summaryrefslogtreecommitdiff
path: root/old
diff options
context:
space:
mode:
Diffstat (limited to 'old')
-rw-r--r--old/53355-8.txt1355
-rw-r--r--old/53355-8.zipbin27240 -> 0 bytes
2 files changed, 0 insertions, 1355 deletions
diff --git a/old/53355-8.txt b/old/53355-8.txt
deleted file mode 100644
index 475114a..0000000
--- a/old/53355-8.txt
+++ /dev/null
@@ -1,1355 +0,0 @@
-Project Gutenberg's La novela en el tranvía, by Benito Pérez Galdós
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-Title: La novela en el tranvía
-
-Author: Benito Pérez Galdós
-
-Release Date: October 23, 2016 [EBook #53355]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NOVELA EN EL TRANVÍA ***
-
-
-
-
-Produced by Michael John Wooff
-
-
-
-
-La novela en el tranvía
-
-B. Pérez Galdós (1843-1920)
-
-I
-El coche partía de la extremidad del barrio de Salamanca, para
-atravesar todo Madrid en dirección al de Pozas. Impulsado por el
-egoísta deseo de tomar asiento antes que las demás personas movidas
-de iguales intenciones, eché mano a la barra que sustenta la escalera
-de la imperial, puse el pie en la plataforma y subí; pero en el mismo
-instante ¡oh previsión! tropecé con otro viajero que por el opuesto
-lado entraba. Le miro y reconozco a mi amigo el Sr. D Dionisio
-Cascajares de la Vallina, persona tan inofensiva como discreta, que
-tuvo en aquella crítica ocasión la bondad de saludarme con un sincero
-y entusiasta apretón de manos.
-
-Nuestro inesperado choque no había tenido consecuencias de
-consideración, si se exceptúa la abolladura parcial de cierto
-sombrero de paja puesto en la extremidad de una cabeza de mujer
-inglesa, que tras de mi amigo intentaba subir, y que sufrió, sin duda
-por falta de agilidad, el rechazo de su bastón.
-
-Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a
-charlar. El señor don Dionisio Cascajares es un médico afamado,
-aunque no por la profundidad de sus conocimientos patológicos, y un
-hombre de bien, pues jamás se dijo de él que fuera inclinado a tomar
-lo ajeno, ni a matar a sus semejantes por otros medios que por los de
-su peligrosa y científica profesión. Bien puede asegurarse que la
-amenidad de su trato y el complaciente sistema de no dar a los
-enfermos otro tratamiento que el que ellos quieren, son causa de la
-confianza que inspira a multitud de familias de todas jerarquías,
-mayormente cuando también es fama que en su bondad sin límites presta
-servicios ajenos a la ciencia, aunque siempre de índole rigurosamente
-honesta.
-
-Nadie sabe cómo él sucesos interesantes que no pertenecen al dominio
-público, ni ninguno tiene en más estupendo grado la manía de
-preguntar, si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa
-en él por la prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los demás se
-tomen el trabajo de preguntárselo. Júzguese por esto si la compañía
-de tan hermoso ejemplar de la ligereza humana será solicitada por los
-curiosos y por los lenguaraces.
-
-Este hombre, amigo mío, como lo es de todo el mundo, era el que
-sentado iba junto a mí cuando el coche, resbalando suavemente por su
-calzada de hierro, bajaba la calle de Serrano, deteniéndose alguna
-vez para llenar los pocos asientos que quedaban ya vacíos. Íbamos
-tan estrechos que me molestaba grandemente el paquete de libros que
-conmigo llevaba, y ya le ponía sobre esta rodilla, ya sobre la otra,
-ya por fin me resolví a sentarme sobre él, temiendo molestar a la
-señora inglesa, a quién cupo en suerte colocarse a mi siniestra mano.
-
---¿Y usted a dónde va?--me preguntó Cascajares, mirándome por encima
-de sus espejuelos azules, lo que me hacía el efecto de ser examinado
-por cuatro ojos.
-
-Contesté le evasivamente, y él, deseando sin duda no perder aquel
-rato sin hacer alguna útil investigación, insistió en sus preguntas
-diciendo:
-
---Y Fulanito, ¿qué hace? Y Fulanita, ¿dónde está?--con otras
-indagatorias del mismo jaez, que tampoco tuvieron respuesta cumplida.
-Por último, viendo cuán inútiles eran sus tentativas para pegar la
-hebra, echó por camino más adecuado a su expansivo temperamento y
-empezó a desembuchar.
-
---¡Pobre condesa!--dijo expresando con un movimiento de cabeza y un
-visaje, su desinteresada compasión. Si hubiera seguido mis consejos,
-no sería en situación tan crítica.
-
---¡Ah! es claro,--contesté maquinalmente, ofreciendo también el
-tributo de mi compasión a la señora condesa.
-
---¡Figúrese usted,--prosiguió,--que se han dejado dominar por aquel
-hombre! Y aquel hombre llegará a ser el dueño de la casa.
-
-¡Pobrecilla! Cree que con llorar y lamentarse se remedia todo, y no.
-Urge tomar una determinación. Porque ese hombre es un infame, le
-creo capaz de los mayores crímenes.
-
---¡Ah! ¡Si es atroz!--dije yo, participando irreflexivamente de su
-indignación.
-
---Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condición
-que si se elevan un poco, luego no hay quien los sufra. Bien claro
-indica su rostro que de allí no puede salir cosa buena.
-
---Ya lo creo, eso salta a la vista.
-
---Le explicaré a usted en breves palabras. La Condesa es una mujer
-excelente, angelical, tan discreta como hermosa, y digna por todos
-conceptos de mejor suerte. Pero está casada con un hombre que no
-comprende el tesoro que posee, y pasa la vida entregado al juego y a
-toda clase de entretenimientos ilícitos. Ella entretanto se aburre y
-llora. ¿Es extraño que trate de sofocar su pena divirtiéndose
-honestamente aquí y allí, donde quiera que suena un piano? Es más,
-yo mismo se lo aconsejo y le digo: Señora, procure usted distraerse,
-que la vida se acaba. Al fin el señor Conde se ha de arrepentir de
-sus locuras y se acabarán las penas. Me parece que estoy en lo
-cierto.
-
---¡Ah! sin duda,--contesté con oficiosidad, continuando en mis
-adentros tan indiferente como al principio a las desventuras de la
-Condesa.
-
---Pero no es eso lo peor,--añadió Cascajares, golpeando el suelo con
-su bastón--sino que ahora el señor Conde ha dado en la flor de estar
-celoso... sí, de cierto joven que se ha tomado a pechos la empresa de
-distraer a la Condesa.
-
---El marido tendrá la culpa de que lo consiga.
-
---Todo eso sería insignificante, porque la Condesa es la misma
-virtud; todo eso sería insignificante, digo, si no existiera un
-hombre abominable que sospecho ha de causar un desastre en aquella
-casa.
-
---¿De veras? ¿Y quién es, ese hombre?--pregunté con una chispa de
-curiosidad.
-
---Un antiguo mayordomo muy querido del Conde, y que se ha propuesto
-martirizar a la infeliz cuanto sensible señora. Parece que se ha
-apoderado de cierto secreto que la compromete, y con esta arma
-pretende... qué sé yo... ¡Es una infamia!
-
---Sí que lo es, y ello merece un ejemplar castigo--dije yo,
-descargando también el peso de mis iras sobre aquel hombre.
-
---Pero ella es inocente; ella es un ángel... Pero, ¡calle! estamos en
-la Cibeles. Sí: ya veo a la derecha el parque de Buenavista. Mande
-usted parar, mozo; que no soy de los que hacen la gracia de saltar
-cuando el coche está en marcha, para descalabrarse contra los
-adoquines. Adiós, mi amigo, adiós.
-
-Paró el coche y bajó D. Dionisio Cascajares y de la Vallina, después
-de darme otro apretón de manos y de causar segundo desperfecto en el
-sombrero de la dama inglesa, aún no repuesta del primitivo susto.
-
-II
-
-Siguió el ómnibus su marcha y ¡cosa singular! yo a mi vez seguí
-pensando en la incógnita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte, y
-sobre todo en el hombre siniestro que, según la enérgica expresión
-del médico, a punto estaba de causar un desastre en la casa.
-Considera, lector, lo que es el humano pensamiento: cuando Cascajares
-principió a referirme aquellos sucesos, yo renegaba de su
-inoportunidad y pesadez, mas poco tardó mi mente en apoderarse de
-aquel mismo asunto, para darle vueltas de arriba abajo, operación
-psicológica que no deja de ser estimulada por la regular marcha del
-coche y el sordo y monótono rumor de sus ruedas, limando el hierro de
-los carriles.
-
-Pero al fin dejé de pensar en lo que tan poco me interesaba, y
-recorriendo con la vista el interior del coche, examiné uno por uno a
-mis compañeros de viaje. ¡Cuán distintas caras y cuán diversas
-expresiones! Unos parecen no inquietarse ni lo más mínimo de los que
-van a su lado; otros pasan revista al corrillo con impertinente
-curiosidad; unos están alegres, otros tristes, aquél bosteza, el de
-más allá ríe, y a pesar de la brevedad del trayecto, no hay uno que
-no desee terminarlo pronto. Pues entre los mil fastidios de la
-existencia, ninguno aventaja al que consiste en estar una docena de
-personas mirándose las caras sin decirse palabra, y contándose
-recíprocamente sus arrugas, sus lunares, y éste o el otro accidente
-observado en el rostro o en la ropa.
-
-Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y
-que probablemente no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a
-alguien; otros vienen después que estamos allí; unos se marchan,
-quedándonos nosotros, y por último también nos vamos. Imitación es
-esto de la vida humana en que el nacer y el morir son como las
-entradas y salidas a que me refiero, pues van renovando sin cesar en
-generaciones de viajeros el pequeño mundo que allí dentro vive.
-Entran, salen; nacen, mueren... ¡Cuántos han pasado por aquí antes que
-nosotros! ¡Cuántos vendrán después!
-
-Y para que la semejanza sea más completa, también hay un mundo chico
-de pasiones en miniatura dentro de aquel cajón. Muchos van allí que
-se nos antojan excelentes personas, y nos agrada su aspecto y hasta
-les vemos salir con disgusto. Otros, por el contrario, nos revientan
-desde que les echamos la vista encima: les aborrecemos durante diez
-minutos; examinamos con cierto rencor sus caracteres frenológicos y
-sentimos verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corriendo
-el vehículo, remedo de la vida humana; siempre recibiendo y soltando,
-uniforme, incansable, majestuoso, insensible a lo que pasa en su
-interior sin que le conmuevan ni poco ni mucho las mal sofocadas
-pasioncillas de que es mudo teatro; siempre corriendo, corriendo
-sobre las dos interminables paralelas de hierro, largas y
-resbaladizas como los siglos.
-
-Pensaba en esto mientras el coche subía por la calle de Alcalá, hasta
-que me sacó del golfo de tan revueltas cavilaciones el golpe de mi
-paquete de libros al caer al suelo. Recogí lo al instante; mis ojos
-se fijaron en el pedazo de periódico que servía de envoltorio a los
-volúmenes, y maquinalmente leyeron medio renglón de lo que allí
-estaba impreso. De súbito sentí vivamente picada mi curiosidad:
-había leído algo que me interesaba, y ciertos nombres esparcidos en
-el pedazo de folletín hirieron a un tiempo la vista y el recuerdo.
-Busqué el principio y no lo hallé: el papel estaba roto, y únicamente
-pude leer, con curiosidad primero y después con afán creciente, lo
-que sigue:
-
-... Sentía la condesa una agitación indescriptible. La presencia de
-Mudarra, el insolente mayordomo, que olvidando su bajo origen atrevía
-se a poner los ojos en persona tan alta, le causaba continua zozobra.
-El infame la estaba espiando sin cesar, la vigilaba como se vigila a
-un preso. Ya no le detenía ningún respeto, ni era obstáculo a su
-infame asechanza la sensibilidad y delicadeza de tan excelente
-señora.
-
-Mudarra penetró a deshora en la habitación de la Condesa, que pálida
-y agitada, sintiendo a la vez vergüenza y terror, no tuvo ánimo para
-despedirle.
-
---No se asuste usía, señora Condesa,--dijo con forzada y siniestra
-sonrisa, que aumentó la turbación de la dama; no vengo a hacer a usía
-daño alguno.
-
---¡Oh, Dios mío! ¡Cuándo acabará este suplicio!---exclamó la dama,
-dejando caer sus brazos con desaliento. Salga Usted; yo no puedo
-acceder a sus deseos. ¡Qué infamia! ¡Abusar de ese modo de mi
-debilidad, y de la indiferencia de mi esposo, único autor de tantas
-desdichas!
-
---¿Por qué tan arisca, señora Condesa?---añadió el feroz mayordomo.
-Si yo no tuviera el secreto de su perdición en mi mano; si yo no
-pudiera imponer al señor Conde de ciertos particulares... pues...
-referentes a aquel caballerito... Pero, no abusaré, no, de estas
-terribles armas. Usted me comprenderá al fin, conociendo cuan
-desinteresado es el grande amor que ha sabido inspirarme.
-
-Al decir esto, Mudarra dio algunos pasos hacia la Condesa, que se
-alejó con horror y repugnancia de aquel mónstruo.
-
-Era Mudarra un hombre como de cincuenta años, moreno, rechoncho y
-patizambo, de cabellos ásperos y en desorden, grande y colmilluda la
-boca. Sus ojos medio ocultos tras la frondosidad de largas, negras y
-espesísimas cejas, en aquellos instantes expresaban la más bestial
-concupiscencia.
-
---¡Ah puerco espín!---exclamó con ira al ver el natural despego de la
-dama. --¡Qué desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo
-sabiendo que puedo informar al señor Conde... Y me creerá, no lo dude
-usía: el señor Conde tiene en mí tal confianza, que lo que yo digo es
-para él el mismos Evangelio... pues... y como está celoso... si yo le
-presento el papelito.
-
---¡Infame! gritó la Condesa con noble arranque de indignación y
-dignidad. --Yo soy inocente; y mi esposo no será capaz de prestar
-oídos a tan viles calumnias. Y aunque fuera culpable prefiero mil
-veces ser despreciada por mi marido y por todo el mundo a comprar mi
-tranquilidad a ese precio. Salga usted de aquí al instante.
-
---Yo también tengo mal genio, señora Condesa,--dijo el mayordomo
-devorando su rabia; yo también gasto mal genio, y cuando me amosco...
-Puesto que usía lo toma por la tremenda, vamos por la tremenda. Ya
-sé lo que tengo que hacer, y demasiado condescendiente he sido hasta
-aquí. Por última vez propongo a usía que seamos amigos, y no me
-ponga en el caso de hacer un disparate... con que señora mía.
-
-Al decir esto Mudarra contrajo la pergaminosa piel y los rígidos
-tendones de su rostro haciendo una mueca parecida a una sonrisa, y
-dio algunos pasos como para sentarse en el sofá junto a la Condesa.
-Ésta se levantó de un salto gritando:--¡No; salga usted! ¡Infame! Y
-no tener quien me defienda... ¡Salga usted!
-
-El mayordomo, entonces, era como una fiera a quien se escapa la presa
-que ha tenido un momento antes entre sus uñas. Dio un resoplido,
-hizo un gesto de amenaza y salió despacio con pasos muy quedos. La
-Condesa, trémula y sin aliento, refugiada en la extremidad del
-gabinete, sintió las pisadas que alejándose se perdían en la alfombra
-de la habitación inmediata, y respiró al fin cuando le consideró
-lejos. Cerró las puertas y quiso dormir; pero el sueño huía de sus
-ojos, aún aterrados con la imagen del monstruo.
-
-CAPÍTULO XI.--El Complot.---Mudarra, al salir de la habitación de la
-Condesa, se dirigió a la suya, y dominado por fuerte inquietud
-nerviosa, comenzó a registrar cartas y papeles diciendo entre
-dientes: « Ya no aguanto más; me las pagará todas juntas. » Después
-se sentó, tomó la pluma, y poniendo delante una de aquellas cartas, y
-examinándola bien, empezó a escribir otra, tratando de remedar la
-letra. Mudaba la vista con febril ansiedad del modelo a la copia, y
-por último, después de gran trabajo, escribió con caracteres
-enteramente iguales a los des modelo, la carta siguiente, cuyo
-sentido era de su propia cosecha: Había prometido a usted una
-entrevista y me apresuro.
-
-El folletín estaba roto y no pude leer más.
-
-III
-
-Sin apartar la vista del paquete me puse a pensar en la relación que
-existía entre las noticias sueltas que oí de boca del Sr. Cascajares
-y la escena leída en aquel papelucho, folletín, sin duda, traducido
-de alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montépin. Será
-una tontería, dije para mí, pero es lo cierto que ya me inspira
-interés esa señora Condesa, víctima de la barbarie de un mayordomo
-imposible, cual no existe sino en la trastornada cabeza de algún
-novelista nacido para aterrar a las gentes sencillas. ¿Y qué haría el
-maldito para vengarse? Capaz sería de imaginar cualquiera atrocidad
-de esas que ponen fin a un capítulo de sensación. ¿Y el Conde, qué
-hará? Y aquel mozalbete de quien hablaron Cascajares en el coche y
-Mudarra en el folletín, ¿qué hará, quién será? ¿Qué hay entre la
-Condesa y ese incógnito caballerito? Algo daría por saber.
-
-Esto pensaba, cuando alcé los ojos, recorrí con ellos el interior del
-coche, y ¡horror! Vi una persona que me hizo estremecer de espanto.
-Mientras estaba yo embebido en la interesante lectura del pedazo de
-folletín, el tranvía se había detenido varias veces para tomar o
-dejar algún viajero. En una de estas ocasiones había entrado aquel
-hombre, cuya súbita presencia me produjo tan grande impresión. Era
-él, Mudarra, el mayordomo en persona, sentado frente a mí, con sus
-rodillas tocando mis rodillas. En un segundo le examiné de pies a
-cabeza y reconocí las facciones cuya descripción había leído. No
-podía ser otro: hasta los más insignificantes detalles de su vestido
-indicaban claramente que era él. Reconocí la tez morena y lustrosa,
-los cabellos indomables, cuyas mechas surgían en opuestas direcciones
-como las culebras de Medusa, los ojos hundidos bajo la espesura de
-unas agrestes cejas, las barbas, no menos revueltas e incultas que el
-pelo, los pies torcidos hacia dentro como los de los loros, y en fin,
-la misma mirada, el mismo hombre en el aspecto, en el traje, en el
-respirar, en el toser, hasta en el modo de meterse la mano en el
-bolsillo para pagar.
-
-« ¡Qué bien imitada está la letra!» En efecto, era una carta
-pequeña, con el sobre garabateado por mano femenina. Lo miró bien,
-recreándose en su infame obra, hasta que observó que yo con
-curiosidad indiscreta y descortés alargaba demasiado el rostro para
-leer el sobrescrito. Dirigióme una mirada que me hizo el efecto de
-un golpe, y guardó su cartera.
-
-El coche seguía corriendo, y en el breve tiempo necesario para que yo
-leyera el trozo de novela, para que pensara un poco en tan extrañas
-cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosímil,
-convertido en ser vivo y compañero mío en aquel viaje, había dejado
-atrás la calle de Alcalá, atravesaba la Puerta del Sol y entraba
-triunfante en la calle Mayor, abriéndose paso por entre los demás
-coches, haciendo correr a los carromatos rezagados y perezosos, y
-ahuyentando a los peatones, que en el tumulto de la calle, y
-aturdidos por la confusión de tantos y tan diversos ruidos, no ven la
-mole que se les viene encima sino cuando ya la tienen a muy poca
-distancia.
-
-¡Oh infortunada señora! finge su letra y escribe una carta a cierto
-caballerito, con quien hubo esto y lo otro, y lo de más allá. En la
-carta le da una cita en su propia casa; llega el joven a la hora
-indicada y poco después el marido, a quien se ha tenido cuidado de
-avisar, para que coja in fraganti a su desleal esposa: ¡oh admirable
-recurso del ingenio! Esto, que en la vida tiene su pro y su contra,
-en una novela viene como anillo al dedo. La dama se desmaya, el
-amante se turba, el marido hace una atrocidad, y detrás de la cortina
-está el fatídico semblante del mayordomo que se goza en su endiablada
-venganza.
-
-Lector yo de muchas y muy malas novelas, dí aquel giro a la que
-insensiblemente iba desarrollándose en mi imaginación por las
-palabras de un amigo, la lectura de un trozo de papel y la vista de
-un desconocido.
-
-IV
-
-Andando, andando seguía el coche y ya por causa del calor que allí
-dentro se sentía, ya porque el movimiento pausado y monótono del
-vehículo produce cierto mareo que degenera en sueño, lo cierto es que
-sentí pesados los párpados, me incliné del costado izquierdo,
-apoyando el codo en el paquete de libros, y cerré los ojos. En esta
-situación continué viendo la hilera de caras de ambos sexos que ante
-mí tenía, barbadas unas, limpias de pelo las otras, aquéllas riendo,
-éstas muy acartonadas y serias.
-
-Después me pareció que obedeciendo a la contracción de un músculo
-común, todas aquellas caras hacían muecos y guiños, abriendo y
-cerrando los ojos y las bocas, y mostrándome alternativamente una
-serie de dientes que variaban desde los más blancos hasta los más
-amarillos, afilados unos, romos y gastados los otros. Aquellas ocho
-narices erigidas bajo diez y seis ojos diversos en color y expresión,
-crecían o menguaban, variando de forma; las bocas se abrían en línea
-horizontal, produciendo mudas carcajadas, o se estiraban hacia
-adelante formando hocicos puntiagudos, al interesante rostro de
-cierto benemérito animal que tiene sobre sí el anatema de no poder
-ser nombrado.
-
-Por detrás de aquellas ocho caras, cuyos horrendos visajes he
-descrito, y al través de las ventanillas del coche, yo veía la calle,
-las casas y los transeúntes, todo en veloz carrera, como si el
-tranvía anduviera con rapidez vertiginosa. Yo por lo menos creía que
-marchaba más aprisa que nuestros ferrocarriles, más que los
-franceses, más que los ingleses, más que los norte-americanos; corría
-con toda la velocidad que puede suponer la imaginación, tratándose de
-la traslación de lo sólido.
-
-A medida que era más intenso aquel estado letargoso, se me figuraba
-que iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un
-instante creí que el tranvía corría por lo más profundo de los mares:
-al través de los vidrios se veían los cuerpos de cetáceos enormes,
-los miembros pegajosos de una multitud de pólipos de diversos
-tamaños. Los peces chicos sacudían sus colas resbaladizas contra los
-cristales, y algunos miraban a dentro con sus grandes y dorados ojos.
-Crustáceos de forma desconocida, grandes moluscos, madréporas,
-esponjas y una multitud de bivalvos grandes y deformes cual nunca yo
-los había visto, pasaban sin cesar. El coche iba tirado por no sé
-qué especie de nadantes monstruos, cuyos remos, luchando con el agua,
-sonaban como las paletadas de una hélice, atornillaban la masa
-líquida con su infinito voltear.
-
-Esta visión se iba extinguiendo: después parecióme que el coche
-corría por los aires, volando en dirección fija y sin que lo agitaran
-los vientos. Al través de los cristales no se veía nada más que
-espacio: las nubes nos envolvían a veces; una lluvia violenta y
-repentina tamborileaba en la imperial; de pronto salíamos al espacio
-puro inundado de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso
-seno de celajes inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de ópalo
-como de amatista, que iban quedándose atrás en nuestra marcha.
-Pasábamos luego por un sitio del espacio en que flotaban masas
-resplandecientes de un finísimo polvo de oro: más adelante aquella
-polvareda que a mí se me antojaba producida por el movimiento de las
-ruedas triturando la luz, era de plata, después verde como harina de
-esmeraldas, y por último, roja como harina de rubís. El coche iba
-arrastrado por algún volátil apocalíptico, más fuerte que el
-hipogrifo y más atrevido que el dragón; y el rumor de las ruedas y de
-la fuerza motriz recordaba el zumbido de las grandes aspas de un
-molino de viento, o más bien el de un abejorro del tamaño de un
-elefante. Volábamos por el espacio sin fin, sin llegar nunca;
-entretanto la tierra quedábase abajo, a muchas leguas de nuestros
-pies; y en la tierra, España, Madrid, el barrio de Salamanca,
-Cascajares, la Condesa, el Conde, Mudarra, el incógnito galán, todos
-ellos.
-
-Pero no tardé en dormirme profundamente; y entonces el coche cesó de
-andar, cesó de volar, y desapareció para mí la sensación de que iba
-en tal coche, no quedando más que el ruido monótono y profundo de las
-ruedas, que no nos abandona jamás en nuestras pesadillas dentro de un
-tren o en el camarote de un vapor. Me dormí. ¡Oh infortunada
-Condesa! La vi tan clara como estoy viendo en este instante el papel
-en que escribo; la vi sentada junto a un velador, la mano en la
-mejilla, triste y meditabunda como una estátua de la melancolía. A
-sus pies estaba acurrucado un perrillo, que me pareció tan triste,
-como su interesante ama.
-
-Entonces pude examinar a mis anchas a la mujer que yo consideraba
-como la desventura en persona. Era de alta estatura, rubia, con
-grandes y expresivos ojos, nariz fina, y casi, casi grande, de forma
-muy correcta y perfectamente engendrada por las dos curvas de sus
-hermosas y arqueadas cejas. Estaba peinada sin afectación, y en
-esto, como en su traje, se comprendía que no pensaba salir aquella
-noche. ¡Tremenda, mil veces tremenda noche! Yo observaba con
-creciente ansiedad la hermosa figura que tanto deseaba conocer, y me
-pareció que podía leer sus ideas en aquella noble frente donde la
-costumbre de la reconcentración mental había trazado unas cuantas
-líneas imperceptibles, que el tiempo convertiría pronto en arrugas.
-
-De repente se abre la puerta dando paso a un hombre. La Condesa dio
-un grito de sorpresa y se levantó muy agitada.
-
---¿Qué es esto?---dijo---Rafael. Usted. ¡Qué atrevimiento! ¿Cómo ha
-entrado usted aquí?
-
---Señora,--contestó el que había entrado, joven de muy bien porte.
-
---¿No me esperaba usted? He recibido una carta suya.
-
---¡Una carta mía!---exclamó más agitada la Condesa---Yo no he escrito
-carta ninguna. ¿Y para qué había de escribirla?
-
---Señora, vea usted,--repuso el joven sacando la carta y
-mostrándosela;--es su letra, su misma letra.
-
---¡Dios mío! ¡Qué infernal maquinación!---dijo la dama con
-desesperación. ---Yo no he escrito esa carta. Es un lazo que me
-tienden.
-
---Señora, cálmese usted. Yo siento mucho.
-
---Sí; lo comprendo todo. Ese hombre infame. Ya sospecho cual habrá
-sido su idea. Salga usted al instante. Pero ya es tarde; ya siento
-la voz de mi marido.
-
-En efecto, una voz atronadora se sintió en la habitación inmediata, y
-al poco rato entró el Conde, que fingió sorpresa de ver al galán, y
-después riendo con cierta afectación, le dijo:
-
---¡Oh! Rafael, usted por aquí... ¡Cuánto tiempo!... Venía usted á
-acompañar á Antonia... Con eso nos acompañará á tomar el té.
-
-La Condesa y su esposo cambiaron una mirada siniestra. El jóven, en
-su perplejidad, apenas acertó á devolver al Conde su saludo. Ví que
-entraron y salieron criados; ví que trajeron un servicio de té y
-desaparecieron después, dejando solos á los tres personajes. Iba a
-pasar algo terrible.
-
-Sentáronse: la Condesa parecía difunta, el Conde afectaba una
-hilaridad aturdida, semejante á la embriaguez, y el jóven callaba,
-contestándole sólo con monosílabos. Sirvió el té, y el Conde alargó
-á Rafael una de las tazas, no una cualquiera, sino una determinada.
-La Condesa miró aquella taza con tal expresión de espanto, que pareció
-echar en ella todo su espíritu. Bebieron en silencio, acompañando la
-poción con muchas variedades de las sabrosas pastas Huntley and Palmers,
-y otras menudencias propias de tal clase de cena. Después el Conde
-volvió á reir con la desaforada y ruidosa expansión que le era
-peculiar aquella noche, y dijo:
-
---¡Cómo nos aburrimos! Usted, Rafael, no dice una palabra. Antonia,
-toca algo. Hace tanto tiempo que no te oimos. Mira... aquella pieza
-de Gorstchack que se titula Morte... La tocabas admirablemente. Vamos,
-ponte al piano.
-
-La Condesa quiso hablar; érale imposible articular palabra. El Conde
-la miró de tal modo, que la infeliz cedió ante la terrible expresión
-de sus ojos, como la paloma fascinada por el boa constrictor. Se
-levantó dirigiéndose al piano, y ya allí, el marido debió decirle
-algo que la aterró más, acabando de ponerla bajo su infernal dominio.
-Sonó el piano, heridas á la vez multitud de cuerdas, y corriendo de
-las graves á las agudas, las manos de la dama despertaron en un
-segundo los centenares de sonidos que dormían mudos en el fondo de la
-caja. Al principio era la música una confusa reunión de sones que
-aturdía en vez de agradar; pero luego serenóse aquella tempestad, y
-un canto fúnebre y temeroso como el Dies irae surgió de tal desorden.
-Yo creía escuchar el son triste de un coro de cartujos, acompañado
-con el bronco mugido de los fagots. Sentíanse después ayes
-lastimeros como nos figuramos han de ser los que exhalan las ánimas,
-condenadas en el purgatorio á pedir incesantemente un perdón que ha
-de llegar muy tarde.
-
-Volvían luego los arpegios prolongados y ruidosos, y las notas se
-encabritaban unas sobre otras como disputándose cuál ha de llegar
-primero. Se hacían y deshacían los acordes, como se forma y
-desbarata la espuma de las olas. La armonía fluctuaba y hervía en
-una marejada sin fin, alejándose hasta perderse, y volviendo más
-fuerte en grandes y atropellados remolinos.
-
-Yo continuaba extasiado oyendo la música imponente y magestuosa; no
-podía ver el semblante de la condesa, sentada de espaldas á mí; pero
-me la figuraba en tal estado de aturdimiento y pavor, que llegué á
-pensar que el piano se tocaba solo.
-
-El jóven estaba detrás de ella, el conde á su derecha, apoyado en el
-piano. De vez en cuando levantaba ella la vista para mirarle; pero
-debía encontrar expresión muy horrenda en los ojos de su consorte,
-porque tornaba á bajar los suyos y seguía tocando. De repente el
-piano cesó de sonar y la Condesa dió un grito.
-
-En aquel instante sentí un fortísimo golpe en un hombro, me sacudí
-violentamente y desperté.
-
-V
-
-En la agitación de mi sueño había cambiado de postura y me había
-dejado caer sobre la venerable inglesa que á mi lado iba.
-
---¡Aaah! usted... sleeping... molestar... mi dijo con avinagrado
-mohin, mientras rechazaba mi paquete de libros que había caído sobre
-sus rodillas.
-
---Señora... es verdad... me dormí,--contesté turbado al ver que todos
-los viajeros se reían de aquella escena.
-
---¡Ooo!... yo soy... going... to decir al coachman... usted
-molestar... mi... usted, caballero... very shocking,--añadió la
-inglesa en su jerga ininteligible: ¡Ooh! usted creer... my body es...
-su cama for usted...to sleep. ¡Ooh! sir, you are a stupid ass.
-
-Al decir esto, la hija de la Gran Bretaña, que era de sí bastante
-amoratada, estaba lo mismo que un tomate. Creyérase que la sangre
-agolpada á sus carrillos y á su nariz á brotar iba por sus candentes
-poros. Me mostraba cuatro dientes puntiagudos y muy blancos, como si
-me quisiera roer. Le pedí mil perdones por mi sueño descortés,
-recogí mi paquete y pasé revista á las nuevas caras que dentro del
-coche había. Figúrate, ¡oh cachazudo y benévolo lector! cuál sería
-mi sorpresa cuando ví frente á mí ¿á quién creeráa? al jóven de la
-escena soñada, al mismo D. Rafael en persona. Me restregué los ojos
-para convencerme de que no dormía, y en efecto, despierto estaba, y
-tan despierto como ahora.
-
-Era él, el mismo, y conversaba con otro que á su lado iba. Puse
-atención y escuché con toda mi alma.
-
---¿Pero tú no sospechaste nada? le decía el otro.
-
---Algo, sí; pero callé. Parecía difunta; tal era su terror. Su
-marido la mandó tocar el piano y ella no se atrevió á resistir.
-Tocó como siempre, de una manera admirable, y oyéndola llegué á
-olvidarme de la peligrosa situación en que nos encontrábamos. A
-pesar de los esfuerzos que ella hacía para aparecer serena, llegó
-un momento en que le fué imposible fingir más. Sus brazos se
-aflojaron, y resbalando de las teclas echó la cabeza atrás y dio
-un grito. Entonces su marido sacó un puñal, y dando un paso hácia
-ella exclamó con furia: «Toca ó te mato al instante.» Al ver esto
-hirvió mi sangre toda: quisé echarme sobre aquel miserable; pero
-sentí en mi cuerpo una sensación que no puedo pintarte; creí que
-repentinamente se había encendido una hoguera en mi estómago;
-fuego corría por mis venas; las sienes me latieron, y caí al suelo
-sin sentido.
-
---Y antes ¿no conocístes los síntomas del envenenamiento? le
-preguntó el otro.
-
---Notaba cierta desazón y sospeché vagamente, pero nada más. El
-veneno estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me
-mató, aunque sí me ha dejado una enfermedad para toda la vida.
-
---Y después que perdiste el sentido, ¿qué pasó?
-
-Rafael iba á contestar y yo le escuchaba como si de sus palabras
-pendiera un secreto de vida ó muerte, cuando el coche paró.
-
---¡Ah! ya estamos en los Consejos; bajemos--dijo Rafael.
-
-¡Qué contrariedad! Se marchaban, y yo no sabía el fin de la
-historia.
-
---Caballero, caballero, una palabra--dijé al verlos salir.
-
-El jóven se detuvo y me miró.
-
-¿Y la Condesa? ¿Qué fué de esa señora? pregunté con mucho afan.
-
-Una carcajada general fué la única respuesta. Los dos jóvenes
-riéndose también, salieron sin contestarme palabra. El único
-ser vivo que conservó su serenidad de esfinge en tal cómica
-escena fué la inglesa, que indignada de mis extravagancias, se
-volvió á los demás viajeros diciendo:
-
---¡Oooh! A lunatic fellow.
-
-VI
-
-El coche seguía, y á mí me abrasaba la curiosidad por saber que
-había sido de la desdichada Condesa. ¿La mató su marido? Yo me
-hacía cargo de las intenciones de aquel malvado. Ansioso de
-gozarse en su venganza, como todas las almas crueles, quería que
-su mujer presenciase, sin dejar de tocar, la agonía de aquel
-incauto joven llevado allí por una vil celada de Mudarra.
-
-Mas era imposible que la dama continuara haciendo desesperados
-esfuerzos para mantener su serenidad, sabiendo que Rafael había
-bebido el veneno. ¡Trágica y espeluznante escena!--pensaba yo,
-más convencido cada vez de la realidad de aquel suceso--¡y luego
-dirán que estas cosas sólo se ven en las novelas!
-
-Al pasar por delante de Palacio el coche se detuvo, y entró una
-mujer que traía un perrillo en sus brazos. Al instante reconocí
-al perro que había visto recostado á los piés de la Condesa; era
-el mismo, la misma lana blanca y fina, la misma mancha negra en
-una de sus orejas. La suerte quiso que aquélla mujer se sentara
-á mi lado. No pudiendo yo resistir la curiosidad, le pregunté:
-
---¿Es de usted ese perro tan bonito?
-
---¿Pues de quién ha de ser? ¿Le gusta á usted?
-
-Cogí una de las orejas del inteligente animal para hacerle una
-caricia; pero él, insensible á mis demostraciones de cariño,
-ladró, dió un salto y puso sus patas sobre las rodillas de la
-inglesa, que me volvió á enseñar sus dos dientes como queriéndome
-roer, y exclamó:
-
---¡Oooooh! usted... unsupportable.
-
---¿Y dónde ha adquirido usted ese perro?--pregunté sin hacer caso
-de la nueva explosión colérica de la mujer británica. ¿Se puede
-saber?
-
---Era de mi señorita.
-
---¿Y qué fué de su señorita?--dije con la mayor ansiedad.
-
---¡Ah! ¿Usted la conocía?--repuso la mujer.--Era muy buena, ¿ver-
-dá uste?
-
---¡Oh! excelente... Pero ¿podría yo saber en qué paró todo aquéllo?
-
---De modo que usted está enterado, usted tiene moticias...
-
---Sí, señora... He sabido todo lo que ha pasado, hasta aquello del
-té... pues. Y diga usted ¿murió la señora?
-
---¡Ah! sí, señor; está en la gloria.
-
---¿Y cómo fué eso? ¿La asesinaron, ó fué á consecuencia del susto?
-
---¡Qué asesinato, ni qué susto!--dije con expresión burlona--usted
-no está enterado. Fué que aquella noche había comido no se qué, pues
-... y le hizo daño... Le dió un desmayo que le duró hasta el
-amanecer.
-
---Bah--pensé yo--esta no sabe una palabra del incidente del piano y
-del veneno, ó no quiere darse por entendida.
-
-Después dije en alta voz:
-
---¿Con que fué de indigestión?
-
---Sí, señor. Yo le había dicho aquella noche: «señora: no coma usted
-esos mariscos»; pero no me hizo caso.
-
---Con que mariscos ¿eh?--dije con incredulidad.--Si sabré yo lo que
-ha ocurrido.
-
---¿No lo cree usted?
-
---Sí, sí--repuse aparentando creerlo.--¿Y el Conde... su marido, el
-que sacó el puñal cuando tocaba el piano?
-
-La mujer me miró un instante y después soltó la risa en mis propias
-barbas.
-
---¿Se rie usted...? ¡Bah! ¿Piensa usted que no estoy perfectamente
-enterado? Ya comprendo, usted no quiere contar los hechos como
-realmente son. Ya se vé, como habrá causa criminal?...
-
---Es que ha hablado usted de un conde y de una condesa.
-
---¿No era el ama de ese perro la señora Condesa, á quien el mayor-
-domo Mudarra...
-
-La mujer volvió á soltar la risa con tal estrépito, que me descon-
-certé diciendo para mi capote: Esta debe de ser cómplice de
-Mudarra, y naturalmente ocultará todo lo que pueda.
-
---Usted está loco--añadió la desconocida.
-
---Lunatic, lunatic. I'm suffocated... ¡Oooh my God!
-
---Si, lo sé todo: vamos, no me lo oculte usted. Dígame de qué
-murió la señora Condesa.
-
---¡Qué condesa ni qué ocho cuartos, hombre de Diós!--exclamó la
-mujer riendo con más fuerza.
-
---¡Si creerá usted que me engaña á mi con sus risitas!--contesté.
-La condesa ha nuerto envenenada ó asesinada; no me queda la menor
-duda.
-
-En esto lllegó el coche al Barrio de Pozas y yo al término de mi
-viaje. Salimos todos: la inglesa me echó una mirada que indicaba
-su regocijo por verse libre de mí, y cada cual me dirigió á su
-destino. Yo seguí á la mujer del perro, aturdiéndola con preguntas,
-hasta que se metió en su casa, riendo siempre de mi empeño en
-averiguar vidas ajenas. Al verme solo en la calle, recordé el
-objeto de mi viaje y me dirigí á la casa donde debía entregar
-aquellos libros. Devolvílos á la persona que me los había pedido
-para leerlos, y me puse á pasear frente al Buen Suceso, esperando
-á que saliese de nuevo el coche para regresar al extremo de Madrid.
-
-No podía apartar de la imaginación á la infortunada Condesa, y
-cada vez me confirmaba más en mi idea de que la mujer con quién
-últimamente hablé había engañarme, ocultando la verdad de la
-misteriosa tragedia.
-
-Esperé mucho tiempo, y al fin, anocheciendo ya, el coche se dispuso
-á partir. Entré, y lo primero que mis ojos vieron fué la señora
-inglesa sentadita donde antes estaba. Cuando me vió subir y tomar
-sitio á su lado, la expresión de su rostro no es definible; se puso
-otra vez como la grana, exclamando:
-
---¡Ooooh!... usted... mi quejarse al coachman... usted reventar mi
-for it.
-
-Tan preocupado estaba yo con mis confusiones, que sin hacerme cargo
-de lo que la inglesa me decía en su híbrido y trabajoso lenguaje, le
-contesté:
-
-==Señora, no hay duda de que la Condesa murió envenenada ó asesinada.
-Usted no tiene idea de la ferocidad de aquel hombre.
-
-Seguía el coche, y de trecho en trecho deteníase para recoger pa-
-sajeros. Cerca del palacio real entraron tres, tomando asiento en
-frente de mí. Uno de ellos era un hombre alto, seco y huesudo, con
-muy severos ojos y un hablar campanudo que imponía respeto.
-
-No hacía diez minutos que estaban allí, cuando este hombre se volvió
-á los otros dos y dijo:
-
---¡Pobrecilla! ¡Cómo clamaba en sus últimos instantes! La bala le
-entró por encima de la clavícula derecha y después bajó hasta el
-corazón.
-
---¿Cómo?--exclamé yo repentinamente.--¿Con que fué de un tiro? ¿no
-murió de una puñalada?
-
-Los tres me miraron con sorpresa.
-
---De un tiro, sí señor, dijo con cierto desabrimiento el alto, seco
-y huesoso.
-
---Y aquella mujer sostenía que había muerto de una indigestión,--dije
-interesándome más cada vez en aquel asunto. Cuente usted ¿y cómo
-fué?
-
---Y á usted que le importa?--dijo el otro con muy avinagrado gesto.
-
-Tengo mucho interés por conocer el fin de esa horrorosa tragedia.
-¿No es verdad que parece cosa de novela?
-
---¿Qué novela ni qué niño muerto? Usted está loco ó quiere burlarse
-de nosotros.
-
---Caballerito, cuidado con las bromas--añadió el alto y seco.
-
---¿Creen ustedes que no estoy enterado? Lo sé todo, he presenciado
-varias escenas de ese horrendo crímen. Pero dicen ustedes que la
-condesa murió de un pistoletazo.
-
---Válgame Dios: nosotros no hemos hablado de Condesa, sino de mi
-perra, á quien cazando disparamos inadvertidamente un tiro. Si usted
-quiere bromear, puede buscarme en otro sitio, y ya le contestaré como
-merece.
-
---Ya, ya comprendo: ahora hay empeño en ocultar la verdad, manifesté
-juzgando que aquellos hombres querían desorientarme en mis pesquisas,
-convirtiendo en perra á la desdichada señora.
-
-Ya preparaba el otro su contestación, sin duda, más enérgica de lo
-que el caso requería, cuando la inglesa se llevó el dedo á la sien,
-como para indicarles que yo no regía bien de la cabeza. Calmáronse
-con esto, y no dijeron una palabra más en todo el viaje, que terminó
-para ellos en la puerta del Sol. Sin duda me habían tenido miedo.
-
-Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quería
-serenar mi espíritu, razonando los verdaderos términos de tan
-embrollada cuestión. Pero cada vez eran mayores mis confusiones, y
-la imágen de la pobre señora no se apartaba de mi pensamiento. En
-todos los semblantes que iban sucediéndose dentro del coche, creí ver
-algo que contribuyera á explicar el enigma. Sentía yo una
-sobrescitación cerebral espantosa, y sin duda el trastorno interior
-debía pintarse en mi rostro, porque todos me miraban como se mira lo
-que no se vé todos los días.
-
-VII
-
-Aún faltaba algún incidente que había de turbar más mi cabeza en
-aquel viaje fatal. Al pasar por la calle de Alcalá, entró un
-caballero con su señora: él quedó junto á mí. Era un hombre que
-parecía afectado de fuerte y reciente impresión, y hasta creí que
-alguna vez se llevó el pañuelo á los ojos para enjugar las invisibles
-lágrimas, que sin duda corrían bajo el cristal verde oscuro de sus
-descomunales amtiparras.
-
-Al poco rato de estar allí, dijo en voz baja á la que parecía ser su
-mujer.
-
---Pues hay sospechas de envenenamiento: no lo dudes. Me lo acaba de
-decir D. Nateo. ¡Desdichada mujer!
-
---¡Qué horror! Ya me lo he figurado también--contestó su consorte.
-¿De tales cafres qué se podía esperar?
-
---Juro no dejar piedra sobre piedra hasta averiguarlo.
-
-Yo, que era todo oidos, dije también en voz baja:
-
---Sí señor; hubo envenenamiento. Me consta.
-
---¿Cómo, usted sabe? ¿usted también la conocía?--dijo vivamente el de
-las antiparras verdes, volviéndose hácia mí.
-
---Sí señor; y no dudo que la muerte ha sido violenta, por más que
-quieran hacernos creer que fué indigestión.
-
---Lo mismo afirmo yo. ¡Qué excelente mujer! ¿Pero cómo sabe
-usted...?
-
---Lo sé, lo sé,--repuso muy satisfecho de que aquel no me tuviera por
-loco.
-
---Luego, usted irá á declarar al juzgado; porque ya se está formando
-la sumaria.
-
---Me alegro, para que castiguen á esos bribones. Iré á declarar, iré
-á declarar, sí señor.
-
-A tal extremo había llegado mi obcecación, que concluí por penetrarme
-de aquel suceso mitad soñado, mitad leído, y lo creí como ahora creo
-que es pluma esto con que escribo.
-
---Pues sí, señor; es preciso aclarar este enigma para que se castigue
-á los autores del crímen. Yo declararé: Fué envenenada con una taza
-de té, lo mismo que el joven.
-
---Oye, Petronila--dijo á su esposa el de las antiparras--con una taza
-de té.
-
---Sí, estoy asombrada--contestó la señora.--¡Cuidado con lo que
-fueron á inventar esos malditos!
-
---Sí, señor; con una taza de té. La Condesa tocaba el piano.
-
---¿Qué Condesa?--preguntó aquel hombre interrumpiéndome.
-
---La Condesa, la envenenada.
-
---Si no se trata de ninguna condesa, hombre de Dios.
-
---Vamos; usted también es de los empeñados en ocultarlo.
-
---Bah, bah; si en esto no ha habido ninguna condesa ni duquesa, sino
-simplemente la lavandera de mi casa, mujer del guarda-agujas del
-Norte.
-
---¿Lavandera, eh?--dijo en tono de picardía.--¡Si también me querrá
-usted hacer tragar que es lavandera!
-
-El caballero y su esposa me miraron con expresión burlona, y después
-se dijeron en voz baja algunas palabras. Por un gesto que ví hacer á
-la señora, comprendí que había adquirido el profundo convencimiento
-de que yo estaba borracho. Llenéme de resignación ante tal ofensa, y
-callé, contendándome con despreciar en silencio, cual conviene á las
-grandes almas, tan irreverente suposición. Cada vez era mayor mi
-zozobra; la Condesa no se apartaba ni un instante de mi pensamiento,
-y había llegado á interesarme tanto por su siniestro fin, como si
-todo ello no fuera elaboración enfermiza de mi propia fantasía,
-impresionada por sucesivas visiones y diálogos. En fin, para que se
-comprenda á qué extremo llegó mi locura, voy á referir el último
-incidente de aquel viaje; voy á decir con qué extravagancia puse
-término al doloroso pugilato de mi entendimiento empeñado en fuerte
-lucha con un ejército de sombras.
-
-Entraba el coche por la calle de Serrano, cuando por la ventanilla
-que frente á mí tenía miré á la calle, débilmente iluminada por la
-escasa luz de los faroles, y ví pasar á un hombre. Dí un grito de
-sorpresa, y exclamé desatinado:--Ahí va, es él, el feroz Mudarra, el
-autor principal de tantas infamias. Mandé parar el coche, y salí,
-mejor dicho, salté á la puerta, tropezando con los piés y las piernas
-de los viajeros; bajé á la calle y corrí tras aquel hombre,
-gritando:--¡A ese, á ese, al asesino!
-
-Júzguese cuál sería el efecto producido por estas voces en el
-pacífico barrio.
-
-Aquel sujeto, el mismo exactamente que yo había visto en el coche por
-la tarde, fué detenido. Yo no cesaba de gritar:--¡Es el que preparó
-el veneno para la Condesa, el que asesinó á la Condesa!
-
-Hubo un momento de indescriptible confusión. Afirmó él que yo estaba
-loco; pero que quieras que nó los dos fuímos conducidos á la
-prevención. Después perdí por completo la noción de lo que pasaba.
-No recuerdo lo que hice aquella noche en el sitio donde me
-encerraron. El recuerdo más vivo que conservo de tan curioso lance,
-fué el de haber despertado del profundo letargo en que caí, verdadera
-borrachera moral, producida, no sé por qué, por uno de los pasajeros
-fenómenos de enajenación que la ciencia estudia con gran cuidado como
-precursores de la locura definitiva.
-
-Come es de suponer, el suceso no tuvo consecuencias porque el
-antipático personaje que bauticé con el nombre de Mudarra, es un
-honrado comerciante de ultramarinos que jamás había envenenado á
-condesa alguna. Pero aún por mucho tiempo después persistía yo en mi
-engaño, y solía exclamar: «Infortunada condesa; por más que digan, yo
-siempre sigo en mis trece. Nadie me persuadirá de que no acabaste
-tus días á mano de tu iracundo esposo...»
-
-Ha sido preciso que transcurran meses para que las sombras vuelvan al
-ignorado sitio de donde surgieron volviéndome loco, y torne la
-realidad á dominar en mi cabeza. Me rio siempre que recuerdo aquel
-viaje, y toda la consideración que antes me inspiraba la soñada
-víctima la dedico ahora, ¿á quién creeréis? á mi compañera de viaje
-en aquella angustiosa expedición, á la irascible inglesa, a quien
-disloqué un pié en el momento de salir atropelladamente del coche
-para perseguir al supuesto mayordomo.
-
-
-
-
-
-
-End of Project Gutenberg's La novela en el tranvía, by Benito Pérez Galdós
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NOVELA EN EL TRANVÍA ***
-
-***** This file should be named 53355-8.txt or 53355-8.zip *****
-This and all associated files of various formats will be found in:
- http://www.gutenberg.org/5/3/3/5/53355/
-
-Produced by Michael John Wooff
-Updated editions will replace the previous one--the old editions will
-be renamed.
-
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
-States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive
-specific permission. If you do not charge anything for copies of this
-eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook
-for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports,
-performances and research. They may be modified and printed and given
-away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks
-not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the
-trademark license, especially commercial redistribution.
-
-START: FULL LICENSE
-
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
-
-To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
-Gutenberg-tm electronic works
-
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
-person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
-1.E.8.
-
-1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
-you share it without charge with others.
-
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country outside the United States.
-
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
-on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
-phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
- most other parts of the world at no cost and with almost no
- restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
- under the terms of the Project Gutenberg License included with this
- eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
- United States, you'll have to check the laws of the country where you
- are located before using this ebook.
-
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
-Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
-
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg-tm License.
-
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm web site
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.
-
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
-provided that
-
-* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."
-
-* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.
-
-* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
-
-* You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.
-
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The
-Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm
-trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.
-
-1.F.
-
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause.
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org
-
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
-mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
-volunteers and employees are scattered throughout numerous
-locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
-Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
-date contact information can be found at the Foundation's web site and
-official page at www.gutenberg.org/contact
-
-For additional contact information:
-
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.
-
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-
-Most people start at our Web site which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
-
-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-
diff --git a/old/53355-8.zip b/old/53355-8.zip
deleted file mode 100644
index 2176544..0000000
--- a/old/53355-8.zip
+++ /dev/null
Binary files differ