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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: Historia de las Indias, tomo v. - -Author: Bartolomé de las Casas - -Release Date: September 23, 2016 [EBook #53131] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS, TOMO V. *** - - - - -Produced by Giovanni Fini, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/American Libraries.) - - - - - - - - NOTA DEL TRANSCRIPTOR: - -—Los errores obvios de impresión y puntuación han sido corregidos. - -—Se ha mantenido la acentuación del libro original, que difiere -notablemente de la utilizada en español moderno. - - - - - HISTORIA - - DE - - LAS INDIAS. - - - - - HISTORIA - - DE - - LAS INDIAS - - ESCRITA POR - - FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS - - OBISPO DE CHIAPA - - AHORA POR PRIMERA VEZ DADA Á LUZ - - POR - - EL MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE - - Y D. JOSÉ SANCHO RAYON. - - TOMO V. - - - MADRID - - IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA - calle de Campomanes, núm. 8. - - 1876. - - - - -ADVERTENCIA PRELIMINAR. - - -Con el presente volúmen, en que termina el libro III y último de la -Historia de las Indias de Fr. Bartolomé de las Casas, damos fin por hoy -á nuestra tarea; no tardaremos, Dios mediante, en emprenderla de nuevo, -imprimiendo parte de su «Apologética Historia», y algun otro Tratado -inédito del mismo autor, al propio tiempo que su Biografía, escrita por -nuestro querido amigo el erudito Académico de la Historia D. Antonio -María Fabié. Ésta, enriquecida con nuevos datos y peregrinas noticias, -ocupará casi un tomo, por lo cual no nos ha sido posible publicarla en -el presente, como hubiéramos deseado, pues sólo podíamos disponer de -quince ó veinte pliegos. - -Hemos puesto por Apéndice 51 capítulos entresacados de su «Apologética -Historia» y precedidos de la portada y prólogo del libro; tanto para -que nuestros lectores puedan formar juicio de esta obra, cuanto porque -su autor pensó intercalarla en la que acabamos de imprimir, como puede -verse por lo que dice al final del cap. 67 del libro I, y se comprueba -con la primitiva numeracion de los de la Apologética, el primero de los -cuales era el 68. De este MS. pensamos publicar en breve, sino todo lo -que ahora queda inédito, al ménos lo que se refiere á México y al Perú, -que es la mayor parte. - -En los capítulos 199 y 203 se han suprimido dos largas digresiones: -sobre la poligamia de los antiguos, la una, y la otra acerca de la -costumbre, antiquísima tambien, de matar ó quemar las mujeres cuando -sus maridos ó señores morian, ó de enterrarlas vivas con ellos; ambas -para disculpar á estas naciones y probar que los indios eran ménos -bárbaros y crueles, en lo general, que aquellos. - -Hé aquí ahora un ligerísimo extracto de lo que contiene este tomo, para -facilitar el uso de su índice: - -Continuando nuestro autor el libro III de su Historia, refiere y -extracta la capitulacion del Rey con Diego Velazquez, nombrándole -Adelantado de la tierra de Yucatán, y de lo demas que por allí á su -costa se descubriese (capítulo 124). Cuenta varios sucesos de la -isla de Santo Domingo, como el alzamiento de Enriquillo contra los -españoles, y su causa (125 y 126), seguido del de otros dos indios -llamados Ciguayo y Tamayo (127); la epidemia de viruelas que acabó -de despoblar la Isla, y la plaga de hormigas que vino despues(128). -Primeros ingenios para la fabricacion del azúcar y vuelo que tomó esta -industria (129). Sus gestiones en la corte, con éxito vario, en favor -de los indios (130 al 141 y 147 al 153), hasta que, creyendo haber -conseguido su objeto, volvió á embarcarse para Santo Domingo (155 y -156). Refutacion de lo que dice Fernandez de Oviedo en su «Historia», -acerca de los indios y del padre Casas (142 al 146). Salida de Hernando -de Magallanes en demanda del Estrecho que hoy lleva su nombre (154). -Llega Las Casas á Santo Domingo (157); sale para Cumaná (158), de -donde vuelve á la Española, y en ella recibe la noticia de haber dado -muerte los indios á los que allí habia dejado, quemando la casa y -atarazana (159). Escribe al Rey lo sucedido, y él, de allí á algunos -meses, se mete fraile (160). El nuevo Gobernador del Darien, Lope de -Sosa, que iba á relevar á Pedrárias, muere ántes de desembarcar, y, por -consiguiente, continua en el gobierno Pedrárias, de cuya gobernacion -se refieren varios sucesos (161 al 164). Vá un tal Jacome de Castellon -á castigar á los indios de Cumaná (165), con lo cual, y con varias -consideraciones acerca de los Consejeros del Rey, que mandaban, ó al -ménos toleraban, los excesos que nuestros españoles cometian en las -Indias (166 y 167), concluye el libro III y último de esta Historia. - -Contiene el Apéndice: - -Descripcion, productos naturales, clima, etc., de la isla de Santo -Domingo (cap. 1 al 23); inteligencia y disposicion natural de sus -habitantes, y en general de los de todas las Indias (33 al 39), y -ligera reseña de su religion, supersticiones y sacrificios (120 al -125, 166, 167 y 181). Reyes en esta Española, y forma de gobierno que -tenian ántes del descubrimiento (197 al 199); casamientos, entierros, -juegos y demas costumbres en ella y en otras partes de las Indias (203 -al 205). Forma de gobierno, costumbres, ritos y supersticiones de otros -varios reinos y provincias de aquellas comarcas (242 al 245), cuyos -dos últimos capítulos referentes á la provincia de Cumaná y valle de -Chiribichi, están sacados á la letra, segun él dice, de lo que cuenta -en su sétima década Pedro Mártir de Angleria; concluyendo con una -relacion bastante extensa de los motivos que tuvieron los indios del -valle de Chiribichi para dar muerte á los dos religiosos que habia en -aquel monasterio, en la que rectifica los errores cometidos por el -mismo Pedro Mártir en el cap. 2.º de su sétima década (246), y con -lo que hacian las gentes de la costa de Pária, como Venezuela, Santa -Marta, el Cenú, etc., en los entierros y sepulturas de sus muertos -(247). - - - - -HISTORIA - -DE LAS INDIAS. - - -LIBRO TERCERO. - - - - -CAPÍTULO CXXIV. - - -Ya tocamos en el cap. 105, al fin dél, como el Rey hizo Adelantado á -Diego Velazquez y Gobernador y Capitan general de toda la tierra que -habia descubierto Francisco Hernandez y Juan de Grijalva, que era -la isla de Cozumel y Yucatán, y toda la que agora llamamos la Nueva -España, y aunque arriba se pudiera y debiera referir, cuando del año de -18 hablamos, todavía no parece haber perdido mucho su lugar; y, dejado -agora Cortés y sus compañeros haciendo las obras que se dirán, si á -Dios place, diremos las cosas notables que acaescieron en el año de 19 -hasta el de 20, así en esta isla Española como en España, pero primero -demos cuenta de las mercedes que el Rey hizo á Diego Velazquez, por -donde la rebelion y maldad que Cortés le hizo, más clara, y fea, y más -culpable, parecerá. Envió, pues, Diego Velazquez á un hidalgo llamado -Gonzalo de Guzman, con su poder, para que se juntase con Pánfilo de -Narvaez, el mismo que ya arriba dejamos dicho haber sido por Procurador -de la isla de Cuba enviado, para que encareciendo al Rey los servicios -que en descubrir á su costa aquella tierra le habia hecho Diego -Velazquez, de lo cual trujo probanza, le hiciese merced de constituillo -en dignidad de Adelantado con otras mercedes que pidió en sus -memoriales. El obispo de Búrgos, D. Juan de Fonseca, que por la muerte -del Gran Chanciller, como arriba fué contado, tornó á alear y á ser -principal y como Presidente, segun de ántes lo era, del Consejo de las -Indias, estaba muy aficionado á Diego Velazquez, y lo habia comenzado -á favorecer mucho los dias pasados, ó porque lo tenia por servidor del -Rey, ó porque, segun se dijo, lo queria casar con una señora, doña -Mayor de Fonseca, sobrina suya; vistas las relaciones y probanzas y -peticiones que Narvaez y Guzman, de parte de Diego Velazquez, en el -Consejo presentaron, favorecióle mucho, y como al cabo se hacen las -determinaciones en los Consejos segun las quieran guiar los Presidentes -ó que tienen lugar dello, por la mayor parte, cuanto más que habia -entónces allí entre ellos personas que eran en cargo á Diego Velazquez, -por habelles señalado buenos repartimientos de indios, puesto que ya -por industria del clérigo Bartolomé de las Casas se les habian quitado, -juntáronse todas buenas voluntades para favorecer á Diego Velazquez, -y así le concedieron las mercedes y todo lo que para él se pidió con -abundancia. La capitulacion de lo cual es ésta que comienza desta -manera: - -«El Rey: Por cuanto vos, Diego Velazquez, Lugar teniente de Gobernador -de la isla Fernandina, que ántes se llamaba de Cuba, é nuestro Capitan -é repartidor della, me hicistes relacion que vos, por la mucha voluntad -que teneis al servicio de la católica Reina, mi señora, é mio, é al -acrecentamiento de nuestra Corona real, habeis descubierto á vuestra -costa cierta tierra, que por la relacion que teneis de los indios que -della tomastes se llama Yucatán é Cozumel, á la cual, los cristianos -españoles que en vuestro nombre la descubrieron, pusieron nombre Sancta -María de los Remedios, y asimismo habeis descubierto otras ciertas -islas, é que despues de descubiertas las dichas islas é tierra firme, -é por saber los secretos dellas, con licencia é parecer de los padres -Hierónimos, que por nuestro mandado en la isla Española residen, á -vuestra costa tornastes á enviar otra armada á la dicha tierra para -la descubrir más é ver los puertos dellas, la cual va proveida por un -año de la gente y mantenimientos necesarios á vuestra costa, é porque -vos, continuando el dicho propósito é voluntad que teneis á nuestro -servicio, querríades enviar por otras partes gente é navíos para -descubrir, sojuzgar é poner debajo de nuestro yugo é servidumbre las -dichas tierra é islas que así habeis descubierto ó descubriéredes á -vuestra costa é mision, é descubrir otras, me suplicastes é pedisteis -por merced vos hiciese merced de la conquista dellas, é vos hiciese y -otorgase las mercedes é con las condiciones siguientes....» - -En el capítulo 1.º, se le concedió licencia para que á su costa -descubriese cualesquiera islas y tierra firme que hasta entónces no -estuviesen descubiertas, con que no fuesen contenidas dentro de los -límites de la demarcacion del rey de Portugal. En el cap. 2.º, le -concedió é mandó que las tales tierras las pudiese conquistar como -su Capitan, y poner debajo de su señorío y servidumbre, con que en -el dicho descubrimiento é conquista guardase las instrucciones que -se le diesen para el buen tractamiento é pacificacion é conversion -de los indios naturales de las tales tierras, so las penas en ellas -contenidas. Llamó conquista y poner debajo de su yugo y servidumbre las -gentes, que no dijera más el turco, por la ignorancia y ceguedad de -los del Consejo, que no advertian que los tales vocablos no convenian -á ningun Rey cristiano, y tal como el de Castilla, ignorando tambien -la diferencia que hay de los infieles, que nos impugnan, enemigos -de nuestra fe, y que nos tienen usurpadas nuestras tierras, á los -indios que estaban en sus tierras pacíficos y que no debian nada á -los cristianos y ni á los reyes de Castilla. Destos vocablos se usó -muchos años en el Consejo de las Indias, en tanto que duró la ceguedad -suya susodicha, hasta que el clérigo Bartolomé de las Casas, despues -de muchos años, les hizo cognoscer su yerro. En el cap. 3.º, le hace -merced de constituillo Adelantado por toda su vida de las dichas -tierras que descubrió y de las que á su costa descubriese. En el -cap. 4.º, le hace merced, acatando la voluntad de serville y gastos -que habia hecho en el descubrimiento y que habia de hacer, en alguna -enmienda y remuneracion dello, le hizo merced que llevase la quincena -parte de todo el provecho que en cualquiera manera de aquellas tierras -el Rey tuviese, por su vida y de un heredero, y que habiendo poblado y -pacificado cuatro islas y habiendo ya tracto seguro, en la una, cual él -escogiese, hobiese la veintena parte de todas las rentas y provechos -que al Rey se siguiesen, por cualquiera manera, perpétuamente para sí -é sus herederos. En el 5.º, le concedió que de toda la ropa, armas y -bastimentos, que de Castilla trujese á las dichas tierras, por toda su -vida, no pagase derechos algunos. En el 6.º, le hizo merced de cierta -hacienda de pan caçabí y de puercos que el Rey tenia en la Habana, para -que se gastase en lo dicho. En el 7.º, señalóle 300.000 maravedís de -salario cada año en las dichas tierras. En el 8.º, le hizo merced de la -escobilla y relieves de las fundiciones del oro; ésto es la basura que -de los crisoles, fundido el oro, sale, donde suele sacarse una buena -parte de oro. En el 9.º, que hechas las fortalezas que fuesen menester -en las dichas tierras se ternia respeto á sus servicios para dalle las -tenencias dellas. En el 10, que suplicaria al Papa que concediese Bula -para que los españoles que muriesen en aquella demanda fuesen absueltos -á culpa y á pena. En el 11, que á los que allí poblasen no pagasen del -oro que cogiesen de las minas más del diezmo los dos primeros años, y -de allí al tercero año la nona parle, hasta llegar y parar en la quinta -parte. En el 12, que por seis años, los que poblasen, no pagasen nada -de la sal que comiesen, sino hobiese por parte del Rey arrendamiento. -En el 13, que en cada navío que enviase á la dicha negociacion el Rey -le mandase proveer de un clérigo de misa á costa del Rey. En el 14, -que el Rey proveyese de un médico y boticarios y medicinas, y dos -cirujanos. En el 15, que le mandaria dar 20 arcabuces de á dos arrobas. -En el 16, daba licencia á todos los que les llevasen mantenimientos -y otras cosas, por diez años, sin pagar derechos al Rey ningunos. En -el 17, se le concedió que pudiese llevar de las islas, Española y las -demas, de la gente española que en ellas hobiese la que quisiere ir -á poblar las dichas tierras, con que no viniese daño á la poblacion -dellas. En el postrero, dijo el Rey que ternia cuidado de honralle y -hacelle mercedes, segun sus servicios, como á criado. Y en el pié de -la Capitulacion promete el Rey de guardalle y cumplille lo capitulado, -si él lo guardase y cumpliese con las instrucciones que le mandó dar -para el buen tractamiento y conversion de los indios, y para traellos -de paz, etc. Fué hecha la dicha Capitulacion en Zaragoza de Aragon, -á 13 dias del mes de Noviembre de 1518 años; fué señalada del obispo -de Búrgos, y del obispo de Badajoz, y de D. García de Padilla, y del -licenciado Zapata, y refrendada de Francisco de los Cobos, que depues -fué Comendador mayor de Leon. De donde parece que en el mismo tiempo, ó -cuasi, porque cinco dias ántes y el mismo mes y año que el Rey concedió -la gobernacion de aquellas tierras y las susodichas ciudades á Diego -Velazquez, se le alzó Cortés con su flota ó armada en 18 de Noviembre, -como parece aquí arriba en el capítulo 115, y al fin con todas las -mercedes que el Rey le habia hecho, y con mucho más segun parecerá; -de todas las cuales es manifiesto serle obligado á restitucion, sin -el valor de la armada y los gastos della, y todos los daños que por -esta causa á Diego Velazquez vinieron hasta que murió, que no fueron -pocos, y más las angustias de su ánima, viendo que su criado, y á quien -perdonó, y honró, y sublimó con todo su bien temporal, y riquezas, y -estado, y honra, se le alzó y lo robó y despojó, sin que le valiese -razon y justicia: y de todo ello nunca vimos en Cortés señal de -restitucion y satisfaccion, sino siempre con la sangre y trabajos -ajenos triunfar. - - - - -CAPÍTULO CXXV. - - -Por este tiempo cosas acaescieron notables en esta isla Española, y -una fué, que como los indios della se iban acabando, y no cesasen -por eso de los trabajar, y angustiar los españoles que los tenian, -uno dellos, llamado Valenzuela, vecino de la villa de Sant Juan de -la Maguana, harto mozo liviano, que sucedió en la inicua y tiránica -posesion dellos á su padre, tenia un repartimiento cuyo Cacique y -señor se llamaba Enriquillo, que habia sido criado, siendo niño, en -el monasterio de Sant Francisco, que hobo en una villa de españoles -llamada la Vera-Paz, y la provincia segun la lengua de los indios -Xaraguá, la última sílaba aguda, donde tuvo su reino el rey Behechío, -la penúltima luenga, y que fué uno de los cinco reinos desta isla, y -el principal de que mucho en el libro I y II habemos hablado, el cual -los frailes habian enseñado á leer y escribir, y en costumbres asaz -bien doctrinado, y él de su inclinacion no perdia nada, y supo bien -hablar nuestra lengua, por lo cual siempre mostró por sus obras haber -por los religiosos aprovechado. La tierra y señoríos deste fué la -provincia que los indios llamaban Baorúco, la penúltima luenga, en las -sierras que están á la mar del Sur desta isla, 30, y 40, y 50, y 70 -leguas del puerto de Sancto Domingo, la costa hácia el Poniente abajo. -Este Cacique y señor de aquella provincia del Baorúco, salido de la -doctrina de los religiosos y hecho hombre, casóse con una señora india, -mujer de buen linaje y noble, llamada Doña Lucía, como cristianos, en -haz de la Sancta Madre Iglesia. Era Enrique, alto y gentil hombre de -cuerpo, bien proporcionado y dispuesto, la cara no tenia hermosa ni -fea, pero teníala de hombre grave y severo, el cual servia con sus -indios al dicho mancebo Valenzuela como si se lo debiera, como dicen, -de fuero, sufriendo su injusta servidumbre y agravios que cada dia -rescibia, con paciencia; entre los pocos y pobres bienes que tenia -poseia una yegua, ésta le tomó contra su voluntad el mozo tirano á -quien servia, despues desto, no contento con aquel robo y fuerza, -procuró de violar el matrimonio del Cacique y forzalle la mujer, y como -el Cacique lo sintiese, porque se quejó á él mismo diciéndole que por -qué le hacia aquel agravio y afrenta, dicen que le dió de palos para -que se cumpliese el proverbio, agraviado y aporreado. Fuése á quejar de -sus agravios al Teniente de Gobernador que en aquella villa residia, -llamado Pedro de Vadillo; halló en él el abrigo que siempre hallaron en -las justicias destas Indias y ministros del Rey los indios, éste fué -que lo amenazó que le haria y aconteceria si más venia á él con quejas -de Valenzuela, y áun dijeron que lo hecho en la cárcel ó en el cepo. El -triste, no hallando remedio en aquel ministro de justicia, despues que -le soltaron, acordó de venir á esta ciudad de Sancto Domingo á quejarse -á la Audiencia de las injurias y denuestos rescibidos, con harta -pobreza, cansancio y hambre, por no tener dinero ni de que habello. El -Audiencia le dió su carta de favor, pero remitiéndolo al dicho teniente -Vadillo sin otro remedio; y ésto fué tambien el consuelo que las -Audiencias, y aún tambien el Consejo del Rey, que reside en Castilla, -daban á los agraviados y míseros, remitillos, conviene á saber, á los -agraviantes y sus propios enemigos. Tornado á la villa, que estaba -30 leguas, presentó sus papeles, y la justicia que halló en Vadillo, -fué, segun se dijo, tratándolo de palabra y con amenazas peor que de -primero; pues sabido por su amo Valenzuela, no fueron menores los -malos tractamientos y asombramientos, que lo habia de azotar, y matar, -y hacer y acontecer, y aún, segun yo no dudo, por la costumbre muy -envejecida, y el menosprecio en que los indios fueron siempre tenidos, -señores y súbditos, y la libertad y duro señorío que los españoles -sobre ellos tuvieron para los afligir, sin temor de Dios y de la -justicia, que le daria de palos ó bofetadas ántes que dalle de cenar, -para consuelo y descanso de su camino. Sufrió las nuevas injurias y -baldones el cacique Enriquillo (llamábanlo así los que lo cognoscieron -niño, cuando estaba con los padres de Sant Francisco, y de allí nació -nombrallo comunmente por este nombre diminutivo), sufriólas, digo y -disimuló, y habida licencia de su amo, que con más justa razon pudiera -ser señor suyo el indio, porque acabado el tiempo que eran ciertos -meses del año que se remudaban las cuadrillas para venir á servir, y -el Cacique era el que iba y venia, y los traia, y el que si faltaba -un indio que no viniese, lo habia él de llorar y padecer, con cárcel -é injurias, y aún palos y bofetadas, y otras angustias y denuestos, -vuelto á su tiempo, confiado en su justicia y en su tierra, que era -áspera, donde no podian subir caballos, y en sus fuerzas y de sus -pocos indios que tenia, determinó de no ir más á servir á su enemigo, -ni enviarle indio suyo, y por consiguiente, en su tierra se defender; -y ésto llamaron los españoles y llaman hoy, alzarse y ser rebelde -Enrique, y rebeldes y alzados los indios, que con verdad hablando -no es otra cosa sino huir de sus crueles enemigos, que los matan y -consumen, como huye la vaca ó buey de la carnecería; el cual, como no -fuese ni llevase indios para el servicio de Valenzuela en el tiempo -establecido, estimando el Valenzuela que por los agravios rescibidos -estaria enojado y alborotado, y como ellos decian, alzado, fué con 11 -hombres á traello por fuerza y sobre ello maltratallo. Llegado allá, -hallólo á él y á su gente no descuidado, sino con armas, que fueron -lanzas, por hierros clavos y huesos de pescados, y arcos, y flechas, y -piedras y lo demas de que pudieron armarse; saliéronle al encuentro, -y el cacique Enriquillo delante, y dijo á Valenzuela que se tornase, -porque no habia de ir con él, ni de sus indios nadie, y como el mozo -Valenzuela lo tuviese como esclavo y mayor menosprecio que si fuera -estiércol de la plaza, como todos los españoles han tenido siempre y -tienen á estas gentes por más que menospreciadas, comenzó á decirle -de perro y con todas las injuriosas palabras que se le ofrecieron -denostalle, y arremete á él y á los indios que estaban con él, los -cuales dan en ellos, y con tanta priesa, que le mataron uno ó dos de -sus españoles, y descalabraron á todos los más, y los otros volvieron -las espaldas. No quiso Enrique que los siguiesen, sino que los dejasen -ir, y dijo á Valenzuela: «Agradecé, Valenzuela, que no os mato, andad, -ios y no volvais más acá, guardaos.» Tornóse Valenzuela con los suyos -á Sant Juan de la Maguana, más que de paso, y su soberbia lastimada, -puesto que no curada. Suénase luégo por toda la isla que Enriquillo -es alzado, provéese por el Audiencia que vaya gente á subjuzgallo, -juntáronse 70 ó 80 españoles y vánlo á buscar, los cuales, despues de -muy cansados y hambrientos de muchos dias, halláronlo en cierto monte; -salió á ellos, mató ciertos y hirió á otros, y todos desbaratados y -humillados acordaron con harta tristeza y afrenta suya de se tornar. -Cunde toda la isla la fama y victorias de Enriquillo, húyense muchos -indios del servicio y opresion de los españoles, y vánse á refugio -y bandera de Enriquillo, como á castillo roquero inespugnable, á se -salvar, de la manera que acudieron á David, que andaba huyendo de la -tiranía de Saul, todos los que estaban en angustias y los opresos de -deudas y en amargura de sus ánimos, como parece en el primer libro de -los Reyes cap. 22: _Et convenerunt ad eum omnes qui erant in angustia -constituti et oppressi ære alieno et amaro animo, et factus est eorum -Princeps; fueruntque cum eo quasi quadringenti viri_, bien así, por -esta semejanza se allegaron á Enriquillo, de toda la isla, cerca de -300 hombres, sometiéndose á su capitanía, no teniendo él, á lo que -sentí yo, ni áun 100. Enseñábalos él cómo habian de pelear contra los -españoles, si á ellos viniesen, para defenderse; nunca permitió que -algunos de los que á él se venian saliese á hacer saltos ni matar -español alguno, sino solamente pretendió defender á sí é á los suyos -de los españoles, que muchas veces vinieron á subjuzgallo y ofendello. -Cuán justa guerra contra los españoles, él y ellos tuviesen y se le -sometiesen y lo eligiesen por señor y Rey los indios que á él venian, -y los demas de toda la isla lo pudieran justamente hacer, claro lo -muestra la Historia de los Machabeos en la Escritura divina y las -de España que narran los hechos del infante D. Pelayo, que no sólo -tuvieron justa guerra de natural defension, pero pudieron proceder -á hacer venganza y castigo de las injurias, y daños, y muertes, y -disminucion de sus gentes, y usurpacion de sus tierras rescibidas, de -la misma manera y con el mismo derecho; cuanto á lo que toca al derecho -natural y de las gentes (dejado aparte lo que concierne á nuestra -sancta fe, que es otro título añadido á la defension natural en los -cristianos), tuvieron justo y justísimo título, Enrique y los indios -pocos que en esta Isla habian quedado de las crueles manos y horribles -tiranías de los españoles, para los perseguir, destruir, é punir, -é asolar como á capitales hostes y enemigos, destruidores de todas -sus tan grandes repúblicas, como en esta isla habia, lo cual hacian -y podian hacer con autoridad del derecho natural y de las gentes, y -la tal guerra propiamente se suele decir, no guerra sino defension -natural. Cuanto más, que áun Enrique tenia más cumplido derecho, como -es el del Príncipe, porque otro señor ni Príncipe no habia en esta -isla quedado, y así podia proceder al castigo y venganza, secutando -justicia en todos los españoles que hallase; no se puede oponer á ésto, -diciendo, como algunos ignorantes del hecho y del derecho dicen, que -el Príncipe desta isla era el rey de Castilla, y que á él habian de -ocurrir á pedir justicia, porque ésto es falsa lisonja y disparate, -la razon es, porque nunca los Reyes y señores naturales desta isla -reconocieron por superior al rey de Castilla, sino que desde que fueron -descubiertos hasta hoy, de hecho y no de derecho, fueron tiranizados, -muertos en guerras crueles, y opresos siempre con crudelísima -servidumbre hasta que los acabaron, como pareció en el primer libro -y en toda la Historia. Item, nunca hobo en esta isla jamás justicia, -ni jamás se hizo en desagraviar los indios vecinos y moradores della, -y, donde quiera que falta justicia se la puede hacer á sí mismo el -opreso y agraviado. Esta es máxima de los juristas, y la dicta y enseña -la razon natural. Por lo dicho no se deroga el principado supremo y -universal de los reyes de Castilla sobre todo este orbe, concedido por -la Sede apostólica, si en él entraren y dél usaren como entrar deben -y dél usar, porque todo ha de tener órden y se ha de guiar, no por lo -que á cada uno se le antojare, sino por reglas de razon, así como todas -las obras de Dios son por razon guiadas y ordenadas. Destas materias -dejamos escritos, en romance y en latin, grandes tractados. - - - - -CAPÍTULO CXXVI. - - -La gente que con él estaba mataron, contra su voluntad, á dos ó á tres -españoles que venian de la tierra firme y traian mas de 15 ó 20.000 -pesos de oro; y, á lo que yo estimo, éstos fueron alguna cuadrilla -ántes que á él se subjetasen, ó andando por la tierra atalayando si -venian españoles, por su mandado. Y algunos males hicieron que él no -les mandaba, pero no los castigaba porque sólo no lo dejasen, solamente -les mandaba que cuando hallasen españoles les tomasen las armas y -los dejasen, y éste fué uno de sus principales cuidados, conviene á -saber, buscar y haber lanzas y espadas, en el ejercicio de las cuales -se hicieron en breve tan ardiles y enseñados como si hobieran sido -muchos años rufianes y que cada dia se acuchillaran; estaban peleando -y acuchillándose con los españoles, cuando los hallaban, pié con pié, -mucha parte del dia, que era cosa de espanto. En muchas veces que -se hicieron en la isla armadas para ir contra él, que por él fueron -desbaratadas, cobraron muchas armas, y siempre los indios que se -alzaban para irse á él trabajaban de hurtar á sus amos armas todas las -que podian; y por donde quiera que andaban fué extraña la vigilancia, -y diligencia, y solicitud que tuvo en guardarse, á sí é á los que con -él estaban, como si toda su vida fuera Capitan en Italia. Tenia sus -guardas y espías en los puertos y lugares por donde sabia que podian -los españoles venir á buscalle. Sabido por las espías y guardas que -tenia en el campo que habia españoles en la tierra, tomaba todas las -mujeres, y niños, y viejos, y enfermos, si los habia, y todos los -que no eran para pelear, con 50 hombres de guerra que siempre tenia -consigo, y llevábalos 10 ó 12 leguas de allí, en lugares que tenia -secretos en aquellas sierras, donde habia hechas labranzas y tenia de -comer, dejando un Capitan, sobrino suyo, tamaño como un codo pero muy -esforzado, con toda la gente de guerra para esperar á los españoles, -los cuales llegados, peleaban contra ellos los indios como leones; -venia luégo de refresco Enrique con sus 50 hombres y daba en ellos -por la parte que le parecia, por manera que los lastimaba, heria y -mataba, y ninguna, de muchas veces que fueron muchos españoles contra -él, hobo que no los desbaratase, llevando siempre la victoria. Acaeció -una vez desbaratar muchos dellos y meterse 71 ó 72 en unas cuevas de -piedra ó peñas, escondiéndose de los indios que iban con el alcance, -y entendiendo que estaban allí quieren los indios allegar leña para -poner fuego y quemallos; mandó Enrique: «no quiero que se quemen, sino -tomaldes las armas, y dejaldos, váyanse», y así lo hicieron, donde se -proveyó bien de espadas, y lanzas, y ballestas, puesto que de éstas no -sabian usar. Destos 70 españoles se metió fraile uno en el monasterio -de Sancto Domingo, de la ciudad de Sancto Domingo, por voto que habia -hecho, viéndose en aquella angustia, no creyendo de se escapar, y dél -hobe lo que deste caso yo aquí escribo. De donde se arguye la bondad -de Enrique bien á la clara, pues pudiendo matar á todos aquellos -españoles, no quiso matarlos, y así tenia mandado, que si no fuese -en el conflicto de la guerra, fuera de ello ninguno á alguno matase. -Si cuando Enrique sobrevenia con sus 50, dejadas las mujeres puestas -en cobro, no habian aún llegado los españoles á donde los indios los -esperaban, era tanta su vigilancia que el primero era él que los -sentia. Tenia esta órden: dormia siempre á prima noche un sueño, segun -le bastaba, y, levantándose, llevaba consigo dos mancebos por pajes, -con sus lanzas, que le llevaban junto, cabe sí, su espada, y creo -que dos espadas, porque las tenia á la cabecera de su hamaca, donde -dormia; él tomaba sus cuentas, y iba rezando el rosario, paseándose -alrededor de todo su real, y así él era el primero, ó de los primeros, -que sentia llegar los españoles y á su gente despertaba. Tuvo para su -seguridad otra buena órden y buenos recaudos, proveyó que se hiciesen -labranzas en muchos é diversos lugares de aquellas sierras y sus chozas -de paja, en 30 y 40 leguas que duran, que estuviesen unos de otros 10 -y 12 leguas, á donde las mujeres, y niños, y viejos, una vez en uno -y otra en otro, segun más cómodo serle parecia, y no siempre en uno, -salvaba; y porque tenia muchos perros para montear puercos, que allí -habia y hay infinitos, de que mantenia toda su gente, y tambien mandaba -criar muchas gallinas, y para que los perros ladrando y los gallos -cantando no le descubriesen, tenia cierto pueblo hecho en cierto lugar -escondido para los perros y aves, y allí dos ó tres indios con sus -mujeres, y no más, para curallos, y él y su gente siempre andaban de -allí muy apartados. Cuando enviaba algunos indios, pocos, como dos, -ó tres, ó cuatro, á pescar ó á montear, ó á alguna otra parte, nunca -le habian de hallar en el lugar donde lo dejaron, ni ellos sabian -puntualmente á dónde habian de hallallo; ésto hacia porque si los -españoles los prendiesen, y ninguno dellos pudiese irle á avisar, y á -tormentos descubriesen donde quedaba, no le hallasen; no corria aquel -riesgo cuando muchos enviaba, porque á muchos no fácilmente los habian -de prender todos, y así estimaba que se escaparia dellos quien lo -avisase. Estendióse cada dia más la fama de las victorias y diligencia, -esfuerzo y ardides de guerra de Enrique y de su gente por toda esta -isla, porque, como se dijo, vez ninguna vinieron contra él españoles -que no volviesen descalabrados; por manera que toda la isla estaba -admirada y turbada, y cuando se hacia armada para ir contra él, no -todos iban de buena gana, y no fueran, si por el Audiencia con penas no -fueran forzados; y en ésto pasaron trece y catorce años, en lo cual se -gastaron de la Caja del Rey más de 80 ó 100.000 castellanos. Ofrecióse -un religioso de la órden de Sant Francisco, siervo de Dios, extranjero, -de quien dije arriba que habia traido cierto número de frailes de su -Órden á esta isla, notables personas en letras y en religion, con el -celo de predicar el Evangelio á estas gentes, llamado fray Remigio, -y creo que fué uno de los que á Enrique criaron, á ir á hablallo y -asegurallo viendo que por fuerza no era posible ganallo; lleváronlo en -un navío y echáronlo en tierra en lugar donde poco más ó ménos podian -creer que Enrique ó su gente estaba, y porque en viendo venir navío -por la mar luégo creia que venia gente española á buscallo, para lo -cual ponia suma diligencia en saber dónde desembarcaban, y enviaba -cuadrillas de gente suya para indagallo, llegó cierta cuadrilla dellos -donde aquel padre fray Remigio habia desembarcado. Desque lo vieron -dijéronle si venia por mandado de los españoles á espiallos; respondió -que no, sino que venia á hablar á Enrique para decille que fuese -amigo de los españoles y que no rescibiria daño, y que no anduviese -huyendo y trabajado como andaba, y porque los queria bien se habia -movido á venir á ellos y ponerse á aquellos trabajos. Dijéronle que -debia de mentir, porque los españoles eran malos y siempre les habian -mentido, y ninguna fe ni verdad les habian guardado, y que él los -debia de querer engañar, como los demas, y que estaban por matallo. -Vídose el sancto fraile harto atribulado, pero como Enrique les habia -prohibido de que no matasen ningun español, sino en el conflicto cuando -peleasen, no lo hicieron, pero desnudáronle todos sus hábitos, hasta -quedar en sus paños menores, y dejáronlo, y repartieron los hartos -entre sí á pedazos; rogábales mucho que hiciesen saber á Enrique como -era uno de los padres de Sant Francisco, y que él holgaria de vello, -que lo llevasen á donde él estaba. Dejáronlo allí é fuéronlo á decir -á Enrique, el cual, así como lo supo, vino luégo á él y mostró por -meneos y por palabras haberle mucho pesado de lo que aquellos indios -habian hecho, y díjole que lo perdonase, aunque habia sido contra su -voluntad, y que no estuviese enojado; manera que tienen los indios -comun de consolar los que ven que están con alguna pena fatigados. El -Padre le rogó y encareció que fuese amigo de los españoles y sería -bien tractado desde en adelante; respondió Enrique que no deseaba más -otra cosa, pero que ya sabia quién eran los españoles y cómo habian -muerto á su padre, y abuelo, y á todos los señores y gentes de aquel -reino de Xaraguá, y toda la isla despoblado. Y, refiriendo los daños -y agravios que de Valenzuela habia recibido, dijo que por no ser por -él ó por ellos muerto, como sus padres, se habia huido á su tierra, -donde estaba, y que ni él ni los suyos hacian mal á nadie, sino -defenderse contra los que venian á captivallos y matallos, y que para -vivir la vida que hasta entónces habian vivido en servidumbre, donde -sabia que habian todos de perecer, como sus pasados, no habia de ver -más español para conversallo. Pidióle el Padre que le mandase dar sus -hábitos; díjole que los habian rompido los indios y repartido entre -sí á pedazos, de lo cual le pesaba en el ánima, y porque el navío que -lo habia traido andaba por allí á vista barloventeando, hiciéronle -señales, y acercándose á tierra con su barca, Enrique besó la mano al -Padre y despidióse dél cuasi llorando, y los marineros rescibieron al -Padre y cubriéronlo con sus capas, y volviéronlo á esta ciudad y á su -casa, donde no le faltaron hábitos, aunque no de seda sino de los que -tenian, segun su pobreza. - - - - -CAPÍTULO CXXVII. - -De como se levantó un indio llamado Ciguayo que atemorizó toda -la isla con las muertes de españoles que hizo, al cual en fin -mataron.--Levantóse otro llamado Tamayo que hizo tambien muchas muertes -y daños.--De como á Enrique pesaba desto, y procuró traerlo á su -compañía porque no hiciese daño, y lo trujo.--De muchas armadas que -hicieron contra Enrique, en especial una donde hobo habla y concierto, -entre Enrique y el Capitan, de paz, y de la liberalidad de Enrique en -dar el oro que tenia, y de la indiscrecion del Capitan, etc. - - -Cobraron ánimo algunos de los indios pocos que en la isla habia, viendo -que Enrique prevalecia, y levántose un indio que llamaban el Ciguayo, -y debia ser del linaje de los ciguayos, generacion señalada que vivia -y poblaba las sierras que hacian la Vega Real, aguas vertientes á la -mar del Norte, la costa más arriba desta isla, de quien mucho tractamos -arriba en el libro I. Este Ciguayo, que era hombre valiente aunque -encueros como los otros, alcanzó una lanza con su yerro de Castilla, -y creo que una espada (no supe á qué español servia); dejó al que lo -oprimia, llegó á sí obra de 10 ó 12 indios, y con ellos comienza á -hacer saltos en españoles, en las minas y en las estancias ó haciendas -del campo, donde andaban dos y cuatro, y así pocos juntos, y mataba -á todos los que hallaba, de tal manera que puso pavor y espanto, y -extraño miedo en toda la isla; ninguno pensaba estar seguro ni aún -en los pueblos de la tierra dentro, sino con temor del Ciguayo todos -vivian. Finalmente, juntáronse cierta cuadrilla de españoles, y -siguiéronlo muchos dias, y hallado, dan en él; él dá en ellos como un -rabioso perro, de la manera que si estuviera armado de hierro desde los -piés á la cabeza, y peleando todos reciamente, retrújose el Ciguayo en -una quebrada, y allí, peleando, un español lo atravesó con una media -lanza, y atravesado peleaba como un Hector; finalmente, desangrándose -y perdiendo las fuerzas, llegaron todos los españoles y allí lo -fenecieron; huyeron todos sus compañeros en tanto que con él lo habian, -que tuvieron poco que hacer con él. Muerto el Ciguayo; levántose otro -indiazo, valiente de cuerpo y de fuerzas, llamado Tamayo, y comienza -con otra cuadrilla que juntó á proseguir las obras del Ciguayo, -salteando á los que estaban fuera de los pueblos. Este hizo mucho daño -y causó grande miedo y escándalo en esta isla, mató muchos, y algunas -mujeres españolas, y cuantos hallaba sólos en las estancias, que no -dejaba persona á vida, y toda su codicia era tomar ó robar armas, -lanzas y espadas, y tambien la ropa que podia; y ésta fué, cierto, cosa -digna de contarse por maravilla, que habiendo en ésta isla sobre tres ó -cuatro cuentos de ánimas, solos 300 españoles la sojuzgaron, y las tres -y cuatro partes dellas por guerras y con servidumbre horrible en las -minas destruyeron, é que en aqueste tiempo que ésto acaescia, que habia -en esta isla tres ó cuatro mil españoles, sólos dos indios con cada 12 -ó 15 compañeros, y no juntos sino, uno agora y otro despues, distintos, -les hiciesen temblar las carnes, no se hallando ni teniendo por seguros -áun en sus pueblos. Esto no se ha de atribuir sino al juicio divino -que quiso mostrarnos tres cosas, la una, que estas gentes, no porque -estuviesen desnudas y fuesen mansuetísimas como lo eran, les faltaba -ánimo ni dejaban de ser hombres; la segunda, que si tuvieran armas como -las nuestras y caballos y arcabuces, no se dejaran estirpar ni raer -de la haz de la tierra, como la raimos y estirpamos; la tercera, que -daba señal de la reprobacion de tales obras, y punicion que en la otra -vida hemos de padecer por tan grandes pecados contra Dios y contra los -prójimos cometidos, si penitencia en ésta no nos vale; y ésto parece -mostrarse por aquello que escribe en el libro de los Jueces, cap. 2.º -y 3.º, que no quiso Dios del todo destruir las gentes de la tierra -de promision para con las que quedaron enseñase á los hebreos sus -pecados, y los castigase tambien con ellas. _Dimisit ergo Dominus omnes -nationes has et cito subvertere noluit. Hæ sunt gentes quas Dominus -dereliquit ut erudiret in eis Israel; dimisitque eas ut in ipsis -esperiretur Israelem utrum audirent mandata Domini quæ præceperat_, -etc. Y aunque aquellos dos, Ciguayo y Tamayo, con sus compañías se -levantaron y infestaron toda esta isla en aquel tiempo sin sabello -Enrique, pero la opinion de toda la tierra era que todo lo mandaba -hacer Enrique, por lo cual vivian todos los vecinos españoles della -con mucho mayor miedo. Entendiendo Enrique las obras que el Ciguayo -hizo y Tamayo hacia, estimando prudentemente lo que en la verdad era, -conviene á saber, que los españoles creerian que por su mandado todo -era hecho, pesábale mucho dello; y ésto yo lo sé muy de cierto, segun -que abajo en el siguiente libro, si place á Dios, más largo lo diré. -Y acaeció tener Enrique consigo, entre los otros, un indio llamado -Romero, sobrino del dicho Tamayo, el cual acordó enviallo á buscar al -Tamayo que andaba hácia los pueblos del Puerto Real y Lares de Guhába, -la penúltima luenga, cerca de cien leguas de allí, é que le rogase que -se viniese para él porque estuviese más seguro, porque un dia que otro -no le acaeciese lo que al Ciguayo acaeció, que los españoles hasta -tomallo lo siguiesen; y que él lo trataria bien y le haria Capitan de -parte de su gente, y todos juntos estando, serían más fuertes para se -defender. El cual, finalmente, persuadido por el sobrino que era harto -cuerdo, se vino con muchas lanzas y espadas y ropa, que habia robado, -para Enrique; rescibiólo Enrique con muy grande alegría, y así estorbó -Enrique grandes daños que Tamayo hiciera por esta isla, de donde se -manifiesta bien la bondad de Enrique, y no ménos la discrecion y -prudencia que tuvo y de que usó, para impedir un hombre á los españoles -tan nocivo que no les hiciese mal, trayéndolo á su compañía por aquella -vía. Casi cada año se hacia armada y junta de españoles para ir contra -Enrique, donde se gastaron del Rey y de los vecinos, muchos millares -de castellanos; entre otras se hizo una de 150 españoles, y quizá más, -cuyo Capitan fué un vecino de la villa que llamaban el Bonao, llamado -Hernando de Sant Miguel, de los muy antiguos desta isla y del tiempo -del primer Almirante. Este habia venido á esta isla muy muchacho, y -como se habia criado en grandes trabajos, en las crudas guerras é -injustas que en ella contra estas gentes se hicieron, así andaba por -las sierras, y sobre las peñas, descalzo como calzado; fuera desto, -era hombre de bien y hidalgo, natural de Ledesma ó Salamanca. Este -anduvo muchos dias tras Enrique, pero nunca lo pudo hallar descuidado, -y, segun estimo si no me he olvidado, tampoco se allegaron á reñir en -batalla. Un dia halláronse los unos de los otros tan cercanos, que, -ninguno pudiendo dañar al otro, se hablaron y oyeron las palabras los -unos de los otros; ésto se pudo así hacer, porque los unos estaban en -un pico de una sierra y los otros en el pico de otra, muy altas y muy -juntas, salvo que las dividia una quebrada ó arroyo muy profundo que -parecia tener de hondo sobre 500 estados. Sintiéndose tan cercanos -los unos de los otros, pidiéronse tréguas y seguro para hablarse; -concedidas de ambas partes para que ninguno tirase al otro con que le -dañase, dijo el Capitan de los españoles que pareciese allí Enrique -para le hablar; pareció Enrique, y díjole el Capitan, que la vida que -tenia y la que hacia tener á los españoles de la isla era trabajosa y -no buena, que sería mejor estar y vivir en paz y sosiego. Respondió -Enrique, que así le parecia á él, y que era cosa que él mucho deseaba -muchos dias habia, y que no quedaba por él, sino por ellos. Replicó -el Capitan que él traia mandamiento y poder de la Real Audiencia, -que mandaba en la ciudad de Sancto Domingo por el Rey, para tratar y -asentar las paces con él y con su gente, que los dejarian vivir en su -libertad en una parte de la isla, donde quisiese y escogiese, sin tener -los españoles que hacer con ellos, con tanto que él ni ellos dañasen á -ninguno ni hiciesen cosa que no debiesen, y que les diese el oro todo -que habian tomado á los españoles que viniendo de tierra firme mataron. -Mostróle, aunque así apartado, la provision que de la Audiencia -llevaba. Dijo Enrique, que le placia de hacer paces y tener amistad -con todos los españoles, y de no hacer mal á nadie y de darles todo -el oro que tenia, con que lo que se le promete se le guarde. Tratando -del cómo y cuándo se verian, concertaron allí, que tal dia el Capitan -fuese con solos ocho hombres y Enrique con otros ocho, no más, á la -costa de la mar, señalando cierta parte, y así, con este concierto, se -apartaron. Enrique provee luégo de cumplir su palabra y envia gente que -haga en el dicho lugar una gran ramada de árboles y ramas, y en ella -un aparador, donde pusieron todas las piezas de oro, que parecia cosa -real; el Capitan dispone tambien de hacer lo mismo, y para celebrar -las paces con mayor alegría y regocijo, aunque indiscretamente, mandó -al navío que por allí cerca andaba, viniese á ponerse frontero y -junto á tierra del dicho lugar concertado, y él viénese por la costa -de la mar con un tamborino y gente con él muy alegres y regocijados; -Enrique, que ya estaba con sus ocho hombres y mucha comida en la ramada -esperando, viendo que el navío se acercaba, y que venia el Capitan con -más gente, y que con tamborino, tañendo y haciendo estruendo, venian -los españoles, pareciéndole que habia excedido de lo asentado, y -temiendo no le hubiesen urdido alguna celada, acordó de negarse, y así -escondióse en el monte con su gente, que debia tener para su guarda, y -mandó á los ocho indios que, cuando llegasen los españoles, les dijesen -que no pudo venir á verse con ellos porque se habia sentido un poco -malo, y que les diesen la comida que les tenia aparejada y todo el oro, -y les sirviesen muy bien y en todo los agradasen. Llegado el Capitan y -los suyos, preguntó por Enrique; respondiéronle los ocho lo que Enrique -les habia mandado; quedó harto pesante de su indiscrecion el Capitan -(ó si no la conoció, quizá), por no haber hallado á Enrique, porque -tenia por cierto, y no se engañaba, que allí la pendencia y escándalo -y miedo de la isla se acababa, puesto que aunque no se acabó del todo, -al ménos suspendióse hasta que despues, como placiendo á Dios en el -libro siguiente se dirá, por cierta ocasion del todo fué acabado; así -que los ocho les dieron de comer y les sirvieron con mucha solicitud, -como los indios suelen, y entregáronles todo el oro sin faltar un -cornado. El Capitan les dió gracias, y díjoles que dijesen á Enrique -como le habia pesado de no haberlo visto y abrazado, y que le pesaba -de su mal, puesto que bien conoció que de industria se habia quedado, -y que fuesen amigos y que no hiciese daño, y que tampoco lo rescibiria -desde adelante. Los españoles se embarcaron y se vinieron á la ciudad, -y los indios se fueron donde estaba su amo. Desde aquel dia no hobo más -cuidado en la isla de seguir á Enrique, ni de ninguna de la partes se -recreció algun daño hasta que del todo se asentaron las paces, que duró -este intervalo cuatro ó cinco años. - - - - -CAPÍTULO CXXVIII. - - -Acaeció más en esta isla por este tiempo del año 18 y 19, y fué que -por la voluntad ó permision de Dios, para sacar de tanto tormento y -angustiosa vida que los pocos de indios que restaban padecian en toda -especie de trabajos, mayormente en las minas, y juntamente para castigo -de los que los oprimian, porque sintiesen la falta que les hacian los -indios, vino una plaga terrible que cuasi todos del todo perecieron, -sin quedar sino muy poquitos con vida; ésta fué las viruelas, que -dieron en los tristes indios, que alguna persona trujo de Castilla, las -cuales, como les nacian, con el calor de la tierra y ellas que son como -fuego, y á cada paso ellos tenian de costumbre, si podian, lavarse en -los rios, lanzábanse á lavar con el angustia que sentian, por lo cual -se les encerraban dentro del cuerpo, y así, como pestilencia vastativa, -en breve todos morian: allegábase á ésto la flaqueza y poca sustancia -que siempre por la falta de comer, y desnudez, y dormir en el suelo, y -sobra de trabajos tenian, y el poco y ningun cuidado que de su salud y -conservacion siempre tuvieron los que dellos se servian. Finalmente, -viendo los españoles que se les morian, comenzaron á sentir la falta -que les hacian y habian de hacer, por donde se movieron á poner alguna -diligencia en curallos, aunque aprovechó poco á los más, porque -debieron de haberlo comenzado muchos años ántes; no creo que quedaron -vivos ni se escaparon desta miseria 1.000 ánimas, de la inmensidad de -gentes que en esta isla habia y vimos por nuestros ojos, segun en el -libro primero queda explanado. Ninguno que sea cristiano puede dudar -que, aunque Dios por sus secretos juicios haya permitido así afligir -estas gentes, y con tanta inhumanidad, y, en fin, acabarlas, que el -dia del juicio particular de cada uno, y el de todos universal, -los que fueron ministros de tanto rigor y causa por sus cudicias y -crueldad, quitando las vidas ántes de tiempo, y así el espacio de su -conversion, de la perdicion de tantas ánimas (porque todos los más -desta isla y de las sus comarcas se cree, y yo no lo dudo, porque -vide mucho dello, murieron sin fe y sin Sacramentos en su simplice -infidelidad), lo lastarán puniéndolos la divina justicia con mucho -mayor austeridad, y desto, si penitencia miéntras vivian no les valió, -entre cristianos ninguna duda hay. Y porque cognosciendo que los indios -se les acababan, comenzaron á aflojar y dejar las minas, por no tener -quién allí enviar á morir é áun matar, y á buscar granjerías y nuevas -maneras de adquirir, una de las cuales fué poner cañafistolos, los -cuales se hicieron tales y tantos, que parecia no para otros árboles -haber sido criada esta tierra, ni éstos para otra sino para ésta por -la Divina providencia y naturaleza ordenada; hiciéronse en muy breves -dias de cañafistolos muchas y grandes heredades, que pudiera proveerse -dellos todo lo del mundo poblado. Eran muy grandes los cañutos della, y -gruesos, llenos de pulpa, muy enmelada; la virtud della, que sea menor -ó mayor que la de Alejandría, pregúntese á los médicos y boticarios. No -poco estaban ya ufanos los vecinos desta isla, españoles, porque de los -indios no hay ya que hablar, prometiéndose muchas riquezas, poniendo -en la cañafistola toda su esperanza, y de creer es que desta esperanza -darian á Dios alguna parte, pero cuando ya comenzaban á gozar del -fructo de sus trabajos, y á cumplirse su esperanza, envia Dios sobre -toda esta isla, y sobre la isla de Sant Juan principalmente, una plaga -que se pudo temer, si mucho creciera, que totalmente se despoblaran. -Esta fué la infinidad de hormigas que por esta isla y aquella hobo, que -por ninguna vía ni modo humano de muchos que se tuvieron se pudieron -atajar; hicieron ventaja las hormigas que en esta isla se criaron á -las de la isla de Sant Juan, en el daño que hicieron en los árboles -que destruyeron, y aquellas á éstas en ser rabiosas, que mordian y -causaban mayor dolor que si avispas al hombre mordieran y lastimaran, -y dellas no se podian defender de noche en las camas, ni se podia vivir -si las camas no se pusieran sobre cuatro dornajos llenos de agua. Las -de esta isla comenzaron á comer por la raíz los árboles, y como si -fuego cayera del cielo y los abrasaran, de la misma manera los paraban -negros y se secaban; dieron tras los naranjos y granados, de que habia -muchas huertas y muy graciosas llenas en esta isla, y no dejaron -huerta que del todo no quemasen, que vello era una gran lástima, y -así se destruyeron muchas huertas en la ciudad de Sancto Domingo, y, -entre ellas, una del monasterio de los Dominicos, muy principal, de -granados y naranjos dulces, y secos, y agrios, y en la Vega otra del -de los Franciscos, muy señalada; dan tras los cañafistolos, y, como -más á dulzura llegados, más presto los destruyeron y quemaron, yo creo -que sobre cien cuentos que hobiera de renta dellos asolaron. Era, -cierto, gran lástima ver tantas heredades, tan ricas, de tal plaga -sin remedio aniquiladas. La huerta que dije de Sant Francisco, que en -la Vega estaba, yo la vide llena de los naranjos que daban el fructo -de dulces, secas y agrias, y granados hermosísimos, y cañafistolos, -grandes arboles de cañas de cañafistola de cerca de cuatro palmos en -largo, y desde á poco la vide toda quemada; lo mismo vide en muchas -otras heredades de cañafistolos que por aquella Vega estaban: solas las -heredades que habia de cañafistolos en la Vega y las que se pudieran -en ella plantar, pudieran, sin duda, bastar para proveer á toda Europa -y Asia, aunque la comieran como se come el pan, por la gran fertilidad -de aquella Vega y grandeza, como dure por 80 leguas de mar á mar, llena -de rios y felicidad y tan llana como la palma de la mano; della hemos -hablado en nuestra Apologética Historia, en romance, bien á la larga. -Tomaron remedio algunos para estirpar esta plaga de hormigas, cavar -al rededor de los árboles, cuan hondo podian, y matarlas ahogándolas -en agua; otras veces quemándolas con fuego. Hallaban dentro, en la -tierra, tres, y cuatro, y más palmos, la simiente y overas dellas, -blancas como la nieve, y acaecia quemar cada dia un celemin, y dos, -y cuando otro dia amanecia hallaban de hormigas vivas mayor cantidad. -Pusieron los religiosos de Sant Francisco de la Vega una piedra de -soliman, que debia tener tres ó cuatro libras, sobre un pretil de -una azotea; acudieron todas las hormigas de la casa, y en llegando á -comer dél luego caian muertas, y como si enviaran mensajeros á las -que estaban dentro de media legua y una, al rededor, convidándolas al -banquete del soliman, no quedó, creo, una que no viniese, y víanse los -caminos llenos dellas que venian hácia el monasterio, y, finalmente, -subian á la azotea y llegaban á comer del soliman, y luégo caian en el -suelo muertas; de manera que el suelo de la azotea estaba tan negro -como si lo hobieran rociado con polvo de carbon, y ésto duró tanto -cuanto el pedazo de soliman, que era como dos grandes puños y como -una bola, duró; yo lo vide tan grande como dije cuando lo pusieron, -y desde á pocos dias lo torné á ver como un huevo de gallina ó poco -mayor. Desque vieron los religiosos que no aprovechaba nada el soliman, -sino para traer basura á casa, acordaron de lo quitar. De dos cosas -se maravillaban, y eran dignas de admiracion; la una, el instinto de -naturaleza y la fuerza que áun á las criaturas sensibles y no sensibles -dá, como parece en estas hormigas, que de tanta distancia sintiesen, -si así se puede decir, ó el mismo instinto las guiase y trujese al -soliman; la otra, que como el soliman en piedra, ántes que lo muelan, -es tan duro como una piedra de alumbre, si quizá no es más, y cuasi -como un guijarro, que un animalito tan menudo y chiquito (como estas -hormigas, que eran muy menudas), tuviese tanta fuerza para morder del -soliman, y, finalmente, para disminuillo y acaballo. Viéndose, pues, -los españoles vecinos desta isla en afliccion de ver crecer esta plaga, -que tanto daño les hacia, sin poderla obviar por vía alguna humana, los -de la ciudad de Sancto Domingo acordaron de pedir el remedio al más -alto Tribunal: hicieron grandes procesiones rogando á nuestro Señor que -los librase por su misericordia de aquella tan nociva plaga para sus -bienes temporales, y para más presto rescibir el divino beneplácito, -pensaron tomar un Sancto por abogado, el que por suerte nuestro Señor -declarase, y así, hecha un dia su procesion, el Obispo y clerecía y -toda la ciudad echaron suertes sobre cuál de los Sanctos de la letanía -ternia por bien la Divina providencia darlos por abogado; cayó la -suerte sobre Sant Saturnino, y rescibiéndolo con alegría y regocijo -por su Patron, celebráronle la fiesta con mucha solemnidad, y así lo -hacen desde entónces cada año, por voto, segun creo, y no sé si ayunan -el dia ántes. Vídose por experiencia irse disminuyendo desde aquel dia -ó tiempo aquella plaga, y si totalmente no se quitó ha sido por los -pecados; agora creo que no la hay, porque se han tornado á restaurar -algunos cañafistolos y naranjos y granados: digo restaurar, no los que -las hormigas quemaron, sino los que de nuevo se han plantado. La causa -de donde se originó este hormiguero, creyeron y dijeron algunos, que -fué de la traida y postura de los plátanos. Cuenta el Petrarca en sus -Triunfos, que en la señoría de Pisa se despobló una cierta ciudad por -esta plaga que vino sobre ella de hormigas; Nicolao Leonico, libro -II, cap. 71 de Varia Historia, refiere dos ciudades, la una llamada -Miunte y la otra Atarnense, solemnísimas, haber sido despobladas por -la muchedumbre de mosquitos que por cierta ocasion sobrevinieron en -ellas; y así, cuando Dios quiere afligir las tierras ó los hombres en -ellas, no le falta con qué por los pecados las aflija, y con chiquitas -criaturitas: parece bien por las plagas de Egipto. - - - - -CAPÍTULO CXXIX. - - -Entraron los vecinos desta isla en otra granjería, y ésta fué buscar -manera para hacer azúcar, viendo que en grande abundancia se daban en -esta tierra las cañas dulces. Ya se dijo en el libro II, como un vecino -de la Vega, llamado Aguilon, fué el que primeramente hizo azúcar en -esta isla, y áun en estas Indias, con ciertos instrumentos de madera -con que exprimia el zumo de las cañas, y aunque no bien hecha por no -tener buen aparejo, pero todavía verdadera y cuasi buen azúcar. Sería -ésto por el año de 1505 ó 1506; despues dióse á entender en hacerla un -vecino de la ciudad de Sancto Domingo, llamado el bachiller Vellosa, -porque era cirujano, natural de la villa de Berlanga, cerca del año de -516, el cual hizo el primero en aquella ciudad azúcar, hechos algunos -instrumentos más convenientes, y así mejor y más blanca que la primera -de la Vega, y el primero fué que della hizo alfeñique y yo lo ví; -éste dióse muy de propósito á esta granjería y alcanzó á hacer uno -que llaman trapiche que es molino ó ingenio que se trae con caballos, -donde las cañas se estrujan ó exprimen, y se les saca el zumo melífluo -de que se hace el azúcar. Viendo los padres de Sant Hierónimo, que -allí estaban, la buena muestra que el bachiller habia mostrado para -salir con aquella granjería, y como sería muy provechosa para animar á -otros que se diesen á ella ordenaron con los Oidores de la Audiencia y -Oficiales del Rey, que de la Real hacienda se prestasen 500 pesos de -oro al vecino que se pusiese á hacer ingenio grande ó chico para hacer -azúcar, y despues creo, que les ayudaron con más prestido, viendo que -los ingenios eran muy costosos. Por este camino y deste principio se -ofrecieron algunos vecinos á hacer trapiches que muelen las cañas con -caballos, y otros, que tenian y se hallaban con más grueso caudal, -pusiéronse á hacer ingenios poderosos de agua, que muelen más cañas -y sacan más azúcar que tres trapiches, y así cada dia se dieron á -hacer más, y hay hoy sobre treinta y cuarenta ingenios en sola esta -isla, y algunos en la de Sant Juan, y en otras partes destas Indias, -y no por eso vale el azúcar más barato; y ésta es cosa de notar que -antiguamente no habia azúcar sino en Valencia, y despues hóbola en las -islas de Canaria, donde puede haber hasta siete ó ocho ingenios, y -creo que no tantos, y apénas subió la arroba de un ducado ó poco más, -y que con todos los ingenios hechos en estas Indias, valga la arroba -dos ducados, y cada dia suba en cantidad. Antes que los ingenios se -inventasen, algunos vecinos, que tenian algo de lo que habian adquirido -con los sudores de los indios y de su sangre, deseaban tener licencia -para enviar á comprar á Castilla algunos negros esclavos, como vian -que los indios se les acababan, y áun algunos hobo, segun arriba se -dijo en el cap. 102, que prometian al clérigo Bartolomé de las Casas, -que si les traia ó alcanzaba licencia para poder traer á esta isla una -docena de negros, dejarian los indios que tenian para que se pusiesen -en libertad; entendiendo ésto el dicho Clérigo, como venido el Rey -á reinar tuvo mucho favor, como arriba visto se há, y los remedios -destas tierras se le pusieron en las manos, alcanzó del Rey, que -para libertar los indios se concediese á los españoles destas islas -que pudiesen llevar de Castilla algunos negros esclavos. Determinó -el Consejo con parecer de los Oficiales de Sevilla, como en el dicho -cap. 102 dijimos, que debia darse licencia para que se pudiesen llevar -4.000, por entónces, para las cuatro islas, esta Española, y la de Sant -Juan, y de Cuba y Jamáica. Sabido que estaba dada, no faltó español -de los destas Indias, que á la sazon estaban en la corte, que diese -aviso al gobernador de Bresa, caballero flamenco que habia venido con -el Rey, é de los más privados, que pidiese aquella merced. Pidióla, -y luégo concedida, y luégo vendida por 25.000 ducados á ginoveses, -con mil condiciones que supieron pedir, y una fué, que dentro de ocho -años no pudiese dar licencia ninguna para traer esclavos negros á las -Indias. Vendieron despues cada licencia, los ginoveses, por cada negro -á ocho ducados á lo ménos; por manera, que lo que el clérigo de las -Casas hobo alcanzado para que los españoles se socorriesen de quien -les ayudase á sustentase en la tierra, porque dejasen en libertad los -indios, se hizo vendible á mercaderes, que no fué chico estorbo para -el bien y liberacion de los indios. Deste aviso que dió el Clérigo, no -poco despues se halló arrepiso, juzgándose culpado por inadvertencia, -porque como despues vido y averiguó, segun parecerá, ser tan injusto -el captiverio de los negros como el de los indios, no fué discreto -remedio el que aconsejó que se trujesen negros para que se libertasen -los indios, aunque él suponia que eran justamente captivos, aunque no -estuvo cierto que la ignorancia que en ésto tuvo y buena voluntad lo -excusase delante el juicio divino. Habia entónces en esta isla hasta -10 ó 12 negros que eran del Rey, que se habian traido para hacer la -fortaleza que está sobre y á la boca del rio, pero dada esta licencia -y acabada aquella, siguiéronle otras muchas siempre, de tal manera que -se han traido á esta isla sobre 30.000 negros, y á todas estas Indias -más de 100.000, segun creo, y nunca por eso se remediaron ni libertaron -los indios, como el clérigo Casas no pudo más proseguir los negros; -y el Rey ausente, y los del Consejo cada dia nuevos é ignorantes -del derecho, que eran obligados á saber como muchas veces por esta -Historia se ha dicho, y como crecian los ingenios de cada dia, creció -la necesidad de poner negros en ellos, porque cada uno de los de agua -há menester al ménos 80, y los trapiches 30 y 40, y por consiguiente -la ganancia de los derechos del Rey; siguióse de aquí tambien que -como los portugueses de muchos años atrás han tenido cargo de robar -á Guinea, y hacer esclavos á los negros, harto injustamente, viendo -que nosotros mostrábamos tanta necesidad, y que se los comprábamos -bien, diéronse y dánse cada dia priesa á robar y captivar dellos, por -cuántas vías malas é inicuas captivarlos pueden; item, como los mismos -ven que con tanta ánsia los buscan y quieren, unos á otros se hacen -injustas guerras y por otras vías ilícitas se hurtan y venden á los -portugueses, por manera que nosotros somos causa de todos los pecados -que los unos y los otros cometen, sin los nuestros que en comprallos -cometemos. Los dineros destas licencias, y derechos que al Rey se -dan por ellos, el Emperador asignó para edificar el Alcázar que hizo -de Madrid é la de Toledo, y con aquellos dineros ambas se han hecho. -Antiguamente, ántes que hobiese ingenios, teníamos por opinion en esta -isla, que si al negro no acaecia ahorcalle nunca moria, porque nunca -habiamos visto negro de su enfermedad muerto, porque, cierto, hallaron -los negros, como los naranjos, su tierra, la cual les es más natural -que su Guinea, pero despues que los metieron en los ingenios, por los -grandes trabajos que padecian y por los brebajes que de las mieles de -cañas hacen y beben, hallaron su muerte y pestilencia, y así muchos -dellos cada dia mueren; por ésto se huyen cuando pueden á cuadrillas, -y se levantan y hacen muertes y crueldades en los españoles, por salir -de su captiverio, cuantas la oportunidad poder les ofrece, y así no -viven muy seguros los chicos pueblos desta isla, que es otra plaga -que vino sobre ella. Y no es razon dejar de decir otra que se añidió -á las arriba puestas, y ésta es la multitud de los perros, que no se -puede numerar y estimar los daños que hacen y han hecho. Habia en -esta isla inmensidad de puercos (que como no se crien con grano, sino -con raíces muy suaves, y frutas delicadas, como son ovos y cimas, la -carne dellos es muy sana, y más delicada y sabrosa que muy delicado y -sabroso carnero), y destos estaban los montes llenos, por cuya causa á -cada legua habia maravillosas y alegres y provechosas monterías, todas -las cuales han destruido los perros, y no contentos con los puercos -acometen á los becerros, mayormente cuando los paren las madres, que no -pueden defenderse; es grandísimo el daño que han hecho y hacen, y bien -se puede considerar los tiempos venideros dellos qué se espera. Pasan -por ésto los hombres como si acaso acaeciese, y deberíamos de pasar -por la memoria que esta isla hallamos llenísima de gentes que matamos y -estirparmos de la haz de la tierra, y henchimósla de perros y bestias, -y por juicio divino, por fuerza forzada, nos han de ser nocivos y -molestos. - - - - -CAPÍTULO CXXX. - - -En el cap. 105 deste libro dejamos de proseguir el discurso del clérigo -Casas, despues que tornó á la corte habiendo ido por mandado del Rey á -sacar labradores para poblar estas islas, por contar lo que en estos -años de 18 y 19 acaeció en estas Indias; la órden que traemos requiere -que demos la vuelta para referir lo que sucedió despues de llegado el -Rey á Barcelona. Asentada, pues, la corte, y los Consejos vadeándose, -comenzó el padre Casas á proseguir la sacada de los labradores, -entrando en el Consejo de las Indias, que hacia el obispo de Búrgos -en su casa, no como Consejo de las Indias nombrado, sino llamando á -ciertos de los otros Consejos del Rey, las personas que el Rey por -entónces habia, no sé por cúya persuasion, señalado. Estos eran el -licenciado Zapata, y Hernando de Vega, y D. García de Padilla, y Pedro -Martir, italiano, de quien arriba tocamos que escribió las Décadas -en latin, donde habló algunas cosas destas Indias, y Francisco de -los Cobos, que por entónces á subir comenzaba. Y porque una de las -mercedes que habia pedido que el Rey hiciese á los labradores, fué -que se les diesen las granjas, ó estancias ó haciendas que el Rey en -esta isla tenia, que no eran de mucho valor, para en que luégo se -aposentasen y comiesen dellas (cosa y socorro muy necesario para que -los labradores se abrigasen, y consolasen y mantuviesen hasta que -estuviesen para trabajar y ayudarse y tener de suyo), y habia rescibido -el dicho Clérigo carta, ó por otras de otros, que los padres de Sant -Hierónimo las habian vendido, á fin que les parecia no ser cosa decente -que tuviese granjerías el Rey, entró en Consejo y dijo que él tenia -relacion ó nueva de cómo aquellas eran vendidas, que le proveyesen de -una Cédula para que los oficiales del Rey mantuviesen los labradores -un año, como se les habia prometido de partes del Rey, porque de otra -manera sería traellos para luégo perecer; dijo entónces el obispo de -Búrgos, que no sabia sino contradecir: «Desa manera, más gastará el Rey -con esos labradores que en una armada de 20.000 hombres.» Era mucho -más experimentado el señor Obispo en hacer armadas, que en decir misas -de pontifical. Respondióle luégo el Clérigo, no con chica cólera: -«Pues señor, ¿parece á vueseñoría que será bien, despues de muertos -los indios, que sea yo cabestro de la muerte de los cristianos? pues -yo no lo seré.» Aquí entendió el Clérigo decirle, ¿despues que habeis -muerto los indios, quereis matar los cristianos? pero díjoselo con -aquella corteza pero no sin sonsonete; no sé como el señor Obispo, -que no era bobo, lo sintió. Andaban aparejando 400 ducados para dar -al Clérigo con que sacase los labradores, pero estuvo perseverante -el padre Clérigo en no querer sacar labrador ninguno, si la Cédula -que pedia para dar de comer á los labradores un año, como se habia -prometido, no se le diese, porque, en la verdad, sin ella entónces -perecieran, y en cualquier tiempo perecerán los labradores que á estas -tierras vinieren, si de comida, y de posada y cura, si adolescieren, -por un año ó algun buen tiempo no se les proveyere; y desque vieron -que no queria ir á sacallos, buscaban quien fuese, lo cual entendido -por el Clérigo, despachó cartas para los pueblos, desengañándolos, -significándoles las razones porqué no iba él á sacallos, y que supiesen -que cualquiera que fuese los llevaria engañados á la muerte. Y así se -creyó que con ninguno salieran, sino vieran al Clérigo; pero porque -habia poco cuidado de cosa tan provechosa, como era poblar esta tierra, -que hoy hobiera 200.000 vecinos en sola esta isla, que no osara el rey -de Francia asomar con 200 leguas á ella, fuese cayendo esta poblacion -hasta que se olvidó del todo en dejándola el Clérigo. Libre ya del -cuidado de la poblacion destas islas, el Clérigo, cosa en grande manera -convenientísima, comenzó á proseguir la vía que le pareció convenir -por entónces, para que los religiosos de Sancto Domingo y de Sant -Francisco tambien, fuesen á predicar en la tierra firme de Pária, sin -que la tiranía de los españoles los pudiese impedir. Ya se dijo arriba -en el cap. 104, cerca del fin, como habia pedido en el Consejo cien -leguas de aquella tierra, que no entrasen españoles en ellas, para que -los frailes de Sancto Domingo pudiesen predicar á las gentes dellas -sin los impedimentos y alborotos que los españoles les ponian, y que -le habia respondido el obispo de Búrgos por razon, de que no se le -debian de dar, porque aquellas cien leguas estarian como perdidas, -no habiendo dellas provecho el Rey (no teniendo por provecho del Rey -convertir aquellas gentes que el Rey tenia sobre sus cuestas y el mismo -Obispo sobre su conciencia); lo cual oido por el Clérigo, espantado -y áun con triste corazon, pensó en acudir á la insensibilidad del -Obispo, y al indiscreto y áun inícuo y sacrílego celo de dar dineros -al Rey, pospuesta la salud de tantas ánimas que por aquella tierra -firme perecian, á las cuales era él obligado por débito de justicia, -por el oficio que tenia, y por débito de caridad, como cristiano, á -remediar y proveer, y porque sabia por experiencia, que cualquiera -medio y remedio que él propusiese habia el Obispo de contradecir, por -estar con él tan mal por los tragos pasados que le habia dado, tractó -de secreto con los flamencos del Consejo del Rey, é con los privados -que dél tenian buena estima y lo favorescian, y desde á poco con otro -Gran Chanciller que en lugar del muerto, por mandado del Rey sobrevino, -persona en letras y cristiandad egrégia, que él queria dar modo como -el Rey en aquella tierra tuviese rentas, en la cual ni las tenia ni se -esperaba de las tener, con tanto que no entrase algun español en ella, -sino sólo los que él metiese con los frailes que habian de entender -en la conversion de aquellas gentes, con ciertas otras condiciones, y -todo ésto sin que el Rey gastase cosa en ello. Tuvo el Clérigo esta -consideracion, conviene á saber, que aquesto no lo podia emprender -ni efectuar sin ayuda de las personas y hacienda de cierto número de -seglares españoles, y aquestos no se habian de mover á lo ayudar -sino por su temporal interese, y no porque la fe se predicase ni se -salvasen aquellas gentes; item, que despues de entrados en la tierra, -él no les podria ir á la mano, si hacer mal ó robar y agraviar los -indios quisiesen como siempre hicieron, si no se ponia tal modo que -la pacificacion y traimiento de los indios á que dellos no huyesen, -segun las horribles nuevas y obras que dellos habian oido y visto, que -era el fin que pretendia el Clérigo, se fundase en su propio temporal -provecho, de tal manera, que, sino trabajaban de traer de paz á los -indios y conservallos en ella, ningun provecho habian de conseguir -dello ni de la tierra, pues traidos de paz los indios y conservados -en ella, seguíase luégo tener lugar los religiosos para predicar el -Evangelio y traer á Cristo aquellas gentes. Solia tener y traer esta -máxima el Clérigo, que si el remedio que se pusiese en estas Indias, -para que los españoles no destruyesen aquestas gentes, no era tal que -del mismo la imposibilidad de errallo y hacer contra él no saliese, -nunca los indios ternian remedio; y por tener ésto por cierto, por la -mucha experiencia que tenia, fundó en esta negociacion todo el bien, -libertad y conversion de los indios, en el puro interese temporal de -los que le habian de ayudar á conseguillo. - - - - -CAPÍTULO CXXXI. - - -Fué la forma y el modo deste negocio, en substancia, por esta manera: -parecióle que podia hallar y escoger de sus amigos, españoles, en estas -islas, hasta 50 hombres que fuesen personas modestas y subjetas á -razon, que de buena voluntad quisiesen ocuparse en obra tan buena, más -por virtud y servir á Dios que por cudicia, puesto que tambien tuviesen -ojo á, por vías lícitas, adquirir riquezas. No entendió elegir más de -50 por dos razones; la una, porque para entrar en tierra de indios por -vía pacífica, y dándoles de lo nuestro, y no tomándoles cosa suya si -ellos no la dieren, y de la manera que él habia de entrar, bastaban -los 50, porque lo que aquellos no hicieren, como sean los indios de su -natural mansos y buenos, ni hagan mal sino lo resciben, no lo harán -100, y ménos 500, ántes se estorbarán unos á otros, y entre sí mismos, -á sí mismos son nocivos é inquietos; para lo cual ninguna necesidad -hay de prueba pues que todos lo sabemos y es manifiesto; la otra, -porque más traibles son á las cosas de razon 50 que no 100, y mucho -ménos si fuesen muchos más que éstos. Hizo cuenta que para los gastos -que en este negocio se habian de hacer al presente bastaban 10.000 -ducados, los cuales se allegarian, contribuyendo cada uno de los 50 -con 200 ducados, fácilmente. Con estos dineros podian bien comprarse -los bastimentos que por el presente hobiesen menester por un año, y -cosas de rescates para dar graciosamente á los indios, para captalles -la benevolencia y aficionallos á su amistad, y para comprar un par de -carabelas, en que hobiesen de ir é tener allí consigo, y otras cosas -que para lo dicho fuesen convenientes y necesarias. En aquel tiempo más -se hacia con 1.000 ducados que hoy se haria con 6.000, y por eso con -10.000 tenian para todo lo susodicho abundancia. Habia determinado -que todos los 50 que habian de ir con él fuesen vestidos, cuanto al -hábito de fuera, de paño blanco, y con ciertas cruces coloradas de la -forma y color que las de Calatrava, salvo que á cada brazo y parte de -la cruz añidió ciertos ramillos arpados que la hacian muy graciosa y -adornada; la razon desta diferencia de vestido, que propuso llevar, -fué para que á los indios pareciese que era otra gente diferente -de los españoles que habian visto, y oido, y experimentado hombres -malos, y para que conformase con las nuevas que les habian de dar el -nuevo hábito; estas eran dalles á entender como los enviaba el rey -de España, que era muy bueno y muy gran señor, á decilles que habia -sabido los daños, y escándalos, y turbaciones que los españoles les -habian hecho á ellos y á sus vecinos, de los cuales le habia mucho -pesado, y que siempre habian sido hechos contra su voluntad, y que -agora enviaba aquella gente nueva para que de su parte los saludase y -repartiese muchas cosas de las de Castilla que les enviaba, en señal -que los queria bien y amaba; item, para que los mamparasen de los otros -que les habian hecho los males pasados, y que todo ésto verian por -experiencia, por las obras, desde allí adelante. Tenia pensado, que si -Dios en aquella obra le prosperaba, de procurar que el Papa y el Rey -tuviesen por bien de ordenar que se constituyese como una hermandad -religiosa debajo de aquel hábito. Aqueste fué el artificio del clérigo -y padre Casas, con el cual entendia traer á todas aquellas gentes -de paz, y á que perdiesen el horror que tenian de los cristianos, y -ellos así pacíficos y asegurados, facilísima era la predicacion del -Evangelio en aquella tierra, y más que facil la conversion de aquellas -gentes, como no tuviesen ídolos ni secta por ellos muy celebrada, -sino solamente algunos hechiceros que los traian engañados en algunas -supersticiones, y agüeros, y disparates, segun á aquellos enseñaba el -diablo que los engañaba; esta era la vía que el padre Clérigo entendia -llevar para convertir aquellas gentes, y por obra mostrar haber sido -irracional, inícua, y mala, y contra el intento y fin que Dios y la -Iglesia tienen, que es la conversion de las ánimas, la pasada, ésto -es, hacer guerras y sujuzgar con ellas primero las gentes, y despues -predicallas, como si fuese necesario, para recibir el Evangelio y la -religion cristiana, primero ponellos en ódio y aborrecimiento della, y -por injusta y abominable detestalla, y porque nunca por esta puerta se -ha entrado y por este camino andado, por ende nunca un solo indio chico -se baptizó, ni hombre adulto se convirtió, que primero muchos millares -de ánimas intempestiva é injustamente á los infiernos por los nuestros -no se lanzasen; y así siempre, hasta que todo este orbe del todo se -consuma y acabe, acaecerá, miéntras el dicho camino no se llevare, y -el dia del universal juicio se verá claro á costa de algunos, y áun de -muchos que pensaron estar destos inconvenientes salvos, por ser más -que otros ignaros y descuidados. Dejo de tocar de los que por propia -malicia, ó soberbia, ó ambicion, y subir á lugar más alto, ó interese -suyo ó de sus allegados, ó disimularon de encaminar esta conversion por -donde debian, ó el mal camino que llevaba empeoraron. - - - - -CAPÍTULO CXXXII. - - -Proveyó, pues, el Clérigo al provecho del Rey que el Obispo celaba, -y al interese de los que le habian de ayudar, segun su parecer, con -lo siguiente: Primero, con lo que ofreció que haria en provecho y -servicio del Rey; y lo segundo, con las mercedes que pidió que se -hiciesen á los 50 que habian de ayudarle. Cuanto á lo que tocaba al -servicio y utilidad temporal del Rey, ofreció lo primero, que, con -el ayuda de Dios, aseguraria y allanaria todos los indios y gentes -de toda la tierra, dentro de los límites que pedia, y en espacio de -dos años apaciguaria y aseguraria 10.000 indios que estuviesen en -amistad con los cristianos; lo segundo, que dentro de 1.000 leguas que -señaló, conviene á saber, desde cien leguas arriba de Pária, del rio -que llamaban el Rio Dulce, que agora llamamos el rio y la tierra de -los Aruacas, la costa abajo, hasta á donde las 1.000 leguas llegasen, -dentro de los tres años despues que él con su compañía en la primera -tierra entrase, haria que tuviese el Rey 15.000 ducados de renta, que -los indios naturales della le tributasen, y tambien de pueblos de -españoles si se poblasen, y el cuarto año otros 15.000 ducados, y el -quinto año otros 15.000 ducados, y el sexto año otros 15.000 ducados, -por manera, que en el sexto año habian de ser por todos 30.000 ducados -de renta, y el sétimo año habia de tener el Rey, de renta, otros 30.000 -ducados, y el octavo año otros 30.000 ducados, y el noveno año otros -30.000 ducados, y el décimo año otros 30.000 ducados, de manera, que -habian de ser por todos en el décimo año 60.000 ducados, y en cada un -año dende adelante 60.000 ducados. Lo tercero, se ofrecia á poblar tres -pueblos de á 50 vecinos españoles, dentro de cinco años despues que en -la tierra entrase, y en cada uno una fortaleza en que se defendiesen -de los indios si viniesen á infestallos. Lo cuarto, que trabajaria á su -tiempo y sazon de saber los rios y lugares que por la tierra habia, que -tuviesen oro, y enviar razon dello al Rey, donde quiera que estuviese, -para que fuese del todo informado con verdad. Lo quinto, que todo se -habia de hacer y complir con amor, y sabor, y benevolencia, y sin daño -ni pena de los indios, y que se habia de trabajar que se entendiese con -suma diligencia en su conversion y sin que el Rey pusiese, al presente, -alguna costa ni gasto. Pidió el Clérigo 1.000 leguas, principal y -finalmente; por echar del Darien y de toda aquella tierra firme á -Pedrárias, y aquellos que con él estaban en matar y destruir aquellas -gentes encarnizados, como arriba queda bien declarado, pero al cabo se -restringieron las 1.000 leguas á 300 de costa de mar del Norte, que fué -desde Pária inclusive, hasta Sancta Marta exclusive, pero por la tierra -adentro llevaba 2 ó 3.000 leguas y más. Cuanto á lo segundo principal, -que fué proveer al interese de los que le habian de ayudar, proveyólo -el Clérigo desta manera, pidiendo que el Rey les concediese las cosas -siguientes: Lo primero que el Rey suplicase al Papa, por un Breve, para -que pudiese sacar 12 religiosos de Sancto Domingo y de Sant Francisco, -los que el Clérigo voluntarios escogiese, para que anduviesen con él -vacando y entendiendo en la predicacion y conversion de los indios, y -que concediese Su Santidad una indulgencia plenaria y remision de todos -los pecados de los que muriesen yendo y estando en el dicho viaje, -y ayudando á la conversion y negocio que á ella se ordenaba. Pidió -que pudiese llevar consigo 10 indios de los naturales destas islas, -queriendo ellos de su voluntad, aunque pesase á cualquiera español que -los tuviese. Item, que todos los indios naturales de la tierra firme -que se habian traido de dentro de los límites dichos, robados, ó por -otra cualquiera vía, á las cuatro islas, las justicias dellas se los -entregasen todos para los tornar á sus tierras. Item, que de todas las -rentas que el Rey en toda la tierra, dentro de los límites dichos, -por industria del dicho Clérigo y 50 hombres que le habian de ayudar -tuviese, hobiesen los dichos 50 hombres la docena parte, desde que -comenzase á gozar el Rey de las dichas rentas, y las gozasen por toda -su vida y quedase para sus herederos perpétuamente. Pero al tiempo de -hacer la capitulacion, no se les concedió sino que gozasen por sus -vidas y de cuatro herederos, y cada uno de los 50 pudiese nombrar en -su vida ó en su muerte un heredero, y aquel otro, y el otro otro cual -quisiese. Item, que armase caballeros de espuelas doradas á todos los -50, para que ellos, y sus sucesores ó descendientes fuesen caballeros -de espuelas doradas, en todos los reinos del Rey, é que les señalase -armas que pudiesen traer en sus divisas, y escudos y reposteros para -siempre jamás. Concedióseles desta manera: lo uno con que no fuesen -reconciliados, ni hijos ni nietos de quemados, ni reconciliados, y con -que durante los tres primeros años, en que el Rey habia de tener de -renta los 15.000 ducados, gozasen de la dignidad de caballeros y de -sus armas ó insignias en toda la tierra firme y en todas estas Indias, -pero pasados los dichos tres años, y teniendo el Rey los dichos 15.000 -ducados de renta y hechos los tres pueblos y lo demas que habian de -hacer y cumplir, pudiesen gozar de todas las dichas preeminencias de -caballeros de espuelas doradas y de traer las dichas armas en todos -los reinos y señoríos del Rey, sin contradicion alguna, con tanto -tambien que fuesen á la tierra firme y ayudasen al clérigo Casas en la -pacificacion y lo demas que habia de hacer. Hobo una cláusula allí, -que si despues de asentada la renta por alguna ocasion se perdiese, no -siendo por culpa de los 50, no por eso se dejase de tener por cumplido -cuanto á las dichas caballerías tocaba. Item, que los dichos 50 hombres -y todos los que descendiesen fuesen francos, libres y exentos de -todos pedidos, é servicios, é moneda forera, é prestidos, é derramas -reales ó concejiles para siempre jamás. Item, que las tenencias de las -fortalezas se diesen á los que el Clérigo señalase ó nombrase, siendo -de los 50, la cual gozasen por su vida y de un heredero. Item, los -regimientos de los pueblos, que de españoles se hiciesen, lo mismo, -siendo suficientes para ello. Item, que cada y cuando que al dicho -padre Clérigo pareciese, y con su licencia y no sin ella, pudiesen ir á -rescatar perlas donde se pescaban, y que de las perlas que rescatasen -pagasen al Rey la quinta parte, hasta que tuviese los 15.000 ducados -el Rey de renta, pero despues sólo la sétima. Item, del oro que -rescatasen, lo mismo, y despues de los 15.000 ducados diesen la octava -parte, y del oro que se cogiese la sexta. Item, que los heredamientos -y tierras que comprasen de los Indios, para solares, y labranzas y -pastos de ganados fuesen suyos y de sus herederos perpétuamente, -con tanto que ninguno pudiese comprar más de una legua de tierra en -cuadro, con que la jurisdiccion é dominio quedase para el Rey, é no -se pudiese hacer fortaleza en la dicha legua, é si se hiciese fuese -del Rey. Item, que despues de hechos algunos pueblos de españoles, -de los que se habian de hacer, pudiese llevar cada uno de los 50 de -Castilla, tres esclavos negros para su servicio, á la dicha tierra, la -mitad hombres y la mitad mujeres, y despues que estuviesen hechos los -tres pueblos y hobiese cantidad de gente de españoles, si pareciese al -dicho Clérigo que convenia, pudiese llevar cada uno de los 50 otros -siete negros esclavos, la mitad hombres y la mitad mujeres. Item, -que en los pueblos que se hiciesen pudiesen tener cada uno de los 50 -vecindad en cada uno dellos y casa, y con tener en ella un criado ó -factor, estando ellos ocupados en allanar la tierra, pudiesen gozar de -las preeminencias y prerogativas que los otros vecinos de los tales -pueblos, y que en el repartimiento de los términos y sitios hobiesen -su parte asimismo, con que no pasasen de cinco vecindades arriba. -Que por veinte años comiesen y gastasen la sal que hobiesen menester -ellos y sus criados sin pagar cosa alguna en aquella tierra. Item, que -pudiesen llevar cada uno de los 50 marco y medio de plata labrada, -para su servicio, jurando que no era para vender. Item, que de todas -las mercaderías, y viandas, y mantenimientos, ganados é otras cosas -que llevasen á la dicha tierra firme, dentro de los dichos límites, -por término de los diez años, de cualquiera parte de Castilla ó de las -islas, con que se registrasen ante los oficiales de Sevilla, no pagasen -derechos algunos, ni almojarifazgo, ni cargo, ni descargo, etc. Item, -que no pagasen derechos de las licencias que se daban para ir á coger -oro á las minas, pero que no fuesen sin las dichas licencias. Item, -que si muriese alguno de los 50 pudiese nombrar otro en su lugar, -pero si muriese despues de entrado en la tierra, que el heredero de -aquel fuese obligado á ir á servir en la dicha tierra, siendo de edad -y habilidad para ello, ó que diese otra persona á contentamiento del -padre Clérigo, y si no lo hiciese pudiese nombrar el Clérigo el que le -pareciese, hasta que aquel heredero fuese de edad para cumplir é ayudar -en lo susodicho, y que dentro de un año fuese obligado á ir á la dicha -tierra. Item, que se diesen todas las provisiones necesarias, y así se -dieron, para que cualquiera navío y gente que fuese á la dicha tierra, -dentro de los dichos límites, á rescatar ó contratar, no fuesen osados -á hacer mal, ni daño, ni robo, ni escándalo á los indios, ni quedasen -en la tierra, sino que, acabado su rescate, luégo se saliesen de la -tierra, so pena de las vidas é de perdimiento de todos sus bienes, -etc. (Por no se guardar ésto se impidió toda esta pacificacion y -negocio, que tanto importaba, como abajo parecerá.) Item, porque los -indios de la dicha tierra firme supiesen que habian de estar en toda -libertad, y paz, y sosiego, el Rey aseguró y prometió que ni entónces -ni en algun tiempo permitiria ni daria lugar en manera alguna que los -indios de tierra firme ni de las islas de alrededor, dentro de los -dichos límites, estando domésticos y en su obediencia é tributarios, -no se darian en guarda, ni encomienda, ni en servidumbre á españoles, -como hasta entónces se habia hecho en estas islas, salvo que estarian -en libertad é sin ser obligados á alguna servidumbre; y para ésto dió -el Rey todas las provisiones y cartas que el Clérigo pidió, al cual -cometió que de su parte asegurase y prometiese á los indios que les -guardaria é cumpliria todo sin falta alguna. Item, que el Rey enviase -con el Clérigo dos personas, una por Tesorero y otra por Contador, -para que tuviesen cuenta y razon de todo lo susodicho y cobrasen las -rentas que el Rey habia de haber, etc. Item, que para la administracion -de la justicia civil é criminal en la dicha tierra é límites, nombrase -el Rey una persona para Juez, para mantener en justicia á los dichos -50 hombres y á todas las otras personas, así indios como españoles, -que en ella hobiese y á ella fuesen, con tanto que el tal Juez no se -entremetiese en la administracion de la Hacienda, ni que estorbase ni -ayudase, si no fuese para ello por el dicho clérigo Casas requerido, -en cosa ninguna á la negociacion del reducir los dichos indios en -su conversion, ni en hacerlos tributarios, ni en cosa alguna que -aquello tocase, y que de las sentencias que el dicho Juez diese se -pudiese apelar para ante los jueces de apelacion que residian en la -isla Española. Item, que de diez en diez meses, ó ántes cuando el Rey -fuere servido, pudiese enviar á ver y visitar lo que habian hecho el -dicho Padre y sus 50 y los demas, en cumplimiento de la Capitulacion, -y á traer la relacion dello, y el oro, y perlas, y otras cosas que al -Rey perteneciesen, y que en los navíos que para ésto enviase llevasen -las viandas y cosas necesarías que los dichos tuviesen en las cuatro -islas, Española, Sant Juan, Cuba y Jamáica, sin llevarles algo por -el flete dellas, con tanto se pagase de los dineros que el Rey allí -tuviese de renta, y si no la hobiese por entónces la pagasen ellos, -con que despues se sacase de las rentas que el tiempo andando el Rey -tuviese. Item, que si durante el tiempo de los diez años acaesciese que -descubriesen de nuevo algunas islas ó tierra firme en la mar del Sur ó -del Norte, que no estuviesen descubiertas, que les hacia las mercedes y -cosas que se hicieron á Diego Velazquez, porque descubrió la tierra de -Yucatán, segun y cómo é de la manera que se contiene en el asiento que -con él se hizo, sin que hobiese falta alguna en ello. Item, que en los -navíos que él tenia por aquestas islas llevasen al dicho padre Clérigo -y á los 50, 50 yeguas, é 30 vacas, é 50 puercas, é 15 bestias de -carga, pagando ellos del llevar dello lo que fuese bueno, etc. Item, -que despues que el Rey tuviese los 15.000 ducados de renta cierta, al -tiempo que se diese en tributos de los indios ó en otra renta cierta, -que el Rey diese cada un año 2.000 ducados della, para ayudar á los -rescates, y cosas, y gastos que se habian de hacer para allanar la -dicha tierra, y traer los indios, y estar sujetos y domésticos. Item, -que despues que por industria del dicho Clérigo y sus 50 tuviese el -Rey de renta los dichos 15.000 ducados, el Rey fuese obligado á pagar -los gastos siguientes: lo primero, lo que se hobiese gastado en comida -y mantenimientos desde el dia que entrasen el Clérigo y los 50 en la -tierra firme hasta ocho meses, en carne y maíz, é caçabí, é otras -cosas de la tierra, y en los fletes de los navíos en que llevasen los -mantenimientos y los fletes de las otras cosas de rescates para dar -á los indios. Item, todo lo que se gastase en hacer ó edificar las -fortalezas y los gastos que se hiciesen en las cobranzas de las rentas. -Item, lo que conviniese darse graciosamente á los Caciques é indios -para los traer al amor y conversacion de los españoles, y al servicio -y obediencia del Rey, con que los gastos que en ésto se hiciesen no -subiesen de 300 ducados cada un año, de manera que monten 3.000 ducados -en los diez años, de los cuales gastos se habian de pagar el Clérigo -y sus 50 de las rentas que él tuviese sin pedillos á los oficiales. -Item, que porque podria ser que con alguna falsa relacion que al Rey -se hiciese, sin ser informado de la verdad, proveyese alguna cosa -que contrariase y estorbase toda esta pacificacion y conversion, que -haciendo ellos lo asentado y estando trabajando en ello, prometió el -Rey de no proveer cosa alguna en contrario hasta tanto que tuviese -relacion y testimonio del Tesorero y Contador que habian de ir con -ellos, por ninguna causa ni razon. Item, que todos los 50, en entrando -en la tierra, fuesen obligados á se obligar ante el Juez y los -oficiales por sus personas y bienes, que sucediendo el negocio de la -manera y prosperidad que se esperaba, que se pudiese cumplir todo lo -susodicho, ellos por su parte lo cumplirán, por la parte que al Rey -tocaba, en todo y por todo. Item, dióse comision al dicho Clérigo para -que á los pueblos que hiciese, y á los rios y provincias, y á todas -las otras cosas principales y señaladas, pusiese los nombres que le -pareciese, los cuales mandó el Rey que desde allí adelante por todos -así se nombrasen. Esta fué la Capitulacion y asiento que se hizo por -parte del Rey é con el dicho Clérigo, la cual firmó el Rey de su propia -mano en la Coruña, estando para se embarcar, la primera vez que volvió -á Flandes, ya electo Emperador, á 19 dias del mes de Mayo de 1520 años; -por la cual prometió de la guardar, y cumplir, y mandar guardar é -cumplir en todo y por todo, cumpliendo el Clérigo y los 50 hombres que -habian de ir con él lo asentado. - - - - -CAPÍTULO CXXXIII. - - -Comunicada, pues, y tractada con los flamencos privados, y del -Consejo del Rey, é venido el nuevo Gran Chanciller tambien con él, -esta pacificacion y conversion al Rey tan provechosa (ésto en secreto -sin que lo alcanzase á saber el obispo de Búrgos, que tenia siempre -contra el Clérigo espíritu de contradicion, y los otros que se -allegaban con él al Consejo de las Indias, á quien el Clérigo habia -hecho quitar los indios, y los provechos que dellos habian en estas -Indias, con otros desabrimientos), y holgándose mucho los dichos -flamencos, con ver que de la resistencia del Obispo sacaba el Clérigo -provecho temporal y espiritual para el Rey, acordóse por todos que se -publicase el negocio y se pusiese en el Consejo de las Indias, que el -Obispo solia tener. Lo cual hecho así, el Obispo y los demas, como -si fueran saetas y arcabuces, así les pareció y lo resistieron; lo -uno, porque parecia, y así en la verdad era, que se condenaba toda -la gobernacion que el Obispo habia puesto en estas tierras, pues tan -poco cuidado habia tenido en la conversion destas gentes, y en la -salud corporal tambien dellas, pues no advertia á tener cuenta de -llevar otro camino en el gobierno, viendo que por aquel que hasta -entónces se habia llevado, tantas perecian; lo otro, porque via que -se ayudaba del favor de los flamencos, y que de allí no le podia á él -venir sino perjuicio entremetiéndose en saber las cosas de las Indias, -y porque el Clérigo era tan libre que podia referirles sus defectos; -lo otro, porque habiendo negado las cien leguas que el Clérigo habia -pedido para que los religiosos predicasen la fe, sin los impedimentos -y escándalos que los españoles ponian, como arriba en el cap. 104 se -dijo, parecíale ser en su menosprecio, y tambien grande afrenta, y lo -otro porque no podian ver al Clérigo, él y los que con él gobernaban -las Indias, más que á la muerte por las causas viejas ya dichas. -Anduvo muchos dias el Clérigo tractando en el Consejo que viesen y -determinasen sobre aquello, pues tan claro era ser servicio del Rey -con que se descargaba su conciencia, y provechoso para su hacienda, -porque ya no se podia decir que quedaba baldía, y que el Rey no tenia -renta en aquella tierra; dilataban y disimulaban con el negocio, por -cansar, por ventura, y que se aburriese no pudiéndose más sustentar -en la corte el dicho Clérigo. Acudia él á los flamencos, mayormente -á Mosior de Laxao, que moria por él, y al Gran Chanciller que habia -venido de nuevo; el cual, despues que supo bien la negociacion y lo -que pretendia el Clérigo, lo amó mucho, y era el que donde quiera que -se hallaba con el Rey ó en los Consejos, como fuese de todos por su -oficio cabeza, lo loaba y ayudaba y favorecia, y en todo le daba gran -crédito. Pero puesto que vian los flamencos y el Gran Chanciller la -pasion y ceguedad clara del Obispo, y de todos los que con él entraban -en aquel Consejo, con todo eso teniánle respeto, no sé si fué por lo -que se sonó, segun arriba dijimos, porque él y su hermano Antonio de -Fonseca habian dado cierto número de millares de ducados porque los -dejasen con sus oficios, puesto tambien que por sus personas, que -eran de mucha autoridad y fueron siempre señalados y privados de los -católicos reyes, en Castilla dignamente se les podia tener respeto, -y así aunque el Gran Chanciller hablaba frecuentes veces al Obispo, -que se entendiese en el negocio del Clérigo, no aprovechando nada -disimulábase con él por la causa dicha. En este tiempo sucedió que -Mosior de Xevres y el Gran Chanciller, hobieron de ir á Francia ó á -los límites della, á verse con las personas que el rey de Francia -envió á tractar de paces ó de guerra, donde tardaron cerca, creo, de -dos meses, y porque como el Clérigo no tenia renta y estaba gastado de -cinco años y más que andaba en éstos negocios yendo y viniendo de las -Indias, y, estando en la corte, algunas veces decia á los flamencos -que no podia ya sufrir tanta dilacion y se queria ir, por su pobreza; -por miedo que no se fuese en éstos dias que el Gran Chanciller tardaba -en la ida de Francia, algunos caballeros flamencos, como Mosior de -La Mure de quien arriba dijimos que lo anduvo á buscar en Zaragoza, -y á ofrecérsele, y otro su deudo que era Aposentador mayor, dejaron -en cambio dineros para que por necesidad no se fuese el Clérigo; todo -ésto sin pretender interese alguno particular, porque, cierto, eran muy -virtuosos caballeros, sino sólo el servicio del Rey é bien de aquestas -Indias, porque tenian bien entendido ser razonable y claramente bueno -lo que el Clérigo decia y pretendia. Tornados Mosior de Xevres y el -Gran Chanciller, dió priesa el Clérigo, y entró muchas veces en Consejo -de las Indias á tractar del negocio, donde el Obispo y los demas tenian -con él grandes contenciones sobre que no se le debia dar ni convenia -que llevase aquella empresa, poniéndole inconvenientes con razones -frívolas, no sé, cierto, con qué intencion. El Gran Chanciller y los -flamencos estaban como á la mira para ver en qué paraba el negociar -del Clérigo con el Obispo y su Consejo, dándole siempre de secreto y -en público mucho favor, con el cual, el Clérigo con el Consejo y fuera -dél, dábase poco porque el Obispo y los demas de sus obras y razones se -ofendiesen, hablando siempre verdad, y ante ellos teniéndoles la debida -reverencia; y viendo que aprovechaba poco en tractar el negocio ante -ellos, informó muy de raíz de los males destas Indias y de la perdicion -de las ánimas que cada dia perecian, y de la obligacion que los reyes -de Castilla á socorrellas tenian, y de como el obispo de Búrgos y los -que con él tractaban las cosas de las Indias eran los que, ó por sus -pasiones ó intereses ó por su ignorancia y ceguedad, todo el bien -impedian, á ocho predicadores que entónces el Rey tenia, quejándose -dellos y pidiéndoles ayuda y favor, pues, como á predicadores del Rey, -ayudar y defender la verdad, y avisar de tan grandes males y perjuicio -de la fe y perdicion de tantos millares de prójimos, les incumbia. -Estos eran los dos hermanos Coroneles, maestre Luis y maestre Antonio, -doctores parisienses muy doctos y cristianos, religiosos en el hábito -de clérigos, y un padre maestro en teología, tambien parisiense, -llamado fray Miguel de Salamanca, fraile de Sancto Domingo, que despues -murió obispo de la isla de Cuba, y el doctor de La Fuente, doctor de -Alcalá, señalado en tiempo del Cardenal, de buena memoria, don fray -Francisco Ximenez, fundador de aquella Universidad, y un religioso de -Sant Francisco, llamado fray Alonso de Leon, muy docto en Teología, -y otro religioso de Sant Agustin, que se llamaba fray Dionisio, gran -predicador y muy copioso en elocuencia; otro clérigo, licenciado en -teología, aragonés; del octavo no me acuerdo. Estos, bien persuadidos -de todo lo susodicho, acordaron de juntarse cada dia en el monasterio -de Sancta Catalina, que es de los Dominicos, para tractar y deliberar, -de lo que en ésto debian y podian hacer, con los cuales se juntó un -maestro, fray Alonso de Medina, de la órden de Sancto Domingo, que -la provincia de Castilla habia enviado á ciertos negocios con el Rey -por parte de la provincia, hombre muy docto y de muy vivo ingenio. -Item, á la sazon vino allí el religioso de Sant Francisco que arriba -dijimos, en el cap. 95, ser hermano de la reina de Escocia, que habia -ido de la tierra firme de la provincia de Cumaná, el cual se juntó -algunas veces con ellos, y áun les propuso una cuestion, diciendo que -con qué justicia ó poder se pudo entrar en estas Indias de la manera -que los españoles entraron en ellas. Tambien, ántes de ésto, habia -llegado otro religioso de Sant Francisco, de Picardía, que habia -estado en la misma provincia de Cumaná y visto muchos de los indios -della, el cual llevó el Clérigo á comer con Mosior de Laxao, con el -cual se holgó mucho por ser de su lengua francesa ó flamenca, de cuya -plática resultó corroboracion del amor que Mosior de Laxao y crédito -que al Clérigo daba y tenia, viendo que el fraile aprobaba todo lo que -el Clérigo afirmaba y decia. Así que, cada dia, juntándose los del -Consejo en casa del obispo de Búrgos á tractar de destruir las Indias -(puesto que no lo pretendian sino cuanto por su ceguedad y soberbia -de no querer ser avisados y enseñados de los que más quellos sabian, -y dello por su pasion, y dello por sus intereses ó de los que ellos -favorecian, como dicho es, todo cuanto tractaban y ordenaban, sin -duda ninguna, era directamente contra el bien destas Indias, en tanto -que no quitaban de todos los males la raíz, que era las encomiendas ó -repartimientos), convocaba el Clérigo á los predicadores, y á la misma -hora entraban y tractaban del remedio dellas en el dicho convento de -Sancta Catalina. Allí, finalmente, concluyeron ser obligados á entender -y procurar el remedio destas Indias por precepto divino, para lo cual -efectuar deliberaron de se unir é ligar unos á otros, con juramento -de que ninguno desmayase ni se saliese afuera, sino que prosiguiese -la demanda hasta dalle buen fin. Lo primero que determinaron fué, que -debian guardar la forma evangélica de la correccion fraterna, y por -estos grados fuese cumplida: primeramente fuesen á exhortar é corregir -fraternalmente al Consejo de las Indias, el cual si con instancia y -efecto no lo remediase, fuesen á exhortar al Gran Chanciller, y si él -no diese obra para lo hacer, fuesen á corregir á Mosior de Xevres, -el cual no lo remediando, ultimadamente acudiesen al Rey. E si el -Rey, avisado y exhortado que lo hiciese, no pusiese luégo en mandallo -remediar diligencia en tal caso, públicamente predicasen contra todos -ellos, dando su parte de la culpa al Rey. Esto así asentado, lo juraron -todos en la Cruz y en lo Sanctos Evangelios de lo hacer y cumplir, y -por su cumplimiento ponerse á todo riesgo, y así lo firmaron de sus -nombres; yo lo vide y lo sé porque estaba yo presente. - - - - -CAPÍTULO CXXXIV. - - -Pusieron luégo por obra la primera exhortacion y correccion, conviene -á saber, la del Consejo de las Indias, habiendo entre sí, primero, lo -que se habia de decir determinado. Entrados en él, que no fué cosa -sin admiracion y nueva para el obispo de Búrgos y sus compañeros, y -pedida licencia para hablar, comenzó la plática el maestro fray Miguel -de Salamanca, como más antiguo y de mucha autoridad, puesto que á -los demas no faltaba, é dijo: «Señores muy ilustres y reverendísimo -señor, á nosotros los predicadores del Rey, nuestro señor, se nos ha -certificado por personas á quien somos obligados á creer, y parece -ser notorio, que en las Indias se cometen por los de nuestra nacion -de España grandes y nunca otros tales vistos ni oidos males contra -aquellas gentes naturales dellas, de robos y matanzas en grandísimas -ofensas de Dios, y en infamia de nuestra sancta fe y religion -cristiana, de donde ha procedido haber perecido infinito número de -gentes, por lo cual quedan grandes islas y gran parte de tierra firme, -que todas manaban, porque así lo diga, en infinidad de mortales que -se han acabado, y quedan todas despobladas en ignominia grande áun -de la Corona real de España; porque así lo testifica la Escritura -Sagrada, que en la multitud del pueblo consiste la dignidad y honra -del Rey, y en la disminucion de la gente su ignominia y deshonor por -el contrario. De lo cual nos habemos maravillado, porque conociendo -la prudencia y merecimientos de las personas ilustres que en este -Consejo se allegan, para tratar de la gobernacion de aquellas tierras, -de quien Dios parece haber, un mundo tan grande como dicen que es, -fiado, y á quien han de dar dél estrecha cuenta, y, por otra parte, -entendiendo que no ha podido haber causa para que aquellas naciones, -que estaban en sus tierras pacíficas sin nos deber nada, por nosotros -así fuesen asoladas, no sabemos qué nos decir, ni hallamos á quien -poder imputar tan inrreparables daños, sino á quien hasta hoy las ha -gobernado; y porque á nosotros, por el oficio que en la corte tenemos, -incumbe todo lo que fuere en ofensa y deshonor de la Divina Majestad -y en daño de las ánimas impugnallo, declarallo, y en cuanto en nos -fuere, exhortar con todas nuestras fuerzas hasta estirpallo, ántes -que otra cosa hagamos acordamos venir á vuestras señorías y mercedes -á dalles dello parte, y suplicalles tengan por bien de nos la dar de -cómo se pudo haber permitido tanto mal sin remediarse, y que pues -hasta hoy no se ha impedido, pues hoy con toda licencia se hace, -lo manden proveer y remediar, porque, como es manifiesto, vuestras -señorías y mercedes de Dios rescibirán señalado galardon, y, por el -contrario, terribles tormentos no lo haciendo, pues tienen sobre -sus hombros la más pesada y peligrosa carga, si bien la consideran, -que hoy tienen hombres en el mundo; y tambien á vuestros señorías y -mercedes suplicamos, con toda la humildad y reverencia que debemos, -no atribuyan ésta nuestra venida á temeridad, sino que la resciban y -juzguen con la voluntad de donde sale, que es de hacer lo que segun -Dios y sus preceptos somos obligados.» Luégo, el Obispo, como más -libre que los otros señores, que eran Hernando de Vega, Comendador -mayor de Castilla, y D. García de Padilla, que habia venido con el rey -de Flandes, hijo ó nieto del Adelantado de Castilla y letrado, y el -licenciado Zapata, y Pedro Mártir, el que escribió, como arriba dije, -las Décadas, y Francisco de los Cobos que servia de Secretario, y que -entónces comenzaba á ser algo, respondió, no con tanta humildad como su -dignidad episcopal requeria y merecia la demanda que los predicadores -propusieron, sino con grande autoridad, y magestad, y enojo, como -si llegaran en el tiempo de los gentiles á derrocar el templo de -Apolo, respondió: «Grande ha sido vuestra presuncion y osadía venir -á enmendar el Consejo del Rey; por ahí debe de andar Casas. ¿Quién -os mete á los predicadores del Rey en las gobernaciones que el Rey -hace por sus Consejos? No os dá el Rey de comer para eso, sino para -que le prediqueis el Evangelio.» Respondió el doctor de La Fuente, -no con ménos autoridad y libertad que el Obispo, y como si fuera su -superior: «No anda señor por aquí Casas, sino la casa de Dios, cuyos -oficios tenemos y por cuya defensa y corroboracion somos obligados y -estamos aparejados á poner las vidas; ¿parece á vuestra señoría ser -presuncion que ocho maestros en teología, que pueden ir á exhortar -á todo un Concilio general en las cosas pertenecientes á la fe y -regimiento de la universal Iglesia, vengan á exhortar á un Consejo del -Rey? nosotros podemos venir á exhortar los Consejos del Rey de lo que -mal hicieren, porque es nuestro oficio de ser del Consejo del Rey, é -por ésto venimos señores aquí á os exhortar y requerir que enmendeis -lo muy errado é injusto que se comete en las Indias en perdicion de -tantas ánimas y con tantas ofensas de Dios, y sino lo enmendáredes, -señores, predicaremos contra vosotros, como contra quien no guarda las -leyes de Dios, ni hace lo que conviene al servicio del Rey; y ésto es, -señores, cumplir é predicar el Evangelio.» Quedaron como pasmados, -mirándose unos á otros, de ver la autoridad y osadía del doctor de La -Fuente, y harto más blandos todos que habia mostrado el señor Obispo, -y con ménos dureza de la que ántes tenian; y, acabado el doctor, tomó -la mano D. García de Padilla, y dijo: «Este Consejo hace lo que debe, y -ha hecho muchas provisiones muy buenas para el bien de aquellas Indias, -las cuales se os mostrarán, aunque no lo merece vuestra presuncion, -para que veais cuánta es vuestra temeridad y soberbia.» Torna el -mismo doctor de La Fuente, y dice: «Mostrarse nos han señores las -provisiones hechas, y si fueren justas y buenas loallas hemos, y si -malas é injustas dallas hemos al diablo y áun á quien las sustentare -y no las enmendare, con ellas, y no creemos que vuestras señorías y -mercedes quereis ser destos.» Estando para se salir comenzaron los -del Consejo á blandear y disimular la cólera del doctor de La Fuente -y de los demas, que mostraron sentirse del mal tractamiento que dello -rescibian, y pasadas muchas razones de una parte y de otra, finalmente, -concluyeron los del Consejo diciéndoles suavemente que holgaban de les -mandar mostrar las provisiones que estaban hechas y se hacian para el -remedio de las Indias, y vistas diesen su parecer cerca dellas, y que -holgarian de rescibillo, y para ésto se volviesen otro dia. Vueltos á -ello, rescibiéronlos con mucha cortesía y benevolencia, y mandaron que -se les leyesen muchas provisiones y Cédulas que en los tiempos pasados -y en los presentes habian hecho, como las leyes que referimos arriba en -el cap. 8.º y los siguientes, y otras instrucciones y mandamientos que -mandaban tratar bien los indios, estantes las cuales habian perecido y -perecian innumerables cada dia; y pensaban los tristes que con ellas -cumplian, no quitando la raíz de la tiranía que los mataba, que era -las encomiendas, como cada dia tuviesen relacion, poca que mucha, de -religiosos, y mayormente del clérigo Casas, que con gran libertad los -acusaba, y molestaba, y confundia, y daba malas cenas y peores comidas -sobre ello, como quien estaba cierto que ninguno le podia contradecir -la verdad que afirmaba y defendia, á quien eran obligados á creer -aunque fuera sólo, al ménos hasta lo inquirir: cuanto más que sabian -el crédito que el Cardenal le habia dado y lo que por su informacion -habia proveido; item, los clamores que habian oido de los padres fray -Pedro de Córdoba, sancto varon, y fray Antonio Montesino; item, por las -rentas del Rey podian entendello, pues que vian cada dia disminuirse, -y, finalmente, lo sabian y lo creian, pero era tanta su ceguedad que -no les dejaba advertillo; y porque de todo ésto estaban informados -los predicadores del Rey por el Clérigo, y, principalmente, como por -razon natural y por experiencia se sabia no aprovechar ni ser posible -remediarse ni dejar de morir los indios con cuantas provisiones ni -leyes se hiciesen, aunque, como solia el Clérigo decir, se pusiese -una horca á la puerta de cada español para que, muriéndose el indio, -le ahorcasen á él, no bastaria por sus innatas y rabiosas cudicias -que cesasen de morir, si no los sacaban de su poder como incurable y -ponzoñosa raíz. Oidas todas las que les quisieron leer, pidieron los -predicadores tiempo para decir su parecer, y así se despidieron. - - - - -CAPÍTULO CXXXV. - - -A cabo de ciertos dias, en los cuales tractaron y deliberaron lo que -debian responder, llevaron por escripto lo siguiente: aunque más de lo -que aquí referiré hobo, sino que no hallo agora más desto en mi poder, -y harto he hecho en guardar ésto cuarenta y un años ha, lo cual tengo -de la misma letra y mano escripto del dicho maestro fray Miguel de -Salamanca que acordaron que fuese el notario. - -«Ilustres reverendísimos y muy magnificos señores: Ya saben vuestras -señorías como los dias pasados, nosotros, movidos con celo de Dios y -del servicio del católico Rey, nuestro señor, y por hacer aquello á -que Dios y la vocacion en que somos llamados nos obligan, venimos ante -vuestras señorías á suplicalles y exhortalles, pues les constaban los -grandes males y daños temporales y el poco fructo espiritual que en -aquellas Indias y tierra firme se habian seguido, pues Dios aquel tan -gran negocio habia puesto en las manos de vuestras señorías, para que -con su mucha prudencia remediasen los daños pasados y diesen órden -á los fructos y provechos venideros, en que no les hizo poca merced -que trabajasen en ello, en tal manera, que pudiesen dar buena cuenta -á Dios de aquel tan gran cargo que sobre sus fuerzas habia puesto; -porque así como sería grande la corona que por la buena gobernacion -ganaran, así serian graves las penas que por el contrario incurririran, -y otras cosas que allí pasaron de que vuestras señorías tienen noticia, -por lo cual no se repiten. Tuvieron por bien vuestras señorías, por -nos hacer señalada merced, y para que nos constase la diligencia y -trabajo que en esta sancta obra habian puesto, de nos mandar dar -parte de lo que sobre ello, y para el remedio dello habian ordenado, -lo cual muy por estenso se nos fué leido, y de nosotros con mucha -atencion escuchado; y porque los que son dignos della no deben ser -defraudados de su gloria, ni podemos ni queremos negar que no nos -puso en admiracion la mucha prudencia de que vimos sembradas aquellas -leyes y estatutos é instrucciones que se nos mostraron, y quedónos de -aquí esperanza que quiere ya Dios remediar aquellos pueblos, pues les -comienza á hacer merced de gobernadores que con tanto cuidado buscan -su remedio y provecho, y que tuvimos de que dar loores á Dios, nuestro -Señor, _qui dedit talem potestatem hominibus_ para su servicio, y para -el bien de sus pueblos. Pero como sea la costumbre de Dios las cosas -grandes dallas poco á poco, y por suceso de tiempo, no porque él sea -tardío en el hacer mercedes, sino porque de nosotros sean estimadas -en lo que deben, porque solemos tener en poco lo que ligeramente -se alcanza, no se maravillen vuestras señorías si este remedio tan -grande y que tanto importa se les dé poco á poco, y si por ventura -no quiere que del primer voleo venga á sus entendimientos, sino que -por mano ajena lo resciban; que el gran Profeta y amigo de Dios, -Moisés, despues de haber gozado de tantas revelaciones divinas y tanta -familiaridad con Dios, que ninguno la tuvo mayor, quiso Dios que de un -idólatra rescibiese consejo para regir el pueblo de Israel, y aquel -grande Apóstol que rescibió la laurea del magisterio en el tercero -cielo, tuvo necesidad de la comunicacion de la otra sancta compañía -apostólica, y de un Apolo para que con su elocuencia le ayudase á -sembrar la simiente evangélica. No queremos decir, señores, que somos -nosotros los por quien tiene Dios determinado de instruiros, que sería -arrogancia y blasfemia intolerable, pero osamos afirmar que somos -como ojos desta escelente corte, para, miéntras que vuestras señorías -están adormidos en el profundo de los temporales negocios, nosotros -estudiemos en la Ley de Dios y sus exponedores para serviros con ello; -y si bien usamos de nuestro oficio de predicadores, y de lo que Dios -en él nos manda, habemos de ser como ventores para escudriñar cómo en -todos los estados y oficios de la corte se guarda la Ley divina, y -lo que viéremos que por ella va nivelado loallo, y animar á los que -rectamente viven á continuar lo bueno y á no dejallo, ni por astucias -del diablo, ni por los favores y deleites del mundo, y lo contrario -reprendello y anunciallo, como el otro dia dijimos, hasta que, ó se -enmiende ó sean los culpados inexcusables, y si nosotros hiciésemos -bien nuestro oficio á la ventura no habria tanta corruptela en muchas -cosas como hay. Plega á la divina Majestad perdone nuestras pasadas -faltas, y nos dé virtud para reparallas en lo venidero; y, porque en -todo no seamos negligentes, ha querido nuestro gran Dios despertar -nuestros entendimientos á pensar en ésto, que tanto á Su Majestad y -al acrecimiento de su esposa toca, que creemos que ha más de mil años -que no puso Dios cosa tan importante en manos de ningun Príncipe ni -pueblo cristiano. Y este celo, señores, nos movió á lo pasado, y á que, -despues que vuestras señorías nos comunicaron lo que para el reparo -de aquellas tierras habia ordenado, con toda diligencia y cuidado y -estudio mirásemos si era aquel el remedio que bastase á reparar los -grandes daños pasados, y obviase á los venideros, y con que se podia -conseguir el fructo que Dios y su Iglesia quieren, y nosotros somos -obligados á ofrecelle de aquellas tierras; y, consideradas muy bien -todas las leyes y provisiones que en ello se han hecho, no ha parecido -que, presupuesta la encomienda de los indios, no se podian pensar más -justas ni más sanctos estatutos, ni con que más se pudiese obviar al -mal tractamiento y poco fructo espiritual de aquellas gentes. Pero -al fin, bien mirado todo, parece asaz claramente que con ellas no se -porná el remedio á que Dios nos obliga, ni el que aquellas gentes -han menester; lo uno, porque estas leyes, por sanctas que sean, ni -serán ni pueden ser guardadas ni traidas á debida ejecucion; lo otro, -porque aunque ellas en sí son muy justas, pero van fundadas en un -fundamento injustísimo, que ha sido causa de todos los más daños de -aquellas tierras, y miéntras que aquel no se remedia, es imposible -poner remedio bastante ni justo á los males: y en éstos dos puntos -consiste toda esta plática, y probando el segundo, en que está toda -la fuerza, se probara el primero. El mayor mal, y lo que ha sido la -total destruccion de aquellas tierras, y será de lo que queda sino -se remedia, y lo que ni justa ni razonablemente se puede ni debe -hacer, es la encomienda de los indios como agora está, quiero decir, -estando encomendados por la vía que agora, para que, trabajándolos -como se trabajan, todo el provecho que de sus trabajos se sacare -sea de aquellos que los tienen encomendados; porque esta manera de -encomienda y la manera con que se ejecuta es contra el bien de aquella -república indiana; item, es contra toda razon y prudencia humana; -item, es contra el bien y servicio del Rey, nuestro señor, y contra -todo derecho civil y canónico; item, es contra todas las reglas de -filosofía moral y teología; item, contra Dios y contra su intencion, -y contra su Iglesia. Ved, señores, si cosa tan dañada estando en pié -se pueden reparar por leyes los males de aquellas tierras, y, porque -no parezca esta locucion hipérbola, queremos probar todas las partes -arriba dichas evidentemente. Díjose lo primero, que es contra el bien -de aquella indiana república, lo cual consta manifiestamente, porque -despues que se halló aquel dicho medio, colorado con color de traer los -indios á la comunicacion de los cristianos, y que andando en subjecion -suya serían enseñados en la Ley de Cristo por los que no la sabian, se -han asolado aquellas tierras, y así irán sino se remedia hasta que no -haya quien las habite. Item, es contra el bien de aquella república, -porque si todos los mortales se pusieran á pensar qué medio se hallaria -más dañoso que éste de la encomienda para destruccion de los indios de -aquella república, no se hallara otro ni se pudiera inventar, porque -este impide que jamás allí haya república, la cual, segun todos los -que della escribieron dicen, consiste en diversidad de estados y de -oficios, y allí todo se confunde y se resuelve en el más bajo y más -civil oficio de la república, que es cavar. ¿Quién nunca vió toda -una tan gran república cavadora? Por manera que no sólo todas las -partes que ha la república, pero ninguna dellas allí se halla, que ni -hay militares, ni filósofos ó letrados, ni oficiales, ni labradores, -y así aquella insigne tierra aparejada á producir de sí todo lo que -á la sustentacion de una gran república se requiere, está reducida -al más civil y más bajo ejercicio que pensarse puede, que es cavar -y trastornar tierra, y así aquellas ínsulas serán como las que los -romanos tenian para desterrar los mártires y los malhechores, _qui -damnabantur ad fodienda metalla_, y aún peor, que en aquellas ínsulas -no mataban á los desterrados con trabajo excesivo, y aquí matan los -naturales. Item, es contra el bien de aquella república, porque esta -encomienda los priva de libertad y los pone en servidumbre, lo cual de -derecho divino ni humano no se puede hacer. Que ésta sea servidumbre, -por las mismas leyes dadas se prueba _ad hominem_, como dicen los -lógicos, porque allí mandais que el licenciado Figueroa ponga en -libertad á los que la pidieren y quisieren usar della, dando competente -tributo, etc.; pues si éste los ha de poner en libertad, claro está -que hasta agora estaban en servidumbre. Pero, porque no parezca que -nos aprovechamos de cavilaciones, abiertamente se prueba que esta -encomienda es servidumbre, porque, segun todos los que difinieron -al libre, _liber est qui gratia sui est_, pues si las vidas, si las -industrias, si los trabajos, si los frutos que dello proceden, todo -es ajeno y para aquellos que los tienen en encomienda, yo no sé dónde -está la libertad de los indios, sino sola escrita en las leyes pero -no ejecutada en los que habian de gozar della. Si decís, señores, -que se les da salario y alimentos por sus trabajos, no aprovecha, -pues todo aquello no es la mitad de lo que acá se da á un esclavo, y -éstos pálios de libertad de que allí se usa se convierten en cruezas -y en mayor daño de los indios, porque si fuesen esclavos serían mejor -tratados y guardados, y sus dueños ternian por jactura la muerte -dellos. Item, es contra el bien de aquella república, porque dado y -conceso que aquella fuese libertad, pero aquel tratamiento es la más -dura exaccion que jamás se vió en el mundo, ni en obra, ni por escrito -verdadero ni finjido, y, si bien se mira, no es sino un dechado de -la dura servidumbre que dió Faraon al pueblo de Israel, y teniendo -todo lo malo de aquella tiene otras cosas muy peores, porque aunque -les daban trabajos no les quitaban sus bienes, que ricos y abundantes -eran los hijos de Israel aún al tiempo de aquella dura servidumbre y -bien tratados en el mantenimiento, que despues en el desierto deseaban -volver á las ollas de carne que tenian en Egipto, y eran tan estimados -de los egipcios que les prestaron todas las más ricas joyas que tenian, -con las cuales fueron, lo cual creo yo que no harian los nuestros con -los indios, y con aquella dura servidumbre crescia el pueblo de Israel, -y con ésta se ha asolado el de las Indias. ¿Cuál Rey ni Príncipe del -mundo, ni justo ni tirano, hizo ni pudo hacer de derecho que todo su -pueblo trabajase más de los nueve meses del año, para él y para los que -él señalase? á los ciegos está claro que no se puede hacer justamente; -¿pues qué se puede ni debe esperar deste tan excesivo delito, y que -tantas sobras hace al de Faraon, sino otro mayor castigo que aquél? y -tenemos (plega á Dios que no sea así) que aquel gravísimo pecado ha de -ser causa de la total destruccion de la república de España, si Dios -no lo repara ó nosotros no lo enmendamos: y así, queriendo probar que -éste medio es dañoso á la república de los indios, hemos probado ser -pernicioso á la república de España. Item, es durísima exaccion para -los indios, porque, á gente naturalmente inclinada á ócio y nascida y -criada en él, darles el mayor de los trabajos y nueve meses continos, -es claro que es dalles la muerte; y la holganza de los cuarenta dias -que les dan no es sino para dalles la muerte más cierta, lo uno, porque -en aquellos cuarenta dias han de proveerse de mantenimiento, labrando -sus labranzas, que es asaz gran trabajo; lo otro, porque en aquel -tiempo no cobran fuerzas para el futuro trabajo, ántes las pierden con -la mudanza que se les hace en el mantenimiento, de manera que donde -habian de reintegrar las fuerzas, que perdieron en el continuo trabajo -de nueve meses, las enflaquecen más con el trabajo de las labranzas y -con la miseria del mantenimiento que les dan en las estancias, que -son las granjas de los cristianos, y así cuando los llevan al otro -trabajo de los otros nueve meses quiérenlos apremiar á trabajar recio, -como á hombres holgados y rehechos, y como ellos están debilitados, -por las causas ya dichas, es dalles la muerte y así acaban sus dias -miserablemente.» - - - - -CAPÍTULO CXXXVI. - - -«Item, aquella manera de enmienda es contra toda razon y prudencia -humana, porque ninguna basta para poner remedio en aquellas tierras -ni la de vuestras señorías acá, ni las de todos los jueces de allá, -aunque todos fueran como ángeles, miéntras la encomienda durare, ni -leyes bastarian ni bastarán, aunque fuesen muchas más que las Siete -Partidas; porque, ¿quién coercerá la demasía de la avaricia de los -cristianos, para que, teniendo los indios debajo de su mano, entre -las bravas peñas, donde de solas las aves son vistos y de donde en -50, y 60, y más leguas, no hay justicia, ni juez ni otro cristiano -que los valga, no los hagan trabajar hasta la muerte, máxime, _si -dolosi spes refulserit numi?_ ¿quién les ha de ir á pesar la carne -que se les ha de echar en la olla? ¿quién les ha de acusar si muere -el indio á palos ó azotes? Decís, señores, que los Visitadores harán -pesquisa y castigarán los delincuentes; ya hemos dicho, que estando tan -léjos, en los montes metidos y repartidos los indios de cada señor en -diversas partes, ¿qué Visitadores ó qué salarios lo podrán bastar? y -dado que tantos hobiese, lo cual no podrá ser, ¿quién osará acusallos? -que estará el indio temblando, y sabe que si se quejare al Visitador -despues le ha de asar su amo; y no vamos á las Indias, sino acá entre -nosotros se haga pesquisa de las vidas de los vecinos de esta ciudad, -¿ireis á tomar el dicho á sus criados del que habeis de castigar? ya lo -ven vuestras señorías; pues como todos aquellos indios sean criados, -ó por mejor decir captivos, de aquel que los tiene encomendados, los -cuales, dado que se quejen, no serían creidos como allá se tiene por -averiguado, por manera, que si en cada estancia estuviese un ángel que -no comiese ni durmiese, si pudiese ser corrupto por dádivas y oro, -no es posible ponerse remedio humanamente á aquellos males, y á la -fin bien ven vuestras señorías que lo tiene el Visitador por hombre -y quizá por amigo ó bienhechor, ó el indio que lo tiene por bestia. -Item, aquella encomienda es contra el bien del Rey, nuestro señor, -lo primero, porque le quita lo que le hace gran señor, que es la -muchedumbre del pueblo, que en aquella dice la Escritura, que consiste -la gloria y potencia del Rey; item, le quita la opulencia y fructos de -aquellas tierras que le harán rico á él y á todos sus reinos, y creo -que la misma tierra dará voces al cielo que la hacen estéril y mañera, -siendo ella de sí tan fértil y abundosa, que podria dar abundancia á -muchos que en otras partes mueren de hambre; item, esta encomienda es -dañosísima al bien del Rey, nuestro señor, porque le quita el justo y -verdadero título y dominio de aquellas tierras, que tenia y tiene si -ésta dicha invencion no interviniese. Porque por una de tres maneras, -el que no era señor de algun pueblo ni le pertenecia por herencia, -puede ser justo señor dél: la primera, si el superior del suyo ó de -aquel pueblo, en justa pena de males cometidos, los pusiese so el -señorío de la tal persona, privado de los primeros señores con justa -causa; la segunda, si el tal superior pusiese aquel pueblo en subjecion -del tal Príncipe para que con muy buenas obras, en acrecentamiento -temporal y espiritual de aquel pueblo, mereciese el señorío dél; la -tercera, por querer, _sua sponte_, y voluntariamente el tal pueblo -someterse y subjetarse al tal señor; y cualquiera Príncipe, que sin -alguno destos títulos posee y usa del dominio de alguna tierra, no es -Rey ni verdadero señor, sino pésimo y tirano se puede llamar, pues -manifiestamente consta que el sumo Pontífice no privó por delitos del -señorío á los señores de aquellas tierras, porque ni eran infestadores -de la fe, ni cismáticos, ni la sola infidelidad basta para privallos -de dominio, máxime en tierras que nunca fueron subjetas á la Iglesia. -Resta, pues, manifiestamente, quel dominio y señorío del Rey, nuestro -señor, depende, ó del bien y acrecentamiento que procura aquella -república, como suena la concesion apostólica, ó de la voluntad de -aquellos pueblos, y pues éste medio de la encomienda destruye y deshace -aquella república en lo espiritual y temporal, y hace aquellos vasallos -involuntarios, como por muchos ejemplos ha constado, ergo, quítale -todo el derecho que á aquellas tiene, y donde se piensa que por aquel -medio hacelle señor le hacen tirano, quitándole el verdadero señorío -que tiene en ellas, lo cual, vuestras señorías debrian mirar con mucho -cuidado, pues á vuestras cuestas carga todo este edificio que el Rey, -nuestro señor, con vosotros dará buena cuenta á Dios; y en verdad que -se hace más daño al Rey, nuestro señor, en ésto, que si le tomasen las -tierras por fuerza, porque entónces quitalle hian el uso pero no el -derecho, y agora, dejándole el uso, quítanle el derecho como está bien -probado. Item, aquella manera de encomienda es contra todas reglas -de teología y filosofía moral que quieren quel fin se preponga á los -medios, y los medios se pospongan por la consecucion del fin, y como -nuestro verdadero fin sea la bienaventuranza celestial, y el medio -propio para ella sean las virtudes, y para el ejercicio de las virtudes -meritorias sea necesaria la vida, y para la conservacion de aquella los -alimentos, y para comprar éstos, como medio más remoto y más inútil y -ménos necesario, sea la pecunia, si por éste mísero medio se pospone la -gloria del cielo y las virtudes con que se alcanza, y la vida en que -se ejercitan, y los alimentos para ella necesarios, y lo que peor es, -no sólo en los indios se pierde la fe y virtudes por el oro, pero en -los mismos cristianos, como la experiencia lo muestra, que son hechos -más inhumanos y más sin misericordia que los fieros tigres, etc., que -no decimos. Item, esta manera de encomienda es contra Dios, nuestro -Señor, y contra su intencion, _qui vult omnes homines salvos fieri_, y -porque no se puede haber salud perpetua sin fe, quiere que la tengan -los mortales, y porque la fe ha de entrar al alma por el oido vino -él á predicalla, y así dice que _ad annunciandum mansuetis misit eum -Deus_, y para predicalla en todo el universo mundo hizo de aquellos -rudos discípulos tan sabios maestros, alumbrados por el Espíritu -Sancto, ante cuyo saber se enmudecen todos los sabios del mundo, y para -ésto puso en nuestras manos aquellas grandes tierras y gentes; y todo -ésto impide esta malaventurada encomienda, porque, ¿cómo podrán los -predicadores instruir la gente derramada y fatigada de los trabajos? -Y los mayores enemigos y estorbadores que los religiosos apostólicos -allá tienen, para no poder instruir aquel ignorante y manso pueblo, -son los que tienen los indios encomendados, porque enseñándoles las -virtudes y vicios, será fuerza que viesen tanta falta de uno y tanta -sobra de lo otro en sus señores, que los tienen por demonios, y como -la fe no se adquiera, por mucho que se predique, sin pía afeccion del -que oye, no sé de dónde les ha de nacer á éstos esta pía afeccion á -nuestra fe, ni cómo podrán tener por divina la ley en que viven hombres -tan inhumanos. Item, esta manera de encomienda es contra la Iglesia de -Dios, que como todos se ocupan en aquel maldito ejercicio de cavar y no -en hacer fructificar la tierra para que produzca riquezas naturales; -no hay diezmos para que dellos se puedan sustentar buenos Prelados -y sacerdotes y otros ministros della que engendrasen á la Iglesia -hijos espírituales, y así no se multiplica la Iglesia donde se podria -multiplicar y en tanta y más cantidad que agora está por todo el mundo. -Pues vean los que ésto sustentan, y tiemblen del temor de la estrecha -cuenta que han de dar á Dios, nuestro Señor, que no es aceptador de -personas ni se le dá un maravedí que sea al que ha de juzgar Príncipe ó -Prelado ó gran Señor, ó porquerizo. Pues tiempo es, señores, pues Dios -y el Rey, para vuestra gloria y merecimiento, puso éste tan grande y -árduo negocio en vuestras manos, que procureis de estirpar esta raíz de -donde tanto mal procede, y dar remedio á aquellos afligidos pueblos, -porque Dios lo dé á vuestras almas en el cielo y á vuestras honras y -estados en el suelo, amen. Bien sabemos, señores, que en aquel tesoro -de la sabiduría divina están repuestos mil remedios para todos estos -daños, y que la prudencia de vuestras señorías podrá alcanzar muchos, -especialmente si con sancta aficion y puro ánimo y sincero la pedís á -aquel de quien ha de emanar, pero para un poquillo de aquello, como -la pobrecilla mujer evangélica, ofrecemos á vuestras señorías _duo -era minuta_, á que nuestro flaco ingenio se pudo extender, rescíbanlo -vuestras señorías con aquel celo que se les ofrece, que si no fuere tal -como conviene no se puede en ello perder más del tiempo que se gastó -en componello y del que vuestras señorías gastarán en oillo, y ganarán -vuestras señorías mucho ante Dios por querer parecer de personas que lo -podrian mejor tomar de vuestras señorías, y nos ganaremos mérito del -celo con que lo ofrecemos á Dios y á vuestras señorías. Lo primero, -muy magníficos señores, que debe hacerse en el reparo de los daños es -quitar la causa dellos, porque, ésta quitada, no habrá impedimento á -los provechos; las causas de todos los males y muerte destos indios -han sido tres, las continuas digo, que de las accidentales no se -hace mencion; la primera, es trabajo excesivo; la segunda, penuria -de provision y mantenimiento; la tercera, descontentamiento en los -trabajos y desesperacion de nunca salir dellos; y quien bien quisiere -mirar en ellas no sólo verá que son bastantes para matar flacos indios, -pero recios gigantes. Y que en ellos se hayan ejercitado estas tres -cosas en gran abundancia, más que sus fuerzas podian sufrir, es muy -manifiesto; resta, pues, ponellas remedio conveniente, el cual, á lo -que se nos ofrece ser necesario, se dará primeramente y con justicia, -sacándolos de la encomienda opresiva y dura servidumbre en que están, -pues tanta iniquidad y daños contiene, y ponellos en libertad desta -manera: Que en aquellas islas, Cuba y Española y las otras, de la -gente que en ellas hay, se hagan pueblos de hasta 200 vecinos, ó segun -la disposicion y calidad de la tierra en que se fundaren, y que á -aquellos se ponga un Gobernador, buena persona y política, y que sepa -industrialles en agricultura y en plantar viñas y huertas, azúcares y -otras cosas útiles, y que ésta persona tal esté salariada por el Rey, -nuestro señor, de salario competente tasado, el cual se tome de los -fructos y provechos de los indios, no señalándole cuota, de manera que -ni sea tercera ni cuarta parte de lo que ganaren los indios (porque -en señalándoselo desta manera, porque suba su cuota en gran cantidad, -trabajarán los indios más de lo que conviene, y les disminuirá los -alimentos necesarios, y verná al mismo inconveniente que agora está), -sino que sea tanto por año, conviene á saber, tantos castellanos; y -éste enderece y disponga en qué tiempo y qué cosas deben sembrar y -plantar los indios que tuviere á cargo, y en qué tiempo se deben coger -y cómo se ha de guardar lo que se cogiere para el alimento dellos y de -sus mujeres y hijos, y lo que sembraren él lo venda á los otros que no -tuvieren labranzas, como son oficiales y los que tienen esclavos para -las minas, y aquello todo se guarde á á buen recaudo. Item, que este -Gobernador determine qué parte de aquellos que estaran á su gobernacion -irán á las minas, y en qué tiempo del año, porque se dice allá hay dos -agostos, y el uno más fértil que el otro, y podrán entender en el medio -del año en las cosas de agricultura, y el otro medio ir todos ó los -más á las minas, y del oro que sacaren pagar al Rey su quinto, y las -alcabalas de lo que vendieren, pagado el diezmo que se ha de dar á la -Iglesia de las cosas que le pertenecen, y todo lo otro se tenga cuenta, -y venga á monton; del cual, ante todas cosas, se saque el salario -del Gobernador, y lo que fuere necesario para la sustentacion de los -indios en todo el año, y para la costa de las labranzas y hamacas, y -otras cosas necesarias para los dichos indios; y en fin del año el -tal Gobernador será obligado de dar cuenta entera, como mayordomo, de -todo lo que ha cogido, así de provisiones y otras cosas como de oro, y -de lo que ha gastado con pago de lo restante á los visitadores que Su -Alteza para ésto deputare, y que todo lo que restare, pagadas las cosas -susodichas, sea para los dichos indios, y se aplique, á vista de los -dichos visitadores, en cosas útiles para ellos, como vestidos y alhajas -y otras cosas, y en multiplicar casas de moradas para ellos, por manera -que, si ser pudiere, se haga por discurso de tiempo á cada uno su casa -con sus apartamientos, y arcas en que guarden lo que tuvieren, y así -los muestren á tener apetito de tener propio, y de comprar alhajas y -guardallas, que éste ha de ser el principio de su policía: y destas -tales personas se hallarán muchas en los reinos de Castilla que sean -muy hábiles para ello, y que lo tomen de buena voluntad y alzando -las manos á Dios por ello. Este medio se podrá mucho más ampliar, -queriéndose poner en obra, y con él se obviarian suficientemente á -todos los males que en aquellas tierras se hacen y habian de hacer, -porque estando desta manera, estarán enteramente libres, como los -otros pueblos, aunque subjetos á su Gobernador, lo cual no es contra -libertad. Item, serán ménos fatigados, porque, _cum nemo gratis sit -malus_, viendo los Gobernadores que el fructo de los trabajos de los -indios es para ellos, y no para él, no los matará de trabajo, y pues -los bienes han de ser suyos dellos, no los matará de hambre, porque no -hay hombre tan malaventurado que no huelgue que los otros sean bien -tractados de su hacienda. Item, los mismos indios, viéndose ménos -fatigados en el trabajo, y mejor tractados en los alimentos, ternán -más contentamiento y no estarán desesperados, y viendo que todo el -fructo que se saca de sus trabajos redunda en su provecho, animarse -han á trabajar, y no ternán aquella desesperacion y descontentamiento -que hasta aquí han tenido, y los trabajos les serán recreacion, y así -reverdecerán y multiplicarán, y amarán á los que les hacen bien, y -allegarse han con mayor amor á nuestra sancta fe, viendo que de los -que viven en ella resciben tantos beneficios; y ántes de mucho tiempo, -instruidos y doctrinados por nosotros, vernán á hacerse gente noble y -política, especialmente que della se dice ser de su naturaleza mansa -y modesta, y para toda virtud bien hábil y inclinada, y á saber y á -vivir por sí, que así se redujeron á policía y á virtud los otros -pueblos, como España y Alemania é Inglaterra, que otros tiempos fueron, -por ventura, tanto ó más bárbaros que éstos; que de España dice Trogo -Pompeyo y Justino, historiadores, que por falta de no haber en ella -vino tenian célia, que agora se llama cerbeza, y agora está cual la -vemos. De este medio se seguirán más bienes que al presente sabremos -pensar, porque será camino para multiplicarse la gente, y para que -otros muchos que acá sobran se animasen á ir á vivir allí, viendo que -en aquella tierra hay tanta abundancia de fructos y de oro en ellos, -que agora, como el camino sea largo y la fertilidad prometida _in -futurum_, temen los hombres de ser engañados, pero cuando les constase -que allí tenian, luégo que fuesen, copia de mantenimientos conformes -á los de acá, y que les darán tierras que en breve diesen copia de -fructos, y montañas criadoras de oro, más trabajo sería entónces -resistir á los que querrian ir para que no fuesen tantos, que agora -es el persuadillos para que vayan. Item, creciendo los bienes y los -pueblos crecerán en gran cantidad las rentas del Rey, nuestro señor, en -muy breve tiempo, y debria Su Alteza sufrirse algo, que quien planta un -árbol espera el fruto dél, labrándolo todo el tiempo que no dá fructo, -con esperanza de lo coger más abundoso. Item, lo que principalísimo -es, habiendo en la tierra copia de bienes, como arriba se dijo, habria -diezmos para sustentar dellos personas eclesiásticas, doctos, y tales -que bastasen á la conversion y doctrina de aquellos pueblos, y cuánto -galardon sacaria de Dios quien éste bien tan grande procurase, quien -quiera que tenga juicio lo podrá ver. Y si para ello son menester -algunos gastos, no es inconveniente que en cosa tan fructuosa, -espiritual y temporal se pongan, cuanto más que se podria hallar -camino como con pocas costas de Su Alteza se pusiese en ejecucion, -porque hay en aquellas Indias y en España muchas personas, en gran -número, que de lo que dieron ménos de salario á los indios de lo que -sus trabajos merecian, y de lo que les robaron de los mantenimientos -que les sustraian por no gastaren ellos, y de las muertes horrendas y -ordinarias de que fueron causa, son obligados á grandes restituciones, -las cuales, conforme á derecho divino y humano se deben aplicar al -reparo y ereccion de aquella república, y habiéndose una facultad del -Papa para poderse componer los tales, y guardándose todo aquello para -este efecto, creemos que no será necesario que Su Alteza de su casa -ponga otros gastos. Y así, Dios enderece nuestras cosas, que, á lo que -se nos ofrece y podemos pensar, y parece que por los ojos vemos, ántes -de muchos años, si ésto se pone en obra con diligencia, sean aquellas -ínsulas una de las importantes cosas del universo, aún en lo temporal, -donde sino se pone remedio serán unos vastos desiertos y tierra -solitaria. Esto es lo que se nos ha ofrecido, muy ilustres y magníficos -señores; usen vuestras señorías de lo que dello les pareciere bueno, -añidiendo con su mucha prudencia lo que á la nuestra falta.» - -Todo lo contenido formalmente en estos dos precedentes capítulos, hasta -aquí, dieron por parecer los ocho predicadores del Rey al Consejo de -las Indias, como dicho es, para remedio dellas. - - - - -CAPÍTULO CXXXVII. - - -Este parecer rescibieron los del Consejo con buena voluntad, segun -lo que mostraron, y lo mandaron leer luégo en presencia de todos, y -oido agradesciéronselo diciendo que lo verian y platicarian sobre -ello, y ordenarian para el remedio de aquestas Indias todo lo que les -pareciese convenir, tomando y aprovechándose destos avisos cuanto -pudiesen; y así los predicadores se salieron del Consejo y se fueron. -Este parecer, tiene dos partes sustancialísimas como por él parece; la -una, es la detestacion y reprobacion de las encomiendas, las cuales ser -tiránicas é iniquísimas asaz, como muy doctos varones, con evidentes -y eficaces razones prueban, y con cuán estrecho precepto el Consejo -fuese obligado á las deshacer, poniendo los indios en libertad, pues -ocho teólogos y maestros se lo afirmaban y probaban tan abiertamente, -y ellos, que de haberse destruido tantas gentes, por ellas tenian -larguísima experiencia, ninguno hay de recto juicio, y áun por basto -que lo tenga, que lo niegue; pero no lo hicieron, sino pasaron adelante -con su ceguedad, sustentándolas como de ántes, remendándolas cada dia -con cédulas llenas de todo escarnio y dignas de quemallas con ellos, -pues sabian y eran ciertos que ni se guardaban ni se podian guardar, é -ya que se guardaran no habian de dejar de perecer estas gentes, como -no quitasen la causa de la perdicion y muerte dellos, que eran las -encomiendas, y hacerse otra cosa era imposible, como bien apuntaron -en su parecer los predicadores, y ellos mismos del Consejo, lo vian y -sabian mejor que todos ellos, como dicho es, y ello así era verdad. -Si ellos entónces quitaran las encomiendas ó comenzaran á quitarlas, -que no fuera por ellos ordenado cuando fuera cumplido, queriendo -ellos que se cumpliese, no creciera y echara tantas y tan arraigadas -raíces esta tiranía tan abominable y destruitiva de la mayor parte del -linaje humano, en tanto grado, que ya el Rey con todo su poder no ha -podido en algunos tiempos estirpalla, como parecerá, y por tanto, de -treinta cuentos de ánimas que desde entónces hasta el año de 550 han -perecido, cuenta estrecha á Dios darán. Y ya la han dado, pues todos -son muertos los que en aquel ciego Consejo se hallaron, y está, que ó -por malicia y á sabiendas hayan querido errar, lo cual no creo (si á -malicia no queremos equiparar, presumir de sus colodrillos no queriendo -tomar parecer de muchos religiosos y personas que les decian verdad, y -ellos eran obligados á creer, y mayormente de los dichos predicadores -y doctores, por lo cual los dejó Dios errar y más errar, lo cual no -hay duda sino que como malicia se les debe imputar); ó por ignorancia -crasa y culpadísima, la cual no los pudo excusar, porque habian tomado -y tenian oficio por el cual eran obligados á no ignorar lo que á él -pertenecia, como ésta tan horrenda y tan perniciosa pestilencia de -encomienda sea contra todo derecho natural, y divino, y humano, y toda -razon de hombres aunque sean barbarísimos, y á los más dellos les -diese el Rey de comer, no por más gentiles hombres, sino por letrados, -y ellos dello se jactasen, y _paria sunt scire vel debere scire_; y -ellos tienen, _quia turpe est patritio et nobili viro et causas oranti, -jus in quo versatur ignorare_. La segunda parte del parecer de los -dichos doctores y predicadores contiene el medio para que los indios -puestos en libertad fuesen bien gobernados; éste era, que se hiciesen -pueblos de los indios que habian restado de la vendimia y muerte que -habia barrido ya toda esta isla, y de los que tambien en las islas se -hallasen allí tambien así se hiciese de la misma manera. Este medio -en substancia era bueno, pero segun muchas circunstancias fuera para -destruir los indios, como acaeció en tiempo de los padres Hierónimos, -que lo pretendieron hacer y con ello cuasi los acabaron, porque -como los indios sean y fuesen tan delicados, por el poco comer y el -poco trabajo en que fueron criados, y tambien por andar como andaban -desnudos, en mudándose de una distancia donde nacieron y se criaron, -por poco que fuese, á otra, fácilmente enfermaban, y con facilidad -morian, mayormente que si los pasaban ó mandaban pasar de una parte á -otra no les daban ayuda ninguna, sino que ellos habian de hacer las -labranzas de nuevo, con sus trabajos y sudores, y sobre la flaqueza -que habian cobrado de la vida triste y hambrienta y malaventurada que -habian padecido, es manifiesto que juntallos en pueblos, traidos, de -unas partes á otras, no era otra cosa sino matallos, y así fué, que al -cabo, por éstos caminos, los acabaron. No estaban ya los indios, pocos -que habia, para andar con ellos jugando, de una tierra ó provincia á -otra mudándolos; el verdadero remedio, no era otro sino dejallos en -sus propias y nativas tierras y poblezuelos que tenian, por pocos que -fuesen, y dalles toda libertad, que supiesen que no habian de servir ya -más á españoles, y de cuando en cuando visitallos los religiosos para -doctrinallos, y que así como conejos tornasen á multiplicarse. Cuanto -á su comida, no tenian necesidad de que, para sembrar y coger los -fructos de la tierra necesarios, los aguciasen, como falsísimamente los -españoles los infamaron, diciendo que de perezosos y por no trabajar -se dejaban morir de hambre; que sea falsísimo testimonio parece á la -clara, porque hallando como hallamos estas tan infinitas gentes tan -multiplicadas y tan llenos sus campos y sus tierras de labranzas y -comida, con que infinitas veces nos mataron la hambre, no tuvieron -necesidad de que nosotros fuésemos á mostralles ni á inducilles -á labrar sus haciendas, tampoco la tenian agora, sino que ellos -estuviesen ciertos que habian de gozar de su libertad, y sus trabajos -no se los habian de gozar sus capitales enemigos que tan inhumanamente -los habian raido de la haz de la tierra: y por no tener experiencia -los predicadores del Rey, cuanta era menester, no pudieron caer en -dar remedio á ésto. Por esta misma causa se les pasó por alto ó por -bajo no advertir en qué decir é dar por consejo, como remedio, que la -mitad del año echasen los indios á las minas, era aconsejar que los -espusiesen á la muerte, como aquello hobiese sido la potísima causa -de su acabamiento; porque poco ganaban los indios que muriesen en las -minas, cogiendo oro para sí ó para los que los oprimian, habiendo al -cabo de morir, como era cierto, mayormente quedando tan adelgazados en -la substancia, sin fuerzas y ser humano, de la vida que habian padecido -más que infernal. Item, cerca de lo que dicen los predicadores en el -susodicho parecer que dieron al Consejo, que el Gobernador que los -gobernase los industriase en plantar viñas y huertas, y azúcares y -otras cosas útiles, decimos que no habia lugar en gente tan deshecha -y flaca, y poca y atormentada, tampoco como echallos á las minas, ni -aunque fueran muchos más, porque no se habia de entender ni estudiar -en otra cosa, por los que los habian de remediar, sino en dalles -huelga y descanso, y manera que multiplicando se reformasen. Item, -aunque hobiera gran número dellos, no les convenia luégo inducillos -á que plantasen viñas y huertas y azúcares, porque primero se -deshicieran que acabaran de gozar de los fructos dellos, ni luégo les -son proporcionables las tales granjerías, sino las suyas, que son de -pocos trabajos y no de mucho cuidado. En ellas habian de entender, -el mucho tiempo andando, muy despacio y que ellos mismos á ellas se -aficionasen, como se ha hecho en la Nueva España; porque en la verdad, -si estas gentes fueran inducidas á tractar de las tales granjerías de -España, como sean de mucho trabajo y requieran mucho cuidado, y sin -ellas tuviesen sus bastimentos en abundancia, tuviéranlo por violencia -y coaccion, y por consiguiente fuérales triste y desagrable, y así, -más daño y deformacion y deshacimiento les sucediera, que provecho -ni remedio ó reformacion. Finalmente, la intencion de los dichos -predicadores, y la obra y parecer que dieron al Consejo fué justo y -santo, y si ellos tuvieran experiencia de las miserias y desórdenes -destas tierras, y modos con que fueron afligidas y asoladas las gentes -dellas, muy más y mejor, obviando á todos ó á los más inconvenientes, -lo hicieran. Dado, pues, el dicho parecer al Consejo, estimando que el -Consejo pusiera el remedio necesario, como mostraba querer, quedaron -satisfechos, ó al ménos parecióles que habian cumplido para con Dios -con lo que habian hecho y quedar libres del juramento. - - - - -CAPÍTULO CXXXVIII. - - -El clérigo Bartolomé de las Casas no dejaba de solicitar al Gran -Chanciller y á los flamencos que lo favorecian, contra el Obispo y -el Consejo, teniendo por cierto que los predicadores habian de sacar -poco efecto dél, y por consiguiente, como quedaban tan enteros por -haber hecho callar á los predicadores del Rey, pornian más resistencia -para que el negocio del Clérigo, de que no entrasen españoles, más de -frailes y los 50 que él metiese para la predicacion en la tierra que -arriba se dijo, no se concediese. Pasadas muchas cosas, resistiendo el -Obispo, principalmente, y el Consejo, y quejándose dellos el Clérigo al -Gran Chanciller y á los caballeros y letrados flamencos, que eran del -Consejo de Estado y de los Estados de Flandes, que todos favorescian -y ayudaban con todas sus fuerzas al Clérigo, porque les parecia que -lo que pretendia y defendia era fundado en razon, segun las reglas de -Cristo, con éste gran favor que el Clérigo tener sentia, y aún tambien -porque aunque no hablaba al Rey porque no tenia necesidad dello, -constábale que el Rey lo queria bien y nombraba por su nombre diciendo, -micer Bartolomé cuando dél hablaba (porque así llamaban los flamencos -«Micer» á los clérigos), y ésto era por el mucho bien que todos los que -estaban cerca del Rey decian dél, mayormente Mosior de Laxao, que era -el mayor privado que el Rey tenia, determinó de abiertamente recusar, -como á manifiestos contrarios y apasionados, á todos los del Consejo -de las Indias, en especial al obispo de Búrgos, que era el que siempre -le contradijo y resistió, como el que más autoridad siempre tuvo, -aunque muchas veces la perdió interpoladamente por la diligencia del -Clérigo. Allegaba contra ellos, mayormente contra el Obispo, la mala y -pésima gobernacion de las Indias que habian puesto, y probábala con la -perdicion y asolamiento desta isla Española y las muchas comarcanas, y -aquel gran pedazo de tierra firme que tenia cargo de asolar Pedrárias, -y tambien que habian tenido muchos indios en estas islas, estando -ellos en España, que sus mayordomos y hacedores habia muerto por -envialles á ellos oro, los cuales les hizo quitar el Clérigo, como -arriba queda explicado; y otras cosas cuantas el Clérigo podia, con -verdad, decir contra ellos muy abierta é intrépidamente, como lo -pudiera decir de cualesquiera personas de poco estado y autoridad que -fueran. Llegaba todo ésto cada hora á noticia del Rey, porque todos -los que ayudaban al Clérigo eran sus privados, y los más propíncuos y -continos en su servicio, como dicho es; finalmente, dando y tomando, -como dicen, muchos dias, impugnando de la dicha manera al Consejo el -Clérigo, determinó el Rey, por parecer del Gran Chanciller y de los -de su Consejo, flamencos, que para entender y tractar y determinar -el negocio del Clérigo, y como cuasi jueces entre el Consejo y él, -el mismo Clérigo nombrase personas de los Consejos del Rey, cuales -él quisiese. Así el Rey se lo envió á decir é mandar con Mosior de -Laxao, y el Clérigo así con mucha alegría lo hizo. Nombró á D. Juan -Manuel, el que fué muy privado del rey D. Felipe, padre del emperador -D. Cárlos, y á don Alonso Tellez, hermano del marqués de Villena, el -viejo, hijos de D. Juan Pacheco, que floreció en tiempo del rey don -Enrique IV, de éste nombre. Estos dos caballeros, D. Juan Manuel y D. -Alonso Tellez fueron de los más prudentes que habia en aquel tiempo -en aquellos reinos, y eran del Consejo del Estado y de la Guerra. El -tercero fué don fulano Manrique, marqués de Aguilar de Campo, del -Consejo del Estado y Guerra, y cazador mayor del Rey. Nombró tambien -al licenciado Vargas, que fué muchos años, en tiempos de los Reyes -Católicos de gloriosa memoria, general tesorero de la hacienda del -Rey. Este tambien fué hombre prudentísimo y muy experimentado y de -los Consejos del Rey. Nombró tambien á todos los flamencos que eran -de Consejo, y el Rey mandó que no sólo los que el Clérigo habia -nombrado, pero que todos los de los otros Consejos, como los del de la -Guerra, y de la Inquisicion y del de Flandes, al tractar del negocio -de micer Bartolomé se hallasen presentes, por lo cual hobo de entrar -y hallarse algunas veces á ello el cardenal Adriano, que despues fué -Papa, y entónces Inquisidor mayor de España era; y así, cada vez que -dello se trataba, concurrian sobre 30 y 40 del Consejo. Esta fué una -de las señaladas cosas que acaescieron en España, que un Clérigo -harto pobre, y sin renta ni persona que le ayudase, y ningun favor -adquirido por industria humana, sino sólo el que Dios le quiso dar, -ántes perseguido y abominado de todo el mundo, porque los españoles -destas Indias hablaban dél como de quien, segun ellos imaginaban, los -destruia y con ellos á toda Castilla, hobiese tanto lugar con el Rey -que se moviese á concederle que señalase personas de Consejo, como -cuasi jueces sobre el Consejo que tambien era del Rey, y allegase á ser -causa de todo lo que está referido y que más se dirá dél. Y ántes que -pasemos adelante, parece será bien referir aquí lo que respondió el -Clérigo á cierta persona que le increpó en ausencia, cuando supo que -ofrecia dineros al Rey y que pedia las mercedes de suso dichas para los -50 que habian de ir con él. Aunque de los españoles de las Indias y de -otros muchos que creian á aquellos era tenido por malo, ignorando que -su negociacion principal era mamparar á estas míseras gentes y estorbar -que no pereciesen, muchas otras personas, y cuasi toda la corte y todos -los que no les iba interese, sabiendo su final intencion, lo loaban y -tenian por bueno; entre aquellos era un licenciado Aguirre, del Consejo -Real y tambien de la Inquisicion, varon católico y siempre tenido por -siervo de Dios, y de quien la reina doña Isabel fió el cumplimiento de -su testamento, porque fué uno de sus testamentarios. Este quiso mucho -al dicho Clérigo por la causa que pretendia universal, pero desque -supo que prometia, como dije, rentas al Rey, y pedia mercedes para los -50, que parecia contratacion profana, hablando un dia dél dijo que -le habia desedificado aquella manera de proceder en la predicacion -evangélica, porque mostraba pretender temporal interese, lo que nunca -hasta entónces habia sospechado dél. Súpolo el Clérigo, y dijo: «Señor, -si viésedes á nuestro Señor Jesucristo maltratar, poniendo las manos en -el y afligiéndolo y denostándolo con muchos vituperios, ¿no rogaríades -con mucha instancia y con todas vuestras fuerzas que os lo diesen -para lo adorar, y servir, y regalar, y hacer con él todo lo que como -verdadero cristiano debríades de hacer?» respondió: «sí, por cierto.» -«Y si no os lo quisiesen dar graciosamente sino vendéroslo, ¿no lo -compraríades?» «sin alguna duda dijo él, sí compraria.» Añidió luégo -el Clérigo: «Pues de esa manera, señor, he hecho yo, porque yo dejo en -las Indias á Jesucristo, nuestro Dios, azotándolo, y afligiéndolo, y -abofeteándolo y crucificándolo, no una, sino millares de veces, cuanto -es de parte de los españoles que asuelan y destruyen aquellas gentes, -y les quitan el espacio de su conversion y penitencia, quitándoles la -vida ántes de tiempo, y así mueren sin fe y sin sacramentos; he rogado -y suplicado muy muchas veces al Consejo del Rey que las remedien y les -quiten los impedimentos de su salvacion, que son tenellos los españoles -en captiverio á los que tienen ya repartidos, y á los que áun no, que -no consientan ir españoles á cierta parte de tierra firme donde los -religiosos, siervos de Dios, han comenzado á predicar el Evangelio, y -los españoles que por aquella tierra van, con sus violencias y malos -ejemplos, los impiden y hacen blasfemar el nombre de Cristo: hánme -respondido que no ha lugar, porque sería tener la tierra ocupada los -frailes sin que della tuviese renta el Rey. Desque ví que me querian -vender el Evangelio, y por consiguiente á Cristo, y lo azotaban, y -abofeteaban y crucificaban, acordé comprarlo, proponiendo muchos -bienes, rentas y riquezas temporales para el Rey, de la manera que -vuestra merced habrá oido.» Quedó desto aquel señor y todos los que lo -supieron muy satisfechos, y desde adelante tuvieron al Clérigo en mejor -reputacion que hasta allí, loando su industria y celo. - - - - -CAPÍTULO CXXXIX. - - -Señaladas por el Clérigo aquellas tan egrégias personas, solicitaba -al Gran Chanciller, como á cabeza de todos los Consejos del Rey, que -mandase juntar Consejo para tractar de aquel negocio, y así se juntó -muchas veces, aunque de tarde en tarde porque las ocupaciones eran -entónces muy grandes y espesas por las Córtes de aquellos reinos que se -celebraban, en especial las de Cataluña, y muchas cosas importantísimas -que estaban represadas, como el Rey comenzase entónces á reinar; y -porque el obispo de Búrgos rescibió por grande afrenta que el Clérigo -hobiese nombrado á tales y tantas personas, y quizá dellas algunas á -él no muy agradables, todas las veces que le llamaban para consejo de -cosas de Indias, mayormente las del negocio del Clérigo, no queria -venir, excusándose con decir que no estaba bien dispuesto, y otras -colores finjidas cuantas podia tener. Desque el Gran Chanciller y los -flamencos comenzaron á entender que el Obispo rehusaba hallarse en -aquellos Consejos, usaba desta industria que mandaba que lo llamasen -á Consejo no diciendo para qué, y él creyendo que era para Consejo -de guerra, que entónces eran los Consejos de guerra frecuentes, ó de -Estado, que tambien era dellos, venía, y cuando via proponer de la -materia de Indias, y en especial de la de micer Bartolomé, hallábase -burlado y rabiaba, y como no era muy paciente luégo lo mostraba bien. -Allí todo era angustias y hieles que bebia viéndose entre tantas y -tales personas, porque, como dije, se juntaban cuasi todos los Consejos -del Rey sobre treinta y cuarenta de Consejo, de todos los cuales sabia -que ninguno habia de seguir ni aprobar su parecer, mayormente de los -cuatro señalados por el Clérigo y de los flamencos, sino eran los tres -ó cuatro que tractaban con él las cosas de las Indias, ó se llamaban -del Consejo de las Indias, que eran la parte recusada como dicho es; -y como los flamencos y las otras personas que favorecian al Clérigo -tractaban cada hora con el Rey, cuando el Obispo se hallaba presente -ante el Rey, áun fuera de Consejo, luégo de industria, algunos dellos, -metian la plática de las Indias para provocarlo á que hablase algo, -por le resistir delante el Rey; él, como era sabio, callaba, y lo -mejor que podia salíase, hecha su mesura y reverencia al Rey. Andaba, -finalmente, corrido en aquellos dias, cada y cuando que en Consejo ó -fuera dél, juntos los susodichos, se moviese materia de las Indias, y -por este disfavor, que le fué grandísimo, ya no venia á palacio sin -su hermano Antonio de Fonseca. Este Antonio de Fonseca, como arriba -dijimos algo dél, fué una de las señaladas personas de aquellos reinos -de Castilla; era muy sabio y muy prudente y virtuoso caballero, y de -grande autoridad en su persona, Contador mayor de Castilla, y muy -privado y estimado de los católicos Reyes, y á quien la reina católica -Doña Isabel concedió, por especial privilegio, que sin tener título -le llamasen señoría. Y puesto que el Obispo, su hermano, no fué ménos -privado de los dichos Reyes ni le faltase autoridad y saber para no -perder un quilate della, pero, como eran pocos con él y tantos contra -él, traia á su hermano consigo para en las disputas y pareceres -ayudarse dél contra ellos. Hobo mucho ayuntamientos y consejos, -entrando en ellos las personas de los Consejos que arriba se han dicho, -cerca del negocio del Clérigo (que era como particular, puesto que -con ello se tractaba lo universal, conviene á saber, la libertad de -los indios y remedio de todas las Indias, porque lo uno de lo otro -dependia), en los cuales ayuntamientos el Obispo y sus compañeros del -Consejo de las Indias resistian lo que podian, para que al Clérigo la -exencion de aquella tierra no se concediese, dando sus razones harto -vanas y bien frívolas. Entraba el Clérigo en ellos algunas veces, y -declaraba muchas dudas que cuantos allí entraban no sabian, mayormente -lo que tocaba al hecho, y muchas tambien tocantes al derecho, tomando -el Evangelio de Cristo por guía, como en todos hobiese poca ó ninguna -teología, sino era el obispo de Badajoz fulano de la Mota, natural de -Búrgos, que era teólogo y fué predicador de los Reyes católicos y era -de los principales del Consejo del Rey, y que habia traido consigo -desde Flandes, y en cuyas manos estaban cuasi todos los negocios -tocantes á Castilla; éste tambien sentia favorablemente de los negocios -y intencion del Clérigo. Despues de muchas veces en los ayuntamientos -dichos platicado sobre el negocio del Clérigo, y resistido por el -Obispo y los del Consejo de las Indias, y vistas por los demas su -pertinacia y apasionada y aún impía resistencia, determinóse por el -Gran Chanciller y por toda la multitud de los demas de los Consejos -que allí entraban, que al Clérigo se concediese todo lo que pedia con -todo el favor necesario para que las gentes de aquella tierra, mediante -la solicitud y trabajos y predicacion de los religiosos que consigo -habia de meter, viniesen al conocimiento de su Criador. Mandáronse -y comenzáronse á hacer la capitulacion y las provisiones para el -cumplimiento della necesarias, y, estándose haciendo, el Clérigo -pensaba ya que habian sus trabajos de la corte acabado, pero el Obispo, -como quedase desta determinacion y provision muy corrido y afrentado, -que tanto él habia impugnado, no descansó ni dejó descansar al Clérigo, -ántes conmovió contra él á todos los españoles, procuradores destas -islas y de tierra firme, que á la sazon estaban en Barcelona, para -que se opusiesen y contradijesen la dicha provision, y así el Clérigo -fuese repelido della y se consiguiese lo que el Obispo pretendia. -Ordenólo desta manera, que como por aquellos dias hobiese llegado de -tierra firme Gonzalo Hernandez de Oviedo, que habia ido por Veedor -del Rey (como arriba, hablando de la ida de Pedrárias á tierra firme, -se dijo, al cual habia proveido de aquel oficio el mismo Obispo, y -éste era muy bien hablado, parlador, y que sabia muy bien encarecer -lo que queria persuadir, é uno de los mayores enemigos que los indios -han tenido y que mayores daños les ha hecho, como se dirá, porque más -ciego que otro en no cognoscer la verdad, quizá por mayor cudicia -y ambicion, cualidades y hábitos que han destruido estas Indias), á -éste movió primero el Obispo, enviándolo con cierto criado del mismo -Gran Chanciller, al cual dijo: «Decid al señor Gran Chanciller, que -este hidalgo, criado del Rey, que viene agora de las Indias, le -informará muy bien de aquella tierra firme,» para que le dijese é -informase cuanto engaño, segun él estimaba, rescibia con el Clérigo, -dando crédito á sus falsedades, y que él, como oficial del Rey, que -llegaba entónces de tierra firme, le avisaba no ser verdad lo que el -Clérigo decia, y que aquella empresa que tomaba era en gran deservicio -del Rey y en daño de sus rentas reales, y que desto daria suficiente -informacion con muchos españoles que en la corte habia, que todos -juntos se ofrecerian á servir al Rey con muchas más rentas y provechos -que el Clérigo daba, y, finalmente, le dijo cuanto él pudo, para -convencelle á desaficionallo del Clérigo y disuadille la provision y -negocio que se le habia concedido. Esta contradiccion oida por el Gran -Chanciller, no mucho fué de su propósito movido, porque ya él habia la -pasion del Obispo entendido, y la malicia de los que contra el Clérigo -decian, ántes pareció confirmarse en el amor y favor del Clérigo -desque oyó decir á Gonzalo Hernandez de Oviedo, que los españoles se -ofrecerian á dar mucha más renta al Rey en la misma tierra. Salido de -allí Oviedo, tracta con otros dos ó tres, el Procurador desta isla, -llamado el licenciado Serrano y otros, de dar peticiones contra el -Clérigo, y repartir entre sí la tierra que se habia dado al Clérigo: -el uno pidió cien leguas della y que daria 60.000 ducados de renta al -Rey, dentro del término que el Clérigo ofrecia los 30.000; el otro -pidió que le diesen otras 100 y que se ofrecia á dar otros; y otro, de -la misma manera, si le diesen otras 100, y creo que no fueron más de -tres. Esto propusieron ante el Consejo de las Indias, porque allí todo -su bien y favor tenian; dáse parte luégo al Gran Chanciller y tambien -al Rey y hacen parar el negocio del Clérigo. Manda el Rey juntar los -Consejos, que habian determinado que se concediese la tierra, como -dicho es, al Clérigo; quedan espantados todos ellos, de las mañas y -perseverancia, ó, por mejor decir, la obstinacion del Obispo, porque -bien vian que dél todo aquello principalmente procedia, y tambien -de su Consejo de las Indias. Tratan dello, llaman al Clérigo, torna -á renovar las tiranías que en estas tierras se cometian por la mala -gobernacion del Obispo y de su compañía, porque para dar razon de cómo -convenia que aquella tierra fuese entredicha, que no entrasen todos -los españoles que quisiesen, y cuando quisiesen, sino por contadero, -como dicen, para la conversion de aquellas gentes, érale necesario -referir los escándalos y matanzas y crueldades que se habian hecho -en estas Indias y las que se hacian actualmente en la tierra, y los -impedimentos que por ellas y por las tiránicas encomiendas venian á la -fe y á la salvacion dellas, y todo ésto era para el Obispo y su Consejo -angustias y tormentos terribles. Hízose una junta, entre otras, de -todos los susodichos que solian juntarse como es dicho, donde llamaron -al Clérigo, y puesto en medio de tanta notable docta é ilustre gente, -donde tenia enemigos y amigos, los enemigos, que eran el Obispo y los -de su Consejo, como sentian tener allí el Clérigo más de su parte que -ellos, porque ellos ninguno, fuera de sí mismos, tenian, estaban muy -moderados y apénas hablaban en cosa salvo que oian, pero los amigos, -que eran toda la multitud de los de los otros Consejos, ó por saber y -satisfacerse bien de la razon y justicia del Clérigo, que ellos siempre -defendian, ó por picalle, para que dijese contra el mal gobierno que -el Obispo y los demas habian tenido y puesto en estas Indias, poníanle -muchos y récios argumentos y dudas muchas que le movian. Era cosa de -ver cómo á cada uno y á todos respondia y satisfacia, siempre volviendo -por sí, y defendiendo los indios, y culpando las injusticias y daños -inreparables que se les hacian, y modos de la muerte de tan infinitos -dellos, é impedimentos de su salvacion que en estas tierras se habian -introducido; y como el Obispo y todos sus compañeros callaban, y -aunque todo era decir contra ellos no respondian, pareció á Antonio -de Fonseca, hermano del Obispo, de responder al Clérigo y dijo así: -«Señor padre, ya no podeis decir que estos señores del Consejo de las -Indias han muerto los indios, pues ya les quitastes cuantos tenian.» -Respondió el Clérigo muy de presto y con gran libertad: «Señor, sus -señorías y mercedes no han muerto todos los Indios, puesto que han -muerto muchos é infinitos cuando los tenian, pero la mortandad grande -y principal los españoles particulares la han hecho y cometido, á la -cual ayudaron sus señorías.» Quedó Antonio de Fonseca, como pasmado, -y todos los de la congregacion admirados, mirándose unos á otros, y -algunos como mofando sonriéndose. El Obispo, viéndose afrentatísimo y -como muy libre, parándose colorado como una llama, aunque verde y negro -de su naturaleza, muy turbado dijo: «Bien librado está el que es del -Consejo del Rey, si siendo del Consejo del Rey ha de venir á ponerse -en pleito con Casas.» Respondió el clérigo Casas, muy súbito y con su -acostumbrada libertad: «Mejor librado, señor, está Casas, que habiendo -venido de las Indias, 2.000 leguas de distancia, con tan grandes -riesgos y peligros, para avisar al Rey y á su Consejo que no se vayan -á los infiernos por las tiranías y destrucciones de gentes y reinos -que se cometen en las Indias, en lugar de se lo agradecer y hacelle -mercedes por ello, que se haya de poner en pleito con el Consejo.» -Si de la respuesta que el Clérigo dió á Antonio de Fonseca toda la -congregacion quedó admirada y muy contenta, mucho más de la segunda -que dió al Obispo; ésta fué la suma angustia, turbacion y confusion -que el Obispo rescibió, aunque otras muchas de ántes habia rescibido -desde el tiempo del Cardenal, como ha parecido arriba, de que el -Clérigo habia sido causa. Pero aún otra se le estaba aparejando mayor, -por el perseverar en querer abatir al Clérigo, por quien parecia que -Dios peleaba, como quiera que no pretendiese sino verdad y justicia y -defender que no pereciese la mayor parte del linaje humano. Finalmente, -oida y vista la confusion del Obispo y de los demas á quien tocaba, -aunque callaban, mandó el Gran Chanciller salir al Clérigo, y, salido, -tractando de todo, votaron en favor del Clérigo cuantos allí sin pasion -estaban. Fué á la noche á ver al Gran Chanciller el Clérigo, y entre -otras cosas díjole el Gran Chanciller, que era muy modesto y humano, -«el señor Obispo mucha cólera tiene, placerá á Dios que éste negocio -habrá buen fin.» Donde pareció haberle parecido mal lo que el Obispo -habia dicho en la congregacion, y bien lo que el Clérigo le habia -respondido, de que quedó humillado aunque no humilde, sin quizá. - - - - -CAPÍTULO CXL. - - -Salido de allí el Obispo, como rabiando, ó que dél sólo saliese, ó -todo el Consejo de las Indias lo inventase, al ménos ésto fué cierto, -que todos con el Obispo lo determinaron y ordenaron: cogieron de -las peticiones que los españoles que en la corte se hallaron contra -el Clérigo habian presentado, y de otras cosas que inquirieron y -preguntaron de todos los que hallaban que pudiesen decir contra el -Clérigo algo, y otras más que fingieron ellos mismos, hasta treinta -razones ó artículos é inconvenientes que asignaban, por los cuales -querian probar al Rey que por ninguna manera convenia á su servicio -que el Clérigo aquella empresa llevase, ántes revocarle todo lo que -se le habia concedido era muy necesario; haciéndose todo el mismo -Consejo parte sin advertir cuánto perdia de su autoridad y cuán clara -su pasion y ceguedad mostraba, y áun con cuánta razon, si el Rey fuera -viejo como era mozo y tan nuevo en el reinar, pudiera y debiera de su -Consejo y de todos los oficios que tenian privarlos y desecharlos. Las -treinta razones ó artículos é inconvenientes que contra el Clérigo -articularon, fuera cosa digna de ponellas aquí, para que se viera la -ceguedad de aquel reverendísimo Obispo y de su compaña, pero mucho más -dignas de ser vistas y notadas las respuestas ó excepciones que el -Clérigo contra ellos hizo, pero no pensando que llegara este tiempo -y sazon que agora Dios ha dado de escribir las cosas en aquella edad -pasadas, como cosa ya no necesaria, y que no parecia ser menester para -algo, se quemaron más há de cuarenta años; de algunas se hará mencion -si nos acordáremos. La primera fué, que era clérigo y el Rey no tenia -jurisdiccion sobre él, y podia robar la tierra y hacer otros delitos, -sin temer juicio ni pena, bien á su salvo. La segunda fué, que habia -sido escandaloso en la isla de Cuba donde habia morado. La tercera, -que se concertaria ó podria concertarse con ginoveses ó venecianos, y -huirse allá con los tesoros que allí robase. Creo que fué otra, que -habia engañado al cardenal don fray Francisco Ximenez, y que no habia -hecho caso dél. Otras muchas pusieron que justificaban ó ejecutaban -las tiranías que acá se hacian, en especial las que Pedrárias hacia -en el Darien, y que mostraban, segun ellos creian, no haber perdido -rentas el Rey por su mal gobierno, como el Clérigo decia. La postrera -de todas, que fué la trigésima, decia así: «Lo trigésimo, por otras -muchas cosas secretas que diremos á Vuestra Alteza, cuando fuere -servido de nos oir.» Y ésto es cierto, que todas treinta eran tales que -si él mismo las hiciera, con toda cuanta industria pudiera hacerlas, -para darse á sí mismo ocasion de descubrir todos los defectos dellos, -y convencellos de la pésima gobernacion que habian puesto en estas -tierras, por cuya causa perecian y habian perecido tan inmensas gentes, -mayormente al Obispo que desde su principio las habia gobernado, y por -mejor decir, desgobernado y destruido por no haber hecho aclarar más -la verdad por letrados (porque él letrado no era), pues que por aquel -camino de conquistas y encomiendas, todas aquestas gentes se consumian -(aunque no sé si por el tiempo pasado, ántes que el Clérigo viniese -y hiciese manifiesta demostracion de ser todo lo de acá tiránico, y -contra justicia divina y natural, por los ayuntamientos de letrados -que en tiempos del Rey católico se hicieron, el Obispo, por no ser -letrado, como dije, fué excusado, porque despues que el Clérigo vino, -y especialmente habiendo dado el parecer que dieron los predicadores -del Rey, manifiesto es, que ni el Obispo ni los de su Consejo fueron -excusados, mayormente con tanta pertinacia, pasion y obstinacion, -resistiendo á negocio que todos los Consejos aprobaban); así que, -digo, que todos los artículos y capítulos que en el Consejo al Rey -contra el Clérigo dieron, fueron tales, que si el mismo Clérigo los -hiciera industriosamente, para, respondiendo á ellos, los convencer y -confundir, no los hiciera ni deseara hacer mejores, ni para prueba de -su verdad más convenientes y eficaces. Estuvieron en inventar y hacer -los dichos capítulos cerca de tres meses, ó al ménos entretenian al -Gran Chanciller, que deseaba concluir aquel negocio, todo aquel tiempo, -diciendo que tenian cosas de importancia y de servicio del Rey para le -dar, por lo cual el Gran Chanciller no convocaba Consejo; por ventura, -de industria lo dilataban, como hacen los que tienen mal juego, para -que de cansado ó aburrido desmayase y dejase el negocio el Clérigo. -Desque tuvieron aparejados sus treinta capítulos contra el Clérigo, -dice el Obispo al Gran Chanciller que mande juntar la congregacion, -porque el Consejo de las Indias queria presentar ciertas relaciones -que convenian mucho al servicio del Rey, y tuvieron forma, ó el mismo -Obispo inmediatamente, ó el Gran Chanciller, que suplicasen al cardenal -Adriano se hallase presente; y porque en las congregaciones que se -hacian solian llamar al Clérigo para que hablase segun el artículo -y materia de que se tractaba, en aquella no le llamaron, de lo cual -el Clérigo quedó harto sospechoso no hobiese el Obispo urdido algo. -Entraron, pues, en su congregacion todos los señores arriba nombrados, -que eran muchos, y los del Consejo de las Indias, y más el Cardenal, -como dijimos, Adriano, donde se leyeron muy despacio y á sabor del -Obispo los treinta capítulos y objecciones contra el Clérigo, en hartos -pliegos de papel, que todas se enderezaban á derogar el autoridad y -crédito que se habia dado y daba por el Gran Chanciller y por todos -los demas al Clérigo, porque como hombre defectuoso y que excedia, en -lo que de los males y daños que padecian estas gentes y destruicion -de estas tierras afirmaba, los términos de la verdad, el negocio que -le fiaban le quitasen y de su persona no hiciesen caso. Leidos y -platicado sobre ellos mucho espacio de tiempo, excusando los unos al -Clérigo y acusando los otros, segun se creyó, al cabo saliéronse, y á -la salida, viendo el Cardenal al Clérigo, díjole riéndose: _Oportet -respondere_, menester es que respondais. Fué á la noche á hablar al -Gran Chanciller, y dióle á entender lo mismo, no diciéndole lo que -contenian los capítulos. Mandó el Gran Chanciller al secretario Cobos -que le trujese aquellos capítulos, que los queria ver despacio; Cobos, -por contentar ó no descontentar al obispo de Búrgos, que era muy suyo, -ni al Consejo de las Indias, porque viniesen á noticia del Clérigo, -porque bien sospechaban que no le habia de faltar qué decir dellos en -su defensa, rehusó muy mucho de darlos al Gran Chanciller; muchas veces -le mandaba que se los llevase, y no le faltaban excusas, un dia que no -estaban trasladados, otras, las espesas ocupaciones, que habia muchas, -y otras que no le faltaban; y en ésto pasaron dos meses y quizá más. -El Clérigo daba cada dia priesa al Gran Chanciller, que su señoría -determinase aquel negocio, y no diese lugar á tan maliciosa dilacion, y -que si algo le restaba de decir ó responder, que mandase dalle copia de -lo contrario y que responderia, etc. Finalmente, algun dia, con alguna -acrimonia aunque era modestísimo, el Gran Chanciller mandó á Cobos que -luégo le llevase aquellos capítulos, y que no hiciese otra cosa, y -así lo hizo; y cuando se los dió pidióle la fe que no saldrian de su -poder. Donde parece el temor que tenian al Clérigo, y cómo rehusaban -que sus obras viniesen á la lumbre, porque no fuesen argüidas de malas -como lo eran; bien tenian entendido, que si á noticia del Clérigo -los capítulos venian, que habia de lastimarlos en las respuestas que -hiciese. Desque tuvo el Gran Chanciller los capítulos en su poder dijo -al Clérigo, que de contino lo acompañaba, que se viniese á comer con -él, lo cual algunas veces el Clérigo hacia; habiendo comido, el Gran -Chanciller mete al Clérigo consigo en su cámara, y creo que aquel dia -convidó el Gran Chanciller á comer á Mosior de Laxao, que era el que -mucho favorecia al Clérigo, para que se hallase presente por dalle -placer, y solíalo hacer así las veces que habia que tractar de los -negocios del Clérigo. Dentro en la cámara del Gran Chanciller sentados, -saca el Gran Chanciller un buen cuaderno de su escritorio y dice al -Clérigo: «Responded agora á estos inconvenientes y cosas que se dicen -contra vos.» Respondió: «¿Cómo, señor, estuvieron tres meses ellos -forjándolos y haciéndolos, y despues de leidos á su placer há dos meses -que vuestra señoría no puede sacallos dellos, y tengo yo de responder -agora en un credo? démelos vuestra señoría á mí cinco horas, y verá -qué respondo.» Dijo el Gran Chanciller: «No, porque me han tomado la -fe...» Acudió el Clérigo luégo: «¿que no los viese yo?» Dijo: «no, -aunque bien creo que no querrian ellos que los viésedes vos, sino que -no saliesen de mi poder.» Entónces, dijo el Clérigo, aunque no se me dé -más tiempo del presente, comience vuestra señoría, que yo responderé -á cada uno de los capítulos. Comenzando el Gran Chanciller el primero -capítulo, que porque era Clérigo y el Rey no tenia jurisdiccion sobre -él, y él respondió que daria fianzas llanas y abonadas de 20 y 30.000 -ducados, que lo fiasen de la haz, que cada y cuando el Rey lo enviase á -llamar pareceria ante él, donde se proveia tambien al tercer capítulo -que decia que se huiria á Venecia ó Génova, entró uno de la cámara -que llamó al Gran Chanciller, que fuése á palacio que lo llamaba el -Rey, cesando por entónces lo que se leia y respondia; dijo el Gran -Chanciller al Clérigo que se volviese á la noche á él desque tornase de -palacio. - - - - -CAPÍTULO CXLI. - - -Vuelto el Gran Chanciller de palacio y el Clérigo con él, mandóle -poner una mesa dentro en su cámara con papel y escribanía, y díjole; -«ved todas esas objecciones que os ponen, y responded á ellas, y no -digais que las visteis sino que se os propusieron de partes del Rey, -por manera de preguntas y dudas.» El Clérigo se gozó en grandísima -manera, y rescibió por gran merced lo que el Gran Chanciller hacia con -él en ésto, pero pidióle licencia para poder decir con verdad todo -aquello que para su defensa conviniese, aunque lastimase á los que con -malicia los dichos capítulos le oponian, que eran el Obispo y los del -Consejo de las Indias; el Gran Chanciller le dió licencia larga que -dijese y escribiese todo lo que quisiese. Comenzó á leer y á responder -desta manera, cogía la sentencia de cada capítulo en un renglon ó dos, -diciendo «á la primera pregunta que Vuestra Alteza me mandó preguntar -que contiene ésto y ésto, etc., digo ésto y ésto y ésto,» etc., y á -cada una dellas respondia, no avara sino larga y copiosamente, segun -la materia que cada una requeria; estuvo cuatro noches en ésto, cada -noche hasta las once y doce de la noche, leyendo y respondiendo, en -presencia todo del Gran Chanciller, que estaba junto en su escriptorio -entendiendo en sus negocios. Llegada la hora comunmente de las once, -traíanle colacion, porque nunca jamás cenaba, y hacia que hiciese -colacion con él el Clérigo, y hecha, eran ya las doce cuando el Clérigo -se iba á dormir á su posada, no sin algun temor de lo que pudiera -proceder de tan poderosos enemigos. Cuanto al primero capítulo de ser -Clérigo, ofrecióse á dar fianzas de la haz, como se dijo, porque el -marqués de Aguilar se le ofreció sin él pedírselo, que lo fiaria en -20 y 30.000 ducados. Cuanto á la segunda objeccion, que habia sido -escandaloso, etc., respondió presentando la probanza que habia hecho en -la isla de Cuba cuando determinó ir á la corte, proveyéndose contra lo -que contra él se podia levantar, conociendo que se ponia en contienda -contra todo el mundo, en que habia de ser odiosísimo, en la cual probó -como habia estado en aquella isla muchos años desde su descubrimiento, -y habia asegurado toda la mayor parte della, y que habia servido -muy mucho á Dios y al Rey, ejercitando su oficio, predicando y -administrando los sanctos Sacramentos á los españoles é indios, con muy -buenos ejemplos, de la cual hicimos mencion arriba en el cap. 81. Esta -guardó, sin saber para qué, cinco años, y hóbola agora bien menester. A -la otra, que decia que habia engañado al Cardenal y que no habia hecho -caso dél, satisfizo con presentar el poder que le habia dado para dar -consejo y parecer á los padres de Sant Hierónimo, y la provision que -le dió por la cual lo constituyó por universal procurador de todos los -indios, y le asignó salario del Rey por ello. Otras objecciones que -tocaban en contradecirle lo que afirmaba y encarecia de pérdidas de -la hacienda del Rey, por la mala gobernacion que el Obispo y los del -Consejo, en especial en aquella tierra firme con la ida de Pedrárias, -habian puesto, respondió tan largo y tan palpablemente contra ellos, -que toda la congregacion vido evidentemente quedar convencidos de culpa -gravísima de tanta perdicion, y de falsedad de lo que contra él habian -fingido para que fuese tenido por inventor de falsedades, y de malicia -grande, pues con tanta pertinacia y diligencia, cosas tan verdaderas y -católicas le querian estorbar y contradecir; probóles que en seis años -que Pedrárias comenzó aquella tiránica empresa, el Rey habia gastado -en su despacho en Sevilla 52 ó 54.000 ducados, y que despues que llegó -al Darien, que fué el año de 1514, hasta el año de 19, habia robado -sobre un millon de oro, y poco creo que digo, y echado á los infiernos, -sin fe y sin sacramentos, sobre más de 500.000 ánimas, y en todo aquel -tiempo no habian enviado al Rey un sólo castellano, sino fueron 3.000 -castellanos que habia traido entónces á la sazon el obispo de aquella -tierra firme, fray Joan Cabedo, de quien presto se tractará más de lo -tractado arriba dél. Tenian esta costumbre Pedrárias y los oficiales -del Rey, que de todo el oro que se traia, robado de las entradas y -saltos que en las provincias á donde á saltear iban en los Indios -hacian, tomaban el quinto para el Rey, de lo cual pagábanse de sus -salarios, y si algo sobraba guardábanlo para pagarse su salario en el -año venidero, porque si faltasen los robos no faltasen para ellos, y -desta manera no enviaban un sólo peso de oro ni otra cosa que valiese -algo al Rey. Esta fué gran confusion y afrenta para todos ellos, y -por donde el Clérigo quedó en gran manera victorioso y estimado por -verdadero y digno de toda confianza y crédito. A la postrera, que -decia que por otras causas secretas que dirian á Su Alteza, cuando -fuese servido de oillos, respondió el Clérigo: «mándeles Vuestra -Alteza que las digan, pero no osarán decillas, porque saben ellos -mismos que ninguna dirán en que no se descubran más sus defectos.» -Finalmente, fueron todas las respuestas tales, que tempestivamente y -con sazon, y como requerido y forzado, pudo decir dellos los defectos -que tenian y habian tenido en el gobierno destas Indias, y se declaró -la culpa grande que tuvieron en no estorbar la muerte y perdicion de -tantos millones de gentes. Puesto, pues, todo lo que habia escripto -el Clérigo en la cámara y presencia del Gran Chanciller, en buena -órden, mandando el mismo Chanciller que lo acabase presto, mandó -juntar la congregacion, y, á lo que creo, so color de Consejo de -Guerra ó de Estado, porque el Obispo no pudiese fingir algun achaque -para no venir á ella. Dió el Clérigo al Gran Chanciller todos sus -papeles, las respuestas y la probanza que habia hecho en Cuba de los -servicios que habia hecho y vida ordenada y honesta que viviera, y -las otras escripturas que en su favor hacian, cuanto á la estima que -tuvo el cardenal don Francisco Ximenez y el Adriano dél, las cuales -todas, que fueron doce ó mas pliegos de papel, mandó leer en aquella -concion sin faltar una sola letra. Quedaron todos los á quien no -tocaba admirados juntamente y contentos del Clérigo, teniéndole por -hombre sabio, y comfirmados en el amor que le tenian y favor que le -daban, y el Obispo y los del Consejo más que confusos y afrentados, -no sabiendo qué responder, por las razones y ejemplos patentes, que -no podian ellos negar, con que lo que afirmaba demostraba; sólo el -Obispo comenzó á buscar y á disimular su vergüenza, echando la culpa -de temeridad á los predicadores del Rey; diciendo: «los predicadores -del Rey le han hecho estas respuestas;» ¡mirad qué hacia al caso y á -la disculpa de sus errores, que las hobiesen hecho los predicadores -del Rey ó el Clérigo, si los redargüia y confundia con verdad! Pero -el Gran Chanciller, que sabia que en su presencia las habia hecho el -dicho Clérigo, dijo: «¿Habeis agora á micer Bartolomé por tan falto de -razon y discrecion que habia de ir á mendigar quien respondiese por -él? segun tengo yo entendido dél para eso es y para más.» Salidos de -allí, los unos tristes y los otros alegres, como triunfando por ver -al Clérigo disculpado, y á su negocio tan bien probado que favorecian -ellos tanto, mayormente el Gran Chanciller y Mosior de Laxao, y en fin -todos los demas, el Gran Chanciller hizo relacion al Rey de todo lo que -habia pasado; el Rey mandó que micer Bartolomé llevase el negocio, y de -los demas que prometian más dineros que él no se curasen. Ciertos dias -ántes que ésto pasase, fué á Consejo de las Indias el Clérigo sobre -cierta cosa, y de palabra en palabra, tocándose en lo que Oviedo y los -demas prometian de dar, dijo el Clérigo al Obispo en su cara: «A la mi -fé, señor, líndamente me habeis vendido el Evangelio, y pues hay quien -lo puje dádselo.» Pero como era insensible con sus compañeros en ésto, -poco sintió y sintieron tan injuriosa palabra. - - - - -CAPÍTULO CXLII. - - -Quedaron tambien humillados Gonzalo Hernandez de Oviedo y los demas que -habian partido entre sí la tierra que al Clérigo se habia encomendado, -mayormente Oviedo que por ser tan del Obispo pensaba tener en el -negocio más parte; el cual, despues, en su Historia que compuso, contó -algo de esta batalla que el Clérigo tuvo, diciendo verdad en lo que -no pudo negar, pero lo más calla, y lo que dice mezcla con falsedades -á su propósito en disfavor de los indios, segun siempre hizo, como -enemigo dellos capital y como quien poco sentia del fin del Clérigo, y -que él mismo, si fuera verdadero cristiano, á pretender era obligado. -Y conforme á éstos sus errores é insensibilidad, en el libro último -de su primera parte, que llamó Historia general y natural, cap. 5.º, -levanta al Clérigo que andaba procurando aquella empresa como deseoso -de mandar, y Dios sabe que no dijo verdad, y, como mofando, dice, -que lo que negociando aquello decia era que la gente que se habia de -enviar á aquella tierra no habian de ser soldados, ni matadores, ni -hombres de guerra, ni bulliciosos, sino muy pacífica y mansa gente. -Esto el Clérigo no se lo negará, pero lo que añide, de que habian -de ser labradores, y á éstos que se habian de hacer caballeros de -espuelas doradas, pónelo de su casa, porque los labradores no habian -de ir sino á poblar; y así no supo bien la órden y el modo que el -Clérigo pensaba llevar, como arriba en la relacion de la capitulacion -queda declarado, y por escarnio llámalos caballeros pardos, pero no -habian de ser los que se habian de nombrar sino de espuelas doradas. -Concede que se le concedió al Clérigo cuanto pidió, no obstante que los -señores del Consejo, ó al ménos el Obispo y otros, lo contradecian, y -que algunos españoles, hombres de bien, que á la sazon se hallaron -en la corte, destas partes, desengañaron al Rey é á su Consejo, en -ésto, pero, como he dicho, Laxao pesó más que todo cuanto se dijo en -contrario, etc. Estas son sus palabras. Pero lo dicho arriba es la -verdad, y ninguno de los que allí se hallaron osaron hablar al Rey -ni desengañalle, sólo era su negociar con el Obispo á quien más el -negocio del Clérigo escocia y desagradaba; y lo que más dice cerca del -Clérigo y su negocio, abajo, placiendo á Dios, se declarará. Escribió -despues dél un clérigo llamado Gomara, capellan y criado del marqués -del Valle, de quien ya hemos hablado, y tomó de la historia de Oviedo -todo lo falso cerca del clérigo Casas, y añidió muchas otras cosas -que ni por pensamiento pasaron, como adelante parecerá. Y porque ya -he dicho dos veces que Oviedo fué capital enemigo de los indios, y -arriba en el cap. 23 toqué algo dello, parece que aquí es bien que -se refieran algunas de las falsedades que él, sin saber lo que dice, -contra los indios tan desmandadas dice, porque se vea con qué verdad y -con qué consciencia pudo decir lo que nunca vido, y de qué argumentos -tan feas cosas colije, y como contradiciéndose en algunas dellas se -puede presumir contra todas las demas que afirma, y, por consiguiente, -cuál debe ser la fe y crédito que deben darle las personas cristianas y -pías, mayormente afirmando tan infames y horribles costumbres, absoluta -y generalmente, contra tanta inmensidad de naciones como habia en este -orbe, y haciéndolas todas tan incapaces de la fe y de toda doctrina -y virtud, igualándolas con los animales brutos, sin sacar una ni -ninguna dellas, como si el hijo de Dios no hobiese muerto por ellas, -y la Providencia de tal manera las hobiese á todas tanto aborrecido, -que ningun predestinado para su gloria entre ellas tuviese; y porque -donde quiera que, en su Historia, de indios toca, no abre la boca sin -que los blasfeme y aniquile, cuanto él con sus fuerzas puede, como se -verá refiriendo lo que dellos dice. No parece sino que su fin último, -y bienaventuranza de escribilla, no fué otro más de para totalmente -infamallos por todo el mundo, como ya su Historia vuela, engañando á -todos los que la leen, y poniéndolos, sin por qué ni causa alguna, en -aborrecimiento de todos los indios, y que no los tengan por hombres, -y las horrendas inhumanidades que el mismo Oviedo en ellos cometió, -y los demas sus consortes, las haga excusables. Y que Oviedo haya -sido partícipe de las crueles tiranías que en aquel reino de tierra -firme, que llamaron Castilla del Oro desde el año de 14 que fué, no á -gobernallo sino á destruillo, Pedrárias, que arriba en el cap. 62 y -muchos siguientes habemos contado, hasta este año de 19, confiésalo -él mismo, y véndelo al Rey por servicios señalados; el cual dice así -en el prólogo de su Historia, que llamó Natural, en la columna sexta. -«El católico rey D. Hernando, abuelo de vuestra cesárea Majestad, me -envió por su Veedor de las fundiciones del oro á la tierra firme, donde -así me ocupé, cuando convino, en aquel oficio, como en la conquista -y pacificacion de algunas partes de aquella tierra con las armas, -sirviendo á Dios y á Vuestras Majestades como su Capitan y vasallo en -aquellos ásperos principios que se poblaron algunas ciudades é villas, -que ahora son de cristianos, donde con mucha gloria del real sceptro -de España, allí se continua y sirve el culto divino, etc.» Estas son -sus palabras formales. Hélo aquí Oviedo conquistador, y los servicios -que á Dios y á sus Majestades hizo, creo que ya quedan bien explicados -en los capítulos arriba citados, y en el precedente cuasi en suma -recapitulado. Y porque dos modos han tenido nuestros españoles para -destruir estas gentes, como por toda esta Historia nuestra queda muchas -veces mostrado, el uno las guerras nefandas, que ellos conquistas han -llamado, y el otro los repartimientos, que tambien por dalles algun -barniz encomiendas nombraron, porque Gonzalo Hernandez de Oviedo en -todo tuviese parte, de lo cual no se tiene por injuriado, ántes se -jacta y arrea dello, y piensa quedar muy ufano, él mismo de sí dice -que tuvo indios y los echó á las minas, como los tiranos. Hablando de -cómo se saca el oro, en el libro de su Historia, cap. 8.º, refiere -Oviedo: «Yo he hecho sacar el oro para mí, con mis indios y esclavos, -en la tierra firme, en la provincia y gobernacion de Castilla del Oro, -etc.» Estas son sus palabras. Aquellos esclavos no eran, cierto, los -que heredó de sus padres, ni los prendió en batalla de los moros de -Berbería, ni eran negros, porque entónces ningun negro traer á estas -Indias se permitia, y parece algo desto por lo que arriba se ha dicho; -eran, pues, de los indios que habian hecho y hacian esclavos cada -dia, contra toda razon y justicia. Llamaba tambien «sus indios» los -repartimientos que tenia, sojuzgados con las violencias y entradas que -se han referido arriba, en las cuales, y en los robos que por ellas se -hacian, tenia Oviedo su parte, como la tenia Pedrárias que desgobernaba -la tierra, y los otros oficiales del Rey, con el señor Obispo, como se -mostró en el cap. 64, arriba. De lo dicho podrá colegir el discreto y -cristiano lector, si Oviedo contra los indios podrá ser fiel y verídico -testigo _omni exceptione major_, en algun justo contradictorio juicio; -y por consiguiente, de cuánto crédito, en todo lo que en su Historia -pronuncia contra los indios, es digno. Y es cosa de admiracion con -cuántas y cuáles palabras, de arrogancia plenísimas, procura en el -prólogo de su primera parte persuadir primero al Emperador, y despues á -todos los leyentes, no salir un punto de la verdad en toda su Historia, -diciendo, que su Historia será verdadera y desviada de las fábulas que -otros escritores escribir han presumido en España á pié enjuto, que no -lo vieron sino que por oidas lo supieron, como si él hobiera visto lo -que escribió desta isla y de las demas, y no escribiera estando muchos -años morador en esta ciudad de Sancto Domingo, que no es ménos que si -escribiera morando en Sevilla; sólo vido y se halló y participó en -las tiranías y destruicion de aquella tierra firme, cinco años que en -ella estuvo, segun arriba queda dicho. De aquellos males y perdicion -que hizo y ayudó á hacer concedémosle que será muy cierto testigo, -pero no dice él ni dirá cosa dellos, sino en cuanto fuere en infamia -y en detrimento de los indios, y en excusacion y justificacion de sus -crueldades y de sus consortes, ambicion y cudicia. De manera, que -todo lo que escribió, fuera de aquello del Darien, fué por relacion -de marineros ó de asoladores destas tierras, los cuales no le decian -sino aquello que á él agradaba saber, conviene á saber, «conquistamos, -sojuzgamos aquellos perros que se defendian de tal provincia, hicimos -esclavos, repartióse la tierra, echamos á las minas», y si le decian -«matamos tantos millares, echamos á perros bravos que los hacian -pedazos, metimos á cuchillo todo el pueblo, hombres y mujeres, viejos y -niños, henchiamos los bohíos ó casas de paja de cuantos haber podiamos -de todo sexo y edad, y quemábamoslos vivos» desto, poco, cierto, se -hallará en la Historia de Oviedo; pero sí le decian que eran idólatras -y sacrificaban 10 hombres, añadir que eran 10.000, é imponiéndoles -abominables vicios que ellos no podian saber, sino siendo participantes -ó cómplices en ellos, de todo ésto bien se hallará llena su Historia. -¡Y no las halla Oviedo ser estas mentiras, y afirma que su Historia -será verdadera y que le guarde Dios de aquel peligro que dice el sabio, -que la boca que miente mata el ánima! - - - - -CAPÍTULO CXLIII. - - -Lo que yo creo de la escritura de Oviedo y de toda su parlería, que lo -que dice de los árboles y hierbas desta isla que escribe verdad, porque -las vido y las ven cuantos verlas quieren, y así será lo que escribiere -de los de la tierra firme; pero no lo que refiere cuanto á muchas cosas -del tiempo del Almirante viejo, porque ya cuando vino él á vivir á esta -isla no habia de los indios 50, y de los españoles sino dos ó tres, y -uno era un marinero llamado Hernan Perez, el cual alega algunas veces -como á su Evangelista; y éste, aunque fuese buen hombre, no era muy -auténtico. Pero todo lo que refiere de los indios desta isla, que lo -haya habido del dicho Hernan Perez, marinero, ó lo levante de sí mismo, -mayormente cuanto á los vicios contra natura que á todas estas gentes -impone, es falsísimo, y ésto sabemos por mucha inquisicion é industria -que para sabello tuvimos en los tiempos pasados, muchos años ántes -que Oviedo pensase quizá venir á estas Indias, como arriba en el cap. -23 dijimos. Y así, podemos convencer á Oviedo de inmensas mentiras, -puesto que á sabiendas él no quisiese mentir, pero la ceguedad que -tuvo en no tener por pecados las matanzas y crueldades que se cometian -y se cometen en aquestas gentes, y que él hizo y ayudó á hacer, y la -presuncion y arrogancia suya de pensar que sabia algo, como no supiese -qué cosa era latin, aunque pone algunas autoridades en aquella lengua, -que preguntaba y rogaba se las declarasen algunos clérigos que pasaban -de camino por esta ciudad de Sancto Domingo para otras partes, le cegó -tambien, con la permision divina, á que diese crédito á los que le -referian mentiras, y él tambien de suyo las dijese sin creer que las -decia. Y con esta ceguedad dijo en el libro II, cap. 6.º de su primera -parte historial, que dos veces que se halló en Castilla en el año de -25 y en el de 32, por mandado del Consejo de las Indias le fué tomado -juramento de lo que sentia destas gentes, y que habia depuesto que -eran llenas de abominaciones, y delitos, y diversos géneros de culpa, -y que eran ingratísimos y de poca memoria y ménos capacidad, y que -si en ellos hay algun bien es en tanto que llegan al principio de la -edad adolescente, porque entrando en ella adolescen de tantas culpas y -vicios que son muchos dellos abominables, y que si en aquel mismo dia -en que juró, él estuviera en el artículo de la muerte, en verdad, dice -él, aquello mismo dijera. Estas son sus palabras; y en verdad que yo -así lo creo, que, segun su insensibilidad, que así lo testificara en -el artículo de su muerte. Pero véase aquí con cuánta verdad y con qué -consciencia pudo decir é jurar de los indios desta isla, que no vido, -cierto, dellos 50 personas (puesto que él dice que no habia 500, y -dice verdad, porque ni 50 eran vivos de los naturales della), ni vido -de las otras islas ninguno ó alguno, que eran sodomitas, y llenos de -otros vicios abominables; y asignando las causas de la total perdicion -y acabamiento de la gente desta isla, pone una que fué «por echallos -á las minas que eran ricas y la cudicia de los hombres insaciable, -trabajaron algunos excesivamente á los indios, otros no les dieron tan -bien de comer como convenia, y junto con ésto, dice él, esta gente de -su natural es ociosa, y viciosa, y de poco trabajo, é malencónicos é -cobardes, viles y mal inclinados, mentirosos, y de poca memoria y de -ninguna constancia; muchos dellos, por su pasatiempo, se mataron con -ponzoña, por no trabajar, y otros se ahorcaron por sus manos propias, -y á otros se les recrecieron tales dolencias, en especial de unas -viruelas pestilenciales que vinieron generalmente en toda la isla, que -en breve tiempo los indios se acabaron,» etc. Estas son sus palabras, -y en el libro VI cap. 9.º dice desta manera, hablando de las naciones -de los Scythas y de los de estas tierras que comian carne humana; -dice Oviedo así: «E no sin causa permite Dios que sean destruidos, -y sin duda tengo que por la multitud de sus delitos los ha Dios de -acabar todos muy presto, porque son gentes sin ninguna correccion, -ni aprovecha con ellos castigo, ni halago, ni buena amonestacion, -é naturalmente son gente sin piedad, ni tienen vergüenza de cosa -alguna; son de pésimos deseos é obras, é de ninguna buena inclinacion. -Bien podrá Dios enmendarlos, pero ellos ningun cuidado tienen de se -corregir ni salvar; podrá muy bien ser que los que dellos mueren niños -se vayan á la gloria, si fueren bautizados, pero despues que entran -en la edad adolescente, muy pocos desean ser cristianos, aunque se -bauticen, porque les parece que es trabajosa órden; y ellos tienen -poca memoria, é así cuasi ninguna atencion, é cuanto les enseñan luégo -se les olvida, etc.» Todas estas son palabras de Oviedo; y en el -proemio del libro V, dice: «Despues que vino Colon á estas Indias y -pasaron los primeros cristianos á ellas, corren hasta el presente año -de 1535 otros cuarenta y tres años, y, por tanto, estas gentes debian -ya haber entendido una cosa en que tanto les va como es salvar sus -ánimas, pues no han faltado ni faltan predicadores religiosos, celosos -del servicio de Dios, que se lo acuerden; pero en fin, estos indios -es gente muy desviada de querer entender la fe católica, y es machar -hierro frio pensar que han de ser cristianos, y así se les ha parecido -en las capas, ó, mejor diciendo, en las cabezas porque capas no las -tenian, ni tampoco tenian las cabezas ni las tienen como otras gentes, -sino de tan recios y gruesos cascos, que el principal aviso que los -cristianos tienen, cuando con ellos pelean, es no darles cuchilladas -en la cabeza, porque se rompen las espadas, y así como tienen el casco -grueso, así tienen el entendimiento bestial y mal inclinado, como -adelante se dirá de sus ritos y ceremonias é costumbres.» Estas son -sus palabras. ¿Qué más puede decir, aunque fuera verdad, en infamia de -todo este orbe nuevo, donde tan infinitas naciones hay, y engañando á -todo el otro mundo viejo por donde anda su historia? Si infamar una -sola persona, puesto que se dijese verdad, descubriendo sus pecados, de -donde le puedo venir, é peor si le viene, algun gran daño, es grande -pecado mortal y es obligado el tal infamador á restitucion de todo -aquel daño, ¿qué pecado fué el de Oviedo, y á cuánta restitucion será -obligado, habiendo infamado de tan horrendos pecados á tan sin número -multitudines de gentes, tanta infinidad de pueblos, tantas provincias -y regiones plenísimas de mortales que nunca vido ni oyó decir, por -la cual infamia incurrieron todas en ódio y en horror de toda la -cristiandad, y los que á estas partes han pasado de los nuestros, y -de los de otra nacion, en las guerras que se hallaron no hicieron -más cuenta de matar indios, que si chinches mataran, y hicieron por -esta causa en ellos tantos géneros y novedades de crueldades, que -ni en tigres ni bravos osos y leones, ántes ni los mismos tigres y -bestias fieras, hambrientas, en otras de otro género no las hicieran -tales como ellos cometieron en aquestas gentes desnudas y sin armas? -Cuanto más que en muchas de las maldades que dice referir de muchas -destas gentes no dice verdad, y cuanto á otras muchas naciones de las -descubiertas todas las fealdades que tan suelta y temerariamente de -todas universalmente blasona, les levanta; en sola la idolatría puede -comprenderlas á todas, porque poco que mucho, unas más y otras ménos, y -muchas en muy poquito, fueron della inficionadas, por no haber tenido -quien les mostrase y diese conocimiento del verdadero Dios; y en este -punto debiera considerar Oviedo cuáles estuvieron sus abuelos y todo -el mundo ántes que viniese al mundo el hijo de Dios, y quitase las -tinieblas de ignorancia, enviando por él la lumbre de su evangélica -palabra. Tambien no le hiciera daño haber considerado, pues presumió -de muy historiador y leido en Plinio, que tenia no en latin sino en -toscano, que no fueron estas indianas gentes las primeras que comieron -carne humana, ó antropófagos que es lo mismo, ni que sacrificaron á los -ídolos hombres, como él dice arriba, en el cap. 9.º de aquel libro VI, -y otros abominables vicios que se siguen á la idolatría, y no por eso -dejaron de ser hombres capaces y de buena memoria, ni sin esperanza de -correccion, ni tampoco de Dios menospreciados, ni por eso indignos -de oir la evangélica predicacion, y tampoco los Apóstoles y otros -sanctos predicadores de la Iglesia primitiva, y sus sucesores, hicieron -dellos asco, ni desesperaron, como el Sr. Oviedo, de su conversion y -salvacion. - - - - -CAPÍTULO CXLIV. - - -Todavía será bien responder á cada defecto de los que Oviedo contra -los indios opone y á muchos levanta, y á todos por ellos cuasi excluye -de todo remedio de conversion y salvacion, como si él estuviera ya -muy cierto della; y á lo que dice que eran sodomitas, ya está, con -verdad, en el cap. 23 afirmado, que falsa y malvadamente de tan -vilísimo crímen los infama: dice que son ingratísimos, júzguenlo -los idiotas de sayago. ¡De cuánta ceguedad ó malicia fué aqueste -buen Oviedo herido, que la culpa terrible de desagradecimiento, que -él y los demas que han destruido estas gentes y tierra tienen, la -cargue sobre los lastimados y tan agraviados indios, sin las obras de -humanidad y benevolencia de los cuales, en servilles y hartalles la -hambre, y salvallos millares de veces de infinitos peligros, millones -de veces hobieran perecido! y mirad qué obras dellos, en señal de -agradescimiento y recompensa han recibido, habiendo despoblado y -raido de la haz de la tierra tantos millones de ánimas como habia en -esta isla y en las demas, y por ocho y diez mil leguas que dura la -tierra firme. Mirad qué beneficio rescibieron dellos, porque los llama -Oviedo ingratísimos, como áun diga y conceda él para su confusion, -en el libro IV, cap. 3.º, que informados los padres Hierónimos de -los grandes daños y muertes que sobrevenian á los indios naturales -destas partes que estaban encomendados á los caballeros é Perlados -que residian en España, y cómo los indios eran tratados por criados -y mayordomos dellos, y por ellos deseado el oro que se cogia con las -vidas destos indios y gente miserable, y como todos los principales -de acá eran favorecidos de aquellos señores, el fin de todos ellos -era adquirir y enviar y rescibir oro, por lo cual se daba excesivo -trabajo y mal tractamiento para este fin á los indios, y morian todos -ó tantos dellos, que, de los repartimientos que cada cual tenia en -número de 200 ó 300 indios, brevemente este número era consumido -y acabado, y tornado á rehacer de los otros indios que estaban -encomendados á los casados y vecinos destas partes; en manera, que los -repartimientos de los pobladores se iban disminuyendo, y los de los -caballeros acrecentando, y de los unos y de los otros todos morian -con el mal tractamiento, que fué potísima causa para gran parte de su -total destruccion y acabamiento. Estas son palabras de Oviedo; y en -el capítulo precedente dice: «De los mismos caballeros que estaban -en España gozando de los sudores ilícitos destos indios»; y en libro -III, cap. 6.º, dice así: «Para mí, yo no absuelvo á los cristianos -que se han enriquecido ó gozado del trabajo destos indios, si los -maltrataron y no hicieron su diligencia para que se salvasen.» Y un -poco más arriba, dice: «que vele cada uno sobre su conciencia de -tratar los indios como á prójimos, aunque ya en éste caso poco hay -que hacer en esta isla y en las de San Juan y Cuba y Jamáica, que lo -mismo ha acaescido en ellas, en la muerte y acabamiento de los indios, -que en esta isla.» Estas son sus palabras. Veis aquí confiesa Oviedo, -aunque le pese, convencido de las obras abominables manifestísimas de -los españoles, los beneficios que los indios rescibieron dellos, y -argúyelos de serles ingratos, y así parece la verdad que en todo lo -que afirma dice; y lo que añade allí, que no quiere pensar que sin -culpa de los indios los habia Dios de castigar y asolar en estas islas, -siendo tan viciosos, y sacrificando al demonio, etc., no advierte el -pecador cuántos más tormentos padecerán en los infiernos los que los -asolaron, siendo cristianos, que los habian por buenos ejemplos de -atraer al conocimiento de Dios, con el cual se purgan y desechan los -pecados de la idolatría, como acaesció en nuestros antiguos padres, que -no ellos mismos, por idólatras y pecadores que fuesen, á los cuales -la divina justicia determinó por ellos, como por verdugos crueles -y reprobados, castigar. A lo que dice, que aquesta gente era de su -natural ociosa y viciosa y de poco trabajo; á lo de ser viciosa ya -está respondido, y añadimos, que pluguiese á Dios, quitada fuera la -infidelidad, que no fuesen ni hobieran sido delante de Dios los vicios -y pecados de los españoles más abominables y no más dignos de fuegos -eternos que los de los indios; cuanto á ser de poco trabajo, bien se -lo concedemos, porque de su natural eran delicadísimos como hijos -de Príncipes, por razon de las regiones y aspectos de los cielos, y -suavidad ó amenidad de las tierras, y por otras causas naturales que -pusimos en nuestro primer libro, cap. 4.º _De único vocationis modo -omnium gentium ad veram religionem_, y tambien por vivir desnudos, -que los hacia más delicados, y lo mismo por ser de poco comer y los -manjares, comunmente más que otros, de ménos substancia; lo cual, -empero, todo era suficiente para vivir é multiplicarse y haberse -tan increiblemente multiplicado, como tan inmensos pueblos hayamos -dellos hallado poblados, y éstos, con muy poco trabajo, alcanzaban de -todas las cosas necesarias grande abundancia. El mucho tiempo que les -quedaba, suplidas sus necesidades (porque no infernaban las ánimas por -allegar riquezas y acrecentar mayorazgos), era ocuparse en ejercicios -honestos, como jugar á cierto juego de pelota, donde harto sudaban, -y en bailes y danzas y cantares, en los cuales recitaban todas sus -historias y cosas pasadas. Sacrificios y actos de religion, como no -tuviesen ídolos, no los tenian, y, por consiguiente, cuasi ninguna -señal ó muy delgada era entre ellos de idolatría, como en nuestro -libro llamado Apologética Historia, escripta en romance, declaramos. -Ocupábanse tambien en hacer cosas de buen artificio de manos, el tiempo -que de su agricultura y casa y pesquería los vacaba. Algunas guerrillas -tenian sobre los límites y términos de sus tierras y señoríos, pero -todas ellas eran como juegos de niños y fácilmente se aplacaban; y así -no estaban ni eran tan ociosos como Oviedo de ociosidad los infama, -porque de ningun defecto y vicio de su lengua y mano se les escapen, lo -que en la verdad no era vicio en ellos, sino señal de virtud y vivir -más segun razon natural que vivieron los españoles, despues que en -esta isla y en las demas entraron, sacado fuera lo que tocaba á la -religion cristiana, y de aquello ántes debiera Oviedo de alaballos -que vituperallos é infamallos. Añide ser melancónicos, dándoselo por -vicio lo que era natural y sin culpa, pero más por la mayor parte son -todas estas gentes sanguinos y alegres, como puede cada cual discreto -entender por las cualidades de las regiones, y tambien por los efectos -de ser muy dados á regocijos y cantares y bailes. Dice que son viles, -no por ser humildes, pacíficos, y mansos como éstos eran, sino por -ser deshonestos y llenos de vicios y pecados, y en ésto Dios sabe la -ventaja que les llevamos. Algunas costumbres tenian, que á los que -somos cristianos parecen mal y tienen alguna parte de deshonestidad, -como orinar sentados y ventosear delante de los otros, y otras -semejantes, que rescibida la fe fácilmente se dan de mano, pero no se -hallará que hombre sienta de otro tener participacion con su propia -mujer ni con otra, ni haga otra cosa deshonesta semejante, de lo que no -se podrán alabar los nuestros cristianos que vinieron á estas partes. -Que sean cobardes, no es absolutamente vicio sino cosa natural, y -procede la cobardía de benignidad y de nobilísima sangre, por no querer -hacer mal á nadie ni recibirlo; es propiamente la cobardía vicio, -cuando se ofrece caso en que se deba ejercer algun acto de virtud, -y, por temor del peligro de la muerte ó de otro daño grande, no se -resiste al contrario de aquella virtud; como es, si, viendo el hombre -padecer servidumbre ó muerte ó algun gran daño su república, por miedo -de la muerte dejan de ayudar y resistir por su parte, y morir si fuere -menester por la defension della, ó por miedo de aquellos daños hace el -hombre algun pecado y obra contra la virtud; y en éste caso, cierto, -muchas destas gentes, considerada su desnudez y carencia de armas, y -las demasiadas y fuertes armas de los españoles, y variedad dellas, -y sobre todo los caballos, cada y cuando que ellos podian, viéndose -tiranizados y opresos, y perecer cada dia en los trabajos con los daños -é injusticias que padecian, y tambien en batallas campales contra los -españoles sus opresores y destruidores, resistian y peleaban tan -animosamente, aunque se vian desbarrigar con las espadas y trompillar -con los caballos, y alancear por los que encima de los caballos venian -(que uno de á caballo en una hora mataba 10.000 dellos), que dellos -á leones y á los más esforzados varones pasados del mundo no habia -diferencia. Y debiera de preguntarse á Oviedo, que se jacta mucho de -Capitan en la tierra firme, andando á robar y hacer esclavos para matar -en sus minas, cómo lo fué á Francisco Becerra, y á Joan de Tabira y -Vasco Nuñez, y á otros muchos que los indios quitaron, peleando, las -vidas; y en las guerras que los españoles hicieron á los indios en -esta isla, indios desnudos hicieron hazañas en manifestacion de su -esfuerzo y animosidad, como arriba en el libro II algunas referimos. -Cuanto más, una de la señales ser los hombres esforzados es osar -morir, y osar morir presupone una de las causas naturales que hace -los hombres animosos y esforzados, y ésta es abundar en mucha sangre, -porque la naturaleza, cognosciéndose á sí misma, confia de sí viendo -en sí abundar el principal humor que sostiene la vida; pues como éstas -gentes todas, segun es notorio, abunden en sangre, señal es que de su -naturaleza teman ménos el morir, é así naturalmente son animosos y -esforzados, lo cual, como he dicho, han por las obras bien mostrado -y probado, sino que su infelicidad consistió en carecer de armas y -caballos, porque si ellos les tuvieran para se defender de tan crudos -enemigos, no hobieran tan inmensos perecido, ni los que los destruyeron -se fueran alabando, ni Oviedo parlara tanto contra ellos como dejó -escripto. Del esfuerzo destas gentes, asignando causas naturales, se -podrá ver en nuestra Apologética Historia, y tambien en el susodicho -libro, _De unico vocationis modo_, cap. 4.º. - - - - -CAPÍTULO CXLV. - - -Añide más Oviedo contra todos los indios, que son mal inclinados: -poca filosofía estudió y ménos experiencia dellos tuvo, ni de alguna -lengua de todas estas Indias alcanzó noticia para cognoscer las malas -inclinaciones que tenian, y júzgalos temerariamente de lo que no -pudo cognoscer sino por revelacion divina, ó por conjeturas de mucha -conversacion y de muchos tiempos con todas las gentes deste orbe -habidas, y áun entónces no podria, sin juicio temerario, afirmar lo -que, como si ciencia y certidumbre dello tuviera, él afirma. Dice más, -que son de poca memoria, y en ésto yerra como en todo lo demas que -ha dicho y él se contradice, ántes se tiene por notorio tener todos -los indios inmortal memoria, como la tengan de las cosas que muchos -años pasaron, como si las tuviesen por escrito, y desto al mismo -Oviedo pongo por testigo, que dice en el cap. 1.º del libro V, que la -manera de cantar los indios era una historia ó acuerdo de las cosas -pasadas, así de guerras como de paces, porque por la continuacion de -tales cantares no se les olvidan las hazañas é acaescimientos que han -pasado, y estos cantares les quedan en la memoria en lugar de los -libros de su acuerdo, y por esta forma recitan las genealogías de sus -Caciques y señores que han tenido, y las obras que hicieron, y los -males temporales que han pasado, y en especial, las famosas victorias -por batallas, etc. Estas son sus palabras. Luégo no son de muy poca -memoria, como dice Oviedo. Parece tambien patentemente, por lo que -toman de coro de la cristiana doctrina, que no bastarian 10 hombres -que tuviesen buena memoria á tomar y decir de coro en veinte, lo que -ellos toman en un dia; y la prueba dello, por su propia causa natural -es (como en nuestra Apologética Historia, escrita en romance, y en -el libro _De único vocationis modo_, en latin, probamos), que todas -estas gentes _a toto genere_, que es decir, comunmente y cuasi todos, -y que por maravilla falta en algunos, tienen los sentidos exteriores y -interiores, segun natura, no sólo buenos pero por excelencia buenos, -y así, muy mejores que otras muchas naciones; de donde se sigue -necesariamente ser de buenos entendimientos, y desto estuvo harto -ayuno Gonzalo Hernandez de Oviedo, que nunca tractó con los indios, -ni se ocupó por un momento en cosa que á los indios conviniese, sino -en mandallos y servirse dellos como de bestias, con la ceguedad que -todos los otros españoles. Dice más contra ellos, que son mentirosos; -pluguiera á Dios que no les hobieran mentido él y ellos muchas -veces, y que las mentiras que los indios les decian no las hobieran -ellos causado, y no creo que osara más un indio decir una mentira, -mayormente á sus señores, ni entre sí para engañarse unos á otros, que -matarse. De las mentiras que los indios á los españoles decian, y hoy -dicen donde áun no los tienen asolados, las vejaciones y servidumbre -horrible, y cruel tiranía con que los afligian, y afligen y maltratan, -son la causa, porque de otra manera sino mintiendo y fingiendo, por -contentallos y aplacar su contino é implacable furor, no pueden de -mil otras angustias, y dolores y malos tractamientos escaparse; y -cerca desto, como tambien tienen experiencia de infinitas mentiras de -los españoles, y que nunca les han guardado fe que los prometiesen, -ni verdad, hay dichos de indios dignos de considerar: preguntando -españoles á indios (y no una vez acaeció sino más), si eran cristianos, -respondió el indio: «Si señor, yo ya soy poquito cristiano, dijo él, -porque ya saber yo un poquito mentir, otro dia saber yo mucho mentir, -y seré yo mucho cristiano.» Destas y de muchas otras sentencias dichas -de indios, para confusion de los españoles, y que por sus malos -ejemplos han miserablemente nuestra fe y religion cristiana infamado -y maculado en los corazones simples destas gentes, muchas pudiéramos -traer y referir que en estas tierras han pasado. Dice ser de ninguna -constancia todas estas gentes, porque no perseveran, cuando pueden -escaparse, en la vida y trabajos infernales con que los acaban, y -que no perseveran en las cosas de virtud y de la religion cristiana. -No puede Oviedo decir cosa chica ni grande, porque no fué digno de -lo ver ni de lo entender, para que las blasfemias, que de los indios -contra verdad acumula, moderara. Añide luégo allí, contra sí mismo, -una saetada enherbolada, conviene á saber, que por no trabajar, por su -pasatiempo, muchos dellos se mataron. Cuanto á que se mataron muchos -dellos, dice verdad, pero que por su pasatiempo, manifiesto es que se -lo levanta, y, como dije, que brotó de su corazon contra sí mismo, y -los demas, saetada aponzoñada, por la cual manifiesta la crueldad de -su tiranía ser tan horrenda y tan insufrible y abominable, que una -gente tan mansa y tan paciente, que en sufrimiento se tiene por cierto -haber excedido á todos los mortales, por salir é se escapar della, -escogian por ménos mal matarse. Para la prueba desto fuera bien que -Oviedo respondiera, si oyó alguna vez decir que ántes que los españoles -en estas tierras entrasen y oprimiesen estas gentes, y de tantas -impiedades con ellos y en ellos usasen, algunos por su pasatiempo se -matasen. Fueron tantas y tan nunca oidas las inhumanidades que en -ellos se ejercitaron, y bien parece claro por la obra que han hecho -nuestros hermanos en haber tantas y tan grandes tierras despoblado y -asolado, que para una gente que no cognoscia el verdadero Dios y que -tenia opinion que los que salian desta vida iban á vivir á otra donde -tenian las ánimas de comer y de beber, y placeres, canto y bailes, y -todo descanso corporal en abundancia, ¿de qué nos debemos maravillar, -porque padeciendo en ésta muerte tan contina, deseasen y trabajasen -salir della, y para ir á gozar de la otra se diesen priesa en matarse? -cuanto más que no todos se mataban, ni se sabe más que en esta isla y -en la de Cuba se ahorcasen algunos y otros se matasen bebiendo cierto -zumo ponzoñoso. Dice más en otra parte, que no sin causa permite Dios -que sean destruidos, y que sin duda tiene que por la multitud de sus -delitos los ha Dios de acabar todos muy presto, porque son gentes sin -ninguna correccion, ni aprovecha castigo en ellos, ni halagos ni buena -amonestacion etc. A lo primero, de la permision, digo, que Dios nos -guarde de sus permisiones, como solia decir una sancta persona, y de -ser nosotros los instrumentos de la perdicion de otros, como siempre -Dios castigue algunos malos por otros peores que aquellos, segun -aquello, _vindicabo me de inimicis meis cum inimicis meis_, y guay de -los que Dios toma por verdugos y por azotes de otros, que, acabado -el castigo, suele echar el azote en el fuego como Sant Agustin en la -misma materia dice; pero Oviedo no advertia, como era uno dellos, que -por sólo el pecado original, sin que otro pecado tuvieran, justamente -y sin hacerles injuria, podia Dios asolar todas estas Indias, cuanto -más por otros muchos actuales que tuvieron, pero no se nos da licencia -para que por eso los menospreciemos, ni los robemos, ni matemos, porque -guay de nosotros cuando fuéremos de los robadores y matadores dellos, y -por malos ejemplos, habiéndolos de traer á Cristo por los buenos, los -corrompiéremos, y de su salvacion fuéremos impedimento. Por más que -la divina justicia los aflija y angustie, castigándolos en esta vida, -y muestre desmamparallos entregándolos en nuestra insaciable cudicia, -ninguno de los que entre ellos tiene predestinados la bondad divina, -de lo que nadie que sea cristiano dudar debe, se le saldrá de la mano -que á la fin no lo lleve á gozar de sí mismo en la eterna vida; y por -ventura, y sin ella, despues que por nuestras manos crueles á estas -gentes hobiere Dios acabado, derramará sobre nosotros, por nuestras -violencias y tiranía, su ira, moviendo á otras naciones que hagan -con nosotros lo que con éstas hicimos, y al cabo nos destruyan como -las destruimos, y podrá ser que se hallen, de aquestos que en tanto -menosprecio tuvimos, más que de nosotros á la mano derecha el dia del -juicio; y esta consideracion debria tenernos con grande temor noches y -dias. - - - - -CAPÍTULO CXLVI. - - -La causa de la perdicion y acabamiento destas gentes asigna Oviedo que -es porque son gentes sin alguna correccion, ni aprovecha con ellos -castigo, ni halago, ni buena amonestacion, é naturalmente son gente -sin piedad, ni tienen vergüenza de cosa alguna; son de pésimos deseos -é obras, é de ninguna buena inclinacion. Estas son sus palabras. Cosa -es maravillosa de ver el tupimiento que tuvo en su entendimiento -aqueste Oviedo, que así pintase todas estas gentes con tan perversas -cualidades, y con tanta seguridad, para mostrar que decia verdad, como -si fuera una alhaja de su casa, á la cual hobiera dado mil vueltas -por de dentro y por de fuera, no las habiendo tractado sino cinco -años, y éstos á sólos los de la provincia del Darien, como arriba -queda dicho, y no en otra cosa sino salteándolos, y robándolos, -matándolos, y captivándolos, y echándolos y teniéndolos en las minas -del oro y en los otros trabajos, donde de hambre y molimientos y -crudelísimas aflicciones perecian, y áun éstos allí no los via sino -por maravilla, porque los entregaba en poder de un cruel carnicero, -criado suyo, que ponia para que los hiciese trabajar, que llamaban -minero ó estanciero, por otro nombre Calpisque, un género de los más -infames hombres y crueles que jamás nunca fué visto, ni haciendo más -cuenta el mismo Oviedo dellos en toda manera de estima que si fueran -hormigas ó chinches. Mirad cómo pudo saber Oviedo que todas estas -gentes (donde entran las desta isla, de quien va hablando, y todas -las demas destas Indias que nunca vido), ser de pésimos deseos y de -ninguna buena inclinacion, y si dijere que otros que habian tractado -con ellos se lo referian, á éstos se responde lo mismo que á él, que -como no pretendiesen otro fin sino robar y captivar y aniquilar -estas gentes, como él, y uno el dél y de todos fuese un oficio, el -mismo crédito se les debe de dar que á los falsarios testigos; y para -entender bien lo que dice, que no aprovecha con ellos castigo ni -halago ni buena amonestacion, debiera Oviedo de respondernos si aquel -castigo y halago y buena amonestacion era porque viniesen á oir la -predicacion del Evangelio, y porque dejasen los vicios y pecados que -tenian, ó porque se huian de las minas donde cogian el oro, muriendo -de hambre y de infernales trabajos, cuales son los que en ellas se -padecen y donde sabian que si no huian habian de perecer; y porque -muchas veces se huian é iban tras ellos, y traidos, los desollaban con -tormentos que les daban de azotes y otras aflicciones, dice Oviedo que -no aprovechaba con ellos castigo y que eran sin alguna correccion. -Algunas veces los halagaban con palabras blandas, diciéndoles que -fuesen buenos, y llamaban ser buenos que no se huyesen de las minas -y trabajos en que los ponian, y porque huian de la vida infernal que -tenian decian, y dice Oviedo, que no aprovechaba halago ni buena -amonestacion con ellos. Esto es cierto que así se hacia, y desta manera -los castigaban y halagaban, y así los atormentaban, y finalmente, -así los acabaron y acabarán los que quedan, con todo ésto el pago -que Oviedo les dá á los que él consumió y ayudó á destruir, é por -los otros que destruyeron tantos millares de gentes, es infamallos -para siempre, ya que no les puede ni pueden hacer más mal, y que los -echó y echaron á los infiernos. Por ventura, si fuera digno Oviedo de -ver los fructos de la predicacion evangélica que cada dia la divina -Providencia saca por manos é industria de sus siervos, de las gentes -que el cruel cuchillo de los españoles aún no los rayó de la haz de la -tierra, como hizo á los desta isla y las demas, y muchos millares de -la tierra firme, con cuánta fe y devocion, dejados los falsos dioses -que por no cognoscer otro mejor Dios adoraban, y todos los demas vicios -que tenian, al verdadero Dios y redentor del mundo se convierten; -y cuánto se corrigen y cuán clara y manifiestamente aprovecha la -correccion en ellos, no dijera tan gran falsedad é infamia perniciosa -contra tan infinito número de gentes, pero no fué digno de vello, -porque, por permision divina, vaciase del estómago su ánima la ponzoña -infamativa que contra estas universas naciones, pueblos y reinos, y -orbe tan grande, tan sin razon ni causa habia concebido, aunque estando -en esta ciudad de Santo Domingo, donde muchos años vivió despues de -en esta isla no haber ya indios, como se dijo, pudo haber oido de -muchas personas dignas de fe como en la Nueva España y en el Perú, -y en otras provincias donde habia religiosos que en la instruccion -dellos entendian, el inestimable fruto y aprovechamiento y correccion -que en ellos hacian, á quien debiera Oviedo creer más que á su errada -y ciega, y plegue á Dios que no maliciosa, fantasía. Levanta otro -falso testimonio á todos los indios, diciendo que desque entran en -la edad adolescente pocos desean ser cristianos, aunque se bapticen, -y que ninguna atencion tienen á lo que les enseñan, y que luégo se -les olvida; podria bien bastar lo dicho para convencer la falsedad é -insensibilidad deste Oviedo, pero todavía es bien responder á éstos -sus perniciosos dichos, y fuera cosa conveniente que respondiera si en -los cinco años que en el Darien estuvo, y veinte ó treinta que moró -en esta isla, donde, como dije, ya cuando á ella vino no habia indio, -vido predicar la fe y enseñar la doctrina cristiana á algunos indios, -¿cómo habian los tristes y trabajados y perseguidos indios de desear -ser cristianos, ni cosa de la fe de Jesucristo, si nunca tuvieron -dél noticia? _¿Quomodo invocabunt in quem crediderunt, aut quomodo -credent ei quem non audierunt? ¿quomodo aut audient sine predicante?_; -y dice el pobre hombre, que desde que los cristianos vinieron á -estas tierras, corrian cuarenta y tres años, dentro de los cuales -debieran ya de haber entendido una cosa en que tanto les iba, como era -salvar sus ánimas, como quiera que pudiera estar doscientos años sin -saber en qué consistia su salvacion, si tanto duraran, matándolos y -destruyéndolos, ántes que oyesen cosa de su salvacion; y no es verdad -lo que dice, que nunca faltaron predicadores, porque nunca los vido, -ni los habia, ni los hobo en aquella parte de tierra firme donde él -estuvo, ni en esta isla, cuando pudieran doctrinar y aprovechar á los -indios, y cuando los hobo, no habia ya á quien enseñar, por habellos -todos muerto; y segun la desórden que los españoles tuvieron en su -infernal cudicia y crueldades, de que trabajándolos con ellos usaron, -aunque hobiera muchos predicadores no tuvieran lugar para predicalles, -ni los indios para oillos, porque harto tenian que hacer los tristes -indios en pensar huirse á los montes, por hartarse de cualesquiera -hierbas ó raíces, segun la hambre que pasaban, y por salir de aquella -vida trabajosa, infernal, en la cual tenian certidumbre que hoy ó -mañana, ó esta semana ó la otra, ó en este mes ó en el otro, habian de -acabar sus vidas. Mirad con qué conciencia y con qué verdad pudo decir -Oviedo que muy pocos de los indios deseaban ser cristianos, y que era -gente muy desviada de querer entender la fe católica, y que debieran -de haber ya entendido cosa en que tanto les iba, como es salvar sus -ánimas. Confirma cuanto ha dicho Oviedo ser falsedad, el inextimable -y áun increible fructo que en todas las gentes destas Indias Dios ha -sacado, y todo el mundo sabe, donde quiera que ha habido religiosos -que les han predicado, como arriba queda ya probado. Llámalos tambien -Oviedo gentes sin piedad; júzguelo Dios como lo juzgará y lo tiene ya -juzgado, y áun cualquiera hombre que tenga mediano juicio lo podrá -juzgar, por las obras que habemos en ellas cometido, con tanta impiedad -y crueldad, ¿á quién juzgará Dios más rigurosamente de impiedad en el -postrimero dia, á nosotros cristianos ó á los infieles indios, cuando, -por testigos tan grandes, tan inmensas y tan nunca otras vistas ni -oidas despoblaciones de tantos reinos, y regiones, y provincias se le -presentaren? Finalmente, ya parece superfluidad responder á cada cosa -de las infamias y testimonios falsos con que á toda la universidad -destas indianas gentes macula é infama, como áun en sus dichos es -vario, y lo que alguna vez afirma otra vez dice lo contrario, y así -parece el crédito que en todo se le debe dar. En el cap. 13 del -libro II, dice, que naturalmente los indios destas Indias están de -contino diferentes, siendo todos, por la mayor parte, pacíficos, y -demasiadamente mansos todos entre sí, si no era algunos Caciques y -señores grandes que movian guerra contra otros, por ciertas causas; -y el contrario desto dice en el cap. 2.º del libro III, que la gente -desta isla tenia la más quieta y asosegada manera de vivir, y en el -cap. 6.º y 12 del libro II, tractando de la causa porqué el Almirante, -primero que esta isla é Indias descubrió, dejó los 38 hombres, dice que -lo hizo porque esta gente le pareció muy doméstica y mansa, y dice así: -«Viendo el Almirante que aquesta gente era tan doméstica, parecióle que -seguramente podia dejar allí algunos cristianos,» etc., y así se tuvo -por cierto, que si los 38 españoles no hicieran agravios á los indios, -ni se desparcieran unos de otros, metiéndose por la tierra dentro, que -nunca los mataran, como en el lib. I, cap. 86, referimos, y el mismo -Oviedo tambien recita en el cap. 12, donde arriba. - - - - -CAPÍTULO CXLVII. - - -Referidos los males y testimonios falsos, y dadas las razones que por -falsos los declaran, con que Oviedo todas estas gentes de todo este -orbe ha infamado y aniquilado temerariamente delante todo el mundo, -tornando á nuestra Historia, diremos las cosas, demás de las dichas, -que estando todavía el Rey en Barcelona en este año de 519, acaecieron; -y una dellas fué otro terrible combate que se le ofreció al susodicho -clérigo Bartolomé de las Casas, y la victoria que con el favor divino -y con la fuerza de la verdad que traia y defendia consiguió dél. Esto -acaesció desta manera: el obispo don fray Juan Cabedo, primer obispo -del Darien, de quien algunas veces arriba hemos hablado, acordó de -ir á la corte, no supe á qué fin, no al ménos para remedio de las -tiranías y perdicion que padecian sus ovejas, segun por algunas de sus -palabras se pudo conjeturar; el cual, salido del Darien vino á dar á la -isla de Cuba, donde andaba ya la frecuencia de las quejas del clérigo -Casas, que trabajaba de libertar todos los indios, quitándolos á los -españoles, estimándole por ello por destruidor de tantos hidalgos -que con los indios se mantenian y de enemigo de su nacion; díjose -despues, que oido ésto en Cuba, con lo que él tambien habia oido en -el Darien contra el Clérigo, se ofreció á hacer que lo echasen de la -corte. Tambien se presumió que Diego Velazquez le habia untado las -manos ayudándole para el camino, porque como era el Obispo persona de -mucha autoridad, sin que fuera Obispo, en especial siendo solemnísimo -predicador, esperando que le podia en la corte con el Rey nuevo, que -era el Emperador, en sus negocios ayudar, mayormente habiéndosele -alzado Hernando Cortés con su armada, y la tierra y señorío de la Nueva -España que tan copiosa muestra habia dado de tan grandes riquezas, -y con la esperanza que habia cobrado de ser en ella muy gran señor, -como de cierto lo fuera si Cortés no le hurtara la bendicion. Así -que, llegado el Obispo de tierra firme á la corte, que á la sazon, -segun ha parecido, estaba en Barcelona, puesto que por la pestilencia -que en la ciudad sobreviniera, el Rey estaba en un lugar muy fresco, -llamado Molin de Rey, tres leguas de la ciudad, y todos los Consejos -y los grandes á legua y á media legua, otros más y otros ménos, por -lugarejos y fortalezas por allí al rededor, el Obispo se aposentó en -uno de aquellos lugares como mejor pudo; venia de cuando en cuando -á comer con el obispo de Badajoz, por haber sido ambos predicadores -del Rey en un tiempo, á tractar de sus negocios, posaba el obispo de -Badajoz un cuarto de legua, en una torre y casa de placer de Molin de -Rey, donde el Rey estaba aposentado. Un dia vino el dicho Obispo de -tierra firme á palacio, que fué la primera vez que el clérigo Casas -supo que era venido; como lo vido el Clérigo en la cuadra donde el Rey -come, y preguntado quién era aquel tan reverendo fraile, dijéronle -que era obispo de las Indias. Llegóse á él, y díjole: «Señor, por lo -que me toca de las Indias, soy obligado á besar las manos de vuestra -señoría.» Preguntó á Juan de Samano, que despues fué secretario de las -Indias, con quien el Obispo estaba hablando: «¿Quién es este padre?» -Samano respondió: «Señor, el señor Casas.» El Obispo, no con chica -señal al ménos de arrogancia, dijo: «¡Oh señor Casas, y qué sermon os -traigo para predicaros!» Respondió Casas, no muy amedrentado, ántes -con alguna colerilla: «Por cierto, señor, dias há que yo deseo oir -predicar á vuestra señoría, pero tambien á vuestra señoría certifico -que le tengo aparejados un par de sermones, que si los quisiere oir -y bien considerar, que valgan más que los dineros que trae de las -Indias.» Respondió el Obispo: «Andais perdido, andais perdido.» Dijo -Samano: «Señor, del señor Casas y de su intencion, todos estos señores -están satisfechos,» ésto decia por los del Consejo. Añidió el Obispo -una palabra harto indigna de Obispo, «que con buena intencion podia -cometer cosa deshonesta, que fuese pecado mortal.» Oida la torpe -sentencia, el Clérigo conmovido, con alguna alteracion determinó de -le responder _juxta stultitiam_, que lo entendieran cuantos en la -cuadra habia; abrieron la puerta de la cámara del Rey, donde estaba en -Consejo, y salió el obispo de Badajoz, á quien esperaba el de tierra -firme para se ir á comer con él, y así no tuvo lugar el Clérigo de le -lastimar con su respuesta. Visto el Clérigo que se iba á comer con el -obispo de Badajoz, y que podia dañalle los negocios, como el de Badajoz -fuese de mucho crédito cerca del Rey, y hasta allí siempre hobiese al -Clérigo favorecido, acordó de se despachar luégo é irse al castillo -donde posaba el obispo de Badajoz, y hallólos sobre comida. Acaesció -haber comido allí el almirante D. Diego Colon, segundo de las Indias, -y D. Juan de Zúñiga, hermano del conde de Miranda, que despues fué ayo -del rey D. Felipe, siendo Príncipe; y sobre comer el obispo de Badajoz -y el Almirante, jugaron á las tablas, pasando por recreacion un poco de -tiempo, miéntras se hacia hora de ir á palacio el Obispo. En ésto entró -el Clérigo, y estando mirando todos el juego, cierta persona que habia -estado en esta isla hablaba con el Obispo de tierra firme, diciendo que -se habia hecho trigo en esta isla; el Obispo de tierra firme, afirmaba -que no era posible. El Clérigo llevaba en la bolsa ciertos granos de -muy buen trigo, de ciertas espigas que habian nacido debajo de un -naranjo en la huerta del monasterio de Sancto Domingo desta ciudad, -y dijo con toda reverencia y mansedumbre: «Por cierto, señor, yo lo -he visto muy bueno en aquella isla, y pudiera decir, veíslo, aquí lo -traigo conmigo.» El cual, así como oyó hablar al Clérigo, con sumo -inflamento menosprecio é indignacion, dijo: «¿Qué sabeis vos? ésto será -como los negocios que traeis, ¿vos qué sabeis de lo que negociais?» -Respondió el Clérigo modestamente: «¿Son malos ó injustos, señor, los -negocios que yo traigo?» Dijo él: «¿Qué sabeis vos ó qué letras y -ciencia es la vuestra, para que os atrevais á negociar los negocios?» -Entónces el Clérigo, tomando un poco de más licencia, mirando siempre -de no enojar al obispo de Badajoz, respondió: «Sabeis, señor Obispo, -cuán poco sé de los negocios que traigo, que con esas pocas de letras -que pensais que tengo, y quizá son ménos de las que estimais, os porné -mis negocios por conclusiones, y la primera será: que habeis pecado -mil veces, y mil y muchas más por no haber puesto vuestra ánima por -vuestras ovejas, para librallas de las manos de aquellos tiranos que -os las destruyen. Y la segunda conclusion será, que comeis sangre y -bebeis sangre de vuestras propias ovejas. La tercera será, que sino -restituis todo cuanto traeis de allá, hasta el último cuadrante, no -os podeis más que Judas salvar.» Desque vido el Obispo, que por las -veras no podia mucho con el Clérigo ganar, comenzó á echarlo por burlas -y mofar, riéndose y escarneciendo de las saetadas que el Clérigo le -daba. El Clérigo, todavía, teniendo el rigor de las veras, díjole: -«¿Reisos, señor? debíades de llorar vuestra infelicidad y de vuestras -ovejas.» Dijo el Obispo: «Sí, ahí tengo las lágrimas en la bolsa.» -Respondió el Clérigo: «Bien sé que tener lágrimas verdaderas de lo -que conviene llorar, es don de Dios, pero debíades de, sospirando, -rogar á Dios que os las diese, no sólo de aquel humor que llamamos -lágrimas, pero de sangre que saliese del más vivo del corazon, para -mejor manifestar vuestra desventura y miseria y de vuestras ovejas.» -En todo ésto callaba el obispo de Badajoz, pasando con su juego de -las tablas adelante, donde parecia que se holgaba de lo que pasaba, -y con ésto el Clérigo tomaba favor para confundir al Obispo y á su -insensibilidad, porque á la primera palabra que el de Badajoz dijera, -no hablara el Clérigo más, por no enojallo y perder su favor como lo -tuviese ganado. Pasado lo que está dicho, atajó lo demas el obispo de -Badajoz, diciendo: «No más, no más.» Entónces habló el Almirante y el -D. Juan de Zúñiga en favor del clérigo Casas; el Almirante, refiriendo -lo que sentia del Clérigo y de sus negocios y buena voluntad, que lo -cognoscia más, y D. Juan de Zúñiga, segun la noticia que dél tenia por -oidas. Ello todo así, asosegado el Clérigo, desde á un rato fuése á su -posada. - - - - -CAPÍTULO CXLVIII. - - -El obispo de Badajoz, desque fué hora de ir á palacio (porque como el -Rey comenzaba entónces á reinar eran frecuentes los Consejos que se -tenian, en especial de Guerra y del Estado), fuése y dijo al Rey todo -lo que habia entre el Obispo y el Clérigo pasado, diciendo «holgárase -Vuestra Alteza de oír lo que dijo micer Bartolomé al Obispo de tierra -firme, sobre las cosas de las Indias, acusándole que no habia hecho -con los indios, sus ovejas, como debia, segun buen pastor y Prelado.» -Oido ésto, el Rey mandó que los amonestasen, que para el tercero dia -pareciesen ante su Real acatamiento, porque los queria oir á ambos, -y como á persona que le tocaban las cosas de las Indias, mandó que -tambien se hallase presente el Almirante. Acaesció en estos dias que -vino allí un religioso de Sant Francisco, que habia estado en esta isla -Española, y visto algunos de los malos tractamientos que se hacian á -los indios, causa de la disminucion dellos; este religioso, por lo -que habia oido del Clérigo, y de los negocios que tractaba y del fin -que pretendia, deseaba vello y conocello, y así lo anduvo á buscar -y vino á él en aquel lugarejo donde el Rey estaba, diciendo: «Señor -yo he sabido los negocios y pasos en que andais, que son de apóstol -verdadero; yo he estado en las Indias y he visto los males y daños que -aquellas miserables gentes padecen, y ved en qué os puedo ayudar» y áun -en la misma casa y á la misma hora que descendia de la brega que habia -con el Obispo pasado lo fué á hallar. El Clérigo lo abrazó y dió las -gracias por el consuelo y ofertas que le daba. Desde allí predicaba -en la Iglesia del pueblo, que no era de más de treinta casas, y cuasi -las palabras se oian en palacio, y, como no habia más de una iglesia, -todos los Grandes allí estaban aposentados, y los que venian de los -otros lugares cada dia á palacio, y los flamencos y de la casa Real, -cuasi iban á oir al fraile, que de otra materia más que de las hazañas -abominables destas Indias no tractaba. Llegado ésto á los oidos del -Rey, mandó tambien que se hallase con el Obispo de tierra firme, y el -Almirante y el Clérigo, ante su presencia, el fraile. Llegado el dia de -la disputa ó audiencia, que el Rey determinó dar al Obispo y al Clérigo -para que en su presencia careados hablasen, llegó primero al lugar ó -cuadra donde el Rey habia de estar el Obispo y luego el fraile; el -Obispo, como lo vido, no le plugo nada, sospechando, que como parecia -libre en el predicar, lo seria quizá en lo que dijese favorable, por lo -cual quísolo, como dicen, sobajar y atemorizar, y para este fin, á lo -que pareció, díjole: «Padre, ¿qué haceis agora vos aquí? bien parece á -los frailes andar por la corte, mejor les sería estar en sus celdas y -no venir á palacio.» Respondió el fraile al Obispo, de su misma órden -fraile: «Así me parece, señor Obispo, que nos sería mejor estar en -nuestras celdas á todos los que somos frailes.» Replicóle el Obispo -cierta palabra en que pretendia echallo de allí, porque cuando saliese -el Rey no le hallase, respondió el fraile: «Callad agora, señor Obispo, -y dejad salir al Rey é vereis lo que pasa.» Creyóse por entónces que -el fraile causó, con lo que habia dicho al Obispo, que perdiese algo -del orgullo y presuncion que mostraba, cuando desde á un rato se vieron -todos delante del Rey. Salido el Rey, é sentado en su silla real, -sentáronse los de su Consejo en bancas, más abajo; éstos eran Mosior de -Xevres, el Gran Chanciller, el obispo de Badajoz, el licenciado Aguirre -y otros tres ó cuatro que se me han caido de la memoria; la órden de -se asentar fué ésta, en las bancas de la mano derecha, por respecto -del Rey, estaba Mosior de Xevres, y luégo, junto á él, el almirante -de las Indias y despues dél el Obispo de tierra firme, y despues dél -el licenciado Aguirre. En las de la mano izquierda; el primero era el -Gran Chanciller y despues dél el Obispo de Badajoz, y de allí adelante -los demas. El Clérigo allegóse á la pared, frontero del Rey, y el -fraile de Sant Francisco junto al Clérigo. Todos así ordenados y en -gran silencio callando, desde á un poco de rato levantáronse Mosior de -Xevres y el Gran Chanciller, cada uno por su lado, y suben la grada de -la peana donde el Rey estaba sentado, con sumo reposo y reverencia; -hincadas las rodillas, junto al Rey, consultan lo que mandaba, hablando -muy paso, como á la oreja, un ratico de tiempo; tornáronse á levantar, -y, hecha su reverencia, viénense á sus lugares y siéntanse como de -ántes lo estaban, y estando un poco así, callando, habla el Gran -Chanciller (cúyo es hablar y determinar lo que en el Consejo se ha de -tractar presente ó ausente el Rey, por ser cabeza y Presidente de los -Consejos): «Reverendo Obispo, Su Majestad manda que hableis, si algunas -cosas teneis de las Indias que hablar;» ya era venido el decreto de la -eleccion del Rey, Emperador, y por ésto se le hablaba con Majestad. El -Obispo de tierra firme se levantó y hizo un preámbulo muy gracioso y -elegante, como quien solia graciosa y elocuentemente predicar, diciendo -que muchos dias habia que deseaba ver aquella presencia real, por las -razones que á ello le obligaban, y que agora que Dios le habia complido -su deseo, cognoscia que _facies Priami digna erat imperio_; lo que -el poeta Homero dijo de la hermosura de Priamo, aquel excelente Rey -troyano. Cierto, pareció muy bien á todos, y de creer es que al Rey no -ménos agradó el preámbulo. Tras el proemio, añidió luégo, que porque -él venia de las Indias y traia cosas secretas, de mucha importancia, -tocantes á su real servicio, y que no convenia decirlas, sino á sólo Su -Majestad y su Consejo, por tanto, que le suplicaba que mandase salir -fuera los que no eran de Consejo; y dicho ésto, estuvo así un poco y -hízole señal el Gran Chanciller y tornó á sentarse. Parado así todo, -y todos callando, tornaron Mosior de Xevres y el Gran Chanciller, por -la misma órden, á levantarse, y subieron al Rey, y hecha reverencia, y -hincadas las rodillas, tornaron á consultar al oido lo que Su Majestad -mandaba. Tórnanse á sentar con toda la su dicha modestia y reposo, y -desde á un poquito, dice el Gran Chanciller: «Reverendo Obispo, Su -Majestad manda que hableis si teneis que hablar.» Levántase el Obispo, -y tórnase á excusar, diciendo: que las cosas que trae que decir son -secretas, y que no conviene que las oiga sino Su Majestad y los de su -Consejo, y tambien porque no venia él á poner en disputa sus años y -canas. Tornan los susodichos Mosior de Xevres y Gran Chanciller por la -misma órden, y gravedad, y ceremonias pasadas, á consultar al Rey, é -consultado, tórnanse á sentar, y dice el Gran Chanciller: «Reverendo -Obispo, Su Majestad manda que hableis si teneis que hablar, porque los -que aquí están, todos son llamados para que estén en este Consejo.» -Manifiesto fué que el Obispo andaba porque saliesen de allí el Clérigo -que tanto le habia dos dias ántes lastimado, y tambien porque saliese -el fraile, de quien media hora habia que le diera un buen tártago; -finalmente, habla el Obispo tornándose á excusar y alegando que no -venia á poner en disputa sus años y canas, pero, pues Su Majestad lo -mandaba, proseguia adelante, y dijo así: «Muy poderoso señor, el Rey -católico, vuestro abuelo, que haya santa gloria, determinó de hacer -una armada para ir á poblar la tierra firme de las Indias, y suplicó á -nuestro muy Sancto Padre me criase Obispo de aquella primera poblacion, -y dejado los dias que he gastado en la ida y en la venida, cinco años -he estado allá, y como fuimos mucha gente y no llevábamos que comer -más de lo que hobimos menester para el camino, toda la más de la gente -que fuimos, murió de hambre, y los que quedamos, por no morir como -aquellos, en todo este tiempo ninguna otra cosa hemos hecho sino robar, -y matar y comer. Viendo, pues yo, que aquella tierra se perdia, y que -el primer Gobernador della fué malo, y el segundo muy peor, y que -Vuestra Majestad era en felice hora á estos reinos venido, determiné -venir á darle noticia dello como á Rey y señor, en cuya esperanza está -todo el remedio; y en lo que toca á los indios, segun la noticia que -de los de la tierra donde vengo tengo, y de los de las otras tierras, -que viniendo camino vide, aquellas gentes son siervos _a natura_, los -cuales precian y tienen en mucho el oro, y para se lo sacar es menester -usar de mucha industria, etc.» Estas palabras y otras á este propósito, -aunque con alguna contradiccion de sí mismo, segun allí se notó, dijo -ante el Rey é aquel Consejo y de los demas el dicho Obispo de tierra -firme, y éstos fueron los secretos que traia para decir al Rey, é no -queria que el clérigo Casas ni los demas los oyesen. - - - - -CAPÍTULO CXLIX. - - -Cesó de hablar el Obispo, y levantáronse Mosior de Xevres y el Gran -Chanciller, y van al Rey con la órden y ceremonias susodichas, y -tornándose á sentar, dijo el Chanciller al Clérigo: «Micer Bartolomé, -Su Majestad manda que hableis.» Entónces el Clérigo, quitado su bonete -y hecha muy profunda reverencia, comenzó desta manera: «Muy alto y -muy poderoso Rey y señor, yo soy de los más antiguos que á las Indias -pasaron, y há muchos años que estoy allá, en los cuales he visto por -mis ojos, no leido en historias que pudiesen ser mentirosas, sino -palpado, porque así lo diga, por mis manos, cometer en aquellas gentes -mansas y pacíficas las mayores crueldades y más inhumanas que jamás -nunca en generaciones por hombres crueles ni bárbaros irracionales -se cometieron, y éstas sin alguna causa ni razon, sino sólamente por -la cudicia, sed y hambre de oro insaciable de los nuestros. Estas -han cometido por dos maneras: la una, por las guerras injustas y -crudelísimas que contra aquellos indios que estaban sin perjuicio -de nadie en sus casas seguros, y tierras donde no tienen número las -gentes, pueblos y naciones que han muerto; la otra, despues de haber -muerto á los señores naturales y principales personas, poniéndolos -en servidumbre, repartidos entre sí, de ciento en ciento, y de -cincuenta en cincuenta, echándolos en las minas donde al cabo, con -los increibles trabajos que en sacar el oro padecen, todos mueren. -Dejo todas aquellas gentes, donde quiera que hay españoles, pereciendo -por estas dos maneras, y uno de los que á estas tiranías ayudaron, mi -padre mismo, aunque ya está fuera dello. Viendo todo ésto yo me moví, -no porque yo fuese mejor cristiano que otro, sino por una compasion -natural y lastimosa que tuve de ver padecer tan grandes agravios é -injusticias á gentes que nunca nos las merecieron, y así vine á estos -reinos á dar noticia dello al Rey católico, vuestro abuelo; hallé á -Su Alteza en Plasencia, díle cuenta de lo que digo, rescibióme con -benignidad, y prometió para en Sevilla, donde iba, el remedio. Murió -en el camino luégo, y así, ni mi suplicacion ni su real propósito -hobieron efecto. Despues de su muerte hice relacion á los Gobernadores -que eran el cardenal de España D. Fray Francisco Ximenez, y el Adriano, -que agora es cardenal de Tortosa, los cuales proveyeron muy bien todo -lo que convenia para que tan grandes daños cesasen y aquellas gentes -no pereciesen, pero las personas que las dichas provisiones fueron á -ejecutar, desarraigar tanta maldad y sembrar tanto bien y justicia no -merecieron; torné sobre ello, y despues que Vuestra Majestad vino, se -lo he dado á entender, y estuviera ya remediado, si el Gran Chanciller -primero en Zaragoza no muriera; trabajo ahora de nuevo en lo mismo, -y no faltan ministros del enemigo de toda virtud y bien, que por sus -propios intereses, mueren porque no se remedie. Va tanto á Vuestra -Majestad en entender ésto y mandallo remediar, que dejado lo que toca -á su Real ánima, ninguno de los reinos que posée, y todos juntos, se -igualan con la mínima parte de los estados y bienes por todo aquel -orbe; y en avisar dello á Vuestra Majestad, se yo de cierto que hago -á Vuestra Majestad uno de los mayores servicios que hombre vasallo -hizo á Príncipe ni señor del mundo, y no porque quiera ni desee -por ello merced ni galardon alguno, porque ni lo hago por servir á -Vuestra Majestad, porque es cierto (hablando con todo el acatamiento -y reverencia que se debe á tan alto Rey é señor), que de aquí á aquel -rincon no me mudase por servir á Vuestra Majestad, salva la fidelidad -que como súbdito debo, sino pensase y creyese hacer á Dios en ello gran -sacrificio, pero es Dios tan celoso y granjero de su honor, como á él -se deba sólo el honor y la gloria de toda criatura, que no puedo dar un -paso en estos negocios, que por sólo él tome á cuestas de mis hombros, -que de allí no se causen y procedan inestimables bienes y servicios de -Vuestra Majestad: y para rectificacion de lo que dicho tengo, digo y -afirmo, que renuncio cualquiera merced y galardon temporal que Vuestra -Majestad me quiera y pueda hacer, y si en algun tiempo, yo, ó otro por -mí, merced alguna quisiere y pidiere directo ni indirecte, en ninguna -cosa de las susodichas Vuestra Magestad me dé crédito, ántes sea yo -tenido por falso, engañador de mi Rey é señor. Allende desto, aquellas -gentes, señor muy poderoso, de que todo aquel mundo nuevo está lleno -y hierve, son gentes capacísimas de la fe cristiana, y á toda virtud -y buenas costumbres por razon y doctrina traibles, y de su _natura_ -son libres, y tienen sus Reyes y señores naturales que gobiernan sus -policías; y á lo que dijo el reverendísimo Obispo, que son siervos _a -natura_ por lo que el Filósofo dice en el principio de su Política, -que _vigentes ingenio naturaliter sunt rectores et domini aliorum_, -y _deficientes a ratione naturaliter sunt servi_, de la intencion -del Filósofo á lo que el reverendo Obispo dice hay tanta diferencia -como del cielo á la tierra, y que fuese así como el reverendo Obispo -afirma, el Filósofo era gentil, y está ardiendo en los infiernos, -y por ende tanto se ha de usar de su doctrina, cuanto con nuestra -sancta fe y costumbre de la religion cristiana conviniere. Nuestra -religion cristiana es igual y se adapta á todas las naciones del mundo, -y á todas igualmente rescibe, y á ninguna quita su libertad ni sus -señoríos, ni mete debajo de servidumbre, su color ni achaques de que -son siervos _a natura_ ó libres, como el reverendo Obispo parece que -significa, y por tanto, de Vuestra Real Majestad será propio desterrar -en el principio de su reinado de aquellas tierras tan enorme y -horrenda, delante Dios y los hombres, tiranía, que tantos males y daños -irreparables causa en perdicion de la mayor parte del linaje humano, -para que nuestro Señor Jesucristo, que murió por aquellas gentes, su -real Estado prospere por muy largos dias.» Esta fué la oracion del -clérigo Casas, en la cual estuvo buenos tres cuartos de hora, y el Rey -muy atento, y todos mirándole y notando cada palabra de lo que decia. -Acabada la habla del Clérigo, levantáronse Mosior de Xevres y el Gran -Chanciller, y fueron al Rey como solian, y, consultado, tornados á -sentar, dijo el Gran Chanciller al religioso de Sant Francisco: «Padre, -Su Majestad manda que hableis si teneis que hablar en las cosas de las -Indias.» El religioso, hecho al Rey su debido acatamiento, comenzó así: -«Señor, yo estuve en la isla Española ciertos años, y por la obediencia -me fué impuesto y mandado con otros que fuese á visitar y contar el -número que habia en la isla de indios, y hallamos que habia tantos -mil; despues, á cabo de dos años, me tornaron á encargar y mandar lo -mismo, y hallamos que habian perecido en aquel tiempo tantos mil que -habia ménos, y así, de aquesta manera, se habia destruido la infinidad -de gentes que habia en aquella isla; pues si la sangre de uno muerto -injustamente, tanto pudo que no se quitó de los oidos de Dios, hasta -que Dios hizo venganza della, y la sangre de los otros nunca cesa de -clamar, _vindica sanguinem nostrum, Deus noster_, ¿qué hará la sangre -de tan innumerables gentes como en aquellas tierras con tan gran -tiranía é injusticia han perecido? Pues por la sangre de Jesucristo y -por las plagas de Sant Francisco, pido y suplico á Vuestra Majestad -que remedie tanta maldad y perdicion de gentes, como perecen cada dia, -porque no derrame sobre todos nosotros su rigurosa ira la divinal -justicia.» Esto fué lo que oró el padre religioso de Sant Francisco; -fué harto breve, pero con gran hervor y harto sangriento todo lo que -dijo, que parecia que los que allí estaban eran ya puestos en el final -juicio. Desque el religioso cesó de hablar, Mosior de Xevres y el Gran -Chanciller fueron á consultar al Rey, é tornados á sentarse, dijo el -Gran Chanciller al Almirante que Su Majestad mandaba que hablase. El -cual, con brevedad y prudentemente, se expidió diciendo: «Señor, los -males y daños que en las Indias se han hecho y se hacen, que refieren -estos Padres, son muy manifiestos, y hasta ahora clérigos y frailes, -no los pudiendo sufrir, los han reprendido, y, segun aquí ha parecido, -ante Vuestra Majestad vienen á denunciarlo, y puesto que Vuestra -Majestad recibe en destruille aquellas gentes y tierras inestimable -daño, pero mayor lo rescibo yo, porque aunque lo de allá todo se -pierda, no deja Vuestra Majestad de ser Rey y señor, pero yo, ello -perdido, no me queda en el mundo nada donde me pueda arrimar, y ésta ha -sido la causa de mi venida para informar dello al Rey católico que haya -sancta gloria, y á ésto estoy esperando á Vuestra Majestad; y así, á -Vuestra Majestad suplico, por la parte del daño grande que me cabe, sea -servido de lo entender y mandar remediar, porque en remediallo Vuestra -Majestad cognoscerá cuán señalado provecho y servicio á su real Estado -se seguirá.» Cesó el Almirante de hablar, y levantóse el Obispo de -tierra firme y suplicó por licencia para tornar á hablar. Consultaron -al Rey los dos que solian, con el modo y ceremonias ya declaradas, y -respondió el Gran Chanciller al Obispo: «Reverendo Obispo, Su Majestad -manda, que si más teneis que decir, lo deis por escrito, lo cual, -despues se verá.» Levántose luégo el Rey, y entróse en su cámara, y no -hobo en ésto por entónces más: todo ésto pasó allí estando yo presente. - - - - -CAPÍTULO CL. - - -Parece convenir que se refiera aquí la opinion que aquel Obispo tuvo -destas gentes de las Indias, y de las obras que en ellas hicieron -nuestra gente de España, para declaracion de aquello que el Obispo -dijo ante el Rey, que los indios eran siervos _a natura_. Esto -parecerá por un tractado que compuso en latin é dedicó á un licenciado -Barrera, médico, muy su amigo, el cual me lo dió á mí, porque lo era -tambien mio, en el cual movió y determinó dos cuestiones: la una, si -la guerra que se habia movido y hacia contra estas gentes era justa: -_Utrum bellum hactenus contra indos Occeani maris insulas incolentes -sit justum._ La segunda cuestion, si los captivos en aquellas guerras -fuesen esclavos legales: _Secundo, utrum capti in hoc bello sunt servi -legales._ La primera cuestion responde: ser las guerras injustas -por defecto de autoridad, porque ni el Papa tal autoridad dió en la -concesion que hizo á los Reyes destas Indias, y los reyes de Castilla, -no sólo nunca tal autoridad dieron por palabra ni por escrito, pero -muchas veces y por muchas instrucciones, mandamientos y exhortaciones, -lo prohibieron, y dice así en su tractado: _Sed in donatione qua -Summus Pontifex, tan quam universalis dominus, has barbaras nationes -catholico regi Ferdinando dedit et donavit, aut ejus prudentissimo -et sapientissimo regimini commisit, non invenitur mandatum tacitum -vel expressum de bello indicendo contra illos. Nec ipse serenissimus -atque catholicus Rex, alicui gubernatorum seu exercitus ductorum, de -quampluribus ab ipso missis ad instruendum pacificandum reducendumque -præfatos indos ad obedientiam Sedis apostolicæ et suæ cælsitudinis -nomine præfatæ Sedis, tale bellum verbo vel scripto mandavit; immo -hoc prohibuisse notum est aspicienti ejus exortationes et mandata, -in scriptis quibus instrui jussit suos gubernatores et capitaneos, ut -benigne et pacifice dictis barbaris suaderent monita salutis multum -sibi conferentia audire et eis obtemperare sub aseveratione quod eis -in nullo essent molesti, insuperque uxores filios et quæque sua forent -ipsis conservabuntur intacta, et a quibuscumque, si quos habuissent -adversarios, redderent securos. Si ergo auctoritas Principis ad justum -bellum requiritur, sequitur quod omnia bella mota contra jam dictos -barbaros injusta sunt, et per privatas personas, non solum sine -auctoritate Principis immo contra ejus multiplicem prohibitionem._ Lo -mismo prueba ser injustas las dichas guerras por no haber intervenido -causa justa, que habia de ser que nos hobiesen ofendido, infestado, -turbado y robado alguna cosa, que no nos la quisiesen restituir, -ó satisfacer, por la injuria que nos hobiesen hecho, y dice así: -_Sed isti de quibus est sermo nec nostra possidebant, nec in aliquo -unquam nobis infesti seu molesti fuerunt, nec nostris impedimentum -prestarunt ubicumque declinare voluerunt, antequam male et crudeliter -tractarentur. Cum igitur, his non obstantibus, eos impugnarent et -invaserint et hucusque invadere non cessant, eorum bona in prædam -et personas in captivitatem redigendo, nulla auctoritate Principis -freti, nec causa justa ejus movente, bene manifestum est bellum -hactenus motum contra sæpe dictos barbaros esse injustum._ Cuanto á la -cuestion segunda, «que los indios tomados en aquellas guerras no sean -ni pudieron ser esclavos,» conclúyela desta manera: _Cum ergo, ut ex -dictis patet in secundo quæsito, nullo modo per quamcumque personam -cujuscumque condicionis potuit indici justum et proprium bellum contra -præfatos indos, nulla in eis culpa precedente; sequitur quod capti in -tali bello non sunt servi eorum qui eos cæperunt, nec capientes possunt -eis juste dominari et per consequens talis dominatio est tiranica, -et capti non sunt servi lege justa sed oppresiva_, etc. Dice despues -más abajo que no sean tampoco siervos _a natura_: _Et quod non sint -servi a natura probatur quonian ad hoc quin aliquis sit natura dominus -vel natura servus tria requiruntur; primum, quod dominus prudentia et -ratione excedat servum et quod servus omnino deficiat et careat his, -scilicet prudentia et ratione: secundum, quod sit tantæ utilitatis -dominus servo quantæ servus domino: tertium, quod servus natura non -cogatur per quemcumque indiferenter servire domino natura, sed solum -per Principem aut publicam personam._ Despues de explicadas las dichas -tres condiciones que se requieren para que uno sea siervo por _natura_, -dice así: _Si ergo, ista tria requiruntur ad dominium et servitutem -naturalem, luculenter apparet quod sic capti in injusto bello, quod -est indictum sine auctoritate Principis, et sine justa causa motum, -non possunt effici servi legales, et capientes sunt potius dicendi -latrunculi et oppresores quam domini; qua eadem ratione non possunt -esse servi natura, cum requiratur autoritas Principis determinantis et -constituentis illos qui sunt aptitudine domini ut actu dominentur, et -eos qui sunt aptitudine servi ut actu pareant et serviant. Privantur -ergo juste hujusmodi oppressores, ne de his quod vi ceperunt et -oppreserunt possunt veluti de re possessa disponere, quod est habere -secundum legalem quem vulgo sclavum appellant; privantur insuper ne -idem superati et victi eisdem tyrannis et invasoribus commendentur et -donentur, ut ex illis aliquam possint consequi utilitatem, quod est -habere servum naturalem qui vulgari vocabulo dicitur naboria. Injustum -est enim ut dominus natura instituatur ille qui solum suam et non servi -quærit utilitatem._ De aquí parece que el Obispo no asigna otra razon -por donde los indios no los pudieron tener los españoles encomendados -por siervos _a natura_, sino porque no los declaró el Rey por siervos -_a natura_, y tambien, aunque cortamente al cabo lo dice, porque los -españoles no los tractaban de tal manera que les fuesen tan provechosos -como los indios lo eran á ellos, y así, por falta de las dos cosas -que se requerian para que fuesen siervos por _natura_, dice que los -españoles no los pudieron tener encomendados justamente, y por tanto -eran tiranos é invasores injustos. De manera que supone en lo que dice, -los indios ser de sí, que es tener aptitud é habilidad, ó por claro -hablar, ser incapaces de se gobernar, y así ser siervos de _natura_, -y que el Rey los pudiera declarar por tales, y por tanto, dalles á -los españoles, con tanto que les fueran tan útiles cuanto á ellos los -indios; á ésto podemos decir en favor de los españoles, que la hora -que el Rey daba los repartimientos ó encomiendas, ó las permitia dar, -era visto dárselos por siervos por _natura_, pero nunca Dios quiera que -tal intencion el Rey ni la Reina católica jamás tuvieran, como parece -arriba, libro II, en el cap. 14, y donde se puso á la letra la Cédula -real, de la cual ocasionalmente se introdujeron los repartimientos que -llamaron despues encomiendas, sin tal mandar tácita ni expresamente, -ni pasalle por el pensamiento; de manera, que sólo el Comendador Mayor -de Alcántara, despues de la Reina muerta, contra expreso mandado de la -dicha católica Reina, por su propia autoridad fué el inventor dello. -Tornando al propósito deste señor Obispo de tierra firme, aunque -supone, como dije, ser los indios siervos _a natura_, pero no lo prueba -ni lo aplica, las condiciones y razones que el Filósofo pone donde -lo alega, que es en el libro I de su Política, para que una persona -ó personas sean siervos por _natura_, á los indios, y creo yo que no -osó aplicallas, porque no halló convenirles á los indios, y cualquiera -le pudiera con la experiencia y verdad mostrar el contrario, y que -si él viera que les convenian claro lo dijera. En ésto me maravillo -cómo se ofuscó su entendimiento viendo él manifiestamente que los -indios se sabian regir, y tenian sus pueblos y Reyes y reinos, y ésto -será manifiesto por lo que abajo se dijere; allende ésto, el buen -Obispo parece haber errado la intencion del Filósofo, por no penetrar -la médula de su sentencia. Las condiciones ó cualidades que ha de -tener el hombre para ser siervo por _natura_, son, segun el Filósofo, -principalmente que carezca de juicio de razon, y como mentecato ó cuasi -mentecato, y finalmente, que no se sepa regir. Esto se prueba porque -dice allí Aristóteles, que el tal ha de diferir tanto del comun modo -de razon que los hombres discretos y prudentes tienen, como difiere el -cuerpo de la ánima y la bestia del hombre; por manera, que así como el -cuerpo no es capaz de se regir á sí ni á otros, ni la bestia á sí ni -á las otras sino por el ánima y por el hombre, así el que es siervo -por _natura_, ni á sí ni á otros sabe ni puede saber regir, sino es -por las personas prudentes, que son, por la prudencia y buen juicio de -razon, señores, ó por mejor decir, Gobernadores de otros por _natura_. -Las señales que tienen los siervos de _natura_ por las cuales se pueden -y deben cognoscer, son que la naturaleza les dió cuerpos robustos y -gruesos y feos, y los miembros desproporcionados para los trabajos, -con los cuales ayuden, que es servir, á los prudentes; y las señales -para cognoscer los que son señores ó personas para saberse gobernar á -sí mismos y á otros, la naturaleza se las dió, y éstas fueron y son, -los cuerpos delicados y los gestos hermosos por la mayor parte, y los -órganos de los miembros bien dispuestos y proporcionados. Todo ésto es -del Filósofo y tráelo el mismo Obispo en aquel tractado, aunque en ésto -no concluye al propósito nada. - - - - -CAPÍTULO CLI. - - -Pues trayendo lo susodicho todo al propósito, que los indios todos, -como él supone que lo son, no sean siervos _a natura_ pruébase -claramente mostrando todo el contrario. Manifiesto es que estas gentes, -en todas estas Indias, las hallamos en pueblos y grandes pueblos -pobladas, que es señal y argumento grande de razon; hallámoslas con -señores poderosos que las regian y gobernaban, hallámoslas pacíficas -y en sus repúblicas ordenadas, y que cada uno de los vecinos tenia -y gozaba de su hacienda, y casa y estado. Esto era imposible, ni -conservarse tanta gente ayuntada sin paz, ni la paz sin justicia, como -es todo ésto averiguado. Las señales, pues, que tienen de libres, -y no de siervos, por _natura_, tambien lo declaran, porque por la -mayor parte son de muy buenas disposiciones de miembros y órganos -de las potencias, proporcionados y delicados, y de rostros de buen -parecer, que no parecen todos sino hijos de señores, y son de muy -poco trabajo por su delicadez, y bien parece pues con los trabajos en -que los habemos puesto han perecido tantos millares: desto habemos -escrito largo y probado en nuestro libro _De unico vocationis modo -omnium gentium ad veram religionem_, capítulo 4.º Item, sin la prueba -susodicha, que bastaria, pues hace evidencia de ser aquestas gentes -libres y no siervas por _natura_, pruébase tambien por lo que dice y -añide allí el Filósofo, de los bárbaros que son propiamente siervos -por _natura_, entre los cuales no hay principado natural, porque no -tienen órden de república, ni de señorío, ni subjecion, conviene á -saber, no tienen señores naturales, porque no hay entre ellos quien -tenga prudencia gubernativa, ni prudencia electiva para elegir entre sí -señor ó regente quien los gobierne, ni tienen leyes porqué se rijan, -y obedezcan y teman, ni quien prohiba, ni castigue, ni tienen cuidado -de la vida social, sino que viven como cuasi animales. Pero todo el -contrario vemos en los indios, como es manifiesto, porque ellos tienen -Reyes y señores naturales, tienen órden de república, tienen prudencia -gubernativa y electiva, porque elijen los Reyes que los rijan; tienen -leyes por que se rijen á que obedecen y temen, y á quien los corrija y -castigue, tienen gran cuidado de la vida social, luégo no son siervos -por _natura_. Terceramente se prueba lo mismo por esta manera: ser los -hombres siervos por _natura_, es ser estólidos y santochados, y como -mentecatos y sin juicio, ó con muy poquito juicio de razon, segun lo -que se colije de lo que allí dice dellos el Filósofo, y ésto es como -monstruo en la naturaleza humana, y así han de ser muy poquitos, y por -maravilla, como los monstruos por maravilla se hallan en todas las -especies de las cosas, segun parece por experiencia; porque un hombre -ó un animal, por maravilla nasce y es cojo, ó manco, ó con un ojo, ó -con más de dos, ó con seis dedos, ó con ménos de cinco y con otros -defectos desta manera, y lo mismo es en los árboles y en las otras -cosas criadas, que siempre nascen y son perfectas, segun sus especies, -y por maravilla hay monstruosidad en ellas, que se dice defecto y error -de la naturaleza, y mucho ménos y por más maravilla ésto acaesce en la -naturaleza humana áun en lo corporal, y muy mucho ménos es necesario -que acaezca en la monstruosidad del entendimiento, ser, conviene á -saber, una persona loca, ó santochada ó mentecata, y ésto es la mayor -monstruosidad que puede acaecer, como el ser de la naturaleza humana -consista, y principalmente, en ser racional, y por consiguiente sea -la más excelente de las cosas criadas, sacados los ángeles, y que sea -monstruosidad los semejantes defectos del entendimiento, dícelo el -Comentador en el libro III «De ánima.» _Error, inquit, intellectus et -falsa opinio ita se habet in cognitionibus, sicut mostrum in natura -corporali._ Pues como los monstruos en la naturaleza corporal de todas -las cosas criadas, acaezcan por gran maravilla, y, por razon de la -dignidad de la naturaleza humana, mucho ménos acaezca hallarse monstruo -cuanto al entendimiento, conviene á saber, ser alguna persona loca, -mentecata, santochada y careciente de conviniente juicio de razon para -se gobernar, y éstos sean los que por naturaleza son siervos, y estas -gentes sean tan innumerables; luégo imposible es, aunque no hobiésemos -visto por los ojos el contrario, que puedan ser siervos por _natura_, y -así, monstruos en la naturaleza humana, como la naturaleza obre siempre -perfectamente y no falte sino en muy mínima parte, como el Filósofo -prueba en el libro II. _De cælo et mundo_, y en otros muchos lugares. -Y ésto confirma bien claro á nuestro propósito, Sancto Tomás, en la -primera parte, cuestion 23, art. 7.º, _ad Tertiam_, donde dice, que el -bien proporcionado al comun estado de la naturaleza, siempre acaesce -por la mayor parte y falta por la menor, como parece que los hombres, -por la mayor parte se hallan tener suficiente ciencia y habilidad; -falta, como son los que moriones y locos ó mentecatos se llaman. Esto -es de Sancto Tomás. Ofúscase, pues, el Obispo de tierra firme haciendo -á todos estas tan infinitas naciones siervos por naturaleza, viendo -él claramente lo contrario, y por ésto creo yo que no osó aplicar las -calidades de los tales siervos que el Filósofo trae, por ver que por -ninguna manera convenian á los indios, y así pasó disimulando. Erró -asimismo, á lo que parece, en la intencion del Filósofo, porque el -Filósofo dos cosas pretende allí enseñar; una, que la naturaleza, como -no falte en las cosas necesarias á la vida humana, así como proveyó -de inclinacion á los hombres para ser sociales y vivir muchos en un -lugar, fué necesario proveer que algunos naturalmente fuesen hábiles -para poder á otros regir é gobernar, y de aquellos se eligiesen los -que gobernasen, porque muchos juntos no pudieran vivir vida quieta y -sin confusion, si entre ellos no hobiera quien los gobernara. Pero no -se entiende que todos los que por naturaleza son prudentes, sean luégo -señores de los que ménos saben, porque si así fuése, muchos Reyes -serian siervos de sus vasallos, ni se sigue tampoco que todos los que -tienen poco entendimiento, luégo sean siervos de los que más saben, -porque así todo el mundo se turbaria y confundiria, y si el Obispo -entendió que nosotros, por ser más sábios y políticos que estas gentes, -aunque ellos tuviesen como tenian sus policías ordenadas, los podiamos -señorear por razon de ser siervos por _natura_, erró en la intencion -del Filósofo que sólo quiso enseñar haber proveido la naturaleza, -entre los hombres y en todas las naciones, muchos prudentes y de buen -juicio de razon para los otros gobernar, como es manifiesto y queda -bien probado; pues ningun reino ni provincia, ni pueblo, en islas y en -tierra firme hallamos, que no tuviese su Rey é señor natural, mediato -ó inmediato; luégo no son siervos por _natura_ estas naciones, para -que nosotros, aunque seamos más hábiles, las debamos señorear, ántes, -en verdad, que en muchas partes destas Indias tenian muy mejor manera -de gobierno, cuanto sin fe del verdadero Dios se puede alcanzar, que -nosotros, y por consiguiente, por aquesta razon, más justamente y segun -_natura_ pudiéramos servilles y ellos señorearnos. Lo otro, que el -Filósofo allí enseña, es, que para cumplir con las dos combinaciones -ó compañías necesarias de la casa, que son marido y mujer, y señor y -siervo, proveyó la naturaleza de algunos siervos por _natura_, errando -ella que les faltase el juicio necesario para se gobernar por razon, -y les diese fuerzas corporales para que sirviesen al señor de la -casa, de manera que á ellos, siervos por _natura_, fuese provechoso -y á los que por _natura_ fuesen señores dellos, que es ser prudentes -para gobernar la casa, porque imposible ó cuasi imposible es la casa -poderse conservar sin siervo, ó por naturaleza ó habido por guerra, -y cuando no lo hay, otra persona por su soldada que sirva, y en los -pobres, que ni siervo ni mozo de soldada puedan tener, en lugar dellos -se socorre con un buey arador, ó con otro doméstico animal. Así lo -dice allí el Filósofo; y desto segundo ninguna cosa toca los indios, -porque no son santochados, ni mentecatos, ni sin suficiente juicio de -razon para gobernar sus casas y las ajenas, como queda declarado y -probado. Desta materia dejamos escrito en nuestra Apología, escrita -en lengua castellana, y en latin en el libro _De unico vocationis -modo_, etc.; y otro libro en lengua tambien castellana, cuyo título -es Apologética Historia, donde pongo muy en particular y á la larga -las costumbres, y vida, y religion y policía, y gobernacion, que todas -estas naciones tenian, unas más y otras ménos, y todas, empero, que -mostraron ser hombres razonables y no siervos por _natura_, como el -Obispo dijo. Dejadas algunas pocas que áun no habian llegado á la -perfeccion de ordenada policía, como antiguamente todas las del mundo -á los principios de las poblaciones de las tierras estuvieron, pero no -por eso carecen aquellas de buena razon para fácilmente ser reducidas á -toda órden y social conversacion, y vida doméstica y política. - - - - -CAPÍTULO CLII. - - -Tornando á proseguir la historia del Obispo de tierra firme, salido -de palacio hizo dos memoriales, el uno, por el cual daba noticia de -las matanzas y estragos y crueldades que habia visto de hacer en -aquella parte de tierra firme donde habia estado, y en que habia él -tenido parte, al ménos en el oro robado, y áun en las muertes que se -perpetraban, enviando, como arriba dijimos, á sus criados con las -cuadrillas que iban á saltear y robar y captivar las gentes pacíficas -que estaban en sus casas, y en aqueste memorial puso que se habian -muerto en hacer los navíos en la mar del Sur, que Vasco Nuñez hizo, -500 indios, y su Secretario me dijo á mí que más murieron de 2.000, -y que el Obispo no quiso poner más de 500 por parecerle que no lo -creerian si dijera tantos. El otro memorial contenia los remedios que -le parecia que debian ponerse para que aquellos males y daños cesasen, -conviene á saber, que no se hiciesen más entradas, que eran aquellos -salteamientos para robar y captivar, y que de los pueblos que se habian -traido, aunque por fuerza y violencias y matanzas de paz, y los que -por vía pacífica más se atrajesen, se pusiesen en pueblos, y allí se -ordenasen de manera que tuviesen alguna libertad y acudiesen al Rey -con tributo. Finalmente, la órden que daba era, en sustancia, la que -el Clérigo tantos años habia que persuadía y daba, salvo que, como -más experimentado el Clérigo que el Obispo, más por delgado y mejor -la particularizaba; decia más, que él señalaria persona que tomase -cargo de poner aquella órden y que gastaria de su hacienda 15.000 -castellanos sin que el Rey pusiese de la suya nada. Este fué, segun -creimos, Diego Velazquez, el que gobernaba la isla de Cuba por el -Almirante. Hechos sus memoriales, fuése á comer un dia con el Gran -Chanciller para dárselos despues de la comida, y dalle mayor noticia y -razon de lo que en ellos decia, y porque la materia era donde se habia -de tractar tambien del Clérigo, de su demanda dijo el Gran Chanciller -á Mosior de Laxao, como sabia que se habia de holgar, que se fuese -á comer con él, porque tenia tambien al Obispo de tierra firme por -convidado, y que se habia de tractar de las Indias, y por fuerza se -habia de tocar en micer Bartolomé. Aceptó Mosior de Laxao el convite, -aunque lo tenia él mejor de la cocina y tambien de la mesa del Rey, -por su oficio de Submilier, y comian con él los más principales de la -Cámara del Rey é otras personas de mucha calidad. Despues de comido, -mete consigo en su cámara, el Gran Chanciller, á Mosior de Laxao y al -Obispo, y sacados sus memoriales, el Obispo, léelos, y en cada cosa -se para dando della la razon; donde aclaró cuanto le fué posible las -crueldades que habia visto en aquellas gentes de tierra firme hacer, -y la despoblacion que quedaba hecha de aquellas tierras y haciéndose -tambien, la insensibilidad ó crueldad de los que la gobernaban y habian -gobernado, y destruido y destruian: esto, cuanto á la materia del -primer memorial; cuanto á la del segundo, que contenia los remedios, -dió razon tambien de cada uno, y engrandeció la persona de Diego -Velazquez, y ofreció su buena voluntad y hacienda que tenia para poder -servir en aquello al Rey. Oido y visto todo lo que el Obispo dió por -escrito en sus memoriales, y las razones que de todo dió, por el Gran -Chanciller y Mosior de Laxao, quedaron muy contentos y alegres, por -ver y saber que todo lo que daba por escrito y decia por palabra, no -era otra cosa sino confirmar y autorizar todo lo que el clérigo micer -Bartolomé afirmaba y decia, y nunca el Clérigo tanto, segun se cree, -habia exajerado las matanzas y estragos que en aquella tierra firme se -habian cometido y cometian cuanto los agraviaba el Obispo. No contentos -con lo dicho, el Gran Chanciller y Mosior de Laxao, que no cabian -en sí por el favor que resultaba para el Clérigo, pero en especial -le preguntaron que qué le parecia del negocio que pretendia micer -Bartolomé; respondió que muy bien, y que traia justicia y andaba por -el camino de Dios. Desta respuesta quedaron los dos más contentos que -si á cada uno se diera mucho haber, tanto era el amor que al Clérigo -tenian, no, cierto, porque los habia cohechado, porque no tenia con -qué, como fuese pobre y muy pobre, sino que como caresciesen de propio -interese y estuviesen libres y limpios sus entendimientos de la basura -y cataratas de la cudicia, vian que el negocio que el Clérigo traia -era claramente justo y pío. Desta plática, que allí el Obispo tuvo, -resultó mucho mayor crédito que se dió al Clérigo, por ver que los que -se le habian mostrado por enemigos, por lengua y escrito confesaban lo -que él decia, y parecia que con sola la fuerza y virtud de la verdad -que traia á todos vencia. Esto pasado aquel dia, el Clérigo fué á -la noche á ver al Gran Chanciller para oler qué habia de la junta y -comida del Obispo con aquellos señores sucedido, y así como entró, con -alegre rostro, el Gran Chanciller, de dos candeleros de plata que en la -mesa tenia, dió el uno con los dos memoriales del Obispo al Clérigo, -diciéndole que se apartase á una parte de su cámara y los viese. El -Clérigo los leyó muy bien leidos, y vuelto al Gran Chanciller, dijo: -«Suplico á vuestra señoría que me dé esa péndola.» Dijo el Gran -Chanciller: «¿para qué?;» respondió: «para firmarlos de mi nombre,» y -añidió: «¿Hé dicho yo más á vuestra señoría desto, que aquí el Obispo -confiesa? ¿qué más crueldades, y matanzas y destruicciones de aquella -tierra hé yo referido á vuestra señoría que éstas? Luégo verdad es -lo que yo digo, y no lo compongo ni finjo, y pluguiese á Dios que no -fuese tanto como es y ha sido; pero no es así, ni con mil partes una -de lo que ha pasado y pasa se dice.» Respondió el Gran Chanciller con -mucha dulcedumbre, consolando al Clérigo, como persona llena de virtud, -diciendo: «Yo espero en Dios que este negocio ha de salir á buen fin.» -Cada dia desde allí crescia el crédito con el Gran Chanciller y Mosior -de Laxao, y éstos lo referian todo al Rey, é el Rey estaba muy bien -con micer Bartolomé, y sino tuviera la priesa que el Rey tuvo, ya -electo Emperador, para se partir de España y proseguir el intento de -Emperador, cierto, bien fueran dichosas las Indias, y el Clérigo fuera, -por la obra, no como quiera favorecido. El Obispo se fué al lugarejo -donde posaba, una legua de allí, é cayó luégo enfermo de calenturas, -segun creo, y desde á tres dias murió, y díjose que hasta la muerte, -desde que se sintió que estaba en peligro, no hizo sino predicar las -excelencias de Nuestra Señora, segun que las sabia él siempre con gran -elocuencia decir, é sus defectos, con humildad suplicándole que no se -olvidase dél. Fué muy notada y notable su muerte por éste buen fin -della, y por ser á tal tiempo, habiendo primero significado la verdad -de las cosas malas destas Indias, que él habia cuasi como aprobado -contra lo que el Clérigo decia, y haber el Clérigo en su honor, que -pareció haberle derogado, restituido. - - - - -CAPÍTULO CLIII. - - -En este año de 1519, y allí en Barcelona, negociaban los hacedores de -unos mercaderes, segun creo, de Toledo, que tenian arrendada la cruzada -y la habian enviado á estas islas, que se declarase si podian por las -Bulas componer de los bienes habidos y ganados con los indios y de los -indios, porque avisaron los otros hacedores que acá tenian, que, si -de lo habido de Indias y con indios se podian componer, se ganarian -muchos más dineros. Entónces era Comisario general el cardenal Adriano, -que despues fué Papa. Puesta la demanda ante el Cardenal, cometió la -declaracion della á los dos hermanos Coroneles, doctores parisienses y -de grande autoridad, doctosísimos, y no faltó quien los avisó que no -comunicasen cosa desto con el clérigo Casas, y aunque eran ellos sus -amigos así lo hicieron. Los cuales, usando de la comision, estuvieron -quince dias disputando y confiriendo ambos á dos, solos dentro de su -casa, y saliéndose al campo, y finalmente, se resolvieron al cabo -dellos en dar la respuesta y solucion de la duda por las proposiciones -siguientes: - -«Primera proposicion.--Si absolutamente los mineros se señalaban, á -quien los tomaba, por mandado del Rey, para que de allí hobiese el oro -que pudiese cierto tiempo, todo lo que de allí hobo en aquel tiempo fué -suyo propio, aunque lo hobiese con excesivo trabajo de los indios, y -sin dalles de comer lo necesario ni pagarles la soldada, y áun siendo -por aquello causa de su muerte, porque aquellos son pecados por sí, -é gravísimos, como adelante se dirá, mas no son causa que lo que se -adquiere no sea de quien lo adquirió, porque los fructos que coge un -señor de su tierra suyos propios son, aunque los haya con excesivo -trabajo de los jornaleros, é sin dalles de comer lo necesario ni -pagarles el justo jornal, y aunque de allí redundase muerte dellos. - -»Segunda proposicion.--Los cristianos que á los indios que trabajaban -en los mineros á ellos señalados no han dado de comer lo necesario, -y no les han pagado la soldada debida y han sido causa de su muerte, -demás de haber gravemente pecado, son obligados á hacer satisfaccion y -restitucion de tres cosas, del mantenimiento, y de la soldada, y de la -vida. - -»Tercera proposicion.--No siendo vivos aquellos á quien no se dió -suficiente mantenimiento, ni se pagó el debido jornal, ó no son -cognoscidos aunque vivan, ni padre ni madre dellos, ni hermano -ni hermana, ni hijos ni hijas, ni sobrinos ni nietos, ni otros -cualesquiera que puedan ser sus herederos, la facultad de componerse, -comprende aquellas dos cosas: queremos decir, que es materia de -composicion lo que se dejó de dar para el mantenimiento y por el -jornal, porque allí está clara la obligacion de satisfacer ó restituir, -é no se cognosce á quién, etc. - -»Cuarta proposicion.--Cuanto á lo tercero de la restitucion é -satisfaccion de la vida, nos parece, consideradas todas las cosas, -que la más proporcionada manera y más competente de satisfacion y -restitucion á que un próbido y cuerdo confesor deberia obligar los -tales delincuentes, es que contribuyan para guerra contra infieles, ó -que ellos mismos vayan á ella, porque pues que fueron causa de por su -culpa que muriesen hombres que pertenecian á la república cristiana, es -muy justa razon, que pues fué por haber oro, que con ello contribuyan -para la aumentacion de la cristiana religion y estirpacion de sus -enemigos, ó que ellos mismos vayan á ello. - -»Quinta proposicion.--Por cosa muy conveniente, tenemos que los que -á lo sobredicho son obligados, contribuyesen con alguna cantidad de -aquel oro que hobieron para alguna reparacion y restauracion de aquella -destruccion, que en aquellas partes, por su culpa, ha sucedido, no -para provecho particular, sino para lo comun, porque pues ellos han -sido causa de grandes males en aquellas comunidades, obligados parece -quedar á hacer algo para el reparo de aquellos. A lo ménos este consejo -les es muy saludable, y para el sosiego, y reposo, y saneamiento de sus -conciencias muy provechoso.» - -Estas cinco proposiciones fueron de los dichos dos hermanos doctores -parisienses, y por entónces, en París y en España, muy estimados por -buenos y por doctos, y así, en la forma que está dicha las escribieron -de su mano, y yo las tengo en latin y en romance, de la misma letra del -uno dellos ó de ambos, y há que las guardo con otros papeles de aquel -tiempo, cerca de las cosas destas Indias, cuarenta y un años. Y es aquí -de saber, que al principio no hicieron más de las cuatro proposiciones, -las cuales en latin llevaron al cardenal Adriano, como era Comisario -general de la Cruzada, y él los habia dado el cargo que aquesta materia -tractasen y disputasen, como dije, y vistas, dijo el Cardenal: _Domini -doctores, videtur mihi aliquid addendum vestris propositionibus. -¿Quid, reverendissime domine?_ dijeron ellos. Respondió el Cardenal: -_Quod ea quæ restituenda sunt expendantur in eisdem locis ubi patrata -sunt mala, dummodo in communem cedat satisfactio utilitatem._ Donde -parece que el Cardenal, como fuese sumo teólogo, fué de opinion que la -satisfaccion se debe hacer en los lugares donde los daños se hacen, y -así lo tiene Sancto Tomás en la distincion quindécima del Cuarto, en -la solucion de un argumento, aunque algunos doctores no lo hilan en -este punto tan delgado. Visto, pues, por los hermanos Coroneles á donde -el Cardenal tiraba, añidieron la quinta proposicion de la manera que -está asentada; y ésta no pusieron en latin, sino en romance, y ellos -mismos me lo dijeron á mí esto que con el Cardenal pasaron. Cuanto á -la primera proposicion, que es el fundamento de las demas, es tambien -aquí de saber que los dichos doctores Coroneles muy superficialmente la -tractaron, no penetrando los fundamentos de la ley natural y divina que -es el _basis_ de toda esta materia, ántes suponen ciertos principios, -que para la restitucion de los daños que se han cometido en estas -Indias se deben dejar por extraños; y en ésto se engañaron, porque no -léjos están los ejemplos que pusieron de ser á la restitucion, tocante -á los indios agraviados en estas partes, semejantes. Los ejemplos son -de aquellos que lo que adquieren se llama _turpe lucrum_, conviene -á saber, que se adquiere con pecado, pero aquel pecado no obliga á -restitucion, como es del señor que coge los fructos de su tierra con -excesivos trabajos de sus súbditos, y los de los jugadores, y tahures, -y truanes, y otras maneras semejantes, cuya adquisicion y ganancia no -se prohibe por alguna ley humana ó divina, sino sólo el pecado con que -se adquiere, y hay tanta diferencia destos tales ejemplos y ganancias, -cuanto á la restitucion, á la que se debe hacer á los indios, como del -cielo á la tierra, porque ninguna cosa de lo que se adquirió en esta -isla, de las maneras dichas, de los indios y se adquiere, ni un sólo -maravedí fué ni es suyo, de los españoles que los oprimen y destruyen, -oprimieron y destruyeron, porque no es ni fué _turpe lucrum_, sino pura -y cualificada rapiña y tiranía; cuyo contrario dijeron los doctores -Coroneles, porque, como dije, no ahondaron para hallar los naturales -fundamentos, suponiendo principios impertinentes. Esto parecerá, -placiendo á Dios, en nuestro tractado «De restitucion» en latin -escrito; en el libro I y II, _De unico vocationis modo omnium gentium -ad veram religionem_; y en suma parece en nuestro Confesionario en -romance, ya impreso, mayormente en el Confesionario nuestro, grande, -que no está impreso. - - - - -CAPÍTULO CLIV. - - -Por este tiempo y año de 19 sobre 500, fué despachado Hernando -de Magallanes en Barcelona para descubrir la Especería, á cuyo -descubrimiento se habia ofrecido y ofreció, no por el camino que -seguian los portugueses, sino por cierto estrecho de mar que tenia por -cierto que descubriria, como fué arriba dicho en el cap. 101. Hízoles -el Rey merced del hábito de Santiago al Magallanes y al bachiller Ruy -Faleiro, y ciertas mercedes si cumpliesen lo que habian prometido, -y creo que al Ruy Falero hizo merced de 100.000 maravedís por su -vida en la casa de la contratacion de Sevilla, porque no quiso ir al -viaje con Magallanes por algunos respetos que tuvo; y díjose que de -miedo del Magallanes, ó porque riñeron, ó porque lo cognoscía, que la -compañía de Magallanes, donde mandase, no le convenia. Finalmente, -despues de partido Magallanes, ó quizá ántes, perdió el seso tornándose -loco el Ruy Falero. Dióse en Sevilla á Magallanes todo lo que pidió, -conviene á saber, cinco navíos muy bien proveidos de bastimentos, y -armas y rescates, y 230 hombres, y algunos más, no llegando á 40, -entre marineros y pasajeros, con cuatro oficiales del Rey. Gastáronse -en su despacho de la hacienda del Rey, creo que, 21.000 ducados y no -llegaron á 25.000. Partió de Sant Lúcar de Barrameda por el mes de -Setiembre del mismo año de 1519, al cual dejemos aquí hasta que abajo, -si place á Dios, refiramos el suceso de su viaje á su tiempo. A esta -sazon vino á la corte un marinero llamado Andrés Niño, que se habia -criado en las navegaciones destas Indias con su padre y otros deudos, -mayormente en la tierra firme. Este se halló con 2.000 castellanos mal -ó bien habidos, que entónces eran por riqueza tenidos, y tomóle gana de -descubrir tierra por la mar del Sur, porque hasta entónces adelante de -Natá, que es frontero de Veragua, y lo que anduvo Gaspar de Espinosa -por tierra, y Hernan Ponce por la mar, que descubrió hasta el golfo de -Chira, tierra y mar de Nicoya y de Nicaragua, como se dijo en el cap. -71, de la tierra ni de la mar cuál fuese no se sabia. Este marinero -para alcanzar su deseo, como sintió que á él no le darian el cargo sólo -de aquel descubrimiento, juntóse con un hidalgo y caballero, criado del -obispo de Búrgos, y dél no poco querido, llamado Gil Gonzalez de Avila, -que habia sido contador del Rey en esta isla, y persuadióle que pidiese -aquesta empresa, y que él con su hacienda le ayudaria, con que partiese -con él de las mercedes y provechos que de aquel descubrimiento se -siguiesen; el Gil Gonzalez no rehusó la carrera, porque no le sobraban -las riquezas, y así lo pidió y lo alcanzó como lo quiso, y otra cosa -mayor alcanzara por tener por señor al Obispo. Pidió, por aviso de -Andres Niño, los navíos que habia hecho para descubrir el Perú Vasco -Nuñez de Balboa, con mucha sangre de indios, que estaban en el puerto -de Sant Miguel ó Bahía, segun arriba se dijo, y en la obra dellos quizá -se habia hallado el Andres Niño. Obligóse Gil Gonzalez de descubrir -desde el dicho golfo de Chira adelante cierto número de leguas á costa -de Andres Niño; hiciéronle Gobernador de lo que descubriese, con otras -mercedes, y no supe el concierto y qué de aquellas mercedes habia de -caber á Andres Niño, y así se partieron de Barcelona el año de 19 -sobre 500. Por estos dias tambien tractó el clérigo Bartolomé de las -Casas con el Almirante de las Indias D. Diego Colon, que se ofreciese -al Rey, á su costa, edificar de cien en cien leguas una fortaleza por -mil leguas de la costa de tierra firme, y en ella pusiese 50 hombres -para tractar y contractar, que llamamos rescatar, con los indios, y -trujese dos ó tres carabelas, que siempre anduviesen visitando las -fortalezas, y que habiendo traido por buena conversacion los españoles -á los indios á su amistad, que por la costa del mar hobiese primero, -y de allí los de la tierra dentro, por ejemplo de aquellos, viniesen -á la misma conversacion y contractacion y amistad, hiciese la tierra -dentro á trechos convenientes otras fortalezas, y así, el tiempo -andando, por toda la tierra firme; de donde manifiesto era que se -aseguraran todas las gentes della, y se supieran los secretos de la -tierra, y se hobiera todo el oro y riquezas ya cogidas y sacadas de -muchos años atras, y se diera cudicia á los indios de sacar más de -las minas, todo por contezuelas, cascabeles, y agujas y alfileres, y -entre estas comedias, los religiosos y celosos de predicar y dilatar -la fe, poco hay que adivinar el fructo que en la cristiandad hicieran, -y cuánto sacrificio de ánimas Dios por ésta vía rescibiera; y este -medio daba el Clérigo para que el negocio que él habia propuesto ante -el Rey, muy mejor porque con mayor fundamento, y más fácilmente porque -con más caudal como el Almirante podia ponello, se hiciera, como es -manifiesto. Pero no fué digna España que se atajasen los insultos, -y violencias, y robos, y estragos, y matanzas que habia comenzado á -hacer en estas tierras, sino que por todo aqueste tan vasto orbe, -prosiguiese con las mismas detestables obras, y con ellas le acabase -de destruir, é hiciese ante tanta infinidad de naciones, de que estaba -lleno, el nombre de Jesucristo increiblemente, ántes de cognoscido, -heder. Visto, pues, el Almirante, medio y traza tan manifiestamente -razonable, y, segun probabilidad moral, muy cierta para que todo este -orbe se redujese á la cristiandad y á la subjecion del rey de Castilla, -de donde le venia por consiguiente al mismo Almirante incomparable -temporal interese (porque pretendia, y con justa razon y justicia, en -todas estas Indias extenderse las mercedes que por sus previlegios le -habian hecho los Reyes), aceptólo luégo, y tratando de lo que pediria -por este ofrecimiento, y gastos que habia de hacer, con su hermano -D. Hernando Colon y con el Clérigo, parecia al D. Hernando que sobre -todo debia de contractar con el Rey el Almirante que le concediese la -gobernacion perpetua de toda la tierra donde hiciese las fortalezas. Y -como ésto fuese el punto que principalmente se tractaba en el pleito -que el Almirante tenia con el fiscal del Rey, que arriba hicimos -mencion, decia el Clérigo que no se debia pedir ni tocar en aquella -tecla que era muy odiosa, mayormente habiendo sobre ella pleito -pendiente, y que debia de pedir las mercedes todas las que quisiese, -que razonables fuesen, las cuales, sin duda, el Rey le concediera -como el Clérigo asistiera en ello, y lo aprobara diciendo que aquel -era el medio para mejor efectuarse el fin que pretendia y negocio que -habia puesto, y que sirviendo el Almirante en aquello mucho, como en -la verdad servir pudiera, el Rey despues, lo uno por ésto, y lo otro -por la justicia que en la verdad tenian sus privilegios, la cual entre -varones doctos y amadores de la verdad, dudosa no era, le satisfaciera -más complidamente. Pero prevaleció el parecer de D. Hernando, que no -quiso que el Almirante se obligase á hacer lo susodicho, sin que el -Rey le concediese el dicho gobierno; el Clérigo les dijo que tuviesen -por cierto que el Rey no lo admitiria, como quiera que el obispo de -Búrgos habia de intervenir con los demas para este Consejo: y así fué, -que dada la peticion por parte del Almirante, llegado á aquel punto -no curaron della. Era el D. Hernando docto en cosas de cosmografía y -de historias que llaman de humanidad, por lo cual, el Almirante, su -hermano, le daba demasiado crédito, y no fué chico el yerro que ambos, -el uno en dar el parecer y el otro en seguillo, hicieron, ni el daño -que la casa y estado del Almirante rescibió dello. ¡Oh, si por este -camino entraramos en estas tierras, cuál fructo Dios y la universal -Iglesia, y no sólo España, pero todo el mundo rescibiera! gran dolor -y angustia sería para cualquiera prudente ánimo que lo considerase, -si bien lo entendiese. Y porque ya entraba el año de 1520, y el Rey -concluyó las Córtes y se partió de Barcelona, ya electo Emperador, -para se embarcar en la Coruña é ir á Flandes, no hay en este año de -19 que referir, tocante á las Indias, de lo acaecido en los reinos de -Castilla. - - - - -CAPÍTULO CLV. - - -Estando el Rey de partida de Barcelona para Castilla, y de allí á -la Coruña, donde se aparejaba la flota de cien naos para se volver -á Flandes, llegaron los tres padres de Sant Hierónimo desta isla -Española, y queriendo besar las manos al Rey é hacelle relacion de -cómo la tierra quedaba, nunca, ni en Barcelona, ni por el camino, ni -en Búrgos, donde celebró, dia de Sancto Matías, su nascimiento, ni en -Tordesillas, donde fué á ver á la Reina, su madre, y ellos pensaron -que allí los oiria, pudieron jamás hablalle; acordaron, visto ésto, de -se ir cada uno á su monasterio y no pasar adelante. El clérigo Casas -todo lo atribuia al juicio de Dios, que no quiso que fuesen oidos del -Rey ni se hiciese dellos caso, pues tan poco remedio dieron á los -opresos indios, por quien se esperaba que habian de ser remediados, -teniendo el remedio en las manos; y pareció tambien algun indicio -deste juicio, despues algunos años, que siendo electo en Obispo desta -ciudad de Sancto Domingo el fray Luis de Figueroa, que habia sido el -principal de todos tres, cuanto á las cosas de su Órden, y Prelado -dellos, porque lo abonaron algunos que de la opresion y angustias de -los indios poco habian sentido, no quiso Dios que pasase acá porque -murió siendo electo. Todo esto decimos cuanto á lo que tocaba al -oficio que trujeron de poner remedio en la libertad de los indios, á -los cuales ningun bien hicieron ántes erraron muy gravemente, segun el -juicio de los hombres, Dios sabe si tuvieron excusa ante su divinal -acatamiento de sus yerros, pero cuanto á sus personas no dudamos que -fuesen religiosos buenos. Llegado el Rey á la Coruña, ocurrieron -grandes ocupaciones ordinarias de todos aquellos reinos, como el Rey -se iba, mayormente que se comenzaron á levantar algunas ciudades á -voz de comunidad, por lo cual estuvo el Rey allí dos meses, y tambien -porque por todos ellos siempre hizo contrarios tiempos. El Clérigo -daba priesa que se determinase su negocio ántes que el Rey se fuese, -y por medio del Gran Chanciller y de Mosior de Laxao, dedicáronse los -siete postreros dias y precedentes, _inmediate_ á la partida del Rey, -para entender y despachar los negocios concernientes á las Indias; -entre los cuales hizo clamores el Clérigo contra el obispo de Búrgos, -porque habia sido causa de que aquel Berrio se fuese, sin licencia y -sin órden del Clérigo, á sacar labradores, oficio que, para sólo, no -sabia, segun arriba dejamos dicho, porque supo el Clérigo que habia -enviado 200 ánimas á esta isla, sin tener cédula del Rey ni despacho -alguno para que los socorriesen llegando á esta isla, como estaba -proveido, porque, como ya queda dicho, lo primero y principal que se -requiere proveer, cuando se quisiere poblar de gente de Castilla, y en -especial de labradores, alguna destas tierras, es tenerles proveido -donde se aposenten y para un año al ménos de comida, porque como llegan -flacos y trabajados de la mar, y enfermos algunos (y si no luégo -enferman, despues, hombres, ó mujeres ó niños), y con ésto no traen -un maravedí, si el Rey no les provee hasta que ellos puedan trabajar -y tener de suyo, téngase por cierto que toda la más de la gente que á -estas tierras viniere perecerá, como siempre segun habemos visto ha -perecido. Por los clamores que el Clérigo dió, y por la buena voluntad -que como cristiano tenia el Gran Chanciller, se mandó y proveyó que -luégo se enviase á esta isla Española 3.000 arrobas de harina, y 1.500 -arrobas de vino, para que se repartiesen por los labradores que Berrio -habia enviado tan sin órden y refrigerio; las cuales, llegadas á esta -isla, ya no se halló á quien repartillas, porque unos eran muertos, y -otros idos desta isla, y otros hechos taberneros, y así desbarató toda -la dicha poblacion que tan necesaria era, la cual, si se prosiguiera, -fuera esta isla otra España, y tuviera hoy sobre 200 y 300.000 vecinos, -de donde resultara ser nuestra antigua España felicísima con ella. -Tornando á la Historia, en los siete dias que dije haberse dedicado -para en que se tractasen y concluyesen los negocios del dicho Clérigo, -juntarónse muchas veces todos los Consejos del Rey que se hallaron -presentes, como siempre el Rey los mandaba juntar, á tractar dellos; -hobo muchas disputas y muchos apuntamientos cerca de la justicia y de -los agravios, y daños, y perdimiento destas indianas gentes, dello por -la gran ignorancia que en aquellos tiempos los Consejos todos, por la -mayor parte, cerca desta materia padecian, ignorando los principios y -reglas de la ley natural y divina que eran obligados á saber; dello, -por ventura, por algunos de los que intereses pretendian y los perdian -si se ponian en libertad los indios; dello, quizá, por salir algunos -con sus erradas opiniones y por la afrenta que por haber errado -la gobernacion y mal recaudo que pusieron á estas gentes temian. -Finalmente, en cierta sesion que se tuvo en uno de aquellos siete dias, -el cardenal Adriano, que despues fué Papa, hizo á todos una solemnísima -y doctísima oracion, probando por razones naturales, autoridades de la -Ley divina y de los sanctos doctores, de los derechos, y leyes humanas, -y eclesiásticas, cómo aquestas gentes infieles habian de ser traidas -al cognoscimiento de Dios y al gremio de su sancta Iglesia por paz, y -amor, y vía evangélica, segun la forma por Cristo establecida, y no -por guerra ni servidumbre, tácitamente condenando la vía mahomética -que en entrar en estas tierras nuestra gente Española habia tenido. -Fué de tanta eficacia esta oracion del sancto Cardenal, que todos, ó -al ménos los más, consintieron y alabaron su católica doctrina, y si -algunos hobo que disentiesen della por las causas dichas, al ménos -ninguno hobo que le osase ni supiese contradecir, porque manifiesto -era que ninguno de los que allí se hallaron presentes tenia letras, -aunque habia varones doctos, que le pusiesen en presuncion de pensar -podelle con razones sólidas argüir; por manera, que allí se determinó, -que los indios generalmente debian ser libres, y tractados como -libres, y traidos á la fe por la vía que Cristo dejó establecida. -Determinóse tambien que al Clérigo se diese el cargo de la conversion -de las gentes que vivian en aquella parte de tierra firme que habia -señalado, por la manera que la pedia, segun arriba parece en el cap. -130 con los siguientes, en especial el capítulo 132, donde están los -capítulos de la capitulacion que hizo con el Rey. Luégo el obispo de -Búrgos envió á llamar al clérigo Casas, y juntó consigo el Obispo á -Hernando de Vega, y al licenciado Zapata, y á Francisco de los Cobos, -secretario, y otros del Consejo Real, y tratando con el Clérigo en -pró y en contra, el pró defendiendo él, y el contra, limitando y -estrechando el poder al Clérigo y toda la negociacion, el Obispo y -los demas (aunque no con tanto rigor, sino muy diferentemente de la -manera que de ántes habia tenido el Obispo, como via que toda la -congregacion de los letrados lo habia determinado, y tambien porque ya -parecia que se le habia mitigado el enojo que solia tener del Clérigo -por los tártagos que tantas veces le habia causado), finalmente, se -acabó la capitulacion en buena paz, señalando por límites de la tierra -que se le encomendaba desde la provincia de Paria inclusive hasta la -de Sancta Marta exclusive, que son de costa de mar, leste gueste, 260 -leguas pocas más ó ménos, y ambos á dos límites, corriendo por cuerda -derecha, hasta dar á la otra costa del Sur ó Mediodia, que son, como -despues ha parecido, más de 2.500 leguas por la tierra dentro, porque -no hay otra mar hasta el estrecho de Magallanes. Y así, no queriendo el -obispo de Búrgos conceder cien leguas que pedia el Clérigo para que, -sin los impedimentos que los españoles han dado y daban y suelen dar, -los frailes predicasen y convirtiesen aquellas gentes, como pareció -arriba en el cap. 104, fué forzado á conceder y firmar 2.000. Firmó -el Rey la dicha capitulacion, como arriba se dijo, á 19 dias del mes -de Mayo, en la ciudad de la Coruña, año de 1520 años. Resultaron de -la dicha capitulacion muchas provisiones y Cédulas, que despues de -partido el Rey se despacharon, que el Clérigo pidió para ejecucion -y cumplimiento de todo lo capitulado, las cuales el Obispo despachó -alegremente, quedando en el mismo cargo que ántes estaba, no con -nombre de Presidente sino de principal, que usaba el oficio dél como -siempre lo habia tenido desde que se descubrieron las Indias, segun ha -parecido, porque hasta estos tiempos no habia formado título de Consejo -de las Indias, sino que el Obispo llamaba del Consejo Real ciertos de -Consejo, los que los Reyes pasados católicos mandaban ó habian para -ello nombrado ó elegido. Trató muy bien, despues de partido el Rey, -al Clérigo el Obispo, no mirando los enojos que dado le habia, en lo -cual mostró ser generoso y de noble ánimo, como el Clérigo quedase -sin favor alguno despues del Rey ido y todos los flamencos que hacian -por él y por la verdad que estimaban que traia. El dia que el Rey se -embarcó, fué el Clérigo á ver al cardenal Adriano, que dejó el Rey -por Gobernador de aquellos reinos de España, y tambien destas Indias, -y el Cardenal, que salia de la Cámara á la sala y con él el Obispo -de Almería, que solia ser, licenciado Sosa del Consejo Real, y habia -entendido muchos años ántes en las cosas de las Indias con el Obispo -y los demas, y favorecia siempre la verdad que el Clérigo traia, dijo -al Clérigo: «Besá aquí las manos á su reverendísima señoría, porque él -sólo os ha libertado todos los indios.» Respondió el Clérigo riendo, -como no agradeciéndolo mucho, pues el Cardenal era como cristiano: -_Ad plura tenetur, reverendissima dominatio sua, Deo et proximis, -quia unicuique mandavit Deus de proximo suo._ Dijo entónces tambien -sonriendo el Cardenal: _Ad minus debetis mihi vestras orationes._ -Va luégo el Clérigo con toda reverencia y humillacion á besalle las -manos, diciendo: _Ego jam dicavi me prorsus obsequio et obedientiæ -vestræ reverendissimæ dominationis, in quo proposito usque ad mortem -inclusive perseverabo._ De donde parece cuál pudo ser la oracion que en -el ayuntamiento de los Consejos hizo, y de cuánta eficacia, pues por -ella todos se determinaron á seguille, y en favor de la libertad destas -gentes todos los más votaron. Pero como el Rey se fué, y el Clérigo -no pudo más sustentarse en la corte, faltó todo mamparo, y así no se -guardó nada de cuanto allí se determinó, sino robarse y proseguirse -la tiranía y las guerras que llamaron conquistas, las muertes, los -robos, los extragos cada dia creciendo, despoblando y yermando de sus -infinitos moradores estas tierras, con la ceguedad y crueldad pasada, -y mayor que de ántes. Y ha sido despues acá, tanta la ignorancia -inexcusable, especialmente en los del Consejo que el Rey ha siempre -para tractar estos negocios nombrado, que han perecido hasta hoy, que -es el año de 1560, sobre 40 cuentos de almas, y más de 4.000 leguas de -tierra despoblado, cosa nunca jamás otra oida, ni acaecida, ni soñada, -segun que abajo parecerá, si la divina providencia y bondad diere vida -para contallo. Y como el obispo de Búrgos quedó con el mismo cargo que -de ántes, parece que si él llevara adelante lo en aquella congregacion -de la Coruña determinado, las tiranías y matanzas, y destrucciones -y perdicion destas Indias se hobieran estorbado. Yo, gran temor -tengo, que como siempre hobiese al bien de los indios sido contrario -(quizá, cierto, no por malicia, sino pensando que acertaba, porque -no era letrado y seguia la ignorancia y errores de los letrados), -que todos los males y daños por nuestros españoles perpetrados se -le hayan imputado. Haya placido á Dios que tantas crueldades, tan -facinorosísimos pecados y perdiciones de ánimas no hayan sido á su -cargo. - - - - -CAPÍTULO CLVI. - - -Venido el Cardenal, Gobernador de aquellos y estos reinos, y los -Consejos, á Valladolid, hiciéronse todas las provisiones que el -Clérigo pidió para complimiento de la dicha capitulacion y aviamiento -de su viaje necesarias, y partióse para Sevilla, donde halló quien le -prestase dineros, porque todo lo que tenia habia, en idas y venidas -desta isla Española á España y estada en la corte, gastado. Llevó -cierto número de labradores para comienzo de la poblacion que habia -de hacer, gente llana y humilde como era menester para que concordase -con la simplicidad y mansedumbre de los indios. Diéronle amigos -muchos rescates de cuentas de diversos colores, y otras cosas de -menudencias, para dar graciosamente á los indios y atraellos al amor -y conversacion suya, y de los que habian de meter en aquella tierra -consigo. Partió de Sant Lúcar de Barrameda, levantando las velas, dia -de Sant Martin, á 11 de Noviembre del mismo año de 1520; llegó á la -isla de Sant Juan, que llaman de Puerto-Rico, con buen viaje, donde -halló nuevas que los indios de la costa de Chiribichi y Maracapana, -de que arriba dejamos hecha mencion, habian muerto á los frailes de -Sancto Domingo que les estaban allí predicando. Estos pueblos y estas -provincias eran las que tenía el clérigo Casas por principal comienzo -y principio de su conversion y espiritual negociacion, por tener allí -los religiosos hechas sus casas y estar predicando. Fuéle al Clérigo -de grande angustia y dolor viendo el impedimento tan cierto y eficaz -de la prosecucion de su fin y de los religiosos por que tanto habia -trabajado. Tuvo tambien relacion que el Audiencia real de Sancto -Domingo, sabida la muerte de los frailes, hacia cierta armada de gente -de guerra para ir contra aquellas provincias y hacelles guerra á fuego -y á sangre, y hacellos esclavos en venganza y castigo de la muerte de -los dichos religiosos, cosa, que por toda esta isla, y áun por todos -los españoles mundanos que en estas Indias viven ó vivian entónces, -era muy deseada, conviene á saber, que haya causa verdadera ó colorada -para hacer guerra á estas gentes, por hacellos esclavos. Estando cierto -desto y que en breve llegaria en la dicha isla de Sant Juan la dicha -armada, acordó allí esperalla para probar si con los requerimientos que -le hiciese, pudiese, ó impedilla ó templalla. Llegó el armada despues -de pocos dias; hizo el Clérigo sus requerimientos al Capitan della, -que era un caballero llamado Gonzalo de Ocampo, por virtud de las -Provisiones reales, que no pasase de allí para la tierra firme que por -el Rey traia él encomendada, á hacerles guerra ni otros daños; y que -si habian muerto algunos frailes y estaban alzados, á él competia el -atraellos y asegurallos, y á ellos no castigallos, mayormente habiendo -sido causa de aquella muerte los insultos y tiranías de los españoles -que cada dia les hacian, robándolos y cautivándolos y matándolos. El -Capitan respondió que obedecia las provisiones y reverenciaba, pero -que cuanto al cumplimiento no podia dejar su jornada ni de hacer lo -que el Audiencia real le mandaba, y que ella le sacaria, de lo que -hiciese por aquel mando á paz y á salvo; y así se partió el armada para -la tierra firme á hacer esclavos, que era todo su fin, y el Clérigo á -esta isla Española á echar los que iban de allá. Compró un navío en 500 -pesos de oro, para comenzar su negocio, en aquella isla de Sant Juan, -fiado, en que vino á ésta, porque como conocieron todos el gran cargo -y favores que traia del Rey, é la mucha tierra rica de oro y de perlas -encomendada, y que ninguno podia entrar en ella sin su licencia, muchos -habia y hobo que por esperar dél ser aprovechados se le ofrecieron de -le ayudar con dineros, y le ayudaron. Antes que se partiese de allí -puso la gente labradora que trujo en este recaudo, conviene á saber, -rogó á los vecinos de la ciudad de Puerto-Rico que recogiesen los -labradores hasta que él tornase, de cuatro en cuatro y cinco en cinco -en sus estancias ó granjas sustentándolos, lo que por aquel tiempo no -fué mucho gasto, y ellos lo hicieron y cumplieron de buena voluntad. -Antes que de aquí pasemos adelante, será bien referir la causa por qué -y la manera como los indios mataron en aquella costa ó provincia dos -frailes que mataron. Un pecador de hombre, llamado Alonso de Hojeda, -que moraba en la isleta de Cubagua, donde se pescaban las perlas, y -en ella debia hacer lo que los otros teniendo los indios por fuerza -en aquellos detestables trabajos, deseoso de hacer esclavos como los -demas, para que les sacasen perlas de la hondura de la mar, acordó, -con otros como él, de hacer un romeraje, que fué ir por la costa abajo -y saber dónde comian los indios por allí carne humana, para, con este -achaque, por paz ó por guerra, captivar los que pudiesen y llevallos -por esclavos. Halló para ésto hartos compañeros, consintiendo en ello -y autorizándolo, á lo que creimos, el Alcalde de los españoles que -allí los gobernaba; métense en un barco ó carabela de las que por allí -trataban quince ó veinte galanes, y van siete leguas de allí la costa -abajo, á parar al puerto de Chiribichi, que los religiosos de Sancto -Domingo, como arriba dijimos, pusieron nombre Sancta Fe, y hicieron una -casa con sus propios y grandes trabajos, y donde á la sazon estaban dos -religiosos siervos de Dios, el uno sacerdote y el otro fraile lego, -porque los demas eran idos á la misma isleta de Cubagua á predicar á -los españoles, que no tenian mucho ménos necesidad que los indios de -ser doctrinados. Saltaron en tierra los del barco, tan seguros como -podian entrar en sus propias casas, porque cinco años habia que allí -estaban los frailes y tenian con su ejemplo de santidad todas aquellas -provincias tan pacíficas seguras y llanas, que no lo podian estar -más; íbase un solo español cargado de rescates tres y cuatro leguas, -la tierra dentro, y se volvia sólo cargado de lo que habia rescatado, -y los mismos que ésto hicieron me lo afirmaron. Fuéronse luégo al -monasterio, rescibiéronlos los frailes con grande alegría y consuelo -como á ángeles, lo uno por la caridad que en ellos, cierto, vivia; -lo otro, porque como solos entre indios estaban, naturalmente de ver -españoles de su naturaleza se holgaban; dánles de merendar, huélganse -de platicar con ellos un rato; dicen que quieren hablar al señor del -pueblo que se llamaba Maraguáy, la penúltima sílaba luenga. Este señor -era hombre de su natural fiero, sabio y recatado, y que no del todo -estaba satisfecho de las costumbres de los españoles, sino que pasaba y -disimulaba las cosas que hacian por tener en su tierra los frailes como -por fiadores de los cristianos; enviáronlo á llamar (ó los frailes, -ó el Alonso de Hojeda que iba por Capitan de la carabela ó barco), -que estaba en su pueblo, un arroyo de agua en medio. Venido el señor -Maraguáy, apartóse Hojeda con él y otro que iba por Veedor y otro -escribano, y en presencia del Maraguáy pidió Hojeda un pliego de papel -y escribanía al religioso, que era Vicario de la casa, y dióselo con su -simplicidad y váse. Comienza Hojeda y los demas á preguntar á Maraguáy -si sabía que algunas gentes de sus alrededores comian carne humana; el -cual, como oyó preguntar por quien comia carne humana, de que tenía -experiencia que á los tales los españoles hacian guerras y llevaban por -esclavos, alteróse mucho mostrando enojo, y dijo en su lengua, «no, no -carne humana, no carne humana»; y levantóse, no queriendo más con ellos -hablar. Ellos disimularon y quisiéronlo aplacar lo mejor que pudieron, -pero quedó él desto muy resabiado é indignado, entendiendo que buscaban -achaques, ó para contra él urdir algun mal ó daños, ó á sus vecinos, -parientes ó aliados. Despidiéronse de los frailes, por ventura quedando -los frailes sin saber nada desto en su simplicidad; y tornados en su -carabela ó barco, van cuatro leguas de allí la costa abajo, á un pueblo -llamado Maracapana, donde señoreaba un señor que habian puesto los -españoles nombre Gil Gonzalez, por haber venido á esta isla Española, -y haberle hecho buen tractamiento un Contador del Rey que aquí hobo -llamado Gil Gonzalez. Este señor de Maracapana no era ménos prudente -que Maraguáy, el cual miraba bien las obras de los españoles, y vivia -lo mismo, recatado, catado, pero siempre hospedaba graciosamente y con -mucha alegría á los españoles que venian á su pueblo y casa. Llegados, -pues, á Maracapana, desembarcáronse, y salió el señor Gil Gonzalez -con toda su gente á rescibillos con mucho placer, y dánles de comer y -regocíjanlos, como solian, y tractan con ellos con dulce y amigable -conversacion; fingió el Hojeda y su compañía que venian á rescatar, ó -comprar maíz ó grano para pan, de los tagáres, la penúltima luenga, que -era la gente serrana que vivia en las sierras, tres leguas de allí, y -descansado aquel dia partióse Hojeda, con 15 ó 20 de los que traia, la -sierra arriba, dejando algunos en guarda de la carabela. Rescibiéronlos -los tagáres ó serranos como si fueran sus propios hermanos, y como -todas las gentes deste orbe siempre acostumbraron á rescibir á los -españoles, ántes que dellos rescibiesen males y agravios; dícenles que -les vendan 50 cargas de maíz, y 50 hombres que se las traigan hasta el -pueblo de Gil Gonzalez, Maracapana, que estaba en la ribera de la mar -y que allí les pagarian el maíz y el corretaje. No dudaron mucho los -tagáres en les conceder lo que demandaron ni se pusieron en regatear. -En una hora fué todo el maíz allegado, y hechas las cargas, y los -hombres que las trujeron aparejados y cargados, y llegaron con ellas al -pueblo de Maracapana un viérnes en la tarde. Luégo, en llegando, en una -plaza echan las cargas en el suelo y tiéndense á descansar (mayormente -donde la tierra es caliente como aquella y ellos tienen poca ropa -que se desnudar), tan seguros como si entraran en sus propias casas. -Estando así descuidados, echados descansando, cércanlos disimuladamente -los españoles, desenvainan las espadas y comienzan á los querer -atar; vistas las espadas, levántanse, quieren huir, dan en ellos los -españoles, á unos matan, á otros cortan brazos, á otros piernas, otros, -por no morir hechos pedazos, están quedos y déjanse atar; destos, -metieron en la carabela treinta y cinco ó treinta y tantos, y Hojeda -con ellos, y sus compañeros los demas; y ésta fué la paga del comercio -que hicieron nuestros españoles con los serranos tagáres, y tambien el -galardon del corretaje. Bien se podrá desta obra colegir é adevinar, -qué alegría rescibiria Gil Gonzalez, señor de Maracapana, y todo su -pueblo, y qué podia el otro dia esperar de nuestros cristianos, y si -aquella injuria que se hizo á Gil Gonzalez, señor de Maracapana, en -su pueblo señorío, y casa, so cuya proteccion confiando vinieron los -tagáres, y quizá que eran sus vasallos, adquirió derecho de castigalla: -bien creemos que ningun prudente, aunque no sea letrado lo negará, -mayormente siendo señor que no recognoscia superior, segun creemos, -Gil Gonzalez. Vista esta matanza y maldad tan horrenda y desaforada, -Gil Gonzalez, sintiéndola como la razon natural lo dictaba, hizo -luégo sus mensajeros por toda la provincia y las demas, haciéndoles -saber lo que pasaba, y dentro de cuatro horas se apellidó toda la -tierra, y creemos que se supo y voló la nueva por 20 leguas, yendo -los mensajeros como volando de mano en mano; y parecióles á todos, -que, para del todo quitar que no fuesen los españoles á inquietallos, -era bien matar los frailes, teniéndolos por culpados en aquel hecho, -como vian que los españoles cada vez que por aquella costa pasaban, se -iban á aposentar y refrescar, y holgar, y platicar con los frailes, y -vieron ó entendieron que habian dado papel y escribanía cuando Hojeda -en el pueblo de Chiribichi preguntó el dia de ántes al señor Maraguáy -si por aquella tierra se comia carne humana, y así acordaron que si el -domingo siguente (cuando los cristianos huelgan y salen á tierra de los -navíos á espaciarse, de lo cual ya tenian experiencia), salia Hojeda de -la carabela con su gente, los mataria Gil Gonzalez, y Maraguáy aquel -dia matase los frailes, y desde adelante, todos puestos en armas, de -cuantos españoles en la tierra entrasen no diesen la vida á nadie. -Esto así determinado, no esperó Hojeda á salir el domingo á tierra, -sino el sábado de mañana, con su poca vergüenza y temeridad como si -no hobiera hecho nada; por lo cual la divina justicia no acordó de -esperallo más. Desembárcanse él y otros 10 ó 12 de sus compañeros, -quedando los demas guardando los indios presos en la carabela; sálelos -Gil Gonzalez á rescibir á la playa con alegre rostro, como si no -hobiera pasado nada, y llegando á las primeras casas del pueblo, que -estaban junto al agua, salieron mucha gente armada, con sus arcos y -flechas, y otras armas como porras, que estaba en celada, y dieron en -ellos y mataron al Hojeda, con otros cuantos pudieron, sino fueron -pocos, que, echándose á la mar, fueron y llegaron á la carabela nadando -y así se escaparon. Desembarazados los indios de la muerte que dieron -á Hojeda y los demas, fueron en sus canoas ó barcos á combatir la -carabela, pero no pudieron prevalecer por se defender bien dellos los -españoles, y alzar las velas y huir, que fué el remedio principal. -El Maraguáy no se dió tanta priesa en matar los frailes, porque como -los tuviese como corderos en corral, dejólos vivir hasta otro dia -domingo, como se habia determinado, y así otro dia domingo, estando el -religioso ya vestido para decir misa, y el otro fraile lego confesado -para comulgar, llamó Maraguáy á la campanilla, y fué el lego á ver -quién llamaba, abrió la puerta, y luégo allí lo mataron, sin sentir -nada el que estaba encomendándose á Dios para celebrar en el altar, al -cual llegan por detras, y dánle con un hacha por medio de la cabeza, -y así los enviaron á ambos á rescibir la Sancta Comunion, donde ya no -debajo de las especies sacramentales como en esta vida se rescibe el -cuerpo y sangre del hijo de Dios, pero se ve y adora, gusta y goza en -aquella vision beatífica toda la Santísima Trinidad; y, cierto, se -puede piadosamente creer que nuestro Señor aceptó aquella su muerte en -lugar y obra de martirio, pues la causa de su estada y trabajos allí no -era ni fué sino predicar y fundar y dilatar la sancta fe católica; pero -guay de quien de aquella injusta muerte fué causa, y el impedimento que -puso á que aquellas gentes no fuesen alumbradas por la predicacion, y -se convirtiesen á su Criador y redentor. Quemaron luégo el monasterio -y cuanto en él habia, y mataron á flechazos un caballo que tenian los -religiosos para traer un carreton, con que se servian é ayudaban en -las cosas necesarias. Súpose luégo este desastre por dicho de indios -en la isleta de Cubagua; salieron della luégo dos ó tres barcos llenos -de españoles armados, y fueron la costa abajo; hallaron toda la costa -puesta en armas, y porque no osaron saltar en tierra tornáronse, y -ésta fué la causa de haber muerto aquellos frailes, y la órden el cómo -y el cuándo los mataron. Venida la relacion á la Audiencia, ordenaron -ir á castigar y despoblar aquella tierra, trayendo la gente della por -esclavos, segun arriba dijimos, con este achaque, para lo cual se -hizo la dicha armada de 300 hombres, pocos ménos, en cinco navíos, y -gastáronse en ella, de la hacienda del Rey, diez ó doce mil ducados ó -pesos de oro. - - - - -CAPÍTULO CLVII. - - -Tornando al clérigo Bartolomé de las Casas, visto que no quiso el -Capitan de la armada dejar de proseguir su romería, partióse luégo en -su navío para esta isla Española y ciudad de Sancto Domingo; el que -muchos no quisieran ver, porque ya era por todas estas tierras odioso -por saber que pretendia libertar los indios, y librallos de las manos -de sus matadores, en que todos, pocos que muchos, los españoles tenian -parte, al ménos en desear y procurallo servirse dellos por hacerse -ricos, lo que el padre Clérigo estorbaba, no porque le pesase de sus -riquezas, sino que por adquirillas no destruyesen aquestas gentes que -no les debian nada, y por ello ellos mismos se condenasen. A su tiempo -presentó sus provisiones ante el Almirante y los Jueces de apelacion y -oficiales del Rey, que eran cuasi diez por todos, que llamaban entónces -la Consulta, los cuales para negocios señalados todos se juntaban. -Requirióles lo primero, que las hiciesen apregonar con la solemnidad -debida y acostumbrada, lo cual, despues de obedecidas por ellos, el -Almirante y todos los de la Consulta, con toda la ciudad, presentes, -con trompetas las mandaron apregonar en las cuatro calles, que es el -lugar más público y solemne de aquella ciudad; principalmente una -Provision real se apregonó, que ninguno fuese osado de hacer mal ni -daño ni escándalo alguno á las gentes moradoras de aquellas provincias, -dentro de los límites que llevaba encomendados el dicho Clérigo, por -donde viniese algun impedimento á la pacificacion y conversion que iba -á hacer, sino que los que por la costa pasasen y quisiesen contratar y -rescatar con la gente della, fuese muy pacífica y amigablemente, como -con súbditos y vasallos de los reyes de Castilla, guardándoles toda -verdad en lo que con ellos pusiesen, so pena de perdimiento de todos -sus bienes y las personas á merced del Rey (y en la capitulacion se -ponia pena de muerte), mandando á todas las justicias destas Indias que -las secutasen en los que el contrario hicieren. Esto hecho, requirióles -que le mandasen desembarazar la tierra que llevaba á cargo, y luégo, -con la mayor presteza que ser pudiese, mandasen venir el armada, y que -no hiciese guerra á los vecinos de aquella tierra, y que si habian -muerto los frailes habia sido por los insultos de Hojeda y de los que -le ayudaron, estimando á los frailes por enemigos partícipes de aquella -matanza que en Maracapana hicieron, y que no tenian ellos poder para -los castigar, y él tenia poder para asegurallos y pacificallos, para lo -cual protestaba, etc. Respondieron, que verian en ello, y trujéronlo -muchos dias en palabras, sin determinarse. Estaba allí un vizcaino, -calafate que calafateaba los navíos, al cual oficio habia ganado -algunos dineros, los cuales empleó en tener parte en navíos de los que -andaban á saltear indios de la tierra firme y otras partes, y llegó á -tener dos navíos suyos, y metia 50 ó 60 españoles en cada uno, á su -costa y mision, ó admitiendo á otros en su compañía que pusiesen parte -de los gastos, los cuales iban á la tierra firme é islas, donde más -aína lo podian hacer, y salteando á los vecinos que estaban seguros, -á otros tomaban asegurándolos por engaño, y así henchian los navíos -de hombres y mujeres, y niños y viejos, y traíanlos á esta ciudad, -y vendíanlos por esclavos: desta granjería allegó mucho caudal este -calafate. El cual, como vido al clérigo Casas y supo el cargo que -traia, no le pesó ménos que si viera al diablo, porque via que se le -habia de impedir su espiritual granjería, y sus dos navíos habian -de buscar otro modo de granjear en que ocuparse. Este creemos que -principalmente, y otros, comenzaron á publicar que el navío del clérigo -Casas no estaba para navegar, ni estaba tal que se pudiese adobar, y -porque no pereciese la gente que en él navegase, se debia echar al -través y la mar abajo; mandó el Audiencia que se pusiesen personas que -lo examinasen, creo que fué uno el mismo calafate y otros marineros -y gente de aquella arte, que temian el impedimento de su saltear, y -así condenaron al navío del Clérigo que lo dejasen ir el rio abajo por -no estar para navegar ni ser remediable, todo para impedir el negocio -del Clérigo, por ser á todos odioso, porque á todos, con los mismos -Jueces y Oficiales, de aquel robar y saltear hombres cabia parte; y -desta manera el padre Clérigo perdió 500 pesos de oro ó 500 castellanos -que el navío le habia costado. En estos dias comenzaron á venir navíos -cargados de indios esclavos que habia tomado en la guerra que habia ya -hecho el Gonzalo de Ocampo, capitan, con su armada, el cual, llegado -con ella al puerto de Maracapana, tierra y señorío de Gil Gonzalez, -disimulando, como que venian de Castilla bozales, teniendo la gente -toda debajo de cubierta, no pareciendo más de tres ó cuatro, vino -luégo el Gil Gonzalez en una canoa al navío donde estaba el Capitan, -y sin llegarse á él preguntaba qué queria, con algunos vocablos, mal -pronunciados, castellanos; el Capitan respondia muy en castellano, -haciendo muy del ignorante, como persona que no sabia en qué tierra -estaba; llegóse más el Gil Gonzalez, fingen que le quieren dar pan de -Castilla y vino y no se que más, llégase más al navío, estaba aparejado -un marinero muy suelto y nadador, y ahorrado de ropa, y, de súbito, -salta del navío en la canoa, y abrázase con el Gil Gonzalez, y ambos -dan consigo en el agua, y el marinero, con una daga que por detras -llevaba, dále ciertas puñaladas, y saltan luégo otros marineros, y -así lo tomaron y mataron; sale luégo toda la gente española en tierra -en sus bateles, y combaten el pueblo, matan cuantos pudieron, y todos -los demas tomaron por esclavos, y de lo uno ó de lo otro muy pocos se -escaparon. Muerto su señor Gil Gonzalez corrieron la tierra despues -por allí abajo, matando y captivando cuantos hallaban, y cargando -los navíos dellos, y enviándolos á esta ciudad; viéndolos venir el -padre Clérigo rabiaba, y con terrible rigor lo detestaba delante el -Audiencia, afirmando ser tiránico todo, injusta la guerra, y que no -eran aquellos esclavos, y protestábales de tornar al Rey y de hacer que -los castigase y que pagasen los gastos que en hacer aquella armada -hicieron de la hacienda del Rey, sin tener comision para hacella, y -cuantos daños en aquella tierra se hacian, y escándalos, destruyendo -aquellas gentes, y estorbando que la fe no se les predicase, ántes -daban causa que blasfemasen della, y aborreciesen la religion -cristiana; de las cuales protestaciones ningun placer ni consuelo -todos ellos tomaban, ántes temian el daño que el Clérigo les podia -hacer, porque le cognoscian tener vigor y ánimo, y habian visto que no -habia ido vez á Castilla que no trujese cuanto pretendia negociado, -y siempre con favor de los Reyes ó de los que gobernaban. Pasaron en -ésto algunos dias, y, muchas veces entre sí platicando, acordaron de -no descontentar al Clérigo, ántes ganallo, y tambien, alguna cudicia -mezclándoseles, tomar algun medio con él, para que desde la tierra -firme que llevaba á su cargo él procurase los intereses que deseaban. -Cuatro maneras de provechos pretendian haber de aquella tierra que el -clérigo Casas llevaba: la una, la pesquería de las perlas que habia -en la isleta de Cubagua, donde por entónces se pescaban, porque allí -tenian los principales desta ciudad de Sancto Domingo sus casas y -cuadrillas de indios, y dellos de los lucayos, con sus mayordomos que -tenian cargo de aquella pesquería, con que los mataban y al cabo los -acabaron; otra era el rescate del oro que por toda aquella costa hasta -la provincia de Venezuela, y más adelante, por cosillas de Castilla, -en especial hachuelas de hierro, se rescataba; la tercera, y ésta era -la mayor y donde ponian más cuidado y de lo que tenian mayor ánsia, -conviene á saber, poder haber muchos esclavos; la cuarta era, que como -habian hecho muchos gastos en hacer aquella armada sin tener comision -del Rey para hacerla, pensaron recompensarlos con favorescer al dicho -Clérigo, de cuyo suceso bueno al Rey se recreciese provecho por su -parte: llamaban suceso bueno que el Clérigo fuese autor y consintiese -hacer guerra á los indios, y en ella muchos esclavos. Pues para -conseguir las dichas cuatro utilidades, parecióles que no se podia -mejor guiar que dando manera como tuviesen entrada ó salida en aquella -tierra, para poder de los bienes temporales que ellos creian que habia -en ella participar, y porque sabian que sin voluntad del Clérigo no -podian rodeallo, y que resistiéndolo él pudieran poco aprovecharse, -ordenaron que debian de hacer cierta compañía con él, so color de -dalle favor y ayuda para su despacho, pues él no tenia facultad para -se despachar por hallar todas las cosas mudadas, y así mostrar que -lo hacian por servir al Rey como se lo mandaba, ayudándole á que su -negociacion fuese adelante. La compañía ordenaron desta manera; que se -hiciesen veinticuatro partes que costeasen y ganasen por igual, las -seis fuesen del Rey y las seis del Clérigo y de sus 50 caballeros de -espuelas doradas, que habia de escoger, y de las otras doce hobiese el -Almirante las tres, y los cuatro Oidores que eran el licenciado Marcelo -de Villalobos, y el licenciado Juan Ortiz de Matienzo, y Lucas Vazquez -de Ayllon, y el licenciado Rodrigo de Figueroa, tuviese cada uno su -parte, y los tres Oficiales, tesorero Miguel de Pasamonte y contador -Alonso de Avila y factor Juan de Ampies las tres, y las otras dos los -dos secretarios de la Audiencia, Pedro de Ledesma y Diego Caballero. -Y así, el Rey contribuyó por seis partes, y el Clérigo por seis, y el -Almirante por tres, y los Jueces y Oficiales y Secretarios cada uno por -la suya; y de las ganancias y provechos, que imaginaban que habian de -haber, por la misma forma habian de gozar y tener el interes. Esto así -entre ellos determinado, enviaron á llamar al clérigo Casas, y dánle -parte de lo que habian pensado, platicado y determinado, encareciéndole -que lo habian así ordenado por favorecello y ayudallo. El Clérigo, -visto que para se despachar de allí por entónces no tenía otro remedio, -y que si no era su despacho con voluntad y beneplácito dellos nunca -lo pudiera hacer, y que entre tanto despoblarian, trayendo esclavos, -aquella tierra, respondió que le placia que se hiciese la compañía. -Hízose capitulacion desta compañía, que contenia en suma lo siguiente: -Que se le diese al Clérigo el armada que se habia enviado á hacer -guerra á los indios, con ciertos bergantines y barcos della y todo -lo que en ella habia, y que de la gente que habia llevado el dicho -Capitan, que eran 300 hombres, se eligiesen 120 á sueldo y los otros -se despidiesen; éstos habian de servir con un Capitan, y señalóse el -mismo Gonzalo de Ocampo, para tener la tierra en paz, porque tuviese -el clérigo Casas, con los predicadores que habia de meter consigo, -libertad de predicar las gentes della. Y éste era el primer capítulo, -como comienzan las santiguaderas que comienzan en Dios y acaban en su -contrario. Otro capítulo fué para sustentar el rescate de las perlas -y tiranía que en sacallas se hacia, aunque no lo decia el capítulo -así, sino que fuese con voluntad de los indios, pero nunca se hizo -sino por maravilla por su voluntad. Otro capítulo contenia, que la -dicha compañía y armada se ordenaba para que por el dicho licenciado, -clérigo Bartolomé de las Casas, se averiguasen las gentes y provincias -donde se comia carne humana, y los que no querian estar en paz y en -conversacion de los españoles, y los que no querian rescibir la fe y -los predicadores della; y habia de decir él, «yo declaro tal provincia -por comedores de carne humana, y tales que no quieren ser amigos de -los españoles, y tales no quieren rescibir la fe ni los predicadores -della», y luégo el Capitan con los 120 hombres y dalles guerra y hacer -todos los que tomasen á vida esclavos; y ésto era todo su principal -fin y deseo á que todo lo que hacen se ordenaba, porque pensaban -y esperaban que el Clérigo les habia de henchir todas sus casas y -haciendas y granjerías de esclavos. Y era tanta su ceguedad que no -advirtieron, que habiendo andado cinco ó seis años el Clérigo, como -todos sabian, trabajando y muriendo, yendo y viniendo á Castilla porque -no hiciesen esclavos, y los que tenian hechos los libertasen aunque -fuesen de los caribes ó que comian carne humana, oyéndole afirmar -que hacellos á aquellos esclavos era tiranía, que así engañasen á sí -mismos, que pensasen que el Clérigo habia de ser causa de aquellas -guerras y de que se hinchiese de esclavos esta isla, señalando y -diciendo de claro que la gente de tal provincia son caribes. Item, que -teniendo los indios todos de aquellas provincias justísimas causas de -perseguir y destruir, matando y despedazando, todos cuantos españoles -pudiesen haber, por los males y daños irreparables que de ellos habian -rescibido, que si no quisiesen ser sus amigos, sin satisfaccion y -sin cesar de sus tiranías, que el Clérigo por ésto los hobiese de -declarar por enemigos, y que la guerra luégo por el mismo caso se -hobiese de seguir. Item, que si no quisiesen rescibir los predicadores, -como si supieran la diferencia que habia de predicadores á tiranos, -y si resistian y mataron á los frailes que verdaderamente lo eran -predicadores, los mataran como á predicadores y no como á cómplices de -salteadores y amigos y naturales de la misma nacion á quien ellos tanto -tenian aborrecida, ó si los mataron por razon de odio que tuviesen á la -fe. Item, que si no quisiesen rescibir la fe, declarándolos el Clérigo -por tales, se les habia de hacer luégo guerra y hacellos esclavos, -como si á palos se les hobiera de dar y contra su voluntad rescibilla, -y luégo, en llegando el armada, con requerilles que la rescibiesen -hobieran en el crimen _lesæ majestatis_ incurrido. Fué, pues, grande la -ceguedad ó ignorancia, ya que no fuese malicia, de aquellos señores, en -creer que aquellas horribles y absurdas condiciones habia el Clérigo de -cumplir, teniéndolo por buen cristiano y no cudicioso, y que moria por -libertar y ayudar á salvar estas gentes como lo tenian. Pero el Clérigo -aceptó las condiciones por redimir su vejacion, con intencion de en -todo lo que se pudiese grangear buenamente y sin pecado y perjuicio -de los indios y de su principal negociacion, que era la predicacion, -como del Rey traia, con ello acudilles con toda fidelidad, así como -en los rescates del oro por toda aquella costa de mar, y con atraer á -los indios, por bien y con dones de los rescates, que viniesen á sacar -perlas á la isleta, y con todo lo que de provecho en la tierra hobiera, -que no fuera para ellos de chico interese. Pero todo les pareciera poco -sin henchilles las casas y granjerías, como dije, de esclavos indios, -de lo que el Clérigo estaba bien desviado. - - - - -CAPÍTULO CLVIII. - - -En estos dias, á tantos de Mayo, año de 1521, víspera de Santa -Catherina de Sena, murió aquel siervo de Dios, el padre fray Pedro -de Córdoba, que trujo la órden de Sancto Domingo á esta isla, como -arriba dijimos; murió de ético, de las grandes penitencias que habia -hecho en su vida, en esta casa y ciudad de Sancto Domingo, rescibidos -los sanctos Sacramentos muy devotamente, siendo Vice-provincial, de -edad de 38 años, _consummatus in brevi explevit tempora multa, etc. -Sapientiæ 4.º_. Predicó á su entierro, Domingo, dia de Santa Catherina -de Sena, el padre fray Anton Montesino, de quien tambien arriba hicimos -larga mencion, y tomó por tema, _Quam bonum et quam jocundum habitare -fratres in unum_; y, cierto, se estimó que fué luégo ó en breve á gozar -de Dios, en compañía de la Vírgen de Sena, beata y santa de la misma -Órden. Tornando á nuestro negocio del Clérigo, diéronsele luégo dos -navíos en esta ciudad y puerto de Sancto Domingo, ambos bien amarinados -y cargados de vino y aceite y vinagre, y mucha cantidad de quesos de -las Canarias, y otras muchas cosas de bastimentos y municiones, y -rescates, y licencia para tomar de la isla de la Mona 1.100 cargas de -pan caçabí de lo que el Rey allí tenía, que los indios moradores de -aquella isleta le solian dar, y, finalmente, fué muy bien despachado -de esta isla, y proveido de todo lo necesario para su viaje y para lo -que en la tierra firme se habia de ordenar y tractar. Partióse deste -puerto por el mes de Julio, año del Señor de 1521; con buen viaje -llegó á la Mona, donde tomó el dicho pan, y de allí fué á la isla de -Sant Juan de Puerto-Rico, donde pensó de hallar la gente labradora -que habia traido y llevalla consigo, pero no halló alguno que llevar -porque se habian ido con ciertos salteadores á robar y saltear indios, -que era el oficio y granjería que más se usaba por aquellos tiempos; -prosiguió de allí su viaje á la tierra firme, y halló al Capitan y -gente, buscando qué robar y captivar, ocupados. Habia comenzado á hacer -un pueblo de españoles Gonzalo de Ocampo, media legua el rio de Cumaná -arriba, que llamó Toledo, y como los indios de toda la tierra andaban -huyendo, y sin ellos nunca los españoles por todas las Indias se vieron -hartos, éstos andaban hambreando, y por ésto vivian muy descontentos -y ni quisieron poblar á Toledo, ni aunque lo llamara Sevilla no lo -poblaran; y si mucho el Clérigo se tardara bien se creyó que se -amotinaran, pero venido, y sabido que traia licencia para los que no -quisieran quedar de su voluntad se tornasen, asosegáronse. Dándoles -parte de la negociacion que el Clérigo traia, ninguno quiso con el -Clérigo quedar; dellos, porque andaban ya cansados de montear indios, -con muchos trabajos y hambres; otros, porque no esperaban medrar con -él, entendiendo que en el robar y captivar indios, y en hacerles otros -agravios acostumbrados, les habia de ir á la mano, y con temor que no -los quisiese tener por fuerza, y les tomase los navíos donde se habian -de tornar, nunca quisieron salir todos en tierra, sin dejar en cada -batel ó barca de los navíos 20 hombres que los guardasen. Finalmente, -se hobieron todos de volver á esta isla, y para el camino les mandó dar -el Clérigo cinco libras de pan caçabí, para cinco dias que comunmente -duraba el viaje, á cada uno graciosamente, sin ser á ello obligado, -con lo cual y lo poco más de bastimentos que tenian en los navíos se -tornaron. Quedóse el Clérigo sólo con algunos criados suyos y algunos -otros que tomó á sueldo para que lo acompañasen. El capitan Gonzalo -de Ocampo, que era amigo del Clérigo, mostró pesar de su soledad, -y en ella lo consolaba, el cual despues se partió para esta isla. -Habian ido ciertos religiosos de la órden de Sant Francisco á poblar -en Cumaná, con aquella gente, cuyo Perlado era un fraile llamado fray -Juan Garceto, extranjero, creo que de Picardia, que habia venido á esta -isla con el que dijimos arriba llamarse fray Remigio; aquél era muy -buen religioso y persona prudente, deseoso de hacer fruto en aquellas -gentes. Estos religiosos, como vieron al Clérigo con la prosperidad -que parecia traer y buen recaudo para la conversion dellas, hobieron -alegría inestimable; saliéronle á rescibir con _Te Deum laudamus_, -diciendo: _Benedictus qui venit in nomine Domini_, y él con ellos -dió muchas gracias á nuestro Señor Dios de hallarlos. Tenia su casa -y monasterio de madera y paja, y una muy buena huerta donde habia -naranjos de maravillosas naranjas, y un pedazo de viña y hortaliza, y -melones muy finos, y otras cosas agradables; todo ésto habian puesto -y edificado los religiosos de la misma Órden que fueron al principio, -cuando el padre fray Pedro de Córdoba con sus Dominicos, como en el -cap. 54 de la parte II queda declarado. Estaba esta casa y huerta un -tiro de ballesta de la costa de la mar, junto á la ribera del rio -que llaman de Cumaná, de donde toda aquella tierra se nombra Cumaná. -El Clérigo mandó hacer una casa grande como un atarazana, para meter -toda la hacienda que traia, junto á las espaldas de la huerta de los -frailes; lo más presto que pudo, dió á entender á los indios por los -religiosos, y ellos por medio de una señora india llamada Doña María, -que sabia algo de nuestra lengua, como venía enviado por el Rey de los -cristianos, que entónces de nuevo reinaba en España, que ya no habian -de rescibir daño alguno dellos, sino buenas obras, y habian de vivir -en mucha paz y amistad, como verian adelante; y con ésto trabajaba de -los alhagar y ganalles la voluntad, dándoles de las cosas que traia, y -siempre recatado de los que con él estaban no diesen materia ú ocasion, -por chica que fuese, de escándalo. Ya está dicho arriba, que la isleta -de Cubagua, donde se cogian las perlas, carece de agua potable, porque -ninguna dulce hay sino unos charquillos de agua salada, por manera que -no bebian si no la llevaban del rio de Cumaná, que está de la dicha -isleta siete leguas distante; y porque siempre temió el Clérigo que -aquellos españoles amadores de las perlas, que allí moraban, le habian -de hacer una fortaleza en la boca del rio, para si no hiciesen lo -que debian, quitarles el agua (ésto fuera muy cierto freno para que -en toda aquella costa escándalo ninguno ni daño á los indios hacer -osaran), para este fin tomó un maestro de cantería, y concertóse con -él por ocho pesos de oro cada mes, que valen 10 ducados poco ménos. -Debieron de entender al Clérigo los apóstoles de Cubagua, y tuvieron -luégo manera de, por ruegos ó por precio, quitárselo, y así quedó el -Clérigo sin las más necesarias armas, porque aunque la fortaleza era -bien hacerse para la seguridad de los que allí habian de estar por -respeto de los indios, pero mucho más necesaria era para refrenar los -saltos é insultos, y escándalos, y desórdenes que los españoles hacian -morando allí en Cubagua, como parece por lo que referimos arriba de -la muerte de los frailes, y por lo que sucedió al Clérigo parecerá. -No se tardó muchos meses ni dias que, con achaque de venir al rio -por agua en sus barcos, inquietaban la gente del pueblo y pueblos -que por allí cerca estaban; algunos, siendo pesados á los indios con -su conversacion cuotidiana, de que ellos mucho se resabiaban por el -celo que tienen de sus mujeres y hijas, teniendo experiencia de lo -que los españoles hacen; otros, importunándoles porque les diesen -oro ó les vendiesen algunos indios á trueque de botijas de vino, -por el cual principalmente engañaban los más resabidos á muchachos -y personas simples, y vendíanlos á los españoles (y ésto del vino -era la más preciosa moneda que los indios amaban, y por qué daban y -dieran todo cuanto les mandaran), sucedia de aquí, que como al vino no -sabian echarle agua emborrachábanse fácilmente, y más fácilmente, ya -borrachos, reñian y tomaban las armas, arcos y flechas enherbadas con -hierba ponzoñosa, y así, ó se herian y mataban, ó maltrataban. Mirad -qué disposicion y aparejo para les predicar y traerlos á la religion -cristiana. Comenzó el Clérigo á beber grandes amarguras, y entender los -impedimentos de todo su negocio, y sin ser tan eficaces, que totalmente -se lo desbarataban, como quiera que de lo que de parte del Rey habia -dicho á los indios se hacia por los españoles el contrario; y llegó á -tanta angustia que se paraba á pensar si sería posible por alguna vía -verse fuera de tanta afliccion y cuidado. Pasó á la isleta de Cubagua, -é hizo requerimientos terribles al que allí estaba por Alcalde mayor, -pero no le aprovechó nada; cognosció tambien estar en gran peligro de -la vida suya y de los religiosos, y de los demas que con él estaban. -Toda su comunicacion era con los frailes, en especial con el fray -Juan Garceto, persona, como dije, prudente; tractaban del estado en -que los negocios y ellos estaban. Parecióle al religioso que aquellos -estorbos é inconvenientes ántes habian de ir cresciendo que menguarse, -si el Rey ó la Audiencia con gravísimas penas no lo atajasen, y -que para ésto alcanzar el mismo Clérigo y no otro habia de irlo á -negociar. Esto bien lo cognoscia y admitia él, que sin expresas nuevas -penas, y amenazas, y castigos reales, no podia remediarse, pero que -él hobiese de ir en persona á procurallo parecíale absurdidad y cosa -irracionable; lo uno, porque todavía estando él presente algunos males -estorbaba, lo otro, porque absentándose quedaba toda aquella tierra tan -desmamparada, que no quedara parte della que no se metiera, como dicen, -á sacomano, robándola y haciendo esclavos, y, así, causando mayor -enemistad y aborrecimiento de los cristianos que ántes les tenian, -y, por consiguiente, poniéndolos en más remota distancia ó potencia -para rescibir la fe y convertirse, que nunca tuvieron; lo otro, aunque -era lo ménos y mucho ménos, por el mal recaudo que podia quedar en la -hacienda que allí tenía, que valia 50.000 castellanos, en los cuales -tenía su parte el Rey. El religioso á todos estos inconvenientes -respondia con razones, pero no muy perentorias ni que satisfaciesen -por la claridad ó evidencia dellos. Finalmente, despues de veces -platicado y conferido en ello, llegó á tanto la persecucion del padre -fray Juan Garceto (no por la evidencia que hacia, sino porque Dios -habia de salir con lo que tenia determinado hacer del Clérigo), que -comenzó el Clérigo á considerar que podia ser aconsejarle bien, aunque -á él no le pareciese; por lo cual vino á determinarse en que miéntras -se cargaban de sal dos navíos para enviar á esta isla Española, y se -ponian á punto de se partir, que tardarian en todo poco ménos que un -mes, dijesen cada dia misa, y los demas suplicando á nuestro Señor -inspirase lo que conviniese más, y despues de dicha platicasen cada -dia en ello, y al cabo deste tiempo se determinase de quedar ó de ir. -Pareció á todos que se hiciese así, y entre tanto entendió el Clérigo -en hacer dos despachos, el uno escribiendo cartas para esta Audiencia -y para el Rey, haciendo relacion de lo que padecia y del peligro en -que estaban los frailes y él, los estorbos que le ponian, el daño que -las gentes de aquellas provincias temporal y espiritual incurrian, la -infamia de la religion cristiana, los impedimentos de la conversion -dellas y perjuicio de la fe, etc. Este despacho era enderezado para -que lo llevase la persona que acordase enviar, si se determinasen -que se quedase él. Otro hizo para en caso que hobiese su persona de -venir, conviene á saber, la instruccion de lo que habia de hacer el -Capitan ó persona principal que allí habia de dejar en su lugar. Cada -dia, despues de misa, se juntaban á platicar, y nunca pudo mudar del -parecer primero al religioso en cuantas veces dello hablaban, diciendo, -«no me parece, señor, sino que vos habeis de ir á buscar el remedio -destos males en cuya cesacion tanto va». Llegado, pues, el postrero -dia en que los navíos no tenian que esperar más, dijeron el religioso -y el Clérigo sus misas, y encomendando á Dios el negocio tornáronse á -juntar; el religioso, permaneciendo en su primer voto, dijo al Clérigo: -«vos, señor, habeis de ir, é por ninguna vía quedar.» Entónces el -Clérigo, creyendo que aquella debia ser la voluntad de Dios, respondió: -«Dios sabe cuánto ésto hago contra lo que yo entiendo, y así contra mi -voluntad, pero yo lo quiero hacer pues á vuestra reverencia parece, y -si es yerro más quiero errar por parecer ajeno que por el mio acertar; -porque yo espero en Dios, que pues no lo hago por otro algun intento, -sino por hacer lo que debo en lo que por él traigo á cargo, él, para -bien mio, ya que se yerre, lo convertirá.» Así determinado, nombró por -Capitan ó por principal de los que allí dejaba á un Francisco de Soto, -natural de Olmedo, antiguo criado de la casa Real, que habia traido -consigo de España, buena persona y cuerda pero pobre, por la cual -pobreza deshechar le vino mucho mal á él y al negocio y á los demas. -A éste dió la instruccion que tenia hecha; uno de los capítulos della -fué, que no quitase ni mandase desviar del puerto, por ninguna causa, -uno ni ninguno de las dos piezas de navíos que le dejaba, que era uno -que llamaban _San Sebastian_, que volaba, y el otro era una fusta de -moros de muchos remos, que llamaban los indios en su lengua _ciento -pies_ por los muchos remos, y tenian mucho miedo della, y que siempre -estuviese sobre aviso si los indios estaban alterados y mal seguros, -y si viese que habia peligro que con toda disimulacion embarcase toda -aquella hacienda y sus personas, y se fuesen á la isleta de Cubagua; si -fuese el peligro tan furioso y violento que para salvar la hacienda no -tuviesen lugar, al ménos las personas salvasen: desta instruccion le -hizo el Clérigo firmar un treslado. De toda la hacienda que allí dejó -ninguna cosa metió en los navíos, sino dos arcas propias suyas, una de -vestidos y de libros la otra; y así se partió con harto dolor de los -frailes, no siendo el que él llevaba menor. - - - - -CAPÍTULO CLIX. - - -Despues de partido el Clérigo, lo primero que hizo Francisco de Soto, -el que en su lugar dejó, fué luégo enviar los navíos uno á una parte -y otro á otra parte de la costa, abajo y arriba, á rescatar oro ó -perlas, y tambien se creyó que esclavos si haberlos pudieran. Los -indios de la tierra, ó por los insultos que se les habian hecho por los -españoles, ántes que el Clérigo se partiese, ó por los que despues de -partido les hicieron, ó por la infelicidad dellos mismos, por la cual -no merecieron vivir sin aquellas zozobras é impedimentos para que á -Dios cognoscieran, determináronse de matar la gente del Clérigo, y á -los frailes, y á cuantos españoles pudiesen haber, y dentro de quince -dias despues de partido lo acometieron; y sospechóse que fué tractado -ántes que se partiese, y, por ventura, tambien habian conjurado contra -él, viendo que no salia verdad la paz y amor, y quietud y justicia que -de partes del rey nuevo de Castilla les prometiera. Supiéronlo los -religiosos, tres dias ántes que lo hiciesen, por indicios suficientes, -y preguntándolo á Doña María, la señora que dije, respondia por las -palabras que no, por los indios que estaban presentes, y con los ojos -y meneos del rostro decia que sí; por manera que ántes, tres dias, que -lo hiciesen estuvieron los religiosos y la gente del Clérigo dello muy -ciertos. Á la sazon vino allí un barco que debia de andar rescatando; -rogáronle los criados del Clérigo que los rescibiese, y no sé si los -frailes tambien, pero no quisieron, ó por miedo ó por malicia que los -quisieron dejar matar allí á sabiendas. Pudieran salvarse si Francisco -de Soto cumpliera lo que le dejó mandado el Clérigo, conviene á saber, -que no quitara del puerto los navíos, pues ninguna duda hobiera que, -si no pudieran salvar la hacienda, las personas todas el salvaran y -ninguna se perdiera. En aquellos tres dias andaban los religiosos, y el -Francisco de Soto, muy solícitos de una parte á otra, y de una casa y -personas á otras preguntando cuándo lo habian de hacer, y, teniendo por -entendido que mañana habian de venir sobre ellos, pusieron la gente del -Clérigo la noche de ántes doce ó catorce tiros de artillería alrededor -de la casa, y probada la pólvora, hallaron estar tan húmeda que no -pudo arder. Luégo, en la mañana, en saliendo el sol, pusiéronla para -que se escalentase, y á la misma hora vinieron los indios con terrible -grita sobre ellos, mataron dos ó tres de los criados del Clérigo, luégo -pusieron fuego á la casa ó atarazana y comenzóse á quemar estando los -demas dentro; hicieron cierto portillo en ella y otro en la huerta de -los religiosos, que estaba cercada de un seto de cañas, y entráronse -en ella miéntras los indios se ocupaban en poner el fuego. A la sazon -venia de ver lo que habia el Francisco de Soto del pueblo de los indios -que estaban á la ribera del mar, un tiro de ballesta, como dije, de la -casa y del monasterio, y en el camino lo hirieron por el brazo ó por -la mano de un flechazo con hierba; tuvo con todo lugar de se meter en -la huerta. Tenian los religiosos un estero hecho, de un buen tiro de -piedra, por donde subia el agua del rio hasta la huerta, y en él una -canoa ó barco de indios en que cabian 50 personas; á ésta ocurrieron -los frailes y criados del Clérigo y metiéronse en ella, sólo un fraile -lego, devoto y de muy buena vida, como sintió la grita de los indios, -huyó y metióse en un cañaveral que ninguno lo vido; todos los demas -frailes y seglares, que serían quince ó veinte personas, metidos en -la canoa, vánse por el estero abajo, y dieron en el rio para salir á -la mar é ir á dar á la punta de Araya, que es donde hay las salinas, -donde ciertos navíos estaban cargando sal, y habia de golfo dos leguas -y más. El rio es poderoso y de gran corriente. Salió el fraile lego del -cañaveral y pareció á la ribera; como lo vieron, aunque iban ya más -abajo de donde pareció, forcejaron mucho por subir á él para tomallo -y no podian vencer la corriente; vista por él mismo la dificultad, -hízolos señas con las manos que se fuesen, al cual luégo mataron -los indios haciendo mártir dél. Los indios, ocupados en poner fuego -á la casa ó atarazana, creyendo que los españoles estaban dentro, -no sintieron la huida que los frailes y seglares hicieron, la cual -sentida, toman luégo una piragua, que es canoa de otra arte hecha y -muy ligera, y entran los que cupieron, con sus armas, arcos y flechas, -y fueron tras ellos; iban ya una legua en la mar, llenos de vejigas -las manos y desolladas de remar, y cuando vieron venir tras ellos los -indios, cuasi del todo desmayaron, pero no dejaron de más apriesa -remar. Finalmente, la canoa de los frailes y seglares y la piragua -de los indios llegaron en un tiempo en tierra á zabordar, aunque un -tiro de herron los unos de los otros; y aquella playa es tan llena de -cardones que tienen tan bravas y espesas espinas, que un hombre armado -de todas armas no se osara, sino con mucho tiento, entre ellas menear, -y como los indios eran de los piés á las cabezas desnudos, estuvieron -mucho en llegar aquella poca distancia donde estaban los seglares y los -frailes. Y parece que habia tanta espesura que no pudieron menearse -para matar los frailes ni los demas, porque me dijo despues el dicho -padre fray Juan Garceto que él vido junto á sí, á sus espaldas, un -indio ó indios que le querian herir, ó con piedra ó con porra, que -llamamos por la lengua desta Española macána, la penúltima luenga, y -que hincado de rodillas, cerrados los ojos, levantado el corazon á -Dios, esperaba que luégo le habian de dar y matar, y como vido que no -le daban abrió los ojos y no vido á nadie. Esto no fué, dejado aparte -la voluntad de Dios, sino que estaba tan cercado de espinas el fraile y -los indios en cueros que no osaron á él allegarse; por esta vía todos -escaparon, y los indios se tornaron de esta hecha vacuos. Esperaron -en aquella fortaleza de espinas buen rato, metiéndose más en ellas, -y salieron al cabo todos enclavados y espinados y atribulados por -todas partes, y llegaron á donde estaban los navíos cargando de sal; -recibiéronlos en ellos con harto dolor de todas partes. Faltó sólo el -Francisco de Soto que dijimos venir herido del flechazo; hobo quien -dijo que lo habia visto debajo de una peña en el espinal, fueron allá -con cierta barca, legua y media, donde quedaba, y halláronlo vivo -á cabo de tres dias que le hirieron, sin comer ni beber, y tráenlo -metido en la nao. Como la hierba ponzoñosa causa grandísima sed pidió -luégo agua, que se asaba; dánsela, y luégo comenzó á rabiar y desde á -poco murió. Es averiguado que el que de la hierba de aquellas tierras -fuere herido, no ha de comer ni beber hasta con algunos remedios -ser curado, porque en comiendo ó bebiendo luégo hace la hierba su -operacion y no cesa hasta matar. Así que mataron de esta hecha, con -este Francisco de Soto, por todos, cuatro de los criados del Clérigo, -y el fraile. El Clérigo prosiguió su viaje para esta isla Española, -el cual no es mayor de lo que se puede navegar en cinco ó seis dias, -pero los pilotos de los navíos, errando el viaje, no cognosciendo la -tierra y pensando que la costa desta isla por donde navegaban era la -costa de la isla de Sant Juan, fueron á parar 80 leguas deste puerto -de Sancto Domingo abajo, al puerto de Yaquimo; estuvieron dos meses -forcejando contra las corrientes de aquella tierra y mar, que hácia -este puerto son grandísimas, que ha acaecido los tiempos pasados estar -un navío en doblar ó pasar la isleta de la Beata ocho meses, por lo -cual se halló por ménos trabajoso rodear 400 leguas y más, yendo de -Cartagena y Sancta Marta, y del Nombre de Dios por la Habana, que -venir de allí aquí. Visto, pues, que tanto se tardaba en aquella -isleta de la Beata, no pudiendo navegar, acordó irse 20 leguas más -abajo al puerto de Yaquimo, y salirse en tierra, y enviar los navíos -á este puerto y ciudad, y él de allí venirse al pueblo de la Yaguana -que está nueve leguas la tierra dentro, y dél por tierra para aquí, é -así lo hizo. Entre tanto, luégo, desde á diez ó quince dias, muertos -los susodichos y alzada la tierra, vinieron los navíos que á la sazon -cargaban de sal, y en ellos los frailes y los demas que escaparon, y -dieron nuevas en esta ciudad de lo acaecido, y comienzan en el vulgo á -publicar que los indios de las perlas habian muerto al clérigo Casas y -á todos cuantos estaban con él; nuevas que mucho agradaron y á pocos -despluguieron, porque se les quitase aquel tan cierto impedimento que -tenian del cumplimiento de sus deseos, y porque tenian ya por cierta la -guerra contra aquellos indios de aquella tierra, para hacer esclavos -que era y es hoy de todos su pio. Viniendo, pues, el dicho Clérigo -de la Yaguana para esta ciudad de Santo Domingo, con ciertos que con -él venian, sesteando en un rio y él durmiendo debajo de un árbol, -llegaron ciertos caminantes allí; preguntados por los que estaban qué -nuevas habia de la ciudad ó de Castilla, respondieron: «no hay otras -sino que los indios de la costa de las perlas, han muerto al clérigo -Bartolomé de las Casas y á toda su familia.» Respondieron los que -estaban: «nosotros somos testigos que eso es imposible;» estando sobre -ello porfiando, despertó el Clérigo como de un abismo, y, entendidas -las nuevas, no supo qué decir ni si lo creer, pero, considerada la -disposicion que dejaba en la tierra y los casos acaecidos, comenzó á -temer y á creer que debia ser todo, cuanto habia por aquesto trabajado, -perdido, y como despues cognosció más destas cosas, juzgó haber sido -juicio divino que le quiso castigar y afligir por juntarse á hacer -compañía con los que él creia que no le ayudaban ni favorecian por -Dios ni por celo de ganar las ánimas, que por aquellas provincias -perecian, sino por sola cudicia de hacerse ricos, y parece que ofendió -á Dios maculando la puridad de su negocio espiritualísimo, y fin que -sólo por Dios pretendia, que era ayudar los religiosos y él andarse -con ellos alumbrando aquellas gentes con la predicacion de la fe y -cristiana doctrina, con la basura é impuridad terrenísima de medios -tan humanos y áun inhumanos y tan desproporcionados de los que llevó -Jesucristo; porque Dios, aunque para efectuar sus altas obras usa y -admite medios humanos, pero no ha menester para la predicacion de su -Evangelio tales adminículos, sino, sin mezcla de favor tan inficionado -como era aquél que le daban, pudiera el padre Clérigo, á lo que parece, -esperar á hacer de su espacio el nombramiento de los 50 que habia -de elegir para que le ayudaran, personas que fueran cristianas, los -cuales, aunque tambien se movian porque los habian de hacer caballeros -de espuelas doradas, y tener en las rentas del Rey la docena parte -y otras mercedes favorables y humanas, todavía parece que iba el -negocio más sin peligro y en honestidad fundado; lo uno, porque habia -de escoger no cualesquiera sino personas que fuesen tales; lo otro, -porque todo su interese temporal de aquellos, de la pacificacion de -aquellas gentes y del aprovechamiento de la fe colgaba, como arriba en -los capítulos 130 y 131 fue declarado, y no de las guerras y matanzas -y captiverios de gentes libres y damnacion de ánimas, é infamia de -la fe y aborrecimiento del nombre cristiano, que los con quien hizo -compañía, por medios de su temporal interese tomaban. A ésto respondió -el Clérigo, que si se dió tanta priesa en aceptar el partido que le -ofreció el Audiencia, hízolo por impedir los daños y muertes que hacia -el armada, y esta razon parece bastante; púdosele replicar, segun -parece, que no era á tanto obligado, etc. Finalmente, se puede creer -con piedad que nuestro Señor miró á su buena intencion, y no á la -obra, si quizá delante su acatamiento fué errada, y por eso lo escapó -de aquella muerte que con los demas pasara, puesto que con su ayuda -divina, si él allí estuviera, ni los navíos de allí se quitaran, ni -en los tres dias que la conjuracion se descubrió y se supo no es de -creer que en tanto peligro se descuidara. Finalmente, siguió su camino, -sabidas estas tristes nuevas, con mucho desconsuelo y cuidado de saber -por entero lo acaecido, para esta ciudad; no faltaron algunos amigos -que le salieron al camino á consolar, y que le ofrecieron cuatro y -cinco y más millares de ducados prestados, para si quisiese tornar al -negocio y llevarlo adelante; si se movian por sólo Dios y por celo de -las ánimas, ó por allegar bienes temporales, como de aquella tierra más -que de otra muchos esperaban, sólo Dios es el que lo sabe y el que lo -ha de juzgar y juzgará el dia del juicio universal. - - - - -CAPÍTULO CLX. - - -Por todas las cosas referidas en este libro III, desde el cap. 79 hasta -el precedente, que han hecho mencion al dicho padre clérigo Bartolomé -de las Casas, con pura verdad, puede parecer el ánimo que tuvieron -los historiadores Gonzalo Hernandez de Oviedo y Francisco Lopez de -Gomara, clérigo, criado del marqués del Valle, á quien tanto tocan -las historias de las Indias, para con el dicho clérigo Bartolomé de -las Casas, y como entendieron cuál fué su principio y su medio y su -fin cerca destos negocios de las Indias, y las verdades que en lo que -dél escriben dijeron. El Gonzalo Hernandez de Oviedo, en su primera -parte, libro XIX, capítulos 4.º y 5.º de la Historia que llamó Natural, -allende lo que se refirió suyo en el cap. 142, dice lo siguiente: que -como aquel Padre se habia criado en esta Española, sabia muy bien que -los indios de Cumaná y de aquellas provincias con ella comarcanas -estaban de paz ántes de su rebelion, y él pensó que, así como á él -se le fantaseó, así pudiera hacer lo que habia inventado y dicho en -España, y en tanto que él fué á entender en el negocio los indios se -rebelaron y mataron á los frailes franciscanos y dominicos, y otros -cristianos que he dicho, y cuando llegó á la tierra con aquellos sus -labradores, nuevos caballeros de espuelas doradas que él queria hacer, -quiso su dicha y la de sus pardos milites que halló al capitan Gonzalo -de Ocampo que habia ya castigado parte de los malhechores, y poblado -aquel lugar que llamó Toledo, y estaban las cosas en otro estado -que el Clérigo habia arbitrado; mas como venía favorecido y con tan -grandes poderes, luégo comenzaron á contender y estar desconformes él -y Gonzalo de Ocampo, como he dicho, dice Oviedo, y lo que habia dicho -en el fin del cap. 4.º, es ésto: «Llegado este Padre licenciado, -hobo discordias y diferencias muchas entre él y el capitan Gonzalo de -Ocampo.» Estas son sus palabras, y prosigue más en el capítulo 5.º: -«Dió órden el Clérigo como hizo una gran casa, y tenía en ella grandes -bastimentos, y rescates, y armas, y otras cosas muchas, lo cual todo -dejó allí, é vino á esta ciudad de Sancto Domingo é isla Española, -á se quejar en esta Audiencia real del capitan Gonzalo de Ocampo, y -venido él, y los indios viendo estas discordias entre los cristianos, y -persuadidos de su propia cudicia y malicia, dieron sobre los cristianos -que allí estaban, y mataron á cuantos pudieron, puesto que algunos se -escaparon, etc.» Estas son sus palabras. De donde parece la noticia -que con verdad habia inquirido, y de donde comenzaba la historia del -Clérigo, dando á entender que desde esta isla habia ido de principal -intento á pedir la gobernacion de aquella tierra, como arriba en aquel -capítulo dice. Y cuanto á lo que añide que tuvo discordias con Gonzalo -de Ocampo, á ésto se responde con verdad delante de Dios, que es la -suma y esencial verdad, que el clérigo Bartolomé de las Casas de muchos -años atras cognosció y amaba al dicho Gonzalo de Ocampo, y que nunca -con él comunicó que no fuese con alegría y riendo, y cuando en Sant -Juan de Puerto-Rico le hizo los requerimientos que con su armada se -volviese y no fuese á tierra firme, lo mismo, y que jamás tuvo con -él dentro de su corazon, ni fuera, por palabra, enojo ni pena, ni se -ofreció de qué ni para qué la tuviese, y donde mayor conversacion y -más familiar y amorosa tuvieron y con más alegría, fué miéntras el -Gonzalo de Ocampo estuvo allí con él en la tierra firme y en la isleta -de Cubagua, hasta que de allí á esta isla el Gonzalo de Ocampo se vino; -y en suma, el Clérigo le era naturalmente aficionado, porque tenía la -conversacion amigable, y en sus dichos y habla era graciosísimo. De -aquí se podrá colegir el crédito que á Gonzalo Hernandez de Oviedo -se le debe dar en todo lo que dice, como arriba por el 142 y 143, y -en los demas capítulos se vido; y aunque Oviedo excedió en hablar -tan falsamente del Clérigo, atribuyendo el deseo y fin que tuvo de -mamparar estas desmamparadas gentes, y quitar de su conversion y -salvacion tan eficaces impedimentos, á ambicion y deseo de mandar, y -tambien á cudicia, todavía le sobrepujó en maldecir detrayendo de la -honra del clérigo Bartolomé de las Casas; y con mayor desvergüenza -el Francisco Lopez de Gomara, clérigo, capellan de Hernando Cortés, -porque dijo todo lo que Oviedo, porque de su libro lo tomó, y añidió -cosas harto indecentes. Y dice así Gomara, clérigo, contra Bartolomé -de las Casas, clérigo: «Estaba el licenciado Bartolomé de las Casas, -clérigo, en Sancto Domingo, al tiempo que florecian los monasterios de -Cumaná y Chiribichí, é oyó loar la fertilidad de aquella tierra, la -mansedumbre de la gente y abundancia de perlas; vino á España, pidió al -Emperador la gobernacion de Cumaná, informóle cómo los que gobernaban -las Indias le engañaban, y prometióle de mejorar y acrecentar las -rentas reales. Juan Rodriguez de Fonseca, el licenciado Luis Zapata y -el secretario Lope de Conchillos, que entendian en las cosas de las -Indias, le contradijeron con informacion que hicieron sobre él, y lo -tenian por incapaz del cargo por ser clérigo, y no bien acreditado ni -sabidor de la tierra y cosas que tractaba; él entónces favorecióse -de Mosior de Laxao, camarero del Emperador, y de otros flamencos y -borgoñeses, y alcanzó su intento, por llevar color de buen cristiano -en decir que convertiria más indios que otro ninguno, con cierta -órden que pornia, y porque prometia enriquecer al Rey y enviarles -muchas perlas (venian entónces muchas perlas). Pidió labradores para -llevar, diciendo no harian tanto mal como soldados desuella-caras, -avarientos é inobedientes; pidió que los armase caballeros de espuela -dorada, y una cruz roja diferente de la de Calatrava, para que fuesen -francos y ennoblecidos. Diéronle á costa del Rey, en Sevilla, navíos y -matalotaje, y lo que más quiso, y fué á Cumaná el año de 20, con obra -de 300 labradores que llevaban cruces, y llegó al tiempo que Gonzalo -de Ocampo hacia á Toledo; pesóle de hallar allí tantos españoles, con -aquel caballero, enviados por el Almirante y Audiencia, y de ver la -tierra de otra manera que pensaba ni dijera en corte. Presentó sus -provisiones, y requirió que le dejasen la tierra libre y desembargada -para poblar y gobernar. Gonzalo de Ocampo dijo que las obedecia, pero -que no cumplia cumplirlas, ni lo podia hacer sin mandamiento del -Gobernador y Oidores de Sancto Domingo que lo enviaran. Burlaba mucho -del Clérigo, que lo cognoscia de allá de la Vega por ciertas cosas -pasadas, y sabia quién era; burlaba eso mismo de los nuevos caballeros -y de sus cruces, como de sambenitos; corríase mucho el Licenciado, y -pesábale de las verdades que le dijo. No pudo entrar en Toledo, é hizo -una casa de barro y palo, junto á do fué el monasterio de franciscos, -y metió en ella sus labradores, las armas, rescates, y bastimento que -llevaba, y fuése á querellarse á Sancto Domingo, é Gonzalo de Ocampo se -fué tambien, no sé si por ésto ó por enojo que tenía de algunos de sus -compañeros, y tras él se fueron todos, y así quedó Toledo desierto, y -los labradores solos. Los indios, que holgaban de aquellas pasiones y -discordia de españoles, combatieron la casa y mataron cuasi todos los -caballeros dorados, los que huir pudieron acogiéronse á una carabela, -y no quedó español vivo en toda aquella costa de Perlas», etc. Todo -ésto dice formalmente Gomara, capellan y cronista del marqués del -Valle. Cotejado todo lo que este Gomara dice y lo que escribió Oviedo, -con lo del capítulo precedente, y finalmente con toda la Historia de -cuasi lo más deste tercero libro, que con pura verdad se ha afirmado -haber sido todo dicho, á la discrecion del prudente cristiano lector -se remite que juzgue cuál lleva más semejanza de verdad, y cuánta fe -se deba dar á todo lo que todos éstos escriben, pues en cosas tan -manifiestas tuvieron tanto descuido en referir la verdad, si no los -cegó su propia malicia lo que no osaría creer. Cerca de lo que ambos -dicen de las cruces que el Clérigo trujo para los labradores, lo que -en ello hay es ésto: que para que los indios de aquellas tierras, que -tan escandalizados y maltratados estaban, creyesen y no pensasen que -les habia de faltar la palabra de partes del Rey luégo que habia -venido á reinar á Castilla, como muchas veces se les habia quebrantado -la fe y palabra en lo que les prometian por los españoles, pareció al -Clérigo que, así como les habia de certificar de partes del Rey cosas -nuevas, como eran que habia sabido los escándalos y daños que habian -recibido y le habia pesado mucho dello, y que por tanto enviaba á él -para que desde en adelante no tuviesen temor alguno que les habia de -suceder agravio de los pasados, y que él los habia de defender, que así -convenia que mostrase el Clérigo y los 50 que para caballeros habia de -escoger ser gente nueva y diferenciada de los pasados, y por aquella -señal todos los cognosciesen; y porque no tuvo lugar de señalar los -50, como por la Historia se ha visto, no dió la cruz á alguno, él sólo -se la puso al principio, y de aquí comenzó el parlar destos y fingir -que los labradores que llevaba para cavar y arar eran los caballeros -que con cruces habia de llevar y meter en la tierra consigo. Y, por -concluir la historia del padre Clérigo, llegado á Sancto Domingo, -escribió al Rey todo lo que pasaba, y determinó de esperar respuesta -por no tener sustancia para poder ir personalmente á la corte, puesto -que si quisiera ir no faltara quien le ayudara y prestara dineros, y, -cierto, si fuera él, trujera buen recaudo y remedio de la perdicion -que despues se siguió en aquella tierra, y áun castigo para los que le -habian impedido y sido causa de aquellas muertes y levantamientos de -los indios, porque llegara cuando ya tornado habia el Rey á aquellos -reinos, y con él eran venidos los caballeros y privados que lo habian -favorecido; y ésto pareció despues, porque los mismos, desque supieron -lo que le habia sucedido, le escribieron que tornase allá, y que -ternia más favor para con el Rey que ántes habia tenido, y el mismo -Papa Adriano tambien le mandó escribir sino que llegaron las cartas -cuando ya no podia determinar de sí. Por ventura, si cuando llegó á -esta ciudad luégo para Castilla se partiera, y que no le faltaran, -como dije, dineros, pudiera haber sido que la tiranía destas Indias -se hobiera echado fuera; pero, en la verdad, no se lo puso Dios en -el corazon que fuese, ó porque él no lo mereció, ó porque aquellas -gentes, segun los profundos juicios divinos, se habian con otras -muchas de perder, ó porque tambien los facinorosos pecados de nuestra -nacion, que en aquellas gentes han cometido, no se habian tan presto de -fenecer. Así que, habiendo escripto al Rey lo que más convino escribir, -esperó algunos meses la respuesta, y entre tanto su conversacion era -comunmente con religiosos de Sancto Domingo, y en especial con un -Padre llamado fray Domingo de Betanzos, religioso en virtud y religion -señalado; éste le dió muchos tientos que fuese fraile, diciendo que -harto habia trabajado por los indios, y pues que aquel negocio tan -pío se le habia desbaratado, parecia que no se queria Dios servir -dél por aquel camino. Entre otras respuestas y excusas que le daba -fué, decir que convenia esperar la respuesta del Rey para ver qué le -mandaba. Respondió el buen Padre: «Decid, señor Padre, si entre tanto -vos os morís, ¿quién rescibirá el mandato del Rey ó sus cartas?» -Estas palabras le atravesaron el alma al clérigo Casas, y desde allí -comenzó á pensar más frecuentemente en su estado, y al fin determinó -de hacer cuenta que ya era muerto, cuando las cartas ó respuestas del -Rey allegasen; y así, pidió el hábito con instancia, y se lo dieron -con mucho gozo y alegría de los frailes, y no ménos toda la ciudad, -y todas las Indias desque lo supieron, aunque de diferente manera y -por diversos fines los frailes y los seglares se gozaron, porque los -frailes, espiritualmente, por el bien de la conversion del que amaban -con caridad, y los seglares porque vian faltarles, como si lo vieran -enterrado, aquél que les estorbaba los robos que hacian y entendian -hacer con todo su inícuo interese temporal. Sino que despues resucitó, -á lo que puede creerse por voluntad de Dios, á pesar de muchos, para -estorbar algunos males que estorbó con el favor divino, y para mostrar -al mundo con el dedo, como el sol, el estado peligroso en que muchos -vivian, y el sueño letárgico y profunda ceguedad que los descuidaba, -en no tener por pecados los que nunca otros tan graves ni tantos se -cometieron, despues que los hombres comenzaron y supieron pecar. En -el tiempo de su noviciado le vinieron cartas del cardenal Adriano, que -fué Papa, y de caballeros flamencos que le persuadian que tornase á la -corte, y que ternia tanto y más favor que la otra vez le habian dado, -y los Perlados del monasterio, porque no se inquietase quizá, no se -las quisieron mostrar. De su frailía, dice Gonzalo Hernandez de Oviedo -éstas palabras. «El padre licenciado Bartolomé de las Casas, como supo -el mal suceso de su gente, y cognosció el mal recaudo que habia por -su parte puesto en la conservacion de las vidas de aquellos simples y -cudiciosos labradores, que al olor de la caballería prometida y de sus -fábulas le siguieron, y el mal cuento que hobo en la hacienda que se -le encargó, y que él á tan mala guarda dejó, acordó que, pues no tenia -bienes con que pagarlo, que en oraciones y sacrificios, metiéndose -fraile, podria satisfacer en parte á los muertos y dejaba de contender -con los vivos, y asi lo hizo, y tomó el hábito del glorioso Sancto -Domingo de la observancia, en el cual está hoy dia en el monasterio -que la Órden tiene en esta ciudad de Sancto Domingo, etc.» Esto dice -Oviedo; de donde parece la noticia y propósitos causa y fin del clérigo -Casas, y señaladamente deste caso y de todo lo acaecido en aquella -costa de tierra firme, que Oviedo tenía, y no ménos con qué ánimo todas -estas cosas que al clerigo Casas tocaban referia, lo cual todo nuestro -Señor le perdone, pues ya está en la otra vida. Y con ésto, dejemos de -tractar por algunos años que el Clérigo, ya fraile, fray Bartolomé de -las Casas, durmió al parecer, de las cosas dél, hasta que ocurra el -tiempo, si Dios diere vida, que tornemos á su historia, de quien habrá -bien que decir. - - - - -CAPÍTULO CLXI. - - -Ya llegaba este tiempo á los veintidos años sobre quinientos y mil, -y así, pertenecia parte de lo dicho al cuarto libro; pero por no -hacer tantos pedazos de una materia, pareciónos que no se ofendia la -órden que traemos, refiriendo ántes lo que pasó despues algunos dias. -Tornemos, pues, sobre lo que resta que decir perteneciente á este libro -III del año 19 y 20, comenzando de tierra firme. Ya dijimos arriba, -en el cap. 104, como se proveyó por gobernador del Darien y de tierra -firme, el año de 18, en la ciudad de Zaragoza, un caballero de Córdoba -llamado Lope de Sosa, persona prudente y valerosa, por echar de allí á -Pedrárias que habia destruido y asolado todas aquellas provincias, por -sí ó por la gente que enviaba con sus Capitanes, ó verdugos por mejor -decir; uno de los principales fué el licenciado Gaspar de Espinosa, -su Alcalde mayor. Llegó, pues, por este año de 20 ó al fin del de 19, -Lope de Sosa, y con él un licenciado Alarconcillo, por su Alcalde mayor -y que habia de tomar residencia á Pedrárias. Llegó, digo, al Darien -con cuatro navíos y 300 hombres, de la llegada del cual á Pedrárias no -placia, y por no esperalle anduvo rodeando que lo enviase el pueblo -por Procurador á Castilla, como arriba se dijo. Así que, como llegó al -puerto y echó anclas la nao en que iba, en aquel momento dió el ánima -á Dios porque debia de haber enfermado en el camino; fué la nueva á -Pedrárias, que estaba la ciudad algo apartada un poco del puerto, de -como Lope de Sosa era venido, y dentro de un credo llegan otros á -decirle que era fallecido: la diferencia que la una y la otra nueva -en su corazon pornia, Dios lo sabe, que es la verdadera sabiduría. -Fué Pedrárias con toda la ciudad, y trujeron el cuerpo, y con toda -la pompa y honra posible le dieron sepultura; hechas las obsequias -debidas, recogió Pedrárias á su hijo Juan Alonso de Sosa, que despues -fué tesorero del Rey en la Nueva España, y á sus criados y á toda -su casa el tiempo que en el Darien quisieron estar, y porque lo que -más Pedrárias deseaba era verse fuera y libre del temor que tenia -de la residencia, segun le acusaban sus obras pasadas, tuvo manera, -por industria y solicitud del dicho licenciado Espinosa, su Alcalde -mayor y Capitan general, que persuadiese al licenciado Alarconcillo, -que trujo Lope de Sosa por Alcalde mayor, y le hiciese entender que -no habia espirado su poder por la muerte de Lope de Sosa, y que le -tomase la residencia que en vida de Lope de Sosa le habia de tomar, -y que si el Rey no la diese por buena que no se habria perdido sino -la tinta y papel; como en la verdad, segun parece que se debe creer, -la residencia al Gobernador principalmente se suele cometer, y él -la toma por su Alcalde mayor, y así parece que el Alarconcillo, que -era delegado de Lope de Sosa, ninguna jurisdiccion tuvo muerto el -Gobernador; pero finalmente se la tomó como el Pedrárias quiso dalla, -segun la presuncion que desto pudo resultar, y no fué sola ésta las -mañas y cautelas que para excusar y justificar jueces tiranos se han -tenido en aquellas Indias, porque no merecen pagallas aquí. Pocos -dias ántes que Lope de Sosa llegase, llegó Gil Gonzalez de Avila, -de quien arriba en el capítulo 154 dijimos algo, con tres navíos y -en ellos 200 hombres, y Andrés Niño, su piloto mayor, que le paso -en aquella demanda. No hizo cuenta el Gil Gonzalez de Pedrárias, -teniendo por cierto que ya Lope de Sosa estaria en la tierra y usaria -su gobernacion, porque ya le debia haber hablado en Castilla, de -quien esperaba favor para su despacho y pasaje de la mar del Sur, y -fuése con sus navíos y gente al puerto de Acla, 50 ó 60 leguas más al -Poniente del Darien, donde estaba Pedrárias, porque allí le convenia -ir, porque es lo más angosto, para pasar á la mar del Sur; pero como -no habia llegado Lope de Sosa, rescibiendo dello gran pesar, no pudo -hacer otra cosa sino humillarse y escribir á Pedrárias notificándole -su venida, y excusándose de no poder ir á velle y entrar primero en -su puerto del Darien, por la comodidad que para su viaje y negocio -tenía más en el puerto de Acla que en el de Darien, etc. Rescibida -Pedrárias la carta, respondióle, muy sin sabor, que se maravillaba dél, -que sabiendo que él era Gobernador de aquel reino, haber desembarcado -con tanta gente sin su licencia, no habiéndole mostrado ó enviado -licencia ó provision del Rey, para que supiese con qué autoridad y -propósito á tierra que él tenia á cargo venía. Con esta respuesta -rescibió Gil Gonzalez grande pesar; y por no saber qué fuese sido de -Lope de Sosa, y sus negocios eran de tal calidad que no podian parar -sino con gran daño, como trujese tanta gente á su mision, y le restase -tanto que hacer para adelante, acordó enviar á Andrés Niño con las -provisiones reales al Darien, y con ellas requerir á Pedrárias que le -favoreciese y ayudase á efectuar su viaje y demanda, como el Rey á -todas y cualesquiera justicias y personas mandaba, y en especial que le -mandase entregar los navíos que habian sido de Vasco Nuñez de Balboa, -que estaban en la otra mar. Llegó Andrés Niño al Darien, mostró sus -provisiones reales, hizo sus requirimientos en forma, y como Pedrárias -no era menester enseñalle á hablar, ni á pensar, ni á obrar, sino á -matar y destruir indios, y despoblar aquellos reinos, respondió que -las obedecia, pero, cuanto al cumplimiento, decia que aquellos navíos -no habian sido de Vasco Nuñez de Balboa, más de lo que dellos le podia -caber como Capitan, sino de 300 hombres españoles, que á hacellos le -habian con sus trabajos ayudado (y el triste no hacia cuenta de tres -ó cuatro mil indios que habian muerto para hacellos, con llevar las -anclas y maromas, y otros pesos inauditos y nunca pensados, á cuestas, -como arriba en el cap. 74 se vido), y que aquellos cúyos eran andaban -en ellos sirviendo al Rey, descubriendo tierras y gentes en aumento de -su Estado, y que él haria relacion á Su Alteza de toda la verdad, y -si sabida se lo tornase á mandar, luégo cumpliria su mandado. Tornóle -otra vez á requerir Andrés Niño, protextando daños y males; respondió -Pedrárias que no podia dar lo ajeno, por eso que podia tornarse. -Tornóse Andrés Niño á Acla sin nada; en estos dias llegó Lope de Sosa -al puerto, y fué dél lo que queda declarado. Sabida la muerte de Lope -de Sosa, en cuya venida tenía colocada toda su esperanza, viéndose -perdido, acordó de por su persona ir á rogar á Pedrárias que le diese -aquellos navíos pues el Rey lo mandaba, y no le desaviase, que sería -perder toda la demanda que traia, de donde muy grandes servicios y -provechos para Dios y para el Rey se esperaban. Pedrárias, que muerto -Lope de Sosa, en mayor insolencia se habia encumbrado, como por algunos -dias estaba seguro que no habia de haber quien le fuese á la mano -como en lo pasado, en cuanto á concedelle los navíos hizo tan poca -cuenta dél como del Andrés Niño que habia enviado, diciéndole que no -le daria la menor cuaderna dellos porque le diese toda su armada. -Vuelto á Acla, viendo que ningun remedio podia venirle de Pedrárias, -acometió una obra que el Rey acometerla, con mucho mayor número de -gente, y facultad, y aparejo que él tenía, no osara, y fué hacer de -nuevo otros navíos en aquella mar, con la gente que traia consigo de -Castilla y materiales. Comienza con ocho caballos á pasar lo que tenía -por aquellas altísimas y aspérrimas sierras, de que dimos noticia en -el capítulo 74, trabajos nunca pensados; manda cortar y aserrar madera -para tres navíos y dos bergantines en el rio de la Balsa, y aunque -le aconsejaron algunos de los vecinos españoles de Acla que no los -hiciese allí, porque se le comerian luégo de bruma ó de otros achaques, -creyendo que por estorballe lo engañaban, no curó, sino pasó por su -obra adelante. Fueron tantos los trabajos que en ello, por los caminos -y en los montes, y en la obra de los navíos, y por poco y mal comer -y hambre padecieron (porque no comian sino caçabí por onzas, de lo -que acarreaban los caballos, y de lo que habian traido de Castilla en -sus navíos, que siempre es muy poco y muy presto se les acaba), y con -ésto ser nuevos en la tierra, y aquella ser montuosa y sombría y para -los nuevamente venidos mala, que de 200, muertos y enfermos, 80 no le -quedaron. Finalmente, con tanto riesgo, y costa y angustias acabó sus -navíos mal ó no bien acabados; embarcóse con sus 80 hombres, y fuése á -las isletas de las Perlas que están de aquel rio dentro en la mar 12 ó -15 leguas. Estando allí aparejando para se partir á su descubrimiento, -dentro de veinte dias se le pudrieron todos sus navíos y bergantines; -miserable cosa de decir é oir y más de quien lo padecia y via, que cosa -que tantas hambres, angustias, trabajos, muertes y enfermedades habian -costado viesen tan en breve aniquilado, no pudo ser sino muy triste -y muy amargo. Gil Gonzalez era hombre prudente, y aunque angustiosa -tribulacion ésta fué bastante para desmayar, todavía cobró ánimo y -determinó de tornar á hacer los navíos, y porque ya no tenía gente -para los trabajos, por habérsele muerto y enfermado tanta, y la que -quedaba sana quedaba muy molida y quebrantada, escribió á Pedrárias -rogándole que le socorriese con gente de indios y españoles para tornar -á rehacer los vasos para su viaje necesarios. O le respondió Pedrarias -desabridamente, ó entendió que detraia dél, con algunas indecentes -palabras; viénese á Acla y de allí váse para el Darien en un barco y -saca cierta provision del Rey, por la cual mandaba, so graves penas, -que á cualesquiera Gobernadores, justicias y á personas públicas ó -privadas pidiese socorro y ayuda, se lo diesen luégo, y en ninguna cosa -le estorbasen; Pedrárias le dió cierto número de indios, que poco le -habian á criar costado, que llevaban á cuestas y acarreaban, del puerto -de Acla y del Nombre de Dios, bastimentos y otras cosas necesarias, y -ciertos españoles que en todo lo que pudiesen le ayudasen. Tornóse Gil -Gonzalez á la isla de las Perlas, donde de la mejor madera que pudo -sacar de los navíos perdidos, y de otra que hizo cortar y aserrar, y -clavazon de aquellos, tardando casi un año en hacerlos, acabó tres -navíos y un bergantin con que pudo hacer su viaje; y porque pertenece -lo demas que hizo al libro IV, quédese aquí agora Gil Gonzalez, hasta -que, si Dios fuere servido, tornemos en su lugar á tomarlo. - - - - -CAPÍTULO CLXII. - - -Arriba dijimos como Pedrárias escribió al Rey, que convenia mucho -deshacer ó despoblar la ciudad del Darien, y pasar la iglesia catedral -á Panamá, porque el Darien era tierra enferma y no conveniente para -de españoles ser poblada; esto deseaba en grande manera Pedrárias por -hacer y prosperar á Panamá, por parecerle que para el trato de la mar -del Sur estaba con el puerto del Nombre de Dios más proporcionado, -y así era verdad si no fuera tan enfermo como el Darien, y quizá -doblado. Los españoles, que eran vecinos del Darien, resistian por -tener ya hechas allí sus casas y hogares; finalmente, vista por el -Rey la carta de Pedrárias, respondióle mandándole que si allí no -convenia estar aquella ciudad, que la pasase á Panamá, donde decia, -ó á otro lugar que mejor le pareciese que debia estar la iglesia -catedral. Esta respuesta y mando recibido, luégo escribió Pedrárias -á Gonzalo Hernandez de Oviedo, que habia dejado en el Darien por su -Teniente, que con la mayor priesa que pudiese, por la mar y por la -tierra, sacase y hiciese sacar todo lo que en la ciudad habia, y -la despoblase trayéndolo todo á Panamá, y así cada vecino sacó sus -alhajas, haciendas movibles y ganados, hácia el Nombre de Dios, y de -allí, aunque con muchos trabajos, y regañando y con tardanza no chica, -y con dolores y angustias, hambres y sudores, y áun muertes algunas, -segun creemos, de los indios, porque ellos son los que todo lo lloran, -los que todo lo padecen y trabajan hasta espirar, y así á Panamá se -pasaron. En este tiempo ó poco despues se proveyó por Obispo primero -de Panamá un religioso de la órden de Sancto Domingo, llamado fray -Vicente Peraza, natural de Sevilla, hijodalgo y de buena casta, el -cual vivió muy pocos dias despues de á Panamá llegado. Entre otros -Reyes y señores de aquella tierra firme que Pedrárias y el licenciado -Espinosa con sus satélites infestaban y destruian y destruyeron, fué -uno llamado Urraca, muy gran señor y esforzado, y debia señorear, ó á -la provincia de Veragua, ó las sierras confines della y comarcanas; -éste rescibió grandes agravios, insultos é invasiones, de los españoles -en sus vasallos, y fué muy corrido muchas veces por tomallo y hacer dél -y de sus gentes lo que de todos los demas, en especial que tuvieron -nueva que tenía mucho oro, pero era tan valiente y tan ardil, prudente -y solícito en la guerra, que muchas veces lastimó á los españoles, -que por su tiránico ejercicio, sin causa ni razon como á los demas, -lo impugnaban. No hobo recuentro con ellos que no hiriese muchos, -y algunos mataba, y nunca jamás pudieron sojuzgarlo. El licenciado -Espinosa, prosiguiendo sus obras de insigne tirano, salió de Panamá por -la mar del Sur en dos navíos, con cierta gente y dos ó tres caballos -para ir la costa abajo del Poniente á sojuzgar la gente de las islas -que llamaron de Cebaco, más de 30 grandes y chicas, 70 leguas de -Panamá, y envió á Francisco Pizarro por tierra, con la parte de la -gente que le pareció, que fuese haciendo su mismo oficio, matando y -captivando, y destruyendo todos cuantos no se le daban, de donde muchos -de los que consigo llevaba quedaron muchas veces bien descalabrados, -aunque al cabo, como los desventurados de los indios son desnudos y -sus armas de aire, siempre quedan muertos, captivos y sojuzgados; todo -lo que anduvo por aquella tierra, más de 50 leguas, con el terror de -las crueldades que hacia, los que no pudieron defenderse ó esconderse -ó huirse viniéronse á subjetar y poner en sus manos. Y ésta fué la -predicacion del Evangelio que por toda aquella tierra firme hicieron y -ayudaron á hacer nuestros hermanos; y háse de tener siempre por cierto, -como ya queda dicho algunas veces, que si han de salir 50 españoles á -guerrear ó conquistar como ellos dicen, que tambien llaman pacificar, -llevan consigo 500 ánimas, mujeres y hombres, cargados con cargas -importables, y para su servicio, que ver lo que aquellos padecen, -los sudores y cansancios, las hambres y amarga vida y peor muerte -de los muchos que mueren por aquellos caminos, es cosa lastimera, -angustiosa, plorable y lamentable. Llegó Espinosa á las islas dichas, -y todos le salieron de paz, porque no se atrevieron á resistille ni -pelear, y como su principal Evangelio era preguntar lo primero si -tenian oro ó nueva donde lo hobiese, respondieron señalando que en -aquellas sierras muy altas, cuyo Rey y señor era Urraca, habia mucha -abundancia, y por eso creo que aquel Rey señoreaba en la provincia de -Veragua, que siempre, desde que el Almirante primero Don Cristóbal -Colon la descubrió por la mar del Norte, el año de 1502, segun en el -libro I dijimos, de abundar aquella tierra en oro tuvo gran fama. -Oidas estas nuevas con mucho placer, deja el buen capitan Espinosa los -navíos con solos pocos marineros, y salta con toda la gente, bien en -aquel oficio amaestrada, en tierra, y saca los caballos y va derecho -camino á la tierra del señor Urraca; el cual, viendo desde lo alto de -las sierras donde habitaba, los navíos andar por la mar, sabiendo que -no andaban por allí en valde y que podia resultar fácilmente venillo -á buscar, estaba apercibido ya, y puestas las mujeres, y niños, y -viejos, y que no eran para pelear, en recaudo, y, venidas las espías -de como venian los españoles cerca, sáleles al encuentro con tanto -esfuerzo y braveza como si fueran tigres ó leones contra gatos que -los rascuñaran. Toparon primero con ciertos indios de los que traian -los españoles de su servicio, que andaban por el campo, los que iban -delante espiando ó haciendo otra cosa que les mandaron, y á éstos luégo -los mataron, y sueltan sus dardos y flechas contra los de caballo, -y los de á pié herian y mataban cuantos podian; los indios, contra -ellos fortísimamente peleando, herian muchos de los españoles, y en -gran manera los lastimaban como eran muchos y que de todas partes -los cercaban, y en tanto grado los apretaron que cuasi se perdieran, -desmayando. Parece que de la gente que sacó Francisco Pizarro debió -de enviar á Hernando de Soto, con 30 hombres, á hacer algun salto por -aquella tierra, y acaeció andar tan cerca de por allí, que oyeron las -voces de la batalla, y acudió allá, y visto los indios el socorro tan -tempestivo se retrajeron algo. Ayudábales la aspereza de la tierra, -que no se podian bien aprovechar de los caballos, y donde ésto hay en -aquellas Indias, mucho ménos pueden los españoles contra los indios, y -no hobieran tan presto asoládolos; como el licenciado Espinosa sintió -que podia por entónces ganar poco con Urraca, determinó de noche, -cuanto secretamente pudo, tornarse; pero Urraca, que estaba con su -gente vigilante, sintiólos ir, y va tras ellos hasta esperallos en un -peligroso paso, en el cual pelearon los indios como fieros leones por -atajallos, y muriendo muchos dellos, y muchos más con las espadas y -ballestas heridos, dejaron el paso libre, y los españoles no tuvieron -por poca ayuda y merced de Dios de verse fuera de aquel peligro, y no -con poco miedo se tornaron á los navíos. Pasó adelante la costa abajo -á una de las islas dichas, que llamaron de Sancto Matías, y de allí -saltaron en su derecho en tierra, que es costa y tierra de Borica; -por las nuevas que de las obras de los españoles sabian, salieron -gran número de indios á resistilles la venida, pero como vieron los -caballos, estimando que los habian de tragar, comenzaron á huir. Van -en el alcance los españoles, entran en su pueblo, prenden las mujeres -y hijos y cuanto pudieron haber, sin los muertos y heridos, robando -y quemando cuanto hallaron; el señor del pueblo, viendo llevar sus -mujeres y hijos y de los suyos, acordó de venirse á los españoles -teniendo la pérdida y absencia dellos, que la de su libertad, por más -grave; rogó al Licenciado con lágrimas que le diese sus mujeres y -hijos: de compasion lo hizo así el Licenciado. Supo de él que cerca de -allí estaba ó vivia otro señor y que debia tener oro (porque, como ha -parecido, ésto era lo primero que se preguntaba); envió el Licenciado -á Francisco Compañon con 50 hombres á salteallo. Dió en el pueblo al -cuarto del alba, pero no los tomó descuidados; salieron contra ellos -con tanto esfuerzo y ánimo, que los hicieron retraer y huir por donde -habian venido un buen pedazo, pero ellos, viéndose avergonzados, segun -ellos decian, y tambien en peligro si les dieran alcance, tornaron -sobre sí con nuevo ánimo y dan en ellos, hiriendo y matando cuantos -delante sí hallaban, hasta llegar al pueblo donde tenian hecho un -palenque de madera como fortaleza, y en el mismo entraron y allí -mataron más, porque, no pudiendo salir del palenque por unos á otros -estorbarse, tuvieron lugar los españoles de emplear bien sus fuerzas -brazos y espadas. De allí toma toda la gente el licenciado Espinosa, -y váse por tierra para dar sobre la gente de la provincia ó pueblos -de Acharibra, mandando á los navíos que se fuesen para allá, pero la -gente dallos, como estaban sobre el aviso, salieron al encuentro, y -comenzaron á pelear, pero al cabo, viendo los caballos, pusiéronse -en huida y no pararon; acordó Espinosa con su apostolado tornarse á -Paraqueta, que era la tierra de Natá, donde pensaba poblar. Y desta -manera quedó en todas aquellas provincias la fe predicada, y afamada y -estimada la religion cristiana. - - - - -CAPÍTULO CLXIII. - - -Como aquella tierra de Paraqueta ó de Natá y su comarca sea muy fértil, -descubierta, llana y graciosa, y está cercana de las sierras de Urraca -ó Veragua, que siempre tuvo de tener mucho oro mucha fama, deseaba el -licenciado Espinosa hacer por allí un pueblo, y aplicar á él todos -los indios de las provincias ó gentes comarcanas para que sirviesen -los españoles, que es todo tras lo que andan. Escribiólo á Pedrárias, -dándole las razones que á su parecer convenian, para que le diese -licencia de poblar; respondióle Pedrárias que le parecia bien, y que -así se haria, pero que él queria en ello hallarse, y por tanto que se -viniese para él, dejando allí la gente que le pareciese convenir, con -la demas; dejó á Francisco Compañon que era uno de los principales -verdugos que en aquellas sus obras le acompañaban, con 50 hombres y dos -yeguas, que no hacian menores estragos con ellas que con caballos, y -con los demas se fué á Panamá donde Pedrárias estaba. El rey Urraca, -que no siempre dormia, sabida la partida del licenciado Espinosa para -Panamá, y que no quedaban en la tierra de Natá sino pocos españoles, -juntó su gente y vino una noche á dar sobre ellos, y los delanteros -hallaron tres españoles en una casa ántes de su real, y con una lanza -atravesaron el uno, y muerto prenden al otro, y el tercero se escondió; -éste toma sus armas, y con grandes voces hizo grande estruendo como -que venia gente, y con gran denuedo y esfuerzo, dá tras ellos y mató -cinco dellos, y con la turbacion sueltan al otro y comienzan retraerse, -de manera que tuvieron lugar los dos de recogerse á donde su compañia -estaba. Entendido por ellos la mucha gente que Urraca traia sobre -ellos, Francisco Compañon, el Capitan, envia á toda furia á Hernando de -Soto, y luégo tras él á Pero Miguel, hombres muy sueltos, que avisen -á Pedrárias del estrecho en que quedaban. Pedrárias, que no era en -semejantes tiempos y peligros negligente, despachó luégo en un navío á -Hernan Ponce con 40 hombres, y llegó á tiempo que Francisco Compañon -queria con su compaña dejar la tierra, porque Urraca habia convocado -cuanta gente habia por aquellas provincias, y los tenía cercados que -no podian salir un tiro de piedra á buscar raíces que comiesen. Como -Urraca vido el navío, estimando que todos los españoles de Panamá -allí venian, alzó el cerco y retrújose á sus sierras. Despachado el -navío, Pedrárias, con 160 españoles y dos caballos, y ciertos tiros de -artillería, y por Capitan de su guardia Francisco Pizarro, determinó -de seguillos; llegado á Paraqueta ó tierra de Natá, donde Compañon -estaba y los demas, y sabido que Urraca se habia con su gente retraido, -mandó á Hernan Ponce que con 30 españoles se quedase allí con él, -y otro dia Pedrárias, para buscar y seguir á Urraca, se partió con -toda la otra gente. Estábalos esperando Urraca para pelear, teniendo -junto consigo á otro señor Exquegua, en la entrada del pueblo deste -que era lugar para su favor fuerte, con gran número de gente, y sí -Pedrárias bien quisiera excusar la contienda por ver el lugar dicho -para los caballos no favorecelle, pero viendo que por muchas parles lo -infestaban y acometian, arremete con toda su gente contra ellos, y los -indios no ménos resistiéndoles su ímpetu, pelearon cuasi todo el dia, -donde hobo muchos heridos; muertos, no pude saber los que fueron de -los indios, porque de los españoles pocos suelen morir, como las armas -de los indios sean para jugar niños. Con toda su poquedad les dieron -aquel dia mal dia, y apretaron tanto á los españoles, que Pedrárias -se vido en harto trabajo, y quisiera más estar en Panamá descansando. -Finalmente, acudió luégo al remedio último, que fué los tiros de -pólvora, los cuales sueltos, no paró de los indios hombre con hombre; -pero no por eso Urraca que del todo desmayase, y así, por cuatro -continuos dias, salieron á pelear al campo, pero al fin, viendo que -por aquella vía no podian prevalecer, por los tiros de pólvora y los -caballos, acordó de retraerse y convocar más gente de la que quedaba, y -fortalecerse sobre cierto rio llamado de Atra, donde acudieron muchas -gentes de ambas á dos mares á serville y ayudalle. Pedrárias propuso -de ir tras él y probar si podia tomalle, y llegando á la comarca donde -Urraca con su ejército estaba, tuvo un ardid para engañarlos, y fué -que echó ciertos indios, como que se habian descuidado, para que los -prendiesen los corredores, y preguntándoles por Urraca, respondiesen -que en aquella sierra estaba, y consigo tenía gran suma de oro; y -desta industria ó ardid de guerra usó Urraca, porque sabia el ánsia -y sed que los españoles de oro tenian, y que habian de ir á buscallo -desahilados y sin órden, donde podia, con las celadas que tenía puestas -en ciertos pasos, desbaratallos. Presos, pues, los que para ésto envió, -luégo Pedrárias envió á Diego Albitez con 40 hombres, y en el camino -de las sierras cae en las celadas, y dánles tanta priesa que ninguno -quedó dellos que no fuese herido y bien lastimado, y el remedio que -tuvieron fué huir para salvarse. Pedrárias torna con 60 hombres á -enviar al mismo Albitez que suba en pos dellos la sierra, donde no -halló á nadie; torna por lo llano del rio donde los vió, y los indios -con grandes alaridos arremeten á ellos, y pelearon defendiendo que -los españoles, por una angostura que el rio hacia, no pagasen, donde -hobo muchos heridos de ambas partes; y porque los españoles delanteros -comenzaban á desmayar, fué Diego Albitez con ciertos, de priesa, para -los animar, y hobieron de caer en el rio donde se bien remojaron, y -fué harto escapar; finalmente, prevalecieron los españoles despues de -muchas heridas y trabajos, y siguiendo el alcance fueron acuchillando y -matando dellos cuantos podian alcanzar. Despacha Pedrárias cuadrillas -de españoles por toda la provincia en diversas partes, robando y -quemando, y asolando y captivando cuanto y cuantos hallaban; lo mismo -hicieron en las tierras de otros señores, llamados los dos dellos -Bulaba y Musa, que vinieron en ayuda de Urraca, y así quedó toda -aquella tierra lastimada, y menoscabada, despoblada, y la gente della -huida por los montes amedrentada, dejado los muchos muertos y captivos -que della faltaban. Pedrárias, por remunerar á los españoles que tanto -por allí habian trabajado, acordó de hacer un pueblo dellos por allí -cerca en comarca, y pareció que debia de asentarlo en el pueblo, ó -cerca dél, de un Cacique ó señor que se llamaba Natá, la última sílaba -luenga, y quiso que así se llamase; y porque los españoles de las -Indias, en especial los que andaban y andan en estos pasos, tienen y -han tenido poco cuidado de arar y cavar, sino comer de aquellos sus -tan meritorios trabajos á costa de las vidas y ánimas de los indios, -y esto es y fué haciendo repartimientos de los pueblos, y dárselos en -encomienda, que es donde va á parar todo su descanso, señaló Pedrárias -á cada uno de los que allí se quisieron avecindar cierto número de -indios, en los pueblos que por aquellas provincias, con las guerras y -violencias de que usaba, tenía subjetados, que los españoles llaman -pacificados, y que de miedo y por no ser como los demas, hechos -pedazos, querian estar en sus pueblos, y servirlos cuando los españoles -por allí pasasen ó á llamar los enviasen, aunque nunca ellos pensaran -que aquel servicio habia de ser tan duro y tan diuturno hasta acabarse -como se acabaron; y hoy está toda aquella tierra, siendo felicísima y -poblatísima, despoblada. Esto así ordenado y repartido y tiranizado -por Pedrárias, dejó allí por su Teniente y Capitan á Diego Albitez, y -él volvióse á Panamá. Los indios repartidos, enviados á llamar, venian -y servian en hacer las casas y labranzas para los españoles, cazas, -pesquerías y de todos los otros trabajos para sustentar un pueblo de -50 ó 60 vecinos españoles, que es más allá que sustentar una villa -de 2.000 en Castilla, porque quieren ser servidos dellos como hijos -de Condes y Duques regalados, y no sólo servidos, pero adorados. -Asentábaseles á los indios esta carga no usada como intolerable, y así -unos venian tarde, otros no curaban, otros se huian, y éstos llaman los -españoles alzarse. Envia Diego Albitez y va tras ellos, que llamaban -ranchear; á los que tomaban, dellos mataban, dellos cautivaban para -los escarmentar, dellos aseguraban, y así los forzó á que viniesen -á servir á sus encomenderos y tiranos. El señor y rey Urraca, cada -y cuando que via la suya, no olvidaba de visitar los españoles con -las gentes que podia juntar y darles muchas buenas alboradas, y los -que hallaba á mal recaudo, no habia menester tornarlos á buscar para -dellos vengarse. Salian los españoles y quemaban y asolaban toda la -tierra y provincia de Urraca, y en ésto se pasaron nueve años, que -nunca pudieron aplacallo; porque, en la verdad, como el aplacallo no -podia ser, segun ellos, sino que sufriese el cautiverio, y servidumbre -y tiranía de los demas, en la cual él y su gente se habian finalmente -de acabar, y ésta es la satisfaccion y recompensa que de los daños -é injusticias tan estupendas los nuestros á aquellas gentes han -acostumbrado y acostumbran dar, él, como hombre prudente y esforzado, -y que sentia bien la justa guerra que proseguia contra quien con tanta -injusticia, sin culpa, ni razon, ni causa, estando en sus tierras -seguro, le habia hecho y hacia tantos daños y males, no cura de se -aplacar. A los indios suyos que los españoles tomaban les daban grandes -tormentos, porque descubriesen la gran suma de oro de que Urraca y sus -vasallos poseer tenian fama; con ésto más cada dia Urraca se indignaba. -Despues, pasado algun tiempo, envió por Teniente de la villa de Natá, -Pedrárias, á Compañon, y por el gran temor que señaladamente se tenía -por los españoles de un indio muy esforzado, Capitan de Urraca, por -los tártagos que muchas veces les daba, este Compañon tuvo muchas -maneras para le haber á las manos, y como no podian por guerra, trabajó -infielmente de habello de paz, y sobre seguro, y así, asegurándolo -con mensajeros indios y con sus engañosas ofertas, hobo de venir al -pueblo á visitar los españoles, y vino á sus manos. Pero el Compañon -quebrantándole la palabra, fealdad bien usada por los españoles con -los indios en aquellas partes, y pocas ó ningunas de parte de los -indios no bien guardada, prendiólo, y cargado de hierros lo envió al -Nombre de Dios desterrado; y no fué poco bien el que le hizo, pues no -lo quemó como muchas veces lo hicieron los que se llaman cristianos. -Desto rescibió grande dolor Urraca, y puso mucho cuidado en juntar toda -la gente que pudo de ambas á dos mares, del Norte y del Sur, y juntos -hacerles una gran habla, diciendo: «No es razon que dejemos reposar -estos cristianos, pues allende de tomarnos nuestras tierras, nuestros -señoríos, nuestras mujeres y hijos, y nuestro oro, y todo cuanto -tenemos y hacernos esclavos, no guardan fe que prometan, ni palabra, -ni paz; por eso peleemos contra ellos y trabajemos, si pudiéramos, de -los matar y de tirar de nosotros tan importable carga, miéntras las -fuerzas nos ayudaren, porque más nos vale morir en la guerra peleando, -que vivir vida con tantas fatigas, dolores, amarguras y sobresaltos.» -No dijeron más Judas Machabeo y sus hermanos sobre la misma causa. -Plugo á todos, y todos profesaron de morir peleando, miéntras las -fuerzas y la vida les durasen, y así, los repartidos á los españoles -se alzaron y mataron cinco de los que estaban en los pueblos dellos -descuidados, muy con imperio mandándolos. Muertos aquéllos, vienen -gran número dellos sobre la negra villa de Natá; salen los españoles, -pelean todos fuertemente, hay muertos y muchos heridos de todas partes, -mayormente de los indios, porque con los caballos, por ser la tierra -llana y descombrada, rescibieron muy gran daño. Duró la guerra muchos -años, dentro de los cuales murieron en ellas muchos españoles y de los -indios, sin comparacion, innumerables; pero porque los tristes eran -desnudos y tan flacas, como se ha dicho, sus armas, viéndose cada dia -sin algun fruto, ni remedio, ni esperanza dello, perecer, cansados -y quebrantados de andar por sierras y por valles tantos tiempos en -guerra, sudando y hambreando y padeciendo mil otros trabajos que -aquella vida, en especial en las Indias, consigo trae, acordaron todos -los más de los pueblos de venirse á los españoles, en su servidumbre, á -acabar su vida desventurada. Sólo el rey Urraca, con la gente que tenía -y le habia quedado de tanta mortandad, nunca quiso venir, sino siempre -tuvo su teson de aborrecimiento contra los españoles, llorando toda su -vida no podellos acabar; al cual del todo dejaron en su tierra sin -illo más á buscar, cognosciendo que nunca vez le hicieron guerra que -muchos dellos no saliesen della muertos y bien descalabrados, y así en -su tierra y casa murió, y con él su gente, no con más cognoscimiento -de Dios del que tuvo ántes que oyese nombrar cristianos, en su -infidelidad. ¿Quién habrá dado cuenta de su perdicion y de tantas -ánimas, que ningun impedimento de su parte para rescibir la fe tenian -si se les predicara? bien claro para cualquiera cuerdo cristiano está. - - - - -CAPÍTULO CLXIV. - - -Despues de haber destrozado aquellas provincias y puestas en la -servidumbre ordinaria del repartimiento y encomiedas, que es el fin -de los españoles propincuo, para conseguir el último que es abundar -en oro, pareció á Pedrárias que habia mucha gente española en Panamá -junta; por derremalla envió á un Benito Hurtado, que mucho habia -servido, segun los vocablos, en los insultos y tiranías pasadas -y presentes, con cierto número dellos, á que pusiese en la misma -servidumbre, por mal ó por bien, á las gentes que de los confines -de Natá habia, hasta la tierra que, por mandado de Espinosa, Hernan -Ponce por la mar habia descubierto, y mandóle Pedrárias que poblase un -pueblo en la provincia de Chiriquí, donde llegado comenzó á enviar á -llamar las gentes de la tierra: vinieron á su llamado los de Chiriquí, -é despues otra gente llamada bareclas, y despues los de la provincia -de Burica, y los que vivian sobre el golfo que llamamos de Osa, toda -tierra muy poblada y que dura cerca de cien leguas. Todas aquellas -gentes vinieron sin resistencia, por estar asombradas de las guerras -y crueldades que habian oido haberse hecho á las provincias pasadas, -y experimentado quizá cuando por aquellas tierras ó por sus vecinas -los años pasados habia andado Espinosa. Estuvieron dos años en aquel -pueblo de Chiriquí los españoles, sirviéndoles los indios, pero no -pudiendo sufrir tan dura servidumbre y contina tiranía, se levantaron -contra ellos, y mataron algunos dellos, y al cabo, por cierta ocasion, -acordaron los españoles de deshacer ó despoblar su pueblo. Toda aquella -tierra como otras muchas que contienen millares de leguas, estando de -gentes refertísimas, está hoy desierta y habitada de fieras bestias, -mayormente de tigres. Porque un poco más arriba se dijo, que por -derramar la gente que sobrada habia en Panamá Pedrárias envió á Hurtado -con della, es de saber que una de las cosas que ha destruido y asolado -y despoblado las Indias ha sido dar licencia el Consejo del Rey á todos -los que han querido pasar á ellas, indiferentemente y sin número ni -medida, porque comunmente han pasado gente holgazana, y que por fuerza -habia de comer de sudores ajenos aunque pesase á Rey y á Roque que se -lo prohibiese, de donde, sin otros inconvenientes, ha sucedido que, -para que tanta gente no destruyese, comiendo, las haciendas de los -españoles de una comarca ó de una provincia, no las que ellos cavaban -y sudaban sino cavadas y sudadas por los indios, los que gobernaban, y -áun hoy gobiernan, enviaban y hoy envian golpe de gente española, con -color de descubrir ó de apaciguar ó de poblar, que destruian cuerpos y -ánimas de infinitas gentes de indios; y otro tras éste no ménos cruel -y diabólico ni conveniente, que, como se ha dicho arriba, llevaban -de los opresos y siempre fatigados indios, que servian á los pueblos -de los españoles, mucha gente, dejando desmamparadas sus mujeres y -hijos, con cargas de tres y cuatro arrobas y todo fardaje, de los -cuales si sacaban 1.000, por los trabajos y cansancio y hambres, 50 -no volvian. Ha habido en ésto tan desatinada é incomparable desórden, -que de cuarenta cuentos de ánimas que habemos echado desta vida, -desde que entramos en aquellas infelices Indias, los quince por esta -causa tenemos por cierto haber perecido. Todo ésto han sabido los -del Consejo del Rey, y ha sido tanta su insensibilidad que ni lo han -castigado ni prohibido, y si á proveer algo en favor de los indios se -arrojan, por los clamores que religiosos siempre les dan y han dado -por cartas ó por presencia, mandan y escriben, ó dan por instruccion á -los que allá gobiernan y de nuevo de acá envian, lo que saben que ni -guardan ni cumplen ni han de guardar ni cumplir, pensando, engañando -á sí mismos, que con la estrechísima y periculosísima obligacion que -acuestas tienen, han cumplido, y con ésto comen y beben y duermen sin -escrúpulo, á lo que en ellos parece, pues andan alegres y se rien, -habiendo de llorar todos los dias de su vida, la menor negligencia -en negocio tan grande y tan puesto á su cuenta, en que cognosciesen -haber incurrido. ¡Cuánto más debian y debrian de gemir é áun lamentar -la perdicion de tantos millones de cuerpos y ánimas que injustamente -habemos muerto, teniendo ellos en las manos el gobierno espiritual y -temporal de aquel Nuevo Mundo, y el ejercicio ó administracion de la -justicia! Todo lo que aquí escribo, muchas veces, juntos en su Senado y -Tribunal, y en sus casas á cada uno lo he dicho. Dejo de decir de los -robos y tantos millones que habemos tomado á sus propios dueños con -tantos daños dellos y tan mal adquiridos; dejo de encarecer tambien -estar á su cuenta la conversion de aquel mundo tan grande, tan ancho -y tan extendido; dormir á sueño suelto y á pierna, como dicen, muy -tendida, y comer y beber muy á sabor, y vivir con mucho contento y -alegría, quien tan estrecha cuenta, y de cosas tan pesadas, ante el -Divino juicio espera dar (si piensa, empero, darla, porque si no piensa -darla su insensibilidad será más incurable), no se yo cómo aquello les -es posible. Tornando al propósito, es aquí de notar que tres estados -han tenido siempre los españoles, y hoy tienen, en las Indias, á los -cuales corresponden otros tres estados de infelicidad en los indios. -El uno es entrar haciendo violencias y guerras en ellos, donde matan -y destruyen cuantos pueden por sojuzgallos hasta en su servidumbre -traellos. El segundo, entre sí repartillos y servirse dellos como de -jumentos ó asnillos, y pluguiese á Dios que así los tractasen y no -fuesen ménos que sus bestias tenidos. El tercero, despues que los han -muerto todos, ó cuasi todos, si de todas sus violencias y tiranías -se hallan con dineros, venirse á heredar ó á hacendarse á Castilla, -y si no tienen con qué venirse, como, por la mayor parte, que medren -con cuanto roban Dios no les permite, sino que vivan en necesidad, -quédanse, y entónces comienzan á hallar ménos los indios, y no sé si -les pesa de tan inexpiables pecados que han cometido. El cuarto estado, -el cual yo no dudo, es, en muriendo irse á los infiernos á lastar lo -que con tanta sangre de sus prójimos hobieron comido y bebido, si en -algun tiempo de su vida la Divina clemencia no les socorrió con su -gracia, para que cognosciesen sus tan inexpiables pecados, y por el -perdon dellos implorasen su misericordia con entrañables suspiros y -gemidos. Al primero correspondió el primero de los indios que padecian -tan grandes crueldades y matanzas que con las guerras les hacian. Al -segundo respondió la cruel servidumbre y cautiverio en que poco á poco -iban pereciendo, sin hacer más cuenta dellos de la que dije, no sólo -cuanto á lo que tocaba á la vida y salud del cuerpo, pero á la salud y -vida del ánima, porque no tuvieron más cuidado de que fuesen cristianos -que si fueran borricos. El tercero estado fué, despues de muertos todos -en el servicio de los que les debieran dar vida, no dándoles tantas ni -tales fatigas, y las tierras todas despobladas, remanecian dos aquí é -cinco allí, casi en pegujalejos, y á éstos los españoles comenzaban -á tractar bien, y otros que aún no dejaban de llevar el acostumbrado -camino. Del cuarto estado tampoco debemos dudar, pues es manifiesto que -todos los más morian sin fe y sin sacramentos, y si á muchos se dió el -bautismo dióseles sin doctrina y sin saber lo que rescibian, como se -han hecho muchas veces por muchos, cerca desto, grandísimos desatinos -en las Indias; y dejemos aquí por agora de hablar de tierra firme, por -aquella parte, hasta que tornemos á contar sus desventuras y miserias. - - - - -CAPÍTULO CLXV. - - -Resta decir algo de lo que acaesció en la otra parte de tierra firme -que está al Oriente, conviene á saber, la costa de Cumaná, y que -dicen de las Perlas en la isleta de Cubagua, lo cual tenía su lugar -poco ántes deste tiempo; ya se dijo en el cap. 159 como los indios -de la provincia de Cumaná, despues de salido el clérigo Bartolomé de -las Casas para la isla Española, mataron un fraile y ciertos criados -suyos, y quemaron el atarazana y toda la hacienda que allí tenía, y -como al cabo se metió fraile como en el el cap. 160 queda escripto. -Luégo el Almirante y Audiencia y toda la Consulta, que dijimos ser -con éstos los oficiales del Rey, determinaron de enviar otra armada -para que castigase por guerra á aquella gente, porque estando alzados -como estaban no podian vivir los moradores de Cubagua, que allí -vivian por la granjería de las perlas, por no tener agua la isleta, -y la que bebian era del rio de Cumaná en la misma tierra firme, de -la isleta siete leguas, y no podian irla á coger sin pelear con los -indios, que era muy peligroso por la ponzoña de la hierba que en las -flechas ponian. Fué por Capitan desta gente un vecino de la ciudad de -Sancto Domingo, llamado Jácome de Castellon; éste fué y llevó alguna -gente, y tomó de la gente que estaba en la isla de Cubagua en la dicha -pesquería de las perlas, y junta cuanta pudo pasó á la tierra firme, -siete leguas de allí por la mar, y asentóse con ella á la boca del -dicho rio de Cumaná, donde ya tuvo segura el agua para que pudiesen -venir por ella libremente los que quedaban en la dicha isleta. Desde -allí envió cuadrillas de españoles tras los indios, mató muchos -dellos, y hizo muchos esclavos, que es lo que despues del oro es lo -más deseado de los españoles; los que no pudo haber asegurólos que no -rescibirian más daños, que se viniesen á sus pueblos, y así quedaron -apaciguados. Edificó Jácome de Castellon una fortaleza á la boca del -rio de Cumaná, donde el clérigo de las Casas la queria edificar, para -tener segura la cogida del agua, sin la cual, como está dicho, no -podian vivir los de la isleta de Cubagua. Hízose despues un muy buen -pueblo de españoles en la isleta, con muchas casas de piedras y adobes -y tapias, como si hobieran de perseverar por algunos quinientos años, -pero acabadas las perlas, despues algunos y no muchos años, se quedó -la poblacion ó pueblo todo despoblado, aunque primero, ó poco más -tarde ó poco ménos, se consumieron los indios en aquel ejercicio de -sacar perlas, donde han perecido inmensidad dellos; con las guerras -dichas y esclaverías que en ellas se hicieron, y con las perlas está -desierta ó cuasi desierta de sus habitadores toda aquella tierra. Y -porque se vea si sacar las perlas es ménos pernicioso para los indios -que sacar el oro, y por consiguiente los bienes que de las Indias -vienen á España vienen por todas partes justificados, y si es posible -que con tales bienes se puede esperar que Dios haga merced á España, -es, pues, la vida de los indios que se traen para pescar perlas, no -vida, sino muerte infernal (algo dijimos della en el libro II, cap. -45), y es ésta: Llévanlos en las canoas, que son sus barquillos, y va -con ellos un verdugo español que los manda, llegados en la mar alta, -tres y cuatro estados de hondo, manda que se echen al agua; zabúllense -y van hasta el suelo, y allí cogen las ostias que tienen las perlas, -y hinchen dellas unas redecillas que llevan al pescuezo ó asidas á -un cordel que llevan ceñido, y con ellas ó sin ellas suben arriba á -resollar, porque no siempre donde se zabullen las hallan, y si se -tardan en mucho resollar, dales priesa el verdugo que se tornen á -zabullir, é á las veces les dan de varazos que se zabullan, y siempre -todo este tiempo nadando y sosteniéndose sobre sus brazos; están -en ésto todo el dia desde que sale hasta que se pone el sol, y así -todo el año si llegan allá: la comida es algun pescado, y el pescado -que tienen las mismas ostias donde están las perlas, y pan caçabí -hecho de raíces y maíz, que son los panes de allá, el uno de muy poca -sustancia, que es el caçabí, y el otro que se hace con mucho trabajo, -y destos no muchas veces quizá se hartan. Las camas que les dan á la -noche son el suelo con unas hojas de árboles ó hierba, los piés en el -cepo porque no se les vayan. Algunas veces se zabullen, y no tornan -jamás á salir, ó porque se ahogan de cansados y sin fuerzas y por no -poder resollar, ó porque algunas bestias marinas los matan ó tragan. -Hay dos especies de bestias comunmente, y áun tres crudelísimas, que -comen los hombres y áun caballos hacen pedazos, la una es tiburones, la -segunda marrajos, la tercera cocodrilos, que llaman los que no saben -lagartos; los tiburones y lagartos que tienen los dientes admirables, -asen del hombre ó del caballo por la pierna ó por el brazo, ó por otra -cualquiera parte, y llévanlo al hondo y allí lo matan, y despues de su -espacio lo comen; los marrajos son muy más grandes y tienen grandes -bocas, y del primer bocado lo tragan. Una vez acaesció que un indio, -zabulléndose, vido cerca de sí un marrajo; subióse luégo, huyendo á lo -alto, el español verdugo riñe con él porque se subió tan presto sin -sacar algo, dijo que estaba por allí un gran pescado, y que tuvo temor -dél no le matase; fuérzalo á que tornase á se zabullir, é, por ventura, -le dió de varazos. Zabullóse el triste, y el marrajo que lo estaba -aguardando, arremete con él y trágalo. Parece que al principio peleó el -indio con el pescado, y hobo cierto remolino en el agua por un rato; -entendió el español que el pescado habia acometido al indio, y como -vido el indio que se tardaba, mató un perrillo que allí tenía y púsolo -en un anzuelo de cadena grande que para estos pescados comunmente -traen, y echólo al agua, y luégo lo asió el marrajo que aún no estaba -contento, y el anzuelo prendió dél de manera que no pudo escaparse; -sentido por el español que estaba preso, lárgale soga, y poco á poco -váse hácia la playa en su canoa ó barco. Salta en tierra, llama gente -que le ayuden, sacan la bestia, dánle con hachas y piedras, ó con lo -que pudieron y mátanla; ábrenle el vientre y hallan al desdichado -indio, y sácanlo, y dá dos ó tres resuellos y allí acabó de espirar. De -aquí se puede cognoscer si con esta granjería de pescar ó sacar perlas -nuestra gente guarda los mandamientos divinos del amor de Dios y del -prójimo, poniendo en peligro de muerte corporal y tambien del ánima, -por morir sin fe y sin sacramentos, á sus prójimos, por anteponer su -propia cudicia y interese temporal; y ésto allende la tiranía con que -los oprimen trayéndolos allí por fuerza y contra su voluntad; item, -allende la infernal vida que les dan hasta que los acaban y consumen -por la mayor parte en breves dias; porque ¿cómo es posible los hombres -vivir, estando la mayor parte de la vida sin resuello debajo del agua? -Y allende la frialdad del agua que los corrompe, mueren comunmente de -echar sangre por la boca, y de cámaras de sangre por el apretamiento -del pecho, por causa de estar cuasi la mitad de la vida sin resuello. -Conviértenseles los cabellos, siendo ellos de su naturaleza negros, -quemados como pelos de lobos marinos, y sáleles por las espaldas -salitre que parecen otra especie de hombres ó de monstruos. Con este -trabajo mortífero y vida desesperada acabaron de consumir las gentes -de los lucayos, como dejamos referido en el segundo libro, y, despues -de aquéllos, otra inmensidad de gentes de otras partes; hoy en este -dia, que pasa de 1560 años, matan gentes en el cabo de la Vela, donde -se pasó la dicha pesquería porque se acabó la de la isleta de Cubagua. -Muchas veces lo ha mandado remediar el Consejo con cédulas del Rey -é no ha aprovechado nada, pero la culpa principal y el pecado muy -grande tiene el mismo Consejo, porque no parece sino que lo proveen -solamente por cumplir, é para que no se cumpla lo que en favor de los -indios mandan, pues no castigan rigurosamente los que no cumplen su -mandado. Y es cosa de burla cuanto en estos casos mandan, y por ésto -principalmente, conviene á saber, por no castigar los delincuentes, -así jueces como particulares que no cumplen lo que en favor de -aquellas gentes han proveido y proveen, ha sido la causa principal -de estar aquel orbe asolado, lo cual se pedirá á ellos principal -y aspérrimamente. Y aunque lo que aquí agora contaré acaesció en -aquella provincia de Cumaná algunos años despues, y pertenecia su -historia al cuarto libro, todavía lo quiero referir aquí como me lo -escribió el mismo capitan Jácome de Castellon, porque quizá no se me -olvide. Primero dia de Setiembre año de 1530, á las diez horas ántes -de mediodía, estando el dia sereno y los aires tranquilos, súbitamente -se alzó la mar, y sobrepujó los límites ordinarios en altura cuatro -estados, que alcanzó por encima de ciertos árboles que están á la -boca del rio (el cual es grande y caudal) y cubrió todos los llanos, -llegando hasta las laderas de las serrezuelas que hay por allí, cerca -de media legua, y así como la mar comenzó á entrar en la tierra, la -tierra comenzó á temblar terriblemente, y duró el primer temblor un -ochavo de hora, y despues dió temblores diversas veces por aquel dia; -éstos fueron tan grandes que la fortaleza cayó en tierra hasta los -cimientos, que no quedó della sino una esquina de la primera cerca. -Abrióse la tierra por muchas partes en los llanos y en las serrezuelas, -y por las aberturas manaba una agua como tinta, negra y salada, que -hedia á piedra azufre. Una sierra del golfo que llaman de Cariaço, que -entra por allí dentro en la tierra 14 leguas, se abrió en tanto que -queda dividida y hecha en ella una gran abra. Cayéronse muchas casas -de los indios, que son de paja y madera por lo cual murieron algunos -indios, juntamente por el terror y espanto que hobieron. - - - - -CAPÍTULO CLXVI. - - -Ya digimos en el libro II cómo viendo los españoles que las gentes de -la isla Española, con la crueldad de las minas y los otros trabajos -que les daban, se les iban muriendo y acabando, inventaron engañar al -Rey Católico para que les diese licencia que pudiesen traer las gentes -naturales de las islas que llamábamos Yucayos ó Lucayos. Esta licencia -concedida, su ocupacion toda por aquellos tiempos fué ir á traerlos; -dellos tomados por engaño, dellos salteándolos y por todas maneras de -injusticia y maldad, los trujeron sin quedar ánima viva en treinta ó -cuarenta islas que son, chicas y grandes, donde, al cabo y los que -restaban, en la pesquería de las perlas todos los mataron y acabaron. -Estos tambien acabados, comenzaron á tractar de otra granjería para -tener á quien más matar en sus minas; como los españoles que vivian -en la isla de Cuba hicieron armadas para saltear los moradores de las -islas de los Guanajos, al Poniente, y las que más pudiesen hallar y -despoblar, segun arriba en el cap. 91 digimos, así los que vivian en la -Española inventaron hacerlas para saltear y cautivar naturales vecinos -de las islas y tierra firme, que la naturaleza puso al Oriente. Estas -armadas hacian de la manera que hicieron las que inventaron para traer -la gente de los Yucayos, juntándose en compañía tres ó cuatro vecinos, -ó más ó ménos, segun tenian el caudal, y ponian cinco, ó seis, ó siete -mil pesos de oro, compraban un navío ó dos, metian 50 ó 60 españoles, -personas bien desalmadas, proveidos de bastimentos ó á soldada, ó -á que en las presas que trujesen tuviesen sus partes. Dábaseles un -Veedor, tan gran ladron como ellos, y ménos temeroso de Dios y que -parecia haber recibido el alma en vano, para que viese lo que allá se -hacia, conviene á saber, que mirase si se hacian los requerimientos, -y si las instrucciones que se les daban guardaban. Las instrucciones -contenian que á cualquiera Isla ó parte de tierra firme que llegasen, -hiciesen sus requerimientos, diciendo que supiesen que habia un Dios -en el cielo, y un Papa vicario suyo en la tierra, y que habia dado -aquellas Indias á los reyes de Castilla, cuyos vasallos ellos eran; que -viniesen á su obediencia, si no que supiesen que les harian guerra y -harian esclavos, etc. ¿Qué mayor escarnio de la fé de Jesucristo y más -injusta maldad, que aquellos mal aventurados letrados, que gobernaban -estas islas y tierras, y que obligados eran á saber ser aquéllo contra -toda ley natural, y divina, y humana, tales instrucciones no tuviesen -vergüenza y confusion de darlas? Destos requerimientos (no pase de aquí -el lector, hasta que vea lo que dellos digimos arriba en los capítulos -57 y 58), algunas veces enviaban un clérigo idiota por Veedor, para -justificar más su tiranía, que veia las maldades que allá se hacian, y -dellas descubria y dellas no; dello por no tener todo por malo, pues -el Audiencia real lo autorizaba, enviaba y mandaba, y mandaba y tenía -en ello parte, siendo todo execrable, dello quizá porque se holgaba -de que se trujese más gente robada, porque tambien de las presas -llevaba su parte de esclavos ó se le daba por aquella su veeduría buen -salario. Estos, salidos del puerto de Sancto Domingo, porque de allí -era su embarcaje, llegaban á la Isla ó á la parte de tierra firme -donde ir acordaban que más cómodo hallaban, y desde los navíos hacian -sus requerimientos, y aunque los hicieran al oido de cada uno de los -moradores, como fuese en nuestra algarabía, no entendieran ni entendian -palabra, y desto daba testimonio el Veedor como en tal puerto de tal -isla ó provincia de la tierra firme se habia hecho el requerimiento -que Su Alteza mandaba. Venian los indios en sus barquillos ó canoas á -ellos trayéndoles comida, y sus cosillas ellos les daban y saltaban en -tierra por asegurallos, y venida la noche daban en el pueblo llamando -á Santiago que los ayudase; tomaban cuantos podian, y otros, para -meter temor á todos, mataban á cuchilladas. Metian en los navíos los -presos, y de allí se iban á otras partes y hacian otro tanto, hasta -que les parecia que tenian buena carga. Siempre por el camino echaban -á la mar muertos mucha parte, del poco comer y beber porque siempre -llevaban ménos bastimento de lo que para tanta gente era necesario, y -del calor por los meter debajo de cubierta, y de angustia y tristeza de -verse así traer, como digimos arriba en los capítulos 43, 44 y 45 de -la segunda parte desta Historia, hablando de los Yucayos. Veníanse al -puerto de Sancto Domingo los navíos con sus cabalgadas, desembarcaban á -los tristes desventurados, desnudos, en cueros, flacos, para espirar, -echábanlos en aquella playa ó ribera como unos corderos, los cuales, -como venian hambrientos, buscaban los caracolicos ó hierbas y otras -cosas de comer, si por allí hallaban, y como la hacienda era de muchos, -ninguno dellos curaba para les dar de comer y abrigallos hasta que se -hiciesen partes, sino, de lo que traian en el navío, algun caçabí, -que ni los hartaba ni sustentaba. Y porque siempre no faltaba quien -dijese y publicase algunas señaladas crueldades que allá se habian -hecho cuando los tomaban (y tan bien las sabian los Oidores como los -predones que las hacian, porque cierto les era que no los podian tomar -ó prender sino haciendo grandes males), para engañar al mundo, ponian -una persona que se les antojaba, que quizá tendria en el armada parte, -que averiguase si habian sido bien tomados. ¡Oh gran Dios y Señor, y -que has sufrido con tu paciencia y longanimidad en este caso que nunca -se hallaron ser mal tomados ni traidos, estando en sus tierras y en -sus casas sin hacer mal á nadie, como que no fuera iniquísimo enviar -salteadores que los robasen y trujesen para los hacer esclavos! y si -alguna vez hallaban, segun su ceguedad, alguna causa que á su parecer -era más desvergonzada en fealdad que condenaba la traida de aquellos, -no por eso los libertaban ni enviaban á sus tierras, diciendo que ya -que estaban acá mejor les era porque serian cristianos, ó que moririan -por el camino, y otras excusas semejantes, como que de su cristiandad -tuvieran algun cuidado. Verlos por aquella playa, la ribera del rio, -dellos sentados, dellos echados en aquel suelo que no se podian tener, -dos y tres dias y noches, al sol y al agua, miéntras los repartian, -llenos de espanto y de toda tristeza, era una de las grandes miserias -y calamidades, para quebrantar los corazones de cualquiera persona que -no fuera piedra ó mármol, que se podian ver. Viniendo á la partija, -cuando el padre via que le quitaban el hijo, y el marido que daban -á otro dueño su mujer, y la madre á la hija, y la mujer al marido, -¿quién podrá dudar que no les fuese nuevo tormento y doblada miseria, -llena de dolor grandísimo, derramando lágrimas, dando gemidos, -lamentando su infelicidad, y quizá maldiciendo su suerte? Entre las -inexpiables ofensas, que contra Dios y los hombres en el mundo se han -cometido, han sido, cierto, las que en las Indias habemos hecho, y de -aquellas esta granjería fué una de las más injustas, más en maldad y -daños calificadas y más crueles. Entre otros saltos que los nuestros -hicieron en aquella costa de tierra firme, abajo de Cumaná obra de -45 leguas, quiero contar uno, aunque de otro especie, porque fué sin -embarazo de requerimientos. Está donde digo una provincia, ó era un -gran pueblo en ella, á la ribera de la mar, en un Cabo que entra en -la mar y hace algun puerto que llamaban el cabo de la Codera; el -señor della ó del pueblo se llamaba Higoroto, nombre propio de la -persona ó comun de los señores dél, este señor, aunque infiel, era -muy virtuoso, y su gente buena, y que imitaba en amar la paz y ser -hospedativa á su señor. El señor y toda su gente tuvo grande amor á -los españoles, y los rescibian y abrigaban en su pueblo y casas como -si fueran padres y hijos, y acaecia venir huyendo por los montes -algunos malos cristianos españoles, de otras provincias ó pueblos de -otros indios que habian salteado, y escapádose de las manos dellos, -muertos de hambres, descalzos y afligidos, y recibíalos el señor -Higoroto y abrigábalos, dándoles de comer y su cama, y lo que más les -era menester, con mucha alegría; y despues de los haber reformado, -y ellos de su hambre y trabajos convalecido, y se querian ir, los -enviaba en una canoa por la mar á la isleta de Cubagua, donde estaban -los españoles en su granjería, proveidos de lo que habian menester, -acompañados de muchos indios, y así libró á algunos de los nuestros de -la muerte que no fueran oidos ni vistos. Finalmente era tal Higoroto -y su gente, y á los españoles obligaba con tan continuos beneficios, -que todos los españoles llamaban aquel pueblo de Higoroto meson y casa -refugio y consuelo de todos los españoles que por allí iban y venian. -Acordó un mal aventurado hombre de con una insigne obra mostrar el -agradecimiento de tanto beneficio; llegó, pues, aquél allí con un -navío, y en él su compañía, que debian de no haber hallado aparejo -para hacer salto en toda la costa, y por no tornar de vacío saltaron -en tierra, y los indios con su señor rescibiéronlos y regocijáronlos -como á los otros solian. Tornáronse al navío y convidaron mucha gente, -hombres y mujeres, grandes y chicos; entran en él seguros como en otros -otras veces hacian. De que los tuvieron dentro alzaron las velas, y -viniéronse á la isla de Sant Juan y vendiólos por esclavos; y á la -sazon yo llegué á aquella Isla y lo vide y supe la obra que habia -hecho, y cómo mostró al señor Higoroto y á su gente ser los españoles -de cuantos beneficios dél rescibieron agradecidos. Desta manera dejó -destruido aquel pueblo, porque los que no pudo robar se desparcieron -por los montes y valles, huyendo de aquellos peligros, y despues al -cabo todos perecieron, con las maldades tiránicas de los españoles que -fueron á poblar ó despoblar á Venezuela, como aparecerá en el siguiente -libro. A todos los salteadores y malos cristianos, que en aquellos -pasos andaban, pesó entrañablemente de aquella maldad que aquel pecador -con el pueblo de Higoroto hizo, y es de creer que no por la fealdad -de la obra tanto, segun éstas y otras semejantes cada paso se hacian, -cuanto por haber perdido todos aquel cierto y buen hospedaje que -Higoroto y su gente á todos sin diferencia hacian. - - - - -CAPÍTULO CLXVII. - - -¿Quién podrá numerar los insultos, y encarecer las fealdades y gravedad -dellos, que con estas y en estas armadas se hicieron, y cuántas gentes -á la isla Española y á la de Sant Juan se trujeron y vendieron, y -en ellas, sin sus naturales vecinos, en las minas y otros trabajos -perecieron? y no sé si diga que fueron más de dos cuentos. Muéstralo -bien la despoblacion y soledad de toda aquella costa de tierra firme, y -de muchas islas que estaban poblatísimas; y esta es cosa digna, cierto, -de considerar, que ha mostrado la divina justicia, que ninguno se cree, -de cuantos en estas armadas entendieron y pusieron dineros, teniendo -parte en la cofradía, que no viviese pobre y mezquino, y las muertes -fuesen de sus obras testigos, ó que despues de sus vidas, por muchas -haciendas que dejasen, que en breve, por diversas vías, no fuesen -consumidas. Hombre destos cognoscimos en esta isla, que dejó hacienda -que valia 300 y 400.000 castellanos, y en ellos dos ó tres mayorazgos, -y á cinco ó seis años despues de su muerte se habia deshecho tanto -entre las manos, cuasi imperceptiblemente, á no valer toda 50.000, y -no se duda que no vaya del todo adelante, hasta que sus herederos, -ó que gocen poco de aquellos bienes, ó que vengan á tiempo que -mendiguen, y destos hobo muchos en aquella ciudad y en toda la Isla. -Cerca de aquellos requerimientos que por ceremonia hacian los que iban -y mandaban hacer los que gobernaban, y llamábanse letrados juristas -(y por aquel oficio de letrados comian y señoreaban, no por sus ojos -bellidos, y por tanto no les era lícito ignorar aquella tan inhumana y -grosísima injusticia), quiero aquí contar lo que me acaesció tractando -dello con el mayor dellos, que sobre todos ellos presidia. Decíale yo, -y traíale razones y autoridades para persuadille, ser aquellas armadas -injustas y de toda detestacion y fuego eterno dignísimas, y cómo los -requerimientos que se mandaban hacer y hacian eran hacer escarnio de -la verdad y de la justicia, y en gran vituperio de nuestra religion -cristiana, y piedad y caridad de Jesucristo, que tanto por la salvacion -de aquellas gentes habia padecido, y que no les pudiendo limitar -tiempo dentro del cual se convirtiesen á Cristo, pues él ni á todo el -mundo lo limitó, más de dalle todo el tiempo que hobo y hay desde su -principio hasta el dia del Juicio, ni á persona particular alguna, sino -que á cada uno le concedió todo el espacio de la vida, dentro del cual -se convirtiese usando de la libertad del libre albedrío, y que los -hombres cortasen aquel privilegio divino de tal manera, que unos decian -que bastaban requerilles y esperalles tres dias, otros se alargaban -diciendo que bien era esperallos quince dias; respondióme él: «No, -poco es quince dias, bien es dalles dos meses para que se determinen». -Quise dar gritos desque oí é vi insensibilidad tan profunda y maciza, -en quien gran parte de aquellas regiones regia. ¿Qué mayor ignorancia -y ceguedad podia caer en persona que profesaba ser letrado y gobernar -tanta tierra y tanta gente, que no supiese, lo uno, que aquellos -requerimientos eran injustos y absurdos y de derecho nulos; lo otro, -que aunque fueran justos y se les pudieran hacer, que eran dichos en -lengua española que no entendian, y así no los obligaban, y que para -entendellos más tiempo habian menester de dos meses, y áun de catorce -y de veinte para que los obligaran; lo otro, que no por más probanza -ni testimonio de afirmar aquellos, que por tan malos infames y crueles -hombres por sus malvadas obras tenian, que Dios del cielo habia dado el -señorío del mundo á un hombre que se llamaba Papa, y el Papa concedió -aquellos reinos de las Indias á los reyes de Castilla, que pensase y -creyese quedar obligados á creellos y rescibillos, y dar á los reyes de -Castilla la obediencia, y donde no, pasados los dos meses, les pudiesen -hacer guerra. Item, que creyese aquel Presidente de aquella Audiencia -que fuesen obligados aquellas gentes á rescibir á los reyes de -Castilla por señores, teniendo sus señores naturales y Reyes, primero -que de Dios su criador y redentor se les diese cognoscimiento. Pero -esta ignorancia y ceguedad, del Consejo del Rey tuvo su orígen primero, -la cual fué causa de proveer que se hiciesen aquellos requerimientos; -y plega á Dios que hoy, que es el año que pasa de 61, el Consejo esté -libre della. Y con esta imprecacion, á gloria y honor de Dios, damos -fin á este tercero libro. - - - - -APÉNDICE. - - - - -ALGUNOS CAPÍTULOS - -DE LA - -APOLOGÉTICA HISTORIA - -cuanto á las cualidades, dispusicion, descripcion, cielo y suelo -destas tierras, y condiciones naturales, policías, repúblicas, maneras -de vivir y costumbres de las gentes destas Indias occidentales y -meridionales, cuyo imperio soberano pertenece á los Reyes de Castilla. - - -ARGUMENTO DE TODA ELLA. - -La causa final de escribilla fué cognoscer todas y tan infinitas -naciones deste vastísimo orbe infamadas por algunos, que no temieron á -Dios, ni cuánto pesado es ante el divino juicio infamar un solo hombre -de donde pierda su estima y honra, y de allí le suceda algun gran -daño y terrible calamidad, cuanto más á muchos, y mucho más á todo un -mundo tan grande, publicando que no eran gentes de buena razon para -gobernarse, carecientes de humana policía y ordenadas repúblicas, no -por más de por las hallar tan mansas, pacientes y humildes, como si la -Divina Providencia en la creacion de tan innumerable número de ánimas -racionales se hobiera descuidado, dejando errar la naturaleza humana, -por quien tanto determinó hacer y hizo, en tan cuasi infinita parte -como ésta es del linaje humano, á que saliesen todas insociales, y por -consiguiente monstruosas, contra la natural inclinacion de todas las -gentes del mundo, no permitiendo que yerre así alguna especie de las -otras corruptibles creaturas, sino alguna por maravilla de cuando en -cuando. Para demostracion de la verdad, que es en contrario, se traen -y copilan en este libro (referida primero la descripcion y calidades -y felicidad de aquestas tierras, y lo que pertenesce á la geografía y -algo de cosmografia) seis causas naturales que comienzan en el cap. -22, conviene á saber, la influencia del cielo, la dispusicion de las -regiones, la compostura de los miembros y órganos de los sentidos -exteriores é interiores, la clemencia y suavidad de los tiempos, la -edad de los padres, la bondad y sanidad de los mantenimientos; con -las cuales concurren algunas particulares causas, como la dispusicion -buena de las tierras y lugares y aires locales, de que se habla en el -cap. 32. Item otras cuatro accidentales causas que se tratan en el -capítulo 27, y éstas son la sobriedad del comer y beber, la templanza -de las afecciones sensuales, la carencia de la solicitud y cuidado -cerca de las cosas mundanas y temporales, el carecer asimesmo de las -perturbaciones que causan las pasiones del ánima, conviene á saber, -la ira, gozo, amor, etc. Por todas las cuales, ó por las más dellas, -y tambien por los mismos efectos y obras de estas gentes, que se -comienzan á tractar en el cap. 39, se averigua, concluye y prueba, -haciendo evidencia ser todas, hablando _à toto genere_, algunas más, -y otras muy poco ménos, y ningunas exportes dello, de muy buenos, -sotiles y naturales ingenios y capacísimos entendimientos; ser -asimismo prudentes y dotadas naturalmente de las tres especies de -prudencia que pone el Filósofo, monástica, económica y política; y -cuanto á esta postrera, que seis partes contiene, las cuales, segun el -mismo, hacen cualquiera república por sí suficiente y temporalmente -bienaventurada, que son labradores, artífices, gente de guerra, ricos -hombres, sacerdocio (que comprende la religion, sacrificios y todo lo -perteneciente al culto divino), jueces y ministros de justicia, y quien -bien gobierne, que es lo sexto, las cuales partes referimos en breve -abajo en el cap. 45, y en el 57, por gran discurso, hasta las acabar -proseguimos; cuanto á la política, digo, no sólo se mostraron ser -gentes muy prudentes y de vivos y señalados entendimientos, teniendo -sus repúblicas (cuanto sin fé y cognoscimiento de Dios verdadero pueden -tenerse) prudentemente regidas, proveidas y con justicia prosperadas, -pero que á muchas y diversas naciones que hobo y hay hoy en el mundo, -de las muy loadas y encumbradas, en gobernacion, política y en las -costumbres se igualaron, y á las muy prudentes de todo él, como eran -los Griegos y Romanos, en seguir las reglas de la natural razon con -no chico exceso sobrepujaron. Esta ventaja y exceso, con todo lo que -dicho queda, parecerá muy á la clara cuando, si á Dios pluguiere, las -unas con las otras se cotejaren. Escribió esta Historia, movido por -el fin de suso dicho. Fray Bartolomé de las Casas ó Casaus, fraile -de Sancto Domingo y Obispo que fué de la ciudad Real de Chiapa, -prometiendo delante la divina verdad, de en todo y por todo lo que -dijere y refiriere decir verdad, no saliendo en cuanto él entendiere, á -sabiendas, cosa ninguna de la verídica sustancia. - - - - -CAPÍTULO PRIMERO. - - -En el año de 1492, estando los Reyes Católicos don Hernando y doña -Isabel, de felice memoria, con su ejército en la villa de Santa Fe, -puesto cerco sobre la ciudad de Granada, fué mandado despachar por -sus Altezas el ilustre y egregio varon D. Cristóbal Colon, primero -Almirante del mar Océano, el cual Dios eligió sólo para esta tan -grande hazaña, como fué descubrir este orbe de las Indias. Tomada ya -la dicha ciudad y puesta ya la cruz de Cristo en el Alhambra, á 2 dias -de Enero del dicho año, salió con sus despachos el dicho Almirante -de la dicha ciudad de Granada, sábado 12 dias de Mayo; hízose á la -vela en el puerto de la villa de Palos, con tres navíos y en ellos -90 hombres, viérnes á 3 dias de Agosto del dicho año de 1492. Navegó -por este mar Océano, y á cabo de setenta dias que del dicho puerto de -Palos habia salido (como si ántes hobiera dejado estas Indias debajo -de su llave) descubrió la primera tierra dellas, jueves dos horas -despues de media noche á 11 de Octubre, y así parece pertenecer aqueste -descubrimiento al dia siguiente, que fué viérnes 12 del dicho mes de -Octubre. Esta primera tierra fué una isleta de las que llamamos de -los Lucayos, que las gentes de estas islas por propio nombre llamaban -Guanahaní, la última sílaba aguda, que en las cartas del marear que -agora se pintan llaman Triango, como ignorantes, los pintores, de la -antigüedad: tiene la dicha isla forma de una haba. Descubrió otras -por allí juntas, y luégo adelante la isla de Cuba, y andando por la -costa della algunos dias hácia el Poniente, como es muy luenga, creyó -que era tierra firme, y por las señales que por señas las gentes de -aquellas islas, que ya traia consigo en los navíos voluntarias, le -daban, entendió dejar atras esta grande y felicísima isla Española; -tornó para ella y desde á pocos dias la vido. Navegando, pues, por -ella de Poniente á Oriente, y comunicando con muchos de los vecinos y -con algunos señores principales que reinaban en ella, el tiempo que le -pareció, dejado 38 hombres en la tierra y reino de un muy virtuoso Rey -llamado Guacanagarí, la última luenga, el cual le habia hecho grande -y paternal hospedaje y abrigamiento, dió la vuelta á los reinos de -Castilla, para dar relacion y nuevas tan nuevas á los Reyes Católicos -que le habian enviado, lo más presto que pudo. Padecidos á la vuelta en -la mar inmensos é increibles trabajos y peligros, llegó con grandísima -y turbulentísima tormenta á Lisboa, en Portugal, á 4 dias de Marzo -del año siguiente de 1493; de allí entró en el dicho puerto de Palos, -de donde habia partido á 15 dias del mismo mes de Marzo, por manera -que tardó en todo su viaje seis meses y medio, que fueron 225 dias, y -viérnes salió y viérnes descubrió y viérnes tornó á entrar en el mismo -puerto de donde habia para este descubrimiento salido. Para tractar, -pues, en suma, la dispusicion, descripcion y calidades destas regiones, -reinos y provincias, y las condiciones naturales, policías y costumbres -de las gentes y naturales habitadores dellas, parecióme comenzar por -esta isla Española, pues fué primero que lo demas, de lo principal -hablando, descubierta, y su excelencia, bondad, fertilidad y grandeza -merece, cuanto á ser isla, que á todas las tierras sea prepuesta. -Della más singularmente que de todas las otras tractaremos cuanto á -la descripcion, porque más que de alguna otra, su sitio, su grandeza, -su latitud, su longura, sus provincias, sus calidades, fertilidad, -felicidad y amenidad, más que otro á lo que creemos, por muchos años de -experiencia de propósito y mirando en ello, penetramos y cognoscimos. -Y comenzando del sitio, la punta ó cabo della más oriental que agora -llamamos cabo del Engaño, y el Almirante primero lo nombró una vez -cabo de San Miguel y otra de Sant Theramo (si por ventura no puso este -nombre postrero á otro Cabo que á él viniendo navegando se le hacia), -está de la línea equinoccial apartado 18 grados y algo ménos. Por la -mayor parte toda la costa del Norte desta Isla, hasta el cabo de San -Nicolás que se mira con la primera punta oriental de la isla de Cuba, -está situada en 20 grados, en algunos lugares poco más y en otros poco -ménos. Toda la costa del Sur hasta una isleta que se llama la Beata, -que está pegada con esta Isla, está 17 grados, y desde la isleta Beata -obra de 15 leguas de tierra sale esta Isla hácia el Sur aquellas 15 -leguas, un grado más, y aquel pedazo está en 15 grados; despues torna -desde un ancon que allí se hace á seguirse hasta el fin desta Isla en -17, algunos minutos ménos, y este es un brazo de esta Isla, que no -tiene de ancho de mar á mar ó de Norte á Sur sino obra de 15 leguas, -porque de la parte del Norte tiene el golfo de Xaraguá; llámase aquel -Cabo y parte occidental desta Isla el cabo del Tiburon, el Almirante -lo llamó al principio cuando descubrió á Jamáica, isla, el cabo de San -Rafael. Finalmente, toda esta Isla está en altura de 16 á 20 grados, y -el veinteno grado le cae y corta la costa ó ribera de la mar del Norte -por la longitud viniendo de Oriente á Poniente; la provincia de aquel -Cabo llamaban los indios moradores della, en su lenguaje, Guacayaríma, -la penúltima sílaba luenga. Tiene de ancho esta Isla, por lo más, 60 -leguas medidas por el aire, segun parece vistos los grados, pero medida -por la tierra tiene más de 80, de longura terná 180 y áun más leguas; -en el anchura y longura desta Isla están erradas las cartas del marear -como en otras muchas partes destas Indias. Tiene de boja esta isla 600 -leguas; el Almirante decia que tenía más de 700, quiere decir que para -rodealla un navío toda las ha de navegar. Tiénese por los que la han -paseado que es tan grande y mayor que toda España, aunque entren Aragon -y Portugal en ella; el Almirante la rodeó el año de 95, cuando fué á -descubrir á Cuba si era isla ó tierra firme. Por la parte del Poniente -ábrese ó pártese en dos ramos ó brazos, como quien abre un poco los -dos dedos de la mano izquierda, teniendo las espaldas al Oriente, el -dedo pulgar y el dedo con que señalamos, y esta abertura hace un gran -lago ó golfo que llaman de Xagua; está cuasi al rincon de este golfo, -aunque ocho leguas de la playa, una isla tan grande y harto más fértil -y mejor que Gran Canaria, que los indios llamaban el Guanabo. De -estos dos ramos, el uno es el que digimos que era el cabo ó punta del -Tiburon, y está frontero de la punta oriental de la isla de Jamáica, -y el otro ramo, que es el que hace el Cabo que nombró el Almirante -cabo de San Nicolás, se mira con la punta ó Cabo oriental de la isla -de Cuba, la cual creo que se llamaba, en tiempo, la punta de Mayci -ó de Bayatiquiri en lenguaje de los indios. Puertos tiene esta isla -Española, excelentísimos algunos, y otros buenos para algunos vientos y -para otros no muy seguros. El puerto de San Nicolás es muy bueno y el -puerto de la Concepcion, y otro maravillosísimo puerto, al cual llamó -el Almirante el puerto de la mar de Santo Tomás, y otros más que por -allí habia, y de aqueste dice el Almirante que es el mejor del mundo; -y éste creo que está frontero de donde sale ó llega la gran Vega Real -de que luégo se dirá. Estoy en duda si éste de la mar de Santo Tomás -ó el pasado de la Concepcion se nombra hoy puerto del Paraíso, porque -es felicísima la tierra de por allí, aunque toda es dignísima de ser -alabada por bienaventurada. Adelante de estos, cuatro ó cinco leguas, -segun creo, está el puerto de la Navidad, y hácelo una sierra que se -llamó por los indios Guarique; este puerto es bueno, pero adelante hay -otro, que es Puerto Real, y este es mucho bueno y por tal le puso, -quien se lo puso, Puerto Real, porque no hallo que le pusiese tal -nombre el Almirante en su primer viaje, como por allí pasó de priesa -con sus buenas nuevas para Castilla; pudo ser que al segundo como de -propósito buscó puerto para poblar que lo nombró, y sino paró allí por -ventura vido que para poblar en él le faltaba algo. De aquel Puerto -Real, 10 leguas, pocas ménos ó más, sino me he olvidado, está el puerto -de Monte-Christi, del que dijo el Almirante que era singularísimo. -Adelante de este Monte-Christi, está el puerto de la Isabela, donde -pobló el Almirante el primer pueblo, y este es buen puerto sino es para -guardarse del viento Noroeste, que es el más peligroso y dañoso en esta -parte del Norte que otro alguno. Adelante tres leguas está el puerto -de Martin Alonso, el cual es buen puerto y hondo, y donde podian caber -muchas naos, sino que la entrada en él no tiene más de dos brazas. -Despues de este puerto, cinco leguas, está el puerto de Plata, que es -como una herradura de caballo de las manos; tiene cuatro brazas en la -entrada, no es muy seguro con tormenta grande, y creo que con viento -Norte tienen los navíos el mayor trabajo, y yo he visto allí perderse -uno pero la tormenta fué muy grande. Pasando de allí algunas leguas, en -esta costa está otro puerto muy grande, al cual loó de bueno y nombró -el Almirante Puerto Sacro; y porque no hay poblacion de españoles por -aquesta costa, sino es en puerto de Plata, no se trata ni se sabe de -este puerto nada. El golfo de Samaná, donde sale el rio Yuna, que es un -rio grande cerca del golfo de las Flechas, de donde se despidió desta -Isla para Castilla, aunque es muy capaz y entra mucho en la tierra y -pudiera haber muy buen puerto, pero segun tengo entendido tiene la -entrada muy baja. Otro puerto no hay de aquí adelante hasta el de Santo -Domingo, puesto que entre la isla ó isleta Saona y esta Isla pueden -estar navíos surtos pero no seguros, y lo mismo entre esta Isla y la -isleta de Santa Catalina. Este puerto de Santo Domingo es un rio adonde -está la ciudad, en el cual se han perdido, creo yo, más de 50 y áun 60 -navíos y más, grandes, estando surtos y amarrados con muchas anclas, -porque cuando es tiempo de muchas lluvias viene con tanto ímpetu de -avenida y con tanto poder de agua, que si torres hobiese donde están -las naos las llevaria de paso; y finalmente no es bueno, sino muy -peligroso y muy dañoso, como lo es cualquiera puerto que sea rio por -la misma causa, pero súfrese por no haber otro que tenga la tierra que -tiene éste en su comarca, y porque para la navegacion de aquí para -Castilla está en mejor paraje. Diez y seis leguas de aquí al Poniente, -más abajo, está un muy buen puerto, que se llamó, no sé por quien el -primero, Puerto Hermoso y así se llama hoy, otros le llaman Puerto -Escondido, y porque siempre tenía gracia especial en poner nombres á -las tierras que descubria, creo que se lo pornia el Almirante; si este -puerto tuviera buena tierra junto á sí y á sus alrededores, en él se -hiciera esta poblacion, pero es toda su comarca estéril y arenales -y tierra, por más de una ó dos leguas, para no poderse poblar, ni -sembrar, ni aprovecharse della. Cuatro leguas de allí está el puerto -de Açua, la sílaba del medio breve, puerto muy ancho y descubierto -como bahía, no bueno para estar en él mucho los navíos. Abajo de la -Beata, isleta, 12 leguas, está un ancon con una isleta á que puso el -Almirante Alto Velo, donde pueden surgir, y creo que es puerto seguro, -al ménos del Norte y de las brisas, pero no de vendavales ni de vientos -ponientes. Más abajo la costa ó ribera, otras ocho ó diez leguas, es -el puerto de Yaquimo, que el Almirante llamó del Brasil, porque allí -lo habia, es poco más cerrado que como media herradura; á la entrada -tiene una isleta que hace algun abrigo: no es mucho ni áun poco bueno. -De allí, 40 leguas ó pocas ménos, no hay surgidero alguno hasta llegar -á unas isletas, cuatro ó cinco cercanas unas de otras; hacen poco -abrigo, pero dos leguas más abajo está un rincon que hace la tierra y -casi el cabo de la Isla, donde pueden surgir mejor y estar guardados -los navios, al ménos del Poniente y algo del Sur, á lo que me acuerdo, -pero no de las brisas. De allí adelante, la vuelta del cabo de San -Rafael, que es el que dicen del Tiburon, tiene otras entradas y como -bahías ó puertos hasta llegar al rincon donde está agora el pueblo de -la Yagüana, y aquél no se puede decir puerto, porque para todos los -vientos está descubierto y desabrigado, como sea una mar grande, no más -de cuanto pueden llegarse á tierra. Volviendo la costa del otro ramo -que va á parar al cabo de San Nicolás, hay otras tres ó cuatro entradas -de mar en la tierra, y alguna que parece buen puerto; no sé si pueden -anclar en ellos al ménos grandes navíos, pero la principal es donde -sale el rio Hatibonico de que abajo diremos; es muy buen puerto y muy -capaz, entrarán naos grandes una legua rio arriba. Allende estos podrá -ser que haya algun puerto en la isla que allí está, que se llamaba por -los indios Guanabo, pero esto no miré cuando pudiera escudriñarlo; -finalmente, otros puertos no tiene más esta Isla de los que aquí ya he -señalado. Los de la mar y parte del Norte son muchos y encarecidamente -buenos y segurísimos, y otros buenos aunque no del todo muy seguros; de -la parte del Sur, sacado Puerto Hermoso, todos los demas no son buenos -ni seguros. - - - - -CAPÍTULO II. - - -Dicho del sitio, grandeza, longitud, latitud y puertos desta isla -Española, digamos agora de las provincias de ella, y primero por la -parte que el Almirante la descubrió, describiendo las provincias más -cercanas á la mar del Norte, y esto se hará en la primera vuelta. En -la segunda describiremos las provincias comarcanas de la mar del Sur. -La tercera vuelta describirá las provincias del riñon desta Isla, y -la cuarta se ocupará en referir las grandezas, hermosura, calidades, -amenidad y felicidad de la grande y admirable Real Vega; por manera -que describiéndola toda daremos por ella cuatro vueltas. La primera, -pues, de las provincias desta Isla por la parte susodicha, fué (cuando -estaba llena de sus naturales pobladores y agora es despoblada de -hombres y llena de bestias) la provincia de Baynoa, la sílaba penúltima -luenga; ésta, por la costa de la mar, es fértil y muy deleitable á la -vista, y podré decir fertilísima y deleitabilísima, y que cuando la -descubria el Almirante y la contemplaba, decia della maravillas; estaba -toda labrada de las labranzas del pan y de las otras raíces, que abajo -diremos, comestibles. Entre la costa de la mar y las sierras, tiene á -muchas partes grandes llanos y hermosas campiñas, y las mismas sierras -tienen montes ó bosques y rasos cubiertos de hermosa yerba, porque -lo uno y lo otro está en muchas partes dellas á manchas, todas muy -fértiles que se pueden sembrar y labrar, por lo que el Almirante, que -la iba costeando y considerando, dice; y con justa razon puso, creo -yo que él mismo, aunque no lo sé de cierto, á un puerto de los de -esta provincia, puerto del Paraíso, ántes toda ella parece un terrenal -Paraíso. Tiene frontero de sí esta provincia la graciosa isla que -llamó el Almirante la Tortuga, una legua ó dos de mar en medio: es tan -grande, segun el Almirante dijo, como la isla de Gran Canaria, pero -harto más fresca y fértil que aquella y más felice. La tierra dentro, -cuya parte que yo he andado y muy bien visto, y por muchos dias visto -y considerado su hermosura, es admirable y graciosísima; tiene muchos -y hermosos valles, alegres corrientes y deleitables rios, los nombres -de los más de ellos no me acuerdo segun que los llamaban los indios. -Entre otros valles, es uno que se llamaba Amaguey, la sílaba del medio -breve, y creo que se denominaba del rio que pasa por él; era y es uno -de los alegres (y lleno de buenos y abundantes pastos para puercos, -donde los hobo infinitos) que hay en esta Isla, puesto que hay muchos -uno mejor que otro, que es cosa de maravilla. Los cerros y los collados -y sierras della, por lo de dentro, dejadas las que parecen por la -mar en su postura quebradas ó arroyitos de agua, yerba y arboledas, -verdura y lindezas, no pueden ser encarecidos. Hay otro valle que -terná tres ó cuatro leguas de luengo, y una ó más de media en ancho, -pasa por medio dél un arroyo grande, cuasi rio; cerros y sierras y -llanos, todo lleno de alegría, hermosura, fertilidad y amenidad, que -no me ocurren palabras con que encarecer y engrandecer la dignidad de -todo ello. Al cabo dél se asentó una villa de españoles, y estuvo en -él algunos años hasta que los vecinos della consumieron, con trabajos -y opresiones, todos los indios naturales de la provincia; llamóse -la villa Lares de Guahaba, estuvo asentada en un cerro no muy alto, -sino tanto que señoreaba un buen pedazo del valle, al cual cercaban -dos rios ó arroyos grandes, el uno, el principal del valle, que se -llamaba en lenguaje de los indios Hamí, la última sílaba aguda, y el -otro Çapíta, la penúltima luenga, abundantes de pescado como los -otros desta Isla; un tiro de ballesta de la villa se juntaban ambos y -salian juntos por una muy estrecha abertura entre dos sierras altas, -aunque no mucho, en la una de las cuales se podia edificar una linda -fortaleza. Es toda esta provincia temperatísima y amenísima, mucho más -que otras desta Isla; por Navidad hace frescura de Paraíso, y por Julio -y Agosto ningun calor, y sin sentirse; yo vide en ella cogido mucho -buen trigo, y creo que se hará muy mejor y más que en toda la Isla, -y que lleve ventaja á la de Sicilia. Para ingenios de azúcar tiene -en los rios grandes heridos, y para todas las otras granjerías donde -hayan de intervenir instrumentos de aguas y semejantes artificios; háse -sacado de esta provincia mucha cantidad de oro fino, porque hobo en -ella muchas y buenas minas, donde se hallaron granos crecidos y grano -de ocho libras. Hay en ella unos gusanos ó avecitas nocturnas que los -indios llamaban cocuyos, la media sílaba luenga, y en Castilla llamamos -luciérnagas, ó quizá son escarabajos que vuelan, las tripas de las -cuales están llenas de luz; son tan grandes, que con uno vivo en la -mano, y mejor si son dos, se pueden rezar maitines en un breviario de -letra menuda (é yo los he rezado segun creo) como con dos candelitas; -el pellejuelo que tienen en la barriga es trasparente, y cuando vuelan -ó les alzamos las alillas resplandece la luz que tienen; luégo en -anocheciendo, salen y están los campos y los montes, en mil partes, -como si estuviesen llenos de candelillas: no se alzan mucho en alto -de tierra. Tomado uno se toman muchos, porque acuden muchos adonde -ven como preso á uno; muertos y estrujados con las manos, y puestas -aquellas tripillas por el cuerpo, como hacian los indios, y más si -fuesen pegadas sobre vestidos, queda todo el cuerpo reluciente como -luz esparcida, puesto que dura poco, pero siempre dura cuando vivos; -háylos muchos en toda esta Isla, pero no tantos ni tan grandes ni -tan lucientes como en esta provincia. Creo que se distingue de esta -de Baynoa otra que se dice de Guahaba, la tierra más dentro, y porque -es toda una tierra y toda de una manera felice, no hay que decir más -della que de la precedente, sino que sea una, que sean dos, me parece -que ternán de luengo 25 ó 30 leguas; la anchura, á mi parecer, será -de 12 á 15. Despues desta se sigue la provincia del Marien, siguiendo -la costa de la mar del Norte; aquí viene á parar y acabarse la Vega -Real, de que adelante haremos, placiendo á Dios, larga mencion. Aquí es -donde llegó el Almirante cuando perdió la nao el primer viaje, donde -rescibió del Rey de esta provincia Guacanagarí é de sus gentes tan -señalado y benévolo acogimiento y hospedaje que fué maravilla; aquí -tambien dejó los 39 cristianos, que llamó el puerto y la villa de la -Navidad. Esta provincia del Marien ocupa un buen pedazo de la Vega -Real, y la tierra desde las sierras, aguas vertientes á la mar, puesto -que no miré en los tiempos pasados qué tanto se extendia el señorío -del rey Guacanagarí; sé que habia por allí muchos señores y caciques, -aunque no supe si aquellos le obedecian, y creo que sí; paréceme que se -extendia el señorío hasta 15 ó más leguas, y si sobia las sierras en -lo alto podrian ser hasta otras tantas. De aquellas sierras descienden -muy graciosos y alegres rios; es fertilísima y alegre, tiene muchas -campiñas, muchos y diversos rincones que entran como valles entre -las sierras; estaban todos poblados, y de poblarse cada uno es muy -digno; puédense hacer tambien muchos ingenios de azúcar y otras muchas -granjerías, señaladamente los ganados vacunos son aquí, en grosura, -grandeza y sebo, áun sobre los desta isla, excesivos. Tiene sierras y -minas en ellas de muy fino cobre, del cual se sacaba por cada libra un -peso de oro; en otra parte se dirá cuando se quiso sacar de propósito y -se dejó por los gastos que se hacian, y porque hallaron ser más barato -entónces andar tras el oro, despues sucedieron tiempos y mudanzas por -las cuales esta granjería se olvidó del todo. Con todos los bienes y -fertilidad que esta provincia tiene, abunda de una poco ménos que plaga -más que otra, y es de muchos mosquitos de los que los indios llamaban -xoxenes, que son tan chiquitos que apénas con buenos ojos, estando -comiendo la mano y metiendo un ahijon que parece aguja recien quitada -del fuego, se ven; están comunmente por toda la ribera de la mar y -por la tierra cercana á ella desta Isla, por la mayor parte, donde es -la arena muy blanca, pero ninguno hay destos la tierra dentro; para -defenderse dellos hay buen remedio, y es tener escombrado de árboles -y de yerba el pueblo, y los aposentos para dormir algo oscuros, y lo -mejor de todo es tener unos pabelloncitos que se hacen con 12 ó 15 -varas de angeo ó lienzo ó de algodon para que ni en poco ni en mucho -impidan el sueño; entre dia poca pena dan en los pueblos escombrados, -como dije, segun parece, porque en esta provincia está hoy y ha estado -asentada una villa de españoles más ha de 47 años, y dura, como dije, -hasta hoy, sin pena ninguna. Entre dia vientan comunmente las brisas -que bañan y refrescan toda esta Isla, y con el viento ningun mosquito -puede parar. Despues desta provincia del Marien se continúa la que -llamábamos en aquellos tiempos el Macorix de abajo, dentro de la cual -se contiene Monte-Christi; es tambien parte de la Vega Real y toma la -costa de la mar, y, porque es parte de la Vega Real, de encarecer su -bondad y lindeza no hay necesidad, pues adelante, cuando se refirieren -las maravillas desta Vega Real, se parecerá. Sale al Monte-Christi el -gran rio Yaqui, donde, por unas isletas que allí junto hay, se hace -aquel puerto, en uno de los cuales se hace ó cuaja alguna sal. Despues -deste Monte-Christi está otra provincia, que dura más de 20 leguas -y áun 25, aguas vertientes á la mar, de una sierra ó cordillera de -sierra que ha nacimiento del mismo Monte-Christi, que es una de las que -hacen la Vega Real; el nombre que tenía puesto por los indios no miré -preguntallo cuando pudiera muy bien sabello dellos, y áun en tiempo -que yo habia ya comenzado á escrebir esta Historia, y así quedó esto -como otras muchas cosas por mi inadvertencia. Entra en ésta el puerto -de la Isabela, donde el Almirante asentó, cuando vino á poblar, la -primera poblacion; entra tambien el puerto de Martin Alonso y el puerto -de Plata. La lindeza, hermosura y fertilidad de esta provincia, el -Almirante la encareció mucho cuando la descubrió, y mucho más despues -cuando la pobló, que no se hartaba de dar gracias á Dios por haberle -deparado tan gracioso y hermoso lugar para el primer pueblo, y esto -repitió á los Reyes en algunas cartas de las que en otro lugar habemos -referido. Esta provincia dura, por el ancho della, hasta encumbrar la -sierra dicha de donde se señorea la Vega Real; es toda tierra muy linda -y muy fresca todo el año, sin cuasi calor, mayormente lo que participa -de cerros y sierras no muy altas; es abierta, rasa, descuélganse de los -cerros y sierras muchos rios y arroyos muy graciosos y frescos; grana -la mostaza y los rábanos y otras semillas, lo que por muchos años no -se ha visto en muchas partes de esta isla. Tiene una vega de más de -15 leguas, hermosísima; de ancho tiene dos y tres y cuatro, entre dos -sierras, la una cubre la gran Vega y la otra la mar; pasa un rio por -ella, caudal, que lleva harta agua, que se llama, en lenguaje de los -indios, Bahabonico, que tiene grandes pesquerías de muy buenas lizas, -y éste es el que sale á la Isabela, el pueblo primero que digimos que -hizo cuando volvió á poblar el Almirante: otros dos ó tres pequeños -entran en ella. Pacen en la dicha vega, y beben en el dicho rio, más -de 20 y de 30.000 vacas y otras bestias caballares y de carga. A tres -leguas desta vega, al cabo, al Poniente, está el puerto de Plata, y -junto á él la villa que así se llama, y encima della, en un cerro, -hay un Monasterio de la Orden de Santo Domingo, donde se comenzó á -escrebir esta Historia el año de 1527; acabarse ha cuando y donde la -voluntad de Dios lo tenga ordenado. Dentro del sitio deste Monasterio -hice yo mismo sembrar trigo en cantidad, y sembráronse tres hazas, el -cual cresció y espigó tan perfectamente, que todos se maravillaban, -y la gente de las naos que venian de Castilla y pasaban por estas -partes lo venian á ver como á cosa señalada, pero porque se sembró -por Octubre como en Castilla, creyendo que acertábamos, llovió ántes -que del todo se secase, por lo cual se añubló y perdióse lo más, pero -todavía sacamos algun poco dello muy bueno; y molido en un almirez y -cernido por un paño y cocido en un tiesto, al fin se comieron tres muy -buenos panes; hiciéronse tambien muy buenas hostias, con las cuales se -dijeron misas y comulgaron otros algunos frailes, y tambien celebraron -los clérigos de la iglesia del pueblo con las hostias de la misma masa, -y todo esto fué dia del Espíritu Santo. No hobo duda alguna que si se -sembrara por Junio ó por Julio, cuando comunmente son en esta tierra -las aguas, que viniera á cogerse muy bueno por Navidad, porque por -aquel tiempo se seca y agosta la yerba por mucha parte deste orbe, como -adelante parecerá. El Almirante dice á los Reyes en una carta estas -palabras: «Dijeron que la tierra de la Isabela, adonde es el asiento, -que era muy mala é que no daba trigo, y yo lo cogí y se comió el pan -dello, y es la más fermosa que se pueda cudiciar, etc.»; esto dijo el -Almirante, y dijo verdad cuanto á la tierra ser hermosísima, y tambien -lo debió de decir cuanto á haber sembrado y comido pan. La sierra -que llamó el Almirante el Monte de Plata está tres ó cuatro tiros de -ballesta del pueblo, es altísima, y, como sea tan alta, está casi -siempre cierta neblina encima de la cumbre della que la hace plateada, -por lo cual el Almirante la llamó Monte de Plata; toda ella tiene -arboledas muy hermosas, pero muy raras, y por esto la hermosean más. -En lo más alto de la cumbre, decian los indios que hay una laguna de -agua dulce; quisimos un dia ir á verla, y subiendo muy gran parte de la -sierra hallámosla muy más alta de lo que de abajo parecia, y creyendo -que nos faltaria el dia nos tornamos á bajar no muy descansados; á -media legua y á una legua están dos ingenios de azúcar poderosos, y -otro de los menores. - - - - -CAPÍTULO III. - - -Pasado este monte ó sierra de Plata, síguese dél la cordillera de -sierras, altísimas como él, hácia el Oriente, y luégo está la provincia -de Cubao, que es el Macorix de arriba, que así lo llamamos á diferencia -del de abajo. Macorix quiere decir como lenguaje extraño, cuasi -bárbaro, porque eran estas lenguas diversas entre sí y diferentes de -la general desta isla. Esta provincia de Cubao terná 15 ó 20 leguas de -luengo y 8 ó 10 de ancho; de una parte, hácia la mar, se descuelgan -muchos arroyos y rios; de la otra parte va á la cordillera de las -sierras que vierten sus aguas en la grande y Real Vega. En estas 8 ó -10 leguas de ancho de esta provincia de Cubao son infinitos los rios y -arroyos, sin los que están dichos de las dos sierras ó cordilleras, que -caen y hacen riberas muy fértiles, aunque angostas y estrechas, para -las labranzas de los indios, dentro de las cuales hay, agora que están -despobladas de indios, grandes manadas y cercados de yeguas y caballos -y de otras bestias, puesto que todo esto está entre altísimas sierras, -y todas estas son vestidas y cubiertas de árboles muy altos. En estas -muy altas sierras se crian unos pajaritos de diversos colores, hermosos -á lo que tengo entendido por lo que se me ha dicho, pero yo no los he -visto sino oido y bien oido, los cuales cantan á tres voces cada uno -solo; digo que cantan por sí á tres voces, que, cierto, es cosa de -maravilla, no juntas todas tres voces, sino una tras otra diferentes y -consonas como tiple y tenor y contra, pero tan presto todas, tan claras -y dulces, que cuasi parecen tres juntas y tres subjetos ú órganos que -las producen. Cosa es que no se puede su dulce sonido encarecer, ni -dar bien á entender más de que es una música mucho dulce y deleitosa; -yo los he oido en aquellas muy altas sierras, y testifico que es cosa -para provocar á los hombres, que los oyesen, á dar muchas y magnificas -gracias á Dios. En oyéndolo la primera vez, para gozar de aquel canto, -luégo se ha de asentar el hombre, y con silencio pararse á oir, -porque en sintiendo cualquiera estruendo, luégo callan y por ventura -se esconden. Dije que habia entendido que estos pajaritos eran muy -pintados de muchos colores, porque me dijo quien mató uno con ballesta, -(uno muy pintado que era maravilla verlo, parezque por allí hablando, -que hablábamos, de la dulzura del canto dellos), que creia que debia -ser aquel; fácil cosa es de creer, que avecita en quien la bondad -divina puso tanta suavidad por objeto del sentido del oir tuviese -tambien concedido en sí con qué deleitara el sentido del ver. Adelante, -por esta cordillera de sierras hácia el Oriente, que hacen, como he -dicho, la gran Vega Real, se sigue la provincia de los Ciguayos, de -quien abajo en otros capítulos hablaremos largamente, y de las injustas -guerras que le hicieron los cristianos, cuyo Capitan fué el Adelantado. -Esta provincia es más larga y ancha, y más capaz, y fértil, y graciosa, -que la precedente de Cubao, cuya longura, segun yo creo, se extiende -más de 30 leguas, porque llega junto á las sierras de la provincia del -Macao por la tierra adentro, por la parte de la Vega Grande, y por la -mar hasta la provincia de Higuey; tiene muy lindas campiñas y riberas -de rios, en el anchor de ella, entre las sierras que hacen la dicha -gran Vega y las sierras que están junto á la mar, y creo que pertenece -á esta provincia de los Ciguayos el golfo que el Almirante llamó de -las Flechas. Pasada esta de los Ciguayos, viene luégo allí, por la -costa de la mar, la provincia grande de Higuey, dentro de la cual se -contiene todo lo que resta desta isla por aquel camino de la banda del -Norte, que fenece en el cabo del Angel ó del Engaño y puntas ó tierras -orientales, y dentro dellas se encuentran los pueblos, ó quizá es -provincia, de Samaná, la última sílaba aguda; torna la dicha provincia -de Higuey por la del Sur hasta cuasi 25 leguas ó 30 de Santo Domingo, y -así tiene de costa de mar más de 45 ó 50 leguas; por la tierra dentro -creo que tiene en lo que resta de contorno más de 30. La isla de la -Saona, que está pegada con esta cuasi dos leguas, como arriba en cierto -capítulo digimos, pertenece á esta provincia de Higuey; pertenece -tambien ó está muy cerca, la isleta que dicen de Santa Catalina. -Dentro tambien de esta provincia, se contiene la provincia que se dijo -de Cotubanamá, que está frontero de la Saona, de las cuales diremos -adelante, si place á Dios, muchas cosas nuevas; entran lo mismo los -pueblos del Macao, adonde van á fenecer, ó junto allí, la cordillera de -las sierras que hacen la Vega Grande. Esta provincia tiene dos partes, -la una de llanos y campiñas, que los indios llamaban çabanas, de yerba -muy hermosa, como parte y fin que son de la Vega Real y grande, y duran -10 y 12 leguas algunas dellas, con algunas manchas de arboledas; la -otra parte della es admirable desta manera: que al cabo de las çabanas -ó campiñas dichas, comienzan unas peñas cuasi cortadas ó tajadas, que -apénas se puede subir á gatas, asiéndose el hombre á las ramas que allí -hay, por ellas, y esta altura terná 50 y 100 estados, y en partes más; -todo lo de arriba, 10 y 15 y 20 leguas, es tan llano como una mesa muy -llana, y en algunas partes hay otras mesas de la misma manera sobre -aquellas; todas estas mesas son de peña muy llanas, pero levantan de -sí infinitas puntas como de diamantes, segun solemos proverbialmente -decir, tan espesas y duras que vamos por ellas como si fuéramos encima -de alesnas, y habemos de ir bien herrados de alpargates, porque zapatos -no se pueden traer por allí, porque no duran (sino cosa blanda que -asiente por aquellas puntas) cuatro ó cinco ó pocos más dias. Todas -estas duras y ásperas, aunque llanas, peñas ó lajas, son de la especie -y naturaleza de las piedras que hay mejores de que se hace cal; tienen -muchos hoyos de dos ó tres palmos de hondo, y en contorno otro tanto -y más, y en este hondo hay una tierra muy colorada ó bermeja como -almagra, esta tierra es de tanta virtud y fertilidad, que las cosas -que en ella se siembran de las labranzas de los indios (porque son -plantas de donde nacen las raíces de que hacen su pan), que si echan -en las otras tierras ó partes desta isla las dichas raíces tan gruesas -como la pierna ó el brazo, se hacen allí tan gruesas cuanto es todo el -hoyo, que partidas por medio tiene un indio, con llevar á cuestas la -mitad, no chica carga. Como si pusiéramos allí una simiente de nuestras -zanahorias serian tan gruesas como por la cinta es un hombre, lo mismo -si sembrásemos una pepita ó dos de melon, se harian los melones tan -gruesos que hinchan y ocupen todo ó cuasi todo el hoyo; y así se hacen -en la isleta de la Mona, de la cual diremos, si Dios quisiere, algo -más, porque es toda ella de aquellas mesas de peñas ó lajas y hoyos, -y en ellos la tierra colorada ó bermeja; y son aquellas mesas todas -tan peñas, que acaece andar dos y tres dias sin hallar tierra ni tanto -hoyo de ella donde pueda dormir tendido un hombre una noche. Todas -ellas están llenas de árboles y monte bajo; en medio de estos montes -hacian los indios sus pueblos, talados los árboles tanto cuanto era -menester quedar de raso para el tamaño del pueblo y cuatro calles en -cruz, (quedando el pueblo en medio), de 50 pasos en ancho y de luengo -un tiro de ballesta; estas calles hacian para pelear, á las cuales se -recogian los hombres de guerra cuando eran acometidos. Por esta parte -de esta provincia que decimos ser de peñas, no hay rio alguno, y no -carecen de aguas, que beban, excelentes; estas están en aljibes obrados -por la misma naturaleza, que en lengua de indios se llaman xagueyes; la -causa destos aljibes y aguas en ellos, es esta, conviene á saber, que -la otra parte desta provincia, que digimos que era de campos rasos y -campiñas ó çabanas graciosas, que son el cabo de la gran Vega, rescibe -en sí muchos arroyos y rios muy lindos y frescos, que descienden de -las sierras que digimos venir de la cordillera, que tiene su orígen -de Monte-Christi y va por la Isabela y puerto de Plata, y Cubao, y -los Ciguayos, y hace como he dicho la Vega, y al cabo va á fenecer á -las dichas çabanas y campiñas, y en llegando estos arroyos al medio -dellas, súmense todos por debajo de la tierra y van á salir grandes -ayuntamientos de aguas á los dichos aljibes ó xagueyes (que son unas -concavidades que la naturaleza hizo debajo de aquellas mesas y peñas), -al ménos á las más bajas, de las cuales las aguas que dellas llenas -sobran, van, finalmente, á vaciar en la mar. Diré aquí una cosa digna -de oir, que vide en aquella provincia, en la parte della que está en -derecho de la isla Saona, en la tierra y señorío de un Rey ó Señor que -se llamaba Cotubanamá, de quien en otro lugar se dirán cosas notables: -en este señorío y tierra, cuatro ó cinco leguas de la mar, está un -aljibe ó xaguey, cuasi media legua del pueblo donde residia el dicho -Señor ó Rey, el cual, segun nos parecia á los que íbamos por allí, -ternía media legua de ancho ó quizá en todo él, porque andando sobre -las mesas dichas y peñas, lo que nunca ántes en toda aquella tierra -habíamos sentido, sonaban unos pasos como si anduviéramos sobre un -hueco ó vacío tablado ó sobre una tolda de navío, tanto que íbamos no -con poco miedo; descubrimos el aljibe, llegamos, pues, donde tenía la -boca, que sería como tres ó cuatro palmos en cuadro, cuasi como una -escotilla del pañol, que llaman los marineros en las naos, parámonos -á mirar por ella, y estaba tan oscuro todo lo de abajo que parecia un -abismo; allí no nos faltó harta grima. Puesta diligencia en buscar unas -raíces que llamaban bejucos, que sirven de cuerdas, con un vaso de -barro sacamos el agua, la más dulce, delgada, fresca y fria y la más -sabrosa que podia ser vista; habia ocho brazas hasta llegar al agua -desde arriba, y queriendo experimentar la hondura, hallóse, finalmente, -que tenía 40 brazas de hondo, las 32 de salada y las ocho de dulce, -la cual, por su ligereza, es natural, como suele, estar encima: otros -muchos hay y hallamos muy someros, de muy buena agua, clara, dulce y -muy fria. Lo que creíamos de aquella salada era que, aunque estaba -léjos la mar, entraba por aquellas cavernas el agua salada della, y de -los rios que se sumian venia la dulce; y cierto, este xaguey era verlo -maravilla. Adonde se sumen los rios queda en seco tanto pescado, que -podria mantenerse por algun tiempo la gente de una villa. Por todas -las dichas mesas de lajas ó peñas, y entre ellas, se crian unas raíces -que no las hay en toda esta isla; estas raíces se llaman guayagas, y -hacen dellas el pan que comian por toda esta provincia los indios: las -raíces son como cebollas gruesas albarranas, las ramillas y hojas que -salen fuera de la tierra dellas, obra de dos ó tres palmos, parecen -algo como de palmitos de los que hay en el Andalucía, puesto que son -más angostas y más lisas y delicadas que las de los palmitos. Hácese -el pan de esta manera, conviene á saber, que en unas piedras ásperas -como rallos, las rallan como quien rallase un nabo ó zanahoria en un -rallo de los de Castilla, y sale luégo masa blanca, y hacen della unos -globos ó bollos redondos, tan grandes como una bola, los cuales ponen -al sol, y luégo pónense de color de unos salvados ó afrechos; están al -sol uno y dos y tres dias, y al cabo dellos se hinchen de gusanos como -si fuese carne podrida, y quedan eso mismo tan negros poco ménos como -una tizne, como un negro algo deslavado que tira á pardillo: despues -que ya están en esta dispusicion, negros y herviendo de gusanos tan -gordos como piñones, hacen unas tortillas dellos, que ya es masa cuanto -á la blancura y ser correosa como la de nuestro trigo, y en una como -cazuela de barro que tienen ya sobre unas piedras, y fuego debajo, -caliente, ponen sus tortillas, y desde un rato que están cociendo de -un lado las vuelven del otro, donde bullendo los gusanos con el calor -se frien y mueren y así se quedan allí fritos. Y este es el pan de -aquella tierra y provincia; y si se comiese ántes que se parase prieto -y no estuviese lleno ó con alguno ó muchos gusanos, los comedores -moririan. En la parte otra que digimos ser de llanos y campiñas, en -esta provincia, se hacen más que en otra parte de esta isla los mayores -y más gruesos puercos que pienso jamás haber visto; allí vide puercos -que habian sido domésticos, de la simiente traida de Castilla, que -se habian á los montes huido, que eran tan grandes que con un solo -cuarto iba tan cargado un valiente hombre indio, que cuasi daba pasos -para atras y al traves como si llevara dos quintales encima; cierto, -eran tan grandes los cuartos como de grandes terneras, las enjundias -de la manteca no eran creibles, porque, á lo que me puedo acordar, -creo, de una sola enjundia vide que se hinchieron dos botijas y más, -de á media arroba cada una, de las que vienen con aceite de Castilla. -Toda esta provincia, por la mayor parte, mayormente la de las dichas -mesas, es templada, y la otra de los llanos ó campiñas no tiene calor -excesivo. Entre la isleta de Saona y Santa Catalina sale un rio que me -parece llamarse Heuna; á la ribera dél se pobló una villa que se llama -Salvaleon, de donde procedió hacerse decirse há, si á Dios pluguiere. -En las sierras que vienen de donde se dijo y en esta provincia se -acaban, se ha cogido oro y buen oro, y creo que si á ello se diesen más -se cogeria, pero como despues que mataron los indios (de cuya muerte -y perdicion total ellos poco se dolian) no acordaban de sacarlo por -sus manos, por esta causa luégo cesó el sospiro de buscar y descubrir -minas. - - - - -CAPÍTULO IV. - - -Yendo por esta costa del Sur al Poniente, ocurre, luégo despues de -esta de Higuey, otra provincia que se llamaba Cayacoa ó Agueybana y -llega á Santo Domingo, que serán 30 leguas, la ribera de la mar; es -toda de peñas, cuasi de la naturaleza de las ya dichas, pero no á -mesas sino baja, y á un tiro de piedra, y no tanto la tierra adentro, -es todo campiñas y çabanas, que son el fin de la Vega con sus rios y -arroyos y florestas adornadas de toda hermosura, fertilidad y lindeza; -á las 15 leguas destas 30, ántes que lleguen á Santo Domingo, está un -pedazo desta provincia, donde sale á la mar un lindo rio que se llama -el Macorix, fertilísima tierra para el pan cazabí y para criar puercos -y otras muchas cosas de provision y mantenimientos. En todos estos -campos y çabanas no tienen número las vacas que hay, y las que cada dia -multiplican y crecen. Ocho y diez leguas de ancho, la tierra dentro de -Santo Domingo, y 15 de luengo de campiñas y rios grandes y florestas y -hermosura con fertilidad, es toda tierra beatísima y utilísima. Tres -leguas abajo deste puerto y rio de Santo Domingo sale un rio que se -llama, en lenguaje de los indios, Hayna; la ribera, agua y pescado -y alegría dél no puede ser encarecido. En 10 leguas y hasta 12 dél -están muchas estancias que llaman en nuestra Castilla cortijos, y en -ellas muchas haciendas de la tierra, huertas y granjerías; hay algunos -ingenios de azúcar entre ellas. Luégo, creo que á dos leguas, sale á la -mar el rio Nigua, no tan grande como Hayna precedente, cuya ribera está -bien avecindada de muchas y gruesas haciendas, y entre ellas algunos -poderosos ingenios. Sale otro poderoso rio, que se llama Niçao, de -allí tres leguas, donde hay tambien ingenios, y es tierra mucho buena, -y creo que por ella se halló metal de hierro. En las sierras donde -nace este rio Niçao, que son muy altas, en la cumbre más alta, se dijo -haber una laguna de agua, y que subieron ciertos cristianos y indios, -y que, con dificultad subida la sierra, vieron la laguna y oyeron tan -grandes ruidos y estruendos que quedaron espantados; debia por ventura -ser que el agua de aquella laguna se derrocaba por algunas peñas que -tenía dentro de sí que no se vian, como hemos visto en estas Indias -hacer ruidos grandes otras aguas. Queda, pues, Santo Domingo, llamando -la tierra que la atribuimos provincia con 30 leguas buenas de luengo -y áun 40 ó pocas ménos, aunque dejemos 10 de la provincia de Cayacoa -para la villa de Salvaleon, que está en la provincia de Higuey, puesto -que no las ha menester como arriba parece. Adelante desta hallaremos -la provincia de Açua, que tiene cerca de 30 leguas por la ribera de la -mar, y 10 ó 12, y á partes más, creo yo, de 15, por la tierra dentro; -no es toda muy fertil porque tiene gran pedazo de sierras ásperas y -comparadas á las comunmente de toda esta Isla son algo estériles, pero -tiene una vegueta donde hay una villa que se nombra de Açua, muy fresca -y muy fértil. Hay en esta provincia tres ó cuatro ingenios muy buenos; -uno dellos está en el rio de Ocoa, tres leguas ó cuatro ántes de Açua, -y otro en un arroyo que se llama Cepicepi, una ó dos leguas, y otro -junto al pueblo ó cerca dél. Otra provincia está delante desta, que se -llama de Baoruco, que tiene 25 ó 30 leguas de costa de mar y más de -20 dentro en la tierra; y ésta es toda muy altas y ásperas sierras, -grandes quebradas de arroyos, muchas montañas de arboledas, pero todas -las más fértiles para las labranzas de las del pan y lo demas que se -dá en esta Isla, y plenísima de puercos monteses de los traidos de -Castilla, que se han multiplicado y en número grande crecido; es muy -templada y fresca, sin calor alguno, y por consiguiente sanísima. En -esta provincia, y cuasi al principio della, está una sierra de sal, -que segun he oido tiene más de seis leguas; yo la he visto muchas -veces, puesto que no miré la longura ni anchura della. Y ésta parece -cosa maravillosa, y lo es, que sobre la sal, que es como peña, esté -obra de dos palmos de tierra, y aquella tierra produzca de sí raíces -y arboledas diversas, pero estériles, bajas y secas, y en última -dispusicion para quemarse en el fuego, porque es cuasi como tea. La -costa abajo, y por la tierra dentro, al descender de las sierras desta -provincia, se continúa otra que llamamos de Yaquimo, y ésta, puesto -que tiene montes y lomas, pero á partes, es más abierta y rasa que la -precedente y más fértil; es tierra de mucho algodon, y de las labranzas -del pan y cosas de bastimentos de los indios habia abundancia. No es -muy calurosa, ántes alcanza parte de templanza; tiene algunos buenos -valles y arroyos no grandes, y en ellos hay muchos árboles robles, y -hobo los años pasados, en tiempo del primer Almirante, mucho y buen -brasil, y se llevó á Castilla, y pensó que fuera perpetuo y de donde -los reyes de Castilla tuvieran mucha renta, segun en otra parte se -verá, pero en estos dias de agora y de muchos atras no veo que hay -dello memoria. Toda esta provincia está cuasi en una loma, y comenzó -ancha como la del Baoruco, de donde continuándose hobo principio, -pero váse ensangostando por el brazo desta Isla, que allí va angosto -de 12 ó 15 leguas, entre las dos mares, como arriba se dijo; bien -tiene largas 30 leguas esta provincia, y áun cerca de 40. A ésta se -junta la provincia de Haniguayagua, que comprende todo el resto, por -aquella parte, desta Isla; tendrá más de 25 leguas de largo y 12 ó 15 -de ancho. Desta provincia, dejados algunos pedazos de la costa del -Sur, cerca de la mar, donde hay algunos esteros y salitrales, que no -creo que serán más de cinco ó seis leguas, toda la demas es hermosa y -fertilísima tierra, y parte della cuasi como un pedazo de la Vega, de -çabanas, llanos ó campiñas, para todas las cosas que hay é se crian en -esta isla; es llana por la mayor parte y á partes rasa, como son las -çabanas dichas, y tiene muchas manchas de montes llanos ó florestas ó -arboledas: á partes tiene algunas no muy altas sierras, llenas de muy -altos árboles y espesos. Al cabo último desta provincia y punta de toda -esta Isla, que digimos arriba llamarse en el lenguaje de los indios -Guacayarima, que se mira con la punta oriental de la isla de Jamáica, -son todos los árboles ó los más, de grandes montes ó arboledas que allí -hay, de la fruta que los indios llamaban mameyes; esta fruta es en -olor y sabor fruta de reyes, y en color y á la vista no mucho ménos; -podremos dar alguna semejanza comparándola en algo á alguna de las de -Castilla, y ésta es á los melocotones, cuanto á la color y manera de la -carne dellos, solamente son los mameyes tan grandes como una bola con -que se juega á los bolos ó birlos ó muy poco ménos, y en esto de los -melocotones harto difieren. Tienen la color cuando están con su cáscara -como la cáscara del níspero, y será poco ménos gorda que la de una -granada; quitada aquella cáscara y raida un poco otra tez ó cascarilla -delgada, como blanquilla, que un poco es amarguilla, tiene luégo la -carne, como el melocoton, bien amarilla. Terná desta carne un dedo -de altos sobre los cuescos, y dentro cuatro dellos tan grandes como -buenos huevos de gallina, y de la manera de los duraznos cuanto á ser -ásperos; tiene de carne entre los cuatro cuescos, tanta, que poco ménos -hinchirá un escudilla, y con toda la que en el mamey hay restará poco -della para henchilla: el olor y sabor dellos cierto es tal, que ninguna -fruta se le iguala de todas cuantas habemos y comemos en Castilla. -No los hay estos mameyes ni los hobo de naturaleza nascidos en toda -esta Isla, sino en aquella punta nombrada, como digimos, Guacayarima; -trujeron algunos cuescos de allí los religiosos de San Francisco al -monasterio de San Francisco de esta ciudad de Santo Domingo y al que -tienen en la Vega, pusiéronlos y nacieron y hiciéronse grandes árboles -y dieron la fruta ó mameyes, pero degeneraron mucho de los de su -orígen y nascimiento porque no tienen más de un cuesco, al ménos los -que yo he visto, y así son muy menores que aquellos, cuasi como bolas -ó poco mayores de las de jugar á la sortija, y en el sabor y color, -cierto, mucho difieren, porque lo principal dellos es la carne que está -entre los cuatro cuescos. Es admirable en hermosura el árbol que los -produce y las hojas en color, y verdor, y forma de lindísima manera, -el árbol es muy alto y grueso, de muchas y grandes y chicas ramas, de -hojas densísimas ó espesas copado, adornado y cubierto; y esto es de -maravillar más, que, si lo contemplamos despacio, cuasi todas las ramas -grandes y chicas van subiendo hácia arriba en modo de cruz, las hojas -cuasi lo mismo, porque son de la forma de un corazon y tan anchas, por -lo más, como una grande palma de la mano y más, y que tenga en ancho -buenos seis y ocho dedos, es gruesa más que un canto de real, no floja -sino tiesta, muy lisa y de color verde algo escura; finalmente, árbol, -rama y hojas, son muy hermosas, fruta sabrosa, odorífera y nobilísima. -Es tierra, un buen pedazo de esta provincia, buena para vacas, pero -muy mejor en los montes llanos que dije para infinitos puercos, porque -hay unas palmas que tienen una cierta fruta de color de dátiles que -llamamos palmicha, que los puercos comen mucho y engordan mucho con -ella. Hobo infinitos puercos, agora no creo hay tantos por los perros -en gran número, que se han hecho monteses, que los destruyen y apocan y -ellos cada dia crecen. En esta provincia estuvo asentada una villa de -españoles á la ribera de la mar del Sur, frontero de las isletas que -cuasi en fin del capítulo primero digimos; llamóse Salvatierra de la -Çabana, tuvieron cargo los vecinos advenedizos de Castilla de consumir -los naturales señores y dueños de la tierra, y porque siempre, acabados -de matar los indios, los españoles se despueblan y van á buscar otra -guarida, por eso creo que no debe haber memoria della, como han hecho -en otras muchas partes destas Indias. Y esto baste para cumplir con la -vuelta primera de la descripcion que propusimos hacer desta Isla. - - - - -CAPÍTULO V. - - -Para comienzo de la segunda vuelta y descripcion de esta Isla, es -menester tornar donde comenzamos á describilla, esto es, á la provincia -de Guahaba y de Baynoa, á la cual se sigue por esta otra parte, ó mano -derecha, teniendo las espaldas al Norte, la provincia de Iguamuco; -esta es, y toda aquella tierra hasta la provincia de Xaraguá, la que -en fertilidad, hermosura, montes, çabanas ó campiñas, rios y arroyos, -aguas, aire, frescura, templanza, y el mismo cielo, sobrepuja todo -encarecimiento; es, en fin, para que la vida humana, si tanto bien -no le empeciese, pudiese gozar de un paraíso de deleites: en esta -provincia del Iguamuco sale un volcan de una sierra, que echa de -sí algunas veces humo. Síguese, á lo que pienso, otra por la mano -izquierda (digo pienso, porque esta sola no he visto aunque he estado -cerca de ella), que los indios llamaban Banique, la media sílaba breve, -que participa de los bienes mismos y calidades de la susodicha; ésta -tiene la cordillera de las sierras, que hacen la Gran Vega por la -mano derecha, teniendo las espaldas al Norte, como dije, á la mano -izquierda. Tornando, pues, á la mano derecha de estas dos provincias, -que nombré Iguamuco y Banique, ocurre la provincia que en lenguaje -de los indios se decia el Hátiey, la penúltima sílaba luenga, esta -es maravilla verla por su lindeza y amenidad, frescura y alegría, -fertilidad para todas las labranzas y frutas y cosas de esta tierra y -para muchas de las de Castilla; tiene muchas aguas de arroyos y rios -que descuelgan de las provincias de Guahaba y de Iguamuco, viene á dar -á ella tambien un gracioso y poderoso rio, mayor que el rio de Duero -junto con Pisuerga, el cual pasa por esta provincia algunas leguas -hasta dar en la mar, donde fenece, llámase Hatibonico en el lenguaje de -los indios: hácense unas salinas cerca de la boca dél. Puédese contar -con esta provincia del Hatiey lo que resta de todo aquel brazo desta -Isla de á mano derecha, teniendo las espaldas al Norte, que asemejé -como el dedo pulgar de la mano izquierda, cuanto del dicho brazo hay -por la mar del Sur, ántes que pasemos la punta ó cabo de San Nicolás, -que está en este brazo á la mar del Norte, y así parece que terná esta -provincia de Hátiey más de 20 ó 25 leguas de luengo; las que habrá de -ancho serán 15 ó más, segun sospecho. A ésta ocurre, por la ribera -de la mar, la provincia del Çahay; ésta, por la mar y por la parte -de la tierra, confina con la nobilísima provincia de Xaraguá, y como -participe de las pasadas y sea toda una tierra y de una manera, no hay -que decir ni encarecer de ella sino que es fértil y fructífera y muy -buena. Pero á ésta y á otras excede otra, la tierra más adentro desta, -viniendo todavía las espaldas al Norte como veníamos, y ésta es Baynoa, -otra sin la que primero que todas describimos en la primera vuelta; -ésta goza de todo el rio grande que nombramos Hatibonico ó de la mayor -parte dél, creo que más de 25 leguas; prosíguese á la del Hátiey el -rio arriba. Esta, por ambas á dos riberas del rio, es grande consuelo -verla y considerar su hermosura, disposicion, fertilidad, suavidad, -frescura da gozo y alegría; cuasi no se siente calor, frio no es de -hablar dél, es luégo temperatísima; tiene llanos por las dos riberas -del rio Hatibonico, tiene cerros, collados, valles, todos cubiertos -de yerba hermosísimos; los puercos que por ella se han criado son -infinitos. Entremos en la provincia de Xaraguá, que á las dichas se -sigue luégo, donde fué la corte (como diremos si Dios quisiere) de -toda esta Isla, ésta contiene en sí casi en redondo más de 40 leguas, -á mi parecer; por una parte tiene la vega de la Yaguana, que es cosa -hermosísima y deleitable y provechosa mucho para puercos, que han sido -innumerables los que allí han nascido, y tambien hay hoy muchas vacas -y ha habido. Esta llega hasta la mar y la ribera viene del Çahay, y -es el rincon y puerto, no buen puerto, deste golfo de Xaraguá, que -arriba digimos, y allí está poblada de españoles una villa. Hace esta -Vega la sierra grande, que por esta parte se hace grande, aquella, -digo, que dije ser loma, que desciende y se hace más baja de las -sierras de la provincia del Baoruco, en la cual loma ó lomas está la -provincia de Yaquimo, donde se cortaba el brasil, y está Norte-Sur, -por derecho, Yaquimo, desta Vega, justas 18 leguas, que es un grado -ménos media legua. Descienden desta alta sierra, que es todo lo más -della montuosa, algunos arroyos frescos, que proveen de abundante agua -toda la que la vega para hartar los hombres y animales ha menester. -Esta sierra va adelante junto á la mar, todo el brazo que digimos ser -el dedo con que señalamos de la mano izquierda, hasta el cabo desta -isla que llamamos del Tiburon y de la Guacayarima, donde hay la fruta -de los mameyes que tanto arriba encarecimos. Volviéndonos ocho leguas -atras, hácia el Oriente, de la ribera de la mar, fin desta Vega, estaba -la ciudad y corte de aquel rey Behechio y aquella reina Anacaona, su -hermana, de quien si place á Dios diremos. Este asiento desta ciudad y -corte del rey Behechio es tierra más enjuta que la que habemos dicho, -porque ménos húmida y por eso muy más sana; es muy llana, como una -gran campiña ó çabana, la yerba della es chequita y seca ó tostada -como la de Castilla; tiene á media legua delante de sí, hácia el Sur ó -Mediodía, la dicha sierra muy alta que va su camino al Baoruco, hácia -el Oriente, adonde se extiende y pára y regocija la vista. Desciende de -aquella frontera y alta sierra un muy hermoso rio, el cual se llamaba, -por la lengua de los indios, Camín, aguda la última sílaba; el agua -deste rio se solia decir la mejor y más delgada y más sana (puesto que -no es rio de oro) que la de todos los rios desta Isla, como quiera que -todos en comun excedan en sabor y delgadeza y bondad de agua y sanidad, -ó al ménos no sean inferiores de cuantos en estas partes puedan ser -referidos. Regábanse con el agua deste rio, sacada por acequias, todas -las labranzas de gran parte desta tierra, lo que no se hizo jamás (por -su gran fertilidad) en toda esta Isla; bien creo que ninguna cosa -de las de Castilla en esta tierra se pornía, así de plantas como de -pepitas y de cualquiera semilla, que no se hiciese muy buena y diese -los fructos que convernia, solamente dudo de los árboles ó frutales -que proceden de cuescos, porque hasta agora no se ha visto en esta -isla. En esta provincia, obra de una legua de la ciudad de Behechio, -Rey della, comienza una laguna de agua dulce al principio por los rios -que desaguan en ella, pero su principal orígen de la mar creemos que -viene; durará esta agua dulce y algo mezclada con la salada, de ancho -una y de largo tres leguas, donde hace la tierra una angostura y se -sangosta la laguna, y luégo entra en otra laguna ó lago muy grande, y -aquél va cerca de otras 15 leguas hácia el Oriente, el cual pertenece -á otra provincia y en ella diremos lo que de ambas á dos sentimos. Por -la vera de la sierra grande, que es las espaldas del Baoruco, vuelta la -cara al Oriente, vuelven los términos de la provincia de Xaraguá, creo -que por aquella parte 12 leguas, hasta una sierra muy alta que dura dos -leguas, que llamábamos el puerto de Careybana, porque á la descendida -del puerto estaba en un gran llano una grande poblacion, que se decia -por los indios Careybana. En esta provincia de Xaraguá, en el asiento y -ciudad del rey Behechio, despues de todo destruido, estuvo por algunos -años una villa de españoles poblada, que llamaron la Vera-Paz, no -porque la paz entró con ellos en ella, como se dirá placiendo á Dios, -y harto tambien dello arriba en algunos capítulos se ha dicho, la cual -no duró más, como otras muchas poblaciones que han hecho los españoles -en ésta y en las otras partes destas Indias, de cuanto quitaron las -vidas á los indios. La provincia que luégo se continúa despues desta -de Xaraguá es y se llama el Cayguaní, la última sílaba aguda; todo lo -más della consiste y se extiende por la ribera de la grande laguna. -Comienza de la gran poblacion que dije que se nombraba Careybana, que -está á la descendida del puerto, y va por la vera de la sierra que está -á las espaldas del Baoruco, dentro de la cual entra la sierra de la -sal y las poblaciones que allí habia, y llega á partir términos con la -provincia de Açua; bien tiene de circuito la tierra que he dicho más -de 30 leguas, pero lo que dello es de loar es la ribera de la laguna, -no toda, porque la banda del Baoruco y vera de la sierra que cae á la -parte del Sur ó del Austro, llega el agua della allí, que apénas puede -el hombre pasar, más de 10 leguas, sin mojarse, solamente la banda -del Norte es la fértil, y la tierra de por allí era muy fértil, donde -habia grandes poblaciones, como se dirá: por esta tierra hay cantidad -de yeso, lo que fuera de allí no he visto en esta Isla. La vecindad y -provecho que se sacaba desta laguna causó estar muy poblada toda esta -tierra, en especial la ribera della de la banda del Norte, como se -dijo, porque habia grandes pesquerías de muchos pescados de la mar; -y esto es cosa, cierto, de maravilla, que estando esta laguna, creo -que, no ménos que 10 leguas de la mar, que por los abismos, debajo de -tantas sierras como las del Baoruco, que están desta laguna al Sur -ó Mediodía, entre la mar tanto en la tierra y haga tan gran lago ó -laguna que tenga de longura 15, y de ancho buenas tres leguas. Que esta -agua sea y entre de la mar es manifiesto por esto: lo primero porque -es muy salada, lo segundo, porque tiene gran profundidad que no se -halla suelo, lo tercero, y esto es lo más eficaz, que se hallan en -ella tiburones y otros pescados grandes marinos que no se crian ni se -han visto en estas Indias sino en la mar. Algunos han creido que entra -la mar hácia esta laguna por la parte de Xaraguá, porque desde que -comienza la laguna dulce tiene tres leguas poco ménos de sí la mar, y -por estar más cerca juzgan que por allí debe entrar; pero no parece ser -así por estas razones: la una, porque como la mar sea tan profunda poco -hace al caso para poder impedir á la naturaleza que no entre la mar y -haga el dicho lago ó laguna por debajo de tres leguas de la tierra ó -de diez, ni que la tierra sea llana por su superficie ó que sobre ella -suban y haya grandes sierras, porque como la tierra que habitamos no -sea sino sierras ó montañas que suben desde el centro, harto mayores -que las que por la tierra en que vivimos vemos, segun aquello del Salmo -103, hablando de la tierra: _Qui fundasti terram super stabilitatem -suam, non inclinabitur in sæculum sæculi. Abyssus, sicut vestimentum, -amictus ejus, super montes stabunt aquæ._ El fundamento de la tierra es -el centro, del cual nunca se mudará. El abismo es el agua ó mar Océano, -que cubre y cerca la tierra como la vestidura del cuerpo humano. Y -así están las aguas de la mar sobre los montes que suben desde el -centro, como vemos que yendo en un navío, cuanto más nos apartamos de -tierra, tanto más honda se va haciendo la mar, y si echamos un plomo -en un cordel, que los marineros llaman sondava cuesta abajo, y está -esto bien claro, y por esto dice _super montes stabunt aquæ_. Así que, -como por los soterráños ó venas de la tierra entren las aguas de la -mar, y áun las aguas dulces de los rios, como en el _Ecclesiastes_ se -dice, poco puede hacer al caso que entre el agua en este lago estando -diez ó doce leguas ó tres de la mar, ni que tenga la tierra sierras -altas ó ásperas, ó que sea toda llana. La otra razon es porque la -primera laguna que decimos dulce ó cuasi dulce, que comienza junto -á Xaraguá, y que tiene tres leguas, que desagua en la grande, parece -por el angostura que tiene de la tierra al cabo, que otro tiempo -debia estar cerrada y distincta de la grande salada, y con el ímpetu -de aquella haberse rompido y así haberse una con otra mezclado, y la -que era dulce toda haberse hecho salobre ó salada. Y desto parece -otro muy claro argumento, porque tengo entendido de muchos años, y de -40 y 50 que lo platicábamos, y muchas veces que he pasado por ella, -atras en la primera laguna dulce ó poco salada, no se toman tiburones -ni otros pescados marinos sino en la grande salada, y así los indios -no se solian guardar ni quejar en la primera que los tiburones los -desgarraban, sino de la segunda entendia yo que temian y se quejaban. -Y así parece, que no por parte de las tres leguas y cerca de Xaraguá, -sino por las 10 ó 12 de hácia el Baoruco está el ojo ó ojos por donde -entra en este lago la mar. - - - - -CAPÍTULO VI. - - -Ya que habemos juntado esta provincia del Cayguaní con la del Baoruco, -y tambien con los términos de la de Açua, no queda más tierra que -descrebir por aquí; tornemos á la tercera vuelta, describiendo lo -íntimo de toda esta isla, con lo más gracioso, felice y rico della, -excepto la Vega. Tomemos, pues, desde las que arriba en la segunda -vuelta y en el capítulo 5.º nombramos provincias de Iguanuco y Banique, -á las cuales se sigue la gran provincia y rica de Cibao, que el -Almirante, oyéndola nombrar, creyó ser la de Cibanco, donde estimaba -que Salomon habia para el templo el oro llevado, y con esta opinion -creo que murió. Los indios, por su lenguaje, llamaban á esta provincia -Cibao, por la multitud de las piedras, porque ciba quiere decir piedra. -Toda esta provincia es sierras altísimas, todas de piedras peladas, -de las que en Castilla llamamos guijarros; no están comunmente las -piedras sueltas cada piedra por sí, sino juntas y pegadas, como si -lo estuviesen con argamasa; y todas las sierras están vestidas de -yerba cortita, como un palmo ó dos, en unas partes más crecida que -en otras, porque en algunas hay más tierra, aunque toda arenisca, y -más húmida ó ménos estéril que en otras. Están todas estas sierras -adornadas de muchos pinos y pinares, no espesos sino raros, por su -órden puestos, cuasi á la manera que en Castilla se ponen á mano los -olivares; son muy altos y muy gruesos y derechos para hacer dellos muy -lindos masteles para grandes naos, llenos de zumo para hacer dellos -infinita pez, no llevan fructo sino unas piñitas como en Castilla -los que llaman negrales. Comienzan desde las sierras de Niçao, que -digimos arriba estar ocho leguas de Santo Domingo, y pasan por las -minas viejas que arriba tocamos y diremos, placiendo á Dios, abajo, y -por toda aquella renglera de las sierras, y hinchen á esta provincia -de Cibao y pasan adelante, y segun creo hinchen y ocupan más de 70 -leguas grandes, y más de 25, y quizás 30 por partes, en ancho. El -riñon desta provincia y áun de toda la isla es en casi la cumbre de -toda esta tierra y de más fertilidad, porque el terruño es de barro -ó cuasi barro, y aquello está sin pinos, porque regla general es que -toda la tierra donde hay pinos es estéril. No me acuerdo qué tanto -durará de ancho y largo esta cumbre, porque há más de 50 años que -estuve en ella; llámase Haytí, la última sílaba aguda, de la cual se -denominó y llamó toda esta isla, y así la nombraban todas las gentes -de las islas comarcanas. En ella y por ella hace mediano frio, y es -menester hasta que encumbra el sol algun fuego, pero no es tanto que el -agua se hiele; hay por ella zarzamoras como las de Castilla, y nueces -naturales, pero tienen mucha madera y poca médula ó meollo, por lo -cual no son de provecho. Por esta tierra granan las cosas que granan -en Castilla, que proceden de semillas, en especial se hacen muy buenos -nabos, y créese que se harian maravillosas viñas. Toda esta provincia -de Cibao es bien fresca, sin algun calor ni que cause pena el frio; -es toda ella hermosa, graciosa, alegre, y más que otra sanísima; la -causa es la enjutez de la tierra, y ser toda de sierras descubiertas -altísimas, exenta de toda humidad y que la baña el sol en saliendo por -todo el dia, y los aires templados continuos y muy sanos que son las -ordinarias y continuas brisas. Los rios y arroyos que desta provincia -de Cibao salen son los más graciosos, lindos, frescos y de las más -suaves y delgadas aguas que creo haber en el mundo, y estos son sin -número infinitos; los principales que de millares de arroyos se hacen -son los siguientes, todos por mis ojos vistos: uno se llama Xagua, -otro Guaba, otro Guanahumá, la última luenga, otro Baho, la última -breve, otro Yaqui, la misma breve, otro Xanique, la media breve, otro -Agmina, la misma breve, otro Maho, otro Paramaho, la penúltima luenga, -otro Guayobín, la última aguda, todos nombres del lenguaje de los -indios; los cinco primeros, cada uno por sí, é con ellos Maho, que es -octavo, son tan grandes, cuando ménos agua llevan, como por Córdoba -Guadalquivir; el sétimo poco ménos, el sexto y el noveno algo más -ménos, pero lindísimos y graciosísimos, y todos presurosos, corrientes -y rapidísimos, en especial Baho, Agmina y Guayobín. Los primeros cuatro -entran en el rio Yaqui, ántes que salga de las sierras; despues, -adelante por la gran Vega, recibe en sí todos los otros rios, donde -pierden todos sus nombres, y sólo queda Yaqui con el suyo hasta que -sale á la mar junto al Monte-Christi, y aunque lleva inmensa cantidad -de agua, cuasi siempre, sino es por el tiempo de las aguas lluvias, -todo él se vadea. Estos rios y arroyos, en muchas y diversas partes -de la tierra que ocupan, hacen muchas veguetas y hoyas graciosísimas -y deleitables, que no parecen sino pintadas en un paño de Flandes. -Todos estos rios y todos los desta isla están de pescados plenísimos, -y por la mayor parte los pescados dellos son lizas de las de Castilla, -pero muy mejores y más gruesas y sabrosas y en tamaño mayores, y la -semejanza tienen, en la escama, con los albures de Sevilla; hay otros -que llaman guabinas, la media sílaba breve, las cuales tienen cuasi el -parecer de truchas, en la escama, especialmente cuanto á las pinturas, -puesto que son las pinturas ó manchitas negrecitas y el pescado dellas -muy blanco, es sanísimo y delicatísimo pescado que se puede y suele dar -á los enfermos como si fuesen pollos. Otros, que se llaman dahaos, la -media luenga, son pequeños como pequeños albures, ménos que un jeme, y -tienen los huevos tan grandes y mayores que los de los sábalos, y esto -es lo principal que tienen de comida, porque lo otro todo tiene poca -sustancia. Hay tambien otros que se llamaban çages, pequeños pero muy -sabrosos, cuasi del tamaño y escama que albures chiquitos. Hay asimismo -los que llamaban los indios diahacas, la media luenga, éstas son como -mojarras de Castilla, difieren algo de mojarras en tener las escamas -prietecitas, y las mojarras son todas muy blancas; estos pescados son -tambien sabrosos y muy sanos. Hay anguilas grandes y chicas, pero son -tan dulces de comer que causan á algunos náusea ó mal estómago; hay -lagostines, que son camarones muy grandes, muy buenos de comer aunque -duros, de la manera de los de España. Estas seis especies de pescados -de escama son, y no más, los que se hallan y hay en abundancia en los -rios desta isla; en los arroyos pequeños hay unos pececitos chiquitos -que en Castilla llaman pece-rey y los indios tetí, la última aguda; -son sanísimos. Hay en ellos tambien hycoteas que son galápagos de los -arroyos de Castilla, puesto que estas hycoteas son muy más limpias -y más sanas que aquellos, segun creo, porque no son tan limosas ni -tan amigas de lodo y tierra, porque andan más por el agua que los -galápagos; verdad es que tenian por opinion los indios desta Isla que -las hycoteas eran madres de las bubas, y así á mí muchas y algunas -veces me lo dijeron, por esta causa nunca jamás las quise comer, puesto -que muchos las comian y nunca tuvieron bubas. Hay en los arroyos -tambien unos cangrejos, que sus cuevas tienen dentro del agua, que los -indios llamaban xaybas; estos cangrejos ó xaybas tienen dentro, en el -vaso ó caparacho, ciertos huevos ó cierto caldo que parece cosa guisada -con azafran y especias, y así tiene el color y el olor y el sabor de -especias, mayormente cuando están llenas, que es con la luna nueva, -porque entónces están sazonadas; hánse de comer asadas porque cocidas -irse hia el caldo y no serian tan buenas. Tornando á nuestra provincia -de Cibao, el oro que se ha sacado della no puede ser encarecido, y áun -tambien el que hoy en ella hay, sino que despues de haber muerto todos -los indios no se dan á buscarlo por inmensidad de arroyos y quebradas -y rios que por toda ella están, porque quien alcanza 10 ó 20 negros -más los quiere ocupar en otras granjerías que tiene más ciertas y con -menores trabajos, que andar con ellos buscando minas que suelen salir -muchas veces inciertas. Es muy fino en quilates todo el oro desta -provincia, y el más fino que otro de todas las partes destas Indias, -excepto lo de Carabaya, en el Perú, que dicen ser tan fino y más; -tambien hobo en la isla de Cuba en la provincia de Xagua oro fino, -poco ménos fino, pero yo digo que á mi parecer poco ha debido haber -en estas Indias que se iguale y ninguno que pase á lo de Cibao. Hay -en esta provincia de Cibao, al principio que á ella suben, dos leguas -pasado el rio de Yaqui, y siete de la ciudad de la Concepcion, que está -en el comedio de la Vega, como se dirá, una cuesta ó sierra pelada no -muy alta, harto seca y pedregosa, de la cual salen tres arroyos como -los tres dedos del medio salen de la mano, los cuales están secos sin -agua lo más del año; el uno llamaron los indios Buenicún, al cual -llamaron los españoles rio Seco, el segundo se llamaba por los indios -Coactinucum; el tercero Cybú, todos tres la última sílaba aguda; no -hay cuarto de legua de travesía en todos tres, ó al ménos no hay media -legua. En media legua, desde el nascimiento de cada uno hácia abajo, -el oro que se ha dellos sacado, y mayormente del rio Seco, ha sido -inmenso; hánlos vuelto cien mil veces de abajo arriba la tierra, y -siempre sacan oro poco que mucho, y, cierto, cada dia se cria, segun -la experiencia nos muestra, y dejando holgar por algunos años aquella -misma tierra tornaria á dar, como ha dado por tiempos, muchas riquezas. -Háse cogido tambien oro en otro arroyo que está adelante del Cybú, que -es el postrero de los tres dichos, yendo la cara al Norte, media legua, -que se llamaba Dicayagua; háse sacado tambien infinito en los rios -susodichos Yaqui, Xanique, Agmina, Maho y Paramaho, y adelante donde se -dicen los arroyos. Adelante desto, ántes, creo que, doce ó nueve leguas -de la villa de Puerto Real, en un arroyo que se llamó Guahaba y en la -tierra y cuestas de por allí, que es toda una sierra con la de Cibao, -mayormente en unas minas que se llamaron la Cienaga, fué mucho el oro -que en ella se cogió; y acaeció allí que dos españoles tomaron las -minas juntas, guardados ciertos pasos, que segun las ordenanzas sobre -aquello hechas se debian á cada mina de guardar, llegando que llegaron -á coger y sacar el oro de los confines de cada mina, porque era cosa -rica, acordaron de echar una plomada para que ninguno de los dos -tomase más tierra de la que le pertenecia, y descendiendo la plomada -por derecho abajo dió por medio de una gran plasta de oro, y así la -partieron ambos á dos. Comunmente todo el oro, que en esta provincia -de Cibao habia y hay, es menudo como sal menuda, puesto que se han -sacado en algunos arroyos granitos como lentejas, y otros poco ménos y -otros poco más. Paréceme que tendrá esta provincia de Cibao 30 y áun 40 -leguas de longura y más de 20 en ancho. Y porque la fuerza del oro está -en todas las sierras, rios, y arroyos que miran al Oriente, las cuales -baña el sol en saliendo y todas las aguas se vierten al mismo sol, y -lo mismo es en las minas viejas y nuevas que están desta ciudad de -Santo Domingo ocho leguas; y de la otra parte de éstas sierras, aguas -vertientes al Poniente, no se ha hallado algun oro, por manera, que -parece que las influencias del sol tienen más eficacia en las tierras -que están hácia donde nascen que las de adonde se ponen; por esta causa -creo que en toda la cordillera de las sierras que comienza desde las -sierras del rio Niçao de la costa del Sur, las más descubiertas de -hácia el sol, hasta que acaban á la punta ó cabo de Guahaba que se -mira con la punta oriental de la isla de Cuba, y así dura la dicha -cordillera más de cien leguas, dentro de las cuales son infinitos los -rios y arroyos que hay, en toda, digo, la dicha cordillera y todos -los dichos rios y arroyos infinitos que en ella hay, que miran al sol -cuando nace, tienen oro, y ningun estimo, ó pocos, se hallarán que no -tengan oro poco que mucho. Desto es claro argumento y harto eficaz las -minas viejas que están continas á la dicha cordillera, y aquella va á -parar á éstas de Cibao, y de Cibao va siguiéndose hasta la provincia de -Guahaba, donde habemos dicho que se ha sacado mucha cantidad de oro. Y -porque el oro no se puede sacar de las minas sino es lavando la tierra -en agua, como abajo se dirá, y hay muchos lugares en las sierras y -quebradas donde suele estar el oro que están léjos del agua, por ende -infinitos lugares habrá y que tengan mucho oro, lo cual, empero, por la -falta del agua nunca se podrá sacar, sino fuesen tan ricas las minas en -los dichos lugares apartados del agua, que sufriesen la costa de llevar -la tierra á los rios ó arroyos léjos á lavar. - - - - -CAPÍTULO VII. - - -Complido con la provincia de Cibao, resta decir de otra, que con ella -se continúa por lo alto de las sierras á la mano derecha, teniendo -las espaldas al Norte, y esta es la Maguana, en la cual despues se -pobló una villa de españoles que llamaron San Juan de la Maguana. Esta -provincia, en sierras, y en rios, y en valles ó çabanas ó campiñas, -aunque no son muy grandes, es tierra bienaventurada; es muy fértil, es -muy templada, que cuasi ningun calor ni frio alguno es menester que -en ella se halle, sino es en las sierras muy altas que confinan con -Cibao, donde hay harto frescor, que ropas enforradas no harian mucho -daño. Es tierra mas enjuta que otras vegas que habemos dicho en lo -llano, y por esto es muy sana; granan aquí muchas cosas de semillas -sembradas, trigo se ha hecho, y yo lo he visto mucho bueno granado; -hay en ella ingenios de azúcar, la cual á toda la de ésta Isla hace, -en blancor y en dureza, y en las otras calidades, mucha ventaja. Pasa -un rio grande por ella, que se llama Yaqui, como el que arriba digimos -en el precedente capítulo, que tiene el mismo nombre, porque segun -decian los indios nascen de una misma fuente ambos; uno vierte las -aguas á la banda del Norte descendiendo de Cibao y pasa por la Vega -grande, y el otro va á parar á la costa del Sur por esta parte, como si -de propósito dijera la naturaleza que partia la Isla en dos partes, y -con una fuente sola queria regarlas, ó al ménos (porque no ha menester -regarse) adornarlas, produciendo de ella dos rios tan señalados, que el -uno adornase la Vega pequeña y el otro la Vega grande. Llamaban los -indios á la Vega grande Maguá, absolutamente la última sílaba aguda, -y á esta provincia decian con adicion, Maguana, cuasi la Vega menor. -Salen ambos á dos rios Yaquis á la mar, el uno del otro 150 leguas, -nasciendo, como dije, de una sierra y de una fuente en la provincia -de Cibao. Pasa despues del rio Yaqui dicho, por esta provincia, otro -mayor y más caudal que se llama Neyba, la primera sílaba luenga, el -cual queda con su nombre aunque estotro Yaqui se junta con él, y pierde -el suyo cuando entra en la mar; y esto es general en esta isla que -cuando los rios se juntan, puesto que corran por mucha tierra, siempre -los indios dejaban su nombre al más principal, ó por tener más oro, ó -llevar más ó mejor agua, ó más y mejor pescado, ó otra preeminencia -tal. Parte aquesta provincia de la Maguana términos con la de Xaraguá -y con la de Cayguani, y con la de Açua; lo que terná de longura y -anchura y en contorno, porque ha muchos años que estuve en ella y no -pensaba en la describir, no puedo bien acordarme para precisamente lo -decir; paréceme que terná más de 30 leguas de luengo y más de 20, y de -25 quizás, en ancho. Y porque para la cuarta vuelta nos reste sola la -gran Vega, y de toda esta isla, sin la Vega, no queda otra provincia -de que hablar sino la del Bonao y de lo que allí se sigue hasta la -provincia de Santo Domingo, tornemos á Cibao, y de allí á la mano -izquierda, hallaremos la dicha provincia del Bonao que de aquella va -continuada. Comienza, pues, la provincia del Bonao desde la descendida -de la sierra que hace y ataja la Vega de luengo y viene por su renglera -de Cibao, y así está el Bonao de la otra parte de la dicha sierra yendo -de Cibao por la Vega abajo, y la descendida es de un puerto muy alto; -comienza la subida por la parte de la Vega tres leguas de la ciudad de -la Concepcion por la Vega abajo. Este puerto es hermosísimo, lleno todo -de muy lindos pinos y de yerba deleitable, y es de la misma tierra y -dispusicion, y alegría, templanza y suavidad que la de la provincia de -Cibao, y si subimos por la parte del Bonao en este puerto á la cumbre -más alta, pasado un montecillo de un tiro de ballesta, de donde se -despeña un arroyo de muy linda agua, asomamos á ver la Vega, cuya vista -es tal que verdaderamente no parece sino que todos los sentidos tienen -presentes sus deleitables objectos y se abren y extienden y regocijan -las entrañas: véense más de 30 leguas como la palma de la mano. Este -puerto, de aquí adelante, se va abajando, desde á poco se acaba por -allí toda la renglera de las sierras que vienen de Guahaba, y entónces -se ensancha mucho la Vega grande. Así que, comienza, como dije, de la -descendida de este tan alto y hermoso puerto, la provincia del Bonao, y -luégo, descendido abajo, están dos arroyos de agua, y comienza una vega -desde allí de diez leguas grandes, y dos, y tres, y cuatro en ancho, -que no es ménos pintada toda ella y hermosa de yerba y de árboles -que una huerta ó vergel puesto á mano; pasan por ella algunos rios -señalados y muchos arroyos de muy sabrosas aguas. Destos es uno que le -nombran el rio de Mastre Pedro, un español, y pusiéronle aquel nombre -porque tuvo junto á este rio una hacienda ó granja, que por estas islas -llamamos estancia; este Mastre Pedro y á su hacienda en la ribera deste -rio, cognoscí yo algunos años. Es muy alegre rio, y trae siempre gran -ímpetu y vehemencia en el agua, viniendo por peñas, y trae infinitas -piedras grandes. Hay otro más adelante, yendo hácia Santo Domingo, que -se llama Yuna, la primera sílaba luenga, y así los indios lo llamaban; -este es gran rio y muy ahocinado, súbito y muy impetuoso, lo cual causa -que un año vaya por una parte de la madre y otro por otra, porque la -tiene muy ancha; desciende de altísimas sierras y muchas, que hacen -infinitas quebradas, y de muy cerca, y así han de estar sobre el aviso -los que por allí viven y pasan, que en pocas horas, si llueve, rescibe -en sí grande cantidad de aguas. Al cabo de esta vega sale otro rio -grande, que llamaban los indios Maymon, tambien muy deleitoso; no va -con tanto ímpetu como los dos dichos, pero cuando viene crecido es -peligroso por las grandes y muchas piedras que tiene, y como los demas -de muy delgada y suavísima agua. Estos son los tres principales, pero -entre ellos hay otros muchos arroyos grandes y de muy buenas aguas, -y donde se pueden hacer muchos ingenios de azúcar y otros artificios -que se suelen hacer de agua, de los cuales hay ya hechos algunos. Es -de tanta fertilidad esta provincia y vega del Bonao del pan y frutos -naturales desta tierra, que aunque toda esta Isla es de ellos abundante -y fructífera, pero ésta es sobre todas las provincias dichas, ó pocas -hay que le lleven ventaja, porque era sobre todas abundantísima y cuasi -como el alholí de toda la Isla. Aquí hizo edificar el Almirante viejo -una fortaleza, y despues se hizo una villa de españoles, que se llamó -la villa del Bonao, aunque fué como humo decreciendo como las otras, -por la causa que en otra parte, si Dios quisiere, se dirá. Está hoy -toda despoblada de hombres y llena de vacas, y naranjos, y guayabas -y otros frutales; tiene de longura, creo que 15 ó 20 leguas y otras -tantas de ancho, con un abismo de sierras altísimas, de las mayores -desta Isla, todas fresquísimas y de grandes arboledas y montañas, las -cuales son ramos, digo las sierras, de la hilera ó cordillera que viene -de Guahaba y pasa por la provincia de Cibao. Por la mano derecha de -esta provincia, teniendo todavía al Norte las espaldas, se sigue otra -grande, que nombraron los indios Maniey, la penúltima luenga, todo lo -más della de sierras muy altas, con algunos valles, llena de arroyos -y maravillosas aguas muy frescas, y muy fértil, y de los frutos de la -tierra naturales bien abundante; creo que hay ó hobo salinas en ella, -no de la mar, porque está en el riñon desta tierra, sino de las que -suele haber en Castilla, y tambien hay hartas en estas Indias, de pozo -ó pozas; y de ésta hablo así dudando, porque como está adentro como -arrinconada de la manera de las provincias Iguamuco y Xanique, no se -me ha ofrecido á estas tres llegar; de todas las susodichas, y las que -se dirán, tengo noticia por habellas visto por mis propios ojos todas -ó parte de cada una dellas, y de muchas lo más. Tornando á la mano -izquierda de la provincia del Bonao, yendo adelante, hay otra continua -que há por nombre Cotuy, la última aguda, de la manera y fertilidad -de las otras, puesto que no tiene las sierras y montes que las demas, -sino cerros con yerba y arboledas algunas, como ya está muy vecina de -la Vega grande y Real. Ha tenido muy ricas minas de oro y tiene algunas -hoy, con minas tambien de muy fino azul; en ella está hoy una villa -de españoles que se nombra el Cotuy. Dejadas las dos manos derecha é -izquierda, saliendo de la provincia del Bonao, camino derecho hácia -Santo Domingo, va el camino entre dos rengleras de altas sierras, de -parte de las de la mano diestra quedando la dicha provincia del Maniey, -y de las de la izquierda la del Cotuy, donde habrá de valle ancho -entre las dos rengleras, si no me he olvidado, cuatro ó cinco leguas; -comienzan luégo, desde el rio Maymon, que es el postrero de los tres -dichos grandes de la provincia del Bonao, los cerros que llaman las -Lomas del Bonao, que duran tres leguas de mal camino, por ser aquellos -cerros barriales de barro bermejo y pegajoso, y estar siempre sombrío -con muchos árboles y haber infinitos arroyos y aguas; de un lado y de -otro de las dichas Lomas, entre ellas y las rengleras de las sierras -que se han dicho, van dos valles con sus rios, que no parecen sino unos -vergeles muy graciosos pintados. Sálese luego, las tres leguas pasadas, -á otra provincia descombrada de çabanas ó vegas y rios y arroyos muy -hermosos, y especialmente á los principios del gracioso y fresquísimo -rio Hayna, en el cual entran muchos arroyos de oro, así de las minas -nuevas como de las viejas, el cual tiene una muy graciosa, alegre y -rica ribera que dura 10 leguas y más, desde donde comienzan en ella las -labranzas de los españoles hasta que entra en la mar. Tiene grandes -pesquerías de lizas y de otros pescados que de la mar entran al ménos -una legua ó dos de la boca, porque en lo de atras, por las muchas -haciendas y frecuencia de la gente y ganados, ó se huye ó se esconde -ó no se puede bien criar. Esta provincia llamábamos la provincia del -Arbol Gordo, y una villa que allí estaba donde agora está un ingenio -de azúcar, que hizo ó comenzó á hacer un licenciado Lebron, se llamó -la villa del Arbol Gordo; la causa de este nombre fué por un árbol que -habia allí cuasi frontero de donde agora está el dicho ingenio, junto -al rio, el cual era de tanta gordura, que ocho hombres, los brazos -tendidos, no pudieran cercallo. Luégo, de allí á dos leguas creo que -son, están las minas viejas, á la mano derecha del rio Hayna, teniendo -las espaldas, como queda dicho, al Norte, y éstas se llamaron, ó por el -Almirante ó por el Adelantado su hermano, de San Cristóbal. Llamámoslas -viejas por diferencia de las que despues se hallaron frontero destas -á la mano izquierda del dicho rio Hayna, que por ser halladas despues -se las puso por nombre las minas nuevas, de las unas á las otras habrá -legua y media; ambas á dos están ó son en ciertos arroyos y quebradas -que descienden al rio Hayna, y son unos muy hermosos y alegres cerros -rasos, cubiertos solamente de muy hermosa yerba. Destas minas viejas -y nuevas el oro que se ha sacado no tiene número ni cuento, y mucho -más de las nuevas, que de las viejas. Han sido grandes los granos y -gruesos que en las unas y en las otras han parecido, los que nunca en -lo poblado ó rico del mundo tales se han visto, y éstos mucho mayores -en las nuevas que en las viejas; entre otros muchos granos grandes de -oro fino se halló en las nuevas un monstruoso grano, nunca otro en -el universo ni visto ni oido á lo que se cree, ni tan grande ni tan -hermoso, dignísima joya para estar en la recámara real de Castilla -perpetuamente, cosa que viéndola fuera motivo para levantar y encender -los corazones de los hombres á referir inmensas y continas gracias al -Criador que tal hizo. Tenía tres palmos en redondo y cuatro dedos en -alto, pesaba 36 libras de oro, que son libra y media ménos que arroba -y media; valía 3.600 pesos ó castellanos de oro, de valor cada uno de -450 maravedises; juzgábase que ternía los 600 pesos de piedra por las -manchuelas que della tenía, puesto que el oro y ellas todo parecia oro; -yo lo vide y, cierto, era cosa digna de ser vista. El dia que se halló -se cortó y comió en él un lechon de puerco no muy chico; en otra parte -se dirá, placiendo á nuestro Señor, quién, y cómo y cuándo fué hallado, -con lo demas que tocare á estas minas. Al principio, y cuasi en medio -de estas minas viejas y nuevas, viniendo de Santo Domingo, la cara -hácia el Norte, al reves del camino que hasta agora hemos traido, se -edificó una villa sobre el rio Hayna, arriba dicho, puesto que, muertos -los indios, tambien como otras se despobló, y agora no hay sino unas -ventas en ella. Desde allí, pasados unos pocos de cerros, van grandes -dehesas, çabanas y campiñas, con muchos arroyos llenos de hatos de -vacas, ocho leguas, hasta Santo Domingo y la ribera de Hayna, á la mano -derecha, que es vellas alegría y maravilla; quedan á la mano izquierda -del mismo camino ciertas minas en unos arroyos, que se llamaron las -minas de los Arroyos, de donde se sacó los tiempos pasados mucho oro y -muy fino. Y con esto, á la vuelta tercera damos fin. - - - - -CAPÍTULO VIII. - - -Dicho queda en las tres vueltas de la descripcion desta Isla todo lo -que se me ha ofrecido referir, para poder dar noticia de las provincias -y disposicion de la tierra y puertos della; para la cuarta vuelta -quedó reservado el hablar de la grande y bienaventurada y Real Vega, -y como muchas particularidades, y en encarecida manera, se hayan -afirmado de la fertilidad y bondad de todas y tantas provincias como -hay en esta Isla y de su grandeza, no parece que puede haber ya más -vocablos, ni para relatar las condiciones y calidades desta Vega, ni -vehemencia para con encarecimiento las dar á entender. Esta Vega lo -primero tiene de longura de mar á mar (y va de Oriente á Poniente) 80 -grandes leguas, las cuales todas yo he andado por mis piés, comienza -desde la provincia de Higuey, sobre la de Samaná, de las cuales en el -capítulo 3.º hicimos mencion, que están á la parte del Sur desta Isla, -desde un pueblo grande de indios que llamaban Macao, la penúltima -luenga, despues se viene enderezando esta Vega y se pone de Oriente -á Poniente, como digimos; va á parar á la mar del Poniente y pasa la -provincia del Marien, digo pasa, puesto que la dicha provincia llega -hasta la mar, y comprende, como se dijo, el puerto de la Navidad. Su -anchura ó latitud tiene 12 y 15 leguas, y 7, y 6, y 4, y cuando llega á -estas cuatro, aquí estuvo y está asentada la ciudad de la Concepcion, -que tambien llaman la ciudad de la Vega, cabeza de obispado; y fué la -cabeza de toda la Isla los primeros años, pero despues de muertos los -indios fuese despoblando de españoles, y, por el trato y frecuencia -de los navíos al puerto de Santo Domingo, prevaleció la poblacion de -aquella ciudad, y así se hizo cabeza de la Isla, quedando la Concepcion -con hasta 10 ó 12 vecinos, aunque con su iglesia catedral. De aquí -se va la Vega, á veces, un poco sangostando, poco más de media ó una -legua, otras veces un poco ensanchando, hasta llegar á la provincia -del Marien, donde allí en la mar fenece y se sangosta hasta no quedar -sino una legua, ó quizá ménos, si bien me acuerdo. Hacen esta Vega -ó cércanla, desde que comienza hasta que se acaba, dos cordilleras -de altísimas y fertilísimas y graciosísimas sierras, de que ya hemos -hecho mencion, que la toman en medio, lo más alto dellas y todas -ellas fértil, fresco, gracioso, lleno de toda alegría; la una destas -sierras, de la parte del Sur, es la que habitaban los Ciguayos, y -otra parte della la gente de los Macoriges del Macorix de arriba, de -las cuales naciones hablaremos abajo, y arriba en el capítulo 3.º las -tocamos; y esta cordillera comienza desde la provincia de Higuey é de -la comarca del pueblo del Macao, y se acaba en el Monte-Christi, y, -á lo que yo creo, corre más de 100 leguas. Es toda esta sierra muy -fértil, tan fértil en las cumbres como en el medio y en el principio, -para labranzas y ganados, como si fuera campiña llana, y es llena de -grandes arboledas, y estaban de pueblos y gentes rebosantes. La otra -cordillera de sierras, que por respecto de la ya dicha y de la Vega, -está hácia la parte del Sur ó Mediodía, tiene su nascimiento de los -términos de la provincia de Açua, y prosíguese por las minas viejas, -y va por las minas de Cibao, y llega á la primera provincia que -describimos de Baynoa, y pónese sobre la mar, y de allí torna hasta -la punta de Guahaba, que así se solia decir el cabo de San Nicolás -que se mira con la punta primera y más oriental de la isla de Cuba; -bien creo que tiene aquesta cordillera de sierras más de 150 leguas -bien tiradas. A partes son estas sierras fértiles, como las otras sus -fronteras que hacen la Vega, y á partes es algo estéril, en especial -lo que comprende de la provincia de Cibao; digo estéril, no tanto que -no estuviesen todas muy pobladas, y encima de la más alta dellas no -pudiesen pacer hatos de ovejas y cabras, salvo las muy altas donde -fueron las minas muy señaladas, porque comunmente las tierras donde -hay metales suelen ser estériles y como quemadas, puesto que áun en -aquellas de Cibao hay infinitos valles y riberas de rios fértiles, -donde habia muchas labranzas y estaban de gentes muy pobladas. Lo que -desta sierra tan luenga la Vega alcanza será hasta 50 ó pocas más -leguas, que comienzan de la sierra ó puerto que dicen del Bonao, el -cual es una sierra alta que yendo de Santo Domingo á la Concepcion la -suben por la parte de la villa que solia haber del Bonao, y á la bajada -entran en la Vega, y de allí á donde se fundó la Concepcion hay tres -leguas, como en los capítulos de arriba hemos algunas veces hablado; -llega esta sierra, con la Vega, hasta en el puerto de la Navidad, -junto á la mar, donde la Vega se acaba y la sierra torna sobre la mano -izquierda, teniendo al Poniente la cara, y váse por la dicha provincia -de Baynoa á la de Guahaba. Por cualquiera parte destas dos sierras que -se asomen los hombres, mayormente por el dicho puerto del Bonao y por -la de la Isabela (donde primero pobló el Almirante, y viéndola por -allí la llamó la Vega Real, como se dirá en otro lugar), y por otras -partes, se parecen y descubren 20, 30 y 40 leguas á los que tienen la -vista larga, como quien estuviese en medio del Océano sobre una altura -muy alta. Creo cierto que otra vista tan graciosa y deleitable, y que -tanto refrigere y bañe de gozo y alegría las entrañas, en todo el orbe -no parece que pueda ser oida ni imaginada, porque toda esta Vega tan -grande, tan luenga y larga, es más llana que la palma de la mano, ántes -es más llana que una mesa de bisagras; está toda pintada de yerba, -la más hermosa que puede decirse, y odorífera, muy diferente de la -de España; píntanla de legua á legua, ó de dos á dos leguas, arroyos -graciosísimos que la atraviesan, cada uno de los cuales lleva por las -rengleras de sus ambas á dos riberas su lista ó ceja ó raya de árboles, -siempre verdes, tan bien puestos y ordenados como si fueran puestos á -mano, y que no ocupan poco más de 15 ó 20 pasos en cada parte. Y como -siempre esté esta Vega y toda esta Isla como están los campos y árboles -en España por el mes de Abril y Mayo, y la frescura de los continos -aires, el sonido de los rios y arroyos tan rápidos y corrientes, la -claridad de las dulcísimas aguas, con la verdura de las yerbas y -árboles, y llaneza ó llanura tan grande, visto todo junto y especulado -de tan alto, ¿quién no concederá ser el alegría, gozo, y consuelo, y -regocijo del que lo viere, inestimable y no comparable? Digo verdad, -que han sido muchas, y más que muchas que no las podria contar, las -veces que he mirado esta Vega desde las sierras y otras alturas, de -donde gran parte della se señoreaba, y considerándola con morosidad, -cada vez me hallaba tan nuevo y de verla me admiraba y regocijaba, como -si fuera la primera vez que la vide y la comencé á considerar. Tengo -por averiguado, que ningun hombre prudente y sabio que hobiese bien -visto y considerado la hermosura y alegría y amenidad y postura desta -Vega, no ternía por vano el viaje desde Castilla hasta acá, del que -siendo filósofo curioso ó cristiano devoto, solamente para verla, y -despues de vista y considerada se hobiese de tornar; el filósofo, para -ver y deleitarse de una hazaña y obra tan señalada en hermosura de la -naturaleza, y el cristiano para contemplar el poder y bondad de Dios, -que en este mundo visible cosa tan digna y hermosa y deleitable crió, -para en que viviesen tan poco tiempo de la vida los hombres, y por -ella subir en contemplacion qué tales serán los aposentos invisibles -del cielo, que tiene aparejados á los que tuvieren su fe y cumplieren -su voluntad, y coger dello motivo para resolvello todo en loores y -alabanzas del que lo ha todo criado. Pienso algunas veces, que si la -ignorancia gentílica ponia los Campos Elíseos comunmente en las islas -de Canaria, y allí las moradas de los bienaventurados que en esta -vida se habian ejercitado en la vida virtuosa, en especial secutado -justicia, por lo cual eran llamadas Fortunadas, y teniendo nueva dellas -acaso aquel gran Capitan romano, Sertorio, aunque contra Roma, le -tomó deseo de irse á vivir y descansar en ellas por una poquilla de -templanza que tienen (y áun la tierra dellas es harto seca y estéril, -y las sierras ásperas y peladas en las más partes), ¿qué sintieran los -antiguos, y qué escribieran desta felicísima Isla, en la cual hay diez -mil rincones, y en todo este orbe de las Indias cuentos de millares, -cada uno de los cuales difiere tanto, en bondad, amenidad, fertilidad -y templanza y felicidad, de la mejor de las islas de Canaria, como hay -diferencia del oro al hierro y podria afirmarse que mucho más? ¿Cuánto -con mayor razon se pusieran en esta Vega los Campos Elíseos, y Sertorio -la vivienda della cudiciara, la cual excede á estas Indias todas, y -siento que á toda la tierra del mundo sin alguna proporcion cuanta -pueda ser imaginada? - - - - -CAPÍTULO IX. - - -Prosiguiendo, pues, adelante, la relacion comenzada desta Vega, -tiene más, que toda la tierra della no es cualquiera, ni para que á -una parte sea fértil y á otra estéril ó seca, ó alguna cenagosa, y -á otra con otro daño y dificultad; no es así, ántes es toda enjuta, -toda fértil, toda en bondad igual, toda dignísima para producir de sí -frutos de cuantas plantas, cuantas semillas, cuantas cosas en ella y -en todas las partes della quisieren plantar y sembrar, y para haber -en ella 10 y 15 ciudades como Sevilla, muy mejor que en Lombardía. -Y puesto que algunas plantas y semillas luégo no se den bien por la -lozanía, grosura y fortaleza de la tierra y estar holgada, poniendo -empero diligencia é industria, y aguardando los tiempos y la sazon, -ninguna de las de España tengo por cierto que se dejara de dar. Así -fué y acaeció en la villa de Açua, que, ántes que hobiese cebollas, -un clérigo procuró de las sembrar, y muchas veces perdió la semilla, -no acertando con el dia ó el mes, ó con el viento, ó con el agua, ó -porque la tierra estaba holgada; cayó en sembrallas cada mes y en cada -tiempo, y por alguna de las dichas causas que cesó, acertó en las -sembrar, y hiciéronse tan hermosas y grandes como las de España, el -cual, sembrando 100.000 granitos de semilla de cebollas, tuvo de renta -por algunos dias 100.000 cuartos de á cuatro maravedís, porque á cuarto -las vendia, hasta que ejercitaron la granjería otros. Entran en esta -Vega, de ambas á dos cordilleras de las sierras dichas, sobre creo que -30 rios y arroyos que la pintan y adornan, y hermosean y refrescan con -sus nocturnos vahos ó aires suaves, con la frescura y suavidad de -las hermosísimas corrientes, rápidas, quebradas y delgadas aguas que -traen, cosa dignísima de maravillar. Nace un arroyo bien grande hácia -la sierra de Cibao, que los españoles por su hermosura nombraron rio -Verde, que corta por medio á la luenga la Vega, por la parte donde se -asentó la ciudad de la Concepcion, y va por ella cuatro ó cinco leguas -hasta que entra en el rio que luégo se dirá, que toda la fertilidad y -alegría que decirse puede parece comprehender; en cuya ribera, obra -de dos leguas, tuve labranzas de pan de la tierra, que valian cada -año más de 100.000 castellanos. En el capítulo 6.º queda dicho cuán -llenos y de cuántas especies de pescados suelen estar los principales -rios grandes que en esta Vega entran; son 14, los 10 que arriba en el -capítulo 6.º nombré, que fueron Xagua, Guahaba, Guanahuma, Bao, Yaqui, -Xanique, Agmina, Maho, Paramaho, Guayobin (los acentos destos allí se -declaran), el onceno se llamó Dahabon; todos estos once desaguan en -la mar del Norte. Otros tres, que son Camó, la última aguda, que pasa -una legua de la ciudad de la Concepcion, donde entra el rio Verde, que -poco ha dije, y el otro Yuna, que pasa por la provincia del Bonao, y -el otro Maymón, la última aguda, que tambien desciende por la dicha -provincia; estos desaguan en la mar del Sur. Estos tres, con otros -muchos arroyos grandes y de mucha agua, que por evitar largura no curo -de nombrar, y otros pequeños infinitos que estos en sí reciben, van á -parar y salir al golfo de mar que arriba en cierto capítulo digimos -llamarse de Samaná, la última aguda. Cuando Yuna allí llega, y á otra -provincia ántes de Samaná que se llamó Canabócoa, la penúltima luenga, -no se puede vadear, y todos los que con él se juntan pierden el nombre -y él queda con el suyo, y así lo llamaban por allí los indios, Yuna. -Hay grande copia de pescado destos rios juntos, en especial lizas muy -grandes y muy buenas en las dos dichas provincias Samaná y Canabocoa; -y el rio destos que más abunda en estas lizas es el rio Camó, la última -aguda, del cual, desde que nace, obra de dos leguas de la dicha ciudad -de la Vega ó Concepcion, solian pescar los indios, cuando eran vivos, -grande cantidad. Los 10 susodichos que van á parar al Norte rescibe -Yaqui en sí, quitando el nombre á todos, quedándose con el suyo, y -cierto es graciosísimo y hermoso rio, aunque á cada uno de los otros no -le falta frescura y hermosura, agua suavísima y disposicion de tierra -y arboledas, aires suaves y alegría; cuando están juntos, Yaqui ya no -se vadea. Van á salir en la mar, todos juntos con Yaqui, al puerto de -Monte-Christi, como arriba se ha dicho; los arroyos grandes y chicos -que en estos entran son infinitos. Algunas de las provincias desta Vega -están ya referidas en la primera vuelta, como la del Marien (y esto -viniendo del principio de donde comenzamos á contar las provincias), y -el Macorix, que nombramos, de abajo, y parte de la provincia de Higuey, -la sílaba de en medio luenga, que es el fin de toda la Vega, y está á -la costa del Sur, y que por ventura la podríamos aplicar al Macao, que -era una poblacion grande, la cual podria ser que fué cabeza de todo lo -que eran llanos y parte ó cabo de la dicha Vega Real, como digimos en -el capítulo 3.º, de manera que Higuey y Macao fuesen dos provincias; -y parece haber razon para esto, por la diferencia grande que hay en -grandeza y calidad, ser la de Higuey aquellas mesas de piedra ó peña, y -la del Macao muchas y grandes campiñas ó çabanas. A esta del Macao, que -es ya el cabo de la Vega como he dicho, se consigue la de Samaná, en la -misma Vega, y tiene un valle muy hermoso donde fué asentada una villa, -una legua de la mar, que se llamó Santa Cruz de Icaguá, la última -sílaba aguda, porque se debia llamar así el valle ó el pueblo de los -indios que allí estaba; á la de Samaná, la de Canabócoa, la penúltima -sílaba luenga, y paréceme que deben ser diversas provincias estas -dos. Esta provincia de Canabócoa era abundante de pan y pesquerías, -como está dicho. Las leguas que cada una tenía no puedo certificar, -porque ha muchos años (y son más de 50) que estuve en la de Canabócoa; -paréceme que las podemos atribuir á ambas, si son dos, 20 leguas y más -en torno. Entrando la Vega adentro, la cara hácia el Norte, porque las -dichas provincias de Samaná y Canabócoa están al Sur, no me acuerdo -que tuviese nombre otra provincia hasta llegar á la casa y pueblo -real del rey Guarionex, Señor desta Vega, que estaria de las dichas -provincias ó poblaciones 30 leguas, pocas ménos, y esto es donde se -puso la ciudad de la Concepcion como despues diremos; y pienso que -se debia llamar todo su estado deste rey Guarionex, Maguá, la última -sílaba aguda, cuasi por excelencia, como si dijeran reino de la Vega, -porque llamaban los indios, á esta Vega Maguá, en su lenguaje, como se -ha dicho. Hay en esta Isla, mayormente en esta Vega, aves infinitas, -los aires llenos dellas, naturales en ellas, como son palomas torcazas, -tórtolas, gorriones, pezpitas, garzas, ánades, ansares de paso muchas -por Navidad, y infinitos tordos negrillos, cuervos que dan gritos que -apénas se pueden oir los hombres donde ellos están; hay aves de rapiña, -como halcones muchos, no sé de qué especies, cernícalos, milanos, -inmensidad de papagayos verdes con algunas manchas coloradas. Y en -esta Isla son tres especies dellos, mayores y menores y muy chiquitos, -los mayores se llamaban por los indios higuacas, la sílaba de enmedio -luenga, y éstos difieren de los de las otras islas en que tienen sobre -el pico ó la frente blanco, no verde ni colorado; los de esta especie -que hay en la isla de Cuba tienen sobre el pico ó la frente colorado. -Estos higuacas son muy parleros, cuando les enseñan á hablar las -palabras humanas. La otra especie de los medianos son los que llamaban -xaxabis; son muy más verdes, y pocos tienen plumas coloradas; son muy -traviesos y inquietos, bullidores, muerden y aíranse más que otros; -nunca toman cosa de la habla humana por mucho que los enseñen, pero son -muy chirriadores y parladores en su parlar natural. Diez destos xaxabis -acometen á ciento de los higuacas y los desbaratan, y nunca en paz se -juntan éstos con aquéllos. Vuelan cada especie muchos juntos por sí, -y por donde quiera que pasan van todos, cada especie, voceando á su -manera, porque los higuacas tienen el sonido más entero y grueso, los -xaxabis más delgado y agudo, y aunque no hablan los xaxabis palabras -humanas, todavía, puestos en jaula, es placer vellos porque nunca -están quietos ni callando. La tercera especie es de unos chiquitos -como gorriones, verdes todos, y no me acuerdo que tengan alguna pluma -colorada; hay pocos dellos, y cuasi no suenan ni hacen bullicio alguno, -sólo por ser verdes y chiquitos parecen bien y son agradables. Hay lo -mismo ruiseñores que cantan dulcísimamente todo el año, de lo que el -Almirante se maravilló, y con razon, cuando los oyó cantar por Navidad, -como en otra parte será dicho. Hay los pajaritos que en el capítulo 3.º -digimos, que cantan á tres voces, y estos exceden á todas otras aves, -aunque sean calandrias y ruiseñores. Hay eso mismo unos pajaritos poco -más grandes que el dedo pulgar con algunas colorcitas hermositas, que -no vuelan más altos del suelo, de una lanza, y su volar es cerca de -arbolitos y florestillas bajas; de tal manera suenan y con el ronquido -hacen estruendo como si fuesen puercos grandes, y uno sólo que por -cerca del hombre suene no le parece sino que es algun puerco berraco. -Toda esta Isla es refrescada de los suavísimos aires ordinarios, que -son los que llaman los marineros terrales, conviene á saber, los vahos -y frescores fresquísimos que producen de sí los muchos rios y arroyos -y frescos valles. Estos refrescan las noches, y comienzan cuasi á las -diez de la noche y duran hasta las diez del dia, y de allí adelante -comienzan en los puertos de mar los templados y suaves aires que los -hombres de la mar llaman mareros ó embates, y estos duran tambien hasta -las diez de la noche, que ellos cesan y tornan á ventar los terrales; -pero en esta Vega, de las diez del dia en adelante, vientan las suaves -y sanísimas brisas ó cuasi vientos orientales y boreales, más recios -algo que los mareros, aunque suaves, y todos muy sanos naturalmente, -los cuales refrescan y alegran y consuelan todas las cosas vivas que -moran y habitan en esta Vega, por manera que ninguna cosa le falta para -ser felicísima y los verdaderos terrestres Campos Elíseos. - - - - -CAPÍTULO X. - - -Los mantenimientos que habia en esta Isla naturales fueron el pan de -raíces, de que abajo se dirá; cuanto á la carne, habia unos conejos -de hechura y cola propia de ratones, aunque poco ménos grandes que -conejos de los de Castilla, muy sabrosa y muy buena carne, y comunmente -vivian y criaban entre la yerba, y no en los montes, no en madrigueras -ni cuevas, sino en la superficie de la tierra, de los cuales habia -infinitos. Estos eran de cuatro especies; una se llamaba quemí, la -última sílaba aguda, y eran los mayores y más duros; la otra especie -era las que se llamaban hutias, la penúltima luenga; la tercera los -mohics, la misma sílaba luenga; la cuarta era como gazapitos, que -llamaban curics, la misma sílaba tambien luenga, los cuales eran muy -sanos y delicatísimos. Tenian unos perrillos chiquitos como los que -decimos de halda, mudos, que no ladraban sino gruñian, y estos no -servian sino para los comer. Tenian ratones chiquitos, y muy chiquitos, -que tambien comian, grandes como los de Castilla no los habia hasta -que nosotros vinimos, ó que salieron de los navíos en las cosas que -trajimos de allá ó se criaron del orin del hierro ó de la corrupcion -de nuestras cosas de Castilla, de los cuales hobo despues y hay hoy -harta abundancia. Cuando los indios vecinos desta isla querian cazar -muchos, ponian fuego á las çabanas ó yerbazales, y huyendo del fuego -los conejos iban á parar donde la gente los esperaba. Habia otra caza, -segun ellos muy preciada, y áun segun muchos de nuestros españoles -despues que la gustaron, y esta fué las que llamaron iguanas, propias -sierpes; es tan grande como un perrillo de halda, de la hechura de -un lagarto, pintada como él, pero no de color verde las pinturas ó -azafranadas, sino pardas que la afean más, tiene un cerro de espinas -desde la cabeza por el lomo hasta lo postrero de la cola, que la hace -más horrible y espantable; cuando la iban á tomar los indios, hacia y -hace un papo como las lagartijas, más grande ó tanto como una vejiga -de una gran ternera, y abre la boca y muestra los dientes como una -fiera sierpe, como lo es al parecer, pero no hace mal, y fácilmente -la prenden y atan y traen; la cola della es blanca como pechuga de -gallina. Dicen los españoles comunmente que no hay tan sabroso manjar, -pero yo nunca la he podido comer, áun en los tiempos primeros que en -esta Isla tuvimos necesidad; cómenla en viérnes por pescado, criándose -en la tierra y montes como los otros animales, no sé dónde lo hallaron -que fuese pescado. En esta Isla hay grandes y muchas culebras, todas -cuasi pardas, las cuales ni tienen ponzoña ni hacen mal; arremetia un -indio á ellas, y lo primero era echalle mano de la cabeza, y con los -dientes se la estrujaba, y la culebra se le revolvia al brazo, despues -de muerta la hacia rosca y ataba; este tambien era su manjar. Otras -culebras hay en los remansos de los rios, pero pocas, que son verdes, -las cuales creo que son ponzoñosas, puesto que la fama es que en esta -Isla ninguna cosa de ponzoña hay; éstas ni las comian ni las curaban de -matar. Tenía otro mantenimiento la gente de esta Isla, y este era la -abundancia del pescado; hacian muchas pesquerías, los que alcanzaban -la mar, en la mar con redes y anzuelos hechos de hueso, y los que no, -pescaban en los rios; los pescados de la mar eran lizas, de las que -arriba hemos dicho, xureles, parbos, róbalos, mojarras, y tambien -dorados, y este es pescado precioso, pero no se pesca sino muy dentro -en la mar; estos géneros de pescados son los mismos de Castilla; hay -cazones y otros excelentes pescados, y agujas y anguilas muy grandes, -y las que llaman morenas. Hay en la mar, y entran tambien en los rios, -unos peces de hechura de cazones ó al ménos todo el cuerpo, la cabeza -bota, y la boca en el derecho de la barriga, con muchos dientes, -que los indios llamaron tiburones, bestia bravísima y carnicera de -hombres; el mayor terná de luengo 10 ó 12 palmos, de gordo, por lo -más, poco ménos que un hombre; tranzan una pierna de hombre y áun de -un caballo dentro del agua; son muy golosos, con que cualquiera cebo -que pongan de carne ó pescado, en un anzuelo de cadena, luégo caen y -se toman. Historias hay de lo que tragan; cualquiera cosa que se eche -de los navíos á la mar, y aunque sea estiercol, lo engullen sin dejar -nada. Despues que los toman y abren el buche, se hallan dentro todas -las cosas que han tragado, y ha acaecido pedazos de botijas de barro -hallarse dentro del buche, y creo que yo he visto algo dello si no lo -he olvidado. Si una vez los prenden con el anzuelo, y al subir en el -navío, como es muy pesado, se desgarra, no por eso escarmienta, sino -que por su golosina, tornándole á echar cebo, tarde que temprano, si la -nao no anda mucho, es tomado; cómese como cazon bien harto y cubierto -de ajos, y con él hartas veces se mata en los navíos la hambre. Hay -infinitos crocodilos de los que se dice haber en el Nilo, que llamamos -impropiamente lagartos, pero no son sino crocodilos naturales; no -tienen la cabeza roma como los lagartos, sino muy salido el hocico de -la manera de los del puerco, y más de dos ó tres palmos; tiene cuatro -piés con sus uñas, y gran cantidad de dientes muy agudos que parece -poder tronzar una barra de hierro; muy más fiera y cruel bestia es -para comer hombres que los tiburones; llegan á tener 10 y 15 codos de -longura, y yo los he visto muy grandes. Tienen los machos su natura -para engendrar (puesto que no sé si usan de aquel instrumento para la -generacion), de la manera que la tienen los niños de cuatro y cinco -años, y toda la gordura de alrededor della es almizque verdadero, y lo -mismo es las agallas; es tan penetrativo aquel olor, aunque muy suave, -que pone hastío quitando la gana de comer; yo tengo al presente dello, -y ha más de 16 años que lo tengo y huele hoy tanto como si fuera ayer -cuando se sacara. Viven de noche en el agua, y de dia en la tierra; -puédense matar con anzuelo de cadena en el agua, con cebo, y cuando -están en tierra durmiendo con alguna ballesta dándoles por la barriga, -pero si le dan por encima, un arcabuz no lo matará por la dureza de -las conchas ó cuero que tiene. Es pecoso de manchillas amarillas como -azafranadas, y por eso se dice crocodilo, de _croco_, que quiere decir -azafran; uno solo se halló en esta Isla, en la punta del Tiburon, á -la mar del Sur. La abundancia dellos es en tierra firme, muchos hay -en la costa del Sur de la isla de Cuba, en un rio que se llama Caulo; -dícese que éste, entre todo los animales, mueve la quijada ó mejilla -de arriba. Hay en esta mar, en especial por estas islas, á la boca de -los rios, entre el agua salada y dulce, los que llamaban los indios -manatíes, la penúltima sílaba luenga: estos se mantienen de yerba, la -que nace en el agua dulce junto á las riberas. Son tan grandes como -grandes terneras, sin piés sino con sus aletas, con que nadan, y bien -tienen tanto y medio como una ternera; no es pescado de escama, sino -de cuero como el de las toninas ó atunes, ó como de ballenas; el que -lo comiese delante quien no supiese qué era, en Viérnes Santo, creeria -que comia propia carne, porque así lo parece; es muy más sabroso y -precioso que ternera, mayormente los que se toman pequeños, echados en -adobo como se suele comer la ternera. En todas las cosas que comian -estas gentes, cocidas, ó asadas ó crudas, echaban de la pimienta que -llamaban axí, la última sílaba aguda, la cual ya es en toda España -conocida; tiénese por especia sana, segun acá dicen nuestros médicos, -y la mejor señal es comella mucho los indios, porque esto es cierto, -que en no comer cosa que sea dañosa eran temperatísimos. Hay tres -especies de esta pimienta ó axí; la una grande, cuasi como un dedo, y -que llega á pararse muy colorado, y otra redonda, que parecen propias -cerezas, y esta especie quema más, y ambas las dichas son domésticas; -la tercera es menudita como la pimienta que conoscemos, y ésta es toda -silvestre que nasce sin sembralla en los montes. Y es aquí de saber, -que sólo aquello es lo que quema en esta pimienta ó axí, conviene á -saber, la simiente y unas listicas ó rayas ó cejas que hacen dentro -los apartamientos donde suele estar la simiente; todo lo de en medio, -que no toca á las dichas rayas ó granitos de simiente, dulce y suave -es. Tornando al pan, que llamaron los indios cazábi, la penúltima -luenga, este es el mejor pan que creo yo haber en el mundo despues del -de trigo, porque es muy sano y muy fácil de hacer, y pocas personas -y en pocos dias pueden aparejar cantidad para provision de mucha -gente, y sostiénese mucho tiempo; este defecto tiene, que para solo -no tiene sabor ni gusto, sino poco, pero con manjar que haga cocina -sabrosa, y tambien para con leche, muy mejor es que áun el de trigo. -Pónese, y críase, y cógese y amásase de la manera siguiente: Hacian -los indios unos montones de tierra, levantados una vara de medir y -que tenian en contorno 9 á 12 piés, el uno apartado del otro dos ó -tres piés, todos por su órden, rengleras de 1.000 y 2.000 y 10.000 de -luengo, y otros tantos de anchura, segun la cantidad que determinaban -poner; hechos los montones tomaban la planta, que son unas ramas tan -altas como un hombre, y como los sarmientos de las vides cuando están -tiernas y verdes con sus yemas, puesto que muy más gruesas y áun más -hermosas y más verdes oscuras que los sarmientos que digo de nuestras -viñas, y hacen pedazos dellas de á palmo ó poco más de palmo, y hincan -seis ó ocho ó nueve dellos, las yemas hácia arriba, en la corona de -cada monton, por su órden, apartados uno de otro, á la manera de un -alquerque con que entre nosotros se juega, con tres ó cuatro rengleras, -segun el monton es, dentro todo en la tierra, salvo dos ó tres dedos -que dejan fuera: la cual postura en tiempo que no llueve, sino que -en polvo esté la tierra, debe ser. Sobreviniendo despues las aguas, -prenden aquellos pedazos que de á palmo fueron puestos, y de cada yema -de las que quedaron fuera de la tierra se produce su ramilla, y éstas -van creciendo; y cuanto las ramas crecen y suben en alto por de fuera, -tanto se arraigan y crecen de dentro de la tierra las raíces, así en -grandeza, que será de dos y de tres palmos (de la hechura de zanahorias -aunque no de aquella color), como en gordura, que llega á ser gruesa -como una pierna, y á las veces como el muslo, y otras veces, segun la -fertilidad de la tierra, algo más. Luégo, como son presos aquellos -pedazos de planta, en las puntas dellos brotan las hojas, y creciendo -crecen ellas, y de las ramas principales nacen otras ramillas, y luégo -sus hojas encima de las puntas dellas; son las hojas como una mano -abierta y extendidos los dedos, es muy hermosa y verde oscura, con una -listilla que tira algo á coloradilla ó un poquillo bermejuela. Cuando -esta labranza es ya de cuatro ó cinco meses, que hace copa la hoja, -es tan hermosa de ver de léjos y de cerca, que ni nuestras viñas por -Mayo ni Junio, ni otra alguna huerta ni labranza puede parecer más -hermosa, mayormente cuando la labranza es grande que tiene 20 ó 30.000 -montones de luengo juntos y 5 ó 10.000 de ancho, porque ocupa gran -campo, sólo carecen de olor del que abundan las viñas en Castilla. -Despues de puestas estas plantas, hasta un entero año no están las -raíces, para hacer pan dellas, sazonadas, puesto que, á necesidad, -bien se podria hacer y comer; de un año en adelante puédense coger y -hacer pan, pero mejor despues de año y medio pasado, y mejor de dos, y -duran hasta tres, que pueden estar debajo de la tierra sin dañarse, -y así se va comiendo dellas. Despues de tres años son ya viejas y -duras y no buenas para hacer pan sino fuere para los puercos ó para -el muladar, por manera que despues de un año se comienza á hacer pan -dellas el que es menester, y estáse siempre en el campo el resto, que -aunque llueva ó ventée no le hace daño hasta los tres años, como dicho -es. Dentro del primer año es menester desyerbarse toda la labranza dos -veces, porque nace mucha yerba como la tierra es tan fértil, despues -del año no es menester. Esta labranza, en el lenguaje de los indios -desta isla, se llamaba conúco, la penúltima luenga, y las raíces yuca, -luenga la primera sílaba, y la planta yucubia; la color de las raíces -es como leonada oscura una tez que tienen muy delgada por encima, pero -quitada ó raspada con una concha como de almeja, aquella tez, todo lo -demas es blanco como la nieve, al ménos más blanco que un nabo raido; -esta yuca ó raíces de que hacen el pan es tal, que quien las comiese -así crudas moriria, por el zumo que tienen, que es ponzoña, como abajo -diremos. Hay otras raíces que llamaron los indios ajes y batatas, y son -dos especies dellas; estas postreras son más delicadas y de más noble -naturaleza en su especie; siémbranse de planta en montones de la manera -que de la yuca se ha dicho, pero la planta es diversa. La planta de -estas raíces es á la manera de las calabazas de nuestra tierra, pero -es muy más hermosa y delicada; no tiene aquellas como espinitas que la -planta de las calabazas tiene, sino más suave, delgada, limpia ó lisa, -y las hojas del tamaño, y así arpadas y tan lisas suaves y hermosas, -como la de las vides ó viñas de Castilla. Estas, á cuatro y á cinco -meses despues de plantadas á ser comestibles vienen. Plántanse en los -montones dichos un palmo ó dos de aquellas ramillas, ó como correas, -la mitad dentro de la tierra, en cinco ó seis partes de la corona del -monton, y por la órden de la planta de la yuca que está dicha, las -cuales luégo con el sol se amortiguan y marchitan como que se mueren, -pero fácilmente prenden y reviven, y tanto crecen las raíces que crian -dentro de la tierra, cuanto la planta por la tierra cunde, y como -la de las calabazas se extiende: no son mayores que nabos grandes ó -zanahorias pequeñas. Llámase la dicha planta yucaba, la media sílaba -luenga; cómese cocida como espinacas ó acelgas con aceite y vinagre, -y crudas son buenas tambien para los puercos. Estas raíces de ajes y -batatas no tienen cosa de ponzoña, y puédense comer crudas y asadas y -cocidas, pero asadas son más buenas, y para que sean muy mucho buenas, -las batatas especialmente que son de más delicada naturaleza, hánlas -de poner 8 ó 10 dias al sol rociadas primero y áun lavadas con un -escudilla de salmuera, más agua que sal, y cubiertas por encima de rara -yerba porque no les dé todo el sol, lo cual hecho, las que se quieren -comer asadas, metidas en el rescoldo del fuego hasta que ellas esten -tiernas, salen enmeladas como si las sacasen de un bote de conserva; -y si las quieren cocidas hinchan una olla de ellas y echen dentro una -escudilla de agua, no para cocellas, sino porque la olla, estando seca -en el principio, no se quiebre, y cubran la olla con hojas de la planta -dellas, ó de vides ó de otras hojas buenas, para que no salga el vaho -fuera, y cociendo así una, ó dos, ó tres horas, ó lo que menester -fuere, porque no han menester mucho tiempo, embébese aquella agua y -sale otra tanta miel ó almíbar, y ellas todas enmeladas como si fuesen -una conserva, pero harto más sabrosas que otra cosa muy buena. Y cierto -en ninguna parte del mundo parece que puede haber tantas ni tales -raíces como las destas tierras; las batatas de la provincia de Xaraguá -eran las mejores de toda esta Isla por excelencia. Habia en esta -Isla, y ponian los vecinos naturales della, otras raíces tan gruesas -y redondas como unas chicas pelotas, que llamaban lerenes; las hojas -dellas eran como de coles, las que llaman yantas, pero más hermosas y -más llanas y anchas, y las ramas ó mástiles que tienen la hoja son más -tiestas y levantadas. Otras raíces habia que llamaban yahubias, que no -hallo en las cosas de Castilla á qué comparallas; todas estas buenas y -sabrosas de comer cocidas y asadas, pero ninguna se iguala con los ajes -y batatas. Sin todas estas raíces, que eran domésticas y los indios -las sembraban ó plantaban y cultivaban, hay en los montes otras que -llamaban los indios guayaros, la sílaba de en medio breve, que tienen -la hechura y blancura de chiquitos rábanos, buenas de comer asadas, -pero para los puercos muy sabrosas y deseadas, y por esta raíz y otras -muchas montesinas y frutas que hay en esta Isla, que los puercos -comen, y con que se crian, es tan sabrosa y tan sana y comestible su -carne. Otra fructa tenian, que sembraban y se criaba ó hacia debajo -de la tierra, que no eran raíces sino lo mismo que el meollo de las -avellanas de Castilla, digo que eran ni más ni ménos que las avellanas -sin cáscara, y estas tenian su cáscara ó vaina en que nacian y con que -se cubrian muy diferente que las avellanas, porque era de la manera -como están las habas en sus vainas cuando están en el habar, puesto -que ni era verde la vaina ni blanda, sino seca, cuasi de la manera que -están las vainas de las arvejas ó de los garbanzos en Castilla cuando -están para cogerlas; llamábase maní, la última sílaba aguda, y era -tan sabrosa que ni avellanas ni nueces, ni otra fruta seca de las de -Castilla por sabrosa que fuese, se le podia comparar. Y porque siempre -se comia della mucha por su buen sabor, es luégo el dolor de la cabeza -tras ella, pero no comiendo demasiada ni duele la cabeza ni hace otro -daño; háse de comer siempre, para que sepa muy bien, con pan cazabí, ó -de trigo si lo hay. - - - - -CAPÍTULO XI. - - -Queda por decir el cómo se amasa el pan cazabí, y cuán fácilmente -y cuánto provecho sale dél, porque por entremeter todas las raíces -domésticas de que la gente desta Isla para su mantenimiento usaba, no -ha tenido en el precedente capítulo esto su lugar. Pasado, pues, el -año, que es el tiempo del cual en adelante tiene su sazon el conuco, -ó labranza, ó la yuca que son las raíces, para comenzar á hacer pan -dellas ó dél, van dos, ó tres, ó cuatro hombres ó mujeres al conuco ó -labranza, y sacan fácilmente y sin trabajo, con un palo escarbando, -las raíces ó yuca de los montones, (como sea tierra mollida y allí -ayuntada, puesto que con las aguas se aprieta algo), de cada rama que -se hizo de cada tarazon de 9 ó 10 de los que de á palmo plantaron, dos -y tres y cuatro raíces mucho mayores que zanahorias y más gruesas, como -se dijo, por manera, que de cada monton sacan cuasi media carga y áun -buena de un asno; y si la tierra es holgada y muy fértil, como la hay -en muchas partes, dá mucha más de la señalada. Traidas estas raíces á -casa, que comunmente junto está la labranza, la cantidad dellas que -quieren traer, con aquellas conchitas que dije como almejas, ó las -que llamamos en Castilla veneras, raspan aquella tez ó hollejo, que -dije ser cuasi como leonada, y quedando la raíz como la nieve blanca, -ráyanlas en unas piedras ásperas sobre cierto lecho, al cual llamaban -guariqueten, la penúltima breve, que hacen de palos y cañas puestas -por suelo de unas hojas ó coberturas que tienen las palmas, que son -como unos cueros de venados; finalmente, como si lo rallasen en una -artesa para que aquella masa no se caiga, que es como la que podria -salir de muchos nabos en un rallo rallados que estaria con mucho zumo -blanco como es la masa dellos, de aquesta misma manera es la masa de la -yuca. Despues de rallada la cantidad que determinan rallar, cúbrenla -con las hojas de las palmas que dije y diré abajo, placiendo á Dios, -y déjanla cuasi como para livdar (_sic_) hasta otro dia; tienen una -manga que llaman cibucam, la media sílaba breve, hecha de empleita de -palma, de braza y media ó poco más y ancha cuanto quepa un brazo, la -cual tiene un asa á cada cabo, de donde se pueda colgar; esta manga -hínchenla de aquella masa, muy llena y apretada, y cuélganla de la -una asa de alguna rama de un árbol, y por la otra asa meten un palo -de dos brazas ó poco más, y metido el un cabo del palo en un agujero -del árbol junto á la tierra, siéntanse dos y tres mujeres ó personas -al otro cabo del palo, y están allí una hora ó más sentadas, y así se -aprieta y exprime toda aquella agua y jugo de la dicha masa. Sácanla -despues de la manga ó cibucam, y queda ni más ni ménos que si fuese -alfeñique blanco y apretado, no seco sino sin zumo, que es placer verlo -cuán lindo está. Tienen luégo un cedazo algo más espeso que un harnero -de los con que aechan el trigo en Andalucía, que llamaban híbiz, la -primera sílaba luenga, hecho de unas cañitas de carrizo muy delicadas, -y allí desboronan aquella masa ya vuelta en otra forma, la cual, como -esté seca ó enjuta sin el agua ó zumo que tenía, luégo se desborona -con las manos, y, pasada por aquel híbiz ó cedazo, queda cernida muy -buena harina, y en el cedazo algunas granzas ó pedacillos de la yuca -que no fué bien rallada. La harina así limpia y aparejada, tienen ya -los hornos calientes, tres y cuatro, si quieren hacer cantidad de pan; -estos hornos son como unos suelos de lebrillos en que amasan y lavan -las mujeres de Andalucía; finalmente, son hechos de barro, redondos y -llanos, de dos dedos en alto, como una rodela grande que estuviese -no por medio levantada sino toda llana: esto llamaban burén, aguda la -última. Tiénenlos puestos sobre tres ó cuatro piedras, y debajo todo el -fuego que cabe, y, ellos así bien calientes, echan la dicha harina por -todo el horno de dos dedos asimismo en alto, y está un cuarto bueno de -hora cociéndose de aquella parte; despues vuelven la torta con una hoja -ó vestidura de palma, que es como si fuese pala ó tabla muy delgada, -de la manera que se vuelve una tortilla de huevos en la sarten con un -plato, la cual está cociéndose de aquella parte otro tanto, y, cocida, -queda la torta de altor de medio dedo, y muy blanca y algo rosada; -pónenla luégo al sol, donde se tuesta en dos ó tres horas y se para -tan tiesta como si fuese un plato de barro cocido ó una tabla, pero al -tiempo del comer, luégo ó despues de muchos dias que lo ponen en la -mesa, pártenlo á pedazos con la mano, el cual luégo se parte y poco -ménos suena al partir que si partiesen un plato; metiéndolo en caldo -de la olla se han de dar priesa á sacallo luégo, porque no se quede -todo deshecho en la escodilla como si fuese una oblea. Queda blandísimo -y suave, y cuasi enjuto, despues de sacado del caldo y puestos los -pedazos en un plato, del cual pueden comer suavemente mozos y viejos -sin dientes, harto mejor, al ménos lo viejos, que del pan de trigo; -hacíase y hácese muy delgado, y muy más lindo y blanco, para poner á la -mesa para los Señores, cuasi como unas muy hermosas obleas, cuando es -rallada la yuca en unos cueros de pescado como cazon, que los indios -llamaban libuça, la media sílaba luenga, el cual cuero tenían apegado -á una piedra, ó cubierta la piedra con él, sobre que rallaban, y las -tortas delgadas que desta masa rallada en aquellos cueros hacian, -llamaban xabxao; en las piedras comunes rallado, hacian las tortas -más gruesas para mantenimiento de mucha gente, y así cuando querian -lo diferenciaban. Despues de puesto al sol aquellas, dos, ó tres, ó -cuatro horas ó poco más, en las cuales se seca y hace bizcocho, como -es dicho, cuando se hace cantidad ponen las tortas en unos cadalechos -de palos ó cañas sobre unas horquetas, medio estado altas del suelo, -y dura dos y tres años sin dañarse, tan bueno como si hobiera un mes -que se hobiera hecho, pero hánlo de guardar de goteras y de agua, -porque luégo se deshace y no aprovecha para cosa sino para echarlo á -los puercos y á las aves. Tiene cada persona que comer en dos arrobas -de aquel pan ó de aquellas tortas un mes bueno en abundancia. Salen -comunmente de cada millar de montones 200 arrobas, que son cien cargas -de las de los indios, porque á dos arrobas se mandó que echasen en cada -carga; puesto que nunca lo han guardado los españoles ó pocas veces -lo han guardado que no echen más á un indio, y áun tres y cuatro han -acostumbrado á echar. Tierras hay muchas en esta Isla, que de un millar -de montones se sacarán 150 y 170 cargas de pan cazabí, que, como dicho -es, cada carga tiene dos arrobas. Y reducida toda la facilidad con que -se hace planta y cria y amasa este pan, y el aprovechamiento dél, á -cierto compendio y brevedad, sumámosla así: que 20 personas de trabajo -que trabajen un entero mes, seis horas no más cada dia, harán tanta -labranza de estos conucos, que dije llamarse, cuanto puedan comer de -pan 300 personas en dos años, y ántes me acorto que alargo; mayormente -que arada la tierra con bueyes, como hay dellos tan grande abundancia, -y alzando los montones con azadas de hierro, no como los pobres indios, -que con un palo de una braza, tostada la punta y en tierra vírgen y -dura, la cavaban y los alzaban, es manifiesta hoy la ventaja. Amasarán -y cocerán cinco ó seis mujeres, con cinco burenes ó hornos de los que -digimos, cada dia 50 y 60 arrobas deste pan, que son 25 ó 30 cargas, -con que comerán mil personas largas, mayormente que ya no es menester -para sacar ó exprimir el zumo ó agua de las raíces ó yuca las mangas -de empleita, ni sentarse las mujeres en el palo, porque ya hay, y se -pueden hacer cada dia, unas prensillas de husillo, que en un credo se -puede todo el agua ó jugo exprimir sin alguna tardanza ó trabajo. Y -así creo que consta bien clara la facilidad con que se hace aqueste -pan, y la utilidad y provecho que dello se saca y puede sacar. Y esta -es y ha sido, y no otra, la causa porque no hay en esta Isla más trigo -que en Sicilia, ni en Italia ni en toda España, conviene á saber, que -como los españoles no hayan venido ni vengan á estas Indias por otro -fin, ni tengan ni hayan tenido otro intento, el que más asentado parece -que está, sino haber oro y las riquezas que haber pretenden á costa -de las vidas y trabajos ajenos, y tornarse á Castilla á las pompear -y gozar como esta Historia por su discurso mostrará, constándoles la -facilidad y ganancia deste pan, miéntras les duraron los indios que en -servidumbre tuvieron, hasta que en ella los acabaron en las minas y -en otros trabajos, no curaban de hacer más deste pan para con que los -indios les sirviesen, porque, para sí mismos, con dos pipas de harina -que traian los navíos de Castilla, que les costaban á diez castellanos, -tenian que comer un año; despues de aquellos muertos que mataron á los -indios, sucedieron otros vecinos que hoy en esta Isla hay, los cuales -comenzaron á traer negros que en lugar de los indios pasados heredaron -los trabajos, y hallan el mismo provecho y áun mayor en los ingenios -de azúcar y otras granjerías, y el pan para mantener aquellos tan á -la mano, ¿quién les ha de boquear en que á sí mismos y á la gente que -tienen ocupen en arar, y cavar, y hacer molinos y aceñas, y semejantes -cuidados de dónde no han de haber más utilidad de tener pan, teniéndolo -de Castilla para sus personas por 10, ó 20, ó 30 castellanos? Si en -esta Isla no hobiera pan, ó no tal pan, más trigo y mejor pan hobiera -dél que en todo lo poblado del mundo, y de no habello hoy ninguna -otra ha sido la causa. Con esta cosa de maravillar quiero acabar lo -que toca á este pan, y es, que aquella agua ó zumo, que es mucha, que -tiene y sale de la dicha masa, y la llaman los indios hyen, es de tal -naturaleza, que cualquiera que la bebiese así cruda como sale, moriria -como si bebiese agua de rejalgar, con la cual se han muerto á sí mismos -muchos indios, bebiéndola desesperados, en esta Isla y en la de Cuba, -por salir de la vida tan amarga que los españoles les daban, segun que -en otra parte se dirá; pero con un hervor que se dé al fuego, pierde -la ponzoña y queda hecho vinagre sabroso para guisar algunos guisados -que requieren agro ó vinagre, y así los hacian los indios y yo comí -algunas veces dellos. Sembraban y cogian dos veces en el año el grano -que llamaban mahíz, no para hacer pan dél, sino para comer tierno por -fruta crudo, y asado cuando está en leche, y es muy sabroso, y tambien -hacian dél cierto potaje, molido y con agua; era menudo y de muchas -colores, morado y blanco y colorado y amarillo, todo esto en un macora, -llamábanlo mahíz, y desta Isla salió este nombre. - - - - -CAPÍTULO XII. - - -Habia en esta Isla algunas frutas silvestres por los montes, y dellas -muy buenas, ninguna, empero, doméstica, porque no curaban de tener -huertas ni frutales los indios, como se dirá, el contrario de los de -Tierra Firme, sino que cuando las topaban acaso, las comian, la mejor -de las cuales, y quizá de gran parte del mundo, eran los que llamaban -mameyes, que arriba digimos haber de su orígen sólo en la punta desta -Isla, que se llamaba la Guacayarima; las que llamamos piñas, que es -fruta en olor y sabor admirable, no la habia en esta Isla, sino que -de la isla de San Juan se trujo, y por esto aquí no hablo hasta su -lugar della. Habia las que llamaban guayabas, la penúltima sílaba -luenga, y éstas son muy odoríferas, sabrosas tambien, pero las desta -Isla eran chiquitas; las que hoy hay, y está la Isla llena dellas, -que son muy mayores y muy más hermosas y más sabrosas y más olorosas, -fueron traidas de Tierra Firme, y, cierto, es fruta de harta golosina. -Habia otra mucho buena y suave, muy sabrosa, puesto que no odorífera, -tan grande como un membrillo, que no es otra cosa sino una bolsa -de natas ó mantequillas, y así es blanco y más ralo ó líquido que -espeso, como manteca muy blanda, lo que della es comestible; tiene -dentro algunas pepitas negras y lucias, como si fueran de azabaja, -tan grandes como piñones con sus cáscaras, aunque muy más lindas; la -cáscara ó bolsa donde está lo comestible es como entre verde y parda, -la cual llamaban los indios annona, la penúltima luenga. Otra fruta -hay que se llama hovos, propios como ciruelas, sino que son amarillos -y tienen los cuescos grandes y poca carne, pero lo que tienen es muy -sabroso mezclado con un poco de agro, y sobre todo es muy odorífero, -y no hay cosa que más coman los puercos, y vayan 10 leguas al olor por -buscalla; los árboles son muy grandes y altos y graciosos á la vista, -la hoja es no del todo redonda, del tamaño de un real de plata, verde -clara; cocida en agua es muy buena para lavar las piernas los que las -tienen malas. Hay otra en esta Isla que llaman guanabanas, la penúltima -sílaba breve, que son tan grandes como unas bolas de jugar birlos; la -corteza tienen verde clara, y unas como tetillas de niño, con unas -espinitas en ellas; lo de dentro, y que es de comer, algo amarillo, y -como un muy maduro y tierno melon. Son muy sabrosas, con un poco de -agro que le dá el buen sabor; hay en cada una que comer dos hombres. -Otra fruta hay del tamaño de una almendra, sin cuesco, y de aquella -cuasi hechura, colorada como una guinda ó cereza, poco ménos, y creo -que tanto sabrosas que ellas, y así zumosas y frescas como ellas. Otra -es llamada pitahaya, la penúltima sílaba luenga; es colorada la cáscara -por de fuera y tiene ciertas espinas no buenas en ella, lo de dentro -es cuasi como lo de una madura breva, con unos granitos muchos negros -como los de los higos paharies de Castilla, y de la hechura de la -breva; algo es sabrosa y fresca. El árbol en que nace son unas pencas -luengas, de la naturaleza de las çabilas de Castilla, de que creo -hacen el acíbar, aunque las çabilas están nacidas en la tierra y sus -pencas son muchas y derechas desde abajo arriba, y las pencas de las -pitahayas sale una de la tierra y encarámase en otros árboles y cunde -al traves y al reves por ellos que parece culebra, y desta salen otras -pocas de pencas, y todas llenas de espinas no muy buenas; finalmente, -nunca están solas sino entre otros árboles de otra especie que las -sostienen. Otra es redonda como una gran lima ó una naranja pequeña, es -amarilla clara la cáscara por de fuera; lo de dentro, que se come, es -cuasi como lo de la pitahaya, puesto que no tan bueno, el nombre no me -acuerdo; nace en unos espinos de espinas bravísimas, los cuales no hay -á qué comparallos, sino que hasta un estado en alto es tan gordo como -un gordo muslo, de allí salen dos ó tres como cirios, muy derechos, -cuasi juntos y como labrados por un entallador, con sus follajes, para -poner en un retablo, llenos, empero, de grandes espinas como alfileres -grandes, y áun agudas como agujas de acero, sin otra hoja alguna. Hay -unos árboles grandes, mayores que grandes nogales, que producen unas -uvas del tamaño de guindas, entre coloradas y leonadas, sabrosas; no -se me acuerda el nombre dellas. Otro árbol hay que parece algo en las -hojas á grandes higueras, aunque es mayor y las hojas mayores, y algo -más abierto en las ramas y brazos que tiene que las higueras, que -llaman yabruma, la penúltima luenga, todo el mástil ó tronco dél y -las ramas tiene huecas y cuasi como canutos de las cañas de Castilla. -Este dá una fruta pardilla que parece gusano, tan complido y grueso -como un buen dedo, y está tambien hueco; esta fruta sabe cuasi como -higos pasados, porque tiene dentro de sí cierta dulzura como miel, y -pasarse hia al sol como se pasan los higos. Otra se halla en ciertos -árboles grandes que están en las riberas frescas de los rios, que se -llamaban por los indios guabas, y es cuanto á las vainas ó cáscaras -como garrobas propias la fruta, salvo que lo que tiene de comer es como -manteca blanca, sino que es poquita pero dulce y muy sabrosa, y de la -manera que digimos que es la de las annonas, y tienen dentro de sí, -entre lo comestible, unas pepitas. Todas estas frutas, si se hubieran -traspuesto y hecho domésticas en huertas y sido curadas y cultivadas -ó regaladas, como todas las frutas del mundo de que hoy en Castilla -gozamos se trasplantaron, domesticaron y curaron, sin duda ninguna -cada una dellas fuera estimada, y algunas por excelentes, y más que -muchas de las de España, tenidas; pero ni los indios, por no ser de su -naturaleza dados á regalos ni curiosidades, no se curaron dellas más -de cuanto las comian cuando acaso las topaban, ni los españoles por -sus ocupaciones de adquirir dineros y poco cuidado de poblar en estas -tierras, é imperseverancia de morar en ellas mucho tiempo, y áun porque -son amigos de comer de sudores ajenos, ni las estiman ni han dellas -curado. En las riberas de la mar hay una fruta que llamaban los indios -tunas, de hechura de las bolsas en que están las adormideras, pero -son verdes claras y llenas las cáscaras de unas espinitas delgadas, á -trechos por órden bien puestas; nacen en unos arbolillos de hasta á -cuatro palmos poco más altos del suelo, todos espinosos y fieros; lo -que tiene dentro esta fructa, quitada la cáscara, es de zumo y carne -como lo de las moras de nuestra tierra; comiéndola, toda va á parar -al orina, y á los principios, cuando no sabíamos qué era, la comieron -algunos, no sin gran miedo, creyendo que era sangre lo que salia y que -se debian de haber rompido todas las venas. En las mismas riberas de la -mar hay otros arbolitos, que la hoja y cuasi todo tienen de madroños; -la fruta es unas manzanillas cuasi del tamaño de nueces, con un hollejo -ó cáscara delgada, blanca y algunas veces morada, y otras colorada; lo -de dentro, que se come, es blanco y sabroso, pero es poco, por tener -los cuescos grandes; llamaban los indios á esta fructa hicacos, la -penúltima luenga. Ninguna fruta ni árbol, los indios desta Isla y áun -de las demas islas, tenían cuidado sembrar ni plantar despues de su pan -y ajes y batatas, y el axi, que es la pimienta, y el mahíz y las otras -raíces que se han dicho, sino solos arbolillos de las manzanillas, con -que cuando se sentian enfermos se purgaban, y nosotros acá, desque lo -supimos, nos purgábamos, y áun agora en Castilla mezclan los médicos en -purgas que dan. Estos arbolillos plantaban junto á sus casas, como cosa -que mucho estimaban, y otras yerbas, como lechugas grandes, medicinales -ó purgativas, como abajo diré. Este arbolillo de las manzanillas no -es mayor ni crece más de hasta estado y medio; tiene pocas ramas y -poco bulto, la hoja es muy hermosa, cuasi es como la de la yuca, de -que se hace el pan cazabí, como una gran mano los dedos desparcidos -ó abiertos; la fruta es cuasi como avellanas, y así blancas, es la -que llaman los médicos ben, de la manera que está escrita, y hace -mencion della la medicina; es de gran eficacia para purgar, de cólera -principalmente, segun se cree por los no médicos por lo que se ha -visto por la experiencia. Con ella nos purgábamos antiguamente sólo -mascándolas como si mascáramos avellanas, y como no iban molidas, sino -en pedacillos enteros, pasábamos gran trabajo en los vómitos y grandes -arcadas, las cuales no cesaban miéntras los pedacitos no se deshacian -ni desapegaban de las tripas; despues caímos al cabo de muchos años -en tostallas y molellas, y así no daban tanta pena, pero despues que -vinieron á esta Isla médicos usaron dellas como debian, preparándolas -y confeccionándolas con otras convenientes medicinas, porque dicen que -estas manzanillas son, no purga sino punta de purga en la medicina; -finalmente, la leche dellas, que es muy blanca como de almendras, es la -que tiene la virtud purgativa. Otra cosa para purgar, no sé para qué -enfermedades, hay en esta Isla, y sospecho que debe ser para males de -flema, y ésta es una correa ó raíz, no porque esté debajo de tierra, -sino que tiene su raíz debajo della y encarámase por los árboles de la -manera de la hiedra, y así parece algo, no en la hoja, porque no la -tiene, sino en parecer correa y encaramarse como la hiedra; llamábanla -los indios bexuco, la penúltima sílaba luenga. Pueden atar cualquiera -cosa con ella como una cuerda, porque es nervosa y tiene 15 ó 20 brazas -y más de luengo: generalmente hay muchos bexucos en todos los montes, y -sirven para todas cosas de atar y son muy provechosos. - - - - -CAPÍTULO XIII. - - -Referidas las frutas que en esta Isla hay naturales y silvestres, -digamos de los árboles más principales de que tenemos más frecuente -noticia, y esto es general en todos, que nunca pierden la hoja en todo -el año. Ya digimos arriba la multitud y grandeza y hermosura de los -pinos, los cuales creo que ocupan 50 leguas de sierras, mayormente en -la provincia de Cibao, que son las minas del oro, donde más numerosidad -dellos hay; son derechos como cirios, muy altos y muy gruesos para -másteles de muy grandes naos, son muy jugosos por la mucha resina que -tienen para hacer mucha y muy buena pez; llevan unas piñitas chiquitas -inútiles, finalmente, son de los que en Castilla llaman negrales; -puédese hacer gran tablazon dellos y nunca acabarse. El árbol que se -llama guayacan en lengua desta Isla, la sílaba postrera luenga, cuya -agua se toma para sanar de la enfermedad de las bubas, es árbol bien -grande, como nogal pero más lindo; la hoja me parece que será como -la del peral de Castilla y más clara, verde, y más chica, el tronco -principal y las ramas son como plateadas y doradas entreveradas de -dos ó tres colores; para sacar el agua se ha de cortar la madera y -hacer dos ó tres almozadas de pedacitos muy menuditos y echallos á -remojar en agua del rio, que haya cuatro azumbres, cinco y seis dias -y más, despues cocello que mengüen los tres azumbres y quede sólo el -uno. Ha de tener, el que lo toma, muy gran dieta, sin comer sino un -par de yemas de huevos, y, de tres á tres ó cuatro dias, un cuartillo -de una polla con unos bizcochillos, y más delicado y sano, y para -esta cura más provechoso, creo es que el cazabí xabxao, que no los -bizcochos de pan de trigo; no ha de beber, todo el tiempo que determina -tomallo, agua ni vino, sino solamente aquella agua del palo, que no -es ménos amarga que hieles ó acíbar; desta manera lo han tomado mucho -tiempo en esta Isla, pero ya hay más experiencia en la manera como -se ha de tomar, y en la dieta que hay que tener, especialmente en -Castilla; todavía, digo, que requiere sobre todo extrema dieta y no -beber otra cosa sino aquella agua. Acostumbróse á tomar en esta Isla -desta manera, que tomándola con mucha dieta, despues de pasados los -9 ó 15 ó más dias que la determinaban tomar, tenian una olla, como -dicen, podrida, y comian mucho de todo lo que en ella estaba, y como -el estómago estaba tan delgado de la dieta pasada, prorumpia luégo en -cámaras dos ó tres dias, por las cuales purgaba todo el humor malo, y -así quedaban del todo muy sanos; y yo tuve dello experiencia, que lo -vide y tambien lo oí haber acaecido á algunos. Tengo por cierto, que -no sólo para las bubas, pero para cualquiera enfermedad que proceda -de humor frio, tomándola, será cierta la sanidad, y cuando acaece del -mal de las bubas ó de otro alguno con ella no sanar es porque procede -de humor caliente, y esto tengo por cierto dias ha; el palo de la isla -de San Juan se tiene por mejor, no sé si es de la misma especie de -lo desta Isla ó de otra que difiera en cualidad, al cual llaman los -españoles el palo santo. Hay en esta Isla, y comunmente en todas estas -Indias, donde no es la tierra fria sino más caliente, unos árboles -que los indios desta Isla llamaban ceybas, la y letra luenga, que son -comunmente tan grandes y de tanta copa de rama y hoja y espesura que -harán sombra y estarán debajo dél 500 de caballo, y algunos cubrirán -mucho más; es muy poderoso, alegre y gracioso árbol; tiene de gordo -más que tres y cuatro bueyes su principal tronco, y algunos se han -hallado, y creo que está uno en la isla de Guadalupe, que fueron 10 -ó 12 hombres, los cuales abiertos los brazos, y áun con dos pares de -calzas extendidas, no lo pudieron abrazar, y así lo oí certificar. -De ser comunmente grandísimos y grosísimos y admirables ninguno debe -dudar, ni tener por exceso que aquél fuese tan grande, porque en esta -Isla, en la ribera de Hayna, 8 ó 10 leguas de Santo Domingo, yendo -hácia la Vega, hobo uno que llamaban el árbol gordo, y cerca dél se -asentó una villa de españoles que la nombraron así, que si no me he -olvidado cabian dentro de sus concavidades, pienso que, 13 hombres, y -estaban cubiertos, cuando llovia, del agua, y á mí en él acaeció lo -mismo, y creo que no lo podian abrazar 10 hombres, si, como digo, no -me he olvidado. El mástel ó tronco principal ántes que comiencen las -ramas terná dos y tres lanzas en alto; comienzan las primeras ramas, no -de bajo á alto como los otros árboles, sino extendidas mucho derechas -por lo ancho que parece maravilla con el peso que tienen no quebrarse, -y por este lo hacen tan capaz y que tanta sombra haga; son tan gruesas -comunmente las ramas dichas como un hombre, aunque tenga más que otros -de gordura; las hojas son verdes oscuras, delgadas y arpadas, si bien -me acuerdo; no siento que haya en Castilla á qué las comparar, sino es, -sino me engaño, á las del que llamamos árbol del paraíso. Y porque lo -dicho no parezca increible, léase lo que dice Estrabon en el XV libro -de su Geografía, donde cuenta que hay árboles de admirable grandeza en -las Indias, algunos de los cuales apénas podrán cinco hombres abrazar, -los brazos extendidos; así, pues, como hay tan gruesos que los troncos -ó másteles dellos no los puedan cinco hombres abrazar, parece que -aunque se diga que 6 y 10 tienen que hacer en abrazar alguno, no será -increible maravilla, cuanto más que habemos visto lo que decimos. Hay -en algunas partes robles, pero en pocas y pocos; háylos, más que en -otras, en la provincia de Yaquimo, en unos valles cerca de la mar, y -en esta provincia hobo y hay el brasil, pero no mucho, de donde pensó -el Almirante que descubrió este orbe que salieran grandes riquezas, -como abajo diremos. Tiene tambien otros árboles esta Isla, que llamaban -caoban la o letra luenga, los indios; tienen muy buena madera para -arcas ó mesas, algo colorada ó encarnada con algun olorcillo bueno, -que parece que quiso ser cedro pero no lo es, porque en esta Isla no -hay cedros, en la de Cuba sí muy excelentes. Otros árboles hay, como -hayas, algo blancos, en lengua de indios no sé el nombre dellos. Hay -otros árboles delgados, pequeños, en los montes de la costa del Sur -hácia Santo Domingo especialmente, que los indios llamaban caymitos, la -penúltima luenga, que tienen la madera para hacer arcos como de tejo, y -de éstos creo que los hacian los indios; tienen la hoja muy señalada, -porque de una parte la tienen muy verde como la del naranjo, aunque es -chiquita, y de la otra parte como si toda fuese alheñada. Hay otros -que llamaban los indios guacimas, la media sílaba breve, que propios -son moreras en la hoja, puesto que la tienen áspera y gruesa, pero -cuando comienza la nueva creo que sería para criar seda ó poco ménos; -la fruta es de hechura de moras, pero es muy dura y negra, puesto que -tiene algun zumo pero muy poquito, y es dulce como miel, por lo cual -los puercos la comen y con ella engordan, y la van á buscar donde la -huelen, como tras los hovos digimos en el precedente capítulo. Deste -árbol sólo sacaban fuego los indios; tomaban dos palos dél muy secos, -el uno tan gordo como dos dedos, y hacian en él con las uñas ó una -piedra una mosquecita, y ponian este palo debajo de ambos piés, y el -otro palo era más delgado como un dedo, la punta redondilla, puesta -en la mosca, con ambas palmas de las manos traíanlo á manera de un -taladro, y esto con mucha fuerza; con este andar de manos salia del -palo de abajo molido polvo, de la misma manera delgado como harina, -cuanto el palo de abajo se ahondaba con el de arriba, y cuanto más el -hoyo se ahondaba y el polvo salia, tanto más se hacia apriesa con las -manos y con fuerza ó vehemencia, y entónces el mismo polvo ó madera -molida que del palo de abajo salia era encendido, de la manera que se -enciende la yesca dando con el eslabon en el pedernal en Castilla. -Y esta es la industria que los indios para sacar fuego sin hierro y -pedernal tenian, la cual es antigua, segun della hace mencion Plinio en -el libro XVI, capítulo 41, donde dice: «que los soldados en la guerra, -y los pastores en los montes ó campos, hallaron este secreto, como no -tuviesen pedernal ni eslabon para sacar fuego»; sacábanlo de la manera -dicha, segun él, de las ramas de los morales y laureles, y de los -tejos, porque son cálidos de su naturaleza. - - - - -CAPÍTULO XIV. - - -Hay en esta Isla asimismo unos árboles que los indios llamaban xaguas; -árboles son hermosos y copados como naranjos, pero mucho más altos y -la hoja verde escura, no me acuerdo á qué la pueda comparar; tiene -una fruta de hechura de huevos grandes de abutardas, blanca la tez y -dura por de fuera, lo de dentro no hay á qué lo pueda comparar de las -cosas de Castilla. El zumo desta fruta es blanco y poco á poco se hace -tinta muy negra, con que teñian los indios algunas cosas que hacian de -algodon y nosotros escribíamos. Este zumo ó agua de las xaguas tiene -virtud de apretar las carnes y quitar el cansancio de las piernas, y -por esto se untaban los indios las piernas principalmente y tambien -el cuerpo; despues de pintada se quita con dificultad en algunos dias -aunque se lave. Estos mismos árboles y la misma fruta, á lo que parece, -porque ninguna diferencia parece tener, hay en la isla de Cuba, y allí -tambien los llamaban los vecinos naturales de allí xaguas; dándoles -con un palo ó piedra, porque son duras, y poniéndolas juntas muchas -dellas á un rincon, tres ó cuatro dias ó pocos más, se maduran y se -hace la carne dellas muy zumosa ó llena de un licor dulce como miel y -cuasi de la color de miel, que las hace como una breva muy madura, y -tan dulcísimas, que pocas ó ninguna fruta les hace ventaja de las de -Castilla, pero en esta Isla española no las comian los vecinas della, -ó porque no cayeron en ello, ó porque por ventura son aquéllas de otra -especie, aunque no lo parecen por ningun indicio. Otro árbol hay muy -provechoso en esta Isla, y es el que llamaban los indios hibuero, la -sílaba penúltima luenga; éste produce unas calabazas redondas como una -bola y no mayores comunmente, aunque algunos las echan un poco luengas, -están llenas de pepitas y carne blanca como las de Castilla, y son tan -tiestas y duras las teces despues de secas, por de dentro y por de -fuera, no como las de Castilla, que son fofas y fácilmente se quiebran, -sino como si fuesen de hueso; sacada la carne y las pepitas, servíanse -dellas de vasos para beber y de platos y escudillas. Hay tambien unos -arbolitos tan altos como estado y medio, que producen unos capullos que -tienen por de fuera como vello, y son de la hechura de una almendra -que está en el árbol, aunque no de aquella color ni gordor porque son -delgados y huecos; tienen dentro unos apartamientos ó venas, y estos -están llenos de unos granos colorados pegajosos como cera muy tierna -ó viscosa. Destos hacian los indios unas pelotillas, y con ellas se -untaban y hacian coloradas las caras y los cuerpos, á jirones con la -otra tinta negra, para cuando iban á sus guerras; tambien aprieta esta -color ó tinta las carnes. Tírase tambien con dificultad, tiene un olor -penetrativo y no bueno; llamaban esta color los indios bixa. Almácigos -tambien hay muchos, segun decia el Almirante; si almácigos son aquellos -que él decia, no siento á qué los comparar, y nunca vide que se probase -sacar dellos almáciga. Hay otro árbol en esta Isla que los indios della -llamaban cupey, la penúltima sílaba luenga, del cual se puede alguna -cosa nueva referir; es árbol más alto que un alto naranjo, aunque no -así copado sino algo más abierto, tiene tres cosas notables, la una -las hojas, que son tan grandes y cuasi de la hechura de un azuela de -hierro de un carpintero, imaginándola que sea lo agudo della redondo, -y sin gavilanes; es muy verde y escura y hermosa, gruesa como un -real y tiesta, no floja, y por esto con un alfiler, y mejor con un -palillo agudo, escribe el hombre todo lo que quiere, y luégo señálase -la letra amarilla, de un sudor ó zumo cuasi como el de la çabila, y -desde á poco tórnase la letra blanca; deste papel, y péndolas, por -falta del de Castilla, los tiempos primeros en esta Isla usábamos. La -otra cosa es la fruta que produce aqueste árbol, no para comer, ni -hay á qué comparalla sino á unas rosas no llanas de madera que ponen -sobre las cuatro varas de las camas de campo, doradas, bien hechas, -con unas coronillas encima cuasi de la forma de las adormideras; por -de fuera son blancas y que tiran á verdes claras, puesto que se abren -ó desquebrajan, lo de dentro es pez negra, con que se puede cualquiera -cosa, como con pez, empegar; tiene algunas pepitas que comen las aves, -ó lo que con ellas está pegado. La tercera cosa es más notable, que -cuando las aves están en este ó en otro árbol, y en él purgan algunas -de las dichas pepitas, las que páran ó se pegan en el árbol allí nacen -como si las ingiriesen, y lo que nasce son unas raíces del gordor de -una lanza muy lisa, y todo su crecer es ir cara abajo á buscar la -tierra y despues en ella arraigarse, y, echadas raíces, nasce della -otro árbol como el que la fruta hobo dado; estas raíces, descendiendo -hácia abajo, como el árbol es alto, son de 25 y 30 y más palmos, y -éstas son muy lindas astas de lanzas, todas muy derechas y muy nervudas -y lisas, que no han menester dolallas ó alisallas. Y deste árbol, que -digimos llamarse cupey, salen de la manera dicha las varas de lanzas, -y no, como algunos piensan, de los árboles que se llaman xaguas. -Estrabon, en el libro XV de su Geografía, refiere haber en la India, -que está más al Mediodía, unos árboles grandísimos, que algo parecen -á lo que deste cupey habemos dicho, aunque digno de mayor admiracion. -Destos dice que sus ramas, despues que han crecido hasta grandor de -12 codos (debe ser en soslayo y no hácia arriba), van creciendo para -abajo en busca de la tierra, y llegadas en la tierra echan allí raíces, -y dellas nasce otro árbol como él mismo, el cual, despues de criado -y las ramas crecidas como las primeras, van cara abajo buscando la -tierra, y echan sus raíces, y dellas crece otro árbol, y así de uno -se hacen muchos, y de todos se constituye una como cámara ó pabellon -grande puesto sobre muchas columnas; de aquí podemos colegir que estas -nuestras Indias son parte de aquella nombrada India. Otro árbol hay, -principalmente en la provincia de Higuey, hácia la costa de la mar, -y más cantidad en la isla de la Saona y por aquellas isletas, que -los indios llamaban guao, la primera sílaba luenga, el cual será, el -más alto, de estado y medio de un hombre, que con sus ramas no hace -mucho bulto, árbol seco y estéril, y así no se halla sino entre peñas, -cuya hoja es como la coscoja ó carrasco que queman en los hornos en -Castilla, con sus espinitas al rededor de la hoja, y tambien tiene -algunas por las ramas y todo él (á lo que creo, porque ha dias que no -lo vide); la leche deste árbol es ponzoñosa, y della y de otras cosas -hacen los indios la yerba que ponen en las flechas con que matan. -Andando por los montes destos árboles, como son espesos y bajos y los -caminos angostos, tocando las ramas en la cara, con las espinillas, -parece que salpica la leche, y luégo se hincha la cara y abrasa como -si se cubriese de la que llamamos del monte, y por muchos dias no se -quita y amansa, y esto comunmente hace daño á las caras de los hombres -que son muy blancos y delicados y flemáticos, á los coléricos y que -tiran en el pelo á çaheños y á los bermejos ningun daño hace; y á mí me -dieron las ramas muchas veces en la cara y nunca me hizo mal, porque no -soy de los muy blancos ni flemático. Fuera de las provincias y tierra -que dije, por toda esta Isla no hay este árbol guao, sino uno de cuando -en cuando, porque toda la tierra, fuera de aquella que es estéril, en -esta Isla es fertilísima, que sean montes ó valles. - - - - -CAPÍTULO XV. - - -Hay otro árbol de que se hace artificiosamente el bálsamo, que llaman -en esta Isla bálsamo; este árbol será como pequeños naranjos, la hoja -tiene verde escura, del tamaño de medio real ó poco más, cuasi es de -la forma de un corazon; donde yo lo he visto es en el monte, una legua -pasando de la villa de Santiago, yendo camino de Puerto de Plata y -por los montes por allí adelante. Hácese por arte desta manera: Que -los palos ó rajas dél se cortan muy menuditos con una hacha (y mejor -es azuela, porque cuanto más menudos se cortaren mejor es); estas -cortaduras, en cantidad de dos celemines ó tres, échanse en un lebrillo -grande que quepa dos arrobas y áun media más lleno de agua, y así, -con esta proporcion, más ó ménos segun la cantidad de la madera el -agua proporcionable; déjase así estar remojando ocho dias, despues, en -una caldera muy limpia, pónese á cocer, y mengua de cuatro las tres -partes; cocido y menguado así, en muchas escudillas se echa y reparte, -poniéndolo al sol dos ó tres dias, el cual se espesa como miel y pára -de color de arrope ó de miel algo escura, y el olor cobra algo suave. -Yo lo he hecho hacer por este modo y salió mucho bueno, y obra de un -cuartillo ó poco más que envié á Castilla á cierta persona, en el año -de 28 ó 30, lo vendió, segun supe, por 20 ducados. La experiencia que -deste licor se tiene hoy es, que para cualquiera herida donde salga -sangre, ó donde no haya miembro ó nervio ó casco cortado, puesto en -ella caliente, bien empapada y atada, no es menester más de una vez -curalla. Las palmas desta Isla son muy provechosas, mayormente las -que tienen las hojas y ramas como las de Castilla, porque hay otras -especies de palmas que las tienen tiestas y como una mano abiertos los -dedos, ó como la hoja de las de los palmitos de Castilla, sino que las -de Castilla están parradas con el suelo y éstas son altas tres y cuatro -estados dél, y destas hay dos ó tres maneras dellas, y el provecho que -hay dellas es cobrir las casas en algunas partes desta Isla con ellas. -Nacen comunmente en los lugares no fértiles, y no en montañas sino en -llanos rasos, pero las primeras que dije, que tienen las ramas y hojas -como las de Castilla, éstas son muy hermosas y provechosas, fértiles, -y nunca se hallan sino en tierra muy fértil, de muchas aguas y rios -cerca; éstas son muy altas, tanto y más que las de España, porque -tienen 10, y 12, y 15 brazas en alto, y muy derechas, el mástel dellas -no es á pencas como las nuestras, sino lisas y duras, mucho más que si -fuesen de hueso. Son huecas, pasados dos dedos buenos de gordo, que -tiene lo que digo, que es muy dura, y están llenas de unas hilachas, -las cuales quitadas ó sacadas, que se quitan y sacan fácilmente, quedan -como una culebrina ó lombarda, que suelen servir, enteras ó partidas -por medio, de canales por donde venga el agua para edificios, en -especial donde se hace el azúcar, que se llaman ingenios; desta madera -hacian los indios las que llamaban macanas. Llegando á lo alto, que es -pasando todo lo que digo ser duro como hueso, comienza el palmito, que -terná seis palmos y siete de alto, y terná de grueso como un hombre por -la cintura y más grueso, y es algo más que el mismo mástel que viene -desde el suelo; este palmito, que dije tener seis y siete palmos, está -vestido de unas hojas que los indios llamaban yaguas, la última breve, -de las cuales tiene 10 y 12 tantas cuantos son los ramos de la palma -y unas sobre otras; las primeras, como se van secando, las despide -la naturaleza, y como aquéllas caen las segundas son ya primeras, y -despues las otras, y entre tanto que unas están para caer, otras se -crian de nuevo, y así nunca faltan unas y otras perpetuamente. Son por -la parte de fuera algo verdes y por la de dentro blancas, despues de -secas quedan en la misma color con poca diferencia; despues de caidas -en el suelo son tan anchas y tan largas, y cuasi de la forma y manera -que un cuero de un grande becerro, y así tienen lomo é ijadas; con una -se cubre un hombre del sol y del agua sin mojarse un pelo, y no las -pasa el agua más, ántes ménos, que á un grueso cuero. Con estas se -pueden cubrir y cubren las chozas, andando camino, y áun en los pueblos -las casas; son, finalmente, para mil provechos y cosas buenas. De lo -postrero ó que es más alto de cada yagua, nace un ramo, y cuando cae á -su tiempo que se despide la yagua, cae el ramo, porque en ella, como -dije, es originado; de cada yagua, como dije, sale un grande ramo de -la misma hoja y manera de los de España que llevan los dátiles, y así -hacen arriba la copa muy graciosa y muy ancha. No llevan fruto sino -aquellos como manojos blancos en que las de Castilla producen dátiles, -y en aquellos nacen ciertas contecitas no grandes. El palmito, desnudo -de siete ó de ocho yaguas y otras cortezas que se siguen á ellas muy -albas ó blancas, ántes que se llegue á lo comestible, es muy dulce -todo él, con muchos cogollos que dentro de sí contiene, y la cabeza en -especial que comienza, como dije, donde el mástel todo acaba, y ternan -en él que comer 20 hombres y más, como sea tan grande. Nogales hay -algunos pero muy raros, y no sé que los haya sino en lo alto de las -minas de Cibao, la provincia que dije llamarse Haytí, la última sílaba -aguda, de donde se denominó toda este Isla; las nueces que echan no son -de provecho alguno, porque todo lo de dentro es madera y cuasi nada -tienen de meollo; si los ingiriesen por ventura se harian domésticos -y darian buen fruto. Zarzasmoras hay algunas pero cuasi sin fruto, -porque las morillas que hacen valen poco. Parras montesas de las que -se cree que Noé plantó la viña, que en latin se llaman _labruscas_, y -que dán de sí uvas tintas menudas pero verdaderas uvas, en diversas -partes desta Isla, en los montes apegadas á otros árboles, hay muchas; -son acedas porque nunca bien maduran, madurarian segun yo creo, si las -cultivasen y les diera el sol y el aire, lo que no tienen por estar -en los montes pegadas á los árboles y siempre á la sombra; la hoja no -la tienen escotada por dos partes como la de Castilla, sino una sola, -es sin aquello algo más luenga que redonda, pero arpada á la redonda. -Cañas y cañaverales hay infinitas en esta Isla, en todos los rios y -arroyos y riberas dellos hasta entrar en el agua, y siempre es muy -fértil y viciosa la tierra, más que otra, donde las hay; difieren de -las de Castilla en esto, que son cuasi macizas porque están llenas de -hilos de la misma natura, puesto que por de fuera tienen sus ñudos y -señalados los cañutos. Jamás se quiebran por medio, aunque con un trozo -dellas dén muchos y grandes golpes en cualquier cosa, si no rájanse -por muchas rajas ó hendeduras de alto á bajo; las hojas y hermosura -dellas propias son como las de Castilla, sino que todavía muestran ser -más silvestres y no tan delicadas. Carrizos hay tambien muchos en las -ciénagas y lagunas ó lagos; estos son huecos los cañutos como los de -España, y con estos mondados, porque son muy lindos, los indios hacian -lazos y adornaban sus casas. Hay otras infinitas especies de árboles -silvestres, á muchos de los cuales tenian puestos nombres los indios y -de otros creo que no curaban nombrallos, muy diferentes en hoja y en -madera de los de España. - - - - -CAPÍTULO XVI. - - -Cuanto á las yerbas, son inmensas las que hay en esta Isla y de -especies diversas, y que creo que de gran virtud medicinales, porque -son muy hermosas y pintadas, como con tijeras cortadas muchas dellas, -que luégo parece haberlas naturaleza por su virtud señalado. Una yerba -conozco yo que es como una lechuga de pocas hojas, y está parrada con -el suelo, y comunmente está en los rasos y çabanas, con el zumo de -la cual el flujo de la sangre de las narices se estanca echándose la -persona en el suelo ó sobre una mesa, la cara arriba, exprimiendo de -aquel zumo algunas gotas por la ventana de la nariz por donde sale la -sangre. De las de Castilla, que acá son y eran, cuando los primeros -venimos, naturales, las que yo he visto y conozco son las que aquí -nombraré: Helecho muy alto y grande, hay en las sierras comunmente -que tienen yerba y son de montes muy claros en gran abundancia, -culantrillo de pozo, cerrajas, creo que doradilla, llanten, verdolagas, -y éstas me acuerdo que llamaban los indios manibari, la penúltima -breve; bledos de dos maneras, unos muy verdes y otros colorados y -muy grandes, salvo que tienen algunas espinas; ortigas, yerba-mora, -altamisa muy grande y muy buena, manzanilla, á lo que parece sin olor -alguno; los boticarios dicen que hay otras muchas de las que hay en -España, que los que no las conocemos no tenemos cuenta con ellas. -Una otra yerba, natural desta Isla, nasce á las riberas y junto al -agua de los rios, en la tierra de las hoyas, que es muy fértil y muy -blanda para sembrar en ella cualquier hortaliza; esta yerba llamaban -los indios _y_, es muy fresca y muy verde y muy graciosa, tiene la -forma de un corazon en plano, y es tan ancha como muy poco ménos que -dos manos, críase y cunde todo el suelo sin levantarse como la hiedra -ó las calabazas, pero las correas donde nace son muy más hermosas y -sotiles y delgadas que la de la hiedra ni calabazas; tiene un poco de -buen olor, y con ella se lavaban los indios, hombres y mujeres, como -siempre acostumbraban. Tiene la virtud del jabon para lavar ropas, en -especial de lienzo, puesto que los españoles no han curado della para -en esto della se aprovechar. Algunas veces se han purgado con ella á -tiento y sanado de calenturas, no sabiendo á qué indisposicion se ha -de aplicar: cómenla muy bien los puercos y engordan con ella. Otra -yerba hay que es como cebollas albarranas, la cual es muy buen jabon -para lavar ropa, puesto que creo que mucho la gasta. Hay juncia de -la de Castilla, y tambien la que llamamos enea, de donde salen los -que nombramos bohordos; en las ciénagas y lugares de muchas aguas hay -muchas malvas de las de Castilla. La yerba comun, de que todos los -llanos que llamaban los indios çabanas, la penúltima luenga, y las -sierras que no tienen arboledas, están llenas, es yerba hermosísima -y odorífera, delgada y muy alta, que poco ménos por alguna y muchas -partes un hombre se cubria, pero en general pasaba de la cinta. Entre -esta yerba se criaba otra yerba muy delgada que parecia lino en cerro -ya seco, cogido, raspado y adobado para hilarse, y podré decir que era -muy más linda, con la cual cobrian los indios sus casas, que llamaban -bohíos, la penúltima luenga, que la hermosura y limpieza della, y de -las casas della cubiertas, eran verlas alegría. Era muy más hermosa -y espesa y alta la de las vegas, y sobre todas la de la Vega Real; -quien agora viere las vegas, y mayormente la Grande, parecerle ha que -nunca en ellas hobo tal yerba, porque están tan pacidas y comidas de -los infinitos ganados que en ellas hay, que no es salida de la tierra -cuando es comida y raida; pero lo dicho es verdad. - - - - -CAPÍTULO XVII. - - -De todas las cosas referidas de esta Isla, se puede bien colegir su -salubridad y templanza, así por su sitio, por respecto del aspecto y -figura del cielo, como por la figura y disposicion de la misma tierra; -puédese tambien luégo entender la bondad, fertilidad, templanza y -sanidad de todas estas Indias, si se considerase lo que las otras islas -y Tierra Firme y partes della están desta distantes; pero, para mayor -noticia y claridad desto, es bien de notar, que así como los médicos -dicen que para conocer la naturaleza y disposicion del cuerpo humano es -necesario considerar, no sólo la raíz ó la causa superior y universal, -conviene á saber, el cielo ó cuerpos celestiales y su disposicion y -movimientos, pero tambien debe el médico de tener consideracion de la -raíz ó causa inferior, y ésta es la complexion y disposicion de la -persona, por esta misma manera es en el propósito, conviene á saber, -que para haber noticia de las tierras si son aptas y dispuestas para la -habitacion humana, si son templadas ó destempladas, sanas ó enfermas, -si son pobladas ó frecuentadas mucho ó poco de los hombres, se requiere -que tengamos noticia y conocimiento de la causa universal, que es el -cielo, conviene á saber, de la moderacion, ó mediocridad, ó templanza, -ó exceso y destemplanza que se causa por la distancia ó propincuidad -de la vía ó camino del sol, porque la mucha distancia causa el mucho -frio, y la mucha propincuidad ó vecindad causa el excesivo calor, y -tambien de las causas particulares ó especiales por respecto de la -tierra y disposicion della. Y de aquí es, que puede acaecer y acaece, -que, por el aspecto y figura del cielo, esté alguna tierra favorecida, -y dispuesta por su templanza y mediocridad para la habitacion humana, -y para los animales, arboledas y frutos de que los hombres tienen para -vivir necesidad, y por las causas inferiores, conviene á saber, por -la disposicion de la tierra, de sierras ó valles ó aires, ó de otros -inconvenientes que concurren, no sea proporcionada ni conveniente -para ser habitada ó mal habitada ó del todo inhabitable; y por el -contrario, por el aspecto y figura del cielo ser desconveniente y -desproporcionada para habitarse ó ser naturalmente inhabitable, y -por la buena disposicion, sitio y compostura della y de los montes y -valles y aires que en ella hay, ser convenientísima y proporcionable -para la habitacion humana. Cinco causas particulares se pueden colegir -de lo que dejaron escrito los filósofos y astrólogos, como abajo se -dirá, que pueden concurrir, ó alguna dellas, para que alguna tierra -sea mal habitada ó del todo inhabitable, aunque en conveniente y -proporcionada distancia del sol: La primera, por ser aquella tierra -cubierta de algun pedazo de mar ó de otras aguas dulces, como lagunas, -ó lagos ó ciénagas. La segunda, porque la tierra es estéril é -infructuosa, que ni nace yerba ni árboles como los arenales de Egipto -ó de Etiopía. La tercera, cuando está ocupada de serpientes ó malas -bestias, como en algunas partes de Etiopía y en otras de la India ó -Taprobana son algunos montes, que llaman de oro ó dorados, llenos de -grifos y hormigas y otras bestias, como abajo si viniere á propósito, -placiendo á Dios, se dirá. La cuarta, por la disposicion ó figura de -algunos lugares ó montañas, montes ó valles, que son inhabitables por -el exceso de calor ó frio que en ellos por su mala postura ó sitio -hace. La quinta, por razon de ser el aire de aquella comarca mucho -y demasiadamente sotil, ó en mucho exceso grueso, espeso y tupido, -ó por otra causa particular. Por el contrario es posible que suceda -en tierras cuyo sitio está en disconveniente y desproporcionada -distancia del sol (las cuales, cuanto al aspecto y figura del cielo, -fueran inhabitables ó mal habitables), por el concurso de cinco causas -contrarias á las cinco susodichas, conviene á saber, siendo la tierra -enjuta de agua de la mar, y de lagunas, y de ciénagas, que es contrario -de la primera; y siendo la tierra fértil, fructuosa de yerbas, árboles -y fructos, y el terruño grueso, jugoso y de buena color, que es -contrario á lo segundo, y que carezca de bestias fieras y ponzoñosas, -contrario de la tercera; y porque es tierra exenta, descubierta, no -avahada ni sombría, las sierras ó montañas altas de cara el sol, los -valles no cubiertos de espesas nieblas, que es contrario de la cuarta; -los aires de la comarca no demasiadamente sotiles ni gruesos, sino -llegados á mediocridad, que es contrario de la quinta causa. De aquí -es lo que de los montes Hiperbóreos se dice, los cuales, por la figura -del cielo, están en la extremidad del mundo, debajo del polo Artico ó -del Norte, el cual tienen encima de la cabeza, y la línea equinoccial -por horizonte, y el dia es de seis meses y de otros tantos la noche, -que habian de ser inhabitables por el excesivo frio; empero cuentan -dellos las historias que moran en ellos unos pueblos y gentes que dicen -ser beatísimas, que nunca mueren, sino, de hartos y cansados de vivir, -se suben á una peña altísima de donde se despeñan en la mar. Así lo -cuenta Plinio en el libro IV, cap. 12, y Solino en su _Polystor_, cap. -26, y Pomponio Mela, libro III, cap. 5. Estrabon, libro XV, dice que -algunos tenian por opinion que vivian mil años: dellos tambien habla -Macrobio _De Somno Scipionis_, libro II, y Diodoro tambien dice dellos -muchas cosas, en especial de su religion, libro III, capítulo 11, y -otros autores, de los cuales algo hablamos en el cap. 7. La razon de -aquello, asigna Lyconniense, segun refiere Aliaco en el tratado _De -Imagine mundi_, capítulo 12, diciendo que aquello acaece por la figura -y disposicion de aquellos montes, porque tienen la superficie hácia -el sol polida ó de su naturaleza clara y cóncava, y por esto reciben -y retienen la lumbre del sol, y por consiguiente el calor soficiente -para que no haya por allí tanto frio, y sean defendidos y conservados -los moradores de aquellos montes, que los vientos naturales de la -region, que son frios, no les sean nocivos y empecientes. En estas -nuestras Indias tenemos tambien ejemplo de lo que decimos, y es en -la línea equinoccial, la cual, por respecto del cielo, es manifiesto -estar debajo de una figura y constelaciones en todas partes y en -igual latitud, como esté medio por medio del mundo, pero en muchas -partes, así en la mar como en la tierra hácia las provincias del Perú, -es tierra templada, y en la provincia del Quito debajo de la misma -línea; en las sierras, por nieves, hay algunos pedazos inhabitables, -y en la isla de Santo Tomé, que tienen los portugueses y está debajo -de ella, apénas es habitable por mucho calor: esto no puede ser sino -por razon de la tierra y su dispusicion. Lo mismo es de las islas de -Cabo Verde, las cuales están en la misma altura con ésta, y aquéllas -son por el mucho calor mortíferas, y ésta por su amenidad felicísima -y vivificativa. Y así parece que si las causas especiales aptas para -la buena habitacion concurren, aunque la universal fuere contraria, -sería posible ser la tal region de buena y saludable habitacion, -no embargante la contrariedad de la universal y superior; de aquí -mucho con más verdad se sigue, que si la causa universal y superior -es favorable y concurren ó convienen con ella las especiales é -inferiores, conviene á saber, que el aspecto y figura del cielo por -sus salubres influencias favorezca, y la tierra por la mediana y -cómoda distancia del sol sea situada en buena proporcion, y así sea -fértil, enjuta, descubierta y bañada de buenos aires ó vientos, y de -ciénagas y hediondez ó pudrimiento y otros inconvenientes apartada, -esta tal region será mucho bien templada, muy apta y dispuesta para -la habitacion humana, y dignísima de ser de hombres frecuentada -y poblada; y así es verisímile que debe ser la tierra del Paraíso -terrenal y todas las tierras que son muy habitadas y pobladas. De -todo lo susodicho en este capítulo se puede colegir manifiestamente -la salubridad, fertilidad, y sanidad, felicidad, y poblacion desta -Isla; la razon es, porque en ella concurren, juntamente, la causa -universal que es el aspecto y figura del cielo, y la cómoda y mediana ó -mediocridad de la distancia del sol, y concurren asimismo con la causa -universal susodicha las cinco causas ya dichas especiales favorables, y -que por sí solas pudieran bastar. Cuanto á la causa superior y figura -del cielo y distancia convenible del sol, parece porque como esta -Isla, segun en el capítulo 1.º digimos, esté en 16, y 17, y 18, y 20 -grados, y el mayor dia del año no pase de 13 horas con algunos minutos, -y la noche no mengüe de 11 ménos aquellos minutos, lo cual es poca -distancia y hay poca diferencia de la templanza que hay en la línea -equinoccial por la igualdad del dia y de la noche, como en otra parte, -por sentencia de Avicena y otros filósofos, digimos, y por experiencia -sabemos ser así verdad, luego el aspecto del cielo y distancia -convenible del sol, y así la causa superior y universal, concurren á -la salubridad, fertilidad, sanidad, felicidad y poblacion de esta isla -Española, y á ser de su naturaleza bien habitable. Esto se corrobora, -porque segun Aristóteles, en el libro «De las causas de las propiedades -de los elementos», y Avicena é Hipócrates y todos los astrólogos -y matemáticos y filósofos, la raíz de la felicidad y fertilidad y -habitacion de las tierras es la igualdad, ó templanza, ó mediocridad, -y ésta procede de la igualdad del dia y de la noche, porque cuanto el -dia escallenta el calor del sol, tanto enfria el frescor de la noche, -pues como esta Isla tenga una hora no más, ó poco más, de dia, cuando -mayor es el dia de todo el año, y aquélla ménos de noche, y ésta sea -muy poca diferencia de la igualdad y templanza que alcance la línea -equinoccial, síguese que muy poco ménos de templanza tenga esta Isla -en el mayor dia del año que la línea equinoccial, y, por consiguiente, -cuando vuelve el sol y va creciendo la noche hasta subir á 13 horas, y -menguando el dia hasta 11, de necesidad en esta Isla se ha de seguir -deleitable habitacion. De aquí es, que desde mediado Setiembre, que es -el equinoccio austral, hasta todo Abril, que son siete meses y medio, -es muy buena y muy deleitable por toda esta Isla la habitacion humana, -y los cuatro meses y medio que son, Mayo, Junio, Julio y Agosto y -mediado Setiembre, hace los calores (y más son bochornos que calores), -porque entónces son las aguas comunmente; y áun este calor no es -demasiado en muchas partes della, sino son las provincias que están á -la costa ó ribera de la mar del Sur, y esto proviene por el aspecto ó -figura del cielo y la conveniente distancia del sol, y así por la causa -universal y superior. - - - - -CAPÍTULO XVIII. - - -Visto como concurre el favor que dá la causa universal para que la -habitacion desta Isla sea próspera y deleitable, veamos en este -capítulo cómo concurren las causas favorables particulares. Concurren, -pues, todas cinco causas, porque toda esta Isla es tierra enjuta de -agua de mar, de lagunas hediondas, y las de una que hay son muy limpias -y de muy buen pescado, que tengan el agua salada ó dulce, y las riberas -della arenosas, y la tierra de alrededor tiesta y no lodosa, enjuta, -airosa y limpia de todo lo que le puede dañar; es limpia de ciénagas -de charcos esta Isla y de toda hediondez, porque todas las aguas que -tiene, que pudieran causar ciénagas ó alguna pudricion, no son sino -arroyos y rios corrientes, y de limpias y delgadas y suaves aguas. El -terruño ó tierra de toda ella, es jugosa y gruesa ó llena de grosura en -sí, cubierta de odorífera yerba de árboles fructíferos y lindos, y así -fertilísima y felicísima; y de muy agradable color, no negra sino en -algunos lugares colorada, y generalmente algo pardilla como un leonado -oscuro. Bestias ponzoñosas no las hay, puesto que hay, como se dijo, -unas poderosas culebras muy mansas y cobardes que las pisa el hombre -muchas veces y cuasi no lo sienten, porque miéntras se revuelven á -deshacerse de como están hechas rosca pasa mucho tiempo; y yo he visto -comerlas á los españoles, con hambre, á los principios que comenzaron -á destruir las gentes, vecinos y moradores desta Isla, y comer de la -cola donde tienen las culebras y sierpes la ponzoña y no recibir mal -alguno. Es asimismo toda esta Isla, tierra descubierta y exenta, no -avahada ni sombría, sus sierras y montes y montañas muy altas, rasas; -los collados, los valles, las cuestas muy bien asentadas, las cuales -todas, y cada parte dellas, las bañan y penetran y apuran los aires -y el sol; los valles muy sin nieblas, claros y deleitosos, con sus -corrientes rios y arroyos, y si algunas causan en ellos los vapores, -como son muy delgadas y sotiles, fácilmente las resuelve y deshace -el sol. Los aires naturales que se engendran en esta tierra son de -necesidad claros, sotiles, no espesos, nebulosos ni oscuros, sino de -buena sustancia, porque se engendran de los frescores de las sierras y -montañas tan altas y valles desavahados, que causan las suaves noches, -y por eso no se les mezclan vapores ó fumosidades extrañas, ni gruesas, -ni de mala naturaleza, porque no hay de dónde, como quiera que no -pasen por lugares cenagosos, podridos ó hediondos, ni por donde haya -malas yerbas ó ponzoñosos árboles que los inficionen con sus vapores, -ántes los árboles por donde pasan, como sean pinos y otros muchos muy -altos que arriba hemos contado, son de nobilísima especie ó casta, y -las yerbas odoríferas y medicinales, como queda declarado, y así no -exceden en alguna de las cuatro primeras calidades, que son, frio, -calor, humedad y sequedad; y aunque alguna humedad parece tener esta -Isla más que sequedad, pero recompénsase con la enjutez de la tierra y -clemencia de los aires, y tambien de los vientos, como luégo se dirá. -De la sotileza, claridad, buena sustancia y clemencia de estos aires, -podré dar un argumento bien claro, que de cerca de sesenta años que ha -que conozco esta Isla y habitado en ella muchos años, no me acuerdo que -pasase más de un dia que no se viese el sol en invierno ni en verano; -aunque á la verdad no hay invierno sino que todo el año es verano, -pues por Navidad canta el ruiseñor, como arriba ha sido relatado. Los -vientos comunes que corren por esta Isla, y por la mayor parte de -todas estas Indias son los que llaman los marineros brisas, y por el -aguja del marear se llaman Nordeste y Nornordeste y Lesnordeste, que -parte son boreales, vecinos del Norte, y parte orientales, y así son -los más sanos de todos los cuatro cardinales ó principales, segun los -filósofos y médicos y astrólogos, y segun Aristóteles en el séptimo de -la Política, capítulo 11, y en el segundo de los Meteoros. Los vientos -orientales son más sanos que otros, porque por su mucha materia moran -más debajo de la vía del sol, por lo cual son más cálidos, y por su -calor resuelven las nubes y sutilizan y apuran el aire, y así causan -sanidad. Item el aire de las regiones orientales es aire claro y poco -seco, templado, entre húmedo y cálido, y por esto el viento (que no -es otra cosa sino aire movido y forzado á correr por las fumosidades -ó vapores, que salen de la tierra con ímpetu y que de Oriente nascen) -clarifica las aguas y dáles sabor suave, y por esta causa los cuerpos -conservan sanidad por la templanza de sus calidades; de aquí tambien es -que los vientos orientales más que otros abundan en flores y frutos. -Item, las aguas de los rios tambien que corren hacia Oriente y que por -allí entran en la mar, como hay infinitos en esta Isla, son mejores y -más claras y más sanas; la razon es por el encuentro de los vientos -orientales, y tambien por la reverberacion del sol, que viene de -Oriente, que las apuran y sutilizan. Los vientos boreales, que tambien -corren y vientan en esta Isla y proceden de debajo del polo Ártico -que llamamos Norte, y segun San Isidoro, en el libro XI, capítulo 13, -y libro XIV, cap. 8.º, proceden de aquellos montes Hiperbóreos que -digimos en el capítulo precedente, donde viven las gentes beatísimas, -son asimismo salubres y convenientes á la humana habitacion, porque -son frios y secos y vientan con ímpetu y vehemencia, y por razon de -su fuerza limpian y apuran el aire, ahuyentando las nubes y vapores -gruesos que están en él, y por su frialdad y sequedad endurecen los -cuerpos y cierran los poros por de fuera, incluyendo y ahuyentando -el calor intrínseco natural para la buena digestion; purifican los -humores, sutilizan los espíritus y los sentidos, ayudan la potencia -digestiva, la retentiva confortan, el aire pestilencial sanan, y ayudan -la potencia generativa y así causan en todo sanidad, lo que no puede -ser sin mediocridad ni templanza. Pues que las aguas desta Isla son -sanas y maravillosas, y ayudan á la templada y buena habitacion humana, -por lo que dellas hemos dicho arriba en los capítulos 6.º y 9.º, -bien claro á quien lo leyere parecerá; y la razon desta mediocridad -y sanidad es, porque son muy dulces, muy movibles y corrientes, -clarísimas, muy sotiles y delgadas, descubiertas, donde las dá todo -el dia el sol, descienden de montañas ó sierras muy altas, pasan por -tierras enjutas y arenosas, con el calor del sol y con el verano muy -presto se escallentan, y con la frescura de la noche y con el tiempo -que acá tenemos por invierno, aunque no lo es pero es el más fresco de -todo el año, se suelen fácilmente enfriar. Todas las dichas calidades -ó propiedades, que en este capítulo y en el precedente habemos -notificado, ponen y acumulan los que, de las señales y juicio que -alguna tierra es templada y cómoda y proporcionada para la habitacion -humana, trataron, del número de los cuales es Avicena en el libro I _De -locorum habitabilium indiciis_, cap. 11, é Hipocras en el libro _De -Aere et aqua_, y Aristóteles en el VII de Las Políticas; Tolomeo en el -Quadripartito, tratado II, capítulo 1.º y 2.º, y Haly, su intérprete; -Alberto Magno, en el libro I, tratado primero, cap. 25 de los Meteoros, -y en el libro _De Natura locorum_, cap. 11 y 13, y otros muchos. Y así, -de todo lo dicho manifiestamente parece, concurren esta Isla, no sólo -la causa universal, aspecto y figura del cielo, pero muchas favorables -particulares que juntamente causan en ella mediocridad y templanza, y -por consiguiente hacen salubre y deleitable su habitacion; y porque -su altura es desde 16 hasta 20 grados, cuanto á su latitud, por eso el -sitio que tiene cae debajo del clima primero, segun la distribucion de -los climas que hicieron los antiguos, pero debajo del segundo y tercero -segun la de los modernos. Comunmente la costa ó ribera de la mar del -Sur es más caliente que la del Norte, aunque los embates y vientos de -la mar ordinarios la templan desde medio dia abajo, como arriba hemos -dicho, pero la del Norte abunda en frescura más; es la razon porque por -aquella parte le vientan las brisas ó vientos boreales, sin que los -impida la tierra como le vengan descubiertos inmediatamente por la mar. -En todas partes, frias ó calientes, siempre la costa ó ribera de la -mar naturalmente es caliente, porque la mar de su género y naturaleza -es cálida, por la terrestridad que se la apega cálida ó quemada por la -reverberacion de los muchos rayos del sol, que se desparcen por muchas -partes sobre ella, y por esto, de necesidad, los lugares vecinos á la -mar han de ser cálidos y secos ó cálidos y húmedos, sino fuere por -alguna causa particular, como vemos especialmente en estas islas, segun -hemos dicho, de las continuas brisas y virazones del dia y los terrales -de noche. - - - - -CAPÍTULO XIX. - - -Entre otras cosas buenas que esta Isla tiene no es de dejar de referir -ésta, que tampoco es de no mucho estimar, conviene á saber, que en -toda ella no crian los españoles piojos ni pulgas; de los piojos, por -maravilla uno se suele, sino muy raras veces, hallar; de las pulgas, -ninguna se halla donde quiera que la casa está de gente habitada. Lo -que dellas he visto, por experiencia, es que cuando se hacen algunas -chozas, así como se suelen hacer en las minas, que hoy las hacian y -dende á un mes ó dos, acabada la mina, por ir á buscar otra mina, -dejaban aquella choza, luégo que la gente salia se henchia de pulgas, -y duraban en ella tres ó cuatro dias y despues se morian todas. Los -vecinos naturales indios desta Isla criaban en las hamacas, sus camas, -y tambien en las cabezas, hartos piojos; perecidos ya todos los indios -y sucedido en esta tierra tanta multitud de negros, no sé cómo les -va de piojos. Generalmente las naos y la gente que por la mar anda -hierven de aquesta fruta en tanto, que para los que de nuevo en la -mar caminan no es poco cuidado y trabajo, pero por el viaje destas -Indias vemos una cosa singular y de notar; que hasta las Canarias y -100 leguas más acá, ó por el paraje de las islas de los Azores, son -muchos los piojos que se crian, pero desde allí para acá comienzan á -morirse todos, y llegando á las primeras islas no hay hombre que crie -ni vea uno; á la tornada para Castilla, van todas las naos y gentes -dellas limpios destas criaturitas, hasta llegar en la dicha comarca, -desde allí adelante, como si los esperasen, los tornan luégo en mucho -número á inquietar. Dos cosas hobo y hay en esta Isla, que en los -principios fueron á los españoles muy penosas: la una es la enfermedad -de las bubas, que en Italia llaman el mal frances, y ésta, sepan -por verdad que fué desta Isla, ó cuando los primeros indios fueron, -cuando volvió el almirante don Cristóbal Colon con las nuevas del -descubrimiento destas Indias, los cuales yo luégo vide en Sevilla, y -éstos las pudieron pegar en España, inficionando el aire ó por otra -vía, ó cuando fueron algunos españoles, ya con el mal dellas, en los -primeros tornaviajes á Castilla, y esto pudo ser el año de 1494 hasta -el de 1496; y porque en este tiempo pasó con un gran ejército en -Italia, para tomar á Nápoles, el rey Cárlos de Francia que llamaron el -Cabezudo, y fué aquel mal contagioso en aquel ejército, por esta razon -estimaron los italianos que de aquéllos se les habia pegado, y de allí -adelante lo llamaron el mal frances. Yo hice algunas veces diligencia -en preguntar á los indios desta Isla si era en ella muy antiguo este -mal, y respondian que sí, ántes que los cristianos á ella viniesen sin -haber de su orígen memoria, y desto ninguno debe dudar; y bien parece -tambien, pues la divina Providencia le proveyó de su propia medicina, -que es, como arriba en el cap. 14 digimos, el árbol del guayacan. Es -cosa muy averiguada que todos los españoles incontinentes, que en -esta Isla no tuvieron la virtud de la castidad, fueron contaminados -dellas, y de ciento no se escapaba quizás uno sino era cuando la otra -parte nunca las habia tenido; los indios, hombres ó mujeres, que las -tenian eran muy poco dellas afligidos, y cuasi no más que si tuvieran -viruelas, pero á los españoles les eran los dolores dellas grande -y continuo tormento, mayormente todo el tiempo que las bubas fuera -no salian. Lo otro, que afligió algunos españoles á los principios, -fué las que llamaban los indios niguas; éstas son cierta especie de -pulgas, y así saltan como pulgas, y son tan chiquitas que apénas pueden -ser vistas. Engéndranse del polvo de la tierra, y para que no las -haya, ó se crien ménos, requiérese tener siempre la casa muy barrida, -regada y limpia; éstas se meten comunmente en las cumbres de los dedos -de los piés, junto á la uña, y van comiendo y cavando todo el cuero -hasta la carne, y allí paran; cuando comen causan la comezon como de -los aradores, y algo más vehemente y más penosa. Ella ya metida en la -carne, allí, poco á poco dentro de un dia ó dos, se corrompe y deja de -ser pulga, y hácese una bolsita blanca de un cuero ú hollejo delgado, -de la hechura de una lanteja y de su tamaño, y si la olvidan siete -ú ocho dias cresce á ser poco ménos que un garbanzo: parece propia -como una perlita de aljofar. Esta bolsilla está llena de liendres muy -blancas, y que terná dentro de sí, por chica que sea, más de ciento, -y en cierto tiempo todas viven y se tornan negras como fué la madre y -son otras tantas niguas. Hánse de sacar con un alfiler apartando el -cuero del dedo muy sotilmente y poco á poco, porque no reviente ó se -quiebre, porque, si revienta, las liendres se desparcen, y otras quedan -en el agujero que deja, el cual es tamaño cuanto ella es gorda, y no se -pueden bien todas sacar, y por esto luégo las liendres que allí quedan -se hacen niguas, y se convierten en otras bolsas llenas de aquella -simiente; así que, apartando el cuero poco á poco con el alfiler, -despues con los dos pulgares de las manos apretando como quien quisiese -sacar la podre de algun divieso ó granillo, luégo sale la bolsa toda -entera, segun dije, como un grano de aljofar ó perla. Ella fuera, -hinchan el agujero, que deja hecho, de ceniza y luégo suelda, á ella -echalla en el fuego ó molella entre dos piedras porque mueran todas las -liendres, y para que no entren más en aquel agujero es bien henchirlo -de aceite; son muy más penosas de sacar ántes que la pulguilla se -corrompa y haga la bolsilla, y cuanto la bolsa es más grande ménos -pena dan sacándolas. Y como en aquellos tiempos primeros andaban los -nuestros españoles monteando por su propia culpa los indios, que huian -de su braveza y crueldad, calzados con alpargates, y no sabian lo que -las niguas eran, ni sacarlas, olvidábanse en los piés y pudríanse -en ellos, y escupian infinitas liendres, con las cuales se cundian -en otros muchos lugares, y así padecíanse mucha manquedad afliccion -y trabajos. Dije calzados con alpargates, porque allí se esconden -aquellas pulguillas más que en otro calzado, quien anda calzado con -calzas y zapatos, y mejor si con borceguíes, por maravilla le puede -entrar alguna; los indios dellas recibian poco daño, aunque andaban -descalzos, lo uno por la limpieza de se lavar muchas veces, y lo otro -porque tienen diligencia en luégo como las sienten sacarlas: lléganse -mucho á la suciedad, y porque los negros son sucios y no se acostumbran -á lavar, ó tambien porque quizás su carnadura es más que otra dispuesta -para ellas, son dellas más fatigados. - - - - -CAPÍTULO XX. - - -Para concluir la felicidad y excelencia desta Isla, será bien cotejalla -con las más cognoscidas y celebradas islas que antiguamente fueron en -el mundo; éstas fueron principalmente tres: Inglaterra, Sicilia, y -Creta, que agora se llama Candía. Cuanto á la grandeza de Inglaterra, -segun César en sus Comentarios, libro V, _De bello gallico_, tiene -en todo su circuito dos cuentos de pasos, que son más de 650 leguas, -y habla segun lo que por relacion de los mismos ingleses César oia. -Plinio, libro IV, capítulo 16, refiriendo tambien lo que otros decian, -dice que de luengo tiene Inglaterra 800.000 pasos, que hacen 270 -leguas, y de ancho 300.000, que cumplen 100 leguas, pero estas medidas -ambas son falsas sino se salvan con que, segun los antiguos, para hacer -una legua debian poner más de tres pasos (ó eran pasos de gatos), -porque segun hoy vemos por las leguas que se tasan por el arte de -marear, que es la verdadera experiencia, no tiene de longura, entrando -en ella el reino de Escocia, sino 160 leguas, y de ancho 100 no más, -y éstas contándolas desde una puntilla de tierra, harto delgada, que -se llama Mirafurda, que, en la verdad, no es lo ancho de la Isla; lo -ancho della, y no de toda ella sino por cierta parte, no llega á 70 -leguas. Beda, que fué natural desta Isla, y San Isidoro, libro XIV, -cap. 6.º, que refirió la cuenta del mismo Beda en el principio de su -Historia eclesiástica, y tambien Solino, cap. 3.º, dicen que tiene de -circuito 48 veces 75.000 pasos, que hacen más de tres cuentos y medio -de pasos, que venian á hacer 1.400 leguas, lo cual es manifiesto ser -falsísimo por la experiencia. Diodoro dice áun más en gran exceso, -que tiene la dicha Isla 42.000 estadios, que hacen 2.260 leguas en -circuito, y esto es más que falso como por los ojos se demuestra, así -que la verdad es lo que arriba está dicho. Pero esta isla Española -todo el luengo que tiene son 145 leguas, el ancho son 80 ó al ménos -70 buenas, en circuito siempre se ha dicho tener 600; el Almirante, -que la bojó ó anduvo en derredor, de propósito, toda, dijo tener 700, -de manera que ántes tiene más tierra esta Isla en ancho y en largo -que Inglaterra, ó al ménos, segun la verdad, no es menor que ella. -Inglaterra es fructífera, que dá los frutos de la tierra de que se -mantienen los hombres, tiene grandes arboledas, grandes campos y pastos -para ganados y bestias, donde hay gran número de ovejas, porque no -hay lobos; vino no lo habia antiguamente, agora lo hay, no en todas -sino en algunas partes; tiene oro y plata, hierro y plomo, y estaño -y perlas ó margaritas; tiene salinas, tiene rios grandes, es tierra -más templada que Francia. Habitábala de gentes gran multitud, de -costumbres, segun Diodoro, simples y muy diferentes de la astucia y -malicia de otras gentes; contentábanse con comida simple, y de los -deleites que usan los hombres ricos muy ajenos, las casas hacian de -palos ó ramas y cañas; tenian muchos reyes y príncipes, los cuales -todos vivian en paz. Todo esto es de Diodoro; pero Plinio, y Solino, y -Julio César y otros, ponen hartas malas costumbres de aquellas gentes, -como abajo parecerá; todo lo de mas arriba es de los Comentarios de -César, y de Estrabon, libro IV, y Solino, cap. 35, Plinio, libro IX, -cap. 35, y libro XXXIV, cap. 17, y Diodoro, libro VI, cap. 8.º, y de -otros. Esta nuestra Española es toda, como ya está dicho, más que -ninguna otra fructífera, para los mantenimientos de los hombres, de -frutos infinitos; las arboledas y frutales naturales de la tierra, y -de los que de Castilla se han traido, mayormente naranjas, y limones, -y sidras, granadas, y higueras, nunca tantas y tales por el mundo, -fuera destas Indias, se han visto; vino, ni lo habia ni se ha hecho, -puesto que muchas uvas se comen cada dia, y no haberse hecho por -nuestra culpa y negligencia ha sido. Campos y dehesas para toda especie -de ganados y bestias domésticas, no hay tierra tanta ni tal, en mucha -parte del mundo, tan dispuesta y aparejada para ellas, ni dellas que -esté hoy ni haya estado tan llena; muchos vecinos hay, y que pasan de -500, que tienen á diez á veinte y á treinta y á cincuenta y á sesenta -mil vacas, tan grandes que son mayores que búfanos; ovejas no tienen -número, y cabras muchas, y, sobre todas las carnes, la infinidad de los -puercos y la carne dellos no se igualan gallinas ni capones con ella. -Bestias caballares exceden, así en número como en hermosura, grandeza, -ferocidad y gentileza, á todos los que en toda la redondez del orbe -se crian; andan mostrencas y perdidas millares de yeguas y caballos, -por los montes, sin dueño, que no hay quien diga estas son mias. Mulas -y las demas bestias para el servicio no tienen número cuando se hace -por ellas, y en muchas partes no hallarán par. Oro tiene mucho y más -fino que en otras partes del mundo, como arriba se ha probado, hierro -y cobre tambien, aunque no nos hemos curado mucho dello, por venir -tanto de Castilla y tan barato, y por el ansia que tenemos de andar -tras el oro, lo cual nos impide aquesta y otras muchas más provechosas -y naturales que el oro. Perlas ó margaritas, ni plata ó estaño, hasta -agora no se han hallado, aunque hallarse por muchas partes desta Isla -plata y estaño, y quizá plomo, yo no dudo, pero, en lugar de esto, hay -minas de azul muy fino y de ambar, puesto que en pocas partes; de creer -es que se hallaria más si se buscase. Item, para la recompensa de la -plata y margaritas que hay en Inglaterra, tiene aquesta isla Española -40 y 50 ingenios de azúcar, y disposicion para hacer 200, que valen -más y son más provechosos al linaje humano que cuanta plata, y oro, -y perlas en Inglaterra hay. Item los árboles y yerbas medicinales, -señaladamente el palo de Guayacan, que no sólo para el mal frances ó -de las bubas pero para toda enfermedad que proceda de frio y humedad, -y el árbol de que se hace el bálsamo artificial, y otros infinitos -que se cree haber de su naturaleza saludables, cosas más preciosas -son que ni margaritas, ni oro, ni plata, ni plomo ni estaño. Los -rios cuántos y cuáles, y cuán caudales y de cuán dulcísimas y suaves -aguas, arriba queda bien declarado. Salinas de agua de la mar y de una -sierra grande, que la peña de toda ella es sal, muchas hay. Toda esta -Isla ser temperatísima, salubérrima y amenísima, y el cielo, y suelo, -y aires locales, y naturales della, y los vientos que la bañan, y -refrescan, y recrean, ser todo favorable para cumplimiento de su gran -felicidad, por todas las cualidades della, en muchos capítulos arriba -referidas, se puede asaz y abundantemente colegir. De la multitud -de las gentes que habitaban esta Isla querer hablar, es acometer á -contar cuántas aguas entran en la mar; eran innumerables, segun que -abajo más parecerá, tenian muchos reyes, y todos vivian, sino eran muy -raras veces que riñesen por alguna ocasion, en paz. Cinco reyes habia -grandes, de cinco principales reinos y provincias que en esta tierra -ó Isla hay; el uno se llamó Guacanagarí, la sílaba última aguda, el -cual reinaba en la provincia que se llamaba el Marien, que es donde -comienza la Vega Real, teniendo las espaldas al Norte, por donde la -descripcion de esta Isla comenzamos, y que fué la primera tierra que -desta Isla el Almirante viejo descubrió; el otro Rey fué Guarionéx, -la última sílaba luenga, que en la Vega Real reinaba, y éste fué muy -gran señor; el otro se llamó Caonabó, la misma última tambien larga, -que en la provincia reinó de la Maguána, donde se asentó despues una -villa de españoles que llamaron San Juan de la Maguána, luenga la -sílaba penúltima, y esta tierra raya hácia la parte austral: éste -fué muy valeroso y de mucha gravedad y autoridad, y á su manera muy -esforzado. Fué el cuarto rey Behechio, la penúltima luenga tambien, -que reinó en el reino de Xaraguá, la última aguda, y éste en corte y -polideza y otras humanas calidades á todos los demas excedió; y ésta -cae á la parte desta Isla más occidental. Era el quinto reino en la -provincia de Higuey, la penúltima luenga, que es al Oriente, cuya -tierra, viniendo de Castilla á esta Isla, es la primera que topamos, -y en éste reinaba en mi tiempo una reina vieja llamada Higuanamá, la -última sílaba aguda. A estos cinco reyes obedecian y seguian otros -infinitos grandes señores, que numerarlos sería mucho esta Historia -dilatar. De todo lo cual parece no ser inferior ni ménos rica y -preciosa esta isla Española que la de Inglaterra, ántes en muchas -calidades naturales, riquezas y propiedades salubres, le hace muchas -ventajas. La otra Isla, por la antigüedad de los siglos pasados muy -celebrada, fué la isla de Sicilia, la troja ó alholí de los romanos -nombrada, segun Estrabon, libro VI de su Geografía; la grandeza -della, rodeándola toda, segun Plinio, libro III, capítulo 8.º, son -618.000 pasos, que hacen 206 leguas, dando á cada legua 3.000 pasos. -Solino, cap. 40 de su _Polystor_, pone 3.000 estadios (al cual sigue -San Isidoro, libro XIV, cap. 6.º de las Etimologías), que suman 126 -leguas, pero algunas más añade Diodoro como natural vecino della; éste -asigna en su libro VI, cap. 1.º, 4.360 estadios, los cuales cumplen -182 leguas, aplicando á cada ocho estadios una milla, y tres millas á -cada legua, porque cada estadio contiene 125 pasos, que fué la carrera -que corrió Hércules sin resollar, y porque allí paró y estuvo, se dijo -estadio _à stando_, segun San Isidoro, XV, cap. 16 de sus Etimologías; -por manera que segun todos, poco más ó poco ménos, concuerdan, cuanto á -la grandeza podrán caber dos buenas Sicilias en esta nuestra Española -isla. Cuanto á la fertilidad, Plinio, libro X, cap. 18, dice ser -fertilísima y que dá de trigo ciento por uno; en esta isla Española -no he mirado lo que multiplica el trigo de Castilla, porque no hemos -curado dello por ocuparnos en otras, como arriba dije, granjerías, pero -yo lo hice sembrar una vez, y dello cinco celemines, de los cuales -fueron hechas tres hazas grandes, y muy espigado, que lo venian á ver -por maravilla, y porque lo sembraron muy temprano y vino agua ántes -que del todo granase, con ella se anubló y perdió, y, segun lo que -mostraron, bien se creyó que sobrepujara á la multiplicacion de lo de -Sicilia. El mahíz, grano desta Isla, mucho más dá de sí en aumento -que ciento por uno, y áun ciento y cincuenta, porque de un grano nace -una caña, y en una caña proceden al ménos comunmente tres mazorcas ó -espigas, y cada espiga ó mazorca tiene 600, y 700, y 800 granos, de -manera que de un grano salen al ménos mil y quinientos. Plinio pone por -maravilla que el campo de Byzancio, que es en Africa, daba 150 hanegas -por una, y que de allí envió un hacedor imperial á César Augusto de un -sólo grano (lo cual dice Plinio ser apénas creible) pocas ménos que -400 macollas ó hijos de trigo, y otro al Emperador Nero envió de un -grano 340 cañas con sus espigas; esto dice Plinio. En la provincia del -Rio de la Plata, procedieron de 30 granos de trigo 30.000, en la de -Guatemala, de cinco granos de trigo salieron 180 espigas muy grandes y -hermosísimas; esto me certificaron las personas de verdad y autoridad -que lo vieron. Tornando al propósito, Solino pone muchas y diversas -cosas naturales, y no ménos admirables, de la isla de Sicilia, de las -cuales las más no hacen al caso, para que puesto que en ésta no las -haya pierda algo de su excelencia; dellas son la fuente de Diana, de la -cual si con manos no castas tocare alguno el agua, no se podrá mezclar -aquella agua con vino; la sal que se hace en la ciudad Agrigentina, -pueblo de aquella Isla, que si la echan en el fuego se hace, y si -la echan en el agua estalla ó revienta, como la otra sal echada en -el fuego, haciendo ruido; que en cierta parte de la Isla, la tierra -cria muchas cañas, de que se hacen flautas de diversos sonidos; en -esta Española son las cañas cuasi macizas, pero muy provechosas para -hacer casas y para otras muchas cosas. Hay en Sicilia una fuente que -es quieta y tranquila, pero en sonando una flauta ó en cantando una -voz, cuasi como si se admirase con ella, se levanta el agua y derrama -saliendo de sus términos; otras dos fuentes hay, la una es, que si una -mujer estéril, que no concibe, del agua de ella bebiere será fecunda y -concebirá, y la otra, si la mujer fuere fecunda se hará estéril y no -concebirá. Otras muchas cosas maravillosas naturales y otras fabulosas -refiere allí Solino, que para nuestro propósito hacen poco al caso; San -Isidoro dice que abunda en oro, no sé si lo dice por el pan y otras -cosas ricas que della para sustentacion de los hombres salen, ó porque -minas de oro en ella haya, pero parece que desto, pocos ó ningun autor -mencion hace; algunas piedras preciosas, y esmeraldas, y coral, segun -Plinio, libro XXXII, cap. 2.º, y libro XXXVII, cap. 5.º, y Solino, -dicen que allí se hallan. Dice más Solino, que todo lo que aquella Isla -cria, ó que la tierra con su fertilidad natural lo produzca, ó que -por industria humana se siembre, todo es cercano á las cosas que son -perfectas, excepto el azafran de la ciudad que allí hay, que se llama -Centuripina, que á todo lo sobrepuja; afirma tambien que no pasa dia -que no se vea el sol en la ciudad Siracusana, que es la metrópoli de -aquella Isla, aunque sea tiempo de invierno. De la fertilidad desta -Isla, cuanto á lo que dá de sí y de lo que por industria de los hombres -se cria, y como apénas que por todo el año no se deje de ver el sol -un dia, no en sola una ciudad ni una provincia sino en toda esta gran -Isla, asaz queda en los precedentes capítulos prolijamente dicho, y por -todo ello parece en cuantas cualidades y riquezas naturales, al ménos -cuanto á la capacidad y aptitud, cielo y suelo y otras propiedades, -para producir muchos más bienes y utilidades para la feliz y próspera -vivienda de los hombres, esta Española excede á Sicilia. De las piedras -y coral que allí dicen haber, aunque ya no debe parecer alguno, y -que en ésta no se han visto hasta ahora, en lo que á las perlas de -Inglaterra digimos queda respondido. La tercera Isla, por los antiguos -muy nombrada y solemnizada, es la isla de Candía, que antiguamente -se llamó Creta; esta Isla fué celebratísima en los tiempos antiguos, -mayormente por los poetas, y tambien todos los escritores griegos hacen -gran mencion della, y la razon fué porque en ella se hallaron las -cosas más famosas que trata la materia poética. Nasció en ella el gran -Júpiter, y reinó en ella y en ella fué sepultado; della fué Saturno; -á ella fué llevada Europa, hija del rey Agenor; della tambien fué la -madre de los dioses, que fué Cibeles; destas cosas hablan, Virgilio -en el III de la Eneida, y Ovidio, libro III, Metamorfóseos. Por estas -causas, y por la grandeza y otras muchas calidades señaladas que esta -isla tiene, los que repartieron las provincias de Grecia, y le dieron -dos provincias en la mar, dijeron que la una era Candía ó Creta, y la -otra era las islas Cyclades; por manera, que á sola Candía contaron -por provincia marina de Grecia, igualándola con las islas Cyclades, -siendo 53 como San Isidoro cuenta, y muy nombradas islas entre ellas, -y tanto la quisieron magnificar los poetas, que dijeron ser adornada -de cien ciudades, y no solamente los poetas, como Séneca en la -tragedia primera llamada _Hércules Furens_, pero áun muchos de los -historiadores, á los cuales, siguiendo San Isidoro, libro XIV, capítulo -8.º de sus Etimologías, dice que tenía cien ciudades otro tiempo; -pero rearguye Solino en su _Polystor_, cap. 35, y dice que aquellos -fueron muy pródigos en el hablar y dar loores demasiados: _Non stipata -centum urbibus sicut perhibent qui prodige lingua largiti sunt, sed -magnis et ambiciosis oppidis_, etc.; confiesa, empero, tener algunos -grandes y famosos lugares y poblaciones. Y puesto que le dieron los -poetas demasiados y fingidos loores cerca desto, todavía los mereció -verdaderos por muchas excelencias que tuvo; de las cuales algunas -cuenta Solino, y Estrabon, libro X, Diodoro, libro VI, capítulo 13, y -Plinio, libro IV, cap. 12, y San Isidoro, libro XIV, cap. 6.º, y otros -muchos poetas é historiadores. La grandeza della, segun Plinio, es de -longura de Oriente á Poniente 270.000 pasos, que hacen 90 leguas, y de -latitud no excede en 50.000, que son 16 leguas; y en circuito y boja -tiene 589.000, que cumplirán no cabales 200 leguas; esta es cuenta de -Plinio, donde arriba. Estrabon, refiriéndose á otros, dice que tiene -de luengo 2.300 estadios y más, que hacen 96 leguas, y de circuito -5.000 y algunos más estadios, que serán 210 leguas; por manera que, -cuanto á la grandeza, bien podrán tres Cretas ó Candías caber en esta -nuestra Española isla. Cuanto á la templanza y fertilidad, dice Solino -y San Isidoro, que antiguamente se llamaba _Macaroneson_, que en griego -significa ser templada, por la clemencia del cielo y fertilidad y -bondad de la tierra; Plinio dice, libro XXV, cap. 8.º, que las cosas -que en ella se crian son infinitamente mejores que las que nacen en -otra parte de aquel género, el vino señaladamente que en ella se hace -es excelente, y abunda en campos para pastos de ganados, mayormente -para ganado de cabras; ciervos no los hay, las lechuzas y serpientes -no pueden vivir en ella, y si acaso de otra parte allá las llevan, -luégo se mueren, segun dice Solino y San Isidoro; lobos, ni zorras, -ni animal ponzoñoso alguno, no lo tiene, segun todos, y Plinio, libro -IX, cap. 58, excepto arañas ponzoñosas, segun Plinio, allí, y segun -Solino, que se llaman _phalamgra_, cierta especie de araña chiquita y -que dando una picada mata un hombre. Tiene abundancia de cedros, segun -Plinio, libro XVI, cap. 24, principalmente sobre unos montes ó sierras -altas que nunca carecen de nieve, y segun Solino si los cortan tornan á -reverdecer. Hay en ella una yerba, segun Plinio, libro XXV, cap. 8.º, y -Solino y San Isidoro, que se llama _dictamnos_ y _halimon_ (ó quizá son -dos estas yerbas), de la cual pone Plinio grandes virtudes y efectos -en muchas partes, y Solino y San Isidoro ponen que si la muerden no se -siente la hambre por todo el dia; otro de los efectos suyos que ponen, -es que si una cabra es herida con una saeta, luégo la va á buscar, y -comiéndola la salta la saeta del cuerpo; otro efecto tiene, y es que á -las mujeres que tienen dolores de parto las ayuda á luégo parir, ó las -aplaca los dolores, y para esto, no de los ramos ni de la fructa ó flor -de ella, sino de las hojas bebidas con agua, se han de aprovechar, las -cuales tiene semejantes á las del poleo. Tambien afirma esto Teofrasto, -libro IX, capítulo 16 de la Historia de las plantas. Estas cosas -son las en que podamos cotejar esta isla Española con la de Creta, -dejadas muchas fábulas é historias con que aquella fué por poetas é -historiadores engrandecida, de las cuales algunas tocaremos abajo -cuando la materia lo pidiere. Ya, pues, habemos visto que esta Española -excede á aquella en la longura, anchura y redondez de toda ella; en -la templanza y suavidad de los tiempos, clemencia de aires y cielos, -y fertilidad de la tierra, queda tambien manifiesto, porque áun allí -habia en cierta sierra siempre nieves, que por la mayor parte donde -quiera que están, al ménos los lugares que ocupan y los que alcanzan -propincuidad dellos, no suele ser buen vecino y al cabo son estériles. -Si aquella tenía muchas y grandes poblaciones, como dice Solino, -aquesta tenía infinitas, y llenas de infinitas gentes, no eran muy -grandes, pero toda cuán grande es estaba de gentes llena. Y dejado lo -que los primeros que á ella vinimos con nuestros ojos vimos, es desta -multitud manifestísimo argumento que toda esta Isla y todas estas -islas son sanísimas, no tenian entre sí guerras, no padecian hambre, -ni pestilencias, nacian y multiplicaban cada dia infinitas gentes, que -cada mujer casada tenía comunmente tres, y cuatro, y cinco hijos, como -parecerá, y morian viejos, de necesidad la gente habia de ser infinita; -porque esta es conclusion universal y verdaderísima, que donde no hay -ni guerras, ni hambre, y faltan pestilencias, siempre nascen más gentes -que mueren. Otro argumento y señal es y será, al que hoy quisiere mirar -en ello, manifiesta, que como las labranzas que tenian eran en montones -de tierra, y no fácilmente con las aguas ni vientos se deshacen, no -se hallará hoy en toda esta Isla rincon que no esté amontonado por su -órden, lo cual es de sus labranzas claro vestigio, y, por consiguiente, -haber habido innumerables vecinos. Yo creo, cierto, que pasaban de -tres, y de cuatro cuentos los que hallamos vivos, y que ésto sea así -é que hobiese más gentes de las que digo persuádolo por este camino: -El reino de Egipto, segun Diodoro, libro I, cap. 3.º, afirma, tiene -de luengo 2.000 estadios, que son cuasi 84 leguas, y de ancho 1.060, -que hacen 42 ó 43 leguas; este reino, en tiempo de Ptolomeo, segun -Diodoro, tuvo siete cuentos de hombres, y en tiempo de Diodoro habia -en él tres cuentos de ánimas, pues como esta isla Española tenga -más tierra que dos veces el reino de Egipto, y la hallásemos toda -poblatísima, y las cualidades della sean las de suso largamente dichas, -manifiesto es que ternía mucho mayor número de gentes de los tres y -de los cuatro cuentos referidos, luego en gente numerosa la isla de -Creta ó Candía, y ambas las otras dos islas, no tienen qué compararse -con esta Isla. En campos y pastos, para ganado de toda suerte, como -exceda á Candía y á todas las del mundo asaz queda probado arriba, -y así los hay hoy, puesto que ántes no los habia. Animal ni bestia -ponzoñosa en ella no habia, solas unas arañas negrillas, como un grano -de yerba mora, y unas culebrillas verdes que viven en los rios, que -fuesen ponzoñosas se decia, como arriba se dijo, pero no habia nueva -que alguna persona muriese de picada ó mordedura dellas; las culebras -grandes, que en ella y en Cuba y en todas estas islas hay, ningun mal -hacen aunque las pisen. Si cipreses hay en Creta ó Candía, en ésta hay -millones y millones, y muchas leguas de luengo y ancho llenas de pinos -hermosísimos, y si los cipreses cortados reverdecen, aquí cualquiera -tronco de árbol delgado ó grueso que lo metan en la tierra, á cabo de -tres años se hace tan grande árbol cuanto era el de que fué cortado y -habido. Si Creta ó Candía tiene la yerba _dictamnos_, esta Isla tiene -infinitas yerbas, sino que no las cognoscemos, virtuosísimas, y áun -ésta por ventura la tiene á vueltas dellas, que podrá ser que sea la de -que hacen los tabacos para tomar el humo, que abajo diremos, que les -quita el cansancio y cuasi los mantiene. Y así parece, que en todas -las cualidades de la isla de Creta referidas, hace ventaja á aquélla -esta Isla, solamente se la debemos de dar en el vino, entre tanto que -acá somos más diligentes que hasta hoy para poner viñas, donde quizá -podrá ser que en muchas y diversas partes desta gran Isla se coja tanto -vino, que no solo Creta ó Candía en este punto se olvide, pero tambien -se venza Guadalcanal, San Martin, Toro y Ribadavia, y los demas que -son loados en Castilla. Y esto baste para manifestacion de la grandeza -y capacidad, amenidad, templanza, suavidad, riquezas, felicidad y -excelencia de esta Española sobre las otras islas. - - - - -CAPÍTULO XXI. - - -Declarados quedan muy en particular, en la descripcion desta isla -Española, su sitio, su templanza y amenidad, sus calidades, con -muchas buenas y provechosas cosas, al ménos las principales, que en -ella hay, que componen y perfeccionan, y muestran su felicidad y -habitacion saludable, y finalmente en lo que sobrepuja y excede á -otras islas; lo mismo podemos afirmar, cuanto á muchas de las dichas -calidades y propiedades suyas, de las otras islas comarcanas, y no -sólo de las comarcanas, pero ésto y mucho más de la grande y vastísima -Tierra Firme, que tiene de costa ó ribera de mar sobre 10.000 leguas -descubiertas ya, de las cuales muy pocas se podrán sacar que no -sean en toda ella, por el aspecto y figura del cielo, y por todas -las susodichas causas y otras más favorables particularidades, en -mediocridad y templanza, felicidad, suavidad, sanidad y clemencia de -aires, su habitacion felicísima. Esto parece lo primero de las islas, -como la que llaman de San Juan y Puerto Rico, la cual, en muchas -partes della, es más fresca y suave vivienda que en otras muchas de -los alrededores, puesto que en todas no falte la susodicha suavidad; -está situada la isla de San Juan en 17 y 18 grados, la de Cuba en -20 hasta 22, la isla de Jamáica en 16 y 17. Todas estas islas están -dentro del trópico de Cancro, hácia la equinoccial, con otras sin -número, que desde la isla de Cuba va una renglera de más de 500 leguas -llenas de islas, que de una á otra se puede ir á dormir cada noche, -en un navío pequeño, en tierra y en ella holgar, y éstas llegan hasta -la isla de la Trinidad, que está junta y pegada con la Tierra Firme -de Paria (como abajo, si Dios quisiere, se verá), á cinco grados ó -poco más de la equinoccial. Hay ciertas islas, cercanas desta isla -Española y de la isla de Cuba, por la parte del Norte, y son 30 ó -40, que llamamos de los Lucayos, las cuales fueron la primera tierra -que el Almirante viejo descubrió; muchas destas son mayores que la -gran Canaria tanto y medio, y algunas mayores que tres veces aquélla, -y todas sin comparacion más felices, amenas, fértiles y sanas que -ella; báñanlas continuamente las brisas, no tienen humedad alguna, -favorécelas muy mucho el cielo, y por otra causas particulares que no -sabemos, por manera que todas ellas son temperatísimas y salubérrimas. -Yo he visto hombre en esta isla Española que estaba hidrópico, el cual -se llamaba Francisco Monasterio, que tenía la barriga como una mujer -preñada, y la cara como unas gualdas amarillas; éste, cognosciendo la -virtud y sanidad de aquellas islas, porque habia, segun creo, andado -por ellas, ó á lo ménos teníase comunmente de la bondad dellas cierta -noticia, pasóse á ellas, y en cuatro ó cinco meses volvió tan sano y -tan cenceño como si mal nunca hobiera tenido, y creo de cierto, que -hidrópico y despues sano yo lo vide. Su sitio, de algunas dellas y de -las ménos, es en 20 hasta 23 grados, y éstas están dentro del trópico -de Cancro, y debajo del segundo clima, segun los antiguos, pero del -tercero, segun los modernos, y así el mayor dia del año en ellas terná -13 horas y 15 minutos, poco más; todas las más dellas están fuera -del mismo trópico, á la parte Septentrional, en 25 y 26 grados, caen -debajo del clima segundo, segun los antiguos, y del tercero y cerca -del cuarto, segun los modernos; tienen de 13 horas y tres cuartos, -algo menos, el mayor dia. Entremos agora en aquella vastísima Tierra -Firme, tocando no más su descripcion y calidades, cuya temperancia, -mediocridad, fertilidad, sanidad, suavidad, en muchas y diversas é -infinitas regiones, provincias, reinos y lugares, que contiene todo -este orbe indiano, y todas y todo por la mayor parte, no parece que -haya en el mundo tierra, ni region, por bienaventurada que sea, que -pueda compararse á la ménos buena de toda ésta, y que sobre todas -las del mundo se deba, en verdad, decir que es felicísima. Si mucho -habemos dicho desta isla Española y de sus comarcanas, mucho con mayor -encarecimiento, las mismas excelentes, y otras mayores y mejores -propiedades cuanto á ciertas cosas, de toda la Tierra Firme, ó de su -mayor parte, podemos no sin razon afirmar. La latitud que al presente -della sabemos son 45 grados de la parte del Norte ó Septentrion desde -la equinoccial, y otros tantos de la otra parte yendo hácia el austro, -y áun más, los cuales grados hacen 1.800 largas leguas, aplicando -á cada grado 17 leguas y media. Toda es tierra felicísima, y de -felicísima y deleitable, y gozosa, y suave habitacion por la mayor -parte, y la más felice, y deleitable, y salubre de todas es la que está -dentro de los dos trópicos, así islas como Tierra Firme, que llamaron -los antiguos la tórrida zona, que creyeron muchos, por calor, ser -inhabitable, cuyo error los especieros de Sevilla, que vienen á estas -partes á trocar especias por oro, por vistas de ojos lo saben. Todas, -pues, aquellas regiones, por la mayor parte, son tierras enjutas, -descubiertas, altas, rasas, alegres, graciosas, muy bien asentadas; los -collados, los valles, las sierras, y las cuestas muy limpias y libres -de charcos hediondos, cubiertas de yerbas odoríferas, y de infinitas -medicinales, y de otras comunes muy graciosas, de que están cubiertos y -adornados y riéndose todos los campos. Echan de sí cada mañana, y áun -al mediodía, vapores odoríferos, que consuelan, y alegran, y confortan -los espíritus de los caminantes; los montes ó bosques de todas ellas, -al ménos dentro de los dos trópicos, que ocupan de latitud 45 grados, -como dije, de una y de otra parte de la equinoccial, son altísimos, -crecidos y muy grandes, y que por cierto muchas veces, para pararse -el hombre á especular su altura, conviene alzar la cabeza no ménos -que cuando quisiese ver y contemplar lo más alto de los cielos; las -especies dellos son pinos, de los cuales hay á cada paso infinita -cantidad, hay encinas, alcornoques pocos, robles, laureles, al ménos -parécenlo, grandísimos y odoríferos cedros blancos y colorados, los -árboles del Guayacan, con que se curan las bubas y otras enfermedades -que procedan de humedad. Hay gran multitud de árboles aromáticos, -estoraques, y liquidambar del bálsamo natural; digo natural, no el -que es propiamente bálsamo que dicen nacer en Alejandría, sino por -respecto de lo artificial, de que arriba en el capítulo 14 hablé, que -en esta isla Española con cierta industria se hacia, pero este de -que agora decimos sin industria humana, con sola una herida que se -hace en el árbol, sale aquel licor odorífero, que le pusimos nombre -de bálsamo como al artificial, por su olor suavísimo, no sabiendo su -eficacia y virtud: de éstos hay muy pocos árboles, á lo que hasta agora -se tiene entendido. Infinitos árboles hay de liquidambar, y éstos -son altísimos más que los pinos y más derechos, los cuales tienen la -hoja como propia la del algodon; éstos son muy hermosos árboles y á -la vista deleitables. ¿Quién contará los frutales y las naturalezas -dellos, y la suavidad y sanidad juntamente de sus frutas, y la multitud -numerosa, así domésticos como silvestres? Todos estos árboles son -amigos, segun sentencia de los médicos, de la complision humana. Hay -otros muchos é innumerables, que segun su altura, sus hojas, y sus -flores, su hechura, su órden, su hermosura, la tierra donde están y -la vecindad y compañía que de otros tienen, muestran (sino que no los -cognoscemos) ser de nobilísima propiedad y naturaleza. Dentro de los -montes y florestas, y en los campos tambien mayormente desta islas, hay -raíces domésticas y silvestres, para los hombres y para algunos ganados -como son puercos, las mejores y más provechosas, como arriba se ha -visto, que creo haber en mucha parte del mundo. De esta serenidad, -mediocridad, suavidad, sanidad y deleitable disposicion destas tierras, -es asaz bueno y cierto argumento, conviene á saber, que cuando las -naos llegan de Castilla, y comienzan á acercarse á las primeras islas, -y así en todas las partes de la Tierra Firme, es cosa maravillosa los -frescores, olores y fragancia que los hombres sienten salir della, -como si rosas y flores tuviesen cuasi presentes. Los aires locales -son claros, delgados, sotiles y clementes, por todas las grandezas -de provincias de aquellas partes, al ménos como ya digimos dentro de -los dos trópicos; la causa es muy natural, segun los filósofos arriba -nombrados, conviene á saber, que como la presencia del sol siempre -asiste muy claro, porque, como ya tambien digimos, muy raras veces hay -espesos nublados, y pocas suele arriba de un dia estar de las nubes -cubierto y ocupado, el sol no deja engrosar los aires, desparciendo y -consumiendo los vapores que la tierra produce por sus humedades. En -saliendo el sol el aire luégo se escallenta, y en poniéndose luégo se -refresca y enfria en todas aquellas tierras, como verá cualquiera que -quisiere mirar en ello, y esto es señal de ser sotiles allí los aires, -segun dice Avicena donde arriba fué alegado. Los vientos universales -que todas aquellas provincias y reinos comunmente bañan, al ménos todas -las desta parte de la línea hácia el Septentrion, y 300 leguas de la -otra del austro, son las brisas, los que arriba hemos dicho boreales -y orientales, los cuales por ser tan continos, para tornar las naos á -Castilla huyen dellos metiéndose hácia el Norte, por cobrar vientos -frios donde las brisas no alcanzan, y así les es necesario andar más -de 400 leguas más que á la venida anduvieron, por ir rodeando. Las -virazones de la mar, los terrales de la tierra, otros que nascen en -algunas lagunas muy limpias y de agua dulce y salubre y deleitable, -como se engendran en las lagunas de la felice provincia de Nicaragua, -y otras semejantes como se engendraban en el lago dulce de Genesareth ó -mar de Galilea ó Tiberiadas, de que hace mencion San Lúcas, los cuales, -decimos, son vientos locales, porque son propios de aquellos lugares, -son en aquestas partes fresquísimos, suaves, alegres y saludables. Las -aguas que riegan toda aquella Tierra Firme, y sustentan las gentes -infinitas della, tienen las calidades que digimos de las desta isla -Española, en el capítulo precedente, sotiles, dulcísimas, movilísimas, -rapidísimas y claras, no estañales ni de nieves sino en rarísimos -lugares; descienden de altísimos montes, por entre peñas y por piedras -guijarreñas de diversos colores naturales, haciéndose cien mil pedazos; -y como son infinitos los rios, arroyos y quebradas, y la tierra de -donde comienzan y por donde pasan tan grande, por esto hay en esta -Tierra Firme los más grandes y poderosos rios que en toda la redondez -del mundo, de tanta grandeza y abundancia de agua, ni que tanta tierra -corran, que salgan á la mar del Norte ó Sur, se hallan. Todo lo que -aquí decimos de la mediocridad, bondad, salubridad y felicidad de -todas aquellas regiones y felices tierras, es verdad en universal y -en todas partes y rincones dellas, pero no contradice ni deroga cosa -de lo dicho porque en algunas partes y lugares, por la disposicion y -sitio dellos y por algunas causas particulares se halle lo contrario, -por ser la tierra sombría ó ahogada, ó por pasar las aguas por algunas -ciénagas ó tierras lodosas, y por esto los aires locales no ser tan -sanos, y el sol no resolver los vapores terrestres, y por otras causas -de las susodichas contrarias particulares, y así ser algun pedazo de -tierra mal sana. Esto parece en el Nombre de Dios y Panamá, que, por -ser tierra ahogada y lodosa, y tener cerca ciénagas, es mal sana, y así -en la Vera Cruz y en Tabasco, y Guaçaqualco, y otros lugares de Tierra -Firme, de la mar del Norte; pero esto es en muy pocas partes y raras, -y es como monstruo en natura, como suele la naturaleza errar en las -cosas que produce naturales, y estos yerros se llaman monstruos, cuasi -raros y muy pocas veces, y fuera del curso y órden ordinario y natural, -y por esta manera que decimos, que no deroga ni deja de ser verdad, -si dijéremos que todos los hombres del mundo tienen cinco dedos en la -mano, porque nazca uno, ó dos, ó tres con seis dedos; y así es de todas -las otras cosas naturales. Y así diremos, con verdad, que todas estas -Indias son las más templadas, las más sanas, las más fértiles, las más -felices, alegres, y graciosas, y más conforme su habitacion á nuestra -naturaleza humana de las del mundo, aunque en algunas parte acaezca ser -el contrario por algunas particulares causas, las cuales son muy raras. - - - - -CAPÍTULO XXII. - - -Prueba y confirma todo lo que habemos dicho de la fertilidad y -felicidad de todas estas Indias, ser parte y la postrera de la -verdadera India, de cuya felicidad tantas maravillas escribieron los -historiadores antiguos, la India digo _ultra ó extra-Gangem_, la cual, -segun sentencia de Solino en su _Polystor_, cap. 65, por muchos años -fué estimada ser la tercera parte de todas las tierras; Plinio, libro -VI, cap. 17, dice lo mismo, y Estrabon en el libro XV de su Geografía, -y Pomponio en ella, libro III, capítulo 7.º, afirma que tanto espacio -de costa ó ribera de mar ocupa, cuanto en 60 dias con sus noches podrá -una nao ó navío navegar, en el cual tiempo al ménos podrá un navío -andar 2.000 leguas, porque entre dia y noche, con viento moderado, -anda 40 leguas un navío por perezoso que sea. Plinio, libro VI, cap. -17, dice ser tanta su longura, cuanto se anduviese por la mar en 40 -dias, con sus noches, pero puede estar la letra corrupta, puesta la -_x_ ántes de la _l_, y así por decir 60 dijo 40. Pues corriendo 2.000 -leguas, y que sea 1.500, desde donde comienza la India que dicen -_extra-Gangem_, harto vecinas pueden parecer las postreras partes que -se han descubierto de nuestras Indias, sin haber parecido el cabo, -como podrá ver cualquiera que especulare el globo en que se figura ó -pinta toda la tierra; y esta puede ser una de las razones que se puedan -traer por argumento de que aquestas Indias nuestras son cabo de la que -antiguamente se llamó India, conviene á saber, la fertilidad destas -conformar con la de aquellas. De la cual dice San Isidoro, libro XIV, -cap. 3.º de sus Etimologías, que es tierra salubérrima, llena de -infinitas gentes, los árboles nunca despiden las hojas, dá dos veces -fruto en el año, en lugar de invierno sirven las lluvias Etesias, que -son los vientos que corren en el verano, especialmente en los dias -caniculares, así toda la fuerza de las lluvias que hay en toda la mayor -parte deste orbe son Julio y Agosto. Abunda de metales, oro y plata, y -cobre y hierro, perlas y piedras, ó margaritas preciosas; notoria cosa -es el oro, plata, cobre, perlas y esmeraldas que hay por este orbe; hay -muchas especies aromáticas y odoríferas. Cria los papagayos verdes; los -que en estas Indias y de diversas especies hay, y todos verdes, son -sin número. Todo esto dice San Isidoro, lo cual, todo, vemos en estas -Indias, puesto que elefantes y otras cosas que allí pone no las hayamos -en esta tierra visto. Plinio, muchas cosas cuenta de la India en el -libro VI, pero muchas más particularidades refiere Diodoro en el libro -III, y más que Diodoro Estrabon en el XV de su Geografía; Diodoro, -en el cap. 5.º, dice que la India excede á todas las otras regiones -en hermosura, y que la riegan muchos y grandes rios, y lo mismo dijo -Plinio; y en el capítulo 10 dice Diodoro, que la razon porque muchos -y grandísimos rios hay en la India, señalan los filósofos y físicos -ser porque toda la India es muy húmeda, y así, los rios de nuestras -Indias ser tan grandes y tan nunca otros tan poderosos vistos ni oidos, -manifiestan ser parte de aquella nombrada India. Cuenta eso mismo la -fertilidad della que dá dos veces fruto en el año, y tan cierto sin -faltar ninguno, que nunca se vido en ella esterilidad, ni hambre, ni -falta de los frutos de la tierra; y así nunca las gentes destas tierras -parece que la tuvieron sino despues que á ellas nosotros venimos. Dos -veces se siembra y coge el grano, y otras muchas cosas cuasi cada mes, -y frutas cuasi todo el año; y en Tierra Firme, á la parte de Cumaná, he -comido yo dos veces uvas de las nuestras de Castilla, en obra de cinco -ó seis meses, todas de unas mismas vides ó parras. Dice más Diodoro, -que hay mucho grano, que llama mijo, pero Herodoto, en el libro III, -donde cuenta inmensas fertilidades, y alabanzas, y propiedades de la -India, dice que es semejante al mijo, el cual sin sembrallo nace; podrá -ser que por el grano que en esta Isla llamaban mahíz lo diga, y cosa -es maravillosa que, segun vemos, con este grano de mahíz se mantengan -sobre 12.000 leguas de tierra llenas de gentes. De otras legumbres -hace allí Diodoro mencion; manifiesto es en la Tierra Firme haber -muchas y diversas especies de legumbres, como abajo en su lugar, Dios -queriendo, se verá. Loa mucho Diodoro haber en la India muchas y muy -dulces y sabrosas raíces; dicho queda en los capítulos de arriba de -cuántas naturales, y cuán sabrosas y provechosas para el mantenimiento -y recreacion de los hombres, está proveida esta Isla, de las cuales, y -de otras, no carece la Tierra Firme. Es argumento tambien la grandeza -de los árboles, que arriba en los capítulos 12 y 13 pusimos, que -conforman con los de la India, no sólo en la grandeza y proceridad pero -tambien en nunca perder la hoja, en lo cual, segun Solino, excede á -todas las tierras la India. Conforman tambien algunos árboles destas -nuestras islas con aquella, en criar cierta lana por fruto, de que -hilándola creo que se podrian vestir, puesto que no he visto que della -se aprovechen; de aquellos árboles hacen mencion Herodoto, libro III; -y Estrabon, XV, y Pomponio Mela, libro VIII, cap. 7.º. Hay otro harto -suficiente argumento, y es que, segun Plinio, libro X, cap. 42, y -Solino, en su _Polystor_, cap. 65, sola la India tiene los papagayos, -verdes por todo el cuerpo y el cuello colorado; pues ya está dicho que -en estas Indias destos hay inmensos. Es, finalmente, otro argumento -en la multitud de las gentes y naciones que en estas Indias hay, en -lenguas diversas, como dicen los autores antedichos de la India. -Refiere Herodoto ser los indios numerosísimos en multitud sobre todos -los mortales, y Diodoro que son muchas y varias gentes, y que nunca -colonias de naciones extrañas entraron á poblar en la India, sino que -todos son della naturales; la razon de la multitud dá Solino, conviene -á saber, porque nunca salieron destas tierras á buscar ni infestar -á otras, sino vivian en ellas pacíficos. Las naciones y multitudes -dellas, y diversidades de lenguas, que en estas islas y Tierra Firme -habia, cuando á ellas vinimos, tampoco se pueden por hombre alguno -encarecer, ¿cómo se podrian numerar? Por maravilla se hallará en -pueblo alguno, que, donde hobiese 100 vecinos casados, no haya 500 ó -700 personas procedidas dellos allí presentes y naturales; váse una -mujer por agua al rio, y lleva delante dos ó tres muchachos como los -dedos de las manos, y otro en los brazos, y otro dentro de la barriga, -y de esto más diremos adelante. Cuanto á la color, dice Estrabon que -los indios que están hácia el Mediodía son algo semejantes en la -color á los negros, pero no son crespos como ellos porque participan -de los aires húmedos y templados; los que están y viven más hácia el -Polo Ártico, que llama boreales, son semejantes en la color á los -naturales de Egipto. De aquí parece que nuestras Indias alcanzan mejor -aspecto de cielo, y mejor disposicion de tierra y clemencia de aires, -y otras causas particulares, y, por consiguiente, son las tierras más -templadas, pues las gentes dellas tienen mejor color y más llegada á -la mediocridad de los extremos dos, negro y blanco, que ninguna de las -de la India, que ha sido siempre tan nombrada y celebrada; la razon -es porque, segun Tolomeo en su Quadripartito, y Haly, su intérprete, -cap. 2.º, y Hipocras en el tratado _De Aere et aqua et regionibus_, -y Alberto Magno, en el libro II, cap. 3.º y 4.º _De Natura locorum_, -la causa de la color negra, en los hombres principalmente, es el -gran calor del sol en las regiones cálidas, el cual quema ó deseca y -ennegrece los cuerpos, y deseca los humores dellos, asa las caras y -rostros, y enmagrece los miembros, y así vence la complexion caliente -en los cuerpos, y, por consiguiente, su figura y color de sus cabellos -es segun la natura de los de donde salen, y, porque la complexion de su -naturaleza es muy cálida, necesariamente han de ser negros, y porque -los poros de sus cuerpos no son ductivos ni desembarazados, por la -sequedad del cuero por donde pasan, por tanto de necesidad han de ser -en gran manera crespos. Por el contrario, en las tierras que son mucho -frias, como las que están só el sétimo clima, que terná de latitud -de 50 hasta 63 grados, donde hace poco calor en el estío, y en el -tiempo del invierno mucho frio, que vence al calor, el cual incluye ó -encierra las fumosidades y vapores en los cuerpos, tapando ó apretando -la superficie ó tez de los cueros, por ende causa los cuerpos humanos -blancos, y por el encerramiento de las fumosidades son los cabellos -rubios, blandos, extendidos, ó, como dicen, correntíos, y porque por el -calor natural que está encerrado é incluso en los cuerpos se crian de -las fumosidades y vapores húmedos muchos humores, de aquí es que los -cuerpos de los tales hombres, naturalmente, son grandes, como parece -en los ingleses y alemanes y las otras gentes que moran só el sétimo -clima y dende adelante. De lo dicho se sigue, segun Haly, que los que -viven só la línea equinoccial, como participen de la templanza della, -son de color algo azafranada, ó, como decimos, loros, y porque, como -habemos arriba probado, todas estas indianas regiones, por latitud -1.800 leguas, son temperatísimas y felicísimas, algo más y algo ménos -segun la figura de los cielos, clemencia de los aires, y disposicion -de la tierra que unas provincias y tierras alcanzan más y mejores que -otras, de necesidad se sigue ser la color de todas estas gentes, entre -blanco y prieto, mediada, en unas partes más cercana á lo blanco y en -otras más á lo negro, pero en todas en mediocridad ó en mediana manera, -y, por consiguiente, los cabellos de todas son llanos, blandos, y -comunmente tiran más á negros, y todos correntíos, segun todo lo dicho -vemos asaz por larga experiencia. Y así parece, que de la color destas -gentes podemos la templanza de este orbe, y de la templanza misma -su color y tambien sus costumbres y sus entendimientos, como luégo -veremos, argüir. - - - - -CAPÍTULO XXIII. - - -Despues de haber dado noticia particularizadamente de las calidades -y bondades desta isla Española, cuanto al sitio y figura del cielo y -disposicion de la tierra, con todo lo á ésto perteneciente, y en comun -la misma materia tratado de todas estas Indias, resta en los capítulos -siguientes, segun al principio de este libro prometimos, hablar de lo -que concierne á las gentes naturales vecinos y habitadores della, y -despues, consiguientemente, trataremos en universal lo que conviniere -decir de todas las otras naciones de que hallamos lleno este Mundo -Nuevo, de las cuales, para consecucion del fin que pretendemos, cinco -consideraciones principalmente con el favor divino explicaremos. La -una declarará la disposicion y habilidad natural en lo tocante á los -actos del entendimiento y á las otras potencias que al entendimiento -sirven; la segunda mostrará las especies de prudencia de que usaban, y -con que se regian; la tercera, cuál fué y de qué especie la gobernacion -que tuvieron; por la cuarta se verá sus costumbres malas y buenas, -que á la voluntad concierne; la quinta conterná, dar noticia de la -religion, ritos y supersticiones que tenian, como gentes desiertas de -gracia divina y de verdadera doctrina. En todo lo cual se cotejará y -haremos comparacion destas otras naciones del mundo, pasadas mayormente -y tambien presentes, porque cognoscan los imperitos y cudiciosos, que -toman por achaque y color para las sojuzgar, robar y consumir, ser de -bajo entendimiento, ser infieles, idólatras y de corruptas costumbres, -no ser solas en el orbe, ni tampoco las peores que hobo en él; que -si nosotros y otras naciones fuímos y fueron con la predicacion de -la fe más temprano que aquestas socorridos, que no fué por faltarnos -idolatría y supersticiones, y bestialidades y vicios, ni por haberlo á -Dios más que ellas merecido, sino sola por su inmensa bondad y gratuita -liberalidad, por lo cual quiso prevenirnos, no dándonos licencia por -este privilegio para menospreciar y maltratar las otras gentes, de las -cuales, por ventura, tiene la Providencia divina más predestinados que -de nosotros, puesto que primero á su cognoscimiento hayamos venido. -Cuanto, pues, á lo primero, es de considerar que tener los hombres -habilidad natural de buenos entendimientos puede nacer de concurrir -seis causas naturales ó algunas dellas, y éstas son, la influencia del -cielo, la una; la disposicion y calidad de la region y de la tierra -que alcanzan, la otra; la compostura de los miembros y órganos de -los sentidos, la tercera; la clemencia y suavidad de los tiempos, la -cuarta; la edad de los padres, la quinta, y la bondad y sanidad de los -mantenimientos, que es la sexta. La influencia de los cielos, cuando -es buena y favorable, disponiendo los cuerpos y miembros humanos en -buena y conveniente proporcion, ayuda y aprovecha mucho á la perfeccion -y grado de nobleza del ánima cuando es infundida en el cuerpo, y, por -consiguiente, aquella persona será de más sotil entendimiento. Esto no -lo pueden causar los cielos directamente, porque, como nuestra ánima -sea espíritu inmaterial, los cuerpos no pueden obrar bien ni mal en -las cosas inmateriales; pueden, empero, los cuerpos celestiales causar -indirectamente algo en el ánima, en cuanto influyendo en el cuerpo, -más ó ménos, mejor ó peor, más capaz ó ménos capaz lo disponen, para -que reciba el ánima, y en el instante de su efusion queda determinada -en sus grados de bondad, ó de no tan buena cuanto á lo natural (no -á lo moral sino natural digo), el ánima. Y de aquí es, que segun la -capacidad del cuerpo se mide la capacidad del ánima, y así unos -hombres tienen el ánima más perfecta ó ménos perfecta que otros; la -razon es, que como la natura del ánima sea natura espiritual que se -comunica al cuerpo humano, y ella, segun ella, no tenga término, porque -no es cosa compuesta, por ende puédese comunicar más y ménos, segun que -el cuerpo á que se comunica es más capaz, y, por consiguiente, segun la -capacidad del cuerpo es el término de la naturaleza del ánima en los -hombres. Y esta es la causa porque vemos y parecen algunos hombres más -sotiles y más ingeniosos que otros, y de las virtudes naturales del -ánima más adornados, segun que el ánima no igualmente es comunicada en -diversos cuerpos, permaneciendo siempre la misma, segun su especie. -Y este término recibe el ánima de la disposicion del cuerpo que la -recibe, porque el cuerpo humano es apto naturalmente para ser informado -de tal ánima, segun las disposiciones que en él son, y ningun cuerpo -otro sería capaz para rescibir tal ánima, porque la naturaleza entiende -siempre disponer tal cuerpo para tal ánima, de donde se sigue ser -algunos cuerpos humanos más capaces de ánimas que otros; y puede llegar -esta diferencia, de mayor y menor disposicion, hasta haber ánima, en -algun cuerpo determinado, en todos los grados de perfeccion que le -puedan competer, segun es posible en la especie humana. De aquí es, que -si Dios quiere infundir un ánima perfecta, que tenga todas las virtudes -naturales, comienza del cuerpo, el cual le dá tal que convenga á tan -excelente ánima. Y así, segun la diferencia de la disposicion de parte -del cuerpo, así consigue los grados diversos en la comunicacion del -ánima; y esto necesariamente suele ser, que segun el cuerpo de alguno -en la infusion del ánima fué más y mejor dispuesto, y más capaz de la -forma que el cuerpo de otro, el ser del ánima de aquél es determinado -más perfecto, y segun más perfecto grado de naturaleza que el de otra -ánima: y por esta causa pensaron algunos ser las ánimas en los hombres -tales, cuales hicieron ser los cuerpos celestiales. Así lo toca el -Filósofo en el III _De Anima_, cap. 3.º, alegando á Homero, que decia -ser tal el entendimiento de cada uno, cual lo dió en el dia el Padre de -los varones y de los dioses, conviene á saber, el sol ó los planetas -en el dia de la concepcion de cada uno; desde allí se comienza á tomar -el indicio, y por el nacimiento de cada uno, de las condiciones ó -inclinaciones del que nace, no por otra causa sino porque los cuerpos -celestiales, influyendo sobre el cuerpo humano su natural virtud, lo -disponen ántes que el ánima se le infunda para que sea tal ó tal, y -segun lo que requiere aquella disposicion así se siguen los grados en -el ánima. Lo cual tambien aprueba Salomon en el libro de la Sabiduría, -cap. 3.º, _Puer eram ingeniosus et sortitus sum animam bonam_. Venir en -suerte al hombre ánima buena, es cuasi rescibir por buena suerte ánima -en lo natural perfecta, y solemos decir que aquello habemos por suerte -y por ventura, que no es en nuestra mano ni poder sino que de otro -depende; y allí no se entiende ánima buena moralmente virtuosa ó santa, -porque ninguna ánima nace tal, sino los que son santificados en el -vientre de sus madres, sino entiéndese naturalmente hábil é sotil en el -ingenio y buen entendimiento, y bien inclinada en la voluntad. Y desta -manera se entiende causar los cielos, por sus influencias, en nosotros -buenos y sotiles ó no tales entendimientos, y por consiguiente, -indirectamente y de recudida, como dicen, ayudan los cielos mucho á la -perfeccion y grados, mayor ó menor, de la nobleza natural de nuestras -ánimas. Y así parece que segun la diversidad de los cuerpos, proviene -la diversidad de las ánimas, y ser los hombres más ó ménos entendidos, -naturalmente sabios ó de poco saber; pero no por eso se sigue que haya -diferencia específica en las ánimas, como todas sean de una especie y -á ésta no pueda diversificar la diferencia material, que es de parte -del cuerpo, ni el ménos ó más ó mejor entender, que es diversidad -accidental, puede causar diferencia en la especie. De esto trata Santo -Tomás en la primera parte, cuestion ochenta y nueve, artículo 7.º, y en -el II de las Sentencias, distincion treinta y dos, cuestion segunda, -artículo tercero. - - - - -CAPÍTULO XXXIII. - - -Declarado queda difusamente cuántas y cuáles sean las causas -que concurren ó concurrir puedan para que los hombres sean bien -intelectivos y dispuestos para producir los actos de buena razon, -y tengan buenos entendimientos, conviene de aquí adelante mostrar, -yendo por cada una de estas causas, en qué grado de entender colocó -la naturaleza los entendimientos de estas indianas gentes, que es el -fin por que hemos entrepuesto en la Historia esta tan gran digresion. -Cuanto, pues, á la primera causa, que asignamos ser la influencia de -los cielos (y esta es causa universal), la cual, segun arriba en el -capítulo 16 y en otros habemos tocado y probado, que los cielos y -estrellas, con sus influencias, esta Isla y todas estas islas é Indias, -por la mayor parte de la latitud de 1.800 leguas, segun demostramos en -el cap. 19, favorezcan y hagan felices en templanza, y mediocridad, y -amenidad, y por consiguiente, siendo favorables, sean causa de que los -cuerpos humanos, en estas Indias nacidos y criados, sean proporcionados -en los miembros y en todas sus partes, como vemos claro y abajo -parecerá más; luego, por las influencias de los cielos para tener -buenos entendimientos, y así naturalmente, son estas gentes ayudadas, -al ménos no impedidas ni les son contrarias. Item, como se dijo arriba -en el cap. 23, las estrellas y cuerpos celestiales, para por sus -influencias y virtudes producir los efectos que la naturaleza pretende, -usan de dos medios, el uno es su rayo, y el otro es el continente de -la cosa que se engendra; para las aves el aire, y para los peces el -agua, y la tierra para los animales; pues el continente, que son todas -estas regiones indianas, es felicísimo y favorable á la naturaleza -y condicion humana, como arriba queda muy más que bien probado, y -ésto es por la virtud é influencias de los cuerpos celestiales, luego -por las influencias de los cielos, que influyen en las gentes que en -estas tierras nascen, el continente mediante, naturalmente son bien -intelectuales, y por consiguiente, la naturaleza les dió en suerte -rescebir buena ánima. Item en los capítulos 16 y 17 está probado que -la causa superior y universal, que son las influencias celestiales, -concurren con las causas cinco particulares para la bondad, felicidad, -sanidad, amenidad, y favor y conformidad de la naturaleza humana, -y destas tierras, pues no serian favorables ni útiles, sino muy -defectuosamente, á la naturaleza humana, si estas gentes tan infinitas -no las dotara la naturaleza de buenos entendimientos, como sea lo más -precioso y más necesario que les podia dar; luego la influencia del -cielo concurrió en dotar estas naciones de buenos entendimientos, -ingenio y racional habilidad. Item, á la parte austral, pasada la -línea equinoccial, destas nuestras Indias, hay grandísimas tierras -llenas de infinitas naciones, no sólo el espacio que hay entre la -línea y el trópico de Capricornio, pero el espacio que hay despues del -dicho trópico, donde cae la grande y felice tierra de Chile, que es -la postrera provincia ó reino del Perú; y de este espacio, pasado el -dicho trópico, hablando Alberto Magno en el libro _De Natura locorum_, -distincion primera, capítulo 7.º, dice, que hasta la latitud del -sétimo clima, que será 48 ó 50 grados, es la habitacion continua y -deleitable, y concuerda bien con la experiencia que ya tenemos de la -provincia ó reino de Chile, pues en aquella parte austral las estrellas -y cuerpos celestiales son mayores y más resplandecientes, y más nobles -y perfectas, y de mayor virtud y eficacia, y así sus influencias y -virtud en sus operaciones son más eficaces, por ser aquella parte -toda austral la cabeza del mundo, como abajo parecerá, luego las -influencias del cielo á todas aquellas gentes de la parte austral -fueron y son favorables, para que naturalmente sean por la mayor parte -intelectivos y áun de mayor habilidad que otras, no lo estorbando -algunas causas particular; y esta no parece que la hay, pues sabemos -ser todas aquellas tierras felicísimas, y vemos las gentes dellas -capacísimas, como es manifiesto y abajo parecerá. Y porque cuanto -más las cosas se apropincuan y allegan á alguna causa de que pueden -recibir alguna alteracion en bien ó en mal, más participan de su accion -y virtud, y cuanto ménos, ménos, como parece cuando nos llegamos al -fuego ó á la nieve y nos desvíamos dellos, por esta razon, cuanto más -propincuas son las gentes de nuestras Indias de aquella parte austral, -áun dentro de los dos trópicos, pero al ménos de esa parte de la -equinoccial, más favorables y benignas les son las estrellas y cuerpos -celestiales por sus influencias, y, por consiguiente, más hábiles y -más racionales, ingeniosos, y agudos de entendimientos, naturalmente, -por la mayor parte serán; y esto expresamente lo pone Tolomeo en su -Quadripartito, tratado segundo, donde dice estas palabras: _Horum -autem hi, qui meridiani sunt propinquiores, in majori parte melioris -sunt ingenii et acutioris intellectus, et in scientia rerum stellarum -fortiores, propter circuli signorum et stellarum erraticarum loco -zenit capitum eorum propinquitatem_, etc. Y así parece, que la -primera causa y universal, que es la influencia del cielo, favorece -naturalmente, y por la mayor parte, á estas nuestras indianas gentes -á que sean intelectivos, ingeniosos, racionales y de buena capacidad, -y así, por consiguiente, les haya cabido en suerte recibir de Dios -y de la naturaleza buenas y nobles ánimas. Lo mismo probaremos por -la segunda causa que arriba en el capítulo 23 pusimos, la cual puede -concurrir para ser los hombres bien intelectivos y bien racionales, y -ésta es las buenas calidades y disposicion de la region y tierra que -alcanzaron. Esta, en nuestro propósito, no habria menester por teórica -y razones naturales proballa, pues, por práctica y experiencia ocular, -y por todos los sentidos de infinitos que á aquestas nuestras Indias -han venido y vienen cada dia, es, porque así lo diga, palpada, sabida -y averiguada; y este es uno de los primeros principios y fundamentos -que la Geografía supone (segun Tolomeo, en el libro I, cap. 2.º, y cap. -8.º), sin los cuales, como ni en las otras ciencias, ninguno la puede -saber ni adquirir, conviene á saber, la relacion é historia de los que -por sus ojos y experiencia vieron y cognoscieron las tierras de que se -hobiere de tratar. Esta experiencia, digo, que es el principio, ó de -los primeros principios de la Geografía, segun Tolomeo, pero para quien -no las ha visto, ni oido á los que las vieron, arriba desde el capítulo -1.º hasta aquí, y mayormente queda probado en suma en el capítulo 19 -y 20, por razones naturales, y por sus causas y efectos más que la -lumbre claros, ser todas estas regiones, islas y Tierra Firme de este -tan vasto orbe, temperatísimas, felicísimas, salubérrimas, y en todas -sus calidades, disposiciones y causas universales y particulares, -conformes y amicísimas de la vivienda y naturaleza humana. Y la latitud -de todas estas Indias nuestras es desde el medio del clima sexto, -segun los antiguos, y el fin del sétimo, segun la division de los -climas que hacen hoy los modernos, de la parte Norte ó Septentrion, -que hacen 45 grados, hasta el medio del sexto, segun los antiguos, y -fin del sétimo clima, segun los modernos, que hacen otros 45 grados -de aquella parte de la línea equinoccial á la parte austral, que dije -arriba contarse bien 1.800 leguas, una region y una provincia ó tierra -mejor y más felice y graciosa y alegre que otra; pues como, segun -Tolomeo, y todos los astrólogos, y Aristóteles, y todos los filósofos, -y Avicena, Hipocras y Galeno, y todos los médicos, y despues dellos -Santo Tomás, y Alberto Magno, de las calidades y propiedades de las -regiones extremas ó medianas y templadas procedan las complixiones de -los hombres y animales, y de las plantas y cosas que en ellas nascen, -y de las complixiones, ó segun las complixiones, se causen á las -gentes bajos ó altos, sotiles ó botos, malos ó buenos entendimientos, -segun parece arriba por el cap. 23, y todas estas Indias, y por -todas partes dellas, sean tierras en toda mediocridad y templanza -temperatísimas, unas más y mejores, y otras buenas, pero todas mucho -buenas generalmente, y si algun pedazo ó provincia dellas se halla -que á la mediocridad exceda es como monstruo y rarísimamente, como en -todas las cosas naturales acaece producir alguna vez por errar el curso -ordinario la naturaleza, luego síguese que las gentes de todas estas -Indias, desta Isla, islas y Tierra Firme, por razon de la templanza y -mediocridad y disposicion suave de las regiones, provincias, reinos y -tierras en que viven, naturalmente son de muy templada, y moderada, y -favorable complixion, y, por consiguiente, de su propia naturaleza son -muy bien intelectivos, de muy buenos juicios, de muy buenos ingenios, -y de muy buenos entendimientos, puesto que en cada provincia, por la -diversidad de la disposicion de la tierra, por ser alta ó baja, y por -otros accidentes, sean los de un lugar más ó ménos que los de otro, -como largamente queda demostrado en el capítulo 29. Y porque, como -dejamos dicho y probado en los mismos capítulos 23 y 29, las gentes -que viven en la region de Grecia, por estar en medio de Asia y Europa, -así como tienen el medio segun el lugar, así tienen las disposiciones -é inclinaciones medias y mejor proporcionadas, porque ni tienen tanto -frio como los de Europa y Septentrion, ni tanto calor como los de Asia, -y por consiguiente son intelectivos y artificiosos, no tanto, empero, -como los de Asia, y tambien son animosos, ménos, empero, que los de -Europa, por manera que cuanto más se llegan las regiones al medio y -templanza del frio y del calor, tanto más las gentes moradoras dellas -participan de la viveza del entendimiento que causa el calor, y del -esfuerzo y animosidad de que el frio es causa; pues como las regiones -destas Indias, por toda la mayor parte dellas, sean temperatísimas, -más templadas que ninguna parte de las que se saben del mundo, y las -naciones que las habitan, por consiguiente, alcancen temperatísima -complixion y más favorable que otras, síguese que de su naturaleza no -sólo son de buenos y vivos entendimientos más que otras naciones, pero -tambien no les falta naturalmente animosidad y esfuerzo de corazon: -porque regla es general, como muchas veces arriba se ha dicho, ser los -hombres de tierras frias inclinados á lo que inclina ó dispone el frio, -y los de las calientes á lo que dispone é inclina el calor, y los de -las regiones que están en medio á haberse medianamente participando de -ambos á dos. De que sean de vivos y muy sotiles entendimientos de su -natural, evidentísimamente por las razones siguientes abajo parecerá, -pero que tengan esfuerzo y animosidad parece que habrá duda, lo cual -no será ménos evidente á cualquiera que quisiere considerar lo que -vemos por experiencia, porque una gente desnuda, sin armas ofensivas -ni defensivas (porque los arcos y flechas que tienen son por la mayor -parte, al ménos por respecto ó para con nosotros, como juegos de -niños), osen acometer y seguir á otra gente como somos, que tanta -ventaja les hacemos en lo uno y en lo otro, tan brava y tan feroz y tan -armada de hierro, que con una espada desbarriga uno de nosotros, en una -hora, 500 dellos, y mayormente siendo nosotros armados de caballos, -que con una lanza uno, en un cuarto de hora, mata 1.000, cuando se -ven perseguidos y atribulados de los españoles, por defension suya -de su vida, patria y libertad, ¿no es señal, cierto, de no ser de su -natural mucho y bien animosos y de gran corazon? Desto se referirán, -placiendo á Dios, en otro lugar hartos y notables ejemplos, y algunos -señalados vistos por nuestros ojos. No temen la muerte, mucho ménos que -otra nacion, porque aunque sus comeres y manjares son muy delicados, -como se dirá, todavía tienen suficiente abundancia de sangre, que de -no temer las heridas ni la muerte, es, como digimos en el cap. 23, la -causa; concuerda con esto y con lo de arriba el dicho de Vejecio, _De -Re militari_, libro I, capítulo 2.º: _Omnes nationes quæ vicinæ sunt -soli, nimio calore siccatæ, amplius quidem sapere sed minus de sanguine -habere dicuntur: ac propterea constantiam atque fiduciam de propinquo -pugnandi non habent_, etc. No se podrá bien decir contra esto, que -vemos estas gentes comunmente muy tímidas, y por tales en verdad las -tenemos, y esto les debe venir de su natural; á lo cual respondemos no -tener esta objecion mucha verdad, porque esto es de _per accidens_, -ó accidentalmente, conviene á saber, por causa de las grandes y -extrañas crueldades que en ellas hemos usado, como se verá, y por el -temor nuestro que en ellas se ha entrañado viviendo en amarguísima y -durísima servidumbre, y ésta es sufientísima causa para no solamente á -estos, pero á los Scipiones, hacellos de servil condicion y cobardes, -como en el cap. 27, largamente y por razones naturales, probamos. -Son, pues, los indios, vecinos y moradores naturales de todas estas -nuestras Indias, por la mayor parte y generalmente, de su natural, por -razon de nacer y morar en tierras temperatísimas al ménos en mediana -manera, bien intelectivos, y para las obras de razon bien dispuestos, -más ó ménos segun se llegaren más á la mediocridad y templanza las -provincias, mayormente las más meridionales, puesto que entre ellos -haya grados que, por razon de la disposicion de las tierras, sean unos -de más sotiles ingenios y artificiosos que otros, y lo mismo es cuanto -á la animosidad y el esfuerzo. - - - - -CAPÍTULO XXXIV. - - -Pruébase allende lo dicho, ser las gentes destas Indias naturalmente -de buenos entendimientos por la tercera causa que puede concurrir -para esto, y que concurre notoriamente en ellos; ésta es la buena -compostura de los miembros, y la conveniente proporcion de los órganos -de los sentidos exteriores, como en el capítulo XXIV referimos. Los -indios, pues, de todas estas Indias, por la mayor parte, como sean de -muy buenas y favorables complixiones, como queda visto, de necesidad -debian ser, como lo son, de buenos cuerpos y todos los miembros -dellos muy bien proporcionados y delicados, áun los más plebeyos -y labradores, no muy carnudos ni muy delgados sino entre magrez y -gordura, las venas no del todo sumidas ni muy levantadas sobre la -carne; esto se ve muy claro si quisiéremos considerar las manos, los -dedos, las uñas, los brazos, los pechos, los piés, las piernas, que -comunmente se les parecen, por no traer más vestidos de una manta -de algodon como un cendal ó almaizar, ó de un lienzo los que más -vestidos andan, y mayormente donde todos y del todo andan desnudos, -cubiertos sólo aquello que la honestidad y vergüenza cubrir manda, los -cuales miembros son y tiénenlos tan juntos, dispuestos y tales y tan -proporcionados que no parece sino que todos son hijos de príncipes, -nacidos y criados en regalos. Causa esto, eficazmente, la mediocridad -de la sangre y del calor natural y de los espíritus que tienen, como -se verá adelante, que hacen los cuerpos de los hombres delicados, -como en el libro _De Somno et vigilia_ dice Aristóteles. Los sentidos -exteriores alcánzanlos admirables; ellos ven muy mucho de léjos, y -determinan lo que ven, más que otros, parece que con la vista penetran -los corazones de los hombres, y tienen, comunmente, los ojos hermosos; -oyen tambien muy mucho, huelen cualquiera cosa de muy léjos, aunque -sea entre los montes, lo mismo es del gusto; y, cierto, dello tenemos -experiencia, y aquí no hablamos á tiento ni, como dicen, de coro. Item -el sentido del tacto tiénenlo en gran igualdad, lo cual se muestra -porque cualquiera cosa lesiva y que pueda lastimar, así como frio, -calor, azotes ó otra afliccion exterior, muy fácilmente y en muchos -grados los aflige, angustia y lastima, mucho más sin comparacion que -á nosotros y áun que á los más delicados que hay entre nosotros, no -obstante áun el traer los cuerpos y miembros desnudos al sol, á los -vientos y al agua, lo cual les habia de causar ser duros y robustos, -y no tener tan sensible y lastimable aquel sentido del tacto. Item, -cualquiera enfermedad accidental más presto les adelgaza, enflaquece -y los despacha que á otra nacion alguna de los que tenemos noticia; -allende desto, como es notorio á todos los que los cognoscemos, gentes -son los indios para sufrir muy poco trabajo, y porque han sido puestos -despues que acá venimos en grandes y desordenados trabajos, faltan -dellos muchos millares. Son luego estas gentes todas universalmente de -buenos sentidos exteriores, y en especial de muy temperados y delicados -tactos, y por consiguiente, argumento es claro y áun necesario, segun -el Filósofo en el II _De Anima_ y en el I de la Política, tener cuerpos -de libres y nobles ánimas, que es decir que tienen naturalmente buenos -entendimientos, y son ingeniosos y bien razonables; todo lo cual parece -arriba. Las caras, y rostros, y gestos tiénenlos graciosos y hermosos, -hombres y mujeres, desde su niñez y nacimiento, porque todos los niños -y niñas desde que nacen, y como van creciendo, son todos comunmente -muy graciosos, lindos, alegres, corderitos vivos, y de buena índole, -que es señal é indicio ó significacion de bondad de las ánimas dellos -natural, de buenos entendimientos, y que se perfeccionarian si fuesen -ayudados, como parece, por muchos que crian y han criado los frailes. -De aqueste indicio y significacion habla el Filósofo en el I de la -Política, cap. 3.º, diciendo: Que desde el nacimiento de cada uno y de -su niñez, luégo la naturaleza muestra en los cuerpos y gestos de los -niños si tienen ánimas de libres ó de siervos, conviene á saber, si -tienen buenos y capaces entendimientos: _Statim ex generatione quædam -distincta sunt, alia quidem ad imperandum, alia vero ad parendum_, -y pone ejemplo en el ánima que naturalmente es apta para mandar y -señorear al cuerpo, y la razon á la sensualidad, y el hombre á las -bestias, y el género masculino al femenino, y concluye así: _eodem modo -necesse est in cunctis hominibus esse_, etc. Y si despues de hombres, -algunos hallamos de grandes y feroces caras ó feos gestos, como en -la provincia de Guatemala y en algunas otras partes de Tierra Firme, -pero no en muchas, era la causa de la costumbre que tenian de con -industria hacerse fieras las caras rompiéndose las orejas y hacellas -muy grandes, lo mismo las narices y los bezos ó labios, poniéndose -allí en los agujeros unas joyas labradas de oro ó de plata, por fin de -parecer en las guerras á los enemigos espantables, ó tambien por arreo -de gallardía. Cuanto á la costumbre de querer parecer fieros en las -guerras, ordenaron á los principios hacerse las caras y cabezas, por -industria de las parteras ó de las mismas madres cuando las criaturas -son tiernas y chiquitas, empinadas y hacer las frentes anchas, de la -manera que en el cap. 29 referimos decir Hipocras, y Galeno en el -libro, arriba muchas veces nombrado, _De Aere et aqua_, de las gentes -de Asia llamadas Onacrocephalas, que se hicieron al principio las -cabezas luengas por mostrar ferocidad en las guerras, lo cual comenzó -la industria y despues prosiguió la misma naturaleza, como allí fué -dicho, de lo cual parece que en hacer las cabezas y caras fieras, -como en otras muchas costumbres, segun parecerá, no fueron solas las -gentes destas Indias ni las primeras. Tampoco lo fueron en horadarse -las orejas y poner en ellas aquellas cosas de oro, pues en España -suelen traer las mujeres zarcillos en ellas, de lo cual los franceses -burlan y escarnecen, teniéndolas por barbarísimas; esto no era tenido -en otras naciones por feo, pues entre los judíos, y otras gentes debia -ser tambien, no solamente las mujeres los traian pero los hombres se -arreaban dello, y esto parece por lo que leemos en el Exodo, y es, que -cuando Moisés se tardaba en el monte y los judíos pidieron á Aarón -que les diese dioses que adorasen y los guiasen en el desierto, por -detenellos y no hacer cosa tan nefanda, mandóles que trujesen todas -las joyas que tuviesen de oro que se ponian en las orejas las mujeres -é hijos é hijas, creyendo que de pura codicia no las trujeran; pero -traidas todas, él, de miedo no lo matasen, hízolas todas fundir, y -dicen que por arte del diablo salió hecho un becerro. De donde se -colige claro, antiguamente los hombres, ó al ménos los mancebos, -acostumbrar á traer zarcillos ó cosas semejantes en las orejas; en -otra manera era vituperiosa cosa y gran injuria entre los hebreos -horadalles por justicia las orejas, y esto se hacia á los esclavos que -eran hebreos, los cuales, si los compraba el señor, mandaba la ley que -se sirviese dellos seis años y al sétimo los habia de dejar libres con -mujeres é hijos, pero si el tal esclavo no queria recibir la libertad, -sino quedarse todavía esclavo, por el amor que al amo y señor tenía, -mandaba la ley que con un cincel con que suelen los zapateros sacar los -bocados de los agujeros que hacen á los cintos, ó á otras cosas hechas -de cuero, horadasen al tal esclavo la oreja, y desde allí habia de ser -esclavo perpetuo, y esto era grande afrenta. Tornando al propósito -de los indios, ellos tenian y tienen de su natural buenos y graciosos -gestos, sino que ellos con aquellas superfluidades los desgarraban -y hacian y hacen feos, como acaece hartas veces á las mujeres de -España, que, teniendo blancos y hermosos gestos, tantas blanduras se -ponen y afeites, que no es poco asco solamente vellas. En esta isla -Española, digo verdad, que hobo hombres y mujeres muchas de tan buena -disposicion y compostura en los gestos, que aunque los tenian algo -morenos, señaladamente mujeres, podian ser miradas y loadas en España -por de buena y egregia hermosura por todos los que las vieran. En la -Vega conocí á mujeres casadas con españoles, y algunos caballeros, -señoras de pueblos, y otras en la villa de Santiago, tambien casadas -con ellos, que era mirable su hermosura y cuasi blancas como mujeres -de Castilla, y puesto que en toda esta Isla, mujeres y hombres fuesen -de muy buenos y proporcionados cuerpos y gestos universalmente, -porque aquí no se rompian ni estragaban los rostros más de sola y -delicadamente las orejas para poner algunas joyas de oro las mujeres, -pero donde fué la señalada hermosura y muy comun á todo género, fué en -la provincia de Xaraguá, que arriba digimos estar hácia el Poniente -desta Isla, hobo. Y yo ví un lugar ó villa que se llamó de la Vera-Paz, -de 60 vecinos españoles, los más dellos hidalgos, casados con mujeres -indias naturales de aquella tierra, que no se podia desear persona -que más hermosa fuese; y este don de Dios, como dije, muy comun y -general fué en las gentes de aquella provincia más que en todas las -desta Isla. Las gentes de las islas de los Lucayos, que el Almirante -descubrió las primeras, segun arriba digimos, todas á una mano, hombres -y mujeres, eran de aspectos angélicos; las de la isla de Cuba, y más -las de la isla de Jamáica, lo mismo; las de los reinos de la Nueva -España al rededor de Méjico, las de la provincia de Xalisco, las de -la de Nicaragua, las de la Tierra Firme hácia Cumaná y del reino de -Yucatan, y las de la costa toda de Guatemala de la mar, que son las -tierras que yo he andado, y otras que no digo, y las de los reinos del -Perú, y la gente de La Florida, y lo postrero que se descubrió, que -es lo de Cibola, de su buena y graciosa disposicion y hermosura por -los que lo han visto se publican maravillas. Y es necesario que así -sea en todas por la mayor parte destas Indias, porque, como habemos -dicho, el aspecto y figura del cielo y la virtud de las estrellas, que -son causa universal y primera, y la felice disposicion, y suavidad, -y mediocridad de la tierra, y todos los mismos climas, que es la -segunda, y próximo continente y todas juntas otras circunstancias, -esta graciosa y hermosa disposicion destas gentes favorecen. Así que, -pues que todos los moradores destas Indias, por la mayor parte, y en -especial los niños y niñas y adolescentes, sean de buenos aspectos y -acatamientos, de hermosas caras y proporcionados miembros y cuerpos, y -esto desde su nacimiento, como el Filósofo dijo, se muestra, síguese -haberles Dios y la naturaleza dado y dotado y concedido nobles ánimas -naturalmente, y así ser bien razonables y de buenos entendimientos. -La forma ó figura de las cabezas comunmente las tienen proporcionadas -á los cuerpos y á los otros miembros, y derechas; algunos las tienen -empinadas, y las frentes cuadradas y llanas, como los desta Isla, -otros, como los mejicanos, y algunos de los del Perú, y los de La -Florida, las tienen de mejor forma, algo como las que en el capítulo -24 digimos, de hechura de martillo ó de navío, que es la mejor forma -de todas. Dije algunos de los del Perú, porque, por la mayor parte, -cuasi en cada provincia tenian propia costumbre y diversa de las -otras de formar con industria las cabezas. Y es cosa de maravilla -ver la diligencia é industria que tienen para entallar las cabezas, -mayormente de los señores; éstas de tal manera las atan y aprietan, -con lias ó vendas de algodon ó de lana, por dos y tres años á las -criaturas, desde que nacen, que las empinan un palmo grande, las -cuales quedan de la hechura y forma de una coroza ó de un mortero de -barro muy empinado, y esta costumbre tienen los Ginoveses, y tanta -industria y diligencia ponen para que las criaturas tengan las cabezas -muy empinadas, puesto que no redondas sino llanas, como vemos, que -cuasi parecen á las gentes que en esta Isla moraban. Por privilegio -grande concedian los del Perú á algunos señores, y que ellos querian -favorecer, que formasen las cabezas de sus hijos de la forma que los -reyes y los de su linaje las tenian. Las de las gentes de los Lucayos -y de la isla de Cuba y Jamáica, segun me puedo acordar, las tenian -cuasi como las nuestras ó que más nos parecian en las figuras dellas; -muchos tienen las frentes cuadradas de moderada grandeza, que es buena -señal, como en el cap. 24 digimos; los cabellos todos comunmente los -tienen negros y moderadamente delgados y correntíos y blandos, y cuando -niños no tan negros sino que tiran á castaños, que significa buena -composicion, como parece allí en el dicho capítulo. Y porque dice el -Eclesiástico, cap. 19: _Ex visu cognoscitur vir, et ab occursu facici -cognoscitur sensatus: amictus corporis et risus dentium et ingressus -hominis enunciant de illo_: En la vista y en la cara, en el andar y en -la risa, se conoce el hombre y el seso y entendimiento de cada uno; -digo verdad, la cual muchos y todos los que tienen noticia en aquestas -partes la saben si la quieren confesar, que así en los niños como en -los grandes, como en mujeres y hombres, y señaladamente en los hombres, -se ve y conoce tanta modestia y mansedumbre, tanta composicion, tanta -vergüenza, honestidad y mortificacion y madureza en los actos y meneos -exteriores, en la vista, en la risa, en la compostura de la cabeza é -inclinacion de la frente y de los ojos, y en el andar, y en gran manera -en la habla (que de pura reverencia y humildad mudan la voz, que si -la tienen gruesa y autorizada, la adelgazan y abajan cuando hablan con -personas de autoridad, y á quien hayan de tener reverencia), que no -parece sino que fueron criados en la disciplina y debajo de regla de -muy buenos religiosos. Esto es señal de tener igualdad de complixion, y -tambien discrecion y buena razon, cuanto á los principios naturales, no -faltalles. No queremos aquí decir ni afirmar que todos, universalmente, -en todos sus actos actualmente sean perfectos, y muy acenderados en las -obras de perfecta razon, sino que todos universalmente, y por la mayor -parte, tienen natural aptitud y habilidad, y muy de propíncuo están en -potencia para ser reducidos al acto y actos, siendo instruidos, de todo -buen entendimiento y de buena razon, y finalmente, que son hombres de -su naturaleza bien razonables y bien inclinados, y dello tienen muy -ciertos y naturales indicios y claras señales. Porque mucho es ayudado -el entendimiento y la razon ejercitándose por sí mismo con la lumbre -natural de la razon y por el oficio della, que es explicando lo que en -los primeros principios, que son de sí cognoscidos ó cognoscibles, se -contiene implícitamente, ó siendo ayudada por otros que más se hayan -ejercitado, y es tambien desayudado cuando las personas se ocupan -mucho en las cosas sensuales, mayormente en algunos señalados vicios; -pero como arriba en el cap. 22 y 29 se dijo, como los hombres sean -de libre albedrío de sí mismos, por eleccion propia que tienen en su -mano ó de otros persuadidos, pueden ayudar á los entendimientos para -producir buenos actos intelectivos y alcanzar virtudes, ocupándose en -buenos ejercicios, y así entendemos hablar aquí de los indios. Así que -por la disposicion y hermosura corporal y por la modestia, vergüenza -y honestidad, madureza, composicion, mortificacion, cordura, y los -otros actos y movimientos exteriores, que en sí y de sí muestran áun -desde niños, los cuales les son innatos y naturales, manifiesta cosa -es haberles proveido la naturaleza y su Criador dotado naturalmente de -aptitud y capacidad, de buena razon y buenos entendimientos. Son, pues, -las gentes naturales destas Indias, universalmente y por la mayor parte -de su natural, por razon de la buena compostura de los miembros, por la -conveniencia y proporcion de los órganos de los sentidos exteriores, -y la hermosura de los gestos ó caras y de todo el _vultu_, la figura -de las cabezas, los meneos y movimientos, etc., naturalmente de buena -razon y buenos entendimientos. - - - - -CAPÍTULO XXXV. - - -En el capítulo precedente mostrado habemos, la buena disposicion de los -cuerpos, y favorable compostura de los miembros y órganos exteriores, -y hermosura de los gestos que estas gentes tienen ser buen argumento -y señal de tener buenos entendimientos de su naturaleza, y en los -capítulos de ántes, la buena complixion y armonía proporcionada de los -humores, y tener las tierras donde moran templadas, y otras causas -que digimos y otras que diremos ser naturales, las cuales todas ó la -mayor parte parece concurrir en estas gentes para que tengan habilidad -natural para los actos de razon y de buenos entendimientos; agora, -en este capítulo presente y en los siguientes, queremos mostrar en -esto tambien, las causas que en el cap. 23 digimos accidentales -favorecerles, porque éstas disponen mucho bien los órganos de las -potencias interiores aprehensivas, que son, como ya digimos, el -sentido comun, la imaginacion, la cogitativa ó fantasía, y la memoria -sensitiva. La primera, pues, causa accidental y bien dispositiva de -las potencias interiores, es la sobriedad y templanza en el comer y en -el beber, y poco mantenimiento; ésta tienen los indios, más que otras -muchas gentes, en excelencia, porque todos general, y particularmente, -de su naturaleza son abstinentísimos y muy sobrios, de muy poco comer -y beber; y esto es notorio á todos los que con verdad y simplicidad -les ayudan y favorecen, y áun á todos los que mal les hacen, si lo -quieren sin doblez y fielmente decir. Y en tanto grado es verdad esto, -que los religiosos y siervos de Dios, que de raíz y de propósito han -experimentado y penetrado sus costumbres, no suelen hablar dellos en -este caso, sino diciendo que su comer y beber cotidiano es como el de -los Santos Padres en el Yermo; y esta comparacion no discrepa mucho, -ántes confina con lo propio que destas gentes se ha dicho, porque -todos, por la mayor parte, no comen, sino raras veces y acaso, carne -ni pescado, y muchas no cosa asada ni cocida. Comun comida es la suya -legumbres y yerbas, y frutas, y raíces de las que arriba digimos ages ó -batatas, conficionadas ó guisadas con aquella pimienta que, en lengua -desta Isla, se llamaba axí, la última sílaba aguda, y en la mejicana -chile, la primera sílaba luenga; ésta es muy sana y templada, entre -calor y frio, la cual tiempla y adoba mucho la humedad y terrestridad -de las dichas raíces. La bebida es generalísimamente agua en todas -estas Indias, y donde se alcanza el cacao que es agua fresquísima, y -ésta no embriaga, y la chicha en el Perú, que puede y suele embriagar, -que se hace del grano que en esta dicha lengua llamamos mahíz. No -contradice á esto que algunas veces, y muchas, los indios de la Tierra -Firme, con la chicha y otros vinos, se destemplan y emborrachan, porque -no es su bebida ordinaria ésta ni la beben por ser destemplados, sino -cuando hacen sus convites comunes y fiestas por ceremonias y ritos en -honor y religion del culto de sus ídolos; esta costumbre y religion -generalmente fué defecto de todos los gentiles por industria del -demonio, que, para derrocallos en muchos abominables vicios, les dió -manera para privarlos de los sentidos. Esto expresamente San Pedro -en su canónica primera nos lo significa: _Sufficit enim præteritum -tempus ad voluntatem gentium consummandam, his, qui ambulaverunt in -luxuriis, desideriis, vinolentiis, comessationibus, potationibus, et -illicitis Idolorum cultibus_, etc.; y San Pablo _Ad Romanos XIII: Non -in comessationibus et ebrietatibus et in impudiciciis_, etc.; y es de -notar, que no reprenden allí San Pedro y San Pablo sino el exceso de -las comidas y bebidas, y tambien hacerlas por religion, y en veneracion -de sus dioses, pero no los convites que los gentiles hacian; pues hacer -convites absolutamente no es ilícito (y Cristo, ejemplo de sobriedad y -templanza, se halló en uno cuando las bodas de Archiclitino), porque, -segun el Filósoso en el VII de la Política, en la ciudad bien ordenada -debe haber convites y comidas públicas ó comunes, para conservar la -familiaridad y amistad entre los ciudadanos, y Platon lo habia dicho -ántes en el libro _De Legibus_, diálogo primero, y los romanos tenian -convites públicos, unos que llamaron triunfales, que al pueblo hacian -los que triunfaban, otros pontificales, que celebraban en sacrificio -de los dioses, y otros funerales, que se hacian en las obsequias ú -honras de los muertos. Pues asentados á la mesa del convite, ¿quién -será tan templado y moderado, que no exceda poco que mucho en el comer -ó beber, mayormente aquellos que carecen de fe y cognoscimiento de -Dios? Ni tampoco hace contra lo dicho, decir que con nuestro vino, -cuando lo pueden haber, algunos se embriagan, porque esto es muy de -_per accidens_, ó accidentalmente, por no saber la fuerza del vino, -en la cual dificultad cayó Noé, santo hombre, y en esto harto los -excusan, como se dirá, otras muchas naciones estimadas por prudentes -que todos cognoscemos, y pocos hay que no se les traben los celebros -con el vino, fuera de la nuestra Española; y Platon, en el libro XXXIV -_De Legibus_, diálogo sexto, dice que emborracharse los hombres no -era cosa decente, sino fuere en las fiestas y solemnidades de aquel -dios que dió el vino. Entre los indios desta Isla yo vide Señor ó -Cacique, que, teniendo harto vino nuestro y de Guadalcanal, lo bebia -con tanta templanza, que un monje muy reglado no podia tenella mayor. -Y así nos hablamos aquí de lo que por naturaleza estas gentes tienen, -y de la costumbre de su comer y beber que tambien les es natural, y -no de lo que algunas veces les acaece hacer, mayormente que áun esto -no lo hace cada uno en su casa en particular, sino cuando se juntan -en comun muchos á los comunes convites, y fiestas, y ceremonias, y -ritos, y observancia y honor de sus dioses; pues como los indios todos -en universal sean sobrios y abstinentes, de poco comer, y la comida -sea legumbres y yerbas, y el pan harto áspero y no muy bueno, como es -el del grano mahíz en toda la Tierra Firme, y el caçabí, que se hace -de raíces, muy cenceño y delicatísimo, y de muy fácil digestion y de -ménos sustancia, en todas estas islas, y en alguna parte de Tierra -Firme, y por esto sean de moderada cantidad de sangre y calor, y, por -consiguiente, de pocos huelgos y espíritus pero claros y sotiles, -porque no suben las evaporaciones ni humosidades que los suelen -turbar, y enturbiar, escurecer, engrosar, y anublar, y confundir y -desordenar, como acaece en los hombres comedores, bebedores y glotones, -segun arriba en el cap. 26 queda dicho, y de allí proceda que las -potencias cogitativa, memorativa, y la imaginacion, sean dispuestas, -y bien dispuestas y fuertes para producir sus actos, y ejercitar -sus oficios, y aparezcan á la imaginacion la forma ó especies, ó -imágenes ó intenciones, sensibles, claras, distintas y ordenadas, por -cuya causa el entendimiento fácilmente percibe y forma las especies -inteligibles, por las cuales suele entender, síguese de todo lo dicho, -necesariamente, que los indios son de su natural intelectivos, y tienen -buenos entendimientos, y son gentes de buena razon, por la primera -causa accidental, que es la sobriedad y templanza del comer y beber y -mantenimiento, que ayuda y dispone las potencias interiores, que sirven -al entendimiento para poder bien entender. Y argumento manifiesto de -su sobriedad y templanza, en el comer ordinario y comun beber, es -multiplicar tanto por la generacion como multiplican, porque hallamos -aquestas tierras todas universalmente tan llenas de gentes, que en todo -el mundo parece que nunca se vió ni halló tierra más ni tanto poblada, -ni donde más el género humano se multiplicase; vemos esto cada dia, -donde hay gente áun despues de la persecucion que les vino, que los ha -despoblado y cuasi aniquilado, y de que en otra parte se hará mencion, -que las mujeres tienen tres, y cuatro, y cinco hijos, como los dedos -de la mano, cuando van por agua al rio llevan dos ó tres delante, y -uno en los brazos, y otro en el vientre, y no ha muchos años que parió -una mujer india, de la ciudad de Méjico, de un vientre cinco hijos. -La razon de esta multiplicacion de la generacion es, segun regla de -filosofía (y trátase en los libros _De Generatione et corruptione_, -y _De Longitudine et brevitate vitæ_, por el Filósofo, y tambien lo -tratan más en particular los médicos), porque los hombres templados -en comer y beber son de más fuerte y virtuosa natural complixion, -más aptos para engendrar y para mejores hijos y de mejor complixion -producir, que los comedores y bebedores destemplados; la razon de la -razon es, porque así como por el demasiado comer y beber es impedida -la buena nutricion del cuerpo, y la luenga conservacion de la vida de -un hombre, así por la misma causa se estorba la buena generacion y -multiplicacion que pertenece á la humana especie. Y segun Platon, en -el libro _De Legibus_, diálogo sexto, y lugar postreramente alegado, -mucho deben el marido y la mujer estar sobre aviso, de vivir, miéntras -son casados, templadamente, mayormente cerca del vino, porque siempre -se hallen con buen juicio y entendimiento, pues se ignoran el dia y -la hora que la mujer conciba en su ayuntamiento, porque va mucho que -estando ellos en buena, templada y moderada disposicion la criatura se -conciba; por ende conviene, dice Platon, para que lo que se concibiere -sea estable y quieto, que los cuerpos de los padres no sean con exceso -ó embriaguez, al tiempo de la generacion distraidos (y la razon, segun -él asigna, es porque el que está lleno de vino es como con rabia, -así en el ánima como en el cuerpo, traido y llevado aquí y acullá, -y por tanto como mentecato es inhábil para concebir y engendrar), -porque verisímile cosa es, que las criaturas que engendraren los tales -nazcan de desiguales complixiones, instábiles y vanos, torcidos en -los miembros, como en las costumbres desordenados. Por lo cual, es -cosa necesaria que los casados, por toda la vida, y en especial por el -tiempo de la generacion, se deben guardar de hacer ó padecer cosa que -perturbe la mente y desordene la voluntad, por la cual naturalmente -puedan causar alguna enfermedad dañosa en el cuerpo ó en el ánima, ó -incurran desvergüenza ó fealdad, porque cualquiera cosa destas, en las -ánimas y en los cuerpos de las criaturas que de los tales padres nacen, -se imprimen y traspasan, y peores que ellos serán. Todas estas son -palabras de Platon. - - - - -CAPÍTULO XXXVI. - - -No poco difiere de esta la causa otra, que arriba en el capítulo 26 -digimos ser tambien accidental, que sirve y ayuda muy mucho á la buena -disposicion de los entendimientos, y se la abstinencia y templanza -cerca de las afecciones sensibles, viciosas, mayormente las venéreas ó -sucias. Desta creemos poderse decir con verdad, que son más que otras -gentes, por la mayor parte y comunmente, moderados y templados (y -pluguiese á Dios que los nuestros no les excediesen cuasi sin alguna -medida), como se puede cognoscer por la templanza de usar con sus -propias mujeres, que no parece que las tienen para otra cosa sino para -sustentar solamente la humana especie, que es el fin de la naturaleza, -y no para salir de los límites de la razon; esto se alcanza á saber por -las vías que se suelen entender las cosas secretas, por vía limpia y -honesta, como lo alcanzan los que procuran limpiar y curar las ánimas. -Y desto es uno y muy cierto argumento exterior, que todos los españoles -que han estado y están en estas Indias podrán tener experimentado, -si de industria no lo quisiesen negar, que en ninguna parte dellas -hombre ha visto ni sentido á algun indio obrar deshonestidad, ni con -sus mujeres propias, ni con otras casadas ni solteras, ni áun en las -tierras donde, como en estas islas, todos andaban desnudos desde los -piés á la cabeza (excepto las mujeres que traian obra de dos palmos -de tela de algodon con que cubrian sus vergüenzas), hombre no vido, -andando y conversando juntos en obras que hacian mujeres y hombres, -que por el primer movimiento se sintiese alteracion, más que si -fuesen hombres muertos, en las partes inferiores; y si alguno ha -visto y sentido á indio alguna desvergüenza, de obra ó de palabra, -no habrá sido sino de los que han criado y tenido los españoles en -sus casas, porque lo aprendieron dellos: pero desta honestidad no se -podrán gloriar muchos de los nuestros, porque se hallarán millares -de indios que hayan visto y sido testigos de infinitas torpedades -cometidas por nuestros compatriotas, para nuestra gran confusion. Es -tambien otro argumento de la templanza destas gentes cerca de los -actos venéreos, conviene á saber, andar descalzos, y mucho mayor si -andan del todo desnudos, porque esto templa y deshecha el deseo, y -amortigua la inclinacion de aquel vicio, segun dicen los médicos; otro -es, lavarse muchas veces en las aguas frias, como estos se lavan de -noche y de dia; otro es, la poquedad de los manjares, poco comer y poco -beber, y comunmente beber agua, y los manjares ser de poca sustancia -y nutrimiento. Item, la poca ociosidad que estas gentes acostumbraron -tener comunmente es tambien causa que no sean muy inclinadas á caer -en aquel vicio; nunca hallarán indios, por la mayor parte, que en su -casas ó en el campo, mucho que poco, no hagan algun ejercicio con sus -manos, con que no sea de mucho trabajo. Estas causas son propias y -cuasi naturales y acostumbradas á estas gentes, que son señales de no -ser excesivos en aquellas obras, y estas deben procurar de adquirir -los que desean vivir castamente, segun Magnino, médico, con otras que -pone en el tratado que hizo _De Regimine sanitatis_, parte tercera, -cap. 23, pero la principal es el socorro de arriba; y saber que sólo -es don de Dios dice Salomon ser suma sabiduría. No impide á lo dicho -ni contradice los que algunos de nuestros españoles dicen (lo que -yo, ciertamente, nunca tuve por cierto), conviene á saber, que haya -entre estas gentes algunos, y aunque sean muchos, que incurran y se -contaminen con el dicho nefando vicio, porque no es esto universal, -como abajo probaremos, y no es maravilla que en un mundo tan grande -y tan luengo, y de tan inmensas naciones lleno, siendo infieles, -faltándoles gracia y doctrina, tuviesen y tengan estos y otros muchos -vicios, pues entre los que tienen nombres de cristianos no faltan -hartos que padezcan las dichas ignominias, y estas pudieron incurrir -por algunas causas particulares que abajo señalamos. Nos, empero, -hablamos aquí en universal, y por la mayor parte, ser los indios -naturalmente bien dispuestos para producir actos de buen entendimiento, -y carecer más que otras gentes de los contrarios que á estos pueden -impedir, é lo demas que en contra se hallare ha de estimarse como -monstruo en naturaleza, que suele muy raro acaecer, segun arriba en -cierto capítulo digimos. Y así queda mostrado que, por la moderacion -y templanza que tienen cerca de las afecciones y cosas venéreas, al -ménos no son ménos dispuestos que otras gentes, para producir buenos -actos de razon y entendimiento, los indios. Asignamos otra causa -accidental en el cap. 26, que impide los hombres á que sean por algun -tiempo bien intelectivos, conviene á saber, la solicitud demasiada -y cuidado intenso cerca de las cosas mundanas y temporales, y el -contrario della, que es la moderacion, allí pusimos; desta ser estas -gentes más adornadas que cuantas en el mundo nacieron, de su naturaleza -parece manifiesto. Cuanto de la solicitud de allegar riquezas y bienes -temporales, y ambiciones, y usurpar lo ajeno, no se contentando con lo -suyo, son más que todas libres. ¿Qué cuidado, ni qué solicitud puede -dar pena ni ocupacion del entendimiento, á gente que no pretende más de -su propia, no supérflua sino necesaria, sustentacion, la cual con un -poco de trabajo corporal tienen cumplida, y no cura en pensar lo que ha -de comer mañana, porque lo tiene ya cierto con aquel poquito trabajo? -El que no cura de vestirse más de cubrirse las carnes con una manta -de algodon de una vara en cuadro, ó de ponerse solamente dos palmos -de la misma tela delante sus vergüenzas, cuando mucho, como en estas -islas que andaban totalmente desnudos se acostumbraba, ¿qué vehemencia -podrá tener aqueste cuidado de se vestir para que deje de bien producir -el entendimiento de los tales los actos ordenados de buena razon, y -vacar ó ejercitarse, cuando inducidos y ayudados y doctrinados fuesen, -cerca de las operaciones intelectuales y espirituales? La gente que -no ha menester allegar de muchos años atras ajuares desde cuasi que -nacen las hijas para las casar, sino que el yerno le viene á rogar -por ella, y si ella se contenta de él y el padre ve que será hombre -para, por su trabajo en la cultura de la tierra, á sí é á la mujer, y -á los suegros cuando sean viejos, poderlos sustentar; item, quien no -piensa en quitarle el estado ni la hacienda de su vecino, por fuerza -ó por engaño, ó por pleito que piense moverle con ayuda de cohechados -letrados, y no tiene puntos de honra queriendo en el pueblo ó en la -provincia señorear, ó dejar á sus hijos, aunque sean muchos, cada -uno con su mayorazgo, pocos tumultos y ménos perturbaciones tienen -en sus ánimas, y poco impedimento y ofuscacion del entendimiento -cualquiera destos cuidados ni todos juntos les podrán causar. Estas -gentes indianas universas deste orbe, todas, de su natural ó de su -costumbre convertida en naturaleza, carecen de todas estas solicitudes -y cuidados, como ya es á todo el mundo claro, por ende manifiesta cosa -es, que, por la modestia y templanza que de estos cuidados alcanzan, -son ayudados y favorecidos para ser intelectivos, por ésta como por -las de suso puestas causas accidentales. No ménos les ayuda, para bien -formar los actos de entender y bien razonar, la otra causa accidental -que en el dicho cap. 26 se sigue á la precedente, y ésta es la carencia -que naturalmente tienen, por su buena y laudable complixion que cuasi -todas estas gentes alcanzan, de las pasiones del ánima, que causan en -ella gran perturbacion, y, por consiguiente, impiden al entendimiento, -las cuales son principalmente, ira, gozo, dolor, temor, tristeza, -enojo y rencor, etc. Cuanto á la ira, manifiesta cosa es á todos los -que conocen estas gentes en todas las partes destas Indias, la ira que -tienen de su naturaleza, la cual tanta es que podríamos afirmar, sin -desviarnos mucho de la verdad, haber papagayos, en especial unos muy -chiquitos que arriba digimos, capítulo 9.º, llamarse en la lengua desta -isla Española xaxabis, la media sílaba luenga, que tienen más ira que -los indios; bien creemos que otra generacion en el mundo de las que -se tiene noticia no es más quieta, pacífica, más mansa, más benigna, -humilíma, y sobre todas pacientísima, y tengo por cierto exceder en -todo á la gente que arriba digimos de Asia, segun Hipocras y Galeno. -Desto podríamos traer muchos y muy ciertos ejemplos, pero por no -alargar dejarémoslos todos refiriendo algunos. Digo verdad, que habia -quince ó veinte años que yo estaba en estas Indias, en los cuales nunca -ví reñir indio con indio, hasta un dia que vide dos que se estaban -dando de puñadas, las cuales eran tales, poco más que cuando unos gatos -entre sí retozan, ó unos niños de cinco años de los nuestros andan -burlando; yo, cuando los vide, comencé á llamar testigos, diciendo que -diesen testimonio como vian de apuñear dos indios, y pasan de cincuenta -años que he vivido y tratado en estas tierras y conversado con diversas -gentes, y nunca vide otro tanto. Si acababan de azotar cruelmente los -españoles á un indio, porque se fué huyendo de los trabajos de las -minas ó de otra parte, ó por lo que quiso cualquiera azotalle, despues -de haber sus dolores y desventura llorado, que los llamen y halaguen, -no hay más dificultad en aplacalles que á unos niños que lloran -dándoles una manzana. No muchos dias atras que á este paso escribiendo -yo llegase, me contó un español que, una vez, llegando él y otros á -un pueblo de indios, y dándoles dos gallinas para que comiesen, dijo -uno dellos á éste: «Estos perros, para que traigan cuanto quisiéremos, -no hay mejor industria sino que les deis con esas gallinas en las -caras»; hízolo así, dándolos buenos golpes con ellas: tornan los indios -á traerles todo cuanto tenian en sus casas. Despues, pasados algunos -dias ó meses, tornó por aquel pueblo éste, que se llamaba Juan Gomez, -que con las gallinas los habia aporreado, y saliéronsele de una bolsa -cerca de cien reales; vídolos el indio aporreado, y díjole: «Juan -Gomez, ¿has perdido algo?» él miró el freno del caballo, las espuelas, -y lo que traia en las alforjas, y respondió; «no he perdido nada»; -añidió el indio, «mira si has perdido algo», y él afirmando que no, -torna el indio á decir; «mira si has perdido dinero»; el Juan Gomez -miró entónce la bolsa, y halló que se le habian salido por cierta -descosedura los reales; saca luégo el indio los reales sin faltar uno -y dáselos. ¡Señal es esta, cierto, de duralles mucho el enojo, y de -tomar de sus enemigos dura venganza! Las injurias que entre sí unos á -otros, cuando reñian y más airados y turbados estaban, y contra quien -se enojaban decian por injuriallo y hacelle mayor daño, eran, si tenia -los ojos zarcos, buticaco, conviene á saber, «andá para hombre, que -teneis los ojos zarcos»; si los tenia negros, peiticaco, hombre de ojos -negros; si tiene algun diente dañado ó le falta, injúrianle diciendo -mahíte, la media sílaba luenga; «andá para dañados los dientes, ó que -os faltan dientes», y así de los otros defectos corporales. Estas -son las injurias y oprobios y maldiciones con que, generalmente, de -los que quizá se airaban tomaban y toman sus venganzas, y así les -duran sus enojos como si nunca por ellos pasasen; y en esto parecen á -aquellas gentes, de que dice Haly, el comentador de Tolomeo, que viven -al Occidente, cuyas contenciones son semejantes á las de las mujeres, -como en el cap. 29 fué relatado. Si un indio está durmiendo y otro -viene á llamarlo, no sabe despertalle de presto por no dalle pena, sino -que estará una hora muy pasito estirándole, si tiene camisa ó manta, de -la halda, ó si no la tiene, meneándole del pié poquito á poquito, y con -muy blandas y bajas palabras hasta, sin cuasi sentirlo, despertarlo. -Esta natural mansedumbre y modestia les viene de la nobleza, templanza -y mediocridad de sus complixiones, y ésta nace de la mediocridad y -templanza de todas estas indianas regiones, por causa de la igualdad de -los tiempos de todo el año; porque no hay muy continuas ó frecuentes -en el tiempo mutaciones ó turbaciones, ni de excesivos frios ni de -excesivos calores, sino que siempre, ó cuasi siempre, son los tiempos -iguales ó cuasi iguales. De donde proviene que ni las mentes de los -habitantes son fatigadas con alteracion, estupor, ó espanto grande, -por la violencia de los tiempos, ni los cuerpos incurren transmutacion -alguna que sea fuerte ó destemplada, de donde se causa que la materia -seminal no resciba alteracion mala ni corrupcion dañosa al tiempo de -la generacion de los animales, por lo cual nacen las criaturas de -templada y noble complixion y mediocridad proporcionadas; esto siempre -y comunmente si no es acaso, errando la naturaleza, como los monstruos, -ó porque la generacion fué con alguna enfermedad celebrada, y por estas -causas puede acaecer salir el contrario pero esto es muy raro. Ya queda -dicho arriba, que en las tierras y regiones que hay en los tiempos -del año muchas y grandes transmutaciones, y diversidad vehemente de -frios, y calores, y lluvias, y nieves y otras variedades, los moradores -dellas naturalmente son inquietos, rijosos, feroces, bravos, mal -acomplixionados y peor inclinados, y de malas y perversas costumbres, -más ó ménos segun mayores y más vehementes, y más frecuentes y -continuas fueren las diferencias de los tiempos y transmutaciones. -Contra lo arriba determinado parece ser los frecuentes huracanes que -hay en estas Indias, que son grandes tempestades por la mar y por la -tierra, que no dejan cosa que no destruyan y echen á perder, naos en -la mar, y las heredades y edificios en la tierra, como es manifiesto; -huracanes llamaban los indios desta Isla, las dichas tempestades ó -tormentas. A esto se responde, que estos eran muy raros, que por -maravilla solian venir de muchos á muchos años, como tenemos los viejos -en estas tierras experiencia, y, por tanto, poca diversidad ó variedad -ó transmutacion en el tiempo, y, por consiguiente, en las personas -causaban; haberlos de pocos años acá cada año, y hacer los estragos y -destrucciones que por la mar y la tierra hacen, otra causa oculta que -la natural debemos buscar, y no es otra sino nuestros muy nuevos y -muchos pecados, que el discurso de otra nuestra Historia muy claramente -mostrará. Como, pues, aquestas naciones sean de su naturaleza tan -benignas, quietas, y mansas y ajenas de ser perturbadas sus mentes de -la ira, que es pasion impeditiva del entendimiento, manifiesto es, que, -por la carencia natural que tienen della, no podrán ser impedidos en -los actos del entendimiento naturales. - - - - -CAPÍTULO XXXVII. - - -Las otras pasiones del ánima, que pueden causar perturbacion é impedir -los actos del entendimiento accidentalmente, son dolor, y temor, y -tristeza, y enojo y rencor, destas dos postreras no reinar en estas -gentes, por lo que se ha probado de su mansedumbre y benigna complixion -y dulce propiedad de su conversacion, manifiesto queda; pero en cuanto -á las demas, es aquí de presuponer lo que por las condiciones y -propiedades, que se han de aquestas gentes referido, se puede colegir, -y es que de su naturaleza, todas ó la mayor parte, son de complixion -sanguina, que es de las cuatro complixiones la nobilísima, porque -entre todas ellas, las propiedades desta, por su sotileza, claridad -y temperancia, en cálido y húmido, son muy favorables al ánima y al -cuerpo, y causan en los hombres, naturalmente y por la mayor parte, -virtuosas inclinaciones. Una muy comun á todos los sanguinos, segun -Alberto, es que son alegres y no puede durar en ellos mucho tiempo -tristeza, son dulces, y benignos, y amorosos en el hablar, el vulto -ó rostro siempre lo tienen alegre, son amativos y que fácilmente se -aficionan en amistad á otros; son risueños y causan risa; son píos, -francos y liberales, dispuestos para todas las artes, y otras buenas -y laudables condiciones é inclinaciones. Que los indios por la mayor -parte sean sanguinos, lo referido, como dije, y lo que luégo se dirá -lo testifican. Son todas estas gentes desde niños letísimos, y así -son amigos de tañer, y bailar, y de cantar con la voz cuando les -faltan instrumentos; algunos tenian con que hacian sones para bailar, -y provocarse á regocijo y alegría, segun á su manera y carencia de -instrumentos de hierro para artificios hacerlos podian; son en gran -manera benívolos, y dulces y benignos, lo cual manifiestan en recibir -los huéspedes y tambien en su despedida. De esta virtud y propiedad, -el Almirante primero, que descubrió este mundo, fué, como parece en -otra parte, buen testigo. En la Nueva España, cuando les viene algun -huésped, desta manera le reciben, conviene á saber: «A vuestra tierra y -á vuestra casa venis, en ella podeis estar, no os ha de faltar nada»; y -si es persona principal: «Vuestros vasallos y criados somos, bien nos -podeis mandar», y otras palabras semejantes; á la despedida: «Mirad -mucho cómo vais, no caigais, id paso á paso porque no tropeceis»; y así -desta manera. Los recibimientos y despedidas cuanto á las obras, porque -lo ya dicho es de palabras, abajo, si place á Dios, se explicará, y los -que lo oyeren, si tuvieren buena consideracion quizá se admirarán. Lo -mismo se probará (ser, digo, sanguinos y de sanguina complixion) cuanto -á su habilidad y disposicion para todas las artes; desta complixion -es muy cierto, singular y evidente argumento, conviene á saber, el -sufrimiento y paciencia que en los trabajos intolerables, y nunca otros -tantos ni tales imaginados ni imaginables, que han de los españoles -padecido, como esta Historia, con verdad, delante de Dios, que es y -será testigo y verdad de todo, testificará; creo, cierto, y con verdad -entiendo que lo digo, que en toda la masa del linaje humano gente -otra no puede más ni tanto sufrir, ántes sobre todas tengo por cierto -ser pacientísima, porque padecer y sufrir los trabajos, servidumbre -y opresiones, con tan calamitosa y desafortunada vida, como han -padecido, no ha podido ser sino por su incomparable paciencia, y por -tolerallos con alegría, al ménos no con tanta tristeza como otros lo -sufririan. Esto es muy claro por lo que experimentamos en ellos cada -dia, porque estando en los trabajos de las minas, que no para hombres -de carne, pero aunque fuesen de acero serian insufribles, y llevando -cargas de tres y cuatro arrobas de peso á cuestas 50 y 100 leguas de -camino, están y van cantando y riendo entre sí, diciendo mil gracias -y remoquetes que entre ellos hay, como si fuesen á fiestas por los -caminos; de donde parece hacer menor efecto y perturbacion en ellos el -dolor y la tristeza, que harian, tanto por tanto, en otras naciones, -por su noble condicion sanguina y natural alegría. Sufrir dolores y -tormentos diversos y terribles yo los he visto algunas veces, con tanta -paciencia y tolerancia, que aunque lloraban y daban de sí angustiosos -y dolorosos gemidos, pero, cierto, exceder el dolor y afliccion al -sentimiento en demasiada manera claro parecia. El temor, empero, junto -con la tristeza de la vida infelice, dura y diuturna servidumbre -y cautiverio, que han padecido y padecen, por la imaginacion -vehementísima que sobre otras naciones tienen, como abajo diremos, de -nunca salir de aquellos males ó venirles otros mayores (y afirmo no -ser posibles otros mayores), hace más fuertes efectos en estas gentes -que podrian causar en otras, y esto por cuatro razones: La una, por la -grandeza, y exceso y acerbidad de los agravios, angustias, trabajos, -vejaciones y continuas persecuciones, que toda la natural alegría y -noble complixion destas naciones ha sobrepujado; la segunda, por la -diuturnidad dellas que tanto ven que les duran, por lo cual muchos, -perdida la esperanza de jamás salir dellas, se han desesperado y muerto -con sus mismas manos, ahorcándose ó tomando cosas ponzoñosas, y ésta la -paciencia y sufrimiento totalmente les ha desterrado; la tercera, por -la delicadez de sus cuerpos, y miembros, y complixion noble, que causan -serles cualquier lesivo, y que puede lastimar, más que á otros penoso, -y por esto pueden durar ménos en los trabajos y calamidades que otras -naciones, segun vemos por experiencia cuán de golpe han perecido tantos -cuentos de gente y cada dia se consumen; la cuarta, por la virtud y -fortaleza de su imaginacion, que es más que la de otros vehementísima. -Por estas cuatro razones, que cada una dellas por sí es causa, y todas -juntas son causas en gran manera eficaces, se han seguido en estas -gentes cuatro efectos desastrados y lamentables, y los mismos se -siguieran, ellas supuestas, en todo el linaje humano; el primero, las -pestilencias que se han en algunas partes destas Indias engendrado, -que es cierto proceder de la imaginacion y de la tristeza de los males -presentes y pasados, y del temor vehemente de los por venir, y del -mal comer y beber, y de los muchos y demasiados trabajos, como arriba -comenzamos á decir y más se repetirá abajo; el segundo es, que aquestas -naciones, por las angustias y amarguras, y vida más que dolorosa y -amarga que pasan, y el temor continuo y sobresalto de su noble y -natural condicion han degenerado convirtiéndose tan pusilánimes, y -de tan serviles ánimos, chicos y grandes, súbditos y señores, que no -osan respirar, ántes vienen á dudar si son hombres ó animales, ó á -creer que están encantados: y esto es cosa natural en los opresos y -en dura servidumbre nacidos y criados, como arriba fué probado. El -tercer efecto es, la poca estima, y menosprecio, y abatimiento que los -nuestros españoles destas domésticas y humanas gentes cobraron, no -por más de por verlas tan mansas, tan pacientes, tan humildes, y con -tanta facilidad haberlas sojuzgado, como desnudas y sin armas, y para -cualquier servicio y provecho suyo hallarlos tan á la mano, debiéndolas -de amar y agradar, honrar y estimar y consolar por las mismas dichas -causas. El cuarto, y sobre todos miserando y más que lamentable, los -números tan innumerables que dellos han perecido, por las razones ó -causas arribas recitadas, sin haber ofendido á nadie; pero de esto -la historia será larga. Tornando, pues, á nuestro propósito, dejadas -estas causas vehementísimas contrarias del entendimiento, impeditivas -y accidentales, manifiesto queda en lo traido arriba, ser todas estas -naciones muy ajenas de las pasiones comunes, que pueden perturbar -las potencias interiores y así estorbar los actos del entendimiento, -como son, la ira, tristeza, dolor, enojo y rencor, y las muy grandes -y vehementes serles más que á otras del mundo tolerables, por ser de -nobilísima complixion, y carecer de las perturbaciones que proceden de -las pasiones del ánima, mucho por la mayor parte. Puédese confirmar -todo lo dicho en esta materia, conviene á saber, carecer estas gentes -de los impedimentos que suelen ofuscar las dichas potencias interiores, -y así no tener tanta libertad el entendimiento para entender, por los -mismos efectos de las mismas potencias y mayormente de la imaginacion -y memoria, las cuales muestran tenerlas todos comunmente más que otras -naciones, claras, fuertes, bien dispuestas en todo y desembarazadas; -esto parece, porque cuando los hablan, y cuando ven y oyen, están -atentísimos con vivísimos aspectos que parecen penetrar los corazones, -y perciben y notan mucho lo que ven y oyen, más que otras generaciones, -y entienden muy presto los conceptos ajenos, y parece que se les -clava indeleblemente en la imaginacion cualquiera cosa, por sotil y -artificiosa que sea. Esto es manifiesto, porque poniéndose un indio -en una calle, no muy cerca de la tienda de un platero sino arredrado, -porque de que ya los cognoscen los nuestros los avientan luégo que los -ven, y mirando un rato cómo labra una joya, por difícil de labrar y de -artificio que el platero la obre, luégo se va á su casa y la hace tan -perfecta y algunas veces mejor que el artífice á quien hacerla vido -primero; por esta y otras muy muchas sotilezas que hacen, solamente -con una vez ó dos vellas, les llaman los nuestros oficiales españoles -monas, y no osan hacer cosa delante dellos. Pues las cosas que han -hecho y hacen en las procesiones, representando actos y farsas sacadas -de la Sagrada Escritura, y de nuestra redencion cosas devotas, nadie -podrá encarecellas, porque á todos los nuestros seglares y religiosos -ponen cada dia en admiracion; ésto, señal es de tener muy limpia y -fuerte y muy bien dispuesta la imaginacion. Lo mismo está probado y muy -averiguado de la potencia en ellos memorativa, por la buena y favorable -disposicion de la cual tienen inmortal memoria, como parece en las -cosas diversas y muchas que toman de coro, así de las eclesiásticas y -doctrina cristiana, como de las mundanas y seglares de sus historias; -á cada paso, en cada ermita ó iglesia se juntan muchos á decir é -dicen las horas de Nuestra Señora, de coro, que en breves dias las -encomendaron á la memoria, y otras muchas oraciones y devociones, en -romance y en latin y en sus lenguas rezándolas ó cantándolas. De la -doctrina cristiana no es cosa fácilmente creible, porque veinte y -treinta pliegos de papel escritos, hay muchos indios que cuasi todos -los han tomado á la memoria, y con pocos tropiezos los recitan sin -pena alguna; de cosas antiguas entre ellos acaecidas, y de muchos -tiempos pasadas, la memoria tienen por historia; de la artes liberales -abajo se referirán cosas notables; luego buenas y limpias, y fuertes -y aptas, para ejercitar sus oficios, y servir al entendimiento, y -representarle las formas é intenciones sensibles, tienen estas gentes -las potencias, imaginativa, y la memoria, que son las principales de -todas las cuatro, ó segun Alberto cinco, potencias interiores. Lo -mismo argüiremos, no sofística sino demostrativamente, de la primera -dellas, que es el sentido comun, porque, como el sentido comun sea el -primero de los interiores, segun su buena ó no buena disposicion así -son dispuestos los otros; pues si los ya dichos tienen ó son de buena -disposicion éste será ó terná buena disposicion, como quiera que él en -sí reciba las especies ó imágenes de todos los otros y las represente -á la imaginacion. El sentido comun tiene por oficio, lo primero -aprender ó recibir en sí ó cognoscer todas las imágenes phantasmas ó -especies ó sensaciones de los cinco sentidos exteriores; lo segundo -juzgar dellas, así como esta es color, y este es son, y aquel es -olor, aquello negro, aquello es blanco, dulce ó amargo, lo que no -pueden los mismos sentidos exteriores el uno del acto del otro hacer. -Entónces tiene buena disposicion el sentido comun cuando la parte del -cerebro primera y delantera, donde tiene su celda y órgano, tiene bien -dispuesta y proporcionada para obrar los dichos sus actos y oficios, -es entónces aquella parte delantera, y celda del sentido comun, apta -y bien dispuesta cuando es algo grande y proporcionada la cabeza, ó -al ménos no es muy chica, y es salida ó luenga ó empinada, segun en -el cap. 25 digimos, y es señal de la buena disposicion del órgano del -sentido comun, y, por consiguiente, son los tales de buena capacidad -y aprehension, y buen juicio; lo cual hallamos en los indios por la -mayor parte, como arriba en el cap. 34 queda dicho, y sin duda son de -muy buena aprehension como prueba lo que se ha mostrado y concluido -de la imaginacion. De la cogitativa ó phantasía es lo mismo, por dos -razones; la primera, porque como sea potencia que tenga su aposento en -el medio del cerebro, entre la imaginativa por la parte delantera, y la -memorativa ó la memoria sensitiva por la postrera, si las dos extremas -son buenas y aptas para ejercer sus actos y operaciones, síguese que ha -de participar de la bondad de ambas á dos extremas, segun aquella regla -de filosofía: _Medium participat conditiones et naturas extremorum._ -La segunda razon es, porque como aquel lugar donde aquesta potencia -tiene su órgano y aposento sea muy cálido de su naturaleza, al cual -suban muchos espíritus por lo cual siempre está en continuo movimiento, -como parece, que continuamente phantasea, compone; divide y juzga, -pasando celérrimamente de la imaginacion, tomando las intenciones ó -estimaciones que están en ella que se dicen sensatas, sacando otras -no sensatas, quiere decir, que no han pasado ó entrado por alguno de -los cinco sentidos, ni las aprehendió el sentido comun, como es, que -la oveja visto el lobo por el sentido del ver, y aprehendida la forma -del lobo y enviada al sentido comun, y de allí pasada ó pegada en la -imaginacion, esta potencia phantástica ó cogitativa en los hombres (y -por la estimativa en las bestias), colige la intencion ó estimacion -de que el lobo es enemigo, y por consiguiente que se debe huir, y -que cuando oye el balido del cordero, su hijo, colige la intencion ó -estimacion que tiene hambre, de la cual es movida de le dar las tetas -para mamar. Así los pollos, oyendo la voz de la gallina, sacan esta -intencion, que la gallina pretende que todos se ayunten para ponerse -debajo sus alas; el perro, si se ve halagar y se le dá un pedazo de -pan, saca intencion de amistad, y luégo él tambien halaga con la -cola, pero si ve amenazarse y que van hácia él con un palo, colige -la intencion de enemistad, y, ó huye; ó arremete á morder al que le -amenaza. Esta intencion ó estimacion de que el lobo es enemigo, y -las otras que se han dicho, no entran por los ojos ni por los oidos, -porque no es cosa la enemistad que se ve ni se oye, ni se huele, ni -se toca, y así no se conoce por alguno de los sentidos, las cuales -intenciones ó phantasías, así no sensadas como las sensadas por los -hombres, la cogitativa las envía que las tenga en guarda la memoria -sensitiva, para cuando las quisiere despues tornar á tomar tornando -á phantasear. Así que, como los indios todos, por la mayor parte, -sean de no sólo buenas pero admirables imaginacion y memoria, como -dejamos probado, que son las dos extremas potencias, síguese tener muy -buena la potencia cogitativa ó phantástica, por la razon primera un -poco arriba dicha. Item, como estas indianas gentes sean de muy noble -complixion, por la mayor parte, porque sanguinos y de moderada sangre, -y pocos espíritus y claros, por su poco comer y beber y las otras -causas de que arriba hemos hablado largo, síguese que el calor del -órgano desta potencia cogitativa es más que en otras gentes templado, -y que no suben á el demasiados espíritus ni terná tan vehementes y -continuos los movimientos, y, por consiguiente, que la dicha potencia -alcanzan, como las otras, apta y dispuesta para producir sus actos -libre y desembarazadamente, y así, que no ménos que ellas sirve con -sus operaciones para que bien y sotilmente entienda el entendimiento; -lo cual parece manifiestamente porque son en gran manera reposados -en pensar, que no es otra cosa sino ser mucho cogitativos, y ésta es -potísima señal de ser bien intelectivos, porque la potencia cogitativa -es lo altísimo que tiene la parte sensitiva del hombre, la cual frisa -y toca en alguna manera á la parte intelectiva, en tanto grado que -participa algo de aquello que es ínfimo ó más bajo del entendimiento. Y -esto es el discurso de la razon segun la regla del Santo Dionisio, cap. -7.º _De Divinis moribus_, donde dice que los principios de las cosas -segundas ó más bajas se ayuntan ó frisan con los fines, de las primeras -ó más subidas; y por esta vecindad tan cercana del entendimiento, -esta potencia se llama razon particular (segun dice el Comentador -en el 3.º _De Anima_, y rescíbese su sentencia en la filosofía), la -cual no está sino en los hombres, en lugar de la cual las bestias -tienen la estimativa natural, con la cual forman las intenciones no -sensatas que digimos, y por ésta conocen las cosas amigas y enemigas. -Esto es de Santo Tomás, en las cuestiones disputadas _De Veritate_, -cuestion catorce, artículos 1.º al 9.º Y con esto concluimos lo que -en el capítulo 34 comenzamos y en el 26 prometimos, conviene á saber, -ser ayudadas estas gentes para tener buenos entendimientos de algunas -causas accidentales que disponen la potencia interiores, en especial -las aprehensivas, para poder bien servir con sus actos y sensaciones al -entendimiento, en lo cual principalmente consiste ser los hombres bien -intelectivos. - - - - -CAPÍTULO XXXVIII. - - -Aplicadas las tres causas naturales, de seis que en el capítulo 30 -referimos, que pueden concurrir á la nobleza del ánima y á ser los -hombres bien intelectivos, á las ánimas destos indios, y á vueltas -dellas otras causas accidentales, resta tratar de la cuarta, que es -la clemencia y templanza, igualdad y suavidad de los tiempos que -comunmente andan con la disposicion de los lugares, y aplicar della -lo que sintiéremos convenir á estas gentes. En el cap. 23 se trató -largamente, que en las regiones y tierras donde hace los tiempos -iguales, y entre sí semejantes, se excluyen las corrupciones y maldad -que pueden causarse en las criaturas que se conciben al tiempo de la -generacion, así cuanto á los entendimientos como á las inclinaciones -y las costumbres. Item, que donde corren vientos boreales, que son el -Norte y sus colaterales y los orientales ó sus colaterales, y los aires -ó vientos locales son templados, ayudan mucho á la generacion y á que -las criaturas sean de buenos entendimientos y buenas inclinaciones. -Item, si ayudan las causas particulares, como son las disposiciones de -la misma tierra, porque es enjuta, limpia, descubierta, airosa, sus -altos y sus bajos, no tiene cercanía ó vecindad con ciénagas, lagos y -árboles malos, y otras cosas contrarias, por manera que concurran las -causas particulares con la universales, la generacion de los que allí -se concibieren y nacieren será naturalmente, por la mayor parte, cuanto -á los entendimientos y á las inclinaciones, favorable y loable, y harán -ventaja, en ambas á dos propiedades, á las gentes de otras muchas -partes. Manifiesto pues es, y asaz evidentemente por muchas razones -naturales queda en muchos capítulos arriba demostrado, ser todas estas -tierras y regiones mucho templadas, correr los vientos boreales y -orientales por ellas cuasi continuo todo el año, los aires ó vientos -locales, clementes, salubres, favorables y sanos; la disposicion de la -misma tierra, y en todas sus partes ser limpia y enjuta, desavahada, -quita y remota de malas vecindades; las sierras y campiñas, graciosas -y bien puestas, las arboledas y selvas que hay, de muchos y muy sanos -y saludables y aromáticos árboles, y pocos de contrarias propiedades; -las aguas delgadas, corrientes, sanísimas y suaves, y, finalmente, -concurren las causas particulares con las universales para perfeccionar -la felicidad, templanza, sanidad y amenidad de todo este orbe. Todo -esto en todas estas regiones por la mayor parte, y si algun pedazo ó -pedazos de tierra ó region no es tal, háse de estimar como monstruo -en naturaleza y raro, como suele acaecer en todas las cosas naturales -de cuando en cuando. Luego, necesariamente, las gentes que en estas -tierras nacen y se crian son de buena y laudable complixion, todas -iguales ó cuasi iguales, y de nobles ánimas, y por consiguiente, de su -naturaleza, de buenos entendimientos en universal y por la mayor parte; -y si algunas personas entre ellos hobiere de poca habilidad y que -tengan notable falta en sus entendimientos, acaecerá esto en algunas -particulares, pero no que todas las de una provincia ó region puedan -ser tales en general, porque esto es imposible, como los monstruos son -imposibles en todas cualesquiera cosas naturales acaecer por la mayor -parte: y sería herejía afirmar que los tales acaeciesen por la mayor -parte en la naturaleza humana, como habemos probado en algunos nuestros -Tractados. Confírmase todo lo arriba dicho, al ménos cuanto á gran -parte de este orbe, lo primero, por lo que queda escrito en el cap. 23, -donde se probó, por sentencia de Tolomeo y de Haly, su comentador, que -las gentes que nacen y se crian en las regiones que están debajo del -tercero, y cuarto, y quinto clima, segun los climas que dividieron los -antiguos, y especialmente en latitud y altura de 34 grados hasta 42, -son natural y generalmente de buenos y sotiles entendimientos, por el -sitio, y la templanza, y mediocridad de las regiones y tierras en que -nacen y se crian, y así por concurrir las causas particulares con la -universal y superior; dentro de los cuales grados caen ó están grandes -y muchas provincias y partes destas Indias, de una parte y de otra de -la línea. De la parte del Norte cae mucha tierra y grandes regiones de -la Tierra Firme, que llamamos de la Florida, y la tierra de Cibola, que -es tierra excelentísima y de gentes llena muy discretas y políticas, -como en otro libro, si nuestro Dios concediere hasta entónces la vida, -será declarado; de la otra parte de la línea (equinoccial digo) están -las provincias que son reinos, que se comprenden, segun el vulgo dice, -en los del Perú, y la provincia de Chile, tierra tambien beatísima, -y las gentes della no poco sabias y políticas; todo esto, digo, que -cae dentro de los tercero, cuarto y quinto clima, segun los antiguos. -Aquí es de presuponer, si arriba quizá abiertamente no lo hemos dicho, -que á los climas que contaron, dividiendo la tierra habitable de la -parte Septentrional, los antiguos, corresponden otros tantos, con las -mismas calidades, de la otra parte austral de la línea, y por aquella -manera se divide, segun la continencia de la natural disposicion, el -inferior hemisferio como dividimos el superior nuestro, segun dice -Alberto Magno en el libro _De Natura locorum_, tratado I, capítulo -12, siguiendo á los varones probados y sabios en filosofía. Solamente -destas partes ya dichas destas Indias, que son lo ménos dellas, se ha -probado lo que pretendemos por lo que alcanzaron de la tierra habitable -los antiguos, pero todo lo demas de este nuevo y grande orbe, que, como -arriba en el cap. 20 declaramos, alcanza de latitud 90 grados, 45 al -Septentrion y 45 al Austro de la línea, que hacen 1.800 leguas, lo cual -todo ellos ignoraron, por nuestra experiencia y vista de ojos, cuanto -á la felicidad, fertilidad, igualdad, mediocridad, templanza y sanidad -de las regiones, clemencia y suavidad de los tiempos, y habilidad, -capacidad y sotileza de los entendimientos de las gentes naturales -habitadores dellas pertenece, todo nuestro intento asaz plenamente se -confirma y manifiesta. Lo segundo (ó tercero), se confirma nuestro -intento destas gentes, por lo que arriba en el dicho cap. 29 referimos -de las naciones que nacen y moran en Asia la Menor, segun Tolomeo y los -demas filósofos y médicos, conviene á saber, que por la mediocridad, -templanza, igualdad y bondad de la tierra son las gentes de laudable y -moderada complixion, y, por consiguiente, blandas y mansas, modestas, -de buenas inclinaciones, amadoras de limpieza, y que naturalmente -aman la doctrina y el estudio de las letras, y aptas para las cosas -espirituales y que pertenecen á la religion, y, por consiguiente, son -hábiles para producir obras del entendimiento; por lo cual, vistas las -cualidades de aquellas regiones de Asia, y condiciones de las gentes -naturales dellas, y cotejadas con estas tierras y naciones habitadores -dellas, no creo yo que otras en el mundo pueden ser más, ni quizá -tanto entre sí, que éstas con aquéllas semejantes. Puede asimismo, -empero, haber alguna diferencia entre aquestas, como entre aquéllas, -en lo tocante á la viveza de los entendimientos y inclinaciones de las -costumbres, por razon de algunas causas particulares, como el aire -que cerque é hincha la region, y estar en alto ó en bajo el lugar ó -villa, casa ó habitacion, ó por la vecindad de montes ó valles, nieves -ó lagos y aguas; destos se ha dado doctrina cierta, ó cuasi cierta -y probable, arriba en el cap. 29 y en otros, de la cual podrá quien -quisiere colegir por estas tierras nuevas dos cosas: la una que podrá -pronosticar ó juzgar (aunque no ha de ser con juicio temerario, sino -siempre con prudencia y limitacion de lo que á él parece que juzga) -la habilidad y disposicion de los entendimientos de las gentes que -en cada provincia destas ó poblacion haya, y lo mismo cerca de las -inclinaciones y costumbres, al ménos en general; la otra, que si -hobiere de poblar y buscar asiento de pueblo, villa, lugar ó ciudad, -podrá saber elegir el sitio y asiento para la tal habitacion más -congruo y conveniente, más dispuesto, más saludable y proporcionado -á la naturaleza humana. Parece, pues, por las razones dichas, y -aplicacion de la cuarta causa que suele concurrir á la nobleza del -cuerpo humano, y, por consiguiente, la del ánima (que fué la templanza -y suavidad de los tiempos, como habimos puesto en el capítulo 29), ser -todas estas universas naciones indianas, naturalmente, no sólo hábiles -y de buenos juicios y entendimientos, pero muy hábiles, ingeniosos y -muy razonables por la mayor parte. - - - - -CAPÍTULO XXXIX. - - -Cuanto á la quinta causa que concurre á la buena disposicion de -los cuerpos humanos, y así á la nobleza de las ánimas, que es la -conveniente y proporcionada edad de los padres (y ésta quedó puesta en -el cap. 30), y aplicando á ella la parte que á estas naciones cabe, -decimos que en algunas partes destas Indias, y en muchas dellas quizá, -padecian en esto algun inconveniente por casarse, al ménos las mujeres, -temprano, puesto que en otras tenian costumbre del contrario; y es -de notar, que aunque casarse las personas de tierna edad comunmente -incurran algunos, y quizás muchos, de los defectos que referimos en -el dicho cap. 30, en muchas ó en algunas naciones, en éstas, empero, -no parecen que se incurren tantos, por faltarles muchas condiciones -y cualidades que á otras gentes sobran ántes que faltan, y tener -algunas favorables que otras no alcanzan. Esto parece discurriendo -por cada uno de los defectos ó inconvenientes que digimos incurrir -los que muy temprano se casan: Del primero, que es debilitarse ántes -de tiempo y perder las fuerzas, y del quinto, que causa poca vida, -y del noveno, que suelen ser las mujeres que muy muchachas se casan -incontinentísimas, estos inconvenientes cesan en estas gentes, por -la mayor parte, porque, sin alguna duda, como en el cap. 35 digimos, -ellas son muy templadas en aquellos actos conyugales, y quizás más -por la mayor parte que otras algunas. El segundo inconveniente, que -es cuando los padres se casan muchachos y los hijos llegan en algun -conocimiento, y se ven cuasi coetáneos y de poco ménos edad, no les -ternán la debida reverencia y acatamiento, etc., no impide á estas -gentes por su mucha innata y natural mansedumbre y humildad, y otras -condiciones que tienen humanas y semejantes; tampoco el tercero, de -tener poca experiencia y no ser hábiles para regir sus casas, en éstos -no ha lugar, la razon es porque como todas estas gentes tengan pocos -embarazos y cuidados de grandes posesiones, haciendas y riquezas que -hayan de regir, ni pendencias ó pleitos que hayan de mover, y por ende -vivan contentos con no más de lo muy á la vida necesario, y esto lo -tengan tan á la mano como arriba significamos, poca experiencia ni -prudencia es necesaria para regir sus casas, mayormente que en todas -las cosas son sujetísimos y obedientísimos á sus padres. Cuanto al -sexto inconveniente, que es peligro de las mujeres si cuando niñas se -casan por la estrechura de los vasos, á esto decimos, que aunque á las -mujeres deste orbe desde muchachas las daban maridos, al ménos en estas -islas, no corrian el dicho peligro, porque ó la naturaleza de algun -secreto remedio proveia, ó los trabajos que tenian comunmente todas -las mujeres de acá, puesto que moderados, ó porque sus comidas no son -delicadas, que pariesen sin peligro aunque fuesen muy muchachas y áun -cuasi sin dolor lo causaria, segun parece por el Filósofo, VII de la -Política, cap. 6.º, y en el libro _De admirandis in natura auditis_, -cap. 89, refiere, que las mujeres de los Ligures, que son pueblos de la -provincia de Génova, no en las camas echadas sino estando trabajando, -sin gemido alguno, paren los hijos, y despues que los raspan y friegan -los llevan al rio á lavar, y no por eso dejan de proseguir las obras -y trabajos que hacian; y esto cuenta el Filósofo entre las maravillas -de la naturaleza, y lo mismo hacian las mujeres desta Isla y creo -que muchas otras destas Indias. Y porque los trabajos de las mujeres -destas tierras eran continuos, porque nunca estaban ociosas, y aquéllos -eran moderados y nunca excesivos, sin alguna duda por esta causa, -los hijos que producian eran favorecidos, al ménos no impedidos, para -ser intelectivos; de aquí podemos bien claro inferir, que despues que -los españoles vinieron á estas tierras y sojuzgaron estas gentes, -y pusieron en el duro cautiverio con que afligieron, y afligen, y -oprimen duramente hombres y mujeres, por los excesivos trabajos -y aflicciones que todos ellos y ellas padecen, de necesidad ó no -engendrarán ni concebirán, ó si engendraren ó concibieren malparirán, -y, sino malparieren, las criaturas que engendraren ó parieren han de -ser muy faltas, por la mayor parte, de cuerpos y fuerzas, de ingenio -y entendimiento. Cuanto al cuarto inconveniente, que nacen los hijos -de chicos cuerpos, y el quinto que son de poca vida, y el sétimo que -es imperfecto el mestruo, y así salen las criaturas diminuidas, á -todos tres inconvenientes se puede responder que la gran temperancia -y virtudes de la tierra felice que habitan, y los aires, tiempos y -vientos saludables, y las favorables constelaciones ú otras virtudes -secretas de naturaleza, deben suplir el susodicho defecto de la edad -tierna de los padres, y ántes de la edad conveniente á la buena -generacion casar; porque vemos que aunque en algunas y en muchas -partes destas Indias nacen los hombres bajos de cuerpo, comunmente, -pero son muy bien proporcionados y de miembros recios y de muchas -fuerzas, y esto yo lo he visto y experimentado, y es notorio á todos -los que por estas regiones ó provincias estamos: cuanto más que, áun -entre las gentes que hay de bajos cuerpos, hay muy muchos de altos -y muy bien dispuestos cuanto pueden ser en otras muchas partes, y -allende esto hay muchas provincias y regiones que comunmente son de -cuerpos bien grandes. Dejo de decir de otros que por su proceridad y -grandeza les llamamos en estas islas gigantes, como en otra Historia, -si Dios quisiere, se dirá algo; y en el estrecho de Magallanes, ó por -allí cerca, se tiene por cierto tener los hombres de altura doce y -trece palmos. Item, la vida de las gentes destas Indias comunmente -y en general es larga, y en muchas partes muy larga, como habemos -experimentado viendo viejos de sesenta y setenta y ochenta años, y la -razon lo declara por ser todas estas regiones de su naturaleza muy -sanas por la mayor parte; la causa desta sanidad es porque todas ellas, -en general y por la mayor parte, son cálidas y húmedas templadas, y en -otras si son frias no tanto que no venza y sobrepuje al frio el calor -del verano, y los principios de la vida en todas las cosas que viven, -señaladamente en los animales, son lo húmedo y cálido proporcionado, -y más tiempo viven los hombres y animales, y tambien las plantas, en -las regiones cálidas que en las frias, _ceteris paribus_, porque lo -cálido en estas regiones tales, abriga y conforta lo húmedo, pero en -las frias el húmedo congela y espesa y amortigua y áun mata lo cálido. -Pues como todas estas tierras destas Indias, por la mayor parte, sean -por el húmedo y cálido, y por las otras muchas calidades de suso -expresas, temperatísimas, todas y por la mayor parte naturalmente han -de ser y son de necesidad sanísimas; desto se ha necesariamente de -seguir que todas las gentes, naturales vecinos y habitadores dellas, -naturalmente son de larga vida. Así lo dice Aristoteles en el libro -_De Longitudine et brevitate vitæ_, párrafo último, y Santo Tomás allí -tambien lo sigue donde dice, que aquellos hombres ó gentes son de vida -más larga que otros, que viven en tierras que son cálidas ó húmedas, -ó templadas en ambas á dos calidades, y en las cálidas más que en las -frias; luego las gentes destas Indias son naturalmente de larga vida. -Item, los que han de vivir mucho, segun el Filósofo, no deben abundar -en muchas superfluidades, porque la superfluidad tiene fuerza de -contrario; pues los indios, como está probado, no tienen superfluidades -sino solamente toman deste mundo lo necesario, luego son de larga vida. -Item, los hombres templados en el uso venéreo con sus mujeres son de -más larga vida que los dados mucho á aquel vicio, porque éstos son -de muy poca vida, porque se les deseca la virtud del húmedo y así se -consumen, y, por consiguiente, se envejecen y mueren más presto; y pone -ejemplo el Filósofo en los gorriones, que no viven por esta causa dos -años, y siempre ménos que las hembras: pues los indios son moderados -en esto, luego son naturalmente de larga vida, y bien se confirma por -las grandes multitudes que hallamos de gentes, y muchas personas muy -viejas, como ya digimos. Lo dicho todo es tambien de Alberto Magno, -en el libro _De Morte et vita_, tratado II, capítulos 6.º, 7.º, 8.º y -9.º, y en el _De Natura loci_ lo toca en muchas partes. Luego los tres -susodichos inconvenientes, cuarto y quinto y sétimo, no han lugar ó -no tienen tanta fuerza ó eficacia en las gentes destas partes, aunque -no sean los padres de los que nacieren de tanta edad como convernia, -y, por consiguiente, no por eso dejarán las gentes destas tierras -de ser de buenos entendimientos para producir actos racionales é -intelectuales. El octavo tampoco tiene ó tenía eficacia para dejar de -parir las muchachas puesto que de poca edad se casen, lo cual, que sea -así, la experiencia que con los ojos tenemos habida sea la probanza, -pues hallamos, como dije, esta Isla é islas y toda esa vastísima Tierra -Firme tan frecuentada y plenísima rebosando de mortales; porque cuasi -es de las mujeres destas tierras lo que dice el Filósofo, en el libro -_De Admirandis in natura auditis_, cap. 70, de las mujeres de Humbría, -provincia de Italia que es en el Florentinado, conviene á saber, que -son muy fetosas ó abundosas en los partos y de cada parto paren muchos, -y parir uno sólo las acaece muy raro. Y esto baste para cumplir con -la causa quinta que suele ó puede concurrir con otras para que los -hombres sean bien intelectivos. Cuanto á la sexta y última, de la -cual presto nos queremos despedir, diremos que, aunque los manjares -destas gentes comunmente no sean favorables al entendimiento, de sí -mismos, por ser raíces y legumbres y otras cosas muy terrestres, ó -que tienen mucho de terrestridad, contra este inconveniente se provee -con la mucha templanza y abstinencia que en sus comidas ordinarias -(como en el cap. 34 se dijo) tienen, y otras muchas cualidades que -segun por lo mucho que se ha referido se puede colegir les favorecen. -Y con esto concluimos las seis causas naturales, universales y -particulares, que pueden y suelen concurrir, ó algunas dellas, para -poner tales disposiciones en los humanos cuerpos, que las ánimas que en -ellos se infunden sean de mucha natural nobleza, y, por consiguiente, -de sotiles y altos entendimientos, como arriba en el capítulo 22 -parece. Por todas las susodichas causas seis naturales, y por otras -accidentales que se introdujeron hablando de aquéllas, queda, si no me -engaño, asaz evidentemente probado ser todas estas indianas gentes, -sin sacar alguna, de su mismo natural, comun y generalmente de muy -bien acomplixionados cuerpos, y así dispuestos y bien proporcionados -para recibir en sí nobles ánimas y recibirlas con efecto de la divina -bondad y certísima Providencia, y por consiguiente, sin alguna duda, -tener buenos y sotiles entendimientos, más ó ménos, menores ó mayores, -segun más ó ménos causas de las seis susodichas en la generacion de los -cuerpos humanos concurrieren. - - - - -CAPÍTULO CXX. - - -Referidos ya bien prolijamente los dioses de los gentiles antiguos y -de tantos siglos pasados, en lo cual su grosísima ceguedad y engaño -se ha bien mostrado, tiempo es de aquí adelante dar noticia de los -dioses que aquestas nuestras indianas gentes, ó que de aquellos -antiguos idólatras recibieron y heredaron, segun es verisímile, al -ménos en mucha parte, ó ellos añidieron é inventaron, para despues en -ésto como en lo demas cotejallos: de los primeros, pues primero que -otros se descubrieron, conviene hablar de los habitadores de esta isla -Española y de las demas, por la órden que al principio comenzamos. -Para principio de lo cual es de saber, que las gentes desta Española, -y la de Cuba, y la que llamamos de San Juan, y la de Jamáica, y todas -las islas de los Lucayos, y comunmente en todas las demas que están -en cuasi renglera desde cerca de la Tierra Firme, que se dice La -Florida, hasta la punta de Paria, que es la Tierra Firme, comenzando -del Poniente al Oriente bien por más de 500 leguas de mar, y tambien -por la costa del mar las gentes de la Tierra Firme, por aquella ribera -de Paria, y todo lo de allí abajo hasta Veragua, cuasi toda era una -manera de religion y poca ó cuasi ninguna, aunque alguna especie tenian -de idolatría. No tenian templos en muchas partes, y los que tenian -eran de poca estimacion, porque no eran sino una casa de paja como las -otras comunes, algo apartada; no tenian ídolos sino raros, y éstos -no para los adorar por dioses, sino por imaginacion que les ponian -ciertos sacerdotes, y á aquéllos el diablo, que les podian hacer -algun bien, como dalles hijos, y envialles agua, y otras cosas útiles -semejantes. No hacian ceremonias exteriores ni sensibles, sino muy -pocas, y éstas se ejercitaban por aquellos sacerdotes que ponia por -sus ministros el demonio, con ciertas colores que fingian engañados. -Principalmente su religion parece que residia en la mente ó estimacion -de un Dios, y allí obraban su culto, puesto que, con los embarazos -y persuasiones que el demonio y sus ministros les ponian y hacian, -careciendo de doctrina y de gracia, se les mezclasen algunos errores. -La gente desta isla Española tenía cierta fe y cognoscimiento de un -verdadero y solo Dios, el cual era inmortal é invisible que ninguno -lo puede ver, el cual no tuvo principio, cuya morada y habitacion es -el cielo, y nombráronlo Yocahu Vagua Maorocoti; no sé lo que por este -nombre quisieron significar, porque cuando lo pudiera bien saber no lo -advertí. A este verdadero y católico conocimiento de Dios verdadero, se -les mezclaron estos errores, conviene á saber, que Dios tenía madre, -cuyo nombre era Atabex, y un hermano suyo Guaca, y otros desta manera; -debian de ser como gentes sin guía en el camino de la verdad, ántes -habia quien della los desviase, ofuscándoles la lumbre de la razon -natural que pudiera guiallos. Tenian ciertas estatuas de madera, segun -escribió en una carta el almirante don Cristóbal Colon á los Reyes, -donde metian los huesos de sus padres (y debian ser los de los Reyes y -Señores), y éstas llamaban del nombre de la persona cuyos huesos allí -encerraban. Cuenta que, como fuesen huecas, metíase un hombre dentro -dellas y allí hablaba lo que el Rey ó Señor le decian que hablase á los -populares; y acaeció que entrando dos españoles en la casa donde una -estatua de aquellas estaba, dió un grito, segun parecia, la estatua -y habló ciertas palabras, pero como los españoles no se asombran -fácilmente de gritos de palos, ni son tan simples que no cayesen presto -en el engaño, llegóse uno y dió del pié á la estatua, y dá con ella de -lado, y así descubrió el secreto de lo que dentro estaba. El secreto -era, que á un rincon de la casa debia estar un hoyo ó cierto espacio -en el rincon cubierto de rama, donde estaba encubierta la persona que -hablaba, y ésta tenía una trompa ó cerbatana que metia por el hueco de -la estatua, y allí hablando parecia que hablaba la estatua. Dice más el -Almirante, que habia trabajado de saber si tenian las gentes desta Isla -secta alguna que oliese á clara idolatría, y que no lo habia podido -comprender, y que por esta causa habia mandado á un catalan que habia -tomado hábito de ermitaño, y le llamaban fray Ramon, hombre simple y -de buena intencion, que sabía algo de la lengua de los indios, que -inquiriese todo lo que más pudiese saber de los ritos, y religion, y -antigüedades de las gentes desta Isla y las pusiese por escrito. Este -fray Ramon escudriñó lo que pudo, segun lo que alcanzó de las lenguas, -que fueron tres las que habia en esta Isla; pero no supo sino la una -de una chica provincia que arriba digimos llamarse Maçorix de abajo, -y aquélla no perfectamente, y de la universal supo no mucho como los -demas, aunque más que otros, porque ninguno, clérigo, ni fraile, ni -seglar supo ninguna perfectamente dellas, sino fué un marinero de -Palos ó de Moguer, que se llamó Cristóbal Rodriguez, la Lengua, y éste -no creo que penetró del todo la que supo, que fué la comun, puesto -que ninguno la supo sino él. Y esto, de no saber alguno las lenguas -desta Isla, no fué porque ellas fuesen muy difíciles de aprender, sino -porque ninguna persona eclesiástica ni seglar tuvo en aquel tiempo -cuidado chico ni grande, de dar doctrina ni cognoscimiento de Dios á -estas gentes, sino sólo de servirse todos dellas, para lo cual no se -aprendian más vocablos de las lenguas, de «daca pan», «ve á las minas», -«saca oro», y los que para el servicio y voluntad de los españoles eran -necesarios; sólo este fray Ramon, que vino á esta Isla al principio -con el Almirante, parece que tuvo algun celo y deseo bueno, y lo puso -por obra, de dar cognoscimiento de Dios á estos indios, puesto que como -hombre simple no lo supo hacer, sino todo era decir á los indios el -Ave María y Paternóster con algunas palabras, de que habia en el cielo -Dios y era criador de las cosas, segun que él podia, con harto defecto -y confusamente, dalles á entender. Tambien hobo en esta Isla dos -frailes de San Francisco, legos aunque buenos, que yo tambien como á -fray Ramon congnoscí, que tenian buen celo, pero faltóles tambien saber -las lenguas bien; estos eran extranjeros, ó picardos ó borgoñones, el -uno se llamaba fray Juan el Bermejo ó Borgoñon, y el otro fray Juan -de Tisim. A este fray Ramon mandó el Almirante saliese de aquella -provincia del Maçorix de abajo, cuya lengua él sabía, por ser lengua -que se extendia por poca tierra, y que se fuese á la Vega y tierra -donde se enseñoreaba el rey Guarionex, donde podia hacer más fruto por -ser la gente mucha más y la lengua universal por toda la Isla, y así -lo hizo, donde estuvo dos años no más é hizo lo que allí pudo, segun -su poca facultad; con él fué uno de los dos religiosos dichos de San -Francisco. Tornando al propósito de la religion de la gente desta Isla, -lo que pudo este fray Ramon colegir, fué que tenian algunos ídolos ó -estatuas de las dichas, y éstas generalmente llamaban Cemí, la última -sílaba luenga y aguda; éstas creian que les daban el agua, y el viento, -y el sol cuando lo habian menester, y lo mismo los hijos y las otras -cosas que deseaban tener. Destos eran algunos de madera y otros de -piedra; los de madera, cuenta fray Ramon que fabricaban desta manera: -Cuando algun indio iba camino y via algun árbol que con el viento más -que otro se movia, de lo cual el indio tenía miedo, llegábase á él y -preguntábale: ¿Tú quien eres? y respondia el árbol: Llámame aquí á un -bohique y él te dirá quien yo soy. Este era sacerdote, ó profeta, ó -hechicero, de que luégo se dirá. Venido aquél llegábase á el árbol, y -asentado junto á él, y hecha cierta ceremonia, levantábase y referíale -las dignidades y títulos de los mayores señores que habia en la Isla, -preguntándole ¿qué haces aquí? ¿qué me quieres? ¿para qué me mandaste -llamar? dime si quieres que te corte, si quieres ir conmigo y de qué -manera quieres que te lleve, porque yo te haré una casa y una labranza; -el árbol entónces le respondia lo que queria, y que lo cortase, y -daba la manera cómo le habia de hacer la casa, y la labranza, y las -ceremonias que por el año le habia de hacer. Cortaba el árbol, y hacia -dél una estatua ó ídolo, de mala figura, porque comunmente hacian las -caras de gesto de monas viejas regañadas; hacíale la casa y labranza, -y cada año le hacia ciertas ceremonias, al cual tenía recurso como á -oráculo, preguntando y sabiendo dél las cosas futuras de mal ó de bien, -las cuales él despues á la gente comun predicaba. Todo lo dicho, de -hablar el árbol, y pedilles las cosas que les pedian, y mandalles que -lo cortasen y hiciesen dél la dicha estatua ó imágen, es posible, con -permision de Dios, al diablo, y puede haber sido todo verdad, que haya -tenido tales cautelas y mañas para inducir aquestas gentes simples á su -culto é idolatría, como parece por muchas cosas que arriba quedan bien -declaradas. Y lo primero que el demonio para conseguir su fin tracta es -constituir ministros, engañando personas que más para ello dispuestas é -inclinadas, resabidas y maliciosas halla; estos fueron siempre, y son, -entre los gentiles y naciones que ignoraron y viven sin cognoscimiento -del verdadero Dios, los sacerdotes, á quienes primero se muestra y -hace algunos particulares regalos, y descubre ó avisa de algunas -necesarias verdades para que les den crédito, porque con estos engaña -todos los demas. Así debia ser en esta Isla y en estas otras con esta -simplicísima gente, donde no habia del todo ni muy abierta y desaforada -idolatría, y quizá pocos años habia que á engrañarlos habia comenzado; -porque no súbitamente corrompió con ceguedad de las cosas divinas todo -el linaje humano, sino poco á poco oscureciendo la lumbre natural que -muestra ó inclina á buscar el verdadero Dios, y Dios, justo y bueno, -no luégo desmampara los hombres de su gracia, primero espera que lo -desmerezcan por sus pecados, segun arriba fué á la larga declarado. Así -que, primero el demonio gana sus ministros y los debe constituir en -oficio y ministerio de sus sacerdotes, y suficiente industria suya pudo -ser, para engañar al principio á algunos que él cognoscia que podian -en sus maldades ayudalle, meterse dentro de un árbol y hablalle las -susodichas y otras á su propósito palabras, y tener otras mil cautelas -y mañas. Estos, pues, sacerdotes, que en la lengua destas Islas se -llamaban behiques, que eran sus teólogos, profetas y adivinos, hacian -á estas gentes algunos engaños, mayormente cuando se hacian médicos, -segun que el demonio, y le era permitido á él, lo que habian de decir -ó hacer les dictaba. Dábanles á entender que hablaban con aquellas -estatuas y ellas les descubrian los secretos y sabian dellas cuanto -querian saber; y así debia ello de ser, porque el demonio debia hablar -en aquellas estatuas. No eran, empero, muchos ni muy graves, como se -verá, sacando afuera todo aquello que el demonio rodeaba para inducir -la gente, poco que mucho, á las supersticiones, ramos y circunstancias -de la idolatría, que es tras de lo que siempre anda, lo cual, por -poco que sea, es mal y engaño grande. Otros ídolos ó imágenes tenian -de piedra, las cuales hacian entender al pueblo aquellos sacerdotes -y médicos que las sacaban de los cuerpos de los enfermos, y estas -piedras eran de tres maneras, la forma dellas nunca la vide, pero -cada una estimaban tener su virtud; la de la una era que favorecia -sus sementeras, la de la segunda para que las mujeres tuviesen buena -dicha en parir, la virtud de la tercera para que tuviesen agua y -buenos temporales cuando los habian menester: por manera que debian -ser como los dioses que los antiguos tenian, cuyo cargo era cada uno -en su cosa presidir, aunque aquestas gentes más ruda y simplemente -sentian desto que los antiguos. Cerca destos Cemies ó dioses, los reyes -y señores, y así debia en esto la otra gente seguilles, se jactaban y -tenian por más gloriosos, diciendo que tenian mejores Cemies que los -otros pueblos y señores, y unos á otros se los trabajaban de hurtar: -y puesto que tenian gran recaudo en guardar estas estatuas ó ídolos, -ó lo que eran, de otros indios, de otros reinos y señores, pero mucho -más sin comparacion los guardaban y celaban de los españoles, y, cuando -sospechaban su venida, los llevaban y escondian por los montes. Las -ceremonias ó sacrificios que los behiques ó sacerdotes hacian á estas -estatuas, primero que les preguntasen lo que pretendian saber, se -notificarán abajo. - - - - -CAPÍTULO CXXI. - - -Referido lo que las gentes naturales desta isla Española y las -comarcanas y circunstantes sentian de Dios y de los dioses, y lo demas -tocante á la religion, y lo que parecia oler y saber á idolatría, -entremos en el abismo y profundidad de la Tierra Firme, donde, cuanto -á algunos reinos y provincias della, excedieron los habitadores dellas -en dioses, y ritos, y sacrificios, y culto divino, aunque sacrílego, -y celo de religion y devocion, á todas las naciones antiguas de que -arriba en muchos capítulos habemos tratado, y á todas las demas -que ignoraron al verdadero Dios por todo el mundo. Y primero que -descendamos á la multitud de los dioses se ha de saber, que ántes que -el capital enemigo de los hombres, y usurpador de la reverencia que -á la verdadera deidad es debida, corrompiese los corazones humanos, -en muchas partes de la Tierra Firme tenian cognoscimiento particular -del verdadero Dios, teniendo creencia que habia criado el mundo, y -era Señor dél, y lo gobernaba, y á él acudian con sus sacrificios, y -culto y veneracion, y con sus necesidades; y en las provincias del -Perú le llamaban Viracocha, que quiere decir Criador, y Hacedor, y -Señor y Dios de todo. En las provincias de la Vera Paz, que es cerca -de la de Guatemala, así lo han hallado y entendido los religiosos, -y tienen noticia haber sido lo mismo en la Nueva España. Pero los -tiempos andando, faltando gracia y doctrina, y añadiendo los hombres -pecados á pecados, por justo juicio de Dios fueron aquellas gentes -dejadas ir por los caminos errados que el demonio les mostraba, como -acaeció á toda la masa del linaje humano (poquitos sacados), como -arriba en algunos capítulos se ha declarado, de donde nació el engaño -de admitir la multitud de los dioses. Y para que se tenga noticia de -los dioses que aquellas tan infinitas naciones tenian y adoraban, es -de tomar por regla general que por todo aquello que se sabe de aquella -vastísima Tierra Firme, al ménos desde la Nueva España, y atras mucha -tierra de la Florida y de la de Cibola, y adelante hasta los reinos -del Perú inclusive, todos veneraban el sol y estimaban por el mayor y -más poderoso y digno de los dioses, y á éste dedicaban el mayor y más -suntuoso y rico y mejor templo, como parece por aquel grandísimo y -riquísimo templo de la ciudad del Cuzco (y otros), en el Perú, el cual, -en riquezas nunca otro en el mundo se vido ni en sueños se imaginó, por -ser todo vestido de dentro, paredes, y el suelo, y el cielo ó lo alto -dél, de chapas de oro y de plata, entrejeridas la plata con el oro, no -piezas de á dos dedos en el tamaño, ni delgadas como tela de araña, -sino de á vara de medir, y de ancho de á palmo y de dos palmos, gruesas -de á poco ménos que media mano, y de media y de una arroba de peso; los -vasos del servicio del sol, tinajas y cántaros, de los mismos metales, -tan grandes que sino los viéramos fuera difícil y casi imposible -creerlo; cabian á tres y cuatro arrobas de agua ó de vino ó de otro -licor, como arriba más largo lo referimos. Por toda la Nueva España -tantos eran los dioses, y tantos los ídolos que los representaban, -que no tenian número, ni se pudieran con suma diligencia por muchas -personas solícitas contar. Yo he visto casi infinito dellos: unos eran -de oro, otros de plata, otros de cobre, otros de piedra, otros de -barro, otros de palo, otros de masa, otros de diversas semillas; unos -hacian grandes, otros mayores, otros medianos, otros pequeños, otros -chiquitos, y otros más chiquitos; unos formaban como figuras de obispos -con sus mitras, otros con un mortero en la cabeza, y allí le echaban -vino en sus fiestas, por lo cual se cree ser aquél el dios del vino; -otros tenian figuras de hombres, otros de mujeres, otros de bestias -como leones, tigres, perros, venados; otros como culebras, y éstas -de varias maneras, largas, enroscadas y con rostro de mujer, como se -suele pintar la culebra que tentó á Eva; otros de águilas y de buhos, -y de otras aves; á otros daban figura del sol y de la luna, y á otros -de las estrellas; á otros formaban como sapos y ranas y peces, que -decian ser los dioses del pescado. Destos llevaron el de un pueblo que -estaba cabe una laguna (ó rio ó agua) á otro pueblo; pasando por allí -luégo ciertas personas, y pidiéndoles que les diesen para comer algun -pescado, respondieron que les habian llevado el dios de los peces, y -por esta causa ya no lo tomaban. Tenian por dios al fuego, y al aire, y -á la tierra y al agua, y destos figuras pintadas de pincel, y de bulto, -chicas y grandes. Tenian dios mayor, y éste era el sol, cuyo oficio -era guardar el cielo y la tierra; otros dioses que fuesen guardadores -de los hombres y estuviesen por ellos como abogados ante aquel gran -dios; tenian dios para la tierra, otro de la mar, otro de las aguas, -otro para guarda del vino, otro para las sementeras; y para cada -especie dellas tenian un dios, como para mahíz ó trigo uno, para los -garbanzos, ó habas, ó frísoles otro; otro para el algodon, para cada -una de las frutas otro, y así de las otras arboledas y frutales y cosas -de comer, otros. Tenian tambien dios de otras muchas cosas que les eran -provechosas, hasta de las mariposas, y de las que les podrian hacer -mal, como de las pulgas y langostas, y dellas tenian muchas figuras -é ídolos muy bien pintados de pincel, y de bulto, grandes y bien -labrados. Item, tenian dios de las guerras, otro para que los guardase -de sus enemigos, otro de los matrimonios, y otro muy principal dios -para que los guardase de ofender al dios grande. El año de aquellas -gentes mejicanas tenian trescientos y sesenta y cinco dias, y diez -y ocho meses y cinco dias tenía el año, y cada mes veinte dias, y la -semana de trece dias, de lo cual tenian constituido un calendario, y -para cada dia de la semana, y del mes, y del año tenian su ídolo con -su nombre propio, y estos nombres, ya eran de hombres, ya de nombres -de mujeres que tenian ó habian tenido por diosas, y así todos los dias -estaban ocupados con estos ídolos, y nombres, y figuras, de la manera -que nuestros breviarios y calendarios tienen para cada dia su santa -ó santo. Era ley entre algunas de aquellas gentes que los reyes y -señores tuviesen continuos en sus casas seis dioses, los caballeros y -nobles cuatro, y dos los plebeyos y populares. Los dioses comunes que -tenian en los templos y en los altares estaban puestos por su órden, -tantos á una parte como á otra, y en medio de todos tenian puesto un -grande ídolo mayor que todos, con una máscara de palo, dorada, y con -unos cabellos muy negros, y muy enmantado con unas mantas blancas de -algodon, como sábanas, muy albas y muy limpias; tenian ídolos en los -patios de las casas, y en los lugares eminentes, como montes ó sierras, -y collados, y puertos ó subidas altas; teníanlos tambien cabe las -aguas, como cerca de las fuentes, adonde hacian sus altares con gradas -cubiertos, y en las principales fuentes habia cuatro altares puestos á -manera de cruz, unos enfrente de otros. De aquellos altares habia en -los caminos por muchas partes con sus ídolos, y en los barrios y cuasi -por toda la tierra y á toda parte, como humilladeros y oratorios para -que tuviesen los caminantes lugares sacros en que adorar y sacrificar, -donde quiera que allegasen. Plantaban en aquellos lugares cipreses y -ciertas palmas silvestres, para que estuviesen acompañados y adornados -los oratorios y altares, en lo cual remedaban á los gentiles pasados, -poniendo aquellas arboledas y haciendo aquellas florestas artificiales -que llamaban lucos, no por el fin que aquéllos, conviene á saber, -para cometer allí de dia y de noche muchos feos pecados, sino para -ornamento y en reverencia de los dioses que honraban. Habia en la -provincia de los Totonos ó Totonacas, que son, ó por mejor decir eran, -las gentes que estaban más propincuas á la costa de la mar ó ribera del -Norte, viniendo de Castilla á la Nueva España, en fin es la provincia -primera de la Nueva España, una diosa muy principal, y ésta llamaban la -gran diosa de los cielos, mujer del sol, la cual tenía su templo en la -cumbre de una sierra muy alta, cercado de muchas arboledas y frutales -de rosas y flores, puestas todas á mano, muy limpio y á maravilla -fresco y arreado; era tenida esta diosa grande en gran reverencia y -veneracion, como el gran dios sol, aunque siempre llevaba el sol en ser -venerado la ventaja; obedecian lo que les mandaba como al mismo sol, y -por cierto se tenía que aquel ídolo desta diosa les hablaba. La causa -de tenella en gran estima, y serle muy devotos y servidores, era porque -no queria recibir sacrificio de muerte de hombres, ántes lo aborrecia y -prohibia, y los sacrificios que ella amaba y de que se agradaba y les -pedia y mandaba ofrecer eran tórtolas, y pájaros, y conejos, los cuales -le degollaban delante; teníanla por abogada ante el gran dios, porque -les decia que le hablaba y rogaba por ellos. Tenian grande esperanza -en ella, que por su intercesion los habia de enviar el sol á su hijo, -para librarlos de aquella dura servidumbre que los otros dioses les -pedian de sacrificarles hombres, porque lo tenian por gran tormento, -y solamente lo hacian por el gran temor que tenian al demonio, por -las amenazas que les hacia y daños que dél recibian. A esta diosa -trataban con gran reverencia, y reverenciaban sus respuestas, como de -oráculo divino y más que otros señalado, los Sumos Pontífices ó Papas -y todos los sacerdotes. Tenia especialmente dos continuos y peculiares -sacerdotes, como monjes, que noche y dia la servian y guardaban; -éstos eran tenidos por hombres santos, porque eran castísimos y de -irreprensible vida para entre ellos, y áun para entre nosotros fueran -por tales estimados sacada fuera la infidelidad. Era tan virtuosa y -tan ejemplar su vida, que todas las gentes los venian á visitar como -á santos, y á encomendarse á ellos, tomándolos por intercesores para -que rogasen á la diosa y á los dioses por ellos; todo su ejercicio -era interceder y rogar por la prosperidad de los pueblos y de las -comarcas y de los que á ellos se encomendaban. A estos monjes iban á -hablar los Sumos Pontífices, y comunicaban y consultaban sus secretos -y negocios arduos, y con ellos se aconsejaban, y no podian los monjes -hablar con otros, salvo cuando los iban á visitar como á santos con sus -necesidades. Cuando los visitaban, y les contaban cada uno sus cuitas, -y se encomendaban á ellos, y les pedian consejo, ayuda y favor, estaban -las cabezas bajas sin hablar palabra, en cuclillas, con grandísima -humildad y mortificacion, honesta y triste representacion; estaban -vestidos de pieles de adives, los cabellos muy largos encordonados ó -hechos crisnejas, no comian carne, y allí, en esta vida, y soledad, y -penitencia, vivian y morian por servicio de aquella gran diosa. Cuando -alguno dellos moria elegia el pueblo otro (porque iban por eleccion -como abajo se verá), el que se elegia era estimado por de buena y -honesta vida y ejemplo, no mozo, sino de sesenta y setenta años arriba, -que hobiese sido casado y á la sazon fuese ya viudo. Estos escribian, -por figuras, historias, y las daban á los Sumos Pontífices ó Papas, y -los Sumos Pontífices las referian despues al pueblo en sus sermones. -Tenian otra diosa los mejicanos y los de su comarca, de otra calidad -que la ya dicha, de la cual dicen ó fingen que una vez se les tornaba -culebra, y afírmase por cosa notoria; otras veces se transfiguraba -en una moza muy hermosa, y andaba por los mercados enamorándose de -los mancebos, y provocábalos á su ayuntamiento, el cual cumplido los -mataba; y esto puede ser verdad de historia, y que el demonio usase -con aquella gente de tantos engaños transfigurándose, permitiéndolo -Dios por sus pecados; y como estas transformaciones el demonio por -prestigios haga, arriba fué asaz declarado. - - - - -CAPÍTULO CXXII. - - -Veneraban y adoraban tambien por dioses á los hombres que habian hecho -algunas hazañas señaladas, ó inventado cosas nuevas en favor y utilidad -de la república, ó porque les dieron leyes y reglas de vivir, ó les -enseñaron oficios ó sacrificios, ó algunas otras cosas que les parecian -buenas y dignas de ser satisfechas con obras de agradecimiento. En la -ciudad Mejicana tenian un gran dios, cuya estatua estaba en el templo -grande y principal de la ciudad, de que arriba se hizo mencion, el -cual llamaban Uchichibuchtl, que correcto y comun vocablo llamamos -Uchilobos; éste, con dos hijos suyos, ó segun otros dicen dos hermanos -llamados, Texcátepocatl el uno, el cual fué señor y dios de la ciudad -de Tezcuco, y Camachtl, el segundo hijo ó hermano que señoreó la -provincia de Tlaxcala, y en ella lo tuvieron por dios (y fingen los -Tlaxcaltecas que la mujer de éste se convirtió en la sierra donde está -fundada la su ciudad de Tlaxcala y vinieron éstos de hácia el Poniente, -de la generacion que se dice Chichimecas), fueron grandes capitanes -esforzados, y entre ellos valerosos hombres, los cuales señorearon por -grado ó por fuerza aquellas provincias de Méjico, Tezcuco y Tlaxcala, -cuyos propios naturales habitadores y aborígenes eran la gente que se -llaman Otomíes. Dícense aborígenes las gentes que habitan en algunas -tierras que son tan antiguas, que no se sabe dellas de donde trujeron -orígen, y así las gentes antiquísimas que se hallaron y poblaron á -Italia y estaban derramadas por ella cuando Eneas vino á ella se -dijeron aborígenes, cuasi sin orígen, ó que no se sabía su orígen. Así -lo refiere Salustio y Trogo Pompeyo en el principio del libro XLIII, -y Dionisio Alicarnasso, libro I, y Tito Livio en el principio de sus -Décadas, y Solino, capítulo 2.º y 8.º Este Uchilobos fué el que primero -puso por sobrenombre á Méjico Theonustitlan, porque era su genealogía -de los Thehules Chichimecas, que viene de Thehuthiles, que es una fruta -que llamamos tunas, vocablo desta isla Española, y porque della se -mantenian aquellos Thehules Chichimecas; traia por armas ó insignias el -dicho Uchilobos las tunas, las cuales agora tiene la ciudad de Méjico -por concesion real. Este Uchilobos amplió la ciudad y dió órden para -que se hiciesen las calzadas por la laguna, porque de la ciudad se -pudiese salir por tierra enjuta sin tener necesidad de canoas ó barcos; -puso tambien órden en los templos y sacrificios, y fué el primero que -inventó y mandó que se sacrificasen hombres, el cual sacrificio en toda -aquella tierra nunca fué ántes hecho ni visto. Dícese de éste, que en -su vida quiso que lo celebrasen por dios, aunque no con tanta soberbia -quizá, y áun sin quizá, como Nabucodonosor, que mandó á Holofernes que -todos los dioses de las tierras estirpase, para que todas las naciones -que sojuzgase á él sólo adorasen por dios, como parece en el libro -de Judith, cap. 3.º, 5.º y 6.º Y Cayo Calígula, Emperador de Roma, -envió por todo el imperio su imágen, mandando que todos por dios lo -adorasen, y que le constituyesen templo, llamándose hijo de Júpiter, y -constituyó sacerdotes suyos, y singulares y exquisitos sacrificios; y -á su estatua de oro que mandó poner en su templo en Roma, ordenó que -cada dia le sacrificasen pavones y faisanes, y otras aras preciosísimas -y costosas. Todo esto dice de él Suetonio, y Josefo, libro XVIII, cap. -15 de las Antigüedades, y otros autores. Herodes Agrippa poco ménos -que aquéllos con su soberbia ofendió, sufriendo del pueblo lisonjero -divinos honores, por lo cual luégo envió Dios un ángel que lo hirió de -tal plaga que fué consumido de gusanos, porque no dió la honra que -se debia á sólo Dios; así se lee en el capítulo 22 de los Actos de -los Apóstoles. Al propósito de Uchilobos tornando, ya digimos arriba, -en cierto capítulo, que sobre los altares del templo grande habia dos -ídolos como gigantes, creemos que eran las imágenes de los dos hermanos -de este Uchilobos, pero la estatua de éste estaba puesta sobre la -capilla de los susodichos dos; ésta era grandísima y espantable, della -y de las otras dos abajo se dirá más largo. Aquestos dos sus hermanos -edificaron la ciudad de Tezcuco y á Tlaxcala, y ordenaron sus ritos -y sacrificios, y despues de muertos los tuvieron y veneraron por sus -dioses. Del de Tezcuco, que se llamaba Texcátepocath, se cuenta que -vivo se metió en el volcan de la Sierra Nevada, que está cerca de -allí, y que de aquel lugar les envió el hueso de su muslo, el cual -pusieron en su templo por su principal dios, y dello se jactan mucho -los de Tezcuco; y de este hecho tomó nombre Popocateptl el dicho -volcan. El tercero, que fué Camachtl, edificó y señoreó á Tlaxcala y -sus provincias; era gran cazador, del cual fingen que tiraba una saeta -con su arco hácia el cielo, y que de la ida y vuelta que hacia la saeta -mataba gran número de aves y animales, de que mantenia toda su gente. -Pero el más celebrado y mejor, y digno sobre todos los dioses, segun -la reputacion de todos, fué el dios grande de la ciudad de Cholola, -que está dos leguas de donde agora es la ciudad de la Puebla de los -Angeles, que llamaron Queçalcoatl; éste, segun sus historias, vino de -las partes de Yucatan á la ciudad de Cholola, y era hombre blanco, -crecido de cuerpo, ancha la frente, los ojos grandes, los cabellos -largos y negros, la barba grande y redonda. A éste canonizaron por su -sumo dios y le tuvieron grandísimo amor, reverencia y devocion, y le -ofrecieron suaves y devotísimos y voluntarios sacrificios, por tres -razones; la primera, porque les enseñó el oficio de la platería, el -cual nunca hasta entónces se habia sabido ni visto en aquella tierra, -de lo cual mucho se jactan ó jactaban todos los vecinos naturales de -aquella ciudad; la segunda, porque nunca quiso ni admitió sacrificios -de sangre de hombres ni de animales, sino solamente de pan y de rosas, -y flores y perfumes, y olores; la tercera, porque vedaba y prohibia -con mucha eficacia las guerras, robos y muertes, y otros daños que los -hiciesen unos á otros. Cuando quiera que nombraban delante dél guerras -ó muertes ó otros males tocantes á daños de los hombres, volvia la -cara y tapaba los oidos por no los ver ni oir; lóase tambien mucho -dél que fué castísimo y honestísimo y en muchas cosas moderatísimo. -Era en tanta reverencia y devocion tenido este dios, tan visitado y -reverenciado con votos y peregrinaciones en todos aquellos reinos, por -aquellas prerogativas, que áun los enemigos de la ciudad de Cholola se -prometian venir en romería á cumplir sus prometimientos y devociones, y -venian seguros, y los señores de las otras provincias ó ciudades tenian -allí sus capillas y oratorios y sus ídolos ó simulacros, y sólo éste -entre todos los otros dioses se llamaba el Señor, _antonomaticè_ ó por -excelencia, de manera que cuando juraban y decian por nuestro Señor, -se entendia por Queçalcoatl y no por otro alguno, aunque habia otros -muchos en toda la tierra y que eran dioses muy estimados; todo esto -por el amor grande que le tuvieron y tenian por las tres susodichas -razones, y la razon general y en suma es, porque en la verdad el -señorío de aquel fué suave, y no les pidió en servicio sino cosas -ligeras y no penosas, y les enseñó las virtuosas, prohibiéndoles las -malas y nocivas ó dañosas mostrándoles aborrecerlas. De donde parece, -y parecerá más claro abajo, que los indios que hacian y hoy hacen -sacrificios de hombres no eran ni es de voluntad, sino por el miedo -grande que tienen al demonio por las amenazas que les hace, que los ha -de destruir y dar malos tiempos y muchos infortunios, si no cumplen -con él el culto y servicio que por tributo en señal de su señorío le -deben, por el derecho que de tantos años atras sobre aquellas gentes -pretende tener adquirido. Afirman que estuvo veinte años con ellos, -despues de los cuales se tornó por el camino que habia venido, llevando -consigo cuatro mancebos principales, virtuosos, de la misma ciudad -de Cholola; y desde Guaçaqualco, provincia distante de allí ciento y -tantas leguas hácia la mar, los tornó á enviar, y entre otras doctrinas -que les dió fué, que dijesen á los vecinos de la ciudad de Cholola, -que tuviesen por cierto que en los tiempos venideros habian de venir -por la mar, de hácia donde sale el sol mediantes las estrellas, unos -hombres blancos con barbas grandes, como él, y que serian señores de -aquellas tierras, y que aquellos eran sus hermanos. Los indios siempre -esperaron que se habia de cumplir aquella profecía, y cuando vieron los -cristianos luégo los llamaron dioses, hijos y hermanos de Queçalcoatl; -aunque despues que conocieron y experimentaron sus obras no los -tuvieron por celestiales, porque en aquella misma ciudad fué señalada, -y no otra hasta entónces igual en las Indias y quizá ni en mucha -parte del orbe, la matanza que los españoles hicieron. Otros dicen -que siempre creyeron los de Cholola que habia de volver á gobernallos -y consolallos, y que cuando vieron venir los navíos á la vela de los -españoles, decian que ya tornaba su dios Queçalcoatl, que traia por -la mar los templos en que habia de morar, mas cuando desembarcaron -dijeron, «muchos dioses son estos (que en su lengua dicen Tequeteteuh), -no es nuestro dios Queçalcoatl». A estos cuatro discípulos, que tornó -á enviar Queçalcoatl del camino, recibieron luégo los de la ciudad -por señores, dividiendo todo el señorío della en cuatro tetrarchas, -quiero decir cuatro principados, cada uno de los cuales tenía la cuarta -parte del señorío de la tierra (ó de la provincia, ó de la ciudad, ó -del reino), como quiera que ántes la ciudad se rigiese con regimiento -político y no real. De estos cuatro primero señores descienden los -cuatro señores que hasta que llegaron los españoles tuvieron, y hoy -dura dello alguna señal tal cual en aquello que se les ha dejado, y -con hartos pocos vecinos en el señorío de cada uno. A este dios mismo -veneraron en la provincia de Tlaxcala, y le hicieron muy suntuoso y -notable templo, al cual llamaron por otro nombre, conviene á saber, -Camastle; al mismo adoraban en Huexucingo, que corrompido el vocablo -nombran muchos Guaxocingo, debajo del nombre de Camastle. Queçalcoatl, -en aquella lengua mejicana, quiere decir ó significar una cierta manera -de culebra que tiene una pluma pequeña encima de la cabeza, cuya -propia tierra donde se crian es en la provincia de Xicalango, que está -en la entrada del reino de Yucatan, yendo de la de Tabasco; fuera de -esta provincia de Xicalango, pocas ó ninguna destas culebras, segun -se dice, se han visto. Afirman los indios que aquestas culebras, en -ciertos tiempos, se convierten en pájaros ó aves de las plumas verdes, -de las cuales hay muchas en la dicha provincia de Xicalango, y son -entre los indios muy preciadas. Esta conversion puede ser por ventura -naturalmente, corrompiéndose las culebras primero, por podricion ó -podrimiento, y de aquella cosa podrida engendrarse aquellas aves, -como muchas cosas se engendran de otras ya podridas, como trata el -Filósofo en el IV de los Metauros, ó por arte diabólica ó prestigiosa, -como arriba queda declarado; y esto para engañar los que Dios permite -que sean engañados. Tuvieron en toda esta tierra otro dios en grande -reverencia, y era el dios del agua, que llamaron Tlaluc, á quien -ofrecian muy costoso sacrificio como se dirá. - - - - -CAPÍTULO CXXIII. - - -En el reino de Yucatan, cuando los nuestros lo descubrieron hallaron -cruces, y una de cal y canto, de altura de diez palmos, en medio de un -patio cercado muy lucido y almenado, junto á un muy solemne templo, y -muy visitado de mucha gente devota, en la isla de Cozumel, que está -junto á la Tierra Firme de Yucatan. A esta cruz se dice que tenian y -adoraban por dios del agua-lluvia, y cuando habia falta de agua le -sacrificaban codornices, como se dirá; preguntados de dónde habian -habido noticia de aquella señal, respondieron que un hombre muy hermoso -habia por allí pasado y les habia dejado aquella señal, porque dél -siempre se acordasen; otros diz que afirmaban que porque habia muerto -en ella un hombre más resplandeciente que el sol: esto refiere Pedro -Mártir en el cap. 1.º de su cuarta Década. Otra cosa referiré yo harto -nueva en todas las Indias, y que hasta hoy en ninguna parte dellas -se ha hallado, y esta es, que como aquel reino entrase tambien, por -cercanía, dentro de los límites de mi obispado de Chiapa, yo fuí allí -á desembarcar como á tierra y puerto muy sano; hallé allí un clérigo, -bueno, de edad madura y honrado, que sabía la lengua de los indios por -haber vivido en él algunos años; y, porque pasar adelante á la cabeza -del obispado me era necesario, constituílo por mi vicario, y roguéle y -encarguéle que por la tierra dentro anduviese visitando á los indios, -y con cierta forma que le dí les predicase. El cual, á cabo de ciertos -meses y áun creo que de un año, me escribió que habia hallado un señor -principal, que inquiriéndole de su creencia y religion antigua, que -por aquel reino solian tener, le dijo que ellos cognoscian y creian -en Dios que estaba en el cielo, y que aqueste Dios era Padre, Hijo y -Espíritu Santo, y que el Padre se llamaba Içona, que habia criado los -hombres y todas las cosas; el Hijo tenía por nombre Bacab, el cual -nació de una doncella siempre vírgen llamada Chibirias, que está en el -cielo con Dios. Al Espíritu Santo nombraban Echuac. Içona dicen que -quiere decir el Gran Padre; de Bacab, que es el Hijo, dicen que lo -mató Eopuco, y lo hizo azotar, y puso una corona de espinas, y que lo -puso tendidos los brazos en un palo, no entendiendo que estaba clavado -sino atado (y así para lo significar extendia los brazos), donde, -finalmente, murió; estuvo tres dias muerto, y al tercero que tornó -á vivir y se subió al cielo, y que allá está con su Padre. Despues -de ésto, luégo vino Echuac, que es el Espíritu Santo, y que hartó la -tierra de todo lo que habia menester. Preguntado qué queria decir Bacab -ó Bacabab, dijo que Hijo del Gran Padre, y de este nombre Echuac que -significa mercader. Y buenas mercaderías trujo el Espíritu Santo al -mundo, pues hartó la tierra, que son los hombres terrenos, de sus dones -y gracias tan divinas y abundantes. Chibirias suena Madre del Hijo del -Gran Padre. Añidia más, que por tiempo se habian de morir todos los -hombres, pero de la resurreccion de la carne no sabian nada. Preguntado -cómo tenian noticia destas cosas, respondió que los señores lo -enseñaban á sus hijos, y así descendia de mano en mano; y que afirmaban -más, que antiguamente vinieron á aquella tierra veinte hombres (de los -quince señala los nombres, que porque es mala letra y porque no hace -al caso aquí no los pongo, de los otros cinco dice el clérigo que no -halló rastro), el principal dellos se llamaba Cocolcan, á éste llamaron -dios de las fiebres ó calenturas, dos de los otros del pescado, otros -dos de los cortijos ó heredades, otro que truena, etc.; traian las -ropas largas, sandalias por calzado, las barbas grandes, y no traian -bonetes sobre sus cabezas, los cuales mandaban que se confesasen las -gentes y ayunasen, y que algunos ayunaban el viérnes porque habia -muerto aquel dia Bacab; y tiene por nombre aquel dia himis, al cual -honran y tienen devocion por la muerte de Bacab. Los señores todas -estas particularidades saben, pero la gente popular solamente cree -en las tres personas Içona, y Bacab, y Echuac y Chibirias, la Madre -de Bacab, y en la madre de Chibirias, llamada Hischen, que nosotros -decimos haber sido Santa Ana. Todo lo de suso así dicho me escribió -aquel padre clérigo llamado Francisco Hernandez, y entre mis papeles -tengo su carta; dijo más, que llevó á aquel señor ante un fraile de -San Francisco que por allí estaba, y lo tornó á decir todo delante el -religioso, de que ambos quedaron admirados. Si estas cosas son verdad, -parece haber sido en aquella tierra nuestra Santa Fé notificada, pero -como en ninguna parte de las Indias habemos tal nueva hallado, puesto -que en la tierra del Brasil que poseen los portugueses se imagina -hallarse rastro de Santo Tomás Apóstol, pero como aquella nueva no -voló adelante, todavía, ciertamente, la tierra y reino de Yucatan dá á -entender cosas más especiales y de mayor antigüedad, por los grandes y -admirables y exquisita manera de edificios antiquísimos y letreros de -ciertos caracteres que en otra ninguna parte. Finalmente, secretos son -estos que sólo Dios los sabe. - - - - -CAPÍTULO CXXIV. - - -En el reino de Guatemala, donde tuvieron noticia del diluvio ántes -dél, dicen algunos que tenian y adoraban por Dios al Gran Padre y á la -Gran Madre que estaban en el cielo, y lo mismo despues del diluvio, -y que llamándolos cierta mujer principal, encomendándose á ellos, le -apareció una vision y que le dijo: «no llames así, sino desta manera, -que yo te acudiré», del cual nombre agora no se acuerdan, pero que -les parece que aquel nombre es lo que agora nosotros les decimos ser -Dios. Despues, creciendo y multiplicándose las gentes, se publicó -que habia nacido un dios en la provincia, 30 leguas de la cabeza de -Guatemala, llamada Ultlatlan, y la provincia nombramos agora la Vera -Paz, de que hablaremos si Dios quisiere abajo, el cual dios llamaron -Exbalanquen. Deste cuentan, entre otras fábulas, que fué á hacer -guerra al infierno, y peleó con toda la gente de allá, y los venció -y prendió al rey del infierno y á muchos de su ejército; el cual, -vuelto al mundo con su victoria y la presa, rogóle el rey del infierno -que no le sacase, porque estaba ya tres ó cuatro grados de la luz, -y el vencedor Exbalanquen con mucha ira le dió una coce diciéndole, -vuélvete y sea para tí todo lo podrido y desechado y hediondo. El -Exbalanquen se tornó, y en la Vera Paz, de donde habia salido, no le -rescibieron con la fiesta y cantos que él quisiera, por lo cual se fué -á otro reino, donde le rescibieron á su placer; y deste vencedor del -infierno dicen que comenzó sacrificar hombres. Donde quiera que por -aquellas tierras ofrecian sacrificio de cosas vivas, tenian ciertos -cuchillos de piedra, que llamamos de navaja, muy agudos, los cuales -dicen que cayeron del cielo, y que cada pueblo y personas tomaron los -que habian menester; á estos cuchillos llamaban manos de dios y del -ídolo á quien sacrificaban. Estos cuchillos, como cosa muy sacra por -matar con ellos las cosas vivas que ofrecian en sacrificio, en tanta -reverencia los tenian, que los adoraban en gran manera y en gran manera -los tenian en veneracion; hacíanles muy ricos cabos con figuras, segun -podian, de oro, y de plata, y de esmeraldas si las podian haber, ó -al ménos de turquesas, como de obra que llamamos mosáico, de la cual -obra mucho ellos y en muchas cosas obraban: teníanlos siempre con los -ídolos en los altares guardados. Los ídolos que comunmente tenian por -todas aquellas partes eran figuras de hombres y mujeres esculpidas en -piedras de diversos colores, y de aves, y de otros animales; en cierta -parte se halló un ídolo como una cabeza de caballo, como sacados los -ojos y los vasos dellos vacíos, y parecia que siempre corria dellos -sangre; cosa, dicen, admirable de ver. Toda esta tierra, con la de la -que propiamente se dice la Nueva España, debia tener una religion y una -manera de dioses, poco más ó ménos, y extendíase hasta la provincia -de Nicaragua y Honduras, y volviendo hácia la de Xalisco, llegaba, -segun creo, á la provincia de Colima y Culiacan; de allí adelante, la -vuelta del Norte 60 leguas, otra manera tienen de religion, como se -dirá, cuanto á los sacrificios, pero tienen sus ídolos, no muchos sino -uno ó algunos en cada pueblo, donde los reyes y señores van á orar y -á ofrecer sus sacrificios. En toda la tierra y reinos de Cibola, que -contiene muchas provincias por ser grande tierra, que tiene más de -300 leguas y llega hasta la mar del Sur, toda muy poblada, y contiene -infinitas naciones, no habia ni hay ídolo ni templo alguno, sólo tienen -y adoran por Dios al sol, y á las fuentes de agua dulce; en algunas -partes destas tienen cognoscimiento de un Dios verdadero que está -en el cielo, y parece que en adorar el sol entienden adorar á él. -Esto es en el Rio Grande, donde fué á entrar descubriendo Hernando -de Alarcon, enviado á descubrir por la mar por el virey de la Nueva -España D. Antonio de Mendoza; por aquel rio subió ochenta y tantas -leguas, donde vido y conversó con muchas gentes habitantes de una -banda y de la otra, y hallóse haber llegado por el mismo rio á 80 -leguas de Cibola, donde andaba la otra gente que por tierra el Visorey -susodicho á descubrir envió. Lo mismo es en la grande y luenga tierra -que llamamos la Florida, donde caben inmensas naciones, ningun ídolo, -ni templo, ni sacrificio sensible se halla; así lo afirman todos los -que por diversos tiempos y en diversas armadas por aquellas tierras -han andado, y el que más dello supo fué Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, -un caballero natural de Jerez de la Frontera. Este, habiendo vivido y -andado por aquellas tierras nueve continuos años, en la relacion dellas -que al Emperador dió dice aquestas palabras, en cuasi al cabo della: -«Dios Nuestro Señor por su infinita misericordia quiera que en los -dias de Vuestra Majestad, y debajo de vuestro poder y señorío, estas -gentes vengan á ser, verdaderamente y con entera voluntad, subjetas al -verdadero Señor que las crió y redimió, lo cual tenemos por cierto que -así será, y que Vuestra Majestad ha de ser el que ha de poner ésto en -efecto; que no será tan difícil de hacer, porque, en 2.000 leguas que -anduvimos por tierra y por la mar en las barcas, y otros diez meses, -que despues de salidos de captivos, sin parar anduvimos por la tierra, -no hallamos sacrificios ni idolatría», etc. Estas son sus palabras. -Dice tambien más un poco ántes, que hallaron cierta gente, ya al cabo -de su peregrinacion (digo al cabo, cerca de cuando hallaron cristianos -en los reinos de Xalisco ó en las provincias cercanas dellos), la -cual, preguntada en quién adoraban, y á quién sacrificaban y pedian el -agua para sus labranzas, y la salud para ellos, respondieron que á un -hombre que estaba en el cielo; preguntados cómo se llamaba, dijeron -que Aguar, y que creian que él habia criado todo el mundo y las cosas -dél; tornáronles á preguntar cómo sabian aquello, respondieron que -sus padres y abuelos se lo habian dicho, que de muchos tiempos tenian -noticia desto, y sabian que el agua y todas las buenas cosas las -enviaba aquél. Cabeza de Vaca y sus compañeros, que eran tres, les -dijeron que aquel que ellos decian lo llamaban ellos Dios, y así lo -llamasen ellos, y lo sirviesen y adorasen; respondieron que todo lo -tenian bien entendido, y que así lo harian, etc. Esto dice Cabeza de -Vaca. Dejada esta parte occidental y septentrional destas Indias, y -pasándonos á la otra parte meridional donde cae la costa que decimos de -Paria, y por allí arriba y abajo, cuasi por todas aquellas partes, las -gentes dellas tenian, poco más y poco ménos, una manera de religion, -teniendo algunos ídolos y dioses propios, pero en universal todos -pretendian haber uno comun de todos, y este era el sol; templo, empero, -ninguno. Yendo todavía la vuelta del austro ó Mediodía, hasta donde se -dice la tierra del Brasil, que es un pedazo de la Tierra Firme, que, -por concierto y conveniencia de los reyes de Castilla y Portugal, cupo -á los portugueses, la punta ó cabo de la cual tierra solíamos llamar -el cabo de San Agustin, por toda ella no tienen ni adoran ídolos, ni -tienen conocimiento alguno de Dios, solamente á los truenos deben dar -y atribuir alguna divinidad, porque los llaman Tupana, que significa -como cosa divina ó sobrenatural. Así lo escriben los religiosos de la -Compañía de Jesús, que fueron á predicar y predican en aquella parte, y -deste nombre Tupana usan para darles cognoscimiento del verdadero Dios. -Dicen asimismo aquellos predicadores que allí están, que, de ciertos -en ciertos años, vienen unos hechiceros de luengas tierras, fingiendo -traer santidad, y al tiempo de su venida, los mandan alimpiar los -caminos, y vánlos á rescibir con danzas y fiestas segun su costumbre, -y ántes que lleguen al lugar andan las mujeres de dos en dos por las -casas, diciendo públicamente las faltas que hicieron á sus maridos, y -unas á otras, y pidiendo perdon dellas; en llegando el hechicero con -mucha fiesta al lugar, entráse en una casa escura, y pone una calabaza -que trae en figura humana en la parte más conveniente para sus engaños, -y mudando su propia voz como de niño, y junto de la calabaza, les dice -que no curen de trabajar, ni vayan á las roças, porque el mantenimiento -por sí crecerá y que nunca les faltará que comer, que por sí se vendrá -á casa; dicen más, que los palos con que cavan se irán á cavar, y las -flechas se irán al monte á cazar para traer caza que coma su señor, y -que han de matar muchos de sus enemigos. Promételes larga vida, y que -las viejas se han de tornar mozas, y las hijas que las den á quien -las quisiere; y otras cosas semejantes les dice y promete, con que -los engañan, creyendo que en la calabaza debe de haber alguna cosa -divina que les dice aquellas cosas. Y acabando de hablar el hechicero, -comienzan á temblar todos, en especial las mujeres, con grandes -temblores en sus cuerpos, que parecen endemoniadas, como de cierto lo -son, echándose en el suelo, y espumando por las bocas; y en esto les -hace creer el hechicero que entónces les entra la santidad, y á quien -esto no hace tiene por malo y no digno de tanto bien. Ofrecen despues -desto al hechicero cada uno de lo que tiene muchas cosas; hácense -tambien médicos, y en las enfermedades les hacen muchos engaños con sus -hechicerías. Estos son los mayores contrarios que los predicadores del -Evangelio tienen, porque hacen entender á los dolientes, que les meten -en los cuerpos cuchillos y tijeras y cosas semejantes, con las cuales -dicen que los matan: en sus guerras se aconsejan con ellos, allende -que tienen muchos agüeros de ciertas aves. Todo esto escriben aquellos -padres de la Compañía de Jesús á sus hermanos, á Portugal, desde la -tierra del Brasil. Con esto se confirma lo que arriba digimos, que el -demonio lo primero que acostumbró, al principio que quiso introducir -en el mundo la idolatría, fué constituir ministros y sacerdotes della, -por engaño que hacia á los más dispuestos que para ello en malicia -y astucia hallaba, para que por medio de aquellos, su poco á poco, -á todos los demas engañase, y como éstos sean, por sus ficciones -y prestigios que hacen, de los pueblos y gente simple venerados y -acatados, y así alcanzan honra, y estima, y dádivas, y lo que más la -soberbia y codicia les demanda, y por la predicacion de la fe y la -doctrina cristiana todo aquello se les desbarate, de allí es, y siempre -fué, que ningunos otros, á la predicacion y doctrina del Evangelio y á -la introduccion de la religion cristiana, fueron ni se hallaron mayores -ni iguales contrarios. Esto es y será bien claro, al que leyó y leyere -las vidas y historias de los Apóstoles y de los Mártires, donde parece -que muchas veces estaban los pueblos para se convertir y recibir la fe -y el bautismo, y los sacerdotes de los ídolos, con el autoridad que con -los reyes tenian, movian sedicion y escándalo, y así lo estorbaban. -Ejemplo tambien tenemos del cual no podemos dudar, como quien más -contradijo al Redentor, y principalmente le causó la muerte, fueron -los sacerdotes del pueblo judáico, segun testifican los Evangelistas; -la razon dello era, porque si admitieran la ley Evangélica, parecíales -que su sacerdocio perecia, y, por consiguiente, perdian sus provechos -temporales y toda su autoridad. Quiero aquí entreponer una cosa bien -al propósito notable. Muchos años ha que ví predicar al obispo de -Velandia, de la órden de Santo Domingo, egregio en letras y santidad -predicador, en el convento de San Pablo de Sevilla, el cual dijo que -cuando los judíos moraban en Castilla, disputando y tratando con -los sacerdotes y rabíes de aquella ley en la ciudad de Segovia, y -reprendiéndoles de su engaño y ceguedad diciendo: «¿Vosotros no veis -vuestro engaño en esta y en esta profecía y en este paso y en aquel de -la Sagrada Escritura? ¿porque teneis engañados estos desventurados?» y -otras semejantes razones y palabras con que los convencia, afirmó que -le respondian: «Señor, bien lo vemos, pero ¿qué quereis que hagamos, -que nos dan de comer éstos?» etc. De manera, que por no perder lo que -interesaban sus provechos, su crédito, honra y autoridad, puesto que -sabian tener el pueblo engañado, enseñaban y conservaban el pueblo en -sus errores y resistian impugnando la verdad. Y así es entre los turcos -y moros y todo género de infideles, que los sacerdotes que llaman -alfaquíes son los que resisten y más resisten á la doctrina divina, -como principales contrarios escogidos y bien instruidos ministros para -estos efectos por Satanás. Por esta causa deben los predicadores del -Evangelio, donde quiera que entre infieles, de cualquiera secta que -sean, fueren á predicar, principalmente armarse contra los sacerdotes, -y procurar de desengañarlos y persuadirlos, y atraerlos por bien -cuanto pudieren, ó persiguiéndoles si hobiere facultad, y débese -trabajar mucho delante todo el pueblo en quitalles el crédito que la -gente dellos tiene y toda su autoridad, porque, éstos derrocados ó -ganados, la conversion de todo el pueblo con el favor de Dios está en -la mano. Algunos destos, en algunas destas nuestras Indias, se cree -convertirse, pero yo entiendo que son pocos y con gran dificultad, -porque como más poseidos é instructos del demonio, y que para pervertir -y poseer las ánimas mayor ayuda que otro alguno le hacen, ménos lugar -dan al Espíritu Santo. La misma querella escriben los religiosos de la -Compañía de Jesús que están en la India, y provincias que tratan los -portugueses, diciendo que de los sacerdotes de aquella gentilidad son -más impugnados é infestados. Tornemos al propósito: Pasando adelante de -las tierras del Brasil, sé siguen luégo las grandes provincias del rio -que hoy llaman de la Plata, donde tienen poblado los nuestros cierta -ciudad que llaman la Asumpcion; afirman todos los que vienen de allá, -que por 400 leguas de sus alrededores, que dura una sola lengua, es la -gente, segun su natural, virtuosísima, y que carece de toda exterior -señal de idolatría, solamente tienen cuenta con estimar por más -excelente criatura que otras el sol, pero no se les conoce sacrificio -ni ceremonia que le hagan por Dios. - - - - -CAPÍTULO CXXV. - - -Dando la vuelta hácia atras desta misma costa ó ribera de la mar hasta -la dicha provincia de Paria, y de allí corriendo la costa y tierra -que va por el Poniente abajo, en la cual entran las provincias de -Cumaná, cerca de la cual está la isleta de Cubagua, donde se solian -pescar las perlas (y en esta provincia de Cumaná, y quizá por mucha -tierra, la costa abajo y arriba, sin alguna duda, tambien se halló -por nuestros religiosos, que allí algunos años trataron, reverenciar -la cruz, y con ella se abroquelaban del diablo, salvo que la pintaban -desta manera X, y desta X y quizás con otras revueltas que no llegaron -á nuestra noticia; llamaban la cruz en su lengua pumuteri, la media -sílaba luenga) item, las provincias de Venezuela, y Santa Marta y -Cartagena y otras hasta la Culata, que dijeron, el golfo de Urabá, la -última sílaba aguda, y la del Darien con la costa de la mar, y las -provincias ó tierra que se siguen algunas leguas la tierra dentro, -ningun ídolo, ni templo, ni sacrificio se ha visto ni se cree tener ni -haber tenido aquellas gentes. Sólo están proveidos de los susodichos -sacerdotes, ministros puestos por aquel nuestro capital enemigo, y -hablando con éstos saca los efectos dellas que de las otras se han -dicho. Lo mismo era en toda la costa del Sur, desde Panamá hasta cuasi -la provincia de Nicaragua, y en la del Norte por el Nombre de Dios y -la provincia de Veragua, y de allí por toda aquella tierra que corre -hasta Honduras, creo que podré decir exclusive, cuanto á algunos -ritos y cosas; tenian conocimiento alguno de Dios verdadero, y que -era uno que moraba en el cielo, al cual, en la lengua de las gentes -habitadoras de la provincia del Darien, y creo que tambien de Veragua, -llamaban Chicuna, la media sílaba, si no me engaño, luenga; querian -decir por este nombre Chicuna principio de todo. A éste ocurrian con -todas sus necesidades, pidiéndole remedio dellas, y á él hacian sus -sacrificios. El mismo conocimiento de un Dios se tenía en la provincia -de Honduras y Naco, y donde se pobló la ciudad de Gracias á Dios, y -hasta los confines de Guatemala, creyendo haber un Dios criador de -todo. Con todo esto reverenciaban al sol, y á la luna, y al lucero del -alba, y les ofrecian sacrificios; tenian eso mismo dioses de palo y de -piedra, que presidian en el agua y en el fuego, y de las sementeras -y de otras muchas cosas; tenian, no ménos, diosas, que eran abogadas -ó que presidian en las cosas tocantes á las mujeres y niños, y los -mismos dioses y religion creo que se extendia, más y ménos, poco, por -todas las provincias de Guatemala. Dando la vuelta para la provincia -de Urabá, y de allí entrando por la tierra adentro hácia el reino de -Popayan, y el que dicen de Granada, donde se contienen innumerables -naciones, no se halla templo, ni estatuas ó ídolos que parezcan -serles dioses, sino que en las casas de los señores de los pueblos ó -de las provincias habia un aposento apartado, muy esterado, limpio y -adornado; que parecia como oratorio, y allí habia muchos incensarios -de barro, donde quemaban muchas resinas y cosas aromáticas, y entre -ellas unas yerbas muy menudas, de las cuales algunas tenian una flor -negra y otras blanca. En otras partes y casas de otros señores habia, -entrando en ellas, una renglera de imágenes de bulto, quince y veinte -en número, hechas de palo, á la hila puestas, tan grandes como un -hombre; las cabezas de calavernas de hombres, los rostros ó caras de -cera de diversos visajes ó disposiciones. Estas imágenes ó estatuas, -más se cree ser los señores y antecesores de aquellos que señorean en -aquel principado, que ídolos que tengan por dioses, puesto que dicen -que aquéllas sirven de oráculos, porque cuando llaman los sacerdotes -al demonio entra en ellas y dá de allí sus respuestas á lo que le -preguntan; ó quizás los mismos sacerdotes se meten dentro, y ellos son -los que hablan, responden ó informan, como arriba hemos mostrado de -otras muchas naciones. En algunas partes de la provincia de Popayan, -las gentes dellas, ó por ventura no todos sino sólo aquellos sacerdotes -de que todo este orbe abundaba, henchian cueros de tigres de paja, y -dentro dellos les hablaban y respondian los demonios, y así aquellos -eran sus oráculos. Por esta manera iba la religion, cuanto á los dioses -de todas las naciones que habia en todas las provincias que habemos -nombrado, y otras que dejamos de nombrar, que duran por muchas leguas -en ancho y largo hasta entrar en los reinos del Perú, en algunas poco -más, y en otras poco ménos; y así todas, cuasi por la mayor parte de -este orbe, tienen algun cognoscimiento del verdadero Dios, puesto que -se lo mezcla y ofusca el demonio, en unas partes más y en otras ménos, -segun le es permitido por Dios, con algunos y con muchos errores, por -medio de aquellos sus ministros sacerdotes. - - - - -CAPÍTULO CLXVI. - - -Bendito sea Dios que me ha librado de tan profundo piélago de -sacrificios como aquellos gentiles, que ignoraron tanto tiempo el -verdadero sacrificio, navegaron sin tiento, de los cuales, aunque -mucho he dicho, mucho más decir pudiera; de aquí adelante, segun la -órden que traemos, será bien referir los sacrificios de estas nuevas -naciones nuestras, que vulgarmente llamamos Indias. Y comenzando, -como en lo demas, desta Española grande isla, digo así: Como segun -las noticias que los hombres y naciones alcanzaron y hoy alcanzan -de Dios, así le sirven, honran y veneran, constituyéndole templos, -sacerdotes, ceremonias y sacrificios, que todo esto se funda, procede -y se deriva de lo primero, que es el conocimiento, como por todas, y -cuasi sin número, las razones y ejemplos que con tan gran discurso -habemos traido se ha visto, y las gentes de aquesta Isla y todas las -de su circuito tenian delgado, débil y confuso conocimiento de Dios, -aunque más limpio ó ménos sucio de las horruras de idolatría que otras -muchas, de allí les provino que no tuvieron ídolos ó muchos dioses, -sino pocos ó cuasi ningunos, ni templos ni sacerdotes sino muy pocos -ó cuasi ningunos, solos aquellos que arriba llamamos hechiceros y -médicos, y, por consiguiente, fueron muy pocos los sacrificios puesto -que tuvieron algunos. Destos diré lo que sé y lo que vide, y lo que -otros experimentaron. Hallamos que en el tiempo de coger las mieses -de las labranzas que labraban y sembraban, las cuales eran del pan -que se hacia de raíces y de los ages y batatas y del mahíz, daban -cierta parte como primicias, cuasi haciendo gracias de los beneficios -recibidos; esta parte ó primicias de los frutos, como no tenian -señalados templos, ni casas de religion, como arriba se ha dicho, -poníanla en la casa grande de los Señores y Caciques, que llamaban -Caney, ofreciéndola y dedicándola al Cemí; aquel decian ellos que -enviaba el agua, y daba el sol, y criaba todos aquellos frutos, y les -daba los hijos, y los otros bienes de que abundaban. Todo aquello que -desta manera ofrecian se estaba allí, ó hasta que se pudria ó los niños -lo tomaban, ó jugaban ó desperdiciaban, y desta manera se consumia. -Antes que se descubriese la Nueva España y las provincias de Naco, -y Honduras y el Perú, por ver el cuidado que los indios de aquestas -Islas, en especial desta Española y de Cuba, tenian de dar esta parte -de los fructos que cogian como primicias, y gastarlo en ofrenda de -aquella manera, comencé á advertir ser de ley natural la obligacion de -hacer á Dios sacrificio que ántes habia leido y no visto, como Santo -Tomás prueba en la _Secunda secundæ_, cuestion 85, art. 1.º, diciendo -así: _Oblatio sacrificiorum pertinet ad jus naturale_, etc., y arriba -se dijo por sentencia de Porfirio, que todos los antiguos ofrecian las -primicias; y lo que todos los hombres hacen sin ser enseñados, y de -sí mismos se inclinan á obrar, es argumento claro ser aquello de ley -natural, como tambien arriba destas inclinaciones naturales se declaró -algo. Preguntando yo á los indios algunas veces, «¿quién es aqueste -Cemí que nombrais?» respondíanme, «el que hace llover y hace que haya -sol, y nos dá los hijos, y los otros bienes que deseamos»; añidia yo: -«ese Cemí que hace eso, me lleve á mi el alma». De aquí tomaba ocasion -de predicarles de Dios algo, aunque por aquellos tiempos (para mi -confusion lo digo) no me habia hecho Dios la gran merced que despues me -hizo, dándome cognoscimiento de las necesidades que aquestas gentes de -su salud temporal y espiritual padecian, habiendo en ellas disposicion -para ser traidas á Jesucristo prontísima y admirable, y tambien de la -estrecha obligacion que los cristianos que á estas tierras venimos -tenemos de socorrer á prójimos tan necesitados. De lo dicho parece -seguirse, tener las gentes destas islas cognoscimiento, aunque confuso, -de un Dios, como arriba dejamos tratado. Ya digimos arriba como en -esta Isla tenian ciertas estatuas aunque raras, en éstas se cree que á -los sacerdotes que llamaban behiques hablaba el diablo, y tambien los -señores y reyes cuando para ello se disponian de manera que aquéllas -eran sus oráculos; de aquí procedia otro sacrificio y ceremonias que -ejercitaban para agradallo, que él debia habellos mostrado. Este se -hacia por esta manera: Tenian hechos ciertos polvos de ciertas yerbas -muy secas y bien molidas, de color de canela ó de alheña molida, en -fin, eran de color leonada; éstos ponian en un plato redondo, no llano -sino un poco algo combado ó hondo, hecho de madera, tan hermoso, liso y -lindo, que no fuera muy más hermoso de oro ó de plata; era cuasi negro -y lucio como de azabache. Tenian un instrumento de la misma madera -y materia, y con la misma polideza y hermosura; la hechura de aquel -instrumento era del tamaño de una pequeña flauta, todo hueco como lo -es la flauta, de los dos tercios de la cual en adelante se abria por -dos cañutos huecos, de la manera que abrimos los dos dedos del medio, -sacado el pulgar, cuando extendemos la mano. Aquellos dos cañutos -puestos en ambos á dos ventanas de las narices, y el principio de la -flauta, digamos, en los polvos que estaban en el plato, sorbian con el -huelgo hácia dentro, y sorbiendo recibian por las narices la cantidad -de los polvos que tomar determinaban, los cuales recibidos salian luégo -de seso cuasi como si bebieran vino fuerte, de donde quedaban borrachos -ó cuasi borrachos. Estos polvos y estas ceremonias ó actos se llamaban -cohoba, la media sílaba luenga, en su lenguaje; allí hablaban como en -algarabía, ó como alemanes confusamente, no sé qué cosas y palabras. -Con esto eran dignos del coloquio de las estatuas y oráculos, ó por -mejor decir del enemigo de la naturaleza humana; por esta manera se -les descubrian los secretos, y ellos profetaban ó adevinaban, de allí -oian y sabian si les estaba por venir algun bien, adversidad ó daño. -Esto era cuando el sacerdote sólo se disponia para hablar y que le -hablase la estatua, pero cuando todos los principales del pueblo para -hacer aquel sacrificio, ó que era (que llamaron cohoba) por permision -de los behiques ó sacerdotes, ó de los señores, se juntaban, entónces -verlos era el gasajo. Tenian de costumbre, para hacer sus cabildos y -para determinar cosas arduas, como si debian de mover alguna de sus -guerrillas, ó hacer otras cosas que les pareciesen de importancia, -hacer su cohoba, y de aquella manera embriagarse ó cuasi. Y esta manera -de consultar, bien llenos de vino y embriagos ó cuasi, no fué la -primera en éstos, porque segun Herodoto en el libro I, y Estrabon en -el fin del libro XV, los persas, cuando habian de consultar de cosas -grandes y de grande importancia, la usaron, porque nunca lo hacian -sino miéntras comian y bebian y estaban de vino bien cargados, y aquel -consejo y las determinaciones que dél sacaban decian ellos ser más -firmes que las que con la sobriedad y templanza eran deliberadas. Yo -los ví algunas veces celebrar su cohoba, y era cosa de ver cómo la -tomaban y lo que parlaban. El primero que la comenzaba era el señor, -y en tanto que él la hacia todos callaban; tomada su cohoba (que es -sorber por la narices aquellos polvos, como está dicho, y tomábase -asentados en unos banquetes bajos, pero muy bien labrados, que llamaban -duhos, la primera sílaba luenga), estaba un rato la cabeza á un lado -vuelta y los brazos puestos encima de las rodillas, y despues alzaba la -cara hácia el cielo hablando sus ciertas palabras, que debian ser su -oracion á Dios verdadero, ó al que tenian por dios; respondian todos -entónces cuasi como cuando nosotros respondemos _Amen_, y esto hacian -con grande apellido de voces ó sonido, y luégo dábanle gracias, y -debian decille algunas lisonjas, captándole la benevolencia y rogándole -que dijese lo que habia visto. El les daba cuenta de su vision, -diciendo que el Cemí le habia hablado y certificado de buenos tiempos ó -adversos, ó que habian de haber hijos, ó que se les habian de morir, ó -que habian de tener alguna contencion ó guerra con sus vecinos, y otros -disparates que á la imaginacion estando turbada de aquella borrachera -le venian, ó por ventura, y sin ella, el demonio para los engañar é -introducir en ellos su culto les habia traido. Tenian mil patrañas y -como fábulas, segun parece las que fingian entre los antiguos griegos -y latinos los poetas, puesto que los poetas pretendian en muchas de -sus ficciones, aunque no en todas, alguna moralidad y alegorías para -inducir los hombres á buenas costumbres, estos no sabemos lo que por -aquellas sus fantasías entender ó que se entendiese querian. Como lo -que contaban del Cemí de Buyayba, (que creo que era un pueblo), y el -Cemí nombraban Vaybrama, la penúltima sílaba luenga, el cual en una -guerra que tuvieron decian haber sido quemado, y que lavándolo con -zumo de las raíces que arriba digimos llamarse yuca, de que hacian el -pan cazabí, le crecieron los brazos y le nacieron otra vez los ojos, -y le creció el cuerpo; y porque la yuca ó raíces dichas era en aquel -tiempo chiquita, despues que con el agua della lo lavaron fué, dende -adelante como agora lo es, gorda y muy crecida. Este Cemí causaba, -segun ellos creian, enfermedades á los hombres, por las cuales acudian -á los sacerdotes ó behiques, que eran sus profetas y teólogos como -está dicho; éstos respondian que aquello les venia porque habian sido -negligentes ú olvidadizos en traer pan cazabí y ages, y otras cosas -de comer para los ministros que barrian y limpiaban la casa ó ermita -de Vaybrama, buen Cemí, y que él se lo habia dicho. Otras ficciones -muchas y patrañas les hacian entender aquellos behiques, que si no -pretendian significar alguna alegoría ó moralidad, como los antiguos -poetas, eran invenciones del demonio ó grandes desvaríos. - - - - -CAPÍTULO CLXVII. - - -Otro sacrificio rito ó devocion tambien tenian, y éste era grande -ayuno, y comenzó en ellos desta manera: Refiere fray Ramon el ermitaño, -que arriba digimos cuando hablamos de los dioses desta Isla, que vino á -ella cinco años ántes que yo, que habia fama y credulidad en esta Isla, -que cierto cacique y rey dellos hizo cierta abstinencia al Señor Grande -que vive en el cielo, del cual se debia el conocimiento ú opinion de -un Dios del cielo en los demas derivarse; el abstinencia fué que seis -ó siete dias estaban encerrados sin comer cosa alguna, sino cierto -zumo de yerbas para no del todo desfallecer, con el cual zumo tambien -el cuerpo se lavaban: y debian tener virtud aquellas yerbas, como la -yerba del Perú que llaman coca y las otras de que trata Plinio, y -arriba hicimos dellas mencion. Durante aquel ayuno, con la flaqueza de -la cabeza les venian ó les aparecian ciertas formas ó imaginaciones de -lo que deseaban saber, ó, á lo que es de creer, que el demonio se las -ponia y pintaba por los engañar, porque dado que el primer cacique ó -señor ó señores que aquel ayuno y abstinencia inventó ó principió, la -hiciese por devocion del Señor que está en el cielo, y á él quisiese ó -entendiese pedir que le dijese ó respondiese á lo que deseaba, empero -los que despues la prosiguieron debíanla de hacer en honor de los -cemíes, ó ídolos ó estatuas, ó de aquel que con ellas del conocimiento -del verdadero Dios desviarlos trabajaba, el cual poco á poco algo en -este caso siempre con ellos ganaba, como les faltase, segun muchas -veces se ha dicho, gracia y doctrina. Esto se puede argüir por lo -que los que fuímos primero en la isla de Cuba de los vecinos della -y de la ceremonia que usaron alcanzamos. En aquella Isla era extraño -el ayuno que algunos hacian, principalmente los behiques, sacerdotes -ó hechiceros, y espantable; ayunaban cuatro meses, y más, continuos -sin comer cosa alguna, sino sólo cierto zumo de yerba ó yerbas, que -solamente para sustentarlos que no muriesen bastaba, de donde se colige -que debian ser de grandísima virtud aquellas yerba ó yerbas, mucho más -que de las que Plinio, libro XXV, cap. 8.º, y arriba referimos, habla. -Y esta es la misma coca que en las provincias del Perú es tan preciada, -como parece por testimonio de religiosos y de indios que han venido del -Perú, que la vieron y conocieron en la dicha isla de Cuba, y en mucha -abundancia. Macerados, pues, y atormentados de aquel cruel y aspérrimo -y prolijo ayuno, que no les faltaba sino espirar, decíase que entónces -estaban dispuestos y dignos que les apareciese y de ver la cara del -Cemí, que no podia ser otro sino el demonio; allí les respondia é -informaba de lo que le preguntaban, y lo que más él para engañarlos les -añadia, todo lo cual despues á la otra gente los behiques denunciaban -y persuadian. Solamente aqueste indicio y engaño de idolatría, y no -otro que alcanzáramos, habia en la isla de Cuba, porque ni ídolo, ni -estatua, ni otra cosa que á idolatría oliese hallamos. Y esta parece -cosa maravillosa, que de tanta virtud sea el ayuno y abstinencia, que -áun á los demonios es agradable, y que pidiesen á sus servidores tan -diuturna maceracion de la carne, que no fuesen hábiles para ver su -infernal presencia sino los que tenian mortificados y cuasi muertos -los sentidos, como se recreen más en la embriaguez y glotonería de -los suyos, como sea la fuente y la madre de donde se originan todos -los vicios, segun San Juan Crisóstomo, cap. 27, homilia 58, sobre San -Mateo, y siendo aquella virtud una de las armas con que han de ser -derrocados, como el Salvador nos dejó avisados: _Hoc genus demoniorum -non ejicitur nisi in oratione et jejunio_. San Mateo, 17. Pero este -ayuno y abstinencia no la persuadian ó mandaban hacer sino por su -antiquísima y profunda soberbia, por la cual querian usurpar, como -el honor y culto de Dios, la virtud, no en cuanto virtud sino en -cuanto por pedirla querian dar á entender que amaban las virtudes, -por cobrar más crédito con los hombres, y para vejar y atormentar con -aquella áspera é infructuosa maceracion en esta vida los cuerpos, -como en la otra las ánimas, por el odio que tienen á los hombres, y -así siempre se huelgan de sus tormentos y trabajos, usando con ellos -de su entrañable crueldad. Tornando al propósito del cacique ó señor -que habia comenzado aquel ayuno, decian y era pública voz y fama, que -habiendo hablado con cierto Cemí, que tenía por nombre Yocahuguama, le -habia dicho que los que despues que él fuese muerto fuesen vivos, poco -gozarian de sus tierras y casas, porque vernia una gente vestida que -los señorearia y mataria y que se moririan de hambre; de allí adelante -creyeron ellos que aquella gente debia ser los que llamamos caribes, y -entónces los llamaban y llamábamos caníbales. Todo esto refiere fray -Ramon haber de los indios entendido. Algunas otras cosas dice confusas -y de poca sustancia, como persona simple y que no hablaba del todo -bien nuestra castellana lengua, como fuese catalan de nacion, y por -tanto es bien no referillas, sólo quiero decir lo que afirma de un -indio ó indios que él tornó cristianos, que matándolos otros indios, -por el aborrecimiento que tenian á los españoles, decian á grandes -voces: «Dios naboría daca, Dios naboría daca», que quiere decir, en -la lengua más comun y más universal desta Isla, «yo soy sirviente y -criado de Dios», y éste se llamaba Juan; y desta manera y con estas -palabras murió otro llamado Anton, que era su hermano. Naboría queria -decir sirviente ó criado, y daca quiere decir yo. Y así dijo destos -fray Ramon haber sido mártires; de lo cual ninguna duda puede quedar á -algun cristiano si por la fe ó por no dejar la fe, ó por otra virtud -alguna los mataran; pero no los mataban por ésto, porque nunca indios -algunos jamás tal hicieron, sino porque vivian con los españoles, ó -les loaban ó defendian á quien todos tanto desamaban, ó porque quizás -les hacian aquellos indios, por mandado de los españoles, algun daño, -como habemos visto desto asaz harto, y en estos casos harta merced les -hizo Dios si por confesar ser sus sirvientes y criados se salvaron, -pero no por ser mártires. La misma manera de religion de la desta isla -Española estimé y entendí siempre que tenian las gentes de las islas -comarcanas, sin tener ídolos muy estimados (en la isla de Cuba ningunos -hallamos), ni ofrecelles sacrificios, más de aquellos ayunos, y de las -mieses que cogian cierta parte, y no ceremonia sino aquellas cohobas -con que se cuasi embriagaban. Los más limpios destas heces, en este -caso, de todos fueron, segun entendí siempre, la simplicísima gente de -los Lucayos, los cuales muchas veces á los Séres, nacion felice, arriba -he comparado; destos, ninguna señal de idolatría, ni creencia mala, ni -figura ó imágen ó estatua exterior sentimos que tuviesen, ántes creemos -que con sólo el conocimiento universal y confuso de una primera causa, -que es Dios, y que moraba en los cielos, pasaban, y así en contar sus -sacrificios no hay por qué detenernos. - - - - -CAPÍTULO CLXXXI. - - -No creo haber hecho poco en cumplir con la relacion que convenia -(segun la órden y propósito que traemos) hacer de los sacrificios -de los grandes reinos que comprendemos en lo que llamamos La Nueva -España, que tienen todos juntos de ámbito más creo que de 800, y áun -sin quizá de 1.000 leguas, comenzando de la provincia de Xalisco, y -acabando en las de Honduras y Nicaragua. Lo cual concluido, pasémonos -á la otra ala de la Tierra Firme, que es la del Sur, y corrella hemos -comenzando de la punta de Paria, una vez al Levante y otra por el -Poniente, como se corrió cuando de los dioses hicimos mencion, de lo -cual, presto, placiendo á Dios, nos expediremos. En la provincia de -Paria é isla de la Trinidad, que está con ella pegada, y de allí por -la costa del Levante, ó por mejor decir hácia el Sur ó Mediodía, por -la tierra del Brasil y hasta las provincias del Rio de la Plata, ya se -dijo arriba no tener ídolos ó cuasi ninguna religion, ó poca, sino en -algunas partes donde habia algunos hechiceros, ministros del diablo, -que los inducian en algunos supersticiosos errores y agüeros y otros -resabios de idolatría, por manera que sacrificios no tenian ningunos, -porque como de todo el discurso que habemos traido, refiriendo los -dioses, y templos, y sacerdotes, y sacrificios de las gentes antiguas -y destas indianas, puede colegirse, segun el concepto y estimacion -que los hombres de Dios alcanzaron así le tuvieron la devocion y -le constituyeron los templos, y hobo el sacerdocio é inventaron y -ordenaron los sacrificios, y, por consiguiente, fueron en ceremonias -más ó ménos religiosos; de manera, que de lo primero necesariamente -se consiguió lo segundo, y á lo segundo lo tercero, y á lo tercero -los sacrificios, que es lo último. Y porque los desta isla Española -y destas otras, fué muy confuso el cognoscimiento que tuvieron de -Dios, así, ni de templos, ni de sacerdotes (sino aquellos hechiceros -de que siempre proveyó en el mundo el demonio), ni de sacrificios ni -ceremonias curaron hacer mencion, y, por consiguiente, fueron muy -poquito y nada religiosos; lo mismo habemos visto de las gentes y -pueblos de La Florida, y de las ciudades de Cibola, y de otras muchas -provincias de por allí. De las del Brasil y Rio de la Plata lo mismo ha -parecido, y aquello tambien conviene decir de los moradores de la costa -de la Tierra Firme, de Paria, por el Poniente adelante, hasta la Culata -que llamaron Urabá. Pero porque los mejicanos y todos los reinos que se -comprenden por aquello que llamamos La Nueva España, y lo demas de que -habemos hablado, se derramaron en tener y constituir muchos y diversos -dioses, y por muchos y varios respectos y causas, por las cuales se -aplicaban á cada uno, más ó ménos, y á algunos mucha y grande parte de -deidad, como vimos arriba largamente haber hecho los antiguos gentiles, -mayormente los romanos; de aquí vino que curiosa y suntuosamente -les constituyeran templos, ordenaron muchos grados de sacerdotes, -inventaron tan diversos, y tan nuevos y costosos sacrificios, -ceremonias tantas y tan trabajosas, y, por consiguiente, fueron -religiosísimos. Prosigamos, pues, los de la tierra dentro, desde la -culata de Urabá, por el camino que va hácia el Nuevo Reino, que dijeron -los españoles, de Granada, y los indios nombraban Bogotá, la última -luenga, y otros reinos y provincias, llamadas en las lenguas dellos -Anzerma, Popayan, Arma, Paucura, Pozo, Pycara, Carrapa, Quimbaya, -Cali, Pasto, y otras más. En ésta, segun dicen algunos españoles -(puesto que de la del Nuevo Reino ha sido muy poco lo que he podido -averiguar), ofrecian por sacrificios ciertas resinas y sahumerios, y -en especial unas yerbas muy menudas y muy bajas, que tenian, dellas -una flor blanca, y dellas una flor negra; éstas, con las resinas, -quemaban en unos incensarios ante los ídolos, los que los tenian. En -otras partes sacrificaban algunos hombres, segun refieren los dichos, -pero todo es poco lo que todos dicen, porque todas las gentes destas -provincias, como tuvieron pocos ídolos, y poca estima dellos, y pocos -ó ningunos templos, poca fué su religion y pocos ó cuasi ningunos sus -sacrificios. - - - - -CAPÍTULO CXCVII. - - -Probado en los precedentes capítulos generalmente haber tenido -todas estas gentes buena gobernacion y guardando entre sí todas las -especies y distinciones que suelen hacerse de justicia, por argumento -fortísimo, conviene á saber, mostrando que, si de otra manera fuera, -sustentarse tanta gente junta, y en tan grandes poblaciones y ciudades, -á vivir vida social y política, como los hallamos que vivian mucho -y largo tiempo, fuera imposible, de aquí adelante, para prosecucion -desta sexta parte, que el Filósofo asigna que ha de tener la ciudad -ó república bien ordenada, y por sí suficiente, que es tener jueces -y quien gobierne, y que la gobernacion sea justa y cual conviene á -la buena policía, queremos referir en particular la gobernacion y -regimiento (segun que muchas veces vimos, y en las partes donde no -estuvimos tuvimos noticia, dada por personas fidedignas y religiosas -de Santo Domingo y San Francisco, y tambien buenos seglares), que las -gentes de todas estas Indias tenian en islas y Tierra Firme; donde -tambien contaremos sus costumbres, porque á la mala ó buena gobernacion -parece pertenecer. Y porque no gastemos tiempo en tratar de las tres -diferencias de gobernacion susodichas, pues deste trabajo ellas mismas -nos han librado, esto debemos suponer, que en todas estas Indias, -universalmente, si no fué en muy pocas provincias ó cuasi ningunas, -las cuales nombraremos á su tiempo si Dios quisiere, no tuvieron otra -especie de principado y gobernacion sino de las tres susodichas la -primera, conviene á saber, la de uno que es rey y reino, la cual es -la más natural y entre todas la más excelente, y semejante á la con -que el padre rige y gobierna á sus hijos; así lo afirma y prueba el -Filósofo, libro VIII, capítulo 7.º de las Eticas. De donde parece -cuánto más siguieron estas naciones lo más natural y mas razonable -de los principados y regimientos, en sus policías, que otras muchas; -y esto, argumento es no débil de su buen juicio y prudencia natural, -y mejor que en las otras, pues hallaron y escogieron lo mejor, y más -perpetuo y más seguro, para el gobierno de sus repúblicas, entre las -cosas más necesarias para las perpetuar, lo que no hicieron muchas -otras. Supuesto, pues, que fueron gobernadas y regidas por uno que -es rey, comencemos á ejemplificar, como solemos, por esta felicísima -isla Española. En ella cognoscimos cinco principales reyes que la -gobernaban principaban y regian, cuyos nombres eran: del primero, -Guarionex, que reinaba en todo lo más felice de toda la Real Vega, de -que arriba tantas excelencias digimos; del segundo, Guacanagarí, y -éste principaba en lo postrero della, que llamaban Marien, y éste fué -el primero que trató cristianos, porque allí fué á parar el almirante -don Cristóbal Colon que descubrió estas Indias, y recibió él, y todos -los cristianos que con él venian paternal, y gracioso, y admirable -recibimiento, y no pagables, y áun no pagados ni agradecidos despues, -muchos beneficios. El rey tercero se llamaba Behechío, la penúltima -luenga, y reinaba en la provincia llamada Xaraguá, en la parte del -Occidente; este Rey tenía una hermana que habia por nombre Anacaóna, -en la penúltima el acento, mujer de gran prudencia y autoridad, muy -palanciana y graciosa en el hablar, y en sus meneos, y que fué muy -devota y amiga de los cristianos desde que los comenzó á ver y á -comunicar con ellos. El cuarto rey fué Caonabó, la última luenga, que -señoreaba en la provincia llamada Maguana, contérmina ó que partia -términos con la de Xaraguá, y oriental á ella; éste fué valerosísimo y -esforzado señor, y de mucha gravedad y autoridad, y segun entendimos -los que á los principios á esta Isla vinimos, era de nacion Lucayo, -natural de las islas de los Lucayos, que se pasó dellas acá, y por -ser varon en las guerras y en la paz señalado, llegó á ser rey de -aquella provincia, y por todos muy estimado. Díjose tambien que fué -casado con la dicha señora, hermana del rey Behechío, Anacaóna. El -quinto rey ó reino, fué del todo oriental, cuya tierra se nos ofrece -primero cuando á esta Isla venimos de Castilla, que llamaban los indios -Higuéy, la letra _e_ luenga, y el nombre del rey era Higuanamá, la -última luenga tambien; y en nuestro tiempo reinaba una mujer vieja, -muy vieja, puesto que no supe, cuando lo pudiera saber, si este nombre -Higuanamá fué propio de aquella Reina ó comun de los reyes de aquel -reino, como los reyes de Egipto se llamaron todos Faraones, como se -llamaban reyes. Los señores que á estos cinco reyes obedecian eran -innumerables, y yo conocí grande número dellos, y no poco señores -sino que tenian súbditos infinitos. Decíase tener Guarionex, rey de -la Vega Real, otro rey ó señor por vasallo, entre otros, llamado -Uxmatex, que señoreaba en la provincia de Cibao (que digimos arriba -llamarse Haytí, la última aguda, de donde se denominó toda esta Isla), -que cuando lo llamaba el rey Guarionex le venia á servir con 16.000 -hombres de pelea. El rey ó señor que principaba en la provincia de -Haniguayaba, tengo presuncion que era señor y rey libre por sí; la -razon que me mueve es, por estar aquella provincia al último cabo y más -occidental desta Isla, bien 50 y más leguas del reino ó de la ciudad -real de Xaraguá, donde tenía principalmente su silla el rey Behechío, -y porque habia muchos señores otros en aquella provincia, que parece -haber sido súbditos de Haniguayaba, y militar debajo de su señorío, -y por ventura fué lo mismo en otras partes desta Isla, sino que de -sabello en aquellos tiempos poco cuidado tuvimos: como el rey ó señor -de los Ciguayos, llamado Mayobánex, la penúltima luenga, que no fuese -subjecto al rey de la Vega, Guarionex, puesto que, por librar de la -prision ó persecucion que los españoles hacian á Guarionex, padeció -grandes trabajos haciéndoles muchas guerras, no sé decir si lo hacia -como por su rey y señor, ó como á quien puesto en gran necesidad se le -habia encomendado. Lo mismo pudo ser en el reino ó provincia de Higuey, -donde habia muchos señores, y en especial uno que se llamó Cotubanamá, -la última luenga, que yo bien conocí, de quien arriba hablamos; éste -fué valentísimo hombre, y de gran gravedad y autoridad, y se defendió -valerosísimamente muchas veces y por muchos dias, con su persona y -gente, de los cristianos que le hicieron guerra, del cual hablaremos -más largo, si place á Dios, en nuestra Historia general, libro II; así -que no sabré afirmar que fuese súbdito á la reina Higuanamá. Habia -en esta Isla y en cada reino della muchos nobles y estimados por de -mejor sangre que los demas, y que tenian cargo sobre otros como de -regillos y guiallos; éstos, en la lengua comun desta Isla, se llamaban -nitaynos, la _y_ letra luenga, nobles y principales. Tres vocablos -tenian con que pronunciaban el grado y la dignidad ó estado de los -señores, el uno era Guaoxerí, la última sílaba luenga, el cual ser -el menor de los tres grados, como nosotros decimos á los caballeros -«vuestra merced», significaba; el segundo era Baharí, la misma última -luenga, y éste como á mayor señor que el primero, como cuando á los -señores de título decimos «señoría», ellos Baharí lo llamaban; era el -tercero y supremo Matunherí, asimismo el acento en la postrera sílaba, -que á solos los reyes supremos, como nosotros á los reyes decimos -«Vuestra Alteza», ellos Matunherí lo aplicaban. Entre todos estos cinco -principales reinos, fué el más ilustre el del rey Behechío, en aquella -provincia ó ciudad real de Xaraguá, porque tuvo muy muchos señores -que á su reino y jurisdiccion suprema pertenecian; y eran por todos, -si no me engaño, por lo que despues vimos, más de 100 y quizás más de -200, porque hobo, señaladamente en aquellas provincias de al rededor -de Xaraguá, mucha nobleza. Excedian todas las gentes deste reino de -Behechío á todas las desta Isla, en la lengua ser más delgada y de -mejores y suaves vocablos polida; excedian lo mismo en ser hombres -y mujeres de más hermosas facciones, y disposicion natural de los -cuerpos y gestos que era cosa de maravilla. Yo cognoscí y vide algunos -años despues que á esta Isla vinimos una villa, en el mismo asiento -que el rey Behechío tuvo su casa real, de 60 ó 70 españoles vecinos, -casados todos con de aquellas señoras ó mujeres de los señores ó hijas, -que eran tan hermosas, cuanto podian ser las más hermosas damas que -hobiese en nuestra Castilla. Señaladas fueron algunas en hermosura -en el reino de Guarionex y en otras partes desta Isla, pero no tan -en comun y general como las gentes del reino de Behechío; en otras -muchas cosas eran estas gentes más polidas, por las cuales habia entre -nosotros tal manera de decir, que aquel reino de Xaraguá era la corte -desta Isla. Todas estas gentes vivian desnudas, los hombres desde los -piés hasta la cabeza, las mujeres casadas, desde algo más abajo de la -cinta hasta la rodilla, poco más y algo ménos, con cierta manera de -faldillas hechas y muy bien hechas de algodon, se cubrian; y puesto -que por toda esta Isla se hacian éstas de algodon y las hamacas en que -dormian, pero en hacer y labrar cosas de algodon, la gente de Xaraguá -era la prima. Todas las doncellas vírgenes, miéntras lo eran, ninguna -cosa de sus cuerpos se cubrian; las camas en que dormian, que llamaban -hamacas, eran de hechura de una honda, cuanto á lo ancho, puesto que -aquello ancho tenía un estado y medio y dos estados, y uno de longura, -y todo de hilos de algodon torcidos, no como red atravesados, sino á -la luenga extendidos; atravesaban por todo lo ancho ciertas tejeduras -de otros hilos, como randas, de dos dedos en ancho, y habia de una á -otra, por respecto de lo luengo que tenía toda ella, un palmo y más -y ménos; á los cabos de la longura de toda ella, que digimos tener -un estado, quedan muchas asas, un palmo de luengo apartadas de la -postrera randa, y estas asas son de todos los hilos que la hamaca en el -luengo tiene, y en esto no es como honda que tiene solamente un ramal -ó cuerda de una parte y de otra: allí, en cada una de aquellas asas, -ponen unas cuerdas muy delgadas y bien hechas y torcidas, de mejor -materia que de cáñamo pero no tan buena como de lino (y ésta llaman -cabúya, la penúltima luenga), de la manera puestas como si quisiésemos -ponellas en las mallas cabeceras de una red cuadrada, de un cabo y de -otro, para haber de colgar la red de ambas partes y que quedase en el -aire suspendida. Estas cuerdas son tan luengas como una buena braza, -las cuales van á juntarse al cabo como una rosca chica y áun como una -manilla; de aquellas dos roscas ó manillas se asen con otras cuerdas -recias, de gordor de un dedo, muy polidamente hechas, mejor que la -hechura de trenza, y átanlas á sendos palos de una parte y de otra, y -queda en el aire suspensa, y así se echan en ella, que es buena cama -y limpia para tierra donde no hace frio. Tiene más, que siendo de dos -estados de ancho y uno de luengo, como dije, no pesa toda ella ocho -libras, y puédenla llevar debajo del sobaco; finalmente, para por -camino es propísima. Tres lenguas habia en esta Isla distintas, que la -una á la otra no se entendia; la una era de la gente que llamábamos del -Macoríx de abajo, y la otra de los vecinos del Macoríx de arriba, que -pusimos arriba por cuarta y por sexta provincias; la otra lengua fué -la universal de toda la tierra, y ésta era más elegante y más copiosa -de vocablos, y más dulce el sonido; en ésto, la de Xaraguá, como dije -arriba, en todo llevaba ventaja y era muy más prima. - - - - -CAPÍTULO CXCVIII. - - -La gobernacion que estos reyes y todos los señores inferiores por -toda esta Isla puesta tenian, era naturalísima, porque en ninguna -cosa de la paterna que los padres usan con sus hijos, teniendo fin -principalmente al bien dellos como libres, diferia; tratábanlos como -si todos los súbditos fueran sus propios hijos, y ellos como á propios -padres, por amor y no por temor, los reverenciaban y obedecian; y en -tanto grado amaban los indios á sus reyes por la dulce gobernacion y -obras de padre que dellos recibian, que cuando los señores andaban -escondidos por los montes, huyendo de los españoles, mandaban á sus -indios, que si alguna vez los españoles alguno dellos tomasen, que por -ningun tormento que les diesen los descubriesen, y así lo hacian; y que -cuando los llevasen atados, hallando algun despeñadero, se derrocasen -de allí abajo, y llevasen, si pudiesen, el español ó españoles que -los llevaban atados, consigo: poníanlo así por obra sin faltar un -punto, y esto es certísimo. Y era tanta la humanidad que los señores -usaban con sus vasallos y súbditos indios, que sin punta ni resabio -de presuncion alguna, no sólo junto con ellos y á la mesa, pero del -mismo plato ó vaso en que los señores comian, que comiesen y tomasen -por su mano el manjar los admitian, y esto vide yo muchas veces, y así -hablo como testigo de vista. No debe parecer poquedad esta tan humilde -conversacion ó comunicacion destos reyes y señores con sus súbditos, -pues los antiguos reyes tan humilde y moderado estado tenian, que -segun Herodoto, libro VIII de su Historia, sus propias mujeres les -guisaban la olla y lo que habian de comer: y en aquellos tiempos se -puede presumir que los súbditos podian comer con los reyes, y pluguiera -á Dios que todos los reyes vivieran hoy, y de vivir en tal simplicidad -fueran contentos, porque harto mejor que hoy le va al linaje humano le -fuera. Y siendo, como eran, estas gentes tan sin número en esta Isla, -y que un rey y señor tenía en su reino y señorío infinitos, no pasaba -más trabajo en los gobernar que un padre de familias tiene con su casa -sola, mujer é hijos; y cierto, no en muchas partes del mundo se hallará -esta maravilla. No se sabía qué cosa fuese hurto, ni adulterio, ni -fuerza que hombre hiciese á mujer alguna, ni otra vileza, ni que dijese -á otro injuria de palabra y ménos de obra, y cuando alguna vez por gran -maravilla recibia enojo alguno de otro, la venganza que dél tomaba era -decille, si era zarco de los ojos, buticaco, que quiere decir, anda, -para zarco de los ojos; y si tenía los ojos negros, xeyticaco, y si -le faltaba algun diente, mahite, anda, que te falta un diente, y así -otras injurias desta manera. Y es verdad, como arriba en un capítulo -dije, que habia veinte años que yo estaba en esta Isla, y nunca ví -reñir en ella, ni en otra parte, indio con indio, sino una vez en la -ciudad de Santo Domingo, que vide reñir dos, y estábanse dando el uno -al otro con los hombros ó con los codos, estando quedas las manos, que -no mataran una mosca si donde se daban con los hombros la tuvieran; -entónces yo, admirado de ver cosa tan nueva, llamé á ciertos españoles -que allí estaban, haciendo testigos. En lo de hurtar, doy testimonio -de lo que muchas veces por los ojos vide, y esto es, que no teniendo -puertas en las casas, ni arcas, ni llaves, ni cerraduras, como entónces -no las teníamos, se andaban los talegones llenos de oro, y áun no de -granos para que estuviesen contados, sino menudo como si fuera molido, -en especial en las minas, en unos como dornagillos hechos de ciertas -hojas de palma, donde poníamos nuestras ropillas, que tambien por -aquellos tiempos eran pocas, y metiendo las manos cada hora los indios -que teníamos en casa muchas veces al dia, y trayendo cada hora de una -parte á otra los talegones, con 500, y 600 y 1.000 castellanos que -tenian, nunca se halló que un grano ni una punta hiciese ménos algun -indio, ni tal sospecha en nosotros caia. Y cierto, con mucha verdad -podemos decir de aquellas gentes lo que por refran suele decirse, -haber sido tan fieles y tan sin sospecha de hacer ménos cosa alguna, -que se les podia fiar, como infinitas veces se hizo, oro molido. Asaz -hobo gentes por el mundo á quien hicieron estas ventaja en carecer -deste vicio de hurtar; entre los alemanes harto usado era, y ni pena -ni alguna infamia incurrian si hurtaban fuera de su ciudad, decian que -aquello era para ejercitar los mancebos, porque no fuesen perezosos -y cobardes; tampoco tuvieron por pecado matar hombres, segun cuenta -Julio César, libro VI, _De Bello gallico_. Aulo Gelio, libro XI, cap. -18, dice, los Lacedemonios tener por gran honra y gloria ser los -mancebos ladrones, porque con aquel ejercicio aprendian á ser sotiles -y saber muchas maneras y cautelas, y hacerse á los trabajos para las -guerras, con tanto que no hurtasen por hacer mal ni por ser ricos. -Allí dice ser tambien lícito el hurtar en Egipto, y Diodoro, libro -IV, cap. 3.º, afirma que habia en Egipto una ley que mandaba, cuando -alguno quisiese darse al oficio de hurtar, fuese ante el Sumo de los -sacerdotes y dijese su propósito, y diese por escrito su nombre, y -todo lo que hurtaba lo habia de presentar ante el Sumo sacerdote; -lo mismo los dueños de las cosas hurtadas, en hallándolas ménos, se -habian de presentar y escribir sus nombres, y declarar las cosas que -les faltaban, con el dia y la hora que les faltaron: esto así hecho, -de las cosas hurtadas sacábase la cuarta parte para el ladron, y lo -demas el dueño lo llevaba. Daban la razon desta ley los Egipcios; que -como fuese imposible excusarse los hurtos, era mejor excusarse algun -daño que no perdello todo al que se lo hurtaban: otras muchas naciones -fueron vencidas deste vicio. Eran tan honestos cuanto al conversar con -sus mujeres que nunca hombre de los españoles vido ni oyó decir que -se sintiese algun acto dellos tocante á la tal conversacion, burlando -ni de veras. Cuanto al vicio nefando, es verdad lo que aquí afirmo, -que, en muchos años que tuve cognoscimiento destas gentes y traté -con ellas, nunca sentí, ni entendí, ni oí, ni sospeché, ni supe que -hombre de los nuestros sintiese, ni entendiese, ni sospechase, ni oyese -decir que indio alguno de toda esta Isla tal pecado cometiese, y ha -más de treinta años que caí en hacer particular inquisicion dellos; y -confesando á una señora india, viuda y vieja, bien antigua, que habia -sido casada con un español de los antiguos que yo cognoscí, preguntéle -si en los tiempos pasados, ántes que viniésemos los españoles á esta -Isla, habia algo de aquel vicio, respondióme que no, porque, si algun -hombre hobiera maculado dello, las mujeres (dijo ella), á bocados lo -comiéramos ó lo matáramos, ó otras semejantes palabras que me dijo. -Finalmente, que deste pecado y de comer carne humana, y de otra -semejante desvergüenza y miseria, fueron limpísimos y exentísimos -los habitantes desta Isla. No se jactarán de la carencia deste vicio -los sabios de Grecia, que cada uno tenía su mozo por mancebo, y -tampoco los franceses, entre los cuales los mozos se casaban unos con -otros sin vergüenza y sin pena; así lo refiere Eusebio, libro VI, -cap. 8.º _De Evangelica præparatione_. Y es cierto lo que arriba en -cierto capítulo dije, y quiérolo repetir, que algunas veces oí decir -á algunos españoles destas gentes (aunque para dejallos de fatigar -en los trabajos, tenian, segun creo, poca piedad dellos): ¡oh qué -gente tan bienaventurada era ésta, si cognoscieran á Dios y tuvieran -nuestra fe! No mirando más de aquello que veian, porque debieran -pasar con la consideracion adelante, y cognoscer que para que les -diéramos la fe y no para servirnos dellos nos los habia descubierto -la Providencia divina. Pues así como ser la mujer, y los hijos, y la -familia de una casa pacífica, modesta y bien morigerada, careciente -de vicios y de hacer mal á nadie, testifica y manifiesta la bondad, -prudencia, solicitud y buen regimiento, y cuidado cerca della del padre -de familias, de la misma manera, y áun mucho más, ser tan gran número -de gentes tan modestas, tan benignas, tan concertadas, tan pacíficas, -tan obedientes, tan limpias y exentas de vicios, y tan honestas, sin -alguna duda, testimonio claro daban de la bondad, prudencia, solicitud -y cuidado de la justicia, y justa gobernacion de sus reyes y señores -que tenian y los regian y gobernaban. Y si alguno dijere que no debia -causarlo sino las buenas inclinaciones y condicion natural de aquestas -gentes, que de su naturaleza eran mansas, humildes, pacíficas, y -de todos los inconvenientes de la virtud naturalmente apartadas, y -no por la solicitud de los reyes que los gobernaban, digo que al -ménos ninguno negará que destas buenas inclinaciones, y condicion, y -disposicion, mansedumbre, humildad, modestia y benignidad naturales, á -los mismos señores y reyes no les cupiese parte; y así, todos, señores -y súbditos, eran dotados de bondad natural, y, por consiguiente, todos -eran felices, bienaventurados. Con todo esto, mucha y grande parte de -la inocente vida, modestia y humana é inoxia conversacion, y buenas -costumbres, y carencia de vicios de los súbditos, dependia de la bondad -y buena órden puesta, regimiento y gobernacion de los reyes y señores, -y de los buenos ejemplos que de sí á todos daban, viviendo bien y -no haciendo obras contra razon; esto testifica la divina Escritura -Ecclesiastes, cap. 10: _Secundum judicem populi sic et ministri ejus, -et qualis rector civitatis tales et habitantes in ea_. Y exponiendo lo -que dijo de los príncipes que no son los que deben, ni gobiernan los -pueblos segun justicia, y los enderezan en buenas costumbres, añade -luégo allí: _Rex insipiens perdet populum suum_, dejándolos ir sin -rienda, que es la ley, por la corrupcion de los males. De los buenos -pone lo contrario: _Et civitates inhabitabuntur per sensum prudentium_. -De manera, que mucho hace para la bondad ó maldad de los pueblos, -y para la multiplicacion ó disminucion de los hombres, la bondad ó -maldad de los reyes, por lo cual, en los Proverbios, cap. 14, Salomon -atribuye á gloria del Rey la multitud, en el reino, de las gentes, -y á vicio y culpa suya la poquedad de los vecinos y moradores: _In -multitudine populi dignitas regis, et in paucitate plebis ignominia -principis_, como que lo uno y lo otro esté y haya estado en su mano. No -se les usurpe, pues, á los reyes y señores desta Isla lo que la Santa -Escritura en general dice y atribuye á todos los del mundo, y pues -hallamos estos pueblos tan numerosos de gentes y tan bien morigerados, -entendamos que la solicitud, cuidado y prudencia, y buena órden y justo -regimiento de los que los gobernaban, el cual era como de verdaderos -padres, que tenian por fin hacellos buenos y multiplicallos, y en -aquella multitud y bondad conservallos, era mucha y grande y la mayor -parte; y en esto hicieron estas gentes á los españoles antiquísimos -excesiva ventaja, conviene á saber, que tuvieron reyes que los rigiesen -y bien gobernasen, de los cuales carecieron nuestros españoles por -muchos siglos de los pasados, hasta que para se defender de los guerras -tiránicas de los romanos, siguieron y no eligieron á Viriato, como á -hombre muy cauto y experto en huir y saberse guardar de los peligros, -y con esto muy esforzado, al cual por pura necesidad sufrieron que los -capitanease, no por virtud, porque no querian tener á quien obedecer -ni quien á sus barbáricas obras, robos y maleficios pusiese regla -ni tasa. Este Viriato hizo guerras fortísimas contra los romanos, -defendiendo á España por tiempo de diez años, en los cuales hizo -señalados estragos. Todo esto cuenta Trogo Pompeyo y su abreviador -Justino, que fué español, en el libro XLIV, donde su Historia acaba: -_In tanta seculorum serie nullus illis Dux magnus preter Viriatum -fuit, qui annos decem Romanos varia victoria fatigavit: adeo feris -propriora quam hominibus ingenia sunt. Quem ipsum, non judicio populi -electum, sed ut cavendi scientem declinandorumque periculorum peritum, -sequuti sunt_, etc. De manera que los ingenios y condicion de los -españoles eran más propios de fieras bestias que de hombres. Y abajo -dice que las mujeres tenian oficio de labrar y cavar los campos y las -heredades, y cuidado de las cosas de casa, y los maridos con las armas -en las manos andaban á robar, porque no tengamos presuncion que venimos -de los cielos de virtudes muy adornados. Y abajo del todo, con que -acaba toda su Historia, dice de la gente de aquel tiempo que moraba -en España, ser pueblo bárbaro y fiero, traido á vivir debajo de leyes -por el Emperador Octaviano: _Populumque barbarum ac ferum legibus ad -cultiorem vitæ usum traductum_, etc. Gobernaban (porque al propósito -tornemos) los reyes desta Isla _manu regia_, conviene á saber, sin -leyes, por su buen albedrío, tantos pueblos y tantas gentes que eran -sin número. Y estas palabras, sin número, se hallarán haber escrito en -sus cartas á los católicos reyes el Almirante primero, que vido, cuando -descubrió y trató esta Isla, esta manera de gobernar los pueblos los -buenos reyes, _manu regia_, que es por su buen juicio y albedrío; sin -leyes se gobernó la romana república á los principios. Algunas guerras -tenian, pero rarísimas; las causas dellas eran, segun entendimos, por -alguna de tres, como arriba señalamos: la una, porque algunos de otros -reinos venian á cazar en los campos, dentro de los término del otro -reino; la otra, si venian á pescar en los rios; la tercera, cuando -algun rey ó señor se concertaba con el otro que le diese su hija ó -hermana por mujer, y le enviaba por ello ciertas preseas, y el otro -por alguna razon que le movia no se la enviaba, ó la daba á otro; pero, -por la mayor parte, siempre todos vivian pacíficos. Esto se muestra en -la relacion que el Papa hizo en la Bula de la concesion destas Indias -á los reyes de Castilla, informado por la que los Reyes Católicos le -hicieron, segun lo que el Almirante destas gentes habia sentido; dice -así: _In quibus scilicet Insulis quamplurimæ gentes pacifice viventes, -et ut asserunt nudæ incedentes, inhabitant_, etc. Las armas ofensivas, -ya digimos arriba que eran flechas y arcos, y unas varas tostadas como -dardos, los cuales tiraban con cierta industria, como si salieran de -una ballesta de las antiguas que llamaban de garrucha; las flechas eran -los cohollos de las cañas, que acá son más recios que los de Castilla, -y por casquillos les ponian unas espinas de pescado, que despues de -entradas en la carne no podian salir sin desgarrar della buena parte; -algunas puntas ponian de pedernal en algunas flechas. Poníanles cierta -yerba ponzoñosa, que de cosas ponzoñosas conficionaban, puesto que hay -pocas en esta Isla, ó ningunas, y así la yerba desta Isla hacia poco -daño; de la misma manera tenian las flechas otras gentes antiguas, -como cuenta Herodoto de los Etiopes, libro VII, y que las ponian por -casquillos puntas de pedernal. Armas defensivas no tenian ninguna, sino -sólo los pellejos de fuera, porque todos andaban desnudos como los -parieron sus madres; y para gente desnuda no eran poco dañosas estas -armas. - - - - -CAPÍTULO CXCIX. - - -Cuanto á los casamientos que entre aquestas gentes habia, no entendimos -que tomasen por mujer hermana, ni prima hija de hermanos, ni que -tuviesen los particulares más de una; tampoco alcancé ni alcanzamos, -porque tuvimos todos, clérigos, y frailes, y seglares, de escudriñar -estas cosas poco cuidado, si sus casamientos eran perpetuos ó por -alguna causa las repudiaban, puesto que muchas y muchos vide casados -ó ayuntados hombres y mujeres, viejos de edad y que tenian hijos y -grandes hijos, que parecia haber mucho tiempo que eran casados, y en -sus casamientos no haber habido mudanza; tampoco caimos en inquirir con -cuáles ó con cuántas ceremonias se casaban. Los reyes y señores tenian -muchas mujeres, no supe hasta qué tantas; del rey Behechío se dijo que -tuvo 30: cuál fuese la principal, ó si eran todas iguales, tambien -todos lo ignoramos. Lo mismo de las herencias, del todo punto no lo -penetramos más de haber entendido que no los hijos de los señores sino -los de sus hermanas sucedian en sus estados, la razon que daban era -porque no eran tan ciertos ser sus hijos lo que por hijos tenian como -los que parian sus propias hermanas, y de las hermanas eran ciertos -ser sus hermanas, pues habia parido á ellos y á ellas una sola madre. -Los señores y los demas compraban á los padres las hijas que habian de -ser sus mujeres, enviándoles por paga ciertas sartas de cuentas que -llamaban cibas, por excelencia, que quiere decir piedras, porque cibas -llamaban á todas las piedras, y cibas á estas cuentas, por excelencia, -como cosa que tenian por muy preciosa y de gran estima; estas piedras -ó cuentas arriba digimos que parecian poco ménos que muelas podridas. -Daban tambien por precio ciertas hojas de guanín, que era cierta -especie de oro bajo que ellos olian y tenian por joyas preciosas, para -ponerse colgadas de las orejas; pesaban, las que de mayor peso eran, -obra de medio peso ó de un ducado, y en tanto grado era estimado este -guanín, la última luenga, destas gentes por el olor que en él sentian, -ó por alguna virtud que haber en él creian, que acaeció valer aquellas -hojas, que no pesaban sino lo que digo, entre los mismos españoles, -para dallas á la hija de algun cacique y señor de aquellos, porque el -señor les diese á ellos lo que pretendian, cien y más castellanos; -llamaban en su lengua á estas hojas y joyas de las orejas taguaguas, -la media sílaba luenga. Gentes de las antiguas hobo por el mundo que -tuvieron las costumbres mismas que éstas en lo de sus casamientos, y -muchas, otras naciones, harto viles, feas, irracionales, y no ménos -desvergonzadas, en la cuales aquestas hicieron á aquellas incomparable -ventaja. - - - - -CAPÍTULO CCIII. - - -Cerca de las mujeres de los reyes, habia en esta isla Española, segun -lo que en aquellos primeros tiempos pudimos entender, otra costumbre -harto áspera, pero no singular en el mundo, y esta fué, que las mujeres -se enterraban con los maridos y señores; las ceremonias ó manera -del entierro, y si vivas ó primero muertas las echaban en cuevas ó -sepulturas, no lo alcanzamos y tampoco lo escudriñamos. Esto sólo fué, -como dije, de los reyes y señores, no de los hombres particulares, la -cual costumbre hallamos asaz entre muchas naciones haber sido celebrada -y muy guardada, y tenida tambien por virtud, y señal de fidelidad, y -castidad observada á sus maridos, y corona de que las buenas mujeres se -arreaban y jactaban. - - * * * * * - -De lo dicho parece que los reyes y señores que hobo en esta Isla, si -mandaban enterrar consigo á sus mujeres ó alguna dellas, no fueron los -primeros que aquesta ley pusieron en el mundo, ni parece haber sido -tan cruel ni más irracional que la que habia en otras partes, ni fué -tampoco en estos reinos general, porque sólo los señores la usaban y no -los particulares, como entre otras muchas gentes por altos y bajos se -acostumbraba, y así en esta parte aquestas, llegarse más cerca de razon -y alongarse más léjos de crueldad que las demas, mostraron. Y si las -mujeres de su propia voluntad, con alegría por morir con sus maridos, -se mataban ó se consentian matar, lo que, como apunté, no averiguamos, -pueden ser alabadas de fieles á sus maridos, y atribuilles corona de -castidad. Todo lo cual no deroga á la buena gobernacion que las gentes -desta Isla tenian, como ni á la de los griegos, si en lo demas era -buena, derogaba, ántes por el contrario en alguna manera la adornaba. - - - - -CAPÍTULO CCIV. - - -Porque las costumbres buenas ó malas de las gentes pertenecen á la -buena ó mala gobernacion, como arriba se dijo, por ende prosigamos -adelante algunas otras costumbres que restan de referir, que los -moradores desta Isla en sus tiempos solian tener. Las mujeres destas -islas, y mayormente desta, era cosa maravillosa con cuán poca -dificultad y dolor parian, cuasi no hacian sentimiento alguno más de -torcer un poco el rostro, y luégo, que estuviesen trabajando y ocupadas -en cualquiera oficio, lanzaban el hijo ó hija, y luégo lo tomaban y -se iban y lavaban á la criatura, y á sí mismas, en el rio; despues de -lavadas daban leche á la criatura, y se tornaban al oficio y obra que -hacian. Lo mismo cuenta el Filósofo en el tractado _De Admirandis in -natura auditis_, que las mujeres Ginovesas hacian, y refiérelo por -maravilla; desto tambien hace mencion Estrabon, en el tercer libro de -su Geografía, y lo mismo cuasi toca de las mujeres de España en alguna -provincia. Tenian tambien de costumbre, cerca de los que enfermaban, -una que juzgábamos entónces los españoles ser bestialísima y apartada -de toda razon, porque ignorábamos el fin que pretendian y lo que usaban -en el mundo otras muchas discretas y políticas naciones; ésta era, -que en enfermando la persona, mujer ó hombre, si estaba muy mala, la -sacaban de casa los parientes y deudos, y la ponian cerca de allí en el -monte; allí le ponian algunos jarros de agua, y otras cosas de comer, -sin que con ella estuviese persona alguna. Creo que la requerian de -cuando en cuando y la lavaban, porque por principal medicina usaban -lavar los enfermos, aunque quisiesen espirar, con agua fria, lo cual, -ó hacian por la continua costumbre que tenian cada hora, estando -sanos, por limpieza lavarse, ó por supersticion, creyendo que el agua -tenía virtud de limpiar los pecados y dar sanidad corporal, como -arriba desto asaz digimos. Debian ponellos apartados en el monte, -porque los enfermos así lo querian, como refieren Solino, cap. 65, y -Pomponio Mela, libro III, capítulo 7.º, de algunas gentes de la India, -conviene á saber, que cuando alguno se hallaba muy viejo ó agraviado -de grande enfermedad, se iba él mismo ó se hacia llevar muy léjos á -lugar apartado y secreto, para morir más sin congoja estando en soledad -y no viendo hijos, ni mujer, ni cosa que pena le diese; y ésto, para -entre gente á cuya cabecera no habian de estar frailes trayéndoles á -la memoria que se acordasen de la pasion de Jesucristo, no era sin -fundamento de prudencia. Podian nuestros indios tener sin éste otros -dos fines ó alguno dellos; el uno el gran miedo que tenian de las -fantasmas de noche, y éstas llamaban hupias, la penúltima luenga, y -hupia no era otra cosa sino el ánima del hombre, porque así llamaban el -ánima, y cuando alguna fantasma les aparecia de noche, con verdad ó que -se les antojaba en la imaginacion, decian que era la hupia, conviene -á saber, el ánima de alguno que á ellos venia; de aquí creíamos -que debia el demonio aparecer algunas veces á algunas particulares -personas, allende los sacerdotes que llamaban behiques, de quien arriba -queda dicho, para los atemorizar, y engañar, y causar algunos malos -prestigios. El otro fin, en sacar los enfermos fuera de las casas y -ponellos en el monte ó apartados de allí, pudo ser aquel que á otras -naciones antiguas movia, ú otro semejante; éste fué para que todos los -que por allí pasasen ó llegasen diesen parecer con qué aquel mal se -curase, si por ventura ellos habian dél sanado habiéndolo tenido. Así -lo cuenta Herodoto de la gente de Babilonia, libro I, conviene á saber, -que tenian una ley sabiamente puesta, por la cual, en cayendo enfermo -alguno lo sacaban luégo á la plaza, para que todos los que allí se -hallasen, y por allí pasasen, diesen parecer sobre aquella enfermedad, -si por caso la habian padecido ó supiesen que otro della hobiera sido -curado, y con qué medicina; y á ninguno le era lícito pasar de donde -hobiese enfermos sin preguntar de qué ó cómo enfermado habian, para -dalles consejo, segun lo que de aquella enfermedad le parecia. Esta ley -ó costumbre, dice Estrabon, libro III de su Geografía, que tuvieron los -Bastetanos, pueblos del Andalucía en nuestra España, y que fué uso muy -viejo de los de Egipto. Algo mejor y más pío era que el que algunos de -la India cerca de sus enfermos tenian: cuenta Herodoto, libro III, que -cuando alguna persona enfermaba, de cualquiera enfermedad que fuese, si -era hombre, los hombres, familiares, y criados, ó deudos suyos luégo lo -mataban, y alegaban que si en él crescia el mal se enflaqueceria, y, -comiendo dél, las carnes dellos se les corromperian, y no aprovechaba -nada que él negase estar enfermo, porque de morir habia, el cual -muerto, con gran fiesta lo comian; y si la enferma era mujer, las -mujeres, criadas, ó sirvientas, ó deudas, lo mismo que los varones -al varon, ellas á ella hacian: á los que llegaban sin enfermedad á -viejos, tambien los mataban, y en convites los comian. Por estas dos -causas, de matar los enfermos y los viejos, entre aquellas gentes se -hallaban viejos por maravilla; todo esto es de Herodoto. Cierto, muy -ajenos de tan crueles bestialidades fueron las gentes inocentísimas -desta Isla, y así, harto ménos bárbara gobernacion que otras naciones -tuvieron, éstas tenian. Otra manera tenian de curar los enfermos los -desta Isla; ésta era, que los sacerdotes ó hechiceros, que arriba -digimos llamarse behiques, les tomaban los brazos desde los hombros, -con ambas manos, estregándolos y soplando, y lo mismo las piernas, y -por todo el cuerpo, cuasi como que con aquel estregar y soplar echasen -el mal fuera, y esto creo hacian entender á la simple gente, y por -ventura decian algunas palabras llamando al demonio, con quien debian -tener hecho pacto. Cerca de los muertos, no supimos más sino que los -enterraban en sepulturas, creo que en el monte, apartados de la casa -donde morian, por el miedo que habian de las fantasmas como se dijo; -por luto se tresquilaban, y esta fué costumbre de los Mylesios y de -otras muchas gentes, como refiere Alexander ab Alexandro, libro III, -cap. 7.º Otras costumbres tenian estos indios no muy limpias, cuanto -al comer, segun la limpieza de que hoy las gentes políticas usamos; -pero sí señalaremos haber tenido algunas gentes las mismas y otras -peores, no nos maravillaremos dellas. Una era, que de los conejos que -cazaban y tenian por nombre hutías, y de las otras cosas vivas, ninguna -cosa de lo que tenian dentro, como eran las tripas, rellenas como se -estaban, ni de lo de fuera sino era el pelo sólo, desechaban; y así -ponian en sus cazuelas las tripas con el estiércol que tenian, sin -lavarlas, donde las cocian con su pimienta y otras yerbas y cosillas -que allí mezclaban, y despues de cocidas las yantaban. Esta, cierto, -por gran suciedad debe ser tenida, y lo es, porque parece que causa -horror y asco naturalmente á la complixion humana; pero si consideramos -los que se mantenian de carnes de serpientes y dragones, animales -tan horribles naturalmente á los hombres, parece que la naturaleza -es aparejada para engendrar mucho más horror y más vehemente asco, y -hacer á éstos excusados. Aquéllos son una gente que llaman los autores -Trogloditas, pueblos de Africa ó de Etiopía; así lo toca la divina -Escritura en el Salmo 73: _Tu confregisti capita draconis dedisti -eum escam populis Ethiopium_: tráelo Herodoto, libro IV, donde dice -que todo género de culebras, lagartos, y de los animales que andan -rastreando por el suelo, comen. A los dragones quítanles ciertas partes -negras, donde saben que tienen la ponzoña, mayormente las lenguas, y -todo lo demas comen sin peligro; desto tambien son testigos Solino, -cap. 44, y Pomponio, libro I, cap. 8.º Cuanto á lo que toca á la -suciedad de comer aquellos rellenos estas gentes, quiérolas más excusar -con otra más sucia obra que hacian mis españoles, porque aprendamos -á no menospreciar nacion alguna por barbáricas costumbres que tenga, -ni pensemos que, por tenellas cuan barbáricas sean, luégo nos deben -sujecion y podemos maltratallas, ántes conozcamos la inmensidad de la -deuda que á Dios debemos en sacarnos con su evangélica predicacion -y doctrina de tanta y mayor ceguedad y barbaridad, y no cesemos de -darle gracias. Cuenta Estrabon, libro III, página 110 de su Geografía, -y Diodoro, libro VI, cap. 9, una costumbre de los españoles, aunque -no de todos, tan vil y tan sucia, que no creo que bárbaro alguno -del mundo tuvo jamás otra tal ni que tanto asco causase, la cual es -esta, y sea referida salva toda honestidad y reverencia: Tomaban de -los orines que estaban muy podridos en las letrinas que llamamos -necesarias, y con ellos los cuerpos se lavaban. Otra era peor y más -abominable, conviene á saber, que con la misma suciedad y estiércol -de los hombres, así podrida y antigua, bien majada, los maridos y las -mujeres se limpiaban muy bien los dientes; porque se vea qué tales -estarian los labios y los carrillos por de dentro, y áun tambien los -paladares: de lo cual escarnece harto Estrabon, y dice que vivian -vida con costumbres brutales y depravadas. De aquí se suelta una duda -que un religioso y varon de mucha bondad tuvo, cerca de los indios -moradores de la provincia de Cumaná, Tierra Firme, cuya vecina era la -isleta de Cubagua, donde solian las perlas pescarse; este religioso, -viendo aquellos indios traer siempre aquellas yerbas, que arriba -digimos causarles una costra muy negra en los dientes, dudaba y decia -que aquella costumbre tan sucia y fea era grande inconveniente para -que aquellas gentes recibiesen el Santo Sacramento del altar, y, por -consiguiente, tenian impedimento para que la fe se les predicase. -Cuanto á lo de recibir el Santo Sacramento decia muy gran verdad, -porque si aquella costumbre despues de la fe recibida les durara, eran -indignísimos de ser absueltos en el Sacramento de la confesion, y -mucho más indignos de comulgar, porque fuera grandísima irreverencia, -é indecencia y crímen muy grande, llegarse con bocas tan sucias al -santo altar; pero, cierto, harto más indecentes y sucias, sin alguna -comparacion, eran las bocas y todos los cuerpos de mis españoles, -lavándose con aquel agua de azahar y limpiando los dientes con aquellos -confites molidos de anís ó de culantro preparado. Y esto supuesto, -podráse bien responder á la duda de aquel padre, lo primero, que no -se les habia de dejar de predicar la fe por aquella y ni por otras -tachas peores que tuviesen; lo segundo, pues que con la predicacion -y doctrina de nuestra santa fe se quitó á nuestros españoles tan vil -y tan sucia costumbre, y más impeditiva de llegarse dignamente al -Santo Sacramento que la de los indios de Cumaná, que tambien, con -la misma fe y doctrina, la suya con el favor divino se les quitara, -si la diligencia debida hobiera habido. Otra costumbre tuvieron los -desta Isla, tan poco limpia, y era que comian los piojos de la cabeza, -porque decian que aquéllos no eran otra cosa sino de su carne y sangre -nascidos, y que por eso la carne y sangre suya se restituian; no fueron -éstos solos en el mundo, porque la tuvieron y tienen hoy los Tártaros, -segun Mustero, en el libro V de su universal Cosmografía, los cuales -se comen los mismos piojos unos á otros, no sólo de la cabeza pero -de cualquiera parte donde los crien, y comiéndolos dicen aquestas -palabras: «Así haré á mis enemigos». Esta costumbre tambien tuvieron -los Budinos, pueblos de Scythia, segun Herodoto, libro IV; de aquella -gente habla Plinio, libro IV, cap. 12. Tenian otro uso nuestros indios, -que parecia vicio, pero no por vicio sino por sanidad lo hacian, y -éste fué que acabando de cenar (cuya cena era harto delgada), tomaban -ciertas yerbas en la boca, de que arriba digimos parecer á las hojas -de nuestras lechugas, las cuales primero las marchitaban al fuego y -envolvíanlas en una poca ceniza, y puestas como un bocado en la boca -sin tragallo, é idos al rio, que siempre lo tenian cerca, les provocaba -echar lo que habian cenado, y despues de lavados volvíanse y tornaban á -hacer colacion; y como todo el comer dellos fuese siempre de dia y de -noche, tan poco y de tan pocas cosas, parece claro que no lo hacian por -glotonía sino por hallarse más ligeros y vivir más sanos. No lo hacian -así algunos, al ménos uno conocí yo, de los nuestros españoles, y áun -era harto persona honrada, del cual se decia que tomaba las mismas -yerbas y hacia el efecto de los indios, por tornar otra vez á cenar. -Destos eran los que por hartar su gula dividieron la tragantonería en -cuatro miembros, en almuerzo, yantar, cena, y comensacion ó colacion -segun decimos; destas cuatro paradas de gula usaban los antiguos -griegos, segun escribe Philemon, y porque la colacion ó comensacion -era más excesiva que la cena, tenian necesidad de vomitar lo que -habian cenado cada hora. Destos tales dijo Séneca, _Edunt ut vomant, -vomant ut edant_, y llamábanse gormadores; desto trata largamente -Celio, libro XXVIII, capítulo 2.º Y así parece cuánta ventaja hicieron -aquellos griegos, y otras naciones tambien del mundo, á éstas en las -glotonerías y excesos execrables de la gula, porque su comida destas, -puesto que luégo de mañana almorzaban y luégo íbanse á trabajar en sus -labranzas ó á pescar, ó á cazar, ó hacer otros ejercicios, despues al -mediodía yantaban, y comunmente lo demas que restaba del dia gastaban -en bailes, y cantos, ó en jugar á la pelota, á la noche cenaban, y á -la postre hacian la susodicha colacion, era, digo, toda esta su comida -tan liviana, que, como ya se dijo arriba, toda era sin encarecimiento -muy poco ménos que la penitencia que hacian en el desierto los Santos -Padres. Comian carne de aquellos animalicos que parecian ratones, -comian pescado de los rios con el pan cazabí, comian por fruta de las -raíces llamadas ages y batatas, que son como quien come turmas de -tierra ó como nabos, aunque harto mejores y de mejor sabor; todo en tan -poca cantidad, que tengo por cierto cualquiera de nosotros comer más -en una comida que dos dellos en cuatro. Las cosas cocidas que comian -eran siempre con mucha de la pimienta que llamaban axí, la última -sílaba luenga, y más comun que otro manjar era cocer mucha junta de la -dicha pimienta, con el sabor de sal y del zumo de la yuca ó raíces de -que hacian el pan cazabí, que digimos arriba servir de vinagre, y esto -comian como quien come berzas ó espinacas bien guisadas. Cazaban los -animalillos dichos quemando los yerbazales y atajándolos muchos indios -juntos dellos, porque no criaban en cuevas como nuestros conejos, sino -en la haz de la tierra entre la yerba. Pescaban con redes muy bien -hechas en los rios, y en la mar los que la alcanzaban, con anzuelos -hechos de huesos de pescados; tambien con flechas á los pescados -grandes; eran grandes y maravillosos nadadores. Tenian sus barcos, como -queda dicho, hechos de un madero cavado que llamaban canoas, donde -cabian 50 y 100 hombres, y destos se usan en todas estas Indias; los -remos son como palas de horno, aunque las puntas agudas y muy bien -hechos. Destos mismos barcos usaban en España los antiguos, en especial -en el Andalucía, segun Estrabon, libro III, y áun de pellejos hacian -los barcos, hasta que vino á España Bruto, de Roma, segun el mismo -dice. Eran muy amigos de sus bailes, al son de los cantos que cantaban -y algunos atabales roncos de madera hechos todos sin cuero ni otra cosa -pegada; era cosa de ver su compas, así en las voces como en los pasos, -porque se juntaban 300 ó 400 hombres, los brazos de los unos puestos -sobre los hombros de los otros, que ni una punta de alfiler salia un -pié más que el otro, y así de todos. Las mujeres por sí bailaban con el -mismo compas, tono y órden; la letra de sus cantos era referir cosas -antiguas, y otras veces niñerías, como «tal pescadillo se tomó desta -manera y se huyó», y otras semejantes, á lo que yo en aquellos tiempos -entendí dellos. Cuando se juntaban muchas mujeres á rallar las raíces -de que hacian el pan cazabí cantaban cierto canto que tenía muy buena -sonada. Era bien de ver cuando jugaban á la pelota, la cual era como -las de viento nuestras, al parecer, mas no cuanto al salto que era -mayor que seis de las de viento; tenian una plaza comunmente ante la -puerta de la casa del señor, muy barrida, tres veces más luenga que -ancha, cercada de unos lomillos de un palmo ó dos de alto, salir de -los cuales la pelota creo era falta. Poníanse 20 y 30 de cada parte, -á la luenga de la plaza; cada uno ponia lo que tenía, no mirando que -valiese mucho más lo que el uno más que el otro á perder aventuraba, -y así acaecia, despues de que los españoles llegamos, que ponia un -cacique un sayo de grana y otro metia un paño viejo de tocar, y esto -era como si metiera cien castellanos. Echaba uno de los de un puesto -la pelota á los del otro, y rebatíala el que se hallaba más á mano, -si la pelota venia por alto, con el hombro, que la hacia volver como -un rayo, y cuando venia junto al suelo, de presto, poniendo la mano -derecha en tierra, dábale con la punta de la nalga, que volvia más que -de paso; los del puesto contrario, de la misma manera la tornaban con -las nalgas, hasta que, segun las reglas de aquel juego, el uno ó el -otro puesto cometian falta. Cosa era de alegría verlos jugar cuando -encendidos andaban, y mucho más cuando las mujeres unas con otras -jugaban, las cuales no con los hombros ni las nalgas, sino con las -rodillas la rebatian, y creo que con los puños cerrados; la pelota -llamaban en su lengua batéy, la letra _e_ luenga, y al juego, y tambien -al mismo lugar, batéy nombraban. Concluyendo con las costumbres de las -gentes desta Isla, segun lo que acaso y no de industria en aquellos -tiempos supimos, y que agora tan tarde nos acordamos, su contar no se -extendia á más de los dedos de las manos y tambien los de los piés, -y así de veinte no pasaba; hasta diez tenía cada número su nombre, -como á uno decian hequetí, la última luenga, por dos decian yamocá, -por tres canocúm, las últimas luengas tambien, por cuatro yamoncobre, -la penúltima luenga, etc.; los otros, hasta diez, se me han olvidado: -si habian de significar once ó doce ó más, juntaban ambas manos, y -apartaban uno ó dos ó más dedos de los piés, y si querian decir veinte, -señalaban piés y manos. Esta simple y corta manera de contar les -bastaba para cumplir con su simplicidad y natural necesidad, como todas -las cosas para la vida necesarias tuviesen presentes y en abundancia, -y no hobiesen de ir á tratar en Flandes como los burgaleses, ni tener -como ellos libros de caja; como bastaba á los Albanos habitadores de -Albania, cerca de Armenia, contar hasta ciento porque no sabian contar -más, segun dice en el libro XI Estrabon. Y ciertamente, ésta y todas -las otras costumbres arribas contadas, tampoco polidas y delgadas -de las gentes desta Isla, ninguna cosa derogaban á su gobernacion -buena, pues tenian en abundancia todo lo necesario á la vida humana, -y vivian en paz y quietud sin hacer daño alguno á nadie, y carecian -de mil abominaciones y abusos irracionales, y no ménos innaturales -y bestiales, como de otras muchas hemos contado. En todo lo cual -queda manifiesta la gran ventaja que á todas ellas hicieron, y, por -consiguiente, con legítima razon les podemos atribuir lo que algunas -veces oí decir (como arriba he dicho) á los nuestros españoles: Que -cuanto á lo natural, y que se podia sufrir sin fe y conocimiento de -Dios, ellos eran bienaventurados. - - - - -CAPÍTULO CCV. - - -Declarada la gobernacion y costumbres de las gentes sin número que -aquesta isla Española habitaban, podríamos lo mismo afirmar de la isla -de San Juan, y de la de Jamáica, y de la de Cuba, y de las muchas -otras que llamábamos de los Lucayos, añadiendo á éstas más simplicidad -palomina, más sosiego y más tranquilidad, porque no parecia en algunas -destas islas, en especial Jamáica y Cuba, y las de los Lucayos, sino -que Adan en las gentes dellas no habia pecado. El oficio que tenian los -reyes destos Lucayos era como el de los reyes de las abejas, el cual -no era otro sino tener cuidado de cada uno de los súbditos, como si -fueran todos hijos de un padre; era mayordomo de todos, tenía cargo de -mandar que hiciesen sus sementeras cuanto al pan, que fuesen á cazar -y á pescar, traíanselo todo y él repartia á cada casa lo que habia -menester para sustentarse. Lo mismo hacia en todas las cosas que les -eran necesarias, mandando á cada persona y personas lo que habia de -hacer, y en qué se habian de ocupar; estos vocablos, mio ni tuyo, no -sabian qué fuese, ni qué querian decir. Con ninguna persona de otras -islas tenian pendencia, ni litigio; la palabra del Rey tenian por ley, -y toda su vida no era sino lo que se dice de la edad ó siglo dorado; -todo esto refiere así Pedro Mártir, cap. II, sétima Década. De las -otras islas, como las de Guadalupe, y Dominica, y otras que por aquel -renglero hácia la Tierra Firme de Paria van á dar, tener sus reyes, y -señores, y regimiento para entre sí se gobernar y conservar, no hay que -dudar, pues todas estaban pobladas y llenas de gentes, y conformes en -el bien político, y tambien para hacer á otros mal, por las razones que -arriba trujimos generales, conviene á saber, que sin justicia, ninguna -sociedad, congregacion, ayuntamiento de gentes, república, ni reino, ni -comunidad se puede, junta y en su ser de ayuntamiento, sin desparcirse, -conservar. Pero las costumbres de las naciones que habitaban, y habitan -hoy en aquellas islas, que á los principios que á estas tierras vinimos -llamábamos caníbales, y agora se nombran caribes, son destas otras que -ya nombramos diferentísimas y muy extrañas, porque, segun es pública -voz y fama desde que aquestas Indias se descubrieron, infestan y salen -de sus propias islas y tierras por hacer guerra á los de otras partes, -islas y Tierra Firme, que viven quietas y en paz sin ofender á nadie, -sólo por fin de los prender y traer para comerlos, como otros van á -cazar venados. A esta corrupcion y bestialidad deben haber venido -por alguna mala costumbre que tomaron de alguna ocasion accidental, -que se les ofreció á los principios cuando lo comenzaron, y de allí -usándolo en ellas se fueron confirmando y corroborando tanto, que -se les convirtió en otra como naturaleza, más que por inclinacion y -complixion depravada ni por el aspecto ni influencia de las estrellas; -porque como todas aquellas islas están debajo de un clima, ó cuasi, -con las destas otras, y las gentes desta, y Cuba, y Jamáica, y de los -Lucayos, sean tan bien acomplixionadas, parece que así lo habian de -ser aquéllas, y, por consiguiente, habian de carecer naturalmente de -costumbre tan mala y tan bestial. Ya queda dicho arriba que por tres -maneras pueden los hombres venir, segun el Filósofo, libro VII, cap. -8.º, en aquel vicio de comer carne humana: ó por tener la naturaleza -corrupta, y perversa complixion desde su nacimiento, y ésta les viene -por la indisposicion de la tierra y destemplanza de los aires; ó por -alguna enfermedad de epilepsia, que es gota coral, ó manía, que es -locura, ú otra enfermedad; ó por depravada costumbre, comenzada desde -la niñez, criándose con personas malas que aquellas corrupciones y -bestialidades usaron. Y así, como estas tierras todas sean tan felices -y templadas, y la clemencia de los aires tan suaves y deleitables, y -las constelaciones que influyen sobre ellas por los efectos conozcamos -ser muy favorables, todo por la mayor parte, como por muchas razones -queda en algunos capítulos arriba persuadido, y áun quizá probado, -por ende parece que no debieron incurrir en aquel vicio bestial sino -por costumbre originada y principiada en alguna particular persona ó -personas que hobiesen caido en alguna enfermedad, ó por alguna gran -hambre que hobiese acaecido que los constriñese á comer carne humana, -como muchas veces ha en el mundo acaecido, y nuestros españoles lo han -hecho en estas Indias y en España, segun abajo parecerá, ó por otra -semejante ocasion accidental; ó tambien pudo ser que alguno ó algunos -naciesen con alguna perversa inclinacion y desordenada complixion -diferente de todos los otros, como, errando la naturaleza suelen nacer -los monstruos, que por acaecer muy raro, como de cosa muy nueva y -pocas veces vista, nos maravillamos. De aquestos principios y orígenes -accidentales y raros se puede haber tan mala costumbre derivado, y por -las islas y partes de Tierra Firme, donde se dice aquel vicio usarse, -que de las islas á Tierra Firme, ó de Tierra Firme á las islas, se -haya pegado; finalmente, se hobo entablado, multiplicado y corroborado -sin infamia de los cuerpos celestiales, ni de la clemencia de los -aires, ni del sitio y disposicion de las tierras, ni tampoco de las -complixiones de las gentes, _á toto genere_, y en universal y por la -mayor parte hablando. Las partes de Tierra Firme, donde se ha dicho por -nuestros españoles que comian carne humana, son en algunos lugares, no -en muchos, de hácia y encima de la costa de Paria, y en la tierra del -Brasil, que es la costa adelante hácia el Levante, y en las provincias -de Popayan y otras por allí; tambien por la provincia de Guatemala, -la gente que llamaban los Achíes que por las sierras habitaban; en -la Nueva España no la comian tan de propósito, segun tengo entendido, -sino la de los que sacrificaban como cosa sagrada, más por religion -que por otra causa. En otras muchas é infinitas partes érales cosa -horrible y abominable, como las gentes de la Florida, que llegando los -españoles, que fueron en el desastrado é infelice viaje y conquista, -segun ellos llaman de Pánfilo de Narvaez, á tanto extremo de hambre, -que se comieron unos á otros, viéndolos los indios, de tal manera se -escandalizaron, que si lo vieran al principio, como lo vieron al cabo, -sin duda los mataran, y fuera para otros muchos dellos que habia por -allí vivos mucho daño. Así lo dice Cabeza de Vaca que fué uno dellos, -en su triste itinerario, puesto que no supe si él comió tambien de la -carne humana; y dice que muchos se comieron unos á otros hasta que uno -sólo quedaba, y, como era solo, no habiendo quien lo comiese escapaba: -cuando alguno se moria, el otro ó los otros le hacian tasajos, con -que lo que les duraban se sustentaban. Lo mismo cuenta Estrabon, -libro IV de su Geografía, que acaeció en Francia y en España estando -cercados, haber comídose unos á otros: _In obsidionalibus quoque -necessitatibus idem factitasse Galli et Hispani aliique complures -dicuntur_; y habla de las islas de Inglaterra é Hibernia, cuyas gentes -dice ser _Andropophagi_, que quiere decir comedores de carne de -hombres, y llámalos _manducones magni_, tragones grandes de hombres: -_Andropophagi, id est, hominum carne vescentes manduconesque magni._ -Aunque parece atribuirlo segun algunos á los de Hibernia, que está -junto con Inglaterra, pero San Gerónimo, en el libro II contra Joviano, -parece declararlo, donde afirma que siendo él mancebo vido comer carne -humana á los de Escocia (que son ingleses, porque la que agora llamamos -Inglaterra y Escocia no son dos sino sola una Isla, puesto que agora -está repartida en dos reinos y tenga dos reyes): y añade San Gerónimo -más; que las nalgas de los pastores, y los pezones de las tetas de las -mujeres, tenian por más sabrosos y estimaban por sus deleites. Los -Masagetas ningun término tienen de vida, porque, cuando alguno llega á -muy viejo, júntanse sus parientes y con otras bestias lo sacrifican, -cuyas carnes despues de cocidas las comen y hacen gran fiesta, y -este género de muerte tienen por dichosísimo; á los que mueren de -enfermedad, porque los tienen por desdichados en no haber merecido ser -sacrificados, no los comen sino entiérranlos: esto dice Herodoto al fin -del libro I. Y aunque algunas naciones usaron comer carne humana, pero -la fuente de toda esta bestialidad fueron los Scythas, y por ventura -naciones algunas dellos vinieron á poblar parte desta Tierra Firme, -de donde se pegó y cundió á las gentes que por acá la tuvieron esta -pestilencia. Dellos dice Estrabon, libro IV y libro VII, que les fué -costumbre propia comer carne humana: _Atqui commanducandorum hominum -morem Scytharum esse traditur_; más agravia y encarece Solino, cap. 25, -este vicio reinar en los Scythas que otro alguno de los escritores, -porque dice dellos ser impía gente, por tener por manjar las entrañas -de los hombres, y que, por temor de no ser comidos dellos, muchas -gentes de sus al rededores huyeron á otras lejanas tierras, por manera -que habia muy grandes despoblados y desiertos inmensos, por huir -dellos, y lo mismo dice en el cap. 63, donde los llama gente aspérrima; -Pomponio Mela, libro II, cap. 1.º, y libro III, cap. 6.º, hace tambien -mencion dellos. La gente llamada Chalybes, que vive ó vivia en Ponto, -region de Asia la Menor, y fueron los que primero hallaron el hierro, -segun aquello del Virgilio: - - _India mittit ebur molles sua thura Sabei_ - _Et Chalybes nudi ferrum, etc._ - -estos, dice Solino, no discrepar de los Scythas en ser crudelísimos, -donde dá á entender ser antropófagos, comedores como ellos de carne -humana; y dice más abajo, que entre los antropófagos comedores de -carne humana, se numeran los Essedones, que de los mismos manjares -se gozan, los cuales tienen una costumbre, que en la muerte de sus -padres, juntados todos sus deudos y parientes, cuando los llevan como -á enterrar, van cantando y regocijándose y con sus propios dientes los -hacen pedazos á bocados, y juntas aquellas carnes con otras de animales -cómenlas haciendo gran convite y fiesta, solamente la cabeza desollada -ó el casco della cubren de oro, y usan della para beber sus bebidas -como de taza ó de copa. Herodoto dice, libro IV, que la tal cabeza ó -casco della dorada tienen por ídolo del padre, y cada año le hacen -sacrificios y ceremonias; y más adelante por aquel libro, dice de los -Melanchlenis, que son pueblos septentrionales, y se llaman así porque -siempre andan vestidos de cosas negras, que comen carne humana. Cierta -gente de la India, que se llaman de Callacia, comen tambien los padres, -segun Herodoto, libro III; y segun Solino, cap. 45, y Pomponio Mela, -libro III, cap. 7.º, no sólo á los padres, pero tambien á los otros -propincuos: y comiendo de sus entrañas hacen gran fiesta, y esto no lo -estiman por crímen, sino por obra de piedad que obran con ellos. Cuenta -Munstero, en el libro V de su Cosmografía universal, que la gente de la -isla Java, que es en la otra mar de Asia la Mayor, solia, cuando veian -los padres muy viejos y que ya no habian provecho dellos, sacarlos al -mercado y vendíanlos á los que allí venian que acostumbraban comer -carne humana, los cuales luégo allí en su presencia los mataban y los -comian como manjar bien sabroso. Refiere asimismo de los Tártaros, -que los cuerpos de los enemigos que cautivan en las guerras, para -mostrar su cruedad, de la cual se jactan, y la venganza que dellos -desean tomar, los asan en un asador al fuego, y, ayuntados muchos para -los comer, con los dientes como lobos los despedazan y así los comen, -habiéndoles bebido primero la sangre. Mucho cruel bestialidad es ésta; -no sé si los caribes destas tierras que della están inficionados pueden -llegar á más ni á tanto, puesto que, si es verdad todo lo que dellos -los nuestros dicen, no es en ellos chica sino grande, sólo quiero que -cojamos de aquí, que no fueron estas gentes solas en este pecado, y que -así como Cristo y su Santa Iglesia á las otras no menospreciaron, y -con la predicacion de la fe aquellos vicios dejaron, como dice Eusebio -y abajo se mostrará, por la misma manera nosotros á éstas no debemos -menospreciar, considerando que quizá tiene la divina Providencia entre -ellos muchos y muy muchos predestinados, que sin alguna duda tiene al -fin de salvar. Y en cuanto á lo que toca al principal propósito que -traemos de la gobernacion, sintamos tambien que aquellas costumbres -corruptas en los que las padecen no derogan, como ni á las antiguas y -modernas de otras partes, á saberse bien gobernar. - - - - -CAPÍTULO CCXLII. - - -Pasadas estas provincias de Guatemala y de la Vera Paz y el reino de -Yucatan, que está en sus espaldas, síguense las que llamamos de Gracias -á Dios y Comayagua, y el valle de Ulancho, y Zula, y Naco, yendo hácia -el Oriente por la tierra dentro, entre las dos mares, y hácia la mar -del Sur la felicísima provincia de Nicaragua, y á la del Norte la de -Honduras y Veragua; y puesto que cuando hablábamos arriba del reino de -Mechocan, digimos que habíamos entendido en la provincia de Honduras -y Nicaragua se elogian ciertos jueces para que gobernasen tantos -meses, debia ser algun pueblo, ó por ventura nos fué aquesto no muy -averiguado. Finalmente, como ya hemos en algunas partes dicho, todas -las Indias parece haber tenido el regimiento real, muy pocas partes -sacadas, y así creo ser averiguado en todas las provincias y reinos -agora nombradas, y las de Tierra Firme desde Paria, Cumaná, Venezuela, -y Santa Marta, y Darien, y el Cenú, y la tierra dentro las provincias -de Popayan, y, sin haber duda alguna, el Nuevo Reino de Granada, que -llamaban en aquella lengua Bogotá, la última sílaba aguda. Todas estas -provincias y reinos tenian sus reyes y señores, á quien obedecian los -pueblos que por señores los reconocian, de cuya manera de gobernacion, -como fueron acabados presto, al ménos los de ambas á dos costas ó -riberas de la mar, yendo de Guatemala por el Oriente hasta Panamá y -Nombre de Dios, y tambien por no haber habido en aquellas provincias -religiosos que para predicalles aprendiesen sus lenguas, los cuales -solos son los que saben y penetran sus secretos, tener noticia no -pudimos; de algunas costumbres cuasi comunes á todos, ó al ménos á -muchos de los que de personas seglares oimos, podemos algo decir. Todas -las gentes, desde Nicaragua hasta el Darien, que eran infinitas, que -hay más de 400 leguas de tierra, andaban desnudos, cuanto á los hombres -todos los cuerpos, sus vergüenzas algunos traian metidas, los pobres -y gente comun, dentro de unos caracoles, otros en unas calabacillas, -otros atadas con unos cordelejos, sumidas todas dentro de las tripas ó -de la barriga, que cuasi cosa dello no parecia, otros en unos embudos -de oro muy bien hechos; las mujeres, desde la cinta abajo, traian unas -faldillejas de algodon hasta la media pierna y más algo, como digimos -de las mujeres que en la Española vivian: las doncellas andaban del -todo, hasta ser casadas, desnudas. Los señores en algunas partes se -vestian unas camisetas de algodon, sin mangas hechas, no muy bajas de -la rodilla. Todos ellos y ellas se adornaban las orejas de zarcillos -tan grandes como manillas, y las narices y los pechos con unas águilas -y collares como medias lunas; joyas de oro cuantas ellos podian haber -traian. Usaban traer los cabellos luengos, pero tranzados y vueltos -para las frentes, como las mujeres de Castilla, y otros ceñíanlos -por el colodrillo; poníanse tambien coronas, y guirnaldas, y unos -brazaletes y patenas de oro muy finos; poníanse en las gargantas de -las piernas y brazos muchas sartas de cuentas de huesos de pescados -y algunas de piedras, las señoras traian una pieza grande de oro, á -manera de peto, señalados en ellos sus pechos y tetas. En las guerras, -los hombres traian sobre sí todas sus más ricas joyas, venian pintados -los cuerpos y gestos de bixa, como digimos de los desta Isla, que es -color bermejo; peleaban con piedras los que iban á la delantera, y -lanzas y dardos tostadas las puntas, y macanas, y arcos, y flechas; -sonaban cornetas de caracoles grandes, y daban grandísimos alaridos -que hacian temblar las carnes á sus enemigos, y aunque en las guerras -eran valentísimos y osaban morir, pero todavía amaban y deseaban -la paz y posesion de sus casas y haciendas. Cuando los señores y -caciques se casaban, guardaban estas ceremonias: Enviaba sus capitanes -y principales hombres por mensajeros al padre de aquella que habia -elegido por esposa, rogándole de su parte que tuviese por bien de -darle su hija por mujer y compañera para cuanto durase la vida, el -cual se la llevaba luégo con gran fiesta y compañía. En otras partes -de por allí enviaban presentes algunos, de caza ó de otras comidas; -acostumbraban algunos otros que despues que el padre de la moza la -concedia, venia el que la deseaba con sus capitanes y compañía á casa -del suegro, y allí concertaban el dote que le habia de dar con ella; -luégo el esposo volvíase á su tierra, de donde por un mes entero le -enviaba un presente cada dia; pasado el mes, volvia muy acompañado á -recibilla, dentro de un apartado ó retraimiento en que se habia criado -y estado encerrada desde niña, sin ser vista, porque ninguno la veia -sino eran unos niños que la llevaban la comida; el suegro dábale lo que -por dote le habia prometido, y cada uno de sus deudos tambien le daba -sus dones segun podia: cortábanles los cabellos por las orejas en señal -de la libertad que en casarse perdia. Pero la gente comun tenía de -costumbre de servir en sus labores un año al padre de la que por mujer -queria, de la manera que Jacob sirvió á Laban por sus hijas Rachel y -Lya; cumplido el año, era ley que luégo se la entregase por pago de su -servicio. Díjose que los señores y los súbditos podian tener cuantas -mujeres con su hacienda ó trabajos sustentar pudiesen. Fuera de madre y -hermana, todos los demas deudos casarse tenian por lícito. Parian las -mujeres cuasi sin ningun dolor, y luégo que acababan de parir se iban -al rio y lavaban á sí é á lo que habian parido. Cerca de los difuntos, -sepultura y entierros, guardaban los ritos y ceremonias siguientes: -Cuando el Rey enfermaba, luégo hacian consultar los sacerdotes ó -hechiceros á sus oráculos, que no eran otra cosa sino los demonios -con quien tenian hecho su pacto y concierto, y si se le respondia -que era enfermedad por la cual habia de fenecer la vida, la mitad de -todas sus joyas y riquezas de oro echaban en el rio cuasi por ofrenda -y sacrificio al agua, que quizá veneraban, ó al dios en que, segun su -opinen, creian. Ya se dijo arriba cómo por mucha parte de las tierras y -provincias de que vamos diciendo adoraban á un solo Dios, que llamaban -Chicuna, que quiere decir principio de todo, que moraba en el cielo, -á quien ocurrian en todas sus angustias y necesidades y ofrecian sus -sacrificios; así que, puede colegirse, que aquella mitad de las joyas y -riquezas ofrecian al principio de todo, que tenian por Dios del cielo, -para que los guiase por su camino. La otra mitad de sus riquezas, -despues que espiraba, con él junto en la sepultura la ponian; hacian -grandes llantos y lamentos cuando el cuerpo metian en la sepultura, -que era, segun dicen, como un silo hueca, hecha encima de las puntas -de los cerros. Heredaba el estado y señorío el hermano y no los hijos, -y por ventura, cuando faltaba hermano, heredaban los sobrinos hijos -de las hermanas, por la incertidumbre que habia de que fuesen los -hijos propios hijos. Esta costumbre tenian las gentes moradoras de -la provincia de Panamá, que agora es puerto del Perú en la mar del -Sur. En otras provincias de la misma tierra que llevamos en la mano, -hacian en los entierros de los señores lo dicho, y añadian enterrar ó -echar con ellos en las sepulturas las mujeres y personas, sirvientes -llamadas, vivas, para que le acompañasen por el camino y sirviesen, y -no les faltase compañía en la otra vida; poníanles tambien mucha comida -y vinos de lo que beber solian. Ponian una estaca de árbol sobre la -punta del sepulcro para señal, que se hace gran árbol en breve dias. -Tornados á casa, sus parientes y amigos se cortaban los cabellos por -luto y tristeza; duraban los llantos y obsequias un mes entero, á cabo -del cual, juntos todos los principales del pueblo, alzaban por señor al -mayor hijo. En otras partes, como en la provincia del Darien, hacian -lo mismo en los entierros de sus señores, pero envolvian los cuerpos -con todas las joyas de oro en unas hamacas hechas de tela de algodon -tejida, que se ponian en el aire (como desta isla Española se dijo, -puesto que las desta Isla no eran de tela sino de hilos torcidos), y en -torno de la hamaca, donde él estaba envuelto, ponian sus armas con que -salia á las guerras, y si era hombre ó persona plebeya, poníanle los -instrumentos del oficio de que vivia. Poníanle tambien mucha comida, -y bebida y cosas de bastimentos; vueltos á casa, los vivos, hacian -grandes meneos y cantos proporcionados á los muertos, y tristes, como -acá hacemos las honras á los que se nos mueren. En aquellos cantos -refieren con lástima los esfuerzos y valentías que habia hecho en -las guerras, y buenas obras en la paz, miéntras vivia; levantaban -por señor al hijo mayor, con todo el poder, dignidad y autoridad que -el padre tenía. Estas obsequias, ó cantares lúgubres, ú honras, como -los cristianos hacemos los aniversarios, estas gentes por todo un -año diz que hacian. Otras gentes de otras provincias desta tierra de -que referimos, cuando el señor cercano á la muerte se sentia mandaba -juntar todos los suyos, para que en su presencia alzasen por señor á su -hijo; despues de muerto llorábanlo terriblemente, y envolvíanlo en sus -propias mantas de algodon, y, liándolo con ciertas cuerdas, poníanlo -en unas parrillas hechas de madera, y debajo encendian fuego manso y -suave, para que poco á poco se le consumiese todo lo que habia en él -húmedo y así quedase todo enjuto y seco; durante aqueste artificio, -cantaban sus endechas de muertos muy tristes, refiriendo las miserias -desta vida, y cuán vil cosa es el hombre pues al cabo aunque suba en -gran prosperidad, y honra, y riquezas, viene la muerte que de todo -le priva. De allí llevábanlo con los mismos cantos de tristeza y -menosprecio del mundo á meter en la sepultura, con todos los esclavos, -que allí ahogaban primero, para que fuesen á servillo; quemaban luégo -las armas suyas y todas cuantas cosas para su servicio tenía, por no -acordarse dél cuando las viesen. Comun fué aquesta costumbre de enjugar -los cuerpos de los muertos al fuego, para que se perpetuasen sin del -todo corromperse, á muchas gentes por muchas provincias de aquesta -tierra. En una provincia della hobo un gran señor llamado Pomogre, muy -nombrado los tiempos pasados, cuando los españoles entraron en ella á -los principios, lo uno por ser valeroso y esforzado de su persona, y lo -otro, y principal, porque de oro era muy rico; éste, sabiendo una vez -que un capitan llamado Vasco Nuñez de Balboa iba en su busca, salióle á -recibir con siete hijos, y, recibido con grande alegría en su pueblo y -casa, comenzóle á mostrar todo cuanto tenía. Su casa era de tan extraña -grandeza, que los cristianos admirados, queriendo medirla, hallaron -que tenía de largo 150 pasos, y de ancho más de 80; era de madera muy -bien hecha y de paja cubierta. Dentro de una sala que estaba en medio -vieron gran número de cuerpos de muertos, secos, colgados de la cumbre, -todos con las joyas y atavíos de oro que siendo vivos en las partes de -sus cuerpos traer solian; todos eran los reyes antecesores de aquel -señor Pomogre. Por manera, que como en otras partes, con bálsamo y -especies aromáticas, sin corrupcion se conservaban los cuerpos muertos, -así aquellas gentes los conservaban con aquella industria de fuego. -Dió de su voluntad este señor á los cristianos 4.000 pesos de oro, -que en aquel tiempo, ántes que el Perú se descubriese, que ha causado -ser poco cuanto oro hay en el mundo, era mucho. Y es bien decir aquí, -aunque fuera de nuestro propósito presente, lo que en presencia del -dicho señor hicieron los cristianos sobre la partija, los cuales, -sobre si luégo allí el oro se partirian, ó lo llevarian para despues -por partir, comenzaron, con palabras recias y meneos, turbados á reñir; -entendiéndolo el hijo mayor de los siete que el señor habia traido -consigo, pone los ojos en el capitan y comenzó á decirle: «Maravillado -estoy, valiente capitan, del mucho caso que de tan poca cosa haceis, -habiendo llegado á punto de os perder como si yo viera que venian -enemigos contra enemigos; si deste oro mucha gana teneis, la cual veo -que no sólo os fuerza á la destruccion destas nuestras tierras, pero -áun á la de vosotros mismos, yo os llevaré á la region de Tubanamá, -donde hartareis vuestra codicia de grandes riquezas; pero sabed que -para llegar allá habeis de pasar por tierra de fieros caribes que comen -carnes humanas, y si vuestra ventura y esfuerzo fuese tal, y trajésedes -1.000 cristianos para que pasásedes á otra gran mar mayor que este -nuestro Océano, mi padre y yo os ayudaríamos con todo lo que pudiésemos -para poner en efecto lo que deseais», etc. Todo esto escribió un -español llamado Tobilla, el cual, segun afirma, hizo diligencia para lo -saber. Contentóse muy mucho destas nuevas Vasco Nuñez y sus compañeros, -y desde allí comenzó á tratar de buscar la mar del Sur, y así fué el -primero que la descubrió el año de 1513, al principio del mes de Junio. - - - - -CAPÍTULO CCXLIII. - - -Tenian todas las gentes destas provincias que vamos contando muchas -maneras de bailes y cantares; costumbre muy general en todas las -Indias, como tambien la hobo en todas las naciones antiguas, gentiles y -judíos, segun arriba largamente queda explicado. Todas las veces que el -señor de la provincia ó del pueblo casaba su hija ó hijo, ó enterraba -persona que le tocaba, ó queria hacer alguna sementera, ó sacrificar, -por grande fiesta mandaba juntar los principales de su tierra, los -cuales, sentados en torno de una plaza y sino en lo más ancho de su -casa, entraban los atambores, y flautas, y otros instrumentos de que -usaban; luégo tras ellos allegábanse muchos hombres y mujeres adornados -cada uno con las mejores joyas, y si se vestian de algo, al ménos las -mujeres, con lo mejor que alcanzaban: poníanse á las gargantas de los -piés y en las muñecas de las manos sartales de muchos cascabeles, -hechos de oro y otros de hueso. Si andaban todos desnudos, pintábanse -de colorado los cuerpos y las caras, y, si alcanzaban plumas, sobre -aquellas tintas se emplumaban, de manera que lo que la justicia entre -nosotros dá por pena á las hechiceras ó alcahuetas tenian ellos por -gala: todos al son de sus instrumentos musicales cantaban unos y -respondian otros, como los nuestros suelen hacer en España. Lo que -en sus cantares pronunciaban era recontar los hechos, y riquezas, y -señoríos, y paz, y gobierno de sus pasados, la vida que tenian ántes -que viniesen los cristianos, la venida dellos, y cómo en sus tierras -violentamente entraron, cómo les toman las mujeres y los hijos despues -de roballos cuanto oro y bienes de sus padres heredaron y con sus -propios trabajos allegaron. Otros cantan la velocidad, y violencia, y -ferocidad de los caballos; otros la braveza, y crueldad de los perros, -que en un credo los desgarran y hacen pedazos, y no ménos el feroz -denuedo y esfuerzo de los cristianos, pues, siendo tan pocos, á tantas -multitudes de gentes vencen, siguen y matan: finalmente, toda materia -que á ellos es triste y amarga la encarecen allí representando sus -miserias y calamidades. En algunas partes, tras aquellos entran otros -armados, con grandes alaridos, como si rompiesen por alguna batalla, y -arrebatan las mujeres que mejores les parecian en el corro, y salidos -fuera estaban con ellas el tiempo que querian, sin ser parte los -maridos para estorballo estando presentes, aunque fuesen los propios -señores, por no quebrantar tan loable costumbre; por manera que, áun -hasta en las burlas, las armas daban para pecados no chica osadía. Esto -era imágen de las Bacchanalias feísimas que los romanos y otras gentes -hicieron, y áun que quizá hoy hacen algunas, como arriba digimos; -aunque estos destas naciones con mucha ventaja no fueron tan feos y -deshonestos como aquellos, como arriba bien claro parece. Cansados de -bailar, y cantar, y de referir y llorar sus duelos, sentábanse á comer -en el suelo donde tenian aparejadas sus pobres comidas, por mucho que -las quisiesen hacer espléndidas, porque todo cuanto los indios quieran -juntar, es todo laceria comparado á nuestros excesivos y desaforados -banquetes; eran gallinas, ó venados, ó conejos, ó pescados de mar ó -de rios, segun de la una parte ó de la otra están más cerca, y éstos -asados ó cocidos, y no haciendo dellos tan esquisitos y superfluos -manjares como nosotros hacemos. Y si la comida duraba dos y tres -horas nunca ni una sola vez bebian, sino, despues de hartos, venia la -bebida, la cual era vino hecho de mahíz que para emborrachar tiene -harta fuerza; ésta era traida en vaso de oro, quien lo tenía, y tambien -de ciertas calabazas muy más hermosas y útiles que las nuestras, que -los desta isla Española llamaban hibueras, y los de la Nueva España -xicaras: bebian hasta no poder más ó que se acababa el vino aparejado -y se vaciaban las vasijas. Dicen que se bebian unos á otros, como -nuestros flamencos, y áun nuestros españoles que fácilmente toman las -costumbres ajenas, no tienen mucho empacho de hacerlo, porque cuando -afeáremos los defectos destas gentes escupamos al cielo. En aquellas -bebeduras ó borracheras, despues de bien cargados, consultaban y -determinaba la justicia ó el aparato de las guerras, y las otras -cosas graves que se debian hacer, si es verdad lo que un español, -que arriba dije llamarse Tobilla, de la gente destas provincias por -escrito refiere; y, porque desto hace muchos ascos, acordémonos que los -alemanes y otras naciones que arriba nombramos, despues de muy llenos -de vino, hacian lo mismo. En toda la tierra y en sus provincias, que en -el precedente capítulo y en este corremos, ó en la mayor parte della, -el sobredicho ni otro alguno dijo de las gentes que en ella vivian que -tuviesen alguno de los tres defectos que de otras se afirman, conviene -á saber, comer carne humana, ni sacrificar hombres, ni el pecado de -sodomía; solamente dice Tobilla, que ciertos españoles hallaron en -cierto rincon de una de las dichas provincias tres hombres vestidos -en hábitos de mujeres, á los cuales por sólo aquello juzgaron ser de -aquel pecado corrompidos, y no por más probanza los echaron luégo á -los perros que llevaban, que los despedazaron y comieron vivos, como -si fueran sus jueces. Pues bien pudo ser que aquellos no sirviesen -de aquello, sino, por no ser para mujeres, fuese costumbre usada -entre aquellas gentes que tomasen vestidos femíneos, para dar noticia -de su defecto, pues se habian de ocupar en hacer las haciendas y -ejercicios de mujeres, como algunas naciones hicieron; segun arriba -dejamos dicho; y podemos estar ciertos que si hobiese más nueva de ser -maculadas más gentes de aquesta tierra de aquel vicio y defectos, que -nunca lo callaran los españoles ni lo dejara de escribir Tobilla. - - - - -CAPÍTULO CCXLIV. - - -Dejemos ya la tierra y provincias que habia desde que dimos fin á la -relacion de las costumbres de las gentes que habitaban en el reino de -Guatemala, y de la Vera Paz, y las comarcanas hasta el Darien, las -cuales poco más ó poco ménos entre sí diferian, y tomemos la costa -de Paria y lo que se sigue por ella hasta que tornemos á juntarnos -con el mismo Darien, ó con las provincias cercanas dél, las cuales -todas no mucho en las costumbres difirieron; de donde podemos argüir -las que las demas por la tierra dentro tener pueden. Puesto que como -haya tan infinitas gentes y diversas lenguas y diversas regiones, -y debajo de aspectos diversos y constelaciones ó influencias que -inclinan los hombres á obrar bien ó mal, aunque no fuerzan ni son -causa eficaz de las elecciones, quedando siempre la libertad del -libre albedrío exenta, necesario es que haya diversas costumbres; las -de Paria, pues, y Cumaná, y Chiribichi, y por allí abajo, á lo que -tenemos entendido, tenian las siguientes: Cuanto á la gobernacion, -ésta era de uno como de las otras partes habemos dicho, porque en -cada pueblo gobernaba un señor, y quizá en cada provincia principal -señor uno era; la manera de gobierno en particular ni las leyes con -que se regian, aunque algun tiempo estuve en aquella tierra, no lo -procuré aunque pudiera. Todos andaban desnudos, metidas solamente sus -vergüenzas en unas calabacitas, ó encogidas dentro de las barrigas, -por las atar con ciertos hilos como de otros se dijo. Las mujeres -tambien cubiertas con las medias faldillas de algodon, de que ya -tratamos arriba; cortábanse los cabellos hasta el medio de las orejas, -y por hermosura se horadaban las orejas y las narices, donde ponian -ciertas piezas de oro, ó hechas de las ostias de las perlas, que más -que el oro las precian. En las guerras, de todo cuanto tienen de oro -(aunque por aquí hasta más abajo poseen poco) se atavian; son en ellas -diligentísimos y agilísimos, peleaban con arcos y flechas con yerba -mortífera, y en acertar los tiros son certísimos. Desque llegan los -muchachos á diez ó doce años, traen todo el dia, si no es cuando beben -ó comen, en la boca dos bocados del tamaño de una nuez de las hojas -de un árbol que llamaban hay, como de arrayan, uno en el uno y otro -en el otro carrillo, las cuales, cierto, son las hojas que en el Perú -llaman coca, que en tanto precio segun es notorio las estiman. Estas -hojas les fortifican los dientes y muelas de tal manera, que nunca en -toda su vida se les pudren ni sienten dolor en ellas, pero páranles -toda la dentadura como una azabaja muy negra. Por injuria llaman á -los españoles muchachos y mujeres, por verlos que se precian tener -blancos los dientes, lo mismo nos atribuyen por tacha que traemos las -barbas crecidas, llamándonos bestias fieras. Tienen sus heredades -de aquellos árboles por mucha órden puestos, como ponemos nuestros -olivos, los cuales curan y cultivan con suma diligencia, y todos de -regadío; cercaba cada uno su heredad de aquellos árboles, con su -valladar, solamente dejando tanto abierto, para puerta, cuanto hilo de -algodon puede tener un hombre ceñido. Tenian por gran sacrilegio, si -alguno entrase y pisase la heredad de su vecino, teniendo por cierto -que como violador de cosa sagrada habia de perecer presto. Para que -destas hojas puedan gozar las gentes de la tierra dentro, que no las -tienen, hácenlas polvos, y, porque duren sin corromperse mucho tiempo, -hacen cierta cal de ciertos caracoles y almejas que se crian en una -sierra, la cual con el polvo de las hojas mezclan; esta cal, poniéndola -en los bezos, alguno que nunca se la haya puesto, se los para tan -duros como suelen tener las manos de callos los que cavan con azadas -continalmente, pero los que lo acostumbran no sienten aquella dureza; -estos polvos mezclados desta manera guardan en ciertas cestillas -de cañas ó carrizos muy bien hechas, para los mercaderes que á sus -mercados con oro ó joyas de oro hechas, y con mahíz, su trigo, y con -esclavos, á comprallos y conmutallos, para sanidad, conservacion y -perpetuidad de sus dientes, vienen. Tienen de noche sus velas de trecho -en trecho, los cuales, como pregoneros, dan voces y responden los más -propincuos con diligencia, porque se entienda que no se han dormido; -preguntados que por qué ponen en se velar tanta solicitud, dicen que -porque no los hallen sus enemigos desapercibidos. El tiempo que más -calor hace (puesto que allí hace poco siempre, ántes hace lo más del -tiempo fresco), lávanse ántes, y cuando más templado despues del sol -salido, cada dia. Untanse tambien muchas veces por gentileza con cierto -ungüento (por ventura es lo que en la Española se llamaba bixa), y -sobre ella ponen muchas plumas de aves como en nuestra España, como -ya digimos, se hace por justicia á las alcahuetas. Entre ellos, aquel -se tiene por más poderoso y más noble y caballero que más canoas ó -barcas alcanza, y más parientes ó deudos tiene, y que mayores hazañas -sus pasados hicieron. Cuando alguno injuria ó hace algun daño á otro, -siempre trabaja de se satisfacer de su enemigo. Presumen mucho de sus -arcos y flechas por la yerba ponzoñosa que para ellas tienen, la cual -se conficiona y compone de aguijones de avispas, y de cabezas de cierta -hormigas, y de ciertas manzanillas, y de zumos de yerbas, y de leche -de cierto árbol, y de otras cosas mortíferas; y no todos saben hacer -ni hacen la dicha yerba sino solas unas mujeres viejas, las cuales -á ciertos tiempos encierran, forzadas y aunque les pese, que nadie -trate con ellas, y dánles todos los materiales de ponzoñas de que se -compone la yerba. En dos dias hacen y cuecen su mortífero ungüento, y -hecho abren la puerta de la casa los de fuera, y si hallan las viejas -sanas, que no estén cuasi muertas, castíganlas dándolas pena, porque no -hallar las viejas cuasi muertas no tienen la yerba por buena, porque -de sólo el olor que las que la hacen reciben, para ser bueno, han de -quedar cerca de muertas, y por tanto aquélla la echan por ahí como cosa -sin provecho. Cualquiera que es herido della, muere cuasi rabiando -cuando comienza á obrar; miéntras no beben (porque causa gran sed), -está como suspensa su virtud algun tiempo, y áun acaece veinticuatro -horas, en bebiendo, luégo el herido rabia: nuestros españoles ningun -remedio saben ni tienen, los indios sí. Nuestros religiosos que allí -conversaron algunos años, vieron muchos indios della heridos, porque -riñen entre sí muchas veces, pero ninguno della vieron muerto sino -una mujer que no quiso sufrir la cura porque debe ser quizá penosa; -los demas acuden luégo al remedio, y por eso ninguno muere. Mucho han -trabajado los españoles por saber de los indios la contrayerba, pero -nunca lo han podido sacar dellos. Los heridos de la yerba, puesto -que no mueran, viven la vida despues muy trabajosa, porque se han de -guardar de muchas cosas de ántes agradables; lo primero han de ser -continentes al ménos por dos años, del vino toda la vida, y de comer -demasiado sino solamente lo necesario, y de los trabajos, porque si -no se abstienen de lo dicho mueren presto. Cuando navegan, va uno en -la proa de sus barcos, que llaman en aquella lengua pyragua, la media -sílaba luenga, que deja de andar y vuela, el cual va cantando, y al -son de su voz todos los remadores, sin discrepar un punto, reman. -Las mujeres miéntras son mozas y jóvenes, son y viven bien honestas, -despues que son mayores no tienen tanta constancia. Las mujeres, así -como los hombres, corren, y saltan, y nadan, y hacen cualquiera cosa -de ligereza, y van con los hombres á las guerras; paren los hijos sin -dolor, facilísimamente, ni se regalan ni echan en cama, ni curan de -alguna delicadeza; á las criaturas que paren ponen dos almohadillas, -una en la frente y otra al colodrillo, para hacer levantadas las cabeza -y anchas las frentes. Las doncellas, de que son ya casaderas, tiénenlas -dos años encerradas los padres, que ninguno las ve, y por esta guarda -tan estrecha muchos desean tenerlas por mujeres; los señores tienen -cuantas mujeres quieren, pero los populares con una sola son contentos. -Tienen el adulterio por cosa fea, y así despues de casadas se guardan -de cometello, y cuando algun yerro dello acaece, no castigan la mujer -sino al adúltero dan la pena, y es de muerte segun creo; puédese, -empero, repudiar la mujer por aquéllo. Para las bodas destas doncellas -todos los vecinos se convidan, y las mujeres convidadas traen consigo -de sus manjares y vinos cuantos pueden traer á cuestas. Los hombres -traen haces de cañas y de yerba para sobre palos hacer la casa de la -nueva novia, segun su manera; hecha la casa, el novio y la novia, -segun la facultad que tienen, se adornan y atavian con sus joyas de -oro y de piedras de diversos colores, hechas de huesos de pescados y -de piedras que ellos estiman por cosa muy rica y buena, de las cuales -si carecen los vecinos se las prestan. Entónces la nueva novia está -sentada apartada entre las doncellas, y el novio entre los hombres -mozos y viejos; cercan la novia cantando las doncellas, y al novio los -mancebos; viene un barbero, ó que tiene tal oficio, y corta al esposo -los cabellos por las orejas, y á la novia, una mujer, solamente los -de la frente junto á las cejas; el cabello del colodrillo dejánselo: -venida la noche, toma la esposa al esposo por la mano, y de allí que -se vayan juntos se les dá licencia. Todos los hombres acostumbran á -comer juntos, y las mujeres nunca con ellos. Son muy amadoras las -mujeres de la gobernacion de sus casas, y ejercítanla con diligencia; -los hombres en cazar, y en pescar, y en bailes, son sus ejercicios, y -en las guerras. Aman en extremo grado los cantos y bailes, y esto es -comunísimo en todas las Indias, y lo fué por todo el mundo entre los -antiguos gentiles; la costumbre destos era, que cuando cuasi amanecia y -queria anochecer, lo que llamamos en España entre lubrican ó entre dos -luces, comenzaban con diversos instrumentos, en especial unos atabales -que hacian de un madero, haciéndolo hueco y con ciertos agujeros, y con -cantos y saltos, al son de las voces y atabales comiendo y bebiendo, -por ocho dias enteros no paraba la fiesta. En ella, cada uno se ponia -y sacaba todas sus joyas y haberes á cuestas: unos, zarcillos de oro -en las orejas; otros, con patenas de oro en los pechos; y otros, -coronas dello en las cabezas; otros, con cascabeles hechos de hueso, -y con caracoles y almejas que suenan como cascabeles, puestas sobre -las pantorrillas y á los pescuezos, y sobre todo pintados de colores -diversos los cuerpos: y aquel se tiene por más hermoso y digno de que -en más que á los otros lo tengan que á nosotros pareceria más feo. -Andaban todos cantando, á la redonda yendo y viniendo, las manos de -los unos con las de los otros juntas, dando mil saltos y haciendo -mil gestos; decian nuestros frailes haberles visto en estos bailes -y juegos gastar seis horas sin descansar ni tomar resuello. Cuando -eran amonestados por el pregonero, ó que tenía oficio de aquello, -que viniesen los más cercanos á hacer fiesta á la casa ó plaza del -señor, los criados de su casa desherbaban y limpiaban el camino que no -hobiese áun paja, ni piedra, ni trompezadero alguno; los que de más -léjos venian de los lugares comarcanos, ántes que llegasen á casa del -señor, en un llano, se aparejaban como en son de guerra, é iban paso -á paso tirando flechas, bailando y cantando bajo, y desque llegaban -cerca levantaban la voz, y decian repitiendo muchas veces: «Hermoso -dia hace, hermoso dia hace, hace hermoso dia». El principal de cada -lugarejo guiaba y regulaba los suyos, bailando, y saltando, y cantando -todos juntos, con tanto compas y órden, que las voces, y saltos, y -meneos de todos no parecian sino voz, y saltos, y movimientos de sólo -uno. De cada compañía iba uno delante, vueltas las espaldas, hasta la -puerta de la casa del señor, entrando en la casa, no cantando, uno -fingia que cazaba, otro que pescaba, los demas modestamente saltando; y -así entrados, usando del arte oratoria como si la hobieran estudiado, -alababan al rey ó señor y á sus progenitores y sus hazañas con -diversos gestos y ademanes. Esto hecho, siéntanse todos en el suelo -callando; vienen luégo las comidas, y comen hasta hartarse y beben -hasta embeodarse, y el que más bebe y se destempla es de todos por más -valiente y valeroso estimado. Las mujeres guardan en el beber y comer -aquellos dias gran templanza, por socorrer á sus maridos en aquellas -borracheras, y así por ley á cada mujer es mandado que en aquellos -trabajos bacanales, como tutora, de su marido tenga cuidado; en los -cuales las mujeres son las sirvientas y coperas desta manera, que al -primero dan las mujeres á beber, y aquél levántase y dá á beber al más -cercano, y el otro al otro, y así los demas hasta el cabo. Despues de -muy borrachos todo su negocio es reñir y tomar sus arcos y flechas con -yerba ó sin yerba, como las hallan, y allí se acuchillan y descalabran; -despues de gastado ó apaciguado el calor y virtud del vino, que se -pueden levantar y tornar á sus casas, tornan á cantar otros cantos de -tristeza, y las mujeres muy más tristes debe ser por las borracheras -pasadas. Estiman no ser hombre el que en el beber se templase, porque -les parece que no puede saber las cosas venideras el que no cayere de -borracho. - - - - -CAPÍTULO CCXLV. - - -Tenian ó habia entre estas gentes unos sacerdotes que llamaban en su -lengua Piachas, muy expertos en el arte mágica, tanto que se revestia -en ellos el diablo y hablaba por boca dellos muchas falsedades, con -que los tenía captivos, en su servicio bien asentados y descuidados; -á estos Piachas tienen por cosa santa, y en gran reverencia y -estimacion. Escogen de los muchachos de 10 y 12 años, los que, por -conjeturas que tienen, les parece que son por naturaleza inclinados -y dispuestos para ser instruidos en el arte mágica, de la manera que -nosotros conjeturamos por señales algunas ser nuestros muchachos -hábiles, más que otros, para que estudien gramática y otras ciencias; -estos escogidos, envíanlos á ciertos lugares apartados en los montes -solitarios, donde viven de aquellos Piachas muy viejos maestros de -aquella arte, debajo de cuya regla y disciplina, como en escuela, -están dos años en grandísima severidad y aspereza de vida. No comen -cosa que tenga sangre ó la crie, con solas yerbas y bebiendo agua los -crian; de todo pensamiento carnal, cuanto más de obra, se abstienen; -nunca, en aquellos dos años, padre, ni madre, ni pariente, ni amigo -los ve. De dia no ven á sus maestros, sino de noche van los maestros -á ellos, y entónces les dictan y enseñan ciertos cantos y palabras -con que despiertan, ó incitan, ó provocan, ó llaman los demonios, -juntamente con las ceremonias y arte de curar los enfermos; pasados -los dos años, vuélvense á sus casas con cierto testimonio de los -Piachas, sus maestros, de que ya traen suficiente sciencia del arte -que han aprendido, como entre nosotros el que sale de los estudios -y Universidades, con el arte de medicina ó de otra facultad, trae -su título; los parientes, ó vecinos, ó amigos no llaman en sus -enfermedades á los suyos para que los curen sino á los ajenos. Y segun -la variedad de las enfermedades usaban diversos modos, para los curar, -de supersticiones, y, por consiguiente, así era diversa la paga que -hacian á estos hechiceros ó médicos. Si el dolor es liviano, tomaban -los médicos ciertas yerbas en la boca y ponen los labios en el lugar -del dolor, y de allí chupan con fuerza hácia sí, y dan á entender -que atraen ó sacan el mal humor; salen luégo de casa con ambos á dos -carrillos como llenos del mal humor, y escúpenlo fuera y maldícenlo -muchas veces, y afirman que luégo el enfermo será sano, porque con -aquel chupar fué de las venas el mal desarraigado. Pero si el mal es -recio, como de calenturas grandes ó de otra enfermedad grave, de otra -manera lo curan: Va el Piacha y visita el enfermo, lleva en la mano un -palillo de cierto árbol, que el conoce aprovechar para causar vómito, -y échalo en una escudilla ó vaso de agua que se empape, y siéntase -cabe el enfermo, afirmando que el demonio tiene en el cuerpo, al cual -luégo todos creen y ruéganle todos los deudos, que pues así es que le -ponga remedio; él lame y chupa todo el cuerpo del enfermo diciendo -ciertas palabras entre dientes, con lo cual dice que atrae de los -tuétanos el demonio que está dentro, toma luégo el palillo que está -empapado en agua y con él se refriega luégo los paladares hasta el -gallillo, y de allí lo mete al garguero y se provoca á vómito, y echa -de sí cuanto ha comido. Dá grandes sospiros, ya tiene temblores, ya -se hace estremecer con voces, ya dá grandes gemidos como si fuese un -toro que lo agarrochasen con muchos tiros; córrenle del pecho gotas de -sudor por dos horas, de la manera que corren por las canales las gotas -de agua lluvia, con otros tormentos que allí por esta causa padece. -Preguntándole nuestros religiosos que por qué se causaba tanto dolor y -angustia en aquella medicina, respondia que todo aquello era menester -para sacar el demonio de los meollos de los huesos del enfermo, con -aquellas palabras que constriñen los demonios, y con aquel chupar y -trabajos que allí padecia. Despues que el Piacha de este modo era -macerado y afligido revesaba cierta cantidad de flema espesa, y en -medio de ella una cosa redonda muy negra, y estando el Piacha medio -muerto, á una parte, apartaban de la flema aquello negro y salian fuera -de casa dando voces, y lanzábanlo cuanto podian léjos, reiterando -estas palabras muchas veces: Maytonoroquian, Maytonoroquian, que -quiere decir, «el demonio arriedro vaya de nosotros, arriedro vaya de -nosotros»; todas estas cosas concluidas, tenía por cierto el enfermo -y todos familiares y deudos que habia de sanar del todo muy presto; -pedia el médico por sus trabajos y medicinas el premio, y dábanle de -muy buena voluntad la paga en mahíz, que es su trigo, y otras cosas de -mantenimiento; dábanle tambien joyas de oro, los que las tenian, para -las orejas ó narices ó para los pechos, que llamaban caricuries en una -lengua de las de por aquella tierra. Nuestros religiosos afirmaban -que nunca vieron persona que aquellos curasen de la dicha manera que -muriese; y ésto no es maravilla, que por divina permision aquéllos -sanasen por arte y diabólica industria, y así diesen al demonio más -crédito y permaneciesen en su ceguedad, porque segun la justicia -divina ser alumbrados y salir de su error no merecian: desto hartos -ejemplos en otras muchas naciones gentiles antiguas dejamos arriba -dichos. Ya tambien queda en algunos capítulos referido, como todas las -naciones del mundo antiguas, ántes de la predicacion evangélica, fueron -corruptas, así como de la idolatría tambien de querer saber las cosas -futuras, para lo cual tenian sus oráculos, donde iban con sus dudas y -preguntas, y los demonios se las soltaban y les respondian, y para -los tener más por suyos, tenian grandes industrias cognosciendo las -causas naturales y los efectos que necesariamente por natural discurso -procedian, y otras veces acaso, permitiéndolo Dios, acertaban en lo -que les decian; por la misma manera, estas gentes míseras, por tantos -tiempos dejadas entrar por sus errados caminos, como de todas las del -mundo en la Escritura Santa se escribe, tuvieron el mismo error comun -á todos los hombres, miéntras sin lumbre de fe de Cristo vivieron. -Estos, pues, tenian por oráculo á los dichos Piachas hechiceros, los -cuales, sin duda, debian tener hecho pacto con los demonios, y aquello -debian aprender en los dos años que conversaban en aquellas escuelas -y debajo de la doctrina de aquellos maestros; á éstos consultaban, y -con sus dudas y preguntas iban á ellos de los tiempos ó temporales -malos ó buenos, de las lluvias, de las secas, de las enfermedades y -sanidad, de la paz, de la guerra, de los caminos que querian hacer, del -suceso de las cosas, de la venida de los cristianos, que tenian por -más que mortífera pestilencia; á todo lo cual, y de otras cualesquiera -cosas dudosas y futuras, segun que Dios les permitia, respondian por -órden como los preguntantes querian. Ejemplo desto vieron nuestros -religiosos, que como estaban solos, sin cristiano alguno otro en -aquella provincia y pueblo de Chiribichi, que llamaron Santa Fé (donde -yo tambien estuve algun dia), deseaban que viniese algun navío; -sintiéndoselo los indios, dijeron que para tal dia vendria un navío y -tantos marineros y hombres dentro, y los vestidos que traian, y otras -cosas particulares, y así acaeció sin errar en cosa de como lo habian -dicho. Otra cosa denunciaron para creer más difícil: tres meses ántes -que acaezcan los eclipses de la luna, cuando han de suceder, lo dicen, -y tiénenlo por mal agüero, y siempre temen que les ha de venir algun -infortunio y alguna gran miseria ó pérdida; en todo aquel tiempo andan -tristísimos, y con grandes ayunos y tristes cantos y sones la tristeza -significan: las mujeres mayormente lloran, las doncellas que son en -edad de se casar se sacan sangre, rompiendo las venas de los morcillos -de los brazos y piernas con una espina. Toda la comida ó bebida que -hallan hecha al tiempo del eclipse, en la mar ó en el raudal de los -rios lo echan; abstiénense de cualquiera que sabrosa ó deleitable sea, -en tanto que la luna su trabajo padece. Tornando la luna á cobrar su -luz, son extraños los saltos, los juegos, los cantos y regocijos que -hacen de alegría. Hácenles los Piachas entender que el sol, estando -muy enojado, airadamente dió á la luna una gran herida, y que la sana -cuando torna en su ser, aplacada su ira. Cuando por mandado del Rey ó -Señor que tienen, ó ruego de algun amigo, quieren llamar los demonios -que vengan para preguntalles alguna duda ó para otro efecto, de la -misma manera que arriba declaramos que en el oráculo de Apolo en la -doncella Pithia el demonio se le revestia, en el Piacha lo mismo se -le reviste; efectúase de esta manera: Entra de noche el Piacha en un -rincon de una casa muy oscuro, apagadas todas las lumbres, y mete -consigo algunos mancebos valientes, y á la hora de las diez siéntase -en un bajo asiento, los mancebos estando en pié siempre; comienza -con palabras, dellas inteligibles y otras confusas, á clamar, tañen -ciertas cosas que suenan como si tocasen campanillas, y con sonido -triste, cuasi como llorando, con estas palabras al maligno espíritu -diciendo: «prororuré, prororuré», la última luenga, repitiéndolas -muchas veces, y son palabras como de ruego. Si el demonio tardaba en -venir, más ásperamente se angustia y aflige, y si todavía no viene, -produce las palabras ó versos que aprendió de los maestros cuando -estuvo en aquella escuela, y enojado amenaza al demonio con el rostro -tuerto, mandando y forzándole que venga. Cuando sienten que aquel -honrado huésped viene, tañen todos los instrumentos que tienen y hacen -cuantos estruendos pueden, y el demonio acomete al Piacha, como si un -hombre muy feroz á un niño acometiese; dá con él en el suelo, donde -padece grandes tormentos, acude luégo el más esforzado mozo de los que -para estar presentes fueron admitidos, y él ó aquel por cuyo mando ó -ruego el triste del mago Piacha se puso en tanta pena, propone las -dudas y preguntas de lo que desean saber. El espíritu inmundo responde -á cada cosa por la boca de aquel que tantos dolores padece. Pregunta -el mozo tambien qué premio será justo que al Piacha por aquella buena -obra se le dé, mahíz, su trigo, comida ó bebida, oro ó joyas, y segun -lo que el demonio manda así de su trabajo es satisfecho. Y porque lo -que se ha dicho por ejemplo cierto parezca y se crea, quiero de nuevo -referir la obra siguiente, puesto que arriba queda ya referida: El -principal religioso que, con celo de dilatar la fe católica y traer -aquellas gentes á su Criador Jesucristo, pasó á aquella provincia, -fué un santo varon llamado fray Pedro de Córdoba, dotado de toda -prudencia, doctrina, gracia de predicar señalada, y de otras muchas -virtudes que en su persona resplandecieron, y éste fué el que primero -trujo y fundó la Orden de Santo Domingo en estas Indias y la sustentó -en gran rigor de religion, tornándola con verdad al estado primitivo; -este siervo de Dios, estando en el valle de Chiribichi, donde habia -edificado con grandes trabajos y penitencias suyos y de los buenos -religiosos que allí pasó consigo, queriendo probar y examinar si era -verdad lo que de aquellos oráculos y Piachas se decia (porque, segun -se certificó por los religiosos, en obra de tres meses, divinalmente -más que por su industria, supo y penetró la lengua, que por allí no -es poco difícil), puso ciertos muchachos, que tenian en el convento -enseñándoles la divina doctrina, por espías, para que cuando el Piacha -estuviese en aquella obra lo llamasen. Llamáronlo cuando ya tenía el -diablo en el cuerpo el Pythio ó Piacha. El siervo de Dios, armado -primero de fe viva, toma otro religioso por compañero, y púsose una -estola al cuello, en la mano derecha un vaso de agua bendita con -su hisopo, y en la izquierda la cruz de Cristo. Entrado en la casa -oscura, manda á los indios que traigan luégo lumbre ó enciendan los -tizones que estaban amortiguados, porque siempre tienen fuego, y -comienza por estas palabras: «Si eres demonio al que á este hombre -atormentas, por la virtud de esta señal de la cruz de Jesucristo, la -cual tú bien conoces y has experimentado muchas veces, te conjuro que -de aquí no te vayas sin mi licencia, hasta que primero me respondas -á lo que te preguntare». Preguntóle muchas cosas en latin y otras -en romance castellano, y tambien creo que en la misma lengua de los -indios; el demonio le respondió á cada cosa de las que le preguntó en -la lengua del mismo Piacha. Entre otras le mandó que le dijese dónde -llevaba las ánimas de aquellos de Chiribichi; primero mintiendo, que -es su costumbre, dijo que á ciertos lugares amenos y deleitosos. -Mientes, enemigo de la naturaleza humana, dijo el santo; finalmente, -constreñido con la virtud de la cruz, confesó la verdad diciendo: -«Llévolos á los fuegos eternos, adonde con nosotros padezcan las penas -de sus abominables pecados». Mandó el santo á los indios que estaban -presentes que por toda la tierra lo publicasen, lo cual hecho, mandóle -diciendo: «Sal de este hombre, espíritu inmundo», la cual palabra -dicha, se levantó el Piacha como asombrado y ajeno de sí mismo, y así -estuvo algunos dias ó tiempo, no pudiendo sino con dificultad tenerse -sobre los piés; despues de tornado en sí, acordándose de lo que habia -padecido, maldecia al demonio y daba grandes quejas dél porque tanto -tiempo le habia el cuerpo atormentado. Todo esto es verdad, y el -compañero que llevó el santo varon lo testificó, porque él, segun era -varon perfecto y de gran prudencia, humildad y autoridad, ni hombre -se lo preguntó, ni él creo que á hombre lo dijo. Todas las cosas que -se han en estos dos capítulos referido, de la gente de Cumaná y de -Chiribichi, refiere á la letra Pedro Mártir en la octava Década, 8.º y -9.º capítulos. - - - - -CAPÍTULO CCXLVI. - - -Y porque tambien Pedro Mártir, en su sétima Década, capítulo 4.º, -refiere una maldad y testimonio que le dijeron los que infamar por mil -vías estas gentes pretenden, que áun que tengan pecados y miserias del -ánima, como infieles, no por eso permite la caridad que de lo que no -tienen ó no cometen les condenemos, y en lo que es razon no dejemos -de volver por ellos, mostrando que si algunos daños nos hacen no los -hacen sin justicia y sin causa, supuesto los que de nosotros reciben, -y en algunos casos, como en matar frailes, su ignorancia: Cuenta Pedro -Mártir, que ciertos de los muchachos que habian criado los religiosos -en su monasterio, en el mismo valle de Chiribichi, juntaron gentes de -las vecinas, y, como desagradecidos, destruido el monasterio, mataron -los frailes. Destruido fué el monasterio y muertos dos frailes que -habia en él, y si hubiera ciento yo no dudo sino que los mataran, pero -es gran maldad echar la culpa á los que los religiosos habian criado, -puesto que puede haber sido que algunos de los que con los religiosos -habian conversado y venian á la doctrina, en la muerte dellos se -hobiesen hallado; quien tuvo la culpa y fueron reos de aquel desastre, -por lo que aquí diré con verdad, quedará bien claro. Háse aquí de -suponer, que los indios de aquella costa ó ribera de la mar tenian muy -bien entendido que uno de los achaques, que los españoles tomaban para -saltear y captivar las gentes de por allí, era si comian carne humana, -y desta fama estaba toda aquella tierra bien certificada, y asombrada, -y escandalizada. Salió un pecador llamado Alonso de Hojeda, cuya -costumbre, y pensamientos, y deseos eran saltear y tomar indios para -vender por esclavos (no era este Alonso de Hojeda el antiguo que en -esta isla Española y en estas Indias fué muy nombrado, sino un mancebo -que áun que no bebiera nascido no perdiera el mundo nada); éste digo -que salió de la isleta de Cubagua, donde se solian pescar las perlas, -con una ó con dos carabelas y ciertos cofrades de aquella profesion, -él por capitan, para hacer algun salto de los que acostumbraban, y -llegó á Chiribichi, que dista de la dicha isleta 10 leguas, y váse al -monasterio de nuestros religiosos, y allí los religiosos le recibieron, -como solian á los demas, dándoles colacion y quizá de comer ó de cenar. -Hizo llamar el Alonso de Hojeda al señor del pueblo, cacique llamado -Maraguay, y quizá por medio de los religiosos que enviarian algun indio -de sus domésticos que lo llamase, porque el monasterio estaba de una -parte de un arroyo y el pueblo de la otra, que con una piedra echada no -con mucha fuerza llegaban allá. Venido el cacique Maraguay, apartóse -con él y un escribano que llevaba consigo, y otro que iba por Veedor, -y quizá más, y pidió prestadas unas escribanías y un pliego de papel -al religioso que tenía cargo de la casa, el cual, no sabiendo para -qué, se lo dió con toda simplicidad y caridad. Estando así apartados, -comienza á hacer informacion y preguntar á Maraguay si habia caribes -por aquella tierra, que son comedores de carne humana; como el cacique -oyó aquellas palabras, sabiendo y teniendo ya larga experiencia del -fin que pretendian los españoles, comenzóse á alterar y alborotar -diciendo con enojo: «No hay caribes por aquí, no», y váse desta manera -escandalizado á su casa. El Hojeda despídese de los religiosos (que por -ventura no supieron de las preguntas hechas á Maraguay nada, ó quizá -lo supieron), y váse á embarcar; partido de aquel puerto, desembarca -cuatro leguas de allí en otro pueblo de indios, llamado Maracapana, -la penúltima luenga, cuyo señor era harto entendido y esforzado, el -cual, con toda su gente, reciben á Hojeda y á sus compañeros como á -ángeles. Finge Hojeda que viene á rescatar, que quiere decir conmutar -ó comprar mahíz ó trigo y otras cosas, por otras que él llevaba, con -las gentes de la sierra tres leguas de allí, que se llamaban Tagáres, -la sílaba de en medio luenga. Otro dia pártese Hojeda con los suyos -la sierra arriba de los Tagáres; rescíbenlos, como solian á todos los -españoles, como á hermanos. Trata de compralles ó conmutalles cincuenta -cargas de mahíz de indios cargados, y pide que se las lleven cincuenta -indios á la mar, y promete de allá pagalles su mahíz y el corretaje; -fíanse dél y de su palabra, como, sin les quedar duda de lo que les -prometian los españoles, acostumbraban. Llegados á la mar, viérnes -temprano, en el pueblo de los indios donde habian desembarcado, echan -los cincuenta Tagáres las cargas en el suelo y tiéndense todos como -cansados, segun en las tierras calientes suelen hacer; estando así en -el suelo echados los indios, los españoles que los traian y los que en -las dos carabelas habian quedado, y que allí para esto los esperaban, -cercan los indios descuidados y que esperaban del mahíz y de la traida -su paga, echan manos á las espadas y amonéstanles que estén quedos para -que los aten, sino que les darán de estocadas; los indios levántanse, -y queriendo huir (porque tanto estimaban como la muerte llevarlos los -españoles por esclavos) mataron á cuhilladas ciertos dellos, y creo que -tomaron á vida, y ataron, y metieron en las carabelas treinta y siete, -pocos más y no creo que ménos, si no me he olvidado. Por los heridos -que se escaparon, y por mensajeros que el señor de aquel pueblo, que -llamaban los españoles Gil Gonzalez, luégo envió, súpolo Maraguay el -cacique de Chiribichi donde residian los frailes, y por toda la tierra -fué luégo aquella obra tan nefaria publicada, con grandísimo alboroto -y escándalo de toda la provincia y de las circunstantes, que, por -tener como por prendas rehenes y fiadores á los religiosos, estaban -todas de semejantes obras descuidadas. Pues como Maraguay vido que -los frailes dieron el papel y escribanía para inquirir si por aquella -tierra habia caribes, que era el título que los españoles tomaban -para captivar y hacer las gentes libres esclavos, y que los frailes -asimismo rescibieron á Hojeda y á sus compañeros con alegría, y los -convidaron y los despidieron como á hermanos, y luégo cuatro leguas de -allí, en el pueblo de su vecino y quizá pariente Gil Gonzalez, cometió -aquella traicion y maldad tan grande, y á los Tagáres con tan indigna -cautela, viniendo con tanta simplicidad y seguridad confiándose, haber -hecho tan irreparable daño, y el mismo cacique Gil Gonzalez afrentado -de que se le hobiese violado la seguridad y comedimiento natural, que -se debia del hospedaje á su tierra, pueblo y casa, recibiendo á los -españoles como amigos, y viniendo los Tagáres seguros y en confianza, -como á tierra y pueblo de señor que no habia de consentir que se -les hiciese injuria ni recibiesen agravio; estas consideraciones -así representándoseles, y concluyendo que los religiosos que habian -recibido y tenian en su tierra les eran contrarios, y allí no debian -estar sino por espías de los españoles para cuando lugar tuviesen -captivarlos y matarlos, como parecia por lo que habia entónces Hojeda -hecho, y otras muchas malas obras, insultos y daños que otros muchos -españoles habian hecho por aquella costa arriba y abajo en las tierras -y pueblos comarcanos, y desto nunca cesaban, que no habia otro remedio -sino hacer venganza ellos de aquel Hojeda, y de aquellos que allí -estaban, y Maraguay á la misma hora matase los frailes, y defender que -desde adelante ningun hombre de los españoles en toda aquella tierra -jamás entrase, y, para lo efectuar, que sería tiempo conveniente el -domingo que se seguia, porque aquellos dias solian principalmente salir -á tierra de los navíos los cristianos. Esta determinacion tendida por -toda la tierra por infinitos mensajeros que se despacharon, que suelen -los indios ir volando, concede Maraguay que así era necesario, y que el -domingo él daria buena cuenta de los frailes. Apercibiéronse todas las -gentes comarcanas para el domingo con sus armas; pero porque tan gran -maldad, segun el juicio divino tenía determinado, se habia de castigar -ántes, con su poca vergüenza y temeridad el Hojeda, con los más de su -compañía que se habian embarcado en las carabelas cuando llevaron los -indios que prendieron el viérnes en la tarde, salió á tierra el sábado -de mañana, y entra en el pueblo con tan buen semblante, y alegría, -y descuido, como si no hobiera hecho nada. El Gil Gonzalez, señor -de aquel pueblo, como hombre muy prudente que era y muy recatado, -rescibíole asimismo con gran disimulacion y alegre cara, como solia -de ántes, y tratando de dalles de almozar, viendo que si esperara al -domingo, como tenian concertado, no hallara quizá tal lance, la gente -que estaba aparejada, della en las casas, della por las florestas -cercanas, dan sobre ellos infinitos indios con grita espantable, y -ántes que se revolviesen tenian al Hojeda, y á los más de su cuadrilla, -despachados, y solos unos pocos que sabian nadar, que se echaron en la -mar y hobieron lugar de llegar á los navíos, se escaparon. Toman sus -piraguas los indios, y van á las carabelas y combátenlas de tal manera, -que los que en ellas restaban tomaron por sumo y final remedio huir -alzando las velas, y creo que, si no me olvido, no pudieron tomar las -anclas sino cortar los cables ó amarras y dejallas perdidas. Maraguay, -como tenía ménos que hacer, por tener como corderos en aprisco -encerrados los frailes, no quiso darse priesa ni cumplir lo que á su -cargo era el sábado. El domingo de mañana, estando el uno de los dos -religiosos revestido en el altar para tomar la casulla y comenzar su -misa, y el otro, que era un fraile lego, como un ángel confesado para -comulgar, llaman á la portería; va éste á abrir á quien llamaba, entra -un indio con cierto presentillo, como solian traer, de cosas de comer -para los frailes, y así como entró raja la cabeza al bienaventurado con -una hacha que traia so el sobaco. No sintiendo cosa dello el de misa, -que estaba en el altar poniendo el espíritu en Dios, aparejándose para -celebrar, llega el mismo indio pasito por detras, y hace la misma obra -que al otro en la cabeza con la hacha; acude luégo mucha gente y ponen -fuego á toda la casa, robando lo que quisieron robar. En otro estado, -parece haber tomado á los dos frailes Maraguay, que á Hojeda y sus -discípulos Gil Gonzalez. Todo esto es pura verdad, y así sabemos que -acaeció porque de los mismos que se escaparon se supo, y á uno dellos -recibimos despues en esta isla Española, y dimos el hábito para fraile; -y lo de Maraguay aguardar al domingo para el sacrificio de los frailes, -creo que se supo de algunos indios que despues lo confesaron; y desde -á no muchos dias llegué yo á aquella provincia y pueblos, con cierto -recaudo para ayudar á los religiosos en la conversion de aquellas -gentes, que todos deseábamos, y hallélo todo perdido y desbaratado, -pero supe de frailes y seglares ser lo que tengo dicho público y tenido -por verdad averiguada. Agora juzguen los prudentes, y que fueren -verdaderos cristianos, si tuvieron justicia y derecho indubitable -de matar al Hojeda y á su compaña, y ocasion de sospechar que los -frailes les eran espías y enemigos, viéndoles dar papel y escribanía -para el título de hacer esclavos, y otros actos de amistad con los -españoles siendo de su nacion, y áun asegurándoles los religiosos -muchas veces que de los españoles no habian de recibir miéntras ellos -allí estuviesen algun mal ó daño. Y aunque aquellos inocentes siervos -de Dios padecieron injustamente, y sin duda podemos tener que fueron -mártires, pero creo que no les pedirá Dios la muerte dellos por las -ya dichas causas solamente. ¡Ay de aquellos que fueron y fuesen causa -del escándalo! El Vicario de aquella casa en esta sazon estaba 10 -leguas de allí, en la isleta de las Perlas con los que allí moraban, -con su compañero ó compañeros; por ventura habia ido á predicarles: -sabida la obra hecha de los que en las carabelas se escaparon, encargó -á todo el pueblo de españoles que allí estaba que tomasen todos los -navíos que allí habia, y fuesen á Chiribichi á ver qué habia sido de -los religiosos, pero la gente de toda la tierra, puesta en armas, -defendiéronles la entrada, y finalmente, visto que todo estaba quemado -y asolado, no dudaron de la muerte de los bienaventurados y así se -tornaron. Este religioso, indignatísimo contra todas aquellas gentes, -mirando solamente la muerte de los frailes y la destruccion de la -casa, sin pasar más adelante, con celo falto de la debida ciencia de -que habla San Pablo, fué despues á Castilla, y en hablar en el Consejo -de las Indias contra todos los indios, sin hacer diferencia, fué muy -demasiadamente inconsiderado y temerario; dijo abominaciones de los -indios en general, sin sacar alguno, afirmando tener grandes pecados, -y dijo dellos muchas infamias segun cuenta Pedro Mártir. Lo que dello -el divino juicio ha juzgado no podemos alcanzallo, pero al ménos -podemos conjeturar haberlo Dios en esta vida por aquello ásperamente -castigado, porque sabemos, que, siendo él en sí buen religioso, segun -tal lo cognoscimos, llegando á estado de ser electo por Obispo y -con harta honra y favor sublimado, le levantaron tantos y tan feos -testimonios, que no dijo él de los indios muchos más, y al cabo el -mismo Consejo de las Indias, ante cuyo acatamiento habia ganado grande -autoridad, le casó la eleccion y sustituyó para Obispo de la misma -iglesia otro en su lugar, y él, recogido en un lugarejo harto chico que -tuvo por patria, vivió muchos dias y años, solo y fuera de la órden, -muy abatido y angustiado, y no sé si en alguna hora de toda su vida se -pudo consolar. Podríamos afirmar con sincera verdad tener experiencia -larga, que ninguno religioso, ni clérigo, ni seglar hizo ni dijo daño -y mal contra estos tristes indios, ni en algo los desfavoreció, que la -divina justicia en esta vida, cuasi á ojo de todos, no lo castigase, y -por el contrario, ninguno les favoreció, y ayudó, y defendió, que la -misma divina bondad en este mundo no lo favoreciese y galardonase; lo -que toca á la otra vida, como irá á los unos y á los otros, cognoscerlo -hemos cuando apareciéremos ante su juicio divinal. Y esta digresion -incidentalmente hicimos por lo que escribió destas gentes de Chiribichi -Pedro Mártir, por haber sido cosa de pocos sabida y en sí muy señalada. - - - - -CAPÍTULO CCXLVII. - - -Tornando al hilo que llevamos en las manos de las costumbres de aquella -gente de Paria y las demas de aquella costa abajo, resta decir lo -que tenian y hacian en los entierros y sepulturas de los muertos, -y con cuanta diligencia algunas ceremonias guardaban. Los cuerpos -de los reyes, y señores, y nobles entre ellos, poníanlos extendidos -sobre ciertas parrillas hechas de cañas, que allá son muy gruesas, y -duras, y macizas, como creo arriba hobimos significado, poniendo fuego -de ciertas yerbas, muy manso y suave, debajo, el cual, destilando, -consumia toda la humedad gota á gota, y quedaban muy secos y dispuestos -para que sin corromperse durasen como si fueran embalsamados; éstos -ponian colgados en los rincones y los tenian como dioses de las casas, -que los antiguos gentiles llamaban Penates. Los cuerpos que desta -manera no secaban (debian ser los que no eran de señores ó personas -principales), hacian dentro de sus casas una sepultura, y allí con -lloros y plantos los enterraban; pasado un año que lo habian enterrado, -convidaban toda la vecindad, más ó ménos segun el estado y autoridad -del difunto lo requeria, y traia cada uno de los convidados la comida -y bebida, segun podian; llegado, juntos luégo á prima noche, abren -la sepultura y sacan los huesos, y luégo, alzando las voces, con -alaridos, todos lloran. Siéntanse todos en el suelo al rededor dellos, -tomados los piés con sus propias manos, y ponen las cabezas entre sus -rodillas, y esto es obra de gran tristeza; extienden despues los piés, -levantan las manos y las caras hácia el cielo y dan espantosos gritos -y aullidos: las lágrimas que de los ojos les salen y la bascosidad de -las narices no se la limpian, porque cuanto más sucios parecen tanto -mayores obsequias creen hacer al difunto. Despues, quemando los huesos, -solamente lo alto del casco de la cabeza guardan, y llévalo la más -generosa de las mujeres á guardarlo en su casa como cosa sagrada; esto -acabado, son acabadas las obsequias ó cabo de año, y cada uno de los -convidados se vuelve á su casa. Tienen por cierto que las ánimas de -los hombres son inmortales, y que despues que se mueren van á vivir á -ciertas montañas ó florestas, y en cuevas perpetuamente viven donde -tienen de comer y beber; dicen que oyen voces de las cuevas, y que son -las ánimas que por allí andan vagando. Ya digimos arriba cómo tenian -en reverencia la cruz, y con ella se abroquelaban y mamparaban contra -el diablo. Las gentes de la costa y todas de por aquella tierra no -se halla que sacrificaban hombres ni tenian otro ningun sacrificio, -si quizá no usaban por sacrificio algunas que no sabemos ceremonias; -tampoco creo que las de la costa comian carne humana, y si algunos -por allí hay es la tierra dentro. Del pecado nefando, algunos de los -nuestros los han infamado dello, pero yo no sé cómo alguno de los -españoles puede ser testigo de aquella fealdad no habiéndolo visto, -y que no lo haya visto parece porque no hay hombre alguno que cosa -deshonesta pueda, por vista ni por algun indicio suficiente, juzgar de -ninguna nacion destos indios, segun en ello son en lo exterior honestos -y recatados. Toda esta costa de la mar abajo de Venezuela, y Santa -Marta, y Cartagena, y el Cenú, y golfo de Urabá, y á la frontera del -Darien, creo ser todas unas, poco más ó poco ménos, como ya he dicho, -las costumbres. En la provincia del Cenú, la última sílaba aguda, -que está la tierra dentro sobre lo que llamamos Cartagena, cuarenta -ó cincuenta leguas, hobo alguna y áun quizá mucha diferencia cuanto -á las sepulturas, la razon es porque aquella provincia era por las -naciones propincuas y lejanas el lonsario y comun lugar dedicado para -las sepulturas; mandábanse y traíanse allí á enterrar todos los que -algo eran en el Cenú, y con sus cuerpos se ponian todas sus riquezas -y joyas. Las sepulturas eran desta forma, conviene á saber, un hoyo -grande cuadrado, y, si era de señor ó persona de cualidad, poníanle -cierta madera por encima y la tierra sobre ella, por manera que la -sepultura quedaba toda hueca, y en medio ponian el cuerpo, y al rededor -dél las armas con que peleaban, y todas sus joyas de oro y cuanto -precioso podian haber; ponian dentro comida y bebida, y hallóse tenaja -de agua en algunas tan clara, como si fuera de rosas sacada dos dias -hobiera por alcatara, pero no osaron los nuestros della beber. Otras -sepulturas abrian, y en las paredes della hacian concavidades cuanto -cupiesen los cuerpos, y despues henchian toda la sepultura de tierra, -por manera que no tocaba en el cuerpo tierra alguna, como arriba de -otras se dijo. Esta provincia del Cenú fué tan nombrada y devota de -nuestros españoles, por las riquezas de oro que en las sepulturas -habia y dellas sacaron, como lo era de los indios por el entierro de -los cuerpos y su devocion. Por la tierra dentro hácia los reinos de -Popayan, hacian las sepulturas con mayor artificio, porque eran muy -hondas y de bóveda, muy bien labradas, y siempre la boca ó puerta -hácia dónde sale el sol; ponian en ella muchas ollas llenas de joyas -de oro, y de lo más fino si allí lo alcanzaban, y sus vestidos y armas -con ellos, y mucha comida y bebida tambien. Otras, en otras partes por -aquella tierra, se hacian tan grandes como un pequeño cerro, y dentro -della edificaban una bóveda muy ensolada de losas, dentro de la cual -meten el cuerpo del difunto lleno de mantas, y con él, despues de haber -emborrachado, las más hermosas de sus mujeres, con el vino de mahíz y -de otras yerbas, y otros algunos muchachos vivos para su servicio; en -la muerte de los señores en otras partes se tresquilan sus mujeres, y -ellas se matan las que eran más queridas. En cierta provincia llamada -Tauya, cuando muere algun señor ponen el cuerpo en una hamaca, que como -se ha dicho es como á manera de honda, colgada en el aire, y al rededor -encienden fuego, y debajo unos hoyos donde caiga lo que se derritiere, -despues que el cuerpo está medio seco vienen los deudos y gentes á -llorallo con grandes lamentos, y acabados beben asaz de su vino y -rezan ciertas oraciones: acabado esto, envuelven el cuerpo en muchas -mantas de algodon y métenlo en un ataud, y tiénenlo así algunos años, y -despues que está bien seco lo entierran en sepulturas que hacen en sus -mismas casas. En otras provincias, muerto el señor, en los cerros altos -hacen muy hondas las sepulturas, despues de hechos muchos lloros meten -dentro el cuerpo, envuelto en mucho número de mantas las más ricas -que poseia, y á una parte sus armas, y á otra mucha comida, y capaces -cántaros de vino, y sus plumajes y joyas de oro, y á los piés echan -algunas mujeres vivas, las más hermosas y queridas suyas. En otras, -más adelante, despues de envueltos los cuerpos en muchas de las dichas -mantas, que son de tres varas de largo y dos de ancho, y en ellas le -ponen joyas de oro, revuélvenles despues á los cuerpos una cuerda -que hacen de tres ramales, que tiene más de doscientas brazas; las -sepulturas comunmente son en cerros altos, y otras dentro de sus casas. -En la provincia que llaman Cali, en un valle llamado Lile ó cerca dél, -habia un pueblo en medio del cual estaba una gran casa de madera muy -alta, redonda, con una puerta en medio della; en lo alto habia cuatro -ventanas, por las cuales entraba la luz, cubierta de paja. En lo alto -estaba una larga tabla que la atravesaba de una parte á otra, encima -de la cual estaban puestos muchos cuerpos de hombres por órden, ó los -cueros dellos llenos de ceniza; teníanles hechos los rostros de cera, -con sus propias cabezas, de manera que parecian hombres vivos; tenian -dardos algunos en las manos, otros lanzas, y otros macanas. En toda la -tierra que hasta esta provincia de Cali atras queda, tienen ó tenian -sus reyes y señores y gobierno ordenado, y habia inmensa multitud de -gentes, las cuales, segun queda manifestado, sin leyes y justicia no -pudieran ser gobernadas ni tanto tiempo sustentadas. Hay gentes por -allí grandes tratantes y mercaderes, mayormente de sal que llevan de -unas partes á otras muy lejanas, de donde traen mucho oro, y algodon, -y ropa hecha dél, y otras cosas que por la sal conmutan; tienen y -usan de unas como romanas pequeñas y de pesos para la contratacion de -su oro. Son grandes comedores de carne humana, segun dicen, de los -que tienen por enemigos que prenden en las guerras; del vicio contra -natura no son coinquinados, ni se ha oido ni sospechado que en toda la -tierra hasta aquí lo haya, segun afirman nuestros cristianos que cerca -desto no saben callar nada: tampoco hay memoria de sacrificar hombres, -porque como no tengan ídolos, segun arriba se dijo, ni templos, ni -sacrificios, sino alguna manera de incienso quemar, no sabemos á quién, -sólo se ha en alguna parte hallado. A las gentes de allí se siguen -otras que son muchas, llamados Pastos; ni comen carne humana, ni -ofrecen sacrificio de hombres, ni por memoria se siente cosa en ellos -que huela el pecado nefando. Y porque destas provincias no tenemos -mucha noticia más de la dicha, que es cuasi general, y es bien ahorrar -tiempo y pasar á lo que es más, de aquí adelante, placiendo á Dios, -trataremos de la gobernacion que tenian las del Perú, que comienza -desde la dicha provincia de Pasto. - - -FIN DEL QUINTO Y ÚLTIMO TOMO. - - - - -ÍNDICE. - - - Páginas. - - ADVERTENCIA PRELIMINAR v - - LIBRO TERCERO.--Capítulo CXXIV 1 - - Cap. CXXV 6 - - Cap. CXXVI 12 - - Cap. CXXVII.--De cómo se levantó un indio llamado Ciguayo - que atemorizó toda la isla con las muertes de españoles que - hizo, al cual en fin mataron.--Levantóse otro llamado Tamayo - que hizo tambien muchas muertes y daños.--De cómo á - Enrique pesaba desto, y procuró traerlo á su compañía porque - no hiciese daño, y lo trujo.--De muchas armadas que - hicieron contra Enrique, en especial una donde hobo habla y - concierto, entre Enrique y el Capitan, de paz, y de - la liberalidad de Enrique en dar el oro que tenía, y de la - indiscrecion del Capitan, etc. 17 - - Cap. CXXVIII 23 - - Cap. CXXIX 28 - - Cap. CXXX 33 - - Cap. CXXXI 37 - - Cap. CXXXII 40 - - Cap. CXXXIII 48 - - Cap. CXXXIV 53 - - Cap. CXXXV 58 - - Cap. CXXXVI 65 - - Cap. CXXXVII 74 - - Cap. CXXXVIII 79 - - Cap. CXXXIX 83 - - Cap. CXL 90 - - Cap. CXLI 95 - - Cap. CXLII 99 - - Cap. CXLIII 104 - - Cap. CXLIV 109 - - Cap. CXLV 114 - - Cap. CXLVI 118 - - Cap. CXLVII 123 - - Cap. CXLVIII 127 - - Cap. CXLIX 132 - - Cap. CL 137 - - Cap. CLI 142 - - Cap. CLII 147 - - Cap. CLIII 151 - - Cap. CLIV 155 - - Cap. CLV 159 - - Cap. CLVI 165 - - Cap. CLVII 173 - - Cap. CLVIII 180 - - Cap. CLIX 187 - - Cap. CLX 193 - - Cap. CLXI 200 - - Cap. CLXII 205 - - Cap. CLXIII 210 - - Cap. CLXIV 217 - - Cap. CLXV 221 - - Cap. CLXVI 226 - - Cap. CLXVII 231 - - - APÉNDICE. - - APOLOGÉTICA HISTORIA.--Argumento 237 - - Capítulo I 241 - - Cap. II 248 - - Cap. III 256 - - Cap. IV 263 - - Cap. V 269 - - Cap. VI 276 - - Cap. VII 283 - - Cap. VIII 290 - - Cap. IX 295 - - Cap. X 301 - - Cap. XI 310 - - Cap. XII 316 - - Cap. XIII 321 - - Cap. XIV 326 - - Cap. XV 330 - - Cap. XVI 334 - - Cap. XVII 337 - - Cap. XVIII 343 - - Cap. XIX 348 - - Cap. XX 352 - - Cap. XXI 364 - - Cap. XXII 371 - - Cap. XXIII 377 - - Cap. XXXIII 383 - - Cap. XXXIV 390 - - Cap. XXXV 399 - - Cap. XXXVI 405 - - Cap. XXXVII 413 - - Cap. XXXVIII 422 - - Cap. XXXIX 427 - - Cap. CXX 433 - - Cap. CXXI 440 - - Cap. CXXII 447 - - Cap. CXXIII 453 - - Cap. CXXIV 456 - - Cap. CXXV 464 - - Cap. CLXVI 467 - - Cap. CLXVII 473 - - Cap. CLXXXI 477 - - Cap. CXCVII 481 - - Cap. CXCVIII 487 - - Cap. CXCIX 495 - - Cap. CCIII 497 - - Cap. CCIV 499 - - Cap. CCV 509 - - Cap. CCXLII 517 - - Cap. CCXLIII 524 - - Cap. CCXLIV 528 - - Cap. CCXLV 535 - - Cap. CCXLVI 543 - - Cap. CCXLVII 551 - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias, tomo v., by -Bartolomé de las Casas - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS, TOMO V. *** - -***** This file should be named 53131-0.txt or 53131-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/1/3/53131/ - -Produced by Giovanni Fini, Josep Cols Canals and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/American Libraries.) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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