diff options
| -rw-r--r-- | .gitattributes | 4 | ||||
| -rw-r--r-- | LICENSE.txt | 11 | ||||
| -rw-r--r-- | README.md | 2 | ||||
| -rw-r--r-- | old/53355-8.txt | 1355 | ||||
| -rw-r--r-- | old/53355-8.zip | bin | 27240 -> 0 bytes |
5 files changed, 17 insertions, 1355 deletions
diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..e38fd45 --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for +eBook #53355 (https://www.gutenberg.org/ebooks/53355) diff --git a/old/53355-8.txt b/old/53355-8.txt deleted file mode 100644 index 475114a..0000000 --- a/old/53355-8.txt +++ /dev/null @@ -1,1355 +0,0 @@ -Project Gutenberg's La novela en el tranvía, by Benito Pérez Galdós - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: La novela en el tranvía - -Author: Benito Pérez Galdós - -Release Date: October 23, 2016 [EBook #53355] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NOVELA EN EL TRANVÍA *** - - - - -Produced by Michael John Wooff - - - - -La novela en el tranvía - -B. Pérez Galdós (1843-1920) - -I -El coche partía de la extremidad del barrio de Salamanca, para -atravesar todo Madrid en dirección al de Pozas. Impulsado por el -egoísta deseo de tomar asiento antes que las demás personas movidas -de iguales intenciones, eché mano a la barra que sustenta la escalera -de la imperial, puse el pie en la plataforma y subí; pero en el mismo -instante ¡oh previsión! tropecé con otro viajero que por el opuesto -lado entraba. Le miro y reconozco a mi amigo el Sr. D Dionisio -Cascajares de la Vallina, persona tan inofensiva como discreta, que -tuvo en aquella crítica ocasión la bondad de saludarme con un sincero -y entusiasta apretón de manos. - -Nuestro inesperado choque no había tenido consecuencias de -consideración, si se exceptúa la abolladura parcial de cierto -sombrero de paja puesto en la extremidad de una cabeza de mujer -inglesa, que tras de mi amigo intentaba subir, y que sufrió, sin duda -por falta de agilidad, el rechazo de su bastón. - -Nos sentamos sin dar al percance exagerada importancia, y empezamos a -charlar. El señor don Dionisio Cascajares es un médico afamado, -aunque no por la profundidad de sus conocimientos patológicos, y un -hombre de bien, pues jamás se dijo de él que fuera inclinado a tomar -lo ajeno, ni a matar a sus semejantes por otros medios que por los de -su peligrosa y científica profesión. Bien puede asegurarse que la -amenidad de su trato y el complaciente sistema de no dar a los -enfermos otro tratamiento que el que ellos quieren, son causa de la -confianza que inspira a multitud de familias de todas jerarquías, -mayormente cuando también es fama que en su bondad sin límites presta -servicios ajenos a la ciencia, aunque siempre de índole rigurosamente -honesta. - -Nadie sabe cómo él sucesos interesantes que no pertenecen al dominio -público, ni ninguno tiene en más estupendo grado la manía de -preguntar, si bien este vicio de exagerada inquisitividad se compensa -en él por la prontitud con que dice cuanto sabe, sin que los demás se -tomen el trabajo de preguntárselo. Júzguese por esto si la compañía -de tan hermoso ejemplar de la ligereza humana será solicitada por los -curiosos y por los lenguaraces. - -Este hombre, amigo mío, como lo es de todo el mundo, era el que -sentado iba junto a mí cuando el coche, resbalando suavemente por su -calzada de hierro, bajaba la calle de Serrano, deteniéndose alguna -vez para llenar los pocos asientos que quedaban ya vacíos. Íbamos -tan estrechos que me molestaba grandemente el paquete de libros que -conmigo llevaba, y ya le ponía sobre esta rodilla, ya sobre la otra, -ya por fin me resolví a sentarme sobre él, temiendo molestar a la -señora inglesa, a quién cupo en suerte colocarse a mi siniestra mano. - ---¿Y usted a dónde va?--me preguntó Cascajares, mirándome por encima -de sus espejuelos azules, lo que me hacía el efecto de ser examinado -por cuatro ojos. - -Contesté le evasivamente, y él, deseando sin duda no perder aquel -rato sin hacer alguna útil investigación, insistió en sus preguntas -diciendo: - ---Y Fulanito, ¿qué hace? Y Fulanita, ¿dónde está?--con otras -indagatorias del mismo jaez, que tampoco tuvieron respuesta cumplida. -Por último, viendo cuán inútiles eran sus tentativas para pegar la -hebra, echó por camino más adecuado a su expansivo temperamento y -empezó a desembuchar. - ---¡Pobre condesa!--dijo expresando con un movimiento de cabeza y un -visaje, su desinteresada compasión. Si hubiera seguido mis consejos, -no sería en situación tan crítica. - ---¡Ah! es claro,--contesté maquinalmente, ofreciendo también el -tributo de mi compasión a la señora condesa. - ---¡Figúrese usted,--prosiguió,--que se han dejado dominar por aquel -hombre! Y aquel hombre llegará a ser el dueño de la casa. - -¡Pobrecilla! Cree que con llorar y lamentarse se remedia todo, y no. -Urge tomar una determinación. Porque ese hombre es un infame, le -creo capaz de los mayores crímenes. - ---¡Ah! ¡Si es atroz!--dije yo, participando irreflexivamente de su -indignación. - ---Es como todos los hombres de malos instintos y de baja condición -que si se elevan un poco, luego no hay quien los sufra. Bien claro -indica su rostro que de allí no puede salir cosa buena. - ---Ya lo creo, eso salta a la vista. - ---Le explicaré a usted en breves palabras. La Condesa es una mujer -excelente, angelical, tan discreta como hermosa, y digna por todos -conceptos de mejor suerte. Pero está casada con un hombre que no -comprende el tesoro que posee, y pasa la vida entregado al juego y a -toda clase de entretenimientos ilícitos. Ella entretanto se aburre y -llora. ¿Es extraño que trate de sofocar su pena divirtiéndose -honestamente aquí y allí, donde quiera que suena un piano? Es más, -yo mismo se lo aconsejo y le digo: Señora, procure usted distraerse, -que la vida se acaba. Al fin el señor Conde se ha de arrepentir de -sus locuras y se acabarán las penas. Me parece que estoy en lo -cierto. - ---¡Ah! sin duda,--contesté con oficiosidad, continuando en mis -adentros tan indiferente como al principio a las desventuras de la -Condesa. - ---Pero no es eso lo peor,--añadió Cascajares, golpeando el suelo con -su bastón--sino que ahora el señor Conde ha dado en la flor de estar -celoso... sí, de cierto joven que se ha tomado a pechos la empresa de -distraer a la Condesa. - ---El marido tendrá la culpa de que lo consiga. - ---Todo eso sería insignificante, porque la Condesa es la misma -virtud; todo eso sería insignificante, digo, si no existiera un -hombre abominable que sospecho ha de causar un desastre en aquella -casa. - ---¿De veras? ¿Y quién es, ese hombre?--pregunté con una chispa de -curiosidad. - ---Un antiguo mayordomo muy querido del Conde, y que se ha propuesto -martirizar a la infeliz cuanto sensible señora. Parece que se ha -apoderado de cierto secreto que la compromete, y con esta arma -pretende... qué sé yo... ¡Es una infamia! - ---Sí que lo es, y ello merece un ejemplar castigo--dije yo, -descargando también el peso de mis iras sobre aquel hombre. - ---Pero ella es inocente; ella es un ángel... Pero, ¡calle! estamos en -la Cibeles. Sí: ya veo a la derecha el parque de Buenavista. Mande -usted parar, mozo; que no soy de los que hacen la gracia de saltar -cuando el coche está en marcha, para descalabrarse contra los -adoquines. Adiós, mi amigo, adiós. - -Paró el coche y bajó D. Dionisio Cascajares y de la Vallina, después -de darme otro apretón de manos y de causar segundo desperfecto en el -sombrero de la dama inglesa, aún no repuesta del primitivo susto. - -II - -Siguió el ómnibus su marcha y ¡cosa singular! yo a mi vez seguí -pensando en la incógnita Condesa, en su cruel y suspicaz consorte, y -sobre todo en el hombre siniestro que, según la enérgica expresión -del médico, a punto estaba de causar un desastre en la casa. -Considera, lector, lo que es el humano pensamiento: cuando Cascajares -principió a referirme aquellos sucesos, yo renegaba de su -inoportunidad y pesadez, mas poco tardó mi mente en apoderarse de -aquel mismo asunto, para darle vueltas de arriba abajo, operación -psicológica que no deja de ser estimulada por la regular marcha del -coche y el sordo y monótono rumor de sus ruedas, limando el hierro de -los carriles. - -Pero al fin dejé de pensar en lo que tan poco me interesaba, y -recorriendo con la vista el interior del coche, examiné uno por uno a -mis compañeros de viaje. ¡Cuán distintas caras y cuán diversas -expresiones! Unos parecen no inquietarse ni lo más mínimo de los que -van a su lado; otros pasan revista al corrillo con impertinente -curiosidad; unos están alegres, otros tristes, aquél bosteza, el de -más allá ríe, y a pesar de la brevedad del trayecto, no hay uno que -no desee terminarlo pronto. Pues entre los mil fastidios de la -existencia, ninguno aventaja al que consiste en estar una docena de -personas mirándose las caras sin decirse palabra, y contándose -recíprocamente sus arrugas, sus lunares, y éste o el otro accidente -observado en el rostro o en la ropa. - -Es singular este breve conocimiento con personas que no hemos visto y -que probablemente no volveremos a ver. Al entrar, ya encontramos a -alguien; otros vienen después que estamos allí; unos se marchan, -quedándonos nosotros, y por último también nos vamos. Imitación es -esto de la vida humana en que el nacer y el morir son como las -entradas y salidas a que me refiero, pues van renovando sin cesar en -generaciones de viajeros el pequeño mundo que allí dentro vive. -Entran, salen; nacen, mueren... ¡Cuántos han pasado por aquí antes que -nosotros! ¡Cuántos vendrán después! - -Y para que la semejanza sea más completa, también hay un mundo chico -de pasiones en miniatura dentro de aquel cajón. Muchos van allí que -se nos antojan excelentes personas, y nos agrada su aspecto y hasta -les vemos salir con disgusto. Otros, por el contrario, nos revientan -desde que les echamos la vista encima: les aborrecemos durante diez -minutos; examinamos con cierto rencor sus caracteres frenológicos y -sentimos verdadero gozo al verles salir. Y en tanto sigue corriendo -el vehículo, remedo de la vida humana; siempre recibiendo y soltando, -uniforme, incansable, majestuoso, insensible a lo que pasa en su -interior sin que le conmuevan ni poco ni mucho las mal sofocadas -pasioncillas de que es mudo teatro; siempre corriendo, corriendo -sobre las dos interminables paralelas de hierro, largas y -resbaladizas como los siglos. - -Pensaba en esto mientras el coche subía por la calle de Alcalá, hasta -que me sacó del golfo de tan revueltas cavilaciones el golpe de mi -paquete de libros al caer al suelo. Recogí lo al instante; mis ojos -se fijaron en el pedazo de periódico que servía de envoltorio a los -volúmenes, y maquinalmente leyeron medio renglón de lo que allí -estaba impreso. De súbito sentí vivamente picada mi curiosidad: -había leído algo que me interesaba, y ciertos nombres esparcidos en -el pedazo de folletín hirieron a un tiempo la vista y el recuerdo. -Busqué el principio y no lo hallé: el papel estaba roto, y únicamente -pude leer, con curiosidad primero y después con afán creciente, lo -que sigue: - -... Sentía la condesa una agitación indescriptible. La presencia de -Mudarra, el insolente mayordomo, que olvidando su bajo origen atrevía -se a poner los ojos en persona tan alta, le causaba continua zozobra. -El infame la estaba espiando sin cesar, la vigilaba como se vigila a -un preso. Ya no le detenía ningún respeto, ni era obstáculo a su -infame asechanza la sensibilidad y delicadeza de tan excelente -señora. - -Mudarra penetró a deshora en la habitación de la Condesa, que pálida -y agitada, sintiendo a la vez vergüenza y terror, no tuvo ánimo para -despedirle. - ---No se asuste usía, señora Condesa,--dijo con forzada y siniestra -sonrisa, que aumentó la turbación de la dama; no vengo a hacer a usía -daño alguno. - ---¡Oh, Dios mío! ¡Cuándo acabará este suplicio!---exclamó la dama, -dejando caer sus brazos con desaliento. Salga Usted; yo no puedo -acceder a sus deseos. ¡Qué infamia! ¡Abusar de ese modo de mi -debilidad, y de la indiferencia de mi esposo, único autor de tantas -desdichas! - ---¿Por qué tan arisca, señora Condesa?---añadió el feroz mayordomo. -Si yo no tuviera el secreto de su perdición en mi mano; si yo no -pudiera imponer al señor Conde de ciertos particulares... pues... -referentes a aquel caballerito... Pero, no abusaré, no, de estas -terribles armas. Usted me comprenderá al fin, conociendo cuan -desinteresado es el grande amor que ha sabido inspirarme. - -Al decir esto, Mudarra dio algunos pasos hacia la Condesa, que se -alejó con horror y repugnancia de aquel mónstruo. - -Era Mudarra un hombre como de cincuenta años, moreno, rechoncho y -patizambo, de cabellos ásperos y en desorden, grande y colmilluda la -boca. Sus ojos medio ocultos tras la frondosidad de largas, negras y -espesísimas cejas, en aquellos instantes expresaban la más bestial -concupiscencia. - ---¡Ah puerco espín!---exclamó con ira al ver el natural despego de la -dama. --¡Qué desdicha no ser un mozalbete almidonado! Tanto remilgo -sabiendo que puedo informar al señor Conde... Y me creerá, no lo dude -usía: el señor Conde tiene en mí tal confianza, que lo que yo digo es -para él el mismos Evangelio... pues... y como está celoso... si yo le -presento el papelito. - ---¡Infame! gritó la Condesa con noble arranque de indignación y -dignidad. --Yo soy inocente; y mi esposo no será capaz de prestar -oídos a tan viles calumnias. Y aunque fuera culpable prefiero mil -veces ser despreciada por mi marido y por todo el mundo a comprar mi -tranquilidad a ese precio. Salga usted de aquí al instante. - ---Yo también tengo mal genio, señora Condesa,--dijo el mayordomo -devorando su rabia; yo también gasto mal genio, y cuando me amosco... -Puesto que usía lo toma por la tremenda, vamos por la tremenda. Ya -sé lo que tengo que hacer, y demasiado condescendiente he sido hasta -aquí. Por última vez propongo a usía que seamos amigos, y no me -ponga en el caso de hacer un disparate... con que señora mía. - -Al decir esto Mudarra contrajo la pergaminosa piel y los rígidos -tendones de su rostro haciendo una mueca parecida a una sonrisa, y -dio algunos pasos como para sentarse en el sofá junto a la Condesa. -Ésta se levantó de un salto gritando:--¡No; salga usted! ¡Infame! Y -no tener quien me defienda... ¡Salga usted! - -El mayordomo, entonces, era como una fiera a quien se escapa la presa -que ha tenido un momento antes entre sus uñas. Dio un resoplido, -hizo un gesto de amenaza y salió despacio con pasos muy quedos. La -Condesa, trémula y sin aliento, refugiada en la extremidad del -gabinete, sintió las pisadas que alejándose se perdían en la alfombra -de la habitación inmediata, y respiró al fin cuando le consideró -lejos. Cerró las puertas y quiso dormir; pero el sueño huía de sus -ojos, aún aterrados con la imagen del monstruo. - -CAPÍTULO XI.--El Complot.---Mudarra, al salir de la habitación de la -Condesa, se dirigió a la suya, y dominado por fuerte inquietud -nerviosa, comenzó a registrar cartas y papeles diciendo entre -dientes: « Ya no aguanto más; me las pagará todas juntas. » Después -se sentó, tomó la pluma, y poniendo delante una de aquellas cartas, y -examinándola bien, empezó a escribir otra, tratando de remedar la -letra. Mudaba la vista con febril ansiedad del modelo a la copia, y -por último, después de gran trabajo, escribió con caracteres -enteramente iguales a los des modelo, la carta siguiente, cuyo -sentido era de su propia cosecha: Había prometido a usted una -entrevista y me apresuro. - -El folletín estaba roto y no pude leer más. - -III - -Sin apartar la vista del paquete me puse a pensar en la relación que -existía entre las noticias sueltas que oí de boca del Sr. Cascajares -y la escena leída en aquel papelucho, folletín, sin duda, traducido -de alguna desatinada novela de Ponson du Terrail o de Montépin. Será -una tontería, dije para mí, pero es lo cierto que ya me inspira -interés esa señora Condesa, víctima de la barbarie de un mayordomo -imposible, cual no existe sino en la trastornada cabeza de algún -novelista nacido para aterrar a las gentes sencillas. ¿Y qué haría el -maldito para vengarse? Capaz sería de imaginar cualquiera atrocidad -de esas que ponen fin a un capítulo de sensación. ¿Y el Conde, qué -hará? Y aquel mozalbete de quien hablaron Cascajares en el coche y -Mudarra en el folletín, ¿qué hará, quién será? ¿Qué hay entre la -Condesa y ese incógnito caballerito? Algo daría por saber. - -Esto pensaba, cuando alcé los ojos, recorrí con ellos el interior del -coche, y ¡horror! Vi una persona que me hizo estremecer de espanto. -Mientras estaba yo embebido en la interesante lectura del pedazo de -folletín, el tranvía se había detenido varias veces para tomar o -dejar algún viajero. En una de estas ocasiones había entrado aquel -hombre, cuya súbita presencia me produjo tan grande impresión. Era -él, Mudarra, el mayordomo en persona, sentado frente a mí, con sus -rodillas tocando mis rodillas. En un segundo le examiné de pies a -cabeza y reconocí las facciones cuya descripción había leído. No -podía ser otro: hasta los más insignificantes detalles de su vestido -indicaban claramente que era él. Reconocí la tez morena y lustrosa, -los cabellos indomables, cuyas mechas surgían en opuestas direcciones -como las culebras de Medusa, los ojos hundidos bajo la espesura de -unas agrestes cejas, las barbas, no menos revueltas e incultas que el -pelo, los pies torcidos hacia dentro como los de los loros, y en fin, -la misma mirada, el mismo hombre en el aspecto, en el traje, en el -respirar, en el toser, hasta en el modo de meterse la mano en el -bolsillo para pagar. - -« ¡Qué bien imitada está la letra!» En efecto, era una carta -pequeña, con el sobre garabateado por mano femenina. Lo miró bien, -recreándose en su infame obra, hasta que observó que yo con -curiosidad indiscreta y descortés alargaba demasiado el rostro para -leer el sobrescrito. Dirigióme una mirada que me hizo el efecto de -un golpe, y guardó su cartera. - -El coche seguía corriendo, y en el breve tiempo necesario para que yo -leyera el trozo de novela, para que pensara un poco en tan extrañas -cosas, para que viera al propio Mudarra, novelesco, inverosímil, -convertido en ser vivo y compañero mío en aquel viaje, había dejado -atrás la calle de Alcalá, atravesaba la Puerta del Sol y entraba -triunfante en la calle Mayor, abriéndose paso por entre los demás -coches, haciendo correr a los carromatos rezagados y perezosos, y -ahuyentando a los peatones, que en el tumulto de la calle, y -aturdidos por la confusión de tantos y tan diversos ruidos, no ven la -mole que se les viene encima sino cuando ya la tienen a muy poca -distancia. - -¡Oh infortunada señora! finge su letra y escribe una carta a cierto -caballerito, con quien hubo esto y lo otro, y lo de más allá. En la -carta le da una cita en su propia casa; llega el joven a la hora -indicada y poco después el marido, a quien se ha tenido cuidado de -avisar, para que coja in fraganti a su desleal esposa: ¡oh admirable -recurso del ingenio! Esto, que en la vida tiene su pro y su contra, -en una novela viene como anillo al dedo. La dama se desmaya, el -amante se turba, el marido hace una atrocidad, y detrás de la cortina -está el fatídico semblante del mayordomo que se goza en su endiablada -venganza. - -Lector yo de muchas y muy malas novelas, dí aquel giro a la que -insensiblemente iba desarrollándose en mi imaginación por las -palabras de un amigo, la lectura de un trozo de papel y la vista de -un desconocido. - -IV - -Andando, andando seguía el coche y ya por causa del calor que allí -dentro se sentía, ya porque el movimiento pausado y monótono del -vehículo produce cierto mareo que degenera en sueño, lo cierto es que -sentí pesados los párpados, me incliné del costado izquierdo, -apoyando el codo en el paquete de libros, y cerré los ojos. En esta -situación continué viendo la hilera de caras de ambos sexos que ante -mí tenía, barbadas unas, limpias de pelo las otras, aquéllas riendo, -éstas muy acartonadas y serias. - -Después me pareció que obedeciendo a la contracción de un músculo -común, todas aquellas caras hacían muecos y guiños, abriendo y -cerrando los ojos y las bocas, y mostrándome alternativamente una -serie de dientes que variaban desde los más blancos hasta los más -amarillos, afilados unos, romos y gastados los otros. Aquellas ocho -narices erigidas bajo diez y seis ojos diversos en color y expresión, -crecían o menguaban, variando de forma; las bocas se abrían en línea -horizontal, produciendo mudas carcajadas, o se estiraban hacia -adelante formando hocicos puntiagudos, al interesante rostro de -cierto benemérito animal que tiene sobre sí el anatema de no poder -ser nombrado. - -Por detrás de aquellas ocho caras, cuyos horrendos visajes he -descrito, y al través de las ventanillas del coche, yo veía la calle, -las casas y los transeúntes, todo en veloz carrera, como si el -tranvía anduviera con rapidez vertiginosa. Yo por lo menos creía que -marchaba más aprisa que nuestros ferrocarriles, más que los -franceses, más que los ingleses, más que los norte-americanos; corría -con toda la velocidad que puede suponer la imaginación, tratándose de -la traslación de lo sólido. - -A medida que era más intenso aquel estado letargoso, se me figuraba -que iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un -instante creí que el tranvía corría por lo más profundo de los mares: -al través de los vidrios se veían los cuerpos de cetáceos enormes, -los miembros pegajosos de una multitud de pólipos de diversos -tamaños. Los peces chicos sacudían sus colas resbaladizas contra los -cristales, y algunos miraban a dentro con sus grandes y dorados ojos. -Crustáceos de forma desconocida, grandes moluscos, madréporas, -esponjas y una multitud de bivalvos grandes y deformes cual nunca yo -los había visto, pasaban sin cesar. El coche iba tirado por no sé -qué especie de nadantes monstruos, cuyos remos, luchando con el agua, -sonaban como las paletadas de una hélice, atornillaban la masa -líquida con su infinito voltear. - -Esta visión se iba extinguiendo: después parecióme que el coche -corría por los aires, volando en dirección fija y sin que lo agitaran -los vientos. Al través de los cristales no se veía nada más que -espacio: las nubes nos envolvían a veces; una lluvia violenta y -repentina tamborileaba en la imperial; de pronto salíamos al espacio -puro inundado de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso -seno de celajes inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de ópalo -como de amatista, que iban quedándose atrás en nuestra marcha. -Pasábamos luego por un sitio del espacio en que flotaban masas -resplandecientes de un finísimo polvo de oro: más adelante aquella -polvareda que a mí se me antojaba producida por el movimiento de las -ruedas triturando la luz, era de plata, después verde como harina de -esmeraldas, y por último, roja como harina de rubís. El coche iba -arrastrado por algún volátil apocalíptico, más fuerte que el -hipogrifo y más atrevido que el dragón; y el rumor de las ruedas y de -la fuerza motriz recordaba el zumbido de las grandes aspas de un -molino de viento, o más bien el de un abejorro del tamaño de un -elefante. Volábamos por el espacio sin fin, sin llegar nunca; -entretanto la tierra quedábase abajo, a muchas leguas de nuestros -pies; y en la tierra, España, Madrid, el barrio de Salamanca, -Cascajares, la Condesa, el Conde, Mudarra, el incógnito galán, todos -ellos. - -Pero no tardé en dormirme profundamente; y entonces el coche cesó de -andar, cesó de volar, y desapareció para mí la sensación de que iba -en tal coche, no quedando más que el ruido monótono y profundo de las -ruedas, que no nos abandona jamás en nuestras pesadillas dentro de un -tren o en el camarote de un vapor. Me dormí. ¡Oh infortunada -Condesa! La vi tan clara como estoy viendo en este instante el papel -en que escribo; la vi sentada junto a un velador, la mano en la -mejilla, triste y meditabunda como una estátua de la melancolía. A -sus pies estaba acurrucado un perrillo, que me pareció tan triste, -como su interesante ama. - -Entonces pude examinar a mis anchas a la mujer que yo consideraba -como la desventura en persona. Era de alta estatura, rubia, con -grandes y expresivos ojos, nariz fina, y casi, casi grande, de forma -muy correcta y perfectamente engendrada por las dos curvas de sus -hermosas y arqueadas cejas. Estaba peinada sin afectación, y en -esto, como en su traje, se comprendía que no pensaba salir aquella -noche. ¡Tremenda, mil veces tremenda noche! Yo observaba con -creciente ansiedad la hermosa figura que tanto deseaba conocer, y me -pareció que podía leer sus ideas en aquella noble frente donde la -costumbre de la reconcentración mental había trazado unas cuantas -líneas imperceptibles, que el tiempo convertiría pronto en arrugas. - -De repente se abre la puerta dando paso a un hombre. La Condesa dio -un grito de sorpresa y se levantó muy agitada. - ---¿Qué es esto?---dijo---Rafael. Usted. ¡Qué atrevimiento! ¿Cómo ha -entrado usted aquí? - ---Señora,--contestó el que había entrado, joven de muy bien porte. - ---¿No me esperaba usted? He recibido una carta suya. - ---¡Una carta mía!---exclamó más agitada la Condesa---Yo no he escrito -carta ninguna. ¿Y para qué había de escribirla? - ---Señora, vea usted,--repuso el joven sacando la carta y -mostrándosela;--es su letra, su misma letra. - ---¡Dios mío! ¡Qué infernal maquinación!---dijo la dama con -desesperación. ---Yo no he escrito esa carta. Es un lazo que me -tienden. - ---Señora, cálmese usted. Yo siento mucho. - ---Sí; lo comprendo todo. Ese hombre infame. Ya sospecho cual habrá -sido su idea. Salga usted al instante. Pero ya es tarde; ya siento -la voz de mi marido. - -En efecto, una voz atronadora se sintió en la habitación inmediata, y -al poco rato entró el Conde, que fingió sorpresa de ver al galán, y -después riendo con cierta afectación, le dijo: - ---¡Oh! Rafael, usted por aquí... ¡Cuánto tiempo!... Venía usted á -acompañar á Antonia... Con eso nos acompañará á tomar el té. - -La Condesa y su esposo cambiaron una mirada siniestra. El jóven, en -su perplejidad, apenas acertó á devolver al Conde su saludo. Ví que -entraron y salieron criados; ví que trajeron un servicio de té y -desaparecieron después, dejando solos á los tres personajes. Iba a -pasar algo terrible. - -Sentáronse: la Condesa parecía difunta, el Conde afectaba una -hilaridad aturdida, semejante á la embriaguez, y el jóven callaba, -contestándole sólo con monosílabos. Sirvió el té, y el Conde alargó -á Rafael una de las tazas, no una cualquiera, sino una determinada. -La Condesa miró aquella taza con tal expresión de espanto, que pareció -echar en ella todo su espíritu. Bebieron en silencio, acompañando la -poción con muchas variedades de las sabrosas pastas Huntley and Palmers, -y otras menudencias propias de tal clase de cena. Después el Conde -volvió á reir con la desaforada y ruidosa expansión que le era -peculiar aquella noche, y dijo: - ---¡Cómo nos aburrimos! Usted, Rafael, no dice una palabra. Antonia, -toca algo. Hace tanto tiempo que no te oimos. Mira... aquella pieza -de Gorstchack que se titula Morte... La tocabas admirablemente. Vamos, -ponte al piano. - -La Condesa quiso hablar; érale imposible articular palabra. El Conde -la miró de tal modo, que la infeliz cedió ante la terrible expresión -de sus ojos, como la paloma fascinada por el boa constrictor. Se -levantó dirigiéndose al piano, y ya allí, el marido debió decirle -algo que la aterró más, acabando de ponerla bajo su infernal dominio. -Sonó el piano, heridas á la vez multitud de cuerdas, y corriendo de -las graves á las agudas, las manos de la dama despertaron en un -segundo los centenares de sonidos que dormían mudos en el fondo de la -caja. Al principio era la música una confusa reunión de sones que -aturdía en vez de agradar; pero luego serenóse aquella tempestad, y -un canto fúnebre y temeroso como el Dies irae surgió de tal desorden. -Yo creía escuchar el son triste de un coro de cartujos, acompañado -con el bronco mugido de los fagots. Sentíanse después ayes -lastimeros como nos figuramos han de ser los que exhalan las ánimas, -condenadas en el purgatorio á pedir incesantemente un perdón que ha -de llegar muy tarde. - -Volvían luego los arpegios prolongados y ruidosos, y las notas se -encabritaban unas sobre otras como disputándose cuál ha de llegar -primero. Se hacían y deshacían los acordes, como se forma y -desbarata la espuma de las olas. La armonía fluctuaba y hervía en -una marejada sin fin, alejándose hasta perderse, y volviendo más -fuerte en grandes y atropellados remolinos. - -Yo continuaba extasiado oyendo la música imponente y magestuosa; no -podía ver el semblante de la condesa, sentada de espaldas á mí; pero -me la figuraba en tal estado de aturdimiento y pavor, que llegué á -pensar que el piano se tocaba solo. - -El jóven estaba detrás de ella, el conde á su derecha, apoyado en el -piano. De vez en cuando levantaba ella la vista para mirarle; pero -debía encontrar expresión muy horrenda en los ojos de su consorte, -porque tornaba á bajar los suyos y seguía tocando. De repente el -piano cesó de sonar y la Condesa dió un grito. - -En aquel instante sentí un fortísimo golpe en un hombro, me sacudí -violentamente y desperté. - -V - -En la agitación de mi sueño había cambiado de postura y me había -dejado caer sobre la venerable inglesa que á mi lado iba. - ---¡Aaah! usted... sleeping... molestar... mi dijo con avinagrado -mohin, mientras rechazaba mi paquete de libros que había caído sobre -sus rodillas. - ---Señora... es verdad... me dormí,--contesté turbado al ver que todos -los viajeros se reían de aquella escena. - ---¡Ooo!... yo soy... going... to decir al coachman... usted -molestar... mi... usted, caballero... very shocking,--añadió la -inglesa en su jerga ininteligible: ¡Ooh! usted creer... my body es... -su cama for usted...to sleep. ¡Ooh! sir, you are a stupid ass. - -Al decir esto, la hija de la Gran Bretaña, que era de sí bastante -amoratada, estaba lo mismo que un tomate. Creyérase que la sangre -agolpada á sus carrillos y á su nariz á brotar iba por sus candentes -poros. Me mostraba cuatro dientes puntiagudos y muy blancos, como si -me quisiera roer. Le pedí mil perdones por mi sueño descortés, -recogí mi paquete y pasé revista á las nuevas caras que dentro del -coche había. Figúrate, ¡oh cachazudo y benévolo lector! cuál sería -mi sorpresa cuando ví frente á mí ¿á quién creeráa? al jóven de la -escena soñada, al mismo D. Rafael en persona. Me restregué los ojos -para convencerme de que no dormía, y en efecto, despierto estaba, y -tan despierto como ahora. - -Era él, el mismo, y conversaba con otro que á su lado iba. Puse -atención y escuché con toda mi alma. - ---¿Pero tú no sospechaste nada? le decía el otro. - ---Algo, sí; pero callé. Parecía difunta; tal era su terror. Su -marido la mandó tocar el piano y ella no se atrevió á resistir. -Tocó como siempre, de una manera admirable, y oyéndola llegué á -olvidarme de la peligrosa situación en que nos encontrábamos. A -pesar de los esfuerzos que ella hacía para aparecer serena, llegó -un momento en que le fué imposible fingir más. Sus brazos se -aflojaron, y resbalando de las teclas echó la cabeza atrás y dio -un grito. Entonces su marido sacó un puñal, y dando un paso hácia -ella exclamó con furia: «Toca ó te mato al instante.» Al ver esto -hirvió mi sangre toda: quisé echarme sobre aquel miserable; pero -sentí en mi cuerpo una sensación que no puedo pintarte; creí que -repentinamente se había encendido una hoguera en mi estómago; -fuego corría por mis venas; las sienes me latieron, y caí al suelo -sin sentido. - ---Y antes ¿no conocístes los síntomas del envenenamiento? le -preguntó el otro. - ---Notaba cierta desazón y sospeché vagamente, pero nada más. El -veneno estaba bien preparado, porque hizo el efecto tarde y no me -mató, aunque sí me ha dejado una enfermedad para toda la vida. - ---Y después que perdiste el sentido, ¿qué pasó? - -Rafael iba á contestar y yo le escuchaba como si de sus palabras -pendiera un secreto de vida ó muerte, cuando el coche paró. - ---¡Ah! ya estamos en los Consejos; bajemos--dijo Rafael. - -¡Qué contrariedad! Se marchaban, y yo no sabía el fin de la -historia. - ---Caballero, caballero, una palabra--dijé al verlos salir. - -El jóven se detuvo y me miró. - -¿Y la Condesa? ¿Qué fué de esa señora? pregunté con mucho afan. - -Una carcajada general fué la única respuesta. Los dos jóvenes -riéndose también, salieron sin contestarme palabra. El único -ser vivo que conservó su serenidad de esfinge en tal cómica -escena fué la inglesa, que indignada de mis extravagancias, se -volvió á los demás viajeros diciendo: - ---¡Oooh! A lunatic fellow. - -VI - -El coche seguía, y á mí me abrasaba la curiosidad por saber que -había sido de la desdichada Condesa. ¿La mató su marido? Yo me -hacía cargo de las intenciones de aquel malvado. Ansioso de -gozarse en su venganza, como todas las almas crueles, quería que -su mujer presenciase, sin dejar de tocar, la agonía de aquel -incauto joven llevado allí por una vil celada de Mudarra. - -Mas era imposible que la dama continuara haciendo desesperados -esfuerzos para mantener su serenidad, sabiendo que Rafael había -bebido el veneno. ¡Trágica y espeluznante escena!--pensaba yo, -más convencido cada vez de la realidad de aquel suceso--¡y luego -dirán que estas cosas sólo se ven en las novelas! - -Al pasar por delante de Palacio el coche se detuvo, y entró una -mujer que traía un perrillo en sus brazos. Al instante reconocí -al perro que había visto recostado á los piés de la Condesa; era -el mismo, la misma lana blanca y fina, la misma mancha negra en -una de sus orejas. La suerte quiso que aquélla mujer se sentara -á mi lado. No pudiendo yo resistir la curiosidad, le pregunté: - ---¿Es de usted ese perro tan bonito? - ---¿Pues de quién ha de ser? ¿Le gusta á usted? - -Cogí una de las orejas del inteligente animal para hacerle una -caricia; pero él, insensible á mis demostraciones de cariño, -ladró, dió un salto y puso sus patas sobre las rodillas de la -inglesa, que me volvió á enseñar sus dos dientes como queriéndome -roer, y exclamó: - ---¡Oooooh! usted... unsupportable. - ---¿Y dónde ha adquirido usted ese perro?--pregunté sin hacer caso -de la nueva explosión colérica de la mujer británica. ¿Se puede -saber? - ---Era de mi señorita. - ---¿Y qué fué de su señorita?--dije con la mayor ansiedad. - ---¡Ah! ¿Usted la conocía?--repuso la mujer.--Era muy buena, ¿ver- -dá uste? - ---¡Oh! excelente... Pero ¿podría yo saber en qué paró todo aquéllo? - ---De modo que usted está enterado, usted tiene moticias... - ---Sí, señora... He sabido todo lo que ha pasado, hasta aquello del -té... pues. Y diga usted ¿murió la señora? - ---¡Ah! sí, señor; está en la gloria. - ---¿Y cómo fué eso? ¿La asesinaron, ó fué á consecuencia del susto? - ---¡Qué asesinato, ni qué susto!--dije con expresión burlona--usted -no está enterado. Fué que aquella noche había comido no se qué, pues -... y le hizo daño... Le dió un desmayo que le duró hasta el -amanecer. - ---Bah--pensé yo--esta no sabe una palabra del incidente del piano y -del veneno, ó no quiere darse por entendida. - -Después dije en alta voz: - ---¿Con que fué de indigestión? - ---Sí, señor. Yo le había dicho aquella noche: «señora: no coma usted -esos mariscos»; pero no me hizo caso. - ---Con que mariscos ¿eh?--dije con incredulidad.--Si sabré yo lo que -ha ocurrido. - ---¿No lo cree usted? - ---Sí, sí--repuse aparentando creerlo.--¿Y el Conde... su marido, el -que sacó el puñal cuando tocaba el piano? - -La mujer me miró un instante y después soltó la risa en mis propias -barbas. - ---¿Se rie usted...? ¡Bah! ¿Piensa usted que no estoy perfectamente -enterado? Ya comprendo, usted no quiere contar los hechos como -realmente son. Ya se vé, como habrá causa criminal?... - ---Es que ha hablado usted de un conde y de una condesa. - ---¿No era el ama de ese perro la señora Condesa, á quien el mayor- -domo Mudarra... - -La mujer volvió á soltar la risa con tal estrépito, que me descon- -certé diciendo para mi capote: Esta debe de ser cómplice de -Mudarra, y naturalmente ocultará todo lo que pueda. - ---Usted está loco--añadió la desconocida. - ---Lunatic, lunatic. I'm suffocated... ¡Oooh my God! - ---Si, lo sé todo: vamos, no me lo oculte usted. Dígame de qué -murió la señora Condesa. - ---¡Qué condesa ni qué ocho cuartos, hombre de Diós!--exclamó la -mujer riendo con más fuerza. - ---¡Si creerá usted que me engaña á mi con sus risitas!--contesté. -La condesa ha nuerto envenenada ó asesinada; no me queda la menor -duda. - -En esto lllegó el coche al Barrio de Pozas y yo al término de mi -viaje. Salimos todos: la inglesa me echó una mirada que indicaba -su regocijo por verse libre de mí, y cada cual me dirigió á su -destino. Yo seguí á la mujer del perro, aturdiéndola con preguntas, -hasta que se metió en su casa, riendo siempre de mi empeño en -averiguar vidas ajenas. Al verme solo en la calle, recordé el -objeto de mi viaje y me dirigí á la casa donde debía entregar -aquellos libros. Devolvílos á la persona que me los había pedido -para leerlos, y me puse á pasear frente al Buen Suceso, esperando -á que saliese de nuevo el coche para regresar al extremo de Madrid. - -No podía apartar de la imaginación á la infortunada Condesa, y -cada vez me confirmaba más en mi idea de que la mujer con quién -últimamente hablé había engañarme, ocultando la verdad de la -misteriosa tragedia. - -Esperé mucho tiempo, y al fin, anocheciendo ya, el coche se dispuso -á partir. Entré, y lo primero que mis ojos vieron fué la señora -inglesa sentadita donde antes estaba. Cuando me vió subir y tomar -sitio á su lado, la expresión de su rostro no es definible; se puso -otra vez como la grana, exclamando: - ---¡Ooooh!... usted... mi quejarse al coachman... usted reventar mi -for it. - -Tan preocupado estaba yo con mis confusiones, que sin hacerme cargo -de lo que la inglesa me decía en su híbrido y trabajoso lenguaje, le -contesté: - -==Señora, no hay duda de que la Condesa murió envenenada ó asesinada. -Usted no tiene idea de la ferocidad de aquel hombre. - -Seguía el coche, y de trecho en trecho deteníase para recoger pa- -sajeros. Cerca del palacio real entraron tres, tomando asiento en -frente de mí. Uno de ellos era un hombre alto, seco y huesudo, con -muy severos ojos y un hablar campanudo que imponía respeto. - -No hacía diez minutos que estaban allí, cuando este hombre se volvió -á los otros dos y dijo: - ---¡Pobrecilla! ¡Cómo clamaba en sus últimos instantes! La bala le -entró por encima de la clavícula derecha y después bajó hasta el -corazón. - ---¿Cómo?--exclamé yo repentinamente.--¿Con que fué de un tiro? ¿no -murió de una puñalada? - -Los tres me miraron con sorpresa. - ---De un tiro, sí señor, dijo con cierto desabrimiento el alto, seco -y huesoso. - ---Y aquella mujer sostenía que había muerto de una indigestión,--dije -interesándome más cada vez en aquel asunto. Cuente usted ¿y cómo -fué? - ---Y á usted que le importa?--dijo el otro con muy avinagrado gesto. - -Tengo mucho interés por conocer el fin de esa horrorosa tragedia. -¿No es verdad que parece cosa de novela? - ---¿Qué novela ni qué niño muerto? Usted está loco ó quiere burlarse -de nosotros. - ---Caballerito, cuidado con las bromas--añadió el alto y seco. - ---¿Creen ustedes que no estoy enterado? Lo sé todo, he presenciado -varias escenas de ese horrendo crímen. Pero dicen ustedes que la -condesa murió de un pistoletazo. - ---Válgame Dios: nosotros no hemos hablado de Condesa, sino de mi -perra, á quien cazando disparamos inadvertidamente un tiro. Si usted -quiere bromear, puede buscarme en otro sitio, y ya le contestaré como -merece. - ---Ya, ya comprendo: ahora hay empeño en ocultar la verdad, manifesté -juzgando que aquellos hombres querían desorientarme en mis pesquisas, -convirtiendo en perra á la desdichada señora. - -Ya preparaba el otro su contestación, sin duda, más enérgica de lo -que el caso requería, cuando la inglesa se llevó el dedo á la sien, -como para indicarles que yo no regía bien de la cabeza. Calmáronse -con esto, y no dijeron una palabra más en todo el viaje, que terminó -para ellos en la puerta del Sol. Sin duda me habían tenido miedo. - -Yo continuaba tan dominado por aquella idea, que en vano quería -serenar mi espíritu, razonando los verdaderos términos de tan -embrollada cuestión. Pero cada vez eran mayores mis confusiones, y -la imágen de la pobre señora no se apartaba de mi pensamiento. En -todos los semblantes que iban sucediéndose dentro del coche, creí ver -algo que contribuyera á explicar el enigma. Sentía yo una -sobrescitación cerebral espantosa, y sin duda el trastorno interior -debía pintarse en mi rostro, porque todos me miraban como se mira lo -que no se vé todos los días. - -VII - -Aún faltaba algún incidente que había de turbar más mi cabeza en -aquel viaje fatal. Al pasar por la calle de Alcalá, entró un -caballero con su señora: él quedó junto á mí. Era un hombre que -parecía afectado de fuerte y reciente impresión, y hasta creí que -alguna vez se llevó el pañuelo á los ojos para enjugar las invisibles -lágrimas, que sin duda corrían bajo el cristal verde oscuro de sus -descomunales amtiparras. - -Al poco rato de estar allí, dijo en voz baja á la que parecía ser su -mujer. - ---Pues hay sospechas de envenenamiento: no lo dudes. Me lo acaba de -decir D. Nateo. ¡Desdichada mujer! - ---¡Qué horror! Ya me lo he figurado también--contestó su consorte. -¿De tales cafres qué se podía esperar? - ---Juro no dejar piedra sobre piedra hasta averiguarlo. - -Yo, que era todo oidos, dije también en voz baja: - ---Sí señor; hubo envenenamiento. Me consta. - ---¿Cómo, usted sabe? ¿usted también la conocía?--dijo vivamente el de -las antiparras verdes, volviéndose hácia mí. - ---Sí señor; y no dudo que la muerte ha sido violenta, por más que -quieran hacernos creer que fué indigestión. - ---Lo mismo afirmo yo. ¡Qué excelente mujer! ¿Pero cómo sabe -usted...? - ---Lo sé, lo sé,--repuso muy satisfecho de que aquel no me tuviera por -loco. - ---Luego, usted irá á declarar al juzgado; porque ya se está formando -la sumaria. - ---Me alegro, para que castiguen á esos bribones. Iré á declarar, iré -á declarar, sí señor. - -A tal extremo había llegado mi obcecación, que concluí por penetrarme -de aquel suceso mitad soñado, mitad leído, y lo creí como ahora creo -que es pluma esto con que escribo. - ---Pues sí, señor; es preciso aclarar este enigma para que se castigue -á los autores del crímen. Yo declararé: Fué envenenada con una taza -de té, lo mismo que el joven. - ---Oye, Petronila--dijo á su esposa el de las antiparras--con una taza -de té. - ---Sí, estoy asombrada--contestó la señora.--¡Cuidado con lo que -fueron á inventar esos malditos! - ---Sí, señor; con una taza de té. La Condesa tocaba el piano. - ---¿Qué Condesa?--preguntó aquel hombre interrumpiéndome. - ---La Condesa, la envenenada. - ---Si no se trata de ninguna condesa, hombre de Dios. - ---Vamos; usted también es de los empeñados en ocultarlo. - ---Bah, bah; si en esto no ha habido ninguna condesa ni duquesa, sino -simplemente la lavandera de mi casa, mujer del guarda-agujas del -Norte. - ---¿Lavandera, eh?--dijo en tono de picardía.--¡Si también me querrá -usted hacer tragar que es lavandera! - -El caballero y su esposa me miraron con expresión burlona, y después -se dijeron en voz baja algunas palabras. Por un gesto que ví hacer á -la señora, comprendí que había adquirido el profundo convencimiento -de que yo estaba borracho. Llenéme de resignación ante tal ofensa, y -callé, contendándome con despreciar en silencio, cual conviene á las -grandes almas, tan irreverente suposición. Cada vez era mayor mi -zozobra; la Condesa no se apartaba ni un instante de mi pensamiento, -y había llegado á interesarme tanto por su siniestro fin, como si -todo ello no fuera elaboración enfermiza de mi propia fantasía, -impresionada por sucesivas visiones y diálogos. En fin, para que se -comprenda á qué extremo llegó mi locura, voy á referir el último -incidente de aquel viaje; voy á decir con qué extravagancia puse -término al doloroso pugilato de mi entendimiento empeñado en fuerte -lucha con un ejército de sombras. - -Entraba el coche por la calle de Serrano, cuando por la ventanilla -que frente á mí tenía miré á la calle, débilmente iluminada por la -escasa luz de los faroles, y ví pasar á un hombre. Dí un grito de -sorpresa, y exclamé desatinado:--Ahí va, es él, el feroz Mudarra, el -autor principal de tantas infamias. Mandé parar el coche, y salí, -mejor dicho, salté á la puerta, tropezando con los piés y las piernas -de los viajeros; bajé á la calle y corrí tras aquel hombre, -gritando:--¡A ese, á ese, al asesino! - -Júzguese cuál sería el efecto producido por estas voces en el -pacífico barrio. - -Aquel sujeto, el mismo exactamente que yo había visto en el coche por -la tarde, fué detenido. Yo no cesaba de gritar:--¡Es el que preparó -el veneno para la Condesa, el que asesinó á la Condesa! - -Hubo un momento de indescriptible confusión. Afirmó él que yo estaba -loco; pero que quieras que nó los dos fuímos conducidos á la -prevención. Después perdí por completo la noción de lo que pasaba. -No recuerdo lo que hice aquella noche en el sitio donde me -encerraron. El recuerdo más vivo que conservo de tan curioso lance, -fué el de haber despertado del profundo letargo en que caí, verdadera -borrachera moral, producida, no sé por qué, por uno de los pasajeros -fenómenos de enajenación que la ciencia estudia con gran cuidado como -precursores de la locura definitiva. - -Come es de suponer, el suceso no tuvo consecuencias porque el -antipático personaje que bauticé con el nombre de Mudarra, es un -honrado comerciante de ultramarinos que jamás había envenenado á -condesa alguna. Pero aún por mucho tiempo después persistía yo en mi -engaño, y solía exclamar: «Infortunada condesa; por más que digan, yo -siempre sigo en mis trece. Nadie me persuadirá de que no acabaste -tus días á mano de tu iracundo esposo...» - -Ha sido preciso que transcurran meses para que las sombras vuelvan al -ignorado sitio de donde surgieron volviéndome loco, y torne la -realidad á dominar en mi cabeza. Me rio siempre que recuerdo aquel -viaje, y toda la consideración que antes me inspiraba la soñada -víctima la dedico ahora, ¿á quién creeréis? á mi compañera de viaje -en aquella angustiosa expedición, á la irascible inglesa, a quien -disloqué un pié en el momento de salir atropelladamente del coche -para perseguir al supuesto mayordomo. - - - - - - -End of Project Gutenberg's La novela en el tranvía, by Benito Pérez Galdós - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NOVELA EN EL TRANVÍA *** - -***** This file should be named 53355-8.txt or 53355-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/3/5/53355/ - -Produced by Michael John Wooff -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive -specific permission. If you do not charge anything for copies of this -eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook -for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports, -performances and research. They may be modified and printed and given -away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks -not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the -person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph -1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this -agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm -electronic works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the -Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection -of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual -works in the collection are in the public domain in the United -States. If an individual work is unprotected by copyright law in the -United States and you are located in the United States, we do not -claim a right to prevent you from copying, distributing, performing, -displaying or creating derivative works based on the work as long as -all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope -that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting -free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm -works in compliance with the terms of this agreement for keeping the -Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily -comply with the terms of this agreement by keeping this work in the -same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when -you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are -in a constant state of change. If you are outside the United States, -check the laws of your country in addition to the terms of this -agreement before downloading, copying, displaying, performing, -distributing or creating derivative works based on this work or any -other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no -representations concerning the copyright status of any work in any -country outside the United States. - -1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: - -1.E.1. The following sentence, with active links to, or other -immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear -prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work -on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the -phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, -performed, viewed, copied or distributed: - - This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and - most other parts of the world at no cost and with almost no - restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it - under the terms of the Project Gutenberg License included with this - eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the - United States, you'll have to check the laws of the country where you - are located before using this ebook. - -1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is -derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not -contain a notice indicating that it is posted with permission of the -copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in -the United States without paying any fees or charges. If you are -redistributing or providing access to a work with the phrase "Project -Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply -either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or -obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm -trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any -additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms -will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works -posted with the permission of the copyright holder found at the -beginning of this work. - -1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. - -1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License. - -1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including -any word processing or hypertext form. However, if you provide access -to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format -other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official -version posted on the official Project Gutenberg-tm web site -(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense -to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means -of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain -Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the -full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1. - -1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works -provided that - -* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed - to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has - agreed to donate royalties under this paragraph to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid - within 60 days following each date on which you prepare (or are - legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty - payments should be clearly marked as such and sent to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in - Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg - Literary Archive Foundation." - -* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or destroy all - copies of the works possessed in a physical medium and discontinue - all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm - works. - -* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of - any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days of - receipt of the work. - -* You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works. - -1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project -Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than -are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing -from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The -Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm -trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below. - -1.F. - -1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -works not protected by U.S. copyright law in creating the Project -Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm -electronic works, and the medium on which they may be stored, may -contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate -or corrupt data, transcription errors, a copyright or other -intellectual property infringement, a defective or damaged disk or -other medium, a computer virus, or computer codes that damage or -cannot be read by your equipment. - -1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE. - -1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium -with your written explanation. The person or entity that provided you -with the defective work may elect to provide a replacement copy in -lieu of a refund. If you received the work electronically, the person -or entity providing it to you may choose to give you a second -opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If -the second copy is also defective, you may demand a refund in writing -without further opportunities to fix the problem. - -1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO -OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT -LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. - -1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of -damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement -violates the law of the state applicable to this agreement, the -agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or -limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or -unenforceability of any provision of this agreement shall not void the -remaining provisions. - -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in -accordance with this agreement, and any volunteers associated with the -production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm -electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, -including legal fees, that arise directly or indirectly from any of -the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this -or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or -additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any -Defect you cause. - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at -www.gutenberg.org - - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the -mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its -volunteers and employees are scattered throughout numerous -locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt -Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular -state visit www.gutenberg.org/donate - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. To -donate, please visit: www.gutenberg.org/donate - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works. - -Professor Michael S. Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our Web site which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - diff --git a/old/53355-8.zip b/old/53355-8.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 2176544..0000000 --- a/old/53355-8.zip +++ /dev/null |
