este equívoco se ha prolongado hasta el presente en -nuestras instituciones. Las leyes dicen una cosa; los hombres que las -aplican y ejecutan, hacen otra cosa bien distinta. - -Los magistrados y los funcionarios, hasta el presente, mienten -cuando dicen que hacen la justicia igual para todos. Consciente -e inconscientemente, la hacen en beneficio de la clase social a -que pertenecen. Y como las aristocracias y burguesías, hasta el -momento actual, en estos países, y en general en el mundo, dominan -a la clase obrera, a la clase pobre, a los que ha dado en llamarse -despectivamente, en ciertas regiones de América, _chinos_, _negros_, -_mulatos_; y no obstante ser éstos los más, las clases dominantes -disponen de magistrados y funcionarios que les pertenecen, y éstos, -naturalmente, tienen que abogar por su propio gremio. - -La reacción democrática--si ella ha de ser una verdad en la práctica, -y no sólo una farsa en el papel--tiene que venir del mismo pueblo, -y no del Estado, porque sin contadas excepciones los aristócratas -o burgueses--de los cuales, como digo, están constituídos hoy los -gobiernos--no pueden renunciar a su privilegio de casta para levantar -a los que sufren, al pueblo obrero. Se necesita de hombres que por -temperamento tengan un exquisito sentimiento humanista, que sean -altruistas o filósofos, un conde León Tolstoy, un Roberto Owen, por -ejemplo, de los cuales en este mundo de egoísmo y superficialidad -apenas se contaría una docena. Cuando el pueblo se instruya y adquiera -cierta independencia económica por sí mismo principalmente,--y también -en segundo orden, por los que tímidamente, mezquinamente, le dé el -Estado--, podrá reivindicar sus derechos, llevando a los puestos -públicos por el voto en los comicios genuinos representantes de sus -filas, con instrucción sí, y cultura moral, pero que no renieguen -de su origen una vez que se encuentren encumbrados, aunque esto es -difícil en ellos, puesto que obra el recuerdo de la infancia y la -tradición de sus manes en cuanto han sufrido. Así se han de inclinar -más a favorecer a los que sufren, al pueblo obrero, y no a las clases -gobernantes, extrañas a sus dioses lares. Mientras el pueblo no tenga -netos representantes de su estirpe, mientras obedezca a mandatarios de -clases antagónicas a las suyas, va perdido; son mandatarios infieles -que no han hecho más que traficar con el nombre de la democracia, -pero cuyos intereses y sentimientos tienen tanto de demócratas como -los españoles que vinieron a civilizar y enseñar el evangelio a los -indios, exterminándolos por avaricia. Fuera de esa condición, _sine -qua non_ para que triunfe evolutivamente la democracia, se necesita -esta otra: que el Estado constituído por los privilegiados, nobles, -capitalistas, y sus secuaces sacerdotes y militares, no obstaculice -por la fuerza la participación en el gobierno de la clase _pleveya_, -porque entonces todo esfuerzo del pueblo sería ineficaz, y su reacción -no podría venir sino por la revolución, oponiendo la fuerza a la -fuerza. En nuestra república tenemos conseguido ya el libre voto--por -lo menos en el papel, que en la práctica dista mucho aún de ser una -realidad--; es posible, pues, el triunfo de la democracia, siempre -que las clases trabajadoras, que son la mayoría votante, tengan en -el gobierno _genuinos_ representantes obreros, o hijos de obreros -levantados con sus propios esfuerzos y que no desconozcan a su estirpe. -Es verdad que, en ciertas provincias, al pueblo argentino le falta -instrucción e independencia económica para poder comprender y buscar en -la práctica legal su prosperidad individual y social; ahí, pues, debe -tender la prédica: a que se instruya, a que trabaje en condiciones más -ventajosas, solidarizándose, por ejemplo, en las huelgas para hacerse -oir del capitalista; por otra parte, hoy la ciencia no es patrimonio -de los ricos, pues pueden adquirirse libros de celebridades mundiales -por exiguo precio, al alcance del obrero. La cuestión económica y la -instrucción se complementan; por más que haya capacidad intelectual, -no puede haber libertad de obrar sin base económica; el estómago manda; -a la inversa, con algunos ahorros que tenga el hombre, si no tiene -instrucción, va expuesto a dejarse explotar por otros más instruídos, -o a perder su dinero en malos negocios. Buscar la independencia -económica no es buscar la usura. Los capitales al alcance de todas las -necesidades sociales, y no reconcentrados en pocos millonarios; deben, -además, ponerse en circulación para favorecer intereses sociales, -especialmente de las clases que más los necesitan, y no guardarse en -las cajas de fierro o en Bancos, de donde sólo se los puede extraer -con intereses crecidos y con garantía hipotecaria o firmas fuertes. -En Norte América, donde la organización social se acerca algo a la -democracia de verdad, no ha surgido el capital de las explotaciones -de los gobiernos sino por la obra propia de trabajadores esforzados, -quienes después donan grandes cantidades a sociedades de beneficencia, -hospitales, institutos científicos y de trabajos prácticos, pero no -las dan a las manos muertas de las iglesias y conventos, como entre -nosotros, único caso en que aquí ocurren donaciones. En este país se -han adquirido las fortunas, casi en tu totalidad, por las mercedes -que los reyes españoles primero, y los gobiernos patrios después, -hicieron de extensos territorios a los pocos españoles y argentinos -de la burocracia, desheredando a los demás del pueblo, que, como los -pobres indígenas, vinieron a quedar parias en el propio suelo que los -vió nacer. No hay más que ver los títulos de esas mercedes, que aun -circulan en los expedientes judiciales, para convencerse; así, por -ejemplo, he visto títulos de tierras de la familia Arias que a su -antepasado, Juan Manuel, le entregaron los gobiernos patrios casi la -tercera parte de los Llanos. Después la tierra se ha valorizado por -obra de la inmigración--compuesta casi en su totalidad de elemento -obrero--que crea pueblos y cultivos, y por los ferrocarriles, -resultando que de la noche a la mañana esos propietarios de extensas -zonas de campo, antes sin mayor valor relativo, por mercedes o compras, -han visto centuplicados el precio de sus tierras y han resultado -algunos archimillonarios. ¿No es justo, pues, que estos señores -contribuyan al bienestar social, poniendo a disposición de los que no -tienen, lo que han recibido directa o indirectamente de la sociedad y -del trabajador? Y si el enriquecido por el trabajo de todos se niega a -retribuir al obrero, a compensar a la sociedad por lo que ha obtenido -de ella, el Estado, haciendo justicia, una vez que esté constituído -por representantes netos de la clase popular, lo ha de conseguir con -una política socializadora, sin necesidad de expoliaciones, las -cuales sólo se justifican cuando el monopolio raya al extremo, como -sucedía con las manos muertas de curas y nobles en Francia, cuando -la revolución, que vivían en el derroche, al paso que, como dice La -Bruyére (“Los Caracteres”) andaban gentes pasteando por los campos -de Francia a duras penas de poderse distinguir si eran hombres; como -actualmente en Rusia, que millares o millones de pueblo pagaban con -la miseria, en los calabozos de Siberia, y en las guerras externas -interminables, el derroche, el libertinaje y las locuras de dominio de -sus zares, nobles y militares. - -Política de justicia se necesita, tendiente a elevar el pueblo -trabajador, haciéndolo participar de derechos económicos, científicos, -sociales y morales, que al presente le están restringidos, lo cual -se conseguirá con darle independencia económica, con instruirlo, con -educarlo. Se comenzará a darles base económica, legislando la materia -de los contratos obreros, para que no sean explotados por patrones, -fijándoles el mínimum del salario y el máximum del jornal, los -accidentes en las fábricas a costa del capitalista, el derecho a la -huelga; dándoles en enfiteusis tierras fiscales, en este país, donde, -como ha dicho Sarmiento, “el mal que tenemos es la extensión”, para -que las pueblen y no sufran hambre también ellos; para que poblado el -desierto haya prosperidad social, por el aumento de producción, porque, -como dice bien Alberdi, la riqueza no la da la tierra pelada sino el -trabajo del hombre aplicado al suelo (“Estudios Económicos”). - -Mejor todavía que en enfiteusis, la tierra se debe dar al que la -trabaja, para que se radique en ella definitivamente y la ame formando -su hogar, pero darla solamente a los que la necesitan y son capaces de -hacerla producir, prohibiendo su negociación privada para que no se -rehagan los latifundios de los señores feudales. - - -II - -La Revolución de Mayo no resolvió el problema social argentino; -ella, como la Revolución de Julio en Francia, ha sido el triunfo de -la burguesía y no del pueblo, si bien el pueblo fué el que las hizo -triunfar; pero no estando preparado ni económica, ni intelectualmente, -resultó suplantado, dominado; con esas campañas, de que nos -enorgullecemos tanto, se desalojó dos plagas sociales, la nobleza y -el clero (en nuestro caso forasteras todavía), pero se levantó una -tercera, los burgueses semiinstruídos y capitalistas, o sea la clase -media. Es decir, en el caso de la Argentina, los criollos que se -dedicaron al comercio y la ganadería--pues los españoles desdeñaban -como oficio propio de negros y villanos--y se instruyeron en los -escasos colegios y universidades de Córdoba y Chuquisaca, fueron los -que constituyeron la burguesía. Porque en la colonia del Río de la -Plata, y en toda Sud América, a excepción del Perú, nobles no había ni -para remedio, salvo los mandatarios de orden superior que nos enviaban -y regresaban a Europa sin dejar familia, como que les estaba prohibido -el radicarse; según enseña la historia, la inmigración española a -América era la ley de la población peninsular. Mas, andando el tiempo, -estos españoles, plebe allí, comenzaron a considerarse nobles aquí, en -relación con el indio; y tenían razón, a su modo, porque físicamente -e intelectualmente esa raza estaba más adelantada. Expulsados los -españoles, los hijos de éstos continuaron esa aristocracia _ad hoc_, -nacida aquí en el medio, y también los mestizos que económica e -intelectualmente--por ambas fuerzas y por la de las armas en las -guerras de la independencia--se levantaron dominando, avasallando, al -_gaucho_ del campo y al _cholo_ de las ciudades[26]. - -No es otro el origen de toda aristocracia, burocracia y gobierno en -general: el dominio por la fuerza, la subyugación de una clase social, -para explotarla. Con la evolución de las sociedades la lucha de raza -a raza, de tribu a tribu, de clase a clase, de grupo a grupo, externa -e interna, se atempera, por la adquisición de sentimientos sociales, -del principio de justicia, pero no desaparecen del todo. Siempre hubo -vencedores y vencidos; y la teoría de que no haya ni vencedores ni -vencidos, pasará a ser una realidad en un porvenir aun bastante lejano, -según lo hace ver el resultado de la actual guerra europea, que, no -obstante el humanismo y la democracia decantados por Wilson, y en -gran parte ciertos, los aliados se están _achureando_--como diría un -criollo--el ex imperio alemán, hoy nación democrática, bajo el pretexto -de que fué una teocracia. - -Con la historia en la mano se puede constatar que el proceso de los -Estados en el mundo fué ese, la clase “_dominante_” vencedora resultó -gobierno, la clase “_dominada_”, vencida, quedó pueblo explotado. Los -que lo niegan son precisamente los interesados en que ello no aparezca -y en poder seguir así explotando al pueblo sin que se aperciba, bajo -la carátula de protectores del mismo, vestidos con la piel del cordero. - -Nos bastaría citar la opinión de eximios sociólogos, y filósofos, que -han estudiado la cuestión política, libres de las banderas de los -partidos y del espíritu de clase. - -Mientras, pues, las luchas de clases no estén eliminadas o -poderosamente atemperadas, lo cual pensamos se conseguirá en un -porvenir no remoto, la clase democrática, los explotados, los obreros, -deben estar prevenidos para llevar al gobierno sus representantes -_netos_, que miren por propios intereses, para elevar su condición -social, y no los “domestiquen”, mirando por desemejantes intereses. - - -III - -Estando ya las clases trabajadoras en el poder, ¿de qué modo -reivindicarán sus derechos acaparados por los burócratas y los -parásitos? ¿Por la _democracia individualista_, sistema norteamericano? -¿Por el _minimalismo_, o programa mínimo del socialismo, como el del -partido socialista argentino y los similares europeos? ¿O, finalmente, -por el _maximalismo_, como el actual gobierno ruso, o programa máximo -socialista? - -Desde luego, débese eliminar el minimalismo, como tercera cuestión, -porque está comprendido en el maximalismo, que es el verdadero -socialismo, o comunismo de Estado, tal como lo pensaron y crearon Saint -Simon, Owen, Fourier, Marx, Engels, la Internacional, etc., puesto -que el programa mínimo--o sea la mejora obrera en el trabajo, con -disminución de horas y aumento de jornal, prohibición del trabajo de -los niños y mujeres en las fábricas y garantía de los accidentes--sólo -ha sido ideado, como lo confiesan los socialistas, transitoriamente, -para hacer posible la lucha obrera con el capital en las condiciones -actuales sociales, y hasta que por su libertad económica y su -instrucción el obrero esté en capacidad de obtener que el Estado -socialice la propiedad privada. Los socialistas minimalistas nunca -pierden de vista el verdadero programa, aunque más remoto del partido, -o sea la socialización de los medios de producción. A este verdadero -socialismo, que ha triunfado hoy en Rusia--pues como bien lo hace ver -Kantor, la constitución que se ha dado dicho gobierno ruso no es más -que la aplicación de los principios proclamados por la Internacional -Socialista--ha dado en llamarse _maximalismo_, nombre que viene de -programa máximo, y se tiene a Carlos Marx como su verdadero fundador. - -El maximalismo no entraña, pues, como cree el vulgo, fatalmente la -revuelta y el desorden; se puede conseguir con la evolución mediante -la conquista del poder por el voto libre de la mayoría socialista de -una nación, o mediante la revolución armada en casos extremos. En -Rusia se hizo por la revolución, pues allí los hechos la justifican -plenamente--no tenía garantía del voto el obrero, era sacrificado -en las guerras y en las cárceles siberianas, moría de hambre en el -rico territorio que él cultivaba para otros; con la evolución jamás -se hubiere levantado ese pueblo, era insoportable su situación, -peor, muy peor, a la que pasaba el pueblo francés en 1789, cuando se -sublevó contra los nobles y el clero en la revolución de que tanto se -vanagloria la humanidad. Con el triunfo del maximalismo en Rusia, se -evitaron las horribles matanzas de millones de obreros rusos en la -guerra externa con Alemania, donde a los paisanos reclutados se los -llevaba sin armas, mal alimentados y casi descalzos, a pelear en esas -fronteras rocallosas y heladas, contra soldados bien pertrechados, -a servir de carne de cañón; y así durante esa guerra entre Alemania -y Francia, hecha “de arriba” por el pueblo ruso, perdió éste más de -3 millones de obreros. Se evitaron también los estragos no menos -inhumanos que los zares y nobles cometían sobre la plebe, en el orden -interno, con la emancipación de esta clase domesticada. Es verdad -que hubo excesos; los hay en toda revolución, y ellos se justifican -plenamente ante la necesidad del triunfo de la causa salvadora. Rodaron -unas cuantas cabezas de nobles y jefes de ejército, explotadores -sistemáticos del pueblo, pero se economizó derramar mucha sangre -popular en holocausto a los dioses zarinos, en la guerra europea y -en los calabozos de la Siberia. No fueron tantos los desórdenes como -pinta la prensa interesada en desprestigiar la causa por el único -cablegrama parcial que nos viene, el aliado, y hay que dudar de la -verdad de esas comunicaciones. Aun así mismo, de ser ciertas las -noticias, los desmanes cometidos por la célebre revolución francesa, -que tanto ponderamos, fueron inmensamente superiores a los ocurridos -hoy en Rusia, cuando no había día en que no se hiciera rodar del -cadalso la cabeza de algún dirigente. Y la tal _libertad_, _igualdad_ -y _fraternidad_ que proclamó quedó letra muerta; fué libertad para -los burgueses, igualdad y fraternidad entre los miembros de esa sola -clase social. Siquiera la revolución social rusa, crea una libertad, -igualdad y fraternidad mucho más extensa, una libertad, fraternidad e -igualdad para la gran masa obrera, y no sólo de Rusia sino del mundo -entero, puesto que dicha constitución maximalista tiene una cláusula -por la cual se tiende a organizar la humanidad bajo una confederación -de estados, formados todos de modo semejante al gobierno actual ruso. - -Es claro, pues, que los países en que la situación del obrero no -sea extrema, como fué en Rusia, pueden llegar al maximalismo por la -evolución política, y allí no habrá ni los pocos excesos que en Rusia -fueron inevitables. - -Por lo demás, el socialismo máximo no es, como se dice por algunos, -una simple utopía, un sueño de filósofos. Fuera de que ya lleva más -de un año de práctica en lo que fué imperio absoluto de los zares, -existió, como sabemos, en varios pueblos. Así, por ejemplo, en el gran -imperio del Perú al arribo de los españoles se vivía en un régimen -algo comunista, en ciertas cosas más acentuado que el establecido -por los maximalistas rusos, y sin embargo, el imperio floreció y las -gentes vivían cómodas; no había ricos (fuera de la clase sacerdotal -y de la aristocracia imperial--que ellas siempre han sido pudientes -en todas partes--mas eran clases reducidas en comparación con la -gran masa popular) pero tampoco había miseria; la propiedad del -suelo pertenecía al Estado, y él era quien asignaba al individuo que -llegaba a la adolescencia un lote para que lo trabajara, y todos -estaban obligados a hacerlo, pues eran fiscalizados directamente -por empleados del Estado. Ni el producido del trabajo pertenecía al -operario, sino que iba a almacenes y graneros públicos, de donde se -repartía a la población en cada aldea o pueblo, por cabeza, y había -justicia relativa allí, puesto que todos trabajaban fiscalizados y -no existían haraganes que “vivieran de arriba”. Estudiándolos dice -el Dr. Luis Jorge Fontana: “Cada ciudadano nacía libre para la ley -que fijaba los deberes y derechos de cada individuo ante la patria, -la religión, la familia y para con sus semejantes... La agricultura, -hoy embrionaria y empírica en América, como que recién empezábamos a -fundar escuelas, constituía la principal fuente de recursos nacional -en otra época. Cada hombre al llegar a la edad de la pubertad recibía -del Estado un terreno ubicado y delineado oficialmente para que lo -cultivase y formase hogar y familia. Desde el emperador hasta el -último de sus súbditos cultivaban la tierra, él removía el suelo en -cierto período del año con un azadón de oro y los ciudadanos con -herramientas de un metal compuesto, una aleación de bronce tan duro -como el acero. Regaban los campos por medio de acueductos sacados de -ríos y de lagos y por canales menores, acequias, el agua era llevada -a largas distancias y levantábanla hasta la cumbre de las montañas. -Su distribución y servicio tenían reglamentación admirablemente -estudiada; construían puentes y calzadas de dimensiones colosales, y -el ejército en tiempo de paz era ocupado en la construcción de las -obras públicas” (“Ab Ovo”, págs. 36 y 47). El Dr. Ernesto Quesada -escribe: “Pero lo que es admirable--y es esto cabalmente lo que más -nos interesa en el presente curso--es su organización social. Era una -sociedad basada en un comunismo perfecto y en una burocracia técnica, -que gobernaba un monarca autocrático, pero inspirado siempre en el -bien de la comunidad. Durante siglos funcionó tal organización con -el éxito más completo y realizando lo que las actuales doctrinas -socialistas no han soñado siquiera en imaginar; el individuo era un -sencillo rodaje de la comunidad y sus actividades se ejercían como -simples funciones sociales, reglamentadas y vigiladas por el órgano -de dicha comunidad, constituída por la burocracia imperial. Nunca ha -registrado la historia en parte alguna del mundo una organización tan -perfecta, dentro de esa orientación, y con un resultado más completo en -cuanto a la prosperidad nacional y al funcionamiento del sistema; las -misiones jesuíticas lo imitaron con análogo éxito durante el período -de la Colonia. La comunidad por el órgano del gobierno, interviene en -todos los actos de la vida, reglamentándolo todo y cuidando de que todo -marche armoniosamente. Y eso que se trataba de un extenso imperio, -englobando poblaciones de origen étnico distinto y de diverso grado -de cultura” (“El Desenvolvimiento social hispanoamericano”, Revista -de Filosofía, Noviembre de 1917, pág. 461). Foustel de Coulanges, en -su obra célebre “La ciudad antigua”, trae: “Se sabe de algunas razas -que jamás han llegado a establecer la propiedad privada, y de otras -que sólo la han establecido tarde y penosamente. No es, en efecto, -problema fácil el saber si en el origen de las sociedades puede el -individuo apropiarse el suelo y establecer tan recio lazo entre su -ser y una parte de la tierra, que puede decir: “Esta tierra es mía; -ésta es como una parte de mí”. Los tártaros conciben el derecho de -propiedad cuando se trata de los rebaños, y no lo comprenden cuando se -trata del suelo. Entre los antiguos germanos, según ciertos autores, -la tierra no pertenecía a nadie; la tribu asignaba todos los años a -cada uno de sus miembros un lote para cultivar y cambiaba el lote al -siguiente año. El germano era propietario de la cosecha, pero no de -la tierra. Todavía ocurre lo mismo en una parte de la raza semítica y -entre algunos pueblos eslavos” (pág. 70, edic. Madrid). Sigue el autor -haciendo notar que en Grecia y Roma y en la India, es decir, en la raza -aria, de donde nosotros tomamos esa civilización, la propiedad del -suelo fué desde un comienzo privada, y como consecuencia del culto a -los muertos y al hogar, familiares, que estaban adscriptos al suelo y -no podían dejar abandonado su culto y sus muertos. De modo, pues, que -sólo por una razón de orden religioso e histórico es que los actuales -pueblos de raza aria son individualistas en la propiedad del suelo, -según esto. Es de advertir que a propósito he citado autores que nada -tienen de socialistas; y si cabe duda todavía al respecto léase el -capítulo “La Reglamentación Comunal”, de la obra del individualista -Spencer, “Instituciones industriales”, donde trae innumerables ejemplos -de pueblos que han sido comunistas; en algunos el origen, la razón -de nacer del comunismo fué el matriarcado, o parentesco por la línea -femenina. - - -IV - -Los que nos hayan seguido hasta aquí creerán, acaso, que estoy -convertido en un maximalista declarado. Sin embargo, como lo explicaré -en seguida, es lo contrario; sólo he querido demostrar hasta aquí que -el maximalismo no es un sistema utópico, ni siempre revolucionario, y -aunque revolucionario en algunos casos no anárquico, como se lo pinta -por los que no lo conocen y por los que tienen interés en desfigurarlo. -Pero es el caso que con ese sistema social el individuo puede quedar -aniquilado, se debe enteramente a la sociedad; todos son iguales, -malgrado las diferencias naturales; se puede crear así una _igualdad -artificial_ en vez de la _igualdad natural_, la cual consiste, como -se ha dicho bien, en respetar las desigualdades naturales. Con este -sistema de coacción pública, donde todo está reglamentado por la -sociedad de antemano, que se ha erigido en Estado--confundiendo así dos -hechos sociológicos que son bien distintos--se mata toda iniciativa -individual, se destruye toda diferencia innata o adquirida, se hace -imposible, en una palabra, la selección, y con ella el mejoramiento -individual y social rápidos, desde que se pone trabas a la lucha por el -triunfo de los más fuertes, de los más capaces, de los más laboriosos. - -Además, este comunismo de Estado destruye la libertad, y el ideal de -las civilizaciones modernas es aumentar la libertad individual, no -siendo más el Estado y la sociedad sino un medio para adquirirla, para -que el hombre viva bien, pudiendo satisfacer libremente sus necesidades -naturales, siempre que respete iguales necesidades por parte de los -demás. - -Como han hecho notar bien los escritores de derecho político, con el -comunismo la sociedad se vuelve más gregaria, el hombre es menos libre -que el soldado, y se retrograda así al régimen del estatuto, del mando, -de la coacción, propio de las sociedades primitivas en donde por razón -de las continuas e ininterrumpidas guerras externas e internas, se -hacía necesaria mucha subordinación en el pueblo y un régimen fuerte -de mando por el gobierno. Pero con la civilización se ha impuesto -el régimen contrario, o sea el del contrato, el de la voluntad, que -regla todos los actos de los hombres libres y civilizados. En el siglo -pasado, Inglaterra y Norte América--naciones respetuosas de la libertad -individual--fueron las más avanzadas en el progreso del mundo; los -árabes, donde la ley de Mahoma les regla todo, son los más atrasados -hoy. Una sociedad en tales condiciones progresa hasta un limitado -estado, y de ahí no puede pasar, vive por siglos estacionaria; no -habiendo iniciativa individual, hombres que se hagan a sí mismos, y -no resulten hechos por el estado, no puede haber innovación, cambio, -_progreso_; habrá _orden_ cuando más y por el tiempo que se quiera, -pero faltará el otro elemento del _desarrollo social_, desde que éste -se forma, como bien lo explica Comte, del _orden_ y del _progreso_ -sociales. Por esto, estamos en contra del socialismo maximalista o -comunista; y del llamado minimalista también, porque, como queda dicho, -no es más que la introducción del socialismo, desde que sus adeptos -jamás pierden de vista al ir consiguiendo esas ventajas mínimas, las -_máximas_, a las cuales se les apuntan ya francamente, cuando les llega -la ocasión de dar el golpe, ya sea en los comicios o por la revolución. -Ahora, es claro que el programa mínimo del socialismo, puede ser -sostenido y practicado en su generalidad, y aun avanzando, por -cualquiera que tenga ideas liberales, que desee la mejora obrera, que -sea demócrata verdadero. La democracia individualista norteamericana, -con el presidente Wilson a la cabeza, desarrolla ese programa, y no -solamente para Estados Unidos sino para el mundo entero, propiciando el -sistema de organizar las naciones formando una liga de ellas, para unir -las gentes y evitar las guerras. Filósofos individualistas como Spencer -y pensadores como Alberdi, lo sostuvieron también en obras célebres -anteriormente. ¡Hay que leer ese “crimen de la guerra” del pensador -argentino, la obra más sesuda que se ha escrito contra la guerra, para -convencerse de la elevación de miras del gran humanista argentino--que -no tiene una estatua en su tierra y vivió y murió como paria, pues no -supieron comprenderlo,--adelantándose más de un siglo a su tiempo! En -su obra “Instituciones Industriales”, escrita por el año 1890, Spencer -desarrolla la idea, cómo, sólo con el obrar individual y democrático, -es decir, con que el individuo ejercite sus libertades naturales a -condición de respetar iguales derechos por parte de los otros, tanto -en el interior como en el exterior de los países, y que los Estados -se concreten a hacer respetar y nada más esas _igualdades_ en las -_libertades_ en vez de desatender la función de justicia que es su fin -primordial y de ocuparse de otros asuntos que son del rol individual, -como ocurre hasta ahora, y es lo que obstaculiza el progreso; creándose -además, con la disminución de las guerras, por el comercio, por las -industrias, por el tráfico, por la inmigración, por las ciencias, una -confederación de Estados mundial, Estados que no serán imperialistas -sino más reducidos y más iguales en lo futuro--así opinaba Spencer -que debía crearse la democracia universal siguiendo el desarrollo de -los pueblos. Y a mi juicio dió en el clavo de la cuestión, como lo -cree también el sociólogo Vaccaro, y lo está practicando con éxito -indiscutible Norte América y su presidente demócrata individualista -Wilson. - -Pero es el caso que muchos años antes, Alberdi propuso lo mismo, en la -obra que cito, allá por el año 70, con motivo de los preludios de la -guerra francoprusiana. - -Haciendo honor al pensador argentino, vamos a transcribir los -siguientes párrafos; dice hablando de la libertad interna: “En mi -opinión la ruina de la supremacía militar de la Francia no es hija -de los contrastes y reveses de su reciente guerra con Prusia, sino -que esos reveses son resultado de la ruina que ya existía, sin -manifestarse, de esa supremacía. Ha muerto a mano de otros progresos de -la Francia en el camino de la civilización. Un gobierno sin libertad, -un país sin industria aventajada, son más capaces de preponderancia -militar que un país libre y rico por la preponderancia noble de su -industria. En este sentido la Prusia y Rusia son más capaces de -preponderancia militar que la Inglaterra. El ejército perfeccionado -es la expresión de un gobierno en que la subordinación prima a la -libertad”. Y en otra parte, hablando de la cuestión externa, dice: “El -mayor obstáculo para llegar a la organización del mundo en una vasta -sociedad de naciones es la existencia de lo que hoy se llama _grandes -poderes_ o grandes aglomeraciones nacionales; pues lo primero que -exige en nombre de su grandeza uno de esos poderes, cuando se trata de -decidir la contienda que le divide con otro, es que nadie intervenga -ni se mezcle en esa decisión. Ese _nadie_ es la sociedad general, el -mundo neutral, es decir el juez natural de los pleitos internacionales. -Remover ese obstáculo es propender sistemáticamente a la subdivisión de -las grandes naciones, es decir, a la disminución de su poder para que -ninguna de ellas sirva de resistencia invencible a la formación de la -Nación suprema y definitiva, compuesta de todas las naciones del mundo, -hoy dispersas, errantes y anarquizadas entre sí. Los grandes Estados -son lo que eran los grandes señores como obstáculos y resistencias al -establecimiento de la sociedad política y de la autoridad nacional -de cada país. De modo que en lo internacional, como en lo interior -de cada nación, se llega a la unidad general por la división de las -unidades parciales que aspiran a realizarla... “Unidad que no depende -de la multitud, es tiranía: multitud que no se reduce a la unidad es -confusión”, ha dicho Blas Pascal”. (Páginas 321 v 284, _Obras Post_.). - - -V - -Así, pues, en resumen, pensamos: Que con una democracia individualista -en lo interno y externo de las actuales naciones, es decir, con el -obrar amplio por el individuo, haciendo uso de su libertad, pero -respetando iguales libertades por parte de los demás, o sea la -_igualdad_ de las libertades naturales, y con la garantía real, -verdadera, por parte de los gobiernos de esas libertades en el obrar -para el individuo, sin mayores restricciones que las que imponen el -ejercicio de las mismas por parte de los demás, es como la sociedad -humana tiende a evolucionar en lo futuro para ser feliz el hombre -y progresar él y la sociedad. La humanidad necesita así, para -constituirse definitivamente, de la Confederación de naciones _en donde -todas entren como iguales_, para que haya la fuerza pública necesaria -a castigar las violaciones a la justicia de los Estados, cometidas -por alguna o algunas naciones que pretendieran hacer uso de sus -libertades abusivamente, es decir, desconociendo iguales derechos de -vida por parte de las otras. Con sólo, pues, el principio de justicia, -individualista: _la libertad, igual para todos_, o sea la igualdad -_natural_ en el obrar, se ha de organizar la humanidad democrática del -porvenir. Por el respeto de ese principio, en virtud del convencimiento -que la ciencia aporte a las gentes a medida que el pueblo se vaya -instruyendo, y se vaya haciendo hábito dicho principio de justicia a -fuerza de vivirlo cada vez más ampliamente por el tráfico en aumento -siempre entre los pueblos, y sobre todo, sabiendo, como deben saber, -que detrás de su violación está el poder de la comunidad para castigar -al individuo abusivo que se toma las libertades ajenas, creyéndose -privilegiado en el mundo, se creará la _libertad_, la _igualdad_ y -la _fraternidad_. No es con palabras, mentidas en los comicios, ni -con letras de molde en las leyes, ni tampoco con oraciones en los -conventos donde el amor al prójimo a nombre del Dios es predicado -por explotadores de los “fieles”; a esta altura del discurso, si -obligado estuviera a pronunciarme entre Norte América, democrática -individualista, y Rusia actual, socialista maximalista, entre Wilson -y Lenine mi predilección no se haría esperar; optaría por los Estados -Unidos y Wilson, sin que por esto pensare que todo lo realizado por -ellos sea perfecto, y sí solo sostengo el sistema, la tendencia, que -allí mismo se ha de perfeccionar, pues dista mucho de alcanzar el ideal -democrático individualista. - -Jóvenes amigos; señores. Mientras las luchas de clases, de tribus, -de naciones, no se atemperen por el respeto recíproco de las gentes -al principio de justicia que dejo explicado, desconfiad siempre -de esos protectores de clases desemejantes que os quieren ayudar -desde el poder--“proteccionismos” que día a día se ven fracasar -en los individuos y en las naciones.--Mas, tal desconfianza, tal -precaución, no debe ser nunca un obstáculo puesto al advenimiento de -una confraternidad de miras democráticas, igualitarias _naturales_, -porque esto implicaría formar clases cerradas y naciones guerreras -que han sido fatales para el progreso de los pueblos y la humanidad. -Los aristócratas o burgueses que adoran tanto al pueblo y quieren -pasar por demócratas, traten de conseguirlo, pero haciendo primero -los sacrificios de sus privilegios injustos, antes de que el pueblo, -desengañado, cambie el tono de sus reclamaciones. A tiempo están de -abdicar tantos privilegios económicos, sociales y políticos de que -gozan. ¡Que se hagan ver! - - - - -LA CRÍTICA Y EL ARTE - -POR OCTAVIO MENDEZ PEREYRA - -De Panamá - - -Si el arte es uno de los objetos más elevados de la actividad humana -y la forma de trabajo más difícil, es, por lo tanto, de lo que merece -despertar en nosotros más interés y más simpatía. He aquí porqué -la crítica de arte ha podido alcanzar en nuestros tiempos un gran -desarrollo y llegado a ser una de las ciencias más complejas, una -ciencia que es sociología, historia, psicología, estética, lógica, -óptica, acústica, geometría y cien ciencias más a la vez. No ejercen, -pues, el verdadero apostolado de la crítica los que aun se empeñan en -la pueril tarea de constituirse en árbitros para juzgar, por sí y ante -sí, sin la preparación y la disposición requeridas, lo que es producto -de elementos heterogéneos que es preciso conocer y estudiar, si se -quiere emitir un juicio exacto, justo e interesante. - -Taine ha llegado a establecer, en una reacción unilateral exagerada, -que “para comprender una obra de arte, un artista, un grupo de -artistas, es preciso representarse con exactitud el estado general del -espíritu y de las costumbres, del tiempo a que pertenecen”[27]. Aunque -fuera posible aplicar tan rigurosamente esta regla del maestro de la -Filosofía del Arte, siempre quedarían por considerar el temperamento -personal del autor y, sobre todo, la obra misma, en cuanto a la -cantidad de vida independiente que pueda contener, porque el verdadero -objeto del arte es la expresión de la vida. - -Y como la vida no es sino una gran complejidad, resulta verdad que -la crítica de arte tiene por fuerza que ser una de las labores más -complejas del espíritu humano y, por esto mismo, una ciencia muy amplia -y liberal, que acepte con simpatía e interés todas las manifestaciones -de la inteligencia, todas las creaciones de la fantasía y todos los -temperamentos y particulares predilecciones. Mientras más numerosos y -contrarios sean éstos, tanto mejor para la solidez de los estudios y -la seguridad de los principios, tal como, en el campo de las ciencias -naturales, acontece al botánico o al zoólogo con las infinitas -manifestaciones de la vida vegetal o animal. El único deber del crítico -es “exponer hechos y mostrar cómo se han producido esos hechos”; -dejarse emocionar, y comunicar después sus emociones y las ideas que -encierra la producción. No es confesar preferencias, pedir genio, -exigir profundidad, señalar errores, imponer preceptos, absolver, -condenar, amonestar... - -Por otra parte, conviene tener presente que la verdadera obra de -arte no puede ser analizada en detalle, con la sequedad del químico, -porque entonces deja de ser obra de vida y se convierte en un cuerpo -frío e inexpresivo, en una especie de mecanismo sin influencia -emocional y educativa. La obra de arte sólo es fecunda y eficaz en -los momentos en que actúa como una fuerza viva sobre nosotros, en -que influye con entusiasmo sobre el individuo y desarrolla en su -alma armonías sensibles, emociones hondas, calor y simpatía. Y es -que la emoción estética no es la consecuencia de un análisis, de una -disección detallada; es algo que se apodera de nosotros en bloque -como si entre el alma del artista y la nuestra un fuego divino -hubiese producido misteriosa fusión. Antes de juzgar la razón, juzga -nuestro sentimiento, y muchas veces aquélla es incapaz, como observa -Gauckler, de fallar por otra cosa que por la impresión sentida. “Si -durante los últimos siglos--dice--se ha tratado de proscribir del arte -la imaginación y de buscar lo bello en las propiedades exteriores -de las obras exclusivamente, ha sido porque entonces la filosofía, -eminentemente racionalista, ha sido la expresión de una reacción -contra el gran movimiento sentimental que caracterizó a la época del -Renacimiento”[28]. Una cosa es, pues, la emoción de arte y otra es la -habilidad técnica, muy apreciable, sin duda, pero menos significativa y -menos importante en los dominios complejos de la estética. Lo primero -que debemos buscar en la obra de arte es su expresión, su significado, -su razón de ser, la que no puede menos de estar relacionada con -una manifestación de vida, sea ésta un pensamiento, una pasión, un -sentimiento o una necesidad. Sólo después de haber descubierto el -sentido oculto bajo las formas, la sangre que las vivifica, estamos -capacitados para juzgar hasta qué punto el artista ha logrado traducir -fielmente su idea, o expresar correctamente su sentimiento. La forma -da, sin duda, valor y carácter al fondo, pero no es, en definitiva, -sino una envoltura, un mero estuche que vale mucho más por lo que -contiene, cuando contiene algo. - -En todo caso, hay que tener en cuenta que para gozar enteramente de -una obra de arte es preciso ser apto para comprender la pasión, el -sentimiento que la informa y la idea que la encarna y le da vida. Es -preciso también, muchas veces, encontrar en la obra una manifestación -de lo mejor de nosotros mismos, darle algo de nuestra propia alma, o -ser capaces de animarla con nuestros propios sentimientos y una emoción -espontánea y honda. - -“Para comprender bien una obra de arte--dice Guyau--es preciso -penetrarse tan profundamente de la idea que en ella domina, que se vaya -hasta el alma de la obra o que se le dé una, de tal modo que adquiera a -nuestros ojos verdadera individualidad y constituya algo como otra vida -en pie al lado de la nuestra”[29]. Es decir, hay que revestir de cierta -unidad y de cierta vida la obra para armonizarse con ella, como si por -un acto de la inteligencia y el corazón la hubiésemos antropomorfizado, -le hubiésemos dado calor de humanidad. Sólo entonces habremos dejado de -ser fríos y pasivos ante la obra artística y estaremos en aptitud de -fraternizar con ella y perdonarle los pequeños defectos, para admirar -mejor lo que tenga de bello y de bueno. - -Porque la admiración necesita de constantes perdones y el estudio de -constante simpatía para ser fecundos, de la misma manera que el hombre -necesita ser amado, o, por lo menos, ser simpático, para ser perdonado -y ser comprendido. En arte--ha dicho el mismo Guyau[30] “basta con -demasiada frecuencia el no querer ser conmovido para no serlo, pues uno -es siempre más o menos libre de negarse a sí mismo, de encerrarse en -su yo hostil y hasta de perderse en él”. Y “lo triste es--agrega--que -el que quiere hallar lo feo lo encontrará casi siempre y perderá por -el placer de la crítica el de ser _conmovido_ que, según La Bruyère, -vale aún más”. Otro autor, Emilio Henniquin[31], ha llegado a escribir, -por este mismo camino, que “una obra sólo tendrá efecto estético sobre -las personas que poseen una organización mental análoga e inferior a -la que ha servido para crear la obra, y de la que puede ser deducida”. -Y ello parece efectivo porque es evidente que existen, por otro lado, -egoísmos intelectuales, prejuicios razonados, segundas intenciones, -temperamentos hoscos e insociables a los cuales una obra, por meritoria -que sea, produce siempre una antipatía que ciega el corazón a las -bellezas y el cerebro a todo entendimiento. Sólo por esto se comprende -a Lope cuando insulta a Cervantes, a Víctor Hugo cuando niega a Goethe, -a Voltaire cuando rebaja a Shakespeare, ese mismo Voltaire que convenía -en reconocer _un placer en no tener placer alguno_, acaso obedeciendo -a la convicción íntima de que “rebajar a otro es elevarse a sí mismo”. -A pesar de esto, siempre será más humana, más elevada y más educativa -la crítica serena e imparcial de las bellezas y los defectos, que la -crítica sistemática de los defectos. “Puede ser útil descubrir un -defecto en un diamante; es mejor encontrar un diamante en la arena”. - -La obra de arte, cuando es sincera, es la más elevada pretensión del -hombre y merece nuestro respeto cariñoso por imperfecta que ella sea. -“Grano de arena arrojado en este mundo en trabajo, tiene la ambición -de detener su evolución perpetua, de dar duración a lo que pasa, de -retener lo que huye, de inmortalizar lo que muere... Y así es como el -sentimiento estético, que no es el arte, conduce a él”[32]. - -Amarlo todo, admirarlo todo, comprenderlo todo, he ahí la verdadera -filosofía del hombre sano y fuerte. Una indulgencia inagotable para -todas las debilidades humanas, un vasto perdón para todas las vanidades -y utopías y esa _amable y piadosa filosofía de la buena sonrisa_ para -todos los defectos y errores, he ahí la mejor coraza del crítico y el -más genuino temperamento del hombre culto. No impidamos, pues, con -críticas estrechas, que cada cual haga su ensayo de volar como las -mariposas, como las avecillas o como las águilas; cada vuelo llena su -misión en la naturaleza, tiene su explicación, encierra su dosis de -belleza y constituye una necesidad de la armonía universal. ¿Qué sería -del cóndor si al intentar sus primeros ascensos le cortásemos las alas -rudimentarias? ¡Cuántas veces el ave que escaló las nubes y embriagó -sus pupilas de sol no cayó antes, en sus primeros revuelos, de la copa -del arbusto o de la cima de la roca escarpada! - -Seamos generosos, seamos sensatos, y dejemos también nosotros que las -energías de nuestro ser contribuyan a las puras construcciones del -arte; que el esfuerzo noble e idealista triunfe sobre las barreras -del materialismo y las pasiones bastardas; que nuestra alma, en fin, -trate de elevarse a la suprema belleza humana y ensaye comulgar con -las infinitas armonías de la naturaleza. Esa belleza y esta comunión, -lejos de aminoramos, nos harán, con sus misteriosos secretos, más -fuertes, más grandes y más virtuosos. - -Por la obra de arte renovamos y sostenemos nuestros goces más delicados -y, “si es verdad que la Ciencia no tocará jamás con el dedo el gran -Desconocido que persigue, el Arte nos consolará de su impotencia -haciéndonos entrever en las armonías pasajeras, cuyo secreto nos -entrega, la imagen de esa armonía superior, causa y fin de toda -materia, de todo movimiento, de toda vida”[33]. - -No cerremos, pues, el corazón y el cerebro a los grandes misterios y -palpitaciones de la vida. Que cada palabra bella, que cada esfuerzo -sincero, que cada pensamiento noble, que cada gesto original, que cada -paso recto, produzca en nuestro espíritu una vibración afectuosa y -caiga en su seno como abono de luz para nuevas germinaciones... Que -nuestra alma, abierta al cielo cómo una flor inmensa, recoja en su seno -todos los perfumes, todas las armonías, todos los colores, todas las -caricias, para transformarlos en néctar precioso de belleza, de bondad -y de vida. Y así habremos llenado la más alta misión en la tierra. - - - - -LAS IDEAS FILOSÓFICAS DE AMEGHINO - -POR JOSE INGENIEROS - -Profesor en la Universidad de Buenos Aires - - I. Su orientación filosófica inicial.--II. El transformismo - y la paleontología filosófica.--III. “Mi Credo”; los cuatro - Infinitos; la vida y la muerte.--IV. Noción de Dios y noción - de Espacio.--V. Filogenia del lenguaje.--VI. El origen de la - Vida.--VII. Otros aspectos. - - -I.--SU ORIENTACIÓN FILOSÓFICA INICIAL - -La índole misma de sus estudios científicos impuso a Ameghino el examen -de ciertos problemas filosóficos. Dotado de un temperamento imaginativo -y revolucionario, se inclinó, desde muy joven, a generalizar los -resultados de la experiencia y a trascender sus dominios técnicos -mediante hipótesis de cierto vuelo. - -En la Memoria presentada en 1876 a la Sociedad Científica Argentina, -sobre la geología de la formación pampeana, adviértese que está -impregnado de Lyell y Darwin. Es transformista. Con vigorosa pujanza -juvenil defiende su posición filosófica y embiste a los que en nombre -de la teología y de la rutina se oponen a la investigación de la -Verdad. En esa época pasaba por aguda crisis el llamado “conflicto -entre la Religión y la Ciencia”; son, sin duda, un reflejo de ella los -párrafos preliminares de su Memoria, bastante significativos acerca de -su pensamiento inicial, pues el autor tenía veinte y dos años de edad. - -Su tesis es profundamente subversiva. Considera que los teólogos, o -sabios de antaño, habían subyugado a las gentes sencillas enseñándoles -mentiras que ellos mismos no creían; para apuntalar el despotismo -necesitaban mantener al pueblo en la ignorancia, inculcándole ideas -retrógradas y supersticiosas; una de ellas era la leyenda bíblica de -la catástrofe diluviana con que un Dios vengativo había castigado a -la humanidad. Los tales sabios de antaño pretendían ahora explicar -los hallazgos de fósiles, suponiendo que la legendaria catástrofe los -había enterrado inesperadamente; pero la hora había llegado de que -terminaran esas patrañas, pues los restos fósiles no son antediluvianos -y pertenecen a especies que vivieron y evolucionaron durante el vasto -período de tiempo en que fueron sedimentándose los terrenos llamados -diluvianos, cuya progresiva estratificación no acredita la hipótesis -tradicional. - - * * * * * - -“¿De dónde han venido (los restos fósiles, en general)? ¿Qué mano, -qué fuerza, qué poder inmenso es el que ha llevado sus despojos a las -cumbres de las montañas a miles de pies de elevación, ha rellenado con -ellos su interior, los ha transportado al centro de los continentes a -grandísimo número de leguas de los mares actuales, y los ha enterrado -en las entrañas de la tierra a centenares y aun a millares de metros -de su superficie? ¿Qué mano misteriosa es la que ha dejado en la -superficie de la tierra un monumento imperecedero tan elocuentísimo de -su inmenso poder? - -“Estas preguntas hacía el pueblo a los sabios de antaño. Estos, -después de haber estudiado la cuestión y encontrado una explicación -satisfactoria y conveniente para ellos,--puesto que mediante ella -trataron de afianzar y aun consolidar el inmenso castillo bamboleante y -sin cimientos que habían fabricado sus antecesores sobre la ignorancia -del pueblo, al cual tenían subyugado a su capricho (ignorancia que -trataron siempre de mantener y aun fomentar, inculcando en el pueblo -ideas retrógradas y supersticiosas, para de este modo asegurar mejor -su despotismo),--se apresuraron inmediatamente a contestar diciendo -que todos esos restos de seres organizados que se encuentran dispersos -y enterrados en todas partes del globo, son los restos de los -desgraciados seres que vivían cuando ocurrió el diluvio universal, que -habían sido víctimas de dicha catástrofe. Y que sus restos, habiendo -sido acumulados, enterrados y dispersados en todas direcciones del modo -más confuso, venían a ser, por consiguiente, la prueba más evidente y -convincente de la gran catástrofe, por medio de la cual la irritación -del Todopoderoso hacia la concupiscente raza humana de entonces, hizo -devastar al mundo entero destruyendo a hombres y animales. ¡Como si -estos últimos también hubiesen sido culpables! - -“Esta fué la respuesta de los sabios o, más bien dicho, de los teólogos -de antaño, puesto que casi todas las ciencias eran antes enseñadas -por el clero; y aunque hubiese habido alguna persona que hubiera -dudado de la posibilidad de dicha catástrofe, se habría guardado muy -bien de revelar su opinión, pues ahí estaba pronto el despotismo de -la teocracia para ponerle un freno a la lengua cada vez que hubiera -tratado de poner en discusión cualquiera de las falsas hipótesis de la -ciencia teocrática. Pero al dar esa respuesta, creían que nadie les -había de probar lo contrario, y muy lejos estaban de creer que llegaría -un día no muy lejano en que se probaría por medios evidentes y hechos -irrecusables, no tan sólo que los numerosos restos organizados que se -hallan enterrados en las entrañas de la tierra no son el resultado -del diluvio universal, sino que hasta se llegaría a demostrar que es -imposible que esta misma catástrofe haya tenido lugar...” - -En efecto, el agua que se encuentra en nuestros mares es insuficiente -para cubrir toda la superficie de la tierra, hasta los picos más -elevados. Para sostener la existencia del diluvio universal se debería -suponer que las aguas provienen de algún punto exterior al planeta, o -que Dios las creó de la nada y después de haber conseguido su objeto -las volvió a la nada. Tal hipótesis le parece imposible, geológicamente -hablando, pues de todos los fenómenos que se han verificado en nuestro -globo, desde sus orígenes, no se conoce ninguno debido a causas -sobrenaturales; “por consiguiente, el diluvio universal, explicado -por causas agenas a las leyes naturales y que no caen bajo nuestros -sentidos, es un absurdo, es un imposible geológico. Casi todas las -montañas, aun las más altas del globo, presentan en su superficie -bancos de coral, conchas marinas de diferentes especies, etc., que -los partidarios del diluvio universal atribuyen a dicho cataclismo, -suponiendo que las aguas los llevaron y depositaron en las cimas de las -montañas; pero ¿cómo explicar el hecho de que muchas de esas montañas, -desde su base hasta su cima, están en su interior completamente llenas -de dichos despojos puestos por capas sucesivas; que cada una contiene -sus fósiles característicos de los cuales no se encuentran vestigios -en las otras capas; y que cada una denota pertenecer a períodos de -millares de años durante los cuales se fueron modificando lenta pero -progresivamente los seres animales que durante ellos vivían? ¿Cómo -explicar el hecho de que algunas de esas capas están compuestas de -animales marinos y otras de fluviales? Nunca consiguieron los teólogos -explicarlo satisfactoriamente. - -“Sólo a los ateos, según los llaman ellos, les estaba reservado poder -explicarlo satisfactoriamente, como han probado de un modo evidente los -geólogos que dichas montañas no son otra cosa que terrenos formados -lentamente en el fondo de los mares y los lagos, que más tarde fueron -sublevados por efecto del calor del horno central de la tierra, que -careciendo, comparativamente a la gran intensidad de su calor, de -suficientes válvulas de seguridad (volcanes), los formaba en los puntos -menos resistentes de la corteza terrestre sublevando inmensas capas de -terreno, cuya mayor parte yacían en el fondo de los mares de aquella -época, y que son los que constituyen nuestras montañas actuales”. - -Los partidarios de las viejas tradiciones creyeron defenderlas -reconociendo esos acontecimientos geológicos, pero agregando que habían -ocurrido antes del diluvio legendario; los efectos de éste debían -buscarse en los terrenos móviles o poco coherentes (sedimentarios) -que descansan sobre los anteriores y a los que se dió el nombre de -_diluvium_ o terrenos diluvianos. “Por consiguiente, la cuestión no se -reduce más que a saber si realmente los terrenos, a cuyo conjunto se ha -dado el nombre de _diluvium_, son el producto de una gran catástrofe. -Casi todos los geólogos modernos, fundándose en hechos, pruebas y -razones convincentes, se han declarado por la negativa.” - - * * * * * - -Lo que Ameghino se propone, en suma, no es simplemente describir -observaciones estratigráficas ni colecciones de fósiles; desea -intervenir en uno de los grandes conflictos trabados entre la Ciencia -y la Religión, poniendo al servicio de la primera sus observaciones -personales. En efecto, “los terrenos que ocupan la superficie de las -pampas argentinas hasta una profundidad de veinte metros y más, a -cuyo conjunto se ha dado el nombre de _formación pampeana_ o terrenos -pampeanos, corresponden por su situación geológica a los que en Europa -se han llamado diluvianos. En estos terrenos se han encontrado, lo -mismo que en sus análogos europeos, los huesos de un gran número de -mamíferos conocidos generalmente con el nombre de _antediluvianos_. -En estos terrenos se han encontrado huesos humanos y objetos de su -industria, a los cuales, por estar como están, mezclados con huesos -de mamíferos extintos llamados _antediluvianos_, habría también que -aplicarles dicho calificativo. Ahora bien: el término _antediluviano_ -ha sido introducido en la ciencia para designar cualquier cosa que -fuera anterior al supuesto diluvio universal, cuya existencia era -antes casi generalmente admitida. Si conservásemos dicho término para -designar los animales que se encuentran en el terreno pampeano y los -huesos humanos que se han encontrado junto con ellos, sería lo mismo -que si dijéramos que los animales a que pertenecieron dichos huesos -fueron anteriores a la supuesta catástrofe diluviana, es decir, a una -supuesta fecha o punto de partida, puesto que el diluvio, como nos -lo quieren hacer entender los defensores de las erróneas tradiciones -bíblicas, no ha sido más que una gran inundación simultánea sobre toda -la superficie de la tierra. - -“Por eso es que para nuestros fines nos resulta de suma necesidad -saber si los terrenos pampeanos han sido formados momentáneamente por -efecto de una gran inundación, o son, por el contrario, el producto de -la reunión de un gran número de causas, que estuvieron en actividad -durante un largo número de años. - -“Si lo primero es exacto, los animales cuyos restos encontramos en -ellos deben haber vivido con anterioridad a la catástrofe que los -formó y de la que fueron víctimas; y en ese caso el calificativo de -_antediluviano_ les sería bien aplicado. - -“Si fuese lo segundo, el término _diluvio_ o _diluviano_ ya no -indicaría una data o fecha, sino una época o un gran período de tiempo, -durante el cual habrían tenido vida los numerosos seres organizados -cuyos restos se encuentran en los terrenos que durante él se formaron; -y, en consecuencia, el término _antediluviano_ sería mal aplicado, -porque equivaldría a decir que tuvieron vida anteriormente a una -catástrofe que jamás ha tenido lugar y podría substituirse por el de -_diluviano_, que equivaldría a decir que tuvieron vida durante la época -o período así llamado. - -“Vamos a tratar de resolver la cuestión no con simples hipótesis o -argumentaciones sin fundamento, sino con razones, pruebas y hechos, -cuya exactitud podrá comprobar cualquiera”. - -Su propósito no es, como se vé, simplemente descriptivo; si observa -terrenos y colecciona fósiles, persigue fines ideológicos más elevados. -Tiene, ciertamente, a los veinte y dos años preocupaciones que merecen -el nombre de filosóficas. Reaparecen ellas en _La Antigüedad del -Hombre en el Plata_ (1880), verdadero resumen de todos sus escritos -precedentes, y persisten en _La Edad de la piedra_ y en el _Homenaje -a la memoria de Darwin_, verdaderos eslabones que articulan su -pensamiento juvenil con las ideas científicas de su vida entera. - - -II.--EL TRANSFORMISMO Y LA PALEONTOLOGÍA FILOSÓFICA - -El ciclo de su obra viril se inicia con _Filogenia_ (1884), obra -que por su método y orientaciones pertenece al género de la llamada -_paleontología filosófica_. - -Después de Goethe, Oken y Buffon,--los precursores,--el transformismo -fué enunciado, con firmeza creciente, por Lamarck, Saint-Hilaire y -Darwin. Las obras de este último, concordantes con las expuestas por -Lyell en otros dominios, revolucionaron la zoología; a poco, mientras -Haeckel y Huxley le aportaban comprobaciones valiosas, cundió entre -los paleontólogos el transformismo y primaron en el estudio de los -fósiles los trabajos de reconstrucción filogenética. Neumayr delineó la -de los invertebrados, Cope la de los vertebrados; ambos introdujeron -en la paleontología el transformismo, más darwinista en el primero y -más lamarckiano en el segundo. Al mismo tiempo daba a luz Gaudry sus -leidísimos volúmenes sobre “los encadenamientos del mundo animal”, -coronados más tarde por su “ensayo de paleontología filosófica”. - -Durante la estancia de Ameghino en Europa (1878-1881) esa orientación -filosófica de la paleontología estaba en pleno auge; refléjase ella -ampliamente en _Filogenia_ (1884), obra que tiene, junto a sus muchos -méritos, los apresuramientos propios de esa época, que justificaron la -prudente voz de alarma lanzada por Zittel. - -El prólogo de _Filogenia_, en su parte final, es de un optimismo -fervoroso. Ameghino se propone restaurar el árbol filogenético para -dar la demostración irrefutable del transformismo; confiado en su -juventud, sólo pide tiempo para ello. Declara que una empresa de tal -magnitud y responsabilidad científica no puede esperarse de hombres que -tienen ya una reputación hecha y temen arriesgarse a comprometerla; las -obras revolucionarias están reservadas a los jóvenes. “Reconozco la -necesidad imperiosa de proceder cuanto antes a bosquejar este ensayo de -clasificación genealógica, y voy a acometer la empresa sin disimularme -las dificultades que para ello tendré que vencer, los deberes que me -impone, los sinsabores que quizá me reserva y la acerba crítica con que -sin duda será acogido por todos los que no tienen fe en el porvenir -y en las innovaciones, y ven detrás de cada revolución un caos, sin -reflexionar que después del fuerte rugir del trueno y de la obscuridad -que momentáneamente produce el encapotado cielo, la bóveda celeste -se muestra más límpida y azul, y el sol aparece más brillante y más -hermoso”. - -_Filogenia_ es un simple punto de partida, la fijación del método -para llegar al fin; así lo expresa el subtítulo: “principios -de clasificación transformista basados sobre leyes naturales y -proporciones matemáticas”. - -Nunca olvidó Ameghino esa orientación filosófica inicial. Pasó los -más de sus años siguientes en clasificar las cuatro grandes faunas -paleontológicas de las formaciones pampeana, paranaense, hermosense -y patagónica, determinando a la vez sus condiciones geológicas; -pero de tiempo en tiempo volvió a lanzar una mirada sinóptica a -su obra, conexionándola con sus propios orígenes y proyectándola -sobre el porvenir[34]. Ya en plena madurez, acicateado por algunos -descubrimientos, renacieron en él con nuevos bríos las inclinaciones -antropogenéticas que había revelado en el capítulo final de -_Filogenia._ Ocupó sus últimos años en perfeccionar la serie de -los ascendientes del hombre, problema de la mayor trascendencia -filosófica. Sostuvo, como Darwin y todos los darwinistas, que los -antecesores del hombre no deben buscarse entre los actuales monos -antropomorfos, sino entre los monos ya extinguidos que dieron origen a -ambas ramas; pero a todos los excedió en el empeño que puso en acabar -una demostración tan inútil. No la necesita ya ningún transformista; -nunca parecería suficiente a quien desee creer en el origen -sobrenatural del hombre y en la invariabilidad de las especies. - - -III.--“MI CREDO;” LOS CUATRO INFINITOS; LA VIDA Y LA MUERTE - -En 1899 publicó Ameghino tres artículos sobre _Los Infinitos_: espacio, -materia y movimiento[35]. Sus conceptos fundamentales reaparecieron -en la conferencia _Mi Credo_, pronunciada el 4 de agosto de 1906, en -la Sociedad Científica Argentina; en este conocido trabajo renovó su -adhesión a los principios del naturalismo filosófico, cuyas hipótesis -más corrientes expuso en forma sencilla y con visible originalidad en -ciertos detalles. - - * * * * * - -Concebía el Cosmos como un conjunto de _cuatro infinitos_: el inmutable -_infinito espacio_, ocupado por el _infinito materia,_ en _infinito -movimiento_ en la sucesión del _infinito tiempo_. - -“Materia y espacio tienen la relación de contenido y continente. El -espacio existe, es una realidad, puesto que en el Universo es lo único -inmóvil, perenne, inmutable, sirviendo de receptáculo a la materia. -Concebir algo que sea menos que el espacio o que se encuentre fuera de -él, es un imposible. - -“La materia es la substancia palpable que llena el Universo, y no -podemos figurárnosla sino ocupando espacio; es evidente que la porción -del espacio ocupada por un átomo de materia no puede ser a la vez -ocupada por otro. - -“La materia no tuvo principio, ni tendrá fin. Que es indestructible, es -evidente, puesto que no es concebible la posibilidad de sacarla fuera -del espacio. - -“Como inseparable del espacio tenemos el intangible infinito tiempo, -que podemos definir como la sucesión infinita de la nada corriendo -paralelamente a las sucesivas fases de la eterna transformación de la -materia. - -“Como inseparable de la materia tenemos el infinito movimiento, que -aunque inmaterial, a diferencia del infinito tiempo, es sensible y -tangible.” - - * * * * * - -Dejando los infinitos intangibles, espacio y tiempo, se detiene -Ameghino a examinar los dos infinitos tangibles: materia y movimiento. - -Acepta el atomismo para explicar la constitución de la materia. El -movimiento no existe independiente de la materia; es sinónimo de fuerza -o energía. - -La evolución de la materia obedece a dos movimientos opuestos, de -igual intensidad: concentrante y radiante, es decir, de atracción y -repulsión. La evolución concentrante es progresiva; la radiante es -regresiva. - -Un principio fundamental rige la universalidad del movimiento: “la -intensidad del movimiento está en relación inversa de la densidad -de la materia”. Hay mundos en formación y mundos en disolución: ese -equilibrio es eterno. - -La materia presenta numerosos estados, desde el etéreo que llena -los espacios estelares, hasta el pensante que constituye el cerebro -en actividad. La estructura de esos estados es variadísima, -correspondiendo a cada uno de ellos un agrupamiento molecular distinto. -La transición entre esos estados es necesariamente progresiva. “La -infinita variedad de aspectos bajo los cuales se presenta la materia, -como todos los fenómenos físicos y químicos, se reduce al predominio -(localizado en el tiempo y en el espacio) del movimiento concentrante -o del movimiento radiante, que modifican la materia variando a lo -infinito su grado de elevación jerárquica y la complejidad de los -agrupamientos moleculares. Todos los elementos de la materia son -múltiplos del átomo único fundamental: el éter. - -Los cambios de estado de la materia se acompañan de absorción o emisión -de calor. - -Si los átomos son impenetrables, las moléculas son penetrables; los -distintos estados de la materia coexisten contenidos los unos en los -otros. - -Las diversas formas de energía se transforman entre sí en proporciones -siempre equivalentes. - -Los fenómenos físicos consisten en variaciones de la composición -molecular de la materia; los fenómenos químicos son disociaciones y -reagrupaciones de los elementos moleculares. - -Las leyes naturales, con excepción de las muy pocas que rigen los -infinitos, no son eternas ni inmutables; son modos de equilibrio -entre el movimiento concentrante y el movimiento radiante: a cada -modificación de las condiciones de equilibrio corresponde una variación -de las leyes naturales. - - * * * * * - -“No hay diferencia de substancia entre los cuerpos orgánicos y los -cuerpos inorgánicos, entre el cuerpo vivo y el cuerpo muerto”; entrando -en la composición de ambos los mismos elementos, su diferenciación -es secundaria y no primitiva, datando de una época relativamente -recientísima. Los organismos se formaron sobre la tierra cuando -su condensación fué suficientemente avanzada y la temperatura -suficientemente baja para que no se coagularan los albuminoides: “los -organismos son el resultado de la transformación de los inorganismos”. -La vida es una modalidad complicada del movimiento: todas sus -manifestaciones se reducen a formas de movimiento que ya encontramos en -los inorganismos. - -La cantidad de materia viviente es invariable en las actuales -condiciones de equilibrio de la tierra y no variaría en cuanto ellas -persistiesen; está determinada por la cantidad de nitrógeno disponible -que existe sobre la tierra, que no puede sufrir aumento o disminución -sin producir un desequilibrio en el estado dinámico periférico de -nuestro globo. - -Los primeros organismos se constituyeron por generación o evolución -espontánea, al transformarse la materia inorgánica. Actualmente la -generación espontánea no existe. No puede existir porque ya no hay -nitrógeno libre, cuya totalidad está acaparada por el mundo orgánico -existente, que representa la cantidad máxima de materia susceptible de -vivir. - -La formación espontánea de la materia viviente se efectuó una sola vez -y no volverá a producirse; fué una etapa en la evolución de la corteza -terrestre, cuyas condiciones no se repetirán. La vida continuará sin -discontinuidad mientras duren las actuales condiciones de equilibrio de -la corteza terrestre. La materia de la corteza de los otros planetas ha -pasado o pasará por la misma etapa, lo que implica la posibilidad de -que sobre ellos aparezcan organismos vivientes. - -Si la cantidad de materia viva es invariable, el aumento numérico de -algunos organismos debe implicar la disminución de otros; esa es la -causa última de la concurrencia vital o lucha por la vida. Siendo -limitada la cantidad de materia asimilable, ese es el límite natural de -la reproducción en los organismos: unos seres tienen que sucumbir para -que los demás puedan vivir. - -Colocado en condiciones favorables del medio, el protoplasma, o -los seres vivos elementales, serían inmortales; la muerte es un -desequilibrio entre el ser vivo y su medio. - -Los organismos más complicados son colonias de organismos elementales, -entre quienes se dividen las funciones necesarias a la vida del -conjunto; su muerte es un desequilibrio en esa división del trabajo. - -La diversificación, complicación y perfeccionamiento de los organismos -se efectúa por una constante adaptación al medio, el cual también -evoluciona constantemente. - -En la evolución individual cada organismo atraviesa las etapas -recorridas por sus antecesores en la evolución de las especies: la -ontogenia repite la filogenia, en sus fases generales. - -Los hábitos adquiridos en la evolución de la especie, aparecen en -el individuo como instintos; siguiendo ese proceso, que nada puede -interrumpir, el hombre de las edades futuras nacerá con todos nuestros -conocimientos actuales involucrados potencialmente en su instinto. - - * * * * * - -Los seres vivos mueren cuando la disimilación es mayor que la -asimilación; el organismo se mineraliza progresivamente y sus funciones -se entorpecen hasta hacer imposible el equilibrio total. - -El hombre podrá algún día retardar su muerte, “poco menos que -indefinidamente”. El término de duración de la vida no es fijo; debemos -dilatarlo el mayor tiempo posible. “No creo que la muerte deba ser -siempre una consecuencia inevitable y fatal de la vida”. Los organismos -unicelulares, en determinadas condiciones, son teóricamente inmortales; -los policelulares mueren porque sus células se mineralizan y dejan de -funcionar, lo que se efectúa en época fija e invariable. Aunque la masa -total de materia viviente sea invariable, ella puede estar dividida -entre un número variable de individuos. “Puede, pues, concebirse, -sin que sea un contrasentido ni esté en contradicción con las leyes -naturales en vigencia, la posibilidad de que pudiera existir cierto -número de organismos inmortales, que vivieran constantemente a expensas -del mundo orgánico”. - -Para alcanzar una longevidad indefinida es necesario que el -funcionamiento orgánico no sea obstruído por la acumulación de -sedimentos inertes. La tendencia evolutiva hacia una mayor longevidad -es general y está muy acentuada en los organismos superiores; el hombre -podría conocer las condiciones que la determinan y adaptar su propia -evolución en ese sentido, “darle dirección y colocarse resueltamente en -el camino de la inmortalidad”. - -A nuestros lejanos descendientes “dotados de una longevidad de miles de -años; con el saber innato de sus antecesores, heredado bajo la forma -de instinto; con órganos de los sentidos mucho más perfectos que los -del hombre actual; con una materia pensante infinitamente superior, les -seria posible resolver los grandes problemas del Universo que se nos -presentan todavía en forma de lejanas nebulosas”. La especie humana -actual, salida de las precedentes, engendrará a su vez una especie más -perfecta, próxima al concepto que el hombre se forma de la divinidad. -En nuestros futuros descendientes, podría quedar cumplida la profecía -bíblica: ellos serían a imagen y semejanza de los dioses[36]. - - -IV.--NOCIÓN DE DIOS Y NOCIÓN DE ESPACIO - -La concepción del Cosmos como conjunción de cuatro Infinitos, se -encuentra explicada con mayor detenimiento en los artículos ya citados, -anteriores a _Mi Credo_. La concepción panteísta está desenvuelta en -su breve artículo _Noción de Dios y noción de Espacio_[37], destinado -a contestar la pregunta: “¿Hay algo que en verdad exista, o que -cuando menos pueda ser concebido en sana lógica como existente, que -esté más arriba que el espacio y la materia?” Y después de reconocer -la universalidad de la creencia en “un ser superior que gobierna el -Universo y es autor y origen de todas las cosas”, da su respuesta -decisiva: “la existencia de un ser superior, creador del Universo, es -incompatible con la noción de la existencia y la eternidad del espacio -y la materia”. Trata de probar con múltiples razonamientos lógicos la -incompatibilidad de las nociones de Dios y de Espacio, terminando con -las siguientes conclusiones explícitas: - -“La idea de Dios es una idea primitiva, simple, sencilla, infantil, -hija del temor que engendra lo desconocido y de la ignorancia, que sólo -tiene ojos para ver las apariencias. Idea nacida con el hombre desde el -estado salvaje y que ha ido modificándose poco a poco a medida que el -hombre se civilizaba y cultivaba su inteligencia, hasta hacer de tal -idea una concepción puramente metafísica, dotada de atributos no menos -metafísicos, sirviéndome de esta expresión en su acepción más vulgar, -que quiere que sea metafísico todo aquello que no se comprende. Y en -efecto: nada hay, por consecuencia, tan metafísico como la noción de -Dios y de sus atributos, puesto que todo ello es lo más incomprensible. - -“La noción de espacio es, por el contrario, una idea compleja, que sólo -ha podido presentarse en espíritus elevados y afirmarse como resultado -del conocimiento previo del Cosmos. - -“Una no deja lugar para la otra; y así como todo pueblo inferior -se aniquila, desaparece y se extingue al estar en contacto con uno -superior, así también la noción de Dios se disipa ante la concepción -mucho más grandiosa, a la par que real y positiva, de la eternidad de -la infinita materia, en movimiento infinito, que llena el infinito -espacio”. - - -V.--FILOGENIA DEL LENGUAJE - -Nunca osaron pensar Lamarck y Darwin, que la Anatomía Comparada y -la Paleontología podrían corroborar el transformismo explicando las -variaciones morfológicas que han permitido la evolución del lenguaje. -Ameghino lo intentó en su escrito póstumo “_Origen poligénico del -lenguaje articulado_”, en cuyo texto parece alterado el orden natural -de los problemas y no están bien distribuídos los materiales[38]. - -Fácil es separar en esta monografía los elementos relativos al estudio -de cuatro cuestiones distintas: 1.ᵒ Filogenia General del Lenguaje; -2.ᵒ Restauración filogenética de los órganos del lenguaje articulado; -3.ᵒ Origen poligénico de las lenguas humanas; 4.ᵒ Seriación de los -elementos fonéticos del lenguaje articulado. - - * * * * * - -La primera cuestión--Filogenia General del Lenguaje--parte de que, en -la evolución de las especies animales, el lenguaje va convirtiéndose de -mímica emotiva en lenguaje articulado. Para ello pasa por cuatro etapas -progresivas: - -1.ª Lenguaje animal o emotivo, propio de los animales, constituído por -gritos vocales acompañados de expresiones musculares (gestos) para -determinar mejor su significado. - -2.ª Lenguaje exclusivamente vocal o prehumano, propio de los -antecesores del hombre. - -3.ª Lenguaje semiarticulado, constituído por vocales y semiconsonantes, -sonidos intermedios que participan a la vez de la vocal y de la -consonante. Corresponde a los primeros representantes del género -humano, cuya mandíbula carecía, todavía, de apófisis geniglosa. - -4.ª Lenguaje articulado, en el que los órganos bucales entrecortan -el sonido vocal para constituir sílabas distintas. Este ha -comenzado con la formación de la apófisis geniglosa, y ha alcanzado -independientemente distintos grados de desarrollo. - -(La parte mímica, expresiva o emotiva, ha ido disminuyendo a medida que -iba en aumento el significado de las voces). - -Ameghino analiza cada una de esas cuatro etapas, deteniéndose, -especialmente, en la última, o sea el lenguaje articulado. - -“No quiero invadir terreno extraño a mis conocimientos. Sin embargo, -se me permitirá que exprese mi opinión, según la cual considero el -estudio y clasificación de las lenguas del mismo modo que el estudio y -clasificación de las especies en historia natural. Las lenguas deben -ser tratadas como se tratan las especies. Schleiger ya había entrevisto -este paralelo entre la lingüística y la historia natural, reconociendo -que el lingüista debía abordar el estudio de las lenguas en la misma -forma que el botánico estudia las plantas; pero no llevó el parangón a -términos más precisos. Esta es la vía que debe seguirse. - -“Las lenguas representan para mí las especies, y los dialectos las -variedades de esas especies; las lenguas madres representan las -familias y varias familias afines constituyen los órdenes de lenguas. - -“Las especies lingüísticas están constituídas por tres sistemas de -órganos: 1.ᵒ Los sonidos son los caracteres más fundamentales, los -órganos (sonidos) duros de las lenguas, los que forman su armazón o -esqueleto, equivalentes a los huesos en los vertebrados; son, como -éstos, los que varían y se modifican con mayor lentitud, y, por -consiguiente, los que deben servir para la distinción de los grupos -principales, como los órdenes y su origen. 2.ᵒ Las voces o palabras, -equivalen a los órganos blandos que varían con mucha mayor facilidad y -sirven para determinar o definir las especies (lenguas) y variedades -(dialectos). 3.ᵒ Las construcciones y formas gramaticales son sistemas -de órganos que sirven para determinar las relaciones que hay entre las -especies (lenguas) y agruparlas en géneros y familias. Entre esos -órganos los hay primitivos, recientes, atávicos, perfectos, etc.” - -“En las lenguas, como en las especies en historia natural, hay -numerosísimas variedades, especies, géneros y familias extinguidas. -Para llegar a resultados definidos hay que estudiar las lenguas -desde el punto de vista filogenético, el mecanismo de los sonidos -en sí y en sucesión en el niño, es decir, aplicando el método de -los paleontólogos para establecer las líneas filogenéticas de los -distintos grupos lingüísticos. Hay, pues, que hacer la filogenia de -las formas desaparecidas y de cada uno de los órganos (es decir, de -los sonidos), determinando la época de aparición relativa o sucesiva, -y las modificaciones que esos sonidos han debido experimentar desde su -primera aparición hasta nuestros días”. - - * * * * * - -Nada más lógico que la segunda cuestión--Restauración filogenética de -los órganos del lenguaje articulado--para el autor de _Filogenia_. -El lenguaje articulado es una función desempeñada por órganos. -Prescindiendo de su aspecto psíquico, vinculado a la anatomía -e histología cerebrales, Ameghino se detiene a estudiar los -órganos indispensables para que el lenguaje vocal se convierta en -semiarticulado y en articulado. - -Examina, en primer lugar, la variación progresiva de los huesos y -órganos que intervienen en la fonación y en la articulación de los -sonidos; bien observada, esta parte del trabajo resulta una nueva (y, -en verdad, inesperada) aplicación del _procedimiento de la seriación_ -a los órganos del lenguaje, para restaurar _su filogenia_. “Los -representantes actuales de la clase de los mamíferos y lo que la -paleontología nos enseña sobre los que los han precedido, nos permiten -rehacer el camino de la evolución de estos órganos desde los mamíferos -más primitivos hasta el hombre”; los analiza, deteniéndose en los monos -y en los antropomorfos, advirtiendo que “en la naturaleza actual no -hay formas de transición entre esa conformación propia de los cebinos -y los catarrinos, y la del hombre. Pero los primeros hombres que -aparecieron sobre la tierra, muestran a este respecto una conformación -completamente intermedia, y en algunos casos puede decirse que idéntica -a la de los monos”. - -Atribuye una importancia especial en la función del lenguaje -articulado a la morfología de la apófisis geniglosa, eje principal -de los movimientos linguales en el hombre. Carecen de ella todos los -mamíferos; en los antropomorfos, que se consideran tan cercanos al -hombre, la dificultad de hablar depende, no sólo de la ausencia de la -apófisis geniglosa, sino de la disposición de la dentadura y de los -labios. En los antecesores inmediatos (especies o razas) del hombre -actual, falta esa apófisis; de ese hecho puede inferirse lógicamente -que ellos no pudieron poseer un lenguaje netamente articulado. Parécele -evidente que esta clase de lenguaje fué primitivamente simple y -limitado a muy pocos sonidos; el uso desarrolló los músculos linguales -y el crecimiento de la apófisis geniglosa, permitiendo esta última una -grandísima amplitud de movimientos en todas direcciones, correlativa a -la creciente complicación del lenguaje articulado. - -Fácilmente se adivina que las observaciones sobre dicha apófisis -han sugerido a Ameghino sus hipótesis generales sobre filogenia del -lenguaje. - - * * * * * - -La tercera cuestión planteada en este bosquejo--origen poligénico de -las lenguas humanas--está muy someramente expuesta. ¿La adquisición -de la función del lenguaje articulado se ha efectuado en una sola -región de la tierra o en varias a la vez, ha tomado origen en una -sola raza o en varias por separado? Para dilucidar este problema se -resuelve “a examinar las mandíbulas antiguas que del hombre se conocen -en las diferentes partes del mundo, para poder determinar si todos se -han desenvuelto sobre el mismo plan y seguido un mismo camino, o si -obedecen a distintos planes y han seguido distintos caminos. En el -primer caso, habría probabilidad de un origen único, siempre que ese -camino no hubiera sido emprendido independientemente en las distintas -regiones. Pero si el modo de desarrollo obedece a más de un plan y -un camino, entonces es evidente, que el origen es independiente y -poligénico”. De ese estudio infiere: 1.ᵒ Que el lenguaje articulado -tiene diversos orígenes independientes. La apófisis geniglosa es -un carácter poligénico y no monogénico. Esta apófisis empezó a -delinearse, en el fondo de la fosa geniglosa, independientemente -en las grandes regiones de la tierra y también en pueblos de una -misma región; empezó por pequeñas rugosidades que representaban, -entonces, un carácter profético. El estado en forma de fosa geniglosa -sin rugosidades ni apófisis, fué la característica del hombre al -concluir la época terciaria. 2.ᵒ Todo induce a creer, además, que la -facultad del lenguaje, no solo las razas humanas la han adquirido -independientemente, sino también en épocas distintas y algunas en -tiempos geológicos relativamente muy recientes”. - - * * * * * - -La cuarta de las cuestiones--Seriación de los elementos fonéticos del -lenguaje articulado--es la que ha alcanzado un desenvolvimiento menos -incompleto (Cap. V, titulado “sonidos consonantes”). También es, -ciertamente, la parte más constructiva y original, aunque se advierte a -cada instante que el autor no conoce los estudios modernos de fonética -experimental y comparada; esto le habría facilitado su obra y sus -resultados serían más valederos. - -Es imposible resumir los análisis que le llevan a reconstruir ciertos -“phylae” de evolución de los sonidos lingüísticos fundamentales. El -_procedimiento de la seriación_, establecido en _Filogenia_ para los -caracteres de los huesos fósiles, aparece aquí aplicado a seriar los -elementos fonéticos (fonemas) del lenguaje articulado. No se sabe qué -admirar más, si el ingenio, si la lógica, si algunos resultados cuya -evidencia resulta de la imposibilidad de lo contrario. Es un bosquejo, -sin duda; el propio Ameghino reconoce y lamenta su ignorancia de las -disciplinas filológicas corrientes. Pero lo importante es la indicación -de un _nuevo método_ para el estudio comparado de las lenguas, que -contribuiría a la formación de una _filología genética_ realmente -integral. - -Las ideas generales que dominan en este escrito póstumo contienen -todo lo útil que podía esperarse de la obra completa: una orientación -para otros. Ameghino carecía de nociones rudimentarias de fonética y -de filología; había llegado a una edad en que no pueden emprenderse -estudios enteramente nuevos[39]. - - -VI.--OTROS ASPECTOS - -Algunas ideas de _Mi Credo_ están desenvueltas en un escrito póstumo de -Ameghino: _El Origen de la Vida_[40]; son breves notas sobre el origen -de los seres, la primera aparición de la vida, la generación espontánea -en el origen de la misma, su improbabilidad actual, las condiciones -necesarias para el desarrollo de la vida, etc. Carecen de originalidad, -desarrollando las ideas más corrientes entre los partidarios de la -teoría físico-química. - -Fácil es advertir que Ameghino, en el _Credo_ que hemos sintetizado -con fidelidad, da por planteados y resueltos los problemas filosóficos -de “origen” y de “genealogía”. Sobre el origen del cosmos, de la vida -y del pensamiento, adhiere estrictamente al naturalismo filosófico; -pertenece a la corriente de pensadores que en el siglo pasado contó -con grandes nombres, desde Darwin hasta Ostwald, convergiendo a una -_concepción del mundo fundada en las ciencias naturales_. Justo es -advertir, sin embargo, que sus ideas se limitaron a generalizaciones -poco definidas, no alcanzando la forma del monismo energético, que ha -sido la expresión más sistemática de esa tendencia. - -En cuanto al problema “gnoseológico”, piedra de toque para clasificar -a un filósofo, Ameghino admite, de hecho, que la experiencia es el -fundamento de todo conocimiento, iniciándose como observación empírica, -coordinándose como ciencia y proyectándose en lo desconocido como -hipótesis fundada en la experiencia. Nunca trató en particular este -problema de lógica, ajeno a sus dominios científicos; pero siempre que -a él se refirió incidentalmente, su obsecuencia al método científico -fué absoluta y se esforzó por practicarlo, en cuanto ello le fué -posible. - -Su posición moral fué netamente optimista. Se dejó llevar por la -imaginación en sus previsiones relativas a la futura longevidad humana, -que llamó “inmortalidad” en términos metafóricos, más propios de la -poesía que de la ciencia. - -Rindió culto a la Verdad con derechez ejemplar y virtud pocas veces -igualada. Y, sin salir de la Naturaleza, imaginó un Dios nacido de la -Naturaleza misma: el Hombre perfeccionado de la humanidad futura. - - - - -ÍNDICE DEL VOLUMEN IX - - - Págs. - - _Agote, Luis_ --El Helenismo de Alejandría 28 - - _Blanco, Julio Enrique_ --Sobre el origen y desarrollo de - las ideas teleológicas en Kant 223 - - _Besio Moreno, Nicolás_ --Ulises en el infierno dantesco 437 - - _Bianchi, Alfredo A._ --La huelga sangrienta 304 - - _Bustos, Zenón_ --La Revolución Social que nos amenaza 136 - - _Culturales, Asociaciones_ --La huelga sangrienta 318 - - _Donoso, Armando_ --La conversión de Brunetiére 206 - - _Ferreyra, J. Alfredo_ --Emile Corra y los ejércitos invisibles 239 - - » » --Acotaciones a Montaigne 358 - - _González, Joaquín V._ --La Paz Internacional y el Derecho - de las Naciones 279 - - _Giusti, Roberto F._ --La huelga sangrienta 304 - - _Guardia, Ernesto de la_ --La unidad en la estética 253 - - _Ingenieros, José_ --Psicología de los celos 83 - - » » --La significación histórica del - movimiento maximalista 146 - - » » --La moral de Ulises 264 - - » » --La huelga sangrienta 315 - - » » --Las ideas filosóficas de Ameghino 462 - - _Kantor, Moisés_ --El problema social y la revolución - rusa 114 - - _Korn, Alejandro_ --La Reforma Universitaria 1 - - _Laub, J._ --¿Qué son espacio y tiempo? 386 - - _Lobos, Eleodoro_ --La Reforma Universitaria 16 - - _Lugones, Leopoldo_ --La huelga sangrienta 311 - - _Maupas, Leopoldo_ --La lógica formal 56 - - » » --Lógica inductiva 406 - - _Méndez, Julio_ --La Reforma Universitaria 24 - - _Méndez Pereyra, Octavio_ --La crítica y el arte 457 - - _Mercante, Víctor_ --Marcos Sastre y “El Tempe Argentino” 46 - - _Peña, David_ --Alberdi, Sarmiento y Mitre 161 - - » » --Alberti, Sarmiento y Mitre 332 - - _Reyes, César_ --Democracia individualista 442 - - _Rivarola, Rodolfo_ --Discurso de apertura de la Universidad - de La Plata 321 - - _Senet, Rodolfo_ --Origen de los sentimientos morales 187 - - » » --Los sentimientos morales, estéticos - y religiosos 367 - - _Zeballos, Estanislao S._ --La Reforma Universitaria 6 - - - - -LA REVISTA DE FILOSOFÍA aparece bimestralmente en volúmenes de 150 a -200 páginas. - -Estudia problemas de cultura superior e ideas generales que excedan -los límites de cada especialización científica. No edita artículos -literarios, políticos, históricos ni forenses. - -Desea imprimir unidad de expresión al naciente pensamiento argentino, -continuando la orientación cultural de Rivadavia, Echeverría, Alberdi y -Sarmiento. - -Procurará contribuir a la renovación de los géneros clásicos de la -filosofía (psicología, ética, lógica, estética y metafísica) mediante -las conclusiones más generales de la experiencia científica (ciencias -físico-naturales, biológicas y sociales), cuyo conocimiento es la -premisa natural de toda elaboración filosófica. - - Ha publicado artículos de _Florentino Ameghino, José M. Ramos - Mejia, Agustín Alvarez, Joaquin V. González, Paul Groussac, - Rodolfo Rivarola, Angel Gallardo, Pedro N. Arata, Jorge - Duclout, José N. Matienzo, Ernesto Quesada, Camilo Meyer, - Carlos O. Bunge, Francisco de Veyga, J. Alfredo Ferreyra, - Víctor Mercante, Julio Méndez, Enrique Martinez Paz, Gregorio - Araoz Alfaro, Carlos Ameghino, Alvaro Melián Lafinur, Cristóbal - M. Hicken, Lucas Ayarragaray, Rodolfo Senet, Alberto Williams, - Francisco F. Fernández, Alberto E. Castex, Raquel Camaña, - José Oliva, Eduardo Acevedo, Julio Barreda Lynch, Salvador - Debenedetti, Juan W. Gez, Ricardo Rojas, Maximio S. Victoria, - Alfredo Colmo, Alicia Moreau, Emilio Zuccarini, Augusto Bunge, - Vicente D. Sierra, Raúl A. Orgaz, Teodoro Becú, Ramón Melgar, - Julio Cruz Ghio, Ernesto Nelson, Nerio A. Rojas, Alberto - Palcos, Félix Icasate Larios, Horacio Damianovich, Leopoldo - Maupas, E. Herrero Ducloux, Julio Noé, Alcira Villegas, etc._ - -Su sección bibliográfica tiende a constituir una base de información -retrospectiva y contemporánea de la cultura americana, y especialmente -de la argentina. - -Para esta iniciativa desinteresada, emprendida sin el concurso de -ninguna institución o sociedad, no cuenta el editor con subvenciones -del Estado ni con la publicación de anuncios comerciales. - -Las personas estudiosas que deseen recibir la REVISTA, deben adjuntar -el exiguo importe de la suscripción anual, estrictamente reducida a los -gastos tipográficos y postales. - - Suscripción anual, 10 $ m/n.--Número suelto, 2 $ m/n. - - Exterior, anual, 1 Libra esterlina o 5 dólares - - Toda la correspondencia administrativa diríjase a: - - Casa Vaccaro.--Avenida de Mayo 638 - Buenos Aires. - - - - -FOOTNOTES - - -[1] A este preciso momento se refiere Sarmiento en la siguiente carta -que me escribió en enero de 1888, año de su muerte, con motivo de -la aparición del diario _La Epoca_ que fundé y dirigí en la ciudad -de Rosario. La valiosa comunicación del grande hombre fué como el -_Programa_ de mi hoja. Escrita toda ella de su puño y letra, el -original no presenta ni una simple enmendatura. Esta carta fué -reproducida por la _Revista de Derecho, Historia y Letras_ en junio de -1899. - -He aquí esa carta, que acaso pueda ser considerada como el último -aliento espiritual de Sarmiento: - - “Señor don David Peña--Rosario. - - “Mi jóven amigo: - - “Con el primer mes del año 1888 me anuncia un amigo aparecerá - en el Rosario un diario dirigido por usted. Apenas asome las - narices a la luz pública, encargo a usted lo salude con el - sacramental: HAPPY NEW YEAR y le eche sobre los hombros como - blandos pañales o sobre la cabeza, como la imposición de las - manos de los ancianos, a guisa de bendición, las palabras que - siguen, puesto que quiero que, como retoños de viejo roble, se - reconozcan como descendientes felices los diarios del Rosario, - de la alocución que dirigí a sus habitantes en 1852 al pasar - por sus desiertas y apenas trazadas calles, con la _primera - página impresa_ que vió la luz en Rosario, aun antes de existir - una imprenta. - - “Traíala ambulante el Ejército Grande, y hubo de lanzar desde - el Rosario, como que entraba en campaña, su primer boletín. - - “No había de montarse la prensa por pesada, ni adiestrádose el - personal de cajistas e impresores, para echar a volar mil hojas - sueltas en una hora. - - “Un jefe de Estado Mayor preside la operación del tiraje. Al - principio, la tripulación de aquel barquichuelo se encoge - de hombros y se ríe del propósito de hacer milagros con tan - exigüos medios: una escobilla para entintar la forma, que está - negra y muda sobre un banco, a guisa de yunque donde el Vulcano - de nuestro siglo, ha de descargar sus repetidos martillazos, - hasta que entrando en calor el metal, tome la forma que el - arte, la ciencia y la voluntad humana le imprima. Esta es la - prensa. - - “¡Atención! manda el sañudo jefe, vamos a imprimir una carta a - los vecinos del Rosario prometiéndoles la victoria de Caseros. - (Una concurrencia de pueblo, inmensa, toda la platita labrada - del Rosario que cabía dentro de una sala en 1852, se había - reunido para felicitarnos y desearnos feliz y gloriosa campaña - contra el tirano). - - “¡Atención! ¡Numerarse por la derecha! 1, 2, 3, 4, 5, 6. - Número uno, pone tinta a la forma con el entintador a guisa de - tapón; núm. 2, pone la hoja de papel; núm. 3, impone encima la - frasquetita de papel; núm. 4, golpea con la escobilla hasta - que se impriman las letras del otro lado; núm. 5, levanta la - frasqueta; núm. 6, retira la hoja impresa y luego, el núm. 1, - entinta la forma; núm. 2, pone el papel; núm. 3, impone la - frasqueta, etc. _Da capo_. El que retira el papel va a leer - lo impreso, para ver si está bien. ¡Alto ahí!, grita el jefe - que manda la maniobra. Ese movimiento no está en la táctica de - imprimir al vuelo, se pierde tiempo, se para la rueda. Al fin y - tirados los ejemplares, se van apartando los malos. - - “La operación sigue, los artilleros se adiestran a cargar - aquel formidable obús, una página impresa que tantas murallas, - torreones y barreras ha hecho caer; y que, como el otro día me - mostrasen en la estupenda fábrica de cerveza de Mr. Biecker, - un obrero que hace catorce años está llenando botellas de - cerveza, y sus manos corren de una a otra como se ven las - alas del picaflor agitarse hasta desaparecer, yo me decía, - sin sorprenderme, patarata ¡si hubieran visto imprimir en el - Rosario mil hojas de una carta impresa, al aire libre, rodeados - seis obreros inteligentes, de una forma, haciendo volar hojas y - más hojas!... - - “Este es el origen de la imprenta en el Rosario, y aquella - escena su más claro timbre de gloria. ¿Conservará alguien algún - ejemplar de aquella carta a los ciudadanos? Sería un buen - pergamino que ostentase ese diario de ud. para demostrar que - es Fijodalgo, y no un cualquiera, sino de muy noble alcurnia, - lanzado a la calle, a la de Dios que es buena. - - “Ahora, el Rosario es la primera ciudad de la República - Argentina, por el número de sus habitantes y su asombroso - movimiento, sus muelles, su red de ferrocarriles, de - circunvalación y subterráneos, pues Buenos Aires es la capital, - y no entra en las ciudades de provincias. La Plata, ha ya - destronado a Córdoba. El Rosario es el Chicago del Río de la - Plata, al que los ascensores colosales envían torrentes de - trigo y lino que van a desembarcar a Inglaterra, pues los - granos se embarcan a sí mismos cayendo dentro de las bodegas de - los vapores que los trasportan.” - - Pero el Rosario, es además, la boca y los oídos por donde - entran los alimentos y los espíritus y los rumores de la - civilización. El Rosario es la capital del pueblo argentino - transformándose de raza, de instintos, de ideas, y es allí - donde debe estar, para el servicio de los pueblos nuevos, aquel - banco, a guisa de yunque, para amartillar ideas, que unos pocos - vecinos vieron funcionar en 1852:--la imprenta. Sea ese diario - de ud. el yunque. La barra de hierro agrio, frío, duro, que - tenemos por delante es la _nacionalización de residentes_, - y esos residentes están en el Rosario, en la Esperanza, en - cien colonias, felices y afincados, sin haber declarádose - propietarios orgullosos de la patria que han conquistado con - el sudor de su frente, para legar a sus hijos con la República - libre, y no para mandar de regalo a algún príncipe pseudo de - allende los mares. - - Le he descrito la manera de imprimir boletines en seis tiempos, - y dejar atrás las prensas a vapor. Tomo de “Viajes por Europa, - Africa y América”, la receta que me enseñó un gran maestro, y - he aplicado con grande e infalible éxito a enfermos que los - médicos habían declarado incurables; oiga usted: - - “En Barcelona encontréme con Juan Tompson, uno de esos - pobres emigrados argentinos que en cada punto de la tierra - se encuentran en mayor o menor número, como aquellos griegos - de Constantinopla cuando los Hunos se apoderaron de ella. El - Facundo había caído en manos de Merimée, el académico francés, - que estaba allí; la Revista de Ambos Mundos acababa de hacer - su complaciente _Compte-rendu_ del librote, y heme aquí, que - sabiendo mi llegada a Barcelona, M. Lesseps, el célebre cónsul - general que se había ilustrado al resplandor de los bombardeos - de aquella ciudad, andaba a caza del bicho raro que tan raro - libro había escrito. - - Amigos a las dos horas de conocernos, Cobden, que a la sazón - estaba en Barcelona, tuvo los honores de un te, durante el - cual debía serle yo presentado. ¿Os imagináis a Cobden, un - O’Connell vivo, cáustico, entusiasta, ardiente en la polémica, - rápido, inspirado en la réplica? ¡Cuánto os engañáis, mi pobre - Victorino! (Lastarria). Es un papanatas, fastidiado como un - inglés, reposado como un axioma, frío, vulgar, si es posible - decirlo, como las grandes verdades. - - Hablamos casi los dos solos toda la noche; contóme algunas - de sus aventuras, de sus luchas, mostróme sus medios de - acción, la estrategia de su palabra, los cuentecillos con que - era preciso entretener al pueblo para que no se durmiera, - escuchando. Lamentóse de la casi insuperable dificultad que - oponían las masas por su incapacidad de comprender, por sus - preocupaciones; dióme una tarjeta por si alcanzaba él a estar - de regreso en Mánchester a mi paso por aquella ciudad y no nos - separamos sino en la puerta de mi hotel, quedando yo abrumado - de dicha, abismado de tanta grandeza y tanta simplicidad, - contemplando medios tan nobles y resultados tan gigantescos. - No dormí esa noche, tenía fiebre: parecíame que la guerra iba - a caer en ridículo, cuando generalizándose aquel sistema de - agregación de voluntades, de justa posición de masas, fuese - puesto en práctica, para destruir abusos, gobiernos, leyes, - instituciones. ¡Qué cosa más sencilla! - - Hoy somos dos, mañana cuatro, el año siguiente mil, reunidos - públicamente en un mismo gobierno. ¿Resiste el gobierno? - - Es que aún no somos muchos, es que quedan en favor del abuso - mucho más. - - Sigue la predicación y los folletos, y los diarios, y la - asociación y la Liga. El Gobierno o las Cámaras saben el día y - la hora en que están vencidos y ceden; íd. ¡a poner en planta - tan bello sistema en América! - - Cobden había destruído o atacado, antes de comenzar su obra, - todos los grandes principios en que reposaba la ciencia - gubernativa. El _equilibrio europeo_ él lo declaró manía de - entrometerse en asuntos ajenos por desaburrirse los ministros. - Las _colonias_ eran sólo el medio de proporcionar empleo a - los hijos menores de los lores. La _balanza comercial_, el - resumen de la ignorancia en economía. La política con todas sus - pretensiones de ciencia, el charlatanismo de bobos o de pillos. - - La _protección_ a las industrias nacionales, un medio inocente - de robar dinero al vuelo, arruinando al consumidor y dejando - en la calle al fabricante protegido. En cambio de todas estas - verdades fundamentales él sustituía el buen sentido, el sentido - común de todos los hombres, más apto para juzgar que la ciencia - interesada de lores y ministros. - - Ahora parto para Africa. Llevo cartas para el mariscal Bugeaud, - y una casi orden al cónsul de Mallorca para que me haga - conducir a Argel por el primer vapor de guerra que se presente.” - - Ya conoce usted la receta, y la historia ha probado que es - infalible; pruébela usted en el Rosario aunando voluntades, - pueblos, patriotismo, intereses en uno común: la República - Argentina independiente, culta y libre. - - Yo siento que me flaquean las fuerzas, que el cuerpo es - débil y que debo emprender otro viajecito luego. Pero, estoy - preparado precisamente porque se necesita poco equipaje; con - lo encapillado sobra; pero llevo el único pasaporte admisible, - porque está escrito, en todas las lenguas: “servi a la - humanidad”. De pobre que era, en unos países, le mostré caminos - y mares que conducían a otros más felices, y un millón me debe - en parte haber ahorrado a sus hijos las más duras penas de la - vida, que son la destitución y el hambre. Habían vendas espesas - de ignorancia y barbarie en el pueblo y traté de arrancarlas; - oí el ruido en torno mío, el ruido de cadenas que no estaban - aún rotas y me junté a quienes forcejeaban por quebrantarlas. - Hoy trato de reunir muchos egoísmos, muchos dialectos en una - sola masa homogénea: el pueblo, y pudiera ser que un misil me - alcance, y tenga que dejar caer de la mano la espada, que, - como lo ha visto, es la pluma que usted empuña. Guárdela del - orín del negocio, suprimiendo o avanzando ideas, según sopla - el viento. Le aseguro que por todas partes nos es favorable; - con Wilson caen los negociantes, en favores; con Cleveland - se robustece la moral en la política. Con la nacionalización - de residentes habremos engrandecido la Patria. Las colonias - de Santa Fe, el Rosario con cien mil almas luego, son apenas - bosquejos de bellos cuadros de bienestar y libertad que no - hemos de ir a buscar en Europa, dejada a los que en ella moran. - - Saluda a usted su affmo. amigo - - D. F. SARMIENTO. - -[2] Ocupándose Sarmiento de la primera parte de este episodio en casa -del presidente Avellaneda, se apoyaba en él para elogiar al general -Urquiza en forma extraordinaria. Pero antes de referir a mi manera el -juicio, prefiero transcribir la página que lo contiene, del _Número -Único_ que se publicó en homenaje de Urquiza en la ciudad de Buenos -Aires en mayo de 1901 y que dice textualmente así: - - URQUIZA JUZGADO POR SARMIENTO - - “Habiendo hecho conocer don Marco Avellaneda del doctor David - Peña un juicio de Sarmiento sobre Urquiza, consignado en - un interesante libro de recuerdos personales, en el que se - hallan entremezclados impresiones y juicios de otra época, - recogidos por el actual Ministro de Hacienda y por él salvados - del olvido en esta forma íntima, empeñóse el doctor Peña con - amistosa insistencia, en obtener una copia de esa página, que - textualmente reproducimos: - - “En tiempo de la presidencia de mi hermano Nicolás, nos - encontrábamos reunidos una noche en su casa particular, varias - personas, entre las que estaba el general Sarmiento. - - Se hablaba del talento militar del general Paz, y dirigiéndose - mi hermano a Sarmiento, le dice: ¿Cuál de los militares que - usted ha conocido tenía más talento? Urquiza--contestó sin - trepidar--y ante la exclamación de sorpresa con que fué - recibida su respuesta, agregó--“¡Sí! Urquiza tenía genio - militar y también genio político. - - “Yo lo he tratado en la campaña contra Rosas, nos dijo. Voy a - referirles algunos rasgos suyos en apoyo de mi opinión. - - “Desde que atravesamos el Paraná, el general Urquiza principió - a preocuparse del militar a quien Rosas confiara el mando - del ejército--recorría los nombres de todos los que a éste - acompañaban y se detenía siempre en el del general Pacheco. Era - el único que le inspiraba recelos, y se propuso anularlo. - - He aquí el medio de que se valió: Le escribió cartas en - términos amistosos, casi confidenciales. Leí una de ellas en - la que le anunciaba que su primer acto, después de vencer a - Rosas sería nombrarlo gobernador de Buenos Aires, conteniendo - además, frases como éstas: “como usted sabe...” “de conformidad - a lo que le comuniqué...” que indicaban que procedía de acuerdo - con él. La correspondencia era conducida por _chasques_ a - puntos en donde debían ser tomados por agentes de Rosas. Tres - o cuatro gauchos fueron degollados, pero logró su objeto. - Pacheco fué separado del ejército de Rosas. En el combate entre - las vanguardias que tuvo lugar el 31 de enero, las tropas de - Urquiza entraron a la pelea vivando a Pacheco. - - En seguida Sarmiento refirió los siguientes hechos: “El día - de la batalla de Caseros, el general Urquiza, al frente de su - ejército, recorría con su anteojo de campaña la línea enemiga - hasta que llamó a un joven oficial de su escolta, diciéndole: - “--Ayúdeme a buscar las tropas del jefe N. que derrotamos el - día 31”. Una vez que fueron encontradas, inició el ataque - llevando el ataque contra ellas, que dió por resultado la - completa dispersión de esas fuerzas, que, desmoralizadas ya por - la derrota anterior, ni siquiera intentaron resistir. - - Pocos momentos antes de principiar la batalla, se acerca a gran - galope un ayudante del general Virasoro, que le dice: “--El - jefe del estado mayor manda prevenir a V. E. que ha olvidado - indicarle cuál será el punto de reunión en el caso de una - contraste”--“Contéstele usted que no hay mas punto de reunión - que el campo de batalla”. - - “Estas palabras, continuó Sarmiento, habían sido pronunciadas - cuarenta años antes por Napoleón; pero yo estoy seguro de que - Urquiza no las conocía, porque no era hombre para plagiar a - Napoleón ni a nadie. - - “Lo que he referido me basta para pensar que el general Urquiza - tenía genio militar, y creo que también tenía genio político. - - “Su programa de fusión de olvido del pasado; su llamamiento - a los federales de posición social que no se habían manchado - con crímenes, como los Anchorena, los Carreras, el doctor - Lorenzo Torres, etc., no tenía por objeto, como se ha creído - vulgarmente, ofender a los unitarios y satisfacer sus pasiones - de partido, sino que, por el contrario, eran el fruto de - un hábil y bien meditado plan político, porque creyó con - razón, que no era posible fundar un gobierno solamente con - nosotros, los unitarios, que éramos llamados advenedizos, - porque no teníamos ni fortuna, ni familia, ni relaciones, ni - vinculaciones de ningún género con la sociedad de nuestro país. - Pero, en lo que demostró más habilidad política fué en convocar - a los gobernadores al acuerdo de San Nicolás. - - “Derrotado Rosas, no dejaba ninguna institución, ningún poder; - nada quedaba en pie, sino esos gobernadores de provincia, - semibárbaros todos, y asesinos y ladrones en su mayor parte. - - Eso era lo único que podía servirle para formar un Congreso que - constituyera el país. Ahora estoy perfectamente convencido de - ello. - - ¿Qué habría sucedido si Urquiza deja que las provincias - derrocasen a sus gobernadores, antes de que se reuniese - el Congreso Constituyente? Significa decir que se hubiera - encendido la guerra civil, porque no hay que olvidar que muchos - de ellos tenían elementos para defenderse. Si pensamos en el - aislamiento en que vivían los pueblos, en el desierto que los - rodeaba, en las dificultades casi insuperables de comunicación, - lo probable es que hubiéramos vuelto al año 20, y que habrían - transcurrido largos años sin constituirse la Nación”. - - Mucho tiempo después de oir esta conversación que me causó - sorpresa por las opiniones anteriores de Sarmiento sobre - Urquiza, se la referí a Pedro Goyena, quien me manifestó que - le habían asegurado que el general Mitre pensaba ahora como - Sarmiento respecto al Acuerdo de San Nicolás. - - Buenos Aires, julio 31 de 1892. - - MARCO AVELLANEDA. - -[3] En unos apuntes relativos al doctor don Carlos Tejedor, que me -fueron facilitados por su esposa, figura el dato de que en aquellos -primeros días de su reincorporación a la ciudad, el doctor Tejedor se -pasaba sentado largas horas de la noche solo y reflexivo, junto a la -pirámide de Mayo. - -[4] Obras completas, t. XIV, pág. 69. - -Es sensible que esta carta no figure entre las editadas por el Museo -Mitre. La carta que se inserta en el libro editado por don Alejandro -Rosa no es igual a la presente. - -[5] Conversación íntima de Rosas con don Santiago Vasquez, -representante del gobierno de Montevideo, el mismo día que ocupa el -mando por primera vez (diciembre de 1829). (Revista del Río de la -Plata, tomo V, pág. 599). - -Rosas se adelanta y coincide en la clasificación científica de los -elementos sociales: _La foule et la élite. (La cité moderne, por Jean -Izoulet_). - -[6] SARMIENTO-MITRE. Correspondencia 1846-1868. Págs. 33-34 y 35. -(Edición de Museo Mitre). - -[7] Esta publicación contiene literalmente las conferencias que he -dado en la Facultad de Filosofía y Letras. He tratado en lo posible -de consultar las obras originales; no he podido, sin embargo, hacerlo -siempre. - -[8] A. Einstein: Zur Elektrodynamik der bewegten Korper, Annalen der -Physik, 1905. - -[9] Más tarde pienso tratar de la misma manera los otros conceptos -fundamentales de física, como masa, energía, etc. - -[10] Espacio lo identifican siempre con el espacio “vacío”. - -[11] No cabe duda que en la formación de la noción _idea_ influyen -en el espíritu de Platón los conceptos fundamentales de geometría -(formas), que no representan los objetos del mundo empírico (objetos -de la naturaleza) y tienen únicamente la existencia en nuestro -pensamiento, pues, por ejemplo, el punto, la línea, la superficie, no -existen de hecho en el mundo físico y son una abstracción de nuestro -espíritu. Además el origen psicológico de la idea platónica hay que -buscarlo en las leyes lógicas y en las normas de ética. - -[12] Esta obra es también una especie de resumen de toda la filosofía -platónica. - -[13] Muchos representantes de la filosofía idealista ven en este -hecho una cierta contradicción de Platón y hasta quieren negar la -autenticidad de la parte de Timeo en que se trata del espacio _eterno_. -A nosotros nos parece muy plausible que el fundador de la teoría de dos -mundos distintos introduzca también un modelo para el espacio. - -[14] Influencia sobre Kant y Schopenhauer. Recuerdo que Schopenhauer -empieza una de sus obras con las palabras: “Platón el divino”, etc. - -[15] Por _forma_ entiende Aristóteles no sólo la forma corporal, sino -también el conjunto de las propiedades que caracterizan a un cuerpo, -(color etc.). - -[16] “No la _esfera_, no el _metal, sino la esfera metálica_ se -_forma_”. - -[17] “Categorías” es una obra no sólo de carácter lógico gramatical, -sino también una especie de introducción a la _metafísica_ -aristoteliana. Pues aunque en el primer momento aparecen como una -clasificación de palabras--la obra empieza: “Las _palabras_, cuando -están aisladas, sólo pueden expresar una de las cosas siguientes, -etc.”--en el fondo las 10 categorías corresponden a los _distintos -modos de ser_, contenidos en las palabras. - -[18] Es ya una conclusión de la definición. - -[19] Desde Galileo y Newton sabemos que efectivamente todos los cuerpos -caen en el vacío con la misma velocidad. - -[20] Véase página 398 en el número de noviembre de 1918 de esta Revista. - -[21] A esta clase de generalización, que se suele llamar inducción -aristotélica, conviniendo todo el mundo en que no es inducción, -pertenecen las que Stuart Mill califica de generalizaciones no -dependientes de causalidad; pero tal vez sin advertir su naturaleza no -inductiva. - -[22] Véase en Wundt. LOGIK en el tomo primero la interesante exposición -que hace de la evolución del concepto de Causalidad. - -[23] Véase la exposición de esta cuestión en el _Traité de Logique -Générale et de Logique Formelle_, de REVOUVIER, T. II, Cap. XXXVIII. -Letra D. _Du principe du calcul des probabilités_. Véase también la -definición del azar en el libro de Poincaré, _Calcul des Probabilités_. - -[24] Sr. D. Nicolás Besio Moreno.--Mi querido amigo: - -Estoy más asombrado que usted, si cabe, del desatino aparecido en -mi artículo “La moral de Ulises”. La explicación, sin embargo, es -sencilla. Obligado a abreviar el texto para que cupiese en las 24 -paginitas de la colección “América” que lo editó, le hice varios -cortes, en pruebas de imprenta que no volvieron a mis manos. - -Cayó en los cortes un largo párrafo relativo a Ulises en Dante; y -para restablecer la continuidad del texto, donde decía “_No en vano_, -releyendo esa parte del poema dantesco, buscamos entre los fraudulentos -al divino Ulises, arquetipo clásico de todos los simuladores. _Y habría -sorprendido_ la ausencia...”, tuve el poco tino de corregir: “_En -vano_, etc.,... _Y sorprende_ la ausencia”. Esta modificación, sugerida -por mi propio corte al texto, resultó disparatada con relación al texto -del poema (cuyo Infierno aprendí de memoria en la niñez y del que aun -puedo recitar cantos enteros). - -Con las mismas pruebas de imprenta, ya corregidas (!) por mí, se -compuso el texto publicado en la _Revista de Filosofía_, que acaso yo -no habría vuelto a leer, ni habría rectificado nunca, sin la oportuna -advertencia de usted, que muy sentidamente le agradezco. - -Como no tengo pequeña vanidad literaria, ni me avergüenzo de esta -_gaffe_--que no es la primera ni será la última en mi obra escrita--le -ruego me autorice a publicar su interesante carta en el próximo número -de la _Revista_. - -Muy afectuosamente le saluda, su amigo.--_José Ingenieros._ - -[25] Conferencia pronunciada, bajo los auspicios del “Centro Liberal”, -en La Rioja, el 20 de febrero de 1919. - -[26] Los que descendemos de fundadores de la independencia -argentina--como Rodríguez Peña; los que pertenecemos a familias que -desde sus más remotos antepasados han gozado del concepto social de -lo que se llama aristocracia, tenemos sobrada autoridad para hablar -de este modo, y hacemos esta manifestación con el solo propósito de -evitar el seguro argumento de los “aristócratas”, empedernidos, que nos -tratarán de parciales suponiendo somos “mulatos”.--C. R. - -[27] Taine, _Filosofía del arte_. - -[28] Gauckler, _Lo bello y su historia._ - -[29] Guyau, _El arte desde el punto de vista sociológico._ - -[30] Guyau, _El arte desde el punto de vista sociológico._ - -[31] Henniquin, _La crítica científica._ - -[32] E. Marguery, _La obra de arte y la evolución_. - -[33] E. Marguery, _La obra de arte y la evolución_. - -[34] Ver “_Una rápida ojeada a la evolución filogenética de los -mamíferos_”, 1889; “_Visión y Realidad_”, 1889; “_La Argentina al -través de las últimas épocas geológicas_”, 1897; “_Sinopsis_”, 1898; -“_Sinopsis_”, 1910. - -[35] En la revista “La Pirámide”, editada en La Plata.--Con el título -_Espacio_, _Materia y Movimiento_, fueron reimpresos en la “Revista de -Filosofía”, Buenos Aires, Enero de 1918. - -[36] El texto de _Mi Credo_ dice literalmente, en términos -_deliberadamente_ equívocos: “y sólo entonces se habrá cumplido lo que -dice el profético versículo de la Biblia . . . que el hombre sea la -imagen y semejanza de Dios”. Es sabido que la palabra Dios equivale -en labios de Ameghino a Naturaleza, como en todos los filósofos -panteístas.--Sobre la analogía intrínseca entre el ateísmo y el -panteísmo, ver mis escritos _Hacia una moral sin dogmas_ (Capítulo III) -y _Proposiciones_, Cap. II, “La hipocresía de los filósofos”. - -[37] Publicada en “Revista de Filosofía”, Buenos Aires, Noviembre de -1917, con la siguiente nota: - -“Hace algunos años, una delegación de una biblioteca de Chivilcoy fué -a visitar al eminente sabio, que ya era director del Museo de Historia -Natural de Buenos Aires, y le invitó a colaborar en un número único que -esa institución se proponía editar. - -“El sabio accedió, y, para no escribir una página de paleontología, -escribió _Noción de Dios y noción de espacio_, que completa otros -tres trabajos breves (“Los infinitos”, “El infinito materia” y “La -constitución de la materia y el infinito movimiento”) que había -escrito, accediendo a colaborar en una revista intitulada “La -Pirámide”, que se editaba en La Plata. - -“La biblioteca chivilcoyana debió estremecerse ante el presente griego -que le resultaría el trabajito enviado por el sabio, y, sin duda, para -no hacerlo público sin ofender al director del Museo, renunció hasta -hoy a publicar el número único. - -“Así es cómo quedaron inéditas hasta ahora estas pocas páginas que el -señor Alfredo J. Torcelli, compilador de las obras de Ameghino, entrega -a la publicidad por intermedio de esta _Revista_”. - -[38] Publicado en los “Archivos de Pedagogía y Ciencias Afines”, La -Plata, Octubre de 1911, con la siguiente advertencia: “Trabajo póstumo -y sin terminar, escrito a fines de 1910 y a principios de 1911”.--Los -originales (acaso no enumerados por el autor) no han sido bien -ordenados para esa publicación, que aumentaría en interés y claridad -con una ordenación distinta. - -[39] El editor de las _Obras Completas_ prestaría un servicio a -los lectores de Ameghino si al reimprimir este bosquejo variase la -disposición de sus párrafos y la distribución del material, buscando -una ordenación más lógica.--En la forma actualmente conocida, el -trabajo es de difícil intelección. - -[40] Publicado en “Revista de Filosofía”, Buenos Aires, Marzo de 1918, -con la siguiente nota del editor de sus _Obras Completas_: - -“_Origen y persistencia de la Vida_” es un trabajo que Ameghino había -empezado a redactar antes de su salida del Museo de La Plata. - -Parecería que el sabio condensó el propósito de esa obra en este -pensamiento, que después fué más claramente expuesto en “_Mi Credo_”: - -“Yo no pretendo haber encontrado la causa del movimiento: el Movimiento -en sí mismo es un Infinito comparable al Infinito Tiempo y al Infinito -Espacio; es comparable a la Materia en que es como ella transformable, -pero no extinguible.--Lo que creo haber encontrado es la ley a que -obedece: esto es, que la cantidad de Movimiento está en relación -inversa de la masa”. - -Entre los papeles del sabio han sido hallados dos planes de la obra: -uno, que parece previo y comprende nueve títulos; y otro, más amplio, -que comprende quince títulos. El capítulo que hoy se entrega a la -publicidad es el undécimo. - -La continuación sistemática y metódica de _Origen y persistencia de -la Vida_ debió ser dejada de mano por Ameghino, sin duda esperando -disponer alguna vez de tiempo y de tranquilidad para conducirla a -término. Pero a través de los años ha ido depositando en las tapas -de los cuadernos que le servían de carpetas esbozos de ideas y hasta -simples títulos de asuntos. - -De las apuntaciones de pensamientos que existen en la carpeta -denominada “Prólogo”, resulta que era propósito del autor escribir su -obra en francés, tratando la evolución en conjunto. - -“Quien crea en los dogmas--dice--y profese como artículos de fe la -creencia en la existencia del alma, en la inmortalidad futura y en la -muerte como fin o término de todo ser, tiene bastante con lo que sabe y -no tiene necesidad de aprender más: está en posesión de toda la ciencia -que es capaz de asimilarse. No precisa leerme. Que sea feliz con su -saber”.--ALFREDO J. TORCELLI. - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Revista de Filosofía, Año V - Nº - - May/1919, by Various - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK REVISTA DE FILOSOFIA, MAY, 1919 *** - -***** This file should be named 53718-0.txt or 53718-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/7/1/53718/ - -Produced by Adrian Mastronardi and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Revista de Filosofía, Año V - Nº 3 - May/1919 - Cultura--Ciencias--Educación - -Author: Various - -Editor: José Ingenieros - -Release Date: December 12, 2016 [EBook #53718] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK REVISTA DE FILOSOFIA, MAY, 1919 *** - - - - -Produced by Adrian Mastronardi and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net - - - - - - -</pre> - - -<div style="max-width: 50em; margin: auto;"> - -<div class="border-bottom"> - -<p class="noindent">Año V—N.ᵒ 3</p> - -<p class="right move-up">Mayo de 1919</p> - -</div> - -<h2>Revista de Filosofía</h2> - -<p class="center larger">Cultura—Ciencias—Educación</p> - -<p class="center"><span class="smaller">PUBLICACIÓN BIMESTRAL DIRIGIDA POR</span><br /> -JOSÉ INGENIEROS</p> - -<h3>SUMARIO</h3> - -<table summary="sumario"> - <tr> - <td><i>321</i>—<i>Rodolfo Rivarola</i></td> - <td><a href="#DISCURSO_DE_APERTURA_DE_LA_UNIVERSIDAD">Discurso de apertura de la Universidad.</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>332</i>—<i>David Peña</i></td> - <td><a href="#ALBERDI_SARMIENTO_Y_MITRE">Alberdi, Sarmiento y Mitre. Alrededor de 1852.</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>358</i>—<i>J. Alfredo Ferreyra</i></td> - <td><a href="#ACOTACIONES_A_MONTAIGNE">Acotaciones a Montaigne.</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>367</i>—<i>Rodolfo Senet</i></td> - <td><a href="#LOS_SENTIMIENTOS_MORALES_ESTETICOS_Y_RELIGIOSOS">Los sentimientos morales, estéticos y religiosos.</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>386</i>—<i>J. Laub</i></td> - <td><a href="#QUE_SON_ESPACIO_Y_TIEMPO">¿Qué son espacio y tiempo?</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>406</i>—<i>Leopoldo Maupas</i></td> - <td><a href="#LOGICA_INDUCTIVA">Lógica inductiva.</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>437</i>—<i>Nicolás Besio Moreno</i></td> - <td><a href="#ULISES_EN_EL_INFIERNO_DANTESCO">Ulises en el Infierno dantesco.</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>442</i>—<i>César Reyes</i></td> - <td><a href="#DEMOCRACIA_INDIVIDUALISTA">Democracia individualista.</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>457</i>—<i>Octavio Méndez Pereyra</i></td> - <td><a href="#LA_CRITICA_Y_EL_ARTE">La crítica y el arte.</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>462</i>—<i>José Ingenieros</i></td> - <td><a href="#LAS_IDEAS_FILOSOFICAS_DE_AMEGHINO">Las ideas filosóficas de Ameghino.</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc" colspan="2"><a href="#INDICE_DEL_VOLUMEN_IX"><span class="smcap">Índice del volumen IX</span></a></td> - </tr> -</table> - -<p class="center">Redacción: calle Viamonte 743<br /> -Administración: Casa Vaccaro—Avenida de Mayo 638<br /> -BUENOS AIRES</p> - -<h3>EN LOS NUMEROS PRÓXIMOS</h3> - -<table summary="en los numeros próximos"> - <tr> - <td><i>Carlos O. Bunge</i></td> - <td>Ensayo sobre Sarmiento (póstumo)</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Ernesto Quesada</i></td> - <td>Desenvolvimiento social hispano americano.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Juan Agustín García</i></td> - <td>Notas sobre la evolución colonial.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>José Nicolás Matienzo</i></td> - <td>Problemas universitarios.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Roberto J. Giusti</i></td> - <td>Ensayo sobre Amiel.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Pedro N. Arata</i></td> - <td>La ciencia en la época del Renacimiento.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Franciso de Veyga</i></td> - <td>La psicología hindú.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Rodolfo Rivarola</i></td> - <td>Cuestiones de filosofía política.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Joaquín V. González</i></td> - <td>Problemas culturales y universitarios.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Leopoldo Maupas</i></td> - <td>Ensayos de lógica.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Carlos F. Melo</i></td> - <td>Fundamentos y función social del Derecho.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Enrique Mouchet</i></td> - <td>Sobre psicología del lenguaje.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Víctor Mercante</i></td> - <td>Principios básicos de la educación.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Rodolfo Senet</i></td> - <td>Los sentimientos morales y religiosos.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Juan Chiabra</i></td> - <td>La metafísica dogmática contra la ciencia.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>J. Alfredo Ferreyra</i></td> - <td>Estudios de ética.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Alcira Villegas</i></td> - <td>Ética social.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Félix Icasate Larios</i></td> - <td>Las categorías en Aristóteles y Kant.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>R. Sarmiento Laspiur</i></td> - <td>La obra científica de Julio Méndez.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Cristóbal M. Hicken</i></td> - <td>La obra científica de Eduardo L. Holmberg.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Eusebio Gómez</i></td> - <td>Psicología de las pasiones antisociales.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Narciso Laclau</i></td> - <td>El problema de la vida.</td> - </tr> -</table> - -<h3><i>Obras de JOSÉ INGENIEROS</i></h3> - -<p>Acaban de reeditarse:</p> - -<p class="center">LA SIMULACIÓN EN LA LUCHA POR LA VIDA <span class="smaller">(11.ª edición -corregida)</span></p> - -<p>Un volumen de 220 páginas: $ 1 m/n.</p> - -<p class="center">SIMULACION DE LA LOCURA <span class="smaller">(8.ª edición, revisada -por el autor)</span></p> - -<p>Un volumen de 400 páginas: $ 2 m/n.</p> - -<p class="center">SOCIOLOGÍA ARGENTINA <span class="smaller">(7.ª edición, muy aumentada)</span></p> - -<p>Un volumen de 450 páginas: $ 2 m/n.</p> - -<p class="center">PRINCIPIOS DE PSICOLOGIA <span class="smaller">(6.ª edición, corregida)</span></p> - -<p>Un volumen de 400 páginas: $ 2 m/n.</p> - -<p class="center">CRIMINOLOGIA <span class="smaller">(7.ª edición, corregida)</span></p> - -<p>Un volumen de 314 páginas: $ 2 m/n.</p> - -<p class="center">EL HOMBRE MEDIOCRE <span class="smaller">(5.ª edición, muy corregida)</span></p> - -<p>Un volumen de 250 páginas: $ 1 m/n.</p> - -<p class="center">HACIA UNA MORAL SIN DOGMAS</p> - -<p>Un volumen de 212 páginas: $ 1 m/n.</p> - -<p class="center">PROPOSICIONES, relativas al porvenir de la filosofía</p> - -<p>Un volumen de 160 páginas: $ 1 m/n.</p> - -<p class="center">Pedidos a la Casa Vaccaro, <span class="smcap">Avenida de Mayo</span> 638, Buenos Aires</p> - -</div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_321" id="Page_321">[321]</a></span></p> - -<div class="border-bottom"> - -<h1><span class="smcap">REVISTA de FILOSOFIA</span></h1> - -</div> - -<div class="border-bottom"> - -<p class="noindent">Año V—N.° 3</p> - -<p class="right move-up">Mayo de 1919</p> - -</div> - -<h2 id="DISCURSO_DE_APERTURA_DE_LA_UNIVERSIDAD">DISCURSO DE APERTURA DE LA UNIVERSIDAD</h2> - -<p class="center"><span class="smcap">Por el Dr. RODOLFO RIVAROLA</span></p> - -<p class="center">Presidente de la Universidad de La Plata</p> - -<p>La situación actual del mundo, en lo político, económico, -social y moral presenta problemas para un porvenir inmediato -de tal magnitud que ni siquiera me animo a nombrar, y mucho -menos a abrir discusión sobre ellos en este acto. Están fuera -de nuestro país, y asimismo, gravemente al parecer, dentro -de nuestras fronteras. Diríamos que se respiran en el ambiente -y producen en nuestro espíritu una sensación de peligro -próximo. Con todo, no es de ello que debo hablar en este -acto, sino de lo concreto de nuestros problemas más inmediatos, -los que correspondan a la común aspiración de la mejor -enseñanza, y a la mayor consideración y estimación recíproca -de profesores y alumnos.</p> - -<p>En mi razonamiento, lo que digo significa, para mí, que -hay un compromiso de conciencia que nos afecta por igual a -profesores y alumnos. Tenemos los primeros que saber claramente -para qué enseñamos y los segundos saber también -claramente para qué asisten a nuestras enseñanzas.</p> - -<p>En el análisis de la primera proposición <i>para qué enseñamos</i>, -confesemos dos motivos egoístas: la satisfacción de una -tarea honrosa y la percepción del honorario. No podemos -moralmente contentarnos con los motivos egoístas. Uno y -otro implican el cumplimiento de un deber, sin el cual, en vez -de satisfacción, sentiríamos vergüenza y pena, si tenemos conciencia -regularmente normal y moral. Nuestro honorario se -compone de dos partes: una que paga la Sociedad por su órgano, -el Estado; otra que pagan los alumnos a título de derechos -que la Universidad percibe. Nuestro servicio será para la -Sociedad, en cuanto la Universidad deberá proveerla de aptitudes -individuales útiles para su bienestar, su mejor gobierno, -sus mejores servicios administrativos, su mayor producción -económica, su mejor justicia, su mejor moralidad, salud o<span class="pagenum"><a name="Page_322" id="Page_322">[322]</a></span> -higiene. Deberá ser para cada alumno, en cuanto le habilitará -para que sirviendo bien a la sociedad, se sirva a sí mismo mediante -la remuneración honrada de su trabajo.</p> - -<p>Si hemos tomado a nuestro cargo la responsabilidad de -enseñar, es porque confiamos en nuestras aptitudes; pero tal -vez no meditamos suficientemente en el fin de nuestras enseñanzas. -De aquí se sigue que nuestros planes de estudios, -nuestros programas o nuestros métodos puedan carecer de -precisión para orientarnos hacia la utilidad social e individual.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Es urgente distinguir entre la elaboración de la ciencia -y su aplicación, o sea entre investigar y hacer. ¿Por qué -haríamos un investigador de física cuando sólo necesitamos -un electricista? ¿Por qué haríamos un botánico, cuando -necesitamos un agricultor? Un electricista deberá convertir -su habilidad en dinero: un agricultor lo mismo. Su servicio -será para un industrial, particular, sociedad o colectividad, -en vista de una retribución correspondiente. ¿Qué haría -con el investigador de física o de botánica, el industrial a -quien sólo interesara el rendimiento económico más provechoso, -si el sabio ocupara su tiempo en adelantar la ciencia -en vez de adelantar las entradas en dinero de la industria? -Ante el peligro de que la investigación científica arruinase -la industria ¿despediría el sabio o, por lo menos, le relegaría -a un laboratorio y tomaría un técnico? Lo que digo del físico -y del botánico, lo digo también del químico, del médico, del -veterinario, del abogado y de cuanto <i>saber</i> debe transformarse -en <i>hacer</i>, de cuanta ciencia debe ser arte: <i>arte de curar</i>, se -decía de la medicina.</p> - -<p>El método de educar para la ciencia y el método de preparar -para la profesión, son necesariamente diversos como -correspondientes a fines distintos. El primero aspira a la -explicación más completa de las cosas; el segundo a la ejecución -más perfecta de las obras. La ejecución es más perfecta -cuando responde con mayor exactitud al fin deseado, aunque -en cualquier caso particular el ejecutor ignore la explicación. -Continuando todavía con uno de los ejemplos que he propuesto, -la agricultura es fuente de riqueza nacional; la proposición -sería de una trivialidad afligente si intentara decir alguna -novedad. En ella va contenida la afirmación de ser la agricultura -arte de economía; arte de producir riqueza transformada -en su signo representativo, la moneda. Cuando diplomamos -a un perito agrónomo, no tenemos que certificar sus -conocimientos científicos o teóricos en las diversas ciencias<span class="pagenum"><a name="Page_323" id="Page_323">[323]</a></span> -que adelantan la agricultura. Se nos pide únicamente que -certifiquemos su habilidad para transformar semilla en dinero. -Deberá nuestro perito tener esta habilidad; con el menor gasto -posible producir la mayor utilidad. No solamente deberá -saber cuál es la semilla que produce mejores plantas, sino que -es indispensable que sepa cuánto cuesta y dónde se vende, y -deberá saber qué precio se obtendrá por los productos. La -perfección de este arte no estará, pues, en presentar los -frutos más hermosos, según el criterio estético, sino en obtener -los de mayor utilidad económica, porque este es el fin del -servicio. Una escuela de agronomía es, pues, una escuela -económica, destinada a preparar comerciantes de la agricultura, -y ella misma debe ser una casa de comercio agrícola, para -que sus alumnos puedan ser buenos comerciantes (no demos -a la palabra la acepción jurídica) de la industria rural.</p> - -<p>Sé que expreso estos pensamientos contrarios a otros que -oigo y leo sobre enseñanza agrícola. Tengo desde muchos -años en los oídos esta frase de los especialistas más respetables -y distinguidos: las escuelas de agricultura son establecimientos -de enseñanza y no de producción; a lo cual contesto -que deben ser de producción para que se aprenda a producir. -Pero declaro que mi interés de este momento no es abrir polémica -sobre esta cuestión, sino presentar un ejemplo de demostración -lógica, aplicable a cualquier arte, considerada en el -único aspecto que indicará el método de enseñarla: su finalidad. -Quien acude a un abogado porque tiene un pleito, le -interesará que su letrado obtenga el reconocimiento de lo que -cree su derecho, le importará poco lo que sepa sobre problemas -de reformas legislativas, que correspondan al grado de estudio -cuyo objeto es la mejor organización de la sociedad. Lo mismo, -quien acude a un médico es para que le cure la enfermedad; -le importará poco cuáles sean sus profundos conocimientos -en determinada investigación de laboratorio, si no ha visto -muchos enfermos y aprendido su arte al lado de quien los -asistía y los curaba de modo que él mismo sepa curar... por -lo menos las enfermedades curables, las únicas que se curan, -como decía el doctor Wilde.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>El tema que aquí trato es el mismo que sometí a la Asamblea -General de Profesores, en agosto del año pasado; y lo -consideraremos de nuevo en la próxima Asamblea General. Me -sirve ahora para traerlo hasta algunas de las cuestiones universitarias -que parecen haber tomado mayor importancia.</p> - -<p>Las ideas corrientes de organización universitaria argentina, -sus planes de estudio y métodos, aspiran a hacer principalmente -profesionales, o sea técnicos, mediante métodos de investigación<span class="pagenum"><a name="Page_324" id="Page_324">[324]</a></span> -científica. No hay distinción positiva, bien clara, -entre la preparación para la ciencia y la preparación para -la profesión. No tenemos escuelas técnicas, porque la enseñanza -técnica está dentro de las mismas universidades, y cuando -se encuentra afuera imita los métodos y planes científicos, -aspira a igualar con la enseñanza que debería ser puramente -científica y no profesional. No es para mí inconveniente que -se encuentre dentro de la Universidad lo científico puro y lo -profesional, lo elemental y lo superior; pero a condición de -que distingamos lo que corresponde a una y otra finalidad de -la enseñanza.</p> - -<p>Cuando se cita el ejemplo de universidades extranjeras, -especialmente alemanas, y se encomia su admirable libertad -de enseñar lo que el profesor quiera, y de aprender el alumno -lo que quiera, de asistir o de no asistir a clase, de elegir unas -materias y no otras, de no dar exámenes, etc., se advierte al -mismo tiempo que en aquellas universidades la enseñanza es -puramente científica, y que la técnica se da en institutos -especiales. He mostrado en otro momento y lo repito ahora, -que hay gravísimo error en aplicar aquellas ideas a las universidades -argentinas, que no son puramente científicas, sino que -proponen a la vez los dos fines de preparación para la ciencia -y para la profesión.</p> - -<p>Cuando los estudios científicos con educación especial en -métodos adecuados y rigurosos, corran por separado de los -métodos para la preparación profesional, diremos claramente -que no hay exigencia de asistir a clase, ni reglamento de práctica, -ni obligación de alumno: quien quisiere aprender asistirá -a la enseñanza que pueda darle quien tenga ciencia para enseñar.</p> - -<p>Esta separación es simplemente una tesis que sostengo; -no es una realidad existente en nuestras universidades. Muchos, -tal vez la mayoría, no creen en ella, como yo no creía antes -de haberme rectificado. Toda la enseñanza universitaria está -organizada bajo el supuesto de una base científica sin distinción -de finalidad científica o profesional. De esto resulta que, -en definitiva, no sea ni preparatoria de aptitudes científicas -ni preparatoria de habilidad profesional.</p> - -<p>La medida en que la enseñanza científica deberá servir -a la preparación profesional, es en casos particulares de positiva -dificultad. Lo reconozco y lo declaro. Por eso mismo, -y mientras la tesis no se haya convertido en realidad, corresponde -que cada alumno se proponga a sí mismo la cuestión de -su propia vocación y destino que desea dar a sus estudios. En -la enseñanza de cada materia, encontrará una parte o un -aspecto, un modo o un método que se ajustará mejor a sus<span class="pagenum"><a name="Page_325" id="Page_325">[325]</a></span> -deseos o conveniencias. Es en este sentido que la presencia -en la clase será para él un beneficio que a su tiempo lamentará -haber descuidado, aun cuando a su juicio, en cuya infalibilidad -de hoy no debe creer, le parezca que la enseñanza no responda -a su interés futuro.</p> - -<p>Por otra parte, quien aspire solamente a ejercer una profesión, -por ser ésta de carácter que requiere derivarse de -conocimientos científicos, ninguna medida de tiempo que -emplee en adquirirlo le será perjudicial para su profesión. -De la misma manera, quien aspire a consagrar su empeño en -la adquisición de la ciencia, en ninguna manera le será perjudicial -cualquier contacto con el arte o aplicación profesional -de la ciencia.</p> - -<p>Demasiado sabemos por experiencia propia que no alcanzamos -a ser hombres de ciencia, desde que discutimos o inventamos -muy poca cosa en la vía de la producción científica, y -si adquirimos alguna habilidad profesional es con frecuencia -mediante rectificación de errores que reconocemos después de -haberlos cometido.</p> - -<p>Mediante la misma rectificación de errores bajo el látigo -de la experiencia diaria, hemos llegado a profesar en la cátedra -y a tener en verdad cierta experiencia que utilizamos y debemos -utilizar para aprovechamiento de los jóvenes que en calidad -de alumnos nos reclaman el fruto de lo que la vida haya sembrado -en nuestro espíritu. Agregaré, porque es verdad y -porque hablo sin disimulo, que así como no todas las tierras -son apropiadas para que la semilla germine y salga a la luz la -planta, no en todos los espíritus la experiencia da frutos iguales. -Resulta así natural desigualdad en aptitudes para -enseñar. Tal desigualdad se hará mayormente manifiesta, -cuanto mayor sea lo que puede llamarse individualismo profesional, -quiero decir, completa libertad del profesor para hacer -o no hacer, enseñar o no enseñar, guardar analogía con la -media normal del método de enseñar, o no guardarla, sea por -mayor aproximación a cualquier extravagancia de genio o -de talento, o por retardo, hijo de la pereza, o de cualquier -otra madre.</p> - -<p>Entretanto, cumplidas las exigencias de planes de estudio -y programas, el decano o director de instituto firma un diploma -que certifica con valor de instrumento público inatacable -que el poseedor del pergamino o cartulina sirve profesionalmente -para lo que el documento declara. Suscripto -por el decano o director, el documento pasa a la firma del -presidente de la Universidad y es así, bajo esta doble fe de -verdad, que el público la recibe.</p> - -<p>Parece elemental que por respeto a la firma propia, que<span class="pagenum"><a name="Page_326" id="Page_326">[326]</a></span> -es el propio honor, nada sea suscripto por ella que no sea -verdad. De esto nace el deber de verificar si es cierto -lo que bajo la propia firma se declara y el derecho de hacer -lo necesario para cumplir con el deber. El decano o director -tiene deber y derecho de verificar la enseñanza que se da bajo -su dirección inmediata y el rector o presidente tienen deber -y derecho de exigir que la vigilancia sea cumplida. Estas -son funciones del cargo respectivo, declaradas por la ley -y bajo la responsabilidad de los funcionarios a quienes las -confía.</p> - -<p>Supone esta organización universitaria, que cada cual -cumple con su deber y facilita en perfecta armonía y cordialidad -el cumplimiento del deber de los demás. Todo profesor -debe tener agrado en que su enseñanza sea directamente vigilada -por el propio decano o director, que para esto cuenta -con el voto de la mayoría, que no es más que un signo de -voluntad de la total corporación docente. Debe tener agrado -y ver en la función de vigilancia un descargo de la propia -responsabilidad y una seguridad contra el error de los alumnos.</p> - -<p>Son francas mis expresiones y deseo que nadie las encuentre -ásperas como papel de lija. Me son sugeridas por la -observación de lo que en parte explica alguna agitación universitaria -fuera de nuestra casa, por muy tranquilos que nos -sintiéramos de que en la nuestra no habrá motivo de análogos -sinsabores. Un aspecto de cualquiera reforma universitaria -que hayamos observado, deja advertir de alguna falta de idoneidad -del personal docente. Los alumnos descubren algunas -veces este defecto y ejercen ellos, en formas propias de la edad, -el legítimo derecho de descontento, que la dirección de la enseñanza -debió prever y evitar. Es natural que cuando falta -gobierno regular desde arriba, comience el gobierno irregular -desde abajo, que puede ser, por lo irregular, desgobierno. La -reacción se hace revolucionaria y corren a veces igual suerte -los buenos y los malos, si acaso los primeros no son los que se -retiran de la lucha amargados y entristecidos. Cuanto desde -este punto de mi discurso podría decir, me llevaría demasiado -lejos. La limitación de tiempo me conduce a esta única -declaración de mi pensamiento: el mal de que estoy hablando -no se cura con reformas electorales en la provisión de los -cargos universitarios. Con ellas o sin ellas puede crecer si -no se despierta la conciencia del deber que a cada cual impone -la función que le está confiada.</p> - -<p>Y como deseo concluir, adelanto que no pongo en mis -palabras ninguna reserva sobre los diversos recursos alegados -para corregir males de este género.</p> - -<p>Por el momento me ocuparé de dos de ellos que sirven<span class="pagenum"><a name="Page_327" id="Page_327">[327]</a></span> -de tema a conversaciones de alumnos y profesores, a saber: -la asistencia de alumnos en los consejos directivos y la libre -asistencia o inasistencia a las clases teóricas.</p> - -<p>En cuanto a lo primero, declaro mi disconformidad con -el voto electoral de los alumnos para elegir autoridades universitarias. -De todas maneras tal voto está excluído por -nuestra ley universitaria. En cambio, consecuente con pensamientos -ya antiguos en mi experiencia de estas cosas, he -suscripto con el vicepresidente de la Universidad, señor Besio -Moreno, el proyecto para que los alumnos tengan delegados -con voz en los consejos, que ha sido sancionado anteayer.</p> - -<p>En cuanto a la asistencia obligatoria, me he declarado autor -de la iniciativa que es el texto de la ordenanza de fecha 3 de -marzo de 1906 que dice: “en la Universidad Nacional de la -Plata no habrá alumnos libres”.</p> - -<p>Su objeto fué crear el estudiante universitario para la -Universidad que entonces se fundó. El efecto de esta resolución -está a la vista. La nueva Universidad pudo ser un simple -establecimiento de mesas examinadoras para alumnos de todas -las regiones de la República. La ciudad de la Plata es hoy -universitaria porque los estudiantes han tenido que ser alumnos -regulares. De esta ordenanza han derivado otras, particulares -de las facultades o generales de la Universidad, que han declarado -obligatoria la asistencia a un número de clases. Yo deseo -que la ordenanza que excluye los alumnos libres sea mantenida -y no tengo inconveniente en que se derogue la asistencia -obligatoria. Todo estará en encontrar la definición del alumno -libre excluído, o la definición del alumno propio o regular -por algún signo diverso de la asistencia obligada a un número -proporcional de clases de todos los cursos y en todos los años. -No es esto imposible, ni siquiera difícil, y muchos alumnos -conocen ya el pensamiento que es objeto de mis reflexiones -para hallar solución a este problema.</p> - -<p>La no asistencia a clase tiene dos aspectos; uno el de los -alumnos perezosos que no van a clase o huyen del profesor -que les interroga; otra el de los alumnos diligentes que aspiran -a prepararse seriamente y quieren significar por su inasistencia -a algunas clases su disconformidad con los profesores que -creen malos. De este último aspecto sólo puedo reconocerles -que ejercitarán ellos una función realmente abandonada, -cuando tal ocurriese, por los respectivos decanos y consejos.</p> - -<p>La no asistencia a las clases puede ser realmente un signo -de disconformidad de los alumnos con un mal profesor; pero -sé por experiencia que data de algunos años antes de que -nacieran los jóvenes que ahora son alumnos, que también es -motivo de deserción de la clase el temor de ser interrogados<span class="pagenum"><a name="Page_328" id="Page_328">[328]</a></span> -para observaciones de clasificación. Seamos todos absolutamente -sinceros; séanlo, pues, como yo, los jóvenes que me escuchan -o que lean después estas declaraciones; el alumno que -estudia mal, que se distrae en cosas que no son las correspondientes -a su preparación para la clase o que no tiene educación -mental anterior, está siempre dispuesto a faltar el día en que -sospecha que puede ser interrogado. Profesores más empeñosos, -los que asisten con interés y disposición docente, los que -dan muestra de su labor en la producción científica y hacen -lo que es posible hacer para adelantar los conocimientos, podrán -ver sus clases desiertas el día en que se propongan interrogar. -Esto es de mi experiencia personal, si se me permite -contarme entre los que hayan seguido con alguna vocación -la carrera docente y pensado y escrito sobre diversas materias -de ciencia y enseñanza desde hace treinta años. He tenido -la fortuna de que mis alumnos me consideraran siempre con -respetuosa amistad y no me dieran sino satisfacciones en mi -vida de profesor. Es, pues, el cuento que hace próximamente -veinte años tenía yo a mi cargo una clase de Derecho Civil -en la Universidad de Buenos Aires, con más de doscientos -alumnos en lista. Comencé mi año con el afán de profesor -todavía joven y con ilusiones mejores que la realidad. Preparé -mis lecciones metódicamente, con sumarios de exposición -que no he vuelto a hacer desde entonces, y dí con este método -un curso de conferencias. A cierta altura de mi exposición -del programa, quise informarme de la utilidad que para los -alumnos tuviera mi enseñanza de la materia; el aula estaba -completa como de ordinario; comencé a nombrar uno por uno -a los que estaban en la lista, y como continuaba yo leyendo -sin que nadie se dijera presente, me dirigí a la clase con esta -pregunta: “Pero, señores, ¿quiénes son ustedes?” Como -tampoco respondieran, hablé particularmente a uno de la primera -fila: “¿Cómo se llama usted?” Me dijo su nombre; -yo lo había leído. Le pregunté: ¿Por qué no ha contestado -usted cuando le llamé? Porque no estaba preparado, señor. -Pasé a otro con la misma pregunta y la misma respuesta. Les -dije entonces: “No es posible que la imprevisión de ustedes -sea tanta que ni siquiera se encuentren preparados para saber -cómo se llaman; para esto no necesitan preparación”. Seguí -informándome y resultó que toda la clase estaba presente para -escuchar y ausente para hablar. Si yo hubiera dicho en la -anterior que interrogaría, no hubiera tenido a quien llamar -porque el aula habría estado desierta.</p> - -<p>Es este caso de inasistencia voluntaria con asistencia corporal, -que no he olvidado cada vez que se ha hecho el argumento -de que la inasistencia de los alumnos sea un signo<span class="pagenum"><a name="Page_329" id="Page_329">[329]</a></span> -positivo de la incapacidad del profesor. Pero es también -verdad, señores, que lo mismo que ocurre a tantos otros en todo -género de funciones, no me he decidido a reconocer mi propia -incapacidad, que si la reconociera tendría que abandonar necesariamente -la función de mi cargo.</p> - -<p>Para no perder a mis alumnos de entonces ni enfriar mi -entusiasmo de profesor privándome de numerosa asistencia, -declaré que no volvería a interrogar, con aviso ni sin aviso -previo, y todo lo contrario, quedaba a disposición de mis alumnos, -para ser interrogado por ellos sin previo aviso.</p> - -<p>Y sucedió así; después de repetir mi declaración al terminar -algunas clases que siguieron, alguien me interrogó, y luego -otros y otros más. Pude entonces descubrir que una pregunta -es indicio más seguro de estudio o talento en quien la hace -que una respuesta a una interrogación. Efectivamente, en -toda pregunta va contenido un elemento para la respuesta; -algo como presentación de términos afirmativos o negativos; -y la posibilidad de error se reduce a contestar no, en lugar de -sí, o viceversa. Entretanto, para formular la pregunta ocurre -la necesidad de optar entre una multitud de términos, y -formular previamente múltiples juicios de opción para que -la pregunta tenga sentido. Descubrí así, que tal vez la verdad -en estos casos está, como en muchos otros, al revés de lo -que vemos. En realidad, un hombre de estudio y de ingenio -preguntará siempre cosas interesantes; un tonto no preguntará -sino tonterías.</p> - -<p>Se me disculpará la pesada narración de mi anécdota, -que no he sabido contar más brevemente, pero estimo que -algún valor tenga para quienes hacen todavía experiencia de -profesores y de alumnos; puede asímismo concluirse de ella -que tales cuestiones como las que hoy se agitan no son nuevas.</p> - -<p>Sirvan los pensamientos de este discurso para que profesores -y alumnos pongan su mejor voluntad en comenzar y -continuar las labores del año con el mejor empeño en el estudio -y la mejor cordialidad en el trato.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Me complace declarar que esta cordialidad ha sido como -un signo o carácter particular de esta Universidad. La generalidad -de los profesores pusieron siempre noble y generoso -empeño en servir sus cátedras del mejor modo posible. El -ejercicio continuado de la docencia ha formado en ellas ese -caudal de experiencia que no se improvisa ni se adquiere fuera -del ejercicio de la cátedra. Alguna que otra excepción que -habría que hacer con sentimiento en días recientes, sirven para -confirmar que las direcciones de la enseñanza universitaria<span class="pagenum"><a name="Page_330" id="Page_330">[330]</a></span> -no son indiferentes al deber de vigilancia o al ejercicio de su -autoridad cuando el caso ocurra.</p> - -<p>Las aptitudes que se adquieren en la experiencia no pueden -ser suplidas por ningún otro origen, aunque tenga por -medida la vocación o disposición natural para enseñar. Se -debe tolerar en cierta medida de equidad cualquiera falla de -menor cuantía, cuando se sabe lo difícil que es llenar la vacante -de una cátedra.</p> - -<p>No sé por qué destino personal he tenido desde hace más -de veinte años, por razón de mis cargos universitarios, la grave -responsabilidad de elegir candidatos para el profesorado -superior. Las vacilaciones, diría mejor las tribulaciones de -mi espíritu, las han tenido cuantos han pasado por semejante -situación. No se puede ser profesor porque sí, porque se -reciba un nombramiento o porque se tenga un título profesional. -De esto puede resultar un profesor, pero no hay -relación entre el título o nombramiento y la aptitud para -enseñar.</p> - -<p>Sirvan estas palabras para dar un consejo amistoso a los -jóvenes que tan repetidamente me dan pruebas de confianza -consultándome sobre intereses generales de la enseñanza o -sobre sus casos particulares. Piensen y admitan la posibilidad -de ser llamados algún día a la cátedra; de ser llamados aunque -no aspiren a ella, o de ser aspirantes aunque hoy no tengan -estímulos ni sientan vocación que podrá despertarse en lo -sucesivo. Al asistir a cada clase aprendan dos cosas, a saber: -la concerniente a la materia particular de la enseñanza y la -que corresponde al modo o método de enseñar. Aprendan lo -correspondiente a la rama de las matemáticas, de las ciencias -sociales o de las ciencias naturales, de que tratan sus profesores, -y aprendan a la vez, por el ejemplo que tienen a la vista, -de qué manera se enseña. Tienen ellos una medida o patrón -de crítica que les servirá para evitar, cuando a ellos les toque -enseñar, los defectos que crean advertir como alumnos. Piensen -en hacerlo mejor cuando les llegue el turno de profesor.</p> - -<p>Advierto que mis palabras en lo que estoy diciendo son -superfluas. Tengo repetidos testimonios de ser los alumnos -de esta Universidad disciplinados en el estudio, amantes de -la institución y dispuestos a honrarla dentro y fuera de la -casa. A propósito, y antes que el año que ha pasado se -aleje en la corriente del tiempo, que se lleva todos los recuerdos, -detenga en este lugar el de la grata impresión que produjo -en mi espíritu la opinión que dejaron de sí mismos y de la -Universidad los jóvenes delegados al Congreso Universitario -de Córdoba, el año anterior. Recogí, entonces, de fuente -sincera y de testigos inmediatos, la seguridad de que los delegados<span class="pagenum"><a name="Page_331" id="Page_331">[331]</a></span> -de la Universidad de la Plata se habían conducido con -tal seriedad y circunspección, que se hizo notable en la opinión -de aquella ciudad y se esparció luego fuera de ella. Al regreso -de la delegación, tuve el placer de escuchar el relato de -los asuntos tratados por ellos y confirmar personalmente la -buena opinión que habían conquistado. Pensé entonces que -por mucho que tal circunspección fuese inspirada por condiciones -de temperamento personal, algún influjo tenía en ellas -la colectividad de estudiantes y alguna en esta última la -dirección docente de facultades e institutos y la obra perseverante -de mi antecesor en fundar el porvenir de la Universidad -sobre la base de los buenos sentimientos recíprocos entre -profesores y alumnos. Puede comprenderse cuánta será mi -propia felicidad si llego a comprobar que no se ha destruído -ni disipado en mis manos el tesoro de simpatías acumuladas -en la Universidad que tengo tanto honor en presidir. Espero -que en ellas mismas se encuentre la mayor felicidad para -cuantos comiencen hoy un año más en el trabajo de enseñar -y de aprender.</p> - -<p>Y así esperaremos con serenidad y de frente los peligros -que amenazan al mundo y los que más de cerca nos aflijan.</p> - -<p>Quedan abiertos los cursos de 1919.</p> - -<p class="date">17 Marzo 1919.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_332" id="Page_332">[332]</a></span></p> - -<h2 id="ALBERDI_SARMIENTO_Y_MITRE">ALBERDI, SARMIENTO Y MITRE</h2> - -<p class="center">ALREDEDOR DE 1852</p> - -<p class="center">Por <span class="smcap">DAVID PEÑA</span></p> - -<p class="center">Profesor en las Universidades de Buenos Aires y La Plata</p> - -<p>Por el asedio y otras causas, la rueda de argentinos residentes -en Montevideo se achicó de pronto hacia 1851, aumentando, -en cambio, las que existían en Santiago, Valparaíso y -Copiapó. Otros pasaron al Perú, otros a Bolivia y otros al -Brasil. Esta incorporación ahondó la divergencia que ya -existía en Chile entre los primeros acerca de las cuestiones -internas de la República Argentina y sus problemas exteriores. -Algunos de los recién llegados se inclinaron al grupo que -tenía su sede en Valparaíso y otros al Club que comenzaba a -funcionar en Santiago.</p> - -<p>Sarmiento y Alberdi eran los representantes de éstas -como tendencias antagónicas que estaban latentes en todos -los espíritus, manifestadas en los vagos anhelos, en las observaciones -críticas, en las conversaciones de las ruedas familiares -de las tardes y las noches. Los sucesos y los hombres de -la patria se apreciaban de diverso modo, como también se -discrepaba al considerar los planes referentes al futuro.</p> - -<p>Cuando Sarmiento y Mitre abandonaron el hospitalario -Chile, ya quedaban divididos los ánimos, mucho antes de -Caseros.</p> - -<p>Sarmiento y Mitre, acompañados de Aquino y de Paunero, -embarcáronse en Valparaíso, con rumbo a Montevideo, -a donde llegaron el 2 de Noviembre de 1851. De allí escribe -Sarmiento a don Manuel Montt esta fatua confidencia: “Todos -presienten que hay un rol que me está reservado, y mi -llegada parece que llena una necesidad”.</p> - -<p>Tal ufanía sería explicable tratándose del escritor, pero -no del político, y menos del organizador. Bien conocidos eran -los méritos de la pluma de Sarmiento como incansable denostador -de la tiranía y anheloso propagandista del régimen<span class="pagenum"><a name="Page_333" id="Page_333">[333]</a></span> -de libertad, para que no se le estimulase con el augurio de -que el general Urquiza sabría apreciar debidamente sus talentos -y utilizar su pluma; pero no suplían sus tentativas en -el papel para acreditarle capacidad de mando, en una campaña -que llevaba consumidas existencias valiosas y el patrimonio -de dos generaciones. A él le bastaba, sin embargo, -que el hermano de Lavalle le hubiera regalado las espuelas -que usara el general, o que el ministro Batlle se desprendiera -de su espada, en su obsequio, para sentirse animado de aquel -superior aliento que transportaba heroísmo a la adarga de -Don Quijote. Puso en agitación a medio Chile con su proyecto -de penetrar a su país por la región andina al frente de una expedición, -y, al salir con Paunero, Aquino y Mitre... sólo obtuvo -el acompañamiento de tres peones que andaban sin trabajo. -Mas ¿qué importa? Habían sido soldados del Ejército -de los Andes, desde luego sargentos, y nada más fácil que -del Regimiento de Granaderos a caballo. A poco, uno de ellos, -su asistente, se deja seducir por un bombero de Pacheco y, -entre libación y libación, le entrega el paquete de papeles y -el “Diario de Campaña” de su jefe el escritor.</p> - -<p>Sarmiento trasladóse a Gualeguaychú, acompañado de -Aquino, donde el general Urquiza preparaba su ejército desde -su cuartel general. La entrevista debió ser interesante. -Sarmiento vestía un flamante traje de teniente coronel, grado -que él se concediera ante sí y por sí. Urquiza lo reconoció -y mantuvo en ese grado, con su poco de apego por el extraño -personaje que pusiera su pluma poderosa al servicio de la -campaña contra Rosas y también de su persona. Conocía todos -los artículos laudatorios del eminente escritor de “La Crónica”, -“La Tribuna” y “Sud América”, como de años atrás -las páginas de “Facundo”; pero también sabía que Sarmiento -constituía una fuerza incierta, un punto de apoyo de -insegura resistencia, un aliado intermitente. Debióle bastar -un simple golpe de ojo al Favio criollo para averiguar la -psiquis de aquel raro compatriota que hablaba a destajo de -las eminencias europeas y barajaba los ejemplos de la América -del Norte, entre el ludir de las caballadas y el hervor -del campamento, semejante a colmena. De aquella conversación -en la carpa no resultó Sarmiento jefe del Estado Mayor -sino encargado de redactar el “Boletín” del ejército. Munido -de fondos, regresó a Montevideo a organizar su imprenta -ambulatoria.</p> - -<p>Paunero y Mitre lo esperaban allí. Con ellos se embarcó -en uno de los buques de la escuadra brasileña que debían proteger -el pasaje del ejército, soportando en el Paso del Tonelero -el fuego de las baterías enemigas al mando de Mansilla, amigo<span class="pagenum"><a name="Page_334" id="Page_334">[334]</a></span> -después de ellos. Al siguiente día llegaron al Diamante, donde -ya había empezado el ejército de Urquiza el pasaje histórico. -Mientras Mitre y Paunero ocupan los puestos que se les tenía -ofrecidos, Sarmiento prepara los enseres de la imprenta militar. -Una vez la columna en marcha, Sarmiento se adelantó -hacia el Rosario sin la correspondiente autorización del general -en jefe, a recibir las anticipadas ovaciones de aquella modesta -villa que se acababa de declarar por la revolución<a name="FNanchor_1" id="FNanchor_1"></a><a href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_335" id="Page_335">[335]</a></span></p> - -<p>Fué allí mismo y a los breves días, que aconteció el suceso -desgraciado y alarmante de la sublevación del regimiento -de Aquino y el asesinato de este jefe por sus propios soldados. -Mitre atravesaba esa noche el campo para ir a visitarlo en -su carpa, y distraído en la conversación con quien lo acompañaba, -se separó del camino. Si llega antes, asiste a la tragedia. -En homenaje a la amistad y a su empeñosa solicitud, Urquiza -recomendó de todos modos la aprehensión de los soldados<span class="pagenum"><a name="Page_336" id="Page_336">[336]</a></span> -fugitivos, prometiéndole que sería inexorable con los asesinos -del valeroso jefe.</p> - -<p>Caseros se produce. Sarmiento no tiene ningún papel militar, -pero asiste a la batalla. Mitre comanda unas piezas de -artillería frente a frente de su ínclito ex jefe el coronel Martiniano -Chilavert, el antiguo unitario pasado recientemente a -las fuerzas de Rosas después de sus lucidos servicios a la -causa opuesta.</p> - -<p>La batalla de Monte Caseros ha sido juzgada con distinto -criterio como hecho de armas, pero del punto de vista de su -acción política y moral, es una batalla grande, de las más -grandes después de las de la Independencia, como que allí -fué, por fin, aventada la omnímoda tiranía que desde 1829 -resistiera todos los embates y cruzadas.</p> - -<p>En los preliminares de esta acción, preocupaba a Urquiza -la averiguación del jefe a quien Rosas entregaría la dirección -del combate, como que de su elección dependería, en -mucho, el éxito, dando siempre sus ojos, al repasar la lista, -con el nombre del general Pacheco. Díaz, Chilavert, Lagos,<span class="pagenum"><a name="Page_337" id="Page_337">[337]</a></span> -no detenían su atención. Era Pacheco. Era Pacheco. Entonces -urdió una supuesta correspondencia con él, de anterior data, -y escribióle cartas como si fueran la continuación de aquélla, -cartas que confiaba a chasques con instrucción respecto -del camino que debían de tomar, el mismo por donde estaban -apostados los centinelas de Rosas. Apresados los citados -mensajeros, eran llevados ante el Restaurador con el cuerpo -del delito.</p> - -<p>Contábale yo este episodio al general don Benjamín Victorica -hace muy pocos años y, al oirme, él completó la narración -de esta manera: “Como se acercara el momento de la -batalla y el gobernador (Rosas) no le hubiera designado al -general Pacheco su papel en ella, y en cambio Manuelita -había tenido ya actos de preferencia y de obsequiosidad para -con Lagos, el general Pacheco resolvió entrevistarse con el -general Rosas, buscándolo donde se hallara. Rosas consintió -en recibirlo en las proximidades de Caseros, en un edificio -que antes sirviera de panadería. Yo me quedé a la espera del -general Pacheco, de quien era ayudante. Cuando salió, vi su -fisonomía descompuesta.—“Ciertamente el gobernador debe -de estar loco”, fué lo único que me dijo. Nos alejamos en -nuestros caballos hasta una casa semi abandonada, seguidos -de los soldados que formaban su guardia. Penetramos a una -de las piezas, y como era ya de noche, preparamos nuestros -recados como camas y, acostados uno cerca del otro, encendimos -nuestros cigarros mientras nos venía el sueño.</p> - -<p>De pronto vi una sombra pegada a la ventana cerca de -la cual yo estaba, y oí mi nombre pronunciado apenas. Me levanté -al instante y acudí al llamado. Un hombre embozado -hasta los ojos díjome que un amigo, que no puedo nombrar a -usted, me prevenía no dormir esa noche cerca del general -Pacheco. El misterioso mensajero desapareció en seguida.</p> - -<p>Yo dí aviso al general del peligro que lo amenazaba, y él -dispuso entonces volver a ensillar los caballos y separarse -de aquel sitio. Lentamente proseguimos en dirección a sus -campos. El general Pacheco, terminaba el doctor Victorica, -no asistió en efecto a la batalla. Al otro día tuvimos noticias -del resultado de ella, muy distantes del lugar en que se había -realizado”.<a name="FNanchor_2" id="FNanchor_2"></a><a href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_338" id="Page_338">[338]</a></span></p> - -<p>Vencedor Urquiza, estableció su residencia en Palermo. -Los primeros días, sofocados los asaltos de la canalla y los -robos de delincuentes y soldados, debieron ser de regocijo -indescriptible para los que volvían a ver las calles de Buenos -Aires después de una proscripción forzosa o voluntaria de -más de cuatro lustros.</p> - -<p>¡Buenos Aires! Los de menor alejamiento eran los que<span class="pagenum"><a name="Page_339" id="Page_339">[339]</a></span> -salieron jóvenes a la época que iniciara Alberdi la égida en -1838. Mitre no conocía propiamente la ciudad soñada, pues -trasladado a Patagones el mismo año de su nacimiento, de allí -pasó a la estancia del hermano de Rosas, y de esa estancia a -Montevideo. Así se explica que en los días inmediatos a Caseros -aquellos hombres jóvenes se pasaran recorriendo los lugares -históricos con un fervor intenso y un tanto melancólico, -porque se sentían como extraños en el hogar común<a name="FNanchor_3" id="FNanchor_3"></a><a href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p> - -<p>Vencedor Urquiza, decía, estableció su residencia en Palermo. -Allí le presentaron parte de los desertores asesinos -de Aquino, los que fueron en seguida fusilados. También lo -fué Chilavert, a causa (a estar al ayudante Elías) de su -arrogante manifestación hecha con el objeto de que lo supiera -Urquiza, que para él Rosas representaba la causa de la nacionalidad; -y que, lejos de arrepentirse de su reciente renegación, -la volvería a cometer una y cien veces. Saldías, pariente -de Chilavert, ha rodeado de comentarios dramáticos -este final del talentoso artillero para hacerlo caer como un -héroe de leyenda; y otros historiógrafos han difundido el -dato de que Mitre le vituperó con energía la acción al mismo -vencedor. Si a renglón seguido se recuerda que el rasgo fisonómico -de Urquiza que nos han grabado a fuego los mismos -narradores, transformaban a aquel hombre en tigre, con sus -ojos verdes, brillantes por la cólera, y sus pómulos movidos -por el temblor del odio, no sabemos cuando tienen razón: si -cuando trazan la figura de Urquiza en actitud de oir, sumiso, -la reprimenda del comandante Mitre, o cuando lo muestran -poseído de la crueldad de las fieras.</p> - -<p>Urquiza no se entrega a las delicias de Capua. Urgido -por el cumplimiento de sus promesas hechas a la faz de América -y del mundo, va derecho a la solución de los problemas -que preocuparan a los hombres de Mayo y que quedaron interrumpidos -en el último ensayo del año 26, brillando un día -en la mentalidad de Facundo:—la organización nacional.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_340" id="Page_340">[340]</a></span></p> - -<p>Echa el vistazo en derredor y percibe de inmediato el -espíritu unitario en conciliábulo extraño, resto de aquel rezongo -de los que detuvieron el paso de Dante en el Infierno.</p> - -<p>Urquiza protege la ciudad; Urquiza declara y demuestra -no querer intervenir en un solo acto relativo al manejo interior -de Buenos Aires; Urquiza comparte su victoria y su -gloria con todos los generales del ejército aliado acordándose -del propio jubiloso modo de los orientales como de los correntinos, -de los brasileños como de los entrerrianos. Impide -que se inmiscuya el ejército en los preliminares del acto electoral -que después de veinte años va a llevarse a cabo, a fin de -que haya una legislatura libre. Todo lo espera del patriotismo -como el suyo. No hay vencedores ni vencidos, vuelve a -decir, como en Montevideo. Olvídese el pasado. No hay otro -enemigo que el que yace derrocado, camino de la proscripción. -¿A qué perseguir ese enemigo? No se pesquisará a nadie, -pues, porque todos los argentinos hacen falta al fin inmediato y -perentorio de reconstruir el edificio desde sus propios cimientos. -Mientras llega el momento de ensayar el ejercicio de -las nuevas instituciones y de dar al país su ley fundamental, -por medio de un congreso general, ocupe el gobierno de la -provincia de Buenos Aires el varón más anciano y también -el más ilustre, el que desempeñara accidentalmente el cargo -de presidente al renunciar Rivadavia, el autor de la Canción -Nacional de 1813.</p> - -<p>Todo esto por el lado inmediato y con relación a Buenos -Aires. Del Arroyo del Medio para allá, ¿qué hacer con las provincias? -¿Qué hacer con las gobernaciones? Si se las desatiende -o desconoce y con más razón si se les humilla o ataca, -volveráse a la guerra civil del año 20 como pensaba Sarmiento -el año 92. Se plantearán las luchas de Buenos Aires -contra López, Ramírez y Bustos. No. No se ha destruído -una tiranía de 20 años para empujar al país reconquistado, -hacia una anarquía innecesaria. Esos gobiernos de provincia -representan “intereses creados”. Hay que acordarles intervención -en la obra común de la organización política, porque -son partes del todo, ramas de un mismo árbol, miembros -de la familia que vuelve a estar reunida. A fin de inspirarles -confianza, comenzando por las clases obscuras, en cuyo seno -está el hogar gaucho y en él la materia de que se ha de hacer -el pueblo, ofrézcase un hecho material visible que sirva de -promesa y de vínculo ideal, tardío y complicado si ha de traducirse -en palabras; simple y claro si el signo entra por -los ojos. Y Urquiza propone, como en el ejército, el uso de -una cinta colorada como prenda de conformidad en la iniciación -del nuevo credo republicano argentino.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_341" id="Page_341">[341]</a></span></p> - -<p>Lo grave de la decisión estuvo en el color elegido, y acaso -únicamente en el color, pues el uso de cintas como distintivos -políticos se pierde en los siglos. Como primer antecedente -argentino figuran las escarapelas repartidas por Beruti y -French a los patriotas de 1810. Pero Urquiza necesitaba -apoyarse en los mismos servidores de Rosas, y en el color residía -el secreto. Claro es que si la cinta colorada le aportaba -el concurso de los federales, despertaba la desconfianza o engendraba -la “fobia” en los unitarios. ¿Adónde habría ido -a parar la inspiración de Sarmiento, provocada por el color -colorado, si Urquiza elige el azul? Pero todo el mundo sabe -que en la época de Rosas no existía este color en Buenos Aires.</p> - -<p>La cinta colorada o cintillo—después de ser aceptado—fué -el pretexto para el repudio y el encono, atribuyendo al -vencedor el propósito oculto de substituir la tiranía de Rosas -por la propia. Pero se escondió en los revueltos pechos la -causa verdadera que era el afán de reemplazarlo en la tarea -de la organización de la República. ¿Y quiénes hubieran realizado -esa organización? ¿Los unitarios que dirigieron sin acierto -la campaña militar que dió el triunfo completo al general -Oribe? ¿Los unitarios civiles que, dispersos de Montevideo a -Chile y del Brasil a Bolivia no habían podido juntar los medios -eficaces de derrocar a Rosas desde 1835 a 1852, cayendo -en el error de creer que si la pluma bastó para engendrar -el desprestigio de un déspota, pudo también unir pueblos desarticulados -por el odio y trabajados por la desconfianza? -¿Cuál era el hombre capaz de ocupar la posición de Urquiza, -por valimientos propios, considerando valimientos para las -funciones de gobierno desde el factor de la riqueza material, -que afianza la independencia de la conducta y facilita la ayuda -a los demás, hasta el claro conocimiento de las necesidades -de todo el territorio a gobernar, y desde el talento de -clasificar y medir hombres e intenciones, hasta las galas del -valor físico, necesario a demostrar en todo la superioridad -señalada por el medio?</p> - -<p>Urquiza celebra conferencias con los hombres distinguidos -que concurren a Palermo, jóvenes o viejos, provincianos -o porteños, militares o civiles.</p> - -<p>Tenía del gaucho de la tierra el astuto disimulo y una -sin igual penetración para distinguir el valer positivo del -mérito ocasional. Mezcla y lucha de claridad interior y de vacilación -externa, concebía el problema sin poseer los medios -mentales para resolverlo, como que su instrucción sólo le permitía -la resultante pero no los términos. Era clara su visión -y podía, con mano firme, realizar el trazo; pero, faltábale la -línea y el color.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_342" id="Page_342">[342]</a></span></p> - -<p>Muy conocedor de hombres, prefería siempre oírlos. Su -silencio era en él una facultad equivalente a la función de -asimilación de cuanto convenía a su espíritu. Escaso de dulzura -para atraerlos por los recursos ondulantes, hoy tan esparcidos -en política, elegía el camino más corto para que lo -entendieran.</p> - -<p>Entre las variantes de los caudillos argentinos, carecía -de la generosidad de Facundo, del donaire de Ramírez, de la -mansedumbre de Benavídez, de la implacable y fría exterioridad -de Rosas, de la hipocresía de López. Su gran pasión -fué poseer tierras. No hubo señor feudal más rico en campos. -La más enorme de sus satisfacciones era dominar el horizonte -de una altura y descubrir con sus ojos los límites -infinitos de sus posesiones para no hallarles término.</p> - -<p>Sarmiento no mereció de parte del general Urquiza la -distinción del intercambio de ideas políticas, por lo que resolvió -de pronto pedir licencia para trasladarse a Río Janeiro -y de allí volver a Chile. ¿Qué había acontecido? Hasta tanto -lleguemos a la explicación cierta de tan repentino alejamiento, -digamos que su amor propio comenzó a sufrir desde la -travesía del ejército donde sólo se le distinguía con el mote -de “El Boletinero”.</p> - -<p>¿No supo mantener, o en aquel ambiente complejo no le -quisieron acordar, la autoridad moral a que era acreedor por -sus antecedentes intelectuales, y antes de un rompimiento, -prefirió la deserción voluntaria? Más adelante se verá el fundamento -de esta duda.</p> - -<p>Sarmiento se detiene en Río, con efecto, y allí es recibido -con afabilidad por el joven emperador del Brasil don Pedro de -Alcántara, muy capacitado para el conocimiento de los hombres -y sucesos del Plata por su inclinación a la información -oral y a la lectura.</p> - -<p>“El emperador, dice Sarmiento en carta a Mitre,—joven -de veintiséis años (Sarmiento tiene 41) estudioso, y dotado -de cualidades de espíritu y de corazón que lo harían -un hombre distinguido en cualquier posición de la vida, se -ha entregado con pasión al estudio de nuestros poetas, publicistas, -escritores sobre costumbres y caracteres nacionales. -Echeverría, Mármol, Alberdi, Gutiérrez, Alsina, etc., etc. -son nombres familiares a su oído, y por lo que a mí respecta, -habíame introducido favorablemente “Civilización y Barbarie”, -hace tiempo, con la primera edición, habiéndose procurado -después “Sud América” “Argirópolis”, “Educación -Popular”, etc.<a name="FNanchor_4" id="FNanchor_4"></a><a href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_343" id="Page_343">[343]</a></span></p> - -<p>Hasta el momento actual nada ha podido ocurrir que -baste a alterar los vínculos de compañerismo y amistad entre -Sarmiento, Alberdi y Mitre. Sarmiento ha tenido, es cierto, -dos encuentros periodísticos con Alberdi, explicables por las -modalidades de temperamento, antes que por disconformidad -de ideas, a propósito de la tesis de Alberdi para graduarse en -Chile, la primera vez, y otra “sobre lo que era “honesto y permitido” -en un extranjero en América”. Se han escrito con -asiduidad y recíprocamente se han auxiliado con nobleza. -Es al volver Sarmiento a Chile que procura embarcar a Alberdi -en sus prejuicios y enconos contra Urquiza, trayéndole -la pasión de sus enojos; pero Alberdi se gobierna a sí mismo -y opone su tranquila fe en la obra imperecedera y en las -cualidades del obrero.</p> - -<p>Esta fe la ha demostrado Alberdi escribiendo casi improvisadamente -un libro que constituye la colaboración más -trascendental a la obra realizada y a realizar por el general -Urquiza, a quien se lo envía con la siguiente carta:</p> - -<div class="blockquote"> - -<p class="noindent">A S. E. el Señor General</p> - -<p class="letter-salutation">Don Justo José de Urquiza</p> - -<p class="letter-date">Valparaíso, Mayo 30 de 1852.</p> - -<p class="letter-salutation">Señor General:</p> - -<p>Los argentinos de todas partes, aun los más humildes y desconocidos, -somos deudores a V. E. del homenaje de nuestra perpetua -gratitud por la heroicidad sin ejemplo con que ha sabido restablecer -la libertad de la patria, anonadada por tantos años. En cortos meses -ha realizado V. E. lo que en muchos años han intentado en vano los -primeros poderes de Europa, y un partido poderoso de la República -Argentina. Quien tal prodigio ha conseguido ¿por qué no sería capaz -de darnos otro resultado, igualmente portentoso, que en vano persigue -hace cuarenta años nuestro país? Abrigo la persuasión de que -la inmensa gloria—esa gloria que a nadie pertenece hasta aquí—de -dar una Constitución duradera a la República, está reservada a -la estrella feliz que guía los pasos de V. E. Con este convencimiento -he consagrado muchas noches a la redacción del libro sobre “Bases” -de organización política para nuestro país, libro que tengo el -honor de someter al excelente buen sentido de V. E. En él no hay -nada mío sino el trabajo de expresar débilmente lo que pertenece al -buen sentido general de esta época y a la experiencia de nuestra patria. -Deseo ver unida la gloria de V. E. a la obra de la Constitución -del país; mas, para que ambas se apoyen mutuamente, es menester -que la Constitución repose sobre bases poderosas. Los grandes edificios -de la antigüedad no llegan a nuestros días sino porque están -cimentados sobre granito; pero la historia, señor, los precedentes -del país, los hechos normales, son la roca granítica en que descansan -las constituciones duraderas. Todo mi libro está reducido a la -demostración de esto, con la aplicación a la República Argentina. -Espero que encuentre en la indulgencia de V. E. la acogida que merecen -las buenas intenciones, y que admitirá con igual bondad V. E.<span class="pagenum"><a name="Page_344" id="Page_344">[344]</a></span> -la seguridad de mi gratitud, como ciudadano argentino, y del respeto -profundo con que tengo el honor de suscribirme de V. E. atento -servidor.</p> - -<p class="letter-sig">Juan B. Alberdi.</p> - -</div> - -<p>El general Urquiza se apresura a contestar esta carta en -la siguiente forma:</p> - -<div class="blockquote"> - -<p class="noindent">“Al señor Doctor</p> - -<p class="letter-salutation">D. Juan B. Alberdi</p> - -<p class="letter-date">Valparaíso.</p> - -<p class="right">Palermo (Buenos Aires), Julio 22 de 1852.</p> - -<p class="letter-salutation">Apreciable compatriota:</p> - -<p>La carta que con fecha 30 de Mayo me ha dirigido usted, adjuntándome -un ejemplar de su libro “Bases y puntos de partida para -la organización política de la República Argentina”, ha confirmado -en mí el juicio que sobre su distinguida capacidad, y muy especialmente -sobre su patriotismo, había formado de antemano.</p> - -<p>Me es muy lisonjero encontrar en la generalidad de los argentinos -el deseo y la firme resolución de contribuir a que nuestra querida -patria se constituya al fin un sistema de leyes digno de sus antecedentes -de gloria y capaz de conducirla al grado de prosperidad -que le corresponde.</p> - -<p>Conociendo bien esos sentimientos de los argentinos, contando -con ellos y con sus decididos esfuerzos, me he puesto al frente de -la grande obra de constituir la República. Tengo fe de que esta obra -será llevada a cabo.</p> - -<p>Su bien pensado libro, es, a mi juicio, un medio de cooperación -importantísimo. No puede ser escrito ni publicado en mejor oportunidad.</p> - -<p>Por mi parte, lo acepto como un homenaje digno de la patria -y de un buen argentino.</p> - -<p>La gloria de constituir la República debe ser de todos y para -todos. Yo tendré siempre en mucho la de haber comprendido bien el -pensamiento de mis conciudadanos y contribuido a su realización.</p> - -<p>A su ilustrado criterio no se ocultará que en esta empresa deben -encontrarse grandes obstáculos. Algunos, en efecto, se me han -presentado ya; pero el interés de la patria se sobrepone a todos. -Después de haber vencido una tiranía poderosa, todos los demás -me parecen menores.</p> - -<p>¡Que la República Argentina sea grande y feliz, y mis más ardientes -votos quedarán satisfechos!</p> - -<p>Usted hallará siempre en mí un apreciador de sus talentos y -de su patriotismo y en tal concepto los sentimientos sinceros de un -afectuoso compatriota y amigo.—Justo José de Urquiza.”</p> - -</div> - -<p>La aparición de las “Bases” fué saludada con entusiasmo -dentro y fuera del lugar en que su autor residiera. En -Chile puede apreciarse esa impresión con sólo saber que el -Club Constitucional Argentino que presidía don Gregorio -Gómez, resolvió un acuerdo que significó un homenaje cívico -en favor de la personalidad de Alberdi.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_345" id="Page_345">[345]</a></span></p> - -<p>Sarmiento, por su parte, deja estampado así su juicio -acerca de “Las Bases”.</p> - -<div class="blockquote"> - -<p class="letter-date">“Yungay, Septiembre 16 de 1852.</p> - -<p class="letter-salutation">Mi querido Alberdi:</p> - -<p>Su Constitución es un monumento: es usted el legislador del -buen sentido bajo las formas de la ciencia.</p> - -<p>Su Constitución es nuestra bandera, nuestro símbolo. Así lo toma -hoy la República Argentina. Yo creo que su libro “Bases” va a -ejercer un efecto benéfico.</p> - -<p>Es posible que su Constitución sea adoptada; es posible que sea -alterada, truncada; pero los pueblos, por lo suprimido o alterado, -verán el espíritu que dirige las supresiones: su libro, pues, va a ser -el Decálogo Argentino: la bandera de todos los hombres de corazón.—Domingo -F. Sarmiento.”</p> - -</div> - -<p>Desde ese instante los hombres que rodeaban al general -Urquiza tuvieron su brújula segura para orientar el barco -que acababan de tripular. Mas las opiniones del grupo unitario -persistían en su afán de no despegarse del terreno, entendiendo -que era a ellos a quienes les correspondía por derecho -propio la tarea de organizar la República.</p> - -<p>Para medir entretanto en su tamaño real la obra que -acababa de realizar el general Urquiza, conviene echar una -mirada retrospectiva hacia el Buenos Aires que Rosas había -gobernado y las maneras que usó.</p> - -<p>Rosas había comenzado por dividir la sociedad en dos -partes: lo físico y lo moral. Lo moral era el elemento ilustrado -de la ciudad, que tuvo a Rivadavia por representante -y cuyo fracaso estaba fresco. Lo físico era la campaña, el -elemento inculto, que él representaba y para el cual reivindicaba -el ensayo del gobierno. Para identificarse a él, decía, -había llegado al sacrificio: a abandonar las comodidades y -las seguridades del poblado y a hacer abandono absoluto de -su provecho personal.</p> - -<p>Había vivido en contacto íntimo con la masa, en el desierto, -con el paisano paria. Ahora probaría el manejo de la -cosa pública con esa fuerza incomprendida y se vería que el -éxito estaba de su lado; que eran estos hombres repudiados -los que tenían de su parte el buen sentido, el patriotismo y la -honradez<a name="FNanchor_5" id="FNanchor_5"></a><a href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a>.</p> - -<p>Después del último ensayo constitucional—27 años -atrás—el espíritu público de Buenos Aires había caído en la<span class="pagenum"><a name="Page_346" id="Page_346">[346]</a></span> -atonía a que contribuye y arrastra en conspiración la lentitud -del tiempo, sometiéndose a la pasibilidad fatalista de todo -pueblo inculto, hecho al manejo del héroe, cacique o César. -Faltaba en su seno el ejercicio, aún primario, de toda libertad -democrática. La reunión pública no existía. No se conocía el -debate de la prensa ni de la Sala de Representantes. El ambiente -de claustro universitario había desaparecido. La rueda -social enrarecida, no daba asidero ni siquiera al comentario, -porque el espionaje de la servidumbre se encargaba de transportarlo -en delación de los oídos de doña Encarnación Ezcurra, -y, después de ella, a los de cualquiera de los directores -de la Mazorca. Rosas hacía un gobierno de información -plebeya y poseía en sus manos los hilos de todas las familias, -como los tenía el virrey y el obispo en la época de la colonia. -No había suceso de carácter policial que no pasara su -vista para su resolución. La vida de Buenos Aires estaba -contenida en los prontuarios o carpetas que a diario se elevaban -a su conocimiento, arriba de las cuales, en dos líneas, -debajo de su extracto, iba la pena, escrita de su puño. Era el -gobierno de la menudencia íntima, pero a cuya virtud él debía -el dominio de cada cuestión, de cada hogar, de cada ser, -y por tanto, de la sociedad entera.</p> - -<p>Los asuntos de mayor volumen, relacionados a los intereses, -civiles o comerciales o a las grandes faltas o crímenes, -pasaban, con mayor razón, a su conocimiento inmediato y en -escrupulosa preferencia. Entonces se entendía con los jueces -directamente, sin cortapisas ni escrúpulos, echando mano -siempre de un recurso en el que era artista supremo. La anécdota -de su entrevista con el doctor don Vicente López es así -tan sugerente y de tan provechosa enseñanza psicológica que -vale por una demostración.</p> - -<p>Otro recurso de que Rosas usaba para su dominación, -era el dinero. Las almas angustiadas, apuradas todas las soluciones, -iban en última instancia, a él; y hecha la confesión -del desastre y la sentida promesa de la gratitud eterna, venía -el préstamo en fácil y abundante forma. Rosas era el hidalgo -prestamista que sólo pedía la adhesión como interés, y esta -franca munificencia, secreto de todo caudillismo, era más -abierta y espontánea con aquellos individuos de quienes él -se prometía un favor político o militar. Banco de descuentos, -de provisión o ayudas, formábase en su torno el halo del -hombre providencia, tanto más general y esparcido cuanto -mayor era su tacto para manejarse con los favorecidos. Estos -tratos eran siempre directos y reservados. Manuelita intervenía -para los de otra laya: la súplica ante “tatita” para -indultos, conmutaciones, gracias. Este espíritu detallista y<span class="pagenum"><a name="Page_347" id="Page_347">[347]</a></span> -administrador regía en sus relaciones con los gobernadores -y sus emisarios, aunque éstos fueran chasques. Rosas presidía -personalmente desde el suministro de armas o ropas para el -ejército, hasta el de una pieza de lienzo para el gaucho portador -de cartas.</p> - -<p>Dipútanse el desempeño de comisiones ante él desde -los confines de la República, los más infelices paisanos, porque -la “menta” de su generosidad se había extendido hasta -ellos. Quien, había traído un caballo regalado; quien, un poncho, -quien, un traje. Los gobernadores que gozaban de la -amistad de Rosas tenían franquicias comerciales para sus Estados, -soluciones para los intercambios de sus productos, para -los problemas de su moneda o para los pasajes de sus haciendas. -Y cuando esos gobernadores venían a su sede, eran -proverbiales los agasajos de toda la sociedad de Buenos Aires, -amén de sus favorables concesiones. A Quiroga le decreta -honores que recorren la gama del placer, desde el caballo -a la bacanal degastadora y crapulosa. A López, banquetes y -vacas; a Ibarra plata y armas.</p> - -<p>En los asuntos arduos obtiene el medio de saber, valiéndose -de una estratagema. Cuando se presenta una cuestión internacional -o simplemente de derecho administrativo o de -gobierno, complicada o difícil, manda llamar a su despacho -o a su casa al doctor Lorenzo Torres, explica el caso y le pide -su juicio. Horas más tarde usa el mismo procedimiento para -con el doctor Dalmacio Vélez; y por el mismo repetía la -consulta con don Pedro de Angelis o don Tomás de Anchorena. -Preparado de este modo, reunía todo el cónclave y a -cada uno presenta la cuestión con la argumentación tomada -del contrario, resultando que a su modo repite el papel de -Napoleón en la discusión del Código.</p> - -<p>Tiene la pluma fácil: es de su agrado el escribir. Escribe -sobre todo: desde la carta política a Ibarra, glosando el -versículo de la Biblia de “quien no está conmigo está en contra -de mí” al billetito penetrante y avisor, como el mandado a -doña Inés Dorrego. ¡Todo un espécimen! Dos son sus grandes -amanuenses de confianza: Reyes, cuya letra llega a confundirse -con la de él, y don Pedro de Angelis, que lo interpreta -a maravilla.</p> - -<p>Un otro factor de verdadera confianza y como complemento -de su personalidad: la casa que habita.</p> - -<p>Cualquiera podría creer que quien vivía en esa penumbra -era un misántropo, un enfermo, un melancólico a lo Francia, -Felipe II o Luis XI. No, por cierto. Rosas es una expresión -casi permanente de buen humor, entremezclado con una -cantidad de inconsciencia manifiesta, que lo acerca al terrible<span class="pagenum"><a name="Page_348" id="Page_348">[348]</a></span> -filósofo siempre optimista y cínico hechura de Luzbel. -Ordena un fusilamiento o un degüello y en seguida está apto -para urdir una broma. Tras de un asesinato, del de Maza, -por ejemplo, puede reir si se le ocurre hacer llamar por medio -de Corvalán al señor Obligado, que ese día ha tomado -purga. Como a Alejandro VI, un espectáculo de muerte puede -abrirle el apetito. Ahora, pasemos al Rosas de la proscripción. -Es charlador, sociable, cultor de damas, y borrajeador -incansable de cuartillas. Fabrica él mismo adobes; anda a caballo -todo el día, luego se pone a escribir un libro de medicina. -Llama a su criada con cencerro; se hace dar friegas en las -piernas; no le agradan las visitas de americanos. Tal su régimen -por años. ¿Tuvo una hora de honda meditación en las -soledades de Southampton? ¿Sintió una sola vez, una siquiera, -el estremecimiento de ese dolor que remuerde por no haber -hecho a su patria y a sus compatriotas todo el bien que -pudo y que deja escapar por entre las palmas de las manos? -Por lo menos en el instante final, en esa última palpitación -del cerebro y del corazón, de la memoria y de las fibras, al -despedirse del cuadro lleno de luz ante su vista interior, -¿lo sacudió una angustia, un recuerdo hondo, un arrepentimiento -de los que acaso bastan a la purificación en el dintel -de la Eternidad? Ni uno solo. Su hija nos habla de la agonía -y de la muerte serena de su padre, como un historiador nos -hablaría de la agonía y muerte de un justo. ¡Conciencia humana! -¿Qué eres?</p> - -<p>Pero, volvamos a tomar los hilos de nuestro discurso o -sea lo que importa a las tres vidas paralelas, materia de estos -capítulos.</p> - -<p>Al regresar Sarmiento a Chile con el ánimo enconado -contra el general Urquiza por el único delito de que Urquiza -no le consultara sobre el plan de Caseros, primero, y luego -sobre el mejor modo de organizar el país, dióse a glosar los -26 Boletines de la Campaña del Ejército Libertador de que -había estado encargado, intercalando entre ellos comentarios -despectivos contra la persona del general vencedor. Al dar -a luz este trabajo, determinó dedicárselo a Alberdi.</p> - -<p>Según un pasaje de esta dedicatoria parecería que Alberdi -hubiera suscitado la polémica en “El Diario” de Valparaíso; -pero el aludido rechaza categóricamente la alusión.</p> - -<p>La dedicatoria está llena de velados cargos y otros bien -directos contra Alberdi, desde la inculpación de su posición -semioficial, hasta la de creerlo interesado en lanzar a Sarmiento -a la anticipada publicación de su “Campaña”, que -él reservaba para muchos años después. Desde su ignorancia -de los hechos, que Sarmiento en cambio acaba de ver envueltos<span class="pagenum"><a name="Page_349" id="Page_349">[349]</a></span> -en sangre, hasta el recuerdo de su deserción de Montevideo, -al acercarse a Oribe.</p> - -<p>La censura, pues, a Urquiza comienza con una página adversa -a su amigo, a quien llama “Mi querido Alberdi”.</p> - -<p>La “Campaña en el Ejército Grande” se inicia con la -Introducción, que es otro golpe indirecto a Alberdi, y entra -luego, como diario de un viaje, a referir impresiones de los -distintos puntos y accidentes por que ha tenido que pasar, -desde su salida de Chile hasta la “fuga” de Buenos Aires, -después de Caseros.</p> - -<p>En forma amena, pero falta de cohesión, va dejando -escapar sus sentimientos y reflexiones sobre los hombres y -los sucesos que le salen al encuentro, destacando siempre de -la interesante narración su figura en primer término.</p> - -<p>Sin constituir una crónica de hechos, ni menos un estudio -de caracteres, esta producción de Sarmiento, tan rica de -matices, puede ser considerada como un auxiliar para la historia -de la época o del acontecimiento que comprende, si bien -debe cuidarse quien la utilice, del espíritu preconcebido que -la mueve. Bajo la pasión demoledora de estas páginas, no -obstante, asoma aquí y allá un afecto, un rasgo de admiración, -un verdadero aplauso a tal o cual figura determinada, -todo ello mezclado con lo anterior, como tintas claras y obscuras, -manejadas a un tiempo en un mismo estado de ánimo -por un firme pincel. No se ajusta el autor a ningún género dado, -como que la soltura sigue siendo su característica; quiero -decir que, junto a la descripción de un paisaje, vése un estudio -de paralelo; y al lado de una reflexión filosófica, que -dá a la oración un corte de discurso moral, interrumpe un -diálogo y con éste una narración pintoresca y con ella un -apóstrofe y en seguida un retrato y por último una epístola.</p> - -<p>De estas páginas, que causan el efecto de hojas diseminadas, -Sarmiento lo va diciendo todo muy aprisa, con el único -cuidado de no posponer al protagonista ni un instante. Y por -ese propio apuro, el protagonista moral y material, nos resulta -un extraño ser, un ser inexplicable. De pronto un hombre -que tiene miedo a un perro y, al lado, un valeroso crítico del -general en jefe, compitiendo con él en volumen político y social, -como por ejemplo al adelantarse al Rosario, o al recibir -las primeras salutaciones de Palermo. Unas veces el servidor -medroso que espera del ayudante una palabra tranquilizadora -de parte del superior; otras, el violento discutidor que a -voz en cuello censura al padre ante su hijo. De pronto, vestido -de pequeño mariscal francés, con plumas en el sombrero, -depositando a gritos palabras peligrosas en el oído de las -gentes que le salen al paso. Más tarde, sometiéndose a las<span class="pagenum"><a name="Page_350" id="Page_350">[350]</a></span> -menores indicaciones del general, con una disciplina rayana -en servilismo.</p> - -<p>A las impresiones relacionadas con lo que Sarmiento llama -su Campaña, están unidos sus juicios referentes a los sucesos -que siguieron a la batalla, en la cual, desde luego, no -desempeña ningún papel.</p> - -<div class="blockquote"> - -<p>“Mi papel de “boletinero” me exoneraba de toda obligación -militar con mis jefes, por lo que, así que hubimos de -rompernos los cuernos, dejé al general Virasoro con sus -edecanes y sus caballos blancos, yo que no andaba muy bien -montado, y busqué el batallón oriental que mandaba el coronel -Lezica y me coloqué donde no estorbase, con mi ayudante, -el capitán Dillon y uno de mis asistentes, pero en -lugar bien aparente, precaviéndome contra ciertas bromas -que estaba seguro se harían valer contra mí,—el militar -con guantes y con levita,—si podían decir que me había -perdido.”</p> - -</div> - -<p>En balde será el empeño de hallar en esta producción de -Sarmiento las pruebas que justifiquen sus acerbas manifestaciones -contra el general Urquiza, a quien llega a examinar -hasta en su faz doméstica. Del relato mismo se desprende -que éste y todos los jefes que lo acompañan, sólo tuvieron -consideración y afecto para con el instable compañero.</p> - -<div class="blockquote"> - -<p>“Enrolándome, dice Sarmiento, en el Ejército, tuve ocasión -de conocer de cerca el personal de guerra de nuestro -país, los jefes más acreditados, los medios de acción y cuanto -interesa al publicista, al historiador, al viajero, y al político -argentino. Merecí de todos, distinción y aprecio, y -reconocí las virtudes, patriotismo, capacidades, y talentos -de los hombres que han de figurar más tarde. Déboles a todos -los jefes y oficiales el más profundo agradecimiento. -Fuí siempre atendido por los coroneles Urdinarrain, Palavecino, -Basabilvaso y otros de Entre Ríos; considerado por -Virasoro y Galán: y sólo con el coronel Pirán tuve reyertas -en que nos decíamos ambos las impertinencias de más -grueso calibre.”</p> - -</div> - -<p>En lo que se relaciona con el general Urquiza, Sarmiento -nos dice que en cierta ocasión le dió mil explicaciones, lo llamó -su amigo y se estrecharon varias veces la mano. Hay pasajes -en que su devoción por el general Urquiza pasa por entre -sus enconos, como la luz por entre los celajes, y en que llega -a aplaudir terribles hechos de sangre, tal como en la escena -en que traen a la presencia del general vencedor al jefe rosista -Santa Coloma, que Urquiza manda degollar por la nuca -en castigo de sus víctimas, inmoladas en la misma forma.</p> - -<p>Viaja el monorritmo de la cinta colorada por entre las<span class="pagenum"><a name="Page_351" id="Page_351">[351]</a></span> -páginas de la “Campaña” como una obsesión formada e impuesta -a los fines de disculpar tanto agravio férvido en la -pluma del autor. Pero si hay momentos en que el tema puede -ser oído con alarma, descúbrese en seguida que es uno de -los “sistemas” a que obedece la modalidad literaria de Sarmiento, -y de la que no se aparta a pesar de consejos tan sanos -y autorizados como los que ya le había dado don Valentín -Alsina.</p> - -<p>Tal es la síntesis de la “Campaña en el Ejército Grande”. -La imparcialidad del lector crítico no puede atenuar el -egotismo y la imprecación hiriente que constituyen su esencia, -porque el limo que sus aguas dejan, fecundiza la figura -del vencedor de Caseros, dando un resultado contraproducente -acerca de la tolerancia de su alma, frente a la ingratitud -que lo combate.</p> - -<p>Alberdi no considera el ataque de este punto de vista, sino -del que le es directo. Mas, lejos de contestarlo en el tono -de la réplica, volviéndola también reducida y personal, saca -partido doctrinario del asunto y lo eleva a la altura de un estudio, -generalizándolo y legándolo como enseñanza.</p> - -<p>Retirado en Quillota, dedicó cuatro cartas a su adversario -que aparecen fechadas tres en el mes de enero y otra en -febrero desde Valparaíso.</p> - -<p>Explica en la primera que no hubiera leído, por escasez -de tiempo, la “Campaña”, cualquiera sea su mérito, a no verse -obligado a ello por la dedicatoria, lo que a su vez lo determina -a analizar y contestar todo el trabajo. Advierte que -nada tendrá que hacer con la persona del contendor, quien -sólo le merecerá una crítica alta, digna y respetuosa, y que -su propósito capital es estudiarlo en sus escritos. Y al entrar -en materia, comienza por establecer cuán distinta tiene que -resultar la prensa, desde la caída de Rosas, si ha de intentar -llegar a la eficacia de sus fines políticos. Tras del dibujo del -licenciado de la vieja prensa, insubordinado a toda regla o -disciplina, agitador de poblaciones y de improvisada preparación, -especie de gaucho malo, el lector vé alzarse, como en -fotografía superpuesta, la efigie de Sarmiento. Estas primeras -cuatro cartas son de una notable importancia por la -serenidad, por la lógica, por la fuerza destructora e inmensa -y por el estilo diáfano.</p> - -<p>Es acaso el primer escritor de América que conoce los -insuperables secretos de la difícil síntesis. Escribe, con la menor -cantidad de palabras, la mayor porción de ideas. Del ahorro -de sonidos, obtiene más substancia y pensamiento. Es la -pluma de las “Bases”. Y lo admirable de su construcción, es -que lejos de perder la forma de su belleza, la aumenta en flexibilidad<span class="pagenum"><a name="Page_352" id="Page_352">[352]</a></span> -y ondulaciones, volviendo tan terso y sutil el velo, -que se ve toda la imagen al través. De modo que es el latín -clásico traducido al español armonioso.</p> - -<p>Estas cartas debieron producir la sensación de las máquinas -de guerra de los griegos que se destinaban a aplanar -los cuerpos de los muertos, después de la batalla. . .</p> - -<p>Pero, Sarmiento no estaba muerto. Contestó la réplica -de Alberdi con toda la violencia de su temperamento de demostrado -luchador, tirando a fondo sus formidables golpes -de clava como para finalizarlo todo.</p> - -<p>Su prosa es amplia, su brazo largo, su juego desordenado -y abierto, sus golpes a la cabeza del contendor. No le perdona -ni la letra. Y de la letra, la estatura, la manera de reir, -las intenciones, y, acto por acto de su vida de abogado, de escritor, -de periodista.—“Alma y cara de conejo”, le dice. “Sólo -sabe agrupar pesetas y palabritas”. Llega al giro despreciativo -minúsculo: “pillito”, “ratoncito que roe papeles”. “Estate -quietito: tú serás enviado diplomático en Chile”.</p> - -<p>Otras veces, del asunto obtiene el vocablo que le viene -a la pluma: “ergotista genovés”, recordando que Alberdi estuvo -en Génova y que allí escribió uno de sus libros. “Andate -enhoramala, botarate”.</p> - -<p>La gracia y la novedad del denuesto se traduce en figuras -como ésta: “Es una esponja de limpiar muebles que absorbe -todas las ideas para volverlas a estrujar y aplicarse a -todas las cosas sucias”.</p> - -<p>El tono sube:—“Y no ha habido en Valparaíso un hombre -de los que pertenecen “a la multitud de frac” que le saque -los calzones a ese raquítico, jorobado de la civilización, -y le ponga polleras. . .” “Entecado que no sabe montar a -caballo”. . . “Abate por sus modales; saltimbanqui por sus -pases magnéticos; mujer por la voz; conejo por el miedo; eunuco -por sus comparaciones políticas; federal-unitario, ecléctico-panteísta; -periodista, abogado, conservador, demagogo”.</p> - -<p>Este es Sarmiento de una vez:—“¡Pues, qué! ¿quería -mamar a dos tetas?”</p> - -<p>Sarmiento vuelve a recuperar el campo como Hércules -vencedor. Sus amigos, sus admiradores, los jóvenes, los viejos, -sus compatriotas, el resto de emigrados que presenciaban -el encuentro desde la sombra del tendido, lanzaron el -¡hurra! del loor ganado. Sarmiento era el representante de -la democracia brava frente a la borla doctoral.</p> - -<p>¿Y Alberdi? No responde. ¿Dónde está el doctor Alberdi? -No es habido en los sitios sociales ni en el foro. ¿Qué le -pasa al académico escritor? Su posición es tan ingrata que sus -íntimos y correligionarios deciden instarlo a la refriega, pero<span class="pagenum"><a name="Page_353" id="Page_353">[353]</a></span> -se hallan con que el metódico trabajador tiene entre manos, -en esos mismos instantes, un proyecto de Constitución para -su país, que forma el complemento de las “Bases”. Hasta -tanto no lo termine, no se enterará de los nuevos ataques de -Sarmiento. Vanos fueron los argumentos que se le hicieron para -demostrarle la necesidad perentoria de que ensayara la -refutación de los cargos y acusaciones de su enemigo implacable. -Alberdi . . . Pero estoy cometiendo una falta de probidad -y de buen gusto al dar ropaje propio a un relato que -ha sido ya hecho por un maestro, por el inolvidable Lucio -V. López, que a su vez repite la narración de su ilustre padre, -testigo de la época, amigo por igual de Alberdi y de -Sarmiento.</p> - -<p>Al ocuparse Lucio López de la reimpresión de las “Cartas -Quillotanas” en 1873, legó páginas de insuperable mérito, -que contienen con la dramaticidad del momento, noticias -directas de la psicología de los dos soberbios contendores. -Helas aquí:</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>“Las “Cartas Quillotanas” están destinadas a vivir -siempre en la literatura política de nuestro país. Ellas son -la más severa lección que se ha dado a la prensa que emplea -el dicterio y el insulto para convencer al público y confundir -al adversario. Ellas son la protesta más ardiente y victoriosa -que puede hacerse contra esa literatura feroz de que la -ignorancia vulgar de nuestras sociedades se ha amamantado -en las pasadas luchas civiles, creando reputaciones de arcilla -e inconsistentes que la justicia severa de los fallos modernos -tiene por fuerza que desconocer.</p> - -<p>Esas cartas son poco conocidas en Buenos Aires. Hasta -hace muy poco, tan sólo las conocíamos por las referencias -de sus contemporáneos, y su crónica había llegado hasta nosotros, -sin que hubiéramos podido procurarnos las preciosas -páginas que las contenían. Es por esto, que no podemos menos -de agradecer al editor el verdadero servicio que se ha hecho -a las letras argentinas, haciendo de ellas una edición copiosa -que, al mismo tiempo que pueda repartirse con profunsión -por todos los rincones de la República, sirva para estudiar -tranquilamente y sin pasiones mezquinas la índole de -ciertos hombres que las injusticias del pasado han tratado -de obscurecer.</p> - -<p>La historia de las “Cartas Quillotanas” es interesante. -Un testigo ocular nos ha narrado su crónica que vamos a tratar -de transmitir a nuestros lectores con toda la imparcialidad -que nos corresponde.</p> - -<p>La refutación del doctor Alberdi a la Campaña del Ejército<span class="pagenum"><a name="Page_354" id="Page_354">[354]</a></span> -Grande, que el señor Sarmiento le narra intencionalmente, -exasperó el ánimo de éste con justos motivos. El golpe -había sido mortal. La contestación había apurado todos los -recursos de la sátira y la pluma de Alberdi había rayado en -el papel la caricatura del adversario con los gráficos rasgos -de un Chatam y con la culta acrimonía de un Timon. La primera -parte de las cartas es la gran parodia “de la Campaña”.</p> - -<p>Los gritos de la herida fueron tan elocuentes por parte -del señor Sarmiento como había sido punzante el dardo sutil -que la causaba. Su espíritu se encrespó, tomó formas colosales, -midió el cuerpo de su adversario y prorrumpió en un -torrente de lava escrita característico en él, si tenemos en -cuenta una cualidad remarcable de sus talentos: la labia copiosa -con que manifiesta sus pasiones. Alberdi se encontró -ahogado por aquella avalancha. Danton y Robespierre, y todas -las furias de la revolución francesa, no habrían producido -una diatriba más sublime que aquella.</p> - -<p>El señor Sarmiento no es clásico sino “criollo puro” y sin -embargo, es curioso de notar, cómo en su réplica a las primeras -cartas de Alberdi, palpita el más legítimo paganismo haciendo -recordar las pasiones del anatema clásico puesta en -boca de los dioses, menos el estro de Homero y de Virgilio.</p> - -<p>La cultura del lenguaje, la delicadeza del escritor, todos -los escrúpulos sociales están desconocidos en la réplica -del señor Sarmiento y para que no se dude de nuestra aseveración -puede leerse el siguiente párrafo con que ataca al -señor Alberdi. “Usted ha tenido la debilidad de eludir la ley -penal por el decoro; pues yo tendré la gentileza “de degradar -mi rango de escritor y de insultar la ley y la sociedad -poniendo escritos inmundos contra usted”.</p> - -<p>Si Facundo hubiera sabido escribir, no de otra manera -hubiera escrito.</p> - -<p>La réplica del señor Sarmiento hizo gran sensación en -Chile. Los amigos de Alberdi se enfriaron en su entusiasmo. -Los amigos del señor Sarmiento aprovecharon esta frialdad -y la convirtieron en éxito para sus afecciones. El señor Sarmiento -estaba triunfante y la “vox populi” sancionaba su -victoria. Alberdi había enmudecido y todos consideraron que -el golpe lo había abrumado. ¿Qué hacía? ¿Dónde estaba? -¿Cuál era la causa de su silencio? Este continuaba. Días, semanas -y meses pasaban sin que respirase. Varios amigos suyos -resolvieron buscarlo y decirle la crítica posición en que -se encontraba. Lo hicieron, y fueron recibidos en su gabinete -donde trabajaba con perfecta calma y tranquilidad. Le manifestaron -lo que pasaba en Chile con su persona, y una vez -enterado, oyeron con asombro de sus labios que no había leído<span class="pagenum"><a name="Page_355" id="Page_355">[355]</a></span> -la réplica del señor Sarmiento, que estaba sumamente empeñado -en concluir su proyecto de constitución para la República -Argentina y que había previsto que la lectura de las -cartas de su adversario, podía distraer su atención poniendo -en conflicto la terminación de su obra. En vano fué que -sus amigos le manifestasen la necesidad en que estaba de salir -cuanto antes de su crítica posición. Su determinación fué -irresistible. No hizo la lectura y se dispuso a desocuparse -del trabajo que se lo impedía. Extrañó, sí, la debilidad de la -opinión para condenarlo tan ligeramente y quiso tal vez imponerle -con su silencio el castigo de su ligereza. A los pocos -días llamó a uno de sus amigos y le manifestó que su proyecto -de Constitución estaba concluído y que al día siguiente -partía para Quillota a ocuparse de contestar al señor Sarmiento -cuya réplica ya había leído. Prometió a sus amigos -vindicarse ante la opinión y anonadar a su adversario para -siempre. Regresó de Quillota al poco tiempo trayendo un -rayo que lanzó de improviso y que cambió el hado próspero -de su contendor. Y en efecto, “La complicidad de la prensa -en las guerras civiles de la República Argentina”, que era -el título de la contrarréplica, fué fatal para el señor Sarmiento. -Este había presentado infinidad de hechos que menoscababan -la reputación del doctor Alberdi. Estos hechos fueron -desmentidos uno por uno, con datos tan fidedignos que toda -la opinión reconoció su veracidad. Alberdi en boca de Sarmiento -había sido indigno instrumento de los gobiernos, mal -abogado, mal escritor, ignorante, mal político y en fin dueño -de las cualidades más poco envidiables que se pueden poseer, -y el mismo Alberdi, según su expresión, se encargaba de “tomar -por la oreja al mentiroso, sentarlo en el banco de la risa -y hacerlo desmentirse con sus propios escritos” que dejaban a -Alberdi bajo el punto de vista de un hombre digno, independiente, -buen abogado, brillante y competentísimo escritor, -político hábil y en fin con todas las excelentes dotes que -las pasiones febriles del señor Sarmiento le habían desconocido.</p> - -<p>Las últimas cartas de Alberdi corrieron de mano en mano -con un prestigio extraordinario. Llamó la atención sobre -todo la parte final titulada “Enmienda Honorable” que es -una colección crecida, compuesta únicamente de elogios de -todo orden, debidos a la pluma de su adversario. La crónica -cuenta que el señor Sarmiento quedó sumamente mal parado. -Ofreció cuarenta cartas más con las que prometía hundir -por siempre a su antiguo amigo, pero sólo produjo dos y la -mala acogida que recibieron acabó de descorazonarlo para<span class="pagenum"><a name="Page_356" id="Page_356">[356]</a></span> -siempre haciéndolo abandonar la escena que le había arrebatado -tan felizmente su adversario.</p> - -<p>Esta es la sencilla historia de las “Cartas Quillotanas”, -cuya reimpresión acaba de hacerse y cuya lectura no podemos -menos de recordar a los que no lo hayan hecho. En ellas -se verá que la República Argentina tiene en su literatura ingenios -de nota, cuyos escritos participan del género de los que -inmortalizaron a Fígaro y a Cormenin.</p> - -<p>De las “Cartas sobre la prensa” resulta, que hasta el -odio a Buenos Aires, otro de los cargos vulgares con que se ha -querido combatir a Alberdi, nadie lo ha expresado como el -actual presidente de la república en los siguientes párrafos -que insertamos:</p> - -<p>“En vano le han pedido (a Buenos Aires) las provincias -que les dejase pasar un poco de civilización, de industria y -de población europea: una política estúpida y colonial se -hizo sorda a estos clamores. Pero las provincias se vengaron -mandándole en Rosas mucho y demasiado de la barbarie -que a ellos le sobraba. Harto caro la han pagado los que -decían: “La República Argentina acaba en el Arroyo del -Medio”. (Sarmiento: “Facundo“, pág. 23, 1.ª edición).</p> - -<p>“Tucumán tiene hoy una grande explotación de azúcares -y licores que podría permutar por las mercaderías europeas -“en esa ingrata y torpe Buenos Aires” desde donde -le viene hoy el “movimiento barbarizador”. (Sarmiento: “Facundo”, -pág. 195. 1.ª edición).</p> - -<p>“¡Eh! vergüenza de Buenos Aires, os habeis hecho las -guaridas de todas las alimañas, que Paz hace huir del interior”. -(Sarmiento: “Facundo”, pág. 195, 1.ª edición).</p> - -<p>“Diréselo a usted al oído, a fe de provinciano, porque el -pueblo de Buenos Aires, con todas sus ventajas es el más -“bárbaro” que existe en América”. (Sarmiento: “Sud América”, -tom. 2, núm. 2.—Mayo 1.ᵒ de 1851).</p> - -<p>Después de estas inserciones, todo comentario nos parece -inútil, pues la justicia no puede hacer sino uno que no -corresponde repetir.”</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Terminado y remitido, pues, con urgencia el Proyecto -de Constitución, Alberdi vuelve a la polémica, titulando esta -vez sus escritos así: “Complicidad de la prensa en las -guerras civiles de la República Argentina” y precediéndolas -de una saludable “Advertencia”.</p> - -<p>Si eficaces fueron las primeras, estas últimas resultaron -decisivas. Y debieron serlo, de verdad, porque redujeron a -silencio la pluma de Sarmiento y abrieron doble brecha en -su cuerpo y en su ánimo. En cartas íntimas gime su cuita y<span class="pagenum"><a name="Page_357" id="Page_357">[357]</a></span> -expresa el dolor de su carne macerada por el látigo de Alberdi<a name="FNanchor_6" id="FNanchor_6"></a><a href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a>.</p> - -<p>Quedó abierto desde entonces el abismo que había de separar -hasta más allá de la tumba el alma de estos dos argentinos. -¡Y qué larga y profunda fué la venganza de Sarmiento -contra las “Cartas Quillotanas”!</p> - -<p>De modo que por su orden de tiempo debe leerse la -“Campaña del Ejército Grande” de Sarmiento, punto inicial -de la polémica; en seguida las “Cartas sobre la prensa” -más conocidas por “Cartas Quillotanas” de Alberdi; luego -“Las Ciento y Una” de Sarmiento, y, por último, “Complicidad -de la prensa en las guerras civiles de la República -Argentina” punto final, puesto por Alberdi.</p> - -<p>No hay otro duelo en los fastos literarios de América de -mayor repercusión y de mejor enseñanza. Préstanle su fama -el volumen de sus autores, la habilidad en las armas y la gravitación -que tuvo en los sucesos públicos de la patria.</p> - -<p>El lauro ha sido discernido por la posteridad a Alberdi, -quien al domeñar todos sus humanos impulsos, habilitóse -a sí mismo para vencer al adversario, colérico y sin freno, -impulsivo, ciego y cruel. Alberdi constituye de entonces un -modelo en la alta polémica. La cultura universitaria, aun en -la pelea, tenía que salir victoriosa de la locura del titán.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_358" id="Page_358">[358]</a></span></p> - -<h2 id="ACOTACIONES_A_MONTAIGNE">ACOTACIONES A MONTAIGNE</h2> - -<p class="center">(Notas marginales)</p> - -<p class="center">Por J. ALFREDO FERREYRA</p> - -<p class="center">Profesor en la Universidad de La Plata</p> - -<p>Conocía a Montaigne por la monografía que Compayré -le dedica en su galería de didactas ilustres. Había meditado -también el capítulo que el mismo Montaigne dedica con tan -buen sentido a la educación: sus vistas reformadoras y libres, -de hombre del Renacimiento. Pero por primera vez leí todos -sus <span class="smcap">Ensayos</span> en las vacaciones de 1905-1906. En enero a febrero -de 1913, los repasé, pero no de punta a cabo, sino según -el método con que él los escribió. Abría las páginas que más -me llamaban la atención, o buscaba aquellas en que creía encontrar -la aclaración de una duda mía, o por saber qué opiniones -alentaba el autor sobre tal o cual cuestión.</p> - -<p>Conozco, además, biografías del hombre, desde luego cortas, -pues ha sido un cuerpo de poca acción. Todo su espíritu, -movedizo y ondulante, está en su obra. Su biografía es su -libro. Europa ha producido algunos hombres de pensamiento -y de acción, cuyo prototipo es César. Pero en América no son -raros los ejemplos de Mitre, Sarmiento, Roosevelt. El concepto -de la educación integral bien practicado, creo que ha de fomentar -al hombre que hace y piensa al mismo tiempo, pues la -acción social me parece tan excitadora, como el estudio sedentario -de un problema científico.</p> - -<p>Quiero transmitir mi impresión personal sobre Montaigne, -como quien comenta al pasar una lectura en voz alta. Incitar -a leer los grandes libros podría ser un servicio didáctico: se -cuenta entre los deberes y los derechos del maestro de escuela.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Es un genio que hace de la modestia, de la franca confesión -de sus ineptitudes, una fuerza principal. Constituye -casi una excepción entre sus congéneres que pecan de<span class="pagenum"><a name="Page_359" id="Page_359">[359]</a></span> -vanidosos, según lo creía Sarmiento. Sócrates confesaba que -nada sabía, para mejorar su situación mental respecto a los -otros hombres. Jesús se endiosó. Y la lista sería larga.</p> - -<p>Alguna vez, es verdad, que la humildad de Montaigne se -parece al orgullo de Diógenes al través de su capa remendada. -Reitera su pereza, por ejemplo. Le gusta leer indolentemente -a los clásicos latinos sin propósito determinado, hasta que -cierta necesidad de exponer sus reflexiones y sugestiones le -hace tomar la pluma. Parecería que con ello muestra que no -hay que forzar a los temperamentos, torciendo o pretendiendo -torcer las vocaciones grandes o pequeñas con presiones exteriores -y artificiales, a que han sido bastante aficionados los -padres y las escuelas.</p> - -<p>Recalca filosóficamente su falta de memoria, intuyendo con -gran sagacidad de su propia introspección, que esa deficiencia, -lejos de ser un mal absoluto, puede favorecer la meditación -y las concepciones originales. El memorista corre el -peligro de ser un incorregible repetidor de cosas ajenas.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Montaigne quiere sobrevivirse; de ahí que defienda la -inmortalidad en cualquier forma. En ninguna parte he visto -tratada esta cuestión con rasgos de mayor originalidad que -en los Ensayos. Presenta el caso de capitanes antiguos o coetáneos -que encargaban que su cuerpo o su esqueleto acompañase -a sus ejércitos en el curso de la guerra, para asegurar -su triunfo. No cita al Cid, cuyo cadáver montado en Babieca, -ganó su última batalla contra la morisma en Valencia. Otras -veces, para el cadáver no se pedía tregua ni concesiones al -enemigo, como si continuara vivo el jefe al que pertenecía.</p> - -<p>Este es realmente un modo concreto de concebir la inmortalidad -subjetiva, formulada casi tres siglos después por -Comte.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Muchos pensadores antiguos—Epicuro, Lucrecio, Séneca, -entre otros—no creyeron en la supervivencia del cuerpo ni -del alma después de la muerte. Estuvieron muy lejos de -comulgar con el valle de Josafat. Debemos convenir que el -buen sentido ha tenido sus representantes en todos los tiempos, -como el mal sentido los tiene aún en el siglo XX, en que -un señor de Unamuno, ahuecando un tanto la voz, llama a -la muerte “pavoroso e insoluble problema”.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_360" id="Page_360">[360]</a></span></p> - -<hr class="tb" /> - -<p>La ociosidad produjo los <span class="smcap">Ensayos</span> de Montaigne; esa -ociosidad, que dejaba vagar con libertad (“la del caballo que -dispara sin freno, albarda, ni jinete”) su mente por diferentes -asuntos, sin orden aparente. Nunca la ociosidad ni la comodidad -de un hombre que no tuvo necesidad de ganarse la vida -produjo tan glorioso resultado.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>A Montaigne le faltó, en general, el punto de vista social -de que participamos, ahora aún los principiantes en sociología. -Una ciencia más o menos sistematizada ayuda mucho las operaciones -mentales. Montaigne precedió a Montesquieu en más -de un siglo; de modo que la concepción de un organismo -social o de organismos sociales regidos por leyes internas y -externas, a semejanza de los individuales, era acaso anticipada -para él.</p> - -<p>En su original capítulo acerca de los medios contradictorios -que los hombres han empleado para llegar al mismo -resultado o a resultados opuestos, se nota esa ausencia de -concepción sociológica.</p> - -<p>Un vencido o los vencidos en una guerra, han obtenido -clemencia del vencedor unas veces por la súplica y otras por -el valor altivo. En otras ocasiones, uno y otro medio han -conducido al exterminio, a la mayor cólera del vencedor, -aunque éste fuera el magnánimo transigente Alejandro de -Macedonia.</p> - -<p>Atribuye Montaigne estos hechos exclusivamente a la -psicología personal del vencedor; nunca a otras circunstancias, -principalmente las sociales que tanto influyen en los -acontecimientos, mucho más que los deseos y resoluciones -individuales.</p> - -<p>Maquiavelo, en sus <i>Aforismos políticos</i> fundados en la -Historia de Tito Livio y en la de su tiempo, tiene idénticas -observaciones; pero mayor perspicacia sociológica, para inducir -que en la función pública se cambia de método con el -cambio de circunstancias.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Montaigne no se contenta con lo presente, y con lo que -ve, y donde vive. Se extiende hacia lo pasado y mucho hacia -lo porvenir. Sale de la tierra. Lo desconocido lo atrae. Se -reconoce habitante del Universo. Actuando en un radio limitadísimo, -de aislamiento en su castillo, habla de un radio -inmenso, desconocido, que la Humanidad va desbrozando poco<span class="pagenum"><a name="Page_361" id="Page_361">[361]</a></span> -a poco. El infinito y la eternidad están descubiertos. Imposible -sujetar la imaginación a la ciencia experimental, por más -que sus resultados constituyan su solo regulador externo. -Cuando se pierde este elemento de equilibrio, la imaginación -se exalta hasta la locura, como Don Quijote que, a fuerza -de palos y de no leer más, notó al fin que los nidos no tenían -pájaros. No quiere decir que los creadores, por la imaginación, -no sean incomparables intuitores. Comte llama a los -grandes poetas profundos observadores de la naturaleza humana.</p> - -<p>Este descontento por la realidad develada por sabios y -poetas, en cada época de la evolución mental colectiva, produce -las hipótesis más sanas y más disparatadas. Lo primero, -engendra el progreso comprobable y utilizable; lo segundo, -las vaguedades metafísicas que se complacen en meditar horas -enteras si los valles se mueven o se están quietos, y otras -tonterías. Las luces relativamente verdaderas y las relativamente -falsas, marchan paralelas.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Montaigne trata del rezo con su buen sentido positivo. -Las peticiones de la oración son muchas veces injustas y generalmente -egoístas. “Dios” merecería respeto y debe recibir -homenajes y “servicios”, y no pedidos de codiciosos, maleantes -de todo género que ruegan salir sin peligro o airosos -de una aventura. Margarita de Navarra recuerda de uno que -atravesaba compungido el interior de una iglesia, para ir a -dormir con su querida, haciendo antes actos de devoción ante -el altar mayor.</p> - -<p>A Montaigne se le ha escapado, sin embargo, el lado -psicológico de la plegaria: su fuerza sugestiva y autosugestiva, -cuando es sincera. La oración teológica ha debido producir -sus efectos en el período correspondiente de la Humanidad, -y del que muchos seres humanos aún no han salido. -Ahora, en vez de suprimirse, debería transformarse en creación -positiva, en propósitos determinados de acción, como lo -aconseja Smiles. En la gran guerra, se inventó la plegaria -del centinela y del soldado, como acto de resolución resignada, -por ideales humanos, sin invocación sobrenatural.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_362" id="Page_362">[362]</a></span></p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Llama la atención de Montaigne la vanidad de Cicerón, -y la detracta. Visto el gran romano a través de ese juicio, -parece un petimetre sin méritos que busca gloriolas, apelando -hasta al “réclame”. No es así. Cicerón tenía cualidades -sólidas, y, en su género, fué uno de los más perfectos que -exhiba la historia. Es claro que mostraba también el reverso -del orador y del artista: instabilidad, indecisión. Me habría -satisfecho más y habría sido más justo un estudio sobre la -personalidad total. Pero Montaigne no supo o no quiso hacerlo -por cualquier razón. Ya se sabe que él no escribió un -libro, sino una serie de artículos sobre lo que se le antojaba -y cuando se le antojaba. No fué un escritor profesional que -tuviera que exprimir su inteligencia sobre temas obligados -u obligantes.</p> - -<p>Para cohonestar su juicio unilateral sobre Cicerón, debe -anotarse que la antropología no es de su tiempo, y los psicólogos -natos, los Shakespeares y Cervantes, han sido muy contados, -aún en esta época de psicologías.</p> - -<p>A medida que más se penetra en el estudio del hombre, -más se explican sus anomalías, sin odio, tal vez con piedad -y aun amor. Si el análisis crítico es cada vez más profundo, -la censura va de capa caída, manejada sólo por los meros -literatos que abominan de todo lo que no coincide con sus -inclinaciones personales instituídas, sin mayores miramientos, -en el patrón único para juzgar todo. Debemos aceptar lo -irremediable, es decir, los millares de temperamentos diferentes -y diferenciados, y su distinta manera de manifestarse. -En el fondo, es un bien que la naturaleza humana muestre -tantos matices como la naturaleza cósmica.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Montaigne (1533-1592) no creía en el progreso, es decir, -en la evolución aprovechada por el hombre. Estaba con el -<i>corso e ricorso</i>. Era hombre del siglo XVI. Comte sostiene -que la idea de un progreso continuo e indefinido se afirmó -en el siglo XVII y XVIII, como lo demuestran las fórmulas -orgánicas de Pascal, Leibnitz y Condorcet, que instituyeron -una Humanidad, sobre las patrias, que constantemente aprende -y constantemente crece.</p> - -<p>Yo creo que uno de los hechos que más ha afirmado la -creencia de un progreso general, a pesar de los retrocesos -regionales o de factores aislados, es la conquista sucesiva de<span class="pagenum"><a name="Page_363" id="Page_363">[363]</a></span> -la Humanidad sobre la Naturaleza, es decir, el método experimental -que dió sostén sólido a la ciencia. Esta se aplicó -a la industria que trasforma constantemente las cosas en el -sentido de su mayor utilidad humana. Estas trasformaciones -objetivas se han impuesto. El progreso subjetivo de las ideas -era menos discernible, ya porque está fuera del contralor -de la mayor parte de las gentes, ya porque su mezcla y confusión -por los sofistas de todos los tiempos que hacen juegos -malabares, aparentan muchas veces estacionamiento o retroceso.</p> - -<p>El progreso de las cosas derivadas del progreso de las -ideas, ha producido a su turno el desenvolvimiento de éstas, -que se apoyan así en una comprobación externa. El progreso -se realiza por inventos sucesivos, dice Pasteur. Cada nuevo -invento demuestra un mayor dominio del hombre sobre el -universo cósmico y social, y nos da la perspectiva de que ese -dominio será ilimitado. Cada vez que un eminente genio ha -afirmado una imposibilidad en el futuro, ha errado, dice -Flammarión.</p> - -<p>Las ideas invisibles pueden discutirse; pero su encarnación -en hechos sucesivos, no. Si todo es ilusión, si no nos es -dable percibir al Universo tal cual es por deficiencia de sentidos -y estructura cerebral, la utilización de las cosas, de -los hechos y de las leyes para el acrecentamiento humano, -es una realidad aunque no fuera la realidad.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Montaigne es el tipo del hombre del Renacimiento. Ama -la gloria literaria de Grecia y de Roma. Cita constantemente -a sus pensadores, a sus poetas, historiadores, oradores. Plutarco -y Séneca son sus guías. Pero Horacio, Juvenal y Persio, -Cicerón, Terencio, Ovidio, Plinio el viejo y el joven, -ratifican sus afirmaciones. Sábese que hablaba el latín. Lo -aprendió desde niño, conversando, como un idioma vivo, y -leía constantemente a los creadores de tan profunda literatura. -No era latinista de catálogo, de los tantos defensores -del latín, incapaces de leer de corrido tres sentencias del -Cornelio Nepote. Virgilio y Lucrecio están siempre en la -punta de su pluma. Resurge, pues, en su mente, libre observadora -del presente moderno, la antigüedad clásica. Esa -aleación ha producido una síntesis inmortal con los <span class="smcap">Ensayos</span>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_364" id="Page_364">[364]</a></span></p> - -<p>Montaigne está lejos de ser un dogmático: no quiere y, -sobre todo, no puede serlo. Su afirmación es siempre débil; -su duda, transparente. Su positivismo es notorio; pero no -dispone de elementos necesarios para apoyarlo.</p> - -<p>Nada de antropocéntrico, y esa es una de sus glorias. -Su pensamiento y sentimiento ondulantes participan de la -diversidad de los temperamentos humanos. Parecería que -quisiera observar el mundo al través de cada uno de sus semejantes. -Hay en él varios espíritus, como los que inspiraban -a Goethe. Nada lo apasiona, todo lo reflexiona, es un famoso -plurilateral.</p> - -<p>Leí con cuidado el capítulo que dedica a Raimundo Sabunde, -donde se muestra más su positividad. Cree que los -animales tienen más que instinto: inteligencia y sentimientos -morales. La diferencia con el hombre es sólo de grados. Hace -presentir a Lamarck y a Darwin. Cita un número asombroso -de hechos referentes a los animales. Hoy que ha tomado cuerpo -la psicología animal, resurge Montaigne.</p> - -<p>La verdad es que todos los problemas, resueltos o no, -de que está ocupada la Humanidad presente, ya han sido -propuestos por los antiguos, y a muchos se les ha dado en -remotos tiempos una solución acertada, si bien por excepcionales -pensadores que predicaren o no en desierto. El problema -de la muerte, de la inmortalidad, de Dios: todo ha -sido tratado abundantemente. Lucrecio, siguiendo a Epicuro, -cuya doctrina poetizó, sostuvo que el aniquilamiento del -cuerpo traía también el del alma, función corporal. Alguien -dijo que Dios no era un ser, ni menos extrauniversal, sino -una ley. Otros, que la inmortalidad objetiva del alma era -apenas un mito poético y consolador para el tiempo respectivo.</p> - -<p>Nótase también que muchos problemas metafísicos se -han reducido por los progresos de la ciencia que ha muerto -hipótesis y divagaciones, creando probablemente otras. Pero -la ciencia no sólo ha respondido a muchas interrogaciones -seculares, sino que ha mostrado el régimen fecundo de la -razón humana, el método que ha descubierto y ha de descubrir -gradualmente, con mayor o menor rapidez, enigmas que -la inquietud humana formula sin cansarse.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_365" id="Page_365">[365]</a></span></p> - -<hr class="tb" /> - -<p>En Montaigne se nota el sentimiento de la verdad relativa. -Nadie lo tuvo como él al afirmar o negar. Pregunta -más que contesta. De nada está completamente seguro. Define -con simpatía el Pirronismo. Pero él es sólo Pirronista intelectual. -No llegó a la ética estoica que alcanzó el sublime -escéptico griego. Este enseñaba que todas las cosas son igualmente -inciertas y discutibles. Es necesario dudar de todo y -ser indiferente a todo. De ahí derivaba su moral, doctrina -de renunciamiento e indiferencia, que él practicó fielmente -con organismo adaptado.</p> - -<p>No tener opinión ni sobre el bien, ni sobre el mal, es el -medio de evitar todas las causas de turbación. Las más de -las veces los hombres mismos se hacen desgraciados: sufren -porque son privados de lo que creen ser un bien, o temen -perderlo, porque estiman que esto sería un mal. Suprímase -toda creencia de este género, y todos los males desaparecerán. -Dejar que siga el mundo como es, y que cada uno tome -su lote de males inevitables: he ahí el ideal de Pirrón. No le -importaba más vivir que morir, porque no estaba convencido -que lo uno fuera bien y lo otro mal. En un naufragio, mostró -con toda calma a los pasajeros despavoridos la impasibilidad -de un cerdo que comía tranquilamente, mientras el -barco se sumergía. Así debería ser la impasibilidad consciente -del sabio, en presencia de los hechos de la vida y de la -muerte. Pudo decir con Lucrecio que la religión no consiste -en adorar piedras o ensangrentar altares, sino en contemplar -con ánimo sereno la corriente favorable o adversa de los -sucesos.</p> - -<p>Montaigne no tuvo nunca la concepción, ni menos practicó -la ética de Pirrón. Fué un rico que vivió cómodamente -en su castillo campestre, bien servido, eligiendo su sociedad, -pensando muy mal de las mujeres, perfumando sus pañuelos -y guantes, abrigándose mucho en invierno porque era friolento, -y temiendo la muerte.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>En la voluptuosidad de leer descansadamente a los genios -antiguos, meditar espontáneamente, escribir sin trabajar, -anotando los pensamientos que su profunda naturaleza le -sugería: así se engendró ese libro universal que se llama -los <span class="smcap">Ensayos</span>. Salió espontáneamente como la seda del gusano.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_366" id="Page_366">[366]</a></span></p> - -<p>Es un realista sin prejuicios y sin las groserías de Rabelais. -Es el padre espiritual de Renán, de Anatole France, -de la sonriente ironía francesa también heroica. Es la resurrección, -al través de las letras latinas, de la mentalidad -griega tan poco respetuosa de los dogmas, tan poco asustadiza -de los misterios, tan poco sorprendida de lo nuevo, que -aceptó sin mayores preocupaciones el todo o la nada de la -vida.</p> - -<p class="date">Febrero 1919.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_367" id="Page_367">[367]</a></span></p> - -<h2 id="LOS_SENTIMIENTOS_MORALES_ESTETICOS_Y_RELIGIOSOS">LOS SENTIMIENTOS MORALES, ESTÉTICOS Y RELIGIOSOS</h2> - -<p class="center">Por RODOLFO SENET</p> - -<p class="center">Profesor de la Universidad de Buenos Aires</p> - -<h3><span class="smcap">La religión y los sentimientos éticos</span></h3> - -<p>Tener una religión sin poseer sentimientos religiosos, es -no tener nada. Los sentimientos religiosos deben ser siempre -previos a su sistematización y sintetización en forma de religión.</p> - -<p>La ética que se basa en los principios religiosos, es ultraegoista. -El estudio de la gran mayoría de los preceptos -morales que surgen de esa fuente, comprueban con toda evidencia -el aserto. Tomaré el tan difundido “Haz bien y no -mires a quien”, que sólo obedece a que, persiguiendo el sujeto -beneficiarse a sí mismo, claro está que sea indiferente el individuo -sobre quien recae la acción. El benefactor lo es, ante -todo, de sí mismo, puesto que su buena acción no quedará sin -su premio correspondiente y se sumará en su haber. Si bien -es cierto que el hecho es que resulta un beneficiado, la falta -de discernimiento con que se aplica el beneficio, indica que el -primer plano lo ocupa el benefactor, siendo absolutamente indiferente -el beneficiado. Los que practican la caridad aplicando -el precepto sin tener en cuenta para nada su beneficio -personal, creen de buena fé realizar un acto moral, y no obstante, -es pseudomoral; los que lo realizan desde el punto de -vista de la recompensa futura, inconscientemente, realizan -actos inmorales. De este modo, cuando un religioso hace una -obra piadosa cualquiera, con el ánimo de hacer méritos, quien -debe agradecer es él antes que nadie y no el que recibe el -beneficio, y debe quedarle grato, además, por prestarse o hacerse -cómplice de su egoismo, puesto que el premio que espera -obtener supera con mucho al bien realizado.</p> - -<p>La moral religiosa es una moral a base de premios y castigos,<span class="pagenum"><a name="Page_368" id="Page_368">[368]</a></span> -de carácter eminentemente egoista, prometiendo castigos -horrendos o como recompensa un sensualismo que envidiarían -los epicuristas. El “rogaré por Vd.”, el “Dios se lo -pague”, etc., que contestan los beneficiados, en los casos de -limosna, por ejemplo, indica una devolución de ultratumba -infinitamente mayor al beneficio realizado. Si esa moral se -pudiera hacer efectiva en la vida diaria, la usura ahogaría a -la vida misma.</p> - -<p>Por lo demás, el eje sobre el que reposa, especialmente -la moral religiosa, es la cuestión sexual.</p> - -<p>El instinto de conservación específico, satisfecho de acuerdo -con los preceptos establecidos, resulta siempre una inmoralidad -disimulada, y por tanto, tolerada. En el terreno afectivo-emocional, -su base más honda, está en la afectividad negativa -y en la emotividad depresiva.</p> - -<p>No entraré a analizar la pseudomoralidad que aporta en -la ética individual, la religión; caería en el terreno del deporte -de los poco cultos que recién descubren la pseudomoralidad -de la ética religiosa.</p> - -<p>Lo que trataré de ver es si normalmente, si racionalmente, -se puede edificar una ética o se pueden formar sentimientos -morales, a base de religión.</p> - -<p>Los prácticos lo consagran así, y, no obstante los reiterados -fracasos, la rutina subsiste. El hogar religioso, trata -desde la más tierna edad de formar en el niño sentimientos -religiosos. Luego las clases de doctrina dadas por sacerdotes -del culto, y en algunos países atrasados la enseñanza de la -religión en la escuela, tratan de crear sentimientos religiosos -a bases de enseñanza de la religión.</p> - -<p>Claro se vé que si es absurdo tratar de formar sentimientos -morales, enseñando moral teórica, lo es <i>a fortiori</i>, pretendiendo -hacer penetrar a los niños en abstracciones muy alejadas -de su mentalidad y en cuestiones de carácter dogmático. -Los resultados así lo atestiguan, pues salvo el caso de que -al sujeto lo haya rodeado un ambiente muy propicio, o que se -trate de sujetos de cierta pobreza mental, los demás, cuando -llegan a jóvenes, hablan en tono jocoso de la religión que les -inculcaron en la niñez, evaporada hoy; recuerdan lo odioso -de esa enseñanza impuesta, o bien las travesuras de las clases -de doctrina, o los regalitos para atraerlos, u otros procedimientos -como juegos, etc., para inculcarles la fe.</p> - -<p>Analizar todas estas tentativas para desarrollar en el niño -sentimientos religiosos, desde el punto de vista psicológico, -es, sencillamente, tiempo perdido. Basta una palabra, se -trata de disparates.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_369" id="Page_369">[369]</a></span></p> - -<p>No se pueden desarrollar sentimientos morales a base de -sentimientos religiosos, porque los últimos están por sobre los -primeros, son superiores en jerarquía y mal pueden ser causa -de los sentimientos morales, cuando deben ser efectos de -éstos. Los sentimientos morales son previos a los religiosos, -de manera que no son los sentimientos religiosos los que conducen -a los morales, sino que la evolución superior de los morales -conduce a los religiosos. Si los sentimientos religiosos -son verdaderos, sinceros, si no se trata de vividores o mistificadores, -para llegar a esta etapa de la evolución psíquica, -el sujeto debe, necesariamente, haber construído antes todo su -andamiaje ético, para construir más tarde su monumento religioso. -Antes de llegar a la fé, el individuo ha tenido un período -de duda, o por lo menos, de discusión y de grande sintetización, -de carácter, no solo sentimental, sino también mental. -Los sujetos verdaderamente religiosos son grandes razonadores; -sólo los débiles mentales tienen fe sin discernimiento.</p> - -<p>En la filogenia el sentimiento religioso es el último en -aparecer. Obsérvese que las religiones de los pueblos al través -de la Historia, siempre expresan la síntesis de su progreso -y civilización; es decir, que a nosotros, como colectividad, -nos da la expresión más avanzada de su progreso. La religión -ocupa siempre la cúspide, no está en la base. Cuando la -religión queda por debajo de los conocimientos, necesariamente -se modifica o es reemplazada por otra. De ese modo -vemos, al través de los tiempos, modificarse las religiones paralelamente -a los adelantos en la cultura y civilización.</p> - -<p>En la ontogenia ocurre lo mismo; los sentimientos religiosos -son los últimos en aparecer. En la niñez no existen -en realidad, todo lo más, encontraremos la emoción del temor, -que sólo se liga a cuestiones religiosas si al niño se le -orienta en esa dirección mediante sugestiones; de otra manera -ese temor en el niño, nada tiene que hacer con lo religioso -actual y estará vinculado a formas filogenéticas más o menos -remotas; el temor religioso será instintivo. Durante la juventud -lo general es que el sujeto sea indiferente, no se preocupe, -es decir, está en un período donde aún no ha formado -síntesis y es irreligioso como regla general. Los sentimientos -religiosos se forman en una época relativamente tardía, -la edad madura, como síntesis de los sentimientos morales.</p> - -<p>En la vejez y, particularmente, en la edad senil, las tendencias -religiosas, el fanatismo de los ancianos, se debe a -otras causas.</p> - -<p>Siendo mucho más amplios los sentimientos religiosos que -el sentimiento de equidad y de justicia, a título de simple -comparación, para diferenciarlos, digo: que los sentimientos<span class="pagenum"><a name="Page_370" id="Page_370">[370]</a></span> -religiosos, son a los morales, lo que el sentimiento de equidad -es al de justicia. El sentimiento religioso, para el que -lo posee, es lo superior, comprende una síntesis enorme, donde -entra lo ideal, lo intangible, lo sublime, lo perfecto, la evolución -o la superstición de las concepciones morales del sujeto; -los sentimientos morales no son superhumanos, sino muy humanos, -dentro de lo real y de lo tangible. El sentimiento moral -es al religioso, lo que lo concreto es a lo abstracto, lo que lo relativo -es a lo absoluto.</p> - -<p>Fundar los sentimientos morales en los religiosos, es -pues, proceder en sentido inverso; es antilógico.</p> - -<p>Los procedimientos empleados en la enseñanza de la religión, -y particularmente, para desarrollar o dar siquiera nacimiento -a sentimientos religiosos en los niños, demuestran -hasta la evidencia, que no se pueden desarrollar sentimientos, -ni siquiera adquirir ideas religiosas, sino mediante los sentimientos -morales.</p> - -<p>Lo contrario es absurdo, o, por lo menos, no se vé -su posibilidad; equivaldría a pretender educar las aptitudes -intelectuales del sujeto, sin instruir. Los resultados están de -acuerdo con lo manifestado, los niños tienen tantos sentimientos -religiosos antes como después de los cursos de doctrina. -Lo común es que el resultado, a la larga, concluya por -ser contraproducente.</p> - -<p>Es que en realidad de los sentimientos éticos a los religiosos -media una respetable distancia en la ontogenia, como -ha ocurrido en la filogenia. En la juventud ya se presentan -bastante desarrollados los sentimientos morales, mientras -que, como regla general, los religiosos ni siquiera comienzan -a alborear. Estos, como lo he manifestado, no son más que -resultantes de grandes síntesis, las que no pueden realizarse -sino al través de los años. Además, para que los sentimientos -morales evolucionen hacia la formación de los religiosos, -es menester que construyan los intermediarios entre unos y -otros, representados por los sentimientos estéticos. Ya volveré -sobre este asunto.</p> - -<h3><span class="smcap">LOS SENTIMIENTOS ESTÉTICOS Y LOS ÉTICOS</span></h3> - -<p>Considero á los sentimientos estéticos como íntimamente -vinculados con los éticos, siendo los estéticos de jerarquía superior -a los éticos, más que nada, por su formación filogenética.</p> - -<p>Creo que los sentimientos estéticos del individuo pueden -servir de norma para valorar los morales y que puede establecerse -como regla general, que a mayor evolución de los sentimientos<span class="pagenum"><a name="Page_371" id="Page_371">[371]</a></span> -estéticos corresponde mayor evolución de los éticos. -De este modo, se podría enunciar el principio, o con más corrección -para no asignarle tanto alcance, la regla, en esta -forma: <i>los sentimientos estéticos están en relación directa con -los éticos</i>.</p> - -<p>Aquí el lector, inmediatamente me objetará en una forma -a su juicio contundente, diciéndome que, justamente, los -cultores de la estética, los profesionales de ella, en su gran -mayoría, no son los que más brillan por su moralidad, sino al -contrario, por su inmoralidad.</p> - -<p>Dejemos estas objeciones para su debido tiempo, si es -que después de precisar el alcance de los términos, se persiste -en ellas.</p> - -<p>El orden de formación filogenética de los sentimientos es -el siguiente: sentimientos éticos, a los que les ha seguido casi -inmediatamente los estéticos, y por último los religiosos.</p> - -<p>En la ontogenia los sentimientos morales y los estéticos -se presentan aparentemente simultáneos, es decir, a sentimientos -éticos determinados le corresponden sentimientos estéticos -determinados, o a la misma altura de evolución, tal cual ocurre -con los sentimientos morales y estéticos, en la niñez, en la -adolescencia, etc. Esto indicaría que la sucesividad de sentimientos -éticos y estéticos en la filogenia ha sido corta, por su -aparente simultaneidad en la ontogenia.</p> - -<p>Se infiere que los sentimientos estéticos en la filogenia -no pudieron ser originariamente primitivos, sino que derivaron -de los éticos que estaban en más estricta vinculación, o -mejor, dependían más directamente de la lucha por la vida, -del instinto de conservación, siendo los sentimientos estéticos, -en cualquiera de sus manifestaciones, los sentimientos del -triunfo en la lucha por la existencia; es decir, los sentimientos -estéticos dependieron de lo bueno, de lo útil, de lo eficaz, pero -para eso debió existir previamente la diferencia entre lo bueno -y lo malo, lo útil y lo inútil, lo eficaz e ineficaz, que eran, -en definitiva lo moral y lo inmoral.</p> - -<p>En la ontogenia resultan ambos sentimientos asociados y -todo lo ético es estético y lo estético para ser tal, en los sujetos -normales, debe, necesariamente, ser ético. Sólo un falso -discernimiento puede disociar lo estético de lo ético, admitiendo -que pueda existir lo estético independientemente de lo -ético, o en otros términos, que pueda existir algo estético que -no sea moral. Por lo demás se vé que lo amoral es inestético, -como que lo inestético es amoral y que lo inmoral es antiestético, -y que solo como aberraciones se presenten los sujetos -que estiman lo inmoral, o en particular, algo inmoral, como -estético.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_372" id="Page_372">[372]</a></span></p> - -<p>Dije que el sentimiento estético en su origen es el sentimiento -del triunfo en la lucha por la vida. No voy a tratar -de demostrar esta tesis, sobre la cual he escrito un libro. Sólo -recordaré que en los sentimientos estéticos, como en las -demás aptitudes, existe una larga gradación desde lo rudimentario -hasta los grados más avanzados y que su vinculación -con el instinto de conservación, es tanto más evidente -cuanto más inferiores son, pues en los grados superiores la -causa originaria resulta muy alejada por la cantidad de intermediarios -que intervienen entre el instinto, o mejor dicho, -la satisfacción del instinto en la lucha por la vida y el sentimiento -estético.</p> - -<p>En la naturaleza las cosas o los fenómenos no son ni -morales, ni inmorales, ni estéticos, ni antiestéticos, sino amorales -e inestéticos. El sentimiento de lo moral o de lo bello -nace en nosotros por las reacciones que en nuestro sistema -nervioso provocan esos agentes. De ahí que lo estético y lo -moral dependan del individuo y que sea el criterio de la mayoría -el que pretenda dar la pauta de lo estético, antiestético, -moral e inmoral.</p> - -<p>Naturalmente que no hay razón alguna para limitar la -estética a las manifestaciones del arte y creer que los sentimientos -estéticos sean sentimientos ligados exclusivamente al -arte. El arte no es el único poseedor de la estética, ni cosa -semejante. Si se han hecho casi sinónimos es porque el arte, -para ser tal, exige el concurso de la estética, o mejor dicho, -debe provocar reacciones de carácter estético; pero la estética -del arte, o las reacciones estéticas provocadas por las ramas -del arte, se diferencian solo de grado con las provenientes de -otros géneros de actividades humanas, son términos de una -misma serie y las reacciones estéticas que provoca una obra -de arte pueden ser muy inferiores a las provocadas por la -ciencia o superarlas, según el grado de evolución del sujeto -que las percibe.</p> - -<p>Recordaré, brevemente, las etapas de la filogenia de los -sentimientos estéticos que corresponden exactamente a los -que se observan en la ontogenia.</p> - -<p>1.ª <i>Estética motriz.</i>—Llamo así a las reacciones estéticas -provenientes de las nociones que provee el sentido muscular. -La belleza reside en la dirección, o bien en la velocidad, -o bien en la agilidad, o bien en la precisión, etc., del -movimiento. El movimiento es el agente de la reacción estética -y la belleza reside en el movimiento, ya obre el sujeto -como actor o como espectador. Es la estética más rudimentaria: -la del hombre primitivo, la del salvaje actual y la del -niño. Sus sentimientos estéticos están ligados a ejercicios,<span class="pagenum"><a name="Page_373" id="Page_373">[373]</a></span> -manejo de las armas, deportes, bailes, etc.; su estética musical -está más en el ritmo que en la melodía, es decir, en la -noción de movimiento.</p> - -<p>Para que el agente provoque sentimientos estéticos es -menester que sea llevado a la mayor perfección posible, por -ejemplo, que el o los movimientos ejecutados sean de la mayor -agilidad y precisión, pues lo imperfecto, pesado, o grosero, -resulta antiestético. En la filogenia, lo más perfecto fué lo -más útil, porque conducía más directamente al triunfo. La -estética resultó de una ética utilitaria. El sujeto que sobresalía, -que se distinguía de los demás, era el que mejor realizaba -lo estético, si llegaba a lo verdaderamente excepcional, -fué el superhombre de esos tiempos, el respetado, el temido, -el que servía de término de comparación, de unidad moral -o término superior, y también el término superior en lo -estético. La dependencia de lo estético de lo moral se presenta -muy clara en el hombre primitivo y en el salvaje actual y -también en los individuos inferiores de las colectividades cultas -que son otros tantos salvajes dentro de un medio evolucionado, -y, por último, en el niño. En éste, particularmente -en el período belicoso, es notable su admiración por el más -fuerte y con especialidad por el diestro en el manejo de los -puños. Endiosan al peleador, alabando sus sopapos, sus quites, -etc. El niño, como el salvaje, admira y respeta al que prima -por más diestro en la fuerza bruta.</p> - -<p>La sucesividad: ética, estética y religión, se observa muy -bien en el estadio de la estética motriz, en que el hombre no -había llegado aún a discernir lo mejor de lo peor, lo bueno y -lo malo, etc., sino en el mundo sensorio, y, aun en éste, limitado -a las sensaciones musculares que, a los efectos de la realización -de la vida, ocupaban el primer puesto, eran los primordiales. -El sujeto que sobrepasaba a los demás en fuerza -muscular, o bien en el manejo de las armas, por ejemplo, realizaba -lo más estético, prevalecía, era luego el jefe, el árbitro -de lo ético, el modelo en la realización de lo estético; si llegó -a lo extraordinario, las generaciones siguientes lo erigieron -en ser mítico, más tarde en dios. Hombre extraordinario, -jefe, mito, dios; he ahí un origen estético de muchos dioses primitivos -y origen estético-motor surgido del sentido muscular -como arma para satisfacer el instinto de conservación en la -lucha por la vida. En aquellas épocas alejadas, el arma más -eficaz para el triunfo era la fuerza muscular y la maestría para -utilizarla mejor, porque aún no habían nacido otros medios -de lucha, el hombre admiró y exaltó lo más perfecto, y llegó -a crear los dioses que representaban el summum de la fuerza -o de la perfección en las nociones que provee el sentido muscular.<span class="pagenum"><a name="Page_374" id="Page_374">[374]</a></span> -Pero la fuerza y la maestría si eran armas eficaces -para la lucha por la vida, no lo eran para luchar contra agentes -naturales como la tempestad, el rayo, la obscuridad; y el -sentimiento del temor nacido de la ineficacia de los medios -de lucha, dió origen a la creación de dioses misteriosos, monstruosos, -brutales. Pero estos dioses eran de origen más remoto; -estos dioses productos del terror perduraron y fueron, -poco a poco, desplazados por los dioses motores. Los dioses -de origen fóbico convivieron cierto tiempo con los dioses -motores, hasta que estos últimos los desplazaron del todo.</p> - -<p>Y este fenómeno de simultaneidad y desplazamiento gradual -de dioses de distinto origen, ha sido de todos los tiempos -y es el que, aunque con mucha mayor complejidad, ocurre actualmente.</p> - -<p>No fueron los dioses los que engendraron al miedo sino -el miedo el que creó a los dioses, como muy bien lo dijo -<i>Lucrecio</i>. Como el hombre los creó bajo la influencia depresiva -del terror, que es eminentemente antiestético, todos esos -dioses son sumamente antiestéticos: son creaciones cuya sola -vista debe provocar el mismo sentimiento de terror con que -fueron creados, son dioses onomatopéyicos del terror, como -ocurre con la diosa Kali indú, o los animales monstruosos de -los egipcios que poblaban la tierra de que habla Máspero, o -los dioses estrafalariamente horribles de los asirios y caldeos, -etc.</p> - -<p>Tampoco fueron los dioses los que crearon los sentimientos -estéticos motores, sino los sentimientos estéticos motores -los que crearon los dioses motores, cuyas figuras representan -el summum de la estética motriz de entonces. Tal ocurre con -los dioses egipcios que no eran de origen fóbico, como Ammon -que era un dios de fuerza, Osiris e Isis, dioses de energía o -fuentes de energía, Hércules que cae de un plano superior -en Egipto a uno más inferior en Grecia que estaba en un -período mucho más avanzado de evolución, y los dioses de -fuerza, los dioses motores pasan a la categoría de semidioses o -héroes: Teseo, Perseo, Belerofonte, Cadmo, etc.</p> - -<p>Se ascendió de lo estético a los dioses y no se descendió -de los dioses a lo estético. Los dioses sintetizaron lo estético.</p> - -<p>Lo estético se presenta así como un grado de evolución -superior a lo ético, como un sentimiento intermediario entre -el sentimiento moral y el religioso. Por eso es que en el sentimiento -de la inspiración, el inspirado se encuentra en un -estado sentimental intermediario entre el sentimiento que provocan -las reflexiones morales y el éxtasis místico. El momento -de inspiración es un momento de <i>éxtasis estético</i> y el sujeto -se halla en lo que respecta al mundo exterior, en un estado<span class="pagenum"><a name="Page_375" id="Page_375">[375]</a></span> -de semiconciencia, casi completamente aislado y no completamente -aislado, ajeno a todo lo que ocurre fuera de él, -como acontece en el <i>éxtasis místico</i>, que, en lo que concierne -al sentimiento, es la superevolución del éxtasis estético.</p> - -<p>Pero la estética motriz no es exclusiva de los pueblos primitivos -y salvajes; en infinidad de hombres se encuentra hoy, -si no en la forma rudimentaria del salvaje, en un grado de -evolución algo superior. Como es muy reducido el número de -sujetos en los cuales los agentes motores ya no provocan reacciones -estéticas, resulta que la estética motriz es cultivada, no -solo por los motores, sino por todos aquellos en los cuales este -factor tiene aun importancia psicológica. Así se explica que -perduren aún cantidad de deportes, que solo se diferencian -de los del salvaje por la indumentaria de los que los realizan, -o por la forma o los medios de realizarlos. Si se estudian los -medios de provocar reacciones estéticas motrices, en las colectividades -más avanzadas, se verá que son de una enorme -variedad, desde el simple culto de la fuerza en los atletas, boxeadores -o luchadores, hasta el tango, desde las cinchadas o -gatas paridas al partido de <i>football</i> o de <i>tennis</i>, desde las cinchadas -y visteadas al sable o al florete y desde el juego del -sapo al campeonato de tiro.</p> - -<p>En el niño, durante la primera, la segunda infancia y -aun invadiendo la niñez, las reacciones estéticas provienen, -especialmente, de excitantes motores, ya obre como actor o -como simple espectador. Por grados insensibles, durante la -niñez, de la estética motriz pasará al predominio de la estética -sensoria, que culminará al final de la niñez.</p> - -<p>El sujeto puede quedar estacionado, en lo que a sentimientos -estéticos se refiere, en cualquier etapa. Si queda en -la sensoria, será un adulto cuyos sentimientos estéticos serán -sensorios y reaccionará como reacciona un niño, es decir, mediante -excitantes sensorios. Si se estaciona en la motriz, sus -sentimientos estéticos se manifestarán exclusivamente en lo -motor y representará, en ese concepto, a un salvaje viviendo -en un medio culto.</p> - -<p>2.ᵒ <i>Estética sensoria.</i>—En la filogenia, sobre la base -de las reacciones estéticas de carácter motriz, evolucionaron -las <i>sensorias</i>. Llamo así, a las reacciones estéticas provenientes -de todas las sensaciones, excepto las musculares o las que -provoca en el espectador el movimiento, para las cuales se -reserva el vocablo motriz, es decir, reacciones estéticas motrices. -Los sentimientos estéticos de origen sensorio, provienen, -pues, de las sensaciones visuales, auditivas, tactiles y térmicas, -gustativas, olfativas y de orientación.</p> - -<p>El nacimiento de estas reacciones estéticas en la filogenia,<span class="pagenum"><a name="Page_376" id="Page_376">[376]</a></span> -se explica porque complejizándose cada vez más, con la -concurrencia vital, la lucha, fué necesario emplear mayor número -de medios, y de medios más eficaces. Sucedió, entonces, -lo mismo que ocurre ahora. Al hombre primitivo no le bastaron -en una etapa dada, para tener éxito, las sensaciones -musculares y la fuerza muscular, y tuvo que echar mano de -otros medios auxiliares, que no podían provenir más que del -empleo de los otros sentidos, perfeccionándolos, o adaptándolos -mejor con el uso. Pero lo auxiliar en su origen, se fué -convirtiendo, poco a poco, en fundamental, pasando lo fundamental, -en muchas actividades, a ser secundario. El hombre -primitivo superaba, como supera con mucho el salvaje actual, -al hombre culto, en lo que respecta a sentido muscular. -Salvo actividades excepcionales, el sentido muscular no es -el más importante a los efectos de la lucha diaria y más concurso -prestan las otras sensaciones, sin exceptuar, naturalmente, -a los obreros.</p> - -<p>En el estadio de la estética sensoria, para los que han llegado -a penetrar en él, la estética motriz es de carácter secundario, -pasando a ocupar el primer puesto la sensoria.</p> - -<p>En la Historia el tipo de estética sensoria es el pueblo -griego. Téngase en cuenta que aludo a la cultura media del -pueblo griego y no a la de sus grandes hombres.</p> - -<p>Los dioses primitivos de origen fóbico desempeñan allí -un papel muy secundario; los dioses motores como Hércules -han caído a la categoría de héroes. No obstante esto, no por -eso desaparece la estética motriz, como no ha desaparecido -hoy y por inferior que sea perdurará aún, y se manifiesta en -los diversos juegos celebrados y cantados por sus poetas. Pero -las sensaciones, de lo ético ascendieron a lo estético, y de -lo estético se llegó a lo religioso. De ahí la serie de dioses de -origen sensorio, de mitos, de genios, todos de carácter estético. -Si se exceptúa Júpiter que es un dios de fuerza, Marte -que lo es motor y alguno más, los otros en su mayoría son evidentemente -sensorios: Venus, Cupido, Baco, Eolo, las nereidas, -las sílfides, las ondinas, etc. Quedan Plutón, las arpías, -las furias y otros genios de origen fóbico, pero ya no son tan -horripilantes como los dioses fóbicos asirios o la diosa Kali.</p> - -<p>Los epicureístas y los estoicos no son más que dos tendencias -antagónicas en una ética sensoria, que llega a culminar -en la estética sensoria. Tanto los epicureístas como los -estoicos surgen del mundo sensorio, como propulsor de la -voluntad: satisfacer la sensación de afectividad positiva, o -no satisfacerla prefiriendo la negativa; he ahí a la sensación -obrando en la voluntad, para unos como elemento de impulsión -(epicureístas), para los otros como elemento de<span class="pagenum"><a name="Page_377" id="Page_377">[377]</a></span> -inhibición (estoicos), o si se quiere plantear en otros términos: -el dominio de los sentidos sobre el <i>yo</i> o el dominio del <i>yo</i> -sobre los sentidos.</p> - -<p>En la actualidad no son muchos los que han ultrapasado -el límite de la estética sensoria. La mayoría permanece en -ella, perfeccionándola. Su ética será también poco elevada.</p> - -<p>En el terreno del arte los estetas sensorios son aquellos -que reaccionan ante las sensaciones; en visión el sujeto -reaccionará ante el colorido, la perspectiva, la distribución -en el paisaje, el conjunto, el claro-oscuro, etc.; en audición, -se extasiará con el timbre, con la altura del sonido, con la -intensidad, pero no le exige mucho más; en el gusto, será -un perfecto goloso, etc.</p> - -<p>En las producciones artísticas al visual le bastará la -estética motriz o sea la ejecución, la virtuosidad del pintor, -y el elemento sensorio, el colorido, la perspectiva, etc.</p> - -<p>En literatura preferirá al descriptor colorista, importándosele -muy poco del contenido, de la tesis sustentada, del meollo -de la obra. Al auditivo le llamará la atención la parte motriz, -ritmo, compás, movimiento, virtuosidad; preferirá en la -audición lo puramente melódico o armónicamente simple. Las -complejidades quedan fuera de su alcance.</p> - -<p>Es de advertir que cantidad de productores, a los que -se les llama artistas, sólo realizan la estética motriz y sensoria -y sus producciones no ultrapasan ese límite. Naturalmente, -obtienen un éxito inmediato; son los menos discutidos, porque -la estética de sus producciones es perfectamente accesible -para la gran masa y para los críticos que, si son tales, es -por incapacidad de ser productores, lo que equivale a decir -que siempre están en un plano inferior al productor, aunque -su producción no ultrapase el límite de lo sensorio. Es por -eso, por lo que, en general, los críticos hincan sus garras en -la producción superior, que les es inaccesible, y no en la inferior, -que pueden catar mejor.</p> - -<p>La moralidad de los artistas que no ultrapasan la estética -sensoria debe estar de acuerdo con sus sentimientos -estéticos y nada tiene de extraordinario pues, que sean <i>sensualistas</i>, -libertinos que llevan una vida disipada, como ocurre -con una cantidad de literatos y de artistas en general, que -en realidad son pseudo artistas, los que llegan hasta creer -que la producción superior trae aparejado ese género de -vida. Pero analícense sus producciones y se verá que les -espera una existencia precaria; que no tendrán más longevidad -que la del artículo de diario, o de la columna de revista -o cosas semejantes; no pasan jamás a la Historia.</p> - -<p>No ocurre lo mismo con cerebros como el de Víctor Hugo, -con artistas como él, como Carducci, como Zola, cuya forma<span class="pagenum"><a name="Page_378" id="Page_378">[378]</a></span> -tachada de inmoral, es un medio de llegar a la estética del -pensar, que surge de una profunda ética.</p> - -<p>Claro está que al hablar de artistas excluyo a los llamados -artistas líricos, bufos, cómicos, dramáticos, danzantes, -prestidigitadores, etc. Del punto de vista de la mentalidad -y del sentimiento, estos sujetos tienen muy poco de artistas -y mucho de pobres diablos. Sus sentimientos estéticos, salvo -las excepciones de sujetos superiores, son inferiores como lo -son los éticos.</p> - -<p>Cuando se habla pues de artistas inmorales, lo que debe -discutirse, en primer término, es si se trata realmente de -artistas y no de sujetos con sentimientos estéticos sensorios -que no ultrapasen este límite. Por lo demás, no hay por qué -circunscribir los sentimientos morales a un fallo, sino tomarlos -en toda su amplitud. Me parece que no se debe echar -en olvido todas las prendas morales que posea un individuo, -porque tenga hábitos alcohólicos que no dañan más que a -su persona, por ejemplo. No es vulgar encontrar entre los -artistas, estafadores, ladrones o criminales. Si cabe llamar -artistas a los sujetos cuyas producciones no van más allá de -excitar nuestros sentidos y esos artistas en su mayoría son -inmorales, en cualquier caso serían simples excepciones que -no destruirían la regla, porque, sin ir más lejos, en nuestro -medio, los sujetos de producción que van mucho más allá de -lo sensorio, que yo conozco y que constituyen la gran mayoría, -son individuos de la más elevada moralidad.</p> - -<p>Cierto es que han existido artistas y grandes artistas -inmorales, pero son casos aberrantes, excepcionales, y su -inmoralidad ha sido siempre unilateral, una falla personal sin -sanción penal.</p> - -<p>Como lo he manifestado, en la ontogenia, las reacciones -estéticas de carácter sensorio se encuentran en su período -álgido al fin de la niñez; se instalaron en la época motriz y -declinan en la adolescencia y pubertad en los sujetos que evolucionan -hacia formas superiores.</p> - -<p>En la mujer, este período es de menor duración que en -el varón, por ser la mujer más precoz en el período sexual. -Las mujeres que se estacionan en la estética sensoria son -excepcionales; su enorme mayoría penetra en los sentimientos -estéticos sexuales que, más o menos perfeccionados, según -los sujetos, son el término de la evolución de sus sentimientos -estéticos. Sólo rarísimos casos excepcionales ultrapasaron -este límite, para penetrar en la estética intelectual.</p> - -<p>3.ᵒ <i>Estética sexual</i>.—No llamo estética sexual a la -belleza física, moral o intelectual de la mujer o del hombre. -La estética sexual resulta de las reacciones de carácter estético -provenientes de la esfera sexual.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_379" id="Page_379">[379]</a></span></p> - -<p>La tendencia hacia el acto sexual o su realización, está -muy lejos de lo estético y debe considerarse simplemente como -la satisfacción de una necesidad de la vida orgánica. Si se -le considerara como estética sexual, resultaría toda la humanidad -compuesta de estetas sexuales y que los más impulsados, -lo serían más. Pero ocurre que éstos, cuando persiguen -como fin el acto sexual, teniendo poco en cuenta la persona -con quien se realiza, no son ni remotamente estetas sexuales. -Entre los varones el número de estetas sexuales es muy reducido, -particularmente en la edad viril; en la juventud suele -ser mucho más frecuente, pero lo ordinario es que sea un -período de transición, que declina en su forma estética en -plena edad viril.</p> - -<p>La mujer en su enorme mayoría resulta con respecto al -varón, esteta sexual, pero la sexualidad femenina difiere de -la masculina, no sólo cuantitativamente, sino también cualitativamente.</p> - -<p>El instinto de conservación específica se satisface por -un doble mecanismo, tanto en el varón como en la mujer. En -otros términos, intervienen dos factores muy complejos: el -fisiológico y el psíquico.</p> - -<p>Orgánicamente el hombre difiere de la mujer en que la -zona de excitación sexual es mucho más extendida en ésta que -en aquél. Si diferencias hay en el orden físico, mayores y -más complicadas son en el orden psíquico.</p> - -<p>De los dos factores que intervienen en la sexualidad, el -fisiológico es primitivo, el psíquico es adquirido. De la intensidad -de su actuación resultan los tipos de amor.</p> - -<p>Cuando prima el factor fisiológico porque el psíquico es -rudimentario, se está en presencia del amor animal, de la -forma más inferior del amor. El candidato para satisfacer -ese amor es cualquiera, lo único que se requiere, por ser condición -indispensable, es el sexo opuesto, pero los atributos -sexuales secundarios entrarán poco en cuenta; si los posee -mejor, se le aplicará el dicho de que “lo que sobra no daña”. -Este tipo, es el tipo del amor fisiológico, que nada tiene de -estético; es puramente instintivo, y, por tanto, impulsivo.</p> - -<p>No me ocuparé de los tipos intermediarios, que se encuentran -en mi trabajo sobre ese tópico, e iré al término opuesto -de la serie: predominio del factor psíquico que llega a hacer -aparecer al fisiológico como nulo en un principio, rudimentario -después y sigue su curso ascendente mucho más tarde. -En estos casos se trata de estetas sexuales.</p> - -<p>En mi trabajo sobre sentimientos estéticos he descripto -este tipo. Aquí no haré más que dar un boceto:</p> - -<p>El amor está lleno de atributos de carácter fuertemente -sentimental y débilmente intelectual, porque el factor sentimental<span class="pagenum"><a name="Page_380" id="Page_380">[380]</a></span> -casi anula al intelectual. Son los casos donde cuadra -bien el dicho de que “<i>el amor es ciego</i>”. El amor es un -complejo de ideal, ilusión, pasión, fe, franqueza y alta dosis -de timidez, no obstante la fe, celos, y cosas así aparentemente -antagónicas, de coexistencia imposible; tiene un fondo marcadamente -megalómano, puesto que el amante es el elegido -por el ser amado, el único que ha podido conquistarlo entre -cantidad de pretendientes, todos llenos de brillantes dotes -y ese ser amado es superior a los demás: posee las más altas -aptitudes y si no lo parece es porque modestamente las oculta -y esa modestia contribuye a exaltar sus atributos estéticos; -en una palabra, el ser amado es excepcionalmente superior, -de donde resulta que el amante, debe también serlo, pues de -otra manera no se explicaría la correspondencia en el amor. -En estos sujetos existe un sentimiento marcado de triunfo, y -si no existe, inventa dificultades que vencer.</p> - -<p>Largo sería anotar todas las características del esteta -sexual. En la época sexual o período sexual que corresponde -a la pubertad y a la juventud, el tipo de esteta sexual abunda; -y está representado por el joven realmente enamorado. En -la edad adulta ya ha declinado el período y los casos no son -abundantes.</p> - -<p>En la mujer es el tipo normal. El amor femenino es de -reacciones eminentemente estéticas.</p> - -<p>La proyección más vasta de la estética sexual está en el -romanticismo; es una estética que sea directa, sea indirectamente, -a veces al través de muchos intermediarios, tiene como -base el amor sexual. Los románticos son, pues, estetas sexuales -y han sido descriptos en sus casos más agudos por novelistas, -también románticos, es decir, de la misma pasta, con -los nombres de <i>Atala</i>, <i>Romeo</i>, <i>Julieta</i>, <i>Pablo</i>, <i>Virginia</i>, <i>Graciella</i>, -<i>Rafael</i>, <i>Werther</i>, <i>etc</i>. La literatura moderna está plagada -de descripciones de tipos de esa clase, o bien se basan -en argumentos sentimentales o románticos.</p> - -<p>La estética sexual evoluciona en todos los casos sobre la -base de la estética sensoria y de la estética motriz; su mayor -desarrollo haciéndola prevalecer, oscurece a las otras formas -y las reacciones estético-sensorias son ya débiles, siéndolo -mucho más las estético-motrices. Los individuos estetas sexuales -son superiores a los estetas sensorios y <i>a fortiori</i>, a los -estetas motores. En los primeros las reacciones estéticas -provienen del sentimiento; en los segundos, de las sensaciones, -y en los últimos, del movimiento. El orden ascendente -es, pues, éste: 1.ᵒ, estética del movimiento; 2.ᵒ, estética de las -sensaciones; 3.ᵒ, estética del sentimiento, y la 4.ᵒ, corresponde -a la estética del pensamiento.</p> - -<p>Entre el amor puramente impulsivo del imbécil, del<span class="pagenum"><a name="Page_381" id="Page_381">[381]</a></span> -degenerado mental, o la sexualidad fisiológica del que realiza -el acto satisfaciendo una necesidad de la vida vegetativa, por -higiene, y el esteta sexual, media una distancia enorme. En -los primeros desempeña el papel primordial el instinto y todo -se reduce a ese papel, mientras que en el último entran en -colaboración sentimientos de distinta naturaleza, la imaginación -en una proporción enorme, y otras aptitudes intelectuales.</p> - -<p>La estética sexual se asienta en la filogenia sobre la base -de la motriz y de la sensoria, y aparece cuando los sentimientos -han alcanzado un alto grado de desarrollo. La evolución -superior de esta estética a base de sentimientos, dió lugar a -las religiones a base sentimental.</p> - -<p>El triunfo en la lucha para satisfacer el instinto de conservación -individual dió lugar a las reacciones estéticas -motrices y sensorias, y en el instinto de conservación de la -especie a las sexuales. La estética motriz y sensoria tienen -su punto de origen en la satisfacción del instinto de conservación -del individuo; la estética sexual, en el instinto de conservación -de la especie.</p> - -<p>Los dioses más arcaicos fueron de origen fóbico; les siguieron -los dioses motores y luego los sensorios. El desarrollo -de la estética sexual, trajo como consecuencia un mayor vuelo -sentimental, lo que dió origen a los dioses de origen sentimental, -que son los dioses actuales. Llámesele El Padre, el -Hijo, el Espíritu Santo, Dios, Cristo, la Virgen María, llámesele -ángeles, santos o santas, son perfectamente dioses, -semidioses, héroes. Pero son dioses creados más que de nada, -del sentimiento, poseyendo los atributos de la fuerza. Obsérvese -que no hay un sólo santo sabio, los santos capaces de -realizar milagros equivalen a los dioses secundarios o los -héroes del paganismo, pero aquí se caracterizan por sus atributos -sentimentales, por su ética sentimental. Las cuestiones -de carácter científico quedan para la discusión de los hombres; -en el reino de los cielos no se hace cuestión de conocimientos, -sino de sentimientos. El diablo o satanás, y en general los -diablos, son dioses fóbicos, seres horribles de un poder extraordinario -para la realización del mal. Satanás es un dios -atávico que está descalificado, pues sólo reducidísimo número -de sujetos en el mundo civilizado cree realmente en su existencia. -En cambio se le ha substituído por un concepto -abstracto del mal; es una forma nueva, cuyo fondo es atávico, -porque es de origen fóbico. La existencia del mal, es la -conversión a lo abstracto de los dioses fóbicos concretos -de las religiones salvajes primitivas.</p> - -<p>Religiones a base sentimental o de origen estético sentimental, -son las actuales en los pueblos más cultos, las más<span class="pagenum"><a name="Page_382" id="Page_382">[382]</a></span> -difundidas y que afectan al mayor número de individuos -dentro de las colectividades cultas. Los pueblos salvajes -están en etapas mucho más inferiores; sus dioses son fóbicos o -motores, como ocurre en los pueblos del Africa Central, en -algunas sectas indúes, en los Onas o los Yagan fueguinos, -etcétera, etcétera.</p> - -<p>El último estadio, como veré más adelante, corresponde -a los dioses que nadie conoce con el nombre de dioses, surgidos -de la intelectualidad, es decir, a los dioses intelectuales, -que surgen de la estética intelectual que sólo afecta a muy -reducido número de individuos de las colectividades más -avanzadas.</p> - -<p>4.ᵒ <i>Estética intelectual</i>.—La estética intelectual proviene -de las reacciones estéticas de origen mental. La belleza -de la idea, la belleza del pensamiento. Es la estética del pensar, -o el término superior de la serie que comenzando con el -movimiento, asciende en el sentir, se perfecciona con el sentimiento -en la sexualidad y llega a su punto culminante en la -intelectualidad. Las reacciones estéticas de carácter intelectual -están en el mundo de las operaciones superiores de -la mente, están en las ideas; más complicadas y armónicas, en -los juicios; de mayor empuje y amplitud, en el razonamiento, -y como pináculo, en la creación.</p> - -<p>La estética intelectual no se encuentra en las operaciones -de las aptitudes adquisitivas, sino en forma oscura y rudimentaria; -es propia de las aptitudes elaborativas, en el sujeto -que piensa, que medita, que en cualquier forma crea, rectifica, -corrige, amplía o simplemente discute ideas. Su expresión -más elevada se encuentra en los pensadores, en los filósofos, -en los inventores y en los descubridores.</p> - -<p>La belleza reside, como en las otras formas, en el triunfo, -en llegar a la deducción o inducción, en intuir, en arribar a la -teoría, principio o ley. Como los sujetos sienten la belleza -del fin que persiguen, es muy común que se la atribuyan a -los medios para llegar a ese fin. Sólo así se explica que los -naturalistas hablen de hermosos ejemplares de acaroidios, de -ofideos o de arácnidos, que un anátomo patologista aluda a -un lindo caso de tumor y que se hable de bellas colecciones -de casos teratológicos, de hermosas colas de panochtus o de -hoplophurus, y apliquen calificativos como bello, hermosísimo, -precioso, etc., a cosas de por sí evidentemente antiestéticas. -Es que lo estético no está en la cosa misma, sino en lo que -permite construir esa cosa. El vulgo, incapaz de apreciar -lo último, ríe o queda estupefacto de la aplicación de los adjetivos. -Sólo por las reacciones estéticas intelectuales se -explica la existencia de individuos que se pasan días enteros,<span class="pagenum"><a name="Page_383" id="Page_383">[383]</a></span> -semanas, meses, años meditando, o persiguiendo la solución -de un problema científico cualquiera. Sólo por el placer -estético intelectual se explica el afán de llegar a la meta, no -sólo en los hombres entregados a las ciencias, sino en todo -aquel que ejercita sus aptitudes intelectuales persiguiendo la -explicación de un fenómeno de carácter social o la discusión -de un asunto de carácter moral, y le sea indiferente o abandone -por completo todo lo que para la generalidad es estético. -Estos sujetos son excepcionales, y en ellos, los agentes de las -reacciones estéticas comunes, no los hacen reaccionar. No -encuentran belleza donde la enorme mayoría goza y si la -encuentran siempre será débil, pues la estética intensa, para -ellos, está en la elaboración superior. De ahí que sienten -plaza de raros, porque en realidad lo son, pero son raros como -sinónimos de excepcionales, y son raros, en el concepto de -salir de la norma general, lo que se interpreta como sujetos -inexplicables, ridículos o cuasi ridículos.</p> - -<p>En la mujer sólo como rarísima excepción se encontrarán -casos que invadan el terreno de la estética intelectual y una -de las causas primordiales está en su reducido vuelo de la -imaginación creadora, siendo la mujer más perceptiva que -imaginativa y más sentimental que imaginativa.</p> - -<p>En la filogenia, la estética intelectual es reciente, si se -compara con los otros géneros de estética, y el período histórico -sólo nos habla de reducidísimo número de sujetos intelectualmente -superiores, que son los que reaccionan a la estética -intelectual, en cada época. Si la estética motriz o las reacciones -estético-motrices son un carácter específico; las sensorias, -étnico; las sexuales, de pueblo; las intelectuales, han sido en -todo lo que conocemos, un carácter puramente individual.</p> - -<p>De ese modo, si en la filogenia las reacciones estético-intelectuales -se nos presentan como un carácter individual, -no podemos ni siquiera hablar de ellas en la ontogenia, y sólo -afectarán al sujeto excepcional de que se trate. La filogenia -de la estética intelectual está, pues, en formación; sólo con el -andar de las generaciones, cuando se haya convertido siquiera -en carácter de pueblo, se podrá hablar en la ontogenia de la -mencionada estética, como reproducción de un carácter adquirido -en la filogenia.</p> - -<p>Claro se ve que la estética del pensar, no puede aparecer -sino con la capacidad de pensar de acuerdo con la edad. -Pero en esto, como se trata de un carácter individual, no se -puede invocar la ley de herencia homocrona y las variaciones -en los sujetos son muchas; mientras Pascal, por ejemplo, fué -muy precoz, Darwin no lo fué tanto. Algunos grandes hombres -manifestáronse tales desde temprana edad, otros en la -edad madura.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_384" id="Page_384">[384]</a></span></p> - -<p>Derivando los sentimientos estéticos de los éticos, la -estética intelectual proviene de la ética intelectual. Pero la -estética intelectual (así como la estética sexual, eminentemente -sentimental, conducía a la religión sentimental) conduce a la -religión intelectual o a los sentimientos religiosos de origen -intelectual.</p> - -<p>El esteta intelectual con su gran aptitud de razonar, -buscando el origen de las cosas, las causas de todos los fenómenos, -en su afán de síntesis, no pudiendo poner límites o -vallas a su aptitud, vuela hacia esas síntesis o esa síntesis que -la encuentra como la causa primera más razonable y cree, -por convencimiento en la Naturaleza, o en la Fuerza, o en -la Materia, o en la Verdad, etc., etc., que son otros tantos -dioses de origen intelectual. Así los hay partidarios o religiosos -de las leyes de la Naturaleza (politeístas) de la Energía, -de la Materia, del Absoluto (monoteístas), etc. No -tienen religión determinada, pero han construído su edificio -personal, en el que creen con toda buena fe, con toda sinceridad, -sin sospechar siquiera que están abiertamente en el campo -religioso. Claro es que sus dioses o su dios carecen de -forma, de dimensión, etc., no tienen los atributos de los dioses -primitivos, pero son siempre la causa. No existe culto externo, -ni prácticas religiosas, pero sí el convencimiento. Decir que -no existe Dios y que todo se explica por la Evolución, es decir -que la evolución es Dios: sostener que la energía es la causa -o el origen de todo, es cambiar la palabra Dios, por energía. -No hay en verdad grande originalidad en el asunto, porque -el Dios único, causa u origen de lo estático y de lo dinámico, -de la materia, de la fuerza, de todo el mundo fenomenal conocido -y desconocido, ha tiempo fué concebido. La única verdad -que hay en todas estas intentonas, es el hecho de querer penetrar -en explicaciones que aparentemente aproximan al -hombre a esa causa única. Los sujetos que invocan como -causa a la Naturaleza y sus leyes, a la Materia, a la Energía, -etcétera, y que se dicen ateos e irreligiosos, no han hecho más -que no tener prácticas externas y substituir el nombre de Dios -por la causa invocada. El irreligioso no se preocupa nunca -en buscar la causa primera, busca, si es tipo de labor mental, -la causa inmediata, si la encuentra trata de inquirir la causa -de esta causa, sin lanzarse en hipótesis, si no la encuentra, -es decir, su espíritu no está ávido del conocimiento que no -pueda adquirir experiencial o experimentalmente. El antirreligioso, -en general lo es, para imponer su insospechada -religión; él cree de buena fe no tenerla y en realidad no la -tiene por la falta de coherencia, de cuerpo, de doctrina, pero -todas sus creencias que se arraigan con profunda fe, lo hacen -en general un fanático. Esto ocurre con suma frecuencia:<span class="pagenum"><a name="Page_385" id="Page_385">[385]</a></span> -son los que más combaten el fanatismo y a título de libres pensadores -tratan de coartar la libertad de pensar.</p> - -<p>Los verdaderamente religiosos psicológicamente se aproximan -muchísimo siempre que sean sujetos superiores; lo -que aleja en religión a los sujetos, son las prácticas religiosas, -la mediocridad que interpreta o la inferioridad.</p> - -<p>La decadencia de las religiones, estriba más que en nada, -en la pertinacia de querer explicar por las causas primeras -lo que debe explicarse, porque puede explicarse sin recurrir -a ellas, por apegarse a sus prácticas, por hacerse rutinarios y -no evolucionar paralelamente a las ciencias. El sentimiento -religioso requiere cada vez más la base intelectual. El afán -de lo ignoto conduce al sentimiento religioso, pero no comenzará -el sentimiento religioso sino en el límite superior de lo -racionalmente explicable.</p> - -<p>El hombre de ciencia es, en general, irreligioso mientras -no invada el terreno de lo metafísico y pueden considerarse -como raras excepciones los que no lo intentan siquiera. Lo -común es que hombres de ciencia que se han declarado enemigos -acérrimos de la metafísica, se debatan en plena -metafísica y sostengan que su metafísica no es tal por tomar -como punto de partida bases eminentemente positivas. La -verdad es que la mente humana en su afán de volar no reconoce -vallas y que por caminos muy diversos se vuela a lo -ignoto. Los que sostienen que ha pasado la época de la -metafísica y que no volverá más, están en un grave error; -es la metafísica antigua la que ha pasado y dió su cosecha; -los adelantos en materia científica no hacen más que desplazar -más adelante a la metafísica; cada arremetida, la empuja más -allá, pero ella conserva los más vastos dominios donde tanto -suelen recrearse los que más impugnan a la vieja metafísica. -Ella existirá mientras existan los problemas de lo desconocido; -cuando mucho de lo desconocido actualmente sea conocido, ese -lote de la metafísica habrá ingresado al dominio de lo positivo -y desde allí se tendrá en frente el campo de la metafísica -futura tentando constantemente a la inteligencia a hacer -incursiones por sus vastos dominios.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_386" id="Page_386">[386]</a></span></p> - -<h2 id="QUE_SON_ESPACIO_Y_TIEMPO">¿QUÉ SON ESPACIO Y TIEMPO?</h2> - -<p class="center">Por J. LAUB<a name="FNanchor_7" id="FNanchor_7"></a><a href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a></p> - -<div class="blockquote"> - -<p><i>A Alberto Einstein, en el XL aniversario -de su natalicio.</i></p> - -<p>“Consuetudine oculorum assuescunt animi, -neque admirantur, neque requirunt -rationes earum rerum, quas semper vident”. -Cicero: <i>De Natura Deorum</i>.</p> - -</div> - -<h3>INTRODUCCION</h3> - -<p>1. Si me hubiera atrevido hace veinte años a hablar del -espacio y tiempo, habría tenido primero que justificar mi -invasión en el sagrado templo de la metafísica. Pero en la -última década la situación ha cambiado totalmente, y al tratar -hoy como físico la cuestión del espacio y tiempo, estoy como -en mi casa. En efecto, las investigaciones de <i>Einstein</i> y -<i>Minkowski</i>, basadas en la <i>física experimental</i>, han dado al -mencionado problema una solución general que conservará en -todo caso siempre su valor para la crítica del conocimiento -y para la metafísica.</p> - -<p>2. Estudiando la evolución de las ciencias exactas, llama -la atención que el físico “ex officio” se haya ocupado relativamente -poco en el siglo XIX de la cuestión que nos interesa, -aunque espacio y tiempo constituyen el edificio en que todos -los fenómenos físicos tienen lugar. Mientras que el número -de las publicaciones metafísicas sobre el problema del tiempo -y del espacio es casi inmenso, la mayor parte de los físicos -apenas han dedicado algunas investigaciones a estos conceptos -tan fundamentales.</p> - -<p>Cierto es que encontramos ya discusiones sobre tiempo y -espacio en el tratado de Newton: “<i>Philosophiae naturalis<span class="pagenum"><a name="Page_387" id="Page_387">[387]</a></span> -principia mathematica</i>”, aquella obra maravillosa que todavía -hoy es una joya del pensamiento humano; cierto es que -<i>Ernesto Mach</i> y <i>Henri Poincaré</i> se ocuparon muy extensamente -del espacio y tiempo; sin embargo ninguna investigación -ha provocado en las esferas filosóficas y en las ciencias -exactas un cambio tan radical como la <i>teoría de la relatividad</i> -introducida por <i>A. Einstein</i> en el año 1905.<a name="FNanchor_8" id="FNanchor_8"></a><a href="#Footnote_8" class="fnanchor">[8]</a></p> - -<p>3. El fundamento de este cambio hay que buscarlo, según -mi juicio, en el hecho de que con la teoría de la relatividad -se produce una verdadera revolución en nuestros conceptos y -nuestras opiniones anteriores, una revolución que podemos, -según el ilustre físico <i>Planck</i>, comparar únicamente con la -que provocó en la astronomía el sistema de <i>Copérnico</i>.</p> - -<p>Pero esta no es la única causa. Sabido es que los físicos -son muy críticos y no se dejan engañar con especulaciones -interesantes e ingeniosas. También algunas obras metafísicas -contienen disertaciones muy finas que pretenden derrumbar -todo lo pasado, sin embargo, el investigador de las ciencias -exactas, orgulloso y frío, deja de lado esos trabajos, sin tomarlos -en cuenta. <i>Lo nuevo y lo maravilloso en la teoría de la -relatividad consiste en lo siguiente: A. Einstein partiendo del -experimento, demuestra que los hechos reales nos obligan a -transformar nuestras ideas del espacio y tiempo.</i> Pero no -es sólo eso. Las nociones modificadas por la nueva teoría -nos permiten explicar una serie de hechos que han originado -para las otras teorías físicas dificultades invencibles. Además, -apoyándose sobre un nuevo concepto del espacio y tiempo, se -puede prever, sirviéndose de métodos <i>puramente analíticos</i>, -algunos fenómenos accesibles al experimento, teniendo de esta -manera la posibilidad de dilucidar la verdad de nuestra teoría. -<i>La gran diferencia entre las teorías filosóficas del espacio y -tiempo y entre la teoría de la relatividad, consiste entonces -en que la última se funda en el experimento, permitiendo una -comprobación cuantitativa.</i></p> - -<p>4. La mayor parte de los metafísicos se apoyan en sus -consideraciones en el razonamiento, muy raras veces en la -observación y experiencia, casi nunca en el experimento. Esta -es la causa de que los resultados obtenidos por los metafísicos -apenas se aplican a la realidad cuando ya chocan con contradicciones. -No es raro el caso de que la metafísica, teniendo -exagerada fe en la omnipotencia del pensamiento, llega <i>ad -absurdum</i>. Por eso se entiende que ella ha perdido su autoridad -entre los representantes de las ciencias exactas, hasta el<span class="pagenum"><a name="Page_388" id="Page_388">[388]</a></span> -punto de ser considerada como completamente superflua e -inútil.</p> - -<p>Pero con mucha frecuencia también los naturalistas -cayeron en errores muy extremos, considerando sus métodos -y resultados como infalibles, en la creencia de que se encontraban -en el seguro terreno del experimento. Tuvieron la -convicción de haber expulsado de su imperio todo lo trascendental -y que en sus conclusiones jamás traspasaron los límites -de lo que es dado por la experiencia.</p> - -<p>Constituye el gran mérito de <i>Ernesto Mach</i> el haber llamado -la atención acerca de que entre los conceptos fundamentales -de física hay muchos restos de origen metafísico, que -deben ser forzosamente eliminados. Sin embargo, ningún -sabio se animó a sacudir con tanta sagacidad y con tanta -audacia los pilares de las ciencias físicas como <i>Einstein</i>, quien -empezó sus investigaciones con la siguiente sencilla pregunta: -¿cómo se miden en física el tiempo y el espacio?</p> - -<p>5. Tocando ya en esta ocasión la célebre pregunta de -si hay <i>un espacio absoluto</i>, si existe un <i>tiempo absoluto</i>, tenemos -primero que aclarar algo que nosotros comprenderemos -con la palabra “<i>existe</i>”. “<i>Existe</i>”, por ejemplo: “existe un -átomo”, equivale a haber introducido este concepto en las -ciencias, basándonos en el experimento: sabemos algo de las -propiedades del átomo, conocemos su reacción bajo las influencias -físicas y químicas; no podemos <i>por el momento</i> desistir de -él y no nos conduce a la contradicción con la experiencia.</p> - -<p><i>¿Y qué dice la palabra “absoluto”?</i> Hablando del espacio -<i>absoluto</i> ¿queremos quizás expresar que él existe <i>en sí y por -sí</i>, independiente de nosotros, independiente de nuestras -observaciones y medidas? Pero en este caso el problema del -espacio absoluto y tiempo absoluto coincidiría con el problema -del objeto “<i>en sí</i>”, que difícilmente provocará mucho entusiasmo -entre los físicos.</p> - -<p>6. Con estas palabras indico el objeto de mis conferencias -y revelo mi modo de pensar respecto de este asunto. -Desde luego podría entrar ya en el campo de las ciencias físicas -y empezar con el ensayo de un <i>tratamiento sistemático</i><a name="FNanchor_9" id="FNanchor_9"></a><a href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a> <i>de -los conceptos fundamentales de tiempo y espacio, tema principal -de estas conversaciones.</i> No tomo, sin embargo, este camino -y me traslado primero a los dominios de las especulaciones -metafísicas, haciéndolo intencionalmente por las siguientes -razones:</p> - -<p>El problema de tiempo y espacio interesa no solamente -al naturalista sino también al <i>filósofo</i>. Es una cuestión en<span class="pagenum"><a name="Page_389" id="Page_389">[389]</a></span> -la cual se ocupa el cerebro humano desde los tiempos más -remotos hasta hoy día, librando verdaderas batallas, a las -cuales se podría aplicar con una cierta ironía las palabras de -Mefistófeles:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> -<div class="stanza"> -<div class="verse">“¡Ay, en verdad te lo digo,</div> -<div class="verse">yo que centenares de años</div> -<div class="verse">estoy royendo y royendo</div> -<div class="verse">el fruto indigesto y áspero!</div> -</div> -<div class="stanza"> -<div class="verse">¡Ay, en verdad te lo digo!</div> -<div class="verse">De la cuna al Camposanto</div> -<div class="verse">digerir no puede el hombre</div> -<div class="verse">la levadura de antaño”.</div> -</div> -</div> -</div> - -<p class="noindent">En la lejana antigüedad, en la Edad Media, en la época -la más moderna, se afirma, se comprueba, se niega que haya -un tiempo absoluto, que haya un espacio absoluto. Los métodos -de investigación cambian, se llega a distintos resultados; -sin embargo, creemos no equivocarnos comparando la evolución -de nuestro problema de disputa con <i>el movimiento sobre una -espiral, pues en el fondo llegamos siembre al mismo punto, -pero situado un poco más alto</i>.</p> - -<p>Una historia análoga recorren las otras nociones fundamentales -de las ciencias físicas, lo que trataremos en otra -oportunidad.</p> - -<p>Un ejemplo ilustrará lo dicho. Es sabido que ya <i>Leukippos -y Demócritos</i> han introducido el concepto <i>átomo</i> en las ciencias. -Según ellos el universo consiste en pequeñas partículas -indivisibles (<i>átomos</i>), que son de la misma cualidad y se -distinguen únicamente por su <i>forma</i>, <i>tamaño</i> y <i>posición</i>, -(<i>diferencias geométricas</i>). Hoy día la hipótesis atómica es -el fundamento de las ciencias naturales, pero el átomo moderno -de <i>J. J. Thomson</i> o de <i>Bohr</i>, aquel aparato complicado, -en cuyo mecanismo penetramos cada día más, es <i>muy distinto</i> -del átomo de Demócritos y tiene una existencia asegurada en -una enorme cantidad de hechos experimentales.</p> - -<p>Tenemos, pues, que considerar de suma importancia, ocupándonos -de cuestiones tan primordiales como las de tiempo -y espacio, el <i>conocimiento y la crítica de las opiniones de otros -sabios</i>; debemos consultar la historia, aquella grande maestra -de investigación, pues de esta manera podremos también apreciar -mejor <i>las grandes ventajas</i> y el <i>enorme progreso</i> de <i>las -teorías modernas</i>.</p> - -<p>Pero esto implica ya tácitamente que bajo ninguna condición -podemos <i>dejar de lado a la filosofía</i>, porque en lo que<span class="pagenum"><a name="Page_390" id="Page_390">[390]</a></span> -hemos heredado de los griegos no se puede separar las ciencias -exactas de la filosofía y hasta en los tiempos modernos sería -muy difícil trazar un límite entre los investigadores de ciencias -exactas y filosóficas, cuando nos encontramos en los campos -limítrofes de las nociones fundamentales.</p> - -<h3>CAPITULO I<br /> -<span class="smaller">TIEMPO Y ESPACIO EN LA CIENCIA GRIEGA Y ROMANA</span></h3> - -<p>7. Tiempo y espacio ocupan desde los primeros principios -del pensamiento al espíritu humano, pues ya en las fábulas -míticas encontramos estos conceptos. Y así leemos en -el primer libro de Moisés, “y la tierra era desierta y vacía”.</p> - -<p><i>Pherekydes</i> de Syros, introduce al Zeus, tierra y <i>tiempo</i>, -como elementos fundamentales para la evolución del universo.</p> - -<p>Cuando el hombre llegó del fantástico mito a la ciencia, -preguntó, no solamente cuál es el fundamento <i>temporal</i> del -mundo, sino también cual es su <i>esencia</i>. De esta manera surgieron -la cosmología, la física, la ontología, con los problemas -del tiempo, espacio, materia, etc.</p> - -<p>En general, en las primeras filosofías se identificaba el -espacio geométrico con el físico, especialmente cuando se llegó -a la convicción de que también el aire, anteriormente considerado -como vacío, tiene peso.</p> - -<p>8. Estudiando la filosofía jónica, vemos que <i>Anajimandros</i> -atribuye a su sustancia universal lo <i>infinito</i> en el -<i>tiempo</i> y <i>espacio</i>; la arché es lo ápeiron, distinta de todos -los elementos conocidos en aquella época, y sin embargo, -con propiedades <i>corporales</i>.</p> - -<p><i>Pytágoras</i> y sus discípulos consideran los números como -formas legales de todos los fenómenos, pero el <i>espacio</i>, el símbolo -de la geometría, es para ellos el <i>mediador</i> entre el <i>número</i> -y la <i>naturaleza</i>. Parece que la escuela pytagórica ha introducido -en la ciencia griega el concepto del <i>vacío</i>, aplicándole -a los intervalos entre los sonidos.</p> - -<p>8. <i>Los Eleatas</i>.—Discusiones <i>muy detalladas</i> y bastante -profundas sobre la naturaleza del espacio y tiempo, encontramos -por la primera vez en la filosofía de los <i>Eleatas</i>.</p> - -<p>Es sabido que el punto culminante de este pensamiento -forma el concepto del ser y el de la <i>unidad</i> de todo lo que sucede. -<i>Lo característico de todos los representantes de esta escuela -es la negación del espacio</i><a name="FNanchor_10" id="FNanchor_10"></a><a href="#Footnote_10" class="fnanchor">[10]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_391" id="Page_391">[391]</a></span></p> - -<p><i>Parmenides</i>, el más importante pensador eleata, en su -poema “Sobre la naturaleza”, afirma lo siguiente: Los sentidos -no conducen a la verdad, pues ellos nos engañan, indicándonos -la multiplicidad y el eterno cambio de las cosas; a lo -<i>verdadero nos lleva la razón y el pensamiento</i>, que reconoce -“<i>el ser de lo existente como indispensable; el ser del no-ser -como imposible</i>”. La verdad está fundada en el principio de -que únicamente el <i>ser es</i> y que el <i>no-ser no es</i>. Podemos solamente -pensar <i>en un ser, y no hay pensamiento sin el ser al -cual se refiere</i>. Según <i>Parmenides</i>, <i>pensar y ser es lo mismo. -Mas el espacio es un vacío, es un no ser, por esta causa él no -puede existir</i> (ni en el pensamiento).</p> - -<p>El <i>ser</i>, según este filósofo, no tiene ni origen ni fin, es -eterno, inmóvil, <i>invariable</i>. Parece que él <i>duda de la existencia -del tiempo</i>. Y en efecto, ¿para qué servirá el concepto -tiempo en un mundo, <i>donde nada sucede en el tiempo, donde -se niega la realidad a todos los fenómenos temporales</i>? Para -<i>Parmenides</i>, efectivamente, no puede existir tiempo ni tampoco -espacio, pues admitiendo su realidad, sería lo mismo como -afirmar que <i>es</i> los que <i>no</i> es.</p> - -<p>Parecería, entonces, que el universo de <i>Parmenides</i> debería -ser ilimitado e infinito. Sin embargo lo <i>real</i> es, según -él, algo <i>extenso</i> y que tiene la forma de una <i>esfera</i>. Es difícil -concebir esta rara deducción de <i>Parmenides</i>; quizás la simetría -y el hecho de que también la esfera no tiene ni fin ni -origen, le indujeron a aceptar esta forma.</p> - -<p>9. <i>Melissos</i>, otro Eleata también, atribuye al <i>ser</i> la extensión, -pero le saca todo lo <i>corporal</i>; además, le dota, no solamente -de lo <i>infinito</i> en el <i>tiempo</i>, sino también en <i>el espacio</i>. -“<i>Lo que es, era en la eternidad, y será en eternidad. El -ser debe ser también infinito en su tamaño.</i>” Este pensador -hace, sencillamente el salto del infinito en el tiempo al infinito -en el espacio, introduciendo, en vez del origen y fin -<i>temporal</i>, los respectivos conceptos para el espacio.</p> - -<p>En vista de que niega la posibilidad del movimiento, no -admite tampoco la <i>existencia del espacio</i>. “<i>El vacío es nada y -una nada no puede ser</i>”.</p> - -<p>A pesar de esto, según <i>Melissos</i>, existe en el universo -una sustancia que no tiene <i>nada de corporal</i>. “<i>Pues siendo -“una” no debe tener cuerpo. Porque si tuviera espesor tendría -también partes y ya no sería una unidad</i>”.</p> - -<p>No podemos imaginarnos en qué consiste la materia mundial -de este filósofo, ni cuál es la diferencia entre aquella -sustancia universal y el espacio (vacío).</p> - -<p>10. <i>Zeno</i>, el discípulo de Parmenides, según <i>Platón</i>, el -fundador del método dialéctico, trata de demostrar la imposibilidad<span class="pagenum"><a name="Page_392" id="Page_392">[392]</a></span> -del espacio, tiempo (y también del movimiento), -por medio de sus célebres <i>perplejidades</i>, “aporias”.</p> - -<p>La noción espacio la somete, además, a la siguiente crítica. -Si todo lo real (ser) está en el espacio, entonces también -el mismo espacio,—si no carece de realidad—debe encontrarse -en espacio, es decir, en un <i>segundo espacio</i>. Mas por la misma -razón el segundo espacio debe estar en un <i>tercero</i>, y así <i>ad -infinitum</i>. No tenemos, según <i>Zeno</i>, otra alternativa que aceptar -estas consecuencias o negar la realidad del espacio.</p> - -<p>Las deducciones de <i>Zeno</i>, como de los otros filósofos de -esta escuela, son sofismas, son juguetes con palabras, son, en la -mayor parte, también equivocaciones lingüísticas, pues aplican -los sustantivos para designar todas las abstracciones posibles, -identificándolas con hechos y objetos <i>concretos</i>. Nosotros -podríamos, por ejemplo, de la misma manera, afirmar: -todo lo real tiene lugar en el tiempo. Si el tiempo es -real, entonces, él también debe tener lugar en un tiempo, es -decir, en un segundo tiempo, etc. Mas podemos también decir: -Todo lo real o existente tiene existencia, si ésta no es una -quimera, ella también debe tener una existencia, es decir, una -segunda existencia, etc.</p> - -<p>11. Volviendo a las perplejidades, podemos decir lo siguiente: -<i>Zeno</i> llega en sus aporias (Achilles y la tortuga, la -flecha volante, etc.) a la conclusión de que tiempo y espacio -son ideas imposibles, sino queremos admitir contradicciones -con la experiencia. Pero lo que él de hecho demuestra, es la -<i>imposibilidad de dividir el espacio y el tiempo continuo en -partes discretas</i>.</p> - -<p>Por el momento nos interesa, especialmente, la aporia, -en la cual trata de evidenciar la relatividad (de la medida) -del movimiento y se podría agregar la relatividad (de la medida) -del tiempo.</p> - -<p>Tomo esta aporia de la obra clásica de <i>Gomperz</i>: “Pensadores -griegos”, modificándola para nuestros fines.</p> - -<p>12. Sean tres coches (<i>A</i>, <i>B</i>, <i>C</i>,) de la <i>misma estructura</i> -y de la <i>misma longitud</i>, por ejemplo, 10 m. El primer coche <i>A</i>, -sea dotado de un movimiento uniforme, rectilíneo, siendo su -velocidad de 100 metros por minuto; el segundo <i>B</i> se encuentre -en el estado de <i>reposo</i>; el tercero <i>C</i> tenga el <i>mismo</i> movimiento -con la <i>misma</i> velocidad <i>como A, pero dirigida en el -sentido contrario</i>. El tiempo que el punto inicial <i>I</i> de <i>A</i> emplea -para llegar al punto final de <i>B</i> será, evidentemente, el -doble de lo que necesita para alcanzar el punto final del coche -<i>C</i> de la misma longitud. Preguntando ahora con qué velocidad -se mueve <i>A</i>, tenemos que dar una contestación contradictoria,<span class="pagenum"><a name="Page_393" id="Page_393">[393]</a></span> -según sea que refiramos la velocidad al coche -<i>móvil</i> <i>C</i> o al coche <i>B</i> (en reposo).</p> - -<p>Se podría ahora agregar de nuestra parte que si un observador -tomase la velocidad del coche <i>A</i> como fundamento -para ajustar su reloj, encontraría también distintos <i>tiempos</i>.</p> - -<p>Este resultado lo consideró <i>Zeno</i> como tan anormal y ridículo, -que lo ha tomado como la mejor comprobación de la -<i>no</i> existencia del tiempo, espacio y movimiento.</p> - -<p>Vemos, pues, qué consecuencias fatales puede tener el -verbalismo excesivo. Los <i>Eleatas</i> se han enredado en sus propias -palabras, de suerte que han perdido el buen sentido -para la realidad. Al frente de su pensamiento ponen la noción -de la <i>unidad absoluta</i>, lo que, naturalmente, es incompatible -con el concepto de la extensión, con los conceptos espacio -y tiempo.</p> - -<p>13.—<i>Demócritos.</i>—Una reacción muy saludable contra -los eleatas encontramos en la filosofía de los <i>atomistas</i>. <i>Demócritos</i> -de Abdera, el mayor naturalista de la antigüedad, -introduce el <i>espacio</i> (vacío), pues lo precisa para el movimiento -de los átomos. Según Demócrito el espacio (vacío), el -<i>no ser</i>, tiene una <i>verdadera existencia, una existencia tan real -como los mismos átomos</i>.</p> - -<p>Y de este modo asistimos al interesante fenómeno de que -los fundadores del <i>materialismo</i> elevan los <i>invisibles átomos</i>, -el <i>invisible espacio</i>, a la <i>categoría de un verdadero ser</i>; mientras -que los semiracionalistas eleatas niegan el espacio, pues -ellos conciben, únicamente, lo que es corporal, es decir, conciben -únicamente lo <i>presente</i>.</p> - -<p>14. <i>La filosofía ática.</i>—De nuestro problema fundamental -han tenido, naturalmente, que ocuparse los grandes filósofos -áticos. Y, en efecto, en las obras de <i>Platón y Aristóteles</i> -encontramos consideraciones importantísimas sobre el tiempo -y especialmente sobre el espacio.</p> - -<p><i>Platón</i>, el primer filósofo que con la mayor precisión -plantea el problema de <i>cómo y si puede existir una ciencia</i>, -quiere fijar lo que queda conservado siempre en la corriente -de los fenómenos, para llegar al conocimiento de la <i>verdad -absoluta</i>. Por esta razón hace los mayores esfuerzos para fundar -una ciencia <i>general</i> de la verdadera esencia de las cosas. -Según <i>Platón</i> el mundo de nuestros sentidos, aquel mundo -que sufre continuos cambios y transformaciones, no puede -conducir jamás a la verdad. <i>El camino a la realidad está en -el pensamiento, en la razón pura.</i> Pues siendo, según <i>Platón</i>, -fuera de toda duda, que el <i>razonamiento</i> nos lleva a un conocimiento -<i>superior</i> a la observación, resulta que forzosamente -también los objetos de nuestro pensar tienen un <i>mayor grado</i><span class="pagenum"><a name="Page_394" id="Page_394">[394]</a></span> -de <i>realidad</i> que los del mundo sensible. Por esta causa <i>Platón</i> -crea el concepto “<i>idea</i>”, que <i>forma el contenido objetivo del -pensamiento</i>. <i>En las ideas está la realidad absoluta, en las -ideas concebimos el verdadero ser, la esencia del universo</i>, independiente -de todas influencias externas<a name="FNanchor_11" id="FNanchor_11"></a><a href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a>. Los objetos -de la naturaleza forman un mundo de una verdad relativa; -mientras que las <i>ideas</i> representan el mundo de <i>verdad absoluta</i>. -Hay, entonces, según <i>Platón, dos mundos distintos: -la naturaleza y las ideas</i>.</p> - -<p>Las ideas ocupan en la filosofía platónica una posición -tan privilegiada, que solamente el saber de ellas forma <i>la ciencia</i> -(epístéme), la que es el privilegio de Dios y de un pequeño -número de mortales; el saber de la naturaleza es solo -una especie de opinión o persuasión (doksa), con mayor o -menor probabilidad.</p> - -<p>15. Ahora bien: según Platón se llega a la <i>idea</i>, como -ya lo indica su nombre, por intermedio de una especie de <i>mirar -las cosas, de interesarse por intuición</i>. Las ideas se forman por -la mirada de los objetos que actúan sobre nuestros sentidos, -pues observando las cosas corporales la razón pura reproduce -la idea, cuando el alma recuerda la idea vista ya antes del nacimiento -(<i>a priori!</i>)</p> - -<p>Se podría, entonces, esperar que el gran filósofo idealista -considerará al tiempo y espacio como ideas. Pero esto no -sucede porque, según él, justamente lo que caracteriza el -mundo de nuestras percepciones es su cambio en el espacio y -con el tiempo. <i>Por eso el tiempo y espacio no pueden tener sitio -en el imperio de las ideas.</i> La <i>idea</i>, el verdadero ser, -(usía) se la imagina <i>Platón</i> en su intuición filosófico poética, -reinando eternamente en un lugar superceleste, allá arriba -en los campos de la verdad. <i>La idea está fuera del espacio -y tiempo y de otra parte: tiempo y espacio están fuera de -las ideas.</i> Y así leemos en el Timeo<a name="FNanchor_12" id="FNanchor_12"></a><a href="#Footnote_12" class="fnanchor">[12]</a>, según mi juicio la -mayor obra de <i>Platón</i>: “Es preciso distinguir entre lo que <i>es -y existe siempre</i>, sin haber nacido jamás, y lo que nace o pasa -siempre, sin existir lo mismo. Lo que <i>es</i> y <i>subsiste lo mismo</i>, -es comprendido por el puro pensamiento; lo que deviene siempre, -objeto mudable de los sentidos, no puede ser conocido -sino de una manera conjetural. <i>Las ideas han existido siempre,<span class="pagenum"><a name="Page_395" id="Page_395">[395]</a></span> -no habiendo tenido principio.</i> El mundo ha tenido principio, -entonces, no ha existido siempre. Lo que ha comenzado -a ser, es necesariamente, corporal, visible y tangible”.</p> - -<p>16. <i>Platón</i> conocía perfectamente la capital importancia -del espacio y tiempo para nuestro conocimiento, pero para -explicar su esencia chocó con dificultades sin poder resolverlas. -El se dió cuenta de que estas nociones son de una estructura -especial y de que no pueden ser consideradas ni como -ideas ni como objetos de la sensación. Para salir del dilema -<i>Platón asigna al espacio y tiempo una posición intermedia -entre las ideas y las cosas de la experiencia.</i></p> - -<p>Según <i>Platón</i> también el mundo empírico tiene su importancia—aunque -no la misma que las ideas—para el saber -humano, pues él es una copia del eterno modelo de ideas. -Los seres de la naturaleza son copias de los seres eternos, formados -a su semejanza; además, <i>justamente</i> estas copias <i>dan -el motivo</i> para la creación de ideas. Por otra parte, las cosas -de la naturaleza las <i>observamos siempre en el espacio y en el -tiempo</i>, siendo de esta manera estos últimos mediadores entre -el mundo de ideas y él de nuestra percepción.</p> - -<p>17. Refiriéndome a las propiedades del espacio, debo -decir que, según <i>Platón</i>, el espacio <i>no tiene ninguna</i> forma, -<i>es la pura negación</i> del ser, pero es capaz de tomar todas las -figuras posibles, gracias a las determinaciones geométricas. -(Por eso <i>Platón</i> considera la geometría como un saber indispensable -para los filósofos; en la entrada de la Academia platónica -estaban fijadas las palabras: “Sin geometría no hay -entrada”). El espacio infinito e informe (ápeiron) y la forma -geométrica (péras) suministran <i>juntos</i> los objetos de nuestros -sentidos. Al espacio <i>solo</i> no podemos concebirlo ni con el pensamiento -ni con los sentidos, ni es un concepto ni un objeto -de percepción, ni idea. El es el “<i>no</i>” <i>ser</i>, sin el cual no podemos -ver las ideas copiadas y representadas en los objetos -sensibles. “El espacio no muda jamás su naturaleza, recibe -continuamente todas las cosas en su seno, sin tomar absolutamente -ninguna de sus formas particulares. <i>Es el fondo de -todo lo que existe</i>”.</p> - -<p>Al espacio <i>Platón</i> le atribuye tanto valor que lo cuenta -entre los principios fundamentales para la formación del universo. -En el <i>Timeo</i> leemos las palabras: “He <i>aquí el resultado -de mis reflexiones, y en resumen mi opinión</i>: el <i>ser</i>, el <i>lugar</i> -y la <i>generación</i>, son <i>los tres principios fundamentales</i>”.</p> - -<p>Tiene para nosotros un interés especial el hecho de que -a pesar de todo <i>Platón</i> introduce en el Timeo la existencia de -un espacio <i>eterno</i>, una especie de semiidea que parece ser,<span class="pagenum"><a name="Page_396" id="Page_396">[396]</a></span> -quizás el <i>modelo</i> de nuestro espacio común, en que observamos -los fenómenos.<a name="FNanchor_13" id="FNanchor_13"></a><a href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a></p> - -<p>Para darnos todavía mejor cuenta de la opinión platónica -sobre el espacio, conviene citar todavía las siguientes -palabras de <i>Platón</i>: “<i>Es preciso reconocer una tercera especie, -la del lugar eterno, que no puede ser destruído, que sirve -de teatro para todo lo que nace, no está sometido a los sentidos, -es solo perceptible a una especie de razonamiento bastardo, -que vislumbramos como un sueño al decir que es de absoluta -necesidad que todo lo que existe esté en algún lugar y -ocupe algún espacio</i>”. Gracias a una especie de pseudo razonamiento -nosotros creemos, entonces, que el espacio es algo -real, que todo lo que existe debe estar en el espacio. <i>Pero de -hecho el espacio nuestro no tiene una existencia real, y nosotros -nos encontramos como en un sueño.</i></p> - -<p>18. Opiniones muy originales tiene <i>Platón</i> sobre el -<i>tiempo</i>. El <i>tiempo</i>, como lo observamos nosotros, es <i>según él -una copia de la eternidad</i>. Mientras que el tiempo del mundo -sensible corre continuamente adelante en forma de días, meses -y años, su modelo (la eternidad) <i>descansa siempre en sí</i>. -No puedo ilustrar mejor la opinión platónica del tiempo, que -citando las siguientes bellas palabras del <i>Timeo</i>:</p> - -<p>“Cuando el padre y autor del mundo vió moverse y animarse -esta imagen de los dioses eternos (es decir, de las -<i>ideas</i>), que él había producido, se gozó en su obra, y lleno de -satisfacción, quiso hacerla más semejante aún a su modelo. -Y como este modelo era un ser eterno, se esforzó para dar -al universo, en cuanto fuera posible, este mismo género de -perfección. Pero esta naturaleza eterna del ser inteligible no -había medio de adaptarla a lo que es engendrado. Así es que -Dios resolvió crear una imagen móvil de la eternidad, y por -la disposición que puso en todas las partes del universo, hizo -a semejanza de la eternidad, que <i>descansa en la unidad</i>, esta -<i>imagen eterna</i>, pero <i>divisible</i>, que llamamos el <i>tiempo</i>. Los -días y las noches, los meses y los años, no existían antes, y -Dios los hizo aparecer, introduciendo el orden en el cielo. Estas -son <i>partes</i> del <i>tiempo</i>, y como el tiempo huye, el futuro y -el pasado son <i>formas</i> que en nuestra ignorancia aplicamos -muy indebidamente al <i>Ser eterno</i>. Nosotros decimos de él: ha -sido, es, será; cuando sólo puede decirse, en verdad: él es. -Las expresiones <i>ha sido, será</i>, solo convienen a la <i>generación, -que pasa y se sucede</i> en el tiempo. Tales expresiones representan<span class="pagenum"><a name="Page_397" id="Page_397">[397]</a></span> -<i>movimientos</i>, y el Ser eterno inmutable, inmóvil, no -puede ser más viejo ni más joven; no existe, ni ha existido, -ni existirá en el tiempo. En una palabra, no está sujeto a -ninguno de los accidentes que la generación pone en las cosas -que se mueven y están sometidas a los sentidos; <i>éstas son formas -del tiempo que imita la eternidad, realizando sus revoluciones, -medidas por el número</i>. “El tiempo fué, pues, producido -con el cielo, a fin de que, nacidos juntos, perezcan juntos, -si es que deben algún día perecer; y fué hecho, según el -modelo de la naturaleza eterna, para que se pareciese a ésta -todo lo posible. Porque el <i>modelo está siendo</i> de toda eternidad, -y el <i>tiempo es</i>, desde el principio hasta el fin, <i>habiendo -sido</i>, <i>siendo</i> y <i>debiendo ser</i>. Con este designio y con este pensamiento, -Dios, <i>para producir el tiempo</i>, hizo <i>nacer el Sol</i>, la -<i>Luna</i> y <i>los otros cinco astros</i>, que llamamos planetas y que -<i>están destinados a marcar y mantener la medida del tiempo</i>.”</p> - -<p>Existe, entonces, según <i>Platón, una especie de reloj mundial -y eterno, cuya imagen es el tiempo nuestro, observado y -medido por movimiento de planetas</i>.</p> - -<p>Parece que <i>Platón</i> hasta <i>identifica</i> el <i>tiempo</i> del mundo -experimental <i>con el movimiento</i>, pues en el <i>Timeo</i> habla de -los planetas como (órgana chrónu); otra vez dice: Chrónos hé -tu uranú kínesis: <i>Tiempo</i> el <i>movimiento</i> del cielo.</p> - -<p>19. Las palabras pronunciadas despiertan en mi memoria -las célebres afirmaciones del gran físico inglés <i>Isaac -Newton</i> sobre el “<i>tiempo verdadero y absoluto</i>” en oposición -con el tiempo “<i>relativo y vulgar</i>”.</p> - -<p>En la definición 8 de la mecánica (“<i>Philosophiae naturalis -principia mathematica</i>”), <i>Newton</i> exclama:</p> - -<p>“Tempus <i>absolutum</i>, <i>verum</i> et mathematicum in se et -natura sua absque relatione ad externum quodvis aequabiliter -fluit alioque nomine dicitur duratio. <i>Relativum, apparens</i> -et vulgare est sensibilis et externa quaevis durationis per -<i>motum mensura</i> (seu accurata seu inaequabilis), qua vulgus -<i>vice veri temporis utitur ut hora, dies, mensis, annus</i>.</p> - -<p><i>Tempus absolutum</i> a <i>relativo</i> distinguitur in astronomia -per aequationem <i>temporis vulgi</i>. Inaequales enim sunt dies -naturales, qui vulgo tamquam aequales pro mensura temporis -habentur. Hanc inaequalitatem corrigunt astronomi, ut -ex veriore tempore mensurent motus celestes. <i>Possibile est, -ut nullus sit motus aequabilis, quo tempus accurate mensuretur. -Accelerari et retardari possunt motus omines, sed fluxus -temporis absoluti mutari nequit. Eadem es duratio seu perseverantia -rerum, sive motus sint celeres, sive tardi, sive nulli.</i>”</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_398" id="Page_398">[398]</a></span></p> - -<p><i>¿No hay una sorprendente analogía entre las afirmaciones</i> -de <i>Platón</i> y de <i>Newton</i>?</p> - -<p>20. Haciendo ahora un brevísimo resumen en palabras -modernas, podemos decir lo siguiente: Según <i>Platón</i> tiempo -y espacio <i>son el fundamento del mundo sensible, pues todos -los fenómenos tienen lugar en algún espacio y en un cierto -tiempo. El espacio es algo informe, ilimitado, incorporal e invisible, -pero puede tomar todas las formas geométricas posibles -por intermedio de los cuerpos</i>.</p> - -<p>Aunque <i>Platón</i> en su cosmogonía hace nacer los elementos -del espacio, sin embargo, no cabe duda de que el espacio -platónico <i>no</i> coincide con el concepto moderno de la <i>materia</i> -que está caracterizado por la inercia. Lo “<i>ápeiron</i>” de <i>Platón</i> -es el receptor de los fenómenos físicos, pero distinto del -concepto “<i>hyle</i>” (materia) de Aristóteles.</p> - -<p>21. Estudiando las obras platónicas, se ve con qué enormes -dificultades ha tenido que luchar el gran filósofo para -resolver nuestro problema. Esta es la razón porque usa tan -distintas y raras expresiones, cuando analiza las nociones espacio -y tiempo. La causa principal de las dificultades está -en esto, que <i>Platón</i>—como los otros filósofos griegos—no <i>ha -podido concebir la noción del vacío</i>.</p> - -<p>22. En la <i>teleología</i> platónica el espacio y tiempo ocupan -un lugar muy singular. Dios ha creado un mundo <i>absolutamente -perfecto</i>, es decir, el mundo de las <i>ideas</i>, el mundo -de las <i>verdades absolutas</i>; pero el género humano observa en -la naturaleza únicamente <i>imágenes</i>, <i>copias</i> muy pálidas de -aquel mundo divino, porque justamente el espacio y tiempo -tienen la culpa de que nosotros veamos todo de una manera -imperfecta y percibimos sólo verdades <i>aparentes</i>. Nuestro -horizonte es limitado, pues estamos obligados a mirar las cosas -en vez de “<i>sub especie eternitatis</i>” en un espacio y tiempo -limitado. Espacio y tiempo, pues, no sólo son los mediadores -entre el mundo sensual e ideal, sino, además, <i>no nos -permiten ver el universo</i> (las ideas) <i>en su verdad desnuda</i>.</p> - -<p>23. Como nos convenceremos más tarde, las investigaciones -de <i>Platón</i> forman el punto de partida para toda la -concepción <i>idealista</i> (relativa) del espacio.<a name="FNanchor_14" id="FNanchor_14"></a><a href="#Footnote_14" class="fnanchor">[14]</a> No cabe duda -de que <i>Platón</i> sintió, en su intuición filosófico-poética, que el -espacio es la condición indispensable para poder percibir y -comprender los fenómenos de la naturaleza, lo que él expresa -diciendo: la condición “<i>para la presentación de las ideas en -el mundo de sensibilidad</i>”. Aplicando la terminología de<span class="pagenum"><a name="Page_399" id="Page_399">[399]</a></span> -<i>Kant</i> será, quizás, permitido afirmar que para <i>Platón</i> el espacio -era casi la condición “<i>de una posible experiencia</i>”.</p> - -<p>Pero, a pesar de todo, <i>Platón</i> no llegó a considerar el espacio -y menos todavía el tiempo como formas de <i>nuestra intuición</i>; -pues en el fondo no ha tenido nociones completamente -claras sobre el asunto. Él mismo lo confiesa con la franqueza -propia de los grandes pensadores, cuando dice: “<i>El -espacio es una especie de ser, que participa de lo inteligible -de una manera obscura e inexplicable</i>”.</p> - -<p>No vacilamos en afirmar que <i>Platón</i> estaba ya <i>muy cerca</i> -de considerar el espacio como una forma de nuestra intuición, -es decir, que tenía la solución casi en la mano, pero se le escapó. -Han debido pasar siglos, han tenido que aparecer los -sistemas de <i>Berkeley y Hume</i> antes de conseguir este sencillo -resultado: tiempo y espacio son formas de intuición.</p> - -<p>El gran genio griego en su intuición concibió el problema, -pero la solución clara y precisa la dió <i>Kant en su criticismo</i>.</p> - -<p>También en las ciencias modernas encontraremos algo -análogo. Un pensador meridional—me refiero a <i>Poincaré</i>—ha -echado las bases para la reforma del concepto tiempo, sometiendo -la noción “<i>simultaneidad</i>” a una crítica <i>muy interesante</i>; -mas la solución exacta, el nuevo concepto tiempo, lo -dió un físico del Norte de Europa.</p> - -<p><i>Aristóteles</i>.—24. <i>Aristóteles</i>, el más eminente discípulo -de <i>Platón</i>, no sigue el camino del maestro; pues funda -más bien un sistema propio que está, en cierto sentido, opuesto -a la doctrina idealista.</p> - -<p><i>Aristóteles</i> era más universal que <i>Platón</i> y le superó, especialmente, -en sus conocimientos de las <i>ciencias naturales</i>. Un -cerebro sumamente vasto, era el verdadero <i>polisabio</i>, la encarnación -del saber de su época, de suerte que con razón se -le indica hasta hoy día con el epíteto “<i>el filósofo</i>”, por antonomasia. -Como buen observador, atribuyó mucha importancia -a las ciencias naturales; en sus investigaciones trató en lo -posible de <i>definir</i> todo, es decir, fijar en cada fenómeno <i>aislado</i> -lo esencial “usía” y al mismo tiempo expresar su relación -con el concepto general.</p> - -<p>25. <i>Platón</i> proclamó como la <i>única</i> realidad los objetos -de los conceptos <i>generales</i> (ideas), que tienen existencia -completamente <i>independiente de</i> las <i>cosas sensuales</i>; los objetos -aislados eran, según <i>Platón</i>, solo imágenes de lo verdadero.</p> - -<p><i>Aristóteles</i> rechaza este pensamiento, pues, según él, el -<i>error principal del sistema platónico consiste justamente en -aquella separación completa de las ideas y de los objetos</i>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_400" id="Page_400">[400]</a></span></p> - -<p>Los conceptos generales expresan, según <i>Aristóteles</i>, únicamente -propiedades <i>comunes a muchos objetos aislados</i>; mas -los conceptos generales por sí mismos no tienen existencia independiente. -Pero si lo general no subsiste por sí mismo, no -puede ser sustancia (“usia”), la que por su parte forma el -fundamento real de todo.</p> - -<p>Como sabemos <i>Platón</i> ya <i>a priori</i> atribuye a las ideas -una existencia original, independiente del mundo de nuestros -sentidos, creando, de este modo, dos mundos completamente -distintos. <i>Aristóteles</i> considera imposible que la doctrina -idealista pueda explicar la esencia del mundo empírico; -según sus juicios, hay más bien que suprimir aquella -contradicción entre el mundo de ideas y el mundo de objetos, -<i>pues las ideas no deben ser concebidas como algo distinto de -las cosas sensuales</i>. Para conseguir la verdad, para conocer la -esencia del mundo, hay que examinar con mucha precisión y -mucho cuidado los fenómenos de la naturaleza. Y haciendo -esto se llega al resultado de <i>que la verdadera realidad está en -lo individual</i>. Mientras, entonces, para <i>Platón</i>, la verdad está -en el concepto general, según Aristóteles, al revés lo <i>individual</i> -(“tóde tí”) <i>es el tipo de la completa realidad</i>.</p> - -<p>Mas no hay que creer que Aristóteles entienda con su -“tóde tí” los objetos <i>materiales</i>; pues también, según él, todo -lo sensible es pasajero y mudable, mientras que el saber, la -ciencia, debe ocuparse de <i>cosas invariables y eternas</i>. El objeto -del verdadero conocimiento es, pues, lo <i>individual</i>, pero -no lo<i> material</i>, lo sensible, sino lo <i>individual concepcionalmente -pensado</i>. La realidad metafísica está, entonces, <i>fundada -en lo individual determinado por el concepto</i>.</p> - -<p>Llegamos al conocimiento del mundo saliendo de los hechos -aislados é investigando la relación entre lo especial y lo -general. En esta ocasión nos convencemos de que <i>cada objeto</i> -de la naturaleza consiste en <i>materia y forma</i>, estando estas -dos ligadas de tal manera que jamás puede <i>subsistir materia -sin forma o forma sin materia</i>.<a name="FNanchor_15" id="FNanchor_15"></a><a href="#Footnote_15" class="fnanchor">[15]</a></p> - -<p>La “usia” se compone de <i>forma y materia</i>; y la generación -estriba en esto; que la esencia de las cosas (“usia”) -pasa de la mera posibilidad “<i>dinamis</i>” a la <i>realidad</i> “<i>energeia</i>”. -La <i>materia</i> (“<i>hyle</i>”) representa la <i>posibilidad</i>, de que -la materia, plasmada por la forma, se convierte en <i>realidad</i>.</p> - -<p>La materia es pura <i>pasividad</i>, es el objeto en el cual los -fines, o mejor dicho, los <i>designios</i> de la naturaleza, hallan su -realización. Pero no hay <i>contraste entre materia y forma</i> -(como entre la “idea” y el “objeto sensible” de <i>Platón</i>),<span class="pagenum"><a name="Page_401" id="Page_401">[401]</a></span> -no subsisten dos cosas distintas y opuestas: materia y forma, -sino que el mismo objeto, considerado en su materia, es <i>la -posibilidad de la realidad, representada por su forma</i>.<a name="FNanchor_16" id="FNanchor_16"></a><a href="#Footnote_16" class="fnanchor">[16]</a></p> - -<p>Será, quizás, permitido decir: <i>Materia y forma son los -dos lados de la misma medalla</i>.</p> - -<p>26. El paso de la posibilidad a la realidad se efectúa -por intermedio del <i>movimiento</i>. <i>Aristóteles</i> distingue tres -especies de movimiento: 1) cuantitativo o cambio del tamaño; -2) cualitativo o cambio de las propiedades del cuerpo; -3) cambio del lugar en el espacio. Pero todas estas especies -quedan reducidas al movimiento de la última clase. La -materia, tiene una inclinación natural, “desea” la forma; -pero en vista de que es sólo posibilidad, puede tomar distintas -formas; ella tiene <i>inercia</i> y por esto impide la completa realización -de la naturaleza, siendo de este modo la causa del azar -en el universo.</p> - -<p>27. En la filosofía de <i>Platón</i> hemos encontrado <i>tres</i> -fundamentos principales del mundo:</p> - -<p>1) <i>Ideas.</i></p> - -<p>2) <i>Sensibilidad.</i></p> - -<p>3) <i>Espacio</i> (ápeiron), mediador entre 1 y 2, donde sólo -1) tiene una existencia original e independiente. <i>Aristóteles</i> -acepta <i>cuatro causas originales</i> (arché).</p> - -<p>1) <i>Materia</i>, <i>Pasividad o Posibilidad</i>.</p> - -<p>2) <i>Forma</i>, <i>Actividad</i>.</p> - -<p>3) <i>Movimiento</i>, mediador entre 1 y 2.</p> - -<p>4) <i>Designio final</i>,</p> - -<p>pero al mismo tiempo trata de unir los tres grados platónicos -de realidad en un solo concepto real. De esta manera, la -<i>transcendencia</i> de <i>Platón</i> queda reemplazada en cierto sentido -por la <i>inmanencia</i>.</p> - -<p>28. Después de lo explicado podemos esperar, que 1) -<i>Aristóteles</i>, seguramente, también se ocupará de los conceptos, -espacio y tiempo, pues cada movimiento—una de las -“<i>arché</i>”—tiene lugar en el espacio y tiempo.</p> - -<p>2) que el espacio no tendrá ya un papel análogo a lo -“<i>ápeiron</i>” de <i>Platón</i>.</p> - -<p>3) que <i>Aristóteles</i> se apoyará más en la observación y -en los hechos aislados (tratando el problema que nos interesa).</p> - -<p>4) que el <i>naturalista Aristóteles</i> llegará a una solución -distinta de la platónica.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_402" id="Page_402">[402]</a></span></p> - -<p>Y, en efecto, ya en su célebre obra “<i>Categorías</i>”<a name="FNanchor_17" id="FNanchor_17"></a><a href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a> -<i>Aristóteles</i> se ocupa del espacio y tiempo.</p> - -<p>29. Tiempo y espacio aparecen como la 5 y 6 categorías.</p> - -<p>Aristóteles distingue en las “categorías” cantidades -<i>discretas y continuas</i>. <i>El espacio lo cuenta entre las cantidades -continuas</i>, porque “<i>las partes del cuerpo, que mediante su -reunión van a pasar a un término común, ocupan siempre un -espacio. Por consiguiente, las partes del espacio, que ocupa -cada una de las partes del cuerpo, se suman en este mismo -término común en que se reúnen las partes del cuerpo mismo: -luego el espacio es una cantidad continua, puesto que sus -partes van a pasar mediante su reunión a un término común</i>”.</p> - -<p>El tiempo también <i>es continuo</i>; porque “<i>de una parte -lo presente se relaciona a la vez con lo pasado y con lo porvenir</i>”.</p> - -<p>Una diferencia principal entre el espacio y el tiempo la -encuentra <i>Aristóteles</i> en el hecho de que “las partes del espacio -tienen entre sí una <i>relación de posición, mientras</i> que las -partes del tiempo por el contrario tienen entre sí un cierto -<i>orden</i>, puesto que en el tiempo esta parte es <i>anterior</i>, y aquella -otra posterior”. “Partes del tiempo no pueden tener una -posición, porque ninguna de las partes del tiempo es permanente”. -“<i>Lo que no es permanente no puede tener posición</i>”.</p> - -<p>El tiempo es, según <i>Aristóteles</i>, muy estrechamente ligado -con el <i>número</i>; los dos se unen en el concepto común -“antes” (“<i>próteron</i>”) y “<i>después</i>” (“<i>hysteron</i>”).</p> - -<p>30. El espacio es el lugar que ocupa el cuerpo. Esto -se podría deducir de las palabras citadas de las “Categorías”. -Sin embargo no hay que pensar en que <i>Aristóteles</i> identifica -el espacio con la forma del cuerpo, pues él mismo lo advierte -expresamente, que en tal caso los cuerpos se moverían no <i>en</i> -el espacio sino <i>con su</i> espacio.</p> - -<p>Para evitar equivocaciones Aristóteles dió la siguiente -definición del espacio:</p> - -<p>“<i>El espacio es el límite inmóvil entre el cuerpo envolvente -y el envuelto</i>”.</p> - -<p>El espacio exige, entonces, la presencia de la materia o -con más exactitud la <i>presencia, por lo menos, de dos cuerpos</i>. -<i>La subsistencia del espacio está ligada a la existencia del -mundo corporal.</i> Y así el espacio de la mesa en la sala será<span class="pagenum"><a name="Page_403" id="Page_403">[403]</a></span> -el límite fijo entre la mesa (envuelta) y el aire que la envuelve.</p> - -<p>Se ve en seguida que esta explicación aparente de la -“esencia” del espacio se basa en una observación muy grosera.</p> - -<p>Ya de la definición resulta que el espacio <i>aristoteliano</i> -tiene que ser <i>limitado</i>; además, resulta la <i>imposibilidad</i> del -espacio <i>vacío, pues se entiende por sí mismo</i>,—si el espacio -es el límite entre el cuerpo envolvente y el envuelto—<i>que -donde no hay cuerpos tampoco hay espacios</i>.</p> - -<p>Aunque <i>Aristóteles</i> estaba convencido de que el concepto -de espacio, “vacío” contradice al sentido común<a name="FNanchor_18" id="FNanchor_18"></a><a href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a>, sin embargo, -dió en sus obras muchos otros argumentos contra la -posibilidad de un espacio vacío e ilimitado.</p> - -<p>31. <i>Argumentos contra el espacio vacío:</i></p> - -<p>Si además del espacio (<i>tópos</i>) ocupado por los cuerpos -hay un <i>otro vacío</i>, entonces al entrar un cuerpo en éste (vacío), -debían atravesarse dos espacios.</p> - -<p>Otro argumento es el siguiente: <i>Aristóteles</i> deduce que -en un espacio vacío todos los cuerpos debían caer con la misma -velocidad; lo que, según su juicio, es una cosa imposible; -por consiguiente un vacío no puede subsistir. Esta demostración -aparente, y, además, falsa<a name="FNanchor_19" id="FNanchor_19"></a><a href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a>, le parece ser una refutación -tan <i>decisiva</i> que exclama con ironía: “Y así resulta -<i>que la afirmación del vacío en realidad es un vacío</i>”.</p> - -<p>32. <i>Argumentos contra lo infinito del espacio.</i> Cada -cuerpo tiene que estar en un cierto lugar, porque cada cuerpo -tiende a su lugar natural, pero en lo infinito no hay un lugar -determinado, no hay diferencia entre abajo y arriba, entre -la derecha e izquierda; <i>por consiguiente el espacio es limitado</i>.</p> - -<p>Debemos imaginarnos el mundo como algo <i>acabado, completo -y perfecto</i>. Mas <i>Aristóteles niega</i>, sobre todo, que las -cantidades infinitas pueden existir como algo “<i>acabado</i>”, -porque “<i>lo infinito no existe, sino se forma</i>”; entonces, un -espacio infinito no puede subsistir en el mundo.</p> - -<p>Todo el espacio está limitado, según Aristóteles, por la -esfera celeste, porque en su creación la divinidad consumió -toda la materia existente. Más allá de la esfera celeste, cuyo -centro es nuestra tierra, no hay, entonces, materia, por consiguiente -allá no hay espacios y mucho menos espacios vacíos, -<i>lo que sería un doble disparate</i>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_404" id="Page_404">[404]</a></span></p> - -<p>33. Cerrando la discusión sobre el espacio quiero, todavía, -mencionar que <i>Aristóteles</i> trata de demostrar que -nuestro espacio no puede tener <i>más que tres dimensiones</i>. Lo -hace refiriéndose a la costumbre de decir “ambos” cuando -hay dos, y que cuando hay tres se habla ya del “todo”, porque -no hay una palabra especial.</p> - -<p>34. Al concepto <i>tiempo</i> lo somete <i>Aristóteles</i> a un tratamiento -parecido al del espacio. En la “<i>Física</i>” leemos lo -siguiente: “<i>El tiempo es una cantidad continua, él es el número</i> -(medida) <i>del movimiento con relación a lo precedente y -lo sucesivo</i>”.</p> - -<p>Debo llamar la atención de que en esta definición la palabra -“<i>movimiento</i>” se refiere no solo <i>a los fenómenos físicos</i> -sino también <i>a los psíquicos</i>, pues <i>Aristóteles</i> dice una -vez: “<i>Si bien al reinar la obscuridad y calma nosotros no percibimos -ninguna impresión del cuerpo, tenemos, sin embargo, -en seguida la sensación del tiempo, cuando se produce en nuestra -alma algún movimiento</i>” (conmoción). Por esta razón -<i>Gomperz</i> pone, en vez de la palabra “<i>movimiento</i>” (kinesis), -“suceso”.</p> - -<p><i>El tiempo es pues, la medida</i> (el número) <i>del movimiento</i>. -La unidad de este número (medida) constituye el concepto -de “<i>ahora</i>”; por <i>el movimiento</i> de dicho concepto “ahora” -<i>nace el tiempo</i>.</p> - -<p><i>Aristóteles no identifica</i> el tiempo con el movimiento, como -sucede en las obras de <i>Platón</i>; <i>pero el concepto “tiempo” está -ligado al número y al movimiento</i>. <i>Donde no hay cuerpos no -hay tiempo.</i></p> - -<p>Siendo el movimiento del universo, según <i>Aristóteles</i>, sin -principio ni fin, sigue ya forzosamente de la definición que -<i>el tiempo es infinito e ilimitado</i>.</p> - -<p>En una ocasión se pregunta <i>Aristóteles</i>, si el tiempo podría -substituir aunque no existiera el alma. Su contestación -es: <i>el tiempo no puede subsistir sin el alma</i>, como <i>el número no -puede existir sin la persona que cuenta</i>.</p> - -<p>Debíamos, entonces, admitir que <i>Aristóteles</i> niega la existencia -de un tiempo absoluto. Y sin embargo, introduce al lado -del tiempo infinito, en el cual se mueve lo mudable, el concepto -“<i>eternidad</i>” (“<i>aión</i>”), que es la esencia sin tiempo de lo invariable, -y así Dios no está en el tiempo, sino en la eternidad. -<i>Todos los fenómenos tienen lugar en el espacio y tiempo, -únicamente Dios no está ni en el tiempo ni en el espacio</i>.</p> - -<p>35. En las “<i>categorías</i>” <i>Aristóteles</i> analiza también los -conceptos <i>prioridad y simultaneidad</i>. Por razones especiales -citaré lo que afirma de la simultaneidad: “<i>Se dice, en general -y en el sentido más especial de la palabra, que dos cosas son<span class="pagenum"><a name="Page_405" id="Page_405">[405]</a></span> -simultáneas, cuando su existencia tiene lugar al mismo tiempo. -Ni la una es anterior, ni la otra posterior; se dice también que -existen a la vez en el tiempo</i>”.</p> - -<p>“En <i>general se llaman simultáneas las cosas cuya existencia -se produce a la vez en el tiempo</i>”.</p> - -<p>Volveremos sobre este punto al tratar en el último capítulo -el concepto <i>simultaneidad</i> en la teoría de la relatividad.</p> - -<p>36. Tampoco <i>Aristóteles</i> considera tiempo y espacio como -<i>formas de la intuición</i>; en su filosofía, tiempo y espacio -aparecen un “<i>accidens</i>” de los cuerpos. Según mi juicio el -concepto aristotélico del espacio significa <i>un paso atrás</i> en -<i>comparación con Platón</i>.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_406" id="Page_406">[406]</a></span></p> - -<h2 id="LOGICA_INDUCTIVA">LÓGICA INDUCTIVA</h2> - -<p class="center"><span class="smcap">Por LEOPOLDO MAUPAS</span></p> - -<p class="center">Profesor en la Universidad de Buenos Aires</p> - -<div class="blockquote"> - -<p class="hanging">1.—El problema de la lógica inductiva.—2. Fundamento de la inducción.—3. -La causa como principio crítico.—4. El principio -de causalidad como postulado de la inferencia causal.—5. -La constatación de la coincidencia solitaria, como base experimental -de esa inferencia.—6. Leyes empíricas.—7. Fundamento -y determinación de las leyes empíricas.—8. Aplicaciones -de las leyes empíricas.—9. Conclusión.</p> - -</div> - -<h3>I.—<span class="smcap">El problema de la lógica inductiva</span></h3> - -<p>El conocimiento crítico empieza, en la evolución del espíritu -humano, cuando la verdad se refiere no a la creencia sino -a los fundamentos de la creencia.</p> - -<p>La experiencia que sirve de fundamento a la ciencia -siempre es indirecta, y se realiza por medio del razonamiento -crítico. La experiencia directa no es fundamento científico. -La comprobación de la dirección rectilínea de la propagación -de la luz, no sería posible referirla a la experiencia directa. -Se prueba indirectamente en la forma de la sombra de un -cuerpo opaco. La forma de la sombra verifica que la dirección -de la luz es rectilínea, porque comprueba indirectamente la -conclusión del razonamiento geométrico que determina cuál -sería la forma de la sombra si los rayos luminosos se propagaran -en dirección rectilínea. La realización de la previsión -en la experiencia, prueba así indirectamente, la dirección de -la luz.</p> - -<p>La experiencia que funda al conocimiento científico es así -indirecta, y el razonamiento crítico es el instrumento que la -hace posible.</p> - -<p>El valor de la crítica científica, supone, pues, una experiencia<span class="pagenum"><a name="Page_407" id="Page_407">[407]</a></span> -justa y un razonamiento legítimo. La conclusión será -falsa, aunque el razonamiento sea legítimo, si la experiencia -no es justa. Si veo mal la sombra que produce el cuerpo -opaco y no concuerda con la que debería producir de acuerdo -con el razonamiento geométrico, la conclusión que podría sacar -con la dirección rectilínea de la luz sería falsa en razón -de la deficiencia de la experiencia. En cambio sería falsa en -razón de la ilegitimidad del razonamiento, si la sombra de -la experiencia no concuerda con la que debería producirse -según el razonamiento geométrico, por error de cálculo (aunque -la observación de la sombra sea justa).</p> - -<p>Veamos en qué puede consistir la ilegitimidad del razonamiento.</p> - -<p>Sabemos que el razonamiento crítico es una serie de sustituciones -de afirmaciones idénticas. Decimos que “la Democracia -es la mejor forma de gobierno”, porque entendemos -que decir “mejor forma de gobierno” es igual a decir “gobierno -que responde al interés de la mayoría de los ciudadanos” -y que decir “gobierno que responde al interés de la mayoría -de los ciudadanos” es lo mismo que decir “gobierno -que se someta al contralor de la voluntad de la mayoría”; -pero esto es lo mismo que decir “Democracia”; por lo tanto, -suprimiendo las identidades intermedias concluímos que “la -Democracia es la mejor forma de gobierno”.</p> - -<p>El razonamiento crítico es así una serie de sustituciones -de afirmaciones. Ahora bien; cada sustitución es evidente o no -lo es. Si no lo es, necesita demostración. En ese caso un -nuevo razonamiento tendrá que fundar las sustituciones, y así -sucesivamente como lo dijimos al hablar de los problemas de -la crítica científica<a name="FNanchor_20" id="FNanchor_20"></a><a href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a>, hasta llegar a la afirmación de sustituciones -evidentes por sí mismas.</p> - -<p>Pero, llegados a esos términos básicos del razonamiento, -¿cómo se funda la legitimidad de la sustitución? También lo -hemos dicho al ocuparnos del mecanismo de la crítica. La -sustitución se legitima en la evidencia de la identidad de la -sustitución. Sustituyo la forma de la sombra que me daba -el razonamiento geométrico por la sombra que mis ojos ven -en la experiencia realizada, porque hay identidad entre las -dos formas. Esa evidencia de la identidad de los términos -sustituídos es así el criterio único y último en que se funda -la legitimidad de la sustitución.</p> - -<p>De manera, pues, que en definitiva, el fundamento de la -sustitución o exclusión de los términos en los razonamientos -es la evidencia de su identidad o de su contradicción. Ahora -bien; la identidad o la contradicción, constatada en la evidencia,<span class="pagenum"><a name="Page_408" id="Page_408">[408]</a></span> -no es susceptible de verificación. La evidencia es el criterio -último y único de la verdad. No es rectificable. Si la evidencia -se equivoca, no hay manera de reparar la equivocación. -Solamente la experiencia contradictoria o mayores conocimientos -pueden modificar nuestras primitivas evidencias. Mientras -esto no sucede, la conciencia sigue tranquila y exenta de curiosidad, -por la imposibilidad en que se encuentra de sospechar -su error. Pero, si llega a suceder, al comprobar la falsedad -de muchas sustituciones que parecieron evidentes, puede -reconstruir el proceso del error y determinar sus causas, y en -consecuencia precaverse de ellas. De la experiencia del error -nació así la lógica.</p> - -<p>El propósito de explicar las falsas sustituciones de términos -en los razonamientos, justifica pragmáticamente los estudios -lógicos, y les da sentido en la teoría de la ciencia.</p> - -<p>Ahora bien; en sus reflexiones acerca de las causas del -error en los razonamientos, el espíritu humano ha encontrado -que la falsa sustitución de los términos puede provenir o bien -de deficiencias de lenguaje, o de mala interpretación de la -experiencia en las generalizaciones, o de deficiencias en las -observaciones, y también de prejuicios individuales o colectivos. -Ejemplos de lo primero son todos los casos en que se -violan las reglas de la lógica formal. Si de la consideración -de que el rey de Sajonia era Francisco Augusto III y de que -los ingleses son sajones deduzco que Federico Augusto III -era rey de Inglaterra, el error tiene por causa una inadvertencia -de lenguaje, por dar a la palabra sajón, cuando hablo -de Federico Augusto como rey de los sajones, una extensión -que no tiene cuando califico a los ingleses como sajones. La -lógica formal nos previene contra esa causa de error indicándonos -que en los silogismos el término medio se debe tomar -por lo menos una vez en toda su extensión. Ahora bien; en -los ejemplos propuestos, la palabra sajón en ninguno de los -dos casos se refiere a todos los sajones.</p> - -<p>Ejemplos de falsa sustitución por deficiencia en la interpretación -de la experiencia, son todos aquellos casos en que -se violan las reglas de la lógica inductiva. Si he comprobado -que el vapor de agua en Buenos Aires disuelve una sustancia, -que se podría encontrar en abundancia en una montaña de -3.000 metros, y resuelvo establecer una industria para su explotación; -si esa sustancia para disolverse necesita vapor de agua -a la temperatura que tiene en Buenos Aires, mi determinación -se fundará en un falso razonamiento, por falsa generalización -respecto a la temperatura a que el agua hierve. La -temperatura del vapor de agua no llegaría a disolver la sustancia,<span class="pagenum"><a name="Page_409" id="Page_409">[409]</a></span> -porque a esa altura el agua hierve antes de alcanzar la -temperatura requerida.</p> - -<p>Ejemplos de deficiencias en la observación o de prejuicios -individuales o colectivos, serían todos aquellos que nos hacen -ver en las cosas caracteres que no tienen y las falsas nociones -que nos hacen establecer entre esas cosas y otras, relaciones -de identidad que no existen. El que se asusta de los gestos que -hace el que se despereza ha observado mal el acto. Los exorcismos -con que en la edad media se pretendía curar a los endemoniados -no eran sino consecuencias de los prejuicios de la -época. Estas causas de error son inevitables. Bacon indica -las precauciones que conviene tomar para evitar las malas -observaciones. Estas indicaciones son de carácter puramente -psicológico; pero es interesante conocerlas, y hemos de ocuparnos -de ellas al hablar de los principios de la investigación. -Por lo que se refiere a los prejuicios individuales y colectivos, -representan el estado de la ciencia individual y colectiva. Contra -ellos nada se puede. Sólo más ciencia puede evitarlos.</p> - -<p>En el último artículo que he publicado en esta revista he -indicado como procede la lógica formal para evitar los malos -razonamientos que tienen su origen en la indebida extensión -de los términos en el lenguaje. Y he indicado también cómo -ese problema desaparece, y en consecuencia la necesidad de la -lógica formal, si se da a los términos valor pragmático. Procediendo -en términos definidos pragmáticamente, el peligro -de razonar mal por deficiencia de lenguaje desaparece.</p> - -<p>Con esto queda claramente delimitada la función de la -lógica inductiva en la solución de los problemas que plantea -la crítica del conocimiento. Su función es verificar el valor -de las generalizaciones. Un razonamiento puede ser justo desde -el punto de vista formal; puede no tener defectos de observación; -los prejuicios podrían no tener importancia para la -conclusión, y sin embargo ser ésta falsa en razón de una mala -generalización. Y para esclarecer estas afirmaciones, voy a recurrir -a un ejemplo que he empleado a menudo: la inferencia -que se saca de la muerte de una cobaya respecto al -efecto que produciría en el hombre la inyección de la sustancia -que le produjo la muerte. La inferencia se funda en -la identidad de constitución que se establece entre el hombre -y el cochinillo de la India, que afirmamos en razón de la identidad -de los caracteres de su constitución. La determinación -de la identidad de los caracteres podría ser justa, y con todo -la inferencia podría ser ilegítima en razón de la falsa generalización. -Puede ser cierto que el conejillo murió a consecuencia -de la inyección de la sustancia venenosa. Puede ser -también que sea legítima la identidad de constitución que se<span class="pagenum"><a name="Page_410" id="Page_410">[410]</a></span> -ha observado entre el hombre y el conejo. Pero, la generalización -podría ser ilegítima si, por ejemplo, el conejo no murió -en razón de los caracteres de su organización, en lo que son idénticos -con los del hombre, y que de haber sido por esa causa -legitimarían la generalización. Si por el contrario la inyección -hubiese muerto al conejo porque momentos antes había comido -una yerba determinada, el hecho no solamente no prueba que -los hombres morirían con igual inyección, sino que tampoco -probaría que los demás conejos hubiesen de morir a consecuencia -de ella. La única generalización que se podría hacer -sería que los conejos que han comido tal sustancia morirán -si se les inyecta el veneno en cuestión. Pero, ¿en qué consiste -la falsa generalización? ¿Cuáles son las condiciones que tiene -que reunir una generalización justa?</p> - -<p>Y esa pregunta nos acerca a la delimitación de la función -propia de la lógica inductiva. Y digo nos acerca, porque la -lógica inductiva no tiene por función determinar las condiciones -de toda generalización, sino de aquellas generalizaciones -que se fundan en la inducción.</p> - -<p>Efectivamente, hay dos clases de generalizaciones: las que -se fundan en la simple enumeración de los caracteres constatados -en los casos particulares, como cuando se ve que cada -una de las fichas que se encuentran encerradas en una caja son -de color rojo, y generalizando se afirma que las fichas de esa -caja son rojas. La otra clase de generalización es la que se -funda sólo en la observación de uno o más casos particulares, -como cuando afirmo que los hombres mueren si un balazo les -atraviesa el corazón, fundado en que Juan murió por esa -causa.</p> - -<p>Las generalizaciones que no son más que la expresión -de una totalidad, se fundan en la enumeración de todos los -casos. Esta clase de generalización, salvo deficiencias en la -observación, no puede tener más causas de error que la enumeración -incompleta. Si he observado bien y he contado todos -los casos, la generalización no puede ser falsa<a name="FNanchor_21" id="FNanchor_21"></a><a href="#Footnote_21" class="fnanchor">[21]</a>.</p> - -<p>Así es cómo la teoría de la inducción tiene por función -resolver uno de los problemas que plantea la crítica de los -conocimientos, y que consiste en determinar las condiciones -que debe reunir una generalización fundada en la inducción.</p> - -<p>La importancia de la lógica inductiva es así enorme. -Constituye la teoría fundamental de casi toda la ciencia de -lo real. Pero grandes dominios de la ciencia se construyen -fuera de su fundamento, y para acabar de determinar los límites<span class="pagenum"><a name="Page_411" id="Page_411">[411]</a></span> -de sus funciones, veamos especialmente cuáles son los -que no se fundan en ella.</p> - -<p>La lógica inductiva sólo se refiere a la verificación de las -ideas reales generales que se fundan en la inducción. Ni las -ideas irreales, ni las ideas concretas, ni las ideas generales que -se fundan en la simple enumeración, son susceptibles de verificación -por el razonamiento inductivo. Tampoco se fundan -en la inducción las leyes derivadas de otras más generales.</p> - -<p>Efectivamente, las ideas matemáticas, o son principios racionales, -axiomas, definiciones y postulados, es decir, verdades -intuitivas inverificables y presupuestos que se afirman sin -demostración, o son ideas construídas sobre esos elementos. -Ahora bien; los elementos de esas construcciones, los principios -racionales, son inverificables, y el valor de las ideas derivadas -se determina en la coexistencia armónica del sistema. -El origen psicológico de las ideas matemáticas podrá ser experimental; -pero su crítica científica nada tiene que ver con ese -origen experimental. Por eso es que la teoría de la inducción, -que trata de determinar las condiciones que debe reunir la -experiencia para permitir la generalización, nada tiene que -ver con la verificación de las ideas irreales.</p> - -<p>Tampoco tiene función que llenar la lógica inductiva en -las ciencias aplicadas. Estas operan con ideas concretas y su -verificación no es objeto de la lógica inductiva. Como lo dijimos -en su lugar, las ideas concretas se verifican en el conocimiento -de su ley, es decir, de la idea general de la que son -un caso particular. Se verifican deductivamente. La simple -constatación de un hecho particular no nos saca del conocimiento -vulgar: conocer científicamente un hecho concreto es -explicarlo, y explicarlo para la ciencia en la actualidad, lo -mismo que para Aristóteles, es determinar su ley. Cuando se -le puede deducir de ésta, el hecho queda explicado.</p> - -<p>Tampoco son de aplicación las reglas de la lógica inductiva -a la verificación de las ideas generales que se fundan por -simple enumeración, con lo que vienen a quedar excluídas de -su consideración las leyes que S. Mill llama leyes de coexistencia -no dependientes de causalidad, es decir, la determinación -de los caracteres primitivos de los géneros.</p> - -<p>Y, por fin, tampoco son de aplicación las reglas de la lógica -inductiva a las ideas generales, cuando éstas se deducen -de otras ideas más generales.</p> - -<p>La lógica inductiva no es, pues, la teoría de toda la ciencia. -Ni siquiera de toda la ciencia de lo real. Gran parte de -ésta escapa a su fundamento; pero su dominio es tan grande -y tan importante, que casi se podría decir que es la teoría -de la ciencia experimental.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_412" id="Page_412">[412]</a></span></p> - -<p>Y con esto dejamos determinada la función de la lógica -inductiva: es la teoría de la verificación de las ideas generales -que se fundan en la inducción.</p> - -<h3><span class="smcap">II.—Fundamentos de la inducción</span></h3> - -<p>Pasemos a considerar cómo la lógica inductiva trata de -resolver el problema que se le propone.</p> - -<p>La inducción consiste en verificar la afirmación general -en uno o en varios casos particulares. Sabemos, por habernos -ocupado de ello al estudiar la crítica del conocimiento, qué -es lo general. Lo general es lo común a varios. Y por lo tanto -la fuente para la verificación de las ideas generales tiene que -ser los casos individuales que comprende. El problema que -plantea la verificación de las ideas generales es saber cómo -se puede verificar en lo particular la verdad que se afirma -en general.</p> - -<p>Ahora bien; si lo general es lo común a varios, sumando -en los casos particulares los caracteres comunes se podrá verificar -la verdad de la afirmación general: Si individualmente -se puede constatar que cada uno de los doce apóstoles usaba -barba, la afirmación general de que los apóstoles eran barbudos -queda verificada.</p> - -<p>Pero no siempre es posible hacer el recuento de los casos -particulares que constituyen un género. Por el contrario, en -la mayoría de los casos no es posible la enumeración. No es -posible contar todos los ejemplares del género hombre para -verificar la afirmación de que el hombre es mortal. Y aunque -se pudieran contar los que existen actualmente, no podríamos -comprender en la enumeración a los hombres que fueron y a -los que serán. Y sin embargo generalizamos también para -ellos. Fundándonos en la afirmación de unos cuantos casos, -afirmamos que lo que en ellos hemos constatado es la expresión -de una ley general.</p> - -<p>La generalización por inducción se distingue de la generalización -por simple enumeración, en que ésta es el resultado -del recuento de todos los casos particulares comprendidos en -la afirmación general; mientras que la inducción se funda -sólo en algunos casos y a veces en uno solo.</p> - -<p>Pero, ¿cómo es posible que lo constatado en uno o en varios -casos se pueda afirmar de todos los individuos comprendidos -en el género? Y sobre todo ¿cómo distinguir los casos -particulares que expresan lo general de aquellos que no lo -hacen? Porque no siempre lo particular es prueba de lo general.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_413" id="Page_413">[413]</a></span></p> - -<p>Si un balazo atraviesa el corazón de Juan y muere, este -hecho particular es una prueba de la afirmación general de -que los hombres mueren si una bala les atraviesa el corazón. -Pero, si bañándose Juan muere ahogado en el río, este hecho -particular no probaría la afirmación general de que los -hombres que se bañan en el río mueren ahogados. ¿Por qué -en un caso el hecho particular verifica la verdad de la idea -general y en el otro no? ¿Cuál es el fundamento de la inducción?</p> - -<p>La respuesta es fácil. En el primer caso afirmamos que -la muerte de Juan prueba que en el mismo caso los demás -hombres morirían porque la herida que sufrió en el corazón -es la <i>causa</i> de la muerte. En cambio, en el segundo caso, no -podemos decir que los hombres que se bañan en el río han de -morir ahogados, porque la <i>causa</i> de la muerte de Juan no es -el hecho de que se haya bañado en el río sino la de que no sabía -nadar y no hubo nadie que pudiera auxiliarlo. En cambio el -conocimiento de esta causa nos permitiría generalizar y afirmar -que los que no saben nadar y no tienen quiénes los auxilien, -en las mismas circunstancias, morirán ahogados.</p> - -<p>Así es como el conocimiento de la causa del hecho particular -es lo que nos permite generalizar. Y debemos decir, por -lo tanto, que el fundamento de la generalización es la determinación -de la causa de un hecho.</p> - -<p>Pero con esto sólo hacemos una constatación, y es la de -que la inducción la fundamos en el conocimiento de la causa -de los hechos particulares. Pero una cosa es lo que hacemos -y otra cosa es la legitimidad de lo que hacemos. Inducimos -fundándonos en el conocimiento de la causa de los hechos; -pero, ¿con qué derecho lo hacemos?</p> - -<p>He ahí el problema de la legitimidad de la inducción.</p> - -<p>Este problema es insoluble para el dogmatismo. A pesar -de las pruebas de ingenio que se han dado en este sentido, -de nada han valido las proezas realizadas para fundar la -legitimidad de la inducción. Y sin embargo nada más fácil -de legitimar cuando se tiene en cuenta el sentido pragmático -de los términos en el razonamiento. Se legitima por la identidad -de los términos sustituídos cuando se sustituye a lo -particular lo general. Veamos cómo puede ser esto.</p> - -<p>Cuando afirmo en general lo que he constatado como causa -del hecho particular, no digo nada nuevo, digo lo mismo -de lo mismo. En la comprobación de la muerte de Juan a -causa de la herida sufrida en el corazón, hago más y hago -menos que comprobar la causa de la muerte de Juan. Hago -menos en este sentido, de que no constato la causa de la muerte -de Juan en toda la complejidad del concepto dogmático de<span class="pagenum"><a name="Page_414" id="Page_414">[414]</a></span> -Juan. La muerte del Juan cuya causa constato, no es la del -Juan padre de familia, o del Juan persona honesta, o del Juan -versado en conocimientos astronómicos, sino simplemente del -Juan cuyo sistema circulatorio depende de la integridad de -su corazón. El Juan de cuya muerte constato la causa es el -Juan organismo vital con un sistema circulatorio determinado. -Y en la constatación de la muerte de Juan hago más -que constatar la causa de su muerte, porque afirmo la causa -de la destrucción de los organismos construídos sobre el tipo -del que él presenta. No es la causa de la destrucción del organismo -de Juan en cuanto es de Juan, sino la destrucción -de un organismo de un tipo determinado. Ahora bien; cuando -generalizamos procedemos de la misma manera al referirnos -a los demás hombres. Al decir que los demás hombres morirán -si se les hiere en el corazón, no pensamos ni en la extensión -del concepto hombre, ni en todas sus diversas características -que determinan su comprensión. No es al hombre en cuanto -racional que se generaliza, no es al hombre en cuanto animal -que prepara su comida, que pensamos, sino al hombre organismo -de tal tipo. Ahora bien; como en la comprobación de la -muerte de Juan sólo hemos visto al organismo de tal tipo, al -afirmar en general no hacemos sino decir lo que hemos constatado -en particular, es decir, que el organismo de tal tipo -muere si se le hiere en el corazón.</p> - -<p>Así es como el principio de identidad es el fundamento -que legitima la inducción, de la misma manera que legitima -las otras formas del razonamiento. Por eso hemos dicho, al -ocuparnos del razonamiento crítico, que éste es único en sus -tres formas: matemática, inductiva y deductiva. Razonar es -sustituir términos idénticos. En el razonamiento matemático -la identidad se manifiesta en la igualdad de los términos; en -el razonamiento deductivo aparece oculta en la subordinación -de la especie al género; en el razonamiento inductivo hay que -desentrañarla en la determinación de la causa.</p> - -<p>La determinación de la causa justifica, pues, la inducción -en cuanto permite fundarla en el principio de identidad.</p> - -<p>La determinación de la causa es así fundamental para legitimar -la inducción. Y la legitimidad de la inducción supone -en consecuencia la posibilidad de determinar la causa. Si no -se pudiesen determinar las causas de las cosas, la inducción no -sería posible, y no podríamos aceptar las generalizaciones fundadas -en ella, es decir, casi todas las leyes de la naturaleza.</p> - -<p>De ahí la importancia que tiene para la ciencia la discusión -acerca de la existencia de las causas y de la posibilidad -de determinarla.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_415" id="Page_415">[415]</a></span></p> - -<h3>III.—<span class="smcap">La causa como principio crítico</span></h3> - -<p>Causa, en lenguaje corriente, es una cosa o un hecho -cuya presencia o ausencia impone la presencia o ausencia de -otra cosa o hecho que se llama efecto. La idea de causa implica -la de acción o eficiencia de la causa sobre el efecto. Pero la -noción de causa no es sensible. Vemos sucesiones; mas no -la acción del antecedente sobre el consecuente. La noción de -causa tampoco es inteligible. Tiene contradicciones intrínsecas -que no es posible resolver. La causa es un concepto relativo. -No se concibe la causa sin efecto. Pero si es relativa le está -en cierta manera subordinada, y en este caso ¿cómo hablar de -dependencia del efecto a la causa? Por otra parte la causa -no se puede concebir ni como anterior ni como coetánea del -efecto. Si desapareciera antes de producirse el efecto, no existiría -la acción de la causa sobre el efecto; pero, si fueran -coetáneos, ¿cómo determinar la causa?; ¿quién sería el que -acciona a quién?</p> - -<p>La afirmación del concepto de causa, como concepto real, -ofrece obstáculos al parecer insuperables, y las ciencias, a fin -de no cargar con concepto tan difícil de justificar, tienden -a eliminar su uso y a sustituirlo por otros que, desempeñando -las mismas funciones, no presenten tan graves dificultades. -Y así es como renunciando a la investigación de las causas -primeras de las cosas, ven un sustitutivo en los conceptos de -función y energía.<a name="FNanchor_22" id="FNanchor_22"></a><a href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a></p> - -<p>La noción de causa como concepto real, es difícil de defender, -y si la lógica inductiva tuviese que esperar que terminaran -las disputas a que ha dado lugar su aceptación, para -poder constituirse, deberíamos decir con S. Mill que sería de -desesperar el poder adoptar una buena teoría de la inducción. -Salvo que dijéramos, también con Mill, que afortunadamente -la ciencia de la investigación de la Verdad por la vía -de la Prueba, es independiente de las controversias que perturban -la ciencia del espíritu humano, y que no es necesario -proseguir el análisis de los fenómenos intelectuales hasta ese -último límite que sólo puede contentar a un metafísico.</p> - -<p>Pero no creo que sea necesario cortar la dificultad como -lo hace Mill a la manera de Alejandro el nudo gordiano. La -noción de causa como concepto real ofrece evidentemente dificultades -insuperables. Pero creo que procediendo pragmáticamente -se puede orillar la dificultad en la teoría de la inducción. -Y para esto tenemos que hacer una distinción análoga a<span class="pagenum"><a name="Page_416" id="Page_416">[416]</a></span> -la que hicimos al considerar los principios generales de todo -razonamiento, los de identidad y de contradicción. En éstos -distinguimos el principio crítico del concepto real. Y en la -causa tenemos que hacer igual distinción. Una cosa es el concepto -metafísico de la causa realizada en los objetos y otra -cosa es el principio crítico fundamento de la inducción.</p> - -<p>La causa como principio crítico es la necesidad subjetiva -de afirmar la relación de causalidad entre dos fenómenos, necesidad -que se funda en el postulado del determinismo universal -por una parte y en la imposibilidad por la otra de referir -la producción del fenómeno a otro antecedente que no -sea el que calificamos de causa. Como principio crítico sólo -tiene valor subjetivo, a diferencia del concepto real que afirma -la existencia de la correlación. Como principio crítico tiene -sólo un valor instrumental. Y este valor dependerá de su eficacia. -La afirmación de la causa tiene el mismo valor instrumental -que la afirmación de la identidad y de la contradicción -en los razonamientos. Estos, como conceptos reales, ofrecen -los mismos inconvenientes. Lo sensible no ofrece ejemplos ni -de identidades ni de contradicciones, e inteligiblemente son -también inconcebibles; pero tienen valor instrumental, y en -este sentido son eficaces, y por eso los afirmamos. Esto que -para nosotros los escépticos no presenta dificultades, naturalmente -no puede ser admitido por un dogmático.</p> - -<p>La noción de causa, como la de identidad y de contradicción, -vale como principio crítico; pero a diferencia de aquellos -principios que se afirman intuitivamente, la noción de -causa supone una inferencia. La necesidad en que se encuentra -el espíritu humano de afirmar la relación causal entre dos -fenómenos, proviene de la imposibilidad de explicar en otra -forma la sucesión o la coexistencia entre ellos. La relación -causal no está dada en la observación, a diferencia de la identidad -y de la contradicción. La contradicción de que un negro -sea blanco es intuitiva, como lo es la identidad del color de -las diversas partes de una pared blanca. Pero la constatación -de una relación causal nunca puede resultar de la intuición -sensible. La relación causal no es perceptible. Es imposible -ver la acción de una cosa sobre la otra: “por ejemplo, la acción -de una billa sobre la otra; la acción de la luna sobre el -mar. Hume lo ha demostrado, y nadie lo ha contradicho. Así, -pues, la observación no puede constatar la causa; aunque tuviéramos -los ojos de Argos o microscopios que aumentaran un -millón de veces, no se vería a este respecto más de lo que -vemos” (Rabier).</p> - -<p>La afirmación causal es el producto de una inferencia. -Si dos hechos se suceden de modo que la aparición de uno<span class="pagenum"><a name="Page_417" id="Page_417">[417]</a></span> -determina la del otro y no viceversa, y si entre ellos no se -interponen otros hechos u otras cosas, sentimos la necesidad -de afirmar la relación causal, la que se funda así: 1.ᵒ en la -existencia de un presupuesto: el de que los hechos no se producen -sin causa; y 2.ᵒ en una constatación: la de que no existen -otros antecedentes que el que se afirma como causa.</p> - -<p>La noción de causa como principio crítico sólo afirma un -estado subjetivo, lo mismo que el principio de identidad y de -contradicción. Pero, a diferencia, de éstos, que se fundan intuitivamente, -la noción de causa supone una inferencia que la -afirme, fundada en un postulado invariable que es el principio -de causalidad o determinismo universal, y en una constatación -de hecho, la de la ausencia de otros antecedentes, es -decir la coincidencia solitaria de la causa con el efecto. El -valor de la afirmación de una causa depende, por lo tanto, del -valor del postulado y de la legitimidad de la constatación. -Veamos, pues, el valor del principio de la casualidad primero, -y luego determinemos la manera de proceder para establecer -la coincidencia solitaria entre los dos fenómenos.</p> - -<h3>IV.—<span class="smcap">El principio de causalidad como postulado de la -inferencia causal</span></h3> - -<p>El determinismo universal es un postulado crítico, un -principio del razonamiento real, como el principio de identidad -y el de contradicción lo son de todo razonamiento, tanto -real como ideal. La ciencia de lo real no sería posible si se -negara el principio de causalidad, porque este es el fundamento -de la afirmación de la causa, y la determinación de la -causa es el fundamento de la inducción. Renunciar a él sería -renunciar a la crítica científica en materia de conocimientos -reales y afirmar el derecho a la arbitrariedad.</p> - -<p>Esa es su función lógica. Tiene, además, una función psicológica: -es uno de los fundamentos y el que da direcciones -principales a la curiosidad humana. La creencia de que todas -las cosas tienen una causa es lo que impulsa el pensamiento -del hombre. A ella obedece inconscientemente el salvaje, cuando -supone un genio en cada objeto para explicar sus cambios -y movimientos. El conocimiento de ciertas fuerzas naturales -y la reducción consiguiente de los fenómenos, limita la intervención -de los espíritus y nace el politeísmo. La concepción -de la posibilidad de un principio universal de la naturaleza, -evita la necesidad de la diversidad de dioses para su explicación -y la noción de Dios se conserva como la de un primer -motor, en la argumentación de los teístas contra los sabios -materialistas que aun no han podido determinar la causa primera<span class="pagenum"><a name="Page_418" id="Page_418">[418]</a></span> -que podría suplirlo. Y lo mismo que en esta dirección -general de la ciencia, en las cuestiones particulares siempre -es el sentimiento del determinismo, de la creencia en la existencia -de una causa, lo que impulsa las investigaciones.</p> - -<p>La función de este principio es así enorme en las ciencias. -Para nosotros los escépticos es un postulado, como lo son -los principios de identidad y de contradicción. Y la legitimidad -de su afirmación resulta de su valor instrumental. La -ciencia lo exige, y la utilidad de la ciencia para el hombre es -lo que en definitiva le da razón de ser. La utilidad de la ciencia -justifica así el principio en que ella se funda y determina -a su vez los límites de su legitimidad. La ciencia ha demostrado -su utilidad en la explicación de nuestra experiencia, y -dentro de este límite, en consecuencia, el principio de causalidad -se justifica; pero, si pretendiera franquearlo, nuestro escepticismo -tendría que detenerlo. Su legitimación en el campo -de la metafísica requeriría la previa determinación de la -utilidad de las soluciones que hubiese permitido alcanzar.</p> - -<p>La aceptación del carácter axiomático o de presupuesto -con que podemos afirmarlo los escépticos, no es compatible -con el punto de vista dogmático, porque ese principio no tiene -los caracteres de las verdades axiomáticas, ni siquiera la evidencia -requerida para poder afirmarlo como postulado. De -no probarse la verdad del principio, habría que afirmar su carácter -hipotético; pero esto sería dar razón al escepticismo, -ya que ese carácter hipotético se extendería a toda la ciencia -de lo real, que no podría tener más valor que el que tiene su -fundamento. Por eso es que los dogmáticos se han esforzado -en fundar la legitimidad del principio de causalidad universal; -pero sólo han conseguido dar explicaciones psicológicas. -Los empiristas pretenden que el fundamento del principio está -en la experiencia. Pero es fácil demostrar que la experiencia -nunca nos ha puesto en presencia de la <i>necesidad</i> que -implica el principio de causalidad. Hume lo ha probado. La -experiencia sólo nos presenta sucesiones; pero no da cuenta -de la necesidad de la sucesión. Empíricamente, sólo se puede -explicar el sentimiento de espera del efecto, por la costumbre -de ver unidos los dos fenómenos. Pero esa costumbre, como -lo ha demostrado Kant, no puede justificar la seguridad de -la espera. De que siempre un fenómeno haya seguido a otro, -no se puede concluir que siempre lo tenga que seguir. Por -eso Kant pretende justificar el principio en otra forma. También -buscan los empiristas un fundamento genético; pero -no en la materia de la experiencia sino en la constitución del -espíritu humano. El principio de causalidad es un principio -a priori del entendimiento. Forma parte de la constitución<span class="pagenum"><a name="Page_419" id="Page_419">[419]</a></span> -mental, y en consecuencia no se puede hacer de menos que ver -las cosas a través de esta categoría fundamental. Pero la explicación -de Kant no sólo no justifica el valor objetivo del -principio sino que para no postular el principio de causalidad -tiene que postular la constitución del espíritu humano. Es -querer desalojar una hipótesis con otra hipótesis, y sustituir a -una dificultad otra mayor. Como lo dice Rabier, en la exposición -clara e interesante que hace de esta cuestión, sólo el -idealismo absoluto podría dar certeza dogmática a este principio; -pero ¿en dónde estarían las pruebas del idealismo absoluto?</p> - -<p>Las dificultades con que tropieza el dogmatismo para -querer fundar el principio de causalidad, no lo son para el -escéptico. Este se atiene a sus propias fuerzas y no pretende -sobrepasarse. Sabe que la certeza está fuera de nuestro alcance -y modestamente se satisface con aquello a que nuestras -fuerzas llegan. La verdad dogmática nos está vedada, y se resigna -a conseguir conocimientos útiles para la dirección de -nuestra conducta. El principio de causalidad ha hecho sus -armas y la utilidad de su aplicación en la investigación científica -es fundamento suficiente para que le reconozcamos en -su carácter de principio director de la ciencia. Tiene toda -la verdad que nuestro escepticismo reconoce: su utilidad repetidamente -constatada y jamás desmentida en la dirección -de la crítica y de la investigación científica.</p> - -<p>Pragmáticamente el principio de causalidad se legitima -por su valor instrumental, y se justifica en definitiva por el -valor de la ciencia para la dirección de la conducta. Tal es -el fundamento de la base invariable en que se funda la determinación -de la causa. Pasemos a considerar la manera como -se determina la segunda base de la inferencia de la causa: -la determinación de la coincidencia solitaria entre el antecedente -y el consecuente.</p> - -<h3>V.—<span class="smcap">La constatación de la coincidencia solitaria como base -experimental de la inferencia causal</span></h3> - -<p>La segunda condición para poder inferir una relación de -causalidad en la sucesión o coincidencia de dos fenómenos es -la imposibilidad de que el efecto tenga otro antecedente. Pero, -¿cómo se puede fundar la coincidencia solitaria entre los dos -fenómenos?</p> - -<p>Si los fenómenos, dice Rabier, se presentaran en una sucesión -lineal, siguiendo cada secuente a un solo antecedente, -la relación de causalidad resultaría de esa coincidencia solitaria. -Pero es el caso de que en la experiencia la sucesión<span class="pagenum"><a name="Page_420" id="Page_420">[420]</a></span> -de los fenómenos nunca se nos aparece así. Suelen aparecer -antecedentes y consecuentes confundidos en masas conjuntas, -sin que podamos decir en qué relación individual se encuentran -unos con otros.</p> - -<p>A pesar de esto, dice también Rabier, sería con todo posible -realizar experimentalmente la coincidencia solitaria, si -siendo todopoderosos como el Creador, nos fuese posible realizar -en algún rincón del universo una especie de vacío absoluto -impenetrable a toda influencia de las partes adjuntas a -los fenómenos: podríamos excluir todos los antecedentes a los -que no siguiera la aparición del fenómeno; pues, en ese caso -habríamos realizado la coincidencia solitaria.</p> - -<p>Pero esto tampoco es posible realizarlo. La realización -experimental de la coincidencia solitaria es imposible. No es -posible aislar todos los antecedentes y todos los consecuentes. -Hay antecedentes variables que es posible excluir; pero, hay -antecedentes invariables que no es posible modificar, ni excluir. -Y entre estos antecedentes invariables algunos son causas -permanentes, otros son simplemente efectos de la coligación -de causas, otros son efectos de la misma causa que produjo -al consecuente, y por último entre esos antecedentes suele -haber causas concurrentes del consecuente.</p> - -<p>No es mi propósito hacer una exposición de la lógica inductiva -que no tendría razón de ser, ya que nada tengo que -agregar y muy poco que rectificar a lo que S. Mill ha expuesto -en su tratado de Lógica. No tengo más propósito que hacer -resaltar su sentido, que no siempre aparece suficientemente -definido, y sobre todo indicar la posición que ocupa en la teoría -de la ciencia que he expuesto en artículos anteriores de -esta Revista. Dado mi propósito es hasta conveniente que no -me detenga en los detalles y de que pase superficialmente una -mirada de conjunto sobre el asunto que voy considerando. Por -eso en este lugar me refiero al interesante capítulo de S. Mill -sobre la determinación de las causas. Aquí me reduzco a afirmar -la imposibilidad de realizar experimentalmente la coincidencia -solitaria.</p> - -<p>No es posible realizar experimentalmente la coincidencia -solitaria. ¿Quiere esto decir que la determinación de las causas -de las cosas no sea posible? Esa sería la solución a que deberíamos -llegar si el espíritu humano no hubiera encontrado el -medio de salvar esa imposibilidad. Ha sido gloria de Bacon -encontrarlo: “Cierto es que no es posible ni separar ni unir -por el fuego de la naturaleza; pero, sí lo es con la mente que -es como fuego divino”. No es posible excluir los antecedentes -experimentalmente; pero, la fuerza de la lógica lo puede -realizar. La coincidencia solitaria se determina idealmente.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_421" id="Page_421">[421]</a></span></p> - -<p>¿Pero, como se ha podido alcanzar ese resultado? ¿Cómo -es posible realizar idealmente lo que no se puede hacer experimentalmente? -Ese resultado se alcanza por medio de los llamados -métodos experimentales para determinar la causa, que -concebidos por Bacon, han sido definitivamente determinados -por S. Mill.</p> - -<p>Estos métodos son cinco: el de concordancia, el de diferencia, -el método combinado de concordancia y diferencia, el -de resíduo y el de variaciones concomitantes.</p> - -<p>La aplicación de estos métodos supone la previa determinación -de los antecedentes y de los secuentes. Se basa en las -tablas de presencia y de ausencia. Cuando se trata de determinar -la causa de un fenómeno, hay que empezar por observar -las condiciones de su producción y anotar cuidadosamente -todos los antecedentes. Y de la misma manera respecto de los -diversos antecedentes, observar y anotar los consecuentes. -Esas observaciones permiten determinar los casos de presencia -y de ausencia de los diversos antecedentes y de los diversos -consecuentes.</p> - -<p>Hechas esas tablas es posible ver en ellas por la aplicación -de los métodos experimentales la coincidencia solitaria. Lo -que no se podía realizar experimentalmente, es decir, la separación -de los antecedentes y secuentes, se puede conseguir -idealmente, eliminando los antecedentes que en las tablas de -presencia, muestran que pueden estar ausentes o no variar, -cuando el fenómeno secuente existe o varía, o bien, que pueden -haber estado presentes o variado cuando el fenómeno no -se ha producido o no ha variado. En cualquiera de esos casos -se vé evidentemente la falta de coincidencia entre los fenómenos, -y en consecuencia, quedan eliminados.</p> - -<p>Ahora bien; si en ese proceso eliminatorio resulta un antecedente -que no se puede eliminar, que siempre ha estado -presente cuando el fenómeno se ha producido y que ha estado -ausente en los casos en que el secuente no ha existido, se -dice que la concordancia de ausencia y de presencia demuestra -que ese es el único antecedente que puede ser causa del -fenómeno secuente. Taine trae el siguiente ejemplo: Se trata -de determinar la causa del sonido. Se observa los casos en -que un oído normal percibe sonidos. El sonido puede producirse -con una campana, con una cuerda que se hace vibrar, -con un tambor que se golpea, con un clarín en el que se sopla, -con la boca y los pulmones en la voz humana. En esas diversas -observaciones lo único que permanece constante es la -vibración de un cuerpo sonoro que se propaga a través de un -medio hasta llegar al aparato auditivo. Esta vibración transmitida -es el antecedente buscado.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_422" id="Page_422">[422]</a></span></p> - -<p>Por el método de diferencia se llega al mismo resultado -procediendo no, como en el método anterior, por eliminación -sucesiva de los antecedentes no causales, sino por eliminación -conjunta de todos los antecedentes no causales, de la siguiente -manera: Se observa que todos los antecedentes que existían -antes de producirse el fenómeno siguen subsistiendo en el -momento de su producción, excepción hecha de uno que se ha -agregado o que se ha quitado. Si los antecedentes presentes -en el momento de la aparición del fenómeno existieron con -anterioridad sin producirlo, demuestra esto, que no son la -causa del fenómeno, y eliminados solo queda como antecedente -solitario el fenómeno agregado o suprimido. Por ejemplo el -que camina tranquilamente por la calle y cae muerto por un -balazo, la coincidencia solitaria entre la muerte y el balazo -resulta de la consideración de que todos los antecedentes que -acompañaron al balazo, existían el segundo anterior en que -se produjese el hecho, y que en consecuencia no pueden haber -sido la causa de la muerte, puesto que en ese segundo anterior -no la habían producido.</p> - -<p>Los otros métodos, el combinado de concordancia y diferencia, -el de variaciones concomitantes, y el de residuos, son -simples aplicaciones de los principios de estos dos métodos. El -método combinado es la realización del principio del de diferencia -por la doble aplicación del método de concordancia a -los casos positivos y negativos. Si en todos las reuniones en -que interviene Juan siempre hay discusiones violentas, variando -la composición de las personas, por una primera concordancia -Juan aparece como el antecedente invariable. Una segunda -concordancia de la que resultara que todas esas personas -han intervenido en otras reuniones sin que haya habido -discusiones violentas, en las que Juan no ha estado, permitiría -concluir, realizando el principio del método de diferencia, -que la única diferencia entre todos esos casos está en la presencia -o la ausencia de Juan. El método de variaciones concomitantes, -no es más que una modalidad de los métodos de -concordancia y de diferencia. La modalidad consiste en que -la concordancia y la diferencia se determinan, no en la presencia -y ausencia de los fenómenos, sino en la concomitancia -de sus variaciones. Todo cuerpo tiene calor. La dilatación de -los cuerpos por el calor no se podría determinar si hubiese de -compararse la dilatación en cuerpos que tienen y en cuerpos -que no tienen calor. Pero, se puede observar la influencia del -aumento y de la disminución de la temperatura en la dilatación -de los cuerpos. El método de residuos no es más que la -aplicación del principio del de diferencia. Es la eliminación -de los antecedentes cuyos efectos se conocen, y la atribución<span class="pagenum"><a name="Page_423" id="Page_423">[423]</a></span> -de un efecto dado, al único antecedente que queda y cuyos -efectos no se conocen. Si hay objetos construídos por cuatro -obreros y puedo individualizar los objetos construídos por tres -de ellos, los demás son los que ha construído el cuarto obrero.</p> - -<p>Estos diversos métodos suponen, si son la aplicación del -principio de concordancia, que se han podido determinar todos -los antecedentes. Porque si no se hubiesen determinado -todos los antecedentes, podría ser que el antecedente no considerado -fuera la causa del fenómeno, y que la relación invariable -que se ha constatado entre los fenómenos fuera debida -simplemente a que son efectos de una misma causa o bien -el resultado de la coligación primitiva de sus causas. El día -y la noche son efectos de una misma causa: el movimiento -de la tierra. El ignorante que prescinde de este antecedente -podría ver en la sucesión del día a la noche una relación de -causalidad. La coligación de causas primitivas podría ser la -razón de que los negros sean motudos. La convicción íntima -de que no conocemos todos los antecedentes que pueden influir -en la producción de esos caracteres somáticos, a pesar de -la invariabilidad de la relación, nos impide afirmar de que -entre ellos pueda haber relación de causalidad.</p> - -<p>Y si son la aplicación del principio del método de diferencia -los diversos métodos suponen la imposibilidad de que -con la introducción o la exclusión del antecedente considerado, -no se haya introducido o excluído otro antecedente. Para poder -afirmar que la causa de la muerte del transeunte ha sido -el balazo que lo ha herido, sería necesario poder afirmar con -toda seguridad de que en el momento en que la bala iba a -entrar en el corazón no sufrió un ataque de apoplejía. La ignorancia -del peso del aire, dice Rabier, había hecho explicar -la ascensión del agua en las bombas por el horror al vacío.</p> - -<p>Ahora bien; no es posible tener la seguridad que los principios -de esos métodos exige. No es posible tener la seguridad -en el caso del método de concordancia, de haber tenido en -cuenta todos los antecedentes del fenómeno. Y en el caso del -método de diferencia no es posible tener la seguridad absoluta -de que con el antecedente considerado no se haya agregado o -suprimido inconscientemente, algún otro antecedente, como en -el caso de la explicación de la ascensión del agua en las bombas.</p> - -<p>Y he ahí una nueva razón de dudar del valor dogmático -de las generalizaciones mejor fundadas. Suponiendo resueltas -las objeciones que se refieren al fundamento de la inducción -tropezaríamos en esta consideración con una objeción insalvable, -y de proceder dogmáticamente tendríamos que negar<span class="pagenum"><a name="Page_424" id="Page_424">[424]</a></span> -valor a la ciencia de lo real, a la única ciencia que puede tener -valor propio.</p> - -<p>Pero siendo escépticos podemos aceptar los fundamentos -psicológicos que se dan para salvar la dificultad. La repetición -de la experiencia un número suficiente de veces llega a -eliminar la <i>probabilidad</i> de que pueda existir otro antecedente, -además de los considerados, por lo que se refiere al método -de concordancia, y la improbabilidad de que hayan intervenido -otros antecedentes con el considerado en el método de diferencia -cuando se toman ciertas precauciones en las experiencias. -Por ejemplo en la muerte por asfixia de un pájaro -colocado en una campana de vidrio, la rapidez de la introducción -del gas venenoso en la experiencia, aleja la sospecha de -que pueda haber intervenido otro antecedente en la muerte del -animal.</p> - -<p>La determinación de la coincidencia solitaria que ha de -permitir la inferencia de la causa, no tiene, pues, más fundamento -que la <i>probabilidad</i>, concepto puramente subjetivo que -a un espíritu dogmático consecuente tendría que llevarlo a la -negación de la ciencia.</p> - -<p>Pero no es esta la única dificultad para la determinación -de las causas de los fenómenos. Hasta ahora hemos supuesto -el caso de fenómenos cuya causa es única; pero esto no es lo -común. Lo corriente es el caso de pluralidad de causas. Y -cuando esto sucede no siempre es posible la aplicación de los -métodos anteriormente mencionados, y cuando es posible su -aplicación requiere precauciones especiales.</p> - -<p>Cuando un fenómeno es producido por diversas causas, -para saber si los métodos empíricos son aplicables hay que -distinguir el caso de causas que producen separadamente sus -efectos de aquellos en que se combinan para producirlos. Un -ejemplo de lo primero sería la determinación de las causas -de la producción del agua.</p> - -<p>La determinación de las causas cuando obran separadamente -es relativamente sencilla. Se aplican los métodos anteriormente -indicados. Se hace la comprobación para cada una -de las causas como si fueran causas únicas en grupos de fenómenos -en que no intervengan las otras causas. O bien se hace -en el curso de observaciones en que desfilen todas las causas. -Resultará en este segundo caso que nunca se encontrará en -las observaciones el antecedente invariable, porque todas las -causas pueden faltar sucesivamente, siempre que alguna de -ellas esté presente. Pero, con todo, después de cierto número -de observaciones, se encontrará que si bien todos los antecedentes -pueden variar, sólo pueden variar dentro de ciertos límites: -el fenómeno no se produce si faltan todos los de cierto<span class="pagenum"><a name="Page_425" id="Page_425">[425]</a></span> -grupo de antecedentes. Si alguno de ellos existe se produce -el fenómeno, aunque falten los demás; pero, si todos faltan, el -fenómeno no se produce.</p> - -<p>Mas complicado es determinar las causas cuando éstas se -combinan para producir el efecto. Se pueden presentar dos -casos. O las causas se combinan en forma tal que el efecto es -algo nuevo, completamente distinto de sus causas: un nuevo -fenómeno con leyes propias, como sucede en la combinación -del oxígeno y del hidrógeno para producir el agua; o bien es -algo en que la individualidad de las causas no desaparece, y -en el producto en consecuencia sigue subsistiendo la ley de -sus causas, por ejemplo el movimiento combinado de dos -fuerzas.</p> - -<p>No es mi propósito hacer la exposición de la lógica inductiva, -como ya lo he dicho, sino determinar su sentido y exponer -sus líneas más generales para facilitar la lectura de los -tratados. Por eso me reduciré en este punto a llamar la atención -sobre las indicaciones que en esas lecturas se encontrarán -respecto a la manera como se determina las causas.</p> - -<p>Cuando se trata de determinar las causas que producen -efectos que son fenómenos distintos a sus causas, hay que distinguir -si el fenómeno es reversible a sus causas o no lo es. -El agua es reversible a sus elementos. La vejez no es reversible -a las causas que la han producido. Si las causas son reversibles, -la determinación de las causas se reduce a la determinación -de los efectos. Los efectos de oxidación del hierro -por el agua permiten la separación de los elementos constitutivos -del agua. Pero, si no son reversibles, la determinación -de sus causas es más difícil. Para hacerlo hay que proceder -como en el caso de la combinación de causas en el que éstas -no pierden su individualidad: Las causas de la vejez se determinan -por el mismo procedimiento que las causas de un movimiento -combinado.</p> - -<p>Ahora bien; en estos últimos casos se procede de la siguiente -manera. Si se sospecha que las causas de un fenómeno -pueden ser tales o cuales, se formula la hipótesis de sus -causas, y luego se procede: 1.ᵒ, a determinar los efectos de -cada una de esas causas; 2.ᵒ, a calcular el efecto posible de la -combinación; 3.ᵒ, a la verificación experimental del cálculo. -Son los tres momentos de lo que se llama el método deductivo -experimental, y que es el más corriente en las ciencias, y el -único aplicable en ciertos ramos del conocimiento humano. -Es el método obligado en las ciencias biológicas, psíquicas y -sociales.</p> - -<p>Naturalmente, la determinación de las causas por estos -diversos métodos de uso obligado cuando se trata de pluralidad<span class="pagenum"><a name="Page_426" id="Page_426">[426]</a></span> -de causas, está lejos de presentar la seguridad que ofrecen -los métodos experimentales que determinan las causas -únicas. Por eso para juzgar del valor de las generalizaciones -fundadas en la aplicación de los métodos inductivos tenemos -que referirlo al de sus métodos más precisos.</p> - -<p>Ahora bien; de todo lo dicho, podemos concluir que si fuera -posible la aplicación lógica de los principios a que responden -los diversos métodos experimentales, la determinación de -la coincidencia solitaria sería perfecta; pero, como de hecho -nunca se puede tener la seguridad, en los casos en que se aplica -el método de concordancia, de haber considerado todos los -antecedentes, la fe que se puede tener en los resultados de su -aplicación queda quebrantada. Y por lo que se refiere a la -aplicación del método de diferencia, no se puede eliminar la -imposibilidad de la introducción o extracción de otros elementos -conjuntamente con la causa considerada.</p> - -<p>Nuestro escepticismo vuelve, pues, a encontrar nuevos motivos -de duda, y un dogmático no podría dejar de reconocer -que la fe concedida al resultado de los métodos experimentales -se funda más en motivos psicológicos que en fundamentos -lógicos.</p> - -<p>Y con esto podríamos dar por terminada la exposición de -la lógica inductiva, refiriéndonos para el conocimiento de sus -detalles a la obra fundamental de S. Mill; pero habríamos dejado -de considerar uno de sus aspectos más interesantes: el -de las generalizaciones inductivas que suponen la ignorancia -de las causas de los hechos particulares que las fundan; me -refiero a la teoría de las leyes empíricas no causales, las leyes -empíricas propiamente dichas.</p> - -<h3>VI.—<span class="smcap">Leyes empíricas</span></h3> - -<p>Las leyes empíricas son, como las leyes causales, generalizaciones -inductivas; pero se distinguen de éstas en que no se -fundan en el conocimiento de la causa de los hechos, sino en -su suposición.</p> - -<p>A las leyes empíricas se las suele definir diciendo que son -aquéllas leyes que no se dejan reducir a otras; pero, que se -suponen reductibles.</p> - -<p>Esa definición de las leyes empíricas tiene en vista no la -verificación, sino la explicación de esas leyes. Sabemos que -no es lo mismo verificar que explicar. Para un hecho concreto, -explicarlo es reducirlo a su ley. Lo que explica la temperatura -de 100° que tiene el vapor de agua que sale de la cacerola, -es la ley de la ebullición del agua a la presión de la altura -del mar. De la misma manera explicar una ley es reducir<span class="pagenum"><a name="Page_427" id="Page_427">[427]</a></span> -esa ley a una ley más general. La ley de la gravedad -terrestre no es más que un caso de la ley de la atracción universal. -Esta explica a la primera.</p> - -<p>Las leyes primitivas, las que explican a las otras, no pueden -ser explicadas por otras; pero, como no son reductibles, -no se les llama empíricas. Se llaman empíricas las que no son -reductibles; pero que se supone que han de llegar a serlo.</p> - -<p>Ahora bien; entre esas leyes empíricas hay algunas que -son causales, por ejemplo la fórmula de la composición del -agua. Es empírica, porque suponemos que debe existir una -causa que, sirviendo como de eslabón en la explicación, exprese -el por qué de la combinación del oxígeno y del hidrógeno. Pero, -con ser empírica esta ley, se afirma universalmente, para -cualquier tiempo y cualquier lugar, porque hemos determinado -la relación causal del agua con la combinación de sus -elementos. Pero existen otras leyes empíricas que no se afirman -en el conocimiento de las causas, sino simplemente en la -observación constantemente repetida. Sabemos que las razas -animales y vegetales mejoran por cruzamiento; pero es una -afirmación empírica cuya causa desconocemos. No conociendo -la causa de los hechos, cuya repetición hemos podido constatar, -como no nos es posible distinguir, entre los diversos antecedentes -que suelen acompañar la producción de los fenómenos, -cuáles pueden ser excluídos y cuáles no, sólo nos permitimos -afirmar como ley la observación constantemente repetida -dentro de las condiciones generales que suelen rodear -a la experiencia.</p> - -<p>Desde el punto de vista de la crítica del conocimiento, no -interesa la consideración de las leyes empíricas causales, pues -reúnen todos los requisitos a que debe responder una inducción -legítima. Pero no sucede lo mismo con las leyes empíricas -propiamente dichas, con las que no son causales. Cierto -es que la generalización la afirmamos dentro de los límites -de las condiciones en que se han realizado las experiencias; -pero, aunque sólo se afirmen dentro de esos límites, ¿qué es -lo que puede legitimar la generalización, si la generalización -inductiva sólo la hemos podido fundar en el conocimiento de -las causas de los fenómenos particulares?</p> - -<h3>VII.—<span class="smcap">Fundamento y determinación de las leyes empíricas</span></h3> - -<p>El fundamento de la inducción en las leyes empíricas es -el mismo que el de las leyes causales: Siempre es la afirmación -de la causa lo que legitima la generalización; pero, mientras -que en las leyes causales la causa se designa, en las leyes -empíricas la causa se supone. No se puede determinar cuál<span class="pagenum"><a name="Page_428" id="Page_428">[428]</a></span> -sea la causa; pero se puede afirmar que la causa existe. La -aplicación de estas leyes es más reducida porque la causa no -se puede determinar, y por eso se limita la generalización a las -condiciones de tiempo y de lugar en que las experiencias se -han realizado; pero, dentro de estos límites, la ley se justifica. -Veamos cómo.</p> - -<p>El fundamento de las leyes empíricas es un fundamento -invertido. En las leyes causales la afirmación de la regularidad -se funda en el conocimiento de la causa. En las leyes -empíricas, al revés, lo que funda la suposición de la causa es -la regularidad. El conocimiento de la causa permite afirmar -la regularidad, porque la relación causal implica necesidad. -Pero, a su vez, la regularidad tiene que suponer una causa que -la explique, salvo que se admitiese la intervención del azar -en la repetición de los hechos. Y por lo tanto, si eliminamos la -posibilidad del azar en la coincidencia de dos fenómenos, ésta -sólo se puede explicar por la intervención de una causa. La -regularidad quedaría fundada, y la generalización, en consecuencia, -legitimada. Y así es como por la suposición de la causa, -constatada en la regularidad de la coincidencia, se justifica -la inducción de las leyes empíricas. La eliminación del -azar en la coincidencia de dos fenómenos es lo que legitima -la generalización de la ley empírica.</p> - -<p>Pero, ¿cómo eliminar la posibilidad del azar en la consideración -de la coincidencia de dos fenómenos? Tal es el problema -que plantea el fundamento de las leyes empíricas.</p> - -<p>Así como la idea de causa implica las de determinación y -necesidad, la de azar implica la indeterminación y la contingencia. -El azar sería la indeterminación y la contingencia. -El azar sería la indeterminación de los fenómenos, la posibilidad -de que acaezcan o no. Las cosas sucederían al azar si no -existiesen más motivos para que sucedieren en una forma o -en otra.</p> - -<p>¿Pero, la idea de azar así comprendida es admisible? La -afirmación del azar, como concepto real, ha dado lugar a las -mismas, sino a mayores dificultades, que la afirmación en el -mismo sentido de la causa. Así como se ha podido negar la -existencia de la causa, se puede negar la existencia del azar.</p> - -<p>Por lo pronto la idea de azar implica la negación del principio -de causalidad. Pero a su vez la noción de causa exige -la de azar sin la que no tendría sentido. Si no todas las coincidencias -son causales, es porque hay algunas que no lo son, -es decir, que son producto del azar. La afirmación del azar -como concepto real ofrece dificultades insalvables, y como la -noción de causa, y las de identidad y de contradicción, consideradas<span class="pagenum"><a name="Page_429" id="Page_429">[429]</a></span> -desde este punto de vista, son argumentos fundamentales -para el escepticismo.<a name="FNanchor_23" id="FNanchor_23"></a><a href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a></p> - -<p>Considerado como principio crítico, el azar es la indeterminación -en que se encuentra nuestro espíritu para afirmar, -debido a la falta de motivos. Como la noción de causa es un -concepto subjetivo, y es la negación de la causa. Expresa la -ausencia de motivos para creer en la regularidad de la relación -que hemos observado entre dos fenómenos. Y el fundamento -de su afirmación, pragmáticamente, es el mismo que el -de su concepto correlativo, el de causalidad: su valor instrumental. -Sin insistir sobre este punto, y determinado el valor -exclusivamente crítico que atribuímos a este término, veamos -cuáles son los fundamentos que pueden eliminar o que justifican -la eliminación del azar, es decir, la indeterminación de -nuestro espíritu en presencia de una coincidencia constante.</p> - -<p>Excluída la determinación de la causa ¿cuál sería el fundamento -que permitiría afirmar la regularidad? En la experiencia -vulgar la repetición constante de una relación cuando -es repetida y variada, se presenta como una prueba de la -regularidad; pero estas condiciones no son garantías suficientes -para un espíritu científico. Si un fenómeno existe -siempre y otro se produce accidentalmente, es forzoso que -coincidan constantemente en todas nuestras experiencias. Supongamos -el ejemplo que da Mill. Las estrellas fijas siempre -han coexistido con todos los hechos que han realizado los hombres. -No hay coincidencia más constante, repetida y variada. -Sin embargo, es imposible que haya entre los hechos y las estrellas -relación de causalidad, porque la coincidencia se mantiene -con hechos contradictorios. Por otra parte, si para nosotros -una coincidencia es fortuita, no habría más razón, para -que la coincidencia no se volviera a repetir, como para que se -repitiera indefinidamente. La coincidencia por constante y -repetida que sea, por sí sola no justifica la afirmación de -una regularidad.</p> - -<p>Pero, si no es la repetición de la coincidencia constante -lo que justifica la afirmación de la regularidad, ¿en qué puede -fundarse ésta?</p> - -<p>La ciencia no acepta la simple repetición como fundamento -de la generalización. La coincidencia entre dos fenómenos -debe ser tal, que la suposición de la causa sea obligada. No -basta que la repetición sea frecuente, es condición que esa -frecuencia sea mayor que la que debería <i>esperarse</i> entre ellas. -Una repetición constante—lo hemos visto en el ejemplo de las<span class="pagenum"><a name="Page_430" id="Page_430">[430]</a></span> -estrellas—no es fundamento para afirmar una regularidad. En -cambio una repetición no constante, pero que sea más frecuente -de lo que normalmente debería esperarse, puede serlo. -En Inglaterra llueve con todos los vientos, dice Mill; en este -sentido no se podría decir que haya relación de necesidad entre -la lluvia y un viento dado; pero la lluvia puede tener, con -todo, alguna relación causal con uno de los vientos. Pero, ¿cómo -se puede determinarlo? Evidentemente, hay que observar -si llueve más con un viento que con otro; pero, esta simple -constatación de la frecuencia no basta. Si llueve dos veces -más con el viento O. que con los otros vientos, esto no querrá -decir que hay relación de causalidad entre viento y la lluvia, -porque como en Inglaterra sopla dos veces más el viento O. -que los otros vientos, lo normal sería que lloviera dos veces -más con él que con los otros. Estaría esa relación en los términos -de la normalidad y en consecuencia no se podría hablar -de relación causal entre los dos fenómenos. Pero, si en vez -de llover dos veces más la frecuencia fuera mayor, deberíamos -reconocer que hay alguna causa común que tiende a producir -conjuntamente la lluvia y el viento del O., o bien, que -sea el viento mismo del O. que tienda a producir la lluvia.</p> - -<p>Como vemos, el fundamento de la ley empírica supone la -determinación de la normalidad de la frecuencia de los fenómenos. -La frecuencia <i>normal</i> de dos fenómenos no elimina la -posibilidad del azar; pero, la frecuencia <i>normal</i> nos obliga a -suponer la existencia de una causa.</p> - -<p>Ahora bien; la normalidad de la coincidencia se refiere a -la relación de frecuencia entre los fenómenos referida a una -unidad de medida. En el ejemplo propuesto esa unidad de -medida ha sido el año. Se observa cuántos días llueve en el -año con cada uno de los vientos, y se establece la proporción -numérica. Luego se hace lo mismo con la frecuencia de los -diversos vientos. La comparación de esas proporciones permite -establecer la normalidad.</p> - -<p>Pero, ¿por qué es que la <i>anormalidad</i> funda la afirmación -de la regularidad, y la <i>normalidad</i> es signo de que la repetición -no es causal? Y con esto llegamos al punto esencial -de nuestra exposición, a la determinación del fundamento íntimo -de las leyes empíricas.</p> - -<p>Hemos dicho que el azar supone la indeterminación. Y la -indeterminación nos impide atribuir más razón de ser a la -repetición de un fenómeno que a su no repetición. La coincidencia -constante es compatible con la idea de azar, pues no -hay más razón para que una cosa que se produce por azar no -se vuelva a reproducir, como para que se reproduzca indefinidamente. -Pero, si esto es así, ¿cómo se puede afirmar que la<span class="pagenum"><a name="Page_431" id="Page_431">[431]</a></span> -anormalidad de los fenómenos es fundamento de la existencia -de una causa, y que la anormalidad sea signo del azar? ¿No es -contradictorio hablar de normalidad a propósito de los hechos -que se producen al azar? ¿Esto no es asignarle leyes al azar? -¿Cómo es posible que el azar se manifieste en una forma regular, -si el azar supone la negación de toda regularidad?</p> - -<p>Si hubiéramos de habernos atenido a la concepción dogmática -del azar, y buscar analíticamente su eliminación, ésta -no hubiese sido posible, porque habría una contradicción insanable -entre el concepto del azar y las condiciones que requiere -su eliminación. Pero, la experiencia, siempre maestra, -ha puesto al espíritu humano en presencia de casos reales -sencillos que se acercan a la realización práctica de la noción -de azar, y le ha demostrado la regularidad de su funcionamiento, -permitiéndole descubrir experimentalmente las leyes -del azar.</p> - -<p>Estos casos reales sencillos son los que presentan los -diversos juegos de azar. En ellos se ha constatado empíricamente -la regularidad de los hechos que no tienen más razón -de ser en un sentido que en otro. Y por la observación se ha -llegado a descubrir que la regularidad del azar está determinada -por su posibilidad. Es por lo tanto la experiencia -la que ha permitido constatar que lo que no tiene más razón -de ser en un sentido que en otro, tiende a realizar todas sus -posibilidades. La posibilidad de que salgan los diversos números -en el juego de los dados es igual para todos. En consecuencia -todos tenderán a salir el mismo número de veces. -En una ruleta bien construída todos los números saldrán el -mismo número de veces.</p> - -<p>Así, pues, en esos casos sencillos, la experiencia ha demostrado -que la indeterminación de las causas tiende a realizar -todas las posibilidades. Pero, en cambio ha enseñado que -la presencia de un invariante, es decir, una causa, tiende a -reproducir una sola de las posibilidades. Si el dado ha sido -cargado o la ruleta adulterada, uno de los números tenderá -a salir con más frecuencia que los otros.</p> - -<p>Así es, como, fundados en la constatación experimental de -casos sencillos que parecen realizar todas las condiciones teóricas -del azar, se ha llegado a afirmar que la tendencia a reproducir -todas las posibilidades es una prueba de la fortuidad -de las diversas combinaciones, mientras que la tendencia -a reproducir una sola de las posibilidades es una prueba de -la presencia de una causa invariante.</p> - -<p>Tal es el fundamento de la ley empírica en la eliminación -del azar.</p> - -<p>Veamos ahora como se procede para la determinación de<span class="pagenum"><a name="Page_432" id="Page_432">[432]</a></span> -las posibilidades, ya que esto es fundamental para determinar -la normalidad que califica al azar.</p> - -<p>En ciertos casos es relativamente fácil determinar las posibilidades. -Cuando sólo hay dos bolas en una caja, la posibilidad -se reduce a la de extraer una de las dos bolas. Sólo son -posibles dos casos. La posibilidad de pronunciar una letra del -alfabeto es de 25. La posibilidad de que llueva durante un -año es de 0 a 365 días. Si, por lo tanto, se nota cierta limitación -y regularidad en las observaciones hechas durante varios -años, es que debe haber alguna causa que la determina. De -la misma manera la posibilidad de la mortalidad de personas -de 20 años en un país es de 0 al total de individuos de esa edad. -Por lo tanto, si el número no varía o se nota una correlación -entre su aumento y el de la mortalidad, se puede decir que -hay causas invariables que determinan el porcentaje de la -mortalidad. Pero, la posibilidad de posiciones con relación a -una recta son infinitas. En este caso cualquier repetición -sería anormal. De manera que cuanto más nos acerquemos a -lo infinito de las posibilidades, la repetición será tanto más -indicativa de una relación causal. Cuanto mayor sea el número -de las posibilidades, la repetición de las coincidencias -será más indicativa de la presencia de una invariante. Y por -lo tanto, cuanto mayor sea el número de las posibilidades, mayor -será la seguridad que resulta de la constatación de la regularidad. -El que procede con grandes números aumenta las -posibilidades, y cada repetición tiene más valor que cuando las -posibilidades son pocas. Que salga tres veces seguidas el as, no -es prueba de que esté falseado el dado; pero, si las observaciones -de tres años seguidos en un país de 100 millones de habitantes -dan la misma cifra de mortalidad, es una prueba de -causas invariantes.</p> - -<p>Hasta aquí nos hemos referido a la determinación de la -normalidad de un fenómeno por sí mismo; pero la regularidad -puede aparecer entre dos fenómenos. Por ejemplo la coincidencia -entre el viento y la lluvia de que antes hemos hablado. -La normalidad de las coincidencias se refiere siempre a -sus posibilidades, y la posibilidad de sus coincidencias la determina -la multiplicación de sus propias posibilidades. Si -llueve una vez cada tres días durante el año, y venta del oeste -cada dos, la posibilidad de su coincidencia la determina la -multiplicación de ½ por ⅓, esto es, ⅙. Por lo tanto si cada -seis días coinciden la lluvia y el viento del oeste, la coincidencia -es normal; pero, si fuera mayor tendríamos que concluir -en la existencia de una relación causal entre el viento del oeste -y la lluvia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_433" id="Page_433">[433]</a></span></p> - -<p>Tal es el procedimiento para determinar la normalidad -que permite fundar las inducciones de las leyes empíricas.</p> - -<p>Pero ese procedimiento no sólo tiene ese valor crítico. Al -estudiarlo S. Mill se refiere a casos en que es un verdadero -instrumento de investigación. Por él se llega a descubrir la -regularidad de causas ocultas cuando concurren numerosas -causas en la producción de ciertos fenómenos. Por ejemplo la -influencia constante del sol en la elevación de la temperatura -estival. Permite también descubrir fenómenos que escapan -a la observación. Por ejemplo la constatación de la regularidad -en la diversidad de temperatura durante el día, que sólo -se ha podido descubrir por medio de las estadísticas.</p> - -<h3>VIII.—<span class="smcap">Aplicación de las leyes empíricas</span></h3> - -<p>Hasta aquí he hablado del <i>fundamento</i> de las leyes empíricas -no causales. Pasemos a considerar las <i>previsiones</i> que -permiten.</p> - -<p>Esta distinción entre el fundamento y la aplicación de -las leyes empíricas no está bien establecida en la obra de S. -Mill, y es una de las causas que dificultan su lectura en esta -parte.</p> - -<p>Las leyes causales permiten previsiones absolutas. El conocimiento -de la causa permite la previsión absoluta del efecto. -Pero, en las leyes empíricas se ignora la causa. Sólo se -sabe que hay una causa, pero sin poder determinarla. Se sabe -que hay causas que hacen que durante el año llueva 90 días; -pero, ¿lloverá mañana? La ley se refiere al año, no a los días -del año.</p> - -<p>Si la ley fuera causal, podríamos saberlo porque conociendo -la causa, la respuesta dependería solamente de la determinación -de su presencia o de su ausencia. Pero, ¿en qué medida -podríamos aprovechar la ley empírica para el pronóstico? -La ley empírica sólo permite en este sentido afirmar probabilidades, -y sus aplicaciones se hacen por el cálculo de probabilidades.</p> - -<p>El cálculo de probabilidades se refiere así, no al fundamento -de la ley empírica, sino a sus aplicaciones particulares. -El cálculo de probabilidades sólo puede tener lugar si se conoce -la ley. Es necesario saber que la ley existe, que el fenómeno -se producirá. El cálculo de probabilidades puede servir -para determinar nuestra indecisión ante la falta de precisión -de la ley; pero no para fundar la ley, como parece -querer decirlo S. Mill. La ley empírica de la mortalidad no se -funda en el cálculo de las probabilidades. El asegurador que -necesita seguridades y no probabilidades, no basa sus cálculos<span class="pagenum"><a name="Page_434" id="Page_434">[434]</a></span> -en éstas, sino en la ley empírica que dan las tablas de la mortandad. -El dueño de la ruleta tampoco va a probabilidades, va -a seguro.</p> - -<p>El cálculo de probabilidades tiene por función suplir la -falta de precisión de la ley. Tiene su razón de ser cuando se -quieren sacar conclusiones de una ley que no están expresadas -en ella. Las tablas de la mortalidad, respecto a la previsión -de la mortalidad, no expresan probabilidades. Dentro de ciertos -límites, entiende expresar una previsión absoluta. Sólo da -probabilidades, si se quiere sacar conclusiones que ella no expresa, -respecto de personas singulares comprendidas en las -edades a que se refieren las tablas de mortalidad. De la misma -manera de cálculo de probabilidades no tendría por qué ser -empleado por el propietario de la ruleta. Sólo podría interesar -al jugador que, no teniendo más razón de pensar que ha de -salir un número que otro, necesita decidirse, y a falta de mejores -motivos cuenta las probabilidades de uno y otro. Para el -jugador que, sabiendo que tiene que salir tantas veces el as, -cuenta las veces que ha salido, jugará casi seguro contra él, -si ha salido acercándose al límite de lo que debe salir. Pero, -esto no quiere decir que tenga que ganar.</p> - -<p>La aplicación del cálculo de probabilidades exige así el conocimiento -de la ley, y la ignorancia de su frecuencia. Es decir -que debe ser una ley que o no exprese relaciones constantes, -o que las aplicaciones que se quieren hacer de ella estén fuera -del límite de su constancia. Por eso sería un absurdo la aplicación -del cálculo a la veracidad de los testigos. Para que le -fuera aplicable sería necesario una ley que estableciera la -regularidad del porcentaje de la veracidad de los testigos. Si -existiese esa ley, la aplicación del cálculo de probabilidades a -la determinación de la veracidad de un testigo singular sería -tan legítima como en el caso de la determinación del jugador -a favor de un número determinado. Pero si en aquel caso -el empleo del cálculo de la probabilidad puede ser una manera -de salir de la indecisión, y que tiene su razón de ser porque -en los grandes números acaba por ganar el que se dirige por -ella, aunque aplicado a la apreciación testimonial se pudiese -llegar a los mismos resultados, es decir, que en el total de -condenas en los juicios criminales prevalecerían las condenas -justas basadas en la apreciación testimonial por el cálculo de -probabilidades, siempre sería una infamia a la que nuestra -conciencia moral se resistiría pasar por la condena de inocentes, -en razón de que en sus totalidades habría un porcentaje -considerable en que la justicia saldría triunfante.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_435" id="Page_435">[435]</a></span></p> - -<h3>IX.—<span class="smcap">Conclusión</span></h3> - -<p>Y con esto creo que puedo dar por terminada la exposición -de la teoría de la generalización inductiva, pues si bien -Mill comprende en ella a las generalizaciones fundadas en la -analogía, a las generalizaciones no dependientes de causalidad, -y a las generalizaciones aproximativas, creo que lo hace erróneamente.</p> - -<p>Efectivamente, las generalizaciones analógicas son falsas -generalizaciones. La analogía puede ser un instrumento de -investigación, de descubrimiento; pero, no sólo no puede dar -un fundamento lógico a la generalización, sino que basta poder -determinar que una generalización es analógica para -declararla infundada. Para la práctica y para la investigación, -la analogía puede tener mucha importancia: pero no la -tiene de ninguna manera para la crítica de los conocimientos.</p> - -<p>Por lo que se refiere a las leyes de coexistencia no dependientes -de causalidad, a mi modo de ver S. Mill erróneamente -las considera en la lógica de la inducción. Las relaciones entre -las propiedades elementales de los cuerpos, cuya solidaridad se -generaliza, no tiene más fundamento que la simple enumeración. -Esas generalizaciones no hacen más que expresar lo que -se ha observado hasta el momento. No son una inducción. -No son el producto de la generalización de lo que se ha observado -en uno o en varios casos, sino la afirmación de una -coincidencia a la que no se le conocen excepciones.</p> - -<p>Por lo que se refiere a las generalizaciones aproximativas, -es decir, generalizaciones parciales, como cuando se dice -la mayor parte de los vascos son honestos, S. Mill distingue -perfectamente el caso de las cuasi generalizaciones, que no -tiene valor científico, de la verdadera generalización hecha -en forma de aproximación. Las primeras pueden tener un -interés muy grande para la vida y se justifica el interés con -que S. Mill las estudia; pero, para la crítica científica no -tienen valor alguno. Se deben usar con grandes precauciones. -En cambio, las generalizaciones aproximativas, que son -verdaderas generalizaciones, en su limitación, son absolutas, -es decir, que limitadas al porcentaje o a la tendencia que -expresan en su aplicación, permiten previsiones absolutas. Es -el caso de las generalizaciones sobre los grandes números. -Las tablas de la mortalidad, son generalizaciones de esta naturaleza. -En sus aplicaciones, como grandes números, son tan -absolutas como las otras inducciones. Lo prueba la ganancia -de las compañías de seguros. En las especulaciones de -carácter social, en las que sólo se tienen en vista masas humanas,<span class="pagenum"><a name="Page_436" id="Page_436">[436]</a></span> -en que la consideración de los individuos desaparece, las -generalizaciones aproximativas tienen un valor absoluto, porque -las excepciones individuales no llegan a modificar los resultados -totales que son los únicos que interesan. Otro caso en -el que las generalizaciones aproximativas tienen un valor -absoluto es cuando se conoce la causa de la generalidad de -un fenómeno o de las excepciones individuales, y la generalización -se expresa con la limitación que impone su causa o las -causas de las excepciones individuales.</p> - -<p>Ahora bien; las generalizaciones aproximativas, cuando -tienen esas condiciones de una verdadera generalización, son -o leyes causales o leyes empíricas no causales. De modo que, -salvo la forma de la expresión, que no afecta su valor científico, -no hay por qué hacer de las generalizaciones aproximativas -una categoría especial de generalización entre las inductivas.</p> - -<p>Así, pues, podemos concluir que la teoría crítica de la -generalización abarca la justificación de las generalizaciones -por simple enumeración, y las generalizaciones inductivas. El -fundamento de las primeras es evidente, no así el de las generalizaciones -inductivas. Hemos fundado la inducción en el -principio de identidad por la determinación de la causa. Luego -hemos indicado y discutido el valor de los métodos para determinar -las causas. Y al llegar a este punto hemos observado -que no siempre es posible la determinación de la causa; pero, -no por eso la ciencia se arredra, y fundada en la simple regularidad, -formula leyes que se llaman empíricas no causales. Y -nos hemos preguntado por su fundamento. Hemos visto que -siempre lo es la afirmación de la causa; pero, que no pudiendo -determinarse, se la supone. Pero, esa suposición no es arbitraria. -Requiere la constatación de la regularidad, que hemos -visto que se funda en la eliminación del azar. La realización -de su condición teórica da a las leyes empíricas el mismo valor -que tienen las causales, en los límites dentro de los que se -afirman.</p> - -<p>De la excursión que hemos hecho por la teoría de la -generalización inductiva, que es el fundamento de casi toda -la ciencia de lo real, lejos de amenguar nuestro sentimiento -escéptico, éste ha tenido que fortificarse; pero, no por eso -nuestro escepticismo nos ha hecho negar la ciencia, al contrario, -sólo él la puede salvar. Fríamente analizada con criterio -dogmático hubiéramos tenido que negarla cien veces.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_437" id="Page_437">[437]</a></span></p> - -<h2 id="ULISES_EN_EL_INFIERNO_DANTESCO">ULISES EN EL INFIERNO DANTESCO<a name="FNanchor_24" id="FNanchor_24"></a><a href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a></h2> - -<p class="center"><span class="smcap">Por NICOLAS BESIO MORENO</span></p> - -<p class="center">Profesor en la Universidad de La Plata</p> - -<p class="letter-date">Punta del Este, marzo 5 de 1919.</p> - -<p class="letter-salutation">Querido amigo:</p> - -<p>He leído con vivo placer su interesante estudio sobre -el fraude, y sobre la moral de Ulises, aparecido en su <i>Revista -de Filosofía</i> de este mes de Marzo. Toda la enseñanza -que de él brota, sería de alta utilidad para los gobernantes -y políticos de nuestro tiempo.</p> - -<p>Pero, quiero referirme a las citas dantescas, que usted -hace en el trabajo, justificadas por cierto, ya que el primer -poeta de todos los tiempos, ha destinado a los falsarios y -traidores, como usted lo dice, numerosos cantos de su Infierno. -Fraude, hijo de la soberbia, primero y más grave de -los pecados de la fe de Dante. A él también se refiere en -los cantos X, XI y XII del purgatorio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_438" id="Page_438">[438]</a></span></p> - -<p>“En vano—dice usted—releyendo esa parte del -poema dantesco, buscamos entre los fraudulentos al <i>divino</i> -Ulises, arquetipo clásico de todos los simuladores. Y sorprende -la ausencia pues el viaje...”</p> - -<p>El párrafo me resulta inexplicable, conocidas sus aficiones -dantescas y por las mismas citas, justísimas, que lo -preceden.</p> - -<p>El prudente rey de Itaca aparece entre los fraudulentos -peores, pues el canto XXVI del Infierno, está dedicado -a los grandes compañeros Ulises y Diomedes, allí reducidos -no sólo por sus fraudes, sino por haberlos hecho cometer a -otros; en el mismo canto se narra el último viaje y la muerte -de Ulises.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Hacia poco más de la mitad del canto XVI del Infierno, -el altísimo sabio y su duque comienzan a acercarse al -reino espantoso de los fraudulentos de toda especie, al que -los transporta el monstruoso vigilante de la entrada. El -bello episodio de la cuerda que ceñía el talle del poeta, inicia -el descenso al pavoroso círculo octavo, de los verdaderos -fraudulentos, pero ya, poco antes, en los últimos fosos del -círculo séptimo, se aperciben los usureros, perseguidos por -la implacable lluvia de fuego.</p> - -<p>El canto XVIII, describe las dos primeras fosas del círculo -octavo, donde los seductores de mujeres, por cuenta ajena -(rufianes) y por cuenta propia, marchan en sentidos -contrarios, perseguidos por multitud de diablos, y donde -los aduladores—también mísera especie de indignos—están -sumergidos en repugnante estiércol, como fuera repugnante -el vicio que en vida padecieron. Allí se ven el maldito -hermano de Ghisolabella, el seductor de Isífile y Medea, -la desdichada Taide.</p> - -<p>En la tercer fosa del círculo octavo (canto XIX) pone -Dante a los numerosos simoníacos de sus tiempos, que -están cabeza abajo, con los pies ardiendo y aun las piernas; -allí están el pérfido papa Nicolás III, Clemente V y todos -los demás desdeñados por el poeta.</p> - -<p>En la cuarta fosa (canto XX), los adivinos tienen la -cabeza dada vuelta y caminan retrocediendo. Allí aparecen -el gigante Anfiarco, prudentísimo varón, a quien Esquilo -en sus “siete sobre Tebas” pone frente a la puerta Homoloidea, -donde adivina su propia desdicha; Tiresias, el -adivino de la misma ciudad de Cadmo; Aronta, que vaticinó<span class="pagenum"><a name="Page_439" id="Page_439">[439]</a></span> -el triunfo de César; la hija de Tiresias, que asentó donde -debía fundarse la ciudad patria de Virgilio; Euripilo y -muchos más.</p> - -<p>La quinta fosa, de cola hirviente, encierra a los intrigantes -(canto XXI y XXII) y la sexta a los hipócritas -(canto XXIII), donde Caifás, que aconsejara la crucifixión, -marcha oprimido por una dorada capa de plomo.</p> - -<p>Y siguen los tipos de falsarios. A los ladrones se llega -en la fosa séptima (canto XXIV) donde están mordidos -por serpientes y quedan reducidos a cenizas, de las que -renacen a su forma primitiva pasando por la de serpientes. -Entre las multitudes se divisa al que hubo de apoderarse -del trono de San Jacobo; en el canto XXV Caco y cinco -ladrones florentinos sufren el castigo de su bajo delito en -la tierra.</p> - -<p>Y así llegamos al famoso canto XXVI, donde hemos -de encontrar a Ulises y Diómedes entre los consejeros fraudulentos -de que se ocupa también el canto XXVII.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Usted vé cómo, hasta ahora, son todos fraudulentos.</p> - -<p>Usan unos del fraude para seducir mujeres y entregarlas -a otros o gozarlas ellos mismos; otros usan todo género -de fraudes para poder aplaudir y adular a los poderosos; -luego los fraudulentos en simonía, que venden las ventajas -de su encumbrada posición; los adivinos también, hijos del -fraude, porque la adivinación, siendo imposible para los -mortales, tenía que llevarlos a la mentira frecuente; nadie -usa más del fraude que los intrigantes, pues de él se valen -para vaciar su envidia o su ambición, que es soberbia; de -los hipócritas no hay que explicar si son fraudulentos, pues -ocultan invariablemente sus propósitos para parecer lo que -no son; usan del fraude los ladrones, después; y los -consejeros fraudulentos, más delictuosos que todos, pues se -empeñan en hacer cometer su delito a los demás, aparecen -representados por los dos grandes héroes troyanos Ulises -Laertíada y Diómedes Tideida, unidos en la expiación como -fueran unidos en el delito.</p> - -<p>Es en este asombroso canto XXVI, donde Dante tiene la -maravillosa intuición de la llama parlante, que la física -habría de realizar muchos años después. Los condenados están -enteramente envueltos en una llama que termina en punta, -siendo mayor la de Ulises, el ingenioso, de linaje divino,<span class="pagenum"><a name="Page_440" id="Page_440">[440]</a></span> -que la de Diómedes, por ser aquél el director de las intrigas -comunes y el autor único de muchas intrigas propias, y por -ser, como usted dice, el que instigara a otros honestos a cometer -delito de fraude; Diómedes, más heroico, más grande -en la guerra, invicto siempre, vencedor de los propios -dioses en los combates troyanos, merecía más consideración -que el que arrancara a Aquiles de los brazos de Deidamia, -para llevarlo ante los muros de Ilión.</p> - -<p>No; Dante no podía olvidarse de ningún héroe ni personaje -considerable de la guerra de Troya, porque la fundación -de Roma—que era para el sumo poeta la máxima -grandeza de la tierra—fué debida a linaje troyano y a la -caída de la ciudad de Príamo.</p> - -<p>Así Electra, madre del fundador de Troya, está en el -Limbo, con Héctor y Eneas, padre de Silvio; entre los lujuriosos, -Elena y Aquiles y Paris; Diómedes y Ulises ya -citados; ni deja de recordarse de Príamo y Hécuba, Agamenon -(I. XXX, 15; I. XXX. 16; Par. v. 69), Orestes su hijo -(Purg. XIII, 32) y otros atridas más.</p> - -<p>Pero Dante tenía un interés fundamental en ocuparse -del esposo de la honesta Penélope, pues debía apartarse -de la tradición homérica que no daba al fin del Laertíada -un carácter tan trabajado y difícil, como el que él debía -asignarle. Ulises estaba destinado, antes de morir, a salvar -los límites del Mediterráneo y fundar Lisboa en la costa -atlántica, para caer después sepultado en el anchuroso -mar.</p> - -<p>A la invocación gentilísima del mantuano, la más alta -de las llamas que formaban el grupo de los héroes comienza -ya a agitarse murmurando—como la que el viento al -mover fatiga—así la punta aquí y allá llevando—cual si -fuera una lengua la que hablase—lanzó sus voces fuera y -dijo: “Cuando—... y habla de tal modo el ingenioso Ulises -durante 52 versos del mayor poema.</p> - -<p>Pero aquí no terminan los fraudulentos y, como aquéllos, -está aquí Bonifacio VIII; después vienen los cismáticos: -Mahoma, Rev. de Medicina y otros; falsarios de toda -calidad, como los falsificadores de metales; de personas, como -la incestuosa Mirra y la triste Hécuba; de monedas; de -palabra, como la mujer de Putifar y Simón de Troya, que -logró abrir la brecha de sus muros.</p> - -<p>En el círculo noveno (canto XXXI) se castigan otras -formas de soberbia; entre ellas la de los gigantes que quisieron -escalar el cielo. Finalmente viene la mayor forma del<span class="pagenum"><a name="Page_441" id="Page_441">[441]</a></span> -fraude: la traición, para la que se destina el mayor castigo -ideado por Dante. Los traidores de sus parientes, primero; -luego los traidores a la patria; después los traidores de sus -comensales; los traidores de sus benefactores; y, finalmente, -los traidores a la divinidad y a la majestad: Judas y Bruto -el asesino de César, y Lucifer mismo.</p> - -<p>Discúlpeme, mi amigo, que ésta haya salido tan larga -y cuente con su amigo affmo.</p> - -<p class="letter-sig"><span class="smcap">N. Besio Moreno.</span></p> - -<p><i>Señor doctor José Ingenieros.</i></p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_442" id="Page_442">[442]</a></span></p> - -<h2 id="DEMOCRACIA_INDIVIDUALISTA">DEMOCRACIA INDIVIDUALISTA<a name="FNanchor_25" id="FNanchor_25"></a><a href="#Footnote_25" class="fnanchor">[25]</a></h2> - -<p class="center"><span class="smcap">Por el Dr. CESAR REYES</span></p> - -<p class="center">Ex magistrado en La Rioja</p> - -<h3>I</h3> - -<p>Escribía hacia los años de la Revolución de Mayo Bartolomé -Hidalgo, primer poeta nativo del Río de la Plata, -en sus poesías gauchescas, haciendo hablar al paisano Chano, -“capataz de una estancia en las islas del Tordillo”, en -sus diálogos con el gaucho Contreras, “de la guardia del -Monte”:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> -<div class="stanza"> -<div class="verse stanza-title"><i>Contreras</i></div> -<div class="verse">Pues yo siempre oí decir</div> -<div class="verse">Que ante la lay era yo</div> -<div class="verse">Igual a todos los hombres.</div> -</div> -<div class="stanza"> -<div class="verse stanza-title"><i>Chano</i></div> -<div class="verse">Mesmamente, así pasó</div> -<div class="verse">Y en papeletas de molde</div> -<div class="verse">Por todo se publicó</div> -<div class="verse">Pero hay sus dificultades</div> -<div class="verse">En cuanto a la ejecución.</div> -<div class="verse">Roba un gaucho unas espuelas,</div> -<div class="verse">O quitó algún mancarrón,</div> -<div class="verse">O del peso de unos medios</div> -<div class="verse">A algún paisano alivió;</div> -<div class="verse">Lo prienden, me lo enchalecan,</div> -<div class="verse">Y en cuanto se descuidó</div> -<div class="verse">Le limpiaron la caracha,</div> -<div class="verse">Y de malo y saldeador</div> -<div class="verse">Me lo tratan, y a un presidio</div> -<div class="verse">Lo mandan con calzador;</div> -<div class="verse">Aquí la lay cumplió, es cierto</div> -<div class="verse">Y de esto me alegro yo,</div> -<div class="verse">Quien tal hizo, que tal pague.</div><span class="pagenum"><a name="Page_443" id="Page_443">[443]</a></span> -<div class="verse">Vamos, pues, a un señorón:</div> -<div class="verse">Tiene una casualidá...</div> -<div class="verse">Ya se ve... se <i>remedió</i>...</div> -<div class="verse">Un descuido que a un cualquiera</div> -<div class="verse">Le sucede, si, señor,</div> -<div class="verse">Al principio mucha bulla,</div> -<div class="verse">Embargo, causa, prisión</div> -<div class="verse">Van y vienen, van y vienen,</div> -<div class="verse">Secretos, almiración,</div> -<div class="verse">¿Qué declara? que es mentira,</div> -<div class="verse">Que él es un hombre de honor.</div> -<div class="verse">¿Y la mosca? no se sabe,</div> -<div class="verse">El estao la perdió,</div> -<div class="verse">El preso sale a la calle</div> -<div class="verse">Y se acaba la junción,</div> -<div class="verse">¿Y esto se llama igualdá?</div> -<div class="verse">¡La perra que me parió!</div> -<div class="verse">En fin dejemos amigo,</div> -<div class="verse">Tan triste conversación,</div> -<div class="verse">Pues no pierdo la esperanza</div> -<div class="verse">De ver la reformación.</div> -</div> -</div> -</div> - -<p>Y en eso estamos, desde hace ya más de un siglo, en -que nuestro humanista cuanto patriota, que fué militar de -la Independencia, escribía:—manteniendo la esperanza de -ver la reformación. ¿Hasta cuándo? Desde los albores de -la independencia, desde antes, desde la dominación española, -ya se decía en el papel que “todos éramos iguales ante -la ley”. Este equívoco se ha prolongado hasta el presente -en nuestras instituciones. Las leyes dicen una cosa; los -hombres que las aplican y ejecutan, hacen otra cosa bien -distinta.</p> - -<p>Los magistrados y los funcionarios, hasta el presente, -mienten cuando dicen que hacen la justicia igual para todos. -Consciente e inconscientemente, la hacen en beneficio -de la clase social a que pertenecen. Y como las aristocracias -y burguesías, hasta el momento actual, en estos países, -y en general en el mundo, dominan a la clase obrera, a la -clase pobre, a los que ha dado en llamarse despectivamente, -en ciertas regiones de América, <i>chinos</i>, <i>negros</i>, <i>mulatos</i>; y -no obstante ser éstos los más, las clases dominantes disponen -de magistrados y funcionarios que les pertenecen, y éstos, -naturalmente, tienen que abogar por su propio gremio.</p> - -<p>La reacción democrática—si ella ha de ser una verdad -en la práctica, y no sólo una farsa en el papel—tiene que -venir del mismo pueblo, y no del Estado, porque sin contadas -excepciones los aristócratas o burgueses—de los cuales, -como digo, están constituídos hoy los gobiernos—no pueden -renunciar a su privilegio de casta para levantar a los que sufren, -al pueblo obrero. Se necesita de hombres que por temperamento<span class="pagenum"><a name="Page_444" id="Page_444">[444]</a></span> -tengan un exquisito sentimiento humanista, que sean -altruistas o filósofos, un conde León Tolstoy, un Roberto -Owen, por ejemplo, de los cuales en este mundo de egoísmo -y superficialidad apenas se contaría una docena. Cuando -el pueblo se instruya y adquiera cierta independencia -económica por sí mismo principalmente,—y también en segundo -orden, por los que tímidamente, mezquinamente, le -dé el Estado—, podrá reivindicar sus derechos, llevando a los -puestos públicos por el voto en los comicios genuinos representantes -de sus filas, con instrucción sí, y cultura moral, pero -que no renieguen de su origen una vez que se encuentren -encumbrados, aunque esto es difícil en ellos, puesto que obra -el recuerdo de la infancia y la tradición de sus manes en -cuanto han sufrido. Así se han de inclinar más a favorecer -a los que sufren, al pueblo obrero, y no a las clases gobernantes, -extrañas a sus dioses lares. Mientras el pueblo no tenga -netos representantes de su estirpe, mientras obedezca a -mandatarios de clases antagónicas a las suyas, va perdido; -son mandatarios infieles que no han hecho más que traficar -con el nombre de la democracia, pero cuyos intereses y sentimientos -tienen tanto de demócratas como los españoles que -vinieron a civilizar y enseñar el evangelio a los indios, exterminándolos -por avaricia. Fuera de esa condición, <i>sine qua -non</i> para que triunfe evolutivamente la democracia, se necesita -esta otra: que el Estado constituído por los privilegiados, -nobles, capitalistas, y sus secuaces sacerdotes y militares, -no obstaculice por la fuerza la participación en el gobierno -de la clase <i>pleveya</i>, porque entonces todo esfuerzo del -pueblo sería ineficaz, y su reacción no podría venir sino por -la revolución, oponiendo la fuerza a la fuerza. En nuestra república -tenemos conseguido ya el libre voto—por lo menos -en el papel, que en la práctica dista mucho aún de ser una -realidad—; es posible, pues, el triunfo de la democracia, -siempre que las clases trabajadoras, que son la mayoría votante, -tengan en el gobierno <i>genuinos</i> representantes obreros, -o hijos de obreros levantados con sus propios esfuerzos -y que no desconozcan a su estirpe. Es verdad que, en ciertas -provincias, al pueblo argentino le falta instrucción e independencia -económica para poder comprender y buscar en -la práctica legal su prosperidad individual y social; ahí, pues, -debe tender la prédica: a que se instruya, a que trabaje en -condiciones más ventajosas, solidarizándose, por ejemplo, en -las huelgas para hacerse oir del capitalista; por otra parte, -hoy la ciencia no es patrimonio de los ricos, pues pueden adquirirse -libros de celebridades mundiales por exiguo precio, -al alcance del obrero. La cuestión económica y la instrucción<span class="pagenum"><a name="Page_445" id="Page_445">[445]</a></span> -se complementan; por más que haya capacidad intelectual, -no puede haber libertad de obrar sin base económica; -el estómago manda; a la inversa, con algunos ahorros que -tenga el hombre, si no tiene instrucción, va expuesto a dejarse -explotar por otros más instruídos, o a perder su dinero -en malos negocios. Buscar la independencia económica no -es buscar la usura. Los capitales al alcance de todas las necesidades -sociales, y no reconcentrados en pocos millonarios; -deben, además, ponerse en circulación para favorecer intereses -sociales, especialmente de las clases que más los necesitan, -y no guardarse en las cajas de fierro o en Bancos, de -donde sólo se los puede extraer con intereses crecidos y con -garantía hipotecaria o firmas fuertes. En Norte América, -donde la organización social se acerca algo a la democracia -de verdad, no ha surgido el capital de las explotaciones de -los gobiernos sino por la obra propia de trabajadores esforzados, -quienes después donan grandes cantidades a sociedades -de beneficencia, hospitales, institutos científicos y de trabajos -prácticos, pero no las dan a las manos muertas de las -iglesias y conventos, como entre nosotros, único caso en que -aquí ocurren donaciones. En este país se han adquirido las -fortunas, casi en tu totalidad, por las mercedes que los reyes -españoles primero, y los gobiernos patrios después, hicieron -de extensos territorios a los pocos españoles y argentinos de -la burocracia, desheredando a los demás del pueblo, que, como -los pobres indígenas, vinieron a quedar parias en el propio -suelo que los vió nacer. No hay más que ver los títulos de -esas mercedes, que aun circulan en los expedientes judiciales, -para convencerse; así, por ejemplo, he visto títulos de -tierras de la familia Arias que a su antepasado, Juan Manuel, -le entregaron los gobiernos patrios casi la tercera parte de -los Llanos. Después la tierra se ha valorizado por obra de -la inmigración—compuesta casi en su totalidad de elemento -obrero—que crea pueblos y cultivos, y por los ferrocarriles, -resultando que de la noche a la mañana esos propietarios -de extensas zonas de campo, antes sin mayor valor relativo, -por mercedes o compras, han visto centuplicados el precio -de sus tierras y han resultado algunos archimillonarios. ¿No -es justo, pues, que estos señores contribuyan al bienestar social, -poniendo a disposición de los que no tienen, lo que han -recibido directa o indirectamente de la sociedad y del trabajador? -Y si el enriquecido por el trabajo de todos se niega -a retribuir al obrero, a compensar a la sociedad por lo que -ha obtenido de ella, el Estado, haciendo justicia, una vez que -esté constituído por representantes netos de la clase popular, -lo ha de conseguir con una política socializadora, sin necesidad<span class="pagenum"><a name="Page_446" id="Page_446">[446]</a></span> -de expoliaciones, las cuales sólo se justifican cuando el -monopolio raya al extremo, como sucedía con las manos muertas -de curas y nobles en Francia, cuando la revolución, que -vivían en el derroche, al paso que, como dice La Bruyére -(“Los Caracteres”) andaban gentes pasteando por los campos -de Francia a duras penas de poderse distinguir si eran -hombres; como actualmente en Rusia, que millares o millones -de pueblo pagaban con la miseria, en los calabozos de -Siberia, y en las guerras externas interminables, el derroche, -el libertinaje y las locuras de dominio de sus zares, nobles -y militares.</p> - -<p>Política de justicia se necesita, tendiente a elevar el pueblo -trabajador, haciéndolo participar de derechos económicos, -científicos, sociales y morales, que al presente le están restringidos, -lo cual se conseguirá con darle independencia económica, -con instruirlo, con educarlo. Se comenzará a darles -base económica, legislando la materia de los contratos obreros, -para que no sean explotados por patrones, fijándoles el -mínimum del salario y el máximum del jornal, los accidentes -en las fábricas a costa del capitalista, el derecho a la -huelga; dándoles en enfiteusis tierras fiscales, en este país, -donde, como ha dicho Sarmiento, “el mal que tenemos es la -extensión”, para que las pueblen y no sufran hambre también -ellos; para que poblado el desierto haya prosperidad social, -por el aumento de producción, porque, como dice bien -Alberdi, la riqueza no la da la tierra pelada sino el trabajo -del hombre aplicado al suelo (“Estudios Económicos”).</p> - -<p>Mejor todavía que en enfiteusis, la tierra se debe dar al -que la trabaja, para que se radique en ella definitivamente -y la ame formando su hogar, pero darla solamente a los que -la necesitan y son capaces de hacerla producir, prohibiendo -su negociación privada para que no se rehagan los latifundios -de los señores feudales.</p> - -<h3>II</h3> - -<p>La Revolución de Mayo no resolvió el problema social argentino; -ella, como la Revolución de Julio en Francia, ha sido -el triunfo de la burguesía y no del pueblo, si bien el pueblo -fué el que las hizo triunfar; pero no estando preparado -ni económica, ni intelectualmente, resultó suplantado, dominado; -con esas campañas, de que nos enorgullecemos tanto, -se desalojó dos plagas sociales, la nobleza y el clero (en nuestro -caso forasteras todavía), pero se levantó una tercera, los -burgueses semiinstruídos y capitalistas, o sea la clase media. -Es decir, en el caso de la Argentina, los criollos que se<span class="pagenum"><a name="Page_447" id="Page_447">[447]</a></span> -dedicaron al comercio y la ganadería—pues los españoles -desdeñaban como oficio propio de negros y villanos—y se -instruyeron en los escasos colegios y universidades de Córdoba -y Chuquisaca, fueron los que constituyeron la burguesía. -Porque en la colonia del Río de la Plata, y en toda Sud -América, a excepción del Perú, nobles no había ni para remedio, -salvo los mandatarios de orden superior que nos enviaban -y regresaban a Europa sin dejar familia, como que -les estaba prohibido el radicarse; según enseña la historia, -la inmigración española a América era la ley de la población -peninsular. Mas, andando el tiempo, estos españoles, plebe -allí, comenzaron a considerarse nobles aquí, en relación con -el indio; y tenían razón, a su modo, porque físicamente e intelectualmente -esa raza estaba más adelantada. Expulsados los -españoles, los hijos de éstos continuaron esa aristocracia <i>ad -hoc</i>, nacida aquí en el medio, y también los mestizos que económica -e intelectualmente—por ambas fuerzas y por la de -las armas en las guerras de la independencia—se levantaron -dominando, avasallando, al <i>gaucho</i> del campo y al <i>cholo</i> -de las ciudades<a name="FNanchor_26" id="FNanchor_26"></a><a href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a>.</p> - -<p>No es otro el origen de toda aristocracia, burocracia y -gobierno en general: el dominio por la fuerza, la subyugación -de una clase social, para explotarla. Con la evolución -de las sociedades la lucha de raza a raza, de tribu a tribu, de -clase a clase, de grupo a grupo, externa e interna, se atempera, -por la adquisición de sentimientos sociales, del principio -de justicia, pero no desaparecen del todo. Siempre hubo -vencedores y vencidos; y la teoría de que no haya ni vencedores -ni vencidos, pasará a ser una realidad en un porvenir -aun bastante lejano, según lo hace ver el resultado de -la actual guerra europea, que, no obstante el humanismo y -la democracia decantados por Wilson, y en gran parte ciertos, -los aliados se están <i>achureando</i>—como diría un criollo—el -ex imperio alemán, hoy nación democrática, bajo el -pretexto de que fué una teocracia.</p> - -<p>Con la historia en la mano se puede constatar que el -proceso de los Estados en el mundo fué ese, la clase “<i>dominante</i>” -vencedora resultó gobierno, la clase “<i>dominada</i>”, -vencida, quedó pueblo explotado. Los que lo niegan son precisamente -los interesados en que ello no aparezca y en poder -seguir así explotando al pueblo sin que se aperciba, bajo<span class="pagenum"><a name="Page_448" id="Page_448">[448]</a></span> -la carátula de protectores del mismo, vestidos con la piel del -cordero.</p> - -<p>Nos bastaría citar la opinión de eximios sociólogos, y filósofos, -que han estudiado la cuestión política, libres de las -banderas de los partidos y del espíritu de clase.</p> - -<p>Mientras, pues, las luchas de clases no estén eliminadas o -poderosamente atemperadas, lo cual pensamos se conseguirá -en un porvenir no remoto, la clase democrática, los explotados, -los obreros, deben estar prevenidos para llevar al gobierno -sus representantes <i>netos</i>, que miren por propios intereses, -para elevar su condición social, y no los “domestiquen”, -mirando por desemejantes intereses.</p> - -<h3>III</h3> - -<p>Estando ya las clases trabajadoras en el poder, ¿de qué -modo reivindicarán sus derechos acaparados por los burócratas -y los parásitos? ¿Por la <i>democracia individualista</i>, sistema -norteamericano? ¿Por el <i>minimalismo</i>, o programa mínimo -del socialismo, como el del partido socialista argentino -y los similares europeos? ¿O, finalmente, por el <i>maximalismo</i>, -como el actual gobierno ruso, o programa máximo socialista?</p> - -<p>Desde luego, débese eliminar el minimalismo, como tercera -cuestión, porque está comprendido en el maximalismo, -que es el verdadero socialismo, o comunismo de Estado, tal -como lo pensaron y crearon Saint Simon, Owen, Fourier, -Marx, Engels, la Internacional, etc., puesto que el programa -mínimo—o sea la mejora obrera en el trabajo, con disminución -de horas y aumento de jornal, prohibición del trabajo -de los niños y mujeres en las fábricas y garantía de los -accidentes—sólo ha sido ideado, como lo confiesan los socialistas, -transitoriamente, para hacer posible la lucha obrera -con el capital en las condiciones actuales sociales, y hasta que -por su libertad económica y su instrucción el obrero esté en -capacidad de obtener que el Estado socialice la propiedad -privada. Los socialistas minimalistas nunca pierden -de vista el verdadero programa, aunque más remoto del partido, -o sea la socialización de los medios de producción. A -este verdadero socialismo, que ha triunfado hoy en Rusia—pues -como bien lo hace ver Kantor, la constitución que se -ha dado dicho gobierno ruso no es más que la aplicación de -los principios proclamados por la Internacional Socialista—ha -dado en llamarse <i>maximalismo</i>, nombre que viene de programa<span class="pagenum"><a name="Page_449" id="Page_449">[449]</a></span> -máximo, y se tiene a Carlos Marx como su verdadero -fundador.</p> - -<p>El maximalismo no entraña, pues, como cree el vulgo, -fatalmente la revuelta y el desorden; se puede conseguir con -la evolución mediante la conquista del poder por el voto libre -de la mayoría socialista de una nación, o mediante la revolución -armada en casos extremos. En Rusia se hizo por la -revolución, pues allí los hechos la justifican plenamente—no -tenía garantía del voto el obrero, era sacrificado en las guerras -y en las cárceles siberianas, moría de hambre en el rico -territorio que él cultivaba para otros; con la evolución jamás -se hubiere levantado ese pueblo, era insoportable su situación, -peor, muy peor, a la que pasaba el pueblo francés -en 1789, cuando se sublevó contra los nobles y el clero en la -revolución de que tanto se vanagloria la humanidad. Con el -triunfo del maximalismo en Rusia, se evitaron las horribles -matanzas de millones de obreros rusos en la guerra externa -con Alemania, donde a los paisanos reclutados se los llevaba -sin armas, mal alimentados y casi descalzos, a pelear en -esas fronteras rocallosas y heladas, contra soldados bien pertrechados, -a servir de carne de cañón; y así durante esa guerra -entre Alemania y Francia, hecha “de arriba” por el -pueblo ruso, perdió éste más de 3 millones de obreros. Se -evitaron también los estragos no menos inhumanos que los -zares y nobles cometían sobre la plebe, en el orden interno, -con la emancipación de esta clase domesticada. Es verdad que -hubo excesos; los hay en toda revolución, y ellos se justifican -plenamente ante la necesidad del triunfo de la causa salvadora. -Rodaron unas cuantas cabezas de nobles y jefes de -ejército, explotadores sistemáticos del pueblo, pero se economizó -derramar mucha sangre popular en holocausto a los -dioses zarinos, en la guerra europea y en los calabozos de la -Siberia. No fueron tantos los desórdenes como pinta la prensa -interesada en desprestigiar la causa por el único cablegrama -parcial que nos viene, el aliado, y hay que dudar de la -verdad de esas comunicaciones. Aun así mismo, de ser ciertas -las noticias, los desmanes cometidos por la célebre revolución -francesa, que tanto ponderamos, fueron inmensamente -superiores a los ocurridos hoy en Rusia, cuando no había día -en que no se hiciera rodar del cadalso la cabeza de algún dirigente. -Y la tal <i>libertad</i>, <i>igualdad</i> y <i>fraternidad</i> que proclamó -quedó letra muerta; fué libertad para los burgueses, -igualdad y fraternidad entre los miembros de esa sola clase -social. Siquiera la revolución social rusa, crea una libertad, -igualdad y fraternidad mucho más extensa, una libertad, fraternidad -e igualdad para la gran masa obrera, y no sólo de<span class="pagenum"><a name="Page_450" id="Page_450">[450]</a></span> -Rusia sino del mundo entero, puesto que dicha constitución -maximalista tiene una cláusula por la cual se tiende a organizar -la humanidad bajo una confederación de estados, formados -todos de modo semejante al gobierno actual ruso.</p> - -<p>Es claro, pues, que los países en que la situación del obrero -no sea extrema, como fué en Rusia, pueden llegar al maximalismo -por la evolución política, y allí no habrá ni los pocos -excesos que en Rusia fueron inevitables.</p> - -<p>Por lo demás, el socialismo máximo no es, como se dice -por algunos, una simple utopía, un sueño de filósofos. Fuera -de que ya lleva más de un año de práctica en lo que fué imperio -absoluto de los zares, existió, como sabemos, en varios -pueblos. Así, por ejemplo, en el gran imperio del Perú al -arribo de los españoles se vivía en un régimen algo comunista, -en ciertas cosas más acentuado que el establecido por -los maximalistas rusos, y sin embargo, el imperio floreció y -las gentes vivían cómodas; no había ricos (fuera de la clase -sacerdotal y de la aristocracia imperial—que ellas siempre -han sido pudientes en todas partes—mas eran clases reducidas -en comparación con la gran masa popular) pero tampoco -había miseria; la propiedad del suelo pertenecía al Estado, y él -era quien asignaba al individuo que llegaba a la adolescencia -un lote para que lo trabajara, y todos estaban obligados a hacerlo, -pues eran fiscalizados directamente por empleados del -Estado. Ni el producido del trabajo pertenecía al operario, -sino que iba a almacenes y graneros públicos, de donde se -repartía a la población en cada aldea o pueblo, por cabeza, -y había justicia relativa allí, puesto que todos trabajaban fiscalizados -y no existían haraganes que “vivieran de arriba”. -Estudiándolos dice el Dr. Luis Jorge Fontana: “Cada ciudadano -nacía libre para la ley que fijaba los deberes y derechos -de cada individuo ante la patria, la religión, la familia -y para con sus semejantes... La agricultura, hoy embrionaria -y empírica en América, como que recién empezábamos a -fundar escuelas, constituía la principal fuente de recursos -nacional en otra época. Cada hombre al llegar a la edad de -la pubertad recibía del Estado un terreno ubicado y delineado -oficialmente para que lo cultivase y formase hogar y familia. -Desde el emperador hasta el último de sus súbditos -cultivaban la tierra, él removía el suelo en cierto período del -año con un azadón de oro y los ciudadanos con herramientas -de un metal compuesto, una aleación de bronce tan duro como -el acero. Regaban los campos por medio de acueductos -sacados de ríos y de lagos y por canales menores, acequias, -el agua era llevada a largas distancias y levantábanla hasta -la cumbre de las montañas. Su distribución y servicio tenían<span class="pagenum"><a name="Page_451" id="Page_451">[451]</a></span> -reglamentación admirablemente estudiada; construían puentes -y calzadas de dimensiones colosales, y el ejército en tiempo -de paz era ocupado en la construcción de las obras públicas” -(“Ab Ovo”, págs. 36 y 47). El Dr. Ernesto Quesada -escribe: “Pero lo que es admirable—y es esto cabalmente lo -que más nos interesa en el presente curso—es su organización -social. Era una sociedad basada en un comunismo perfecto -y en una burocracia técnica, que gobernaba un monarca -autocrático, pero inspirado siempre en el bien de la comunidad. -Durante siglos funcionó tal organización con el éxito -más completo y realizando lo que las actuales doctrinas socialistas -no han soñado siquiera en imaginar; el individuo era -un sencillo rodaje de la comunidad y sus actividades se ejercían -como simples funciones sociales, reglamentadas y vigiladas -por el órgano de dicha comunidad, constituída por la -burocracia imperial. Nunca ha registrado la historia en parte -alguna del mundo una organización tan perfecta, dentro -de esa orientación, y con un resultado más completo en cuanto -a la prosperidad nacional y al funcionamiento del sistema; -las misiones jesuíticas lo imitaron con análogo éxito durante -el período de la Colonia. La comunidad por el órgano del -gobierno, interviene en todos los actos de la vida, reglamentándolo -todo y cuidando de que todo marche armoniosamente. -Y eso que se trataba de un extenso imperio, englobando -poblaciones de origen étnico distinto y de diverso grado de -cultura” (“El Desenvolvimiento social hispanoamericano”, -Revista de Filosofía, Noviembre de 1917, pág. 461). Foustel -de Coulanges, en su obra célebre “La ciudad antigua”, trae: -“Se sabe de algunas razas que jamás han llegado a establecer -la propiedad privada, y de otras que sólo la han establecido -tarde y penosamente. No es, en efecto, problema fácil -el saber si en el origen de las sociedades puede el individuo -apropiarse el suelo y establecer tan recio lazo entre su -ser y una parte de la tierra, que puede decir: “Esta tierra -es mía; ésta es como una parte de mí”. Los tártaros conciben -el derecho de propiedad cuando se trata de los rebaños, -y no lo comprenden cuando se trata del suelo. Entre los antiguos -germanos, según ciertos autores, la tierra no pertenecía -a nadie; la tribu asignaba todos los años a cada uno de -sus miembros un lote para cultivar y cambiaba el lote al siguiente -año. El germano era propietario de la cosecha, pero -no de la tierra. Todavía ocurre lo mismo en una parte de -la raza semítica y entre algunos pueblos eslavos” (pág. 70, -edic. Madrid). Sigue el autor haciendo notar que en Grecia -y Roma y en la India, es decir, en la raza aria, de donde nosotros -tomamos esa civilización, la propiedad del suelo fué<span class="pagenum"><a name="Page_452" id="Page_452">[452]</a></span> -desde un comienzo privada, y como consecuencia del culto a -los muertos y al hogar, familiares, que estaban adscriptos al -suelo y no podían dejar abandonado su culto y sus muertos. -De modo, pues, que sólo por una razón de orden religioso -e histórico es que los actuales pueblos de raza aria son -individualistas en la propiedad del suelo, según esto. Es de -advertir que a propósito he citado autores que nada tienen -de socialistas; y si cabe duda todavía al respecto léase el capítulo -“La Reglamentación Comunal”, de la obra del individualista -Spencer, “Instituciones industriales”, donde trae -innumerables ejemplos de pueblos que han sido comunistas; -en algunos el origen, la razón de nacer del comunismo fué el -matriarcado, o parentesco por la línea femenina.</p> - -<h3>IV</h3> - -<p>Los que nos hayan seguido hasta aquí creerán, acaso, que -estoy convertido en un maximalista declarado. Sin embargo, -como lo explicaré en seguida, es lo contrario; sólo he querido -demostrar hasta aquí que el maximalismo no es un sistema -utópico, ni siempre revolucionario, y aunque revolucionario -en algunos casos no anárquico, como se lo pinta por los -que no lo conocen y por los que tienen interés en desfigurarlo. -Pero es el caso que con ese sistema social el individuo -puede quedar aniquilado, se debe enteramente a la sociedad; -todos son iguales, malgrado las diferencias naturales; se puede -crear así una <i>igualdad artificial</i> en vez de la <i>igualdad -natural</i>, la cual consiste, como se ha dicho bien, en respetar -las desigualdades naturales. Con este sistema de coacción -pública, donde todo está reglamentado por la sociedad de -antemano, que se ha erigido en Estado—confundiendo así -dos hechos sociológicos que son bien distintos—se mata toda -iniciativa individual, se destruye toda diferencia innata o -adquirida, se hace imposible, en una palabra, la selección, y -con ella el mejoramiento individual y social rápidos, desde -que se pone trabas a la lucha por el triunfo de los más fuertes, -de los más capaces, de los más laboriosos.</p> - -<p>Además, este comunismo de Estado destruye la libertad, -y el ideal de las civilizaciones modernas es aumentar la libertad -individual, no siendo más el Estado y la sociedad -sino un medio para adquirirla, para que el hombre viva bien, -pudiendo satisfacer libremente sus necesidades naturales, -siempre que respete iguales necesidades por parte de los -demás.</p> - -<p>Como han hecho notar bien los escritores de derecho político,<span class="pagenum"><a name="Page_453" id="Page_453">[453]</a></span> -con el comunismo la sociedad se vuelve más gregaria, -el hombre es menos libre que el soldado, y se retrograda -así al régimen del estatuto, del mando, de la coacción, propio -de las sociedades primitivas en donde por razón de las -continuas e ininterrumpidas guerras externas e internas, se -hacía necesaria mucha subordinación en el pueblo y un régimen -fuerte de mando por el gobierno. Pero con la civilización -se ha impuesto el régimen contrario, o sea el del contrato, -el de la voluntad, que regla todos los actos de los hombres -libres y civilizados. En el siglo pasado, Inglaterra y -Norte América—naciones respetuosas de la libertad individual—fueron -las más avanzadas en el progreso del mundo; -los árabes, donde la ley de Mahoma les regla todo, son los -más atrasados hoy. Una sociedad en tales condiciones progresa -hasta un limitado estado, y de ahí no puede pasar, -vive por siglos estacionaria; no habiendo iniciativa individual, -hombres que se hagan a sí mismos, y no resulten hechos -por el estado, no puede haber innovación, cambio, <i>progreso</i>; -habrá <i>orden</i> cuando más y por el tiempo que se quiera, -pero faltará el otro elemento del <i>desarrollo social</i>, desde -que éste se forma, como bien lo explica Comte, del <i>orden</i> y -del <i>progreso</i> sociales. Por esto, estamos en contra del socialismo -maximalista o comunista; y del llamado minimalista -también, porque, como queda dicho, no es más que la introducción -del socialismo, desde que sus adeptos jamás pierden de -vista al ir consiguiendo esas ventajas mínimas, las <i>máximas</i>, a -las cuales se les apuntan ya francamente, cuando les llega la -ocasión de dar el golpe, ya sea en los comicios o por la revolución. -Ahora, es claro que el programa mínimo del socialismo, -puede ser sostenido y practicado en su generalidad, y aun -avanzando, por cualquiera que tenga ideas liberales, que desee -la mejora obrera, que sea demócrata verdadero. La democracia -individualista norteamericana, con el presidente Wilson a la -cabeza, desarrolla ese programa, y no solamente para Estados -Unidos sino para el mundo entero, propiciando el sistema de -organizar las naciones formando una liga de ellas, para unir -las gentes y evitar las guerras. Filósofos individualistas -como Spencer y pensadores como Alberdi, lo sostuvieron también -en obras célebres anteriormente. ¡Hay que leer ese “crimen -de la guerra” del pensador argentino, la obra más sesuda -que se ha escrito contra la guerra, para convencerse de -la elevación de miras del gran humanista argentino—que no -tiene una estatua en su tierra y vivió y murió como paria, -pues no supieron comprenderlo,—adelantándose más de un siglo -a su tiempo! En su obra “Instituciones Industriales”, escrita -por el año 1890, Spencer desarrolla la idea, cómo, sólo<span class="pagenum"><a name="Page_454" id="Page_454">[454]</a></span> -con el obrar individual y democrático, es decir, con que el individuo -ejercite sus libertades naturales a condición de respetar -iguales derechos por parte de los otros, tanto en el interior -como en el exterior de los países, y que los Estados se -concreten a hacer respetar y nada más esas <i>igualdades</i> en las -<i>libertades</i> en vez de desatender la función de justicia que es -su fin primordial y de ocuparse de otros asuntos que son del -rol individual, como ocurre hasta ahora, y es lo que obstaculiza -el progreso; creándose además, con la disminución de las guerras, -por el comercio, por las industrias, por el tráfico, por la -inmigración, por las ciencias, una confederación de Estados -mundial, Estados que no serán imperialistas sino más reducidos -y más iguales en lo futuro—así opinaba Spencer que debía -crearse la democracia universal siguiendo el desarrollo de -los pueblos. Y a mi juicio dió en el clavo de la cuestión, como -lo cree también el sociólogo Vaccaro, y lo está practicando con -éxito indiscutible Norte América y su presidente demócrata -individualista Wilson.</p> - -<p>Pero es el caso que muchos años antes, Alberdi propuso -lo mismo, en la obra que cito, allá por el año 70, con motivo -de los preludios de la guerra francoprusiana.</p> - -<p>Haciendo honor al pensador argentino, vamos a transcribir -los siguientes párrafos; dice hablando de la libertad interna: -“En mi opinión la ruina de la supremacía militar de -la Francia no es hija de los contrastes y reveses de su reciente -guerra con Prusia, sino que esos reveses son resultado de la -ruina que ya existía, sin manifestarse, de esa supremacía. Ha -muerto a mano de otros progresos de la Francia en el camino -de la civilización. Un gobierno sin libertad, un país sin industria -aventajada, son más capaces de preponderancia militar -que un país libre y rico por la preponderancia noble de su -industria. En este sentido la Prusia y Rusia son más capaces -de preponderancia militar que la Inglaterra. El ejército perfeccionado -es la expresión de un gobierno en que la subordinación -prima a la libertad”. Y en otra parte, hablando de la -cuestión externa, dice: “El mayor obstáculo para llegar a la -organización del mundo en una vasta sociedad de naciones es -la existencia de lo que hoy se llama <i>grandes poderes</i> o grandes -aglomeraciones nacionales; pues lo primero que exige en nombre -de su grandeza uno de esos poderes, cuando se trata de -decidir la contienda que le divide con otro, es que nadie intervenga -ni se mezcle en esa decisión. Ese <i>nadie</i> es la sociedad -general, el mundo neutral, es decir el juez natural de los pleitos -internacionales. Remover ese obstáculo es propender sistemáticamente -a la subdivisión de las grandes naciones, es<span class="pagenum"><a name="Page_455" id="Page_455">[455]</a></span> -decir, a la disminución de su poder para que ninguna de ellas -sirva de resistencia invencible a la formación de la Nación -suprema y definitiva, compuesta de todas las naciones del -mundo, hoy dispersas, errantes y anarquizadas entre sí. Los -grandes Estados son lo que eran los grandes señores como -obstáculos y resistencias al establecimiento de la sociedad política -y de la autoridad nacional de cada país. De modo que en -lo internacional, como en lo interior de cada nación, se llega -a la unidad general por la división de las unidades parciales -que aspiran a realizarla... “Unidad que no depende de la -multitud, es tiranía: multitud que no se reduce a la unidad es -confusión”, ha dicho Blas Pascal”. (Páginas 321 v 284, <i>Obras -Post</i>.).</p> - -<h3>V</h3> - -<p>Así, pues, en resumen, pensamos: Que con una democracia -individualista en lo interno y externo de las actuales naciones, -es decir, con el obrar amplio por el individuo, haciendo -uso de su libertad, pero respetando iguales libertades por -parte de los demás, o sea la <i>igualdad</i> de las libertades naturales, -y con la garantía real, verdadera, por parte de los gobiernos -de esas libertades en el obrar para el individuo, sin mayores -restricciones que las que imponen el ejercicio de las mismas -por parte de los demás, es como la sociedad humana tiende -a evolucionar en lo futuro para ser feliz el hombre y progresar -él y la sociedad. La humanidad necesita así, para constituirse -definitivamente, de la Confederación de naciones <i>en donde todas -entren como iguales</i>, para que haya la fuerza pública necesaria -a castigar las violaciones a la justicia de los Estados, -cometidas por alguna o algunas naciones que pretendieran hacer -uso de sus libertades abusivamente, es decir, desconociendo -iguales derechos de vida por parte de las otras. Con sólo, pues, -el principio de justicia, individualista: <i>la libertad, igual para -todos</i>, o sea la igualdad <i>natural</i> en el obrar, se ha de organizar -la humanidad democrática del porvenir. Por el respeto de ese -principio, en virtud del convencimiento que la ciencia aporte -a las gentes a medida que el pueblo se vaya instruyendo, y se -vaya haciendo hábito dicho principio de justicia a fuerza de -vivirlo cada vez más ampliamente por el tráfico en aumento -siempre entre los pueblos, y sobre todo, sabiendo, como deben -saber, que detrás de su violación está el poder de la comunidad -para castigar al individuo abusivo que se toma las libertades -ajenas, creyéndose privilegiado en el mundo, se creará la <i>libertad</i>, -la <i>igualdad</i> y la <i>fraternidad</i>. No es con palabras, mentidas<span class="pagenum"><a name="Page_456" id="Page_456">[456]</a></span> -en los comicios, ni con letras de molde en las leyes, ni -tampoco con oraciones en los conventos donde el amor al prójimo -a nombre del Dios es predicado por explotadores de los -“fieles”; a esta altura del discurso, si obligado estuviera a -pronunciarme entre Norte América, democrática individualista, -y Rusia actual, socialista maximalista, entre Wilson y Lenine -mi predilección no se haría esperar; optaría por los Estados -Unidos y Wilson, sin que por esto pensare que todo lo realizado -por ellos sea perfecto, y sí solo sostengo el sistema, la tendencia, -que allí mismo se ha de perfeccionar, pues dista mucho -de alcanzar el ideal democrático individualista.</p> - -<p>Jóvenes amigos; señores. Mientras las luchas de clases, -de tribus, de naciones, no se atemperen por el respeto recíproco -de las gentes al principio de justicia que dejo explicado, -desconfiad siempre de esos protectores de clases desemejantes -que os quieren ayudar desde el poder—“proteccionismos” -que día a día se ven fracasar en los individuos y en las naciones.—Mas, -tal desconfianza, tal precaución, no debe ser nunca -un obstáculo puesto al advenimiento de una confraternidad de -miras democráticas, igualitarias <i>naturales</i>, porque esto implicaría -formar clases cerradas y naciones guerreras que han sido -fatales para el progreso de los pueblos y la humanidad. Los -aristócratas o burgueses que adoran tanto al pueblo y quieren -pasar por demócratas, traten de conseguirlo, pero haciendo -primero los sacrificios de sus privilegios injustos, antes de que -el pueblo, desengañado, cambie el tono de sus reclamaciones. -A tiempo están de abdicar tantos privilegios económicos, sociales -y políticos de que gozan. ¡Que se hagan ver!</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_457" id="Page_457">[457]</a></span></p> - -<h2 id="LA_CRITICA_Y_EL_ARTE">LA CRÍTICA Y EL ARTE</h2> - -<p class="center"><span class="smcap">Por OCTAVIO MENDEZ PEREYRA</span></p> - -<p class="center">De Panamá</p> - -<p>Si el arte es uno de los objetos más elevados de la actividad -humana y la forma de trabajo más difícil, es, por lo -tanto, de lo que merece despertar en nosotros más interés y -más simpatía. He aquí porqué la crítica de arte ha podido alcanzar -en nuestros tiempos un gran desarrollo y llegado a -ser una de las ciencias más complejas, una ciencia que es sociología, -historia, psicología, estética, lógica, óptica, acústica, -geometría y cien ciencias más a la vez. No ejercen, pues, -el verdadero apostolado de la crítica los que aun se empeñan -en la pueril tarea de constituirse en árbitros para juzgar, -por sí y ante sí, sin la preparación y la disposición requeridas, -lo que es producto de elementos heterogéneos que -es preciso conocer y estudiar, si se quiere emitir un juicio -exacto, justo e interesante.</p> - -<p>Taine ha llegado a establecer, en una reacción unilateral -exagerada, que “para comprender una obra de arte, un -artista, un grupo de artistas, es preciso representarse con -exactitud el estado general del espíritu y de las costumbres, -del tiempo a que pertenecen”<a name="FNanchor_27" id="FNanchor_27"></a><a href="#Footnote_27" class="fnanchor">[27]</a>. Aunque fuera posible aplicar -tan rigurosamente esta regla del maestro de la Filosofía -del Arte, siempre quedarían por considerar el temperamento -personal del autor y, sobre todo, la obra misma, en cuanto a -la cantidad de vida independiente que pueda contener, porque -el verdadero objeto del arte es la expresión de la vida.</p> - -<p>Y como la vida no es sino una gran complejidad, resulta -verdad que la crítica de arte tiene por fuerza que ser una de -las labores más complejas del espíritu humano y, por esto -mismo, una ciencia muy amplia y liberal, que acepte con -simpatía e interés todas las manifestaciones de la inteligencia, -todas las creaciones de la fantasía y todos los temperamentos<span class="pagenum"><a name="Page_458" id="Page_458">[458]</a></span> -y particulares predilecciones. Mientras más numerosos -y contrarios sean éstos, tanto mejor para la solidez de -los estudios y la seguridad de los principios, tal como, en el -campo de las ciencias naturales, acontece al botánico o al -zoólogo con las infinitas manifestaciones de la vida vegetal -o animal. El único deber del crítico es “exponer hechos y -mostrar cómo se han producido esos hechos”; dejarse emocionar, -y comunicar después sus emociones y las ideas que -encierra la producción. No es confesar preferencias, pedir -genio, exigir profundidad, señalar errores, imponer preceptos, -absolver, condenar, amonestar...</p> - -<p>Por otra parte, conviene tener presente que la verdadera -obra de arte no puede ser analizada en detalle, con la -sequedad del químico, porque entonces deja de ser obra de -vida y se convierte en un cuerpo frío e inexpresivo, en una -especie de mecanismo sin influencia emocional y educativa. -La obra de arte sólo es fecunda y eficaz en los momentos en -que actúa como una fuerza viva sobre nosotros, en que influye -con entusiasmo sobre el individuo y desarrolla en su -alma armonías sensibles, emociones hondas, calor y simpatía. -Y es que la emoción estética no es la consecuencia de un -análisis, de una disección detallada; es algo que se apodera -de nosotros en bloque como si entre el alma del artista y la -nuestra un fuego divino hubiese producido misteriosa fusión. -Antes de juzgar la razón, juzga nuestro sentimiento, y muchas -veces aquélla es incapaz, como observa Gauckler, de -fallar por otra cosa que por la impresión sentida. “Si durante -los últimos siglos—dice—se ha tratado de proscribir del -arte la imaginación y de buscar lo bello en las propiedades -exteriores de las obras exclusivamente, ha sido porque entonces -la filosofía, eminentemente racionalista, ha sido la -expresión de una reacción contra el gran movimiento sentimental -que caracterizó a la época del Renacimiento”<a name="FNanchor_28" id="FNanchor_28"></a><a href="#Footnote_28" class="fnanchor">[28]</a>. -Una cosa es, pues, la emoción de arte y otra es la habilidad -técnica, muy apreciable, sin duda, pero menos significativa -y menos importante en los dominios complejos de la estética. -Lo primero que debemos buscar en la obra de arte es su -expresión, su significado, su razón de ser, la que no puede -menos de estar relacionada con una manifestación de vida, -sea ésta un pensamiento, una pasión, un sentimiento o una -necesidad. Sólo después de haber descubierto el sentido -oculto bajo las formas, la sangre que las vivifica, estamos capacitados -para juzgar hasta qué punto el artista ha logrado -traducir fielmente su idea, o expresar correctamente su sentimiento.<span class="pagenum"><a name="Page_459" id="Page_459">[459]</a></span> -La forma da, sin duda, valor y carácter al fondo, -pero no es, en definitiva, sino una envoltura, un mero estuche -que vale mucho más por lo que contiene, cuando contiene -algo.</p> - -<p>En todo caso, hay que tener en cuenta que para gozar -enteramente de una obra de arte es preciso ser apto para -comprender la pasión, el sentimiento que la informa y la idea -que la encarna y le da vida. Es preciso también, muchas veces, -encontrar en la obra una manifestación de lo mejor de -nosotros mismos, darle algo de nuestra propia alma, o ser -capaces de animarla con nuestros propios sentimientos y una -emoción espontánea y honda.</p> - -<p>“Para comprender bien una obra de arte—dice Guyau—es -preciso penetrarse tan profundamente de la idea que en -ella domina, que se vaya hasta el alma de la obra o que se -le dé una, de tal modo que adquiera a nuestros ojos verdadera -individualidad y constituya algo como otra vida en pie -al lado de la nuestra”<a name="FNanchor_29" id="FNanchor_29"></a><a href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a>. Es decir, hay que revestir de -cierta unidad y de cierta vida la obra para armonizarse con -ella, como si por un acto de la inteligencia y el corazón la -hubiésemos antropomorfizado, le hubiésemos dado calor de -humanidad. Sólo entonces habremos dejado de ser fríos y -pasivos ante la obra artística y estaremos en aptitud de fraternizar -con ella y perdonarle los pequeños defectos, para -admirar mejor lo que tenga de bello y de bueno.</p> - -<p>Porque la admiración necesita de constantes perdones y el -estudio de constante simpatía para ser fecundos, de la misma -manera que el hombre necesita ser amado, o, por lo menos, -ser simpático, para ser perdonado y ser comprendido. En -arte—ha dicho el mismo Guyau<a name="FNanchor_30" id="FNanchor_30"></a><a href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a> “basta con demasiada -frecuencia el no querer ser conmovido para no serlo, pues -uno es siempre más o menos libre de negarse a sí mismo, de -encerrarse en su yo hostil y hasta de perderse en él”. Y “lo -triste es—agrega—que el que quiere hallar lo feo lo encontrará -casi siempre y perderá por el placer de la crítica -el de ser <i>conmovido</i> que, según La Bruyère, vale aún más”. -Otro autor, Emilio Henniquin<a name="FNanchor_31" id="FNanchor_31"></a><a href="#Footnote_31" class="fnanchor">[31]</a>, ha llegado a escribir, por -este mismo camino, que “una obra sólo tendrá efecto estético -sobre las personas que poseen una organización mental análoga -e inferior a la que ha servido para crear la obra, y de -la que puede ser deducida”. Y ello parece efectivo porque es -evidente que existen, por otro lado, egoísmos intelectuales,<span class="pagenum"><a name="Page_460" id="Page_460">[460]</a></span> -prejuicios razonados, segundas intenciones, temperamentos -hoscos e insociables a los cuales una obra, por meritoria que -sea, produce siempre una antipatía que ciega el corazón a -las bellezas y el cerebro a todo entendimiento. Sólo por esto -se comprende a Lope cuando insulta a Cervantes, a Víctor -Hugo cuando niega a Goethe, a Voltaire cuando rebaja a -Shakespeare, ese mismo Voltaire que convenía en reconocer -<i>un placer en no tener placer alguno</i>, acaso obedeciendo a la -convicción íntima de que “rebajar a otro es elevarse a sí -mismo”. A pesar de esto, siempre será más humana, más -elevada y más educativa la crítica serena e imparcial de las -bellezas y los defectos, que la crítica sistemática de los defectos. -“Puede ser útil descubrir un defecto en un diamante; es -mejor encontrar un diamante en la arena”.</p> - -<p>La obra de arte, cuando es sincera, es la más elevada -pretensión del hombre y merece nuestro respeto cariñoso por -imperfecta que ella sea. “Grano de arena arrojado en este -mundo en trabajo, tiene la ambición de detener su evolución -perpetua, de dar duración a lo que pasa, de retener lo que -huye, de inmortalizar lo que muere... Y así es como el sentimiento -estético, que no es el arte, conduce a él”<a name="FNanchor_32" id="FNanchor_32"></a><a href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a>.</p> - -<p>Amarlo todo, admirarlo todo, comprenderlo todo, he ahí -la verdadera filosofía del hombre sano y fuerte. Una indulgencia -inagotable para todas las debilidades humanas, un -vasto perdón para todas las vanidades y utopías y esa -<i>amable y piadosa filosofía de la buena sonrisa</i> para todos los -defectos y errores, he ahí la mejor coraza del crítico y el -más genuino temperamento del hombre culto. No impidamos, -pues, con críticas estrechas, que cada cual haga su ensayo -de volar como las mariposas, como las avecillas o como -las águilas; cada vuelo llena su misión en la naturaleza, tiene -su explicación, encierra su dosis de belleza y constituye -una necesidad de la armonía universal. ¿Qué sería del cóndor -si al intentar sus primeros ascensos le cortásemos las -alas rudimentarias? ¡Cuántas veces el ave que escaló las nubes -y embriagó sus pupilas de sol no cayó antes, en sus primeros -revuelos, de la copa del arbusto o de la cima de la -roca escarpada!</p> - -<p>Seamos generosos, seamos sensatos, y dejemos también -nosotros que las energías de nuestro ser contribuyan a las -puras construcciones del arte; que el esfuerzo noble e idealista -triunfe sobre las barreras del materialismo y las pasiones -bastardas; que nuestra alma, en fin, trate de elevarse a -la suprema belleza humana y ensaye comulgar con las infinitas<span class="pagenum"><a name="Page_461" id="Page_461">[461]</a></span> -armonías de la naturaleza. Esa belleza y esta comunión, -lejos de aminoramos, nos harán, con sus misteriosos secretos, -más fuertes, más grandes y más virtuosos.</p> - -<p>Por la obra de arte renovamos y sostenemos nuestros goces -más delicados y, “si es verdad que la Ciencia no tocará -jamás con el dedo el gran Desconocido que persigue, el Arte -nos consolará de su impotencia haciéndonos entrever en las -armonías pasajeras, cuyo secreto nos entrega, la imagen de -esa armonía superior, causa y fin de toda materia, de todo -movimiento, de toda vida”<a name="FNanchor_33" id="FNanchor_33"></a><a href="#Footnote_33" class="fnanchor">[33]</a>.</p> - -<p>No cerremos, pues, el corazón y el cerebro a los grandes -misterios y palpitaciones de la vida. Que cada palabra bella, -que cada esfuerzo sincero, que cada pensamiento noble, que -cada gesto original, que cada paso recto, produzca en nuestro -espíritu una vibración afectuosa y caiga en su seno como -abono de luz para nuevas germinaciones... Que nuestra alma, -abierta al cielo cómo una flor inmensa, recoja en su seno -todos los perfumes, todas las armonías, todos los colores, todas -las caricias, para transformarlos en néctar precioso de -belleza, de bondad y de vida. Y así habremos llenado la más -alta misión en la tierra.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_462" id="Page_462">[462]</a></span></p> - -<h2 id="LAS_IDEAS_FILOSOFICAS_DE_AMEGHINO">LAS IDEAS FILOSÓFICAS DE AMEGHINO</h2> - -<p class="center"><span class="smcap">Por JOSE INGENIEROS</span></p> - -<p class="center">Profesor en la Universidad de Buenos Aires</p> - -<div class="blockquote"> - -<p class="hanging">I. Su orientación filosófica inicial.—II. El transformismo y la -paleontología filosófica.—III. “Mi Credo”; los cuatro Infinitos; -la vida y la muerte.—IV. Noción de Dios y noción de Espacio.—V. -Filogenia del lenguaje.—VI. El origen de la Vida.—VII. -Otros aspectos.</p> - -</div> - -<h3>I.—<span class="smcap">Su orientación filosófica inicial</span></h3> - -<p>La índole misma de sus estudios científicos impuso a -Ameghino el examen de ciertos problemas filosóficos. Dotado -de un temperamento imaginativo y revolucionario, se inclinó, -desde muy joven, a generalizar los resultados de la experiencia -y a trascender sus dominios técnicos mediante hipótesis de -cierto vuelo.</p> - -<p>En la Memoria presentada en 1876 a la Sociedad Científica -Argentina, sobre la geología de la formación pampeana, -adviértese que está impregnado de Lyell y Darwin. Es transformista. -Con vigorosa pujanza juvenil defiende su posición -filosófica y embiste a los que en nombre de la teología y de -la rutina se oponen a la investigación de la Verdad. En esa -época pasaba por aguda crisis el llamado “conflicto entre la -Religión y la Ciencia”; son, sin duda, un reflejo de ella los -párrafos preliminares de su Memoria, bastante significativos -acerca de su pensamiento inicial, pues el autor tenía veinte y -dos años de edad.</p> - -<p>Su tesis es profundamente subversiva. Considera que los -teólogos, o sabios de antaño, habían subyugado a las gentes -sencillas enseñándoles mentiras que ellos mismos no creían; -para apuntalar el despotismo necesitaban mantener al pueblo -en la ignorancia, inculcándole ideas retrógradas y supersticiosas; -una de ellas era la leyenda bíblica de la catástrofe -diluviana con que un Dios vengativo había castigado a la humanidad. -Los tales sabios de antaño pretendían ahora explicar<span class="pagenum"><a name="Page_463" id="Page_463">[463]</a></span> -los hallazgos de fósiles, suponiendo que la legendaria catástrofe -los había enterrado inesperadamente; pero la hora -había llegado de que terminaran esas patrañas, pues los restos -fósiles no son antediluvianos y pertenecen a especies que vivieron -y evolucionaron durante el vasto período de tiempo en -que fueron sedimentándose los terrenos llamados diluvianos, -cuya progresiva estratificación no acredita la hipótesis tradicional.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>“¿De dónde han venido (los restos fósiles, en general)? -¿Qué mano, qué fuerza, qué poder inmenso es el que ha llevado -sus despojos a las cumbres de las montañas a miles de -pies de elevación, ha rellenado con ellos su interior, los ha -transportado al centro de los continentes a grandísimo número -de leguas de los mares actuales, y los ha enterrado en las -entrañas de la tierra a centenares y aun a millares de metros -de su superficie? ¿Qué mano misteriosa es la que ha dejado -en la superficie de la tierra un monumento imperecedero tan -elocuentísimo de su inmenso poder?</p> - -<p>“Estas preguntas hacía el pueblo a los sabios de antaño. -Estos, después de haber estudiado la cuestión y encontrado -una explicación satisfactoria y conveniente para ellos,—puesto -que mediante ella trataron de afianzar y aun consolidar el -inmenso castillo bamboleante y sin cimientos que habían fabricado -sus antecesores sobre la ignorancia del pueblo, al cual -tenían subyugado a su capricho (ignorancia que trataron -siempre de mantener y aun fomentar, inculcando en el pueblo -ideas retrógradas y supersticiosas, para de este modo asegurar -mejor su despotismo),—se apresuraron inmediatamente a contestar -diciendo que todos esos restos de seres organizados que -se encuentran dispersos y enterrados en todas partes del globo, -son los restos de los desgraciados seres que vivían cuando -ocurrió el diluvio universal, que habían sido víctimas de dicha -catástrofe. Y que sus restos, habiendo sido acumulados, -enterrados y dispersados en todas direcciones del modo más -confuso, venían a ser, por consiguiente, la prueba más evidente -y convincente de la gran catástrofe, por medio de la cual -la irritación del Todopoderoso hacia la concupiscente raza humana -de entonces, hizo devastar al mundo entero destruyendo -a hombres y animales. ¡Como si estos últimos también hubiesen -sido culpables!</p> - -<p>“Esta fué la respuesta de los sabios o, más bien dicho, de -los teólogos de antaño, puesto que casi todas las ciencias eran -antes enseñadas por el clero; y aunque hubiese habido alguna -persona que hubiera dudado de la posibilidad de dicha catástrofe, -se habría guardado muy bien de revelar su opinión, pues -ahí estaba pronto el despotismo de la teocracia para ponerle<span class="pagenum"><a name="Page_464" id="Page_464">[464]</a></span> -un freno a la lengua cada vez que hubiera tratado de poner -en discusión cualquiera de las falsas hipótesis de la ciencia -teocrática. Pero al dar esa respuesta, creían que nadie les había -de probar lo contrario, y muy lejos estaban de creer que -llegaría un día no muy lejano en que se probaría por medios -evidentes y hechos irrecusables, no tan sólo que los numerosos -restos organizados que se hallan enterrados en las entrañas -de la tierra no son el resultado del diluvio universal, sino que -hasta se llegaría a demostrar que es imposible que esta misma -catástrofe haya tenido lugar...”</p> - -<p>En efecto, el agua que se encuentra en nuestros mares es -insuficiente para cubrir toda la superficie de la tierra, hasta -los picos más elevados. Para sostener la existencia del diluvio -universal se debería suponer que las aguas provienen de algún -punto exterior al planeta, o que Dios las creó de la nada y -después de haber conseguido su objeto las volvió a la nada. -Tal hipótesis le parece imposible, geológicamente hablando, -pues de todos los fenómenos que se han verificado en -nuestro globo, desde sus orígenes, no se conoce ninguno debido -a causas sobrenaturales; “por consiguiente, el diluvio universal, -explicado por causas agenas a las leyes naturales y que -no caen bajo nuestros sentidos, es un absurdo, es un imposible -geológico. Casi todas las montañas, aun las más -altas del globo, presentan en su superficie bancos de coral, -conchas marinas de diferentes especies, etc., que los partidarios -del diluvio universal atribuyen a dicho cataclismo, suponiendo -que las aguas los llevaron y depositaron en las cimas -de las montañas; pero ¿cómo explicar el hecho de que muchas -de esas montañas, desde su base hasta su cima, están en su -interior completamente llenas de dichos despojos puestos por -capas sucesivas; que cada una contiene sus fósiles característicos -de los cuales no se encuentran vestigios en las otras capas; -y que cada una denota pertenecer a períodos de millares -de años durante los cuales se fueron modificando lenta pero -progresivamente los seres animales que durante ellos vivían? -¿Cómo explicar el hecho de que algunas de esas capas están -compuestas de animales marinos y otras de fluviales? Nunca -consiguieron los teólogos explicarlo satisfactoriamente.</p> - -<p>“Sólo a los ateos, según los llaman ellos, les estaba reservado -poder explicarlo satisfactoriamente, como han probado -de un modo evidente los geólogos que dichas montañas no son -otra cosa que terrenos formados lentamente en el fondo de los -mares y los lagos, que más tarde fueron sublevados por efecto -del calor del horno central de la tierra, que careciendo, comparativamente -a la gran intensidad de su calor, de suficientes -válvulas de seguridad (volcanes), los formaba en los puntos -menos resistentes de la corteza terrestre sublevando inmensas<span class="pagenum"><a name="Page_465" id="Page_465">[465]</a></span> -capas de terreno, cuya mayor parte yacían en el fondo de los -mares de aquella época, y que son los que constituyen nuestras -montañas actuales”.</p> - -<p>Los partidarios de las viejas tradiciones creyeron defenderlas -reconociendo esos acontecimientos geológicos, pero agregando -que habían ocurrido antes del diluvio legendario; los -efectos de éste debían buscarse en los terrenos móviles o poco -coherentes (sedimentarios) que descansan sobre los anteriores y -a los que se dió el nombre de <i>diluvium</i> o terrenos diluvianos. -“Por consiguiente, la cuestión no se reduce más que a -saber si realmente los terrenos, a cuyo conjunto se ha dado -el nombre de <i>diluvium</i>, son el producto de una gran catástrofe. -Casi todos los geólogos modernos, fundándose en hechos, pruebas -y razones convincentes, se han declarado por la negativa.”</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Lo que Ameghino se propone, en suma, no es simplemente -describir observaciones estratigráficas ni colecciones de fósiles; -desea intervenir en uno de los grandes conflictos trabados -entre la Ciencia y la Religión, poniendo al servicio de la -primera sus observaciones personales. En efecto, “los terrenos -que ocupan la superficie de las pampas argentinas hasta -una profundidad de veinte metros y más, a cuyo conjunto -se ha dado el nombre de <i>formación pampeana</i> o terrenos pampeanos, -corresponden por su situación geológica a los que en -Europa se han llamado diluvianos. En estos terrenos se han -encontrado, lo mismo que en sus análogos europeos, los -huesos de un gran número de mamíferos conocidos -generalmente con el nombre de <i>antediluvianos</i>. En estos terrenos -se han encontrado huesos humanos y objetos de su industria, -a los cuales, por estar como están, mezclados con huesos -de mamíferos extintos llamados <i>antediluvianos</i>, habría también -que aplicarles dicho calificativo. Ahora bien: el término -<i>antediluviano</i> ha sido introducido en la ciencia para designar -cualquier cosa que fuera anterior al supuesto diluvio universal, -cuya existencia era antes casi generalmente admitida. Si -conservásemos dicho término para designar los animales que -se encuentran en el terreno pampeano y los huesos humanos -que se han encontrado junto con ellos, sería lo mismo que si -dijéramos que los animales a que pertenecieron dichos huesos -fueron anteriores a la supuesta catástrofe diluviana, es decir, -a una supuesta fecha o punto de partida, puesto que el diluvio, -como nos lo quieren hacer entender los defensores de -las erróneas tradiciones bíblicas, no ha sido más que una gran -inundación simultánea sobre toda la superficie de la tierra.</p> - -<p>“Por eso es que para nuestros fines nos resulta de suma -necesidad saber si los terrenos pampeanos han sido formados<span class="pagenum"><a name="Page_466" id="Page_466">[466]</a></span> -momentáneamente por efecto de una gran inundación, o son, -por el contrario, el producto de la reunión de un gran número -de causas, que estuvieron en actividad durante un largo -número de años.</p> - -<p>“Si lo primero es exacto, los animales cuyos restos encontramos -en ellos deben haber vivido con anterioridad a la -catástrofe que los formó y de la que fueron víctimas; y en -ese caso el calificativo de <i>antediluviano</i> les sería bien aplicado.</p> - -<p>“Si fuese lo segundo, el término <i>diluvio</i> o <i>diluviano</i> ya -no indicaría una data o fecha, sino una época o un gran período -de tiempo, durante el cual habrían tenido vida los numerosos -seres organizados cuyos restos se encuentran en los -terrenos que durante él se formaron; y, en consecuencia, el -término <i>antediluviano</i> sería mal aplicado, porque equivaldría -a decir que tuvieron vida anteriormente a una catástrofe que -jamás ha tenido lugar y podría substituirse por el de <i>diluviano</i>, -que equivaldría a decir que tuvieron vida durante la -época o período así llamado.</p> - -<p>“Vamos a tratar de resolver la cuestión no con simples -hipótesis o argumentaciones sin fundamento, sino con razones, -pruebas y hechos, cuya exactitud podrá comprobar cualquiera”.</p> - -<p>Su propósito no es, como se vé, simplemente descriptivo; -si observa terrenos y colecciona fósiles, persigue fines ideológicos -más elevados. Tiene, ciertamente, a los veinte y dos años -preocupaciones que merecen el nombre de filosóficas. Reaparecen -ellas en <i>La Antigüedad del Hombre en el Plata</i> (1880), -verdadero resumen de todos sus escritos precedentes, y persisten -en <i>La Edad de la piedra</i> y en el <i>Homenaje a la memoria -de Darwin</i>, verdaderos eslabones que articulan su pensamiento -juvenil con las ideas científicas de su vida entera.</p> - -<h3><span class="smcap">II.—El transformismo y la paleontología filosófica</span></h3> - -<p>El ciclo de su obra viril se inicia con <i>Filogenia</i> (1884), -obra que por su método y orientaciones pertenece al género -de la llamada <i>paleontología filosófica</i>.</p> - -<p>Después de Goethe, Oken y Buffon,—los precursores,—el -transformismo fué enunciado, con firmeza creciente, por -Lamarck, Saint-Hilaire y Darwin. Las obras de este último, -concordantes con las expuestas por Lyell en otros dominios, -revolucionaron la zoología; a poco, mientras Haeckel y Huxley -le aportaban comprobaciones valiosas, cundió entre los paleontólogos -el transformismo y primaron en el estudio de los fósiles -los trabajos de reconstrucción filogenética. Neumayr delineó -la de los invertebrados, Cope la de los vertebrados; ambos -introdujeron en la paleontología el transformismo, más<span class="pagenum"><a name="Page_467" id="Page_467">[467]</a></span> -darwinista en el primero y más lamarckiano en el segundo. Al -mismo tiempo daba a luz Gaudry sus leidísimos volúmenes sobre -“los encadenamientos del mundo animal”, coronados más -tarde por su “ensayo de paleontología filosófica”.</p> - -<p>Durante la estancia de Ameghino en Europa (1878-1881) -esa orientación filosófica de la paleontología estaba en pleno -auge; refléjase ella ampliamente en <i>Filogenia</i> (1884), obra -que tiene, junto a sus muchos méritos, los apresuramientos -propios de esa época, que justificaron la prudente voz de alarma -lanzada por Zittel.</p> - -<p>El prólogo de <i>Filogenia</i>, en su parte final, es de un optimismo -fervoroso. Ameghino se propone restaurar el árbol filogenético -para dar la demostración irrefutable del transformismo; -confiado en su juventud, sólo pide tiempo para ello. -Declara que una empresa de tal magnitud y responsabilidad -científica no puede esperarse de hombres que tienen ya una -reputación hecha y temen arriesgarse a comprometerla; las -obras revolucionarias están reservadas a los jóvenes. “Reconozco -la necesidad imperiosa de proceder cuanto antes a bosquejar -este ensayo de clasificación genealógica, y voy a acometer -la empresa sin disimularme las dificultades que para -ello tendré que vencer, los deberes que me impone, los sinsabores -que quizá me reserva y la acerba crítica con que sin -duda será acogido por todos los que no tienen fe en el porvenir -y en las innovaciones, y ven detrás de cada revolución -un caos, sin reflexionar que después del fuerte rugir del trueno -y de la obscuridad que momentáneamente produce el encapotado -cielo, la bóveda celeste se muestra más límpida y -azul, y el sol aparece más brillante y más hermoso”.</p> - -<p><i>Filogenia</i> es un simple punto de partida, la fijación del -método para llegar al fin; así lo expresa el subtítulo: “principios -de clasificación transformista basados sobre leyes naturales -y proporciones matemáticas”.</p> - -<p>Nunca olvidó Ameghino esa orientación filosófica inicial. -Pasó los más de sus años siguientes en clasificar las cuatro -grandes faunas paleontológicas de las formaciones pampeana, -paranaense, hermosense y patagónica, determinando a la vez -sus condiciones geológicas; pero de tiempo en tiempo volvió a -lanzar una mirada sinóptica a su obra, conexionándola con sus -propios orígenes y proyectándola sobre el porvenir<a name="FNanchor_34" id="FNanchor_34"></a><a href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a>. Ya -en plena madurez, acicateado por algunos descubrimientos, renacieron -en él con nuevos bríos las inclinaciones antropogenéticas -que había revelado en el capítulo final de <i>Filogenia.</i> -Ocupó sus últimos años en perfeccionar la serie de los ascendientes<span class="pagenum"><a name="Page_468" id="Page_468">[468]</a></span> -del hombre, problema de la mayor trascendencia -filosófica. Sostuvo, como Darwin y todos los darwinistas, que -los antecesores del hombre no deben buscarse entre los actuales -monos antropomorfos, sino entre los monos ya extinguidos -que dieron origen a ambas ramas; pero a todos los excedió en -el empeño que puso en acabar una demostración tan inútil. -No la necesita ya ningún transformista; nunca parecería -suficiente a quien desee creer en el origen sobrenatural del -hombre y en la invariabilidad de las especies.</p> - -<h3>III.—<span class="smcap">“Mi credo;” los cuatro Infinitos; la vida y la muerte</span></h3> - -<p>En 1899 publicó Ameghino tres artículos sobre <i>Los Infinitos</i>: -espacio, materia y movimiento<a name="FNanchor_35" id="FNanchor_35"></a><a href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a>. Sus conceptos fundamentales -reaparecieron en la conferencia <i>Mi Credo</i>, pronunciada -el 4 de agosto de 1906, en la Sociedad Científica Argentina; -en este conocido trabajo renovó su adhesión a los principios -del naturalismo filosófico, cuyas hipótesis más corrientes -expuso en forma sencilla y con visible originalidad en -ciertos detalles.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Concebía el Cosmos como un conjunto de <i>cuatro infinitos</i>: -el inmutable <i>infinito espacio</i>, ocupado por el <i>infinito materia,</i> -en <i>infinito movimiento</i> en la sucesión del <i>infinito tiempo</i>.</p> - -<p>“Materia y espacio tienen la relación de contenido y continente. -El espacio existe, es una realidad, puesto que en el -Universo es lo único inmóvil, perenne, inmutable, sirviendo de -receptáculo a la materia. Concebir algo que sea menos que el -espacio o que se encuentre fuera de él, es un imposible.</p> - -<p>“La materia es la substancia palpable que llena el Universo, -y no podemos figurárnosla sino ocupando espacio; es -evidente que la porción del espacio ocupada por un átomo de -materia no puede ser a la vez ocupada por otro.</p> - -<p>“La materia no tuvo principio, ni tendrá fin. Que es indestructible, -es evidente, puesto que no es concebible la posibilidad -de sacarla fuera del espacio.</p> - -<p>“Como inseparable del espacio tenemos el intangible infinito -tiempo, que podemos definir como la sucesión infinita -de la nada corriendo paralelamente a las sucesivas fases de la -eterna transformación de la materia.</p> - -<p>“Como inseparable de la materia tenemos el infinito movimiento, -que aunque inmaterial, a diferencia del infinito -tiempo, es sensible y tangible.”</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_469" id="Page_469">[469]</a></span></p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Dejando los infinitos intangibles, espacio y tiempo, se detiene -Ameghino a examinar los dos infinitos tangibles: materia -y movimiento.</p> - -<p>Acepta el atomismo para explicar la constitución de la -materia. El movimiento no existe independiente de la materia; -es sinónimo de fuerza o energía.</p> - -<p>La evolución de la materia obedece a dos movimientos -opuestos, de igual intensidad: concentrante y radiante, es decir, -de atracción y repulsión. La evolución concentrante es -progresiva; la radiante es regresiva.</p> - -<p>Un principio fundamental rige la universalidad del movimiento: -“la intensidad del movimiento está en relación inversa -de la densidad de la materia”. Hay mundos en formación -y mundos en disolución: ese equilibrio es eterno.</p> - -<p>La materia presenta numerosos estados, desde el etéreo que -llena los espacios estelares, hasta el pensante que constituye -el cerebro en actividad. La estructura de esos estados es variadísima, -correspondiendo a cada uno de ellos un agrupamiento -molecular distinto. La transición entre esos estados es -necesariamente progresiva. “La infinita variedad de aspectos -bajo los cuales se presenta la materia, como todos los fenómenos -físicos y químicos, se reduce al predominio (localizado -en el tiempo y en el espacio) del movimiento concentrante o -del movimiento radiante, que modifican la materia variando -a lo infinito su grado de elevación jerárquica y la complejidad -de los agrupamientos moleculares. Todos los elementos -de la materia son múltiplos del átomo único fundamental: -el éter.</p> - -<p>Los cambios de estado de la materia se acompañan de -absorción o emisión de calor.</p> - -<p>Si los átomos son impenetrables, las moléculas son penetrables; -los distintos estados de la materia coexisten contenidos -los unos en los otros.</p> - -<p>Las diversas formas de energía se transforman entre sí -en proporciones siempre equivalentes.</p> - -<p>Los fenómenos físicos consisten en variaciones de la composición -molecular de la materia; los fenómenos químicos son -disociaciones y reagrupaciones de los elementos moleculares.</p> - -<p>Las leyes naturales, con excepción de las muy pocas que -rigen los infinitos, no son eternas ni inmutables; son modos -de equilibrio entre el movimiento concentrante y el movimiento -radiante: a cada modificación de las condiciones de equilibrio -corresponde una variación de las leyes naturales.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_470" id="Page_470">[470]</a></span></p> - -<hr class="tb" /> - -<p>“No hay diferencia de substancia entre los cuerpos orgánicos -y los cuerpos inorgánicos, entre el cuerpo vivo y el -cuerpo muerto”; entrando en la composición de ambos los -mismos elementos, su diferenciación es secundaria y no primitiva, -datando de una época relativamente recientísima. -Los organismos se formaron sobre la tierra cuando su condensación -fué suficientemente avanzada y la temperatura suficientemente -baja para que no se coagularan los albuminoides: -“los organismos son el resultado de la transformación -de los inorganismos”. La vida es una modalidad complicada -del movimiento: todas sus manifestaciones se reducen a formas -de movimiento que ya encontramos en los inorganismos.</p> - -<p>La cantidad de materia viviente es invariable en las actuales -condiciones de equilibrio de la tierra y no variaría en -cuanto ellas persistiesen; está determinada por la cantidad -de nitrógeno disponible que existe sobre la tierra, que no puede -sufrir aumento o disminución sin producir un desequilibrio -en el estado dinámico periférico de nuestro globo.</p> - -<p>Los primeros organismos se constituyeron por generación -o evolución espontánea, al transformarse la materia inorgánica. -Actualmente la generación espontánea no existe. -No puede existir porque ya no hay nitrógeno libre, cuya totalidad -está acaparada por el mundo orgánico existente, que -representa la cantidad máxima de materia susceptible de vivir.</p> - -<p>La formación espontánea de la materia viviente se efectuó -una sola vez y no volverá a producirse; fué una etapa en -la evolución de la corteza terrestre, cuyas condiciones no se -repetirán. La vida continuará sin discontinuidad mientras -duren las actuales condiciones de equilibrio de la corteza terrestre. -La materia de la corteza de los otros planetas ha pasado -o pasará por la misma etapa, lo que implica la posibilidad -de que sobre ellos aparezcan organismos vivientes.</p> - -<p>Si la cantidad de materia viva es invariable, el aumento -numérico de algunos organismos debe implicar la disminución -de otros; esa es la causa última de la concurrencia vital -o lucha por la vida. Siendo limitada la cantidad de materia -asimilable, ese es el límite natural de la reproducción en los -organismos: unos seres tienen que sucumbir para que los demás -puedan vivir.</p> - -<p>Colocado en condiciones favorables del medio, el protoplasma, -o los seres vivos elementales, serían inmortales; la -muerte es un desequilibrio entre el ser vivo y su medio.</p> - -<p>Los organismos más complicados son colonias de organismos -elementales, entre quienes se dividen las funciones necesarias -a la vida del conjunto; su muerte es un desequilibrio -en esa división del trabajo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_471" id="Page_471">[471]</a></span></p> - -<p>La diversificación, complicación y perfeccionamiento de -los organismos se efectúa por una constante adaptación al -medio, el cual también evoluciona constantemente.</p> - -<p>En la evolución individual cada organismo atraviesa las -etapas recorridas por sus antecesores en la evolución de las -especies: la ontogenia repite la filogenia, en sus fases generales.</p> - -<p>Los hábitos adquiridos en la evolución de la especie, aparecen -en el individuo como instintos; siguiendo ese proceso, -que nada puede interrumpir, el hombre de las edades futuras -nacerá con todos nuestros conocimientos actuales involucrados -potencialmente en su instinto.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Los seres vivos mueren cuando la disimilación es mayor que -la asimilación; el organismo se mineraliza progresivamente -y sus funciones se entorpecen hasta hacer imposible -el equilibrio total.</p> - -<p>El hombre podrá algún día retardar su muerte, “poco -menos que indefinidamente”. El término de duración de la -vida no es fijo; debemos dilatarlo el mayor tiempo posible. -“No creo que la muerte deba ser siempre una consecuencia -inevitable y fatal de la vida”. Los organismos unicelulares, -en determinadas condiciones, son teóricamente inmortales; -los policelulares mueren porque sus células se mineralizan y -dejan de funcionar, lo que se efectúa en época fija e invariable. -Aunque la masa total de materia viviente sea invariable, -ella puede estar dividida entre un número variable de -individuos. “Puede, pues, concebirse, sin que sea un contrasentido -ni esté en contradicción con las leyes naturales en vigencia, -la posibilidad de que pudiera existir cierto número -de organismos inmortales, que vivieran constantemente a expensas -del mundo orgánico”.</p> - -<p>Para alcanzar una longevidad indefinida es necesario que -el funcionamiento orgánico no sea obstruído por la acumulación -de sedimentos inertes. La tendencia evolutiva hacia una -mayor longevidad es general y está muy acentuada en los organismos -superiores; el hombre podría conocer las condiciones -que la determinan y adaptar su propia evolución en ese -sentido, “darle dirección y colocarse resueltamente en el camino -de la inmortalidad”.</p> - -<p>A nuestros lejanos descendientes “dotados de una longevidad -de miles de años; con el saber innato de sus antecesores, -heredado bajo la forma de instinto; con órganos de los -sentidos mucho más perfectos que los del hombre actual; con -una materia pensante infinitamente superior, les seria posible -resolver los grandes problemas del Universo que se nos presentan<span class="pagenum"><a name="Page_472" id="Page_472">[472]</a></span> -todavía en forma de lejanas nebulosas”. La especie -humana actual, salida de las precedentes, engendrará a su -vez una especie más perfecta, próxima al concepto que el -hombre se forma de la divinidad. En nuestros futuros descendientes, -podría quedar cumplida la profecía bíblica: ellos -serían a imagen y semejanza de los dioses<a name="FNanchor_36" id="FNanchor_36"></a><a href="#Footnote_36" class="fnanchor">[36]</a>.</p> - -<h3><span class="smcap">IV.—Noción de Dios y noción de Espacio</span></h3> - -<p>La concepción del Cosmos como conjunción de cuatro Infinitos, -se encuentra explicada con mayor detenimiento en los -artículos ya citados, anteriores a <i>Mi Credo</i>. La concepción -panteísta está desenvuelta en su breve artículo <i>Noción de Dios -y noción de Espacio</i><a name="FNanchor_37" id="FNanchor_37"></a><a href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a>, destinado a contestar la pregunta: -“¿Hay algo que en verdad exista, o que cuando menos pueda -ser concebido en sana lógica como existente, que esté más arriba -que el espacio y la materia?” Y después de reconocer la -universalidad de la creencia en “un ser superior que gobierna -el Universo y es autor y origen de todas las cosas”, da -su respuesta decisiva: “la existencia de un ser superior, creador -del Universo, es incompatible con la noción de la existencia -y la eternidad del espacio y la materia”. Trata de probar -con múltiples razonamientos lógicos la incompatibilidad -de las nociones de Dios y de Espacio, terminando con las siguientes -conclusiones explícitas:</p> - -<p>“La idea de Dios es una idea primitiva, simple, sencilla, -infantil, hija del temor que engendra lo desconocido y de la -ignorancia, que sólo tiene ojos para ver las apariencias. Idea -nacida con el hombre desde el estado salvaje y que ha ido modificándose<span class="pagenum"><a name="Page_473" id="Page_473">[473]</a></span> -poco a poco a medida que el hombre se civilizaba -y cultivaba su inteligencia, hasta hacer de tal idea una -concepción puramente metafísica, dotada de atributos no menos -metafísicos, sirviéndome de esta expresión en su acepción -más vulgar, que quiere que sea metafísico todo aquello que -no se comprende. Y en efecto: nada hay, por consecuencia, -tan metafísico como la noción de Dios y de sus atributos, -puesto que todo ello es lo más incomprensible.</p> - -<p>“La noción de espacio es, por el contrario, una idea compleja, -que sólo ha podido presentarse en espíritus elevados y -afirmarse como resultado del conocimiento previo del Cosmos.</p> - -<p>“Una no deja lugar para la otra; y así como todo pueblo -inferior se aniquila, desaparece y se extingue al estar en contacto -con uno superior, así también la noción de Dios se disipa -ante la concepción mucho más grandiosa, a la par que -real y positiva, de la eternidad de la infinita materia, en movimiento -infinito, que llena el infinito espacio”.</p> - -<h3>V.—<span class="smcap">Filogenia del lenguaje</span></h3> - -<p>Nunca osaron pensar Lamarck y Darwin, que la Anatomía -Comparada y la Paleontología podrían corroborar el transformismo -explicando las variaciones morfológicas que han -permitido la evolución del lenguaje. Ameghino lo intentó en -su escrito póstumo “<i>Origen poligénico del lenguaje articulado</i>”, -en cuyo texto parece alterado el orden natural de los -problemas y no están bien distribuídos los materiales<a name="FNanchor_38" id="FNanchor_38"></a><a href="#Footnote_38" class="fnanchor">[38]</a>.</p> - -<p>Fácil es separar en esta monografía los elementos relativos -al estudio de cuatro cuestiones distintas: 1.ᵒ Filogenia -General del Lenguaje; 2.ᵒ Restauración filogenética de los órganos -del lenguaje articulado; 3.ᵒ Origen poligénico de las -lenguas humanas; 4.ᵒ Seriación de los elementos fonéticos del -lenguaje articulado.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>La primera cuestión—Filogenia General del Lenguaje—parte -de que, en la evolución de las especies animales, el lenguaje -va convirtiéndose de mímica emotiva en lenguaje articulado. -Para ello pasa por cuatro etapas progresivas:</p> - -<p>1.ª Lenguaje animal o emotivo, propio de los animales, -constituído por gritos vocales acompañados de expresiones -musculares (gestos) para determinar mejor su significado.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_474" id="Page_474">[474]</a></span></p> - -<p>2.ª Lenguaje exclusivamente vocal o prehumano, propio -de los antecesores del hombre.</p> - -<p>3.ª Lenguaje semiarticulado, constituído por vocales y -semiconsonantes, sonidos intermedios que participan a la vez -de la vocal y de la consonante. Corresponde a los primeros -representantes del género humano, cuya mandíbula carecía, -todavía, de apófisis geniglosa.</p> - -<p>4.ª Lenguaje articulado, en el que los órganos bucales -entrecortan el sonido vocal para constituir sílabas distintas. -Este ha comenzado con la formación de la apófisis geniglosa, -y ha alcanzado independientemente distintos grados de desarrollo.</p> - -<p>(La parte mímica, expresiva o emotiva, ha ido disminuyendo -a medida que iba en aumento el significado de las voces).</p> - -<p>Ameghino analiza cada una de esas cuatro etapas, deteniéndose, -especialmente, en la última, o sea el lenguaje articulado.</p> - -<p>“No quiero invadir terreno extraño a mis conocimientos. -Sin embargo, se me permitirá que exprese mi opinión, según -la cual considero el estudio y clasificación de las lenguas del -mismo modo que el estudio y clasificación de las especies en -historia natural. Las lenguas deben ser tratadas como se -tratan las especies. Schleiger ya había entrevisto este paralelo -entre la lingüística y la historia natural, reconociendo -que el lingüista debía abordar el estudio de las lenguas en -la misma forma que el botánico estudia las plantas; pero no -llevó el parangón a términos más precisos. Esta es la vía que -debe seguirse.</p> - -<p>“Las lenguas representan para mí las especies, y los dialectos -las variedades de esas especies; las lenguas madres representan -las familias y varias familias afines constituyen -los órdenes de lenguas.</p> - -<p>“Las especies lingüísticas están constituídas por tres sistemas -de órganos: 1.ᵒ Los sonidos son los caracteres más fundamentales, -los órganos (sonidos) duros de las lenguas, los -que forman su armazón o esqueleto, equivalentes a los huesos -en los vertebrados; son, como éstos, los que varían y se modifican -con mayor lentitud, y, por consiguiente, los que deben -servir para la distinción de los grupos principales, como -los órdenes y su origen. 2.ᵒ Las voces o palabras, equivalen a -los órganos blandos que varían con mucha mayor facilidad y -sirven para determinar o definir las especies (lenguas) y variedades -(dialectos). 3.ᵒ Las construcciones y formas gramaticales -son sistemas de órganos que sirven para determinar -las relaciones que hay entre las especies (lenguas) y agruparlas<span class="pagenum"><a name="Page_475" id="Page_475">[475]</a></span> -en géneros y familias. Entre esos órganos los hay primitivos, -recientes, atávicos, perfectos, etc.”</p> - -<p>“En las lenguas, como en las especies en historia natural, -hay numerosísimas variedades, especies, géneros y familias -extinguidas. Para llegar a resultados definidos hay que -estudiar las lenguas desde el punto de vista filogenético, el -mecanismo de los sonidos en sí y en sucesión en el niño, es -decir, aplicando el método de los paleontólogos para establecer -las líneas filogenéticas de los distintos grupos lingüísticos. -Hay, pues, que hacer la filogenia de las formas desaparecidas -y de cada uno de los órganos (es decir, de los sonidos), -determinando la época de aparición relativa o sucesiva, y las -modificaciones que esos sonidos han debido experimentar -desde su primera aparición hasta nuestros días”.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Nada más lógico que la segunda cuestión—Restauración -filogenética de los órganos del lenguaje articulado—para el -autor de <i>Filogenia</i>. El lenguaje articulado es una función -desempeñada por órganos. Prescindiendo de su aspecto psíquico, -vinculado a la anatomía e histología cerebrales, Ameghino -se detiene a estudiar los órganos indispensables para que -el lenguaje vocal se convierta en semiarticulado y en articulado.</p> - -<p>Examina, en primer lugar, la variación progresiva de los -huesos y órganos que intervienen en la fonación y en la articulación -de los sonidos; bien observada, esta parte del trabajo -resulta una nueva (y, en verdad, inesperada) aplicación -del <i>procedimiento de la seriación</i> a los órganos del lenguaje, -para restaurar <i>su filogenia</i>. “Los representantes actuales -de la clase de los mamíferos y lo que la paleontología -nos enseña sobre los que los han precedido, nos permiten rehacer -el camino de la evolución de estos órganos desde los mamíferos -más primitivos hasta el hombre”; los analiza, deteniéndose -en los monos y en los antropomorfos, advirtiendo que -“en la naturaleza actual no hay formas de transición entre -esa conformación propia de los cebinos y los catarrinos, y la -del hombre. Pero los primeros hombres que aparecieron sobre -la tierra, muestran a este respecto una conformación -completamente intermedia, y en algunos casos puede decirse -que idéntica a la de los monos”.</p> - -<p>Atribuye una importancia especial en la función del lenguaje -articulado a la morfología de la apófisis geniglosa, -eje principal de los movimientos linguales en el hombre. Carecen -de ella todos los mamíferos; en los antropomorfos, que -se consideran tan cercanos al hombre, la dificultad de hablar -depende, no sólo de la ausencia de la apófisis geniglosa, sino<span class="pagenum"><a name="Page_476" id="Page_476">[476]</a></span> -de la disposición de la dentadura y de los labios. En los antecesores -inmediatos (especies o razas) del hombre actual, falta -esa apófisis; de ese hecho puede inferirse lógicamente que -ellos no pudieron poseer un lenguaje netamente articulado. Parécele -evidente que esta clase de lenguaje fué primitivamente -simple y limitado a muy pocos sonidos; el uso desarrolló los -músculos linguales y el crecimiento de la apófisis geniglosa, -permitiendo esta última una grandísima amplitud de movimientos -en todas direcciones, correlativa a la creciente complicación -del lenguaje articulado.</p> - -<p>Fácilmente se adivina que las observaciones sobre dicha -apófisis han sugerido a Ameghino sus hipótesis generales sobre -filogenia del lenguaje.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>La tercera cuestión planteada en este bosquejo—origen -poligénico de las lenguas humanas—está muy someramente -expuesta. ¿La adquisición de la función del lenguaje articulado -se ha efectuado en una sola región de la tierra o en -varias a la vez, ha tomado origen en una sola raza o en varias -por separado? Para dilucidar este problema se resuelve -“a examinar las mandíbulas antiguas que del hombre se conocen -en las diferentes partes del mundo, para poder determinar -si todos se han desenvuelto sobre el mismo plan y -seguido un mismo camino, o si obedecen a distintos planes y -han seguido distintos caminos. En el primer caso, habría -probabilidad de un origen único, siempre que ese camino no -hubiera sido emprendido independientemente en las distintas -regiones. Pero si el modo de desarrollo obedece a más de un -plan y un camino, entonces es evidente, que el origen es independiente -y poligénico”. De ese estudio infiere: 1.ᵒ Que el -lenguaje articulado tiene diversos orígenes independientes. -La apófisis geniglosa es un carácter poligénico y no monogénico. -Esta apófisis empezó a delinearse, en el fondo de la -fosa geniglosa, independientemente en las grandes regiones -de la tierra y también en pueblos de una misma región; empezó -por pequeñas rugosidades que representaban, entonces, -un carácter profético. El estado en forma de fosa geniglosa -sin rugosidades ni apófisis, fué la característica del hombre -al concluir la época terciaria. 2.ᵒ Todo induce a creer, además, -que la facultad del lenguaje, no solo las razas humanas -la han adquirido independientemente, sino también en épocas -distintas y algunas en tiempos geológicos relativamente muy -recientes”.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>La cuarta de las cuestiones—Seriación de los elementos -fonéticos del lenguaje articulado—es la que ha alcanzado un -desenvolvimiento menos incompleto (Cap. V, titulado “sonidos<span class="pagenum"><a name="Page_477" id="Page_477">[477]</a></span> -consonantes”). También es, ciertamente, la parte más -constructiva y original, aunque se advierte a cada instante -que el autor no conoce los estudios modernos de fonética experimental -y comparada; esto le habría facilitado su obra y -sus resultados serían más valederos.</p> - -<p>Es imposible resumir los análisis que le llevan a reconstruir -ciertos “phylae” de evolución de los sonidos lingüísticos -fundamentales. El <i>procedimiento de la seriación</i>, establecido -en <i>Filogenia</i> para los caracteres de los huesos fósiles, aparece -aquí aplicado a seriar los elementos fonéticos (fonemas) -del lenguaje articulado. No se sabe qué admirar más, si el -ingenio, si la lógica, si algunos resultados cuya evidencia resulta -de la imposibilidad de lo contrario. Es un bosquejo, sin -duda; el propio Ameghino reconoce y lamenta su ignorancia -de las disciplinas filológicas corrientes. Pero lo importante es -la indicación de un <i>nuevo método</i> para el estudio comparado -de las lenguas, que contribuiría a la formación de una <i>filología -genética</i> realmente integral.</p> - -<p>Las ideas generales que dominan en este escrito póstumo -contienen todo lo útil que podía esperarse de la obra completa: -una orientación para otros. Ameghino carecía de nociones -rudimentarias de fonética y de filología; había llegado a -una edad en que no pueden emprenderse estudios enteramente -nuevos<a name="FNanchor_39" id="FNanchor_39"></a><a href="#Footnote_39" class="fnanchor">[39]</a>.</p> - -<h3><span class="smcap">VI.—Otros aspectos</span></h3> - -<p>Algunas ideas de <i>Mi Credo</i> están desenvueltas en un escrito -póstumo de Ameghino: <i>El Origen de la Vida</i><a name="FNanchor_40" id="FNanchor_40"></a><a href="#Footnote_40" class="fnanchor">[40]</a>; son -breves notas sobre el origen de los seres, la primera aparición -de la vida, la generación espontánea en el origen de la misma, -su improbabilidad actual, las condiciones necesarias para -el desarrollo de la vida, etc. Carecen de originalidad, desarrollando -las ideas más corrientes entre los partidarios de la -teoría físico-química.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_478" id="Page_478">[478]</a></span></p> - -<p>Fácil es advertir que Ameghino, en el <i>Credo</i> que hemos -sintetizado con fidelidad, da por planteados y resueltos los -problemas filosóficos de “origen” y de “genealogía”. Sobre -el origen del cosmos, de la vida y del pensamiento, adhiere estrictamente -al naturalismo filosófico; pertenece a la corriente -de pensadores que en el siglo pasado contó con grandes nombres, -desde Darwin hasta Ostwald, convergiendo a una <i>concepción -del mundo fundada en las ciencias naturales</i>. Justo es advertir, -sin embargo, que sus ideas se limitaron a generalizaciones -poco definidas, no alcanzando la forma del monismo energético, -que ha sido la expresión más sistemática de esa tendencia.</p> - -<p>En cuanto al problema “gnoseológico”, piedra de toque -para clasificar a un filósofo, Ameghino admite, de hecho, que -la experiencia es el fundamento de todo conocimiento, iniciándose -como observación empírica, coordinándose como ciencia -y proyectándose en lo desconocido como hipótesis fundada en -la experiencia. Nunca trató en particular este problema de -lógica, ajeno a sus dominios científicos; pero siempre que a él -se refirió incidentalmente, su obsecuencia al método científico -fué absoluta y se esforzó por practicarlo, en cuanto ello -le fué posible.</p> - -<p>Su posición moral fué netamente optimista. Se dejó llevar -por la imaginación en sus previsiones relativas a la futura -longevidad humana, que llamó “inmortalidad” en términos -metafóricos, más propios de la poesía que de la ciencia.</p> - -<p>Rindió culto a la Verdad con derechez ejemplar y virtud -pocas veces igualada. Y, sin salir de la Naturaleza, imaginó un -Dios nacido de la Naturaleza misma: el Hombre perfeccionado -de la humanidad futura.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_479" id="Page_479">[479]</a></span></p> - -<h2 id="INDICE_DEL_VOLUMEN_IX">ÍNDICE DEL VOLUMEN IX</h2> - -<table summary="Índice del volumen IX"> - <tr> - <td></td> - <td></td> - <td class="tdr">Págs.</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Agote, Luis</i></td> - <td>—El Helenismo de Alejandría</td> - <td class="tdr">28</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Blanco, Julio Enrique</i></td> - <td>—Sobre el origen y desarrollo de las ideas teleológicas en Kant</td> - <td class="tdr">223</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Besio Moreno, Nicolás</i></td> - <td>—Ulises en el infierno dantesco</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_437">437</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>Bianchi, Alfredo A.</i></td> - <td>—La huelga sangrienta</td> - <td class="tdr">304</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Bustos, Zenón</i></td> - <td>—La Revolución Social que nos amenaza</td> - <td class="tdr">136</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Culturales, Asociaciones</i></td> - <td>—La huelga sangrienta</td> - <td class="tdr">318</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Donoso, Armando</i></td> - <td>—La conversión de Brunetiére</td> - <td class="tdr">206</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Ferreyra, J. Alfredo</i></td> - <td>—Emile Corra y los ejércitos invisibles</td> - <td class="tdr">239</td> - </tr> - <tr> - <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td> - <td>—Acotaciones a Montaigne</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_358">358</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>González, Joaquín V.</i></td> - <td>—La Paz Internacional y el Derecho de las Naciones</td> - <td class="tdr">279</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Giusti, Roberto F.</i></td> - <td>—La huelga sangrienta</td> - <td class="tdr">304</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Guardia, Ernesto de la</i></td> - <td>—La unidad en la estética</td> - <td class="tdr">253</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Ingenieros, José</i></td> - <td>—Psicología de los celos</td> - <td class="tdr">83</td> - </tr> - <tr> - <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td> - <td>—La significación histórica del movimiento maximalista</td> - <td class="tdr">146</td> - </tr> - <tr> - <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td> - <td>—La moral de Ulises</td> - <td class="tdr">264</td> - </tr> - <tr> - <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td> - <td>—La huelga sangrienta</td> - <td class="tdr">315</td> - </tr> - <tr> - <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td> - <td>—Las ideas filosóficas de Ameghino</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_462">462</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>Kantor, Moisés</i></td> - <td>—El problema social y la revolución rusa</td> - <td class="tdr">114</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Korn, Alejandro</i></td> - <td>—La Reforma Universitaria</td> - <td class="tdr">1</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Laub, J.</i></td> - <td>—¿Qué son espacio y tiempo?</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_386">386</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>Lobos, Eleodoro</i></td> - <td>—La Reforma Universitaria</td> - <td class="tdr">16</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Lugones, Leopoldo</i></td> - <td>—La huelga sangrienta</td> - <td class="tdr">311</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Maupas, Leopoldo</i></td> - <td>—La lógica formal</td> - <td class="tdr">56</td> - </tr> - <tr> - <td><span class="pagenum"><a name="Page_480" id="Page_480">[480]</a></span><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td> - <td>—Lógica inductiva</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_406">406</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>Méndez, Julio</i></td> - <td>—La Reforma Universitaria</td> - <td class="tdr">24</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Méndez Pereyra, Octavio</i></td> - <td>—La crítica y el arte</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_457">457</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>Mercante, Víctor</i></td> - <td>—Marcos Sastre y “El Tempe Argentino”</td> - <td class="tdr">46</td> - </tr> - <tr> - <td><i>Peña, David</i></td> - <td>—Alberdi, Sarmiento y Mitre</td> - <td class="tdr">161</td> - </tr> - <tr> - <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td> - <td>—Alberti, Sarmiento y Mitre</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_332">332</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>Reyes, César</i></td> - <td>—Democracia individualista</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_442">442</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>Rivarola, Rodolfo</i></td> - <td>—Discurso de apertura de la Universidad de La Plata</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_321">321</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>Senet, Rodolfo</i></td> - <td>—Origen de los sentimientos morales</td> - <td class="tdr">187</td> - </tr> - <tr> - <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td> - <td>—Los sentimientos morales, estéticos y religiosos</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_367">367</a></td> - </tr> - <tr> - <td><i>Zeballos, Estanislao S.</i></td> - <td>—La Reforma Universitaria</td> - <td class="tdr">6</td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="smcap">La Revista de Filosofía</span> aparece bimestralmente en -volúmenes de 150 a 200 páginas.</p> - -<p>Estudia problemas de cultura superior e ideas generales -que excedan los límites de cada especialización científica. -No edita artículos literarios, políticos, históricos ni -forenses.</p> - -<p>Desea imprimir unidad de expresión al naciente pensamiento -argentino, continuando la orientación cultural de -Rivadavia, Echeverría, Alberdi y Sarmiento.</p> - -<p>Procurará contribuir a la renovación de los géneros clásicos -de la filosofía (psicología, ética, lógica, estética y -metafísica) mediante las conclusiones más generales de -la experiencia científica (ciencias físico-naturales, biológicas -y sociales), cuyo conocimiento es la premisa natural -de toda elaboración filosófica.</p> - -<div class="smaller"> - -<p>Ha publicado artículos de <i>Florentino Ameghino, José M. Ramos Mejia, Agustín -Alvarez, Joaquin V. González, Paul Groussac, Rodolfo Rivarola, Angel Gallardo, -Pedro N. Arata, Jorge Duclout, José N. Matienzo, Ernesto Quesada, Camilo Meyer, -Carlos O. Bunge, Francisco de Veyga, J. Alfredo Ferreyra, Víctor Mercante, Julio -Méndez, Enrique Martinez Paz, Gregorio Araoz Alfaro, Carlos Ameghino, Alvaro Melián -Lafinur, Cristóbal M. Hicken, Lucas Ayarragaray, Rodolfo Senet, Alberto Williams, -Francisco F. Fernández, Alberto E. Castex, Raquel Camaña, José Oliva, Eduardo -Acevedo, Julio Barreda Lynch, Salvador Debenedetti, Juan W. Gez, Ricardo Rojas, -Maximio S. Victoria, Alfredo Colmo, Alicia Moreau, Emilio Zuccarini, Augusto Bunge, -Vicente D. Sierra, Raúl A. Orgaz, Teodoro Becú, Ramón Melgar, Julio Cruz Ghio, -Ernesto Nelson, Nerio A. Rojas, Alberto Palcos, Félix Icasate Larios, Horacio Damianovich, -Leopoldo Maupas, E. Herrero Ducloux, Julio Noé, Alcira Villegas, etc.</i></p> - -</div> - -<p>Su sección bibliográfica tiende a constituir una base -de información retrospectiva y contemporánea de la cultura -americana, y especialmente de la argentina.</p> - -<p>Para esta iniciativa desinteresada, emprendida sin el -concurso de ninguna institución o sociedad, no cuenta el -editor con subvenciones del Estado ni con la publicación -de anuncios comerciales.</p> - -<p>Las personas estudiosas que deseen recibir la <span class="smcap">Revista</span>, -deben adjuntar el exiguo importe de la suscripción anual, -estrictamente reducida a los gastos tipográficos y postales.</p> - -<p class="center">Suscripción anual, 10 $ m/n.—Número suelto, 2 $ m/n.<br /> -Exterior, anual, 1 Libra esterlina o 5 dólares</p> - -<p class="center">Toda la correspondencia administrativa diríjase a:</p> - -<p class="center">Casa Vaccaro.—Avenida de Mayo 638<br /> -Buenos Aires.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="footnotes"> - -<h2>FOOTNOTES</h2> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_1" id="Footnote_1"></a><a href="#FNanchor_1"><span class="label">[1]</span></a> A este preciso momento se refiere Sarmiento en la siguiente carta que -me escribió en enero de 1888, año de su muerte, con motivo de la aparición del -diario <i>La Epoca</i> que fundé y dirigí en la ciudad de Rosario. La valiosa comunicación -del grande hombre fué como el <i>Programa</i> de mi hoja. Escrita toda ella -de su puño y letra, el original no presenta ni una simple enmendatura. Esta -carta fué reproducida por la <i>Revista de Derecho, Historia y Letras</i> en junio -de 1899.</p> - -<p>He aquí esa carta, que acaso pueda ser considerada como el último aliento -espiritual de Sarmiento: -</p> - -<div class="blockquote"> - -<p class="noindent">“Señor don David Peña—Rosario.</p> - -<p class="letter-salutation">“Mi jóven amigo:</p> - -<p>“Con el primer mes del año 1888 me anuncia un amigo aparecerá en el -Rosario un diario dirigido por usted. Apenas asome las narices a la luz pública, -encargo a usted lo salude con el sacramental: <span class="smcap">Happy New Year</span> y le eche sobre -los hombros como blandos pañales o sobre la cabeza, como la imposición de las -manos de los ancianos, a guisa de bendición, las palabras que siguen, puesto -que quiero que, como retoños de viejo roble, se reconozcan como descendientes felices -los diarios del Rosario, de la alocución que dirigí a sus habitantes en 1852 -al pasar por sus desiertas y apenas trazadas calles, con la <i>primera página impresa</i> -que vió la luz en Rosario, aun antes de existir una imprenta.</p> - -<p>“Traíala ambulante el Ejército Grande, y hubo de lanzar desde el Rosario, -como que entraba en campaña, su primer boletín.</p> - -<p>“No había de montarse la prensa por pesada, ni adiestrádose el personal de -cajistas e impresores, para echar a volar mil hojas sueltas en una hora.</p> - -<p>“Un jefe de Estado Mayor preside la operación del tiraje. Al principio, la -tripulación de aquel barquichuelo se encoge de hombros y se ríe del propósito -de hacer milagros con tan exigüos medios: una escobilla para entintar la forma, -que está negra y muda sobre un banco, a guisa de yunque donde el Vulcano -de nuestro siglo, ha de descargar sus repetidos martillazos, hasta que entrando -en calor el metal, tome la forma que el arte, la ciencia y la voluntad humana -le imprima. Esta es la prensa.</p> - -<p>“¡Atención! manda el sañudo jefe, vamos a imprimir una carta a los vecinos -del Rosario prometiéndoles la victoria de Caseros. (Una concurrencia de pueblo, -inmensa, toda la platita labrada del Rosario que cabía dentro de una sala en -1852, se había reunido para felicitarnos y desearnos feliz y gloriosa campaña -contra el tirano).</p> - -<p>“¡Atención! ¡Numerarse por la derecha! 1, 2, 3, 4, 5, 6. Número uno, -pone tinta a la forma con el entintador a guisa de tapón; núm. 2, pone la hoja -de papel; núm. 3, impone encima la frasquetita de papel; núm. 4, golpea con -la escobilla hasta que se impriman las letras del otro lado; núm. 5, levanta la -frasqueta; núm. 6, retira la hoja impresa y luego, el núm. 1, entinta la forma; -núm. 2, pone el papel; núm. 3, impone la frasqueta, etc. <i>Da capo</i>. El que retira -el papel va a leer lo impreso, para ver si está bien. ¡Alto ahí!, grita el jefe que -manda la maniobra. Ese movimiento no está en la táctica de imprimir al vuelo, -se pierde tiempo, se para la rueda. Al fin y tirados los ejemplares, se van apartando -los malos.</p> - -<p>“La operación sigue, los artilleros se adiestran a cargar aquel formidable -obús, una página impresa que tantas murallas, torreones y barreras ha hecho -caer; y que, como el otro día me mostrasen en la estupenda fábrica de cerveza -de Mr. Biecker, un obrero que hace catorce años está llenando botellas de cerveza, -y sus manos corren de una a otra como se ven las alas del picaflor agitarse hasta -desaparecer, yo me decía, sin sorprenderme, patarata ¡si hubieran visto imprimir -en el Rosario mil hojas de una carta impresa, al aire libre, rodeados seis obreros -inteligentes, de una forma, haciendo volar hojas y más hojas!...</p> - -<p>“Este es el origen de la imprenta en el Rosario, y aquella escena su más -claro timbre de gloria. ¿Conservará alguien algún ejemplar de aquella carta a -los ciudadanos? Sería un buen pergamino que ostentase ese diario de ud. para -demostrar que es Fijodalgo, y no un cualquiera, sino de muy noble alcurnia, -lanzado a la calle, a la de Dios que es buena.</p> - -<p>“Ahora, el Rosario es la primera ciudad de la República Argentina, por el -número de sus habitantes y su asombroso movimiento, sus muelles, su red de -ferrocarriles, de circunvalación y subterráneos, pues Buenos Aires es la capital, -y no entra en las ciudades de provincias. La Plata, ha ya destronado a Córdoba. -El Rosario es el Chicago del Río de la Plata, al que los ascensores colosales envían -torrentes de trigo y lino que van a desembarcar a Inglaterra, pues los granos se -embarcan a sí mismos cayendo dentro de las bodegas de los vapores que los -trasportan.”</p> - -<p>Pero el Rosario, es además, la boca y los oídos por donde entran los alimentos -y los espíritus y los rumores de la civilización. El Rosario es la capital -del pueblo argentino transformándose de raza, de instintos, de ideas, y es allí -donde debe estar, para el servicio de los pueblos nuevos, aquel banco, a guisa -de yunque, para amartillar ideas, que unos pocos vecinos vieron funcionar en -1852:—la imprenta. Sea ese diario de ud. el yunque. La barra de hierro agrio, -frío, duro, que tenemos por delante es la <i>nacionalización de residentes</i>, y esos residentes -están en el Rosario, en la Esperanza, en cien colonias, felices y afincados, -sin haber declarádose propietarios orgullosos de la patria que han conquistado -con el sudor de su frente, para legar a sus hijos con la República libre, y no -para mandar de regalo a algún príncipe pseudo de allende los mares.</p> - -<p>Le he descrito la manera de imprimir boletines en seis tiempos, y dejar -atrás las prensas a vapor. Tomo de “Viajes por Europa, Africa y América”, la -receta que me enseñó un gran maestro, y he aplicado con grande e infalible -éxito a enfermos que los médicos habían declarado incurables; oiga usted:</p> - -<p>“En Barcelona encontréme con Juan Tompson, uno de esos pobres emigrados -argentinos que en cada punto de la tierra se encuentran en mayor o menor -número, como aquellos griegos de Constantinopla cuando los Hunos se apoderaron -de ella. El Facundo había caído en manos de Merimée, el académico francés, -que estaba allí; la Revista de Ambos Mundos acababa de hacer su complaciente -<i>Compte-rendu</i> del librote, y heme aquí, que sabiendo mi llegada a Barcelona, -M. Lesseps, el célebre cónsul general que se había ilustrado al resplandor de -los bombardeos de aquella ciudad, andaba a caza del bicho raro que tan raro -libro había escrito.</p> - -<p>Amigos a las dos horas de conocernos, Cobden, que a la sazón estaba en -Barcelona, tuvo los honores de un te, durante el cual debía serle yo presentado. -¿Os imagináis a Cobden, un O’Connell vivo, cáustico, entusiasta, ardiente en la -polémica, rápido, inspirado en la réplica? ¡Cuánto os engañáis, mi pobre Victorino! -(Lastarria). Es un papanatas, fastidiado como un inglés, reposado como un -axioma, frío, vulgar, si es posible decirlo, como las grandes verdades.</p> - -<p>Hablamos casi los dos solos toda la noche; contóme algunas de sus aventuras, -de sus luchas, mostróme sus medios de acción, la estrategia de su palabra, -los cuentecillos con que era preciso entretener al pueblo para que no se -durmiera, escuchando. Lamentóse de la casi insuperable dificultad que oponían -las masas por su incapacidad de comprender, por sus preocupaciones; dióme -una tarjeta por si alcanzaba él a estar de regreso en Mánchester a mi paso por -aquella ciudad y no nos separamos sino en la puerta de mi hotel, quedando yo -abrumado de dicha, abismado de tanta grandeza y tanta simplicidad, contemplando -medios tan nobles y resultados tan gigantescos. No dormí esa noche, -tenía fiebre: parecíame que la guerra iba a caer en ridículo, cuando generalizándose -aquel sistema de agregación de voluntades, de justa posición de masas, -fuese puesto en práctica, para destruir abusos, gobiernos, leyes, instituciones. -¡Qué cosa más sencilla!</p> - -<p>Hoy somos dos, mañana cuatro, el año siguiente mil, reunidos públicamente -en un mismo gobierno. ¿Resiste el gobierno?</p> - -<p>Es que aún no somos muchos, es que quedan en favor del abuso mucho -más.</p> - -<p>Sigue la predicación y los folletos, y los diarios, y la asociación y -la Liga. El Gobierno o las Cámaras saben el día y la hora en que están vencidos -y ceden; íd. ¡a poner en planta tan bello sistema en América!</p> - -<p>Cobden había destruído o atacado, antes de comenzar su obra, todos los -grandes principios en que reposaba la ciencia gubernativa. El <i>equilibrio europeo</i> -él lo declaró manía de entrometerse en asuntos ajenos por desaburrirse los ministros. -Las <i>colonias</i> eran sólo el medio de proporcionar empleo a los hijos -menores de los lores. La <i>balanza comercial</i>, el resumen de la ignorancia en -economía. La política con todas sus pretensiones de ciencia, el charlatanismo -de bobos o de pillos.</p> - -<p>La <i>protección</i> a las industrias nacionales, un medio inocente de robar dinero -al vuelo, arruinando al consumidor y dejando en la calle al fabricante protegido. -En cambio de todas estas verdades fundamentales él sustituía el buen -sentido, el sentido común de todos los hombres, más apto para juzgar que la -ciencia interesada de lores y ministros.</p> - -<p>Ahora parto para Africa. Llevo cartas para el mariscal Bugeaud, y una -casi orden al cónsul de Mallorca para que me haga conducir a Argel por el -primer vapor de guerra que se presente.”</p> - -<p>Ya conoce usted la receta, y la historia ha probado que es infalible; pruébela -usted en el Rosario aunando voluntades, pueblos, patriotismo, intereses en uno -común: la República Argentina independiente, culta y libre.</p> - -<p>Yo siento que me flaquean las fuerzas, que el cuerpo es débil y que debo -emprender otro viajecito luego. Pero, estoy preparado precisamente porque se -necesita poco equipaje; con lo encapillado sobra; pero llevo el único pasaporte -admisible, porque está escrito, en todas las lenguas: “servi a la humanidad”. De -pobre que era, en unos países, le mostré caminos y mares que conducían a otros -más felices, y un millón me debe en parte haber ahorrado a sus hijos las más -duras penas de la vida, que son la destitución y el hambre. Habían vendas espesas -de ignorancia y barbarie en el pueblo y traté de arrancarlas; oí el ruido -en torno mío, el ruido de cadenas que no estaban aún rotas y me junté a quienes -forcejeaban por quebrantarlas. Hoy trato de reunir muchos egoísmos, muchos -dialectos en una sola masa homogénea: el pueblo, y pudiera ser que un misil -me alcance, y tenga que dejar caer de la mano la espada, que, como lo ha -visto, es la pluma que usted empuña. Guárdela del orín del negocio, suprimiendo -o avanzando ideas, según sopla el viento. Le aseguro que por todas partes nos -es favorable; con Wilson caen los negociantes, en favores; con Cleveland se -robustece la moral en la política. Con la nacionalización de residentes habremos -engrandecido la Patria. Las colonias de Santa Fe, el Rosario con cien mil almas -luego, son apenas bosquejos de bellos cuadros de bienestar y libertad que no -hemos de ir a buscar en Europa, dejada a los que en ella moran.</p> - -<p>Saluda a usted su affmo. amigo -</p> -<p class="letter-sig"><span class="smcap">D. F. Sarmiento</span>.</p> - -</div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_2" id="Footnote_2"></a><a href="#FNanchor_2"><span class="label">[2]</span></a> Ocupándose Sarmiento de la primera parte de este episodio en casa -del presidente Avellaneda, se apoyaba en él para elogiar al general Urquiza en -forma extraordinaria. Pero antes de referir a mi manera el juicio, prefiero transcribir -la página que lo contiene, del <i>Número Único</i> que se publicó en homenaje -de Urquiza en la ciudad de Buenos Aires en mayo de 1901 y que dice textualmente -así:</p> - -<div class="blockquote"> - -<p class="center">URQUIZA JUZGADO POR SARMIENTO</p> - -<p>“Habiendo hecho conocer don Marco Avellaneda del doctor David Peña un -juicio de Sarmiento sobre Urquiza, consignado en un interesante libro de -recuerdos personales, en el que se hallan entremezclados impresiones y juicios de -otra época, recogidos por el actual Ministro de Hacienda y por él salvados del -olvido en esta forma íntima, empeñóse el doctor Peña con amistosa insistencia, -en obtener una copia de esa página, que textualmente reproducimos:</p> - -<p>“En tiempo de la presidencia de mi hermano Nicolás, nos encontrábamos reunidos -una noche en su casa particular, varias personas, entre las que estaba -el general Sarmiento.</p> - -<p>Se hablaba del talento militar del general Paz, y dirigiéndose mi hermano -a Sarmiento, le dice: ¿Cuál de los militares que usted ha conocido tenía más -talento? Urquiza—contestó sin trepidar—y ante la exclamación de sorpresa -con que fué recibida su respuesta, agregó—“¡Sí! Urquiza tenía genio militar -y también genio político.</p> - -<p>“Yo lo he tratado en la campaña contra Rosas, nos dijo. Voy a referirles -algunos rasgos suyos en apoyo de mi opinión.</p> - -<p>“Desde que atravesamos el Paraná, el general Urquiza principió a preocuparse -del militar a quien Rosas confiara el mando del ejército—recorría los -nombres de todos los que a éste acompañaban y se detenía siempre en el del -general Pacheco. Era el único que le inspiraba recelos, y se propuso anularlo.</p> - -<p>He aquí el medio de que se valió: Le escribió cartas en términos amistosos, -casi confidenciales. Leí una de ellas en la que le anunciaba que su primer -acto, después de vencer a Rosas sería nombrarlo gobernador de Buenos Aires, -conteniendo además, frases como éstas: “como usted sabe...” “de conformidad a lo -que le comuniqué...” que indicaban que procedía de acuerdo con él. La correspondencia -era conducida por <i>chasques</i> a puntos en donde debían ser tomados -por agentes de Rosas. Tres o cuatro gauchos fueron degollados, pero logró su -objeto. Pacheco fué separado del ejército de Rosas. En el combate entre las -vanguardias que tuvo lugar el 31 de enero, las tropas de Urquiza entraron a -la pelea vivando a Pacheco.</p> - -<p>En seguida Sarmiento refirió los siguientes hechos: “El día de la batalla -de Caseros, el general Urquiza, al frente de su ejército, recorría con su anteojo -de campaña la línea enemiga hasta que llamó a un joven oficial de su escolta, -diciéndole: “—Ayúdeme a buscar las tropas del jefe N. que derrotamos el día 31”. -Una vez que fueron encontradas, inició el ataque llevando el ataque contra -ellas, que dió por resultado la completa dispersión de esas fuerzas, que, desmoralizadas -ya por la derrota anterior, ni siquiera intentaron resistir.</p> - -<p>Pocos momentos antes de principiar la batalla, se acerca a gran galope un -ayudante del general Virasoro, que le dice: “—El jefe del estado mayor manda -prevenir a V. E. que ha olvidado indicarle cuál será el punto de reunión en -el caso de una contraste”—“Contéstele usted que no hay mas punto de reunión -que el campo de batalla”.</p> - -<p>“Estas palabras, continuó Sarmiento, habían sido pronunciadas cuarenta -años antes por Napoleón; pero yo estoy seguro de que Urquiza no las conocía, -porque no era hombre para plagiar a Napoleón ni a nadie.</p> - -<p>“Lo que he referido me basta para pensar que el general Urquiza tenía -genio militar, y creo que también tenía genio político.</p> - -<p>“Su programa de fusión de olvido del pasado; su llamamiento a los federales -de posición social que no se habían manchado con crímenes, como los Anchorena, -los Carreras, el doctor Lorenzo Torres, etc., no tenía por objeto, como se -ha creído vulgarmente, ofender a los unitarios y satisfacer sus pasiones de partido, -sino que, por el contrario, eran el fruto de un hábil y bien meditado plan -político, porque creyó con razón, que no era posible fundar un gobierno solamente -con nosotros, los unitarios, que éramos llamados advenedizos, porque no -teníamos ni fortuna, ni familia, ni relaciones, ni vinculaciones de ningún género -con la sociedad de nuestro país. Pero, en lo que demostró más habilidad -política fué en convocar a los gobernadores al acuerdo de San Nicolás.</p> - -<p>“Derrotado Rosas, no dejaba ninguna institución, ningún poder; nada -quedaba en pie, sino esos gobernadores de provincia, semibárbaros todos, y asesinos -y ladrones en su mayor parte.</p> - -<p>Eso era lo único que podía servirle para formar un Congreso que constituyera -el país. Ahora estoy perfectamente convencido de ello.</p> - -<p>¿Qué habría sucedido si Urquiza deja que las provincias derrocasen a sus -gobernadores, antes de que se reuniese el Congreso Constituyente? Significa -decir que se hubiera encendido la guerra civil, porque no hay que olvidar que -muchos de ellos tenían elementos para defenderse. Si pensamos en el aislamiento -en que vivían los pueblos, en el desierto que los rodeaba, en las dificultades -casi insuperables de comunicación, lo probable es que hubiéramos vuelto -al año 20, y que habrían transcurrido largos años sin constituirse la Nación”.</p> - -<p>Mucho tiempo después de oir esta conversación que me causó sorpresa por -las opiniones anteriores de Sarmiento sobre Urquiza, se la referí a Pedro Goyena, -quien me manifestó que le habían asegurado que el general Mitre pensaba -ahora como Sarmiento respecto al Acuerdo de San Nicolás.</p> - -<p>Buenos Aires, julio 31 de 1892.</p> - -<p class="letter-sig"><span class="smcap">Marco Avellaneda.</span></p> - -</div> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_3" id="Footnote_3"></a><a href="#FNanchor_3"><span class="label">[3]</span></a> En unos apuntes relativos al doctor don Carlos Tejedor, que me fueron -facilitados por su esposa, figura el dato de que en aquellos primeros días -de su reincorporación a la ciudad, el doctor Tejedor se pasaba sentado largas -horas de la noche solo y reflexivo, junto a la pirámide de Mayo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_4" id="Footnote_4"></a><a href="#FNanchor_4"><span class="label">[4]</span></a> Obras completas, t. XIV, pág. 69.</p> - -<p>Es sensible que esta carta no figure entre las editadas por el Museo Mitre. -La carta que se inserta en el libro editado por don Alejandro Rosa no es igual -a la presente.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_5" id="Footnote_5"></a><a href="#FNanchor_5"><span class="label">[5]</span></a> Conversación íntima de Rosas con don Santiago Vasquez, representante -del gobierno de Montevideo, el mismo día que ocupa el mando por primera -vez (diciembre de 1829). (Revista del Río de la Plata, tomo V, pág. 599).</p> - -<p>Rosas se adelanta y coincide en la clasificación científica de los elementos -sociales: <i>La foule et la élite. (La cité moderne, por Jean Izoulet</i>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_6" id="Footnote_6"></a><a href="#FNanchor_6"><span class="label">[6]</span></a> <span class="smcap">Sarmiento-Mitre</span>. Correspondencia 1846-1868. Págs. 33-34 y 35. -(Edición de Museo Mitre).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_7" id="Footnote_7"></a><a href="#FNanchor_7"><span class="label">[7]</span></a> Esta publicación contiene literalmente las conferencias que he dado -en la Facultad de Filosofía y Letras. He tratado en lo posible de consultar las -obras originales; no he podido, sin embargo, hacerlo siempre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_8" id="Footnote_8"></a><a href="#FNanchor_8"><span class="label">[8]</span></a> A. Einstein: Zur Elektrodynamik der bewegten Korper, Annalen der -Physik, 1905.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_9" id="Footnote_9"></a><a href="#FNanchor_9"><span class="label">[9]</span></a> Más tarde pienso tratar de la misma manera los otros conceptos fundamentales -de física, como masa, energía, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_10" id="Footnote_10"></a><a href="#FNanchor_10"><span class="label">[10]</span></a> Espacio lo identifican siempre con el espacio “vacío”.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_11" id="Footnote_11"></a><a href="#FNanchor_11"><span class="label">[11]</span></a> No cabe duda que en la formación de la noción <i>idea</i> influyen en el -espíritu de Platón los conceptos fundamentales de geometría (formas), que no -representan los objetos del mundo empírico (objetos de la naturaleza) y tienen -únicamente la existencia en nuestro pensamiento, pues, por ejemplo, el punto, -la línea, la superficie, no existen de hecho en el mundo físico y son una abstracción -de nuestro espíritu. Además el origen psicológico de la idea platónica -hay que buscarlo en las leyes lógicas y en las normas de ética.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_12" id="Footnote_12"></a><a href="#FNanchor_12"><span class="label">[12]</span></a> Esta obra es también una especie de resumen de toda la filosofía platónica.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_13" id="Footnote_13"></a><a href="#FNanchor_13"><span class="label">[13]</span></a> Muchos representantes de la filosofía idealista ven en este hecho una -cierta contradicción de Platón y hasta quieren negar la autenticidad de la parte -de Timeo en que se trata del espacio <i>eterno</i>. A nosotros nos parece muy plausible -que el fundador de la teoría de dos mundos distintos introduzca también un modelo -para el espacio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_14" id="Footnote_14"></a><a href="#FNanchor_14"><span class="label">[14]</span></a> Influencia sobre Kant y Schopenhauer. Recuerdo que Schopenhauer -empieza una de sus obras con las palabras: “Platón el divino”, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_15" id="Footnote_15"></a><a href="#FNanchor_15"><span class="label">[15]</span></a> Por <i>forma</i> entiende Aristóteles no sólo la forma corporal, sino también -el conjunto de las propiedades que caracterizan a un cuerpo, (color etc.).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_16" id="Footnote_16"></a><a href="#FNanchor_16"><span class="label">[16]</span></a> “No la <i>esfera</i>, no el <i>metal, sino la esfera metálica</i> se <i>forma</i>”.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_17" id="Footnote_17"></a><a href="#FNanchor_17"><span class="label">[17]</span></a> “Categorías” es una obra no sólo de carácter lógico gramatical, sino -también una especie de introducción a la <i>metafísica</i> aristoteliana. Pues aunque en -el primer momento aparecen como una clasificación de palabras—la obra empieza: -“Las <i>palabras</i>, cuando están aisladas, sólo pueden expresar una de las cosas -siguientes, etc.”—en el fondo las 10 categorías corresponden a los <i>distintos modos -de ser</i>, contenidos en las palabras.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_18" id="Footnote_18"></a><a href="#FNanchor_18"><span class="label">[18]</span></a> Es ya una conclusión de la definición.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_19" id="Footnote_19"></a><a href="#FNanchor_19"><span class="label">[19]</span></a> Desde Galileo y Newton sabemos que efectivamente todos los cuerpos -caen en el vacío con la misma velocidad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_20" id="Footnote_20"></a><a href="#FNanchor_20"><span class="label">[20]</span></a> Véase página 398 en el número de noviembre de 1918 de esta Revista.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_21" id="Footnote_21"></a><a href="#FNanchor_21"><span class="label">[21]</span></a> A esta clase de generalización, que se suele llamar inducción aristotélica, -conviniendo todo el mundo en que no es inducción, pertenecen las que -Stuart Mill califica de generalizaciones no dependientes de causalidad; pero tal -vez sin advertir su naturaleza no inductiva.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_22" id="Footnote_22"></a><a href="#FNanchor_22"><span class="label">[22]</span></a> Véase en Wundt. <span class="smcap">Logik</span> en el tomo primero la interesante exposición -que hace de la evolución del concepto de Causalidad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_23" id="Footnote_23"></a><a href="#FNanchor_23"><span class="label">[23]</span></a> Véase la exposición de esta cuestión en el <i>Traité de Logique Générale -et de Logique Formelle</i>, de <span class="smcap">Revouvier</span>, T. II, Cap. XXXVIII. Letra D. <i>Du -principe du calcul des probabilités</i>. Véase también la definición del azar en el -libro de Poincaré, <i>Calcul des Probabilités</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_24" id="Footnote_24"></a><a href="#FNanchor_24"><span class="label">[24]</span></a></p> - -<p class="letter-salutation">Sr. D. Nicolás Besio Moreno.—Mi querido amigo:</p> - -<p>Estoy más asombrado que usted, si cabe, del desatino aparecido en mi artículo -“La moral de Ulises”. La explicación, sin embargo, es sencilla. Obligado -a abreviar el texto para que cupiese en las 24 paginitas de la colección “América” -que lo editó, le hice varios cortes, en pruebas de imprenta que no volvieron -a mis manos.</p> - -<p>Cayó en los cortes un largo párrafo relativo a Ulises en Dante; y para -restablecer la continuidad del texto, donde decía “<i>No en vano</i>, releyendo esa -parte del poema dantesco, buscamos entre los fraudulentos al divino Ulises, arquetipo -clásico de todos los simuladores. <i>Y habría sorprendido</i> la ausencia...”, tuve -el poco tino de corregir: “<i>En vano</i>, etc.,... <i>Y sorprende</i> la ausencia”. Esta modificación, -sugerida por mi propio corte al texto, resultó disparatada con relación -al texto del poema (cuyo Infierno aprendí de memoria en la niñez y del que -aun puedo recitar cantos enteros).</p> - -<p>Con las mismas pruebas de imprenta, ya corregidas (!) por mí, se compuso -el texto publicado en la <i>Revista de Filosofía</i>, que acaso yo no habría vuelto a -leer, ni habría rectificado nunca, sin la oportuna advertencia de usted, que muy -sentidamente le agradezco.</p> - -<p>Como no tengo pequeña vanidad literaria, ni me avergüenzo de esta <i>gaffe</i>—que -no es la primera ni será la última en mi obra escrita—le ruego me autorice -a publicar su interesante carta en el próximo número de la <i>Revista</i>.</p> - -<p>Muy afectuosamente le saluda, su amigo.—<i>José Ingenieros.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_25" id="Footnote_25"></a><a href="#FNanchor_25"><span class="label">[25]</span></a> Conferencia pronunciada, bajo los auspicios del “Centro Liberal”, en -La Rioja, el 20 de febrero de 1919.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_26" id="Footnote_26"></a><a href="#FNanchor_26"><span class="label">[26]</span></a> Los que descendemos de fundadores de la independencia argentina—como -Rodríguez Peña; los que pertenecemos a familias que desde sus más remotos -antepasados han gozado del concepto social de lo que se llama aristocracia, -tenemos sobrada autoridad para hablar de este modo, y hacemos esta manifestación -con el solo propósito de evitar el seguro argumento de los “aristócratas”, -empedernidos, que nos tratarán de parciales suponiendo somos “mulatos”.—C. R.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_27" id="Footnote_27"></a><a href="#FNanchor_27"><span class="label">[27]</span></a> Taine, <i>Filosofía del arte</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_28" id="Footnote_28"></a><a href="#FNanchor_28"><span class="label">[28]</span></a> Gauckler, <i>Lo bello y su historia.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_29" id="Footnote_29"></a><a href="#FNanchor_29"><span class="label">[29]</span></a> Guyau, <i>El arte desde el punto de vista sociológico.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_30" id="Footnote_30"></a><a href="#FNanchor_30"><span class="label">[30]</span></a> Guyau, <i>El arte desde el punto de vista sociológico.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_31" id="Footnote_31"></a><a href="#FNanchor_31"><span class="label">[31]</span></a> Henniquin, <i>La crítica científica.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_32" id="Footnote_32"></a><a href="#FNanchor_32"><span class="label">[32]</span></a> E. Marguery, <i>La obra de arte y la evolución</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_33" id="Footnote_33"></a><a href="#FNanchor_33"><span class="label">[33]</span></a> E. Marguery, <i>La obra de arte y la evolución</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_34" id="Footnote_34"></a><a href="#FNanchor_34"><span class="label">[34]</span></a> Ver “<i>Una rápida ojeada a la evolución filogenética de los mamíferos</i>”, -1889; “<i>Visión y Realidad</i>”, 1889; “<i>La Argentina al través de las últimas épocas -geológicas</i>”, 1897; “<i>Sinopsis</i>”, 1898; “<i>Sinopsis</i>”, 1910.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_35" id="Footnote_35"></a><a href="#FNanchor_35"><span class="label">[35]</span></a> En la revista “La Pirámide”, editada en La Plata.—Con el título -<i>Espacio</i>, <i>Materia y Movimiento</i>, fueron reimpresos en la “Revista de Filosofía”, -Buenos Aires, Enero de 1918.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_36" id="Footnote_36"></a><a href="#FNanchor_36"><span class="label">[36]</span></a> El texto de <i>Mi Credo</i> dice literalmente, en términos <i>deliberadamente</i> -equívocos: “y sólo entonces se habrá cumplido lo que dice el profético versículo -de la Biblia . . . que el hombre sea la imagen y semejanza de Dios”. Es sabido -que la palabra Dios equivale en labios de Ameghino a Naturaleza, como en todos -los filósofos panteístas.—Sobre la analogía intrínseca entre el ateísmo y el -panteísmo, ver mis escritos <i>Hacia una moral sin dogmas</i> (Capítulo III) y -<i>Proposiciones</i>, Cap. II, “La hipocresía de los filósofos”.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_37" id="Footnote_37"></a><a href="#FNanchor_37"><span class="label">[37]</span></a> Publicada en “Revista de Filosofía”, Buenos Aires, Noviembre de -1917, con la siguiente nota:</p> - -<p>“Hace algunos años, una delegación de una biblioteca de Chivilcoy fué a -visitar al eminente sabio, que ya era director del Museo de Historia Natural de -Buenos Aires, y le invitó a colaborar en un número único que esa institución se -proponía editar.</p> - -<p>“El sabio accedió, y, para no escribir una página de paleontología, escribió -<i>Noción de Dios y noción de espacio</i>, que completa otros tres trabajos breves -(“Los infinitos”, “El infinito materia” y “La constitución de la materia y el infinito -movimiento”) que había escrito, accediendo a colaborar en una revista -intitulada “La Pirámide”, que se editaba en La Plata.</p> - -<p>“La biblioteca chivilcoyana debió estremecerse ante el presente griego que le -resultaría el trabajito enviado por el sabio, y, sin duda, para no hacerlo público -sin ofender al director del Museo, renunció hasta hoy a publicar el número único.</p> - -<p>“Así es cómo quedaron inéditas hasta ahora estas pocas páginas que el señor -Alfredo J. Torcelli, compilador de las obras de Ameghino, entrega a la publicidad -por intermedio de esta <i>Revista</i>”.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_38" id="Footnote_38"></a><a href="#FNanchor_38"><span class="label">[38]</span></a> Publicado en los “Archivos de Pedagogía y Ciencias Afines”, La Plata, -Octubre de 1911, con la siguiente advertencia: “Trabajo póstumo y sin terminar, -escrito a fines de 1910 y a principios de 1911”.—Los originales (acaso -no enumerados por el autor) no han sido bien ordenados para esa publicación, -que aumentaría en interés y claridad con una ordenación distinta.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_39" id="Footnote_39"></a><a href="#FNanchor_39"><span class="label">[39]</span></a> El editor de las <i>Obras Completas</i> prestaría un servicio a los lectores -de Ameghino si al reimprimir este bosquejo variase la disposición de sus párrafos -y la distribución del material, buscando una ordenación más lógica.—En -la forma actualmente conocida, el trabajo es de difícil intelección.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_40" id="Footnote_40"></a><a href="#FNanchor_40"><span class="label">[40]</span></a> Publicado en “Revista de Filosofía”, Buenos Aires, Marzo de 1918, -con la siguiente nota del editor de sus <i>Obras Completas</i>:</p> - -<p>“<i>Origen y persistencia de la Vida</i>” es un trabajo que Ameghino había empezado -a redactar antes de su salida del Museo de La Plata.</p> - -<p>Parecería que el sabio condensó el propósito de esa obra en este pensamiento, -que después fué más claramente expuesto en “<i>Mi Credo</i>”:</p> - -<p>“Yo no pretendo haber encontrado la causa del movimiento: el Movimiento -en sí mismo es un Infinito comparable al Infinito Tiempo y al Infinito Espacio; es -comparable a la Materia en que es como ella transformable, pero no extinguible.—Lo -que creo haber encontrado es la ley a que obedece: esto es, que la cantidad -de Movimiento está en relación inversa de la masa”.</p> - -<p>Entre los papeles del sabio han sido hallados dos planes de la obra: uno, -que parece previo y comprende nueve títulos; y otro, más amplio, que comprende -quince títulos. El capítulo que hoy se entrega a la publicidad es el undécimo.</p> - -<p>La continuación sistemática y metódica de <i>Origen y persistencia de la Vida</i> -debió ser dejada de mano por Ameghino, sin duda esperando disponer alguna -vez de tiempo y de tranquilidad para conducirla a término. Pero a través de los -años ha ido depositando en las tapas de los cuadernos que le servían de carpetas -esbozos de ideas y hasta simples títulos de asuntos.</p> - -<p>De las apuntaciones de pensamientos que existen en la carpeta denominada -“Prólogo”, resulta que era propósito del autor escribir su obra en francés, tratando -la evolución en conjunto.</p> - -<p>“Quien crea en los dogmas—dice—y profese como artículos de fe la -creencia en la existencia del alma, en la inmortalidad futura y en la muerte como -fin o término de todo ser, tiene bastante con lo que sabe y no tiene necesidad de -aprender más: está en posesión de toda la ciencia que es capaz de asimilarse. No -precisa leerme. Que sea feliz con su saber”.—<span class="smcap">Alfredo J. Torcelli.</span></p> - -</div> - -</div> - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Revista de Filosofía, Año V - Nº - - May/1919, by Various - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK REVISTA DE FILOSOFIA, MAY, 1919 *** - -***** This file should be named 53718-h.htm or 53718-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/7/1/53718/ - -Produced by Adrian Mastronardi and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO -OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT -LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. - -1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of -damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement -violates the law of the state applicable to this agreement, the -agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or -limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or -unenforceability of any provision of this agreement shall not void the -remaining provisions. - -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in -accordance with this agreement, and any volunteers associated with the -production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm -electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, -including legal fees, that arise directly or indirectly from any of -the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this -or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or -additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any -Defect you cause. - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. 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Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the -mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its -volunteers and employees are scattered throughout numerous -locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt -Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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