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-Project Gutenberg's Revista de Filosofía, Año V - Nº 3 - May/1919, by Various
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
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-
-Title: Revista de Filosofía, Año V - Nº 3 - May/1919
- Cultura--Ciencias--Educación
-
-Author: Various
-
-Editor: José Ingenieros
-
-Release Date: December 12, 2016 [EBook #53718]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK REVISTA DE FILOSOFIA, MAY, 1919 ***
-
-
-
-
-Produced by Adrian Mastronardi and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-
-
-
-
-
-
-
- Año V--N.ᵒ 3 Mayo de 1919
-
- Revista de Filosofía
-
- Cultura--Ciencias--Educación
-
- PUBLICACIÓN BIMESTRAL DIRIGIDA POR
- JOSÉ INGENIEROS
-
- SUMARIO
-
- _321_--_Rodolfo Rivarola_ Discurso de apertura de la Universidad.
-
- _332_--_David Peña_ Alberdi, Sarmiento y Mitre. Alrededor
- de 1852.
-
- _358_--_J. Alfredo Ferreyra_ Acotaciones a Montaigne.
-
- _367_--_Rodolfo Senet_ Los sentimientos morales, estéticos y
- religiosos.
-
- _386_--_J. Laub_ ¿Qué son espacio y tiempo?
-
- _406_--_Leopoldo Maupas_ Lógica inductiva.
-
- _437_--_Nicolás Besio Moreno_ Ulises en el Infierno dantesco.
-
- _442_--_César Reyes_ Democracia individualista.
-
- _457_--_Octavio Méndez Pereyra_ La crítica y el arte.
-
- _462_--_José Ingenieros_ Las ideas filosóficas de Ameghino.
-
- ÍNDICE DEL VOLUMEN IX
-
- Redacción: calle Viamonte 743
- Administración: Casa Vaccaro--Avenida de Mayo 638
- BUENOS AIRES
-
-
-EN LOS NUMEROS PRÓXIMOS
-
- _Carlos O. Bunge_ Ensayo sobre Sarmiento (póstumo)
-
- _Ernesto Quesada_ Desenvolvimiento social hispano americano.
-
- _Juan Agustín García_ Notas sobre la evolución colonial.
-
- _José Nicolás Matienzo_ Problemas universitarios.
-
- _Roberto J. Giusti_ Ensayo sobre Amiel.
-
- _Pedro N. Arata_ La ciencia en la época del Renacimiento.
-
- _Franciso de Veyga_ La psicología hindú.
-
- _Rodolfo Rivarola_ Cuestiones de filosofía política.
-
- _Joaquín V. González_ Problemas culturales y universitarios.
-
- _Leopoldo Maupas_ Ensayos de lógica.
-
- _Carlos F. Melo_ Fundamentos y función social del Derecho.
-
- _Enrique Mouchet_ Sobre psicología del lenguaje.
-
- _Víctor Mercante_ Principios básicos de la educación.
-
- _Rodolfo Senet_ Los sentimientos morales y religiosos.
-
- _Juan Chiabra_ La metafísica dogmática contra la ciencia.
-
- _J. Alfredo Ferreyra_ Estudios de ética.
-
- _Alcira Villegas_ Ética social.
-
- _Félix Icasate Larios_ Las categorías en Aristóteles y Kant.
-
- _R. Sarmiento Laspiur_ La obra científica de Julio Méndez.
-
- _Cristóbal M. Hicken_ La obra científica de Eduardo L. Holmberg.
-
- _Eusebio Gómez_ Psicología de las pasiones antisociales.
-
- _Narciso Laclau_ El problema de la vida.
-
-
-_Obras de JOSÉ INGENIEROS_
-
-Acaban de reeditarse:
-
- LA SIMULACIÓN EN LA LUCHA POR LA VIDA (11.ª edición corregida)
-
-Un volumen de 220 páginas: $ 1 m/n.
-
- SIMULACION DE LA LOCURA (8.ª edición, revisada por el autor)
-
-Un volumen de 400 páginas: $ 2 m/n.
-
- SOCIOLOGÍA ARGENTINA (7.ª edición, muy aumentada)
-
-Un volumen de 450 páginas: $ 2 m/n.
-
- PRINCIPIOS DE PSICOLOGIA (6.ª edición, corregida)
-
-Un volumen de 400 páginas: $ 2 m/n.
-
- CRIMINOLOGIA (7.ª edición, corregida)
-
-Un volumen de 314 páginas: $ 2 m/n.
-
- EL HOMBRE MEDIOCRE (5.ª edición, muy corregida)
-
-Un volumen de 250 páginas: $ 1 m/n.
-
- HACIA UNA MORAL SIN DOGMAS
-
-Un volumen de 212 páginas: $ 1 m/n.
-
- PROPOSICIONES, relativas al porvenir de la filosofía
-
-Un volumen de 160 páginas: $ 1 m/n.
-
- Pedidos a la Casa Vaccaro, AVENIDA DE MAYO 638, Buenos Aires
-
-
-
-
- REVISTA DE FILOSOFIA
-
- Año V--N.° 3 Mayo de 1919
-
-
-
-
-DISCURSO DE APERTURA DE LA UNIVERSIDAD
-
-POR EL DR. RODOLFO RIVAROLA
-
-Presidente de la Universidad de La Plata
-
-
-La situación actual del mundo, en lo político, económico, social y
-moral presenta problemas para un porvenir inmediato de tal magnitud que
-ni siquiera me animo a nombrar, y mucho menos a abrir discusión sobre
-ellos en este acto. Están fuera de nuestro país, y asimismo, gravemente
-al parecer, dentro de nuestras fronteras. Diríamos que se respiran en
-el ambiente y producen en nuestro espíritu una sensación de peligro
-próximo. Con todo, no es de ello que debo hablar en este acto, sino de
-lo concreto de nuestros problemas más inmediatos, los que correspondan
-a la común aspiración de la mejor enseñanza, y a la mayor consideración
-y estimación recíproca de profesores y alumnos.
-
-En mi razonamiento, lo que digo significa, para mí, que hay un
-compromiso de conciencia que nos afecta por igual a profesores y
-alumnos. Tenemos los primeros que saber claramente para qué enseñamos
-y los segundos saber también claramente para qué asisten a nuestras
-enseñanzas.
-
-En el análisis de la primera proposición _para qué enseñamos_,
-confesemos dos motivos egoístas: la satisfacción de una tarea honrosa
-y la percepción del honorario. No podemos moralmente contentarnos con
-los motivos egoístas. Uno y otro implican el cumplimiento de un deber,
-sin el cual, en vez de satisfacción, sentiríamos vergüenza y pena,
-si tenemos conciencia regularmente normal y moral. Nuestro honorario
-se compone de dos partes: una que paga la Sociedad por su órgano,
-el Estado; otra que pagan los alumnos a título de derechos que la
-Universidad percibe. Nuestro servicio será para la Sociedad, en cuanto
-la Universidad deberá proveerla de aptitudes individuales útiles para
-su bienestar, su mejor gobierno, sus mejores servicios administrativos,
-su mayor producción económica, su mejor justicia, su mejor moralidad,
-salud o higiene. Deberá ser para cada alumno, en cuanto le habilitará
-para que sirviendo bien a la sociedad, se sirva a sí mismo mediante la
-remuneración honrada de su trabajo.
-
-Si hemos tomado a nuestro cargo la responsabilidad de enseñar, es
-porque confiamos en nuestras aptitudes; pero tal vez no meditamos
-suficientemente en el fin de nuestras enseñanzas. De aquí se sigue que
-nuestros planes de estudios, nuestros programas o nuestros métodos
-puedan carecer de precisión para orientarnos hacia la utilidad social e
-individual.
-
- * * * * *
-
-Es urgente distinguir entre la elaboración de la ciencia y su
-aplicación, o sea entre investigar y hacer. ¿Por qué haríamos un
-investigador de física cuando sólo necesitamos un electricista?
-¿Por qué haríamos un botánico, cuando necesitamos un agricultor? Un
-electricista deberá convertir su habilidad en dinero: un agricultor
-lo mismo. Su servicio será para un industrial, particular, sociedad o
-colectividad, en vista de una retribución correspondiente. ¿Qué haría
-con el investigador de física o de botánica, el industrial a quien sólo
-interesara el rendimiento económico más provechoso, si el sabio ocupara
-su tiempo en adelantar la ciencia en vez de adelantar las entradas
-en dinero de la industria? Ante el peligro de que la investigación
-científica arruinase la industria ¿despediría el sabio o, por lo menos,
-le relegaría a un laboratorio y tomaría un técnico? Lo que digo del
-físico y del botánico, lo digo también del químico, del médico, del
-veterinario, del abogado y de cuanto _saber_ debe transformarse en
-_hacer_, de cuanta ciencia debe ser arte: _arte de curar_, se decía de
-la medicina.
-
-El método de educar para la ciencia y el método de preparar para
-la profesión, son necesariamente diversos como correspondientes a
-fines distintos. El primero aspira a la explicación más completa de
-las cosas; el segundo a la ejecución más perfecta de las obras. La
-ejecución es más perfecta cuando responde con mayor exactitud al
-fin deseado, aunque en cualquier caso particular el ejecutor ignore
-la explicación. Continuando todavía con uno de los ejemplos que he
-propuesto, la agricultura es fuente de riqueza nacional; la proposición
-sería de una trivialidad afligente si intentara decir alguna
-novedad. En ella va contenida la afirmación de ser la agricultura
-arte de economía; arte de producir riqueza transformada en su signo
-representativo, la moneda. Cuando diplomamos a un perito agrónomo,
-no tenemos que certificar sus conocimientos científicos o teóricos
-en las diversas ciencias que adelantan la agricultura. Se nos pide
-únicamente que certifiquemos su habilidad para transformar semilla en
-dinero. Deberá nuestro perito tener esta habilidad; con el menor gasto
-posible producir la mayor utilidad. No solamente deberá saber cuál
-es la semilla que produce mejores plantas, sino que es indispensable
-que sepa cuánto cuesta y dónde se vende, y deberá saber qué precio se
-obtendrá por los productos. La perfección de este arte no estará, pues,
-en presentar los frutos más hermosos, según el criterio estético, sino
-en obtener los de mayor utilidad económica, porque este es el fin del
-servicio. Una escuela de agronomía es, pues, una escuela económica,
-destinada a preparar comerciantes de la agricultura, y ella misma debe
-ser una casa de comercio agrícola, para que sus alumnos puedan ser
-buenos comerciantes (no demos a la palabra la acepción jurídica) de la
-industria rural.
-
-Sé que expreso estos pensamientos contrarios a otros que oigo y leo
-sobre enseñanza agrícola. Tengo desde muchos años en los oídos esta
-frase de los especialistas más respetables y distinguidos: las escuelas
-de agricultura son establecimientos de enseñanza y no de producción;
-a lo cual contesto que deben ser de producción para que se aprenda
-a producir. Pero declaro que mi interés de este momento no es abrir
-polémica sobre esta cuestión, sino presentar un ejemplo de demostración
-lógica, aplicable a cualquier arte, considerada en el único aspecto
-que indicará el método de enseñarla: su finalidad. Quien acude a un
-abogado porque tiene un pleito, le interesará que su letrado obtenga
-el reconocimiento de lo que cree su derecho, le importará poco lo que
-sepa sobre problemas de reformas legislativas, que correspondan al
-grado de estudio cuyo objeto es la mejor organización de la sociedad.
-Lo mismo, quien acude a un médico es para que le cure la enfermedad; le
-importará poco cuáles sean sus profundos conocimientos en determinada
-investigación de laboratorio, si no ha visto muchos enfermos y
-aprendido su arte al lado de quien los asistía y los curaba de modo
-que él mismo sepa curar... por lo menos las enfermedades curables, las
-únicas que se curan, como decía el doctor Wilde.
-
- * * * * *
-
-El tema que aquí trato es el mismo que sometí a la Asamblea General
-de Profesores, en agosto del año pasado; y lo consideraremos de nuevo
-en la próxima Asamblea General. Me sirve ahora para traerlo hasta
-algunas de las cuestiones universitarias que parecen haber tomado mayor
-importancia.
-
-Las ideas corrientes de organización universitaria argentina,
-sus planes de estudio y métodos, aspiran a hacer principalmente
-profesionales, o sea técnicos, mediante métodos de investigación
-científica. No hay distinción positiva, bien clara, entre la
-preparación para la ciencia y la preparación para la profesión. No
-tenemos escuelas técnicas, porque la enseñanza técnica está dentro
-de las mismas universidades, y cuando se encuentra afuera imita los
-métodos y planes científicos, aspira a igualar con la enseñanza que
-debería ser puramente científica y no profesional. No es para mí
-inconveniente que se encuentre dentro de la Universidad lo científico
-puro y lo profesional, lo elemental y lo superior; pero a condición
-de que distingamos lo que corresponde a una y otra finalidad de la
-enseñanza.
-
-Cuando se cita el ejemplo de universidades extranjeras, especialmente
-alemanas, y se encomia su admirable libertad de enseñar lo que el
-profesor quiera, y de aprender el alumno lo que quiera, de asistir
-o de no asistir a clase, de elegir unas materias y no otras, de no
-dar exámenes, etc., se advierte al mismo tiempo que en aquellas
-universidades la enseñanza es puramente científica, y que la técnica
-se da en institutos especiales. He mostrado en otro momento y lo
-repito ahora, que hay gravísimo error en aplicar aquellas ideas a las
-universidades argentinas, que no son puramente científicas, sino que
-proponen a la vez los dos fines de preparación para la ciencia y para
-la profesión.
-
-Cuando los estudios científicos con educación especial en métodos
-adecuados y rigurosos, corran por separado de los métodos para la
-preparación profesional, diremos claramente que no hay exigencia de
-asistir a clase, ni reglamento de práctica, ni obligación de alumno:
-quien quisiere aprender asistirá a la enseñanza que pueda darle quien
-tenga ciencia para enseñar.
-
-Esta separación es simplemente una tesis que sostengo; no es una
-realidad existente en nuestras universidades. Muchos, tal vez
-la mayoría, no creen en ella, como yo no creía antes de haberme
-rectificado. Toda la enseñanza universitaria está organizada bajo
-el supuesto de una base científica sin distinción de finalidad
-científica o profesional. De esto resulta que, en definitiva, no sea
-ni preparatoria de aptitudes científicas ni preparatoria de habilidad
-profesional.
-
-La medida en que la enseñanza científica deberá servir a la preparación
-profesional, es en casos particulares de positiva dificultad. Lo
-reconozco y lo declaro. Por eso mismo, y mientras la tesis no se haya
-convertido en realidad, corresponde que cada alumno se proponga a sí
-mismo la cuestión de su propia vocación y destino que desea dar a sus
-estudios. En la enseñanza de cada materia, encontrará una parte o un
-aspecto, un modo o un método que se ajustará mejor a sus deseos o
-conveniencias. Es en este sentido que la presencia en la clase será
-para él un beneficio que a su tiempo lamentará haber descuidado, aun
-cuando a su juicio, en cuya infalibilidad de hoy no debe creer, le
-parezca que la enseñanza no responda a su interés futuro.
-
-Por otra parte, quien aspire solamente a ejercer una profesión, por ser
-ésta de carácter que requiere derivarse de conocimientos científicos,
-ninguna medida de tiempo que emplee en adquirirlo le será perjudicial
-para su profesión. De la misma manera, quien aspire a consagrar su
-empeño en la adquisición de la ciencia, en ninguna manera le será
-perjudicial cualquier contacto con el arte o aplicación profesional de
-la ciencia.
-
-Demasiado sabemos por experiencia propia que no alcanzamos a ser
-hombres de ciencia, desde que discutimos o inventamos muy poca cosa en
-la vía de la producción científica, y si adquirimos alguna habilidad
-profesional es con frecuencia mediante rectificación de errores que
-reconocemos después de haberlos cometido.
-
-Mediante la misma rectificación de errores bajo el látigo de la
-experiencia diaria, hemos llegado a profesar en la cátedra y a tener
-en verdad cierta experiencia que utilizamos y debemos utilizar para
-aprovechamiento de los jóvenes que en calidad de alumnos nos reclaman
-el fruto de lo que la vida haya sembrado en nuestro espíritu. Agregaré,
-porque es verdad y porque hablo sin disimulo, que así como no todas
-las tierras son apropiadas para que la semilla germine y salga a la
-luz la planta, no en todos los espíritus la experiencia da frutos
-iguales. Resulta así natural desigualdad en aptitudes para enseñar.
-Tal desigualdad se hará mayormente manifiesta, cuanto mayor sea lo
-que puede llamarse individualismo profesional, quiero decir, completa
-libertad del profesor para hacer o no hacer, enseñar o no enseñar,
-guardar analogía con la media normal del método de enseñar, o no
-guardarla, sea por mayor aproximación a cualquier extravagancia de
-genio o de talento, o por retardo, hijo de la pereza, o de cualquier
-otra madre.
-
-Entretanto, cumplidas las exigencias de planes de estudio y programas,
-el decano o director de instituto firma un diploma que certifica con
-valor de instrumento público inatacable que el poseedor del pergamino
-o cartulina sirve profesionalmente para lo que el documento declara.
-Suscripto por el decano o director, el documento pasa a la firma del
-presidente de la Universidad y es así, bajo esta doble fe de verdad,
-que el público la recibe.
-
-Parece elemental que por respeto a la firma propia, que es el propio
-honor, nada sea suscripto por ella que no sea verdad. De esto nace el
-deber de verificar si es cierto lo que bajo la propia firma se declara
-y el derecho de hacer lo necesario para cumplir con el deber. El decano
-o director tiene deber y derecho de verificar la enseñanza que se da
-bajo su dirección inmediata y el rector o presidente tienen deber y
-derecho de exigir que la vigilancia sea cumplida. Estas son funciones
-del cargo respectivo, declaradas por la ley y bajo la responsabilidad
-de los funcionarios a quienes las confía.
-
-Supone esta organización universitaria, que cada cual cumple con su
-deber y facilita en perfecta armonía y cordialidad el cumplimiento del
-deber de los demás. Todo profesor debe tener agrado en que su enseñanza
-sea directamente vigilada por el propio decano o director, que para
-esto cuenta con el voto de la mayoría, que no es más que un signo de
-voluntad de la total corporación docente. Debe tener agrado y ver en la
-función de vigilancia un descargo de la propia responsabilidad y una
-seguridad contra el error de los alumnos.
-
-Son francas mis expresiones y deseo que nadie las encuentre ásperas
-como papel de lija. Me son sugeridas por la observación de lo que en
-parte explica alguna agitación universitaria fuera de nuestra casa, por
-muy tranquilos que nos sintiéramos de que en la nuestra no habrá motivo
-de análogos sinsabores. Un aspecto de cualquiera reforma universitaria
-que hayamos observado, deja advertir de alguna falta de idoneidad del
-personal docente. Los alumnos descubren algunas veces este defecto y
-ejercen ellos, en formas propias de la edad, el legítimo derecho de
-descontento, que la dirección de la enseñanza debió prever y evitar.
-Es natural que cuando falta gobierno regular desde arriba, comience
-el gobierno irregular desde abajo, que puede ser, por lo irregular,
-desgobierno. La reacción se hace revolucionaria y corren a veces igual
-suerte los buenos y los malos, si acaso los primeros no son los que se
-retiran de la lucha amargados y entristecidos. Cuanto desde este punto
-de mi discurso podría decir, me llevaría demasiado lejos. La limitación
-de tiempo me conduce a esta única declaración de mi pensamiento: el
-mal de que estoy hablando no se cura con reformas electorales en la
-provisión de los cargos universitarios. Con ellas o sin ellas puede
-crecer si no se despierta la conciencia del deber que a cada cual
-impone la función que le está confiada.
-
-Y como deseo concluir, adelanto que no pongo en mis palabras ninguna
-reserva sobre los diversos recursos alegados para corregir males de
-este género.
-
-Por el momento me ocuparé de dos de ellos que sirven de tema a
-conversaciones de alumnos y profesores, a saber: la asistencia de
-alumnos en los consejos directivos y la libre asistencia o inasistencia
-a las clases teóricas.
-
-En cuanto a lo primero, declaro mi disconformidad con el voto electoral
-de los alumnos para elegir autoridades universitarias. De todas maneras
-tal voto está excluído por nuestra ley universitaria. En cambio,
-consecuente con pensamientos ya antiguos en mi experiencia de estas
-cosas, he suscripto con el vicepresidente de la Universidad, señor
-Besio Moreno, el proyecto para que los alumnos tengan delegados con voz
-en los consejos, que ha sido sancionado anteayer.
-
-En cuanto a la asistencia obligatoria, me he declarado autor de la
-iniciativa que es el texto de la ordenanza de fecha 3 de marzo de 1906
-que dice: “en la Universidad Nacional de la Plata no habrá alumnos
-libres”.
-
-Su objeto fué crear el estudiante universitario para la Universidad
-que entonces se fundó. El efecto de esta resolución está a la vista.
-La nueva Universidad pudo ser un simple establecimiento de mesas
-examinadoras para alumnos de todas las regiones de la República. La
-ciudad de la Plata es hoy universitaria porque los estudiantes han
-tenido que ser alumnos regulares. De esta ordenanza han derivado otras,
-particulares de las facultades o generales de la Universidad, que han
-declarado obligatoria la asistencia a un número de clases. Yo deseo que
-la ordenanza que excluye los alumnos libres sea mantenida y no tengo
-inconveniente en que se derogue la asistencia obligatoria. Todo estará
-en encontrar la definición del alumno libre excluído, o la definición
-del alumno propio o regular por algún signo diverso de la asistencia
-obligada a un número proporcional de clases de todos los cursos y en
-todos los años. No es esto imposible, ni siquiera difícil, y muchos
-alumnos conocen ya el pensamiento que es objeto de mis reflexiones para
-hallar solución a este problema.
-
-La no asistencia a clase tiene dos aspectos; uno el de los alumnos
-perezosos que no van a clase o huyen del profesor que les interroga;
-otra el de los alumnos diligentes que aspiran a prepararse seriamente
-y quieren significar por su inasistencia a algunas clases su
-disconformidad con los profesores que creen malos. De este último
-aspecto sólo puedo reconocerles que ejercitarán ellos una función
-realmente abandonada, cuando tal ocurriese, por los respectivos decanos
-y consejos.
-
-La no asistencia a las clases puede ser realmente un signo de
-disconformidad de los alumnos con un mal profesor; pero sé por
-experiencia que data de algunos años antes de que nacieran los jóvenes
-que ahora son alumnos, que también es motivo de deserción de la clase
-el temor de ser interrogados para observaciones de clasificación.
-Seamos todos absolutamente sinceros; séanlo, pues, como yo, los jóvenes
-que me escuchan o que lean después estas declaraciones; el alumno que
-estudia mal, que se distrae en cosas que no son las correspondientes
-a su preparación para la clase o que no tiene educación mental
-anterior, está siempre dispuesto a faltar el día en que sospecha que
-puede ser interrogado. Profesores más empeñosos, los que asisten con
-interés y disposición docente, los que dan muestra de su labor en la
-producción científica y hacen lo que es posible hacer para adelantar
-los conocimientos, podrán ver sus clases desiertas el día en que se
-propongan interrogar. Esto es de mi experiencia personal, si se me
-permite contarme entre los que hayan seguido con alguna vocación la
-carrera docente y pensado y escrito sobre diversas materias de ciencia
-y enseñanza desde hace treinta años. He tenido la fortuna de que mis
-alumnos me consideraran siempre con respetuosa amistad y no me dieran
-sino satisfacciones en mi vida de profesor. Es, pues, el cuento que
-hace próximamente veinte años tenía yo a mi cargo una clase de Derecho
-Civil en la Universidad de Buenos Aires, con más de doscientos alumnos
-en lista. Comencé mi año con el afán de profesor todavía joven y con
-ilusiones mejores que la realidad. Preparé mis lecciones metódicamente,
-con sumarios de exposición que no he vuelto a hacer desde entonces,
-y dí con este método un curso de conferencias. A cierta altura de mi
-exposición del programa, quise informarme de la utilidad que para los
-alumnos tuviera mi enseñanza de la materia; el aula estaba completa
-como de ordinario; comencé a nombrar uno por uno a los que estaban
-en la lista, y como continuaba yo leyendo sin que nadie se dijera
-presente, me dirigí a la clase con esta pregunta: “Pero, señores,
-¿quiénes son ustedes?” Como tampoco respondieran, hablé particularmente
-a uno de la primera fila: “¿Cómo se llama usted?” Me dijo su nombre;
-yo lo había leído. Le pregunté: ¿Por qué no ha contestado usted
-cuando le llamé? Porque no estaba preparado, señor. Pasé a otro con
-la misma pregunta y la misma respuesta. Les dije entonces: “No es
-posible que la imprevisión de ustedes sea tanta que ni siquiera se
-encuentren preparados para saber cómo se llaman; para esto no necesitan
-preparación”. Seguí informándome y resultó que toda la clase estaba
-presente para escuchar y ausente para hablar. Si yo hubiera dicho en la
-anterior que interrogaría, no hubiera tenido a quien llamar porque el
-aula habría estado desierta.
-
-Es este caso de inasistencia voluntaria con asistencia corporal,
-que no he olvidado cada vez que se ha hecho el argumento de que la
-inasistencia de los alumnos sea un signo positivo de la incapacidad
-del profesor. Pero es también verdad, señores, que lo mismo que
-ocurre a tantos otros en todo género de funciones, no me he decidido
-a reconocer mi propia incapacidad, que si la reconociera tendría que
-abandonar necesariamente la función de mi cargo.
-
-Para no perder a mis alumnos de entonces ni enfriar mi entusiasmo de
-profesor privándome de numerosa asistencia, declaré que no volvería a
-interrogar, con aviso ni sin aviso previo, y todo lo contrario, quedaba
-a disposición de mis alumnos, para ser interrogado por ellos sin previo
-aviso.
-
-Y sucedió así; después de repetir mi declaración al terminar algunas
-clases que siguieron, alguien me interrogó, y luego otros y otros
-más. Pude entonces descubrir que una pregunta es indicio más seguro
-de estudio o talento en quien la hace que una respuesta a una
-interrogación. Efectivamente, en toda pregunta va contenido un elemento
-para la respuesta; algo como presentación de términos afirmativos o
-negativos; y la posibilidad de error se reduce a contestar no, en
-lugar de sí, o viceversa. Entretanto, para formular la pregunta ocurre
-la necesidad de optar entre una multitud de términos, y formular
-previamente múltiples juicios de opción para que la pregunta tenga
-sentido. Descubrí así, que tal vez la verdad en estos casos está, como
-en muchos otros, al revés de lo que vemos. En realidad, un hombre de
-estudio y de ingenio preguntará siempre cosas interesantes; un tonto no
-preguntará sino tonterías.
-
-Se me disculpará la pesada narración de mi anécdota, que no he sabido
-contar más brevemente, pero estimo que algún valor tenga para quienes
-hacen todavía experiencia de profesores y de alumnos; puede asímismo
-concluirse de ella que tales cuestiones como las que hoy se agitan no
-son nuevas.
-
-Sirvan los pensamientos de este discurso para que profesores y alumnos
-pongan su mejor voluntad en comenzar y continuar las labores del año
-con el mejor empeño en el estudio y la mejor cordialidad en el trato.
-
- * * * * *
-
-Me complace declarar que esta cordialidad ha sido como un signo
-o carácter particular de esta Universidad. La generalidad de los
-profesores pusieron siempre noble y generoso empeño en servir sus
-cátedras del mejor modo posible. El ejercicio continuado de la docencia
-ha formado en ellas ese caudal de experiencia que no se improvisa ni se
-adquiere fuera del ejercicio de la cátedra. Alguna que otra excepción
-que habría que hacer con sentimiento en días recientes, sirven para
-confirmar que las direcciones de la enseñanza universitaria no son
-indiferentes al deber de vigilancia o al ejercicio de su autoridad
-cuando el caso ocurra.
-
-Las aptitudes que se adquieren en la experiencia no pueden ser
-suplidas por ningún otro origen, aunque tenga por medida la vocación o
-disposición natural para enseñar. Se debe tolerar en cierta medida de
-equidad cualquiera falla de menor cuantía, cuando se sabe lo difícil
-que es llenar la vacante de una cátedra.
-
-No sé por qué destino personal he tenido desde hace más de veinte
-años, por razón de mis cargos universitarios, la grave responsabilidad
-de elegir candidatos para el profesorado superior. Las vacilaciones,
-diría mejor las tribulaciones de mi espíritu, las han tenido cuantos
-han pasado por semejante situación. No se puede ser profesor porque
-sí, porque se reciba un nombramiento o porque se tenga un título
-profesional. De esto puede resultar un profesor, pero no hay relación
-entre el título o nombramiento y la aptitud para enseñar.
-
-Sirvan estas palabras para dar un consejo amistoso a los jóvenes que
-tan repetidamente me dan pruebas de confianza consultándome sobre
-intereses generales de la enseñanza o sobre sus casos particulares.
-Piensen y admitan la posibilidad de ser llamados algún día a
-la cátedra; de ser llamados aunque no aspiren a ella, o de ser
-aspirantes aunque hoy no tengan estímulos ni sientan vocación que
-podrá despertarse en lo sucesivo. Al asistir a cada clase aprendan
-dos cosas, a saber: la concerniente a la materia particular de la
-enseñanza y la que corresponde al modo o método de enseñar. Aprendan
-lo correspondiente a la rama de las matemáticas, de las ciencias
-sociales o de las ciencias naturales, de que tratan sus profesores, y
-aprendan a la vez, por el ejemplo que tienen a la vista, de qué manera
-se enseña. Tienen ellos una medida o patrón de crítica que les servirá
-para evitar, cuando a ellos les toque enseñar, los defectos que crean
-advertir como alumnos. Piensen en hacerlo mejor cuando les llegue el
-turno de profesor.
-
-Advierto que mis palabras en lo que estoy diciendo son superfluas.
-Tengo repetidos testimonios de ser los alumnos de esta Universidad
-disciplinados en el estudio, amantes de la institución y dispuestos a
-honrarla dentro y fuera de la casa. A propósito, y antes que el año
-que ha pasado se aleje en la corriente del tiempo, que se lleva todos
-los recuerdos, detenga en este lugar el de la grata impresión que
-produjo en mi espíritu la opinión que dejaron de sí mismos y de la
-Universidad los jóvenes delegados al Congreso Universitario de Córdoba,
-el año anterior. Recogí, entonces, de fuente sincera y de testigos
-inmediatos, la seguridad de que los delegados de la Universidad de
-la Plata se habían conducido con tal seriedad y circunspección, que
-se hizo notable en la opinión de aquella ciudad y se esparció luego
-fuera de ella. Al regreso de la delegación, tuve el placer de escuchar
-el relato de los asuntos tratados por ellos y confirmar personalmente
-la buena opinión que habían conquistado. Pensé entonces que por mucho
-que tal circunspección fuese inspirada por condiciones de temperamento
-personal, algún influjo tenía en ellas la colectividad de estudiantes y
-alguna en esta última la dirección docente de facultades e institutos
-y la obra perseverante de mi antecesor en fundar el porvenir de la
-Universidad sobre la base de los buenos sentimientos recíprocos
-entre profesores y alumnos. Puede comprenderse cuánta será mi propia
-felicidad si llego a comprobar que no se ha destruído ni disipado en
-mis manos el tesoro de simpatías acumuladas en la Universidad que tengo
-tanto honor en presidir. Espero que en ellas mismas se encuentre la
-mayor felicidad para cuantos comiencen hoy un año más en el trabajo de
-enseñar y de aprender.
-
-Y así esperaremos con serenidad y de frente los peligros que amenazan
-al mundo y los que más de cerca nos aflijan.
-
-Quedan abiertos los cursos de 1919.
-
-17 Marzo 1919.
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-
-
-
-ALBERDI, SARMIENTO Y MITRE
-
-ALREDEDOR DE 1852
-
-Por DAVID PEÑA
-
-Profesor en las Universidades de Buenos Aires y La Plata
-
-
-Por el asedio y otras causas, la rueda de argentinos residentes en
-Montevideo se achicó de pronto hacia 1851, aumentando, en cambio,
-las que existían en Santiago, Valparaíso y Copiapó. Otros pasaron al
-Perú, otros a Bolivia y otros al Brasil. Esta incorporación ahondó
-la divergencia que ya existía en Chile entre los primeros acerca de
-las cuestiones internas de la República Argentina y sus problemas
-exteriores. Algunos de los recién llegados se inclinaron al grupo que
-tenía su sede en Valparaíso y otros al Club que comenzaba a funcionar
-en Santiago.
-
-Sarmiento y Alberdi eran los representantes de éstas como tendencias
-antagónicas que estaban latentes en todos los espíritus, manifestadas
-en los vagos anhelos, en las observaciones críticas, en las
-conversaciones de las ruedas familiares de las tardes y las noches. Los
-sucesos y los hombres de la patria se apreciaban de diverso modo, como
-también se discrepaba al considerar los planes referentes al futuro.
-
-Cuando Sarmiento y Mitre abandonaron el hospitalario Chile, ya quedaban
-divididos los ánimos, mucho antes de Caseros.
-
-Sarmiento y Mitre, acompañados de Aquino y de Paunero, embarcáronse en
-Valparaíso, con rumbo a Montevideo, a donde llegaron el 2 de Noviembre
-de 1851. De allí escribe Sarmiento a don Manuel Montt esta fatua
-confidencia: “Todos presienten que hay un rol que me está reservado, y
-mi llegada parece que llena una necesidad”.
-
-Tal ufanía sería explicable tratándose del escritor, pero no del
-político, y menos del organizador. Bien conocidos eran los méritos
-de la pluma de Sarmiento como incansable denostador de la tiranía y
-anheloso propagandista del régimen de libertad, para que no se le
-estimulase con el augurio de que el general Urquiza sabría apreciar
-debidamente sus talentos y utilizar su pluma; pero no suplían sus
-tentativas en el papel para acreditarle capacidad de mando, en una
-campaña que llevaba consumidas existencias valiosas y el patrimonio
-de dos generaciones. A él le bastaba, sin embargo, que el hermano de
-Lavalle le hubiera regalado las espuelas que usara el general, o que
-el ministro Batlle se desprendiera de su espada, en su obsequio, para
-sentirse animado de aquel superior aliento que transportaba heroísmo
-a la adarga de Don Quijote. Puso en agitación a medio Chile con su
-proyecto de penetrar a su país por la región andina al frente de una
-expedición, y, al salir con Paunero, Aquino y Mitre... sólo obtuvo
-el acompañamiento de tres peones que andaban sin trabajo. Mas ¿qué
-importa? Habían sido soldados del Ejército de los Andes, desde luego
-sargentos, y nada más fácil que del Regimiento de Granaderos a caballo.
-A poco, uno de ellos, su asistente, se deja seducir por un bombero de
-Pacheco y, entre libación y libación, le entrega el paquete de papeles
-y el “Diario de Campaña” de su jefe el escritor.
-
-Sarmiento trasladóse a Gualeguaychú, acompañado de Aquino, donde el
-general Urquiza preparaba su ejército desde su cuartel general. La
-entrevista debió ser interesante. Sarmiento vestía un flamante traje
-de teniente coronel, grado que él se concediera ante sí y por sí.
-Urquiza lo reconoció y mantuvo en ese grado, con su poco de apego
-por el extraño personaje que pusiera su pluma poderosa al servicio
-de la campaña contra Rosas y también de su persona. Conocía todos
-los artículos laudatorios del eminente escritor de “La Crónica”, “La
-Tribuna” y “Sud América”, como de años atrás las páginas de “Facundo”;
-pero también sabía que Sarmiento constituía una fuerza incierta,
-un punto de apoyo de insegura resistencia, un aliado intermitente.
-Debióle bastar un simple golpe de ojo al Favio criollo para averiguar
-la psiquis de aquel raro compatriota que hablaba a destajo de las
-eminencias europeas y barajaba los ejemplos de la América del Norte,
-entre el ludir de las caballadas y el hervor del campamento, semejante
-a colmena. De aquella conversación en la carpa no resultó Sarmiento
-jefe del Estado Mayor sino encargado de redactar el “Boletín” del
-ejército. Munido de fondos, regresó a Montevideo a organizar su
-imprenta ambulatoria.
-
-Paunero y Mitre lo esperaban allí. Con ellos se embarcó en uno de los
-buques de la escuadra brasileña que debían proteger el pasaje del
-ejército, soportando en el Paso del Tonelero el fuego de las baterías
-enemigas al mando de Mansilla, amigo después de ellos. Al siguiente
-día llegaron al Diamante, donde ya había empezado el ejército de
-Urquiza el pasaje histórico. Mientras Mitre y Paunero ocupan los
-puestos que se les tenía ofrecidos, Sarmiento prepara los enseres de la
-imprenta militar. Una vez la columna en marcha, Sarmiento se adelantó
-hacia el Rosario sin la correspondiente autorización del general en
-jefe, a recibir las anticipadas ovaciones de aquella modesta villa que
-se acababa de declarar por la revolución[1].
-
-Fué allí mismo y a los breves días, que aconteció el suceso desgraciado
-y alarmante de la sublevación del regimiento de Aquino y el asesinato
-de este jefe por sus propios soldados. Mitre atravesaba esa noche el
-campo para ir a visitarlo en su carpa, y distraído en la conversación
-con quien lo acompañaba, se separó del camino. Si llega antes, asiste
-a la tragedia. En homenaje a la amistad y a su empeñosa solicitud,
-Urquiza recomendó de todos modos la aprehensión de los soldados
-fugitivos, prometiéndole que sería inexorable con los asesinos del
-valeroso jefe.
-
-Caseros se produce. Sarmiento no tiene ningún papel militar, pero
-asiste a la batalla. Mitre comanda unas piezas de artillería frente
-a frente de su ínclito ex jefe el coronel Martiniano Chilavert, el
-antiguo unitario pasado recientemente a las fuerzas de Rosas después de
-sus lucidos servicios a la causa opuesta.
-
-La batalla de Monte Caseros ha sido juzgada con distinto criterio
-como hecho de armas, pero del punto de vista de su acción política y
-moral, es una batalla grande, de las más grandes después de las de la
-Independencia, como que allí fué, por fin, aventada la omnímoda tiranía
-que desde 1829 resistiera todos los embates y cruzadas.
-
-En los preliminares de esta acción, preocupaba a Urquiza la
-averiguación del jefe a quien Rosas entregaría la dirección del
-combate, como que de su elección dependería, en mucho, el éxito, dando
-siempre sus ojos, al repasar la lista, con el nombre del general
-Pacheco. Díaz, Chilavert, Lagos, no detenían su atención. Era Pacheco.
-Era Pacheco. Entonces urdió una supuesta correspondencia con él, de
-anterior data, y escribióle cartas como si fueran la continuación de
-aquélla, cartas que confiaba a chasques con instrucción respecto del
-camino que debían de tomar, el mismo por donde estaban apostados los
-centinelas de Rosas. Apresados los citados mensajeros, eran llevados
-ante el Restaurador con el cuerpo del delito.
-
-Contábale yo este episodio al general don Benjamín Victorica hace
-muy pocos años y, al oirme, él completó la narración de esta manera:
-“Como se acercara el momento de la batalla y el gobernador (Rosas) no
-le hubiera designado al general Pacheco su papel en ella, y en cambio
-Manuelita había tenido ya actos de preferencia y de obsequiosidad para
-con Lagos, el general Pacheco resolvió entrevistarse con el general
-Rosas, buscándolo donde se hallara. Rosas consintió en recibirlo en
-las proximidades de Caseros, en un edificio que antes sirviera de
-panadería. Yo me quedé a la espera del general Pacheco, de quien era
-ayudante. Cuando salió, vi su fisonomía descompuesta.--“Ciertamente el
-gobernador debe de estar loco”, fué lo único que me dijo. Nos alejamos
-en nuestros caballos hasta una casa semi abandonada, seguidos de los
-soldados que formaban su guardia. Penetramos a una de las piezas,
-y como era ya de noche, preparamos nuestros recados como camas y,
-acostados uno cerca del otro, encendimos nuestros cigarros mientras nos
-venía el sueño.
-
-De pronto vi una sombra pegada a la ventana cerca de la cual yo estaba,
-y oí mi nombre pronunciado apenas. Me levanté al instante y acudí al
-llamado. Un hombre embozado hasta los ojos díjome que un amigo, que
-no puedo nombrar a usted, me prevenía no dormir esa noche cerca del
-general Pacheco. El misterioso mensajero desapareció en seguida.
-
-Yo dí aviso al general del peligro que lo amenazaba, y él dispuso
-entonces volver a ensillar los caballos y separarse de aquel sitio.
-Lentamente proseguimos en dirección a sus campos. El general Pacheco,
-terminaba el doctor Victorica, no asistió en efecto a la batalla. Al
-otro día tuvimos noticias del resultado de ella, muy distantes del
-lugar en que se había realizado”.[2]
-
-Vencedor Urquiza, estableció su residencia en Palermo. Los primeros
-días, sofocados los asaltos de la canalla y los robos de delincuentes y
-soldados, debieron ser de regocijo indescriptible para los que volvían
-a ver las calles de Buenos Aires después de una proscripción forzosa o
-voluntaria de más de cuatro lustros.
-
-¡Buenos Aires! Los de menor alejamiento eran los que salieron jóvenes
-a la época que iniciara Alberdi la égida en 1838. Mitre no conocía
-propiamente la ciudad soñada, pues trasladado a Patagones el mismo año
-de su nacimiento, de allí pasó a la estancia del hermano de Rosas, y de
-esa estancia a Montevideo. Así se explica que en los días inmediatos
-a Caseros aquellos hombres jóvenes se pasaran recorriendo los lugares
-históricos con un fervor intenso y un tanto melancólico, porque se
-sentían como extraños en el hogar común[3].
-
-Vencedor Urquiza, decía, estableció su residencia en Palermo. Allí
-le presentaron parte de los desertores asesinos de Aquino, los que
-fueron en seguida fusilados. También lo fué Chilavert, a causa (a
-estar al ayudante Elías) de su arrogante manifestación hecha con el
-objeto de que lo supiera Urquiza, que para él Rosas representaba la
-causa de la nacionalidad; y que, lejos de arrepentirse de su reciente
-renegación, la volvería a cometer una y cien veces. Saldías, pariente
-de Chilavert, ha rodeado de comentarios dramáticos este final del
-talentoso artillero para hacerlo caer como un héroe de leyenda; y otros
-historiógrafos han difundido el dato de que Mitre le vituperó con
-energía la acción al mismo vencedor. Si a renglón seguido se recuerda
-que el rasgo fisonómico de Urquiza que nos han grabado a fuego los
-mismos narradores, transformaban a aquel hombre en tigre, con sus ojos
-verdes, brillantes por la cólera, y sus pómulos movidos por el temblor
-del odio, no sabemos cuando tienen razón: si cuando trazan la figura de
-Urquiza en actitud de oir, sumiso, la reprimenda del comandante Mitre,
-o cuando lo muestran poseído de la crueldad de las fieras.
-
-Urquiza no se entrega a las delicias de Capua. Urgido por el
-cumplimiento de sus promesas hechas a la faz de América y del mundo, va
-derecho a la solución de los problemas que preocuparan a los hombres
-de Mayo y que quedaron interrumpidos en el último ensayo del año
-26, brillando un día en la mentalidad de Facundo:--la organización
-nacional.
-
-Echa el vistazo en derredor y percibe de inmediato el espíritu unitario
-en conciliábulo extraño, resto de aquel rezongo de los que detuvieron
-el paso de Dante en el Infierno.
-
-Urquiza protege la ciudad; Urquiza declara y demuestra no querer
-intervenir en un solo acto relativo al manejo interior de Buenos Aires;
-Urquiza comparte su victoria y su gloria con todos los generales del
-ejército aliado acordándose del propio jubiloso modo de los orientales
-como de los correntinos, de los brasileños como de los entrerrianos.
-Impide que se inmiscuya el ejército en los preliminares del acto
-electoral que después de veinte años va a llevarse a cabo, a fin
-de que haya una legislatura libre. Todo lo espera del patriotismo
-como el suyo. No hay vencedores ni vencidos, vuelve a decir, como en
-Montevideo. Olvídese el pasado. No hay otro enemigo que el que yace
-derrocado, camino de la proscripción. ¿A qué perseguir ese enemigo? No
-se pesquisará a nadie, pues, porque todos los argentinos hacen falta al
-fin inmediato y perentorio de reconstruir el edificio desde sus propios
-cimientos. Mientras llega el momento de ensayar el ejercicio de las
-nuevas instituciones y de dar al país su ley fundamental, por medio
-de un congreso general, ocupe el gobierno de la provincia de Buenos
-Aires el varón más anciano y también el más ilustre, el que desempeñara
-accidentalmente el cargo de presidente al renunciar Rivadavia, el autor
-de la Canción Nacional de 1813.
-
-Todo esto por el lado inmediato y con relación a Buenos Aires. Del
-Arroyo del Medio para allá, ¿qué hacer con las provincias? ¿Qué hacer
-con las gobernaciones? Si se las desatiende o desconoce y con más
-razón si se les humilla o ataca, volveráse a la guerra civil del año
-20 como pensaba Sarmiento el año 92. Se plantearán las luchas de
-Buenos Aires contra López, Ramírez y Bustos. No. No se ha destruído
-una tiranía de 20 años para empujar al país reconquistado, hacia
-una anarquía innecesaria. Esos gobiernos de provincia representan
-“intereses creados”. Hay que acordarles intervención en la obra común
-de la organización política, porque son partes del todo, ramas de un
-mismo árbol, miembros de la familia que vuelve a estar reunida. A fin
-de inspirarles confianza, comenzando por las clases obscuras, en cuyo
-seno está el hogar gaucho y en él la materia de que se ha de hacer el
-pueblo, ofrézcase un hecho material visible que sirva de promesa y de
-vínculo ideal, tardío y complicado si ha de traducirse en palabras;
-simple y claro si el signo entra por los ojos. Y Urquiza propone, como
-en el ejército, el uso de una cinta colorada como prenda de conformidad
-en la iniciación del nuevo credo republicano argentino.
-
-Lo grave de la decisión estuvo en el color elegido, y acaso únicamente
-en el color, pues el uso de cintas como distintivos políticos se
-pierde en los siglos. Como primer antecedente argentino figuran las
-escarapelas repartidas por Beruti y French a los patriotas de 1810.
-Pero Urquiza necesitaba apoyarse en los mismos servidores de Rosas, y
-en el color residía el secreto. Claro es que si la cinta colorada le
-aportaba el concurso de los federales, despertaba la desconfianza o
-engendraba la “fobia” en los unitarios. ¿Adónde habría ido a parar la
-inspiración de Sarmiento, provocada por el color colorado, si Urquiza
-elige el azul? Pero todo el mundo sabe que en la época de Rosas no
-existía este color en Buenos Aires.
-
-La cinta colorada o cintillo--después de ser aceptado--fué el pretexto
-para el repudio y el encono, atribuyendo al vencedor el propósito
-oculto de substituir la tiranía de Rosas por la propia. Pero se
-escondió en los revueltos pechos la causa verdadera que era el afán de
-reemplazarlo en la tarea de la organización de la República. ¿Y quiénes
-hubieran realizado esa organización? ¿Los unitarios que dirigieron
-sin acierto la campaña militar que dió el triunfo completo al general
-Oribe? ¿Los unitarios civiles que, dispersos de Montevideo a Chile
-y del Brasil a Bolivia no habían podido juntar los medios eficaces
-de derrocar a Rosas desde 1835 a 1852, cayendo en el error de creer
-que si la pluma bastó para engendrar el desprestigio de un déspota,
-pudo también unir pueblos desarticulados por el odio y trabajados
-por la desconfianza? ¿Cuál era el hombre capaz de ocupar la posición
-de Urquiza, por valimientos propios, considerando valimientos para
-las funciones de gobierno desde el factor de la riqueza material,
-que afianza la independencia de la conducta y facilita la ayuda a
-los demás, hasta el claro conocimiento de las necesidades de todo el
-territorio a gobernar, y desde el talento de clasificar y medir hombres
-e intenciones, hasta las galas del valor físico, necesario a demostrar
-en todo la superioridad señalada por el medio?
-
-Urquiza celebra conferencias con los hombres distinguidos que concurren
-a Palermo, jóvenes o viejos, provincianos o porteños, militares o
-civiles.
-
-Tenía del gaucho de la tierra el astuto disimulo y una sin igual
-penetración para distinguir el valer positivo del mérito ocasional.
-Mezcla y lucha de claridad interior y de vacilación externa, concebía
-el problema sin poseer los medios mentales para resolverlo, como que
-su instrucción sólo le permitía la resultante pero no los términos.
-Era clara su visión y podía, con mano firme, realizar el trazo; pero,
-faltábale la línea y el color.
-
-Muy conocedor de hombres, prefería siempre oírlos. Su silencio era
-en él una facultad equivalente a la función de asimilación de cuanto
-convenía a su espíritu. Escaso de dulzura para atraerlos por los
-recursos ondulantes, hoy tan esparcidos en política, elegía el camino
-más corto para que lo entendieran.
-
-Entre las variantes de los caudillos argentinos, carecía de la
-generosidad de Facundo, del donaire de Ramírez, de la mansedumbre
-de Benavídez, de la implacable y fría exterioridad de Rosas, de la
-hipocresía de López. Su gran pasión fué poseer tierras. No hubo señor
-feudal más rico en campos. La más enorme de sus satisfacciones era
-dominar el horizonte de una altura y descubrir con sus ojos los límites
-infinitos de sus posesiones para no hallarles término.
-
-Sarmiento no mereció de parte del general Urquiza la distinción del
-intercambio de ideas políticas, por lo que resolvió de pronto pedir
-licencia para trasladarse a Río Janeiro y de allí volver a Chile. ¿Qué
-había acontecido? Hasta tanto lleguemos a la explicación cierta de tan
-repentino alejamiento, digamos que su amor propio comenzó a sufrir
-desde la travesía del ejército donde sólo se le distinguía con el mote
-de “El Boletinero”.
-
-¿No supo mantener, o en aquel ambiente complejo no le quisieron
-acordar, la autoridad moral a que era acreedor por sus antecedentes
-intelectuales, y antes de un rompimiento, prefirió la deserción
-voluntaria? Más adelante se verá el fundamento de esta duda.
-
-Sarmiento se detiene en Río, con efecto, y allí es recibido con
-afabilidad por el joven emperador del Brasil don Pedro de Alcántara,
-muy capacitado para el conocimiento de los hombres y sucesos del Plata
-por su inclinación a la información oral y a la lectura.
-
-“El emperador, dice Sarmiento en carta a Mitre,--joven de veintiséis
-años (Sarmiento tiene 41) estudioso, y dotado de cualidades de espíritu
-y de corazón que lo harían un hombre distinguido en cualquier posición
-de la vida, se ha entregado con pasión al estudio de nuestros poetas,
-publicistas, escritores sobre costumbres y caracteres nacionales.
-Echeverría, Mármol, Alberdi, Gutiérrez, Alsina, etc., etc. son nombres
-familiares a su oído, y por lo que a mí respecta, habíame introducido
-favorablemente “Civilización y Barbarie”, hace tiempo, con la primera
-edición, habiéndose procurado después “Sud América” “Argirópolis”,
-“Educación Popular”, etc.[4].
-
-Hasta el momento actual nada ha podido ocurrir que baste a alterar los
-vínculos de compañerismo y amistad entre Sarmiento, Alberdi y Mitre.
-Sarmiento ha tenido, es cierto, dos encuentros periodísticos con
-Alberdi, explicables por las modalidades de temperamento, antes que
-por disconformidad de ideas, a propósito de la tesis de Alberdi para
-graduarse en Chile, la primera vez, y otra “sobre lo que era “honesto y
-permitido” en un extranjero en América”. Se han escrito con asiduidad y
-recíprocamente se han auxiliado con nobleza. Es al volver Sarmiento a
-Chile que procura embarcar a Alberdi en sus prejuicios y enconos contra
-Urquiza, trayéndole la pasión de sus enojos; pero Alberdi se gobierna
-a sí mismo y opone su tranquila fe en la obra imperecedera y en las
-cualidades del obrero.
-
-Esta fe la ha demostrado Alberdi escribiendo casi improvisadamente
-un libro que constituye la colaboración más trascendental a la obra
-realizada y a realizar por el general Urquiza, a quien se lo envía con
-la siguiente carta:
-
- A S. E. el Señor General
-
- Don Justo José de Urquiza
-
- Valparaíso, Mayo 30 de 1852.
-
- Señor General:
-
- Los argentinos de todas partes, aun los más humildes y
- desconocidos, somos deudores a V. E. del homenaje de nuestra
- perpetua gratitud por la heroicidad sin ejemplo con que ha
- sabido restablecer la libertad de la patria, anonadada por
- tantos años. En cortos meses ha realizado V. E. lo que en
- muchos años han intentado en vano los primeros poderes de
- Europa, y un partido poderoso de la República Argentina. Quien
- tal prodigio ha conseguido ¿por qué no sería capaz de darnos
- otro resultado, igualmente portentoso, que en vano persigue
- hace cuarenta años nuestro país? Abrigo la persuasión de que
- la inmensa gloria--esa gloria que a nadie pertenece hasta
- aquí--de dar una Constitución duradera a la República, está
- reservada a la estrella feliz que guía los pasos de V. E. Con
- este convencimiento he consagrado muchas noches a la redacción
- del libro sobre “Bases” de organización política para nuestro
- país, libro que tengo el honor de someter al excelente buen
- sentido de V. E. En él no hay nada mío sino el trabajo de
- expresar débilmente lo que pertenece al buen sentido general
- de esta época y a la experiencia de nuestra patria. Deseo ver
- unida la gloria de V. E. a la obra de la Constitución del
- país; mas, para que ambas se apoyen mutuamente, es menester
- que la Constitución repose sobre bases poderosas. Los grandes
- edificios de la antigüedad no llegan a nuestros días sino
- porque están cimentados sobre granito; pero la historia,
- señor, los precedentes del país, los hechos normales, son la
- roca granítica en que descansan las constituciones duraderas.
- Todo mi libro está reducido a la demostración de esto, con
- la aplicación a la República Argentina. Espero que encuentre
- en la indulgencia de V. E. la acogida que merecen las buenas
- intenciones, y que admitirá con igual bondad V. E. la
- seguridad de mi gratitud, como ciudadano argentino, y del
- respeto profundo con que tengo el honor de suscribirme de V. E.
- atento servidor.
-
- Juan B. Alberdi.
-
-El general Urquiza se apresura a contestar esta carta en la siguiente
-forma:
-
- “Al señor Doctor
-
- D. Juan B. Alberdi
-
- Valparaíso.
-
- Palermo (Buenos Aires), Julio 22 de 1852.
-
- Apreciable compatriota:
-
- La carta que con fecha 30 de Mayo me ha dirigido usted,
- adjuntándome un ejemplar de su libro “Bases y puntos de partida
- para la organización política de la República Argentina”, ha
- confirmado en mí el juicio que sobre su distinguida capacidad,
- y muy especialmente sobre su patriotismo, había formado de
- antemano.
-
- Me es muy lisonjero encontrar en la generalidad de los
- argentinos el deseo y la firme resolución de contribuir a que
- nuestra querida patria se constituya al fin un sistema de leyes
- digno de sus antecedentes de gloria y capaz de conducirla al
- grado de prosperidad que le corresponde.
-
- Conociendo bien esos sentimientos de los argentinos, contando
- con ellos y con sus decididos esfuerzos, me he puesto al frente
- de la grande obra de constituir la República. Tengo fe de que
- esta obra será llevada a cabo.
-
- Su bien pensado libro, es, a mi juicio, un medio de cooperación
- importantísimo. No puede ser escrito ni publicado en mejor
- oportunidad.
-
- Por mi parte, lo acepto como un homenaje digno de la patria y
- de un buen argentino.
-
- La gloria de constituir la República debe ser de todos y para
- todos. Yo tendré siempre en mucho la de haber comprendido
- bien el pensamiento de mis conciudadanos y contribuido a su
- realización.
-
- A su ilustrado criterio no se ocultará que en esta empresa
- deben encontrarse grandes obstáculos. Algunos, en efecto, se me
- han presentado ya; pero el interés de la patria se sobrepone a
- todos. Después de haber vencido una tiranía poderosa, todos los
- demás me parecen menores.
-
- ¡Que la República Argentina sea grande y feliz, y mis más
- ardientes votos quedarán satisfechos!
-
- Usted hallará siempre en mí un apreciador de sus talentos y de
- su patriotismo y en tal concepto los sentimientos sinceros de
- un afectuoso compatriota y amigo.--Justo José de Urquiza.”
-
-La aparición de las “Bases” fué saludada con entusiasmo dentro y fuera
-del lugar en que su autor residiera. En Chile puede apreciarse esa
-impresión con sólo saber que el Club Constitucional Argentino que
-presidía don Gregorio Gómez, resolvió un acuerdo que significó un
-homenaje cívico en favor de la personalidad de Alberdi.
-
-Sarmiento, por su parte, deja estampado así su juicio acerca de “Las
-Bases”.
-
- “Yungay, Septiembre 16 de 1852.
-
- Mi querido Alberdi:
-
- Su Constitución es un monumento: es usted el legislador del
- buen sentido bajo las formas de la ciencia.
-
- Su Constitución es nuestra bandera, nuestro símbolo. Así lo
- toma hoy la República Argentina. Yo creo que su libro “Bases”
- va a ejercer un efecto benéfico.
-
- Es posible que su Constitución sea adoptada; es posible que
- sea alterada, truncada; pero los pueblos, por lo suprimido o
- alterado, verán el espíritu que dirige las supresiones: su
- libro, pues, va a ser el Decálogo Argentino: la bandera de
- todos los hombres de corazón.--Domingo F. Sarmiento.”
-
-Desde ese instante los hombres que rodeaban al general Urquiza tuvieron
-su brújula segura para orientar el barco que acababan de tripular. Mas
-las opiniones del grupo unitario persistían en su afán de no despegarse
-del terreno, entendiendo que era a ellos a quienes les correspondía por
-derecho propio la tarea de organizar la República.
-
-Para medir entretanto en su tamaño real la obra que acababa de realizar
-el general Urquiza, conviene echar una mirada retrospectiva hacia el
-Buenos Aires que Rosas había gobernado y las maneras que usó.
-
-Rosas había comenzado por dividir la sociedad en dos partes: lo físico
-y lo moral. Lo moral era el elemento ilustrado de la ciudad, que tuvo
-a Rivadavia por representante y cuyo fracaso estaba fresco. Lo físico
-era la campaña, el elemento inculto, que él representaba y para el
-cual reivindicaba el ensayo del gobierno. Para identificarse a él,
-decía, había llegado al sacrificio: a abandonar las comodidades y las
-seguridades del poblado y a hacer abandono absoluto de su provecho
-personal.
-
-Había vivido en contacto íntimo con la masa, en el desierto, con el
-paisano paria. Ahora probaría el manejo de la cosa pública con esa
-fuerza incomprendida y se vería que el éxito estaba de su lado; que
-eran estos hombres repudiados los que tenían de su parte el buen
-sentido, el patriotismo y la honradez[5].
-
-Después del último ensayo constitucional--27 años atrás--el espíritu
-público de Buenos Aires había caído en la atonía a que contribuye y
-arrastra en conspiración la lentitud del tiempo, sometiéndose a la
-pasibilidad fatalista de todo pueblo inculto, hecho al manejo del
-héroe, cacique o César. Faltaba en su seno el ejercicio, aún primario,
-de toda libertad democrática. La reunión pública no existía. No se
-conocía el debate de la prensa ni de la Sala de Representantes. El
-ambiente de claustro universitario había desaparecido. La rueda social
-enrarecida, no daba asidero ni siquiera al comentario, porque el
-espionaje de la servidumbre se encargaba de transportarlo en delación
-de los oídos de doña Encarnación Ezcurra, y, después de ella, a los de
-cualquiera de los directores de la Mazorca. Rosas hacía un gobierno
-de información plebeya y poseía en sus manos los hilos de todas las
-familias, como los tenía el virrey y el obispo en la época de la
-colonia. No había suceso de carácter policial que no pasara su vista
-para su resolución. La vida de Buenos Aires estaba contenida en los
-prontuarios o carpetas que a diario se elevaban a su conocimiento,
-arriba de las cuales, en dos líneas, debajo de su extracto, iba la
-pena, escrita de su puño. Era el gobierno de la menudencia íntima, pero
-a cuya virtud él debía el dominio de cada cuestión, de cada hogar, de
-cada ser, y por tanto, de la sociedad entera.
-
-Los asuntos de mayor volumen, relacionados a los intereses, civiles
-o comerciales o a las grandes faltas o crímenes, pasaban, con mayor
-razón, a su conocimiento inmediato y en escrupulosa preferencia.
-Entonces se entendía con los jueces directamente, sin cortapisas ni
-escrúpulos, echando mano siempre de un recurso en el que era artista
-supremo. La anécdota de su entrevista con el doctor don Vicente López
-es así tan sugerente y de tan provechosa enseñanza psicológica que vale
-por una demostración.
-
-Otro recurso de que Rosas usaba para su dominación, era el dinero.
-Las almas angustiadas, apuradas todas las soluciones, iban en última
-instancia, a él; y hecha la confesión del desastre y la sentida promesa
-de la gratitud eterna, venía el préstamo en fácil y abundante forma.
-Rosas era el hidalgo prestamista que sólo pedía la adhesión como
-interés, y esta franca munificencia, secreto de todo caudillismo, era
-más abierta y espontánea con aquellos individuos de quienes él se
-prometía un favor político o militar. Banco de descuentos, de provisión
-o ayudas, formábase en su torno el halo del hombre providencia, tanto
-más general y esparcido cuanto mayor era su tacto para manejarse con
-los favorecidos. Estos tratos eran siempre directos y reservados.
-Manuelita intervenía para los de otra laya: la súplica ante “tatita”
-para indultos, conmutaciones, gracias. Este espíritu detallista y
-administrador regía en sus relaciones con los gobernadores y sus
-emisarios, aunque éstos fueran chasques. Rosas presidía personalmente
-desde el suministro de armas o ropas para el ejército, hasta el de una
-pieza de lienzo para el gaucho portador de cartas.
-
-Dipútanse el desempeño de comisiones ante él desde los confines de
-la República, los más infelices paisanos, porque la “menta” de su
-generosidad se había extendido hasta ellos. Quien, había traído un
-caballo regalado; quien, un poncho, quien, un traje. Los gobernadores
-que gozaban de la amistad de Rosas tenían franquicias comerciales
-para sus Estados, soluciones para los intercambios de sus productos,
-para los problemas de su moneda o para los pasajes de sus haciendas.
-Y cuando esos gobernadores venían a su sede, eran proverbiales los
-agasajos de toda la sociedad de Buenos Aires, amén de sus favorables
-concesiones. A Quiroga le decreta honores que recorren la gama del
-placer, desde el caballo a la bacanal degastadora y crapulosa. A López,
-banquetes y vacas; a Ibarra plata y armas.
-
-En los asuntos arduos obtiene el medio de saber, valiéndose de
-una estratagema. Cuando se presenta una cuestión internacional o
-simplemente de derecho administrativo o de gobierno, complicada o
-difícil, manda llamar a su despacho o a su casa al doctor Lorenzo
-Torres, explica el caso y le pide su juicio. Horas más tarde usa el
-mismo procedimiento para con el doctor Dalmacio Vélez; y por el mismo
-repetía la consulta con don Pedro de Angelis o don Tomás de Anchorena.
-Preparado de este modo, reunía todo el cónclave y a cada uno presenta
-la cuestión con la argumentación tomada del contrario, resultando que a
-su modo repite el papel de Napoleón en la discusión del Código.
-
-Tiene la pluma fácil: es de su agrado el escribir. Escribe sobre todo:
-desde la carta política a Ibarra, glosando el versículo de la Biblia de
-“quien no está conmigo está en contra de mí” al billetito penetrante y
-avisor, como el mandado a doña Inés Dorrego. ¡Todo un espécimen! Dos
-son sus grandes amanuenses de confianza: Reyes, cuya letra llega a
-confundirse con la de él, y don Pedro de Angelis, que lo interpreta a
-maravilla.
-
-Un otro factor de verdadera confianza y como complemento de su
-personalidad: la casa que habita.
-
-Cualquiera podría creer que quien vivía en esa penumbra era un
-misántropo, un enfermo, un melancólico a lo Francia, Felipe II o Luis
-XI. No, por cierto. Rosas es una expresión casi permanente de buen
-humor, entremezclado con una cantidad de inconsciencia manifiesta, que
-lo acerca al terrible filósofo siempre optimista y cínico hechura
-de Luzbel. Ordena un fusilamiento o un degüello y en seguida está
-apto para urdir una broma. Tras de un asesinato, del de Maza, por
-ejemplo, puede reir si se le ocurre hacer llamar por medio de Corvalán
-al señor Obligado, que ese día ha tomado purga. Como a Alejandro VI,
-un espectáculo de muerte puede abrirle el apetito. Ahora, pasemos al
-Rosas de la proscripción. Es charlador, sociable, cultor de damas, y
-borrajeador incansable de cuartillas. Fabrica él mismo adobes; anda a
-caballo todo el día, luego se pone a escribir un libro de medicina.
-Llama a su criada con cencerro; se hace dar friegas en las piernas;
-no le agradan las visitas de americanos. Tal su régimen por años.
-¿Tuvo una hora de honda meditación en las soledades de Southampton?
-¿Sintió una sola vez, una siquiera, el estremecimiento de ese dolor
-que remuerde por no haber hecho a su patria y a sus compatriotas todo
-el bien que pudo y que deja escapar por entre las palmas de las manos?
-Por lo menos en el instante final, en esa última palpitación del
-cerebro y del corazón, de la memoria y de las fibras, al despedirse
-del cuadro lleno de luz ante su vista interior, ¿lo sacudió una
-angustia, un recuerdo hondo, un arrepentimiento de los que acaso bastan
-a la purificación en el dintel de la Eternidad? Ni uno solo. Su hija
-nos habla de la agonía y de la muerte serena de su padre, como un
-historiador nos hablaría de la agonía y muerte de un justo. ¡Conciencia
-humana! ¿Qué eres?
-
-Pero, volvamos a tomar los hilos de nuestro discurso o sea lo que
-importa a las tres vidas paralelas, materia de estos capítulos.
-
-Al regresar Sarmiento a Chile con el ánimo enconado contra el general
-Urquiza por el único delito de que Urquiza no le consultara sobre el
-plan de Caseros, primero, y luego sobre el mejor modo de organizar
-el país, dióse a glosar los 26 Boletines de la Campaña del Ejército
-Libertador de que había estado encargado, intercalando entre ellos
-comentarios despectivos contra la persona del general vencedor. Al dar
-a luz este trabajo, determinó dedicárselo a Alberdi.
-
-Según un pasaje de esta dedicatoria parecería que Alberdi hubiera
-suscitado la polémica en “El Diario” de Valparaíso; pero el aludido
-rechaza categóricamente la alusión.
-
-La dedicatoria está llena de velados cargos y otros bien directos
-contra Alberdi, desde la inculpación de su posición semioficial,
-hasta la de creerlo interesado en lanzar a Sarmiento a la anticipada
-publicación de su “Campaña”, que él reservaba para muchos años después.
-Desde su ignorancia de los hechos, que Sarmiento en cambio acaba de ver
-envueltos en sangre, hasta el recuerdo de su deserción de Montevideo,
-al acercarse a Oribe.
-
-La censura, pues, a Urquiza comienza con una página adversa a su amigo,
-a quien llama “Mi querido Alberdi”.
-
-La “Campaña en el Ejército Grande” se inicia con la Introducción, que
-es otro golpe indirecto a Alberdi, y entra luego, como diario de un
-viaje, a referir impresiones de los distintos puntos y accidentes por
-que ha tenido que pasar, desde su salida de Chile hasta la “fuga” de
-Buenos Aires, después de Caseros.
-
-En forma amena, pero falta de cohesión, va dejando escapar sus
-sentimientos y reflexiones sobre los hombres y los sucesos que le salen
-al encuentro, destacando siempre de la interesante narración su figura
-en primer término.
-
-Sin constituir una crónica de hechos, ni menos un estudio de
-caracteres, esta producción de Sarmiento, tan rica de matices, puede
-ser considerada como un auxiliar para la historia de la época o del
-acontecimiento que comprende, si bien debe cuidarse quien la utilice,
-del espíritu preconcebido que la mueve. Bajo la pasión demoledora de
-estas páginas, no obstante, asoma aquí y allá un afecto, un rasgo de
-admiración, un verdadero aplauso a tal o cual figura determinada,
-todo ello mezclado con lo anterior, como tintas claras y obscuras,
-manejadas a un tiempo en un mismo estado de ánimo por un firme pincel.
-No se ajusta el autor a ningún género dado, como que la soltura sigue
-siendo su característica; quiero decir que, junto a la descripción de
-un paisaje, vése un estudio de paralelo; y al lado de una reflexión
-filosófica, que dá a la oración un corte de discurso moral, interrumpe
-un diálogo y con éste una narración pintoresca y con ella un apóstrofe
-y en seguida un retrato y por último una epístola.
-
-De estas páginas, que causan el efecto de hojas diseminadas, Sarmiento
-lo va diciendo todo muy aprisa, con el único cuidado de no posponer al
-protagonista ni un instante. Y por ese propio apuro, el protagonista
-moral y material, nos resulta un extraño ser, un ser inexplicable. De
-pronto un hombre que tiene miedo a un perro y, al lado, un valeroso
-crítico del general en jefe, compitiendo con él en volumen político y
-social, como por ejemplo al adelantarse al Rosario, o al recibir las
-primeras salutaciones de Palermo. Unas veces el servidor medroso que
-espera del ayudante una palabra tranquilizadora de parte del superior;
-otras, el violento discutidor que a voz en cuello censura al padre ante
-su hijo. De pronto, vestido de pequeño mariscal francés, con plumas en
-el sombrero, depositando a gritos palabras peligrosas en el oído de las
-gentes que le salen al paso. Más tarde, sometiéndose a las menores
-indicaciones del general, con una disciplina rayana en servilismo.
-
-A las impresiones relacionadas con lo que Sarmiento llama su Campaña,
-están unidos sus juicios referentes a los sucesos que siguieron a la
-batalla, en la cual, desde luego, no desempeña ningún papel.
-
- “Mi papel de “boletinero” me exoneraba de toda obligación
- militar con mis jefes, por lo que, así que hubimos de rompernos
- los cuernos, dejé al general Virasoro con sus edecanes y sus
- caballos blancos, yo que no andaba muy bien montado, y busqué
- el batallón oriental que mandaba el coronel Lezica y me coloqué
- donde no estorbase, con mi ayudante, el capitán Dillon y uno
- de mis asistentes, pero en lugar bien aparente, precaviéndome
- contra ciertas bromas que estaba seguro se harían valer contra
- mí,--el militar con guantes y con levita,--si podían decir que
- me había perdido.”
-
-En balde será el empeño de hallar en esta producción de Sarmiento las
-pruebas que justifiquen sus acerbas manifestaciones contra el general
-Urquiza, a quien llega a examinar hasta en su faz doméstica. Del relato
-mismo se desprende que éste y todos los jefes que lo acompañan, sólo
-tuvieron consideración y afecto para con el instable compañero.
-
- “Enrolándome, dice Sarmiento, en el Ejército, tuve ocasión de
- conocer de cerca el personal de guerra de nuestro país, los
- jefes más acreditados, los medios de acción y cuanto interesa
- al publicista, al historiador, al viajero, y al político
- argentino. Merecí de todos, distinción y aprecio, y reconocí
- las virtudes, patriotismo, capacidades, y talentos de los
- hombres que han de figurar más tarde. Déboles a todos los
- jefes y oficiales el más profundo agradecimiento. Fuí siempre
- atendido por los coroneles Urdinarrain, Palavecino, Basabilvaso
- y otros de Entre Ríos; considerado por Virasoro y Galán: y sólo
- con el coronel Pirán tuve reyertas en que nos decíamos ambos
- las impertinencias de más grueso calibre.”
-
-En lo que se relaciona con el general Urquiza, Sarmiento nos dice que
-en cierta ocasión le dió mil explicaciones, lo llamó su amigo y se
-estrecharon varias veces la mano. Hay pasajes en que su devoción por el
-general Urquiza pasa por entre sus enconos, como la luz por entre los
-celajes, y en que llega a aplaudir terribles hechos de sangre, tal como
-en la escena en que traen a la presencia del general vencedor al jefe
-rosista Santa Coloma, que Urquiza manda degollar por la nuca en castigo
-de sus víctimas, inmoladas en la misma forma.
-
-Viaja el monorritmo de la cinta colorada por entre las páginas de la
-“Campaña” como una obsesión formada e impuesta a los fines de disculpar
-tanto agravio férvido en la pluma del autor. Pero si hay momentos en
-que el tema puede ser oído con alarma, descúbrese en seguida que es uno
-de los “sistemas” a que obedece la modalidad literaria de Sarmiento, y
-de la que no se aparta a pesar de consejos tan sanos y autorizados como
-los que ya le había dado don Valentín Alsina.
-
-Tal es la síntesis de la “Campaña en el Ejército Grande”. La
-imparcialidad del lector crítico no puede atenuar el egotismo y la
-imprecación hiriente que constituyen su esencia, porque el limo que
-sus aguas dejan, fecundiza la figura del vencedor de Caseros, dando un
-resultado contraproducente acerca de la tolerancia de su alma, frente a
-la ingratitud que lo combate.
-
-Alberdi no considera el ataque de este punto de vista, sino del que
-le es directo. Mas, lejos de contestarlo en el tono de la réplica,
-volviéndola también reducida y personal, saca partido doctrinario
-del asunto y lo eleva a la altura de un estudio, generalizándolo y
-legándolo como enseñanza.
-
-Retirado en Quillota, dedicó cuatro cartas a su adversario que aparecen
-fechadas tres en el mes de enero y otra en febrero desde Valparaíso.
-
-Explica en la primera que no hubiera leído, por escasez de tiempo, la
-“Campaña”, cualquiera sea su mérito, a no verse obligado a ello por
-la dedicatoria, lo que a su vez lo determina a analizar y contestar
-todo el trabajo. Advierte que nada tendrá que hacer con la persona del
-contendor, quien sólo le merecerá una crítica alta, digna y respetuosa,
-y que su propósito capital es estudiarlo en sus escritos. Y al entrar
-en materia, comienza por establecer cuán distinta tiene que resultar
-la prensa, desde la caída de Rosas, si ha de intentar llegar a la
-eficacia de sus fines políticos. Tras del dibujo del licenciado de
-la vieja prensa, insubordinado a toda regla o disciplina, agitador
-de poblaciones y de improvisada preparación, especie de gaucho malo,
-el lector vé alzarse, como en fotografía superpuesta, la efigie de
-Sarmiento. Estas primeras cuatro cartas son de una notable importancia
-por la serenidad, por la lógica, por la fuerza destructora e inmensa y
-por el estilo diáfano.
-
-Es acaso el primer escritor de América que conoce los insuperables
-secretos de la difícil síntesis. Escribe, con la menor cantidad de
-palabras, la mayor porción de ideas. Del ahorro de sonidos, obtiene más
-substancia y pensamiento. Es la pluma de las “Bases”. Y lo admirable
-de su construcción, es que lejos de perder la forma de su belleza, la
-aumenta en flexibilidad y ondulaciones, volviendo tan terso y sutil
-el velo, que se ve toda la imagen al través. De modo que es el latín
-clásico traducido al español armonioso.
-
-Estas cartas debieron producir la sensación de las máquinas de guerra
-de los griegos que se destinaban a aplanar los cuerpos de los muertos,
-después de la batalla. . .
-
-Pero, Sarmiento no estaba muerto. Contestó la réplica de Alberdi con
-toda la violencia de su temperamento de demostrado luchador, tirando a
-fondo sus formidables golpes de clava como para finalizarlo todo.
-
-Su prosa es amplia, su brazo largo, su juego desordenado y abierto,
-sus golpes a la cabeza del contendor. No le perdona ni la letra. Y de
-la letra, la estatura, la manera de reir, las intenciones, y, acto por
-acto de su vida de abogado, de escritor, de periodista.--“Alma y cara
-de conejo”, le dice. “Sólo sabe agrupar pesetas y palabritas”. Llega al
-giro despreciativo minúsculo: “pillito”, “ratoncito que roe papeles”.
-“Estate quietito: tú serás enviado diplomático en Chile”.
-
-Otras veces, del asunto obtiene el vocablo que le viene a la pluma:
-“ergotista genovés”, recordando que Alberdi estuvo en Génova y que allí
-escribió uno de sus libros. “Andate enhoramala, botarate”.
-
-La gracia y la novedad del denuesto se traduce en figuras como ésta:
-“Es una esponja de limpiar muebles que absorbe todas las ideas para
-volverlas a estrujar y aplicarse a todas las cosas sucias”.
-
-El tono sube:--“Y no ha habido en Valparaíso un hombre de los que
-pertenecen “a la multitud de frac” que le saque los calzones a ese
-raquítico, jorobado de la civilización, y le ponga polleras. . .”
-“Entecado que no sabe montar a caballo”. . . “Abate por sus modales;
-saltimbanqui por sus pases magnéticos; mujer por la voz; conejo por
-el miedo; eunuco por sus comparaciones políticas; federal-unitario,
-ecléctico-panteísta; periodista, abogado, conservador, demagogo”.
-
-Este es Sarmiento de una vez:--“¡Pues, qué! ¿quería mamar a dos tetas?”
-
-Sarmiento vuelve a recuperar el campo como Hércules vencedor. Sus
-amigos, sus admiradores, los jóvenes, los viejos, sus compatriotas,
-el resto de emigrados que presenciaban el encuentro desde la sombra
-del tendido, lanzaron el ¡hurra! del loor ganado. Sarmiento era el
-representante de la democracia brava frente a la borla doctoral.
-
-¿Y Alberdi? No responde. ¿Dónde está el doctor Alberdi? No es habido
-en los sitios sociales ni en el foro. ¿Qué le pasa al académico
-escritor? Su posición es tan ingrata que sus íntimos y correligionarios
-deciden instarlo a la refriega, pero se hallan con que el metódico
-trabajador tiene entre manos, en esos mismos instantes, un proyecto de
-Constitución para su país, que forma el complemento de las “Bases”.
-Hasta tanto no lo termine, no se enterará de los nuevos ataques
-de Sarmiento. Vanos fueron los argumentos que se le hicieron para
-demostrarle la necesidad perentoria de que ensayara la refutación
-de los cargos y acusaciones de su enemigo implacable. Alberdi . . .
-Pero estoy cometiendo una falta de probidad y de buen gusto al dar
-ropaje propio a un relato que ha sido ya hecho por un maestro, por el
-inolvidable Lucio V. López, que a su vez repite la narración de su
-ilustre padre, testigo de la época, amigo por igual de Alberdi y de
-Sarmiento.
-
-Al ocuparse Lucio López de la reimpresión de las “Cartas Quillotanas”
-en 1873, legó páginas de insuperable mérito, que contienen con la
-dramaticidad del momento, noticias directas de la psicología de los dos
-soberbios contendores. Helas aquí:
-
- * * * * *
-
-“Las “Cartas Quillotanas” están destinadas a vivir siempre en la
-literatura política de nuestro país. Ellas son la más severa lección
-que se ha dado a la prensa que emplea el dicterio y el insulto para
-convencer al público y confundir al adversario. Ellas son la protesta
-más ardiente y victoriosa que puede hacerse contra esa literatura feroz
-de que la ignorancia vulgar de nuestras sociedades se ha amamantado
-en las pasadas luchas civiles, creando reputaciones de arcilla e
-inconsistentes que la justicia severa de los fallos modernos tiene por
-fuerza que desconocer.
-
-Esas cartas son poco conocidas en Buenos Aires. Hasta hace muy poco,
-tan sólo las conocíamos por las referencias de sus contemporáneos, y
-su crónica había llegado hasta nosotros, sin que hubiéramos podido
-procurarnos las preciosas páginas que las contenían. Es por esto, que
-no podemos menos de agradecer al editor el verdadero servicio que se ha
-hecho a las letras argentinas, haciendo de ellas una edición copiosa
-que, al mismo tiempo que pueda repartirse con profunsión por todos los
-rincones de la República, sirva para estudiar tranquilamente y sin
-pasiones mezquinas la índole de ciertos hombres que las injusticias del
-pasado han tratado de obscurecer.
-
-La historia de las “Cartas Quillotanas” es interesante. Un testigo
-ocular nos ha narrado su crónica que vamos a tratar de transmitir a
-nuestros lectores con toda la imparcialidad que nos corresponde.
-
-La refutación del doctor Alberdi a la Campaña del Ejército Grande, que
-el señor Sarmiento le narra intencionalmente, exasperó el ánimo de éste
-con justos motivos. El golpe había sido mortal. La contestación había
-apurado todos los recursos de la sátira y la pluma de Alberdi había
-rayado en el papel la caricatura del adversario con los gráficos rasgos
-de un Chatam y con la culta acrimonía de un Timon. La primera parte de
-las cartas es la gran parodia “de la Campaña”.
-
-Los gritos de la herida fueron tan elocuentes por parte del señor
-Sarmiento como había sido punzante el dardo sutil que la causaba. Su
-espíritu se encrespó, tomó formas colosales, midió el cuerpo de su
-adversario y prorrumpió en un torrente de lava escrita característico
-en él, si tenemos en cuenta una cualidad remarcable de sus talentos:
-la labia copiosa con que manifiesta sus pasiones. Alberdi se encontró
-ahogado por aquella avalancha. Danton y Robespierre, y todas las furias
-de la revolución francesa, no habrían producido una diatriba más
-sublime que aquella.
-
-El señor Sarmiento no es clásico sino “criollo puro” y sin embargo, es
-curioso de notar, cómo en su réplica a las primeras cartas de Alberdi,
-palpita el más legítimo paganismo haciendo recordar las pasiones del
-anatema clásico puesta en boca de los dioses, menos el estro de Homero
-y de Virgilio.
-
-La cultura del lenguaje, la delicadeza del escritor, todos los
-escrúpulos sociales están desconocidos en la réplica del señor
-Sarmiento y para que no se dude de nuestra aseveración puede leerse
-el siguiente párrafo con que ataca al señor Alberdi. “Usted ha tenido
-la debilidad de eludir la ley penal por el decoro; pues yo tendré la
-gentileza “de degradar mi rango de escritor y de insultar la ley y la
-sociedad poniendo escritos inmundos contra usted”.
-
-Si Facundo hubiera sabido escribir, no de otra manera hubiera escrito.
-
-La réplica del señor Sarmiento hizo gran sensación en Chile. Los
-amigos de Alberdi se enfriaron en su entusiasmo. Los amigos del señor
-Sarmiento aprovecharon esta frialdad y la convirtieron en éxito para
-sus afecciones. El señor Sarmiento estaba triunfante y la “vox populi”
-sancionaba su victoria. Alberdi había enmudecido y todos consideraron
-que el golpe lo había abrumado. ¿Qué hacía? ¿Dónde estaba? ¿Cuál
-era la causa de su silencio? Este continuaba. Días, semanas y meses
-pasaban sin que respirase. Varios amigos suyos resolvieron buscarlo
-y decirle la crítica posición en que se encontraba. Lo hicieron, y
-fueron recibidos en su gabinete donde trabajaba con perfecta calma y
-tranquilidad. Le manifestaron lo que pasaba en Chile con su persona,
-y una vez enterado, oyeron con asombro de sus labios que no había
-leído la réplica del señor Sarmiento, que estaba sumamente empeñado
-en concluir su proyecto de constitución para la República Argentina
-y que había previsto que la lectura de las cartas de su adversario,
-podía distraer su atención poniendo en conflicto la terminación de su
-obra. En vano fué que sus amigos le manifestasen la necesidad en que
-estaba de salir cuanto antes de su crítica posición. Su determinación
-fué irresistible. No hizo la lectura y se dispuso a desocuparse del
-trabajo que se lo impedía. Extrañó, sí, la debilidad de la opinión para
-condenarlo tan ligeramente y quiso tal vez imponerle con su silencio
-el castigo de su ligereza. A los pocos días llamó a uno de sus amigos
-y le manifestó que su proyecto de Constitución estaba concluído y
-que al día siguiente partía para Quillota a ocuparse de contestar al
-señor Sarmiento cuya réplica ya había leído. Prometió a sus amigos
-vindicarse ante la opinión y anonadar a su adversario para siempre.
-Regresó de Quillota al poco tiempo trayendo un rayo que lanzó de
-improviso y que cambió el hado próspero de su contendor. Y en efecto,
-“La complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República
-Argentina”, que era el título de la contrarréplica, fué fatal para
-el señor Sarmiento. Este había presentado infinidad de hechos que
-menoscababan la reputación del doctor Alberdi. Estos hechos fueron
-desmentidos uno por uno, con datos tan fidedignos que toda la opinión
-reconoció su veracidad. Alberdi en boca de Sarmiento había sido indigno
-instrumento de los gobiernos, mal abogado, mal escritor, ignorante,
-mal político y en fin dueño de las cualidades más poco envidiables que
-se pueden poseer, y el mismo Alberdi, según su expresión, se encargaba
-de “tomar por la oreja al mentiroso, sentarlo en el banco de la risa
-y hacerlo desmentirse con sus propios escritos” que dejaban a Alberdi
-bajo el punto de vista de un hombre digno, independiente, buen abogado,
-brillante y competentísimo escritor, político hábil y en fin con todas
-las excelentes dotes que las pasiones febriles del señor Sarmiento le
-habían desconocido.
-
-Las últimas cartas de Alberdi corrieron de mano en mano con un
-prestigio extraordinario. Llamó la atención sobre todo la parte
-final titulada “Enmienda Honorable” que es una colección crecida,
-compuesta únicamente de elogios de todo orden, debidos a la pluma de su
-adversario. La crónica cuenta que el señor Sarmiento quedó sumamente
-mal parado. Ofreció cuarenta cartas más con las que prometía hundir por
-siempre a su antiguo amigo, pero sólo produjo dos y la mala acogida que
-recibieron acabó de descorazonarlo para siempre haciéndolo abandonar
-la escena que le había arrebatado tan felizmente su adversario.
-
-Esta es la sencilla historia de las “Cartas Quillotanas”, cuya
-reimpresión acaba de hacerse y cuya lectura no podemos menos de
-recordar a los que no lo hayan hecho. En ellas se verá que la República
-Argentina tiene en su literatura ingenios de nota, cuyos escritos
-participan del género de los que inmortalizaron a Fígaro y a Cormenin.
-
-De las “Cartas sobre la prensa” resulta, que hasta el odio a Buenos
-Aires, otro de los cargos vulgares con que se ha querido combatir
-a Alberdi, nadie lo ha expresado como el actual presidente de la
-república en los siguientes párrafos que insertamos:
-
-“En vano le han pedido (a Buenos Aires) las provincias que les dejase
-pasar un poco de civilización, de industria y de población europea:
-una política estúpida y colonial se hizo sorda a estos clamores. Pero
-las provincias se vengaron mandándole en Rosas mucho y demasiado de
-la barbarie que a ellos le sobraba. Harto caro la han pagado los
-que decían: “La República Argentina acaba en el Arroyo del Medio”.
-(Sarmiento: “Facundo“, pág. 23, 1.ª edición).
-
-“Tucumán tiene hoy una grande explotación de azúcares y licores que
-podría permutar por las mercaderías europeas “en esa ingrata y torpe
-Buenos Aires” desde donde le viene hoy el “movimiento barbarizador”.
-(Sarmiento: “Facundo”, pág. 195. 1.ª edición).
-
-“¡Eh! vergüenza de Buenos Aires, os habeis hecho las guaridas de todas
-las alimañas, que Paz hace huir del interior”. (Sarmiento: “Facundo”,
-pág. 195, 1.ª edición).
-
-“Diréselo a usted al oído, a fe de provinciano, porque el pueblo de
-Buenos Aires, con todas sus ventajas es el más “bárbaro” que existe en
-América”. (Sarmiento: “Sud América”, tom. 2, núm. 2.--Mayo 1.ᵒ de 1851).
-
-Después de estas inserciones, todo comentario nos parece inútil, pues
-la justicia no puede hacer sino uno que no corresponde repetir.”
-
- * * * * *
-
-Terminado y remitido, pues, con urgencia el Proyecto de Constitución,
-Alberdi vuelve a la polémica, titulando esta vez sus escritos así:
-“Complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República
-Argentina” y precediéndolas de una saludable “Advertencia”.
-
-Si eficaces fueron las primeras, estas últimas resultaron decisivas.
-Y debieron serlo, de verdad, porque redujeron a silencio la pluma de
-Sarmiento y abrieron doble brecha en su cuerpo y en su ánimo. En cartas
-íntimas gime su cuita y expresa el dolor de su carne macerada por el
-látigo de Alberdi[6].
-
-Quedó abierto desde entonces el abismo que había de separar hasta
-más allá de la tumba el alma de estos dos argentinos. ¡Y qué larga y
-profunda fué la venganza de Sarmiento contra las “Cartas Quillotanas”!
-
-De modo que por su orden de tiempo debe leerse la “Campaña del Ejército
-Grande” de Sarmiento, punto inicial de la polémica; en seguida las
-“Cartas sobre la prensa” más conocidas por “Cartas Quillotanas”
-de Alberdi; luego “Las Ciento y Una” de Sarmiento, y, por último,
-“Complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República
-Argentina” punto final, puesto por Alberdi.
-
-No hay otro duelo en los fastos literarios de América de mayor
-repercusión y de mejor enseñanza. Préstanle su fama el volumen de sus
-autores, la habilidad en las armas y la gravitación que tuvo en los
-sucesos públicos de la patria.
-
-El lauro ha sido discernido por la posteridad a Alberdi, quien al
-domeñar todos sus humanos impulsos, habilitóse a sí mismo para vencer
-al adversario, colérico y sin freno, impulsivo, ciego y cruel. Alberdi
-constituye de entonces un modelo en la alta polémica. La cultura
-universitaria, aun en la pelea, tenía que salir victoriosa de la locura
-del titán.
-
-
-
-
-ACOTACIONES A MONTAIGNE
-
-(Notas marginales)
-
-Por J. ALFREDO FERREYRA
-
-Profesor en la Universidad de La Plata
-
-
-Conocía a Montaigne por la monografía que Compayré le dedica en su
-galería de didactas ilustres. Había meditado también el capítulo que el
-mismo Montaigne dedica con tan buen sentido a la educación: sus vistas
-reformadoras y libres, de hombre del Renacimiento. Pero por primera
-vez leí todos sus ENSAYOS en las vacaciones de 1905-1906. En enero a
-febrero de 1913, los repasé, pero no de punta a cabo, sino según el
-método con que él los escribió. Abría las páginas que más me llamaban
-la atención, o buscaba aquellas en que creía encontrar la aclaración de
-una duda mía, o por saber qué opiniones alentaba el autor sobre tal o
-cual cuestión.
-
-Conozco, además, biografías del hombre, desde luego cortas, pues ha
-sido un cuerpo de poca acción. Todo su espíritu, movedizo y ondulante,
-está en su obra. Su biografía es su libro. Europa ha producido algunos
-hombres de pensamiento y de acción, cuyo prototipo es César. Pero en
-América no son raros los ejemplos de Mitre, Sarmiento, Roosevelt. El
-concepto de la educación integral bien practicado, creo que ha de
-fomentar al hombre que hace y piensa al mismo tiempo, pues la acción
-social me parece tan excitadora, como el estudio sedentario de un
-problema científico.
-
-Quiero transmitir mi impresión personal sobre Montaigne, como quien
-comenta al pasar una lectura en voz alta. Incitar a leer los grandes
-libros podría ser un servicio didáctico: se cuenta entre los deberes y
-los derechos del maestro de escuela.
-
- * * * * *
-
-Es un genio que hace de la modestia, de la franca confesión de sus
-ineptitudes, una fuerza principal. Constituye casi una excepción entre
-sus congéneres que pecan de vanidosos, según lo creía Sarmiento.
-Sócrates confesaba que nada sabía, para mejorar su situación mental
-respecto a los otros hombres. Jesús se endiosó. Y la lista sería larga.
-
-Alguna vez, es verdad, que la humildad de Montaigne se parece al
-orgullo de Diógenes al través de su capa remendada. Reitera su pereza,
-por ejemplo. Le gusta leer indolentemente a los clásicos latinos sin
-propósito determinado, hasta que cierta necesidad de exponer sus
-reflexiones y sugestiones le hace tomar la pluma. Parecería que con
-ello muestra que no hay que forzar a los temperamentos, torciendo o
-pretendiendo torcer las vocaciones grandes o pequeñas con presiones
-exteriores y artificiales, a que han sido bastante aficionados los
-padres y las escuelas.
-
-Recalca filosóficamente su falta de memoria, intuyendo con gran
-sagacidad de su propia introspección, que esa deficiencia, lejos de
-ser un mal absoluto, puede favorecer la meditación y las concepciones
-originales. El memorista corre el peligro de ser un incorregible
-repetidor de cosas ajenas.
-
- * * * * *
-
-Montaigne quiere sobrevivirse; de ahí que defienda la inmortalidad
-en cualquier forma. En ninguna parte he visto tratada esta cuestión
-con rasgos de mayor originalidad que en los Ensayos. Presenta el caso
-de capitanes antiguos o coetáneos que encargaban que su cuerpo o su
-esqueleto acompañase a sus ejércitos en el curso de la guerra, para
-asegurar su triunfo. No cita al Cid, cuyo cadáver montado en Babieca,
-ganó su última batalla contra la morisma en Valencia. Otras veces,
-para el cadáver no se pedía tregua ni concesiones al enemigo, como si
-continuara vivo el jefe al que pertenecía.
-
-Este es realmente un modo concreto de concebir la inmortalidad
-subjetiva, formulada casi tres siglos después por Comte.
-
- * * * * *
-
-Muchos pensadores antiguos--Epicuro, Lucrecio, Séneca, entre otros--no
-creyeron en la supervivencia del cuerpo ni del alma después de la
-muerte. Estuvieron muy lejos de comulgar con el valle de Josafat.
-Debemos convenir que el buen sentido ha tenido sus representantes en
-todos los tiempos, como el mal sentido los tiene aún en el siglo XX, en
-que un señor de Unamuno, ahuecando un tanto la voz, llama a la muerte
-“pavoroso e insoluble problema”.
-
- * * * * *
-
-La ociosidad produjo los ENSAYOS de Montaigne; esa ociosidad, que
-dejaba vagar con libertad (“la del caballo que dispara sin freno,
-albarda, ni jinete”) su mente por diferentes asuntos, sin orden
-aparente. Nunca la ociosidad ni la comodidad de un hombre que no tuvo
-necesidad de ganarse la vida produjo tan glorioso resultado.
-
- * * * * *
-
-A Montaigne le faltó, en general, el punto de vista social de que
-participamos, ahora aún los principiantes en sociología. Una ciencia
-más o menos sistematizada ayuda mucho las operaciones mentales.
-Montaigne precedió a Montesquieu en más de un siglo; de modo que la
-concepción de un organismo social o de organismos sociales regidos por
-leyes internas y externas, a semejanza de los individuales, era acaso
-anticipada para él.
-
-En su original capítulo acerca de los medios contradictorios que los
-hombres han empleado para llegar al mismo resultado o a resultados
-opuestos, se nota esa ausencia de concepción sociológica.
-
-Un vencido o los vencidos en una guerra, han obtenido clemencia del
-vencedor unas veces por la súplica y otras por el valor altivo. En
-otras ocasiones, uno y otro medio han conducido al exterminio, a la
-mayor cólera del vencedor, aunque éste fuera el magnánimo transigente
-Alejandro de Macedonia.
-
-Atribuye Montaigne estos hechos exclusivamente a la psicología personal
-del vencedor; nunca a otras circunstancias, principalmente las sociales
-que tanto influyen en los acontecimientos, mucho más que los deseos y
-resoluciones individuales.
-
-Maquiavelo, en sus _Aforismos políticos_ fundados en la Historia de
-Tito Livio y en la de su tiempo, tiene idénticas observaciones; pero
-mayor perspicacia sociológica, para inducir que en la función pública
-se cambia de método con el cambio de circunstancias.
-
- * * * * *
-
-Montaigne no se contenta con lo presente, y con lo que ve, y donde
-vive. Se extiende hacia lo pasado y mucho hacia lo porvenir. Sale de la
-tierra. Lo desconocido lo atrae. Se reconoce habitante del Universo.
-Actuando en un radio limitadísimo, de aislamiento en su castillo, habla
-de un radio inmenso, desconocido, que la Humanidad va desbrozando
-poco a poco. El infinito y la eternidad están descubiertos. Imposible
-sujetar la imaginación a la ciencia experimental, por más que sus
-resultados constituyan su solo regulador externo. Cuando se pierde este
-elemento de equilibrio, la imaginación se exalta hasta la locura, como
-Don Quijote que, a fuerza de palos y de no leer más, notó al fin que
-los nidos no tenían pájaros. No quiere decir que los creadores, por
-la imaginación, no sean incomparables intuitores. Comte llama a los
-grandes poetas profundos observadores de la naturaleza humana.
-
-Este descontento por la realidad develada por sabios y poetas, en cada
-época de la evolución mental colectiva, produce las hipótesis más sanas
-y más disparatadas. Lo primero, engendra el progreso comprobable y
-utilizable; lo segundo, las vaguedades metafísicas que se complacen en
-meditar horas enteras si los valles se mueven o se están quietos, y
-otras tonterías. Las luces relativamente verdaderas y las relativamente
-falsas, marchan paralelas.
-
- * * * * *
-
-Montaigne trata del rezo con su buen sentido positivo. Las peticiones
-de la oración son muchas veces injustas y generalmente egoístas. “Dios”
-merecería respeto y debe recibir homenajes y “servicios”, y no pedidos
-de codiciosos, maleantes de todo género que ruegan salir sin peligro
-o airosos de una aventura. Margarita de Navarra recuerda de uno que
-atravesaba compungido el interior de una iglesia, para ir a dormir con
-su querida, haciendo antes actos de devoción ante el altar mayor.
-
-A Montaigne se le ha escapado, sin embargo, el lado psicológico de
-la plegaria: su fuerza sugestiva y autosugestiva, cuando es sincera.
-La oración teológica ha debido producir sus efectos en el período
-correspondiente de la Humanidad, y del que muchos seres humanos aún
-no han salido. Ahora, en vez de suprimirse, debería transformarse
-en creación positiva, en propósitos determinados de acción, como
-lo aconseja Smiles. En la gran guerra, se inventó la plegaria del
-centinela y del soldado, como acto de resolución resignada, por ideales
-humanos, sin invocación sobrenatural.
-
- * * * * *
-
-Llama la atención de Montaigne la vanidad de Cicerón, y la detracta.
-Visto el gran romano a través de ese juicio, parece un petimetre sin
-méritos que busca gloriolas, apelando hasta al “réclame”. No es así.
-Cicerón tenía cualidades sólidas, y, en su género, fué uno de los más
-perfectos que exhiba la historia. Es claro que mostraba también el
-reverso del orador y del artista: instabilidad, indecisión. Me habría
-satisfecho más y habría sido más justo un estudio sobre la personalidad
-total. Pero Montaigne no supo o no quiso hacerlo por cualquier razón.
-Ya se sabe que él no escribió un libro, sino una serie de artículos
-sobre lo que se le antojaba y cuando se le antojaba. No fué un escritor
-profesional que tuviera que exprimir su inteligencia sobre temas
-obligados u obligantes.
-
-Para cohonestar su juicio unilateral sobre Cicerón, debe anotarse
-que la antropología no es de su tiempo, y los psicólogos natos, los
-Shakespeares y Cervantes, han sido muy contados, aún en esta época de
-psicologías.
-
-A medida que más se penetra en el estudio del hombre, más se explican
-sus anomalías, sin odio, tal vez con piedad y aun amor. Si el análisis
-crítico es cada vez más profundo, la censura va de capa caída, manejada
-sólo por los meros literatos que abominan de todo lo que no coincide
-con sus inclinaciones personales instituídas, sin mayores miramientos,
-en el patrón único para juzgar todo. Debemos aceptar lo irremediable,
-es decir, los millares de temperamentos diferentes y diferenciados,
-y su distinta manera de manifestarse. En el fondo, es un bien que la
-naturaleza humana muestre tantos matices como la naturaleza cósmica.
-
- * * * * *
-
-Montaigne (1533-1592) no creía en el progreso, es decir, en la
-evolución aprovechada por el hombre. Estaba con el _corso e ricorso_.
-Era hombre del siglo XVI. Comte sostiene que la idea de un progreso
-continuo e indefinido se afirmó en el siglo XVII y XVIII, como lo
-demuestran las fórmulas orgánicas de Pascal, Leibnitz y Condorcet,
-que instituyeron una Humanidad, sobre las patrias, que constantemente
-aprende y constantemente crece.
-
-Yo creo que uno de los hechos que más ha afirmado la creencia de
-un progreso general, a pesar de los retrocesos regionales o de
-factores aislados, es la conquista sucesiva de la Humanidad sobre la
-Naturaleza, es decir, el método experimental que dió sostén sólido a la
-ciencia. Esta se aplicó a la industria que trasforma constantemente las
-cosas en el sentido de su mayor utilidad humana. Estas trasformaciones
-objetivas se han impuesto. El progreso subjetivo de las ideas era menos
-discernible, ya porque está fuera del contralor de la mayor parte
-de las gentes, ya porque su mezcla y confusión por los sofistas de
-todos los tiempos que hacen juegos malabares, aparentan muchas veces
-estacionamiento o retroceso.
-
-El progreso de las cosas derivadas del progreso de las ideas, ha
-producido a su turno el desenvolvimiento de éstas, que se apoyan así
-en una comprobación externa. El progreso se realiza por inventos
-sucesivos, dice Pasteur. Cada nuevo invento demuestra un mayor dominio
-del hombre sobre el universo cósmico y social, y nos da la perspectiva
-de que ese dominio será ilimitado. Cada vez que un eminente genio ha
-afirmado una imposibilidad en el futuro, ha errado, dice Flammarión.
-
-Las ideas invisibles pueden discutirse; pero su encarnación en hechos
-sucesivos, no. Si todo es ilusión, si no nos es dable percibir al
-Universo tal cual es por deficiencia de sentidos y estructura cerebral,
-la utilización de las cosas, de los hechos y de las leyes para el
-acrecentamiento humano, es una realidad aunque no fuera la realidad.
-
- * * * * *
-
-Montaigne es el tipo del hombre del Renacimiento. Ama la gloria
-literaria de Grecia y de Roma. Cita constantemente a sus pensadores, a
-sus poetas, historiadores, oradores. Plutarco y Séneca son sus guías.
-Pero Horacio, Juvenal y Persio, Cicerón, Terencio, Ovidio, Plinio el
-viejo y el joven, ratifican sus afirmaciones. Sábese que hablaba el
-latín. Lo aprendió desde niño, conversando, como un idioma vivo, y
-leía constantemente a los creadores de tan profunda literatura. No era
-latinista de catálogo, de los tantos defensores del latín, incapaces
-de leer de corrido tres sentencias del Cornelio Nepote. Virgilio y
-Lucrecio están siempre en la punta de su pluma. Resurge, pues, en su
-mente, libre observadora del presente moderno, la antigüedad clásica.
-Esa aleación ha producido una síntesis inmortal con los ENSAYOS.
-
-Montaigne está lejos de ser un dogmático: no quiere y, sobre todo, no
-puede serlo. Su afirmación es siempre débil; su duda, transparente. Su
-positivismo es notorio; pero no dispone de elementos necesarios para
-apoyarlo.
-
-Nada de antropocéntrico, y esa es una de sus glorias. Su pensamiento y
-sentimiento ondulantes participan de la diversidad de los temperamentos
-humanos. Parecería que quisiera observar el mundo al través de cada
-uno de sus semejantes. Hay en él varios espíritus, como los que
-inspiraban a Goethe. Nada lo apasiona, todo lo reflexiona, es un famoso
-plurilateral.
-
-Leí con cuidado el capítulo que dedica a Raimundo Sabunde, donde se
-muestra más su positividad. Cree que los animales tienen más que
-instinto: inteligencia y sentimientos morales. La diferencia con el
-hombre es sólo de grados. Hace presentir a Lamarck y a Darwin. Cita un
-número asombroso de hechos referentes a los animales. Hoy que ha tomado
-cuerpo la psicología animal, resurge Montaigne.
-
-La verdad es que todos los problemas, resueltos o no, de que está
-ocupada la Humanidad presente, ya han sido propuestos por los antiguos,
-y a muchos se les ha dado en remotos tiempos una solución acertada,
-si bien por excepcionales pensadores que predicaren o no en desierto.
-El problema de la muerte, de la inmortalidad, de Dios: todo ha sido
-tratado abundantemente. Lucrecio, siguiendo a Epicuro, cuya doctrina
-poetizó, sostuvo que el aniquilamiento del cuerpo traía también el del
-alma, función corporal. Alguien dijo que Dios no era un ser, ni menos
-extrauniversal, sino una ley. Otros, que la inmortalidad objetiva del
-alma era apenas un mito poético y consolador para el tiempo respectivo.
-
-Nótase también que muchos problemas metafísicos se han reducido por los
-progresos de la ciencia que ha muerto hipótesis y divagaciones, creando
-probablemente otras. Pero la ciencia no sólo ha respondido a muchas
-interrogaciones seculares, sino que ha mostrado el régimen fecundo
-de la razón humana, el método que ha descubierto y ha de descubrir
-gradualmente, con mayor o menor rapidez, enigmas que la inquietud
-humana formula sin cansarse.
-
- * * * * *
-
-En Montaigne se nota el sentimiento de la verdad relativa. Nadie lo
-tuvo como él al afirmar o negar. Pregunta más que contesta. De nada
-está completamente seguro. Define con simpatía el Pirronismo. Pero
-él es sólo Pirronista intelectual. No llegó a la ética estoica que
-alcanzó el sublime escéptico griego. Este enseñaba que todas las
-cosas son igualmente inciertas y discutibles. Es necesario dudar de
-todo y ser indiferente a todo. De ahí derivaba su moral, doctrina de
-renunciamiento e indiferencia, que él practicó fielmente con organismo
-adaptado.
-
-No tener opinión ni sobre el bien, ni sobre el mal, es el medio de
-evitar todas las causas de turbación. Las más de las veces los hombres
-mismos se hacen desgraciados: sufren porque son privados de lo que
-creen ser un bien, o temen perderlo, porque estiman que esto sería
-un mal. Suprímase toda creencia de este género, y todos los males
-desaparecerán. Dejar que siga el mundo como es, y que cada uno tome su
-lote de males inevitables: he ahí el ideal de Pirrón. No le importaba
-más vivir que morir, porque no estaba convencido que lo uno fuera bien
-y lo otro mal. En un naufragio, mostró con toda calma a los pasajeros
-despavoridos la impasibilidad de un cerdo que comía tranquilamente,
-mientras el barco se sumergía. Así debería ser la impasibilidad
-consciente del sabio, en presencia de los hechos de la vida y de la
-muerte. Pudo decir con Lucrecio que la religión no consiste en adorar
-piedras o ensangrentar altares, sino en contemplar con ánimo sereno la
-corriente favorable o adversa de los sucesos.
-
-Montaigne no tuvo nunca la concepción, ni menos practicó la ética de
-Pirrón. Fué un rico que vivió cómodamente en su castillo campestre,
-bien servido, eligiendo su sociedad, pensando muy mal de las mujeres,
-perfumando sus pañuelos y guantes, abrigándose mucho en invierno porque
-era friolento, y temiendo la muerte.
-
- * * * * *
-
-En la voluptuosidad de leer descansadamente a los genios antiguos,
-meditar espontáneamente, escribir sin trabajar, anotando los
-pensamientos que su profunda naturaleza le sugería: así se engendró ese
-libro universal que se llama los ENSAYOS. Salió espontáneamente como la
-seda del gusano.
-
-Es un realista sin prejuicios y sin las groserías de Rabelais. Es el
-padre espiritual de Renán, de Anatole France, de la sonriente ironía
-francesa también heroica. Es la resurrección, al través de las letras
-latinas, de la mentalidad griega tan poco respetuosa de los dogmas, tan
-poco asustadiza de los misterios, tan poco sorprendida de lo nuevo, que
-aceptó sin mayores preocupaciones el todo o la nada de la vida.
-
-Febrero 1919.
-
-
-
-
-LOS SENTIMIENTOS MORALES, ESTÉTICOS Y RELIGIOSOS
-
-Por RODOLFO SENET
-
-Profesor de la Universidad de Buenos Aires
-
-
-LA RELIGIÓN Y LOS SENTIMIENTOS ÉTICOS
-
-Tener una religión sin poseer sentimientos religiosos, es no tener
-nada. Los sentimientos religiosos deben ser siempre previos a su
-sistematización y sintetización en forma de religión.
-
-La ética que se basa en los principios religiosos, es ultraegoista.
-El estudio de la gran mayoría de los preceptos morales que surgen
-de esa fuente, comprueban con toda evidencia el aserto. Tomaré el
-tan difundido “Haz bien y no mires a quien”, que sólo obedece a que,
-persiguiendo el sujeto beneficiarse a sí mismo, claro está que sea
-indiferente el individuo sobre quien recae la acción. El benefactor lo
-es, ante todo, de sí mismo, puesto que su buena acción no quedará sin
-su premio correspondiente y se sumará en su haber. Si bien es cierto
-que el hecho es que resulta un beneficiado, la falta de discernimiento
-con que se aplica el beneficio, indica que el primer plano lo ocupa el
-benefactor, siendo absolutamente indiferente el beneficiado. Los que
-practican la caridad aplicando el precepto sin tener en cuenta para
-nada su beneficio personal, creen de buena fé realizar un acto moral,
-y no obstante, es pseudomoral; los que lo realizan desde el punto
-de vista de la recompensa futura, inconscientemente, realizan actos
-inmorales. De este modo, cuando un religioso hace una obra piadosa
-cualquiera, con el ánimo de hacer méritos, quien debe agradecer es él
-antes que nadie y no el que recibe el beneficio, y debe quedarle grato,
-además, por prestarse o hacerse cómplice de su egoismo, puesto que el
-premio que espera obtener supera con mucho al bien realizado.
-
-La moral religiosa es una moral a base de premios y castigos, de
-carácter eminentemente egoista, prometiendo castigos horrendos o como
-recompensa un sensualismo que envidiarían los epicuristas. El “rogaré
-por Vd.”, el “Dios se lo pague”, etc., que contestan los beneficiados,
-en los casos de limosna, por ejemplo, indica una devolución de
-ultratumba infinitamente mayor al beneficio realizado. Si esa moral se
-pudiera hacer efectiva en la vida diaria, la usura ahogaría a la vida
-misma.
-
-Por lo demás, el eje sobre el que reposa, especialmente la moral
-religiosa, es la cuestión sexual.
-
-El instinto de conservación específico, satisfecho de acuerdo con los
-preceptos establecidos, resulta siempre una inmoralidad disimulada,
-y por tanto, tolerada. En el terreno afectivo-emocional, su base más
-honda, está en la afectividad negativa y en la emotividad depresiva.
-
-No entraré a analizar la pseudomoralidad que aporta en la ética
-individual, la religión; caería en el terreno del deporte de los poco
-cultos que recién descubren la pseudomoralidad de la ética religiosa.
-
-Lo que trataré de ver es si normalmente, si racionalmente, se puede
-edificar una ética o se pueden formar sentimientos morales, a base de
-religión.
-
-Los prácticos lo consagran así, y, no obstante los reiterados fracasos,
-la rutina subsiste. El hogar religioso, trata desde la más tierna edad
-de formar en el niño sentimientos religiosos. Luego las clases de
-doctrina dadas por sacerdotes del culto, y en algunos países atrasados
-la enseñanza de la religión en la escuela, tratan de crear sentimientos
-religiosos a bases de enseñanza de la religión.
-
-Claro se vé que si es absurdo tratar de formar sentimientos morales,
-enseñando moral teórica, lo es _a fortiori_, pretendiendo hacer
-penetrar a los niños en abstracciones muy alejadas de su mentalidad y
-en cuestiones de carácter dogmático. Los resultados así lo atestiguan,
-pues salvo el caso de que al sujeto lo haya rodeado un ambiente muy
-propicio, o que se trate de sujetos de cierta pobreza mental, los
-demás, cuando llegan a jóvenes, hablan en tono jocoso de la religión
-que les inculcaron en la niñez, evaporada hoy; recuerdan lo odioso
-de esa enseñanza impuesta, o bien las travesuras de las clases de
-doctrina, o los regalitos para atraerlos, u otros procedimientos como
-juegos, etc., para inculcarles la fe.
-
-Analizar todas estas tentativas para desarrollar en el niño
-sentimientos religiosos, desde el punto de vista psicológico, es,
-sencillamente, tiempo perdido. Basta una palabra, se trata de
-disparates.
-
-No se pueden desarrollar sentimientos morales a base de sentimientos
-religiosos, porque los últimos están por sobre los primeros, son
-superiores en jerarquía y mal pueden ser causa de los sentimientos
-morales, cuando deben ser efectos de éstos. Los sentimientos morales
-son previos a los religiosos, de manera que no son los sentimientos
-religiosos los que conducen a los morales, sino que la evolución
-superior de los morales conduce a los religiosos. Si los sentimientos
-religiosos son verdaderos, sinceros, si no se trata de vividores o
-mistificadores, para llegar a esta etapa de la evolución psíquica, el
-sujeto debe, necesariamente, haber construído antes todo su andamiaje
-ético, para construir más tarde su monumento religioso. Antes de llegar
-a la fé, el individuo ha tenido un período de duda, o por lo menos, de
-discusión y de grande sintetización, de carácter, no solo sentimental,
-sino también mental. Los sujetos verdaderamente religiosos son grandes
-razonadores; sólo los débiles mentales tienen fe sin discernimiento.
-
-En la filogenia el sentimiento religioso es el último en aparecer.
-Obsérvese que las religiones de los pueblos al través de la Historia,
-siempre expresan la síntesis de su progreso y civilización; es decir,
-que a nosotros, como colectividad, nos da la expresión más avanzada
-de su progreso. La religión ocupa siempre la cúspide, no está en
-la base. Cuando la religión queda por debajo de los conocimientos,
-necesariamente se modifica o es reemplazada por otra. De ese
-modo vemos, al través de los tiempos, modificarse las religiones
-paralelamente a los adelantos en la cultura y civilización.
-
-En la ontogenia ocurre lo mismo; los sentimientos religiosos son los
-últimos en aparecer. En la niñez no existen en realidad, todo lo más,
-encontraremos la emoción del temor, que sólo se liga a cuestiones
-religiosas si al niño se le orienta en esa dirección mediante
-sugestiones; de otra manera ese temor en el niño, nada tiene que hacer
-con lo religioso actual y estará vinculado a formas filogenéticas más o
-menos remotas; el temor religioso será instintivo. Durante la juventud
-lo general es que el sujeto sea indiferente, no se preocupe, es decir,
-está en un período donde aún no ha formado síntesis y es irreligioso
-como regla general. Los sentimientos religiosos se forman en una época
-relativamente tardía, la edad madura, como síntesis de los sentimientos
-morales.
-
-En la vejez y, particularmente, en la edad senil, las tendencias
-religiosas, el fanatismo de los ancianos, se debe a otras causas.
-
-Siendo mucho más amplios los sentimientos religiosos que el sentimiento
-de equidad y de justicia, a título de simple comparación, para
-diferenciarlos, digo: que los sentimientos religiosos, son a los
-morales, lo que el sentimiento de equidad es al de justicia. El
-sentimiento religioso, para el que lo posee, es lo superior, comprende
-una síntesis enorme, donde entra lo ideal, lo intangible, lo sublime,
-lo perfecto, la evolución o la superstición de las concepciones morales
-del sujeto; los sentimientos morales no son superhumanos, sino muy
-humanos, dentro de lo real y de lo tangible. El sentimiento moral es al
-religioso, lo que lo concreto es a lo abstracto, lo que lo relativo es
-a lo absoluto.
-
-Fundar los sentimientos morales en los religiosos, es pues, proceder en
-sentido inverso; es antilógico.
-
-Los procedimientos empleados en la enseñanza de la religión, y
-particularmente, para desarrollar o dar siquiera nacimiento a
-sentimientos religiosos en los niños, demuestran hasta la evidencia,
-que no se pueden desarrollar sentimientos, ni siquiera adquirir ideas
-religiosas, sino mediante los sentimientos morales.
-
-Lo contrario es absurdo, o, por lo menos, no se vé su posibilidad;
-equivaldría a pretender educar las aptitudes intelectuales del sujeto,
-sin instruir. Los resultados están de acuerdo con lo manifestado, los
-niños tienen tantos sentimientos religiosos antes como después de los
-cursos de doctrina. Lo común es que el resultado, a la larga, concluya
-por ser contraproducente.
-
-Es que en realidad de los sentimientos éticos a los religiosos media
-una respetable distancia en la ontogenia, como ha ocurrido en la
-filogenia. En la juventud ya se presentan bastante desarrollados los
-sentimientos morales, mientras que, como regla general, los religiosos
-ni siquiera comienzan a alborear. Estos, como lo he manifestado, no son
-más que resultantes de grandes síntesis, las que no pueden realizarse
-sino al través de los años. Además, para que los sentimientos morales
-evolucionen hacia la formación de los religiosos, es menester que
-construyan los intermediarios entre unos y otros, representados por los
-sentimientos estéticos. Ya volveré sobre este asunto.
-
-
-LOS SENTIMIENTOS ESTÉTICOS Y LOS ÉTICOS
-
-Considero á los sentimientos estéticos como íntimamente vinculados con
-los éticos, siendo los estéticos de jerarquía superior a los éticos,
-más que nada, por su formación filogenética.
-
-Creo que los sentimientos estéticos del individuo pueden servir
-de norma para valorar los morales y que puede establecerse como
-regla general, que a mayor evolución de los sentimientos estéticos
-corresponde mayor evolución de los éticos. De este modo, se podría
-enunciar el principio, o con más corrección para no asignarle tanto
-alcance, la regla, en esta forma: _los sentimientos estéticos están en
-relación directa con los éticos_.
-
-Aquí el lector, inmediatamente me objetará en una forma a su juicio
-contundente, diciéndome que, justamente, los cultores de la estética,
-los profesionales de ella, en su gran mayoría, no son los que más
-brillan por su moralidad, sino al contrario, por su inmoralidad.
-
-Dejemos estas objeciones para su debido tiempo, si es que después de
-precisar el alcance de los términos, se persiste en ellas.
-
-El orden de formación filogenética de los sentimientos es el siguiente:
-sentimientos éticos, a los que les ha seguido casi inmediatamente los
-estéticos, y por último los religiosos.
-
-En la ontogenia los sentimientos morales y los estéticos se presentan
-aparentemente simultáneos, es decir, a sentimientos éticos determinados
-le corresponden sentimientos estéticos determinados, o a la misma
-altura de evolución, tal cual ocurre con los sentimientos morales y
-estéticos, en la niñez, en la adolescencia, etc. Esto indicaría que la
-sucesividad de sentimientos éticos y estéticos en la filogenia ha sido
-corta, por su aparente simultaneidad en la ontogenia.
-
-Se infiere que los sentimientos estéticos en la filogenia no
-pudieron ser originariamente primitivos, sino que derivaron de
-los éticos que estaban en más estricta vinculación, o mejor,
-dependían más directamente de la lucha por la vida, del instinto
-de conservación, siendo los sentimientos estéticos, en cualquiera
-de sus manifestaciones, los sentimientos del triunfo en la lucha
-por la existencia; es decir, los sentimientos estéticos dependieron
-de lo bueno, de lo útil, de lo eficaz, pero para eso debió existir
-previamente la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo útil y lo
-inútil, lo eficaz e ineficaz, que eran, en definitiva lo moral y lo
-inmoral.
-
-En la ontogenia resultan ambos sentimientos asociados y todo lo ético
-es estético y lo estético para ser tal, en los sujetos normales, debe,
-necesariamente, ser ético. Sólo un falso discernimiento puede disociar
-lo estético de lo ético, admitiendo que pueda existir lo estético
-independientemente de lo ético, o en otros términos, que pueda existir
-algo estético que no sea moral. Por lo demás se vé que lo amoral es
-inestético, como que lo inestético es amoral y que lo inmoral es
-antiestético, y que solo como aberraciones se presenten los sujetos que
-estiman lo inmoral, o en particular, algo inmoral, como estético.
-
-Dije que el sentimiento estético en su origen es el sentimiento del
-triunfo en la lucha por la vida. No voy a tratar de demostrar esta
-tesis, sobre la cual he escrito un libro. Sólo recordaré que en los
-sentimientos estéticos, como en las demás aptitudes, existe una larga
-gradación desde lo rudimentario hasta los grados más avanzados y que
-su vinculación con el instinto de conservación, es tanto más evidente
-cuanto más inferiores son, pues en los grados superiores la causa
-originaria resulta muy alejada por la cantidad de intermediarios que
-intervienen entre el instinto, o mejor dicho, la satisfacción del
-instinto en la lucha por la vida y el sentimiento estético.
-
-En la naturaleza las cosas o los fenómenos no son ni morales, ni
-inmorales, ni estéticos, ni antiestéticos, sino amorales e inestéticos.
-El sentimiento de lo moral o de lo bello nace en nosotros por las
-reacciones que en nuestro sistema nervioso provocan esos agentes. De
-ahí que lo estético y lo moral dependan del individuo y que sea el
-criterio de la mayoría el que pretenda dar la pauta de lo estético,
-antiestético, moral e inmoral.
-
-Naturalmente que no hay razón alguna para limitar la estética a las
-manifestaciones del arte y creer que los sentimientos estéticos sean
-sentimientos ligados exclusivamente al arte. El arte no es el único
-poseedor de la estética, ni cosa semejante. Si se han hecho casi
-sinónimos es porque el arte, para ser tal, exige el concurso de la
-estética, o mejor dicho, debe provocar reacciones de carácter estético;
-pero la estética del arte, o las reacciones estéticas provocadas por
-las ramas del arte, se diferencian solo de grado con las provenientes
-de otros géneros de actividades humanas, son términos de una misma
-serie y las reacciones estéticas que provoca una obra de arte pueden
-ser muy inferiores a las provocadas por la ciencia o superarlas, según
-el grado de evolución del sujeto que las percibe.
-
-Recordaré, brevemente, las etapas de la filogenia de los sentimientos
-estéticos que corresponden exactamente a los que se observan en la
-ontogenia.
-
-1.ª _Estética motriz._--Llamo así a las reacciones estéticas
-provenientes de las nociones que provee el sentido muscular. La belleza
-reside en la dirección, o bien en la velocidad, o bien en la agilidad,
-o bien en la precisión, etc., del movimiento. El movimiento es el
-agente de la reacción estética y la belleza reside en el movimiento,
-ya obre el sujeto como actor o como espectador. Es la estética más
-rudimentaria: la del hombre primitivo, la del salvaje actual y la del
-niño. Sus sentimientos estéticos están ligados a ejercicios, manejo de
-las armas, deportes, bailes, etc.; su estética musical está más en el
-ritmo que en la melodía, es decir, en la noción de movimiento.
-
-Para que el agente provoque sentimientos estéticos es menester que
-sea llevado a la mayor perfección posible, por ejemplo, que el o los
-movimientos ejecutados sean de la mayor agilidad y precisión, pues lo
-imperfecto, pesado, o grosero, resulta antiestético. En la filogenia,
-lo más perfecto fué lo más útil, porque conducía más directamente al
-triunfo. La estética resultó de una ética utilitaria. El sujeto que
-sobresalía, que se distinguía de los demás, era el que mejor realizaba
-lo estético, si llegaba a lo verdaderamente excepcional, fué el
-superhombre de esos tiempos, el respetado, el temido, el que servía de
-término de comparación, de unidad moral o término superior, y también
-el término superior en lo estético. La dependencia de lo estético de
-lo moral se presenta muy clara en el hombre primitivo y en el salvaje
-actual y también en los individuos inferiores de las colectividades
-cultas que son otros tantos salvajes dentro de un medio evolucionado,
-y, por último, en el niño. En éste, particularmente en el período
-belicoso, es notable su admiración por el más fuerte y con especialidad
-por el diestro en el manejo de los puños. Endiosan al peleador,
-alabando sus sopapos, sus quites, etc. El niño, como el salvaje, admira
-y respeta al que prima por más diestro en la fuerza bruta.
-
-La sucesividad: ética, estética y religión, se observa muy bien en el
-estadio de la estética motriz, en que el hombre no había llegado aún
-a discernir lo mejor de lo peor, lo bueno y lo malo, etc., sino en el
-mundo sensorio, y, aun en éste, limitado a las sensaciones musculares
-que, a los efectos de la realización de la vida, ocupaban el primer
-puesto, eran los primordiales. El sujeto que sobrepasaba a los demás
-en fuerza muscular, o bien en el manejo de las armas, por ejemplo,
-realizaba lo más estético, prevalecía, era luego el jefe, el árbitro
-de lo ético, el modelo en la realización de lo estético; si llegó a lo
-extraordinario, las generaciones siguientes lo erigieron en ser mítico,
-más tarde en dios. Hombre extraordinario, jefe, mito, dios; he ahí un
-origen estético de muchos dioses primitivos y origen estético-motor
-surgido del sentido muscular como arma para satisfacer el instinto de
-conservación en la lucha por la vida. En aquellas épocas alejadas, el
-arma más eficaz para el triunfo era la fuerza muscular y la maestría
-para utilizarla mejor, porque aún no habían nacido otros medios de
-lucha, el hombre admiró y exaltó lo más perfecto, y llegó a crear los
-dioses que representaban el summum de la fuerza o de la perfección
-en las nociones que provee el sentido muscular. Pero la fuerza y la
-maestría si eran armas eficaces para la lucha por la vida, no lo eran
-para luchar contra agentes naturales como la tempestad, el rayo, la
-obscuridad; y el sentimiento del temor nacido de la ineficacia de
-los medios de lucha, dió origen a la creación de dioses misteriosos,
-monstruosos, brutales. Pero estos dioses eran de origen más remoto;
-estos dioses productos del terror perduraron y fueron, poco a poco,
-desplazados por los dioses motores. Los dioses de origen fóbico
-convivieron cierto tiempo con los dioses motores, hasta que estos
-últimos los desplazaron del todo.
-
-Y este fenómeno de simultaneidad y desplazamiento gradual de dioses de
-distinto origen, ha sido de todos los tiempos y es el que, aunque con
-mucha mayor complejidad, ocurre actualmente.
-
-No fueron los dioses los que engendraron al miedo sino el miedo el que
-creó a los dioses, como muy bien lo dijo _Lucrecio_. Como el hombre
-los creó bajo la influencia depresiva del terror, que es eminentemente
-antiestético, todos esos dioses son sumamente antiestéticos: son
-creaciones cuya sola vista debe provocar el mismo sentimiento de
-terror con que fueron creados, son dioses onomatopéyicos del terror,
-como ocurre con la diosa Kali indú, o los animales monstruosos de los
-egipcios que poblaban la tierra de que habla Máspero, o los dioses
-estrafalariamente horribles de los asirios y caldeos, etc.
-
-Tampoco fueron los dioses los que crearon los sentimientos estéticos
-motores, sino los sentimientos estéticos motores los que crearon los
-dioses motores, cuyas figuras representan el summum de la estética
-motriz de entonces. Tal ocurre con los dioses egipcios que no eran de
-origen fóbico, como Ammon que era un dios de fuerza, Osiris e Isis,
-dioses de energía o fuentes de energía, Hércules que cae de un plano
-superior en Egipto a uno más inferior en Grecia que estaba en un
-período mucho más avanzado de evolución, y los dioses de fuerza, los
-dioses motores pasan a la categoría de semidioses o héroes: Teseo,
-Perseo, Belerofonte, Cadmo, etc.
-
-Se ascendió de lo estético a los dioses y no se descendió de los dioses
-a lo estético. Los dioses sintetizaron lo estético.
-
-Lo estético se presenta así como un grado de evolución superior a lo
-ético, como un sentimiento intermediario entre el sentimiento moral y
-el religioso. Por eso es que en el sentimiento de la inspiración, el
-inspirado se encuentra en un estado sentimental intermediario entre el
-sentimiento que provocan las reflexiones morales y el éxtasis místico.
-El momento de inspiración es un momento de _éxtasis estético_ y el
-sujeto se halla en lo que respecta al mundo exterior, en un estado de
-semiconciencia, casi completamente aislado y no completamente aislado,
-ajeno a todo lo que ocurre fuera de él, como acontece en el _éxtasis
-místico_, que, en lo que concierne al sentimiento, es la superevolución
-del éxtasis estético.
-
-Pero la estética motriz no es exclusiva de los pueblos primitivos y
-salvajes; en infinidad de hombres se encuentra hoy, si no en la forma
-rudimentaria del salvaje, en un grado de evolución algo superior. Como
-es muy reducido el número de sujetos en los cuales los agentes motores
-ya no provocan reacciones estéticas, resulta que la estética motriz
-es cultivada, no solo por los motores, sino por todos aquellos en los
-cuales este factor tiene aun importancia psicológica. Así se explica
-que perduren aún cantidad de deportes, que solo se diferencian de los
-del salvaje por la indumentaria de los que los realizan, o por la forma
-o los medios de realizarlos. Si se estudian los medios de provocar
-reacciones estéticas motrices, en las colectividades más avanzadas, se
-verá que son de una enorme variedad, desde el simple culto de la fuerza
-en los atletas, boxeadores o luchadores, hasta el tango, desde las
-cinchadas o gatas paridas al partido de _football_ o de _tennis_, desde
-las cinchadas y visteadas al sable o al florete y desde el juego del
-sapo al campeonato de tiro.
-
-En el niño, durante la primera, la segunda infancia y aun invadiendo
-la niñez, las reacciones estéticas provienen, especialmente, de
-excitantes motores, ya obre como actor o como simple espectador. Por
-grados insensibles, durante la niñez, de la estética motriz pasará al
-predominio de la estética sensoria, que culminará al final de la niñez.
-
-El sujeto puede quedar estacionado, en lo que a sentimientos estéticos
-se refiere, en cualquier etapa. Si queda en la sensoria, será un
-adulto cuyos sentimientos estéticos serán sensorios y reaccionará
-como reacciona un niño, es decir, mediante excitantes sensorios. Si
-se estaciona en la motriz, sus sentimientos estéticos se manifestarán
-exclusivamente en lo motor y representará, en ese concepto, a un
-salvaje viviendo en un medio culto.
-
-2.ᵒ _Estética sensoria._--En la filogenia, sobre la base de las
-reacciones estéticas de carácter motriz, evolucionaron las _sensorias_.
-Llamo así, a las reacciones estéticas provenientes de todas las
-sensaciones, excepto las musculares o las que provoca en el espectador
-el movimiento, para las cuales se reserva el vocablo motriz, es decir,
-reacciones estéticas motrices. Los sentimientos estéticos de origen
-sensorio, provienen, pues, de las sensaciones visuales, auditivas,
-tactiles y térmicas, gustativas, olfativas y de orientación.
-
-El nacimiento de estas reacciones estéticas en la filogenia, se
-explica porque complejizándose cada vez más, con la concurrencia
-vital, la lucha, fué necesario emplear mayor número de medios, y de
-medios más eficaces. Sucedió, entonces, lo mismo que ocurre ahora. Al
-hombre primitivo no le bastaron en una etapa dada, para tener éxito,
-las sensaciones musculares y la fuerza muscular, y tuvo que echar mano
-de otros medios auxiliares, que no podían provenir más que del empleo
-de los otros sentidos, perfeccionándolos, o adaptándolos mejor con el
-uso. Pero lo auxiliar en su origen, se fué convirtiendo, poco a poco,
-en fundamental, pasando lo fundamental, en muchas actividades, a ser
-secundario. El hombre primitivo superaba, como supera con mucho el
-salvaje actual, al hombre culto, en lo que respecta a sentido muscular.
-Salvo actividades excepcionales, el sentido muscular no es el más
-importante a los efectos de la lucha diaria y más concurso prestan las
-otras sensaciones, sin exceptuar, naturalmente, a los obreros.
-
-En el estadio de la estética sensoria, para los que han llegado a
-penetrar en él, la estética motriz es de carácter secundario, pasando a
-ocupar el primer puesto la sensoria.
-
-En la Historia el tipo de estética sensoria es el pueblo griego.
-Téngase en cuenta que aludo a la cultura media del pueblo griego y no a
-la de sus grandes hombres.
-
-Los dioses primitivos de origen fóbico desempeñan allí un papel muy
-secundario; los dioses motores como Hércules han caído a la categoría
-de héroes. No obstante esto, no por eso desaparece la estética motriz,
-como no ha desaparecido hoy y por inferior que sea perdurará aún, y
-se manifiesta en los diversos juegos celebrados y cantados por sus
-poetas. Pero las sensaciones, de lo ético ascendieron a lo estético, y
-de lo estético se llegó a lo religioso. De ahí la serie de dioses de
-origen sensorio, de mitos, de genios, todos de carácter estético. Si
-se exceptúa Júpiter que es un dios de fuerza, Marte que lo es motor y
-alguno más, los otros en su mayoría son evidentemente sensorios: Venus,
-Cupido, Baco, Eolo, las nereidas, las sílfides, las ondinas, etc.
-Quedan Plutón, las arpías, las furias y otros genios de origen fóbico,
-pero ya no son tan horripilantes como los dioses fóbicos asirios o la
-diosa Kali.
-
-Los epicureístas y los estoicos no son más que dos tendencias
-antagónicas en una ética sensoria, que llega a culminar en la estética
-sensoria. Tanto los epicureístas como los estoicos surgen del mundo
-sensorio, como propulsor de la voluntad: satisfacer la sensación de
-afectividad positiva, o no satisfacerla prefiriendo la negativa; he
-ahí a la sensación obrando en la voluntad, para unos como elemento de
-impulsión (epicureístas), para los otros como elemento de inhibición
-(estoicos), o si se quiere plantear en otros términos: el dominio de
-los sentidos sobre el _yo_ o el dominio del _yo_ sobre los sentidos.
-
-En la actualidad no son muchos los que han ultrapasado el límite de la
-estética sensoria. La mayoría permanece en ella, perfeccionándola. Su
-ética será también poco elevada.
-
-En el terreno del arte los estetas sensorios son aquellos que
-reaccionan ante las sensaciones; en visión el sujeto reaccionará
-ante el colorido, la perspectiva, la distribución en el paisaje, el
-conjunto, el claro-oscuro, etc.; en audición, se extasiará con el
-timbre, con la altura del sonido, con la intensidad, pero no le exige
-mucho más; en el gusto, será un perfecto goloso, etc.
-
-En las producciones artísticas al visual le bastará la estética motriz
-o sea la ejecución, la virtuosidad del pintor, y el elemento sensorio,
-el colorido, la perspectiva, etc.
-
-En literatura preferirá al descriptor colorista, importándosele muy
-poco del contenido, de la tesis sustentada, del meollo de la obra.
-Al auditivo le llamará la atención la parte motriz, ritmo, compás,
-movimiento, virtuosidad; preferirá en la audición lo puramente melódico
-o armónicamente simple. Las complejidades quedan fuera de su alcance.
-
-Es de advertir que cantidad de productores, a los que se les
-llama artistas, sólo realizan la estética motriz y sensoria y sus
-producciones no ultrapasan ese límite. Naturalmente, obtienen un
-éxito inmediato; son los menos discutidos, porque la estética de sus
-producciones es perfectamente accesible para la gran masa y para los
-críticos que, si son tales, es por incapacidad de ser productores,
-lo que equivale a decir que siempre están en un plano inferior al
-productor, aunque su producción no ultrapase el límite de lo sensorio.
-Es por eso, por lo que, en general, los críticos hincan sus garras en
-la producción superior, que les es inaccesible, y no en la inferior,
-que pueden catar mejor.
-
-La moralidad de los artistas que no ultrapasan la estética sensoria
-debe estar de acuerdo con sus sentimientos estéticos y nada tiene de
-extraordinario pues, que sean _sensualistas_, libertinos que llevan
-una vida disipada, como ocurre con una cantidad de literatos y de
-artistas en general, que en realidad son pseudo artistas, los que
-llegan hasta creer que la producción superior trae aparejado ese género
-de vida. Pero analícense sus producciones y se verá que les espera una
-existencia precaria; que no tendrán más longevidad que la del artículo
-de diario, o de la columna de revista o cosas semejantes; no pasan
-jamás a la Historia.
-
-No ocurre lo mismo con cerebros como el de Víctor Hugo, con artistas
-como él, como Carducci, como Zola, cuya forma tachada de inmoral, es
-un medio de llegar a la estética del pensar, que surge de una profunda
-ética.
-
-Claro está que al hablar de artistas excluyo a los llamados artistas
-líricos, bufos, cómicos, dramáticos, danzantes, prestidigitadores, etc.
-Del punto de vista de la mentalidad y del sentimiento, estos sujetos
-tienen muy poco de artistas y mucho de pobres diablos. Sus sentimientos
-estéticos, salvo las excepciones de sujetos superiores, son inferiores
-como lo son los éticos.
-
-Cuando se habla pues de artistas inmorales, lo que debe discutirse, en
-primer término, es si se trata realmente de artistas y no de sujetos
-con sentimientos estéticos sensorios que no ultrapasen este límite.
-Por lo demás, no hay por qué circunscribir los sentimientos morales
-a un fallo, sino tomarlos en toda su amplitud. Me parece que no se
-debe echar en olvido todas las prendas morales que posea un individuo,
-porque tenga hábitos alcohólicos que no dañan más que a su persona,
-por ejemplo. No es vulgar encontrar entre los artistas, estafadores,
-ladrones o criminales. Si cabe llamar artistas a los sujetos cuyas
-producciones no van más allá de excitar nuestros sentidos y esos
-artistas en su mayoría son inmorales, en cualquier caso serían simples
-excepciones que no destruirían la regla, porque, sin ir más lejos, en
-nuestro medio, los sujetos de producción que van mucho más allá de
-lo sensorio, que yo conozco y que constituyen la gran mayoría, son
-individuos de la más elevada moralidad.
-
-Cierto es que han existido artistas y grandes artistas inmorales, pero
-son casos aberrantes, excepcionales, y su inmoralidad ha sido siempre
-unilateral, una falla personal sin sanción penal.
-
-Como lo he manifestado, en la ontogenia, las reacciones estéticas de
-carácter sensorio se encuentran en su período álgido al fin de la
-niñez; se instalaron en la época motriz y declinan en la adolescencia y
-pubertad en los sujetos que evolucionan hacia formas superiores.
-
-En la mujer, este período es de menor duración que en el varón, por ser
-la mujer más precoz en el período sexual. Las mujeres que se estacionan
-en la estética sensoria son excepcionales; su enorme mayoría penetra en
-los sentimientos estéticos sexuales que, más o menos perfeccionados,
-según los sujetos, son el término de la evolución de sus sentimientos
-estéticos. Sólo rarísimos casos excepcionales ultrapasaron este límite,
-para penetrar en la estética intelectual.
-
-3.ᵒ _Estética sexual_.--No llamo estética sexual a la belleza física,
-moral o intelectual de la mujer o del hombre. La estética sexual
-resulta de las reacciones de carácter estético provenientes de la
-esfera sexual.
-
-La tendencia hacia el acto sexual o su realización, está muy lejos de
-lo estético y debe considerarse simplemente como la satisfacción de
-una necesidad de la vida orgánica. Si se le considerara como estética
-sexual, resultaría toda la humanidad compuesta de estetas sexuales y
-que los más impulsados, lo serían más. Pero ocurre que éstos, cuando
-persiguen como fin el acto sexual, teniendo poco en cuenta la persona
-con quien se realiza, no son ni remotamente estetas sexuales. Entre los
-varones el número de estetas sexuales es muy reducido, particularmente
-en la edad viril; en la juventud suele ser mucho más frecuente, pero lo
-ordinario es que sea un período de transición, que declina en su forma
-estética en plena edad viril.
-
-La mujer en su enorme mayoría resulta con respecto al varón, esteta
-sexual, pero la sexualidad femenina difiere de la masculina, no sólo
-cuantitativamente, sino también cualitativamente.
-
-El instinto de conservación específica se satisface por un doble
-mecanismo, tanto en el varón como en la mujer. En otros términos,
-intervienen dos factores muy complejos: el fisiológico y el psíquico.
-
-Orgánicamente el hombre difiere de la mujer en que la zona de
-excitación sexual es mucho más extendida en ésta que en aquél. Si
-diferencias hay en el orden físico, mayores y más complicadas son en el
-orden psíquico.
-
-De los dos factores que intervienen en la sexualidad, el fisiológico es
-primitivo, el psíquico es adquirido. De la intensidad de su actuación
-resultan los tipos de amor.
-
-Cuando prima el factor fisiológico porque el psíquico es rudimentario,
-se está en presencia del amor animal, de la forma más inferior del
-amor. El candidato para satisfacer ese amor es cualquiera, lo único
-que se requiere, por ser condición indispensable, es el sexo opuesto,
-pero los atributos sexuales secundarios entrarán poco en cuenta; si los
-posee mejor, se le aplicará el dicho de que “lo que sobra no daña”.
-Este tipo, es el tipo del amor fisiológico, que nada tiene de estético;
-es puramente instintivo, y, por tanto, impulsivo.
-
-No me ocuparé de los tipos intermediarios, que se encuentran en mi
-trabajo sobre ese tópico, e iré al término opuesto de la serie:
-predominio del factor psíquico que llega a hacer aparecer al
-fisiológico como nulo en un principio, rudimentario después y sigue su
-curso ascendente mucho más tarde. En estos casos se trata de estetas
-sexuales.
-
-En mi trabajo sobre sentimientos estéticos he descripto este tipo. Aquí
-no haré más que dar un boceto:
-
-El amor está lleno de atributos de carácter fuertemente sentimental
-y débilmente intelectual, porque el factor sentimental casi anula
-al intelectual. Son los casos donde cuadra bien el dicho de que “_el
-amor es ciego_”. El amor es un complejo de ideal, ilusión, pasión,
-fe, franqueza y alta dosis de timidez, no obstante la fe, celos, y
-cosas así aparentemente antagónicas, de coexistencia imposible; tiene
-un fondo marcadamente megalómano, puesto que el amante es el elegido
-por el ser amado, el único que ha podido conquistarlo entre cantidad
-de pretendientes, todos llenos de brillantes dotes y ese ser amado
-es superior a los demás: posee las más altas aptitudes y si no lo
-parece es porque modestamente las oculta y esa modestia contribuye
-a exaltar sus atributos estéticos; en una palabra, el ser amado es
-excepcionalmente superior, de donde resulta que el amante, debe también
-serlo, pues de otra manera no se explicaría la correspondencia en el
-amor. En estos sujetos existe un sentimiento marcado de triunfo, y si
-no existe, inventa dificultades que vencer.
-
-Largo sería anotar todas las características del esteta sexual. En la
-época sexual o período sexual que corresponde a la pubertad y a la
-juventud, el tipo de esteta sexual abunda; y está representado por el
-joven realmente enamorado. En la edad adulta ya ha declinado el período
-y los casos no son abundantes.
-
-En la mujer es el tipo normal. El amor femenino es de reacciones
-eminentemente estéticas.
-
-La proyección más vasta de la estética sexual está en el romanticismo;
-es una estética que sea directa, sea indirectamente, a veces al
-través de muchos intermediarios, tiene como base el amor sexual. Los
-románticos son, pues, estetas sexuales y han sido descriptos en sus
-casos más agudos por novelistas, también románticos, es decir, de la
-misma pasta, con los nombres de _Atala_, _Romeo_, _Julieta_, _Pablo_,
-_Virginia_, _Graciella_, _Rafael_, _Werther_, _etc_. La literatura
-moderna está plagada de descripciones de tipos de esa clase, o bien se
-basan en argumentos sentimentales o románticos.
-
-La estética sexual evoluciona en todos los casos sobre la base de
-la estética sensoria y de la estética motriz; su mayor desarrollo
-haciéndola prevalecer, oscurece a las otras formas y las reacciones
-estético-sensorias son ya débiles, siéndolo mucho más las
-estético-motrices. Los individuos estetas sexuales son superiores a
-los estetas sensorios y _a fortiori_, a los estetas motores. En los
-primeros las reacciones estéticas provienen del sentimiento; en los
-segundos, de las sensaciones, y en los últimos, del movimiento. El
-orden ascendente es, pues, éste: 1.ᵒ, estética del movimiento; 2.ᵒ,
-estética de las sensaciones; 3.ᵒ, estética del sentimiento, y la 4.ᵒ,
-corresponde a la estética del pensamiento.
-
-Entre el amor puramente impulsivo del imbécil, del degenerado mental,
-o la sexualidad fisiológica del que realiza el acto satisfaciendo una
-necesidad de la vida vegetativa, por higiene, y el esteta sexual, media
-una distancia enorme. En los primeros desempeña el papel primordial el
-instinto y todo se reduce a ese papel, mientras que en el último entran
-en colaboración sentimientos de distinta naturaleza, la imaginación en
-una proporción enorme, y otras aptitudes intelectuales.
-
-La estética sexual se asienta en la filogenia sobre la base de la
-motriz y de la sensoria, y aparece cuando los sentimientos han
-alcanzado un alto grado de desarrollo. La evolución superior de esta
-estética a base de sentimientos, dió lugar a las religiones a base
-sentimental.
-
-El triunfo en la lucha para satisfacer el instinto de conservación
-individual dió lugar a las reacciones estéticas motrices y sensorias,
-y en el instinto de conservación de la especie a las sexuales. La
-estética motriz y sensoria tienen su punto de origen en la satisfacción
-del instinto de conservación del individuo; la estética sexual, en el
-instinto de conservación de la especie.
-
-Los dioses más arcaicos fueron de origen fóbico; les siguieron los
-dioses motores y luego los sensorios. El desarrollo de la estética
-sexual, trajo como consecuencia un mayor vuelo sentimental, lo que
-dió origen a los dioses de origen sentimental, que son los dioses
-actuales. Llámesele El Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, Dios, Cristo,
-la Virgen María, llámesele ángeles, santos o santas, son perfectamente
-dioses, semidioses, héroes. Pero son dioses creados más que de nada,
-del sentimiento, poseyendo los atributos de la fuerza. Obsérvese que
-no hay un sólo santo sabio, los santos capaces de realizar milagros
-equivalen a los dioses secundarios o los héroes del paganismo, pero
-aquí se caracterizan por sus atributos sentimentales, por su ética
-sentimental. Las cuestiones de carácter científico quedan para la
-discusión de los hombres; en el reino de los cielos no se hace cuestión
-de conocimientos, sino de sentimientos. El diablo o satanás, y en
-general los diablos, son dioses fóbicos, seres horribles de un poder
-extraordinario para la realización del mal. Satanás es un dios atávico
-que está descalificado, pues sólo reducidísimo número de sujetos en el
-mundo civilizado cree realmente en su existencia. En cambio se le ha
-substituído por un concepto abstracto del mal; es una forma nueva, cuyo
-fondo es atávico, porque es de origen fóbico. La existencia del mal,
-es la conversión a lo abstracto de los dioses fóbicos concretos de las
-religiones salvajes primitivas.
-
-Religiones a base sentimental o de origen estético sentimental, son las
-actuales en los pueblos más cultos, las más difundidas y que afectan
-al mayor número de individuos dentro de las colectividades cultas. Los
-pueblos salvajes están en etapas mucho más inferiores; sus dioses son
-fóbicos o motores, como ocurre en los pueblos del Africa Central, en
-algunas sectas indúes, en los Onas o los Yagan fueguinos, etcétera,
-etcétera.
-
-El último estadio, como veré más adelante, corresponde a los dioses que
-nadie conoce con el nombre de dioses, surgidos de la intelectualidad,
-es decir, a los dioses intelectuales, que surgen de la estética
-intelectual que sólo afecta a muy reducido número de individuos de las
-colectividades más avanzadas.
-
-4.ᵒ _Estética intelectual_.--La estética intelectual proviene de
-las reacciones estéticas de origen mental. La belleza de la idea,
-la belleza del pensamiento. Es la estética del pensar, o el término
-superior de la serie que comenzando con el movimiento, asciende en el
-sentir, se perfecciona con el sentimiento en la sexualidad y llega a
-su punto culminante en la intelectualidad. Las reacciones estéticas de
-carácter intelectual están en el mundo de las operaciones superiores
-de la mente, están en las ideas; más complicadas y armónicas, en
-los juicios; de mayor empuje y amplitud, en el razonamiento, y como
-pináculo, en la creación.
-
-La estética intelectual no se encuentra en las operaciones de las
-aptitudes adquisitivas, sino en forma oscura y rudimentaria; es propia
-de las aptitudes elaborativas, en el sujeto que piensa, que medita,
-que en cualquier forma crea, rectifica, corrige, amplía o simplemente
-discute ideas. Su expresión más elevada se encuentra en los pensadores,
-en los filósofos, en los inventores y en los descubridores.
-
-La belleza reside, como en las otras formas, en el triunfo, en llegar a
-la deducción o inducción, en intuir, en arribar a la teoría, principio
-o ley. Como los sujetos sienten la belleza del fin que persiguen, es
-muy común que se la atribuyan a los medios para llegar a ese fin. Sólo
-así se explica que los naturalistas hablen de hermosos ejemplares de
-acaroidios, de ofideos o de arácnidos, que un anátomo patologista
-aluda a un lindo caso de tumor y que se hable de bellas colecciones de
-casos teratológicos, de hermosas colas de panochtus o de hoplophurus,
-y apliquen calificativos como bello, hermosísimo, precioso, etc., a
-cosas de por sí evidentemente antiestéticas. Es que lo estético no
-está en la cosa misma, sino en lo que permite construir esa cosa.
-El vulgo, incapaz de apreciar lo último, ríe o queda estupefacto de
-la aplicación de los adjetivos. Sólo por las reacciones estéticas
-intelectuales se explica la existencia de individuos que se pasan días
-enteros, semanas, meses, años meditando, o persiguiendo la solución
-de un problema científico cualquiera. Sólo por el placer estético
-intelectual se explica el afán de llegar a la meta, no sólo en los
-hombres entregados a las ciencias, sino en todo aquel que ejercita sus
-aptitudes intelectuales persiguiendo la explicación de un fenómeno de
-carácter social o la discusión de un asunto de carácter moral, y le sea
-indiferente o abandone por completo todo lo que para la generalidad
-es estético. Estos sujetos son excepcionales, y en ellos, los agentes
-de las reacciones estéticas comunes, no los hacen reaccionar. No
-encuentran belleza donde la enorme mayoría goza y si la encuentran
-siempre será débil, pues la estética intensa, para ellos, está en
-la elaboración superior. De ahí que sienten plaza de raros, porque
-en realidad lo son, pero son raros como sinónimos de excepcionales,
-y son raros, en el concepto de salir de la norma general, lo que se
-interpreta como sujetos inexplicables, ridículos o cuasi ridículos.
-
-En la mujer sólo como rarísima excepción se encontrarán casos que
-invadan el terreno de la estética intelectual y una de las causas
-primordiales está en su reducido vuelo de la imaginación creadora,
-siendo la mujer más perceptiva que imaginativa y más sentimental que
-imaginativa.
-
-En la filogenia, la estética intelectual es reciente, si se compara con
-los otros géneros de estética, y el período histórico sólo nos habla de
-reducidísimo número de sujetos intelectualmente superiores, que son los
-que reaccionan a la estética intelectual, en cada época. Si la estética
-motriz o las reacciones estético-motrices son un carácter específico;
-las sensorias, étnico; las sexuales, de pueblo; las intelectuales, han
-sido en todo lo que conocemos, un carácter puramente individual.
-
-De ese modo, si en la filogenia las reacciones estético-intelectuales
-se nos presentan como un carácter individual, no podemos ni siquiera
-hablar de ellas en la ontogenia, y sólo afectarán al sujeto excepcional
-de que se trate. La filogenia de la estética intelectual está, pues,
-en formación; sólo con el andar de las generaciones, cuando se haya
-convertido siquiera en carácter de pueblo, se podrá hablar en la
-ontogenia de la mencionada estética, como reproducción de un carácter
-adquirido en la filogenia.
-
-Claro se ve que la estética del pensar, no puede aparecer sino con
-la capacidad de pensar de acuerdo con la edad. Pero en esto, como se
-trata de un carácter individual, no se puede invocar la ley de herencia
-homocrona y las variaciones en los sujetos son muchas; mientras Pascal,
-por ejemplo, fué muy precoz, Darwin no lo fué tanto. Algunos grandes
-hombres manifestáronse tales desde temprana edad, otros en la edad
-madura.
-
-Derivando los sentimientos estéticos de los éticos, la estética
-intelectual proviene de la ética intelectual. Pero la estética
-intelectual (así como la estética sexual, eminentemente sentimental,
-conducía a la religión sentimental) conduce a la religión intelectual o
-a los sentimientos religiosos de origen intelectual.
-
-El esteta intelectual con su gran aptitud de razonar, buscando el
-origen de las cosas, las causas de todos los fenómenos, en su afán de
-síntesis, no pudiendo poner límites o vallas a su aptitud, vuela hacia
-esas síntesis o esa síntesis que la encuentra como la causa primera más
-razonable y cree, por convencimiento en la Naturaleza, o en la Fuerza,
-o en la Materia, o en la Verdad, etc., etc., que son otros tantos
-dioses de origen intelectual. Así los hay partidarios o religiosos de
-las leyes de la Naturaleza (politeístas) de la Energía, de la Materia,
-del Absoluto (monoteístas), etc. No tienen religión determinada, pero
-han construído su edificio personal, en el que creen con toda buena fe,
-con toda sinceridad, sin sospechar siquiera que están abiertamente en
-el campo religioso. Claro es que sus dioses o su dios carecen de forma,
-de dimensión, etc., no tienen los atributos de los dioses primitivos,
-pero son siempre la causa. No existe culto externo, ni prácticas
-religiosas, pero sí el convencimiento. Decir que no existe Dios y que
-todo se explica por la Evolución, es decir que la evolución es Dios:
-sostener que la energía es la causa o el origen de todo, es cambiar
-la palabra Dios, por energía. No hay en verdad grande originalidad en
-el asunto, porque el Dios único, causa u origen de lo estático y de
-lo dinámico, de la materia, de la fuerza, de todo el mundo fenomenal
-conocido y desconocido, ha tiempo fué concebido. La única verdad que
-hay en todas estas intentonas, es el hecho de querer penetrar en
-explicaciones que aparentemente aproximan al hombre a esa causa única.
-Los sujetos que invocan como causa a la Naturaleza y sus leyes, a la
-Materia, a la Energía, etcétera, y que se dicen ateos e irreligiosos,
-no han hecho más que no tener prácticas externas y substituir el nombre
-de Dios por la causa invocada. El irreligioso no se preocupa nunca en
-buscar la causa primera, busca, si es tipo de labor mental, la causa
-inmediata, si la encuentra trata de inquirir la causa de esta causa,
-sin lanzarse en hipótesis, si no la encuentra, es decir, su espíritu
-no está ávido del conocimiento que no pueda adquirir experiencial o
-experimentalmente. El antirreligioso, en general lo es, para imponer su
-insospechada religión; él cree de buena fe no tenerla y en realidad no
-la tiene por la falta de coherencia, de cuerpo, de doctrina, pero todas
-sus creencias que se arraigan con profunda fe, lo hacen en general un
-fanático. Esto ocurre con suma frecuencia: son los que más combaten el
-fanatismo y a título de libres pensadores tratan de coartar la libertad
-de pensar.
-
-Los verdaderamente religiosos psicológicamente se aproximan muchísimo
-siempre que sean sujetos superiores; lo que aleja en religión a los
-sujetos, son las prácticas religiosas, la mediocridad que interpreta o
-la inferioridad.
-
-La decadencia de las religiones, estriba más que en nada, en la
-pertinacia de querer explicar por las causas primeras lo que debe
-explicarse, porque puede explicarse sin recurrir a ellas, por apegarse
-a sus prácticas, por hacerse rutinarios y no evolucionar paralelamente
-a las ciencias. El sentimiento religioso requiere cada vez más la base
-intelectual. El afán de lo ignoto conduce al sentimiento religioso,
-pero no comenzará el sentimiento religioso sino en el límite superior
-de lo racionalmente explicable.
-
-El hombre de ciencia es, en general, irreligioso mientras no invada el
-terreno de lo metafísico y pueden considerarse como raras excepciones
-los que no lo intentan siquiera. Lo común es que hombres de ciencia que
-se han declarado enemigos acérrimos de la metafísica, se debatan en
-plena metafísica y sostengan que su metafísica no es tal por tomar como
-punto de partida bases eminentemente positivas. La verdad es que la
-mente humana en su afán de volar no reconoce vallas y que por caminos
-muy diversos se vuela a lo ignoto. Los que sostienen que ha pasado
-la época de la metafísica y que no volverá más, están en un grave
-error; es la metafísica antigua la que ha pasado y dió su cosecha; los
-adelantos en materia científica no hacen más que desplazar más adelante
-a la metafísica; cada arremetida, la empuja más allá, pero ella
-conserva los más vastos dominios donde tanto suelen recrearse los que
-más impugnan a la vieja metafísica. Ella existirá mientras existan los
-problemas de lo desconocido; cuando mucho de lo desconocido actualmente
-sea conocido, ese lote de la metafísica habrá ingresado al dominio de
-lo positivo y desde allí se tendrá en frente el campo de la metafísica
-futura tentando constantemente a la inteligencia a hacer incursiones
-por sus vastos dominios.
-
-
-
-
-¿QUÉ SON ESPACIO Y TIEMPO?
-
-Por J. LAUB[7]
-
- _A Alberto Einstein, en el XL aniversario de su natalicio._
-
- “Consuetudine oculorum assuescunt animi, neque admirantur,
- neque requirunt rationes earum rerum, quas semper vident”.
- Cicero: _De Natura Deorum_.
-
-
-INTRODUCCION
-
-1. Si me hubiera atrevido hace veinte años a hablar del espacio y
-tiempo, habría tenido primero que justificar mi invasión en el sagrado
-templo de la metafísica. Pero en la última década la situación ha
-cambiado totalmente, y al tratar hoy como físico la cuestión del
-espacio y tiempo, estoy como en mi casa. En efecto, las investigaciones
-de _Einstein_ y _Minkowski_, basadas en la _física experimental_, han
-dado al mencionado problema una solución general que conservará en
-todo caso siempre su valor para la crítica del conocimiento y para la
-metafísica.
-
-2. Estudiando la evolución de las ciencias exactas, llama la atención
-que el físico “ex officio” se haya ocupado relativamente poco en el
-siglo XIX de la cuestión que nos interesa, aunque espacio y tiempo
-constituyen el edificio en que todos los fenómenos físicos tienen
-lugar. Mientras que el número de las publicaciones metafísicas sobre
-el problema del tiempo y del espacio es casi inmenso, la mayor parte
-de los físicos apenas han dedicado algunas investigaciones a estos
-conceptos tan fundamentales.
-
-Cierto es que encontramos ya discusiones sobre tiempo y espacio en el
-tratado de Newton: “_Philosophiae naturalis principia mathematica_”,
-aquella obra maravillosa que todavía hoy es una joya del pensamiento
-humano; cierto es que _Ernesto Mach_ y _Henri Poincaré_ se ocuparon muy
-extensamente del espacio y tiempo; sin embargo ninguna investigación
-ha provocado en las esferas filosóficas y en las ciencias exactas un
-cambio tan radical como la _teoría de la relatividad_ introducida por
-_A. Einstein_ en el año 1905.[8]
-
-3. El fundamento de este cambio hay que buscarlo, según mi juicio,
-en el hecho de que con la teoría de la relatividad se produce una
-verdadera revolución en nuestros conceptos y nuestras opiniones
-anteriores, una revolución que podemos, según el ilustre físico
-_Planck_, comparar únicamente con la que provocó en la astronomía el
-sistema de _Copérnico_.
-
-Pero esta no es la única causa. Sabido es que los físicos son muy
-críticos y no se dejan engañar con especulaciones interesantes e
-ingeniosas. También algunas obras metafísicas contienen disertaciones
-muy finas que pretenden derrumbar todo lo pasado, sin embargo, el
-investigador de las ciencias exactas, orgulloso y frío, deja de lado
-esos trabajos, sin tomarlos en cuenta. _Lo nuevo y lo maravilloso en
-la teoría de la relatividad consiste en lo siguiente: A. Einstein
-partiendo del experimento, demuestra que los hechos reales nos obligan
-a transformar nuestras ideas del espacio y tiempo._ Pero no es sólo
-eso. Las nociones modificadas por la nueva teoría nos permiten
-explicar una serie de hechos que han originado para las otras teorías
-físicas dificultades invencibles. Además, apoyándose sobre un nuevo
-concepto del espacio y tiempo, se puede prever, sirviéndose de métodos
-_puramente analíticos_, algunos fenómenos accesibles al experimento,
-teniendo de esta manera la posibilidad de dilucidar la verdad de
-nuestra teoría. _La gran diferencia entre las teorías filosóficas
-del espacio y tiempo y entre la teoría de la relatividad, consiste
-entonces en que la última se funda en el experimento, permitiendo una
-comprobación cuantitativa._
-
-4. La mayor parte de los metafísicos se apoyan en sus consideraciones
-en el razonamiento, muy raras veces en la observación y experiencia,
-casi nunca en el experimento. Esta es la causa de que los resultados
-obtenidos por los metafísicos apenas se aplican a la realidad cuando ya
-chocan con contradicciones. No es raro el caso de que la metafísica,
-teniendo exagerada fe en la omnipotencia del pensamiento, llega _ad
-absurdum_. Por eso se entiende que ella ha perdido su autoridad entre
-los representantes de las ciencias exactas, hasta el punto de ser
-considerada como completamente superflua e inútil.
-
-Pero con mucha frecuencia también los naturalistas cayeron en errores
-muy extremos, considerando sus métodos y resultados como infalibles, en
-la creencia de que se encontraban en el seguro terreno del experimento.
-Tuvieron la convicción de haber expulsado de su imperio todo lo
-trascendental y que en sus conclusiones jamás traspasaron los límites
-de lo que es dado por la experiencia.
-
-Constituye el gran mérito de _Ernesto Mach_ el haber llamado la
-atención acerca de que entre los conceptos fundamentales de física
-hay muchos restos de origen metafísico, que deben ser forzosamente
-eliminados. Sin embargo, ningún sabio se animó a sacudir con tanta
-sagacidad y con tanta audacia los pilares de las ciencias físicas como
-_Einstein_, quien empezó sus investigaciones con la siguiente sencilla
-pregunta: ¿cómo se miden en física el tiempo y el espacio?
-
-5. Tocando ya en esta ocasión la célebre pregunta de si hay _un espacio
-absoluto_, si existe un _tiempo absoluto_, tenemos primero que aclarar
-algo que nosotros comprenderemos con la palabra “_existe_”. “_Existe_”,
-por ejemplo: “existe un átomo”, equivale a haber introducido este
-concepto en las ciencias, basándonos en el experimento: sabemos algo de
-las propiedades del átomo, conocemos su reacción bajo las influencias
-físicas y químicas; no podemos _por el momento_ desistir de él y no nos
-conduce a la contradicción con la experiencia.
-
-_¿Y qué dice la palabra “absoluto”?_ Hablando del espacio _absoluto_
-¿queremos quizás expresar que él existe _en sí y por sí_, independiente
-de nosotros, independiente de nuestras observaciones y medidas? Pero
-en este caso el problema del espacio absoluto y tiempo absoluto
-coincidiría con el problema del objeto “_en sí_”, que difícilmente
-provocará mucho entusiasmo entre los físicos.
-
-6. Con estas palabras indico el objeto de mis conferencias y revelo
-mi modo de pensar respecto de este asunto. Desde luego podría entrar
-ya en el campo de las ciencias físicas y empezar con el ensayo de
-un _tratamiento sistemático_[9] _de los conceptos fundamentales de
-tiempo y espacio, tema principal de estas conversaciones._ No tomo,
-sin embargo, este camino y me traslado primero a los dominios de
-las especulaciones metafísicas, haciéndolo intencionalmente por las
-siguientes razones:
-
-El problema de tiempo y espacio interesa no solamente al naturalista
-sino también al _filósofo_. Es una cuestión en la cual se ocupa el
-cerebro humano desde los tiempos más remotos hasta hoy día, librando
-verdaderas batallas, a las cuales se podría aplicar con una cierta
-ironía las palabras de Mefistófeles:
-
- “¡Ay, en verdad te lo digo,
- yo que centenares de años
- estoy royendo y royendo
- el fruto indigesto y áspero!
-
- ¡Ay, en verdad te lo digo!
- De la cuna al Camposanto
- digerir no puede el hombre
- la levadura de antaño”.
-
-En la lejana antigüedad, en la Edad Media, en la época la más moderna,
-se afirma, se comprueba, se niega que haya un tiempo absoluto, que haya
-un espacio absoluto. Los métodos de investigación cambian, se llega a
-distintos resultados; sin embargo, creemos no equivocarnos comparando
-la evolución de nuestro problema de disputa con _el movimiento sobre
-una espiral, pues en el fondo llegamos siembre al mismo punto, pero
-situado un poco más alto_.
-
-Una historia análoga recorren las otras nociones fundamentales de las
-ciencias físicas, lo que trataremos en otra oportunidad.
-
-Un ejemplo ilustrará lo dicho. Es sabido que ya _Leukippos y
-Demócritos_ han introducido el concepto _átomo_ en las ciencias.
-Según ellos el universo consiste en pequeñas partículas indivisibles
-(_átomos_), que son de la misma cualidad y se distinguen únicamente por
-su _forma_, _tamaño_ y _posición_, (_diferencias geométricas_). Hoy
-día la hipótesis atómica es el fundamento de las ciencias naturales,
-pero el átomo moderno de _J. J. Thomson_ o de _Bohr_, aquel aparato
-complicado, en cuyo mecanismo penetramos cada día más, es _muy
-distinto_ del átomo de Demócritos y tiene una existencia asegurada en
-una enorme cantidad de hechos experimentales.
-
-Tenemos, pues, que considerar de suma importancia, ocupándonos
-de cuestiones tan primordiales como las de tiempo y espacio, el
-_conocimiento y la crítica de las opiniones de otros sabios_; debemos
-consultar la historia, aquella grande maestra de investigación, pues de
-esta manera podremos también apreciar mejor _las grandes ventajas_ y el
-_enorme progreso_ de _las teorías modernas_.
-
-Pero esto implica ya tácitamente que bajo ninguna condición podemos
-_dejar de lado a la filosofía_, porque en lo que hemos heredado de
-los griegos no se puede separar las ciencias exactas de la filosofía
-y hasta en los tiempos modernos sería muy difícil trazar un límite
-entre los investigadores de ciencias exactas y filosóficas, cuando nos
-encontramos en los campos limítrofes de las nociones fundamentales.
-
-
-CAPITULO I
-
-TIEMPO Y ESPACIO EN LA CIENCIA GRIEGA Y ROMANA
-
-7. Tiempo y espacio ocupan desde los primeros principios del
-pensamiento al espíritu humano, pues ya en las fábulas míticas
-encontramos estos conceptos. Y así leemos en el primer libro de Moisés,
-“y la tierra era desierta y vacía”.
-
-_Pherekydes_ de Syros, introduce al Zeus, tierra y _tiempo_, como
-elementos fundamentales para la evolución del universo.
-
-Cuando el hombre llegó del fantástico mito a la ciencia, preguntó, no
-solamente cuál es el fundamento _temporal_ del mundo, sino también cual
-es su _esencia_. De esta manera surgieron la cosmología, la física, la
-ontología, con los problemas del tiempo, espacio, materia, etc.
-
-En general, en las primeras filosofías se identificaba el espacio
-geométrico con el físico, especialmente cuando se llegó a la convicción
-de que también el aire, anteriormente considerado como vacío, tiene
-peso.
-
-8. Estudiando la filosofía jónica, vemos que _Anajimandros_ atribuye
-a su sustancia universal lo _infinito_ en el _tiempo_ y _espacio_;
-la arché es lo ápeiron, distinta de todos los elementos conocidos en
-aquella época, y sin embargo, con propiedades _corporales_.
-
-_Pytágoras_ y sus discípulos consideran los números como formas legales
-de todos los fenómenos, pero el _espacio_, el símbolo de la geometría,
-es para ellos el _mediador_ entre el _número_ y la _naturaleza_. Parece
-que la escuela pytagórica ha introducido en la ciencia griega el
-concepto del _vacío_, aplicándole a los intervalos entre los sonidos.
-
-8. _Los Eleatas_.--Discusiones _muy detalladas_ y bastante profundas
-sobre la naturaleza del espacio y tiempo, encontramos por la primera
-vez en la filosofía de los _Eleatas_.
-
-Es sabido que el punto culminante de este pensamiento forma el concepto
-del ser y el de la _unidad_ de todo lo que sucede. _Lo característico
-de todos los representantes de esta escuela es la negación del
-espacio_[10].
-
-_Parmenides_, el más importante pensador eleata, en su poema “Sobre
-la naturaleza”, afirma lo siguiente: Los sentidos no conducen a la
-verdad, pues ellos nos engañan, indicándonos la multiplicidad y el
-eterno cambio de las cosas; a lo _verdadero nos lleva la razón y el
-pensamiento_, que reconoce “_el ser de lo existente como indispensable;
-el ser del no-ser como imposible_”. La verdad está fundada en el
-principio de que únicamente el _ser es_ y que el _no-ser no es_.
-Podemos solamente pensar _en un ser, y no hay pensamiento sin el ser al
-cual se refiere_. Según _Parmenides_, _pensar y ser es lo mismo. Mas el
-espacio es un vacío, es un no ser, por esta causa él no puede existir_
-(ni en el pensamiento).
-
-El _ser_, según este filósofo, no tiene ni origen ni fin, es eterno,
-inmóvil, _invariable_. Parece que él _duda de la existencia del
-tiempo_. Y en efecto, ¿para qué servirá el concepto tiempo en un mundo,
-_donde nada sucede en el tiempo, donde se niega la realidad a todos
-los fenómenos temporales_? Para _Parmenides_, efectivamente, no puede
-existir tiempo ni tampoco espacio, pues admitiendo su realidad, sería
-lo mismo como afirmar que _es_ los que _no_ es.
-
-Parecería, entonces, que el universo de _Parmenides_ debería ser
-ilimitado e infinito. Sin embargo lo _real_ es, según él, algo
-_extenso_ y que tiene la forma de una _esfera_. Es difícil concebir
-esta rara deducción de _Parmenides_; quizás la simetría y el hecho de
-que también la esfera no tiene ni fin ni origen, le indujeron a aceptar
-esta forma.
-
-9. _Melissos_, otro Eleata también, atribuye al _ser_ la extensión,
-pero le saca todo lo _corporal_; además, le dota, no solamente de lo
-_infinito_ en el _tiempo_, sino también en _el espacio_. “_Lo que es, era
-en la eternidad, y será en eternidad. El ser debe ser también infinito
-en su tamaño._” Este pensador hace, sencillamente el salto del infinito
-en el tiempo al infinito en el espacio, introduciendo, en vez del
-origen y fin _temporal_, los respectivos conceptos para el espacio.
-
-En vista de que niega la posibilidad del movimiento, no admite tampoco
-la _existencia del espacio_. “_El vacío es nada y una nada no puede ser_”.
-
-A pesar de esto, según _Melissos_, existe en el universo una sustancia
-que no tiene _nada de corporal_. “_Pues siendo “una” no debe tener
-cuerpo. Porque si tuviera espesor tendría también partes y ya no sería
-una unidad_”.
-
-No podemos imaginarnos en qué consiste la materia mundial de este
-filósofo, ni cuál es la diferencia entre aquella sustancia universal y
-el espacio (vacío).
-
-10. _Zeno_, el discípulo de Parmenides, según _Platón_, el fundador
-del método dialéctico, trata de demostrar la imposibilidad del
-espacio, tiempo (y también del movimiento), por medio de sus célebres
-_perplejidades_, “aporias”.
-
-La noción espacio la somete, además, a la siguiente crítica. Si todo lo
-real (ser) está en el espacio, entonces también el mismo espacio,--si
-no carece de realidad--debe encontrarse en espacio, es decir, en un
-_segundo espacio_. Mas por la misma razón el segundo espacio debe estar
-en un _tercero_, y así _ad infinitum_. No tenemos, según _Zeno_, otra
-alternativa que aceptar estas consecuencias o negar la realidad del
-espacio.
-
-Las deducciones de _Zeno_, como de los otros filósofos de esta escuela,
-son sofismas, son juguetes con palabras, son, en la mayor parte,
-también equivocaciones lingüísticas, pues aplican los sustantivos para
-designar todas las abstracciones posibles, identificándolas con hechos
-y objetos _concretos_. Nosotros podríamos, por ejemplo, de la misma
-manera, afirmar: todo lo real tiene lugar en el tiempo. Si el tiempo
-es real, entonces, él también debe tener lugar en un tiempo, es decir,
-en un segundo tiempo, etc. Mas podemos también decir: Todo lo real o
-existente tiene existencia, si ésta no es una quimera, ella también
-debe tener una existencia, es decir, una segunda existencia, etc.
-
-11. Volviendo a las perplejidades, podemos decir lo siguiente: _Zeno_
-llega en sus aporias (Achilles y la tortuga, la flecha volante, etc.)
-a la conclusión de que tiempo y espacio son ideas imposibles, sino
-queremos admitir contradicciones con la experiencia. Pero lo que él de
-hecho demuestra, es la _imposibilidad de dividir el espacio y el tiempo
-continuo en partes discretas_.
-
-Por el momento nos interesa, especialmente, la aporia, en la cual trata
-de evidenciar la relatividad (de la medida) del movimiento y se podría
-agregar la relatividad (de la medida) del tiempo.
-
-Tomo esta aporia de la obra clásica de _Gomperz_: “Pensadores griegos”,
-modificándola para nuestros fines.
-
-12. Sean tres coches (_A_, _B_, _C_,) de la _misma estructura_ y de la
-_misma longitud_, por ejemplo, 10 m. El primer coche _A_, sea dotado de
-un movimiento uniforme, rectilíneo, siendo su velocidad de 100 metros
-por minuto; el segundo _B_ se encuentre en el estado de _reposo_; el
-tercero _C_ tenga el _mismo_ movimiento con la _misma_ velocidad _como
-A, pero dirigida en el sentido contrario_. El tiempo que el punto
-inicial _I_ de _A_ emplea para llegar al punto final de _B_ será,
-evidentemente, el doble de lo que necesita para alcanzar el punto final
-del coche _C_ de la misma longitud. Preguntando ahora con qué velocidad
-se mueve _A_, tenemos que dar una contestación contradictoria, según
-sea que refiramos la velocidad al coche _móvil_ _C_ o al coche _B_ (en
-reposo).
-
-Se podría ahora agregar de nuestra parte que si un observador tomase
-la velocidad del coche _A_ como fundamento para ajustar su reloj,
-encontraría también distintos _tiempos_.
-
-Este resultado lo consideró _Zeno_ como tan anormal y ridículo, que lo
-ha tomado como la mejor comprobación de la _no_ existencia del tiempo,
-espacio y movimiento.
-
-Vemos, pues, qué consecuencias fatales puede tener el verbalismo
-excesivo. Los _Eleatas_ se han enredado en sus propias palabras, de
-suerte que han perdido el buen sentido para la realidad. Al frente
-de su pensamiento ponen la noción de la _unidad absoluta_, lo que,
-naturalmente, es incompatible con el concepto de la extensión, con los
-conceptos espacio y tiempo.
-
-13.--_Demócritos._--Una reacción muy saludable contra los eleatas
-encontramos en la filosofía de los _atomistas_. _Demócritos_ de Abdera,
-el mayor naturalista de la antigüedad, introduce el _espacio_ (vacío),
-pues lo precisa para el movimiento de los átomos. Según Demócrito el
-espacio (vacío), el _no ser_, tiene una _verdadera existencia, una
-existencia tan real como los mismos átomos_.
-
-Y de este modo asistimos al interesante fenómeno de que los fundadores
-del _materialismo_ elevan los _invisibles átomos_, el _invisible
-espacio_, a la _categoría de un verdadero ser_; mientras que los
-semiracionalistas eleatas niegan el espacio, pues ellos conciben,
-únicamente, lo que es corporal, es decir, conciben únicamente lo
-_presente_.
-
-14. _La filosofía ática._--De nuestro problema fundamental han tenido,
-naturalmente, que ocuparse los grandes filósofos áticos. Y, en efecto,
-en las obras de _Platón y Aristóteles_ encontramos consideraciones
-importantísimas sobre el tiempo y especialmente sobre el espacio.
-
-_Platón_, el primer filósofo que con la mayor precisión plantea el
-problema de _cómo y si puede existir una ciencia_, quiere fijar lo
-que queda conservado siempre en la corriente de los fenómenos, para
-llegar al conocimiento de la _verdad absoluta_. Por esta razón hace los
-mayores esfuerzos para fundar una ciencia _general_ de la verdadera
-esencia de las cosas. Según _Platón_ el mundo de nuestros sentidos,
-aquel mundo que sufre continuos cambios y transformaciones, no puede
-conducir jamás a la verdad. _El camino a la realidad está en el
-pensamiento, en la razón pura._ Pues siendo, según _Platón_, fuera de
-toda duda, que el _razonamiento_ nos lleva a un conocimiento _superior_
-a la observación, resulta que forzosamente también los objetos de
-nuestro pensar tienen un _mayor grado_ de _realidad_ que los del mundo
-sensible. Por esta causa _Platón_ crea el concepto “_idea_”, que _forma
-el contenido objetivo del pensamiento_. _En las ideas está la realidad
-absoluta, en las ideas concebimos el verdadero ser, la esencia del
-universo_, independiente de todas influencias externas[11]. Los objetos
-de la naturaleza forman un mundo de una verdad relativa; mientras que
-las _ideas_ representan el mundo de _verdad absoluta_. Hay, entonces,
-según _Platón, dos mundos distintos: la naturaleza y las ideas_.
-
-Las ideas ocupan en la filosofía platónica una posición tan
-privilegiada, que solamente el saber de ellas forma _la ciencia_
-(epístéme), la que es el privilegio de Dios y de un pequeño número de
-mortales; el saber de la naturaleza es solo una especie de opinión o
-persuasión (doksa), con mayor o menor probabilidad.
-
-15. Ahora bien: según Platón se llega a la _idea_, como ya lo indica
-su nombre, por intermedio de una especie de _mirar las cosas, de
-interesarse por intuición_. Las ideas se forman por la mirada de los
-objetos que actúan sobre nuestros sentidos, pues observando las cosas
-corporales la razón pura reproduce la idea, cuando el alma recuerda la
-idea vista ya antes del nacimiento (_a priori!_)
-
-Se podría, entonces, esperar que el gran filósofo idealista considerará
-al tiempo y espacio como ideas. Pero esto no sucede porque, según él,
-justamente lo que caracteriza el mundo de nuestras percepciones es su
-cambio en el espacio y con el tiempo. _Por eso el tiempo y espacio no
-pueden tener sitio en el imperio de las ideas._ La _idea_, el verdadero
-ser, (usía) se la imagina _Platón_ en su intuición filosófico poética,
-reinando eternamente en un lugar superceleste, allá arriba en los
-campos de la verdad. _La idea está fuera del espacio y tiempo y de otra
-parte: tiempo y espacio están fuera de las ideas._ Y así leemos en
-el Timeo[12], según mi juicio la mayor obra de _Platón_: “Es preciso
-distinguir entre lo que _es y existe siempre_, sin haber nacido jamás,
-y lo que nace o pasa siempre, sin existir lo mismo. Lo que _es_ y
-_subsiste lo mismo_, es comprendido por el puro pensamiento; lo que
-deviene siempre, objeto mudable de los sentidos, no puede ser conocido
-sino de una manera conjetural. _Las ideas han existido siempre, no
-habiendo tenido principio._ El mundo ha tenido principio, entonces,
-no ha existido siempre. Lo que ha comenzado a ser, es necesariamente,
-corporal, visible y tangible”.
-
-16. _Platón_ conocía perfectamente la capital importancia del espacio
-y tiempo para nuestro conocimiento, pero para explicar su esencia
-chocó con dificultades sin poder resolverlas. El se dió cuenta de que
-estas nociones son de una estructura especial y de que no pueden ser
-consideradas ni como ideas ni como objetos de la sensación. Para salir
-del dilema _Platón asigna al espacio y tiempo una posición intermedia
-entre las ideas y las cosas de la experiencia._
-
-Según _Platón_ también el mundo empírico tiene su importancia--aunque
-no la misma que las ideas--para el saber humano, pues él es una copia
-del eterno modelo de ideas. Los seres de la naturaleza son copias de
-los seres eternos, formados a su semejanza; además, _justamente_ estas
-copias _dan el motivo_ para la creación de ideas. Por otra parte, las
-cosas de la naturaleza las _observamos siempre en el espacio y en el
-tiempo_, siendo de esta manera estos últimos mediadores entre el mundo
-de ideas y él de nuestra percepción.
-
-17. Refiriéndome a las propiedades del espacio, debo decir que, según
-_Platón_, el espacio _no tiene ninguna_ forma, _es la pura negación_
-del ser, pero es capaz de tomar todas las figuras posibles, gracias
-a las determinaciones geométricas. (Por eso _Platón_ considera la
-geometría como un saber indispensable para los filósofos; en la entrada
-de la Academia platónica estaban fijadas las palabras: “Sin geometría
-no hay entrada”). El espacio infinito e informe (ápeiron) y la forma
-geométrica (péras) suministran _juntos_ los objetos de nuestros
-sentidos. Al espacio _solo_ no podemos concebirlo ni con el pensamiento
-ni con los sentidos, ni es un concepto ni un objeto de percepción,
-ni idea. El es el “_no_” _ser_, sin el cual no podemos ver las ideas
-copiadas y representadas en los objetos sensibles. “El espacio no muda
-jamás su naturaleza, recibe continuamente todas las cosas en su seno,
-sin tomar absolutamente ninguna de sus formas particulares. _Es el
-fondo de todo lo que existe_”.
-
-Al espacio _Platón_ le atribuye tanto valor que lo cuenta entre los
-principios fundamentales para la formación del universo. En el _Timeo_
-leemos las palabras: “He _aquí el resultado de mis reflexiones, y en
-resumen mi opinión_: el _ser_, el _lugar_ y la _generación_, son _los
-tres principios fundamentales_”.
-
-Tiene para nosotros un interés especial el hecho de que a pesar de todo
-_Platón_ introduce en el Timeo la existencia de un espacio _eterno_,
-una especie de semiidea que parece ser, quizás el _modelo_ de nuestro
-espacio común, en que observamos los fenómenos.[13]
-
-Para darnos todavía mejor cuenta de la opinión platónica sobre el
-espacio, conviene citar todavía las siguientes palabras de _Platón_:
-“_Es preciso reconocer una tercera especie, la del lugar eterno, que
-no puede ser destruído, que sirve de teatro para todo lo que nace, no
-está sometido a los sentidos, es solo perceptible a una especie de
-razonamiento bastardo, que vislumbramos como un sueño al decir que es
-de absoluta necesidad que todo lo que existe esté en algún lugar y
-ocupe algún espacio_”. Gracias a una especie de pseudo razonamiento
-nosotros creemos, entonces, que el espacio es algo real, que todo lo
-que existe debe estar en el espacio. _Pero de hecho el espacio nuestro
-no tiene una existencia real, y nosotros nos encontramos como en un
-sueño._
-
-18. Opiniones muy originales tiene _Platón_ sobre el _tiempo_. El
-_tiempo_, como lo observamos nosotros, es _según él una copia de
-la eternidad_. Mientras que el tiempo del mundo sensible corre
-continuamente adelante en forma de días, meses y años, su modelo (la
-eternidad) _descansa siempre en sí_. No puedo ilustrar mejor la opinión
-platónica del tiempo, que citando las siguientes bellas palabras del
-_Timeo_:
-
-“Cuando el padre y autor del mundo vió moverse y animarse esta imagen
-de los dioses eternos (es decir, de las _ideas_), que él había
-producido, se gozó en su obra, y lleno de satisfacción, quiso hacerla
-más semejante aún a su modelo. Y como este modelo era un ser eterno,
-se esforzó para dar al universo, en cuanto fuera posible, este mismo
-género de perfección. Pero esta naturaleza eterna del ser inteligible
-no había medio de adaptarla a lo que es engendrado. Así es que Dios
-resolvió crear una imagen móvil de la eternidad, y por la disposición
-que puso en todas las partes del universo, hizo a semejanza de la
-eternidad, que _descansa en la unidad_, esta _imagen eterna_, pero
-_divisible_, que llamamos el _tiempo_. Los días y las noches, los meses
-y los años, no existían antes, y Dios los hizo aparecer, introduciendo
-el orden en el cielo. Estas son _partes_ del _tiempo_, y como el tiempo
-huye, el futuro y el pasado son _formas_ que en nuestra ignorancia
-aplicamos muy indebidamente al _Ser eterno_. Nosotros decimos de
-él: ha sido, es, será; cuando sólo puede decirse, en verdad: él es.
-Las expresiones _ha sido, será_, solo convienen a la _generación,
-que pasa y se sucede_ en el tiempo. Tales expresiones representan
-_movimientos_, y el Ser eterno inmutable, inmóvil, no puede ser más
-viejo ni más joven; no existe, ni ha existido, ni existirá en el
-tiempo. En una palabra, no está sujeto a ninguno de los accidentes
-que la generación pone en las cosas que se mueven y están sometidas
-a los sentidos; _éstas son formas del tiempo que imita la eternidad,
-realizando sus revoluciones, medidas por el número_. “El tiempo fué,
-pues, producido con el cielo, a fin de que, nacidos juntos, perezcan
-juntos, si es que deben algún día perecer; y fué hecho, según el modelo
-de la naturaleza eterna, para que se pareciese a ésta todo lo posible.
-Porque el _modelo está siendo_ de toda eternidad, y el _tiempo es_,
-desde el principio hasta el fin, _habiendo sido_, _siendo_ y _debiendo
-ser_. Con este designio y con este pensamiento, Dios, _para producir el
-tiempo_, hizo _nacer el Sol_, la _Luna_ y _los otros cinco astros_, que
-llamamos planetas y que _están destinados a marcar y mantener la medida
-del tiempo_.”
-
-Existe, entonces, según _Platón, una especie de reloj mundial y eterno,
-cuya imagen es el tiempo nuestro, observado y medido por movimiento de
-planetas_.
-
-Parece que _Platón_ hasta _identifica_ el _tiempo_ del mundo
-experimental _con el movimiento_, pues en el _Timeo_ habla de los
-planetas como (órgana chrónu); otra vez dice: Chrónos hé tu uranú
-kínesis: _Tiempo_ el _movimiento_ del cielo.
-
-19. Las palabras pronunciadas despiertan en mi memoria las célebres
-afirmaciones del gran físico inglés _Isaac Newton_ sobre el “_tiempo
-verdadero y absoluto_” en oposición con el tiempo “_relativo y vulgar_”.
-
-En la definición 8 de la mecánica (“_Philosophiae naturalis principia
-mathematica_”), _Newton_ exclama:
-
-“Tempus _absolutum_, _verum_ et mathematicum in se et natura sua absque
-relatione ad externum quodvis aequabiliter fluit alioque nomine dicitur
-duratio. _Relativum, apparens_ et vulgare est sensibilis et externa
-quaevis durationis per _motum mensura_ (seu accurata seu inaequabilis),
-qua vulgus _vice veri temporis utitur ut hora, dies, mensis, annus_.
-
-_Tempus absolutum_ a _relativo_ distinguitur in astronomia per
-aequationem _temporis vulgi_. Inaequales enim sunt dies naturales,
-qui vulgo tamquam aequales pro mensura temporis habentur. Hanc
-inaequalitatem corrigunt astronomi, ut ex veriore tempore mensurent
-motus celestes. _Possibile est, ut nullus sit motus aequabilis, quo
-tempus accurate mensuretur. Accelerari et retardari possunt motus
-omines, sed fluxus temporis absoluti mutari nequit. Eadem es duratio
-seu perseverantia rerum, sive motus sint celeres, sive tardi, sive
-nulli._”
-
-_¿No hay una sorprendente analogía entre las afirmaciones_ de _Platón_
-y de _Newton_?
-
-20. Haciendo ahora un brevísimo resumen en palabras modernas, podemos
-decir lo siguiente: Según _Platón_ tiempo y espacio _son el fundamento
-del mundo sensible, pues todos los fenómenos tienen lugar en algún
-espacio y en un cierto tiempo. El espacio es algo informe, ilimitado,
-incorporal e invisible, pero puede tomar todas las formas geométricas
-posibles por intermedio de los cuerpos_.
-
-Aunque _Platón_ en su cosmogonía hace nacer los elementos del espacio,
-sin embargo, no cabe duda de que el espacio platónico _no_ coincide
-con el concepto moderno de la _materia_ que está caracterizado por la
-inercia. Lo “_ápeiron_” de _Platón_ es el receptor de los fenómenos
-físicos, pero distinto del concepto “_hyle_” (materia) de Aristóteles.
-
-21. Estudiando las obras platónicas, se ve con qué enormes dificultades
-ha tenido que luchar el gran filósofo para resolver nuestro problema.
-Esta es la razón porque usa tan distintas y raras expresiones, cuando
-analiza las nociones espacio y tiempo. La causa principal de las
-dificultades está en esto, que _Platón_--como los otros filósofos
-griegos--no _ha podido concebir la noción del vacío_.
-
-22. En la _teleología_ platónica el espacio y tiempo ocupan un lugar
-muy singular. Dios ha creado un mundo _absolutamente perfecto_, es
-decir, el mundo de las _ideas_, el mundo de las _verdades absolutas_;
-pero el género humano observa en la naturaleza únicamente _imágenes_,
-_copias_ muy pálidas de aquel mundo divino, porque justamente el
-espacio y tiempo tienen la culpa de que nosotros veamos todo de una
-manera imperfecta y percibimos sólo verdades _aparentes_. Nuestro
-horizonte es limitado, pues estamos obligados a mirar las cosas en vez
-de “_sub especie eternitatis_” en un espacio y tiempo limitado. Espacio
-y tiempo, pues, no sólo son los mediadores entre el mundo sensual e
-ideal, sino, además, _no nos permiten ver el universo_ (las ideas) _en
-su verdad desnuda_.
-
-23. Como nos convenceremos más tarde, las investigaciones de _Platón_
-forman el punto de partida para toda la concepción _idealista_
-(relativa) del espacio.[14] No cabe duda de que _Platón_ sintió,
-en su intuición filosófico-poética, que el espacio es la condición
-indispensable para poder percibir y comprender los fenómenos de
-la naturaleza, lo que él expresa diciendo: la condición “_para la
-presentación de las ideas en el mundo de sensibilidad_”. Aplicando
-la terminología de _Kant_ será, quizás, permitido afirmar que
-para _Platón_ el espacio era casi la condición “_de una posible
-experiencia_”.
-
-Pero, a pesar de todo, _Platón_ no llegó a considerar el espacio y
-menos todavía el tiempo como formas de _nuestra intuición_; pues en el
-fondo no ha tenido nociones completamente claras sobre el asunto. Él
-mismo lo confiesa con la franqueza propia de los grandes pensadores,
-cuando dice: “_El espacio es una especie de ser, que participa de lo
-inteligible de una manera obscura e inexplicable_”.
-
-No vacilamos en afirmar que _Platón_ estaba ya _muy cerca_ de
-considerar el espacio como una forma de nuestra intuición, es decir,
-que tenía la solución casi en la mano, pero se le escapó. Han debido
-pasar siglos, han tenido que aparecer los sistemas de _Berkeley y Hume_
-antes de conseguir este sencillo resultado: tiempo y espacio son formas
-de intuición.
-
-El gran genio griego en su intuición concibió el problema, pero la
-solución clara y precisa la dió _Kant en su criticismo_.
-
-También en las ciencias modernas encontraremos algo análogo. Un
-pensador meridional--me refiero a _Poincaré_--ha echado las bases para
-la reforma del concepto tiempo, sometiendo la noción “_simultaneidad_”
-a una crítica _muy interesante_; mas la solución exacta, el nuevo
-concepto tiempo, lo dió un físico del Norte de Europa.
-
-_Aristóteles_.--24. _Aristóteles_, el más eminente discípulo de
-_Platón_, no sigue el camino del maestro; pues funda más bien un
-sistema propio que está, en cierto sentido, opuesto a la doctrina
-idealista.
-
-_Aristóteles_ era más universal que _Platón_ y le superó,
-especialmente, en sus conocimientos de las _ciencias naturales_. Un
-cerebro sumamente vasto, era el verdadero _polisabio_, la encarnación
-del saber de su época, de suerte que con razón se le indica hasta
-hoy día con el epíteto “_el filósofo_”, por antonomasia. Como buen
-observador, atribuyó mucha importancia a las ciencias naturales; en
-sus investigaciones trató en lo posible de _definir_ todo, es decir,
-fijar en cada fenómeno _aislado_ lo esencial “usía” y al mismo tiempo
-expresar su relación con el concepto general.
-
-25. _Platón_ proclamó como la _única_ realidad los objetos de los
-conceptos _generales_ (ideas), que tienen existencia completamente
-_independiente de_ las _cosas sensuales_; los objetos aislados eran,
-según _Platón_, solo imágenes de lo verdadero.
-
-_Aristóteles_ rechaza este pensamiento, pues, según él, el _error
-principal del sistema platónico consiste justamente en aquella
-separación completa de las ideas y de los objetos_.
-
-Los conceptos generales expresan, según _Aristóteles_, únicamente
-propiedades _comunes a muchos objetos aislados_; mas los conceptos
-generales por sí mismos no tienen existencia independiente. Pero si lo
-general no subsiste por sí mismo, no puede ser sustancia (“usia”), la
-que por su parte forma el fundamento real de todo.
-
-Como sabemos _Platón_ ya _a priori_ atribuye a las ideas una existencia
-original, independiente del mundo de nuestros sentidos, creando, de
-este modo, dos mundos completamente distintos. _Aristóteles_ considera
-imposible que la doctrina idealista pueda explicar la esencia del
-mundo empírico; según sus juicios, hay más bien que suprimir aquella
-contradicción entre el mundo de ideas y el mundo de objetos, _pues
-las ideas no deben ser concebidas como algo distinto de las cosas
-sensuales_. Para conseguir la verdad, para conocer la esencia del
-mundo, hay que examinar con mucha precisión y mucho cuidado los
-fenómenos de la naturaleza. Y haciendo esto se llega al resultado
-de _que la verdadera realidad está en lo individual_. Mientras,
-entonces, para _Platón_, la verdad está en el concepto general, según
-Aristóteles, al revés lo _individual_ (“tóde tí”) _es el tipo de la
-completa realidad_.
-
-Mas no hay que creer que Aristóteles entienda con su “tóde tí” los
-objetos _materiales_; pues también, según él, todo lo sensible es
-pasajero y mudable, mientras que el saber, la ciencia, debe ocuparse
-de _cosas invariables y eternas_. El objeto del verdadero conocimiento
-es, pues, lo _individual_, pero no lo_ material_, lo sensible, sino lo
-_individual concepcionalmente pensado_. La realidad metafísica está,
-entonces, _fundada en lo individual determinado por el concepto_.
-
-Llegamos al conocimiento del mundo saliendo de los hechos aislados
-é investigando la relación entre lo especial y lo general. En esta
-ocasión nos convencemos de que _cada objeto_ de la naturaleza consiste
-en _materia y forma_, estando estas dos ligadas de tal manera que jamás
-puede _subsistir materia sin forma o forma sin materia_.[15]
-
-La “usia” se compone de _forma y materia_; y la generación estriba en
-esto; que la esencia de las cosas (“usia”) pasa de la mera posibilidad
-“_dinamis_” a la _realidad_ “_energeia_”. La _materia_ (“_hyle_”)
-representa la _posibilidad_, de que la materia, plasmada por la forma,
-se convierte en _realidad_.
-
-La materia es pura _pasividad_, es el objeto en el cual los fines, o
-mejor dicho, los _designios_ de la naturaleza, hallan su realización.
-Pero no hay _contraste entre materia y forma_ (como entre la “idea” y
-el “objeto sensible” de _Platón_), no subsisten dos cosas distintas
-y opuestas: materia y forma, sino que el mismo objeto, considerado en
-su materia, es _la posibilidad de la realidad, representada por su
-forma_.[16]
-
-Será, quizás, permitido decir: _Materia y forma son los dos lados de la
-misma medalla_.
-
-26. El paso de la posibilidad a la realidad se efectúa por intermedio
-del _movimiento_. _Aristóteles_ distingue tres especies de movimiento:
-1) cuantitativo o cambio del tamaño; 2) cualitativo o cambio de las
-propiedades del cuerpo; 3) cambio del lugar en el espacio. Pero todas
-estas especies quedan reducidas al movimiento de la última clase. La
-materia, tiene una inclinación natural, “desea” la forma; pero en vista
-de que es sólo posibilidad, puede tomar distintas formas; ella tiene
-_inercia_ y por esto impide la completa realización de la naturaleza,
-siendo de este modo la causa del azar en el universo.
-
-27. En la filosofía de _Platón_ hemos encontrado _tres_ fundamentos
-principales del mundo:
-
-1) _Ideas._
-
-2) _Sensibilidad._
-
-3) _Espacio_ (ápeiron), mediador entre 1 y 2, donde sólo 1) tiene una
-existencia original e independiente. _Aristóteles_ acepta _cuatro
-causas originales_ (arché).
-
-1) _Materia_, _Pasividad o Posibilidad_.
-
-2) _Forma_, _Actividad_.
-
-3) _Movimiento_, mediador entre 1 y 2.
-
-4) _Designio final_,
-
-pero al mismo tiempo trata de unir los tres grados platónicos de
-realidad en un solo concepto real. De esta manera, la _transcendencia_
-de _Platón_ queda reemplazada en cierto sentido por la _inmanencia_.
-
-28. Después de lo explicado podemos esperar, que 1) _Aristóteles_,
-seguramente, también se ocupará de los conceptos, espacio y tiempo,
-pues cada movimiento--una de las “_arché_”--tiene lugar en el espacio y
-tiempo.
-
-2) que el espacio no tendrá ya un papel análogo a lo “_ápeiron_” de
-_Platón_.
-
-3) que _Aristóteles_ se apoyará más en la observación y en los hechos
-aislados (tratando el problema que nos interesa).
-
-4) que el _naturalista Aristóteles_ llegará a una solución distinta de
-la platónica.
-
-Y, en efecto, ya en su célebre obra “_Categorías_”[17] _Aristóteles_ se
-ocupa del espacio y tiempo.
-
-29. Tiempo y espacio aparecen como la 5 y 6 categorías.
-
-Aristóteles distingue en las “categorías” cantidades _discretas y
-continuas_. _El espacio lo cuenta entre las cantidades continuas_,
-porque “_las partes del cuerpo, que mediante su reunión van a pasar
-a un término común, ocupan siempre un espacio. Por consiguiente, las
-partes del espacio, que ocupa cada una de las partes del cuerpo, se
-suman en este mismo término común en que se reúnen las partes del
-cuerpo mismo: luego el espacio es una cantidad continua, puesto que sus
-partes van a pasar mediante su reunión a un término común_”.
-
-El tiempo también _es continuo_; porque “_de una parte lo presente se
-relaciona a la vez con lo pasado y con lo porvenir_”.
-
-Una diferencia principal entre el espacio y el tiempo la encuentra
-_Aristóteles_ en el hecho de que “las partes del espacio tienen entre
-sí una _relación de posición, mientras_ que las partes del tiempo por
-el contrario tienen entre sí un cierto _orden_, puesto que en el tiempo
-esta parte es _anterior_, y aquella otra posterior”. “Partes del tiempo
-no pueden tener una posición, porque ninguna de las partes del tiempo
-es permanente”. “_Lo que no es permanente no puede tener posición_”.
-
-El tiempo es, según _Aristóteles_, muy estrechamente ligado con el
-_número_; los dos se unen en el concepto común “antes” (“_próteron_”) y
-“_después_” (“_hysteron_”).
-
-30. El espacio es el lugar que ocupa el cuerpo. Esto se podría deducir
-de las palabras citadas de las “Categorías”. Sin embargo no hay que
-pensar en que _Aristóteles_ identifica el espacio con la forma del
-cuerpo, pues él mismo lo advierte expresamente, que en tal caso los
-cuerpos se moverían no _en_ el espacio sino _con su_ espacio.
-
-Para evitar equivocaciones Aristóteles dió la siguiente definición del
-espacio:
-
-“_El espacio es el límite inmóvil entre el cuerpo envolvente y el
-envuelto_”.
-
-El espacio exige, entonces, la presencia de la materia o con
-más exactitud la _presencia, por lo menos, de dos cuerpos_. _La
-subsistencia del espacio está ligada a la existencia del mundo
-corporal._ Y así el espacio de la mesa en la sala será el límite fijo
-entre la mesa (envuelta) y el aire que la envuelve.
-
-Se ve en seguida que esta explicación aparente de la “esencia” del
-espacio se basa en una observación muy grosera.
-
-Ya de la definición resulta que el espacio _aristoteliano_ tiene que
-ser _limitado_; además, resulta la _imposibilidad_ del espacio _vacío,
-pues se entiende por sí mismo_,--si el espacio es el límite entre el
-cuerpo envolvente y el envuelto--_que donde no hay cuerpos tampoco hay
-espacios_.
-
-Aunque _Aristóteles_ estaba convencido de que el concepto de espacio,
-“vacío” contradice al sentido común[18], sin embargo, dió en sus obras
-muchos otros argumentos contra la posibilidad de un espacio vacío e
-ilimitado.
-
-31. _Argumentos contra el espacio vacío:_
-
-Si además del espacio (_tópos_) ocupado por los cuerpos hay un
-_otro vacío_, entonces al entrar un cuerpo en éste (vacío), debían
-atravesarse dos espacios.
-
-Otro argumento es el siguiente: _Aristóteles_ deduce que en un espacio
-vacío todos los cuerpos debían caer con la misma velocidad; lo que,
-según su juicio, es una cosa imposible; por consiguiente un vacío no
-puede subsistir. Esta demostración aparente, y, además, falsa[19], le
-parece ser una refutación tan _decisiva_ que exclama con ironía: “Y así
-resulta _que la afirmación del vacío en realidad es un vacío_”.
-
-32. _Argumentos contra lo infinito del espacio._ Cada cuerpo tiene que
-estar en un cierto lugar, porque cada cuerpo tiende a su lugar natural,
-pero en lo infinito no hay un lugar determinado, no hay diferencia
-entre abajo y arriba, entre la derecha e izquierda; _por consiguiente
-el espacio es limitado_.
-
-Debemos imaginarnos el mundo como algo _acabado, completo y perfecto_.
-Mas _Aristóteles niega_, sobre todo, que las cantidades infinitas
-pueden existir como algo “_acabado_”, porque “_lo infinito no existe,
-sino se forma_”; entonces, un espacio infinito no puede subsistir en el
-mundo.
-
-Todo el espacio está limitado, según Aristóteles, por la esfera
-celeste, porque en su creación la divinidad consumió toda la materia
-existente. Más allá de la esfera celeste, cuyo centro es nuestra
-tierra, no hay, entonces, materia, por consiguiente allá no hay
-espacios y mucho menos espacios vacíos, _lo que sería un doble
-disparate_.
-
-33. Cerrando la discusión sobre el espacio quiero, todavía, mencionar
-que _Aristóteles_ trata de demostrar que nuestro espacio no puede tener
-_más que tres dimensiones_. Lo hace refiriéndose a la costumbre de
-decir “ambos” cuando hay dos, y que cuando hay tres se habla ya del
-“todo”, porque no hay una palabra especial.
-
-34. Al concepto _tiempo_ lo somete _Aristóteles_ a un tratamiento
-parecido al del espacio. En la “_Física_” leemos lo siguiente: “_El
-tiempo es una cantidad continua, él es el número_ (medida) _del
-movimiento con relación a lo precedente y lo sucesivo_”.
-
-Debo llamar la atención de que en esta definición la palabra
-“_movimiento_” se refiere no solo _a los fenómenos físicos_ sino
-también _a los psíquicos_, pues _Aristóteles_ dice una vez: “_Si
-bien al reinar la obscuridad y calma nosotros no percibimos ninguna
-impresión del cuerpo, tenemos, sin embargo, en seguida la sensación
-del tiempo, cuando se produce en nuestra alma algún movimiento_”
-(conmoción). Por esta razón _Gomperz_ pone, en vez de la palabra
-“_movimiento_” (kinesis), “suceso”.
-
-_El tiempo es pues, la medida_ (el número) _del movimiento_. La unidad
-de este número (medida) constituye el concepto de “_ahora_”; por _el
-movimiento_ de dicho concepto “ahora” _nace el tiempo_.
-
-_Aristóteles no identifica_ el tiempo con el movimiento, como sucede en
-las obras de _Platón_; _pero el concepto “tiempo” está ligado al número
-y al movimiento_. _Donde no hay cuerpos no hay tiempo._
-
-Siendo el movimiento del universo, según _Aristóteles_, sin principio
-ni fin, sigue ya forzosamente de la definición que _el tiempo es
-infinito e ilimitado_.
-
-En una ocasión se pregunta _Aristóteles_, si el tiempo podría
-substituir aunque no existiera el alma. Su contestación es: _el tiempo
-no puede subsistir sin el alma_, como _el número no puede existir sin
-la persona que cuenta_.
-
-Debíamos, entonces, admitir que _Aristóteles_ niega la existencia de un
-tiempo absoluto. Y sin embargo, introduce al lado del tiempo infinito,
-en el cual se mueve lo mudable, el concepto “_eternidad_” (“_aión_”),
-que es la esencia sin tiempo de lo invariable, y así Dios no está en
-el tiempo, sino en la eternidad. _Todos los fenómenos tienen lugar en
-el espacio y tiempo, únicamente Dios no está ni en el tiempo ni en el
-espacio_.
-
-35. En las “_categorías_” _Aristóteles_ analiza también los conceptos
-_prioridad y simultaneidad_. Por razones especiales citaré lo que
-afirma de la simultaneidad: “_Se dice, en general y en el sentido más
-especial de la palabra, que dos cosas son simultáneas, cuando su
-existencia tiene lugar al mismo tiempo. Ni la una es anterior, ni la
-otra posterior; se dice también que existen a la vez en el tiempo_”.
-
-“En _general se llaman simultáneas las cosas cuya existencia se produce
-a la vez en el tiempo_”.
-
-Volveremos sobre este punto al tratar en el último capítulo el concepto
-_simultaneidad_ en la teoría de la relatividad.
-
-36. Tampoco _Aristóteles_ considera tiempo y espacio como _formas de la
-intuición_; en su filosofía, tiempo y espacio aparecen un “_accidens_”
-de los cuerpos. Según mi juicio el concepto aristotélico del espacio
-significa _un paso atrás_ en _comparación con Platón_.
-
-
-
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-LÓGICA INDUCTIVA
-
-POR LEOPOLDO MAUPAS
-
-Profesor en la Universidad de Buenos Aires
-
- 1.--El problema de la lógica inductiva.--2. Fundamento de
- la inducción.--3. La causa como principio crítico.--4. El
- principio de causalidad como postulado de la inferencia
- causal.--5. La constatación de la coincidencia solitaria, como
- base experimental de esa inferencia.--6. Leyes empíricas.--7.
- Fundamento y determinación de las leyes empíricas.--8.
- Aplicaciones de las leyes empíricas.--9. Conclusión.
-
-
-I.--EL PROBLEMA DE LA LÓGICA INDUCTIVA
-
-El conocimiento crítico empieza, en la evolución del espíritu humano,
-cuando la verdad se refiere no a la creencia sino a los fundamentos de
-la creencia.
-
-La experiencia que sirve de fundamento a la ciencia siempre es
-indirecta, y se realiza por medio del razonamiento crítico. La
-experiencia directa no es fundamento científico. La comprobación
-de la dirección rectilínea de la propagación de la luz, no sería
-posible referirla a la experiencia directa. Se prueba indirectamente
-en la forma de la sombra de un cuerpo opaco. La forma de la sombra
-verifica que la dirección de la luz es rectilínea, porque comprueba
-indirectamente la conclusión del razonamiento geométrico que determina
-cuál sería la forma de la sombra si los rayos luminosos se propagaran
-en dirección rectilínea. La realización de la previsión en la
-experiencia, prueba así indirectamente, la dirección de la luz.
-
-La experiencia que funda al conocimiento científico es así indirecta, y
-el razonamiento crítico es el instrumento que la hace posible.
-
-El valor de la crítica científica, supone, pues, una experiencia
-justa y un razonamiento legítimo. La conclusión será falsa, aunque el
-razonamiento sea legítimo, si la experiencia no es justa. Si veo mal la
-sombra que produce el cuerpo opaco y no concuerda con la que debería
-producir de acuerdo con el razonamiento geométrico, la conclusión que
-podría sacar con la dirección rectilínea de la luz sería falsa en razón
-de la deficiencia de la experiencia. En cambio sería falsa en razón
-de la ilegitimidad del razonamiento, si la sombra de la experiencia
-no concuerda con la que debería producirse según el razonamiento
-geométrico, por error de cálculo (aunque la observación de la sombra
-sea justa).
-
-Veamos en qué puede consistir la ilegitimidad del razonamiento.
-
-Sabemos que el razonamiento crítico es una serie de sustituciones de
-afirmaciones idénticas. Decimos que “la Democracia es la mejor forma
-de gobierno”, porque entendemos que decir “mejor forma de gobierno”
-es igual a decir “gobierno que responde al interés de la mayoría de
-los ciudadanos” y que decir “gobierno que responde al interés de la
-mayoría de los ciudadanos” es lo mismo que decir “gobierno que se
-someta al contralor de la voluntad de la mayoría”; pero esto es lo
-mismo que decir “Democracia”; por lo tanto, suprimiendo las identidades
-intermedias concluímos que “la Democracia es la mejor forma de
-gobierno”.
-
-El razonamiento crítico es así una serie de sustituciones de
-afirmaciones. Ahora bien; cada sustitución es evidente o no lo es. Si
-no lo es, necesita demostración. En ese caso un nuevo razonamiento
-tendrá que fundar las sustituciones, y así sucesivamente como lo
-dijimos al hablar de los problemas de la crítica científica[20], hasta
-llegar a la afirmación de sustituciones evidentes por sí mismas.
-
-Pero, llegados a esos términos básicos del razonamiento, ¿cómo se
-funda la legitimidad de la sustitución? También lo hemos dicho al
-ocuparnos del mecanismo de la crítica. La sustitución se legitima en
-la evidencia de la identidad de la sustitución. Sustituyo la forma de
-la sombra que me daba el razonamiento geométrico por la sombra que mis
-ojos ven en la experiencia realizada, porque hay identidad entre las
-dos formas. Esa evidencia de la identidad de los términos sustituídos
-es así el criterio único y último en que se funda la legitimidad de la
-sustitución.
-
-De manera, pues, que en definitiva, el fundamento de la sustitución
-o exclusión de los términos en los razonamientos es la evidencia de
-su identidad o de su contradicción. Ahora bien; la identidad o la
-contradicción, constatada en la evidencia, no es susceptible de
-verificación. La evidencia es el criterio último y único de la verdad.
-No es rectificable. Si la evidencia se equivoca, no hay manera de
-reparar la equivocación. Solamente la experiencia contradictoria o
-mayores conocimientos pueden modificar nuestras primitivas evidencias.
-Mientras esto no sucede, la conciencia sigue tranquila y exenta de
-curiosidad, por la imposibilidad en que se encuentra de sospechar su
-error. Pero, si llega a suceder, al comprobar la falsedad de muchas
-sustituciones que parecieron evidentes, puede reconstruir el proceso
-del error y determinar sus causas, y en consecuencia precaverse de
-ellas. De la experiencia del error nació así la lógica.
-
-El propósito de explicar las falsas sustituciones de términos en los
-razonamientos, justifica pragmáticamente los estudios lógicos, y les da
-sentido en la teoría de la ciencia.
-
-Ahora bien; en sus reflexiones acerca de las causas del error en
-los razonamientos, el espíritu humano ha encontrado que la falsa
-sustitución de los términos puede provenir o bien de deficiencias
-de lenguaje, o de mala interpretación de la experiencia en las
-generalizaciones, o de deficiencias en las observaciones, y también de
-prejuicios individuales o colectivos. Ejemplos de lo primero son todos
-los casos en que se violan las reglas de la lógica formal. Si de la
-consideración de que el rey de Sajonia era Francisco Augusto III y de
-que los ingleses son sajones deduzco que Federico Augusto III era rey
-de Inglaterra, el error tiene por causa una inadvertencia de lenguaje,
-por dar a la palabra sajón, cuando hablo de Federico Augusto como
-rey de los sajones, una extensión que no tiene cuando califico a los
-ingleses como sajones. La lógica formal nos previene contra esa causa
-de error indicándonos que en los silogismos el término medio se debe
-tomar por lo menos una vez en toda su extensión. Ahora bien; en los
-ejemplos propuestos, la palabra sajón en ninguno de los dos casos se
-refiere a todos los sajones.
-
-Ejemplos de falsa sustitución por deficiencia en la interpretación de
-la experiencia, son todos aquellos casos en que se violan las reglas de
-la lógica inductiva. Si he comprobado que el vapor de agua en Buenos
-Aires disuelve una sustancia, que se podría encontrar en abundancia en
-una montaña de 3.000 metros, y resuelvo establecer una industria para
-su explotación; si esa sustancia para disolverse necesita vapor de agua
-a la temperatura que tiene en Buenos Aires, mi determinación se fundará
-en un falso razonamiento, por falsa generalización respecto a la
-temperatura a que el agua hierve. La temperatura del vapor de agua no
-llegaría a disolver la sustancia, porque a esa altura el agua hierve
-antes de alcanzar la temperatura requerida.
-
-Ejemplos de deficiencias en la observación o de prejuicios individuales
-o colectivos, serían todos aquellos que nos hacen ver en las cosas
-caracteres que no tienen y las falsas nociones que nos hacen establecer
-entre esas cosas y otras, relaciones de identidad que no existen. El
-que se asusta de los gestos que hace el que se despereza ha observado
-mal el acto. Los exorcismos con que en la edad media se pretendía
-curar a los endemoniados no eran sino consecuencias de los prejuicios
-de la época. Estas causas de error son inevitables. Bacon indica las
-precauciones que conviene tomar para evitar las malas observaciones.
-Estas indicaciones son de carácter puramente psicológico; pero es
-interesante conocerlas, y hemos de ocuparnos de ellas al hablar de los
-principios de la investigación. Por lo que se refiere a los prejuicios
-individuales y colectivos, representan el estado de la ciencia
-individual y colectiva. Contra ellos nada se puede. Sólo más ciencia
-puede evitarlos.
-
-En el último artículo que he publicado en esta revista he indicado
-como procede la lógica formal para evitar los malos razonamientos
-que tienen su origen en la indebida extensión de los términos en el
-lenguaje. Y he indicado también cómo ese problema desaparece, y en
-consecuencia la necesidad de la lógica formal, si se da a los términos
-valor pragmático. Procediendo en términos definidos pragmáticamente, el
-peligro de razonar mal por deficiencia de lenguaje desaparece.
-
-Con esto queda claramente delimitada la función de la lógica
-inductiva en la solución de los problemas que plantea la crítica del
-conocimiento. Su función es verificar el valor de las generalizaciones.
-Un razonamiento puede ser justo desde el punto de vista formal; puede
-no tener defectos de observación; los prejuicios podrían no tener
-importancia para la conclusión, y sin embargo ser ésta falsa en razón
-de una mala generalización. Y para esclarecer estas afirmaciones, voy
-a recurrir a un ejemplo que he empleado a menudo: la inferencia que se
-saca de la muerte de una cobaya respecto al efecto que produciría en
-el hombre la inyección de la sustancia que le produjo la muerte. La
-inferencia se funda en la identidad de constitución que se establece
-entre el hombre y el cochinillo de la India, que afirmamos en razón de
-la identidad de los caracteres de su constitución. La determinación
-de la identidad de los caracteres podría ser justa, y con todo la
-inferencia podría ser ilegítima en razón de la falsa generalización.
-Puede ser cierto que el conejillo murió a consecuencia de la inyección
-de la sustancia venenosa. Puede ser también que sea legítima la
-identidad de constitución que se ha observado entre el hombre y el
-conejo. Pero, la generalización podría ser ilegítima si, por ejemplo,
-el conejo no murió en razón de los caracteres de su organización, en
-lo que son idénticos con los del hombre, y que de haber sido por esa
-causa legitimarían la generalización. Si por el contrario la inyección
-hubiese muerto al conejo porque momentos antes había comido una yerba
-determinada, el hecho no solamente no prueba que los hombres morirían
-con igual inyección, sino que tampoco probaría que los demás conejos
-hubiesen de morir a consecuencia de ella. La única generalización que
-se podría hacer sería que los conejos que han comido tal sustancia
-morirán si se les inyecta el veneno en cuestión. Pero, ¿en qué consiste
-la falsa generalización? ¿Cuáles son las condiciones que tiene que
-reunir una generalización justa?
-
-Y esa pregunta nos acerca a la delimitación de la función propia de
-la lógica inductiva. Y digo nos acerca, porque la lógica inductiva no
-tiene por función determinar las condiciones de toda generalización,
-sino de aquellas generalizaciones que se fundan en la inducción.
-
-Efectivamente, hay dos clases de generalizaciones: las que se fundan
-en la simple enumeración de los caracteres constatados en los casos
-particulares, como cuando se ve que cada una de las fichas que se
-encuentran encerradas en una caja son de color rojo, y generalizando
-se afirma que las fichas de esa caja son rojas. La otra clase de
-generalización es la que se funda sólo en la observación de uno o más
-casos particulares, como cuando afirmo que los hombres mueren si un
-balazo les atraviesa el corazón, fundado en que Juan murió por esa
-causa.
-
-Las generalizaciones que no son más que la expresión de una totalidad,
-se fundan en la enumeración de todos los casos. Esta clase de
-generalización, salvo deficiencias en la observación, no puede tener
-más causas de error que la enumeración incompleta. Si he observado bien
-y he contado todos los casos, la generalización no puede ser falsa[21].
-
-Así es cómo la teoría de la inducción tiene por función resolver
-uno de los problemas que plantea la crítica de los conocimientos,
-y que consiste en determinar las condiciones que debe reunir una
-generalización fundada en la inducción.
-
-La importancia de la lógica inductiva es así enorme. Constituye la
-teoría fundamental de casi toda la ciencia de lo real. Pero grandes
-dominios de la ciencia se construyen fuera de su fundamento, y
-para acabar de determinar los límites de sus funciones, veamos
-especialmente cuáles son los que no se fundan en ella.
-
-La lógica inductiva sólo se refiere a la verificación de las ideas
-reales generales que se fundan en la inducción. Ni las ideas irreales,
-ni las ideas concretas, ni las ideas generales que se fundan en
-la simple enumeración, son susceptibles de verificación por el
-razonamiento inductivo. Tampoco se fundan en la inducción las leyes
-derivadas de otras más generales.
-
-Efectivamente, las ideas matemáticas, o son principios racionales,
-axiomas, definiciones y postulados, es decir, verdades intuitivas
-inverificables y presupuestos que se afirman sin demostración, o son
-ideas construídas sobre esos elementos. Ahora bien; los elementos de
-esas construcciones, los principios racionales, son inverificables,
-y el valor de las ideas derivadas se determina en la coexistencia
-armónica del sistema. El origen psicológico de las ideas matemáticas
-podrá ser experimental; pero su crítica científica nada tiene que ver
-con ese origen experimental. Por eso es que la teoría de la inducción,
-que trata de determinar las condiciones que debe reunir la experiencia
-para permitir la generalización, nada tiene que ver con la verificación
-de las ideas irreales.
-
-Tampoco tiene función que llenar la lógica inductiva en las ciencias
-aplicadas. Estas operan con ideas concretas y su verificación no
-es objeto de la lógica inductiva. Como lo dijimos en su lugar, las
-ideas concretas se verifican en el conocimiento de su ley, es decir,
-de la idea general de la que son un caso particular. Se verifican
-deductivamente. La simple constatación de un hecho particular no nos
-saca del conocimiento vulgar: conocer científicamente un hecho concreto
-es explicarlo, y explicarlo para la ciencia en la actualidad, lo mismo
-que para Aristóteles, es determinar su ley. Cuando se le puede deducir
-de ésta, el hecho queda explicado.
-
-Tampoco son de aplicación las reglas de la lógica inductiva a
-la verificación de las ideas generales que se fundan por simple
-enumeración, con lo que vienen a quedar excluídas de su consideración
-las leyes que S. Mill llama leyes de coexistencia no dependientes de
-causalidad, es decir, la determinación de los caracteres primitivos de
-los géneros.
-
-Y, por fin, tampoco son de aplicación las reglas de la lógica inductiva
-a las ideas generales, cuando éstas se deducen de otras ideas más
-generales.
-
-La lógica inductiva no es, pues, la teoría de toda la ciencia. Ni
-siquiera de toda la ciencia de lo real. Gran parte de ésta escapa a su
-fundamento; pero su dominio es tan grande y tan importante, que casi se
-podría decir que es la teoría de la ciencia experimental.
-
-Y con esto dejamos determinada la función de la lógica inductiva: es la
-teoría de la verificación de las ideas generales que se fundan en la
-inducción.
-
-
-II.--FUNDAMENTOS DE LA INDUCCIÓN
-
-Pasemos a considerar cómo la lógica inductiva trata de resolver el
-problema que se le propone.
-
-La inducción consiste en verificar la afirmación general en uno o en
-varios casos particulares. Sabemos, por habernos ocupado de ello al
-estudiar la crítica del conocimiento, qué es lo general. Lo general es
-lo común a varios. Y por lo tanto la fuente para la verificación de las
-ideas generales tiene que ser los casos individuales que comprende. El
-problema que plantea la verificación de las ideas generales es saber
-cómo se puede verificar en lo particular la verdad que se afirma en
-general.
-
-Ahora bien; si lo general es lo común a varios, sumando en los casos
-particulares los caracteres comunes se podrá verificar la verdad de la
-afirmación general: Si individualmente se puede constatar que cada uno
-de los doce apóstoles usaba barba, la afirmación general de que los
-apóstoles eran barbudos queda verificada.
-
-Pero no siempre es posible hacer el recuento de los casos particulares
-que constituyen un género. Por el contrario, en la mayoría de los casos
-no es posible la enumeración. No es posible contar todos los ejemplares
-del género hombre para verificar la afirmación de que el hombre es
-mortal. Y aunque se pudieran contar los que existen actualmente, no
-podríamos comprender en la enumeración a los hombres que fueron y a los
-que serán. Y sin embargo generalizamos también para ellos. Fundándonos
-en la afirmación de unos cuantos casos, afirmamos que lo que en ellos
-hemos constatado es la expresión de una ley general.
-
-La generalización por inducción se distingue de la generalización por
-simple enumeración, en que ésta es el resultado del recuento de todos
-los casos particulares comprendidos en la afirmación general; mientras
-que la inducción se funda sólo en algunos casos y a veces en uno solo.
-
-Pero, ¿cómo es posible que lo constatado en uno o en varios casos se
-pueda afirmar de todos los individuos comprendidos en el género? Y
-sobre todo ¿cómo distinguir los casos particulares que expresan lo
-general de aquellos que no lo hacen? Porque no siempre lo particular es
-prueba de lo general.
-
-Si un balazo atraviesa el corazón de Juan y muere, este hecho
-particular es una prueba de la afirmación general de que los hombres
-mueren si una bala les atraviesa el corazón. Pero, si bañándose
-Juan muere ahogado en el río, este hecho particular no probaría la
-afirmación general de que los hombres que se bañan en el río mueren
-ahogados. ¿Por qué en un caso el hecho particular verifica la verdad de
-la idea general y en el otro no? ¿Cuál es el fundamento de la inducción?
-
-La respuesta es fácil. En el primer caso afirmamos que la muerte de
-Juan prueba que en el mismo caso los demás hombres morirían porque la
-herida que sufrió en el corazón es la _causa_ de la muerte. En cambio,
-en el segundo caso, no podemos decir que los hombres que se bañan en el
-río han de morir ahogados, porque la _causa_ de la muerte de Juan no es
-el hecho de que se haya bañado en el río sino la de que no sabía nadar
-y no hubo nadie que pudiera auxiliarlo. En cambio el conocimiento de
-esta causa nos permitiría generalizar y afirmar que los que no saben
-nadar y no tienen quiénes los auxilien, en las mismas circunstancias,
-morirán ahogados.
-
-Así es como el conocimiento de la causa del hecho particular es lo
-que nos permite generalizar. Y debemos decir, por lo tanto, que el
-fundamento de la generalización es la determinación de la causa de un
-hecho.
-
-Pero con esto sólo hacemos una constatación, y es la de que la
-inducción la fundamos en el conocimiento de la causa de los hechos
-particulares. Pero una cosa es lo que hacemos y otra cosa es la
-legitimidad de lo que hacemos. Inducimos fundándonos en el conocimiento
-de la causa de los hechos; pero, ¿con qué derecho lo hacemos?
-
-He ahí el problema de la legitimidad de la inducción.
-
-Este problema es insoluble para el dogmatismo. A pesar de las pruebas
-de ingenio que se han dado en este sentido, de nada han valido las
-proezas realizadas para fundar la legitimidad de la inducción. Y sin
-embargo nada más fácil de legitimar cuando se tiene en cuenta el
-sentido pragmático de los términos en el razonamiento. Se legitima
-por la identidad de los términos sustituídos cuando se sustituye a lo
-particular lo general. Veamos cómo puede ser esto.
-
-Cuando afirmo en general lo que he constatado como causa del hecho
-particular, no digo nada nuevo, digo lo mismo de lo mismo. En la
-comprobación de la muerte de Juan a causa de la herida sufrida en el
-corazón, hago más y hago menos que comprobar la causa de la muerte
-de Juan. Hago menos en este sentido, de que no constato la causa
-de la muerte de Juan en toda la complejidad del concepto dogmático
-de Juan. La muerte del Juan cuya causa constato, no es la del Juan
-padre de familia, o del Juan persona honesta, o del Juan versado en
-conocimientos astronómicos, sino simplemente del Juan cuyo sistema
-circulatorio depende de la integridad de su corazón. El Juan de cuya
-muerte constato la causa es el Juan organismo vital con un sistema
-circulatorio determinado. Y en la constatación de la muerte de Juan
-hago más que constatar la causa de su muerte, porque afirmo la causa
-de la destrucción de los organismos construídos sobre el tipo del que
-él presenta. No es la causa de la destrucción del organismo de Juan
-en cuanto es de Juan, sino la destrucción de un organismo de un tipo
-determinado. Ahora bien; cuando generalizamos procedemos de la misma
-manera al referirnos a los demás hombres. Al decir que los demás
-hombres morirán si se les hiere en el corazón, no pensamos ni en la
-extensión del concepto hombre, ni en todas sus diversas características
-que determinan su comprensión. No es al hombre en cuanto racional que
-se generaliza, no es al hombre en cuanto animal que prepara su comida,
-que pensamos, sino al hombre organismo de tal tipo. Ahora bien; como
-en la comprobación de la muerte de Juan sólo hemos visto al organismo
-de tal tipo, al afirmar en general no hacemos sino decir lo que hemos
-constatado en particular, es decir, que el organismo de tal tipo muere
-si se le hiere en el corazón.
-
-Así es como el principio de identidad es el fundamento que legitima
-la inducción, de la misma manera que legitima las otras formas del
-razonamiento. Por eso hemos dicho, al ocuparnos del razonamiento
-crítico, que éste es único en sus tres formas: matemática, inductiva y
-deductiva. Razonar es sustituir términos idénticos. En el razonamiento
-matemático la identidad se manifiesta en la igualdad de los términos;
-en el razonamiento deductivo aparece oculta en la subordinación de la
-especie al género; en el razonamiento inductivo hay que desentrañarla
-en la determinación de la causa.
-
-La determinación de la causa justifica, pues, la inducción en cuanto
-permite fundarla en el principio de identidad.
-
-La determinación de la causa es así fundamental para legitimar la
-inducción. Y la legitimidad de la inducción supone en consecuencia la
-posibilidad de determinar la causa. Si no se pudiesen determinar las
-causas de las cosas, la inducción no sería posible, y no podríamos
-aceptar las generalizaciones fundadas en ella, es decir, casi todas las
-leyes de la naturaleza.
-
-De ahí la importancia que tiene para la ciencia la discusión acerca de
-la existencia de las causas y de la posibilidad de determinarla.
-
-
-III.--LA CAUSA COMO PRINCIPIO CRÍTICO
-
-Causa, en lenguaje corriente, es una cosa o un hecho cuya presencia o
-ausencia impone la presencia o ausencia de otra cosa o hecho que se
-llama efecto. La idea de causa implica la de acción o eficiencia de la
-causa sobre el efecto. Pero la noción de causa no es sensible. Vemos
-sucesiones; mas no la acción del antecedente sobre el consecuente.
-La noción de causa tampoco es inteligible. Tiene contradicciones
-intrínsecas que no es posible resolver. La causa es un concepto
-relativo. No se concibe la causa sin efecto. Pero si es relativa le
-está en cierta manera subordinada, y en este caso ¿cómo hablar de
-dependencia del efecto a la causa? Por otra parte la causa no se puede
-concebir ni como anterior ni como coetánea del efecto. Si desapareciera
-antes de producirse el efecto, no existiría la acción de la causa sobre
-el efecto; pero, si fueran coetáneos, ¿cómo determinar la causa?;
-¿quién sería el que acciona a quién?
-
-La afirmación del concepto de causa, como concepto real, ofrece
-obstáculos al parecer insuperables, y las ciencias, a fin de no cargar
-con concepto tan difícil de justificar, tienden a eliminar su uso y
-a sustituirlo por otros que, desempeñando las mismas funciones, no
-presenten tan graves dificultades. Y así es como renunciando a la
-investigación de las causas primeras de las cosas, ven un sustitutivo
-en los conceptos de función y energía.[22]
-
-La noción de causa como concepto real, es difícil de defender, y si
-la lógica inductiva tuviese que esperar que terminaran las disputas a
-que ha dado lugar su aceptación, para poder constituirse, deberíamos
-decir con S. Mill que sería de desesperar el poder adoptar una buena
-teoría de la inducción. Salvo que dijéramos, también con Mill, que
-afortunadamente la ciencia de la investigación de la Verdad por la
-vía de la Prueba, es independiente de las controversias que perturban
-la ciencia del espíritu humano, y que no es necesario proseguir el
-análisis de los fenómenos intelectuales hasta ese último límite que
-sólo puede contentar a un metafísico.
-
-Pero no creo que sea necesario cortar la dificultad como lo hace Mill
-a la manera de Alejandro el nudo gordiano. La noción de causa como
-concepto real ofrece evidentemente dificultades insuperables. Pero creo
-que procediendo pragmáticamente se puede orillar la dificultad en la
-teoría de la inducción. Y para esto tenemos que hacer una distinción
-análoga a la que hicimos al considerar los principios generales de
-todo razonamiento, los de identidad y de contradicción. En éstos
-distinguimos el principio crítico del concepto real. Y en la causa
-tenemos que hacer igual distinción. Una cosa es el concepto metafísico
-de la causa realizada en los objetos y otra cosa es el principio
-crítico fundamento de la inducción.
-
-La causa como principio crítico es la necesidad subjetiva de afirmar
-la relación de causalidad entre dos fenómenos, necesidad que se funda
-en el postulado del determinismo universal por una parte y en la
-imposibilidad por la otra de referir la producción del fenómeno a otro
-antecedente que no sea el que calificamos de causa. Como principio
-crítico sólo tiene valor subjetivo, a diferencia del concepto real que
-afirma la existencia de la correlación. Como principio crítico tiene
-sólo un valor instrumental. Y este valor dependerá de su eficacia.
-La afirmación de la causa tiene el mismo valor instrumental que la
-afirmación de la identidad y de la contradicción en los razonamientos.
-Estos, como conceptos reales, ofrecen los mismos inconvenientes. Lo
-sensible no ofrece ejemplos ni de identidades ni de contradicciones,
-e inteligiblemente son también inconcebibles; pero tienen valor
-instrumental, y en este sentido son eficaces, y por eso los afirmamos.
-Esto que para nosotros los escépticos no presenta dificultades,
-naturalmente no puede ser admitido por un dogmático.
-
-La noción de causa, como la de identidad y de contradicción, vale como
-principio crítico; pero a diferencia de aquellos principios que se
-afirman intuitivamente, la noción de causa supone una inferencia. La
-necesidad en que se encuentra el espíritu humano de afirmar la relación
-causal entre dos fenómenos, proviene de la imposibilidad de explicar
-en otra forma la sucesión o la coexistencia entre ellos. La relación
-causal no está dada en la observación, a diferencia de la identidad y
-de la contradicción. La contradicción de que un negro sea blanco es
-intuitiva, como lo es la identidad del color de las diversas partes de
-una pared blanca. Pero la constatación de una relación causal nunca
-puede resultar de la intuición sensible. La relación causal no es
-perceptible. Es imposible ver la acción de una cosa sobre la otra: “por
-ejemplo, la acción de una billa sobre la otra; la acción de la luna
-sobre el mar. Hume lo ha demostrado, y nadie lo ha contradicho. Así,
-pues, la observación no puede constatar la causa; aunque tuviéramos los
-ojos de Argos o microscopios que aumentaran un millón de veces, no se
-vería a este respecto más de lo que vemos” (Rabier).
-
-La afirmación causal es el producto de una inferencia. Si dos hechos
-se suceden de modo que la aparición de uno determina la del otro y
-no viceversa, y si entre ellos no se interponen otros hechos u otras
-cosas, sentimos la necesidad de afirmar la relación causal, la que se
-funda así: 1.ᵒ en la existencia de un presupuesto: el de que los hechos
-no se producen sin causa; y 2.ᵒ en una constatación: la de que no
-existen otros antecedentes que el que se afirma como causa.
-
-La noción de causa como principio crítico sólo afirma un estado
-subjetivo, lo mismo que el principio de identidad y de contradicción.
-Pero, a diferencia, de éstos, que se fundan intuitivamente, la
-noción de causa supone una inferencia que la afirme, fundada en un
-postulado invariable que es el principio de causalidad o determinismo
-universal, y en una constatación de hecho, la de la ausencia de otros
-antecedentes, es decir la coincidencia solitaria de la causa con el
-efecto. El valor de la afirmación de una causa depende, por lo tanto,
-del valor del postulado y de la legitimidad de la constatación.
-Veamos, pues, el valor del principio de la casualidad primero, y luego
-determinemos la manera de proceder para establecer la coincidencia
-solitaria entre los dos fenómenos.
-
-
-IV.--EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD COMO POSTULADO DE LA INFERENCIA CAUSAL
-
-El determinismo universal es un postulado crítico, un principio del
-razonamiento real, como el principio de identidad y el de contradicción
-lo son de todo razonamiento, tanto real como ideal. La ciencia de lo
-real no sería posible si se negara el principio de causalidad, porque
-este es el fundamento de la afirmación de la causa, y la determinación
-de la causa es el fundamento de la inducción. Renunciar a él sería
-renunciar a la crítica científica en materia de conocimientos reales y
-afirmar el derecho a la arbitrariedad.
-
-Esa es su función lógica. Tiene, además, una función psicológica:
-es uno de los fundamentos y el que da direcciones principales a la
-curiosidad humana. La creencia de que todas las cosas tienen una
-causa es lo que impulsa el pensamiento del hombre. A ella obedece
-inconscientemente el salvaje, cuando supone un genio en cada objeto
-para explicar sus cambios y movimientos. El conocimiento de ciertas
-fuerzas naturales y la reducción consiguiente de los fenómenos, limita
-la intervención de los espíritus y nace el politeísmo. La concepción
-de la posibilidad de un principio universal de la naturaleza, evita la
-necesidad de la diversidad de dioses para su explicación y la noción
-de Dios se conserva como la de un primer motor, en la argumentación
-de los teístas contra los sabios materialistas que aun no han podido
-determinar la causa primera que podría suplirlo. Y lo mismo que en
-esta dirección general de la ciencia, en las cuestiones particulares
-siempre es el sentimiento del determinismo, de la creencia en la
-existencia de una causa, lo que impulsa las investigaciones.
-
-La función de este principio es así enorme en las ciencias. Para
-nosotros los escépticos es un postulado, como lo son los principios
-de identidad y de contradicción. Y la legitimidad de su afirmación
-resulta de su valor instrumental. La ciencia lo exige, y la utilidad de
-la ciencia para el hombre es lo que en definitiva le da razón de ser.
-La utilidad de la ciencia justifica así el principio en que ella se
-funda y determina a su vez los límites de su legitimidad. La ciencia
-ha demostrado su utilidad en la explicación de nuestra experiencia,
-y dentro de este límite, en consecuencia, el principio de causalidad
-se justifica; pero, si pretendiera franquearlo, nuestro escepticismo
-tendría que detenerlo. Su legitimación en el campo de la metafísica
-requeriría la previa determinación de la utilidad de las soluciones que
-hubiese permitido alcanzar.
-
-La aceptación del carácter axiomático o de presupuesto con que
-podemos afirmarlo los escépticos, no es compatible con el punto de
-vista dogmático, porque ese principio no tiene los caracteres de las
-verdades axiomáticas, ni siquiera la evidencia requerida para poder
-afirmarlo como postulado. De no probarse la verdad del principio,
-habría que afirmar su carácter hipotético; pero esto sería dar razón al
-escepticismo, ya que ese carácter hipotético se extendería a toda la
-ciencia de lo real, que no podría tener más valor que el que tiene su
-fundamento. Por eso es que los dogmáticos se han esforzado en fundar
-la legitimidad del principio de causalidad universal; pero sólo han
-conseguido dar explicaciones psicológicas. Los empiristas pretenden
-que el fundamento del principio está en la experiencia. Pero es fácil
-demostrar que la experiencia nunca nos ha puesto en presencia de la
-_necesidad_ que implica el principio de causalidad. Hume lo ha probado.
-La experiencia sólo nos presenta sucesiones; pero no da cuenta de la
-necesidad de la sucesión. Empíricamente, sólo se puede explicar el
-sentimiento de espera del efecto, por la costumbre de ver unidos los
-dos fenómenos. Pero esa costumbre, como lo ha demostrado Kant, no puede
-justificar la seguridad de la espera. De que siempre un fenómeno haya
-seguido a otro, no se puede concluir que siempre lo tenga que seguir.
-Por eso Kant pretende justificar el principio en otra forma. También
-buscan los empiristas un fundamento genético; pero no en la materia
-de la experiencia sino en la constitución del espíritu humano. El
-principio de causalidad es un principio a priori del entendimiento.
-Forma parte de la constitución mental, y en consecuencia no se
-puede hacer de menos que ver las cosas a través de esta categoría
-fundamental. Pero la explicación de Kant no sólo no justifica el
-valor objetivo del principio sino que para no postular el principio
-de causalidad tiene que postular la constitución del espíritu humano.
-Es querer desalojar una hipótesis con otra hipótesis, y sustituir a
-una dificultad otra mayor. Como lo dice Rabier, en la exposición clara
-e interesante que hace de esta cuestión, sólo el idealismo absoluto
-podría dar certeza dogmática a este principio; pero ¿en dónde estarían
-las pruebas del idealismo absoluto?
-
-Las dificultades con que tropieza el dogmatismo para querer fundar el
-principio de causalidad, no lo son para el escéptico. Este se atiene
-a sus propias fuerzas y no pretende sobrepasarse. Sabe que la certeza
-está fuera de nuestro alcance y modestamente se satisface con aquello
-a que nuestras fuerzas llegan. La verdad dogmática nos está vedada,
-y se resigna a conseguir conocimientos útiles para la dirección de
-nuestra conducta. El principio de causalidad ha hecho sus armas y la
-utilidad de su aplicación en la investigación científica es fundamento
-suficiente para que le reconozcamos en su carácter de principio
-director de la ciencia. Tiene toda la verdad que nuestro escepticismo
-reconoce: su utilidad repetidamente constatada y jamás desmentida en la
-dirección de la crítica y de la investigación científica.
-
-Pragmáticamente el principio de causalidad se legitima por su valor
-instrumental, y se justifica en definitiva por el valor de la ciencia
-para la dirección de la conducta. Tal es el fundamento de la base
-invariable en que se funda la determinación de la causa. Pasemos a
-considerar la manera como se determina la segunda base de la inferencia
-de la causa: la determinación de la coincidencia solitaria entre el
-antecedente y el consecuente.
-
-
-V.--LA CONSTATACIÓN DE LA COINCIDENCIA SOLITARIA COMO BASE EXPERIMENTAL
-DE LA INFERENCIA CAUSAL
-
-La segunda condición para poder inferir una relación de causalidad en
-la sucesión o coincidencia de dos fenómenos es la imposibilidad de
-que el efecto tenga otro antecedente. Pero, ¿cómo se puede fundar la
-coincidencia solitaria entre los dos fenómenos?
-
-Si los fenómenos, dice Rabier, se presentaran en una sucesión lineal,
-siguiendo cada secuente a un solo antecedente, la relación de
-causalidad resultaría de esa coincidencia solitaria. Pero es el caso
-de que en la experiencia la sucesión de los fenómenos nunca se nos
-aparece así. Suelen aparecer antecedentes y consecuentes confundidos en
-masas conjuntas, sin que podamos decir en qué relación individual se
-encuentran unos con otros.
-
-A pesar de esto, dice también Rabier, sería con todo posible realizar
-experimentalmente la coincidencia solitaria, si siendo todopoderosos
-como el Creador, nos fuese posible realizar en algún rincón del
-universo una especie de vacío absoluto impenetrable a toda influencia
-de las partes adjuntas a los fenómenos: podríamos excluir todos los
-antecedentes a los que no siguiera la aparición del fenómeno; pues, en
-ese caso habríamos realizado la coincidencia solitaria.
-
-Pero esto tampoco es posible realizarlo. La realización experimental
-de la coincidencia solitaria es imposible. No es posible aislar todos
-los antecedentes y todos los consecuentes. Hay antecedentes variables
-que es posible excluir; pero, hay antecedentes invariables que no es
-posible modificar, ni excluir. Y entre estos antecedentes invariables
-algunos son causas permanentes, otros son simplemente efectos de la
-coligación de causas, otros son efectos de la misma causa que produjo
-al consecuente, y por último entre esos antecedentes suele haber causas
-concurrentes del consecuente.
-
-No es mi propósito hacer una exposición de la lógica inductiva que
-no tendría razón de ser, ya que nada tengo que agregar y muy poco
-que rectificar a lo que S. Mill ha expuesto en su tratado de Lógica.
-No tengo más propósito que hacer resaltar su sentido, que no siempre
-aparece suficientemente definido, y sobre todo indicar la posición
-que ocupa en la teoría de la ciencia que he expuesto en artículos
-anteriores de esta Revista. Dado mi propósito es hasta conveniente que
-no me detenga en los detalles y de que pase superficialmente una mirada
-de conjunto sobre el asunto que voy considerando. Por eso en este lugar
-me refiero al interesante capítulo de S. Mill sobre la determinación
-de las causas. Aquí me reduzco a afirmar la imposibilidad de realizar
-experimentalmente la coincidencia solitaria.
-
-No es posible realizar experimentalmente la coincidencia solitaria.
-¿Quiere esto decir que la determinación de las causas de las cosas
-no sea posible? Esa sería la solución a que deberíamos llegar si
-el espíritu humano no hubiera encontrado el medio de salvar esa
-imposibilidad. Ha sido gloria de Bacon encontrarlo: “Cierto es que no
-es posible ni separar ni unir por el fuego de la naturaleza; pero, sí
-lo es con la mente que es como fuego divino”. No es posible excluir los
-antecedentes experimentalmente; pero, la fuerza de la lógica lo puede
-realizar. La coincidencia solitaria se determina idealmente.
-
-¿Pero, como se ha podido alcanzar ese resultado? ¿Cómo es posible
-realizar idealmente lo que no se puede hacer experimentalmente? Ese
-resultado se alcanza por medio de los llamados métodos experimentales
-para determinar la causa, que concebidos por Bacon, han sido
-definitivamente determinados por S. Mill.
-
-Estos métodos son cinco: el de concordancia, el de diferencia, el
-método combinado de concordancia y diferencia, el de resíduo y el de
-variaciones concomitantes.
-
-La aplicación de estos métodos supone la previa determinación de los
-antecedentes y de los secuentes. Se basa en las tablas de presencia y
-de ausencia. Cuando se trata de determinar la causa de un fenómeno,
-hay que empezar por observar las condiciones de su producción y anotar
-cuidadosamente todos los antecedentes. Y de la misma manera respecto
-de los diversos antecedentes, observar y anotar los consecuentes. Esas
-observaciones permiten determinar los casos de presencia y de ausencia
-de los diversos antecedentes y de los diversos consecuentes.
-
-Hechas esas tablas es posible ver en ellas por la aplicación de los
-métodos experimentales la coincidencia solitaria. Lo que no se podía
-realizar experimentalmente, es decir, la separación de los antecedentes
-y secuentes, se puede conseguir idealmente, eliminando los antecedentes
-que en las tablas de presencia, muestran que pueden estar ausentes o no
-variar, cuando el fenómeno secuente existe o varía, o bien, que pueden
-haber estado presentes o variado cuando el fenómeno no se ha producido
-o no ha variado. En cualquiera de esos casos se vé evidentemente la
-falta de coincidencia entre los fenómenos, y en consecuencia, quedan
-eliminados.
-
-Ahora bien; si en ese proceso eliminatorio resulta un antecedente
-que no se puede eliminar, que siempre ha estado presente cuando el
-fenómeno se ha producido y que ha estado ausente en los casos en que
-el secuente no ha existido, se dice que la concordancia de ausencia y
-de presencia demuestra que ese es el único antecedente que puede ser
-causa del fenómeno secuente. Taine trae el siguiente ejemplo: Se trata
-de determinar la causa del sonido. Se observa los casos en que un oído
-normal percibe sonidos. El sonido puede producirse con una campana,
-con una cuerda que se hace vibrar, con un tambor que se golpea, con un
-clarín en el que se sopla, con la boca y los pulmones en la voz humana.
-En esas diversas observaciones lo único que permanece constante es
-la vibración de un cuerpo sonoro que se propaga a través de un medio
-hasta llegar al aparato auditivo. Esta vibración transmitida es el
-antecedente buscado.
-
-Por el método de diferencia se llega al mismo resultado procediendo
-no, como en el método anterior, por eliminación sucesiva de los
-antecedentes no causales, sino por eliminación conjunta de todos los
-antecedentes no causales, de la siguiente manera: Se observa que todos
-los antecedentes que existían antes de producirse el fenómeno siguen
-subsistiendo en el momento de su producción, excepción hecha de uno
-que se ha agregado o que se ha quitado. Si los antecedentes presentes
-en el momento de la aparición del fenómeno existieron con anterioridad
-sin producirlo, demuestra esto, que no son la causa del fenómeno, y
-eliminados solo queda como antecedente solitario el fenómeno agregado
-o suprimido. Por ejemplo el que camina tranquilamente por la calle y
-cae muerto por un balazo, la coincidencia solitaria entre la muerte y
-el balazo resulta de la consideración de que todos los antecedentes que
-acompañaron al balazo, existían el segundo anterior en que se produjese
-el hecho, y que en consecuencia no pueden haber sido la causa de la
-muerte, puesto que en ese segundo anterior no la habían producido.
-
-Los otros métodos, el combinado de concordancia y diferencia, el de
-variaciones concomitantes, y el de residuos, son simples aplicaciones
-de los principios de estos dos métodos. El método combinado es la
-realización del principio del de diferencia por la doble aplicación del
-método de concordancia a los casos positivos y negativos. Si en todos
-las reuniones en que interviene Juan siempre hay discusiones violentas,
-variando la composición de las personas, por una primera concordancia
-Juan aparece como el antecedente invariable. Una segunda concordancia
-de la que resultara que todas esas personas han intervenido en
-otras reuniones sin que haya habido discusiones violentas, en las
-que Juan no ha estado, permitiría concluir, realizando el principio
-del método de diferencia, que la única diferencia entre todos esos
-casos está en la presencia o la ausencia de Juan. El método de
-variaciones concomitantes, no es más que una modalidad de los métodos
-de concordancia y de diferencia. La modalidad consiste en que la
-concordancia y la diferencia se determinan, no en la presencia y
-ausencia de los fenómenos, sino en la concomitancia de sus variaciones.
-Todo cuerpo tiene calor. La dilatación de los cuerpos por el calor no
-se podría determinar si hubiese de compararse la dilatación en cuerpos
-que tienen y en cuerpos que no tienen calor. Pero, se puede observar
-la influencia del aumento y de la disminución de la temperatura en
-la dilatación de los cuerpos. El método de residuos no es más que la
-aplicación del principio del de diferencia. Es la eliminación de los
-antecedentes cuyos efectos se conocen, y la atribución de un efecto
-dado, al único antecedente que queda y cuyos efectos no se conocen.
-Si hay objetos construídos por cuatro obreros y puedo individualizar
-los objetos construídos por tres de ellos, los demás son los que ha
-construído el cuarto obrero.
-
-Estos diversos métodos suponen, si son la aplicación del principio de
-concordancia, que se han podido determinar todos los antecedentes.
-Porque si no se hubiesen determinado todos los antecedentes, podría
-ser que el antecedente no considerado fuera la causa del fenómeno, y
-que la relación invariable que se ha constatado entre los fenómenos
-fuera debida simplemente a que son efectos de una misma causa o bien
-el resultado de la coligación primitiva de sus causas. El día y la
-noche son efectos de una misma causa: el movimiento de la tierra. El
-ignorante que prescinde de este antecedente podría ver en la sucesión
-del día a la noche una relación de causalidad. La coligación de causas
-primitivas podría ser la razón de que los negros sean motudos. La
-convicción íntima de que no conocemos todos los antecedentes que pueden
-influir en la producción de esos caracteres somáticos, a pesar de la
-invariabilidad de la relación, nos impide afirmar de que entre ellos
-pueda haber relación de causalidad.
-
-Y si son la aplicación del principio del método de diferencia los
-diversos métodos suponen la imposibilidad de que con la introducción
-o la exclusión del antecedente considerado, no se haya introducido
-o excluído otro antecedente. Para poder afirmar que la causa de la
-muerte del transeunte ha sido el balazo que lo ha herido, sería
-necesario poder afirmar con toda seguridad de que en el momento en que
-la bala iba a entrar en el corazón no sufrió un ataque de apoplejía.
-La ignorancia del peso del aire, dice Rabier, había hecho explicar la
-ascensión del agua en las bombas por el horror al vacío.
-
-Ahora bien; no es posible tener la seguridad que los principios de esos
-métodos exige. No es posible tener la seguridad en el caso del método
-de concordancia, de haber tenido en cuenta todos los antecedentes del
-fenómeno. Y en el caso del método de diferencia no es posible tener la
-seguridad absoluta de que con el antecedente considerado no se haya
-agregado o suprimido inconscientemente, algún otro antecedente, como en
-el caso de la explicación de la ascensión del agua en las bombas.
-
-Y he ahí una nueva razón de dudar del valor dogmático de las
-generalizaciones mejor fundadas. Suponiendo resueltas las objeciones
-que se refieren al fundamento de la inducción tropezaríamos en esta
-consideración con una objeción insalvable, y de proceder dogmáticamente
-tendríamos que negar valor a la ciencia de lo real, a la única ciencia
-que puede tener valor propio.
-
-Pero siendo escépticos podemos aceptar los fundamentos psicológicos
-que se dan para salvar la dificultad. La repetición de la experiencia
-un número suficiente de veces llega a eliminar la _probabilidad_ de
-que pueda existir otro antecedente, además de los considerados, por lo
-que se refiere al método de concordancia, y la improbabilidad de que
-hayan intervenido otros antecedentes con el considerado en el método de
-diferencia cuando se toman ciertas precauciones en las experiencias.
-Por ejemplo en la muerte por asfixia de un pájaro colocado en una
-campana de vidrio, la rapidez de la introducción del gas venenoso en
-la experiencia, aleja la sospecha de que pueda haber intervenido otro
-antecedente en la muerte del animal.
-
-La determinación de la coincidencia solitaria que ha de permitir
-la inferencia de la causa, no tiene, pues, más fundamento que la
-_probabilidad_, concepto puramente subjetivo que a un espíritu
-dogmático consecuente tendría que llevarlo a la negación de la ciencia.
-
-Pero no es esta la única dificultad para la determinación de las causas
-de los fenómenos. Hasta ahora hemos supuesto el caso de fenómenos cuya
-causa es única; pero esto no es lo común. Lo corriente es el caso
-de pluralidad de causas. Y cuando esto sucede no siempre es posible
-la aplicación de los métodos anteriormente mencionados, y cuando es
-posible su aplicación requiere precauciones especiales.
-
-Cuando un fenómeno es producido por diversas causas, para saber si los
-métodos empíricos son aplicables hay que distinguir el caso de causas
-que producen separadamente sus efectos de aquellos en que se combinan
-para producirlos. Un ejemplo de lo primero sería la determinación de
-las causas de la producción del agua.
-
-La determinación de las causas cuando obran separadamente es
-relativamente sencilla. Se aplican los métodos anteriormente indicados.
-Se hace la comprobación para cada una de las causas como si fueran
-causas únicas en grupos de fenómenos en que no intervengan las
-otras causas. O bien se hace en el curso de observaciones en que
-desfilen todas las causas. Resultará en este segundo caso que nunca
-se encontrará en las observaciones el antecedente invariable, porque
-todas las causas pueden faltar sucesivamente, siempre que alguna de
-ellas esté presente. Pero, con todo, después de cierto número de
-observaciones, se encontrará que si bien todos los antecedentes pueden
-variar, sólo pueden variar dentro de ciertos límites: el fenómeno no se
-produce si faltan todos los de cierto grupo de antecedentes. Si alguno
-de ellos existe se produce el fenómeno, aunque falten los demás; pero,
-si todos faltan, el fenómeno no se produce.
-
-Mas complicado es determinar las causas cuando éstas se combinan
-para producir el efecto. Se pueden presentar dos casos. O las causas
-se combinan en forma tal que el efecto es algo nuevo, completamente
-distinto de sus causas: un nuevo fenómeno con leyes propias, como
-sucede en la combinación del oxígeno y del hidrógeno para producir
-el agua; o bien es algo en que la individualidad de las causas no
-desaparece, y en el producto en consecuencia sigue subsistiendo la ley
-de sus causas, por ejemplo el movimiento combinado de dos fuerzas.
-
-No es mi propósito hacer la exposición de la lógica inductiva, como
-ya lo he dicho, sino determinar su sentido y exponer sus líneas más
-generales para facilitar la lectura de los tratados. Por eso me
-reduciré en este punto a llamar la atención sobre las indicaciones que
-en esas lecturas se encontrarán respecto a la manera como se determina
-las causas.
-
-Cuando se trata de determinar las causas que producen efectos que son
-fenómenos distintos a sus causas, hay que distinguir si el fenómeno
-es reversible a sus causas o no lo es. El agua es reversible a sus
-elementos. La vejez no es reversible a las causas que la han producido.
-Si las causas son reversibles, la determinación de las causas se reduce
-a la determinación de los efectos. Los efectos de oxidación del hierro
-por el agua permiten la separación de los elementos constitutivos del
-agua. Pero, si no son reversibles, la determinación de sus causas
-es más difícil. Para hacerlo hay que proceder como en el caso de la
-combinación de causas en el que éstas no pierden su individualidad: Las
-causas de la vejez se determinan por el mismo procedimiento que las
-causas de un movimiento combinado.
-
-Ahora bien; en estos últimos casos se procede de la siguiente manera.
-Si se sospecha que las causas de un fenómeno pueden ser tales o cuales,
-se formula la hipótesis de sus causas, y luego se procede: 1.ᵒ, a
-determinar los efectos de cada una de esas causas; 2.ᵒ, a calcular el
-efecto posible de la combinación; 3.ᵒ, a la verificación experimental
-del cálculo. Son los tres momentos de lo que se llama el método
-deductivo experimental, y que es el más corriente en las ciencias, y el
-único aplicable en ciertos ramos del conocimiento humano. Es el método
-obligado en las ciencias biológicas, psíquicas y sociales.
-
-Naturalmente, la determinación de las causas por estos diversos métodos
-de uso obligado cuando se trata de pluralidad de causas, está lejos
-de presentar la seguridad que ofrecen los métodos experimentales que
-determinan las causas únicas. Por eso para juzgar del valor de las
-generalizaciones fundadas en la aplicación de los métodos inductivos
-tenemos que referirlo al de sus métodos más precisos.
-
-Ahora bien; de todo lo dicho, podemos concluir que si fuera posible
-la aplicación lógica de los principios a que responden los diversos
-métodos experimentales, la determinación de la coincidencia solitaria
-sería perfecta; pero, como de hecho nunca se puede tener la seguridad,
-en los casos en que se aplica el método de concordancia, de haber
-considerado todos los antecedentes, la fe que se puede tener en los
-resultados de su aplicación queda quebrantada. Y por lo que se refiere
-a la aplicación del método de diferencia, no se puede eliminar la
-imposibilidad de la introducción o extracción de otros elementos
-conjuntamente con la causa considerada.
-
-Nuestro escepticismo vuelve, pues, a encontrar nuevos motivos de
-duda, y un dogmático no podría dejar de reconocer que la fe concedida
-al resultado de los métodos experimentales se funda más en motivos
-psicológicos que en fundamentos lógicos.
-
-Y con esto podríamos dar por terminada la exposición de la lógica
-inductiva, refiriéndonos para el conocimiento de sus detalles a la obra
-fundamental de S. Mill; pero habríamos dejado de considerar uno de sus
-aspectos más interesantes: el de las generalizaciones inductivas que
-suponen la ignorancia de las causas de los hechos particulares que las
-fundan; me refiero a la teoría de las leyes empíricas no causales, las
-leyes empíricas propiamente dichas.
-
-
-VI.--LEYES EMPÍRICAS
-
-Las leyes empíricas son, como las leyes causales, generalizaciones
-inductivas; pero se distinguen de éstas en que no se fundan en el
-conocimiento de la causa de los hechos, sino en su suposición.
-
-A las leyes empíricas se las suele definir diciendo que son aquéllas
-leyes que no se dejan reducir a otras; pero, que se suponen reductibles.
-
-Esa definición de las leyes empíricas tiene en vista no la
-verificación, sino la explicación de esas leyes. Sabemos que no es lo
-mismo verificar que explicar. Para un hecho concreto, explicarlo es
-reducirlo a su ley. Lo que explica la temperatura de 100° que tiene el
-vapor de agua que sale de la cacerola, es la ley de la ebullición del
-agua a la presión de la altura del mar. De la misma manera explicar una
-ley es reducir esa ley a una ley más general. La ley de la gravedad
-terrestre no es más que un caso de la ley de la atracción universal.
-Esta explica a la primera.
-
-Las leyes primitivas, las que explican a las otras, no pueden ser
-explicadas por otras; pero, como no son reductibles, no se les llama
-empíricas. Se llaman empíricas las que no son reductibles; pero que se
-supone que han de llegar a serlo.
-
-Ahora bien; entre esas leyes empíricas hay algunas que son causales,
-por ejemplo la fórmula de la composición del agua. Es empírica, porque
-suponemos que debe existir una causa que, sirviendo como de eslabón en
-la explicación, exprese el por qué de la combinación del oxígeno y del
-hidrógeno. Pero, con ser empírica esta ley, se afirma universalmente,
-para cualquier tiempo y cualquier lugar, porque hemos determinado la
-relación causal del agua con la combinación de sus elementos. Pero
-existen otras leyes empíricas que no se afirman en el conocimiento de
-las causas, sino simplemente en la observación constantemente repetida.
-Sabemos que las razas animales y vegetales mejoran por cruzamiento;
-pero es una afirmación empírica cuya causa desconocemos. No conociendo
-la causa de los hechos, cuya repetición hemos podido constatar, como no
-nos es posible distinguir, entre los diversos antecedentes que suelen
-acompañar la producción de los fenómenos, cuáles pueden ser excluídos
-y cuáles no, sólo nos permitimos afirmar como ley la observación
-constantemente repetida dentro de las condiciones generales que suelen
-rodear a la experiencia.
-
-Desde el punto de vista de la crítica del conocimiento, no interesa la
-consideración de las leyes empíricas causales, pues reúnen todos los
-requisitos a que debe responder una inducción legítima. Pero no sucede
-lo mismo con las leyes empíricas propiamente dichas, con las que no son
-causales. Cierto es que la generalización la afirmamos dentro de los
-límites de las condiciones en que se han realizado las experiencias;
-pero, aunque sólo se afirmen dentro de esos límites, ¿qué es lo que
-puede legitimar la generalización, si la generalización inductiva
-sólo la hemos podido fundar en el conocimiento de las causas de los
-fenómenos particulares?
-
-
-VII.--FUNDAMENTO Y DETERMINACIÓN DE LAS LEYES EMPÍRICAS
-
-El fundamento de la inducción en las leyes empíricas es el mismo que
-el de las leyes causales: Siempre es la afirmación de la causa lo que
-legitima la generalización; pero, mientras que en las leyes causales
-la causa se designa, en las leyes empíricas la causa se supone. No
-se puede determinar cuál sea la causa; pero se puede afirmar que la
-causa existe. La aplicación de estas leyes es más reducida porque la
-causa no se puede determinar, y por eso se limita la generalización a
-las condiciones de tiempo y de lugar en que las experiencias se han
-realizado; pero, dentro de estos límites, la ley se justifica. Veamos
-cómo.
-
-El fundamento de las leyes empíricas es un fundamento invertido. En
-las leyes causales la afirmación de la regularidad se funda en el
-conocimiento de la causa. En las leyes empíricas, al revés, lo que
-funda la suposición de la causa es la regularidad. El conocimiento de
-la causa permite afirmar la regularidad, porque la relación causal
-implica necesidad. Pero, a su vez, la regularidad tiene que suponer
-una causa que la explique, salvo que se admitiese la intervención del
-azar en la repetición de los hechos. Y por lo tanto, si eliminamos la
-posibilidad del azar en la coincidencia de dos fenómenos, ésta sólo
-se puede explicar por la intervención de una causa. La regularidad
-quedaría fundada, y la generalización, en consecuencia, legitimada. Y
-así es como por la suposición de la causa, constatada en la regularidad
-de la coincidencia, se justifica la inducción de las leyes empíricas.
-La eliminación del azar en la coincidencia de dos fenómenos es lo que
-legitima la generalización de la ley empírica.
-
-Pero, ¿cómo eliminar la posibilidad del azar en la consideración de
-la coincidencia de dos fenómenos? Tal es el problema que plantea el
-fundamento de las leyes empíricas.
-
-Así como la idea de causa implica las de determinación y necesidad, la
-de azar implica la indeterminación y la contingencia. El azar sería la
-indeterminación y la contingencia. El azar sería la indeterminación
-de los fenómenos, la posibilidad de que acaezcan o no. Las cosas
-sucederían al azar si no existiesen más motivos para que sucedieren en
-una forma o en otra.
-
-¿Pero, la idea de azar así comprendida es admisible? La afirmación del
-azar, como concepto real, ha dado lugar a las mismas, sino a mayores
-dificultades, que la afirmación en el mismo sentido de la causa. Así
-como se ha podido negar la existencia de la causa, se puede negar la
-existencia del azar.
-
-Por lo pronto la idea de azar implica la negación del principio de
-causalidad. Pero a su vez la noción de causa exige la de azar sin la
-que no tendría sentido. Si no todas las coincidencias son causales,
-es porque hay algunas que no lo son, es decir, que son producto del
-azar. La afirmación del azar como concepto real ofrece dificultades
-insalvables, y como la noción de causa, y las de identidad y de
-contradicción, consideradas desde este punto de vista, son argumentos
-fundamentales para el escepticismo.[23]
-
-Considerado como principio crítico, el azar es la indeterminación en
-que se encuentra nuestro espíritu para afirmar, debido a la falta de
-motivos. Como la noción de causa es un concepto subjetivo, y es la
-negación de la causa. Expresa la ausencia de motivos para creer en la
-regularidad de la relación que hemos observado entre dos fenómenos. Y
-el fundamento de su afirmación, pragmáticamente, es el mismo que el
-de su concepto correlativo, el de causalidad: su valor instrumental.
-Sin insistir sobre este punto, y determinado el valor exclusivamente
-crítico que atribuímos a este término, veamos cuáles son los
-fundamentos que pueden eliminar o que justifican la eliminación del
-azar, es decir, la indeterminación de nuestro espíritu en presencia de
-una coincidencia constante.
-
-Excluída la determinación de la causa ¿cuál sería el fundamento
-que permitiría afirmar la regularidad? En la experiencia vulgar la
-repetición constante de una relación cuando es repetida y variada, se
-presenta como una prueba de la regularidad; pero estas condiciones no
-son garantías suficientes para un espíritu científico. Si un fenómeno
-existe siempre y otro se produce accidentalmente, es forzoso que
-coincidan constantemente en todas nuestras experiencias. Supongamos el
-ejemplo que da Mill. Las estrellas fijas siempre han coexistido con
-todos los hechos que han realizado los hombres. No hay coincidencia
-más constante, repetida y variada. Sin embargo, es imposible que haya
-entre los hechos y las estrellas relación de causalidad, porque la
-coincidencia se mantiene con hechos contradictorios. Por otra parte,
-si para nosotros una coincidencia es fortuita, no habría más razón,
-para que la coincidencia no se volviera a repetir, como para que se
-repitiera indefinidamente. La coincidencia por constante y repetida que
-sea, por sí sola no justifica la afirmación de una regularidad.
-
-Pero, si no es la repetición de la coincidencia constante lo que
-justifica la afirmación de la regularidad, ¿en qué puede fundarse ésta?
-
-La ciencia no acepta la simple repetición como fundamento de la
-generalización. La coincidencia entre dos fenómenos debe ser tal, que
-la suposición de la causa sea obligada. No basta que la repetición
-sea frecuente, es condición que esa frecuencia sea mayor que la que
-debería _esperarse_ entre ellas. Una repetición constante--lo hemos
-visto en el ejemplo de las estrellas--no es fundamento para afirmar
-una regularidad. En cambio una repetición no constante, pero que sea
-más frecuente de lo que normalmente debería esperarse, puede serlo. En
-Inglaterra llueve con todos los vientos, dice Mill; en este sentido
-no se podría decir que haya relación de necesidad entre la lluvia y
-un viento dado; pero la lluvia puede tener, con todo, alguna relación
-causal con uno de los vientos. Pero, ¿cómo se puede determinarlo?
-Evidentemente, hay que observar si llueve más con un viento que con
-otro; pero, esta simple constatación de la frecuencia no basta. Si
-llueve dos veces más con el viento O. que con los otros vientos,
-esto no querrá decir que hay relación de causalidad entre viento y
-la lluvia, porque como en Inglaterra sopla dos veces más el viento
-O. que los otros vientos, lo normal sería que lloviera dos veces más
-con él que con los otros. Estaría esa relación en los términos de la
-normalidad y en consecuencia no se podría hablar de relación causal
-entre los dos fenómenos. Pero, si en vez de llover dos veces más la
-frecuencia fuera mayor, deberíamos reconocer que hay alguna causa común
-que tiende a producir conjuntamente la lluvia y el viento del O., o
-bien, que sea el viento mismo del O. que tienda a producir la lluvia.
-
-Como vemos, el fundamento de la ley empírica supone la determinación
-de la normalidad de la frecuencia de los fenómenos. La frecuencia
-_normal_ de dos fenómenos no elimina la posibilidad del azar; pero, la
-frecuencia _normal_ nos obliga a suponer la existencia de una causa.
-
-Ahora bien; la normalidad de la coincidencia se refiere a la relación
-de frecuencia entre los fenómenos referida a una unidad de medida.
-En el ejemplo propuesto esa unidad de medida ha sido el año. Se
-observa cuántos días llueve en el año con cada uno de los vientos, y
-se establece la proporción numérica. Luego se hace lo mismo con la
-frecuencia de los diversos vientos. La comparación de esas proporciones
-permite establecer la normalidad.
-
-Pero, ¿por qué es que la _anormalidad_ funda la afirmación de la
-regularidad, y la _normalidad_ es signo de que la repetición no es
-causal? Y con esto llegamos al punto esencial de nuestra exposición, a
-la determinación del fundamento íntimo de las leyes empíricas.
-
-Hemos dicho que el azar supone la indeterminación. Y la indeterminación
-nos impide atribuir más razón de ser a la repetición de un fenómeno
-que a su no repetición. La coincidencia constante es compatible con la
-idea de azar, pues no hay más razón para que una cosa que se produce
-por azar no se vuelva a reproducir, como para que se reproduzca
-indefinidamente. Pero, si esto es así, ¿cómo se puede afirmar que la
-anormalidad de los fenómenos es fundamento de la existencia de una
-causa, y que la anormalidad sea signo del azar? ¿No es contradictorio
-hablar de normalidad a propósito de los hechos que se producen al azar?
-¿Esto no es asignarle leyes al azar? ¿Cómo es posible que el azar se
-manifieste en una forma regular, si el azar supone la negación de toda
-regularidad?
-
-Si hubiéramos de habernos atenido a la concepción dogmática del azar,
-y buscar analíticamente su eliminación, ésta no hubiese sido posible,
-porque habría una contradicción insanable entre el concepto del azar
-y las condiciones que requiere su eliminación. Pero, la experiencia,
-siempre maestra, ha puesto al espíritu humano en presencia de casos
-reales sencillos que se acercan a la realización práctica de la noción
-de azar, y le ha demostrado la regularidad de su funcionamiento,
-permitiéndole descubrir experimentalmente las leyes del azar.
-
-Estos casos reales sencillos son los que presentan los diversos juegos
-de azar. En ellos se ha constatado empíricamente la regularidad de los
-hechos que no tienen más razón de ser en un sentido que en otro. Y por
-la observación se ha llegado a descubrir que la regularidad del azar
-está determinada por su posibilidad. Es por lo tanto la experiencia
-la que ha permitido constatar que lo que no tiene más razón de ser en
-un sentido que en otro, tiende a realizar todas sus posibilidades.
-La posibilidad de que salgan los diversos números en el juego de los
-dados es igual para todos. En consecuencia todos tenderán a salir el
-mismo número de veces. En una ruleta bien construída todos los números
-saldrán el mismo número de veces.
-
-Así, pues, en esos casos sencillos, la experiencia ha demostrado
-que la indeterminación de las causas tiende a realizar todas las
-posibilidades. Pero, en cambio ha enseñado que la presencia de un
-invariante, es decir, una causa, tiende a reproducir una sola de las
-posibilidades. Si el dado ha sido cargado o la ruleta adulterada, uno
-de los números tenderá a salir con más frecuencia que los otros.
-
-Así es, como, fundados en la constatación experimental de casos
-sencillos que parecen realizar todas las condiciones teóricas del
-azar, se ha llegado a afirmar que la tendencia a reproducir todas
-las posibilidades es una prueba de la fortuidad de las diversas
-combinaciones, mientras que la tendencia a reproducir una sola de las
-posibilidades es una prueba de la presencia de una causa invariante.
-
-Tal es el fundamento de la ley empírica en la eliminación del azar.
-
-Veamos ahora como se procede para la determinación de las
-posibilidades, ya que esto es fundamental para determinar la normalidad
-que califica al azar.
-
-En ciertos casos es relativamente fácil determinar las posibilidades.
-Cuando sólo hay dos bolas en una caja, la posibilidad se reduce a
-la de extraer una de las dos bolas. Sólo son posibles dos casos.
-La posibilidad de pronunciar una letra del alfabeto es de 25. La
-posibilidad de que llueva durante un año es de 0 a 365 días. Si, por
-lo tanto, se nota cierta limitación y regularidad en las observaciones
-hechas durante varios años, es que debe haber alguna causa que la
-determina. De la misma manera la posibilidad de la mortalidad de
-personas de 20 años en un país es de 0 al total de individuos de esa
-edad. Por lo tanto, si el número no varía o se nota una correlación
-entre su aumento y el de la mortalidad, se puede decir que hay causas
-invariables que determinan el porcentaje de la mortalidad. Pero, la
-posibilidad de posiciones con relación a una recta son infinitas. En
-este caso cualquier repetición sería anormal. De manera que cuanto más
-nos acerquemos a lo infinito de las posibilidades, la repetición será
-tanto más indicativa de una relación causal. Cuanto mayor sea el número
-de las posibilidades, la repetición de las coincidencias será más
-indicativa de la presencia de una invariante. Y por lo tanto, cuanto
-mayor sea el número de las posibilidades, mayor será la seguridad
-que resulta de la constatación de la regularidad. El que procede con
-grandes números aumenta las posibilidades, y cada repetición tiene más
-valor que cuando las posibilidades son pocas. Que salga tres veces
-seguidas el as, no es prueba de que esté falseado el dado; pero, si
-las observaciones de tres años seguidos en un país de 100 millones de
-habitantes dan la misma cifra de mortalidad, es una prueba de causas
-invariantes.
-
-Hasta aquí nos hemos referido a la determinación de la normalidad de
-un fenómeno por sí mismo; pero la regularidad puede aparecer entre dos
-fenómenos. Por ejemplo la coincidencia entre el viento y la lluvia de
-que antes hemos hablado. La normalidad de las coincidencias se refiere
-siempre a sus posibilidades, y la posibilidad de sus coincidencias la
-determina la multiplicación de sus propias posibilidades. Si llueve
-una vez cada tres días durante el año, y venta del oeste cada dos, la
-posibilidad de su coincidencia la determina la multiplicación de ½ por
-⅓, esto es, ⅙. Por lo tanto si cada seis días coinciden la lluvia y
-el viento del oeste, la coincidencia es normal; pero, si fuera mayor
-tendríamos que concluir en la existencia de una relación causal entre
-el viento del oeste y la lluvia.
-
-Tal es el procedimiento para determinar la normalidad que permite
-fundar las inducciones de las leyes empíricas.
-
-Pero ese procedimiento no sólo tiene ese valor crítico. Al estudiarlo
-S. Mill se refiere a casos en que es un verdadero instrumento de
-investigación. Por él se llega a descubrir la regularidad de causas
-ocultas cuando concurren numerosas causas en la producción de ciertos
-fenómenos. Por ejemplo la influencia constante del sol en la elevación
-de la temperatura estival. Permite también descubrir fenómenos que
-escapan a la observación. Por ejemplo la constatación de la regularidad
-en la diversidad de temperatura durante el día, que sólo se ha podido
-descubrir por medio de las estadísticas.
-
-
-VIII.--APLICACIÓN DE LAS LEYES EMPÍRICAS
-
-Hasta aquí he hablado del _fundamento_ de las leyes empíricas no
-causales. Pasemos a considerar las _previsiones_ que permiten.
-
-Esta distinción entre el fundamento y la aplicación de las leyes
-empíricas no está bien establecida en la obra de S. Mill, y es una de
-las causas que dificultan su lectura en esta parte.
-
-Las leyes causales permiten previsiones absolutas. El conocimiento de
-la causa permite la previsión absoluta del efecto. Pero, en las leyes
-empíricas se ignora la causa. Sólo se sabe que hay una causa, pero sin
-poder determinarla. Se sabe que hay causas que hacen que durante el año
-llueva 90 días; pero, ¿lloverá mañana? La ley se refiere al año, no a
-los días del año.
-
-Si la ley fuera causal, podríamos saberlo porque conociendo la causa,
-la respuesta dependería solamente de la determinación de su presencia
-o de su ausencia. Pero, ¿en qué medida podríamos aprovechar la ley
-empírica para el pronóstico? La ley empírica sólo permite en este
-sentido afirmar probabilidades, y sus aplicaciones se hacen por el
-cálculo de probabilidades.
-
-El cálculo de probabilidades se refiere así, no al fundamento de la
-ley empírica, sino a sus aplicaciones particulares. El cálculo de
-probabilidades sólo puede tener lugar si se conoce la ley. Es necesario
-saber que la ley existe, que el fenómeno se producirá. El cálculo de
-probabilidades puede servir para determinar nuestra indecisión ante
-la falta de precisión de la ley; pero no para fundar la ley, como
-parece querer decirlo S. Mill. La ley empírica de la mortalidad no se
-funda en el cálculo de las probabilidades. El asegurador que necesita
-seguridades y no probabilidades, no basa sus cálculos en éstas, sino
-en la ley empírica que dan las tablas de la mortandad. El dueño de la
-ruleta tampoco va a probabilidades, va a seguro.
-
-El cálculo de probabilidades tiene por función suplir la falta de
-precisión de la ley. Tiene su razón de ser cuando se quieren sacar
-conclusiones de una ley que no están expresadas en ella. Las tablas
-de la mortalidad, respecto a la previsión de la mortalidad, no
-expresan probabilidades. Dentro de ciertos límites, entiende expresar
-una previsión absoluta. Sólo da probabilidades, si se quiere sacar
-conclusiones que ella no expresa, respecto de personas singulares
-comprendidas en las edades a que se refieren las tablas de mortalidad.
-De la misma manera de cálculo de probabilidades no tendría por qué ser
-empleado por el propietario de la ruleta. Sólo podría interesar al
-jugador que, no teniendo más razón de pensar que ha de salir un número
-que otro, necesita decidirse, y a falta de mejores motivos cuenta las
-probabilidades de uno y otro. Para el jugador que, sabiendo que tiene
-que salir tantas veces el as, cuenta las veces que ha salido, jugará
-casi seguro contra él, si ha salido acercándose al límite de lo que
-debe salir. Pero, esto no quiere decir que tenga que ganar.
-
-La aplicación del cálculo de probabilidades exige así el conocimiento
-de la ley, y la ignorancia de su frecuencia. Es decir que debe ser una
-ley que o no exprese relaciones constantes, o que las aplicaciones
-que se quieren hacer de ella estén fuera del límite de su constancia.
-Por eso sería un absurdo la aplicación del cálculo a la veracidad
-de los testigos. Para que le fuera aplicable sería necesario una
-ley que estableciera la regularidad del porcentaje de la veracidad
-de los testigos. Si existiese esa ley, la aplicación del cálculo
-de probabilidades a la determinación de la veracidad de un testigo
-singular sería tan legítima como en el caso de la determinación del
-jugador a favor de un número determinado. Pero si en aquel caso el
-empleo del cálculo de la probabilidad puede ser una manera de salir
-de la indecisión, y que tiene su razón de ser porque en los grandes
-números acaba por ganar el que se dirige por ella, aunque aplicado a
-la apreciación testimonial se pudiese llegar a los mismos resultados,
-es decir, que en el total de condenas en los juicios criminales
-prevalecerían las condenas justas basadas en la apreciación testimonial
-por el cálculo de probabilidades, siempre sería una infamia a la
-que nuestra conciencia moral se resistiría pasar por la condena de
-inocentes, en razón de que en sus totalidades habría un porcentaje
-considerable en que la justicia saldría triunfante.
-
-
-IX.--CONCLUSIÓN
-
-Y con esto creo que puedo dar por terminada la exposición de la teoría
-de la generalización inductiva, pues si bien Mill comprende en ella a
-las generalizaciones fundadas en la analogía, a las generalizaciones
-no dependientes de causalidad, y a las generalizaciones aproximativas,
-creo que lo hace erróneamente.
-
-Efectivamente, las generalizaciones analógicas son falsas
-generalizaciones. La analogía puede ser un instrumento de
-investigación, de descubrimiento; pero, no sólo no puede dar un
-fundamento lógico a la generalización, sino que basta poder determinar
-que una generalización es analógica para declararla infundada. Para
-la práctica y para la investigación, la analogía puede tener mucha
-importancia: pero no la tiene de ninguna manera para la crítica de los
-conocimientos.
-
-Por lo que se refiere a las leyes de coexistencia no dependientes
-de causalidad, a mi modo de ver S. Mill erróneamente las considera
-en la lógica de la inducción. Las relaciones entre las propiedades
-elementales de los cuerpos, cuya solidaridad se generaliza, no tiene
-más fundamento que la simple enumeración. Esas generalizaciones no
-hacen más que expresar lo que se ha observado hasta el momento. No
-son una inducción. No son el producto de la generalización de lo que
-se ha observado en uno o en varios casos, sino la afirmación de una
-coincidencia a la que no se le conocen excepciones.
-
-Por lo que se refiere a las generalizaciones aproximativas, es decir,
-generalizaciones parciales, como cuando se dice la mayor parte de los
-vascos son honestos, S. Mill distingue perfectamente el caso de las
-cuasi generalizaciones, que no tiene valor científico, de la verdadera
-generalización hecha en forma de aproximación. Las primeras pueden
-tener un interés muy grande para la vida y se justifica el interés con
-que S. Mill las estudia; pero, para la crítica científica no tienen
-valor alguno. Se deben usar con grandes precauciones. En cambio, las
-generalizaciones aproximativas, que son verdaderas generalizaciones,
-en su limitación, son absolutas, es decir, que limitadas al porcentaje
-o a la tendencia que expresan en su aplicación, permiten previsiones
-absolutas. Es el caso de las generalizaciones sobre los grandes
-números. Las tablas de la mortalidad, son generalizaciones de esta
-naturaleza. En sus aplicaciones, como grandes números, son tan
-absolutas como las otras inducciones. Lo prueba la ganancia de las
-compañías de seguros. En las especulaciones de carácter social, en las
-que sólo se tienen en vista masas humanas, en que la consideración de
-los individuos desaparece, las generalizaciones aproximativas tienen
-un valor absoluto, porque las excepciones individuales no llegan a
-modificar los resultados totales que son los únicos que interesan.
-Otro caso en el que las generalizaciones aproximativas tienen un valor
-absoluto es cuando se conoce la causa de la generalidad de un fenómeno
-o de las excepciones individuales, y la generalización se expresa con
-la limitación que impone su causa o las causas de las excepciones
-individuales.
-
-Ahora bien; las generalizaciones aproximativas, cuando tienen esas
-condiciones de una verdadera generalización, son o leyes causales
-o leyes empíricas no causales. De modo que, salvo la forma de la
-expresión, que no afecta su valor científico, no hay por qué hacer
-de las generalizaciones aproximativas una categoría especial de
-generalización entre las inductivas.
-
-Así, pues, podemos concluir que la teoría crítica de la generalización
-abarca la justificación de las generalizaciones por simple enumeración,
-y las generalizaciones inductivas. El fundamento de las primeras es
-evidente, no así el de las generalizaciones inductivas. Hemos fundado
-la inducción en el principio de identidad por la determinación de la
-causa. Luego hemos indicado y discutido el valor de los métodos para
-determinar las causas. Y al llegar a este punto hemos observado que no
-siempre es posible la determinación de la causa; pero, no por eso la
-ciencia se arredra, y fundada en la simple regularidad, formula leyes
-que se llaman empíricas no causales. Y nos hemos preguntado por su
-fundamento. Hemos visto que siempre lo es la afirmación de la causa;
-pero, que no pudiendo determinarse, se la supone. Pero, esa suposición
-no es arbitraria. Requiere la constatación de la regularidad, que hemos
-visto que se funda en la eliminación del azar. La realización de su
-condición teórica da a las leyes empíricas el mismo valor que tienen
-las causales, en los límites dentro de los que se afirman.
-
-De la excursión que hemos hecho por la teoría de la generalización
-inductiva, que es el fundamento de casi toda la ciencia de lo real,
-lejos de amenguar nuestro sentimiento escéptico, éste ha tenido que
-fortificarse; pero, no por eso nuestro escepticismo nos ha hecho negar
-la ciencia, al contrario, sólo él la puede salvar. Fríamente analizada
-con criterio dogmático hubiéramos tenido que negarla cien veces.
-
-
-
-
-ULISES EN EL INFIERNO DANTESCO[24]
-
-POR NICOLAS BESIO MORENO
-
-Profesor en la Universidad de La Plata
-
-
- Punta del Este, marzo 5 de 1919.
-
- Querido amigo:
-
-He leído con vivo placer su interesante estudio sobre el fraude, y
-sobre la moral de Ulises, aparecido en su _Revista de Filosofía_ de
-este mes de Marzo. Toda la enseñanza que de él brota, sería de alta
-utilidad para los gobernantes y políticos de nuestro tiempo.
-
-Pero, quiero referirme a las citas dantescas, que usted hace en el
-trabajo, justificadas por cierto, ya que el primer poeta de todos los
-tiempos, ha destinado a los falsarios y traidores, como usted lo dice,
-numerosos cantos de su Infierno. Fraude, hijo de la soberbia, primero y
-más grave de los pecados de la fe de Dante. A él también se refiere en
-los cantos X, XI y XII del purgatorio.
-
-“En vano--dice usted--releyendo esa parte del poema dantesco, buscamos
-entre los fraudulentos al _divino_ Ulises, arquetipo clásico de todos
-los simuladores. Y sorprende la ausencia pues el viaje...”
-
-El párrafo me resulta inexplicable, conocidas sus aficiones dantescas y
-por las mismas citas, justísimas, que lo preceden.
-
-El prudente rey de Itaca aparece entre los fraudulentos peores, pues el
-canto XXVI del Infierno, está dedicado a los grandes compañeros Ulises
-y Diomedes, allí reducidos no sólo por sus fraudes, sino por haberlos
-hecho cometer a otros; en el mismo canto se narra el último viaje y la
-muerte de Ulises.
-
- * * * * *
-
-Hacia poco más de la mitad del canto XVI del Infierno, el altísimo
-sabio y su duque comienzan a acercarse al reino espantoso de los
-fraudulentos de toda especie, al que los transporta el monstruoso
-vigilante de la entrada. El bello episodio de la cuerda que ceñía el
-talle del poeta, inicia el descenso al pavoroso círculo octavo, de los
-verdaderos fraudulentos, pero ya, poco antes, en los últimos fosos
-del círculo séptimo, se aperciben los usureros, perseguidos por la
-implacable lluvia de fuego.
-
-El canto XVIII, describe las dos primeras fosas del círculo octavo,
-donde los seductores de mujeres, por cuenta ajena (rufianes) y por
-cuenta propia, marchan en sentidos contrarios, perseguidos por
-multitud de diablos, y donde los aduladores--también mísera especie
-de indignos--están sumergidos en repugnante estiércol, como fuera
-repugnante el vicio que en vida padecieron. Allí se ven el maldito
-hermano de Ghisolabella, el seductor de Isífile y Medea, la desdichada
-Taide.
-
-En la tercer fosa del círculo octavo (canto XIX) pone Dante a los
-numerosos simoníacos de sus tiempos, que están cabeza abajo, con los
-pies ardiendo y aun las piernas; allí están el pérfido papa Nicolás
-III, Clemente V y todos los demás desdeñados por el poeta.
-
-En la cuarta fosa (canto XX), los adivinos tienen la cabeza dada
-vuelta y caminan retrocediendo. Allí aparecen el gigante Anfiarco,
-prudentísimo varón, a quien Esquilo en sus “siete sobre Tebas” pone
-frente a la puerta Homoloidea, donde adivina su propia desdicha;
-Tiresias, el adivino de la misma ciudad de Cadmo; Aronta, que vaticinó
-el triunfo de César; la hija de Tiresias, que asentó donde debía
-fundarse la ciudad patria de Virgilio; Euripilo y muchos más.
-
-La quinta fosa, de cola hirviente, encierra a los intrigantes (canto
-XXI y XXII) y la sexta a los hipócritas (canto XXIII), donde Caifás,
-que aconsejara la crucifixión, marcha oprimido por una dorada capa de
-plomo.
-
-Y siguen los tipos de falsarios. A los ladrones se llega en la fosa
-séptima (canto XXIV) donde están mordidos por serpientes y quedan
-reducidos a cenizas, de las que renacen a su forma primitiva pasando
-por la de serpientes. Entre las multitudes se divisa al que hubo de
-apoderarse del trono de San Jacobo; en el canto XXV Caco y cinco
-ladrones florentinos sufren el castigo de su bajo delito en la tierra.
-
-Y así llegamos al famoso canto XXVI, donde hemos de encontrar a Ulises
-y Diómedes entre los consejeros fraudulentos de que se ocupa también el
-canto XXVII.
-
- * * * * *
-
-Usted vé cómo, hasta ahora, son todos fraudulentos.
-
-Usan unos del fraude para seducir mujeres y entregarlas a otros o
-gozarlas ellos mismos; otros usan todo género de fraudes para poder
-aplaudir y adular a los poderosos; luego los fraudulentos en simonía,
-que venden las ventajas de su encumbrada posición; los adivinos
-también, hijos del fraude, porque la adivinación, siendo imposible para
-los mortales, tenía que llevarlos a la mentira frecuente; nadie usa
-más del fraude que los intrigantes, pues de él se valen para vaciar
-su envidia o su ambición, que es soberbia; de los hipócritas no hay
-que explicar si son fraudulentos, pues ocultan invariablemente sus
-propósitos para parecer lo que no son; usan del fraude los ladrones,
-después; y los consejeros fraudulentos, más delictuosos que todos,
-pues se empeñan en hacer cometer su delito a los demás, aparecen
-representados por los dos grandes héroes troyanos Ulises Laertíada
-y Diómedes Tideida, unidos en la expiación como fueran unidos en el
-delito.
-
-Es en este asombroso canto XXVI, donde Dante tiene la maravillosa
-intuición de la llama parlante, que la física habría de realizar
-muchos años después. Los condenados están enteramente envueltos en una
-llama que termina en punta, siendo mayor la de Ulises, el ingenioso,
-de linaje divino, que la de Diómedes, por ser aquél el director de
-las intrigas comunes y el autor único de muchas intrigas propias, y
-por ser, como usted dice, el que instigara a otros honestos a cometer
-delito de fraude; Diómedes, más heroico, más grande en la guerra,
-invicto siempre, vencedor de los propios dioses en los combates
-troyanos, merecía más consideración que el que arrancara a Aquiles de
-los brazos de Deidamia, para llevarlo ante los muros de Ilión.
-
-No; Dante no podía olvidarse de ningún héroe ni personaje considerable
-de la guerra de Troya, porque la fundación de Roma--que era para el
-sumo poeta la máxima grandeza de la tierra--fué debida a linaje troyano
-y a la caída de la ciudad de Príamo.
-
-Así Electra, madre del fundador de Troya, está en el Limbo, con Héctor
-y Eneas, padre de Silvio; entre los lujuriosos, Elena y Aquiles y
-Paris; Diómedes y Ulises ya citados; ni deja de recordarse de Príamo y
-Hécuba, Agamenon (I. XXX, 15; I. XXX. 16; Par. v. 69), Orestes su hijo
-(Purg. XIII, 32) y otros atridas más.
-
-Pero Dante tenía un interés fundamental en ocuparse del esposo de la
-honesta Penélope, pues debía apartarse de la tradición homérica que no
-daba al fin del Laertíada un carácter tan trabajado y difícil, como
-el que él debía asignarle. Ulises estaba destinado, antes de morir,
-a salvar los límites del Mediterráneo y fundar Lisboa en la costa
-atlántica, para caer después sepultado en el anchuroso mar.
-
-A la invocación gentilísima del mantuano, la más alta de las
-llamas que formaban el grupo de los héroes comienza ya a agitarse
-murmurando--como la que el viento al mover fatiga--así la punta aquí y
-allá llevando--cual si fuera una lengua la que hablase--lanzó sus voces
-fuera y dijo: “Cuando--... y habla de tal modo el ingenioso Ulises
-durante 52 versos del mayor poema.
-
-Pero aquí no terminan los fraudulentos y, como aquéllos, está aquí
-Bonifacio VIII; después vienen los cismáticos: Mahoma, Rev. de Medicina
-y otros; falsarios de toda calidad, como los falsificadores de metales;
-de personas, como la incestuosa Mirra y la triste Hécuba; de monedas;
-de palabra, como la mujer de Putifar y Simón de Troya, que logró abrir
-la brecha de sus muros.
-
-En el círculo noveno (canto XXXI) se castigan otras formas de soberbia;
-entre ellas la de los gigantes que quisieron escalar el cielo.
-Finalmente viene la mayor forma del fraude: la traición, para la
-que se destina el mayor castigo ideado por Dante. Los traidores de
-sus parientes, primero; luego los traidores a la patria; después los
-traidores de sus comensales; los traidores de sus benefactores; y,
-finalmente, los traidores a la divinidad y a la majestad: Judas y Bruto
-el asesino de César, y Lucifer mismo.
-
-Discúlpeme, mi amigo, que ésta haya salido tan larga y cuente con su
-amigo affmo.
-
- N. BESIO MORENO.
-
-_Señor doctor José Ingenieros._
-
-
-
-
-DEMOCRACIA INDIVIDUALISTA[25]
-
-POR EL DR. CESAR REYES
-
-Ex magistrado en La Rioja
-
-
-I
-
-Escribía hacia los años de la Revolución de Mayo Bartolomé Hidalgo,
-primer poeta nativo del Río de la Plata, en sus poesías gauchescas,
-haciendo hablar al paisano Chano, “capataz de una estancia en las islas
-del Tordillo”, en sus diálogos con el gaucho Contreras, “de la guardia
-del Monte”:
-
- _Contreras_
-
- Pues yo siempre oí decir
- Que ante la lay era yo
- Igual a todos los hombres.
-
- _Chano_
-
- Mesmamente, así pasó
- Y en papeletas de molde
- Por todo se publicó
- Pero hay sus dificultades
- En cuanto a la ejecución.
- Roba un gaucho unas espuelas,
- O quitó algún mancarrón,
- O del peso de unos medios
- A algún paisano alivió;
- Lo prienden, me lo enchalecan,
- Y en cuanto se descuidó
- Le limpiaron la caracha,
- Y de malo y saldeador
- Me lo tratan, y a un presidio
- Lo mandan con calzador;
- Aquí la lay cumplió, es cierto
- Y de esto me alegro yo,
- Quien tal hizo, que tal pague.
- Vamos, pues, a un señorón:
- Tiene una casualidá...
- Ya se ve... se _remedió_...
- Un descuido que a un cualquiera
- Le sucede, si, señor,
- Al principio mucha bulla,
- Embargo, causa, prisión
- Van y vienen, van y vienen,
- Secretos, almiración,
- ¿Qué declara? que es mentira,
- Que él es un hombre de honor.
- ¿Y la mosca? no se sabe,
- El estao la perdió,
- El preso sale a la calle
- Y se acaba la junción,
- ¿Y esto se llama igualdá?
- ¡La perra que me parió!
- En fin dejemos amigo,
- Tan triste conversación,
- Pues no pierdo la esperanza
- De ver la reformación.
-
-Y en eso estamos, desde hace ya más de un siglo, en que nuestro
-humanista cuanto patriota, que fué militar de la Independencia,
-escribía:--manteniendo la esperanza de ver la reformación. ¿Hasta
-cuándo? Desde los albores de la independencia, desde antes, desde la
-dominación española, ya se decía en el papel que “todos éramos iguales
-ante la ley”. Este equívoco se ha prolongado hasta el presente en
-nuestras instituciones. Las leyes dicen una cosa; los hombres que las
-aplican y ejecutan, hacen otra cosa bien distinta.
-
-Los magistrados y los funcionarios, hasta el presente, mienten
-cuando dicen que hacen la justicia igual para todos. Consciente
-e inconscientemente, la hacen en beneficio de la clase social a
-que pertenecen. Y como las aristocracias y burguesías, hasta el
-momento actual, en estos países, y en general en el mundo, dominan
-a la clase obrera, a la clase pobre, a los que ha dado en llamarse
-despectivamente, en ciertas regiones de América, _chinos_, _negros_,
-_mulatos_; y no obstante ser éstos los más, las clases dominantes
-disponen de magistrados y funcionarios que les pertenecen, y éstos,
-naturalmente, tienen que abogar por su propio gremio.
-
-La reacción democrática--si ella ha de ser una verdad en la práctica,
-y no sólo una farsa en el papel--tiene que venir del mismo pueblo,
-y no del Estado, porque sin contadas excepciones los aristócratas
-o burgueses--de los cuales, como digo, están constituídos hoy los
-gobiernos--no pueden renunciar a su privilegio de casta para levantar
-a los que sufren, al pueblo obrero. Se necesita de hombres que por
-temperamento tengan un exquisito sentimiento humanista, que sean
-altruistas o filósofos, un conde León Tolstoy, un Roberto Owen, por
-ejemplo, de los cuales en este mundo de egoísmo y superficialidad
-apenas se contaría una docena. Cuando el pueblo se instruya y adquiera
-cierta independencia económica por sí mismo principalmente,--y también
-en segundo orden, por los que tímidamente, mezquinamente, le dé el
-Estado--, podrá reivindicar sus derechos, llevando a los puestos
-públicos por el voto en los comicios genuinos representantes de sus
-filas, con instrucción sí, y cultura moral, pero que no renieguen
-de su origen una vez que se encuentren encumbrados, aunque esto es
-difícil en ellos, puesto que obra el recuerdo de la infancia y la
-tradición de sus manes en cuanto han sufrido. Así se han de inclinar
-más a favorecer a los que sufren, al pueblo obrero, y no a las clases
-gobernantes, extrañas a sus dioses lares. Mientras el pueblo no tenga
-netos representantes de su estirpe, mientras obedezca a mandatarios de
-clases antagónicas a las suyas, va perdido; son mandatarios infieles
-que no han hecho más que traficar con el nombre de la democracia,
-pero cuyos intereses y sentimientos tienen tanto de demócratas como
-los españoles que vinieron a civilizar y enseñar el evangelio a los
-indios, exterminándolos por avaricia. Fuera de esa condición, _sine
-qua non_ para que triunfe evolutivamente la democracia, se necesita
-esta otra: que el Estado constituído por los privilegiados, nobles,
-capitalistas, y sus secuaces sacerdotes y militares, no obstaculice
-por la fuerza la participación en el gobierno de la clase _pleveya_,
-porque entonces todo esfuerzo del pueblo sería ineficaz, y su reacción
-no podría venir sino por la revolución, oponiendo la fuerza a la
-fuerza. En nuestra república tenemos conseguido ya el libre voto--por
-lo menos en el papel, que en la práctica dista mucho aún de ser una
-realidad--; es posible, pues, el triunfo de la democracia, siempre
-que las clases trabajadoras, que son la mayoría votante, tengan en
-el gobierno _genuinos_ representantes obreros, o hijos de obreros
-levantados con sus propios esfuerzos y que no desconozcan a su estirpe.
-Es verdad que, en ciertas provincias, al pueblo argentino le falta
-instrucción e independencia económica para poder comprender y buscar en
-la práctica legal su prosperidad individual y social; ahí, pues, debe
-tender la prédica: a que se instruya, a que trabaje en condiciones más
-ventajosas, solidarizándose, por ejemplo, en las huelgas para hacerse
-oir del capitalista; por otra parte, hoy la ciencia no es patrimonio
-de los ricos, pues pueden adquirirse libros de celebridades mundiales
-por exiguo precio, al alcance del obrero. La cuestión económica y la
-instrucción se complementan; por más que haya capacidad intelectual,
-no puede haber libertad de obrar sin base económica; el estómago manda;
-a la inversa, con algunos ahorros que tenga el hombre, si no tiene
-instrucción, va expuesto a dejarse explotar por otros más instruídos,
-o a perder su dinero en malos negocios. Buscar la independencia
-económica no es buscar la usura. Los capitales al alcance de todas las
-necesidades sociales, y no reconcentrados en pocos millonarios; deben,
-además, ponerse en circulación para favorecer intereses sociales,
-especialmente de las clases que más los necesitan, y no guardarse en
-las cajas de fierro o en Bancos, de donde sólo se los puede extraer
-con intereses crecidos y con garantía hipotecaria o firmas fuertes.
-En Norte América, donde la organización social se acerca algo a la
-democracia de verdad, no ha surgido el capital de las explotaciones
-de los gobiernos sino por la obra propia de trabajadores esforzados,
-quienes después donan grandes cantidades a sociedades de beneficencia,
-hospitales, institutos científicos y de trabajos prácticos, pero no
-las dan a las manos muertas de las iglesias y conventos, como entre
-nosotros, único caso en que aquí ocurren donaciones. En este país se
-han adquirido las fortunas, casi en tu totalidad, por las mercedes
-que los reyes españoles primero, y los gobiernos patrios después,
-hicieron de extensos territorios a los pocos españoles y argentinos
-de la burocracia, desheredando a los demás del pueblo, que, como los
-pobres indígenas, vinieron a quedar parias en el propio suelo que los
-vió nacer. No hay más que ver los títulos de esas mercedes, que aun
-circulan en los expedientes judiciales, para convencerse; así, por
-ejemplo, he visto títulos de tierras de la familia Arias que a su
-antepasado, Juan Manuel, le entregaron los gobiernos patrios casi la
-tercera parte de los Llanos. Después la tierra se ha valorizado por
-obra de la inmigración--compuesta casi en su totalidad de elemento
-obrero--que crea pueblos y cultivos, y por los ferrocarriles,
-resultando que de la noche a la mañana esos propietarios de extensas
-zonas de campo, antes sin mayor valor relativo, por mercedes o compras,
-han visto centuplicados el precio de sus tierras y han resultado
-algunos archimillonarios. ¿No es justo, pues, que estos señores
-contribuyan al bienestar social, poniendo a disposición de los que no
-tienen, lo que han recibido directa o indirectamente de la sociedad y
-del trabajador? Y si el enriquecido por el trabajo de todos se niega a
-retribuir al obrero, a compensar a la sociedad por lo que ha obtenido
-de ella, el Estado, haciendo justicia, una vez que esté constituído
-por representantes netos de la clase popular, lo ha de conseguir con
-una política socializadora, sin necesidad de expoliaciones, las
-cuales sólo se justifican cuando el monopolio raya al extremo, como
-sucedía con las manos muertas de curas y nobles en Francia, cuando
-la revolución, que vivían en el derroche, al paso que, como dice La
-Bruyére (“Los Caracteres”) andaban gentes pasteando por los campos
-de Francia a duras penas de poderse distinguir si eran hombres; como
-actualmente en Rusia, que millares o millones de pueblo pagaban con
-la miseria, en los calabozos de Siberia, y en las guerras externas
-interminables, el derroche, el libertinaje y las locuras de dominio de
-sus zares, nobles y militares.
-
-Política de justicia se necesita, tendiente a elevar el pueblo
-trabajador, haciéndolo participar de derechos económicos, científicos,
-sociales y morales, que al presente le están restringidos, lo cual
-se conseguirá con darle independencia económica, con instruirlo, con
-educarlo. Se comenzará a darles base económica, legislando la materia
-de los contratos obreros, para que no sean explotados por patrones,
-fijándoles el mínimum del salario y el máximum del jornal, los
-accidentes en las fábricas a costa del capitalista, el derecho a la
-huelga; dándoles en enfiteusis tierras fiscales, en este país, donde,
-como ha dicho Sarmiento, “el mal que tenemos es la extensión”, para
-que las pueblen y no sufran hambre también ellos; para que poblado el
-desierto haya prosperidad social, por el aumento de producción, porque,
-como dice bien Alberdi, la riqueza no la da la tierra pelada sino el
-trabajo del hombre aplicado al suelo (“Estudios Económicos”).
-
-Mejor todavía que en enfiteusis, la tierra se debe dar al que la
-trabaja, para que se radique en ella definitivamente y la ame formando
-su hogar, pero darla solamente a los que la necesitan y son capaces de
-hacerla producir, prohibiendo su negociación privada para que no se
-rehagan los latifundios de los señores feudales.
-
-
-II
-
-La Revolución de Mayo no resolvió el problema social argentino;
-ella, como la Revolución de Julio en Francia, ha sido el triunfo de
-la burguesía y no del pueblo, si bien el pueblo fué el que las hizo
-triunfar; pero no estando preparado ni económica, ni intelectualmente,
-resultó suplantado, dominado; con esas campañas, de que nos
-enorgullecemos tanto, se desalojó dos plagas sociales, la nobleza y
-el clero (en nuestro caso forasteras todavía), pero se levantó una
-tercera, los burgueses semiinstruídos y capitalistas, o sea la clase
-media. Es decir, en el caso de la Argentina, los criollos que se
-dedicaron al comercio y la ganadería--pues los españoles desdeñaban
-como oficio propio de negros y villanos--y se instruyeron en los
-escasos colegios y universidades de Córdoba y Chuquisaca, fueron los
-que constituyeron la burguesía. Porque en la colonia del Río de la
-Plata, y en toda Sud América, a excepción del Perú, nobles no había ni
-para remedio, salvo los mandatarios de orden superior que nos enviaban
-y regresaban a Europa sin dejar familia, como que les estaba prohibido
-el radicarse; según enseña la historia, la inmigración española a
-América era la ley de la población peninsular. Mas, andando el tiempo,
-estos españoles, plebe allí, comenzaron a considerarse nobles aquí, en
-relación con el indio; y tenían razón, a su modo, porque físicamente
-e intelectualmente esa raza estaba más adelantada. Expulsados los
-españoles, los hijos de éstos continuaron esa aristocracia _ad hoc_,
-nacida aquí en el medio, y también los mestizos que económica e
-intelectualmente--por ambas fuerzas y por la de las armas en las
-guerras de la independencia--se levantaron dominando, avasallando, al
-_gaucho_ del campo y al _cholo_ de las ciudades[26].
-
-No es otro el origen de toda aristocracia, burocracia y gobierno en
-general: el dominio por la fuerza, la subyugación de una clase social,
-para explotarla. Con la evolución de las sociedades la lucha de raza
-a raza, de tribu a tribu, de clase a clase, de grupo a grupo, externa
-e interna, se atempera, por la adquisición de sentimientos sociales,
-del principio de justicia, pero no desaparecen del todo. Siempre hubo
-vencedores y vencidos; y la teoría de que no haya ni vencedores ni
-vencidos, pasará a ser una realidad en un porvenir aun bastante lejano,
-según lo hace ver el resultado de la actual guerra europea, que, no
-obstante el humanismo y la democracia decantados por Wilson, y en
-gran parte ciertos, los aliados se están _achureando_--como diría un
-criollo--el ex imperio alemán, hoy nación democrática, bajo el pretexto
-de que fué una teocracia.
-
-Con la historia en la mano se puede constatar que el proceso de los
-Estados en el mundo fué ese, la clase “_dominante_” vencedora resultó
-gobierno, la clase “_dominada_”, vencida, quedó pueblo explotado. Los
-que lo niegan son precisamente los interesados en que ello no aparezca
-y en poder seguir así explotando al pueblo sin que se aperciba, bajo
-la carátula de protectores del mismo, vestidos con la piel del cordero.
-
-Nos bastaría citar la opinión de eximios sociólogos, y filósofos, que
-han estudiado la cuestión política, libres de las banderas de los
-partidos y del espíritu de clase.
-
-Mientras, pues, las luchas de clases no estén eliminadas o
-poderosamente atemperadas, lo cual pensamos se conseguirá en un
-porvenir no remoto, la clase democrática, los explotados, los obreros,
-deben estar prevenidos para llevar al gobierno sus representantes
-_netos_, que miren por propios intereses, para elevar su condición
-social, y no los “domestiquen”, mirando por desemejantes intereses.
-
-
-III
-
-Estando ya las clases trabajadoras en el poder, ¿de qué modo
-reivindicarán sus derechos acaparados por los burócratas y los
-parásitos? ¿Por la _democracia individualista_, sistema norteamericano?
-¿Por el _minimalismo_, o programa mínimo del socialismo, como el del
-partido socialista argentino y los similares europeos? ¿O, finalmente,
-por el _maximalismo_, como el actual gobierno ruso, o programa máximo
-socialista?
-
-Desde luego, débese eliminar el minimalismo, como tercera cuestión,
-porque está comprendido en el maximalismo, que es el verdadero
-socialismo, o comunismo de Estado, tal como lo pensaron y crearon Saint
-Simon, Owen, Fourier, Marx, Engels, la Internacional, etc., puesto
-que el programa mínimo--o sea la mejora obrera en el trabajo, con
-disminución de horas y aumento de jornal, prohibición del trabajo de
-los niños y mujeres en las fábricas y garantía de los accidentes--sólo
-ha sido ideado, como lo confiesan los socialistas, transitoriamente,
-para hacer posible la lucha obrera con el capital en las condiciones
-actuales sociales, y hasta que por su libertad económica y su
-instrucción el obrero esté en capacidad de obtener que el Estado
-socialice la propiedad privada. Los socialistas minimalistas nunca
-pierden de vista el verdadero programa, aunque más remoto del partido,
-o sea la socialización de los medios de producción. A este verdadero
-socialismo, que ha triunfado hoy en Rusia--pues como bien lo hace ver
-Kantor, la constitución que se ha dado dicho gobierno ruso no es más
-que la aplicación de los principios proclamados por la Internacional
-Socialista--ha dado en llamarse _maximalismo_, nombre que viene de
-programa máximo, y se tiene a Carlos Marx como su verdadero fundador.
-
-El maximalismo no entraña, pues, como cree el vulgo, fatalmente la
-revuelta y el desorden; se puede conseguir con la evolución mediante
-la conquista del poder por el voto libre de la mayoría socialista de
-una nación, o mediante la revolución armada en casos extremos. En
-Rusia se hizo por la revolución, pues allí los hechos la justifican
-plenamente--no tenía garantía del voto el obrero, era sacrificado
-en las guerras y en las cárceles siberianas, moría de hambre en el
-rico territorio que él cultivaba para otros; con la evolución jamás
-se hubiere levantado ese pueblo, era insoportable su situación,
-peor, muy peor, a la que pasaba el pueblo francés en 1789, cuando se
-sublevó contra los nobles y el clero en la revolución de que tanto se
-vanagloria la humanidad. Con el triunfo del maximalismo en Rusia, se
-evitaron las horribles matanzas de millones de obreros rusos en la
-guerra externa con Alemania, donde a los paisanos reclutados se los
-llevaba sin armas, mal alimentados y casi descalzos, a pelear en esas
-fronteras rocallosas y heladas, contra soldados bien pertrechados,
-a servir de carne de cañón; y así durante esa guerra entre Alemania
-y Francia, hecha “de arriba” por el pueblo ruso, perdió éste más de
-3 millones de obreros. Se evitaron también los estragos no menos
-inhumanos que los zares y nobles cometían sobre la plebe, en el orden
-interno, con la emancipación de esta clase domesticada. Es verdad
-que hubo excesos; los hay en toda revolución, y ellos se justifican
-plenamente ante la necesidad del triunfo de la causa salvadora. Rodaron
-unas cuantas cabezas de nobles y jefes de ejército, explotadores
-sistemáticos del pueblo, pero se economizó derramar mucha sangre
-popular en holocausto a los dioses zarinos, en la guerra europea y
-en los calabozos de la Siberia. No fueron tantos los desórdenes como
-pinta la prensa interesada en desprestigiar la causa por el único
-cablegrama parcial que nos viene, el aliado, y hay que dudar de la
-verdad de esas comunicaciones. Aun así mismo, de ser ciertas las
-noticias, los desmanes cometidos por la célebre revolución francesa,
-que tanto ponderamos, fueron inmensamente superiores a los ocurridos
-hoy en Rusia, cuando no había día en que no se hiciera rodar del
-cadalso la cabeza de algún dirigente. Y la tal _libertad_, _igualdad_
-y _fraternidad_ que proclamó quedó letra muerta; fué libertad para
-los burgueses, igualdad y fraternidad entre los miembros de esa sola
-clase social. Siquiera la revolución social rusa, crea una libertad,
-igualdad y fraternidad mucho más extensa, una libertad, fraternidad e
-igualdad para la gran masa obrera, y no sólo de Rusia sino del mundo
-entero, puesto que dicha constitución maximalista tiene una cláusula
-por la cual se tiende a organizar la humanidad bajo una confederación
-de estados, formados todos de modo semejante al gobierno actual ruso.
-
-Es claro, pues, que los países en que la situación del obrero no
-sea extrema, como fué en Rusia, pueden llegar al maximalismo por la
-evolución política, y allí no habrá ni los pocos excesos que en Rusia
-fueron inevitables.
-
-Por lo demás, el socialismo máximo no es, como se dice por algunos,
-una simple utopía, un sueño de filósofos. Fuera de que ya lleva más
-de un año de práctica en lo que fué imperio absoluto de los zares,
-existió, como sabemos, en varios pueblos. Así, por ejemplo, en el gran
-imperio del Perú al arribo de los españoles se vivía en un régimen
-algo comunista, en ciertas cosas más acentuado que el establecido
-por los maximalistas rusos, y sin embargo, el imperio floreció y las
-gentes vivían cómodas; no había ricos (fuera de la clase sacerdotal
-y de la aristocracia imperial--que ellas siempre han sido pudientes
-en todas partes--mas eran clases reducidas en comparación con la
-gran masa popular) pero tampoco había miseria; la propiedad del
-suelo pertenecía al Estado, y él era quien asignaba al individuo que
-llegaba a la adolescencia un lote para que lo trabajara, y todos
-estaban obligados a hacerlo, pues eran fiscalizados directamente
-por empleados del Estado. Ni el producido del trabajo pertenecía al
-operario, sino que iba a almacenes y graneros públicos, de donde se
-repartía a la población en cada aldea o pueblo, por cabeza, y había
-justicia relativa allí, puesto que todos trabajaban fiscalizados y
-no existían haraganes que “vivieran de arriba”. Estudiándolos dice
-el Dr. Luis Jorge Fontana: “Cada ciudadano nacía libre para la ley
-que fijaba los deberes y derechos de cada individuo ante la patria,
-la religión, la familia y para con sus semejantes... La agricultura,
-hoy embrionaria y empírica en América, como que recién empezábamos a
-fundar escuelas, constituía la principal fuente de recursos nacional
-en otra época. Cada hombre al llegar a la edad de la pubertad recibía
-del Estado un terreno ubicado y delineado oficialmente para que lo
-cultivase y formase hogar y familia. Desde el emperador hasta el
-último de sus súbditos cultivaban la tierra, él removía el suelo en
-cierto período del año con un azadón de oro y los ciudadanos con
-herramientas de un metal compuesto, una aleación de bronce tan duro
-como el acero. Regaban los campos por medio de acueductos sacados de
-ríos y de lagos y por canales menores, acequias, el agua era llevada
-a largas distancias y levantábanla hasta la cumbre de las montañas.
-Su distribución y servicio tenían reglamentación admirablemente
-estudiada; construían puentes y calzadas de dimensiones colosales, y
-el ejército en tiempo de paz era ocupado en la construcción de las
-obras públicas” (“Ab Ovo”, págs. 36 y 47). El Dr. Ernesto Quesada
-escribe: “Pero lo que es admirable--y es esto cabalmente lo que más
-nos interesa en el presente curso--es su organización social. Era una
-sociedad basada en un comunismo perfecto y en una burocracia técnica,
-que gobernaba un monarca autocrático, pero inspirado siempre en el
-bien de la comunidad. Durante siglos funcionó tal organización con
-el éxito más completo y realizando lo que las actuales doctrinas
-socialistas no han soñado siquiera en imaginar; el individuo era un
-sencillo rodaje de la comunidad y sus actividades se ejercían como
-simples funciones sociales, reglamentadas y vigiladas por el órgano
-de dicha comunidad, constituída por la burocracia imperial. Nunca ha
-registrado la historia en parte alguna del mundo una organización tan
-perfecta, dentro de esa orientación, y con un resultado más completo en
-cuanto a la prosperidad nacional y al funcionamiento del sistema; las
-misiones jesuíticas lo imitaron con análogo éxito durante el período
-de la Colonia. La comunidad por el órgano del gobierno, interviene en
-todos los actos de la vida, reglamentándolo todo y cuidando de que todo
-marche armoniosamente. Y eso que se trataba de un extenso imperio,
-englobando poblaciones de origen étnico distinto y de diverso grado
-de cultura” (“El Desenvolvimiento social hispanoamericano”, Revista
-de Filosofía, Noviembre de 1917, pág. 461). Foustel de Coulanges, en
-su obra célebre “La ciudad antigua”, trae: “Se sabe de algunas razas
-que jamás han llegado a establecer la propiedad privada, y de otras
-que sólo la han establecido tarde y penosamente. No es, en efecto,
-problema fácil el saber si en el origen de las sociedades puede el
-individuo apropiarse el suelo y establecer tan recio lazo entre su
-ser y una parte de la tierra, que puede decir: “Esta tierra es mía;
-ésta es como una parte de mí”. Los tártaros conciben el derecho de
-propiedad cuando se trata de los rebaños, y no lo comprenden cuando se
-trata del suelo. Entre los antiguos germanos, según ciertos autores,
-la tierra no pertenecía a nadie; la tribu asignaba todos los años a
-cada uno de sus miembros un lote para cultivar y cambiaba el lote al
-siguiente año. El germano era propietario de la cosecha, pero no de
-la tierra. Todavía ocurre lo mismo en una parte de la raza semítica y
-entre algunos pueblos eslavos” (pág. 70, edic. Madrid). Sigue el autor
-haciendo notar que en Grecia y Roma y en la India, es decir, en la raza
-aria, de donde nosotros tomamos esa civilización, la propiedad del
-suelo fué desde un comienzo privada, y como consecuencia del culto a
-los muertos y al hogar, familiares, que estaban adscriptos al suelo y
-no podían dejar abandonado su culto y sus muertos. De modo, pues, que
-sólo por una razón de orden religioso e histórico es que los actuales
-pueblos de raza aria son individualistas en la propiedad del suelo,
-según esto. Es de advertir que a propósito he citado autores que nada
-tienen de socialistas; y si cabe duda todavía al respecto léase el
-capítulo “La Reglamentación Comunal”, de la obra del individualista
-Spencer, “Instituciones industriales”, donde trae innumerables ejemplos
-de pueblos que han sido comunistas; en algunos el origen, la razón
-de nacer del comunismo fué el matriarcado, o parentesco por la línea
-femenina.
-
-
-IV
-
-Los que nos hayan seguido hasta aquí creerán, acaso, que estoy
-convertido en un maximalista declarado. Sin embargo, como lo explicaré
-en seguida, es lo contrario; sólo he querido demostrar hasta aquí que
-el maximalismo no es un sistema utópico, ni siempre revolucionario, y
-aunque revolucionario en algunos casos no anárquico, como se lo pinta
-por los que no lo conocen y por los que tienen interés en desfigurarlo.
-Pero es el caso que con ese sistema social el individuo puede quedar
-aniquilado, se debe enteramente a la sociedad; todos son iguales,
-malgrado las diferencias naturales; se puede crear así una _igualdad
-artificial_ en vez de la _igualdad natural_, la cual consiste, como
-se ha dicho bien, en respetar las desigualdades naturales. Con este
-sistema de coacción pública, donde todo está reglamentado por la
-sociedad de antemano, que se ha erigido en Estado--confundiendo así dos
-hechos sociológicos que son bien distintos--se mata toda iniciativa
-individual, se destruye toda diferencia innata o adquirida, se hace
-imposible, en una palabra, la selección, y con ella el mejoramiento
-individual y social rápidos, desde que se pone trabas a la lucha por el
-triunfo de los más fuertes, de los más capaces, de los más laboriosos.
-
-Además, este comunismo de Estado destruye la libertad, y el ideal de
-las civilizaciones modernas es aumentar la libertad individual, no
-siendo más el Estado y la sociedad sino un medio para adquirirla, para
-que el hombre viva bien, pudiendo satisfacer libremente sus necesidades
-naturales, siempre que respete iguales necesidades por parte de los
-demás.
-
-Como han hecho notar bien los escritores de derecho político, con el
-comunismo la sociedad se vuelve más gregaria, el hombre es menos libre
-que el soldado, y se retrograda así al régimen del estatuto, del mando,
-de la coacción, propio de las sociedades primitivas en donde por razón
-de las continuas e ininterrumpidas guerras externas e internas, se
-hacía necesaria mucha subordinación en el pueblo y un régimen fuerte
-de mando por el gobierno. Pero con la civilización se ha impuesto
-el régimen contrario, o sea el del contrato, el de la voluntad, que
-regla todos los actos de los hombres libres y civilizados. En el siglo
-pasado, Inglaterra y Norte América--naciones respetuosas de la libertad
-individual--fueron las más avanzadas en el progreso del mundo; los
-árabes, donde la ley de Mahoma les regla todo, son los más atrasados
-hoy. Una sociedad en tales condiciones progresa hasta un limitado
-estado, y de ahí no puede pasar, vive por siglos estacionaria; no
-habiendo iniciativa individual, hombres que se hagan a sí mismos, y
-no resulten hechos por el estado, no puede haber innovación, cambio,
-_progreso_; habrá _orden_ cuando más y por el tiempo que se quiera,
-pero faltará el otro elemento del _desarrollo social_, desde que éste
-se forma, como bien lo explica Comte, del _orden_ y del _progreso_
-sociales. Por esto, estamos en contra del socialismo maximalista o
-comunista; y del llamado minimalista también, porque, como queda dicho,
-no es más que la introducción del socialismo, desde que sus adeptos
-jamás pierden de vista al ir consiguiendo esas ventajas mínimas, las
-_máximas_, a las cuales se les apuntan ya francamente, cuando les llega
-la ocasión de dar el golpe, ya sea en los comicios o por la revolución.
-Ahora, es claro que el programa mínimo del socialismo, puede ser
-sostenido y practicado en su generalidad, y aun avanzando, por
-cualquiera que tenga ideas liberales, que desee la mejora obrera, que
-sea demócrata verdadero. La democracia individualista norteamericana,
-con el presidente Wilson a la cabeza, desarrolla ese programa, y no
-solamente para Estados Unidos sino para el mundo entero, propiciando el
-sistema de organizar las naciones formando una liga de ellas, para unir
-las gentes y evitar las guerras. Filósofos individualistas como Spencer
-y pensadores como Alberdi, lo sostuvieron también en obras célebres
-anteriormente. ¡Hay que leer ese “crimen de la guerra” del pensador
-argentino, la obra más sesuda que se ha escrito contra la guerra, para
-convencerse de la elevación de miras del gran humanista argentino--que
-no tiene una estatua en su tierra y vivió y murió como paria, pues no
-supieron comprenderlo,--adelantándose más de un siglo a su tiempo! En
-su obra “Instituciones Industriales”, escrita por el año 1890, Spencer
-desarrolla la idea, cómo, sólo con el obrar individual y democrático,
-es decir, con que el individuo ejercite sus libertades naturales a
-condición de respetar iguales derechos por parte de los otros, tanto
-en el interior como en el exterior de los países, y que los Estados
-se concreten a hacer respetar y nada más esas _igualdades_ en las
-_libertades_ en vez de desatender la función de justicia que es su fin
-primordial y de ocuparse de otros asuntos que son del rol individual,
-como ocurre hasta ahora, y es lo que obstaculiza el progreso; creándose
-además, con la disminución de las guerras, por el comercio, por las
-industrias, por el tráfico, por la inmigración, por las ciencias, una
-confederación de Estados mundial, Estados que no serán imperialistas
-sino más reducidos y más iguales en lo futuro--así opinaba Spencer
-que debía crearse la democracia universal siguiendo el desarrollo de
-los pueblos. Y a mi juicio dió en el clavo de la cuestión, como lo
-cree también el sociólogo Vaccaro, y lo está practicando con éxito
-indiscutible Norte América y su presidente demócrata individualista
-Wilson.
-
-Pero es el caso que muchos años antes, Alberdi propuso lo mismo, en la
-obra que cito, allá por el año 70, con motivo de los preludios de la
-guerra francoprusiana.
-
-Haciendo honor al pensador argentino, vamos a transcribir los
-siguientes párrafos; dice hablando de la libertad interna: “En mi
-opinión la ruina de la supremacía militar de la Francia no es hija
-de los contrastes y reveses de su reciente guerra con Prusia, sino
-que esos reveses son resultado de la ruina que ya existía, sin
-manifestarse, de esa supremacía. Ha muerto a mano de otros progresos de
-la Francia en el camino de la civilización. Un gobierno sin libertad,
-un país sin industria aventajada, son más capaces de preponderancia
-militar que un país libre y rico por la preponderancia noble de su
-industria. En este sentido la Prusia y Rusia son más capaces de
-preponderancia militar que la Inglaterra. El ejército perfeccionado
-es la expresión de un gobierno en que la subordinación prima a la
-libertad”. Y en otra parte, hablando de la cuestión externa, dice: “El
-mayor obstáculo para llegar a la organización del mundo en una vasta
-sociedad de naciones es la existencia de lo que hoy se llama _grandes
-poderes_ o grandes aglomeraciones nacionales; pues lo primero que
-exige en nombre de su grandeza uno de esos poderes, cuando se trata de
-decidir la contienda que le divide con otro, es que nadie intervenga
-ni se mezcle en esa decisión. Ese _nadie_ es la sociedad general, el
-mundo neutral, es decir el juez natural de los pleitos internacionales.
-Remover ese obstáculo es propender sistemáticamente a la subdivisión de
-las grandes naciones, es decir, a la disminución de su poder para que
-ninguna de ellas sirva de resistencia invencible a la formación de la
-Nación suprema y definitiva, compuesta de todas las naciones del mundo,
-hoy dispersas, errantes y anarquizadas entre sí. Los grandes Estados
-son lo que eran los grandes señores como obstáculos y resistencias al
-establecimiento de la sociedad política y de la autoridad nacional
-de cada país. De modo que en lo internacional, como en lo interior
-de cada nación, se llega a la unidad general por la división de las
-unidades parciales que aspiran a realizarla... “Unidad que no depende
-de la multitud, es tiranía: multitud que no se reduce a la unidad es
-confusión”, ha dicho Blas Pascal”. (Páginas 321 v 284, _Obras Post_.).
-
-
-V
-
-Así, pues, en resumen, pensamos: Que con una democracia individualista
-en lo interno y externo de las actuales naciones, es decir, con el
-obrar amplio por el individuo, haciendo uso de su libertad, pero
-respetando iguales libertades por parte de los demás, o sea la
-_igualdad_ de las libertades naturales, y con la garantía real,
-verdadera, por parte de los gobiernos de esas libertades en el obrar
-para el individuo, sin mayores restricciones que las que imponen el
-ejercicio de las mismas por parte de los demás, es como la sociedad
-humana tiende a evolucionar en lo futuro para ser feliz el hombre
-y progresar él y la sociedad. La humanidad necesita así, para
-constituirse definitivamente, de la Confederación de naciones _en donde
-todas entren como iguales_, para que haya la fuerza pública necesaria
-a castigar las violaciones a la justicia de los Estados, cometidas
-por alguna o algunas naciones que pretendieran hacer uso de sus
-libertades abusivamente, es decir, desconociendo iguales derechos de
-vida por parte de las otras. Con sólo, pues, el principio de justicia,
-individualista: _la libertad, igual para todos_, o sea la igualdad
-_natural_ en el obrar, se ha de organizar la humanidad democrática del
-porvenir. Por el respeto de ese principio, en virtud del convencimiento
-que la ciencia aporte a las gentes a medida que el pueblo se vaya
-instruyendo, y se vaya haciendo hábito dicho principio de justicia a
-fuerza de vivirlo cada vez más ampliamente por el tráfico en aumento
-siempre entre los pueblos, y sobre todo, sabiendo, como deben saber,
-que detrás de su violación está el poder de la comunidad para castigar
-al individuo abusivo que se toma las libertades ajenas, creyéndose
-privilegiado en el mundo, se creará la _libertad_, la _igualdad_ y
-la _fraternidad_. No es con palabras, mentidas en los comicios, ni
-con letras de molde en las leyes, ni tampoco con oraciones en los
-conventos donde el amor al prójimo a nombre del Dios es predicado
-por explotadores de los “fieles”; a esta altura del discurso, si
-obligado estuviera a pronunciarme entre Norte América, democrática
-individualista, y Rusia actual, socialista maximalista, entre Wilson
-y Lenine mi predilección no se haría esperar; optaría por los Estados
-Unidos y Wilson, sin que por esto pensare que todo lo realizado por
-ellos sea perfecto, y sí solo sostengo el sistema, la tendencia, que
-allí mismo se ha de perfeccionar, pues dista mucho de alcanzar el ideal
-democrático individualista.
-
-Jóvenes amigos; señores. Mientras las luchas de clases, de tribus,
-de naciones, no se atemperen por el respeto recíproco de las gentes
-al principio de justicia que dejo explicado, desconfiad siempre
-de esos protectores de clases desemejantes que os quieren ayudar
-desde el poder--“proteccionismos” que día a día se ven fracasar
-en los individuos y en las naciones.--Mas, tal desconfianza, tal
-precaución, no debe ser nunca un obstáculo puesto al advenimiento de
-una confraternidad de miras democráticas, igualitarias _naturales_,
-porque esto implicaría formar clases cerradas y naciones guerreras
-que han sido fatales para el progreso de los pueblos y la humanidad.
-Los aristócratas o burgueses que adoran tanto al pueblo y quieren
-pasar por demócratas, traten de conseguirlo, pero haciendo primero
-los sacrificios de sus privilegios injustos, antes de que el pueblo,
-desengañado, cambie el tono de sus reclamaciones. A tiempo están de
-abdicar tantos privilegios económicos, sociales y políticos de que
-gozan. ¡Que se hagan ver!
-
-
-
-
-LA CRÍTICA Y EL ARTE
-
-POR OCTAVIO MENDEZ PEREYRA
-
-De Panamá
-
-
-Si el arte es uno de los objetos más elevados de la actividad humana
-y la forma de trabajo más difícil, es, por lo tanto, de lo que merece
-despertar en nosotros más interés y más simpatía. He aquí porqué
-la crítica de arte ha podido alcanzar en nuestros tiempos un gran
-desarrollo y llegado a ser una de las ciencias más complejas, una
-ciencia que es sociología, historia, psicología, estética, lógica,
-óptica, acústica, geometría y cien ciencias más a la vez. No ejercen,
-pues, el verdadero apostolado de la crítica los que aun se empeñan en
-la pueril tarea de constituirse en árbitros para juzgar, por sí y ante
-sí, sin la preparación y la disposición requeridas, lo que es producto
-de elementos heterogéneos que es preciso conocer y estudiar, si se
-quiere emitir un juicio exacto, justo e interesante.
-
-Taine ha llegado a establecer, en una reacción unilateral exagerada,
-que “para comprender una obra de arte, un artista, un grupo de
-artistas, es preciso representarse con exactitud el estado general del
-espíritu y de las costumbres, del tiempo a que pertenecen”[27]. Aunque
-fuera posible aplicar tan rigurosamente esta regla del maestro de la
-Filosofía del Arte, siempre quedarían por considerar el temperamento
-personal del autor y, sobre todo, la obra misma, en cuanto a la
-cantidad de vida independiente que pueda contener, porque el verdadero
-objeto del arte es la expresión de la vida.
-
-Y como la vida no es sino una gran complejidad, resulta verdad que
-la crítica de arte tiene por fuerza que ser una de las labores más
-complejas del espíritu humano y, por esto mismo, una ciencia muy amplia
-y liberal, que acepte con simpatía e interés todas las manifestaciones
-de la inteligencia, todas las creaciones de la fantasía y todos los
-temperamentos y particulares predilecciones. Mientras más numerosos y
-contrarios sean éstos, tanto mejor para la solidez de los estudios y
-la seguridad de los principios, tal como, en el campo de las ciencias
-naturales, acontece al botánico o al zoólogo con las infinitas
-manifestaciones de la vida vegetal o animal. El único deber del crítico
-es “exponer hechos y mostrar cómo se han producido esos hechos”;
-dejarse emocionar, y comunicar después sus emociones y las ideas que
-encierra la producción. No es confesar preferencias, pedir genio,
-exigir profundidad, señalar errores, imponer preceptos, absolver,
-condenar, amonestar...
-
-Por otra parte, conviene tener presente que la verdadera obra de
-arte no puede ser analizada en detalle, con la sequedad del químico,
-porque entonces deja de ser obra de vida y se convierte en un cuerpo
-frío e inexpresivo, en una especie de mecanismo sin influencia
-emocional y educativa. La obra de arte sólo es fecunda y eficaz en
-los momentos en que actúa como una fuerza viva sobre nosotros, en
-que influye con entusiasmo sobre el individuo y desarrolla en su
-alma armonías sensibles, emociones hondas, calor y simpatía. Y es
-que la emoción estética no es la consecuencia de un análisis, de una
-disección detallada; es algo que se apodera de nosotros en bloque
-como si entre el alma del artista y la nuestra un fuego divino
-hubiese producido misteriosa fusión. Antes de juzgar la razón, juzga
-nuestro sentimiento, y muchas veces aquélla es incapaz, como observa
-Gauckler, de fallar por otra cosa que por la impresión sentida. “Si
-durante los últimos siglos--dice--se ha tratado de proscribir del arte
-la imaginación y de buscar lo bello en las propiedades exteriores
-de las obras exclusivamente, ha sido porque entonces la filosofía,
-eminentemente racionalista, ha sido la expresión de una reacción
-contra el gran movimiento sentimental que caracterizó a la época del
-Renacimiento”[28]. Una cosa es, pues, la emoción de arte y otra es la
-habilidad técnica, muy apreciable, sin duda, pero menos significativa y
-menos importante en los dominios complejos de la estética. Lo primero
-que debemos buscar en la obra de arte es su expresión, su significado,
-su razón de ser, la que no puede menos de estar relacionada con
-una manifestación de vida, sea ésta un pensamiento, una pasión, un
-sentimiento o una necesidad. Sólo después de haber descubierto el
-sentido oculto bajo las formas, la sangre que las vivifica, estamos
-capacitados para juzgar hasta qué punto el artista ha logrado traducir
-fielmente su idea, o expresar correctamente su sentimiento. La forma
-da, sin duda, valor y carácter al fondo, pero no es, en definitiva,
-sino una envoltura, un mero estuche que vale mucho más por lo que
-contiene, cuando contiene algo.
-
-En todo caso, hay que tener en cuenta que para gozar enteramente de
-una obra de arte es preciso ser apto para comprender la pasión, el
-sentimiento que la informa y la idea que la encarna y le da vida. Es
-preciso también, muchas veces, encontrar en la obra una manifestación
-de lo mejor de nosotros mismos, darle algo de nuestra propia alma, o
-ser capaces de animarla con nuestros propios sentimientos y una emoción
-espontánea y honda.
-
-“Para comprender bien una obra de arte--dice Guyau--es preciso
-penetrarse tan profundamente de la idea que en ella domina, que se vaya
-hasta el alma de la obra o que se le dé una, de tal modo que adquiera a
-nuestros ojos verdadera individualidad y constituya algo como otra vida
-en pie al lado de la nuestra”[29]. Es decir, hay que revestir de cierta
-unidad y de cierta vida la obra para armonizarse con ella, como si por
-un acto de la inteligencia y el corazón la hubiésemos antropomorfizado,
-le hubiésemos dado calor de humanidad. Sólo entonces habremos dejado de
-ser fríos y pasivos ante la obra artística y estaremos en aptitud de
-fraternizar con ella y perdonarle los pequeños defectos, para admirar
-mejor lo que tenga de bello y de bueno.
-
-Porque la admiración necesita de constantes perdones y el estudio de
-constante simpatía para ser fecundos, de la misma manera que el hombre
-necesita ser amado, o, por lo menos, ser simpático, para ser perdonado
-y ser comprendido. En arte--ha dicho el mismo Guyau[30] “basta con
-demasiada frecuencia el no querer ser conmovido para no serlo, pues uno
-es siempre más o menos libre de negarse a sí mismo, de encerrarse en
-su yo hostil y hasta de perderse en él”. Y “lo triste es--agrega--que
-el que quiere hallar lo feo lo encontrará casi siempre y perderá por
-el placer de la crítica el de ser _conmovido_ que, según La Bruyère,
-vale aún más”. Otro autor, Emilio Henniquin[31], ha llegado a escribir,
-por este mismo camino, que “una obra sólo tendrá efecto estético sobre
-las personas que poseen una organización mental análoga e inferior a
-la que ha servido para crear la obra, y de la que puede ser deducida”.
-Y ello parece efectivo porque es evidente que existen, por otro lado,
-egoísmos intelectuales, prejuicios razonados, segundas intenciones,
-temperamentos hoscos e insociables a los cuales una obra, por meritoria
-que sea, produce siempre una antipatía que ciega el corazón a las
-bellezas y el cerebro a todo entendimiento. Sólo por esto se comprende
-a Lope cuando insulta a Cervantes, a Víctor Hugo cuando niega a Goethe,
-a Voltaire cuando rebaja a Shakespeare, ese mismo Voltaire que convenía
-en reconocer _un placer en no tener placer alguno_, acaso obedeciendo
-a la convicción íntima de que “rebajar a otro es elevarse a sí mismo”.
-A pesar de esto, siempre será más humana, más elevada y más educativa
-la crítica serena e imparcial de las bellezas y los defectos, que la
-crítica sistemática de los defectos. “Puede ser útil descubrir un
-defecto en un diamante; es mejor encontrar un diamante en la arena”.
-
-La obra de arte, cuando es sincera, es la más elevada pretensión del
-hombre y merece nuestro respeto cariñoso por imperfecta que ella sea.
-“Grano de arena arrojado en este mundo en trabajo, tiene la ambición
-de detener su evolución perpetua, de dar duración a lo que pasa, de
-retener lo que huye, de inmortalizar lo que muere... Y así es como el
-sentimiento estético, que no es el arte, conduce a él”[32].
-
-Amarlo todo, admirarlo todo, comprenderlo todo, he ahí la verdadera
-filosofía del hombre sano y fuerte. Una indulgencia inagotable para
-todas las debilidades humanas, un vasto perdón para todas las vanidades
-y utopías y esa _amable y piadosa filosofía de la buena sonrisa_ para
-todos los defectos y errores, he ahí la mejor coraza del crítico y el
-más genuino temperamento del hombre culto. No impidamos, pues, con
-críticas estrechas, que cada cual haga su ensayo de volar como las
-mariposas, como las avecillas o como las águilas; cada vuelo llena su
-misión en la naturaleza, tiene su explicación, encierra su dosis de
-belleza y constituye una necesidad de la armonía universal. ¿Qué sería
-del cóndor si al intentar sus primeros ascensos le cortásemos las alas
-rudimentarias? ¡Cuántas veces el ave que escaló las nubes y embriagó
-sus pupilas de sol no cayó antes, en sus primeros revuelos, de la copa
-del arbusto o de la cima de la roca escarpada!
-
-Seamos generosos, seamos sensatos, y dejemos también nosotros que las
-energías de nuestro ser contribuyan a las puras construcciones del
-arte; que el esfuerzo noble e idealista triunfe sobre las barreras
-del materialismo y las pasiones bastardas; que nuestra alma, en fin,
-trate de elevarse a la suprema belleza humana y ensaye comulgar con
-las infinitas armonías de la naturaleza. Esa belleza y esta comunión,
-lejos de aminoramos, nos harán, con sus misteriosos secretos, más
-fuertes, más grandes y más virtuosos.
-
-Por la obra de arte renovamos y sostenemos nuestros goces más delicados
-y, “si es verdad que la Ciencia no tocará jamás con el dedo el gran
-Desconocido que persigue, el Arte nos consolará de su impotencia
-haciéndonos entrever en las armonías pasajeras, cuyo secreto nos
-entrega, la imagen de esa armonía superior, causa y fin de toda
-materia, de todo movimiento, de toda vida”[33].
-
-No cerremos, pues, el corazón y el cerebro a los grandes misterios y
-palpitaciones de la vida. Que cada palabra bella, que cada esfuerzo
-sincero, que cada pensamiento noble, que cada gesto original, que cada
-paso recto, produzca en nuestro espíritu una vibración afectuosa y
-caiga en su seno como abono de luz para nuevas germinaciones... Que
-nuestra alma, abierta al cielo cómo una flor inmensa, recoja en su seno
-todos los perfumes, todas las armonías, todos los colores, todas las
-caricias, para transformarlos en néctar precioso de belleza, de bondad
-y de vida. Y así habremos llenado la más alta misión en la tierra.
-
-
-
-
-LAS IDEAS FILOSÓFICAS DE AMEGHINO
-
-POR JOSE INGENIEROS
-
-Profesor en la Universidad de Buenos Aires
-
- I. Su orientación filosófica inicial.--II. El transformismo
- y la paleontología filosófica.--III. “Mi Credo”; los cuatro
- Infinitos; la vida y la muerte.--IV. Noción de Dios y noción
- de Espacio.--V. Filogenia del lenguaje.--VI. El origen de la
- Vida.--VII. Otros aspectos.
-
-
-I.--SU ORIENTACIÓN FILOSÓFICA INICIAL
-
-La índole misma de sus estudios científicos impuso a Ameghino el examen
-de ciertos problemas filosóficos. Dotado de un temperamento imaginativo
-y revolucionario, se inclinó, desde muy joven, a generalizar los
-resultados de la experiencia y a trascender sus dominios técnicos
-mediante hipótesis de cierto vuelo.
-
-En la Memoria presentada en 1876 a la Sociedad Científica Argentina,
-sobre la geología de la formación pampeana, adviértese que está
-impregnado de Lyell y Darwin. Es transformista. Con vigorosa pujanza
-juvenil defiende su posición filosófica y embiste a los que en nombre
-de la teología y de la rutina se oponen a la investigación de la
-Verdad. En esa época pasaba por aguda crisis el llamado “conflicto
-entre la Religión y la Ciencia”; son, sin duda, un reflejo de ella los
-párrafos preliminares de su Memoria, bastante significativos acerca de
-su pensamiento inicial, pues el autor tenía veinte y dos años de edad.
-
-Su tesis es profundamente subversiva. Considera que los teólogos, o
-sabios de antaño, habían subyugado a las gentes sencillas enseñándoles
-mentiras que ellos mismos no creían; para apuntalar el despotismo
-necesitaban mantener al pueblo en la ignorancia, inculcándole ideas
-retrógradas y supersticiosas; una de ellas era la leyenda bíblica de
-la catástrofe diluviana con que un Dios vengativo había castigado a
-la humanidad. Los tales sabios de antaño pretendían ahora explicar
-los hallazgos de fósiles, suponiendo que la legendaria catástrofe los
-había enterrado inesperadamente; pero la hora había llegado de que
-terminaran esas patrañas, pues los restos fósiles no son antediluvianos
-y pertenecen a especies que vivieron y evolucionaron durante el vasto
-período de tiempo en que fueron sedimentándose los terrenos llamados
-diluvianos, cuya progresiva estratificación no acredita la hipótesis
-tradicional.
-
- * * * * *
-
-“¿De dónde han venido (los restos fósiles, en general)? ¿Qué mano,
-qué fuerza, qué poder inmenso es el que ha llevado sus despojos a las
-cumbres de las montañas a miles de pies de elevación, ha rellenado con
-ellos su interior, los ha transportado al centro de los continentes a
-grandísimo número de leguas de los mares actuales, y los ha enterrado
-en las entrañas de la tierra a centenares y aun a millares de metros
-de su superficie? ¿Qué mano misteriosa es la que ha dejado en la
-superficie de la tierra un monumento imperecedero tan elocuentísimo de
-su inmenso poder?
-
-“Estas preguntas hacía el pueblo a los sabios de antaño. Estos,
-después de haber estudiado la cuestión y encontrado una explicación
-satisfactoria y conveniente para ellos,--puesto que mediante ella
-trataron de afianzar y aun consolidar el inmenso castillo bamboleante y
-sin cimientos que habían fabricado sus antecesores sobre la ignorancia
-del pueblo, al cual tenían subyugado a su capricho (ignorancia que
-trataron siempre de mantener y aun fomentar, inculcando en el pueblo
-ideas retrógradas y supersticiosas, para de este modo asegurar mejor
-su despotismo),--se apresuraron inmediatamente a contestar diciendo
-que todos esos restos de seres organizados que se encuentran dispersos
-y enterrados en todas partes del globo, son los restos de los
-desgraciados seres que vivían cuando ocurrió el diluvio universal, que
-habían sido víctimas de dicha catástrofe. Y que sus restos, habiendo
-sido acumulados, enterrados y dispersados en todas direcciones del modo
-más confuso, venían a ser, por consiguiente, la prueba más evidente y
-convincente de la gran catástrofe, por medio de la cual la irritación
-del Todopoderoso hacia la concupiscente raza humana de entonces, hizo
-devastar al mundo entero destruyendo a hombres y animales. ¡Como si
-estos últimos también hubiesen sido culpables!
-
-“Esta fué la respuesta de los sabios o, más bien dicho, de los teólogos
-de antaño, puesto que casi todas las ciencias eran antes enseñadas
-por el clero; y aunque hubiese habido alguna persona que hubiera
-dudado de la posibilidad de dicha catástrofe, se habría guardado muy
-bien de revelar su opinión, pues ahí estaba pronto el despotismo de
-la teocracia para ponerle un freno a la lengua cada vez que hubiera
-tratado de poner en discusión cualquiera de las falsas hipótesis de la
-ciencia teocrática. Pero al dar esa respuesta, creían que nadie les
-había de probar lo contrario, y muy lejos estaban de creer que llegaría
-un día no muy lejano en que se probaría por medios evidentes y hechos
-irrecusables, no tan sólo que los numerosos restos organizados que se
-hallan enterrados en las entrañas de la tierra no son el resultado
-del diluvio universal, sino que hasta se llegaría a demostrar que es
-imposible que esta misma catástrofe haya tenido lugar...”
-
-En efecto, el agua que se encuentra en nuestros mares es insuficiente
-para cubrir toda la superficie de la tierra, hasta los picos más
-elevados. Para sostener la existencia del diluvio universal se debería
-suponer que las aguas provienen de algún punto exterior al planeta, o
-que Dios las creó de la nada y después de haber conseguido su objeto
-las volvió a la nada. Tal hipótesis le parece imposible, geológicamente
-hablando, pues de todos los fenómenos que se han verificado en nuestro
-globo, desde sus orígenes, no se conoce ninguno debido a causas
-sobrenaturales; “por consiguiente, el diluvio universal, explicado
-por causas agenas a las leyes naturales y que no caen bajo nuestros
-sentidos, es un absurdo, es un imposible geológico. Casi todas las
-montañas, aun las más altas del globo, presentan en su superficie
-bancos de coral, conchas marinas de diferentes especies, etc., que
-los partidarios del diluvio universal atribuyen a dicho cataclismo,
-suponiendo que las aguas los llevaron y depositaron en las cimas de las
-montañas; pero ¿cómo explicar el hecho de que muchas de esas montañas,
-desde su base hasta su cima, están en su interior completamente llenas
-de dichos despojos puestos por capas sucesivas; que cada una contiene
-sus fósiles característicos de los cuales no se encuentran vestigios
-en las otras capas; y que cada una denota pertenecer a períodos de
-millares de años durante los cuales se fueron modificando lenta pero
-progresivamente los seres animales que durante ellos vivían? ¿Cómo
-explicar el hecho de que algunas de esas capas están compuestas de
-animales marinos y otras de fluviales? Nunca consiguieron los teólogos
-explicarlo satisfactoriamente.
-
-“Sólo a los ateos, según los llaman ellos, les estaba reservado poder
-explicarlo satisfactoriamente, como han probado de un modo evidente los
-geólogos que dichas montañas no son otra cosa que terrenos formados
-lentamente en el fondo de los mares y los lagos, que más tarde fueron
-sublevados por efecto del calor del horno central de la tierra, que
-careciendo, comparativamente a la gran intensidad de su calor, de
-suficientes válvulas de seguridad (volcanes), los formaba en los puntos
-menos resistentes de la corteza terrestre sublevando inmensas capas de
-terreno, cuya mayor parte yacían en el fondo de los mares de aquella
-época, y que son los que constituyen nuestras montañas actuales”.
-
-Los partidarios de las viejas tradiciones creyeron defenderlas
-reconociendo esos acontecimientos geológicos, pero agregando que habían
-ocurrido antes del diluvio legendario; los efectos de éste debían
-buscarse en los terrenos móviles o poco coherentes (sedimentarios)
-que descansan sobre los anteriores y a los que se dió el nombre de
-_diluvium_ o terrenos diluvianos. “Por consiguiente, la cuestión no se
-reduce más que a saber si realmente los terrenos, a cuyo conjunto se ha
-dado el nombre de _diluvium_, son el producto de una gran catástrofe.
-Casi todos los geólogos modernos, fundándose en hechos, pruebas y
-razones convincentes, se han declarado por la negativa.”
-
- * * * * *
-
-Lo que Ameghino se propone, en suma, no es simplemente describir
-observaciones estratigráficas ni colecciones de fósiles; desea
-intervenir en uno de los grandes conflictos trabados entre la Ciencia
-y la Religión, poniendo al servicio de la primera sus observaciones
-personales. En efecto, “los terrenos que ocupan la superficie de las
-pampas argentinas hasta una profundidad de veinte metros y más, a
-cuyo conjunto se ha dado el nombre de _formación pampeana_ o terrenos
-pampeanos, corresponden por su situación geológica a los que en Europa
-se han llamado diluvianos. En estos terrenos se han encontrado, lo
-mismo que en sus análogos europeos, los huesos de un gran número de
-mamíferos conocidos generalmente con el nombre de _antediluvianos_.
-En estos terrenos se han encontrado huesos humanos y objetos de su
-industria, a los cuales, por estar como están, mezclados con huesos
-de mamíferos extintos llamados _antediluvianos_, habría también que
-aplicarles dicho calificativo. Ahora bien: el término _antediluviano_
-ha sido introducido en la ciencia para designar cualquier cosa que
-fuera anterior al supuesto diluvio universal, cuya existencia era
-antes casi generalmente admitida. Si conservásemos dicho término para
-designar los animales que se encuentran en el terreno pampeano y los
-huesos humanos que se han encontrado junto con ellos, sería lo mismo
-que si dijéramos que los animales a que pertenecieron dichos huesos
-fueron anteriores a la supuesta catástrofe diluviana, es decir, a una
-supuesta fecha o punto de partida, puesto que el diluvio, como nos
-lo quieren hacer entender los defensores de las erróneas tradiciones
-bíblicas, no ha sido más que una gran inundación simultánea sobre toda
-la superficie de la tierra.
-
-“Por eso es que para nuestros fines nos resulta de suma necesidad
-saber si los terrenos pampeanos han sido formados momentáneamente por
-efecto de una gran inundación, o son, por el contrario, el producto de
-la reunión de un gran número de causas, que estuvieron en actividad
-durante un largo número de años.
-
-“Si lo primero es exacto, los animales cuyos restos encontramos en
-ellos deben haber vivido con anterioridad a la catástrofe que los
-formó y de la que fueron víctimas; y en ese caso el calificativo de
-_antediluviano_ les sería bien aplicado.
-
-“Si fuese lo segundo, el término _diluvio_ o _diluviano_ ya no
-indicaría una data o fecha, sino una época o un gran período de tiempo,
-durante el cual habrían tenido vida los numerosos seres organizados
-cuyos restos se encuentran en los terrenos que durante él se formaron;
-y, en consecuencia, el término _antediluviano_ sería mal aplicado,
-porque equivaldría a decir que tuvieron vida anteriormente a una
-catástrofe que jamás ha tenido lugar y podría substituirse por el de
-_diluviano_, que equivaldría a decir que tuvieron vida durante la época
-o período así llamado.
-
-“Vamos a tratar de resolver la cuestión no con simples hipótesis o
-argumentaciones sin fundamento, sino con razones, pruebas y hechos,
-cuya exactitud podrá comprobar cualquiera”.
-
-Su propósito no es, como se vé, simplemente descriptivo; si observa
-terrenos y colecciona fósiles, persigue fines ideológicos más elevados.
-Tiene, ciertamente, a los veinte y dos años preocupaciones que merecen
-el nombre de filosóficas. Reaparecen ellas en _La Antigüedad del
-Hombre en el Plata_ (1880), verdadero resumen de todos sus escritos
-precedentes, y persisten en _La Edad de la piedra_ y en el _Homenaje
-a la memoria de Darwin_, verdaderos eslabones que articulan su
-pensamiento juvenil con las ideas científicas de su vida entera.
-
-
-II.--EL TRANSFORMISMO Y LA PALEONTOLOGÍA FILOSÓFICA
-
-El ciclo de su obra viril se inicia con _Filogenia_ (1884), obra
-que por su método y orientaciones pertenece al género de la llamada
-_paleontología filosófica_.
-
-Después de Goethe, Oken y Buffon,--los precursores,--el transformismo
-fué enunciado, con firmeza creciente, por Lamarck, Saint-Hilaire y
-Darwin. Las obras de este último, concordantes con las expuestas por
-Lyell en otros dominios, revolucionaron la zoología; a poco, mientras
-Haeckel y Huxley le aportaban comprobaciones valiosas, cundió entre
-los paleontólogos el transformismo y primaron en el estudio de los
-fósiles los trabajos de reconstrucción filogenética. Neumayr delineó la
-de los invertebrados, Cope la de los vertebrados; ambos introdujeron
-en la paleontología el transformismo, más darwinista en el primero y
-más lamarckiano en el segundo. Al mismo tiempo daba a luz Gaudry sus
-leidísimos volúmenes sobre “los encadenamientos del mundo animal”,
-coronados más tarde por su “ensayo de paleontología filosófica”.
-
-Durante la estancia de Ameghino en Europa (1878-1881) esa orientación
-filosófica de la paleontología estaba en pleno auge; refléjase ella
-ampliamente en _Filogenia_ (1884), obra que tiene, junto a sus muchos
-méritos, los apresuramientos propios de esa época, que justificaron la
-prudente voz de alarma lanzada por Zittel.
-
-El prólogo de _Filogenia_, en su parte final, es de un optimismo
-fervoroso. Ameghino se propone restaurar el árbol filogenético para
-dar la demostración irrefutable del transformismo; confiado en su
-juventud, sólo pide tiempo para ello. Declara que una empresa de tal
-magnitud y responsabilidad científica no puede esperarse de hombres que
-tienen ya una reputación hecha y temen arriesgarse a comprometerla; las
-obras revolucionarias están reservadas a los jóvenes. “Reconozco la
-necesidad imperiosa de proceder cuanto antes a bosquejar este ensayo de
-clasificación genealógica, y voy a acometer la empresa sin disimularme
-las dificultades que para ello tendré que vencer, los deberes que me
-impone, los sinsabores que quizá me reserva y la acerba crítica con que
-sin duda será acogido por todos los que no tienen fe en el porvenir
-y en las innovaciones, y ven detrás de cada revolución un caos, sin
-reflexionar que después del fuerte rugir del trueno y de la obscuridad
-que momentáneamente produce el encapotado cielo, la bóveda celeste
-se muestra más límpida y azul, y el sol aparece más brillante y más
-hermoso”.
-
-_Filogenia_ es un simple punto de partida, la fijación del método
-para llegar al fin; así lo expresa el subtítulo: “principios
-de clasificación transformista basados sobre leyes naturales y
-proporciones matemáticas”.
-
-Nunca olvidó Ameghino esa orientación filosófica inicial. Pasó los
-más de sus años siguientes en clasificar las cuatro grandes faunas
-paleontológicas de las formaciones pampeana, paranaense, hermosense
-y patagónica, determinando a la vez sus condiciones geológicas;
-pero de tiempo en tiempo volvió a lanzar una mirada sinóptica a
-su obra, conexionándola con sus propios orígenes y proyectándola
-sobre el porvenir[34]. Ya en plena madurez, acicateado por algunos
-descubrimientos, renacieron en él con nuevos bríos las inclinaciones
-antropogenéticas que había revelado en el capítulo final de
-_Filogenia._ Ocupó sus últimos años en perfeccionar la serie de
-los ascendientes del hombre, problema de la mayor trascendencia
-filosófica. Sostuvo, como Darwin y todos los darwinistas, que los
-antecesores del hombre no deben buscarse entre los actuales monos
-antropomorfos, sino entre los monos ya extinguidos que dieron origen a
-ambas ramas; pero a todos los excedió en el empeño que puso en acabar
-una demostración tan inútil. No la necesita ya ningún transformista;
-nunca parecería suficiente a quien desee creer en el origen
-sobrenatural del hombre y en la invariabilidad de las especies.
-
-
-III.--“MI CREDO;” LOS CUATRO INFINITOS; LA VIDA Y LA MUERTE
-
-En 1899 publicó Ameghino tres artículos sobre _Los Infinitos_: espacio,
-materia y movimiento[35]. Sus conceptos fundamentales reaparecieron
-en la conferencia _Mi Credo_, pronunciada el 4 de agosto de 1906, en
-la Sociedad Científica Argentina; en este conocido trabajo renovó su
-adhesión a los principios del naturalismo filosófico, cuyas hipótesis
-más corrientes expuso en forma sencilla y con visible originalidad en
-ciertos detalles.
-
- * * * * *
-
-Concebía el Cosmos como un conjunto de _cuatro infinitos_: el inmutable
-_infinito espacio_, ocupado por el _infinito materia,_ en _infinito
-movimiento_ en la sucesión del _infinito tiempo_.
-
-“Materia y espacio tienen la relación de contenido y continente. El
-espacio existe, es una realidad, puesto que en el Universo es lo único
-inmóvil, perenne, inmutable, sirviendo de receptáculo a la materia.
-Concebir algo que sea menos que el espacio o que se encuentre fuera de
-él, es un imposible.
-
-“La materia es la substancia palpable que llena el Universo, y no
-podemos figurárnosla sino ocupando espacio; es evidente que la porción
-del espacio ocupada por un átomo de materia no puede ser a la vez
-ocupada por otro.
-
-“La materia no tuvo principio, ni tendrá fin. Que es indestructible, es
-evidente, puesto que no es concebible la posibilidad de sacarla fuera
-del espacio.
-
-“Como inseparable del espacio tenemos el intangible infinito tiempo,
-que podemos definir como la sucesión infinita de la nada corriendo
-paralelamente a las sucesivas fases de la eterna transformación de la
-materia.
-
-“Como inseparable de la materia tenemos el infinito movimiento, que
-aunque inmaterial, a diferencia del infinito tiempo, es sensible y
-tangible.”
-
- * * * * *
-
-Dejando los infinitos intangibles, espacio y tiempo, se detiene
-Ameghino a examinar los dos infinitos tangibles: materia y movimiento.
-
-Acepta el atomismo para explicar la constitución de la materia. El
-movimiento no existe independiente de la materia; es sinónimo de fuerza
-o energía.
-
-La evolución de la materia obedece a dos movimientos opuestos, de
-igual intensidad: concentrante y radiante, es decir, de atracción y
-repulsión. La evolución concentrante es progresiva; la radiante es
-regresiva.
-
-Un principio fundamental rige la universalidad del movimiento: “la
-intensidad del movimiento está en relación inversa de la densidad
-de la materia”. Hay mundos en formación y mundos en disolución: ese
-equilibrio es eterno.
-
-La materia presenta numerosos estados, desde el etéreo que llena
-los espacios estelares, hasta el pensante que constituye el cerebro
-en actividad. La estructura de esos estados es variadísima,
-correspondiendo a cada uno de ellos un agrupamiento molecular distinto.
-La transición entre esos estados es necesariamente progresiva. “La
-infinita variedad de aspectos bajo los cuales se presenta la materia,
-como todos los fenómenos físicos y químicos, se reduce al predominio
-(localizado en el tiempo y en el espacio) del movimiento concentrante
-o del movimiento radiante, que modifican la materia variando a lo
-infinito su grado de elevación jerárquica y la complejidad de los
-agrupamientos moleculares. Todos los elementos de la materia son
-múltiplos del átomo único fundamental: el éter.
-
-Los cambios de estado de la materia se acompañan de absorción o emisión
-de calor.
-
-Si los átomos son impenetrables, las moléculas son penetrables; los
-distintos estados de la materia coexisten contenidos los unos en los
-otros.
-
-Las diversas formas de energía se transforman entre sí en proporciones
-siempre equivalentes.
-
-Los fenómenos físicos consisten en variaciones de la composición
-molecular de la materia; los fenómenos químicos son disociaciones y
-reagrupaciones de los elementos moleculares.
-
-Las leyes naturales, con excepción de las muy pocas que rigen los
-infinitos, no son eternas ni inmutables; son modos de equilibrio
-entre el movimiento concentrante y el movimiento radiante: a cada
-modificación de las condiciones de equilibrio corresponde una variación
-de las leyes naturales.
-
- * * * * *
-
-“No hay diferencia de substancia entre los cuerpos orgánicos y los
-cuerpos inorgánicos, entre el cuerpo vivo y el cuerpo muerto”; entrando
-en la composición de ambos los mismos elementos, su diferenciación
-es secundaria y no primitiva, datando de una época relativamente
-recientísima. Los organismos se formaron sobre la tierra cuando
-su condensación fué suficientemente avanzada y la temperatura
-suficientemente baja para que no se coagularan los albuminoides: “los
-organismos son el resultado de la transformación de los inorganismos”.
-La vida es una modalidad complicada del movimiento: todas sus
-manifestaciones se reducen a formas de movimiento que ya encontramos en
-los inorganismos.
-
-La cantidad de materia viviente es invariable en las actuales
-condiciones de equilibrio de la tierra y no variaría en cuanto ellas
-persistiesen; está determinada por la cantidad de nitrógeno disponible
-que existe sobre la tierra, que no puede sufrir aumento o disminución
-sin producir un desequilibrio en el estado dinámico periférico de
-nuestro globo.
-
-Los primeros organismos se constituyeron por generación o evolución
-espontánea, al transformarse la materia inorgánica. Actualmente la
-generación espontánea no existe. No puede existir porque ya no hay
-nitrógeno libre, cuya totalidad está acaparada por el mundo orgánico
-existente, que representa la cantidad máxima de materia susceptible de
-vivir.
-
-La formación espontánea de la materia viviente se efectuó una sola vez
-y no volverá a producirse; fué una etapa en la evolución de la corteza
-terrestre, cuyas condiciones no se repetirán. La vida continuará sin
-discontinuidad mientras duren las actuales condiciones de equilibrio de
-la corteza terrestre. La materia de la corteza de los otros planetas ha
-pasado o pasará por la misma etapa, lo que implica la posibilidad de
-que sobre ellos aparezcan organismos vivientes.
-
-Si la cantidad de materia viva es invariable, el aumento numérico de
-algunos organismos debe implicar la disminución de otros; esa es la
-causa última de la concurrencia vital o lucha por la vida. Siendo
-limitada la cantidad de materia asimilable, ese es el límite natural de
-la reproducción en los organismos: unos seres tienen que sucumbir para
-que los demás puedan vivir.
-
-Colocado en condiciones favorables del medio, el protoplasma, o
-los seres vivos elementales, serían inmortales; la muerte es un
-desequilibrio entre el ser vivo y su medio.
-
-Los organismos más complicados son colonias de organismos elementales,
-entre quienes se dividen las funciones necesarias a la vida del
-conjunto; su muerte es un desequilibrio en esa división del trabajo.
-
-La diversificación, complicación y perfeccionamiento de los organismos
-se efectúa por una constante adaptación al medio, el cual también
-evoluciona constantemente.
-
-En la evolución individual cada organismo atraviesa las etapas
-recorridas por sus antecesores en la evolución de las especies: la
-ontogenia repite la filogenia, en sus fases generales.
-
-Los hábitos adquiridos en la evolución de la especie, aparecen en
-el individuo como instintos; siguiendo ese proceso, que nada puede
-interrumpir, el hombre de las edades futuras nacerá con todos nuestros
-conocimientos actuales involucrados potencialmente en su instinto.
-
- * * * * *
-
-Los seres vivos mueren cuando la disimilación es mayor que la
-asimilación; el organismo se mineraliza progresivamente y sus funciones
-se entorpecen hasta hacer imposible el equilibrio total.
-
-El hombre podrá algún día retardar su muerte, “poco menos que
-indefinidamente”. El término de duración de la vida no es fijo; debemos
-dilatarlo el mayor tiempo posible. “No creo que la muerte deba ser
-siempre una consecuencia inevitable y fatal de la vida”. Los organismos
-unicelulares, en determinadas condiciones, son teóricamente inmortales;
-los policelulares mueren porque sus células se mineralizan y dejan de
-funcionar, lo que se efectúa en época fija e invariable. Aunque la masa
-total de materia viviente sea invariable, ella puede estar dividida
-entre un número variable de individuos. “Puede, pues, concebirse,
-sin que sea un contrasentido ni esté en contradicción con las leyes
-naturales en vigencia, la posibilidad de que pudiera existir cierto
-número de organismos inmortales, que vivieran constantemente a expensas
-del mundo orgánico”.
-
-Para alcanzar una longevidad indefinida es necesario que el
-funcionamiento orgánico no sea obstruído por la acumulación de
-sedimentos inertes. La tendencia evolutiva hacia una mayor longevidad
-es general y está muy acentuada en los organismos superiores; el hombre
-podría conocer las condiciones que la determinan y adaptar su propia
-evolución en ese sentido, “darle dirección y colocarse resueltamente en
-el camino de la inmortalidad”.
-
-A nuestros lejanos descendientes “dotados de una longevidad de miles de
-años; con el saber innato de sus antecesores, heredado bajo la forma
-de instinto; con órganos de los sentidos mucho más perfectos que los
-del hombre actual; con una materia pensante infinitamente superior, les
-seria posible resolver los grandes problemas del Universo que se nos
-presentan todavía en forma de lejanas nebulosas”. La especie humana
-actual, salida de las precedentes, engendrará a su vez una especie más
-perfecta, próxima al concepto que el hombre se forma de la divinidad.
-En nuestros futuros descendientes, podría quedar cumplida la profecía
-bíblica: ellos serían a imagen y semejanza de los dioses[36].
-
-
-IV.--NOCIÓN DE DIOS Y NOCIÓN DE ESPACIO
-
-La concepción del Cosmos como conjunción de cuatro Infinitos, se
-encuentra explicada con mayor detenimiento en los artículos ya citados,
-anteriores a _Mi Credo_. La concepción panteísta está desenvuelta en
-su breve artículo _Noción de Dios y noción de Espacio_[37], destinado
-a contestar la pregunta: “¿Hay algo que en verdad exista, o que
-cuando menos pueda ser concebido en sana lógica como existente, que
-esté más arriba que el espacio y la materia?” Y después de reconocer
-la universalidad de la creencia en “un ser superior que gobierna el
-Universo y es autor y origen de todas las cosas”, da su respuesta
-decisiva: “la existencia de un ser superior, creador del Universo, es
-incompatible con la noción de la existencia y la eternidad del espacio
-y la materia”. Trata de probar con múltiples razonamientos lógicos la
-incompatibilidad de las nociones de Dios y de Espacio, terminando con
-las siguientes conclusiones explícitas:
-
-“La idea de Dios es una idea primitiva, simple, sencilla, infantil,
-hija del temor que engendra lo desconocido y de la ignorancia, que sólo
-tiene ojos para ver las apariencias. Idea nacida con el hombre desde el
-estado salvaje y que ha ido modificándose poco a poco a medida que el
-hombre se civilizaba y cultivaba su inteligencia, hasta hacer de tal
-idea una concepción puramente metafísica, dotada de atributos no menos
-metafísicos, sirviéndome de esta expresión en su acepción más vulgar,
-que quiere que sea metafísico todo aquello que no se comprende. Y en
-efecto: nada hay, por consecuencia, tan metafísico como la noción de
-Dios y de sus atributos, puesto que todo ello es lo más incomprensible.
-
-“La noción de espacio es, por el contrario, una idea compleja, que sólo
-ha podido presentarse en espíritus elevados y afirmarse como resultado
-del conocimiento previo del Cosmos.
-
-“Una no deja lugar para la otra; y así como todo pueblo inferior
-se aniquila, desaparece y se extingue al estar en contacto con uno
-superior, así también la noción de Dios se disipa ante la concepción
-mucho más grandiosa, a la par que real y positiva, de la eternidad de
-la infinita materia, en movimiento infinito, que llena el infinito
-espacio”.
-
-
-V.--FILOGENIA DEL LENGUAJE
-
-Nunca osaron pensar Lamarck y Darwin, que la Anatomía Comparada y
-la Paleontología podrían corroborar el transformismo explicando las
-variaciones morfológicas que han permitido la evolución del lenguaje.
-Ameghino lo intentó en su escrito póstumo “_Origen poligénico del
-lenguaje articulado_”, en cuyo texto parece alterado el orden natural
-de los problemas y no están bien distribuídos los materiales[38].
-
-Fácil es separar en esta monografía los elementos relativos al estudio
-de cuatro cuestiones distintas: 1.ᵒ Filogenia General del Lenguaje;
-2.ᵒ Restauración filogenética de los órganos del lenguaje articulado;
-3.ᵒ Origen poligénico de las lenguas humanas; 4.ᵒ Seriación de los
-elementos fonéticos del lenguaje articulado.
-
- * * * * *
-
-La primera cuestión--Filogenia General del Lenguaje--parte de que, en
-la evolución de las especies animales, el lenguaje va convirtiéndose de
-mímica emotiva en lenguaje articulado. Para ello pasa por cuatro etapas
-progresivas:
-
-1.ª Lenguaje animal o emotivo, propio de los animales, constituído por
-gritos vocales acompañados de expresiones musculares (gestos) para
-determinar mejor su significado.
-
-2.ª Lenguaje exclusivamente vocal o prehumano, propio de los
-antecesores del hombre.
-
-3.ª Lenguaje semiarticulado, constituído por vocales y semiconsonantes,
-sonidos intermedios que participan a la vez de la vocal y de la
-consonante. Corresponde a los primeros representantes del género
-humano, cuya mandíbula carecía, todavía, de apófisis geniglosa.
-
-4.ª Lenguaje articulado, en el que los órganos bucales entrecortan
-el sonido vocal para constituir sílabas distintas. Este ha
-comenzado con la formación de la apófisis geniglosa, y ha alcanzado
-independientemente distintos grados de desarrollo.
-
-(La parte mímica, expresiva o emotiva, ha ido disminuyendo a medida que
-iba en aumento el significado de las voces).
-
-Ameghino analiza cada una de esas cuatro etapas, deteniéndose,
-especialmente, en la última, o sea el lenguaje articulado.
-
-“No quiero invadir terreno extraño a mis conocimientos. Sin embargo,
-se me permitirá que exprese mi opinión, según la cual considero el
-estudio y clasificación de las lenguas del mismo modo que el estudio y
-clasificación de las especies en historia natural. Las lenguas deben
-ser tratadas como se tratan las especies. Schleiger ya había entrevisto
-este paralelo entre la lingüística y la historia natural, reconociendo
-que el lingüista debía abordar el estudio de las lenguas en la misma
-forma que el botánico estudia las plantas; pero no llevó el parangón a
-términos más precisos. Esta es la vía que debe seguirse.
-
-“Las lenguas representan para mí las especies, y los dialectos las
-variedades de esas especies; las lenguas madres representan las
-familias y varias familias afines constituyen los órdenes de lenguas.
-
-“Las especies lingüísticas están constituídas por tres sistemas de
-órganos: 1.ᵒ Los sonidos son los caracteres más fundamentales, los
-órganos (sonidos) duros de las lenguas, los que forman su armazón o
-esqueleto, equivalentes a los huesos en los vertebrados; son, como
-éstos, los que varían y se modifican con mayor lentitud, y, por
-consiguiente, los que deben servir para la distinción de los grupos
-principales, como los órdenes y su origen. 2.ᵒ Las voces o palabras,
-equivalen a los órganos blandos que varían con mucha mayor facilidad y
-sirven para determinar o definir las especies (lenguas) y variedades
-(dialectos). 3.ᵒ Las construcciones y formas gramaticales son sistemas
-de órganos que sirven para determinar las relaciones que hay entre las
-especies (lenguas) y agruparlas en géneros y familias. Entre esos
-órganos los hay primitivos, recientes, atávicos, perfectos, etc.”
-
-“En las lenguas, como en las especies en historia natural, hay
-numerosísimas variedades, especies, géneros y familias extinguidas.
-Para llegar a resultados definidos hay que estudiar las lenguas
-desde el punto de vista filogenético, el mecanismo de los sonidos
-en sí y en sucesión en el niño, es decir, aplicando el método de
-los paleontólogos para establecer las líneas filogenéticas de los
-distintos grupos lingüísticos. Hay, pues, que hacer la filogenia de
-las formas desaparecidas y de cada uno de los órganos (es decir, de
-los sonidos), determinando la época de aparición relativa o sucesiva,
-y las modificaciones que esos sonidos han debido experimentar desde su
-primera aparición hasta nuestros días”.
-
- * * * * *
-
-Nada más lógico que la segunda cuestión--Restauración filogenética de
-los órganos del lenguaje articulado--para el autor de _Filogenia_.
-El lenguaje articulado es una función desempeñada por órganos.
-Prescindiendo de su aspecto psíquico, vinculado a la anatomía
-e histología cerebrales, Ameghino se detiene a estudiar los
-órganos indispensables para que el lenguaje vocal se convierta en
-semiarticulado y en articulado.
-
-Examina, en primer lugar, la variación progresiva de los huesos y
-órganos que intervienen en la fonación y en la articulación de los
-sonidos; bien observada, esta parte del trabajo resulta una nueva (y,
-en verdad, inesperada) aplicación del _procedimiento de la seriación_
-a los órganos del lenguaje, para restaurar _su filogenia_. “Los
-representantes actuales de la clase de los mamíferos y lo que la
-paleontología nos enseña sobre los que los han precedido, nos permiten
-rehacer el camino de la evolución de estos órganos desde los mamíferos
-más primitivos hasta el hombre”; los analiza, deteniéndose en los monos
-y en los antropomorfos, advirtiendo que “en la naturaleza actual no
-hay formas de transición entre esa conformación propia de los cebinos
-y los catarrinos, y la del hombre. Pero los primeros hombres que
-aparecieron sobre la tierra, muestran a este respecto una conformación
-completamente intermedia, y en algunos casos puede decirse que idéntica
-a la de los monos”.
-
-Atribuye una importancia especial en la función del lenguaje
-articulado a la morfología de la apófisis geniglosa, eje principal
-de los movimientos linguales en el hombre. Carecen de ella todos los
-mamíferos; en los antropomorfos, que se consideran tan cercanos al
-hombre, la dificultad de hablar depende, no sólo de la ausencia de la
-apófisis geniglosa, sino de la disposición de la dentadura y de los
-labios. En los antecesores inmediatos (especies o razas) del hombre
-actual, falta esa apófisis; de ese hecho puede inferirse lógicamente
-que ellos no pudieron poseer un lenguaje netamente articulado. Parécele
-evidente que esta clase de lenguaje fué primitivamente simple y
-limitado a muy pocos sonidos; el uso desarrolló los músculos linguales
-y el crecimiento de la apófisis geniglosa, permitiendo esta última una
-grandísima amplitud de movimientos en todas direcciones, correlativa a
-la creciente complicación del lenguaje articulado.
-
-Fácilmente se adivina que las observaciones sobre dicha apófisis
-han sugerido a Ameghino sus hipótesis generales sobre filogenia del
-lenguaje.
-
- * * * * *
-
-La tercera cuestión planteada en este bosquejo--origen poligénico de
-las lenguas humanas--está muy someramente expuesta. ¿La adquisición
-de la función del lenguaje articulado se ha efectuado en una sola
-región de la tierra o en varias a la vez, ha tomado origen en una
-sola raza o en varias por separado? Para dilucidar este problema se
-resuelve “a examinar las mandíbulas antiguas que del hombre se conocen
-en las diferentes partes del mundo, para poder determinar si todos se
-han desenvuelto sobre el mismo plan y seguido un mismo camino, o si
-obedecen a distintos planes y han seguido distintos caminos. En el
-primer caso, habría probabilidad de un origen único, siempre que ese
-camino no hubiera sido emprendido independientemente en las distintas
-regiones. Pero si el modo de desarrollo obedece a más de un plan y
-un camino, entonces es evidente, que el origen es independiente y
-poligénico”. De ese estudio infiere: 1.ᵒ Que el lenguaje articulado
-tiene diversos orígenes independientes. La apófisis geniglosa es
-un carácter poligénico y no monogénico. Esta apófisis empezó a
-delinearse, en el fondo de la fosa geniglosa, independientemente
-en las grandes regiones de la tierra y también en pueblos de una
-misma región; empezó por pequeñas rugosidades que representaban,
-entonces, un carácter profético. El estado en forma de fosa geniglosa
-sin rugosidades ni apófisis, fué la característica del hombre al
-concluir la época terciaria. 2.ᵒ Todo induce a creer, además, que la
-facultad del lenguaje, no solo las razas humanas la han adquirido
-independientemente, sino también en épocas distintas y algunas en
-tiempos geológicos relativamente muy recientes”.
-
- * * * * *
-
-La cuarta de las cuestiones--Seriación de los elementos fonéticos del
-lenguaje articulado--es la que ha alcanzado un desenvolvimiento menos
-incompleto (Cap. V, titulado “sonidos consonantes”). También es,
-ciertamente, la parte más constructiva y original, aunque se advierte a
-cada instante que el autor no conoce los estudios modernos de fonética
-experimental y comparada; esto le habría facilitado su obra y sus
-resultados serían más valederos.
-
-Es imposible resumir los análisis que le llevan a reconstruir ciertos
-“phylae” de evolución de los sonidos lingüísticos fundamentales. El
-_procedimiento de la seriación_, establecido en _Filogenia_ para los
-caracteres de los huesos fósiles, aparece aquí aplicado a seriar los
-elementos fonéticos (fonemas) del lenguaje articulado. No se sabe qué
-admirar más, si el ingenio, si la lógica, si algunos resultados cuya
-evidencia resulta de la imposibilidad de lo contrario. Es un bosquejo,
-sin duda; el propio Ameghino reconoce y lamenta su ignorancia de las
-disciplinas filológicas corrientes. Pero lo importante es la indicación
-de un _nuevo método_ para el estudio comparado de las lenguas, que
-contribuiría a la formación de una _filología genética_ realmente
-integral.
-
-Las ideas generales que dominan en este escrito póstumo contienen
-todo lo útil que podía esperarse de la obra completa: una orientación
-para otros. Ameghino carecía de nociones rudimentarias de fonética y
-de filología; había llegado a una edad en que no pueden emprenderse
-estudios enteramente nuevos[39].
-
-
-VI.--OTROS ASPECTOS
-
-Algunas ideas de _Mi Credo_ están desenvueltas en un escrito póstumo de
-Ameghino: _El Origen de la Vida_[40]; son breves notas sobre el origen
-de los seres, la primera aparición de la vida, la generación espontánea
-en el origen de la misma, su improbabilidad actual, las condiciones
-necesarias para el desarrollo de la vida, etc. Carecen de originalidad,
-desarrollando las ideas más corrientes entre los partidarios de la
-teoría físico-química.
-
-Fácil es advertir que Ameghino, en el _Credo_ que hemos sintetizado
-con fidelidad, da por planteados y resueltos los problemas filosóficos
-de “origen” y de “genealogía”. Sobre el origen del cosmos, de la vida
-y del pensamiento, adhiere estrictamente al naturalismo filosófico;
-pertenece a la corriente de pensadores que en el siglo pasado contó
-con grandes nombres, desde Darwin hasta Ostwald, convergiendo a una
-_concepción del mundo fundada en las ciencias naturales_. Justo es
-advertir, sin embargo, que sus ideas se limitaron a generalizaciones
-poco definidas, no alcanzando la forma del monismo energético, que ha
-sido la expresión más sistemática de esa tendencia.
-
-En cuanto al problema “gnoseológico”, piedra de toque para clasificar
-a un filósofo, Ameghino admite, de hecho, que la experiencia es el
-fundamento de todo conocimiento, iniciándose como observación empírica,
-coordinándose como ciencia y proyectándose en lo desconocido como
-hipótesis fundada en la experiencia. Nunca trató en particular este
-problema de lógica, ajeno a sus dominios científicos; pero siempre que
-a él se refirió incidentalmente, su obsecuencia al método científico
-fué absoluta y se esforzó por practicarlo, en cuanto ello le fué
-posible.
-
-Su posición moral fué netamente optimista. Se dejó llevar por la
-imaginación en sus previsiones relativas a la futura longevidad humana,
-que llamó “inmortalidad” en términos metafóricos, más propios de la
-poesía que de la ciencia.
-
-Rindió culto a la Verdad con derechez ejemplar y virtud pocas veces
-igualada. Y, sin salir de la Naturaleza, imaginó un Dios nacido de la
-Naturaleza misma: el Hombre perfeccionado de la humanidad futura.
-
-
-
-
-ÍNDICE DEL VOLUMEN IX
-
-
- Págs.
-
- _Agote, Luis_ --El Helenismo de Alejandría 28
-
- _Blanco, Julio Enrique_ --Sobre el origen y desarrollo de
- las ideas teleológicas en Kant 223
-
- _Besio Moreno, Nicolás_ --Ulises en el infierno dantesco 437
-
- _Bianchi, Alfredo A._ --La huelga sangrienta 304
-
- _Bustos, Zenón_ --La Revolución Social que nos amenaza 136
-
- _Culturales, Asociaciones_ --La huelga sangrienta 318
-
- _Donoso, Armando_ --La conversión de Brunetiére 206
-
- _Ferreyra, J. Alfredo_ --Emile Corra y los ejércitos invisibles 239
-
- » » --Acotaciones a Montaigne 358
-
- _González, Joaquín V._ --La Paz Internacional y el Derecho
- de las Naciones 279
-
- _Giusti, Roberto F._ --La huelga sangrienta 304
-
- _Guardia, Ernesto de la_ --La unidad en la estética 253
-
- _Ingenieros, José_ --Psicología de los celos 83
-
- » » --La significación histórica del
- movimiento maximalista 146
-
- » » --La moral de Ulises 264
-
- » » --La huelga sangrienta 315
-
- » » --Las ideas filosóficas de Ameghino 462
-
- _Kantor, Moisés_ --El problema social y la revolución
- rusa 114
-
- _Korn, Alejandro_ --La Reforma Universitaria 1
-
- _Laub, J._ --¿Qué son espacio y tiempo? 386
-
- _Lobos, Eleodoro_ --La Reforma Universitaria 16
-
- _Lugones, Leopoldo_ --La huelga sangrienta 311
-
- _Maupas, Leopoldo_ --La lógica formal 56
-
- » » --Lógica inductiva 406
-
- _Méndez, Julio_ --La Reforma Universitaria 24
-
- _Méndez Pereyra, Octavio_ --La crítica y el arte 457
-
- _Mercante, Víctor_ --Marcos Sastre y “El Tempe Argentino” 46
-
- _Peña, David_ --Alberdi, Sarmiento y Mitre 161
-
- » » --Alberti, Sarmiento y Mitre 332
-
- _Reyes, César_ --Democracia individualista 442
-
- _Rivarola, Rodolfo_ --Discurso de apertura de la Universidad
- de La Plata 321
-
- _Senet, Rodolfo_ --Origen de los sentimientos morales 187
-
- » » --Los sentimientos morales, estéticos
- y religiosos 367
-
- _Zeballos, Estanislao S._ --La Reforma Universitaria 6
-
-
-
-
-LA REVISTA DE FILOSOFÍA aparece bimestralmente en volúmenes de 150 a
-200 páginas.
-
-Estudia problemas de cultura superior e ideas generales que excedan
-los límites de cada especialización científica. No edita artículos
-literarios, políticos, históricos ni forenses.
-
-Desea imprimir unidad de expresión al naciente pensamiento argentino,
-continuando la orientación cultural de Rivadavia, Echeverría, Alberdi y
-Sarmiento.
-
-Procurará contribuir a la renovación de los géneros clásicos de la
-filosofía (psicología, ética, lógica, estética y metafísica) mediante
-las conclusiones más generales de la experiencia científica (ciencias
-físico-naturales, biológicas y sociales), cuyo conocimiento es la
-premisa natural de toda elaboración filosófica.
-
- Ha publicado artículos de _Florentino Ameghino, José M. Ramos
- Mejia, Agustín Alvarez, Joaquin V. González, Paul Groussac,
- Rodolfo Rivarola, Angel Gallardo, Pedro N. Arata, Jorge
- Duclout, José N. Matienzo, Ernesto Quesada, Camilo Meyer,
- Carlos O. Bunge, Francisco de Veyga, J. Alfredo Ferreyra,
- Víctor Mercante, Julio Méndez, Enrique Martinez Paz, Gregorio
- Araoz Alfaro, Carlos Ameghino, Alvaro Melián Lafinur, Cristóbal
- M. Hicken, Lucas Ayarragaray, Rodolfo Senet, Alberto Williams,
- Francisco F. Fernández, Alberto E. Castex, Raquel Camaña,
- José Oliva, Eduardo Acevedo, Julio Barreda Lynch, Salvador
- Debenedetti, Juan W. Gez, Ricardo Rojas, Maximio S. Victoria,
- Alfredo Colmo, Alicia Moreau, Emilio Zuccarini, Augusto Bunge,
- Vicente D. Sierra, Raúl A. Orgaz, Teodoro Becú, Ramón Melgar,
- Julio Cruz Ghio, Ernesto Nelson, Nerio A. Rojas, Alberto
- Palcos, Félix Icasate Larios, Horacio Damianovich, Leopoldo
- Maupas, E. Herrero Ducloux, Julio Noé, Alcira Villegas, etc._
-
-Su sección bibliográfica tiende a constituir una base de información
-retrospectiva y contemporánea de la cultura americana, y especialmente
-de la argentina.
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- Buenos Aires.
-
-
-
-
-FOOTNOTES
-
-
-[1] A este preciso momento se refiere Sarmiento en la siguiente carta
-que me escribió en enero de 1888, año de su muerte, con motivo de
-la aparición del diario _La Epoca_ que fundé y dirigí en la ciudad
-de Rosario. La valiosa comunicación del grande hombre fué como el
-_Programa_ de mi hoja. Escrita toda ella de su puño y letra, el
-original no presenta ni una simple enmendatura. Esta carta fué
-reproducida por la _Revista de Derecho, Historia y Letras_ en junio de
-1899.
-
-He aquí esa carta, que acaso pueda ser considerada como el último
-aliento espiritual de Sarmiento:
-
- “Señor don David Peña--Rosario.
-
- “Mi jóven amigo:
-
- “Con el primer mes del año 1888 me anuncia un amigo aparecerá
- en el Rosario un diario dirigido por usted. Apenas asome las
- narices a la luz pública, encargo a usted lo salude con el
- sacramental: HAPPY NEW YEAR y le eche sobre los hombros como
- blandos pañales o sobre la cabeza, como la imposición de las
- manos de los ancianos, a guisa de bendición, las palabras que
- siguen, puesto que quiero que, como retoños de viejo roble, se
- reconozcan como descendientes felices los diarios del Rosario,
- de la alocución que dirigí a sus habitantes en 1852 al pasar
- por sus desiertas y apenas trazadas calles, con la _primera
- página impresa_ que vió la luz en Rosario, aun antes de existir
- una imprenta.
-
- “Traíala ambulante el Ejército Grande, y hubo de lanzar desde
- el Rosario, como que entraba en campaña, su primer boletín.
-
- “No había de montarse la prensa por pesada, ni adiestrádose el
- personal de cajistas e impresores, para echar a volar mil hojas
- sueltas en una hora.
-
- “Un jefe de Estado Mayor preside la operación del tiraje. Al
- principio, la tripulación de aquel barquichuelo se encoge
- de hombros y se ríe del propósito de hacer milagros con tan
- exigüos medios: una escobilla para entintar la forma, que está
- negra y muda sobre un banco, a guisa de yunque donde el Vulcano
- de nuestro siglo, ha de descargar sus repetidos martillazos,
- hasta que entrando en calor el metal, tome la forma que el
- arte, la ciencia y la voluntad humana le imprima. Esta es la
- prensa.
-
- “¡Atención! manda el sañudo jefe, vamos a imprimir una carta a
- los vecinos del Rosario prometiéndoles la victoria de Caseros.
- (Una concurrencia de pueblo, inmensa, toda la platita labrada
- del Rosario que cabía dentro de una sala en 1852, se había
- reunido para felicitarnos y desearnos feliz y gloriosa campaña
- contra el tirano).
-
- “¡Atención! ¡Numerarse por la derecha! 1, 2, 3, 4, 5, 6.
- Número uno, pone tinta a la forma con el entintador a guisa de
- tapón; núm. 2, pone la hoja de papel; núm. 3, impone encima la
- frasquetita de papel; núm. 4, golpea con la escobilla hasta
- que se impriman las letras del otro lado; núm. 5, levanta la
- frasqueta; núm. 6, retira la hoja impresa y luego, el núm. 1,
- entinta la forma; núm. 2, pone el papel; núm. 3, impone la
- frasqueta, etc. _Da capo_. El que retira el papel va a leer
- lo impreso, para ver si está bien. ¡Alto ahí!, grita el jefe
- que manda la maniobra. Ese movimiento no está en la táctica de
- imprimir al vuelo, se pierde tiempo, se para la rueda. Al fin y
- tirados los ejemplares, se van apartando los malos.
-
- “La operación sigue, los artilleros se adiestran a cargar
- aquel formidable obús, una página impresa que tantas murallas,
- torreones y barreras ha hecho caer; y que, como el otro día me
- mostrasen en la estupenda fábrica de cerveza de Mr. Biecker,
- un obrero que hace catorce años está llenando botellas de
- cerveza, y sus manos corren de una a otra como se ven las
- alas del picaflor agitarse hasta desaparecer, yo me decía,
- sin sorprenderme, patarata ¡si hubieran visto imprimir en el
- Rosario mil hojas de una carta impresa, al aire libre, rodeados
- seis obreros inteligentes, de una forma, haciendo volar hojas y
- más hojas!...
-
- “Este es el origen de la imprenta en el Rosario, y aquella
- escena su más claro timbre de gloria. ¿Conservará alguien algún
- ejemplar de aquella carta a los ciudadanos? Sería un buen
- pergamino que ostentase ese diario de ud. para demostrar que
- es Fijodalgo, y no un cualquiera, sino de muy noble alcurnia,
- lanzado a la calle, a la de Dios que es buena.
-
- “Ahora, el Rosario es la primera ciudad de la República
- Argentina, por el número de sus habitantes y su asombroso
- movimiento, sus muelles, su red de ferrocarriles, de
- circunvalación y subterráneos, pues Buenos Aires es la capital,
- y no entra en las ciudades de provincias. La Plata, ha ya
- destronado a Córdoba. El Rosario es el Chicago del Río de la
- Plata, al que los ascensores colosales envían torrentes de
- trigo y lino que van a desembarcar a Inglaterra, pues los
- granos se embarcan a sí mismos cayendo dentro de las bodegas de
- los vapores que los trasportan.”
-
- Pero el Rosario, es además, la boca y los oídos por donde
- entran los alimentos y los espíritus y los rumores de la
- civilización. El Rosario es la capital del pueblo argentino
- transformándose de raza, de instintos, de ideas, y es allí
- donde debe estar, para el servicio de los pueblos nuevos, aquel
- banco, a guisa de yunque, para amartillar ideas, que unos pocos
- vecinos vieron funcionar en 1852:--la imprenta. Sea ese diario
- de ud. el yunque. La barra de hierro agrio, frío, duro, que
- tenemos por delante es la _nacionalización de residentes_,
- y esos residentes están en el Rosario, en la Esperanza, en
- cien colonias, felices y afincados, sin haber declarádose
- propietarios orgullosos de la patria que han conquistado con
- el sudor de su frente, para legar a sus hijos con la República
- libre, y no para mandar de regalo a algún príncipe pseudo de
- allende los mares.
-
- Le he descrito la manera de imprimir boletines en seis tiempos,
- y dejar atrás las prensas a vapor. Tomo de “Viajes por Europa,
- Africa y América”, la receta que me enseñó un gran maestro, y
- he aplicado con grande e infalible éxito a enfermos que los
- médicos habían declarado incurables; oiga usted:
-
- “En Barcelona encontréme con Juan Tompson, uno de esos
- pobres emigrados argentinos que en cada punto de la tierra
- se encuentran en mayor o menor número, como aquellos griegos
- de Constantinopla cuando los Hunos se apoderaron de ella. El
- Facundo había caído en manos de Merimée, el académico francés,
- que estaba allí; la Revista de Ambos Mundos acababa de hacer
- su complaciente _Compte-rendu_ del librote, y heme aquí, que
- sabiendo mi llegada a Barcelona, M. Lesseps, el célebre cónsul
- general que se había ilustrado al resplandor de los bombardeos
- de aquella ciudad, andaba a caza del bicho raro que tan raro
- libro había escrito.
-
- Amigos a las dos horas de conocernos, Cobden, que a la sazón
- estaba en Barcelona, tuvo los honores de un te, durante el
- cual debía serle yo presentado. ¿Os imagináis a Cobden, un
- O’Connell vivo, cáustico, entusiasta, ardiente en la polémica,
- rápido, inspirado en la réplica? ¡Cuánto os engañáis, mi pobre
- Victorino! (Lastarria). Es un papanatas, fastidiado como un
- inglés, reposado como un axioma, frío, vulgar, si es posible
- decirlo, como las grandes verdades.
-
- Hablamos casi los dos solos toda la noche; contóme algunas
- de sus aventuras, de sus luchas, mostróme sus medios de
- acción, la estrategia de su palabra, los cuentecillos con que
- era preciso entretener al pueblo para que no se durmiera,
- escuchando. Lamentóse de la casi insuperable dificultad que
- oponían las masas por su incapacidad de comprender, por sus
- preocupaciones; dióme una tarjeta por si alcanzaba él a estar
- de regreso en Mánchester a mi paso por aquella ciudad y no nos
- separamos sino en la puerta de mi hotel, quedando yo abrumado
- de dicha, abismado de tanta grandeza y tanta simplicidad,
- contemplando medios tan nobles y resultados tan gigantescos.
- No dormí esa noche, tenía fiebre: parecíame que la guerra iba
- a caer en ridículo, cuando generalizándose aquel sistema de
- agregación de voluntades, de justa posición de masas, fuese
- puesto en práctica, para destruir abusos, gobiernos, leyes,
- instituciones. ¡Qué cosa más sencilla!
-
- Hoy somos dos, mañana cuatro, el año siguiente mil, reunidos
- públicamente en un mismo gobierno. ¿Resiste el gobierno?
-
- Es que aún no somos muchos, es que quedan en favor del abuso
- mucho más.
-
- Sigue la predicación y los folletos, y los diarios, y la
- asociación y la Liga. El Gobierno o las Cámaras saben el día y
- la hora en que están vencidos y ceden; íd. ¡a poner en planta
- tan bello sistema en América!
-
- Cobden había destruído o atacado, antes de comenzar su obra,
- todos los grandes principios en que reposaba la ciencia
- gubernativa. El _equilibrio europeo_ él lo declaró manía de
- entrometerse en asuntos ajenos por desaburrirse los ministros.
- Las _colonias_ eran sólo el medio de proporcionar empleo a
- los hijos menores de los lores. La _balanza comercial_, el
- resumen de la ignorancia en economía. La política con todas sus
- pretensiones de ciencia, el charlatanismo de bobos o de pillos.
-
- La _protección_ a las industrias nacionales, un medio inocente
- de robar dinero al vuelo, arruinando al consumidor y dejando
- en la calle al fabricante protegido. En cambio de todas estas
- verdades fundamentales él sustituía el buen sentido, el sentido
- común de todos los hombres, más apto para juzgar que la ciencia
- interesada de lores y ministros.
-
- Ahora parto para Africa. Llevo cartas para el mariscal Bugeaud,
- y una casi orden al cónsul de Mallorca para que me haga
- conducir a Argel por el primer vapor de guerra que se presente.”
-
- Ya conoce usted la receta, y la historia ha probado que es
- infalible; pruébela usted en el Rosario aunando voluntades,
- pueblos, patriotismo, intereses en uno común: la República
- Argentina independiente, culta y libre.
-
- Yo siento que me flaquean las fuerzas, que el cuerpo es
- débil y que debo emprender otro viajecito luego. Pero, estoy
- preparado precisamente porque se necesita poco equipaje; con
- lo encapillado sobra; pero llevo el único pasaporte admisible,
- porque está escrito, en todas las lenguas: “servi a la
- humanidad”. De pobre que era, en unos países, le mostré caminos
- y mares que conducían a otros más felices, y un millón me debe
- en parte haber ahorrado a sus hijos las más duras penas de la
- vida, que son la destitución y el hambre. Habían vendas espesas
- de ignorancia y barbarie en el pueblo y traté de arrancarlas;
- oí el ruido en torno mío, el ruido de cadenas que no estaban
- aún rotas y me junté a quienes forcejeaban por quebrantarlas.
- Hoy trato de reunir muchos egoísmos, muchos dialectos en una
- sola masa homogénea: el pueblo, y pudiera ser que un misil me
- alcance, y tenga que dejar caer de la mano la espada, que,
- como lo ha visto, es la pluma que usted empuña. Guárdela del
- orín del negocio, suprimiendo o avanzando ideas, según sopla
- el viento. Le aseguro que por todas partes nos es favorable;
- con Wilson caen los negociantes, en favores; con Cleveland
- se robustece la moral en la política. Con la nacionalización
- de residentes habremos engrandecido la Patria. Las colonias
- de Santa Fe, el Rosario con cien mil almas luego, son apenas
- bosquejos de bellos cuadros de bienestar y libertad que no
- hemos de ir a buscar en Europa, dejada a los que en ella moran.
-
- Saluda a usted su affmo. amigo
-
- D. F. SARMIENTO.
-
-[2] Ocupándose Sarmiento de la primera parte de este episodio en casa
-del presidente Avellaneda, se apoyaba en él para elogiar al general
-Urquiza en forma extraordinaria. Pero antes de referir a mi manera el
-juicio, prefiero transcribir la página que lo contiene, del _Número
-Único_ que se publicó en homenaje de Urquiza en la ciudad de Buenos
-Aires en mayo de 1901 y que dice textualmente así:
-
- URQUIZA JUZGADO POR SARMIENTO
-
- “Habiendo hecho conocer don Marco Avellaneda del doctor David
- Peña un juicio de Sarmiento sobre Urquiza, consignado en
- un interesante libro de recuerdos personales, en el que se
- hallan entremezclados impresiones y juicios de otra época,
- recogidos por el actual Ministro de Hacienda y por él salvados
- del olvido en esta forma íntima, empeñóse el doctor Peña con
- amistosa insistencia, en obtener una copia de esa página, que
- textualmente reproducimos:
-
- “En tiempo de la presidencia de mi hermano Nicolás, nos
- encontrábamos reunidos una noche en su casa particular, varias
- personas, entre las que estaba el general Sarmiento.
-
- Se hablaba del talento militar del general Paz, y dirigiéndose
- mi hermano a Sarmiento, le dice: ¿Cuál de los militares que
- usted ha conocido tenía más talento? Urquiza--contestó sin
- trepidar--y ante la exclamación de sorpresa con que fué
- recibida su respuesta, agregó--“¡Sí! Urquiza tenía genio
- militar y también genio político.
-
- “Yo lo he tratado en la campaña contra Rosas, nos dijo. Voy a
- referirles algunos rasgos suyos en apoyo de mi opinión.
-
- “Desde que atravesamos el Paraná, el general Urquiza principió
- a preocuparse del militar a quien Rosas confiara el mando
- del ejército--recorría los nombres de todos los que a éste
- acompañaban y se detenía siempre en el del general Pacheco. Era
- el único que le inspiraba recelos, y se propuso anularlo.
-
- He aquí el medio de que se valió: Le escribió cartas en
- términos amistosos, casi confidenciales. Leí una de ellas en
- la que le anunciaba que su primer acto, después de vencer a
- Rosas sería nombrarlo gobernador de Buenos Aires, conteniendo
- además, frases como éstas: “como usted sabe...” “de conformidad
- a lo que le comuniqué...” que indicaban que procedía de acuerdo
- con él. La correspondencia era conducida por _chasques_ a
- puntos en donde debían ser tomados por agentes de Rosas. Tres
- o cuatro gauchos fueron degollados, pero logró su objeto.
- Pacheco fué separado del ejército de Rosas. En el combate entre
- las vanguardias que tuvo lugar el 31 de enero, las tropas de
- Urquiza entraron a la pelea vivando a Pacheco.
-
- En seguida Sarmiento refirió los siguientes hechos: “El día
- de la batalla de Caseros, el general Urquiza, al frente de su
- ejército, recorría con su anteojo de campaña la línea enemiga
- hasta que llamó a un joven oficial de su escolta, diciéndole:
- “--Ayúdeme a buscar las tropas del jefe N. que derrotamos el
- día 31”. Una vez que fueron encontradas, inició el ataque
- llevando el ataque contra ellas, que dió por resultado la
- completa dispersión de esas fuerzas, que, desmoralizadas ya por
- la derrota anterior, ni siquiera intentaron resistir.
-
- Pocos momentos antes de principiar la batalla, se acerca a gran
- galope un ayudante del general Virasoro, que le dice: “--El
- jefe del estado mayor manda prevenir a V. E. que ha olvidado
- indicarle cuál será el punto de reunión en el caso de una
- contraste”--“Contéstele usted que no hay mas punto de reunión
- que el campo de batalla”.
-
- “Estas palabras, continuó Sarmiento, habían sido pronunciadas
- cuarenta años antes por Napoleón; pero yo estoy seguro de que
- Urquiza no las conocía, porque no era hombre para plagiar a
- Napoleón ni a nadie.
-
- “Lo que he referido me basta para pensar que el general Urquiza
- tenía genio militar, y creo que también tenía genio político.
-
- “Su programa de fusión de olvido del pasado; su llamamiento
- a los federales de posición social que no se habían manchado
- con crímenes, como los Anchorena, los Carreras, el doctor
- Lorenzo Torres, etc., no tenía por objeto, como se ha creído
- vulgarmente, ofender a los unitarios y satisfacer sus pasiones
- de partido, sino que, por el contrario, eran el fruto de
- un hábil y bien meditado plan político, porque creyó con
- razón, que no era posible fundar un gobierno solamente con
- nosotros, los unitarios, que éramos llamados advenedizos,
- porque no teníamos ni fortuna, ni familia, ni relaciones, ni
- vinculaciones de ningún género con la sociedad de nuestro país.
- Pero, en lo que demostró más habilidad política fué en convocar
- a los gobernadores al acuerdo de San Nicolás.
-
- “Derrotado Rosas, no dejaba ninguna institución, ningún poder;
- nada quedaba en pie, sino esos gobernadores de provincia,
- semibárbaros todos, y asesinos y ladrones en su mayor parte.
-
- Eso era lo único que podía servirle para formar un Congreso que
- constituyera el país. Ahora estoy perfectamente convencido de
- ello.
-
- ¿Qué habría sucedido si Urquiza deja que las provincias
- derrocasen a sus gobernadores, antes de que se reuniese
- el Congreso Constituyente? Significa decir que se hubiera
- encendido la guerra civil, porque no hay que olvidar que muchos
- de ellos tenían elementos para defenderse. Si pensamos en el
- aislamiento en que vivían los pueblos, en el desierto que los
- rodeaba, en las dificultades casi insuperables de comunicación,
- lo probable es que hubiéramos vuelto al año 20, y que habrían
- transcurrido largos años sin constituirse la Nación”.
-
- Mucho tiempo después de oir esta conversación que me causó
- sorpresa por las opiniones anteriores de Sarmiento sobre
- Urquiza, se la referí a Pedro Goyena, quien me manifestó que
- le habían asegurado que el general Mitre pensaba ahora como
- Sarmiento respecto al Acuerdo de San Nicolás.
-
- Buenos Aires, julio 31 de 1892.
-
- MARCO AVELLANEDA.
-
-[3] En unos apuntes relativos al doctor don Carlos Tejedor, que me
-fueron facilitados por su esposa, figura el dato de que en aquellos
-primeros días de su reincorporación a la ciudad, el doctor Tejedor se
-pasaba sentado largas horas de la noche solo y reflexivo, junto a la
-pirámide de Mayo.
-
-[4] Obras completas, t. XIV, pág. 69.
-
-Es sensible que esta carta no figure entre las editadas por el Museo
-Mitre. La carta que se inserta en el libro editado por don Alejandro
-Rosa no es igual a la presente.
-
-[5] Conversación íntima de Rosas con don Santiago Vasquez,
-representante del gobierno de Montevideo, el mismo día que ocupa el
-mando por primera vez (diciembre de 1829). (Revista del Río de la
-Plata, tomo V, pág. 599).
-
-Rosas se adelanta y coincide en la clasificación científica de los
-elementos sociales: _La foule et la élite. (La cité moderne, por Jean
-Izoulet_).
-
-[6] SARMIENTO-MITRE. Correspondencia 1846-1868. Págs. 33-34 y 35.
-(Edición de Museo Mitre).
-
-[7] Esta publicación contiene literalmente las conferencias que he
-dado en la Facultad de Filosofía y Letras. He tratado en lo posible
-de consultar las obras originales; no he podido, sin embargo, hacerlo
-siempre.
-
-[8] A. Einstein: Zur Elektrodynamik der bewegten Korper, Annalen der
-Physik, 1905.
-
-[9] Más tarde pienso tratar de la misma manera los otros conceptos
-fundamentales de física, como masa, energía, etc.
-
-[10] Espacio lo identifican siempre con el espacio “vacío”.
-
-[11] No cabe duda que en la formación de la noción _idea_ influyen
-en el espíritu de Platón los conceptos fundamentales de geometría
-(formas), que no representan los objetos del mundo empírico (objetos
-de la naturaleza) y tienen únicamente la existencia en nuestro
-pensamiento, pues, por ejemplo, el punto, la línea, la superficie, no
-existen de hecho en el mundo físico y son una abstracción de nuestro
-espíritu. Además el origen psicológico de la idea platónica hay que
-buscarlo en las leyes lógicas y en las normas de ética.
-
-[12] Esta obra es también una especie de resumen de toda la filosofía
-platónica.
-
-[13] Muchos representantes de la filosofía idealista ven en este
-hecho una cierta contradicción de Platón y hasta quieren negar la
-autenticidad de la parte de Timeo en que se trata del espacio _eterno_.
-A nosotros nos parece muy plausible que el fundador de la teoría de dos
-mundos distintos introduzca también un modelo para el espacio.
-
-[14] Influencia sobre Kant y Schopenhauer. Recuerdo que Schopenhauer
-empieza una de sus obras con las palabras: “Platón el divino”, etc.
-
-[15] Por _forma_ entiende Aristóteles no sólo la forma corporal, sino
-también el conjunto de las propiedades que caracterizan a un cuerpo,
-(color etc.).
-
-[16] “No la _esfera_, no el _metal, sino la esfera metálica_ se
-_forma_”.
-
-[17] “Categorías” es una obra no sólo de carácter lógico gramatical,
-sino también una especie de introducción a la _metafísica_
-aristoteliana. Pues aunque en el primer momento aparecen como una
-clasificación de palabras--la obra empieza: “Las _palabras_, cuando
-están aisladas, sólo pueden expresar una de las cosas siguientes,
-etc.”--en el fondo las 10 categorías corresponden a los _distintos
-modos de ser_, contenidos en las palabras.
-
-[18] Es ya una conclusión de la definición.
-
-[19] Desde Galileo y Newton sabemos que efectivamente todos los cuerpos
-caen en el vacío con la misma velocidad.
-
-[20] Véase página 398 en el número de noviembre de 1918 de esta Revista.
-
-[21] A esta clase de generalización, que se suele llamar inducción
-aristotélica, conviniendo todo el mundo en que no es inducción,
-pertenecen las que Stuart Mill califica de generalizaciones no
-dependientes de causalidad; pero tal vez sin advertir su naturaleza no
-inductiva.
-
-[22] Véase en Wundt. LOGIK en el tomo primero la interesante exposición
-que hace de la evolución del concepto de Causalidad.
-
-[23] Véase la exposición de esta cuestión en el _Traité de Logique
-Générale et de Logique Formelle_, de REVOUVIER, T. II, Cap. XXXVIII.
-Letra D. _Du principe du calcul des probabilités_. Véase también la
-definición del azar en el libro de Poincaré, _Calcul des Probabilités_.
-
-[24] Sr. D. Nicolás Besio Moreno.--Mi querido amigo:
-
-Estoy más asombrado que usted, si cabe, del desatino aparecido en
-mi artículo “La moral de Ulises”. La explicación, sin embargo, es
-sencilla. Obligado a abreviar el texto para que cupiese en las 24
-paginitas de la colección “América” que lo editó, le hice varios
-cortes, en pruebas de imprenta que no volvieron a mis manos.
-
-Cayó en los cortes un largo párrafo relativo a Ulises en Dante; y
-para restablecer la continuidad del texto, donde decía “_No en vano_,
-releyendo esa parte del poema dantesco, buscamos entre los fraudulentos
-al divino Ulises, arquetipo clásico de todos los simuladores. _Y habría
-sorprendido_ la ausencia...”, tuve el poco tino de corregir: “_En
-vano_, etc.,... _Y sorprende_ la ausencia”. Esta modificación, sugerida
-por mi propio corte al texto, resultó disparatada con relación al texto
-del poema (cuyo Infierno aprendí de memoria en la niñez y del que aun
-puedo recitar cantos enteros).
-
-Con las mismas pruebas de imprenta, ya corregidas (!) por mí, se
-compuso el texto publicado en la _Revista de Filosofía_, que acaso yo
-no habría vuelto a leer, ni habría rectificado nunca, sin la oportuna
-advertencia de usted, que muy sentidamente le agradezco.
-
-Como no tengo pequeña vanidad literaria, ni me avergüenzo de esta
-_gaffe_--que no es la primera ni será la última en mi obra escrita--le
-ruego me autorice a publicar su interesante carta en el próximo número
-de la _Revista_.
-
-Muy afectuosamente le saluda, su amigo.--_José Ingenieros._
-
-[25] Conferencia pronunciada, bajo los auspicios del “Centro Liberal”,
-en La Rioja, el 20 de febrero de 1919.
-
-[26] Los que descendemos de fundadores de la independencia
-argentina--como Rodríguez Peña; los que pertenecemos a familias que
-desde sus más remotos antepasados han gozado del concepto social de
-lo que se llama aristocracia, tenemos sobrada autoridad para hablar
-de este modo, y hacemos esta manifestación con el solo propósito de
-evitar el seguro argumento de los “aristócratas”, empedernidos, que nos
-tratarán de parciales suponiendo somos “mulatos”.--C. R.
-
-[27] Taine, _Filosofía del arte_.
-
-[28] Gauckler, _Lo bello y su historia._
-
-[29] Guyau, _El arte desde el punto de vista sociológico._
-
-[30] Guyau, _El arte desde el punto de vista sociológico._
-
-[31] Henniquin, _La crítica científica._
-
-[32] E. Marguery, _La obra de arte y la evolución_.
-
-[33] E. Marguery, _La obra de arte y la evolución_.
-
-[34] Ver “_Una rápida ojeada a la evolución filogenética de los
-mamíferos_”, 1889; “_Visión y Realidad_”, 1889; “_La Argentina al
-través de las últimas épocas geológicas_”, 1897; “_Sinopsis_”, 1898;
-“_Sinopsis_”, 1910.
-
-[35] En la revista “La Pirámide”, editada en La Plata.--Con el título
-_Espacio_, _Materia y Movimiento_, fueron reimpresos en la “Revista de
-Filosofía”, Buenos Aires, Enero de 1918.
-
-[36] El texto de _Mi Credo_ dice literalmente, en términos
-_deliberadamente_ equívocos: “y sólo entonces se habrá cumplido lo que
-dice el profético versículo de la Biblia . . . que el hombre sea la
-imagen y semejanza de Dios”. Es sabido que la palabra Dios equivale
-en labios de Ameghino a Naturaleza, como en todos los filósofos
-panteístas.--Sobre la analogía intrínseca entre el ateísmo y el
-panteísmo, ver mis escritos _Hacia una moral sin dogmas_ (Capítulo III)
-y _Proposiciones_, Cap. II, “La hipocresía de los filósofos”.
-
-[37] Publicada en “Revista de Filosofía”, Buenos Aires, Noviembre de
-1917, con la siguiente nota:
-
-“Hace algunos años, una delegación de una biblioteca de Chivilcoy fué
-a visitar al eminente sabio, que ya era director del Museo de Historia
-Natural de Buenos Aires, y le invitó a colaborar en un número único que
-esa institución se proponía editar.
-
-“El sabio accedió, y, para no escribir una página de paleontología,
-escribió _Noción de Dios y noción de espacio_, que completa otros
-tres trabajos breves (“Los infinitos”, “El infinito materia” y “La
-constitución de la materia y el infinito movimiento”) que había
-escrito, accediendo a colaborar en una revista intitulada “La
-Pirámide”, que se editaba en La Plata.
-
-“La biblioteca chivilcoyana debió estremecerse ante el presente griego
-que le resultaría el trabajito enviado por el sabio, y, sin duda, para
-no hacerlo público sin ofender al director del Museo, renunció hasta
-hoy a publicar el número único.
-
-“Así es cómo quedaron inéditas hasta ahora estas pocas páginas que el
-señor Alfredo J. Torcelli, compilador de las obras de Ameghino, entrega
-a la publicidad por intermedio de esta _Revista_”.
-
-[38] Publicado en los “Archivos de Pedagogía y Ciencias Afines”, La
-Plata, Octubre de 1911, con la siguiente advertencia: “Trabajo póstumo
-y sin terminar, escrito a fines de 1910 y a principios de 1911”.--Los
-originales (acaso no enumerados por el autor) no han sido bien
-ordenados para esa publicación, que aumentaría en interés y claridad
-con una ordenación distinta.
-
-[39] El editor de las _Obras Completas_ prestaría un servicio a
-los lectores de Ameghino si al reimprimir este bosquejo variase la
-disposición de sus párrafos y la distribución del material, buscando
-una ordenación más lógica.--En la forma actualmente conocida, el
-trabajo es de difícil intelección.
-
-[40] Publicado en “Revista de Filosofía”, Buenos Aires, Marzo de 1918,
-con la siguiente nota del editor de sus _Obras Completas_:
-
-“_Origen y persistencia de la Vida_” es un trabajo que Ameghino había
-empezado a redactar antes de su salida del Museo de La Plata.
-
-Parecería que el sabio condensó el propósito de esa obra en este
-pensamiento, que después fué más claramente expuesto en “_Mi Credo_”:
-
-“Yo no pretendo haber encontrado la causa del movimiento: el Movimiento
-en sí mismo es un Infinito comparable al Infinito Tiempo y al Infinito
-Espacio; es comparable a la Materia en que es como ella transformable,
-pero no extinguible.--Lo que creo haber encontrado es la ley a que
-obedece: esto es, que la cantidad de Movimiento está en relación
-inversa de la masa”.
-
-Entre los papeles del sabio han sido hallados dos planes de la obra:
-uno, que parece previo y comprende nueve títulos; y otro, más amplio,
-que comprende quince títulos. El capítulo que hoy se entrega a la
-publicidad es el undécimo.
-
-La continuación sistemática y metódica de _Origen y persistencia de
-la Vida_ debió ser dejada de mano por Ameghino, sin duda esperando
-disponer alguna vez de tiempo y de tranquilidad para conducirla a
-término. Pero a través de los años ha ido depositando en las tapas
-de los cuadernos que le servían de carpetas esbozos de ideas y hasta
-simples títulos de asuntos.
-
-De las apuntaciones de pensamientos que existen en la carpeta
-denominada “Prólogo”, resulta que era propósito del autor escribir su
-obra en francés, tratando la evolución en conjunto.
-
-“Quien crea en los dogmas--dice--y profese como artículos de fe la
-creencia en la existencia del alma, en la inmortalidad futura y en la
-muerte como fin o término de todo ser, tiene bastante con lo que sabe y
-no tiene necesidad de aprender más: está en posesión de toda la ciencia
-que es capaz de asimilarse. No precisa leerme. Que sea feliz con su
-saber”.--ALFREDO J. TORCELLI.
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Revista de Filosofía, Año V - Nº
- - May/1919, by Various
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-Project Gutenberg's Revista de Filosofía, Año V - Nº 3 - May/1919, by Various
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
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-
-Title: Revista de Filosofía, Año V - Nº 3 - May/1919
- Cultura--Ciencias--Educación
-
-Author: Various
-
-Editor: José Ingenieros
-
-Release Date: December 12, 2016 [EBook #53718]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK REVISTA DE FILOSOFIA, MAY, 1919 ***
-
-
-
-
-Produced by Adrian Mastronardi and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-
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-
-
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-
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-
-<p class="noindent">Año V&mdash;N.ᵒ 3</p>
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-<p class="right move-up">Mayo de 1919</p>
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-</div>
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-<h2>Revista de Filosofía</h2>
-
-<p class="center larger">Cultura&mdash;Ciencias&mdash;Educación</p>
-
-<p class="center"><span class="smaller">PUBLICACIÓN BIMESTRAL DIRIGIDA POR</span><br />
-JOSÉ INGENIEROS</p>
-
-<h3>SUMARIO</h3>
-
-<table summary="sumario">
- <tr>
- <td><i>321</i>&mdash;<i>Rodolfo Rivarola</i></td>
- <td><a href="#DISCURSO_DE_APERTURA_DE_LA_UNIVERSIDAD">Discurso de apertura de la Universidad.</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>332</i>&mdash;<i>David Peña</i></td>
- <td><a href="#ALBERDI_SARMIENTO_Y_MITRE">Alberdi, Sarmiento y Mitre. Alrededor de 1852.</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>358</i>&mdash;<i>J. Alfredo Ferreyra</i></td>
- <td><a href="#ACOTACIONES_A_MONTAIGNE">Acotaciones a Montaigne.</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>367</i>&mdash;<i>Rodolfo Senet</i></td>
- <td><a href="#LOS_SENTIMIENTOS_MORALES_ESTETICOS_Y_RELIGIOSOS">Los sentimientos morales, estéticos y religiosos.</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>386</i>&mdash;<i>J. Laub</i></td>
- <td><a href="#QUE_SON_ESPACIO_Y_TIEMPO">¿Qué son espacio y tiempo?</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>406</i>&mdash;<i>Leopoldo Maupas</i></td>
- <td><a href="#LOGICA_INDUCTIVA">Lógica inductiva.</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>437</i>&mdash;<i>Nicolás Besio Moreno</i></td>
- <td><a href="#ULISES_EN_EL_INFIERNO_DANTESCO">Ulises en el Infierno dantesco.</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>442</i>&mdash;<i>César Reyes</i></td>
- <td><a href="#DEMOCRACIA_INDIVIDUALISTA">Democracia individualista.</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>457</i>&mdash;<i>Octavio Méndez Pereyra</i></td>
- <td><a href="#LA_CRITICA_Y_EL_ARTE">La crítica y el arte.</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>462</i>&mdash;<i>José Ingenieros</i></td>
- <td><a href="#LAS_IDEAS_FILOSOFICAS_DE_AMEGHINO">Las ideas filosóficas de Ameghino.</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc" colspan="2"><a href="#INDICE_DEL_VOLUMEN_IX"><span class="smcap">Índice del volumen IX</span></a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<p class="center">Redacción: calle Viamonte 743<br />
-Administración: Casa Vaccaro&mdash;Avenida de Mayo 638<br />
-BUENOS AIRES</p>
-
-<h3>EN LOS NUMEROS PRÓXIMOS</h3>
-
-<table summary="en los numeros próximos">
- <tr>
- <td><i>Carlos O. Bunge</i></td>
- <td>Ensayo sobre Sarmiento (póstumo)</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Ernesto Quesada</i></td>
- <td>Desenvolvimiento social hispano americano.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Juan Agustín García</i></td>
- <td>Notas sobre la evolución colonial.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>José Nicolás Matienzo</i></td>
- <td>Problemas universitarios.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Roberto J. Giusti</i></td>
- <td>Ensayo sobre Amiel.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Pedro N. Arata</i></td>
- <td>La ciencia en la época del Renacimiento.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Franciso de Veyga</i></td>
- <td>La psicología hindú.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Rodolfo Rivarola</i></td>
- <td>Cuestiones de filosofía política.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Joaquín V. González</i></td>
- <td>Problemas culturales y universitarios.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Leopoldo Maupas</i></td>
- <td>Ensayos de lógica.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Carlos F. Melo</i></td>
- <td>Fundamentos y función social del Derecho.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Enrique Mouchet</i></td>
- <td>Sobre psicología del lenguaje.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Víctor Mercante</i></td>
- <td>Principios básicos de la educación.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Rodolfo Senet</i></td>
- <td>Los sentimientos morales y religiosos.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Juan Chiabra</i></td>
- <td>La metafísica dogmática contra la ciencia.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>J. Alfredo Ferreyra</i></td>
- <td>Estudios de ética.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Alcira Villegas</i></td>
- <td>Ética social.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Félix Icasate Larios</i></td>
- <td>Las categorías en Aristóteles y Kant.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>R. Sarmiento Laspiur</i></td>
- <td>La obra científica de Julio Méndez.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Cristóbal M. Hicken</i></td>
- <td>La obra científica de Eduardo L. Holmberg.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Eusebio Gómez</i></td>
- <td>Psicología de las pasiones antisociales.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Narciso Laclau</i></td>
- <td>El problema de la vida.</td>
- </tr>
-</table>
-
-<h3><i>Obras de JOSÉ INGENIEROS</i></h3>
-
-<p>Acaban de reeditarse:</p>
-
-<p class="center">LA SIMULACIÓN EN LA LUCHA POR LA VIDA <span class="smaller">(11.ª edición
-corregida)</span></p>
-
-<p>Un volumen de 220 páginas: $ 1 m/n.</p>
-
-<p class="center">SIMULACION DE LA LOCURA <span class="smaller">(8.ª edición, revisada
-por el autor)</span></p>
-
-<p>Un volumen de 400 páginas: $ 2 m/n.</p>
-
-<p class="center">SOCIOLOGÍA ARGENTINA <span class="smaller">(7.ª edición, muy aumentada)</span></p>
-
-<p>Un volumen de 450 páginas: $ 2 m/n.</p>
-
-<p class="center">PRINCIPIOS DE PSICOLOGIA <span class="smaller">(6.ª edición, corregida)</span></p>
-
-<p>Un volumen de 400 páginas: $ 2 m/n.</p>
-
-<p class="center">CRIMINOLOGIA <span class="smaller">(7.ª edición, corregida)</span></p>
-
-<p>Un volumen de 314 páginas: $ 2 m/n.</p>
-
-<p class="center">EL HOMBRE MEDIOCRE <span class="smaller">(5.ª edición, muy corregida)</span></p>
-
-<p>Un volumen de 250 páginas: $ 1 m/n.</p>
-
-<p class="center">HACIA UNA MORAL SIN DOGMAS</p>
-
-<p>Un volumen de 212 páginas: $ 1 m/n.</p>
-
-<p class="center">PROPOSICIONES, relativas al porvenir de la filosofía</p>
-
-<p>Un volumen de 160 páginas: $ 1 m/n.</p>
-
-<p class="center">Pedidos a la Casa Vaccaro, <span class="smcap">Avenida de Mayo</span> 638, Buenos Aires</p>
-
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_321" id="Page_321">[321]</a></span></p>
-
-<div class="border-bottom">
-
-<h1><span class="smcap">REVISTA de FILOSOFIA</span></h1>
-
-</div>
-
-<div class="border-bottom">
-
-<p class="noindent">Año V&mdash;N.° 3</p>
-
-<p class="right move-up">Mayo de 1919</p>
-
-</div>
-
-<h2 id="DISCURSO_DE_APERTURA_DE_LA_UNIVERSIDAD">DISCURSO DE APERTURA DE LA UNIVERSIDAD</h2>
-
-<p class="center"><span class="smcap">Por el Dr. RODOLFO RIVAROLA</span></p>
-
-<p class="center">Presidente de la Universidad de La Plata</p>
-
-<p>La situación actual del mundo, en lo político, económico,
-social y moral presenta problemas para un porvenir inmediato
-de tal magnitud que ni siquiera me animo a nombrar, y mucho
-menos a abrir discusión sobre ellos en este acto. Están fuera
-de nuestro país, y asimismo, gravemente al parecer, dentro
-de nuestras fronteras. Diríamos que se respiran en el ambiente
-y producen en nuestro espíritu una sensación de peligro
-próximo. Con todo, no es de ello que debo hablar en este
-acto, sino de lo concreto de nuestros problemas más inmediatos,
-los que correspondan a la común aspiración de la mejor
-enseñanza, y a la mayor consideración y estimación recíproca
-de profesores y alumnos.</p>
-
-<p>En mi razonamiento, lo que digo significa, para mí, que
-hay un compromiso de conciencia que nos afecta por igual a
-profesores y alumnos. Tenemos los primeros que saber claramente
-para qué enseñamos y los segundos saber también
-claramente para qué asisten a nuestras enseñanzas.</p>
-
-<p>En el análisis de la primera proposición <i>para qué enseñamos</i>,
-confesemos dos motivos egoístas: la satisfacción de una
-tarea honrosa y la percepción del honorario. No podemos
-moralmente contentarnos con los motivos egoístas. Uno y
-otro implican el cumplimiento de un deber, sin el cual, en vez
-de satisfacción, sentiríamos vergüenza y pena, si tenemos conciencia
-regularmente normal y moral. Nuestro honorario se
-compone de dos partes: una que paga la Sociedad por su órgano,
-el Estado; otra que pagan los alumnos a título de derechos
-que la Universidad percibe. Nuestro servicio será para la
-Sociedad, en cuanto la Universidad deberá proveerla de aptitudes
-individuales útiles para su bienestar, su mejor gobierno,
-sus mejores servicios administrativos, su mayor producción
-económica, su mejor justicia, su mejor moralidad, salud o<span class="pagenum"><a name="Page_322" id="Page_322">[322]</a></span>
-higiene. Deberá ser para cada alumno, en cuanto le habilitará
-para que sirviendo bien a la sociedad, se sirva a sí mismo mediante
-la remuneración honrada de su trabajo.</p>
-
-<p>Si hemos tomado a nuestro cargo la responsabilidad de
-enseñar, es porque confiamos en nuestras aptitudes; pero tal
-vez no meditamos suficientemente en el fin de nuestras enseñanzas.
-De aquí se sigue que nuestros planes de estudios,
-nuestros programas o nuestros métodos puedan carecer de
-precisión para orientarnos hacia la utilidad social e individual.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Es urgente distinguir entre la elaboración de la ciencia
-y su aplicación, o sea entre investigar y hacer. ¿Por qué
-haríamos un investigador de física cuando sólo necesitamos
-un electricista? ¿Por qué haríamos un botánico, cuando
-necesitamos un agricultor? Un electricista deberá convertir
-su habilidad en dinero: un agricultor lo mismo. Su servicio
-será para un industrial, particular, sociedad o colectividad,
-en vista de una retribución correspondiente. ¿Qué haría
-con el investigador de física o de botánica, el industrial a
-quien sólo interesara el rendimiento económico más provechoso,
-si el sabio ocupara su tiempo en adelantar la ciencia
-en vez de adelantar las entradas en dinero de la industria?
-Ante el peligro de que la investigación científica arruinase
-la industria ¿despediría el sabio o, por lo menos, le relegaría
-a un laboratorio y tomaría un técnico? Lo que digo del físico
-y del botánico, lo digo también del químico, del médico, del
-veterinario, del abogado y de cuanto <i>saber</i> debe transformarse
-en <i>hacer</i>, de cuanta ciencia debe ser arte: <i>arte de curar</i>, se
-decía de la medicina.</p>
-
-<p>El método de educar para la ciencia y el método de preparar
-para la profesión, son necesariamente diversos como
-correspondientes a fines distintos. El primero aspira a la
-explicación más completa de las cosas; el segundo a la ejecución
-más perfecta de las obras. La ejecución es más perfecta
-cuando responde con mayor exactitud al fin deseado, aunque
-en cualquier caso particular el ejecutor ignore la explicación.
-Continuando todavía con uno de los ejemplos que he propuesto,
-la agricultura es fuente de riqueza nacional; la proposición
-sería de una trivialidad afligente si intentara decir alguna
-novedad. En ella va contenida la afirmación de ser la agricultura
-arte de economía; arte de producir riqueza transformada
-en su signo representativo, la moneda. Cuando diplomamos
-a un perito agrónomo, no tenemos que certificar sus
-conocimientos científicos o teóricos en las diversas ciencias<span class="pagenum"><a name="Page_323" id="Page_323">[323]</a></span>
-que adelantan la agricultura. Se nos pide únicamente que
-certifiquemos su habilidad para transformar semilla en dinero.
-Deberá nuestro perito tener esta habilidad; con el menor gasto
-posible producir la mayor utilidad. No solamente deberá
-saber cuál es la semilla que produce mejores plantas, sino que
-es indispensable que sepa cuánto cuesta y dónde se vende, y
-deberá saber qué precio se obtendrá por los productos. La
-perfección de este arte no estará, pues, en presentar los
-frutos más hermosos, según el criterio estético, sino en obtener
-los de mayor utilidad económica, porque este es el fin del
-servicio. Una escuela de agronomía es, pues, una escuela
-económica, destinada a preparar comerciantes de la agricultura,
-y ella misma debe ser una casa de comercio agrícola, para
-que sus alumnos puedan ser buenos comerciantes (no demos
-a la palabra la acepción jurídica) de la industria rural.</p>
-
-<p>Sé que expreso estos pensamientos contrarios a otros que
-oigo y leo sobre enseñanza agrícola. Tengo desde muchos
-años en los oídos esta frase de los especialistas más respetables
-y distinguidos: las escuelas de agricultura son establecimientos
-de enseñanza y no de producción; a lo cual contesto
-que deben ser de producción para que se aprenda a producir.
-Pero declaro que mi interés de este momento no es abrir polémica
-sobre esta cuestión, sino presentar un ejemplo de demostración
-lógica, aplicable a cualquier arte, considerada en el
-único aspecto que indicará el método de enseñarla: su finalidad.
-Quien acude a un abogado porque tiene un pleito, le
-interesará que su letrado obtenga el reconocimiento de lo que
-cree su derecho, le importará poco lo que sepa sobre problemas
-de reformas legislativas, que correspondan al grado de estudio
-cuyo objeto es la mejor organización de la sociedad. Lo mismo,
-quien acude a un médico es para que le cure la enfermedad;
-le importará poco cuáles sean sus profundos conocimientos
-en determinada investigación de laboratorio, si no ha visto
-muchos enfermos y aprendido su arte al lado de quien los
-asistía y los curaba de modo que él mismo sepa curar... por
-lo menos las enfermedades curables, las únicas que se curan,
-como decía el doctor Wilde.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>El tema que aquí trato es el mismo que sometí a la Asamblea
-General de Profesores, en agosto del año pasado; y lo
-consideraremos de nuevo en la próxima Asamblea General. Me
-sirve ahora para traerlo hasta algunas de las cuestiones universitarias
-que parecen haber tomado mayor importancia.</p>
-
-<p>Las ideas corrientes de organización universitaria argentina,
-sus planes de estudio y métodos, aspiran a hacer principalmente
-profesionales, o sea técnicos, mediante métodos de investigación<span class="pagenum"><a name="Page_324" id="Page_324">[324]</a></span>
-científica. No hay distinción positiva, bien clara,
-entre la preparación para la ciencia y la preparación para
-la profesión. No tenemos escuelas técnicas, porque la enseñanza
-técnica está dentro de las mismas universidades, y cuando
-se encuentra afuera imita los métodos y planes científicos,
-aspira a igualar con la enseñanza que debería ser puramente
-científica y no profesional. No es para mí inconveniente que
-se encuentre dentro de la Universidad lo científico puro y lo
-profesional, lo elemental y lo superior; pero a condición de
-que distingamos lo que corresponde a una y otra finalidad de
-la enseñanza.</p>
-
-<p>Cuando se cita el ejemplo de universidades extranjeras,
-especialmente alemanas, y se encomia su admirable libertad
-de enseñar lo que el profesor quiera, y de aprender el alumno
-lo que quiera, de asistir o de no asistir a clase, de elegir unas
-materias y no otras, de no dar exámenes, etc., se advierte al
-mismo tiempo que en aquellas universidades la enseñanza es
-puramente científica, y que la técnica se da en institutos
-especiales. He mostrado en otro momento y lo repito ahora,
-que hay gravísimo error en aplicar aquellas ideas a las universidades
-argentinas, que no son puramente científicas, sino que
-proponen a la vez los dos fines de preparación para la ciencia
-y para la profesión.</p>
-
-<p>Cuando los estudios científicos con educación especial en
-métodos adecuados y rigurosos, corran por separado de los
-métodos para la preparación profesional, diremos claramente
-que no hay exigencia de asistir a clase, ni reglamento de práctica,
-ni obligación de alumno: quien quisiere aprender asistirá
-a la enseñanza que pueda darle quien tenga ciencia para enseñar.</p>
-
-<p>Esta separación es simplemente una tesis que sostengo;
-no es una realidad existente en nuestras universidades. Muchos,
-tal vez la mayoría, no creen en ella, como yo no creía antes
-de haberme rectificado. Toda la enseñanza universitaria está
-organizada bajo el supuesto de una base científica sin distinción
-de finalidad científica o profesional. De esto resulta que,
-en definitiva, no sea ni preparatoria de aptitudes científicas
-ni preparatoria de habilidad profesional.</p>
-
-<p>La medida en que la enseñanza científica deberá servir
-a la preparación profesional, es en casos particulares de positiva
-dificultad. Lo reconozco y lo declaro. Por eso mismo,
-y mientras la tesis no se haya convertido en realidad, corresponde
-que cada alumno se proponga a sí mismo la cuestión de
-su propia vocación y destino que desea dar a sus estudios. En
-la enseñanza de cada materia, encontrará una parte o un
-aspecto, un modo o un método que se ajustará mejor a sus<span class="pagenum"><a name="Page_325" id="Page_325">[325]</a></span>
-deseos o conveniencias. Es en este sentido que la presencia
-en la clase será para él un beneficio que a su tiempo lamentará
-haber descuidado, aun cuando a su juicio, en cuya infalibilidad
-de hoy no debe creer, le parezca que la enseñanza no responda
-a su interés futuro.</p>
-
-<p>Por otra parte, quien aspire solamente a ejercer una profesión,
-por ser ésta de carácter que requiere derivarse de
-conocimientos científicos, ninguna medida de tiempo que
-emplee en adquirirlo le será perjudicial para su profesión.
-De la misma manera, quien aspire a consagrar su empeño en
-la adquisición de la ciencia, en ninguna manera le será perjudicial
-cualquier contacto con el arte o aplicación profesional
-de la ciencia.</p>
-
-<p>Demasiado sabemos por experiencia propia que no alcanzamos
-a ser hombres de ciencia, desde que discutimos o inventamos
-muy poca cosa en la vía de la producción científica, y
-si adquirimos alguna habilidad profesional es con frecuencia
-mediante rectificación de errores que reconocemos después de
-haberlos cometido.</p>
-
-<p>Mediante la misma rectificación de errores bajo el látigo
-de la experiencia diaria, hemos llegado a profesar en la cátedra
-y a tener en verdad cierta experiencia que utilizamos y debemos
-utilizar para aprovechamiento de los jóvenes que en calidad
-de alumnos nos reclaman el fruto de lo que la vida haya sembrado
-en nuestro espíritu. Agregaré, porque es verdad y
-porque hablo sin disimulo, que así como no todas las tierras
-son apropiadas para que la semilla germine y salga a la luz la
-planta, no en todos los espíritus la experiencia da frutos iguales.
-Resulta así natural desigualdad en aptitudes para
-enseñar. Tal desigualdad se hará mayormente manifiesta,
-cuanto mayor sea lo que puede llamarse individualismo profesional,
-quiero decir, completa libertad del profesor para hacer
-o no hacer, enseñar o no enseñar, guardar analogía con la
-media normal del método de enseñar, o no guardarla, sea por
-mayor aproximación a cualquier extravagancia de genio o
-de talento, o por retardo, hijo de la pereza, o de cualquier
-otra madre.</p>
-
-<p>Entretanto, cumplidas las exigencias de planes de estudio
-y programas, el decano o director de instituto firma un diploma
-que certifica con valor de instrumento público inatacable
-que el poseedor del pergamino o cartulina sirve profesionalmente
-para lo que el documento declara. Suscripto
-por el decano o director, el documento pasa a la firma del
-presidente de la Universidad y es así, bajo esta doble fe de
-verdad, que el público la recibe.</p>
-
-<p>Parece elemental que por respeto a la firma propia, que<span class="pagenum"><a name="Page_326" id="Page_326">[326]</a></span>
-es el propio honor, nada sea suscripto por ella que no sea
-verdad. De esto nace el deber de verificar si es cierto
-lo que bajo la propia firma se declara y el derecho de hacer
-lo necesario para cumplir con el deber. El decano o director
-tiene deber y derecho de verificar la enseñanza que se da bajo
-su dirección inmediata y el rector o presidente tienen deber
-y derecho de exigir que la vigilancia sea cumplida. Estas
-son funciones del cargo respectivo, declaradas por la ley
-y bajo la responsabilidad de los funcionarios a quienes las
-confía.</p>
-
-<p>Supone esta organización universitaria, que cada cual
-cumple con su deber y facilita en perfecta armonía y cordialidad
-el cumplimiento del deber de los demás. Todo profesor
-debe tener agrado en que su enseñanza sea directamente vigilada
-por el propio decano o director, que para esto cuenta
-con el voto de la mayoría, que no es más que un signo de
-voluntad de la total corporación docente. Debe tener agrado
-y ver en la función de vigilancia un descargo de la propia
-responsabilidad y una seguridad contra el error de los alumnos.</p>
-
-<p>Son francas mis expresiones y deseo que nadie las encuentre
-ásperas como papel de lija. Me son sugeridas por la
-observación de lo que en parte explica alguna agitación universitaria
-fuera de nuestra casa, por muy tranquilos que nos
-sintiéramos de que en la nuestra no habrá motivo de análogos
-sinsabores. Un aspecto de cualquiera reforma universitaria
-que hayamos observado, deja advertir de alguna falta de idoneidad
-del personal docente. Los alumnos descubren algunas
-veces este defecto y ejercen ellos, en formas propias de la edad,
-el legítimo derecho de descontento, que la dirección de la enseñanza
-debió prever y evitar. Es natural que cuando falta
-gobierno regular desde arriba, comience el gobierno irregular
-desde abajo, que puede ser, por lo irregular, desgobierno. La
-reacción se hace revolucionaria y corren a veces igual suerte
-los buenos y los malos, si acaso los primeros no son los que se
-retiran de la lucha amargados y entristecidos. Cuanto desde
-este punto de mi discurso podría decir, me llevaría demasiado
-lejos. La limitación de tiempo me conduce a esta única
-declaración de mi pensamiento: el mal de que estoy hablando
-no se cura con reformas electorales en la provisión de los
-cargos universitarios. Con ellas o sin ellas puede crecer si
-no se despierta la conciencia del deber que a cada cual impone
-la función que le está confiada.</p>
-
-<p>Y como deseo concluir, adelanto que no pongo en mis
-palabras ninguna reserva sobre los diversos recursos alegados
-para corregir males de este género.</p>
-
-<p>Por el momento me ocuparé de dos de ellos que sirven<span class="pagenum"><a name="Page_327" id="Page_327">[327]</a></span>
-de tema a conversaciones de alumnos y profesores, a saber:
-la asistencia de alumnos en los consejos directivos y la libre
-asistencia o inasistencia a las clases teóricas.</p>
-
-<p>En cuanto a lo primero, declaro mi disconformidad con
-el voto electoral de los alumnos para elegir autoridades universitarias.
-De todas maneras tal voto está excluído por
-nuestra ley universitaria. En cambio, consecuente con pensamientos
-ya antiguos en mi experiencia de estas cosas, he
-suscripto con el vicepresidente de la Universidad, señor Besio
-Moreno, el proyecto para que los alumnos tengan delegados
-con voz en los consejos, que ha sido sancionado anteayer.</p>
-
-<p>En cuanto a la asistencia obligatoria, me he declarado autor
-de la iniciativa que es el texto de la ordenanza de fecha 3 de
-marzo de 1906 que dice: “en la Universidad Nacional de la
-Plata no habrá alumnos libres”.</p>
-
-<p>Su objeto fué crear el estudiante universitario para la
-Universidad que entonces se fundó. El efecto de esta resolución
-está a la vista. La nueva Universidad pudo ser un simple
-establecimiento de mesas examinadoras para alumnos de todas
-las regiones de la República. La ciudad de la Plata es hoy
-universitaria porque los estudiantes han tenido que ser alumnos
-regulares. De esta ordenanza han derivado otras, particulares
-de las facultades o generales de la Universidad, que han declarado
-obligatoria la asistencia a un número de clases. Yo deseo
-que la ordenanza que excluye los alumnos libres sea mantenida
-y no tengo inconveniente en que se derogue la asistencia
-obligatoria. Todo estará en encontrar la definición del alumno
-libre excluído, o la definición del alumno propio o regular
-por algún signo diverso de la asistencia obligada a un número
-proporcional de clases de todos los cursos y en todos los años.
-No es esto imposible, ni siquiera difícil, y muchos alumnos
-conocen ya el pensamiento que es objeto de mis reflexiones
-para hallar solución a este problema.</p>
-
-<p>La no asistencia a clase tiene dos aspectos; uno el de los
-alumnos perezosos que no van a clase o huyen del profesor
-que les interroga; otra el de los alumnos diligentes que aspiran
-a prepararse seriamente y quieren significar por su inasistencia
-a algunas clases su disconformidad con los profesores que
-creen malos. De este último aspecto sólo puedo reconocerles
-que ejercitarán ellos una función realmente abandonada,
-cuando tal ocurriese, por los respectivos decanos y consejos.</p>
-
-<p>La no asistencia a las clases puede ser realmente un signo
-de disconformidad de los alumnos con un mal profesor; pero
-sé por experiencia que data de algunos años antes de que
-nacieran los jóvenes que ahora son alumnos, que también es
-motivo de deserción de la clase el temor de ser interrogados<span class="pagenum"><a name="Page_328" id="Page_328">[328]</a></span>
-para observaciones de clasificación. Seamos todos absolutamente
-sinceros; séanlo, pues, como yo, los jóvenes que me escuchan
-o que lean después estas declaraciones; el alumno que
-estudia mal, que se distrae en cosas que no son las correspondientes
-a su preparación para la clase o que no tiene educación
-mental anterior, está siempre dispuesto a faltar el día en que
-sospecha que puede ser interrogado. Profesores más empeñosos,
-los que asisten con interés y disposición docente, los que
-dan muestra de su labor en la producción científica y hacen
-lo que es posible hacer para adelantar los conocimientos, podrán
-ver sus clases desiertas el día en que se propongan interrogar.
-Esto es de mi experiencia personal, si se me permite
-contarme entre los que hayan seguido con alguna vocación
-la carrera docente y pensado y escrito sobre diversas materias
-de ciencia y enseñanza desde hace treinta años. He tenido
-la fortuna de que mis alumnos me consideraran siempre con
-respetuosa amistad y no me dieran sino satisfacciones en mi
-vida de profesor. Es, pues, el cuento que hace próximamente
-veinte años tenía yo a mi cargo una clase de Derecho Civil
-en la Universidad de Buenos Aires, con más de doscientos
-alumnos en lista. Comencé mi año con el afán de profesor
-todavía joven y con ilusiones mejores que la realidad. Preparé
-mis lecciones metódicamente, con sumarios de exposición
-que no he vuelto a hacer desde entonces, y dí con este método
-un curso de conferencias. A cierta altura de mi exposición
-del programa, quise informarme de la utilidad que para los
-alumnos tuviera mi enseñanza de la materia; el aula estaba
-completa como de ordinario; comencé a nombrar uno por uno
-a los que estaban en la lista, y como continuaba yo leyendo
-sin que nadie se dijera presente, me dirigí a la clase con esta
-pregunta: “Pero, señores, ¿quiénes son ustedes?” Como
-tampoco respondieran, hablé particularmente a uno de la primera
-fila: “¿Cómo se llama usted?” Me dijo su nombre;
-yo lo había leído. Le pregunté: ¿Por qué no ha contestado
-usted cuando le llamé? Porque no estaba preparado, señor.
-Pasé a otro con la misma pregunta y la misma respuesta. Les
-dije entonces: “No es posible que la imprevisión de ustedes
-sea tanta que ni siquiera se encuentren preparados para saber
-cómo se llaman; para esto no necesitan preparación”. Seguí
-informándome y resultó que toda la clase estaba presente para
-escuchar y ausente para hablar. Si yo hubiera dicho en la
-anterior que interrogaría, no hubiera tenido a quien llamar
-porque el aula habría estado desierta.</p>
-
-<p>Es este caso de inasistencia voluntaria con asistencia corporal,
-que no he olvidado cada vez que se ha hecho el argumento
-de que la inasistencia de los alumnos sea un signo<span class="pagenum"><a name="Page_329" id="Page_329">[329]</a></span>
-positivo de la incapacidad del profesor. Pero es también
-verdad, señores, que lo mismo que ocurre a tantos otros en todo
-género de funciones, no me he decidido a reconocer mi propia
-incapacidad, que si la reconociera tendría que abandonar necesariamente
-la función de mi cargo.</p>
-
-<p>Para no perder a mis alumnos de entonces ni enfriar mi
-entusiasmo de profesor privándome de numerosa asistencia,
-declaré que no volvería a interrogar, con aviso ni sin aviso
-previo, y todo lo contrario, quedaba a disposición de mis alumnos,
-para ser interrogado por ellos sin previo aviso.</p>
-
-<p>Y sucedió así; después de repetir mi declaración al terminar
-algunas clases que siguieron, alguien me interrogó, y luego
-otros y otros más. Pude entonces descubrir que una pregunta
-es indicio más seguro de estudio o talento en quien la hace
-que una respuesta a una interrogación. Efectivamente, en
-toda pregunta va contenido un elemento para la respuesta;
-algo como presentación de términos afirmativos o negativos;
-y la posibilidad de error se reduce a contestar no, en lugar de
-sí, o viceversa. Entretanto, para formular la pregunta ocurre
-la necesidad de optar entre una multitud de términos, y
-formular previamente múltiples juicios de opción para que
-la pregunta tenga sentido. Descubrí así, que tal vez la verdad
-en estos casos está, como en muchos otros, al revés de lo
-que vemos. En realidad, un hombre de estudio y de ingenio
-preguntará siempre cosas interesantes; un tonto no preguntará
-sino tonterías.</p>
-
-<p>Se me disculpará la pesada narración de mi anécdota,
-que no he sabido contar más brevemente, pero estimo que
-algún valor tenga para quienes hacen todavía experiencia de
-profesores y de alumnos; puede asímismo concluirse de ella
-que tales cuestiones como las que hoy se agitan no son nuevas.</p>
-
-<p>Sirvan los pensamientos de este discurso para que profesores
-y alumnos pongan su mejor voluntad en comenzar y
-continuar las labores del año con el mejor empeño en el estudio
-y la mejor cordialidad en el trato.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Me complace declarar que esta cordialidad ha sido como
-un signo o carácter particular de esta Universidad. La generalidad
-de los profesores pusieron siempre noble y generoso
-empeño en servir sus cátedras del mejor modo posible. El
-ejercicio continuado de la docencia ha formado en ellas ese
-caudal de experiencia que no se improvisa ni se adquiere fuera
-del ejercicio de la cátedra. Alguna que otra excepción que
-habría que hacer con sentimiento en días recientes, sirven para
-confirmar que las direcciones de la enseñanza universitaria<span class="pagenum"><a name="Page_330" id="Page_330">[330]</a></span>
-no son indiferentes al deber de vigilancia o al ejercicio de su
-autoridad cuando el caso ocurra.</p>
-
-<p>Las aptitudes que se adquieren en la experiencia no pueden
-ser suplidas por ningún otro origen, aunque tenga por
-medida la vocación o disposición natural para enseñar. Se
-debe tolerar en cierta medida de equidad cualquiera falla de
-menor cuantía, cuando se sabe lo difícil que es llenar la vacante
-de una cátedra.</p>
-
-<p>No sé por qué destino personal he tenido desde hace más
-de veinte años, por razón de mis cargos universitarios, la grave
-responsabilidad de elegir candidatos para el profesorado
-superior. Las vacilaciones, diría mejor las tribulaciones de
-mi espíritu, las han tenido cuantos han pasado por semejante
-situación. No se puede ser profesor porque sí, porque se
-reciba un nombramiento o porque se tenga un título profesional.
-De esto puede resultar un profesor, pero no hay
-relación entre el título o nombramiento y la aptitud para
-enseñar.</p>
-
-<p>Sirvan estas palabras para dar un consejo amistoso a los
-jóvenes que tan repetidamente me dan pruebas de confianza
-consultándome sobre intereses generales de la enseñanza o
-sobre sus casos particulares. Piensen y admitan la posibilidad
-de ser llamados algún día a la cátedra; de ser llamados aunque
-no aspiren a ella, o de ser aspirantes aunque hoy no tengan
-estímulos ni sientan vocación que podrá despertarse en lo
-sucesivo. Al asistir a cada clase aprendan dos cosas, a saber:
-la concerniente a la materia particular de la enseñanza y la
-que corresponde al modo o método de enseñar. Aprendan lo
-correspondiente a la rama de las matemáticas, de las ciencias
-sociales o de las ciencias naturales, de que tratan sus profesores,
-y aprendan a la vez, por el ejemplo que tienen a la vista,
-de qué manera se enseña. Tienen ellos una medida o patrón
-de crítica que les servirá para evitar, cuando a ellos les toque
-enseñar, los defectos que crean advertir como alumnos. Piensen
-en hacerlo mejor cuando les llegue el turno de profesor.</p>
-
-<p>Advierto que mis palabras en lo que estoy diciendo son
-superfluas. Tengo repetidos testimonios de ser los alumnos
-de esta Universidad disciplinados en el estudio, amantes de
-la institución y dispuestos a honrarla dentro y fuera de la
-casa. A propósito, y antes que el año que ha pasado se
-aleje en la corriente del tiempo, que se lleva todos los recuerdos,
-detenga en este lugar el de la grata impresión que produjo
-en mi espíritu la opinión que dejaron de sí mismos y de la
-Universidad los jóvenes delegados al Congreso Universitario
-de Córdoba, el año anterior. Recogí, entonces, de fuente
-sincera y de testigos inmediatos, la seguridad de que los delegados<span class="pagenum"><a name="Page_331" id="Page_331">[331]</a></span>
-de la Universidad de la Plata se habían conducido con
-tal seriedad y circunspección, que se hizo notable en la opinión
-de aquella ciudad y se esparció luego fuera de ella. Al regreso
-de la delegación, tuve el placer de escuchar el relato de
-los asuntos tratados por ellos y confirmar personalmente la
-buena opinión que habían conquistado. Pensé entonces que
-por mucho que tal circunspección fuese inspirada por condiciones
-de temperamento personal, algún influjo tenía en ellas
-la colectividad de estudiantes y alguna en esta última la
-dirección docente de facultades e institutos y la obra perseverante
-de mi antecesor en fundar el porvenir de la Universidad
-sobre la base de los buenos sentimientos recíprocos entre
-profesores y alumnos. Puede comprenderse cuánta será mi
-propia felicidad si llego a comprobar que no se ha destruído
-ni disipado en mis manos el tesoro de simpatías acumuladas
-en la Universidad que tengo tanto honor en presidir. Espero
-que en ellas mismas se encuentre la mayor felicidad para
-cuantos comiencen hoy un año más en el trabajo de enseñar
-y de aprender.</p>
-
-<p>Y así esperaremos con serenidad y de frente los peligros
-que amenazan al mundo y los que más de cerca nos aflijan.</p>
-
-<p>Quedan abiertos los cursos de 1919.</p>
-
-<p class="date">17 Marzo 1919.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_332" id="Page_332">[332]</a></span></p>
-
-<h2 id="ALBERDI_SARMIENTO_Y_MITRE">ALBERDI, SARMIENTO Y MITRE</h2>
-
-<p class="center">ALREDEDOR DE 1852</p>
-
-<p class="center">Por <span class="smcap">DAVID PEÑA</span></p>
-
-<p class="center">Profesor en las Universidades de Buenos Aires y La Plata</p>
-
-<p>Por el asedio y otras causas, la rueda de argentinos residentes
-en Montevideo se achicó de pronto hacia 1851, aumentando,
-en cambio, las que existían en Santiago, Valparaíso y
-Copiapó. Otros pasaron al Perú, otros a Bolivia y otros al
-Brasil. Esta incorporación ahondó la divergencia que ya
-existía en Chile entre los primeros acerca de las cuestiones
-internas de la República Argentina y sus problemas exteriores.
-Algunos de los recién llegados se inclinaron al grupo que
-tenía su sede en Valparaíso y otros al Club que comenzaba a
-funcionar en Santiago.</p>
-
-<p>Sarmiento y Alberdi eran los representantes de éstas
-como tendencias antagónicas que estaban latentes en todos
-los espíritus, manifestadas en los vagos anhelos, en las observaciones
-críticas, en las conversaciones de las ruedas familiares
-de las tardes y las noches. Los sucesos y los hombres de
-la patria se apreciaban de diverso modo, como también se
-discrepaba al considerar los planes referentes al futuro.</p>
-
-<p>Cuando Sarmiento y Mitre abandonaron el hospitalario
-Chile, ya quedaban divididos los ánimos, mucho antes de
-Caseros.</p>
-
-<p>Sarmiento y Mitre, acompañados de Aquino y de Paunero,
-embarcáronse en Valparaíso, con rumbo a Montevideo,
-a donde llegaron el 2 de Noviembre de 1851. De allí escribe
-Sarmiento a don Manuel Montt esta fatua confidencia: “Todos
-presienten que hay un rol que me está reservado, y mi
-llegada parece que llena una necesidad”.</p>
-
-<p>Tal ufanía sería explicable tratándose del escritor, pero
-no del político, y menos del organizador. Bien conocidos eran
-los méritos de la pluma de Sarmiento como incansable denostador
-de la tiranía y anheloso propagandista del régimen<span class="pagenum"><a name="Page_333" id="Page_333">[333]</a></span>
-de libertad, para que no se le estimulase con el augurio de
-que el general Urquiza sabría apreciar debidamente sus talentos
-y utilizar su pluma; pero no suplían sus tentativas en
-el papel para acreditarle capacidad de mando, en una campaña
-que llevaba consumidas existencias valiosas y el patrimonio
-de dos generaciones. A él le bastaba, sin embargo,
-que el hermano de Lavalle le hubiera regalado las espuelas
-que usara el general, o que el ministro Batlle se desprendiera
-de su espada, en su obsequio, para sentirse animado de aquel
-superior aliento que transportaba heroísmo a la adarga de
-Don Quijote. Puso en agitación a medio Chile con su proyecto
-de penetrar a su país por la región andina al frente de una expedición,
-y, al salir con Paunero, Aquino y Mitre... sólo obtuvo
-el acompañamiento de tres peones que andaban sin trabajo.
-Mas ¿qué importa? Habían sido soldados del Ejército
-de los Andes, desde luego sargentos, y nada más fácil que
-del Regimiento de Granaderos a caballo. A poco, uno de ellos,
-su asistente, se deja seducir por un bombero de Pacheco y,
-entre libación y libación, le entrega el paquete de papeles y
-el “Diario de Campaña” de su jefe el escritor.</p>
-
-<p>Sarmiento trasladóse a Gualeguaychú, acompañado de
-Aquino, donde el general Urquiza preparaba su ejército desde
-su cuartel general. La entrevista debió ser interesante.
-Sarmiento vestía un flamante traje de teniente coronel, grado
-que él se concediera ante sí y por sí. Urquiza lo reconoció
-y mantuvo en ese grado, con su poco de apego por el extraño
-personaje que pusiera su pluma poderosa al servicio de la
-campaña contra Rosas y también de su persona. Conocía todos
-los artículos laudatorios del eminente escritor de “La Crónica”,
-“La Tribuna” y “Sud América”, como de años atrás
-las páginas de “Facundo”; pero también sabía que Sarmiento
-constituía una fuerza incierta, un punto de apoyo de
-insegura resistencia, un aliado intermitente. Debióle bastar
-un simple golpe de ojo al Favio criollo para averiguar la
-psiquis de aquel raro compatriota que hablaba a destajo de
-las eminencias europeas y barajaba los ejemplos de la América
-del Norte, entre el ludir de las caballadas y el hervor
-del campamento, semejante a colmena. De aquella conversación
-en la carpa no resultó Sarmiento jefe del Estado Mayor
-sino encargado de redactar el “Boletín” del ejército. Munido
-de fondos, regresó a Montevideo a organizar su imprenta
-ambulatoria.</p>
-
-<p>Paunero y Mitre lo esperaban allí. Con ellos se embarcó
-en uno de los buques de la escuadra brasileña que debían proteger
-el pasaje del ejército, soportando en el Paso del Tonelero
-el fuego de las baterías enemigas al mando de Mansilla, amigo<span class="pagenum"><a name="Page_334" id="Page_334">[334]</a></span>
-después de ellos. Al siguiente día llegaron al Diamante, donde
-ya había empezado el ejército de Urquiza el pasaje histórico.
-Mientras Mitre y Paunero ocupan los puestos que se les tenía
-ofrecidos, Sarmiento prepara los enseres de la imprenta militar.
-Una vez la columna en marcha, Sarmiento se adelantó
-hacia el Rosario sin la correspondiente autorización del general
-en jefe, a recibir las anticipadas ovaciones de aquella modesta
-villa que se acababa de declarar por la revolución<a name="FNanchor_1" id="FNanchor_1"></a><a href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_335" id="Page_335">[335]</a></span></p>
-
-<p>Fué allí mismo y a los breves días, que aconteció el suceso
-desgraciado y alarmante de la sublevación del regimiento
-de Aquino y el asesinato de este jefe por sus propios soldados.
-Mitre atravesaba esa noche el campo para ir a visitarlo en
-su carpa, y distraído en la conversación con quien lo acompañaba,
-se separó del camino. Si llega antes, asiste a la tragedia.
-En homenaje a la amistad y a su empeñosa solicitud, Urquiza
-recomendó de todos modos la aprehensión de los soldados<span class="pagenum"><a name="Page_336" id="Page_336">[336]</a></span>
-fugitivos, prometiéndole que sería inexorable con los asesinos
-del valeroso jefe.</p>
-
-<p>Caseros se produce. Sarmiento no tiene ningún papel militar,
-pero asiste a la batalla. Mitre comanda unas piezas de
-artillería frente a frente de su ínclito ex jefe el coronel Martiniano
-Chilavert, el antiguo unitario pasado recientemente a
-las fuerzas de Rosas después de sus lucidos servicios a la
-causa opuesta.</p>
-
-<p>La batalla de Monte Caseros ha sido juzgada con distinto
-criterio como hecho de armas, pero del punto de vista de su
-acción política y moral, es una batalla grande, de las más
-grandes después de las de la Independencia, como que allí
-fué, por fin, aventada la omnímoda tiranía que desde 1829
-resistiera todos los embates y cruzadas.</p>
-
-<p>En los preliminares de esta acción, preocupaba a Urquiza
-la averiguación del jefe a quien Rosas entregaría la dirección
-del combate, como que de su elección dependería, en
-mucho, el éxito, dando siempre sus ojos, al repasar la lista,
-con el nombre del general Pacheco. Díaz, Chilavert, Lagos,<span class="pagenum"><a name="Page_337" id="Page_337">[337]</a></span>
-no detenían su atención. Era Pacheco. Era Pacheco. Entonces
-urdió una supuesta correspondencia con él, de anterior data,
-y escribióle cartas como si fueran la continuación de aquélla,
-cartas que confiaba a chasques con instrucción respecto
-del camino que debían de tomar, el mismo por donde estaban
-apostados los centinelas de Rosas. Apresados los citados
-mensajeros, eran llevados ante el Restaurador con el cuerpo
-del delito.</p>
-
-<p>Contábale yo este episodio al general don Benjamín Victorica
-hace muy pocos años y, al oirme, él completó la narración
-de esta manera: “Como se acercara el momento de la
-batalla y el gobernador (Rosas) no le hubiera designado al
-general Pacheco su papel en ella, y en cambio Manuelita
-había tenido ya actos de preferencia y de obsequiosidad para
-con Lagos, el general Pacheco resolvió entrevistarse con el
-general Rosas, buscándolo donde se hallara. Rosas consintió
-en recibirlo en las proximidades de Caseros, en un edificio
-que antes sirviera de panadería. Yo me quedé a la espera del
-general Pacheco, de quien era ayudante. Cuando salió, vi su
-fisonomía descompuesta.&mdash;“Ciertamente el gobernador debe
-de estar loco”, fué lo único que me dijo. Nos alejamos en
-nuestros caballos hasta una casa semi abandonada, seguidos
-de los soldados que formaban su guardia. Penetramos a una
-de las piezas, y como era ya de noche, preparamos nuestros
-recados como camas y, acostados uno cerca del otro, encendimos
-nuestros cigarros mientras nos venía el sueño.</p>
-
-<p>De pronto vi una sombra pegada a la ventana cerca de
-la cual yo estaba, y oí mi nombre pronunciado apenas. Me levanté
-al instante y acudí al llamado. Un hombre embozado
-hasta los ojos díjome que un amigo, que no puedo nombrar a
-usted, me prevenía no dormir esa noche cerca del general
-Pacheco. El misterioso mensajero desapareció en seguida.</p>
-
-<p>Yo dí aviso al general del peligro que lo amenazaba, y él
-dispuso entonces volver a ensillar los caballos y separarse
-de aquel sitio. Lentamente proseguimos en dirección a sus
-campos. El general Pacheco, terminaba el doctor Victorica,
-no asistió en efecto a la batalla. Al otro día tuvimos noticias
-del resultado de ella, muy distantes del lugar en que se había
-realizado”.<a name="FNanchor_2" id="FNanchor_2"></a><a href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a></p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_338" id="Page_338">[338]</a></span></p>
-
-<p>Vencedor Urquiza, estableció su residencia en Palermo.
-Los primeros días, sofocados los asaltos de la canalla y los
-robos de delincuentes y soldados, debieron ser de regocijo
-indescriptible para los que volvían a ver las calles de Buenos
-Aires después de una proscripción forzosa o voluntaria de
-más de cuatro lustros.</p>
-
-<p>¡Buenos Aires! Los de menor alejamiento eran los que<span class="pagenum"><a name="Page_339" id="Page_339">[339]</a></span>
-salieron jóvenes a la época que iniciara Alberdi la égida en
-1838. Mitre no conocía propiamente la ciudad soñada, pues
-trasladado a Patagones el mismo año de su nacimiento, de allí
-pasó a la estancia del hermano de Rosas, y de esa estancia a
-Montevideo. Así se explica que en los días inmediatos a Caseros
-aquellos hombres jóvenes se pasaran recorriendo los lugares
-históricos con un fervor intenso y un tanto melancólico,
-porque se sentían como extraños en el hogar común<a name="FNanchor_3" id="FNanchor_3"></a><a href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p>
-
-<p>Vencedor Urquiza, decía, estableció su residencia en Palermo.
-Allí le presentaron parte de los desertores asesinos
-de Aquino, los que fueron en seguida fusilados. También lo
-fué Chilavert, a causa (a estar al ayudante Elías) de su
-arrogante manifestación hecha con el objeto de que lo supiera
-Urquiza, que para él Rosas representaba la causa de la nacionalidad;
-y que, lejos de arrepentirse de su reciente renegación,
-la volvería a cometer una y cien veces. Saldías, pariente
-de Chilavert, ha rodeado de comentarios dramáticos
-este final del talentoso artillero para hacerlo caer como un
-héroe de leyenda; y otros historiógrafos han difundido el
-dato de que Mitre le vituperó con energía la acción al mismo
-vencedor. Si a renglón seguido se recuerda que el rasgo fisonómico
-de Urquiza que nos han grabado a fuego los mismos
-narradores, transformaban a aquel hombre en tigre, con sus
-ojos verdes, brillantes por la cólera, y sus pómulos movidos
-por el temblor del odio, no sabemos cuando tienen razón: si
-cuando trazan la figura de Urquiza en actitud de oir, sumiso,
-la reprimenda del comandante Mitre, o cuando lo muestran
-poseído de la crueldad de las fieras.</p>
-
-<p>Urquiza no se entrega a las delicias de Capua. Urgido
-por el cumplimiento de sus promesas hechas a la faz de América
-y del mundo, va derecho a la solución de los problemas
-que preocuparan a los hombres de Mayo y que quedaron interrumpidos
-en el último ensayo del año 26, brillando un día
-en la mentalidad de Facundo:&mdash;la organización nacional.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_340" id="Page_340">[340]</a></span></p>
-
-<p>Echa el vistazo en derredor y percibe de inmediato el
-espíritu unitario en conciliábulo extraño, resto de aquel rezongo
-de los que detuvieron el paso de Dante en el Infierno.</p>
-
-<p>Urquiza protege la ciudad; Urquiza declara y demuestra
-no querer intervenir en un solo acto relativo al manejo interior
-de Buenos Aires; Urquiza comparte su victoria y su
-gloria con todos los generales del ejército aliado acordándose
-del propio jubiloso modo de los orientales como de los correntinos,
-de los brasileños como de los entrerrianos. Impide
-que se inmiscuya el ejército en los preliminares del acto electoral
-que después de veinte años va a llevarse a cabo, a fin de
-que haya una legislatura libre. Todo lo espera del patriotismo
-como el suyo. No hay vencedores ni vencidos, vuelve a
-decir, como en Montevideo. Olvídese el pasado. No hay otro
-enemigo que el que yace derrocado, camino de la proscripción.
-¿A qué perseguir ese enemigo? No se pesquisará a nadie,
-pues, porque todos los argentinos hacen falta al fin inmediato y
-perentorio de reconstruir el edificio desde sus propios cimientos.
-Mientras llega el momento de ensayar el ejercicio de
-las nuevas instituciones y de dar al país su ley fundamental,
-por medio de un congreso general, ocupe el gobierno de la
-provincia de Buenos Aires el varón más anciano y también
-el más ilustre, el que desempeñara accidentalmente el cargo
-de presidente al renunciar Rivadavia, el autor de la Canción
-Nacional de 1813.</p>
-
-<p>Todo esto por el lado inmediato y con relación a Buenos
-Aires. Del Arroyo del Medio para allá, ¿qué hacer con las provincias?
-¿Qué hacer con las gobernaciones? Si se las desatiende
-o desconoce y con más razón si se les humilla o ataca,
-volveráse a la guerra civil del año 20 como pensaba Sarmiento
-el año 92. Se plantearán las luchas de Buenos Aires
-contra López, Ramírez y Bustos. No. No se ha destruído
-una tiranía de 20 años para empujar al país reconquistado,
-hacia una anarquía innecesaria. Esos gobiernos de provincia
-representan “intereses creados”. Hay que acordarles intervención
-en la obra común de la organización política, porque
-son partes del todo, ramas de un mismo árbol, miembros
-de la familia que vuelve a estar reunida. A fin de inspirarles
-confianza, comenzando por las clases obscuras, en cuyo seno
-está el hogar gaucho y en él la materia de que se ha de hacer
-el pueblo, ofrézcase un hecho material visible que sirva de
-promesa y de vínculo ideal, tardío y complicado si ha de traducirse
-en palabras; simple y claro si el signo entra por
-los ojos. Y Urquiza propone, como en el ejército, el uso de
-una cinta colorada como prenda de conformidad en la iniciación
-del nuevo credo republicano argentino.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_341" id="Page_341">[341]</a></span></p>
-
-<p>Lo grave de la decisión estuvo en el color elegido, y acaso
-únicamente en el color, pues el uso de cintas como distintivos
-políticos se pierde en los siglos. Como primer antecedente
-argentino figuran las escarapelas repartidas por Beruti y
-French a los patriotas de 1810. Pero Urquiza necesitaba
-apoyarse en los mismos servidores de Rosas, y en el color residía
-el secreto. Claro es que si la cinta colorada le aportaba
-el concurso de los federales, despertaba la desconfianza o engendraba
-la “fobia” en los unitarios. ¿Adónde habría ido
-a parar la inspiración de Sarmiento, provocada por el color
-colorado, si Urquiza elige el azul? Pero todo el mundo sabe
-que en la época de Rosas no existía este color en Buenos Aires.</p>
-
-<p>La cinta colorada o cintillo&mdash;después de ser aceptado&mdash;fué
-el pretexto para el repudio y el encono, atribuyendo al
-vencedor el propósito oculto de substituir la tiranía de Rosas
-por la propia. Pero se escondió en los revueltos pechos la
-causa verdadera que era el afán de reemplazarlo en la tarea
-de la organización de la República. ¿Y quiénes hubieran realizado
-esa organización? ¿Los unitarios que dirigieron sin acierto
-la campaña militar que dió el triunfo completo al general
-Oribe? ¿Los unitarios civiles que, dispersos de Montevideo a
-Chile y del Brasil a Bolivia no habían podido juntar los medios
-eficaces de derrocar a Rosas desde 1835 a 1852, cayendo
-en el error de creer que si la pluma bastó para engendrar
-el desprestigio de un déspota, pudo también unir pueblos desarticulados
-por el odio y trabajados por la desconfianza?
-¿Cuál era el hombre capaz de ocupar la posición de Urquiza,
-por valimientos propios, considerando valimientos para las
-funciones de gobierno desde el factor de la riqueza material,
-que afianza la independencia de la conducta y facilita la ayuda
-a los demás, hasta el claro conocimiento de las necesidades
-de todo el territorio a gobernar, y desde el talento de
-clasificar y medir hombres e intenciones, hasta las galas del
-valor físico, necesario a demostrar en todo la superioridad
-señalada por el medio?</p>
-
-<p>Urquiza celebra conferencias con los hombres distinguidos
-que concurren a Palermo, jóvenes o viejos, provincianos
-o porteños, militares o civiles.</p>
-
-<p>Tenía del gaucho de la tierra el astuto disimulo y una
-sin igual penetración para distinguir el valer positivo del
-mérito ocasional. Mezcla y lucha de claridad interior y de vacilación
-externa, concebía el problema sin poseer los medios
-mentales para resolverlo, como que su instrucción sólo le permitía
-la resultante pero no los términos. Era clara su visión
-y podía, con mano firme, realizar el trazo; pero, faltábale la
-línea y el color.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_342" id="Page_342">[342]</a></span></p>
-
-<p>Muy conocedor de hombres, prefería siempre oírlos. Su
-silencio era en él una facultad equivalente a la función de
-asimilación de cuanto convenía a su espíritu. Escaso de dulzura
-para atraerlos por los recursos ondulantes, hoy tan esparcidos
-en política, elegía el camino más corto para que lo
-entendieran.</p>
-
-<p>Entre las variantes de los caudillos argentinos, carecía
-de la generosidad de Facundo, del donaire de Ramírez, de la
-mansedumbre de Benavídez, de la implacable y fría exterioridad
-de Rosas, de la hipocresía de López. Su gran pasión
-fué poseer tierras. No hubo señor feudal más rico en campos.
-La más enorme de sus satisfacciones era dominar el horizonte
-de una altura y descubrir con sus ojos los límites
-infinitos de sus posesiones para no hallarles término.</p>
-
-<p>Sarmiento no mereció de parte del general Urquiza la
-distinción del intercambio de ideas políticas, por lo que resolvió
-de pronto pedir licencia para trasladarse a Río Janeiro
-y de allí volver a Chile. ¿Qué había acontecido? Hasta tanto
-lleguemos a la explicación cierta de tan repentino alejamiento,
-digamos que su amor propio comenzó a sufrir desde la
-travesía del ejército donde sólo se le distinguía con el mote
-de “El Boletinero”.</p>
-
-<p>¿No supo mantener, o en aquel ambiente complejo no le
-quisieron acordar, la autoridad moral a que era acreedor por
-sus antecedentes intelectuales, y antes de un rompimiento,
-prefirió la deserción voluntaria? Más adelante se verá el fundamento
-de esta duda.</p>
-
-<p>Sarmiento se detiene en Río, con efecto, y allí es recibido
-con afabilidad por el joven emperador del Brasil don Pedro de
-Alcántara, muy capacitado para el conocimiento de los hombres
-y sucesos del Plata por su inclinación a la información
-oral y a la lectura.</p>
-
-<p>“El emperador, dice Sarmiento en carta a Mitre,&mdash;joven
-de veintiséis años (Sarmiento tiene 41) estudioso, y dotado
-de cualidades de espíritu y de corazón que lo harían
-un hombre distinguido en cualquier posición de la vida, se
-ha entregado con pasión al estudio de nuestros poetas, publicistas,
-escritores sobre costumbres y caracteres nacionales.
-Echeverría, Mármol, Alberdi, Gutiérrez, Alsina, etc., etc.
-son nombres familiares a su oído, y por lo que a mí respecta,
-habíame introducido favorablemente “Civilización y Barbarie”,
-hace tiempo, con la primera edición, habiéndose procurado
-después “Sud América” “Argirópolis”, “Educación
-Popular”, etc.<a name="FNanchor_4" id="FNanchor_4"></a><a href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_343" id="Page_343">[343]</a></span></p>
-
-<p>Hasta el momento actual nada ha podido ocurrir que
-baste a alterar los vínculos de compañerismo y amistad entre
-Sarmiento, Alberdi y Mitre. Sarmiento ha tenido, es cierto,
-dos encuentros periodísticos con Alberdi, explicables por las
-modalidades de temperamento, antes que por disconformidad
-de ideas, a propósito de la tesis de Alberdi para graduarse en
-Chile, la primera vez, y otra “sobre lo que era “honesto y permitido”
-en un extranjero en América”. Se han escrito con
-asiduidad y recíprocamente se han auxiliado con nobleza.
-Es al volver Sarmiento a Chile que procura embarcar a Alberdi
-en sus prejuicios y enconos contra Urquiza, trayéndole
-la pasión de sus enojos; pero Alberdi se gobierna a sí mismo
-y opone su tranquila fe en la obra imperecedera y en las
-cualidades del obrero.</p>
-
-<p>Esta fe la ha demostrado Alberdi escribiendo casi improvisadamente
-un libro que constituye la colaboración más
-trascendental a la obra realizada y a realizar por el general
-Urquiza, a quien se lo envía con la siguiente carta:</p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p class="noindent">A S. E. el Señor General</p>
-
-<p class="letter-salutation">Don Justo José de Urquiza</p>
-
-<p class="letter-date">Valparaíso, Mayo 30 de 1852.</p>
-
-<p class="letter-salutation">Señor General:</p>
-
-<p>Los argentinos de todas partes, aun los más humildes y desconocidos,
-somos deudores a V. E. del homenaje de nuestra perpetua
-gratitud por la heroicidad sin ejemplo con que ha sabido restablecer
-la libertad de la patria, anonadada por tantos años. En cortos meses
-ha realizado V. E. lo que en muchos años han intentado en vano los
-primeros poderes de Europa, y un partido poderoso de la República
-Argentina. Quien tal prodigio ha conseguido ¿por qué no sería capaz
-de darnos otro resultado, igualmente portentoso, que en vano persigue
-hace cuarenta años nuestro país? Abrigo la persuasión de que
-la inmensa gloria&mdash;esa gloria que a nadie pertenece hasta aquí&mdash;de
-dar una Constitución duradera a la República, está reservada a
-la estrella feliz que guía los pasos de V. E. Con este convencimiento
-he consagrado muchas noches a la redacción del libro sobre “Bases”
-de organización política para nuestro país, libro que tengo el
-honor de someter al excelente buen sentido de V. E. En él no hay
-nada mío sino el trabajo de expresar débilmente lo que pertenece al
-buen sentido general de esta época y a la experiencia de nuestra patria.
-Deseo ver unida la gloria de V. E. a la obra de la Constitución
-del país; mas, para que ambas se apoyen mutuamente, es menester
-que la Constitución repose sobre bases poderosas. Los grandes edificios
-de la antigüedad no llegan a nuestros días sino porque están
-cimentados sobre granito; pero la historia, señor, los precedentes
-del país, los hechos normales, son la roca granítica en que descansan
-las constituciones duraderas. Todo mi libro está reducido a la
-demostración de esto, con la aplicación a la República Argentina.
-Espero que encuentre en la indulgencia de V. E. la acogida que merecen
-las buenas intenciones, y que admitirá con igual bondad V. E.<span class="pagenum"><a name="Page_344" id="Page_344">[344]</a></span>
-la seguridad de mi gratitud, como ciudadano argentino, y del respeto
-profundo con que tengo el honor de suscribirme de V. E. atento
-servidor.</p>
-
-<p class="letter-sig">Juan B. Alberdi.</p>
-
-</div>
-
-<p>El general Urquiza se apresura a contestar esta carta en
-la siguiente forma:</p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p class="noindent">“Al señor Doctor</p>
-
-<p class="letter-salutation">D. Juan B. Alberdi</p>
-
-<p class="letter-date">Valparaíso.</p>
-
-<p class="right">Palermo (Buenos Aires), Julio 22 de 1852.</p>
-
-<p class="letter-salutation">Apreciable compatriota:</p>
-
-<p>La carta que con fecha 30 de Mayo me ha dirigido usted, adjuntándome
-un ejemplar de su libro “Bases y puntos de partida para
-la organización política de la República Argentina”, ha confirmado
-en mí el juicio que sobre su distinguida capacidad, y muy especialmente
-sobre su patriotismo, había formado de antemano.</p>
-
-<p>Me es muy lisonjero encontrar en la generalidad de los argentinos
-el deseo y la firme resolución de contribuir a que nuestra querida
-patria se constituya al fin un sistema de leyes digno de sus antecedentes
-de gloria y capaz de conducirla al grado de prosperidad
-que le corresponde.</p>
-
-<p>Conociendo bien esos sentimientos de los argentinos, contando
-con ellos y con sus decididos esfuerzos, me he puesto al frente de
-la grande obra de constituir la República. Tengo fe de que esta obra
-será llevada a cabo.</p>
-
-<p>Su bien pensado libro, es, a mi juicio, un medio de cooperación
-importantísimo. No puede ser escrito ni publicado en mejor oportunidad.</p>
-
-<p>Por mi parte, lo acepto como un homenaje digno de la patria
-y de un buen argentino.</p>
-
-<p>La gloria de constituir la República debe ser de todos y para
-todos. Yo tendré siempre en mucho la de haber comprendido bien el
-pensamiento de mis conciudadanos y contribuido a su realización.</p>
-
-<p>A su ilustrado criterio no se ocultará que en esta empresa deben
-encontrarse grandes obstáculos. Algunos, en efecto, se me han
-presentado ya; pero el interés de la patria se sobrepone a todos.
-Después de haber vencido una tiranía poderosa, todos los demás
-me parecen menores.</p>
-
-<p>¡Que la República Argentina sea grande y feliz, y mis más ardientes
-votos quedarán satisfechos!</p>
-
-<p>Usted hallará siempre en mí un apreciador de sus talentos y
-de su patriotismo y en tal concepto los sentimientos sinceros de un
-afectuoso compatriota y amigo.&mdash;Justo José de Urquiza.”</p>
-
-</div>
-
-<p>La aparición de las “Bases” fué saludada con entusiasmo
-dentro y fuera del lugar en que su autor residiera. En
-Chile puede apreciarse esa impresión con sólo saber que el
-Club Constitucional Argentino que presidía don Gregorio
-Gómez, resolvió un acuerdo que significó un homenaje cívico
-en favor de la personalidad de Alberdi.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_345" id="Page_345">[345]</a></span></p>
-
-<p>Sarmiento, por su parte, deja estampado así su juicio
-acerca de “Las Bases”.</p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p class="letter-date">“Yungay, Septiembre 16 de 1852.</p>
-
-<p class="letter-salutation">Mi querido Alberdi:</p>
-
-<p>Su Constitución es un monumento: es usted el legislador del
-buen sentido bajo las formas de la ciencia.</p>
-
-<p>Su Constitución es nuestra bandera, nuestro símbolo. Así lo toma
-hoy la República Argentina. Yo creo que su libro “Bases” va a
-ejercer un efecto benéfico.</p>
-
-<p>Es posible que su Constitución sea adoptada; es posible que sea
-alterada, truncada; pero los pueblos, por lo suprimido o alterado,
-verán el espíritu que dirige las supresiones: su libro, pues, va a ser
-el Decálogo Argentino: la bandera de todos los hombres de corazón.&mdash;Domingo
-F. Sarmiento.”</p>
-
-</div>
-
-<p>Desde ese instante los hombres que rodeaban al general
-Urquiza tuvieron su brújula segura para orientar el barco
-que acababan de tripular. Mas las opiniones del grupo unitario
-persistían en su afán de no despegarse del terreno, entendiendo
-que era a ellos a quienes les correspondía por derecho
-propio la tarea de organizar la República.</p>
-
-<p>Para medir entretanto en su tamaño real la obra que
-acababa de realizar el general Urquiza, conviene echar una
-mirada retrospectiva hacia el Buenos Aires que Rosas había
-gobernado y las maneras que usó.</p>
-
-<p>Rosas había comenzado por dividir la sociedad en dos
-partes: lo físico y lo moral. Lo moral era el elemento ilustrado
-de la ciudad, que tuvo a Rivadavia por representante
-y cuyo fracaso estaba fresco. Lo físico era la campaña, el
-elemento inculto, que él representaba y para el cual reivindicaba
-el ensayo del gobierno. Para identificarse a él, decía,
-había llegado al sacrificio: a abandonar las comodidades y
-las seguridades del poblado y a hacer abandono absoluto de
-su provecho personal.</p>
-
-<p>Había vivido en contacto íntimo con la masa, en el desierto,
-con el paisano paria. Ahora probaría el manejo de la
-cosa pública con esa fuerza incomprendida y se vería que el
-éxito estaba de su lado; que eran estos hombres repudiados
-los que tenían de su parte el buen sentido, el patriotismo y la
-honradez<a name="FNanchor_5" id="FNanchor_5"></a><a href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a>.</p>
-
-<p>Después del último ensayo constitucional&mdash;27 años
-atrás&mdash;el espíritu público de Buenos Aires había caído en la<span class="pagenum"><a name="Page_346" id="Page_346">[346]</a></span>
-atonía a que contribuye y arrastra en conspiración la lentitud
-del tiempo, sometiéndose a la pasibilidad fatalista de todo
-pueblo inculto, hecho al manejo del héroe, cacique o César.
-Faltaba en su seno el ejercicio, aún primario, de toda libertad
-democrática. La reunión pública no existía. No se conocía el
-debate de la prensa ni de la Sala de Representantes. El ambiente
-de claustro universitario había desaparecido. La rueda
-social enrarecida, no daba asidero ni siquiera al comentario,
-porque el espionaje de la servidumbre se encargaba de transportarlo
-en delación de los oídos de doña Encarnación Ezcurra,
-y, después de ella, a los de cualquiera de los directores
-de la Mazorca. Rosas hacía un gobierno de información
-plebeya y poseía en sus manos los hilos de todas las familias,
-como los tenía el virrey y el obispo en la época de la colonia.
-No había suceso de carácter policial que no pasara su
-vista para su resolución. La vida de Buenos Aires estaba
-contenida en los prontuarios o carpetas que a diario se elevaban
-a su conocimiento, arriba de las cuales, en dos líneas,
-debajo de su extracto, iba la pena, escrita de su puño. Era el
-gobierno de la menudencia íntima, pero a cuya virtud él debía
-el dominio de cada cuestión, de cada hogar, de cada ser,
-y por tanto, de la sociedad entera.</p>
-
-<p>Los asuntos de mayor volumen, relacionados a los intereses,
-civiles o comerciales o a las grandes faltas o crímenes,
-pasaban, con mayor razón, a su conocimiento inmediato y en
-escrupulosa preferencia. Entonces se entendía con los jueces
-directamente, sin cortapisas ni escrúpulos, echando mano
-siempre de un recurso en el que era artista supremo. La anécdota
-de su entrevista con el doctor don Vicente López es así
-tan sugerente y de tan provechosa enseñanza psicológica que
-vale por una demostración.</p>
-
-<p>Otro recurso de que Rosas usaba para su dominación,
-era el dinero. Las almas angustiadas, apuradas todas las soluciones,
-iban en última instancia, a él; y hecha la confesión
-del desastre y la sentida promesa de la gratitud eterna, venía
-el préstamo en fácil y abundante forma. Rosas era el hidalgo
-prestamista que sólo pedía la adhesión como interés, y esta
-franca munificencia, secreto de todo caudillismo, era más
-abierta y espontánea con aquellos individuos de quienes él
-se prometía un favor político o militar. Banco de descuentos,
-de provisión o ayudas, formábase en su torno el halo del
-hombre providencia, tanto más general y esparcido cuanto
-mayor era su tacto para manejarse con los favorecidos. Estos
-tratos eran siempre directos y reservados. Manuelita intervenía
-para los de otra laya: la súplica ante “tatita” para
-indultos, conmutaciones, gracias. Este espíritu detallista y<span class="pagenum"><a name="Page_347" id="Page_347">[347]</a></span>
-administrador regía en sus relaciones con los gobernadores
-y sus emisarios, aunque éstos fueran chasques. Rosas presidía
-personalmente desde el suministro de armas o ropas para el
-ejército, hasta el de una pieza de lienzo para el gaucho portador
-de cartas.</p>
-
-<p>Dipútanse el desempeño de comisiones ante él desde
-los confines de la República, los más infelices paisanos, porque
-la “menta” de su generosidad se había extendido hasta
-ellos. Quien, había traído un caballo regalado; quien, un poncho,
-quien, un traje. Los gobernadores que gozaban de la
-amistad de Rosas tenían franquicias comerciales para sus Estados,
-soluciones para los intercambios de sus productos, para
-los problemas de su moneda o para los pasajes de sus haciendas.
-Y cuando esos gobernadores venían a su sede, eran
-proverbiales los agasajos de toda la sociedad de Buenos Aires,
-amén de sus favorables concesiones. A Quiroga le decreta
-honores que recorren la gama del placer, desde el caballo
-a la bacanal degastadora y crapulosa. A López, banquetes y
-vacas; a Ibarra plata y armas.</p>
-
-<p>En los asuntos arduos obtiene el medio de saber, valiéndose
-de una estratagema. Cuando se presenta una cuestión internacional
-o simplemente de derecho administrativo o de
-gobierno, complicada o difícil, manda llamar a su despacho
-o a su casa al doctor Lorenzo Torres, explica el caso y le pide
-su juicio. Horas más tarde usa el mismo procedimiento para
-con el doctor Dalmacio Vélez; y por el mismo repetía la
-consulta con don Pedro de Angelis o don Tomás de Anchorena.
-Preparado de este modo, reunía todo el cónclave y a
-cada uno presenta la cuestión con la argumentación tomada
-del contrario, resultando que a su modo repite el papel de
-Napoleón en la discusión del Código.</p>
-
-<p>Tiene la pluma fácil: es de su agrado el escribir. Escribe
-sobre todo: desde la carta política a Ibarra, glosando el
-versículo de la Biblia de “quien no está conmigo está en contra
-de mí” al billetito penetrante y avisor, como el mandado a
-doña Inés Dorrego. ¡Todo un espécimen! Dos son sus grandes
-amanuenses de confianza: Reyes, cuya letra llega a confundirse
-con la de él, y don Pedro de Angelis, que lo interpreta
-a maravilla.</p>
-
-<p>Un otro factor de verdadera confianza y como complemento
-de su personalidad: la casa que habita.</p>
-
-<p>Cualquiera podría creer que quien vivía en esa penumbra
-era un misántropo, un enfermo, un melancólico a lo Francia,
-Felipe II o Luis XI. No, por cierto. Rosas es una expresión
-casi permanente de buen humor, entremezclado con una
-cantidad de inconsciencia manifiesta, que lo acerca al terrible<span class="pagenum"><a name="Page_348" id="Page_348">[348]</a></span>
-filósofo siempre optimista y cínico hechura de Luzbel.
-Ordena un fusilamiento o un degüello y en seguida está apto
-para urdir una broma. Tras de un asesinato, del de Maza,
-por ejemplo, puede reir si se le ocurre hacer llamar por medio
-de Corvalán al señor Obligado, que ese día ha tomado
-purga. Como a Alejandro VI, un espectáculo de muerte puede
-abrirle el apetito. Ahora, pasemos al Rosas de la proscripción.
-Es charlador, sociable, cultor de damas, y borrajeador
-incansable de cuartillas. Fabrica él mismo adobes; anda a caballo
-todo el día, luego se pone a escribir un libro de medicina.
-Llama a su criada con cencerro; se hace dar friegas en las
-piernas; no le agradan las visitas de americanos. Tal su régimen
-por años. ¿Tuvo una hora de honda meditación en las
-soledades de Southampton? ¿Sintió una sola vez, una siquiera,
-el estremecimiento de ese dolor que remuerde por no haber
-hecho a su patria y a sus compatriotas todo el bien que
-pudo y que deja escapar por entre las palmas de las manos?
-Por lo menos en el instante final, en esa última palpitación
-del cerebro y del corazón, de la memoria y de las fibras, al
-despedirse del cuadro lleno de luz ante su vista interior,
-¿lo sacudió una angustia, un recuerdo hondo, un arrepentimiento
-de los que acaso bastan a la purificación en el dintel
-de la Eternidad? Ni uno solo. Su hija nos habla de la agonía
-y de la muerte serena de su padre, como un historiador nos
-hablaría de la agonía y muerte de un justo. ¡Conciencia humana!
-¿Qué eres?</p>
-
-<p>Pero, volvamos a tomar los hilos de nuestro discurso o
-sea lo que importa a las tres vidas paralelas, materia de estos
-capítulos.</p>
-
-<p>Al regresar Sarmiento a Chile con el ánimo enconado
-contra el general Urquiza por el único delito de que Urquiza
-no le consultara sobre el plan de Caseros, primero, y luego
-sobre el mejor modo de organizar el país, dióse a glosar los
-26 Boletines de la Campaña del Ejército Libertador de que
-había estado encargado, intercalando entre ellos comentarios
-despectivos contra la persona del general vencedor. Al dar
-a luz este trabajo, determinó dedicárselo a Alberdi.</p>
-
-<p>Según un pasaje de esta dedicatoria parecería que Alberdi
-hubiera suscitado la polémica en “El Diario” de Valparaíso;
-pero el aludido rechaza categóricamente la alusión.</p>
-
-<p>La dedicatoria está llena de velados cargos y otros bien
-directos contra Alberdi, desde la inculpación de su posición
-semioficial, hasta la de creerlo interesado en lanzar a Sarmiento
-a la anticipada publicación de su “Campaña”, que
-él reservaba para muchos años después. Desde su ignorancia
-de los hechos, que Sarmiento en cambio acaba de ver envueltos<span class="pagenum"><a name="Page_349" id="Page_349">[349]</a></span>
-en sangre, hasta el recuerdo de su deserción de Montevideo,
-al acercarse a Oribe.</p>
-
-<p>La censura, pues, a Urquiza comienza con una página adversa
-a su amigo, a quien llama “Mi querido Alberdi”.</p>
-
-<p>La “Campaña en el Ejército Grande” se inicia con la
-Introducción, que es otro golpe indirecto a Alberdi, y entra
-luego, como diario de un viaje, a referir impresiones de los
-distintos puntos y accidentes por que ha tenido que pasar,
-desde su salida de Chile hasta la “fuga” de Buenos Aires,
-después de Caseros.</p>
-
-<p>En forma amena, pero falta de cohesión, va dejando
-escapar sus sentimientos y reflexiones sobre los hombres y
-los sucesos que le salen al encuentro, destacando siempre de
-la interesante narración su figura en primer término.</p>
-
-<p>Sin constituir una crónica de hechos, ni menos un estudio
-de caracteres, esta producción de Sarmiento, tan rica de
-matices, puede ser considerada como un auxiliar para la historia
-de la época o del acontecimiento que comprende, si bien
-debe cuidarse quien la utilice, del espíritu preconcebido que
-la mueve. Bajo la pasión demoledora de estas páginas, no
-obstante, asoma aquí y allá un afecto, un rasgo de admiración,
-un verdadero aplauso a tal o cual figura determinada,
-todo ello mezclado con lo anterior, como tintas claras y obscuras,
-manejadas a un tiempo en un mismo estado de ánimo
-por un firme pincel. No se ajusta el autor a ningún género dado,
-como que la soltura sigue siendo su característica; quiero
-decir que, junto a la descripción de un paisaje, vése un estudio
-de paralelo; y al lado de una reflexión filosófica, que
-dá a la oración un corte de discurso moral, interrumpe un
-diálogo y con éste una narración pintoresca y con ella un
-apóstrofe y en seguida un retrato y por último una epístola.</p>
-
-<p>De estas páginas, que causan el efecto de hojas diseminadas,
-Sarmiento lo va diciendo todo muy aprisa, con el único
-cuidado de no posponer al protagonista ni un instante. Y por
-ese propio apuro, el protagonista moral y material, nos resulta
-un extraño ser, un ser inexplicable. De pronto un hombre
-que tiene miedo a un perro y, al lado, un valeroso crítico del
-general en jefe, compitiendo con él en volumen político y social,
-como por ejemplo al adelantarse al Rosario, o al recibir
-las primeras salutaciones de Palermo. Unas veces el servidor
-medroso que espera del ayudante una palabra tranquilizadora
-de parte del superior; otras, el violento discutidor que a
-voz en cuello censura al padre ante su hijo. De pronto, vestido
-de pequeño mariscal francés, con plumas en el sombrero,
-depositando a gritos palabras peligrosas en el oído de las
-gentes que le salen al paso. Más tarde, sometiéndose a las<span class="pagenum"><a name="Page_350" id="Page_350">[350]</a></span>
-menores indicaciones del general, con una disciplina rayana
-en servilismo.</p>
-
-<p>A las impresiones relacionadas con lo que Sarmiento llama
-su Campaña, están unidos sus juicios referentes a los sucesos
-que siguieron a la batalla, en la cual, desde luego, no
-desempeña ningún papel.</p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p>“Mi papel de “boletinero” me exoneraba de toda obligación
-militar con mis jefes, por lo que, así que hubimos de
-rompernos los cuernos, dejé al general Virasoro con sus
-edecanes y sus caballos blancos, yo que no andaba muy bien
-montado, y busqué el batallón oriental que mandaba el coronel
-Lezica y me coloqué donde no estorbase, con mi ayudante,
-el capitán Dillon y uno de mis asistentes, pero en
-lugar bien aparente, precaviéndome contra ciertas bromas
-que estaba seguro se harían valer contra mí,&mdash;el militar
-con guantes y con levita,&mdash;si podían decir que me había
-perdido.”</p>
-
-</div>
-
-<p>En balde será el empeño de hallar en esta producción de
-Sarmiento las pruebas que justifiquen sus acerbas manifestaciones
-contra el general Urquiza, a quien llega a examinar
-hasta en su faz doméstica. Del relato mismo se desprende
-que éste y todos los jefes que lo acompañan, sólo tuvieron
-consideración y afecto para con el instable compañero.</p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p>“Enrolándome, dice Sarmiento, en el Ejército, tuve ocasión
-de conocer de cerca el personal de guerra de nuestro
-país, los jefes más acreditados, los medios de acción y cuanto
-interesa al publicista, al historiador, al viajero, y al político
-argentino. Merecí de todos, distinción y aprecio, y
-reconocí las virtudes, patriotismo, capacidades, y talentos
-de los hombres que han de figurar más tarde. Déboles a todos
-los jefes y oficiales el más profundo agradecimiento.
-Fuí siempre atendido por los coroneles Urdinarrain, Palavecino,
-Basabilvaso y otros de Entre Ríos; considerado por
-Virasoro y Galán: y sólo con el coronel Pirán tuve reyertas
-en que nos decíamos ambos las impertinencias de más
-grueso calibre.”</p>
-
-</div>
-
-<p>En lo que se relaciona con el general Urquiza, Sarmiento
-nos dice que en cierta ocasión le dió mil explicaciones, lo llamó
-su amigo y se estrecharon varias veces la mano. Hay pasajes
-en que su devoción por el general Urquiza pasa por entre
-sus enconos, como la luz por entre los celajes, y en que llega
-a aplaudir terribles hechos de sangre, tal como en la escena
-en que traen a la presencia del general vencedor al jefe rosista
-Santa Coloma, que Urquiza manda degollar por la nuca
-en castigo de sus víctimas, inmoladas en la misma forma.</p>
-
-<p>Viaja el monorritmo de la cinta colorada por entre las<span class="pagenum"><a name="Page_351" id="Page_351">[351]</a></span>
-páginas de la “Campaña” como una obsesión formada e impuesta
-a los fines de disculpar tanto agravio férvido en la
-pluma del autor. Pero si hay momentos en que el tema puede
-ser oído con alarma, descúbrese en seguida que es uno de
-los “sistemas” a que obedece la modalidad literaria de Sarmiento,
-y de la que no se aparta a pesar de consejos tan sanos
-y autorizados como los que ya le había dado don Valentín
-Alsina.</p>
-
-<p>Tal es la síntesis de la “Campaña en el Ejército Grande”.
-La imparcialidad del lector crítico no puede atenuar el
-egotismo y la imprecación hiriente que constituyen su esencia,
-porque el limo que sus aguas dejan, fecundiza la figura
-del vencedor de Caseros, dando un resultado contraproducente
-acerca de la tolerancia de su alma, frente a la ingratitud
-que lo combate.</p>
-
-<p>Alberdi no considera el ataque de este punto de vista, sino
-del que le es directo. Mas, lejos de contestarlo en el tono
-de la réplica, volviéndola también reducida y personal, saca
-partido doctrinario del asunto y lo eleva a la altura de un estudio,
-generalizándolo y legándolo como enseñanza.</p>
-
-<p>Retirado en Quillota, dedicó cuatro cartas a su adversario
-que aparecen fechadas tres en el mes de enero y otra en
-febrero desde Valparaíso.</p>
-
-<p>Explica en la primera que no hubiera leído, por escasez
-de tiempo, la “Campaña”, cualquiera sea su mérito, a no verse
-obligado a ello por la dedicatoria, lo que a su vez lo determina
-a analizar y contestar todo el trabajo. Advierte que
-nada tendrá que hacer con la persona del contendor, quien
-sólo le merecerá una crítica alta, digna y respetuosa, y que
-su propósito capital es estudiarlo en sus escritos. Y al entrar
-en materia, comienza por establecer cuán distinta tiene que
-resultar la prensa, desde la caída de Rosas, si ha de intentar
-llegar a la eficacia de sus fines políticos. Tras del dibujo del
-licenciado de la vieja prensa, insubordinado a toda regla o
-disciplina, agitador de poblaciones y de improvisada preparación,
-especie de gaucho malo, el lector vé alzarse, como en
-fotografía superpuesta, la efigie de Sarmiento. Estas primeras
-cuatro cartas son de una notable importancia por la
-serenidad, por la lógica, por la fuerza destructora e inmensa
-y por el estilo diáfano.</p>
-
-<p>Es acaso el primer escritor de América que conoce los
-insuperables secretos de la difícil síntesis. Escribe, con la menor
-cantidad de palabras, la mayor porción de ideas. Del ahorro
-de sonidos, obtiene más substancia y pensamiento. Es la
-pluma de las “Bases”. Y lo admirable de su construcción, es
-que lejos de perder la forma de su belleza, la aumenta en flexibilidad<span class="pagenum"><a name="Page_352" id="Page_352">[352]</a></span>
-y ondulaciones, volviendo tan terso y sutil el velo,
-que se ve toda la imagen al través. De modo que es el latín
-clásico traducido al español armonioso.</p>
-
-<p>Estas cartas debieron producir la sensación de las máquinas
-de guerra de los griegos que se destinaban a aplanar
-los cuerpos de los muertos, después de la batalla. . .</p>
-
-<p>Pero, Sarmiento no estaba muerto. Contestó la réplica
-de Alberdi con toda la violencia de su temperamento de demostrado
-luchador, tirando a fondo sus formidables golpes
-de clava como para finalizarlo todo.</p>
-
-<p>Su prosa es amplia, su brazo largo, su juego desordenado
-y abierto, sus golpes a la cabeza del contendor. No le perdona
-ni la letra. Y de la letra, la estatura, la manera de reir,
-las intenciones, y, acto por acto de su vida de abogado, de escritor,
-de periodista.&mdash;“Alma y cara de conejo”, le dice. “Sólo
-sabe agrupar pesetas y palabritas”. Llega al giro despreciativo
-minúsculo: “pillito”, “ratoncito que roe papeles”. “Estate
-quietito: tú serás enviado diplomático en Chile”.</p>
-
-<p>Otras veces, del asunto obtiene el vocablo que le viene
-a la pluma: “ergotista genovés”, recordando que Alberdi estuvo
-en Génova y que allí escribió uno de sus libros. “Andate
-enhoramala, botarate”.</p>
-
-<p>La gracia y la novedad del denuesto se traduce en figuras
-como ésta: “Es una esponja de limpiar muebles que absorbe
-todas las ideas para volverlas a estrujar y aplicarse a
-todas las cosas sucias”.</p>
-
-<p>El tono sube:&mdash;“Y no ha habido en Valparaíso un hombre
-de los que pertenecen “a la multitud de frac” que le saque
-los calzones a ese raquítico, jorobado de la civilización,
-y le ponga polleras. . .” “Entecado que no sabe montar a
-caballo”. . . “Abate por sus modales; saltimbanqui por sus
-pases magnéticos; mujer por la voz; conejo por el miedo; eunuco
-por sus comparaciones políticas; federal-unitario, ecléctico-panteísta;
-periodista, abogado, conservador, demagogo”.</p>
-
-<p>Este es Sarmiento de una vez:&mdash;“¡Pues, qué! ¿quería
-mamar a dos tetas?”</p>
-
-<p>Sarmiento vuelve a recuperar el campo como Hércules
-vencedor. Sus amigos, sus admiradores, los jóvenes, los viejos,
-sus compatriotas, el resto de emigrados que presenciaban
-el encuentro desde la sombra del tendido, lanzaron el
-¡hurra! del loor ganado. Sarmiento era el representante de
-la democracia brava frente a la borla doctoral.</p>
-
-<p>¿Y Alberdi? No responde. ¿Dónde está el doctor Alberdi?
-No es habido en los sitios sociales ni en el foro. ¿Qué le
-pasa al académico escritor? Su posición es tan ingrata que sus
-íntimos y correligionarios deciden instarlo a la refriega, pero<span class="pagenum"><a name="Page_353" id="Page_353">[353]</a></span>
-se hallan con que el metódico trabajador tiene entre manos,
-en esos mismos instantes, un proyecto de Constitución para
-su país, que forma el complemento de las “Bases”. Hasta
-tanto no lo termine, no se enterará de los nuevos ataques de
-Sarmiento. Vanos fueron los argumentos que se le hicieron para
-demostrarle la necesidad perentoria de que ensayara la
-refutación de los cargos y acusaciones de su enemigo implacable.
-Alberdi . . . Pero estoy cometiendo una falta de probidad
-y de buen gusto al dar ropaje propio a un relato que
-ha sido ya hecho por un maestro, por el inolvidable Lucio
-V. López, que a su vez repite la narración de su ilustre padre,
-testigo de la época, amigo por igual de Alberdi y de
-Sarmiento.</p>
-
-<p>Al ocuparse Lucio López de la reimpresión de las “Cartas
-Quillotanas” en 1873, legó páginas de insuperable mérito,
-que contienen con la dramaticidad del momento, noticias
-directas de la psicología de los dos soberbios contendores.
-Helas aquí:</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>“Las “Cartas Quillotanas” están destinadas a vivir
-siempre en la literatura política de nuestro país. Ellas son
-la más severa lección que se ha dado a la prensa que emplea
-el dicterio y el insulto para convencer al público y confundir
-al adversario. Ellas son la protesta más ardiente y victoriosa
-que puede hacerse contra esa literatura feroz de que la
-ignorancia vulgar de nuestras sociedades se ha amamantado
-en las pasadas luchas civiles, creando reputaciones de arcilla
-e inconsistentes que la justicia severa de los fallos modernos
-tiene por fuerza que desconocer.</p>
-
-<p>Esas cartas son poco conocidas en Buenos Aires. Hasta
-hace muy poco, tan sólo las conocíamos por las referencias
-de sus contemporáneos, y su crónica había llegado hasta nosotros,
-sin que hubiéramos podido procurarnos las preciosas
-páginas que las contenían. Es por esto, que no podemos menos
-de agradecer al editor el verdadero servicio que se ha hecho
-a las letras argentinas, haciendo de ellas una edición copiosa
-que, al mismo tiempo que pueda repartirse con profunsión
-por todos los rincones de la República, sirva para estudiar
-tranquilamente y sin pasiones mezquinas la índole de
-ciertos hombres que las injusticias del pasado han tratado
-de obscurecer.</p>
-
-<p>La historia de las “Cartas Quillotanas” es interesante.
-Un testigo ocular nos ha narrado su crónica que vamos a tratar
-de transmitir a nuestros lectores con toda la imparcialidad
-que nos corresponde.</p>
-
-<p>La refutación del doctor Alberdi a la Campaña del Ejército<span class="pagenum"><a name="Page_354" id="Page_354">[354]</a></span>
-Grande, que el señor Sarmiento le narra intencionalmente,
-exasperó el ánimo de éste con justos motivos. El golpe
-había sido mortal. La contestación había apurado todos los
-recursos de la sátira y la pluma de Alberdi había rayado en
-el papel la caricatura del adversario con los gráficos rasgos
-de un Chatam y con la culta acrimonía de un Timon. La primera
-parte de las cartas es la gran parodia “de la Campaña”.</p>
-
-<p>Los gritos de la herida fueron tan elocuentes por parte
-del señor Sarmiento como había sido punzante el dardo sutil
-que la causaba. Su espíritu se encrespó, tomó formas colosales,
-midió el cuerpo de su adversario y prorrumpió en un
-torrente de lava escrita característico en él, si tenemos en
-cuenta una cualidad remarcable de sus talentos: la labia copiosa
-con que manifiesta sus pasiones. Alberdi se encontró
-ahogado por aquella avalancha. Danton y Robespierre, y todas
-las furias de la revolución francesa, no habrían producido
-una diatriba más sublime que aquella.</p>
-
-<p>El señor Sarmiento no es clásico sino “criollo puro” y sin
-embargo, es curioso de notar, cómo en su réplica a las primeras
-cartas de Alberdi, palpita el más legítimo paganismo haciendo
-recordar las pasiones del anatema clásico puesta en
-boca de los dioses, menos el estro de Homero y de Virgilio.</p>
-
-<p>La cultura del lenguaje, la delicadeza del escritor, todos
-los escrúpulos sociales están desconocidos en la réplica
-del señor Sarmiento y para que no se dude de nuestra aseveración
-puede leerse el siguiente párrafo con que ataca al
-señor Alberdi. “Usted ha tenido la debilidad de eludir la ley
-penal por el decoro; pues yo tendré la gentileza “de degradar
-mi rango de escritor y de insultar la ley y la sociedad
-poniendo escritos inmundos contra usted”.</p>
-
-<p>Si Facundo hubiera sabido escribir, no de otra manera
-hubiera escrito.</p>
-
-<p>La réplica del señor Sarmiento hizo gran sensación en
-Chile. Los amigos de Alberdi se enfriaron en su entusiasmo.
-Los amigos del señor Sarmiento aprovecharon esta frialdad
-y la convirtieron en éxito para sus afecciones. El señor Sarmiento
-estaba triunfante y la “vox populi” sancionaba su
-victoria. Alberdi había enmudecido y todos consideraron que
-el golpe lo había abrumado. ¿Qué hacía? ¿Dónde estaba?
-¿Cuál era la causa de su silencio? Este continuaba. Días, semanas
-y meses pasaban sin que respirase. Varios amigos suyos
-resolvieron buscarlo y decirle la crítica posición en que
-se encontraba. Lo hicieron, y fueron recibidos en su gabinete
-donde trabajaba con perfecta calma y tranquilidad. Le manifestaron
-lo que pasaba en Chile con su persona, y una vez
-enterado, oyeron con asombro de sus labios que no había leído<span class="pagenum"><a name="Page_355" id="Page_355">[355]</a></span>
-la réplica del señor Sarmiento, que estaba sumamente empeñado
-en concluir su proyecto de constitución para la República
-Argentina y que había previsto que la lectura de las
-cartas de su adversario, podía distraer su atención poniendo
-en conflicto la terminación de su obra. En vano fué que
-sus amigos le manifestasen la necesidad en que estaba de salir
-cuanto antes de su crítica posición. Su determinación fué
-irresistible. No hizo la lectura y se dispuso a desocuparse
-del trabajo que se lo impedía. Extrañó, sí, la debilidad de la
-opinión para condenarlo tan ligeramente y quiso tal vez imponerle
-con su silencio el castigo de su ligereza. A los pocos
-días llamó a uno de sus amigos y le manifestó que su proyecto
-de Constitución estaba concluído y que al día siguiente
-partía para Quillota a ocuparse de contestar al señor Sarmiento
-cuya réplica ya había leído. Prometió a sus amigos
-vindicarse ante la opinión y anonadar a su adversario para
-siempre. Regresó de Quillota al poco tiempo trayendo un
-rayo que lanzó de improviso y que cambió el hado próspero
-de su contendor. Y en efecto, “La complicidad de la prensa
-en las guerras civiles de la República Argentina”, que era
-el título de la contrarréplica, fué fatal para el señor Sarmiento.
-Este había presentado infinidad de hechos que menoscababan
-la reputación del doctor Alberdi. Estos hechos fueron
-desmentidos uno por uno, con datos tan fidedignos que toda
-la opinión reconoció su veracidad. Alberdi en boca de Sarmiento
-había sido indigno instrumento de los gobiernos, mal
-abogado, mal escritor, ignorante, mal político y en fin dueño
-de las cualidades más poco envidiables que se pueden poseer,
-y el mismo Alberdi, según su expresión, se encargaba de “tomar
-por la oreja al mentiroso, sentarlo en el banco de la risa
-y hacerlo desmentirse con sus propios escritos” que dejaban a
-Alberdi bajo el punto de vista de un hombre digno, independiente,
-buen abogado, brillante y competentísimo escritor,
-político hábil y en fin con todas las excelentes dotes que
-las pasiones febriles del señor Sarmiento le habían desconocido.</p>
-
-<p>Las últimas cartas de Alberdi corrieron de mano en mano
-con un prestigio extraordinario. Llamó la atención sobre
-todo la parte final titulada “Enmienda Honorable” que es
-una colección crecida, compuesta únicamente de elogios de
-todo orden, debidos a la pluma de su adversario. La crónica
-cuenta que el señor Sarmiento quedó sumamente mal parado.
-Ofreció cuarenta cartas más con las que prometía hundir
-por siempre a su antiguo amigo, pero sólo produjo dos y la
-mala acogida que recibieron acabó de descorazonarlo para<span class="pagenum"><a name="Page_356" id="Page_356">[356]</a></span>
-siempre haciéndolo abandonar la escena que le había arrebatado
-tan felizmente su adversario.</p>
-
-<p>Esta es la sencilla historia de las “Cartas Quillotanas”,
-cuya reimpresión acaba de hacerse y cuya lectura no podemos
-menos de recordar a los que no lo hayan hecho. En ellas
-se verá que la República Argentina tiene en su literatura ingenios
-de nota, cuyos escritos participan del género de los que
-inmortalizaron a Fígaro y a Cormenin.</p>
-
-<p>De las “Cartas sobre la prensa” resulta, que hasta el
-odio a Buenos Aires, otro de los cargos vulgares con que se ha
-querido combatir a Alberdi, nadie lo ha expresado como el
-actual presidente de la república en los siguientes párrafos
-que insertamos:</p>
-
-<p>“En vano le han pedido (a Buenos Aires) las provincias
-que les dejase pasar un poco de civilización, de industria y
-de población europea: una política estúpida y colonial se
-hizo sorda a estos clamores. Pero las provincias se vengaron
-mandándole en Rosas mucho y demasiado de la barbarie
-que a ellos le sobraba. Harto caro la han pagado los que
-decían: “La República Argentina acaba en el Arroyo del
-Medio”. (Sarmiento: “Facundo“, pág. 23, 1.ª edición).</p>
-
-<p>“Tucumán tiene hoy una grande explotación de azúcares
-y licores que podría permutar por las mercaderías europeas
-“en esa ingrata y torpe Buenos Aires” desde donde
-le viene hoy el “movimiento barbarizador”. (Sarmiento: “Facundo”,
-pág. 195. 1.ª edición).</p>
-
-<p>“¡Eh! vergüenza de Buenos Aires, os habeis hecho las
-guaridas de todas las alimañas, que Paz hace huir del interior”.
-(Sarmiento: “Facundo”, pág. 195, 1.ª edición).</p>
-
-<p>“Diréselo a usted al oído, a fe de provinciano, porque el
-pueblo de Buenos Aires, con todas sus ventajas es el más
-“bárbaro” que existe en América”. (Sarmiento: “Sud América”,
-tom. 2, núm. 2.&mdash;Mayo 1.ᵒ de 1851).</p>
-
-<p>Después de estas inserciones, todo comentario nos parece
-inútil, pues la justicia no puede hacer sino uno que no
-corresponde repetir.”</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Terminado y remitido, pues, con urgencia el Proyecto
-de Constitución, Alberdi vuelve a la polémica, titulando esta
-vez sus escritos así: “Complicidad de la prensa en las
-guerras civiles de la República Argentina” y precediéndolas
-de una saludable “Advertencia”.</p>
-
-<p>Si eficaces fueron las primeras, estas últimas resultaron
-decisivas. Y debieron serlo, de verdad, porque redujeron a
-silencio la pluma de Sarmiento y abrieron doble brecha en
-su cuerpo y en su ánimo. En cartas íntimas gime su cuita y<span class="pagenum"><a name="Page_357" id="Page_357">[357]</a></span>
-expresa el dolor de su carne macerada por el látigo de Alberdi<a name="FNanchor_6" id="FNanchor_6"></a><a href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a>.</p>
-
-<p>Quedó abierto desde entonces el abismo que había de separar
-hasta más allá de la tumba el alma de estos dos argentinos.
-¡Y qué larga y profunda fué la venganza de Sarmiento
-contra las “Cartas Quillotanas”!</p>
-
-<p>De modo que por su orden de tiempo debe leerse la
-“Campaña del Ejército Grande” de Sarmiento, punto inicial
-de la polémica; en seguida las “Cartas sobre la prensa”
-más conocidas por “Cartas Quillotanas” de Alberdi; luego
-“Las Ciento y Una” de Sarmiento, y, por último, “Complicidad
-de la prensa en las guerras civiles de la República
-Argentina” punto final, puesto por Alberdi.</p>
-
-<p>No hay otro duelo en los fastos literarios de América de
-mayor repercusión y de mejor enseñanza. Préstanle su fama
-el volumen de sus autores, la habilidad en las armas y la gravitación
-que tuvo en los sucesos públicos de la patria.</p>
-
-<p>El lauro ha sido discernido por la posteridad a Alberdi,
-quien al domeñar todos sus humanos impulsos, habilitóse
-a sí mismo para vencer al adversario, colérico y sin freno,
-impulsivo, ciego y cruel. Alberdi constituye de entonces un
-modelo en la alta polémica. La cultura universitaria, aun en
-la pelea, tenía que salir victoriosa de la locura del titán.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_358" id="Page_358">[358]</a></span></p>
-
-<h2 id="ACOTACIONES_A_MONTAIGNE">ACOTACIONES A MONTAIGNE</h2>
-
-<p class="center">(Notas marginales)</p>
-
-<p class="center">Por J. ALFREDO FERREYRA</p>
-
-<p class="center">Profesor en la Universidad de La Plata</p>
-
-<p>Conocía a Montaigne por la monografía que Compayré
-le dedica en su galería de didactas ilustres. Había meditado
-también el capítulo que el mismo Montaigne dedica con tan
-buen sentido a la educación: sus vistas reformadoras y libres,
-de hombre del Renacimiento. Pero por primera vez leí todos
-sus <span class="smcap">Ensayos</span> en las vacaciones de 1905-1906. En enero a febrero
-de 1913, los repasé, pero no de punta a cabo, sino según
-el método con que él los escribió. Abría las páginas que más
-me llamaban la atención, o buscaba aquellas en que creía encontrar
-la aclaración de una duda mía, o por saber qué opiniones
-alentaba el autor sobre tal o cual cuestión.</p>
-
-<p>Conozco, además, biografías del hombre, desde luego cortas,
-pues ha sido un cuerpo de poca acción. Todo su espíritu,
-movedizo y ondulante, está en su obra. Su biografía es su
-libro. Europa ha producido algunos hombres de pensamiento
-y de acción, cuyo prototipo es César. Pero en América no son
-raros los ejemplos de Mitre, Sarmiento, Roosevelt. El concepto
-de la educación integral bien practicado, creo que ha de fomentar
-al hombre que hace y piensa al mismo tiempo, pues la
-acción social me parece tan excitadora, como el estudio sedentario
-de un problema científico.</p>
-
-<p>Quiero transmitir mi impresión personal sobre Montaigne,
-como quien comenta al pasar una lectura en voz alta. Incitar
-a leer los grandes libros podría ser un servicio didáctico: se
-cuenta entre los deberes y los derechos del maestro de escuela.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Es un genio que hace de la modestia, de la franca confesión
-de sus ineptitudes, una fuerza principal. Constituye
-casi una excepción entre sus congéneres que pecan de<span class="pagenum"><a name="Page_359" id="Page_359">[359]</a></span>
-vanidosos, según lo creía Sarmiento. Sócrates confesaba que
-nada sabía, para mejorar su situación mental respecto a los
-otros hombres. Jesús se endiosó. Y la lista sería larga.</p>
-
-<p>Alguna vez, es verdad, que la humildad de Montaigne se
-parece al orgullo de Diógenes al través de su capa remendada.
-Reitera su pereza, por ejemplo. Le gusta leer indolentemente
-a los clásicos latinos sin propósito determinado, hasta que
-cierta necesidad de exponer sus reflexiones y sugestiones le
-hace tomar la pluma. Parecería que con ello muestra que no
-hay que forzar a los temperamentos, torciendo o pretendiendo
-torcer las vocaciones grandes o pequeñas con presiones exteriores
-y artificiales, a que han sido bastante aficionados los
-padres y las escuelas.</p>
-
-<p>Recalca filosóficamente su falta de memoria, intuyendo con
-gran sagacidad de su propia introspección, que esa deficiencia,
-lejos de ser un mal absoluto, puede favorecer la meditación
-y las concepciones originales. El memorista corre el
-peligro de ser un incorregible repetidor de cosas ajenas.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Montaigne quiere sobrevivirse; de ahí que defienda la
-inmortalidad en cualquier forma. En ninguna parte he visto
-tratada esta cuestión con rasgos de mayor originalidad que
-en los Ensayos. Presenta el caso de capitanes antiguos o coetáneos
-que encargaban que su cuerpo o su esqueleto acompañase
-a sus ejércitos en el curso de la guerra, para asegurar
-su triunfo. No cita al Cid, cuyo cadáver montado en Babieca,
-ganó su última batalla contra la morisma en Valencia. Otras
-veces, para el cadáver no se pedía tregua ni concesiones al
-enemigo, como si continuara vivo el jefe al que pertenecía.</p>
-
-<p>Este es realmente un modo concreto de concebir la inmortalidad
-subjetiva, formulada casi tres siglos después por
-Comte.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Muchos pensadores antiguos&mdash;Epicuro, Lucrecio, Séneca,
-entre otros&mdash;no creyeron en la supervivencia del cuerpo ni
-del alma después de la muerte. Estuvieron muy lejos de
-comulgar con el valle de Josafat. Debemos convenir que el
-buen sentido ha tenido sus representantes en todos los tiempos,
-como el mal sentido los tiene aún en el siglo XX, en que
-un señor de Unamuno, ahuecando un tanto la voz, llama a
-la muerte “pavoroso e insoluble problema”.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_360" id="Page_360">[360]</a></span></p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>La ociosidad produjo los <span class="smcap">Ensayos</span> de Montaigne; esa
-ociosidad, que dejaba vagar con libertad (“la del caballo que
-dispara sin freno, albarda, ni jinete”) su mente por diferentes
-asuntos, sin orden aparente. Nunca la ociosidad ni la comodidad
-de un hombre que no tuvo necesidad de ganarse la vida
-produjo tan glorioso resultado.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>A Montaigne le faltó, en general, el punto de vista social
-de que participamos, ahora aún los principiantes en sociología.
-Una ciencia más o menos sistematizada ayuda mucho las operaciones
-mentales. Montaigne precedió a Montesquieu en más
-de un siglo; de modo que la concepción de un organismo
-social o de organismos sociales regidos por leyes internas y
-externas, a semejanza de los individuales, era acaso anticipada
-para él.</p>
-
-<p>En su original capítulo acerca de los medios contradictorios
-que los hombres han empleado para llegar al mismo
-resultado o a resultados opuestos, se nota esa ausencia de
-concepción sociológica.</p>
-
-<p>Un vencido o los vencidos en una guerra, han obtenido
-clemencia del vencedor unas veces por la súplica y otras por
-el valor altivo. En otras ocasiones, uno y otro medio han
-conducido al exterminio, a la mayor cólera del vencedor,
-aunque éste fuera el magnánimo transigente Alejandro de
-Macedonia.</p>
-
-<p>Atribuye Montaigne estos hechos exclusivamente a la
-psicología personal del vencedor; nunca a otras circunstancias,
-principalmente las sociales que tanto influyen en los
-acontecimientos, mucho más que los deseos y resoluciones
-individuales.</p>
-
-<p>Maquiavelo, en sus <i>Aforismos políticos</i> fundados en la
-Historia de Tito Livio y en la de su tiempo, tiene idénticas
-observaciones; pero mayor perspicacia sociológica, para inducir
-que en la función pública se cambia de método con el
-cambio de circunstancias.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Montaigne no se contenta con lo presente, y con lo que
-ve, y donde vive. Se extiende hacia lo pasado y mucho hacia
-lo porvenir. Sale de la tierra. Lo desconocido lo atrae. Se
-reconoce habitante del Universo. Actuando en un radio limitadísimo,
-de aislamiento en su castillo, habla de un radio
-inmenso, desconocido, que la Humanidad va desbrozando poco<span class="pagenum"><a name="Page_361" id="Page_361">[361]</a></span>
-a poco. El infinito y la eternidad están descubiertos. Imposible
-sujetar la imaginación a la ciencia experimental, por más
-que sus resultados constituyan su solo regulador externo.
-Cuando se pierde este elemento de equilibrio, la imaginación
-se exalta hasta la locura, como Don Quijote que, a fuerza
-de palos y de no leer más, notó al fin que los nidos no tenían
-pájaros. No quiere decir que los creadores, por la imaginación,
-no sean incomparables intuitores. Comte llama a los
-grandes poetas profundos observadores de la naturaleza humana.</p>
-
-<p>Este descontento por la realidad develada por sabios y
-poetas, en cada época de la evolución mental colectiva, produce
-las hipótesis más sanas y más disparatadas. Lo primero,
-engendra el progreso comprobable y utilizable; lo segundo,
-las vaguedades metafísicas que se complacen en meditar horas
-enteras si los valles se mueven o se están quietos, y otras
-tonterías. Las luces relativamente verdaderas y las relativamente
-falsas, marchan paralelas.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Montaigne trata del rezo con su buen sentido positivo.
-Las peticiones de la oración son muchas veces injustas y generalmente
-egoístas. “Dios” merecería respeto y debe recibir
-homenajes y “servicios”, y no pedidos de codiciosos, maleantes
-de todo género que ruegan salir sin peligro o airosos
-de una aventura. Margarita de Navarra recuerda de uno que
-atravesaba compungido el interior de una iglesia, para ir a
-dormir con su querida, haciendo antes actos de devoción ante
-el altar mayor.</p>
-
-<p>A Montaigne se le ha escapado, sin embargo, el lado
-psicológico de la plegaria: su fuerza sugestiva y autosugestiva,
-cuando es sincera. La oración teológica ha debido producir
-sus efectos en el período correspondiente de la Humanidad,
-y del que muchos seres humanos aún no han salido.
-Ahora, en vez de suprimirse, debería transformarse en creación
-positiva, en propósitos determinados de acción, como lo
-aconseja Smiles. En la gran guerra, se inventó la plegaria
-del centinela y del soldado, como acto de resolución resignada,
-por ideales humanos, sin invocación sobrenatural.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_362" id="Page_362">[362]</a></span></p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Llama la atención de Montaigne la vanidad de Cicerón,
-y la detracta. Visto el gran romano a través de ese juicio,
-parece un petimetre sin méritos que busca gloriolas, apelando
-hasta al “réclame”. No es así. Cicerón tenía cualidades
-sólidas, y, en su género, fué uno de los más perfectos que
-exhiba la historia. Es claro que mostraba también el reverso
-del orador y del artista: instabilidad, indecisión. Me habría
-satisfecho más y habría sido más justo un estudio sobre la
-personalidad total. Pero Montaigne no supo o no quiso hacerlo
-por cualquier razón. Ya se sabe que él no escribió un
-libro, sino una serie de artículos sobre lo que se le antojaba
-y cuando se le antojaba. No fué un escritor profesional que
-tuviera que exprimir su inteligencia sobre temas obligados
-u obligantes.</p>
-
-<p>Para cohonestar su juicio unilateral sobre Cicerón, debe
-anotarse que la antropología no es de su tiempo, y los psicólogos
-natos, los Shakespeares y Cervantes, han sido muy contados,
-aún en esta época de psicologías.</p>
-
-<p>A medida que más se penetra en el estudio del hombre,
-más se explican sus anomalías, sin odio, tal vez con piedad
-y aun amor. Si el análisis crítico es cada vez más profundo,
-la censura va de capa caída, manejada sólo por los meros
-literatos que abominan de todo lo que no coincide con sus
-inclinaciones personales instituídas, sin mayores miramientos,
-en el patrón único para juzgar todo. Debemos aceptar lo
-irremediable, es decir, los millares de temperamentos diferentes
-y diferenciados, y su distinta manera de manifestarse.
-En el fondo, es un bien que la naturaleza humana muestre
-tantos matices como la naturaleza cósmica.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Montaigne (1533-1592) no creía en el progreso, es decir,
-en la evolución aprovechada por el hombre. Estaba con el
-<i>corso e ricorso</i>. Era hombre del siglo XVI. Comte sostiene
-que la idea de un progreso continuo e indefinido se afirmó
-en el siglo XVII y XVIII, como lo demuestran las fórmulas
-orgánicas de Pascal, Leibnitz y Condorcet, que instituyeron
-una Humanidad, sobre las patrias, que constantemente aprende
-y constantemente crece.</p>
-
-<p>Yo creo que uno de los hechos que más ha afirmado la
-creencia de un progreso general, a pesar de los retrocesos
-regionales o de factores aislados, es la conquista sucesiva de<span class="pagenum"><a name="Page_363" id="Page_363">[363]</a></span>
-la Humanidad sobre la Naturaleza, es decir, el método experimental
-que dió sostén sólido a la ciencia. Esta se aplicó
-a la industria que trasforma constantemente las cosas en el
-sentido de su mayor utilidad humana. Estas trasformaciones
-objetivas se han impuesto. El progreso subjetivo de las ideas
-era menos discernible, ya porque está fuera del contralor
-de la mayor parte de las gentes, ya porque su mezcla y confusión
-por los sofistas de todos los tiempos que hacen juegos
-malabares, aparentan muchas veces estacionamiento o retroceso.</p>
-
-<p>El progreso de las cosas derivadas del progreso de las
-ideas, ha producido a su turno el desenvolvimiento de éstas,
-que se apoyan así en una comprobación externa. El progreso
-se realiza por inventos sucesivos, dice Pasteur. Cada nuevo
-invento demuestra un mayor dominio del hombre sobre el
-universo cósmico y social, y nos da la perspectiva de que ese
-dominio será ilimitado. Cada vez que un eminente genio ha
-afirmado una imposibilidad en el futuro, ha errado, dice
-Flammarión.</p>
-
-<p>Las ideas invisibles pueden discutirse; pero su encarnación
-en hechos sucesivos, no. Si todo es ilusión, si no nos es
-dable percibir al Universo tal cual es por deficiencia de sentidos
-y estructura cerebral, la utilización de las cosas, de
-los hechos y de las leyes para el acrecentamiento humano,
-es una realidad aunque no fuera la realidad.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Montaigne es el tipo del hombre del Renacimiento. Ama
-la gloria literaria de Grecia y de Roma. Cita constantemente
-a sus pensadores, a sus poetas, historiadores, oradores. Plutarco
-y Séneca son sus guías. Pero Horacio, Juvenal y Persio,
-Cicerón, Terencio, Ovidio, Plinio el viejo y el joven,
-ratifican sus afirmaciones. Sábese que hablaba el latín. Lo
-aprendió desde niño, conversando, como un idioma vivo, y
-leía constantemente a los creadores de tan profunda literatura.
-No era latinista de catálogo, de los tantos defensores
-del latín, incapaces de leer de corrido tres sentencias del
-Cornelio Nepote. Virgilio y Lucrecio están siempre en la
-punta de su pluma. Resurge, pues, en su mente, libre observadora
-del presente moderno, la antigüedad clásica. Esa
-aleación ha producido una síntesis inmortal con los <span class="smcap">Ensayos</span>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_364" id="Page_364">[364]</a></span></p>
-
-<p>Montaigne está lejos de ser un dogmático: no quiere y,
-sobre todo, no puede serlo. Su afirmación es siempre débil;
-su duda, transparente. Su positivismo es notorio; pero no
-dispone de elementos necesarios para apoyarlo.</p>
-
-<p>Nada de antropocéntrico, y esa es una de sus glorias.
-Su pensamiento y sentimiento ondulantes participan de la
-diversidad de los temperamentos humanos. Parecería que
-quisiera observar el mundo al través de cada uno de sus semejantes.
-Hay en él varios espíritus, como los que inspiraban
-a Goethe. Nada lo apasiona, todo lo reflexiona, es un famoso
-plurilateral.</p>
-
-<p>Leí con cuidado el capítulo que dedica a Raimundo Sabunde,
-donde se muestra más su positividad. Cree que los
-animales tienen más que instinto: inteligencia y sentimientos
-morales. La diferencia con el hombre es sólo de grados. Hace
-presentir a Lamarck y a Darwin. Cita un número asombroso
-de hechos referentes a los animales. Hoy que ha tomado cuerpo
-la psicología animal, resurge Montaigne.</p>
-
-<p>La verdad es que todos los problemas, resueltos o no,
-de que está ocupada la Humanidad presente, ya han sido
-propuestos por los antiguos, y a muchos se les ha dado en
-remotos tiempos una solución acertada, si bien por excepcionales
-pensadores que predicaren o no en desierto. El problema
-de la muerte, de la inmortalidad, de Dios: todo ha
-sido tratado abundantemente. Lucrecio, siguiendo a Epicuro,
-cuya doctrina poetizó, sostuvo que el aniquilamiento del
-cuerpo traía también el del alma, función corporal. Alguien
-dijo que Dios no era un ser, ni menos extrauniversal, sino
-una ley. Otros, que la inmortalidad objetiva del alma era
-apenas un mito poético y consolador para el tiempo respectivo.</p>
-
-<p>Nótase también que muchos problemas metafísicos se
-han reducido por los progresos de la ciencia que ha muerto
-hipótesis y divagaciones, creando probablemente otras. Pero
-la ciencia no sólo ha respondido a muchas interrogaciones
-seculares, sino que ha mostrado el régimen fecundo de la
-razón humana, el método que ha descubierto y ha de descubrir
-gradualmente, con mayor o menor rapidez, enigmas que
-la inquietud humana formula sin cansarse.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_365" id="Page_365">[365]</a></span></p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>En Montaigne se nota el sentimiento de la verdad relativa.
-Nadie lo tuvo como él al afirmar o negar. Pregunta
-más que contesta. De nada está completamente seguro. Define
-con simpatía el Pirronismo. Pero él es sólo Pirronista intelectual.
-No llegó a la ética estoica que alcanzó el sublime
-escéptico griego. Este enseñaba que todas las cosas son igualmente
-inciertas y discutibles. Es necesario dudar de todo y
-ser indiferente a todo. De ahí derivaba su moral, doctrina
-de renunciamiento e indiferencia, que él practicó fielmente
-con organismo adaptado.</p>
-
-<p>No tener opinión ni sobre el bien, ni sobre el mal, es el
-medio de evitar todas las causas de turbación. Las más de
-las veces los hombres mismos se hacen desgraciados: sufren
-porque son privados de lo que creen ser un bien, o temen
-perderlo, porque estiman que esto sería un mal. Suprímase
-toda creencia de este género, y todos los males desaparecerán.
-Dejar que siga el mundo como es, y que cada uno tome
-su lote de males inevitables: he ahí el ideal de Pirrón. No le
-importaba más vivir que morir, porque no estaba convencido
-que lo uno fuera bien y lo otro mal. En un naufragio, mostró
-con toda calma a los pasajeros despavoridos la impasibilidad
-de un cerdo que comía tranquilamente, mientras el
-barco se sumergía. Así debería ser la impasibilidad consciente
-del sabio, en presencia de los hechos de la vida y de la
-muerte. Pudo decir con Lucrecio que la religión no consiste
-en adorar piedras o ensangrentar altares, sino en contemplar
-con ánimo sereno la corriente favorable o adversa de los
-sucesos.</p>
-
-<p>Montaigne no tuvo nunca la concepción, ni menos practicó
-la ética de Pirrón. Fué un rico que vivió cómodamente
-en su castillo campestre, bien servido, eligiendo su sociedad,
-pensando muy mal de las mujeres, perfumando sus pañuelos
-y guantes, abrigándose mucho en invierno porque era friolento,
-y temiendo la muerte.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>En la voluptuosidad de leer descansadamente a los genios
-antiguos, meditar espontáneamente, escribir sin trabajar,
-anotando los pensamientos que su profunda naturaleza le
-sugería: así se engendró ese libro universal que se llama
-los <span class="smcap">Ensayos</span>. Salió espontáneamente como la seda del gusano.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_366" id="Page_366">[366]</a></span></p>
-
-<p>Es un realista sin prejuicios y sin las groserías de Rabelais.
-Es el padre espiritual de Renán, de Anatole France,
-de la sonriente ironía francesa también heroica. Es la resurrección,
-al través de las letras latinas, de la mentalidad
-griega tan poco respetuosa de los dogmas, tan poco asustadiza
-de los misterios, tan poco sorprendida de lo nuevo, que
-aceptó sin mayores preocupaciones el todo o la nada de la
-vida.</p>
-
-<p class="date">Febrero 1919.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_367" id="Page_367">[367]</a></span></p>
-
-<h2 id="LOS_SENTIMIENTOS_MORALES_ESTETICOS_Y_RELIGIOSOS">LOS SENTIMIENTOS MORALES, ESTÉTICOS Y RELIGIOSOS</h2>
-
-<p class="center">Por RODOLFO SENET</p>
-
-<p class="center">Profesor de la Universidad de Buenos Aires</p>
-
-<h3><span class="smcap">La religión y los sentimientos éticos</span></h3>
-
-<p>Tener una religión sin poseer sentimientos religiosos, es
-no tener nada. Los sentimientos religiosos deben ser siempre
-previos a su sistematización y sintetización en forma de religión.</p>
-
-<p>La ética que se basa en los principios religiosos, es ultraegoista.
-El estudio de la gran mayoría de los preceptos
-morales que surgen de esa fuente, comprueban con toda evidencia
-el aserto. Tomaré el tan difundido “Haz bien y no
-mires a quien”, que sólo obedece a que, persiguiendo el sujeto
-beneficiarse a sí mismo, claro está que sea indiferente el individuo
-sobre quien recae la acción. El benefactor lo es, ante
-todo, de sí mismo, puesto que su buena acción no quedará sin
-su premio correspondiente y se sumará en su haber. Si bien
-es cierto que el hecho es que resulta un beneficiado, la falta
-de discernimiento con que se aplica el beneficio, indica que el
-primer plano lo ocupa el benefactor, siendo absolutamente indiferente
-el beneficiado. Los que practican la caridad aplicando
-el precepto sin tener en cuenta para nada su beneficio
-personal, creen de buena fé realizar un acto moral, y no obstante,
-es pseudomoral; los que lo realizan desde el punto de
-vista de la recompensa futura, inconscientemente, realizan
-actos inmorales. De este modo, cuando un religioso hace una
-obra piadosa cualquiera, con el ánimo de hacer méritos, quien
-debe agradecer es él antes que nadie y no el que recibe el
-beneficio, y debe quedarle grato, además, por prestarse o hacerse
-cómplice de su egoismo, puesto que el premio que espera
-obtener supera con mucho al bien realizado.</p>
-
-<p>La moral religiosa es una moral a base de premios y castigos,<span class="pagenum"><a name="Page_368" id="Page_368">[368]</a></span>
-de carácter eminentemente egoista, prometiendo castigos
-horrendos o como recompensa un sensualismo que envidiarían
-los epicuristas. El “rogaré por Vd.”, el “Dios se lo
-pague”, etc., que contestan los beneficiados, en los casos de
-limosna, por ejemplo, indica una devolución de ultratumba
-infinitamente mayor al beneficio realizado. Si esa moral se
-pudiera hacer efectiva en la vida diaria, la usura ahogaría a
-la vida misma.</p>
-
-<p>Por lo demás, el eje sobre el que reposa, especialmente
-la moral religiosa, es la cuestión sexual.</p>
-
-<p>El instinto de conservación específico, satisfecho de acuerdo
-con los preceptos establecidos, resulta siempre una inmoralidad
-disimulada, y por tanto, tolerada. En el terreno afectivo-emocional,
-su base más honda, está en la afectividad negativa
-y en la emotividad depresiva.</p>
-
-<p>No entraré a analizar la pseudomoralidad que aporta en
-la ética individual, la religión; caería en el terreno del deporte
-de los poco cultos que recién descubren la pseudomoralidad
-de la ética religiosa.</p>
-
-<p>Lo que trataré de ver es si normalmente, si racionalmente,
-se puede edificar una ética o se pueden formar sentimientos
-morales, a base de religión.</p>
-
-<p>Los prácticos lo consagran así, y, no obstante los reiterados
-fracasos, la rutina subsiste. El hogar religioso, trata
-desde la más tierna edad de formar en el niño sentimientos
-religiosos. Luego las clases de doctrina dadas por sacerdotes
-del culto, y en algunos países atrasados la enseñanza de la
-religión en la escuela, tratan de crear sentimientos religiosos
-a bases de enseñanza de la religión.</p>
-
-<p>Claro se vé que si es absurdo tratar de formar sentimientos
-morales, enseñando moral teórica, lo es <i>a fortiori</i>, pretendiendo
-hacer penetrar a los niños en abstracciones muy alejadas
-de su mentalidad y en cuestiones de carácter dogmático.
-Los resultados así lo atestiguan, pues salvo el caso de que
-al sujeto lo haya rodeado un ambiente muy propicio, o que se
-trate de sujetos de cierta pobreza mental, los demás, cuando
-llegan a jóvenes, hablan en tono jocoso de la religión que les
-inculcaron en la niñez, evaporada hoy; recuerdan lo odioso
-de esa enseñanza impuesta, o bien las travesuras de las clases
-de doctrina, o los regalitos para atraerlos, u otros procedimientos
-como juegos, etc., para inculcarles la fe.</p>
-
-<p>Analizar todas estas tentativas para desarrollar en el niño
-sentimientos religiosos, desde el punto de vista psicológico,
-es, sencillamente, tiempo perdido. Basta una palabra, se
-trata de disparates.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_369" id="Page_369">[369]</a></span></p>
-
-<p>No se pueden desarrollar sentimientos morales a base de
-sentimientos religiosos, porque los últimos están por sobre los
-primeros, son superiores en jerarquía y mal pueden ser causa
-de los sentimientos morales, cuando deben ser efectos de
-éstos. Los sentimientos morales son previos a los religiosos,
-de manera que no son los sentimientos religiosos los que conducen
-a los morales, sino que la evolución superior de los morales
-conduce a los religiosos. Si los sentimientos religiosos
-son verdaderos, sinceros, si no se trata de vividores o mistificadores,
-para llegar a esta etapa de la evolución psíquica,
-el sujeto debe, necesariamente, haber construído antes todo su
-andamiaje ético, para construir más tarde su monumento religioso.
-Antes de llegar a la fé, el individuo ha tenido un período
-de duda, o por lo menos, de discusión y de grande sintetización,
-de carácter, no solo sentimental, sino también mental.
-Los sujetos verdaderamente religiosos son grandes razonadores;
-sólo los débiles mentales tienen fe sin discernimiento.</p>
-
-<p>En la filogenia el sentimiento religioso es el último en
-aparecer. Obsérvese que las religiones de los pueblos al través
-de la Historia, siempre expresan la síntesis de su progreso
-y civilización; es decir, que a nosotros, como colectividad,
-nos da la expresión más avanzada de su progreso. La religión
-ocupa siempre la cúspide, no está en la base. Cuando la
-religión queda por debajo de los conocimientos, necesariamente
-se modifica o es reemplazada por otra. De ese modo
-vemos, al través de los tiempos, modificarse las religiones paralelamente
-a los adelantos en la cultura y civilización.</p>
-
-<p>En la ontogenia ocurre lo mismo; los sentimientos religiosos
-son los últimos en aparecer. En la niñez no existen
-en realidad, todo lo más, encontraremos la emoción del temor,
-que sólo se liga a cuestiones religiosas si al niño se le
-orienta en esa dirección mediante sugestiones; de otra manera
-ese temor en el niño, nada tiene que hacer con lo religioso
-actual y estará vinculado a formas filogenéticas más o menos
-remotas; el temor religioso será instintivo. Durante la juventud
-lo general es que el sujeto sea indiferente, no se preocupe,
-es decir, está en un período donde aún no ha formado
-síntesis y es irreligioso como regla general. Los sentimientos
-religiosos se forman en una época relativamente tardía,
-la edad madura, como síntesis de los sentimientos morales.</p>
-
-<p>En la vejez y, particularmente, en la edad senil, las tendencias
-religiosas, el fanatismo de los ancianos, se debe a
-otras causas.</p>
-
-<p>Siendo mucho más amplios los sentimientos religiosos que
-el sentimiento de equidad y de justicia, a título de simple
-comparación, para diferenciarlos, digo: que los sentimientos<span class="pagenum"><a name="Page_370" id="Page_370">[370]</a></span>
-religiosos, son a los morales, lo que el sentimiento de equidad
-es al de justicia. El sentimiento religioso, para el que
-lo posee, es lo superior, comprende una síntesis enorme, donde
-entra lo ideal, lo intangible, lo sublime, lo perfecto, la evolución
-o la superstición de las concepciones morales del sujeto;
-los sentimientos morales no son superhumanos, sino muy humanos,
-dentro de lo real y de lo tangible. El sentimiento moral
-es al religioso, lo que lo concreto es a lo abstracto, lo que lo relativo
-es a lo absoluto.</p>
-
-<p>Fundar los sentimientos morales en los religiosos, es
-pues, proceder en sentido inverso; es antilógico.</p>
-
-<p>Los procedimientos empleados en la enseñanza de la religión,
-y particularmente, para desarrollar o dar siquiera nacimiento
-a sentimientos religiosos en los niños, demuestran
-hasta la evidencia, que no se pueden desarrollar sentimientos,
-ni siquiera adquirir ideas religiosas, sino mediante los sentimientos
-morales.</p>
-
-<p>Lo contrario es absurdo, o, por lo menos, no se vé
-su posibilidad; equivaldría a pretender educar las aptitudes
-intelectuales del sujeto, sin instruir. Los resultados están de
-acuerdo con lo manifestado, los niños tienen tantos sentimientos
-religiosos antes como después de los cursos de doctrina.
-Lo común es que el resultado, a la larga, concluya por
-ser contraproducente.</p>
-
-<p>Es que en realidad de los sentimientos éticos a los religiosos
-media una respetable distancia en la ontogenia, como
-ha ocurrido en la filogenia. En la juventud ya se presentan
-bastante desarrollados los sentimientos morales, mientras
-que, como regla general, los religiosos ni siquiera comienzan
-a alborear. Estos, como lo he manifestado, no son más que
-resultantes de grandes síntesis, las que no pueden realizarse
-sino al través de los años. Además, para que los sentimientos
-morales evolucionen hacia la formación de los religiosos,
-es menester que construyan los intermediarios entre unos y
-otros, representados por los sentimientos estéticos. Ya volveré
-sobre este asunto.</p>
-
-<h3><span class="smcap">LOS SENTIMIENTOS ESTÉTICOS Y LOS ÉTICOS</span></h3>
-
-<p>Considero á los sentimientos estéticos como íntimamente
-vinculados con los éticos, siendo los estéticos de jerarquía superior
-a los éticos, más que nada, por su formación filogenética.</p>
-
-<p>Creo que los sentimientos estéticos del individuo pueden
-servir de norma para valorar los morales y que puede establecerse
-como regla general, que a mayor evolución de los sentimientos<span class="pagenum"><a name="Page_371" id="Page_371">[371]</a></span>
-estéticos corresponde mayor evolución de los éticos.
-De este modo, se podría enunciar el principio, o con más corrección
-para no asignarle tanto alcance, la regla, en esta
-forma: <i>los sentimientos estéticos están en relación directa con
-los éticos</i>.</p>
-
-<p>Aquí el lector, inmediatamente me objetará en una forma
-a su juicio contundente, diciéndome que, justamente, los
-cultores de la estética, los profesionales de ella, en su gran
-mayoría, no son los que más brillan por su moralidad, sino al
-contrario, por su inmoralidad.</p>
-
-<p>Dejemos estas objeciones para su debido tiempo, si es
-que después de precisar el alcance de los términos, se persiste
-en ellas.</p>
-
-<p>El orden de formación filogenética de los sentimientos es
-el siguiente: sentimientos éticos, a los que les ha seguido casi
-inmediatamente los estéticos, y por último los religiosos.</p>
-
-<p>En la ontogenia los sentimientos morales y los estéticos
-se presentan aparentemente simultáneos, es decir, a sentimientos
-éticos determinados le corresponden sentimientos estéticos
-determinados, o a la misma altura de evolución, tal cual ocurre
-con los sentimientos morales y estéticos, en la niñez, en la
-adolescencia, etc. Esto indicaría que la sucesividad de sentimientos
-éticos y estéticos en la filogenia ha sido corta, por su
-aparente simultaneidad en la ontogenia.</p>
-
-<p>Se infiere que los sentimientos estéticos en la filogenia
-no pudieron ser originariamente primitivos, sino que derivaron
-de los éticos que estaban en más estricta vinculación, o
-mejor, dependían más directamente de la lucha por la vida,
-del instinto de conservación, siendo los sentimientos estéticos,
-en cualquiera de sus manifestaciones, los sentimientos del
-triunfo en la lucha por la existencia; es decir, los sentimientos
-estéticos dependieron de lo bueno, de lo útil, de lo eficaz, pero
-para eso debió existir previamente la diferencia entre lo bueno
-y lo malo, lo útil y lo inútil, lo eficaz e ineficaz, que eran,
-en definitiva lo moral y lo inmoral.</p>
-
-<p>En la ontogenia resultan ambos sentimientos asociados y
-todo lo ético es estético y lo estético para ser tal, en los sujetos
-normales, debe, necesariamente, ser ético. Sólo un falso
-discernimiento puede disociar lo estético de lo ético, admitiendo
-que pueda existir lo estético independientemente de lo
-ético, o en otros términos, que pueda existir algo estético que
-no sea moral. Por lo demás se vé que lo amoral es inestético,
-como que lo inestético es amoral y que lo inmoral es antiestético,
-y que solo como aberraciones se presenten los sujetos
-que estiman lo inmoral, o en particular, algo inmoral, como
-estético.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_372" id="Page_372">[372]</a></span></p>
-
-<p>Dije que el sentimiento estético en su origen es el sentimiento
-del triunfo en la lucha por la vida. No voy a tratar
-de demostrar esta tesis, sobre la cual he escrito un libro. Sólo
-recordaré que en los sentimientos estéticos, como en las
-demás aptitudes, existe una larga gradación desde lo rudimentario
-hasta los grados más avanzados y que su vinculación
-con el instinto de conservación, es tanto más evidente
-cuanto más inferiores son, pues en los grados superiores la
-causa originaria resulta muy alejada por la cantidad de intermediarios
-que intervienen entre el instinto, o mejor dicho,
-la satisfacción del instinto en la lucha por la vida y el sentimiento
-estético.</p>
-
-<p>En la naturaleza las cosas o los fenómenos no son ni
-morales, ni inmorales, ni estéticos, ni antiestéticos, sino amorales
-e inestéticos. El sentimiento de lo moral o de lo bello
-nace en nosotros por las reacciones que en nuestro sistema
-nervioso provocan esos agentes. De ahí que lo estético y lo
-moral dependan del individuo y que sea el criterio de la mayoría
-el que pretenda dar la pauta de lo estético, antiestético,
-moral e inmoral.</p>
-
-<p>Naturalmente que no hay razón alguna para limitar la
-estética a las manifestaciones del arte y creer que los sentimientos
-estéticos sean sentimientos ligados exclusivamente al
-arte. El arte no es el único poseedor de la estética, ni cosa
-semejante. Si se han hecho casi sinónimos es porque el arte,
-para ser tal, exige el concurso de la estética, o mejor dicho,
-debe provocar reacciones de carácter estético; pero la estética
-del arte, o las reacciones estéticas provocadas por las ramas
-del arte, se diferencian solo de grado con las provenientes de
-otros géneros de actividades humanas, son términos de una
-misma serie y las reacciones estéticas que provoca una obra
-de arte pueden ser muy inferiores a las provocadas por la
-ciencia o superarlas, según el grado de evolución del sujeto
-que las percibe.</p>
-
-<p>Recordaré, brevemente, las etapas de la filogenia de los
-sentimientos estéticos que corresponden exactamente a los
-que se observan en la ontogenia.</p>
-
-<p>1.ª <i>Estética motriz.</i>&mdash;Llamo así a las reacciones estéticas
-provenientes de las nociones que provee el sentido muscular.
-La belleza reside en la dirección, o bien en la velocidad,
-o bien en la agilidad, o bien en la precisión, etc., del
-movimiento. El movimiento es el agente de la reacción estética
-y la belleza reside en el movimiento, ya obre el sujeto
-como actor o como espectador. Es la estética más rudimentaria:
-la del hombre primitivo, la del salvaje actual y la del
-niño. Sus sentimientos estéticos están ligados a ejercicios,<span class="pagenum"><a name="Page_373" id="Page_373">[373]</a></span>
-manejo de las armas, deportes, bailes, etc.; su estética musical
-está más en el ritmo que en la melodía, es decir, en la
-noción de movimiento.</p>
-
-<p>Para que el agente provoque sentimientos estéticos es
-menester que sea llevado a la mayor perfección posible, por
-ejemplo, que el o los movimientos ejecutados sean de la mayor
-agilidad y precisión, pues lo imperfecto, pesado, o grosero,
-resulta antiestético. En la filogenia, lo más perfecto fué lo
-más útil, porque conducía más directamente al triunfo. La
-estética resultó de una ética utilitaria. El sujeto que sobresalía,
-que se distinguía de los demás, era el que mejor realizaba
-lo estético, si llegaba a lo verdaderamente excepcional,
-fué el superhombre de esos tiempos, el respetado, el temido,
-el que servía de término de comparación, de unidad moral
-o término superior, y también el término superior en lo
-estético. La dependencia de lo estético de lo moral se presenta
-muy clara en el hombre primitivo y en el salvaje actual y
-también en los individuos inferiores de las colectividades cultas
-que son otros tantos salvajes dentro de un medio evolucionado,
-y, por último, en el niño. En éste, particularmente
-en el período belicoso, es notable su admiración por el más
-fuerte y con especialidad por el diestro en el manejo de los
-puños. Endiosan al peleador, alabando sus sopapos, sus quites,
-etc. El niño, como el salvaje, admira y respeta al que prima
-por más diestro en la fuerza bruta.</p>
-
-<p>La sucesividad: ética, estética y religión, se observa muy
-bien en el estadio de la estética motriz, en que el hombre no
-había llegado aún a discernir lo mejor de lo peor, lo bueno y
-lo malo, etc., sino en el mundo sensorio, y, aun en éste, limitado
-a las sensaciones musculares que, a los efectos de la realización
-de la vida, ocupaban el primer puesto, eran los primordiales.
-El sujeto que sobrepasaba a los demás en fuerza
-muscular, o bien en el manejo de las armas, por ejemplo, realizaba
-lo más estético, prevalecía, era luego el jefe, el árbitro
-de lo ético, el modelo en la realización de lo estético; si llegó
-a lo extraordinario, las generaciones siguientes lo erigieron
-en ser mítico, más tarde en dios. Hombre extraordinario,
-jefe, mito, dios; he ahí un origen estético de muchos dioses primitivos
-y origen estético-motor surgido del sentido muscular
-como arma para satisfacer el instinto de conservación en la
-lucha por la vida. En aquellas épocas alejadas, el arma más
-eficaz para el triunfo era la fuerza muscular y la maestría para
-utilizarla mejor, porque aún no habían nacido otros medios
-de lucha, el hombre admiró y exaltó lo más perfecto, y llegó
-a crear los dioses que representaban el summum de la fuerza
-o de la perfección en las nociones que provee el sentido muscular.<span class="pagenum"><a name="Page_374" id="Page_374">[374]</a></span>
-Pero la fuerza y la maestría si eran armas eficaces
-para la lucha por la vida, no lo eran para luchar contra agentes
-naturales como la tempestad, el rayo, la obscuridad; y el
-sentimiento del temor nacido de la ineficacia de los medios
-de lucha, dió origen a la creación de dioses misteriosos, monstruosos,
-brutales. Pero estos dioses eran de origen más remoto;
-estos dioses productos del terror perduraron y fueron,
-poco a poco, desplazados por los dioses motores. Los dioses
-de origen fóbico convivieron cierto tiempo con los dioses
-motores, hasta que estos últimos los desplazaron del todo.</p>
-
-<p>Y este fenómeno de simultaneidad y desplazamiento gradual
-de dioses de distinto origen, ha sido de todos los tiempos
-y es el que, aunque con mucha mayor complejidad, ocurre actualmente.</p>
-
-<p>No fueron los dioses los que engendraron al miedo sino
-el miedo el que creó a los dioses, como muy bien lo dijo
-<i>Lucrecio</i>. Como el hombre los creó bajo la influencia depresiva
-del terror, que es eminentemente antiestético, todos esos
-dioses son sumamente antiestéticos: son creaciones cuya sola
-vista debe provocar el mismo sentimiento de terror con que
-fueron creados, son dioses onomatopéyicos del terror, como
-ocurre con la diosa Kali indú, o los animales monstruosos de
-los egipcios que poblaban la tierra de que habla Máspero, o
-los dioses estrafalariamente horribles de los asirios y caldeos,
-etc.</p>
-
-<p>Tampoco fueron los dioses los que crearon los sentimientos
-estéticos motores, sino los sentimientos estéticos motores
-los que crearon los dioses motores, cuyas figuras representan
-el summum de la estética motriz de entonces. Tal ocurre con
-los dioses egipcios que no eran de origen fóbico, como Ammon
-que era un dios de fuerza, Osiris e Isis, dioses de energía o
-fuentes de energía, Hércules que cae de un plano superior
-en Egipto a uno más inferior en Grecia que estaba en un
-período mucho más avanzado de evolución, y los dioses de
-fuerza, los dioses motores pasan a la categoría de semidioses o
-héroes: Teseo, Perseo, Belerofonte, Cadmo, etc.</p>
-
-<p>Se ascendió de lo estético a los dioses y no se descendió
-de los dioses a lo estético. Los dioses sintetizaron lo estético.</p>
-
-<p>Lo estético se presenta así como un grado de evolución
-superior a lo ético, como un sentimiento intermediario entre
-el sentimiento moral y el religioso. Por eso es que en el sentimiento
-de la inspiración, el inspirado se encuentra en un
-estado sentimental intermediario entre el sentimiento que provocan
-las reflexiones morales y el éxtasis místico. El momento
-de inspiración es un momento de <i>éxtasis estético</i> y el sujeto
-se halla en lo que respecta al mundo exterior, en un estado<span class="pagenum"><a name="Page_375" id="Page_375">[375]</a></span>
-de semiconciencia, casi completamente aislado y no completamente
-aislado, ajeno a todo lo que ocurre fuera de él,
-como acontece en el <i>éxtasis místico</i>, que, en lo que concierne
-al sentimiento, es la superevolución del éxtasis estético.</p>
-
-<p>Pero la estética motriz no es exclusiva de los pueblos primitivos
-y salvajes; en infinidad de hombres se encuentra hoy,
-si no en la forma rudimentaria del salvaje, en un grado de
-evolución algo superior. Como es muy reducido el número de
-sujetos en los cuales los agentes motores ya no provocan reacciones
-estéticas, resulta que la estética motriz es cultivada, no
-solo por los motores, sino por todos aquellos en los cuales este
-factor tiene aun importancia psicológica. Así se explica que
-perduren aún cantidad de deportes, que solo se diferencian
-de los del salvaje por la indumentaria de los que los realizan,
-o por la forma o los medios de realizarlos. Si se estudian los
-medios de provocar reacciones estéticas motrices, en las colectividades
-más avanzadas, se verá que son de una enorme
-variedad, desde el simple culto de la fuerza en los atletas, boxeadores
-o luchadores, hasta el tango, desde las cinchadas o
-gatas paridas al partido de <i>football</i> o de <i>tennis</i>, desde las cinchadas
-y visteadas al sable o al florete y desde el juego del
-sapo al campeonato de tiro.</p>
-
-<p>En el niño, durante la primera, la segunda infancia y
-aun invadiendo la niñez, las reacciones estéticas provienen,
-especialmente, de excitantes motores, ya obre como actor o
-como simple espectador. Por grados insensibles, durante la
-niñez, de la estética motriz pasará al predominio de la estética
-sensoria, que culminará al final de la niñez.</p>
-
-<p>El sujeto puede quedar estacionado, en lo que a sentimientos
-estéticos se refiere, en cualquier etapa. Si queda en
-la sensoria, será un adulto cuyos sentimientos estéticos serán
-sensorios y reaccionará como reacciona un niño, es decir, mediante
-excitantes sensorios. Si se estaciona en la motriz, sus
-sentimientos estéticos se manifestarán exclusivamente en lo
-motor y representará, en ese concepto, a un salvaje viviendo
-en un medio culto.</p>
-
-<p>2.ᵒ <i>Estética sensoria.</i>&mdash;En la filogenia, sobre la base
-de las reacciones estéticas de carácter motriz, evolucionaron
-las <i>sensorias</i>. Llamo así, a las reacciones estéticas provenientes
-de todas las sensaciones, excepto las musculares o las que
-provoca en el espectador el movimiento, para las cuales se
-reserva el vocablo motriz, es decir, reacciones estéticas motrices.
-Los sentimientos estéticos de origen sensorio, provienen,
-pues, de las sensaciones visuales, auditivas, tactiles y térmicas,
-gustativas, olfativas y de orientación.</p>
-
-<p>El nacimiento de estas reacciones estéticas en la filogenia,<span class="pagenum"><a name="Page_376" id="Page_376">[376]</a></span>
-se explica porque complejizándose cada vez más, con la
-concurrencia vital, la lucha, fué necesario emplear mayor número
-de medios, y de medios más eficaces. Sucedió, entonces,
-lo mismo que ocurre ahora. Al hombre primitivo no le bastaron
-en una etapa dada, para tener éxito, las sensaciones
-musculares y la fuerza muscular, y tuvo que echar mano de
-otros medios auxiliares, que no podían provenir más que del
-empleo de los otros sentidos, perfeccionándolos, o adaptándolos
-mejor con el uso. Pero lo auxiliar en su origen, se fué
-convirtiendo, poco a poco, en fundamental, pasando lo fundamental,
-en muchas actividades, a ser secundario. El hombre
-primitivo superaba, como supera con mucho el salvaje actual,
-al hombre culto, en lo que respecta a sentido muscular.
-Salvo actividades excepcionales, el sentido muscular no es
-el más importante a los efectos de la lucha diaria y más concurso
-prestan las otras sensaciones, sin exceptuar, naturalmente,
-a los obreros.</p>
-
-<p>En el estadio de la estética sensoria, para los que han llegado
-a penetrar en él, la estética motriz es de carácter secundario,
-pasando a ocupar el primer puesto la sensoria.</p>
-
-<p>En la Historia el tipo de estética sensoria es el pueblo
-griego. Téngase en cuenta que aludo a la cultura media del
-pueblo griego y no a la de sus grandes hombres.</p>
-
-<p>Los dioses primitivos de origen fóbico desempeñan allí
-un papel muy secundario; los dioses motores como Hércules
-han caído a la categoría de héroes. No obstante esto, no por
-eso desaparece la estética motriz, como no ha desaparecido
-hoy y por inferior que sea perdurará aún, y se manifiesta en
-los diversos juegos celebrados y cantados por sus poetas. Pero
-las sensaciones, de lo ético ascendieron a lo estético, y de
-lo estético se llegó a lo religioso. De ahí la serie de dioses de
-origen sensorio, de mitos, de genios, todos de carácter estético.
-Si se exceptúa Júpiter que es un dios de fuerza, Marte
-que lo es motor y alguno más, los otros en su mayoría son evidentemente
-sensorios: Venus, Cupido, Baco, Eolo, las nereidas,
-las sílfides, las ondinas, etc. Quedan Plutón, las arpías,
-las furias y otros genios de origen fóbico, pero ya no son tan
-horripilantes como los dioses fóbicos asirios o la diosa Kali.</p>
-
-<p>Los epicureístas y los estoicos no son más que dos tendencias
-antagónicas en una ética sensoria, que llega a culminar
-en la estética sensoria. Tanto los epicureístas como los
-estoicos surgen del mundo sensorio, como propulsor de la
-voluntad: satisfacer la sensación de afectividad positiva, o
-no satisfacerla prefiriendo la negativa; he ahí a la sensación
-obrando en la voluntad, para unos como elemento de impulsión
-(epicureístas), para los otros como elemento de<span class="pagenum"><a name="Page_377" id="Page_377">[377]</a></span>
-inhibición (estoicos), o si se quiere plantear en otros términos:
-el dominio de los sentidos sobre el <i>yo</i> o el dominio del <i>yo</i>
-sobre los sentidos.</p>
-
-<p>En la actualidad no son muchos los que han ultrapasado
-el límite de la estética sensoria. La mayoría permanece en
-ella, perfeccionándola. Su ética será también poco elevada.</p>
-
-<p>En el terreno del arte los estetas sensorios son aquellos
-que reaccionan ante las sensaciones; en visión el sujeto
-reaccionará ante el colorido, la perspectiva, la distribución
-en el paisaje, el conjunto, el claro-oscuro, etc.; en audición,
-se extasiará con el timbre, con la altura del sonido, con la
-intensidad, pero no le exige mucho más; en el gusto, será
-un perfecto goloso, etc.</p>
-
-<p>En las producciones artísticas al visual le bastará la
-estética motriz o sea la ejecución, la virtuosidad del pintor,
-y el elemento sensorio, el colorido, la perspectiva, etc.</p>
-
-<p>En literatura preferirá al descriptor colorista, importándosele
-muy poco del contenido, de la tesis sustentada, del meollo
-de la obra. Al auditivo le llamará la atención la parte motriz,
-ritmo, compás, movimiento, virtuosidad; preferirá en la
-audición lo puramente melódico o armónicamente simple. Las
-complejidades quedan fuera de su alcance.</p>
-
-<p>Es de advertir que cantidad de productores, a los que
-se les llama artistas, sólo realizan la estética motriz y sensoria
-y sus producciones no ultrapasan ese límite. Naturalmente,
-obtienen un éxito inmediato; son los menos discutidos, porque
-la estética de sus producciones es perfectamente accesible
-para la gran masa y para los críticos que, si son tales, es
-por incapacidad de ser productores, lo que equivale a decir
-que siempre están en un plano inferior al productor, aunque
-su producción no ultrapase el límite de lo sensorio. Es por
-eso, por lo que, en general, los críticos hincan sus garras en
-la producción superior, que les es inaccesible, y no en la inferior,
-que pueden catar mejor.</p>
-
-<p>La moralidad de los artistas que no ultrapasan la estética
-sensoria debe estar de acuerdo con sus sentimientos
-estéticos y nada tiene de extraordinario pues, que sean <i>sensualistas</i>,
-libertinos que llevan una vida disipada, como ocurre
-con una cantidad de literatos y de artistas en general, que
-en realidad son pseudo artistas, los que llegan hasta creer
-que la producción superior trae aparejado ese género de
-vida. Pero analícense sus producciones y se verá que les
-espera una existencia precaria; que no tendrán más longevidad
-que la del artículo de diario, o de la columna de revista
-o cosas semejantes; no pasan jamás a la Historia.</p>
-
-<p>No ocurre lo mismo con cerebros como el de Víctor Hugo,
-con artistas como él, como Carducci, como Zola, cuya forma<span class="pagenum"><a name="Page_378" id="Page_378">[378]</a></span>
-tachada de inmoral, es un medio de llegar a la estética del
-pensar, que surge de una profunda ética.</p>
-
-<p>Claro está que al hablar de artistas excluyo a los llamados
-artistas líricos, bufos, cómicos, dramáticos, danzantes,
-prestidigitadores, etc. Del punto de vista de la mentalidad
-y del sentimiento, estos sujetos tienen muy poco de artistas
-y mucho de pobres diablos. Sus sentimientos estéticos, salvo
-las excepciones de sujetos superiores, son inferiores como lo
-son los éticos.</p>
-
-<p>Cuando se habla pues de artistas inmorales, lo que debe
-discutirse, en primer término, es si se trata realmente de
-artistas y no de sujetos con sentimientos estéticos sensorios
-que no ultrapasen este límite. Por lo demás, no hay por qué
-circunscribir los sentimientos morales a un fallo, sino tomarlos
-en toda su amplitud. Me parece que no se debe echar
-en olvido todas las prendas morales que posea un individuo,
-porque tenga hábitos alcohólicos que no dañan más que a
-su persona, por ejemplo. No es vulgar encontrar entre los
-artistas, estafadores, ladrones o criminales. Si cabe llamar
-artistas a los sujetos cuyas producciones no van más allá de
-excitar nuestros sentidos y esos artistas en su mayoría son
-inmorales, en cualquier caso serían simples excepciones que
-no destruirían la regla, porque, sin ir más lejos, en nuestro
-medio, los sujetos de producción que van mucho más allá de
-lo sensorio, que yo conozco y que constituyen la gran mayoría,
-son individuos de la más elevada moralidad.</p>
-
-<p>Cierto es que han existido artistas y grandes artistas
-inmorales, pero son casos aberrantes, excepcionales, y su
-inmoralidad ha sido siempre unilateral, una falla personal sin
-sanción penal.</p>
-
-<p>Como lo he manifestado, en la ontogenia, las reacciones
-estéticas de carácter sensorio se encuentran en su período
-álgido al fin de la niñez; se instalaron en la época motriz y
-declinan en la adolescencia y pubertad en los sujetos que evolucionan
-hacia formas superiores.</p>
-
-<p>En la mujer, este período es de menor duración que en
-el varón, por ser la mujer más precoz en el período sexual.
-Las mujeres que se estacionan en la estética sensoria son
-excepcionales; su enorme mayoría penetra en los sentimientos
-estéticos sexuales que, más o menos perfeccionados, según
-los sujetos, son el término de la evolución de sus sentimientos
-estéticos. Sólo rarísimos casos excepcionales ultrapasaron
-este límite, para penetrar en la estética intelectual.</p>
-
-<p>3.ᵒ <i>Estética sexual</i>.&mdash;No llamo estética sexual a la
-belleza física, moral o intelectual de la mujer o del hombre.
-La estética sexual resulta de las reacciones de carácter estético
-provenientes de la esfera sexual.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_379" id="Page_379">[379]</a></span></p>
-
-<p>La tendencia hacia el acto sexual o su realización, está
-muy lejos de lo estético y debe considerarse simplemente como
-la satisfacción de una necesidad de la vida orgánica. Si se
-le considerara como estética sexual, resultaría toda la humanidad
-compuesta de estetas sexuales y que los más impulsados,
-lo serían más. Pero ocurre que éstos, cuando persiguen
-como fin el acto sexual, teniendo poco en cuenta la persona
-con quien se realiza, no son ni remotamente estetas sexuales.
-Entre los varones el número de estetas sexuales es muy reducido,
-particularmente en la edad viril; en la juventud suele
-ser mucho más frecuente, pero lo ordinario es que sea un
-período de transición, que declina en su forma estética en
-plena edad viril.</p>
-
-<p>La mujer en su enorme mayoría resulta con respecto al
-varón, esteta sexual, pero la sexualidad femenina difiere de
-la masculina, no sólo cuantitativamente, sino también cualitativamente.</p>
-
-<p>El instinto de conservación específica se satisface por
-un doble mecanismo, tanto en el varón como en la mujer. En
-otros términos, intervienen dos factores muy complejos: el
-fisiológico y el psíquico.</p>
-
-<p>Orgánicamente el hombre difiere de la mujer en que la
-zona de excitación sexual es mucho más extendida en ésta que
-en aquél. Si diferencias hay en el orden físico, mayores y
-más complicadas son en el orden psíquico.</p>
-
-<p>De los dos factores que intervienen en la sexualidad, el
-fisiológico es primitivo, el psíquico es adquirido. De la intensidad
-de su actuación resultan los tipos de amor.</p>
-
-<p>Cuando prima el factor fisiológico porque el psíquico es
-rudimentario, se está en presencia del amor animal, de la
-forma más inferior del amor. El candidato para satisfacer
-ese amor es cualquiera, lo único que se requiere, por ser condición
-indispensable, es el sexo opuesto, pero los atributos
-sexuales secundarios entrarán poco en cuenta; si los posee
-mejor, se le aplicará el dicho de que “lo que sobra no daña”.
-Este tipo, es el tipo del amor fisiológico, que nada tiene de
-estético; es puramente instintivo, y, por tanto, impulsivo.</p>
-
-<p>No me ocuparé de los tipos intermediarios, que se encuentran
-en mi trabajo sobre ese tópico, e iré al término opuesto
-de la serie: predominio del factor psíquico que llega a hacer
-aparecer al fisiológico como nulo en un principio, rudimentario
-después y sigue su curso ascendente mucho más tarde.
-En estos casos se trata de estetas sexuales.</p>
-
-<p>En mi trabajo sobre sentimientos estéticos he descripto
-este tipo. Aquí no haré más que dar un boceto:</p>
-
-<p>El amor está lleno de atributos de carácter fuertemente
-sentimental y débilmente intelectual, porque el factor sentimental<span class="pagenum"><a name="Page_380" id="Page_380">[380]</a></span>
-casi anula al intelectual. Son los casos donde cuadra
-bien el dicho de que “<i>el amor es ciego</i>”. El amor es un
-complejo de ideal, ilusión, pasión, fe, franqueza y alta dosis
-de timidez, no obstante la fe, celos, y cosas así aparentemente
-antagónicas, de coexistencia imposible; tiene un fondo marcadamente
-megalómano, puesto que el amante es el elegido
-por el ser amado, el único que ha podido conquistarlo entre
-cantidad de pretendientes, todos llenos de brillantes dotes
-y ese ser amado es superior a los demás: posee las más altas
-aptitudes y si no lo parece es porque modestamente las oculta
-y esa modestia contribuye a exaltar sus atributos estéticos;
-en una palabra, el ser amado es excepcionalmente superior,
-de donde resulta que el amante, debe también serlo, pues de
-otra manera no se explicaría la correspondencia en el amor.
-En estos sujetos existe un sentimiento marcado de triunfo, y
-si no existe, inventa dificultades que vencer.</p>
-
-<p>Largo sería anotar todas las características del esteta
-sexual. En la época sexual o período sexual que corresponde
-a la pubertad y a la juventud, el tipo de esteta sexual abunda;
-y está representado por el joven realmente enamorado. En
-la edad adulta ya ha declinado el período y los casos no son
-abundantes.</p>
-
-<p>En la mujer es el tipo normal. El amor femenino es de
-reacciones eminentemente estéticas.</p>
-
-<p>La proyección más vasta de la estética sexual está en el
-romanticismo; es una estética que sea directa, sea indirectamente,
-a veces al través de muchos intermediarios, tiene como
-base el amor sexual. Los románticos son, pues, estetas sexuales
-y han sido descriptos en sus casos más agudos por novelistas,
-también románticos, es decir, de la misma pasta, con
-los nombres de <i>Atala</i>, <i>Romeo</i>, <i>Julieta</i>, <i>Pablo</i>, <i>Virginia</i>, <i>Graciella</i>,
-<i>Rafael</i>, <i>Werther</i>, <i>etc</i>. La literatura moderna está plagada
-de descripciones de tipos de esa clase, o bien se basan
-en argumentos sentimentales o románticos.</p>
-
-<p>La estética sexual evoluciona en todos los casos sobre la
-base de la estética sensoria y de la estética motriz; su mayor
-desarrollo haciéndola prevalecer, oscurece a las otras formas
-y las reacciones estético-sensorias son ya débiles, siéndolo
-mucho más las estético-motrices. Los individuos estetas sexuales
-son superiores a los estetas sensorios y <i>a fortiori</i>, a los
-estetas motores. En los primeros las reacciones estéticas
-provienen del sentimiento; en los segundos, de las sensaciones,
-y en los últimos, del movimiento. El orden ascendente
-es, pues, éste: 1.ᵒ, estética del movimiento; 2.ᵒ, estética de las
-sensaciones; 3.ᵒ, estética del sentimiento, y la 4.ᵒ, corresponde
-a la estética del pensamiento.</p>
-
-<p>Entre el amor puramente impulsivo del imbécil, del<span class="pagenum"><a name="Page_381" id="Page_381">[381]</a></span>
-degenerado mental, o la sexualidad fisiológica del que realiza
-el acto satisfaciendo una necesidad de la vida vegetativa, por
-higiene, y el esteta sexual, media una distancia enorme. En
-los primeros desempeña el papel primordial el instinto y todo
-se reduce a ese papel, mientras que en el último entran en
-colaboración sentimientos de distinta naturaleza, la imaginación
-en una proporción enorme, y otras aptitudes intelectuales.</p>
-
-<p>La estética sexual se asienta en la filogenia sobre la base
-de la motriz y de la sensoria, y aparece cuando los sentimientos
-han alcanzado un alto grado de desarrollo. La evolución
-superior de esta estética a base de sentimientos, dió lugar a
-las religiones a base sentimental.</p>
-
-<p>El triunfo en la lucha para satisfacer el instinto de conservación
-individual dió lugar a las reacciones estéticas
-motrices y sensorias, y en el instinto de conservación de la
-especie a las sexuales. La estética motriz y sensoria tienen
-su punto de origen en la satisfacción del instinto de conservación
-del individuo; la estética sexual, en el instinto de conservación
-de la especie.</p>
-
-<p>Los dioses más arcaicos fueron de origen fóbico; les siguieron
-los dioses motores y luego los sensorios. El desarrollo
-de la estética sexual, trajo como consecuencia un mayor vuelo
-sentimental, lo que dió origen a los dioses de origen sentimental,
-que son los dioses actuales. Llámesele El Padre, el
-Hijo, el Espíritu Santo, Dios, Cristo, la Virgen María, llámesele
-ángeles, santos o santas, son perfectamente dioses,
-semidioses, héroes. Pero son dioses creados más que de nada,
-del sentimiento, poseyendo los atributos de la fuerza. Obsérvese
-que no hay un sólo santo sabio, los santos capaces de
-realizar milagros equivalen a los dioses secundarios o los
-héroes del paganismo, pero aquí se caracterizan por sus atributos
-sentimentales, por su ética sentimental. Las cuestiones
-de carácter científico quedan para la discusión de los hombres;
-en el reino de los cielos no se hace cuestión de conocimientos,
-sino de sentimientos. El diablo o satanás, y en general los
-diablos, son dioses fóbicos, seres horribles de un poder extraordinario
-para la realización del mal. Satanás es un dios
-atávico que está descalificado, pues sólo reducidísimo número
-de sujetos en el mundo civilizado cree realmente en su existencia.
-En cambio se le ha substituído por un concepto
-abstracto del mal; es una forma nueva, cuyo fondo es atávico,
-porque es de origen fóbico. La existencia del mal, es la
-conversión a lo abstracto de los dioses fóbicos concretos
-de las religiones salvajes primitivas.</p>
-
-<p>Religiones a base sentimental o de origen estético sentimental,
-son las actuales en los pueblos más cultos, las más<span class="pagenum"><a name="Page_382" id="Page_382">[382]</a></span>
-difundidas y que afectan al mayor número de individuos
-dentro de las colectividades cultas. Los pueblos salvajes
-están en etapas mucho más inferiores; sus dioses son fóbicos o
-motores, como ocurre en los pueblos del Africa Central, en
-algunas sectas indúes, en los Onas o los Yagan fueguinos,
-etcétera, etcétera.</p>
-
-<p>El último estadio, como veré más adelante, corresponde
-a los dioses que nadie conoce con el nombre de dioses, surgidos
-de la intelectualidad, es decir, a los dioses intelectuales,
-que surgen de la estética intelectual que sólo afecta a muy
-reducido número de individuos de las colectividades más
-avanzadas.</p>
-
-<p>4.ᵒ <i>Estética intelectual</i>.&mdash;La estética intelectual proviene
-de las reacciones estéticas de origen mental. La belleza
-de la idea, la belleza del pensamiento. Es la estética del pensar,
-o el término superior de la serie que comenzando con el
-movimiento, asciende en el sentir, se perfecciona con el sentimiento
-en la sexualidad y llega a su punto culminante en la
-intelectualidad. Las reacciones estéticas de carácter intelectual
-están en el mundo de las operaciones superiores de
-la mente, están en las ideas; más complicadas y armónicas, en
-los juicios; de mayor empuje y amplitud, en el razonamiento,
-y como pináculo, en la creación.</p>
-
-<p>La estética intelectual no se encuentra en las operaciones
-de las aptitudes adquisitivas, sino en forma oscura y rudimentaria;
-es propia de las aptitudes elaborativas, en el sujeto
-que piensa, que medita, que en cualquier forma crea, rectifica,
-corrige, amplía o simplemente discute ideas. Su expresión
-más elevada se encuentra en los pensadores, en los filósofos,
-en los inventores y en los descubridores.</p>
-
-<p>La belleza reside, como en las otras formas, en el triunfo,
-en llegar a la deducción o inducción, en intuir, en arribar a la
-teoría, principio o ley. Como los sujetos sienten la belleza
-del fin que persiguen, es muy común que se la atribuyan a
-los medios para llegar a ese fin. Sólo así se explica que los
-naturalistas hablen de hermosos ejemplares de acaroidios, de
-ofideos o de arácnidos, que un anátomo patologista aluda a
-un lindo caso de tumor y que se hable de bellas colecciones
-de casos teratológicos, de hermosas colas de panochtus o de
-hoplophurus, y apliquen calificativos como bello, hermosísimo,
-precioso, etc., a cosas de por sí evidentemente antiestéticas.
-Es que lo estético no está en la cosa misma, sino en lo que
-permite construir esa cosa. El vulgo, incapaz de apreciar
-lo último, ríe o queda estupefacto de la aplicación de los adjetivos.
-Sólo por las reacciones estéticas intelectuales se
-explica la existencia de individuos que se pasan días enteros,<span class="pagenum"><a name="Page_383" id="Page_383">[383]</a></span>
-semanas, meses, años meditando, o persiguiendo la solución
-de un problema científico cualquiera. Sólo por el placer
-estético intelectual se explica el afán de llegar a la meta, no
-sólo en los hombres entregados a las ciencias, sino en todo
-aquel que ejercita sus aptitudes intelectuales persiguiendo la
-explicación de un fenómeno de carácter social o la discusión
-de un asunto de carácter moral, y le sea indiferente o abandone
-por completo todo lo que para la generalidad es estético.
-Estos sujetos son excepcionales, y en ellos, los agentes de las
-reacciones estéticas comunes, no los hacen reaccionar. No
-encuentran belleza donde la enorme mayoría goza y si la
-encuentran siempre será débil, pues la estética intensa, para
-ellos, está en la elaboración superior. De ahí que sienten
-plaza de raros, porque en realidad lo son, pero son raros como
-sinónimos de excepcionales, y son raros, en el concepto de
-salir de la norma general, lo que se interpreta como sujetos
-inexplicables, ridículos o cuasi ridículos.</p>
-
-<p>En la mujer sólo como rarísima excepción se encontrarán
-casos que invadan el terreno de la estética intelectual y una
-de las causas primordiales está en su reducido vuelo de la
-imaginación creadora, siendo la mujer más perceptiva que
-imaginativa y más sentimental que imaginativa.</p>
-
-<p>En la filogenia, la estética intelectual es reciente, si se
-compara con los otros géneros de estética, y el período histórico
-sólo nos habla de reducidísimo número de sujetos intelectualmente
-superiores, que son los que reaccionan a la estética
-intelectual, en cada época. Si la estética motriz o las reacciones
-estético-motrices son un carácter específico; las sensorias,
-étnico; las sexuales, de pueblo; las intelectuales, han sido en
-todo lo que conocemos, un carácter puramente individual.</p>
-
-<p>De ese modo, si en la filogenia las reacciones estético-intelectuales
-se nos presentan como un carácter individual,
-no podemos ni siquiera hablar de ellas en la ontogenia, y sólo
-afectarán al sujeto excepcional de que se trate. La filogenia
-de la estética intelectual está, pues, en formación; sólo con el
-andar de las generaciones, cuando se haya convertido siquiera
-en carácter de pueblo, se podrá hablar en la ontogenia de la
-mencionada estética, como reproducción de un carácter adquirido
-en la filogenia.</p>
-
-<p>Claro se ve que la estética del pensar, no puede aparecer
-sino con la capacidad de pensar de acuerdo con la edad.
-Pero en esto, como se trata de un carácter individual, no se
-puede invocar la ley de herencia homocrona y las variaciones
-en los sujetos son muchas; mientras Pascal, por ejemplo, fué
-muy precoz, Darwin no lo fué tanto. Algunos grandes hombres
-manifestáronse tales desde temprana edad, otros en la
-edad madura.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_384" id="Page_384">[384]</a></span></p>
-
-<p>Derivando los sentimientos estéticos de los éticos, la
-estética intelectual proviene de la ética intelectual. Pero la
-estética intelectual (así como la estética sexual, eminentemente
-sentimental, conducía a la religión sentimental) conduce a la
-religión intelectual o a los sentimientos religiosos de origen
-intelectual.</p>
-
-<p>El esteta intelectual con su gran aptitud de razonar,
-buscando el origen de las cosas, las causas de todos los fenómenos,
-en su afán de síntesis, no pudiendo poner límites o
-vallas a su aptitud, vuela hacia esas síntesis o esa síntesis que
-la encuentra como la causa primera más razonable y cree,
-por convencimiento en la Naturaleza, o en la Fuerza, o en
-la Materia, o en la Verdad, etc., etc., que son otros tantos
-dioses de origen intelectual. Así los hay partidarios o religiosos
-de las leyes de la Naturaleza (politeístas) de la Energía,
-de la Materia, del Absoluto (monoteístas), etc. No
-tienen religión determinada, pero han construído su edificio
-personal, en el que creen con toda buena fe, con toda sinceridad,
-sin sospechar siquiera que están abiertamente en el campo
-religioso. Claro es que sus dioses o su dios carecen de
-forma, de dimensión, etc., no tienen los atributos de los dioses
-primitivos, pero son siempre la causa. No existe culto externo,
-ni prácticas religiosas, pero sí el convencimiento. Decir que
-no existe Dios y que todo se explica por la Evolución, es decir
-que la evolución es Dios: sostener que la energía es la causa
-o el origen de todo, es cambiar la palabra Dios, por energía.
-No hay en verdad grande originalidad en el asunto, porque
-el Dios único, causa u origen de lo estático y de lo dinámico,
-de la materia, de la fuerza, de todo el mundo fenomenal conocido
-y desconocido, ha tiempo fué concebido. La única verdad
-que hay en todas estas intentonas, es el hecho de querer penetrar
-en explicaciones que aparentemente aproximan al
-hombre a esa causa única. Los sujetos que invocan como
-causa a la Naturaleza y sus leyes, a la Materia, a la Energía,
-etcétera, y que se dicen ateos e irreligiosos, no han hecho más
-que no tener prácticas externas y substituir el nombre de Dios
-por la causa invocada. El irreligioso no se preocupa nunca
-en buscar la causa primera, busca, si es tipo de labor mental,
-la causa inmediata, si la encuentra trata de inquirir la causa
-de esta causa, sin lanzarse en hipótesis, si no la encuentra,
-es decir, su espíritu no está ávido del conocimiento que no
-pueda adquirir experiencial o experimentalmente. El antirreligioso,
-en general lo es, para imponer su insospechada
-religión; él cree de buena fe no tenerla y en realidad no la
-tiene por la falta de coherencia, de cuerpo, de doctrina, pero
-todas sus creencias que se arraigan con profunda fe, lo hacen
-en general un fanático. Esto ocurre con suma frecuencia:<span class="pagenum"><a name="Page_385" id="Page_385">[385]</a></span>
-son los que más combaten el fanatismo y a título de libres pensadores
-tratan de coartar la libertad de pensar.</p>
-
-<p>Los verdaderamente religiosos psicológicamente se aproximan
-muchísimo siempre que sean sujetos superiores; lo
-que aleja en religión a los sujetos, son las prácticas religiosas,
-la mediocridad que interpreta o la inferioridad.</p>
-
-<p>La decadencia de las religiones, estriba más que en nada,
-en la pertinacia de querer explicar por las causas primeras
-lo que debe explicarse, porque puede explicarse sin recurrir
-a ellas, por apegarse a sus prácticas, por hacerse rutinarios y
-no evolucionar paralelamente a las ciencias. El sentimiento
-religioso requiere cada vez más la base intelectual. El afán
-de lo ignoto conduce al sentimiento religioso, pero no comenzará
-el sentimiento religioso sino en el límite superior de lo
-racionalmente explicable.</p>
-
-<p>El hombre de ciencia es, en general, irreligioso mientras
-no invada el terreno de lo metafísico y pueden considerarse
-como raras excepciones los que no lo intentan siquiera. Lo
-común es que hombres de ciencia que se han declarado enemigos
-acérrimos de la metafísica, se debatan en plena
-metafísica y sostengan que su metafísica no es tal por tomar
-como punto de partida bases eminentemente positivas. La
-verdad es que la mente humana en su afán de volar no reconoce
-vallas y que por caminos muy diversos se vuela a lo
-ignoto. Los que sostienen que ha pasado la época de la
-metafísica y que no volverá más, están en un grave error;
-es la metafísica antigua la que ha pasado y dió su cosecha;
-los adelantos en materia científica no hacen más que desplazar
-más adelante a la metafísica; cada arremetida, la empuja más
-allá, pero ella conserva los más vastos dominios donde tanto
-suelen recrearse los que más impugnan a la vieja metafísica.
-Ella existirá mientras existan los problemas de lo desconocido;
-cuando mucho de lo desconocido actualmente sea conocido, ese
-lote de la metafísica habrá ingresado al dominio de lo positivo
-y desde allí se tendrá en frente el campo de la metafísica
-futura tentando constantemente a la inteligencia a hacer
-incursiones por sus vastos dominios.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_386" id="Page_386">[386]</a></span></p>
-
-<h2 id="QUE_SON_ESPACIO_Y_TIEMPO">¿QUÉ SON ESPACIO Y TIEMPO?</h2>
-
-<p class="center">Por J. LAUB<a name="FNanchor_7" id="FNanchor_7"></a><a href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a></p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p><i>A Alberto Einstein, en el XL aniversario
-de su natalicio.</i></p>
-
-<p>“Consuetudine oculorum assuescunt animi,
-neque admirantur, neque requirunt
-rationes earum rerum, quas semper vident”.
-Cicero: <i>De Natura Deorum</i>.</p>
-
-</div>
-
-<h3>INTRODUCCION</h3>
-
-<p>1. Si me hubiera atrevido hace veinte años a hablar del
-espacio y tiempo, habría tenido primero que justificar mi
-invasión en el sagrado templo de la metafísica. Pero en la
-última década la situación ha cambiado totalmente, y al tratar
-hoy como físico la cuestión del espacio y tiempo, estoy como
-en mi casa. En efecto, las investigaciones de <i>Einstein</i> y
-<i>Minkowski</i>, basadas en la <i>física experimental</i>, han dado al
-mencionado problema una solución general que conservará en
-todo caso siempre su valor para la crítica del conocimiento
-y para la metafísica.</p>
-
-<p>2. Estudiando la evolución de las ciencias exactas, llama
-la atención que el físico “ex officio” se haya ocupado relativamente
-poco en el siglo XIX de la cuestión que nos interesa,
-aunque espacio y tiempo constituyen el edificio en que todos
-los fenómenos físicos tienen lugar. Mientras que el número
-de las publicaciones metafísicas sobre el problema del tiempo
-y del espacio es casi inmenso, la mayor parte de los físicos
-apenas han dedicado algunas investigaciones a estos conceptos
-tan fundamentales.</p>
-
-<p>Cierto es que encontramos ya discusiones sobre tiempo y
-espacio en el tratado de Newton: “<i>Philosophiae naturalis<span class="pagenum"><a name="Page_387" id="Page_387">[387]</a></span>
-principia mathematica</i>”, aquella obra maravillosa que todavía
-hoy es una joya del pensamiento humano; cierto es que
-<i>Ernesto Mach</i> y <i>Henri Poincaré</i> se ocuparon muy extensamente
-del espacio y tiempo; sin embargo ninguna investigación
-ha provocado en las esferas filosóficas y en las ciencias
-exactas un cambio tan radical como la <i>teoría de la relatividad</i>
-introducida por <i>A. Einstein</i> en el año 1905.<a name="FNanchor_8" id="FNanchor_8"></a><a href="#Footnote_8" class="fnanchor">[8]</a></p>
-
-<p>3. El fundamento de este cambio hay que buscarlo, según
-mi juicio, en el hecho de que con la teoría de la relatividad
-se produce una verdadera revolución en nuestros conceptos y
-nuestras opiniones anteriores, una revolución que podemos,
-según el ilustre físico <i>Planck</i>, comparar únicamente con la
-que provocó en la astronomía el sistema de <i>Copérnico</i>.</p>
-
-<p>Pero esta no es la única causa. Sabido es que los físicos
-son muy críticos y no se dejan engañar con especulaciones
-interesantes e ingeniosas. También algunas obras metafísicas
-contienen disertaciones muy finas que pretenden derrumbar
-todo lo pasado, sin embargo, el investigador de las ciencias
-exactas, orgulloso y frío, deja de lado esos trabajos, sin tomarlos
-en cuenta. <i>Lo nuevo y lo maravilloso en la teoría de la
-relatividad consiste en lo siguiente: A. Einstein partiendo del
-experimento, demuestra que los hechos reales nos obligan a
-transformar nuestras ideas del espacio y tiempo.</i> Pero no
-es sólo eso. Las nociones modificadas por la nueva teoría
-nos permiten explicar una serie de hechos que han originado
-para las otras teorías físicas dificultades invencibles. Además,
-apoyándose sobre un nuevo concepto del espacio y tiempo, se
-puede prever, sirviéndose de métodos <i>puramente analíticos</i>,
-algunos fenómenos accesibles al experimento, teniendo de esta
-manera la posibilidad de dilucidar la verdad de nuestra teoría.
-<i>La gran diferencia entre las teorías filosóficas del espacio y
-tiempo y entre la teoría de la relatividad, consiste entonces
-en que la última se funda en el experimento, permitiendo una
-comprobación cuantitativa.</i></p>
-
-<p>4. La mayor parte de los metafísicos se apoyan en sus
-consideraciones en el razonamiento, muy raras veces en la
-observación y experiencia, casi nunca en el experimento. Esta
-es la causa de que los resultados obtenidos por los metafísicos
-apenas se aplican a la realidad cuando ya chocan con contradicciones.
-No es raro el caso de que la metafísica, teniendo
-exagerada fe en la omnipotencia del pensamiento, llega <i>ad
-absurdum</i>. Por eso se entiende que ella ha perdido su autoridad
-entre los representantes de las ciencias exactas, hasta el<span class="pagenum"><a name="Page_388" id="Page_388">[388]</a></span>
-punto de ser considerada como completamente superflua e
-inútil.</p>
-
-<p>Pero con mucha frecuencia también los naturalistas
-cayeron en errores muy extremos, considerando sus métodos
-y resultados como infalibles, en la creencia de que se encontraban
-en el seguro terreno del experimento. Tuvieron la
-convicción de haber expulsado de su imperio todo lo trascendental
-y que en sus conclusiones jamás traspasaron los límites
-de lo que es dado por la experiencia.</p>
-
-<p>Constituye el gran mérito de <i>Ernesto Mach</i> el haber llamado
-la atención acerca de que entre los conceptos fundamentales
-de física hay muchos restos de origen metafísico, que
-deben ser forzosamente eliminados. Sin embargo, ningún
-sabio se animó a sacudir con tanta sagacidad y con tanta
-audacia los pilares de las ciencias físicas como <i>Einstein</i>, quien
-empezó sus investigaciones con la siguiente sencilla pregunta:
-¿cómo se miden en física el tiempo y el espacio?</p>
-
-<p>5. Tocando ya en esta ocasión la célebre pregunta de
-si hay <i>un espacio absoluto</i>, si existe un <i>tiempo absoluto</i>, tenemos
-primero que aclarar algo que nosotros comprenderemos
-con la palabra “<i>existe</i>”. “<i>Existe</i>”, por ejemplo: “existe un
-átomo”, equivale a haber introducido este concepto en las
-ciencias, basándonos en el experimento: sabemos algo de las
-propiedades del átomo, conocemos su reacción bajo las influencias
-físicas y químicas; no podemos <i>por el momento</i> desistir de
-él y no nos conduce a la contradicción con la experiencia.</p>
-
-<p><i>¿Y qué dice la palabra “absoluto”?</i> Hablando del espacio
-<i>absoluto</i> ¿queremos quizás expresar que él existe <i>en sí y por
-sí</i>, independiente de nosotros, independiente de nuestras
-observaciones y medidas? Pero en este caso el problema del
-espacio absoluto y tiempo absoluto coincidiría con el problema
-del objeto “<i>en sí</i>”, que difícilmente provocará mucho entusiasmo
-entre los físicos.</p>
-
-<p>6. Con estas palabras indico el objeto de mis conferencias
-y revelo mi modo de pensar respecto de este asunto.
-Desde luego podría entrar ya en el campo de las ciencias físicas
-y empezar con el ensayo de un <i>tratamiento sistemático</i><a name="FNanchor_9" id="FNanchor_9"></a><a href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a> <i>de
-los conceptos fundamentales de tiempo y espacio, tema principal
-de estas conversaciones.</i> No tomo, sin embargo, este camino
-y me traslado primero a los dominios de las especulaciones
-metafísicas, haciéndolo intencionalmente por las siguientes
-razones:</p>
-
-<p>El problema de tiempo y espacio interesa no solamente
-al naturalista sino también al <i>filósofo</i>. Es una cuestión en<span class="pagenum"><a name="Page_389" id="Page_389">[389]</a></span>
-la cual se ocupa el cerebro humano desde los tiempos más
-remotos hasta hoy día, librando verdaderas batallas, a las
-cuales se podría aplicar con una cierta ironía las palabras de
-Mefistófeles:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
-<div class="stanza">
-<div class="verse">“¡Ay, en verdad te lo digo,</div>
-<div class="verse">yo que centenares de años</div>
-<div class="verse">estoy royendo y royendo</div>
-<div class="verse">el fruto indigesto y áspero!</div>
-</div>
-<div class="stanza">
-<div class="verse">¡Ay, en verdad te lo digo!</div>
-<div class="verse">De la cuna al Camposanto</div>
-<div class="verse">digerir no puede el hombre</div>
-<div class="verse">la levadura de antaño”.</div>
-</div>
-</div>
-</div>
-
-<p class="noindent">En la lejana antigüedad, en la Edad Media, en la época
-la más moderna, se afirma, se comprueba, se niega que haya
-un tiempo absoluto, que haya un espacio absoluto. Los métodos
-de investigación cambian, se llega a distintos resultados;
-sin embargo, creemos no equivocarnos comparando la evolución
-de nuestro problema de disputa con <i>el movimiento sobre una
-espiral, pues en el fondo llegamos siembre al mismo punto,
-pero situado un poco más alto</i>.</p>
-
-<p>Una historia análoga recorren las otras nociones fundamentales
-de las ciencias físicas, lo que trataremos en otra
-oportunidad.</p>
-
-<p>Un ejemplo ilustrará lo dicho. Es sabido que ya <i>Leukippos
-y Demócritos</i> han introducido el concepto <i>átomo</i> en las ciencias.
-Según ellos el universo consiste en pequeñas partículas
-indivisibles (<i>átomos</i>), que son de la misma cualidad y se
-distinguen únicamente por su <i>forma</i>, <i>tamaño</i> y <i>posición</i>,
-(<i>diferencias geométricas</i>). Hoy día la hipótesis atómica es
-el fundamento de las ciencias naturales, pero el átomo moderno
-de <i>J. J. Thomson</i> o de <i>Bohr</i>, aquel aparato complicado,
-en cuyo mecanismo penetramos cada día más, es <i>muy distinto</i>
-del átomo de Demócritos y tiene una existencia asegurada en
-una enorme cantidad de hechos experimentales.</p>
-
-<p>Tenemos, pues, que considerar de suma importancia, ocupándonos
-de cuestiones tan primordiales como las de tiempo
-y espacio, el <i>conocimiento y la crítica de las opiniones de otros
-sabios</i>; debemos consultar la historia, aquella grande maestra
-de investigación, pues de esta manera podremos también apreciar
-mejor <i>las grandes ventajas</i> y el <i>enorme progreso</i> de <i>las
-teorías modernas</i>.</p>
-
-<p>Pero esto implica ya tácitamente que bajo ninguna condición
-podemos <i>dejar de lado a la filosofía</i>, porque en lo que<span class="pagenum"><a name="Page_390" id="Page_390">[390]</a></span>
-hemos heredado de los griegos no se puede separar las ciencias
-exactas de la filosofía y hasta en los tiempos modernos sería
-muy difícil trazar un límite entre los investigadores de ciencias
-exactas y filosóficas, cuando nos encontramos en los campos
-limítrofes de las nociones fundamentales.</p>
-
-<h3>CAPITULO I<br />
-<span class="smaller">TIEMPO Y ESPACIO EN LA CIENCIA GRIEGA Y ROMANA</span></h3>
-
-<p>7. Tiempo y espacio ocupan desde los primeros principios
-del pensamiento al espíritu humano, pues ya en las fábulas
-míticas encontramos estos conceptos. Y así leemos en
-el primer libro de Moisés, “y la tierra era desierta y vacía”.</p>
-
-<p><i>Pherekydes</i> de Syros, introduce al Zeus, tierra y <i>tiempo</i>,
-como elementos fundamentales para la evolución del universo.</p>
-
-<p>Cuando el hombre llegó del fantástico mito a la ciencia,
-preguntó, no solamente cuál es el fundamento <i>temporal</i> del
-mundo, sino también cual es su <i>esencia</i>. De esta manera surgieron
-la cosmología, la física, la ontología, con los problemas
-del tiempo, espacio, materia, etc.</p>
-
-<p>En general, en las primeras filosofías se identificaba el
-espacio geométrico con el físico, especialmente cuando se llegó
-a la convicción de que también el aire, anteriormente considerado
-como vacío, tiene peso.</p>
-
-<p>8. Estudiando la filosofía jónica, vemos que <i>Anajimandros</i>
-atribuye a su sustancia universal lo <i>infinito</i> en el
-<i>tiempo</i> y <i>espacio</i>; la arché es lo ápeiron, distinta de todos
-los elementos conocidos en aquella época, y sin embargo,
-con propiedades <i>corporales</i>.</p>
-
-<p><i>Pytágoras</i> y sus discípulos consideran los números como
-formas legales de todos los fenómenos, pero el <i>espacio</i>, el símbolo
-de la geometría, es para ellos el <i>mediador</i> entre el <i>número</i>
-y la <i>naturaleza</i>. Parece que la escuela pytagórica ha introducido
-en la ciencia griega el concepto del <i>vacío</i>, aplicándole
-a los intervalos entre los sonidos.</p>
-
-<p>8. <i>Los Eleatas</i>.&mdash;Discusiones <i>muy detalladas</i> y bastante
-profundas sobre la naturaleza del espacio y tiempo, encontramos
-por la primera vez en la filosofía de los <i>Eleatas</i>.</p>
-
-<p>Es sabido que el punto culminante de este pensamiento
-forma el concepto del ser y el de la <i>unidad</i> de todo lo que sucede.
-<i>Lo característico de todos los representantes de esta escuela
-es la negación del espacio</i><a name="FNanchor_10" id="FNanchor_10"></a><a href="#Footnote_10" class="fnanchor">[10]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_391" id="Page_391">[391]</a></span></p>
-
-<p><i>Parmenides</i>, el más importante pensador eleata, en su
-poema “Sobre la naturaleza”, afirma lo siguiente: Los sentidos
-no conducen a la verdad, pues ellos nos engañan, indicándonos
-la multiplicidad y el eterno cambio de las cosas; a lo
-<i>verdadero nos lleva la razón y el pensamiento</i>, que reconoce
-“<i>el ser de lo existente como indispensable; el ser del no-ser
-como imposible</i>”. La verdad está fundada en el principio de
-que únicamente el <i>ser es</i> y que el <i>no-ser no es</i>. Podemos solamente
-pensar <i>en un ser, y no hay pensamiento sin el ser al
-cual se refiere</i>. Según <i>Parmenides</i>, <i>pensar y ser es lo mismo.
-Mas el espacio es un vacío, es un no ser, por esta causa él no
-puede existir</i> (ni en el pensamiento).</p>
-
-<p>El <i>ser</i>, según este filósofo, no tiene ni origen ni fin, es
-eterno, inmóvil, <i>invariable</i>. Parece que él <i>duda de la existencia
-del tiempo</i>. Y en efecto, ¿para qué servirá el concepto
-tiempo en un mundo, <i>donde nada sucede en el tiempo, donde
-se niega la realidad a todos los fenómenos temporales</i>? Para
-<i>Parmenides</i>, efectivamente, no puede existir tiempo ni tampoco
-espacio, pues admitiendo su realidad, sería lo mismo como
-afirmar que <i>es</i> los que <i>no</i> es.</p>
-
-<p>Parecería, entonces, que el universo de <i>Parmenides</i> debería
-ser ilimitado e infinito. Sin embargo lo <i>real</i> es, según
-él, algo <i>extenso</i> y que tiene la forma de una <i>esfera</i>. Es difícil
-concebir esta rara deducción de <i>Parmenides</i>; quizás la simetría
-y el hecho de que también la esfera no tiene ni fin ni
-origen, le indujeron a aceptar esta forma.</p>
-
-<p>9. <i>Melissos</i>, otro Eleata también, atribuye al <i>ser</i> la extensión,
-pero le saca todo lo <i>corporal</i>; además, le dota, no solamente
-de lo <i>infinito</i> en el <i>tiempo</i>, sino también en <i>el espacio</i>.
-“<i>Lo que es, era en la eternidad, y será en eternidad. El
-ser debe ser también infinito en su tamaño.</i>” Este pensador
-hace, sencillamente el salto del infinito en el tiempo al infinito
-en el espacio, introduciendo, en vez del origen y fin
-<i>temporal</i>, los respectivos conceptos para el espacio.</p>
-
-<p>En vista de que niega la posibilidad del movimiento, no
-admite tampoco la <i>existencia del espacio</i>. “<i>El vacío es nada y
-una nada no puede ser</i>”.</p>
-
-<p>A pesar de esto, según <i>Melissos</i>, existe en el universo
-una sustancia que no tiene <i>nada de corporal</i>. “<i>Pues siendo
-“una” no debe tener cuerpo. Porque si tuviera espesor tendría
-también partes y ya no sería una unidad</i>”.</p>
-
-<p>No podemos imaginarnos en qué consiste la materia mundial
-de este filósofo, ni cuál es la diferencia entre aquella
-sustancia universal y el espacio (vacío).</p>
-
-<p>10. <i>Zeno</i>, el discípulo de Parmenides, según <i>Platón</i>, el
-fundador del método dialéctico, trata de demostrar la imposibilidad<span class="pagenum"><a name="Page_392" id="Page_392">[392]</a></span>
-del espacio, tiempo (y también del movimiento),
-por medio de sus célebres <i>perplejidades</i>, “aporias”.</p>
-
-<p>La noción espacio la somete, además, a la siguiente crítica.
-Si todo lo real (ser) está en el espacio, entonces también
-el mismo espacio,&mdash;si no carece de realidad&mdash;debe encontrarse
-en espacio, es decir, en un <i>segundo espacio</i>. Mas por la misma
-razón el segundo espacio debe estar en un <i>tercero</i>, y así <i>ad
-infinitum</i>. No tenemos, según <i>Zeno</i>, otra alternativa que aceptar
-estas consecuencias o negar la realidad del espacio.</p>
-
-<p>Las deducciones de <i>Zeno</i>, como de los otros filósofos de
-esta escuela, son sofismas, son juguetes con palabras, son, en la
-mayor parte, también equivocaciones lingüísticas, pues aplican
-los sustantivos para designar todas las abstracciones posibles,
-identificándolas con hechos y objetos <i>concretos</i>. Nosotros
-podríamos, por ejemplo, de la misma manera, afirmar:
-todo lo real tiene lugar en el tiempo. Si el tiempo es
-real, entonces, él también debe tener lugar en un tiempo, es
-decir, en un segundo tiempo, etc. Mas podemos también decir:
-Todo lo real o existente tiene existencia, si ésta no es una
-quimera, ella también debe tener una existencia, es decir, una
-segunda existencia, etc.</p>
-
-<p>11. Volviendo a las perplejidades, podemos decir lo siguiente:
-<i>Zeno</i> llega en sus aporias (Achilles y la tortuga, la
-flecha volante, etc.) a la conclusión de que tiempo y espacio
-son ideas imposibles, sino queremos admitir contradicciones
-con la experiencia. Pero lo que él de hecho demuestra, es la
-<i>imposibilidad de dividir el espacio y el tiempo continuo en
-partes discretas</i>.</p>
-
-<p>Por el momento nos interesa, especialmente, la aporia,
-en la cual trata de evidenciar la relatividad (de la medida)
-del movimiento y se podría agregar la relatividad (de la medida)
-del tiempo.</p>
-
-<p>Tomo esta aporia de la obra clásica de <i>Gomperz</i>: “Pensadores
-griegos”, modificándola para nuestros fines.</p>
-
-<p>12. Sean tres coches (<i>A</i>, <i>B</i>, <i>C</i>,) de la <i>misma estructura</i>
-y de la <i>misma longitud</i>, por ejemplo, 10 m. El primer coche <i>A</i>,
-sea dotado de un movimiento uniforme, rectilíneo, siendo su
-velocidad de 100 metros por minuto; el segundo <i>B</i> se encuentre
-en el estado de <i>reposo</i>; el tercero <i>C</i> tenga el <i>mismo</i> movimiento
-con la <i>misma</i> velocidad <i>como A, pero dirigida en el
-sentido contrario</i>. El tiempo que el punto inicial <i>I</i> de <i>A</i> emplea
-para llegar al punto final de <i>B</i> será, evidentemente, el
-doble de lo que necesita para alcanzar el punto final del coche
-<i>C</i> de la misma longitud. Preguntando ahora con qué velocidad
-se mueve <i>A</i>, tenemos que dar una contestación contradictoria,<span class="pagenum"><a name="Page_393" id="Page_393">[393]</a></span>
-según sea que refiramos la velocidad al coche
-<i>móvil</i> <i>C</i> o al coche <i>B</i> (en reposo).</p>
-
-<p>Se podría ahora agregar de nuestra parte que si un observador
-tomase la velocidad del coche <i>A</i> como fundamento
-para ajustar su reloj, encontraría también distintos <i>tiempos</i>.</p>
-
-<p>Este resultado lo consideró <i>Zeno</i> como tan anormal y ridículo,
-que lo ha tomado como la mejor comprobación de la
-<i>no</i> existencia del tiempo, espacio y movimiento.</p>
-
-<p>Vemos, pues, qué consecuencias fatales puede tener el
-verbalismo excesivo. Los <i>Eleatas</i> se han enredado en sus propias
-palabras, de suerte que han perdido el buen sentido
-para la realidad. Al frente de su pensamiento ponen la noción
-de la <i>unidad absoluta</i>, lo que, naturalmente, es incompatible
-con el concepto de la extensión, con los conceptos espacio
-y tiempo.</p>
-
-<p>13.&mdash;<i>Demócritos.</i>&mdash;Una reacción muy saludable contra
-los eleatas encontramos en la filosofía de los <i>atomistas</i>. <i>Demócritos</i>
-de Abdera, el mayor naturalista de la antigüedad,
-introduce el <i>espacio</i> (vacío), pues lo precisa para el movimiento
-de los átomos. Según Demócrito el espacio (vacío), el
-<i>no ser</i>, tiene una <i>verdadera existencia, una existencia tan real
-como los mismos átomos</i>.</p>
-
-<p>Y de este modo asistimos al interesante fenómeno de que
-los fundadores del <i>materialismo</i> elevan los <i>invisibles átomos</i>,
-el <i>invisible espacio</i>, a la <i>categoría de un verdadero ser</i>; mientras
-que los semiracionalistas eleatas niegan el espacio, pues
-ellos conciben, únicamente, lo que es corporal, es decir, conciben
-únicamente lo <i>presente</i>.</p>
-
-<p>14. <i>La filosofía ática.</i>&mdash;De nuestro problema fundamental
-han tenido, naturalmente, que ocuparse los grandes filósofos
-áticos. Y, en efecto, en las obras de <i>Platón y Aristóteles</i>
-encontramos consideraciones importantísimas sobre el tiempo
-y especialmente sobre el espacio.</p>
-
-<p><i>Platón</i>, el primer filósofo que con la mayor precisión
-plantea el problema de <i>cómo y si puede existir una ciencia</i>,
-quiere fijar lo que queda conservado siempre en la corriente
-de los fenómenos, para llegar al conocimiento de la <i>verdad
-absoluta</i>. Por esta razón hace los mayores esfuerzos para fundar
-una ciencia <i>general</i> de la verdadera esencia de las cosas.
-Según <i>Platón</i> el mundo de nuestros sentidos, aquel mundo
-que sufre continuos cambios y transformaciones, no puede
-conducir jamás a la verdad. <i>El camino a la realidad está en
-el pensamiento, en la razón pura.</i> Pues siendo, según <i>Platón</i>,
-fuera de toda duda, que el <i>razonamiento</i> nos lleva a un conocimiento
-<i>superior</i> a la observación, resulta que forzosamente
-también los objetos de nuestro pensar tienen un <i>mayor grado</i><span class="pagenum"><a name="Page_394" id="Page_394">[394]</a></span>
-de <i>realidad</i> que los del mundo sensible. Por esta causa <i>Platón</i>
-crea el concepto “<i>idea</i>”, que <i>forma el contenido objetivo del
-pensamiento</i>. <i>En las ideas está la realidad absoluta, en las
-ideas concebimos el verdadero ser, la esencia del universo</i>, independiente
-de todas influencias externas<a name="FNanchor_11" id="FNanchor_11"></a><a href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a>. Los objetos
-de la naturaleza forman un mundo de una verdad relativa;
-mientras que las <i>ideas</i> representan el mundo de <i>verdad absoluta</i>.
-Hay, entonces, según <i>Platón, dos mundos distintos:
-la naturaleza y las ideas</i>.</p>
-
-<p>Las ideas ocupan en la filosofía platónica una posición
-tan privilegiada, que solamente el saber de ellas forma <i>la ciencia</i>
-(epístéme), la que es el privilegio de Dios y de un pequeño
-número de mortales; el saber de la naturaleza es solo
-una especie de opinión o persuasión (doksa), con mayor o
-menor probabilidad.</p>
-
-<p>15. Ahora bien: según Platón se llega a la <i>idea</i>, como
-ya lo indica su nombre, por intermedio de una especie de <i>mirar
-las cosas, de interesarse por intuición</i>. Las ideas se forman por
-la mirada de los objetos que actúan sobre nuestros sentidos,
-pues observando las cosas corporales la razón pura reproduce
-la idea, cuando el alma recuerda la idea vista ya antes del nacimiento
-(<i>a priori!</i>)</p>
-
-<p>Se podría, entonces, esperar que el gran filósofo idealista
-considerará al tiempo y espacio como ideas. Pero esto no
-sucede porque, según él, justamente lo que caracteriza el
-mundo de nuestras percepciones es su cambio en el espacio y
-con el tiempo. <i>Por eso el tiempo y espacio no pueden tener sitio
-en el imperio de las ideas.</i> La <i>idea</i>, el verdadero ser,
-(usía) se la imagina <i>Platón</i> en su intuición filosófico poética,
-reinando eternamente en un lugar superceleste, allá arriba
-en los campos de la verdad. <i>La idea está fuera del espacio
-y tiempo y de otra parte: tiempo y espacio están fuera de
-las ideas.</i> Y así leemos en el Timeo<a name="FNanchor_12" id="FNanchor_12"></a><a href="#Footnote_12" class="fnanchor">[12]</a>, según mi juicio la
-mayor obra de <i>Platón</i>: “Es preciso distinguir entre lo que <i>es
-y existe siempre</i>, sin haber nacido jamás, y lo que nace o pasa
-siempre, sin existir lo mismo. Lo que <i>es</i> y <i>subsiste lo mismo</i>,
-es comprendido por el puro pensamiento; lo que deviene siempre,
-objeto mudable de los sentidos, no puede ser conocido
-sino de una manera conjetural. <i>Las ideas han existido siempre,<span class="pagenum"><a name="Page_395" id="Page_395">[395]</a></span>
-no habiendo tenido principio.</i> El mundo ha tenido principio,
-entonces, no ha existido siempre. Lo que ha comenzado
-a ser, es necesariamente, corporal, visible y tangible”.</p>
-
-<p>16. <i>Platón</i> conocía perfectamente la capital importancia
-del espacio y tiempo para nuestro conocimiento, pero para
-explicar su esencia chocó con dificultades sin poder resolverlas.
-El se dió cuenta de que estas nociones son de una estructura
-especial y de que no pueden ser consideradas ni como
-ideas ni como objetos de la sensación. Para salir del dilema
-<i>Platón asigna al espacio y tiempo una posición intermedia
-entre las ideas y las cosas de la experiencia.</i></p>
-
-<p>Según <i>Platón</i> también el mundo empírico tiene su importancia&mdash;aunque
-no la misma que las ideas&mdash;para el saber
-humano, pues él es una copia del eterno modelo de ideas.
-Los seres de la naturaleza son copias de los seres eternos, formados
-a su semejanza; además, <i>justamente</i> estas copias <i>dan
-el motivo</i> para la creación de ideas. Por otra parte, las cosas
-de la naturaleza las <i>observamos siempre en el espacio y en el
-tiempo</i>, siendo de esta manera estos últimos mediadores entre
-el mundo de ideas y él de nuestra percepción.</p>
-
-<p>17. Refiriéndome a las propiedades del espacio, debo
-decir que, según <i>Platón</i>, el espacio <i>no tiene ninguna</i> forma,
-<i>es la pura negación</i> del ser, pero es capaz de tomar todas las
-figuras posibles, gracias a las determinaciones geométricas.
-(Por eso <i>Platón</i> considera la geometría como un saber indispensable
-para los filósofos; en la entrada de la Academia platónica
-estaban fijadas las palabras: “Sin geometría no hay
-entrada”). El espacio infinito e informe (ápeiron) y la forma
-geométrica (péras) suministran <i>juntos</i> los objetos de nuestros
-sentidos. Al espacio <i>solo</i> no podemos concebirlo ni con el pensamiento
-ni con los sentidos, ni es un concepto ni un objeto
-de percepción, ni idea. El es el “<i>no</i>” <i>ser</i>, sin el cual no podemos
-ver las ideas copiadas y representadas en los objetos
-sensibles. “El espacio no muda jamás su naturaleza, recibe
-continuamente todas las cosas en su seno, sin tomar absolutamente
-ninguna de sus formas particulares. <i>Es el fondo de
-todo lo que existe</i>”.</p>
-
-<p>Al espacio <i>Platón</i> le atribuye tanto valor que lo cuenta
-entre los principios fundamentales para la formación del universo.
-En el <i>Timeo</i> leemos las palabras: “He <i>aquí el resultado
-de mis reflexiones, y en resumen mi opinión</i>: el <i>ser</i>, el <i>lugar</i>
-y la <i>generación</i>, son <i>los tres principios fundamentales</i>”.</p>
-
-<p>Tiene para nosotros un interés especial el hecho de que
-a pesar de todo <i>Platón</i> introduce en el Timeo la existencia de
-un espacio <i>eterno</i>, una especie de semiidea que parece ser,<span class="pagenum"><a name="Page_396" id="Page_396">[396]</a></span>
-quizás el <i>modelo</i> de nuestro espacio común, en que observamos
-los fenómenos.<a name="FNanchor_13" id="FNanchor_13"></a><a href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a></p>
-
-<p>Para darnos todavía mejor cuenta de la opinión platónica
-sobre el espacio, conviene citar todavía las siguientes
-palabras de <i>Platón</i>: “<i>Es preciso reconocer una tercera especie,
-la del lugar eterno, que no puede ser destruído, que sirve
-de teatro para todo lo que nace, no está sometido a los sentidos,
-es solo perceptible a una especie de razonamiento bastardo,
-que vislumbramos como un sueño al decir que es de absoluta
-necesidad que todo lo que existe esté en algún lugar y
-ocupe algún espacio</i>”. Gracias a una especie de pseudo razonamiento
-nosotros creemos, entonces, que el espacio es algo
-real, que todo lo que existe debe estar en el espacio. <i>Pero de
-hecho el espacio nuestro no tiene una existencia real, y nosotros
-nos encontramos como en un sueño.</i></p>
-
-<p>18. Opiniones muy originales tiene <i>Platón</i> sobre el
-<i>tiempo</i>. El <i>tiempo</i>, como lo observamos nosotros, es <i>según él
-una copia de la eternidad</i>. Mientras que el tiempo del mundo
-sensible corre continuamente adelante en forma de días, meses
-y años, su modelo (la eternidad) <i>descansa siempre en sí</i>.
-No puedo ilustrar mejor la opinión platónica del tiempo, que
-citando las siguientes bellas palabras del <i>Timeo</i>:</p>
-
-<p>“Cuando el padre y autor del mundo vió moverse y animarse
-esta imagen de los dioses eternos (es decir, de las
-<i>ideas</i>), que él había producido, se gozó en su obra, y lleno de
-satisfacción, quiso hacerla más semejante aún a su modelo.
-Y como este modelo era un ser eterno, se esforzó para dar
-al universo, en cuanto fuera posible, este mismo género de
-perfección. Pero esta naturaleza eterna del ser inteligible no
-había medio de adaptarla a lo que es engendrado. Así es que
-Dios resolvió crear una imagen móvil de la eternidad, y por
-la disposición que puso en todas las partes del universo, hizo
-a semejanza de la eternidad, que <i>descansa en la unidad</i>, esta
-<i>imagen eterna</i>, pero <i>divisible</i>, que llamamos el <i>tiempo</i>. Los
-días y las noches, los meses y los años, no existían antes, y
-Dios los hizo aparecer, introduciendo el orden en el cielo. Estas
-son <i>partes</i> del <i>tiempo</i>, y como el tiempo huye, el futuro y
-el pasado son <i>formas</i> que en nuestra ignorancia aplicamos
-muy indebidamente al <i>Ser eterno</i>. Nosotros decimos de él: ha
-sido, es, será; cuando sólo puede decirse, en verdad: él es.
-Las expresiones <i>ha sido, será</i>, solo convienen a la <i>generación,
-que pasa y se sucede</i> en el tiempo. Tales expresiones representan<span class="pagenum"><a name="Page_397" id="Page_397">[397]</a></span>
-<i>movimientos</i>, y el Ser eterno inmutable, inmóvil, no
-puede ser más viejo ni más joven; no existe, ni ha existido,
-ni existirá en el tiempo. En una palabra, no está sujeto a
-ninguno de los accidentes que la generación pone en las cosas
-que se mueven y están sometidas a los sentidos; <i>éstas son formas
-del tiempo que imita la eternidad, realizando sus revoluciones,
-medidas por el número</i>. “El tiempo fué, pues, producido
-con el cielo, a fin de que, nacidos juntos, perezcan juntos,
-si es que deben algún día perecer; y fué hecho, según el
-modelo de la naturaleza eterna, para que se pareciese a ésta
-todo lo posible. Porque el <i>modelo está siendo</i> de toda eternidad,
-y el <i>tiempo es</i>, desde el principio hasta el fin, <i>habiendo
-sido</i>, <i>siendo</i> y <i>debiendo ser</i>. Con este designio y con este pensamiento,
-Dios, <i>para producir el tiempo</i>, hizo <i>nacer el Sol</i>, la
-<i>Luna</i> y <i>los otros cinco astros</i>, que llamamos planetas y que
-<i>están destinados a marcar y mantener la medida del tiempo</i>.”</p>
-
-<p>Existe, entonces, según <i>Platón, una especie de reloj mundial
-y eterno, cuya imagen es el tiempo nuestro, observado y
-medido por movimiento de planetas</i>.</p>
-
-<p>Parece que <i>Platón</i> hasta <i>identifica</i> el <i>tiempo</i> del mundo
-experimental <i>con el movimiento</i>, pues en el <i>Timeo</i> habla de
-los planetas como (órgana chrónu); otra vez dice: Chrónos hé
-tu uranú kínesis: <i>Tiempo</i> el <i>movimiento</i> del cielo.</p>
-
-<p>19. Las palabras pronunciadas despiertan en mi memoria
-las célebres afirmaciones del gran físico inglés <i>Isaac
-Newton</i> sobre el “<i>tiempo verdadero y absoluto</i>” en oposición
-con el tiempo “<i>relativo y vulgar</i>”.</p>
-
-<p>En la definición 8 de la mecánica (“<i>Philosophiae naturalis
-principia mathematica</i>”), <i>Newton</i> exclama:</p>
-
-<p>“Tempus <i>absolutum</i>, <i>verum</i> et mathematicum in se et
-natura sua absque relatione ad externum quodvis aequabiliter
-fluit alioque nomine dicitur duratio. <i>Relativum, apparens</i>
-et vulgare est sensibilis et externa quaevis durationis per
-<i>motum mensura</i> (seu accurata seu inaequabilis), qua vulgus
-<i>vice veri temporis utitur ut hora, dies, mensis, annus</i>.</p>
-
-<p><i>Tempus absolutum</i> a <i>relativo</i> distinguitur in astronomia
-per aequationem <i>temporis vulgi</i>. Inaequales enim sunt dies
-naturales, qui vulgo tamquam aequales pro mensura temporis
-habentur. Hanc inaequalitatem corrigunt astronomi, ut
-ex veriore tempore mensurent motus celestes. <i>Possibile est,
-ut nullus sit motus aequabilis, quo tempus accurate mensuretur.
-Accelerari et retardari possunt motus omines, sed fluxus
-temporis absoluti mutari nequit. Eadem es duratio seu perseverantia
-rerum, sive motus sint celeres, sive tardi, sive nulli.</i>”</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_398" id="Page_398">[398]</a></span></p>
-
-<p><i>¿No hay una sorprendente analogía entre las afirmaciones</i>
-de <i>Platón</i> y de <i>Newton</i>?</p>
-
-<p>20. Haciendo ahora un brevísimo resumen en palabras
-modernas, podemos decir lo siguiente: Según <i>Platón</i> tiempo
-y espacio <i>son el fundamento del mundo sensible, pues todos
-los fenómenos tienen lugar en algún espacio y en un cierto
-tiempo. El espacio es algo informe, ilimitado, incorporal e invisible,
-pero puede tomar todas las formas geométricas posibles
-por intermedio de los cuerpos</i>.</p>
-
-<p>Aunque <i>Platón</i> en su cosmogonía hace nacer los elementos
-del espacio, sin embargo, no cabe duda de que el espacio
-platónico <i>no</i> coincide con el concepto moderno de la <i>materia</i>
-que está caracterizado por la inercia. Lo “<i>ápeiron</i>” de <i>Platón</i>
-es el receptor de los fenómenos físicos, pero distinto del
-concepto “<i>hyle</i>” (materia) de Aristóteles.</p>
-
-<p>21. Estudiando las obras platónicas, se ve con qué enormes
-dificultades ha tenido que luchar el gran filósofo para
-resolver nuestro problema. Esta es la razón porque usa tan
-distintas y raras expresiones, cuando analiza las nociones espacio
-y tiempo. La causa principal de las dificultades está
-en esto, que <i>Platón</i>&mdash;como los otros filósofos griegos&mdash;no <i>ha
-podido concebir la noción del vacío</i>.</p>
-
-<p>22. En la <i>teleología</i> platónica el espacio y tiempo ocupan
-un lugar muy singular. Dios ha creado un mundo <i>absolutamente
-perfecto</i>, es decir, el mundo de las <i>ideas</i>, el mundo
-de las <i>verdades absolutas</i>; pero el género humano observa en
-la naturaleza únicamente <i>imágenes</i>, <i>copias</i> muy pálidas de
-aquel mundo divino, porque justamente el espacio y tiempo
-tienen la culpa de que nosotros veamos todo de una manera
-imperfecta y percibimos sólo verdades <i>aparentes</i>. Nuestro
-horizonte es limitado, pues estamos obligados a mirar las cosas
-en vez de “<i>sub especie eternitatis</i>” en un espacio y tiempo
-limitado. Espacio y tiempo, pues, no sólo son los mediadores
-entre el mundo sensual e ideal, sino, además, <i>no nos
-permiten ver el universo</i> (las ideas) <i>en su verdad desnuda</i>.</p>
-
-<p>23. Como nos convenceremos más tarde, las investigaciones
-de <i>Platón</i> forman el punto de partida para toda la
-concepción <i>idealista</i> (relativa) del espacio.<a name="FNanchor_14" id="FNanchor_14"></a><a href="#Footnote_14" class="fnanchor">[14]</a> No cabe duda
-de que <i>Platón</i> sintió, en su intuición filosófico-poética, que el
-espacio es la condición indispensable para poder percibir y
-comprender los fenómenos de la naturaleza, lo que él expresa
-diciendo: la condición “<i>para la presentación de las ideas en
-el mundo de sensibilidad</i>”. Aplicando la terminología de<span class="pagenum"><a name="Page_399" id="Page_399">[399]</a></span>
-<i>Kant</i> será, quizás, permitido afirmar que para <i>Platón</i> el espacio
-era casi la condición “<i>de una posible experiencia</i>”.</p>
-
-<p>Pero, a pesar de todo, <i>Platón</i> no llegó a considerar el espacio
-y menos todavía el tiempo como formas de <i>nuestra intuición</i>;
-pues en el fondo no ha tenido nociones completamente
-claras sobre el asunto. Él mismo lo confiesa con la franqueza
-propia de los grandes pensadores, cuando dice: “<i>El
-espacio es una especie de ser, que participa de lo inteligible
-de una manera obscura e inexplicable</i>”.</p>
-
-<p>No vacilamos en afirmar que <i>Platón</i> estaba ya <i>muy cerca</i>
-de considerar el espacio como una forma de nuestra intuición,
-es decir, que tenía la solución casi en la mano, pero se le escapó.
-Han debido pasar siglos, han tenido que aparecer los
-sistemas de <i>Berkeley y Hume</i> antes de conseguir este sencillo
-resultado: tiempo y espacio son formas de intuición.</p>
-
-<p>El gran genio griego en su intuición concibió el problema,
-pero la solución clara y precisa la dió <i>Kant en su criticismo</i>.</p>
-
-<p>También en las ciencias modernas encontraremos algo
-análogo. Un pensador meridional&mdash;me refiero a <i>Poincaré</i>&mdash;ha
-echado las bases para la reforma del concepto tiempo, sometiendo
-la noción “<i>simultaneidad</i>” a una crítica <i>muy interesante</i>;
-mas la solución exacta, el nuevo concepto tiempo, lo
-dió un físico del Norte de Europa.</p>
-
-<p><i>Aristóteles</i>.&mdash;24. <i>Aristóteles</i>, el más eminente discípulo
-de <i>Platón</i>, no sigue el camino del maestro; pues funda
-más bien un sistema propio que está, en cierto sentido, opuesto
-a la doctrina idealista.</p>
-
-<p><i>Aristóteles</i> era más universal que <i>Platón</i> y le superó, especialmente,
-en sus conocimientos de las <i>ciencias naturales</i>. Un
-cerebro sumamente vasto, era el verdadero <i>polisabio</i>, la encarnación
-del saber de su época, de suerte que con razón se
-le indica hasta hoy día con el epíteto “<i>el filósofo</i>”, por antonomasia.
-Como buen observador, atribuyó mucha importancia
-a las ciencias naturales; en sus investigaciones trató en lo
-posible de <i>definir</i> todo, es decir, fijar en cada fenómeno <i>aislado</i>
-lo esencial “usía” y al mismo tiempo expresar su relación
-con el concepto general.</p>
-
-<p>25. <i>Platón</i> proclamó como la <i>única</i> realidad los objetos
-de los conceptos <i>generales</i> (ideas), que tienen existencia
-completamente <i>independiente de</i> las <i>cosas sensuales</i>; los objetos
-aislados eran, según <i>Platón</i>, solo imágenes de lo verdadero.</p>
-
-<p><i>Aristóteles</i> rechaza este pensamiento, pues, según él, el
-<i>error principal del sistema platónico consiste justamente en
-aquella separación completa de las ideas y de los objetos</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_400" id="Page_400">[400]</a></span></p>
-
-<p>Los conceptos generales expresan, según <i>Aristóteles</i>, únicamente
-propiedades <i>comunes a muchos objetos aislados</i>; mas
-los conceptos generales por sí mismos no tienen existencia independiente.
-Pero si lo general no subsiste por sí mismo, no
-puede ser sustancia (“usia”), la que por su parte forma el
-fundamento real de todo.</p>
-
-<p>Como sabemos <i>Platón</i> ya <i>a priori</i> atribuye a las ideas
-una existencia original, independiente del mundo de nuestros
-sentidos, creando, de este modo, dos mundos completamente
-distintos. <i>Aristóteles</i> considera imposible que la doctrina
-idealista pueda explicar la esencia del mundo empírico;
-según sus juicios, hay más bien que suprimir aquella
-contradicción entre el mundo de ideas y el mundo de objetos,
-<i>pues las ideas no deben ser concebidas como algo distinto de
-las cosas sensuales</i>. Para conseguir la verdad, para conocer la
-esencia del mundo, hay que examinar con mucha precisión y
-mucho cuidado los fenómenos de la naturaleza. Y haciendo
-esto se llega al resultado de <i>que la verdadera realidad está en
-lo individual</i>. Mientras, entonces, para <i>Platón</i>, la verdad está
-en el concepto general, según Aristóteles, al revés lo <i>individual</i>
-(“tóde tí”) <i>es el tipo de la completa realidad</i>.</p>
-
-<p>Mas no hay que creer que Aristóteles entienda con su
-“tóde tí” los objetos <i>materiales</i>; pues también, según él, todo
-lo sensible es pasajero y mudable, mientras que el saber, la
-ciencia, debe ocuparse de <i>cosas invariables y eternas</i>. El objeto
-del verdadero conocimiento es, pues, lo <i>individual</i>, pero
-no lo<i> material</i>, lo sensible, sino lo <i>individual concepcionalmente
-pensado</i>. La realidad metafísica está, entonces, <i>fundada
-en lo individual determinado por el concepto</i>.</p>
-
-<p>Llegamos al conocimiento del mundo saliendo de los hechos
-aislados é investigando la relación entre lo especial y lo
-general. En esta ocasión nos convencemos de que <i>cada objeto</i>
-de la naturaleza consiste en <i>materia y forma</i>, estando estas
-dos ligadas de tal manera que jamás puede <i>subsistir materia
-sin forma o forma sin materia</i>.<a name="FNanchor_15" id="FNanchor_15"></a><a href="#Footnote_15" class="fnanchor">[15]</a></p>
-
-<p>La “usia” se compone de <i>forma y materia</i>; y la generación
-estriba en esto; que la esencia de las cosas (“usia”)
-pasa de la mera posibilidad “<i>dinamis</i>” a la <i>realidad</i> “<i>energeia</i>”.
-La <i>materia</i> (“<i>hyle</i>”) representa la <i>posibilidad</i>, de que
-la materia, plasmada por la forma, se convierte en <i>realidad</i>.</p>
-
-<p>La materia es pura <i>pasividad</i>, es el objeto en el cual los
-fines, o mejor dicho, los <i>designios</i> de la naturaleza, hallan su
-realización. Pero no hay <i>contraste entre materia y forma</i>
-(como entre la “idea” y el “objeto sensible” de <i>Platón</i>),<span class="pagenum"><a name="Page_401" id="Page_401">[401]</a></span>
-no subsisten dos cosas distintas y opuestas: materia y forma,
-sino que el mismo objeto, considerado en su materia, es <i>la
-posibilidad de la realidad, representada por su forma</i>.<a name="FNanchor_16" id="FNanchor_16"></a><a href="#Footnote_16" class="fnanchor">[16]</a></p>
-
-<p>Será, quizás, permitido decir: <i>Materia y forma son los
-dos lados de la misma medalla</i>.</p>
-
-<p>26. El paso de la posibilidad a la realidad se efectúa
-por intermedio del <i>movimiento</i>. <i>Aristóteles</i> distingue tres
-especies de movimiento: 1) cuantitativo o cambio del tamaño;
-2) cualitativo o cambio de las propiedades del cuerpo;
-3) cambio del lugar en el espacio. Pero todas estas especies
-quedan reducidas al movimiento de la última clase. La
-materia, tiene una inclinación natural, “desea” la forma;
-pero en vista de que es sólo posibilidad, puede tomar distintas
-formas; ella tiene <i>inercia</i> y por esto impide la completa realización
-de la naturaleza, siendo de este modo la causa del azar
-en el universo.</p>
-
-<p>27. En la filosofía de <i>Platón</i> hemos encontrado <i>tres</i>
-fundamentos principales del mundo:</p>
-
-<p>1) <i>Ideas.</i></p>
-
-<p>2) <i>Sensibilidad.</i></p>
-
-<p>3) <i>Espacio</i> (ápeiron), mediador entre 1 y 2, donde sólo
-1) tiene una existencia original e independiente. <i>Aristóteles</i>
-acepta <i>cuatro causas originales</i> (arché).</p>
-
-<p>1) <i>Materia</i>, <i>Pasividad o Posibilidad</i>.</p>
-
-<p>2) <i>Forma</i>, <i>Actividad</i>.</p>
-
-<p>3) <i>Movimiento</i>, mediador entre 1 y 2.</p>
-
-<p>4) <i>Designio final</i>,</p>
-
-<p>pero al mismo tiempo trata de unir los tres grados platónicos
-de realidad en un solo concepto real. De esta manera, la
-<i>transcendencia</i> de <i>Platón</i> queda reemplazada en cierto sentido
-por la <i>inmanencia</i>.</p>
-
-<p>28. Después de lo explicado podemos esperar, que 1)
-<i>Aristóteles</i>, seguramente, también se ocupará de los conceptos,
-espacio y tiempo, pues cada movimiento&mdash;una de las
-“<i>arché</i>”&mdash;tiene lugar en el espacio y tiempo.</p>
-
-<p>2) que el espacio no tendrá ya un papel análogo a lo
-“<i>ápeiron</i>” de <i>Platón</i>.</p>
-
-<p>3) que <i>Aristóteles</i> se apoyará más en la observación y
-en los hechos aislados (tratando el problema que nos interesa).</p>
-
-<p>4) que el <i>naturalista Aristóteles</i> llegará a una solución
-distinta de la platónica.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_402" id="Page_402">[402]</a></span></p>
-
-<p>Y, en efecto, ya en su célebre obra “<i>Categorías</i>”<a name="FNanchor_17" id="FNanchor_17"></a><a href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a>
-<i>Aristóteles</i> se ocupa del espacio y tiempo.</p>
-
-<p>29. Tiempo y espacio aparecen como la 5 y 6 categorías.</p>
-
-<p>Aristóteles distingue en las “categorías” cantidades
-<i>discretas y continuas</i>. <i>El espacio lo cuenta entre las cantidades
-continuas</i>, porque “<i>las partes del cuerpo, que mediante su
-reunión van a pasar a un término común, ocupan siempre un
-espacio. Por consiguiente, las partes del espacio, que ocupa
-cada una de las partes del cuerpo, se suman en este mismo
-término común en que se reúnen las partes del cuerpo mismo:
-luego el espacio es una cantidad continua, puesto que sus
-partes van a pasar mediante su reunión a un término común</i>”.</p>
-
-<p>El tiempo también <i>es continuo</i>; porque “<i>de una parte
-lo presente se relaciona a la vez con lo pasado y con lo porvenir</i>”.</p>
-
-<p>Una diferencia principal entre el espacio y el tiempo la
-encuentra <i>Aristóteles</i> en el hecho de que “las partes del espacio
-tienen entre sí una <i>relación de posición, mientras</i> que las
-partes del tiempo por el contrario tienen entre sí un cierto
-<i>orden</i>, puesto que en el tiempo esta parte es <i>anterior</i>, y aquella
-otra posterior”. “Partes del tiempo no pueden tener una
-posición, porque ninguna de las partes del tiempo es permanente”.
-“<i>Lo que no es permanente no puede tener posición</i>”.</p>
-
-<p>El tiempo es, según <i>Aristóteles</i>, muy estrechamente ligado
-con el <i>número</i>; los dos se unen en el concepto común
-“antes” (“<i>próteron</i>”) y “<i>después</i>” (“<i>hysteron</i>”).</p>
-
-<p>30. El espacio es el lugar que ocupa el cuerpo. Esto
-se podría deducir de las palabras citadas de las “Categorías”.
-Sin embargo no hay que pensar en que <i>Aristóteles</i> identifica
-el espacio con la forma del cuerpo, pues él mismo lo advierte
-expresamente, que en tal caso los cuerpos se moverían no <i>en</i>
-el espacio sino <i>con su</i> espacio.</p>
-
-<p>Para evitar equivocaciones Aristóteles dió la siguiente
-definición del espacio:</p>
-
-<p>“<i>El espacio es el límite inmóvil entre el cuerpo envolvente
-y el envuelto</i>”.</p>
-
-<p>El espacio exige, entonces, la presencia de la materia o
-con más exactitud la <i>presencia, por lo menos, de dos cuerpos</i>.
-<i>La subsistencia del espacio está ligada a la existencia del
-mundo corporal.</i> Y así el espacio de la mesa en la sala será<span class="pagenum"><a name="Page_403" id="Page_403">[403]</a></span>
-el límite fijo entre la mesa (envuelta) y el aire que la envuelve.</p>
-
-<p>Se ve en seguida que esta explicación aparente de la
-“esencia” del espacio se basa en una observación muy grosera.</p>
-
-<p>Ya de la definición resulta que el espacio <i>aristoteliano</i>
-tiene que ser <i>limitado</i>; además, resulta la <i>imposibilidad</i> del
-espacio <i>vacío, pues se entiende por sí mismo</i>,&mdash;si el espacio
-es el límite entre el cuerpo envolvente y el envuelto&mdash;<i>que
-donde no hay cuerpos tampoco hay espacios</i>.</p>
-
-<p>Aunque <i>Aristóteles</i> estaba convencido de que el concepto
-de espacio, “vacío” contradice al sentido común<a name="FNanchor_18" id="FNanchor_18"></a><a href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a>, sin embargo,
-dió en sus obras muchos otros argumentos contra la
-posibilidad de un espacio vacío e ilimitado.</p>
-
-<p>31. <i>Argumentos contra el espacio vacío:</i></p>
-
-<p>Si además del espacio (<i>tópos</i>) ocupado por los cuerpos
-hay un <i>otro vacío</i>, entonces al entrar un cuerpo en éste (vacío),
-debían atravesarse dos espacios.</p>
-
-<p>Otro argumento es el siguiente: <i>Aristóteles</i> deduce que
-en un espacio vacío todos los cuerpos debían caer con la misma
-velocidad; lo que, según su juicio, es una cosa imposible;
-por consiguiente un vacío no puede subsistir. Esta demostración
-aparente, y, además, falsa<a name="FNanchor_19" id="FNanchor_19"></a><a href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a>, le parece ser una refutación
-tan <i>decisiva</i> que exclama con ironía: “Y así resulta
-<i>que la afirmación del vacío en realidad es un vacío</i>”.</p>
-
-<p>32. <i>Argumentos contra lo infinito del espacio.</i> Cada
-cuerpo tiene que estar en un cierto lugar, porque cada cuerpo
-tiende a su lugar natural, pero en lo infinito no hay un lugar
-determinado, no hay diferencia entre abajo y arriba, entre
-la derecha e izquierda; <i>por consiguiente el espacio es limitado</i>.</p>
-
-<p>Debemos imaginarnos el mundo como algo <i>acabado, completo
-y perfecto</i>. Mas <i>Aristóteles niega</i>, sobre todo, que las
-cantidades infinitas pueden existir como algo “<i>acabado</i>”,
-porque “<i>lo infinito no existe, sino se forma</i>”; entonces, un
-espacio infinito no puede subsistir en el mundo.</p>
-
-<p>Todo el espacio está limitado, según Aristóteles, por la
-esfera celeste, porque en su creación la divinidad consumió
-toda la materia existente. Más allá de la esfera celeste, cuyo
-centro es nuestra tierra, no hay, entonces, materia, por consiguiente
-allá no hay espacios y mucho menos espacios vacíos,
-<i>lo que sería un doble disparate</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_404" id="Page_404">[404]</a></span></p>
-
-<p>33. Cerrando la discusión sobre el espacio quiero, todavía,
-mencionar que <i>Aristóteles</i> trata de demostrar que
-nuestro espacio no puede tener <i>más que tres dimensiones</i>. Lo
-hace refiriéndose a la costumbre de decir “ambos” cuando
-hay dos, y que cuando hay tres se habla ya del “todo”, porque
-no hay una palabra especial.</p>
-
-<p>34. Al concepto <i>tiempo</i> lo somete <i>Aristóteles</i> a un tratamiento
-parecido al del espacio. En la “<i>Física</i>” leemos lo
-siguiente: “<i>El tiempo es una cantidad continua, él es el número</i>
-(medida) <i>del movimiento con relación a lo precedente y
-lo sucesivo</i>”.</p>
-
-<p>Debo llamar la atención de que en esta definición la palabra
-“<i>movimiento</i>” se refiere no solo <i>a los fenómenos físicos</i>
-sino también <i>a los psíquicos</i>, pues <i>Aristóteles</i> dice una
-vez: “<i>Si bien al reinar la obscuridad y calma nosotros no percibimos
-ninguna impresión del cuerpo, tenemos, sin embargo,
-en seguida la sensación del tiempo, cuando se produce en nuestra
-alma algún movimiento</i>” (conmoción). Por esta razón
-<i>Gomperz</i> pone, en vez de la palabra “<i>movimiento</i>” (kinesis),
-“suceso”.</p>
-
-<p><i>El tiempo es pues, la medida</i> (el número) <i>del movimiento</i>.
-La unidad de este número (medida) constituye el concepto
-de “<i>ahora</i>”; por <i>el movimiento</i> de dicho concepto “ahora”
-<i>nace el tiempo</i>.</p>
-
-<p><i>Aristóteles no identifica</i> el tiempo con el movimiento, como
-sucede en las obras de <i>Platón</i>; <i>pero el concepto “tiempo” está
-ligado al número y al movimiento</i>. <i>Donde no hay cuerpos no
-hay tiempo.</i></p>
-
-<p>Siendo el movimiento del universo, según <i>Aristóteles</i>, sin
-principio ni fin, sigue ya forzosamente de la definición que
-<i>el tiempo es infinito e ilimitado</i>.</p>
-
-<p>En una ocasión se pregunta <i>Aristóteles</i>, si el tiempo podría
-substituir aunque no existiera el alma. Su contestación
-es: <i>el tiempo no puede subsistir sin el alma</i>, como <i>el número no
-puede existir sin la persona que cuenta</i>.</p>
-
-<p>Debíamos, entonces, admitir que <i>Aristóteles</i> niega la existencia
-de un tiempo absoluto. Y sin embargo, introduce al lado
-del tiempo infinito, en el cual se mueve lo mudable, el concepto
-“<i>eternidad</i>” (“<i>aión</i>”), que es la esencia sin tiempo de lo invariable,
-y así Dios no está en el tiempo, sino en la eternidad.
-<i>Todos los fenómenos tienen lugar en el espacio y tiempo,
-únicamente Dios no está ni en el tiempo ni en el espacio</i>.</p>
-
-<p>35. En las “<i>categorías</i>” <i>Aristóteles</i> analiza también los
-conceptos <i>prioridad y simultaneidad</i>. Por razones especiales
-citaré lo que afirma de la simultaneidad: “<i>Se dice, en general
-y en el sentido más especial de la palabra, que dos cosas son<span class="pagenum"><a name="Page_405" id="Page_405">[405]</a></span>
-simultáneas, cuando su existencia tiene lugar al mismo tiempo.
-Ni la una es anterior, ni la otra posterior; se dice también que
-existen a la vez en el tiempo</i>”.</p>
-
-<p>“En <i>general se llaman simultáneas las cosas cuya existencia
-se produce a la vez en el tiempo</i>”.</p>
-
-<p>Volveremos sobre este punto al tratar en el último capítulo
-el concepto <i>simultaneidad</i> en la teoría de la relatividad.</p>
-
-<p>36. Tampoco <i>Aristóteles</i> considera tiempo y espacio como
-<i>formas de la intuición</i>; en su filosofía, tiempo y espacio
-aparecen un “<i>accidens</i>” de los cuerpos. Según mi juicio el
-concepto aristotélico del espacio significa <i>un paso atrás</i> en
-<i>comparación con Platón</i>.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_406" id="Page_406">[406]</a></span></p>
-
-<h2 id="LOGICA_INDUCTIVA">LÓGICA INDUCTIVA</h2>
-
-<p class="center"><span class="smcap">Por LEOPOLDO MAUPAS</span></p>
-
-<p class="center">Profesor en la Universidad de Buenos Aires</p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p class="hanging">1.&mdash;El problema de la lógica inductiva.&mdash;2. Fundamento de la inducción.&mdash;3.
-La causa como principio crítico.&mdash;4. El principio
-de causalidad como postulado de la inferencia causal.&mdash;5.
-La constatación de la coincidencia solitaria, como base experimental
-de esa inferencia.&mdash;6. Leyes empíricas.&mdash;7. Fundamento
-y determinación de las leyes empíricas.&mdash;8. Aplicaciones
-de las leyes empíricas.&mdash;9. Conclusión.</p>
-
-</div>
-
-<h3>I.&mdash;<span class="smcap">El problema de la lógica inductiva</span></h3>
-
-<p>El conocimiento crítico empieza, en la evolución del espíritu
-humano, cuando la verdad se refiere no a la creencia sino
-a los fundamentos de la creencia.</p>
-
-<p>La experiencia que sirve de fundamento a la ciencia
-siempre es indirecta, y se realiza por medio del razonamiento
-crítico. La experiencia directa no es fundamento científico.
-La comprobación de la dirección rectilínea de la propagación
-de la luz, no sería posible referirla a la experiencia directa.
-Se prueba indirectamente en la forma de la sombra de un
-cuerpo opaco. La forma de la sombra verifica que la dirección
-de la luz es rectilínea, porque comprueba indirectamente la
-conclusión del razonamiento geométrico que determina cuál
-sería la forma de la sombra si los rayos luminosos se propagaran
-en dirección rectilínea. La realización de la previsión
-en la experiencia, prueba así indirectamente, la dirección de
-la luz.</p>
-
-<p>La experiencia que funda al conocimiento científico es así
-indirecta, y el razonamiento crítico es el instrumento que la
-hace posible.</p>
-
-<p>El valor de la crítica científica, supone, pues, una experiencia<span class="pagenum"><a name="Page_407" id="Page_407">[407]</a></span>
-justa y un razonamiento legítimo. La conclusión será
-falsa, aunque el razonamiento sea legítimo, si la experiencia
-no es justa. Si veo mal la sombra que produce el cuerpo
-opaco y no concuerda con la que debería producir de acuerdo
-con el razonamiento geométrico, la conclusión que podría sacar
-con la dirección rectilínea de la luz sería falsa en razón
-de la deficiencia de la experiencia. En cambio sería falsa en
-razón de la ilegitimidad del razonamiento, si la sombra de
-la experiencia no concuerda con la que debería producirse
-según el razonamiento geométrico, por error de cálculo (aunque
-la observación de la sombra sea justa).</p>
-
-<p>Veamos en qué puede consistir la ilegitimidad del razonamiento.</p>
-
-<p>Sabemos que el razonamiento crítico es una serie de sustituciones
-de afirmaciones idénticas. Decimos que “la Democracia
-es la mejor forma de gobierno”, porque entendemos
-que decir “mejor forma de gobierno” es igual a decir “gobierno
-que responde al interés de la mayoría de los ciudadanos”
-y que decir “gobierno que responde al interés de la mayoría
-de los ciudadanos” es lo mismo que decir “gobierno
-que se someta al contralor de la voluntad de la mayoría”;
-pero esto es lo mismo que decir “Democracia”; por lo tanto,
-suprimiendo las identidades intermedias concluímos que “la
-Democracia es la mejor forma de gobierno”.</p>
-
-<p>El razonamiento crítico es así una serie de sustituciones
-de afirmaciones. Ahora bien; cada sustitución es evidente o no
-lo es. Si no lo es, necesita demostración. En ese caso un
-nuevo razonamiento tendrá que fundar las sustituciones, y así
-sucesivamente como lo dijimos al hablar de los problemas de
-la crítica científica<a name="FNanchor_20" id="FNanchor_20"></a><a href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a>, hasta llegar a la afirmación de sustituciones
-evidentes por sí mismas.</p>
-
-<p>Pero, llegados a esos términos básicos del razonamiento,
-¿cómo se funda la legitimidad de la sustitución? También lo
-hemos dicho al ocuparnos del mecanismo de la crítica. La
-sustitución se legitima en la evidencia de la identidad de la
-sustitución. Sustituyo la forma de la sombra que me daba
-el razonamiento geométrico por la sombra que mis ojos ven
-en la experiencia realizada, porque hay identidad entre las
-dos formas. Esa evidencia de la identidad de los términos
-sustituídos es así el criterio único y último en que se funda
-la legitimidad de la sustitución.</p>
-
-<p>De manera, pues, que en definitiva, el fundamento de la
-sustitución o exclusión de los términos en los razonamientos
-es la evidencia de su identidad o de su contradicción. Ahora
-bien; la identidad o la contradicción, constatada en la evidencia,<span class="pagenum"><a name="Page_408" id="Page_408">[408]</a></span>
-no es susceptible de verificación. La evidencia es el criterio
-último y único de la verdad. No es rectificable. Si la evidencia
-se equivoca, no hay manera de reparar la equivocación.
-Solamente la experiencia contradictoria o mayores conocimientos
-pueden modificar nuestras primitivas evidencias. Mientras
-esto no sucede, la conciencia sigue tranquila y exenta de curiosidad,
-por la imposibilidad en que se encuentra de sospechar
-su error. Pero, si llega a suceder, al comprobar la falsedad
-de muchas sustituciones que parecieron evidentes, puede
-reconstruir el proceso del error y determinar sus causas, y en
-consecuencia precaverse de ellas. De la experiencia del error
-nació así la lógica.</p>
-
-<p>El propósito de explicar las falsas sustituciones de términos
-en los razonamientos, justifica pragmáticamente los estudios
-lógicos, y les da sentido en la teoría de la ciencia.</p>
-
-<p>Ahora bien; en sus reflexiones acerca de las causas del
-error en los razonamientos, el espíritu humano ha encontrado
-que la falsa sustitución de los términos puede provenir o bien
-de deficiencias de lenguaje, o de mala interpretación de la
-experiencia en las generalizaciones, o de deficiencias en las
-observaciones, y también de prejuicios individuales o colectivos.
-Ejemplos de lo primero son todos los casos en que se
-violan las reglas de la lógica formal. Si de la consideración
-de que el rey de Sajonia era Francisco Augusto III y de que
-los ingleses son sajones deduzco que Federico Augusto III
-era rey de Inglaterra, el error tiene por causa una inadvertencia
-de lenguaje, por dar a la palabra sajón, cuando hablo
-de Federico Augusto como rey de los sajones, una extensión
-que no tiene cuando califico a los ingleses como sajones. La
-lógica formal nos previene contra esa causa de error indicándonos
-que en los silogismos el término medio se debe tomar
-por lo menos una vez en toda su extensión. Ahora bien; en
-los ejemplos propuestos, la palabra sajón en ninguno de los
-dos casos se refiere a todos los sajones.</p>
-
-<p>Ejemplos de falsa sustitución por deficiencia en la interpretación
-de la experiencia, son todos aquellos casos en que
-se violan las reglas de la lógica inductiva. Si he comprobado
-que el vapor de agua en Buenos Aires disuelve una sustancia,
-que se podría encontrar en abundancia en una montaña de
-3.000 metros, y resuelvo establecer una industria para su explotación;
-si esa sustancia para disolverse necesita vapor de agua
-a la temperatura que tiene en Buenos Aires, mi determinación
-se fundará en un falso razonamiento, por falsa generalización
-respecto a la temperatura a que el agua hierve. La
-temperatura del vapor de agua no llegaría a disolver la sustancia,<span class="pagenum"><a name="Page_409" id="Page_409">[409]</a></span>
-porque a esa altura el agua hierve antes de alcanzar la
-temperatura requerida.</p>
-
-<p>Ejemplos de deficiencias en la observación o de prejuicios
-individuales o colectivos, serían todos aquellos que nos hacen
-ver en las cosas caracteres que no tienen y las falsas nociones
-que nos hacen establecer entre esas cosas y otras, relaciones
-de identidad que no existen. El que se asusta de los gestos que
-hace el que se despereza ha observado mal el acto. Los exorcismos
-con que en la edad media se pretendía curar a los endemoniados
-no eran sino consecuencias de los prejuicios de la
-época. Estas causas de error son inevitables. Bacon indica
-las precauciones que conviene tomar para evitar las malas
-observaciones. Estas indicaciones son de carácter puramente
-psicológico; pero es interesante conocerlas, y hemos de ocuparnos
-de ellas al hablar de los principios de la investigación.
-Por lo que se refiere a los prejuicios individuales y colectivos,
-representan el estado de la ciencia individual y colectiva. Contra
-ellos nada se puede. Sólo más ciencia puede evitarlos.</p>
-
-<p>En el último artículo que he publicado en esta revista he
-indicado como procede la lógica formal para evitar los malos
-razonamientos que tienen su origen en la indebida extensión
-de los términos en el lenguaje. Y he indicado también cómo
-ese problema desaparece, y en consecuencia la necesidad de la
-lógica formal, si se da a los términos valor pragmático. Procediendo
-en términos definidos pragmáticamente, el peligro
-de razonar mal por deficiencia de lenguaje desaparece.</p>
-
-<p>Con esto queda claramente delimitada la función de la
-lógica inductiva en la solución de los problemas que plantea
-la crítica del conocimiento. Su función es verificar el valor
-de las generalizaciones. Un razonamiento puede ser justo desde
-el punto de vista formal; puede no tener defectos de observación;
-los prejuicios podrían no tener importancia para la
-conclusión, y sin embargo ser ésta falsa en razón de una mala
-generalización. Y para esclarecer estas afirmaciones, voy a recurrir
-a un ejemplo que he empleado a menudo: la inferencia
-que se saca de la muerte de una cobaya respecto al
-efecto que produciría en el hombre la inyección de la sustancia
-que le produjo la muerte. La inferencia se funda en
-la identidad de constitución que se establece entre el hombre
-y el cochinillo de la India, que afirmamos en razón de la identidad
-de los caracteres de su constitución. La determinación
-de la identidad de los caracteres podría ser justa, y con todo
-la inferencia podría ser ilegítima en razón de la falsa generalización.
-Puede ser cierto que el conejillo murió a consecuencia
-de la inyección de la sustancia venenosa. Puede ser
-también que sea legítima la identidad de constitución que se<span class="pagenum"><a name="Page_410" id="Page_410">[410]</a></span>
-ha observado entre el hombre y el conejo. Pero, la generalización
-podría ser ilegítima si, por ejemplo, el conejo no murió
-en razón de los caracteres de su organización, en lo que son idénticos
-con los del hombre, y que de haber sido por esa causa
-legitimarían la generalización. Si por el contrario la inyección
-hubiese muerto al conejo porque momentos antes había comido
-una yerba determinada, el hecho no solamente no prueba que
-los hombres morirían con igual inyección, sino que tampoco
-probaría que los demás conejos hubiesen de morir a consecuencia
-de ella. La única generalización que se podría hacer
-sería que los conejos que han comido tal sustancia morirán
-si se les inyecta el veneno en cuestión. Pero, ¿en qué consiste
-la falsa generalización? ¿Cuáles son las condiciones que tiene
-que reunir una generalización justa?</p>
-
-<p>Y esa pregunta nos acerca a la delimitación de la función
-propia de la lógica inductiva. Y digo nos acerca, porque la
-lógica inductiva no tiene por función determinar las condiciones
-de toda generalización, sino de aquellas generalizaciones
-que se fundan en la inducción.</p>
-
-<p>Efectivamente, hay dos clases de generalizaciones: las que
-se fundan en la simple enumeración de los caracteres constatados
-en los casos particulares, como cuando se ve que cada
-una de las fichas que se encuentran encerradas en una caja son
-de color rojo, y generalizando se afirma que las fichas de esa
-caja son rojas. La otra clase de generalización es la que se
-funda sólo en la observación de uno o más casos particulares,
-como cuando afirmo que los hombres mueren si un balazo les
-atraviesa el corazón, fundado en que Juan murió por esa
-causa.</p>
-
-<p>Las generalizaciones que no son más que la expresión
-de una totalidad, se fundan en la enumeración de todos los
-casos. Esta clase de generalización, salvo deficiencias en la
-observación, no puede tener más causas de error que la enumeración
-incompleta. Si he observado bien y he contado todos
-los casos, la generalización no puede ser falsa<a name="FNanchor_21" id="FNanchor_21"></a><a href="#Footnote_21" class="fnanchor">[21]</a>.</p>
-
-<p>Así es cómo la teoría de la inducción tiene por función
-resolver uno de los problemas que plantea la crítica de los
-conocimientos, y que consiste en determinar las condiciones
-que debe reunir una generalización fundada en la inducción.</p>
-
-<p>La importancia de la lógica inductiva es así enorme.
-Constituye la teoría fundamental de casi toda la ciencia de
-lo real. Pero grandes dominios de la ciencia se construyen
-fuera de su fundamento, y para acabar de determinar los límites<span class="pagenum"><a name="Page_411" id="Page_411">[411]</a></span>
-de sus funciones, veamos especialmente cuáles son los
-que no se fundan en ella.</p>
-
-<p>La lógica inductiva sólo se refiere a la verificación de las
-ideas reales generales que se fundan en la inducción. Ni las
-ideas irreales, ni las ideas concretas, ni las ideas generales que
-se fundan en la simple enumeración, son susceptibles de verificación
-por el razonamiento inductivo. Tampoco se fundan
-en la inducción las leyes derivadas de otras más generales.</p>
-
-<p>Efectivamente, las ideas matemáticas, o son principios racionales,
-axiomas, definiciones y postulados, es decir, verdades
-intuitivas inverificables y presupuestos que se afirman sin
-demostración, o son ideas construídas sobre esos elementos.
-Ahora bien; los elementos de esas construcciones, los principios
-racionales, son inverificables, y el valor de las ideas derivadas
-se determina en la coexistencia armónica del sistema.
-El origen psicológico de las ideas matemáticas podrá ser experimental;
-pero su crítica científica nada tiene que ver con ese
-origen experimental. Por eso es que la teoría de la inducción,
-que trata de determinar las condiciones que debe reunir la
-experiencia para permitir la generalización, nada tiene que
-ver con la verificación de las ideas irreales.</p>
-
-<p>Tampoco tiene función que llenar la lógica inductiva en
-las ciencias aplicadas. Estas operan con ideas concretas y su
-verificación no es objeto de la lógica inductiva. Como lo dijimos
-en su lugar, las ideas concretas se verifican en el conocimiento
-de su ley, es decir, de la idea general de la que son
-un caso particular. Se verifican deductivamente. La simple
-constatación de un hecho particular no nos saca del conocimiento
-vulgar: conocer científicamente un hecho concreto es
-explicarlo, y explicarlo para la ciencia en la actualidad, lo
-mismo que para Aristóteles, es determinar su ley. Cuando se
-le puede deducir de ésta, el hecho queda explicado.</p>
-
-<p>Tampoco son de aplicación las reglas de la lógica inductiva
-a la verificación de las ideas generales que se fundan por
-simple enumeración, con lo que vienen a quedar excluídas de
-su consideración las leyes que S. Mill llama leyes de coexistencia
-no dependientes de causalidad, es decir, la determinación
-de los caracteres primitivos de los géneros.</p>
-
-<p>Y, por fin, tampoco son de aplicación las reglas de la lógica
-inductiva a las ideas generales, cuando éstas se deducen
-de otras ideas más generales.</p>
-
-<p>La lógica inductiva no es, pues, la teoría de toda la ciencia.
-Ni siquiera de toda la ciencia de lo real. Gran parte de
-ésta escapa a su fundamento; pero su dominio es tan grande
-y tan importante, que casi se podría decir que es la teoría
-de la ciencia experimental.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_412" id="Page_412">[412]</a></span></p>
-
-<p>Y con esto dejamos determinada la función de la lógica
-inductiva: es la teoría de la verificación de las ideas generales
-que se fundan en la inducción.</p>
-
-<h3><span class="smcap">II.&mdash;Fundamentos de la inducción</span></h3>
-
-<p>Pasemos a considerar cómo la lógica inductiva trata de
-resolver el problema que se le propone.</p>
-
-<p>La inducción consiste en verificar la afirmación general
-en uno o en varios casos particulares. Sabemos, por habernos
-ocupado de ello al estudiar la crítica del conocimiento, qué
-es lo general. Lo general es lo común a varios. Y por lo tanto
-la fuente para la verificación de las ideas generales tiene que
-ser los casos individuales que comprende. El problema que
-plantea la verificación de las ideas generales es saber cómo
-se puede verificar en lo particular la verdad que se afirma
-en general.</p>
-
-<p>Ahora bien; si lo general es lo común a varios, sumando
-en los casos particulares los caracteres comunes se podrá verificar
-la verdad de la afirmación general: Si individualmente
-se puede constatar que cada uno de los doce apóstoles usaba
-barba, la afirmación general de que los apóstoles eran barbudos
-queda verificada.</p>
-
-<p>Pero no siempre es posible hacer el recuento de los casos
-particulares que constituyen un género. Por el contrario, en
-la mayoría de los casos no es posible la enumeración. No es
-posible contar todos los ejemplares del género hombre para
-verificar la afirmación de que el hombre es mortal. Y aunque
-se pudieran contar los que existen actualmente, no podríamos
-comprender en la enumeración a los hombres que fueron y a
-los que serán. Y sin embargo generalizamos también para
-ellos. Fundándonos en la afirmación de unos cuantos casos,
-afirmamos que lo que en ellos hemos constatado es la expresión
-de una ley general.</p>
-
-<p>La generalización por inducción se distingue de la generalización
-por simple enumeración, en que ésta es el resultado
-del recuento de todos los casos particulares comprendidos en
-la afirmación general; mientras que la inducción se funda
-sólo en algunos casos y a veces en uno solo.</p>
-
-<p>Pero, ¿cómo es posible que lo constatado en uno o en varios
-casos se pueda afirmar de todos los individuos comprendidos
-en el género? Y sobre todo ¿cómo distinguir los casos
-particulares que expresan lo general de aquellos que no lo
-hacen? Porque no siempre lo particular es prueba de lo general.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_413" id="Page_413">[413]</a></span></p>
-
-<p>Si un balazo atraviesa el corazón de Juan y muere, este
-hecho particular es una prueba de la afirmación general de
-que los hombres mueren si una bala les atraviesa el corazón.
-Pero, si bañándose Juan muere ahogado en el río, este hecho
-particular no probaría la afirmación general de que los
-hombres que se bañan en el río mueren ahogados. ¿Por qué
-en un caso el hecho particular verifica la verdad de la idea
-general y en el otro no? ¿Cuál es el fundamento de la inducción?</p>
-
-<p>La respuesta es fácil. En el primer caso afirmamos que
-la muerte de Juan prueba que en el mismo caso los demás
-hombres morirían porque la herida que sufrió en el corazón
-es la <i>causa</i> de la muerte. En cambio, en el segundo caso, no
-podemos decir que los hombres que se bañan en el río han de
-morir ahogados, porque la <i>causa</i> de la muerte de Juan no es
-el hecho de que se haya bañado en el río sino la de que no sabía
-nadar y no hubo nadie que pudiera auxiliarlo. En cambio el
-conocimiento de esta causa nos permitiría generalizar y afirmar
-que los que no saben nadar y no tienen quiénes los auxilien,
-en las mismas circunstancias, morirán ahogados.</p>
-
-<p>Así es como el conocimiento de la causa del hecho particular
-es lo que nos permite generalizar. Y debemos decir, por
-lo tanto, que el fundamento de la generalización es la determinación
-de la causa de un hecho.</p>
-
-<p>Pero con esto sólo hacemos una constatación, y es la de
-que la inducción la fundamos en el conocimiento de la causa
-de los hechos particulares. Pero una cosa es lo que hacemos
-y otra cosa es la legitimidad de lo que hacemos. Inducimos
-fundándonos en el conocimiento de la causa de los hechos;
-pero, ¿con qué derecho lo hacemos?</p>
-
-<p>He ahí el problema de la legitimidad de la inducción.</p>
-
-<p>Este problema es insoluble para el dogmatismo. A pesar
-de las pruebas de ingenio que se han dado en este sentido,
-de nada han valido las proezas realizadas para fundar la
-legitimidad de la inducción. Y sin embargo nada más fácil
-de legitimar cuando se tiene en cuenta el sentido pragmático
-de los términos en el razonamiento. Se legitima por la identidad
-de los términos sustituídos cuando se sustituye a lo
-particular lo general. Veamos cómo puede ser esto.</p>
-
-<p>Cuando afirmo en general lo que he constatado como causa
-del hecho particular, no digo nada nuevo, digo lo mismo
-de lo mismo. En la comprobación de la muerte de Juan a
-causa de la herida sufrida en el corazón, hago más y hago
-menos que comprobar la causa de la muerte de Juan. Hago
-menos en este sentido, de que no constato la causa de la muerte
-de Juan en toda la complejidad del concepto dogmático de<span class="pagenum"><a name="Page_414" id="Page_414">[414]</a></span>
-Juan. La muerte del Juan cuya causa constato, no es la del
-Juan padre de familia, o del Juan persona honesta, o del Juan
-versado en conocimientos astronómicos, sino simplemente del
-Juan cuyo sistema circulatorio depende de la integridad de
-su corazón. El Juan de cuya muerte constato la causa es el
-Juan organismo vital con un sistema circulatorio determinado.
-Y en la constatación de la muerte de Juan hago más
-que constatar la causa de su muerte, porque afirmo la causa
-de la destrucción de los organismos construídos sobre el tipo
-del que él presenta. No es la causa de la destrucción del organismo
-de Juan en cuanto es de Juan, sino la destrucción
-de un organismo de un tipo determinado. Ahora bien; cuando
-generalizamos procedemos de la misma manera al referirnos
-a los demás hombres. Al decir que los demás hombres morirán
-si se les hiere en el corazón, no pensamos ni en la extensión
-del concepto hombre, ni en todas sus diversas características
-que determinan su comprensión. No es al hombre en cuanto
-racional que se generaliza, no es al hombre en cuanto animal
-que prepara su comida, que pensamos, sino al hombre organismo
-de tal tipo. Ahora bien; como en la comprobación de la
-muerte de Juan sólo hemos visto al organismo de tal tipo, al
-afirmar en general no hacemos sino decir lo que hemos constatado
-en particular, es decir, que el organismo de tal tipo
-muere si se le hiere en el corazón.</p>
-
-<p>Así es como el principio de identidad es el fundamento
-que legitima la inducción, de la misma manera que legitima
-las otras formas del razonamiento. Por eso hemos dicho, al
-ocuparnos del razonamiento crítico, que éste es único en sus
-tres formas: matemática, inductiva y deductiva. Razonar es
-sustituir términos idénticos. En el razonamiento matemático
-la identidad se manifiesta en la igualdad de los términos; en
-el razonamiento deductivo aparece oculta en la subordinación
-de la especie al género; en el razonamiento inductivo hay que
-desentrañarla en la determinación de la causa.</p>
-
-<p>La determinación de la causa justifica, pues, la inducción
-en cuanto permite fundarla en el principio de identidad.</p>
-
-<p>La determinación de la causa es así fundamental para legitimar
-la inducción. Y la legitimidad de la inducción supone
-en consecuencia la posibilidad de determinar la causa. Si no
-se pudiesen determinar las causas de las cosas, la inducción no
-sería posible, y no podríamos aceptar las generalizaciones fundadas
-en ella, es decir, casi todas las leyes de la naturaleza.</p>
-
-<p>De ahí la importancia que tiene para la ciencia la discusión
-acerca de la existencia de las causas y de la posibilidad
-de determinarla.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_415" id="Page_415">[415]</a></span></p>
-
-<h3>III.&mdash;<span class="smcap">La causa como principio crítico</span></h3>
-
-<p>Causa, en lenguaje corriente, es una cosa o un hecho
-cuya presencia o ausencia impone la presencia o ausencia de
-otra cosa o hecho que se llama efecto. La idea de causa implica
-la de acción o eficiencia de la causa sobre el efecto. Pero la
-noción de causa no es sensible. Vemos sucesiones; mas no
-la acción del antecedente sobre el consecuente. La noción de
-causa tampoco es inteligible. Tiene contradicciones intrínsecas
-que no es posible resolver. La causa es un concepto relativo.
-No se concibe la causa sin efecto. Pero si es relativa le está
-en cierta manera subordinada, y en este caso ¿cómo hablar de
-dependencia del efecto a la causa? Por otra parte la causa
-no se puede concebir ni como anterior ni como coetánea del
-efecto. Si desapareciera antes de producirse el efecto, no existiría
-la acción de la causa sobre el efecto; pero, si fueran
-coetáneos, ¿cómo determinar la causa?; ¿quién sería el que
-acciona a quién?</p>
-
-<p>La afirmación del concepto de causa, como concepto real,
-ofrece obstáculos al parecer insuperables, y las ciencias, a fin
-de no cargar con concepto tan difícil de justificar, tienden
-a eliminar su uso y a sustituirlo por otros que, desempeñando
-las mismas funciones, no presenten tan graves dificultades.
-Y así es como renunciando a la investigación de las causas
-primeras de las cosas, ven un sustitutivo en los conceptos de
-función y energía.<a name="FNanchor_22" id="FNanchor_22"></a><a href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a></p>
-
-<p>La noción de causa como concepto real, es difícil de defender,
-y si la lógica inductiva tuviese que esperar que terminaran
-las disputas a que ha dado lugar su aceptación, para
-poder constituirse, deberíamos decir con S. Mill que sería de
-desesperar el poder adoptar una buena teoría de la inducción.
-Salvo que dijéramos, también con Mill, que afortunadamente
-la ciencia de la investigación de la Verdad por la vía
-de la Prueba, es independiente de las controversias que perturban
-la ciencia del espíritu humano, y que no es necesario
-proseguir el análisis de los fenómenos intelectuales hasta ese
-último límite que sólo puede contentar a un metafísico.</p>
-
-<p>Pero no creo que sea necesario cortar la dificultad como
-lo hace Mill a la manera de Alejandro el nudo gordiano. La
-noción de causa como concepto real ofrece evidentemente dificultades
-insuperables. Pero creo que procediendo pragmáticamente
-se puede orillar la dificultad en la teoría de la inducción.
-Y para esto tenemos que hacer una distinción análoga a<span class="pagenum"><a name="Page_416" id="Page_416">[416]</a></span>
-la que hicimos al considerar los principios generales de todo
-razonamiento, los de identidad y de contradicción. En éstos
-distinguimos el principio crítico del concepto real. Y en la
-causa tenemos que hacer igual distinción. Una cosa es el concepto
-metafísico de la causa realizada en los objetos y otra
-cosa es el principio crítico fundamento de la inducción.</p>
-
-<p>La causa como principio crítico es la necesidad subjetiva
-de afirmar la relación de causalidad entre dos fenómenos, necesidad
-que se funda en el postulado del determinismo universal
-por una parte y en la imposibilidad por la otra de referir
-la producción del fenómeno a otro antecedente que no
-sea el que calificamos de causa. Como principio crítico sólo
-tiene valor subjetivo, a diferencia del concepto real que afirma
-la existencia de la correlación. Como principio crítico tiene
-sólo un valor instrumental. Y este valor dependerá de su eficacia.
-La afirmación de la causa tiene el mismo valor instrumental
-que la afirmación de la identidad y de la contradicción
-en los razonamientos. Estos, como conceptos reales, ofrecen
-los mismos inconvenientes. Lo sensible no ofrece ejemplos ni
-de identidades ni de contradicciones, e inteligiblemente son
-también inconcebibles; pero tienen valor instrumental, y en
-este sentido son eficaces, y por eso los afirmamos. Esto que
-para nosotros los escépticos no presenta dificultades, naturalmente
-no puede ser admitido por un dogmático.</p>
-
-<p>La noción de causa, como la de identidad y de contradicción,
-vale como principio crítico; pero a diferencia de aquellos
-principios que se afirman intuitivamente, la noción de
-causa supone una inferencia. La necesidad en que se encuentra
-el espíritu humano de afirmar la relación causal entre dos
-fenómenos, proviene de la imposibilidad de explicar en otra
-forma la sucesión o la coexistencia entre ellos. La relación
-causal no está dada en la observación, a diferencia de la identidad
-y de la contradicción. La contradicción de que un negro
-sea blanco es intuitiva, como lo es la identidad del color de
-las diversas partes de una pared blanca. Pero la constatación
-de una relación causal nunca puede resultar de la intuición
-sensible. La relación causal no es perceptible. Es imposible
-ver la acción de una cosa sobre la otra: “por ejemplo, la acción
-de una billa sobre la otra; la acción de la luna sobre el
-mar. Hume lo ha demostrado, y nadie lo ha contradicho. Así,
-pues, la observación no puede constatar la causa; aunque tuviéramos
-los ojos de Argos o microscopios que aumentaran un
-millón de veces, no se vería a este respecto más de lo que
-vemos” (Rabier).</p>
-
-<p>La afirmación causal es el producto de una inferencia.
-Si dos hechos se suceden de modo que la aparición de uno<span class="pagenum"><a name="Page_417" id="Page_417">[417]</a></span>
-determina la del otro y no viceversa, y si entre ellos no se
-interponen otros hechos u otras cosas, sentimos la necesidad
-de afirmar la relación causal, la que se funda así: 1.ᵒ en la
-existencia de un presupuesto: el de que los hechos no se producen
-sin causa; y 2.ᵒ en una constatación: la de que no existen
-otros antecedentes que el que se afirma como causa.</p>
-
-<p>La noción de causa como principio crítico sólo afirma un
-estado subjetivo, lo mismo que el principio de identidad y de
-contradicción. Pero, a diferencia, de éstos, que se fundan intuitivamente,
-la noción de causa supone una inferencia que la
-afirme, fundada en un postulado invariable que es el principio
-de causalidad o determinismo universal, y en una constatación
-de hecho, la de la ausencia de otros antecedentes, es
-decir la coincidencia solitaria de la causa con el efecto. El
-valor de la afirmación de una causa depende, por lo tanto, del
-valor del postulado y de la legitimidad de la constatación.
-Veamos, pues, el valor del principio de la casualidad primero,
-y luego determinemos la manera de proceder para establecer
-la coincidencia solitaria entre los dos fenómenos.</p>
-
-<h3>IV.&mdash;<span class="smcap">El principio de causalidad como postulado de la
-inferencia causal</span></h3>
-
-<p>El determinismo universal es un postulado crítico, un
-principio del razonamiento real, como el principio de identidad
-y el de contradicción lo son de todo razonamiento, tanto
-real como ideal. La ciencia de lo real no sería posible si se
-negara el principio de causalidad, porque este es el fundamento
-de la afirmación de la causa, y la determinación de la
-causa es el fundamento de la inducción. Renunciar a él sería
-renunciar a la crítica científica en materia de conocimientos
-reales y afirmar el derecho a la arbitrariedad.</p>
-
-<p>Esa es su función lógica. Tiene, además, una función psicológica:
-es uno de los fundamentos y el que da direcciones
-principales a la curiosidad humana. La creencia de que todas
-las cosas tienen una causa es lo que impulsa el pensamiento
-del hombre. A ella obedece inconscientemente el salvaje, cuando
-supone un genio en cada objeto para explicar sus cambios
-y movimientos. El conocimiento de ciertas fuerzas naturales
-y la reducción consiguiente de los fenómenos, limita la intervención
-de los espíritus y nace el politeísmo. La concepción
-de la posibilidad de un principio universal de la naturaleza,
-evita la necesidad de la diversidad de dioses para su explicación
-y la noción de Dios se conserva como la de un primer
-motor, en la argumentación de los teístas contra los sabios
-materialistas que aun no han podido determinar la causa primera<span class="pagenum"><a name="Page_418" id="Page_418">[418]</a></span>
-que podría suplirlo. Y lo mismo que en esta dirección
-general de la ciencia, en las cuestiones particulares siempre
-es el sentimiento del determinismo, de la creencia en la existencia
-de una causa, lo que impulsa las investigaciones.</p>
-
-<p>La función de este principio es así enorme en las ciencias.
-Para nosotros los escépticos es un postulado, como lo son
-los principios de identidad y de contradicción. Y la legitimidad
-de su afirmación resulta de su valor instrumental. La
-ciencia lo exige, y la utilidad de la ciencia para el hombre es
-lo que en definitiva le da razón de ser. La utilidad de la ciencia
-justifica así el principio en que ella se funda y determina
-a su vez los límites de su legitimidad. La ciencia ha demostrado
-su utilidad en la explicación de nuestra experiencia, y
-dentro de este límite, en consecuencia, el principio de causalidad
-se justifica; pero, si pretendiera franquearlo, nuestro escepticismo
-tendría que detenerlo. Su legitimación en el campo
-de la metafísica requeriría la previa determinación de la
-utilidad de las soluciones que hubiese permitido alcanzar.</p>
-
-<p>La aceptación del carácter axiomático o de presupuesto
-con que podemos afirmarlo los escépticos, no es compatible
-con el punto de vista dogmático, porque ese principio no tiene
-los caracteres de las verdades axiomáticas, ni siquiera la evidencia
-requerida para poder afirmarlo como postulado. De
-no probarse la verdad del principio, habría que afirmar su carácter
-hipotético; pero esto sería dar razón al escepticismo,
-ya que ese carácter hipotético se extendería a toda la ciencia
-de lo real, que no podría tener más valor que el que tiene su
-fundamento. Por eso es que los dogmáticos se han esforzado
-en fundar la legitimidad del principio de causalidad universal;
-pero sólo han conseguido dar explicaciones psicológicas.
-Los empiristas pretenden que el fundamento del principio está
-en la experiencia. Pero es fácil demostrar que la experiencia
-nunca nos ha puesto en presencia de la <i>necesidad</i> que
-implica el principio de causalidad. Hume lo ha probado. La
-experiencia sólo nos presenta sucesiones; pero no da cuenta
-de la necesidad de la sucesión. Empíricamente, sólo se puede
-explicar el sentimiento de espera del efecto, por la costumbre
-de ver unidos los dos fenómenos. Pero esa costumbre, como
-lo ha demostrado Kant, no puede justificar la seguridad de
-la espera. De que siempre un fenómeno haya seguido a otro,
-no se puede concluir que siempre lo tenga que seguir. Por
-eso Kant pretende justificar el principio en otra forma. También
-buscan los empiristas un fundamento genético; pero
-no en la materia de la experiencia sino en la constitución del
-espíritu humano. El principio de causalidad es un principio
-a priori del entendimiento. Forma parte de la constitución<span class="pagenum"><a name="Page_419" id="Page_419">[419]</a></span>
-mental, y en consecuencia no se puede hacer de menos que ver
-las cosas a través de esta categoría fundamental. Pero la explicación
-de Kant no sólo no justifica el valor objetivo del
-principio sino que para no postular el principio de causalidad
-tiene que postular la constitución del espíritu humano. Es
-querer desalojar una hipótesis con otra hipótesis, y sustituir a
-una dificultad otra mayor. Como lo dice Rabier, en la exposición
-clara e interesante que hace de esta cuestión, sólo el
-idealismo absoluto podría dar certeza dogmática a este principio;
-pero ¿en dónde estarían las pruebas del idealismo absoluto?</p>
-
-<p>Las dificultades con que tropieza el dogmatismo para
-querer fundar el principio de causalidad, no lo son para el
-escéptico. Este se atiene a sus propias fuerzas y no pretende
-sobrepasarse. Sabe que la certeza está fuera de nuestro alcance
-y modestamente se satisface con aquello a que nuestras
-fuerzas llegan. La verdad dogmática nos está vedada, y se resigna
-a conseguir conocimientos útiles para la dirección de
-nuestra conducta. El principio de causalidad ha hecho sus
-armas y la utilidad de su aplicación en la investigación científica
-es fundamento suficiente para que le reconozcamos en
-su carácter de principio director de la ciencia. Tiene toda
-la verdad que nuestro escepticismo reconoce: su utilidad repetidamente
-constatada y jamás desmentida en la dirección
-de la crítica y de la investigación científica.</p>
-
-<p>Pragmáticamente el principio de causalidad se legitima
-por su valor instrumental, y se justifica en definitiva por el
-valor de la ciencia para la dirección de la conducta. Tal es
-el fundamento de la base invariable en que se funda la determinación
-de la causa. Pasemos a considerar la manera como
-se determina la segunda base de la inferencia de la causa:
-la determinación de la coincidencia solitaria entre el antecedente
-y el consecuente.</p>
-
-<h3>V.&mdash;<span class="smcap">La constatación de la coincidencia solitaria como base
-experimental de la inferencia causal</span></h3>
-
-<p>La segunda condición para poder inferir una relación de
-causalidad en la sucesión o coincidencia de dos fenómenos es
-la imposibilidad de que el efecto tenga otro antecedente. Pero,
-¿cómo se puede fundar la coincidencia solitaria entre los dos
-fenómenos?</p>
-
-<p>Si los fenómenos, dice Rabier, se presentaran en una sucesión
-lineal, siguiendo cada secuente a un solo antecedente,
-la relación de causalidad resultaría de esa coincidencia solitaria.
-Pero es el caso de que en la experiencia la sucesión<span class="pagenum"><a name="Page_420" id="Page_420">[420]</a></span>
-de los fenómenos nunca se nos aparece así. Suelen aparecer
-antecedentes y consecuentes confundidos en masas conjuntas,
-sin que podamos decir en qué relación individual se encuentran
-unos con otros.</p>
-
-<p>A pesar de esto, dice también Rabier, sería con todo posible
-realizar experimentalmente la coincidencia solitaria, si
-siendo todopoderosos como el Creador, nos fuese posible realizar
-en algún rincón del universo una especie de vacío absoluto
-impenetrable a toda influencia de las partes adjuntas a
-los fenómenos: podríamos excluir todos los antecedentes a los
-que no siguiera la aparición del fenómeno; pues, en ese caso
-habríamos realizado la coincidencia solitaria.</p>
-
-<p>Pero esto tampoco es posible realizarlo. La realización
-experimental de la coincidencia solitaria es imposible. No es
-posible aislar todos los antecedentes y todos los consecuentes.
-Hay antecedentes variables que es posible excluir; pero, hay
-antecedentes invariables que no es posible modificar, ni excluir.
-Y entre estos antecedentes invariables algunos son causas
-permanentes, otros son simplemente efectos de la coligación
-de causas, otros son efectos de la misma causa que produjo
-al consecuente, y por último entre esos antecedentes suele
-haber causas concurrentes del consecuente.</p>
-
-<p>No es mi propósito hacer una exposición de la lógica inductiva
-que no tendría razón de ser, ya que nada tengo que
-agregar y muy poco que rectificar a lo que S. Mill ha expuesto
-en su tratado de Lógica. No tengo más propósito que hacer
-resaltar su sentido, que no siempre aparece suficientemente
-definido, y sobre todo indicar la posición que ocupa en la teoría
-de la ciencia que he expuesto en artículos anteriores de
-esta Revista. Dado mi propósito es hasta conveniente que no
-me detenga en los detalles y de que pase superficialmente una
-mirada de conjunto sobre el asunto que voy considerando. Por
-eso en este lugar me refiero al interesante capítulo de S. Mill
-sobre la determinación de las causas. Aquí me reduzco a afirmar
-la imposibilidad de realizar experimentalmente la coincidencia
-solitaria.</p>
-
-<p>No es posible realizar experimentalmente la coincidencia
-solitaria. ¿Quiere esto decir que la determinación de las causas
-de las cosas no sea posible? Esa sería la solución a que deberíamos
-llegar si el espíritu humano no hubiera encontrado el
-medio de salvar esa imposibilidad. Ha sido gloria de Bacon
-encontrarlo: “Cierto es que no es posible ni separar ni unir
-por el fuego de la naturaleza; pero, sí lo es con la mente que
-es como fuego divino”. No es posible excluir los antecedentes
-experimentalmente; pero, la fuerza de la lógica lo puede
-realizar. La coincidencia solitaria se determina idealmente.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_421" id="Page_421">[421]</a></span></p>
-
-<p>¿Pero, como se ha podido alcanzar ese resultado? ¿Cómo
-es posible realizar idealmente lo que no se puede hacer experimentalmente?
-Ese resultado se alcanza por medio de los llamados
-métodos experimentales para determinar la causa, que
-concebidos por Bacon, han sido definitivamente determinados
-por S. Mill.</p>
-
-<p>Estos métodos son cinco: el de concordancia, el de diferencia,
-el método combinado de concordancia y diferencia, el
-de resíduo y el de variaciones concomitantes.</p>
-
-<p>La aplicación de estos métodos supone la previa determinación
-de los antecedentes y de los secuentes. Se basa en las
-tablas de presencia y de ausencia. Cuando se trata de determinar
-la causa de un fenómeno, hay que empezar por observar
-las condiciones de su producción y anotar cuidadosamente
-todos los antecedentes. Y de la misma manera respecto de los
-diversos antecedentes, observar y anotar los consecuentes.
-Esas observaciones permiten determinar los casos de presencia
-y de ausencia de los diversos antecedentes y de los diversos
-consecuentes.</p>
-
-<p>Hechas esas tablas es posible ver en ellas por la aplicación
-de los métodos experimentales la coincidencia solitaria. Lo
-que no se podía realizar experimentalmente, es decir, la separación
-de los antecedentes y secuentes, se puede conseguir
-idealmente, eliminando los antecedentes que en las tablas de
-presencia, muestran que pueden estar ausentes o no variar,
-cuando el fenómeno secuente existe o varía, o bien, que pueden
-haber estado presentes o variado cuando el fenómeno no
-se ha producido o no ha variado. En cualquiera de esos casos
-se vé evidentemente la falta de coincidencia entre los fenómenos,
-y en consecuencia, quedan eliminados.</p>
-
-<p>Ahora bien; si en ese proceso eliminatorio resulta un antecedente
-que no se puede eliminar, que siempre ha estado
-presente cuando el fenómeno se ha producido y que ha estado
-ausente en los casos en que el secuente no ha existido, se
-dice que la concordancia de ausencia y de presencia demuestra
-que ese es el único antecedente que puede ser causa del
-fenómeno secuente. Taine trae el siguiente ejemplo: Se trata
-de determinar la causa del sonido. Se observa los casos en
-que un oído normal percibe sonidos. El sonido puede producirse
-con una campana, con una cuerda que se hace vibrar,
-con un tambor que se golpea, con un clarín en el que se sopla,
-con la boca y los pulmones en la voz humana. En esas diversas
-observaciones lo único que permanece constante es la
-vibración de un cuerpo sonoro que se propaga a través de un
-medio hasta llegar al aparato auditivo. Esta vibración transmitida
-es el antecedente buscado.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_422" id="Page_422">[422]</a></span></p>
-
-<p>Por el método de diferencia se llega al mismo resultado
-procediendo no, como en el método anterior, por eliminación
-sucesiva de los antecedentes no causales, sino por eliminación
-conjunta de todos los antecedentes no causales, de la siguiente
-manera: Se observa que todos los antecedentes que existían
-antes de producirse el fenómeno siguen subsistiendo en el
-momento de su producción, excepción hecha de uno que se ha
-agregado o que se ha quitado. Si los antecedentes presentes
-en el momento de la aparición del fenómeno existieron con
-anterioridad sin producirlo, demuestra esto, que no son la
-causa del fenómeno, y eliminados solo queda como antecedente
-solitario el fenómeno agregado o suprimido. Por ejemplo el
-que camina tranquilamente por la calle y cae muerto por un
-balazo, la coincidencia solitaria entre la muerte y el balazo
-resulta de la consideración de que todos los antecedentes que
-acompañaron al balazo, existían el segundo anterior en que
-se produjese el hecho, y que en consecuencia no pueden haber
-sido la causa de la muerte, puesto que en ese segundo anterior
-no la habían producido.</p>
-
-<p>Los otros métodos, el combinado de concordancia y diferencia,
-el de variaciones concomitantes, y el de residuos, son
-simples aplicaciones de los principios de estos dos métodos. El
-método combinado es la realización del principio del de diferencia
-por la doble aplicación del método de concordancia a
-los casos positivos y negativos. Si en todos las reuniones en
-que interviene Juan siempre hay discusiones violentas, variando
-la composición de las personas, por una primera concordancia
-Juan aparece como el antecedente invariable. Una segunda
-concordancia de la que resultara que todas esas personas
-han intervenido en otras reuniones sin que haya habido
-discusiones violentas, en las que Juan no ha estado, permitiría
-concluir, realizando el principio del método de diferencia,
-que la única diferencia entre todos esos casos está en la presencia
-o la ausencia de Juan. El método de variaciones concomitantes,
-no es más que una modalidad de los métodos de
-concordancia y de diferencia. La modalidad consiste en que
-la concordancia y la diferencia se determinan, no en la presencia
-y ausencia de los fenómenos, sino en la concomitancia
-de sus variaciones. Todo cuerpo tiene calor. La dilatación de
-los cuerpos por el calor no se podría determinar si hubiese de
-compararse la dilatación en cuerpos que tienen y en cuerpos
-que no tienen calor. Pero, se puede observar la influencia del
-aumento y de la disminución de la temperatura en la dilatación
-de los cuerpos. El método de residuos no es más que la
-aplicación del principio del de diferencia. Es la eliminación
-de los antecedentes cuyos efectos se conocen, y la atribución<span class="pagenum"><a name="Page_423" id="Page_423">[423]</a></span>
-de un efecto dado, al único antecedente que queda y cuyos
-efectos no se conocen. Si hay objetos construídos por cuatro
-obreros y puedo individualizar los objetos construídos por tres
-de ellos, los demás son los que ha construído el cuarto obrero.</p>
-
-<p>Estos diversos métodos suponen, si son la aplicación del
-principio de concordancia, que se han podido determinar todos
-los antecedentes. Porque si no se hubiesen determinado
-todos los antecedentes, podría ser que el antecedente no considerado
-fuera la causa del fenómeno, y que la relación invariable
-que se ha constatado entre los fenómenos fuera debida
-simplemente a que son efectos de una misma causa o bien
-el resultado de la coligación primitiva de sus causas. El día
-y la noche son efectos de una misma causa: el movimiento
-de la tierra. El ignorante que prescinde de este antecedente
-podría ver en la sucesión del día a la noche una relación de
-causalidad. La coligación de causas primitivas podría ser la
-razón de que los negros sean motudos. La convicción íntima
-de que no conocemos todos los antecedentes que pueden influir
-en la producción de esos caracteres somáticos, a pesar de
-la invariabilidad de la relación, nos impide afirmar de que
-entre ellos pueda haber relación de causalidad.</p>
-
-<p>Y si son la aplicación del principio del método de diferencia
-los diversos métodos suponen la imposibilidad de que
-con la introducción o la exclusión del antecedente considerado,
-no se haya introducido o excluído otro antecedente. Para poder
-afirmar que la causa de la muerte del transeunte ha sido
-el balazo que lo ha herido, sería necesario poder afirmar con
-toda seguridad de que en el momento en que la bala iba a
-entrar en el corazón no sufrió un ataque de apoplejía. La ignorancia
-del peso del aire, dice Rabier, había hecho explicar
-la ascensión del agua en las bombas por el horror al vacío.</p>
-
-<p>Ahora bien; no es posible tener la seguridad que los principios
-de esos métodos exige. No es posible tener la seguridad
-en el caso del método de concordancia, de haber tenido en
-cuenta todos los antecedentes del fenómeno. Y en el caso del
-método de diferencia no es posible tener la seguridad absoluta
-de que con el antecedente considerado no se haya agregado o
-suprimido inconscientemente, algún otro antecedente, como en
-el caso de la explicación de la ascensión del agua en las bombas.</p>
-
-<p>Y he ahí una nueva razón de dudar del valor dogmático
-de las generalizaciones mejor fundadas. Suponiendo resueltas
-las objeciones que se refieren al fundamento de la inducción
-tropezaríamos en esta consideración con una objeción insalvable,
-y de proceder dogmáticamente tendríamos que negar<span class="pagenum"><a name="Page_424" id="Page_424">[424]</a></span>
-valor a la ciencia de lo real, a la única ciencia que puede tener
-valor propio.</p>
-
-<p>Pero siendo escépticos podemos aceptar los fundamentos
-psicológicos que se dan para salvar la dificultad. La repetición
-de la experiencia un número suficiente de veces llega a
-eliminar la <i>probabilidad</i> de que pueda existir otro antecedente,
-además de los considerados, por lo que se refiere al método
-de concordancia, y la improbabilidad de que hayan intervenido
-otros antecedentes con el considerado en el método de diferencia
-cuando se toman ciertas precauciones en las experiencias.
-Por ejemplo en la muerte por asfixia de un pájaro
-colocado en una campana de vidrio, la rapidez de la introducción
-del gas venenoso en la experiencia, aleja la sospecha de
-que pueda haber intervenido otro antecedente en la muerte del
-animal.</p>
-
-<p>La determinación de la coincidencia solitaria que ha de
-permitir la inferencia de la causa, no tiene, pues, más fundamento
-que la <i>probabilidad</i>, concepto puramente subjetivo que
-a un espíritu dogmático consecuente tendría que llevarlo a la
-negación de la ciencia.</p>
-
-<p>Pero no es esta la única dificultad para la determinación
-de las causas de los fenómenos. Hasta ahora hemos supuesto
-el caso de fenómenos cuya causa es única; pero esto no es lo
-común. Lo corriente es el caso de pluralidad de causas. Y
-cuando esto sucede no siempre es posible la aplicación de los
-métodos anteriormente mencionados, y cuando es posible su
-aplicación requiere precauciones especiales.</p>
-
-<p>Cuando un fenómeno es producido por diversas causas,
-para saber si los métodos empíricos son aplicables hay que
-distinguir el caso de causas que producen separadamente sus
-efectos de aquellos en que se combinan para producirlos. Un
-ejemplo de lo primero sería la determinación de las causas
-de la producción del agua.</p>
-
-<p>La determinación de las causas cuando obran separadamente
-es relativamente sencilla. Se aplican los métodos anteriormente
-indicados. Se hace la comprobación para cada una
-de las causas como si fueran causas únicas en grupos de fenómenos
-en que no intervengan las otras causas. O bien se hace
-en el curso de observaciones en que desfilen todas las causas.
-Resultará en este segundo caso que nunca se encontrará en
-las observaciones el antecedente invariable, porque todas las
-causas pueden faltar sucesivamente, siempre que alguna de
-ellas esté presente. Pero, con todo, después de cierto número
-de observaciones, se encontrará que si bien todos los antecedentes
-pueden variar, sólo pueden variar dentro de ciertos límites:
-el fenómeno no se produce si faltan todos los de cierto<span class="pagenum"><a name="Page_425" id="Page_425">[425]</a></span>
-grupo de antecedentes. Si alguno de ellos existe se produce
-el fenómeno, aunque falten los demás; pero, si todos faltan, el
-fenómeno no se produce.</p>
-
-<p>Mas complicado es determinar las causas cuando éstas se
-combinan para producir el efecto. Se pueden presentar dos
-casos. O las causas se combinan en forma tal que el efecto es
-algo nuevo, completamente distinto de sus causas: un nuevo
-fenómeno con leyes propias, como sucede en la combinación
-del oxígeno y del hidrógeno para producir el agua; o bien es
-algo en que la individualidad de las causas no desaparece, y
-en el producto en consecuencia sigue subsistiendo la ley de
-sus causas, por ejemplo el movimiento combinado de dos
-fuerzas.</p>
-
-<p>No es mi propósito hacer la exposición de la lógica inductiva,
-como ya lo he dicho, sino determinar su sentido y exponer
-sus líneas más generales para facilitar la lectura de los
-tratados. Por eso me reduciré en este punto a llamar la atención
-sobre las indicaciones que en esas lecturas se encontrarán
-respecto a la manera como se determina las causas.</p>
-
-<p>Cuando se trata de determinar las causas que producen
-efectos que son fenómenos distintos a sus causas, hay que distinguir
-si el fenómeno es reversible a sus causas o no lo es.
-El agua es reversible a sus elementos. La vejez no es reversible
-a las causas que la han producido. Si las causas son reversibles,
-la determinación de las causas se reduce a la determinación
-de los efectos. Los efectos de oxidación del hierro
-por el agua permiten la separación de los elementos constitutivos
-del agua. Pero, si no son reversibles, la determinación
-de sus causas es más difícil. Para hacerlo hay que proceder
-como en el caso de la combinación de causas en el que éstas
-no pierden su individualidad: Las causas de la vejez se determinan
-por el mismo procedimiento que las causas de un movimiento
-combinado.</p>
-
-<p>Ahora bien; en estos últimos casos se procede de la siguiente
-manera. Si se sospecha que las causas de un fenómeno
-pueden ser tales o cuales, se formula la hipótesis de sus
-causas, y luego se procede: 1.ᵒ, a determinar los efectos de
-cada una de esas causas; 2.ᵒ, a calcular el efecto posible de la
-combinación; 3.ᵒ, a la verificación experimental del cálculo.
-Son los tres momentos de lo que se llama el método deductivo
-experimental, y que es el más corriente en las ciencias, y el
-único aplicable en ciertos ramos del conocimiento humano.
-Es el método obligado en las ciencias biológicas, psíquicas y
-sociales.</p>
-
-<p>Naturalmente, la determinación de las causas por estos
-diversos métodos de uso obligado cuando se trata de pluralidad<span class="pagenum"><a name="Page_426" id="Page_426">[426]</a></span>
-de causas, está lejos de presentar la seguridad que ofrecen
-los métodos experimentales que determinan las causas
-únicas. Por eso para juzgar del valor de las generalizaciones
-fundadas en la aplicación de los métodos inductivos tenemos
-que referirlo al de sus métodos más precisos.</p>
-
-<p>Ahora bien; de todo lo dicho, podemos concluir que si fuera
-posible la aplicación lógica de los principios a que responden
-los diversos métodos experimentales, la determinación de
-la coincidencia solitaria sería perfecta; pero, como de hecho
-nunca se puede tener la seguridad, en los casos en que se aplica
-el método de concordancia, de haber considerado todos los
-antecedentes, la fe que se puede tener en los resultados de su
-aplicación queda quebrantada. Y por lo que se refiere a la
-aplicación del método de diferencia, no se puede eliminar la
-imposibilidad de la introducción o extracción de otros elementos
-conjuntamente con la causa considerada.</p>
-
-<p>Nuestro escepticismo vuelve, pues, a encontrar nuevos motivos
-de duda, y un dogmático no podría dejar de reconocer
-que la fe concedida al resultado de los métodos experimentales
-se funda más en motivos psicológicos que en fundamentos
-lógicos.</p>
-
-<p>Y con esto podríamos dar por terminada la exposición de
-la lógica inductiva, refiriéndonos para el conocimiento de sus
-detalles a la obra fundamental de S. Mill; pero habríamos dejado
-de considerar uno de sus aspectos más interesantes: el
-de las generalizaciones inductivas que suponen la ignorancia
-de las causas de los hechos particulares que las fundan; me
-refiero a la teoría de las leyes empíricas no causales, las leyes
-empíricas propiamente dichas.</p>
-
-<h3>VI.&mdash;<span class="smcap">Leyes empíricas</span></h3>
-
-<p>Las leyes empíricas son, como las leyes causales, generalizaciones
-inductivas; pero se distinguen de éstas en que no se
-fundan en el conocimiento de la causa de los hechos, sino en
-su suposición.</p>
-
-<p>A las leyes empíricas se las suele definir diciendo que son
-aquéllas leyes que no se dejan reducir a otras; pero, que se
-suponen reductibles.</p>
-
-<p>Esa definición de las leyes empíricas tiene en vista no la
-verificación, sino la explicación de esas leyes. Sabemos que
-no es lo mismo verificar que explicar. Para un hecho concreto,
-explicarlo es reducirlo a su ley. Lo que explica la temperatura
-de 100° que tiene el vapor de agua que sale de la cacerola,
-es la ley de la ebullición del agua a la presión de la altura
-del mar. De la misma manera explicar una ley es reducir<span class="pagenum"><a name="Page_427" id="Page_427">[427]</a></span>
-esa ley a una ley más general. La ley de la gravedad
-terrestre no es más que un caso de la ley de la atracción universal.
-Esta explica a la primera.</p>
-
-<p>Las leyes primitivas, las que explican a las otras, no pueden
-ser explicadas por otras; pero, como no son reductibles,
-no se les llama empíricas. Se llaman empíricas las que no son
-reductibles; pero que se supone que han de llegar a serlo.</p>
-
-<p>Ahora bien; entre esas leyes empíricas hay algunas que
-son causales, por ejemplo la fórmula de la composición del
-agua. Es empírica, porque suponemos que debe existir una
-causa que, sirviendo como de eslabón en la explicación, exprese
-el por qué de la combinación del oxígeno y del hidrógeno. Pero,
-con ser empírica esta ley, se afirma universalmente, para
-cualquier tiempo y cualquier lugar, porque hemos determinado
-la relación causal del agua con la combinación de sus
-elementos. Pero existen otras leyes empíricas que no se afirman
-en el conocimiento de las causas, sino simplemente en la
-observación constantemente repetida. Sabemos que las razas
-animales y vegetales mejoran por cruzamiento; pero es una
-afirmación empírica cuya causa desconocemos. No conociendo
-la causa de los hechos, cuya repetición hemos podido constatar,
-como no nos es posible distinguir, entre los diversos antecedentes
-que suelen acompañar la producción de los fenómenos,
-cuáles pueden ser excluídos y cuáles no, sólo nos permitimos
-afirmar como ley la observación constantemente repetida
-dentro de las condiciones generales que suelen rodear
-a la experiencia.</p>
-
-<p>Desde el punto de vista de la crítica del conocimiento, no
-interesa la consideración de las leyes empíricas causales, pues
-reúnen todos los requisitos a que debe responder una inducción
-legítima. Pero no sucede lo mismo con las leyes empíricas
-propiamente dichas, con las que no son causales. Cierto
-es que la generalización la afirmamos dentro de los límites
-de las condiciones en que se han realizado las experiencias;
-pero, aunque sólo se afirmen dentro de esos límites, ¿qué es
-lo que puede legitimar la generalización, si la generalización
-inductiva sólo la hemos podido fundar en el conocimiento de
-las causas de los fenómenos particulares?</p>
-
-<h3>VII.&mdash;<span class="smcap">Fundamento y determinación de las leyes empíricas</span></h3>
-
-<p>El fundamento de la inducción en las leyes empíricas es
-el mismo que el de las leyes causales: Siempre es la afirmación
-de la causa lo que legitima la generalización; pero, mientras
-que en las leyes causales la causa se designa, en las leyes
-empíricas la causa se supone. No se puede determinar cuál<span class="pagenum"><a name="Page_428" id="Page_428">[428]</a></span>
-sea la causa; pero se puede afirmar que la causa existe. La
-aplicación de estas leyes es más reducida porque la causa no
-se puede determinar, y por eso se limita la generalización a las
-condiciones de tiempo y de lugar en que las experiencias se
-han realizado; pero, dentro de estos límites, la ley se justifica.
-Veamos cómo.</p>
-
-<p>El fundamento de las leyes empíricas es un fundamento
-invertido. En las leyes causales la afirmación de la regularidad
-se funda en el conocimiento de la causa. En las leyes
-empíricas, al revés, lo que funda la suposición de la causa es
-la regularidad. El conocimiento de la causa permite afirmar
-la regularidad, porque la relación causal implica necesidad.
-Pero, a su vez, la regularidad tiene que suponer una causa que
-la explique, salvo que se admitiese la intervención del azar
-en la repetición de los hechos. Y por lo tanto, si eliminamos la
-posibilidad del azar en la coincidencia de dos fenómenos, ésta
-sólo se puede explicar por la intervención de una causa. La
-regularidad quedaría fundada, y la generalización, en consecuencia,
-legitimada. Y así es como por la suposición de la causa,
-constatada en la regularidad de la coincidencia, se justifica
-la inducción de las leyes empíricas. La eliminación del
-azar en la coincidencia de dos fenómenos es lo que legitima
-la generalización de la ley empírica.</p>
-
-<p>Pero, ¿cómo eliminar la posibilidad del azar en la consideración
-de la coincidencia de dos fenómenos? Tal es el problema
-que plantea el fundamento de las leyes empíricas.</p>
-
-<p>Así como la idea de causa implica las de determinación y
-necesidad, la de azar implica la indeterminación y la contingencia.
-El azar sería la indeterminación y la contingencia.
-El azar sería la indeterminación de los fenómenos, la posibilidad
-de que acaezcan o no. Las cosas sucederían al azar si no
-existiesen más motivos para que sucedieren en una forma o
-en otra.</p>
-
-<p>¿Pero, la idea de azar así comprendida es admisible? La
-afirmación del azar, como concepto real, ha dado lugar a las
-mismas, sino a mayores dificultades, que la afirmación en el
-mismo sentido de la causa. Así como se ha podido negar la
-existencia de la causa, se puede negar la existencia del azar.</p>
-
-<p>Por lo pronto la idea de azar implica la negación del principio
-de causalidad. Pero a su vez la noción de causa exige
-la de azar sin la que no tendría sentido. Si no todas las coincidencias
-son causales, es porque hay algunas que no lo son,
-es decir, que son producto del azar. La afirmación del azar
-como concepto real ofrece dificultades insalvables, y como la
-noción de causa, y las de identidad y de contradicción, consideradas<span class="pagenum"><a name="Page_429" id="Page_429">[429]</a></span>
-desde este punto de vista, son argumentos fundamentales
-para el escepticismo.<a name="FNanchor_23" id="FNanchor_23"></a><a href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a></p>
-
-<p>Considerado como principio crítico, el azar es la indeterminación
-en que se encuentra nuestro espíritu para afirmar,
-debido a la falta de motivos. Como la noción de causa es un
-concepto subjetivo, y es la negación de la causa. Expresa la
-ausencia de motivos para creer en la regularidad de la relación
-que hemos observado entre dos fenómenos. Y el fundamento
-de su afirmación, pragmáticamente, es el mismo que el
-de su concepto correlativo, el de causalidad: su valor instrumental.
-Sin insistir sobre este punto, y determinado el valor
-exclusivamente crítico que atribuímos a este término, veamos
-cuáles son los fundamentos que pueden eliminar o que justifican
-la eliminación del azar, es decir, la indeterminación de
-nuestro espíritu en presencia de una coincidencia constante.</p>
-
-<p>Excluída la determinación de la causa ¿cuál sería el fundamento
-que permitiría afirmar la regularidad? En la experiencia
-vulgar la repetición constante de una relación cuando
-es repetida y variada, se presenta como una prueba de la
-regularidad; pero estas condiciones no son garantías suficientes
-para un espíritu científico. Si un fenómeno existe
-siempre y otro se produce accidentalmente, es forzoso que
-coincidan constantemente en todas nuestras experiencias. Supongamos
-el ejemplo que da Mill. Las estrellas fijas siempre
-han coexistido con todos los hechos que han realizado los hombres.
-No hay coincidencia más constante, repetida y variada.
-Sin embargo, es imposible que haya entre los hechos y las estrellas
-relación de causalidad, porque la coincidencia se mantiene
-con hechos contradictorios. Por otra parte, si para nosotros
-una coincidencia es fortuita, no habría más razón, para
-que la coincidencia no se volviera a repetir, como para que se
-repitiera indefinidamente. La coincidencia por constante y
-repetida que sea, por sí sola no justifica la afirmación de
-una regularidad.</p>
-
-<p>Pero, si no es la repetición de la coincidencia constante
-lo que justifica la afirmación de la regularidad, ¿en qué puede
-fundarse ésta?</p>
-
-<p>La ciencia no acepta la simple repetición como fundamento
-de la generalización. La coincidencia entre dos fenómenos
-debe ser tal, que la suposición de la causa sea obligada. No
-basta que la repetición sea frecuente, es condición que esa
-frecuencia sea mayor que la que debería <i>esperarse</i> entre ellas.
-Una repetición constante&mdash;lo hemos visto en el ejemplo de las<span class="pagenum"><a name="Page_430" id="Page_430">[430]</a></span>
-estrellas&mdash;no es fundamento para afirmar una regularidad. En
-cambio una repetición no constante, pero que sea más frecuente
-de lo que normalmente debería esperarse, puede serlo.
-En Inglaterra llueve con todos los vientos, dice Mill; en este
-sentido no se podría decir que haya relación de necesidad entre
-la lluvia y un viento dado; pero la lluvia puede tener, con
-todo, alguna relación causal con uno de los vientos. Pero, ¿cómo
-se puede determinarlo? Evidentemente, hay que observar
-si llueve más con un viento que con otro; pero, esta simple
-constatación de la frecuencia no basta. Si llueve dos veces
-más con el viento O. que con los otros vientos, esto no querrá
-decir que hay relación de causalidad entre viento y la lluvia,
-porque como en Inglaterra sopla dos veces más el viento O.
-que los otros vientos, lo normal sería que lloviera dos veces
-más con él que con los otros. Estaría esa relación en los términos
-de la normalidad y en consecuencia no se podría hablar
-de relación causal entre los dos fenómenos. Pero, si en vez
-de llover dos veces más la frecuencia fuera mayor, deberíamos
-reconocer que hay alguna causa común que tiende a producir
-conjuntamente la lluvia y el viento del O., o bien, que
-sea el viento mismo del O. que tienda a producir la lluvia.</p>
-
-<p>Como vemos, el fundamento de la ley empírica supone la
-determinación de la normalidad de la frecuencia de los fenómenos.
-La frecuencia <i>normal</i> de dos fenómenos no elimina la
-posibilidad del azar; pero, la frecuencia <i>normal</i> nos obliga a
-suponer la existencia de una causa.</p>
-
-<p>Ahora bien; la normalidad de la coincidencia se refiere a
-la relación de frecuencia entre los fenómenos referida a una
-unidad de medida. En el ejemplo propuesto esa unidad de
-medida ha sido el año. Se observa cuántos días llueve en el
-año con cada uno de los vientos, y se establece la proporción
-numérica. Luego se hace lo mismo con la frecuencia de los
-diversos vientos. La comparación de esas proporciones permite
-establecer la normalidad.</p>
-
-<p>Pero, ¿por qué es que la <i>anormalidad</i> funda la afirmación
-de la regularidad, y la <i>normalidad</i> es signo de que la repetición
-no es causal? Y con esto llegamos al punto esencial
-de nuestra exposición, a la determinación del fundamento íntimo
-de las leyes empíricas.</p>
-
-<p>Hemos dicho que el azar supone la indeterminación. Y la
-indeterminación nos impide atribuir más razón de ser a la
-repetición de un fenómeno que a su no repetición. La coincidencia
-constante es compatible con la idea de azar, pues no
-hay más razón para que una cosa que se produce por azar no
-se vuelva a reproducir, como para que se reproduzca indefinidamente.
-Pero, si esto es así, ¿cómo se puede afirmar que la<span class="pagenum"><a name="Page_431" id="Page_431">[431]</a></span>
-anormalidad de los fenómenos es fundamento de la existencia
-de una causa, y que la anormalidad sea signo del azar? ¿No es
-contradictorio hablar de normalidad a propósito de los hechos
-que se producen al azar? ¿Esto no es asignarle leyes al azar?
-¿Cómo es posible que el azar se manifieste en una forma regular,
-si el azar supone la negación de toda regularidad?</p>
-
-<p>Si hubiéramos de habernos atenido a la concepción dogmática
-del azar, y buscar analíticamente su eliminación, ésta
-no hubiese sido posible, porque habría una contradicción insanable
-entre el concepto del azar y las condiciones que requiere
-su eliminación. Pero, la experiencia, siempre maestra,
-ha puesto al espíritu humano en presencia de casos reales
-sencillos que se acercan a la realización práctica de la noción
-de azar, y le ha demostrado la regularidad de su funcionamiento,
-permitiéndole descubrir experimentalmente las leyes
-del azar.</p>
-
-<p>Estos casos reales sencillos son los que presentan los
-diversos juegos de azar. En ellos se ha constatado empíricamente
-la regularidad de los hechos que no tienen más razón
-de ser en un sentido que en otro. Y por la observación se ha
-llegado a descubrir que la regularidad del azar está determinada
-por su posibilidad. Es por lo tanto la experiencia
-la que ha permitido constatar que lo que no tiene más razón
-de ser en un sentido que en otro, tiende a realizar todas sus
-posibilidades. La posibilidad de que salgan los diversos números
-en el juego de los dados es igual para todos. En consecuencia
-todos tenderán a salir el mismo número de veces.
-En una ruleta bien construída todos los números saldrán el
-mismo número de veces.</p>
-
-<p>Así, pues, en esos casos sencillos, la experiencia ha demostrado
-que la indeterminación de las causas tiende a realizar
-todas las posibilidades. Pero, en cambio ha enseñado que
-la presencia de un invariante, es decir, una causa, tiende a
-reproducir una sola de las posibilidades. Si el dado ha sido
-cargado o la ruleta adulterada, uno de los números tenderá
-a salir con más frecuencia que los otros.</p>
-
-<p>Así es, como, fundados en la constatación experimental de
-casos sencillos que parecen realizar todas las condiciones teóricas
-del azar, se ha llegado a afirmar que la tendencia a reproducir
-todas las posibilidades es una prueba de la fortuidad
-de las diversas combinaciones, mientras que la tendencia
-a reproducir una sola de las posibilidades es una prueba de
-la presencia de una causa invariante.</p>
-
-<p>Tal es el fundamento de la ley empírica en la eliminación
-del azar.</p>
-
-<p>Veamos ahora como se procede para la determinación de<span class="pagenum"><a name="Page_432" id="Page_432">[432]</a></span>
-las posibilidades, ya que esto es fundamental para determinar
-la normalidad que califica al azar.</p>
-
-<p>En ciertos casos es relativamente fácil determinar las posibilidades.
-Cuando sólo hay dos bolas en una caja, la posibilidad
-se reduce a la de extraer una de las dos bolas. Sólo son
-posibles dos casos. La posibilidad de pronunciar una letra del
-alfabeto es de 25. La posibilidad de que llueva durante un
-año es de 0 a 365 días. Si, por lo tanto, se nota cierta limitación
-y regularidad en las observaciones hechas durante varios
-años, es que debe haber alguna causa que la determina. De
-la misma manera la posibilidad de la mortalidad de personas
-de 20 años en un país es de 0 al total de individuos de esa edad.
-Por lo tanto, si el número no varía o se nota una correlación
-entre su aumento y el de la mortalidad, se puede decir que
-hay causas invariables que determinan el porcentaje de la
-mortalidad. Pero, la posibilidad de posiciones con relación a
-una recta son infinitas. En este caso cualquier repetición
-sería anormal. De manera que cuanto más nos acerquemos a
-lo infinito de las posibilidades, la repetición será tanto más
-indicativa de una relación causal. Cuanto mayor sea el número
-de las posibilidades, la repetición de las coincidencias
-será más indicativa de la presencia de una invariante. Y por
-lo tanto, cuanto mayor sea el número de las posibilidades, mayor
-será la seguridad que resulta de la constatación de la regularidad.
-El que procede con grandes números aumenta las
-posibilidades, y cada repetición tiene más valor que cuando las
-posibilidades son pocas. Que salga tres veces seguidas el as, no
-es prueba de que esté falseado el dado; pero, si las observaciones
-de tres años seguidos en un país de 100 millones de habitantes
-dan la misma cifra de mortalidad, es una prueba de
-causas invariantes.</p>
-
-<p>Hasta aquí nos hemos referido a la determinación de la
-normalidad de un fenómeno por sí mismo; pero la regularidad
-puede aparecer entre dos fenómenos. Por ejemplo la coincidencia
-entre el viento y la lluvia de que antes hemos hablado.
-La normalidad de las coincidencias se refiere siempre a
-sus posibilidades, y la posibilidad de sus coincidencias la determina
-la multiplicación de sus propias posibilidades. Si
-llueve una vez cada tres días durante el año, y venta del oeste
-cada dos, la posibilidad de su coincidencia la determina la
-multiplicación de ½ por ⅓, esto es, ⅙. Por lo tanto si cada
-seis días coinciden la lluvia y el viento del oeste, la coincidencia
-es normal; pero, si fuera mayor tendríamos que concluir
-en la existencia de una relación causal entre el viento del oeste
-y la lluvia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_433" id="Page_433">[433]</a></span></p>
-
-<p>Tal es el procedimiento para determinar la normalidad
-que permite fundar las inducciones de las leyes empíricas.</p>
-
-<p>Pero ese procedimiento no sólo tiene ese valor crítico. Al
-estudiarlo S. Mill se refiere a casos en que es un verdadero
-instrumento de investigación. Por él se llega a descubrir la
-regularidad de causas ocultas cuando concurren numerosas
-causas en la producción de ciertos fenómenos. Por ejemplo la
-influencia constante del sol en la elevación de la temperatura
-estival. Permite también descubrir fenómenos que escapan
-a la observación. Por ejemplo la constatación de la regularidad
-en la diversidad de temperatura durante el día, que sólo
-se ha podido descubrir por medio de las estadísticas.</p>
-
-<h3>VIII.&mdash;<span class="smcap">Aplicación de las leyes empíricas</span></h3>
-
-<p>Hasta aquí he hablado del <i>fundamento</i> de las leyes empíricas
-no causales. Pasemos a considerar las <i>previsiones</i> que
-permiten.</p>
-
-<p>Esta distinción entre el fundamento y la aplicación de
-las leyes empíricas no está bien establecida en la obra de S.
-Mill, y es una de las causas que dificultan su lectura en esta
-parte.</p>
-
-<p>Las leyes causales permiten previsiones absolutas. El conocimiento
-de la causa permite la previsión absoluta del efecto.
-Pero, en las leyes empíricas se ignora la causa. Sólo se
-sabe que hay una causa, pero sin poder determinarla. Se sabe
-que hay causas que hacen que durante el año llueva 90 días;
-pero, ¿lloverá mañana? La ley se refiere al año, no a los días
-del año.</p>
-
-<p>Si la ley fuera causal, podríamos saberlo porque conociendo
-la causa, la respuesta dependería solamente de la determinación
-de su presencia o de su ausencia. Pero, ¿en qué medida
-podríamos aprovechar la ley empírica para el pronóstico?
-La ley empírica sólo permite en este sentido afirmar probabilidades,
-y sus aplicaciones se hacen por el cálculo de probabilidades.</p>
-
-<p>El cálculo de probabilidades se refiere así, no al fundamento
-de la ley empírica, sino a sus aplicaciones particulares.
-El cálculo de probabilidades sólo puede tener lugar si se conoce
-la ley. Es necesario saber que la ley existe, que el fenómeno
-se producirá. El cálculo de probabilidades puede servir
-para determinar nuestra indecisión ante la falta de precisión
-de la ley; pero no para fundar la ley, como parece
-querer decirlo S. Mill. La ley empírica de la mortalidad no se
-funda en el cálculo de las probabilidades. El asegurador que
-necesita seguridades y no probabilidades, no basa sus cálculos<span class="pagenum"><a name="Page_434" id="Page_434">[434]</a></span>
-en éstas, sino en la ley empírica que dan las tablas de la mortandad.
-El dueño de la ruleta tampoco va a probabilidades, va
-a seguro.</p>
-
-<p>El cálculo de probabilidades tiene por función suplir la
-falta de precisión de la ley. Tiene su razón de ser cuando se
-quieren sacar conclusiones de una ley que no están expresadas
-en ella. Las tablas de la mortalidad, respecto a la previsión
-de la mortalidad, no expresan probabilidades. Dentro de ciertos
-límites, entiende expresar una previsión absoluta. Sólo da
-probabilidades, si se quiere sacar conclusiones que ella no expresa,
-respecto de personas singulares comprendidas en las
-edades a que se refieren las tablas de mortalidad. De la misma
-manera de cálculo de probabilidades no tendría por qué ser
-empleado por el propietario de la ruleta. Sólo podría interesar
-al jugador que, no teniendo más razón de pensar que ha de
-salir un número que otro, necesita decidirse, y a falta de mejores
-motivos cuenta las probabilidades de uno y otro. Para el
-jugador que, sabiendo que tiene que salir tantas veces el as,
-cuenta las veces que ha salido, jugará casi seguro contra él,
-si ha salido acercándose al límite de lo que debe salir. Pero,
-esto no quiere decir que tenga que ganar.</p>
-
-<p>La aplicación del cálculo de probabilidades exige así el conocimiento
-de la ley, y la ignorancia de su frecuencia. Es decir
-que debe ser una ley que o no exprese relaciones constantes,
-o que las aplicaciones que se quieren hacer de ella estén fuera
-del límite de su constancia. Por eso sería un absurdo la aplicación
-del cálculo a la veracidad de los testigos. Para que le
-fuera aplicable sería necesario una ley que estableciera la
-regularidad del porcentaje de la veracidad de los testigos. Si
-existiese esa ley, la aplicación del cálculo de probabilidades a
-la determinación de la veracidad de un testigo singular sería
-tan legítima como en el caso de la determinación del jugador
-a favor de un número determinado. Pero si en aquel caso
-el empleo del cálculo de la probabilidad puede ser una manera
-de salir de la indecisión, y que tiene su razón de ser porque
-en los grandes números acaba por ganar el que se dirige por
-ella, aunque aplicado a la apreciación testimonial se pudiese
-llegar a los mismos resultados, es decir, que en el total de
-condenas en los juicios criminales prevalecerían las condenas
-justas basadas en la apreciación testimonial por el cálculo de
-probabilidades, siempre sería una infamia a la que nuestra
-conciencia moral se resistiría pasar por la condena de inocentes,
-en razón de que en sus totalidades habría un porcentaje
-considerable en que la justicia saldría triunfante.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_435" id="Page_435">[435]</a></span></p>
-
-<h3>IX.&mdash;<span class="smcap">Conclusión</span></h3>
-
-<p>Y con esto creo que puedo dar por terminada la exposición
-de la teoría de la generalización inductiva, pues si bien
-Mill comprende en ella a las generalizaciones fundadas en la
-analogía, a las generalizaciones no dependientes de causalidad,
-y a las generalizaciones aproximativas, creo que lo hace erróneamente.</p>
-
-<p>Efectivamente, las generalizaciones analógicas son falsas
-generalizaciones. La analogía puede ser un instrumento de
-investigación, de descubrimiento; pero, no sólo no puede dar
-un fundamento lógico a la generalización, sino que basta poder
-determinar que una generalización es analógica para
-declararla infundada. Para la práctica y para la investigación,
-la analogía puede tener mucha importancia: pero no la
-tiene de ninguna manera para la crítica de los conocimientos.</p>
-
-<p>Por lo que se refiere a las leyes de coexistencia no dependientes
-de causalidad, a mi modo de ver S. Mill erróneamente
-las considera en la lógica de la inducción. Las relaciones entre
-las propiedades elementales de los cuerpos, cuya solidaridad se
-generaliza, no tiene más fundamento que la simple enumeración.
-Esas generalizaciones no hacen más que expresar lo que
-se ha observado hasta el momento. No son una inducción.
-No son el producto de la generalización de lo que se ha observado
-en uno o en varios casos, sino la afirmación de una
-coincidencia a la que no se le conocen excepciones.</p>
-
-<p>Por lo que se refiere a las generalizaciones aproximativas,
-es decir, generalizaciones parciales, como cuando se dice
-la mayor parte de los vascos son honestos, S. Mill distingue
-perfectamente el caso de las cuasi generalizaciones, que no
-tiene valor científico, de la verdadera generalización hecha
-en forma de aproximación. Las primeras pueden tener un
-interés muy grande para la vida y se justifica el interés con
-que S. Mill las estudia; pero, para la crítica científica no
-tienen valor alguno. Se deben usar con grandes precauciones.
-En cambio, las generalizaciones aproximativas, que son
-verdaderas generalizaciones, en su limitación, son absolutas,
-es decir, que limitadas al porcentaje o a la tendencia que
-expresan en su aplicación, permiten previsiones absolutas. Es
-el caso de las generalizaciones sobre los grandes números.
-Las tablas de la mortalidad, son generalizaciones de esta naturaleza.
-En sus aplicaciones, como grandes números, son tan
-absolutas como las otras inducciones. Lo prueba la ganancia
-de las compañías de seguros. En las especulaciones de
-carácter social, en las que sólo se tienen en vista masas humanas,<span class="pagenum"><a name="Page_436" id="Page_436">[436]</a></span>
-en que la consideración de los individuos desaparece, las
-generalizaciones aproximativas tienen un valor absoluto, porque
-las excepciones individuales no llegan a modificar los resultados
-totales que son los únicos que interesan. Otro caso en
-el que las generalizaciones aproximativas tienen un valor
-absoluto es cuando se conoce la causa de la generalidad de
-un fenómeno o de las excepciones individuales, y la generalización
-se expresa con la limitación que impone su causa o las
-causas de las excepciones individuales.</p>
-
-<p>Ahora bien; las generalizaciones aproximativas, cuando
-tienen esas condiciones de una verdadera generalización, son
-o leyes causales o leyes empíricas no causales. De modo que,
-salvo la forma de la expresión, que no afecta su valor científico,
-no hay por qué hacer de las generalizaciones aproximativas
-una categoría especial de generalización entre las inductivas.</p>
-
-<p>Así, pues, podemos concluir que la teoría crítica de la
-generalización abarca la justificación de las generalizaciones
-por simple enumeración, y las generalizaciones inductivas. El
-fundamento de las primeras es evidente, no así el de las generalizaciones
-inductivas. Hemos fundado la inducción en el
-principio de identidad por la determinación de la causa. Luego
-hemos indicado y discutido el valor de los métodos para determinar
-las causas. Y al llegar a este punto hemos observado
-que no siempre es posible la determinación de la causa; pero,
-no por eso la ciencia se arredra, y fundada en la simple regularidad,
-formula leyes que se llaman empíricas no causales. Y
-nos hemos preguntado por su fundamento. Hemos visto que
-siempre lo es la afirmación de la causa; pero, que no pudiendo
-determinarse, se la supone. Pero, esa suposición no es arbitraria.
-Requiere la constatación de la regularidad, que hemos
-visto que se funda en la eliminación del azar. La realización
-de su condición teórica da a las leyes empíricas el mismo valor
-que tienen las causales, en los límites dentro de los que se
-afirman.</p>
-
-<p>De la excursión que hemos hecho por la teoría de la
-generalización inductiva, que es el fundamento de casi toda
-la ciencia de lo real, lejos de amenguar nuestro sentimiento
-escéptico, éste ha tenido que fortificarse; pero, no por eso
-nuestro escepticismo nos ha hecho negar la ciencia, al contrario,
-sólo él la puede salvar. Fríamente analizada con criterio
-dogmático hubiéramos tenido que negarla cien veces.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_437" id="Page_437">[437]</a></span></p>
-
-<h2 id="ULISES_EN_EL_INFIERNO_DANTESCO">ULISES EN EL INFIERNO DANTESCO<a name="FNanchor_24" id="FNanchor_24"></a><a href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a></h2>
-
-<p class="center"><span class="smcap">Por NICOLAS BESIO MORENO</span></p>
-
-<p class="center">Profesor en la Universidad de La Plata</p>
-
-<p class="letter-date">Punta del Este, marzo 5 de 1919.</p>
-
-<p class="letter-salutation">Querido amigo:</p>
-
-<p>He leído con vivo placer su interesante estudio sobre
-el fraude, y sobre la moral de Ulises, aparecido en su <i>Revista
-de Filosofía</i> de este mes de Marzo. Toda la enseñanza
-que de él brota, sería de alta utilidad para los gobernantes
-y políticos de nuestro tiempo.</p>
-
-<p>Pero, quiero referirme a las citas dantescas, que usted
-hace en el trabajo, justificadas por cierto, ya que el primer
-poeta de todos los tiempos, ha destinado a los falsarios y
-traidores, como usted lo dice, numerosos cantos de su Infierno.
-Fraude, hijo de la soberbia, primero y más grave de
-los pecados de la fe de Dante. A él también se refiere en
-los cantos X, XI y XII del purgatorio.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_438" id="Page_438">[438]</a></span></p>
-
-<p>“En vano&mdash;dice usted&mdash;releyendo esa parte del
-poema dantesco, buscamos entre los fraudulentos al <i>divino</i>
-Ulises, arquetipo clásico de todos los simuladores. Y sorprende
-la ausencia pues el viaje...”</p>
-
-<p>El párrafo me resulta inexplicable, conocidas sus aficiones
-dantescas y por las mismas citas, justísimas, que lo
-preceden.</p>
-
-<p>El prudente rey de Itaca aparece entre los fraudulentos
-peores, pues el canto XXVI del Infierno, está dedicado
-a los grandes compañeros Ulises y Diomedes, allí reducidos
-no sólo por sus fraudes, sino por haberlos hecho cometer a
-otros; en el mismo canto se narra el último viaje y la muerte
-de Ulises.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Hacia poco más de la mitad del canto XVI del Infierno,
-el altísimo sabio y su duque comienzan a acercarse al
-reino espantoso de los fraudulentos de toda especie, al que
-los transporta el monstruoso vigilante de la entrada. El
-bello episodio de la cuerda que ceñía el talle del poeta, inicia
-el descenso al pavoroso círculo octavo, de los verdaderos
-fraudulentos, pero ya, poco antes, en los últimos fosos del
-círculo séptimo, se aperciben los usureros, perseguidos por
-la implacable lluvia de fuego.</p>
-
-<p>El canto XVIII, describe las dos primeras fosas del círculo
-octavo, donde los seductores de mujeres, por cuenta ajena
-(rufianes) y por cuenta propia, marchan en sentidos
-contrarios, perseguidos por multitud de diablos, y donde
-los aduladores&mdash;también mísera especie de indignos&mdash;están
-sumergidos en repugnante estiércol, como fuera repugnante
-el vicio que en vida padecieron. Allí se ven el maldito
-hermano de Ghisolabella, el seductor de Isífile y Medea,
-la desdichada Taide.</p>
-
-<p>En la tercer fosa del círculo octavo (canto XIX) pone
-Dante a los numerosos simoníacos de sus tiempos, que
-están cabeza abajo, con los pies ardiendo y aun las piernas;
-allí están el pérfido papa Nicolás III, Clemente V y todos
-los demás desdeñados por el poeta.</p>
-
-<p>En la cuarta fosa (canto XX), los adivinos tienen la
-cabeza dada vuelta y caminan retrocediendo. Allí aparecen
-el gigante Anfiarco, prudentísimo varón, a quien Esquilo
-en sus “siete sobre Tebas” pone frente a la puerta Homoloidea,
-donde adivina su propia desdicha; Tiresias, el
-adivino de la misma ciudad de Cadmo; Aronta, que vaticinó<span class="pagenum"><a name="Page_439" id="Page_439">[439]</a></span>
-el triunfo de César; la hija de Tiresias, que asentó donde
-debía fundarse la ciudad patria de Virgilio; Euripilo y
-muchos más.</p>
-
-<p>La quinta fosa, de cola hirviente, encierra a los intrigantes
-(canto XXI y XXII) y la sexta a los hipócritas
-(canto XXIII), donde Caifás, que aconsejara la crucifixión,
-marcha oprimido por una dorada capa de plomo.</p>
-
-<p>Y siguen los tipos de falsarios. A los ladrones se llega
-en la fosa séptima (canto XXIV) donde están mordidos
-por serpientes y quedan reducidos a cenizas, de las que
-renacen a su forma primitiva pasando por la de serpientes.
-Entre las multitudes se divisa al que hubo de apoderarse
-del trono de San Jacobo; en el canto XXV Caco y cinco
-ladrones florentinos sufren el castigo de su bajo delito en
-la tierra.</p>
-
-<p>Y así llegamos al famoso canto XXVI, donde hemos
-de encontrar a Ulises y Diómedes entre los consejeros fraudulentos
-de que se ocupa también el canto XXVII.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Usted vé cómo, hasta ahora, son todos fraudulentos.</p>
-
-<p>Usan unos del fraude para seducir mujeres y entregarlas
-a otros o gozarlas ellos mismos; otros usan todo género
-de fraudes para poder aplaudir y adular a los poderosos;
-luego los fraudulentos en simonía, que venden las ventajas
-de su encumbrada posición; los adivinos también, hijos del
-fraude, porque la adivinación, siendo imposible para los
-mortales, tenía que llevarlos a la mentira frecuente; nadie
-usa más del fraude que los intrigantes, pues de él se valen
-para vaciar su envidia o su ambición, que es soberbia; de
-los hipócritas no hay que explicar si son fraudulentos, pues
-ocultan invariablemente sus propósitos para parecer lo que
-no son; usan del fraude los ladrones, después; y los
-consejeros fraudulentos, más delictuosos que todos, pues se
-empeñan en hacer cometer su delito a los demás, aparecen
-representados por los dos grandes héroes troyanos Ulises
-Laertíada y Diómedes Tideida, unidos en la expiación como
-fueran unidos en el delito.</p>
-
-<p>Es en este asombroso canto XXVI, donde Dante tiene la
-maravillosa intuición de la llama parlante, que la física
-habría de realizar muchos años después. Los condenados están
-enteramente envueltos en una llama que termina en punta,
-siendo mayor la de Ulises, el ingenioso, de linaje divino,<span class="pagenum"><a name="Page_440" id="Page_440">[440]</a></span>
-que la de Diómedes, por ser aquél el director de las intrigas
-comunes y el autor único de muchas intrigas propias, y por
-ser, como usted dice, el que instigara a otros honestos a cometer
-delito de fraude; Diómedes, más heroico, más grande
-en la guerra, invicto siempre, vencedor de los propios
-dioses en los combates troyanos, merecía más consideración
-que el que arrancara a Aquiles de los brazos de Deidamia,
-para llevarlo ante los muros de Ilión.</p>
-
-<p>No; Dante no podía olvidarse de ningún héroe ni personaje
-considerable de la guerra de Troya, porque la fundación
-de Roma&mdash;que era para el sumo poeta la máxima
-grandeza de la tierra&mdash;fué debida a linaje troyano y a la
-caída de la ciudad de Príamo.</p>
-
-<p>Así Electra, madre del fundador de Troya, está en el
-Limbo, con Héctor y Eneas, padre de Silvio; entre los lujuriosos,
-Elena y Aquiles y Paris; Diómedes y Ulises ya
-citados; ni deja de recordarse de Príamo y Hécuba, Agamenon
-(I. XXX, 15; I. XXX. 16; Par. v. 69), Orestes su hijo
-(Purg. XIII, 32) y otros atridas más.</p>
-
-<p>Pero Dante tenía un interés fundamental en ocuparse
-del esposo de la honesta Penélope, pues debía apartarse
-de la tradición homérica que no daba al fin del Laertíada
-un carácter tan trabajado y difícil, como el que él debía
-asignarle. Ulises estaba destinado, antes de morir, a salvar
-los límites del Mediterráneo y fundar Lisboa en la costa
-atlántica, para caer después sepultado en el anchuroso
-mar.</p>
-
-<p>A la invocación gentilísima del mantuano, la más alta
-de las llamas que formaban el grupo de los héroes comienza
-ya a agitarse murmurando&mdash;como la que el viento al
-mover fatiga&mdash;así la punta aquí y allá llevando&mdash;cual si
-fuera una lengua la que hablase&mdash;lanzó sus voces fuera y
-dijo: “Cuando&mdash;... y habla de tal modo el ingenioso Ulises
-durante 52 versos del mayor poema.</p>
-
-<p>Pero aquí no terminan los fraudulentos y, como aquéllos,
-está aquí Bonifacio VIII; después vienen los cismáticos:
-Mahoma, Rev. de Medicina y otros; falsarios de toda
-calidad, como los falsificadores de metales; de personas, como
-la incestuosa Mirra y la triste Hécuba; de monedas; de
-palabra, como la mujer de Putifar y Simón de Troya, que
-logró abrir la brecha de sus muros.</p>
-
-<p>En el círculo noveno (canto XXXI) se castigan otras
-formas de soberbia; entre ellas la de los gigantes que quisieron
-escalar el cielo. Finalmente viene la mayor forma del<span class="pagenum"><a name="Page_441" id="Page_441">[441]</a></span>
-fraude: la traición, para la que se destina el mayor castigo
-ideado por Dante. Los traidores de sus parientes, primero;
-luego los traidores a la patria; después los traidores de sus
-comensales; los traidores de sus benefactores; y, finalmente,
-los traidores a la divinidad y a la majestad: Judas y Bruto
-el asesino de César, y Lucifer mismo.</p>
-
-<p>Discúlpeme, mi amigo, que ésta haya salido tan larga
-y cuente con su amigo affmo.</p>
-
-<p class="letter-sig"><span class="smcap">N. Besio Moreno.</span></p>
-
-<p><i>Señor doctor José Ingenieros.</i></p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_442" id="Page_442">[442]</a></span></p>
-
-<h2 id="DEMOCRACIA_INDIVIDUALISTA">DEMOCRACIA INDIVIDUALISTA<a name="FNanchor_25" id="FNanchor_25"></a><a href="#Footnote_25" class="fnanchor">[25]</a></h2>
-
-<p class="center"><span class="smcap">Por el Dr. CESAR REYES</span></p>
-
-<p class="center">Ex magistrado en La Rioja</p>
-
-<h3>I</h3>
-
-<p>Escribía hacia los años de la Revolución de Mayo Bartolomé
-Hidalgo, primer poeta nativo del Río de la Plata,
-en sus poesías gauchescas, haciendo hablar al paisano Chano,
-“capataz de una estancia en las islas del Tordillo”, en
-sus diálogos con el gaucho Contreras, “de la guardia del
-Monte”:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
-<div class="stanza">
-<div class="verse stanza-title"><i>Contreras</i></div>
-<div class="verse">Pues yo siempre oí decir</div>
-<div class="verse">Que ante la lay era yo</div>
-<div class="verse">Igual a todos los hombres.</div>
-</div>
-<div class="stanza">
-<div class="verse stanza-title"><i>Chano</i></div>
-<div class="verse">Mesmamente, así pasó</div>
-<div class="verse">Y en papeletas de molde</div>
-<div class="verse">Por todo se publicó</div>
-<div class="verse">Pero hay sus dificultades</div>
-<div class="verse">En cuanto a la ejecución.</div>
-<div class="verse">Roba un gaucho unas espuelas,</div>
-<div class="verse">O quitó algún mancarrón,</div>
-<div class="verse">O del peso de unos medios</div>
-<div class="verse">A algún paisano alivió;</div>
-<div class="verse">Lo prienden, me lo enchalecan,</div>
-<div class="verse">Y en cuanto se descuidó</div>
-<div class="verse">Le limpiaron la caracha,</div>
-<div class="verse">Y de malo y saldeador</div>
-<div class="verse">Me lo tratan, y a un presidio</div>
-<div class="verse">Lo mandan con calzador;</div>
-<div class="verse">Aquí la lay cumplió, es cierto</div>
-<div class="verse">Y de esto me alegro yo,</div>
-<div class="verse">Quien tal hizo, que tal pague.</div><span class="pagenum"><a name="Page_443" id="Page_443">[443]</a></span>
-<div class="verse">Vamos, pues, a un señorón:</div>
-<div class="verse">Tiene una casualidá...</div>
-<div class="verse">Ya se ve... se <i>remedió</i>...</div>
-<div class="verse">Un descuido que a un cualquiera</div>
-<div class="verse">Le sucede, si, señor,</div>
-<div class="verse">Al principio mucha bulla,</div>
-<div class="verse">Embargo, causa, prisión</div>
-<div class="verse">Van y vienen, van y vienen,</div>
-<div class="verse">Secretos, almiración,</div>
-<div class="verse">¿Qué declara? que es mentira,</div>
-<div class="verse">Que él es un hombre de honor.</div>
-<div class="verse">¿Y la mosca? no se sabe,</div>
-<div class="verse">El estao la perdió,</div>
-<div class="verse">El preso sale a la calle</div>
-<div class="verse">Y se acaba la junción,</div>
-<div class="verse">¿Y esto se llama igualdá?</div>
-<div class="verse">¡La perra que me parió!</div>
-<div class="verse">En fin dejemos amigo,</div>
-<div class="verse">Tan triste conversación,</div>
-<div class="verse">Pues no pierdo la esperanza</div>
-<div class="verse">De ver la reformación.</div>
-</div>
-</div>
-</div>
-
-<p>Y en eso estamos, desde hace ya más de un siglo, en
-que nuestro humanista cuanto patriota, que fué militar de
-la Independencia, escribía:&mdash;manteniendo la esperanza de
-ver la reformación. ¿Hasta cuándo? Desde los albores de
-la independencia, desde antes, desde la dominación española,
-ya se decía en el papel que “todos éramos iguales ante
-la ley”. Este equívoco se ha prolongado hasta el presente
-en nuestras instituciones. Las leyes dicen una cosa; los
-hombres que las aplican y ejecutan, hacen otra cosa bien
-distinta.</p>
-
-<p>Los magistrados y los funcionarios, hasta el presente,
-mienten cuando dicen que hacen la justicia igual para todos.
-Consciente e inconscientemente, la hacen en beneficio
-de la clase social a que pertenecen. Y como las aristocracias
-y burguesías, hasta el momento actual, en estos países,
-y en general en el mundo, dominan a la clase obrera, a la
-clase pobre, a los que ha dado en llamarse despectivamente,
-en ciertas regiones de América, <i>chinos</i>, <i>negros</i>, <i>mulatos</i>; y
-no obstante ser éstos los más, las clases dominantes disponen
-de magistrados y funcionarios que les pertenecen, y éstos,
-naturalmente, tienen que abogar por su propio gremio.</p>
-
-<p>La reacción democrática&mdash;si ella ha de ser una verdad
-en la práctica, y no sólo una farsa en el papel&mdash;tiene que
-venir del mismo pueblo, y no del Estado, porque sin contadas
-excepciones los aristócratas o burgueses&mdash;de los cuales,
-como digo, están constituídos hoy los gobiernos&mdash;no pueden
-renunciar a su privilegio de casta para levantar a los que sufren,
-al pueblo obrero. Se necesita de hombres que por temperamento<span class="pagenum"><a name="Page_444" id="Page_444">[444]</a></span>
-tengan un exquisito sentimiento humanista, que sean
-altruistas o filósofos, un conde León Tolstoy, un Roberto
-Owen, por ejemplo, de los cuales en este mundo de egoísmo
-y superficialidad apenas se contaría una docena. Cuando
-el pueblo se instruya y adquiera cierta independencia
-económica por sí mismo principalmente,&mdash;y también en segundo
-orden, por los que tímidamente, mezquinamente, le
-dé el Estado&mdash;, podrá reivindicar sus derechos, llevando a los
-puestos públicos por el voto en los comicios genuinos representantes
-de sus filas, con instrucción sí, y cultura moral, pero
-que no renieguen de su origen una vez que se encuentren
-encumbrados, aunque esto es difícil en ellos, puesto que obra
-el recuerdo de la infancia y la tradición de sus manes en
-cuanto han sufrido. Así se han de inclinar más a favorecer
-a los que sufren, al pueblo obrero, y no a las clases gobernantes,
-extrañas a sus dioses lares. Mientras el pueblo no tenga
-netos representantes de su estirpe, mientras obedezca a
-mandatarios de clases antagónicas a las suyas, va perdido;
-son mandatarios infieles que no han hecho más que traficar
-con el nombre de la democracia, pero cuyos intereses y sentimientos
-tienen tanto de demócratas como los españoles que
-vinieron a civilizar y enseñar el evangelio a los indios, exterminándolos
-por avaricia. Fuera de esa condición, <i>sine qua
-non</i> para que triunfe evolutivamente la democracia, se necesita
-esta otra: que el Estado constituído por los privilegiados,
-nobles, capitalistas, y sus secuaces sacerdotes y militares,
-no obstaculice por la fuerza la participación en el gobierno
-de la clase <i>pleveya</i>, porque entonces todo esfuerzo del
-pueblo sería ineficaz, y su reacción no podría venir sino por
-la revolución, oponiendo la fuerza a la fuerza. En nuestra república
-tenemos conseguido ya el libre voto&mdash;por lo menos
-en el papel, que en la práctica dista mucho aún de ser una
-realidad&mdash;; es posible, pues, el triunfo de la democracia,
-siempre que las clases trabajadoras, que son la mayoría votante,
-tengan en el gobierno <i>genuinos</i> representantes obreros,
-o hijos de obreros levantados con sus propios esfuerzos
-y que no desconozcan a su estirpe. Es verdad que, en ciertas
-provincias, al pueblo argentino le falta instrucción e independencia
-económica para poder comprender y buscar en
-la práctica legal su prosperidad individual y social; ahí, pues,
-debe tender la prédica: a que se instruya, a que trabaje en
-condiciones más ventajosas, solidarizándose, por ejemplo, en
-las huelgas para hacerse oir del capitalista; por otra parte,
-hoy la ciencia no es patrimonio de los ricos, pues pueden adquirirse
-libros de celebridades mundiales por exiguo precio,
-al alcance del obrero. La cuestión económica y la instrucción<span class="pagenum"><a name="Page_445" id="Page_445">[445]</a></span>
-se complementan; por más que haya capacidad intelectual,
-no puede haber libertad de obrar sin base económica;
-el estómago manda; a la inversa, con algunos ahorros que
-tenga el hombre, si no tiene instrucción, va expuesto a dejarse
-explotar por otros más instruídos, o a perder su dinero
-en malos negocios. Buscar la independencia económica no
-es buscar la usura. Los capitales al alcance de todas las necesidades
-sociales, y no reconcentrados en pocos millonarios;
-deben, además, ponerse en circulación para favorecer intereses
-sociales, especialmente de las clases que más los necesitan,
-y no guardarse en las cajas de fierro o en Bancos, de
-donde sólo se los puede extraer con intereses crecidos y con
-garantía hipotecaria o firmas fuertes. En Norte América,
-donde la organización social se acerca algo a la democracia
-de verdad, no ha surgido el capital de las explotaciones de
-los gobiernos sino por la obra propia de trabajadores esforzados,
-quienes después donan grandes cantidades a sociedades
-de beneficencia, hospitales, institutos científicos y de trabajos
-prácticos, pero no las dan a las manos muertas de las
-iglesias y conventos, como entre nosotros, único caso en que
-aquí ocurren donaciones. En este país se han adquirido las
-fortunas, casi en tu totalidad, por las mercedes que los reyes
-españoles primero, y los gobiernos patrios después, hicieron
-de extensos territorios a los pocos españoles y argentinos de
-la burocracia, desheredando a los demás del pueblo, que, como
-los pobres indígenas, vinieron a quedar parias en el propio
-suelo que los vió nacer. No hay más que ver los títulos de
-esas mercedes, que aun circulan en los expedientes judiciales,
-para convencerse; así, por ejemplo, he visto títulos de
-tierras de la familia Arias que a su antepasado, Juan Manuel,
-le entregaron los gobiernos patrios casi la tercera parte de
-los Llanos. Después la tierra se ha valorizado por obra de
-la inmigración&mdash;compuesta casi en su totalidad de elemento
-obrero&mdash;que crea pueblos y cultivos, y por los ferrocarriles,
-resultando que de la noche a la mañana esos propietarios
-de extensas zonas de campo, antes sin mayor valor relativo,
-por mercedes o compras, han visto centuplicados el precio
-de sus tierras y han resultado algunos archimillonarios. ¿No
-es justo, pues, que estos señores contribuyan al bienestar social,
-poniendo a disposición de los que no tienen, lo que han
-recibido directa o indirectamente de la sociedad y del trabajador?
-Y si el enriquecido por el trabajo de todos se niega
-a retribuir al obrero, a compensar a la sociedad por lo que
-ha obtenido de ella, el Estado, haciendo justicia, una vez que
-esté constituído por representantes netos de la clase popular,
-lo ha de conseguir con una política socializadora, sin necesidad<span class="pagenum"><a name="Page_446" id="Page_446">[446]</a></span>
-de expoliaciones, las cuales sólo se justifican cuando el
-monopolio raya al extremo, como sucedía con las manos muertas
-de curas y nobles en Francia, cuando la revolución, que
-vivían en el derroche, al paso que, como dice La Bruyére
-(“Los Caracteres”) andaban gentes pasteando por los campos
-de Francia a duras penas de poderse distinguir si eran
-hombres; como actualmente en Rusia, que millares o millones
-de pueblo pagaban con la miseria, en los calabozos de
-Siberia, y en las guerras externas interminables, el derroche,
-el libertinaje y las locuras de dominio de sus zares, nobles
-y militares.</p>
-
-<p>Política de justicia se necesita, tendiente a elevar el pueblo
-trabajador, haciéndolo participar de derechos económicos,
-científicos, sociales y morales, que al presente le están restringidos,
-lo cual se conseguirá con darle independencia económica,
-con instruirlo, con educarlo. Se comenzará a darles
-base económica, legislando la materia de los contratos obreros,
-para que no sean explotados por patrones, fijándoles el
-mínimum del salario y el máximum del jornal, los accidentes
-en las fábricas a costa del capitalista, el derecho a la
-huelga; dándoles en enfiteusis tierras fiscales, en este país,
-donde, como ha dicho Sarmiento, “el mal que tenemos es la
-extensión”, para que las pueblen y no sufran hambre también
-ellos; para que poblado el desierto haya prosperidad social,
-por el aumento de producción, porque, como dice bien
-Alberdi, la riqueza no la da la tierra pelada sino el trabajo
-del hombre aplicado al suelo (“Estudios Económicos”).</p>
-
-<p>Mejor todavía que en enfiteusis, la tierra se debe dar al
-que la trabaja, para que se radique en ella definitivamente
-y la ame formando su hogar, pero darla solamente a los que
-la necesitan y son capaces de hacerla producir, prohibiendo
-su negociación privada para que no se rehagan los latifundios
-de los señores feudales.</p>
-
-<h3>II</h3>
-
-<p>La Revolución de Mayo no resolvió el problema social argentino;
-ella, como la Revolución de Julio en Francia, ha sido
-el triunfo de la burguesía y no del pueblo, si bien el pueblo
-fué el que las hizo triunfar; pero no estando preparado
-ni económica, ni intelectualmente, resultó suplantado, dominado;
-con esas campañas, de que nos enorgullecemos tanto,
-se desalojó dos plagas sociales, la nobleza y el clero (en nuestro
-caso forasteras todavía), pero se levantó una tercera, los
-burgueses semiinstruídos y capitalistas, o sea la clase media.
-Es decir, en el caso de la Argentina, los criollos que se<span class="pagenum"><a name="Page_447" id="Page_447">[447]</a></span>
-dedicaron al comercio y la ganadería&mdash;pues los españoles
-desdeñaban como oficio propio de negros y villanos&mdash;y se
-instruyeron en los escasos colegios y universidades de Córdoba
-y Chuquisaca, fueron los que constituyeron la burguesía.
-Porque en la colonia del Río de la Plata, y en toda Sud
-América, a excepción del Perú, nobles no había ni para remedio,
-salvo los mandatarios de orden superior que nos enviaban
-y regresaban a Europa sin dejar familia, como que
-les estaba prohibido el radicarse; según enseña la historia,
-la inmigración española a América era la ley de la población
-peninsular. Mas, andando el tiempo, estos españoles, plebe
-allí, comenzaron a considerarse nobles aquí, en relación con
-el indio; y tenían razón, a su modo, porque físicamente e intelectualmente
-esa raza estaba más adelantada. Expulsados los
-españoles, los hijos de éstos continuaron esa aristocracia <i>ad
-hoc</i>, nacida aquí en el medio, y también los mestizos que económica
-e intelectualmente&mdash;por ambas fuerzas y por la de
-las armas en las guerras de la independencia&mdash;se levantaron
-dominando, avasallando, al <i>gaucho</i> del campo y al <i>cholo</i>
-de las ciudades<a name="FNanchor_26" id="FNanchor_26"></a><a href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a>.</p>
-
-<p>No es otro el origen de toda aristocracia, burocracia y
-gobierno en general: el dominio por la fuerza, la subyugación
-de una clase social, para explotarla. Con la evolución
-de las sociedades la lucha de raza a raza, de tribu a tribu, de
-clase a clase, de grupo a grupo, externa e interna, se atempera,
-por la adquisición de sentimientos sociales, del principio
-de justicia, pero no desaparecen del todo. Siempre hubo
-vencedores y vencidos; y la teoría de que no haya ni vencedores
-ni vencidos, pasará a ser una realidad en un porvenir
-aun bastante lejano, según lo hace ver el resultado de
-la actual guerra europea, que, no obstante el humanismo y
-la democracia decantados por Wilson, y en gran parte ciertos,
-los aliados se están <i>achureando</i>&mdash;como diría un criollo&mdash;el
-ex imperio alemán, hoy nación democrática, bajo el
-pretexto de que fué una teocracia.</p>
-
-<p>Con la historia en la mano se puede constatar que el
-proceso de los Estados en el mundo fué ese, la clase “<i>dominante</i>”
-vencedora resultó gobierno, la clase “<i>dominada</i>”,
-vencida, quedó pueblo explotado. Los que lo niegan son precisamente
-los interesados en que ello no aparezca y en poder
-seguir así explotando al pueblo sin que se aperciba, bajo<span class="pagenum"><a name="Page_448" id="Page_448">[448]</a></span>
-la carátula de protectores del mismo, vestidos con la piel del
-cordero.</p>
-
-<p>Nos bastaría citar la opinión de eximios sociólogos, y filósofos,
-que han estudiado la cuestión política, libres de las
-banderas de los partidos y del espíritu de clase.</p>
-
-<p>Mientras, pues, las luchas de clases no estén eliminadas o
-poderosamente atemperadas, lo cual pensamos se conseguirá
-en un porvenir no remoto, la clase democrática, los explotados,
-los obreros, deben estar prevenidos para llevar al gobierno
-sus representantes <i>netos</i>, que miren por propios intereses,
-para elevar su condición social, y no los “domestiquen”,
-mirando por desemejantes intereses.</p>
-
-<h3>III</h3>
-
-<p>Estando ya las clases trabajadoras en el poder, ¿de qué
-modo reivindicarán sus derechos acaparados por los burócratas
-y los parásitos? ¿Por la <i>democracia individualista</i>, sistema
-norteamericano? ¿Por el <i>minimalismo</i>, o programa mínimo
-del socialismo, como el del partido socialista argentino
-y los similares europeos? ¿O, finalmente, por el <i>maximalismo</i>,
-como el actual gobierno ruso, o programa máximo socialista?</p>
-
-<p>Desde luego, débese eliminar el minimalismo, como tercera
-cuestión, porque está comprendido en el maximalismo,
-que es el verdadero socialismo, o comunismo de Estado, tal
-como lo pensaron y crearon Saint Simon, Owen, Fourier,
-Marx, Engels, la Internacional, etc., puesto que el programa
-mínimo&mdash;o sea la mejora obrera en el trabajo, con disminución
-de horas y aumento de jornal, prohibición del trabajo
-de los niños y mujeres en las fábricas y garantía de los
-accidentes&mdash;sólo ha sido ideado, como lo confiesan los socialistas,
-transitoriamente, para hacer posible la lucha obrera
-con el capital en las condiciones actuales sociales, y hasta que
-por su libertad económica y su instrucción el obrero esté en
-capacidad de obtener que el Estado socialice la propiedad
-privada. Los socialistas minimalistas nunca pierden
-de vista el verdadero programa, aunque más remoto del partido,
-o sea la socialización de los medios de producción. A
-este verdadero socialismo, que ha triunfado hoy en Rusia&mdash;pues
-como bien lo hace ver Kantor, la constitución que se
-ha dado dicho gobierno ruso no es más que la aplicación de
-los principios proclamados por la Internacional Socialista&mdash;ha
-dado en llamarse <i>maximalismo</i>, nombre que viene de programa<span class="pagenum"><a name="Page_449" id="Page_449">[449]</a></span>
-máximo, y se tiene a Carlos Marx como su verdadero
-fundador.</p>
-
-<p>El maximalismo no entraña, pues, como cree el vulgo,
-fatalmente la revuelta y el desorden; se puede conseguir con
-la evolución mediante la conquista del poder por el voto libre
-de la mayoría socialista de una nación, o mediante la revolución
-armada en casos extremos. En Rusia se hizo por la
-revolución, pues allí los hechos la justifican plenamente&mdash;no
-tenía garantía del voto el obrero, era sacrificado en las guerras
-y en las cárceles siberianas, moría de hambre en el rico
-territorio que él cultivaba para otros; con la evolución jamás
-se hubiere levantado ese pueblo, era insoportable su situación,
-peor, muy peor, a la que pasaba el pueblo francés
-en 1789, cuando se sublevó contra los nobles y el clero en la
-revolución de que tanto se vanagloria la humanidad. Con el
-triunfo del maximalismo en Rusia, se evitaron las horribles
-matanzas de millones de obreros rusos en la guerra externa
-con Alemania, donde a los paisanos reclutados se los llevaba
-sin armas, mal alimentados y casi descalzos, a pelear en
-esas fronteras rocallosas y heladas, contra soldados bien pertrechados,
-a servir de carne de cañón; y así durante esa guerra
-entre Alemania y Francia, hecha “de arriba” por el
-pueblo ruso, perdió éste más de 3 millones de obreros. Se
-evitaron también los estragos no menos inhumanos que los
-zares y nobles cometían sobre la plebe, en el orden interno,
-con la emancipación de esta clase domesticada. Es verdad que
-hubo excesos; los hay en toda revolución, y ellos se justifican
-plenamente ante la necesidad del triunfo de la causa salvadora.
-Rodaron unas cuantas cabezas de nobles y jefes de
-ejército, explotadores sistemáticos del pueblo, pero se economizó
-derramar mucha sangre popular en holocausto a los
-dioses zarinos, en la guerra europea y en los calabozos de la
-Siberia. No fueron tantos los desórdenes como pinta la prensa
-interesada en desprestigiar la causa por el único cablegrama
-parcial que nos viene, el aliado, y hay que dudar de la
-verdad de esas comunicaciones. Aun así mismo, de ser ciertas
-las noticias, los desmanes cometidos por la célebre revolución
-francesa, que tanto ponderamos, fueron inmensamente
-superiores a los ocurridos hoy en Rusia, cuando no había día
-en que no se hiciera rodar del cadalso la cabeza de algún dirigente.
-Y la tal <i>libertad</i>, <i>igualdad</i> y <i>fraternidad</i> que proclamó
-quedó letra muerta; fué libertad para los burgueses,
-igualdad y fraternidad entre los miembros de esa sola clase
-social. Siquiera la revolución social rusa, crea una libertad,
-igualdad y fraternidad mucho más extensa, una libertad, fraternidad
-e igualdad para la gran masa obrera, y no sólo de<span class="pagenum"><a name="Page_450" id="Page_450">[450]</a></span>
-Rusia sino del mundo entero, puesto que dicha constitución
-maximalista tiene una cláusula por la cual se tiende a organizar
-la humanidad bajo una confederación de estados, formados
-todos de modo semejante al gobierno actual ruso.</p>
-
-<p>Es claro, pues, que los países en que la situación del obrero
-no sea extrema, como fué en Rusia, pueden llegar al maximalismo
-por la evolución política, y allí no habrá ni los pocos
-excesos que en Rusia fueron inevitables.</p>
-
-<p>Por lo demás, el socialismo máximo no es, como se dice
-por algunos, una simple utopía, un sueño de filósofos. Fuera
-de que ya lleva más de un año de práctica en lo que fué imperio
-absoluto de los zares, existió, como sabemos, en varios
-pueblos. Así, por ejemplo, en el gran imperio del Perú al
-arribo de los españoles se vivía en un régimen algo comunista,
-en ciertas cosas más acentuado que el establecido por
-los maximalistas rusos, y sin embargo, el imperio floreció y
-las gentes vivían cómodas; no había ricos (fuera de la clase
-sacerdotal y de la aristocracia imperial&mdash;que ellas siempre
-han sido pudientes en todas partes&mdash;mas eran clases reducidas
-en comparación con la gran masa popular) pero tampoco
-había miseria; la propiedad del suelo pertenecía al Estado, y él
-era quien asignaba al individuo que llegaba a la adolescencia
-un lote para que lo trabajara, y todos estaban obligados a hacerlo,
-pues eran fiscalizados directamente por empleados del
-Estado. Ni el producido del trabajo pertenecía al operario,
-sino que iba a almacenes y graneros públicos, de donde se
-repartía a la población en cada aldea o pueblo, por cabeza,
-y había justicia relativa allí, puesto que todos trabajaban fiscalizados
-y no existían haraganes que “vivieran de arriba”.
-Estudiándolos dice el Dr. Luis Jorge Fontana: “Cada ciudadano
-nacía libre para la ley que fijaba los deberes y derechos
-de cada individuo ante la patria, la religión, la familia
-y para con sus semejantes... La agricultura, hoy embrionaria
-y empírica en América, como que recién empezábamos a
-fundar escuelas, constituía la principal fuente de recursos
-nacional en otra época. Cada hombre al llegar a la edad de
-la pubertad recibía del Estado un terreno ubicado y delineado
-oficialmente para que lo cultivase y formase hogar y familia.
-Desde el emperador hasta el último de sus súbditos
-cultivaban la tierra, él removía el suelo en cierto período del
-año con un azadón de oro y los ciudadanos con herramientas
-de un metal compuesto, una aleación de bronce tan duro como
-el acero. Regaban los campos por medio de acueductos
-sacados de ríos y de lagos y por canales menores, acequias,
-el agua era llevada a largas distancias y levantábanla hasta
-la cumbre de las montañas. Su distribución y servicio tenían<span class="pagenum"><a name="Page_451" id="Page_451">[451]</a></span>
-reglamentación admirablemente estudiada; construían puentes
-y calzadas de dimensiones colosales, y el ejército en tiempo
-de paz era ocupado en la construcción de las obras públicas”
-(“Ab Ovo”, págs. 36 y 47). El Dr. Ernesto Quesada
-escribe: “Pero lo que es admirable&mdash;y es esto cabalmente lo
-que más nos interesa en el presente curso&mdash;es su organización
-social. Era una sociedad basada en un comunismo perfecto
-y en una burocracia técnica, que gobernaba un monarca
-autocrático, pero inspirado siempre en el bien de la comunidad.
-Durante siglos funcionó tal organización con el éxito
-más completo y realizando lo que las actuales doctrinas socialistas
-no han soñado siquiera en imaginar; el individuo era
-un sencillo rodaje de la comunidad y sus actividades se ejercían
-como simples funciones sociales, reglamentadas y vigiladas
-por el órgano de dicha comunidad, constituída por la
-burocracia imperial. Nunca ha registrado la historia en parte
-alguna del mundo una organización tan perfecta, dentro
-de esa orientación, y con un resultado más completo en cuanto
-a la prosperidad nacional y al funcionamiento del sistema;
-las misiones jesuíticas lo imitaron con análogo éxito durante
-el período de la Colonia. La comunidad por el órgano del
-gobierno, interviene en todos los actos de la vida, reglamentándolo
-todo y cuidando de que todo marche armoniosamente.
-Y eso que se trataba de un extenso imperio, englobando
-poblaciones de origen étnico distinto y de diverso grado de
-cultura” (“El Desenvolvimiento social hispanoamericano”,
-Revista de Filosofía, Noviembre de 1917, pág. 461). Foustel
-de Coulanges, en su obra célebre “La ciudad antigua”, trae:
-“Se sabe de algunas razas que jamás han llegado a establecer
-la propiedad privada, y de otras que sólo la han establecido
-tarde y penosamente. No es, en efecto, problema fácil
-el saber si en el origen de las sociedades puede el individuo
-apropiarse el suelo y establecer tan recio lazo entre su
-ser y una parte de la tierra, que puede decir: “Esta tierra
-es mía; ésta es como una parte de mí”. Los tártaros conciben
-el derecho de propiedad cuando se trata de los rebaños,
-y no lo comprenden cuando se trata del suelo. Entre los antiguos
-germanos, según ciertos autores, la tierra no pertenecía
-a nadie; la tribu asignaba todos los años a cada uno de
-sus miembros un lote para cultivar y cambiaba el lote al siguiente
-año. El germano era propietario de la cosecha, pero
-no de la tierra. Todavía ocurre lo mismo en una parte de
-la raza semítica y entre algunos pueblos eslavos” (pág. 70,
-edic. Madrid). Sigue el autor haciendo notar que en Grecia
-y Roma y en la India, es decir, en la raza aria, de donde nosotros
-tomamos esa civilización, la propiedad del suelo fué<span class="pagenum"><a name="Page_452" id="Page_452">[452]</a></span>
-desde un comienzo privada, y como consecuencia del culto a
-los muertos y al hogar, familiares, que estaban adscriptos al
-suelo y no podían dejar abandonado su culto y sus muertos.
-De modo, pues, que sólo por una razón de orden religioso
-e histórico es que los actuales pueblos de raza aria son
-individualistas en la propiedad del suelo, según esto. Es de
-advertir que a propósito he citado autores que nada tienen
-de socialistas; y si cabe duda todavía al respecto léase el capítulo
-“La Reglamentación Comunal”, de la obra del individualista
-Spencer, “Instituciones industriales”, donde trae
-innumerables ejemplos de pueblos que han sido comunistas;
-en algunos el origen, la razón de nacer del comunismo fué el
-matriarcado, o parentesco por la línea femenina.</p>
-
-<h3>IV</h3>
-
-<p>Los que nos hayan seguido hasta aquí creerán, acaso, que
-estoy convertido en un maximalista declarado. Sin embargo,
-como lo explicaré en seguida, es lo contrario; sólo he querido
-demostrar hasta aquí que el maximalismo no es un sistema
-utópico, ni siempre revolucionario, y aunque revolucionario
-en algunos casos no anárquico, como se lo pinta por los
-que no lo conocen y por los que tienen interés en desfigurarlo.
-Pero es el caso que con ese sistema social el individuo
-puede quedar aniquilado, se debe enteramente a la sociedad;
-todos son iguales, malgrado las diferencias naturales; se puede
-crear así una <i>igualdad artificial</i> en vez de la <i>igualdad
-natural</i>, la cual consiste, como se ha dicho bien, en respetar
-las desigualdades naturales. Con este sistema de coacción
-pública, donde todo está reglamentado por la sociedad de
-antemano, que se ha erigido en Estado&mdash;confundiendo así
-dos hechos sociológicos que son bien distintos&mdash;se mata toda
-iniciativa individual, se destruye toda diferencia innata o
-adquirida, se hace imposible, en una palabra, la selección, y
-con ella el mejoramiento individual y social rápidos, desde
-que se pone trabas a la lucha por el triunfo de los más fuertes,
-de los más capaces, de los más laboriosos.</p>
-
-<p>Además, este comunismo de Estado destruye la libertad,
-y el ideal de las civilizaciones modernas es aumentar la libertad
-individual, no siendo más el Estado y la sociedad
-sino un medio para adquirirla, para que el hombre viva bien,
-pudiendo satisfacer libremente sus necesidades naturales,
-siempre que respete iguales necesidades por parte de los
-demás.</p>
-
-<p>Como han hecho notar bien los escritores de derecho político,<span class="pagenum"><a name="Page_453" id="Page_453">[453]</a></span>
-con el comunismo la sociedad se vuelve más gregaria,
-el hombre es menos libre que el soldado, y se retrograda
-así al régimen del estatuto, del mando, de la coacción, propio
-de las sociedades primitivas en donde por razón de las
-continuas e ininterrumpidas guerras externas e internas, se
-hacía necesaria mucha subordinación en el pueblo y un régimen
-fuerte de mando por el gobierno. Pero con la civilización
-se ha impuesto el régimen contrario, o sea el del contrato,
-el de la voluntad, que regla todos los actos de los hombres
-libres y civilizados. En el siglo pasado, Inglaterra y
-Norte América&mdash;naciones respetuosas de la libertad individual&mdash;fueron
-las más avanzadas en el progreso del mundo;
-los árabes, donde la ley de Mahoma les regla todo, son los
-más atrasados hoy. Una sociedad en tales condiciones progresa
-hasta un limitado estado, y de ahí no puede pasar,
-vive por siglos estacionaria; no habiendo iniciativa individual,
-hombres que se hagan a sí mismos, y no resulten hechos
-por el estado, no puede haber innovación, cambio, <i>progreso</i>;
-habrá <i>orden</i> cuando más y por el tiempo que se quiera,
-pero faltará el otro elemento del <i>desarrollo social</i>, desde
-que éste se forma, como bien lo explica Comte, del <i>orden</i> y
-del <i>progreso</i> sociales. Por esto, estamos en contra del socialismo
-maximalista o comunista; y del llamado minimalista
-también, porque, como queda dicho, no es más que la introducción
-del socialismo, desde que sus adeptos jamás pierden de
-vista al ir consiguiendo esas ventajas mínimas, las <i>máximas</i>, a
-las cuales se les apuntan ya francamente, cuando les llega la
-ocasión de dar el golpe, ya sea en los comicios o por la revolución.
-Ahora, es claro que el programa mínimo del socialismo,
-puede ser sostenido y practicado en su generalidad, y aun
-avanzando, por cualquiera que tenga ideas liberales, que desee
-la mejora obrera, que sea demócrata verdadero. La democracia
-individualista norteamericana, con el presidente Wilson a la
-cabeza, desarrolla ese programa, y no solamente para Estados
-Unidos sino para el mundo entero, propiciando el sistema de
-organizar las naciones formando una liga de ellas, para unir
-las gentes y evitar las guerras. Filósofos individualistas
-como Spencer y pensadores como Alberdi, lo sostuvieron también
-en obras célebres anteriormente. ¡Hay que leer ese “crimen
-de la guerra” del pensador argentino, la obra más sesuda
-que se ha escrito contra la guerra, para convencerse de
-la elevación de miras del gran humanista argentino&mdash;que no
-tiene una estatua en su tierra y vivió y murió como paria,
-pues no supieron comprenderlo,&mdash;adelantándose más de un siglo
-a su tiempo! En su obra “Instituciones Industriales”, escrita
-por el año 1890, Spencer desarrolla la idea, cómo, sólo<span class="pagenum"><a name="Page_454" id="Page_454">[454]</a></span>
-con el obrar individual y democrático, es decir, con que el individuo
-ejercite sus libertades naturales a condición de respetar
-iguales derechos por parte de los otros, tanto en el interior
-como en el exterior de los países, y que los Estados se
-concreten a hacer respetar y nada más esas <i>igualdades</i> en las
-<i>libertades</i> en vez de desatender la función de justicia que es
-su fin primordial y de ocuparse de otros asuntos que son del
-rol individual, como ocurre hasta ahora, y es lo que obstaculiza
-el progreso; creándose además, con la disminución de las guerras,
-por el comercio, por las industrias, por el tráfico, por la
-inmigración, por las ciencias, una confederación de Estados
-mundial, Estados que no serán imperialistas sino más reducidos
-y más iguales en lo futuro&mdash;así opinaba Spencer que debía
-crearse la democracia universal siguiendo el desarrollo de
-los pueblos. Y a mi juicio dió en el clavo de la cuestión, como
-lo cree también el sociólogo Vaccaro, y lo está practicando con
-éxito indiscutible Norte América y su presidente demócrata
-individualista Wilson.</p>
-
-<p>Pero es el caso que muchos años antes, Alberdi propuso
-lo mismo, en la obra que cito, allá por el año 70, con motivo
-de los preludios de la guerra francoprusiana.</p>
-
-<p>Haciendo honor al pensador argentino, vamos a transcribir
-los siguientes párrafos; dice hablando de la libertad interna:
-“En mi opinión la ruina de la supremacía militar de
-la Francia no es hija de los contrastes y reveses de su reciente
-guerra con Prusia, sino que esos reveses son resultado de la
-ruina que ya existía, sin manifestarse, de esa supremacía. Ha
-muerto a mano de otros progresos de la Francia en el camino
-de la civilización. Un gobierno sin libertad, un país sin industria
-aventajada, son más capaces de preponderancia militar
-que un país libre y rico por la preponderancia noble de su
-industria. En este sentido la Prusia y Rusia son más capaces
-de preponderancia militar que la Inglaterra. El ejército perfeccionado
-es la expresión de un gobierno en que la subordinación
-prima a la libertad”. Y en otra parte, hablando de la
-cuestión externa, dice: “El mayor obstáculo para llegar a la
-organización del mundo en una vasta sociedad de naciones es
-la existencia de lo que hoy se llama <i>grandes poderes</i> o grandes
-aglomeraciones nacionales; pues lo primero que exige en nombre
-de su grandeza uno de esos poderes, cuando se trata de
-decidir la contienda que le divide con otro, es que nadie intervenga
-ni se mezcle en esa decisión. Ese <i>nadie</i> es la sociedad
-general, el mundo neutral, es decir el juez natural de los pleitos
-internacionales. Remover ese obstáculo es propender sistemáticamente
-a la subdivisión de las grandes naciones, es<span class="pagenum"><a name="Page_455" id="Page_455">[455]</a></span>
-decir, a la disminución de su poder para que ninguna de ellas
-sirva de resistencia invencible a la formación de la Nación
-suprema y definitiva, compuesta de todas las naciones del
-mundo, hoy dispersas, errantes y anarquizadas entre sí. Los
-grandes Estados son lo que eran los grandes señores como
-obstáculos y resistencias al establecimiento de la sociedad política
-y de la autoridad nacional de cada país. De modo que en
-lo internacional, como en lo interior de cada nación, se llega
-a la unidad general por la división de las unidades parciales
-que aspiran a realizarla... “Unidad que no depende de la
-multitud, es tiranía: multitud que no se reduce a la unidad es
-confusión”, ha dicho Blas Pascal”. (Páginas 321 v 284, <i>Obras
-Post</i>.).</p>
-
-<h3>V</h3>
-
-<p>Así, pues, en resumen, pensamos: Que con una democracia
-individualista en lo interno y externo de las actuales naciones,
-es decir, con el obrar amplio por el individuo, haciendo
-uso de su libertad, pero respetando iguales libertades por
-parte de los demás, o sea la <i>igualdad</i> de las libertades naturales,
-y con la garantía real, verdadera, por parte de los gobiernos
-de esas libertades en el obrar para el individuo, sin mayores
-restricciones que las que imponen el ejercicio de las mismas
-por parte de los demás, es como la sociedad humana tiende
-a evolucionar en lo futuro para ser feliz el hombre y progresar
-él y la sociedad. La humanidad necesita así, para constituirse
-definitivamente, de la Confederación de naciones <i>en donde todas
-entren como iguales</i>, para que haya la fuerza pública necesaria
-a castigar las violaciones a la justicia de los Estados,
-cometidas por alguna o algunas naciones que pretendieran hacer
-uso de sus libertades abusivamente, es decir, desconociendo
-iguales derechos de vida por parte de las otras. Con sólo, pues,
-el principio de justicia, individualista: <i>la libertad, igual para
-todos</i>, o sea la igualdad <i>natural</i> en el obrar, se ha de organizar
-la humanidad democrática del porvenir. Por el respeto de ese
-principio, en virtud del convencimiento que la ciencia aporte
-a las gentes a medida que el pueblo se vaya instruyendo, y se
-vaya haciendo hábito dicho principio de justicia a fuerza de
-vivirlo cada vez más ampliamente por el tráfico en aumento
-siempre entre los pueblos, y sobre todo, sabiendo, como deben
-saber, que detrás de su violación está el poder de la comunidad
-para castigar al individuo abusivo que se toma las libertades
-ajenas, creyéndose privilegiado en el mundo, se creará la <i>libertad</i>,
-la <i>igualdad</i> y la <i>fraternidad</i>. No es con palabras, mentidas<span class="pagenum"><a name="Page_456" id="Page_456">[456]</a></span>
-en los comicios, ni con letras de molde en las leyes, ni
-tampoco con oraciones en los conventos donde el amor al prójimo
-a nombre del Dios es predicado por explotadores de los
-“fieles”; a esta altura del discurso, si obligado estuviera a
-pronunciarme entre Norte América, democrática individualista,
-y Rusia actual, socialista maximalista, entre Wilson y Lenine
-mi predilección no se haría esperar; optaría por los Estados
-Unidos y Wilson, sin que por esto pensare que todo lo realizado
-por ellos sea perfecto, y sí solo sostengo el sistema, la tendencia,
-que allí mismo se ha de perfeccionar, pues dista mucho
-de alcanzar el ideal democrático individualista.</p>
-
-<p>Jóvenes amigos; señores. Mientras las luchas de clases,
-de tribus, de naciones, no se atemperen por el respeto recíproco
-de las gentes al principio de justicia que dejo explicado,
-desconfiad siempre de esos protectores de clases desemejantes
-que os quieren ayudar desde el poder&mdash;“proteccionismos”
-que día a día se ven fracasar en los individuos y en las naciones.&mdash;Mas,
-tal desconfianza, tal precaución, no debe ser nunca
-un obstáculo puesto al advenimiento de una confraternidad de
-miras democráticas, igualitarias <i>naturales</i>, porque esto implicaría
-formar clases cerradas y naciones guerreras que han sido
-fatales para el progreso de los pueblos y la humanidad. Los
-aristócratas o burgueses que adoran tanto al pueblo y quieren
-pasar por demócratas, traten de conseguirlo, pero haciendo
-primero los sacrificios de sus privilegios injustos, antes de que
-el pueblo, desengañado, cambie el tono de sus reclamaciones.
-A tiempo están de abdicar tantos privilegios económicos, sociales
-y políticos de que gozan. ¡Que se hagan ver!</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_457" id="Page_457">[457]</a></span></p>
-
-<h2 id="LA_CRITICA_Y_EL_ARTE">LA CRÍTICA Y EL ARTE</h2>
-
-<p class="center"><span class="smcap">Por OCTAVIO MENDEZ PEREYRA</span></p>
-
-<p class="center">De Panamá</p>
-
-<p>Si el arte es uno de los objetos más elevados de la actividad
-humana y la forma de trabajo más difícil, es, por lo
-tanto, de lo que merece despertar en nosotros más interés y
-más simpatía. He aquí porqué la crítica de arte ha podido alcanzar
-en nuestros tiempos un gran desarrollo y llegado a
-ser una de las ciencias más complejas, una ciencia que es sociología,
-historia, psicología, estética, lógica, óptica, acústica,
-geometría y cien ciencias más a la vez. No ejercen, pues,
-el verdadero apostolado de la crítica los que aun se empeñan
-en la pueril tarea de constituirse en árbitros para juzgar,
-por sí y ante sí, sin la preparación y la disposición requeridas,
-lo que es producto de elementos heterogéneos que
-es preciso conocer y estudiar, si se quiere emitir un juicio
-exacto, justo e interesante.</p>
-
-<p>Taine ha llegado a establecer, en una reacción unilateral
-exagerada, que “para comprender una obra de arte, un
-artista, un grupo de artistas, es preciso representarse con
-exactitud el estado general del espíritu y de las costumbres,
-del tiempo a que pertenecen”<a name="FNanchor_27" id="FNanchor_27"></a><a href="#Footnote_27" class="fnanchor">[27]</a>. Aunque fuera posible aplicar
-tan rigurosamente esta regla del maestro de la Filosofía
-del Arte, siempre quedarían por considerar el temperamento
-personal del autor y, sobre todo, la obra misma, en cuanto a
-la cantidad de vida independiente que pueda contener, porque
-el verdadero objeto del arte es la expresión de la vida.</p>
-
-<p>Y como la vida no es sino una gran complejidad, resulta
-verdad que la crítica de arte tiene por fuerza que ser una de
-las labores más complejas del espíritu humano y, por esto
-mismo, una ciencia muy amplia y liberal, que acepte con
-simpatía e interés todas las manifestaciones de la inteligencia,
-todas las creaciones de la fantasía y todos los temperamentos<span class="pagenum"><a name="Page_458" id="Page_458">[458]</a></span>
-y particulares predilecciones. Mientras más numerosos
-y contrarios sean éstos, tanto mejor para la solidez de
-los estudios y la seguridad de los principios, tal como, en el
-campo de las ciencias naturales, acontece al botánico o al
-zoólogo con las infinitas manifestaciones de la vida vegetal
-o animal. El único deber del crítico es “exponer hechos y
-mostrar cómo se han producido esos hechos”; dejarse emocionar,
-y comunicar después sus emociones y las ideas que
-encierra la producción. No es confesar preferencias, pedir
-genio, exigir profundidad, señalar errores, imponer preceptos,
-absolver, condenar, amonestar...</p>
-
-<p>Por otra parte, conviene tener presente que la verdadera
-obra de arte no puede ser analizada en detalle, con la
-sequedad del químico, porque entonces deja de ser obra de
-vida y se convierte en un cuerpo frío e inexpresivo, en una
-especie de mecanismo sin influencia emocional y educativa.
-La obra de arte sólo es fecunda y eficaz en los momentos en
-que actúa como una fuerza viva sobre nosotros, en que influye
-con entusiasmo sobre el individuo y desarrolla en su
-alma armonías sensibles, emociones hondas, calor y simpatía.
-Y es que la emoción estética no es la consecuencia de un
-análisis, de una disección detallada; es algo que se apodera
-de nosotros en bloque como si entre el alma del artista y la
-nuestra un fuego divino hubiese producido misteriosa fusión.
-Antes de juzgar la razón, juzga nuestro sentimiento, y muchas
-veces aquélla es incapaz, como observa Gauckler, de
-fallar por otra cosa que por la impresión sentida. “Si durante
-los últimos siglos&mdash;dice&mdash;se ha tratado de proscribir del
-arte la imaginación y de buscar lo bello en las propiedades
-exteriores de las obras exclusivamente, ha sido porque entonces
-la filosofía, eminentemente racionalista, ha sido la
-expresión de una reacción contra el gran movimiento sentimental
-que caracterizó a la época del Renacimiento”<a name="FNanchor_28" id="FNanchor_28"></a><a href="#Footnote_28" class="fnanchor">[28]</a>.
-Una cosa es, pues, la emoción de arte y otra es la habilidad
-técnica, muy apreciable, sin duda, pero menos significativa
-y menos importante en los dominios complejos de la estética.
-Lo primero que debemos buscar en la obra de arte es su
-expresión, su significado, su razón de ser, la que no puede
-menos de estar relacionada con una manifestación de vida,
-sea ésta un pensamiento, una pasión, un sentimiento o una
-necesidad. Sólo después de haber descubierto el sentido
-oculto bajo las formas, la sangre que las vivifica, estamos capacitados
-para juzgar hasta qué punto el artista ha logrado
-traducir fielmente su idea, o expresar correctamente su sentimiento.<span class="pagenum"><a name="Page_459" id="Page_459">[459]</a></span>
-La forma da, sin duda, valor y carácter al fondo,
-pero no es, en definitiva, sino una envoltura, un mero estuche
-que vale mucho más por lo que contiene, cuando contiene
-algo.</p>
-
-<p>En todo caso, hay que tener en cuenta que para gozar
-enteramente de una obra de arte es preciso ser apto para
-comprender la pasión, el sentimiento que la informa y la idea
-que la encarna y le da vida. Es preciso también, muchas veces,
-encontrar en la obra una manifestación de lo mejor de
-nosotros mismos, darle algo de nuestra propia alma, o ser
-capaces de animarla con nuestros propios sentimientos y una
-emoción espontánea y honda.</p>
-
-<p>“Para comprender bien una obra de arte&mdash;dice Guyau&mdash;es
-preciso penetrarse tan profundamente de la idea que en
-ella domina, que se vaya hasta el alma de la obra o que se
-le dé una, de tal modo que adquiera a nuestros ojos verdadera
-individualidad y constituya algo como otra vida en pie
-al lado de la nuestra”<a name="FNanchor_29" id="FNanchor_29"></a><a href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a>. Es decir, hay que revestir de
-cierta unidad y de cierta vida la obra para armonizarse con
-ella, como si por un acto de la inteligencia y el corazón la
-hubiésemos antropomorfizado, le hubiésemos dado calor de
-humanidad. Sólo entonces habremos dejado de ser fríos y
-pasivos ante la obra artística y estaremos en aptitud de fraternizar
-con ella y perdonarle los pequeños defectos, para
-admirar mejor lo que tenga de bello y de bueno.</p>
-
-<p>Porque la admiración necesita de constantes perdones y el
-estudio de constante simpatía para ser fecundos, de la misma
-manera que el hombre necesita ser amado, o, por lo menos,
-ser simpático, para ser perdonado y ser comprendido. En
-arte&mdash;ha dicho el mismo Guyau<a name="FNanchor_30" id="FNanchor_30"></a><a href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a> “basta con demasiada
-frecuencia el no querer ser conmovido para no serlo, pues
-uno es siempre más o menos libre de negarse a sí mismo, de
-encerrarse en su yo hostil y hasta de perderse en él”. Y “lo
-triste es&mdash;agrega&mdash;que el que quiere hallar lo feo lo encontrará
-casi siempre y perderá por el placer de la crítica
-el de ser <i>conmovido</i> que, según La Bruyère, vale aún más”.
-Otro autor, Emilio Henniquin<a name="FNanchor_31" id="FNanchor_31"></a><a href="#Footnote_31" class="fnanchor">[31]</a>, ha llegado a escribir, por
-este mismo camino, que “una obra sólo tendrá efecto estético
-sobre las personas que poseen una organización mental análoga
-e inferior a la que ha servido para crear la obra, y de
-la que puede ser deducida”. Y ello parece efectivo porque es
-evidente que existen, por otro lado, egoísmos intelectuales,<span class="pagenum"><a name="Page_460" id="Page_460">[460]</a></span>
-prejuicios razonados, segundas intenciones, temperamentos
-hoscos e insociables a los cuales una obra, por meritoria que
-sea, produce siempre una antipatía que ciega el corazón a
-las bellezas y el cerebro a todo entendimiento. Sólo por esto
-se comprende a Lope cuando insulta a Cervantes, a Víctor
-Hugo cuando niega a Goethe, a Voltaire cuando rebaja a
-Shakespeare, ese mismo Voltaire que convenía en reconocer
-<i>un placer en no tener placer alguno</i>, acaso obedeciendo a la
-convicción íntima de que “rebajar a otro es elevarse a sí
-mismo”. A pesar de esto, siempre será más humana, más
-elevada y más educativa la crítica serena e imparcial de las
-bellezas y los defectos, que la crítica sistemática de los defectos.
-“Puede ser útil descubrir un defecto en un diamante; es
-mejor encontrar un diamante en la arena”.</p>
-
-<p>La obra de arte, cuando es sincera, es la más elevada
-pretensión del hombre y merece nuestro respeto cariñoso por
-imperfecta que ella sea. “Grano de arena arrojado en este
-mundo en trabajo, tiene la ambición de detener su evolución
-perpetua, de dar duración a lo que pasa, de retener lo que
-huye, de inmortalizar lo que muere... Y así es como el sentimiento
-estético, que no es el arte, conduce a él”<a name="FNanchor_32" id="FNanchor_32"></a><a href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a>.</p>
-
-<p>Amarlo todo, admirarlo todo, comprenderlo todo, he ahí
-la verdadera filosofía del hombre sano y fuerte. Una indulgencia
-inagotable para todas las debilidades humanas, un
-vasto perdón para todas las vanidades y utopías y esa
-<i>amable y piadosa filosofía de la buena sonrisa</i> para todos los
-defectos y errores, he ahí la mejor coraza del crítico y el
-más genuino temperamento del hombre culto. No impidamos,
-pues, con críticas estrechas, que cada cual haga su ensayo
-de volar como las mariposas, como las avecillas o como
-las águilas; cada vuelo llena su misión en la naturaleza, tiene
-su explicación, encierra su dosis de belleza y constituye
-una necesidad de la armonía universal. ¿Qué sería del cóndor
-si al intentar sus primeros ascensos le cortásemos las
-alas rudimentarias? ¡Cuántas veces el ave que escaló las nubes
-y embriagó sus pupilas de sol no cayó antes, en sus primeros
-revuelos, de la copa del arbusto o de la cima de la
-roca escarpada!</p>
-
-<p>Seamos generosos, seamos sensatos, y dejemos también
-nosotros que las energías de nuestro ser contribuyan a las
-puras construcciones del arte; que el esfuerzo noble e idealista
-triunfe sobre las barreras del materialismo y las pasiones
-bastardas; que nuestra alma, en fin, trate de elevarse a
-la suprema belleza humana y ensaye comulgar con las infinitas<span class="pagenum"><a name="Page_461" id="Page_461">[461]</a></span>
-armonías de la naturaleza. Esa belleza y esta comunión,
-lejos de aminoramos, nos harán, con sus misteriosos secretos,
-más fuertes, más grandes y más virtuosos.</p>
-
-<p>Por la obra de arte renovamos y sostenemos nuestros goces
-más delicados y, “si es verdad que la Ciencia no tocará
-jamás con el dedo el gran Desconocido que persigue, el Arte
-nos consolará de su impotencia haciéndonos entrever en las
-armonías pasajeras, cuyo secreto nos entrega, la imagen de
-esa armonía superior, causa y fin de toda materia, de todo
-movimiento, de toda vida”<a name="FNanchor_33" id="FNanchor_33"></a><a href="#Footnote_33" class="fnanchor">[33]</a>.</p>
-
-<p>No cerremos, pues, el corazón y el cerebro a los grandes
-misterios y palpitaciones de la vida. Que cada palabra bella,
-que cada esfuerzo sincero, que cada pensamiento noble, que
-cada gesto original, que cada paso recto, produzca en nuestro
-espíritu una vibración afectuosa y caiga en su seno como
-abono de luz para nuevas germinaciones... Que nuestra alma,
-abierta al cielo cómo una flor inmensa, recoja en su seno
-todos los perfumes, todas las armonías, todos los colores, todas
-las caricias, para transformarlos en néctar precioso de
-belleza, de bondad y de vida. Y así habremos llenado la más
-alta misión en la tierra.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_462" id="Page_462">[462]</a></span></p>
-
-<h2 id="LAS_IDEAS_FILOSOFICAS_DE_AMEGHINO">LAS IDEAS FILOSÓFICAS DE AMEGHINO</h2>
-
-<p class="center"><span class="smcap">Por JOSE INGENIEROS</span></p>
-
-<p class="center">Profesor en la Universidad de Buenos Aires</p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p class="hanging">I. Su orientación filosófica inicial.&mdash;II. El transformismo y la
-paleontología filosófica.&mdash;III. “Mi Credo”; los cuatro Infinitos;
-la vida y la muerte.&mdash;IV. Noción de Dios y noción de Espacio.&mdash;V.
-Filogenia del lenguaje.&mdash;VI. El origen de la Vida.&mdash;VII.
-Otros aspectos.</p>
-
-</div>
-
-<h3>I.&mdash;<span class="smcap">Su orientación filosófica inicial</span></h3>
-
-<p>La índole misma de sus estudios científicos impuso a
-Ameghino el examen de ciertos problemas filosóficos. Dotado
-de un temperamento imaginativo y revolucionario, se inclinó,
-desde muy joven, a generalizar los resultados de la experiencia
-y a trascender sus dominios técnicos mediante hipótesis de
-cierto vuelo.</p>
-
-<p>En la Memoria presentada en 1876 a la Sociedad Científica
-Argentina, sobre la geología de la formación pampeana,
-adviértese que está impregnado de Lyell y Darwin. Es transformista.
-Con vigorosa pujanza juvenil defiende su posición
-filosófica y embiste a los que en nombre de la teología y de
-la rutina se oponen a la investigación de la Verdad. En esa
-época pasaba por aguda crisis el llamado “conflicto entre la
-Religión y la Ciencia”; son, sin duda, un reflejo de ella los
-párrafos preliminares de su Memoria, bastante significativos
-acerca de su pensamiento inicial, pues el autor tenía veinte y
-dos años de edad.</p>
-
-<p>Su tesis es profundamente subversiva. Considera que los
-teólogos, o sabios de antaño, habían subyugado a las gentes
-sencillas enseñándoles mentiras que ellos mismos no creían;
-para apuntalar el despotismo necesitaban mantener al pueblo
-en la ignorancia, inculcándole ideas retrógradas y supersticiosas;
-una de ellas era la leyenda bíblica de la catástrofe
-diluviana con que un Dios vengativo había castigado a la humanidad.
-Los tales sabios de antaño pretendían ahora explicar<span class="pagenum"><a name="Page_463" id="Page_463">[463]</a></span>
-los hallazgos de fósiles, suponiendo que la legendaria catástrofe
-los había enterrado inesperadamente; pero la hora
-había llegado de que terminaran esas patrañas, pues los restos
-fósiles no son antediluvianos y pertenecen a especies que vivieron
-y evolucionaron durante el vasto período de tiempo en
-que fueron sedimentándose los terrenos llamados diluvianos,
-cuya progresiva estratificación no acredita la hipótesis tradicional.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>“¿De dónde han venido (los restos fósiles, en general)?
-¿Qué mano, qué fuerza, qué poder inmenso es el que ha llevado
-sus despojos a las cumbres de las montañas a miles de
-pies de elevación, ha rellenado con ellos su interior, los ha
-transportado al centro de los continentes a grandísimo número
-de leguas de los mares actuales, y los ha enterrado en las
-entrañas de la tierra a centenares y aun a millares de metros
-de su superficie? ¿Qué mano misteriosa es la que ha dejado
-en la superficie de la tierra un monumento imperecedero tan
-elocuentísimo de su inmenso poder?</p>
-
-<p>“Estas preguntas hacía el pueblo a los sabios de antaño.
-Estos, después de haber estudiado la cuestión y encontrado
-una explicación satisfactoria y conveniente para ellos,&mdash;puesto
-que mediante ella trataron de afianzar y aun consolidar el
-inmenso castillo bamboleante y sin cimientos que habían fabricado
-sus antecesores sobre la ignorancia del pueblo, al cual
-tenían subyugado a su capricho (ignorancia que trataron
-siempre de mantener y aun fomentar, inculcando en el pueblo
-ideas retrógradas y supersticiosas, para de este modo asegurar
-mejor su despotismo),&mdash;se apresuraron inmediatamente a contestar
-diciendo que todos esos restos de seres organizados que
-se encuentran dispersos y enterrados en todas partes del globo,
-son los restos de los desgraciados seres que vivían cuando
-ocurrió el diluvio universal, que habían sido víctimas de dicha
-catástrofe. Y que sus restos, habiendo sido acumulados,
-enterrados y dispersados en todas direcciones del modo más
-confuso, venían a ser, por consiguiente, la prueba más evidente
-y convincente de la gran catástrofe, por medio de la cual
-la irritación del Todopoderoso hacia la concupiscente raza humana
-de entonces, hizo devastar al mundo entero destruyendo
-a hombres y animales. ¡Como si estos últimos también hubiesen
-sido culpables!</p>
-
-<p>“Esta fué la respuesta de los sabios o, más bien dicho, de
-los teólogos de antaño, puesto que casi todas las ciencias eran
-antes enseñadas por el clero; y aunque hubiese habido alguna
-persona que hubiera dudado de la posibilidad de dicha catástrofe,
-se habría guardado muy bien de revelar su opinión, pues
-ahí estaba pronto el despotismo de la teocracia para ponerle<span class="pagenum"><a name="Page_464" id="Page_464">[464]</a></span>
-un freno a la lengua cada vez que hubiera tratado de poner
-en discusión cualquiera de las falsas hipótesis de la ciencia
-teocrática. Pero al dar esa respuesta, creían que nadie les había
-de probar lo contrario, y muy lejos estaban de creer que
-llegaría un día no muy lejano en que se probaría por medios
-evidentes y hechos irrecusables, no tan sólo que los numerosos
-restos organizados que se hallan enterrados en las entrañas
-de la tierra no son el resultado del diluvio universal, sino que
-hasta se llegaría a demostrar que es imposible que esta misma
-catástrofe haya tenido lugar...”</p>
-
-<p>En efecto, el agua que se encuentra en nuestros mares es
-insuficiente para cubrir toda la superficie de la tierra, hasta
-los picos más elevados. Para sostener la existencia del diluvio
-universal se debería suponer que las aguas provienen de algún
-punto exterior al planeta, o que Dios las creó de la nada y
-después de haber conseguido su objeto las volvió a la nada.
-Tal hipótesis le parece imposible, geológicamente hablando,
-pues de todos los fenómenos que se han verificado en
-nuestro globo, desde sus orígenes, no se conoce ninguno debido
-a causas sobrenaturales; “por consiguiente, el diluvio universal,
-explicado por causas agenas a las leyes naturales y que
-no caen bajo nuestros sentidos, es un absurdo, es un imposible
-geológico. Casi todas las montañas, aun las más
-altas del globo, presentan en su superficie bancos de coral,
-conchas marinas de diferentes especies, etc., que los partidarios
-del diluvio universal atribuyen a dicho cataclismo, suponiendo
-que las aguas los llevaron y depositaron en las cimas
-de las montañas; pero ¿cómo explicar el hecho de que muchas
-de esas montañas, desde su base hasta su cima, están en su
-interior completamente llenas de dichos despojos puestos por
-capas sucesivas; que cada una contiene sus fósiles característicos
-de los cuales no se encuentran vestigios en las otras capas;
-y que cada una denota pertenecer a períodos de millares
-de años durante los cuales se fueron modificando lenta pero
-progresivamente los seres animales que durante ellos vivían?
-¿Cómo explicar el hecho de que algunas de esas capas están
-compuestas de animales marinos y otras de fluviales? Nunca
-consiguieron los teólogos explicarlo satisfactoriamente.</p>
-
-<p>“Sólo a los ateos, según los llaman ellos, les estaba reservado
-poder explicarlo satisfactoriamente, como han probado
-de un modo evidente los geólogos que dichas montañas no son
-otra cosa que terrenos formados lentamente en el fondo de los
-mares y los lagos, que más tarde fueron sublevados por efecto
-del calor del horno central de la tierra, que careciendo, comparativamente
-a la gran intensidad de su calor, de suficientes
-válvulas de seguridad (volcanes), los formaba en los puntos
-menos resistentes de la corteza terrestre sublevando inmensas<span class="pagenum"><a name="Page_465" id="Page_465">[465]</a></span>
-capas de terreno, cuya mayor parte yacían en el fondo de los
-mares de aquella época, y que son los que constituyen nuestras
-montañas actuales”.</p>
-
-<p>Los partidarios de las viejas tradiciones creyeron defenderlas
-reconociendo esos acontecimientos geológicos, pero agregando
-que habían ocurrido antes del diluvio legendario; los
-efectos de éste debían buscarse en los terrenos móviles o poco
-coherentes (sedimentarios) que descansan sobre los anteriores y
-a los que se dió el nombre de <i>diluvium</i> o terrenos diluvianos.
-“Por consiguiente, la cuestión no se reduce más que a
-saber si realmente los terrenos, a cuyo conjunto se ha dado
-el nombre de <i>diluvium</i>, son el producto de una gran catástrofe.
-Casi todos los geólogos modernos, fundándose en hechos, pruebas
-y razones convincentes, se han declarado por la negativa.”</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Lo que Ameghino se propone, en suma, no es simplemente
-describir observaciones estratigráficas ni colecciones de fósiles;
-desea intervenir en uno de los grandes conflictos trabados
-entre la Ciencia y la Religión, poniendo al servicio de la
-primera sus observaciones personales. En efecto, “los terrenos
-que ocupan la superficie de las pampas argentinas hasta
-una profundidad de veinte metros y más, a cuyo conjunto
-se ha dado el nombre de <i>formación pampeana</i> o terrenos pampeanos,
-corresponden por su situación geológica a los que en
-Europa se han llamado diluvianos. En estos terrenos se han
-encontrado, lo mismo que en sus análogos europeos, los
-huesos de un gran número de mamíferos conocidos
-generalmente con el nombre de <i>antediluvianos</i>. En estos terrenos
-se han encontrado huesos humanos y objetos de su industria,
-a los cuales, por estar como están, mezclados con huesos
-de mamíferos extintos llamados <i>antediluvianos</i>, habría también
-que aplicarles dicho calificativo. Ahora bien: el término
-<i>antediluviano</i> ha sido introducido en la ciencia para designar
-cualquier cosa que fuera anterior al supuesto diluvio universal,
-cuya existencia era antes casi generalmente admitida. Si
-conservásemos dicho término para designar los animales que
-se encuentran en el terreno pampeano y los huesos humanos
-que se han encontrado junto con ellos, sería lo mismo que si
-dijéramos que los animales a que pertenecieron dichos huesos
-fueron anteriores a la supuesta catástrofe diluviana, es decir,
-a una supuesta fecha o punto de partida, puesto que el diluvio,
-como nos lo quieren hacer entender los defensores de
-las erróneas tradiciones bíblicas, no ha sido más que una gran
-inundación simultánea sobre toda la superficie de la tierra.</p>
-
-<p>“Por eso es que para nuestros fines nos resulta de suma
-necesidad saber si los terrenos pampeanos han sido formados<span class="pagenum"><a name="Page_466" id="Page_466">[466]</a></span>
-momentáneamente por efecto de una gran inundación, o son,
-por el contrario, el producto de la reunión de un gran número
-de causas, que estuvieron en actividad durante un largo
-número de años.</p>
-
-<p>“Si lo primero es exacto, los animales cuyos restos encontramos
-en ellos deben haber vivido con anterioridad a la
-catástrofe que los formó y de la que fueron víctimas; y en
-ese caso el calificativo de <i>antediluviano</i> les sería bien aplicado.</p>
-
-<p>“Si fuese lo segundo, el término <i>diluvio</i> o <i>diluviano</i> ya
-no indicaría una data o fecha, sino una época o un gran período
-de tiempo, durante el cual habrían tenido vida los numerosos
-seres organizados cuyos restos se encuentran en los
-terrenos que durante él se formaron; y, en consecuencia, el
-término <i>antediluviano</i> sería mal aplicado, porque equivaldría
-a decir que tuvieron vida anteriormente a una catástrofe que
-jamás ha tenido lugar y podría substituirse por el de <i>diluviano</i>,
-que equivaldría a decir que tuvieron vida durante la
-época o período así llamado.</p>
-
-<p>“Vamos a tratar de resolver la cuestión no con simples
-hipótesis o argumentaciones sin fundamento, sino con razones,
-pruebas y hechos, cuya exactitud podrá comprobar cualquiera”.</p>
-
-<p>Su propósito no es, como se vé, simplemente descriptivo;
-si observa terrenos y colecciona fósiles, persigue fines ideológicos
-más elevados. Tiene, ciertamente, a los veinte y dos años
-preocupaciones que merecen el nombre de filosóficas. Reaparecen
-ellas en <i>La Antigüedad del Hombre en el Plata</i> (1880),
-verdadero resumen de todos sus escritos precedentes, y persisten
-en <i>La Edad de la piedra</i> y en el <i>Homenaje a la memoria
-de Darwin</i>, verdaderos eslabones que articulan su pensamiento
-juvenil con las ideas científicas de su vida entera.</p>
-
-<h3><span class="smcap">II.&mdash;El transformismo y la paleontología filosófica</span></h3>
-
-<p>El ciclo de su obra viril se inicia con <i>Filogenia</i> (1884),
-obra que por su método y orientaciones pertenece al género
-de la llamada <i>paleontología filosófica</i>.</p>
-
-<p>Después de Goethe, Oken y Buffon,&mdash;los precursores,&mdash;el
-transformismo fué enunciado, con firmeza creciente, por
-Lamarck, Saint-Hilaire y Darwin. Las obras de este último,
-concordantes con las expuestas por Lyell en otros dominios,
-revolucionaron la zoología; a poco, mientras Haeckel y Huxley
-le aportaban comprobaciones valiosas, cundió entre los paleontólogos
-el transformismo y primaron en el estudio de los fósiles
-los trabajos de reconstrucción filogenética. Neumayr delineó
-la de los invertebrados, Cope la de los vertebrados; ambos
-introdujeron en la paleontología el transformismo, más<span class="pagenum"><a name="Page_467" id="Page_467">[467]</a></span>
-darwinista en el primero y más lamarckiano en el segundo. Al
-mismo tiempo daba a luz Gaudry sus leidísimos volúmenes sobre
-“los encadenamientos del mundo animal”, coronados más
-tarde por su “ensayo de paleontología filosófica”.</p>
-
-<p>Durante la estancia de Ameghino en Europa (1878-1881)
-esa orientación filosófica de la paleontología estaba en pleno
-auge; refléjase ella ampliamente en <i>Filogenia</i> (1884), obra
-que tiene, junto a sus muchos méritos, los apresuramientos
-propios de esa época, que justificaron la prudente voz de alarma
-lanzada por Zittel.</p>
-
-<p>El prólogo de <i>Filogenia</i>, en su parte final, es de un optimismo
-fervoroso. Ameghino se propone restaurar el árbol filogenético
-para dar la demostración irrefutable del transformismo;
-confiado en su juventud, sólo pide tiempo para ello.
-Declara que una empresa de tal magnitud y responsabilidad
-científica no puede esperarse de hombres que tienen ya una
-reputación hecha y temen arriesgarse a comprometerla; las
-obras revolucionarias están reservadas a los jóvenes. “Reconozco
-la necesidad imperiosa de proceder cuanto antes a bosquejar
-este ensayo de clasificación genealógica, y voy a acometer
-la empresa sin disimularme las dificultades que para
-ello tendré que vencer, los deberes que me impone, los sinsabores
-que quizá me reserva y la acerba crítica con que sin
-duda será acogido por todos los que no tienen fe en el porvenir
-y en las innovaciones, y ven detrás de cada revolución
-un caos, sin reflexionar que después del fuerte rugir del trueno
-y de la obscuridad que momentáneamente produce el encapotado
-cielo, la bóveda celeste se muestra más límpida y
-azul, y el sol aparece más brillante y más hermoso”.</p>
-
-<p><i>Filogenia</i> es un simple punto de partida, la fijación del
-método para llegar al fin; así lo expresa el subtítulo: “principios
-de clasificación transformista basados sobre leyes naturales
-y proporciones matemáticas”.</p>
-
-<p>Nunca olvidó Ameghino esa orientación filosófica inicial.
-Pasó los más de sus años siguientes en clasificar las cuatro
-grandes faunas paleontológicas de las formaciones pampeana,
-paranaense, hermosense y patagónica, determinando a la vez
-sus condiciones geológicas; pero de tiempo en tiempo volvió a
-lanzar una mirada sinóptica a su obra, conexionándola con sus
-propios orígenes y proyectándola sobre el porvenir<a name="FNanchor_34" id="FNanchor_34"></a><a href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a>. Ya
-en plena madurez, acicateado por algunos descubrimientos, renacieron
-en él con nuevos bríos las inclinaciones antropogenéticas
-que había revelado en el capítulo final de <i>Filogenia.</i>
-Ocupó sus últimos años en perfeccionar la serie de los ascendientes<span class="pagenum"><a name="Page_468" id="Page_468">[468]</a></span>
-del hombre, problema de la mayor trascendencia
-filosófica. Sostuvo, como Darwin y todos los darwinistas, que
-los antecesores del hombre no deben buscarse entre los actuales
-monos antropomorfos, sino entre los monos ya extinguidos
-que dieron origen a ambas ramas; pero a todos los excedió en
-el empeño que puso en acabar una demostración tan inútil.
-No la necesita ya ningún transformista; nunca parecería
-suficiente a quien desee creer en el origen sobrenatural del
-hombre y en la invariabilidad de las especies.</p>
-
-<h3>III.&mdash;<span class="smcap">“Mi credo;” los cuatro Infinitos; la vida y la muerte</span></h3>
-
-<p>En 1899 publicó Ameghino tres artículos sobre <i>Los Infinitos</i>:
-espacio, materia y movimiento<a name="FNanchor_35" id="FNanchor_35"></a><a href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a>. Sus conceptos fundamentales
-reaparecieron en la conferencia <i>Mi Credo</i>, pronunciada
-el 4 de agosto de 1906, en la Sociedad Científica Argentina;
-en este conocido trabajo renovó su adhesión a los principios
-del naturalismo filosófico, cuyas hipótesis más corrientes
-expuso en forma sencilla y con visible originalidad en
-ciertos detalles.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Concebía el Cosmos como un conjunto de <i>cuatro infinitos</i>:
-el inmutable <i>infinito espacio</i>, ocupado por el <i>infinito materia,</i>
-en <i>infinito movimiento</i> en la sucesión del <i>infinito tiempo</i>.</p>
-
-<p>“Materia y espacio tienen la relación de contenido y continente.
-El espacio existe, es una realidad, puesto que en el
-Universo es lo único inmóvil, perenne, inmutable, sirviendo de
-receptáculo a la materia. Concebir algo que sea menos que el
-espacio o que se encuentre fuera de él, es un imposible.</p>
-
-<p>“La materia es la substancia palpable que llena el Universo,
-y no podemos figurárnosla sino ocupando espacio; es
-evidente que la porción del espacio ocupada por un átomo de
-materia no puede ser a la vez ocupada por otro.</p>
-
-<p>“La materia no tuvo principio, ni tendrá fin. Que es indestructible,
-es evidente, puesto que no es concebible la posibilidad
-de sacarla fuera del espacio.</p>
-
-<p>“Como inseparable del espacio tenemos el intangible infinito
-tiempo, que podemos definir como la sucesión infinita
-de la nada corriendo paralelamente a las sucesivas fases de la
-eterna transformación de la materia.</p>
-
-<p>“Como inseparable de la materia tenemos el infinito movimiento,
-que aunque inmaterial, a diferencia del infinito
-tiempo, es sensible y tangible.”</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_469" id="Page_469">[469]</a></span></p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Dejando los infinitos intangibles, espacio y tiempo, se detiene
-Ameghino a examinar los dos infinitos tangibles: materia
-y movimiento.</p>
-
-<p>Acepta el atomismo para explicar la constitución de la
-materia. El movimiento no existe independiente de la materia;
-es sinónimo de fuerza o energía.</p>
-
-<p>La evolución de la materia obedece a dos movimientos
-opuestos, de igual intensidad: concentrante y radiante, es decir,
-de atracción y repulsión. La evolución concentrante es
-progresiva; la radiante es regresiva.</p>
-
-<p>Un principio fundamental rige la universalidad del movimiento:
-“la intensidad del movimiento está en relación inversa
-de la densidad de la materia”. Hay mundos en formación
-y mundos en disolución: ese equilibrio es eterno.</p>
-
-<p>La materia presenta numerosos estados, desde el etéreo que
-llena los espacios estelares, hasta el pensante que constituye
-el cerebro en actividad. La estructura de esos estados es variadísima,
-correspondiendo a cada uno de ellos un agrupamiento
-molecular distinto. La transición entre esos estados es
-necesariamente progresiva. “La infinita variedad de aspectos
-bajo los cuales se presenta la materia, como todos los fenómenos
-físicos y químicos, se reduce al predominio (localizado
-en el tiempo y en el espacio) del movimiento concentrante o
-del movimiento radiante, que modifican la materia variando
-a lo infinito su grado de elevación jerárquica y la complejidad
-de los agrupamientos moleculares. Todos los elementos
-de la materia son múltiplos del átomo único fundamental:
-el éter.</p>
-
-<p>Los cambios de estado de la materia se acompañan de
-absorción o emisión de calor.</p>
-
-<p>Si los átomos son impenetrables, las moléculas son penetrables;
-los distintos estados de la materia coexisten contenidos
-los unos en los otros.</p>
-
-<p>Las diversas formas de energía se transforman entre sí
-en proporciones siempre equivalentes.</p>
-
-<p>Los fenómenos físicos consisten en variaciones de la composición
-molecular de la materia; los fenómenos químicos son
-disociaciones y reagrupaciones de los elementos moleculares.</p>
-
-<p>Las leyes naturales, con excepción de las muy pocas que
-rigen los infinitos, no son eternas ni inmutables; son modos
-de equilibrio entre el movimiento concentrante y el movimiento
-radiante: a cada modificación de las condiciones de equilibrio
-corresponde una variación de las leyes naturales.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_470" id="Page_470">[470]</a></span></p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>“No hay diferencia de substancia entre los cuerpos orgánicos
-y los cuerpos inorgánicos, entre el cuerpo vivo y el
-cuerpo muerto”; entrando en la composición de ambos los
-mismos elementos, su diferenciación es secundaria y no primitiva,
-datando de una época relativamente recientísima.
-Los organismos se formaron sobre la tierra cuando su condensación
-fué suficientemente avanzada y la temperatura suficientemente
-baja para que no se coagularan los albuminoides:
-“los organismos son el resultado de la transformación
-de los inorganismos”. La vida es una modalidad complicada
-del movimiento: todas sus manifestaciones se reducen a formas
-de movimiento que ya encontramos en los inorganismos.</p>
-
-<p>La cantidad de materia viviente es invariable en las actuales
-condiciones de equilibrio de la tierra y no variaría en
-cuanto ellas persistiesen; está determinada por la cantidad
-de nitrógeno disponible que existe sobre la tierra, que no puede
-sufrir aumento o disminución sin producir un desequilibrio
-en el estado dinámico periférico de nuestro globo.</p>
-
-<p>Los primeros organismos se constituyeron por generación
-o evolución espontánea, al transformarse la materia inorgánica.
-Actualmente la generación espontánea no existe.
-No puede existir porque ya no hay nitrógeno libre, cuya totalidad
-está acaparada por el mundo orgánico existente, que
-representa la cantidad máxima de materia susceptible de vivir.</p>
-
-<p>La formación espontánea de la materia viviente se efectuó
-una sola vez y no volverá a producirse; fué una etapa en
-la evolución de la corteza terrestre, cuyas condiciones no se
-repetirán. La vida continuará sin discontinuidad mientras
-duren las actuales condiciones de equilibrio de la corteza terrestre.
-La materia de la corteza de los otros planetas ha pasado
-o pasará por la misma etapa, lo que implica la posibilidad
-de que sobre ellos aparezcan organismos vivientes.</p>
-
-<p>Si la cantidad de materia viva es invariable, el aumento
-numérico de algunos organismos debe implicar la disminución
-de otros; esa es la causa última de la concurrencia vital
-o lucha por la vida. Siendo limitada la cantidad de materia
-asimilable, ese es el límite natural de la reproducción en los
-organismos: unos seres tienen que sucumbir para que los demás
-puedan vivir.</p>
-
-<p>Colocado en condiciones favorables del medio, el protoplasma,
-o los seres vivos elementales, serían inmortales; la
-muerte es un desequilibrio entre el ser vivo y su medio.</p>
-
-<p>Los organismos más complicados son colonias de organismos
-elementales, entre quienes se dividen las funciones necesarias
-a la vida del conjunto; su muerte es un desequilibrio
-en esa división del trabajo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_471" id="Page_471">[471]</a></span></p>
-
-<p>La diversificación, complicación y perfeccionamiento de
-los organismos se efectúa por una constante adaptación al
-medio, el cual también evoluciona constantemente.</p>
-
-<p>En la evolución individual cada organismo atraviesa las
-etapas recorridas por sus antecesores en la evolución de las
-especies: la ontogenia repite la filogenia, en sus fases generales.</p>
-
-<p>Los hábitos adquiridos en la evolución de la especie, aparecen
-en el individuo como instintos; siguiendo ese proceso,
-que nada puede interrumpir, el hombre de las edades futuras
-nacerá con todos nuestros conocimientos actuales involucrados
-potencialmente en su instinto.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Los seres vivos mueren cuando la disimilación es mayor que
-la asimilación; el organismo se mineraliza progresivamente
-y sus funciones se entorpecen hasta hacer imposible
-el equilibrio total.</p>
-
-<p>El hombre podrá algún día retardar su muerte, “poco
-menos que indefinidamente”. El término de duración de la
-vida no es fijo; debemos dilatarlo el mayor tiempo posible.
-“No creo que la muerte deba ser siempre una consecuencia
-inevitable y fatal de la vida”. Los organismos unicelulares,
-en determinadas condiciones, son teóricamente inmortales;
-los policelulares mueren porque sus células se mineralizan y
-dejan de funcionar, lo que se efectúa en época fija e invariable.
-Aunque la masa total de materia viviente sea invariable,
-ella puede estar dividida entre un número variable de
-individuos. “Puede, pues, concebirse, sin que sea un contrasentido
-ni esté en contradicción con las leyes naturales en vigencia,
-la posibilidad de que pudiera existir cierto número
-de organismos inmortales, que vivieran constantemente a expensas
-del mundo orgánico”.</p>
-
-<p>Para alcanzar una longevidad indefinida es necesario que
-el funcionamiento orgánico no sea obstruído por la acumulación
-de sedimentos inertes. La tendencia evolutiva hacia una
-mayor longevidad es general y está muy acentuada en los organismos
-superiores; el hombre podría conocer las condiciones
-que la determinan y adaptar su propia evolución en ese
-sentido, “darle dirección y colocarse resueltamente en el camino
-de la inmortalidad”.</p>
-
-<p>A nuestros lejanos descendientes “dotados de una longevidad
-de miles de años; con el saber innato de sus antecesores,
-heredado bajo la forma de instinto; con órganos de los
-sentidos mucho más perfectos que los del hombre actual; con
-una materia pensante infinitamente superior, les seria posible
-resolver los grandes problemas del Universo que se nos presentan<span class="pagenum"><a name="Page_472" id="Page_472">[472]</a></span>
-todavía en forma de lejanas nebulosas”. La especie
-humana actual, salida de las precedentes, engendrará a su
-vez una especie más perfecta, próxima al concepto que el
-hombre se forma de la divinidad. En nuestros futuros descendientes,
-podría quedar cumplida la profecía bíblica: ellos
-serían a imagen y semejanza de los dioses<a name="FNanchor_36" id="FNanchor_36"></a><a href="#Footnote_36" class="fnanchor">[36]</a>.</p>
-
-<h3><span class="smcap">IV.&mdash;Noción de Dios y noción de Espacio</span></h3>
-
-<p>La concepción del Cosmos como conjunción de cuatro Infinitos,
-se encuentra explicada con mayor detenimiento en los
-artículos ya citados, anteriores a <i>Mi Credo</i>. La concepción
-panteísta está desenvuelta en su breve artículo <i>Noción de Dios
-y noción de Espacio</i><a name="FNanchor_37" id="FNanchor_37"></a><a href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a>, destinado a contestar la pregunta:
-“¿Hay algo que en verdad exista, o que cuando menos pueda
-ser concebido en sana lógica como existente, que esté más arriba
-que el espacio y la materia?” Y después de reconocer la
-universalidad de la creencia en “un ser superior que gobierna
-el Universo y es autor y origen de todas las cosas”, da
-su respuesta decisiva: “la existencia de un ser superior, creador
-del Universo, es incompatible con la noción de la existencia
-y la eternidad del espacio y la materia”. Trata de probar
-con múltiples razonamientos lógicos la incompatibilidad
-de las nociones de Dios y de Espacio, terminando con las siguientes
-conclusiones explícitas:</p>
-
-<p>“La idea de Dios es una idea primitiva, simple, sencilla,
-infantil, hija del temor que engendra lo desconocido y de la
-ignorancia, que sólo tiene ojos para ver las apariencias. Idea
-nacida con el hombre desde el estado salvaje y que ha ido modificándose<span class="pagenum"><a name="Page_473" id="Page_473">[473]</a></span>
-poco a poco a medida que el hombre se civilizaba
-y cultivaba su inteligencia, hasta hacer de tal idea una
-concepción puramente metafísica, dotada de atributos no menos
-metafísicos, sirviéndome de esta expresión en su acepción
-más vulgar, que quiere que sea metafísico todo aquello que
-no se comprende. Y en efecto: nada hay, por consecuencia,
-tan metafísico como la noción de Dios y de sus atributos,
-puesto que todo ello es lo más incomprensible.</p>
-
-<p>“La noción de espacio es, por el contrario, una idea compleja,
-que sólo ha podido presentarse en espíritus elevados y
-afirmarse como resultado del conocimiento previo del Cosmos.</p>
-
-<p>“Una no deja lugar para la otra; y así como todo pueblo
-inferior se aniquila, desaparece y se extingue al estar en contacto
-con uno superior, así también la noción de Dios se disipa
-ante la concepción mucho más grandiosa, a la par que
-real y positiva, de la eternidad de la infinita materia, en movimiento
-infinito, que llena el infinito espacio”.</p>
-
-<h3>V.&mdash;<span class="smcap">Filogenia del lenguaje</span></h3>
-
-<p>Nunca osaron pensar Lamarck y Darwin, que la Anatomía
-Comparada y la Paleontología podrían corroborar el transformismo
-explicando las variaciones morfológicas que han
-permitido la evolución del lenguaje. Ameghino lo intentó en
-su escrito póstumo “<i>Origen poligénico del lenguaje articulado</i>”,
-en cuyo texto parece alterado el orden natural de los
-problemas y no están bien distribuídos los materiales<a name="FNanchor_38" id="FNanchor_38"></a><a href="#Footnote_38" class="fnanchor">[38]</a>.</p>
-
-<p>Fácil es separar en esta monografía los elementos relativos
-al estudio de cuatro cuestiones distintas: 1.ᵒ Filogenia
-General del Lenguaje; 2.ᵒ Restauración filogenética de los órganos
-del lenguaje articulado; 3.ᵒ Origen poligénico de las
-lenguas humanas; 4.ᵒ Seriación de los elementos fonéticos del
-lenguaje articulado.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>La primera cuestión&mdash;Filogenia General del Lenguaje&mdash;parte
-de que, en la evolución de las especies animales, el lenguaje
-va convirtiéndose de mímica emotiva en lenguaje articulado.
-Para ello pasa por cuatro etapas progresivas:</p>
-
-<p>1.ª Lenguaje animal o emotivo, propio de los animales,
-constituído por gritos vocales acompañados de expresiones
-musculares (gestos) para determinar mejor su significado.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_474" id="Page_474">[474]</a></span></p>
-
-<p>2.ª Lenguaje exclusivamente vocal o prehumano, propio
-de los antecesores del hombre.</p>
-
-<p>3.ª Lenguaje semiarticulado, constituído por vocales y
-semiconsonantes, sonidos intermedios que participan a la vez
-de la vocal y de la consonante. Corresponde a los primeros
-representantes del género humano, cuya mandíbula carecía,
-todavía, de apófisis geniglosa.</p>
-
-<p>4.ª Lenguaje articulado, en el que los órganos bucales
-entrecortan el sonido vocal para constituir sílabas distintas.
-Este ha comenzado con la formación de la apófisis geniglosa,
-y ha alcanzado independientemente distintos grados de desarrollo.</p>
-
-<p>(La parte mímica, expresiva o emotiva, ha ido disminuyendo
-a medida que iba en aumento el significado de las voces).</p>
-
-<p>Ameghino analiza cada una de esas cuatro etapas, deteniéndose,
-especialmente, en la última, o sea el lenguaje articulado.</p>
-
-<p>“No quiero invadir terreno extraño a mis conocimientos.
-Sin embargo, se me permitirá que exprese mi opinión, según
-la cual considero el estudio y clasificación de las lenguas del
-mismo modo que el estudio y clasificación de las especies en
-historia natural. Las lenguas deben ser tratadas como se
-tratan las especies. Schleiger ya había entrevisto este paralelo
-entre la lingüística y la historia natural, reconociendo
-que el lingüista debía abordar el estudio de las lenguas en
-la misma forma que el botánico estudia las plantas; pero no
-llevó el parangón a términos más precisos. Esta es la vía que
-debe seguirse.</p>
-
-<p>“Las lenguas representan para mí las especies, y los dialectos
-las variedades de esas especies; las lenguas madres representan
-las familias y varias familias afines constituyen
-los órdenes de lenguas.</p>
-
-<p>“Las especies lingüísticas están constituídas por tres sistemas
-de órganos: 1.ᵒ Los sonidos son los caracteres más fundamentales,
-los órganos (sonidos) duros de las lenguas, los
-que forman su armazón o esqueleto, equivalentes a los huesos
-en los vertebrados; son, como éstos, los que varían y se modifican
-con mayor lentitud, y, por consiguiente, los que deben
-servir para la distinción de los grupos principales, como
-los órdenes y su origen. 2.ᵒ Las voces o palabras, equivalen a
-los órganos blandos que varían con mucha mayor facilidad y
-sirven para determinar o definir las especies (lenguas) y variedades
-(dialectos). 3.ᵒ Las construcciones y formas gramaticales
-son sistemas de órganos que sirven para determinar
-las relaciones que hay entre las especies (lenguas) y agruparlas<span class="pagenum"><a name="Page_475" id="Page_475">[475]</a></span>
-en géneros y familias. Entre esos órganos los hay primitivos,
-recientes, atávicos, perfectos, etc.”</p>
-
-<p>“En las lenguas, como en las especies en historia natural,
-hay numerosísimas variedades, especies, géneros y familias
-extinguidas. Para llegar a resultados definidos hay que
-estudiar las lenguas desde el punto de vista filogenético, el
-mecanismo de los sonidos en sí y en sucesión en el niño, es
-decir, aplicando el método de los paleontólogos para establecer
-las líneas filogenéticas de los distintos grupos lingüísticos.
-Hay, pues, que hacer la filogenia de las formas desaparecidas
-y de cada uno de los órganos (es decir, de los sonidos),
-determinando la época de aparición relativa o sucesiva, y las
-modificaciones que esos sonidos han debido experimentar
-desde su primera aparición hasta nuestros días”.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Nada más lógico que la segunda cuestión&mdash;Restauración
-filogenética de los órganos del lenguaje articulado&mdash;para el
-autor de <i>Filogenia</i>. El lenguaje articulado es una función
-desempeñada por órganos. Prescindiendo de su aspecto psíquico,
-vinculado a la anatomía e histología cerebrales, Ameghino
-se detiene a estudiar los órganos indispensables para que
-el lenguaje vocal se convierta en semiarticulado y en articulado.</p>
-
-<p>Examina, en primer lugar, la variación progresiva de los
-huesos y órganos que intervienen en la fonación y en la articulación
-de los sonidos; bien observada, esta parte del trabajo
-resulta una nueva (y, en verdad, inesperada) aplicación
-del <i>procedimiento de la seriación</i> a los órganos del lenguaje,
-para restaurar <i>su filogenia</i>. “Los representantes actuales
-de la clase de los mamíferos y lo que la paleontología
-nos enseña sobre los que los han precedido, nos permiten rehacer
-el camino de la evolución de estos órganos desde los mamíferos
-más primitivos hasta el hombre”; los analiza, deteniéndose
-en los monos y en los antropomorfos, advirtiendo que
-“en la naturaleza actual no hay formas de transición entre
-esa conformación propia de los cebinos y los catarrinos, y la
-del hombre. Pero los primeros hombres que aparecieron sobre
-la tierra, muestran a este respecto una conformación
-completamente intermedia, y en algunos casos puede decirse
-que idéntica a la de los monos”.</p>
-
-<p>Atribuye una importancia especial en la función del lenguaje
-articulado a la morfología de la apófisis geniglosa,
-eje principal de los movimientos linguales en el hombre. Carecen
-de ella todos los mamíferos; en los antropomorfos, que
-se consideran tan cercanos al hombre, la dificultad de hablar
-depende, no sólo de la ausencia de la apófisis geniglosa, sino<span class="pagenum"><a name="Page_476" id="Page_476">[476]</a></span>
-de la disposición de la dentadura y de los labios. En los antecesores
-inmediatos (especies o razas) del hombre actual, falta
-esa apófisis; de ese hecho puede inferirse lógicamente que
-ellos no pudieron poseer un lenguaje netamente articulado. Parécele
-evidente que esta clase de lenguaje fué primitivamente
-simple y limitado a muy pocos sonidos; el uso desarrolló los
-músculos linguales y el crecimiento de la apófisis geniglosa,
-permitiendo esta última una grandísima amplitud de movimientos
-en todas direcciones, correlativa a la creciente complicación
-del lenguaje articulado.</p>
-
-<p>Fácilmente se adivina que las observaciones sobre dicha
-apófisis han sugerido a Ameghino sus hipótesis generales sobre
-filogenia del lenguaje.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>La tercera cuestión planteada en este bosquejo&mdash;origen
-poligénico de las lenguas humanas&mdash;está muy someramente
-expuesta. ¿La adquisición de la función del lenguaje articulado
-se ha efectuado en una sola región de la tierra o en
-varias a la vez, ha tomado origen en una sola raza o en varias
-por separado? Para dilucidar este problema se resuelve
-“a examinar las mandíbulas antiguas que del hombre se conocen
-en las diferentes partes del mundo, para poder determinar
-si todos se han desenvuelto sobre el mismo plan y
-seguido un mismo camino, o si obedecen a distintos planes y
-han seguido distintos caminos. En el primer caso, habría
-probabilidad de un origen único, siempre que ese camino no
-hubiera sido emprendido independientemente en las distintas
-regiones. Pero si el modo de desarrollo obedece a más de un
-plan y un camino, entonces es evidente, que el origen es independiente
-y poligénico”. De ese estudio infiere: 1.ᵒ Que el
-lenguaje articulado tiene diversos orígenes independientes.
-La apófisis geniglosa es un carácter poligénico y no monogénico.
-Esta apófisis empezó a delinearse, en el fondo de la
-fosa geniglosa, independientemente en las grandes regiones
-de la tierra y también en pueblos de una misma región; empezó
-por pequeñas rugosidades que representaban, entonces,
-un carácter profético. El estado en forma de fosa geniglosa
-sin rugosidades ni apófisis, fué la característica del hombre
-al concluir la época terciaria. 2.ᵒ Todo induce a creer, además,
-que la facultad del lenguaje, no solo las razas humanas
-la han adquirido independientemente, sino también en épocas
-distintas y algunas en tiempos geológicos relativamente muy
-recientes”.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>La cuarta de las cuestiones&mdash;Seriación de los elementos
-fonéticos del lenguaje articulado&mdash;es la que ha alcanzado un
-desenvolvimiento menos incompleto (Cap. V, titulado “sonidos<span class="pagenum"><a name="Page_477" id="Page_477">[477]</a></span>
-consonantes”). También es, ciertamente, la parte más
-constructiva y original, aunque se advierte a cada instante
-que el autor no conoce los estudios modernos de fonética experimental
-y comparada; esto le habría facilitado su obra y
-sus resultados serían más valederos.</p>
-
-<p>Es imposible resumir los análisis que le llevan a reconstruir
-ciertos “phylae” de evolución de los sonidos lingüísticos
-fundamentales. El <i>procedimiento de la seriación</i>, establecido
-en <i>Filogenia</i> para los caracteres de los huesos fósiles, aparece
-aquí aplicado a seriar los elementos fonéticos (fonemas)
-del lenguaje articulado. No se sabe qué admirar más, si el
-ingenio, si la lógica, si algunos resultados cuya evidencia resulta
-de la imposibilidad de lo contrario. Es un bosquejo, sin
-duda; el propio Ameghino reconoce y lamenta su ignorancia
-de las disciplinas filológicas corrientes. Pero lo importante es
-la indicación de un <i>nuevo método</i> para el estudio comparado
-de las lenguas, que contribuiría a la formación de una <i>filología
-genética</i> realmente integral.</p>
-
-<p>Las ideas generales que dominan en este escrito póstumo
-contienen todo lo útil que podía esperarse de la obra completa:
-una orientación para otros. Ameghino carecía de nociones
-rudimentarias de fonética y de filología; había llegado a
-una edad en que no pueden emprenderse estudios enteramente
-nuevos<a name="FNanchor_39" id="FNanchor_39"></a><a href="#Footnote_39" class="fnanchor">[39]</a>.</p>
-
-<h3><span class="smcap">VI.&mdash;Otros aspectos</span></h3>
-
-<p>Algunas ideas de <i>Mi Credo</i> están desenvueltas en un escrito
-póstumo de Ameghino: <i>El Origen de la Vida</i><a name="FNanchor_40" id="FNanchor_40"></a><a href="#Footnote_40" class="fnanchor">[40]</a>; son
-breves notas sobre el origen de los seres, la primera aparición
-de la vida, la generación espontánea en el origen de la misma,
-su improbabilidad actual, las condiciones necesarias para
-el desarrollo de la vida, etc. Carecen de originalidad, desarrollando
-las ideas más corrientes entre los partidarios de la
-teoría físico-química.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_478" id="Page_478">[478]</a></span></p>
-
-<p>Fácil es advertir que Ameghino, en el <i>Credo</i> que hemos
-sintetizado con fidelidad, da por planteados y resueltos los
-problemas filosóficos de “origen” y de “genealogía”. Sobre
-el origen del cosmos, de la vida y del pensamiento, adhiere estrictamente
-al naturalismo filosófico; pertenece a la corriente
-de pensadores que en el siglo pasado contó con grandes nombres,
-desde Darwin hasta Ostwald, convergiendo a una <i>concepción
-del mundo fundada en las ciencias naturales</i>. Justo es advertir,
-sin embargo, que sus ideas se limitaron a generalizaciones
-poco definidas, no alcanzando la forma del monismo energético,
-que ha sido la expresión más sistemática de esa tendencia.</p>
-
-<p>En cuanto al problema “gnoseológico”, piedra de toque
-para clasificar a un filósofo, Ameghino admite, de hecho, que
-la experiencia es el fundamento de todo conocimiento, iniciándose
-como observación empírica, coordinándose como ciencia
-y proyectándose en lo desconocido como hipótesis fundada en
-la experiencia. Nunca trató en particular este problema de
-lógica, ajeno a sus dominios científicos; pero siempre que a él
-se refirió incidentalmente, su obsecuencia al método científico
-fué absoluta y se esforzó por practicarlo, en cuanto ello
-le fué posible.</p>
-
-<p>Su posición moral fué netamente optimista. Se dejó llevar
-por la imaginación en sus previsiones relativas a la futura
-longevidad humana, que llamó “inmortalidad” en términos
-metafóricos, más propios de la poesía que de la ciencia.</p>
-
-<p>Rindió culto a la Verdad con derechez ejemplar y virtud
-pocas veces igualada. Y, sin salir de la Naturaleza, imaginó un
-Dios nacido de la Naturaleza misma: el Hombre perfeccionado
-de la humanidad futura.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_479" id="Page_479">[479]</a></span></p>
-
-<h2 id="INDICE_DEL_VOLUMEN_IX">ÍNDICE DEL VOLUMEN IX</h2>
-
-<table summary="Índice del volumen IX">
- <tr>
- <td></td>
- <td></td>
- <td class="tdr">Págs.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Agote, Luis</i></td>
- <td>&mdash;El Helenismo de Alejandría</td>
- <td class="tdr">28</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Blanco, Julio Enrique</i></td>
- <td>&mdash;Sobre el origen y desarrollo de las ideas teleológicas en Kant</td>
- <td class="tdr">223</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Besio Moreno, Nicolás</i></td>
- <td>&mdash;Ulises en el infierno dantesco</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_437">437</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Bianchi, Alfredo A.</i></td>
- <td>&mdash;La huelga sangrienta</td>
- <td class="tdr">304</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Bustos, Zenón</i></td>
- <td>&mdash;La Revolución Social que nos amenaza</td>
- <td class="tdr">136</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Culturales, Asociaciones</i></td>
- <td>&mdash;La huelga sangrienta</td>
- <td class="tdr">318</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Donoso, Armando</i></td>
- <td>&mdash;La conversión de Brunetiére</td>
- <td class="tdr">206</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Ferreyra, J. Alfredo</i></td>
- <td>&mdash;Emile Corra y los ejércitos invisibles</td>
- <td class="tdr">239</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td>
- <td>&mdash;Acotaciones a Montaigne</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_358">358</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>González, Joaquín V.</i></td>
- <td>&mdash;La Paz Internacional y el Derecho de las Naciones</td>
- <td class="tdr">279</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Giusti, Roberto F.</i></td>
- <td>&mdash;La huelga sangrienta</td>
- <td class="tdr">304</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Guardia, Ernesto de la</i></td>
- <td>&mdash;La unidad en la estética</td>
- <td class="tdr">253</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Ingenieros, José</i></td>
- <td>&mdash;Psicología de los celos</td>
- <td class="tdr">83</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td>
- <td>&mdash;La significación histórica del movimiento maximalista</td>
- <td class="tdr">146</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td>
- <td>&mdash;La moral de Ulises</td>
- <td class="tdr">264</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td>
- <td>&mdash;La huelga sangrienta</td>
- <td class="tdr">315</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td>
- <td>&mdash;Las ideas filosóficas de Ameghino</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_462">462</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Kantor, Moisés</i></td>
- <td>&mdash;El problema social y la revolución rusa</td>
- <td class="tdr">114</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Korn, Alejandro</i></td>
- <td>&mdash;La Reforma Universitaria</td>
- <td class="tdr">1</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Laub, J.</i></td>
- <td>&mdash;¿Qué son espacio y tiempo?</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_386">386</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Lobos, Eleodoro</i></td>
- <td>&mdash;La Reforma Universitaria</td>
- <td class="tdr">16</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Lugones, Leopoldo</i></td>
- <td>&mdash;La huelga sangrienta</td>
- <td class="tdr">311</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Maupas, Leopoldo</i></td>
- <td>&mdash;La lógica formal</td>
- <td class="tdr">56</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><span class="pagenum"><a name="Page_480" id="Page_480">[480]</a></span><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td>
- <td>&mdash;Lógica inductiva</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_406">406</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Méndez, Julio</i></td>
- <td>&mdash;La Reforma Universitaria</td>
- <td class="tdr">24</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Méndez Pereyra, Octavio</i></td>
- <td>&mdash;La crítica y el arte</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_457">457</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Mercante, Víctor</i></td>
- <td>&mdash;Marcos Sastre y “El Tempe Argentino”</td>
- <td class="tdr">46</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Peña, David</i></td>
- <td>&mdash;Alberdi, Sarmiento y Mitre</td>
- <td class="tdr">161</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td>
- <td>&mdash;Alberti, Sarmiento y Mitre</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_332">332</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Reyes, César</i></td>
- <td>&mdash;Democracia individualista</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_442">442</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Rivarola, Rodolfo</i></td>
- <td>&mdash;Discurso de apertura de la Universidad de La Plata</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_321">321</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Senet, Rodolfo</i></td>
- <td>&mdash;Origen de los sentimientos morales</td>
- <td class="tdr">187</td>
- </tr>
- <tr>
- <td><span class="ditto">»</span> <span class="ditto">»</span></td>
- <td>&mdash;Los sentimientos morales, estéticos y religiosos</td>
- <td class="tdr"><a href="#Page_367">367</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td><i>Zeballos, Estanislao S.</i></td>
- <td>&mdash;La Reforma Universitaria</td>
- <td class="tdr">6</td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap" />
-
-<p><span class="smcap">La Revista de Filosofía</span> aparece bimestralmente en
-volúmenes de 150 a 200 páginas.</p>
-
-<p>Estudia problemas de cultura superior e ideas generales
-que excedan los límites de cada especialización científica.
-No edita artículos literarios, políticos, históricos ni
-forenses.</p>
-
-<p>Desea imprimir unidad de expresión al naciente pensamiento
-argentino, continuando la orientación cultural de
-Rivadavia, Echeverría, Alberdi y Sarmiento.</p>
-
-<p>Procurará contribuir a la renovación de los géneros clásicos
-de la filosofía (psicología, ética, lógica, estética y
-metafísica) mediante las conclusiones más generales de
-la experiencia científica (ciencias físico-naturales, biológicas
-y sociales), cuyo conocimiento es la premisa natural
-de toda elaboración filosófica.</p>
-
-<div class="smaller">
-
-<p>Ha publicado artículos de <i>Florentino Ameghino, José M. Ramos Mejia, Agustín
-Alvarez, Joaquin V. González, Paul Groussac, Rodolfo Rivarola, Angel Gallardo,
-Pedro N. Arata, Jorge Duclout, José N. Matienzo, Ernesto Quesada, Camilo Meyer,
-Carlos O. Bunge, Francisco de Veyga, J. Alfredo Ferreyra, Víctor Mercante, Julio
-Méndez, Enrique Martinez Paz, Gregorio Araoz Alfaro, Carlos Ameghino, Alvaro Melián
-Lafinur, Cristóbal M. Hicken, Lucas Ayarragaray, Rodolfo Senet, Alberto Williams,
-Francisco F. Fernández, Alberto E. Castex, Raquel Camaña, José Oliva, Eduardo
-Acevedo, Julio Barreda Lynch, Salvador Debenedetti, Juan W. Gez, Ricardo Rojas,
-Maximio S. Victoria, Alfredo Colmo, Alicia Moreau, Emilio Zuccarini, Augusto Bunge,
-Vicente D. Sierra, Raúl A. Orgaz, Teodoro Becú, Ramón Melgar, Julio Cruz Ghio,
-Ernesto Nelson, Nerio A. Rojas, Alberto Palcos, Félix Icasate Larios, Horacio Damianovich,
-Leopoldo Maupas, E. Herrero Ducloux, Julio Noé, Alcira Villegas, etc.</i></p>
-
-</div>
-
-<p>Su sección bibliográfica tiende a constituir una base
-de información retrospectiva y contemporánea de la cultura
-americana, y especialmente de la argentina.</p>
-
-<p>Para esta iniciativa desinteresada, emprendida sin el
-concurso de ninguna institución o sociedad, no cuenta el
-editor con subvenciones del Estado ni con la publicación
-de anuncios comerciales.</p>
-
-<p>Las personas estudiosas que deseen recibir la <span class="smcap">Revista</span>,
-deben adjuntar el exiguo importe de la suscripción anual,
-estrictamente reducida a los gastos tipográficos y postales.</p>
-
-<p class="center">Suscripción anual, 10 $ m/n.&mdash;Número suelto, 2 $ m/n.<br />
-Exterior, anual, 1 Libra esterlina o 5 dólares</p>
-
-<p class="center">Toda la correspondencia administrativa diríjase a:</p>
-
-<p class="center">Casa Vaccaro.&mdash;Avenida de Mayo 638<br />
-Buenos Aires.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="footnotes">
-
-<h2>FOOTNOTES</h2>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_1" id="Footnote_1"></a><a href="#FNanchor_1"><span class="label">[1]</span></a> A este preciso momento se refiere Sarmiento en la siguiente carta que
-me escribió en enero de 1888, año de su muerte, con motivo de la aparición del
-diario <i>La Epoca</i> que fundé y dirigí en la ciudad de Rosario. La valiosa comunicación
-del grande hombre fué como el <i>Programa</i> de mi hoja. Escrita toda ella
-de su puño y letra, el original no presenta ni una simple enmendatura. Esta
-carta fué reproducida por la <i>Revista de Derecho, Historia y Letras</i> en junio
-de 1899.</p>
-
-<p>He aquí esa carta, que acaso pueda ser considerada como el último aliento
-espiritual de Sarmiento:
-</p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p class="noindent">“Señor don David Peña&mdash;Rosario.</p>
-
-<p class="letter-salutation">“Mi jóven amigo:</p>
-
-<p>“Con el primer mes del año 1888 me anuncia un amigo aparecerá en el
-Rosario un diario dirigido por usted. Apenas asome las narices a la luz pública,
-encargo a usted lo salude con el sacramental: <span class="smcap">Happy New Year</span> y le eche sobre
-los hombros como blandos pañales o sobre la cabeza, como la imposición de las
-manos de los ancianos, a guisa de bendición, las palabras que siguen, puesto
-que quiero que, como retoños de viejo roble, se reconozcan como descendientes felices
-los diarios del Rosario, de la alocución que dirigí a sus habitantes en 1852
-al pasar por sus desiertas y apenas trazadas calles, con la <i>primera página impresa</i>
-que vió la luz en Rosario, aun antes de existir una imprenta.</p>
-
-<p>“Traíala ambulante el Ejército Grande, y hubo de lanzar desde el Rosario,
-como que entraba en campaña, su primer boletín.</p>
-
-<p>“No había de montarse la prensa por pesada, ni adiestrádose el personal de
-cajistas e impresores, para echar a volar mil hojas sueltas en una hora.</p>
-
-<p>“Un jefe de Estado Mayor preside la operación del tiraje. Al principio, la
-tripulación de aquel barquichuelo se encoge de hombros y se ríe del propósito
-de hacer milagros con tan exigüos medios: una escobilla para entintar la forma,
-que está negra y muda sobre un banco, a guisa de yunque donde el Vulcano
-de nuestro siglo, ha de descargar sus repetidos martillazos, hasta que entrando
-en calor el metal, tome la forma que el arte, la ciencia y la voluntad humana
-le imprima. Esta es la prensa.</p>
-
-<p>“¡Atención! manda el sañudo jefe, vamos a imprimir una carta a los vecinos
-del Rosario prometiéndoles la victoria de Caseros. (Una concurrencia de pueblo,
-inmensa, toda la platita labrada del Rosario que cabía dentro de una sala en
-1852, se había reunido para felicitarnos y desearnos feliz y gloriosa campaña
-contra el tirano).</p>
-
-<p>“¡Atención! ¡Numerarse por la derecha! 1, 2, 3, 4, 5, 6. Número uno,
-pone tinta a la forma con el entintador a guisa de tapón; núm. 2, pone la hoja
-de papel; núm. 3, impone encima la frasquetita de papel; núm. 4, golpea con
-la escobilla hasta que se impriman las letras del otro lado; núm. 5, levanta la
-frasqueta; núm. 6, retira la hoja impresa y luego, el núm. 1, entinta la forma;
-núm. 2, pone el papel; núm. 3, impone la frasqueta, etc. <i>Da capo</i>. El que retira
-el papel va a leer lo impreso, para ver si está bien. ¡Alto ahí!, grita el jefe que
-manda la maniobra. Ese movimiento no está en la táctica de imprimir al vuelo,
-se pierde tiempo, se para la rueda. Al fin y tirados los ejemplares, se van apartando
-los malos.</p>
-
-<p>“La operación sigue, los artilleros se adiestran a cargar aquel formidable
-obús, una página impresa que tantas murallas, torreones y barreras ha hecho
-caer; y que, como el otro día me mostrasen en la estupenda fábrica de cerveza
-de Mr. Biecker, un obrero que hace catorce años está llenando botellas de cerveza,
-y sus manos corren de una a otra como se ven las alas del picaflor agitarse hasta
-desaparecer, yo me decía, sin sorprenderme, patarata ¡si hubieran visto imprimir
-en el Rosario mil hojas de una carta impresa, al aire libre, rodeados seis obreros
-inteligentes, de una forma, haciendo volar hojas y más hojas!...</p>
-
-<p>“Este es el origen de la imprenta en el Rosario, y aquella escena su más
-claro timbre de gloria. ¿Conservará alguien algún ejemplar de aquella carta a
-los ciudadanos? Sería un buen pergamino que ostentase ese diario de ud. para
-demostrar que es Fijodalgo, y no un cualquiera, sino de muy noble alcurnia,
-lanzado a la calle, a la de Dios que es buena.</p>
-
-<p>“Ahora, el Rosario es la primera ciudad de la República Argentina, por el
-número de sus habitantes y su asombroso movimiento, sus muelles, su red de
-ferrocarriles, de circunvalación y subterráneos, pues Buenos Aires es la capital,
-y no entra en las ciudades de provincias. La Plata, ha ya destronado a Córdoba.
-El Rosario es el Chicago del Río de la Plata, al que los ascensores colosales envían
-torrentes de trigo y lino que van a desembarcar a Inglaterra, pues los granos se
-embarcan a sí mismos cayendo dentro de las bodegas de los vapores que los
-trasportan.”</p>
-
-<p>Pero el Rosario, es además, la boca y los oídos por donde entran los alimentos
-y los espíritus y los rumores de la civilización. El Rosario es la capital
-del pueblo argentino transformándose de raza, de instintos, de ideas, y es allí
-donde debe estar, para el servicio de los pueblos nuevos, aquel banco, a guisa
-de yunque, para amartillar ideas, que unos pocos vecinos vieron funcionar en
-1852:&mdash;la imprenta. Sea ese diario de ud. el yunque. La barra de hierro agrio,
-frío, duro, que tenemos por delante es la <i>nacionalización de residentes</i>, y esos residentes
-están en el Rosario, en la Esperanza, en cien colonias, felices y afincados,
-sin haber declarádose propietarios orgullosos de la patria que han conquistado
-con el sudor de su frente, para legar a sus hijos con la República libre, y no
-para mandar de regalo a algún príncipe pseudo de allende los mares.</p>
-
-<p>Le he descrito la manera de imprimir boletines en seis tiempos, y dejar
-atrás las prensas a vapor. Tomo de “Viajes por Europa, Africa y América”, la
-receta que me enseñó un gran maestro, y he aplicado con grande e infalible
-éxito a enfermos que los médicos habían declarado incurables; oiga usted:</p>
-
-<p>“En Barcelona encontréme con Juan Tompson, uno de esos pobres emigrados
-argentinos que en cada punto de la tierra se encuentran en mayor o menor
-número, como aquellos griegos de Constantinopla cuando los Hunos se apoderaron
-de ella. El Facundo había caído en manos de Merimée, el académico francés,
-que estaba allí; la Revista de Ambos Mundos acababa de hacer su complaciente
-<i>Compte-rendu</i> del librote, y heme aquí, que sabiendo mi llegada a Barcelona,
-M. Lesseps, el célebre cónsul general que se había ilustrado al resplandor de
-los bombardeos de aquella ciudad, andaba a caza del bicho raro que tan raro
-libro había escrito.</p>
-
-<p>Amigos a las dos horas de conocernos, Cobden, que a la sazón estaba en
-Barcelona, tuvo los honores de un te, durante el cual debía serle yo presentado.
-¿Os imagináis a Cobden, un O’Connell vivo, cáustico, entusiasta, ardiente en la
-polémica, rápido, inspirado en la réplica? ¡Cuánto os engañáis, mi pobre Victorino!
-(Lastarria). Es un papanatas, fastidiado como un inglés, reposado como un
-axioma, frío, vulgar, si es posible decirlo, como las grandes verdades.</p>
-
-<p>Hablamos casi los dos solos toda la noche; contóme algunas de sus aventuras,
-de sus luchas, mostróme sus medios de acción, la estrategia de su palabra,
-los cuentecillos con que era preciso entretener al pueblo para que no se
-durmiera, escuchando. Lamentóse de la casi insuperable dificultad que oponían
-las masas por su incapacidad de comprender, por sus preocupaciones; dióme
-una tarjeta por si alcanzaba él a estar de regreso en Mánchester a mi paso por
-aquella ciudad y no nos separamos sino en la puerta de mi hotel, quedando yo
-abrumado de dicha, abismado de tanta grandeza y tanta simplicidad, contemplando
-medios tan nobles y resultados tan gigantescos. No dormí esa noche,
-tenía fiebre: parecíame que la guerra iba a caer en ridículo, cuando generalizándose
-aquel sistema de agregación de voluntades, de justa posición de masas,
-fuese puesto en práctica, para destruir abusos, gobiernos, leyes, instituciones.
-¡Qué cosa más sencilla!</p>
-
-<p>Hoy somos dos, mañana cuatro, el año siguiente mil, reunidos públicamente
-en un mismo gobierno. ¿Resiste el gobierno?</p>
-
-<p>Es que aún no somos muchos, es que quedan en favor del abuso mucho
-más.</p>
-
-<p>Sigue la predicación y los folletos, y los diarios, y la asociación y
-la Liga. El Gobierno o las Cámaras saben el día y la hora en que están vencidos
-y ceden; íd. ¡a poner en planta tan bello sistema en América!</p>
-
-<p>Cobden había destruído o atacado, antes de comenzar su obra, todos los
-grandes principios en que reposaba la ciencia gubernativa. El <i>equilibrio europeo</i>
-él lo declaró manía de entrometerse en asuntos ajenos por desaburrirse los ministros.
-Las <i>colonias</i> eran sólo el medio de proporcionar empleo a los hijos
-menores de los lores. La <i>balanza comercial</i>, el resumen de la ignorancia en
-economía. La política con todas sus pretensiones de ciencia, el charlatanismo
-de bobos o de pillos.</p>
-
-<p>La <i>protección</i> a las industrias nacionales, un medio inocente de robar dinero
-al vuelo, arruinando al consumidor y dejando en la calle al fabricante protegido.
-En cambio de todas estas verdades fundamentales él sustituía el buen
-sentido, el sentido común de todos los hombres, más apto para juzgar que la
-ciencia interesada de lores y ministros.</p>
-
-<p>Ahora parto para Africa. Llevo cartas para el mariscal Bugeaud, y una
-casi orden al cónsul de Mallorca para que me haga conducir a Argel por el
-primer vapor de guerra que se presente.”</p>
-
-<p>Ya conoce usted la receta, y la historia ha probado que es infalible; pruébela
-usted en el Rosario aunando voluntades, pueblos, patriotismo, intereses en uno
-común: la República Argentina independiente, culta y libre.</p>
-
-<p>Yo siento que me flaquean las fuerzas, que el cuerpo es débil y que debo
-emprender otro viajecito luego. Pero, estoy preparado precisamente porque se
-necesita poco equipaje; con lo encapillado sobra; pero llevo el único pasaporte
-admisible, porque está escrito, en todas las lenguas: “servi a la humanidad”. De
-pobre que era, en unos países, le mostré caminos y mares que conducían a otros
-más felices, y un millón me debe en parte haber ahorrado a sus hijos las más
-duras penas de la vida, que son la destitución y el hambre. Habían vendas espesas
-de ignorancia y barbarie en el pueblo y traté de arrancarlas; oí el ruido
-en torno mío, el ruido de cadenas que no estaban aún rotas y me junté a quienes
-forcejeaban por quebrantarlas. Hoy trato de reunir muchos egoísmos, muchos
-dialectos en una sola masa homogénea: el pueblo, y pudiera ser que un misil
-me alcance, y tenga que dejar caer de la mano la espada, que, como lo ha
-visto, es la pluma que usted empuña. Guárdela del orín del negocio, suprimiendo
-o avanzando ideas, según sopla el viento. Le aseguro que por todas partes nos
-es favorable; con Wilson caen los negociantes, en favores; con Cleveland se
-robustece la moral en la política. Con la nacionalización de residentes habremos
-engrandecido la Patria. Las colonias de Santa Fe, el Rosario con cien mil almas
-luego, son apenas bosquejos de bellos cuadros de bienestar y libertad que no
-hemos de ir a buscar en Europa, dejada a los que en ella moran.</p>
-
-<p>Saluda a usted su affmo. amigo
-</p>
-<p class="letter-sig"><span class="smcap">D. F. Sarmiento</span>.</p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_2" id="Footnote_2"></a><a href="#FNanchor_2"><span class="label">[2]</span></a> Ocupándose Sarmiento de la primera parte de este episodio en casa
-del presidente Avellaneda, se apoyaba en él para elogiar al general Urquiza en
-forma extraordinaria. Pero antes de referir a mi manera el juicio, prefiero transcribir
-la página que lo contiene, del <i>Número Único</i> que se publicó en homenaje
-de Urquiza en la ciudad de Buenos Aires en mayo de 1901 y que dice textualmente
-así:</p>
-
-<div class="blockquote">
-
-<p class="center">URQUIZA JUZGADO POR SARMIENTO</p>
-
-<p>“Habiendo hecho conocer don Marco Avellaneda del doctor David Peña un
-juicio de Sarmiento sobre Urquiza, consignado en un interesante libro de
-recuerdos personales, en el que se hallan entremezclados impresiones y juicios de
-otra época, recogidos por el actual Ministro de Hacienda y por él salvados del
-olvido en esta forma íntima, empeñóse el doctor Peña con amistosa insistencia,
-en obtener una copia de esa página, que textualmente reproducimos:</p>
-
-<p>“En tiempo de la presidencia de mi hermano Nicolás, nos encontrábamos reunidos
-una noche en su casa particular, varias personas, entre las que estaba
-el general Sarmiento.</p>
-
-<p>Se hablaba del talento militar del general Paz, y dirigiéndose mi hermano
-a Sarmiento, le dice: ¿Cuál de los militares que usted ha conocido tenía más
-talento? Urquiza&mdash;contestó sin trepidar&mdash;y ante la exclamación de sorpresa
-con que fué recibida su respuesta, agregó&mdash;“¡Sí! Urquiza tenía genio militar
-y también genio político.</p>
-
-<p>“Yo lo he tratado en la campaña contra Rosas, nos dijo. Voy a referirles
-algunos rasgos suyos en apoyo de mi opinión.</p>
-
-<p>“Desde que atravesamos el Paraná, el general Urquiza principió a preocuparse
-del militar a quien Rosas confiara el mando del ejército&mdash;recorría los
-nombres de todos los que a éste acompañaban y se detenía siempre en el del
-general Pacheco. Era el único que le inspiraba recelos, y se propuso anularlo.</p>
-
-<p>He aquí el medio de que se valió: Le escribió cartas en términos amistosos,
-casi confidenciales. Leí una de ellas en la que le anunciaba que su primer
-acto, después de vencer a Rosas sería nombrarlo gobernador de Buenos Aires,
-conteniendo además, frases como éstas: “como usted sabe...” “de conformidad a lo
-que le comuniqué...” que indicaban que procedía de acuerdo con él. La correspondencia
-era conducida por <i>chasques</i> a puntos en donde debían ser tomados
-por agentes de Rosas. Tres o cuatro gauchos fueron degollados, pero logró su
-objeto. Pacheco fué separado del ejército de Rosas. En el combate entre las
-vanguardias que tuvo lugar el 31 de enero, las tropas de Urquiza entraron a
-la pelea vivando a Pacheco.</p>
-
-<p>En seguida Sarmiento refirió los siguientes hechos: “El día de la batalla
-de Caseros, el general Urquiza, al frente de su ejército, recorría con su anteojo
-de campaña la línea enemiga hasta que llamó a un joven oficial de su escolta,
-diciéndole: “&mdash;Ayúdeme a buscar las tropas del jefe N. que derrotamos el día 31”.
-Una vez que fueron encontradas, inició el ataque llevando el ataque contra
-ellas, que dió por resultado la completa dispersión de esas fuerzas, que, desmoralizadas
-ya por la derrota anterior, ni siquiera intentaron resistir.</p>
-
-<p>Pocos momentos antes de principiar la batalla, se acerca a gran galope un
-ayudante del general Virasoro, que le dice: “&mdash;El jefe del estado mayor manda
-prevenir a V. E. que ha olvidado indicarle cuál será el punto de reunión en
-el caso de una contraste”&mdash;“Contéstele usted que no hay mas punto de reunión
-que el campo de batalla”.</p>
-
-<p>“Estas palabras, continuó Sarmiento, habían sido pronunciadas cuarenta
-años antes por Napoleón; pero yo estoy seguro de que Urquiza no las conocía,
-porque no era hombre para plagiar a Napoleón ni a nadie.</p>
-
-<p>“Lo que he referido me basta para pensar que el general Urquiza tenía
-genio militar, y creo que también tenía genio político.</p>
-
-<p>“Su programa de fusión de olvido del pasado; su llamamiento a los federales
-de posición social que no se habían manchado con crímenes, como los Anchorena,
-los Carreras, el doctor Lorenzo Torres, etc., no tenía por objeto, como se
-ha creído vulgarmente, ofender a los unitarios y satisfacer sus pasiones de partido,
-sino que, por el contrario, eran el fruto de un hábil y bien meditado plan
-político, porque creyó con razón, que no era posible fundar un gobierno solamente
-con nosotros, los unitarios, que éramos llamados advenedizos, porque no
-teníamos ni fortuna, ni familia, ni relaciones, ni vinculaciones de ningún género
-con la sociedad de nuestro país. Pero, en lo que demostró más habilidad
-política fué en convocar a los gobernadores al acuerdo de San Nicolás.</p>
-
-<p>“Derrotado Rosas, no dejaba ninguna institución, ningún poder; nada
-quedaba en pie, sino esos gobernadores de provincia, semibárbaros todos, y asesinos
-y ladrones en su mayor parte.</p>
-
-<p>Eso era lo único que podía servirle para formar un Congreso que constituyera
-el país. Ahora estoy perfectamente convencido de ello.</p>
-
-<p>¿Qué habría sucedido si Urquiza deja que las provincias derrocasen a sus
-gobernadores, antes de que se reuniese el Congreso Constituyente? Significa
-decir que se hubiera encendido la guerra civil, porque no hay que olvidar que
-muchos de ellos tenían elementos para defenderse. Si pensamos en el aislamiento
-en que vivían los pueblos, en el desierto que los rodeaba, en las dificultades
-casi insuperables de comunicación, lo probable es que hubiéramos vuelto
-al año 20, y que habrían transcurrido largos años sin constituirse la Nación”.</p>
-
-<p>Mucho tiempo después de oir esta conversación que me causó sorpresa por
-las opiniones anteriores de Sarmiento sobre Urquiza, se la referí a Pedro Goyena,
-quien me manifestó que le habían asegurado que el general Mitre pensaba
-ahora como Sarmiento respecto al Acuerdo de San Nicolás.</p>
-
-<p>Buenos Aires, julio 31 de 1892.</p>
-
-<p class="letter-sig"><span class="smcap">Marco Avellaneda.</span></p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_3" id="Footnote_3"></a><a href="#FNanchor_3"><span class="label">[3]</span></a> En unos apuntes relativos al doctor don Carlos Tejedor, que me fueron
-facilitados por su esposa, figura el dato de que en aquellos primeros días
-de su reincorporación a la ciudad, el doctor Tejedor se pasaba sentado largas
-horas de la noche solo y reflexivo, junto a la pirámide de Mayo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_4" id="Footnote_4"></a><a href="#FNanchor_4"><span class="label">[4]</span></a> Obras completas, t. XIV, pág. 69.</p>
-
-<p>Es sensible que esta carta no figure entre las editadas por el Museo Mitre.
-La carta que se inserta en el libro editado por don Alejandro Rosa no es igual
-a la presente.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_5" id="Footnote_5"></a><a href="#FNanchor_5"><span class="label">[5]</span></a> Conversación íntima de Rosas con don Santiago Vasquez, representante
-del gobierno de Montevideo, el mismo día que ocupa el mando por primera
-vez (diciembre de 1829). (Revista del Río de la Plata, tomo V, pág. 599).</p>
-
-<p>Rosas se adelanta y coincide en la clasificación científica de los elementos
-sociales: <i>La foule et la élite. (La cité moderne, por Jean Izoulet</i>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_6" id="Footnote_6"></a><a href="#FNanchor_6"><span class="label">[6]</span></a> <span class="smcap">Sarmiento-Mitre</span>. Correspondencia 1846-1868. Págs. 33-34 y 35.
-(Edición de Museo Mitre).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_7" id="Footnote_7"></a><a href="#FNanchor_7"><span class="label">[7]</span></a> Esta publicación contiene literalmente las conferencias que he dado
-en la Facultad de Filosofía y Letras. He tratado en lo posible de consultar las
-obras originales; no he podido, sin embargo, hacerlo siempre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_8" id="Footnote_8"></a><a href="#FNanchor_8"><span class="label">[8]</span></a> A. Einstein: Zur Elektrodynamik der bewegten Korper, Annalen der
-Physik, 1905.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_9" id="Footnote_9"></a><a href="#FNanchor_9"><span class="label">[9]</span></a> Más tarde pienso tratar de la misma manera los otros conceptos fundamentales
-de física, como masa, energía, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_10" id="Footnote_10"></a><a href="#FNanchor_10"><span class="label">[10]</span></a> Espacio lo identifican siempre con el espacio “vacío”.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_11" id="Footnote_11"></a><a href="#FNanchor_11"><span class="label">[11]</span></a> No cabe duda que en la formación de la noción <i>idea</i> influyen en el
-espíritu de Platón los conceptos fundamentales de geometría (formas), que no
-representan los objetos del mundo empírico (objetos de la naturaleza) y tienen
-únicamente la existencia en nuestro pensamiento, pues, por ejemplo, el punto,
-la línea, la superficie, no existen de hecho en el mundo físico y son una abstracción
-de nuestro espíritu. Además el origen psicológico de la idea platónica
-hay que buscarlo en las leyes lógicas y en las normas de ética.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_12" id="Footnote_12"></a><a href="#FNanchor_12"><span class="label">[12]</span></a> Esta obra es también una especie de resumen de toda la filosofía platónica.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_13" id="Footnote_13"></a><a href="#FNanchor_13"><span class="label">[13]</span></a> Muchos representantes de la filosofía idealista ven en este hecho una
-cierta contradicción de Platón y hasta quieren negar la autenticidad de la parte
-de Timeo en que se trata del espacio <i>eterno</i>. A nosotros nos parece muy plausible
-que el fundador de la teoría de dos mundos distintos introduzca también un modelo
-para el espacio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_14" id="Footnote_14"></a><a href="#FNanchor_14"><span class="label">[14]</span></a> Influencia sobre Kant y Schopenhauer. Recuerdo que Schopenhauer
-empieza una de sus obras con las palabras: “Platón el divino”, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_15" id="Footnote_15"></a><a href="#FNanchor_15"><span class="label">[15]</span></a> Por <i>forma</i> entiende Aristóteles no sólo la forma corporal, sino también
-el conjunto de las propiedades que caracterizan a un cuerpo, (color etc.).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_16" id="Footnote_16"></a><a href="#FNanchor_16"><span class="label">[16]</span></a> “No la <i>esfera</i>, no el <i>metal, sino la esfera metálica</i> se <i>forma</i>”.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_17" id="Footnote_17"></a><a href="#FNanchor_17"><span class="label">[17]</span></a> “Categorías” es una obra no sólo de carácter lógico gramatical, sino
-también una especie de introducción a la <i>metafísica</i> aristoteliana. Pues aunque en
-el primer momento aparecen como una clasificación de palabras&mdash;la obra empieza:
-“Las <i>palabras</i>, cuando están aisladas, sólo pueden expresar una de las cosas
-siguientes, etc.”&mdash;en el fondo las 10 categorías corresponden a los <i>distintos modos
-de ser</i>, contenidos en las palabras.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_18" id="Footnote_18"></a><a href="#FNanchor_18"><span class="label">[18]</span></a> Es ya una conclusión de la definición.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_19" id="Footnote_19"></a><a href="#FNanchor_19"><span class="label">[19]</span></a> Desde Galileo y Newton sabemos que efectivamente todos los cuerpos
-caen en el vacío con la misma velocidad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_20" id="Footnote_20"></a><a href="#FNanchor_20"><span class="label">[20]</span></a> Véase página 398 en el número de noviembre de 1918 de esta Revista.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_21" id="Footnote_21"></a><a href="#FNanchor_21"><span class="label">[21]</span></a> A esta clase de generalización, que se suele llamar inducción aristotélica,
-conviniendo todo el mundo en que no es inducción, pertenecen las que
-Stuart Mill califica de generalizaciones no dependientes de causalidad; pero tal
-vez sin advertir su naturaleza no inductiva.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_22" id="Footnote_22"></a><a href="#FNanchor_22"><span class="label">[22]</span></a> Véase en Wundt. <span class="smcap">Logik</span> en el tomo primero la interesante exposición
-que hace de la evolución del concepto de Causalidad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_23" id="Footnote_23"></a><a href="#FNanchor_23"><span class="label">[23]</span></a> Véase la exposición de esta cuestión en el <i>Traité de Logique Générale
-et de Logique Formelle</i>, de <span class="smcap">Revouvier</span>, T. II, Cap. XXXVIII. Letra D. <i>Du
-principe du calcul des probabilités</i>. Véase también la definición del azar en el
-libro de Poincaré, <i>Calcul des Probabilités</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_24" id="Footnote_24"></a><a href="#FNanchor_24"><span class="label">[24]</span></a></p>
-
-<p class="letter-salutation">Sr. D. Nicolás Besio Moreno.&mdash;Mi querido amigo:</p>
-
-<p>Estoy más asombrado que usted, si cabe, del desatino aparecido en mi artículo
-“La moral de Ulises”. La explicación, sin embargo, es sencilla. Obligado
-a abreviar el texto para que cupiese en las 24 paginitas de la colección “América”
-que lo editó, le hice varios cortes, en pruebas de imprenta que no volvieron
-a mis manos.</p>
-
-<p>Cayó en los cortes un largo párrafo relativo a Ulises en Dante; y para
-restablecer la continuidad del texto, donde decía “<i>No en vano</i>, releyendo esa
-parte del poema dantesco, buscamos entre los fraudulentos al divino Ulises, arquetipo
-clásico de todos los simuladores. <i>Y habría sorprendido</i> la ausencia...”, tuve
-el poco tino de corregir: “<i>En vano</i>, etc.,... <i>Y sorprende</i> la ausencia”. Esta modificación,
-sugerida por mi propio corte al texto, resultó disparatada con relación
-al texto del poema (cuyo Infierno aprendí de memoria en la niñez y del que
-aun puedo recitar cantos enteros).</p>
-
-<p>Con las mismas pruebas de imprenta, ya corregidas (!) por mí, se compuso
-el texto publicado en la <i>Revista de Filosofía</i>, que acaso yo no habría vuelto a
-leer, ni habría rectificado nunca, sin la oportuna advertencia de usted, que muy
-sentidamente le agradezco.</p>
-
-<p>Como no tengo pequeña vanidad literaria, ni me avergüenzo de esta <i>gaffe</i>&mdash;que
-no es la primera ni será la última en mi obra escrita&mdash;le ruego me autorice
-a publicar su interesante carta en el próximo número de la <i>Revista</i>.</p>
-
-<p>Muy afectuosamente le saluda, su amigo.&mdash;<i>José Ingenieros.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_25" id="Footnote_25"></a><a href="#FNanchor_25"><span class="label">[25]</span></a> Conferencia pronunciada, bajo los auspicios del “Centro Liberal”, en
-La Rioja, el 20 de febrero de 1919.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_26" id="Footnote_26"></a><a href="#FNanchor_26"><span class="label">[26]</span></a> Los que descendemos de fundadores de la independencia argentina&mdash;como
-Rodríguez Peña; los que pertenecemos a familias que desde sus más remotos
-antepasados han gozado del concepto social de lo que se llama aristocracia,
-tenemos sobrada autoridad para hablar de este modo, y hacemos esta manifestación
-con el solo propósito de evitar el seguro argumento de los “aristócratas”,
-empedernidos, que nos tratarán de parciales suponiendo somos “mulatos”.&mdash;C. R.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_27" id="Footnote_27"></a><a href="#FNanchor_27"><span class="label">[27]</span></a> Taine, <i>Filosofía del arte</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_28" id="Footnote_28"></a><a href="#FNanchor_28"><span class="label">[28]</span></a> Gauckler, <i>Lo bello y su historia.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_29" id="Footnote_29"></a><a href="#FNanchor_29"><span class="label">[29]</span></a> Guyau, <i>El arte desde el punto de vista sociológico.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_30" id="Footnote_30"></a><a href="#FNanchor_30"><span class="label">[30]</span></a> Guyau, <i>El arte desde el punto de vista sociológico.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_31" id="Footnote_31"></a><a href="#FNanchor_31"><span class="label">[31]</span></a> Henniquin, <i>La crítica científica.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_32" id="Footnote_32"></a><a href="#FNanchor_32"><span class="label">[32]</span></a> E. Marguery, <i>La obra de arte y la evolución</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_33" id="Footnote_33"></a><a href="#FNanchor_33"><span class="label">[33]</span></a> E. Marguery, <i>La obra de arte y la evolución</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_34" id="Footnote_34"></a><a href="#FNanchor_34"><span class="label">[34]</span></a> Ver “<i>Una rápida ojeada a la evolución filogenética de los mamíferos</i>”,
-1889; “<i>Visión y Realidad</i>”, 1889; “<i>La Argentina al través de las últimas épocas
-geológicas</i>”, 1897; “<i>Sinopsis</i>”, 1898; “<i>Sinopsis</i>”, 1910.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_35" id="Footnote_35"></a><a href="#FNanchor_35"><span class="label">[35]</span></a> En la revista “La Pirámide”, editada en La Plata.&mdash;Con el título
-<i>Espacio</i>, <i>Materia y Movimiento</i>, fueron reimpresos en la “Revista de Filosofía”,
-Buenos Aires, Enero de 1918.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_36" id="Footnote_36"></a><a href="#FNanchor_36"><span class="label">[36]</span></a> El texto de <i>Mi Credo</i> dice literalmente, en términos <i>deliberadamente</i>
-equívocos: “y sólo entonces se habrá cumplido lo que dice el profético versículo
-de la Biblia . . . que el hombre sea la imagen y semejanza de Dios”. Es sabido
-que la palabra Dios equivale en labios de Ameghino a Naturaleza, como en todos
-los filósofos panteístas.&mdash;Sobre la analogía intrínseca entre el ateísmo y el
-panteísmo, ver mis escritos <i>Hacia una moral sin dogmas</i> (Capítulo III) y
-<i>Proposiciones</i>, Cap. II, “La hipocresía de los filósofos”.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_37" id="Footnote_37"></a><a href="#FNanchor_37"><span class="label">[37]</span></a> Publicada en “Revista de Filosofía”, Buenos Aires, Noviembre de
-1917, con la siguiente nota:</p>
-
-<p>“Hace algunos años, una delegación de una biblioteca de Chivilcoy fué a
-visitar al eminente sabio, que ya era director del Museo de Historia Natural de
-Buenos Aires, y le invitó a colaborar en un número único que esa institución se
-proponía editar.</p>
-
-<p>“El sabio accedió, y, para no escribir una página de paleontología, escribió
-<i>Noción de Dios y noción de espacio</i>, que completa otros tres trabajos breves
-(“Los infinitos”, “El infinito materia” y “La constitución de la materia y el infinito
-movimiento”) que había escrito, accediendo a colaborar en una revista
-intitulada “La Pirámide”, que se editaba en La Plata.</p>
-
-<p>“La biblioteca chivilcoyana debió estremecerse ante el presente griego que le
-resultaría el trabajito enviado por el sabio, y, sin duda, para no hacerlo público
-sin ofender al director del Museo, renunció hasta hoy a publicar el número único.</p>
-
-<p>“Así es cómo quedaron inéditas hasta ahora estas pocas páginas que el señor
-Alfredo J. Torcelli, compilador de las obras de Ameghino, entrega a la publicidad
-por intermedio de esta <i>Revista</i>”.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_38" id="Footnote_38"></a><a href="#FNanchor_38"><span class="label">[38]</span></a> Publicado en los “Archivos de Pedagogía y Ciencias Afines”, La Plata,
-Octubre de 1911, con la siguiente advertencia: “Trabajo póstumo y sin terminar,
-escrito a fines de 1910 y a principios de 1911”.&mdash;Los originales (acaso
-no enumerados por el autor) no han sido bien ordenados para esa publicación,
-que aumentaría en interés y claridad con una ordenación distinta.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_39" id="Footnote_39"></a><a href="#FNanchor_39"><span class="label">[39]</span></a> El editor de las <i>Obras Completas</i> prestaría un servicio a los lectores
-de Ameghino si al reimprimir este bosquejo variase la disposición de sus párrafos
-y la distribución del material, buscando una ordenación más lógica.&mdash;En
-la forma actualmente conocida, el trabajo es de difícil intelección.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_40" id="Footnote_40"></a><a href="#FNanchor_40"><span class="label">[40]</span></a> Publicado en “Revista de Filosofía”, Buenos Aires, Marzo de 1918,
-con la siguiente nota del editor de sus <i>Obras Completas</i>:</p>
-
-<p>“<i>Origen y persistencia de la Vida</i>” es un trabajo que Ameghino había empezado
-a redactar antes de su salida del Museo de La Plata.</p>
-
-<p>Parecería que el sabio condensó el propósito de esa obra en este pensamiento,
-que después fué más claramente expuesto en “<i>Mi Credo</i>”:</p>
-
-<p>“Yo no pretendo haber encontrado la causa del movimiento: el Movimiento
-en sí mismo es un Infinito comparable al Infinito Tiempo y al Infinito Espacio; es
-comparable a la Materia en que es como ella transformable, pero no extinguible.&mdash;Lo
-que creo haber encontrado es la ley a que obedece: esto es, que la cantidad
-de Movimiento está en relación inversa de la masa”.</p>
-
-<p>Entre los papeles del sabio han sido hallados dos planes de la obra: uno,
-que parece previo y comprende nueve títulos; y otro, más amplio, que comprende
-quince títulos. El capítulo que hoy se entrega a la publicidad es el undécimo.</p>
-
-<p>La continuación sistemática y metódica de <i>Origen y persistencia de la Vida</i>
-debió ser dejada de mano por Ameghino, sin duda esperando disponer alguna
-vez de tiempo y de tranquilidad para conducirla a término. Pero a través de los
-años ha ido depositando en las tapas de los cuadernos que le servían de carpetas
-esbozos de ideas y hasta simples títulos de asuntos.</p>
-
-<p>De las apuntaciones de pensamientos que existen en la carpeta denominada
-“Prólogo”, resulta que era propósito del autor escribir su obra en francés, tratando
-la evolución en conjunto.</p>
-
-<p>“Quien crea en los dogmas&mdash;dice&mdash;y profese como artículos de fe la
-creencia en la existencia del alma, en la inmortalidad futura y en la muerte como
-fin o término de todo ser, tiene bastante con lo que sabe y no tiene necesidad de
-aprender más: está en posesión de toda la ciencia que es capaz de asimilarse. No
-precisa leerme. Que sea feliz con su saber”.&mdash;<span class="smcap">Alfredo J. Torcelli.</span></p>
-
-</div>
-
-</div>
-
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
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- - May/1919, by Various
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-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
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-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
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-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
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-Most people start at our Web site which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
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-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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