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-The Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias, tomo v., by
-Bartolomé de las Casas
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
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-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-
-
-Title: Historia de las Indias, tomo v.
-
-Author: Bartolomé de las Casas
-
-Release Date: September 23, 2016 [EBook #53131]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS, TOMO V. ***
-
-
-
-
-Produced by Giovanni Fini, Josep Cols Canals and the Online
-Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
-file was produced from images generously made available
-by The Internet Archive/American Libraries.)
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- NOTA DEL TRANSCRIPTOR:
-
-—Los errores obvios de impresión y puntuación han sido corregidos.
-
-—Se ha mantenido la acentuación del libro original, que difiere
-notablemente de la utilizada en español moderno.
-
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-
-
- HISTORIA
-
- DE
-
- LAS INDIAS.
-
-
-
-
- HISTORIA
-
- DE
-
- LAS INDIAS
-
- ESCRITA POR
-
- FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS
-
- OBISPO DE CHIAPA
-
- AHORA POR PRIMERA VEZ DADA Á LUZ
-
- POR
-
- EL MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE
-
- Y D. JOSÉ SANCHO RAYON.
-
- TOMO V.
-
-
- MADRID
-
- IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA
- calle de Campomanes, núm. 8.
-
- 1876.
-
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-
-
-ADVERTENCIA PRELIMINAR.
-
-
-Con el presente volúmen, en que termina el libro III y último de la
-Historia de las Indias de Fr. Bartolomé de las Casas, damos fin por hoy
-á nuestra tarea; no tardaremos, Dios mediante, en emprenderla de nuevo,
-imprimiendo parte de su «Apologética Historia», y algun otro Tratado
-inédito del mismo autor, al propio tiempo que su Biografía, escrita por
-nuestro querido amigo el erudito Académico de la Historia D. Antonio
-María Fabié. Ésta, enriquecida con nuevos datos y peregrinas noticias,
-ocupará casi un tomo, por lo cual no nos ha sido posible publicarla en
-el presente, como hubiéramos deseado, pues sólo podíamos disponer de
-quince ó veinte pliegos.
-
-Hemos puesto por Apéndice 51 capítulos entresacados de su «Apologética
-Historia» y precedidos de la portada y prólogo del libro; tanto para
-que nuestros lectores puedan formar juicio de esta obra, cuanto porque
-su autor pensó intercalarla en la que acabamos de imprimir, como puede
-verse por lo que dice al final del cap. 67 del libro I, y se comprueba
-con la primitiva numeracion de los de la Apologética, el primero de los
-cuales era el 68. De este MS. pensamos publicar en breve, sino todo lo
-que ahora queda inédito, al ménos lo que se refiere á México y al Perú,
-que es la mayor parte.
-
-En los capítulos 199 y 203 se han suprimido dos largas digresiones:
-sobre la poligamia de los antiguos, la una, y la otra acerca de la
-costumbre, antiquísima tambien, de matar ó quemar las mujeres cuando
-sus maridos ó señores morian, ó de enterrarlas vivas con ellos; ambas
-para disculpar á estas naciones y probar que los indios eran ménos
-bárbaros y crueles, en lo general, que aquellos.
-
-Hé aquí ahora un ligerísimo extracto de lo que contiene este tomo, para
-facilitar el uso de su índice:
-
-Continuando nuestro autor el libro III de su Historia, refiere y
-extracta la capitulacion del Rey con Diego Velazquez, nombrándole
-Adelantado de la tierra de Yucatán, y de lo demas que por allí á su
-costa se descubriese (capítulo 124). Cuenta varios sucesos de la
-isla de Santo Domingo, como el alzamiento de Enriquillo contra los
-españoles, y su causa (125 y 126), seguido del de otros dos indios
-llamados Ciguayo y Tamayo (127); la epidemia de viruelas que acabó
-de despoblar la Isla, y la plaga de hormigas que vino despues(128).
-Primeros ingenios para la fabricacion del azúcar y vuelo que tomó esta
-industria (129). Sus gestiones en la corte, con éxito vario, en favor
-de los indios (130 al 141 y 147 al 153), hasta que, creyendo haber
-conseguido su objeto, volvió á embarcarse para Santo Domingo (155 y
-156). Refutacion de lo que dice Fernandez de Oviedo en su «Historia»,
-acerca de los indios y del padre Casas (142 al 146). Salida de Hernando
-de Magallanes en demanda del Estrecho que hoy lleva su nombre (154).
-Llega Las Casas á Santo Domingo (157); sale para Cumaná (158), de
-donde vuelve á la Española, y en ella recibe la noticia de haber dado
-muerte los indios á los que allí habia dejado, quemando la casa y
-atarazana (159). Escribe al Rey lo sucedido, y él, de allí á algunos
-meses, se mete fraile (160). El nuevo Gobernador del Darien, Lope de
-Sosa, que iba á relevar á Pedrárias, muere ántes de desembarcar, y, por
-consiguiente, continua en el gobierno Pedrárias, de cuya gobernacion
-se refieren varios sucesos (161 al 164). Vá un tal Jacome de Castellon
-á castigar á los indios de Cumaná (165), con lo cual, y con varias
-consideraciones acerca de los Consejeros del Rey, que mandaban, ó al
-ménos toleraban, los excesos que nuestros españoles cometian en las
-Indias (166 y 167), concluye el libro III y último de esta Historia.
-
-Contiene el Apéndice:
-
-Descripcion, productos naturales, clima, etc., de la isla de Santo
-Domingo (cap. 1 al 23); inteligencia y disposicion natural de sus
-habitantes, y en general de los de todas las Indias (33 al 39), y
-ligera reseña de su religion, supersticiones y sacrificios (120 al
-125, 166, 167 y 181). Reyes en esta Española, y forma de gobierno que
-tenian ántes del descubrimiento (197 al 199); casamientos, entierros,
-juegos y demas costumbres en ella y en otras partes de las Indias (203
-al 205). Forma de gobierno, costumbres, ritos y supersticiones de otros
-varios reinos y provincias de aquellas comarcas (242 al 245), cuyos
-dos últimos capítulos referentes á la provincia de Cumaná y valle de
-Chiribichi, están sacados á la letra, segun él dice, de lo que cuenta
-en su sétima década Pedro Mártir de Angleria; concluyendo con una
-relacion bastante extensa de los motivos que tuvieron los indios del
-valle de Chiribichi para dar muerte á los dos religiosos que habia en
-aquel monasterio, en la que rectifica los errores cometidos por el
-mismo Pedro Mártir en el cap. 2.º de su sétima década (246), y con
-lo que hacian las gentes de la costa de Pária, como Venezuela, Santa
-Marta, el Cenú, etc., en los entierros y sepulturas de sus muertos
-(247).
-
-
-
-
-HISTORIA
-
-DE LAS INDIAS.
-
-
-LIBRO TERCERO.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXIV.
-
-
-Ya tocamos en el cap. 105, al fin dél, como el Rey hizo Adelantado á
-Diego Velazquez y Gobernador y Capitan general de toda la tierra que
-habia descubierto Francisco Hernandez y Juan de Grijalva, que era
-la isla de Cozumel y Yucatán, y toda la que agora llamamos la Nueva
-España, y aunque arriba se pudiera y debiera referir, cuando del año de
-18 hablamos, todavía no parece haber perdido mucho su lugar; y, dejado
-agora Cortés y sus compañeros haciendo las obras que se dirán, si á
-Dios place, diremos las cosas notables que acaescieron en el año de 19
-hasta el de 20, así en esta isla Española como en España, pero primero
-demos cuenta de las mercedes que el Rey hizo á Diego Velazquez, por
-donde la rebelion y maldad que Cortés le hizo, más clara, y fea, y más
-culpable, parecerá. Envió, pues, Diego Velazquez á un hidalgo llamado
-Gonzalo de Guzman, con su poder, para que se juntase con Pánfilo de
-Narvaez, el mismo que ya arriba dejamos dicho haber sido por Procurador
-de la isla de Cuba enviado, para que encareciendo al Rey los servicios
-que en descubrir á su costa aquella tierra le habia hecho Diego
-Velazquez, de lo cual trujo probanza, le hiciese merced de constituillo
-en dignidad de Adelantado con otras mercedes que pidió en sus
-memoriales. El obispo de Búrgos, D. Juan de Fonseca, que por la muerte
-del Gran Chanciller, como arriba fué contado, tornó á alear y á ser
-principal y como Presidente, segun de ántes lo era, del Consejo de las
-Indias, estaba muy aficionado á Diego Velazquez, y lo habia comenzado
-á favorecer mucho los dias pasados, ó porque lo tenia por servidor del
-Rey, ó porque, segun se dijo, lo queria casar con una señora, doña
-Mayor de Fonseca, sobrina suya; vistas las relaciones y probanzas y
-peticiones que Narvaez y Guzman, de parte de Diego Velazquez, en el
-Consejo presentaron, favorecióle mucho, y como al cabo se hacen las
-determinaciones en los Consejos segun las quieran guiar los Presidentes
-ó que tienen lugar dello, por la mayor parte, cuanto más que habia
-entónces allí entre ellos personas que eran en cargo á Diego Velazquez,
-por habelles señalado buenos repartimientos de indios, puesto que ya
-por industria del clérigo Bartolomé de las Casas se les habian quitado,
-juntáronse todas buenas voluntades para favorecer á Diego Velazquez,
-y así le concedieron las mercedes y todo lo que para él se pidió con
-abundancia. La capitulacion de lo cual es ésta que comienza desta
-manera:
-
-«El Rey: Por cuanto vos, Diego Velazquez, Lugar teniente de Gobernador
-de la isla Fernandina, que ántes se llamaba de Cuba, é nuestro Capitan
-é repartidor della, me hicistes relacion que vos, por la mucha voluntad
-que teneis al servicio de la católica Reina, mi señora, é mio, é al
-acrecentamiento de nuestra Corona real, habeis descubierto á vuestra
-costa cierta tierra, que por la relacion que teneis de los indios que
-della tomastes se llama Yucatán é Cozumel, á la cual, los cristianos
-españoles que en vuestro nombre la descubrieron, pusieron nombre Sancta
-María de los Remedios, y asimismo habeis descubierto otras ciertas
-islas, é que despues de descubiertas las dichas islas é tierra firme,
-é por saber los secretos dellas, con licencia é parecer de los padres
-Hierónimos, que por nuestro mandado en la isla Española residen, á
-vuestra costa tornastes á enviar otra armada á la dicha tierra para
-la descubrir más é ver los puertos dellas, la cual va proveida por un
-año de la gente y mantenimientos necesarios á vuestra costa, é porque
-vos, continuando el dicho propósito é voluntad que teneis á nuestro
-servicio, querríades enviar por otras partes gente é navíos para
-descubrir, sojuzgar é poner debajo de nuestro yugo é servidumbre las
-dichas tierra é islas que así habeis descubierto ó descubriéredes á
-vuestra costa é mision, é descubrir otras, me suplicastes é pedisteis
-por merced vos hiciese merced de la conquista dellas, é vos hiciese y
-otorgase las mercedes é con las condiciones siguientes....»
-
-En el capítulo 1.º, se le concedió licencia para que á su costa
-descubriese cualesquiera islas y tierra firme que hasta entónces no
-estuviesen descubiertas, con que no fuesen contenidas dentro de los
-límites de la demarcacion del rey de Portugal. En el cap. 2.º, le
-concedió é mandó que las tales tierras las pudiese conquistar como
-su Capitan, y poner debajo de su señorío y servidumbre, con que en
-el dicho descubrimiento é conquista guardase las instrucciones que
-se le diesen para el buen tractamiento é pacificacion é conversion
-de los indios naturales de las tales tierras, so las penas en ellas
-contenidas. Llamó conquista y poner debajo de su yugo y servidumbre las
-gentes, que no dijera más el turco, por la ignorancia y ceguedad de
-los del Consejo, que no advertian que los tales vocablos no convenian
-á ningun Rey cristiano, y tal como el de Castilla, ignorando tambien
-la diferencia que hay de los infieles, que nos impugnan, enemigos
-de nuestra fe, y que nos tienen usurpadas nuestras tierras, á los
-indios que estaban en sus tierras pacíficos y que no debian nada á
-los cristianos y ni á los reyes de Castilla. Destos vocablos se usó
-muchos años en el Consejo de las Indias, en tanto que duró la ceguedad
-suya susodicha, hasta que el clérigo Bartolomé de las Casas, despues
-de muchos años, les hizo cognoscer su yerro. En el cap. 3.º, le hace
-merced de constituillo Adelantado por toda su vida de las dichas
-tierras que descubrió y de las que á su costa descubriese. En el
-cap. 4.º, le hace merced, acatando la voluntad de serville y gastos
-que habia hecho en el descubrimiento y que habia de hacer, en alguna
-enmienda y remuneracion dello, le hizo merced que llevase la quincena
-parte de todo el provecho que en cualquiera manera de aquellas tierras
-el Rey tuviese, por su vida y de un heredero, y que habiendo poblado y
-pacificado cuatro islas y habiendo ya tracto seguro, en la una, cual él
-escogiese, hobiese la veintena parte de todas las rentas y provechos
-que al Rey se siguiesen, por cualquiera manera, perpétuamente para sí
-é sus herederos. En el 5.º, le concedió que de toda la ropa, armas y
-bastimentos, que de Castilla trujese á las dichas tierras, por toda su
-vida, no pagase derechos algunos. En el 6.º, le hizo merced de cierta
-hacienda de pan caçabí y de puercos que el Rey tenia en la Habana, para
-que se gastase en lo dicho. En el 7.º, señalóle 300.000 maravedís de
-salario cada año en las dichas tierras. En el 8.º, le hizo merced de la
-escobilla y relieves de las fundiciones del oro; ésto es la basura que
-de los crisoles, fundido el oro, sale, donde suele sacarse una buena
-parte de oro. En el 9.º, que hechas las fortalezas que fuesen menester
-en las dichas tierras se ternia respeto á sus servicios para dalle las
-tenencias dellas. En el 10, que suplicaria al Papa que concediese Bula
-para que los españoles que muriesen en aquella demanda fuesen absueltos
-á culpa y á pena. En el 11, que á los que allí poblasen no pagasen del
-oro que cogiesen de las minas más del diezmo los dos primeros años, y
-de allí al tercero año la nona parle, hasta llegar y parar en la quinta
-parte. En el 12, que por seis años, los que poblasen, no pagasen nada
-de la sal que comiesen, sino hobiese por parte del Rey arrendamiento.
-En el 13, que en cada navío que enviase á la dicha negociacion el Rey
-le mandase proveer de un clérigo de misa á costa del Rey. En el 14,
-que el Rey proveyese de un médico y boticarios y medicinas, y dos
-cirujanos. En el 15, que le mandaria dar 20 arcabuces de á dos arrobas.
-En el 16, daba licencia á todos los que les llevasen mantenimientos
-y otras cosas, por diez años, sin pagar derechos al Rey ningunos. En
-el 17, se le concedió que pudiese llevar de las islas, Española y las
-demas, de la gente española que en ellas hobiese la que quisiere ir
-á poblar las dichas tierras, con que no viniese daño á la poblacion
-dellas. En el postrero, dijo el Rey que ternia cuidado de honralle y
-hacelle mercedes, segun sus servicios, como á criado. Y en el pié de
-la Capitulacion promete el Rey de guardalle y cumplille lo capitulado,
-si él lo guardase y cumpliese con las instrucciones que le mandó dar
-para el buen tractamiento y conversion de los indios, y para traellos
-de paz, etc. Fué hecha la dicha Capitulacion en Zaragoza de Aragon,
-á 13 dias del mes de Noviembre de 1518 años; fué señalada del obispo
-de Búrgos, y del obispo de Badajoz, y de D. García de Padilla, y del
-licenciado Zapata, y refrendada de Francisco de los Cobos, que depues
-fué Comendador mayor de Leon. De donde parece que en el mismo tiempo, ó
-cuasi, porque cinco dias ántes y el mismo mes y año que el Rey concedió
-la gobernacion de aquellas tierras y las susodichas ciudades á Diego
-Velazquez, se le alzó Cortés con su flota ó armada en 18 de Noviembre,
-como parece aquí arriba en el capítulo 115, y al fin con todas las
-mercedes que el Rey le habia hecho, y con mucho más segun parecerá;
-de todas las cuales es manifiesto serle obligado á restitucion, sin
-el valor de la armada y los gastos della, y todos los daños que por
-esta causa á Diego Velazquez vinieron hasta que murió, que no fueron
-pocos, y más las angustias de su ánima, viendo que su criado, y á quien
-perdonó, y honró, y sublimó con todo su bien temporal, y riquezas, y
-estado, y honra, se le alzó y lo robó y despojó, sin que le valiese
-razon y justicia: y de todo ello nunca vimos en Cortés señal de
-restitucion y satisfaccion, sino siempre con la sangre y trabajos
-ajenos triunfar.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXV.
-
-
-Por este tiempo cosas acaescieron notables en esta isla Española, y
-una fué, que como los indios della se iban acabando, y no cesasen
-por eso de los trabajar, y angustiar los españoles que los tenian,
-uno dellos, llamado Valenzuela, vecino de la villa de Sant Juan de
-la Maguana, harto mozo liviano, que sucedió en la inicua y tiránica
-posesion dellos á su padre, tenia un repartimiento cuyo Cacique y
-señor se llamaba Enriquillo, que habia sido criado, siendo niño, en
-el monasterio de Sant Francisco, que hobo en una villa de españoles
-llamada la Vera-Paz, y la provincia segun la lengua de los indios
-Xaraguá, la última sílaba aguda, donde tuvo su reino el rey Behechío,
-la penúltima luenga, y que fué uno de los cinco reinos desta isla, y
-el principal de que mucho en el libro I y II habemos hablado, el cual
-los frailes habian enseñado á leer y escribir, y en costumbres asaz
-bien doctrinado, y él de su inclinacion no perdia nada, y supo bien
-hablar nuestra lengua, por lo cual siempre mostró por sus obras haber
-por los religiosos aprovechado. La tierra y señoríos deste fué la
-provincia que los indios llamaban Baorúco, la penúltima luenga, en las
-sierras que están á la mar del Sur desta isla, 30, y 40, y 50, y 70
-leguas del puerto de Sancto Domingo, la costa hácia el Poniente abajo.
-Este Cacique y señor de aquella provincia del Baorúco, salido de la
-doctrina de los religiosos y hecho hombre, casóse con una señora india,
-mujer de buen linaje y noble, llamada Doña Lucía, como cristianos, en
-haz de la Sancta Madre Iglesia. Era Enrique, alto y gentil hombre de
-cuerpo, bien proporcionado y dispuesto, la cara no tenia hermosa ni
-fea, pero teníala de hombre grave y severo, el cual servia con sus
-indios al dicho mancebo Valenzuela como si se lo debiera, como dicen,
-de fuero, sufriendo su injusta servidumbre y agravios que cada dia
-rescibia, con paciencia; entre los pocos y pobres bienes que tenia
-poseia una yegua, ésta le tomó contra su voluntad el mozo tirano á
-quien servia, despues desto, no contento con aquel robo y fuerza,
-procuró de violar el matrimonio del Cacique y forzalle la mujer, y como
-el Cacique lo sintiese, porque se quejó á él mismo diciéndole que por
-qué le hacia aquel agravio y afrenta, dicen que le dió de palos para
-que se cumpliese el proverbio, agraviado y aporreado. Fuése á quejar de
-sus agravios al Teniente de Gobernador que en aquella villa residia,
-llamado Pedro de Vadillo; halló en él el abrigo que siempre hallaron en
-las justicias destas Indias y ministros del Rey los indios, éste fué
-que lo amenazó que le haria y aconteceria si más venia á él con quejas
-de Valenzuela, y áun dijeron que lo hecho en la cárcel ó en el cepo. El
-triste, no hallando remedio en aquel ministro de justicia, despues que
-le soltaron, acordó de venir á esta ciudad de Sancto Domingo á quejarse
-á la Audiencia de las injurias y denuestos rescibidos, con harta
-pobreza, cansancio y hambre, por no tener dinero ni de que habello. El
-Audiencia le dió su carta de favor, pero remitiéndolo al dicho teniente
-Vadillo sin otro remedio; y ésto fué tambien el consuelo que las
-Audiencias, y aún tambien el Consejo del Rey, que reside en Castilla,
-daban á los agraviados y míseros, remitillos, conviene á saber, á los
-agraviantes y sus propios enemigos. Tornado á la villa, que estaba
-30 leguas, presentó sus papeles, y la justicia que halló en Vadillo,
-fué, segun se dijo, tratándolo de palabra y con amenazas peor que de
-primero; pues sabido por su amo Valenzuela, no fueron menores los
-malos tractamientos y asombramientos, que lo habia de azotar, y matar,
-y hacer y acontecer, y aún, segun yo no dudo, por la costumbre muy
-envejecida, y el menosprecio en que los indios fueron siempre tenidos,
-señores y súbditos, y la libertad y duro señorío que los españoles
-sobre ellos tuvieron para los afligir, sin temor de Dios y de la
-justicia, que le daria de palos ó bofetadas ántes que dalle de cenar,
-para consuelo y descanso de su camino. Sufrió las nuevas injurias y
-baldones el cacique Enriquillo (llamábanlo así los que lo cognoscieron
-niño, cuando estaba con los padres de Sant Francisco, y de allí nació
-nombrallo comunmente por este nombre diminutivo), sufriólas, digo y
-disimuló, y habida licencia de su amo, que con más justa razon pudiera
-ser señor suyo el indio, porque acabado el tiempo que eran ciertos
-meses del año que se remudaban las cuadrillas para venir á servir, y
-el Cacique era el que iba y venia, y los traia, y el que si faltaba
-un indio que no viniese, lo habia él de llorar y padecer, con cárcel
-é injurias, y aún palos y bofetadas, y otras angustias y denuestos,
-vuelto á su tiempo, confiado en su justicia y en su tierra, que era
-áspera, donde no podian subir caballos, y en sus fuerzas y de sus
-pocos indios que tenia, determinó de no ir más á servir á su enemigo,
-ni enviarle indio suyo, y por consiguiente, en su tierra se defender;
-y ésto llamaron los españoles y llaman hoy, alzarse y ser rebelde
-Enrique, y rebeldes y alzados los indios, que con verdad hablando
-no es otra cosa sino huir de sus crueles enemigos, que los matan y
-consumen, como huye la vaca ó buey de la carnecería; el cual, como no
-fuese ni llevase indios para el servicio de Valenzuela en el tiempo
-establecido, estimando el Valenzuela que por los agravios rescibidos
-estaria enojado y alborotado, y como ellos decian, alzado, fué con 11
-hombres á traello por fuerza y sobre ello maltratallo. Llegado allá,
-hallólo á él y á su gente no descuidado, sino con armas, que fueron
-lanzas, por hierros clavos y huesos de pescados, y arcos, y flechas, y
-piedras y lo demas de que pudieron armarse; saliéronle al encuentro,
-y el cacique Enriquillo delante, y dijo á Valenzuela que se tornase,
-porque no habia de ir con él, ni de sus indios nadie, y como el mozo
-Valenzuela lo tuviese como esclavo y mayor menosprecio que si fuera
-estiércol de la plaza, como todos los españoles han tenido siempre y
-tienen á estas gentes por más que menospreciadas, comenzó á decirle
-de perro y con todas las injuriosas palabras que se le ofrecieron
-denostalle, y arremete á él y á los indios que estaban con él, los
-cuales dan en ellos, y con tanta priesa, que le mataron uno ó dos de
-sus españoles, y descalabraron á todos los más, y los otros volvieron
-las espaldas. No quiso Enrique que los siguiesen, sino que los dejasen
-ir, y dijo á Valenzuela: «Agradecé, Valenzuela, que no os mato, andad,
-ios y no volvais más acá, guardaos.» Tornóse Valenzuela con los suyos
-á Sant Juan de la Maguana, más que de paso, y su soberbia lastimada,
-puesto que no curada. Suénase luégo por toda la isla que Enriquillo
-es alzado, provéese por el Audiencia que vaya gente á subjuzgallo,
-juntáronse 70 ó 80 españoles y vánlo á buscar, los cuales, despues de
-muy cansados y hambrientos de muchos dias, halláronlo en cierto monte;
-salió á ellos, mató ciertos y hirió á otros, y todos desbaratados y
-humillados acordaron con harta tristeza y afrenta suya de se tornar.
-Cunde toda la isla la fama y victorias de Enriquillo, húyense muchos
-indios del servicio y opresion de los españoles, y vánse á refugio
-y bandera de Enriquillo, como á castillo roquero inespugnable, á se
-salvar, de la manera que acudieron á David, que andaba huyendo de la
-tiranía de Saul, todos los que estaban en angustias y los opresos de
-deudas y en amargura de sus ánimos, como parece en el primer libro de
-los Reyes cap. 22: _Et convenerunt ad eum omnes qui erant in angustia
-constituti et oppressi ære alieno et amaro animo, et factus est eorum
-Princeps; fueruntque cum eo quasi quadringenti viri_, bien así, por
-esta semejanza se allegaron á Enriquillo, de toda la isla, cerca de
-300 hombres, sometiéndose á su capitanía, no teniendo él, á lo que
-sentí yo, ni áun 100. Enseñábalos él cómo habian de pelear contra los
-españoles, si á ellos viniesen, para defenderse; nunca permitió que
-algunos de los que á él se venian saliese á hacer saltos ni matar
-español alguno, sino solamente pretendió defender á sí é á los suyos
-de los españoles, que muchas veces vinieron á subjuzgallo y ofendello.
-Cuán justa guerra contra los españoles, él y ellos tuviesen y se le
-sometiesen y lo eligiesen por señor y Rey los indios que á él venian,
-y los demas de toda la isla lo pudieran justamente hacer, claro lo
-muestra la Historia de los Machabeos en la Escritura divina y las
-de España que narran los hechos del infante D. Pelayo, que no sólo
-tuvieron justa guerra de natural defension, pero pudieron proceder
-á hacer venganza y castigo de las injurias, y daños, y muertes, y
-disminucion de sus gentes, y usurpacion de sus tierras rescibidas, de
-la misma manera y con el mismo derecho; cuanto á lo que toca al derecho
-natural y de las gentes (dejado aparte lo que concierne á nuestra
-sancta fe, que es otro título añadido á la defension natural en los
-cristianos), tuvieron justo y justísimo título, Enrique y los indios
-pocos que en esta Isla habian quedado de las crueles manos y horribles
-tiranías de los españoles, para los perseguir, destruir, é punir,
-é asolar como á capitales hostes y enemigos, destruidores de todas
-sus tan grandes repúblicas, como en esta isla habia, lo cual hacian
-y podian hacer con autoridad del derecho natural y de las gentes, y
-la tal guerra propiamente se suele decir, no guerra sino defension
-natural. Cuanto más, que áun Enrique tenia más cumplido derecho, como
-es el del Príncipe, porque otro señor ni Príncipe no habia en esta
-isla quedado, y así podia proceder al castigo y venganza, secutando
-justicia en todos los españoles que hallase; no se puede oponer á ésto,
-diciendo, como algunos ignorantes del hecho y del derecho dicen, que
-el Príncipe desta isla era el rey de Castilla, y que á él habian de
-ocurrir á pedir justicia, porque ésto es falsa lisonja y disparate,
-la razon es, porque nunca los Reyes y señores naturales desta isla
-reconocieron por superior al rey de Castilla, sino que desde que fueron
-descubiertos hasta hoy, de hecho y no de derecho, fueron tiranizados,
-muertos en guerras crueles, y opresos siempre con crudelísima
-servidumbre hasta que los acabaron, como pareció en el primer libro
-y en toda la Historia. Item, nunca hobo en esta isla jamás justicia,
-ni jamás se hizo en desagraviar los indios vecinos y moradores della,
-y, donde quiera que falta justicia se la puede hacer á sí mismo el
-opreso y agraviado. Esta es máxima de los juristas, y la dicta y enseña
-la razon natural. Por lo dicho no se deroga el principado supremo y
-universal de los reyes de Castilla sobre todo este orbe, concedido por
-la Sede apostólica, si en él entraren y dél usaren como entrar deben
-y dél usar, porque todo ha de tener órden y se ha de guiar, no por lo
-que á cada uno se le antojare, sino por reglas de razon, así como todas
-las obras de Dios son por razon guiadas y ordenadas. Destas materias
-dejamos escritos, en romance y en latin, grandes tractados.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXVI.
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-
-La gente que con él estaba mataron, contra su voluntad, á dos ó á tres
-españoles que venian de la tierra firme y traian mas de 15 ó 20.000
-pesos de oro; y, á lo que yo estimo, éstos fueron alguna cuadrilla
-ántes que á él se subjetasen, ó andando por la tierra atalayando si
-venian españoles, por su mandado. Y algunos males hicieron que él no
-les mandaba, pero no los castigaba porque sólo no lo dejasen, solamente
-les mandaba que cuando hallasen españoles les tomasen las armas y
-los dejasen, y éste fué uno de sus principales cuidados, conviene á
-saber, buscar y haber lanzas y espadas, en el ejercicio de las cuales
-se hicieron en breve tan ardiles y enseñados como si hobieran sido
-muchos años rufianes y que cada dia se acuchillaran; estaban peleando
-y acuchillándose con los españoles, cuando los hallaban, pié con pié,
-mucha parte del dia, que era cosa de espanto. En muchas veces que
-se hicieron en la isla armadas para ir contra él, que por él fueron
-desbaratadas, cobraron muchas armas, y siempre los indios que se
-alzaban para irse á él trabajaban de hurtar á sus amos armas todas las
-que podian; y por donde quiera que andaban fué extraña la vigilancia,
-y diligencia, y solicitud que tuvo en guardarse, á sí é á los que con
-él estaban, como si toda su vida fuera Capitan en Italia. Tenia sus
-guardas y espías en los puertos y lugares por donde sabia que podian
-los españoles venir á buscalle. Sabido por las espías y guardas que
-tenia en el campo que habia españoles en la tierra, tomaba todas las
-mujeres, y niños, y viejos, y enfermos, si los habia, y todos los
-que no eran para pelear, con 50 hombres de guerra que siempre tenia
-consigo, y llevábalos 10 ó 12 leguas de allí, en lugares que tenia
-secretos en aquellas sierras, donde habia hechas labranzas y tenia de
-comer, dejando un Capitan, sobrino suyo, tamaño como un codo pero muy
-esforzado, con toda la gente de guerra para esperar á los españoles,
-los cuales llegados, peleaban contra ellos los indios como leones;
-venia luégo de refresco Enrique con sus 50 hombres y daba en ellos
-por la parte que le parecia, por manera que los lastimaba, heria y
-mataba, y ninguna, de muchas veces que fueron muchos españoles contra
-él, hobo que no los desbaratase, llevando siempre la victoria. Acaeció
-una vez desbaratar muchos dellos y meterse 71 ó 72 en unas cuevas de
-piedra ó peñas, escondiéndose de los indios que iban con el alcance,
-y entendiendo que estaban allí quieren los indios allegar leña para
-poner fuego y quemallos; mandó Enrique: «no quiero que se quemen, sino
-tomaldes las armas, y dejaldos, váyanse», y así lo hicieron, donde se
-proveyó bien de espadas, y lanzas, y ballestas, puesto que de éstas no
-sabian usar. Destos 70 españoles se metió fraile uno en el monasterio
-de Sancto Domingo, de la ciudad de Sancto Domingo, por voto que habia
-hecho, viéndose en aquella angustia, no creyendo de se escapar, y dél
-hobe lo que deste caso yo aquí escribo. De donde se arguye la bondad
-de Enrique bien á la clara, pues pudiendo matar á todos aquellos
-españoles, no quiso matarlos, y así tenia mandado, que si no fuese
-en el conflicto de la guerra, fuera de ello ninguno á alguno matase.
-Si cuando Enrique sobrevenia con sus 50, dejadas las mujeres puestas
-en cobro, no habian aún llegado los españoles á donde los indios los
-esperaban, era tanta su vigilancia que el primero era él que los
-sentia. Tenia esta órden: dormia siempre á prima noche un sueño, segun
-le bastaba, y, levantándose, llevaba consigo dos mancebos por pajes,
-con sus lanzas, que le llevaban junto, cabe sí, su espada, y creo
-que dos espadas, porque las tenia á la cabecera de su hamaca, donde
-dormia; él tomaba sus cuentas, y iba rezando el rosario, paseándose
-alrededor de todo su real, y así él era el primero, ó de los primeros,
-que sentia llegar los españoles y á su gente despertaba. Tuvo para su
-seguridad otra buena órden y buenos recaudos, proveyó que se hiciesen
-labranzas en muchos é diversos lugares de aquellas sierras y sus chozas
-de paja, en 30 y 40 leguas que duran, que estuviesen unos de otros 10
-y 12 leguas, á donde las mujeres, y niños, y viejos, una vez en uno
-y otra en otro, segun más cómodo serle parecia, y no siempre en uno,
-salvaba; y porque tenia muchos perros para montear puercos, que allí
-habia y hay infinitos, de que mantenia toda su gente, y tambien mandaba
-criar muchas gallinas, y para que los perros ladrando y los gallos
-cantando no le descubriesen, tenia cierto pueblo hecho en cierto lugar
-escondido para los perros y aves, y allí dos ó tres indios con sus
-mujeres, y no más, para curallos, y él y su gente siempre andaban de
-allí muy apartados. Cuando enviaba algunos indios, pocos, como dos,
-ó tres, ó cuatro, á pescar ó á montear, ó á alguna otra parte, nunca
-le habian de hallar en el lugar donde lo dejaron, ni ellos sabian
-puntualmente á dónde habian de hallallo; ésto hacia porque si los
-españoles los prendiesen, y ninguno dellos pudiese irle á avisar, y á
-tormentos descubriesen donde quedaba, no le hallasen; no corria aquel
-riesgo cuando muchos enviaba, porque á muchos no fácilmente los habian
-de prender todos, y así estimaba que se escaparia dellos quien lo
-avisase. Estendióse cada dia más la fama de las victorias y diligencia,
-esfuerzo y ardides de guerra de Enrique y de su gente por toda esta
-isla, porque, como se dijo, vez ninguna vinieron contra él españoles
-que no volviesen descalabrados; por manera que toda la isla estaba
-admirada y turbada, y cuando se hacia armada para ir contra él, no
-todos iban de buena gana, y no fueran, si por el Audiencia con penas no
-fueran forzados; y en ésto pasaron trece y catorce años, en lo cual se
-gastaron de la Caja del Rey más de 80 ó 100.000 castellanos. Ofrecióse
-un religioso de la órden de Sant Francisco, siervo de Dios, extranjero,
-de quien dije arriba que habia traido cierto número de frailes de su
-Órden á esta isla, notables personas en letras y en religion, con el
-celo de predicar el Evangelio á estas gentes, llamado fray Remigio,
-y creo que fué uno de los que á Enrique criaron, á ir á hablallo y
-asegurallo viendo que por fuerza no era posible ganallo; lleváronlo en
-un navío y echáronlo en tierra en lugar donde poco más ó ménos podian
-creer que Enrique ó su gente estaba, y porque en viendo venir navío
-por la mar luégo creia que venia gente española á buscallo, para lo
-cual ponia suma diligencia en saber dónde desembarcaban, y enviaba
-cuadrillas de gente suya para indagallo, llegó cierta cuadrilla dellos
-donde aquel padre fray Remigio habia desembarcado. Desque lo vieron
-dijéronle si venia por mandado de los españoles á espiallos; respondió
-que no, sino que venia á hablar á Enrique para decille que fuese
-amigo de los españoles y que no rescibiria daño, y que no anduviese
-huyendo y trabajado como andaba, y porque los queria bien se habia
-movido á venir á ellos y ponerse á aquellos trabajos. Dijéronle que
-debia de mentir, porque los españoles eran malos y siempre les habian
-mentido, y ninguna fe ni verdad les habian guardado, y que él los
-debia de querer engañar, como los demas, y que estaban por matallo.
-Vídose el sancto fraile harto atribulado, pero como Enrique les habia
-prohibido de que no matasen ningun español, sino en el conflicto cuando
-peleasen, no lo hicieron, pero desnudáronle todos sus hábitos, hasta
-quedar en sus paños menores, y dejáronlo, y repartieron los hartos
-entre sí á pedazos; rogábales mucho que hiciesen saber á Enrique como
-era uno de los padres de Sant Francisco, y que él holgaria de vello,
-que lo llevasen á donde él estaba. Dejáronlo allí é fuéronlo á decir
-á Enrique, el cual, así como lo supo, vino luégo á él y mostró por
-meneos y por palabras haberle mucho pesado de lo que aquellos indios
-habian hecho, y díjole que lo perdonase, aunque habia sido contra su
-voluntad, y que no estuviese enojado; manera que tienen los indios
-comun de consolar los que ven que están con alguna pena fatigados. El
-Padre le rogó y encareció que fuese amigo de los españoles y sería
-bien tractado desde en adelante; respondió Enrique que no deseaba más
-otra cosa, pero que ya sabia quién eran los españoles y cómo habian
-muerto á su padre, y abuelo, y á todos los señores y gentes de aquel
-reino de Xaraguá, y toda la isla despoblado. Y, refiriendo los daños
-y agravios que de Valenzuela habia recibido, dijo que por no ser por
-él ó por ellos muerto, como sus padres, se habia huido á su tierra,
-donde estaba, y que ni él ni los suyos hacian mal á nadie, sino
-defenderse contra los que venian á captivallos y matallos, y que para
-vivir la vida que hasta entónces habian vivido en servidumbre, donde
-sabia que habian todos de perecer, como sus pasados, no habia de ver
-más español para conversallo. Pidióle el Padre que le mandase dar sus
-hábitos; díjole que los habian rompido los indios y repartido entre
-sí á pedazos, de lo cual le pesaba en el ánima, y porque el navío que
-lo habia traido andaba por allí á vista barloventeando, hiciéronle
-señales, y acercándose á tierra con su barca, Enrique besó la mano al
-Padre y despidióse dél cuasi llorando, y los marineros rescibieron al
-Padre y cubriéronlo con sus capas, y volviéronlo á esta ciudad y á su
-casa, donde no le faltaron hábitos, aunque no de seda sino de los que
-tenian, segun su pobreza.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXVII.
-
-De como se levantó un indio llamado Ciguayo que atemorizó toda
-la isla con las muertes de españoles que hizo, al cual en fin
-mataron.--Levantóse otro llamado Tamayo que hizo tambien muchas muertes
-y daños.--De como á Enrique pesaba desto, y procuró traerlo á su
-compañía porque no hiciese daño, y lo trujo.--De muchas armadas que
-hicieron contra Enrique, en especial una donde hobo habla y concierto,
-entre Enrique y el Capitan, de paz, y de la liberalidad de Enrique en
-dar el oro que tenia, y de la indiscrecion del Capitan, etc.
-
-
-Cobraron ánimo algunos de los indios pocos que en la isla habia, viendo
-que Enrique prevalecia, y levántose un indio que llamaban el Ciguayo,
-y debia ser del linaje de los ciguayos, generacion señalada que vivia
-y poblaba las sierras que hacian la Vega Real, aguas vertientes á la
-mar del Norte, la costa más arriba desta isla, de quien mucho tractamos
-arriba en el libro I. Este Ciguayo, que era hombre valiente aunque
-encueros como los otros, alcanzó una lanza con su yerro de Castilla,
-y creo que una espada (no supe á qué español servia); dejó al que lo
-oprimia, llegó á sí obra de 10 ó 12 indios, y con ellos comienza á
-hacer saltos en españoles, en las minas y en las estancias ó haciendas
-del campo, donde andaban dos y cuatro, y así pocos juntos, y mataba
-á todos los que hallaba, de tal manera que puso pavor y espanto, y
-extraño miedo en toda la isla; ninguno pensaba estar seguro ni aún
-en los pueblos de la tierra dentro, sino con temor del Ciguayo todos
-vivian. Finalmente, juntáronse cierta cuadrilla de españoles, y
-siguiéronlo muchos dias, y hallado, dan en él; él dá en ellos como un
-rabioso perro, de la manera que si estuviera armado de hierro desde los
-piés á la cabeza, y peleando todos reciamente, retrújose el Ciguayo en
-una quebrada, y allí, peleando, un español lo atravesó con una media
-lanza, y atravesado peleaba como un Hector; finalmente, desangrándose
-y perdiendo las fuerzas, llegaron todos los españoles y allí lo
-fenecieron; huyeron todos sus compañeros en tanto que con él lo habian,
-que tuvieron poco que hacer con él. Muerto el Ciguayo; levántose otro
-indiazo, valiente de cuerpo y de fuerzas, llamado Tamayo, y comienza
-con otra cuadrilla que juntó á proseguir las obras del Ciguayo,
-salteando á los que estaban fuera de los pueblos. Este hizo mucho daño
-y causó grande miedo y escándalo en esta isla, mató muchos, y algunas
-mujeres españolas, y cuantos hallaba sólos en las estancias, que no
-dejaba persona á vida, y toda su codicia era tomar ó robar armas,
-lanzas y espadas, y tambien la ropa que podia; y ésta fué, cierto, cosa
-digna de contarse por maravilla, que habiendo en ésta isla sobre tres ó
-cuatro cuentos de ánimas, solos 300 españoles la sojuzgaron, y las tres
-y cuatro partes dellas por guerras y con servidumbre horrible en las
-minas destruyeron, é que en aqueste tiempo que ésto acaescia, que habia
-en esta isla tres ó cuatro mil españoles, sólos dos indios con cada 12
-ó 15 compañeros, y no juntos sino, uno agora y otro despues, distintos,
-les hiciesen temblar las carnes, no se hallando ni teniendo por seguros
-áun en sus pueblos. Esto no se ha de atribuir sino al juicio divino
-que quiso mostrarnos tres cosas, la una, que estas gentes, no porque
-estuviesen desnudas y fuesen mansuetísimas como lo eran, les faltaba
-ánimo ni dejaban de ser hombres; la segunda, que si tuvieran armas como
-las nuestras y caballos y arcabuces, no se dejaran estirpar ni raer
-de la haz de la tierra, como la raimos y estirpamos; la tercera, que
-daba señal de la reprobacion de tales obras, y punicion que en la otra
-vida hemos de padecer por tan grandes pecados contra Dios y contra los
-prójimos cometidos, si penitencia en ésta no nos vale; y ésto parece
-mostrarse por aquello que escribe en el libro de los Jueces, cap. 2.º
-y 3.º, que no quiso Dios del todo destruir las gentes de la tierra
-de promision para con las que quedaron enseñase á los hebreos sus
-pecados, y los castigase tambien con ellas. _Dimisit ergo Dominus omnes
-nationes has et cito subvertere noluit. Hæ sunt gentes quas Dominus
-dereliquit ut erudiret in eis Israel; dimisitque eas ut in ipsis
-esperiretur Israelem utrum audirent mandata Domini quæ præceperat_,
-etc. Y aunque aquellos dos, Ciguayo y Tamayo, con sus compañías se
-levantaron y infestaron toda esta isla en aquel tiempo sin sabello
-Enrique, pero la opinion de toda la tierra era que todo lo mandaba
-hacer Enrique, por lo cual vivian todos los vecinos españoles della
-con mucho mayor miedo. Entendiendo Enrique las obras que el Ciguayo
-hizo y Tamayo hacia, estimando prudentemente lo que en la verdad era,
-conviene á saber, que los españoles creerian que por su mandado todo
-era hecho, pesábale mucho dello; y ésto yo lo sé muy de cierto, segun
-que abajo en el siguiente libro, si place á Dios, más largo lo diré.
-Y acaeció tener Enrique consigo, entre los otros, un indio llamado
-Romero, sobrino del dicho Tamayo, el cual acordó enviallo á buscar al
-Tamayo que andaba hácia los pueblos del Puerto Real y Lares de Guhába,
-la penúltima luenga, cerca de cien leguas de allí, é que le rogase que
-se viniese para él porque estuviese más seguro, porque un dia que otro
-no le acaeciese lo que al Ciguayo acaeció, que los españoles hasta
-tomallo lo siguiesen; y que él lo trataria bien y le haria Capitan de
-parte de su gente, y todos juntos estando, serían más fuertes para se
-defender. El cual, finalmente, persuadido por el sobrino que era harto
-cuerdo, se vino con muchas lanzas y espadas y ropa, que habia robado,
-para Enrique; rescibiólo Enrique con muy grande alegría, y así estorbó
-Enrique grandes daños que Tamayo hiciera por esta isla, de donde se
-manifiesta bien la bondad de Enrique, y no ménos la discrecion y
-prudencia que tuvo y de que usó, para impedir un hombre á los españoles
-tan nocivo que no les hiciese mal, trayéndolo á su compañía por aquella
-vía. Casi cada año se hacia armada y junta de españoles para ir contra
-Enrique, donde se gastaron del Rey y de los vecinos, muchos millares
-de castellanos; entre otras se hizo una de 150 españoles, y quizá más,
-cuyo Capitan fué un vecino de la villa que llamaban el Bonao, llamado
-Hernando de Sant Miguel, de los muy antiguos desta isla y del tiempo
-del primer Almirante. Este habia venido á esta isla muy muchacho, y
-como se habia criado en grandes trabajos, en las crudas guerras é
-injustas que en ella contra estas gentes se hicieron, así andaba por
-las sierras, y sobre las peñas, descalzo como calzado; fuera desto,
-era hombre de bien y hidalgo, natural de Ledesma ó Salamanca. Este
-anduvo muchos dias tras Enrique, pero nunca lo pudo hallar descuidado,
-y, segun estimo si no me he olvidado, tampoco se allegaron á reñir en
-batalla. Un dia halláronse los unos de los otros tan cercanos, que,
-ninguno pudiendo dañar al otro, se hablaron y oyeron las palabras los
-unos de los otros; ésto se pudo así hacer, porque los unos estaban en
-un pico de una sierra y los otros en el pico de otra, muy altas y muy
-juntas, salvo que las dividia una quebrada ó arroyo muy profundo que
-parecia tener de hondo sobre 500 estados. Sintiéndose tan cercanos
-los unos de los otros, pidiéronse tréguas y seguro para hablarse;
-concedidas de ambas partes para que ninguno tirase al otro con que le
-dañase, dijo el Capitan de los españoles que pareciese allí Enrique
-para le hablar; pareció Enrique, y díjole el Capitan, que la vida que
-tenia y la que hacia tener á los españoles de la isla era trabajosa y
-no buena, que sería mejor estar y vivir en paz y sosiego. Respondió
-Enrique, que así le parecia á él, y que era cosa que él mucho deseaba
-muchos dias habia, y que no quedaba por él, sino por ellos. Replicó
-el Capitan que él traia mandamiento y poder de la Real Audiencia,
-que mandaba en la ciudad de Sancto Domingo por el Rey, para tratar y
-asentar las paces con él y con su gente, que los dejarian vivir en su
-libertad en una parte de la isla, donde quisiese y escogiese, sin tener
-los españoles que hacer con ellos, con tanto que él ni ellos dañasen á
-ninguno ni hiciesen cosa que no debiesen, y que les diese el oro todo
-que habian tomado á los españoles que viniendo de tierra firme mataron.
-Mostróle, aunque así apartado, la provision que de la Audiencia
-llevaba. Dijo Enrique, que le placia de hacer paces y tener amistad
-con todos los españoles, y de no hacer mal á nadie y de darles todo
-el oro que tenia, con que lo que se le promete se le guarde. Tratando
-del cómo y cuándo se verian, concertaron allí, que tal dia el Capitan
-fuese con solos ocho hombres y Enrique con otros ocho, no más, á la
-costa de la mar, señalando cierta parte, y así, con este concierto, se
-apartaron. Enrique provee luégo de cumplir su palabra y envia gente que
-haga en el dicho lugar una gran ramada de árboles y ramas, y en ella
-un aparador, donde pusieron todas las piezas de oro, que parecia cosa
-real; el Capitan dispone tambien de hacer lo mismo, y para celebrar
-las paces con mayor alegría y regocijo, aunque indiscretamente, mandó
-al navío que por allí cerca andaba, viniese á ponerse frontero y
-junto á tierra del dicho lugar concertado, y él viénese por la costa
-de la mar con un tamborino y gente con él muy alegres y regocijados;
-Enrique, que ya estaba con sus ocho hombres y mucha comida en la ramada
-esperando, viendo que el navío se acercaba, y que venia el Capitan con
-más gente, y que con tamborino, tañendo y haciendo estruendo, venian
-los españoles, pareciéndole que habia excedido de lo asentado, y
-temiendo no le hubiesen urdido alguna celada, acordó de negarse, y así
-escondióse en el monte con su gente, que debia tener para su guarda, y
-mandó á los ocho indios que, cuando llegasen los españoles, les dijesen
-que no pudo venir á verse con ellos porque se habia sentido un poco
-malo, y que les diesen la comida que les tenia aparejada y todo el oro,
-y les sirviesen muy bien y en todo los agradasen. Llegado el Capitan y
-los suyos, preguntó por Enrique; respondiéronle los ocho lo que Enrique
-les habia mandado; quedó harto pesante de su indiscrecion el Capitan
-(ó si no la conoció, quizá), por no haber hallado á Enrique, porque
-tenia por cierto, y no se engañaba, que allí la pendencia y escándalo
-y miedo de la isla se acababa, puesto que aunque no se acabó del todo,
-al ménos suspendióse hasta que despues, como placiendo á Dios en el
-libro siguiente se dirá, por cierta ocasion del todo fué acabado; así
-que los ocho les dieron de comer y les sirvieron con mucha solicitud,
-como los indios suelen, y entregáronles todo el oro sin faltar un
-cornado. El Capitan les dió gracias, y díjoles que dijesen á Enrique
-como le habia pesado de no haberlo visto y abrazado, y que le pesaba
-de su mal, puesto que bien conoció que de industria se habia quedado,
-y que fuesen amigos y que no hiciese daño, y que tampoco lo rescibiria
-desde adelante. Los españoles se embarcaron y se vinieron á la ciudad,
-y los indios se fueron donde estaba su amo. Desde aquel dia no hobo más
-cuidado en la isla de seguir á Enrique, ni de ninguna de la partes se
-recreció algun daño hasta que del todo se asentaron las paces, que duró
-este intervalo cuatro ó cinco años.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXVIII.
-
-
-Acaeció más en esta isla por este tiempo del año 18 y 19, y fué que
-por la voluntad ó permision de Dios, para sacar de tanto tormento y
-angustiosa vida que los pocos de indios que restaban padecian en toda
-especie de trabajos, mayormente en las minas, y juntamente para castigo
-de los que los oprimian, porque sintiesen la falta que les hacian los
-indios, vino una plaga terrible que cuasi todos del todo perecieron,
-sin quedar sino muy poquitos con vida; ésta fué las viruelas, que
-dieron en los tristes indios, que alguna persona trujo de Castilla, las
-cuales, como les nacian, con el calor de la tierra y ellas que son como
-fuego, y á cada paso ellos tenian de costumbre, si podian, lavarse en
-los rios, lanzábanse á lavar con el angustia que sentian, por lo cual
-se les encerraban dentro del cuerpo, y así, como pestilencia vastativa,
-en breve todos morian: allegábase á ésto la flaqueza y poca sustancia
-que siempre por la falta de comer, y desnudez, y dormir en el suelo, y
-sobra de trabajos tenian, y el poco y ningun cuidado que de su salud y
-conservacion siempre tuvieron los que dellos se servian. Finalmente,
-viendo los españoles que se les morian, comenzaron á sentir la falta
-que les hacian y habian de hacer, por donde se movieron á poner alguna
-diligencia en curallos, aunque aprovechó poco á los más, porque
-debieron de haberlo comenzado muchos años ántes; no creo que quedaron
-vivos ni se escaparon desta miseria 1.000 ánimas, de la inmensidad de
-gentes que en esta isla habia y vimos por nuestros ojos, segun en el
-libro primero queda explanado. Ninguno que sea cristiano puede dudar
-que, aunque Dios por sus secretos juicios haya permitido así afligir
-estas gentes, y con tanta inhumanidad, y, en fin, acabarlas, que el
-dia del juicio particular de cada uno, y el de todos universal,
-los que fueron ministros de tanto rigor y causa por sus cudicias y
-crueldad, quitando las vidas ántes de tiempo, y así el espacio de su
-conversion, de la perdicion de tantas ánimas (porque todos los más
-desta isla y de las sus comarcas se cree, y yo no lo dudo, porque
-vide mucho dello, murieron sin fe y sin Sacramentos en su simplice
-infidelidad), lo lastarán puniéndolos la divina justicia con mucho
-mayor austeridad, y desto, si penitencia miéntras vivian no les valió,
-entre cristianos ninguna duda hay. Y porque cognosciendo que los indios
-se les acababan, comenzaron á aflojar y dejar las minas, por no tener
-quién allí enviar á morir é áun matar, y á buscar granjerías y nuevas
-maneras de adquirir, una de las cuales fué poner cañafistolos, los
-cuales se hicieron tales y tantos, que parecia no para otros árboles
-haber sido criada esta tierra, ni éstos para otra sino para ésta por
-la Divina providencia y naturaleza ordenada; hiciéronse en muy breves
-dias de cañafistolos muchas y grandes heredades, que pudiera proveerse
-dellos todo lo del mundo poblado. Eran muy grandes los cañutos della, y
-gruesos, llenos de pulpa, muy enmelada; la virtud della, que sea menor
-ó mayor que la de Alejandría, pregúntese á los médicos y boticarios. No
-poco estaban ya ufanos los vecinos desta isla, españoles, porque de los
-indios no hay ya que hablar, prometiéndose muchas riquezas, poniendo
-en la cañafistola toda su esperanza, y de creer es que desta esperanza
-darian á Dios alguna parte, pero cuando ya comenzaban á gozar del
-fructo de sus trabajos, y á cumplirse su esperanza, envia Dios sobre
-toda esta isla, y sobre la isla de Sant Juan principalmente, una plaga
-que se pudo temer, si mucho creciera, que totalmente se despoblaran.
-Esta fué la infinidad de hormigas que por esta isla y aquella hobo, que
-por ninguna vía ni modo humano de muchos que se tuvieron se pudieron
-atajar; hicieron ventaja las hormigas que en esta isla se criaron á
-las de la isla de Sant Juan, en el daño que hicieron en los árboles
-que destruyeron, y aquellas á éstas en ser rabiosas, que mordian y
-causaban mayor dolor que si avispas al hombre mordieran y lastimaran,
-y dellas no se podian defender de noche en las camas, ni se podia vivir
-si las camas no se pusieran sobre cuatro dornajos llenos de agua. Las
-de esta isla comenzaron á comer por la raíz los árboles, y como si
-fuego cayera del cielo y los abrasaran, de la misma manera los paraban
-negros y se secaban; dieron tras los naranjos y granados, de que habia
-muchas huertas y muy graciosas llenas en esta isla, y no dejaron
-huerta que del todo no quemasen, que vello era una gran lástima, y
-así se destruyeron muchas huertas en la ciudad de Sancto Domingo, y,
-entre ellas, una del monasterio de los Dominicos, muy principal, de
-granados y naranjos dulces, y secos, y agrios, y en la Vega otra del
-de los Franciscos, muy señalada; dan tras los cañafistolos, y, como
-más á dulzura llegados, más presto los destruyeron y quemaron, yo creo
-que sobre cien cuentos que hobiera de renta dellos asolaron. Era,
-cierto, gran lástima ver tantas heredades, tan ricas, de tal plaga
-sin remedio aniquiladas. La huerta que dije de Sant Francisco, que en
-la Vega estaba, yo la vide llena de los naranjos que daban el fructo
-de dulces, secas y agrias, y granados hermosísimos, y cañafistolos,
-grandes arboles de cañas de cañafistola de cerca de cuatro palmos en
-largo, y desde á poco la vide toda quemada; lo mismo vide en muchas
-otras heredades de cañafistolos que por aquella Vega estaban: solas las
-heredades que habia de cañafistolos en la Vega y las que se pudieran
-en ella plantar, pudieran, sin duda, bastar para proveer á toda Europa
-y Asia, aunque la comieran como se come el pan, por la gran fertilidad
-de aquella Vega y grandeza, como dure por 80 leguas de mar á mar, llena
-de rios y felicidad y tan llana como la palma de la mano; della hemos
-hablado en nuestra Apologética Historia, en romance, bien á la larga.
-Tomaron remedio algunos para estirpar esta plaga de hormigas, cavar
-al rededor de los árboles, cuan hondo podian, y matarlas ahogándolas
-en agua; otras veces quemándolas con fuego. Hallaban dentro, en la
-tierra, tres, y cuatro, y más palmos, la simiente y overas dellas,
-blancas como la nieve, y acaecia quemar cada dia un celemin, y dos,
-y cuando otro dia amanecia hallaban de hormigas vivas mayor cantidad.
-Pusieron los religiosos de Sant Francisco de la Vega una piedra de
-soliman, que debia tener tres ó cuatro libras, sobre un pretil de
-una azotea; acudieron todas las hormigas de la casa, y en llegando á
-comer dél luego caian muertas, y como si enviaran mensajeros á las
-que estaban dentro de media legua y una, al rededor, convidándolas al
-banquete del soliman, no quedó, creo, una que no viniese, y víanse los
-caminos llenos dellas que venian hácia el monasterio, y, finalmente,
-subian á la azotea y llegaban á comer del soliman, y luégo caian en el
-suelo muertas; de manera que el suelo de la azotea estaba tan negro
-como si lo hobieran rociado con polvo de carbon, y ésto duró tanto
-cuanto el pedazo de soliman, que era como dos grandes puños y como
-una bola, duró; yo lo vide tan grande como dije cuando lo pusieron,
-y desde á pocos dias lo torné á ver como un huevo de gallina ó poco
-mayor. Desque vieron los religiosos que no aprovechaba nada el soliman,
-sino para traer basura á casa, acordaron de lo quitar. De dos cosas
-se maravillaban, y eran dignas de admiracion; la una, el instinto de
-naturaleza y la fuerza que áun á las criaturas sensibles y no sensibles
-dá, como parece en estas hormigas, que de tanta distancia sintiesen,
-si así se puede decir, ó el mismo instinto las guiase y trujese al
-soliman; la otra, que como el soliman en piedra, ántes que lo muelan,
-es tan duro como una piedra de alumbre, si quizá no es más, y cuasi
-como un guijarro, que un animalito tan menudo y chiquito (como estas
-hormigas, que eran muy menudas), tuviese tanta fuerza para morder del
-soliman, y, finalmente, para disminuillo y acaballo. Viéndose, pues,
-los españoles vecinos desta isla en afliccion de ver crecer esta plaga,
-que tanto daño les hacia, sin poderla obviar por vía alguna humana, los
-de la ciudad de Sancto Domingo acordaron de pedir el remedio al más
-alto Tribunal: hicieron grandes procesiones rogando á nuestro Señor que
-los librase por su misericordia de aquella tan nociva plaga para sus
-bienes temporales, y para más presto rescibir el divino beneplácito,
-pensaron tomar un Sancto por abogado, el que por suerte nuestro Señor
-declarase, y así, hecha un dia su procesion, el Obispo y clerecía y
-toda la ciudad echaron suertes sobre cuál de los Sanctos de la letanía
-ternia por bien la Divina providencia darlos por abogado; cayó la
-suerte sobre Sant Saturnino, y rescibiéndolo con alegría y regocijo
-por su Patron, celebráronle la fiesta con mucha solemnidad, y así lo
-hacen desde entónces cada año, por voto, segun creo, y no sé si ayunan
-el dia ántes. Vídose por experiencia irse disminuyendo desde aquel dia
-ó tiempo aquella plaga, y si totalmente no se quitó ha sido por los
-pecados; agora creo que no la hay, porque se han tornado á restaurar
-algunos cañafistolos y naranjos y granados: digo restaurar, no los que
-las hormigas quemaron, sino los que de nuevo se han plantado. La causa
-de donde se originó este hormiguero, creyeron y dijeron algunos, que
-fué de la traida y postura de los plátanos. Cuenta el Petrarca en sus
-Triunfos, que en la señoría de Pisa se despobló una cierta ciudad por
-esta plaga que vino sobre ella de hormigas; Nicolao Leonico, libro
-II, cap. 71 de Varia Historia, refiere dos ciudades, la una llamada
-Miunte y la otra Atarnense, solemnísimas, haber sido despobladas por
-la muchedumbre de mosquitos que por cierta ocasion sobrevinieron en
-ellas; y así, cuando Dios quiere afligir las tierras ó los hombres en
-ellas, no le falta con qué por los pecados las aflija, y con chiquitas
-criaturitas: parece bien por las plagas de Egipto.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXIX.
-
-
-Entraron los vecinos desta isla en otra granjería, y ésta fué buscar
-manera para hacer azúcar, viendo que en grande abundancia se daban en
-esta tierra las cañas dulces. Ya se dijo en el libro II, como un vecino
-de la Vega, llamado Aguilon, fué el que primeramente hizo azúcar en
-esta isla, y áun en estas Indias, con ciertos instrumentos de madera
-con que exprimia el zumo de las cañas, y aunque no bien hecha por no
-tener buen aparejo, pero todavía verdadera y cuasi buen azúcar. Sería
-ésto por el año de 1505 ó 1506; despues dióse á entender en hacerla un
-vecino de la ciudad de Sancto Domingo, llamado el bachiller Vellosa,
-porque era cirujano, natural de la villa de Berlanga, cerca del año de
-516, el cual hizo el primero en aquella ciudad azúcar, hechos algunos
-instrumentos más convenientes, y así mejor y más blanca que la primera
-de la Vega, y el primero fué que della hizo alfeñique y yo lo ví;
-éste dióse muy de propósito á esta granjería y alcanzó á hacer uno
-que llaman trapiche que es molino ó ingenio que se trae con caballos,
-donde las cañas se estrujan ó exprimen, y se les saca el zumo melífluo
-de que se hace el azúcar. Viendo los padres de Sant Hierónimo, que
-allí estaban, la buena muestra que el bachiller habia mostrado para
-salir con aquella granjería, y como sería muy provechosa para animar á
-otros que se diesen á ella ordenaron con los Oidores de la Audiencia y
-Oficiales del Rey, que de la Real hacienda se prestasen 500 pesos de
-oro al vecino que se pusiese á hacer ingenio grande ó chico para hacer
-azúcar, y despues creo, que les ayudaron con más prestido, viendo que
-los ingenios eran muy costosos. Por este camino y deste principio se
-ofrecieron algunos vecinos á hacer trapiches que muelen las cañas con
-caballos, y otros, que tenian y se hallaban con más grueso caudal,
-pusiéronse á hacer ingenios poderosos de agua, que muelen más cañas
-y sacan más azúcar que tres trapiches, y así cada dia se dieron á
-hacer más, y hay hoy sobre treinta y cuarenta ingenios en sola esta
-isla, y algunos en la de Sant Juan, y en otras partes destas Indias,
-y no por eso vale el azúcar más barato; y ésta es cosa de notar que
-antiguamente no habia azúcar sino en Valencia, y despues hóbola en las
-islas de Canaria, donde puede haber hasta siete ó ocho ingenios, y
-creo que no tantos, y apénas subió la arroba de un ducado ó poco más,
-y que con todos los ingenios hechos en estas Indias, valga la arroba
-dos ducados, y cada dia suba en cantidad. Antes que los ingenios se
-inventasen, algunos vecinos, que tenian algo de lo que habian adquirido
-con los sudores de los indios y de su sangre, deseaban tener licencia
-para enviar á comprar á Castilla algunos negros esclavos, como vian
-que los indios se les acababan, y áun algunos hobo, segun arriba se
-dijo en el cap. 102, que prometian al clérigo Bartolomé de las Casas,
-que si les traia ó alcanzaba licencia para poder traer á esta isla una
-docena de negros, dejarian los indios que tenian para que se pusiesen
-en libertad; entendiendo ésto el dicho Clérigo, como venido el Rey
-á reinar tuvo mucho favor, como arriba visto se há, y los remedios
-destas tierras se le pusieron en las manos, alcanzó del Rey, que
-para libertar los indios se concediese á los españoles destas islas
-que pudiesen llevar de Castilla algunos negros esclavos. Determinó
-el Consejo con parecer de los Oficiales de Sevilla, como en el dicho
-cap. 102 dijimos, que debia darse licencia para que se pudiesen llevar
-4.000, por entónces, para las cuatro islas, esta Española, y la de Sant
-Juan, y de Cuba y Jamáica. Sabido que estaba dada, no faltó español
-de los destas Indias, que á la sazon estaban en la corte, que diese
-aviso al gobernador de Bresa, caballero flamenco que habia venido con
-el Rey, é de los más privados, que pidiese aquella merced. Pidióla,
-y luégo concedida, y luégo vendida por 25.000 ducados á ginoveses,
-con mil condiciones que supieron pedir, y una fué, que dentro de ocho
-años no pudiese dar licencia ninguna para traer esclavos negros á las
-Indias. Vendieron despues cada licencia, los ginoveses, por cada negro
-á ocho ducados á lo ménos; por manera, que lo que el clérigo de las
-Casas hobo alcanzado para que los españoles se socorriesen de quien
-les ayudase á sustentase en la tierra, porque dejasen en libertad los
-indios, se hizo vendible á mercaderes, que no fué chico estorbo para
-el bien y liberacion de los indios. Deste aviso que dió el Clérigo, no
-poco despues se halló arrepiso, juzgándose culpado por inadvertencia,
-porque como despues vido y averiguó, segun parecerá, ser tan injusto
-el captiverio de los negros como el de los indios, no fué discreto
-remedio el que aconsejó que se trujesen negros para que se libertasen
-los indios, aunque él suponia que eran justamente captivos, aunque no
-estuvo cierto que la ignorancia que en ésto tuvo y buena voluntad lo
-excusase delante el juicio divino. Habia entónces en esta isla hasta
-10 ó 12 negros que eran del Rey, que se habian traido para hacer la
-fortaleza que está sobre y á la boca del rio, pero dada esta licencia
-y acabada aquella, siguiéronle otras muchas siempre, de tal manera que
-se han traido á esta isla sobre 30.000 negros, y á todas estas Indias
-más de 100.000, segun creo, y nunca por eso se remediaron ni libertaron
-los indios, como el clérigo Casas no pudo más proseguir los negros;
-y el Rey ausente, y los del Consejo cada dia nuevos é ignorantes
-del derecho, que eran obligados á saber como muchas veces por esta
-Historia se ha dicho, y como crecian los ingenios de cada dia, creció
-la necesidad de poner negros en ellos, porque cada uno de los de agua
-há menester al ménos 80, y los trapiches 30 y 40, y por consiguiente
-la ganancia de los derechos del Rey; siguióse de aquí tambien que
-como los portugueses de muchos años atrás han tenido cargo de robar
-á Guinea, y hacer esclavos á los negros, harto injustamente, viendo
-que nosotros mostrábamos tanta necesidad, y que se los comprábamos
-bien, diéronse y dánse cada dia priesa á robar y captivar dellos, por
-cuántas vías malas é inicuas captivarlos pueden; item, como los mismos
-ven que con tanta ánsia los buscan y quieren, unos á otros se hacen
-injustas guerras y por otras vías ilícitas se hurtan y venden á los
-portugueses, por manera que nosotros somos causa de todos los pecados
-que los unos y los otros cometen, sin los nuestros que en comprallos
-cometemos. Los dineros destas licencias, y derechos que al Rey se
-dan por ellos, el Emperador asignó para edificar el Alcázar que hizo
-de Madrid é la de Toledo, y con aquellos dineros ambas se han hecho.
-Antiguamente, ántes que hobiese ingenios, teníamos por opinion en esta
-isla, que si al negro no acaecia ahorcalle nunca moria, porque nunca
-habiamos visto negro de su enfermedad muerto, porque, cierto, hallaron
-los negros, como los naranjos, su tierra, la cual les es más natural
-que su Guinea, pero despues que los metieron en los ingenios, por los
-grandes trabajos que padecian y por los brebajes que de las mieles de
-cañas hacen y beben, hallaron su muerte y pestilencia, y así muchos
-dellos cada dia mueren; por ésto se huyen cuando pueden á cuadrillas,
-y se levantan y hacen muertes y crueldades en los españoles, por salir
-de su captiverio, cuantas la oportunidad poder les ofrece, y así no
-viven muy seguros los chicos pueblos desta isla, que es otra plaga
-que vino sobre ella. Y no es razon dejar de decir otra que se añidió
-á las arriba puestas, y ésta es la multitud de los perros, que no se
-puede numerar y estimar los daños que hacen y han hecho. Habia en
-esta isla inmensidad de puercos (que como no se crien con grano, sino
-con raíces muy suaves, y frutas delicadas, como son ovos y cimas, la
-carne dellos es muy sana, y más delicada y sabrosa que muy delicado y
-sabroso carnero), y destos estaban los montes llenos, por cuya causa á
-cada legua habia maravillosas y alegres y provechosas monterías, todas
-las cuales han destruido los perros, y no contentos con los puercos
-acometen á los becerros, mayormente cuando los paren las madres, que no
-pueden defenderse; es grandísimo el daño que han hecho y hacen, y bien
-se puede considerar los tiempos venideros dellos qué se espera. Pasan
-por ésto los hombres como si acaso acaeciese, y deberíamos de pasar
-por la memoria que esta isla hallamos llenísima de gentes que matamos y
-estirparmos de la haz de la tierra, y henchimósla de perros y bestias,
-y por juicio divino, por fuerza forzada, nos han de ser nocivos y
-molestos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXX.
-
-
-En el cap. 105 deste libro dejamos de proseguir el discurso del clérigo
-Casas, despues que tornó á la corte habiendo ido por mandado del Rey á
-sacar labradores para poblar estas islas, por contar lo que en estos
-años de 18 y 19 acaeció en estas Indias; la órden que traemos requiere
-que demos la vuelta para referir lo que sucedió despues de llegado el
-Rey á Barcelona. Asentada, pues, la corte, y los Consejos vadeándose,
-comenzó el padre Casas á proseguir la sacada de los labradores,
-entrando en el Consejo de las Indias, que hacia el obispo de Búrgos
-en su casa, no como Consejo de las Indias nombrado, sino llamando á
-ciertos de los otros Consejos del Rey, las personas que el Rey por
-entónces habia, no sé por cúya persuasion, señalado. Estos eran el
-licenciado Zapata, y Hernando de Vega, y D. García de Padilla, y Pedro
-Martir, italiano, de quien arriba tocamos que escribió las Décadas
-en latin, donde habló algunas cosas destas Indias, y Francisco de
-los Cobos, que por entónces á subir comenzaba. Y porque una de las
-mercedes que habia pedido que el Rey hiciese á los labradores, fué
-que se les diesen las granjas, ó estancias ó haciendas que el Rey en
-esta isla tenia, que no eran de mucho valor, para en que luégo se
-aposentasen y comiesen dellas (cosa y socorro muy necesario para que
-los labradores se abrigasen, y consolasen y mantuviesen hasta que
-estuviesen para trabajar y ayudarse y tener de suyo), y habia rescibido
-el dicho Clérigo carta, ó por otras de otros, que los padres de Sant
-Hierónimo las habian vendido, á fin que les parecia no ser cosa decente
-que tuviese granjerías el Rey, entró en Consejo y dijo que él tenia
-relacion ó nueva de cómo aquellas eran vendidas, que le proveyesen de
-una Cédula para que los oficiales del Rey mantuviesen los labradores
-un año, como se les habia prometido de partes del Rey, porque de otra
-manera sería traellos para luégo perecer; dijo entónces el obispo de
-Búrgos, que no sabia sino contradecir: «Desa manera, más gastará el Rey
-con esos labradores que en una armada de 20.000 hombres.» Era mucho
-más experimentado el señor Obispo en hacer armadas, que en decir misas
-de pontifical. Respondióle luégo el Clérigo, no con chica cólera:
-«Pues señor, ¿parece á vueseñoría que será bien, despues de muertos
-los indios, que sea yo cabestro de la muerte de los cristianos? pues
-yo no lo seré.» Aquí entendió el Clérigo decirle, ¿despues que habeis
-muerto los indios, quereis matar los cristianos? pero díjoselo con
-aquella corteza pero no sin sonsonete; no sé como el señor Obispo,
-que no era bobo, lo sintió. Andaban aparejando 400 ducados para dar
-al Clérigo con que sacase los labradores, pero estuvo perseverante
-el padre Clérigo en no querer sacar labrador ninguno, si la Cédula
-que pedia para dar de comer á los labradores un año, como se habia
-prometido, no se le diese, porque, en la verdad, sin ella entónces
-perecieran, y en cualquier tiempo perecerán los labradores que á estas
-tierras vinieren, si de comida, y de posada y cura, si adolescieren,
-por un año ó algun buen tiempo no se les proveyere; y desque vieron
-que no queria ir á sacallos, buscaban quien fuese, lo cual entendido
-por el Clérigo, despachó cartas para los pueblos, desengañándolos,
-significándoles las razones porqué no iba él á sacallos, y que supiesen
-que cualquiera que fuese los llevaria engañados á la muerte. Y así se
-creyó que con ninguno salieran, sino vieran al Clérigo; pero porque
-habia poco cuidado de cosa tan provechosa, como era poblar esta tierra,
-que hoy hobiera 200.000 vecinos en sola esta isla, que no osara el rey
-de Francia asomar con 200 leguas á ella, fuese cayendo esta poblacion
-hasta que se olvidó del todo en dejándola el Clérigo. Libre ya del
-cuidado de la poblacion destas islas, el Clérigo, cosa en grande manera
-convenientísima, comenzó á proseguir la vía que le pareció convenir
-por entónces, para que los religiosos de Sancto Domingo y de Sant
-Francisco tambien, fuesen á predicar en la tierra firme de Pária, sin
-que la tiranía de los españoles los pudiese impedir. Ya se dijo arriba
-en el cap. 104, cerca del fin, como habia pedido en el Consejo cien
-leguas de aquella tierra, que no entrasen españoles en ellas, para que
-los frailes de Sancto Domingo pudiesen predicar á las gentes dellas
-sin los impedimentos y alborotos que los españoles les ponian, y que
-le habia respondido el obispo de Búrgos por razon, de que no se le
-debian de dar, porque aquellas cien leguas estarian como perdidas,
-no habiendo dellas provecho el Rey (no teniendo por provecho del Rey
-convertir aquellas gentes que el Rey tenia sobre sus cuestas y el mismo
-Obispo sobre su conciencia); lo cual oido por el Clérigo, espantado
-y áun con triste corazon, pensó en acudir á la insensibilidad del
-Obispo, y al indiscreto y áun inícuo y sacrílego celo de dar dineros
-al Rey, pospuesta la salud de tantas ánimas que por aquella tierra
-firme perecian, á las cuales era él obligado por débito de justicia,
-por el oficio que tenia, y por débito de caridad, como cristiano, á
-remediar y proveer, y porque sabia por experiencia, que cualquiera
-medio y remedio que él propusiese habia el Obispo de contradecir, por
-estar con él tan mal por los tragos pasados que le habia dado, tractó
-de secreto con los flamencos del Consejo del Rey, é con los privados
-que dél tenian buena estima y lo favorescian, y desde á poco con otro
-Gran Chanciller que en lugar del muerto, por mandado del Rey sobrevino,
-persona en letras y cristiandad egrégia, que él queria dar modo como
-el Rey en aquella tierra tuviese rentas, en la cual ni las tenia ni se
-esperaba de las tener, con tanto que no entrase algun español en ella,
-sino sólo los que él metiese con los frailes que habian de entender
-en la conversion de aquellas gentes, con ciertas otras condiciones, y
-todo ésto sin que el Rey gastase cosa en ello. Tuvo el Clérigo esta
-consideracion, conviene á saber, que aquesto no lo podia emprender
-ni efectuar sin ayuda de las personas y hacienda de cierto número de
-seglares españoles, y aquestos no se habian de mover á lo ayudar
-sino por su temporal interese, y no porque la fe se predicase ni se
-salvasen aquellas gentes; item, que despues de entrados en la tierra,
-él no les podria ir á la mano, si hacer mal ó robar y agraviar los
-indios quisiesen como siempre hicieron, si no se ponia tal modo que
-la pacificacion y traimiento de los indios á que dellos no huyesen,
-segun las horribles nuevas y obras que dellos habian oido y visto, que
-era el fin que pretendia el Clérigo, se fundase en su propio temporal
-provecho, de tal manera, que, sino trabajaban de traer de paz á los
-indios y conservallos en ella, ningun provecho habian de conseguir
-dello ni de la tierra, pues traidos de paz los indios y conservados
-en ella, seguíase luégo tener lugar los religiosos para predicar el
-Evangelio y traer á Cristo aquellas gentes. Solia tener y traer esta
-máxima el Clérigo, que si el remedio que se pusiese en estas Indias,
-para que los españoles no destruyesen aquestas gentes, no era tal que
-del mismo la imposibilidad de errallo y hacer contra él no saliese,
-nunca los indios ternian remedio; y por tener ésto por cierto, por la
-mucha experiencia que tenia, fundó en esta negociacion todo el bien,
-libertad y conversion de los indios, en el puro interese temporal de
-los que le habian de ayudar á conseguillo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXI.
-
-
-Fué la forma y el modo deste negocio, en substancia, por esta manera:
-parecióle que podia hallar y escoger de sus amigos, españoles, en estas
-islas, hasta 50 hombres que fuesen personas modestas y subjetas á
-razon, que de buena voluntad quisiesen ocuparse en obra tan buena, más
-por virtud y servir á Dios que por cudicia, puesto que tambien tuviesen
-ojo á, por vías lícitas, adquirir riquezas. No entendió elegir más de
-50 por dos razones; la una, porque para entrar en tierra de indios por
-vía pacífica, y dándoles de lo nuestro, y no tomándoles cosa suya si
-ellos no la dieren, y de la manera que él habia de entrar, bastaban
-los 50, porque lo que aquellos no hicieren, como sean los indios de su
-natural mansos y buenos, ni hagan mal sino lo resciben, no lo harán
-100, y ménos 500, ántes se estorbarán unos á otros, y entre sí mismos,
-á sí mismos son nocivos é inquietos; para lo cual ninguna necesidad
-hay de prueba pues que todos lo sabemos y es manifiesto; la otra,
-porque más traibles son á las cosas de razon 50 que no 100, y mucho
-ménos si fuesen muchos más que éstos. Hizo cuenta que para los gastos
-que en este negocio se habian de hacer al presente bastaban 10.000
-ducados, los cuales se allegarian, contribuyendo cada uno de los 50
-con 200 ducados, fácilmente. Con estos dineros podian bien comprarse
-los bastimentos que por el presente hobiesen menester por un año, y
-cosas de rescates para dar graciosamente á los indios, para captalles
-la benevolencia y aficionallos á su amistad, y para comprar un par de
-carabelas, en que hobiesen de ir é tener allí consigo, y otras cosas
-que para lo dicho fuesen convenientes y necesarias. En aquel tiempo más
-se hacia con 1.000 ducados que hoy se haria con 6.000, y por eso con
-10.000 tenian para todo lo susodicho abundancia. Habia determinado
-que todos los 50 que habian de ir con él fuesen vestidos, cuanto al
-hábito de fuera, de paño blanco, y con ciertas cruces coloradas de la
-forma y color que las de Calatrava, salvo que á cada brazo y parte de
-la cruz añidió ciertos ramillos arpados que la hacian muy graciosa y
-adornada; la razon desta diferencia de vestido, que propuso llevar,
-fué para que á los indios pareciese que era otra gente diferente
-de los españoles que habian visto, y oido, y experimentado hombres
-malos, y para que conformase con las nuevas que les habian de dar el
-nuevo hábito; estas eran dalles á entender como los enviaba el rey
-de España, que era muy bueno y muy gran señor, á decilles que habia
-sabido los daños, y escándalos, y turbaciones que los españoles les
-habian hecho á ellos y á sus vecinos, de los cuales le habia mucho
-pesado, y que siempre habian sido hechos contra su voluntad, y que
-agora enviaba aquella gente nueva para que de su parte los saludase y
-repartiese muchas cosas de las de Castilla que les enviaba, en señal
-que los queria bien y amaba; item, para que los mamparasen de los otros
-que les habian hecho los males pasados, y que todo ésto verian por
-experiencia, por las obras, desde allí adelante. Tenia pensado, que si
-Dios en aquella obra le prosperaba, de procurar que el Papa y el Rey
-tuviesen por bien de ordenar que se constituyese como una hermandad
-religiosa debajo de aquel hábito. Aqueste fué el artificio del clérigo
-y padre Casas, con el cual entendia traer á todas aquellas gentes
-de paz, y á que perdiesen el horror que tenian de los cristianos, y
-ellos así pacíficos y asegurados, facilísima era la predicacion del
-Evangelio en aquella tierra, y más que facil la conversion de aquellas
-gentes, como no tuviesen ídolos ni secta por ellos muy celebrada,
-sino solamente algunos hechiceros que los traian engañados en algunas
-supersticiones, y agüeros, y disparates, segun á aquellos enseñaba el
-diablo que los engañaba; esta era la vía que el padre Clérigo entendia
-llevar para convertir aquellas gentes, y por obra mostrar haber sido
-irracional, inícua, y mala, y contra el intento y fin que Dios y la
-Iglesia tienen, que es la conversion de las ánimas, la pasada, ésto
-es, hacer guerras y sujuzgar con ellas primero las gentes, y despues
-predicallas, como si fuese necesario, para recibir el Evangelio y la
-religion cristiana, primero ponellos en ódio y aborrecimiento della, y
-por injusta y abominable detestalla, y porque nunca por esta puerta se
-ha entrado y por este camino andado, por ende nunca un solo indio chico
-se baptizó, ni hombre adulto se convirtió, que primero muchos millares
-de ánimas intempestiva é injustamente á los infiernos por los nuestros
-no se lanzasen; y así siempre, hasta que todo este orbe del todo se
-consuma y acabe, acaecerá, miéntras el dicho camino no se llevare, y
-el dia del universal juicio se verá claro á costa de algunos, y áun de
-muchos que pensaron estar destos inconvenientes salvos, por ser más
-que otros ignaros y descuidados. Dejo de tocar de los que por propia
-malicia, ó soberbia, ó ambicion, y subir á lugar más alto, ó interese
-suyo ó de sus allegados, ó disimularon de encaminar esta conversion por
-donde debian, ó el mal camino que llevaba empeoraron.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXII.
-
-
-Proveyó, pues, el Clérigo al provecho del Rey que el Obispo celaba,
-y al interese de los que le habian de ayudar, segun su parecer, con
-lo siguiente: Primero, con lo que ofreció que haria en provecho y
-servicio del Rey; y lo segundo, con las mercedes que pidió que se
-hiciesen á los 50 que habian de ayudarle. Cuanto á lo que tocaba al
-servicio y utilidad temporal del Rey, ofreció lo primero, que, con
-el ayuda de Dios, aseguraria y allanaria todos los indios y gentes
-de toda la tierra, dentro de los límites que pedia, y en espacio de
-dos años apaciguaria y aseguraria 10.000 indios que estuviesen en
-amistad con los cristianos; lo segundo, que dentro de 1.000 leguas que
-señaló, conviene á saber, desde cien leguas arriba de Pária, del rio
-que llamaban el Rio Dulce, que agora llamamos el rio y la tierra de
-los Aruacas, la costa abajo, hasta á donde las 1.000 leguas llegasen,
-dentro de los tres años despues que él con su compañía en la primera
-tierra entrase, haria que tuviese el Rey 15.000 ducados de renta, que
-los indios naturales della le tributasen, y tambien de pueblos de
-españoles si se poblasen, y el cuarto año otros 15.000 ducados, y el
-quinto año otros 15.000 ducados, y el sexto año otros 15.000 ducados,
-por manera, que en el sexto año habian de ser por todos 30.000 ducados
-de renta, y el sétimo año habia de tener el Rey, de renta, otros 30.000
-ducados, y el octavo año otros 30.000 ducados, y el noveno año otros
-30.000 ducados, y el décimo año otros 30.000 ducados, de manera, que
-habian de ser por todos en el décimo año 60.000 ducados, y en cada un
-año dende adelante 60.000 ducados. Lo tercero, se ofrecia á poblar tres
-pueblos de á 50 vecinos españoles, dentro de cinco años despues que en
-la tierra entrase, y en cada uno una fortaleza en que se defendiesen
-de los indios si viniesen á infestallos. Lo cuarto, que trabajaria á su
-tiempo y sazon de saber los rios y lugares que por la tierra habia, que
-tuviesen oro, y enviar razon dello al Rey, donde quiera que estuviese,
-para que fuese del todo informado con verdad. Lo quinto, que todo se
-habia de hacer y complir con amor, y sabor, y benevolencia, y sin daño
-ni pena de los indios, y que se habia de trabajar que se entendiese con
-suma diligencia en su conversion y sin que el Rey pusiese, al presente,
-alguna costa ni gasto. Pidió el Clérigo 1.000 leguas, principal y
-finalmente; por echar del Darien y de toda aquella tierra firme á
-Pedrárias, y aquellos que con él estaban en matar y destruir aquellas
-gentes encarnizados, como arriba queda bien declarado, pero al cabo se
-restringieron las 1.000 leguas á 300 de costa de mar del Norte, que fué
-desde Pária inclusive, hasta Sancta Marta exclusive, pero por la tierra
-adentro llevaba 2 ó 3.000 leguas y más. Cuanto á lo segundo principal,
-que fué proveer al interese de los que le habian de ayudar, proveyólo
-el Clérigo desta manera, pidiendo que el Rey les concediese las cosas
-siguientes: Lo primero que el Rey suplicase al Papa, por un Breve, para
-que pudiese sacar 12 religiosos de Sancto Domingo y de Sant Francisco,
-los que el Clérigo voluntarios escogiese, para que anduviesen con él
-vacando y entendiendo en la predicacion y conversion de los indios, y
-que concediese Su Santidad una indulgencia plenaria y remision de todos
-los pecados de los que muriesen yendo y estando en el dicho viaje,
-y ayudando á la conversion y negocio que á ella se ordenaba. Pidió
-que pudiese llevar consigo 10 indios de los naturales destas islas,
-queriendo ellos de su voluntad, aunque pesase á cualquiera español que
-los tuviese. Item, que todos los indios naturales de la tierra firme
-que se habian traido de dentro de los límites dichos, robados, ó por
-otra cualquiera vía, á las cuatro islas, las justicias dellas se los
-entregasen todos para los tornar á sus tierras. Item, que de todas las
-rentas que el Rey en toda la tierra, dentro de los límites dichos,
-por industria del dicho Clérigo y 50 hombres que le habian de ayudar
-tuviese, hobiesen los dichos 50 hombres la docena parte, desde que
-comenzase á gozar el Rey de las dichas rentas, y las gozasen por toda
-su vida y quedase para sus herederos perpétuamente. Pero al tiempo de
-hacer la capitulacion, no se les concedió sino que gozasen por sus
-vidas y de cuatro herederos, y cada uno de los 50 pudiese nombrar en
-su vida ó en su muerte un heredero, y aquel otro, y el otro otro cual
-quisiese. Item, que armase caballeros de espuelas doradas á todos los
-50, para que ellos, y sus sucesores ó descendientes fuesen caballeros
-de espuelas doradas, en todos los reinos del Rey, é que les señalase
-armas que pudiesen traer en sus divisas, y escudos y reposteros para
-siempre jamás. Concedióseles desta manera: lo uno con que no fuesen
-reconciliados, ni hijos ni nietos de quemados, ni reconciliados, y con
-que durante los tres primeros años, en que el Rey habia de tener de
-renta los 15.000 ducados, gozasen de la dignidad de caballeros y de
-sus armas ó insignias en toda la tierra firme y en todas estas Indias,
-pero pasados los dichos tres años, y teniendo el Rey los dichos 15.000
-ducados de renta y hechos los tres pueblos y lo demas que habian de
-hacer y cumplir, pudiesen gozar de todas las dichas preeminencias de
-caballeros de espuelas doradas y de traer las dichas armas en todos
-los reinos y señoríos del Rey, sin contradicion alguna, con tanto
-tambien que fuesen á la tierra firme y ayudasen al clérigo Casas en la
-pacificacion y lo demas que habia de hacer. Hobo una cláusula allí,
-que si despues de asentada la renta por alguna ocasion se perdiese, no
-siendo por culpa de los 50, no por eso se dejase de tener por cumplido
-cuanto á las dichas caballerías tocaba. Item, que los dichos 50 hombres
-y todos los que descendiesen fuesen francos, libres y exentos de
-todos pedidos, é servicios, é moneda forera, é prestidos, é derramas
-reales ó concejiles para siempre jamás. Item, que las tenencias de las
-fortalezas se diesen á los que el Clérigo señalase ó nombrase, siendo
-de los 50, la cual gozasen por su vida y de un heredero. Item, los
-regimientos de los pueblos, que de españoles se hiciesen, lo mismo,
-siendo suficientes para ello. Item, que cada y cuando que al dicho
-padre Clérigo pareciese, y con su licencia y no sin ella, pudiesen ir á
-rescatar perlas donde se pescaban, y que de las perlas que rescatasen
-pagasen al Rey la quinta parte, hasta que tuviese los 15.000 ducados
-el Rey de renta, pero despues sólo la sétima. Item, del oro que
-rescatasen, lo mismo, y despues de los 15.000 ducados diesen la octava
-parte, y del oro que se cogiese la sexta. Item, que los heredamientos
-y tierras que comprasen de los Indios, para solares, y labranzas y
-pastos de ganados fuesen suyos y de sus herederos perpétuamente,
-con tanto que ninguno pudiese comprar más de una legua de tierra en
-cuadro, con que la jurisdiccion é dominio quedase para el Rey, é no
-se pudiese hacer fortaleza en la dicha legua, é si se hiciese fuese
-del Rey. Item, que despues de hechos algunos pueblos de españoles,
-de los que se habian de hacer, pudiese llevar cada uno de los 50 de
-Castilla, tres esclavos negros para su servicio, á la dicha tierra, la
-mitad hombres y la mitad mujeres, y despues que estuviesen hechos los
-tres pueblos y hobiese cantidad de gente de españoles, si pareciese al
-dicho Clérigo que convenia, pudiese llevar cada uno de los 50 otros
-siete negros esclavos, la mitad hombres y la mitad mujeres. Item,
-que en los pueblos que se hiciesen pudiesen tener cada uno de los 50
-vecindad en cada uno dellos y casa, y con tener en ella un criado ó
-factor, estando ellos ocupados en allanar la tierra, pudiesen gozar de
-las preeminencias y prerogativas que los otros vecinos de los tales
-pueblos, y que en el repartimiento de los términos y sitios hobiesen
-su parte asimismo, con que no pasasen de cinco vecindades arriba.
-Que por veinte años comiesen y gastasen la sal que hobiesen menester
-ellos y sus criados sin pagar cosa alguna en aquella tierra. Item, que
-pudiesen llevar cada uno de los 50 marco y medio de plata labrada,
-para su servicio, jurando que no era para vender. Item, que de todas
-las mercaderías, y viandas, y mantenimientos, ganados é otras cosas
-que llevasen á la dicha tierra firme, dentro de los dichos límites,
-por término de los diez años, de cualquiera parte de Castilla ó de las
-islas, con que se registrasen ante los oficiales de Sevilla, no pagasen
-derechos algunos, ni almojarifazgo, ni cargo, ni descargo, etc. Item,
-que no pagasen derechos de las licencias que se daban para ir á coger
-oro á las minas, pero que no fuesen sin las dichas licencias. Item,
-que si muriese alguno de los 50 pudiese nombrar otro en su lugar,
-pero si muriese despues de entrado en la tierra, que el heredero de
-aquel fuese obligado á ir á servir en la dicha tierra, siendo de edad
-y habilidad para ello, ó que diese otra persona á contentamiento del
-padre Clérigo, y si no lo hiciese pudiese nombrar el Clérigo el que le
-pareciese, hasta que aquel heredero fuese de edad para cumplir é ayudar
-en lo susodicho, y que dentro de un año fuese obligado á ir á la dicha
-tierra. Item, que se diesen todas las provisiones necesarias, y así se
-dieron, para que cualquiera navío y gente que fuese á la dicha tierra,
-dentro de los dichos límites, á rescatar ó contratar, no fuesen osados
-á hacer mal, ni daño, ni robo, ni escándalo á los indios, ni quedasen
-en la tierra, sino que, acabado su rescate, luégo se saliesen de la
-tierra, so pena de las vidas é de perdimiento de todos sus bienes,
-etc. (Por no se guardar ésto se impidió toda esta pacificacion y
-negocio, que tanto importaba, como abajo parecerá.) Item, porque los
-indios de la dicha tierra firme supiesen que habian de estar en toda
-libertad, y paz, y sosiego, el Rey aseguró y prometió que ni entónces
-ni en algun tiempo permitiria ni daria lugar en manera alguna que los
-indios de tierra firme ni de las islas de alrededor, dentro de los
-dichos límites, estando domésticos y en su obediencia é tributarios,
-no se darian en guarda, ni encomienda, ni en servidumbre á españoles,
-como hasta entónces se habia hecho en estas islas, salvo que estarian
-en libertad é sin ser obligados á alguna servidumbre; y para ésto dió
-el Rey todas las provisiones y cartas que el Clérigo pidió, al cual
-cometió que de su parte asegurase y prometiese á los indios que les
-guardaria é cumpliria todo sin falta alguna. Item, que el Rey enviase
-con el Clérigo dos personas, una por Tesorero y otra por Contador,
-para que tuviesen cuenta y razon de todo lo susodicho y cobrasen las
-rentas que el Rey habia de haber, etc. Item, que para la administracion
-de la justicia civil é criminal en la dicha tierra é límites, nombrase
-el Rey una persona para Juez, para mantener en justicia á los dichos
-50 hombres y á todas las otras personas, así indios como españoles,
-que en ella hobiese y á ella fuesen, con tanto que el tal Juez no se
-entremetiese en la administracion de la Hacienda, ni que estorbase ni
-ayudase, si no fuese para ello por el dicho clérigo Casas requerido,
-en cosa ninguna á la negociacion del reducir los dichos indios en
-su conversion, ni en hacerlos tributarios, ni en cosa alguna que
-aquello tocase, y que de las sentencias que el dicho Juez diese se
-pudiese apelar para ante los jueces de apelacion que residian en la
-isla Española. Item, que de diez en diez meses, ó ántes cuando el Rey
-fuere servido, pudiese enviar á ver y visitar lo que habian hecho el
-dicho Padre y sus 50 y los demas, en cumplimiento de la Capitulacion,
-y á traer la relacion dello, y el oro, y perlas, y otras cosas que al
-Rey perteneciesen, y que en los navíos que para ésto enviase llevasen
-las viandas y cosas necesarías que los dichos tuviesen en las cuatro
-islas, Española, Sant Juan, Cuba y Jamáica, sin llevarles algo por
-el flete dellas, con tanto se pagase de los dineros que el Rey allí
-tuviese de renta, y si no la hobiese por entónces la pagasen ellos,
-con que despues se sacase de las rentas que el tiempo andando el Rey
-tuviese. Item, que si durante el tiempo de los diez años acaesciese que
-descubriesen de nuevo algunas islas ó tierra firme en la mar del Sur ó
-del Norte, que no estuviesen descubiertas, que les hacia las mercedes y
-cosas que se hicieron á Diego Velazquez, porque descubrió la tierra de
-Yucatán, segun y cómo é de la manera que se contiene en el asiento que
-con él se hizo, sin que hobiese falta alguna en ello. Item, que en los
-navíos que él tenia por aquestas islas llevasen al dicho padre Clérigo
-y á los 50, 50 yeguas, é 30 vacas, é 50 puercas, é 15 bestias de
-carga, pagando ellos del llevar dello lo que fuese bueno, etc. Item,
-que despues que el Rey tuviese los 15.000 ducados de renta cierta, al
-tiempo que se diese en tributos de los indios ó en otra renta cierta,
-que el Rey diese cada un año 2.000 ducados della, para ayudar á los
-rescates, y cosas, y gastos que se habian de hacer para allanar la
-dicha tierra, y traer los indios, y estar sujetos y domésticos. Item,
-que despues que por industria del dicho Clérigo y sus 50 tuviese el
-Rey de renta los dichos 15.000 ducados, el Rey fuese obligado á pagar
-los gastos siguientes: lo primero, lo que se hobiese gastado en comida
-y mantenimientos desde el dia que entrasen el Clérigo y los 50 en la
-tierra firme hasta ocho meses, en carne y maíz, é caçabí, é otras
-cosas de la tierra, y en los fletes de los navíos en que llevasen los
-mantenimientos y los fletes de las otras cosas de rescates para dar
-á los indios. Item, todo lo que se gastase en hacer ó edificar las
-fortalezas y los gastos que se hiciesen en las cobranzas de las rentas.
-Item, lo que conviniese darse graciosamente á los Caciques é indios
-para los traer al amor y conversacion de los españoles, y al servicio
-y obediencia del Rey, con que los gastos que en ésto se hiciesen no
-subiesen de 300 ducados cada un año, de manera que monten 3.000 ducados
-en los diez años, de los cuales gastos se habian de pagar el Clérigo
-y sus 50 de las rentas que él tuviese sin pedillos á los oficiales.
-Item, que porque podria ser que con alguna falsa relacion que al Rey
-se hiciese, sin ser informado de la verdad, proveyese alguna cosa
-que contrariase y estorbase toda esta pacificacion y conversion, que
-haciendo ellos lo asentado y estando trabajando en ello, prometió el
-Rey de no proveer cosa alguna en contrario hasta tanto que tuviese
-relacion y testimonio del Tesorero y Contador que habian de ir con
-ellos, por ninguna causa ni razon. Item, que todos los 50, en entrando
-en la tierra, fuesen obligados á se obligar ante el Juez y los
-oficiales por sus personas y bienes, que sucediendo el negocio de la
-manera y prosperidad que se esperaba, que se pudiese cumplir todo lo
-susodicho, ellos por su parte lo cumplirán, por la parte que al Rey
-tocaba, en todo y por todo. Item, dióse comision al dicho Clérigo para
-que á los pueblos que hiciese, y á los rios y provincias, y á todas
-las otras cosas principales y señaladas, pusiese los nombres que le
-pareciese, los cuales mandó el Rey que desde allí adelante por todos
-así se nombrasen. Esta fué la Capitulacion y asiento que se hizo por
-parte del Rey é con el dicho Clérigo, la cual firmó el Rey de su propia
-mano en la Coruña, estando para se embarcar, la primera vez que volvió
-á Flandes, ya electo Emperador, á 19 dias del mes de Mayo de 1520 años;
-por la cual prometió de la guardar, y cumplir, y mandar guardar é
-cumplir en todo y por todo, cumpliendo el Clérigo y los 50 hombres que
-habian de ir con él lo asentado.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXIII.
-
-
-Comunicada, pues, y tractada con los flamencos privados, y del
-Consejo del Rey, é venido el nuevo Gran Chanciller tambien con él,
-esta pacificacion y conversion al Rey tan provechosa (ésto en secreto
-sin que lo alcanzase á saber el obispo de Búrgos, que tenia siempre
-contra el Clérigo espíritu de contradicion, y los otros que se
-allegaban con él al Consejo de las Indias, á quien el Clérigo habia
-hecho quitar los indios, y los provechos que dellos habian en estas
-Indias, con otros desabrimientos), y holgándose mucho los dichos
-flamencos, con ver que de la resistencia del Obispo sacaba el Clérigo
-provecho temporal y espiritual para el Rey, acordóse por todos que se
-publicase el negocio y se pusiese en el Consejo de las Indias, que el
-Obispo solia tener. Lo cual hecho así, el Obispo y los demas, como
-si fueran saetas y arcabuces, así les pareció y lo resistieron; lo
-uno, porque parecia, y así en la verdad era, que se condenaba toda
-la gobernacion que el Obispo habia puesto en estas tierras, pues tan
-poco cuidado habia tenido en la conversion destas gentes, y en la
-salud corporal tambien dellas, pues no advertia á tener cuenta de
-llevar otro camino en el gobierno, viendo que por aquel que hasta
-entónces se habia llevado, tantas perecian; lo otro, porque via que
-se ayudaba del favor de los flamencos, y que de allí no le podia á él
-venir sino perjuicio entremetiéndose en saber las cosas de las Indias,
-y porque el Clérigo era tan libre que podia referirles sus defectos;
-lo otro, porque habiendo negado las cien leguas que el Clérigo habia
-pedido para que los religiosos predicasen la fe, sin los impedimentos
-y escándalos que los españoles ponian, como arriba en el cap. 104 se
-dijo, parecíale ser en su menosprecio, y tambien grande afrenta, y lo
-otro porque no podian ver al Clérigo, él y los que con él gobernaban
-las Indias, más que á la muerte por las causas viejas ya dichas.
-Anduvo muchos dias el Clérigo tractando en el Consejo que viesen y
-determinasen sobre aquello, pues tan claro era ser servicio del Rey
-con que se descargaba su conciencia, y provechoso para su hacienda,
-porque ya no se podia decir que quedaba baldía, y que el Rey no tenia
-renta en aquella tierra; dilataban y disimulaban con el negocio, por
-cansar, por ventura, y que se aburriese no pudiéndose más sustentar
-en la corte el dicho Clérigo. Acudia él á los flamencos, mayormente
-á Mosior de Laxao, que moria por él, y al Gran Chanciller que habia
-venido de nuevo; el cual, despues que supo bien la negociacion y lo
-que pretendia el Clérigo, lo amó mucho, y era el que donde quiera que
-se hallaba con el Rey ó en los Consejos, como fuese de todos por su
-oficio cabeza, lo loaba y ayudaba y favorecia, y en todo le daba gran
-crédito. Pero puesto que vian los flamencos y el Gran Chanciller la
-pasion y ceguedad clara del Obispo, y de todos los que con él entraban
-en aquel Consejo, con todo eso teniánle respeto, no sé si fué por lo
-que se sonó, segun arriba dijimos, porque él y su hermano Antonio de
-Fonseca habian dado cierto número de millares de ducados porque los
-dejasen con sus oficios, puesto tambien que por sus personas, que
-eran de mucha autoridad y fueron siempre señalados y privados de los
-católicos reyes, en Castilla dignamente se les podia tener respeto,
-y así aunque el Gran Chanciller hablaba frecuentes veces al Obispo,
-que se entendiese en el negocio del Clérigo, no aprovechando nada
-disimulábase con él por la causa dicha. En este tiempo sucedió que
-Mosior de Xevres y el Gran Chanciller, hobieron de ir á Francia ó á
-los límites della, á verse con las personas que el rey de Francia
-envió á tractar de paces ó de guerra, donde tardaron cerca, creo, de
-dos meses, y porque como el Clérigo no tenia renta y estaba gastado de
-cinco años y más que andaba en éstos negocios yendo y viniendo de las
-Indias, y, estando en la corte, algunas veces decia á los flamencos
-que no podia ya sufrir tanta dilacion y se queria ir, por su pobreza;
-por miedo que no se fuese en éstos dias que el Gran Chanciller tardaba
-en la ida de Francia, algunos caballeros flamencos, como Mosior de
-La Mure de quien arriba dijimos que lo anduvo á buscar en Zaragoza,
-y á ofrecérsele, y otro su deudo que era Aposentador mayor, dejaron
-en cambio dineros para que por necesidad no se fuese el Clérigo; todo
-ésto sin pretender interese alguno particular, porque, cierto, eran muy
-virtuosos caballeros, sino sólo el servicio del Rey é bien de aquestas
-Indias, porque tenian bien entendido ser razonable y claramente bueno
-lo que el Clérigo decia y pretendia. Tornados Mosior de Xevres y el
-Gran Chanciller, dió priesa el Clérigo, y entró muchas veces en Consejo
-de las Indias á tractar del negocio, donde el Obispo y los demas tenian
-con él grandes contenciones sobre que no se le debia dar ni convenia
-que llevase aquella empresa, poniéndole inconvenientes con razones
-frívolas, no sé, cierto, con qué intencion. El Gran Chanciller y los
-flamencos estaban como á la mira para ver en qué paraba el negociar
-del Clérigo con el Obispo y su Consejo, dándole siempre de secreto y
-en público mucho favor, con el cual, el Clérigo con el Consejo y fuera
-dél, dábase poco porque el Obispo y los demas de sus obras y razones se
-ofendiesen, hablando siempre verdad, y ante ellos teniéndoles la debida
-reverencia; y viendo que aprovechaba poco en tractar el negocio ante
-ellos, informó muy de raíz de los males destas Indias y de la perdicion
-de las ánimas que cada dia perecian, y de la obligacion que los reyes
-de Castilla á socorrellas tenian, y de como el obispo de Búrgos y los
-que con él tractaban las cosas de las Indias eran los que, ó por sus
-pasiones ó intereses ó por su ignorancia y ceguedad, todo el bien
-impedian, á ocho predicadores que entónces el Rey tenia, quejándose
-dellos y pidiéndoles ayuda y favor, pues, como á predicadores del Rey,
-ayudar y defender la verdad, y avisar de tan grandes males y perjuicio
-de la fe y perdicion de tantos millares de prójimos, les incumbia.
-Estos eran los dos hermanos Coroneles, maestre Luis y maestre Antonio,
-doctores parisienses muy doctos y cristianos, religiosos en el hábito
-de clérigos, y un padre maestro en teología, tambien parisiense,
-llamado fray Miguel de Salamanca, fraile de Sancto Domingo, que despues
-murió obispo de la isla de Cuba, y el doctor de La Fuente, doctor de
-Alcalá, señalado en tiempo del Cardenal, de buena memoria, don fray
-Francisco Ximenez, fundador de aquella Universidad, y un religioso de
-Sant Francisco, llamado fray Alonso de Leon, muy docto en Teología,
-y otro religioso de Sant Agustin, que se llamaba fray Dionisio, gran
-predicador y muy copioso en elocuencia; otro clérigo, licenciado en
-teología, aragonés; del octavo no me acuerdo. Estos, bien persuadidos
-de todo lo susodicho, acordaron de juntarse cada dia en el monasterio
-de Sancta Catalina, que es de los Dominicos, para tractar y deliberar,
-de lo que en ésto debian y podian hacer, con los cuales se juntó un
-maestro, fray Alonso de Medina, de la órden de Sancto Domingo, que
-la provincia de Castilla habia enviado á ciertos negocios con el Rey
-por parte de la provincia, hombre muy docto y de muy vivo ingenio.
-Item, á la sazon vino allí el religioso de Sant Francisco que arriba
-dijimos, en el cap. 95, ser hermano de la reina de Escocia, que habia
-ido de la tierra firme de la provincia de Cumaná, el cual se juntó
-algunas veces con ellos, y áun les propuso una cuestion, diciendo que
-con qué justicia ó poder se pudo entrar en estas Indias de la manera
-que los españoles entraron en ellas. Tambien, ántes de ésto, habia
-llegado otro religioso de Sant Francisco, de Picardía, que habia
-estado en la misma provincia de Cumaná y visto muchos de los indios
-della, el cual llevó el Clérigo á comer con Mosior de Laxao, con el
-cual se holgó mucho por ser de su lengua francesa ó flamenca, de cuya
-plática resultó corroboracion del amor que Mosior de Laxao y crédito
-que al Clérigo daba y tenia, viendo que el fraile aprobaba todo lo que
-el Clérigo afirmaba y decia. Así que, cada dia, juntándose los del
-Consejo en casa del obispo de Búrgos á tractar de destruir las Indias
-(puesto que no lo pretendian sino cuanto por su ceguedad y soberbia
-de no querer ser avisados y enseñados de los que más quellos sabian,
-y dello por su pasion, y dello por sus intereses ó de los que ellos
-favorecian, como dicho es, todo cuanto tractaban y ordenaban, sin
-duda ninguna, era directamente contra el bien destas Indias, en tanto
-que no quitaban de todos los males la raíz, que era las encomiendas ó
-repartimientos), convocaba el Clérigo á los predicadores, y á la misma
-hora entraban y tractaban del remedio dellas en el dicho convento de
-Sancta Catalina. Allí, finalmente, concluyeron ser obligados á entender
-y procurar el remedio destas Indias por precepto divino, para lo cual
-efectuar deliberaron de se unir é ligar unos á otros, con juramento
-de que ninguno desmayase ni se saliese afuera, sino que prosiguiese
-la demanda hasta dalle buen fin. Lo primero que determinaron fué, que
-debian guardar la forma evangélica de la correccion fraterna, y por
-estos grados fuese cumplida: primeramente fuesen á exhortar é corregir
-fraternalmente al Consejo de las Indias, el cual si con instancia y
-efecto no lo remediase, fuesen á exhortar al Gran Chanciller, y si él
-no diese obra para lo hacer, fuesen á corregir á Mosior de Xevres,
-el cual no lo remediando, ultimadamente acudiesen al Rey. E si el
-Rey, avisado y exhortado que lo hiciese, no pusiese luégo en mandallo
-remediar diligencia en tal caso, públicamente predicasen contra todos
-ellos, dando su parte de la culpa al Rey. Esto así asentado, lo juraron
-todos en la Cruz y en lo Sanctos Evangelios de lo hacer y cumplir, y
-por su cumplimiento ponerse á todo riesgo, y así lo firmaron de sus
-nombres; yo lo vide y lo sé porque estaba yo presente.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXIV.
-
-
-Pusieron luégo por obra la primera exhortacion y correccion, conviene
-á saber, la del Consejo de las Indias, habiendo entre sí, primero, lo
-que se habia de decir determinado. Entrados en él, que no fué cosa
-sin admiracion y nueva para el obispo de Búrgos y sus compañeros, y
-pedida licencia para hablar, comenzó la plática el maestro fray Miguel
-de Salamanca, como más antiguo y de mucha autoridad, puesto que á
-los demas no faltaba, é dijo: «Señores muy ilustres y reverendísimo
-señor, á nosotros los predicadores del Rey, nuestro señor, se nos ha
-certificado por personas á quien somos obligados á creer, y parece
-ser notorio, que en las Indias se cometen por los de nuestra nacion
-de España grandes y nunca otros tales vistos ni oidos males contra
-aquellas gentes naturales dellas, de robos y matanzas en grandísimas
-ofensas de Dios, y en infamia de nuestra sancta fe y religion
-cristiana, de donde ha procedido haber perecido infinito número de
-gentes, por lo cual quedan grandes islas y gran parte de tierra firme,
-que todas manaban, porque así lo diga, en infinidad de mortales que
-se han acabado, y quedan todas despobladas en ignominia grande áun
-de la Corona real de España; porque así lo testifica la Escritura
-Sagrada, que en la multitud del pueblo consiste la dignidad y honra
-del Rey, y en la disminucion de la gente su ignominia y deshonor por
-el contrario. De lo cual nos habemos maravillado, porque conociendo
-la prudencia y merecimientos de las personas ilustres que en este
-Consejo se allegan, para tratar de la gobernacion de aquellas tierras,
-de quien Dios parece haber, un mundo tan grande como dicen que es,
-fiado, y á quien han de dar dél estrecha cuenta, y, por otra parte,
-entendiendo que no ha podido haber causa para que aquellas naciones,
-que estaban en sus tierras pacíficas sin nos deber nada, por nosotros
-así fuesen asoladas, no sabemos qué nos decir, ni hallamos á quien
-poder imputar tan inrreparables daños, sino á quien hasta hoy las ha
-gobernado; y porque á nosotros, por el oficio que en la corte tenemos,
-incumbe todo lo que fuere en ofensa y deshonor de la Divina Majestad
-y en daño de las ánimas impugnallo, declarallo, y en cuanto en nos
-fuere, exhortar con todas nuestras fuerzas hasta estirpallo, ántes
-que otra cosa hagamos acordamos venir á vuestras señorías y mercedes
-á dalles dello parte, y suplicalles tengan por bien de nos la dar de
-cómo se pudo haber permitido tanto mal sin remediarse, y que pues
-hasta hoy no se ha impedido, pues hoy con toda licencia se hace,
-lo manden proveer y remediar, porque, como es manifiesto, vuestras
-señorías y mercedes de Dios rescibirán señalado galardon, y, por el
-contrario, terribles tormentos no lo haciendo, pues tienen sobre
-sus hombros la más pesada y peligrosa carga, si bien la consideran,
-que hoy tienen hombres en el mundo; y tambien á vuestros señorías y
-mercedes suplicamos, con toda la humildad y reverencia que debemos,
-no atribuyan ésta nuestra venida á temeridad, sino que la resciban y
-juzguen con la voluntad de donde sale, que es de hacer lo que segun
-Dios y sus preceptos somos obligados.» Luégo, el Obispo, como más
-libre que los otros señores, que eran Hernando de Vega, Comendador
-mayor de Castilla, y D. García de Padilla, que habia venido con el rey
-de Flandes, hijo ó nieto del Adelantado de Castilla y letrado, y el
-licenciado Zapata, y Pedro Mártir, el que escribió, como arriba dije,
-las Décadas, y Francisco de los Cobos que servia de Secretario, y que
-entónces comenzaba á ser algo, respondió, no con tanta humildad como su
-dignidad episcopal requeria y merecia la demanda que los predicadores
-propusieron, sino con grande autoridad, y magestad, y enojo, como
-si llegaran en el tiempo de los gentiles á derrocar el templo de
-Apolo, respondió: «Grande ha sido vuestra presuncion y osadía venir
-á enmendar el Consejo del Rey; por ahí debe de andar Casas. ¿Quién
-os mete á los predicadores del Rey en las gobernaciones que el Rey
-hace por sus Consejos? No os dá el Rey de comer para eso, sino para
-que le prediqueis el Evangelio.» Respondió el doctor de La Fuente,
-no con ménos autoridad y libertad que el Obispo, y como si fuera su
-superior: «No anda señor por aquí Casas, sino la casa de Dios, cuyos
-oficios tenemos y por cuya defensa y corroboracion somos obligados y
-estamos aparejados á poner las vidas; ¿parece á vuestra señoría ser
-presuncion que ocho maestros en teología, que pueden ir á exhortar
-á todo un Concilio general en las cosas pertenecientes á la fe y
-regimiento de la universal Iglesia, vengan á exhortar á un Consejo del
-Rey? nosotros podemos venir á exhortar los Consejos del Rey de lo que
-mal hicieren, porque es nuestro oficio de ser del Consejo del Rey, é
-por ésto venimos señores aquí á os exhortar y requerir que enmendeis
-lo muy errado é injusto que se comete en las Indias en perdicion de
-tantas ánimas y con tantas ofensas de Dios, y sino lo enmendáredes,
-señores, predicaremos contra vosotros, como contra quien no guarda las
-leyes de Dios, ni hace lo que conviene al servicio del Rey; y ésto es,
-señores, cumplir é predicar el Evangelio.» Quedaron como pasmados,
-mirándose unos á otros, de ver la autoridad y osadía del doctor de La
-Fuente, y harto más blandos todos que habia mostrado el señor Obispo,
-y con ménos dureza de la que ántes tenian; y, acabado el doctor, tomó
-la mano D. García de Padilla, y dijo: «Este Consejo hace lo que debe, y
-ha hecho muchas provisiones muy buenas para el bien de aquellas Indias,
-las cuales se os mostrarán, aunque no lo merece vuestra presuncion,
-para que veais cuánta es vuestra temeridad y soberbia.» Torna el
-mismo doctor de La Fuente, y dice: «Mostrarse nos han señores las
-provisiones hechas, y si fueren justas y buenas loallas hemos, y si
-malas é injustas dallas hemos al diablo y áun á quien las sustentare
-y no las enmendare, con ellas, y no creemos que vuestras señorías y
-mercedes quereis ser destos.» Estando para se salir comenzaron los
-del Consejo á blandear y disimular la cólera del doctor de La Fuente
-y de los demas, que mostraron sentirse del mal tractamiento que dello
-rescibian, y pasadas muchas razones de una parte y de otra, finalmente,
-concluyeron los del Consejo diciéndoles suavemente que holgaban de les
-mandar mostrar las provisiones que estaban hechas y se hacian para el
-remedio de las Indias, y vistas diesen su parecer cerca dellas, y que
-holgarian de rescibillo, y para ésto se volviesen otro dia. Vueltos á
-ello, rescibiéronlos con mucha cortesía y benevolencia, y mandaron que
-se les leyesen muchas provisiones y Cédulas que en los tiempos pasados
-y en los presentes habian hecho, como las leyes que referimos arriba en
-el cap. 8.º y los siguientes, y otras instrucciones y mandamientos que
-mandaban tratar bien los indios, estantes las cuales habian perecido y
-perecian innumerables cada dia; y pensaban los tristes que con ellas
-cumplian, no quitando la raíz de la tiranía que los mataba, que era
-las encomiendas, como cada dia tuviesen relacion, poca que mucha, de
-religiosos, y mayormente del clérigo Casas, que con gran libertad los
-acusaba, y molestaba, y confundia, y daba malas cenas y peores comidas
-sobre ello, como quien estaba cierto que ninguno le podia contradecir
-la verdad que afirmaba y defendia, á quien eran obligados á creer
-aunque fuera sólo, al ménos hasta lo inquirir: cuanto más que sabian
-el crédito que el Cardenal le habia dado y lo que por su informacion
-habia proveido; item, los clamores que habian oido de los padres fray
-Pedro de Córdoba, sancto varon, y fray Antonio Montesino; item, por las
-rentas del Rey podian entendello, pues que vian cada dia disminuirse,
-y, finalmente, lo sabian y lo creian, pero era tanta su ceguedad que
-no les dejaba advertillo; y porque de todo ésto estaban informados
-los predicadores del Rey por el Clérigo, y, principalmente, como por
-razon natural y por experiencia se sabia no aprovechar ni ser posible
-remediarse ni dejar de morir los indios con cuantas provisiones ni
-leyes se hiciesen, aunque, como solia el Clérigo decir, se pusiese
-una horca á la puerta de cada español para que, muriéndose el indio,
-le ahorcasen á él, no bastaria por sus innatas y rabiosas cudicias
-que cesasen de morir, si no los sacaban de su poder como incurable y
-ponzoñosa raíz. Oidas todas las que les quisieron leer, pidieron los
-predicadores tiempo para decir su parecer, y así se despidieron.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXV.
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-
-A cabo de ciertos dias, en los cuales tractaron y deliberaron lo que
-debian responder, llevaron por escripto lo siguiente: aunque más de lo
-que aquí referiré hobo, sino que no hallo agora más desto en mi poder,
-y harto he hecho en guardar ésto cuarenta y un años ha, lo cual tengo
-de la misma letra y mano escripto del dicho maestro fray Miguel de
-Salamanca que acordaron que fuese el notario.
-
-«Ilustres reverendísimos y muy magnificos señores: Ya saben vuestras
-señorías como los dias pasados, nosotros, movidos con celo de Dios y
-del servicio del católico Rey, nuestro señor, y por hacer aquello á
-que Dios y la vocacion en que somos llamados nos obligan, venimos ante
-vuestras señorías á suplicalles y exhortalles, pues les constaban los
-grandes males y daños temporales y el poco fructo espiritual que en
-aquellas Indias y tierra firme se habian seguido, pues Dios aquel tan
-gran negocio habia puesto en las manos de vuestras señorías, para que
-con su mucha prudencia remediasen los daños pasados y diesen órden
-á los fructos y provechos venideros, en que no les hizo poca merced
-que trabajasen en ello, en tal manera, que pudiesen dar buena cuenta
-á Dios de aquel tan gran cargo que sobre sus fuerzas habia puesto;
-porque así como sería grande la corona que por la buena gobernacion
-ganaran, así serian graves las penas que por el contrario incurririran,
-y otras cosas que allí pasaron de que vuestras señorías tienen noticia,
-por lo cual no se repiten. Tuvieron por bien vuestras señorías, por
-nos hacer señalada merced, y para que nos constase la diligencia y
-trabajo que en esta sancta obra habian puesto, de nos mandar dar
-parte de lo que sobre ello, y para el remedio dello habian ordenado,
-lo cual muy por estenso se nos fué leido, y de nosotros con mucha
-atencion escuchado; y porque los que son dignos della no deben ser
-defraudados de su gloria, ni podemos ni queremos negar que no nos
-puso en admiracion la mucha prudencia de que vimos sembradas aquellas
-leyes y estatutos é instrucciones que se nos mostraron, y quedónos de
-aquí esperanza que quiere ya Dios remediar aquellos pueblos, pues les
-comienza á hacer merced de gobernadores que con tanto cuidado buscan
-su remedio y provecho, y que tuvimos de que dar loores á Dios, nuestro
-Señor, _qui dedit talem potestatem hominibus_ para su servicio, y para
-el bien de sus pueblos. Pero como sea la costumbre de Dios las cosas
-grandes dallas poco á poco, y por suceso de tiempo, no porque él sea
-tardío en el hacer mercedes, sino porque de nosotros sean estimadas
-en lo que deben, porque solemos tener en poco lo que ligeramente
-se alcanza, no se maravillen vuestras señorías si este remedio tan
-grande y que tanto importa se les dé poco á poco, y si por ventura
-no quiere que del primer voleo venga á sus entendimientos, sino que
-por mano ajena lo resciban; que el gran Profeta y amigo de Dios,
-Moisés, despues de haber gozado de tantas revelaciones divinas y tanta
-familiaridad con Dios, que ninguno la tuvo mayor, quiso Dios que de un
-idólatra rescibiese consejo para regir el pueblo de Israel, y aquel
-grande Apóstol que rescibió la laurea del magisterio en el tercero
-cielo, tuvo necesidad de la comunicacion de la otra sancta compañía
-apostólica, y de un Apolo para que con su elocuencia le ayudase á
-sembrar la simiente evangélica. No queremos decir, señores, que somos
-nosotros los por quien tiene Dios determinado de instruiros, que sería
-arrogancia y blasfemia intolerable, pero osamos afirmar que somos
-como ojos desta escelente corte, para, miéntras que vuestras señorías
-están adormidos en el profundo de los temporales negocios, nosotros
-estudiemos en la Ley de Dios y sus exponedores para serviros con ello;
-y si bien usamos de nuestro oficio de predicadores, y de lo que Dios
-en él nos manda, habemos de ser como ventores para escudriñar cómo en
-todos los estados y oficios de la corte se guarda la Ley divina, y
-lo que viéremos que por ella va nivelado loallo, y animar á los que
-rectamente viven á continuar lo bueno y á no dejallo, ni por astucias
-del diablo, ni por los favores y deleites del mundo, y lo contrario
-reprendello y anunciallo, como el otro dia dijimos, hasta que, ó se
-enmiende ó sean los culpados inexcusables, y si nosotros hiciésemos
-bien nuestro oficio á la ventura no habria tanta corruptela en muchas
-cosas como hay. Plega á la divina Majestad perdone nuestras pasadas
-faltas, y nos dé virtud para reparallas en lo venidero; y, porque en
-todo no seamos negligentes, ha querido nuestro gran Dios despertar
-nuestros entendimientos á pensar en ésto, que tanto á Su Majestad y
-al acrecimiento de su esposa toca, que creemos que ha más de mil años
-que no puso Dios cosa tan importante en manos de ningun Príncipe ni
-pueblo cristiano. Y este celo, señores, nos movió á lo pasado, y á que,
-despues que vuestras señorías nos comunicaron lo que para el reparo
-de aquellas tierras habia ordenado, con toda diligencia y cuidado y
-estudio mirásemos si era aquel el remedio que bastase á reparar los
-grandes daños pasados, y obviase á los venideros, y con que se podia
-conseguir el fructo que Dios y su Iglesia quieren, y nosotros somos
-obligados á ofrecelle de aquellas tierras; y, consideradas muy bien
-todas las leyes y provisiones que en ello se han hecho, no ha parecido
-que, presupuesta la encomienda de los indios, no se podian pensar más
-justas ni más sanctos estatutos, ni con que más se pudiese obviar al
-mal tractamiento y poco fructo espiritual de aquellas gentes. Pero
-al fin, bien mirado todo, parece asaz claramente que con ellas no se
-porná el remedio á que Dios nos obliga, ni el que aquellas gentes
-han menester; lo uno, porque estas leyes, por sanctas que sean, ni
-serán ni pueden ser guardadas ni traidas á debida ejecucion; lo otro,
-porque aunque ellas en sí son muy justas, pero van fundadas en un
-fundamento injustísimo, que ha sido causa de todos los más daños de
-aquellas tierras, y miéntras que aquel no se remedia, es imposible
-poner remedio bastante ni justo á los males: y en éstos dos puntos
-consiste toda esta plática, y probando el segundo, en que está toda
-la fuerza, se probara el primero. El mayor mal, y lo que ha sido la
-total destruccion de aquellas tierras, y será de lo que queda sino
-se remedia, y lo que ni justa ni razonablemente se puede ni debe
-hacer, es la encomienda de los indios como agora está, quiero decir,
-estando encomendados por la vía que agora, para que, trabajándolos
-como se trabajan, todo el provecho que de sus trabajos se sacare
-sea de aquellos que los tienen encomendados; porque esta manera de
-encomienda y la manera con que se ejecuta es contra el bien de aquella
-república indiana; item, es contra toda razon y prudencia humana;
-item, es contra el bien y servicio del Rey, nuestro señor, y contra
-todo derecho civil y canónico; item, es contra todas las reglas de
-filosofía moral y teología; item, contra Dios y contra su intencion,
-y contra su Iglesia. Ved, señores, si cosa tan dañada estando en pié
-se pueden reparar por leyes los males de aquellas tierras, y, porque
-no parezca esta locucion hipérbola, queremos probar todas las partes
-arriba dichas evidentemente. Díjose lo primero, que es contra el bien
-de aquella indiana república, lo cual consta manifiestamente, porque
-despues que se halló aquel dicho medio, colorado con color de traer los
-indios á la comunicacion de los cristianos, y que andando en subjecion
-suya serían enseñados en la Ley de Cristo por los que no la sabian, se
-han asolado aquellas tierras, y así irán sino se remedia hasta que no
-haya quien las habite. Item, es contra el bien de aquella república,
-porque si todos los mortales se pusieran á pensar qué medio se hallaria
-más dañoso que éste de la encomienda para destruccion de los indios de
-aquella república, no se hallara otro ni se pudiera inventar, porque
-este impide que jamás allí haya república, la cual, segun todos los
-que della escribieron dicen, consiste en diversidad de estados y de
-oficios, y allí todo se confunde y se resuelve en el más bajo y más
-civil oficio de la república, que es cavar. ¿Quién nunca vió toda
-una tan gran república cavadora? Por manera que no sólo todas las
-partes que ha la república, pero ninguna dellas allí se halla, que ni
-hay militares, ni filósofos ó letrados, ni oficiales, ni labradores,
-y así aquella insigne tierra aparejada á producir de sí todo lo que
-á la sustentacion de una gran república se requiere, está reducida
-al más civil y más bajo ejercicio que pensarse puede, que es cavar
-y trastornar tierra, y así aquellas ínsulas serán como las que los
-romanos tenian para desterrar los mártires y los malhechores, _qui
-damnabantur ad fodienda metalla_, y aún peor, que en aquellas ínsulas
-no mataban á los desterrados con trabajo excesivo, y aquí matan los
-naturales. Item, es contra el bien de aquella república, porque esta
-encomienda los priva de libertad y los pone en servidumbre, lo cual de
-derecho divino ni humano no se puede hacer. Que ésta sea servidumbre,
-por las mismas leyes dadas se prueba _ad hominem_, como dicen los
-lógicos, porque allí mandais que el licenciado Figueroa ponga en
-libertad á los que la pidieren y quisieren usar della, dando competente
-tributo, etc.; pues si éste los ha de poner en libertad, claro está
-que hasta agora estaban en servidumbre. Pero, porque no parezca que
-nos aprovechamos de cavilaciones, abiertamente se prueba que esta
-encomienda es servidumbre, porque, segun todos los que difinieron
-al libre, _liber est qui gratia sui est_, pues si las vidas, si las
-industrias, si los trabajos, si los frutos que dello proceden, todo
-es ajeno y para aquellos que los tienen en encomienda, yo no sé dónde
-está la libertad de los indios, sino sola escrita en las leyes pero
-no ejecutada en los que habian de gozar della. Si decís, señores,
-que se les da salario y alimentos por sus trabajos, no aprovecha,
-pues todo aquello no es la mitad de lo que acá se da á un esclavo, y
-éstos pálios de libertad de que allí se usa se convierten en cruezas
-y en mayor daño de los indios, porque si fuesen esclavos serían mejor
-tratados y guardados, y sus dueños ternian por jactura la muerte
-dellos. Item, es contra el bien de aquella república, porque dado y
-conceso que aquella fuese libertad, pero aquel tratamiento es la más
-dura exaccion que jamás se vió en el mundo, ni en obra, ni por escrito
-verdadero ni finjido, y, si bien se mira, no es sino un dechado de
-la dura servidumbre que dió Faraon al pueblo de Israel, y teniendo
-todo lo malo de aquella tiene otras cosas muy peores, porque aunque
-les daban trabajos no les quitaban sus bienes, que ricos y abundantes
-eran los hijos de Israel aún al tiempo de aquella dura servidumbre y
-bien tratados en el mantenimiento, que despues en el desierto deseaban
-volver á las ollas de carne que tenian en Egipto, y eran tan estimados
-de los egipcios que les prestaron todas las más ricas joyas que tenian,
-con las cuales fueron, lo cual creo yo que no harian los nuestros con
-los indios, y con aquella dura servidumbre crescia el pueblo de Israel,
-y con ésta se ha asolado el de las Indias. ¿Cuál Rey ni Príncipe del
-mundo, ni justo ni tirano, hizo ni pudo hacer de derecho que todo su
-pueblo trabajase más de los nueve meses del año, para él y para los que
-él señalase? á los ciegos está claro que no se puede hacer justamente;
-¿pues qué se puede ni debe esperar deste tan excesivo delito, y que
-tantas sobras hace al de Faraon, sino otro mayor castigo que aquél? y
-tenemos (plega á Dios que no sea así) que aquel gravísimo pecado ha de
-ser causa de la total destruccion de la república de España, si Dios
-no lo repara ó nosotros no lo enmendamos: y así, queriendo probar que
-éste medio es dañoso á la república de los indios, hemos probado ser
-pernicioso á la república de España. Item, es durísima exaccion para
-los indios, porque, á gente naturalmente inclinada á ócio y nascida y
-criada en él, darles el mayor de los trabajos y nueve meses continos,
-es claro que es dalles la muerte; y la holganza de los cuarenta dias
-que les dan no es sino para dalles la muerte más cierta, lo uno, porque
-en aquellos cuarenta dias han de proveerse de mantenimiento, labrando
-sus labranzas, que es asaz gran trabajo; lo otro, porque en aquel
-tiempo no cobran fuerzas para el futuro trabajo, ántes las pierden con
-la mudanza que se les hace en el mantenimiento, de manera que donde
-habian de reintegrar las fuerzas, que perdieron en el continuo trabajo
-de nueve meses, las enflaquecen más con el trabajo de las labranzas y
-con la miseria del mantenimiento que les dan en las estancias, que
-son las granjas de los cristianos, y así cuando los llevan al otro
-trabajo de los otros nueve meses quiérenlos apremiar á trabajar recio,
-como á hombres holgados y rehechos, y como ellos están debilitados,
-por las causas ya dichas, es dalles la muerte y así acaban sus dias
-miserablemente.»
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-
-CAPÍTULO CXXXVI.
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-«Item, aquella manera de enmienda es contra toda razon y prudencia
-humana, porque ninguna basta para poner remedio en aquellas tierras
-ni la de vuestras señorías acá, ni las de todos los jueces de allá,
-aunque todos fueran como ángeles, miéntras la encomienda durare, ni
-leyes bastarian ni bastarán, aunque fuesen muchas más que las Siete
-Partidas; porque, ¿quién coercerá la demasía de la avaricia de los
-cristianos, para que, teniendo los indios debajo de su mano, entre
-las bravas peñas, donde de solas las aves son vistos y de donde en
-50, y 60, y más leguas, no hay justicia, ni juez ni otro cristiano
-que los valga, no los hagan trabajar hasta la muerte, máxime, _si
-dolosi spes refulserit numi?_ ¿quién les ha de ir á pesar la carne
-que se les ha de echar en la olla? ¿quién les ha de acusar si muere
-el indio á palos ó azotes? Decís, señores, que los Visitadores harán
-pesquisa y castigarán los delincuentes; ya hemos dicho, que estando tan
-léjos, en los montes metidos y repartidos los indios de cada señor en
-diversas partes, ¿qué Visitadores ó qué salarios lo podrán bastar? y
-dado que tantos hobiese, lo cual no podrá ser, ¿quién osará acusallos?
-que estará el indio temblando, y sabe que si se quejare al Visitador
-despues le ha de asar su amo; y no vamos á las Indias, sino acá entre
-nosotros se haga pesquisa de las vidas de los vecinos de esta ciudad,
-¿ireis á tomar el dicho á sus criados del que habeis de castigar? ya lo
-ven vuestras señorías; pues como todos aquellos indios sean criados,
-ó por mejor decir captivos, de aquel que los tiene encomendados, los
-cuales, dado que se quejen, no serían creidos como allá se tiene por
-averiguado, por manera, que si en cada estancia estuviese un ángel que
-no comiese ni durmiese, si pudiese ser corrupto por dádivas y oro,
-no es posible ponerse remedio humanamente á aquellos males, y á la
-fin bien ven vuestras señorías que lo tiene el Visitador por hombre
-y quizá por amigo ó bienhechor, ó el indio que lo tiene por bestia.
-Item, aquella encomienda es contra el bien del Rey, nuestro señor,
-lo primero, porque le quita lo que le hace gran señor, que es la
-muchedumbre del pueblo, que en aquella dice la Escritura, que consiste
-la gloria y potencia del Rey; item, le quita la opulencia y fructos de
-aquellas tierras que le harán rico á él y á todos sus reinos, y creo
-que la misma tierra dará voces al cielo que la hacen estéril y mañera,
-siendo ella de sí tan fértil y abundosa, que podria dar abundancia á
-muchos que en otras partes mueren de hambre; item, esta encomienda es
-dañosísima al bien del Rey, nuestro señor, porque le quita el justo y
-verdadero título y dominio de aquellas tierras, que tenia y tiene si
-ésta dicha invencion no interviniese. Porque por una de tres maneras,
-el que no era señor de algun pueblo ni le pertenecia por herencia,
-puede ser justo señor dél: la primera, si el superior del suyo ó de
-aquel pueblo, en justa pena de males cometidos, los pusiese so el
-señorío de la tal persona, privado de los primeros señores con justa
-causa; la segunda, si el tal superior pusiese aquel pueblo en subjecion
-del tal Príncipe para que con muy buenas obras, en acrecentamiento
-temporal y espiritual de aquel pueblo, mereciese el señorío dél; la
-tercera, por querer, _sua sponte_, y voluntariamente el tal pueblo
-someterse y subjetarse al tal señor; y cualquiera Príncipe, que sin
-alguno destos títulos posee y usa del dominio de alguna tierra, no es
-Rey ni verdadero señor, sino pésimo y tirano se puede llamar, pues
-manifiestamente consta que el sumo Pontífice no privó por delitos del
-señorío á los señores de aquellas tierras, porque ni eran infestadores
-de la fe, ni cismáticos, ni la sola infidelidad basta para privallos
-de dominio, máxime en tierras que nunca fueron subjetas á la Iglesia.
-Resta, pues, manifiestamente, quel dominio y señorío del Rey, nuestro
-señor, depende, ó del bien y acrecentamiento que procura aquella
-república, como suena la concesion apostólica, ó de la voluntad de
-aquellos pueblos, y pues éste medio de la encomienda destruye y deshace
-aquella república en lo espiritual y temporal, y hace aquellos vasallos
-involuntarios, como por muchos ejemplos ha constado, ergo, quítale
-todo el derecho que á aquellas tiene, y donde se piensa que por aquel
-medio hacelle señor le hacen tirano, quitándole el verdadero señorío
-que tiene en ellas, lo cual, vuestras señorías debrian mirar con mucho
-cuidado, pues á vuestras cuestas carga todo este edificio que el Rey,
-nuestro señor, con vosotros dará buena cuenta á Dios; y en verdad que
-se hace más daño al Rey, nuestro señor, en ésto, que si le tomasen las
-tierras por fuerza, porque entónces quitalle hian el uso pero no el
-derecho, y agora, dejándole el uso, quítanle el derecho como está bien
-probado. Item, aquella manera de encomienda es contra todas reglas
-de teología y filosofía moral que quieren quel fin se preponga á los
-medios, y los medios se pospongan por la consecucion del fin, y como
-nuestro verdadero fin sea la bienaventuranza celestial, y el medio
-propio para ella sean las virtudes, y para el ejercicio de las virtudes
-meritorias sea necesaria la vida, y para la conservacion de aquella los
-alimentos, y para comprar éstos, como medio más remoto y más inútil y
-ménos necesario, sea la pecunia, si por éste mísero medio se pospone la
-gloria del cielo y las virtudes con que se alcanza, y la vida en que
-se ejercitan, y los alimentos para ella necesarios, y lo que peor es,
-no sólo en los indios se pierde la fe y virtudes por el oro, pero en
-los mismos cristianos, como la experiencia lo muestra, que son hechos
-más inhumanos y más sin misericordia que los fieros tigres, etc., que
-no decimos. Item, esta manera de encomienda es contra Dios, nuestro
-Señor, y contra su intencion, _qui vult omnes homines salvos fieri_, y
-porque no se puede haber salud perpetua sin fe, quiere que la tengan
-los mortales, y porque la fe ha de entrar al alma por el oido vino
-él á predicalla, y así dice que _ad annunciandum mansuetis misit eum
-Deus_, y para predicalla en todo el universo mundo hizo de aquellos
-rudos discípulos tan sabios maestros, alumbrados por el Espíritu
-Sancto, ante cuyo saber se enmudecen todos los sabios del mundo, y para
-ésto puso en nuestras manos aquellas grandes tierras y gentes; y todo
-ésto impide esta malaventurada encomienda, porque, ¿cómo podrán los
-predicadores instruir la gente derramada y fatigada de los trabajos?
-Y los mayores enemigos y estorbadores que los religiosos apostólicos
-allá tienen, para no poder instruir aquel ignorante y manso pueblo,
-son los que tienen los indios encomendados, porque enseñándoles las
-virtudes y vicios, será fuerza que viesen tanta falta de uno y tanta
-sobra de lo otro en sus señores, que los tienen por demonios, y como
-la fe no se adquiera, por mucho que se predique, sin pía afeccion del
-que oye, no sé de dónde les ha de nacer á éstos esta pía afeccion á
-nuestra fe, ni cómo podrán tener por divina la ley en que viven hombres
-tan inhumanos. Item, esta manera de encomienda es contra la Iglesia de
-Dios, que como todos se ocupan en aquel maldito ejercicio de cavar y no
-en hacer fructificar la tierra para que produzca riquezas naturales;
-no hay diezmos para que dellos se puedan sustentar buenos Prelados
-y sacerdotes y otros ministros della que engendrasen á la Iglesia
-hijos espírituales, y así no se multiplica la Iglesia donde se podria
-multiplicar y en tanta y más cantidad que agora está por todo el mundo.
-Pues vean los que ésto sustentan, y tiemblen del temor de la estrecha
-cuenta que han de dar á Dios, nuestro Señor, que no es aceptador de
-personas ni se le dá un maravedí que sea al que ha de juzgar Príncipe ó
-Prelado ó gran Señor, ó porquerizo. Pues tiempo es, señores, pues Dios
-y el Rey, para vuestra gloria y merecimiento, puso éste tan grande y
-árduo negocio en vuestras manos, que procureis de estirpar esta raíz de
-donde tanto mal procede, y dar remedio á aquellos afligidos pueblos,
-porque Dios lo dé á vuestras almas en el cielo y á vuestras honras y
-estados en el suelo, amen. Bien sabemos, señores, que en aquel tesoro
-de la sabiduría divina están repuestos mil remedios para todos estos
-daños, y que la prudencia de vuestras señorías podrá alcanzar muchos,
-especialmente si con sancta aficion y puro ánimo y sincero la pedís á
-aquel de quien ha de emanar, pero para un poquillo de aquello, como
-la pobrecilla mujer evangélica, ofrecemos á vuestras señorías _duo
-era minuta_, á que nuestro flaco ingenio se pudo extender, rescíbanlo
-vuestras señorías con aquel celo que se les ofrece, que si no fuere tal
-como conviene no se puede en ello perder más del tiempo que se gastó
-en componello y del que vuestras señorías gastarán en oillo, y ganarán
-vuestras señorías mucho ante Dios por querer parecer de personas que lo
-podrian mejor tomar de vuestras señorías, y nos ganaremos mérito del
-celo con que lo ofrecemos á Dios y á vuestras señorías. Lo primero,
-muy magníficos señores, que debe hacerse en el reparo de los daños es
-quitar la causa dellos, porque, ésta quitada, no habrá impedimento á
-los provechos; las causas de todos los males y muerte destos indios
-han sido tres, las continuas digo, que de las accidentales no se
-hace mencion; la primera, es trabajo excesivo; la segunda, penuria
-de provision y mantenimiento; la tercera, descontentamiento en los
-trabajos y desesperacion de nunca salir dellos; y quien bien quisiere
-mirar en ellas no sólo verá que son bastantes para matar flacos indios,
-pero recios gigantes. Y que en ellos se hayan ejercitado estas tres
-cosas en gran abundancia, más que sus fuerzas podian sufrir, es muy
-manifiesto; resta, pues, ponellas remedio conveniente, el cual, á lo
-que se nos ofrece ser necesario, se dará primeramente y con justicia,
-sacándolos de la encomienda opresiva y dura servidumbre en que están,
-pues tanta iniquidad y daños contiene, y ponellos en libertad desta
-manera: Que en aquellas islas, Cuba y Española y las otras, de la
-gente que en ellas hay, se hagan pueblos de hasta 200 vecinos, ó segun
-la disposicion y calidad de la tierra en que se fundaren, y que á
-aquellos se ponga un Gobernador, buena persona y política, y que sepa
-industrialles en agricultura y en plantar viñas y huertas, azúcares y
-otras cosas útiles, y que ésta persona tal esté salariada por el Rey,
-nuestro señor, de salario competente tasado, el cual se tome de los
-fructos y provechos de los indios, no señalándole cuota, de manera que
-ni sea tercera ni cuarta parte de lo que ganaren los indios (porque
-en señalándoselo desta manera, porque suba su cuota en gran cantidad,
-trabajarán los indios más de lo que conviene, y les disminuirá los
-alimentos necesarios, y verná al mismo inconveniente que agora está),
-sino que sea tanto por año, conviene á saber, tantos castellanos; y
-éste enderece y disponga en qué tiempo y qué cosas deben sembrar y
-plantar los indios que tuviere á cargo, y en qué tiempo se deben coger
-y cómo se ha de guardar lo que se cogiere para el alimento dellos y de
-sus mujeres y hijos, y lo que sembraren él lo venda á los otros que no
-tuvieren labranzas, como son oficiales y los que tienen esclavos para
-las minas, y aquello todo se guarde á á buen recaudo. Item, que este
-Gobernador determine qué parte de aquellos que estaran á su gobernacion
-irán á las minas, y en qué tiempo del año, porque se dice allá hay dos
-agostos, y el uno más fértil que el otro, y podrán entender en el medio
-del año en las cosas de agricultura, y el otro medio ir todos ó los
-más á las minas, y del oro que sacaren pagar al Rey su quinto, y las
-alcabalas de lo que vendieren, pagado el diezmo que se ha de dar á la
-Iglesia de las cosas que le pertenecen, y todo lo otro se tenga cuenta,
-y venga á monton; del cual, ante todas cosas, se saque el salario
-del Gobernador, y lo que fuere necesario para la sustentacion de los
-indios en todo el año, y para la costa de las labranzas y hamacas, y
-otras cosas necesarias para los dichos indios; y en fin del año el
-tal Gobernador será obligado de dar cuenta entera, como mayordomo, de
-todo lo que ha cogido, así de provisiones y otras cosas como de oro, y
-de lo que ha gastado con pago de lo restante á los visitadores que Su
-Alteza para ésto deputare, y que todo lo que restare, pagadas las cosas
-susodichas, sea para los dichos indios, y se aplique, á vista de los
-dichos visitadores, en cosas útiles para ellos, como vestidos y alhajas
-y otras cosas, y en multiplicar casas de moradas para ellos, por manera
-que, si ser pudiere, se haga por discurso de tiempo á cada uno su casa
-con sus apartamientos, y arcas en que guarden lo que tuvieren, y así
-los muestren á tener apetito de tener propio, y de comprar alhajas y
-guardallas, que éste ha de ser el principio de su policía: y destas
-tales personas se hallarán muchas en los reinos de Castilla que sean
-muy hábiles para ello, y que lo tomen de buena voluntad y alzando
-las manos á Dios por ello. Este medio se podrá mucho más ampliar,
-queriéndose poner en obra, y con él se obviarian suficientemente á
-todos los males que en aquellas tierras se hacen y habian de hacer,
-porque estando desta manera, estarán enteramente libres, como los
-otros pueblos, aunque subjetos á su Gobernador, lo cual no es contra
-libertad. Item, serán ménos fatigados, porque, _cum nemo gratis sit
-malus_, viendo los Gobernadores que el fructo de los trabajos de los
-indios es para ellos, y no para él, no los matará de trabajo, y pues
-los bienes han de ser suyos dellos, no los matará de hambre, porque no
-hay hombre tan malaventurado que no huelgue que los otros sean bien
-tractados de su hacienda. Item, los mismos indios, viéndose ménos
-fatigados en el trabajo, y mejor tractados en los alimentos, ternán
-más contentamiento y no estarán desesperados, y viendo que todo el
-fructo que se saca de sus trabajos redunda en su provecho, animarse
-han á trabajar, y no ternán aquella desesperacion y descontentamiento
-que hasta aquí han tenido, y los trabajos les serán recreacion, y así
-reverdecerán y multiplicarán, y amarán á los que les hacen bien, y
-allegarse han con mayor amor á nuestra sancta fe, viendo que de los
-que viven en ella resciben tantos beneficios; y ántes de mucho tiempo,
-instruidos y doctrinados por nosotros, vernán á hacerse gente noble y
-política, especialmente que della se dice ser de su naturaleza mansa
-y modesta, y para toda virtud bien hábil y inclinada, y á saber y á
-vivir por sí, que así se redujeron á policía y á virtud los otros
-pueblos, como España y Alemania é Inglaterra, que otros tiempos fueron,
-por ventura, tanto ó más bárbaros que éstos; que de España dice Trogo
-Pompeyo y Justino, historiadores, que por falta de no haber en ella
-vino tenian célia, que agora se llama cerbeza, y agora está cual la
-vemos. De este medio se seguirán más bienes que al presente sabremos
-pensar, porque será camino para multiplicarse la gente, y para que
-otros muchos que acá sobran se animasen á ir á vivir allí, viendo que
-en aquella tierra hay tanta abundancia de fructos y de oro en ellos,
-que agora, como el camino sea largo y la fertilidad prometida _in
-futurum_, temen los hombres de ser engañados, pero cuando les constase
-que allí tenian, luégo que fuesen, copia de mantenimientos conformes
-á los de acá, y que les darán tierras que en breve diesen copia de
-fructos, y montañas criadoras de oro, más trabajo sería entónces
-resistir á los que querrian ir para que no fuesen tantos, que agora
-es el persuadillos para que vayan. Item, creciendo los bienes y los
-pueblos crecerán en gran cantidad las rentas del Rey, nuestro señor, en
-muy breve tiempo, y debria Su Alteza sufrirse algo, que quien planta un
-árbol espera el fruto dél, labrándolo todo el tiempo que no dá fructo,
-con esperanza de lo coger más abundoso. Item, lo que principalísimo
-es, habiendo en la tierra copia de bienes, como arriba se dijo, habria
-diezmos para sustentar dellos personas eclesiásticas, doctos, y tales
-que bastasen á la conversion y doctrina de aquellos pueblos, y cuánto
-galardon sacaria de Dios quien éste bien tan grande procurase, quien
-quiera que tenga juicio lo podrá ver. Y si para ello son menester
-algunos gastos, no es inconveniente que en cosa tan fructuosa,
-espiritual y temporal se pongan, cuanto más que se podria hallar
-camino como con pocas costas de Su Alteza se pusiese en ejecucion,
-porque hay en aquellas Indias y en España muchas personas, en gran
-número, que de lo que dieron ménos de salario á los indios de lo que
-sus trabajos merecian, y de lo que les robaron de los mantenimientos
-que les sustraian por no gastaren ellos, y de las muertes horrendas y
-ordinarias de que fueron causa, son obligados á grandes restituciones,
-las cuales, conforme á derecho divino y humano se deben aplicar al
-reparo y ereccion de aquella república, y habiéndose una facultad del
-Papa para poderse componer los tales, y guardándose todo aquello para
-este efecto, creemos que no será necesario que Su Alteza de su casa
-ponga otros gastos. Y así, Dios enderece nuestras cosas, que, á lo que
-se nos ofrece y podemos pensar, y parece que por los ojos vemos, ántes
-de muchos años, si ésto se pone en obra con diligencia, sean aquellas
-ínsulas una de las importantes cosas del universo, aún en lo temporal,
-donde sino se pone remedio serán unos vastos desiertos y tierra
-solitaria. Esto es lo que se nos ha ofrecido, muy ilustres y magníficos
-señores; usen vuestras señorías de lo que dello les pareciere bueno,
-añidiendo con su mucha prudencia lo que á la nuestra falta.»
-
-Todo lo contenido formalmente en estos dos precedentes capítulos, hasta
-aquí, dieron por parecer los ocho predicadores del Rey al Consejo de
-las Indias, como dicho es, para remedio dellas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXVII.
-
-
-Este parecer rescibieron los del Consejo con buena voluntad, segun
-lo que mostraron, y lo mandaron leer luégo en presencia de todos, y
-oido agradesciéronselo diciendo que lo verian y platicarian sobre
-ello, y ordenarian para el remedio de aquestas Indias todo lo que les
-pareciese convenir, tomando y aprovechándose destos avisos cuanto
-pudiesen; y así los predicadores se salieron del Consejo y se fueron.
-Este parecer, tiene dos partes sustancialísimas como por él parece; la
-una, es la detestacion y reprobacion de las encomiendas, las cuales ser
-tiránicas é iniquísimas asaz, como muy doctos varones, con evidentes
-y eficaces razones prueban, y con cuán estrecho precepto el Consejo
-fuese obligado á las deshacer, poniendo los indios en libertad, pues
-ocho teólogos y maestros se lo afirmaban y probaban tan abiertamente,
-y ellos, que de haberse destruido tantas gentes, por ellas tenian
-larguísima experiencia, ninguno hay de recto juicio, y áun por basto
-que lo tenga, que lo niegue; pero no lo hicieron, sino pasaron adelante
-con su ceguedad, sustentándolas como de ántes, remendándolas cada dia
-con cédulas llenas de todo escarnio y dignas de quemallas con ellos,
-pues sabian y eran ciertos que ni se guardaban ni se podian guardar, é
-ya que se guardaran no habian de dejar de perecer estas gentes, como
-no quitasen la causa de la perdicion y muerte dellos, que eran las
-encomiendas, y hacerse otra cosa era imposible, como bien apuntaron
-en su parecer los predicadores, y ellos mismos del Consejo, lo vian y
-sabian mejor que todos ellos, como dicho es, y ello así era verdad.
-Si ellos entónces quitaran las encomiendas ó comenzaran á quitarlas,
-que no fuera por ellos ordenado cuando fuera cumplido, queriendo
-ellos que se cumpliese, no creciera y echara tantas y tan arraigadas
-raíces esta tiranía tan abominable y destruitiva de la mayor parte del
-linaje humano, en tanto grado, que ya el Rey con todo su poder no ha
-podido en algunos tiempos estirpalla, como parecerá, y por tanto, de
-treinta cuentos de ánimas que desde entónces hasta el año de 550 han
-perecido, cuenta estrecha á Dios darán. Y ya la han dado, pues todos
-son muertos los que en aquel ciego Consejo se hallaron, y está, que ó
-por malicia y á sabiendas hayan querido errar, lo cual no creo (si á
-malicia no queremos equiparar, presumir de sus colodrillos no queriendo
-tomar parecer de muchos religiosos y personas que les decian verdad, y
-ellos eran obligados á creer, y mayormente de los dichos predicadores
-y doctores, por lo cual los dejó Dios errar y más errar, lo cual no
-hay duda sino que como malicia se les debe imputar); ó por ignorancia
-crasa y culpadísima, la cual no los pudo excusar, porque habian tomado
-y tenian oficio por el cual eran obligados á no ignorar lo que á él
-pertenecia, como ésta tan horrenda y tan perniciosa pestilencia de
-encomienda sea contra todo derecho natural, y divino, y humano, y toda
-razon de hombres aunque sean barbarísimos, y á los más dellos les
-diese el Rey de comer, no por más gentiles hombres, sino por letrados,
-y ellos dello se jactasen, y _paria sunt scire vel debere scire_; y
-ellos tienen, _quia turpe est patritio et nobili viro et causas oranti,
-jus in quo versatur ignorare_. La segunda parte del parecer de los
-dichos doctores y predicadores contiene el medio para que los indios
-puestos en libertad fuesen bien gobernados; éste era, que se hiciesen
-pueblos de los indios que habian restado de la vendimia y muerte que
-habia barrido ya toda esta isla, y de los que tambien en las islas se
-hallasen allí tambien así se hiciese de la misma manera. Este medio
-en substancia era bueno, pero segun muchas circunstancias fuera para
-destruir los indios, como acaeció en tiempo de los padres Hierónimos,
-que lo pretendieron hacer y con ello cuasi los acabaron, porque
-como los indios sean y fuesen tan delicados, por el poco comer y el
-poco trabajo en que fueron criados, y tambien por andar como andaban
-desnudos, en mudándose de una distancia donde nacieron y se criaron,
-por poco que fuese, á otra, fácilmente enfermaban, y con facilidad
-morian, mayormente que si los pasaban ó mandaban pasar de una parte á
-otra no les daban ayuda ninguna, sino que ellos habian de hacer las
-labranzas de nuevo, con sus trabajos y sudores, y sobre la flaqueza
-que habian cobrado de la vida triste y hambrienta y malaventurada que
-habian padecido, es manifiesto que juntallos en pueblos, traidos, de
-unas partes á otras, no era otra cosa sino matallos, y así fué, que al
-cabo, por éstos caminos, los acabaron. No estaban ya los indios, pocos
-que habia, para andar con ellos jugando, de una tierra ó provincia á
-otra mudándolos; el verdadero remedio, no era otro sino dejallos en
-sus propias y nativas tierras y poblezuelos que tenian, por pocos que
-fuesen, y dalles toda libertad, que supiesen que no habian de servir ya
-más á españoles, y de cuando en cuando visitallos los religiosos para
-doctrinallos, y que así como conejos tornasen á multiplicarse. Cuanto
-á su comida, no tenian necesidad de que, para sembrar y coger los
-fructos de la tierra necesarios, los aguciasen, como falsísimamente los
-españoles los infamaron, diciendo que de perezosos y por no trabajar
-se dejaban morir de hambre; que sea falsísimo testimonio parece á la
-clara, porque hallando como hallamos estas tan infinitas gentes tan
-multiplicadas y tan llenos sus campos y sus tierras de labranzas y
-comida, con que infinitas veces nos mataron la hambre, no tuvieron
-necesidad de que nosotros fuésemos á mostralles ni á inducilles
-á labrar sus haciendas, tampoco la tenian agora, sino que ellos
-estuviesen ciertos que habian de gozar de su libertad, y sus trabajos
-no se los habian de gozar sus capitales enemigos que tan inhumanamente
-los habian raido de la haz de la tierra: y por no tener experiencia
-los predicadores del Rey, cuanta era menester, no pudieron caer en
-dar remedio á ésto. Por esta misma causa se les pasó por alto ó por
-bajo no advertir en qué decir é dar por consejo, como remedio, que la
-mitad del año echasen los indios á las minas, era aconsejar que los
-espusiesen á la muerte, como aquello hobiese sido la potísima causa
-de su acabamiento; porque poco ganaban los indios que muriesen en las
-minas, cogiendo oro para sí ó para los que los oprimian, habiendo al
-cabo de morir, como era cierto, mayormente quedando tan adelgazados en
-la substancia, sin fuerzas y ser humano, de la vida que habian padecido
-más que infernal. Item, cerca de lo que dicen los predicadores en el
-susodicho parecer que dieron al Consejo, que el Gobernador que los
-gobernase los industriase en plantar viñas y huertas, y azúcares y
-otras cosas útiles, decimos que no habia lugar en gente tan deshecha
-y flaca, y poca y atormentada, tampoco como echallos á las minas, ni
-aunque fueran muchos más, porque no se habia de entender ni estudiar
-en otra cosa, por los que los habian de remediar, sino en dalles
-huelga y descanso, y manera que multiplicando se reformasen. Item,
-aunque hobiera gran número dellos, no les convenia luégo inducillos
-á que plantasen viñas y huertas y azúcares, porque primero se
-deshicieran que acabaran de gozar de los fructos dellos, ni luégo les
-son proporcionables las tales granjerías, sino las suyas, que son de
-pocos trabajos y no de mucho cuidado. En ellas habian de entender,
-el mucho tiempo andando, muy despacio y que ellos mismos á ellas se
-aficionasen, como se ha hecho en la Nueva España; porque en la verdad,
-si estas gentes fueran inducidas á tractar de las tales granjerías de
-España, como sean de mucho trabajo y requieran mucho cuidado, y sin
-ellas tuviesen sus bastimentos en abundancia, tuviéranlo por violencia
-y coaccion, y por consiguiente fuérales triste y desagrable, y así,
-más daño y deformacion y deshacimiento les sucediera, que provecho
-ni remedio ó reformacion. Finalmente, la intencion de los dichos
-predicadores, y la obra y parecer que dieron al Consejo fué justo y
-santo, y si ellos tuvieran experiencia de las miserias y desórdenes
-destas tierras, y modos con que fueron afligidas y asoladas las gentes
-dellas, muy más y mejor, obviando á todos ó á los más inconvenientes,
-lo hicieran. Dado, pues, el dicho parecer al Consejo, estimando que el
-Consejo pusiera el remedio necesario, como mostraba querer, quedaron
-satisfechos, ó al ménos parecióles que habian cumplido para con Dios
-con lo que habian hecho y quedar libres del juramento.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXVIII.
-
-
-El clérigo Bartolomé de las Casas no dejaba de solicitar al Gran
-Chanciller y á los flamencos que lo favorecian, contra el Obispo y
-el Consejo, teniendo por cierto que los predicadores habian de sacar
-poco efecto dél, y por consiguiente, como quedaban tan enteros por
-haber hecho callar á los predicadores del Rey, pornian más resistencia
-para que el negocio del Clérigo, de que no entrasen españoles, más de
-frailes y los 50 que él metiese para la predicacion en la tierra que
-arriba se dijo, no se concediese. Pasadas muchas cosas, resistiendo el
-Obispo, principalmente, y el Consejo, y quejándose dellos el Clérigo al
-Gran Chanciller y á los caballeros y letrados flamencos, que eran del
-Consejo de Estado y de los Estados de Flandes, que todos favorescian
-y ayudaban con todas sus fuerzas al Clérigo, porque les parecia que
-lo que pretendia y defendia era fundado en razon, segun las reglas de
-Cristo, con éste gran favor que el Clérigo tener sentia, y aún tambien
-porque aunque no hablaba al Rey porque no tenia necesidad dello,
-constábale que el Rey lo queria bien y nombraba por su nombre diciendo,
-micer Bartolomé cuando dél hablaba (porque así llamaban los flamencos
-«Micer» á los clérigos), y ésto era por el mucho bien que todos los que
-estaban cerca del Rey decian dél, mayormente Mosior de Laxao, que era
-el mayor privado que el Rey tenia, determinó de abiertamente recusar,
-como á manifiestos contrarios y apasionados, á todos los del Consejo
-de las Indias, en especial al obispo de Búrgos, que era el que siempre
-le contradijo y resistió, como el que más autoridad siempre tuvo,
-aunque muchas veces la perdió interpoladamente por la diligencia del
-Clérigo. Allegaba contra ellos, mayormente contra el Obispo, la mala y
-pésima gobernacion de las Indias que habian puesto, y probábala con la
-perdicion y asolamiento desta isla Española y las muchas comarcanas, y
-aquel gran pedazo de tierra firme que tenia cargo de asolar Pedrárias,
-y tambien que habian tenido muchos indios en estas islas, estando
-ellos en España, que sus mayordomos y hacedores habia muerto por
-envialles á ellos oro, los cuales les hizo quitar el Clérigo, como
-arriba queda explicado; y otras cosas cuantas el Clérigo podia, con
-verdad, decir contra ellos muy abierta é intrépidamente, como lo
-pudiera decir de cualesquiera personas de poco estado y autoridad que
-fueran. Llegaba todo ésto cada hora á noticia del Rey, porque todos
-los que ayudaban al Clérigo eran sus privados, y los más propíncuos y
-continos en su servicio, como dicho es; finalmente, dando y tomando,
-como dicen, muchos dias, impugnando de la dicha manera al Consejo el
-Clérigo, determinó el Rey, por parecer del Gran Chanciller y de los
-de su Consejo, flamencos, que para entender y tractar y determinar
-el negocio del Clérigo, y como cuasi jueces entre el Consejo y él,
-el mismo Clérigo nombrase personas de los Consejos del Rey, cuales
-él quisiese. Así el Rey se lo envió á decir é mandar con Mosior de
-Laxao, y el Clérigo así con mucha alegría lo hizo. Nombró á D. Juan
-Manuel, el que fué muy privado del rey D. Felipe, padre del emperador
-D. Cárlos, y á don Alonso Tellez, hermano del marqués de Villena, el
-viejo, hijos de D. Juan Pacheco, que floreció en tiempo del rey don
-Enrique IV, de éste nombre. Estos dos caballeros, D. Juan Manuel y D.
-Alonso Tellez fueron de los más prudentes que habia en aquel tiempo
-en aquellos reinos, y eran del Consejo del Estado y de la Guerra. El
-tercero fué don fulano Manrique, marqués de Aguilar de Campo, del
-Consejo del Estado y Guerra, y cazador mayor del Rey. Nombró tambien
-al licenciado Vargas, que fué muchos años, en tiempos de los Reyes
-Católicos de gloriosa memoria, general tesorero de la hacienda del
-Rey. Este tambien fué hombre prudentísimo y muy experimentado y de
-los Consejos del Rey. Nombró tambien á todos los flamencos que eran
-de Consejo, y el Rey mandó que no sólo los que el Clérigo habia
-nombrado, pero que todos los de los otros Consejos, como los del de la
-Guerra, y de la Inquisicion y del de Flandes, al tractar del negocio
-de micer Bartolomé se hallasen presentes, por lo cual hobo de entrar
-y hallarse algunas veces á ello el cardenal Adriano, que despues fué
-Papa, y entónces Inquisidor mayor de España era; y así, cada vez que
-dello se trataba, concurrian sobre 30 y 40 del Consejo. Esta fué una
-de las señaladas cosas que acaescieron en España, que un Clérigo
-harto pobre, y sin renta ni persona que le ayudase, y ningun favor
-adquirido por industria humana, sino sólo el que Dios le quiso dar,
-ántes perseguido y abominado de todo el mundo, porque los españoles
-destas Indias hablaban dél como de quien, segun ellos imaginaban, los
-destruia y con ellos á toda Castilla, hobiese tanto lugar con el Rey
-que se moviese á concederle que señalase personas de Consejo, como
-cuasi jueces sobre el Consejo que tambien era del Rey, y allegase á ser
-causa de todo lo que está referido y que más se dirá dél. Y ántes que
-pasemos adelante, parece será bien referir aquí lo que respondió el
-Clérigo á cierta persona que le increpó en ausencia, cuando supo que
-ofrecia dineros al Rey y que pedia las mercedes de suso dichas para los
-50 que habian de ir con él. Aunque de los españoles de las Indias y de
-otros muchos que creian á aquellos era tenido por malo, ignorando que
-su negociacion principal era mamparar á estas míseras gentes y estorbar
-que no pereciesen, muchas otras personas, y cuasi toda la corte y todos
-los que no les iba interese, sabiendo su final intencion, lo loaban y
-tenian por bueno; entre aquellos era un licenciado Aguirre, del Consejo
-Real y tambien de la Inquisicion, varon católico y siempre tenido por
-siervo de Dios, y de quien la reina doña Isabel fió el cumplimiento de
-su testamento, porque fué uno de sus testamentarios. Este quiso mucho
-al dicho Clérigo por la causa que pretendia universal, pero desque
-supo que prometia, como dije, rentas al Rey, y pedia mercedes para los
-50, que parecia contratacion profana, hablando un dia dél dijo que
-le habia desedificado aquella manera de proceder en la predicacion
-evangélica, porque mostraba pretender temporal interese, lo que nunca
-hasta entónces habia sospechado dél. Súpolo el Clérigo, y dijo: «Señor,
-si viésedes á nuestro Señor Jesucristo maltratar, poniendo las manos en
-el y afligiéndolo y denostándolo con muchos vituperios, ¿no rogaríades
-con mucha instancia y con todas vuestras fuerzas que os lo diesen
-para lo adorar, y servir, y regalar, y hacer con él todo lo que como
-verdadero cristiano debríades de hacer?» respondió: «sí, por cierto.»
-«Y si no os lo quisiesen dar graciosamente sino vendéroslo, ¿no lo
-compraríades?» «sin alguna duda dijo él, sí compraria.» Añidió luégo
-el Clérigo: «Pues de esa manera, señor, he hecho yo, porque yo dejo en
-las Indias á Jesucristo, nuestro Dios, azotándolo, y afligiéndolo, y
-abofeteándolo y crucificándolo, no una, sino millares de veces, cuanto
-es de parte de los españoles que asuelan y destruyen aquellas gentes,
-y les quitan el espacio de su conversion y penitencia, quitándoles la
-vida ántes de tiempo, y así mueren sin fe y sin sacramentos; he rogado
-y suplicado muy muchas veces al Consejo del Rey que las remedien y les
-quiten los impedimentos de su salvacion, que son tenellos los españoles
-en captiverio á los que tienen ya repartidos, y á los que áun no, que
-no consientan ir españoles á cierta parte de tierra firme donde los
-religiosos, siervos de Dios, han comenzado á predicar el Evangelio, y
-los españoles que por aquella tierra van, con sus violencias y malos
-ejemplos, los impiden y hacen blasfemar el nombre de Cristo: hánme
-respondido que no ha lugar, porque sería tener la tierra ocupada los
-frailes sin que della tuviese renta el Rey. Desque ví que me querian
-vender el Evangelio, y por consiguiente á Cristo, y lo azotaban, y
-abofeteaban y crucificaban, acordé comprarlo, proponiendo muchos
-bienes, rentas y riquezas temporales para el Rey, de la manera que
-vuestra merced habrá oido.» Quedó desto aquel señor y todos los que lo
-supieron muy satisfechos, y desde adelante tuvieron al Clérigo en mejor
-reputacion que hasta allí, loando su industria y celo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXIX.
-
-
-Señaladas por el Clérigo aquellas tan egrégias personas, solicitaba
-al Gran Chanciller, como á cabeza de todos los Consejos del Rey, que
-mandase juntar Consejo para tractar de aquel negocio, y así se juntó
-muchas veces, aunque de tarde en tarde porque las ocupaciones eran
-entónces muy grandes y espesas por las Córtes de aquellos reinos que se
-celebraban, en especial las de Cataluña, y muchas cosas importantísimas
-que estaban represadas, como el Rey comenzase entónces á reinar; y
-porque el obispo de Búrgos rescibió por grande afrenta que el Clérigo
-hobiese nombrado á tales y tantas personas, y quizá dellas algunas á
-él no muy agradables, todas las veces que le llamaban para consejo de
-cosas de Indias, mayormente las del negocio del Clérigo, no queria
-venir, excusándose con decir que no estaba bien dispuesto, y otras
-colores finjidas cuantas podia tener. Desque el Gran Chanciller y los
-flamencos comenzaron á entender que el Obispo rehusaba hallarse en
-aquellos Consejos, usaba desta industria que mandaba que lo llamasen
-á Consejo no diciendo para qué, y él creyendo que era para Consejo
-de guerra, que entónces eran los Consejos de guerra frecuentes, ó de
-Estado, que tambien era dellos, venía, y cuando via proponer de la
-materia de Indias, y en especial de la de micer Bartolomé, hallábase
-burlado y rabiaba, y como no era muy paciente luégo lo mostraba bien.
-Allí todo era angustias y hieles que bebia viéndose entre tantas y
-tales personas, porque, como dije, se juntaban cuasi todos los Consejos
-del Rey sobre treinta y cuarenta de Consejo, de todos los cuales sabia
-que ninguno habia de seguir ni aprobar su parecer, mayormente de los
-cuatro señalados por el Clérigo y de los flamencos, sino eran los tres
-ó cuatro que tractaban con él las cosas de las Indias, ó se llamaban
-del Consejo de las Indias, que eran la parte recusada como dicho es;
-y como los flamencos y las otras personas que favorecian al Clérigo
-tractaban cada hora con el Rey, cuando el Obispo se hallaba presente
-ante el Rey, áun fuera de Consejo, luégo de industria, algunos dellos,
-metian la plática de las Indias para provocarlo á que hablase algo,
-por le resistir delante el Rey; él, como era sabio, callaba, y lo
-mejor que podia salíase, hecha su mesura y reverencia al Rey. Andaba,
-finalmente, corrido en aquellos dias, cada y cuando que en Consejo ó
-fuera dél, juntos los susodichos, se moviese materia de las Indias, y
-por este disfavor, que le fué grandísimo, ya no venia á palacio sin
-su hermano Antonio de Fonseca. Este Antonio de Fonseca, como arriba
-dijimos algo dél, fué una de las señaladas personas de aquellos reinos
-de Castilla; era muy sabio y muy prudente y virtuoso caballero, y de
-grande autoridad en su persona, Contador mayor de Castilla, y muy
-privado y estimado de los católicos Reyes, y á quien la reina católica
-Doña Isabel concedió, por especial privilegio, que sin tener título
-le llamasen señoría. Y puesto que el Obispo, su hermano, no fué ménos
-privado de los dichos Reyes ni le faltase autoridad y saber para no
-perder un quilate della, pero, como eran pocos con él y tantos contra
-él, traia á su hermano consigo para en las disputas y pareceres
-ayudarse dél contra ellos. Hobo mucho ayuntamientos y consejos,
-entrando en ellos las personas de los Consejos que arriba se han dicho,
-cerca del negocio del Clérigo (que era como particular, puesto que
-con ello se tractaba lo universal, conviene á saber, la libertad de
-los indios y remedio de todas las Indias, porque lo uno de lo otro
-dependia), en los cuales ayuntamientos el Obispo y sus compañeros del
-Consejo de las Indias resistian lo que podian, para que al Clérigo la
-exencion de aquella tierra no se concediese, dando sus razones harto
-vanas y bien frívolas. Entraba el Clérigo en ellos algunas veces, y
-declaraba muchas dudas que cuantos allí entraban no sabian, mayormente
-lo que tocaba al hecho, y muchas tambien tocantes al derecho, tomando
-el Evangelio de Cristo por guía, como en todos hobiese poca ó ninguna
-teología, sino era el obispo de Badajoz fulano de la Mota, natural de
-Búrgos, que era teólogo y fué predicador de los Reyes católicos y era
-de los principales del Consejo del Rey, y que habia traido consigo
-desde Flandes, y en cuyas manos estaban cuasi todos los negocios
-tocantes á Castilla; éste tambien sentia favorablemente de los negocios
-y intencion del Clérigo. Despues de muchas veces en los ayuntamientos
-dichos platicado sobre el negocio del Clérigo, y resistido por el
-Obispo y los del Consejo de las Indias, y vistas por los demas su
-pertinacia y apasionada y aún impía resistencia, determinóse por el
-Gran Chanciller y por toda la multitud de los demas de los Consejos
-que allí entraban, que al Clérigo se concediese todo lo que pedia con
-todo el favor necesario para que las gentes de aquella tierra, mediante
-la solicitud y trabajos y predicacion de los religiosos que consigo
-habia de meter, viniesen al conocimiento de su Criador. Mandáronse
-y comenzáronse á hacer la capitulacion y las provisiones para el
-cumplimiento della necesarias, y, estándose haciendo, el Clérigo
-pensaba ya que habian sus trabajos de la corte acabado, pero el Obispo,
-como quedase desta determinacion y provision muy corrido y afrentado,
-que tanto él habia impugnado, no descansó ni dejó descansar al Clérigo,
-ántes conmovió contra él á todos los españoles, procuradores destas
-islas y de tierra firme, que á la sazon estaban en Barcelona, para
-que se opusiesen y contradijesen la dicha provision, y así el Clérigo
-fuese repelido della y se consiguiese lo que el Obispo pretendia.
-Ordenólo desta manera, que como por aquellos dias hobiese llegado de
-tierra firme Gonzalo Hernandez de Oviedo, que habia ido por Veedor
-del Rey (como arriba, hablando de la ida de Pedrárias á tierra firme,
-se dijo, al cual habia proveido de aquel oficio el mismo Obispo, y
-éste era muy bien hablado, parlador, y que sabia muy bien encarecer
-lo que queria persuadir, é uno de los mayores enemigos que los indios
-han tenido y que mayores daños les ha hecho, como se dirá, porque más
-ciego que otro en no cognoscer la verdad, quizá por mayor cudicia
-y ambicion, cualidades y hábitos que han destruido estas Indias), á
-éste movió primero el Obispo, enviándolo con cierto criado del mismo
-Gran Chanciller, al cual dijo: «Decid al señor Gran Chanciller, que
-este hidalgo, criado del Rey, que viene agora de las Indias, le
-informará muy bien de aquella tierra firme,» para que le dijese é
-informase cuanto engaño, segun él estimaba, rescibia con el Clérigo,
-dando crédito á sus falsedades, y que él, como oficial del Rey, que
-llegaba entónces de tierra firme, le avisaba no ser verdad lo que el
-Clérigo decia, y que aquella empresa que tomaba era en gran deservicio
-del Rey y en daño de sus rentas reales, y que desto daria suficiente
-informacion con muchos españoles que en la corte habia, que todos
-juntos se ofrecerian á servir al Rey con muchas más rentas y provechos
-que el Clérigo daba, y, finalmente, le dijo cuanto él pudo, para
-convencelle á desaficionallo del Clérigo y disuadille la provision y
-negocio que se le habia concedido. Esta contradiccion oida por el Gran
-Chanciller, no mucho fué de su propósito movido, porque ya él habia la
-pasion del Obispo entendido, y la malicia de los que contra el Clérigo
-decian, ántes pareció confirmarse en el amor y favor del Clérigo
-desque oyó decir á Gonzalo Hernandez de Oviedo, que los españoles se
-ofrecerian á dar mucha más renta al Rey en la misma tierra. Salido de
-allí Oviedo, tracta con otros dos ó tres, el Procurador desta isla,
-llamado el licenciado Serrano y otros, de dar peticiones contra el
-Clérigo, y repartir entre sí la tierra que se habia dado al Clérigo:
-el uno pidió cien leguas della y que daria 60.000 ducados de renta al
-Rey, dentro del término que el Clérigo ofrecia los 30.000; el otro
-pidió que le diesen otras 100 y que se ofrecia á dar otros; y otro, de
-la misma manera, si le diesen otras 100, y creo que no fueron más de
-tres. Esto propusieron ante el Consejo de las Indias, porque allí todo
-su bien y favor tenian; dáse parte luégo al Gran Chanciller y tambien
-al Rey y hacen parar el negocio del Clérigo. Manda el Rey juntar los
-Consejos, que habian determinado que se concediese la tierra, como
-dicho es, al Clérigo; quedan espantados todos ellos, de las mañas y
-perseverancia, ó, por mejor decir, la obstinacion del Obispo, porque
-bien vian que dél todo aquello principalmente procedia, y tambien
-de su Consejo de las Indias. Tratan dello, llaman al Clérigo, torna
-á renovar las tiranías que en estas tierras se cometian por la mala
-gobernacion del Obispo y de su compañía, porque para dar razon de cómo
-convenia que aquella tierra fuese entredicha, que no entrasen todos
-los españoles que quisiesen, y cuando quisiesen, sino por contadero,
-como dicen, para la conversion de aquellas gentes, érale necesario
-referir los escándalos y matanzas y crueldades que se habian hecho
-en estas Indias y las que se hacian actualmente en la tierra, y los
-impedimentos que por ellas y por las tiránicas encomiendas venian á la
-fe y á la salvacion dellas, y todo ésto era para el Obispo y su Consejo
-angustias y tormentos terribles. Hízose una junta, entre otras, de
-todos los susodichos que solian juntarse como es dicho, donde llamaron
-al Clérigo, y puesto en medio de tanta notable docta é ilustre gente,
-donde tenia enemigos y amigos, los enemigos, que eran el Obispo y los
-de su Consejo, como sentian tener allí el Clérigo más de su parte que
-ellos, porque ellos ninguno, fuera de sí mismos, tenian, estaban muy
-moderados y apénas hablaban en cosa salvo que oian, pero los amigos,
-que eran toda la multitud de los de los otros Consejos, ó por saber y
-satisfacerse bien de la razon y justicia del Clérigo, que ellos siempre
-defendian, ó por picalle, para que dijese contra el mal gobierno que
-el Obispo y los demas habian tenido y puesto en estas Indias, poníanle
-muchos y récios argumentos y dudas muchas que le movian. Era cosa de
-ver cómo á cada uno y á todos respondia y satisfacia, siempre volviendo
-por sí, y defendiendo los indios, y culpando las injusticias y daños
-inreparables que se les hacian, y modos de la muerte de tan infinitos
-dellos, é impedimentos de su salvacion que en estas tierras se habian
-introducido; y como el Obispo y todos sus compañeros callaban, y
-aunque todo era decir contra ellos no respondian, pareció á Antonio
-de Fonseca, hermano del Obispo, de responder al Clérigo y dijo así:
-«Señor padre, ya no podeis decir que estos señores del Consejo de las
-Indias han muerto los indios, pues ya les quitastes cuantos tenian.»
-Respondió el Clérigo muy de presto y con gran libertad: «Señor, sus
-señorías y mercedes no han muerto todos los Indios, puesto que han
-muerto muchos é infinitos cuando los tenian, pero la mortandad grande
-y principal los españoles particulares la han hecho y cometido, á la
-cual ayudaron sus señorías.» Quedó Antonio de Fonseca, como pasmado,
-y todos los de la congregacion admirados, mirándose unos á otros, y
-algunos como mofando sonriéndose. El Obispo, viéndose afrentatísimo y
-como muy libre, parándose colorado como una llama, aunque verde y negro
-de su naturaleza, muy turbado dijo: «Bien librado está el que es del
-Consejo del Rey, si siendo del Consejo del Rey ha de venir á ponerse
-en pleito con Casas.» Respondió el clérigo Casas, muy súbito y con su
-acostumbrada libertad: «Mejor librado, señor, está Casas, que habiendo
-venido de las Indias, 2.000 leguas de distancia, con tan grandes
-riesgos y peligros, para avisar al Rey y á su Consejo que no se vayan
-á los infiernos por las tiranías y destrucciones de gentes y reinos
-que se cometen en las Indias, en lugar de se lo agradecer y hacelle
-mercedes por ello, que se haya de poner en pleito con el Consejo.»
-Si de la respuesta que el Clérigo dió á Antonio de Fonseca toda la
-congregacion quedó admirada y muy contenta, mucho más de la segunda
-que dió al Obispo; ésta fué la suma angustia, turbacion y confusion
-que el Obispo rescibió, aunque otras muchas de ántes habia rescibido
-desde el tiempo del Cardenal, como ha parecido arriba, de que el
-Clérigo habia sido causa. Pero aún otra se le estaba aparejando mayor,
-por el perseverar en querer abatir al Clérigo, por quien parecia que
-Dios peleaba, como quiera que no pretendiese sino verdad y justicia y
-defender que no pereciese la mayor parte del linaje humano. Finalmente,
-oida y vista la confusion del Obispo y de los demas á quien tocaba,
-aunque callaban, mandó el Gran Chanciller salir al Clérigo, y, salido,
-tractando de todo, votaron en favor del Clérigo cuantos allí sin pasion
-estaban. Fué á la noche á ver al Gran Chanciller el Clérigo, y entre
-otras cosas díjole el Gran Chanciller, que era muy modesto y humano,
-«el señor Obispo mucha cólera tiene, placerá á Dios que éste negocio
-habrá buen fin.» Donde pareció haberle parecido mal lo que el Obispo
-habia dicho en la congregacion, y bien lo que el Clérigo le habia
-respondido, de que quedó humillado aunque no humilde, sin quizá.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXL.
-
-
-Salido de allí el Obispo, como rabiando, ó que dél sólo saliese, ó
-todo el Consejo de las Indias lo inventase, al ménos ésto fué cierto,
-que todos con el Obispo lo determinaron y ordenaron: cogieron de
-las peticiones que los españoles que en la corte se hallaron contra
-el Clérigo habian presentado, y de otras cosas que inquirieron y
-preguntaron de todos los que hallaban que pudiesen decir contra el
-Clérigo algo, y otras más que fingieron ellos mismos, hasta treinta
-razones ó artículos é inconvenientes que asignaban, por los cuales
-querian probar al Rey que por ninguna manera convenia á su servicio
-que el Clérigo aquella empresa llevase, ántes revocarle todo lo que
-se le habia concedido era muy necesario; haciéndose todo el mismo
-Consejo parte sin advertir cuánto perdia de su autoridad y cuán clara
-su pasion y ceguedad mostraba, y áun con cuánta razon, si el Rey fuera
-viejo como era mozo y tan nuevo en el reinar, pudiera y debiera de su
-Consejo y de todos los oficios que tenian privarlos y desecharlos. Las
-treinta razones ó artículos é inconvenientes que contra el Clérigo
-articularon, fuera cosa digna de ponellas aquí, para que se viera la
-ceguedad de aquel reverendísimo Obispo y de su compaña, pero mucho más
-dignas de ser vistas y notadas las respuestas ó excepciones que el
-Clérigo contra ellos hizo, pero no pensando que llegara este tiempo
-y sazon que agora Dios ha dado de escribir las cosas en aquella edad
-pasadas, como cosa ya no necesaria, y que no parecia ser menester para
-algo, se quemaron más há de cuarenta años; de algunas se hará mencion
-si nos acordáremos. La primera fué, que era clérigo y el Rey no tenia
-jurisdiccion sobre él, y podia robar la tierra y hacer otros delitos,
-sin temer juicio ni pena, bien á su salvo. La segunda fué, que habia
-sido escandaloso en la isla de Cuba donde habia morado. La tercera,
-que se concertaria ó podria concertarse con ginoveses ó venecianos, y
-huirse allá con los tesoros que allí robase. Creo que fué otra, que
-habia engañado al cardenal don fray Francisco Ximenez, y que no habia
-hecho caso dél. Otras muchas pusieron que justificaban ó ejecutaban
-las tiranías que acá se hacian, en especial las que Pedrárias hacia
-en el Darien, y que mostraban, segun ellos creian, no haber perdido
-rentas el Rey por su mal gobierno, como el Clérigo decia. La postrera
-de todas, que fué la trigésima, decia así: «Lo trigésimo, por otras
-muchas cosas secretas que diremos á Vuestra Alteza, cuando fuere
-servido de nos oir.» Y ésto es cierto, que todas treinta eran tales que
-si él mismo las hiciera, con toda cuanta industria pudiera hacerlas,
-para darse á sí mismo ocasion de descubrir todos los defectos dellos,
-y convencellos de la pésima gobernacion que habian puesto en estas
-tierras, por cuya causa perecian y habian perecido tan inmensas gentes,
-mayormente al Obispo que desde su principio las habia gobernado, y por
-mejor decir, desgobernado y destruido por no haber hecho aclarar más
-la verdad por letrados (porque él letrado no era), pues que por aquel
-camino de conquistas y encomiendas, todas aquestas gentes se consumian
-(aunque no sé si por el tiempo pasado, ántes que el Clérigo viniese
-y hiciese manifiesta demostracion de ser todo lo de acá tiránico, y
-contra justicia divina y natural, por los ayuntamientos de letrados
-que en tiempos del Rey católico se hicieron, el Obispo, por no ser
-letrado, como dije, fué excusado, porque despues que el Clérigo vino,
-y especialmente habiendo dado el parecer que dieron los predicadores
-del Rey, manifiesto es, que ni el Obispo ni los de su Consejo fueron
-excusados, mayormente con tanta pertinacia, pasion y obstinacion,
-resistiendo á negocio que todos los Consejos aprobaban); así que,
-digo, que todos los artículos y capítulos que en el Consejo al Rey
-contra el Clérigo dieron, fueron tales, que si el mismo Clérigo los
-hiciera industriosamente, para, respondiendo á ellos, los convencer y
-confundir, no los hiciera ni deseara hacer mejores, ni para prueba de
-su verdad más convenientes y eficaces. Estuvieron en inventar y hacer
-los dichos capítulos cerca de tres meses, ó al ménos entretenian al
-Gran Chanciller, que deseaba concluir aquel negocio, todo aquel tiempo,
-diciendo que tenian cosas de importancia y de servicio del Rey para le
-dar, por lo cual el Gran Chanciller no convocaba Consejo; por ventura,
-de industria lo dilataban, como hacen los que tienen mal juego, para
-que de cansado ó aburrido desmayase y dejase el negocio el Clérigo.
-Desque tuvieron aparejados sus treinta capítulos contra el Clérigo,
-dice el Obispo al Gran Chanciller que mande juntar la congregacion,
-porque el Consejo de las Indias queria presentar ciertas relaciones
-que convenian mucho al servicio del Rey, y tuvieron forma, ó el mismo
-Obispo inmediatamente, ó el Gran Chanciller, que suplicasen al cardenal
-Adriano se hallase presente; y porque en las congregaciones que se
-hacian solian llamar al Clérigo para que hablase segun el artículo
-y materia de que se tractaba, en aquella no le llamaron, de lo cual
-el Clérigo quedó harto sospechoso no hobiese el Obispo urdido algo.
-Entraron, pues, en su congregacion todos los señores arriba nombrados,
-que eran muchos, y los del Consejo de las Indias, y más el Cardenal,
-como dijimos, Adriano, donde se leyeron muy despacio y á sabor del
-Obispo los treinta capítulos y objecciones contra el Clérigo, en hartos
-pliegos de papel, que todas se enderezaban á derogar el autoridad y
-crédito que se habia dado y daba por el Gran Chanciller y por todos
-los demas al Clérigo, porque como hombre defectuoso y que excedia, en
-lo que de los males y daños que padecian estas gentes y destruicion
-de estas tierras afirmaba, los términos de la verdad, el negocio que
-le fiaban le quitasen y de su persona no hiciesen caso. Leidos y
-platicado sobre ellos mucho espacio de tiempo, excusando los unos al
-Clérigo y acusando los otros, segun se creyó, al cabo saliéronse, y á
-la salida, viendo el Cardenal al Clérigo, díjole riéndose: _Oportet
-respondere_, menester es que respondais. Fué á la noche á hablar al
-Gran Chanciller, y dióle á entender lo mismo, no diciéndole lo que
-contenian los capítulos. Mandó el Gran Chanciller al secretario Cobos
-que le trujese aquellos capítulos, que los queria ver despacio; Cobos,
-por contentar ó no descontentar al obispo de Búrgos, que era muy suyo,
-ni al Consejo de las Indias, porque viniesen á noticia del Clérigo,
-porque bien sospechaban que no le habia de faltar qué decir dellos en
-su defensa, rehusó muy mucho de darlos al Gran Chanciller; muchas veces
-le mandaba que se los llevase, y no le faltaban excusas, un dia que no
-estaban trasladados, otras, las espesas ocupaciones, que habia muchas,
-y otras que no le faltaban; y en ésto pasaron dos meses y quizá más.
-El Clérigo daba cada dia priesa al Gran Chanciller, que su señoría
-determinase aquel negocio, y no diese lugar á tan maliciosa dilacion, y
-que si algo le restaba de decir ó responder, que mandase dalle copia de
-lo contrario y que responderia, etc. Finalmente, algun dia, con alguna
-acrimonia aunque era modestísimo, el Gran Chanciller mandó á Cobos que
-luégo le llevase aquellos capítulos, y que no hiciese otra cosa, y
-así lo hizo; y cuando se los dió pidióle la fe que no saldrian de su
-poder. Donde parece el temor que tenian al Clérigo, y cómo rehusaban
-que sus obras viniesen á la lumbre, porque no fuesen argüidas de malas
-como lo eran; bien tenian entendido, que si á noticia del Clérigo
-los capítulos venian, que habia de lastimarlos en las respuestas que
-hiciese. Desque tuvo el Gran Chanciller los capítulos en su poder dijo
-al Clérigo, que de contino lo acompañaba, que se viniese á comer con
-él, lo cual algunas veces el Clérigo hacia; habiendo comido, el Gran
-Chanciller mete al Clérigo consigo en su cámara, y creo que aquel dia
-convidó el Gran Chanciller á comer á Mosior de Laxao, que era el que
-mucho favorecia al Clérigo, para que se hallase presente por dalle
-placer, y solíalo hacer así las veces que habia que tractar de los
-negocios del Clérigo. Dentro en la cámara del Gran Chanciller sentados,
-saca el Gran Chanciller un buen cuaderno de su escritorio y dice al
-Clérigo: «Responded agora á estos inconvenientes y cosas que se dicen
-contra vos.» Respondió: «¿Cómo, señor, estuvieron tres meses ellos
-forjándolos y haciéndolos, y despues de leidos á su placer há dos meses
-que vuestra señoría no puede sacallos dellos, y tengo yo de responder
-agora en un credo? démelos vuestra señoría á mí cinco horas, y verá
-qué respondo.» Dijo el Gran Chanciller: «No, porque me han tomado la
-fe...» Acudió el Clérigo luégo: «¿que no los viese yo?» Dijo: «no,
-aunque bien creo que no querrian ellos que los viésedes vos, sino que
-no saliesen de mi poder.» Entónces, dijo el Clérigo, aunque no se me dé
-más tiempo del presente, comience vuestra señoría, que yo responderé
-á cada uno de los capítulos. Comenzando el Gran Chanciller el primero
-capítulo, que porque era Clérigo y el Rey no tenia jurisdiccion sobre
-él, y él respondió que daria fianzas llanas y abonadas de 20 y 30.000
-ducados, que lo fiasen de la haz, que cada y cuando el Rey lo enviase á
-llamar pareceria ante él, donde se proveia tambien al tercer capítulo
-que decia que se huiria á Venecia ó Génova, entró uno de la cámara
-que llamó al Gran Chanciller, que fuése á palacio que lo llamaba el
-Rey, cesando por entónces lo que se leia y respondia; dijo el Gran
-Chanciller al Clérigo que se volviese á la noche á él desque tornase de
-palacio.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLI.
-
-
-Vuelto el Gran Chanciller de palacio y el Clérigo con él, mandóle
-poner una mesa dentro en su cámara con papel y escribanía, y díjole;
-«ved todas esas objecciones que os ponen, y responded á ellas, y no
-digais que las visteis sino que se os propusieron de partes del Rey,
-por manera de preguntas y dudas.» El Clérigo se gozó en grandísima
-manera, y rescibió por gran merced lo que el Gran Chanciller hacia con
-él en ésto, pero pidióle licencia para poder decir con verdad todo
-aquello que para su defensa conviniese, aunque lastimase á los que con
-malicia los dichos capítulos le oponian, que eran el Obispo y los del
-Consejo de las Indias; el Gran Chanciller le dió licencia larga que
-dijese y escribiese todo lo que quisiese. Comenzó á leer y á responder
-desta manera, cogía la sentencia de cada capítulo en un renglon ó dos,
-diciendo «á la primera pregunta que Vuestra Alteza me mandó preguntar
-que contiene ésto y ésto, etc., digo ésto y ésto y ésto,» etc., y á
-cada una dellas respondia, no avara sino larga y copiosamente, segun
-la materia que cada una requeria; estuvo cuatro noches en ésto, cada
-noche hasta las once y doce de la noche, leyendo y respondiendo, en
-presencia todo del Gran Chanciller, que estaba junto en su escriptorio
-entendiendo en sus negocios. Llegada la hora comunmente de las once,
-traíanle colacion, porque nunca jamás cenaba, y hacia que hiciese
-colacion con él el Clérigo, y hecha, eran ya las doce cuando el Clérigo
-se iba á dormir á su posada, no sin algun temor de lo que pudiera
-proceder de tan poderosos enemigos. Cuanto al primero capítulo de ser
-Clérigo, ofrecióse á dar fianzas de la haz, como se dijo, porque el
-marqués de Aguilar se le ofreció sin él pedírselo, que lo fiaria en
-20 y 30.000 ducados. Cuanto á la segunda objeccion, que habia sido
-escandaloso, etc., respondió presentando la probanza que habia hecho en
-la isla de Cuba cuando determinó ir á la corte, proveyéndose contra lo
-que contra él se podia levantar, conociendo que se ponia en contienda
-contra todo el mundo, en que habia de ser odiosísimo, en la cual probó
-como habia estado en aquella isla muchos años desde su descubrimiento,
-y habia asegurado toda la mayor parte della, y que habia servido
-muy mucho á Dios y al Rey, ejercitando su oficio, predicando y
-administrando los sanctos Sacramentos á los españoles é indios, con muy
-buenos ejemplos, de la cual hicimos mencion arriba en el cap. 81. Esta
-guardó, sin saber para qué, cinco años, y hóbola agora bien menester. A
-la otra, que decia que habia engañado al Cardenal y que no habia hecho
-caso dél, satisfizo con presentar el poder que le habia dado para dar
-consejo y parecer á los padres de Sant Hierónimo, y la provision que
-le dió por la cual lo constituyó por universal procurador de todos los
-indios, y le asignó salario del Rey por ello. Otras objecciones que
-tocaban en contradecirle lo que afirmaba y encarecia de pérdidas de
-la hacienda del Rey, por la mala gobernacion que el Obispo y los del
-Consejo, en especial en aquella tierra firme con la ida de Pedrárias,
-habian puesto, respondió tan largo y tan palpablemente contra ellos,
-que toda la congregacion vido evidentemente quedar convencidos de culpa
-gravísima de tanta perdicion, y de falsedad de lo que contra él habian
-fingido para que fuese tenido por inventor de falsedades, y de malicia
-grande, pues con tanta pertinacia y diligencia, cosas tan verdaderas y
-católicas le querian estorbar y contradecir; probóles que en seis años
-que Pedrárias comenzó aquella tiránica empresa, el Rey habia gastado
-en su despacho en Sevilla 52 ó 54.000 ducados, y que despues que llegó
-al Darien, que fué el año de 1514, hasta el año de 19, habia robado
-sobre un millon de oro, y poco creo que digo, y echado á los infiernos,
-sin fe y sin sacramentos, sobre más de 500.000 ánimas, y en todo aquel
-tiempo no habian enviado al Rey un sólo castellano, sino fueron 3.000
-castellanos que habia traido entónces á la sazon el obispo de aquella
-tierra firme, fray Joan Cabedo, de quien presto se tractará más de lo
-tractado arriba dél. Tenian esta costumbre Pedrárias y los oficiales
-del Rey, que de todo el oro que se traia, robado de las entradas y
-saltos que en las provincias á donde á saltear iban en los Indios
-hacian, tomaban el quinto para el Rey, de lo cual pagábanse de sus
-salarios, y si algo sobraba guardábanlo para pagarse su salario en el
-año venidero, porque si faltasen los robos no faltasen para ellos, y
-desta manera no enviaban un sólo peso de oro ni otra cosa que valiese
-algo al Rey. Esta fué gran confusion y afrenta para todos ellos, y
-por donde el Clérigo quedó en gran manera victorioso y estimado por
-verdadero y digno de toda confianza y crédito. A la postrera, que
-decia que por otras causas secretas que dirian á Su Alteza, cuando
-fuese servido de oillos, respondió el Clérigo: «mándeles Vuestra
-Alteza que las digan, pero no osarán decillas, porque saben ellos
-mismos que ninguna dirán en que no se descubran más sus defectos.»
-Finalmente, fueron todas las respuestas tales, que tempestivamente y
-con sazon, y como requerido y forzado, pudo decir dellos los defectos
-que tenian y habian tenido en el gobierno destas Indias, y se declaró
-la culpa grande que tuvieron en no estorbar la muerte y perdicion de
-tantos millones de gentes. Puesto, pues, todo lo que habia escripto
-el Clérigo en la cámara y presencia del Gran Chanciller, en buena
-órden, mandando el mismo Chanciller que lo acabase presto, mandó
-juntar la congregacion, y, á lo que creo, so color de Consejo de
-Guerra ó de Estado, porque el Obispo no pudiese fingir algun achaque
-para no venir á ella. Dió el Clérigo al Gran Chanciller todos sus
-papeles, las respuestas y la probanza que habia hecho en Cuba de los
-servicios que habia hecho y vida ordenada y honesta que viviera, y
-las otras escripturas que en su favor hacian, cuanto á la estima que
-tuvo el cardenal don Francisco Ximenez y el Adriano dél, las cuales
-todas, que fueron doce ó mas pliegos de papel, mandó leer en aquella
-concion sin faltar una sola letra. Quedaron todos los á quien no
-tocaba admirados juntamente y contentos del Clérigo, teniéndole por
-hombre sabio, y comfirmados en el amor que le tenian y favor que le
-daban, y el Obispo y los del Consejo más que confusos y afrentados,
-no sabiendo qué responder, por las razones y ejemplos patentes, que
-no podian ellos negar, con que lo que afirmaba demostraba; sólo el
-Obispo comenzó á buscar y á disimular su vergüenza, echando la culpa
-de temeridad á los predicadores del Rey; diciendo: «los predicadores
-del Rey le han hecho estas respuestas;» ¡mirad qué hacia al caso y á
-la disculpa de sus errores, que las hobiesen hecho los predicadores
-del Rey ó el Clérigo, si los redargüia y confundia con verdad! Pero
-el Gran Chanciller, que sabia que en su presencia las habia hecho el
-dicho Clérigo, dijo: «¿Habeis agora á micer Bartolomé por tan falto de
-razon y discrecion que habia de ir á mendigar quien respondiese por
-él? segun tengo yo entendido dél para eso es y para más.» Salidos de
-allí, los unos tristes y los otros alegres, como triunfando por ver
-al Clérigo disculpado, y á su negocio tan bien probado que favorecian
-ellos tanto, mayormente el Gran Chanciller y Mosior de Laxao, y en fin
-todos los demas, el Gran Chanciller hizo relacion al Rey de todo lo que
-habia pasado; el Rey mandó que micer Bartolomé llevase el negocio, y de
-los demas que prometian más dineros que él no se curasen. Ciertos dias
-ántes que ésto pasase, fué á Consejo de las Indias el Clérigo sobre
-cierta cosa, y de palabra en palabra, tocándose en lo que Oviedo y los
-demas prometian de dar, dijo el Clérigo al Obispo en su cara: «A la mi
-fé, señor, líndamente me habeis vendido el Evangelio, y pues hay quien
-lo puje dádselo.» Pero como era insensible con sus compañeros en ésto,
-poco sintió y sintieron tan injuriosa palabra.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLII.
-
-
-Quedaron tambien humillados Gonzalo Hernandez de Oviedo y los demas que
-habian partido entre sí la tierra que al Clérigo se habia encomendado,
-mayormente Oviedo que por ser tan del Obispo pensaba tener en el
-negocio más parte; el cual, despues, en su Historia que compuso, contó
-algo de esta batalla que el Clérigo tuvo, diciendo verdad en lo que
-no pudo negar, pero lo más calla, y lo que dice mezcla con falsedades
-á su propósito en disfavor de los indios, segun siempre hizo, como
-enemigo dellos capital y como quien poco sentia del fin del Clérigo, y
-que él mismo, si fuera verdadero cristiano, á pretender era obligado.
-Y conforme á éstos sus errores é insensibilidad, en el libro último
-de su primera parte, que llamó Historia general y natural, cap. 5.º,
-levanta al Clérigo que andaba procurando aquella empresa como deseoso
-de mandar, y Dios sabe que no dijo verdad, y, como mofando, dice,
-que lo que negociando aquello decia era que la gente que se habia de
-enviar á aquella tierra no habian de ser soldados, ni matadores, ni
-hombres de guerra, ni bulliciosos, sino muy pacífica y mansa gente.
-Esto el Clérigo no se lo negará, pero lo que añide, de que habian
-de ser labradores, y á éstos que se habian de hacer caballeros de
-espuelas doradas, pónelo de su casa, porque los labradores no habian
-de ir sino á poblar; y así no supo bien la órden y el modo que el
-Clérigo pensaba llevar, como arriba en la relacion de la capitulacion
-queda declarado, y por escarnio llámalos caballeros pardos, pero no
-habian de ser los que se habian de nombrar sino de espuelas doradas.
-Concede que se le concedió al Clérigo cuanto pidió, no obstante que los
-señores del Consejo, ó al ménos el Obispo y otros, lo contradecian, y
-que algunos españoles, hombres de bien, que á la sazon se hallaron
-en la corte, destas partes, desengañaron al Rey é á su Consejo, en
-ésto, pero, como he dicho, Laxao pesó más que todo cuanto se dijo en
-contrario, etc. Estas son sus palabras. Pero lo dicho arriba es la
-verdad, y ninguno de los que allí se hallaron osaron hablar al Rey
-ni desengañalle, sólo era su negociar con el Obispo á quien más el
-negocio del Clérigo escocia y desagradaba; y lo que más dice cerca del
-Clérigo y su negocio, abajo, placiendo á Dios, se declarará. Escribió
-despues dél un clérigo llamado Gomara, capellan y criado del marqués
-del Valle, de quien ya hemos hablado, y tomó de la historia de Oviedo
-todo lo falso cerca del clérigo Casas, y añidió muchas otras cosas
-que ni por pensamiento pasaron, como adelante parecerá. Y porque ya
-he dicho dos veces que Oviedo fué capital enemigo de los indios, y
-arriba en el cap. 23 toqué algo dello, parece que aquí es bien que
-se refieran algunas de las falsedades que él, sin saber lo que dice,
-contra los indios tan desmandadas dice, porque se vea con qué verdad y
-con qué consciencia pudo decir lo que nunca vido, y de qué argumentos
-tan feas cosas colije, y como contradiciéndose en algunas dellas se
-puede presumir contra todas las demas que afirma, y, por consiguiente,
-cuál debe ser la fe y crédito que deben darle las personas cristianas y
-pías, mayormente afirmando tan infames y horribles costumbres, absoluta
-y generalmente, contra tanta inmensidad de naciones como habia en este
-orbe, y haciéndolas todas tan incapaces de la fe y de toda doctrina
-y virtud, igualándolas con los animales brutos, sin sacar una ni
-ninguna dellas, como si el hijo de Dios no hobiese muerto por ellas,
-y la Providencia de tal manera las hobiese á todas tanto aborrecido,
-que ningun predestinado para su gloria entre ellas tuviese; y porque
-donde quiera que, en su Historia, de indios toca, no abre la boca sin
-que los blasfeme y aniquile, cuanto él con sus fuerzas puede, como se
-verá refiriendo lo que dellos dice. No parece sino que su fin último,
-y bienaventuranza de escribilla, no fué otro más de para totalmente
-infamallos por todo el mundo, como ya su Historia vuela, engañando á
-todos los que la leen, y poniéndolos, sin por qué ni causa alguna, en
-aborrecimiento de todos los indios, y que no los tengan por hombres,
-y las horrendas inhumanidades que el mismo Oviedo en ellos cometió,
-y los demas sus consortes, las haga excusables. Y que Oviedo haya
-sido partícipe de las crueles tiranías que en aquel reino de tierra
-firme, que llamaron Castilla del Oro desde el año de 14 que fué, no á
-gobernallo sino á destruillo, Pedrárias, que arriba en el cap. 62 y
-muchos siguientes habemos contado, hasta este año de 19, confiésalo
-él mismo, y véndelo al Rey por servicios señalados; el cual dice así
-en el prólogo de su Historia, que llamó Natural, en la columna sexta.
-«El católico rey D. Hernando, abuelo de vuestra cesárea Majestad, me
-envió por su Veedor de las fundiciones del oro á la tierra firme, donde
-así me ocupé, cuando convino, en aquel oficio, como en la conquista
-y pacificacion de algunas partes de aquella tierra con las armas,
-sirviendo á Dios y á Vuestras Majestades como su Capitan y vasallo en
-aquellos ásperos principios que se poblaron algunas ciudades é villas,
-que ahora son de cristianos, donde con mucha gloria del real sceptro
-de España, allí se continua y sirve el culto divino, etc.» Estas son
-sus palabras formales. Hélo aquí Oviedo conquistador, y los servicios
-que á Dios y á sus Majestades hizo, creo que ya quedan bien explicados
-en los capítulos arriba citados, y en el precedente cuasi en suma
-recapitulado. Y porque dos modos han tenido nuestros españoles para
-destruir estas gentes, como por toda esta Historia nuestra queda muchas
-veces mostrado, el uno las guerras nefandas, que ellos conquistas han
-llamado, y el otro los repartimientos, que tambien por dalles algun
-barniz encomiendas nombraron, porque Gonzalo Hernandez de Oviedo en
-todo tuviese parte, de lo cual no se tiene por injuriado, ántes se
-jacta y arrea dello, y piensa quedar muy ufano, él mismo de sí dice
-que tuvo indios y los echó á las minas, como los tiranos. Hablando de
-cómo se saca el oro, en el libro de su Historia, cap. 8.º, refiere
-Oviedo: «Yo he hecho sacar el oro para mí, con mis indios y esclavos,
-en la tierra firme, en la provincia y gobernacion de Castilla del Oro,
-etc.» Estas son sus palabras. Aquellos esclavos no eran, cierto, los
-que heredó de sus padres, ni los prendió en batalla de los moros de
-Berbería, ni eran negros, porque entónces ningun negro traer á estas
-Indias se permitia, y parece algo desto por lo que arriba se ha dicho;
-eran, pues, de los indios que habian hecho y hacian esclavos cada
-dia, contra toda razon y justicia. Llamaba tambien «sus indios» los
-repartimientos que tenia, sojuzgados con las violencias y entradas que
-se han referido arriba, en las cuales, y en los robos que por ellas se
-hacian, tenia Oviedo su parte, como la tenia Pedrárias que desgobernaba
-la tierra, y los otros oficiales del Rey, con el señor Obispo, como se
-mostró en el cap. 64, arriba. De lo dicho podrá colegir el discreto y
-cristiano lector, si Oviedo contra los indios podrá ser fiel y verídico
-testigo _omni exceptione major_, en algun justo contradictorio juicio;
-y por consiguiente, de cuánto crédito, en todo lo que en su Historia
-pronuncia contra los indios, es digno. Y es cosa de admiracion con
-cuántas y cuáles palabras, de arrogancia plenísimas, procura en el
-prólogo de su primera parte persuadir primero al Emperador, y despues á
-todos los leyentes, no salir un punto de la verdad en toda su Historia,
-diciendo, que su Historia será verdadera y desviada de las fábulas que
-otros escritores escribir han presumido en España á pié enjuto, que no
-lo vieron sino que por oidas lo supieron, como si él hobiera visto lo
-que escribió desta isla y de las demas, y no escribiera estando muchos
-años morador en esta ciudad de Sancto Domingo, que no es ménos que si
-escribiera morando en Sevilla; sólo vido y se halló y participó en
-las tiranías y destruicion de aquella tierra firme, cinco años que en
-ella estuvo, segun arriba queda dicho. De aquellos males y perdicion
-que hizo y ayudó á hacer concedémosle que será muy cierto testigo,
-pero no dice él ni dirá cosa dellos, sino en cuanto fuere en infamia
-y en detrimento de los indios, y en excusacion y justificacion de sus
-crueldades y de sus consortes, ambicion y cudicia. De manera, que
-todo lo que escribió, fuera de aquello del Darien, fué por relacion
-de marineros ó de asoladores destas tierras, los cuales no le decian
-sino aquello que á él agradaba saber, conviene á saber, «conquistamos,
-sojuzgamos aquellos perros que se defendian de tal provincia, hicimos
-esclavos, repartióse la tierra, echamos á las minas», y si le decian
-«matamos tantos millares, echamos á perros bravos que los hacian
-pedazos, metimos á cuchillo todo el pueblo, hombres y mujeres, viejos y
-niños, henchiamos los bohíos ó casas de paja de cuantos haber podiamos
-de todo sexo y edad, y quemábamoslos vivos» desto, poco, cierto, se
-hallará en la Historia de Oviedo; pero sí le decian que eran idólatras
-y sacrificaban 10 hombres, añadir que eran 10.000, é imponiéndoles
-abominables vicios que ellos no podian saber, sino siendo participantes
-ó cómplices en ellos, de todo ésto bien se hallará llena su Historia.
-¡Y no las halla Oviedo ser estas mentiras, y afirma que su Historia
-será verdadera y que le guarde Dios de aquel peligro que dice el sabio,
-que la boca que miente mata el ánima!
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLIII.
-
-
-Lo que yo creo de la escritura de Oviedo y de toda su parlería, que lo
-que dice de los árboles y hierbas desta isla que escribe verdad, porque
-las vido y las ven cuantos verlas quieren, y así será lo que escribiere
-de los de la tierra firme; pero no lo que refiere cuanto á muchas cosas
-del tiempo del Almirante viejo, porque ya cuando vino él á vivir á esta
-isla no habia de los indios 50, y de los españoles sino dos ó tres, y
-uno era un marinero llamado Hernan Perez, el cual alega algunas veces
-como á su Evangelista; y éste, aunque fuese buen hombre, no era muy
-auténtico. Pero todo lo que refiere de los indios desta isla, que lo
-haya habido del dicho Hernan Perez, marinero, ó lo levante de sí mismo,
-mayormente cuanto á los vicios contra natura que á todas estas gentes
-impone, es falsísimo, y ésto sabemos por mucha inquisicion é industria
-que para sabello tuvimos en los tiempos pasados, muchos años ántes
-que Oviedo pensase quizá venir á estas Indias, como arriba en el cap.
-23 dijimos. Y así, podemos convencer á Oviedo de inmensas mentiras,
-puesto que á sabiendas él no quisiese mentir, pero la ceguedad que
-tuvo en no tener por pecados las matanzas y crueldades que se cometian
-y se cometen en aquestas gentes, y que él hizo y ayudó á hacer, y la
-presuncion y arrogancia suya de pensar que sabia algo, como no supiese
-qué cosa era latin, aunque pone algunas autoridades en aquella lengua,
-que preguntaba y rogaba se las declarasen algunos clérigos que pasaban
-de camino por esta ciudad de Sancto Domingo para otras partes, le cegó
-tambien, con la permision divina, á que diese crédito á los que le
-referian mentiras, y él tambien de suyo las dijese sin creer que las
-decia. Y con esta ceguedad dijo en el libro II, cap. 6.º de su primera
-parte historial, que dos veces que se halló en Castilla en el año de
-25 y en el de 32, por mandado del Consejo de las Indias le fué tomado
-juramento de lo que sentia destas gentes, y que habia depuesto que
-eran llenas de abominaciones, y delitos, y diversos géneros de culpa,
-y que eran ingratísimos y de poca memoria y ménos capacidad, y que
-si en ellos hay algun bien es en tanto que llegan al principio de la
-edad adolescente, porque entrando en ella adolescen de tantas culpas y
-vicios que son muchos dellos abominables, y que si en aquel mismo dia
-en que juró, él estuviera en el artículo de la muerte, en verdad, dice
-él, aquello mismo dijera. Estas son sus palabras; y en verdad que yo
-así lo creo, que, segun su insensibilidad, que así lo testificara en
-el artículo de su muerte. Pero véase aquí con cuánta verdad y con qué
-consciencia pudo decir é jurar de los indios desta isla, que no vido,
-cierto, dellos 50 personas (puesto que él dice que no habia 500, y
-dice verdad, porque ni 50 eran vivos de los naturales della), ni vido
-de las otras islas ninguno ó alguno, que eran sodomitas, y llenos de
-otros vicios abominables; y asignando las causas de la total perdicion
-y acabamiento de la gente desta isla, pone una que fué «por echallos
-á las minas que eran ricas y la cudicia de los hombres insaciable,
-trabajaron algunos excesivamente á los indios, otros no les dieron tan
-bien de comer como convenia, y junto con ésto, dice él, esta gente de
-su natural es ociosa, y viciosa, y de poco trabajo, é malencónicos é
-cobardes, viles y mal inclinados, mentirosos, y de poca memoria y de
-ninguna constancia; muchos dellos, por su pasatiempo, se mataron con
-ponzoña, por no trabajar, y otros se ahorcaron por sus manos propias,
-y á otros se les recrecieron tales dolencias, en especial de unas
-viruelas pestilenciales que vinieron generalmente en toda la isla, que
-en breve tiempo los indios se acabaron,» etc. Estas son sus palabras,
-y en el libro VI cap. 9.º dice desta manera, hablando de las naciones
-de los Scythas y de los de estas tierras que comian carne humana;
-dice Oviedo así: «E no sin causa permite Dios que sean destruidos,
-y sin duda tengo que por la multitud de sus delitos los ha Dios de
-acabar todos muy presto, porque son gentes sin ninguna correccion,
-ni aprovecha con ellos castigo, ni halago, ni buena amonestacion,
-é naturalmente son gente sin piedad, ni tienen vergüenza de cosa
-alguna; son de pésimos deseos é obras, é de ninguna buena inclinacion.
-Bien podrá Dios enmendarlos, pero ellos ningun cuidado tienen de se
-corregir ni salvar; podrá muy bien ser que los que dellos mueren niños
-se vayan á la gloria, si fueren bautizados, pero despues que entran
-en la edad adolescente, muy pocos desean ser cristianos, aunque se
-bauticen, porque les parece que es trabajosa órden; y ellos tienen
-poca memoria, é así cuasi ninguna atencion, é cuanto les enseñan luégo
-se les olvida, etc.» Todas estas son palabras de Oviedo; y en el
-proemio del libro V, dice: «Despues que vino Colon á estas Indias y
-pasaron los primeros cristianos á ellas, corren hasta el presente año
-de 1535 otros cuarenta y tres años, y, por tanto, estas gentes debian
-ya haber entendido una cosa en que tanto les va como es salvar sus
-ánimas, pues no han faltado ni faltan predicadores religiosos, celosos
-del servicio de Dios, que se lo acuerden; pero en fin, estos indios
-es gente muy desviada de querer entender la fe católica, y es machar
-hierro frio pensar que han de ser cristianos, y así se les ha parecido
-en las capas, ó, mejor diciendo, en las cabezas porque capas no las
-tenian, ni tampoco tenian las cabezas ni las tienen como otras gentes,
-sino de tan recios y gruesos cascos, que el principal aviso que los
-cristianos tienen, cuando con ellos pelean, es no darles cuchilladas
-en la cabeza, porque se rompen las espadas, y así como tienen el casco
-grueso, así tienen el entendimiento bestial y mal inclinado, como
-adelante se dirá de sus ritos y ceremonias é costumbres.» Estas son
-sus palabras. ¿Qué más puede decir, aunque fuera verdad, en infamia de
-todo este orbe nuevo, donde tan infinitas naciones hay, y engañando á
-todo el otro mundo viejo por donde anda su historia? Si infamar una
-sola persona, puesto que se dijese verdad, descubriendo sus pecados, de
-donde le puedo venir, é peor si le viene, algun gran daño, es grande
-pecado mortal y es obligado el tal infamador á restitucion de todo
-aquel daño, ¿qué pecado fué el de Oviedo, y á cuánta restitucion será
-obligado, habiendo infamado de tan horrendos pecados á tan sin número
-multitudines de gentes, tanta infinidad de pueblos, tantas provincias
-y regiones plenísimas de mortales que nunca vido ni oyó decir, por
-la cual infamia incurrieron todas en ódio y en horror de toda la
-cristiandad, y los que á estas partes han pasado de los nuestros, y
-de los de otra nacion, en las guerras que se hallaron no hicieron
-más cuenta de matar indios, que si chinches mataran, y hicieron por
-esta causa en ellos tantos géneros y novedades de crueldades, que
-ni en tigres ni bravos osos y leones, ántes ni los mismos tigres y
-bestias fieras, hambrientas, en otras de otro género no las hicieran
-tales como ellos cometieron en aquestas gentes desnudas y sin armas?
-Cuanto más que en muchas de las maldades que dice referir de muchas
-destas gentes no dice verdad, y cuanto á otras muchas naciones de las
-descubiertas todas las fealdades que tan suelta y temerariamente de
-todas universalmente blasona, les levanta; en sola la idolatría puede
-comprenderlas á todas, porque poco que mucho, unas más y otras ménos, y
-muchas en muy poquito, fueron della inficionadas, por no haber tenido
-quien les mostrase y diese conocimiento del verdadero Dios; y en este
-punto debiera considerar Oviedo cuáles estuvieron sus abuelos y todo
-el mundo ántes que viniese al mundo el hijo de Dios, y quitase las
-tinieblas de ignorancia, enviando por él la lumbre de su evangélica
-palabra. Tambien no le hiciera daño haber considerado, pues presumió
-de muy historiador y leido en Plinio, que tenia no en latin sino en
-toscano, que no fueron estas indianas gentes las primeras que comieron
-carne humana, ó antropófagos que es lo mismo, ni que sacrificaron á los
-ídolos hombres, como él dice arriba, en el cap. 9.º de aquel libro VI,
-y otros abominables vicios que se siguen á la idolatría, y no por eso
-dejaron de ser hombres capaces y de buena memoria, ni sin esperanza de
-correccion, ni tampoco de Dios menospreciados, ni por eso indignos
-de oir la evangélica predicacion, y tampoco los Apóstoles y otros
-sanctos predicadores de la Iglesia primitiva, y sus sucesores, hicieron
-dellos asco, ni desesperaron, como el Sr. Oviedo, de su conversion y
-salvacion.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLIV.
-
-
-Todavía será bien responder á cada defecto de los que Oviedo contra
-los indios opone y á muchos levanta, y á todos por ellos cuasi excluye
-de todo remedio de conversion y salvacion, como si él estuviera ya
-muy cierto della; y á lo que dice que eran sodomitas, ya está, con
-verdad, en el cap. 23 afirmado, que falsa y malvadamente de tan
-vilísimo crímen los infama: dice que son ingratísimos, júzguenlo
-los idiotas de sayago. ¡De cuánta ceguedad ó malicia fué aqueste
-buen Oviedo herido, que la culpa terrible de desagradecimiento, que
-él y los demas que han destruido estas gentes y tierra tienen, la
-cargue sobre los lastimados y tan agraviados indios, sin las obras de
-humanidad y benevolencia de los cuales, en servilles y hartalles la
-hambre, y salvallos millares de veces de infinitos peligros, millones
-de veces hobieran perecido! y mirad qué obras dellos, en señal de
-agradescimiento y recompensa han recibido, habiendo despoblado y
-raido de la haz de la tierra tantos millones de ánimas como habia en
-esta isla y en las demas, y por ocho y diez mil leguas que dura la
-tierra firme. Mirad qué beneficio rescibieron dellos, porque los llama
-Oviedo ingratísimos, como áun diga y conceda él para su confusion,
-en el libro IV, cap. 3.º, que informados los padres Hierónimos de
-los grandes daños y muertes que sobrevenian á los indios naturales
-destas partes que estaban encomendados á los caballeros é Perlados
-que residian en España, y cómo los indios eran tratados por criados
-y mayordomos dellos, y por ellos deseado el oro que se cogia con las
-vidas destos indios y gente miserable, y como todos los principales
-de acá eran favorecidos de aquellos señores, el fin de todos ellos
-era adquirir y enviar y rescibir oro, por lo cual se daba excesivo
-trabajo y mal tractamiento para este fin á los indios, y morian todos
-ó tantos dellos, que, de los repartimientos que cada cual tenia en
-número de 200 ó 300 indios, brevemente este número era consumido
-y acabado, y tornado á rehacer de los otros indios que estaban
-encomendados á los casados y vecinos destas partes; en manera, que los
-repartimientos de los pobladores se iban disminuyendo, y los de los
-caballeros acrecentando, y de los unos y de los otros todos morian
-con el mal tractamiento, que fué potísima causa para gran parte de su
-total destruccion y acabamiento. Estas son palabras de Oviedo; y en
-el capítulo precedente dice: «De los mismos caballeros que estaban
-en España gozando de los sudores ilícitos destos indios»; y en libro
-III, cap. 6.º, dice así: «Para mí, yo no absuelvo á los cristianos
-que se han enriquecido ó gozado del trabajo destos indios, si los
-maltrataron y no hicieron su diligencia para que se salvasen.» Y un
-poco más arriba, dice: «que vele cada uno sobre su conciencia de
-tratar los indios como á prójimos, aunque ya en éste caso poco hay
-que hacer en esta isla y en las de San Juan y Cuba y Jamáica, que lo
-mismo ha acaescido en ellas, en la muerte y acabamiento de los indios,
-que en esta isla.» Estas son sus palabras. Veis aquí confiesa Oviedo,
-aunque le pese, convencido de las obras abominables manifestísimas de
-los españoles, los beneficios que los indios rescibieron dellos, y
-argúyelos de serles ingratos, y así parece la verdad que en todo lo
-que afirma dice; y lo que añade allí, que no quiere pensar que sin
-culpa de los indios los habia Dios de castigar y asolar en estas islas,
-siendo tan viciosos, y sacrificando al demonio, etc., no advierte el
-pecador cuántos más tormentos padecerán en los infiernos los que los
-asolaron, siendo cristianos, que los habian por buenos ejemplos de
-atraer al conocimiento de Dios, con el cual se purgan y desechan los
-pecados de la idolatría, como acaesció en nuestros antiguos padres, que
-no ellos mismos, por idólatras y pecadores que fuesen, á los cuales
-la divina justicia determinó por ellos, como por verdugos crueles
-y reprobados, castigar. A lo que dice, que aquesta gente era de su
-natural ociosa y viciosa y de poco trabajo; á lo de ser viciosa ya
-está respondido, y añadimos, que pluguiese á Dios, quitada fuera la
-infidelidad, que no fuesen ni hobieran sido delante de Dios los vicios
-y pecados de los españoles más abominables y no más dignos de fuegos
-eternos que los de los indios; cuanto á ser de poco trabajo, bien se
-lo concedemos, porque de su natural eran delicadísimos como hijos
-de Príncipes, por razon de las regiones y aspectos de los cielos, y
-suavidad ó amenidad de las tierras, y por otras causas naturales que
-pusimos en nuestro primer libro, cap. 4.º _De único vocationis modo
-omnium gentium ad veram religionem_, y tambien por vivir desnudos,
-que los hacia más delicados, y lo mismo por ser de poco comer y los
-manjares, comunmente más que otros, de ménos substancia; lo cual,
-empero, todo era suficiente para vivir é multiplicarse y haberse
-tan increiblemente multiplicado, como tan inmensos pueblos hayamos
-dellos hallado poblados, y éstos, con muy poco trabajo, alcanzaban de
-todas las cosas necesarias grande abundancia. El mucho tiempo que les
-quedaba, suplidas sus necesidades (porque no infernaban las ánimas por
-allegar riquezas y acrecentar mayorazgos), era ocuparse en ejercicios
-honestos, como jugar á cierto juego de pelota, donde harto sudaban,
-y en bailes y danzas y cantares, en los cuales recitaban todas sus
-historias y cosas pasadas. Sacrificios y actos de religion, como no
-tuviesen ídolos, no los tenian, y, por consiguiente, cuasi ninguna
-señal ó muy delgada era entre ellos de idolatría, como en nuestro
-libro llamado Apologética Historia, escripta en romance, declaramos.
-Ocupábanse tambien en hacer cosas de buen artificio de manos, el tiempo
-que de su agricultura y casa y pesquería los vacaba. Algunas guerrillas
-tenian sobre los límites y términos de sus tierras y señoríos, pero
-todas ellas eran como juegos de niños y fácilmente se aplacaban; y así
-no estaban ni eran tan ociosos como Oviedo de ociosidad los infama,
-porque de ningun defecto y vicio de su lengua y mano se les escapen, lo
-que en la verdad no era vicio en ellos, sino señal de virtud y vivir
-más segun razon natural que vivieron los españoles, despues que en
-esta isla y en las demas entraron, sacado fuera lo que tocaba á la
-religion cristiana, y de aquello ántes debiera Oviedo de alaballos
-que vituperallos é infamallos. Añide ser melancónicos, dándoselo por
-vicio lo que era natural y sin culpa, pero más por la mayor parte son
-todas estas gentes sanguinos y alegres, como puede cada cual discreto
-entender por las cualidades de las regiones, y tambien por los efectos
-de ser muy dados á regocijos y cantares y bailes. Dice que son viles,
-no por ser humildes, pacíficos, y mansos como éstos eran, sino por
-ser deshonestos y llenos de vicios y pecados, y en ésto Dios sabe la
-ventaja que les llevamos. Algunas costumbres tenian, que á los que
-somos cristianos parecen mal y tienen alguna parte de deshonestidad,
-como orinar sentados y ventosear delante de los otros, y otras
-semejantes, que rescibida la fe fácilmente se dan de mano, pero no se
-hallará que hombre sienta de otro tener participacion con su propia
-mujer ni con otra, ni haga otra cosa deshonesta semejante, de lo que no
-se podrán alabar los nuestros cristianos que vinieron á estas partes.
-Que sean cobardes, no es absolutamente vicio sino cosa natural, y
-procede la cobardía de benignidad y de nobilísima sangre, por no querer
-hacer mal á nadie ni recibirlo; es propiamente la cobardía vicio,
-cuando se ofrece caso en que se deba ejercer algun acto de virtud,
-y, por temor del peligro de la muerte ó de otro daño grande, no se
-resiste al contrario de aquella virtud; como es, si, viendo el hombre
-padecer servidumbre ó muerte ó algun gran daño su república, por miedo
-de la muerte dejan de ayudar y resistir por su parte, y morir si fuere
-menester por la defension della, ó por miedo de aquellos daños hace el
-hombre algun pecado y obra contra la virtud; y en éste caso, cierto,
-muchas destas gentes, considerada su desnudez y carencia de armas, y
-las demasiadas y fuertes armas de los españoles, y variedad dellas,
-y sobre todo los caballos, cada y cuando que ellos podian, viéndose
-tiranizados y opresos, y perecer cada dia en los trabajos con los daños
-é injusticias que padecian, y tambien en batallas campales contra los
-españoles sus opresores y destruidores, resistian y peleaban tan
-animosamente, aunque se vian desbarrigar con las espadas y trompillar
-con los caballos, y alancear por los que encima de los caballos venian
-(que uno de á caballo en una hora mataba 10.000 dellos), que dellos
-á leones y á los más esforzados varones pasados del mundo no habia
-diferencia. Y debiera de preguntarse á Oviedo, que se jacta mucho de
-Capitan en la tierra firme, andando á robar y hacer esclavos para matar
-en sus minas, cómo lo fué á Francisco Becerra, y á Joan de Tabira y
-Vasco Nuñez, y á otros muchos que los indios quitaron, peleando, las
-vidas; y en las guerras que los españoles hicieron á los indios en
-esta isla, indios desnudos hicieron hazañas en manifestacion de su
-esfuerzo y animosidad, como arriba en el libro II algunas referimos.
-Cuanto más, una de la señales ser los hombres esforzados es osar
-morir, y osar morir presupone una de las causas naturales que hace
-los hombres animosos y esforzados, y ésta es abundar en mucha sangre,
-porque la naturaleza, cognosciéndose á sí misma, confia de sí viendo
-en sí abundar el principal humor que sostiene la vida; pues como éstas
-gentes todas, segun es notorio, abunden en sangre, señal es que de su
-naturaleza teman ménos el morir, é así naturalmente son animosos y
-esforzados, lo cual, como he dicho, han por las obras bien mostrado
-y probado, sino que su infelicidad consistió en carecer de armas y
-caballos, porque si ellos les tuvieran para se defender de tan crudos
-enemigos, no hobieran tan inmensos perecido, ni los que los destruyeron
-se fueran alabando, ni Oviedo parlara tanto contra ellos como dejó
-escripto. Del esfuerzo destas gentes, asignando causas naturales, se
-podrá ver en nuestra Apologética Historia, y tambien en el susodicho
-libro, _De unico vocationis modo_, cap. 4.º.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLV.
-
-
-Añide más Oviedo contra todos los indios, que son mal inclinados:
-poca filosofía estudió y ménos experiencia dellos tuvo, ni de alguna
-lengua de todas estas Indias alcanzó noticia para cognoscer las malas
-inclinaciones que tenian, y júzgalos temerariamente de lo que no
-pudo cognoscer sino por revelacion divina, ó por conjeturas de mucha
-conversacion y de muchos tiempos con todas las gentes deste orbe
-habidas, y áun entónces no podria, sin juicio temerario, afirmar lo
-que, como si ciencia y certidumbre dello tuviera, él afirma. Dice más,
-que son de poca memoria, y en ésto yerra como en todo lo demas que
-ha dicho y él se contradice, ántes se tiene por notorio tener todos
-los indios inmortal memoria, como la tengan de las cosas que muchos
-años pasaron, como si las tuviesen por escrito, y desto al mismo
-Oviedo pongo por testigo, que dice en el cap. 1.º del libro V, que la
-manera de cantar los indios era una historia ó acuerdo de las cosas
-pasadas, así de guerras como de paces, porque por la continuacion de
-tales cantares no se les olvidan las hazañas é acaescimientos que han
-pasado, y estos cantares les quedan en la memoria en lugar de los
-libros de su acuerdo, y por esta forma recitan las genealogías de sus
-Caciques y señores que han tenido, y las obras que hicieron, y los
-males temporales que han pasado, y en especial, las famosas victorias
-por batallas, etc. Estas son sus palabras. Luégo no son de muy poca
-memoria, como dice Oviedo. Parece tambien patentemente, por lo que
-toman de coro de la cristiana doctrina, que no bastarian 10 hombres
-que tuviesen buena memoria á tomar y decir de coro en veinte, lo que
-ellos toman en un dia; y la prueba dello, por su propia causa natural
-es (como en nuestra Apologética Historia, escrita en romance, y en
-el libro _De único vocationis modo_, en latin, probamos), que todas
-estas gentes _a toto genere_, que es decir, comunmente y cuasi todos,
-y que por maravilla falta en algunos, tienen los sentidos exteriores y
-interiores, segun natura, no sólo buenos pero por excelencia buenos,
-y así, muy mejores que otras muchas naciones; de donde se sigue
-necesariamente ser de buenos entendimientos, y desto estuvo harto
-ayuno Gonzalo Hernandez de Oviedo, que nunca tractó con los indios,
-ni se ocupó por un momento en cosa que á los indios conviniese, sino
-en mandallos y servirse dellos como de bestias, con la ceguedad que
-todos los otros españoles. Dice más contra ellos, que son mentirosos;
-pluguiera á Dios que no les hobieran mentido él y ellos muchas
-veces, y que las mentiras que los indios les decian no las hobieran
-ellos causado, y no creo que osara más un indio decir una mentira,
-mayormente á sus señores, ni entre sí para engañarse unos á otros, que
-matarse. De las mentiras que los indios á los españoles decian, y hoy
-dicen donde áun no los tienen asolados, las vejaciones y servidumbre
-horrible, y cruel tiranía con que los afligian, y afligen y maltratan,
-son la causa, porque de otra manera sino mintiendo y fingiendo, por
-contentallos y aplacar su contino é implacable furor, no pueden de
-mil otras angustias, y dolores y malos tractamientos escaparse; y
-cerca desto, como tambien tienen experiencia de infinitas mentiras de
-los españoles, y que nunca les han guardado fe que los prometiesen,
-ni verdad, hay dichos de indios dignos de considerar: preguntando
-españoles á indios (y no una vez acaeció sino más), si eran cristianos,
-respondió el indio: «Si señor, yo ya soy poquito cristiano, dijo él,
-porque ya saber yo un poquito mentir, otro dia saber yo mucho mentir,
-y seré yo mucho cristiano.» Destas y de muchas otras sentencias dichas
-de indios, para confusion de los españoles, y que por sus malos
-ejemplos han miserablemente nuestra fe y religion cristiana infamado
-y maculado en los corazones simples destas gentes, muchas pudiéramos
-traer y referir que en estas tierras han pasado. Dice ser de ninguna
-constancia todas estas gentes, porque no perseveran, cuando pueden
-escaparse, en la vida y trabajos infernales con que los acaban, y
-que no perseveran en las cosas de virtud y de la religion cristiana.
-No puede Oviedo decir cosa chica ni grande, porque no fué digno de
-lo ver ni de lo entender, para que las blasfemias, que de los indios
-contra verdad acumula, moderara. Añide luégo allí, contra sí mismo,
-una saetada enherbolada, conviene á saber, que por no trabajar, por su
-pasatiempo, muchos dellos se mataron. Cuanto á que se mataron muchos
-dellos, dice verdad, pero que por su pasatiempo, manifiesto es que se
-lo levanta, y, como dije, que brotó de su corazon contra sí mismo, y
-los demas, saetada aponzoñada, por la cual manifiesta la crueldad de
-su tiranía ser tan horrenda y tan insufrible y abominable, que una
-gente tan mansa y tan paciente, que en sufrimiento se tiene por cierto
-haber excedido á todos los mortales, por salir é se escapar della,
-escogian por ménos mal matarse. Para la prueba desto fuera bien que
-Oviedo respondiera, si oyó alguna vez decir que ántes que los españoles
-en estas tierras entrasen y oprimiesen estas gentes, y de tantas
-impiedades con ellos y en ellos usasen, algunos por su pasatiempo se
-matasen. Fueron tantas y tan nunca oidas las inhumanidades que en
-ellos se ejercitaron, y bien parece claro por la obra que han hecho
-nuestros hermanos en haber tantas y tan grandes tierras despoblado y
-asolado, que para una gente que no cognoscia el verdadero Dios y que
-tenia opinion que los que salian desta vida iban á vivir á otra donde
-tenian las ánimas de comer y de beber, y placeres, canto y bailes, y
-todo descanso corporal en abundancia, ¿de qué nos debemos maravillar,
-porque padeciendo en ésta muerte tan contina, deseasen y trabajasen
-salir della, y para ir á gozar de la otra se diesen priesa en matarse?
-cuanto más que no todos se mataban, ni se sabe más que en esta isla y
-en la de Cuba se ahorcasen algunos y otros se matasen bebiendo cierto
-zumo ponzoñoso. Dice más en otra parte, que no sin causa permite Dios
-que sean destruidos, y que sin duda tiene que por la multitud de sus
-delitos los ha Dios de acabar todos muy presto, porque son gentes sin
-ninguna correccion, ni aprovecha castigo en ellos, ni halagos ni buena
-amonestacion etc. A lo primero, de la permision, digo, que Dios nos
-guarde de sus permisiones, como solia decir una sancta persona, y de
-ser nosotros los instrumentos de la perdicion de otros, como siempre
-Dios castigue algunos malos por otros peores que aquellos, segun
-aquello, _vindicabo me de inimicis meis cum inimicis meis_, y guay de
-los que Dios toma por verdugos y por azotes de otros, que, acabado
-el castigo, suele echar el azote en el fuego como Sant Agustin en la
-misma materia dice; pero Oviedo no advertia, como era uno dellos, que
-por sólo el pecado original, sin que otro pecado tuvieran, justamente
-y sin hacerles injuria, podia Dios asolar todas estas Indias, cuanto
-más por otros muchos actuales que tuvieron, pero no se nos da licencia
-para que por eso los menospreciemos, ni los robemos, ni matemos, porque
-guay de nosotros cuando fuéremos de los robadores y matadores dellos, y
-por malos ejemplos, habiéndolos de traer á Cristo por los buenos, los
-corrompiéremos, y de su salvacion fuéremos impedimento. Por más que
-la divina justicia los aflija y angustie, castigándolos en esta vida,
-y muestre desmamparallos entregándolos en nuestra insaciable cudicia,
-ninguno de los que entre ellos tiene predestinados la bondad divina,
-de lo que nadie que sea cristiano dudar debe, se le saldrá de la mano
-que á la fin no lo lleve á gozar de sí mismo en la eterna vida; y por
-ventura, y sin ella, despues que por nuestras manos crueles á estas
-gentes hobiere Dios acabado, derramará sobre nosotros, por nuestras
-violencias y tiranía, su ira, moviendo á otras naciones que hagan
-con nosotros lo que con éstas hicimos, y al cabo nos destruyan como
-las destruimos, y podrá ser que se hallen, de aquestos que en tanto
-menosprecio tuvimos, más que de nosotros á la mano derecha el dia del
-juicio; y esta consideracion debria tenernos con grande temor noches y
-dias.
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-CAPÍTULO CXLVI.
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-La causa de la perdicion y acabamiento destas gentes asigna Oviedo que
-es porque son gentes sin alguna correccion, ni aprovecha con ellos
-castigo, ni halago, ni buena amonestacion, é naturalmente son gente
-sin piedad, ni tienen vergüenza de cosa alguna; son de pésimos deseos
-é obras, é de ninguna buena inclinacion. Estas son sus palabras. Cosa
-es maravillosa de ver el tupimiento que tuvo en su entendimiento
-aqueste Oviedo, que así pintase todas estas gentes con tan perversas
-cualidades, y con tanta seguridad, para mostrar que decia verdad, como
-si fuera una alhaja de su casa, á la cual hobiera dado mil vueltas
-por de dentro y por de fuera, no las habiendo tractado sino cinco
-años, y éstos á sólos los de la provincia del Darien, como arriba
-queda dicho, y no en otra cosa sino salteándolos, y robándolos,
-matándolos, y captivándolos, y echándolos y teniéndolos en las minas
-del oro y en los otros trabajos, donde de hambre y molimientos y
-crudelísimas aflicciones perecian, y áun éstos allí no los via sino
-por maravilla, porque los entregaba en poder de un cruel carnicero,
-criado suyo, que ponia para que los hiciese trabajar, que llamaban
-minero ó estanciero, por otro nombre Calpisque, un género de los más
-infames hombres y crueles que jamás nunca fué visto, ni haciendo más
-cuenta el mismo Oviedo dellos en toda manera de estima que si fueran
-hormigas ó chinches. Mirad cómo pudo saber Oviedo que todas estas
-gentes (donde entran las desta isla, de quien va hablando, y todas
-las demas destas Indias que nunca vido), ser de pésimos deseos y de
-ninguna buena inclinacion, y si dijere que otros que habian tractado
-con ellos se lo referian, á éstos se responde lo mismo que á él, que
-como no pretendiesen otro fin sino robar y captivar y aniquilar
-estas gentes, como él, y uno el dél y de todos fuese un oficio, el
-mismo crédito se les debe de dar que á los falsarios testigos; y para
-entender bien lo que dice, que no aprovecha con ellos castigo ni
-halago ni buena amonestacion, debiera Oviedo de respondernos si aquel
-castigo y halago y buena amonestacion era porque viniesen á oir la
-predicacion del Evangelio, y porque dejasen los vicios y pecados que
-tenian, ó porque se huian de las minas donde cogian el oro, muriendo
-de hambre y de infernales trabajos, cuales son los que en ellas se
-padecen y donde sabian que si no huian habian de perecer; y porque
-muchas veces se huian é iban tras ellos, y traidos, los desollaban con
-tormentos que les daban de azotes y otras aflicciones, dice Oviedo que
-no aprovechaba con ellos castigo y que eran sin alguna correccion.
-Algunas veces los halagaban con palabras blandas, diciéndoles que
-fuesen buenos, y llamaban ser buenos que no se huyesen de las minas
-y trabajos en que los ponian, y porque huian de la vida infernal que
-tenian decian, y dice Oviedo, que no aprovechaba halago ni buena
-amonestacion con ellos. Esto es cierto que así se hacia, y desta manera
-los castigaban y halagaban, y así los atormentaban, y finalmente,
-así los acabaron y acabarán los que quedan, con todo ésto el pago
-que Oviedo les dá á los que él consumió y ayudó á destruir, é por
-los otros que destruyeron tantos millares de gentes, es infamallos
-para siempre, ya que no les puede ni pueden hacer más mal, y que los
-echó y echaron á los infiernos. Por ventura, si fuera digno Oviedo de
-ver los fructos de la predicacion evangélica que cada dia la divina
-Providencia saca por manos é industria de sus siervos, de las gentes
-que el cruel cuchillo de los españoles aún no los rayó de la haz de la
-tierra, como hizo á los desta isla y las demas, y muchos millares de
-la tierra firme, con cuánta fe y devocion, dejados los falsos dioses
-que por no cognoscer otro mejor Dios adoraban, y todos los demas vicios
-que tenian, al verdadero Dios y redentor del mundo se convierten;
-y cuánto se corrigen y cuán clara y manifiestamente aprovecha la
-correccion en ellos, no dijera tan gran falsedad é infamia perniciosa
-contra tan infinito número de gentes, pero no fué digno de vello,
-porque, por permision divina, vaciase del estómago su ánima la ponzoña
-infamativa que contra estas universas naciones, pueblos y reinos, y
-orbe tan grande, tan sin razon ni causa habia concebido, aunque estando
-en esta ciudad de Santo Domingo, donde muchos años vivió despues de
-en esta isla no haber ya indios, como se dijo, pudo haber oido de
-muchas personas dignas de fe como en la Nueva España y en el Perú,
-y en otras provincias donde habia religiosos que en la instruccion
-dellos entendian, el inestimable fruto y aprovechamiento y correccion
-que en ellos hacian, á quien debiera Oviedo creer más que á su errada
-y ciega, y plegue á Dios que no maliciosa, fantasía. Levanta otro
-falso testimonio á todos los indios, diciendo que desque entran en
-la edad adolescente pocos desean ser cristianos, aunque se bapticen,
-y que ninguna atencion tienen á lo que les enseñan, y que luégo se
-les olvida; podria bien bastar lo dicho para convencer la falsedad é
-insensibilidad deste Oviedo, pero todavía es bien responder á éstos
-sus perniciosos dichos, y fuera cosa conveniente que respondiera si en
-los cinco años que en el Darien estuvo, y veinte ó treinta que moró
-en esta isla, donde, como dije, ya cuando á ella vino no habia indio,
-vido predicar la fe y enseñar la doctrina cristiana á algunos indios,
-¿cómo habian los tristes y trabajados y perseguidos indios de desear
-ser cristianos, ni cosa de la fe de Jesucristo, si nunca tuvieron
-dél noticia? _¿Quomodo invocabunt in quem crediderunt, aut quomodo
-credent ei quem non audierunt? ¿quomodo aut audient sine predicante?_;
-y dice el pobre hombre, que desde que los cristianos vinieron á
-estas tierras, corrian cuarenta y tres años, dentro de los cuales
-debieran ya de haber entendido una cosa en que tanto les iba, como era
-salvar sus ánimas, como quiera que pudiera estar doscientos años sin
-saber en qué consistia su salvacion, si tanto duraran, matándolos y
-destruyéndolos, ántes que oyesen cosa de su salvacion; y no es verdad
-lo que dice, que nunca faltaron predicadores, porque nunca los vido,
-ni los habia, ni los hobo en aquella parte de tierra firme donde él
-estuvo, ni en esta isla, cuando pudieran doctrinar y aprovechar á los
-indios, y cuando los hobo, no habia ya á quien enseñar, por habellos
-todos muerto; y segun la desórden que los españoles tuvieron en su
-infernal cudicia y crueldades, de que trabajándolos con ellos usaron,
-aunque hobiera muchos predicadores no tuvieran lugar para predicalles,
-ni los indios para oillos, porque harto tenian que hacer los tristes
-indios en pensar huirse á los montes, por hartarse de cualesquiera
-hierbas ó raíces, segun la hambre que pasaban, y por salir de aquella
-vida trabajosa, infernal, en la cual tenian certidumbre que hoy ó
-mañana, ó esta semana ó la otra, ó en este mes ó en el otro, habian de
-acabar sus vidas. Mirad con qué conciencia y con qué verdad pudo decir
-Oviedo que muy pocos de los indios deseaban ser cristianos, y que era
-gente muy desviada de querer entender la fe católica, y que debieran
-de haber ya entendido cosa en que tanto les iba, como es salvar sus
-ánimas. Confirma cuanto ha dicho Oviedo ser falsedad, el inextimable
-y áun increible fructo que en todas las gentes destas Indias Dios ha
-sacado, y todo el mundo sabe, donde quiera que ha habido religiosos
-que les han predicado, como arriba queda ya probado. Llámalos tambien
-Oviedo gentes sin piedad; júzguelo Dios como lo juzgará y lo tiene ya
-juzgado, y áun cualquiera hombre que tenga mediano juicio lo podrá
-juzgar, por las obras que habemos en ellas cometido, con tanta impiedad
-y crueldad, ¿á quién juzgará Dios más rigurosamente de impiedad en el
-postrimero dia, á nosotros cristianos ó á los infieles indios, cuando,
-por testigos tan grandes, tan inmensas y tan nunca otras vistas ni
-oidas despoblaciones de tantos reinos, y regiones, y provincias se le
-presentaren? Finalmente, ya parece superfluidad responder á cada cosa
-de las infamias y testimonios falsos con que á toda la universidad
-destas indianas gentes macula é infama, como áun en sus dichos es
-vario, y lo que alguna vez afirma otra vez dice lo contrario, y así
-parece el crédito que en todo se le debe dar. En el cap. 13 del
-libro II, dice, que naturalmente los indios destas Indias están de
-contino diferentes, siendo todos, por la mayor parte, pacíficos, y
-demasiadamente mansos todos entre sí, si no era algunos Caciques y
-señores grandes que movian guerra contra otros, por ciertas causas;
-y el contrario desto dice en el cap. 2.º del libro III, que la gente
-desta isla tenia la más quieta y asosegada manera de vivir, y en el
-cap. 6.º y 12 del libro II, tractando de la causa porqué el Almirante,
-primero que esta isla é Indias descubrió, dejó los 38 hombres, dice que
-lo hizo porque esta gente le pareció muy doméstica y mansa, y dice así:
-«Viendo el Almirante que aquesta gente era tan doméstica, parecióle que
-seguramente podia dejar allí algunos cristianos,» etc., y así se tuvo
-por cierto, que si los 38 españoles no hicieran agravios á los indios,
-ni se desparcieran unos de otros, metiéndose por la tierra dentro, que
-nunca los mataran, como en el lib. I, cap. 86, referimos, y el mismo
-Oviedo tambien recita en el cap. 12, donde arriba.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLVII.
-
-
-Referidos los males y testimonios falsos, y dadas las razones que por
-falsos los declaran, con que Oviedo todas estas gentes de todo este
-orbe ha infamado y aniquilado temerariamente delante todo el mundo,
-tornando á nuestra Historia, diremos las cosas, demás de las dichas,
-que estando todavía el Rey en Barcelona en este año de 519, acaecieron;
-y una dellas fué otro terrible combate que se le ofreció al susodicho
-clérigo Bartolomé de las Casas, y la victoria que con el favor divino
-y con la fuerza de la verdad que traia y defendia consiguió dél. Esto
-acaesció desta manera: el obispo don fray Juan Cabedo, primer obispo
-del Darien, de quien algunas veces arriba hemos hablado, acordó de
-ir á la corte, no supe á qué fin, no al ménos para remedio de las
-tiranías y perdicion que padecian sus ovejas, segun por algunas de sus
-palabras se pudo conjeturar; el cual, salido del Darien vino á dar á la
-isla de Cuba, donde andaba ya la frecuencia de las quejas del clérigo
-Casas, que trabajaba de libertar todos los indios, quitándolos á los
-españoles, estimándole por ello por destruidor de tantos hidalgos
-que con los indios se mantenian y de enemigo de su nacion; díjose
-despues, que oido ésto en Cuba, con lo que él tambien habia oido en
-el Darien contra el Clérigo, se ofreció á hacer que lo echasen de la
-corte. Tambien se presumió que Diego Velazquez le habia untado las
-manos ayudándole para el camino, porque como era el Obispo persona de
-mucha autoridad, sin que fuera Obispo, en especial siendo solemnísimo
-predicador, esperando que le podia en la corte con el Rey nuevo, que
-era el Emperador, en sus negocios ayudar, mayormente habiéndosele
-alzado Hernando Cortés con su armada, y la tierra y señorío de la Nueva
-España que tan copiosa muestra habia dado de tan grandes riquezas,
-y con la esperanza que habia cobrado de ser en ella muy gran señor,
-como de cierto lo fuera si Cortés no le hurtara la bendicion. Así
-que, llegado el Obispo de tierra firme á la corte, que á la sazon,
-segun ha parecido, estaba en Barcelona, puesto que por la pestilencia
-que en la ciudad sobreviniera, el Rey estaba en un lugar muy fresco,
-llamado Molin de Rey, tres leguas de la ciudad, y todos los Consejos
-y los grandes á legua y á media legua, otros más y otros ménos, por
-lugarejos y fortalezas por allí al rededor, el Obispo se aposentó en
-uno de aquellos lugares como mejor pudo; venia de cuando en cuando
-á comer con el obispo de Badajoz, por haber sido ambos predicadores
-del Rey en un tiempo, á tractar de sus negocios, posaba el obispo de
-Badajoz un cuarto de legua, en una torre y casa de placer de Molin de
-Rey, donde el Rey estaba aposentado. Un dia vino el dicho Obispo de
-tierra firme á palacio, que fué la primera vez que el clérigo Casas
-supo que era venido; como lo vido el Clérigo en la cuadra donde el Rey
-come, y preguntado quién era aquel tan reverendo fraile, dijéronle
-que era obispo de las Indias. Llegóse á él, y díjole: «Señor, por lo
-que me toca de las Indias, soy obligado á besar las manos de vuestra
-señoría.» Preguntó á Juan de Samano, que despues fué secretario de las
-Indias, con quien el Obispo estaba hablando: «¿Quién es este padre?»
-Samano respondió: «Señor, el señor Casas.» El Obispo, no con chica
-señal al ménos de arrogancia, dijo: «¡Oh señor Casas, y qué sermon os
-traigo para predicaros!» Respondió Casas, no muy amedrentado, ántes
-con alguna colerilla: «Por cierto, señor, dias há que yo deseo oir
-predicar á vuestra señoría, pero tambien á vuestra señoría certifico
-que le tengo aparejados un par de sermones, que si los quisiere oir
-y bien considerar, que valgan más que los dineros que trae de las
-Indias.» Respondió el Obispo: «Andais perdido, andais perdido.» Dijo
-Samano: «Señor, del señor Casas y de su intencion, todos estos señores
-están satisfechos,» ésto decia por los del Consejo. Añidió el Obispo
-una palabra harto indigna de Obispo, «que con buena intencion podia
-cometer cosa deshonesta, que fuese pecado mortal.» Oida la torpe
-sentencia, el Clérigo conmovido, con alguna alteracion determinó de
-le responder _juxta stultitiam_, que lo entendieran cuantos en la
-cuadra habia; abrieron la puerta de la cámara del Rey, donde estaba en
-Consejo, y salió el obispo de Badajoz, á quien esperaba el de tierra
-firme para se ir á comer con él, y así no tuvo lugar el Clérigo de le
-lastimar con su respuesta. Visto el Clérigo que se iba á comer con el
-obispo de Badajoz, y que podia dañalle los negocios, como el de Badajoz
-fuese de mucho crédito cerca del Rey, y hasta allí siempre hobiese al
-Clérigo favorecido, acordó de se despachar luégo é irse al castillo
-donde posaba el obispo de Badajoz, y hallólos sobre comida. Acaesció
-haber comido allí el almirante D. Diego Colon, segundo de las Indias,
-y D. Juan de Zúñiga, hermano del conde de Miranda, que despues fué ayo
-del rey D. Felipe, siendo Príncipe; y sobre comer el obispo de Badajoz
-y el Almirante, jugaron á las tablas, pasando por recreacion un poco de
-tiempo, miéntras se hacia hora de ir á palacio el Obispo. En ésto entró
-el Clérigo, y estando mirando todos el juego, cierta persona que habia
-estado en esta isla hablaba con el Obispo de tierra firme, diciendo que
-se habia hecho trigo en esta isla; el Obispo de tierra firme, afirmaba
-que no era posible. El Clérigo llevaba en la bolsa ciertos granos de
-muy buen trigo, de ciertas espigas que habian nacido debajo de un
-naranjo en la huerta del monasterio de Sancto Domingo desta ciudad,
-y dijo con toda reverencia y mansedumbre: «Por cierto, señor, yo lo
-he visto muy bueno en aquella isla, y pudiera decir, veíslo, aquí lo
-traigo conmigo.» El cual, así como oyó hablar al Clérigo, con sumo
-inflamento menosprecio é indignacion, dijo: «¿Qué sabeis vos? ésto será
-como los negocios que traeis, ¿vos qué sabeis de lo que negociais?»
-Respondió el Clérigo modestamente: «¿Son malos ó injustos, señor, los
-negocios que yo traigo?» Dijo él: «¿Qué sabeis vos ó qué letras y
-ciencia es la vuestra, para que os atrevais á negociar los negocios?»
-Entónces el Clérigo, tomando un poco de más licencia, mirando siempre
-de no enojar al obispo de Badajoz, respondió: «Sabeis, señor Obispo,
-cuán poco sé de los negocios que traigo, que con esas pocas de letras
-que pensais que tengo, y quizá son ménos de las que estimais, os porné
-mis negocios por conclusiones, y la primera será: que habeis pecado
-mil veces, y mil y muchas más por no haber puesto vuestra ánima por
-vuestras ovejas, para librallas de las manos de aquellos tiranos que
-os las destruyen. Y la segunda conclusion será, que comeis sangre y
-bebeis sangre de vuestras propias ovejas. La tercera será, que sino
-restituis todo cuanto traeis de allá, hasta el último cuadrante, no
-os podeis más que Judas salvar.» Desque vido el Obispo, que por las
-veras no podia mucho con el Clérigo ganar, comenzó á echarlo por burlas
-y mofar, riéndose y escarneciendo de las saetadas que el Clérigo le
-daba. El Clérigo, todavía, teniendo el rigor de las veras, díjole:
-«¿Reisos, señor? debíades de llorar vuestra infelicidad y de vuestras
-ovejas.» Dijo el Obispo: «Sí, ahí tengo las lágrimas en la bolsa.»
-Respondió el Clérigo: «Bien sé que tener lágrimas verdaderas de lo
-que conviene llorar, es don de Dios, pero debíades de, sospirando,
-rogar á Dios que os las diese, no sólo de aquel humor que llamamos
-lágrimas, pero de sangre que saliese del más vivo del corazon, para
-mejor manifestar vuestra desventura y miseria y de vuestras ovejas.»
-En todo ésto callaba el obispo de Badajoz, pasando con su juego de
-las tablas adelante, donde parecia que se holgaba de lo que pasaba,
-y con ésto el Clérigo tomaba favor para confundir al Obispo y á su
-insensibilidad, porque á la primera palabra que el de Badajoz dijera,
-no hablara el Clérigo más, por no enojallo y perder su favor como lo
-tuviese ganado. Pasado lo que está dicho, atajó lo demas el obispo de
-Badajoz, diciendo: «No más, no más.» Entónces habló el Almirante y el
-D. Juan de Zúñiga en favor del clérigo Casas; el Almirante, refiriendo
-lo que sentia del Clérigo y de sus negocios y buena voluntad, que lo
-cognoscia más, y D. Juan de Zúñiga, segun la noticia que dél tenia por
-oidas. Ello todo así, asosegado el Clérigo, desde á un rato fuése á su
-posada.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLVIII.
-
-
-El obispo de Badajoz, desque fué hora de ir á palacio (porque como el
-Rey comenzaba entónces á reinar eran frecuentes los Consejos que se
-tenian, en especial de Guerra y del Estado), fuése y dijo al Rey todo
-lo que habia entre el Obispo y el Clérigo pasado, diciendo «holgárase
-Vuestra Alteza de oír lo que dijo micer Bartolomé al Obispo de tierra
-firme, sobre las cosas de las Indias, acusándole que no habia hecho
-con los indios, sus ovejas, como debia, segun buen pastor y Prelado.»
-Oido ésto, el Rey mandó que los amonestasen, que para el tercero dia
-pareciesen ante su Real acatamiento, porque los queria oir á ambos,
-y como á persona que le tocaban las cosas de las Indias, mandó que
-tambien se hallase presente el Almirante. Acaesció en estos dias que
-vino allí un religioso de Sant Francisco, que habia estado en esta isla
-Española, y visto algunos de los malos tractamientos que se hacian á
-los indios, causa de la disminucion dellos; este religioso, por lo
-que habia oido del Clérigo, y de los negocios que tractaba y del fin
-que pretendia, deseaba vello y conocello, y así lo anduvo á buscar
-y vino á él en aquel lugarejo donde el Rey estaba, diciendo: «Señor
-yo he sabido los negocios y pasos en que andais, que son de apóstol
-verdadero; yo he estado en las Indias y he visto los males y daños que
-aquellas miserables gentes padecen, y ved en qué os puedo ayudar» y áun
-en la misma casa y á la misma hora que descendia de la brega que habia
-con el Obispo pasado lo fué á hallar. El Clérigo lo abrazó y dió las
-gracias por el consuelo y ofertas que le daba. Desde allí predicaba
-en la Iglesia del pueblo, que no era de más de treinta casas, y cuasi
-las palabras se oian en palacio, y, como no habia más de una iglesia,
-todos los Grandes allí estaban aposentados, y los que venian de los
-otros lugares cada dia á palacio, y los flamencos y de la casa Real,
-cuasi iban á oir al fraile, que de otra materia más que de las hazañas
-abominables destas Indias no tractaba. Llegado ésto á los oidos del
-Rey, mandó tambien que se hallase con el Obispo de tierra firme, y el
-Almirante y el Clérigo, ante su presencia, el fraile. Llegado el dia de
-la disputa ó audiencia, que el Rey determinó dar al Obispo y al Clérigo
-para que en su presencia careados hablasen, llegó primero al lugar ó
-cuadra donde el Rey habia de estar el Obispo y luego el fraile; el
-Obispo, como lo vido, no le plugo nada, sospechando, que como parecia
-libre en el predicar, lo seria quizá en lo que dijese favorable, por lo
-cual quísolo, como dicen, sobajar y atemorizar, y para este fin, á lo
-que pareció, díjole: «Padre, ¿qué haceis agora vos aquí? bien parece á
-los frailes andar por la corte, mejor les sería estar en sus celdas y
-no venir á palacio.» Respondió el fraile al Obispo, de su misma órden
-fraile: «Así me parece, señor Obispo, que nos sería mejor estar en
-nuestras celdas á todos los que somos frailes.» Replicóle el Obispo
-cierta palabra en que pretendia echallo de allí, porque cuando saliese
-el Rey no le hallase, respondió el fraile: «Callad agora, señor Obispo,
-y dejad salir al Rey é vereis lo que pasa.» Creyóse por entónces que
-el fraile causó, con lo que habia dicho al Obispo, que perdiese algo
-del orgullo y presuncion que mostraba, cuando desde á un rato se vieron
-todos delante del Rey. Salido el Rey, é sentado en su silla real,
-sentáronse los de su Consejo en bancas, más abajo; éstos eran Mosior de
-Xevres, el Gran Chanciller, el obispo de Badajoz, el licenciado Aguirre
-y otros tres ó cuatro que se me han caido de la memoria; la órden de
-se asentar fué ésta, en las bancas de la mano derecha, por respecto
-del Rey, estaba Mosior de Xevres, y luégo, junto á él, el almirante
-de las Indias y despues dél el Obispo de tierra firme, y despues dél
-el licenciado Aguirre. En las de la mano izquierda; el primero era el
-Gran Chanciller y despues dél el Obispo de Badajoz, y de allí adelante
-los demas. El Clérigo allegóse á la pared, frontero del Rey, y el
-fraile de Sant Francisco junto al Clérigo. Todos así ordenados y en
-gran silencio callando, desde á un poco de rato levantáronse Mosior de
-Xevres y el Gran Chanciller, cada uno por su lado, y suben la grada de
-la peana donde el Rey estaba sentado, con sumo reposo y reverencia;
-hincadas las rodillas, junto al Rey, consultan lo que mandaba, hablando
-muy paso, como á la oreja, un ratico de tiempo; tornáronse á levantar,
-y, hecha su reverencia, viénense á sus lugares y siéntanse como de
-ántes lo estaban, y estando un poco así, callando, habla el Gran
-Chanciller (cúyo es hablar y determinar lo que en el Consejo se ha de
-tractar presente ó ausente el Rey, por ser cabeza y Presidente de los
-Consejos): «Reverendo Obispo, Su Majestad manda que hableis, si algunas
-cosas teneis de las Indias que hablar;» ya era venido el decreto de la
-eleccion del Rey, Emperador, y por ésto se le hablaba con Majestad. El
-Obispo de tierra firme se levantó y hizo un preámbulo muy gracioso y
-elegante, como quien solia graciosa y elocuentemente predicar, diciendo
-que muchos dias habia que deseaba ver aquella presencia real, por las
-razones que á ello le obligaban, y que agora que Dios le habia complido
-su deseo, cognoscia que _facies Priami digna erat imperio_; lo que
-el poeta Homero dijo de la hermosura de Priamo, aquel excelente Rey
-troyano. Cierto, pareció muy bien á todos, y de creer es que al Rey no
-ménos agradó el preámbulo. Tras el proemio, añidió luégo, que porque
-él venia de las Indias y traia cosas secretas, de mucha importancia,
-tocantes á su real servicio, y que no convenia decirlas, sino á sólo Su
-Majestad y su Consejo, por tanto, que le suplicaba que mandase salir
-fuera los que no eran de Consejo; y dicho ésto, estuvo así un poco y
-hízole señal el Gran Chanciller y tornó á sentarse. Parado así todo,
-y todos callando, tornaron Mosior de Xevres y el Gran Chanciller, por
-la misma órden, á levantarse, y subieron al Rey, y hecha reverencia, y
-hincadas las rodillas, tornaron á consultar al oido lo que Su Majestad
-mandaba. Tórnanse á sentar con toda la su dicha modestia y reposo, y
-desde á un poquito, dice el Gran Chanciller: «Reverendo Obispo, Su
-Majestad manda que hableis si teneis que hablar.» Levántase el Obispo,
-y tórnase á excusar, diciendo: que las cosas que trae que decir son
-secretas, y que no conviene que las oiga sino Su Majestad y los de su
-Consejo, y tambien porque no venia él á poner en disputa sus años y
-canas. Tornan los susodichos Mosior de Xevres y Gran Chanciller por la
-misma órden, y gravedad, y ceremonias pasadas, á consultar al Rey, é
-consultado, tórnanse á sentar, y dice el Gran Chanciller: «Reverendo
-Obispo, Su Majestad manda que hableis si teneis que hablar, porque los
-que aquí están, todos son llamados para que estén en este Consejo.»
-Manifiesto fué que el Obispo andaba porque saliesen de allí el Clérigo
-que tanto le habia dos dias ántes lastimado, y tambien porque saliese
-el fraile, de quien media hora habia que le diera un buen tártago;
-finalmente, habla el Obispo tornándose á excusar y alegando que no
-venia á poner en disputa sus años y canas, pero, pues Su Majestad lo
-mandaba, proseguia adelante, y dijo así: «Muy poderoso señor, el Rey
-católico, vuestro abuelo, que haya santa gloria, determinó de hacer
-una armada para ir á poblar la tierra firme de las Indias, y suplicó á
-nuestro muy Sancto Padre me criase Obispo de aquella primera poblacion,
-y dejado los dias que he gastado en la ida y en la venida, cinco años
-he estado allá, y como fuimos mucha gente y no llevábamos que comer
-más de lo que hobimos menester para el camino, toda la más de la gente
-que fuimos, murió de hambre, y los que quedamos, por no morir como
-aquellos, en todo este tiempo ninguna otra cosa hemos hecho sino robar,
-y matar y comer. Viendo, pues yo, que aquella tierra se perdia, y que
-el primer Gobernador della fué malo, y el segundo muy peor, y que
-Vuestra Majestad era en felice hora á estos reinos venido, determiné
-venir á darle noticia dello como á Rey y señor, en cuya esperanza está
-todo el remedio; y en lo que toca á los indios, segun la noticia que
-de los de la tierra donde vengo tengo, y de los de las otras tierras,
-que viniendo camino vide, aquellas gentes son siervos _a natura_, los
-cuales precian y tienen en mucho el oro, y para se lo sacar es menester
-usar de mucha industria, etc.» Estas palabras y otras á este propósito,
-aunque con alguna contradiccion de sí mismo, segun allí se notó, dijo
-ante el Rey é aquel Consejo y de los demas el dicho Obispo de tierra
-firme, y éstos fueron los secretos que traia para decir al Rey, é no
-queria que el clérigo Casas ni los demas los oyesen.
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-CAPÍTULO CXLIX.
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-Cesó de hablar el Obispo, y levantáronse Mosior de Xevres y el Gran
-Chanciller, y van al Rey con la órden y ceremonias susodichas, y
-tornándose á sentar, dijo el Chanciller al Clérigo: «Micer Bartolomé,
-Su Majestad manda que hableis.» Entónces el Clérigo, quitado su bonete
-y hecha muy profunda reverencia, comenzó desta manera: «Muy alto y
-muy poderoso Rey y señor, yo soy de los más antiguos que á las Indias
-pasaron, y há muchos años que estoy allá, en los cuales he visto por
-mis ojos, no leido en historias que pudiesen ser mentirosas, sino
-palpado, porque así lo diga, por mis manos, cometer en aquellas gentes
-mansas y pacíficas las mayores crueldades y más inhumanas que jamás
-nunca en generaciones por hombres crueles ni bárbaros irracionales
-se cometieron, y éstas sin alguna causa ni razon, sino sólamente por
-la cudicia, sed y hambre de oro insaciable de los nuestros. Estas
-han cometido por dos maneras: la una, por las guerras injustas y
-crudelísimas que contra aquellos indios que estaban sin perjuicio
-de nadie en sus casas seguros, y tierras donde no tienen número las
-gentes, pueblos y naciones que han muerto; la otra, despues de haber
-muerto á los señores naturales y principales personas, poniéndolos
-en servidumbre, repartidos entre sí, de ciento en ciento, y de
-cincuenta en cincuenta, echándolos en las minas donde al cabo, con
-los increibles trabajos que en sacar el oro padecen, todos mueren.
-Dejo todas aquellas gentes, donde quiera que hay españoles, pereciendo
-por estas dos maneras, y uno de los que á estas tiranías ayudaron, mi
-padre mismo, aunque ya está fuera dello. Viendo todo ésto yo me moví,
-no porque yo fuese mejor cristiano que otro, sino por una compasion
-natural y lastimosa que tuve de ver padecer tan grandes agravios é
-injusticias á gentes que nunca nos las merecieron, y así vine á estos
-reinos á dar noticia dello al Rey católico, vuestro abuelo; hallé á
-Su Alteza en Plasencia, díle cuenta de lo que digo, rescibióme con
-benignidad, y prometió para en Sevilla, donde iba, el remedio. Murió
-en el camino luégo, y así, ni mi suplicacion ni su real propósito
-hobieron efecto. Despues de su muerte hice relacion á los Gobernadores
-que eran el cardenal de España D. Fray Francisco Ximenez, y el Adriano,
-que agora es cardenal de Tortosa, los cuales proveyeron muy bien todo
-lo que convenia para que tan grandes daños cesasen y aquellas gentes
-no pereciesen, pero las personas que las dichas provisiones fueron á
-ejecutar, desarraigar tanta maldad y sembrar tanto bien y justicia no
-merecieron; torné sobre ello, y despues que Vuestra Majestad vino, se
-lo he dado á entender, y estuviera ya remediado, si el Gran Chanciller
-primero en Zaragoza no muriera; trabajo ahora de nuevo en lo mismo,
-y no faltan ministros del enemigo de toda virtud y bien, que por sus
-propios intereses, mueren porque no se remedie. Va tanto á Vuestra
-Majestad en entender ésto y mandallo remediar, que dejado lo que toca
-á su Real ánima, ninguno de los reinos que posée, y todos juntos, se
-igualan con la mínima parte de los estados y bienes por todo aquel
-orbe; y en avisar dello á Vuestra Majestad, se yo de cierto que hago
-á Vuestra Majestad uno de los mayores servicios que hombre vasallo
-hizo á Príncipe ni señor del mundo, y no porque quiera ni desee
-por ello merced ni galardon alguno, porque ni lo hago por servir á
-Vuestra Majestad, porque es cierto (hablando con todo el acatamiento
-y reverencia que se debe á tan alto Rey é señor), que de aquí á aquel
-rincon no me mudase por servir á Vuestra Majestad, salva la fidelidad
-que como súbdito debo, sino pensase y creyese hacer á Dios en ello gran
-sacrificio, pero es Dios tan celoso y granjero de su honor, como á él
-se deba sólo el honor y la gloria de toda criatura, que no puedo dar un
-paso en estos negocios, que por sólo él tome á cuestas de mis hombros,
-que de allí no se causen y procedan inestimables bienes y servicios de
-Vuestra Majestad: y para rectificacion de lo que dicho tengo, digo y
-afirmo, que renuncio cualquiera merced y galardon temporal que Vuestra
-Majestad me quiera y pueda hacer, y si en algun tiempo, yo, ó otro por
-mí, merced alguna quisiere y pidiere directo ni indirecte, en ninguna
-cosa de las susodichas Vuestra Magestad me dé crédito, ántes sea yo
-tenido por falso, engañador de mi Rey é señor. Allende desto, aquellas
-gentes, señor muy poderoso, de que todo aquel mundo nuevo está lleno
-y hierve, son gentes capacísimas de la fe cristiana, y á toda virtud
-y buenas costumbres por razon y doctrina traibles, y de su _natura_
-son libres, y tienen sus Reyes y señores naturales que gobiernan sus
-policías; y á lo que dijo el reverendísimo Obispo, que son siervos _a
-natura_ por lo que el Filósofo dice en el principio de su Política,
-que _vigentes ingenio naturaliter sunt rectores et domini aliorum_,
-y _deficientes a ratione naturaliter sunt servi_, de la intencion
-del Filósofo á lo que el reverendo Obispo dice hay tanta diferencia
-como del cielo á la tierra, y que fuese así como el reverendo Obispo
-afirma, el Filósofo era gentil, y está ardiendo en los infiernos,
-y por ende tanto se ha de usar de su doctrina, cuanto con nuestra
-sancta fe y costumbre de la religion cristiana conviniere. Nuestra
-religion cristiana es igual y se adapta á todas las naciones del mundo,
-y á todas igualmente rescibe, y á ninguna quita su libertad ni sus
-señoríos, ni mete debajo de servidumbre, su color ni achaques de que
-son siervos _a natura_ ó libres, como el reverendo Obispo parece que
-significa, y por tanto, de Vuestra Real Majestad será propio desterrar
-en el principio de su reinado de aquellas tierras tan enorme y
-horrenda, delante Dios y los hombres, tiranía, que tantos males y daños
-irreparables causa en perdicion de la mayor parte del linaje humano,
-para que nuestro Señor Jesucristo, que murió por aquellas gentes, su
-real Estado prospere por muy largos dias.» Esta fué la oracion del
-clérigo Casas, en la cual estuvo buenos tres cuartos de hora, y el Rey
-muy atento, y todos mirándole y notando cada palabra de lo que decia.
-Acabada la habla del Clérigo, levantáronse Mosior de Xevres y el Gran
-Chanciller, y fueron al Rey como solian, y, consultado, tornados á
-sentar, dijo el Gran Chanciller al religioso de Sant Francisco: «Padre,
-Su Majestad manda que hableis si teneis que hablar en las cosas de las
-Indias.» El religioso, hecho al Rey su debido acatamiento, comenzó así:
-«Señor, yo estuve en la isla Española ciertos años, y por la obediencia
-me fué impuesto y mandado con otros que fuese á visitar y contar el
-número que habia en la isla de indios, y hallamos que habia tantos
-mil; despues, á cabo de dos años, me tornaron á encargar y mandar lo
-mismo, y hallamos que habian perecido en aquel tiempo tantos mil que
-habia ménos, y así, de aquesta manera, se habia destruido la infinidad
-de gentes que habia en aquella isla; pues si la sangre de uno muerto
-injustamente, tanto pudo que no se quitó de los oidos de Dios, hasta
-que Dios hizo venganza della, y la sangre de los otros nunca cesa de
-clamar, _vindica sanguinem nostrum, Deus noster_, ¿qué hará la sangre
-de tan innumerables gentes como en aquellas tierras con tan gran
-tiranía é injusticia han perecido? Pues por la sangre de Jesucristo y
-por las plagas de Sant Francisco, pido y suplico á Vuestra Majestad
-que remedie tanta maldad y perdicion de gentes, como perecen cada dia,
-porque no derrame sobre todos nosotros su rigurosa ira la divinal
-justicia.» Esto fué lo que oró el padre religioso de Sant Francisco;
-fué harto breve, pero con gran hervor y harto sangriento todo lo que
-dijo, que parecia que los que allí estaban eran ya puestos en el final
-juicio. Desque el religioso cesó de hablar, Mosior de Xevres y el Gran
-Chanciller fueron á consultar al Rey, é tornados á sentarse, dijo el
-Gran Chanciller al Almirante que Su Majestad mandaba que hablase. El
-cual, con brevedad y prudentemente, se expidió diciendo: «Señor, los
-males y daños que en las Indias se han hecho y se hacen, que refieren
-estos Padres, son muy manifiestos, y hasta ahora clérigos y frailes,
-no los pudiendo sufrir, los han reprendido, y, segun aquí ha parecido,
-ante Vuestra Majestad vienen á denunciarlo, y puesto que Vuestra
-Majestad recibe en destruille aquellas gentes y tierras inestimable
-daño, pero mayor lo rescibo yo, porque aunque lo de allá todo se
-pierda, no deja Vuestra Majestad de ser Rey y señor, pero yo, ello
-perdido, no me queda en el mundo nada donde me pueda arrimar, y ésta ha
-sido la causa de mi venida para informar dello al Rey católico que haya
-sancta gloria, y á ésto estoy esperando á Vuestra Majestad; y así, á
-Vuestra Majestad suplico, por la parte del daño grande que me cabe, sea
-servido de lo entender y mandar remediar, porque en remediallo Vuestra
-Majestad cognoscerá cuán señalado provecho y servicio á su real Estado
-se seguirá.» Cesó el Almirante de hablar, y levantóse el Obispo de
-tierra firme y suplicó por licencia para tornar á hablar. Consultaron
-al Rey los dos que solian, con el modo y ceremonias ya declaradas, y
-respondió el Gran Chanciller al Obispo: «Reverendo Obispo, Su Majestad
-manda, que si más teneis que decir, lo deis por escrito, lo cual,
-despues se verá.» Levántose luégo el Rey, y entróse en su cámara, y no
-hobo en ésto por entónces más: todo ésto pasó allí estando yo presente.
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-CAPÍTULO CL.
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-Parece convenir que se refiera aquí la opinion que aquel Obispo tuvo
-destas gentes de las Indias, y de las obras que en ellas hicieron
-nuestra gente de España, para declaracion de aquello que el Obispo
-dijo ante el Rey, que los indios eran siervos _a natura_. Esto
-parecerá por un tractado que compuso en latin é dedicó á un licenciado
-Barrera, médico, muy su amigo, el cual me lo dió á mí, porque lo era
-tambien mio, en el cual movió y determinó dos cuestiones: la una, si
-la guerra que se habia movido y hacia contra estas gentes era justa:
-_Utrum bellum hactenus contra indos Occeani maris insulas incolentes
-sit justum._ La segunda cuestion, si los captivos en aquellas guerras
-fuesen esclavos legales: _Secundo, utrum capti in hoc bello sunt servi
-legales._ La primera cuestion responde: ser las guerras injustas
-por defecto de autoridad, porque ni el Papa tal autoridad dió en la
-concesion que hizo á los Reyes destas Indias, y los reyes de Castilla,
-no sólo nunca tal autoridad dieron por palabra ni por escrito, pero
-muchas veces y por muchas instrucciones, mandamientos y exhortaciones,
-lo prohibieron, y dice así en su tractado: _Sed in donatione qua
-Summus Pontifex, tan quam universalis dominus, has barbaras nationes
-catholico regi Ferdinando dedit et donavit, aut ejus prudentissimo
-et sapientissimo regimini commisit, non invenitur mandatum tacitum
-vel expressum de bello indicendo contra illos. Nec ipse serenissimus
-atque catholicus Rex, alicui gubernatorum seu exercitus ductorum, de
-quampluribus ab ipso missis ad instruendum pacificandum reducendumque
-præfatos indos ad obedientiam Sedis apostolicæ et suæ cælsitudinis
-nomine præfatæ Sedis, tale bellum verbo vel scripto mandavit; immo
-hoc prohibuisse notum est aspicienti ejus exortationes et mandata,
-in scriptis quibus instrui jussit suos gubernatores et capitaneos, ut
-benigne et pacifice dictis barbaris suaderent monita salutis multum
-sibi conferentia audire et eis obtemperare sub aseveratione quod eis
-in nullo essent molesti, insuperque uxores filios et quæque sua forent
-ipsis conservabuntur intacta, et a quibuscumque, si quos habuissent
-adversarios, redderent securos. Si ergo auctoritas Principis ad justum
-bellum requiritur, sequitur quod omnia bella mota contra jam dictos
-barbaros injusta sunt, et per privatas personas, non solum sine
-auctoritate Principis immo contra ejus multiplicem prohibitionem._ Lo
-mismo prueba ser injustas las dichas guerras por no haber intervenido
-causa justa, que habia de ser que nos hobiesen ofendido, infestado,
-turbado y robado alguna cosa, que no nos la quisiesen restituir,
-ó satisfacer, por la injuria que nos hobiesen hecho, y dice así:
-_Sed isti de quibus est sermo nec nostra possidebant, nec in aliquo
-unquam nobis infesti seu molesti fuerunt, nec nostris impedimentum
-prestarunt ubicumque declinare voluerunt, antequam male et crudeliter
-tractarentur. Cum igitur, his non obstantibus, eos impugnarent et
-invaserint et hucusque invadere non cessant, eorum bona in prædam
-et personas in captivitatem redigendo, nulla auctoritate Principis
-freti, nec causa justa ejus movente, bene manifestum est bellum
-hactenus motum contra sæpe dictos barbaros esse injustum._ Cuanto á la
-cuestion segunda, «que los indios tomados en aquellas guerras no sean
-ni pudieron ser esclavos,» conclúyela desta manera: _Cum ergo, ut ex
-dictis patet in secundo quæsito, nullo modo per quamcumque personam
-cujuscumque condicionis potuit indici justum et proprium bellum contra
-præfatos indos, nulla in eis culpa precedente; sequitur quod capti in
-tali bello non sunt servi eorum qui eos cæperunt, nec capientes possunt
-eis juste dominari et per consequens talis dominatio est tiranica,
-et capti non sunt servi lege justa sed oppresiva_, etc. Dice despues
-más abajo que no sean tampoco siervos _a natura_: _Et quod non sint
-servi a natura probatur quonian ad hoc quin aliquis sit natura dominus
-vel natura servus tria requiruntur; primum, quod dominus prudentia et
-ratione excedat servum et quod servus omnino deficiat et careat his,
-scilicet prudentia et ratione: secundum, quod sit tantæ utilitatis
-dominus servo quantæ servus domino: tertium, quod servus natura non
-cogatur per quemcumque indiferenter servire domino natura, sed solum
-per Principem aut publicam personam._ Despues de explicadas las dichas
-tres condiciones que se requieren para que uno sea siervo por _natura_,
-dice así: _Si ergo, ista tria requiruntur ad dominium et servitutem
-naturalem, luculenter apparet quod sic capti in injusto bello, quod
-est indictum sine auctoritate Principis, et sine justa causa motum,
-non possunt effici servi legales, et capientes sunt potius dicendi
-latrunculi et oppresores quam domini; qua eadem ratione non possunt
-esse servi natura, cum requiratur autoritas Principis determinantis et
-constituentis illos qui sunt aptitudine domini ut actu dominentur, et
-eos qui sunt aptitudine servi ut actu pareant et serviant. Privantur
-ergo juste hujusmodi oppressores, ne de his quod vi ceperunt et
-oppreserunt possunt veluti de re possessa disponere, quod est habere
-secundum legalem quem vulgo sclavum appellant; privantur insuper ne
-idem superati et victi eisdem tyrannis et invasoribus commendentur et
-donentur, ut ex illis aliquam possint consequi utilitatem, quod est
-habere servum naturalem qui vulgari vocabulo dicitur naboria. Injustum
-est enim ut dominus natura instituatur ille qui solum suam et non servi
-quærit utilitatem._ De aquí parece que el Obispo no asigna otra razon
-por donde los indios no los pudieron tener los españoles encomendados
-por siervos _a natura_, sino porque no los declaró el Rey por siervos
-_a natura_, y tambien, aunque cortamente al cabo lo dice, porque los
-españoles no los tractaban de tal manera que les fuesen tan provechosos
-como los indios lo eran á ellos, y así, por falta de las dos cosas
-que se requerian para que fuesen siervos por _natura_, dice que los
-españoles no los pudieron tener encomendados justamente, y por tanto
-eran tiranos é invasores injustos. De manera que supone en lo que dice,
-los indios ser de sí, que es tener aptitud é habilidad, ó por claro
-hablar, ser incapaces de se gobernar, y así ser siervos de _natura_,
-y que el Rey los pudiera declarar por tales, y por tanto, dalles á
-los españoles, con tanto que les fueran tan útiles cuanto á ellos los
-indios; á ésto podemos decir en favor de los españoles, que la hora
-que el Rey daba los repartimientos ó encomiendas, ó las permitia dar,
-era visto dárselos por siervos por _natura_, pero nunca Dios quiera que
-tal intencion el Rey ni la Reina católica jamás tuvieran, como parece
-arriba, libro II, en el cap. 14, y donde se puso á la letra la Cédula
-real, de la cual ocasionalmente se introdujeron los repartimientos que
-llamaron despues encomiendas, sin tal mandar tácita ni expresamente,
-ni pasalle por el pensamiento; de manera, que sólo el Comendador Mayor
-de Alcántara, despues de la Reina muerta, contra expreso mandado de la
-dicha católica Reina, por su propia autoridad fué el inventor dello.
-Tornando al propósito deste señor Obispo de tierra firme, aunque
-supone, como dije, ser los indios siervos _a natura_, pero no lo prueba
-ni lo aplica, las condiciones y razones que el Filósofo pone donde
-lo alega, que es en el libro I de su Política, para que una persona
-ó personas sean siervos por _natura_, á los indios, y creo yo que no
-osó aplicallas, porque no halló convenirles á los indios, y cualquiera
-le pudiera con la experiencia y verdad mostrar el contrario, y que
-si él viera que les convenian claro lo dijera. En ésto me maravillo
-cómo se ofuscó su entendimiento viendo él manifiestamente que los
-indios se sabian regir, y tenian sus pueblos y Reyes y reinos, y ésto
-será manifiesto por lo que abajo se dijere; allende ésto, el buen
-Obispo parece haber errado la intencion del Filósofo, por no penetrar
-la médula de su sentencia. Las condiciones ó cualidades que ha de
-tener el hombre para ser siervo por _natura_, son, segun el Filósofo,
-principalmente que carezca de juicio de razon, y como mentecato ó cuasi
-mentecato, y finalmente, que no se sepa regir. Esto se prueba porque
-dice allí Aristóteles, que el tal ha de diferir tanto del comun modo
-de razon que los hombres discretos y prudentes tienen, como difiere el
-cuerpo de la ánima y la bestia del hombre; por manera, que así como el
-cuerpo no es capaz de se regir á sí ni á otros, ni la bestia á sí ni
-á las otras sino por el ánima y por el hombre, así el que es siervo
-por _natura_, ni á sí ni á otros sabe ni puede saber regir, sino es
-por las personas prudentes, que son, por la prudencia y buen juicio de
-razon, señores, ó por mejor decir, Gobernadores de otros por _natura_.
-Las señales que tienen los siervos de _natura_ por las cuales se pueden
-y deben cognoscer, son que la naturaleza les dió cuerpos robustos y
-gruesos y feos, y los miembros desproporcionados para los trabajos,
-con los cuales ayuden, que es servir, á los prudentes; y las señales
-para cognoscer los que son señores ó personas para saberse gobernar á
-sí mismos y á otros, la naturaleza se las dió, y éstas fueron y son,
-los cuerpos delicados y los gestos hermosos por la mayor parte, y los
-órganos de los miembros bien dispuestos y proporcionados. Todo ésto es
-del Filósofo y tráelo el mismo Obispo en aquel tractado, aunque en ésto
-no concluye al propósito nada.
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-CAPÍTULO CLI.
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-Pues trayendo lo susodicho todo al propósito, que los indios todos,
-como él supone que lo son, no sean siervos _a natura_ pruébase
-claramente mostrando todo el contrario. Manifiesto es que estas gentes,
-en todas estas Indias, las hallamos en pueblos y grandes pueblos
-pobladas, que es señal y argumento grande de razon; hallámoslas con
-señores poderosos que las regian y gobernaban, hallámoslas pacíficas
-y en sus repúblicas ordenadas, y que cada uno de los vecinos tenia
-y gozaba de su hacienda, y casa y estado. Esto era imposible, ni
-conservarse tanta gente ayuntada sin paz, ni la paz sin justicia, como
-es todo ésto averiguado. Las señales, pues, que tienen de libres,
-y no de siervos, por _natura_, tambien lo declaran, porque por la
-mayor parte son de muy buenas disposiciones de miembros y órganos
-de las potencias, proporcionados y delicados, y de rostros de buen
-parecer, que no parecen todos sino hijos de señores, y son de muy
-poco trabajo por su delicadez, y bien parece pues con los trabajos en
-que los habemos puesto han perecido tantos millares: desto habemos
-escrito largo y probado en nuestro libro _De unico vocationis modo
-omnium gentium ad veram religionem_, capítulo 4.º Item, sin la prueba
-susodicha, que bastaria, pues hace evidencia de ser aquestas gentes
-libres y no siervas por _natura_, pruébase tambien por lo que dice y
-añide allí el Filósofo, de los bárbaros que son propiamente siervos
-por _natura_, entre los cuales no hay principado natural, porque no
-tienen órden de república, ni de señorío, ni subjecion, conviene á
-saber, no tienen señores naturales, porque no hay entre ellos quien
-tenga prudencia gubernativa, ni prudencia electiva para elegir entre sí
-señor ó regente quien los gobierne, ni tienen leyes porqué se rijan,
-y obedezcan y teman, ni quien prohiba, ni castigue, ni tienen cuidado
-de la vida social, sino que viven como cuasi animales. Pero todo el
-contrario vemos en los indios, como es manifiesto, porque ellos tienen
-Reyes y señores naturales, tienen órden de república, tienen prudencia
-gubernativa y electiva, porque elijen los Reyes que los rijan; tienen
-leyes por que se rijen á que obedecen y temen, y á quien los corrija y
-castigue, tienen gran cuidado de la vida social, luégo no son siervos
-por _natura_. Terceramente se prueba lo mismo por esta manera: ser los
-hombres siervos por _natura_, es ser estólidos y santochados, y como
-mentecatos y sin juicio, ó con muy poquito juicio de razon, segun lo
-que se colije de lo que allí dice dellos el Filósofo, y ésto es como
-monstruo en la naturaleza humana, y así han de ser muy poquitos, y por
-maravilla, como los monstruos por maravilla se hallan en todas las
-especies de las cosas, segun parece por experiencia; porque un hombre
-ó un animal, por maravilla nasce y es cojo, ó manco, ó con un ojo, ó
-con más de dos, ó con seis dedos, ó con ménos de cinco y con otros
-defectos desta manera, y lo mismo es en los árboles y en las otras
-cosas criadas, que siempre nascen y son perfectas, segun sus especies,
-y por maravilla hay monstruosidad en ellas, que se dice defecto y error
-de la naturaleza, y mucho ménos y por más maravilla ésto acaesce en la
-naturaleza humana áun en lo corporal, y muy mucho ménos es necesario
-que acaezca en la monstruosidad del entendimiento, ser, conviene á
-saber, una persona loca, ó santochada ó mentecata, y ésto es la mayor
-monstruosidad que puede acaecer, como el ser de la naturaleza humana
-consista, y principalmente, en ser racional, y por consiguiente sea
-la más excelente de las cosas criadas, sacados los ángeles, y que sea
-monstruosidad los semejantes defectos del entendimiento, dícelo el
-Comentador en el libro III «De ánima.» _Error, inquit, intellectus et
-falsa opinio ita se habet in cognitionibus, sicut mostrum in natura
-corporali._ Pues como los monstruos en la naturaleza corporal de todas
-las cosas criadas, acaezcan por gran maravilla, y, por razon de la
-dignidad de la naturaleza humana, mucho ménos acaezca hallarse monstruo
-cuanto al entendimiento, conviene á saber, ser alguna persona loca,
-mentecata, santochada y careciente de conviniente juicio de razon para
-se gobernar, y éstos sean los que por naturaleza son siervos, y estas
-gentes sean tan innumerables; luégo imposible es, aunque no hobiésemos
-visto por los ojos el contrario, que puedan ser siervos por _natura_, y
-así, monstruos en la naturaleza humana, como la naturaleza obre siempre
-perfectamente y no falte sino en muy mínima parte, como el Filósofo
-prueba en el libro II. _De cælo et mundo_, y en otros muchos lugares.
-Y ésto confirma bien claro á nuestro propósito, Sancto Tomás, en la
-primera parte, cuestion 23, art. 7.º, _ad Tertiam_, donde dice, que el
-bien proporcionado al comun estado de la naturaleza, siempre acaesce
-por la mayor parte y falta por la menor, como parece que los hombres,
-por la mayor parte se hallan tener suficiente ciencia y habilidad;
-falta, como son los que moriones y locos ó mentecatos se llaman. Esto
-es de Sancto Tomás. Ofúscase, pues, el Obispo de tierra firme haciendo
-á todos estas tan infinitas naciones siervos por naturaleza, viendo
-él claramente lo contrario, y por ésto creo yo que no osó aplicar las
-calidades de los tales siervos que el Filósofo trae, por ver que por
-ninguna manera convenian á los indios, y así pasó disimulando. Erró
-asimismo, á lo que parece, en la intencion del Filósofo, porque el
-Filósofo dos cosas pretende allí enseñar; una, que la naturaleza, como
-no falte en las cosas necesarias á la vida humana, así como proveyó
-de inclinacion á los hombres para ser sociales y vivir muchos en un
-lugar, fué necesario proveer que algunos naturalmente fuesen hábiles
-para poder á otros regir é gobernar, y de aquellos se eligiesen los
-que gobernasen, porque muchos juntos no pudieran vivir vida quieta y
-sin confusion, si entre ellos no hobiera quien los gobernara. Pero no
-se entiende que todos los que por naturaleza son prudentes, sean luégo
-señores de los que ménos saben, porque si así fuése, muchos Reyes
-serian siervos de sus vasallos, ni se sigue tampoco que todos los que
-tienen poco entendimiento, luégo sean siervos de los que más saben,
-porque así todo el mundo se turbaria y confundiria, y si el Obispo
-entendió que nosotros, por ser más sábios y políticos que estas gentes,
-aunque ellos tuviesen como tenian sus policías ordenadas, los podiamos
-señorear por razon de ser siervos por _natura_, erró en la intencion
-del Filósofo que sólo quiso enseñar haber proveido la naturaleza,
-entre los hombres y en todas las naciones, muchos prudentes y de buen
-juicio de razon para los otros gobernar, como es manifiesto y queda
-bien probado; pues ningun reino ni provincia, ni pueblo, en islas y en
-tierra firme hallamos, que no tuviese su Rey é señor natural, mediato
-ó inmediato; luégo no son siervos por _natura_ estas naciones, para
-que nosotros, aunque seamos más hábiles, las debamos señorear, ántes,
-en verdad, que en muchas partes destas Indias tenian muy mejor manera
-de gobierno, cuanto sin fe del verdadero Dios se puede alcanzar, que
-nosotros, y por consiguiente, por aquesta razon, más justamente y segun
-_natura_ pudiéramos servilles y ellos señorearnos. Lo otro, que el
-Filósofo allí enseña, es, que para cumplir con las dos combinaciones
-ó compañías necesarias de la casa, que son marido y mujer, y señor y
-siervo, proveyó la naturaleza de algunos siervos por _natura_, errando
-ella que les faltase el juicio necesario para se gobernar por razon,
-y les diese fuerzas corporales para que sirviesen al señor de la
-casa, de manera que á ellos, siervos por _natura_, fuese provechoso
-y á los que por _natura_ fuesen señores dellos, que es ser prudentes
-para gobernar la casa, porque imposible ó cuasi imposible es la casa
-poderse conservar sin siervo, ó por naturaleza ó habido por guerra,
-y cuando no lo hay, otra persona por su soldada que sirva, y en los
-pobres, que ni siervo ni mozo de soldada puedan tener, en lugar dellos
-se socorre con un buey arador, ó con otro doméstico animal. Así lo
-dice allí el Filósofo; y desto segundo ninguna cosa toca los indios,
-porque no son santochados, ni mentecatos, ni sin suficiente juicio de
-razon para gobernar sus casas y las ajenas, como queda declarado y
-probado. Desta materia dejamos escrito en nuestra Apología, escrita
-en lengua castellana, y en latin en el libro _De unico vocationis
-modo_, etc.; y otro libro en lengua tambien castellana, cuyo título
-es Apologética Historia, donde pongo muy en particular y á la larga
-las costumbres, y vida, y religion y policía, y gobernacion, que todas
-estas naciones tenian, unas más y otras ménos, y todas, empero, que
-mostraron ser hombres razonables y no siervos por _natura_, como el
-Obispo dijo. Dejadas algunas pocas que áun no habian llegado á la
-perfeccion de ordenada policía, como antiguamente todas las del mundo
-á los principios de las poblaciones de las tierras estuvieron, pero no
-por eso carecen aquellas de buena razon para fácilmente ser reducidas á
-toda órden y social conversacion, y vida doméstica y política.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLII.
-
-
-Tornando á proseguir la historia del Obispo de tierra firme, salido
-de palacio hizo dos memoriales, el uno, por el cual daba noticia de
-las matanzas y estragos y crueldades que habia visto de hacer en
-aquella parte de tierra firme donde habia estado, y en que habia él
-tenido parte, al ménos en el oro robado, y áun en las muertes que se
-perpetraban, enviando, como arriba dijimos, á sus criados con las
-cuadrillas que iban á saltear y robar y captivar las gentes pacíficas
-que estaban en sus casas, y en aqueste memorial puso que se habian
-muerto en hacer los navíos en la mar del Sur, que Vasco Nuñez hizo,
-500 indios, y su Secretario me dijo á mí que más murieron de 2.000,
-y que el Obispo no quiso poner más de 500 por parecerle que no lo
-creerian si dijera tantos. El otro memorial contenia los remedios que
-le parecia que debian ponerse para que aquellos males y daños cesasen,
-conviene á saber, que no se hiciesen más entradas, que eran aquellos
-salteamientos para robar y captivar, y que de los pueblos que se habian
-traido, aunque por fuerza y violencias y matanzas de paz, y los que
-por vía pacífica más se atrajesen, se pusiesen en pueblos, y allí se
-ordenasen de manera que tuviesen alguna libertad y acudiesen al Rey
-con tributo. Finalmente, la órden que daba era, en sustancia, la que
-el Clérigo tantos años habia que persuadía y daba, salvo que, como
-más experimentado el Clérigo que el Obispo, más por delgado y mejor
-la particularizaba; decia más, que él señalaria persona que tomase
-cargo de poner aquella órden y que gastaria de su hacienda 15.000
-castellanos sin que el Rey pusiese de la suya nada. Este fué, segun
-creimos, Diego Velazquez, el que gobernaba la isla de Cuba por el
-Almirante. Hechos sus memoriales, fuése á comer un dia con el Gran
-Chanciller para dárselos despues de la comida, y dalle mayor noticia y
-razon de lo que en ellos decia, y porque la materia era donde se habia
-de tractar tambien del Clérigo, de su demanda dijo el Gran Chanciller
-á Mosior de Laxao, como sabia que se habia de holgar, que se fuese
-á comer con él, porque tenia tambien al Obispo de tierra firme por
-convidado, y que se habia de tractar de las Indias, y por fuerza se
-habia de tocar en micer Bartolomé. Aceptó Mosior de Laxao el convite,
-aunque lo tenia él mejor de la cocina y tambien de la mesa del Rey,
-por su oficio de Submilier, y comian con él los más principales de la
-Cámara del Rey é otras personas de mucha calidad. Despues de comido,
-mete consigo en su cámara, el Gran Chanciller, á Mosior de Laxao y al
-Obispo, y sacados sus memoriales, el Obispo, léelos, y en cada cosa
-se para dando della la razon; donde aclaró cuanto le fué posible las
-crueldades que habia visto en aquellas gentes de tierra firme hacer,
-y la despoblacion que quedaba hecha de aquellas tierras y haciéndose
-tambien, la insensibilidad ó crueldad de los que la gobernaban y habian
-gobernado, y destruido y destruian: esto, cuanto á la materia del
-primer memorial; cuanto á la del segundo, que contenia los remedios,
-dió razon tambien de cada uno, y engrandeció la persona de Diego
-Velazquez, y ofreció su buena voluntad y hacienda que tenia para poder
-servir en aquello al Rey. Oido y visto todo lo que el Obispo dió por
-escrito en sus memoriales, y las razones que de todo dió, por el Gran
-Chanciller y Mosior de Laxao, quedaron muy contentos y alegres, por
-ver y saber que todo lo que daba por escrito y decia por palabra, no
-era otra cosa sino confirmar y autorizar todo lo que el clérigo micer
-Bartolomé afirmaba y decia, y nunca el Clérigo tanto, segun se cree,
-habia exajerado las matanzas y estragos que en aquella tierra firme se
-habian cometido y cometian cuanto los agraviaba el Obispo. No contentos
-con lo dicho, el Gran Chanciller y Mosior de Laxao, que no cabian
-en sí por el favor que resultaba para el Clérigo, pero en especial
-le preguntaron que qué le parecia del negocio que pretendia micer
-Bartolomé; respondió que muy bien, y que traia justicia y andaba por
-el camino de Dios. Desta respuesta quedaron los dos más contentos que
-si á cada uno se diera mucho haber, tanto era el amor que al Clérigo
-tenian, no, cierto, porque los habia cohechado, porque no tenia con
-qué, como fuese pobre y muy pobre, sino que como caresciesen de propio
-interese y estuviesen libres y limpios sus entendimientos de la basura
-y cataratas de la cudicia, vian que el negocio que el Clérigo traia
-era claramente justo y pío. Desta plática, que allí el Obispo tuvo,
-resultó mucho mayor crédito que se dió al Clérigo, por ver que los que
-se le habian mostrado por enemigos, por lengua y escrito confesaban lo
-que él decia, y parecia que con sola la fuerza y virtud de la verdad
-que traia á todos vencia. Esto pasado aquel dia, el Clérigo fué á
-la noche á ver al Gran Chanciller para oler qué habia de la junta y
-comida del Obispo con aquellos señores sucedido, y así como entró, con
-alegre rostro, el Gran Chanciller, de dos candeleros de plata que en la
-mesa tenia, dió el uno con los dos memoriales del Obispo al Clérigo,
-diciéndole que se apartase á una parte de su cámara y los viese. El
-Clérigo los leyó muy bien leidos, y vuelto al Gran Chanciller, dijo:
-«Suplico á vuestra señoría que me dé esa péndola.» Dijo el Gran
-Chanciller: «¿para qué?;» respondió: «para firmarlos de mi nombre,» y
-añidió: «¿Hé dicho yo más á vuestra señoría desto, que aquí el Obispo
-confiesa? ¿qué más crueldades, y matanzas y destruicciones de aquella
-tierra hé yo referido á vuestra señoría que éstas? Luégo verdad es
-lo que yo digo, y no lo compongo ni finjo, y pluguiese á Dios que no
-fuese tanto como es y ha sido; pero no es así, ni con mil partes una
-de lo que ha pasado y pasa se dice.» Respondió el Gran Chanciller con
-mucha dulcedumbre, consolando al Clérigo, como persona llena de virtud,
-diciendo: «Yo espero en Dios que este negocio ha de salir á buen fin.»
-Cada dia desde allí crescia el crédito con el Gran Chanciller y Mosior
-de Laxao, y éstos lo referian todo al Rey, é el Rey estaba muy bien
-con micer Bartolomé, y sino tuviera la priesa que el Rey tuvo, ya
-electo Emperador, para se partir de España y proseguir el intento de
-Emperador, cierto, bien fueran dichosas las Indias, y el Clérigo fuera,
-por la obra, no como quiera favorecido. El Obispo se fué al lugarejo
-donde posaba, una legua de allí, é cayó luégo enfermo de calenturas,
-segun creo, y desde á tres dias murió, y díjose que hasta la muerte,
-desde que se sintió que estaba en peligro, no hizo sino predicar las
-excelencias de Nuestra Señora, segun que las sabia él siempre con gran
-elocuencia decir, é sus defectos, con humildad suplicándole que no se
-olvidase dél. Fué muy notada y notable su muerte por éste buen fin
-della, y por ser á tal tiempo, habiendo primero significado la verdad
-de las cosas malas destas Indias, que él habia cuasi como aprobado
-contra lo que el Clérigo decia, y haber el Clérigo en su honor, que
-pareció haberle derogado, restituido.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLIII.
-
-
-En este año de 1519, y allí en Barcelona, negociaban los hacedores de
-unos mercaderes, segun creo, de Toledo, que tenian arrendada la cruzada
-y la habian enviado á estas islas, que se declarase si podian por las
-Bulas componer de los bienes habidos y ganados con los indios y de los
-indios, porque avisaron los otros hacedores que acá tenian, que, si
-de lo habido de Indias y con indios se podian componer, se ganarian
-muchos más dineros. Entónces era Comisario general el cardenal Adriano,
-que despues fué Papa. Puesta la demanda ante el Cardenal, cometió la
-declaracion della á los dos hermanos Coroneles, doctores parisienses y
-de grande autoridad, doctosísimos, y no faltó quien los avisó que no
-comunicasen cosa desto con el clérigo Casas, y aunque eran ellos sus
-amigos así lo hicieron. Los cuales, usando de la comision, estuvieron
-quince dias disputando y confiriendo ambos á dos, solos dentro de su
-casa, y saliéndose al campo, y finalmente, se resolvieron al cabo
-dellos en dar la respuesta y solucion de la duda por las proposiciones
-siguientes:
-
-«Primera proposicion.--Si absolutamente los mineros se señalaban, á
-quien los tomaba, por mandado del Rey, para que de allí hobiese el oro
-que pudiese cierto tiempo, todo lo que de allí hobo en aquel tiempo fué
-suyo propio, aunque lo hobiese con excesivo trabajo de los indios, y
-sin dalles de comer lo necesario ni pagarles la soldada, y áun siendo
-por aquello causa de su muerte, porque aquellos son pecados por sí,
-é gravísimos, como adelante se dirá, mas no son causa que lo que se
-adquiere no sea de quien lo adquirió, porque los fructos que coge un
-señor de su tierra suyos propios son, aunque los haya con excesivo
-trabajo de los jornaleros, é sin dalles de comer lo necesario ni
-pagarles el justo jornal, y aunque de allí redundase muerte dellos.
-
-»Segunda proposicion.--Los cristianos que á los indios que trabajaban
-en los mineros á ellos señalados no han dado de comer lo necesario,
-y no les han pagado la soldada debida y han sido causa de su muerte,
-demás de haber gravemente pecado, son obligados á hacer satisfaccion y
-restitucion de tres cosas, del mantenimiento, y de la soldada, y de la
-vida.
-
-»Tercera proposicion.--No siendo vivos aquellos á quien no se dió
-suficiente mantenimiento, ni se pagó el debido jornal, ó no son
-cognoscidos aunque vivan, ni padre ni madre dellos, ni hermano
-ni hermana, ni hijos ni hijas, ni sobrinos ni nietos, ni otros
-cualesquiera que puedan ser sus herederos, la facultad de componerse,
-comprende aquellas dos cosas: queremos decir, que es materia de
-composicion lo que se dejó de dar para el mantenimiento y por el
-jornal, porque allí está clara la obligacion de satisfacer ó restituir,
-é no se cognosce á quién, etc.
-
-»Cuarta proposicion.--Cuanto á lo tercero de la restitucion é
-satisfaccion de la vida, nos parece, consideradas todas las cosas,
-que la más proporcionada manera y más competente de satisfacion y
-restitucion á que un próbido y cuerdo confesor deberia obligar los
-tales delincuentes, es que contribuyan para guerra contra infieles, ó
-que ellos mismos vayan á ella, porque pues que fueron causa de por su
-culpa que muriesen hombres que pertenecian á la república cristiana, es
-muy justa razon, que pues fué por haber oro, que con ello contribuyan
-para la aumentacion de la cristiana religion y estirpacion de sus
-enemigos, ó que ellos mismos vayan á ello.
-
-»Quinta proposicion.--Por cosa muy conveniente, tenemos que los que
-á lo sobredicho son obligados, contribuyesen con alguna cantidad de
-aquel oro que hobieron para alguna reparacion y restauracion de aquella
-destruccion, que en aquellas partes, por su culpa, ha sucedido, no
-para provecho particular, sino para lo comun, porque pues ellos han
-sido causa de grandes males en aquellas comunidades, obligados parece
-quedar á hacer algo para el reparo de aquellos. A lo ménos este consejo
-les es muy saludable, y para el sosiego, y reposo, y saneamiento de sus
-conciencias muy provechoso.»
-
-Estas cinco proposiciones fueron de los dichos dos hermanos doctores
-parisienses, y por entónces, en París y en España, muy estimados por
-buenos y por doctos, y así, en la forma que está dicha las escribieron
-de su mano, y yo las tengo en latin y en romance, de la misma letra del
-uno dellos ó de ambos, y há que las guardo con otros papeles de aquel
-tiempo, cerca de las cosas destas Indias, cuarenta y un años. Y es aquí
-de saber, que al principio no hicieron más de las cuatro proposiciones,
-las cuales en latin llevaron al cardenal Adriano, como era Comisario
-general de la Cruzada, y él los habia dado el cargo que aquesta materia
-tractasen y disputasen, como dije, y vistas, dijo el Cardenal: _Domini
-doctores, videtur mihi aliquid addendum vestris propositionibus.
-¿Quid, reverendissime domine?_ dijeron ellos. Respondió el Cardenal:
-_Quod ea quæ restituenda sunt expendantur in eisdem locis ubi patrata
-sunt mala, dummodo in communem cedat satisfactio utilitatem._ Donde
-parece que el Cardenal, como fuese sumo teólogo, fué de opinion que la
-satisfaccion se debe hacer en los lugares donde los daños se hacen, y
-así lo tiene Sancto Tomás en la distincion quindécima del Cuarto, en
-la solucion de un argumento, aunque algunos doctores no lo hilan en
-este punto tan delgado. Visto, pues, por los hermanos Coroneles á donde
-el Cardenal tiraba, añidieron la quinta proposicion de la manera que
-está asentada; y ésta no pusieron en latin, sino en romance, y ellos
-mismos me lo dijeron á mí esto que con el Cardenal pasaron. Cuanto á
-la primera proposicion, que es el fundamento de las demas, es tambien
-aquí de saber que los dichos doctores Coroneles muy superficialmente la
-tractaron, no penetrando los fundamentos de la ley natural y divina que
-es el _basis_ de toda esta materia, ántes suponen ciertos principios,
-que para la restitucion de los daños que se han cometido en estas
-Indias se deben dejar por extraños; y en ésto se engañaron, porque no
-léjos están los ejemplos que pusieron de ser á la restitucion, tocante
-á los indios agraviados en estas partes, semejantes. Los ejemplos son
-de aquellos que lo que adquieren se llama _turpe lucrum_, conviene
-á saber, que se adquiere con pecado, pero aquel pecado no obliga á
-restitucion, como es del señor que coge los fructos de su tierra con
-excesivos trabajos de sus súbditos, y los de los jugadores, y tahures,
-y truanes, y otras maneras semejantes, cuya adquisicion y ganancia no
-se prohibe por alguna ley humana ó divina, sino sólo el pecado con que
-se adquiere, y hay tanta diferencia destos tales ejemplos y ganancias,
-cuanto á la restitucion, á la que se debe hacer á los indios, como del
-cielo á la tierra, porque ninguna cosa de lo que se adquirió en esta
-isla, de las maneras dichas, de los indios y se adquiere, ni un sólo
-maravedí fué ni es suyo, de los españoles que los oprimen y destruyen,
-oprimieron y destruyeron, porque no es ni fué _turpe lucrum_, sino pura
-y cualificada rapiña y tiranía; cuyo contrario dijeron los doctores
-Coroneles, porque, como dije, no ahondaron para hallar los naturales
-fundamentos, suponiendo principios impertinentes. Esto parecerá,
-placiendo á Dios, en nuestro tractado «De restitucion» en latin
-escrito; en el libro I y II, _De unico vocationis modo omnium gentium
-ad veram religionem_; y en suma parece en nuestro Confesionario en
-romance, ya impreso, mayormente en el Confesionario nuestro, grande,
-que no está impreso.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLIV.
-
-
-Por este tiempo y año de 19 sobre 500, fué despachado Hernando
-de Magallanes en Barcelona para descubrir la Especería, á cuyo
-descubrimiento se habia ofrecido y ofreció, no por el camino que
-seguian los portugueses, sino por cierto estrecho de mar que tenia por
-cierto que descubriria, como fué arriba dicho en el cap. 101. Hízoles
-el Rey merced del hábito de Santiago al Magallanes y al bachiller Ruy
-Faleiro, y ciertas mercedes si cumpliesen lo que habian prometido,
-y creo que al Ruy Falero hizo merced de 100.000 maravedís por su
-vida en la casa de la contratacion de Sevilla, porque no quiso ir al
-viaje con Magallanes por algunos respetos que tuvo; y díjose que de
-miedo del Magallanes, ó porque riñeron, ó porque lo cognoscía, que la
-compañía de Magallanes, donde mandase, no le convenia. Finalmente,
-despues de partido Magallanes, ó quizá ántes, perdió el seso tornándose
-loco el Ruy Falero. Dióse en Sevilla á Magallanes todo lo que pidió,
-conviene á saber, cinco navíos muy bien proveidos de bastimentos, y
-armas y rescates, y 230 hombres, y algunos más, no llegando á 40,
-entre marineros y pasajeros, con cuatro oficiales del Rey. Gastáronse
-en su despacho de la hacienda del Rey, creo que, 21.000 ducados y no
-llegaron á 25.000. Partió de Sant Lúcar de Barrameda por el mes de
-Setiembre del mismo año de 1519, al cual dejemos aquí hasta que abajo,
-si place á Dios, refiramos el suceso de su viaje á su tiempo. A esta
-sazon vino á la corte un marinero llamado Andrés Niño, que se habia
-criado en las navegaciones destas Indias con su padre y otros deudos,
-mayormente en la tierra firme. Este se halló con 2.000 castellanos mal
-ó bien habidos, que entónces eran por riqueza tenidos, y tomóle gana de
-descubrir tierra por la mar del Sur, porque hasta entónces adelante de
-Natá, que es frontero de Veragua, y lo que anduvo Gaspar de Espinosa
-por tierra, y Hernan Ponce por la mar, que descubrió hasta el golfo de
-Chira, tierra y mar de Nicoya y de Nicaragua, como se dijo en el cap.
-71, de la tierra ni de la mar cuál fuese no se sabia. Este marinero
-para alcanzar su deseo, como sintió que á él no le darian el cargo sólo
-de aquel descubrimiento, juntóse con un hidalgo y caballero, criado del
-obispo de Búrgos, y dél no poco querido, llamado Gil Gonzalez de Avila,
-que habia sido contador del Rey en esta isla, y persuadióle que pidiese
-aquesta empresa, y que él con su hacienda le ayudaria, con que partiese
-con él de las mercedes y provechos que de aquel descubrimiento se
-siguiesen; el Gil Gonzalez no rehusó la carrera, porque no le sobraban
-las riquezas, y así lo pidió y lo alcanzó como lo quiso, y otra cosa
-mayor alcanzara por tener por señor al Obispo. Pidió, por aviso de
-Andres Niño, los navíos que habia hecho para descubrir el Perú Vasco
-Nuñez de Balboa, con mucha sangre de indios, que estaban en el puerto
-de Sant Miguel ó Bahía, segun arriba se dijo, y en la obra dellos quizá
-se habia hallado el Andres Niño. Obligóse Gil Gonzalez de descubrir
-desde el dicho golfo de Chira adelante cierto número de leguas á costa
-de Andres Niño; hiciéronle Gobernador de lo que descubriese, con otras
-mercedes, y no supe el concierto y qué de aquellas mercedes habia de
-caber á Andres Niño, y así se partieron de Barcelona el año de 19
-sobre 500. Por estos dias tambien tractó el clérigo Bartolomé de las
-Casas con el Almirante de las Indias D. Diego Colon, que se ofreciese
-al Rey, á su costa, edificar de cien en cien leguas una fortaleza por
-mil leguas de la costa de tierra firme, y en ella pusiese 50 hombres
-para tractar y contractar, que llamamos rescatar, con los indios, y
-trujese dos ó tres carabelas, que siempre anduviesen visitando las
-fortalezas, y que habiendo traido por buena conversacion los españoles
-á los indios á su amistad, que por la costa del mar hobiese primero,
-y de allí los de la tierra dentro, por ejemplo de aquellos, viniesen
-á la misma conversacion y contractacion y amistad, hiciese la tierra
-dentro á trechos convenientes otras fortalezas, y así, el tiempo
-andando, por toda la tierra firme; de donde manifiesto era que se
-aseguraran todas las gentes della, y se supieran los secretos de la
-tierra, y se hobiera todo el oro y riquezas ya cogidas y sacadas de
-muchos años atras, y se diera cudicia á los indios de sacar más de
-las minas, todo por contezuelas, cascabeles, y agujas y alfileres, y
-entre estas comedias, los religiosos y celosos de predicar y dilatar
-la fe, poco hay que adivinar el fructo que en la cristiandad hicieran,
-y cuánto sacrificio de ánimas Dios por ésta vía rescibiera; y este
-medio daba el Clérigo para que el negocio que él habia propuesto ante
-el Rey, muy mejor porque con mayor fundamento, y más fácilmente porque
-con más caudal como el Almirante podia ponello, se hiciera, como es
-manifiesto. Pero no fué digna España que se atajasen los insultos,
-y violencias, y robos, y estragos, y matanzas que habia comenzado á
-hacer en estas tierras, sino que por todo aqueste tan vasto orbe,
-prosiguiese con las mismas detestables obras, y con ellas le acabase
-de destruir, é hiciese ante tanta infinidad de naciones, de que estaba
-lleno, el nombre de Jesucristo increiblemente, ántes de cognoscido,
-heder. Visto, pues, el Almirante, medio y traza tan manifiestamente
-razonable, y, segun probabilidad moral, muy cierta para que todo este
-orbe se redujese á la cristiandad y á la subjecion del rey de Castilla,
-de donde le venia por consiguiente al mismo Almirante incomparable
-temporal interese (porque pretendia, y con justa razon y justicia, en
-todas estas Indias extenderse las mercedes que por sus previlegios le
-habian hecho los Reyes), aceptólo luégo, y tratando de lo que pediria
-por este ofrecimiento, y gastos que habia de hacer, con su hermano
-D. Hernando Colon y con el Clérigo, parecia al D. Hernando que sobre
-todo debia de contractar con el Rey el Almirante que le concediese la
-gobernacion perpetua de toda la tierra donde hiciese las fortalezas. Y
-como ésto fuese el punto que principalmente se tractaba en el pleito
-que el Almirante tenia con el fiscal del Rey, que arriba hicimos
-mencion, decia el Clérigo que no se debia pedir ni tocar en aquella
-tecla que era muy odiosa, mayormente habiendo sobre ella pleito
-pendiente, y que debia de pedir las mercedes todas las que quisiese,
-que razonables fuesen, las cuales, sin duda, el Rey le concediera
-como el Clérigo asistiera en ello, y lo aprobara diciendo que aquel
-era el medio para mejor efectuarse el fin que pretendia y negocio que
-habia puesto, y que sirviendo el Almirante en aquello mucho, como en
-la verdad servir pudiera, el Rey despues, lo uno por ésto, y lo otro
-por la justicia que en la verdad tenian sus privilegios, la cual entre
-varones doctos y amadores de la verdad, dudosa no era, le satisfaciera
-más complidamente. Pero prevaleció el parecer de D. Hernando, que no
-quiso que el Almirante se obligase á hacer lo susodicho, sin que el
-Rey le concediese el dicho gobierno; el Clérigo les dijo que tuviesen
-por cierto que el Rey no lo admitiria, como quiera que el obispo de
-Búrgos habia de intervenir con los demas para este Consejo: y así fué,
-que dada la peticion por parte del Almirante, llegado á aquel punto
-no curaron della. Era el D. Hernando docto en cosas de cosmografía y
-de historias que llaman de humanidad, por lo cual, el Almirante, su
-hermano, le daba demasiado crédito, y no fué chico el yerro que ambos,
-el uno en dar el parecer y el otro en seguillo, hicieron, ni el daño
-que la casa y estado del Almirante rescibió dello. ¡Oh, si por este
-camino entraramos en estas tierras, cuál fructo Dios y la universal
-Iglesia, y no sólo España, pero todo el mundo rescibiera! gran dolor
-y angustia sería para cualquiera prudente ánimo que lo considerase,
-si bien lo entendiese. Y porque ya entraba el año de 1520, y el Rey
-concluyó las Córtes y se partió de Barcelona, ya electo Emperador,
-para se embarcar en la Coruña é ir á Flandes, no hay en este año de
-19 que referir, tocante á las Indias, de lo acaecido en los reinos de
-Castilla.
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-CAPÍTULO CLV.
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-Estando el Rey de partida de Barcelona para Castilla, y de allí á
-la Coruña, donde se aparejaba la flota de cien naos para se volver
-á Flandes, llegaron los tres padres de Sant Hierónimo desta isla
-Española, y queriendo besar las manos al Rey é hacelle relacion de
-cómo la tierra quedaba, nunca, ni en Barcelona, ni por el camino, ni
-en Búrgos, donde celebró, dia de Sancto Matías, su nascimiento, ni en
-Tordesillas, donde fué á ver á la Reina, su madre, y ellos pensaron
-que allí los oiria, pudieron jamás hablalle; acordaron, visto ésto, de
-se ir cada uno á su monasterio y no pasar adelante. El clérigo Casas
-todo lo atribuia al juicio de Dios, que no quiso que fuesen oidos del
-Rey ni se hiciese dellos caso, pues tan poco remedio dieron á los
-opresos indios, por quien se esperaba que habian de ser remediados,
-teniendo el remedio en las manos; y pareció tambien algun indicio
-deste juicio, despues algunos años, que siendo electo en Obispo desta
-ciudad de Sancto Domingo el fray Luis de Figueroa, que habia sido el
-principal de todos tres, cuanto á las cosas de su Órden, y Prelado
-dellos, porque lo abonaron algunos que de la opresion y angustias de
-los indios poco habian sentido, no quiso Dios que pasase acá porque
-murió siendo electo. Todo esto decimos cuanto á lo que tocaba al
-oficio que trujeron de poner remedio en la libertad de los indios, á
-los cuales ningun bien hicieron ántes erraron muy gravemente, segun el
-juicio de los hombres, Dios sabe si tuvieron excusa ante su divinal
-acatamiento de sus yerros, pero cuanto á sus personas no dudamos que
-fuesen religiosos buenos. Llegado el Rey á la Coruña, ocurrieron
-grandes ocupaciones ordinarias de todos aquellos reinos, como el Rey
-se iba, mayormente que se comenzaron á levantar algunas ciudades á
-voz de comunidad, por lo cual estuvo el Rey allí dos meses, y tambien
-porque por todos ellos siempre hizo contrarios tiempos. El Clérigo
-daba priesa que se determinase su negocio ántes que el Rey se fuese,
-y por medio del Gran Chanciller y de Mosior de Laxao, dedicáronse los
-siete postreros dias y precedentes, _inmediate_ á la partida del Rey,
-para entender y despachar los negocios concernientes á las Indias;
-entre los cuales hizo clamores el Clérigo contra el obispo de Búrgos,
-porque habia sido causa de que aquel Berrio se fuese, sin licencia y
-sin órden del Clérigo, á sacar labradores, oficio que, para sólo, no
-sabia, segun arriba dejamos dicho, porque supo el Clérigo que habia
-enviado 200 ánimas á esta isla, sin tener cédula del Rey ni despacho
-alguno para que los socorriesen llegando á esta isla, como estaba
-proveido, porque, como ya queda dicho, lo primero y principal que se
-requiere proveer, cuando se quisiere poblar de gente de Castilla, y en
-especial de labradores, alguna destas tierras, es tenerles proveido
-donde se aposenten y para un año al ménos de comida, porque como llegan
-flacos y trabajados de la mar, y enfermos algunos (y si no luégo
-enferman, despues, hombres, ó mujeres ó niños), y con ésto no traen
-un maravedí, si el Rey no les provee hasta que ellos puedan trabajar
-y tener de suyo, téngase por cierto que toda la más de la gente que á
-estas tierras viniere perecerá, como siempre segun habemos visto ha
-perecido. Por los clamores que el Clérigo dió, y por la buena voluntad
-que como cristiano tenia el Gran Chanciller, se mandó y proveyó que
-luégo se enviase á esta isla Española 3.000 arrobas de harina, y 1.500
-arrobas de vino, para que se repartiesen por los labradores que Berrio
-habia enviado tan sin órden y refrigerio; las cuales, llegadas á esta
-isla, ya no se halló á quien repartillas, porque unos eran muertos, y
-otros idos desta isla, y otros hechos taberneros, y así desbarató toda
-la dicha poblacion que tan necesaria era, la cual, si se prosiguiera,
-fuera esta isla otra España, y tuviera hoy sobre 200 y 300.000 vecinos,
-de donde resultara ser nuestra antigua España felicísima con ella.
-Tornando á la Historia, en los siete dias que dije haberse dedicado
-para en que se tractasen y concluyesen los negocios del dicho Clérigo,
-juntarónse muchas veces todos los Consejos del Rey que se hallaron
-presentes, como siempre el Rey los mandaba juntar, á tractar dellos;
-hobo muchas disputas y muchos apuntamientos cerca de la justicia y de
-los agravios, y daños, y perdimiento destas indianas gentes, dello por
-la gran ignorancia que en aquellos tiempos los Consejos todos, por la
-mayor parte, cerca desta materia padecian, ignorando los principios y
-reglas de la ley natural y divina que eran obligados á saber; dello,
-por ventura, por algunos de los que intereses pretendian y los perdian
-si se ponian en libertad los indios; dello, quizá, por salir algunos
-con sus erradas opiniones y por la afrenta que por haber errado
-la gobernacion y mal recaudo que pusieron á estas gentes temian.
-Finalmente, en cierta sesion que se tuvo en uno de aquellos siete dias,
-el cardenal Adriano, que despues fué Papa, hizo á todos una solemnísima
-y doctísima oracion, probando por razones naturales, autoridades de la
-Ley divina y de los sanctos doctores, de los derechos, y leyes humanas,
-y eclesiásticas, cómo aquestas gentes infieles habian de ser traidas
-al cognoscimiento de Dios y al gremio de su sancta Iglesia por paz, y
-amor, y vía evangélica, segun la forma por Cristo establecida, y no
-por guerra ni servidumbre, tácitamente condenando la vía mahomética
-que en entrar en estas tierras nuestra gente Española habia tenido.
-Fué de tanta eficacia esta oracion del sancto Cardenal, que todos, ó
-al ménos los más, consintieron y alabaron su católica doctrina, y si
-algunos hobo que disentiesen della por las causas dichas, al ménos
-ninguno hobo que le osase ni supiese contradecir, porque manifiesto
-era que ninguno de los que allí se hallaron presentes tenia letras,
-aunque habia varones doctos, que le pusiesen en presuncion de pensar
-podelle con razones sólidas argüir; por manera, que allí se determinó,
-que los indios generalmente debian ser libres, y tractados como
-libres, y traidos á la fe por la vía que Cristo dejó establecida.
-Determinóse tambien que al Clérigo se diese el cargo de la conversion
-de las gentes que vivian en aquella parte de tierra firme que habia
-señalado, por la manera que la pedia, segun arriba parece en el cap.
-130 con los siguientes, en especial el capítulo 132, donde están los
-capítulos de la capitulacion que hizo con el Rey. Luégo el obispo de
-Búrgos envió á llamar al clérigo Casas, y juntó consigo el Obispo á
-Hernando de Vega, y al licenciado Zapata, y á Francisco de los Cobos,
-secretario, y otros del Consejo Real, y tratando con el Clérigo en
-pró y en contra, el pró defendiendo él, y el contra, limitando y
-estrechando el poder al Clérigo y toda la negociacion, el Obispo y
-los demas (aunque no con tanto rigor, sino muy diferentemente de la
-manera que de ántes habia tenido el Obispo, como via que toda la
-congregacion de los letrados lo habia determinado, y tambien porque ya
-parecia que se le habia mitigado el enojo que solia tener del Clérigo
-por los tártagos que tantas veces le habia causado), finalmente, se
-acabó la capitulacion en buena paz, señalando por límites de la tierra
-que se le encomendaba desde la provincia de Paria inclusive hasta la
-de Sancta Marta exclusive, que son de costa de mar, leste gueste, 260
-leguas pocas más ó ménos, y ambos á dos límites, corriendo por cuerda
-derecha, hasta dar á la otra costa del Sur ó Mediodia, que son, como
-despues ha parecido, más de 2.500 leguas por la tierra dentro, porque
-no hay otra mar hasta el estrecho de Magallanes. Y así, no queriendo el
-obispo de Búrgos conceder cien leguas que pedia el Clérigo para que,
-sin los impedimentos que los españoles han dado y daban y suelen dar,
-los frailes predicasen y convirtiesen aquellas gentes, como pareció
-arriba en el cap. 104, fué forzado á conceder y firmar 2.000. Firmó
-el Rey la dicha capitulacion, como arriba se dijo, á 19 dias del mes
-de Mayo, en la ciudad de la Coruña, año de 1520 años. Resultaron de
-la dicha capitulacion muchas provisiones y Cédulas, que despues de
-partido el Rey se despacharon, que el Clérigo pidió para ejecucion
-y cumplimiento de todo lo capitulado, las cuales el Obispo despachó
-alegremente, quedando en el mismo cargo que ántes estaba, no con
-nombre de Presidente sino de principal, que usaba el oficio dél como
-siempre lo habia tenido desde que se descubrieron las Indias, segun ha
-parecido, porque hasta estos tiempos no habia formado título de Consejo
-de las Indias, sino que el Obispo llamaba del Consejo Real ciertos de
-Consejo, los que los Reyes pasados católicos mandaban ó habian para
-ello nombrado ó elegido. Trató muy bien, despues de partido el Rey,
-al Clérigo el Obispo, no mirando los enojos que dado le habia, en lo
-cual mostró ser generoso y de noble ánimo, como el Clérigo quedase
-sin favor alguno despues del Rey ido y todos los flamencos que hacian
-por él y por la verdad que estimaban que traia. El dia que el Rey se
-embarcó, fué el Clérigo á ver al cardenal Adriano, que dejó el Rey
-por Gobernador de aquellos reinos de España, y tambien destas Indias,
-y el Cardenal, que salia de la Cámara á la sala y con él el Obispo
-de Almería, que solia ser, licenciado Sosa del Consejo Real, y habia
-entendido muchos años ántes en las cosas de las Indias con el Obispo
-y los demas, y favorecia siempre la verdad que el Clérigo traia, dijo
-al Clérigo: «Besá aquí las manos á su reverendísima señoría, porque él
-sólo os ha libertado todos los indios.» Respondió el Clérigo riendo,
-como no agradeciéndolo mucho, pues el Cardenal era como cristiano:
-_Ad plura tenetur, reverendissima dominatio sua, Deo et proximis,
-quia unicuique mandavit Deus de proximo suo._ Dijo entónces tambien
-sonriendo el Cardenal: _Ad minus debetis mihi vestras orationes._
-Va luégo el Clérigo con toda reverencia y humillacion á besalle las
-manos, diciendo: _Ego jam dicavi me prorsus obsequio et obedientiæ
-vestræ reverendissimæ dominationis, in quo proposito usque ad mortem
-inclusive perseverabo._ De donde parece cuál pudo ser la oracion que en
-el ayuntamiento de los Consejos hizo, y de cuánta eficacia, pues por
-ella todos se determinaron á seguille, y en favor de la libertad destas
-gentes todos los más votaron. Pero como el Rey se fué, y el Clérigo
-no pudo más sustentarse en la corte, faltó todo mamparo, y así no se
-guardó nada de cuanto allí se determinó, sino robarse y proseguirse
-la tiranía y las guerras que llamaron conquistas, las muertes, los
-robos, los extragos cada dia creciendo, despoblando y yermando de sus
-infinitos moradores estas tierras, con la ceguedad y crueldad pasada,
-y mayor que de ántes. Y ha sido despues acá, tanta la ignorancia
-inexcusable, especialmente en los del Consejo que el Rey ha siempre
-para tractar estos negocios nombrado, que han perecido hasta hoy, que
-es el año de 1560, sobre 40 cuentos de almas, y más de 4.000 leguas de
-tierra despoblado, cosa nunca jamás otra oida, ni acaecida, ni soñada,
-segun que abajo parecerá, si la divina providencia y bondad diere vida
-para contallo. Y como el obispo de Búrgos quedó con el mismo cargo que
-de ántes, parece que si él llevara adelante lo en aquella congregacion
-de la Coruña determinado, las tiranías y matanzas, y destrucciones
-y perdicion destas Indias se hobieran estorbado. Yo, gran temor
-tengo, que como siempre hobiese al bien de los indios sido contrario
-(quizá, cierto, no por malicia, sino pensando que acertaba, porque
-no era letrado y seguia la ignorancia y errores de los letrados),
-que todos los males y daños por nuestros españoles perpetrados se
-le hayan imputado. Haya placido á Dios que tantas crueldades, tan
-facinorosísimos pecados y perdiciones de ánimas no hayan sido á su
-cargo.
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-CAPÍTULO CLVI.
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-Venido el Cardenal, Gobernador de aquellos y estos reinos, y los
-Consejos, á Valladolid, hiciéronse todas las provisiones que el
-Clérigo pidió para complimiento de la dicha capitulacion y aviamiento
-de su viaje necesarias, y partióse para Sevilla, donde halló quien le
-prestase dineros, porque todo lo que tenia habia, en idas y venidas
-desta isla Española á España y estada en la corte, gastado. Llevó
-cierto número de labradores para comienzo de la poblacion que habia
-de hacer, gente llana y humilde como era menester para que concordase
-con la simplicidad y mansedumbre de los indios. Diéronle amigos
-muchos rescates de cuentas de diversos colores, y otras cosas de
-menudencias, para dar graciosamente á los indios y atraellos al amor
-y conversacion suya, y de los que habian de meter en aquella tierra
-consigo. Partió de Sant Lúcar de Barrameda, levantando las velas, dia
-de Sant Martin, á 11 de Noviembre del mismo año de 1520; llegó á la
-isla de Sant Juan, que llaman de Puerto-Rico, con buen viaje, donde
-halló nuevas que los indios de la costa de Chiribichi y Maracapana,
-de que arriba dejamos hecha mencion, habian muerto á los frailes de
-Sancto Domingo que les estaban allí predicando. Estos pueblos y estas
-provincias eran las que tenía el clérigo Casas por principal comienzo
-y principio de su conversion y espiritual negociacion, por tener allí
-los religiosos hechas sus casas y estar predicando. Fuéle al Clérigo
-de grande angustia y dolor viendo el impedimento tan cierto y eficaz
-de la prosecucion de su fin y de los religiosos por que tanto habia
-trabajado. Tuvo tambien relacion que el Audiencia real de Sancto
-Domingo, sabida la muerte de los frailes, hacia cierta armada de gente
-de guerra para ir contra aquellas provincias y hacelles guerra á fuego
-y á sangre, y hacellos esclavos en venganza y castigo de la muerte de
-los dichos religiosos, cosa, que por toda esta isla, y áun por todos
-los españoles mundanos que en estas Indias viven ó vivian entónces,
-era muy deseada, conviene á saber, que haya causa verdadera ó colorada
-para hacer guerra á estas gentes, por hacellos esclavos. Estando cierto
-desto y que en breve llegaria en la dicha isla de Sant Juan la dicha
-armada, acordó allí esperalla para probar si con los requerimientos que
-le hiciese, pudiese, ó impedilla ó templalla. Llegó el armada despues
-de pocos dias; hizo el Clérigo sus requerimientos al Capitan della,
-que era un caballero llamado Gonzalo de Ocampo, por virtud de las
-Provisiones reales, que no pasase de allí para la tierra firme que por
-el Rey traia él encomendada, á hacerles guerra ni otros daños; y que
-si habian muerto algunos frailes y estaban alzados, á él competia el
-atraellos y asegurallos, y á ellos no castigallos, mayormente habiendo
-sido causa de aquella muerte los insultos y tiranías de los españoles
-que cada dia les hacian, robándolos y cautivándolos y matándolos. El
-Capitan respondió que obedecia las provisiones y reverenciaba, pero
-que cuanto al cumplimiento no podia dejar su jornada ni de hacer lo
-que el Audiencia real le mandaba, y que ella le sacaria, de lo que
-hiciese por aquel mando á paz y á salvo; y así se partió el armada para
-la tierra firme á hacer esclavos, que era todo su fin, y el Clérigo á
-esta isla Española á echar los que iban de allá. Compró un navío en 500
-pesos de oro, para comenzar su negocio, en aquella isla de Sant Juan,
-fiado, en que vino á ésta, porque como conocieron todos el gran cargo
-y favores que traia del Rey, é la mucha tierra rica de oro y de perlas
-encomendada, y que ninguno podia entrar en ella sin su licencia, muchos
-habia y hobo que por esperar dél ser aprovechados se le ofrecieron de
-le ayudar con dineros, y le ayudaron. Antes que se partiese de allí
-puso la gente labradora que trujo en este recaudo, conviene á saber,
-rogó á los vecinos de la ciudad de Puerto-Rico que recogiesen los
-labradores hasta que él tornase, de cuatro en cuatro y cinco en cinco
-en sus estancias ó granjas sustentándolos, lo que por aquel tiempo no
-fué mucho gasto, y ellos lo hicieron y cumplieron de buena voluntad.
-Antes que de aquí pasemos adelante, será bien referir la causa por qué
-y la manera como los indios mataron en aquella costa ó provincia dos
-frailes que mataron. Un pecador de hombre, llamado Alonso de Hojeda,
-que moraba en la isleta de Cubagua, donde se pescaban las perlas, y
-en ella debia hacer lo que los otros teniendo los indios por fuerza
-en aquellos detestables trabajos, deseoso de hacer esclavos como los
-demas, para que les sacasen perlas de la hondura de la mar, acordó,
-con otros como él, de hacer un romeraje, que fué ir por la costa abajo
-y saber dónde comian los indios por allí carne humana, para, con este
-achaque, por paz ó por guerra, captivar los que pudiesen y llevallos
-por esclavos. Halló para ésto hartos compañeros, consintiendo en ello
-y autorizándolo, á lo que creimos, el Alcalde de los españoles que
-allí los gobernaba; métense en un barco ó carabela de las que por allí
-trataban quince ó veinte galanes, y van siete leguas de allí la costa
-abajo, á parar al puerto de Chiribichi, que los religiosos de Sancto
-Domingo, como arriba dijimos, pusieron nombre Sancta Fe, y hicieron una
-casa con sus propios y grandes trabajos, y donde á la sazon estaban dos
-religiosos siervos de Dios, el uno sacerdote y el otro fraile lego,
-porque los demas eran idos á la misma isleta de Cubagua á predicar á
-los españoles, que no tenian mucho ménos necesidad que los indios de
-ser doctrinados. Saltaron en tierra los del barco, tan seguros como
-podian entrar en sus propias casas, porque cinco años habia que allí
-estaban los frailes y tenian con su ejemplo de santidad todas aquellas
-provincias tan pacíficas seguras y llanas, que no lo podian estar
-más; íbase un solo español cargado de rescates tres y cuatro leguas,
-la tierra dentro, y se volvia sólo cargado de lo que habia rescatado,
-y los mismos que ésto hicieron me lo afirmaron. Fuéronse luégo al
-monasterio, rescibiéronlos los frailes con grande alegría y consuelo
-como á ángeles, lo uno por la caridad que en ellos, cierto, vivia;
-lo otro, porque como solos entre indios estaban, naturalmente de ver
-españoles de su naturaleza se holgaban; dánles de merendar, huélganse
-de platicar con ellos un rato; dicen que quieren hablar al señor del
-pueblo que se llamaba Maraguáy, la penúltima sílaba luenga. Este señor
-era hombre de su natural fiero, sabio y recatado, y que no del todo
-estaba satisfecho de las costumbres de los españoles, sino que pasaba y
-disimulaba las cosas que hacian por tener en su tierra los frailes como
-por fiadores de los cristianos; enviáronlo á llamar (ó los frailes,
-ó el Alonso de Hojeda que iba por Capitan de la carabela ó barco),
-que estaba en su pueblo, un arroyo de agua en medio. Venido el señor
-Maraguáy, apartóse Hojeda con él y otro que iba por Veedor y otro
-escribano, y en presencia del Maraguáy pidió Hojeda un pliego de papel
-y escribanía al religioso, que era Vicario de la casa, y dióselo con su
-simplicidad y váse. Comienza Hojeda y los demas á preguntar á Maraguáy
-si sabía que algunas gentes de sus alrededores comian carne humana; el
-cual, como oyó preguntar por quien comia carne humana, de que tenía
-experiencia que á los tales los españoles hacian guerras y llevaban por
-esclavos, alteróse mucho mostrando enojo, y dijo en su lengua, «no, no
-carne humana, no carne humana»; y levantóse, no queriendo más con ellos
-hablar. Ellos disimularon y quisiéronlo aplacar lo mejor que pudieron,
-pero quedó él desto muy resabiado é indignado, entendiendo que buscaban
-achaques, ó para contra él urdir algun mal ó daños, ó á sus vecinos,
-parientes ó aliados. Despidiéronse de los frailes, por ventura quedando
-los frailes sin saber nada desto en su simplicidad; y tornados en su
-carabela ó barco, van cuatro leguas de allí la costa abajo, á un pueblo
-llamado Maracapana, donde señoreaba un señor que habian puesto los
-españoles nombre Gil Gonzalez, por haber venido á esta isla Española,
-y haberle hecho buen tractamiento un Contador del Rey que aquí hobo
-llamado Gil Gonzalez. Este señor de Maracapana no era ménos prudente
-que Maraguáy, el cual miraba bien las obras de los españoles, y vivia
-lo mismo, recatado, catado, pero siempre hospedaba graciosamente y con
-mucha alegría á los españoles que venian á su pueblo y casa. Llegados,
-pues, á Maracapana, desembarcáronse, y salió el señor Gil Gonzalez
-con toda su gente á rescibillos con mucho placer, y dánles de comer y
-regocíjanlos, como solian, y tractan con ellos con dulce y amigable
-conversacion; fingió el Hojeda y su compañía que venian á rescatar, ó
-comprar maíz ó grano para pan, de los tagáres, la penúltima luenga, que
-era la gente serrana que vivia en las sierras, tres leguas de allí, y
-descansado aquel dia partióse Hojeda, con 15 ó 20 de los que traia, la
-sierra arriba, dejando algunos en guarda de la carabela. Rescibiéronlos
-los tagáres ó serranos como si fueran sus propios hermanos, y como
-todas las gentes deste orbe siempre acostumbraron á rescibir á los
-españoles, ántes que dellos rescibiesen males y agravios; dícenles que
-les vendan 50 cargas de maíz, y 50 hombres que se las traigan hasta el
-pueblo de Gil Gonzalez, Maracapana, que estaba en la ribera de la mar
-y que allí les pagarian el maíz y el corretaje. No dudaron mucho los
-tagáres en les conceder lo que demandaron ni se pusieron en regatear.
-En una hora fué todo el maíz allegado, y hechas las cargas, y los
-hombres que las trujeron aparejados y cargados, y llegaron con ellas al
-pueblo de Maracapana un viérnes en la tarde. Luégo, en llegando, en una
-plaza echan las cargas en el suelo y tiéndense á descansar (mayormente
-donde la tierra es caliente como aquella y ellos tienen poca ropa
-que se desnudar), tan seguros como si entraran en sus propias casas.
-Estando así descuidados, echados descansando, cércanlos disimuladamente
-los españoles, desenvainan las espadas y comienzan á los querer
-atar; vistas las espadas, levántanse, quieren huir, dan en ellos los
-españoles, á unos matan, á otros cortan brazos, á otros piernas, otros,
-por no morir hechos pedazos, están quedos y déjanse atar; destos,
-metieron en la carabela treinta y cinco ó treinta y tantos, y Hojeda
-con ellos, y sus compañeros los demas; y ésta fué la paga del comercio
-que hicieron nuestros españoles con los serranos tagáres, y tambien el
-galardon del corretaje. Bien se podrá desta obra colegir é adevinar,
-qué alegría rescibiria Gil Gonzalez, señor de Maracapana, y todo su
-pueblo, y qué podia el otro dia esperar de nuestros cristianos, y si
-aquella injuria que se hizo á Gil Gonzalez, señor de Maracapana, en
-su pueblo señorío, y casa, so cuya proteccion confiando vinieron los
-tagáres, y quizá que eran sus vasallos, adquirió derecho de castigalla:
-bien creemos que ningun prudente, aunque no sea letrado lo negará,
-mayormente siendo señor que no recognoscia superior, segun creemos,
-Gil Gonzalez. Vista esta matanza y maldad tan horrenda y desaforada,
-Gil Gonzalez, sintiéndola como la razon natural lo dictaba, hizo
-luégo sus mensajeros por toda la provincia y las demas, haciéndoles
-saber lo que pasaba, y dentro de cuatro horas se apellidó toda la
-tierra, y creemos que se supo y voló la nueva por 20 leguas, yendo
-los mensajeros como volando de mano en mano; y parecióles á todos,
-que, para del todo quitar que no fuesen los españoles á inquietallos,
-era bien matar los frailes, teniéndolos por culpados en aquel hecho,
-como vian que los españoles cada vez que por aquella costa pasaban, se
-iban á aposentar y refrescar, y holgar, y platicar con los frailes, y
-vieron ó entendieron que habian dado papel y escribanía cuando Hojeda
-en el pueblo de Chiribichi preguntó el dia de ántes al señor Maraguáy
-si por aquella tierra se comia carne humana, y así acordaron que si el
-domingo siguente (cuando los cristianos huelgan y salen á tierra de los
-navíos á espaciarse, de lo cual ya tenian experiencia), salia Hojeda de
-la carabela con su gente, los mataria Gil Gonzalez, y Maraguáy aquel
-dia matase los frailes, y desde adelante, todos puestos en armas, de
-cuantos españoles en la tierra entrasen no diesen la vida á nadie.
-Esto así determinado, no esperó Hojeda á salir el domingo á tierra,
-sino el sábado de mañana, con su poca vergüenza y temeridad como si
-no hobiera hecho nada; por lo cual la divina justicia no acordó de
-esperallo más. Desembárcanse él y otros 10 ó 12 de sus compañeros,
-quedando los demas guardando los indios presos en la carabela; sálelos
-Gil Gonzalez á rescibir á la playa con alegre rostro, como si no
-hobiera pasado nada, y llegando á las primeras casas del pueblo, que
-estaban junto al agua, salieron mucha gente armada, con sus arcos y
-flechas, y otras armas como porras, que estaba en celada, y dieron en
-ellos y mataron al Hojeda, con otros cuantos pudieron, sino fueron
-pocos, que, echándose á la mar, fueron y llegaron á la carabela nadando
-y así se escaparon. Desembarazados los indios de la muerte que dieron
-á Hojeda y los demas, fueron en sus canoas ó barcos á combatir la
-carabela, pero no pudieron prevalecer por se defender bien dellos los
-españoles, y alzar las velas y huir, que fué el remedio principal.
-El Maraguáy no se dió tanta priesa en matar los frailes, porque como
-los tuviese como corderos en corral, dejólos vivir hasta otro dia
-domingo, como se habia determinado, y así otro dia domingo, estando el
-religioso ya vestido para decir misa, y el otro fraile lego confesado
-para comulgar, llamó Maraguáy á la campanilla, y fué el lego á ver
-quién llamaba, abrió la puerta, y luégo allí lo mataron, sin sentir
-nada el que estaba encomendándose á Dios para celebrar en el altar, al
-cual llegan por detras, y dánle con un hacha por medio de la cabeza,
-y así los enviaron á ambos á rescibir la Sancta Comunion, donde ya no
-debajo de las especies sacramentales como en esta vida se rescibe el
-cuerpo y sangre del hijo de Dios, pero se ve y adora, gusta y goza en
-aquella vision beatífica toda la Santísima Trinidad; y, cierto, se
-puede piadosamente creer que nuestro Señor aceptó aquella su muerte en
-lugar y obra de martirio, pues la causa de su estada y trabajos allí no
-era ni fué sino predicar y fundar y dilatar la sancta fe católica; pero
-guay de quien de aquella injusta muerte fué causa, y el impedimento que
-puso á que aquellas gentes no fuesen alumbradas por la predicacion, y
-se convirtiesen á su Criador y redentor. Quemaron luégo el monasterio
-y cuanto en él habia, y mataron á flechazos un caballo que tenian los
-religiosos para traer un carreton, con que se servian é ayudaban en
-las cosas necesarias. Súpose luégo este desastre por dicho de indios
-en la isleta de Cubagua; salieron della luégo dos ó tres barcos llenos
-de españoles armados, y fueron la costa abajo; hallaron toda la costa
-puesta en armas, y porque no osaron saltar en tierra tornáronse, y
-ésta fué la causa de haber muerto aquellos frailes, y la órden el cómo
-y el cuándo los mataron. Venida la relacion á la Audiencia, ordenaron
-ir á castigar y despoblar aquella tierra, trayendo la gente della por
-esclavos, segun arriba dijimos, con este achaque, para lo cual se
-hizo la dicha armada de 300 hombres, pocos ménos, en cinco navíos, y
-gastáronse en ella, de la hacienda del Rey, diez ó doce mil ducados ó
-pesos de oro.
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-CAPÍTULO CLVII.
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-Tornando al clérigo Bartolomé de las Casas, visto que no quiso el
-Capitan de la armada dejar de proseguir su romería, partióse luégo en
-su navío para esta isla Española y ciudad de Sancto Domingo; el que
-muchos no quisieran ver, porque ya era por todas estas tierras odioso
-por saber que pretendia libertar los indios, y librallos de las manos
-de sus matadores, en que todos, pocos que muchos, los españoles tenian
-parte, al ménos en desear y procurallo servirse dellos por hacerse
-ricos, lo que el padre Clérigo estorbaba, no porque le pesase de sus
-riquezas, sino que por adquirillas no destruyesen aquestas gentes que
-no les debian nada, y por ello ellos mismos se condenasen. A su tiempo
-presentó sus provisiones ante el Almirante y los Jueces de apelacion y
-oficiales del Rey, que eran cuasi diez por todos, que llamaban entónces
-la Consulta, los cuales para negocios señalados todos se juntaban.
-Requirióles lo primero, que las hiciesen apregonar con la solemnidad
-debida y acostumbrada, lo cual, despues de obedecidas por ellos, el
-Almirante y todos los de la Consulta, con toda la ciudad, presentes,
-con trompetas las mandaron apregonar en las cuatro calles, que es el
-lugar más público y solemne de aquella ciudad; principalmente una
-Provision real se apregonó, que ninguno fuese osado de hacer mal ni
-daño ni escándalo alguno á las gentes moradoras de aquellas provincias,
-dentro de los límites que llevaba encomendados el dicho Clérigo, por
-donde viniese algun impedimento á la pacificacion y conversion que iba
-á hacer, sino que los que por la costa pasasen y quisiesen contratar y
-rescatar con la gente della, fuese muy pacífica y amigablemente, como
-con súbditos y vasallos de los reyes de Castilla, guardándoles toda
-verdad en lo que con ellos pusiesen, so pena de perdimiento de todos
-sus bienes y las personas á merced del Rey (y en la capitulacion se
-ponia pena de muerte), mandando á todas las justicias destas Indias que
-las secutasen en los que el contrario hicieren. Esto hecho, requirióles
-que le mandasen desembarazar la tierra que llevaba á cargo, y luégo,
-con la mayor presteza que ser pudiese, mandasen venir el armada, y que
-no hiciese guerra á los vecinos de aquella tierra, y que si habian
-muerto los frailes habia sido por los insultos de Hojeda y de los que
-le ayudaron, estimando á los frailes por enemigos partícipes de aquella
-matanza que en Maracapana hicieron, y que no tenian ellos poder para
-los castigar, y él tenia poder para asegurallos y pacificallos, para lo
-cual protestaba, etc. Respondieron, que verian en ello, y trujéronlo
-muchos dias en palabras, sin determinarse. Estaba allí un vizcaino,
-calafate que calafateaba los navíos, al cual oficio habia ganado
-algunos dineros, los cuales empleó en tener parte en navíos de los que
-andaban á saltear indios de la tierra firme y otras partes, y llegó á
-tener dos navíos suyos, y metia 50 ó 60 españoles en cada uno, á su
-costa y mision, ó admitiendo á otros en su compañía que pusiesen parte
-de los gastos, los cuales iban á la tierra firme é islas, donde más
-aína lo podian hacer, y salteando á los vecinos que estaban seguros,
-á otros tomaban asegurándolos por engaño, y así henchian los navíos
-de hombres y mujeres, y niños y viejos, y traíanlos á esta ciudad,
-y vendíanlos por esclavos: desta granjería allegó mucho caudal este
-calafate. El cual, como vido al clérigo Casas y supo el cargo que
-traia, no le pesó ménos que si viera al diablo, porque via que se le
-habia de impedir su espiritual granjería, y sus dos navíos habian
-de buscar otro modo de granjear en que ocuparse. Este creemos que
-principalmente, y otros, comenzaron á publicar que el navío del clérigo
-Casas no estaba para navegar, ni estaba tal que se pudiese adobar, y
-porque no pereciese la gente que en él navegase, se debia echar al
-través y la mar abajo; mandó el Audiencia que se pusiesen personas que
-lo examinasen, creo que fué uno el mismo calafate y otros marineros
-y gente de aquella arte, que temian el impedimento de su saltear, y
-así condenaron al navío del Clérigo que lo dejasen ir el rio abajo por
-no estar para navegar ni ser remediable, todo para impedir el negocio
-del Clérigo, por ser á todos odioso, porque á todos, con los mismos
-Jueces y Oficiales, de aquel robar y saltear hombres cabia parte; y
-desta manera el padre Clérigo perdió 500 pesos de oro ó 500 castellanos
-que el navío le habia costado. En estos dias comenzaron á venir navíos
-cargados de indios esclavos que habia tomado en la guerra que habia ya
-hecho el Gonzalo de Ocampo, capitan, con su armada, el cual, llegado
-con ella al puerto de Maracapana, tierra y señorío de Gil Gonzalez,
-disimulando, como que venian de Castilla bozales, teniendo la gente
-toda debajo de cubierta, no pareciendo más de tres ó cuatro, vino
-luégo el Gil Gonzalez en una canoa al navío donde estaba el Capitan,
-y sin llegarse á él preguntaba qué queria, con algunos vocablos, mal
-pronunciados, castellanos; el Capitan respondia muy en castellano,
-haciendo muy del ignorante, como persona que no sabia en qué tierra
-estaba; llegóse más el Gil Gonzalez, fingen que le quieren dar pan de
-Castilla y vino y no se que más, llégase más al navío, estaba aparejado
-un marinero muy suelto y nadador, y ahorrado de ropa, y, de súbito,
-salta del navío en la canoa, y abrázase con el Gil Gonzalez, y ambos
-dan consigo en el agua, y el marinero, con una daga que por detras
-llevaba, dále ciertas puñaladas, y saltan luégo otros marineros, y
-así lo tomaron y mataron; sale luégo toda la gente española en tierra
-en sus bateles, y combaten el pueblo, matan cuantos pudieron, y todos
-los demas tomaron por esclavos, y de lo uno ó de lo otro muy pocos se
-escaparon. Muerto su señor Gil Gonzalez corrieron la tierra despues
-por allí abajo, matando y captivando cuantos hallaban, y cargando
-los navíos dellos, y enviándolos á esta ciudad; viéndolos venir el
-padre Clérigo rabiaba, y con terrible rigor lo detestaba delante el
-Audiencia, afirmando ser tiránico todo, injusta la guerra, y que no
-eran aquellos esclavos, y protestábales de tornar al Rey y de hacer que
-los castigase y que pagasen los gastos que en hacer aquella armada
-hicieron de la hacienda del Rey, sin tener comision para hacella, y
-cuantos daños en aquella tierra se hacian, y escándalos, destruyendo
-aquellas gentes, y estorbando que la fe no se les predicase, ántes
-daban causa que blasfemasen della, y aborreciesen la religion
-cristiana; de las cuales protestaciones ningun placer ni consuelo
-todos ellos tomaban, ántes temian el daño que el Clérigo les podia
-hacer, porque le cognoscian tener vigor y ánimo, y habian visto que no
-habia ido vez á Castilla que no trujese cuanto pretendia negociado,
-y siempre con favor de los Reyes ó de los que gobernaban. Pasaron en
-ésto algunos dias, y, muchas veces entre sí platicando, acordaron de
-no descontentar al Clérigo, ántes ganallo, y tambien, alguna cudicia
-mezclándoseles, tomar algun medio con él, para que desde la tierra
-firme que llevaba á su cargo él procurase los intereses que deseaban.
-Cuatro maneras de provechos pretendian haber de aquella tierra que el
-clérigo Casas llevaba: la una, la pesquería de las perlas que habia
-en la isleta de Cubagua, donde por entónces se pescaban, porque allí
-tenian los principales desta ciudad de Sancto Domingo sus casas y
-cuadrillas de indios, y dellos de los lucayos, con sus mayordomos que
-tenian cargo de aquella pesquería, con que los mataban y al cabo los
-acabaron; otra era el rescate del oro que por toda aquella costa hasta
-la provincia de Venezuela, y más adelante, por cosillas de Castilla,
-en especial hachuelas de hierro, se rescataba; la tercera, y ésta era
-la mayor y donde ponian más cuidado y de lo que tenian mayor ánsia,
-conviene á saber, poder haber muchos esclavos; la cuarta era, que como
-habian hecho muchos gastos en hacer aquella armada sin tener comision
-del Rey para hacerla, pensaron recompensarlos con favorescer al dicho
-Clérigo, de cuyo suceso bueno al Rey se recreciese provecho por su
-parte: llamaban suceso bueno que el Clérigo fuese autor y consintiese
-hacer guerra á los indios, y en ella muchos esclavos. Pues para
-conseguir las dichas cuatro utilidades, parecióles que no se podia
-mejor guiar que dando manera como tuviesen entrada ó salida en aquella
-tierra, para poder de los bienes temporales que ellos creian que habia
-en ella participar, y porque sabian que sin voluntad del Clérigo no
-podian rodeallo, y que resistiéndolo él pudieran poco aprovecharse,
-ordenaron que debian de hacer cierta compañía con él, so color de
-dalle favor y ayuda para su despacho, pues él no tenia facultad para
-se despachar por hallar todas las cosas mudadas, y así mostrar que
-lo hacian por servir al Rey como se lo mandaba, ayudándole á que su
-negociacion fuese adelante. La compañía ordenaron desta manera; que se
-hiciesen veinticuatro partes que costeasen y ganasen por igual, las
-seis fuesen del Rey y las seis del Clérigo y de sus 50 caballeros de
-espuelas doradas, que habia de escoger, y de las otras doce hobiese el
-Almirante las tres, y los cuatro Oidores que eran el licenciado Marcelo
-de Villalobos, y el licenciado Juan Ortiz de Matienzo, y Lucas Vazquez
-de Ayllon, y el licenciado Rodrigo de Figueroa, tuviese cada uno su
-parte, y los tres Oficiales, tesorero Miguel de Pasamonte y contador
-Alonso de Avila y factor Juan de Ampies las tres, y las otras dos los
-dos secretarios de la Audiencia, Pedro de Ledesma y Diego Caballero.
-Y así, el Rey contribuyó por seis partes, y el Clérigo por seis, y el
-Almirante por tres, y los Jueces y Oficiales y Secretarios cada uno por
-la suya; y de las ganancias y provechos, que imaginaban que habian de
-haber, por la misma forma habian de gozar y tener el interes. Esto así
-entre ellos determinado, enviaron á llamar al clérigo Casas, y dánle
-parte de lo que habian pensado, platicado y determinado, encareciéndole
-que lo habian así ordenado por favorecello y ayudallo. El Clérigo,
-visto que para se despachar de allí por entónces no tenía otro remedio,
-y que si no era su despacho con voluntad y beneplácito dellos nunca
-lo pudiera hacer, y que entre tanto despoblarian, trayendo esclavos,
-aquella tierra, respondió que le placia que se hiciese la compañía.
-Hízose capitulacion desta compañía, que contenia en suma lo siguiente:
-Que se le diese al Clérigo el armada que se habia enviado á hacer
-guerra á los indios, con ciertos bergantines y barcos della y todo
-lo que en ella habia, y que de la gente que habia llevado el dicho
-Capitan, que eran 300 hombres, se eligiesen 120 á sueldo y los otros
-se despidiesen; éstos habian de servir con un Capitan, y señalóse el
-mismo Gonzalo de Ocampo, para tener la tierra en paz, porque tuviese
-el clérigo Casas, con los predicadores que habia de meter consigo,
-libertad de predicar las gentes della. Y éste era el primer capítulo,
-como comienzan las santiguaderas que comienzan en Dios y acaban en su
-contrario. Otro capítulo fué para sustentar el rescate de las perlas
-y tiranía que en sacallas se hacia, aunque no lo decia el capítulo
-así, sino que fuese con voluntad de los indios, pero nunca se hizo
-sino por maravilla por su voluntad. Otro capítulo contenia, que la
-dicha compañía y armada se ordenaba para que por el dicho licenciado,
-clérigo Bartolomé de las Casas, se averiguasen las gentes y provincias
-donde se comia carne humana, y los que no querian estar en paz y en
-conversacion de los españoles, y los que no querian rescibir la fe y
-los predicadores della; y habia de decir él, «yo declaro tal provincia
-por comedores de carne humana, y tales que no quieren ser amigos de
-los españoles, y tales no quieren rescibir la fe ni los predicadores
-della», y luégo el Capitan con los 120 hombres y dalles guerra y hacer
-todos los que tomasen á vida esclavos; y ésto era todo su principal
-fin y deseo á que todo lo que hacen se ordenaba, porque pensaban
-y esperaban que el Clérigo les habia de henchir todas sus casas y
-haciendas y granjerías de esclavos. Y era tanta su ceguedad que no
-advirtieron, que habiendo andado cinco ó seis años el Clérigo, como
-todos sabian, trabajando y muriendo, yendo y viniendo á Castilla porque
-no hiciesen esclavos, y los que tenian hechos los libertasen aunque
-fuesen de los caribes ó que comian carne humana, oyéndole afirmar
-que hacellos á aquellos esclavos era tiranía, que así engañasen á sí
-mismos, que pensasen que el Clérigo habia de ser causa de aquellas
-guerras y de que se hinchiese de esclavos esta isla, señalando y
-diciendo de claro que la gente de tal provincia son caribes. Item, que
-teniendo los indios todos de aquellas provincias justísimas causas de
-perseguir y destruir, matando y despedazando, todos cuantos españoles
-pudiesen haber, por los males y daños irreparables que de ellos habian
-rescibido, que si no quisiesen ser sus amigos, sin satisfaccion y
-sin cesar de sus tiranías, que el Clérigo por ésto los hobiese de
-declarar por enemigos, y que la guerra luégo por el mismo caso se
-hobiese de seguir. Item, que si no quisiesen rescibir los predicadores,
-como si supieran la diferencia que habia de predicadores á tiranos,
-y si resistian y mataron á los frailes que verdaderamente lo eran
-predicadores, los mataran como á predicadores y no como á cómplices de
-salteadores y amigos y naturales de la misma nacion á quien ellos tanto
-tenian aborrecida, ó si los mataron por razon de odio que tuviesen á la
-fe. Item, que si no quisiesen rescibir la fe, declarándolos el Clérigo
-por tales, se les habia de hacer luégo guerra y hacellos esclavos,
-como si á palos se les hobiera de dar y contra su voluntad rescibilla,
-y luégo, en llegando el armada, con requerilles que la rescibiesen
-hobieran en el crimen _lesæ majestatis_ incurrido. Fué, pues, grande la
-ceguedad ó ignorancia, ya que no fuese malicia, de aquellos señores, en
-creer que aquellas horribles y absurdas condiciones habia el Clérigo de
-cumplir, teniéndolo por buen cristiano y no cudicioso, y que moria por
-libertar y ayudar á salvar estas gentes como lo tenian. Pero el Clérigo
-aceptó las condiciones por redimir su vejacion, con intencion de en
-todo lo que se pudiese grangear buenamente y sin pecado y perjuicio
-de los indios y de su principal negociacion, que era la predicacion,
-como del Rey traia, con ello acudilles con toda fidelidad, así como
-en los rescates del oro por toda aquella costa de mar, y con atraer á
-los indios, por bien y con dones de los rescates, que viniesen á sacar
-perlas á la isleta, y con todo lo que de provecho en la tierra hobiera,
-que no fuera para ellos de chico interese. Pero todo les pareciera poco
-sin henchilles las casas y granjerías, como dije, de esclavos indios,
-de lo que el Clérigo estaba bien desviado.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLVIII.
-
-
-En estos dias, á tantos de Mayo, año de 1521, víspera de Santa
-Catherina de Sena, murió aquel siervo de Dios, el padre fray Pedro
-de Córdoba, que trujo la órden de Sancto Domingo á esta isla, como
-arriba dijimos; murió de ético, de las grandes penitencias que habia
-hecho en su vida, en esta casa y ciudad de Sancto Domingo, rescibidos
-los sanctos Sacramentos muy devotamente, siendo Vice-provincial, de
-edad de 38 años, _consummatus in brevi explevit tempora multa, etc.
-Sapientiæ 4.º_. Predicó á su entierro, Domingo, dia de Santa Catherina
-de Sena, el padre fray Anton Montesino, de quien tambien arriba hicimos
-larga mencion, y tomó por tema, _Quam bonum et quam jocundum habitare
-fratres in unum_; y, cierto, se estimó que fué luégo ó en breve á gozar
-de Dios, en compañía de la Vírgen de Sena, beata y santa de la misma
-Órden. Tornando á nuestro negocio del Clérigo, diéronsele luégo dos
-navíos en esta ciudad y puerto de Sancto Domingo, ambos bien amarinados
-y cargados de vino y aceite y vinagre, y mucha cantidad de quesos de
-las Canarias, y otras muchas cosas de bastimentos y municiones, y
-rescates, y licencia para tomar de la isla de la Mona 1.100 cargas de
-pan caçabí de lo que el Rey allí tenía, que los indios moradores de
-aquella isleta le solian dar, y, finalmente, fué muy bien despachado
-de esta isla, y proveido de todo lo necesario para su viaje y para lo
-que en la tierra firme se habia de ordenar y tractar. Partióse deste
-puerto por el mes de Julio, año del Señor de 1521; con buen viaje
-llegó á la Mona, donde tomó el dicho pan, y de allí fué á la isla de
-Sant Juan de Puerto-Rico, donde pensó de hallar la gente labradora
-que habia traido y llevalla consigo, pero no halló alguno que llevar
-porque se habian ido con ciertos salteadores á robar y saltear indios,
-que era el oficio y granjería que más se usaba por aquellos tiempos;
-prosiguió de allí su viaje á la tierra firme, y halló al Capitan y
-gente, buscando qué robar y captivar, ocupados. Habia comenzado á hacer
-un pueblo de españoles Gonzalo de Ocampo, media legua el rio de Cumaná
-arriba, que llamó Toledo, y como los indios de toda la tierra andaban
-huyendo, y sin ellos nunca los españoles por todas las Indias se vieron
-hartos, éstos andaban hambreando, y por ésto vivian muy descontentos
-y ni quisieron poblar á Toledo, ni aunque lo llamara Sevilla no lo
-poblaran; y si mucho el Clérigo se tardara bien se creyó que se
-amotinaran, pero venido, y sabido que traia licencia para los que no
-quisieran quedar de su voluntad se tornasen, asosegáronse. Dándoles
-parte de la negociacion que el Clérigo traia, ninguno quiso con el
-Clérigo quedar; dellos, porque andaban ya cansados de montear indios,
-con muchos trabajos y hambres; otros, porque no esperaban medrar con
-él, entendiendo que en el robar y captivar indios, y en hacerles otros
-agravios acostumbrados, les habia de ir á la mano, y con temor que no
-los quisiese tener por fuerza, y les tomase los navíos donde se habian
-de tornar, nunca quisieron salir todos en tierra, sin dejar en cada
-batel ó barca de los navíos 20 hombres que los guardasen. Finalmente,
-se hobieron todos de volver á esta isla, y para el camino les mandó dar
-el Clérigo cinco libras de pan caçabí, para cinco dias que comunmente
-duraba el viaje, á cada uno graciosamente, sin ser á ello obligado,
-con lo cual y lo poco más de bastimentos que tenian en los navíos se
-tornaron. Quedóse el Clérigo sólo con algunos criados suyos y algunos
-otros que tomó á sueldo para que lo acompañasen. El capitan Gonzalo
-de Ocampo, que era amigo del Clérigo, mostró pesar de su soledad,
-y en ella lo consolaba, el cual despues se partió para esta isla.
-Habian ido ciertos religiosos de la órden de Sant Francisco á poblar
-en Cumaná, con aquella gente, cuyo Perlado era un fraile llamado fray
-Juan Garceto, extranjero, creo que de Picardia, que habia venido á esta
-isla con el que dijimos arriba llamarse fray Remigio; aquél era muy
-buen religioso y persona prudente, deseoso de hacer fruto en aquellas
-gentes. Estos religiosos, como vieron al Clérigo con la prosperidad
-que parecia traer y buen recaudo para la conversion dellas, hobieron
-alegría inestimable; saliéronle á rescibir con _Te Deum laudamus_,
-diciendo: _Benedictus qui venit in nomine Domini_, y él con ellos
-dió muchas gracias á nuestro Señor Dios de hallarlos. Tenia su casa
-y monasterio de madera y paja, y una muy buena huerta donde habia
-naranjos de maravillosas naranjas, y un pedazo de viña y hortaliza, y
-melones muy finos, y otras cosas agradables; todo ésto habian puesto
-y edificado los religiosos de la misma Órden que fueron al principio,
-cuando el padre fray Pedro de Córdoba con sus Dominicos, como en el
-cap. 54 de la parte II queda declarado. Estaba esta casa y huerta un
-tiro de ballesta de la costa de la mar, junto á la ribera del rio
-que llaman de Cumaná, de donde toda aquella tierra se nombra Cumaná.
-El Clérigo mandó hacer una casa grande como un atarazana, para meter
-toda la hacienda que traia, junto á las espaldas de la huerta de los
-frailes; lo más presto que pudo, dió á entender á los indios por los
-religiosos, y ellos por medio de una señora india llamada Doña María,
-que sabia algo de nuestra lengua, como venía enviado por el Rey de los
-cristianos, que entónces de nuevo reinaba en España, que ya no habian
-de rescibir daño alguno dellos, sino buenas obras, y habian de vivir
-en mucha paz y amistad, como verian adelante; y con ésto trabajaba de
-los alhagar y ganalles la voluntad, dándoles de las cosas que traia, y
-siempre recatado de los que con él estaban no diesen materia ú ocasion,
-por chica que fuese, de escándalo. Ya está dicho arriba, que la isleta
-de Cubagua, donde se cogian las perlas, carece de agua potable, porque
-ninguna dulce hay sino unos charquillos de agua salada, por manera que
-no bebian si no la llevaban del rio de Cumaná, que está de la dicha
-isleta siete leguas distante; y porque siempre temió el Clérigo que
-aquellos españoles amadores de las perlas, que allí moraban, le habian
-de hacer una fortaleza en la boca del rio, para si no hiciesen lo
-que debian, quitarles el agua (ésto fuera muy cierto freno para que
-en toda aquella costa escándalo ninguno ni daño á los indios hacer
-osaran), para este fin tomó un maestro de cantería, y concertóse con
-él por ocho pesos de oro cada mes, que valen 10 ducados poco ménos.
-Debieron de entender al Clérigo los apóstoles de Cubagua, y tuvieron
-luégo manera de, por ruegos ó por precio, quitárselo, y así quedó el
-Clérigo sin las más necesarias armas, porque aunque la fortaleza era
-bien hacerse para la seguridad de los que allí habian de estar por
-respeto de los indios, pero mucho más necesaria era para refrenar los
-saltos é insultos, y escándalos, y desórdenes que los españoles hacian
-morando allí en Cubagua, como parece por lo que referimos arriba de
-la muerte de los frailes, y por lo que sucedió al Clérigo parecerá.
-No se tardó muchos meses ni dias que, con achaque de venir al rio
-por agua en sus barcos, inquietaban la gente del pueblo y pueblos
-que por allí cerca estaban; algunos, siendo pesados á los indios con
-su conversacion cuotidiana, de que ellos mucho se resabiaban por el
-celo que tienen de sus mujeres y hijas, teniendo experiencia de lo
-que los españoles hacen; otros, importunándoles porque les diesen
-oro ó les vendiesen algunos indios á trueque de botijas de vino,
-por el cual principalmente engañaban los más resabidos á muchachos
-y personas simples, y vendíanlos á los españoles (y ésto del vino
-era la más preciosa moneda que los indios amaban, y por qué daban y
-dieran todo cuanto les mandaran), sucedia de aquí, que como al vino no
-sabian echarle agua emborrachábanse fácilmente, y más fácilmente, ya
-borrachos, reñian y tomaban las armas, arcos y flechas enherbadas con
-hierba ponzoñosa, y así, ó se herian y mataban, ó maltrataban. Mirad
-qué disposicion y aparejo para les predicar y traerlos á la religion
-cristiana. Comenzó el Clérigo á beber grandes amarguras, y entender los
-impedimentos de todo su negocio, y sin ser tan eficaces, que totalmente
-se lo desbarataban, como quiera que de lo que de parte del Rey habia
-dicho á los indios se hacia por los españoles el contrario; y llegó á
-tanta angustia que se paraba á pensar si sería posible por alguna vía
-verse fuera de tanta afliccion y cuidado. Pasó á la isleta de Cubagua,
-é hizo requerimientos terribles al que allí estaba por Alcalde mayor,
-pero no le aprovechó nada; cognosció tambien estar en gran peligro de
-la vida suya y de los religiosos, y de los demas que con él estaban.
-Toda su comunicacion era con los frailes, en especial con el fray
-Juan Garceto, persona, como dije, prudente; tractaban del estado en
-que los negocios y ellos estaban. Parecióle al religioso que aquellos
-estorbos é inconvenientes ántes habian de ir cresciendo que menguarse,
-si el Rey ó la Audiencia con gravísimas penas no lo atajasen, y
-que para ésto alcanzar el mismo Clérigo y no otro habia de irlo á
-negociar. Esto bien lo cognoscia y admitia él, que sin expresas nuevas
-penas, y amenazas, y castigos reales, no podia remediarse, pero que
-él hobiese de ir en persona á procurallo parecíale absurdidad y cosa
-irracionable; lo uno, porque todavía estando él presente algunos males
-estorbaba, lo otro, porque absentándose quedaba toda aquella tierra tan
-desmamparada, que no quedara parte della que no se metiera, como dicen,
-á sacomano, robándola y haciendo esclavos, y, así, causando mayor
-enemistad y aborrecimiento de los cristianos que ántes les tenian,
-y, por consiguiente, poniéndolos en más remota distancia ó potencia
-para rescibir la fe y convertirse, que nunca tuvieron; lo otro, aunque
-era lo ménos y mucho ménos, por el mal recaudo que podia quedar en la
-hacienda que allí tenía, que valia 50.000 castellanos, en los cuales
-tenía su parte el Rey. El religioso á todos estos inconvenientes
-respondia con razones, pero no muy perentorias ni que satisfaciesen
-por la claridad ó evidencia dellos. Finalmente, despues de veces
-platicado y conferido en ello, llegó á tanto la persecucion del padre
-fray Juan Garceto (no por la evidencia que hacia, sino porque Dios
-habia de salir con lo que tenia determinado hacer del Clérigo), que
-comenzó el Clérigo á considerar que podia ser aconsejarle bien, aunque
-á él no le pareciese; por lo cual vino á determinarse en que miéntras
-se cargaban de sal dos navíos para enviar á esta isla Española, y se
-ponian á punto de se partir, que tardarian en todo poco ménos que un
-mes, dijesen cada dia misa, y los demas suplicando á nuestro Señor
-inspirase lo que conviniese más, y despues de dicha platicasen cada
-dia en ello, y al cabo deste tiempo se determinase de quedar ó de ir.
-Pareció á todos que se hiciese así, y entre tanto entendió el Clérigo
-en hacer dos despachos, el uno escribiendo cartas para esta Audiencia
-y para el Rey, haciendo relacion de lo que padecia y del peligro en
-que estaban los frailes y él, los estorbos que le ponian, el daño que
-las gentes de aquellas provincias temporal y espiritual incurrian, la
-infamia de la religion cristiana, los impedimentos de la conversion
-dellas y perjuicio de la fe, etc. Este despacho era enderezado para
-que lo llevase la persona que acordase enviar, si se determinasen
-que se quedase él. Otro hizo para en caso que hobiese su persona de
-venir, conviene á saber, la instruccion de lo que habia de hacer el
-Capitan ó persona principal que allí habia de dejar en su lugar. Cada
-dia, despues de misa, se juntaban á platicar, y nunca pudo mudar del
-parecer primero al religioso en cuantas veces dello hablaban, diciendo,
-«no me parece, señor, sino que vos habeis de ir á buscar el remedio
-destos males en cuya cesacion tanto va». Llegado, pues, el postrero
-dia en que los navíos no tenian que esperar más, dijeron el religioso
-y el Clérigo sus misas, y encomendando á Dios el negocio tornáronse á
-juntar; el religioso, permaneciendo en su primer voto, dijo al Clérigo:
-«vos, señor, habeis de ir, é por ninguna vía quedar.» Entónces el
-Clérigo, creyendo que aquella debia ser la voluntad de Dios, respondió:
-«Dios sabe cuánto ésto hago contra lo que yo entiendo, y así contra mi
-voluntad, pero yo lo quiero hacer pues á vuestra reverencia parece, y
-si es yerro más quiero errar por parecer ajeno que por el mio acertar;
-porque yo espero en Dios, que pues no lo hago por otro algun intento,
-sino por hacer lo que debo en lo que por él traigo á cargo, él, para
-bien mio, ya que se yerre, lo convertirá.» Así determinado, nombró por
-Capitan ó por principal de los que allí dejaba á un Francisco de Soto,
-natural de Olmedo, antiguo criado de la casa Real, que habia traido
-consigo de España, buena persona y cuerda pero pobre, por la cual
-pobreza deshechar le vino mucho mal á él y al negocio y á los demas.
-A éste dió la instruccion que tenia hecha; uno de los capítulos della
-fué, que no quitase ni mandase desviar del puerto, por ninguna causa,
-uno ni ninguno de las dos piezas de navíos que le dejaba, que era uno
-que llamaban _San Sebastian_, que volaba, y el otro era una fusta de
-moros de muchos remos, que llamaban los indios en su lengua _ciento
-pies_ por los muchos remos, y tenian mucho miedo della, y que siempre
-estuviese sobre aviso si los indios estaban alterados y mal seguros,
-y si viese que habia peligro que con toda disimulacion embarcase toda
-aquella hacienda y sus personas, y se fuesen á la isleta de Cubagua; si
-fuese el peligro tan furioso y violento que para salvar la hacienda no
-tuviesen lugar, al ménos las personas salvasen: desta instruccion le
-hizo el Clérigo firmar un treslado. De toda la hacienda que allí dejó
-ninguna cosa metió en los navíos, sino dos arcas propias suyas, una de
-vestidos y de libros la otra; y así se partió con harto dolor de los
-frailes, no siendo el que él llevaba menor.
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-CAPÍTULO CLIX.
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-Despues de partido el Clérigo, lo primero que hizo Francisco de Soto,
-el que en su lugar dejó, fué luégo enviar los navíos uno á una parte
-y otro á otra parte de la costa, abajo y arriba, á rescatar oro ó
-perlas, y tambien se creyó que esclavos si haberlos pudieran. Los
-indios de la tierra, ó por los insultos que se les habian hecho por los
-españoles, ántes que el Clérigo se partiese, ó por los que despues de
-partido les hicieron, ó por la infelicidad dellos mismos, por la cual
-no merecieron vivir sin aquellas zozobras é impedimentos para que á
-Dios cognoscieran, determináronse de matar la gente del Clérigo, y á
-los frailes, y á cuantos españoles pudiesen haber, y dentro de quince
-dias despues de partido lo acometieron; y sospechóse que fué tractado
-ántes que se partiese, y, por ventura, tambien habian conjurado contra
-él, viendo que no salia verdad la paz y amor, y quietud y justicia que
-de partes del rey nuevo de Castilla les prometiera. Supiéronlo los
-religiosos, tres dias ántes que lo hiciesen, por indicios suficientes,
-y preguntándolo á Doña María, la señora que dije, respondia por las
-palabras que no, por los indios que estaban presentes, y con los ojos
-y meneos del rostro decia que sí; por manera que ántes, tres dias, que
-lo hiciesen estuvieron los religiosos y la gente del Clérigo dello muy
-ciertos. Á la sazon vino allí un barco que debia de andar rescatando;
-rogáronle los criados del Clérigo que los rescibiese, y no sé si los
-frailes tambien, pero no quisieron, ó por miedo ó por malicia que los
-quisieron dejar matar allí á sabiendas. Pudieran salvarse si Francisco
-de Soto cumpliera lo que le dejó mandado el Clérigo, conviene á saber,
-que no quitara del puerto los navíos, pues ninguna duda hobiera que,
-si no pudieran salvar la hacienda, las personas todas el salvaran y
-ninguna se perdiera. En aquellos tres dias andaban los religiosos, y el
-Francisco de Soto, muy solícitos de una parte á otra, y de una casa y
-personas á otras preguntando cuándo lo habian de hacer, y, teniendo por
-entendido que mañana habian de venir sobre ellos, pusieron la gente del
-Clérigo la noche de ántes doce ó catorce tiros de artillería alrededor
-de la casa, y probada la pólvora, hallaron estar tan húmeda que no
-pudo arder. Luégo, en la mañana, en saliendo el sol, pusiéronla para
-que se escalentase, y á la misma hora vinieron los indios con terrible
-grita sobre ellos, mataron dos ó tres de los criados del Clérigo, luégo
-pusieron fuego á la casa ó atarazana y comenzóse á quemar estando los
-demas dentro; hicieron cierto portillo en ella y otro en la huerta de
-los religiosos, que estaba cercada de un seto de cañas, y entráronse
-en ella miéntras los indios se ocupaban en poner el fuego. A la sazon
-venia de ver lo que habia el Francisco de Soto del pueblo de los indios
-que estaban á la ribera del mar, un tiro de ballesta, como dije, de la
-casa y del monasterio, y en el camino lo hirieron por el brazo ó por
-la mano de un flechazo con hierba; tuvo con todo lugar de se meter en
-la huerta. Tenian los religiosos un estero hecho, de un buen tiro de
-piedra, por donde subia el agua del rio hasta la huerta, y en él una
-canoa ó barco de indios en que cabian 50 personas; á ésta ocurrieron
-los frailes y criados del Clérigo y metiéronse en ella, sólo un fraile
-lego, devoto y de muy buena vida, como sintió la grita de los indios,
-huyó y metióse en un cañaveral que ninguno lo vido; todos los demas
-frailes y seglares, que serían quince ó veinte personas, metidos en
-la canoa, vánse por el estero abajo, y dieron en el rio para salir á
-la mar é ir á dar á la punta de Araya, que es donde hay las salinas,
-donde ciertos navíos estaban cargando sal, y habia de golfo dos leguas
-y más. El rio es poderoso y de gran corriente. Salió el fraile lego del
-cañaveral y pareció á la ribera; como lo vieron, aunque iban ya más
-abajo de donde pareció, forcejaron mucho por subir á él para tomallo
-y no podian vencer la corriente; vista por él mismo la dificultad,
-hízolos señas con las manos que se fuesen, al cual luégo mataron
-los indios haciendo mártir dél. Los indios, ocupados en poner fuego
-á la casa ó atarazana, creyendo que los españoles estaban dentro,
-no sintieron la huida que los frailes y seglares hicieron, la cual
-sentida, toman luégo una piragua, que es canoa de otra arte hecha y
-muy ligera, y entran los que cupieron, con sus armas, arcos y flechas,
-y fueron tras ellos; iban ya una legua en la mar, llenos de vejigas
-las manos y desolladas de remar, y cuando vieron venir tras ellos los
-indios, cuasi del todo desmayaron, pero no dejaron de más apriesa
-remar. Finalmente, la canoa de los frailes y seglares y la piragua
-de los indios llegaron en un tiempo en tierra á zabordar, aunque un
-tiro de herron los unos de los otros; y aquella playa es tan llena de
-cardones que tienen tan bravas y espesas espinas, que un hombre armado
-de todas armas no se osara, sino con mucho tiento, entre ellas menear,
-y como los indios eran de los piés á las cabezas desnudos, estuvieron
-mucho en llegar aquella poca distancia donde estaban los seglares y los
-frailes. Y parece que habia tanta espesura que no pudieron menearse
-para matar los frailes ni los demas, porque me dijo despues el dicho
-padre fray Juan Garceto que él vido junto á sí, á sus espaldas, un
-indio ó indios que le querian herir, ó con piedra ó con porra, que
-llamamos por la lengua desta Española macána, la penúltima luenga, y
-que hincado de rodillas, cerrados los ojos, levantado el corazon á
-Dios, esperaba que luégo le habian de dar y matar, y como vido que no
-le daban abrió los ojos y no vido á nadie. Esto no fué, dejado aparte
-la voluntad de Dios, sino que estaba tan cercado de espinas el fraile y
-los indios en cueros que no osaron á él allegarse; por esta vía todos
-escaparon, y los indios se tornaron de esta hecha vacuos. Esperaron
-en aquella fortaleza de espinas buen rato, metiéndose más en ellas,
-y salieron al cabo todos enclavados y espinados y atribulados por
-todas partes, y llegaron á donde estaban los navíos cargando de sal;
-recibiéronlos en ellos con harto dolor de todas partes. Faltó sólo el
-Francisco de Soto que dijimos venir herido del flechazo; hobo quien
-dijo que lo habia visto debajo de una peña en el espinal, fueron allá
-con cierta barca, legua y media, donde quedaba, y halláronlo vivo
-á cabo de tres dias que le hirieron, sin comer ni beber, y tráenlo
-metido en la nao. Como la hierba ponzoñosa causa grandísima sed pidió
-luégo agua, que se asaba; dánsela, y luégo comenzó á rabiar y desde á
-poco murió. Es averiguado que el que de la hierba de aquellas tierras
-fuere herido, no ha de comer ni beber hasta con algunos remedios
-ser curado, porque en comiendo ó bebiendo luégo hace la hierba su
-operacion y no cesa hasta matar. Así que mataron de esta hecha, con
-este Francisco de Soto, por todos, cuatro de los criados del Clérigo,
-y el fraile. El Clérigo prosiguió su viaje para esta isla Española,
-el cual no es mayor de lo que se puede navegar en cinco ó seis dias,
-pero los pilotos de los navíos, errando el viaje, no cognosciendo la
-tierra y pensando que la costa desta isla por donde navegaban era la
-costa de la isla de Sant Juan, fueron á parar 80 leguas deste puerto
-de Sancto Domingo abajo, al puerto de Yaquimo; estuvieron dos meses
-forcejando contra las corrientes de aquella tierra y mar, que hácia
-este puerto son grandísimas, que ha acaecido los tiempos pasados estar
-un navío en doblar ó pasar la isleta de la Beata ocho meses, por lo
-cual se halló por ménos trabajoso rodear 400 leguas y más, yendo de
-Cartagena y Sancta Marta, y del Nombre de Dios por la Habana, que
-venir de allí aquí. Visto, pues, que tanto se tardaba en aquella
-isleta de la Beata, no pudiendo navegar, acordó irse 20 leguas más
-abajo al puerto de Yaquimo, y salirse en tierra, y enviar los navíos
-á este puerto y ciudad, y él de allí venirse al pueblo de la Yaguana
-que está nueve leguas la tierra dentro, y dél por tierra para aquí, é
-así lo hizo. Entre tanto, luégo, desde á diez ó quince dias, muertos
-los susodichos y alzada la tierra, vinieron los navíos que á la sazon
-cargaban de sal, y en ellos los frailes y los demas que escaparon, y
-dieron nuevas en esta ciudad de lo acaecido, y comienzan en el vulgo á
-publicar que los indios de las perlas habian muerto al clérigo Casas y
-á todos cuantos estaban con él; nuevas que mucho agradaron y á pocos
-despluguieron, porque se les quitase aquel tan cierto impedimento que
-tenian del cumplimiento de sus deseos, y porque tenian ya por cierta la
-guerra contra aquellos indios de aquella tierra, para hacer esclavos
-que era y es hoy de todos su pio. Viniendo, pues, el dicho Clérigo
-de la Yaguana para esta ciudad de Santo Domingo, con ciertos que con
-él venian, sesteando en un rio y él durmiendo debajo de un árbol,
-llegaron ciertos caminantes allí; preguntados por los que estaban qué
-nuevas habia de la ciudad ó de Castilla, respondieron: «no hay otras
-sino que los indios de la costa de las perlas, han muerto al clérigo
-Bartolomé de las Casas y á toda su familia.» Respondieron los que
-estaban: «nosotros somos testigos que eso es imposible;» estando sobre
-ello porfiando, despertó el Clérigo como de un abismo, y, entendidas
-las nuevas, no supo qué decir ni si lo creer, pero, considerada la
-disposicion que dejaba en la tierra y los casos acaecidos, comenzó á
-temer y á creer que debia ser todo, cuanto habia por aquesto trabajado,
-perdido, y como despues cognosció más destas cosas, juzgó haber sido
-juicio divino que le quiso castigar y afligir por juntarse á hacer
-compañía con los que él creia que no le ayudaban ni favorecian por
-Dios ni por celo de ganar las ánimas, que por aquellas provincias
-perecian, sino por sola cudicia de hacerse ricos, y parece que ofendió
-á Dios maculando la puridad de su negocio espiritualísimo, y fin que
-sólo por Dios pretendia, que era ayudar los religiosos y él andarse
-con ellos alumbrando aquellas gentes con la predicacion de la fe y
-cristiana doctrina, con la basura é impuridad terrenísima de medios
-tan humanos y áun inhumanos y tan desproporcionados de los que llevó
-Jesucristo; porque Dios, aunque para efectuar sus altas obras usa y
-admite medios humanos, pero no ha menester para la predicacion de su
-Evangelio tales adminículos, sino, sin mezcla de favor tan inficionado
-como era aquél que le daban, pudiera el padre Clérigo, á lo que parece,
-esperar á hacer de su espacio el nombramiento de los 50 que habia
-de elegir para que le ayudaran, personas que fueran cristianas, los
-cuales, aunque tambien se movian porque los habian de hacer caballeros
-de espuelas doradas, y tener en las rentas del Rey la docena parte
-y otras mercedes favorables y humanas, todavía parece que iba el
-negocio más sin peligro y en honestidad fundado; lo uno, porque habia
-de escoger no cualesquiera sino personas que fuesen tales; lo otro,
-porque todo su interese temporal de aquellos, de la pacificacion de
-aquellas gentes y del aprovechamiento de la fe colgaba, como arriba en
-los capítulos 130 y 131 fue declarado, y no de las guerras y matanzas
-y captiverios de gentes libres y damnacion de ánimas, é infamia de
-la fe y aborrecimiento del nombre cristiano, que los con quien hizo
-compañía, por medios de su temporal interese tomaban. A ésto respondió
-el Clérigo, que si se dió tanta priesa en aceptar el partido que le
-ofreció el Audiencia, hízolo por impedir los daños y muertes que hacia
-el armada, y esta razon parece bastante; púdosele replicar, segun
-parece, que no era á tanto obligado, etc. Finalmente, se puede creer
-con piedad que nuestro Señor miró á su buena intencion, y no á la
-obra, si quizá delante su acatamiento fué errada, y por eso lo escapó
-de aquella muerte que con los demas pasara, puesto que con su ayuda
-divina, si él allí estuviera, ni los navíos de allí se quitaran, ni
-en los tres dias que la conjuracion se descubrió y se supo no es de
-creer que en tanto peligro se descuidara. Finalmente, siguió su camino,
-sabidas estas tristes nuevas, con mucho desconsuelo y cuidado de saber
-por entero lo acaecido, para esta ciudad; no faltaron algunos amigos
-que le salieron al camino á consolar, y que le ofrecieron cuatro y
-cinco y más millares de ducados prestados, para si quisiese tornar al
-negocio y llevarlo adelante; si se movian por sólo Dios y por celo de
-las ánimas, ó por allegar bienes temporales, como de aquella tierra más
-que de otra muchos esperaban, sólo Dios es el que lo sabe y el que lo
-ha de juzgar y juzgará el dia del juicio universal.
-
-
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-
-CAPÍTULO CLX.
-
-
-Por todas las cosas referidas en este libro III, desde el cap. 79 hasta
-el precedente, que han hecho mencion al dicho padre clérigo Bartolomé
-de las Casas, con pura verdad, puede parecer el ánimo que tuvieron
-los historiadores Gonzalo Hernandez de Oviedo y Francisco Lopez de
-Gomara, clérigo, criado del marqués del Valle, á quien tanto tocan
-las historias de las Indias, para con el dicho clérigo Bartolomé de
-las Casas, y como entendieron cuál fué su principio y su medio y su
-fin cerca destos negocios de las Indias, y las verdades que en lo que
-dél escriben dijeron. El Gonzalo Hernandez de Oviedo, en su primera
-parte, libro XIX, capítulos 4.º y 5.º de la Historia que llamó Natural,
-allende lo que se refirió suyo en el cap. 142, dice lo siguiente: que
-como aquel Padre se habia criado en esta Española, sabia muy bien que
-los indios de Cumaná y de aquellas provincias con ella comarcanas
-estaban de paz ántes de su rebelion, y él pensó que, así como á él
-se le fantaseó, así pudiera hacer lo que habia inventado y dicho en
-España, y en tanto que él fué á entender en el negocio los indios se
-rebelaron y mataron á los frailes franciscanos y dominicos, y otros
-cristianos que he dicho, y cuando llegó á la tierra con aquellos sus
-labradores, nuevos caballeros de espuelas doradas que él queria hacer,
-quiso su dicha y la de sus pardos milites que halló al capitan Gonzalo
-de Ocampo que habia ya castigado parte de los malhechores, y poblado
-aquel lugar que llamó Toledo, y estaban las cosas en otro estado
-que el Clérigo habia arbitrado; mas como venía favorecido y con tan
-grandes poderes, luégo comenzaron á contender y estar desconformes él
-y Gonzalo de Ocampo, como he dicho, dice Oviedo, y lo que habia dicho
-en el fin del cap. 4.º, es ésto: «Llegado este Padre licenciado,
-hobo discordias y diferencias muchas entre él y el capitan Gonzalo de
-Ocampo.» Estas son sus palabras, y prosigue más en el capítulo 5.º:
-«Dió órden el Clérigo como hizo una gran casa, y tenía en ella grandes
-bastimentos, y rescates, y armas, y otras cosas muchas, lo cual todo
-dejó allí, é vino á esta ciudad de Sancto Domingo é isla Española,
-á se quejar en esta Audiencia real del capitan Gonzalo de Ocampo, y
-venido él, y los indios viendo estas discordias entre los cristianos, y
-persuadidos de su propia cudicia y malicia, dieron sobre los cristianos
-que allí estaban, y mataron á cuantos pudieron, puesto que algunos se
-escaparon, etc.» Estas son sus palabras. De donde parece la noticia
-que con verdad habia inquirido, y de donde comenzaba la historia del
-Clérigo, dando á entender que desde esta isla habia ido de principal
-intento á pedir la gobernacion de aquella tierra, como arriba en aquel
-capítulo dice. Y cuanto á lo que añide que tuvo discordias con Gonzalo
-de Ocampo, á ésto se responde con verdad delante de Dios, que es la
-suma y esencial verdad, que el clérigo Bartolomé de las Casas de muchos
-años atras cognosció y amaba al dicho Gonzalo de Ocampo, y que nunca
-con él comunicó que no fuese con alegría y riendo, y cuando en Sant
-Juan de Puerto-Rico le hizo los requerimientos que con su armada se
-volviese y no fuese á tierra firme, lo mismo, y que jamás tuvo con
-él dentro de su corazon, ni fuera, por palabra, enojo ni pena, ni se
-ofreció de qué ni para qué la tuviese, y donde mayor conversacion y
-más familiar y amorosa tuvieron y con más alegría, fué miéntras el
-Gonzalo de Ocampo estuvo allí con él en la tierra firme y en la isleta
-de Cubagua, hasta que de allí á esta isla el Gonzalo de Ocampo se vino;
-y en suma, el Clérigo le era naturalmente aficionado, porque tenía la
-conversacion amigable, y en sus dichos y habla era graciosísimo. De
-aquí se podrá colegir el crédito que á Gonzalo Hernandez de Oviedo
-se le debe dar en todo lo que dice, como arriba por el 142 y 143, y
-en los demas capítulos se vido; y aunque Oviedo excedió en hablar
-tan falsamente del Clérigo, atribuyendo el deseo y fin que tuvo de
-mamparar estas desmamparadas gentes, y quitar de su conversion y
-salvacion tan eficaces impedimentos, á ambicion y deseo de mandar, y
-tambien á cudicia, todavía le sobrepujó en maldecir detrayendo de la
-honra del clérigo Bartolomé de las Casas; y con mayor desvergüenza
-el Francisco Lopez de Gomara, clérigo, capellan de Hernando Cortés,
-porque dijo todo lo que Oviedo, porque de su libro lo tomó, y añidió
-cosas harto indecentes. Y dice así Gomara, clérigo, contra Bartolomé
-de las Casas, clérigo: «Estaba el licenciado Bartolomé de las Casas,
-clérigo, en Sancto Domingo, al tiempo que florecian los monasterios de
-Cumaná y Chiribichí, é oyó loar la fertilidad de aquella tierra, la
-mansedumbre de la gente y abundancia de perlas; vino á España, pidió al
-Emperador la gobernacion de Cumaná, informóle cómo los que gobernaban
-las Indias le engañaban, y prometióle de mejorar y acrecentar las
-rentas reales. Juan Rodriguez de Fonseca, el licenciado Luis Zapata y
-el secretario Lope de Conchillos, que entendian en las cosas de las
-Indias, le contradijeron con informacion que hicieron sobre él, y lo
-tenian por incapaz del cargo por ser clérigo, y no bien acreditado ni
-sabidor de la tierra y cosas que tractaba; él entónces favorecióse
-de Mosior de Laxao, camarero del Emperador, y de otros flamencos y
-borgoñeses, y alcanzó su intento, por llevar color de buen cristiano
-en decir que convertiria más indios que otro ninguno, con cierta
-órden que pornia, y porque prometia enriquecer al Rey y enviarles
-muchas perlas (venian entónces muchas perlas). Pidió labradores para
-llevar, diciendo no harian tanto mal como soldados desuella-caras,
-avarientos é inobedientes; pidió que los armase caballeros de espuela
-dorada, y una cruz roja diferente de la de Calatrava, para que fuesen
-francos y ennoblecidos. Diéronle á costa del Rey, en Sevilla, navíos y
-matalotaje, y lo que más quiso, y fué á Cumaná el año de 20, con obra
-de 300 labradores que llevaban cruces, y llegó al tiempo que Gonzalo
-de Ocampo hacia á Toledo; pesóle de hallar allí tantos españoles, con
-aquel caballero, enviados por el Almirante y Audiencia, y de ver la
-tierra de otra manera que pensaba ni dijera en corte. Presentó sus
-provisiones, y requirió que le dejasen la tierra libre y desembargada
-para poblar y gobernar. Gonzalo de Ocampo dijo que las obedecia, pero
-que no cumplia cumplirlas, ni lo podia hacer sin mandamiento del
-Gobernador y Oidores de Sancto Domingo que lo enviaran. Burlaba mucho
-del Clérigo, que lo cognoscia de allá de la Vega por ciertas cosas
-pasadas, y sabia quién era; burlaba eso mismo de los nuevos caballeros
-y de sus cruces, como de sambenitos; corríase mucho el Licenciado, y
-pesábale de las verdades que le dijo. No pudo entrar en Toledo, é hizo
-una casa de barro y palo, junto á do fué el monasterio de franciscos,
-y metió en ella sus labradores, las armas, rescates, y bastimento que
-llevaba, y fuése á querellarse á Sancto Domingo, é Gonzalo de Ocampo se
-fué tambien, no sé si por ésto ó por enojo que tenía de algunos de sus
-compañeros, y tras él se fueron todos, y así quedó Toledo desierto, y
-los labradores solos. Los indios, que holgaban de aquellas pasiones y
-discordia de españoles, combatieron la casa y mataron cuasi todos los
-caballeros dorados, los que huir pudieron acogiéronse á una carabela,
-y no quedó español vivo en toda aquella costa de Perlas», etc. Todo
-ésto dice formalmente Gomara, capellan y cronista del marqués del
-Valle. Cotejado todo lo que este Gomara dice y lo que escribió Oviedo,
-con lo del capítulo precedente, y finalmente con toda la Historia de
-cuasi lo más deste tercero libro, que con pura verdad se ha afirmado
-haber sido todo dicho, á la discrecion del prudente cristiano lector
-se remite que juzgue cuál lleva más semejanza de verdad, y cuánta fe
-se deba dar á todo lo que todos éstos escriben, pues en cosas tan
-manifiestas tuvieron tanto descuido en referir la verdad, si no los
-cegó su propia malicia lo que no osaría creer. Cerca de lo que ambos
-dicen de las cruces que el Clérigo trujo para los labradores, lo que
-en ello hay es ésto: que para que los indios de aquellas tierras, que
-tan escandalizados y maltratados estaban, creyesen y no pensasen que
-les habia de faltar la palabra de partes del Rey luégo que habia
-venido á reinar á Castilla, como muchas veces se les habia quebrantado
-la fe y palabra en lo que les prometian por los españoles, pareció al
-Clérigo que, así como les habia de certificar de partes del Rey cosas
-nuevas, como eran que habia sabido los escándalos y daños que habian
-recibido y le habia pesado mucho dello, y que por tanto enviaba á él
-para que desde en adelante no tuviesen temor alguno que les habia de
-suceder agravio de los pasados, y que él los habia de defender, que así
-convenia que mostrase el Clérigo y los 50 que para caballeros habia de
-escoger ser gente nueva y diferenciada de los pasados, y por aquella
-señal todos los cognosciesen; y porque no tuvo lugar de señalar los
-50, como por la Historia se ha visto, no dió la cruz á alguno, él sólo
-se la puso al principio, y de aquí comenzó el parlar destos y fingir
-que los labradores que llevaba para cavar y arar eran los caballeros
-que con cruces habia de llevar y meter en la tierra consigo. Y, por
-concluir la historia del padre Clérigo, llegado á Sancto Domingo,
-escribió al Rey todo lo que pasaba, y determinó de esperar respuesta
-por no tener sustancia para poder ir personalmente á la corte, puesto
-que si quisiera ir no faltara quien le ayudara y prestara dineros, y,
-cierto, si fuera él, trujera buen recaudo y remedio de la perdicion
-que despues se siguió en aquella tierra, y áun castigo para los que le
-habian impedido y sido causa de aquellas muertes y levantamientos de
-los indios, porque llegara cuando ya tornado habia el Rey á aquellos
-reinos, y con él eran venidos los caballeros y privados que lo habian
-favorecido; y ésto pareció despues, porque los mismos, desque supieron
-lo que le habia sucedido, le escribieron que tornase allá, y que
-ternia más favor para con el Rey que ántes habia tenido, y el mismo
-Papa Adriano tambien le mandó escribir sino que llegaron las cartas
-cuando ya no podia determinar de sí. Por ventura, si cuando llegó á
-esta ciudad luégo para Castilla se partiera, y que no le faltaran,
-como dije, dineros, pudiera haber sido que la tiranía destas Indias
-se hobiera echado fuera; pero, en la verdad, no se lo puso Dios en
-el corazon que fuese, ó porque él no lo mereció, ó porque aquellas
-gentes, segun los profundos juicios divinos, se habian con otras
-muchas de perder, ó porque tambien los facinorosos pecados de nuestra
-nacion, que en aquellas gentes han cometido, no se habian tan presto de
-fenecer. Así que, habiendo escripto al Rey lo que más convino escribir,
-esperó algunos meses la respuesta, y entre tanto su conversacion era
-comunmente con religiosos de Sancto Domingo, y en especial con un
-Padre llamado fray Domingo de Betanzos, religioso en virtud y religion
-señalado; éste le dió muchos tientos que fuese fraile, diciendo que
-harto habia trabajado por los indios, y pues que aquel negocio tan
-pío se le habia desbaratado, parecia que no se queria Dios servir
-dél por aquel camino. Entre otras respuestas y excusas que le daba
-fué, decir que convenia esperar la respuesta del Rey para ver qué le
-mandaba. Respondió el buen Padre: «Decid, señor Padre, si entre tanto
-vos os morís, ¿quién rescibirá el mandato del Rey ó sus cartas?»
-Estas palabras le atravesaron el alma al clérigo Casas, y desde allí
-comenzó á pensar más frecuentemente en su estado, y al fin determinó
-de hacer cuenta que ya era muerto, cuando las cartas ó respuestas del
-Rey allegasen; y así, pidió el hábito con instancia, y se lo dieron
-con mucho gozo y alegría de los frailes, y no ménos toda la ciudad,
-y todas las Indias desque lo supieron, aunque de diferente manera y
-por diversos fines los frailes y los seglares se gozaron, porque los
-frailes, espiritualmente, por el bien de la conversion del que amaban
-con caridad, y los seglares porque vian faltarles, como si lo vieran
-enterrado, aquél que les estorbaba los robos que hacian y entendian
-hacer con todo su inícuo interese temporal. Sino que despues resucitó,
-á lo que puede creerse por voluntad de Dios, á pesar de muchos, para
-estorbar algunos males que estorbó con el favor divino, y para mostrar
-al mundo con el dedo, como el sol, el estado peligroso en que muchos
-vivian, y el sueño letárgico y profunda ceguedad que los descuidaba,
-en no tener por pecados los que nunca otros tan graves ni tantos se
-cometieron, despues que los hombres comenzaron y supieron pecar. En
-el tiempo de su noviciado le vinieron cartas del cardenal Adriano, que
-fué Papa, y de caballeros flamencos que le persuadian que tornase á la
-corte, y que ternia tanto y más favor que la otra vez le habian dado,
-y los Perlados del monasterio, porque no se inquietase quizá, no se
-las quisieron mostrar. De su frailía, dice Gonzalo Hernandez de Oviedo
-éstas palabras. «El padre licenciado Bartolomé de las Casas, como supo
-el mal suceso de su gente, y cognosció el mal recaudo que habia por
-su parte puesto en la conservacion de las vidas de aquellos simples y
-cudiciosos labradores, que al olor de la caballería prometida y de sus
-fábulas le siguieron, y el mal cuento que hobo en la hacienda que se
-le encargó, y que él á tan mala guarda dejó, acordó que, pues no tenia
-bienes con que pagarlo, que en oraciones y sacrificios, metiéndose
-fraile, podria satisfacer en parte á los muertos y dejaba de contender
-con los vivos, y asi lo hizo, y tomó el hábito del glorioso Sancto
-Domingo de la observancia, en el cual está hoy dia en el monasterio
-que la Órden tiene en esta ciudad de Sancto Domingo, etc.» Esto dice
-Oviedo; de donde parece la noticia y propósitos causa y fin del clérigo
-Casas, y señaladamente deste caso y de todo lo acaecido en aquella
-costa de tierra firme, que Oviedo tenía, y no ménos con qué ánimo todas
-estas cosas que al clerigo Casas tocaban referia, lo cual todo nuestro
-Señor le perdone, pues ya está en la otra vida. Y con ésto, dejemos de
-tractar por algunos años que el Clérigo, ya fraile, fray Bartolomé de
-las Casas, durmió al parecer, de las cosas dél, hasta que ocurra el
-tiempo, si Dios diere vida, que tornemos á su historia, de quien habrá
-bien que decir.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXI.
-
-
-Ya llegaba este tiempo á los veintidos años sobre quinientos y mil,
-y así, pertenecia parte de lo dicho al cuarto libro; pero por no
-hacer tantos pedazos de una materia, pareciónos que no se ofendia la
-órden que traemos, refiriendo ántes lo que pasó despues algunos dias.
-Tornemos, pues, sobre lo que resta que decir perteneciente á este libro
-III del año 19 y 20, comenzando de tierra firme. Ya dijimos arriba,
-en el cap. 104, como se proveyó por gobernador del Darien y de tierra
-firme, el año de 18, en la ciudad de Zaragoza, un caballero de Córdoba
-llamado Lope de Sosa, persona prudente y valerosa, por echar de allí á
-Pedrárias que habia destruido y asolado todas aquellas provincias, por
-sí ó por la gente que enviaba con sus Capitanes, ó verdugos por mejor
-decir; uno de los principales fué el licenciado Gaspar de Espinosa,
-su Alcalde mayor. Llegó, pues, por este año de 20 ó al fin del de 19,
-Lope de Sosa, y con él un licenciado Alarconcillo, por su Alcalde mayor
-y que habia de tomar residencia á Pedrárias. Llegó, digo, al Darien
-con cuatro navíos y 300 hombres, de la llegada del cual á Pedrárias no
-placia, y por no esperalle anduvo rodeando que lo enviase el pueblo
-por Procurador á Castilla, como arriba se dijo. Así que, como llegó al
-puerto y echó anclas la nao en que iba, en aquel momento dió el ánima
-á Dios porque debia de haber enfermado en el camino; fué la nueva á
-Pedrárias, que estaba la ciudad algo apartada un poco del puerto, de
-como Lope de Sosa era venido, y dentro de un credo llegan otros á
-decirle que era fallecido: la diferencia que la una y la otra nueva
-en su corazon pornia, Dios lo sabe, que es la verdadera sabiduría.
-Fué Pedrárias con toda la ciudad, y trujeron el cuerpo, y con toda
-la pompa y honra posible le dieron sepultura; hechas las obsequias
-debidas, recogió Pedrárias á su hijo Juan Alonso de Sosa, que despues
-fué tesorero del Rey en la Nueva España, y á sus criados y á toda
-su casa el tiempo que en el Darien quisieron estar, y porque lo que
-más Pedrárias deseaba era verse fuera y libre del temor que tenia
-de la residencia, segun le acusaban sus obras pasadas, tuvo manera,
-por industria y solicitud del dicho licenciado Espinosa, su Alcalde
-mayor y Capitan general, que persuadiese al licenciado Alarconcillo,
-que trujo Lope de Sosa por Alcalde mayor, y le hiciese entender que
-no habia espirado su poder por la muerte de Lope de Sosa, y que le
-tomase la residencia que en vida de Lope de Sosa le habia de tomar,
-y que si el Rey no la diese por buena que no se habria perdido sino
-la tinta y papel; como en la verdad, segun parece que se debe creer,
-la residencia al Gobernador principalmente se suele cometer, y él
-la toma por su Alcalde mayor, y así parece que el Alarconcillo, que
-era delegado de Lope de Sosa, ninguna jurisdiccion tuvo muerto el
-Gobernador; pero finalmente se la tomó como el Pedrárias quiso dalla,
-segun la presuncion que desto pudo resultar, y no fué sola ésta las
-mañas y cautelas que para excusar y justificar jueces tiranos se han
-tenido en aquellas Indias, porque no merecen pagallas aquí. Pocos
-dias ántes que Lope de Sosa llegase, llegó Gil Gonzalez de Avila,
-de quien arriba en el capítulo 154 dijimos algo, con tres navíos y
-en ellos 200 hombres, y Andrés Niño, su piloto mayor, que le paso
-en aquella demanda. No hizo cuenta el Gil Gonzalez de Pedrárias,
-teniendo por cierto que ya Lope de Sosa estaria en la tierra y usaria
-su gobernacion, porque ya le debia haber hablado en Castilla, de
-quien esperaba favor para su despacho y pasaje de la mar del Sur, y
-fuése con sus navíos y gente al puerto de Acla, 50 ó 60 leguas más al
-Poniente del Darien, donde estaba Pedrárias, porque allí le convenia
-ir, porque es lo más angosto, para pasar á la mar del Sur; pero como
-no habia llegado Lope de Sosa, rescibiendo dello gran pesar, no pudo
-hacer otra cosa sino humillarse y escribir á Pedrárias notificándole
-su venida, y excusándose de no poder ir á velle y entrar primero en
-su puerto del Darien, por la comodidad que para su viaje y negocio
-tenía más en el puerto de Acla que en el de Darien, etc. Rescibida
-Pedrárias la carta, respondióle, muy sin sabor, que se maravillaba dél,
-que sabiendo que él era Gobernador de aquel reino, haber desembarcado
-con tanta gente sin su licencia, no habiéndole mostrado ó enviado
-licencia ó provision del Rey, para que supiese con qué autoridad y
-propósito á tierra que él tenia á cargo venía. Con esta respuesta
-rescibió Gil Gonzalez grande pesar; y por no saber qué fuese sido de
-Lope de Sosa, y sus negocios eran de tal calidad que no podian parar
-sino con gran daño, como trujese tanta gente á su mision, y le restase
-tanto que hacer para adelante, acordó enviar á Andrés Niño con las
-provisiones reales al Darien, y con ellas requerir á Pedrárias que le
-favoreciese y ayudase á efectuar su viaje y demanda, como el Rey á
-todas y cualesquiera justicias y personas mandaba, y en especial que le
-mandase entregar los navíos que habian sido de Vasco Nuñez de Balboa,
-que estaban en la otra mar. Llegó Andrés Niño al Darien, mostró sus
-provisiones reales, hizo sus requirimientos en forma, y como Pedrárias
-no era menester enseñalle á hablar, ni á pensar, ni á obrar, sino á
-matar y destruir indios, y despoblar aquellos reinos, respondió que
-las obedecia, pero, cuanto al cumplimiento, decia que aquellos navíos
-no habian sido de Vasco Nuñez de Balboa, más de lo que dellos le podia
-caber como Capitan, sino de 300 hombres españoles, que á hacellos le
-habian con sus trabajos ayudado (y el triste no hacia cuenta de tres
-ó cuatro mil indios que habian muerto para hacellos, con llevar las
-anclas y maromas, y otros pesos inauditos y nunca pensados, á cuestas,
-como arriba en el cap. 74 se vido), y que aquellos cúyos eran andaban
-en ellos sirviendo al Rey, descubriendo tierras y gentes en aumento de
-su Estado, y que él haria relacion á Su Alteza de toda la verdad, y
-si sabida se lo tornase á mandar, luégo cumpliria su mandado. Tornóle
-otra vez á requerir Andrés Niño, protextando daños y males; respondió
-Pedrárias que no podia dar lo ajeno, por eso que podia tornarse.
-Tornóse Andrés Niño á Acla sin nada; en estos dias llegó Lope de Sosa
-al puerto, y fué dél lo que queda declarado. Sabida la muerte de Lope
-de Sosa, en cuya venida tenía colocada toda su esperanza, viéndose
-perdido, acordó de por su persona ir á rogar á Pedrárias que le diese
-aquellos navíos pues el Rey lo mandaba, y no le desaviase, que sería
-perder toda la demanda que traia, de donde muy grandes servicios y
-provechos para Dios y para el Rey se esperaban. Pedrárias, que muerto
-Lope de Sosa, en mayor insolencia se habia encumbrado, como por algunos
-dias estaba seguro que no habia de haber quien le fuese á la mano
-como en lo pasado, en cuanto á concedelle los navíos hizo tan poca
-cuenta dél como del Andrés Niño que habia enviado, diciéndole que no
-le daria la menor cuaderna dellos porque le diese toda su armada.
-Vuelto á Acla, viendo que ningun remedio podia venirle de Pedrárias,
-acometió una obra que el Rey acometerla, con mucho mayor número de
-gente, y facultad, y aparejo que él tenía, no osara, y fué hacer de
-nuevo otros navíos en aquella mar, con la gente que traia consigo de
-Castilla y materiales. Comienza con ocho caballos á pasar lo que tenía
-por aquellas altísimas y aspérrimas sierras, de que dimos noticia en
-el capítulo 74, trabajos nunca pensados; manda cortar y aserrar madera
-para tres navíos y dos bergantines en el rio de la Balsa, y aunque
-le aconsejaron algunos de los vecinos españoles de Acla que no los
-hiciese allí, porque se le comerian luégo de bruma ó de otros achaques,
-creyendo que por estorballe lo engañaban, no curó, sino pasó por su
-obra adelante. Fueron tantos los trabajos que en ello, por los caminos
-y en los montes, y en la obra de los navíos, y por poco y mal comer
-y hambre padecieron (porque no comian sino caçabí por onzas, de lo
-que acarreaban los caballos, y de lo que habian traido de Castilla en
-sus navíos, que siempre es muy poco y muy presto se les acaba), y con
-ésto ser nuevos en la tierra, y aquella ser montuosa y sombría y para
-los nuevamente venidos mala, que de 200, muertos y enfermos, 80 no le
-quedaron. Finalmente, con tanto riesgo, y costa y angustias acabó sus
-navíos mal ó no bien acabados; embarcóse con sus 80 hombres, y fuése á
-las isletas de las Perlas que están de aquel rio dentro en la mar 12 ó
-15 leguas. Estando allí aparejando para se partir á su descubrimiento,
-dentro de veinte dias se le pudrieron todos sus navíos y bergantines;
-miserable cosa de decir é oir y más de quien lo padecia y via, que cosa
-que tantas hambres, angustias, trabajos, muertes y enfermedades habian
-costado viesen tan en breve aniquilado, no pudo ser sino muy triste
-y muy amargo. Gil Gonzalez era hombre prudente, y aunque angustiosa
-tribulacion ésta fué bastante para desmayar, todavía cobró ánimo y
-determinó de tornar á hacer los navíos, y porque ya no tenía gente
-para los trabajos, por habérsele muerto y enfermado tanta, y la que
-quedaba sana quedaba muy molida y quebrantada, escribió á Pedrárias
-rogándole que le socorriese con gente de indios y españoles para tornar
-á rehacer los vasos para su viaje necesarios. O le respondió Pedrarias
-desabridamente, ó entendió que detraia dél, con algunas indecentes
-palabras; viénese á Acla y de allí váse para el Darien en un barco y
-saca cierta provision del Rey, por la cual mandaba, so graves penas,
-que á cualesquiera Gobernadores, justicias y á personas públicas ó
-privadas pidiese socorro y ayuda, se lo diesen luégo, y en ninguna cosa
-le estorbasen; Pedrárias le dió cierto número de indios, que poco le
-habian á criar costado, que llevaban á cuestas y acarreaban, del puerto
-de Acla y del Nombre de Dios, bastimentos y otras cosas necesarias, y
-ciertos españoles que en todo lo que pudiesen le ayudasen. Tornóse Gil
-Gonzalez á la isla de las Perlas, donde de la mejor madera que pudo
-sacar de los navíos perdidos, y de otra que hizo cortar y aserrar, y
-clavazon de aquellos, tardando casi un año en hacerlos, acabó tres
-navíos y un bergantin con que pudo hacer su viaje; y porque pertenece
-lo demas que hizo al libro IV, quédese aquí agora Gil Gonzalez, hasta
-que, si Dios fuere servido, tornemos en su lugar á tomarlo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXII.
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-Arriba dijimos como Pedrárias escribió al Rey, que convenia mucho
-deshacer ó despoblar la ciudad del Darien, y pasar la iglesia catedral
-á Panamá, porque el Darien era tierra enferma y no conveniente para
-de españoles ser poblada; esto deseaba en grande manera Pedrárias por
-hacer y prosperar á Panamá, por parecerle que para el trato de la mar
-del Sur estaba con el puerto del Nombre de Dios más proporcionado,
-y así era verdad si no fuera tan enfermo como el Darien, y quizá
-doblado. Los españoles, que eran vecinos del Darien, resistian por
-tener ya hechas allí sus casas y hogares; finalmente, vista por el
-Rey la carta de Pedrárias, respondióle mandándole que si allí no
-convenia estar aquella ciudad, que la pasase á Panamá, donde decia,
-ó á otro lugar que mejor le pareciese que debia estar la iglesia
-catedral. Esta respuesta y mando recibido, luégo escribió Pedrárias
-á Gonzalo Hernandez de Oviedo, que habia dejado en el Darien por su
-Teniente, que con la mayor priesa que pudiese, por la mar y por la
-tierra, sacase y hiciese sacar todo lo que en la ciudad habia, y
-la despoblase trayéndolo todo á Panamá, y así cada vecino sacó sus
-alhajas, haciendas movibles y ganados, hácia el Nombre de Dios, y de
-allí, aunque con muchos trabajos, y regañando y con tardanza no chica,
-y con dolores y angustias, hambres y sudores, y áun muertes algunas,
-segun creemos, de los indios, porque ellos son los que todo lo lloran,
-los que todo lo padecen y trabajan hasta espirar, y así á Panamá se
-pasaron. En este tiempo ó poco despues se proveyó por Obispo primero
-de Panamá un religioso de la órden de Sancto Domingo, llamado fray
-Vicente Peraza, natural de Sevilla, hijodalgo y de buena casta, el
-cual vivió muy pocos dias despues de á Panamá llegado. Entre otros
-Reyes y señores de aquella tierra firme que Pedrárias y el licenciado
-Espinosa con sus satélites infestaban y destruian y destruyeron, fué
-uno llamado Urraca, muy gran señor y esforzado, y debia señorear, ó á
-la provincia de Veragua, ó las sierras confines della y comarcanas;
-éste rescibió grandes agravios, insultos é invasiones, de los españoles
-en sus vasallos, y fué muy corrido muchas veces por tomallo y hacer dél
-y de sus gentes lo que de todos los demas, en especial que tuvieron
-nueva que tenía mucho oro, pero era tan valiente y tan ardil, prudente
-y solícito en la guerra, que muchas veces lastimó á los españoles,
-que por su tiránico ejercicio, sin causa ni razon como á los demas,
-lo impugnaban. No hobo recuentro con ellos que no hiriese muchos,
-y algunos mataba, y nunca jamás pudieron sojuzgarlo. El licenciado
-Espinosa, prosiguiendo sus obras de insigne tirano, salió de Panamá por
-la mar del Sur en dos navíos, con cierta gente y dos ó tres caballos
-para ir la costa abajo del Poniente á sojuzgar la gente de las islas
-que llamaron de Cebaco, más de 30 grandes y chicas, 70 leguas de
-Panamá, y envió á Francisco Pizarro por tierra, con la parte de la
-gente que le pareció, que fuese haciendo su mismo oficio, matando y
-captivando, y destruyendo todos cuantos no se le daban, de donde muchos
-de los que consigo llevaba quedaron muchas veces bien descalabrados,
-aunque al cabo, como los desventurados de los indios son desnudos y
-sus armas de aire, siempre quedan muertos, captivos y sojuzgados; todo
-lo que anduvo por aquella tierra, más de 50 leguas, con el terror de
-las crueldades que hacia, los que no pudieron defenderse ó esconderse
-ó huirse viniéronse á subjetar y poner en sus manos. Y ésta fué la
-predicacion del Evangelio que por toda aquella tierra firme hicieron y
-ayudaron á hacer nuestros hermanos; y háse de tener siempre por cierto,
-como ya queda dicho algunas veces, que si han de salir 50 españoles á
-guerrear ó conquistar como ellos dicen, que tambien llaman pacificar,
-llevan consigo 500 ánimas, mujeres y hombres, cargados con cargas
-importables, y para su servicio, que ver lo que aquellos padecen,
-los sudores y cansancios, las hambres y amarga vida y peor muerte
-de los muchos que mueren por aquellos caminos, es cosa lastimera,
-angustiosa, plorable y lamentable. Llegó Espinosa á las islas dichas,
-y todos le salieron de paz, porque no se atrevieron á resistille ni
-pelear, y como su principal Evangelio era preguntar lo primero si
-tenian oro ó nueva donde lo hobiese, respondieron señalando que en
-aquellas sierras muy altas, cuyo Rey y señor era Urraca, habia mucha
-abundancia, y por eso creo que aquel Rey señoreaba en la provincia de
-Veragua, que siempre, desde que el Almirante primero Don Cristóbal
-Colon la descubrió por la mar del Norte, el año de 1502, segun en el
-libro I dijimos, de abundar aquella tierra en oro tuvo gran fama.
-Oidas estas nuevas con mucho placer, deja el buen capitan Espinosa los
-navíos con solos pocos marineros, y salta con toda la gente, bien en
-aquel oficio amaestrada, en tierra, y saca los caballos y va derecho
-camino á la tierra del señor Urraca; el cual, viendo desde lo alto de
-las sierras donde habitaba, los navíos andar por la mar, sabiendo que
-no andaban por allí en valde y que podia resultar fácilmente venillo
-á buscar, estaba apercibido ya, y puestas las mujeres, y niños, y
-viejos, y que no eran para pelear, en recaudo, y, venidas las espías
-de como venian los españoles cerca, sáleles al encuentro con tanto
-esfuerzo y braveza como si fueran tigres ó leones contra gatos que
-los rascuñaran. Toparon primero con ciertos indios de los que traian
-los españoles de su servicio, que andaban por el campo, los que iban
-delante espiando ó haciendo otra cosa que les mandaron, y á éstos luégo
-los mataron, y sueltan sus dardos y flechas contra los de caballo,
-y los de á pié herian y mataban cuantos podian; los indios, contra
-ellos fortísimamente peleando, herian muchos de los españoles, y en
-gran manera los lastimaban como eran muchos y que de todas partes
-los cercaban, y en tanto grado los apretaron que cuasi se perdieran,
-desmayando. Parece que de la gente que sacó Francisco Pizarro debió
-de enviar á Hernando de Soto, con 30 hombres, á hacer algun salto por
-aquella tierra, y acaeció andar tan cerca de por allí, que oyeron las
-voces de la batalla, y acudió allá, y visto los indios el socorro tan
-tempestivo se retrajeron algo. Ayudábales la aspereza de la tierra,
-que no se podian bien aprovechar de los caballos, y donde ésto hay en
-aquellas Indias, mucho ménos pueden los españoles contra los indios, y
-no hobieran tan presto asoládolos; como el licenciado Espinosa sintió
-que podia por entónces ganar poco con Urraca, determinó de noche,
-cuanto secretamente pudo, tornarse; pero Urraca, que estaba con su
-gente vigilante, sintiólos ir, y va tras ellos hasta esperallos en un
-peligroso paso, en el cual pelearon los indios como fieros leones por
-atajallos, y muriendo muchos dellos, y muchos más con las espadas y
-ballestas heridos, dejaron el paso libre, y los españoles no tuvieron
-por poca ayuda y merced de Dios de verse fuera de aquel peligro, y no
-con poco miedo se tornaron á los navíos. Pasó adelante la costa abajo
-á una de las islas dichas, que llamaron de Sancto Matías, y de allí
-saltaron en su derecho en tierra, que es costa y tierra de Borica;
-por las nuevas que de las obras de los españoles sabian, salieron
-gran número de indios á resistilles la venida, pero como vieron los
-caballos, estimando que los habian de tragar, comenzaron á huir. Van
-en el alcance los españoles, entran en su pueblo, prenden las mujeres
-y hijos y cuanto pudieron haber, sin los muertos y heridos, robando
-y quemando cuanto hallaron; el señor del pueblo, viendo llevar sus
-mujeres y hijos y de los suyos, acordó de venirse á los españoles
-teniendo la pérdida y absencia dellos, que la de su libertad, por más
-grave; rogó al Licenciado con lágrimas que le diese sus mujeres y
-hijos: de compasion lo hizo así el Licenciado. Supo de él que cerca de
-allí estaba ó vivia otro señor y que debia tener oro (porque, como ha
-parecido, ésto era lo primero que se preguntaba); envió el Licenciado
-á Francisco Compañon con 50 hombres á salteallo. Dió en el pueblo al
-cuarto del alba, pero no los tomó descuidados; salieron contra ellos
-con tanto esfuerzo y ánimo, que los hicieron retraer y huir por donde
-habian venido un buen pedazo, pero ellos, viéndose avergonzados, segun
-ellos decian, y tambien en peligro si les dieran alcance, tornaron
-sobre sí con nuevo ánimo y dan en ellos, hiriendo y matando cuantos
-delante sí hallaban, hasta llegar al pueblo donde tenian hecho un
-palenque de madera como fortaleza, y en el mismo entraron y allí
-mataron más, porque, no pudiendo salir del palenque por unos á otros
-estorbarse, tuvieron lugar los españoles de emplear bien sus fuerzas
-brazos y espadas. De allí toma toda la gente el licenciado Espinosa,
-y váse por tierra para dar sobre la gente de la provincia ó pueblos
-de Acharibra, mandando á los navíos que se fuesen para allá, pero la
-gente dallos, como estaban sobre el aviso, salieron al encuentro, y
-comenzaron á pelear, pero al cabo, viendo los caballos, pusiéronse
-en huida y no pararon; acordó Espinosa con su apostolado tornarse á
-Paraqueta, que era la tierra de Natá, donde pensaba poblar. Y desta
-manera quedó en todas aquellas provincias la fe predicada, y afamada y
-estimada la religion cristiana.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXIII.
-
-
-Como aquella tierra de Paraqueta ó de Natá y su comarca sea muy fértil,
-descubierta, llana y graciosa, y está cercana de las sierras de Urraca
-ó Veragua, que siempre tuvo de tener mucho oro mucha fama, deseaba el
-licenciado Espinosa hacer por allí un pueblo, y aplicar á él todos
-los indios de las provincias ó gentes comarcanas para que sirviesen
-los españoles, que es todo tras lo que andan. Escribiólo á Pedrárias,
-dándole las razones que á su parecer convenian, para que le diese
-licencia de poblar; respondióle Pedrárias que le parecia bien, y que
-así se haria, pero que él queria en ello hallarse, y por tanto que se
-viniese para él, dejando allí la gente que le pareciese convenir, con
-la demas; dejó á Francisco Compañon que era uno de los principales
-verdugos que en aquellas sus obras le acompañaban, con 50 hombres y dos
-yeguas, que no hacian menores estragos con ellas que con caballos, y
-con los demas se fué á Panamá donde Pedrárias estaba. El rey Urraca,
-que no siempre dormia, sabida la partida del licenciado Espinosa para
-Panamá, y que no quedaban en la tierra de Natá sino pocos españoles,
-juntó su gente y vino una noche á dar sobre ellos, y los delanteros
-hallaron tres españoles en una casa ántes de su real, y con una lanza
-atravesaron el uno, y muerto prenden al otro, y el tercero se escondió;
-éste toma sus armas, y con grandes voces hizo grande estruendo como
-que venia gente, y con gran denuedo y esfuerzo, dá tras ellos y mató
-cinco dellos, y con la turbacion sueltan al otro y comienzan retraerse,
-de manera que tuvieron lugar los dos de recogerse á donde su compañia
-estaba. Entendido por ellos la mucha gente que Urraca traia sobre
-ellos, Francisco Compañon, el Capitan, envia á toda furia á Hernando de
-Soto, y luégo tras él á Pero Miguel, hombres muy sueltos, que avisen
-á Pedrárias del estrecho en que quedaban. Pedrárias, que no era en
-semejantes tiempos y peligros negligente, despachó luégo en un navío á
-Hernan Ponce con 40 hombres, y llegó á tiempo que Francisco Compañon
-queria con su compaña dejar la tierra, porque Urraca habia convocado
-cuanta gente habia por aquellas provincias, y los tenía cercados que
-no podian salir un tiro de piedra á buscar raíces que comiesen. Como
-Urraca vido el navío, estimando que todos los españoles de Panamá
-allí venian, alzó el cerco y retrújose á sus sierras. Despachado el
-navío, Pedrárias, con 160 españoles y dos caballos, y ciertos tiros de
-artillería, y por Capitan de su guardia Francisco Pizarro, determinó
-de seguillos; llegado á Paraqueta ó tierra de Natá, donde Compañon
-estaba y los demas, y sabido que Urraca se habia con su gente retraido,
-mandó á Hernan Ponce que con 30 españoles se quedase allí con él,
-y otro dia Pedrárias, para buscar y seguir á Urraca, se partió con
-toda la otra gente. Estábalos esperando Urraca para pelear, teniendo
-junto consigo á otro señor Exquegua, en la entrada del pueblo deste
-que era lugar para su favor fuerte, con gran número de gente, y sí
-Pedrárias bien quisiera excusar la contienda por ver el lugar dicho
-para los caballos no favorecelle, pero viendo que por muchas parles lo
-infestaban y acometian, arremete con toda su gente contra ellos, y los
-indios no ménos resistiéndoles su ímpetu, pelearon cuasi todo el dia,
-donde hobo muchos heridos; muertos, no pude saber los que fueron de
-los indios, porque de los españoles pocos suelen morir, como las armas
-de los indios sean para jugar niños. Con toda su poquedad les dieron
-aquel dia mal dia, y apretaron tanto á los españoles, que Pedrárias
-se vido en harto trabajo, y quisiera más estar en Panamá descansando.
-Finalmente, acudió luégo al remedio último, que fué los tiros de
-pólvora, los cuales sueltos, no paró de los indios hombre con hombre;
-pero no por eso Urraca que del todo desmayase, y así, por cuatro
-continuos dias, salieron á pelear al campo, pero al fin, viendo que
-por aquella vía no podian prevalecer, por los tiros de pólvora y los
-caballos, acordó de retraerse y convocar más gente de la que quedaba, y
-fortalecerse sobre cierto rio llamado de Atra, donde acudieron muchas
-gentes de ambas á dos mares á serville y ayudalle. Pedrárias propuso
-de ir tras él y probar si podia tomalle, y llegando á la comarca donde
-Urraca con su ejército estaba, tuvo un ardid para engañarlos, y fué
-que echó ciertos indios, como que se habian descuidado, para que los
-prendiesen los corredores, y preguntándoles por Urraca, respondiesen
-que en aquella sierra estaba, y consigo tenía gran suma de oro; y
-desta industria ó ardid de guerra usó Urraca, porque sabia el ánsia
-y sed que los españoles de oro tenian, y que habian de ir á buscallo
-desahilados y sin órden, donde podia, con las celadas que tenía puestas
-en ciertos pasos, desbaratallos. Presos, pues, los que para ésto envió,
-luégo Pedrárias envió á Diego Albitez con 40 hombres, y en el camino
-de las sierras cae en las celadas, y dánles tanta priesa que ninguno
-quedó dellos que no fuese herido y bien lastimado, y el remedio que
-tuvieron fué huir para salvarse. Pedrárias torna con 60 hombres á
-enviar al mismo Albitez que suba en pos dellos la sierra, donde no
-halló á nadie; torna por lo llano del rio donde los vió, y los indios
-con grandes alaridos arremeten á ellos, y pelearon defendiendo que
-los españoles, por una angostura que el rio hacia, no pagasen, donde
-hobo muchos heridos de ambas partes; y porque los españoles delanteros
-comenzaban á desmayar, fué Diego Albitez con ciertos, de priesa, para
-los animar, y hobieron de caer en el rio donde se bien remojaron, y
-fué harto escapar; finalmente, prevalecieron los españoles despues de
-muchas heridas y trabajos, y siguiendo el alcance fueron acuchillando y
-matando dellos cuantos podian alcanzar. Despacha Pedrárias cuadrillas
-de españoles por toda la provincia en diversas partes, robando y
-quemando, y asolando y captivando cuanto y cuantos hallaban; lo mismo
-hicieron en las tierras de otros señores, llamados los dos dellos
-Bulaba y Musa, que vinieron en ayuda de Urraca, y así quedó toda
-aquella tierra lastimada, y menoscabada, despoblada, y la gente della
-huida por los montes amedrentada, dejado los muchos muertos y captivos
-que della faltaban. Pedrárias, por remunerar á los españoles que tanto
-por allí habian trabajado, acordó de hacer un pueblo dellos por allí
-cerca en comarca, y pareció que debia de asentarlo en el pueblo, ó
-cerca dél, de un Cacique ó señor que se llamaba Natá, la última sílaba
-luenga, y quiso que así se llamase; y porque los españoles de las
-Indias, en especial los que andaban y andan en estos pasos, tienen y
-han tenido poco cuidado de arar y cavar, sino comer de aquellos sus
-tan meritorios trabajos á costa de las vidas y ánimas de los indios,
-y esto es y fué haciendo repartimientos de los pueblos, y dárselos en
-encomienda, que es donde va á parar todo su descanso, señaló Pedrárias
-á cada uno de los que allí se quisieron avecindar cierto número de
-indios, en los pueblos que por aquellas provincias, con las guerras y
-violencias de que usaba, tenía subjetados, que los españoles llaman
-pacificados, y que de miedo y por no ser como los demas, hechos
-pedazos, querian estar en sus pueblos, y servirlos cuando los españoles
-por allí pasasen ó á llamar los enviasen, aunque nunca ellos pensaran
-que aquel servicio habia de ser tan duro y tan diuturno hasta acabarse
-como se acabaron; y hoy está toda aquella tierra, siendo felicísima y
-poblatísima, despoblada. Esto así ordenado y repartido y tiranizado
-por Pedrárias, dejó allí por su Teniente y Capitan á Diego Albitez, y
-él volvióse á Panamá. Los indios repartidos, enviados á llamar, venian
-y servian en hacer las casas y labranzas para los españoles, cazas,
-pesquerías y de todos los otros trabajos para sustentar un pueblo de
-50 ó 60 vecinos españoles, que es más allá que sustentar una villa
-de 2.000 en Castilla, porque quieren ser servidos dellos como hijos
-de Condes y Duques regalados, y no sólo servidos, pero adorados.
-Asentábaseles á los indios esta carga no usada como intolerable, y así
-unos venian tarde, otros no curaban, otros se huian, y éstos llaman los
-españoles alzarse. Envia Diego Albitez y va tras ellos, que llamaban
-ranchear; á los que tomaban, dellos mataban, dellos cautivaban para
-los escarmentar, dellos aseguraban, y así los forzó á que viniesen
-á servir á sus encomenderos y tiranos. El señor y rey Urraca, cada
-y cuando que via la suya, no olvidaba de visitar los españoles con
-las gentes que podia juntar y darles muchas buenas alboradas, y los
-que hallaba á mal recaudo, no habia menester tornarlos á buscar para
-dellos vengarse. Salian los españoles y quemaban y asolaban toda la
-tierra y provincia de Urraca, y en ésto se pasaron nueve años, que
-nunca pudieron aplacallo; porque, en la verdad, como el aplacallo no
-podia ser, segun ellos, sino que sufriese el cautiverio, y servidumbre
-y tiranía de los demas, en la cual él y su gente se habian finalmente
-de acabar, y ésta es la satisfaccion y recompensa que de los daños
-é injusticias tan estupendas los nuestros á aquellas gentes han
-acostumbrado y acostumbran dar, él, como hombre prudente y esforzado,
-y que sentia bien la justa guerra que proseguia contra quien con tanta
-injusticia, sin culpa, ni razon, ni causa, estando en sus tierras
-seguro, le habia hecho y hacia tantos daños y males, no cura de se
-aplacar. A los indios suyos que los españoles tomaban les daban grandes
-tormentos, porque descubriesen la gran suma de oro de que Urraca y sus
-vasallos poseer tenian fama; con ésto más cada dia Urraca se indignaba.
-Despues, pasado algun tiempo, envió por Teniente de la villa de Natá,
-Pedrárias, á Compañon, y por el gran temor que señaladamente se tenía
-por los españoles de un indio muy esforzado, Capitan de Urraca, por
-los tártagos que muchas veces les daba, este Compañon tuvo muchas
-maneras para le haber á las manos, y como no podian por guerra, trabajó
-infielmente de habello de paz, y sobre seguro, y así, asegurándolo
-con mensajeros indios y con sus engañosas ofertas, hobo de venir al
-pueblo á visitar los españoles, y vino á sus manos. Pero el Compañon
-quebrantándole la palabra, fealdad bien usada por los españoles con
-los indios en aquellas partes, y pocas ó ningunas de parte de los
-indios no bien guardada, prendiólo, y cargado de hierros lo envió al
-Nombre de Dios desterrado; y no fué poco bien el que le hizo, pues no
-lo quemó como muchas veces lo hicieron los que se llaman cristianos.
-Desto rescibió grande dolor Urraca, y puso mucho cuidado en juntar toda
-la gente que pudo de ambas á dos mares, del Norte y del Sur, y juntos
-hacerles una gran habla, diciendo: «No es razon que dejemos reposar
-estos cristianos, pues allende de tomarnos nuestras tierras, nuestros
-señoríos, nuestras mujeres y hijos, y nuestro oro, y todo cuanto
-tenemos y hacernos esclavos, no guardan fe que prometan, ni palabra,
-ni paz; por eso peleemos contra ellos y trabajemos, si pudiéramos, de
-los matar y de tirar de nosotros tan importable carga, miéntras las
-fuerzas nos ayudaren, porque más nos vale morir en la guerra peleando,
-que vivir vida con tantas fatigas, dolores, amarguras y sobresaltos.»
-No dijeron más Judas Machabeo y sus hermanos sobre la misma causa.
-Plugo á todos, y todos profesaron de morir peleando, miéntras las
-fuerzas y la vida les durasen, y así, los repartidos á los españoles
-se alzaron y mataron cinco de los que estaban en los pueblos dellos
-descuidados, muy con imperio mandándolos. Muertos aquéllos, vienen
-gran número dellos sobre la negra villa de Natá; salen los españoles,
-pelean todos fuertemente, hay muertos y muchos heridos de todas partes,
-mayormente de los indios, porque con los caballos, por ser la tierra
-llana y descombrada, rescibieron muy gran daño. Duró la guerra muchos
-años, dentro de los cuales murieron en ellas muchos españoles y de los
-indios, sin comparacion, innumerables; pero porque los tristes eran
-desnudos y tan flacas, como se ha dicho, sus armas, viéndose cada dia
-sin algun fruto, ni remedio, ni esperanza dello, perecer, cansados
-y quebrantados de andar por sierras y por valles tantos tiempos en
-guerra, sudando y hambreando y padeciendo mil otros trabajos que
-aquella vida, en especial en las Indias, consigo trae, acordaron todos
-los más de los pueblos de venirse á los españoles, en su servidumbre, á
-acabar su vida desventurada. Sólo el rey Urraca, con la gente que tenía
-y le habia quedado de tanta mortandad, nunca quiso venir, sino siempre
-tuvo su teson de aborrecimiento contra los españoles, llorando toda su
-vida no podellos acabar; al cual del todo dejaron en su tierra sin
-illo más á buscar, cognosciendo que nunca vez le hicieron guerra que
-muchos dellos no saliesen della muertos y bien descalabrados, y así en
-su tierra y casa murió, y con él su gente, no con más cognoscimiento
-de Dios del que tuvo ántes que oyese nombrar cristianos, en su
-infidelidad. ¿Quién habrá dado cuenta de su perdicion y de tantas
-ánimas, que ningun impedimento de su parte para rescibir la fe tenian
-si se les predicara? bien claro para cualquiera cuerdo cristiano está.
-
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-
-CAPÍTULO CLXIV.
-
-
-Despues de haber destrozado aquellas provincias y puestas en la
-servidumbre ordinaria del repartimiento y encomiedas, que es el fin
-de los españoles propincuo, para conseguir el último que es abundar
-en oro, pareció á Pedrárias que habia mucha gente española en Panamá
-junta; por derremalla envió á un Benito Hurtado, que mucho habia
-servido, segun los vocablos, en los insultos y tiranías pasadas
-y presentes, con cierto número dellos, á que pusiese en la misma
-servidumbre, por mal ó por bien, á las gentes que de los confines
-de Natá habia, hasta la tierra que, por mandado de Espinosa, Hernan
-Ponce por la mar habia descubierto, y mandóle Pedrárias que poblase un
-pueblo en la provincia de Chiriquí, donde llegado comenzó á enviar á
-llamar las gentes de la tierra: vinieron á su llamado los de Chiriquí,
-é despues otra gente llamada bareclas, y despues los de la provincia
-de Burica, y los que vivian sobre el golfo que llamamos de Osa, toda
-tierra muy poblada y que dura cerca de cien leguas. Todas aquellas
-gentes vinieron sin resistencia, por estar asombradas de las guerras
-y crueldades que habian oido haberse hecho á las provincias pasadas,
-y experimentado quizá cuando por aquellas tierras ó por sus vecinas
-los años pasados habia andado Espinosa. Estuvieron dos años en aquel
-pueblo de Chiriquí los españoles, sirviéndoles los indios, pero no
-pudiendo sufrir tan dura servidumbre y contina tiranía, se levantaron
-contra ellos, y mataron algunos dellos, y al cabo, por cierta ocasion,
-acordaron los españoles de deshacer ó despoblar su pueblo. Toda aquella
-tierra como otras muchas que contienen millares de leguas, estando de
-gentes refertísimas, está hoy desierta y habitada de fieras bestias,
-mayormente de tigres. Porque un poco más arriba se dijo, que por
-derramar la gente que sobrada habia en Panamá Pedrárias envió á Hurtado
-con della, es de saber que una de las cosas que ha destruido y asolado
-y despoblado las Indias ha sido dar licencia el Consejo del Rey á todos
-los que han querido pasar á ellas, indiferentemente y sin número ni
-medida, porque comunmente han pasado gente holgazana, y que por fuerza
-habia de comer de sudores ajenos aunque pesase á Rey y á Roque que se
-lo prohibiese, de donde, sin otros inconvenientes, ha sucedido que,
-para que tanta gente no destruyese, comiendo, las haciendas de los
-españoles de una comarca ó de una provincia, no las que ellos cavaban
-y sudaban sino cavadas y sudadas por los indios, los que gobernaban, y
-áun hoy gobiernan, enviaban y hoy envian golpe de gente española, con
-color de descubrir ó de apaciguar ó de poblar, que destruian cuerpos y
-ánimas de infinitas gentes de indios; y otro tras éste no ménos cruel
-y diabólico ni conveniente, que, como se ha dicho arriba, llevaban
-de los opresos y siempre fatigados indios, que servian á los pueblos
-de los españoles, mucha gente, dejando desmamparadas sus mujeres y
-hijos, con cargas de tres y cuatro arrobas y todo fardaje, de los
-cuales si sacaban 1.000, por los trabajos y cansancio y hambres, 50
-no volvian. Ha habido en ésto tan desatinada é incomparable desórden,
-que de cuarenta cuentos de ánimas que habemos echado desta vida,
-desde que entramos en aquellas infelices Indias, los quince por esta
-causa tenemos por cierto haber perecido. Todo ésto han sabido los
-del Consejo del Rey, y ha sido tanta su insensibilidad que ni lo han
-castigado ni prohibido, y si á proveer algo en favor de los indios se
-arrojan, por los clamores que religiosos siempre les dan y han dado
-por cartas ó por presencia, mandan y escriben, ó dan por instruccion á
-los que allá gobiernan y de nuevo de acá envian, lo que saben que ni
-guardan ni cumplen ni han de guardar ni cumplir, pensando, engañando
-á sí mismos, que con la estrechísima y periculosísima obligacion que
-acuestas tienen, han cumplido, y con ésto comen y beben y duermen sin
-escrúpulo, á lo que en ellos parece, pues andan alegres y se rien,
-habiendo de llorar todos los dias de su vida, la menor negligencia
-en negocio tan grande y tan puesto á su cuenta, en que cognosciesen
-haber incurrido. ¡Cuánto más debian y debrian de gemir é áun lamentar
-la perdicion de tantos millones de cuerpos y ánimas que injustamente
-habemos muerto, teniendo ellos en las manos el gobierno espiritual y
-temporal de aquel Nuevo Mundo, y el ejercicio ó administracion de la
-justicia! Todo lo que aquí escribo, muchas veces, juntos en su Senado y
-Tribunal, y en sus casas á cada uno lo he dicho. Dejo de decir de los
-robos y tantos millones que habemos tomado á sus propios dueños con
-tantos daños dellos y tan mal adquiridos; dejo de encarecer tambien
-estar á su cuenta la conversion de aquel mundo tan grande, tan ancho
-y tan extendido; dormir á sueño suelto y á pierna, como dicen, muy
-tendida, y comer y beber muy á sabor, y vivir con mucho contento y
-alegría, quien tan estrecha cuenta, y de cosas tan pesadas, ante el
-Divino juicio espera dar (si piensa, empero, darla, porque si no piensa
-darla su insensibilidad será más incurable), no se yo cómo aquello les
-es posible. Tornando al propósito, es aquí de notar que tres estados
-han tenido siempre los españoles, y hoy tienen, en las Indias, á los
-cuales corresponden otros tres estados de infelicidad en los indios.
-El uno es entrar haciendo violencias y guerras en ellos, donde matan
-y destruyen cuantos pueden por sojuzgallos hasta en su servidumbre
-traellos. El segundo, entre sí repartillos y servirse dellos como de
-jumentos ó asnillos, y pluguiese á Dios que así los tractasen y no
-fuesen ménos que sus bestias tenidos. El tercero, despues que los han
-muerto todos, ó cuasi todos, si de todas sus violencias y tiranías
-se hallan con dineros, venirse á heredar ó á hacendarse á Castilla,
-y si no tienen con qué venirse, como, por la mayor parte, que medren
-con cuanto roban Dios no les permite, sino que vivan en necesidad,
-quédanse, y entónces comienzan á hallar ménos los indios, y no sé si
-les pesa de tan inexpiables pecados que han cometido. El cuarto estado,
-el cual yo no dudo, es, en muriendo irse á los infiernos á lastar lo
-que con tanta sangre de sus prójimos hobieron comido y bebido, si en
-algun tiempo de su vida la Divina clemencia no les socorrió con su
-gracia, para que cognosciesen sus tan inexpiables pecados, y por el
-perdon dellos implorasen su misericordia con entrañables suspiros y
-gemidos. Al primero correspondió el primero de los indios que padecian
-tan grandes crueldades y matanzas que con las guerras les hacian. Al
-segundo respondió la cruel servidumbre y cautiverio en que poco á poco
-iban pereciendo, sin hacer más cuenta dellos de la que dije, no sólo
-cuanto á lo que tocaba á la vida y salud del cuerpo, pero á la salud y
-vida del ánima, porque no tuvieron más cuidado de que fuesen cristianos
-que si fueran borricos. El tercero estado fué, despues de muertos todos
-en el servicio de los que les debieran dar vida, no dándoles tantas ni
-tales fatigas, y las tierras todas despobladas, remanecian dos aquí é
-cinco allí, casi en pegujalejos, y á éstos los españoles comenzaban
-á tractar bien, y otros que aún no dejaban de llevar el acostumbrado
-camino. Del cuarto estado tampoco debemos dudar, pues es manifiesto que
-todos los más morian sin fe y sin sacramentos, y si á muchos se dió el
-bautismo dióseles sin doctrina y sin saber lo que rescibian, como se
-han hecho muchas veces por muchos, cerca desto, grandísimos desatinos
-en las Indias; y dejemos aquí por agora de hablar de tierra firme, por
-aquella parte, hasta que tornemos á contar sus desventuras y miserias.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXV.
-
-
-Resta decir algo de lo que acaesció en la otra parte de tierra firme
-que está al Oriente, conviene á saber, la costa de Cumaná, y que
-dicen de las Perlas en la isleta de Cubagua, lo cual tenía su lugar
-poco ántes deste tiempo; ya se dijo en el cap. 159 como los indios
-de la provincia de Cumaná, despues de salido el clérigo Bartolomé de
-las Casas para la isla Española, mataron un fraile y ciertos criados
-suyos, y quemaron el atarazana y toda la hacienda que allí tenía, y
-como al cabo se metió fraile como en el el cap. 160 queda escripto.
-Luégo el Almirante y Audiencia y toda la Consulta, que dijimos ser
-con éstos los oficiales del Rey, determinaron de enviar otra armada
-para que castigase por guerra á aquella gente, porque estando alzados
-como estaban no podian vivir los moradores de Cubagua, que allí
-vivian por la granjería de las perlas, por no tener agua la isleta,
-y la que bebian era del rio de Cumaná en la misma tierra firme, de
-la isleta siete leguas, y no podian irla á coger sin pelear con los
-indios, que era muy peligroso por la ponzoña de la hierba que en las
-flechas ponian. Fué por Capitan desta gente un vecino de la ciudad de
-Sancto Domingo, llamado Jácome de Castellon; éste fué y llevó alguna
-gente, y tomó de la gente que estaba en la isla de Cubagua en la dicha
-pesquería de las perlas, y junta cuanta pudo pasó á la tierra firme,
-siete leguas de allí por la mar, y asentóse con ella á la boca del
-dicho rio de Cumaná, donde ya tuvo segura el agua para que pudiesen
-venir por ella libremente los que quedaban en la dicha isleta. Desde
-allí envió cuadrillas de españoles tras los indios, mató muchos
-dellos, y hizo muchos esclavos, que es lo que despues del oro es lo
-más deseado de los españoles; los que no pudo haber asegurólos que no
-rescibirian más daños, que se viniesen á sus pueblos, y así quedaron
-apaciguados. Edificó Jácome de Castellon una fortaleza á la boca del
-rio de Cumaná, donde el clérigo de las Casas la queria edificar, para
-tener segura la cogida del agua, sin la cual, como está dicho, no
-podian vivir los de la isleta de Cubagua. Hízose despues un muy buen
-pueblo de españoles en la isleta, con muchas casas de piedras y adobes
-y tapias, como si hobieran de perseverar por algunos quinientos años,
-pero acabadas las perlas, despues algunos y no muchos años, se quedó
-la poblacion ó pueblo todo despoblado, aunque primero, ó poco más
-tarde ó poco ménos, se consumieron los indios en aquel ejercicio de
-sacar perlas, donde han perecido inmensidad dellos; con las guerras
-dichas y esclaverías que en ellas se hicieron, y con las perlas está
-desierta ó cuasi desierta de sus habitadores toda aquella tierra. Y
-porque se vea si sacar las perlas es ménos pernicioso para los indios
-que sacar el oro, y por consiguiente los bienes que de las Indias
-vienen á España vienen por todas partes justificados, y si es posible
-que con tales bienes se puede esperar que Dios haga merced á España,
-es, pues, la vida de los indios que se traen para pescar perlas, no
-vida, sino muerte infernal (algo dijimos della en el libro II, cap.
-45), y es ésta: Llévanlos en las canoas, que son sus barquillos, y va
-con ellos un verdugo español que los manda, llegados en la mar alta,
-tres y cuatro estados de hondo, manda que se echen al agua; zabúllense
-y van hasta el suelo, y allí cogen las ostias que tienen las perlas,
-y hinchen dellas unas redecillas que llevan al pescuezo ó asidas á
-un cordel que llevan ceñido, y con ellas ó sin ellas suben arriba á
-resollar, porque no siempre donde se zabullen las hallan, y si se
-tardan en mucho resollar, dales priesa el verdugo que se tornen á
-zabullir, é á las veces les dan de varazos que se zabullan, y siempre
-todo este tiempo nadando y sosteniéndose sobre sus brazos; están
-en ésto todo el dia desde que sale hasta que se pone el sol, y así
-todo el año si llegan allá: la comida es algun pescado, y el pescado
-que tienen las mismas ostias donde están las perlas, y pan caçabí
-hecho de raíces y maíz, que son los panes de allá, el uno de muy poca
-sustancia, que es el caçabí, y el otro que se hace con mucho trabajo,
-y destos no muchas veces quizá se hartan. Las camas que les dan á la
-noche son el suelo con unas hojas de árboles ó hierba, los piés en el
-cepo porque no se les vayan. Algunas veces se zabullen, y no tornan
-jamás á salir, ó porque se ahogan de cansados y sin fuerzas y por no
-poder resollar, ó porque algunas bestias marinas los matan ó tragan.
-Hay dos especies de bestias comunmente, y áun tres crudelísimas, que
-comen los hombres y áun caballos hacen pedazos, la una es tiburones, la
-segunda marrajos, la tercera cocodrilos, que llaman los que no saben
-lagartos; los tiburones y lagartos que tienen los dientes admirables,
-asen del hombre ó del caballo por la pierna ó por el brazo, ó por otra
-cualquiera parte, y llévanlo al hondo y allí lo matan, y despues de su
-espacio lo comen; los marrajos son muy más grandes y tienen grandes
-bocas, y del primer bocado lo tragan. Una vez acaesció que un indio,
-zabulléndose, vido cerca de sí un marrajo; subióse luégo, huyendo á lo
-alto, el español verdugo riñe con él porque se subió tan presto sin
-sacar algo, dijo que estaba por allí un gran pescado, y que tuvo temor
-dél no le matase; fuérzalo á que tornase á se zabullir, é, por ventura,
-le dió de varazos. Zabullóse el triste, y el marrajo que lo estaba
-aguardando, arremete con él y trágalo. Parece que al principio peleó el
-indio con el pescado, y hobo cierto remolino en el agua por un rato;
-entendió el español que el pescado habia acometido al indio, y como
-vido el indio que se tardaba, mató un perrillo que allí tenía y púsolo
-en un anzuelo de cadena grande que para estos pescados comunmente
-traen, y echólo al agua, y luégo lo asió el marrajo que aún no estaba
-contento, y el anzuelo prendió dél de manera que no pudo escaparse;
-sentido por el español que estaba preso, lárgale soga, y poco á poco
-váse hácia la playa en su canoa ó barco. Salta en tierra, llama gente
-que le ayuden, sacan la bestia, dánle con hachas y piedras, ó con lo
-que pudieron y mátanla; ábrenle el vientre y hallan al desdichado
-indio, y sácanlo, y dá dos ó tres resuellos y allí acabó de espirar. De
-aquí se puede cognoscer si con esta granjería de pescar ó sacar perlas
-nuestra gente guarda los mandamientos divinos del amor de Dios y del
-prójimo, poniendo en peligro de muerte corporal y tambien del ánima,
-por morir sin fe y sin sacramentos, á sus prójimos, por anteponer su
-propia cudicia y interese temporal; y ésto allende la tiranía con que
-los oprimen trayéndolos allí por fuerza y contra su voluntad; item,
-allende la infernal vida que les dan hasta que los acaban y consumen
-por la mayor parte en breves dias; porque ¿cómo es posible los hombres
-vivir, estando la mayor parte de la vida sin resuello debajo del agua?
-Y allende la frialdad del agua que los corrompe, mueren comunmente de
-echar sangre por la boca, y de cámaras de sangre por el apretamiento
-del pecho, por causa de estar cuasi la mitad de la vida sin resuello.
-Conviértenseles los cabellos, siendo ellos de su naturaleza negros,
-quemados como pelos de lobos marinos, y sáleles por las espaldas
-salitre que parecen otra especie de hombres ó de monstruos. Con este
-trabajo mortífero y vida desesperada acabaron de consumir las gentes
-de los lucayos, como dejamos referido en el segundo libro, y, despues
-de aquéllos, otra inmensidad de gentes de otras partes; hoy en este
-dia, que pasa de 1560 años, matan gentes en el cabo de la Vela, donde
-se pasó la dicha pesquería porque se acabó la de la isleta de Cubagua.
-Muchas veces lo ha mandado remediar el Consejo con cédulas del Rey
-é no ha aprovechado nada, pero la culpa principal y el pecado muy
-grande tiene el mismo Consejo, porque no parece sino que lo proveen
-solamente por cumplir, é para que no se cumpla lo que en favor de los
-indios mandan, pues no castigan rigurosamente los que no cumplen su
-mandado. Y es cosa de burla cuanto en estos casos mandan, y por ésto
-principalmente, conviene á saber, por no castigar los delincuentes,
-así jueces como particulares que no cumplen lo que en favor de
-aquellas gentes han proveido y proveen, ha sido la causa principal
-de estar aquel orbe asolado, lo cual se pedirá á ellos principal
-y aspérrimamente. Y aunque lo que aquí agora contaré acaesció en
-aquella provincia de Cumaná algunos años despues, y pertenecia su
-historia al cuarto libro, todavía lo quiero referir aquí como me lo
-escribió el mismo capitan Jácome de Castellon, porque quizá no se me
-olvide. Primero dia de Setiembre año de 1530, á las diez horas ántes
-de mediodía, estando el dia sereno y los aires tranquilos, súbitamente
-se alzó la mar, y sobrepujó los límites ordinarios en altura cuatro
-estados, que alcanzó por encima de ciertos árboles que están á la
-boca del rio (el cual es grande y caudal) y cubrió todos los llanos,
-llegando hasta las laderas de las serrezuelas que hay por allí, cerca
-de media legua, y así como la mar comenzó á entrar en la tierra, la
-tierra comenzó á temblar terriblemente, y duró el primer temblor un
-ochavo de hora, y despues dió temblores diversas veces por aquel dia;
-éstos fueron tan grandes que la fortaleza cayó en tierra hasta los
-cimientos, que no quedó della sino una esquina de la primera cerca.
-Abrióse la tierra por muchas partes en los llanos y en las serrezuelas,
-y por las aberturas manaba una agua como tinta, negra y salada, que
-hedia á piedra azufre. Una sierra del golfo que llaman de Cariaço, que
-entra por allí dentro en la tierra 14 leguas, se abrió en tanto que
-queda dividida y hecha en ella una gran abra. Cayéronse muchas casas
-de los indios, que son de paja y madera por lo cual murieron algunos
-indios, juntamente por el terror y espanto que hobieron.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXVI.
-
-
-Ya digimos en el libro II cómo viendo los españoles que las gentes de
-la isla Española, con la crueldad de las minas y los otros trabajos
-que les daban, se les iban muriendo y acabando, inventaron engañar al
-Rey Católico para que les diese licencia que pudiesen traer las gentes
-naturales de las islas que llamábamos Yucayos ó Lucayos. Esta licencia
-concedida, su ocupacion toda por aquellos tiempos fué ir á traerlos;
-dellos tomados por engaño, dellos salteándolos y por todas maneras de
-injusticia y maldad, los trujeron sin quedar ánima viva en treinta ó
-cuarenta islas que son, chicas y grandes, donde, al cabo y los que
-restaban, en la pesquería de las perlas todos los mataron y acabaron.
-Estos tambien acabados, comenzaron á tractar de otra granjería para
-tener á quien más matar en sus minas; como los españoles que vivian
-en la isla de Cuba hicieron armadas para saltear los moradores de las
-islas de los Guanajos, al Poniente, y las que más pudiesen hallar y
-despoblar, segun arriba en el cap. 91 digimos, así los que vivian en la
-Española inventaron hacerlas para saltear y cautivar naturales vecinos
-de las islas y tierra firme, que la naturaleza puso al Oriente. Estas
-armadas hacian de la manera que hicieron las que inventaron para traer
-la gente de los Yucayos, juntándose en compañía tres ó cuatro vecinos,
-ó más ó ménos, segun tenian el caudal, y ponian cinco, ó seis, ó siete
-mil pesos de oro, compraban un navío ó dos, metian 50 ó 60 españoles,
-personas bien desalmadas, proveidos de bastimentos ó á soldada, ó
-á que en las presas que trujesen tuviesen sus partes. Dábaseles un
-Veedor, tan gran ladron como ellos, y ménos temeroso de Dios y que
-parecia haber recibido el alma en vano, para que viese lo que allá se
-hacia, conviene á saber, que mirase si se hacian los requerimientos,
-y si las instrucciones que se les daban guardaban. Las instrucciones
-contenian que á cualquiera Isla ó parte de tierra firme que llegasen,
-hiciesen sus requerimientos, diciendo que supiesen que habia un Dios
-en el cielo, y un Papa vicario suyo en la tierra, y que habia dado
-aquellas Indias á los reyes de Castilla, cuyos vasallos ellos eran; que
-viniesen á su obediencia, si no que supiesen que les harian guerra y
-harian esclavos, etc. ¿Qué mayor escarnio de la fé de Jesucristo y más
-injusta maldad, que aquellos mal aventurados letrados, que gobernaban
-estas islas y tierras, y que obligados eran á saber ser aquéllo contra
-toda ley natural, y divina, y humana, tales instrucciones no tuviesen
-vergüenza y confusion de darlas? Destos requerimientos (no pase de aquí
-el lector, hasta que vea lo que dellos digimos arriba en los capítulos
-57 y 58), algunas veces enviaban un clérigo idiota por Veedor, para
-justificar más su tiranía, que veia las maldades que allá se hacian, y
-dellas descubria y dellas no; dello por no tener todo por malo, pues
-el Audiencia real lo autorizaba, enviaba y mandaba, y mandaba y tenía
-en ello parte, siendo todo execrable, dello quizá porque se holgaba
-de que se trujese más gente robada, porque tambien de las presas
-llevaba su parte de esclavos ó se le daba por aquella su veeduría buen
-salario. Estos, salidos del puerto de Sancto Domingo, porque de allí
-era su embarcaje, llegaban á la Isla ó á la parte de tierra firme
-donde ir acordaban que más cómodo hallaban, y desde los navíos hacian
-sus requerimientos, y aunque los hicieran al oido de cada uno de los
-moradores, como fuese en nuestra algarabía, no entendieran ni entendian
-palabra, y desto daba testimonio el Veedor como en tal puerto de tal
-isla ó provincia de la tierra firme se habia hecho el requerimiento
-que Su Alteza mandaba. Venian los indios en sus barquillos ó canoas á
-ellos trayéndoles comida, y sus cosillas ellos les daban y saltaban en
-tierra por asegurallos, y venida la noche daban en el pueblo llamando
-á Santiago que los ayudase; tomaban cuantos podian, y otros, para
-meter temor á todos, mataban á cuchilladas. Metian en los navíos los
-presos, y de allí se iban á otras partes y hacian otro tanto, hasta
-que les parecia que tenian buena carga. Siempre por el camino echaban
-á la mar muertos mucha parte, del poco comer y beber porque siempre
-llevaban ménos bastimento de lo que para tanta gente era necesario, y
-del calor por los meter debajo de cubierta, y de angustia y tristeza de
-verse así traer, como digimos arriba en los capítulos 43, 44 y 45 de
-la segunda parte desta Historia, hablando de los Yucayos. Veníanse al
-puerto de Sancto Domingo los navíos con sus cabalgadas, desembarcaban á
-los tristes desventurados, desnudos, en cueros, flacos, para espirar,
-echábanlos en aquella playa ó ribera como unos corderos, los cuales,
-como venian hambrientos, buscaban los caracolicos ó hierbas y otras
-cosas de comer, si por allí hallaban, y como la hacienda era de muchos,
-ninguno dellos curaba para les dar de comer y abrigallos hasta que se
-hiciesen partes, sino, de lo que traian en el navío, algun caçabí,
-que ni los hartaba ni sustentaba. Y porque siempre no faltaba quien
-dijese y publicase algunas señaladas crueldades que allá se habian
-hecho cuando los tomaban (y tan bien las sabian los Oidores como los
-predones que las hacian, porque cierto les era que no los podian tomar
-ó prender sino haciendo grandes males), para engañar al mundo, ponian
-una persona que se les antojaba, que quizá tendria en el armada parte,
-que averiguase si habian sido bien tomados. ¡Oh gran Dios y Señor, y
-que has sufrido con tu paciencia y longanimidad en este caso que nunca
-se hallaron ser mal tomados ni traidos, estando en sus tierras y en
-sus casas sin hacer mal á nadie, como que no fuera iniquísimo enviar
-salteadores que los robasen y trujesen para los hacer esclavos! y si
-alguna vez hallaban, segun su ceguedad, alguna causa que á su parecer
-era más desvergonzada en fealdad que condenaba la traida de aquellos,
-no por eso los libertaban ni enviaban á sus tierras, diciendo que ya
-que estaban acá mejor les era porque serian cristianos, ó que moririan
-por el camino, y otras excusas semejantes, como que de su cristiandad
-tuvieran algun cuidado. Verlos por aquella playa, la ribera del rio,
-dellos sentados, dellos echados en aquel suelo que no se podian tener,
-dos y tres dias y noches, al sol y al agua, miéntras los repartian,
-llenos de espanto y de toda tristeza, era una de las grandes miserias
-y calamidades, para quebrantar los corazones de cualquiera persona que
-no fuera piedra ó mármol, que se podian ver. Viniendo á la partija,
-cuando el padre via que le quitaban el hijo, y el marido que daban
-á otro dueño su mujer, y la madre á la hija, y la mujer al marido,
-¿quién podrá dudar que no les fuese nuevo tormento y doblada miseria,
-llena de dolor grandísimo, derramando lágrimas, dando gemidos,
-lamentando su infelicidad, y quizá maldiciendo su suerte? Entre las
-inexpiables ofensas, que contra Dios y los hombres en el mundo se han
-cometido, han sido, cierto, las que en las Indias habemos hecho, y de
-aquellas esta granjería fué una de las más injustas, más en maldad y
-daños calificadas y más crueles. Entre otros saltos que los nuestros
-hicieron en aquella costa de tierra firme, abajo de Cumaná obra de
-45 leguas, quiero contar uno, aunque de otro especie, porque fué sin
-embarazo de requerimientos. Está donde digo una provincia, ó era un
-gran pueblo en ella, á la ribera de la mar, en un Cabo que entra en
-la mar y hace algun puerto que llamaban el cabo de la Codera; el
-señor della ó del pueblo se llamaba Higoroto, nombre propio de la
-persona ó comun de los señores dél, este señor, aunque infiel, era
-muy virtuoso, y su gente buena, y que imitaba en amar la paz y ser
-hospedativa á su señor. El señor y toda su gente tuvo grande amor á
-los españoles, y los rescibian y abrigaban en su pueblo y casas como
-si fueran padres y hijos, y acaecia venir huyendo por los montes
-algunos malos cristianos españoles, de otras provincias ó pueblos de
-otros indios que habian salteado, y escapádose de las manos dellos,
-muertos de hambres, descalzos y afligidos, y recibíalos el señor
-Higoroto y abrigábalos, dándoles de comer y su cama, y lo que más les
-era menester, con mucha alegría; y despues de los haber reformado,
-y ellos de su hambre y trabajos convalecido, y se querian ir, los
-enviaba en una canoa por la mar á la isleta de Cubagua, donde estaban
-los españoles en su granjería, proveidos de lo que habian menester,
-acompañados de muchos indios, y así libró á algunos de los nuestros de
-la muerte que no fueran oidos ni vistos. Finalmente era tal Higoroto
-y su gente, y á los españoles obligaba con tan continuos beneficios,
-que todos los españoles llamaban aquel pueblo de Higoroto meson y casa
-refugio y consuelo de todos los españoles que por allí iban y venian.
-Acordó un mal aventurado hombre de con una insigne obra mostrar el
-agradecimiento de tanto beneficio; llegó, pues, aquél allí con un
-navío, y en él su compañía, que debian de no haber hallado aparejo
-para hacer salto en toda la costa, y por no tornar de vacío saltaron
-en tierra, y los indios con su señor rescibiéronlos y regocijáronlos
-como á los otros solian. Tornáronse al navío y convidaron mucha gente,
-hombres y mujeres, grandes y chicos; entran en él seguros como en otros
-otras veces hacian. De que los tuvieron dentro alzaron las velas, y
-viniéronse á la isla de Sant Juan y vendiólos por esclavos; y á la
-sazon yo llegué á aquella Isla y lo vide y supe la obra que habia
-hecho, y cómo mostró al señor Higoroto y á su gente ser los españoles
-de cuantos beneficios dél rescibieron agradecidos. Desta manera dejó
-destruido aquel pueblo, porque los que no pudo robar se desparcieron
-por los montes y valles, huyendo de aquellos peligros, y despues al
-cabo todos perecieron, con las maldades tiránicas de los españoles que
-fueron á poblar ó despoblar á Venezuela, como aparecerá en el siguiente
-libro. A todos los salteadores y malos cristianos, que en aquellos
-pasos andaban, pesó entrañablemente de aquella maldad que aquel pecador
-con el pueblo de Higoroto hizo, y es de creer que no por la fealdad
-de la obra tanto, segun éstas y otras semejantes cada paso se hacian,
-cuanto por haber perdido todos aquel cierto y buen hospedaje que
-Higoroto y su gente á todos sin diferencia hacian.
-
-
-
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-CAPÍTULO CLXVII.
-
-
-¿Quién podrá numerar los insultos, y encarecer las fealdades y gravedad
-dellos, que con estas y en estas armadas se hicieron, y cuántas gentes
-á la isla Española y á la de Sant Juan se trujeron y vendieron, y
-en ellas, sin sus naturales vecinos, en las minas y otros trabajos
-perecieron? y no sé si diga que fueron más de dos cuentos. Muéstralo
-bien la despoblacion y soledad de toda aquella costa de tierra firme, y
-de muchas islas que estaban poblatísimas; y esta es cosa digna, cierto,
-de considerar, que ha mostrado la divina justicia, que ninguno se cree,
-de cuantos en estas armadas entendieron y pusieron dineros, teniendo
-parte en la cofradía, que no viviese pobre y mezquino, y las muertes
-fuesen de sus obras testigos, ó que despues de sus vidas, por muchas
-haciendas que dejasen, que en breve, por diversas vías, no fuesen
-consumidas. Hombre destos cognoscimos en esta isla, que dejó hacienda
-que valia 300 y 400.000 castellanos, y en ellos dos ó tres mayorazgos,
-y á cinco ó seis años despues de su muerte se habia deshecho tanto
-entre las manos, cuasi imperceptiblemente, á no valer toda 50.000, y
-no se duda que no vaya del todo adelante, hasta que sus herederos,
-ó que gocen poco de aquellos bienes, ó que vengan á tiempo que
-mendiguen, y destos hobo muchos en aquella ciudad y en toda la Isla.
-Cerca de aquellos requerimientos que por ceremonia hacian los que iban
-y mandaban hacer los que gobernaban, y llamábanse letrados juristas
-(y por aquel oficio de letrados comian y señoreaban, no por sus ojos
-bellidos, y por tanto no les era lícito ignorar aquella tan inhumana y
-grosísima injusticia), quiero aquí contar lo que me acaesció tractando
-dello con el mayor dellos, que sobre todos ellos presidia. Decíale yo,
-y traíale razones y autoridades para persuadille, ser aquellas armadas
-injustas y de toda detestacion y fuego eterno dignísimas, y cómo los
-requerimientos que se mandaban hacer y hacian eran hacer escarnio de
-la verdad y de la justicia, y en gran vituperio de nuestra religion
-cristiana, y piedad y caridad de Jesucristo, que tanto por la salvacion
-de aquellas gentes habia padecido, y que no les pudiendo limitar
-tiempo dentro del cual se convirtiesen á Cristo, pues él ni á todo el
-mundo lo limitó, más de dalle todo el tiempo que hobo y hay desde su
-principio hasta el dia del Juicio, ni á persona particular alguna, sino
-que á cada uno le concedió todo el espacio de la vida, dentro del cual
-se convirtiese usando de la libertad del libre albedrío, y que los
-hombres cortasen aquel privilegio divino de tal manera, que unos decian
-que bastaban requerilles y esperalles tres dias, otros se alargaban
-diciendo que bien era esperallos quince dias; respondióme él: «No,
-poco es quince dias, bien es dalles dos meses para que se determinen».
-Quise dar gritos desque oí é vi insensibilidad tan profunda y maciza,
-en quien gran parte de aquellas regiones regia. ¿Qué mayor ignorancia
-y ceguedad podia caer en persona que profesaba ser letrado y gobernar
-tanta tierra y tanta gente, que no supiese, lo uno, que aquellos
-requerimientos eran injustos y absurdos y de derecho nulos; lo otro,
-que aunque fueran justos y se les pudieran hacer, que eran dichos en
-lengua española que no entendian, y así no los obligaban, y que para
-entendellos más tiempo habian menester de dos meses, y áun de catorce
-y de veinte para que los obligaran; lo otro, que no por más probanza
-ni testimonio de afirmar aquellos, que por tan malos infames y crueles
-hombres por sus malvadas obras tenian, que Dios del cielo habia dado el
-señorío del mundo á un hombre que se llamaba Papa, y el Papa concedió
-aquellos reinos de las Indias á los reyes de Castilla, que pensase y
-creyese quedar obligados á creellos y rescibillos, y dar á los reyes de
-Castilla la obediencia, y donde no, pasados los dos meses, les pudiesen
-hacer guerra. Item, que creyese aquel Presidente de aquella Audiencia
-que fuesen obligados aquellas gentes á rescibir á los reyes de
-Castilla por señores, teniendo sus señores naturales y Reyes, primero
-que de Dios su criador y redentor se les diese cognoscimiento. Pero
-esta ignorancia y ceguedad, del Consejo del Rey tuvo su orígen primero,
-la cual fué causa de proveer que se hiciesen aquellos requerimientos;
-y plega á Dios que hoy, que es el año que pasa de 61, el Consejo esté
-libre della. Y con esta imprecacion, á gloria y honor de Dios, damos
-fin á este tercero libro.
-
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-APÉNDICE.
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-
-ALGUNOS CAPÍTULOS
-
-DE LA
-
-APOLOGÉTICA HISTORIA
-
-cuanto á las cualidades, dispusicion, descripcion, cielo y suelo
-destas tierras, y condiciones naturales, policías, repúblicas, maneras
-de vivir y costumbres de las gentes destas Indias occidentales y
-meridionales, cuyo imperio soberano pertenece á los Reyes de Castilla.
-
-
-ARGUMENTO DE TODA ELLA.
-
-La causa final de escribilla fué cognoscer todas y tan infinitas
-naciones deste vastísimo orbe infamadas por algunos, que no temieron á
-Dios, ni cuánto pesado es ante el divino juicio infamar un solo hombre
-de donde pierda su estima y honra, y de allí le suceda algun gran
-daño y terrible calamidad, cuanto más á muchos, y mucho más á todo un
-mundo tan grande, publicando que no eran gentes de buena razon para
-gobernarse, carecientes de humana policía y ordenadas repúblicas, no
-por más de por las hallar tan mansas, pacientes y humildes, como si la
-Divina Providencia en la creacion de tan innumerable número de ánimas
-racionales se hobiera descuidado, dejando errar la naturaleza humana,
-por quien tanto determinó hacer y hizo, en tan cuasi infinita parte
-como ésta es del linaje humano, á que saliesen todas insociales, y por
-consiguiente monstruosas, contra la natural inclinacion de todas las
-gentes del mundo, no permitiendo que yerre así alguna especie de las
-otras corruptibles creaturas, sino alguna por maravilla de cuando en
-cuando. Para demostracion de la verdad, que es en contrario, se traen
-y copilan en este libro (referida primero la descripcion y calidades
-y felicidad de aquestas tierras, y lo que pertenesce á la geografía y
-algo de cosmografia) seis causas naturales que comienzan en el cap.
-22, conviene á saber, la influencia del cielo, la dispusicion de las
-regiones, la compostura de los miembros y órganos de los sentidos
-exteriores é interiores, la clemencia y suavidad de los tiempos, la
-edad de los padres, la bondad y sanidad de los mantenimientos; con
-las cuales concurren algunas particulares causas, como la dispusicion
-buena de las tierras y lugares y aires locales, de que se habla en el
-cap. 32. Item otras cuatro accidentales causas que se tratan en el
-capítulo 27, y éstas son la sobriedad del comer y beber, la templanza
-de las afecciones sensuales, la carencia de la solicitud y cuidado
-cerca de las cosas mundanas y temporales, el carecer asimesmo de las
-perturbaciones que causan las pasiones del ánima, conviene á saber,
-la ira, gozo, amor, etc. Por todas las cuales, ó por las más dellas,
-y tambien por los mismos efectos y obras de estas gentes, que se
-comienzan á tractar en el cap. 39, se averigua, concluye y prueba,
-haciendo evidencia ser todas, hablando _à toto genere_, algunas más,
-y otras muy poco ménos, y ningunas exportes dello, de muy buenos,
-sotiles y naturales ingenios y capacísimos entendimientos; ser
-asimismo prudentes y dotadas naturalmente de las tres especies de
-prudencia que pone el Filósofo, monástica, económica y política; y
-cuanto á esta postrera, que seis partes contiene, las cuales, segun el
-mismo, hacen cualquiera república por sí suficiente y temporalmente
-bienaventurada, que son labradores, artífices, gente de guerra, ricos
-hombres, sacerdocio (que comprende la religion, sacrificios y todo lo
-perteneciente al culto divino), jueces y ministros de justicia, y quien
-bien gobierne, que es lo sexto, las cuales partes referimos en breve
-abajo en el cap. 45, y en el 57, por gran discurso, hasta las acabar
-proseguimos; cuanto á la política, digo, no sólo se mostraron ser
-gentes muy prudentes y de vivos y señalados entendimientos, teniendo
-sus repúblicas (cuanto sin fé y cognoscimiento de Dios verdadero pueden
-tenerse) prudentemente regidas, proveidas y con justicia prosperadas,
-pero que á muchas y diversas naciones que hobo y hay hoy en el mundo,
-de las muy loadas y encumbradas, en gobernacion, política y en las
-costumbres se igualaron, y á las muy prudentes de todo él, como eran
-los Griegos y Romanos, en seguir las reglas de la natural razon con
-no chico exceso sobrepujaron. Esta ventaja y exceso, con todo lo que
-dicho queda, parecerá muy á la clara cuando, si á Dios pluguiere, las
-unas con las otras se cotejaren. Escribió esta Historia, movido por
-el fin de suso dicho. Fray Bartolomé de las Casas ó Casaus, fraile
-de Sancto Domingo y Obispo que fué de la ciudad Real de Chiapa,
-prometiendo delante la divina verdad, de en todo y por todo lo que
-dijere y refiriere decir verdad, no saliendo en cuanto él entendiere, á
-sabiendas, cosa ninguna de la verídica sustancia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO PRIMERO.
-
-
-En el año de 1492, estando los Reyes Católicos don Hernando y doña
-Isabel, de felice memoria, con su ejército en la villa de Santa Fe,
-puesto cerco sobre la ciudad de Granada, fué mandado despachar por
-sus Altezas el ilustre y egregio varon D. Cristóbal Colon, primero
-Almirante del mar Océano, el cual Dios eligió sólo para esta tan
-grande hazaña, como fué descubrir este orbe de las Indias. Tomada ya
-la dicha ciudad y puesta ya la cruz de Cristo en el Alhambra, á 2 dias
-de Enero del dicho año, salió con sus despachos el dicho Almirante
-de la dicha ciudad de Granada, sábado 12 dias de Mayo; hízose á la
-vela en el puerto de la villa de Palos, con tres navíos y en ellos
-90 hombres, viérnes á 3 dias de Agosto del dicho año de 1492. Navegó
-por este mar Océano, y á cabo de setenta dias que del dicho puerto de
-Palos habia salido (como si ántes hobiera dejado estas Indias debajo
-de su llave) descubrió la primera tierra dellas, jueves dos horas
-despues de media noche á 11 de Octubre, y así parece pertenecer aqueste
-descubrimiento al dia siguiente, que fué viérnes 12 del dicho mes de
-Octubre. Esta primera tierra fué una isleta de las que llamamos de
-los Lucayos, que las gentes de estas islas por propio nombre llamaban
-Guanahaní, la última sílaba aguda, que en las cartas del marear que
-agora se pintan llaman Triango, como ignorantes, los pintores, de la
-antigüedad: tiene la dicha isla forma de una haba. Descubrió otras
-por allí juntas, y luégo adelante la isla de Cuba, y andando por la
-costa della algunos dias hácia el Poniente, como es muy luenga, creyó
-que era tierra firme, y por las señales que por señas las gentes de
-aquellas islas, que ya traia consigo en los navíos voluntarias, le
-daban, entendió dejar atras esta grande y felicísima isla Española;
-tornó para ella y desde á pocos dias la vido. Navegando, pues, por
-ella de Poniente á Oriente, y comunicando con muchos de los vecinos y
-con algunos señores principales que reinaban en ella, el tiempo que le
-pareció, dejado 38 hombres en la tierra y reino de un muy virtuoso Rey
-llamado Guacanagarí, la última luenga, el cual le habia hecho grande
-y paternal hospedaje y abrigamiento, dió la vuelta á los reinos de
-Castilla, para dar relacion y nuevas tan nuevas á los Reyes Católicos
-que le habian enviado, lo más presto que pudo. Padecidos á la vuelta en
-la mar inmensos é increibles trabajos y peligros, llegó con grandísima
-y turbulentísima tormenta á Lisboa, en Portugal, á 4 dias de Marzo
-del año siguiente de 1493; de allí entró en el dicho puerto de Palos,
-de donde habia partido á 15 dias del mismo mes de Marzo, por manera
-que tardó en todo su viaje seis meses y medio, que fueron 225 dias, y
-viérnes salió y viérnes descubrió y viérnes tornó á entrar en el mismo
-puerto de donde habia para este descubrimiento salido. Para tractar,
-pues, en suma, la dispusicion, descripcion y calidades destas regiones,
-reinos y provincias, y las condiciones naturales, policías y costumbres
-de las gentes y naturales habitadores dellas, parecióme comenzar por
-esta isla Española, pues fué primero que lo demas, de lo principal
-hablando, descubierta, y su excelencia, bondad, fertilidad y grandeza
-merece, cuanto á ser isla, que á todas las tierras sea prepuesta.
-Della más singularmente que de todas las otras tractaremos cuanto á
-la descripcion, porque más que de alguna otra, su sitio, su grandeza,
-su latitud, su longura, sus provincias, sus calidades, fertilidad,
-felicidad y amenidad, más que otro á lo que creemos, por muchos años de
-experiencia de propósito y mirando en ello, penetramos y cognoscimos.
-Y comenzando del sitio, la punta ó cabo della más oriental que agora
-llamamos cabo del Engaño, y el Almirante primero lo nombró una vez
-cabo de San Miguel y otra de Sant Theramo (si por ventura no puso este
-nombre postrero á otro Cabo que á él viniendo navegando se le hacia),
-está de la línea equinoccial apartado 18 grados y algo ménos. Por la
-mayor parte toda la costa del Norte desta Isla, hasta el cabo de San
-Nicolás que se mira con la primera punta oriental de la isla de Cuba,
-está situada en 20 grados, en algunos lugares poco más y en otros poco
-ménos. Toda la costa del Sur hasta una isleta que se llama la Beata,
-que está pegada con esta Isla, está 17 grados, y desde la isleta Beata
-obra de 15 leguas de tierra sale esta Isla hácia el Sur aquellas 15
-leguas, un grado más, y aquel pedazo está en 15 grados; despues torna
-desde un ancon que allí se hace á seguirse hasta el fin desta Isla en
-17, algunos minutos ménos, y este es un brazo de esta Isla, que no
-tiene de ancho de mar á mar ó de Norte á Sur sino obra de 15 leguas,
-porque de la parte del Norte tiene el golfo de Xaraguá; llámase aquel
-Cabo y parte occidental desta Isla el cabo del Tiburon, el Almirante
-lo llamó al principio cuando descubrió á Jamáica, isla, el cabo de San
-Rafael. Finalmente, toda esta Isla está en altura de 16 á 20 grados, y
-el veinteno grado le cae y corta la costa ó ribera de la mar del Norte
-por la longitud viniendo de Oriente á Poniente; la provincia de aquel
-Cabo llamaban los indios moradores della, en su lenguaje, Guacayaríma,
-la penúltima sílaba luenga. Tiene de ancho esta Isla, por lo más, 60
-leguas medidas por el aire, segun parece vistos los grados, pero medida
-por la tierra tiene más de 80, de longura terná 180 y áun más leguas;
-en el anchura y longura desta Isla están erradas las cartas del marear
-como en otras muchas partes destas Indias. Tiene de boja esta isla 600
-leguas; el Almirante decia que tenía más de 700, quiere decir que para
-rodealla un navío toda las ha de navegar. Tiénese por los que la han
-paseado que es tan grande y mayor que toda España, aunque entren Aragon
-y Portugal en ella; el Almirante la rodeó el año de 95, cuando fué á
-descubrir á Cuba si era isla ó tierra firme. Por la parte del Poniente
-ábrese ó pártese en dos ramos ó brazos, como quien abre un poco los
-dos dedos de la mano izquierda, teniendo las espaldas al Oriente, el
-dedo pulgar y el dedo con que señalamos, y esta abertura hace un gran
-lago ó golfo que llaman de Xagua; está cuasi al rincon de este golfo,
-aunque ocho leguas de la playa, una isla tan grande y harto más fértil
-y mejor que Gran Canaria, que los indios llamaban el Guanabo. De
-estos dos ramos, el uno es el que digimos que era el cabo ó punta del
-Tiburon, y está frontero de la punta oriental de la isla de Jamáica,
-y el otro ramo, que es el que hace el Cabo que nombró el Almirante
-cabo de San Nicolás, se mira con la punta ó Cabo oriental de la isla
-de Cuba, la cual creo que se llamaba, en tiempo, la punta de Mayci
-ó de Bayatiquiri en lenguaje de los indios. Puertos tiene esta isla
-Española, excelentísimos algunos, y otros buenos para algunos vientos y
-para otros no muy seguros. El puerto de San Nicolás es muy bueno y el
-puerto de la Concepcion, y otro maravillosísimo puerto, al cual llamó
-el Almirante el puerto de la mar de Santo Tomás, y otros más que por
-allí habia, y de aqueste dice el Almirante que es el mejor del mundo;
-y éste creo que está frontero de donde sale ó llega la gran Vega Real
-de que luégo se dirá. Estoy en duda si éste de la mar de Santo Tomás
-ó el pasado de la Concepcion se nombra hoy puerto del Paraíso, porque
-es felicísima la tierra de por allí, aunque toda es dignísima de ser
-alabada por bienaventurada. Adelante de estos, cuatro ó cinco leguas,
-segun creo, está el puerto de la Navidad, y hácelo una sierra que se
-llamó por los indios Guarique; este puerto es bueno, pero adelante hay
-otro, que es Puerto Real, y este es mucho bueno y por tal le puso,
-quien se lo puso, Puerto Real, porque no hallo que le pusiese tal
-nombre el Almirante en su primer viaje, como por allí pasó de priesa
-con sus buenas nuevas para Castilla; pudo ser que al segundo como de
-propósito buscó puerto para poblar que lo nombró, y sino paró allí por
-ventura vido que para poblar en él le faltaba algo. De aquel Puerto
-Real, 10 leguas, pocas ménos ó más, sino me he olvidado, está el puerto
-de Monte-Christi, del que dijo el Almirante que era singularísimo.
-Adelante de este Monte-Christi, está el puerto de la Isabela, donde
-pobló el Almirante el primer pueblo, y este es buen puerto sino es para
-guardarse del viento Noroeste, que es el más peligroso y dañoso en esta
-parte del Norte que otro alguno. Adelante tres leguas está el puerto
-de Martin Alonso, el cual es buen puerto y hondo, y donde podian caber
-muchas naos, sino que la entrada en él no tiene más de dos brazas.
-Despues de este puerto, cinco leguas, está el puerto de Plata, que es
-como una herradura de caballo de las manos; tiene cuatro brazas en la
-entrada, no es muy seguro con tormenta grande, y creo que con viento
-Norte tienen los navíos el mayor trabajo, y yo he visto allí perderse
-uno pero la tormenta fué muy grande. Pasando de allí algunas leguas, en
-esta costa está otro puerto muy grande, al cual loó de bueno y nombró
-el Almirante Puerto Sacro; y porque no hay poblacion de españoles por
-aquesta costa, sino es en puerto de Plata, no se trata ni se sabe de
-este puerto nada. El golfo de Samaná, donde sale el rio Yuna, que es un
-rio grande cerca del golfo de las Flechas, de donde se despidió desta
-Isla para Castilla, aunque es muy capaz y entra mucho en la tierra y
-pudiera haber muy buen puerto, pero segun tengo entendido tiene la
-entrada muy baja. Otro puerto no hay de aquí adelante hasta el de Santo
-Domingo, puesto que entre la isla ó isleta Saona y esta Isla pueden
-estar navíos surtos pero no seguros, y lo mismo entre esta Isla y la
-isleta de Santa Catalina. Este puerto de Santo Domingo es un rio adonde
-está la ciudad, en el cual se han perdido, creo yo, más de 50 y áun 60
-navíos y más, grandes, estando surtos y amarrados con muchas anclas,
-porque cuando es tiempo de muchas lluvias viene con tanto ímpetu de
-avenida y con tanto poder de agua, que si torres hobiese donde están
-las naos las llevaria de paso; y finalmente no es bueno, sino muy
-peligroso y muy dañoso, como lo es cualquiera puerto que sea rio por
-la misma causa, pero súfrese por no haber otro que tenga la tierra que
-tiene éste en su comarca, y porque para la navegacion de aquí para
-Castilla está en mejor paraje. Diez y seis leguas de aquí al Poniente,
-más abajo, está un muy buen puerto, que se llamó, no sé por quien el
-primero, Puerto Hermoso y así se llama hoy, otros le llaman Puerto
-Escondido, y porque siempre tenía gracia especial en poner nombres á
-las tierras que descubria, creo que se lo pornia el Almirante; si este
-puerto tuviera buena tierra junto á sí y á sus alrededores, en él se
-hiciera esta poblacion, pero es toda su comarca estéril y arenales
-y tierra, por más de una ó dos leguas, para no poderse poblar, ni
-sembrar, ni aprovecharse della. Cuatro leguas de allí está el puerto
-de Açua, la sílaba del medio breve, puerto muy ancho y descubierto
-como bahía, no bueno para estar en él mucho los navíos. Abajo de la
-Beata, isleta, 12 leguas, está un ancon con una isleta á que puso el
-Almirante Alto Velo, donde pueden surgir, y creo que es puerto seguro,
-al ménos del Norte y de las brisas, pero no de vendavales ni de vientos
-ponientes. Más abajo la costa ó ribera, otras ocho ó diez leguas, es
-el puerto de Yaquimo, que el Almirante llamó del Brasil, porque allí
-lo habia, es poco más cerrado que como media herradura; á la entrada
-tiene una isleta que hace algun abrigo: no es mucho ni áun poco bueno.
-De allí, 40 leguas ó pocas ménos, no hay surgidero alguno hasta llegar
-á unas isletas, cuatro ó cinco cercanas unas de otras; hacen poco
-abrigo, pero dos leguas más abajo está un rincon que hace la tierra y
-casi el cabo de la Isla, donde pueden surgir mejor y estar guardados
-los navios, al ménos del Poniente y algo del Sur, á lo que me acuerdo,
-pero no de las brisas. De allí adelante, la vuelta del cabo de San
-Rafael, que es el que dicen del Tiburon, tiene otras entradas y como
-bahías ó puertos hasta llegar al rincon donde está agora el pueblo de
-la Yagüana, y aquél no se puede decir puerto, porque para todos los
-vientos está descubierto y desabrigado, como sea una mar grande, no más
-de cuanto pueden llegarse á tierra. Volviendo la costa del otro ramo
-que va á parar al cabo de San Nicolás, hay otras tres ó cuatro entradas
-de mar en la tierra, y alguna que parece buen puerto; no sé si pueden
-anclar en ellos al ménos grandes navíos, pero la principal es donde
-sale el rio Hatibonico de que abajo diremos; es muy buen puerto y muy
-capaz, entrarán naos grandes una legua rio arriba. Allende estos podrá
-ser que haya algun puerto en la isla que allí está, que se llamaba por
-los indios Guanabo, pero esto no miré cuando pudiera escudriñarlo;
-finalmente, otros puertos no tiene más esta Isla de los que aquí ya he
-señalado. Los de la mar y parte del Norte son muchos y encarecidamente
-buenos y segurísimos, y otros buenos aunque no del todo muy seguros; de
-la parte del Sur, sacado Puerto Hermoso, todos los demas no son buenos
-ni seguros.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-
-Dicho del sitio, grandeza, longitud, latitud y puertos desta isla
-Española, digamos agora de las provincias de ella, y primero por la
-parte que el Almirante la descubrió, describiendo las provincias más
-cercanas á la mar del Norte, y esto se hará en la primera vuelta. En
-la segunda describiremos las provincias comarcanas de la mar del Sur.
-La tercera vuelta describirá las provincias del riñon desta Isla, y
-la cuarta se ocupará en referir las grandezas, hermosura, calidades,
-amenidad y felicidad de la grande y admirable Real Vega; por manera
-que describiéndola toda daremos por ella cuatro vueltas. La primera,
-pues, de las provincias desta Isla por la parte susodicha, fué (cuando
-estaba llena de sus naturales pobladores y agora es despoblada de
-hombres y llena de bestias) la provincia de Baynoa, la sílaba penúltima
-luenga; ésta, por la costa de la mar, es fértil y muy deleitable á la
-vista, y podré decir fertilísima y deleitabilísima, y que cuando la
-descubria el Almirante y la contemplaba, decia della maravillas; estaba
-toda labrada de las labranzas del pan y de las otras raíces, que abajo
-diremos, comestibles. Entre la costa de la mar y las sierras, tiene á
-muchas partes grandes llanos y hermosas campiñas, y las mismas sierras
-tienen montes ó bosques y rasos cubiertos de hermosa yerba, porque
-lo uno y lo otro está en muchas partes dellas á manchas, todas muy
-fértiles que se pueden sembrar y labrar, por lo que el Almirante, que
-la iba costeando y considerando, dice; y con justa razon puso, creo
-yo que él mismo, aunque no lo sé de cierto, á un puerto de los de
-esta provincia, puerto del Paraíso, ántes toda ella parece un terrenal
-Paraíso. Tiene frontero de sí esta provincia la graciosa isla que
-llamó el Almirante la Tortuga, una legua ó dos de mar en medio: es tan
-grande, segun el Almirante dijo, como la isla de Gran Canaria, pero
-harto más fresca y fértil que aquella y más felice. La tierra dentro,
-cuya parte que yo he andado y muy bien visto, y por muchos dias visto
-y considerado su hermosura, es admirable y graciosísima; tiene muchos
-y hermosos valles, alegres corrientes y deleitables rios, los nombres
-de los más de ellos no me acuerdo segun que los llamaban los indios.
-Entre otros valles, es uno que se llamaba Amaguey, la sílaba del medio
-breve, y creo que se denominaba del rio que pasa por él; era y es uno
-de los alegres (y lleno de buenos y abundantes pastos para puercos,
-donde los hobo infinitos) que hay en esta Isla, puesto que hay muchos
-uno mejor que otro, que es cosa de maravilla. Los cerros y los collados
-y sierras della, por lo de dentro, dejadas las que parecen por la
-mar en su postura quebradas ó arroyitos de agua, yerba y arboledas,
-verdura y lindezas, no pueden ser encarecidos. Hay otro valle que
-terná tres ó cuatro leguas de luengo, y una ó más de media en ancho,
-pasa por medio dél un arroyo grande, cuasi rio; cerros y sierras y
-llanos, todo lleno de alegría, hermosura, fertilidad y amenidad, que
-no me ocurren palabras con que encarecer y engrandecer la dignidad de
-todo ello. Al cabo dél se asentó una villa de españoles, y estuvo en
-él algunos años hasta que los vecinos della consumieron, con trabajos
-y opresiones, todos los indios naturales de la provincia; llamóse
-la villa Lares de Guahaba, estuvo asentada en un cerro no muy alto,
-sino tanto que señoreaba un buen pedazo del valle, al cual cercaban
-dos rios ó arroyos grandes, el uno, el principal del valle, que se
-llamaba en lenguaje de los indios Hamí, la última sílaba aguda, y el
-otro Çapíta, la penúltima luenga, abundantes de pescado como los
-otros desta Isla; un tiro de ballesta de la villa se juntaban ambos y
-salian juntos por una muy estrecha abertura entre dos sierras altas,
-aunque no mucho, en la una de las cuales se podia edificar una linda
-fortaleza. Es toda esta provincia temperatísima y amenísima, mucho más
-que otras desta Isla; por Navidad hace frescura de Paraíso, y por Julio
-y Agosto ningun calor, y sin sentirse; yo vide en ella cogido mucho
-buen trigo, y creo que se hará muy mejor y más que en toda la Isla,
-y que lleve ventaja á la de Sicilia. Para ingenios de azúcar tiene
-en los rios grandes heridos, y para todas las otras granjerías donde
-hayan de intervenir instrumentos de aguas y semejantes artificios; háse
-sacado de esta provincia mucha cantidad de oro fino, porque hobo en
-ella muchas y buenas minas, donde se hallaron granos crecidos y grano
-de ocho libras. Hay en ella unos gusanos ó avecitas nocturnas que los
-indios llamaban cocuyos, la media sílaba luenga, y en Castilla llamamos
-luciérnagas, ó quizá son escarabajos que vuelan, las tripas de las
-cuales están llenas de luz; son tan grandes, que con uno vivo en la
-mano, y mejor si son dos, se pueden rezar maitines en un breviario de
-letra menuda (é yo los he rezado segun creo) como con dos candelitas;
-el pellejuelo que tienen en la barriga es trasparente, y cuando vuelan
-ó les alzamos las alillas resplandece la luz que tienen; luégo en
-anocheciendo, salen y están los campos y los montes, en mil partes,
-como si estuviesen llenos de candelillas: no se alzan mucho en alto
-de tierra. Tomado uno se toman muchos, porque acuden muchos adonde
-ven como preso á uno; muertos y estrujados con las manos, y puestas
-aquellas tripillas por el cuerpo, como hacian los indios, y más si
-fuesen pegadas sobre vestidos, queda todo el cuerpo reluciente como
-luz esparcida, puesto que dura poco, pero siempre dura cuando vivos;
-háylos muchos en toda esta Isla, pero no tantos ni tan grandes ni
-tan lucientes como en esta provincia. Creo que se distingue de esta
-de Baynoa otra que se dice de Guahaba, la tierra más dentro, y porque
-es toda una tierra y toda de una manera felice, no hay que decir más
-della que de la precedente, sino que sea una, que sean dos, me parece
-que ternán de luengo 25 ó 30 leguas; la anchura, á mi parecer, será
-de 12 á 15. Despues desta se sigue la provincia del Marien, siguiendo
-la costa de la mar del Norte; aquí viene á parar y acabarse la Vega
-Real, de que adelante haremos, placiendo á Dios, larga mencion. Aquí es
-donde llegó el Almirante cuando perdió la nao el primer viaje, donde
-rescibió del Rey de esta provincia Guacanagarí é de sus gentes tan
-señalado y benévolo acogimiento y hospedaje que fué maravilla; aquí
-tambien dejó los 39 cristianos, que llamó el puerto y la villa de la
-Navidad. Esta provincia del Marien ocupa un buen pedazo de la Vega
-Real, y la tierra desde las sierras, aguas vertientes á la mar, puesto
-que no miré en los tiempos pasados qué tanto se extendia el señorío
-del rey Guacanagarí; sé que habia por allí muchos señores y caciques,
-aunque no supe si aquellos le obedecian, y creo que sí; paréceme que se
-extendia el señorío hasta 15 ó más leguas, y si sobia las sierras en
-lo alto podrian ser hasta otras tantas. De aquellas sierras descienden
-muy graciosos y alegres rios; es fertilísima y alegre, tiene muchas
-campiñas, muchos y diversos rincones que entran como valles entre
-las sierras; estaban todos poblados, y de poblarse cada uno es muy
-digno; puédense hacer tambien muchos ingenios de azúcar y otras muchas
-granjerías, señaladamente los ganados vacunos son aquí, en grosura,
-grandeza y sebo, áun sobre los desta isla, excesivos. Tiene sierras y
-minas en ellas de muy fino cobre, del cual se sacaba por cada libra un
-peso de oro; en otra parte se dirá cuando se quiso sacar de propósito y
-se dejó por los gastos que se hacian, y porque hallaron ser más barato
-entónces andar tras el oro, despues sucedieron tiempos y mudanzas por
-las cuales esta granjería se olvidó del todo. Con todos los bienes y
-fertilidad que esta provincia tiene, abunda de una poco ménos que plaga
-más que otra, y es de muchos mosquitos de los que los indios llamaban
-xoxenes, que son tan chiquitos que apénas con buenos ojos, estando
-comiendo la mano y metiendo un ahijon que parece aguja recien quitada
-del fuego, se ven; están comunmente por toda la ribera de la mar y
-por la tierra cercana á ella desta Isla, por la mayor parte, donde es
-la arena muy blanca, pero ninguno hay destos la tierra dentro; para
-defenderse dellos hay buen remedio, y es tener escombrado de árboles
-y de yerba el pueblo, y los aposentos para dormir algo oscuros, y lo
-mejor de todo es tener unos pabelloncitos que se hacen con 12 ó 15
-varas de angeo ó lienzo ó de algodon para que ni en poco ni en mucho
-impidan el sueño; entre dia poca pena dan en los pueblos escombrados,
-como dije, segun parece, porque en esta provincia está hoy y ha estado
-asentada una villa de españoles más ha de 47 años, y dura, como dije,
-hasta hoy, sin pena ninguna. Entre dia vientan comunmente las brisas
-que bañan y refrescan toda esta Isla, y con el viento ningun mosquito
-puede parar. Despues desta provincia del Marien se continúa la que
-llamábamos en aquellos tiempos el Macorix de abajo, dentro de la cual
-se contiene Monte-Christi; es tambien parte de la Vega Real y toma la
-costa de la mar, y, porque es parte de la Vega Real, de encarecer su
-bondad y lindeza no hay necesidad, pues adelante, cuando se refirieren
-las maravillas desta Vega Real, se parecerá. Sale al Monte-Christi el
-gran rio Yaqui, donde, por unas isletas que allí junto hay, se hace
-aquel puerto, en uno de los cuales se hace ó cuaja alguna sal. Despues
-deste Monte-Christi está otra provincia, que dura más de 20 leguas
-y áun 25, aguas vertientes á la mar, de una sierra ó cordillera de
-sierra que ha nacimiento del mismo Monte-Christi, que es una de las que
-hacen la Vega Real; el nombre que tenía puesto por los indios no miré
-preguntallo cuando pudiera muy bien sabello dellos, y áun en tiempo
-que yo habia ya comenzado á escrebir esta Historia, y así quedó esto
-como otras muchas cosas por mi inadvertencia. Entra en ésta el puerto
-de la Isabela, donde el Almirante asentó, cuando vino á poblar, la
-primera poblacion; entra tambien el puerto de Martin Alonso y el puerto
-de Plata. La lindeza, hermosura y fertilidad de esta provincia, el
-Almirante la encareció mucho cuando la descubrió, y mucho más despues
-cuando la pobló, que no se hartaba de dar gracias á Dios por haberle
-deparado tan gracioso y hermoso lugar para el primer pueblo, y esto
-repitió á los Reyes en algunas cartas de las que en otro lugar habemos
-referido. Esta provincia dura, por el ancho della, hasta encumbrar la
-sierra dicha de donde se señorea la Vega Real; es toda tierra muy linda
-y muy fresca todo el año, sin cuasi calor, mayormente lo que participa
-de cerros y sierras no muy altas; es abierta, rasa, descuélganse de los
-cerros y sierras muchos rios y arroyos muy graciosos y frescos; grana
-la mostaza y los rábanos y otras semillas, lo que por muchos años no
-se ha visto en muchas partes de esta isla. Tiene una vega de más de
-15 leguas, hermosísima; de ancho tiene dos y tres y cuatro, entre dos
-sierras, la una cubre la gran Vega y la otra la mar; pasa un rio por
-ella, caudal, que lleva harta agua, que se llama, en lenguaje de los
-indios, Bahabonico, que tiene grandes pesquerías de muy buenas lizas,
-y éste es el que sale á la Isabela, el pueblo primero que digimos que
-hizo cuando volvió á poblar el Almirante: otros dos ó tres pequeños
-entran en ella. Pacen en la dicha vega, y beben en el dicho rio, más
-de 20 y de 30.000 vacas y otras bestias caballares y de carga. A tres
-leguas desta vega, al cabo, al Poniente, está el puerto de Plata, y
-junto á él la villa que así se llama, y encima della, en un cerro,
-hay un Monasterio de la Orden de Santo Domingo, donde se comenzó á
-escrebir esta Historia el año de 1527; acabarse ha cuando y donde la
-voluntad de Dios lo tenga ordenado. Dentro del sitio deste Monasterio
-hice yo mismo sembrar trigo en cantidad, y sembráronse tres hazas, el
-cual cresció y espigó tan perfectamente, que todos se maravillaban,
-y la gente de las naos que venian de Castilla y pasaban por estas
-partes lo venian á ver como á cosa señalada, pero porque se sembró
-por Octubre como en Castilla, creyendo que acertábamos, llovió ántes
-que del todo se secase, por lo cual se añubló y perdióse lo más, pero
-todavía sacamos algun poco dello muy bueno; y molido en un almirez y
-cernido por un paño y cocido en un tiesto, al fin se comieron tres muy
-buenos panes; hiciéronse tambien muy buenas hostias, con las cuales se
-dijeron misas y comulgaron otros algunos frailes, y tambien celebraron
-los clérigos de la iglesia del pueblo con las hostias de la misma masa,
-y todo esto fué dia del Espíritu Santo. No hobo duda alguna que si se
-sembrara por Junio ó por Julio, cuando comunmente son en esta tierra
-las aguas, que viniera á cogerse muy bueno por Navidad, porque por
-aquel tiempo se seca y agosta la yerba por mucha parte deste orbe, como
-adelante parecerá. El Almirante dice á los Reyes en una carta estas
-palabras: «Dijeron que la tierra de la Isabela, adonde es el asiento,
-que era muy mala é que no daba trigo, y yo lo cogí y se comió el pan
-dello, y es la más fermosa que se pueda cudiciar, etc.»; esto dijo el
-Almirante, y dijo verdad cuanto á la tierra ser hermosísima, y tambien
-lo debió de decir cuanto á haber sembrado y comido pan. La sierra
-que llamó el Almirante el Monte de Plata está tres ó cuatro tiros de
-ballesta del pueblo, es altísima, y, como sea tan alta, está casi
-siempre cierta neblina encima de la cumbre della que la hace plateada,
-por lo cual el Almirante la llamó Monte de Plata; toda ella tiene
-arboledas muy hermosas, pero muy raras, y por esto la hermosean más.
-En lo más alto de la cumbre, decian los indios que hay una laguna de
-agua dulce; quisimos un dia ir á verla, y subiendo muy gran parte de la
-sierra hallámosla muy más alta de lo que de abajo parecia, y creyendo
-que nos faltaria el dia nos tornamos á bajar no muy descansados; á
-media legua y á una legua están dos ingenios de azúcar poderosos, y
-otro de los menores.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-
-Pasado este monte ó sierra de Plata, síguese dél la cordillera de
-sierras, altísimas como él, hácia el Oriente, y luégo está la provincia
-de Cubao, que es el Macorix de arriba, que así lo llamamos á diferencia
-del de abajo. Macorix quiere decir como lenguaje extraño, cuasi
-bárbaro, porque eran estas lenguas diversas entre sí y diferentes de
-la general desta isla. Esta provincia de Cubao terná 15 ó 20 leguas de
-luengo y 8 ó 10 de ancho; de una parte, hácia la mar, se descuelgan
-muchos arroyos y rios; de la otra parte va á la cordillera de las
-sierras que vierten sus aguas en la grande y Real Vega. En estas 8 ó
-10 leguas de ancho de esta provincia de Cubao son infinitos los rios y
-arroyos, sin los que están dichos de las dos sierras ó cordilleras, que
-caen y hacen riberas muy fértiles, aunque angostas y estrechas, para
-las labranzas de los indios, dentro de las cuales hay, agora que están
-despobladas de indios, grandes manadas y cercados de yeguas y caballos
-y de otras bestias, puesto que todo esto está entre altísimas sierras,
-y todas estas son vestidas y cubiertas de árboles muy altos. En estas
-muy altas sierras se crian unos pajaritos de diversos colores, hermosos
-á lo que tengo entendido por lo que se me ha dicho, pero yo no los he
-visto sino oido y bien oido, los cuales cantan á tres voces cada uno
-solo; digo que cantan por sí á tres voces, que, cierto, es cosa de
-maravilla, no juntas todas tres voces, sino una tras otra diferentes y
-consonas como tiple y tenor y contra, pero tan presto todas, tan claras
-y dulces, que cuasi parecen tres juntas y tres subjetos ú órganos que
-las producen. Cosa es que no se puede su dulce sonido encarecer, ni
-dar bien á entender más de que es una música mucho dulce y deleitosa;
-yo los he oido en aquellas muy altas sierras, y testifico que es cosa
-para provocar á los hombres, que los oyesen, á dar muchas y magnificas
-gracias á Dios. En oyéndolo la primera vez, para gozar de aquel canto,
-luégo se ha de asentar el hombre, y con silencio pararse á oir,
-porque en sintiendo cualquiera estruendo, luégo callan y por ventura
-se esconden. Dije que habia entendido que estos pajaritos eran muy
-pintados de muchos colores, porque me dijo quien mató uno con ballesta,
-(uno muy pintado que era maravilla verlo, parezque por allí hablando,
-que hablábamos, de la dulzura del canto dellos), que creia que debia
-ser aquel; fácil cosa es de creer, que avecita en quien la bondad
-divina puso tanta suavidad por objeto del sentido del oir tuviese
-tambien concedido en sí con qué deleitara el sentido del ver. Adelante,
-por esta cordillera de sierras hácia el Oriente, que hacen, como he
-dicho, la gran Vega Real, se sigue la provincia de los Ciguayos, de
-quien abajo en otros capítulos hablaremos largamente, y de las injustas
-guerras que le hicieron los cristianos, cuyo Capitan fué el Adelantado.
-Esta provincia es más larga y ancha, y más capaz, y fértil, y graciosa,
-que la precedente de Cubao, cuya longura, segun yo creo, se extiende
-más de 30 leguas, porque llega junto á las sierras de la provincia del
-Macao por la tierra adentro, por la parte de la Vega Grande, y por la
-mar hasta la provincia de Higuey; tiene muy lindas campiñas y riberas
-de rios, en el anchor de ella, entre las sierras que hacen la dicha
-gran Vega y las sierras que están junto á la mar, y creo que pertenece
-á esta provincia de los Ciguayos el golfo que el Almirante llamó de
-las Flechas. Pasada esta de los Ciguayos, viene luégo allí, por la
-costa de la mar, la provincia grande de Higuey, dentro de la cual se
-contiene todo lo que resta desta isla por aquel camino de la banda del
-Norte, que fenece en el cabo del Angel ó del Engaño y puntas ó tierras
-orientales, y dentro dellas se encuentran los pueblos, ó quizá es
-provincia, de Samaná, la última sílaba aguda; torna la dicha provincia
-de Higuey por la del Sur hasta cuasi 25 leguas ó 30 de Santo Domingo, y
-así tiene de costa de mar más de 45 ó 50 leguas; por la tierra dentro
-creo que tiene en lo que resta de contorno más de 30. La isla de la
-Saona, que está pegada con esta cuasi dos leguas, como arriba en cierto
-capítulo digimos, pertenece á esta provincia de Higuey; pertenece
-tambien ó está muy cerca, la isleta que dicen de Santa Catalina.
-Dentro tambien de esta provincia, se contiene la provincia que se dijo
-de Cotubanamá, que está frontero de la Saona, de las cuales diremos
-adelante, si place á Dios, muchas cosas nuevas; entran lo mismo los
-pueblos del Macao, adonde van á fenecer, ó junto allí, la cordillera de
-las sierras que hacen la Vega Grande. Esta provincia tiene dos partes,
-la una de llanos y campiñas, que los indios llamaban çabanas, de yerba
-muy hermosa, como parte y fin que son de la Vega Real y grande, y duran
-10 y 12 leguas algunas dellas, con algunas manchas de arboledas; la
-otra parte della es admirable desta manera: que al cabo de las çabanas
-ó campiñas dichas, comienzan unas peñas cuasi cortadas ó tajadas, que
-apénas se puede subir á gatas, asiéndose el hombre á las ramas que allí
-hay, por ellas, y esta altura terná 50 y 100 estados, y en partes más;
-todo lo de arriba, 10 y 15 y 20 leguas, es tan llano como una mesa muy
-llana, y en algunas partes hay otras mesas de la misma manera sobre
-aquellas; todas estas mesas son de peña muy llanas, pero levantan de
-sí infinitas puntas como de diamantes, segun solemos proverbialmente
-decir, tan espesas y duras que vamos por ellas como si fuéramos encima
-de alesnas, y habemos de ir bien herrados de alpargates, porque zapatos
-no se pueden traer por allí, porque no duran (sino cosa blanda que
-asiente por aquellas puntas) cuatro ó cinco ó pocos más dias. Todas
-estas duras y ásperas, aunque llanas, peñas ó lajas, son de la especie
-y naturaleza de las piedras que hay mejores de que se hace cal; tienen
-muchos hoyos de dos ó tres palmos de hondo, y en contorno otro tanto
-y más, y en este hondo hay una tierra muy colorada ó bermeja como
-almagra, esta tierra es de tanta virtud y fertilidad, que las cosas
-que en ella se siembran de las labranzas de los indios (porque son
-plantas de donde nacen las raíces de que hacen su pan), que si echan
-en las otras tierras ó partes desta isla las dichas raíces tan gruesas
-como la pierna ó el brazo, se hacen allí tan gruesas cuanto es todo el
-hoyo, que partidas por medio tiene un indio, con llevar á cuestas la
-mitad, no chica carga. Como si pusiéramos allí una simiente de nuestras
-zanahorias serian tan gruesas como por la cinta es un hombre, lo mismo
-si sembrásemos una pepita ó dos de melon, se harian los melones tan
-gruesos que hinchan y ocupen todo ó cuasi todo el hoyo; y así se hacen
-en la isleta de la Mona, de la cual diremos, si Dios quisiere, algo
-más, porque es toda ella de aquellas mesas de peñas ó lajas y hoyos,
-y en ellos la tierra colorada ó bermeja; y son aquellas mesas todas
-tan peñas, que acaece andar dos y tres dias sin hallar tierra ni tanto
-hoyo de ella donde pueda dormir tendido un hombre una noche. Todas
-ellas están llenas de árboles y monte bajo; en medio de estos montes
-hacian los indios sus pueblos, talados los árboles tanto cuanto era
-menester quedar de raso para el tamaño del pueblo y cuatro calles en
-cruz, (quedando el pueblo en medio), de 50 pasos en ancho y de luengo
-un tiro de ballesta; estas calles hacian para pelear, á las cuales se
-recogian los hombres de guerra cuando eran acometidos. Por esta parte
-de esta provincia que decimos ser de peñas, no hay rio alguno, y no
-carecen de aguas, que beban, excelentes; estas están en aljibes obrados
-por la misma naturaleza, que en lengua de indios se llaman xagueyes; la
-causa destos aljibes y aguas en ellos, es esta, conviene á saber, que
-la otra parte desta provincia, que digimos que era de campos rasos y
-campiñas ó çabanas graciosas, que son el cabo de la gran Vega, rescibe
-en sí muchos arroyos y rios muy lindos y frescos, que descienden de
-las sierras que digimos venir de la cordillera, que tiene su orígen
-de Monte-Christi y va por la Isabela y puerto de Plata, y Cubao, y
-los Ciguayos, y hace como he dicho la Vega, y al cabo va á fenecer á
-las dichas çabanas y campiñas, y en llegando estos arroyos al medio
-dellas, súmense todos por debajo de la tierra y van á salir grandes
-ayuntamientos de aguas á los dichos aljibes ó xagueyes (que son unas
-concavidades que la naturaleza hizo debajo de aquellas mesas y peñas),
-al ménos á las más bajas, de las cuales las aguas que dellas llenas
-sobran, van, finalmente, á vaciar en la mar. Diré aquí una cosa digna
-de oir, que vide en aquella provincia, en la parte della que está en
-derecho de la isla Saona, en la tierra y señorío de un Rey ó Señor que
-se llamaba Cotubanamá, de quien en otro lugar se dirán cosas notables:
-en este señorío y tierra, cuatro ó cinco leguas de la mar, está un
-aljibe ó xaguey, cuasi media legua del pueblo donde residia el dicho
-Señor ó Rey, el cual, segun nos parecia á los que íbamos por allí,
-ternía media legua de ancho ó quizá en todo él, porque andando sobre
-las mesas dichas y peñas, lo que nunca ántes en toda aquella tierra
-habíamos sentido, sonaban unos pasos como si anduviéramos sobre un
-hueco ó vacío tablado ó sobre una tolda de navío, tanto que íbamos no
-con poco miedo; descubrimos el aljibe, llegamos, pues, donde tenía la
-boca, que sería como tres ó cuatro palmos en cuadro, cuasi como una
-escotilla del pañol, que llaman los marineros en las naos, parámonos
-á mirar por ella, y estaba tan oscuro todo lo de abajo que parecia un
-abismo; allí no nos faltó harta grima. Puesta diligencia en buscar unas
-raíces que llamaban bejucos, que sirven de cuerdas, con un vaso de
-barro sacamos el agua, la más dulce, delgada, fresca y fria y la más
-sabrosa que podia ser vista; habia ocho brazas hasta llegar al agua
-desde arriba, y queriendo experimentar la hondura, hallóse, finalmente,
-que tenía 40 brazas de hondo, las 32 de salada y las ocho de dulce,
-la cual, por su ligereza, es natural, como suele, estar encima: otros
-muchos hay y hallamos muy someros, de muy buena agua, clara, dulce y
-muy fria. Lo que creíamos de aquella salada era que, aunque estaba
-léjos la mar, entraba por aquellas cavernas el agua salada della, y de
-los rios que se sumian venia la dulce; y cierto, este xaguey era verlo
-maravilla. Adonde se sumen los rios queda en seco tanto pescado, que
-podria mantenerse por algun tiempo la gente de una villa. Por todas
-las dichas mesas de lajas ó peñas, y entre ellas, se crian unas raíces
-que no las hay en toda esta isla; estas raíces se llaman guayagas, y
-hacen dellas el pan que comian por toda esta provincia los indios: las
-raíces son como cebollas gruesas albarranas, las ramillas y hojas que
-salen fuera de la tierra dellas, obra de dos ó tres palmos, parecen
-algo como de palmitos de los que hay en el Andalucía, puesto que son
-más angostas y más lisas y delicadas que las de los palmitos. Hácese
-el pan de esta manera, conviene á saber, que en unas piedras ásperas
-como rallos, las rallan como quien rallase un nabo ó zanahoria en un
-rallo de los de Castilla, y sale luégo masa blanca, y hacen della unos
-globos ó bollos redondos, tan grandes como una bola, los cuales ponen
-al sol, y luégo pónense de color de unos salvados ó afrechos; están al
-sol uno y dos y tres dias, y al cabo dellos se hinchen de gusanos como
-si fuese carne podrida, y quedan eso mismo tan negros poco ménos como
-una tizne, como un negro algo deslavado que tira á pardillo: despues
-que ya están en esta dispusicion, negros y herviendo de gusanos tan
-gordos como piñones, hacen unas tortillas dellos, que ya es masa cuanto
-á la blancura y ser correosa como la de nuestro trigo, y en una como
-cazuela de barro que tienen ya sobre unas piedras, y fuego debajo,
-caliente, ponen sus tortillas, y desde un rato que están cociendo de
-un lado las vuelven del otro, donde bullendo los gusanos con el calor
-se frien y mueren y así se quedan allí fritos. Y este es el pan de
-aquella tierra y provincia; y si se comiese ántes que se parase prieto
-y no estuviese lleno ó con alguno ó muchos gusanos, los comedores
-moririan. En la parte otra que digimos ser de llanos y campiñas, en
-esta provincia, se hacen más que en otra parte de esta isla los mayores
-y más gruesos puercos que pienso jamás haber visto; allí vide puercos
-que habian sido domésticos, de la simiente traida de Castilla, que
-se habian á los montes huido, que eran tan grandes que con un solo
-cuarto iba tan cargado un valiente hombre indio, que cuasi daba pasos
-para atras y al traves como si llevara dos quintales encima; cierto,
-eran tan grandes los cuartos como de grandes terneras, las enjundias
-de la manteca no eran creibles, porque, á lo que me puedo acordar,
-creo, de una sola enjundia vide que se hinchieron dos botijas y más,
-de á media arroba cada una, de las que vienen con aceite de Castilla.
-Toda esta provincia, por la mayor parte, mayormente la de las dichas
-mesas, es templada, y la otra de los llanos ó campiñas no tiene calor
-excesivo. Entre la isleta de Saona y Santa Catalina sale un rio que me
-parece llamarse Heuna; á la ribera dél se pobló una villa que se llama
-Salvaleon, de donde procedió hacerse decirse há, si á Dios pluguiere.
-En las sierras que vienen de donde se dijo y en esta provincia se
-acaban, se ha cogido oro y buen oro, y creo que si á ello se diesen más
-se cogeria, pero como despues que mataron los indios (de cuya muerte
-y perdicion total ellos poco se dolian) no acordaban de sacarlo por
-sus manos, por esta causa luégo cesó el sospiro de buscar y descubrir
-minas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-
-Yendo por esta costa del Sur al Poniente, ocurre, luégo despues de
-esta de Higuey, otra provincia que se llamaba Cayacoa ó Agueybana y
-llega á Santo Domingo, que serán 30 leguas, la ribera de la mar; es
-toda de peñas, cuasi de la naturaleza de las ya dichas, pero no á
-mesas sino baja, y á un tiro de piedra, y no tanto la tierra adentro,
-es todo campiñas y çabanas, que son el fin de la Vega con sus rios y
-arroyos y florestas adornadas de toda hermosura, fertilidad y lindeza;
-á las 15 leguas destas 30, ántes que lleguen á Santo Domingo, está un
-pedazo desta provincia, donde sale á la mar un lindo rio que se llama
-el Macorix, fertilísima tierra para el pan cazabí y para criar puercos
-y otras muchas cosas de provision y mantenimientos. En todos estos
-campos y çabanas no tienen número las vacas que hay, y las que cada dia
-multiplican y crecen. Ocho y diez leguas de ancho, la tierra dentro de
-Santo Domingo, y 15 de luengo de campiñas y rios grandes y florestas y
-hermosura con fertilidad, es toda tierra beatísima y utilísima. Tres
-leguas abajo deste puerto y rio de Santo Domingo sale un rio que se
-llama, en lenguaje de los indios, Hayna; la ribera, agua y pescado
-y alegría dél no puede ser encarecido. En 10 leguas y hasta 12 dél
-están muchas estancias que llaman en nuestra Castilla cortijos, y en
-ellas muchas haciendas de la tierra, huertas y granjerías; hay algunos
-ingenios de azúcar entre ellas. Luégo, creo que á dos leguas, sale á la
-mar el rio Nigua, no tan grande como Hayna precedente, cuya ribera está
-bien avecindada de muchas y gruesas haciendas, y entre ellas algunos
-poderosos ingenios. Sale otro poderoso rio, que se llama Niçao, de
-allí tres leguas, donde hay tambien ingenios, y es tierra mucho buena,
-y creo que por ella se halló metal de hierro. En las sierras donde
-nace este rio Niçao, que son muy altas, en la cumbre más alta, se dijo
-haber una laguna de agua, y que subieron ciertos cristianos y indios,
-y que, con dificultad subida la sierra, vieron la laguna y oyeron tan
-grandes ruidos y estruendos que quedaron espantados; debia por ventura
-ser que el agua de aquella laguna se derrocaba por algunas peñas que
-tenía dentro de sí que no se vian, como hemos visto en estas Indias
-hacer ruidos grandes otras aguas. Queda, pues, Santo Domingo, llamando
-la tierra que la atribuimos provincia con 30 leguas buenas de luengo
-y áun 40 ó pocas ménos, aunque dejemos 10 de la provincia de Cayacoa
-para la villa de Salvaleon, que está en la provincia de Higuey, puesto
-que no las ha menester como arriba parece. Adelante desta hallaremos
-la provincia de Açua, que tiene cerca de 30 leguas por la ribera de la
-mar, y 10 ó 12, y á partes más, creo yo, de 15, por la tierra dentro;
-no es toda muy fertil porque tiene gran pedazo de sierras ásperas y
-comparadas á las comunmente de toda esta Isla son algo estériles, pero
-tiene una vegueta donde hay una villa que se nombra de Açua, muy fresca
-y muy fértil. Hay en esta provincia tres ó cuatro ingenios muy buenos;
-uno dellos está en el rio de Ocoa, tres leguas ó cuatro ántes de Açua,
-y otro en un arroyo que se llama Cepicepi, una ó dos leguas, y otro
-junto al pueblo ó cerca dél. Otra provincia está delante desta, que se
-llama de Baoruco, que tiene 25 ó 30 leguas de costa de mar y más de
-20 dentro en la tierra; y ésta es toda muy altas y ásperas sierras,
-grandes quebradas de arroyos, muchas montañas de arboledas, pero todas
-las más fértiles para las labranzas de las del pan y lo demas que se
-dá en esta Isla, y plenísima de puercos monteses de los traidos de
-Castilla, que se han multiplicado y en número grande crecido; es muy
-templada y fresca, sin calor alguno, y por consiguiente sanísima. En
-esta provincia, y cuasi al principio della, está una sierra de sal,
-que segun he oido tiene más de seis leguas; yo la he visto muchas
-veces, puesto que no miré la longura ni anchura della. Y ésta parece
-cosa maravillosa, y lo es, que sobre la sal, que es como peña, esté
-obra de dos palmos de tierra, y aquella tierra produzca de sí raíces
-y arboledas diversas, pero estériles, bajas y secas, y en última
-dispusicion para quemarse en el fuego, porque es cuasi como tea. La
-costa abajo, y por la tierra dentro, al descender de las sierras desta
-provincia, se continúa otra que llamamos de Yaquimo, y ésta, puesto
-que tiene montes y lomas, pero á partes, es más abierta y rasa que la
-precedente y más fértil; es tierra de mucho algodon, y de las labranzas
-del pan y cosas de bastimentos de los indios habia abundancia. No es
-muy calurosa, ántes alcanza parte de templanza; tiene algunos buenos
-valles y arroyos no grandes, y en ellos hay muchos árboles robles, y
-hobo los años pasados, en tiempo del primer Almirante, mucho y buen
-brasil, y se llevó á Castilla, y pensó que fuera perpetuo y de donde
-los reyes de Castilla tuvieran mucha renta, segun en otra parte se
-verá, pero en estos dias de agora y de muchos atras no veo que hay
-dello memoria. Toda esta provincia está cuasi en una loma, y comenzó
-ancha como la del Baoruco, de donde continuándose hobo principio,
-pero váse ensangostando por el brazo desta Isla, que allí va angosto
-de 12 ó 15 leguas, entre las dos mares, como arriba se dijo; bien
-tiene largas 30 leguas esta provincia, y áun cerca de 40. A ésta se
-junta la provincia de Haniguayagua, que comprende todo el resto, por
-aquella parte, desta Isla; tendrá más de 25 leguas de largo y 12 ó 15
-de ancho. Desta provincia, dejados algunos pedazos de la costa del
-Sur, cerca de la mar, donde hay algunos esteros y salitrales, que no
-creo que serán más de cinco ó seis leguas, toda la demas es hermosa y
-fertilísima tierra, y parte della cuasi como un pedazo de la Vega, de
-çabanas, llanos ó campiñas, para todas las cosas que hay é se crian en
-esta isla; es llana por la mayor parte y á partes rasa, como son las
-çabanas dichas, y tiene muchas manchas de montes llanos ó florestas ó
-arboledas: á partes tiene algunas no muy altas sierras, llenas de muy
-altos árboles y espesos. Al cabo último desta provincia y punta de toda
-esta Isla, que digimos arriba llamarse en el lenguaje de los indios
-Guacayarima, que se mira con la punta oriental de la isla de Jamáica,
-son todos los árboles ó los más, de grandes montes ó arboledas que allí
-hay, de la fruta que los indios llamaban mameyes; esta fruta es en
-olor y sabor fruta de reyes, y en color y á la vista no mucho ménos;
-podremos dar alguna semejanza comparándola en algo á alguna de las de
-Castilla, y ésta es á los melocotones, cuanto á la color y manera de la
-carne dellos, solamente son los mameyes tan grandes como una bola con
-que se juega á los bolos ó birlos ó muy poco ménos, y en esto de los
-melocotones harto difieren. Tienen la color cuando están con su cáscara
-como la cáscara del níspero, y será poco ménos gorda que la de una
-granada; quitada aquella cáscara y raida un poco otra tez ó cascarilla
-delgada, como blanquilla, que un poco es amarguilla, tiene luégo la
-carne, como el melocoton, bien amarilla. Terná desta carne un dedo
-de altos sobre los cuescos, y dentro cuatro dellos tan grandes como
-buenos huevos de gallina, y de la manera de los duraznos cuanto á ser
-ásperos; tiene de carne entre los cuatro cuescos, tanta, que poco ménos
-hinchirá un escudilla, y con toda la que en el mamey hay restará poco
-della para henchilla: el olor y sabor dellos cierto es tal, que ninguna
-fruta se le iguala de todas cuantas habemos y comemos en Castilla.
-No los hay estos mameyes ni los hobo de naturaleza nascidos en toda
-esta Isla, sino en aquella punta nombrada, como digimos, Guacayarima;
-trujeron algunos cuescos de allí los religiosos de San Francisco al
-monasterio de San Francisco de esta ciudad de Santo Domingo y al que
-tienen en la Vega, pusiéronlos y nacieron y hiciéronse grandes árboles
-y dieron la fruta ó mameyes, pero degeneraron mucho de los de su
-orígen y nascimiento porque no tienen más de un cuesco, al ménos los
-que yo he visto, y así son muy menores que aquellos, cuasi como bolas
-ó poco mayores de las de jugar á la sortija, y en el sabor y color,
-cierto, mucho difieren, porque lo principal dellos es la carne que está
-entre los cuatro cuescos. Es admirable en hermosura el árbol que los
-produce y las hojas en color, y verdor, y forma de lindísima manera,
-el árbol es muy alto y grueso, de muchas y grandes y chicas ramas, de
-hojas densísimas ó espesas copado, adornado y cubierto; y esto es de
-maravillar más, que, si lo contemplamos despacio, cuasi todas las ramas
-grandes y chicas van subiendo hácia arriba en modo de cruz, las hojas
-cuasi lo mismo, porque son de la forma de un corazon y tan anchas, por
-lo más, como una grande palma de la mano y más, y que tenga en ancho
-buenos seis y ocho dedos, es gruesa más que un canto de real, no floja
-sino tiesta, muy lisa y de color verde algo escura; finalmente, árbol,
-rama y hojas, son muy hermosas, fruta sabrosa, odorífera y nobilísima.
-Es tierra, un buen pedazo de esta provincia, buena para vacas, pero
-muy mejor en los montes llanos que dije para infinitos puercos, porque
-hay unas palmas que tienen una cierta fruta de color de dátiles que
-llamamos palmicha, que los puercos comen mucho y engordan mucho con
-ella. Hobo infinitos puercos, agora no creo hay tantos por los perros
-en gran número, que se han hecho monteses, que los destruyen y apocan y
-ellos cada dia crecen. En esta provincia estuvo asentada una villa de
-españoles á la ribera de la mar del Sur, frontero de las isletas que
-cuasi en fin del capítulo primero digimos; llamóse Salvatierra de la
-Çabana, tuvieron cargo los vecinos advenedizos de Castilla de consumir
-los naturales señores y dueños de la tierra, y porque siempre, acabados
-de matar los indios, los españoles se despueblan y van á buscar otra
-guarida, por eso creo que no debe haber memoria della, como han hecho
-en otras muchas partes destas Indias. Y esto baste para cumplir con la
-vuelta primera de la descripcion que propusimos hacer desta Isla.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V.
-
-
-Para comienzo de la segunda vuelta y descripcion de esta Isla, es
-menester tornar donde comenzamos á describilla, esto es, á la provincia
-de Guahaba y de Baynoa, á la cual se sigue por esta otra parte, ó mano
-derecha, teniendo las espaldas al Norte, la provincia de Iguamuco;
-esta es, y toda aquella tierra hasta la provincia de Xaraguá, la que
-en fertilidad, hermosura, montes, çabanas ó campiñas, rios y arroyos,
-aguas, aire, frescura, templanza, y el mismo cielo, sobrepuja todo
-encarecimiento; es, en fin, para que la vida humana, si tanto bien
-no le empeciese, pudiese gozar de un paraíso de deleites: en esta
-provincia del Iguamuco sale un volcan de una sierra, que echa de
-sí algunas veces humo. Síguese, á lo que pienso, otra por la mano
-izquierda (digo pienso, porque esta sola no he visto aunque he estado
-cerca de ella), que los indios llamaban Banique, la media sílaba breve,
-que participa de los bienes mismos y calidades de la susodicha; ésta
-tiene la cordillera de las sierras, que hacen la Gran Vega por la
-mano derecha, teniendo las espaldas al Norte, como dije, á la mano
-izquierda. Tornando, pues, á la mano derecha de estas dos provincias,
-que nombré Iguamuco y Banique, ocurre la provincia que en lenguaje
-de los indios se decia el Hátiey, la penúltima sílaba luenga, esta
-es maravilla verla por su lindeza y amenidad, frescura y alegría,
-fertilidad para todas las labranzas y frutas y cosas de esta tierra y
-para muchas de las de Castilla; tiene muchas aguas de arroyos y rios
-que descuelgan de las provincias de Guahaba y de Iguamuco, viene á dar
-á ella tambien un gracioso y poderoso rio, mayor que el rio de Duero
-junto con Pisuerga, el cual pasa por esta provincia algunas leguas
-hasta dar en la mar, donde fenece, llámase Hatibonico en el lenguaje de
-los indios: hácense unas salinas cerca de la boca dél. Puédese contar
-con esta provincia del Hatiey lo que resta de todo aquel brazo desta
-Isla de á mano derecha, teniendo las espaldas al Norte, que asemejé
-como el dedo pulgar de la mano izquierda, cuanto del dicho brazo hay
-por la mar del Sur, ántes que pasemos la punta ó cabo de San Nicolás,
-que está en este brazo á la mar del Norte, y así parece que terná esta
-provincia de Hátiey más de 20 ó 25 leguas de luengo; las que habrá de
-ancho serán 15 ó más, segun sospecho. A ésta ocurre, por la ribera
-de la mar, la provincia del Çahay; ésta, por la mar y por la parte
-de la tierra, confina con la nobilísima provincia de Xaraguá, y como
-participe de las pasadas y sea toda una tierra y de una manera, no hay
-que decir ni encarecer de ella sino que es fértil y fructífera y muy
-buena. Pero á ésta y á otras excede otra, la tierra más adentro desta,
-viniendo todavía las espaldas al Norte como veníamos, y ésta es Baynoa,
-otra sin la que primero que todas describimos en la primera vuelta;
-ésta goza de todo el rio grande que nombramos Hatibonico ó de la mayor
-parte dél, creo que más de 25 leguas; prosíguese á la del Hátiey el
-rio arriba. Esta, por ambas á dos riberas del rio, es grande consuelo
-verla y considerar su hermosura, disposicion, fertilidad, suavidad,
-frescura da gozo y alegría; cuasi no se siente calor, frio no es de
-hablar dél, es luégo temperatísima; tiene llanos por las dos riberas
-del rio Hatibonico, tiene cerros, collados, valles, todos cubiertos
-de yerba hermosísimos; los puercos que por ella se han criado son
-infinitos. Entremos en la provincia de Xaraguá, que á las dichas se
-sigue luégo, donde fué la corte (como diremos si Dios quisiere) de
-toda esta Isla, ésta contiene en sí casi en redondo más de 40 leguas,
-á mi parecer; por una parte tiene la vega de la Yaguana, que es cosa
-hermosísima y deleitable y provechosa mucho para puercos, que han sido
-innumerables los que allí han nascido, y tambien hay hoy muchas vacas
-y ha habido. Esta llega hasta la mar y la ribera viene del Çahay, y
-es el rincon y puerto, no buen puerto, deste golfo de Xaraguá, que
-arriba digimos, y allí está poblada de españoles una villa. Hace esta
-Vega la sierra grande, que por esta parte se hace grande, aquella,
-digo, que dije ser loma, que desciende y se hace más baja de las
-sierras de la provincia del Baoruco, en la cual loma ó lomas está la
-provincia de Yaquimo, donde se cortaba el brasil, y está Norte-Sur,
-por derecho, Yaquimo, desta Vega, justas 18 leguas, que es un grado
-ménos media legua. Descienden desta alta sierra, que es todo lo más
-della montuosa, algunos arroyos frescos, que proveen de abundante agua
-toda la que la vega para hartar los hombres y animales ha menester.
-Esta sierra va adelante junto á la mar, todo el brazo que digimos ser
-el dedo con que señalamos de la mano izquierda, hasta el cabo desta
-isla que llamamos del Tiburon y de la Guacayarima, donde hay la fruta
-de los mameyes que tanto arriba encarecimos. Volviéndonos ocho leguas
-atras, hácia el Oriente, de la ribera de la mar, fin desta Vega, estaba
-la ciudad y corte de aquel rey Behechio y aquella reina Anacaona, su
-hermana, de quien si place á Dios diremos. Este asiento desta ciudad y
-corte del rey Behechio es tierra más enjuta que la que habemos dicho,
-porque ménos húmida y por eso muy más sana; es muy llana, como una
-gran campiña ó çabana, la yerba della es chequita y seca ó tostada
-como la de Castilla; tiene á media legua delante de sí, hácia el Sur ó
-Mediodía, la dicha sierra muy alta que va su camino al Baoruco, hácia
-el Oriente, adonde se extiende y pára y regocija la vista. Desciende de
-aquella frontera y alta sierra un muy hermoso rio, el cual se llamaba,
-por la lengua de los indios, Camín, aguda la última sílaba; el agua
-deste rio se solia decir la mejor y más delgada y más sana (puesto que
-no es rio de oro) que la de todos los rios desta Isla, como quiera que
-todos en comun excedan en sabor y delgadeza y bondad de agua y sanidad,
-ó al ménos no sean inferiores de cuantos en estas partes puedan ser
-referidos. Regábanse con el agua deste rio, sacada por acequias, todas
-las labranzas de gran parte desta tierra, lo que no se hizo jamás (por
-su gran fertilidad) en toda esta Isla; bien creo que ninguna cosa
-de las de Castilla en esta tierra se pornía, así de plantas como de
-pepitas y de cualquiera semilla, que no se hiciese muy buena y diese
-los fructos que convernia, solamente dudo de los árboles ó frutales
-que proceden de cuescos, porque hasta agora no se ha visto en esta
-isla. En esta provincia, obra de una legua de la ciudad de Behechio,
-Rey della, comienza una laguna de agua dulce al principio por los rios
-que desaguan en ella, pero su principal orígen de la mar creemos que
-viene; durará esta agua dulce y algo mezclada con la salada, de ancho
-una y de largo tres leguas, donde hace la tierra una angostura y se
-sangosta la laguna, y luégo entra en otra laguna ó lago muy grande, y
-aquél va cerca de otras 15 leguas hácia el Oriente, el cual pertenece
-á otra provincia y en ella diremos lo que de ambas á dos sentimos. Por
-la vera de la sierra grande, que es las espaldas del Baoruco, vuelta la
-cara al Oriente, vuelven los términos de la provincia de Xaraguá, creo
-que por aquella parte 12 leguas, hasta una sierra muy alta que dura dos
-leguas, que llamábamos el puerto de Careybana, porque á la descendida
-del puerto estaba en un gran llano una grande poblacion, que se decia
-por los indios Careybana. En esta provincia de Xaraguá, en el asiento y
-ciudad del rey Behechio, despues de todo destruido, estuvo por algunos
-años una villa de españoles poblada, que llamaron la Vera-Paz, no
-porque la paz entró con ellos en ella, como se dirá placiendo á Dios,
-y harto tambien dello arriba en algunos capítulos se ha dicho, la cual
-no duró más, como otras muchas poblaciones que han hecho los españoles
-en ésta y en las otras partes destas Indias, de cuanto quitaron las
-vidas á los indios. La provincia que luégo se continúa despues desta
-de Xaraguá es y se llama el Cayguaní, la última sílaba aguda; todo lo
-más della consiste y se extiende por la ribera de la grande laguna.
-Comienza de la gran poblacion que dije que se nombraba Careybana, que
-está á la descendida del puerto, y va por la vera de la sierra que está
-á las espaldas del Baoruco, dentro de la cual entra la sierra de la
-sal y las poblaciones que allí habia, y llega á partir términos con la
-provincia de Açua; bien tiene de circuito la tierra que he dicho más
-de 30 leguas, pero lo que dello es de loar es la ribera de la laguna,
-no toda, porque la banda del Baoruco y vera de la sierra que cae á la
-parte del Sur ó del Austro, llega el agua della allí, que apénas puede
-el hombre pasar, más de 10 leguas, sin mojarse, solamente la banda
-del Norte es la fértil, y la tierra de por allí era muy fértil, donde
-habia grandes poblaciones, como se dirá: por esta tierra hay cantidad
-de yeso, lo que fuera de allí no he visto en esta Isla. La vecindad y
-provecho que se sacaba desta laguna causó estar muy poblada toda esta
-tierra, en especial la ribera della de la banda del Norte, como se
-dijo, porque habia grandes pesquerías de muchos pescados de la mar;
-y esto es cosa, cierto, de maravilla, que estando esta laguna, creo
-que, no ménos que 10 leguas de la mar, que por los abismos, debajo de
-tantas sierras como las del Baoruco, que están desta laguna al Sur
-ó Mediodía, entre la mar tanto en la tierra y haga tan gran lago ó
-laguna que tenga de longura 15, y de ancho buenas tres leguas. Que esta
-agua sea y entre de la mar es manifiesto por esto: lo primero porque
-es muy salada, lo segundo, porque tiene gran profundidad que no se
-halla suelo, lo tercero, y esto es lo más eficaz, que se hallan en
-ella tiburones y otros pescados grandes marinos que no se crian ni se
-han visto en estas Indias sino en la mar. Algunos han creido que entra
-la mar hácia esta laguna por la parte de Xaraguá, porque desde que
-comienza la laguna dulce tiene tres leguas poco ménos de sí la mar, y
-por estar más cerca juzgan que por allí debe entrar; pero no parece ser
-así por estas razones: la una, porque como la mar sea tan profunda poco
-hace al caso para poder impedir á la naturaleza que no entre la mar y
-haga el dicho lago ó laguna por debajo de tres leguas de la tierra ó
-de diez, ni que la tierra sea llana por su superficie ó que sobre ella
-suban y haya grandes sierras, porque como la tierra que habitamos no
-sea sino sierras ó montañas que suben desde el centro, harto mayores
-que las que por la tierra en que vivimos vemos, segun aquello del Salmo
-103, hablando de la tierra: _Qui fundasti terram super stabilitatem
-suam, non inclinabitur in sæculum sæculi. Abyssus, sicut vestimentum,
-amictus ejus, super montes stabunt aquæ._ El fundamento de la tierra es
-el centro, del cual nunca se mudará. El abismo es el agua ó mar Océano,
-que cubre y cerca la tierra como la vestidura del cuerpo humano. Y
-así están las aguas de la mar sobre los montes que suben desde el
-centro, como vemos que yendo en un navío, cuanto más nos apartamos de
-tierra, tanto más honda se va haciendo la mar, y si echamos un plomo
-en un cordel, que los marineros llaman sondava cuesta abajo, y está
-esto bien claro, y por esto dice _super montes stabunt aquæ_. Así que,
-como por los soterráños ó venas de la tierra entren las aguas de la
-mar, y áun las aguas dulces de los rios, como en el _Ecclesiastes_ se
-dice, poco puede hacer al caso que entre el agua en este lago estando
-diez ó doce leguas ó tres de la mar, ni que tenga la tierra sierras
-altas ó ásperas, ó que sea toda llana. La otra razon es porque la
-primera laguna que decimos dulce ó cuasi dulce, que comienza junto
-á Xaraguá, y que tiene tres leguas, que desagua en la grande, parece
-por el angostura que tiene de la tierra al cabo, que otro tiempo
-debia estar cerrada y distincta de la grande salada, y con el ímpetu
-de aquella haberse rompido y así haberse una con otra mezclado, y la
-que era dulce toda haberse hecho salobre ó salada. Y desto parece
-otro muy claro argumento, porque tengo entendido de muchos años, y de
-40 y 50 que lo platicábamos, y muchas veces que he pasado por ella,
-atras en la primera laguna dulce ó poco salada, no se toman tiburones
-ni otros pescados marinos sino en la grande salada, y así los indios
-no se solian guardar ni quejar en la primera que los tiburones los
-desgarraban, sino de la segunda entendia yo que temian y se quejaban.
-Y así parece, que no por parte de las tres leguas y cerca de Xaraguá,
-sino por las 10 ó 12 de hácia el Baoruco está el ojo ó ojos por donde
-entra en este lago la mar.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VI.
-
-
-Ya que habemos juntado esta provincia del Cayguaní con la del Baoruco,
-y tambien con los términos de la de Açua, no queda más tierra que
-descrebir por aquí; tornemos á la tercera vuelta, describiendo lo
-íntimo de toda esta isla, con lo más gracioso, felice y rico della,
-excepto la Vega. Tomemos, pues, desde las que arriba en la segunda
-vuelta y en el capítulo 5.º nombramos provincias de Iguanuco y Banique,
-á las cuales se sigue la gran provincia y rica de Cibao, que el
-Almirante, oyéndola nombrar, creyó ser la de Cibanco, donde estimaba
-que Salomon habia para el templo el oro llevado, y con esta opinion
-creo que murió. Los indios, por su lenguaje, llamaban á esta provincia
-Cibao, por la multitud de las piedras, porque ciba quiere decir piedra.
-Toda esta provincia es sierras altísimas, todas de piedras peladas,
-de las que en Castilla llamamos guijarros; no están comunmente las
-piedras sueltas cada piedra por sí, sino juntas y pegadas, como si
-lo estuviesen con argamasa; y todas las sierras están vestidas de
-yerba cortita, como un palmo ó dos, en unas partes más crecida que
-en otras, porque en algunas hay más tierra, aunque toda arenisca, y
-más húmida ó ménos estéril que en otras. Están todas estas sierras
-adornadas de muchos pinos y pinares, no espesos sino raros, por su
-órden puestos, cuasi á la manera que en Castilla se ponen á mano los
-olivares; son muy altos y muy gruesos y derechos para hacer dellos muy
-lindos masteles para grandes naos, llenos de zumo para hacer dellos
-infinita pez, no llevan fructo sino unas piñitas como en Castilla
-los que llaman negrales. Comienzan desde las sierras de Niçao, que
-digimos arriba estar ocho leguas de Santo Domingo, y pasan por las
-minas viejas que arriba tocamos y diremos, placiendo á Dios, abajo, y
-por toda aquella renglera de las sierras, y hinchen á esta provincia
-de Cibao y pasan adelante, y segun creo hinchen y ocupan más de 70
-leguas grandes, y más de 25, y quizás 30 por partes, en ancho. El
-riñon desta provincia y áun de toda la isla es en casi la cumbre de
-toda esta tierra y de más fertilidad, porque el terruño es de barro
-ó cuasi barro, y aquello está sin pinos, porque regla general es que
-toda la tierra donde hay pinos es estéril. No me acuerdo qué tanto
-durará de ancho y largo esta cumbre, porque há más de 50 años que
-estuve en ella; llámase Haytí, la última sílaba aguda, de la cual se
-denominó y llamó toda esta isla, y así la nombraban todas las gentes
-de las islas comarcanas. En ella y por ella hace mediano frio, y es
-menester hasta que encumbra el sol algun fuego, pero no es tanto que el
-agua se hiele; hay por ella zarzamoras como las de Castilla, y nueces
-naturales, pero tienen mucha madera y poca médula ó meollo, por lo
-cual no son de provecho. Por esta tierra granan las cosas que granan
-en Castilla, que proceden de semillas, en especial se hacen muy buenos
-nabos, y créese que se harian maravillosas viñas. Toda esta provincia
-de Cibao es bien fresca, sin algun calor ni que cause pena el frio;
-es toda ella hermosa, graciosa, alegre, y más que otra sanísima; la
-causa es la enjutez de la tierra, y ser toda de sierras descubiertas
-altísimas, exenta de toda humidad y que la baña el sol en saliendo por
-todo el dia, y los aires templados continuos y muy sanos que son las
-ordinarias y continuas brisas. Los rios y arroyos que desta provincia
-de Cibao salen son los más graciosos, lindos, frescos y de las más
-suaves y delgadas aguas que creo haber en el mundo, y estos son sin
-número infinitos; los principales que de millares de arroyos se hacen
-son los siguientes, todos por mis ojos vistos: uno se llama Xagua,
-otro Guaba, otro Guanahumá, la última luenga, otro Baho, la última
-breve, otro Yaqui, la misma breve, otro Xanique, la media breve, otro
-Agmina, la misma breve, otro Maho, otro Paramaho, la penúltima luenga,
-otro Guayobín, la última aguda, todos nombres del lenguaje de los
-indios; los cinco primeros, cada uno por sí, é con ellos Maho, que es
-octavo, son tan grandes, cuando ménos agua llevan, como por Córdoba
-Guadalquivir; el sétimo poco ménos, el sexto y el noveno algo más
-ménos, pero lindísimos y graciosísimos, y todos presurosos, corrientes
-y rapidísimos, en especial Baho, Agmina y Guayobín. Los primeros cuatro
-entran en el rio Yaqui, ántes que salga de las sierras; despues,
-adelante por la gran Vega, recibe en sí todos los otros rios, donde
-pierden todos sus nombres, y sólo queda Yaqui con el suyo hasta que
-sale á la mar junto al Monte-Christi, y aunque lleva inmensa cantidad
-de agua, cuasi siempre, sino es por el tiempo de las aguas lluvias,
-todo él se vadea. Estos rios y arroyos, en muchas y diversas partes
-de la tierra que ocupan, hacen muchas veguetas y hoyas graciosísimas
-y deleitables, que no parecen sino pintadas en un paño de Flandes.
-Todos estos rios y todos los desta isla están de pescados plenísimos,
-y por la mayor parte los pescados dellos son lizas de las de Castilla,
-pero muy mejores y más gruesas y sabrosas y en tamaño mayores, y la
-semejanza tienen, en la escama, con los albures de Sevilla; hay otros
-que llaman guabinas, la media sílaba breve, las cuales tienen cuasi el
-parecer de truchas, en la escama, especialmente cuanto á las pinturas,
-puesto que son las pinturas ó manchitas negrecitas y el pescado dellas
-muy blanco, es sanísimo y delicatísimo pescado que se puede y suele dar
-á los enfermos como si fuesen pollos. Otros, que se llaman dahaos, la
-media luenga, son pequeños como pequeños albures, ménos que un jeme, y
-tienen los huevos tan grandes y mayores que los de los sábalos, y esto
-es lo principal que tienen de comida, porque lo otro todo tiene poca
-sustancia. Hay tambien otros que se llamaban çages, pequeños pero muy
-sabrosos, cuasi del tamaño y escama que albures chiquitos. Hay asimismo
-los que llamaban los indios diahacas, la media luenga, éstas son como
-mojarras de Castilla, difieren algo de mojarras en tener las escamas
-prietecitas, y las mojarras son todas muy blancas; estos pescados son
-tambien sabrosos y muy sanos. Hay anguilas grandes y chicas, pero son
-tan dulces de comer que causan á algunos náusea ó mal estómago; hay
-lagostines, que son camarones muy grandes, muy buenos de comer aunque
-duros, de la manera de los de España. Estas seis especies de pescados
-de escama son, y no más, los que se hallan y hay en abundancia en los
-rios desta isla; en los arroyos pequeños hay unos pececitos chiquitos
-que en Castilla llaman pece-rey y los indios tetí, la última aguda;
-son sanísimos. Hay en ellos tambien hycoteas que son galápagos de los
-arroyos de Castilla, puesto que estas hycoteas son muy más limpias
-y más sanas que aquellos, segun creo, porque no son tan limosas ni
-tan amigas de lodo y tierra, porque andan más por el agua que los
-galápagos; verdad es que tenian por opinion los indios desta Isla que
-las hycoteas eran madres de las bubas, y así á mí muchas y algunas
-veces me lo dijeron, por esta causa nunca jamás las quise comer, puesto
-que muchos las comian y nunca tuvieron bubas. Hay en los arroyos
-tambien unos cangrejos, que sus cuevas tienen dentro del agua, que los
-indios llamaban xaybas; estos cangrejos ó xaybas tienen dentro, en el
-vaso ó caparacho, ciertos huevos ó cierto caldo que parece cosa guisada
-con azafran y especias, y así tiene el color y el olor y el sabor de
-especias, mayormente cuando están llenas, que es con la luna nueva,
-porque entónces están sazonadas; hánse de comer asadas porque cocidas
-irse hia el caldo y no serian tan buenas. Tornando á nuestra provincia
-de Cibao, el oro que se ha sacado della no puede ser encarecido, y áun
-tambien el que hoy en ella hay, sino que despues de haber muerto todos
-los indios no se dan á buscarlo por inmensidad de arroyos y quebradas
-y rios que por toda ella están, porque quien alcanza 10 ó 20 negros
-más los quiere ocupar en otras granjerías que tiene más ciertas y con
-menores trabajos, que andar con ellos buscando minas que suelen salir
-muchas veces inciertas. Es muy fino en quilates todo el oro desta
-provincia, y el más fino que otro de todas las partes destas Indias,
-excepto lo de Carabaya, en el Perú, que dicen ser tan fino y más;
-tambien hobo en la isla de Cuba en la provincia de Xagua oro fino,
-poco ménos fino, pero yo digo que á mi parecer poco ha debido haber
-en estas Indias que se iguale y ninguno que pase á lo de Cibao. Hay
-en esta provincia de Cibao, al principio que á ella suben, dos leguas
-pasado el rio de Yaqui, y siete de la ciudad de la Concepcion, que está
-en el comedio de la Vega, como se dirá, una cuesta ó sierra pelada no
-muy alta, harto seca y pedregosa, de la cual salen tres arroyos como
-los tres dedos del medio salen de la mano, los cuales están secos sin
-agua lo más del año; el uno llamaron los indios Buenicún, al cual
-llamaron los españoles rio Seco, el segundo se llamaba por los indios
-Coactinucum; el tercero Cybú, todos tres la última sílaba aguda; no
-hay cuarto de legua de travesía en todos tres, ó al ménos no hay media
-legua. En media legua, desde el nascimiento de cada uno hácia abajo,
-el oro que se ha dellos sacado, y mayormente del rio Seco, ha sido
-inmenso; hánlos vuelto cien mil veces de abajo arriba la tierra, y
-siempre sacan oro poco que mucho, y, cierto, cada dia se cria, segun
-la experiencia nos muestra, y dejando holgar por algunos años aquella
-misma tierra tornaria á dar, como ha dado por tiempos, muchas riquezas.
-Háse cogido tambien oro en otro arroyo que está adelante del Cybú, que
-es el postrero de los tres dichos, yendo la cara al Norte, media legua,
-que se llamaba Dicayagua; háse sacado tambien infinito en los rios
-susodichos Yaqui, Xanique, Agmina, Maho y Paramaho, y adelante donde se
-dicen los arroyos. Adelante desto, ántes, creo que, doce ó nueve leguas
-de la villa de Puerto Real, en un arroyo que se llamó Guahaba y en la
-tierra y cuestas de por allí, que es toda una sierra con la de Cibao,
-mayormente en unas minas que se llamaron la Cienaga, fué mucho el oro
-que en ella se cogió; y acaeció allí que dos españoles tomaron las
-minas juntas, guardados ciertos pasos, que segun las ordenanzas sobre
-aquello hechas se debian á cada mina de guardar, llegando que llegaron
-á coger y sacar el oro de los confines de cada mina, porque era cosa
-rica, acordaron de echar una plomada para que ninguno de los dos
-tomase más tierra de la que le pertenecia, y descendiendo la plomada
-por derecho abajo dió por medio de una gran plasta de oro, y así la
-partieron ambos á dos. Comunmente todo el oro, que en esta provincia
-de Cibao habia y hay, es menudo como sal menuda, puesto que se han
-sacado en algunos arroyos granitos como lentejas, y otros poco ménos y
-otros poco más. Paréceme que tendrá esta provincia de Cibao 30 y áun 40
-leguas de longura y más de 20 en ancho. Y porque la fuerza del oro está
-en todas las sierras, rios, y arroyos que miran al Oriente, las cuales
-baña el sol en saliendo y todas las aguas se vierten al mismo sol, y
-lo mismo es en las minas viejas y nuevas que están desta ciudad de
-Santo Domingo ocho leguas; y de la otra parte de éstas sierras, aguas
-vertientes al Poniente, no se ha hallado algun oro, por manera, que
-parece que las influencias del sol tienen más eficacia en las tierras
-que están hácia donde nascen que las de adonde se ponen; por esta causa
-creo que en toda la cordillera de las sierras que comienza desde las
-sierras del rio Niçao de la costa del Sur, las más descubiertas de
-hácia el sol, hasta que acaban á la punta ó cabo de Guahaba que se
-mira con la punta oriental de la isla de Cuba, y así dura la dicha
-cordillera más de cien leguas, dentro de las cuales son infinitos los
-rios y arroyos que hay, en toda, digo, la dicha cordillera y todos
-los dichos rios y arroyos infinitos que en ella hay, que miran al sol
-cuando nace, tienen oro, y ningun estimo, ó pocos, se hallarán que no
-tengan oro poco que mucho. Desto es claro argumento y harto eficaz las
-minas viejas que están continas á la dicha cordillera, y aquella va á
-parar á éstas de Cibao, y de Cibao va siguiéndose hasta la provincia de
-Guahaba, donde habemos dicho que se ha sacado mucha cantidad de oro. Y
-porque el oro no se puede sacar de las minas sino es lavando la tierra
-en agua, como abajo se dirá, y hay muchos lugares en las sierras y
-quebradas donde suele estar el oro que están léjos del agua, por ende
-infinitos lugares habrá y que tengan mucho oro, lo cual, empero, por la
-falta del agua nunca se podrá sacar, sino fuesen tan ricas las minas en
-los dichos lugares apartados del agua, que sufriesen la costa de llevar
-la tierra á los rios ó arroyos léjos á lavar.
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-CAPÍTULO VII.
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-Complido con la provincia de Cibao, resta decir de otra, que con ella
-se continúa por lo alto de las sierras á la mano derecha, teniendo
-las espaldas al Norte, y esta es la Maguana, en la cual despues se
-pobló una villa de españoles que llamaron San Juan de la Maguana. Esta
-provincia, en sierras, y en rios, y en valles ó çabanas ó campiñas,
-aunque no son muy grandes, es tierra bienaventurada; es muy fértil, es
-muy templada, que cuasi ningun calor ni frio alguno es menester que
-en ella se halle, sino es en las sierras muy altas que confinan con
-Cibao, donde hay harto frescor, que ropas enforradas no harian mucho
-daño. Es tierra mas enjuta que otras vegas que habemos dicho en lo
-llano, y por esto es muy sana; granan aquí muchas cosas de semillas
-sembradas, trigo se ha hecho, y yo lo he visto mucho bueno granado;
-hay en ella ingenios de azúcar, la cual á toda la de ésta Isla hace,
-en blancor y en dureza, y en las otras calidades, mucha ventaja. Pasa
-un rio grande por ella, que se llama Yaqui, como el que arriba digimos
-en el precedente capítulo, que tiene el mismo nombre, porque segun
-decian los indios nascen de una misma fuente ambos; uno vierte las
-aguas á la banda del Norte descendiendo de Cibao y pasa por la Vega
-grande, y el otro va á parar á la costa del Sur por esta parte, como si
-de propósito dijera la naturaleza que partia la Isla en dos partes, y
-con una fuente sola queria regarlas, ó al ménos (porque no ha menester
-regarse) adornarlas, produciendo de ella dos rios tan señalados, que el
-uno adornase la Vega pequeña y el otro la Vega grande. Llamaban los
-indios á la Vega grande Maguá, absolutamente la última sílaba aguda,
-y á esta provincia decian con adicion, Maguana, cuasi la Vega menor.
-Salen ambos á dos rios Yaquis á la mar, el uno del otro 150 leguas,
-nasciendo, como dije, de una sierra y de una fuente en la provincia
-de Cibao. Pasa despues del rio Yaqui dicho, por esta provincia, otro
-mayor y más caudal que se llama Neyba, la primera sílaba luenga, el
-cual queda con su nombre aunque estotro Yaqui se junta con él, y pierde
-el suyo cuando entra en la mar; y esto es general en esta isla que
-cuando los rios se juntan, puesto que corran por mucha tierra, siempre
-los indios dejaban su nombre al más principal, ó por tener más oro, ó
-llevar más ó mejor agua, ó más y mejor pescado, ó otra preeminencia
-tal. Parte aquesta provincia de la Maguana términos con la de Xaraguá
-y con la de Cayguani, y con la de Açua; lo que terná de longura y
-anchura y en contorno, porque ha muchos años que estuve en ella y no
-pensaba en la describir, no puedo bien acordarme para precisamente lo
-decir; paréceme que terná más de 30 leguas de luengo y más de 20, y de
-25 quizás, en ancho. Y porque para la cuarta vuelta nos reste sola la
-gran Vega, y de toda esta isla, sin la Vega, no queda otra provincia
-de que hablar sino la del Bonao y de lo que allí se sigue hasta la
-provincia de Santo Domingo, tornemos á Cibao, y de allí á la mano
-izquierda, hallaremos la dicha provincia del Bonao que de aquella va
-continuada. Comienza, pues, la provincia del Bonao desde la descendida
-de la sierra que hace y ataja la Vega de luengo y viene por su renglera
-de Cibao, y así está el Bonao de la otra parte de la dicha sierra yendo
-de Cibao por la Vega abajo, y la descendida es de un puerto muy alto;
-comienza la subida por la parte de la Vega tres leguas de la ciudad de
-la Concepcion por la Vega abajo. Este puerto es hermosísimo, lleno todo
-de muy lindos pinos y de yerba deleitable, y es de la misma tierra y
-dispusicion, y alegría, templanza y suavidad que la de la provincia de
-Cibao, y si subimos por la parte del Bonao en este puerto á la cumbre
-más alta, pasado un montecillo de un tiro de ballesta, de donde se
-despeña un arroyo de muy linda agua, asomamos á ver la Vega, cuya vista
-es tal que verdaderamente no parece sino que todos los sentidos tienen
-presentes sus deleitables objectos y se abren y extienden y regocijan
-las entrañas: véense más de 30 leguas como la palma de la mano. Este
-puerto, de aquí adelante, se va abajando, desde á poco se acaba por
-allí toda la renglera de las sierras que vienen de Guahaba, y entónces
-se ensancha mucho la Vega grande. Así que, comienza, como dije, de la
-descendida de este tan alto y hermoso puerto, la provincia del Bonao, y
-luégo, descendido abajo, están dos arroyos de agua, y comienza una vega
-desde allí de diez leguas grandes, y dos, y tres, y cuatro en ancho,
-que no es ménos pintada toda ella y hermosa de yerba y de árboles
-que una huerta ó vergel puesto á mano; pasan por ella algunos rios
-señalados y muchos arroyos de muy sabrosas aguas. Destos es uno que le
-nombran el rio de Mastre Pedro, un español, y pusiéronle aquel nombre
-porque tuvo junto á este rio una hacienda ó granja, que por estas islas
-llamamos estancia; este Mastre Pedro y á su hacienda en la ribera deste
-rio, cognoscí yo algunos años. Es muy alegre rio, y trae siempre gran
-ímpetu y vehemencia en el agua, viniendo por peñas, y trae infinitas
-piedras grandes. Hay otro más adelante, yendo hácia Santo Domingo, que
-se llama Yuna, la primera sílaba luenga, y así los indios lo llamaban;
-este es gran rio y muy ahocinado, súbito y muy impetuoso, lo cual causa
-que un año vaya por una parte de la madre y otro por otra, porque la
-tiene muy ancha; desciende de altísimas sierras y muchas, que hacen
-infinitas quebradas, y de muy cerca, y así han de estar sobre el aviso
-los que por allí viven y pasan, que en pocas horas, si llueve, rescibe
-en sí grande cantidad de aguas. Al cabo de esta vega sale otro rio
-grande, que llamaban los indios Maymon, tambien muy deleitoso; no va
-con tanto ímpetu como los dos dichos, pero cuando viene crecido es
-peligroso por las grandes y muchas piedras que tiene, y como los demas
-de muy delgada y suavísima agua. Estos son los tres principales, pero
-entre ellos hay otros muchos arroyos grandes y de muy buenas aguas,
-y donde se pueden hacer muchos ingenios de azúcar y otros artificios
-que se suelen hacer de agua, de los cuales hay ya hechos algunos. Es
-de tanta fertilidad esta provincia y vega del Bonao del pan y frutos
-naturales desta tierra, que aunque toda esta Isla es de ellos abundante
-y fructífera, pero ésta es sobre todas las provincias dichas, ó pocas
-hay que le lleven ventaja, porque era sobre todas abundantísima y cuasi
-como el alholí de toda la Isla. Aquí hizo edificar el Almirante viejo
-una fortaleza, y despues se hizo una villa de españoles, que se llamó
-la villa del Bonao, aunque fué como humo decreciendo como las otras,
-por la causa que en otra parte, si Dios quisiere, se dirá. Está hoy
-toda despoblada de hombres y llena de vacas, y naranjos, y guayabas
-y otros frutales; tiene de longura, creo que 15 ó 20 leguas y otras
-tantas de ancho, con un abismo de sierras altísimas, de las mayores
-desta Isla, todas fresquísimas y de grandes arboledas y montañas, las
-cuales son ramos, digo las sierras, de la hilera ó cordillera que viene
-de Guahaba y pasa por la provincia de Cibao. Por la mano derecha de
-esta provincia, teniendo todavía al Norte las espaldas, se sigue otra
-grande, que nombraron los indios Maniey, la penúltima luenga, todo lo
-más della de sierras muy altas, con algunos valles, llena de arroyos
-y maravillosas aguas muy frescas, y muy fértil, y de los frutos de la
-tierra naturales bien abundante; creo que hay ó hobo salinas en ella,
-no de la mar, porque está en el riñon desta tierra, sino de las que
-suele haber en Castilla, y tambien hay hartas en estas Indias, de pozo
-ó pozas; y de ésta hablo así dudando, porque como está adentro como
-arrinconada de la manera de las provincias Iguamuco y Xanique, no se
-me ha ofrecido á estas tres llegar; de todas las susodichas, y las que
-se dirán, tengo noticia por habellas visto por mis propios ojos todas
-ó parte de cada una dellas, y de muchas lo más. Tornando á la mano
-izquierda de la provincia del Bonao, yendo adelante, hay otra continua
-que há por nombre Cotuy, la última aguda, de la manera y fertilidad
-de las otras, puesto que no tiene las sierras y montes que las demas,
-sino cerros con yerba y arboledas algunas, como ya está muy vecina de
-la Vega grande y Real. Ha tenido muy ricas minas de oro y tiene algunas
-hoy, con minas tambien de muy fino azul; en ella está hoy una villa
-de españoles que se nombra el Cotuy. Dejadas las dos manos derecha é
-izquierda, saliendo de la provincia del Bonao, camino derecho hácia
-Santo Domingo, va el camino entre dos rengleras de altas sierras, de
-parte de las de la mano diestra quedando la dicha provincia del Maniey,
-y de las de la izquierda la del Cotuy, donde habrá de valle ancho
-entre las dos rengleras, si no me he olvidado, cuatro ó cinco leguas;
-comienzan luégo, desde el rio Maymon, que es el postrero de los tres
-dichos grandes de la provincia del Bonao, los cerros que llaman las
-Lomas del Bonao, que duran tres leguas de mal camino, por ser aquellos
-cerros barriales de barro bermejo y pegajoso, y estar siempre sombrío
-con muchos árboles y haber infinitos arroyos y aguas; de un lado y de
-otro de las dichas Lomas, entre ellas y las rengleras de las sierras
-que se han dicho, van dos valles con sus rios, que no parecen sino unos
-vergeles muy graciosos pintados. Sálese luego, las tres leguas pasadas,
-á otra provincia descombrada de çabanas ó vegas y rios y arroyos muy
-hermosos, y especialmente á los principios del gracioso y fresquísimo
-rio Hayna, en el cual entran muchos arroyos de oro, así de las minas
-nuevas como de las viejas, el cual tiene una muy graciosa, alegre y
-rica ribera que dura 10 leguas y más, desde donde comienzan en ella las
-labranzas de los españoles hasta que entra en la mar. Tiene grandes
-pesquerías de lizas y de otros pescados que de la mar entran al ménos
-una legua ó dos de la boca, porque en lo de atras, por las muchas
-haciendas y frecuencia de la gente y ganados, ó se huye ó se esconde
-ó no se puede bien criar. Esta provincia llamábamos la provincia del
-Arbol Gordo, y una villa que allí estaba donde agora está un ingenio
-de azúcar, que hizo ó comenzó á hacer un licenciado Lebron, se llamó
-la villa del Arbol Gordo; la causa de este nombre fué por un árbol que
-habia allí cuasi frontero de donde agora está el dicho ingenio, junto
-al rio, el cual era de tanta gordura, que ocho hombres, los brazos
-tendidos, no pudieran cercallo. Luégo, de allí á dos leguas creo que
-son, están las minas viejas, á la mano derecha del rio Hayna, teniendo
-las espaldas, como queda dicho, al Norte, y éstas se llamaron, ó por el
-Almirante ó por el Adelantado su hermano, de San Cristóbal. Llamámoslas
-viejas por diferencia de las que despues se hallaron frontero destas
-á la mano izquierda del dicho rio Hayna, que por ser halladas despues
-se las puso por nombre las minas nuevas, de las unas á las otras habrá
-legua y media; ambas á dos están ó son en ciertos arroyos y quebradas
-que descienden al rio Hayna, y son unos muy hermosos y alegres cerros
-rasos, cubiertos solamente de muy hermosa yerba. Destas minas viejas
-y nuevas el oro que se ha sacado no tiene número ni cuento, y mucho
-más de las nuevas, que de las viejas. Han sido grandes los granos y
-gruesos que en las unas y en las otras han parecido, los que nunca en
-lo poblado ó rico del mundo tales se han visto, y éstos mucho mayores
-en las nuevas que en las viejas; entre otros muchos granos grandes de
-oro fino se halló en las nuevas un monstruoso grano, nunca otro en
-el universo ni visto ni oido á lo que se cree, ni tan grande ni tan
-hermoso, dignísima joya para estar en la recámara real de Castilla
-perpetuamente, cosa que viéndola fuera motivo para levantar y encender
-los corazones de los hombres á referir inmensas y continas gracias al
-Criador que tal hizo. Tenía tres palmos en redondo y cuatro dedos en
-alto, pesaba 36 libras de oro, que son libra y media ménos que arroba
-y media; valía 3.600 pesos ó castellanos de oro, de valor cada uno de
-450 maravedises; juzgábase que ternía los 600 pesos de piedra por las
-manchuelas que della tenía, puesto que el oro y ellas todo parecia oro;
-yo lo vide y, cierto, era cosa digna de ser vista. El dia que se halló
-se cortó y comió en él un lechon de puerco no muy chico; en otra parte
-se dirá, placiendo á nuestro Señor, quién, y cómo y cuándo fué hallado,
-con lo demas que tocare á estas minas. Al principio, y cuasi en medio
-de estas minas viejas y nuevas, viniendo de Santo Domingo, la cara
-hácia el Norte, al reves del camino que hasta agora hemos traido, se
-edificó una villa sobre el rio Hayna, arriba dicho, puesto que, muertos
-los indios, tambien como otras se despobló, y agora no hay sino unas
-ventas en ella. Desde allí, pasados unos pocos de cerros, van grandes
-dehesas, çabanas y campiñas, con muchos arroyos llenos de hatos de
-vacas, ocho leguas, hasta Santo Domingo y la ribera de Hayna, á la mano
-derecha, que es vellas alegría y maravilla; quedan á la mano izquierda
-del mismo camino ciertas minas en unos arroyos, que se llamaron las
-minas de los Arroyos, de donde se sacó los tiempos pasados mucho oro y
-muy fino. Y con esto, á la vuelta tercera damos fin.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VIII.
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-Dicho queda en las tres vueltas de la descripcion desta Isla todo lo
-que se me ha ofrecido referir, para poder dar noticia de las provincias
-y disposicion de la tierra y puertos della; para la cuarta vuelta
-quedó reservado el hablar de la grande y bienaventurada y Real Vega,
-y como muchas particularidades, y en encarecida manera, se hayan
-afirmado de la fertilidad y bondad de todas y tantas provincias como
-hay en esta Isla y de su grandeza, no parece que puede haber ya más
-vocablos, ni para relatar las condiciones y calidades desta Vega, ni
-vehemencia para con encarecimiento las dar á entender. Esta Vega lo
-primero tiene de longura de mar á mar (y va de Oriente á Poniente) 80
-grandes leguas, las cuales todas yo he andado por mis piés, comienza
-desde la provincia de Higuey, sobre la de Samaná, de las cuales en el
-capítulo 3.º hicimos mencion, que están á la parte del Sur desta Isla,
-desde un pueblo grande de indios que llamaban Macao, la penúltima
-luenga, despues se viene enderezando esta Vega y se pone de Oriente
-á Poniente, como digimos; va á parar á la mar del Poniente y pasa la
-provincia del Marien, digo pasa, puesto que la dicha provincia llega
-hasta la mar, y comprende, como se dijo, el puerto de la Navidad. Su
-anchura ó latitud tiene 12 y 15 leguas, y 7, y 6, y 4, y cuando llega á
-estas cuatro, aquí estuvo y está asentada la ciudad de la Concepcion,
-que tambien llaman la ciudad de la Vega, cabeza de obispado; y fué la
-cabeza de toda la Isla los primeros años, pero despues de muertos los
-indios fuese despoblando de españoles, y, por el trato y frecuencia
-de los navíos al puerto de Santo Domingo, prevaleció la poblacion de
-aquella ciudad, y así se hizo cabeza de la Isla, quedando la Concepcion
-con hasta 10 ó 12 vecinos, aunque con su iglesia catedral. De aquí
-se va la Vega, á veces, un poco sangostando, poco más de media ó una
-legua, otras veces un poco ensanchando, hasta llegar á la provincia
-del Marien, donde allí en la mar fenece y se sangosta hasta no quedar
-sino una legua, ó quizá ménos, si bien me acuerdo. Hacen esta Vega
-ó cércanla, desde que comienza hasta que se acaba, dos cordilleras
-de altísimas y fertilísimas y graciosísimas sierras, de que ya hemos
-hecho mencion, que la toman en medio, lo más alto dellas y todas
-ellas fértil, fresco, gracioso, lleno de toda alegría; la una destas
-sierras, de la parte del Sur, es la que habitaban los Ciguayos, y
-otra parte della la gente de los Macoriges del Macorix de arriba, de
-las cuales naciones hablaremos abajo, y arriba en el capítulo 3.º las
-tocamos; y esta cordillera comienza desde la provincia de Higuey é de
-la comarca del pueblo del Macao, y se acaba en el Monte-Christi, y,
-á lo que yo creo, corre más de 100 leguas. Es toda esta sierra muy
-fértil, tan fértil en las cumbres como en el medio y en el principio,
-para labranzas y ganados, como si fuera campiña llana, y es llena de
-grandes arboledas, y estaban de pueblos y gentes rebosantes. La otra
-cordillera de sierras, que por respecto de la ya dicha y de la Vega,
-está hácia la parte del Sur ó Mediodía, tiene su nascimiento de los
-términos de la provincia de Açua, y prosíguese por las minas viejas,
-y va por las minas de Cibao, y llega á la primera provincia que
-describimos de Baynoa, y pónese sobre la mar, y de allí torna hasta
-la punta de Guahaba, que así se solia decir el cabo de San Nicolás
-que se mira con la punta primera y más oriental de la isla de Cuba;
-bien creo que tiene aquesta cordillera de sierras más de 150 leguas
-bien tiradas. A partes son estas sierras fértiles, como las otras sus
-fronteras que hacen la Vega, y á partes es algo estéril, en especial
-lo que comprende de la provincia de Cibao; digo estéril, no tanto que
-no estuviesen todas muy pobladas, y encima de la más alta dellas no
-pudiesen pacer hatos de ovejas y cabras, salvo las muy altas donde
-fueron las minas muy señaladas, porque comunmente las tierras donde
-hay metales suelen ser estériles y como quemadas, puesto que áun en
-aquellas de Cibao hay infinitos valles y riberas de rios fértiles,
-donde habia muchas labranzas y estaban de gentes muy pobladas. Lo que
-desta sierra tan luenga la Vega alcanza será hasta 50 ó pocas más
-leguas, que comienzan de la sierra ó puerto que dicen del Bonao, el
-cual es una sierra alta que yendo de Santo Domingo á la Concepcion la
-suben por la parte de la villa que solia haber del Bonao, y á la bajada
-entran en la Vega, y de allí á donde se fundó la Concepcion hay tres
-leguas, como en los capítulos de arriba hemos algunas veces hablado;
-llega esta sierra, con la Vega, hasta en el puerto de la Navidad,
-junto á la mar, donde la Vega se acaba y la sierra torna sobre la mano
-izquierda, teniendo al Poniente la cara, y váse por la dicha provincia
-de Baynoa á la de Guahaba. Por cualquiera parte destas dos sierras que
-se asomen los hombres, mayormente por el dicho puerto del Bonao y por
-la de la Isabela (donde primero pobló el Almirante, y viéndola por
-allí la llamó la Vega Real, como se dirá en otro lugar), y por otras
-partes, se parecen y descubren 20, 30 y 40 leguas á los que tienen la
-vista larga, como quien estuviese en medio del Océano sobre una altura
-muy alta. Creo cierto que otra vista tan graciosa y deleitable, y que
-tanto refrigere y bañe de gozo y alegría las entrañas, en todo el orbe
-no parece que pueda ser oida ni imaginada, porque toda esta Vega tan
-grande, tan luenga y larga, es más llana que la palma de la mano, ántes
-es más llana que una mesa de bisagras; está toda pintada de yerba,
-la más hermosa que puede decirse, y odorífera, muy diferente de la
-de España; píntanla de legua á legua, ó de dos á dos leguas, arroyos
-graciosísimos que la atraviesan, cada uno de los cuales lleva por las
-rengleras de sus ambas á dos riberas su lista ó ceja ó raya de árboles,
-siempre verdes, tan bien puestos y ordenados como si fueran puestos á
-mano, y que no ocupan poco más de 15 ó 20 pasos en cada parte. Y como
-siempre esté esta Vega y toda esta Isla como están los campos y árboles
-en España por el mes de Abril y Mayo, y la frescura de los continos
-aires, el sonido de los rios y arroyos tan rápidos y corrientes, la
-claridad de las dulcísimas aguas, con la verdura de las yerbas y
-árboles, y llaneza ó llanura tan grande, visto todo junto y especulado
-de tan alto, ¿quién no concederá ser el alegría, gozo, y consuelo, y
-regocijo del que lo viere, inestimable y no comparable? Digo verdad,
-que han sido muchas, y más que muchas que no las podria contar, las
-veces que he mirado esta Vega desde las sierras y otras alturas, de
-donde gran parte della se señoreaba, y considerándola con morosidad,
-cada vez me hallaba tan nuevo y de verla me admiraba y regocijaba, como
-si fuera la primera vez que la vide y la comencé á considerar. Tengo
-por averiguado, que ningun hombre prudente y sabio que hobiese bien
-visto y considerado la hermosura y alegría y amenidad y postura desta
-Vega, no ternía por vano el viaje desde Castilla hasta acá, del que
-siendo filósofo curioso ó cristiano devoto, solamente para verla, y
-despues de vista y considerada se hobiese de tornar; el filósofo, para
-ver y deleitarse de una hazaña y obra tan señalada en hermosura de la
-naturaleza, y el cristiano para contemplar el poder y bondad de Dios,
-que en este mundo visible cosa tan digna y hermosa y deleitable crió,
-para en que viviesen tan poco tiempo de la vida los hombres, y por
-ella subir en contemplacion qué tales serán los aposentos invisibles
-del cielo, que tiene aparejados á los que tuvieren su fe y cumplieren
-su voluntad, y coger dello motivo para resolvello todo en loores y
-alabanzas del que lo ha todo criado. Pienso algunas veces, que si la
-ignorancia gentílica ponia los Campos Elíseos comunmente en las islas
-de Canaria, y allí las moradas de los bienaventurados que en esta
-vida se habian ejercitado en la vida virtuosa, en especial secutado
-justicia, por lo cual eran llamadas Fortunadas, y teniendo nueva dellas
-acaso aquel gran Capitan romano, Sertorio, aunque contra Roma, le
-tomó deseo de irse á vivir y descansar en ellas por una poquilla de
-templanza que tienen (y áun la tierra dellas es harto seca y estéril,
-y las sierras ásperas y peladas en las más partes), ¿qué sintieran los
-antiguos, y qué escribieran desta felicísima Isla, en la cual hay diez
-mil rincones, y en todo este orbe de las Indias cuentos de millares,
-cada uno de los cuales difiere tanto, en bondad, amenidad, fertilidad
-y templanza y felicidad, de la mejor de las islas de Canaria, como hay
-diferencia del oro al hierro y podria afirmarse que mucho más? ¿Cuánto
-con mayor razon se pusieran en esta Vega los Campos Elíseos, y Sertorio
-la vivienda della cudiciara, la cual excede á estas Indias todas, y
-siento que á toda la tierra del mundo sin alguna proporcion cuanta
-pueda ser imaginada?
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-CAPÍTULO IX.
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-Prosiguiendo, pues, adelante, la relacion comenzada desta Vega,
-tiene más, que toda la tierra della no es cualquiera, ni para que á
-una parte sea fértil y á otra estéril ó seca, ó alguna cenagosa, y
-á otra con otro daño y dificultad; no es así, ántes es toda enjuta,
-toda fértil, toda en bondad igual, toda dignísima para producir de sí
-frutos de cuantas plantas, cuantas semillas, cuantas cosas en ella y
-en todas las partes della quisieren plantar y sembrar, y para haber
-en ella 10 y 15 ciudades como Sevilla, muy mejor que en Lombardía.
-Y puesto que algunas plantas y semillas luégo no se den bien por la
-lozanía, grosura y fortaleza de la tierra y estar holgada, poniendo
-empero diligencia é industria, y aguardando los tiempos y la sazon,
-ninguna de las de España tengo por cierto que se dejara de dar. Así
-fué y acaeció en la villa de Açua, que, ántes que hobiese cebollas,
-un clérigo procuró de las sembrar, y muchas veces perdió la semilla,
-no acertando con el dia ó el mes, ó con el viento, ó con el agua, ó
-porque la tierra estaba holgada; cayó en sembrallas cada mes y en cada
-tiempo, y por alguna de las dichas causas que cesó, acertó en las
-sembrar, y hiciéronse tan hermosas y grandes como las de España, el
-cual, sembrando 100.000 granitos de semilla de cebollas, tuvo de renta
-por algunos dias 100.000 cuartos de á cuatro maravedís, porque á cuarto
-las vendia, hasta que ejercitaron la granjería otros. Entran en esta
-Vega, de ambas á dos cordilleras de las sierras dichas, sobre creo que
-30 rios y arroyos que la pintan y adornan, y hermosean y refrescan con
-sus nocturnos vahos ó aires suaves, con la frescura y suavidad de
-las hermosísimas corrientes, rápidas, quebradas y delgadas aguas que
-traen, cosa dignísima de maravillar. Nace un arroyo bien grande hácia
-la sierra de Cibao, que los españoles por su hermosura nombraron rio
-Verde, que corta por medio á la luenga la Vega, por la parte donde se
-asentó la ciudad de la Concepcion, y va por ella cuatro ó cinco leguas
-hasta que entra en el rio que luégo se dirá, que toda la fertilidad y
-alegría que decirse puede parece comprehender; en cuya ribera, obra
-de dos leguas, tuve labranzas de pan de la tierra, que valian cada
-año más de 100.000 castellanos. En el capítulo 6.º queda dicho cuán
-llenos y de cuántas especies de pescados suelen estar los principales
-rios grandes que en esta Vega entran; son 14, los 10 que arriba en el
-capítulo 6.º nombré, que fueron Xagua, Guahaba, Guanahuma, Bao, Yaqui,
-Xanique, Agmina, Maho, Paramaho, Guayobin (los acentos destos allí se
-declaran), el onceno se llamó Dahabon; todos estos once desaguan en
-la mar del Norte. Otros tres, que son Camó, la última aguda, que pasa
-una legua de la ciudad de la Concepcion, donde entra el rio Verde, que
-poco ha dije, y el otro Yuna, que pasa por la provincia del Bonao, y
-el otro Maymón, la última aguda, que tambien desciende por la dicha
-provincia; estos desaguan en la mar del Sur. Estos tres, con otros
-muchos arroyos grandes y de mucha agua, que por evitar largura no curo
-de nombrar, y otros pequeños infinitos que estos en sí reciben, van á
-parar y salir al golfo de mar que arriba en cierto capítulo digimos
-llamarse de Samaná, la última aguda. Cuando Yuna allí llega, y á otra
-provincia ántes de Samaná que se llamó Canabócoa, la penúltima luenga,
-no se puede vadear, y todos los que con él se juntan pierden el nombre
-y él queda con el suyo, y así lo llamaban por allí los indios, Yuna.
-Hay grande copia de pescado destos rios juntos, en especial lizas muy
-grandes y muy buenas en las dos dichas provincias Samaná y Canabocoa;
-y el rio destos que más abunda en estas lizas es el rio Camó, la última
-aguda, del cual, desde que nace, obra de dos leguas de la dicha ciudad
-de la Vega ó Concepcion, solian pescar los indios, cuando eran vivos,
-grande cantidad. Los 10 susodichos que van á parar al Norte rescibe
-Yaqui en sí, quitando el nombre á todos, quedándose con el suyo, y
-cierto es graciosísimo y hermoso rio, aunque á cada uno de los otros no
-le falta frescura y hermosura, agua suavísima y disposicion de tierra
-y arboledas, aires suaves y alegría; cuando están juntos, Yaqui ya no
-se vadea. Van á salir en la mar, todos juntos con Yaqui, al puerto de
-Monte-Christi, como arriba se ha dicho; los arroyos grandes y chicos
-que en estos entran son infinitos. Algunas de las provincias desta Vega
-están ya referidas en la primera vuelta, como la del Marien (y esto
-viniendo del principio de donde comenzamos á contar las provincias), y
-el Macorix, que nombramos, de abajo, y parte de la provincia de Higuey,
-la sílaba de en medio luenga, que es el fin de toda la Vega, y está á
-la costa del Sur, y que por ventura la podríamos aplicar al Macao, que
-era una poblacion grande, la cual podria ser que fué cabeza de todo lo
-que eran llanos y parte ó cabo de la dicha Vega Real, como digimos en
-el capítulo 3.º, de manera que Higuey y Macao fuesen dos provincias;
-y parece haber razon para esto, por la diferencia grande que hay en
-grandeza y calidad, ser la de Higuey aquellas mesas de piedra ó peña, y
-la del Macao muchas y grandes campiñas ó çabanas. A esta del Macao, que
-es ya el cabo de la Vega como he dicho, se consigue la de Samaná, en la
-misma Vega, y tiene un valle muy hermoso donde fué asentada una villa,
-una legua de la mar, que se llamó Santa Cruz de Icaguá, la última
-sílaba aguda, porque se debia llamar así el valle ó el pueblo de los
-indios que allí estaba; á la de Samaná, la de Canabócoa, la penúltima
-sílaba luenga, y paréceme que deben ser diversas provincias estas
-dos. Esta provincia de Canabócoa era abundante de pan y pesquerías,
-como está dicho. Las leguas que cada una tenía no puedo certificar,
-porque ha muchos años (y son más de 50) que estuve en la de Canabócoa;
-paréceme que las podemos atribuir á ambas, si son dos, 20 leguas y más
-en torno. Entrando la Vega adentro, la cara hácia el Norte, porque las
-dichas provincias de Samaná y Canabócoa están al Sur, no me acuerdo
-que tuviese nombre otra provincia hasta llegar á la casa y pueblo
-real del rey Guarionex, Señor desta Vega, que estaria de las dichas
-provincias ó poblaciones 30 leguas, pocas ménos, y esto es donde se
-puso la ciudad de la Concepcion como despues diremos; y pienso que
-se debia llamar todo su estado deste rey Guarionex, Maguá, la última
-sílaba aguda, cuasi por excelencia, como si dijeran reino de la Vega,
-porque llamaban los indios, á esta Vega Maguá, en su lenguaje, como se
-ha dicho. Hay en esta Isla, mayormente en esta Vega, aves infinitas,
-los aires llenos dellas, naturales en ellas, como son palomas torcazas,
-tórtolas, gorriones, pezpitas, garzas, ánades, ansares de paso muchas
-por Navidad, y infinitos tordos negrillos, cuervos que dan gritos que
-apénas se pueden oir los hombres donde ellos están; hay aves de rapiña,
-como halcones muchos, no sé de qué especies, cernícalos, milanos,
-inmensidad de papagayos verdes con algunas manchas coloradas. Y en
-esta Isla son tres especies dellos, mayores y menores y muy chiquitos,
-los mayores se llamaban por los indios higuacas, la sílaba de enmedio
-luenga, y éstos difieren de los de las otras islas en que tienen sobre
-el pico ó la frente blanco, no verde ni colorado; los de esta especie
-que hay en la isla de Cuba tienen sobre el pico ó la frente colorado.
-Estos higuacas son muy parleros, cuando les enseñan á hablar las
-palabras humanas. La otra especie de los medianos son los que llamaban
-xaxabis; son muy más verdes, y pocos tienen plumas coloradas; son muy
-traviesos y inquietos, bullidores, muerden y aíranse más que otros;
-nunca toman cosa de la habla humana por mucho que los enseñen, pero son
-muy chirriadores y parladores en su parlar natural. Diez destos xaxabis
-acometen á ciento de los higuacas y los desbaratan, y nunca en paz se
-juntan éstos con aquéllos. Vuelan cada especie muchos juntos por sí,
-y por donde quiera que pasan van todos, cada especie, voceando á su
-manera, porque los higuacas tienen el sonido más entero y grueso, los
-xaxabis más delgado y agudo, y aunque no hablan los xaxabis palabras
-humanas, todavía, puestos en jaula, es placer vellos porque nunca
-están quietos ni callando. La tercera especie es de unos chiquitos
-como gorriones, verdes todos, y no me acuerdo que tengan alguna pluma
-colorada; hay pocos dellos, y cuasi no suenan ni hacen bullicio alguno,
-sólo por ser verdes y chiquitos parecen bien y son agradables. Hay lo
-mismo ruiseñores que cantan dulcísimamente todo el año, de lo que el
-Almirante se maravilló, y con razon, cuando los oyó cantar por Navidad,
-como en otra parte será dicho. Hay los pajaritos que en el capítulo 3.º
-digimos, que cantan á tres voces, y estos exceden á todas otras aves,
-aunque sean calandrias y ruiseñores. Hay eso mismo unos pajaritos poco
-más grandes que el dedo pulgar con algunas colorcitas hermositas, que
-no vuelan más altos del suelo, de una lanza, y su volar es cerca de
-arbolitos y florestillas bajas; de tal manera suenan y con el ronquido
-hacen estruendo como si fuesen puercos grandes, y uno sólo que por
-cerca del hombre suene no le parece sino que es algun puerco berraco.
-Toda esta Isla es refrescada de los suavísimos aires ordinarios, que
-son los que llaman los marineros terrales, conviene á saber, los vahos
-y frescores fresquísimos que producen de sí los muchos rios y arroyos
-y frescos valles. Estos refrescan las noches, y comienzan cuasi á las
-diez de la noche y duran hasta las diez del dia, y de allí adelante
-comienzan en los puertos de mar los templados y suaves aires que los
-hombres de la mar llaman mareros ó embates, y estos duran tambien hasta
-las diez de la noche, que ellos cesan y tornan á ventar los terrales;
-pero en esta Vega, de las diez del dia en adelante, vientan las suaves
-y sanísimas brisas ó cuasi vientos orientales y boreales, más recios
-algo que los mareros, aunque suaves, y todos muy sanos naturalmente,
-los cuales refrescan y alegran y consuelan todas las cosas vivas que
-moran y habitan en esta Vega, por manera que ninguna cosa le falta para
-ser felicísima y los verdaderos terrestres Campos Elíseos.
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-CAPÍTULO X.
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-Los mantenimientos que habia en esta Isla naturales fueron el pan de
-raíces, de que abajo se dirá; cuanto á la carne, habia unos conejos
-de hechura y cola propia de ratones, aunque poco ménos grandes que
-conejos de los de Castilla, muy sabrosa y muy buena carne, y comunmente
-vivian y criaban entre la yerba, y no en los montes, no en madrigueras
-ni cuevas, sino en la superficie de la tierra, de los cuales habia
-infinitos. Estos eran de cuatro especies; una se llamaba quemí, la
-última sílaba aguda, y eran los mayores y más duros; la otra especie
-era las que se llamaban hutias, la penúltima luenga; la tercera los
-mohics, la misma sílaba luenga; la cuarta era como gazapitos, que
-llamaban curics, la misma sílaba tambien luenga, los cuales eran muy
-sanos y delicatísimos. Tenian unos perrillos chiquitos como los que
-decimos de halda, mudos, que no ladraban sino gruñian, y estos no
-servian sino para los comer. Tenian ratones chiquitos, y muy chiquitos,
-que tambien comian, grandes como los de Castilla no los habia hasta
-que nosotros vinimos, ó que salieron de los navíos en las cosas que
-trajimos de allá ó se criaron del orin del hierro ó de la corrupcion
-de nuestras cosas de Castilla, de los cuales hobo despues y hay hoy
-harta abundancia. Cuando los indios vecinos desta isla querian cazar
-muchos, ponian fuego á las çabanas ó yerbazales, y huyendo del fuego
-los conejos iban á parar donde la gente los esperaba. Habia otra caza,
-segun ellos muy preciada, y áun segun muchos de nuestros españoles
-despues que la gustaron, y esta fué las que llamaron iguanas, propias
-sierpes; es tan grande como un perrillo de halda, de la hechura de
-un lagarto, pintada como él, pero no de color verde las pinturas ó
-azafranadas, sino pardas que la afean más, tiene un cerro de espinas
-desde la cabeza por el lomo hasta lo postrero de la cola, que la hace
-más horrible y espantable; cuando la iban á tomar los indios, hacia y
-hace un papo como las lagartijas, más grande ó tanto como una vejiga
-de una gran ternera, y abre la boca y muestra los dientes como una
-fiera sierpe, como lo es al parecer, pero no hace mal, y fácilmente
-la prenden y atan y traen; la cola della es blanca como pechuga de
-gallina. Dicen los españoles comunmente que no hay tan sabroso manjar,
-pero yo nunca la he podido comer, áun en los tiempos primeros que en
-esta Isla tuvimos necesidad; cómenla en viérnes por pescado, criándose
-en la tierra y montes como los otros animales, no sé dónde lo hallaron
-que fuese pescado. En esta Isla hay grandes y muchas culebras, todas
-cuasi pardas, las cuales ni tienen ponzoña ni hacen mal; arremetia un
-indio á ellas, y lo primero era echalle mano de la cabeza, y con los
-dientes se la estrujaba, y la culebra se le revolvia al brazo, despues
-de muerta la hacia rosca y ataba; este tambien era su manjar. Otras
-culebras hay en los remansos de los rios, pero pocas, que son verdes,
-las cuales creo que son ponzoñosas, puesto que la fama es que en esta
-Isla ninguna cosa de ponzoña hay; éstas ni las comian ni las curaban de
-matar. Tenía otro mantenimiento la gente de esta Isla, y este era la
-abundancia del pescado; hacian muchas pesquerías, los que alcanzaban
-la mar, en la mar con redes y anzuelos hechos de hueso, y los que no,
-pescaban en los rios; los pescados de la mar eran lizas, de las que
-arriba hemos dicho, xureles, parbos, róbalos, mojarras, y tambien
-dorados, y este es pescado precioso, pero no se pesca sino muy dentro
-en la mar; estos géneros de pescados son los mismos de Castilla; hay
-cazones y otros excelentes pescados, y agujas y anguilas muy grandes,
-y las que llaman morenas. Hay en la mar, y entran tambien en los rios,
-unos peces de hechura de cazones ó al ménos todo el cuerpo, la cabeza
-bota, y la boca en el derecho de la barriga, con muchos dientes,
-que los indios llamaron tiburones, bestia bravísima y carnicera de
-hombres; el mayor terná de luengo 10 ó 12 palmos, de gordo, por lo
-más, poco ménos que un hombre; tranzan una pierna de hombre y áun de
-un caballo dentro del agua; son muy golosos, con que cualquiera cebo
-que pongan de carne ó pescado, en un anzuelo de cadena, luégo caen y
-se toman. Historias hay de lo que tragan; cualquiera cosa que se eche
-de los navíos á la mar, y aunque sea estiercol, lo engullen sin dejar
-nada. Despues que los toman y abren el buche, se hallan dentro todas
-las cosas que han tragado, y ha acaecido pedazos de botijas de barro
-hallarse dentro del buche, y creo que yo he visto algo dello si no lo
-he olvidado. Si una vez los prenden con el anzuelo, y al subir en el
-navío, como es muy pesado, se desgarra, no por eso escarmienta, sino
-que por su golosina, tornándole á echar cebo, tarde que temprano, si la
-nao no anda mucho, es tomado; cómese como cazon bien harto y cubierto
-de ajos, y con él hartas veces se mata en los navíos la hambre. Hay
-infinitos crocodilos de los que se dice haber en el Nilo, que llamamos
-impropiamente lagartos, pero no son sino crocodilos naturales; no
-tienen la cabeza roma como los lagartos, sino muy salido el hocico de
-la manera de los del puerco, y más de dos ó tres palmos; tiene cuatro
-piés con sus uñas, y gran cantidad de dientes muy agudos que parece
-poder tronzar una barra de hierro; muy más fiera y cruel bestia es
-para comer hombres que los tiburones; llegan á tener 10 y 15 codos de
-longura, y yo los he visto muy grandes. Tienen los machos su natura
-para engendrar (puesto que no sé si usan de aquel instrumento para la
-generacion), de la manera que la tienen los niños de cuatro y cinco
-años, y toda la gordura de alrededor della es almizque verdadero, y lo
-mismo es las agallas; es tan penetrativo aquel olor, aunque muy suave,
-que pone hastío quitando la gana de comer; yo tengo al presente dello,
-y ha más de 16 años que lo tengo y huele hoy tanto como si fuera ayer
-cuando se sacara. Viven de noche en el agua, y de dia en la tierra;
-puédense matar con anzuelo de cadena en el agua, con cebo, y cuando
-están en tierra durmiendo con alguna ballesta dándoles por la barriga,
-pero si le dan por encima, un arcabuz no lo matará por la dureza de
-las conchas ó cuero que tiene. Es pecoso de manchillas amarillas como
-azafranadas, y por eso se dice crocodilo, de _croco_, que quiere decir
-azafran; uno solo se halló en esta Isla, en la punta del Tiburon, á
-la mar del Sur. La abundancia dellos es en tierra firme, muchos hay
-en la costa del Sur de la isla de Cuba, en un rio que se llama Caulo;
-dícese que éste, entre todo los animales, mueve la quijada ó mejilla
-de arriba. Hay en esta mar, en especial por estas islas, á la boca de
-los rios, entre el agua salada y dulce, los que llamaban los indios
-manatíes, la penúltima sílaba luenga: estos se mantienen de yerba, la
-que nace en el agua dulce junto á las riberas. Son tan grandes como
-grandes terneras, sin piés sino con sus aletas, con que nadan, y bien
-tienen tanto y medio como una ternera; no es pescado de escama, sino
-de cuero como el de las toninas ó atunes, ó como de ballenas; el que
-lo comiese delante quien no supiese qué era, en Viérnes Santo, creeria
-que comia propia carne, porque así lo parece; es muy más sabroso y
-precioso que ternera, mayormente los que se toman pequeños, echados en
-adobo como se suele comer la ternera. En todas las cosas que comian
-estas gentes, cocidas, ó asadas ó crudas, echaban de la pimienta que
-llamaban axí, la última sílaba aguda, la cual ya es en toda España
-conocida; tiénese por especia sana, segun acá dicen nuestros médicos,
-y la mejor señal es comella mucho los indios, porque esto es cierto,
-que en no comer cosa que sea dañosa eran temperatísimos. Hay tres
-especies de esta pimienta ó axí; la una grande, cuasi como un dedo, y
-que llega á pararse muy colorado, y otra redonda, que parecen propias
-cerezas, y esta especie quema más, y ambas las dichas son domésticas;
-la tercera es menudita como la pimienta que conoscemos, y ésta es toda
-silvestre que nasce sin sembralla en los montes. Y es aquí de saber,
-que sólo aquello es lo que quema en esta pimienta ó axí, conviene á
-saber, la simiente y unas listicas ó rayas ó cejas que hacen dentro
-los apartamientos donde suele estar la simiente; todo lo de en medio,
-que no toca á las dichas rayas ó granitos de simiente, dulce y suave
-es. Tornando al pan, que llamaron los indios cazábi, la penúltima
-luenga, este es el mejor pan que creo yo haber en el mundo despues del
-de trigo, porque es muy sano y muy fácil de hacer, y pocas personas
-y en pocos dias pueden aparejar cantidad para provision de mucha
-gente, y sostiénese mucho tiempo; este defecto tiene, que para solo
-no tiene sabor ni gusto, sino poco, pero con manjar que haga cocina
-sabrosa, y tambien para con leche, muy mejor es que áun el de trigo.
-Pónese, y críase, y cógese y amásase de la manera siguiente: Hacian
-los indios unos montones de tierra, levantados una vara de medir y
-que tenian en contorno 9 á 12 piés, el uno apartado del otro dos ó
-tres piés, todos por su órden, rengleras de 1.000 y 2.000 y 10.000 de
-luengo, y otros tantos de anchura, segun la cantidad que determinaban
-poner; hechos los montones tomaban la planta, que son unas ramas tan
-altas como un hombre, y como los sarmientos de las vides cuando están
-tiernas y verdes con sus yemas, puesto que muy más gruesas y áun más
-hermosas y más verdes oscuras que los sarmientos que digo de nuestras
-viñas, y hacen pedazos dellas de á palmo ó poco más de palmo, y hincan
-seis ó ocho ó nueve dellos, las yemas hácia arriba, en la corona de
-cada monton, por su órden, apartados uno de otro, á la manera de un
-alquerque con que entre nosotros se juega, con tres ó cuatro rengleras,
-segun el monton es, dentro todo en la tierra, salvo dos ó tres dedos
-que dejan fuera: la cual postura en tiempo que no llueve, sino que
-en polvo esté la tierra, debe ser. Sobreviniendo despues las aguas,
-prenden aquellos pedazos que de á palmo fueron puestos, y de cada yema
-de las que quedaron fuera de la tierra se produce su ramilla, y éstas
-van creciendo; y cuanto las ramas crecen y suben en alto por de fuera,
-tanto se arraigan y crecen de dentro de la tierra las raíces, así en
-grandeza, que será de dos y de tres palmos (de la hechura de zanahorias
-aunque no de aquella color), como en gordura, que llega á ser gruesa
-como una pierna, y á las veces como el muslo, y otras veces, segun la
-fertilidad de la tierra, algo más. Luégo, como son presos aquellos
-pedazos de planta, en las puntas dellos brotan las hojas, y creciendo
-crecen ellas, y de las ramas principales nacen otras ramillas, y luégo
-sus hojas encima de las puntas dellas; son las hojas como una mano
-abierta y extendidos los dedos, es muy hermosa y verde oscura, con una
-listilla que tira algo á coloradilla ó un poquillo bermejuela. Cuando
-esta labranza es ya de cuatro ó cinco meses, que hace copa la hoja,
-es tan hermosa de ver de léjos y de cerca, que ni nuestras viñas por
-Mayo ni Junio, ni otra alguna huerta ni labranza puede parecer más
-hermosa, mayormente cuando la labranza es grande que tiene 20 ó 30.000
-montones de luengo juntos y 5 ó 10.000 de ancho, porque ocupa gran
-campo, sólo carecen de olor del que abundan las viñas en Castilla.
-Despues de puestas estas plantas, hasta un entero año no están las
-raíces, para hacer pan dellas, sazonadas, puesto que, á necesidad,
-bien se podria hacer y comer; de un año en adelante puédense coger y
-hacer pan, pero mejor despues de año y medio pasado, y mejor de dos, y
-duran hasta tres, que pueden estar debajo de la tierra sin dañarse,
-y así se va comiendo dellas. Despues de tres años son ya viejas y
-duras y no buenas para hacer pan sino fuere para los puercos ó para
-el muladar, por manera que despues de un año se comienza á hacer pan
-dellas el que es menester, y estáse siempre en el campo el resto, que
-aunque llueva ó ventée no le hace daño hasta los tres años, como dicho
-es. Dentro del primer año es menester desyerbarse toda la labranza dos
-veces, porque nace mucha yerba como la tierra es tan fértil, despues
-del año no es menester. Esta labranza, en el lenguaje de los indios
-desta isla, se llamaba conúco, la penúltima luenga, y las raíces yuca,
-luenga la primera sílaba, y la planta yucubia; la color de las raíces
-es como leonada oscura una tez que tienen muy delgada por encima, pero
-quitada ó raspada con una concha como de almeja, aquella tez, todo lo
-demas es blanco como la nieve, al ménos más blanco que un nabo raido;
-esta yuca ó raíces de que hacen el pan es tal, que quien las comiese
-así crudas moriria, por el zumo que tienen, que es ponzoña, como abajo
-diremos. Hay otras raíces que llamaron los indios ajes y batatas, y son
-dos especies dellas; estas postreras son más delicadas y de más noble
-naturaleza en su especie; siémbranse de planta en montones de la manera
-que de la yuca se ha dicho, pero la planta es diversa. La planta de
-estas raíces es á la manera de las calabazas de nuestra tierra, pero
-es muy más hermosa y delicada; no tiene aquellas como espinitas que la
-planta de las calabazas tiene, sino más suave, delgada, limpia ó lisa,
-y las hojas del tamaño, y así arpadas y tan lisas suaves y hermosas,
-como la de las vides ó viñas de Castilla. Estas, á cuatro y á cinco
-meses despues de plantadas á ser comestibles vienen. Plántanse en los
-montones dichos un palmo ó dos de aquellas ramillas, ó como correas,
-la mitad dentro de la tierra, en cinco ó seis partes de la corona del
-monton, y por la órden de la planta de la yuca que está dicha, las
-cuales luégo con el sol se amortiguan y marchitan como que se mueren,
-pero fácilmente prenden y reviven, y tanto crecen las raíces que crian
-dentro de la tierra, cuanto la planta por la tierra cunde, y como
-la de las calabazas se extiende: no son mayores que nabos grandes ó
-zanahorias pequeñas. Llámase la dicha planta yucaba, la media sílaba
-luenga; cómese cocida como espinacas ó acelgas con aceite y vinagre,
-y crudas son buenas tambien para los puercos. Estas raíces de ajes y
-batatas no tienen cosa de ponzoña, y puédense comer crudas y asadas y
-cocidas, pero asadas son más buenas, y para que sean muy mucho buenas,
-las batatas especialmente que son de más delicada naturaleza, hánlas
-de poner 8 ó 10 dias al sol rociadas primero y áun lavadas con un
-escudilla de salmuera, más agua que sal, y cubiertas por encima de rara
-yerba porque no les dé todo el sol, lo cual hecho, las que se quieren
-comer asadas, metidas en el rescoldo del fuego hasta que ellas esten
-tiernas, salen enmeladas como si las sacasen de un bote de conserva;
-y si las quieren cocidas hinchan una olla de ellas y echen dentro una
-escudilla de agua, no para cocellas, sino porque la olla, estando seca
-en el principio, no se quiebre, y cubran la olla con hojas de la planta
-dellas, ó de vides ó de otras hojas buenas, para que no salga el vaho
-fuera, y cociendo así una, ó dos, ó tres horas, ó lo que menester
-fuere, porque no han menester mucho tiempo, embébese aquella agua y
-sale otra tanta miel ó almíbar, y ellas todas enmeladas como si fuesen
-una conserva, pero harto más sabrosas que otra cosa muy buena. Y cierto
-en ninguna parte del mundo parece que puede haber tantas ni tales
-raíces como las destas tierras; las batatas de la provincia de Xaraguá
-eran las mejores de toda esta Isla por excelencia. Habia en esta
-Isla, y ponian los vecinos naturales della, otras raíces tan gruesas
-y redondas como unas chicas pelotas, que llamaban lerenes; las hojas
-dellas eran como de coles, las que llaman yantas, pero más hermosas y
-más llanas y anchas, y las ramas ó mástiles que tienen la hoja son más
-tiestas y levantadas. Otras raíces habia que llamaban yahubias, que no
-hallo en las cosas de Castilla á qué comparallas; todas estas buenas y
-sabrosas de comer cocidas y asadas, pero ninguna se iguala con los ajes
-y batatas. Sin todas estas raíces, que eran domésticas y los indios
-las sembraban ó plantaban y cultivaban, hay en los montes otras que
-llamaban los indios guayaros, la sílaba de en medio breve, que tienen
-la hechura y blancura de chiquitos rábanos, buenas de comer asadas,
-pero para los puercos muy sabrosas y deseadas, y por esta raíz y otras
-muchas montesinas y frutas que hay en esta Isla, que los puercos
-comen, y con que se crian, es tan sabrosa y tan sana y comestible su
-carne. Otra fructa tenian, que sembraban y se criaba ó hacia debajo
-de la tierra, que no eran raíces sino lo mismo que el meollo de las
-avellanas de Castilla, digo que eran ni más ni ménos que las avellanas
-sin cáscara, y estas tenian su cáscara ó vaina en que nacian y con que
-se cubrian muy diferente que las avellanas, porque era de la manera
-como están las habas en sus vainas cuando están en el habar, puesto
-que ni era verde la vaina ni blanda, sino seca, cuasi de la manera que
-están las vainas de las arvejas ó de los garbanzos en Castilla cuando
-están para cogerlas; llamábase maní, la última sílaba aguda, y era
-tan sabrosa que ni avellanas ni nueces, ni otra fruta seca de las de
-Castilla por sabrosa que fuese, se le podia comparar. Y porque siempre
-se comia della mucha por su buen sabor, es luégo el dolor de la cabeza
-tras ella, pero no comiendo demasiada ni duele la cabeza ni hace otro
-daño; háse de comer siempre, para que sepa muy bien, con pan cazabí, ó
-de trigo si lo hay.
-
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-CAPÍTULO XI.
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-Queda por decir el cómo se amasa el pan cazabí, y cuán fácilmente
-y cuánto provecho sale dél, porque por entremeter todas las raíces
-domésticas de que la gente desta Isla para su mantenimiento usaba, no
-ha tenido en el precedente capítulo esto su lugar. Pasado, pues, el
-año, que es el tiempo del cual en adelante tiene su sazon el conuco,
-ó labranza, ó la yuca que son las raíces, para comenzar á hacer pan
-dellas ó dél, van dos, ó tres, ó cuatro hombres ó mujeres al conuco ó
-labranza, y sacan fácilmente y sin trabajo, con un palo escarbando,
-las raíces ó yuca de los montones, (como sea tierra mollida y allí
-ayuntada, puesto que con las aguas se aprieta algo), de cada rama que
-se hizo de cada tarazon de 9 ó 10 de los que de á palmo plantaron, dos
-y tres y cuatro raíces mucho mayores que zanahorias y más gruesas, como
-se dijo, por manera, que de cada monton sacan cuasi media carga y áun
-buena de un asno; y si la tierra es holgada y muy fértil, como la hay
-en muchas partes, dá mucha más de la señalada. Traidas estas raíces á
-casa, que comunmente junto está la labranza, la cantidad dellas que
-quieren traer, con aquellas conchitas que dije como almejas, ó las
-que llamamos en Castilla veneras, raspan aquella tez ó hollejo, que
-dije ser cuasi como leonada, y quedando la raíz como la nieve blanca,
-ráyanlas en unas piedras ásperas sobre cierto lecho, al cual llamaban
-guariqueten, la penúltima breve, que hacen de palos y cañas puestas
-por suelo de unas hojas ó coberturas que tienen las palmas, que son
-como unos cueros de venados; finalmente, como si lo rallasen en una
-artesa para que aquella masa no se caiga, que es como la que podria
-salir de muchos nabos en un rallo rallados que estaria con mucho zumo
-blanco como es la masa dellos, de aquesta misma manera es la masa de la
-yuca. Despues de rallada la cantidad que determinan rallar, cúbrenla
-con las hojas de las palmas que dije y diré abajo, placiendo á Dios,
-y déjanla cuasi como para livdar (_sic_) hasta otro dia; tienen una
-manga que llaman cibucam, la media sílaba breve, hecha de empleita de
-palma, de braza y media ó poco más y ancha cuanto quepa un brazo, la
-cual tiene un asa á cada cabo, de donde se pueda colgar; esta manga
-hínchenla de aquella masa, muy llena y apretada, y cuélganla de la
-una asa de alguna rama de un árbol, y por la otra asa meten un palo
-de dos brazas ó poco más, y metido el un cabo del palo en un agujero
-del árbol junto á la tierra, siéntanse dos y tres mujeres ó personas
-al otro cabo del palo, y están allí una hora ó más sentadas, y así se
-aprieta y exprime toda aquella agua y jugo de la dicha masa. Sácanla
-despues de la manga ó cibucam, y queda ni más ni ménos que si fuese
-alfeñique blanco y apretado, no seco sino sin zumo, que es placer verlo
-cuán lindo está. Tienen luégo un cedazo algo más espeso que un harnero
-de los con que aechan el trigo en Andalucía, que llamaban híbiz, la
-primera sílaba luenga, hecho de unas cañitas de carrizo muy delicadas,
-y allí desboronan aquella masa ya vuelta en otra forma, la cual, como
-esté seca ó enjuta sin el agua ó zumo que tenía, luégo se desborona
-con las manos, y, pasada por aquel híbiz ó cedazo, queda cernida muy
-buena harina, y en el cedazo algunas granzas ó pedacillos de la yuca
-que no fué bien rallada. La harina así limpia y aparejada, tienen ya
-los hornos calientes, tres y cuatro, si quieren hacer cantidad de pan;
-estos hornos son como unos suelos de lebrillos en que amasan y lavan
-las mujeres de Andalucía; finalmente, son hechos de barro, redondos y
-llanos, de dos dedos en alto, como una rodela grande que estuviese
-no por medio levantada sino toda llana: esto llamaban burén, aguda la
-última. Tiénenlos puestos sobre tres ó cuatro piedras, y debajo todo el
-fuego que cabe, y, ellos así bien calientes, echan la dicha harina por
-todo el horno de dos dedos asimismo en alto, y está un cuarto bueno de
-hora cociéndose de aquella parte; despues vuelven la torta con una hoja
-ó vestidura de palma, que es como si fuese pala ó tabla muy delgada,
-de la manera que se vuelve una tortilla de huevos en la sarten con un
-plato, la cual está cociéndose de aquella parte otro tanto, y, cocida,
-queda la torta de altor de medio dedo, y muy blanca y algo rosada;
-pónenla luégo al sol, donde se tuesta en dos ó tres horas y se para
-tan tiesta como si fuese un plato de barro cocido ó una tabla, pero al
-tiempo del comer, luégo ó despues de muchos dias que lo ponen en la
-mesa, pártenlo á pedazos con la mano, el cual luégo se parte y poco
-ménos suena al partir que si partiesen un plato; metiéndolo en caldo
-de la olla se han de dar priesa á sacallo luégo, porque no se quede
-todo deshecho en la escodilla como si fuese una oblea. Queda blandísimo
-y suave, y cuasi enjuto, despues de sacado del caldo y puestos los
-pedazos en un plato, del cual pueden comer suavemente mozos y viejos
-sin dientes, harto mejor, al ménos lo viejos, que del pan de trigo;
-hacíase y hácese muy delgado, y muy más lindo y blanco, para poner á la
-mesa para los Señores, cuasi como unas muy hermosas obleas, cuando es
-rallada la yuca en unos cueros de pescado como cazon, que los indios
-llamaban libuça, la media sílaba luenga, el cual cuero tenían apegado
-á una piedra, ó cubierta la piedra con él, sobre que rallaban, y las
-tortas delgadas que desta masa rallada en aquellos cueros hacian,
-llamaban xabxao; en las piedras comunes rallado, hacian las tortas
-más gruesas para mantenimiento de mucha gente, y así cuando querian
-lo diferenciaban. Despues de puesto al sol aquellas, dos, ó tres, ó
-cuatro horas ó poco más, en las cuales se seca y hace bizcocho, como
-es dicho, cuando se hace cantidad ponen las tortas en unos cadalechos
-de palos ó cañas sobre unas horquetas, medio estado altas del suelo,
-y dura dos y tres años sin dañarse, tan bueno como si hobiera un mes
-que se hobiera hecho, pero hánlo de guardar de goteras y de agua,
-porque luégo se deshace y no aprovecha para cosa sino para echarlo á
-los puercos y á las aves. Tiene cada persona que comer en dos arrobas
-de aquel pan ó de aquellas tortas un mes bueno en abundancia. Salen
-comunmente de cada millar de montones 200 arrobas, que son cien cargas
-de las de los indios, porque á dos arrobas se mandó que echasen en cada
-carga; puesto que nunca lo han guardado los españoles ó pocas veces
-lo han guardado que no echen más á un indio, y áun tres y cuatro han
-acostumbrado á echar. Tierras hay muchas en esta Isla, que de un millar
-de montones se sacarán 150 y 170 cargas de pan cazabí, que, como dicho
-es, cada carga tiene dos arrobas. Y reducida toda la facilidad con que
-se hace planta y cria y amasa este pan, y el aprovechamiento dél, á
-cierto compendio y brevedad, sumámosla así: que 20 personas de trabajo
-que trabajen un entero mes, seis horas no más cada dia, harán tanta
-labranza de estos conucos, que dije llamarse, cuanto puedan comer de
-pan 300 personas en dos años, y ántes me acorto que alargo; mayormente
-que arada la tierra con bueyes, como hay dellos tan grande abundancia,
-y alzando los montones con azadas de hierro, no como los pobres indios,
-que con un palo de una braza, tostada la punta y en tierra vírgen y
-dura, la cavaban y los alzaban, es manifiesta hoy la ventaja. Amasarán
-y cocerán cinco ó seis mujeres, con cinco burenes ó hornos de los que
-digimos, cada dia 50 y 60 arrobas deste pan, que son 25 ó 30 cargas,
-con que comerán mil personas largas, mayormente que ya no es menester
-para sacar ó exprimir el zumo ó agua de las raíces ó yuca las mangas
-de empleita, ni sentarse las mujeres en el palo, porque ya hay, y se
-pueden hacer cada dia, unas prensillas de husillo, que en un credo se
-puede todo el agua ó jugo exprimir sin alguna tardanza ó trabajo. Y
-así creo que consta bien clara la facilidad con que se hace aqueste
-pan, y la utilidad y provecho que dello se saca y puede sacar. Y esta
-es y ha sido, y no otra, la causa porque no hay en esta Isla más trigo
-que en Sicilia, ni en Italia ni en toda España, conviene á saber, que
-como los españoles no hayan venido ni vengan á estas Indias por otro
-fin, ni tengan ni hayan tenido otro intento, el que más asentado parece
-que está, sino haber oro y las riquezas que haber pretenden á costa
-de las vidas y trabajos ajenos, y tornarse á Castilla á las pompear
-y gozar como esta Historia por su discurso mostrará, constándoles la
-facilidad y ganancia deste pan, miéntras les duraron los indios que en
-servidumbre tuvieron, hasta que en ella los acabaron en las minas y
-en otros trabajos, no curaban de hacer más deste pan para con que los
-indios les sirviesen, porque, para sí mismos, con dos pipas de harina
-que traian los navíos de Castilla, que les costaban á diez castellanos,
-tenian que comer un año; despues de aquellos muertos que mataron á los
-indios, sucedieron otros vecinos que hoy en esta Isla hay, los cuales
-comenzaron á traer negros que en lugar de los indios pasados heredaron
-los trabajos, y hallan el mismo provecho y áun mayor en los ingenios
-de azúcar y otras granjerías, y el pan para mantener aquellos tan á
-la mano, ¿quién les ha de boquear en que á sí mismos y á la gente que
-tienen ocupen en arar, y cavar, y hacer molinos y aceñas, y semejantes
-cuidados de dónde no han de haber más utilidad de tener pan, teniéndolo
-de Castilla para sus personas por 10, ó 20, ó 30 castellanos? Si en
-esta Isla no hobiera pan, ó no tal pan, más trigo y mejor pan hobiera
-dél que en todo lo poblado del mundo, y de no habello hoy ninguna
-otra ha sido la causa. Con esta cosa de maravillar quiero acabar lo
-que toca á este pan, y es, que aquella agua ó zumo, que es mucha, que
-tiene y sale de la dicha masa, y la llaman los indios hyen, es de tal
-naturaleza, que cualquiera que la bebiese así cruda como sale, moriria
-como si bebiese agua de rejalgar, con la cual se han muerto á sí mismos
-muchos indios, bebiéndola desesperados, en esta Isla y en la de Cuba,
-por salir de la vida tan amarga que los españoles les daban, segun que
-en otra parte se dirá; pero con un hervor que se dé al fuego, pierde
-la ponzoña y queda hecho vinagre sabroso para guisar algunos guisados
-que requieren agro ó vinagre, y así los hacian los indios y yo comí
-algunas veces dellos. Sembraban y cogian dos veces en el año el grano
-que llamaban mahíz, no para hacer pan dél, sino para comer tierno por
-fruta crudo, y asado cuando está en leche, y es muy sabroso, y tambien
-hacian dél cierto potaje, molido y con agua; era menudo y de muchas
-colores, morado y blanco y colorado y amarillo, todo esto en un macora,
-llamábanlo mahíz, y desta Isla salió este nombre.
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-CAPÍTULO XII.
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-Habia en esta Isla algunas frutas silvestres por los montes, y dellas
-muy buenas, ninguna, empero, doméstica, porque no curaban de tener
-huertas ni frutales los indios, como se dirá, el contrario de los de
-Tierra Firme, sino que cuando las topaban acaso, las comian, la mejor
-de las cuales, y quizá de gran parte del mundo, eran los que llamaban
-mameyes, que arriba digimos haber de su orígen sólo en la punta desta
-Isla, que se llamaba la Guacayarima; las que llamamos piñas, que es
-fruta en olor y sabor admirable, no la habia en esta Isla, sino que
-de la isla de San Juan se trujo, y por esto aquí no hablo hasta su
-lugar della. Habia las que llamaban guayabas, la penúltima sílaba
-luenga, y éstas son muy odoríferas, sabrosas tambien, pero las desta
-Isla eran chiquitas; las que hoy hay, y está la Isla llena dellas,
-que son muy mayores y muy más hermosas y más sabrosas y más olorosas,
-fueron traidas de Tierra Firme, y, cierto, es fruta de harta golosina.
-Habia otra mucho buena y suave, muy sabrosa, puesto que no odorífera,
-tan grande como un membrillo, que no es otra cosa sino una bolsa
-de natas ó mantequillas, y así es blanco y más ralo ó líquido que
-espeso, como manteca muy blanda, lo que della es comestible; tiene
-dentro algunas pepitas negras y lucias, como si fueran de azabaja,
-tan grandes como piñones con sus cáscaras, aunque muy más lindas; la
-cáscara ó bolsa donde está lo comestible es como entre verde y parda,
-la cual llamaban los indios annona, la penúltima luenga. Otra fruta
-hay que se llama hovos, propios como ciruelas, sino que son amarillos
-y tienen los cuescos grandes y poca carne, pero lo que tienen es muy
-sabroso mezclado con un poco de agro, y sobre todo es muy odorífero,
-y no hay cosa que más coman los puercos, y vayan 10 leguas al olor por
-buscalla; los árboles son muy grandes y altos y graciosos á la vista,
-la hoja es no del todo redonda, del tamaño de un real de plata, verde
-clara; cocida en agua es muy buena para lavar las piernas los que las
-tienen malas. Hay otra en esta Isla que llaman guanabanas, la penúltima
-sílaba breve, que son tan grandes como unas bolas de jugar birlos; la
-corteza tienen verde clara, y unas como tetillas de niño, con unas
-espinitas en ellas; lo de dentro, y que es de comer, algo amarillo, y
-como un muy maduro y tierno melon. Son muy sabrosas, con un poco de
-agro que le dá el buen sabor; hay en cada una que comer dos hombres.
-Otra fruta hay del tamaño de una almendra, sin cuesco, y de aquella
-cuasi hechura, colorada como una guinda ó cereza, poco ménos, y creo
-que tanto sabrosas que ellas, y así zumosas y frescas como ellas. Otra
-es llamada pitahaya, la penúltima sílaba luenga; es colorada la cáscara
-por de fuera y tiene ciertas espinas no buenas en ella, lo de dentro
-es cuasi como lo de una madura breva, con unos granitos muchos negros
-como los de los higos paharies de Castilla, y de la hechura de la
-breva; algo es sabrosa y fresca. El árbol en que nace son unas pencas
-luengas, de la naturaleza de las çabilas de Castilla, de que creo
-hacen el acíbar, aunque las çabilas están nacidas en la tierra y sus
-pencas son muchas y derechas desde abajo arriba, y las pencas de las
-pitahayas sale una de la tierra y encarámase en otros árboles y cunde
-al traves y al reves por ellos que parece culebra, y desta salen otras
-pocas de pencas, y todas llenas de espinas no muy buenas; finalmente,
-nunca están solas sino entre otros árboles de otra especie que las
-sostienen. Otra es redonda como una gran lima ó una naranja pequeña, es
-amarilla clara la cáscara por de fuera; lo de dentro, que se come, es
-cuasi como lo de la pitahaya, puesto que no tan bueno, el nombre no me
-acuerdo; nace en unos espinos de espinas bravísimas, los cuales no hay
-á qué comparallos, sino que hasta un estado en alto es tan gordo como
-un gordo muslo, de allí salen dos ó tres como cirios, muy derechos,
-cuasi juntos y como labrados por un entallador, con sus follajes, para
-poner en un retablo, llenos, empero, de grandes espinas como alfileres
-grandes, y áun agudas como agujas de acero, sin otra hoja alguna. Hay
-unos árboles grandes, mayores que grandes nogales, que producen unas
-uvas del tamaño de guindas, entre coloradas y leonadas, sabrosas; no
-se me acuerda el nombre dellas. Otro árbol hay que parece algo en las
-hojas á grandes higueras, aunque es mayor y las hojas mayores, y algo
-más abierto en las ramas y brazos que tiene que las higueras, que
-llaman yabruma, la penúltima luenga, todo el mástil ó tronco dél y
-las ramas tiene huecas y cuasi como canutos de las cañas de Castilla.
-Este dá una fruta pardilla que parece gusano, tan complido y grueso
-como un buen dedo, y está tambien hueco; esta fruta sabe cuasi como
-higos pasados, porque tiene dentro de sí cierta dulzura como miel, y
-pasarse hia al sol como se pasan los higos. Otra se halla en ciertos
-árboles grandes que están en las riberas frescas de los rios, que se
-llamaban por los indios guabas, y es cuanto á las vainas ó cáscaras
-como garrobas propias la fruta, salvo que lo que tiene de comer es como
-manteca blanca, sino que es poquita pero dulce y muy sabrosa, y de la
-manera que digimos que es la de las annonas, y tienen dentro de sí,
-entre lo comestible, unas pepitas. Todas estas frutas, si se hubieran
-traspuesto y hecho domésticas en huertas y sido curadas y cultivadas
-ó regaladas, como todas las frutas del mundo de que hoy en Castilla
-gozamos se trasplantaron, domesticaron y curaron, sin duda ninguna
-cada una dellas fuera estimada, y algunas por excelentes, y más que
-muchas de las de España, tenidas; pero ni los indios, por no ser de su
-naturaleza dados á regalos ni curiosidades, no se curaron dellas más
-de cuanto las comian cuando acaso las topaban, ni los españoles por
-sus ocupaciones de adquirir dineros y poco cuidado de poblar en estas
-tierras, é imperseverancia de morar en ellas mucho tiempo, y áun porque
-son amigos de comer de sudores ajenos, ni las estiman ni han dellas
-curado. En las riberas de la mar hay una fruta que llamaban los indios
-tunas, de hechura de las bolsas en que están las adormideras, pero
-son verdes claras y llenas las cáscaras de unas espinitas delgadas, á
-trechos por órden bien puestas; nacen en unos arbolillos de hasta á
-cuatro palmos poco más altos del suelo, todos espinosos y fieros; lo
-que tiene dentro esta fructa, quitada la cáscara, es de zumo y carne
-como lo de las moras de nuestra tierra; comiéndola, toda va á parar
-al orina, y á los principios, cuando no sabíamos qué era, la comieron
-algunos, no sin gran miedo, creyendo que era sangre lo que salia y que
-se debian de haber rompido todas las venas. En las mismas riberas de la
-mar hay otros arbolitos, que la hoja y cuasi todo tienen de madroños;
-la fruta es unas manzanillas cuasi del tamaño de nueces, con un hollejo
-ó cáscara delgada, blanca y algunas veces morada, y otras colorada; lo
-de dentro, que se come, es blanco y sabroso, pero es poco, por tener
-los cuescos grandes; llamaban los indios á esta fructa hicacos, la
-penúltima luenga. Ninguna fruta ni árbol, los indios desta Isla y áun
-de las demas islas, tenían cuidado sembrar ni plantar despues de su pan
-y ajes y batatas, y el axi, que es la pimienta, y el mahíz y las otras
-raíces que se han dicho, sino solos arbolillos de las manzanillas, con
-que cuando se sentian enfermos se purgaban, y nosotros acá, desque lo
-supimos, nos purgábamos, y áun agora en Castilla mezclan los médicos en
-purgas que dan. Estos arbolillos plantaban junto á sus casas, como cosa
-que mucho estimaban, y otras yerbas, como lechugas grandes, medicinales
-ó purgativas, como abajo diré. Este arbolillo de las manzanillas no
-es mayor ni crece más de hasta estado y medio; tiene pocas ramas y
-poco bulto, la hoja es muy hermosa, cuasi es como la de la yuca, de
-que se hace el pan cazabí, como una gran mano los dedos desparcidos
-ó abiertos; la fruta es cuasi como avellanas, y así blancas, es la
-que llaman los médicos ben, de la manera que está escrita, y hace
-mencion della la medicina; es de gran eficacia para purgar, de cólera
-principalmente, segun se cree por los no médicos por lo que se ha
-visto por la experiencia. Con ella nos purgábamos antiguamente sólo
-mascándolas como si mascáramos avellanas, y como no iban molidas, sino
-en pedacillos enteros, pasábamos gran trabajo en los vómitos y grandes
-arcadas, las cuales no cesaban miéntras los pedacitos no se deshacian
-ni desapegaban de las tripas; despues caímos al cabo de muchos años
-en tostallas y molellas, y así no daban tanta pena, pero despues que
-vinieron á esta Isla médicos usaron dellas como debian, preparándolas
-y confeccionándolas con otras convenientes medicinas, porque dicen que
-estas manzanillas son, no purga sino punta de purga en la medicina;
-finalmente, la leche dellas, que es muy blanca como de almendras, es la
-que tiene la virtud purgativa. Otra cosa para purgar, no sé para qué
-enfermedades, hay en esta Isla, y sospecho que debe ser para males de
-flema, y ésta es una correa ó raíz, no porque esté debajo de tierra,
-sino que tiene su raíz debajo della y encarámase por los árboles de la
-manera de la hiedra, y así parece algo, no en la hoja, porque no la
-tiene, sino en parecer correa y encaramarse como la hiedra; llamábanla
-los indios bexuco, la penúltima sílaba luenga. Pueden atar cualquiera
-cosa con ella como una cuerda, porque es nervosa y tiene 15 ó 20 brazas
-y más de luengo: generalmente hay muchos bexucos en todos los montes, y
-sirven para todas cosas de atar y son muy provechosos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIII.
-
-
-Referidas las frutas que en esta Isla hay naturales y silvestres,
-digamos de los árboles más principales de que tenemos más frecuente
-noticia, y esto es general en todos, que nunca pierden la hoja en todo
-el año. Ya digimos arriba la multitud y grandeza y hermosura de los
-pinos, los cuales creo que ocupan 50 leguas de sierras, mayormente en
-la provincia de Cibao, que son las minas del oro, donde más numerosidad
-dellos hay; son derechos como cirios, muy altos y muy gruesos para
-másteles de muy grandes naos, son muy jugosos por la mucha resina que
-tienen para hacer mucha y muy buena pez; llevan unas piñitas chiquitas
-inútiles, finalmente, son de los que en Castilla llaman negrales;
-puédese hacer gran tablazon dellos y nunca acabarse. El árbol que se
-llama guayacan en lengua desta Isla, la sílaba postrera luenga, cuya
-agua se toma para sanar de la enfermedad de las bubas, es árbol bien
-grande, como nogal pero más lindo; la hoja me parece que será como
-la del peral de Castilla y más clara, verde, y más chica, el tronco
-principal y las ramas son como plateadas y doradas entreveradas de
-dos ó tres colores; para sacar el agua se ha de cortar la madera y
-hacer dos ó tres almozadas de pedacitos muy menuditos y echallos á
-remojar en agua del rio, que haya cuatro azumbres, cinco y seis dias
-y más, despues cocello que mengüen los tres azumbres y quede sólo el
-uno. Ha de tener, el que lo toma, muy gran dieta, sin comer sino un
-par de yemas de huevos, y, de tres á tres ó cuatro dias, un cuartillo
-de una polla con unos bizcochillos, y más delicado y sano, y para
-esta cura más provechoso, creo es que el cazabí xabxao, que no los
-bizcochos de pan de trigo; no ha de beber, todo el tiempo que determina
-tomallo, agua ni vino, sino solamente aquella agua del palo, que no
-es ménos amarga que hieles ó acíbar; desta manera lo han tomado mucho
-tiempo en esta Isla, pero ya hay más experiencia en la manera como
-se ha de tomar, y en la dieta que hay que tener, especialmente en
-Castilla; todavía, digo, que requiere sobre todo extrema dieta y no
-beber otra cosa sino aquella agua. Acostumbróse á tomar en esta Isla
-desta manera, que tomándola con mucha dieta, despues de pasados los
-9 ó 15 ó más dias que la determinaban tomar, tenian una olla, como
-dicen, podrida, y comian mucho de todo lo que en ella estaba, y como
-el estómago estaba tan delgado de la dieta pasada, prorumpia luégo en
-cámaras dos ó tres dias, por las cuales purgaba todo el humor malo, y
-así quedaban del todo muy sanos; y yo tuve dello experiencia, que lo
-vide y tambien lo oí haber acaecido á algunos. Tengo por cierto, que
-no sólo para las bubas, pero para cualquiera enfermedad que proceda
-de humor frio, tomándola, será cierta la sanidad, y cuando acaece del
-mal de las bubas ó de otro alguno con ella no sanar es porque procede
-de humor caliente, y esto tengo por cierto dias ha; el palo de la isla
-de San Juan se tiene por mejor, no sé si es de la misma especie de
-lo desta Isla ó de otra que difiera en cualidad, al cual llaman los
-españoles el palo santo. Hay en esta Isla, y comunmente en todas estas
-Indias, donde no es la tierra fria sino más caliente, unos árboles
-que los indios desta Isla llamaban ceybas, la y letra luenga, que son
-comunmente tan grandes y de tanta copa de rama y hoja y espesura que
-harán sombra y estarán debajo dél 500 de caballo, y algunos cubrirán
-mucho más; es muy poderoso, alegre y gracioso árbol; tiene de gordo
-más que tres y cuatro bueyes su principal tronco, y algunos se han
-hallado, y creo que está uno en la isla de Guadalupe, que fueron 10
-ó 12 hombres, los cuales abiertos los brazos, y áun con dos pares de
-calzas extendidas, no lo pudieron abrazar, y así lo oí certificar.
-De ser comunmente grandísimos y grosísimos y admirables ninguno debe
-dudar, ni tener por exceso que aquél fuese tan grande, porque en esta
-Isla, en la ribera de Hayna, 8 ó 10 leguas de Santo Domingo, yendo
-hácia la Vega, hobo uno que llamaban el árbol gordo, y cerca dél se
-asentó una villa de españoles que la nombraron así, que si no me he
-olvidado cabian dentro de sus concavidades, pienso que, 13 hombres, y
-estaban cubiertos, cuando llovia, del agua, y á mí en él acaeció lo
-mismo, y creo que no lo podian abrazar 10 hombres, si, como digo, no
-me he olvidado. El mástel ó tronco principal ántes que comiencen las
-ramas terná dos y tres lanzas en alto; comienzan las primeras ramas, no
-de bajo á alto como los otros árboles, sino extendidas mucho derechas
-por lo ancho que parece maravilla con el peso que tienen no quebrarse,
-y por este lo hacen tan capaz y que tanta sombra haga; son tan gruesas
-comunmente las ramas dichas como un hombre, aunque tenga más que otros
-de gordura; las hojas son verdes oscuras, delgadas y arpadas, si bien
-me acuerdo; no siento que haya en Castilla á qué las comparar, sino es,
-sino me engaño, á las del que llamamos árbol del paraíso. Y porque lo
-dicho no parezca increible, léase lo que dice Estrabon en el XV libro
-de su Geografía, donde cuenta que hay árboles de admirable grandeza en
-las Indias, algunos de los cuales apénas podrán cinco hombres abrazar,
-los brazos extendidos; así, pues, como hay tan gruesos que los troncos
-ó másteles dellos no los puedan cinco hombres abrazar, parece que
-aunque se diga que 6 y 10 tienen que hacer en abrazar alguno, no será
-increible maravilla, cuanto más que habemos visto lo que decimos. Hay
-en algunas partes robles, pero en pocas y pocos; háylos, más que en
-otras, en la provincia de Yaquimo, en unos valles cerca de la mar, y
-en esta provincia hobo y hay el brasil, pero no mucho, de donde pensó
-el Almirante que descubrió este orbe que salieran grandes riquezas,
-como abajo diremos. Tiene tambien otros árboles esta Isla, que llamaban
-caoban la o letra luenga, los indios; tienen muy buena madera para
-arcas ó mesas, algo colorada ó encarnada con algun olorcillo bueno,
-que parece que quiso ser cedro pero no lo es, porque en esta Isla no
-hay cedros, en la de Cuba sí muy excelentes. Otros árboles hay, como
-hayas, algo blancos, en lengua de indios no sé el nombre dellos. Hay
-otros árboles delgados, pequeños, en los montes de la costa del Sur
-hácia Santo Domingo especialmente, que los indios llamaban caymitos, la
-penúltima luenga, que tienen la madera para hacer arcos como de tejo, y
-de éstos creo que los hacian los indios; tienen la hoja muy señalada,
-porque de una parte la tienen muy verde como la del naranjo, aunque es
-chiquita, y de la otra parte como si toda fuese alheñada. Hay otros
-que llamaban los indios guacimas, la media sílaba breve, que propios
-son moreras en la hoja, puesto que la tienen áspera y gruesa, pero
-cuando comienza la nueva creo que sería para criar seda ó poco ménos;
-la fruta es de hechura de moras, pero es muy dura y negra, puesto que
-tiene algun zumo pero muy poquito, y es dulce como miel, por lo cual
-los puercos la comen y con ella engordan, y la van á buscar donde la
-huelen, como tras los hovos digimos en el precedente capítulo. Deste
-árbol sólo sacaban fuego los indios; tomaban dos palos dél muy secos,
-el uno tan gordo como dos dedos, y hacian en él con las uñas ó una
-piedra una mosquecita, y ponian este palo debajo de ambos piés, y el
-otro palo era más delgado como un dedo, la punta redondilla, puesta
-en la mosca, con ambas palmas de las manos traíanlo á manera de un
-taladro, y esto con mucha fuerza; con este andar de manos salia del
-palo de abajo molido polvo, de la misma manera delgado como harina,
-cuanto el palo de abajo se ahondaba con el de arriba, y cuanto más el
-hoyo se ahondaba y el polvo salia, tanto más se hacia apriesa con las
-manos y con fuerza ó vehemencia, y entónces el mismo polvo ó madera
-molida que del palo de abajo salia era encendido, de la manera que se
-enciende la yesca dando con el eslabon en el pedernal en Castilla.
-Y esta es la industria que los indios para sacar fuego sin hierro y
-pedernal tenian, la cual es antigua, segun della hace mencion Plinio en
-el libro XVI, capítulo 41, donde dice: «que los soldados en la guerra,
-y los pastores en los montes ó campos, hallaron este secreto, como no
-tuviesen pedernal ni eslabon para sacar fuego»; sacábanlo de la manera
-dicha, segun él, de las ramas de los morales y laureles, y de los
-tejos, porque son cálidos de su naturaleza.
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-CAPÍTULO XIV.
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-Hay en esta Isla asimismo unos árboles que los indios llamaban xaguas;
-árboles son hermosos y copados como naranjos, pero mucho más altos y
-la hoja verde escura, no me acuerdo á qué la pueda comparar; tiene
-una fruta de hechura de huevos grandes de abutardas, blanca la tez y
-dura por de fuera, lo de dentro no hay á qué lo pueda comparar de las
-cosas de Castilla. El zumo desta fruta es blanco y poco á poco se hace
-tinta muy negra, con que teñian los indios algunas cosas que hacian de
-algodon y nosotros escribíamos. Este zumo ó agua de las xaguas tiene
-virtud de apretar las carnes y quitar el cansancio de las piernas, y
-por esto se untaban los indios las piernas principalmente y tambien
-el cuerpo; despues de pintada se quita con dificultad en algunos dias
-aunque se lave. Estos mismos árboles y la misma fruta, á lo que parece,
-porque ninguna diferencia parece tener, hay en la isla de Cuba, y allí
-tambien los llamaban los vecinos naturales de allí xaguas; dándoles
-con un palo ó piedra, porque son duras, y poniéndolas juntas muchas
-dellas á un rincon, tres ó cuatro dias ó pocos más, se maduran y se
-hace la carne dellas muy zumosa ó llena de un licor dulce como miel y
-cuasi de la color de miel, que las hace como una breva muy madura, y
-tan dulcísimas, que pocas ó ninguna fruta les hace ventaja de las de
-Castilla, pero en esta Isla española no las comian los vecinas della,
-ó porque no cayeron en ello, ó porque por ventura son aquéllas de otra
-especie, aunque no lo parecen por ningun indicio. Otro árbol hay muy
-provechoso en esta Isla, y es el que llamaban los indios hibuero, la
-sílaba penúltima luenga; éste produce unas calabazas redondas como una
-bola y no mayores comunmente, aunque algunos las echan un poco luengas,
-están llenas de pepitas y carne blanca como las de Castilla, y son tan
-tiestas y duras las teces despues de secas, por de dentro y por de
-fuera, no como las de Castilla, que son fofas y fácilmente se quiebran,
-sino como si fuesen de hueso; sacada la carne y las pepitas, servíanse
-dellas de vasos para beber y de platos y escudillas. Hay tambien unos
-arbolitos tan altos como estado y medio, que producen unos capullos que
-tienen por de fuera como vello, y son de la hechura de una almendra
-que está en el árbol, aunque no de aquella color ni gordor porque son
-delgados y huecos; tienen dentro unos apartamientos ó venas, y estos
-están llenos de unos granos colorados pegajosos como cera muy tierna
-ó viscosa. Destos hacian los indios unas pelotillas, y con ellas se
-untaban y hacian coloradas las caras y los cuerpos, á jirones con la
-otra tinta negra, para cuando iban á sus guerras; tambien aprieta esta
-color ó tinta las carnes. Tírase tambien con dificultad, tiene un olor
-penetrativo y no bueno; llamaban esta color los indios bixa. Almácigos
-tambien hay muchos, segun decia el Almirante; si almácigos son aquellos
-que él decia, no siento á qué los comparar, y nunca vide que se probase
-sacar dellos almáciga. Hay otro árbol en esta Isla que los indios della
-llamaban cupey, la penúltima sílaba luenga, del cual se puede alguna
-cosa nueva referir; es árbol más alto que un alto naranjo, aunque no
-así copado sino algo más abierto, tiene tres cosas notables, la una
-las hojas, que son tan grandes y cuasi de la hechura de un azuela de
-hierro de un carpintero, imaginándola que sea lo agudo della redondo,
-y sin gavilanes; es muy verde y escura y hermosa, gruesa como un
-real y tiesta, no floja, y por esto con un alfiler, y mejor con un
-palillo agudo, escribe el hombre todo lo que quiere, y luégo señálase
-la letra amarilla, de un sudor ó zumo cuasi como el de la çabila, y
-desde á poco tórnase la letra blanca; deste papel, y péndolas, por
-falta del de Castilla, los tiempos primeros en esta Isla usábamos. La
-otra cosa es la fruta que produce aqueste árbol, no para comer, ni
-hay á qué comparalla sino á unas rosas no llanas de madera que ponen
-sobre las cuatro varas de las camas de campo, doradas, bien hechas,
-con unas coronillas encima cuasi de la forma de las adormideras; por
-de fuera son blancas y que tiran á verdes claras, puesto que se abren
-ó desquebrajan, lo de dentro es pez negra, con que se puede cualquiera
-cosa, como con pez, empegar; tiene algunas pepitas que comen las aves,
-ó lo que con ellas está pegado. La tercera cosa es más notable, que
-cuando las aves están en este ó en otro árbol, y en él purgan algunas
-de las dichas pepitas, las que páran ó se pegan en el árbol allí nacen
-como si las ingiriesen, y lo que nasce son unas raíces del gordor de
-una lanza muy lisa, y todo su crecer es ir cara abajo á buscar la
-tierra y despues en ella arraigarse, y, echadas raíces, nasce della
-otro árbol como el que la fruta hobo dado; estas raíces, descendiendo
-hácia abajo, como el árbol es alto, son de 25 y 30 y más palmos, y
-éstas son muy lindas astas de lanzas, todas muy derechas y muy nervudas
-y lisas, que no han menester dolallas ó alisallas. Y deste árbol, que
-digimos llamarse cupey, salen de la manera dicha las varas de lanzas,
-y no, como algunos piensan, de los árboles que se llaman xaguas.
-Estrabon, en el libro XV de su Geografía, refiere haber en la India,
-que está más al Mediodía, unos árboles grandísimos, que algo parecen
-á lo que deste cupey habemos dicho, aunque digno de mayor admiracion.
-Destos dice que sus ramas, despues que han crecido hasta grandor de
-12 codos (debe ser en soslayo y no hácia arriba), van creciendo para
-abajo en busca de la tierra, y llegadas en la tierra echan allí raíces,
-y dellas nasce otro árbol como él mismo, el cual, despues de criado
-y las ramas crecidas como las primeras, van cara abajo buscando la
-tierra, y echan sus raíces, y dellas crece otro árbol, y así de uno
-se hacen muchos, y de todos se constituye una como cámara ó pabellon
-grande puesto sobre muchas columnas; de aquí podemos colegir que estas
-nuestras Indias son parte de aquella nombrada India. Otro árbol hay,
-principalmente en la provincia de Higuey, hácia la costa de la mar,
-y más cantidad en la isla de la Saona y por aquellas isletas, que
-los indios llamaban guao, la primera sílaba luenga, el cual será, el
-más alto, de estado y medio de un hombre, que con sus ramas no hace
-mucho bulto, árbol seco y estéril, y así no se halla sino entre peñas,
-cuya hoja es como la coscoja ó carrasco que queman en los hornos en
-Castilla, con sus espinitas al rededor de la hoja, y tambien tiene
-algunas por las ramas y todo él (á lo que creo, porque ha dias que no
-lo vide); la leche deste árbol es ponzoñosa, y della y de otras cosas
-hacen los indios la yerba que ponen en las flechas con que matan.
-Andando por los montes destos árboles, como son espesos y bajos y los
-caminos angostos, tocando las ramas en la cara, con las espinillas,
-parece que salpica la leche, y luégo se hincha la cara y abrasa como
-si se cubriese de la que llamamos del monte, y por muchos dias no se
-quita y amansa, y esto comunmente hace daño á las caras de los hombres
-que son muy blancos y delicados y flemáticos, á los coléricos y que
-tiran en el pelo á çaheños y á los bermejos ningun daño hace; y á mí me
-dieron las ramas muchas veces en la cara y nunca me hizo mal, porque no
-soy de los muy blancos ni flemático. Fuera de las provincias y tierra
-que dije, por toda esta Isla no hay este árbol guao, sino uno de cuando
-en cuando, porque toda la tierra, fuera de aquella que es estéril, en
-esta Isla es fertilísima, que sean montes ó valles.
-
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-CAPÍTULO XV.
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-Hay otro árbol de que se hace artificiosamente el bálsamo, que llaman
-en esta Isla bálsamo; este árbol será como pequeños naranjos, la hoja
-tiene verde escura, del tamaño de medio real ó poco más, cuasi es de
-la forma de un corazon; donde yo lo he visto es en el monte, una legua
-pasando de la villa de Santiago, yendo camino de Puerto de Plata y
-por los montes por allí adelante. Hácese por arte desta manera: Que
-los palos ó rajas dél se cortan muy menuditos con una hacha (y mejor
-es azuela, porque cuanto más menudos se cortaren mejor es); estas
-cortaduras, en cantidad de dos celemines ó tres, échanse en un lebrillo
-grande que quepa dos arrobas y áun media más lleno de agua, y así,
-con esta proporcion, más ó ménos segun la cantidad de la madera el
-agua proporcionable; déjase así estar remojando ocho dias, despues, en
-una caldera muy limpia, pónese á cocer, y mengua de cuatro las tres
-partes; cocido y menguado así, en muchas escudillas se echa y reparte,
-poniéndolo al sol dos ó tres dias, el cual se espesa como miel y pára
-de color de arrope ó de miel algo escura, y el olor cobra algo suave.
-Yo lo he hecho hacer por este modo y salió mucho bueno, y obra de un
-cuartillo ó poco más que envié á Castilla á cierta persona, en el año
-de 28 ó 30, lo vendió, segun supe, por 20 ducados. La experiencia que
-deste licor se tiene hoy es, que para cualquiera herida donde salga
-sangre, ó donde no haya miembro ó nervio ó casco cortado, puesto en
-ella caliente, bien empapada y atada, no es menester más de una vez
-curalla. Las palmas desta Isla son muy provechosas, mayormente las
-que tienen las hojas y ramas como las de Castilla, porque hay otras
-especies de palmas que las tienen tiestas y como una mano abiertos los
-dedos, ó como la hoja de las de los palmitos de Castilla, sino que las
-de Castilla están parradas con el suelo y éstas son altas tres y cuatro
-estados dél, y destas hay dos ó tres maneras dellas, y el provecho que
-hay dellas es cobrir las casas en algunas partes desta Isla con ellas.
-Nacen comunmente en los lugares no fértiles, y no en montañas sino en
-llanos rasos, pero las primeras que dije, que tienen las ramas y hojas
-como las de Castilla, éstas son muy hermosas y provechosas, fértiles,
-y nunca se hallan sino en tierra muy fértil, de muchas aguas y rios
-cerca; éstas son muy altas, tanto y más que las de España, porque
-tienen 10, y 12, y 15 brazas en alto, y muy derechas, el mástel dellas
-no es á pencas como las nuestras, sino lisas y duras, mucho más que si
-fuesen de hueso. Son huecas, pasados dos dedos buenos de gordo, que
-tiene lo que digo, que es muy dura, y están llenas de unas hilachas,
-las cuales quitadas ó sacadas, que se quitan y sacan fácilmente, quedan
-como una culebrina ó lombarda, que suelen servir, enteras ó partidas
-por medio, de canales por donde venga el agua para edificios, en
-especial donde se hace el azúcar, que se llaman ingenios; desta madera
-hacian los indios las que llamaban macanas. Llegando á lo alto, que es
-pasando todo lo que digo ser duro como hueso, comienza el palmito, que
-terná seis palmos y siete de alto, y terná de grueso como un hombre por
-la cintura y más grueso, y es algo más que el mismo mástel que viene
-desde el suelo; este palmito, que dije tener seis y siete palmos, está
-vestido de unas hojas que los indios llamaban yaguas, la última breve,
-de las cuales tiene 10 y 12 tantas cuantos son los ramos de la palma
-y unas sobre otras; las primeras, como se van secando, las despide
-la naturaleza, y como aquéllas caen las segundas son ya primeras, y
-despues las otras, y entre tanto que unas están para caer, otras se
-crian de nuevo, y así nunca faltan unas y otras perpetuamente. Son por
-la parte de fuera algo verdes y por la de dentro blancas, despues de
-secas quedan en la misma color con poca diferencia; despues de caidas
-en el suelo son tan anchas y tan largas, y cuasi de la forma y manera
-que un cuero de un grande becerro, y así tienen lomo é ijadas; con una
-se cubre un hombre del sol y del agua sin mojarse un pelo, y no las
-pasa el agua más, ántes ménos, que á un grueso cuero. Con estas se
-pueden cubrir y cubren las chozas, andando camino, y áun en los pueblos
-las casas; son, finalmente, para mil provechos y cosas buenas. De lo
-postrero ó que es más alto de cada yagua, nace un ramo, y cuando cae á
-su tiempo que se despide la yagua, cae el ramo, porque en ella, como
-dije, es originado; de cada yagua, como dije, sale un grande ramo de
-la misma hoja y manera de los de España que llevan los dátiles, y así
-hacen arriba la copa muy graciosa y muy ancha. No llevan fruto sino
-aquellos como manojos blancos en que las de Castilla producen dátiles,
-y en aquellos nacen ciertas contecitas no grandes. El palmito, desnudo
-de siete ó de ocho yaguas y otras cortezas que se siguen á ellas muy
-albas ó blancas, ántes que se llegue á lo comestible, es muy dulce
-todo él, con muchos cogollos que dentro de sí contiene, y la cabeza en
-especial que comienza, como dije, donde el mástel todo acaba, y ternan
-en él que comer 20 hombres y más, como sea tan grande. Nogales hay
-algunos pero muy raros, y no sé que los haya sino en lo alto de las
-minas de Cibao, la provincia que dije llamarse Haytí, la última sílaba
-aguda, de donde se denominó toda este Isla; las nueces que echan no son
-de provecho alguno, porque todo lo de dentro es madera y cuasi nada
-tienen de meollo; si los ingiriesen por ventura se harian domésticos
-y darian buen fruto. Zarzasmoras hay algunas pero cuasi sin fruto,
-porque las morillas que hacen valen poco. Parras montesas de las que
-se cree que Noé plantó la viña, que en latin se llaman _labruscas_, y
-que dán de sí uvas tintas menudas pero verdaderas uvas, en diversas
-partes desta Isla, en los montes apegadas á otros árboles, hay muchas;
-son acedas porque nunca bien maduran, madurarian segun yo creo, si las
-cultivasen y les diera el sol y el aire, lo que no tienen por estar
-en los montes pegadas á los árboles y siempre á la sombra; la hoja no
-la tienen escotada por dos partes como la de Castilla, sino una sola,
-es sin aquello algo más luenga que redonda, pero arpada á la redonda.
-Cañas y cañaverales hay infinitas en esta Isla, en todos los rios y
-arroyos y riberas dellos hasta entrar en el agua, y siempre es muy
-fértil y viciosa la tierra, más que otra, donde las hay; difieren de
-las de Castilla en esto, que son cuasi macizas porque están llenas de
-hilos de la misma natura, puesto que por de fuera tienen sus ñudos y
-señalados los cañutos. Jamás se quiebran por medio, aunque con un trozo
-dellas dén muchos y grandes golpes en cualquier cosa, si no rájanse
-por muchas rajas ó hendeduras de alto á bajo; las hojas y hermosura
-dellas propias son como las de Castilla, sino que todavía muestran ser
-más silvestres y no tan delicadas. Carrizos hay tambien muchos en las
-ciénagas y lagunas ó lagos; estos son huecos los cañutos como los de
-España, y con estos mondados, porque son muy lindos, los indios hacian
-lazos y adornaban sus casas. Hay otras infinitas especies de árboles
-silvestres, á muchos de los cuales tenian puestos nombres los indios y
-de otros creo que no curaban nombrallos, muy diferentes en hoja y en
-madera de los de España.
-
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-
-
-CAPÍTULO XVI.
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-Cuanto á las yerbas, son inmensas las que hay en esta Isla y de
-especies diversas, y que creo que de gran virtud medicinales, porque
-son muy hermosas y pintadas, como con tijeras cortadas muchas dellas,
-que luégo parece haberlas naturaleza por su virtud señalado. Una yerba
-conozco yo que es como una lechuga de pocas hojas, y está parrada con
-el suelo, y comunmente está en los rasos y çabanas, con el zumo de
-la cual el flujo de la sangre de las narices se estanca echándose la
-persona en el suelo ó sobre una mesa, la cara arriba, exprimiendo de
-aquel zumo algunas gotas por la ventana de la nariz por donde sale la
-sangre. De las de Castilla, que acá son y eran, cuando los primeros
-venimos, naturales, las que yo he visto y conozco son las que aquí
-nombraré: Helecho muy alto y grande, hay en las sierras comunmente
-que tienen yerba y son de montes muy claros en gran abundancia,
-culantrillo de pozo, cerrajas, creo que doradilla, llanten, verdolagas,
-y éstas me acuerdo que llamaban los indios manibari, la penúltima
-breve; bledos de dos maneras, unos muy verdes y otros colorados y
-muy grandes, salvo que tienen algunas espinas; ortigas, yerba-mora,
-altamisa muy grande y muy buena, manzanilla, á lo que parece sin olor
-alguno; los boticarios dicen que hay otras muchas de las que hay en
-España, que los que no las conocemos no tenemos cuenta con ellas.
-Una otra yerba, natural desta Isla, nasce á las riberas y junto al
-agua de los rios, en la tierra de las hoyas, que es muy fértil y muy
-blanda para sembrar en ella cualquier hortaliza; esta yerba llamaban
-los indios _y_, es muy fresca y muy verde y muy graciosa, tiene la
-forma de un corazon en plano, y es tan ancha como muy poco ménos que
-dos manos, críase y cunde todo el suelo sin levantarse como la hiedra
-ó las calabazas, pero las correas donde nace son muy más hermosas y
-sotiles y delgadas que la de la hiedra ni calabazas; tiene un poco de
-buen olor, y con ella se lavaban los indios, hombres y mujeres, como
-siempre acostumbraban. Tiene la virtud del jabon para lavar ropas, en
-especial de lienzo, puesto que los españoles no han curado della para
-en esto della se aprovechar. Algunas veces se han purgado con ella á
-tiento y sanado de calenturas, no sabiendo á qué indisposicion se ha
-de aplicar: cómenla muy bien los puercos y engordan con ella. Otra
-yerba hay que es como cebollas albarranas, la cual es muy buen jabon
-para lavar ropa, puesto que creo que mucho la gasta. Hay juncia de
-la de Castilla, y tambien la que llamamos enea, de donde salen los
-que nombramos bohordos; en las ciénagas y lugares de muchas aguas hay
-muchas malvas de las de Castilla. La yerba comun, de que todos los
-llanos que llamaban los indios çabanas, la penúltima luenga, y las
-sierras que no tienen arboledas, están llenas, es yerba hermosísima
-y odorífera, delgada y muy alta, que poco ménos por alguna y muchas
-partes un hombre se cubria, pero en general pasaba de la cinta. Entre
-esta yerba se criaba otra yerba muy delgada que parecia lino en cerro
-ya seco, cogido, raspado y adobado para hilarse, y podré decir que era
-muy más linda, con la cual cobrian los indios sus casas, que llamaban
-bohíos, la penúltima luenga, que la hermosura y limpieza della, y de
-las casas della cubiertas, eran verlas alegría. Era muy más hermosa
-y espesa y alta la de las vegas, y sobre todas la de la Vega Real;
-quien agora viere las vegas, y mayormente la Grande, parecerle ha que
-nunca en ellas hobo tal yerba, porque están tan pacidas y comidas de
-los infinitos ganados que en ellas hay, que no es salida de la tierra
-cuando es comida y raida; pero lo dicho es verdad.
-
-
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-CAPÍTULO XVII.
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-De todas las cosas referidas de esta Isla, se puede bien colegir su
-salubridad y templanza, así por su sitio, por respecto del aspecto y
-figura del cielo, como por la figura y disposicion de la misma tierra;
-puédese tambien luégo entender la bondad, fertilidad, templanza y
-sanidad de todas estas Indias, si se considerase lo que las otras islas
-y Tierra Firme y partes della están desta distantes; pero, para mayor
-noticia y claridad desto, es bien de notar, que así como los médicos
-dicen que para conocer la naturaleza y disposicion del cuerpo humano es
-necesario considerar, no sólo la raíz ó la causa superior y universal,
-conviene á saber, el cielo ó cuerpos celestiales y su disposicion y
-movimientos, pero tambien debe el médico de tener consideracion de la
-raíz ó causa inferior, y ésta es la complexion y disposicion de la
-persona, por esta misma manera es en el propósito, conviene á saber,
-que para haber noticia de las tierras si son aptas y dispuestas para la
-habitacion humana, si son templadas ó destempladas, sanas ó enfermas,
-si son pobladas ó frecuentadas mucho ó poco de los hombres, se requiere
-que tengamos noticia y conocimiento de la causa universal, que es el
-cielo, conviene á saber, de la moderacion, ó mediocridad, ó templanza,
-ó exceso y destemplanza que se causa por la distancia ó propincuidad
-de la vía ó camino del sol, porque la mucha distancia causa el mucho
-frio, y la mucha propincuidad ó vecindad causa el excesivo calor, y
-tambien de las causas particulares ó especiales por respecto de la
-tierra y disposicion della. Y de aquí es, que puede acaecer y acaece,
-que, por el aspecto y figura del cielo, esté alguna tierra favorecida,
-y dispuesta por su templanza y mediocridad para la habitacion humana,
-y para los animales, arboledas y frutos de que los hombres tienen para
-vivir necesidad, y por las causas inferiores, conviene á saber, por
-la disposicion de la tierra, de sierras ó valles ó aires, ó de otros
-inconvenientes que concurren, no sea proporcionada ni conveniente
-para ser habitada ó mal habitada ó del todo inhabitable; y por el
-contrario, por el aspecto y figura del cielo ser desconveniente y
-desproporcionada para habitarse ó ser naturalmente inhabitable, y
-por la buena disposicion, sitio y compostura della y de los montes y
-valles y aires que en ella hay, ser convenientísima y proporcionable
-para la habitacion humana. Cinco causas particulares se pueden colegir
-de lo que dejaron escrito los filósofos y astrólogos, como abajo se
-dirá, que pueden concurrir, ó alguna dellas, para que alguna tierra
-sea mal habitada ó del todo inhabitable, aunque en conveniente y
-proporcionada distancia del sol: La primera, por ser aquella tierra
-cubierta de algun pedazo de mar ó de otras aguas dulces, como lagunas,
-ó lagos ó ciénagas. La segunda, porque la tierra es estéril é
-infructuosa, que ni nace yerba ni árboles como los arenales de Egipto
-ó de Etiopía. La tercera, cuando está ocupada de serpientes ó malas
-bestias, como en algunas partes de Etiopía y en otras de la India ó
-Taprobana son algunos montes, que llaman de oro ó dorados, llenos de
-grifos y hormigas y otras bestias, como abajo si viniere á propósito,
-placiendo á Dios, se dirá. La cuarta, por la disposicion ó figura de
-algunos lugares ó montañas, montes ó valles, que son inhabitables por
-el exceso de calor ó frio que en ellos por su mala postura ó sitio
-hace. La quinta, por razon de ser el aire de aquella comarca mucho
-y demasiadamente sotil, ó en mucho exceso grueso, espeso y tupido,
-ó por otra causa particular. Por el contrario es posible que suceda
-en tierras cuyo sitio está en disconveniente y desproporcionada
-distancia del sol (las cuales, cuanto al aspecto y figura del cielo,
-fueran inhabitables ó mal habitables), por el concurso de cinco causas
-contrarias á las cinco susodichas, conviene á saber, siendo la tierra
-enjuta de agua de la mar, y de lagunas, y de ciénagas, que es contrario
-de la primera; y siendo la tierra fértil, fructuosa de yerbas, árboles
-y fructos, y el terruño grueso, jugoso y de buena color, que es
-contrario á lo segundo, y que carezca de bestias fieras y ponzoñosas,
-contrario de la tercera; y porque es tierra exenta, descubierta, no
-avahada ni sombría, las sierras ó montañas altas de cara el sol, los
-valles no cubiertos de espesas nieblas, que es contrario de la cuarta;
-los aires de la comarca no demasiadamente sotiles ni gruesos, sino
-llegados á mediocridad, que es contrario de la quinta causa. De aquí
-es lo que de los montes Hiperbóreos se dice, los cuales, por la figura
-del cielo, están en la extremidad del mundo, debajo del polo Artico ó
-del Norte, el cual tienen encima de la cabeza, y la línea equinoccial
-por horizonte, y el dia es de seis meses y de otros tantos la noche,
-que habian de ser inhabitables por el excesivo frio; empero cuentan
-dellos las historias que moran en ellos unos pueblos y gentes que dicen
-ser beatísimas, que nunca mueren, sino, de hartos y cansados de vivir,
-se suben á una peña altísima de donde se despeñan en la mar. Así lo
-cuenta Plinio en el libro IV, cap. 12, y Solino en su _Polystor_, cap.
-26, y Pomponio Mela, libro III, cap. 5. Estrabon, libro XV, dice que
-algunos tenian por opinion que vivian mil años: dellos tambien habla
-Macrobio _De Somno Scipionis_, libro II, y Diodoro tambien dice dellos
-muchas cosas, en especial de su religion, libro III, capítulo 11, y
-otros autores, de los cuales algo hablamos en el cap. 7. La razon de
-aquello, asigna Lyconniense, segun refiere Aliaco en el tratado _De
-Imagine mundi_, capítulo 12, diciendo que aquello acaece por la figura
-y disposicion de aquellos montes, porque tienen la superficie hácia
-el sol polida ó de su naturaleza clara y cóncava, y por esto reciben
-y retienen la lumbre del sol, y por consiguiente el calor soficiente
-para que no haya por allí tanto frio, y sean defendidos y conservados
-los moradores de aquellos montes, que los vientos naturales de la
-region, que son frios, no les sean nocivos y empecientes. En estas
-nuestras Indias tenemos tambien ejemplo de lo que decimos, y es en
-la línea equinoccial, la cual, por respecto del cielo, es manifiesto
-estar debajo de una figura y constelaciones en todas partes y en
-igual latitud, como esté medio por medio del mundo, pero en muchas
-partes, así en la mar como en la tierra hácia las provincias del Perú,
-es tierra templada, y en la provincia del Quito debajo de la misma
-línea; en las sierras, por nieves, hay algunos pedazos inhabitables,
-y en la isla de Santo Tomé, que tienen los portugueses y está debajo
-de ella, apénas es habitable por mucho calor: esto no puede ser sino
-por razon de la tierra y su dispusicion. Lo mismo es de las islas de
-Cabo Verde, las cuales están en la misma altura con ésta, y aquéllas
-son por el mucho calor mortíferas, y ésta por su amenidad felicísima
-y vivificativa. Y así parece que si las causas especiales aptas para
-la buena habitacion concurren, aunque la universal fuere contraria,
-sería posible ser la tal region de buena y saludable habitacion,
-no embargante la contrariedad de la universal y superior; de aquí
-mucho con más verdad se sigue, que si la causa universal y superior
-es favorable y concurren ó convienen con ella las especiales é
-inferiores, conviene á saber, que el aspecto y figura del cielo por
-sus salubres influencias favorezca, y la tierra por la mediana y
-cómoda distancia del sol sea situada en buena proporcion, y así sea
-fértil, enjuta, descubierta y bañada de buenos aires ó vientos, y de
-ciénagas y hediondez ó pudrimiento y otros inconvenientes apartada,
-esta tal region será mucho bien templada, muy apta y dispuesta para
-la habitacion humana, y dignísima de ser de hombres frecuentada
-y poblada; y así es verisímile que debe ser la tierra del Paraíso
-terrenal y todas las tierras que son muy habitadas y pobladas. De
-todo lo susodicho en este capítulo se puede colegir manifiestamente
-la salubridad, fertilidad, y sanidad, felicidad, y poblacion desta
-Isla; la razon es, porque en ella concurren, juntamente, la causa
-universal que es el aspecto y figura del cielo, y la cómoda y mediana ó
-mediocridad de la distancia del sol, y concurren asimismo con la causa
-universal susodicha las cinco causas ya dichas especiales favorables, y
-que por sí solas pudieran bastar. Cuanto á la causa superior y figura
-del cielo y distancia convenible del sol, parece porque como esta
-Isla, segun en el capítulo 1.º digimos, esté en 16, y 17, y 18, y 20
-grados, y el mayor dia del año no pase de 13 horas con algunos minutos,
-y la noche no mengüe de 11 ménos aquellos minutos, lo cual es poca
-distancia y hay poca diferencia de la templanza que hay en la línea
-equinoccial por la igualdad del dia y de la noche, como en otra parte,
-por sentencia de Avicena y otros filósofos, digimos, y por experiencia
-sabemos ser así verdad, luego el aspecto del cielo y distancia
-convenible del sol, y así la causa superior y universal, concurren á
-la salubridad, fertilidad, sanidad, felicidad y poblacion de esta isla
-Española, y á ser de su naturaleza bien habitable. Esto se corrobora,
-porque segun Aristóteles, en el libro «De las causas de las propiedades
-de los elementos», y Avicena é Hipócrates y todos los astrólogos
-y matemáticos y filósofos, la raíz de la felicidad y fertilidad y
-habitacion de las tierras es la igualdad, ó templanza, ó mediocridad,
-y ésta procede de la igualdad del dia y de la noche, porque cuanto el
-dia escallenta el calor del sol, tanto enfria el frescor de la noche,
-pues como esta Isla tenga una hora no más, ó poco más, de dia, cuando
-mayor es el dia de todo el año, y aquélla ménos de noche, y ésta sea
-muy poca diferencia de la igualdad y templanza que alcance la línea
-equinoccial, síguese que muy poco ménos de templanza tenga esta Isla
-en el mayor dia del año que la línea equinoccial, y, por consiguiente,
-cuando vuelve el sol y va creciendo la noche hasta subir á 13 horas, y
-menguando el dia hasta 11, de necesidad en esta Isla se ha de seguir
-deleitable habitacion. De aquí es, que desde mediado Setiembre, que es
-el equinoccio austral, hasta todo Abril, que son siete meses y medio,
-es muy buena y muy deleitable por toda esta Isla la habitacion humana,
-y los cuatro meses y medio que son, Mayo, Junio, Julio y Agosto y
-mediado Setiembre, hace los calores (y más son bochornos que calores),
-porque entónces son las aguas comunmente; y áun este calor no es
-demasiado en muchas partes della, sino son las provincias que están á
-la costa ó ribera de la mar del Sur, y esto proviene por el aspecto ó
-figura del cielo y la conveniente distancia del sol, y así por la causa
-universal y superior.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVIII.
-
-
-Visto como concurre el favor que dá la causa universal para que la
-habitacion desta Isla sea próspera y deleitable, veamos en este
-capítulo cómo concurren las causas favorables particulares. Concurren,
-pues, todas cinco causas, porque toda esta Isla es tierra enjuta de
-agua de mar, de lagunas hediondas, y las de una que hay son muy limpias
-y de muy buen pescado, que tengan el agua salada ó dulce, y las riberas
-della arenosas, y la tierra de alrededor tiesta y no lodosa, enjuta,
-airosa y limpia de todo lo que le puede dañar; es limpia de ciénagas
-de charcos esta Isla y de toda hediondez, porque todas las aguas que
-tiene, que pudieran causar ciénagas ó alguna pudricion, no son sino
-arroyos y rios corrientes, y de limpias y delgadas y suaves aguas. El
-terruño ó tierra de toda ella, es jugosa y gruesa ó llena de grosura en
-sí, cubierta de odorífera yerba de árboles fructíferos y lindos, y así
-fertilísima y felicísima; y de muy agradable color, no negra sino en
-algunos lugares colorada, y generalmente algo pardilla como un leonado
-oscuro. Bestias ponzoñosas no las hay, puesto que hay, como se dijo,
-unas poderosas culebras muy mansas y cobardes que las pisa el hombre
-muchas veces y cuasi no lo sienten, porque miéntras se revuelven á
-deshacerse de como están hechas rosca pasa mucho tiempo; y yo he visto
-comerlas á los españoles, con hambre, á los principios que comenzaron
-á destruir las gentes, vecinos y moradores desta Isla, y comer de la
-cola donde tienen las culebras y sierpes la ponzoña y no recibir mal
-alguno. Es asimismo toda esta Isla, tierra descubierta y exenta, no
-avahada ni sombría, sus sierras y montes y montañas muy altas, rasas;
-los collados, los valles, las cuestas muy bien asentadas, las cuales
-todas, y cada parte dellas, las bañan y penetran y apuran los aires
-y el sol; los valles muy sin nieblas, claros y deleitosos, con sus
-corrientes rios y arroyos, y si algunas causan en ellos los vapores,
-como son muy delgadas y sotiles, fácilmente las resuelve y deshace
-el sol. Los aires naturales que se engendran en esta tierra son de
-necesidad claros, sotiles, no espesos, nebulosos ni oscuros, sino de
-buena sustancia, porque se engendran de los frescores de las sierras y
-montañas tan altas y valles desavahados, que causan las suaves noches,
-y por eso no se les mezclan vapores ó fumosidades extrañas, ni gruesas,
-ni de mala naturaleza, porque no hay de dónde, como quiera que no
-pasen por lugares cenagosos, podridos ó hediondos, ni por donde haya
-malas yerbas ó ponzoñosos árboles que los inficionen con sus vapores,
-ántes los árboles por donde pasan, como sean pinos y otros muchos muy
-altos que arriba hemos contado, son de nobilísima especie ó casta, y
-las yerbas odoríferas y medicinales, como queda declarado, y así no
-exceden en alguna de las cuatro primeras calidades, que son, frio,
-calor, humedad y sequedad; y aunque alguna humedad parece tener esta
-Isla más que sequedad, pero recompénsase con la enjutez de la tierra y
-clemencia de los aires, y tambien de los vientos, como luégo se dirá.
-De la sotileza, claridad, buena sustancia y clemencia de estos aires,
-podré dar un argumento bien claro, que de cerca de sesenta años que ha
-que conozco esta Isla y habitado en ella muchos años, no me acuerdo que
-pasase más de un dia que no se viese el sol en invierno ni en verano;
-aunque á la verdad no hay invierno sino que todo el año es verano,
-pues por Navidad canta el ruiseñor, como arriba ha sido relatado. Los
-vientos comunes que corren por esta Isla, y por la mayor parte de
-todas estas Indias son los que llaman los marineros brisas, y por el
-aguja del marear se llaman Nordeste y Nornordeste y Lesnordeste, que
-parte son boreales, vecinos del Norte, y parte orientales, y así son
-los más sanos de todos los cuatro cardinales ó principales, segun los
-filósofos y médicos y astrólogos, y segun Aristóteles en el séptimo de
-la Política, capítulo 11, y en el segundo de los Meteoros. Los vientos
-orientales son más sanos que otros, porque por su mucha materia moran
-más debajo de la vía del sol, por lo cual son más cálidos, y por su
-calor resuelven las nubes y sutilizan y apuran el aire, y así causan
-sanidad. Item el aire de las regiones orientales es aire claro y poco
-seco, templado, entre húmedo y cálido, y por esto el viento (que no
-es otra cosa sino aire movido y forzado á correr por las fumosidades
-ó vapores, que salen de la tierra con ímpetu y que de Oriente nascen)
-clarifica las aguas y dáles sabor suave, y por esta causa los cuerpos
-conservan sanidad por la templanza de sus calidades; de aquí tambien es
-que los vientos orientales más que otros abundan en flores y frutos.
-Item, las aguas de los rios tambien que corren hacia Oriente y que por
-allí entran en la mar, como hay infinitos en esta Isla, son mejores y
-más claras y más sanas; la razon es por el encuentro de los vientos
-orientales, y tambien por la reverberacion del sol, que viene de
-Oriente, que las apuran y sutilizan. Los vientos boreales, que tambien
-corren y vientan en esta Isla y proceden de debajo del polo Ártico
-que llamamos Norte, y segun San Isidoro, en el libro XI, capítulo 13,
-y libro XIV, cap. 8.º, proceden de aquellos montes Hiperbóreos que
-digimos en el capítulo precedente, donde viven las gentes beatísimas,
-son asimismo salubres y convenientes á la humana habitacion, porque
-son frios y secos y vientan con ímpetu y vehemencia, y por razon de
-su fuerza limpian y apuran el aire, ahuyentando las nubes y vapores
-gruesos que están en él, y por su frialdad y sequedad endurecen los
-cuerpos y cierran los poros por de fuera, incluyendo y ahuyentando
-el calor intrínseco natural para la buena digestion; purifican los
-humores, sutilizan los espíritus y los sentidos, ayudan la potencia
-digestiva, la retentiva confortan, el aire pestilencial sanan, y ayudan
-la potencia generativa y así causan en todo sanidad, lo que no puede
-ser sin mediocridad ni templanza. Pues que las aguas desta Isla son
-sanas y maravillosas, y ayudan á la templada y buena habitacion humana,
-por lo que dellas hemos dicho arriba en los capítulos 6.º y 9.º,
-bien claro á quien lo leyere parecerá; y la razon desta mediocridad
-y sanidad es, porque son muy dulces, muy movibles y corrientes,
-clarísimas, muy sotiles y delgadas, descubiertas, donde las dá todo
-el dia el sol, descienden de montañas ó sierras muy altas, pasan por
-tierras enjutas y arenosas, con el calor del sol y con el verano muy
-presto se escallentan, y con la frescura de la noche y con el tiempo
-que acá tenemos por invierno, aunque no lo es pero es el más fresco de
-todo el año, se suelen fácilmente enfriar. Todas las dichas calidades
-ó propiedades, que en este capítulo y en el precedente habemos
-notificado, ponen y acumulan los que, de las señales y juicio que
-alguna tierra es templada y cómoda y proporcionada para la habitacion
-humana, trataron, del número de los cuales es Avicena en el libro I _De
-locorum habitabilium indiciis_, cap. 11, é Hipocras en el libro _De
-Aere et aqua_, y Aristóteles en el VII de Las Políticas; Tolomeo en el
-Quadripartito, tratado II, capítulo 1.º y 2.º, y Haly, su intérprete;
-Alberto Magno, en el libro I, tratado primero, cap. 25 de los Meteoros,
-y en el libro _De Natura locorum_, cap. 11 y 13, y otros muchos. Y así,
-de todo lo dicho manifiestamente parece, concurren esta Isla, no sólo
-la causa universal, aspecto y figura del cielo, pero muchas favorables
-particulares que juntamente causan en ella mediocridad y templanza, y
-por consiguiente hacen salubre y deleitable su habitacion; y porque
-su altura es desde 16 hasta 20 grados, cuanto á su latitud, por eso el
-sitio que tiene cae debajo del clima primero, segun la distribucion de
-los climas que hicieron los antiguos, pero debajo del segundo y tercero
-segun la de los modernos. Comunmente la costa ó ribera de la mar del
-Sur es más caliente que la del Norte, aunque los embates y vientos de
-la mar ordinarios la templan desde medio dia abajo, como arriba hemos
-dicho, pero la del Norte abunda en frescura más; es la razon porque por
-aquella parte le vientan las brisas ó vientos boreales, sin que los
-impida la tierra como le vengan descubiertos inmediatamente por la mar.
-En todas partes, frias ó calientes, siempre la costa ó ribera de la
-mar naturalmente es caliente, porque la mar de su género y naturaleza
-es cálida, por la terrestridad que se la apega cálida ó quemada por la
-reverberacion de los muchos rayos del sol, que se desparcen por muchas
-partes sobre ella, y por esto, de necesidad, los lugares vecinos á la
-mar han de ser cálidos y secos ó cálidos y húmedos, sino fuere por
-alguna causa particular, como vemos especialmente en estas islas, segun
-hemos dicho, de las continuas brisas y virazones del dia y los terrales
-de noche.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIX.
-
-
-Entre otras cosas buenas que esta Isla tiene no es de dejar de referir
-ésta, que tampoco es de no mucho estimar, conviene á saber, que en
-toda ella no crian los españoles piojos ni pulgas; de los piojos, por
-maravilla uno se suele, sino muy raras veces, hallar; de las pulgas,
-ninguna se halla donde quiera que la casa está de gente habitada. Lo
-que dellas he visto, por experiencia, es que cuando se hacen algunas
-chozas, así como se suelen hacer en las minas, que hoy las hacian y
-dende á un mes ó dos, acabada la mina, por ir á buscar otra mina,
-dejaban aquella choza, luégo que la gente salia se henchia de pulgas,
-y duraban en ella tres ó cuatro dias y despues se morian todas. Los
-vecinos naturales indios desta Isla criaban en las hamacas, sus camas,
-y tambien en las cabezas, hartos piojos; perecidos ya todos los indios
-y sucedido en esta tierra tanta multitud de negros, no sé cómo les
-va de piojos. Generalmente las naos y la gente que por la mar anda
-hierven de aquesta fruta en tanto, que para los que de nuevo en la
-mar caminan no es poco cuidado y trabajo, pero por el viaje destas
-Indias vemos una cosa singular y de notar; que hasta las Canarias y
-100 leguas más acá, ó por el paraje de las islas de los Azores, son
-muchos los piojos que se crian, pero desde allí para acá comienzan á
-morirse todos, y llegando á las primeras islas no hay hombre que crie
-ni vea uno; á la tornada para Castilla, van todas las naos y gentes
-dellas limpios destas criaturitas, hasta llegar en la dicha comarca,
-desde allí adelante, como si los esperasen, los tornan luégo en mucho
-número á inquietar. Dos cosas hobo y hay en esta Isla, que en los
-principios fueron á los españoles muy penosas: la una es la enfermedad
-de las bubas, que en Italia llaman el mal frances, y ésta, sepan
-por verdad que fué desta Isla, ó cuando los primeros indios fueron,
-cuando volvió el almirante don Cristóbal Colon con las nuevas del
-descubrimiento destas Indias, los cuales yo luégo vide en Sevilla, y
-éstos las pudieron pegar en España, inficionando el aire ó por otra
-vía, ó cuando fueron algunos españoles, ya con el mal dellas, en los
-primeros tornaviajes á Castilla, y esto pudo ser el año de 1494 hasta
-el de 1496; y porque en este tiempo pasó con un gran ejército en
-Italia, para tomar á Nápoles, el rey Cárlos de Francia que llamaron el
-Cabezudo, y fué aquel mal contagioso en aquel ejército, por esta razon
-estimaron los italianos que de aquéllos se les habia pegado, y de allí
-adelante lo llamaron el mal frances. Yo hice algunas veces diligencia
-en preguntar á los indios desta Isla si era en ella muy antiguo este
-mal, y respondian que sí, ántes que los cristianos á ella viniesen sin
-haber de su orígen memoria, y desto ninguno debe dudar; y bien parece
-tambien, pues la divina Providencia le proveyó de su propia medicina,
-que es, como arriba en el cap. 14 digimos, el árbol del guayacan. Es
-cosa muy averiguada que todos los españoles incontinentes, que en
-esta Isla no tuvieron la virtud de la castidad, fueron contaminados
-dellas, y de ciento no se escapaba quizás uno sino era cuando la otra
-parte nunca las habia tenido; los indios, hombres ó mujeres, que las
-tenian eran muy poco dellas afligidos, y cuasi no más que si tuvieran
-viruelas, pero á los españoles les eran los dolores dellas grande
-y continuo tormento, mayormente todo el tiempo que las bubas fuera
-no salian. Lo otro, que afligió algunos españoles á los principios,
-fué las que llamaban los indios niguas; éstas son cierta especie de
-pulgas, y así saltan como pulgas, y son tan chiquitas que apénas pueden
-ser vistas. Engéndranse del polvo de la tierra, y para que no las
-haya, ó se crien ménos, requiérese tener siempre la casa muy barrida,
-regada y limpia; éstas se meten comunmente en las cumbres de los dedos
-de los piés, junto á la uña, y van comiendo y cavando todo el cuero
-hasta la carne, y allí paran; cuando comen causan la comezon como de
-los aradores, y algo más vehemente y más penosa. Ella ya metida en la
-carne, allí, poco á poco dentro de un dia ó dos, se corrompe y deja de
-ser pulga, y hácese una bolsita blanca de un cuero ú hollejo delgado,
-de la hechura de una lanteja y de su tamaño, y si la olvidan siete
-ú ocho dias cresce á ser poco ménos que un garbanzo: parece propia
-como una perlita de aljofar. Esta bolsilla está llena de liendres muy
-blancas, y que terná dentro de sí, por chica que sea, más de ciento,
-y en cierto tiempo todas viven y se tornan negras como fué la madre y
-son otras tantas niguas. Hánse de sacar con un alfiler apartando el
-cuero del dedo muy sotilmente y poco á poco, porque no reviente ó se
-quiebre, porque, si revienta, las liendres se desparcen, y otras quedan
-en el agujero que deja, el cual es tamaño cuanto ella es gorda, y no se
-pueden bien todas sacar, y por esto luégo las liendres que allí quedan
-se hacen niguas, y se convierten en otras bolsas llenas de aquella
-simiente; así que, apartando el cuero poco á poco con el alfiler,
-despues con los dos pulgares de las manos apretando como quien quisiese
-sacar la podre de algun divieso ó granillo, luégo sale la bolsa toda
-entera, segun dije, como un grano de aljofar ó perla. Ella fuera,
-hinchan el agujero, que deja hecho, de ceniza y luégo suelda, á ella
-echalla en el fuego ó molella entre dos piedras porque mueran todas las
-liendres, y para que no entren más en aquel agujero es bien henchirlo
-de aceite; son muy más penosas de sacar ántes que la pulguilla se
-corrompa y haga la bolsilla, y cuanto la bolsa es más grande ménos
-pena dan sacándolas. Y como en aquellos tiempos primeros andaban los
-nuestros españoles monteando por su propia culpa los indios, que huian
-de su braveza y crueldad, calzados con alpargates, y no sabian lo que
-las niguas eran, ni sacarlas, olvidábanse en los piés y pudríanse
-en ellos, y escupian infinitas liendres, con las cuales se cundian
-en otros muchos lugares, y así padecíanse mucha manquedad afliccion
-y trabajos. Dije calzados con alpargates, porque allí se esconden
-aquellas pulguillas más que en otro calzado, quien anda calzado con
-calzas y zapatos, y mejor si con borceguíes, por maravilla le puede
-entrar alguna; los indios dellas recibian poco daño, aunque andaban
-descalzos, lo uno por la limpieza de se lavar muchas veces, y lo otro
-porque tienen diligencia en luégo como las sienten sacarlas: lléganse
-mucho á la suciedad, y porque los negros son sucios y no se acostumbran
-á lavar, ó tambien porque quizás su carnadura es más que otra dispuesta
-para ellas, son dellas más fatigados.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XX.
-
-
-Para concluir la felicidad y excelencia desta Isla, será bien cotejalla
-con las más cognoscidas y celebradas islas que antiguamente fueron en
-el mundo; éstas fueron principalmente tres: Inglaterra, Sicilia, y
-Creta, que agora se llama Candía. Cuanto á la grandeza de Inglaterra,
-segun César en sus Comentarios, libro V, _De bello gallico_, tiene
-en todo su circuito dos cuentos de pasos, que son más de 650 leguas,
-y habla segun lo que por relacion de los mismos ingleses César oia.
-Plinio, libro IV, capítulo 16, refiriendo tambien lo que otros decian,
-dice que de luengo tiene Inglaterra 800.000 pasos, que hacen 270
-leguas, y de ancho 300.000, que cumplen 100 leguas, pero estas medidas
-ambas son falsas sino se salvan con que, segun los antiguos, para hacer
-una legua debian poner más de tres pasos (ó eran pasos de gatos),
-porque segun hoy vemos por las leguas que se tasan por el arte de
-marear, que es la verdadera experiencia, no tiene de longura, entrando
-en ella el reino de Escocia, sino 160 leguas, y de ancho 100 no más,
-y éstas contándolas desde una puntilla de tierra, harto delgada, que
-se llama Mirafurda, que, en la verdad, no es lo ancho de la Isla; lo
-ancho della, y no de toda ella sino por cierta parte, no llega á 70
-leguas. Beda, que fué natural desta Isla, y San Isidoro, libro XIV,
-cap. 6.º, que refirió la cuenta del mismo Beda en el principio de su
-Historia eclesiástica, y tambien Solino, cap. 3.º, dicen que tiene de
-circuito 48 veces 75.000 pasos, que hacen más de tres cuentos y medio
-de pasos, que venian á hacer 1.400 leguas, lo cual es manifiesto ser
-falsísimo por la experiencia. Diodoro dice áun más en gran exceso,
-que tiene la dicha Isla 42.000 estadios, que hacen 2.260 leguas en
-circuito, y esto es más que falso como por los ojos se demuestra, así
-que la verdad es lo que arriba está dicho. Pero esta isla Española
-todo el luengo que tiene son 145 leguas, el ancho son 80 ó al ménos
-70 buenas, en circuito siempre se ha dicho tener 600; el Almirante,
-que la bojó ó anduvo en derredor, de propósito, toda, dijo tener 700,
-de manera que ántes tiene más tierra esta Isla en ancho y en largo
-que Inglaterra, ó al ménos, segun la verdad, no es menor que ella.
-Inglaterra es fructífera, que dá los frutos de la tierra de que se
-mantienen los hombres, tiene grandes arboledas, grandes campos y pastos
-para ganados y bestias, donde hay gran número de ovejas, porque no
-hay lobos; vino no lo habia antiguamente, agora lo hay, no en todas
-sino en algunas partes; tiene oro y plata, hierro y plomo, y estaño
-y perlas ó margaritas; tiene salinas, tiene rios grandes, es tierra
-más templada que Francia. Habitábala de gentes gran multitud, de
-costumbres, segun Diodoro, simples y muy diferentes de la astucia y
-malicia de otras gentes; contentábanse con comida simple, y de los
-deleites que usan los hombres ricos muy ajenos, las casas hacian de
-palos ó ramas y cañas; tenian muchos reyes y príncipes, los cuales
-todos vivian en paz. Todo esto es de Diodoro; pero Plinio, y Solino, y
-Julio César y otros, ponen hartas malas costumbres de aquellas gentes,
-como abajo parecerá; todo lo de mas arriba es de los Comentarios de
-César, y de Estrabon, libro IV, y Solino, cap. 35, Plinio, libro IX,
-cap. 35, y libro XXXIV, cap. 17, y Diodoro, libro VI, cap. 8.º, y de
-otros. Esta nuestra Española es toda, como ya está dicho, más que
-ninguna otra fructífera, para los mantenimientos de los hombres, de
-frutos infinitos; las arboledas y frutales naturales de la tierra, y
-de los que de Castilla se han traido, mayormente naranjas, y limones,
-y sidras, granadas, y higueras, nunca tantas y tales por el mundo,
-fuera destas Indias, se han visto; vino, ni lo habia ni se ha hecho,
-puesto que muchas uvas se comen cada dia, y no haberse hecho por
-nuestra culpa y negligencia ha sido. Campos y dehesas para toda especie
-de ganados y bestias domésticas, no hay tierra tanta ni tal, en mucha
-parte del mundo, tan dispuesta y aparejada para ellas, ni dellas que
-esté hoy ni haya estado tan llena; muchos vecinos hay, y que pasan de
-500, que tienen á diez á veinte y á treinta y á cincuenta y á sesenta
-mil vacas, tan grandes que son mayores que búfanos; ovejas no tienen
-número, y cabras muchas, y, sobre todas las carnes, la infinidad de los
-puercos y la carne dellos no se igualan gallinas ni capones con ella.
-Bestias caballares exceden, así en número como en hermosura, grandeza,
-ferocidad y gentileza, á todos los que en toda la redondez del orbe
-se crian; andan mostrencas y perdidas millares de yeguas y caballos,
-por los montes, sin dueño, que no hay quien diga estas son mias. Mulas
-y las demas bestias para el servicio no tienen número cuando se hace
-por ellas, y en muchas partes no hallarán par. Oro tiene mucho y más
-fino que en otras partes del mundo, como arriba se ha probado, hierro
-y cobre tambien, aunque no nos hemos curado mucho dello, por venir
-tanto de Castilla y tan barato, y por el ansia que tenemos de andar
-tras el oro, lo cual nos impide aquesta y otras muchas más provechosas
-y naturales que el oro. Perlas ó margaritas, ni plata ó estaño, hasta
-agora no se han hallado, aunque hallarse por muchas partes desta Isla
-plata y estaño, y quizá plomo, yo no dudo, pero, en lugar de esto, hay
-minas de azul muy fino y de ambar, puesto que en pocas partes; de creer
-es que se hallaria más si se buscase. Item, para la recompensa de la
-plata y margaritas que hay en Inglaterra, tiene aquesta isla Española
-40 y 50 ingenios de azúcar, y disposicion para hacer 200, que valen
-más y son más provechosos al linaje humano que cuanta plata, y oro,
-y perlas en Inglaterra hay. Item los árboles y yerbas medicinales,
-señaladamente el palo de Guayacan, que no sólo para el mal frances ó
-de las bubas pero para toda enfermedad que proceda de frio y humedad,
-y el árbol de que se hace el bálsamo artificial, y otros infinitos
-que se cree haber de su naturaleza saludables, cosas más preciosas
-son que ni margaritas, ni oro, ni plata, ni plomo ni estaño. Los
-rios cuántos y cuáles, y cuán caudales y de cuán dulcísimas y suaves
-aguas, arriba queda bien declarado. Salinas de agua de la mar y de una
-sierra grande, que la peña de toda ella es sal, muchas hay. Toda esta
-Isla ser temperatísima, salubérrima y amenísima, y el cielo, y suelo,
-y aires locales, y naturales della, y los vientos que la bañan, y
-refrescan, y recrean, ser todo favorable para cumplimiento de su gran
-felicidad, por todas las cualidades della, en muchos capítulos arriba
-referidas, se puede asaz y abundantemente colegir. De la multitud
-de las gentes que habitaban esta Isla querer hablar, es acometer á
-contar cuántas aguas entran en la mar; eran innumerables, segun que
-abajo más parecerá, tenian muchos reyes, y todos vivian, sino eran muy
-raras veces que riñesen por alguna ocasion, en paz. Cinco reyes habia
-grandes, de cinco principales reinos y provincias que en esta tierra
-ó Isla hay; el uno se llamó Guacanagarí, la sílaba última aguda, el
-cual reinaba en la provincia que se llamaba el Marien, que es donde
-comienza la Vega Real, teniendo las espaldas al Norte, por donde la
-descripcion de esta Isla comenzamos, y que fué la primera tierra que
-desta Isla el Almirante viejo descubrió; el otro Rey fué Guarionéx,
-la última sílaba luenga, que en la Vega Real reinaba, y éste fué muy
-gran señor; el otro se llamó Caonabó, la misma última tambien larga,
-que en la provincia reinó de la Maguána, donde se asentó despues una
-villa de españoles que llamaron San Juan de la Maguána, luenga la
-sílaba penúltima, y esta tierra raya hácia la parte austral: éste
-fué muy valeroso y de mucha gravedad y autoridad, y á su manera muy
-esforzado. Fué el cuarto rey Behechio, la penúltima luenga tambien,
-que reinó en el reino de Xaraguá, la última aguda, y éste en corte y
-polideza y otras humanas calidades á todos los demas excedió; y ésta
-cae á la parte desta Isla más occidental. Era el quinto reino en la
-provincia de Higuey, la penúltima luenga, que es al Oriente, cuya
-tierra, viniendo de Castilla á esta Isla, es la primera que topamos,
-y en éste reinaba en mi tiempo una reina vieja llamada Higuanamá, la
-última sílaba aguda. A estos cinco reyes obedecian y seguian otros
-infinitos grandes señores, que numerarlos sería mucho esta Historia
-dilatar. De todo lo cual parece no ser inferior ni ménos rica y
-preciosa esta isla Española que la de Inglaterra, ántes en muchas
-calidades naturales, riquezas y propiedades salubres, le hace muchas
-ventajas. La otra Isla, por la antigüedad de los siglos pasados muy
-celebrada, fué la isla de Sicilia, la troja ó alholí de los romanos
-nombrada, segun Estrabon, libro VI de su Geografía; la grandeza
-della, rodeándola toda, segun Plinio, libro III, capítulo 8.º, son
-618.000 pasos, que hacen 206 leguas, dando á cada legua 3.000 pasos.
-Solino, cap. 40 de su _Polystor_, pone 3.000 estadios (al cual sigue
-San Isidoro, libro XIV, cap. 6.º de las Etimologías), que suman 126
-leguas, pero algunas más añade Diodoro como natural vecino della; éste
-asigna en su libro VI, cap. 1.º, 4.360 estadios, los cuales cumplen
-182 leguas, aplicando á cada ocho estadios una milla, y tres millas á
-cada legua, porque cada estadio contiene 125 pasos, que fué la carrera
-que corrió Hércules sin resollar, y porque allí paró y estuvo, se dijo
-estadio _à stando_, segun San Isidoro, XV, cap. 16 de sus Etimologías;
-por manera que segun todos, poco más ó poco ménos, concuerdan, cuanto á
-la grandeza podrán caber dos buenas Sicilias en esta nuestra Española
-isla. Cuanto á la fertilidad, Plinio, libro X, cap. 18, dice ser
-fertilísima y que dá de trigo ciento por uno; en esta isla Española
-no he mirado lo que multiplica el trigo de Castilla, porque no hemos
-curado dello por ocuparnos en otras, como arriba dije, granjerías, pero
-yo lo hice sembrar una vez, y dello cinco celemines, de los cuales
-fueron hechas tres hazas grandes, y muy espigado, que lo venian á ver
-por maravilla, y porque lo sembraron muy temprano y vino agua ántes
-que del todo granase, con ella se anubló y perdió, y, segun lo que
-mostraron, bien se creyó que sobrepujara á la multiplicacion de lo de
-Sicilia. El mahíz, grano desta Isla, mucho más dá de sí en aumento
-que ciento por uno, y áun ciento y cincuenta, porque de un grano nace
-una caña, y en una caña proceden al ménos comunmente tres mazorcas ó
-espigas, y cada espiga ó mazorca tiene 600, y 700, y 800 granos, de
-manera que de un grano salen al ménos mil y quinientos. Plinio pone por
-maravilla que el campo de Byzancio, que es en Africa, daba 150 hanegas
-por una, y que de allí envió un hacedor imperial á César Augusto de un
-sólo grano (lo cual dice Plinio ser apénas creible) pocas ménos que
-400 macollas ó hijos de trigo, y otro al Emperador Nero envió de un
-grano 340 cañas con sus espigas; esto dice Plinio. En la provincia del
-Rio de la Plata, procedieron de 30 granos de trigo 30.000, en la de
-Guatemala, de cinco granos de trigo salieron 180 espigas muy grandes y
-hermosísimas; esto me certificaron las personas de verdad y autoridad
-que lo vieron. Tornando al propósito, Solino pone muchas y diversas
-cosas naturales, y no ménos admirables, de la isla de Sicilia, de las
-cuales las más no hacen al caso, para que puesto que en ésta no las
-haya pierda algo de su excelencia; dellas son la fuente de Diana, de la
-cual si con manos no castas tocare alguno el agua, no se podrá mezclar
-aquella agua con vino; la sal que se hace en la ciudad Agrigentina,
-pueblo de aquella Isla, que si la echan en el fuego se hace, y si
-la echan en el agua estalla ó revienta, como la otra sal echada en
-el fuego, haciendo ruido; que en cierta parte de la Isla, la tierra
-cria muchas cañas, de que se hacen flautas de diversos sonidos; en
-esta Española son las cañas cuasi macizas, pero muy provechosas para
-hacer casas y para otras muchas cosas. Hay en Sicilia una fuente que
-es quieta y tranquila, pero en sonando una flauta ó en cantando una
-voz, cuasi como si se admirase con ella, se levanta el agua y derrama
-saliendo de sus términos; otras dos fuentes hay, la una es, que si una
-mujer estéril, que no concibe, del agua de ella bebiere será fecunda y
-concebirá, y la otra, si la mujer fuere fecunda se hará estéril y no
-concebirá. Otras muchas cosas maravillosas naturales y otras fabulosas
-refiere allí Solino, que para nuestro propósito hacen poco al caso; San
-Isidoro dice que abunda en oro, no sé si lo dice por el pan y otras
-cosas ricas que della para sustentacion de los hombres salen, ó porque
-minas de oro en ella haya, pero parece que desto, pocos ó ningun autor
-mencion hace; algunas piedras preciosas, y esmeraldas, y coral, segun
-Plinio, libro XXXII, cap. 2.º, y libro XXXVII, cap. 5.º, y Solino,
-dicen que allí se hallan. Dice más Solino, que todo lo que aquella Isla
-cria, ó que la tierra con su fertilidad natural lo produzca, ó que
-por industria humana se siembre, todo es cercano á las cosas que son
-perfectas, excepto el azafran de la ciudad que allí hay, que se llama
-Centuripina, que á todo lo sobrepuja; afirma tambien que no pasa dia
-que no se vea el sol en la ciudad Siracusana, que es la metrópoli de
-aquella Isla, aunque sea tiempo de invierno. De la fertilidad desta
-Isla, cuanto á lo que dá de sí y de lo que por industria de los hombres
-se cria, y como apénas que por todo el año no se deje de ver el sol
-un dia, no en sola una ciudad ni una provincia sino en toda esta gran
-Isla, asaz queda en los precedentes capítulos prolijamente dicho, y por
-todo ello parece en cuantas cualidades y riquezas naturales, al ménos
-cuanto á la capacidad y aptitud, cielo y suelo y otras propiedades,
-para producir muchos más bienes y utilidades para la feliz y próspera
-vivienda de los hombres, esta Española excede á Sicilia. De las piedras
-y coral que allí dicen haber, aunque ya no debe parecer alguno, y
-que en ésta no se han visto hasta ahora, en lo que á las perlas de
-Inglaterra digimos queda respondido. La tercera Isla, por los antiguos
-muy nombrada y solemnizada, es la isla de Candía, que antiguamente
-se llamó Creta; esta Isla fué celebratísima en los tiempos antiguos,
-mayormente por los poetas, y tambien todos los escritores griegos hacen
-gran mencion della, y la razon fué porque en ella se hallaron las
-cosas más famosas que trata la materia poética. Nasció en ella el gran
-Júpiter, y reinó en ella y en ella fué sepultado; della fué Saturno;
-á ella fué llevada Europa, hija del rey Agenor; della tambien fué la
-madre de los dioses, que fué Cibeles; destas cosas hablan, Virgilio
-en el III de la Eneida, y Ovidio, libro III, Metamorfóseos. Por estas
-causas, y por la grandeza y otras muchas calidades señaladas que esta
-isla tiene, los que repartieron las provincias de Grecia, y le dieron
-dos provincias en la mar, dijeron que la una era Candía ó Creta, y la
-otra era las islas Cyclades; por manera, que á sola Candía contaron
-por provincia marina de Grecia, igualándola con las islas Cyclades,
-siendo 53 como San Isidoro cuenta, y muy nombradas islas entre ellas,
-y tanto la quisieron magnificar los poetas, que dijeron ser adornada
-de cien ciudades, y no solamente los poetas, como Séneca en la
-tragedia primera llamada _Hércules Furens_, pero áun muchos de los
-historiadores, á los cuales, siguiendo San Isidoro, libro XIV, capítulo
-8.º de sus Etimologías, dice que tenía cien ciudades otro tiempo;
-pero rearguye Solino en su _Polystor_, cap. 35, y dice que aquellos
-fueron muy pródigos en el hablar y dar loores demasiados: _Non stipata
-centum urbibus sicut perhibent qui prodige lingua largiti sunt, sed
-magnis et ambiciosis oppidis_, etc.; confiesa, empero, tener algunos
-grandes y famosos lugares y poblaciones. Y puesto que le dieron los
-poetas demasiados y fingidos loores cerca desto, todavía los mereció
-verdaderos por muchas excelencias que tuvo; de las cuales algunas
-cuenta Solino, y Estrabon, libro X, Diodoro, libro VI, capítulo 13, y
-Plinio, libro IV, cap. 12, y San Isidoro, libro XIV, cap. 6.º, y otros
-muchos poetas é historiadores. La grandeza della, segun Plinio, es de
-longura de Oriente á Poniente 270.000 pasos, que hacen 90 leguas, y de
-latitud no excede en 50.000, que son 16 leguas; y en circuito y boja
-tiene 589.000, que cumplirán no cabales 200 leguas; esta es cuenta de
-Plinio, donde arriba. Estrabon, refiriéndose á otros, dice que tiene
-de luengo 2.300 estadios y más, que hacen 96 leguas, y de circuito
-5.000 y algunos más estadios, que serán 210 leguas; por manera que,
-cuanto á la grandeza, bien podrán tres Cretas ó Candías caber en esta
-nuestra Española isla. Cuanto á la templanza y fertilidad, dice Solino
-y San Isidoro, que antiguamente se llamaba _Macaroneson_, que en griego
-significa ser templada, por la clemencia del cielo y fertilidad y
-bondad de la tierra; Plinio dice, libro XXV, cap. 8.º, que las cosas
-que en ella se crian son infinitamente mejores que las que nacen en
-otra parte de aquel género, el vino señaladamente que en ella se hace
-es excelente, y abunda en campos para pastos de ganados, mayormente
-para ganado de cabras; ciervos no los hay, las lechuzas y serpientes
-no pueden vivir en ella, y si acaso de otra parte allá las llevan,
-luégo se mueren, segun dice Solino y San Isidoro; lobos, ni zorras,
-ni animal ponzoñoso alguno, no lo tiene, segun todos, y Plinio, libro
-IX, cap. 58, excepto arañas ponzoñosas, segun Plinio, allí, y segun
-Solino, que se llaman _phalamgra_, cierta especie de araña chiquita y
-que dando una picada mata un hombre. Tiene abundancia de cedros, segun
-Plinio, libro XVI, cap. 24, principalmente sobre unos montes ó sierras
-altas que nunca carecen de nieve, y segun Solino si los cortan tornan á
-reverdecer. Hay en ella una yerba, segun Plinio, libro XXV, cap. 8.º, y
-Solino y San Isidoro, que se llama _dictamnos_ y _halimon_ (ó quizá son
-dos estas yerbas), de la cual pone Plinio grandes virtudes y efectos
-en muchas partes, y Solino y San Isidoro ponen que si la muerden no se
-siente la hambre por todo el dia; otro de los efectos suyos que ponen,
-es que si una cabra es herida con una saeta, luégo la va á buscar, y
-comiéndola la salta la saeta del cuerpo; otro efecto tiene, y es que á
-las mujeres que tienen dolores de parto las ayuda á luégo parir, ó las
-aplaca los dolores, y para esto, no de los ramos ni de la fructa ó flor
-de ella, sino de las hojas bebidas con agua, se han de aprovechar, las
-cuales tiene semejantes á las del poleo. Tambien afirma esto Teofrasto,
-libro IX, capítulo 16 de la Historia de las plantas. Estas cosas
-son las en que podamos cotejar esta isla Española con la de Creta,
-dejadas muchas fábulas é historias con que aquella fué por poetas é
-historiadores engrandecida, de las cuales algunas tocaremos abajo
-cuando la materia lo pidiere. Ya, pues, habemos visto que esta Española
-excede á aquella en la longura, anchura y redondez de toda ella; en
-la templanza y suavidad de los tiempos, clemencia de aires y cielos,
-y fertilidad de la tierra, queda tambien manifiesto, porque áun allí
-habia en cierta sierra siempre nieves, que por la mayor parte donde
-quiera que están, al ménos los lugares que ocupan y los que alcanzan
-propincuidad dellos, no suele ser buen vecino y al cabo son estériles.
-Si aquella tenía muchas y grandes poblaciones, como dice Solino,
-aquesta tenía infinitas, y llenas de infinitas gentes, no eran muy
-grandes, pero toda cuán grande es estaba de gentes llena. Y dejado lo
-que los primeros que á ella vinimos con nuestros ojos vimos, es desta
-multitud manifestísimo argumento que toda esta Isla y todas estas
-islas son sanísimas, no tenian entre sí guerras, no padecian hambre,
-ni pestilencias, nacian y multiplicaban cada dia infinitas gentes, que
-cada mujer casada tenía comunmente tres, y cuatro, y cinco hijos, como
-parecerá, y morian viejos, de necesidad la gente habia de ser infinita;
-porque esta es conclusion universal y verdaderísima, que donde no hay
-ni guerras, ni hambre, y faltan pestilencias, siempre nascen más gentes
-que mueren. Otro argumento y señal es y será, al que hoy quisiere mirar
-en ello, manifiesta, que como las labranzas que tenian eran en montones
-de tierra, y no fácilmente con las aguas ni vientos se deshacen, no
-se hallará hoy en toda esta Isla rincon que no esté amontonado por su
-órden, lo cual es de sus labranzas claro vestigio, y, por consiguiente,
-haber habido innumerables vecinos. Yo creo, cierto, que pasaban de
-tres, y de cuatro cuentos los que hallamos vivos, y que ésto sea así
-é que hobiese más gentes de las que digo persuádolo por este camino:
-El reino de Egipto, segun Diodoro, libro I, cap. 3.º, afirma, tiene
-de luengo 2.000 estadios, que son cuasi 84 leguas, y de ancho 1.060,
-que hacen 42 ó 43 leguas; este reino, en tiempo de Ptolomeo, segun
-Diodoro, tuvo siete cuentos de hombres, y en tiempo de Diodoro habia
-en él tres cuentos de ánimas, pues como esta isla Española tenga
-más tierra que dos veces el reino de Egipto, y la hallásemos toda
-poblatísima, y las cualidades della sean las de suso largamente dichas,
-manifiesto es que ternía mucho mayor número de gentes de los tres y
-de los cuatro cuentos referidos, luego en gente numerosa la isla de
-Creta ó Candía, y ambas las otras dos islas, no tienen qué compararse
-con esta Isla. En campos y pastos, para ganado de toda suerte, como
-exceda á Candía y á todas las del mundo asaz queda probado arriba,
-y así los hay hoy, puesto que ántes no los habia. Animal ni bestia
-ponzoñosa en ella no habia, solas unas arañas negrillas, como un grano
-de yerba mora, y unas culebrillas verdes que viven en los rios, que
-fuesen ponzoñosas se decia, como arriba se dijo, pero no habia nueva
-que alguna persona muriese de picada ó mordedura dellas; las culebras
-grandes, que en ella y en Cuba y en todas estas islas hay, ningun mal
-hacen aunque las pisen. Si cipreses hay en Creta ó Candía, en ésta hay
-millones y millones, y muchas leguas de luengo y ancho llenas de pinos
-hermosísimos, y si los cipreses cortados reverdecen, aquí cualquiera
-tronco de árbol delgado ó grueso que lo metan en la tierra, á cabo de
-tres años se hace tan grande árbol cuanto era el de que fué cortado y
-habido. Si Creta ó Candía tiene la yerba _dictamnos_, esta Isla tiene
-infinitas yerbas, sino que no las cognoscemos, virtuosísimas, y áun
-ésta por ventura la tiene á vueltas dellas, que podrá ser que sea la de
-que hacen los tabacos para tomar el humo, que abajo diremos, que les
-quita el cansancio y cuasi los mantiene. Y así parece, que en todas
-las cualidades de la isla de Creta referidas, hace ventaja á aquélla
-esta Isla, solamente se la debemos de dar en el vino, entre tanto que
-acá somos más diligentes que hasta hoy para poner viñas, donde quizá
-podrá ser que en muchas y diversas partes desta gran Isla se coja tanto
-vino, que no solo Creta ó Candía en este punto se olvide, pero tambien
-se venza Guadalcanal, San Martin, Toro y Ribadavia, y los demas que
-son loados en Castilla. Y esto baste para manifestacion de la grandeza
-y capacidad, amenidad, templanza, suavidad, riquezas, felicidad y
-excelencia de esta Española sobre las otras islas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXI.
-
-
-Declarados quedan muy en particular, en la descripcion desta isla
-Española, su sitio, su templanza y amenidad, sus calidades, con
-muchas buenas y provechosas cosas, al ménos las principales, que en
-ella hay, que componen y perfeccionan, y muestran su felicidad y
-habitacion saludable, y finalmente en lo que sobrepuja y excede á
-otras islas; lo mismo podemos afirmar, cuanto á muchas de las dichas
-calidades y propiedades suyas, de las otras islas comarcanas, y no
-sólo de las comarcanas, pero ésto y mucho más de la grande y vastísima
-Tierra Firme, que tiene de costa ó ribera de mar sobre 10.000 leguas
-descubiertas ya, de las cuales muy pocas se podrán sacar que no
-sean en toda ella, por el aspecto y figura del cielo, y por todas
-las susodichas causas y otras más favorables particularidades, en
-mediocridad y templanza, felicidad, suavidad, sanidad y clemencia de
-aires, su habitacion felicísima. Esto parece lo primero de las islas,
-como la que llaman de San Juan y Puerto Rico, la cual, en muchas
-partes della, es más fresca y suave vivienda que en otras muchas de
-los alrededores, puesto que en todas no falte la susodicha suavidad;
-está situada la isla de San Juan en 17 y 18 grados, la de Cuba en
-20 hasta 22, la isla de Jamáica en 16 y 17. Todas estas islas están
-dentro del trópico de Cancro, hácia la equinoccial, con otras sin
-número, que desde la isla de Cuba va una renglera de más de 500 leguas
-llenas de islas, que de una á otra se puede ir á dormir cada noche,
-en un navío pequeño, en tierra y en ella holgar, y éstas llegan hasta
-la isla de la Trinidad, que está junta y pegada con la Tierra Firme
-de Paria (como abajo, si Dios quisiere, se verá), á cinco grados ó
-poco más de la equinoccial. Hay ciertas islas, cercanas desta isla
-Española y de la isla de Cuba, por la parte del Norte, y son 30 ó
-40, que llamamos de los Lucayos, las cuales fueron la primera tierra
-que el Almirante viejo descubrió; muchas destas son mayores que la
-gran Canaria tanto y medio, y algunas mayores que tres veces aquélla,
-y todas sin comparacion más felices, amenas, fértiles y sanas que
-ella; báñanlas continuamente las brisas, no tienen humedad alguna,
-favorécelas muy mucho el cielo, y por otra causas particulares que no
-sabemos, por manera que todas ellas son temperatísimas y salubérrimas.
-Yo he visto hombre en esta isla Española que estaba hidrópico, el cual
-se llamaba Francisco Monasterio, que tenía la barriga como una mujer
-preñada, y la cara como unas gualdas amarillas; éste, cognosciendo la
-virtud y sanidad de aquellas islas, porque habia, segun creo, andado
-por ellas, ó á lo ménos teníase comunmente de la bondad dellas cierta
-noticia, pasóse á ellas, y en cuatro ó cinco meses volvió tan sano y
-tan cenceño como si mal nunca hobiera tenido, y creo de cierto, que
-hidrópico y despues sano yo lo vide. Su sitio, de algunas dellas y de
-las ménos, es en 20 hasta 23 grados, y éstas están dentro del trópico
-de Cancro, y debajo del segundo clima, segun los antiguos, pero del
-tercero, segun los modernos, y así el mayor dia del año en ellas terná
-13 horas y 15 minutos, poco más; todas las más dellas están fuera
-del mismo trópico, á la parte Septentrional, en 25 y 26 grados, caen
-debajo del clima segundo, segun los antiguos, y del tercero y cerca
-del cuarto, segun los modernos; tienen de 13 horas y tres cuartos,
-algo menos, el mayor dia. Entremos agora en aquella vastísima Tierra
-Firme, tocando no más su descripcion y calidades, cuya temperancia,
-mediocridad, fertilidad, sanidad, suavidad, en muchas y diversas é
-infinitas regiones, provincias, reinos y lugares, que contiene todo
-este orbe indiano, y todas y todo por la mayor parte, no parece que
-haya en el mundo tierra, ni region, por bienaventurada que sea, que
-pueda compararse á la ménos buena de toda ésta, y que sobre todas
-las del mundo se deba, en verdad, decir que es felicísima. Si mucho
-habemos dicho desta isla Española y de sus comarcanas, mucho con mayor
-encarecimiento, las mismas excelentes, y otras mayores y mejores
-propiedades cuanto á ciertas cosas, de toda la Tierra Firme, ó de su
-mayor parte, podemos no sin razon afirmar. La latitud que al presente
-della sabemos son 45 grados de la parte del Norte ó Septentrion desde
-la equinoccial, y otros tantos de la otra parte yendo hácia el austro,
-y áun más, los cuales grados hacen 1.800 largas leguas, aplicando
-á cada grado 17 leguas y media. Toda es tierra felicísima, y de
-felicísima y deleitable, y gozosa, y suave habitacion por la mayor
-parte, y la más felice, y deleitable, y salubre de todas es la que está
-dentro de los dos trópicos, así islas como Tierra Firme, que llamaron
-los antiguos la tórrida zona, que creyeron muchos, por calor, ser
-inhabitable, cuyo error los especieros de Sevilla, que vienen á estas
-partes á trocar especias por oro, por vistas de ojos lo saben. Todas,
-pues, aquellas regiones, por la mayor parte, son tierras enjutas,
-descubiertas, altas, rasas, alegres, graciosas, muy bien asentadas; los
-collados, los valles, las sierras, y las cuestas muy limpias y libres
-de charcos hediondos, cubiertas de yerbas odoríferas, y de infinitas
-medicinales, y de otras comunes muy graciosas, de que están cubiertos y
-adornados y riéndose todos los campos. Echan de sí cada mañana, y áun
-al mediodía, vapores odoríferos, que consuelan, y alegran, y confortan
-los espíritus de los caminantes; los montes ó bosques de todas ellas,
-al ménos dentro de los dos trópicos, que ocupan de latitud 45 grados,
-como dije, de una y de otra parte de la equinoccial, son altísimos,
-crecidos y muy grandes, y que por cierto muchas veces, para pararse
-el hombre á especular su altura, conviene alzar la cabeza no ménos
-que cuando quisiese ver y contemplar lo más alto de los cielos; las
-especies dellos son pinos, de los cuales hay á cada paso infinita
-cantidad, hay encinas, alcornoques pocos, robles, laureles, al ménos
-parécenlo, grandísimos y odoríferos cedros blancos y colorados, los
-árboles del Guayacan, con que se curan las bubas y otras enfermedades
-que procedan de humedad. Hay gran multitud de árboles aromáticos,
-estoraques, y liquidambar del bálsamo natural; digo natural, no el
-que es propiamente bálsamo que dicen nacer en Alejandría, sino por
-respecto de lo artificial, de que arriba en el capítulo 14 hablé, que
-en esta isla Española con cierta industria se hacia, pero este de
-que agora decimos sin industria humana, con sola una herida que se
-hace en el árbol, sale aquel licor odorífero, que le pusimos nombre
-de bálsamo como al artificial, por su olor suavísimo, no sabiendo su
-eficacia y virtud: de éstos hay muy pocos árboles, á lo que hasta agora
-se tiene entendido. Infinitos árboles hay de liquidambar, y éstos
-son altísimos más que los pinos y más derechos, los cuales tienen la
-hoja como propia la del algodon; éstos son muy hermosos árboles y á
-la vista deleitables. ¿Quién contará los frutales y las naturalezas
-dellos, y la suavidad y sanidad juntamente de sus frutas, y la multitud
-numerosa, así domésticos como silvestres? Todos estos árboles son
-amigos, segun sentencia de los médicos, de la complision humana. Hay
-otros muchos é innumerables, que segun su altura, sus hojas, y sus
-flores, su hechura, su órden, su hermosura, la tierra donde están y
-la vecindad y compañía que de otros tienen, muestran (sino que no los
-cognoscemos) ser de nobilísima propiedad y naturaleza. Dentro de los
-montes y florestas, y en los campos tambien mayormente desta islas, hay
-raíces domésticas y silvestres, para los hombres y para algunos ganados
-como son puercos, las mejores y más provechosas, como arriba se ha
-visto, que creo haber en mucha parte del mundo. De esta serenidad,
-mediocridad, suavidad, sanidad y deleitable disposicion destas tierras,
-es asaz bueno y cierto argumento, conviene á saber, que cuando las
-naos llegan de Castilla, y comienzan á acercarse á las primeras islas,
-y así en todas las partes de la Tierra Firme, es cosa maravillosa los
-frescores, olores y fragancia que los hombres sienten salir della,
-como si rosas y flores tuviesen cuasi presentes. Los aires locales
-son claros, delgados, sotiles y clementes, por todas las grandezas
-de provincias de aquellas partes, al ménos como ya digimos dentro de
-los dos trópicos; la causa es muy natural, segun los filósofos arriba
-nombrados, conviene á saber, que como la presencia del sol siempre
-asiste muy claro, porque, como ya tambien digimos, muy raras veces hay
-espesos nublados, y pocas suele arriba de un dia estar de las nubes
-cubierto y ocupado, el sol no deja engrosar los aires, desparciendo y
-consumiendo los vapores que la tierra produce por sus humedades. En
-saliendo el sol el aire luégo se escallenta, y en poniéndose luégo se
-refresca y enfria en todas aquellas tierras, como verá cualquiera que
-quisiere mirar en ello, y esto es señal de ser sotiles allí los aires,
-segun dice Avicena donde arriba fué alegado. Los vientos universales
-que todas aquellas provincias y reinos comunmente bañan, al ménos todas
-las desta parte de la línea hácia el Septentrion, y 300 leguas de la
-otra del austro, son las brisas, los que arriba hemos dicho boreales
-y orientales, los cuales por ser tan continos, para tornar las naos á
-Castilla huyen dellos metiéndose hácia el Norte, por cobrar vientos
-frios donde las brisas no alcanzan, y así les es necesario andar más
-de 400 leguas más que á la venida anduvieron, por ir rodeando. Las
-virazones de la mar, los terrales de la tierra, otros que nascen en
-algunas lagunas muy limpias y de agua dulce y salubre y deleitable,
-como se engendran en las lagunas de la felice provincia de Nicaragua,
-y otras semejantes como se engendraban en el lago dulce de Genesareth ó
-mar de Galilea ó Tiberiadas, de que hace mencion San Lúcas, los cuales,
-decimos, son vientos locales, porque son propios de aquellos lugares,
-son en aquestas partes fresquísimos, suaves, alegres y saludables. Las
-aguas que riegan toda aquella Tierra Firme, y sustentan las gentes
-infinitas della, tienen las calidades que digimos de las desta isla
-Española, en el capítulo precedente, sotiles, dulcísimas, movilísimas,
-rapidísimas y claras, no estañales ni de nieves sino en rarísimos
-lugares; descienden de altísimos montes, por entre peñas y por piedras
-guijarreñas de diversos colores naturales, haciéndose cien mil pedazos;
-y como son infinitos los rios, arroyos y quebradas, y la tierra de
-donde comienzan y por donde pasan tan grande, por esto hay en esta
-Tierra Firme los más grandes y poderosos rios que en toda la redondez
-del mundo, de tanta grandeza y abundancia de agua, ni que tanta tierra
-corran, que salgan á la mar del Norte ó Sur, se hallan. Todo lo que
-aquí decimos de la mediocridad, bondad, salubridad y felicidad de
-todas aquellas regiones y felices tierras, es verdad en universal y
-en todas partes y rincones dellas, pero no contradice ni deroga cosa
-de lo dicho porque en algunas partes y lugares, por la disposicion y
-sitio dellos y por algunas causas particulares se halle lo contrario,
-por ser la tierra sombría ó ahogada, ó por pasar las aguas por algunas
-ciénagas ó tierras lodosas, y por esto los aires locales no ser tan
-sanos, y el sol no resolver los vapores terrestres, y por otras causas
-de las susodichas contrarias particulares, y así ser algun pedazo de
-tierra mal sana. Esto parece en el Nombre de Dios y Panamá, que, por
-ser tierra ahogada y lodosa, y tener cerca ciénagas, es mal sana, y así
-en la Vera Cruz y en Tabasco, y Guaçaqualco, y otros lugares de Tierra
-Firme, de la mar del Norte; pero esto es en muy pocas partes y raras,
-y es como monstruo en natura, como suele la naturaleza errar en las
-cosas que produce naturales, y estos yerros se llaman monstruos, cuasi
-raros y muy pocas veces, y fuera del curso y órden ordinario y natural,
-y por esta manera que decimos, que no deroga ni deja de ser verdad,
-si dijéremos que todos los hombres del mundo tienen cinco dedos en la
-mano, porque nazca uno, ó dos, ó tres con seis dedos; y así es de todas
-las otras cosas naturales. Y así diremos, con verdad, que todas estas
-Indias son las más templadas, las más sanas, las más fértiles, las más
-felices, alegres, y graciosas, y más conforme su habitacion á nuestra
-naturaleza humana de las del mundo, aunque en algunas parte acaezca ser
-el contrario por algunas particulares causas, las cuales son muy raras.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXII.
-
-
-Prueba y confirma todo lo que habemos dicho de la fertilidad y
-felicidad de todas estas Indias, ser parte y la postrera de la
-verdadera India, de cuya felicidad tantas maravillas escribieron los
-historiadores antiguos, la India digo _ultra ó extra-Gangem_, la cual,
-segun sentencia de Solino en su _Polystor_, cap. 65, por muchos años
-fué estimada ser la tercera parte de todas las tierras; Plinio, libro
-VI, cap. 17, dice lo mismo, y Estrabon en el libro XV de su Geografía,
-y Pomponio en ella, libro III, capítulo 7.º, afirma que tanto espacio
-de costa ó ribera de mar ocupa, cuanto en 60 dias con sus noches podrá
-una nao ó navío navegar, en el cual tiempo al ménos podrá un navío
-andar 2.000 leguas, porque entre dia y noche, con viento moderado,
-anda 40 leguas un navío por perezoso que sea. Plinio, libro VI, cap.
-17, dice ser tanta su longura, cuanto se anduviese por la mar en 40
-dias, con sus noches, pero puede estar la letra corrupta, puesta la
-_x_ ántes de la _l_, y así por decir 60 dijo 40. Pues corriendo 2.000
-leguas, y que sea 1.500, desde donde comienza la India que dicen
-_extra-Gangem_, harto vecinas pueden parecer las postreras partes que
-se han descubierto de nuestras Indias, sin haber parecido el cabo,
-como podrá ver cualquiera que especulare el globo en que se figura ó
-pinta toda la tierra; y esta puede ser una de las razones que se puedan
-traer por argumento de que aquestas Indias nuestras son cabo de la que
-antiguamente se llamó India, conviene á saber, la fertilidad destas
-conformar con la de aquellas. De la cual dice San Isidoro, libro XIV,
-cap. 3.º de sus Etimologías, que es tierra salubérrima, llena de
-infinitas gentes, los árboles nunca despiden las hojas, dá dos veces
-fruto en el año, en lugar de invierno sirven las lluvias Etesias, que
-son los vientos que corren en el verano, especialmente en los dias
-caniculares, así toda la fuerza de las lluvias que hay en toda la mayor
-parte deste orbe son Julio y Agosto. Abunda de metales, oro y plata, y
-cobre y hierro, perlas y piedras, ó margaritas preciosas; notoria cosa
-es el oro, plata, cobre, perlas y esmeraldas que hay por este orbe; hay
-muchas especies aromáticas y odoríferas. Cria los papagayos verdes; los
-que en estas Indias y de diversas especies hay, y todos verdes, son
-sin número. Todo esto dice San Isidoro, lo cual, todo, vemos en estas
-Indias, puesto que elefantes y otras cosas que allí pone no las hayamos
-en esta tierra visto. Plinio, muchas cosas cuenta de la India en el
-libro VI, pero muchas más particularidades refiere Diodoro en el libro
-III, y más que Diodoro Estrabon en el XV de su Geografía; Diodoro,
-en el cap. 5.º, dice que la India excede á todas las otras regiones
-en hermosura, y que la riegan muchos y grandes rios, y lo mismo dijo
-Plinio; y en el capítulo 10 dice Diodoro, que la razon porque muchos
-y grandísimos rios hay en la India, señalan los filósofos y físicos
-ser porque toda la India es muy húmeda, y así, los rios de nuestras
-Indias ser tan grandes y tan nunca otros tan poderosos vistos ni oidos,
-manifiestan ser parte de aquella nombrada India. Cuenta eso mismo la
-fertilidad della que dá dos veces fruto en el año, y tan cierto sin
-faltar ninguno, que nunca se vido en ella esterilidad, ni hambre, ni
-falta de los frutos de la tierra; y así nunca las gentes destas tierras
-parece que la tuvieron sino despues que á ellas nosotros venimos. Dos
-veces se siembra y coge el grano, y otras muchas cosas cuasi cada mes,
-y frutas cuasi todo el año; y en Tierra Firme, á la parte de Cumaná, he
-comido yo dos veces uvas de las nuestras de Castilla, en obra de cinco
-ó seis meses, todas de unas mismas vides ó parras. Dice más Diodoro,
-que hay mucho grano, que llama mijo, pero Herodoto, en el libro III,
-donde cuenta inmensas fertilidades, y alabanzas, y propiedades de la
-India, dice que es semejante al mijo, el cual sin sembrallo nace; podrá
-ser que por el grano que en esta Isla llamaban mahíz lo diga, y cosa
-es maravillosa que, segun vemos, con este grano de mahíz se mantengan
-sobre 12.000 leguas de tierra llenas de gentes. De otras legumbres
-hace allí Diodoro mencion; manifiesto es en la Tierra Firme haber
-muchas y diversas especies de legumbres, como abajo en su lugar, Dios
-queriendo, se verá. Loa mucho Diodoro haber en la India muchas y muy
-dulces y sabrosas raíces; dicho queda en los capítulos de arriba de
-cuántas naturales, y cuán sabrosas y provechosas para el mantenimiento
-y recreacion de los hombres, está proveida esta Isla, de las cuales, y
-de otras, no carece la Tierra Firme. Es argumento tambien la grandeza
-de los árboles, que arriba en los capítulos 12 y 13 pusimos, que
-conforman con los de la India, no sólo en la grandeza y proceridad pero
-tambien en nunca perder la hoja, en lo cual, segun Solino, excede á
-todas las tierras la India. Conforman tambien algunos árboles destas
-nuestras islas con aquella, en criar cierta lana por fruto, de que
-hilándola creo que se podrian vestir, puesto que no he visto que della
-se aprovechen; de aquellos árboles hacen mencion Herodoto, libro III;
-y Estrabon, XV, y Pomponio Mela, libro VIII, cap. 7.º. Hay otro harto
-suficiente argumento, y es que, segun Plinio, libro X, cap. 42, y
-Solino, en su _Polystor_, cap. 65, sola la India tiene los papagayos,
-verdes por todo el cuerpo y el cuello colorado; pues ya está dicho que
-en estas Indias destos hay inmensos. Es, finalmente, otro argumento
-en la multitud de las gentes y naciones que en estas Indias hay, en
-lenguas diversas, como dicen los autores antedichos de la India.
-Refiere Herodoto ser los indios numerosísimos en multitud sobre todos
-los mortales, y Diodoro que son muchas y varias gentes, y que nunca
-colonias de naciones extrañas entraron á poblar en la India, sino que
-todos son della naturales; la razon de la multitud dá Solino, conviene
-á saber, porque nunca salieron destas tierras á buscar ni infestar
-á otras, sino vivian en ellas pacíficos. Las naciones y multitudes
-dellas, y diversidades de lenguas, que en estas islas y Tierra Firme
-habia, cuando á ellas vinimos, tampoco se pueden por hombre alguno
-encarecer, ¿cómo se podrian numerar? Por maravilla se hallará en
-pueblo alguno, que, donde hobiese 100 vecinos casados, no haya 500 ó
-700 personas procedidas dellos allí presentes y naturales; váse una
-mujer por agua al rio, y lleva delante dos ó tres muchachos como los
-dedos de las manos, y otro en los brazos, y otro dentro de la barriga,
-y de esto más diremos adelante. Cuanto á la color, dice Estrabon que
-los indios que están hácia el Mediodía son algo semejantes en la
-color á los negros, pero no son crespos como ellos porque participan
-de los aires húmedos y templados; los que están y viven más hácia el
-Polo Ártico, que llama boreales, son semejantes en la color á los
-naturales de Egipto. De aquí parece que nuestras Indias alcanzan mejor
-aspecto de cielo, y mejor disposicion de tierra y clemencia de aires,
-y otras causas particulares, y, por consiguiente, son las tierras más
-templadas, pues las gentes dellas tienen mejor color y más llegada á
-la mediocridad de los extremos dos, negro y blanco, que ninguna de las
-de la India, que ha sido siempre tan nombrada y celebrada; la razon
-es porque, segun Tolomeo en su Quadripartito, y Haly, su intérprete,
-cap. 2.º, y Hipocras en el tratado _De Aere et aqua et regionibus_,
-y Alberto Magno, en el libro II, cap. 3.º y 4.º _De Natura locorum_,
-la causa de la color negra, en los hombres principalmente, es el
-gran calor del sol en las regiones cálidas, el cual quema ó deseca y
-ennegrece los cuerpos, y deseca los humores dellos, asa las caras y
-rostros, y enmagrece los miembros, y así vence la complexion caliente
-en los cuerpos, y, por consiguiente, su figura y color de sus cabellos
-es segun la natura de los de donde salen, y, porque la complexion de su
-naturaleza es muy cálida, necesariamente han de ser negros, y porque
-los poros de sus cuerpos no son ductivos ni desembarazados, por la
-sequedad del cuero por donde pasan, por tanto de necesidad han de ser
-en gran manera crespos. Por el contrario, en las tierras que son mucho
-frias, como las que están só el sétimo clima, que terná de latitud
-de 50 hasta 63 grados, donde hace poco calor en el estío, y en el
-tiempo del invierno mucho frio, que vence al calor, el cual incluye ó
-encierra las fumosidades y vapores en los cuerpos, tapando ó apretando
-la superficie ó tez de los cueros, por ende causa los cuerpos humanos
-blancos, y por el encerramiento de las fumosidades son los cabellos
-rubios, blandos, extendidos, ó, como dicen, correntíos, y porque por el
-calor natural que está encerrado é incluso en los cuerpos se crian de
-las fumosidades y vapores húmedos muchos humores, de aquí es que los
-cuerpos de los tales hombres, naturalmente, son grandes, como parece
-en los ingleses y alemanes y las otras gentes que moran só el sétimo
-clima y dende adelante. De lo dicho se sigue, segun Haly, que los que
-viven só la línea equinoccial, como participen de la templanza della,
-son de color algo azafranada, ó, como decimos, loros, y porque, como
-habemos arriba probado, todas estas indianas regiones, por latitud
-1.800 leguas, son temperatísimas y felicísimas, algo más y algo ménos
-segun la figura de los cielos, clemencia de los aires, y disposicion
-de la tierra que unas provincias y tierras alcanzan más y mejores que
-otras, de necesidad se sigue ser la color de todas estas gentes, entre
-blanco y prieto, mediada, en unas partes más cercana á lo blanco y en
-otras más á lo negro, pero en todas en mediocridad ó en mediana manera,
-y, por consiguiente, los cabellos de todas son llanos, blandos, y
-comunmente tiran más á negros, y todos correntíos, segun todo lo dicho
-vemos asaz por larga experiencia. Y así parece, que de la color destas
-gentes podemos la templanza de este orbe, y de la templanza misma
-su color y tambien sus costumbres y sus entendimientos, como luégo
-veremos, argüir.
-
-
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-
-CAPÍTULO XXIII.
-
-
-Despues de haber dado noticia particularizadamente de las calidades
-y bondades desta isla Española, cuanto al sitio y figura del cielo y
-disposicion de la tierra, con todo lo á ésto perteneciente, y en comun
-la misma materia tratado de todas estas Indias, resta en los capítulos
-siguientes, segun al principio de este libro prometimos, hablar de lo
-que concierne á las gentes naturales vecinos y habitadores della, y
-despues, consiguientemente, trataremos en universal lo que conviniere
-decir de todas las otras naciones de que hallamos lleno este Mundo
-Nuevo, de las cuales, para consecucion del fin que pretendemos, cinco
-consideraciones principalmente con el favor divino explicaremos. La
-una declarará la disposicion y habilidad natural en lo tocante á los
-actos del entendimiento y á las otras potencias que al entendimiento
-sirven; la segunda mostrará las especies de prudencia de que usaban, y
-con que se regian; la tercera, cuál fué y de qué especie la gobernacion
-que tuvieron; por la cuarta se verá sus costumbres malas y buenas,
-que á la voluntad concierne; la quinta conterná, dar noticia de la
-religion, ritos y supersticiones que tenian, como gentes desiertas de
-gracia divina y de verdadera doctrina. En todo lo cual se cotejará y
-haremos comparacion destas otras naciones del mundo, pasadas mayormente
-y tambien presentes, porque cognoscan los imperitos y cudiciosos, que
-toman por achaque y color para las sojuzgar, robar y consumir, ser de
-bajo entendimiento, ser infieles, idólatras y de corruptas costumbres,
-no ser solas en el orbe, ni tampoco las peores que hobo en él; que
-si nosotros y otras naciones fuímos y fueron con la predicacion de
-la fe más temprano que aquestas socorridos, que no fué por faltarnos
-idolatría y supersticiones, y bestialidades y vicios, ni por haberlo á
-Dios más que ellas merecido, sino sola por su inmensa bondad y gratuita
-liberalidad, por lo cual quiso prevenirnos, no dándonos licencia por
-este privilegio para menospreciar y maltratar las otras gentes, de las
-cuales, por ventura, tiene la Providencia divina más predestinados que
-de nosotros, puesto que primero á su cognoscimiento hayamos venido.
-Cuanto, pues, á lo primero, es de considerar que tener los hombres
-habilidad natural de buenos entendimientos puede nacer de concurrir
-seis causas naturales ó algunas dellas, y éstas son, la influencia del
-cielo, la una; la disposicion y calidad de la region y de la tierra
-que alcanzan, la otra; la compostura de los miembros y órganos de
-los sentidos, la tercera; la clemencia y suavidad de los tiempos, la
-cuarta; la edad de los padres, la quinta, y la bondad y sanidad de los
-mantenimientos, que es la sexta. La influencia de los cielos, cuando
-es buena y favorable, disponiendo los cuerpos y miembros humanos en
-buena y conveniente proporcion, ayuda y aprovecha mucho á la perfeccion
-y grado de nobleza del ánima cuando es infundida en el cuerpo, y, por
-consiguiente, aquella persona será de más sotil entendimiento. Esto no
-lo pueden causar los cielos directamente, porque, como nuestra ánima
-sea espíritu inmaterial, los cuerpos no pueden obrar bien ni mal en
-las cosas inmateriales; pueden, empero, los cuerpos celestiales causar
-indirectamente algo en el ánima, en cuanto influyendo en el cuerpo,
-más ó ménos, mejor ó peor, más capaz ó ménos capaz lo disponen, para
-que reciba el ánima, y en el instante de su efusion queda determinada
-en sus grados de bondad, ó de no tan buena cuanto á lo natural (no
-á lo moral sino natural digo), el ánima. Y de aquí es, que segun la
-capacidad del cuerpo se mide la capacidad del ánima, y así unos
-hombres tienen el ánima más perfecta ó ménos perfecta que otros; la
-razon es, que como la natura del ánima sea natura espiritual que se
-comunica al cuerpo humano, y ella, segun ella, no tenga término, porque
-no es cosa compuesta, por ende puédese comunicar más y ménos, segun que
-el cuerpo á que se comunica es más capaz, y, por consiguiente, segun la
-capacidad del cuerpo es el término de la naturaleza del ánima en los
-hombres. Y esta es la causa porque vemos y parecen algunos hombres más
-sotiles y más ingeniosos que otros, y de las virtudes naturales del
-ánima más adornados, segun que el ánima no igualmente es comunicada en
-diversos cuerpos, permaneciendo siempre la misma, segun su especie.
-Y este término recibe el ánima de la disposicion del cuerpo que la
-recibe, porque el cuerpo humano es apto naturalmente para ser informado
-de tal ánima, segun las disposiciones que en él son, y ningun cuerpo
-otro sería capaz para rescibir tal ánima, porque la naturaleza entiende
-siempre disponer tal cuerpo para tal ánima, de donde se sigue ser
-algunos cuerpos humanos más capaces de ánimas que otros; y puede llegar
-esta diferencia, de mayor y menor disposicion, hasta haber ánima, en
-algun cuerpo determinado, en todos los grados de perfeccion que le
-puedan competer, segun es posible en la especie humana. De aquí es, que
-si Dios quiere infundir un ánima perfecta, que tenga todas las virtudes
-naturales, comienza del cuerpo, el cual le dá tal que convenga á tan
-excelente ánima. Y así, segun la diferencia de la disposicion de parte
-del cuerpo, así consigue los grados diversos en la comunicacion del
-ánima; y esto necesariamente suele ser, que segun el cuerpo de alguno
-en la infusion del ánima fué más y mejor dispuesto, y más capaz de la
-forma que el cuerpo de otro, el ser del ánima de aquél es determinado
-más perfecto, y segun más perfecto grado de naturaleza que el de otra
-ánima: y por esta causa pensaron algunos ser las ánimas en los hombres
-tales, cuales hicieron ser los cuerpos celestiales. Así lo toca el
-Filósofo en el III _De Anima_, cap. 3.º, alegando á Homero, que decia
-ser tal el entendimiento de cada uno, cual lo dió en el dia el Padre de
-los varones y de los dioses, conviene á saber, el sol ó los planetas
-en el dia de la concepcion de cada uno; desde allí se comienza á tomar
-el indicio, y por el nacimiento de cada uno, de las condiciones ó
-inclinaciones del que nace, no por otra causa sino porque los cuerpos
-celestiales, influyendo sobre el cuerpo humano su natural virtud, lo
-disponen ántes que el ánima se le infunda para que sea tal ó tal, y
-segun lo que requiere aquella disposicion así se siguen los grados en
-el ánima. Lo cual tambien aprueba Salomon en el libro de la Sabiduría,
-cap. 3.º, _Puer eram ingeniosus et sortitus sum animam bonam_. Venir en
-suerte al hombre ánima buena, es cuasi rescibir por buena suerte ánima
-en lo natural perfecta, y solemos decir que aquello habemos por suerte
-y por ventura, que no es en nuestra mano ni poder sino que de otro
-depende; y allí no se entiende ánima buena moralmente virtuosa ó santa,
-porque ninguna ánima nace tal, sino los que son santificados en el
-vientre de sus madres, sino entiéndese naturalmente hábil é sotil en el
-ingenio y buen entendimiento, y bien inclinada en la voluntad. Y desta
-manera se entiende causar los cielos, por sus influencias, en nosotros
-buenos y sotiles ó no tales entendimientos, y por consiguiente,
-indirectamente y de recudida, como dicen, ayudan los cielos mucho á la
-perfeccion y grados, mayor ó menor, de la nobleza natural de nuestras
-ánimas. Y así parece que segun la diversidad de los cuerpos, proviene
-la diversidad de las ánimas, y ser los hombres más ó ménos entendidos,
-naturalmente sabios ó de poco saber; pero no por eso se sigue que haya
-diferencia específica en las ánimas, como todas sean de una especie y
-á ésta no pueda diversificar la diferencia material, que es de parte
-del cuerpo, ni el ménos ó más ó mejor entender, que es diversidad
-accidental, puede causar diferencia en la especie. De esto trata Santo
-Tomás en la primera parte, cuestion ochenta y nueve, artículo 7.º, y en
-el II de las Sentencias, distincion treinta y dos, cuestion segunda,
-artículo tercero.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXIII.
-
-
-Declarado queda difusamente cuántas y cuáles sean las causas
-que concurren ó concurrir puedan para que los hombres sean bien
-intelectivos y dispuestos para producir los actos de buena razon,
-y tengan buenos entendimientos, conviene de aquí adelante mostrar,
-yendo por cada una de estas causas, en qué grado de entender colocó
-la naturaleza los entendimientos de estas indianas gentes, que es el
-fin por que hemos entrepuesto en la Historia esta tan gran digresion.
-Cuanto, pues, á la primera causa, que asignamos ser la influencia de
-los cielos (y esta es causa universal), la cual, segun arriba en el
-capítulo 16 y en otros habemos tocado y probado, que los cielos y
-estrellas, con sus influencias, esta Isla y todas estas islas é Indias,
-por la mayor parte de la latitud de 1.800 leguas, segun demostramos en
-el cap. 19, favorezcan y hagan felices en templanza, y mediocridad, y
-amenidad, y por consiguiente, siendo favorables, sean causa de que los
-cuerpos humanos, en estas Indias nacidos y criados, sean proporcionados
-en los miembros y en todas sus partes, como vemos claro y abajo
-parecerá más; luego, por las influencias de los cielos para tener
-buenos entendimientos, y así naturalmente, son estas gentes ayudadas,
-al ménos no impedidas ni les son contrarias. Item, como se dijo arriba
-en el cap. 23, las estrellas y cuerpos celestiales, para por sus
-influencias y virtudes producir los efectos que la naturaleza pretende,
-usan de dos medios, el uno es su rayo, y el otro es el continente de
-la cosa que se engendra; para las aves el aire, y para los peces el
-agua, y la tierra para los animales; pues el continente, que son todas
-estas regiones indianas, es felicísimo y favorable á la naturaleza
-y condicion humana, como arriba queda muy más que bien probado, y
-ésto es por la virtud é influencias de los cuerpos celestiales, luego
-por las influencias de los cielos, que influyen en las gentes que en
-estas tierras nascen, el continente mediante, naturalmente son bien
-intelectuales, y por consiguiente, la naturaleza les dió en suerte
-rescebir buena ánima. Item en los capítulos 16 y 17 está probado que
-la causa superior y universal, que son las influencias celestiales,
-concurren con las causas cinco particulares para la bondad, felicidad,
-sanidad, amenidad, y favor y conformidad de la naturaleza humana,
-y destas tierras, pues no serian favorables ni útiles, sino muy
-defectuosamente, á la naturaleza humana, si estas gentes tan infinitas
-no las dotara la naturaleza de buenos entendimientos, como sea lo más
-precioso y más necesario que les podia dar; luego la influencia del
-cielo concurrió en dotar estas naciones de buenos entendimientos,
-ingenio y racional habilidad. Item, á la parte austral, pasada la
-línea equinoccial, destas nuestras Indias, hay grandísimas tierras
-llenas de infinitas naciones, no sólo el espacio que hay entre la
-línea y el trópico de Capricornio, pero el espacio que hay despues del
-dicho trópico, donde cae la grande y felice tierra de Chile, que es
-la postrera provincia ó reino del Perú; y de este espacio, pasado el
-dicho trópico, hablando Alberto Magno en el libro _De Natura locorum_,
-distincion primera, capítulo 7.º, dice, que hasta la latitud del
-sétimo clima, que será 48 ó 50 grados, es la habitacion continua y
-deleitable, y concuerda bien con la experiencia que ya tenemos de la
-provincia ó reino de Chile, pues en aquella parte austral las estrellas
-y cuerpos celestiales son mayores y más resplandecientes, y más nobles
-y perfectas, y de mayor virtud y eficacia, y así sus influencias y
-virtud en sus operaciones son más eficaces, por ser aquella parte
-toda austral la cabeza del mundo, como abajo parecerá, luego las
-influencias del cielo á todas aquellas gentes de la parte austral
-fueron y son favorables, para que naturalmente sean por la mayor parte
-intelectivos y áun de mayor habilidad que otras, no lo estorbando
-algunas causas particular; y esta no parece que la hay, pues sabemos
-ser todas aquellas tierras felicísimas, y vemos las gentes dellas
-capacísimas, como es manifiesto y abajo parecerá. Y porque cuanto
-más las cosas se apropincuan y allegan á alguna causa de que pueden
-recibir alguna alteracion en bien ó en mal, más participan de su accion
-y virtud, y cuanto ménos, ménos, como parece cuando nos llegamos al
-fuego ó á la nieve y nos desvíamos dellos, por esta razon, cuanto más
-propincuas son las gentes de nuestras Indias de aquella parte austral,
-áun dentro de los dos trópicos, pero al ménos de esa parte de la
-equinoccial, más favorables y benignas les son las estrellas y cuerpos
-celestiales por sus influencias, y, por consiguiente, más hábiles y
-más racionales, ingeniosos, y agudos de entendimientos, naturalmente,
-por la mayor parte serán; y esto expresamente lo pone Tolomeo en su
-Quadripartito, tratado segundo, donde dice estas palabras: _Horum
-autem hi, qui meridiani sunt propinquiores, in majori parte melioris
-sunt ingenii et acutioris intellectus, et in scientia rerum stellarum
-fortiores, propter circuli signorum et stellarum erraticarum loco
-zenit capitum eorum propinquitatem_, etc. Y así parece, que la
-primera causa y universal, que es la influencia del cielo, favorece
-naturalmente, y por la mayor parte, á estas nuestras indianas gentes
-á que sean intelectivos, ingeniosos, racionales y de buena capacidad,
-y así, por consiguiente, les haya cabido en suerte recibir de Dios
-y de la naturaleza buenas y nobles ánimas. Lo mismo probaremos por
-la segunda causa que arriba en el capítulo 23 pusimos, la cual puede
-concurrir para ser los hombres bien intelectivos y bien racionales, y
-ésta es las buenas calidades y disposicion de la region y tierra que
-alcanzaron. Esta, en nuestro propósito, no habria menester por teórica
-y razones naturales proballa, pues, por práctica y experiencia ocular,
-y por todos los sentidos de infinitos que á aquestas nuestras Indias
-han venido y vienen cada dia, es, porque así lo diga, palpada, sabida
-y averiguada; y este es uno de los primeros principios y fundamentos
-que la Geografía supone (segun Tolomeo, en el libro I, cap. 2.º, y cap.
-8.º), sin los cuales, como ni en las otras ciencias, ninguno la puede
-saber ni adquirir, conviene á saber, la relacion é historia de los que
-por sus ojos y experiencia vieron y cognoscieron las tierras de que se
-hobiere de tratar. Esta experiencia, digo, que es el principio, ó de
-los primeros principios de la Geografía, segun Tolomeo, pero para quien
-no las ha visto, ni oido á los que las vieron, arriba desde el capítulo
-1.º hasta aquí, y mayormente queda probado en suma en el capítulo 19
-y 20, por razones naturales, y por sus causas y efectos más que la
-lumbre claros, ser todas estas regiones, islas y Tierra Firme de este
-tan vasto orbe, temperatísimas, felicísimas, salubérrimas, y en todas
-sus calidades, disposiciones y causas universales y particulares,
-conformes y amicísimas de la vivienda y naturaleza humana. Y la latitud
-de todas estas Indias nuestras es desde el medio del clima sexto,
-segun los antiguos, y el fin del sétimo, segun la division de los
-climas que hacen hoy los modernos, de la parte Norte ó Septentrion,
-que hacen 45 grados, hasta el medio del sexto, segun los antiguos, y
-fin del sétimo clima, segun los modernos, que hacen otros 45 grados
-de aquella parte de la línea equinoccial á la parte austral, que dije
-arriba contarse bien 1.800 leguas, una region y una provincia ó tierra
-mejor y más felice y graciosa y alegre que otra; pues como, segun
-Tolomeo, y todos los astrólogos, y Aristóteles, y todos los filósofos,
-y Avicena, Hipocras y Galeno, y todos los médicos, y despues dellos
-Santo Tomás, y Alberto Magno, de las calidades y propiedades de las
-regiones extremas ó medianas y templadas procedan las complixiones de
-los hombres y animales, y de las plantas y cosas que en ellas nascen,
-y de las complixiones, ó segun las complixiones, se causen á las
-gentes bajos ó altos, sotiles ó botos, malos ó buenos entendimientos,
-segun parece arriba por el cap. 23, y todas estas Indias, y por
-todas partes dellas, sean tierras en toda mediocridad y templanza
-temperatísimas, unas más y mejores, y otras buenas, pero todas mucho
-buenas generalmente, y si algun pedazo ó provincia dellas se halla
-que á la mediocridad exceda es como monstruo y rarísimamente, como en
-todas las cosas naturales acaece producir alguna vez por errar el curso
-ordinario la naturaleza, luego síguese que las gentes de todas estas
-Indias, desta Isla, islas y Tierra Firme, por razon de la templanza y
-mediocridad y disposicion suave de las regiones, provincias, reinos y
-tierras en que viven, naturalmente son de muy templada, y moderada, y
-favorable complixion, y, por consiguiente, de su propia naturaleza son
-muy bien intelectivos, de muy buenos juicios, de muy buenos ingenios,
-y de muy buenos entendimientos, puesto que en cada provincia, por la
-diversidad de la disposicion de la tierra, por ser alta ó baja, y por
-otros accidentes, sean los de un lugar más ó ménos que los de otro,
-como largamente queda demostrado en el capítulo 29. Y porque, como
-dejamos dicho y probado en los mismos capítulos 23 y 29, las gentes
-que viven en la region de Grecia, por estar en medio de Asia y Europa,
-así como tienen el medio segun el lugar, así tienen las disposiciones
-é inclinaciones medias y mejor proporcionadas, porque ni tienen tanto
-frio como los de Europa y Septentrion, ni tanto calor como los de Asia,
-y por consiguiente son intelectivos y artificiosos, no tanto, empero,
-como los de Asia, y tambien son animosos, ménos, empero, que los de
-Europa, por manera que cuanto más se llegan las regiones al medio y
-templanza del frio y del calor, tanto más las gentes moradoras dellas
-participan de la viveza del entendimiento que causa el calor, y del
-esfuerzo y animosidad de que el frio es causa; pues como las regiones
-destas Indias, por toda la mayor parte dellas, sean temperatísimas,
-más templadas que ninguna parte de las que se saben del mundo, y las
-naciones que las habitan, por consiguiente, alcancen temperatísima
-complixion y más favorable que otras, síguese que de su naturaleza no
-sólo son de buenos y vivos entendimientos más que otras naciones, pero
-tambien no les falta naturalmente animosidad y esfuerzo de corazon:
-porque regla es general, como muchas veces arriba se ha dicho, ser los
-hombres de tierras frias inclinados á lo que inclina ó dispone el frio,
-y los de las calientes á lo que dispone é inclina el calor, y los de
-las regiones que están en medio á haberse medianamente participando de
-ambos á dos. De que sean de vivos y muy sotiles entendimientos de su
-natural, evidentísimamente por las razones siguientes abajo parecerá,
-pero que tengan esfuerzo y animosidad parece que habrá duda, lo cual
-no será ménos evidente á cualquiera que quisiere considerar lo que
-vemos por experiencia, porque una gente desnuda, sin armas ofensivas
-ni defensivas (porque los arcos y flechas que tienen son por la mayor
-parte, al ménos por respecto ó para con nosotros, como juegos de
-niños), osen acometer y seguir á otra gente como somos, que tanta
-ventaja les hacemos en lo uno y en lo otro, tan brava y tan feroz y tan
-armada de hierro, que con una espada desbarriga uno de nosotros, en una
-hora, 500 dellos, y mayormente siendo nosotros armados de caballos,
-que con una lanza uno, en un cuarto de hora, mata 1.000, cuando se
-ven perseguidos y atribulados de los españoles, por defension suya
-de su vida, patria y libertad, ¿no es señal, cierto, de no ser de su
-natural mucho y bien animosos y de gran corazon? Desto se referirán,
-placiendo á Dios, en otro lugar hartos y notables ejemplos, y algunos
-señalados vistos por nuestros ojos. No temen la muerte, mucho ménos que
-otra nacion, porque aunque sus comeres y manjares son muy delicados,
-como se dirá, todavía tienen suficiente abundancia de sangre, que de
-no temer las heridas ni la muerte, es, como digimos en el cap. 23, la
-causa; concuerda con esto y con lo de arriba el dicho de Vejecio, _De
-Re militari_, libro I, capítulo 2.º: _Omnes nationes quæ vicinæ sunt
-soli, nimio calore siccatæ, amplius quidem sapere sed minus de sanguine
-habere dicuntur: ac propterea constantiam atque fiduciam de propinquo
-pugnandi non habent_, etc. No se podrá bien decir contra esto, que
-vemos estas gentes comunmente muy tímidas, y por tales en verdad las
-tenemos, y esto les debe venir de su natural; á lo cual respondemos no
-tener esta objecion mucha verdad, porque esto es de _per accidens_,
-ó accidentalmente, conviene á saber, por causa de las grandes y
-extrañas crueldades que en ellas hemos usado, como se verá, y por el
-temor nuestro que en ellas se ha entrañado viviendo en amarguísima y
-durísima servidumbre, y ésta es sufientísima causa para no solamente á
-estos, pero á los Scipiones, hacellos de servil condicion y cobardes,
-como en el cap. 27, largamente y por razones naturales, probamos.
-Son, pues, los indios, vecinos y moradores naturales de todas estas
-nuestras Indias, por la mayor parte y generalmente, de su natural, por
-razon de nacer y morar en tierras temperatísimas al ménos en mediana
-manera, bien intelectivos, y para las obras de razon bien dispuestos,
-más ó ménos segun se llegaren más á la mediocridad y templanza las
-provincias, mayormente las más meridionales, puesto que entre ellos
-haya grados que, por razon de la disposicion de las tierras, sean unos
-de más sotiles ingenios y artificiosos que otros, y lo mismo es cuanto
-á la animosidad y el esfuerzo.
-
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-CAPÍTULO XXXIV.
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-
-Pruébase allende lo dicho, ser las gentes destas Indias naturalmente
-de buenos entendimientos por la tercera causa que puede concurrir
-para esto, y que concurre notoriamente en ellos; ésta es la buena
-compostura de los miembros, y la conveniente proporcion de los órganos
-de los sentidos exteriores, como en el capítulo XXIV referimos. Los
-indios, pues, de todas estas Indias, por la mayor parte, como sean de
-muy buenas y favorables complixiones, como queda visto, de necesidad
-debian ser, como lo son, de buenos cuerpos y todos los miembros
-dellos muy bien proporcionados y delicados, áun los más plebeyos
-y labradores, no muy carnudos ni muy delgados sino entre magrez y
-gordura, las venas no del todo sumidas ni muy levantadas sobre la
-carne; esto se ve muy claro si quisiéremos considerar las manos, los
-dedos, las uñas, los brazos, los pechos, los piés, las piernas, que
-comunmente se les parecen, por no traer más vestidos de una manta
-de algodon como un cendal ó almaizar, ó de un lienzo los que más
-vestidos andan, y mayormente donde todos y del todo andan desnudos,
-cubiertos sólo aquello que la honestidad y vergüenza cubrir manda, los
-cuales miembros son y tiénenlos tan juntos, dispuestos y tales y tan
-proporcionados que no parece sino que todos son hijos de príncipes,
-nacidos y criados en regalos. Causa esto, eficazmente, la mediocridad
-de la sangre y del calor natural y de los espíritus que tienen, como
-se verá adelante, que hacen los cuerpos de los hombres delicados,
-como en el libro _De Somno et vigilia_ dice Aristóteles. Los sentidos
-exteriores alcánzanlos admirables; ellos ven muy mucho de léjos, y
-determinan lo que ven, más que otros, parece que con la vista penetran
-los corazones de los hombres, y tienen, comunmente, los ojos hermosos;
-oyen tambien muy mucho, huelen cualquiera cosa de muy léjos, aunque
-sea entre los montes, lo mismo es del gusto; y, cierto, dello tenemos
-experiencia, y aquí no hablamos á tiento ni, como dicen, de coro. Item
-el sentido del tacto tiénenlo en gran igualdad, lo cual se muestra
-porque cualquiera cosa lesiva y que pueda lastimar, así como frio,
-calor, azotes ó otra afliccion exterior, muy fácilmente y en muchos
-grados los aflige, angustia y lastima, mucho más sin comparacion que
-á nosotros y áun que á los más delicados que hay entre nosotros, no
-obstante áun el traer los cuerpos y miembros desnudos al sol, á los
-vientos y al agua, lo cual les habia de causar ser duros y robustos,
-y no tener tan sensible y lastimable aquel sentido del tacto. Item,
-cualquiera enfermedad accidental más presto les adelgaza, enflaquece
-y los despacha que á otra nacion alguna de los que tenemos noticia;
-allende desto, como es notorio á todos los que los cognoscemos, gentes
-son los indios para sufrir muy poco trabajo, y porque han sido puestos
-despues que acá venimos en grandes y desordenados trabajos, faltan
-dellos muchos millares. Son luego estas gentes todas universalmente de
-buenos sentidos exteriores, y en especial de muy temperados y delicados
-tactos, y por consiguiente, argumento es claro y áun necesario, segun
-el Filósofo en el II _De Anima_ y en el I de la Política, tener cuerpos
-de libres y nobles ánimas, que es decir que tienen naturalmente buenos
-entendimientos, y son ingeniosos y bien razonables; todo lo cual parece
-arriba. Las caras, y rostros, y gestos tiénenlos graciosos y hermosos,
-hombres y mujeres, desde su niñez y nacimiento, porque todos los niños
-y niñas desde que nacen, y como van creciendo, son todos comunmente
-muy graciosos, lindos, alegres, corderitos vivos, y de buena índole,
-que es señal é indicio ó significacion de bondad de las ánimas dellos
-natural, de buenos entendimientos, y que se perfeccionarian si fuesen
-ayudados, como parece, por muchos que crian y han criado los frailes.
-De aqueste indicio y significacion habla el Filósofo en el I de la
-Política, cap. 3.º, diciendo: Que desde el nacimiento de cada uno y de
-su niñez, luégo la naturaleza muestra en los cuerpos y gestos de los
-niños si tienen ánimas de libres ó de siervos, conviene á saber, si
-tienen buenos y capaces entendimientos: _Statim ex generatione quædam
-distincta sunt, alia quidem ad imperandum, alia vero ad parendum_,
-y pone ejemplo en el ánima que naturalmente es apta para mandar y
-señorear al cuerpo, y la razon á la sensualidad, y el hombre á las
-bestias, y el género masculino al femenino, y concluye así: _eodem modo
-necesse est in cunctis hominibus esse_, etc. Y si despues de hombres,
-algunos hallamos de grandes y feroces caras ó feos gestos, como en
-la provincia de Guatemala y en algunas otras partes de Tierra Firme,
-pero no en muchas, era la causa de la costumbre que tenian de con
-industria hacerse fieras las caras rompiéndose las orejas y hacellas
-muy grandes, lo mismo las narices y los bezos ó labios, poniéndose
-allí en los agujeros unas joyas labradas de oro ó de plata, por fin de
-parecer en las guerras á los enemigos espantables, ó tambien por arreo
-de gallardía. Cuanto á la costumbre de querer parecer fieros en las
-guerras, ordenaron á los principios hacerse las caras y cabezas, por
-industria de las parteras ó de las mismas madres cuando las criaturas
-son tiernas y chiquitas, empinadas y hacer las frentes anchas, de la
-manera que en el cap. 29 referimos decir Hipocras, y Galeno en el
-libro, arriba muchas veces nombrado, _De Aere et aqua_, de las gentes
-de Asia llamadas Onacrocephalas, que se hicieron al principio las
-cabezas luengas por mostrar ferocidad en las guerras, lo cual comenzó
-la industria y despues prosiguió la misma naturaleza, como allí fué
-dicho, de lo cual parece que en hacer las cabezas y caras fieras,
-como en otras muchas costumbres, segun parecerá, no fueron solas las
-gentes destas Indias ni las primeras. Tampoco lo fueron en horadarse
-las orejas y poner en ellas aquellas cosas de oro, pues en España
-suelen traer las mujeres zarcillos en ellas, de lo cual los franceses
-burlan y escarnecen, teniéndolas por barbarísimas; esto no era tenido
-en otras naciones por feo, pues entre los judíos, y otras gentes debia
-ser tambien, no solamente las mujeres los traian pero los hombres se
-arreaban dello, y esto parece por lo que leemos en el Exodo, y es, que
-cuando Moisés se tardaba en el monte y los judíos pidieron á Aarón
-que les diese dioses que adorasen y los guiasen en el desierto, por
-detenellos y no hacer cosa tan nefanda, mandóles que trujesen todas
-las joyas que tuviesen de oro que se ponian en las orejas las mujeres
-é hijos é hijas, creyendo que de pura codicia no las trujeran; pero
-traidas todas, él, de miedo no lo matasen, hízolas todas fundir, y
-dicen que por arte del diablo salió hecho un becerro. De donde se
-colige claro, antiguamente los hombres, ó al ménos los mancebos,
-acostumbrar á traer zarcillos ó cosas semejantes en las orejas; en
-otra manera era vituperiosa cosa y gran injuria entre los hebreos
-horadalles por justicia las orejas, y esto se hacia á los esclavos que
-eran hebreos, los cuales, si los compraba el señor, mandaba la ley que
-se sirviese dellos seis años y al sétimo los habia de dejar libres con
-mujeres é hijos, pero si el tal esclavo no queria recibir la libertad,
-sino quedarse todavía esclavo, por el amor que al amo y señor tenía,
-mandaba la ley que con un cincel con que suelen los zapateros sacar los
-bocados de los agujeros que hacen á los cintos, ó á otras cosas hechas
-de cuero, horadasen al tal esclavo la oreja, y desde allí habia de ser
-esclavo perpetuo, y esto era grande afrenta. Tornando al propósito
-de los indios, ellos tenian y tienen de su natural buenos y graciosos
-gestos, sino que ellos con aquellas superfluidades los desgarraban
-y hacian y hacen feos, como acaece hartas veces á las mujeres de
-España, que, teniendo blancos y hermosos gestos, tantas blanduras se
-ponen y afeites, que no es poco asco solamente vellas. En esta isla
-Española, digo verdad, que hobo hombres y mujeres muchas de tan buena
-disposicion y compostura en los gestos, que aunque los tenian algo
-morenos, señaladamente mujeres, podian ser miradas y loadas en España
-por de buena y egregia hermosura por todos los que las vieran. En la
-Vega conocí á mujeres casadas con españoles, y algunos caballeros,
-señoras de pueblos, y otras en la villa de Santiago, tambien casadas
-con ellos, que era mirable su hermosura y cuasi blancas como mujeres
-de Castilla, y puesto que en toda esta Isla, mujeres y hombres fuesen
-de muy buenos y proporcionados cuerpos y gestos universalmente,
-porque aquí no se rompian ni estragaban los rostros más de sola y
-delicadamente las orejas para poner algunas joyas de oro las mujeres,
-pero donde fué la señalada hermosura y muy comun á todo género, fué en
-la provincia de Xaraguá, que arriba digimos estar hácia el Poniente
-desta Isla, hobo. Y yo ví un lugar ó villa que se llamó de la Vera-Paz,
-de 60 vecinos españoles, los más dellos hidalgos, casados con mujeres
-indias naturales de aquella tierra, que no se podia desear persona
-que más hermosa fuese; y este don de Dios, como dije, muy comun y
-general fué en las gentes de aquella provincia más que en todas las
-desta Isla. Las gentes de las islas de los Lucayos, que el Almirante
-descubrió las primeras, segun arriba digimos, todas á una mano, hombres
-y mujeres, eran de aspectos angélicos; las de la isla de Cuba, y más
-las de la isla de Jamáica, lo mismo; las de los reinos de la Nueva
-España al rededor de Méjico, las de la provincia de Xalisco, las de
-la de Nicaragua, las de la Tierra Firme hácia Cumaná y del reino de
-Yucatan, y las de la costa toda de Guatemala de la mar, que son las
-tierras que yo he andado, y otras que no digo, y las de los reinos del
-Perú, y la gente de La Florida, y lo postrero que se descubrió, que
-es lo de Cibola, de su buena y graciosa disposicion y hermosura por
-los que lo han visto se publican maravillas. Y es necesario que así
-sea en todas por la mayor parte destas Indias, porque, como habemos
-dicho, el aspecto y figura del cielo y la virtud de las estrellas, que
-son causa universal y primera, y la felice disposicion, y suavidad,
-y mediocridad de la tierra, y todos los mismos climas, que es la
-segunda, y próximo continente y todas juntas otras circunstancias,
-esta graciosa y hermosa disposicion destas gentes favorecen. Así que,
-pues que todos los moradores destas Indias, por la mayor parte, y en
-especial los niños y niñas y adolescentes, sean de buenos aspectos y
-acatamientos, de hermosas caras y proporcionados miembros y cuerpos, y
-esto desde su nacimiento, como el Filósofo dijo, se muestra, síguese
-haberles Dios y la naturaleza dado y dotado y concedido nobles ánimas
-naturalmente, y así ser bien razonables y de buenos entendimientos.
-La forma ó figura de las cabezas comunmente las tienen proporcionadas
-á los cuerpos y á los otros miembros, y derechas; algunos las tienen
-empinadas, y las frentes cuadradas y llanas, como los desta Isla,
-otros, como los mejicanos, y algunos de los del Perú, y los de La
-Florida, las tienen de mejor forma, algo como las que en el capítulo
-24 digimos, de hechura de martillo ó de navío, que es la mejor forma
-de todas. Dije algunos de los del Perú, porque, por la mayor parte,
-cuasi en cada provincia tenian propia costumbre y diversa de las
-otras de formar con industria las cabezas. Y es cosa de maravilla
-ver la diligencia é industria que tienen para entallar las cabezas,
-mayormente de los señores; éstas de tal manera las atan y aprietan,
-con lias ó vendas de algodon ó de lana, por dos y tres años á las
-criaturas, desde que nacen, que las empinan un palmo grande, las
-cuales quedan de la hechura y forma de una coroza ó de un mortero de
-barro muy empinado, y esta costumbre tienen los Ginoveses, y tanta
-industria y diligencia ponen para que las criaturas tengan las cabezas
-muy empinadas, puesto que no redondas sino llanas, como vemos, que
-cuasi parecen á las gentes que en esta Isla moraban. Por privilegio
-grande concedian los del Perú á algunos señores, y que ellos querian
-favorecer, que formasen las cabezas de sus hijos de la forma que los
-reyes y los de su linaje las tenian. Las de las gentes de los Lucayos
-y de la isla de Cuba y Jamáica, segun me puedo acordar, las tenian
-cuasi como las nuestras ó que más nos parecian en las figuras dellas;
-muchos tienen las frentes cuadradas de moderada grandeza, que es buena
-señal, como en el cap. 24 digimos; los cabellos todos comunmente los
-tienen negros y moderadamente delgados y correntíos y blandos, y cuando
-niños no tan negros sino que tiran á castaños, que significa buena
-composicion, como parece allí en el dicho capítulo. Y porque dice el
-Eclesiástico, cap. 19: _Ex visu cognoscitur vir, et ab occursu facici
-cognoscitur sensatus: amictus corporis et risus dentium et ingressus
-hominis enunciant de illo_: En la vista y en la cara, en el andar y en
-la risa, se conoce el hombre y el seso y entendimiento de cada uno;
-digo verdad, la cual muchos y todos los que tienen noticia en aquestas
-partes la saben si la quieren confesar, que así en los niños como en
-los grandes, como en mujeres y hombres, y señaladamente en los hombres,
-se ve y conoce tanta modestia y mansedumbre, tanta composicion, tanta
-vergüenza, honestidad y mortificacion y madureza en los actos y meneos
-exteriores, en la vista, en la risa, en la compostura de la cabeza é
-inclinacion de la frente y de los ojos, y en el andar, y en gran manera
-en la habla (que de pura reverencia y humildad mudan la voz, que si
-la tienen gruesa y autorizada, la adelgazan y abajan cuando hablan con
-personas de autoridad, y á quien hayan de tener reverencia), que no
-parece sino que fueron criados en la disciplina y debajo de regla de
-muy buenos religiosos. Esto es señal de tener igualdad de complixion, y
-tambien discrecion y buena razon, cuanto á los principios naturales, no
-faltalles. No queremos aquí decir ni afirmar que todos, universalmente,
-en todos sus actos actualmente sean perfectos, y muy acenderados en las
-obras de perfecta razon, sino que todos universalmente, y por la mayor
-parte, tienen natural aptitud y habilidad, y muy de propíncuo están en
-potencia para ser reducidos al acto y actos, siendo instruidos, de todo
-buen entendimiento y de buena razon, y finalmente, que son hombres de
-su naturaleza bien razonables y bien inclinados, y dello tienen muy
-ciertos y naturales indicios y claras señales. Porque mucho es ayudado
-el entendimiento y la razon ejercitándose por sí mismo con la lumbre
-natural de la razon y por el oficio della, que es explicando lo que en
-los primeros principios, que son de sí cognoscidos ó cognoscibles, se
-contiene implícitamente, ó siendo ayudada por otros que más se hayan
-ejercitado, y es tambien desayudado cuando las personas se ocupan
-mucho en las cosas sensuales, mayormente en algunos señalados vicios;
-pero como arriba en el cap. 22 y 29 se dijo, como los hombres sean
-de libre albedrío de sí mismos, por eleccion propia que tienen en su
-mano ó de otros persuadidos, pueden ayudar á los entendimientos para
-producir buenos actos intelectivos y alcanzar virtudes, ocupándose en
-buenos ejercicios, y así entendemos hablar aquí de los indios. Así que
-por la disposicion y hermosura corporal y por la modestia, vergüenza
-y honestidad, madureza, composicion, mortificacion, cordura, y los
-otros actos y movimientos exteriores, que en sí y de sí muestran áun
-desde niños, los cuales les son innatos y naturales, manifiesta cosa
-es haberles proveido la naturaleza y su Criador dotado naturalmente de
-aptitud y capacidad, de buena razon y buenos entendimientos. Son, pues,
-las gentes naturales destas Indias, universalmente y por la mayor parte
-de su natural, por razon de la buena compostura de los miembros, por la
-conveniencia y proporcion de los órganos de los sentidos exteriores,
-y la hermosura de los gestos ó caras y de todo el _vultu_, la figura
-de las cabezas, los meneos y movimientos, etc., naturalmente de buena
-razon y buenos entendimientos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXV.
-
-
-En el capítulo precedente mostrado habemos, la buena disposicion de los
-cuerpos, y favorable compostura de los miembros y órganos exteriores,
-y hermosura de los gestos que estas gentes tienen ser buen argumento
-y señal de tener buenos entendimientos de su naturaleza, y en los
-capítulos de ántes, la buena complixion y armonía proporcionada de los
-humores, y tener las tierras donde moran templadas, y otras causas
-que digimos y otras que diremos ser naturales, las cuales todas ó la
-mayor parte parece concurrir en estas gentes para que tengan habilidad
-natural para los actos de razon y de buenos entendimientos; agora,
-en este capítulo presente y en los siguientes, queremos mostrar en
-esto tambien, las causas que en el cap. 23 digimos accidentales
-favorecerles, porque éstas disponen mucho bien los órganos de las
-potencias interiores aprehensivas, que son, como ya digimos, el
-sentido comun, la imaginacion, la cogitativa ó fantasía, y la memoria
-sensitiva. La primera, pues, causa accidental y bien dispositiva de
-las potencias interiores, es la sobriedad y templanza en el comer y en
-el beber, y poco mantenimiento; ésta tienen los indios, más que otras
-muchas gentes, en excelencia, porque todos general, y particularmente,
-de su naturaleza son abstinentísimos y muy sobrios, de muy poco comer
-y beber; y esto es notorio á todos los que con verdad y simplicidad
-les ayudan y favorecen, y áun á todos los que mal les hacen, si lo
-quieren sin doblez y fielmente decir. Y en tanto grado es verdad esto,
-que los religiosos y siervos de Dios, que de raíz y de propósito han
-experimentado y penetrado sus costumbres, no suelen hablar dellos en
-este caso, sino diciendo que su comer y beber cotidiano es como el de
-los Santos Padres en el Yermo; y esta comparacion no discrepa mucho,
-ántes confina con lo propio que destas gentes se ha dicho, porque
-todos, por la mayor parte, no comen, sino raras veces y acaso, carne
-ni pescado, y muchas no cosa asada ni cocida. Comun comida es la suya
-legumbres y yerbas, y frutas, y raíces de las que arriba digimos ages ó
-batatas, conficionadas ó guisadas con aquella pimienta que, en lengua
-desta Isla, se llamaba axí, la última sílaba aguda, y en la mejicana
-chile, la primera sílaba luenga; ésta es muy sana y templada, entre
-calor y frio, la cual tiempla y adoba mucho la humedad y terrestridad
-de las dichas raíces. La bebida es generalísimamente agua en todas
-estas Indias, y donde se alcanza el cacao que es agua fresquísima, y
-ésta no embriaga, y la chicha en el Perú, que puede y suele embriagar,
-que se hace del grano que en esta dicha lengua llamamos mahíz. No
-contradice á esto que algunas veces, y muchas, los indios de la Tierra
-Firme, con la chicha y otros vinos, se destemplan y emborrachan, porque
-no es su bebida ordinaria ésta ni la beben por ser destemplados, sino
-cuando hacen sus convites comunes y fiestas por ceremonias y ritos en
-honor y religion del culto de sus ídolos; esta costumbre y religion
-generalmente fué defecto de todos los gentiles por industria del
-demonio, que, para derrocallos en muchos abominables vicios, les dió
-manera para privarlos de los sentidos. Esto expresamente San Pedro
-en su canónica primera nos lo significa: _Sufficit enim præteritum
-tempus ad voluntatem gentium consummandam, his, qui ambulaverunt in
-luxuriis, desideriis, vinolentiis, comessationibus, potationibus, et
-illicitis Idolorum cultibus_, etc.; y San Pablo _Ad Romanos XIII: Non
-in comessationibus et ebrietatibus et in impudiciciis_, etc.; y es de
-notar, que no reprenden allí San Pedro y San Pablo sino el exceso de
-las comidas y bebidas, y tambien hacerlas por religion, y en veneracion
-de sus dioses, pero no los convites que los gentiles hacian; pues hacer
-convites absolutamente no es ilícito (y Cristo, ejemplo de sobriedad y
-templanza, se halló en uno cuando las bodas de Archiclitino), porque,
-segun el Filósoso en el VII de la Política, en la ciudad bien ordenada
-debe haber convites y comidas públicas ó comunes, para conservar la
-familiaridad y amistad entre los ciudadanos, y Platon lo habia dicho
-ántes en el libro _De Legibus_, diálogo primero, y los romanos tenian
-convites públicos, unos que llamaron triunfales, que al pueblo hacian
-los que triunfaban, otros pontificales, que celebraban en sacrificio
-de los dioses, y otros funerales, que se hacian en las obsequias ú
-honras de los muertos. Pues asentados á la mesa del convite, ¿quién
-será tan templado y moderado, que no exceda poco que mucho en el comer
-ó beber, mayormente aquellos que carecen de fe y cognoscimiento de
-Dios? Ni tampoco hace contra lo dicho, decir que con nuestro vino,
-cuando lo pueden haber, algunos se embriagan, porque esto es muy de
-_per accidens_, ó accidentalmente, por no saber la fuerza del vino,
-en la cual dificultad cayó Noé, santo hombre, y en esto harto los
-excusan, como se dirá, otras muchas naciones estimadas por prudentes
-que todos cognoscemos, y pocos hay que no se les traben los celebros
-con el vino, fuera de la nuestra Española; y Platon, en el libro XXXIV
-_De Legibus_, diálogo sexto, dice que emborracharse los hombres no
-era cosa decente, sino fuere en las fiestas y solemnidades de aquel
-dios que dió el vino. Entre los indios desta Isla yo vide Señor ó
-Cacique, que, teniendo harto vino nuestro y de Guadalcanal, lo bebia
-con tanta templanza, que un monje muy reglado no podia tenella mayor.
-Y así nos hablamos aquí de lo que por naturaleza estas gentes tienen,
-y de la costumbre de su comer y beber que tambien les es natural, y
-no de lo que algunas veces les acaece hacer, mayormente que áun esto
-no lo hace cada uno en su casa en particular, sino cuando se juntan
-en comun muchos á los comunes convites, y fiestas, y ceremonias, y
-ritos, y observancia y honor de sus dioses; pues como los indios todos
-en universal sean sobrios y abstinentes, de poco comer, y la comida
-sea legumbres y yerbas, y el pan harto áspero y no muy bueno, como es
-el del grano mahíz en toda la Tierra Firme, y el caçabí, que se hace
-de raíces, muy cenceño y delicatísimo, y de muy fácil digestion y de
-ménos sustancia, en todas estas islas, y en alguna parte de Tierra
-Firme, y por esto sean de moderada cantidad de sangre y calor, y, por
-consiguiente, de pocos huelgos y espíritus pero claros y sotiles,
-porque no suben las evaporaciones ni humosidades que los suelen
-turbar, y enturbiar, escurecer, engrosar, y anublar, y confundir y
-desordenar, como acaece en los hombres comedores, bebedores y glotones,
-segun arriba en el cap. 26 queda dicho, y de allí proceda que las
-potencias cogitativa, memorativa, y la imaginacion, sean dispuestas,
-y bien dispuestas y fuertes para producir sus actos, y ejercitar
-sus oficios, y aparezcan á la imaginacion la forma ó especies, ó
-imágenes ó intenciones, sensibles, claras, distintas y ordenadas, por
-cuya causa el entendimiento fácilmente percibe y forma las especies
-inteligibles, por las cuales suele entender, síguese de todo lo dicho,
-necesariamente, que los indios son de su natural intelectivos, y tienen
-buenos entendimientos, y son gentes de buena razon, por la primera
-causa accidental, que es la sobriedad y templanza del comer y beber y
-mantenimiento, que ayuda y dispone las potencias interiores, que sirven
-al entendimiento para poder bien entender. Y argumento manifiesto de
-su sobriedad y templanza, en el comer ordinario y comun beber, es
-multiplicar tanto por la generacion como multiplican, porque hallamos
-aquestas tierras todas universalmente tan llenas de gentes, que en todo
-el mundo parece que nunca se vió ni halló tierra más ni tanto poblada,
-ni donde más el género humano se multiplicase; vemos esto cada dia,
-donde hay gente áun despues de la persecucion que les vino, que los ha
-despoblado y cuasi aniquilado, y de que en otra parte se hará mencion,
-que las mujeres tienen tres, y cuatro, y cinco hijos, como los dedos
-de la mano, cuando van por agua al rio llevan dos ó tres delante, y
-uno en los brazos, y otro en el vientre, y no ha muchos años que parió
-una mujer india, de la ciudad de Méjico, de un vientre cinco hijos.
-La razon de esta multiplicacion de la generacion es, segun regla de
-filosofía (y trátase en los libros _De Generatione et corruptione_,
-y _De Longitudine et brevitate vitæ_, por el Filósofo, y tambien lo
-tratan más en particular los médicos), porque los hombres templados
-en comer y beber son de más fuerte y virtuosa natural complixion,
-más aptos para engendrar y para mejores hijos y de mejor complixion
-producir, que los comedores y bebedores destemplados; la razon de la
-razon es, porque así como por el demasiado comer y beber es impedida
-la buena nutricion del cuerpo, y la luenga conservacion de la vida de
-un hombre, así por la misma causa se estorba la buena generacion y
-multiplicacion que pertenece á la humana especie. Y segun Platon, en
-el libro _De Legibus_, diálogo sexto, y lugar postreramente alegado,
-mucho deben el marido y la mujer estar sobre aviso, de vivir, miéntras
-son casados, templadamente, mayormente cerca del vino, porque siempre
-se hallen con buen juicio y entendimiento, pues se ignoran el dia y
-la hora que la mujer conciba en su ayuntamiento, porque va mucho que
-estando ellos en buena, templada y moderada disposicion la criatura se
-conciba; por ende conviene, dice Platon, para que lo que se concibiere
-sea estable y quieto, que los cuerpos de los padres no sean con exceso
-ó embriaguez, al tiempo de la generacion distraidos (y la razon, segun
-él asigna, es porque el que está lleno de vino es como con rabia,
-así en el ánima como en el cuerpo, traido y llevado aquí y acullá,
-y por tanto como mentecato es inhábil para concebir y engendrar),
-porque verisímile cosa es, que las criaturas que engendraren los tales
-nazcan de desiguales complixiones, instábiles y vanos, torcidos en
-los miembros, como en las costumbres desordenados. Por lo cual, es
-cosa necesaria que los casados, por toda la vida, y en especial por el
-tiempo de la generacion, se deben guardar de hacer ó padecer cosa que
-perturbe la mente y desordene la voluntad, por la cual naturalmente
-puedan causar alguna enfermedad dañosa en el cuerpo ó en el ánima, ó
-incurran desvergüenza ó fealdad, porque cualquiera cosa destas, en las
-ánimas y en los cuerpos de las criaturas que de los tales padres nacen,
-se imprimen y traspasan, y peores que ellos serán. Todas estas son
-palabras de Platon.
-
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-CAPÍTULO XXXVI.
-
-
-No poco difiere de esta la causa otra, que arriba en el capítulo 26
-digimos ser tambien accidental, que sirve y ayuda muy mucho á la buena
-disposicion de los entendimientos, y se la abstinencia y templanza
-cerca de las afecciones sensibles, viciosas, mayormente las venéreas ó
-sucias. Desta creemos poderse decir con verdad, que son más que otras
-gentes, por la mayor parte y comunmente, moderados y templados (y
-pluguiese á Dios que los nuestros no les excediesen cuasi sin alguna
-medida), como se puede cognoscer por la templanza de usar con sus
-propias mujeres, que no parece que las tienen para otra cosa sino para
-sustentar solamente la humana especie, que es el fin de la naturaleza,
-y no para salir de los límites de la razon; esto se alcanza á saber por
-las vías que se suelen entender las cosas secretas, por vía limpia y
-honesta, como lo alcanzan los que procuran limpiar y curar las ánimas.
-Y desto es uno y muy cierto argumento exterior, que todos los españoles
-que han estado y están en estas Indias podrán tener experimentado,
-si de industria no lo quisiesen negar, que en ninguna parte dellas
-hombre ha visto ni sentido á algun indio obrar deshonestidad, ni con
-sus mujeres propias, ni con otras casadas ni solteras, ni áun en las
-tierras donde, como en estas islas, todos andaban desnudos desde los
-piés á la cabeza (excepto las mujeres que traian obra de dos palmos
-de tela de algodon con que cubrian sus vergüenzas), hombre no vido,
-andando y conversando juntos en obras que hacian mujeres y hombres,
-que por el primer movimiento se sintiese alteracion, más que si
-fuesen hombres muertos, en las partes inferiores; y si alguno ha
-visto y sentido á indio alguna desvergüenza, de obra ó de palabra,
-no habrá sido sino de los que han criado y tenido los españoles en
-sus casas, porque lo aprendieron dellos: pero desta honestidad no se
-podrán gloriar muchos de los nuestros, porque se hallarán millares
-de indios que hayan visto y sido testigos de infinitas torpedades
-cometidas por nuestros compatriotas, para nuestra gran confusion. Es
-tambien otro argumento de la templanza destas gentes cerca de los
-actos venéreos, conviene á saber, andar descalzos, y mucho mayor si
-andan del todo desnudos, porque esto templa y deshecha el deseo, y
-amortigua la inclinacion de aquel vicio, segun dicen los médicos; otro
-es, lavarse muchas veces en las aguas frias, como estos se lavan de
-noche y de dia; otro es, la poquedad de los manjares, poco comer y poco
-beber, y comunmente beber agua, y los manjares ser de poca sustancia
-y nutrimiento. Item, la poca ociosidad que estas gentes acostumbraron
-tener comunmente es tambien causa que no sean muy inclinadas á caer
-en aquel vicio; nunca hallarán indios, por la mayor parte, que en su
-casas ó en el campo, mucho que poco, no hagan algun ejercicio con sus
-manos, con que no sea de mucho trabajo. Estas causas son propias y
-cuasi naturales y acostumbradas á estas gentes, que son señales de no
-ser excesivos en aquellas obras, y estas deben procurar de adquirir
-los que desean vivir castamente, segun Magnino, médico, con otras que
-pone en el tratado que hizo _De Regimine sanitatis_, parte tercera,
-cap. 23, pero la principal es el socorro de arriba; y saber que sólo
-es don de Dios dice Salomon ser suma sabiduría. No impide á lo dicho
-ni contradice los que algunos de nuestros españoles dicen (lo que
-yo, ciertamente, nunca tuve por cierto), conviene á saber, que haya
-entre estas gentes algunos, y aunque sean muchos, que incurran y se
-contaminen con el dicho nefando vicio, porque no es esto universal,
-como abajo probaremos, y no es maravilla que en un mundo tan grande
-y tan luengo, y de tan inmensas naciones lleno, siendo infieles,
-faltándoles gracia y doctrina, tuviesen y tengan estos y otros muchos
-vicios, pues entre los que tienen nombres de cristianos no faltan
-hartos que padezcan las dichas ignominias, y estas pudieron incurrir
-por algunas causas particulares que abajo señalamos. Nos, empero,
-hablamos aquí en universal, y por la mayor parte, ser los indios
-naturalmente bien dispuestos para producir actos de buen entendimiento,
-y carecer más que otras gentes de los contrarios que á estos pueden
-impedir, é lo demas que en contra se hallare ha de estimarse como
-monstruo en naturaleza, que suele muy raro acaecer, segun arriba en
-cierto capítulo digimos. Y así queda mostrado que, por la moderacion
-y templanza que tienen cerca de las afecciones y cosas venéreas, al
-ménos no son ménos dispuestos que otras gentes, para producir buenos
-actos de razon y entendimiento, los indios. Asignamos otra causa
-accidental en el cap. 26, que impide los hombres á que sean por algun
-tiempo bien intelectivos, conviene á saber, la solicitud demasiada
-y cuidado intenso cerca de las cosas mundanas y temporales, y el
-contrario della, que es la moderacion, allí pusimos; desta ser estas
-gentes más adornadas que cuantas en el mundo nacieron, de su naturaleza
-parece manifiesto. Cuanto de la solicitud de allegar riquezas y bienes
-temporales, y ambiciones, y usurpar lo ajeno, no se contentando con lo
-suyo, son más que todas libres. ¿Qué cuidado, ni qué solicitud puede
-dar pena ni ocupacion del entendimiento, á gente que no pretende más de
-su propia, no supérflua sino necesaria, sustentacion, la cual con un
-poco de trabajo corporal tienen cumplida, y no cura en pensar lo que ha
-de comer mañana, porque lo tiene ya cierto con aquel poquito trabajo?
-El que no cura de vestirse más de cubrirse las carnes con una manta
-de algodon de una vara en cuadro, ó de ponerse solamente dos palmos
-de la misma tela delante sus vergüenzas, cuando mucho, como en estas
-islas que andaban totalmente desnudos se acostumbraba, ¿qué vehemencia
-podrá tener aqueste cuidado de se vestir para que deje de bien producir
-el entendimiento de los tales los actos ordenados de buena razon, y
-vacar ó ejercitarse, cuando inducidos y ayudados y doctrinados fuesen,
-cerca de las operaciones intelectuales y espirituales? La gente que
-no ha menester allegar de muchos años atras ajuares desde cuasi que
-nacen las hijas para las casar, sino que el yerno le viene á rogar
-por ella, y si ella se contenta de él y el padre ve que será hombre
-para, por su trabajo en la cultura de la tierra, á sí é á la mujer, y
-á los suegros cuando sean viejos, poderlos sustentar; item, quien no
-piensa en quitarle el estado ni la hacienda de su vecino, por fuerza
-ó por engaño, ó por pleito que piense moverle con ayuda de cohechados
-letrados, y no tiene puntos de honra queriendo en el pueblo ó en la
-provincia señorear, ó dejar á sus hijos, aunque sean muchos, cada
-uno con su mayorazgo, pocos tumultos y ménos perturbaciones tienen
-en sus ánimas, y poco impedimento y ofuscacion del entendimiento
-cualquiera destos cuidados ni todos juntos les podrán causar. Estas
-gentes indianas universas deste orbe, todas, de su natural ó de su
-costumbre convertida en naturaleza, carecen de todas estas solicitudes
-y cuidados, como ya es á todo el mundo claro, por ende manifiesta cosa
-es, que, por la modestia y templanza que de estos cuidados alcanzan,
-son ayudados y favorecidos para ser intelectivos, por ésta como por
-las de suso puestas causas accidentales. No ménos les ayuda, para bien
-formar los actos de entender y bien razonar, la otra causa accidental
-que en el dicho cap. 26 se sigue á la precedente, y ésta es la carencia
-que naturalmente tienen, por su buena y laudable complixion que cuasi
-todas estas gentes alcanzan, de las pasiones del ánima, que causan en
-ella gran perturbacion, y, por consiguiente, impiden al entendimiento,
-las cuales son principalmente, ira, gozo, dolor, temor, tristeza,
-enojo y rencor, etc. Cuanto á la ira, manifiesta cosa es á todos los
-que conocen estas gentes en todas las partes destas Indias, la ira que
-tienen de su naturaleza, la cual tanta es que podríamos afirmar, sin
-desviarnos mucho de la verdad, haber papagayos, en especial unos muy
-chiquitos que arriba digimos, capítulo 9.º, llamarse en la lengua desta
-isla Española xaxabis, la media sílaba luenga, que tienen más ira que
-los indios; bien creemos que otra generacion en el mundo de las que
-se tiene noticia no es más quieta, pacífica, más mansa, más benigna,
-humilíma, y sobre todas pacientísima, y tengo por cierto exceder en
-todo á la gente que arriba digimos de Asia, segun Hipocras y Galeno.
-Desto podríamos traer muchos y muy ciertos ejemplos, pero por no
-alargar dejarémoslos todos refiriendo algunos. Digo verdad, que habia
-quince ó veinte años que yo estaba en estas Indias, en los cuales nunca
-ví reñir indio con indio, hasta un dia que vide dos que se estaban
-dando de puñadas, las cuales eran tales, poco más que cuando unos gatos
-entre sí retozan, ó unos niños de cinco años de los nuestros andan
-burlando; yo, cuando los vide, comencé á llamar testigos, diciendo que
-diesen testimonio como vian de apuñear dos indios, y pasan de cincuenta
-años que he vivido y tratado en estas tierras y conversado con diversas
-gentes, y nunca vide otro tanto. Si acababan de azotar cruelmente los
-españoles á un indio, porque se fué huyendo de los trabajos de las
-minas ó de otra parte, ó por lo que quiso cualquiera azotalle, despues
-de haber sus dolores y desventura llorado, que los llamen y halaguen,
-no hay más dificultad en aplacalles que á unos niños que lloran
-dándoles una manzana. No muchos dias atras que á este paso escribiendo
-yo llegase, me contó un español que, una vez, llegando él y otros á
-un pueblo de indios, y dándoles dos gallinas para que comiesen, dijo
-uno dellos á éste: «Estos perros, para que traigan cuanto quisiéremos,
-no hay mejor industria sino que les deis con esas gallinas en las
-caras»; hízolo así, dándolos buenos golpes con ellas: tornan los indios
-á traerles todo cuanto tenian en sus casas. Despues, pasados algunos
-dias ó meses, tornó por aquel pueblo éste, que se llamaba Juan Gomez,
-que con las gallinas los habia aporreado, y saliéronsele de una bolsa
-cerca de cien reales; vídolos el indio aporreado, y díjole: «Juan
-Gomez, ¿has perdido algo?» él miró el freno del caballo, las espuelas,
-y lo que traia en las alforjas, y respondió; «no he perdido nada»;
-añidió el indio, «mira si has perdido algo», y él afirmando que no,
-torna el indio á decir; «mira si has perdido dinero»; el Juan Gomez
-miró entónce la bolsa, y halló que se le habian salido por cierta
-descosedura los reales; saca luégo el indio los reales sin faltar uno
-y dáselos. ¡Señal es esta, cierto, de duralles mucho el enojo, y de
-tomar de sus enemigos dura venganza! Las injurias que entre sí unos á
-otros, cuando reñian y más airados y turbados estaban, y contra quien
-se enojaban decian por injuriallo y hacelle mayor daño, eran, si tenia
-los ojos zarcos, buticaco, conviene á saber, «andá para hombre, que
-teneis los ojos zarcos»; si los tenia negros, peiticaco, hombre de ojos
-negros; si tiene algun diente dañado ó le falta, injúrianle diciendo
-mahíte, la media sílaba luenga; «andá para dañados los dientes, ó que
-os faltan dientes», y así de los otros defectos corporales. Estas
-son las injurias y oprobios y maldiciones con que, generalmente, de
-los que quizá se airaban tomaban y toman sus venganzas, y así les
-duran sus enojos como si nunca por ellos pasasen; y en esto parecen á
-aquellas gentes, de que dice Haly, el comentador de Tolomeo, que viven
-al Occidente, cuyas contenciones son semejantes á las de las mujeres,
-como en el cap. 29 fué relatado. Si un indio está durmiendo y otro
-viene á llamarlo, no sabe despertalle de presto por no dalle pena, sino
-que estará una hora muy pasito estirándole, si tiene camisa ó manta, de
-la halda, ó si no la tiene, meneándole del pié poquito á poquito, y con
-muy blandas y bajas palabras hasta, sin cuasi sentirlo, despertarlo.
-Esta natural mansedumbre y modestia les viene de la nobleza, templanza
-y mediocridad de sus complixiones, y ésta nace de la mediocridad y
-templanza de todas estas indianas regiones, por causa de la igualdad de
-los tiempos de todo el año; porque no hay muy continuas ó frecuentes
-en el tiempo mutaciones ó turbaciones, ni de excesivos frios ni de
-excesivos calores, sino que siempre, ó cuasi siempre, son los tiempos
-iguales ó cuasi iguales. De donde proviene que ni las mentes de los
-habitantes son fatigadas con alteracion, estupor, ó espanto grande,
-por la violencia de los tiempos, ni los cuerpos incurren transmutacion
-alguna que sea fuerte ó destemplada, de donde se causa que la materia
-seminal no resciba alteracion mala ni corrupcion dañosa al tiempo de
-la generacion de los animales, por lo cual nacen las criaturas de
-templada y noble complixion y mediocridad proporcionadas; esto siempre
-y comunmente si no es acaso, errando la naturaleza, como los monstruos,
-ó porque la generacion fué con alguna enfermedad celebrada, y por estas
-causas puede acaecer salir el contrario pero esto es muy raro. Ya queda
-dicho arriba, que en las tierras y regiones que hay en los tiempos
-del año muchas y grandes transmutaciones, y diversidad vehemente de
-frios, y calores, y lluvias, y nieves y otras variedades, los moradores
-dellas naturalmente son inquietos, rijosos, feroces, bravos, mal
-acomplixionados y peor inclinados, y de malas y perversas costumbres,
-más ó ménos segun mayores y más vehementes, y más frecuentes y
-continuas fueren las diferencias de los tiempos y transmutaciones.
-Contra lo arriba determinado parece ser los frecuentes huracanes que
-hay en estas Indias, que son grandes tempestades por la mar y por la
-tierra, que no dejan cosa que no destruyan y echen á perder, naos en
-la mar, y las heredades y edificios en la tierra, como es manifiesto;
-huracanes llamaban los indios desta Isla, las dichas tempestades ó
-tormentas. A esto se responde, que estos eran muy raros, que por
-maravilla solian venir de muchos á muchos años, como tenemos los viejos
-en estas tierras experiencia, y, por tanto, poca diversidad ó variedad
-ó transmutacion en el tiempo, y, por consiguiente, en las personas
-causaban; haberlos de pocos años acá cada año, y hacer los estragos y
-destrucciones que por la mar y la tierra hacen, otra causa oculta que
-la natural debemos buscar, y no es otra sino nuestros muy nuevos y
-muchos pecados, que el discurso de otra nuestra Historia muy claramente
-mostrará. Como, pues, aquestas naciones sean de su naturaleza tan
-benignas, quietas, y mansas y ajenas de ser perturbadas sus mentes de
-la ira, que es pasion impeditiva del entendimiento, manifiesto es, que,
-por la carencia natural que tienen della, no podrán ser impedidos en
-los actos del entendimiento naturales.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXVII.
-
-
-Las otras pasiones del ánima, que pueden causar perturbacion é impedir
-los actos del entendimiento accidentalmente, son dolor, y temor, y
-tristeza, y enojo y rencor, destas dos postreras no reinar en estas
-gentes, por lo que se ha probado de su mansedumbre y benigna complixion
-y dulce propiedad de su conversacion, manifiesto queda; pero en cuanto
-á las demas, es aquí de presuponer lo que por las condiciones y
-propiedades, que se han de aquestas gentes referido, se puede colegir,
-y es que de su naturaleza, todas ó la mayor parte, son de complixion
-sanguina, que es de las cuatro complixiones la nobilísima, porque
-entre todas ellas, las propiedades desta, por su sotileza, claridad
-y temperancia, en cálido y húmido, son muy favorables al ánima y al
-cuerpo, y causan en los hombres, naturalmente y por la mayor parte,
-virtuosas inclinaciones. Una muy comun á todos los sanguinos, segun
-Alberto, es que son alegres y no puede durar en ellos mucho tiempo
-tristeza, son dulces, y benignos, y amorosos en el hablar, el vulto
-ó rostro siempre lo tienen alegre, son amativos y que fácilmente se
-aficionan en amistad á otros; son risueños y causan risa; son píos,
-francos y liberales, dispuestos para todas las artes, y otras buenas
-y laudables condiciones é inclinaciones. Que los indios por la mayor
-parte sean sanguinos, lo referido, como dije, y lo que luégo se dirá
-lo testifican. Son todas estas gentes desde niños letísimos, y así
-son amigos de tañer, y bailar, y de cantar con la voz cuando les
-faltan instrumentos; algunos tenian con que hacian sones para bailar,
-y provocarse á regocijo y alegría, segun á su manera y carencia de
-instrumentos de hierro para artificios hacerlos podian; son en gran
-manera benívolos, y dulces y benignos, lo cual manifiestan en recibir
-los huéspedes y tambien en su despedida. De esta virtud y propiedad,
-el Almirante primero, que descubrió este mundo, fué, como parece en
-otra parte, buen testigo. En la Nueva España, cuando les viene algun
-huésped, desta manera le reciben, conviene á saber: «A vuestra tierra y
-á vuestra casa venis, en ella podeis estar, no os ha de faltar nada»; y
-si es persona principal: «Vuestros vasallos y criados somos, bien nos
-podeis mandar», y otras palabras semejantes; á la despedida: «Mirad
-mucho cómo vais, no caigais, id paso á paso porque no tropeceis»; y así
-desta manera. Los recibimientos y despedidas cuanto á las obras, porque
-lo ya dicho es de palabras, abajo, si place á Dios, se explicará, y los
-que lo oyeren, si tuvieren buena consideracion quizá se admirarán. Lo
-mismo se probará (ser, digo, sanguinos y de sanguina complixion) cuanto
-á su habilidad y disposicion para todas las artes; desta complixion
-es muy cierto, singular y evidente argumento, conviene á saber, el
-sufrimiento y paciencia que en los trabajos intolerables, y nunca otros
-tantos ni tales imaginados ni imaginables, que han de los españoles
-padecido, como esta Historia, con verdad, delante de Dios, que es y
-será testigo y verdad de todo, testificará; creo, cierto, y con verdad
-entiendo que lo digo, que en toda la masa del linaje humano gente
-otra no puede más ni tanto sufrir, ántes sobre todas tengo por cierto
-ser pacientísima, porque padecer y sufrir los trabajos, servidumbre
-y opresiones, con tan calamitosa y desafortunada vida, como han
-padecido, no ha podido ser sino por su incomparable paciencia, y por
-tolerallos con alegría, al ménos no con tanta tristeza como otros lo
-sufririan. Esto es muy claro por lo que experimentamos en ellos cada
-dia, porque estando en los trabajos de las minas, que no para hombres
-de carne, pero aunque fuesen de acero serian insufribles, y llevando
-cargas de tres y cuatro arrobas de peso á cuestas 50 y 100 leguas de
-camino, están y van cantando y riendo entre sí, diciendo mil gracias
-y remoquetes que entre ellos hay, como si fuesen á fiestas por los
-caminos; de donde parece hacer menor efecto y perturbacion en ellos el
-dolor y la tristeza, que harian, tanto por tanto, en otras naciones,
-por su noble condicion sanguina y natural alegría. Sufrir dolores y
-tormentos diversos y terribles yo los he visto algunas veces, con tanta
-paciencia y tolerancia, que aunque lloraban y daban de sí angustiosos
-y dolorosos gemidos, pero, cierto, exceder el dolor y afliccion al
-sentimiento en demasiada manera claro parecia. El temor, empero, junto
-con la tristeza de la vida infelice, dura y diuturna servidumbre
-y cautiverio, que han padecido y padecen, por la imaginacion
-vehementísima que sobre otras naciones tienen, como abajo diremos, de
-nunca salir de aquellos males ó venirles otros mayores (y afirmo no
-ser posibles otros mayores), hace más fuertes efectos en estas gentes
-que podrian causar en otras, y esto por cuatro razones: La una, por la
-grandeza, y exceso y acerbidad de los agravios, angustias, trabajos,
-vejaciones y continuas persecuciones, que toda la natural alegría y
-noble complixion destas naciones ha sobrepujado; la segunda, por la
-diuturnidad dellas que tanto ven que les duran, por lo cual muchos,
-perdida la esperanza de jamás salir dellas, se han desesperado y muerto
-con sus mismas manos, ahorcándose ó tomando cosas ponzoñosas, y ésta la
-paciencia y sufrimiento totalmente les ha desterrado; la tercera, por
-la delicadez de sus cuerpos, y miembros, y complixion noble, que causan
-serles cualquier lesivo, y que puede lastimar, más que á otros penoso,
-y por esto pueden durar ménos en los trabajos y calamidades que otras
-naciones, segun vemos por experiencia cuán de golpe han perecido tantos
-cuentos de gente y cada dia se consumen; la cuarta, por la virtud y
-fortaleza de su imaginacion, que es más que la de otros vehementísima.
-Por estas cuatro razones, que cada una dellas por sí es causa, y todas
-juntas son causas en gran manera eficaces, se han seguido en estas
-gentes cuatro efectos desastrados y lamentables, y los mismos se
-siguieran, ellas supuestas, en todo el linaje humano; el primero, las
-pestilencias que se han en algunas partes destas Indias engendrado,
-que es cierto proceder de la imaginacion y de la tristeza de los males
-presentes y pasados, y del temor vehemente de los por venir, y del
-mal comer y beber, y de los muchos y demasiados trabajos, como arriba
-comenzamos á decir y más se repetirá abajo; el segundo es, que aquestas
-naciones, por las angustias y amarguras, y vida más que dolorosa y
-amarga que pasan, y el temor continuo y sobresalto de su noble y
-natural condicion han degenerado convirtiéndose tan pusilánimes, y
-de tan serviles ánimos, chicos y grandes, súbditos y señores, que no
-osan respirar, ántes vienen á dudar si son hombres ó animales, ó á
-creer que están encantados: y esto es cosa natural en los opresos y
-en dura servidumbre nacidos y criados, como arriba fué probado. El
-tercer efecto es, la poca estima, y menosprecio, y abatimiento que los
-nuestros españoles destas domésticas y humanas gentes cobraron, no
-por más de por verlas tan mansas, tan pacientes, tan humildes, y con
-tanta facilidad haberlas sojuzgado, como desnudas y sin armas, y para
-cualquier servicio y provecho suyo hallarlos tan á la mano, debiéndolas
-de amar y agradar, honrar y estimar y consolar por las mismas dichas
-causas. El cuarto, y sobre todos miserando y más que lamentable, los
-números tan innumerables que dellos han perecido, por las razones ó
-causas arribas recitadas, sin haber ofendido á nadie; pero de esto
-la historia será larga. Tornando, pues, á nuestro propósito, dejadas
-estas causas vehementísimas contrarias del entendimiento, impeditivas
-y accidentales, manifiesto queda en lo traido arriba, ser todas estas
-naciones muy ajenas de las pasiones comunes, que pueden perturbar
-las potencias interiores y así estorbar los actos del entendimiento,
-como son, la ira, tristeza, dolor, enojo y rencor, y las muy grandes
-y vehementes serles más que á otras del mundo tolerables, por ser de
-nobilísima complixion, y carecer de las perturbaciones que proceden de
-las pasiones del ánima, mucho por la mayor parte. Puédese confirmar
-todo lo dicho en esta materia, conviene á saber, carecer estas gentes
-de los impedimentos que suelen ofuscar las dichas potencias interiores,
-y así no tener tanta libertad el entendimiento para entender, por los
-mismos efectos de las mismas potencias y mayormente de la imaginacion
-y memoria, las cuales muestran tenerlas todos comunmente más que otras
-naciones, claras, fuertes, bien dispuestas en todo y desembarazadas;
-esto parece, porque cuando los hablan, y cuando ven y oyen, están
-atentísimos con vivísimos aspectos que parecen penetrar los corazones,
-y perciben y notan mucho lo que ven y oyen, más que otras generaciones,
-y entienden muy presto los conceptos ajenos, y parece que se les
-clava indeleblemente en la imaginacion cualquiera cosa, por sotil y
-artificiosa que sea. Esto es manifiesto, porque poniéndose un indio
-en una calle, no muy cerca de la tienda de un platero sino arredrado,
-porque de que ya los cognoscen los nuestros los avientan luégo que los
-ven, y mirando un rato cómo labra una joya, por difícil de labrar y de
-artificio que el platero la obre, luégo se va á su casa y la hace tan
-perfecta y algunas veces mejor que el artífice á quien hacerla vido
-primero; por esta y otras muy muchas sotilezas que hacen, solamente
-con una vez ó dos vellas, les llaman los nuestros oficiales españoles
-monas, y no osan hacer cosa delante dellos. Pues las cosas que han
-hecho y hacen en las procesiones, representando actos y farsas sacadas
-de la Sagrada Escritura, y de nuestra redencion cosas devotas, nadie
-podrá encarecellas, porque á todos los nuestros seglares y religiosos
-ponen cada dia en admiracion; ésto, señal es de tener muy limpia y
-fuerte y muy bien dispuesta la imaginacion. Lo mismo está probado y muy
-averiguado de la potencia en ellos memorativa, por la buena y favorable
-disposicion de la cual tienen inmortal memoria, como parece en las
-cosas diversas y muchas que toman de coro, así de las eclesiásticas y
-doctrina cristiana, como de las mundanas y seglares de sus historias;
-á cada paso, en cada ermita ó iglesia se juntan muchos á decir é
-dicen las horas de Nuestra Señora, de coro, que en breves dias las
-encomendaron á la memoria, y otras muchas oraciones y devociones, en
-romance y en latin y en sus lenguas rezándolas ó cantándolas. De la
-doctrina cristiana no es cosa fácilmente creible, porque veinte y
-treinta pliegos de papel escritos, hay muchos indios que cuasi todos
-los han tomado á la memoria, y con pocos tropiezos los recitan sin
-pena alguna; de cosas antiguas entre ellos acaecidas, y de muchos
-tiempos pasadas, la memoria tienen por historia; de la artes liberales
-abajo se referirán cosas notables; luego buenas y limpias, y fuertes
-y aptas, para ejercitar sus oficios, y servir al entendimiento, y
-representarle las formas é intenciones sensibles, tienen estas gentes
-las potencias, imaginativa, y la memoria, que son las principales de
-todas las cuatro, ó segun Alberto cinco, potencias interiores. Lo
-mismo argüiremos, no sofística sino demostrativamente, de la primera
-dellas, que es el sentido comun, porque, como el sentido comun sea el
-primero de los interiores, segun su buena ó no buena disposicion así
-son dispuestos los otros; pues si los ya dichos tienen ó son de buena
-disposicion éste será ó terná buena disposicion, como quiera que él en
-sí reciba las especies ó imágenes de todos los otros y las represente
-á la imaginacion. El sentido comun tiene por oficio, lo primero
-aprender ó recibir en sí ó cognoscer todas las imágenes phantasmas ó
-especies ó sensaciones de los cinco sentidos exteriores; lo segundo
-juzgar dellas, así como esta es color, y este es son, y aquel es
-olor, aquello negro, aquello es blanco, dulce ó amargo, lo que no
-pueden los mismos sentidos exteriores el uno del acto del otro hacer.
-Entónces tiene buena disposicion el sentido comun cuando la parte del
-cerebro primera y delantera, donde tiene su celda y órgano, tiene bien
-dispuesta y proporcionada para obrar los dichos sus actos y oficios,
-es entónces aquella parte delantera, y celda del sentido comun, apta
-y bien dispuesta cuando es algo grande y proporcionada la cabeza, ó
-al ménos no es muy chica, y es salida ó luenga ó empinada, segun en
-el cap. 25 digimos, y es señal de la buena disposicion del órgano del
-sentido comun, y, por consiguiente, son los tales de buena capacidad
-y aprehension, y buen juicio; lo cual hallamos en los indios por la
-mayor parte, como arriba en el cap. 34 queda dicho, y sin duda son de
-muy buena aprehension como prueba lo que se ha mostrado y concluido
-de la imaginacion. De la cogitativa ó phantasía es lo mismo, por dos
-razones; la primera, porque como sea potencia que tenga su aposento en
-el medio del cerebro, entre la imaginativa por la parte delantera, y la
-memorativa ó la memoria sensitiva por la postrera, si las dos extremas
-son buenas y aptas para ejercer sus actos y operaciones, síguese que ha
-de participar de la bondad de ambas á dos extremas, segun aquella regla
-de filosofía: _Medium participat conditiones et naturas extremorum._
-La segunda razon es, porque como aquel lugar donde aquesta potencia
-tiene su órgano y aposento sea muy cálido de su naturaleza, al cual
-suban muchos espíritus por lo cual siempre está en continuo movimiento,
-como parece, que continuamente phantasea, compone; divide y juzga,
-pasando celérrimamente de la imaginacion, tomando las intenciones ó
-estimaciones que están en ella que se dicen sensatas, sacando otras
-no sensatas, quiere decir, que no han pasado ó entrado por alguno de
-los cinco sentidos, ni las aprehendió el sentido comun, como es, que
-la oveja visto el lobo por el sentido del ver, y aprehendida la forma
-del lobo y enviada al sentido comun, y de allí pasada ó pegada en la
-imaginacion, esta potencia phantástica ó cogitativa en los hombres (y
-por la estimativa en las bestias), colige la intencion ó estimacion
-de que el lobo es enemigo, y por consiguiente que se debe huir, y
-que cuando oye el balido del cordero, su hijo, colige la intencion ó
-estimacion que tiene hambre, de la cual es movida de le dar las tetas
-para mamar. Así los pollos, oyendo la voz de la gallina, sacan esta
-intencion, que la gallina pretende que todos se ayunten para ponerse
-debajo sus alas; el perro, si se ve halagar y se le dá un pedazo de
-pan, saca intencion de amistad, y luégo él tambien halaga con la
-cola, pero si ve amenazarse y que van hácia él con un palo, colige
-la intencion de enemistad, y, ó huye; ó arremete á morder al que le
-amenaza. Esta intencion ó estimacion de que el lobo es enemigo, y
-las otras que se han dicho, no entran por los ojos ni por los oidos,
-porque no es cosa la enemistad que se ve ni se oye, ni se huele, ni
-se toca, y así no se conoce por alguno de los sentidos, las cuales
-intenciones ó phantasías, así no sensadas como las sensadas por los
-hombres, la cogitativa las envía que las tenga en guarda la memoria
-sensitiva, para cuando las quisiere despues tornar á tomar tornando
-á phantasear. Así que, como los indios todos, por la mayor parte,
-sean de no sólo buenas pero admirables imaginacion y memoria, como
-dejamos probado, que son las dos extremas potencias, síguese tener muy
-buena la potencia cogitativa ó phantástica, por la razon primera un
-poco arriba dicha. Item, como estas indianas gentes sean de muy noble
-complixion, por la mayor parte, porque sanguinos y de moderada sangre,
-y pocos espíritus y claros, por su poco comer y beber y las otras
-causas de que arriba hemos hablado largo, síguese que el calor del
-órgano desta potencia cogitativa es más que en otras gentes templado,
-y que no suben á el demasiados espíritus ni terná tan vehementes y
-continuos los movimientos, y, por consiguiente, que la dicha potencia
-alcanzan, como las otras, apta y dispuesta para producir sus actos
-libre y desembarazadamente, y así, que no ménos que ellas sirve con
-sus operaciones para que bien y sotilmente entienda el entendimiento;
-lo cual parece manifiestamente porque son en gran manera reposados
-en pensar, que no es otra cosa sino ser mucho cogitativos, y ésta es
-potísima señal de ser bien intelectivos, porque la potencia cogitativa
-es lo altísimo que tiene la parte sensitiva del hombre, la cual frisa
-y toca en alguna manera á la parte intelectiva, en tanto grado que
-participa algo de aquello que es ínfimo ó más bajo del entendimiento. Y
-esto es el discurso de la razon segun la regla del Santo Dionisio, cap.
-7.º _De Divinis moribus_, donde dice que los principios de las cosas
-segundas ó más bajas se ayuntan ó frisan con los fines, de las primeras
-ó más subidas; y por esta vecindad tan cercana del entendimiento,
-esta potencia se llama razon particular (segun dice el Comentador
-en el 3.º _De Anima_, y rescíbese su sentencia en la filosofía), la
-cual no está sino en los hombres, en lugar de la cual las bestias
-tienen la estimativa natural, con la cual forman las intenciones no
-sensatas que digimos, y por ésta conocen las cosas amigas y enemigas.
-Esto es de Santo Tomás, en las cuestiones disputadas _De Veritate_,
-cuestion catorce, artículos 1.º al 9.º Y con esto concluimos lo que
-en el capítulo 34 comenzamos y en el 26 prometimos, conviene á saber,
-ser ayudadas estas gentes para tener buenos entendimientos de algunas
-causas accidentales que disponen la potencia interiores, en especial
-las aprehensivas, para poder bien servir con sus actos y sensaciones al
-entendimiento, en lo cual principalmente consiste ser los hombres bien
-intelectivos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXVIII.
-
-
-Aplicadas las tres causas naturales, de seis que en el capítulo 30
-referimos, que pueden concurrir á la nobleza del ánima y á ser los
-hombres bien intelectivos, á las ánimas destos indios, y á vueltas
-dellas otras causas accidentales, resta tratar de la cuarta, que es
-la clemencia y templanza, igualdad y suavidad de los tiempos que
-comunmente andan con la disposicion de los lugares, y aplicar della
-lo que sintiéremos convenir á estas gentes. En el cap. 23 se trató
-largamente, que en las regiones y tierras donde hace los tiempos
-iguales, y entre sí semejantes, se excluyen las corrupciones y maldad
-que pueden causarse en las criaturas que se conciben al tiempo de la
-generacion, así cuanto á los entendimientos como á las inclinaciones
-y las costumbres. Item, que donde corren vientos boreales, que son el
-Norte y sus colaterales y los orientales ó sus colaterales, y los aires
-ó vientos locales son templados, ayudan mucho á la generacion y á que
-las criaturas sean de buenos entendimientos y buenas inclinaciones.
-Item, si ayudan las causas particulares, como son las disposiciones de
-la misma tierra, porque es enjuta, limpia, descubierta, airosa, sus
-altos y sus bajos, no tiene cercanía ó vecindad con ciénagas, lagos y
-árboles malos, y otras cosas contrarias, por manera que concurran las
-causas particulares con la universales, la generacion de los que allí
-se concibieren y nacieren será naturalmente, por la mayor parte, cuanto
-á los entendimientos y á las inclinaciones, favorable y loable, y harán
-ventaja, en ambas á dos propiedades, á las gentes de otras muchas
-partes. Manifiesto pues es, y asaz evidentemente por muchas razones
-naturales queda en muchos capítulos arriba demostrado, ser todas estas
-tierras y regiones mucho templadas, correr los vientos boreales y
-orientales por ellas cuasi continuo todo el año, los aires ó vientos
-locales, clementes, salubres, favorables y sanos; la disposicion de la
-misma tierra, y en todas sus partes ser limpia y enjuta, desavahada,
-quita y remota de malas vecindades; las sierras y campiñas, graciosas
-y bien puestas, las arboledas y selvas que hay, de muchos y muy sanos
-y saludables y aromáticos árboles, y pocos de contrarias propiedades;
-las aguas delgadas, corrientes, sanísimas y suaves, y, finalmente,
-concurren las causas particulares con las universales para perfeccionar
-la felicidad, templanza, sanidad y amenidad de todo este orbe. Todo
-esto en todas estas regiones por la mayor parte, y si algun pedazo ó
-pedazos de tierra ó region no es tal, háse de estimar como monstruo
-en naturaleza y raro, como suele acaecer en todas las cosas naturales
-de cuando en cuando. Luego, necesariamente, las gentes que en estas
-tierras nacen y se crian son de buena y laudable complixion, todas
-iguales ó cuasi iguales, y de nobles ánimas, y por consiguiente, de su
-naturaleza, de buenos entendimientos en universal y por la mayor parte;
-y si algunas personas entre ellos hobiere de poca habilidad y que
-tengan notable falta en sus entendimientos, acaecerá esto en algunas
-particulares, pero no que todas las de una provincia ó region puedan
-ser tales en general, porque esto es imposible, como los monstruos son
-imposibles en todas cualesquiera cosas naturales acaecer por la mayor
-parte: y sería herejía afirmar que los tales acaeciesen por la mayor
-parte en la naturaleza humana, como habemos probado en algunos nuestros
-Tractados. Confírmase todo lo arriba dicho, al ménos cuanto á gran
-parte de este orbe, lo primero, por lo que queda escrito en el cap. 23,
-donde se probó, por sentencia de Tolomeo y de Haly, su comentador, que
-las gentes que nacen y se crian en las regiones que están debajo del
-tercero, y cuarto, y quinto clima, segun los climas que dividieron los
-antiguos, y especialmente en latitud y altura de 34 grados hasta 42,
-son natural y generalmente de buenos y sotiles entendimientos, por el
-sitio, y la templanza, y mediocridad de las regiones y tierras en que
-nacen y se crian, y así por concurrir las causas particulares con la
-universal y superior; dentro de los cuales grados caen ó están grandes
-y muchas provincias y partes destas Indias, de una parte y de otra de
-la línea. De la parte del Norte cae mucha tierra y grandes regiones de
-la Tierra Firme, que llamamos de la Florida, y la tierra de Cibola, que
-es tierra excelentísima y de gentes llena muy discretas y políticas,
-como en otro libro, si nuestro Dios concediere hasta entónces la vida,
-será declarado; de la otra parte de la línea (equinoccial digo) están
-las provincias que son reinos, que se comprenden, segun el vulgo dice,
-en los del Perú, y la provincia de Chile, tierra tambien beatísima,
-y las gentes della no poco sabias y políticas; todo esto, digo, que
-cae dentro de los tercero, cuarto y quinto clima, segun los antiguos.
-Aquí es de presuponer, si arriba quizá abiertamente no lo hemos dicho,
-que á los climas que contaron, dividiendo la tierra habitable de la
-parte Septentrional, los antiguos, corresponden otros tantos, con las
-mismas calidades, de la otra parte austral de la línea, y por aquella
-manera se divide, segun la continencia de la natural disposicion, el
-inferior hemisferio como dividimos el superior nuestro, segun dice
-Alberto Magno en el libro _De Natura locorum_, tratado I, capítulo
-12, siguiendo á los varones probados y sabios en filosofía. Solamente
-destas partes ya dichas destas Indias, que son lo ménos dellas, se ha
-probado lo que pretendemos por lo que alcanzaron de la tierra habitable
-los antiguos, pero todo lo demas de este nuevo y grande orbe, que, como
-arriba en el cap. 20 declaramos, alcanza de latitud 90 grados, 45 al
-Septentrion y 45 al Austro de la línea, que hacen 1.800 leguas, lo cual
-todo ellos ignoraron, por nuestra experiencia y vista de ojos, cuanto
-á la felicidad, fertilidad, igualdad, mediocridad, templanza y sanidad
-de las regiones, clemencia y suavidad de los tiempos, y habilidad,
-capacidad y sotileza de los entendimientos de las gentes naturales
-habitadores dellas pertenece, todo nuestro intento asaz plenamente se
-confirma y manifiesta. Lo segundo (ó tercero), se confirma nuestro
-intento destas gentes, por lo que arriba en el dicho cap. 29 referimos
-de las naciones que nacen y moran en Asia la Menor, segun Tolomeo y los
-demas filósofos y médicos, conviene á saber, que por la mediocridad,
-templanza, igualdad y bondad de la tierra son las gentes de laudable y
-moderada complixion, y, por consiguiente, blandas y mansas, modestas,
-de buenas inclinaciones, amadoras de limpieza, y que naturalmente
-aman la doctrina y el estudio de las letras, y aptas para las cosas
-espirituales y que pertenecen á la religion, y, por consiguiente, son
-hábiles para producir obras del entendimiento; por lo cual, vistas las
-cualidades de aquellas regiones de Asia, y condiciones de las gentes
-naturales dellas, y cotejadas con estas tierras y naciones habitadores
-dellas, no creo yo que otras en el mundo pueden ser más, ni quizá
-tanto entre sí, que éstas con aquéllas semejantes. Puede asimismo,
-empero, haber alguna diferencia entre aquestas, como entre aquéllas,
-en lo tocante á la viveza de los entendimientos y inclinaciones de las
-costumbres, por razon de algunas causas particulares, como el aire
-que cerque é hincha la region, y estar en alto ó en bajo el lugar ó
-villa, casa ó habitacion, ó por la vecindad de montes ó valles, nieves
-ó lagos y aguas; destos se ha dado doctrina cierta, ó cuasi cierta
-y probable, arriba en el cap. 29 y en otros, de la cual podrá quien
-quisiere colegir por estas tierras nuevas dos cosas: la una que podrá
-pronosticar ó juzgar (aunque no ha de ser con juicio temerario, sino
-siempre con prudencia y limitacion de lo que á él parece que juzga)
-la habilidad y disposicion de los entendimientos de las gentes que
-en cada provincia destas ó poblacion haya, y lo mismo cerca de las
-inclinaciones y costumbres, al ménos en general; la otra, que si
-hobiere de poblar y buscar asiento de pueblo, villa, lugar ó ciudad,
-podrá saber elegir el sitio y asiento para la tal habitacion más
-congruo y conveniente, más dispuesto, más saludable y proporcionado
-á la naturaleza humana. Parece, pues, por las razones dichas, y
-aplicacion de la cuarta causa que suele concurrir á la nobleza del
-cuerpo humano, y, por consiguiente, la del ánima (que fué la templanza
-y suavidad de los tiempos, como habimos puesto en el capítulo 29), ser
-todas estas universas naciones indianas, naturalmente, no sólo hábiles
-y de buenos juicios y entendimientos, pero muy hábiles, ingeniosos y
-muy razonables por la mayor parte.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXIX.
-
-
-Cuanto á la quinta causa que concurre á la buena disposicion de
-los cuerpos humanos, y así á la nobleza de las ánimas, que es la
-conveniente y proporcionada edad de los padres (y ésta quedó puesta en
-el cap. 30), y aplicando á ella la parte que á estas naciones cabe,
-decimos que en algunas partes destas Indias, y en muchas dellas quizá,
-padecian en esto algun inconveniente por casarse, al ménos las mujeres,
-temprano, puesto que en otras tenian costumbre del contrario; y es
-de notar, que aunque casarse las personas de tierna edad comunmente
-incurran algunos, y quizás muchos, de los defectos que referimos en
-el dicho cap. 30, en muchas ó en algunas naciones, en éstas, empero,
-no parecen que se incurren tantos, por faltarles muchas condiciones
-y cualidades que á otras gentes sobran ántes que faltan, y tener
-algunas favorables que otras no alcanzan. Esto parece discurriendo
-por cada uno de los defectos ó inconvenientes que digimos incurrir
-los que muy temprano se casan: Del primero, que es debilitarse ántes
-de tiempo y perder las fuerzas, y del quinto, que causa poca vida,
-y del noveno, que suelen ser las mujeres que muy muchachas se casan
-incontinentísimas, estos inconvenientes cesan en estas gentes, por
-la mayor parte, porque, sin alguna duda, como en el cap. 35 digimos,
-ellas son muy templadas en aquellos actos conyugales, y quizás más
-por la mayor parte que otras algunas. El segundo inconveniente, que
-es cuando los padres se casan muchachos y los hijos llegan en algun
-conocimiento, y se ven cuasi coetáneos y de poco ménos edad, no les
-ternán la debida reverencia y acatamiento, etc., no impide á estas
-gentes por su mucha innata y natural mansedumbre y humildad, y otras
-condiciones que tienen humanas y semejantes; tampoco el tercero, de
-tener poca experiencia y no ser hábiles para regir sus casas, en éstos
-no ha lugar, la razon es porque como todas estas gentes tengan pocos
-embarazos y cuidados de grandes posesiones, haciendas y riquezas que
-hayan de regir, ni pendencias ó pleitos que hayan de mover, y por ende
-vivan contentos con no más de lo muy á la vida necesario, y esto lo
-tengan tan á la mano como arriba significamos, poca experiencia ni
-prudencia es necesaria para regir sus casas, mayormente que en todas
-las cosas son sujetísimos y obedientísimos á sus padres. Cuanto al
-sexto inconveniente, que es peligro de las mujeres si cuando niñas se
-casan por la estrechura de los vasos, á esto decimos, que aunque á las
-mujeres deste orbe desde muchachas las daban maridos, al ménos en estas
-islas, no corrian el dicho peligro, porque ó la naturaleza de algun
-secreto remedio proveia, ó los trabajos que tenian comunmente todas
-las mujeres de acá, puesto que moderados, ó porque sus comidas no son
-delicadas, que pariesen sin peligro aunque fuesen muy muchachas y áun
-cuasi sin dolor lo causaria, segun parece por el Filósofo, VII de la
-Política, cap. 6.º, y en el libro _De admirandis in natura auditis_,
-cap. 89, refiere, que las mujeres de los Ligures, que son pueblos de la
-provincia de Génova, no en las camas echadas sino estando trabajando,
-sin gemido alguno, paren los hijos, y despues que los raspan y friegan
-los llevan al rio á lavar, y no por eso dejan de proseguir las obras
-y trabajos que hacian; y esto cuenta el Filósofo entre las maravillas
-de la naturaleza, y lo mismo hacian las mujeres desta Isla y creo
-que muchas otras destas Indias. Y porque los trabajos de las mujeres
-destas tierras eran continuos, porque nunca estaban ociosas, y aquéllos
-eran moderados y nunca excesivos, sin alguna duda por esta causa,
-los hijos que producian eran favorecidos, al ménos no impedidos, para
-ser intelectivos; de aquí podemos bien claro inferir, que despues que
-los españoles vinieron á estas tierras y sojuzgaron estas gentes,
-y pusieron en el duro cautiverio con que afligieron, y afligen, y
-oprimen duramente hombres y mujeres, por los excesivos trabajos
-y aflicciones que todos ellos y ellas padecen, de necesidad ó no
-engendrarán ni concebirán, ó si engendraren ó concibieren malparirán,
-y, sino malparieren, las criaturas que engendraren ó parieren han de
-ser muy faltas, por la mayor parte, de cuerpos y fuerzas, de ingenio
-y entendimiento. Cuanto al cuarto inconveniente, que nacen los hijos
-de chicos cuerpos, y el quinto que son de poca vida, y el sétimo que
-es imperfecto el mestruo, y así salen las criaturas diminuidas, á
-todos tres inconvenientes se puede responder que la gran temperancia
-y virtudes de la tierra felice que habitan, y los aires, tiempos y
-vientos saludables, y las favorables constelaciones ú otras virtudes
-secretas de naturaleza, deben suplir el susodicho defecto de la edad
-tierna de los padres, y ántes de la edad conveniente á la buena
-generacion casar; porque vemos que aunque en algunas y en muchas
-partes destas Indias nacen los hombres bajos de cuerpo, comunmente,
-pero son muy bien proporcionados y de miembros recios y de muchas
-fuerzas, y esto yo lo he visto y experimentado, y es notorio á todos
-los que por estas regiones ó provincias estamos: cuanto más que, áun
-entre las gentes que hay de bajos cuerpos, hay muy muchos de altos
-y muy bien dispuestos cuanto pueden ser en otras muchas partes, y
-allende esto hay muchas provincias y regiones que comunmente son de
-cuerpos bien grandes. Dejo de decir de otros que por su proceridad y
-grandeza les llamamos en estas islas gigantes, como en otra Historia,
-si Dios quisiere, se dirá algo; y en el estrecho de Magallanes, ó por
-allí cerca, se tiene por cierto tener los hombres de altura doce y
-trece palmos. Item, la vida de las gentes destas Indias comunmente
-y en general es larga, y en muchas partes muy larga, como habemos
-experimentado viendo viejos de sesenta y setenta y ochenta años, y la
-razon lo declara por ser todas estas regiones de su naturaleza muy
-sanas por la mayor parte; la causa desta sanidad es porque todas ellas,
-en general y por la mayor parte, son cálidas y húmedas templadas, y en
-otras si son frias no tanto que no venza y sobrepuje al frio el calor
-del verano, y los principios de la vida en todas las cosas que viven,
-señaladamente en los animales, son lo húmedo y cálido proporcionado,
-y más tiempo viven los hombres y animales, y tambien las plantas, en
-las regiones cálidas que en las frias, _ceteris paribus_, porque lo
-cálido en estas regiones tales, abriga y conforta lo húmedo, pero en
-las frias el húmedo congela y espesa y amortigua y áun mata lo cálido.
-Pues como todas estas tierras destas Indias, por la mayor parte, sean
-por el húmedo y cálido, y por las otras muchas calidades de suso
-expresas, temperatísimas, todas y por la mayor parte naturalmente han
-de ser y son de necesidad sanísimas; desto se ha necesariamente de
-seguir que todas las gentes, naturales vecinos y habitadores dellas,
-naturalmente son de larga vida. Así lo dice Aristoteles en el libro
-_De Longitudine et brevitate vitæ_, párrafo último, y Santo Tomás allí
-tambien lo sigue donde dice, que aquellos hombres ó gentes son de vida
-más larga que otros, que viven en tierras que son cálidas ó húmedas,
-ó templadas en ambas á dos calidades, y en las cálidas más que en las
-frias; luego las gentes destas Indias son naturalmente de larga vida.
-Item, los que han de vivir mucho, segun el Filósofo, no deben abundar
-en muchas superfluidades, porque la superfluidad tiene fuerza de
-contrario; pues los indios, como está probado, no tienen superfluidades
-sino solamente toman deste mundo lo necesario, luego son de larga vida.
-Item, los hombres templados en el uso venéreo con sus mujeres son de
-más larga vida que los dados mucho á aquel vicio, porque éstos son
-de muy poca vida, porque se les deseca la virtud del húmedo y así se
-consumen, y, por consiguiente, se envejecen y mueren más presto; y pone
-ejemplo el Filósofo en los gorriones, que no viven por esta causa dos
-años, y siempre ménos que las hembras: pues los indios son moderados
-en esto, luego son naturalmente de larga vida, y bien se confirma por
-las grandes multitudes que hallamos de gentes, y muchas personas muy
-viejas, como ya digimos. Lo dicho todo es tambien de Alberto Magno,
-en el libro _De Morte et vita_, tratado II, capítulos 6.º, 7.º, 8.º y
-9.º, y en el _De Natura loci_ lo toca en muchas partes. Luego los tres
-susodichos inconvenientes, cuarto y quinto y sétimo, no han lugar ó
-no tienen tanta fuerza ó eficacia en las gentes destas partes, aunque
-no sean los padres de los que nacieren de tanta edad como convernia,
-y, por consiguiente, no por eso dejarán las gentes destas tierras
-de ser de buenos entendimientos para producir actos racionales é
-intelectuales. El octavo tampoco tiene ó tenía eficacia para dejar de
-parir las muchachas puesto que de poca edad se casen, lo cual, que sea
-así, la experiencia que con los ojos tenemos habida sea la probanza,
-pues hallamos, como dije, esta Isla é islas y toda esa vastísima Tierra
-Firme tan frecuentada y plenísima rebosando de mortales; porque cuasi
-es de las mujeres destas tierras lo que dice el Filósofo, en el libro
-_De Admirandis in natura auditis_, cap. 70, de las mujeres de Humbría,
-provincia de Italia que es en el Florentinado, conviene á saber, que
-son muy fetosas ó abundosas en los partos y de cada parto paren muchos,
-y parir uno sólo las acaece muy raro. Y esto baste para cumplir con
-la causa quinta que suele ó puede concurrir con otras para que los
-hombres sean bien intelectivos. Cuanto á la sexta y última, de la
-cual presto nos queremos despedir, diremos que, aunque los manjares
-destas gentes comunmente no sean favorables al entendimiento, de sí
-mismos, por ser raíces y legumbres y otras cosas muy terrestres, ó
-que tienen mucho de terrestridad, contra este inconveniente se provee
-con la mucha templanza y abstinencia que en sus comidas ordinarias
-(como en el cap. 34 se dijo) tienen, y otras muchas cualidades que
-segun por lo mucho que se ha referido se puede colegir les favorecen.
-Y con esto concluimos las seis causas naturales, universales y
-particulares, que pueden y suelen concurrir, ó algunas dellas, para
-poner tales disposiciones en los humanos cuerpos, que las ánimas que en
-ellos se infunden sean de mucha natural nobleza, y, por consiguiente,
-de sotiles y altos entendimientos, como arriba en el capítulo 22
-parece. Por todas las susodichas causas seis naturales, y por otras
-accidentales que se introdujeron hablando de aquéllas, queda, si no me
-engaño, asaz evidentemente probado ser todas estas indianas gentes,
-sin sacar alguna, de su mismo natural, comun y generalmente de muy
-bien acomplixionados cuerpos, y así dispuestos y bien proporcionados
-para recibir en sí nobles ánimas y recibirlas con efecto de la divina
-bondad y certísima Providencia, y por consiguiente, sin alguna duda,
-tener buenos y sotiles entendimientos, más ó ménos, menores ó mayores,
-segun más ó ménos causas de las seis susodichas en la generacion de los
-cuerpos humanos concurrieren.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXX.
-
-
-Referidos ya bien prolijamente los dioses de los gentiles antiguos y
-de tantos siglos pasados, en lo cual su grosísima ceguedad y engaño
-se ha bien mostrado, tiempo es de aquí adelante dar noticia de los
-dioses que aquestas nuestras indianas gentes, ó que de aquellos
-antiguos idólatras recibieron y heredaron, segun es verisímile, al
-ménos en mucha parte, ó ellos añidieron é inventaron, para despues en
-ésto como en lo demas cotejallos: de los primeros, pues primero que
-otros se descubrieron, conviene hablar de los habitadores de esta isla
-Española y de las demas, por la órden que al principio comenzamos.
-Para principio de lo cual es de saber, que las gentes desta Española,
-y la de Cuba, y la que llamamos de San Juan, y la de Jamáica, y todas
-las islas de los Lucayos, y comunmente en todas las demas que están
-en cuasi renglera desde cerca de la Tierra Firme, que se dice La
-Florida, hasta la punta de Paria, que es la Tierra Firme, comenzando
-del Poniente al Oriente bien por más de 500 leguas de mar, y tambien
-por la costa del mar las gentes de la Tierra Firme, por aquella ribera
-de Paria, y todo lo de allí abajo hasta Veragua, cuasi toda era una
-manera de religion y poca ó cuasi ninguna, aunque alguna especie tenian
-de idolatría. No tenian templos en muchas partes, y los que tenian
-eran de poca estimacion, porque no eran sino una casa de paja como las
-otras comunes, algo apartada; no tenian ídolos sino raros, y éstos
-no para los adorar por dioses, sino por imaginacion que les ponian
-ciertos sacerdotes, y á aquéllos el diablo, que les podian hacer
-algun bien, como dalles hijos, y envialles agua, y otras cosas útiles
-semejantes. No hacian ceremonias exteriores ni sensibles, sino muy
-pocas, y éstas se ejercitaban por aquellos sacerdotes que ponia por
-sus ministros el demonio, con ciertas colores que fingian engañados.
-Principalmente su religion parece que residia en la mente ó estimacion
-de un Dios, y allí obraban su culto, puesto que, con los embarazos
-y persuasiones que el demonio y sus ministros les ponian y hacian,
-careciendo de doctrina y de gracia, se les mezclasen algunos errores.
-La gente desta isla Española tenía cierta fe y cognoscimiento de un
-verdadero y solo Dios, el cual era inmortal é invisible que ninguno
-lo puede ver, el cual no tuvo principio, cuya morada y habitacion es
-el cielo, y nombráronlo Yocahu Vagua Maorocoti; no sé lo que por este
-nombre quisieron significar, porque cuando lo pudiera bien saber no lo
-advertí. A este verdadero y católico conocimiento de Dios verdadero, se
-les mezclaron estos errores, conviene á saber, que Dios tenía madre,
-cuyo nombre era Atabex, y un hermano suyo Guaca, y otros desta manera;
-debian de ser como gentes sin guía en el camino de la verdad, ántes
-habia quien della los desviase, ofuscándoles la lumbre de la razon
-natural que pudiera guiallos. Tenian ciertas estatuas de madera, segun
-escribió en una carta el almirante don Cristóbal Colon á los Reyes,
-donde metian los huesos de sus padres (y debian ser los de los Reyes y
-Señores), y éstas llamaban del nombre de la persona cuyos huesos allí
-encerraban. Cuenta que, como fuesen huecas, metíase un hombre dentro
-dellas y allí hablaba lo que el Rey ó Señor le decian que hablase á los
-populares; y acaeció que entrando dos españoles en la casa donde una
-estatua de aquellas estaba, dió un grito, segun parecia, la estatua
-y habló ciertas palabras, pero como los españoles no se asombran
-fácilmente de gritos de palos, ni son tan simples que no cayesen presto
-en el engaño, llegóse uno y dió del pié á la estatua, y dá con ella de
-lado, y así descubrió el secreto de lo que dentro estaba. El secreto
-era, que á un rincon de la casa debia estar un hoyo ó cierto espacio
-en el rincon cubierto de rama, donde estaba encubierta la persona que
-hablaba, y ésta tenía una trompa ó cerbatana que metia por el hueco de
-la estatua, y allí hablando parecia que hablaba la estatua. Dice más el
-Almirante, que habia trabajado de saber si tenian las gentes desta Isla
-secta alguna que oliese á clara idolatría, y que no lo habia podido
-comprender, y que por esta causa habia mandado á un catalan que habia
-tomado hábito de ermitaño, y le llamaban fray Ramon, hombre simple y
-de buena intencion, que sabía algo de la lengua de los indios, que
-inquiriese todo lo que más pudiese saber de los ritos, y religion, y
-antigüedades de las gentes desta Isla y las pusiese por escrito. Este
-fray Ramon escudriñó lo que pudo, segun lo que alcanzó de las lenguas,
-que fueron tres las que habia en esta Isla; pero no supo sino la una
-de una chica provincia que arriba digimos llamarse Maçorix de abajo,
-y aquélla no perfectamente, y de la universal supo no mucho como los
-demas, aunque más que otros, porque ninguno, clérigo, ni fraile, ni
-seglar supo ninguna perfectamente dellas, sino fué un marinero de
-Palos ó de Moguer, que se llamó Cristóbal Rodriguez, la Lengua, y éste
-no creo que penetró del todo la que supo, que fué la comun, puesto
-que ninguno la supo sino él. Y esto, de no saber alguno las lenguas
-desta Isla, no fué porque ellas fuesen muy difíciles de aprender, sino
-porque ninguna persona eclesiástica ni seglar tuvo en aquel tiempo
-cuidado chico ni grande, de dar doctrina ni cognoscimiento de Dios á
-estas gentes, sino sólo de servirse todos dellas, para lo cual no se
-aprendian más vocablos de las lenguas, de «daca pan», «ve á las minas»,
-«saca oro», y los que para el servicio y voluntad de los españoles eran
-necesarios; sólo este fray Ramon, que vino á esta Isla al principio
-con el Almirante, parece que tuvo algun celo y deseo bueno, y lo puso
-por obra, de dar cognoscimiento de Dios á estos indios, puesto que como
-hombre simple no lo supo hacer, sino todo era decir á los indios el
-Ave María y Paternóster con algunas palabras, de que habia en el cielo
-Dios y era criador de las cosas, segun que él podia, con harto defecto
-y confusamente, dalles á entender. Tambien hobo en esta Isla dos
-frailes de San Francisco, legos aunque buenos, que yo tambien como á
-fray Ramon congnoscí, que tenian buen celo, pero faltóles tambien saber
-las lenguas bien; estos eran extranjeros, ó picardos ó borgoñones, el
-uno se llamaba fray Juan el Bermejo ó Borgoñon, y el otro fray Juan
-de Tisim. A este fray Ramon mandó el Almirante saliese de aquella
-provincia del Maçorix de abajo, cuya lengua él sabía, por ser lengua
-que se extendia por poca tierra, y que se fuese á la Vega y tierra
-donde se enseñoreaba el rey Guarionex, donde podia hacer más fruto por
-ser la gente mucha más y la lengua universal por toda la Isla, y así
-lo hizo, donde estuvo dos años no más é hizo lo que allí pudo, segun
-su poca facultad; con él fué uno de los dos religiosos dichos de San
-Francisco. Tornando al propósito de la religion de la gente desta Isla,
-lo que pudo este fray Ramon colegir, fué que tenian algunos ídolos ó
-estatuas de las dichas, y éstas generalmente llamaban Cemí, la última
-sílaba luenga y aguda; éstas creian que les daban el agua, y el viento,
-y el sol cuando lo habian menester, y lo mismo los hijos y las otras
-cosas que deseaban tener. Destos eran algunos de madera y otros de
-piedra; los de madera, cuenta fray Ramon que fabricaban desta manera:
-Cuando algun indio iba camino y via algun árbol que con el viento más
-que otro se movia, de lo cual el indio tenía miedo, llegábase á él y
-preguntábale: ¿Tú quien eres? y respondia el árbol: Llámame aquí á un
-bohique y él te dirá quien yo soy. Este era sacerdote, ó profeta, ó
-hechicero, de que luégo se dirá. Venido aquél llegábase á el árbol, y
-asentado junto á él, y hecha cierta ceremonia, levantábase y referíale
-las dignidades y títulos de los mayores señores que habia en la Isla,
-preguntándole ¿qué haces aquí? ¿qué me quieres? ¿para qué me mandaste
-llamar? dime si quieres que te corte, si quieres ir conmigo y de qué
-manera quieres que te lleve, porque yo te haré una casa y una labranza;
-el árbol entónces le respondia lo que queria, y que lo cortase, y
-daba la manera cómo le habia de hacer la casa, y la labranza, y las
-ceremonias que por el año le habia de hacer. Cortaba el árbol, y hacia
-dél una estatua ó ídolo, de mala figura, porque comunmente hacian las
-caras de gesto de monas viejas regañadas; hacíale la casa y labranza,
-y cada año le hacia ciertas ceremonias, al cual tenía recurso como á
-oráculo, preguntando y sabiendo dél las cosas futuras de mal ó de bien,
-las cuales él despues á la gente comun predicaba. Todo lo dicho, de
-hablar el árbol, y pedilles las cosas que les pedian, y mandalles que
-lo cortasen y hiciesen dél la dicha estatua ó imágen, es posible, con
-permision de Dios, al diablo, y puede haber sido todo verdad, que haya
-tenido tales cautelas y mañas para inducir aquestas gentes simples á su
-culto é idolatría, como parece por muchas cosas que arriba quedan bien
-declaradas. Y lo primero que el demonio para conseguir su fin tracta es
-constituir ministros, engañando personas que más para ello dispuestas é
-inclinadas, resabidas y maliciosas halla; estos fueron siempre, y son,
-entre los gentiles y naciones que ignoraron y viven sin cognoscimiento
-del verdadero Dios, los sacerdotes, á quienes primero se muestra y
-hace algunos particulares regalos, y descubre ó avisa de algunas
-necesarias verdades para que les den crédito, porque con estos engaña
-todos los demas. Así debia ser en esta Isla y en estas otras con esta
-simplicísima gente, donde no habia del todo ni muy abierta y desaforada
-idolatría, y quizá pocos años habia que á engrañarlos habia comenzado;
-porque no súbitamente corrompió con ceguedad de las cosas divinas todo
-el linaje humano, sino poco á poco oscureciendo la lumbre natural que
-muestra ó inclina á buscar el verdadero Dios, y Dios, justo y bueno,
-no luégo desmampara los hombres de su gracia, primero espera que lo
-desmerezcan por sus pecados, segun arriba fué á la larga declarado. Así
-que, primero el demonio gana sus ministros y los debe constituir en
-oficio y ministerio de sus sacerdotes, y suficiente industria suya pudo
-ser, para engañar al principio á algunos que él cognoscia que podian
-en sus maldades ayudalle, meterse dentro de un árbol y hablalle las
-susodichas y otras á su propósito palabras, y tener otras mil cautelas
-y mañas. Estos, pues, sacerdotes, que en la lengua destas Islas se
-llamaban behiques, que eran sus teólogos, profetas y adivinos, hacian
-á estas gentes algunos engaños, mayormente cuando se hacian médicos,
-segun que el demonio, y le era permitido á él, lo que habian de decir
-ó hacer les dictaba. Dábanles á entender que hablaban con aquellas
-estatuas y ellas les descubrian los secretos y sabian dellas cuanto
-querian saber; y así debia ello de ser, porque el demonio debia hablar
-en aquellas estatuas. No eran, empero, muchos ni muy graves, como se
-verá, sacando afuera todo aquello que el demonio rodeaba para inducir
-la gente, poco que mucho, á las supersticiones, ramos y circunstancias
-de la idolatría, que es tras de lo que siempre anda, lo cual, por
-poco que sea, es mal y engaño grande. Otros ídolos ó imágenes tenian
-de piedra, las cuales hacian entender al pueblo aquellos sacerdotes
-y médicos que las sacaban de los cuerpos de los enfermos, y estas
-piedras eran de tres maneras, la forma dellas nunca la vide, pero
-cada una estimaban tener su virtud; la de la una era que favorecia
-sus sementeras, la de la segunda para que las mujeres tuviesen buena
-dicha en parir, la virtud de la tercera para que tuviesen agua y
-buenos temporales cuando los habian menester: por manera que debian
-ser como los dioses que los antiguos tenian, cuyo cargo era cada uno
-en su cosa presidir, aunque aquestas gentes más ruda y simplemente
-sentian desto que los antiguos. Cerca destos Cemies ó dioses, los reyes
-y señores, y así debia en esto la otra gente seguilles, se jactaban y
-tenian por más gloriosos, diciendo que tenian mejores Cemies que los
-otros pueblos y señores, y unos á otros se los trabajaban de hurtar:
-y puesto que tenian gran recaudo en guardar estas estatuas ó ídolos,
-ó lo que eran, de otros indios, de otros reinos y señores, pero mucho
-más sin comparacion los guardaban y celaban de los españoles, y, cuando
-sospechaban su venida, los llevaban y escondian por los montes. Las
-ceremonias ó sacrificios que los behiques ó sacerdotes hacian á estas
-estatuas, primero que les preguntasen lo que pretendian saber, se
-notificarán abajo.
-
-
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-
-CAPÍTULO CXXI.
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-
-Referido lo que las gentes naturales desta isla Española y las
-comarcanas y circunstantes sentian de Dios y de los dioses, y lo demas
-tocante á la religion, y lo que parecia oler y saber á idolatría,
-entremos en el abismo y profundidad de la Tierra Firme, donde, cuanto
-á algunos reinos y provincias della, excedieron los habitadores dellas
-en dioses, y ritos, y sacrificios, y culto divino, aunque sacrílego,
-y celo de religion y devocion, á todas las naciones antiguas de que
-arriba en muchos capítulos habemos tratado, y á todas las demas
-que ignoraron al verdadero Dios por todo el mundo. Y primero que
-descendamos á la multitud de los dioses se ha de saber, que ántes que
-el capital enemigo de los hombres, y usurpador de la reverencia que
-á la verdadera deidad es debida, corrompiese los corazones humanos,
-en muchas partes de la Tierra Firme tenian cognoscimiento particular
-del verdadero Dios, teniendo creencia que habia criado el mundo, y
-era Señor dél, y lo gobernaba, y á él acudian con sus sacrificios, y
-culto y veneracion, y con sus necesidades; y en las provincias del
-Perú le llamaban Viracocha, que quiere decir Criador, y Hacedor, y
-Señor y Dios de todo. En las provincias de la Vera Paz, que es cerca
-de la de Guatemala, así lo han hallado y entendido los religiosos,
-y tienen noticia haber sido lo mismo en la Nueva España. Pero los
-tiempos andando, faltando gracia y doctrina, y añadiendo los hombres
-pecados á pecados, por justo juicio de Dios fueron aquellas gentes
-dejadas ir por los caminos errados que el demonio les mostraba, como
-acaeció á toda la masa del linaje humano (poquitos sacados), como
-arriba en algunos capítulos se ha declarado, de donde nació el engaño
-de admitir la multitud de los dioses. Y para que se tenga noticia de
-los dioses que aquellas tan infinitas naciones tenian y adoraban, es
-de tomar por regla general que por todo aquello que se sabe de aquella
-vastísima Tierra Firme, al ménos desde la Nueva España, y atras mucha
-tierra de la Florida y de la de Cibola, y adelante hasta los reinos
-del Perú inclusive, todos veneraban el sol y estimaban por el mayor y
-más poderoso y digno de los dioses, y á éste dedicaban el mayor y más
-suntuoso y rico y mejor templo, como parece por aquel grandísimo y
-riquísimo templo de la ciudad del Cuzco (y otros), en el Perú, el cual,
-en riquezas nunca otro en el mundo se vido ni en sueños se imaginó, por
-ser todo vestido de dentro, paredes, y el suelo, y el cielo ó lo alto
-dél, de chapas de oro y de plata, entrejeridas la plata con el oro, no
-piezas de á dos dedos en el tamaño, ni delgadas como tela de araña,
-sino de á vara de medir, y de ancho de á palmo y de dos palmos, gruesas
-de á poco ménos que media mano, y de media y de una arroba de peso; los
-vasos del servicio del sol, tinajas y cántaros, de los mismos metales,
-tan grandes que sino los viéramos fuera difícil y casi imposible
-creerlo; cabian á tres y cuatro arrobas de agua ó de vino ó de otro
-licor, como arriba más largo lo referimos. Por toda la Nueva España
-tantos eran los dioses, y tantos los ídolos que los representaban,
-que no tenian número, ni se pudieran con suma diligencia por muchas
-personas solícitas contar. Yo he visto casi infinito dellos: unos eran
-de oro, otros de plata, otros de cobre, otros de piedra, otros de
-barro, otros de palo, otros de masa, otros de diversas semillas; unos
-hacian grandes, otros mayores, otros medianos, otros pequeños, otros
-chiquitos, y otros más chiquitos; unos formaban como figuras de obispos
-con sus mitras, otros con un mortero en la cabeza, y allí le echaban
-vino en sus fiestas, por lo cual se cree ser aquél el dios del vino;
-otros tenian figuras de hombres, otros de mujeres, otros de bestias
-como leones, tigres, perros, venados; otros como culebras, y éstas
-de varias maneras, largas, enroscadas y con rostro de mujer, como se
-suele pintar la culebra que tentó á Eva; otros de águilas y de buhos,
-y de otras aves; á otros daban figura del sol y de la luna, y á otros
-de las estrellas; á otros formaban como sapos y ranas y peces, que
-decian ser los dioses del pescado. Destos llevaron el de un pueblo que
-estaba cabe una laguna (ó rio ó agua) á otro pueblo; pasando por allí
-luégo ciertas personas, y pidiéndoles que les diesen para comer algun
-pescado, respondieron que les habian llevado el dios de los peces, y
-por esta causa ya no lo tomaban. Tenian por dios al fuego, y al aire, y
-á la tierra y al agua, y destos figuras pintadas de pincel, y de bulto,
-chicas y grandes. Tenian dios mayor, y éste era el sol, cuyo oficio
-era guardar el cielo y la tierra; otros dioses que fuesen guardadores
-de los hombres y estuviesen por ellos como abogados ante aquel gran
-dios; tenian dios para la tierra, otro de la mar, otro de las aguas,
-otro para guarda del vino, otro para las sementeras; y para cada
-especie dellas tenian un dios, como para mahíz ó trigo uno, para los
-garbanzos, ó habas, ó frísoles otro; otro para el algodon, para cada
-una de las frutas otro, y así de las otras arboledas y frutales y cosas
-de comer, otros. Tenian tambien dios de otras muchas cosas que les eran
-provechosas, hasta de las mariposas, y de las que les podrian hacer
-mal, como de las pulgas y langostas, y dellas tenian muchas figuras
-é ídolos muy bien pintados de pincel, y de bulto, grandes y bien
-labrados. Item, tenian dios de las guerras, otro para que los guardase
-de sus enemigos, otro de los matrimonios, y otro muy principal dios
-para que los guardase de ofender al dios grande. El año de aquellas
-gentes mejicanas tenian trescientos y sesenta y cinco dias, y diez
-y ocho meses y cinco dias tenía el año, y cada mes veinte dias, y la
-semana de trece dias, de lo cual tenian constituido un calendario, y
-para cada dia de la semana, y del mes, y del año tenian su ídolo con
-su nombre propio, y estos nombres, ya eran de hombres, ya de nombres
-de mujeres que tenian ó habian tenido por diosas, y así todos los dias
-estaban ocupados con estos ídolos, y nombres, y figuras, de la manera
-que nuestros breviarios y calendarios tienen para cada dia su santa
-ó santo. Era ley entre algunas de aquellas gentes que los reyes y
-señores tuviesen continuos en sus casas seis dioses, los caballeros y
-nobles cuatro, y dos los plebeyos y populares. Los dioses comunes que
-tenian en los templos y en los altares estaban puestos por su órden,
-tantos á una parte como á otra, y en medio de todos tenian puesto un
-grande ídolo mayor que todos, con una máscara de palo, dorada, y con
-unos cabellos muy negros, y muy enmantado con unas mantas blancas de
-algodon, como sábanas, muy albas y muy limpias; tenian ídolos en los
-patios de las casas, y en los lugares eminentes, como montes ó sierras,
-y collados, y puertos ó subidas altas; teníanlos tambien cabe las
-aguas, como cerca de las fuentes, adonde hacian sus altares con gradas
-cubiertos, y en las principales fuentes habia cuatro altares puestos á
-manera de cruz, unos enfrente de otros. De aquellos altares habia en
-los caminos por muchas partes con sus ídolos, y en los barrios y cuasi
-por toda la tierra y á toda parte, como humilladeros y oratorios para
-que tuviesen los caminantes lugares sacros en que adorar y sacrificar,
-donde quiera que allegasen. Plantaban en aquellos lugares cipreses y
-ciertas palmas silvestres, para que estuviesen acompañados y adornados
-los oratorios y altares, en lo cual remedaban á los gentiles pasados,
-poniendo aquellas arboledas y haciendo aquellas florestas artificiales
-que llamaban lucos, no por el fin que aquéllos, conviene á saber,
-para cometer allí de dia y de noche muchos feos pecados, sino para
-ornamento y en reverencia de los dioses que honraban. Habia en la
-provincia de los Totonos ó Totonacas, que son, ó por mejor decir eran,
-las gentes que estaban más propincuas á la costa de la mar ó ribera del
-Norte, viniendo de Castilla á la Nueva España, en fin es la provincia
-primera de la Nueva España, una diosa muy principal, y ésta llamaban la
-gran diosa de los cielos, mujer del sol, la cual tenía su templo en la
-cumbre de una sierra muy alta, cercado de muchas arboledas y frutales
-de rosas y flores, puestas todas á mano, muy limpio y á maravilla
-fresco y arreado; era tenida esta diosa grande en gran reverencia y
-veneracion, como el gran dios sol, aunque siempre llevaba el sol en ser
-venerado la ventaja; obedecian lo que les mandaba como al mismo sol, y
-por cierto se tenía que aquel ídolo desta diosa les hablaba. La causa
-de tenella en gran estima, y serle muy devotos y servidores, era porque
-no queria recibir sacrificio de muerte de hombres, ántes lo aborrecia y
-prohibia, y los sacrificios que ella amaba y de que se agradaba y les
-pedia y mandaba ofrecer eran tórtolas, y pájaros, y conejos, los cuales
-le degollaban delante; teníanla por abogada ante el gran dios, porque
-les decia que le hablaba y rogaba por ellos. Tenian grande esperanza
-en ella, que por su intercesion los habia de enviar el sol á su hijo,
-para librarlos de aquella dura servidumbre que los otros dioses les
-pedian de sacrificarles hombres, porque lo tenian por gran tormento,
-y solamente lo hacian por el gran temor que tenian al demonio, por
-las amenazas que les hacia y daños que dél recibian. A esta diosa
-trataban con gran reverencia, y reverenciaban sus respuestas, como de
-oráculo divino y más que otros señalado, los Sumos Pontífices ó Papas
-y todos los sacerdotes. Tenia especialmente dos continuos y peculiares
-sacerdotes, como monjes, que noche y dia la servian y guardaban;
-éstos eran tenidos por hombres santos, porque eran castísimos y de
-irreprensible vida para entre ellos, y áun para entre nosotros fueran
-por tales estimados sacada fuera la infidelidad. Era tan virtuosa y
-tan ejemplar su vida, que todas las gentes los venian á visitar como
-á santos, y á encomendarse á ellos, tomándolos por intercesores para
-que rogasen á la diosa y á los dioses por ellos; todo su ejercicio
-era interceder y rogar por la prosperidad de los pueblos y de las
-comarcas y de los que á ellos se encomendaban. A estos monjes iban á
-hablar los Sumos Pontífices, y comunicaban y consultaban sus secretos
-y negocios arduos, y con ellos se aconsejaban, y no podian los monjes
-hablar con otros, salvo cuando los iban á visitar como á santos con sus
-necesidades. Cuando los visitaban, y les contaban cada uno sus cuitas,
-y se encomendaban á ellos, y les pedian consejo, ayuda y favor, estaban
-las cabezas bajas sin hablar palabra, en cuclillas, con grandísima
-humildad y mortificacion, honesta y triste representacion; estaban
-vestidos de pieles de adives, los cabellos muy largos encordonados ó
-hechos crisnejas, no comian carne, y allí, en esta vida, y soledad, y
-penitencia, vivian y morian por servicio de aquella gran diosa. Cuando
-alguno dellos moria elegia el pueblo otro (porque iban por eleccion
-como abajo se verá), el que se elegia era estimado por de buena y
-honesta vida y ejemplo, no mozo, sino de sesenta y setenta años arriba,
-que hobiese sido casado y á la sazon fuese ya viudo. Estos escribian,
-por figuras, historias, y las daban á los Sumos Pontífices ó Papas, y
-los Sumos Pontífices las referian despues al pueblo en sus sermones.
-Tenian otra diosa los mejicanos y los de su comarca, de otra calidad
-que la ya dicha, de la cual dicen ó fingen que una vez se les tornaba
-culebra, y afírmase por cosa notoria; otras veces se transfiguraba
-en una moza muy hermosa, y andaba por los mercados enamorándose de
-los mancebos, y provocábalos á su ayuntamiento, el cual cumplido los
-mataba; y esto puede ser verdad de historia, y que el demonio usase
-con aquella gente de tantos engaños transfigurándose, permitiéndolo
-Dios por sus pecados; y como estas transformaciones el demonio por
-prestigios haga, arriba fué asaz declarado.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXII.
-
-
-Veneraban y adoraban tambien por dioses á los hombres que habian hecho
-algunas hazañas señaladas, ó inventado cosas nuevas en favor y utilidad
-de la república, ó porque les dieron leyes y reglas de vivir, ó les
-enseñaron oficios ó sacrificios, ó algunas otras cosas que les parecian
-buenas y dignas de ser satisfechas con obras de agradecimiento. En la
-ciudad Mejicana tenian un gran dios, cuya estatua estaba en el templo
-grande y principal de la ciudad, de que arriba se hizo mencion, el
-cual llamaban Uchichibuchtl, que correcto y comun vocablo llamamos
-Uchilobos; éste, con dos hijos suyos, ó segun otros dicen dos hermanos
-llamados, Texcátepocatl el uno, el cual fué señor y dios de la ciudad
-de Tezcuco, y Camachtl, el segundo hijo ó hermano que señoreó la
-provincia de Tlaxcala, y en ella lo tuvieron por dios (y fingen los
-Tlaxcaltecas que la mujer de éste se convirtió en la sierra donde está
-fundada la su ciudad de Tlaxcala y vinieron éstos de hácia el Poniente,
-de la generacion que se dice Chichimecas), fueron grandes capitanes
-esforzados, y entre ellos valerosos hombres, los cuales señorearon por
-grado ó por fuerza aquellas provincias de Méjico, Tezcuco y Tlaxcala,
-cuyos propios naturales habitadores y aborígenes eran la gente que se
-llaman Otomíes. Dícense aborígenes las gentes que habitan en algunas
-tierras que son tan antiguas, que no se sabe dellas de donde trujeron
-orígen, y así las gentes antiquísimas que se hallaron y poblaron á
-Italia y estaban derramadas por ella cuando Eneas vino á ella se
-dijeron aborígenes, cuasi sin orígen, ó que no se sabía su orígen. Así
-lo refiere Salustio y Trogo Pompeyo en el principio del libro XLIII,
-y Dionisio Alicarnasso, libro I, y Tito Livio en el principio de sus
-Décadas, y Solino, capítulo 2.º y 8.º Este Uchilobos fué el que primero
-puso por sobrenombre á Méjico Theonustitlan, porque era su genealogía
-de los Thehules Chichimecas, que viene de Thehuthiles, que es una fruta
-que llamamos tunas, vocablo desta isla Española, y porque della se
-mantenian aquellos Thehules Chichimecas; traia por armas ó insignias el
-dicho Uchilobos las tunas, las cuales agora tiene la ciudad de Méjico
-por concesion real. Este Uchilobos amplió la ciudad y dió órden para
-que se hiciesen las calzadas por la laguna, porque de la ciudad se
-pudiese salir por tierra enjuta sin tener necesidad de canoas ó barcos;
-puso tambien órden en los templos y sacrificios, y fué el primero que
-inventó y mandó que se sacrificasen hombres, el cual sacrificio en toda
-aquella tierra nunca fué ántes hecho ni visto. Dícese de éste, que en
-su vida quiso que lo celebrasen por dios, aunque no con tanta soberbia
-quizá, y áun sin quizá, como Nabucodonosor, que mandó á Holofernes que
-todos los dioses de las tierras estirpase, para que todas las naciones
-que sojuzgase á él sólo adorasen por dios, como parece en el libro
-de Judith, cap. 3.º, 5.º y 6.º Y Cayo Calígula, Emperador de Roma,
-envió por todo el imperio su imágen, mandando que todos por dios lo
-adorasen, y que le constituyesen templo, llamándose hijo de Júpiter, y
-constituyó sacerdotes suyos, y singulares y exquisitos sacrificios; y
-á su estatua de oro que mandó poner en su templo en Roma, ordenó que
-cada dia le sacrificasen pavones y faisanes, y otras aras preciosísimas
-y costosas. Todo esto dice de él Suetonio, y Josefo, libro XVIII, cap.
-15 de las Antigüedades, y otros autores. Herodes Agrippa poco ménos
-que aquéllos con su soberbia ofendió, sufriendo del pueblo lisonjero
-divinos honores, por lo cual luégo envió Dios un ángel que lo hirió de
-tal plaga que fué consumido de gusanos, porque no dió la honra que
-se debia á sólo Dios; así se lee en el capítulo 22 de los Actos de
-los Apóstoles. Al propósito de Uchilobos tornando, ya digimos arriba,
-en cierto capítulo, que sobre los altares del templo grande habia dos
-ídolos como gigantes, creemos que eran las imágenes de los dos hermanos
-de este Uchilobos, pero la estatua de éste estaba puesta sobre la
-capilla de los susodichos dos; ésta era grandísima y espantable, della
-y de las otras dos abajo se dirá más largo. Aquestos dos sus hermanos
-edificaron la ciudad de Tezcuco y á Tlaxcala, y ordenaron sus ritos
-y sacrificios, y despues de muertos los tuvieron y veneraron por sus
-dioses. Del de Tezcuco, que se llamaba Texcátepocath, se cuenta que
-vivo se metió en el volcan de la Sierra Nevada, que está cerca de
-allí, y que de aquel lugar les envió el hueso de su muslo, el cual
-pusieron en su templo por su principal dios, y dello se jactan mucho
-los de Tezcuco; y de este hecho tomó nombre Popocateptl el dicho
-volcan. El tercero, que fué Camachtl, edificó y señoreó á Tlaxcala y
-sus provincias; era gran cazador, del cual fingen que tiraba una saeta
-con su arco hácia el cielo, y que de la ida y vuelta que hacia la saeta
-mataba gran número de aves y animales, de que mantenia toda su gente.
-Pero el más celebrado y mejor, y digno sobre todos los dioses, segun
-la reputacion de todos, fué el dios grande de la ciudad de Cholola,
-que está dos leguas de donde agora es la ciudad de la Puebla de los
-Angeles, que llamaron Queçalcoatl; éste, segun sus historias, vino de
-las partes de Yucatan á la ciudad de Cholola, y era hombre blanco,
-crecido de cuerpo, ancha la frente, los ojos grandes, los cabellos
-largos y negros, la barba grande y redonda. A éste canonizaron por su
-sumo dios y le tuvieron grandísimo amor, reverencia y devocion, y le
-ofrecieron suaves y devotísimos y voluntarios sacrificios, por tres
-razones; la primera, porque les enseñó el oficio de la platería, el
-cual nunca hasta entónces se habia sabido ni visto en aquella tierra,
-de lo cual mucho se jactan ó jactaban todos los vecinos naturales de
-aquella ciudad; la segunda, porque nunca quiso ni admitió sacrificios
-de sangre de hombres ni de animales, sino solamente de pan y de rosas,
-y flores y perfumes, y olores; la tercera, porque vedaba y prohibia
-con mucha eficacia las guerras, robos y muertes, y otros daños que los
-hiciesen unos á otros. Cuando quiera que nombraban delante dél guerras
-ó muertes ó otros males tocantes á daños de los hombres, volvia la
-cara y tapaba los oidos por no los ver ni oir; lóase tambien mucho
-dél que fué castísimo y honestísimo y en muchas cosas moderatísimo.
-Era en tanta reverencia y devocion tenido este dios, tan visitado y
-reverenciado con votos y peregrinaciones en todos aquellos reinos, por
-aquellas prerogativas, que áun los enemigos de la ciudad de Cholola se
-prometian venir en romería á cumplir sus prometimientos y devociones, y
-venian seguros, y los señores de las otras provincias ó ciudades tenian
-allí sus capillas y oratorios y sus ídolos ó simulacros, y sólo éste
-entre todos los otros dioses se llamaba el Señor, _antonomaticè_ ó por
-excelencia, de manera que cuando juraban y decian por nuestro Señor,
-se entendia por Queçalcoatl y no por otro alguno, aunque habia otros
-muchos en toda la tierra y que eran dioses muy estimados; todo esto
-por el amor grande que le tuvieron y tenian por las tres susodichas
-razones, y la razon general y en suma es, porque en la verdad el
-señorío de aquel fué suave, y no les pidió en servicio sino cosas
-ligeras y no penosas, y les enseñó las virtuosas, prohibiéndoles las
-malas y nocivas ó dañosas mostrándoles aborrecerlas. De donde parece,
-y parecerá más claro abajo, que los indios que hacian y hoy hacen
-sacrificios de hombres no eran ni es de voluntad, sino por el miedo
-grande que tienen al demonio por las amenazas que les hace, que los ha
-de destruir y dar malos tiempos y muchos infortunios, si no cumplen
-con él el culto y servicio que por tributo en señal de su señorío le
-deben, por el derecho que de tantos años atras sobre aquellas gentes
-pretende tener adquirido. Afirman que estuvo veinte años con ellos,
-despues de los cuales se tornó por el camino que habia venido, llevando
-consigo cuatro mancebos principales, virtuosos, de la misma ciudad
-de Cholola; y desde Guaçaqualco, provincia distante de allí ciento y
-tantas leguas hácia la mar, los tornó á enviar, y entre otras doctrinas
-que les dió fué, que dijesen á los vecinos de la ciudad de Cholola,
-que tuviesen por cierto que en los tiempos venideros habian de venir
-por la mar, de hácia donde sale el sol mediantes las estrellas, unos
-hombres blancos con barbas grandes, como él, y que serian señores de
-aquellas tierras, y que aquellos eran sus hermanos. Los indios siempre
-esperaron que se habia de cumplir aquella profecía, y cuando vieron los
-cristianos luégo los llamaron dioses, hijos y hermanos de Queçalcoatl;
-aunque despues que conocieron y experimentaron sus obras no los
-tuvieron por celestiales, porque en aquella misma ciudad fué señalada,
-y no otra hasta entónces igual en las Indias y quizá ni en mucha
-parte del orbe, la matanza que los españoles hicieron. Otros dicen
-que siempre creyeron los de Cholola que habia de volver á gobernallos
-y consolallos, y que cuando vieron venir los navíos á la vela de los
-españoles, decian que ya tornaba su dios Queçalcoatl, que traia por
-la mar los templos en que habia de morar, mas cuando desembarcaron
-dijeron, «muchos dioses son estos (que en su lengua dicen Tequeteteuh),
-no es nuestro dios Queçalcoatl». A estos cuatro discípulos, que tornó
-á enviar Queçalcoatl del camino, recibieron luégo los de la ciudad
-por señores, dividiendo todo el señorío della en cuatro tetrarchas,
-quiero decir cuatro principados, cada uno de los cuales tenía la cuarta
-parte del señorío de la tierra (ó de la provincia, ó de la ciudad, ó
-del reino), como quiera que ántes la ciudad se rigiese con regimiento
-político y no real. De estos cuatro primero señores descienden los
-cuatro señores que hasta que llegaron los españoles tuvieron, y hoy
-dura dello alguna señal tal cual en aquello que se les ha dejado, y
-con hartos pocos vecinos en el señorío de cada uno. A este dios mismo
-veneraron en la provincia de Tlaxcala, y le hicieron muy suntuoso y
-notable templo, al cual llamaron por otro nombre, conviene á saber,
-Camastle; al mismo adoraban en Huexucingo, que corrompido el vocablo
-nombran muchos Guaxocingo, debajo del nombre de Camastle. Queçalcoatl,
-en aquella lengua mejicana, quiere decir ó significar una cierta manera
-de culebra que tiene una pluma pequeña encima de la cabeza, cuya
-propia tierra donde se crian es en la provincia de Xicalango, que está
-en la entrada del reino de Yucatan, yendo de la de Tabasco; fuera de
-esta provincia de Xicalango, pocas ó ninguna destas culebras, segun
-se dice, se han visto. Afirman los indios que aquestas culebras, en
-ciertos tiempos, se convierten en pájaros ó aves de las plumas verdes,
-de las cuales hay muchas en la dicha provincia de Xicalango, y son
-entre los indios muy preciadas. Esta conversion puede ser por ventura
-naturalmente, corrompiéndose las culebras primero, por podricion ó
-podrimiento, y de aquella cosa podrida engendrarse aquellas aves,
-como muchas cosas se engendran de otras ya podridas, como trata el
-Filósofo en el IV de los Metauros, ó por arte diabólica ó prestigiosa,
-como arriba queda declarado; y esto para engañar los que Dios permite
-que sean engañados. Tuvieron en toda esta tierra otro dios en grande
-reverencia, y era el dios del agua, que llamaron Tlaluc, á quien
-ofrecian muy costoso sacrificio como se dirá.
-
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-CAPÍTULO CXXIII.
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-
-En el reino de Yucatan, cuando los nuestros lo descubrieron hallaron
-cruces, y una de cal y canto, de altura de diez palmos, en medio de un
-patio cercado muy lucido y almenado, junto á un muy solemne templo, y
-muy visitado de mucha gente devota, en la isla de Cozumel, que está
-junto á la Tierra Firme de Yucatan. A esta cruz se dice que tenian y
-adoraban por dios del agua-lluvia, y cuando habia falta de agua le
-sacrificaban codornices, como se dirá; preguntados de dónde habian
-habido noticia de aquella señal, respondieron que un hombre muy hermoso
-habia por allí pasado y les habia dejado aquella señal, porque dél
-siempre se acordasen; otros diz que afirmaban que porque habia muerto
-en ella un hombre más resplandeciente que el sol: esto refiere Pedro
-Mártir en el cap. 1.º de su cuarta Década. Otra cosa referiré yo harto
-nueva en todas las Indias, y que hasta hoy en ninguna parte dellas
-se ha hallado, y esta es, que como aquel reino entrase tambien, por
-cercanía, dentro de los límites de mi obispado de Chiapa, yo fuí allí
-á desembarcar como á tierra y puerto muy sano; hallé allí un clérigo,
-bueno, de edad madura y honrado, que sabía la lengua de los indios por
-haber vivido en él algunos años; y, porque pasar adelante á la cabeza
-del obispado me era necesario, constituílo por mi vicario, y roguéle y
-encarguéle que por la tierra dentro anduviese visitando á los indios,
-y con cierta forma que le dí les predicase. El cual, á cabo de ciertos
-meses y áun creo que de un año, me escribió que habia hallado un señor
-principal, que inquiriéndole de su creencia y religion antigua, que
-por aquel reino solian tener, le dijo que ellos cognoscian y creian
-en Dios que estaba en el cielo, y que aqueste Dios era Padre, Hijo y
-Espíritu Santo, y que el Padre se llamaba Içona, que habia criado los
-hombres y todas las cosas; el Hijo tenía por nombre Bacab, el cual
-nació de una doncella siempre vírgen llamada Chibirias, que está en el
-cielo con Dios. Al Espíritu Santo nombraban Echuac. Içona dicen que
-quiere decir el Gran Padre; de Bacab, que es el Hijo, dicen que lo
-mató Eopuco, y lo hizo azotar, y puso una corona de espinas, y que lo
-puso tendidos los brazos en un palo, no entendiendo que estaba clavado
-sino atado (y así para lo significar extendia los brazos), donde,
-finalmente, murió; estuvo tres dias muerto, y al tercero que tornó
-á vivir y se subió al cielo, y que allá está con su Padre. Despues
-de ésto, luégo vino Echuac, que es el Espíritu Santo, y que hartó la
-tierra de todo lo que habia menester. Preguntado qué queria decir Bacab
-ó Bacabab, dijo que Hijo del Gran Padre, y de este nombre Echuac que
-significa mercader. Y buenas mercaderías trujo el Espíritu Santo al
-mundo, pues hartó la tierra, que son los hombres terrenos, de sus dones
-y gracias tan divinas y abundantes. Chibirias suena Madre del Hijo del
-Gran Padre. Añidia más, que por tiempo se habian de morir todos los
-hombres, pero de la resurreccion de la carne no sabian nada. Preguntado
-cómo tenian noticia destas cosas, respondió que los señores lo
-enseñaban á sus hijos, y así descendia de mano en mano; y que afirmaban
-más, que antiguamente vinieron á aquella tierra veinte hombres (de los
-quince señala los nombres, que porque es mala letra y porque no hace
-al caso aquí no los pongo, de los otros cinco dice el clérigo que no
-halló rastro), el principal dellos se llamaba Cocolcan, á éste llamaron
-dios de las fiebres ó calenturas, dos de los otros del pescado, otros
-dos de los cortijos ó heredades, otro que truena, etc.; traian las
-ropas largas, sandalias por calzado, las barbas grandes, y no traian
-bonetes sobre sus cabezas, los cuales mandaban que se confesasen las
-gentes y ayunasen, y que algunos ayunaban el viérnes porque habia
-muerto aquel dia Bacab; y tiene por nombre aquel dia himis, al cual
-honran y tienen devocion por la muerte de Bacab. Los señores todas
-estas particularidades saben, pero la gente popular solamente cree
-en las tres personas Içona, y Bacab, y Echuac y Chibirias, la Madre
-de Bacab, y en la madre de Chibirias, llamada Hischen, que nosotros
-decimos haber sido Santa Ana. Todo lo de suso así dicho me escribió
-aquel padre clérigo llamado Francisco Hernandez, y entre mis papeles
-tengo su carta; dijo más, que llevó á aquel señor ante un fraile de
-San Francisco que por allí estaba, y lo tornó á decir todo delante el
-religioso, de que ambos quedaron admirados. Si estas cosas son verdad,
-parece haber sido en aquella tierra nuestra Santa Fé notificada, pero
-como en ninguna parte de las Indias habemos tal nueva hallado, puesto
-que en la tierra del Brasil que poseen los portugueses se imagina
-hallarse rastro de Santo Tomás Apóstol, pero como aquella nueva no
-voló adelante, todavía, ciertamente, la tierra y reino de Yucatan dá á
-entender cosas más especiales y de mayor antigüedad, por los grandes y
-admirables y exquisita manera de edificios antiquísimos y letreros de
-ciertos caracteres que en otra ninguna parte. Finalmente, secretos son
-estos que sólo Dios los sabe.
-
-
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-
-CAPÍTULO CXXIV.
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-
-En el reino de Guatemala, donde tuvieron noticia del diluvio ántes
-dél, dicen algunos que tenian y adoraban por Dios al Gran Padre y á la
-Gran Madre que estaban en el cielo, y lo mismo despues del diluvio,
-y que llamándolos cierta mujer principal, encomendándose á ellos, le
-apareció una vision y que le dijo: «no llames así, sino desta manera,
-que yo te acudiré», del cual nombre agora no se acuerdan, pero que
-les parece que aquel nombre es lo que agora nosotros les decimos ser
-Dios. Despues, creciendo y multiplicándose las gentes, se publicó
-que habia nacido un dios en la provincia, 30 leguas de la cabeza de
-Guatemala, llamada Ultlatlan, y la provincia nombramos agora la Vera
-Paz, de que hablaremos si Dios quisiere abajo, el cual dios llamaron
-Exbalanquen. Deste cuentan, entre otras fábulas, que fué á hacer
-guerra al infierno, y peleó con toda la gente de allá, y los venció
-y prendió al rey del infierno y á muchos de su ejército; el cual,
-vuelto al mundo con su victoria y la presa, rogóle el rey del infierno
-que no le sacase, porque estaba ya tres ó cuatro grados de la luz,
-y el vencedor Exbalanquen con mucha ira le dió una coce diciéndole,
-vuélvete y sea para tí todo lo podrido y desechado y hediondo. El
-Exbalanquen se tornó, y en la Vera Paz, de donde habia salido, no le
-rescibieron con la fiesta y cantos que él quisiera, por lo cual se fué
-á otro reino, donde le rescibieron á su placer; y deste vencedor del
-infierno dicen que comenzó sacrificar hombres. Donde quiera que por
-aquellas tierras ofrecian sacrificio de cosas vivas, tenian ciertos
-cuchillos de piedra, que llamamos de navaja, muy agudos, los cuales
-dicen que cayeron del cielo, y que cada pueblo y personas tomaron los
-que habian menester; á estos cuchillos llamaban manos de dios y del
-ídolo á quien sacrificaban. Estos cuchillos, como cosa muy sacra por
-matar con ellos las cosas vivas que ofrecian en sacrificio, en tanta
-reverencia los tenian, que los adoraban en gran manera y en gran manera
-los tenian en veneracion; hacíanles muy ricos cabos con figuras, segun
-podian, de oro, y de plata, y de esmeraldas si las podian haber, ó
-al ménos de turquesas, como de obra que llamamos mosáico, de la cual
-obra mucho ellos y en muchas cosas obraban: teníanlos siempre con los
-ídolos en los altares guardados. Los ídolos que comunmente tenian por
-todas aquellas partes eran figuras de hombres y mujeres esculpidas en
-piedras de diversos colores, y de aves, y de otros animales; en cierta
-parte se halló un ídolo como una cabeza de caballo, como sacados los
-ojos y los vasos dellos vacíos, y parecia que siempre corria dellos
-sangre; cosa, dicen, admirable de ver. Toda esta tierra, con la de la
-que propiamente se dice la Nueva España, debia tener una religion y una
-manera de dioses, poco más ó ménos, y extendíase hasta la provincia
-de Nicaragua y Honduras, y volviendo hácia la de Xalisco, llegaba,
-segun creo, á la provincia de Colima y Culiacan; de allí adelante, la
-vuelta del Norte 60 leguas, otra manera tienen de religion, como se
-dirá, cuanto á los sacrificios, pero tienen sus ídolos, no muchos sino
-uno ó algunos en cada pueblo, donde los reyes y señores van á orar y
-á ofrecer sus sacrificios. En toda la tierra y reinos de Cibola, que
-contiene muchas provincias por ser grande tierra, que tiene más de
-300 leguas y llega hasta la mar del Sur, toda muy poblada, y contiene
-infinitas naciones, no habia ni hay ídolo ni templo alguno, sólo tienen
-y adoran por Dios al sol, y á las fuentes de agua dulce; en algunas
-partes destas tienen cognoscimiento de un Dios verdadero que está
-en el cielo, y parece que en adorar el sol entienden adorar á él.
-Esto es en el Rio Grande, donde fué á entrar descubriendo Hernando
-de Alarcon, enviado á descubrir por la mar por el virey de la Nueva
-España D. Antonio de Mendoza; por aquel rio subió ochenta y tantas
-leguas, donde vido y conversó con muchas gentes habitantes de una
-banda y de la otra, y hallóse haber llegado por el mismo rio á 80
-leguas de Cibola, donde andaba la otra gente que por tierra el Visorey
-susodicho á descubrir envió. Lo mismo es en la grande y luenga tierra
-que llamamos la Florida, donde caben inmensas naciones, ningun ídolo,
-ni templo, ni sacrificio sensible se halla; así lo afirman todos los
-que por diversos tiempos y en diversas armadas por aquellas tierras
-han andado, y el que más dello supo fué Alvar Nuñez Cabeza de Vaca,
-un caballero natural de Jerez de la Frontera. Este, habiendo vivido y
-andado por aquellas tierras nueve continuos años, en la relacion dellas
-que al Emperador dió dice aquestas palabras, en cuasi al cabo della:
-«Dios Nuestro Señor por su infinita misericordia quiera que en los
-dias de Vuestra Majestad, y debajo de vuestro poder y señorío, estas
-gentes vengan á ser, verdaderamente y con entera voluntad, subjetas al
-verdadero Señor que las crió y redimió, lo cual tenemos por cierto que
-así será, y que Vuestra Majestad ha de ser el que ha de poner ésto en
-efecto; que no será tan difícil de hacer, porque, en 2.000 leguas que
-anduvimos por tierra y por la mar en las barcas, y otros diez meses,
-que despues de salidos de captivos, sin parar anduvimos por la tierra,
-no hallamos sacrificios ni idolatría», etc. Estas son sus palabras.
-Dice tambien más un poco ántes, que hallaron cierta gente, ya al cabo
-de su peregrinacion (digo al cabo, cerca de cuando hallaron cristianos
-en los reinos de Xalisco ó en las provincias cercanas dellos), la
-cual, preguntada en quién adoraban, y á quién sacrificaban y pedian el
-agua para sus labranzas, y la salud para ellos, respondieron que á un
-hombre que estaba en el cielo; preguntados cómo se llamaba, dijeron
-que Aguar, y que creian que él habia criado todo el mundo y las cosas
-dél; tornáronles á preguntar cómo sabian aquello, respondieron que
-sus padres y abuelos se lo habian dicho, que de muchos tiempos tenian
-noticia desto, y sabian que el agua y todas las buenas cosas las
-enviaba aquél. Cabeza de Vaca y sus compañeros, que eran tres, les
-dijeron que aquel que ellos decian lo llamaban ellos Dios, y así lo
-llamasen ellos, y lo sirviesen y adorasen; respondieron que todo lo
-tenian bien entendido, y que así lo harian, etc. Esto dice Cabeza de
-Vaca. Dejada esta parte occidental y septentrional destas Indias, y
-pasándonos á la otra parte meridional donde cae la costa que decimos de
-Paria, y por allí arriba y abajo, cuasi por todas aquellas partes, las
-gentes dellas tenian, poco más y poco ménos, una manera de religion,
-teniendo algunos ídolos y dioses propios, pero en universal todos
-pretendian haber uno comun de todos, y este era el sol; templo, empero,
-ninguno. Yendo todavía la vuelta del austro ó Mediodía, hasta donde se
-dice la tierra del Brasil, que es un pedazo de la Tierra Firme, que,
-por concierto y conveniencia de los reyes de Castilla y Portugal, cupo
-á los portugueses, la punta ó cabo de la cual tierra solíamos llamar
-el cabo de San Agustin, por toda ella no tienen ni adoran ídolos, ni
-tienen conocimiento alguno de Dios, solamente á los truenos deben dar
-y atribuir alguna divinidad, porque los llaman Tupana, que significa
-como cosa divina ó sobrenatural. Así lo escriben los religiosos de la
-Compañía de Jesús, que fueron á predicar y predican en aquella parte, y
-deste nombre Tupana usan para darles cognoscimiento del verdadero Dios.
-Dicen asimismo aquellos predicadores que allí están, que, de ciertos
-en ciertos años, vienen unos hechiceros de luengas tierras, fingiendo
-traer santidad, y al tiempo de su venida, los mandan alimpiar los
-caminos, y vánlos á rescibir con danzas y fiestas segun su costumbre,
-y ántes que lleguen al lugar andan las mujeres de dos en dos por las
-casas, diciendo públicamente las faltas que hicieron á sus maridos, y
-unas á otras, y pidiendo perdon dellas; en llegando el hechicero con
-mucha fiesta al lugar, entráse en una casa escura, y pone una calabaza
-que trae en figura humana en la parte más conveniente para sus engaños,
-y mudando su propia voz como de niño, y junto de la calabaza, les dice
-que no curen de trabajar, ni vayan á las roças, porque el mantenimiento
-por sí crecerá y que nunca les faltará que comer, que por sí se vendrá
-á casa; dicen más, que los palos con que cavan se irán á cavar, y las
-flechas se irán al monte á cazar para traer caza que coma su señor, y
-que han de matar muchos de sus enemigos. Promételes larga vida, y que
-las viejas se han de tornar mozas, y las hijas que las den á quien
-las quisiere; y otras cosas semejantes les dice y promete, con que
-los engañan, creyendo que en la calabaza debe de haber alguna cosa
-divina que les dice aquellas cosas. Y acabando de hablar el hechicero,
-comienzan á temblar todos, en especial las mujeres, con grandes
-temblores en sus cuerpos, que parecen endemoniadas, como de cierto lo
-son, echándose en el suelo, y espumando por las bocas; y en esto les
-hace creer el hechicero que entónces les entra la santidad, y á quien
-esto no hace tiene por malo y no digno de tanto bien. Ofrecen despues
-desto al hechicero cada uno de lo que tiene muchas cosas; hácense
-tambien médicos, y en las enfermedades les hacen muchos engaños con sus
-hechicerías. Estos son los mayores contrarios que los predicadores del
-Evangelio tienen, porque hacen entender á los dolientes, que les meten
-en los cuerpos cuchillos y tijeras y cosas semejantes, con las cuales
-dicen que los matan: en sus guerras se aconsejan con ellos, allende
-que tienen muchos agüeros de ciertas aves. Todo esto escriben aquellos
-padres de la Compañía de Jesús á sus hermanos, á Portugal, desde la
-tierra del Brasil. Con esto se confirma lo que arriba digimos, que el
-demonio lo primero que acostumbró, al principio que quiso introducir
-en el mundo la idolatría, fué constituir ministros y sacerdotes della,
-por engaño que hacia á los más dispuestos que para ello en malicia
-y astucia hallaba, para que por medio de aquellos, su poco á poco,
-á todos los demas engañase, y como éstos sean, por sus ficciones
-y prestigios que hacen, de los pueblos y gente simple venerados y
-acatados, y así alcanzan honra, y estima, y dádivas, y lo que más la
-soberbia y codicia les demanda, y por la predicacion de la fe y la
-doctrina cristiana todo aquello se les desbarate, de allí es, y siempre
-fué, que ningunos otros, á la predicacion y doctrina del Evangelio y á
-la introduccion de la religion cristiana, fueron ni se hallaron mayores
-ni iguales contrarios. Esto es y será bien claro, al que leyó y leyere
-las vidas y historias de los Apóstoles y de los Mártires, donde parece
-que muchas veces estaban los pueblos para se convertir y recibir la fe
-y el bautismo, y los sacerdotes de los ídolos, con el autoridad que con
-los reyes tenian, movian sedicion y escándalo, y así lo estorbaban.
-Ejemplo tambien tenemos del cual no podemos dudar, como quien más
-contradijo al Redentor, y principalmente le causó la muerte, fueron
-los sacerdotes del pueblo judáico, segun testifican los Evangelistas;
-la razon dello era, porque si admitieran la ley Evangélica, parecíales
-que su sacerdocio perecia, y, por consiguiente, perdian sus provechos
-temporales y toda su autoridad. Quiero aquí entreponer una cosa bien
-al propósito notable. Muchos años ha que ví predicar al obispo de
-Velandia, de la órden de Santo Domingo, egregio en letras y santidad
-predicador, en el convento de San Pablo de Sevilla, el cual dijo que
-cuando los judíos moraban en Castilla, disputando y tratando con
-los sacerdotes y rabíes de aquella ley en la ciudad de Segovia, y
-reprendiéndoles de su engaño y ceguedad diciendo: «¿Vosotros no veis
-vuestro engaño en esta y en esta profecía y en este paso y en aquel de
-la Sagrada Escritura? ¿porque teneis engañados estos desventurados?» y
-otras semejantes razones y palabras con que los convencia, afirmó que
-le respondian: «Señor, bien lo vemos, pero ¿qué quereis que hagamos,
-que nos dan de comer éstos?» etc. De manera, que por no perder lo que
-interesaban sus provechos, su crédito, honra y autoridad, puesto que
-sabian tener el pueblo engañado, enseñaban y conservaban el pueblo en
-sus errores y resistian impugnando la verdad. Y así es entre los turcos
-y moros y todo género de infideles, que los sacerdotes que llaman
-alfaquíes son los que resisten y más resisten á la doctrina divina,
-como principales contrarios escogidos y bien instruidos ministros para
-estos efectos por Satanás. Por esta causa deben los predicadores del
-Evangelio, donde quiera que entre infieles, de cualquiera secta que
-sean, fueren á predicar, principalmente armarse contra los sacerdotes,
-y procurar de desengañarlos y persuadirlos, y atraerlos por bien
-cuanto pudieren, ó persiguiéndoles si hobiere facultad, y débese
-trabajar mucho delante todo el pueblo en quitalles el crédito que la
-gente dellos tiene y toda su autoridad, porque, éstos derrocados ó
-ganados, la conversion de todo el pueblo con el favor de Dios está en
-la mano. Algunos destos, en algunas destas nuestras Indias, se cree
-convertirse, pero yo entiendo que son pocos y con gran dificultad,
-porque como más poseidos é instructos del demonio, y que para pervertir
-y poseer las ánimas mayor ayuda que otro alguno le hacen, ménos lugar
-dan al Espíritu Santo. La misma querella escriben los religiosos de la
-Compañía de Jesús que están en la India, y provincias que tratan los
-portugueses, diciendo que de los sacerdotes de aquella gentilidad son
-más impugnados é infestados. Tornemos al propósito: Pasando adelante de
-las tierras del Brasil, sé siguen luégo las grandes provincias del rio
-que hoy llaman de la Plata, donde tienen poblado los nuestros cierta
-ciudad que llaman la Asumpcion; afirman todos los que vienen de allá,
-que por 400 leguas de sus alrededores, que dura una sola lengua, es la
-gente, segun su natural, virtuosísima, y que carece de toda exterior
-señal de idolatría, solamente tienen cuenta con estimar por más
-excelente criatura que otras el sol, pero no se les conoce sacrificio
-ni ceremonia que le hagan por Dios.
-
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-
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-CAPÍTULO CXXV.
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-
-Dando la vuelta hácia atras desta misma costa ó ribera de la mar hasta
-la dicha provincia de Paria, y de allí corriendo la costa y tierra
-que va por el Poniente abajo, en la cual entran las provincias de
-Cumaná, cerca de la cual está la isleta de Cubagua, donde se solian
-pescar las perlas (y en esta provincia de Cumaná, y quizá por mucha
-tierra, la costa abajo y arriba, sin alguna duda, tambien se halló
-por nuestros religiosos, que allí algunos años trataron, reverenciar
-la cruz, y con ella se abroquelaban del diablo, salvo que la pintaban
-desta manera X, y desta X y quizás con otras revueltas que no llegaron
-á nuestra noticia; llamaban la cruz en su lengua pumuteri, la media
-sílaba luenga) item, las provincias de Venezuela, y Santa Marta y
-Cartagena y otras hasta la Culata, que dijeron, el golfo de Urabá, la
-última sílaba aguda, y la del Darien con la costa de la mar, y las
-provincias ó tierra que se siguen algunas leguas la tierra dentro,
-ningun ídolo, ni templo, ni sacrificio se ha visto ni se cree tener ni
-haber tenido aquellas gentes. Sólo están proveidos de los susodichos
-sacerdotes, ministros puestos por aquel nuestro capital enemigo, y
-hablando con éstos saca los efectos dellas que de las otras se han
-dicho. Lo mismo era en toda la costa del Sur, desde Panamá hasta cuasi
-la provincia de Nicaragua, y en la del Norte por el Nombre de Dios y
-la provincia de Veragua, y de allí por toda aquella tierra que corre
-hasta Honduras, creo que podré decir exclusive, cuanto á algunos
-ritos y cosas; tenian conocimiento alguno de Dios verdadero, y que
-era uno que moraba en el cielo, al cual, en la lengua de las gentes
-habitadoras de la provincia del Darien, y creo que tambien de Veragua,
-llamaban Chicuna, la media sílaba, si no me engaño, luenga; querian
-decir por este nombre Chicuna principio de todo. A éste ocurrian con
-todas sus necesidades, pidiéndole remedio dellas, y á él hacian sus
-sacrificios. El mismo conocimiento de un Dios se tenía en la provincia
-de Honduras y Naco, y donde se pobló la ciudad de Gracias á Dios, y
-hasta los confines de Guatemala, creyendo haber un Dios criador de
-todo. Con todo esto reverenciaban al sol, y á la luna, y al lucero del
-alba, y les ofrecian sacrificios; tenian eso mismo dioses de palo y de
-piedra, que presidian en el agua y en el fuego, y de las sementeras
-y de otras muchas cosas; tenian, no ménos, diosas, que eran abogadas
-ó que presidian en las cosas tocantes á las mujeres y niños, y los
-mismos dioses y religion creo que se extendia, más y ménos, poco, por
-todas las provincias de Guatemala. Dando la vuelta para la provincia
-de Urabá, y de allí entrando por la tierra adentro hácia el reino de
-Popayan, y el que dicen de Granada, donde se contienen innumerables
-naciones, no se halla templo, ni estatuas ó ídolos que parezcan
-serles dioses, sino que en las casas de los señores de los pueblos ó
-de las provincias habia un aposento apartado, muy esterado, limpio y
-adornado; que parecia como oratorio, y allí habia muchos incensarios
-de barro, donde quemaban muchas resinas y cosas aromáticas, y entre
-ellas unas yerbas muy menudas, de las cuales algunas tenian una flor
-negra y otras blanca. En otras partes y casas de otros señores habia,
-entrando en ellas, una renglera de imágenes de bulto, quince y veinte
-en número, hechas de palo, á la hila puestas, tan grandes como un
-hombre; las cabezas de calavernas de hombres, los rostros ó caras de
-cera de diversos visajes ó disposiciones. Estas imágenes ó estatuas,
-más se cree ser los señores y antecesores de aquellos que señorean en
-aquel principado, que ídolos que tengan por dioses, puesto que dicen
-que aquéllas sirven de oráculos, porque cuando llaman los sacerdotes
-al demonio entra en ellas y dá de allí sus respuestas á lo que le
-preguntan; ó quizás los mismos sacerdotes se meten dentro, y ellos son
-los que hablan, responden ó informan, como arriba hemos mostrado de
-otras muchas naciones. En algunas partes de la provincia de Popayan,
-las gentes dellas, ó por ventura no todos sino sólo aquellos sacerdotes
-de que todo este orbe abundaba, henchian cueros de tigres de paja, y
-dentro dellos les hablaban y respondian los demonios, y así aquellos
-eran sus oráculos. Por esta manera iba la religion, cuanto á los dioses
-de todas las naciones que habia en todas las provincias que habemos
-nombrado, y otras que dejamos de nombrar, que duran por muchas leguas
-en ancho y largo hasta entrar en los reinos del Perú, en algunas poco
-más, y en otras poco ménos; y así todas, cuasi por la mayor parte de
-este orbe, tienen algun cognoscimiento del verdadero Dios, puesto que
-se lo mezcla y ofusca el demonio, en unas partes más y en otras ménos,
-segun le es permitido por Dios, con algunos y con muchos errores, por
-medio de aquellos sus ministros sacerdotes.
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-CAPÍTULO CLXVI.
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-Bendito sea Dios que me ha librado de tan profundo piélago de
-sacrificios como aquellos gentiles, que ignoraron tanto tiempo el
-verdadero sacrificio, navegaron sin tiento, de los cuales, aunque
-mucho he dicho, mucho más decir pudiera; de aquí adelante, segun la
-órden que traemos, será bien referir los sacrificios de estas nuevas
-naciones nuestras, que vulgarmente llamamos Indias. Y comenzando,
-como en lo demas, desta Española grande isla, digo así: Como segun
-las noticias que los hombres y naciones alcanzaron y hoy alcanzan
-de Dios, así le sirven, honran y veneran, constituyéndole templos,
-sacerdotes, ceremonias y sacrificios, que todo esto se funda, procede
-y se deriva de lo primero, que es el conocimiento, como por todas, y
-cuasi sin número, las razones y ejemplos que con tan gran discurso
-habemos traido se ha visto, y las gentes de aquesta Isla y todas las
-de su circuito tenian delgado, débil y confuso conocimiento de Dios,
-aunque más limpio ó ménos sucio de las horruras de idolatría que otras
-muchas, de allí les provino que no tuvieron ídolos ó muchos dioses,
-sino pocos ó cuasi ningunos, ni templos ni sacerdotes sino muy pocos
-ó cuasi ningunos, solos aquellos que arriba llamamos hechiceros y
-médicos, y, por consiguiente, fueron muy pocos los sacrificios puesto
-que tuvieron algunos. Destos diré lo que sé y lo que vide, y lo que
-otros experimentaron. Hallamos que en el tiempo de coger las mieses
-de las labranzas que labraban y sembraban, las cuales eran del pan
-que se hacia de raíces y de los ages y batatas y del mahíz, daban
-cierta parte como primicias, cuasi haciendo gracias de los beneficios
-recibidos; esta parte ó primicias de los frutos, como no tenian
-señalados templos, ni casas de religion, como arriba se ha dicho,
-poníanla en la casa grande de los Señores y Caciques, que llamaban
-Caney, ofreciéndola y dedicándola al Cemí; aquel decian ellos que
-enviaba el agua, y daba el sol, y criaba todos aquellos frutos, y les
-daba los hijos, y los otros bienes de que abundaban. Todo aquello que
-desta manera ofrecian se estaba allí, ó hasta que se pudria ó los niños
-lo tomaban, ó jugaban ó desperdiciaban, y desta manera se consumia.
-Antes que se descubriese la Nueva España y las provincias de Naco,
-y Honduras y el Perú, por ver el cuidado que los indios de aquestas
-Islas, en especial desta Española y de Cuba, tenian de dar esta parte
-de los fructos que cogian como primicias, y gastarlo en ofrenda de
-aquella manera, comencé á advertir ser de ley natural la obligacion de
-hacer á Dios sacrificio que ántes habia leido y no visto, como Santo
-Tomás prueba en la _Secunda secundæ_, cuestion 85, art. 1.º, diciendo
-así: _Oblatio sacrificiorum pertinet ad jus naturale_, etc., y arriba
-se dijo por sentencia de Porfirio, que todos los antiguos ofrecian las
-primicias; y lo que todos los hombres hacen sin ser enseñados, y de
-sí mismos se inclinan á obrar, es argumento claro ser aquello de ley
-natural, como tambien arriba destas inclinaciones naturales se declaró
-algo. Preguntando yo á los indios algunas veces, «¿quién es aqueste
-Cemí que nombrais?» respondíanme, «el que hace llover y hace que haya
-sol, y nos dá los hijos, y los otros bienes que deseamos»; añidia yo:
-«ese Cemí que hace eso, me lleve á mi el alma». De aquí tomaba ocasion
-de predicarles de Dios algo, aunque por aquellos tiempos (para mi
-confusion lo digo) no me habia hecho Dios la gran merced que despues me
-hizo, dándome cognoscimiento de las necesidades que aquestas gentes de
-su salud temporal y espiritual padecian, habiendo en ellas disposicion
-para ser traidas á Jesucristo prontísima y admirable, y tambien de la
-estrecha obligacion que los cristianos que á estas tierras venimos
-tenemos de socorrer á prójimos tan necesitados. De lo dicho parece
-seguirse, tener las gentes destas islas cognoscimiento, aunque confuso,
-de un Dios, como arriba dejamos tratado. Ya digimos arriba como en
-esta Isla tenian ciertas estatuas aunque raras, en éstas se cree que á
-los sacerdotes que llamaban behiques hablaba el diablo, y tambien los
-señores y reyes cuando para ello se disponian de manera que aquéllas
-eran sus oráculos; de aquí procedia otro sacrificio y ceremonias que
-ejercitaban para agradallo, que él debia habellos mostrado. Este se
-hacia por esta manera: Tenian hechos ciertos polvos de ciertas yerbas
-muy secas y bien molidas, de color de canela ó de alheña molida, en
-fin, eran de color leonada; éstos ponian en un plato redondo, no llano
-sino un poco algo combado ó hondo, hecho de madera, tan hermoso, liso y
-lindo, que no fuera muy más hermoso de oro ó de plata; era cuasi negro
-y lucio como de azabache. Tenian un instrumento de la misma madera
-y materia, y con la misma polideza y hermosura; la hechura de aquel
-instrumento era del tamaño de una pequeña flauta, todo hueco como lo
-es la flauta, de los dos tercios de la cual en adelante se abria por
-dos cañutos huecos, de la manera que abrimos los dos dedos del medio,
-sacado el pulgar, cuando extendemos la mano. Aquellos dos cañutos
-puestos en ambos á dos ventanas de las narices, y el principio de la
-flauta, digamos, en los polvos que estaban en el plato, sorbian con el
-huelgo hácia dentro, y sorbiendo recibian por las narices la cantidad
-de los polvos que tomar determinaban, los cuales recibidos salian luégo
-de seso cuasi como si bebieran vino fuerte, de donde quedaban borrachos
-ó cuasi borrachos. Estos polvos y estas ceremonias ó actos se llamaban
-cohoba, la media sílaba luenga, en su lenguaje; allí hablaban como en
-algarabía, ó como alemanes confusamente, no sé qué cosas y palabras.
-Con esto eran dignos del coloquio de las estatuas y oráculos, ó por
-mejor decir del enemigo de la naturaleza humana; por esta manera se
-les descubrian los secretos, y ellos profetaban ó adevinaban, de allí
-oian y sabian si les estaba por venir algun bien, adversidad ó daño.
-Esto era cuando el sacerdote sólo se disponia para hablar y que le
-hablase la estatua, pero cuando todos los principales del pueblo para
-hacer aquel sacrificio, ó que era (que llamaron cohoba) por permision
-de los behiques ó sacerdotes, ó de los señores, se juntaban, entónces
-verlos era el gasajo. Tenian de costumbre, para hacer sus cabildos y
-para determinar cosas arduas, como si debian de mover alguna de sus
-guerrillas, ó hacer otras cosas que les pareciesen de importancia,
-hacer su cohoba, y de aquella manera embriagarse ó cuasi. Y esta manera
-de consultar, bien llenos de vino y embriagos ó cuasi, no fué la
-primera en éstos, porque segun Herodoto en el libro I, y Estrabon en
-el fin del libro XV, los persas, cuando habian de consultar de cosas
-grandes y de grande importancia, la usaron, porque nunca lo hacian
-sino miéntras comian y bebian y estaban de vino bien cargados, y aquel
-consejo y las determinaciones que dél sacaban decian ellos ser más
-firmes que las que con la sobriedad y templanza eran deliberadas. Yo
-los ví algunas veces celebrar su cohoba, y era cosa de ver cómo la
-tomaban y lo que parlaban. El primero que la comenzaba era el señor,
-y en tanto que él la hacia todos callaban; tomada su cohoba (que es
-sorber por la narices aquellos polvos, como está dicho, y tomábase
-asentados en unos banquetes bajos, pero muy bien labrados, que llamaban
-duhos, la primera sílaba luenga), estaba un rato la cabeza á un lado
-vuelta y los brazos puestos encima de las rodillas, y despues alzaba la
-cara hácia el cielo hablando sus ciertas palabras, que debian ser su
-oracion á Dios verdadero, ó al que tenian por dios; respondian todos
-entónces cuasi como cuando nosotros respondemos _Amen_, y esto hacian
-con grande apellido de voces ó sonido, y luégo dábanle gracias, y
-debian decille algunas lisonjas, captándole la benevolencia y rogándole
-que dijese lo que habia visto. El les daba cuenta de su vision,
-diciendo que el Cemí le habia hablado y certificado de buenos tiempos ó
-adversos, ó que habian de haber hijos, ó que se les habian de morir, ó
-que habian de tener alguna contencion ó guerra con sus vecinos, y otros
-disparates que á la imaginacion estando turbada de aquella borrachera
-le venian, ó por ventura, y sin ella, el demonio para los engañar é
-introducir en ellos su culto les habia traido. Tenian mil patrañas y
-como fábulas, segun parece las que fingian entre los antiguos griegos
-y latinos los poetas, puesto que los poetas pretendian en muchas de
-sus ficciones, aunque no en todas, alguna moralidad y alegorías para
-inducir los hombres á buenas costumbres, estos no sabemos lo que por
-aquellas sus fantasías entender ó que se entendiese querian. Como lo
-que contaban del Cemí de Buyayba, (que creo que era un pueblo), y el
-Cemí nombraban Vaybrama, la penúltima sílaba luenga, el cual en una
-guerra que tuvieron decian haber sido quemado, y que lavándolo con
-zumo de las raíces que arriba digimos llamarse yuca, de que hacian el
-pan cazabí, le crecieron los brazos y le nacieron otra vez los ojos,
-y le creció el cuerpo; y porque la yuca ó raíces dichas era en aquel
-tiempo chiquita, despues que con el agua della lo lavaron fué, dende
-adelante como agora lo es, gorda y muy crecida. Este Cemí causaba,
-segun ellos creian, enfermedades á los hombres, por las cuales acudian
-á los sacerdotes ó behiques, que eran sus profetas y teólogos como
-está dicho; éstos respondian que aquello les venia porque habian sido
-negligentes ú olvidadizos en traer pan cazabí y ages, y otras cosas
-de comer para los ministros que barrian y limpiaban la casa ó ermita
-de Vaybrama, buen Cemí, y que él se lo habia dicho. Otras ficciones
-muchas y patrañas les hacian entender aquellos behiques, que si no
-pretendian significar alguna alegoría ó moralidad, como los antiguos
-poetas, eran invenciones del demonio ó grandes desvaríos.
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-CAPÍTULO CLXVII.
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-Otro sacrificio rito ó devocion tambien tenian, y éste era grande
-ayuno, y comenzó en ellos desta manera: Refiere fray Ramon el ermitaño,
-que arriba digimos cuando hablamos de los dioses desta Isla, que vino á
-ella cinco años ántes que yo, que habia fama y credulidad en esta Isla,
-que cierto cacique y rey dellos hizo cierta abstinencia al Señor Grande
-que vive en el cielo, del cual se debia el conocimiento ú opinion de
-un Dios del cielo en los demas derivarse; el abstinencia fué que seis
-ó siete dias estaban encerrados sin comer cosa alguna, sino cierto
-zumo de yerbas para no del todo desfallecer, con el cual zumo tambien
-el cuerpo se lavaban: y debian tener virtud aquellas yerbas, como la
-yerba del Perú que llaman coca y las otras de que trata Plinio, y
-arriba hicimos dellas mencion. Durante aquel ayuno, con la flaqueza de
-la cabeza les venian ó les aparecian ciertas formas ó imaginaciones de
-lo que deseaban saber, ó, á lo que es de creer, que el demonio se las
-ponia y pintaba por los engañar, porque dado que el primer cacique ó
-señor ó señores que aquel ayuno y abstinencia inventó ó principió, la
-hiciese por devocion del Señor que está en el cielo, y á él quisiese ó
-entendiese pedir que le dijese ó respondiese á lo que deseaba, empero
-los que despues la prosiguieron debíanla de hacer en honor de los
-cemíes, ó ídolos ó estatuas, ó de aquel que con ellas del conocimiento
-del verdadero Dios desviarlos trabajaba, el cual poco á poco algo en
-este caso siempre con ellos ganaba, como les faltase, segun muchas
-veces se ha dicho, gracia y doctrina. Esto se puede argüir por lo
-que los que fuímos primero en la isla de Cuba de los vecinos della
-y de la ceremonia que usaron alcanzamos. En aquella Isla era extraño
-el ayuno que algunos hacian, principalmente los behiques, sacerdotes
-ó hechiceros, y espantable; ayunaban cuatro meses, y más, continuos
-sin comer cosa alguna, sino sólo cierto zumo de yerba ó yerbas, que
-solamente para sustentarlos que no muriesen bastaba, de donde se colige
-que debian ser de grandísima virtud aquellas yerba ó yerbas, mucho más
-que de las que Plinio, libro XXV, cap. 8.º, y arriba referimos, habla.
-Y esta es la misma coca que en las provincias del Perú es tan preciada,
-como parece por testimonio de religiosos y de indios que han venido del
-Perú, que la vieron y conocieron en la dicha isla de Cuba, y en mucha
-abundancia. Macerados, pues, y atormentados de aquel cruel y aspérrimo
-y prolijo ayuno, que no les faltaba sino espirar, decíase que entónces
-estaban dispuestos y dignos que les apareciese y de ver la cara del
-Cemí, que no podia ser otro sino el demonio; allí les respondia é
-informaba de lo que le preguntaban, y lo que más él para engañarlos les
-añadia, todo lo cual despues á la otra gente los behiques denunciaban
-y persuadian. Solamente aqueste indicio y engaño de idolatría, y no
-otro que alcanzáramos, habia en la isla de Cuba, porque ni ídolo, ni
-estatua, ni otra cosa que á idolatría oliese hallamos. Y esta parece
-cosa maravillosa, que de tanta virtud sea el ayuno y abstinencia, que
-áun á los demonios es agradable, y que pidiesen á sus servidores tan
-diuturna maceracion de la carne, que no fuesen hábiles para ver su
-infernal presencia sino los que tenian mortificados y cuasi muertos
-los sentidos, como se recreen más en la embriaguez y glotonería de
-los suyos, como sea la fuente y la madre de donde se originan todos
-los vicios, segun San Juan Crisóstomo, cap. 27, homilia 58, sobre San
-Mateo, y siendo aquella virtud una de las armas con que han de ser
-derrocados, como el Salvador nos dejó avisados: _Hoc genus demoniorum
-non ejicitur nisi in oratione et jejunio_. San Mateo, 17. Pero este
-ayuno y abstinencia no la persuadian ó mandaban hacer sino por su
-antiquísima y profunda soberbia, por la cual querian usurpar, como
-el honor y culto de Dios, la virtud, no en cuanto virtud sino en
-cuanto por pedirla querian dar á entender que amaban las virtudes,
-por cobrar más crédito con los hombres, y para vejar y atormentar con
-aquella áspera é infructuosa maceracion en esta vida los cuerpos,
-como en la otra las ánimas, por el odio que tienen á los hombres, y
-así siempre se huelgan de sus tormentos y trabajos, usando con ellos
-de su entrañable crueldad. Tornando al propósito del cacique ó señor
-que habia comenzado aquel ayuno, decian y era pública voz y fama, que
-habiendo hablado con cierto Cemí, que tenía por nombre Yocahuguama, le
-habia dicho que los que despues que él fuese muerto fuesen vivos, poco
-gozarian de sus tierras y casas, porque vernia una gente vestida que
-los señorearia y mataria y que se moririan de hambre; de allí adelante
-creyeron ellos que aquella gente debia ser los que llamamos caribes, y
-entónces los llamaban y llamábamos caníbales. Todo esto refiere fray
-Ramon haber de los indios entendido. Algunas otras cosas dice confusas
-y de poca sustancia, como persona simple y que no hablaba del todo
-bien nuestra castellana lengua, como fuese catalan de nacion, y por
-tanto es bien no referillas, sólo quiero decir lo que afirma de un
-indio ó indios que él tornó cristianos, que matándolos otros indios,
-por el aborrecimiento que tenian á los españoles, decian á grandes
-voces: «Dios naboría daca, Dios naboría daca», que quiere decir, en
-la lengua más comun y más universal desta Isla, «yo soy sirviente y
-criado de Dios», y éste se llamaba Juan; y desta manera y con estas
-palabras murió otro llamado Anton, que era su hermano. Naboría queria
-decir sirviente ó criado, y daca quiere decir yo. Y así dijo destos
-fray Ramon haber sido mártires; de lo cual ninguna duda puede quedar á
-algun cristiano si por la fe ó por no dejar la fe, ó por otra virtud
-alguna los mataran; pero no los mataban por ésto, porque nunca indios
-algunos jamás tal hicieron, sino porque vivian con los españoles, ó
-les loaban ó defendian á quien todos tanto desamaban, ó porque quizás
-les hacian aquellos indios, por mandado de los españoles, algun daño,
-como habemos visto desto asaz harto, y en estos casos harta merced les
-hizo Dios si por confesar ser sus sirvientes y criados se salvaron,
-pero no por ser mártires. La misma manera de religion de la desta isla
-Española estimé y entendí siempre que tenian las gentes de las islas
-comarcanas, sin tener ídolos muy estimados (en la isla de Cuba ningunos
-hallamos), ni ofrecelles sacrificios, más de aquellos ayunos, y de las
-mieses que cogian cierta parte, y no ceremonia sino aquellas cohobas
-con que se cuasi embriagaban. Los más limpios destas heces, en este
-caso, de todos fueron, segun entendí siempre, la simplicísima gente de
-los Lucayos, los cuales muchas veces á los Séres, nacion felice, arriba
-he comparado; destos, ninguna señal de idolatría, ni creencia mala, ni
-figura ó imágen ó estatua exterior sentimos que tuviesen, ántes creemos
-que con sólo el conocimiento universal y confuso de una primera causa,
-que es Dios, y que moraba en los cielos, pasaban, y así en contar sus
-sacrificios no hay por qué detenernos.
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-CAPÍTULO CLXXXI.
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-No creo haber hecho poco en cumplir con la relacion que convenia
-(segun la órden y propósito que traemos) hacer de los sacrificios
-de los grandes reinos que comprendemos en lo que llamamos La Nueva
-España, que tienen todos juntos de ámbito más creo que de 800, y áun
-sin quizá de 1.000 leguas, comenzando de la provincia de Xalisco, y
-acabando en las de Honduras y Nicaragua. Lo cual concluido, pasémonos
-á la otra ala de la Tierra Firme, que es la del Sur, y corrella hemos
-comenzando de la punta de Paria, una vez al Levante y otra por el
-Poniente, como se corrió cuando de los dioses hicimos mencion, de lo
-cual, presto, placiendo á Dios, nos expediremos. En la provincia de
-Paria é isla de la Trinidad, que está con ella pegada, y de allí por
-la costa del Levante, ó por mejor decir hácia el Sur ó Mediodía, por
-la tierra del Brasil y hasta las provincias del Rio de la Plata, ya se
-dijo arriba no tener ídolos ó cuasi ninguna religion, ó poca, sino en
-algunas partes donde habia algunos hechiceros, ministros del diablo,
-que los inducian en algunos supersticiosos errores y agüeros y otros
-resabios de idolatría, por manera que sacrificios no tenian ningunos,
-porque como de todo el discurso que habemos traido, refiriendo los
-dioses, y templos, y sacerdotes, y sacrificios de las gentes antiguas
-y destas indianas, puede colegirse, segun el concepto y estimacion
-que los hombres de Dios alcanzaron así le tuvieron la devocion y
-le constituyeron los templos, y hobo el sacerdocio é inventaron y
-ordenaron los sacrificios, y, por consiguiente, fueron en ceremonias
-más ó ménos religiosos; de manera, que de lo primero necesariamente
-se consiguió lo segundo, y á lo segundo lo tercero, y á lo tercero
-los sacrificios, que es lo último. Y porque los desta isla Española
-y destas otras, fué muy confuso el cognoscimiento que tuvieron de
-Dios, así, ni de templos, ni de sacerdotes (sino aquellos hechiceros
-de que siempre proveyó en el mundo el demonio), ni de sacrificios ni
-ceremonias curaron hacer mencion, y, por consiguiente, fueron muy
-poquito y nada religiosos; lo mismo habemos visto de las gentes y
-pueblos de La Florida, y de las ciudades de Cibola, y de otras muchas
-provincias de por allí. De las del Brasil y Rio de la Plata lo mismo ha
-parecido, y aquello tambien conviene decir de los moradores de la costa
-de la Tierra Firme, de Paria, por el Poniente adelante, hasta la Culata
-que llamaron Urabá. Pero porque los mejicanos y todos los reinos que se
-comprenden por aquello que llamamos La Nueva España, y lo demas de que
-habemos hablado, se derramaron en tener y constituir muchos y diversos
-dioses, y por muchos y varios respectos y causas, por las cuales se
-aplicaban á cada uno, más ó ménos, y á algunos mucha y grande parte de
-deidad, como vimos arriba largamente haber hecho los antiguos gentiles,
-mayormente los romanos; de aquí vino que curiosa y suntuosamente
-les constituyeran templos, ordenaron muchos grados de sacerdotes,
-inventaron tan diversos, y tan nuevos y costosos sacrificios,
-ceremonias tantas y tan trabajosas, y, por consiguiente, fueron
-religiosísimos. Prosigamos, pues, los de la tierra dentro, desde la
-culata de Urabá, por el camino que va hácia el Nuevo Reino, que dijeron
-los españoles, de Granada, y los indios nombraban Bogotá, la última
-luenga, y otros reinos y provincias, llamadas en las lenguas dellos
-Anzerma, Popayan, Arma, Paucura, Pozo, Pycara, Carrapa, Quimbaya,
-Cali, Pasto, y otras más. En ésta, segun dicen algunos españoles
-(puesto que de la del Nuevo Reino ha sido muy poco lo que he podido
-averiguar), ofrecian por sacrificios ciertas resinas y sahumerios, y
-en especial unas yerbas muy menudas y muy bajas, que tenian, dellas
-una flor blanca, y dellas una flor negra; éstas, con las resinas,
-quemaban en unos incensarios ante los ídolos, los que los tenian. En
-otras partes sacrificaban algunos hombres, segun refieren los dichos,
-pero todo es poco lo que todos dicen, porque todas las gentes destas
-provincias, como tuvieron pocos ídolos, y poca estima dellos, y pocos
-ó ningunos templos, poca fué su religion y pocos ó cuasi ningunos sus
-sacrificios.
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-CAPÍTULO CXCVII.
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-Probado en los precedentes capítulos generalmente haber tenido
-todas estas gentes buena gobernacion y guardando entre sí todas las
-especies y distinciones que suelen hacerse de justicia, por argumento
-fortísimo, conviene á saber, mostrando que, si de otra manera fuera,
-sustentarse tanta gente junta, y en tan grandes poblaciones y ciudades,
-á vivir vida social y política, como los hallamos que vivian mucho
-y largo tiempo, fuera imposible, de aquí adelante, para prosecucion
-desta sexta parte, que el Filósofo asigna que ha de tener la ciudad
-ó república bien ordenada, y por sí suficiente, que es tener jueces
-y quien gobierne, y que la gobernacion sea justa y cual conviene á
-la buena policía, queremos referir en particular la gobernacion y
-regimiento (segun que muchas veces vimos, y en las partes donde no
-estuvimos tuvimos noticia, dada por personas fidedignas y religiosas
-de Santo Domingo y San Francisco, y tambien buenos seglares), que las
-gentes de todas estas Indias tenian en islas y Tierra Firme; donde
-tambien contaremos sus costumbres, porque á la mala ó buena gobernacion
-parece pertenecer. Y porque no gastemos tiempo en tratar de las tres
-diferencias de gobernacion susodichas, pues deste trabajo ellas mismas
-nos han librado, esto debemos suponer, que en todas estas Indias,
-universalmente, si no fué en muy pocas provincias ó cuasi ningunas,
-las cuales nombraremos á su tiempo si Dios quisiere, no tuvieron otra
-especie de principado y gobernacion sino de las tres susodichas la
-primera, conviene á saber, la de uno que es rey y reino, la cual es
-la más natural y entre todas la más excelente, y semejante á la con
-que el padre rige y gobierna á sus hijos; así lo afirma y prueba el
-Filósofo, libro VIII, capítulo 7.º de las Eticas. De donde parece
-cuánto más siguieron estas naciones lo más natural y mas razonable
-de los principados y regimientos, en sus policías, que otras muchas;
-y esto, argumento es no débil de su buen juicio y prudencia natural,
-y mejor que en las otras, pues hallaron y escogieron lo mejor, y más
-perpetuo y más seguro, para el gobierno de sus repúblicas, entre las
-cosas más necesarias para las perpetuar, lo que no hicieron muchas
-otras. Supuesto, pues, que fueron gobernadas y regidas por uno que
-es rey, comencemos á ejemplificar, como solemos, por esta felicísima
-isla Española. En ella cognoscimos cinco principales reyes que la
-gobernaban principaban y regian, cuyos nombres eran: del primero,
-Guarionex, que reinaba en todo lo más felice de toda la Real Vega, de
-que arriba tantas excelencias digimos; del segundo, Guacanagarí, y
-éste principaba en lo postrero della, que llamaban Marien, y éste fué
-el primero que trató cristianos, porque allí fué á parar el almirante
-don Cristóbal Colon que descubrió estas Indias, y recibió él, y todos
-los cristianos que con él venian paternal, y gracioso, y admirable
-recibimiento, y no pagables, y áun no pagados ni agradecidos despues,
-muchos beneficios. El rey tercero se llamaba Behechío, la penúltima
-luenga, y reinaba en la provincia llamada Xaraguá, en la parte del
-Occidente; este Rey tenía una hermana que habia por nombre Anacaóna,
-en la penúltima el acento, mujer de gran prudencia y autoridad, muy
-palanciana y graciosa en el hablar, y en sus meneos, y que fué muy
-devota y amiga de los cristianos desde que los comenzó á ver y á
-comunicar con ellos. El cuarto rey fué Caonabó, la última luenga, que
-señoreaba en la provincia llamada Maguana, contérmina ó que partia
-términos con la de Xaraguá, y oriental á ella; éste fué valerosísimo y
-esforzado señor, y de mucha gravedad y autoridad, y segun entendimos
-los que á los principios á esta Isla vinimos, era de nacion Lucayo,
-natural de las islas de los Lucayos, que se pasó dellas acá, y por
-ser varon en las guerras y en la paz señalado, llegó á ser rey de
-aquella provincia, y por todos muy estimado. Díjose tambien que fué
-casado con la dicha señora, hermana del rey Behechío, Anacaóna. El
-quinto rey ó reino, fué del todo oriental, cuya tierra se nos ofrece
-primero cuando á esta Isla venimos de Castilla, que llamaban los indios
-Higuéy, la letra _e_ luenga, y el nombre del rey era Higuanamá, la
-última luenga tambien; y en nuestro tiempo reinaba una mujer vieja,
-muy vieja, puesto que no supe, cuando lo pudiera saber, si este nombre
-Higuanamá fué propio de aquella Reina ó comun de los reyes de aquel
-reino, como los reyes de Egipto se llamaron todos Faraones, como se
-llamaban reyes. Los señores que á estos cinco reyes obedecian eran
-innumerables, y yo conocí grande número dellos, y no poco señores
-sino que tenian súbditos infinitos. Decíase tener Guarionex, rey de
-la Vega Real, otro rey ó señor por vasallo, entre otros, llamado
-Uxmatex, que señoreaba en la provincia de Cibao (que digimos arriba
-llamarse Haytí, la última aguda, de donde se denominó toda esta Isla),
-que cuando lo llamaba el rey Guarionex le venia á servir con 16.000
-hombres de pelea. El rey ó señor que principaba en la provincia de
-Haniguayaba, tengo presuncion que era señor y rey libre por sí; la
-razon que me mueve es, por estar aquella provincia al último cabo y más
-occidental desta Isla, bien 50 y más leguas del reino ó de la ciudad
-real de Xaraguá, donde tenía principalmente su silla el rey Behechío,
-y porque habia muchos señores otros en aquella provincia, que parece
-haber sido súbditos de Haniguayaba, y militar debajo de su señorío,
-y por ventura fué lo mismo en otras partes desta Isla, sino que de
-sabello en aquellos tiempos poco cuidado tuvimos: como el rey ó señor
-de los Ciguayos, llamado Mayobánex, la penúltima luenga, que no fuese
-subjecto al rey de la Vega, Guarionex, puesto que, por librar de la
-prision ó persecucion que los españoles hacian á Guarionex, padeció
-grandes trabajos haciéndoles muchas guerras, no sé decir si lo hacia
-como por su rey y señor, ó como á quien puesto en gran necesidad se le
-habia encomendado. Lo mismo pudo ser en el reino ó provincia de Higuey,
-donde habia muchos señores, y en especial uno que se llamó Cotubanamá,
-la última luenga, que yo bien conocí, de quien arriba hablamos; éste
-fué valentísimo hombre, y de gran gravedad y autoridad, y se defendió
-valerosísimamente muchas veces y por muchos dias, con su persona y
-gente, de los cristianos que le hicieron guerra, del cual hablaremos
-más largo, si place á Dios, en nuestra Historia general, libro II; así
-que no sabré afirmar que fuese súbdito á la reina Higuanamá. Habia
-en esta Isla y en cada reino della muchos nobles y estimados por de
-mejor sangre que los demas, y que tenian cargo sobre otros como de
-regillos y guiallos; éstos, en la lengua comun desta Isla, se llamaban
-nitaynos, la _y_ letra luenga, nobles y principales. Tres vocablos
-tenian con que pronunciaban el grado y la dignidad ó estado de los
-señores, el uno era Guaoxerí, la última sílaba luenga, el cual ser
-el menor de los tres grados, como nosotros decimos á los caballeros
-«vuestra merced», significaba; el segundo era Baharí, la misma última
-luenga, y éste como á mayor señor que el primero, como cuando á los
-señores de título decimos «señoría», ellos Baharí lo llamaban; era el
-tercero y supremo Matunherí, asimismo el acento en la postrera sílaba,
-que á solos los reyes supremos, como nosotros á los reyes decimos
-«Vuestra Alteza», ellos Matunherí lo aplicaban. Entre todos estos cinco
-principales reinos, fué el más ilustre el del rey Behechío, en aquella
-provincia ó ciudad real de Xaraguá, porque tuvo muy muchos señores
-que á su reino y jurisdiccion suprema pertenecian; y eran por todos,
-si no me engaño, por lo que despues vimos, más de 100 y quizás más de
-200, porque hobo, señaladamente en aquellas provincias de al rededor
-de Xaraguá, mucha nobleza. Excedian todas las gentes deste reino de
-Behechío á todas las desta Isla, en la lengua ser más delgada y de
-mejores y suaves vocablos polida; excedian lo mismo en ser hombres
-y mujeres de más hermosas facciones, y disposicion natural de los
-cuerpos y gestos que era cosa de maravilla. Yo cognoscí y vide algunos
-años despues que á esta Isla vinimos una villa, en el mismo asiento
-que el rey Behechío tuvo su casa real, de 60 ó 70 españoles vecinos,
-casados todos con de aquellas señoras ó mujeres de los señores ó hijas,
-que eran tan hermosas, cuanto podian ser las más hermosas damas que
-hobiese en nuestra Castilla. Señaladas fueron algunas en hermosura
-en el reino de Guarionex y en otras partes desta Isla, pero no tan
-en comun y general como las gentes del reino de Behechío; en otras
-muchas cosas eran estas gentes más polidas, por las cuales habia entre
-nosotros tal manera de decir, que aquel reino de Xaraguá era la corte
-desta Isla. Todas estas gentes vivian desnudas, los hombres desde los
-piés hasta la cabeza, las mujeres casadas, desde algo más abajo de la
-cinta hasta la rodilla, poco más y algo ménos, con cierta manera de
-faldillas hechas y muy bien hechas de algodon, se cubrian; y puesto
-que por toda esta Isla se hacian éstas de algodon y las hamacas en que
-dormian, pero en hacer y labrar cosas de algodon, la gente de Xaraguá
-era la prima. Todas las doncellas vírgenes, miéntras lo eran, ninguna
-cosa de sus cuerpos se cubrian; las camas en que dormian, que llamaban
-hamacas, eran de hechura de una honda, cuanto á lo ancho, puesto que
-aquello ancho tenía un estado y medio y dos estados, y uno de longura,
-y todo de hilos de algodon torcidos, no como red atravesados, sino á
-la luenga extendidos; atravesaban por todo lo ancho ciertas tejeduras
-de otros hilos, como randas, de dos dedos en ancho, y habia de una á
-otra, por respecto de lo luengo que tenía toda ella, un palmo y más
-y ménos; á los cabos de la longura de toda ella, que digimos tener
-un estado, quedan muchas asas, un palmo de luengo apartadas de la
-postrera randa, y estas asas son de todos los hilos que la hamaca en el
-luengo tiene, y en esto no es como honda que tiene solamente un ramal
-ó cuerda de una parte y de otra: allí, en cada una de aquellas asas,
-ponen unas cuerdas muy delgadas y bien hechas y torcidas, de mejor
-materia que de cáñamo pero no tan buena como de lino (y ésta llaman
-cabúya, la penúltima luenga), de la manera puestas como si quisiésemos
-ponellas en las mallas cabeceras de una red cuadrada, de un cabo y de
-otro, para haber de colgar la red de ambas partes y que quedase en el
-aire suspendida. Estas cuerdas son tan luengas como una buena braza,
-las cuales van á juntarse al cabo como una rosca chica y áun como una
-manilla; de aquellas dos roscas ó manillas se asen con otras cuerdas
-recias, de gordor de un dedo, muy polidamente hechas, mejor que la
-hechura de trenza, y átanlas á sendos palos de una parte y de otra, y
-queda en el aire suspensa, y así se echan en ella, que es buena cama
-y limpia para tierra donde no hace frio. Tiene más, que siendo de dos
-estados de ancho y uno de luengo, como dije, no pesa toda ella ocho
-libras, y puédenla llevar debajo del sobaco; finalmente, para por
-camino es propísima. Tres lenguas habia en esta Isla distintas, que la
-una á la otra no se entendia; la una era de la gente que llamábamos del
-Macoríx de abajo, y la otra de los vecinos del Macoríx de arriba, que
-pusimos arriba por cuarta y por sexta provincias; la otra lengua fué
-la universal de toda la tierra, y ésta era más elegante y más copiosa
-de vocablos, y más dulce el sonido; en ésto, la de Xaraguá, como dije
-arriba, en todo llevaba ventaja y era muy más prima.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXCVIII.
-
-
-La gobernacion que estos reyes y todos los señores inferiores por
-toda esta Isla puesta tenian, era naturalísima, porque en ninguna
-cosa de la paterna que los padres usan con sus hijos, teniendo fin
-principalmente al bien dellos como libres, diferia; tratábanlos como
-si todos los súbditos fueran sus propios hijos, y ellos como á propios
-padres, por amor y no por temor, los reverenciaban y obedecian; y en
-tanto grado amaban los indios á sus reyes por la dulce gobernacion y
-obras de padre que dellos recibian, que cuando los señores andaban
-escondidos por los montes, huyendo de los españoles, mandaban á sus
-indios, que si alguna vez los españoles alguno dellos tomasen, que por
-ningun tormento que les diesen los descubriesen, y así lo hacian; y que
-cuando los llevasen atados, hallando algun despeñadero, se derrocasen
-de allí abajo, y llevasen, si pudiesen, el español ó españoles que
-los llevaban atados, consigo: poníanlo así por obra sin faltar un
-punto, y esto es certísimo. Y era tanta la humanidad que los señores
-usaban con sus vasallos y súbditos indios, que sin punta ni resabio
-de presuncion alguna, no sólo junto con ellos y á la mesa, pero del
-mismo plato ó vaso en que los señores comian, que comiesen y tomasen
-por su mano el manjar los admitian, y esto vide yo muchas veces, y así
-hablo como testigo de vista. No debe parecer poquedad esta tan humilde
-conversacion ó comunicacion destos reyes y señores con sus súbditos,
-pues los antiguos reyes tan humilde y moderado estado tenian, que
-segun Herodoto, libro VIII de su Historia, sus propias mujeres les
-guisaban la olla y lo que habian de comer: y en aquellos tiempos se
-puede presumir que los súbditos podian comer con los reyes, y pluguiera
-á Dios que todos los reyes vivieran hoy, y de vivir en tal simplicidad
-fueran contentos, porque harto mejor que hoy le va al linaje humano le
-fuera. Y siendo, como eran, estas gentes tan sin número en esta Isla,
-y que un rey y señor tenía en su reino y señorío infinitos, no pasaba
-más trabajo en los gobernar que un padre de familias tiene con su casa
-sola, mujer é hijos; y cierto, no en muchas partes del mundo se hallará
-esta maravilla. No se sabía qué cosa fuese hurto, ni adulterio, ni
-fuerza que hombre hiciese á mujer alguna, ni otra vileza, ni que dijese
-á otro injuria de palabra y ménos de obra, y cuando alguna vez por gran
-maravilla recibia enojo alguno de otro, la venganza que dél tomaba era
-decille, si era zarco de los ojos, buticaco, que quiere decir, anda,
-para zarco de los ojos; y si tenía los ojos negros, xeyticaco, y si
-le faltaba algun diente, mahite, anda, que te falta un diente, y así
-otras injurias desta manera. Y es verdad, como arriba en un capítulo
-dije, que habia veinte años que yo estaba en esta Isla, y nunca ví
-reñir en ella, ni en otra parte, indio con indio, sino una vez en la
-ciudad de Santo Domingo, que vide reñir dos, y estábanse dando el uno
-al otro con los hombros ó con los codos, estando quedas las manos, que
-no mataran una mosca si donde se daban con los hombros la tuvieran;
-entónces yo, admirado de ver cosa tan nueva, llamé á ciertos españoles
-que allí estaban, haciendo testigos. En lo de hurtar, doy testimonio
-de lo que muchas veces por los ojos vide, y esto es, que no teniendo
-puertas en las casas, ni arcas, ni llaves, ni cerraduras, como entónces
-no las teníamos, se andaban los talegones llenos de oro, y áun no de
-granos para que estuviesen contados, sino menudo como si fuera molido,
-en especial en las minas, en unos como dornagillos hechos de ciertas
-hojas de palma, donde poníamos nuestras ropillas, que tambien por
-aquellos tiempos eran pocas, y metiendo las manos cada hora los indios
-que teníamos en casa muchas veces al dia, y trayendo cada hora de una
-parte á otra los talegones, con 500, y 600 y 1.000 castellanos que
-tenian, nunca se halló que un grano ni una punta hiciese ménos algun
-indio, ni tal sospecha en nosotros caia. Y cierto, con mucha verdad
-podemos decir de aquellas gentes lo que por refran suele decirse,
-haber sido tan fieles y tan sin sospecha de hacer ménos cosa alguna,
-que se les podia fiar, como infinitas veces se hizo, oro molido. Asaz
-hobo gentes por el mundo á quien hicieron estas ventaja en carecer
-deste vicio de hurtar; entre los alemanes harto usado era, y ni pena
-ni alguna infamia incurrian si hurtaban fuera de su ciudad, decian que
-aquello era para ejercitar los mancebos, porque no fuesen perezosos
-y cobardes; tampoco tuvieron por pecado matar hombres, segun cuenta
-Julio César, libro VI, _De Bello gallico_. Aulo Gelio, libro XI, cap.
-18, dice, los Lacedemonios tener por gran honra y gloria ser los
-mancebos ladrones, porque con aquel ejercicio aprendian á ser sotiles
-y saber muchas maneras y cautelas, y hacerse á los trabajos para las
-guerras, con tanto que no hurtasen por hacer mal ni por ser ricos.
-Allí dice ser tambien lícito el hurtar en Egipto, y Diodoro, libro
-IV, cap. 3.º, afirma que habia en Egipto una ley que mandaba, cuando
-alguno quisiese darse al oficio de hurtar, fuese ante el Sumo de los
-sacerdotes y dijese su propósito, y diese por escrito su nombre, y
-todo lo que hurtaba lo habia de presentar ante el Sumo sacerdote;
-lo mismo los dueños de las cosas hurtadas, en hallándolas ménos, se
-habian de presentar y escribir sus nombres, y declarar las cosas que
-les faltaban, con el dia y la hora que les faltaron: esto así hecho,
-de las cosas hurtadas sacábase la cuarta parte para el ladron, y lo
-demas el dueño lo llevaba. Daban la razon desta ley los Egipcios; que
-como fuese imposible excusarse los hurtos, era mejor excusarse algun
-daño que no perdello todo al que se lo hurtaban: otras muchas naciones
-fueron vencidas deste vicio. Eran tan honestos cuanto al conversar con
-sus mujeres que nunca hombre de los españoles vido ni oyó decir que
-se sintiese algun acto dellos tocante á la tal conversacion, burlando
-ni de veras. Cuanto al vicio nefando, es verdad lo que aquí afirmo,
-que, en muchos años que tuve cognoscimiento destas gentes y traté
-con ellas, nunca sentí, ni entendí, ni oí, ni sospeché, ni supe que
-hombre de los nuestros sintiese, ni entendiese, ni sospechase, ni oyese
-decir que indio alguno de toda esta Isla tal pecado cometiese, y ha
-más de treinta años que caí en hacer particular inquisicion dellos; y
-confesando á una señora india, viuda y vieja, bien antigua, que habia
-sido casada con un español de los antiguos que yo cognoscí, preguntéle
-si en los tiempos pasados, ántes que viniésemos los españoles á esta
-Isla, habia algo de aquel vicio, respondióme que no, porque, si algun
-hombre hobiera maculado dello, las mujeres (dijo ella), á bocados lo
-comiéramos ó lo matáramos, ó otras semejantes palabras que me dijo.
-Finalmente, que deste pecado y de comer carne humana, y de otra
-semejante desvergüenza y miseria, fueron limpísimos y exentísimos
-los habitantes desta Isla. No se jactarán de la carencia deste vicio
-los sabios de Grecia, que cada uno tenía su mozo por mancebo, y
-tampoco los franceses, entre los cuales los mozos se casaban unos con
-otros sin vergüenza y sin pena; así lo refiere Eusebio, libro VI,
-cap. 8.º _De Evangelica præparatione_. Y es cierto lo que arriba en
-cierto capítulo dije, y quiérolo repetir, que algunas veces oí decir
-á algunos españoles destas gentes (aunque para dejallos de fatigar
-en los trabajos, tenian, segun creo, poca piedad dellos): ¡oh qué
-gente tan bienaventurada era ésta, si cognoscieran á Dios y tuvieran
-nuestra fe! No mirando más de aquello que veian, porque debieran
-pasar con la consideracion adelante, y cognoscer que para que les
-diéramos la fe y no para servirnos dellos nos los habia descubierto
-la Providencia divina. Pues así como ser la mujer, y los hijos, y la
-familia de una casa pacífica, modesta y bien morigerada, careciente
-de vicios y de hacer mal á nadie, testifica y manifiesta la bondad,
-prudencia, solicitud y buen regimiento, y cuidado cerca della del padre
-de familias, de la misma manera, y áun mucho más, ser tan gran número
-de gentes tan modestas, tan benignas, tan concertadas, tan pacíficas,
-tan obedientes, tan limpias y exentas de vicios, y tan honestas, sin
-alguna duda, testimonio claro daban de la bondad, prudencia, solicitud
-y cuidado de la justicia, y justa gobernacion de sus reyes y señores
-que tenian y los regian y gobernaban. Y si alguno dijere que no debia
-causarlo sino las buenas inclinaciones y condicion natural de aquestas
-gentes, que de su naturaleza eran mansas, humildes, pacíficas, y
-de todos los inconvenientes de la virtud naturalmente apartadas, y
-no por la solicitud de los reyes que los gobernaban, digo que al
-ménos ninguno negará que destas buenas inclinaciones, y condicion, y
-disposicion, mansedumbre, humildad, modestia y benignidad naturales, á
-los mismos señores y reyes no les cupiese parte; y así, todos, señores
-y súbditos, eran dotados de bondad natural, y, por consiguiente, todos
-eran felices, bienaventurados. Con todo esto, mucha y grande parte de
-la inocente vida, modestia y humana é inoxia conversacion, y buenas
-costumbres, y carencia de vicios de los súbditos, dependia de la bondad
-y buena órden puesta, regimiento y gobernacion de los reyes y señores,
-y de los buenos ejemplos que de sí á todos daban, viviendo bien y
-no haciendo obras contra razon; esto testifica la divina Escritura
-Ecclesiastes, cap. 10: _Secundum judicem populi sic et ministri ejus,
-et qualis rector civitatis tales et habitantes in ea_. Y exponiendo lo
-que dijo de los príncipes que no son los que deben, ni gobiernan los
-pueblos segun justicia, y los enderezan en buenas costumbres, añade
-luégo allí: _Rex insipiens perdet populum suum_, dejándolos ir sin
-rienda, que es la ley, por la corrupcion de los males. De los buenos
-pone lo contrario: _Et civitates inhabitabuntur per sensum prudentium_.
-De manera, que mucho hace para la bondad ó maldad de los pueblos,
-y para la multiplicacion ó disminucion de los hombres, la bondad ó
-maldad de los reyes, por lo cual, en los Proverbios, cap. 14, Salomon
-atribuye á gloria del Rey la multitud, en el reino, de las gentes,
-y á vicio y culpa suya la poquedad de los vecinos y moradores: _In
-multitudine populi dignitas regis, et in paucitate plebis ignominia
-principis_, como que lo uno y lo otro esté y haya estado en su mano. No
-se les usurpe, pues, á los reyes y señores desta Isla lo que la Santa
-Escritura en general dice y atribuye á todos los del mundo, y pues
-hallamos estos pueblos tan numerosos de gentes y tan bien morigerados,
-entendamos que la solicitud, cuidado y prudencia, y buena órden y justo
-regimiento de los que los gobernaban, el cual era como de verdaderos
-padres, que tenian por fin hacellos buenos y multiplicallos, y en
-aquella multitud y bondad conservallos, era mucha y grande y la mayor
-parte; y en esto hicieron estas gentes á los españoles antiquísimos
-excesiva ventaja, conviene á saber, que tuvieron reyes que los rigiesen
-y bien gobernasen, de los cuales carecieron nuestros españoles por
-muchos siglos de los pasados, hasta que para se defender de los guerras
-tiránicas de los romanos, siguieron y no eligieron á Viriato, como á
-hombre muy cauto y experto en huir y saberse guardar de los peligros,
-y con esto muy esforzado, al cual por pura necesidad sufrieron que los
-capitanease, no por virtud, porque no querian tener á quien obedecer
-ni quien á sus barbáricas obras, robos y maleficios pusiese regla
-ni tasa. Este Viriato hizo guerras fortísimas contra los romanos,
-defendiendo á España por tiempo de diez años, en los cuales hizo
-señalados estragos. Todo esto cuenta Trogo Pompeyo y su abreviador
-Justino, que fué español, en el libro XLIV, donde su Historia acaba:
-_In tanta seculorum serie nullus illis Dux magnus preter Viriatum
-fuit, qui annos decem Romanos varia victoria fatigavit: adeo feris
-propriora quam hominibus ingenia sunt. Quem ipsum, non judicio populi
-electum, sed ut cavendi scientem declinandorumque periculorum peritum,
-sequuti sunt_, etc. De manera que los ingenios y condicion de los
-españoles eran más propios de fieras bestias que de hombres. Y abajo
-dice que las mujeres tenian oficio de labrar y cavar los campos y las
-heredades, y cuidado de las cosas de casa, y los maridos con las armas
-en las manos andaban á robar, porque no tengamos presuncion que venimos
-de los cielos de virtudes muy adornados. Y abajo del todo, con que
-acaba toda su Historia, dice de la gente de aquel tiempo que moraba
-en España, ser pueblo bárbaro y fiero, traido á vivir debajo de leyes
-por el Emperador Octaviano: _Populumque barbarum ac ferum legibus ad
-cultiorem vitæ usum traductum_, etc. Gobernaban (porque al propósito
-tornemos) los reyes desta Isla _manu regia_, conviene á saber, sin
-leyes, por su buen albedrío, tantos pueblos y tantas gentes que eran
-sin número. Y estas palabras, sin número, se hallarán haber escrito en
-sus cartas á los católicos reyes el Almirante primero, que vido, cuando
-descubrió y trató esta Isla, esta manera de gobernar los pueblos los
-buenos reyes, _manu regia_, que es por su buen juicio y albedrío; sin
-leyes se gobernó la romana república á los principios. Algunas guerras
-tenian, pero rarísimas; las causas dellas eran, segun entendimos, por
-alguna de tres, como arriba señalamos: la una, porque algunos de otros
-reinos venian á cazar en los campos, dentro de los término del otro
-reino; la otra, si venian á pescar en los rios; la tercera, cuando
-algun rey ó señor se concertaba con el otro que le diese su hija ó
-hermana por mujer, y le enviaba por ello ciertas preseas, y el otro
-por alguna razon que le movia no se la enviaba, ó la daba á otro; pero,
-por la mayor parte, siempre todos vivian pacíficos. Esto se muestra en
-la relacion que el Papa hizo en la Bula de la concesion destas Indias
-á los reyes de Castilla, informado por la que los Reyes Católicos le
-hicieron, segun lo que el Almirante destas gentes habia sentido; dice
-así: _In quibus scilicet Insulis quamplurimæ gentes pacifice viventes,
-et ut asserunt nudæ incedentes, inhabitant_, etc. Las armas ofensivas,
-ya digimos arriba que eran flechas y arcos, y unas varas tostadas como
-dardos, los cuales tiraban con cierta industria, como si salieran de
-una ballesta de las antiguas que llamaban de garrucha; las flechas eran
-los cohollos de las cañas, que acá son más recios que los de Castilla,
-y por casquillos les ponian unas espinas de pescado, que despues de
-entradas en la carne no podian salir sin desgarrar della buena parte;
-algunas puntas ponian de pedernal en algunas flechas. Poníanles cierta
-yerba ponzoñosa, que de cosas ponzoñosas conficionaban, puesto que hay
-pocas en esta Isla, ó ningunas, y así la yerba desta Isla hacia poco
-daño; de la misma manera tenian las flechas otras gentes antiguas,
-como cuenta Herodoto de los Etiopes, libro VII, y que las ponian por
-casquillos puntas de pedernal. Armas defensivas no tenian ninguna, sino
-sólo los pellejos de fuera, porque todos andaban desnudos como los
-parieron sus madres; y para gente desnuda no eran poco dañosas estas
-armas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXCIX.
-
-
-Cuanto á los casamientos que entre aquestas gentes habia, no entendimos
-que tomasen por mujer hermana, ni prima hija de hermanos, ni que
-tuviesen los particulares más de una; tampoco alcancé ni alcanzamos,
-porque tuvimos todos, clérigos, y frailes, y seglares, de escudriñar
-estas cosas poco cuidado, si sus casamientos eran perpetuos ó por
-alguna causa las repudiaban, puesto que muchas y muchos vide casados
-ó ayuntados hombres y mujeres, viejos de edad y que tenian hijos y
-grandes hijos, que parecia haber mucho tiempo que eran casados, y en
-sus casamientos no haber habido mudanza; tampoco caimos en inquirir con
-cuáles ó con cuántas ceremonias se casaban. Los reyes y señores tenian
-muchas mujeres, no supe hasta qué tantas; del rey Behechío se dijo que
-tuvo 30: cuál fuese la principal, ó si eran todas iguales, tambien
-todos lo ignoramos. Lo mismo de las herencias, del todo punto no lo
-penetramos más de haber entendido que no los hijos de los señores sino
-los de sus hermanas sucedian en sus estados, la razon que daban era
-porque no eran tan ciertos ser sus hijos lo que por hijos tenian como
-los que parian sus propias hermanas, y de las hermanas eran ciertos
-ser sus hermanas, pues habia parido á ellos y á ellas una sola madre.
-Los señores y los demas compraban á los padres las hijas que habian de
-ser sus mujeres, enviándoles por paga ciertas sartas de cuentas que
-llamaban cibas, por excelencia, que quiere decir piedras, porque cibas
-llamaban á todas las piedras, y cibas á estas cuentas, por excelencia,
-como cosa que tenian por muy preciosa y de gran estima; estas piedras
-ó cuentas arriba digimos que parecian poco ménos que muelas podridas.
-Daban tambien por precio ciertas hojas de guanín, que era cierta
-especie de oro bajo que ellos olian y tenian por joyas preciosas, para
-ponerse colgadas de las orejas; pesaban, las que de mayor peso eran,
-obra de medio peso ó de un ducado, y en tanto grado era estimado este
-guanín, la última luenga, destas gentes por el olor que en él sentian,
-ó por alguna virtud que haber en él creian, que acaeció valer aquellas
-hojas, que no pesaban sino lo que digo, entre los mismos españoles,
-para dallas á la hija de algun cacique y señor de aquellos, porque el
-señor les diese á ellos lo que pretendian, cien y más castellanos;
-llamaban en su lengua á estas hojas y joyas de las orejas taguaguas,
-la media sílaba luenga. Gentes de las antiguas hobo por el mundo que
-tuvieron las costumbres mismas que éstas en lo de sus casamientos, y
-muchas, otras naciones, harto viles, feas, irracionales, y no ménos
-desvergonzadas, en la cuales aquestas hicieron á aquellas incomparable
-ventaja.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CCIII.
-
-
-Cerca de las mujeres de los reyes, habia en esta isla Española, segun
-lo que en aquellos primeros tiempos pudimos entender, otra costumbre
-harto áspera, pero no singular en el mundo, y esta fué, que las mujeres
-se enterraban con los maridos y señores; las ceremonias ó manera
-del entierro, y si vivas ó primero muertas las echaban en cuevas ó
-sepulturas, no lo alcanzamos y tampoco lo escudriñamos. Esto sólo fué,
-como dije, de los reyes y señores, no de los hombres particulares, la
-cual costumbre hallamos asaz entre muchas naciones haber sido celebrada
-y muy guardada, y tenida tambien por virtud, y señal de fidelidad, y
-castidad observada á sus maridos, y corona de que las buenas mujeres se
-arreaban y jactaban.
-
- * * * * *
-
-De lo dicho parece que los reyes y señores que hobo en esta Isla, si
-mandaban enterrar consigo á sus mujeres ó alguna dellas, no fueron los
-primeros que aquesta ley pusieron en el mundo, ni parece haber sido
-tan cruel ni más irracional que la que habia en otras partes, ni fué
-tampoco en estos reinos general, porque sólo los señores la usaban y no
-los particulares, como entre otras muchas gentes por altos y bajos se
-acostumbraba, y así en esta parte aquestas, llegarse más cerca de razon
-y alongarse más léjos de crueldad que las demas, mostraron. Y si las
-mujeres de su propia voluntad, con alegría por morir con sus maridos,
-se mataban ó se consentian matar, lo que, como apunté, no averiguamos,
-pueden ser alabadas de fieles á sus maridos, y atribuilles corona de
-castidad. Todo lo cual no deroga á la buena gobernacion que las gentes
-desta Isla tenian, como ni á la de los griegos, si en lo demas era
-buena, derogaba, ántes por el contrario en alguna manera la adornaba.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CCIV.
-
-
-Porque las costumbres buenas ó malas de las gentes pertenecen á la
-buena ó mala gobernacion, como arriba se dijo, por ende prosigamos
-adelante algunas otras costumbres que restan de referir, que los
-moradores desta Isla en sus tiempos solian tener. Las mujeres destas
-islas, y mayormente desta, era cosa maravillosa con cuán poca
-dificultad y dolor parian, cuasi no hacian sentimiento alguno más de
-torcer un poco el rostro, y luégo, que estuviesen trabajando y ocupadas
-en cualquiera oficio, lanzaban el hijo ó hija, y luégo lo tomaban y
-se iban y lavaban á la criatura, y á sí mismas, en el rio; despues de
-lavadas daban leche á la criatura, y se tornaban al oficio y obra que
-hacian. Lo mismo cuenta el Filósofo en el tractado _De Admirandis in
-natura auditis_, que las mujeres Ginovesas hacian, y refiérelo por
-maravilla; desto tambien hace mencion Estrabon, en el tercer libro de
-su Geografía, y lo mismo cuasi toca de las mujeres de España en alguna
-provincia. Tenian tambien de costumbre, cerca de los que enfermaban,
-una que juzgábamos entónces los españoles ser bestialísima y apartada
-de toda razon, porque ignorábamos el fin que pretendian y lo que usaban
-en el mundo otras muchas discretas y políticas naciones; ésta era,
-que en enfermando la persona, mujer ó hombre, si estaba muy mala, la
-sacaban de casa los parientes y deudos, y la ponian cerca de allí en el
-monte; allí le ponian algunos jarros de agua, y otras cosas de comer,
-sin que con ella estuviese persona alguna. Creo que la requerian de
-cuando en cuando y la lavaban, porque por principal medicina usaban
-lavar los enfermos, aunque quisiesen espirar, con agua fria, lo cual,
-ó hacian por la continua costumbre que tenian cada hora, estando
-sanos, por limpieza lavarse, ó por supersticion, creyendo que el agua
-tenía virtud de limpiar los pecados y dar sanidad corporal, como
-arriba desto asaz digimos. Debian ponellos apartados en el monte,
-porque los enfermos así lo querian, como refieren Solino, cap. 65, y
-Pomponio Mela, libro III, capítulo 7.º, de algunas gentes de la India,
-conviene á saber, que cuando alguno se hallaba muy viejo ó agraviado
-de grande enfermedad, se iba él mismo ó se hacia llevar muy léjos á
-lugar apartado y secreto, para morir más sin congoja estando en soledad
-y no viendo hijos, ni mujer, ni cosa que pena le diese; y ésto, para
-entre gente á cuya cabecera no habian de estar frailes trayéndoles á
-la memoria que se acordasen de la pasion de Jesucristo, no era sin
-fundamento de prudencia. Podian nuestros indios tener sin éste otros
-dos fines ó alguno dellos; el uno el gran miedo que tenian de las
-fantasmas de noche, y éstas llamaban hupias, la penúltima luenga, y
-hupia no era otra cosa sino el ánima del hombre, porque así llamaban el
-ánima, y cuando alguna fantasma les aparecia de noche, con verdad ó que
-se les antojaba en la imaginacion, decian que era la hupia, conviene
-á saber, el ánima de alguno que á ellos venia; de aquí creíamos
-que debia el demonio aparecer algunas veces á algunas particulares
-personas, allende los sacerdotes que llamaban behiques, de quien arriba
-queda dicho, para los atemorizar, y engañar, y causar algunos malos
-prestigios. El otro fin, en sacar los enfermos fuera de las casas y
-ponellos en el monte ó apartados de allí, pudo ser aquel que á otras
-naciones antiguas movia, ú otro semejante; éste fué para que todos los
-que por allí pasasen ó llegasen diesen parecer con qué aquel mal se
-curase, si por ventura ellos habian dél sanado habiéndolo tenido. Así
-lo cuenta Herodoto de la gente de Babilonia, libro I, conviene á saber,
-que tenian una ley sabiamente puesta, por la cual, en cayendo enfermo
-alguno lo sacaban luégo á la plaza, para que todos los que allí se
-hallasen, y por allí pasasen, diesen parecer sobre aquella enfermedad,
-si por caso la habian padecido ó supiesen que otro della hobiera sido
-curado, y con qué medicina; y á ninguno le era lícito pasar de donde
-hobiese enfermos sin preguntar de qué ó cómo enfermado habian, para
-dalles consejo, segun lo que de aquella enfermedad le parecia. Esta ley
-ó costumbre, dice Estrabon, libro III de su Geografía, que tuvieron los
-Bastetanos, pueblos del Andalucía en nuestra España, y que fué uso muy
-viejo de los de Egipto. Algo mejor y más pío era que el que algunos de
-la India cerca de sus enfermos tenian: cuenta Herodoto, libro III, que
-cuando alguna persona enfermaba, de cualquiera enfermedad que fuese, si
-era hombre, los hombres, familiares, y criados, ó deudos suyos luégo lo
-mataban, y alegaban que si en él crescia el mal se enflaqueceria, y,
-comiendo dél, las carnes dellos se les corromperian, y no aprovechaba
-nada que él negase estar enfermo, porque de morir habia, el cual
-muerto, con gran fiesta lo comian; y si la enferma era mujer, las
-mujeres, criadas, ó sirvientas, ó deudas, lo mismo que los varones
-al varon, ellas á ella hacian: á los que llegaban sin enfermedad á
-viejos, tambien los mataban, y en convites los comian. Por estas dos
-causas, de matar los enfermos y los viejos, entre aquellas gentes se
-hallaban viejos por maravilla; todo esto es de Herodoto. Cierto, muy
-ajenos de tan crueles bestialidades fueron las gentes inocentísimas
-desta Isla, y así, harto ménos bárbara gobernacion que otras naciones
-tuvieron, éstas tenian. Otra manera tenian de curar los enfermos los
-desta Isla; ésta era, que los sacerdotes ó hechiceros, que arriba
-digimos llamarse behiques, les tomaban los brazos desde los hombros,
-con ambas manos, estregándolos y soplando, y lo mismo las piernas, y
-por todo el cuerpo, cuasi como que con aquel estregar y soplar echasen
-el mal fuera, y esto creo hacian entender á la simple gente, y por
-ventura decian algunas palabras llamando al demonio, con quien debian
-tener hecho pacto. Cerca de los muertos, no supimos más sino que los
-enterraban en sepulturas, creo que en el monte, apartados de la casa
-donde morian, por el miedo que habian de las fantasmas como se dijo;
-por luto se tresquilaban, y esta fué costumbre de los Mylesios y de
-otras muchas gentes, como refiere Alexander ab Alexandro, libro III,
-cap. 7.º Otras costumbres tenian estos indios no muy limpias, cuanto
-al comer, segun la limpieza de que hoy las gentes políticas usamos;
-pero sí señalaremos haber tenido algunas gentes las mismas y otras
-peores, no nos maravillaremos dellas. Una era, que de los conejos que
-cazaban y tenian por nombre hutías, y de las otras cosas vivas, ninguna
-cosa de lo que tenian dentro, como eran las tripas, rellenas como se
-estaban, ni de lo de fuera sino era el pelo sólo, desechaban; y así
-ponian en sus cazuelas las tripas con el estiércol que tenian, sin
-lavarlas, donde las cocian con su pimienta y otras yerbas y cosillas
-que allí mezclaban, y despues de cocidas las yantaban. Esta, cierto,
-por gran suciedad debe ser tenida, y lo es, porque parece que causa
-horror y asco naturalmente á la complixion humana; pero si consideramos
-los que se mantenian de carnes de serpientes y dragones, animales
-tan horribles naturalmente á los hombres, parece que la naturaleza
-es aparejada para engendrar mucho más horror y más vehemente asco, y
-hacer á éstos excusados. Aquéllos son una gente que llaman los autores
-Trogloditas, pueblos de Africa ó de Etiopía; así lo toca la divina
-Escritura en el Salmo 73: _Tu confregisti capita draconis dedisti
-eum escam populis Ethiopium_: tráelo Herodoto, libro IV, donde dice
-que todo género de culebras, lagartos, y de los animales que andan
-rastreando por el suelo, comen. A los dragones quítanles ciertas partes
-negras, donde saben que tienen la ponzoña, mayormente las lenguas, y
-todo lo demas comen sin peligro; desto tambien son testigos Solino,
-cap. 44, y Pomponio, libro I, cap. 8.º Cuanto á lo que toca á la
-suciedad de comer aquellos rellenos estas gentes, quiérolas más excusar
-con otra más sucia obra que hacian mis españoles, porque aprendamos
-á no menospreciar nacion alguna por barbáricas costumbres que tenga,
-ni pensemos que, por tenellas cuan barbáricas sean, luégo nos deben
-sujecion y podemos maltratallas, ántes conozcamos la inmensidad de la
-deuda que á Dios debemos en sacarnos con su evangélica predicacion
-y doctrina de tanta y mayor ceguedad y barbaridad, y no cesemos de
-darle gracias. Cuenta Estrabon, libro III, página 110 de su Geografía,
-y Diodoro, libro VI, cap. 9, una costumbre de los españoles, aunque
-no de todos, tan vil y tan sucia, que no creo que bárbaro alguno
-del mundo tuvo jamás otra tal ni que tanto asco causase, la cual es
-esta, y sea referida salva toda honestidad y reverencia: Tomaban de
-los orines que estaban muy podridos en las letrinas que llamamos
-necesarias, y con ellos los cuerpos se lavaban. Otra era peor y más
-abominable, conviene á saber, que con la misma suciedad y estiércol
-de los hombres, así podrida y antigua, bien majada, los maridos y las
-mujeres se limpiaban muy bien los dientes; porque se vea qué tales
-estarian los labios y los carrillos por de dentro, y áun tambien los
-paladares: de lo cual escarnece harto Estrabon, y dice que vivian
-vida con costumbres brutales y depravadas. De aquí se suelta una duda
-que un religioso y varon de mucha bondad tuvo, cerca de los indios
-moradores de la provincia de Cumaná, Tierra Firme, cuya vecina era la
-isleta de Cubagua, donde solian las perlas pescarse; este religioso,
-viendo aquellos indios traer siempre aquellas yerbas, que arriba
-digimos causarles una costra muy negra en los dientes, dudaba y decia
-que aquella costumbre tan sucia y fea era grande inconveniente para
-que aquellas gentes recibiesen el Santo Sacramento del altar, y, por
-consiguiente, tenian impedimento para que la fe se les predicase.
-Cuanto á lo de recibir el Santo Sacramento decia muy gran verdad,
-porque si aquella costumbre despues de la fe recibida les durara, eran
-indignísimos de ser absueltos en el Sacramento de la confesion, y
-mucho más indignos de comulgar, porque fuera grandísima irreverencia,
-é indecencia y crímen muy grande, llegarse con bocas tan sucias al
-santo altar; pero, cierto, harto más indecentes y sucias, sin alguna
-comparacion, eran las bocas y todos los cuerpos de mis españoles,
-lavándose con aquel agua de azahar y limpiando los dientes con aquellos
-confites molidos de anís ó de culantro preparado. Y esto supuesto,
-podráse bien responder á la duda de aquel padre, lo primero, que no
-se les habia de dejar de predicar la fe por aquella y ni por otras
-tachas peores que tuviesen; lo segundo, pues que con la predicacion
-y doctrina de nuestra santa fe se quitó á nuestros españoles tan vil
-y tan sucia costumbre, y más impeditiva de llegarse dignamente al
-Santo Sacramento que la de los indios de Cumaná, que tambien, con
-la misma fe y doctrina, la suya con el favor divino se les quitara,
-si la diligencia debida hobiera habido. Otra costumbre tuvieron los
-desta Isla, tan poco limpia, y era que comian los piojos de la cabeza,
-porque decian que aquéllos no eran otra cosa sino de su carne y sangre
-nascidos, y que por eso la carne y sangre suya se restituian; no fueron
-éstos solos en el mundo, porque la tuvieron y tienen hoy los Tártaros,
-segun Mustero, en el libro V de su universal Cosmografía, los cuales
-se comen los mismos piojos unos á otros, no sólo de la cabeza pero
-de cualquiera parte donde los crien, y comiéndolos dicen aquestas
-palabras: «Así haré á mis enemigos». Esta costumbre tambien tuvieron
-los Budinos, pueblos de Scythia, segun Herodoto, libro IV; de aquella
-gente habla Plinio, libro IV, cap. 12. Tenian otro uso nuestros indios,
-que parecia vicio, pero no por vicio sino por sanidad lo hacian, y
-éste fué que acabando de cenar (cuya cena era harto delgada), tomaban
-ciertas yerbas en la boca, de que arriba digimos parecer á las hojas
-de nuestras lechugas, las cuales primero las marchitaban al fuego y
-envolvíanlas en una poca ceniza, y puestas como un bocado en la boca
-sin tragallo, é idos al rio, que siempre lo tenian cerca, les provocaba
-echar lo que habian cenado, y despues de lavados volvíanse y tornaban á
-hacer colacion; y como todo el comer dellos fuese siempre de dia y de
-noche, tan poco y de tan pocas cosas, parece claro que no lo hacian por
-glotonía sino por hallarse más ligeros y vivir más sanos. No lo hacian
-así algunos, al ménos uno conocí yo, de los nuestros españoles, y áun
-era harto persona honrada, del cual se decia que tomaba las mismas
-yerbas y hacia el efecto de los indios, por tornar otra vez á cenar.
-Destos eran los que por hartar su gula dividieron la tragantonería en
-cuatro miembros, en almuerzo, yantar, cena, y comensacion ó colacion
-segun decimos; destas cuatro paradas de gula usaban los antiguos
-griegos, segun escribe Philemon, y porque la colacion ó comensacion
-era más excesiva que la cena, tenian necesidad de vomitar lo que
-habian cenado cada hora. Destos tales dijo Séneca, _Edunt ut vomant,
-vomant ut edant_, y llamábanse gormadores; desto trata largamente
-Celio, libro XXVIII, capítulo 2.º Y así parece cuánta ventaja hicieron
-aquellos griegos, y otras naciones tambien del mundo, á éstas en las
-glotonerías y excesos execrables de la gula, porque su comida destas,
-puesto que luégo de mañana almorzaban y luégo íbanse á trabajar en sus
-labranzas ó á pescar, ó á cazar, ó hacer otros ejercicios, despues al
-mediodía yantaban, y comunmente lo demas que restaba del dia gastaban
-en bailes, y cantos, ó en jugar á la pelota, á la noche cenaban, y á
-la postre hacian la susodicha colacion, era, digo, toda esta su comida
-tan liviana, que, como ya se dijo arriba, toda era sin encarecimiento
-muy poco ménos que la penitencia que hacian en el desierto los Santos
-Padres. Comian carne de aquellos animalicos que parecian ratones,
-comian pescado de los rios con el pan cazabí, comian por fruta de las
-raíces llamadas ages y batatas, que son como quien come turmas de
-tierra ó como nabos, aunque harto mejores y de mejor sabor; todo en tan
-poca cantidad, que tengo por cierto cualquiera de nosotros comer más
-en una comida que dos dellos en cuatro. Las cosas cocidas que comian
-eran siempre con mucha de la pimienta que llamaban axí, la última
-sílaba luenga, y más comun que otro manjar era cocer mucha junta de la
-dicha pimienta, con el sabor de sal y del zumo de la yuca ó raíces de
-que hacian el pan cazabí, que digimos arriba servir de vinagre, y esto
-comian como quien come berzas ó espinacas bien guisadas. Cazaban los
-animalillos dichos quemando los yerbazales y atajándolos muchos indios
-juntos dellos, porque no criaban en cuevas como nuestros conejos, sino
-en la haz de la tierra entre la yerba. Pescaban con redes muy bien
-hechas en los rios, y en la mar los que la alcanzaban, con anzuelos
-hechos de huesos de pescados; tambien con flechas á los pescados
-grandes; eran grandes y maravillosos nadadores. Tenian sus barcos, como
-queda dicho, hechos de un madero cavado que llamaban canoas, donde
-cabian 50 y 100 hombres, y destos se usan en todas estas Indias; los
-remos son como palas de horno, aunque las puntas agudas y muy bien
-hechos. Destos mismos barcos usaban en España los antiguos, en especial
-en el Andalucía, segun Estrabon, libro III, y áun de pellejos hacian
-los barcos, hasta que vino á España Bruto, de Roma, segun el mismo
-dice. Eran muy amigos de sus bailes, al son de los cantos que cantaban
-y algunos atabales roncos de madera hechos todos sin cuero ni otra cosa
-pegada; era cosa de ver su compas, así en las voces como en los pasos,
-porque se juntaban 300 ó 400 hombres, los brazos de los unos puestos
-sobre los hombros de los otros, que ni una punta de alfiler salia un
-pié más que el otro, y así de todos. Las mujeres por sí bailaban con el
-mismo compas, tono y órden; la letra de sus cantos era referir cosas
-antiguas, y otras veces niñerías, como «tal pescadillo se tomó desta
-manera y se huyó», y otras semejantes, á lo que yo en aquellos tiempos
-entendí dellos. Cuando se juntaban muchas mujeres á rallar las raíces
-de que hacian el pan cazabí cantaban cierto canto que tenía muy buena
-sonada. Era bien de ver cuando jugaban á la pelota, la cual era como
-las de viento nuestras, al parecer, mas no cuanto al salto que era
-mayor que seis de las de viento; tenian una plaza comunmente ante la
-puerta de la casa del señor, muy barrida, tres veces más luenga que
-ancha, cercada de unos lomillos de un palmo ó dos de alto, salir de
-los cuales la pelota creo era falta. Poníanse 20 y 30 de cada parte,
-á la luenga de la plaza; cada uno ponia lo que tenía, no mirando que
-valiese mucho más lo que el uno más que el otro á perder aventuraba,
-y así acaecia, despues de que los españoles llegamos, que ponia un
-cacique un sayo de grana y otro metia un paño viejo de tocar, y esto
-era como si metiera cien castellanos. Echaba uno de los de un puesto
-la pelota á los del otro, y rebatíala el que se hallaba más á mano,
-si la pelota venia por alto, con el hombro, que la hacia volver como
-un rayo, y cuando venia junto al suelo, de presto, poniendo la mano
-derecha en tierra, dábale con la punta de la nalga, que volvia más que
-de paso; los del puesto contrario, de la misma manera la tornaban con
-las nalgas, hasta que, segun las reglas de aquel juego, el uno ó el
-otro puesto cometian falta. Cosa era de alegría verlos jugar cuando
-encendidos andaban, y mucho más cuando las mujeres unas con otras
-jugaban, las cuales no con los hombros ni las nalgas, sino con las
-rodillas la rebatian, y creo que con los puños cerrados; la pelota
-llamaban en su lengua batéy, la letra _e_ luenga, y al juego, y tambien
-al mismo lugar, batéy nombraban. Concluyendo con las costumbres de las
-gentes desta Isla, segun lo que acaso y no de industria en aquellos
-tiempos supimos, y que agora tan tarde nos acordamos, su contar no se
-extendia á más de los dedos de las manos y tambien los de los piés,
-y así de veinte no pasaba; hasta diez tenía cada número su nombre,
-como á uno decian hequetí, la última luenga, por dos decian yamocá,
-por tres canocúm, las últimas luengas tambien, por cuatro yamoncobre,
-la penúltima luenga, etc.; los otros, hasta diez, se me han olvidado:
-si habian de significar once ó doce ó más, juntaban ambas manos, y
-apartaban uno ó dos ó más dedos de los piés, y si querian decir veinte,
-señalaban piés y manos. Esta simple y corta manera de contar les
-bastaba para cumplir con su simplicidad y natural necesidad, como todas
-las cosas para la vida necesarias tuviesen presentes y en abundancia,
-y no hobiesen de ir á tratar en Flandes como los burgaleses, ni tener
-como ellos libros de caja; como bastaba á los Albanos habitadores de
-Albania, cerca de Armenia, contar hasta ciento porque no sabian contar
-más, segun dice en el libro XI Estrabon. Y ciertamente, ésta y todas
-las otras costumbres arribas contadas, tampoco polidas y delgadas
-de las gentes desta Isla, ninguna cosa derogaban á su gobernacion
-buena, pues tenian en abundancia todo lo necesario á la vida humana,
-y vivian en paz y quietud sin hacer daño alguno á nadie, y carecian
-de mil abominaciones y abusos irracionales, y no ménos innaturales
-y bestiales, como de otras muchas hemos contado. En todo lo cual
-queda manifiesta la gran ventaja que á todas ellas hicieron, y, por
-consiguiente, con legítima razon les podemos atribuir lo que algunas
-veces oí decir (como arriba he dicho) á los nuestros españoles: Que
-cuanto á lo natural, y que se podia sufrir sin fe y conocimiento de
-Dios, ellos eran bienaventurados.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CCV.
-
-
-Declarada la gobernacion y costumbres de las gentes sin número que
-aquesta isla Española habitaban, podríamos lo mismo afirmar de la isla
-de San Juan, y de la de Jamáica, y de la de Cuba, y de las muchas
-otras que llamábamos de los Lucayos, añadiendo á éstas más simplicidad
-palomina, más sosiego y más tranquilidad, porque no parecia en algunas
-destas islas, en especial Jamáica y Cuba, y las de los Lucayos, sino
-que Adan en las gentes dellas no habia pecado. El oficio que tenian los
-reyes destos Lucayos era como el de los reyes de las abejas, el cual
-no era otro sino tener cuidado de cada uno de los súbditos, como si
-fueran todos hijos de un padre; era mayordomo de todos, tenía cargo de
-mandar que hiciesen sus sementeras cuanto al pan, que fuesen á cazar
-y á pescar, traíanselo todo y él repartia á cada casa lo que habia
-menester para sustentarse. Lo mismo hacia en todas las cosas que les
-eran necesarias, mandando á cada persona y personas lo que habia de
-hacer, y en qué se habian de ocupar; estos vocablos, mio ni tuyo, no
-sabian qué fuese, ni qué querian decir. Con ninguna persona de otras
-islas tenian pendencia, ni litigio; la palabra del Rey tenian por ley,
-y toda su vida no era sino lo que se dice de la edad ó siglo dorado;
-todo esto refiere así Pedro Mártir, cap. II, sétima Década. De las
-otras islas, como las de Guadalupe, y Dominica, y otras que por aquel
-renglero hácia la Tierra Firme de Paria van á dar, tener sus reyes, y
-señores, y regimiento para entre sí se gobernar y conservar, no hay que
-dudar, pues todas estaban pobladas y llenas de gentes, y conformes en
-el bien político, y tambien para hacer á otros mal, por las razones que
-arriba trujimos generales, conviene á saber, que sin justicia, ninguna
-sociedad, congregacion, ayuntamiento de gentes, república, ni reino, ni
-comunidad se puede, junta y en su ser de ayuntamiento, sin desparcirse,
-conservar. Pero las costumbres de las naciones que habitaban, y habitan
-hoy en aquellas islas, que á los principios que á estas tierras vinimos
-llamábamos caníbales, y agora se nombran caribes, son destas otras que
-ya nombramos diferentísimas y muy extrañas, porque, segun es pública
-voz y fama desde que aquestas Indias se descubrieron, infestan y salen
-de sus propias islas y tierras por hacer guerra á los de otras partes,
-islas y Tierra Firme, que viven quietas y en paz sin ofender á nadie,
-sólo por fin de los prender y traer para comerlos, como otros van á
-cazar venados. A esta corrupcion y bestialidad deben haber venido
-por alguna mala costumbre que tomaron de alguna ocasion accidental,
-que se les ofreció á los principios cuando lo comenzaron, y de allí
-usándolo en ellas se fueron confirmando y corroborando tanto, que
-se les convirtió en otra como naturaleza, más que por inclinacion y
-complixion depravada ni por el aspecto ni influencia de las estrellas;
-porque como todas aquellas islas están debajo de un clima, ó cuasi,
-con las destas otras, y las gentes desta, y Cuba, y Jamáica, y de los
-Lucayos, sean tan bien acomplixionadas, parece que así lo habian de
-ser aquéllas, y, por consiguiente, habian de carecer naturalmente de
-costumbre tan mala y tan bestial. Ya queda dicho arriba que por tres
-maneras pueden los hombres venir, segun el Filósofo, libro VII, cap.
-8.º, en aquel vicio de comer carne humana: ó por tener la naturaleza
-corrupta, y perversa complixion desde su nacimiento, y ésta les viene
-por la indisposicion de la tierra y destemplanza de los aires; ó por
-alguna enfermedad de epilepsia, que es gota coral, ó manía, que es
-locura, ú otra enfermedad; ó por depravada costumbre, comenzada desde
-la niñez, criándose con personas malas que aquellas corrupciones y
-bestialidades usaron. Y así, como estas tierras todas sean tan felices
-y templadas, y la clemencia de los aires tan suaves y deleitables, y
-las constelaciones que influyen sobre ellas por los efectos conozcamos
-ser muy favorables, todo por la mayor parte, como por muchas razones
-queda en algunos capítulos arriba persuadido, y áun quizá probado,
-por ende parece que no debieron incurrir en aquel vicio bestial sino
-por costumbre originada y principiada en alguna particular persona ó
-personas que hobiesen caido en alguna enfermedad, ó por alguna gran
-hambre que hobiese acaecido que los constriñese á comer carne humana,
-como muchas veces ha en el mundo acaecido, y nuestros españoles lo han
-hecho en estas Indias y en España, segun abajo parecerá, ó por otra
-semejante ocasion accidental; ó tambien pudo ser que alguno ó algunos
-naciesen con alguna perversa inclinacion y desordenada complixion
-diferente de todos los otros, como, errando la naturaleza suelen nacer
-los monstruos, que por acaecer muy raro, como de cosa muy nueva y
-pocas veces vista, nos maravillamos. De aquestos principios y orígenes
-accidentales y raros se puede haber tan mala costumbre derivado, y por
-las islas y partes de Tierra Firme, donde se dice aquel vicio usarse,
-que de las islas á Tierra Firme, ó de Tierra Firme á las islas, se
-haya pegado; finalmente, se hobo entablado, multiplicado y corroborado
-sin infamia de los cuerpos celestiales, ni de la clemencia de los
-aires, ni del sitio y disposicion de las tierras, ni tampoco de las
-complixiones de las gentes, _á toto genere_, y en universal y por la
-mayor parte hablando. Las partes de Tierra Firme, donde se ha dicho por
-nuestros españoles que comian carne humana, son en algunos lugares, no
-en muchos, de hácia y encima de la costa de Paria, y en la tierra del
-Brasil, que es la costa adelante hácia el Levante, y en las provincias
-de Popayan y otras por allí; tambien por la provincia de Guatemala,
-la gente que llamaban los Achíes que por las sierras habitaban; en
-la Nueva España no la comian tan de propósito, segun tengo entendido,
-sino la de los que sacrificaban como cosa sagrada, más por religion
-que por otra causa. En otras muchas é infinitas partes érales cosa
-horrible y abominable, como las gentes de la Florida, que llegando los
-españoles, que fueron en el desastrado é infelice viaje y conquista,
-segun ellos llaman de Pánfilo de Narvaez, á tanto extremo de hambre,
-que se comieron unos á otros, viéndolos los indios, de tal manera se
-escandalizaron, que si lo vieran al principio, como lo vieron al cabo,
-sin duda los mataran, y fuera para otros muchos dellos que habia por
-allí vivos mucho daño. Así lo dice Cabeza de Vaca que fué uno dellos,
-en su triste itinerario, puesto que no supe si él comió tambien de la
-carne humana; y dice que muchos se comieron unos á otros hasta que uno
-sólo quedaba, y, como era solo, no habiendo quien lo comiese escapaba:
-cuando alguno se moria, el otro ó los otros le hacian tasajos, con
-que lo que les duraban se sustentaban. Lo mismo cuenta Estrabon,
-libro IV de su Geografía, que acaeció en Francia y en España estando
-cercados, haber comídose unos á otros: _In obsidionalibus quoque
-necessitatibus idem factitasse Galli et Hispani aliique complures
-dicuntur_; y habla de las islas de Inglaterra é Hibernia, cuyas gentes
-dice ser _Andropophagi_, que quiere decir comedores de carne de
-hombres, y llámalos _manducones magni_, tragones grandes de hombres:
-_Andropophagi, id est, hominum carne vescentes manduconesque magni._
-Aunque parece atribuirlo segun algunos á los de Hibernia, que está
-junto con Inglaterra, pero San Gerónimo, en el libro II contra Joviano,
-parece declararlo, donde afirma que siendo él mancebo vido comer carne
-humana á los de Escocia (que son ingleses, porque la que agora llamamos
-Inglaterra y Escocia no son dos sino sola una Isla, puesto que agora
-está repartida en dos reinos y tenga dos reyes): y añade San Gerónimo
-más; que las nalgas de los pastores, y los pezones de las tetas de las
-mujeres, tenian por más sabrosos y estimaban por sus deleites. Los
-Masagetas ningun término tienen de vida, porque, cuando alguno llega á
-muy viejo, júntanse sus parientes y con otras bestias lo sacrifican,
-cuyas carnes despues de cocidas las comen y hacen gran fiesta, y
-este género de muerte tienen por dichosísimo; á los que mueren de
-enfermedad, porque los tienen por desdichados en no haber merecido ser
-sacrificados, no los comen sino entiérranlos: esto dice Herodoto al fin
-del libro I. Y aunque algunas naciones usaron comer carne humana, pero
-la fuente de toda esta bestialidad fueron los Scythas, y por ventura
-naciones algunas dellos vinieron á poblar parte desta Tierra Firme,
-de donde se pegó y cundió á las gentes que por acá la tuvieron esta
-pestilencia. Dellos dice Estrabon, libro IV y libro VII, que les fué
-costumbre propia comer carne humana: _Atqui commanducandorum hominum
-morem Scytharum esse traditur_; más agravia y encarece Solino, cap. 25,
-este vicio reinar en los Scythas que otro alguno de los escritores,
-porque dice dellos ser impía gente, por tener por manjar las entrañas
-de los hombres, y que, por temor de no ser comidos dellos, muchas
-gentes de sus al rededores huyeron á otras lejanas tierras, por manera
-que habia muy grandes despoblados y desiertos inmensos, por huir
-dellos, y lo mismo dice en el cap. 63, donde los llama gente aspérrima;
-Pomponio Mela, libro II, cap. 1.º, y libro III, cap. 6.º, hace tambien
-mencion dellos. La gente llamada Chalybes, que vive ó vivia en Ponto,
-region de Asia la Menor, y fueron los que primero hallaron el hierro,
-segun aquello del Virgilio:
-
- _India mittit ebur molles sua thura Sabei_
- _Et Chalybes nudi ferrum, etc._
-
-estos, dice Solino, no discrepar de los Scythas en ser crudelísimos,
-donde dá á entender ser antropófagos, comedores como ellos de carne
-humana; y dice más abajo, que entre los antropófagos comedores de
-carne humana, se numeran los Essedones, que de los mismos manjares
-se gozan, los cuales tienen una costumbre, que en la muerte de sus
-padres, juntados todos sus deudos y parientes, cuando los llevan como
-á enterrar, van cantando y regocijándose y con sus propios dientes los
-hacen pedazos á bocados, y juntas aquellas carnes con otras de animales
-cómenlas haciendo gran convite y fiesta, solamente la cabeza desollada
-ó el casco della cubren de oro, y usan della para beber sus bebidas
-como de taza ó de copa. Herodoto dice, libro IV, que la tal cabeza ó
-casco della dorada tienen por ídolo del padre, y cada año le hacen
-sacrificios y ceremonias; y más adelante por aquel libro, dice de los
-Melanchlenis, que son pueblos septentrionales, y se llaman así porque
-siempre andan vestidos de cosas negras, que comen carne humana. Cierta
-gente de la India, que se llaman de Callacia, comen tambien los padres,
-segun Herodoto, libro III; y segun Solino, cap. 45, y Pomponio Mela,
-libro III, cap. 7.º, no sólo á los padres, pero tambien á los otros
-propincuos: y comiendo de sus entrañas hacen gran fiesta, y esto no lo
-estiman por crímen, sino por obra de piedad que obran con ellos. Cuenta
-Munstero, en el libro V de su Cosmografía universal, que la gente de la
-isla Java, que es en la otra mar de Asia la Mayor, solia, cuando veian
-los padres muy viejos y que ya no habian provecho dellos, sacarlos al
-mercado y vendíanlos á los que allí venian que acostumbraban comer
-carne humana, los cuales luégo allí en su presencia los mataban y los
-comian como manjar bien sabroso. Refiere asimismo de los Tártaros,
-que los cuerpos de los enemigos que cautivan en las guerras, para
-mostrar su cruedad, de la cual se jactan, y la venganza que dellos
-desean tomar, los asan en un asador al fuego, y, ayuntados muchos para
-los comer, con los dientes como lobos los despedazan y así los comen,
-habiéndoles bebido primero la sangre. Mucho cruel bestialidad es ésta;
-no sé si los caribes destas tierras que della están inficionados pueden
-llegar á más ni á tanto, puesto que, si es verdad todo lo que dellos
-los nuestros dicen, no es en ellos chica sino grande, sólo quiero que
-cojamos de aquí, que no fueron estas gentes solas en este pecado, y que
-así como Cristo y su Santa Iglesia á las otras no menospreciaron, y
-con la predicacion de la fe aquellos vicios dejaron, como dice Eusebio
-y abajo se mostrará, por la misma manera nosotros á éstas no debemos
-menospreciar, considerando que quizá tiene la divina Providencia entre
-ellos muchos y muy muchos predestinados, que sin alguna duda tiene al
-fin de salvar. Y en cuanto á lo que toca al principal propósito que
-traemos de la gobernacion, sintamos tambien que aquellas costumbres
-corruptas en los que las padecen no derogan, como ni á las antiguas y
-modernas de otras partes, á saberse bien gobernar.
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-
-CAPÍTULO CCXLII.
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-Pasadas estas provincias de Guatemala y de la Vera Paz y el reino de
-Yucatan, que está en sus espaldas, síguense las que llamamos de Gracias
-á Dios y Comayagua, y el valle de Ulancho, y Zula, y Naco, yendo hácia
-el Oriente por la tierra dentro, entre las dos mares, y hácia la mar
-del Sur la felicísima provincia de Nicaragua, y á la del Norte la de
-Honduras y Veragua; y puesto que cuando hablábamos arriba del reino de
-Mechocan, digimos que habíamos entendido en la provincia de Honduras
-y Nicaragua se elogian ciertos jueces para que gobernasen tantos
-meses, debia ser algun pueblo, ó por ventura nos fué aquesto no muy
-averiguado. Finalmente, como ya hemos en algunas partes dicho, todas
-las Indias parece haber tenido el regimiento real, muy pocas partes
-sacadas, y así creo ser averiguado en todas las provincias y reinos
-agora nombradas, y las de Tierra Firme desde Paria, Cumaná, Venezuela,
-y Santa Marta, y Darien, y el Cenú, y la tierra dentro las provincias
-de Popayan, y, sin haber duda alguna, el Nuevo Reino de Granada, que
-llamaban en aquella lengua Bogotá, la última sílaba aguda. Todas estas
-provincias y reinos tenian sus reyes y señores, á quien obedecian los
-pueblos que por señores los reconocian, de cuya manera de gobernacion,
-como fueron acabados presto, al ménos los de ambas á dos costas ó
-riberas de la mar, yendo de Guatemala por el Oriente hasta Panamá y
-Nombre de Dios, y tambien por no haber habido en aquellas provincias
-religiosos que para predicalles aprendiesen sus lenguas, los cuales
-solos son los que saben y penetran sus secretos, tener noticia no
-pudimos; de algunas costumbres cuasi comunes á todos, ó al ménos á
-muchos de los que de personas seglares oimos, podemos algo decir. Todas
-las gentes, desde Nicaragua hasta el Darien, que eran infinitas, que
-hay más de 400 leguas de tierra, andaban desnudos, cuanto á los hombres
-todos los cuerpos, sus vergüenzas algunos traian metidas, los pobres
-y gente comun, dentro de unos caracoles, otros en unas calabacillas,
-otros atadas con unos cordelejos, sumidas todas dentro de las tripas ó
-de la barriga, que cuasi cosa dello no parecia, otros en unos embudos
-de oro muy bien hechos; las mujeres, desde la cinta abajo, traian unas
-faldillejas de algodon hasta la media pierna y más algo, como digimos
-de las mujeres que en la Española vivian: las doncellas andaban del
-todo, hasta ser casadas, desnudas. Los señores en algunas partes se
-vestian unas camisetas de algodon, sin mangas hechas, no muy bajas de
-la rodilla. Todos ellos y ellas se adornaban las orejas de zarcillos
-tan grandes como manillas, y las narices y los pechos con unas águilas
-y collares como medias lunas; joyas de oro cuantas ellos podian haber
-traian. Usaban traer los cabellos luengos, pero tranzados y vueltos
-para las frentes, como las mujeres de Castilla, y otros ceñíanlos
-por el colodrillo; poníanse tambien coronas, y guirnaldas, y unos
-brazaletes y patenas de oro muy finos; poníanse en las gargantas de
-las piernas y brazos muchas sartas de cuentas de huesos de pescados
-y algunas de piedras, las señoras traian una pieza grande de oro, á
-manera de peto, señalados en ellos sus pechos y tetas. En las guerras,
-los hombres traian sobre sí todas sus más ricas joyas, venian pintados
-los cuerpos y gestos de bixa, como digimos de los desta Isla, que es
-color bermejo; peleaban con piedras los que iban á la delantera, y
-lanzas y dardos tostadas las puntas, y macanas, y arcos, y flechas;
-sonaban cornetas de caracoles grandes, y daban grandísimos alaridos
-que hacian temblar las carnes á sus enemigos, y aunque en las guerras
-eran valentísimos y osaban morir, pero todavía amaban y deseaban
-la paz y posesion de sus casas y haciendas. Cuando los señores y
-caciques se casaban, guardaban estas ceremonias: Enviaba sus capitanes
-y principales hombres por mensajeros al padre de aquella que habia
-elegido por esposa, rogándole de su parte que tuviese por bien de
-darle su hija por mujer y compañera para cuanto durase la vida, el
-cual se la llevaba luégo con gran fiesta y compañía. En otras partes
-de por allí enviaban presentes algunos, de caza ó de otras comidas;
-acostumbraban algunos otros que despues que el padre de la moza la
-concedia, venia el que la deseaba con sus capitanes y compañía á casa
-del suegro, y allí concertaban el dote que le habia de dar con ella;
-luégo el esposo volvíase á su tierra, de donde por un mes entero le
-enviaba un presente cada dia; pasado el mes, volvia muy acompañado á
-recibilla, dentro de un apartado ó retraimiento en que se habia criado
-y estado encerrada desde niña, sin ser vista, porque ninguno la veia
-sino eran unos niños que la llevaban la comida; el suegro dábale lo que
-por dote le habia prometido, y cada uno de sus deudos tambien le daba
-sus dones segun podia: cortábanles los cabellos por las orejas en señal
-de la libertad que en casarse perdia. Pero la gente comun tenía de
-costumbre de servir en sus labores un año al padre de la que por mujer
-queria, de la manera que Jacob sirvió á Laban por sus hijas Rachel y
-Lya; cumplido el año, era ley que luégo se la entregase por pago de su
-servicio. Díjose que los señores y los súbditos podian tener cuantas
-mujeres con su hacienda ó trabajos sustentar pudiesen. Fuera de madre y
-hermana, todos los demas deudos casarse tenian por lícito. Parian las
-mujeres cuasi sin ningun dolor, y luégo que acababan de parir se iban
-al rio y lavaban á sí é á lo que habian parido. Cerca de los difuntos,
-sepultura y entierros, guardaban los ritos y ceremonias siguientes:
-Cuando el Rey enfermaba, luégo hacian consultar los sacerdotes ó
-hechiceros á sus oráculos, que no eran otra cosa sino los demonios
-con quien tenian hecho su pacto y concierto, y si se le respondia
-que era enfermedad por la cual habia de fenecer la vida, la mitad de
-todas sus joyas y riquezas de oro echaban en el rio cuasi por ofrenda
-y sacrificio al agua, que quizá veneraban, ó al dios en que, segun su
-opinen, creian. Ya se dijo arriba cómo por mucha parte de las tierras y
-provincias de que vamos diciendo adoraban á un solo Dios, que llamaban
-Chicuna, que quiere decir principio de todo, que moraba en el cielo,
-á quien ocurrian en todas sus angustias y necesidades y ofrecian sus
-sacrificios; así que, puede colegirse, que aquella mitad de las joyas y
-riquezas ofrecian al principio de todo, que tenian por Dios del cielo,
-para que los guiase por su camino. La otra mitad de sus riquezas,
-despues que espiraba, con él junto en la sepultura la ponian; hacian
-grandes llantos y lamentos cuando el cuerpo metian en la sepultura,
-que era, segun dicen, como un silo hueca, hecha encima de las puntas
-de los cerros. Heredaba el estado y señorío el hermano y no los hijos,
-y por ventura, cuando faltaba hermano, heredaban los sobrinos hijos
-de las hermanas, por la incertidumbre que habia de que fuesen los
-hijos propios hijos. Esta costumbre tenian las gentes moradoras de
-la provincia de Panamá, que agora es puerto del Perú en la mar del
-Sur. En otras provincias de la misma tierra que llevamos en la mano,
-hacian en los entierros de los señores lo dicho, y añadian enterrar ó
-echar con ellos en las sepulturas las mujeres y personas, sirvientes
-llamadas, vivas, para que le acompañasen por el camino y sirviesen, y
-no les faltase compañía en la otra vida; poníanles tambien mucha comida
-y vinos de lo que beber solian. Ponian una estaca de árbol sobre la
-punta del sepulcro para señal, que se hace gran árbol en breve dias.
-Tornados á casa, sus parientes y amigos se cortaban los cabellos por
-luto y tristeza; duraban los llantos y obsequias un mes entero, á cabo
-del cual, juntos todos los principales del pueblo, alzaban por señor al
-mayor hijo. En otras partes, como en la provincia del Darien, hacian
-lo mismo en los entierros de sus señores, pero envolvian los cuerpos
-con todas las joyas de oro en unas hamacas hechas de tela de algodon
-tejida, que se ponian en el aire (como desta isla Española se dijo,
-puesto que las desta Isla no eran de tela sino de hilos torcidos), y en
-torno de la hamaca, donde él estaba envuelto, ponian sus armas con que
-salia á las guerras, y si era hombre ó persona plebeya, poníanle los
-instrumentos del oficio de que vivia. Poníanle tambien mucha comida,
-y bebida y cosas de bastimentos; vueltos á casa, los vivos, hacian
-grandes meneos y cantos proporcionados á los muertos, y tristes, como
-acá hacemos las honras á los que se nos mueren. En aquellos cantos
-refieren con lástima los esfuerzos y valentías que habia hecho en
-las guerras, y buenas obras en la paz, miéntras vivia; levantaban
-por señor al hijo mayor, con todo el poder, dignidad y autoridad que
-el padre tenía. Estas obsequias, ó cantares lúgubres, ú honras, como
-los cristianos hacemos los aniversarios, estas gentes por todo un
-año diz que hacian. Otras gentes de otras provincias desta tierra de
-que referimos, cuando el señor cercano á la muerte se sentia mandaba
-juntar todos los suyos, para que en su presencia alzasen por señor á su
-hijo; despues de muerto llorábanlo terriblemente, y envolvíanlo en sus
-propias mantas de algodon, y, liándolo con ciertas cuerdas, poníanlo
-en unas parrillas hechas de madera, y debajo encendian fuego manso y
-suave, para que poco á poco se le consumiese todo lo que habia en él
-húmedo y así quedase todo enjuto y seco; durante aqueste artificio,
-cantaban sus endechas de muertos muy tristes, refiriendo las miserias
-desta vida, y cuán vil cosa es el hombre pues al cabo aunque suba en
-gran prosperidad, y honra, y riquezas, viene la muerte que de todo
-le priva. De allí llevábanlo con los mismos cantos de tristeza y
-menosprecio del mundo á meter en la sepultura, con todos los esclavos,
-que allí ahogaban primero, para que fuesen á servillo; quemaban luégo
-las armas suyas y todas cuantas cosas para su servicio tenía, por no
-acordarse dél cuando las viesen. Comun fué aquesta costumbre de enjugar
-los cuerpos de los muertos al fuego, para que se perpetuasen sin del
-todo corromperse, á muchas gentes por muchas provincias de aquesta
-tierra. En una provincia della hobo un gran señor llamado Pomogre, muy
-nombrado los tiempos pasados, cuando los españoles entraron en ella á
-los principios, lo uno por ser valeroso y esforzado de su persona, y lo
-otro, y principal, porque de oro era muy rico; éste, sabiendo una vez
-que un capitan llamado Vasco Nuñez de Balboa iba en su busca, salióle á
-recibir con siete hijos, y, recibido con grande alegría en su pueblo y
-casa, comenzóle á mostrar todo cuanto tenía. Su casa era de tan extraña
-grandeza, que los cristianos admirados, queriendo medirla, hallaron
-que tenía de largo 150 pasos, y de ancho más de 80; era de madera muy
-bien hecha y de paja cubierta. Dentro de una sala que estaba en medio
-vieron gran número de cuerpos de muertos, secos, colgados de la cumbre,
-todos con las joyas y atavíos de oro que siendo vivos en las partes de
-sus cuerpos traer solian; todos eran los reyes antecesores de aquel
-señor Pomogre. Por manera, que como en otras partes, con bálsamo y
-especies aromáticas, sin corrupcion se conservaban los cuerpos muertos,
-así aquellas gentes los conservaban con aquella industria de fuego.
-Dió de su voluntad este señor á los cristianos 4.000 pesos de oro,
-que en aquel tiempo, ántes que el Perú se descubriese, que ha causado
-ser poco cuanto oro hay en el mundo, era mucho. Y es bien decir aquí,
-aunque fuera de nuestro propósito presente, lo que en presencia del
-dicho señor hicieron los cristianos sobre la partija, los cuales,
-sobre si luégo allí el oro se partirian, ó lo llevarian para despues
-por partir, comenzaron, con palabras recias y meneos, turbados á reñir;
-entendiéndolo el hijo mayor de los siete que el señor habia traido
-consigo, pone los ojos en el capitan y comenzó á decirle: «Maravillado
-estoy, valiente capitan, del mucho caso que de tan poca cosa haceis,
-habiendo llegado á punto de os perder como si yo viera que venian
-enemigos contra enemigos; si deste oro mucha gana teneis, la cual veo
-que no sólo os fuerza á la destruccion destas nuestras tierras, pero
-áun á la de vosotros mismos, yo os llevaré á la region de Tubanamá,
-donde hartareis vuestra codicia de grandes riquezas; pero sabed que
-para llegar allá habeis de pasar por tierra de fieros caribes que comen
-carnes humanas, y si vuestra ventura y esfuerzo fuese tal, y trajésedes
-1.000 cristianos para que pasásedes á otra gran mar mayor que este
-nuestro Océano, mi padre y yo os ayudaríamos con todo lo que pudiésemos
-para poner en efecto lo que deseais», etc. Todo esto escribió un
-español llamado Tobilla, el cual, segun afirma, hizo diligencia para lo
-saber. Contentóse muy mucho destas nuevas Vasco Nuñez y sus compañeros,
-y desde allí comenzó á tratar de buscar la mar del Sur, y así fué el
-primero que la descubrió el año de 1513, al principio del mes de Junio.
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-
-CAPÍTULO CCXLIII.
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-Tenian todas las gentes destas provincias que vamos contando muchas
-maneras de bailes y cantares; costumbre muy general en todas las
-Indias, como tambien la hobo en todas las naciones antiguas, gentiles y
-judíos, segun arriba largamente queda explicado. Todas las veces que el
-señor de la provincia ó del pueblo casaba su hija ó hijo, ó enterraba
-persona que le tocaba, ó queria hacer alguna sementera, ó sacrificar,
-por grande fiesta mandaba juntar los principales de su tierra, los
-cuales, sentados en torno de una plaza y sino en lo más ancho de su
-casa, entraban los atambores, y flautas, y otros instrumentos de que
-usaban; luégo tras ellos allegábanse muchos hombres y mujeres adornados
-cada uno con las mejores joyas, y si se vestian de algo, al ménos las
-mujeres, con lo mejor que alcanzaban: poníanse á las gargantas de los
-piés y en las muñecas de las manos sartales de muchos cascabeles,
-hechos de oro y otros de hueso. Si andaban todos desnudos, pintábanse
-de colorado los cuerpos y las caras, y, si alcanzaban plumas, sobre
-aquellas tintas se emplumaban, de manera que lo que la justicia entre
-nosotros dá por pena á las hechiceras ó alcahuetas tenian ellos por
-gala: todos al son de sus instrumentos musicales cantaban unos y
-respondian otros, como los nuestros suelen hacer en España. Lo que
-en sus cantares pronunciaban era recontar los hechos, y riquezas, y
-señoríos, y paz, y gobierno de sus pasados, la vida que tenian ántes
-que viniesen los cristianos, la venida dellos, y cómo en sus tierras
-violentamente entraron, cómo les toman las mujeres y los hijos despues
-de roballos cuanto oro y bienes de sus padres heredaron y con sus
-propios trabajos allegaron. Otros cantan la velocidad, y violencia, y
-ferocidad de los caballos; otros la braveza, y crueldad de los perros,
-que en un credo los desgarran y hacen pedazos, y no ménos el feroz
-denuedo y esfuerzo de los cristianos, pues, siendo tan pocos, á tantas
-multitudes de gentes vencen, siguen y matan: finalmente, toda materia
-que á ellos es triste y amarga la encarecen allí representando sus
-miserias y calamidades. En algunas partes, tras aquellos entran otros
-armados, con grandes alaridos, como si rompiesen por alguna batalla, y
-arrebatan las mujeres que mejores les parecian en el corro, y salidos
-fuera estaban con ellas el tiempo que querian, sin ser parte los
-maridos para estorballo estando presentes, aunque fuesen los propios
-señores, por no quebrantar tan loable costumbre; por manera que, áun
-hasta en las burlas, las armas daban para pecados no chica osadía. Esto
-era imágen de las Bacchanalias feísimas que los romanos y otras gentes
-hicieron, y áun que quizá hoy hacen algunas, como arriba digimos;
-aunque estos destas naciones con mucha ventaja no fueron tan feos y
-deshonestos como aquellos, como arriba bien claro parece. Cansados de
-bailar, y cantar, y de referir y llorar sus duelos, sentábanse á comer
-en el suelo donde tenian aparejadas sus pobres comidas, por mucho que
-las quisiesen hacer espléndidas, porque todo cuanto los indios quieran
-juntar, es todo laceria comparado á nuestros excesivos y desaforados
-banquetes; eran gallinas, ó venados, ó conejos, ó pescados de mar ó
-de rios, segun de la una parte ó de la otra están más cerca, y éstos
-asados ó cocidos, y no haciendo dellos tan esquisitos y superfluos
-manjares como nosotros hacemos. Y si la comida duraba dos y tres
-horas nunca ni una sola vez bebian, sino, despues de hartos, venia la
-bebida, la cual era vino hecho de mahíz que para emborrachar tiene
-harta fuerza; ésta era traida en vaso de oro, quien lo tenía, y tambien
-de ciertas calabazas muy más hermosas y útiles que las nuestras, que
-los desta isla Española llamaban hibueras, y los de la Nueva España
-xicaras: bebian hasta no poder más ó que se acababa el vino aparejado
-y se vaciaban las vasijas. Dicen que se bebian unos á otros, como
-nuestros flamencos, y áun nuestros españoles que fácilmente toman las
-costumbres ajenas, no tienen mucho empacho de hacerlo, porque cuando
-afeáremos los defectos destas gentes escupamos al cielo. En aquellas
-bebeduras ó borracheras, despues de bien cargados, consultaban y
-determinaba la justicia ó el aparato de las guerras, y las otras
-cosas graves que se debian hacer, si es verdad lo que un español,
-que arriba dije llamarse Tobilla, de la gente destas provincias por
-escrito refiere; y, porque desto hace muchos ascos, acordémonos que los
-alemanes y otras naciones que arriba nombramos, despues de muy llenos
-de vino, hacian lo mismo. En toda la tierra y en sus provincias, que en
-el precedente capítulo y en este corremos, ó en la mayor parte della,
-el sobredicho ni otro alguno dijo de las gentes que en ella vivian que
-tuviesen alguno de los tres defectos que de otras se afirman, conviene
-á saber, comer carne humana, ni sacrificar hombres, ni el pecado de
-sodomía; solamente dice Tobilla, que ciertos españoles hallaron en
-cierto rincon de una de las dichas provincias tres hombres vestidos
-en hábitos de mujeres, á los cuales por sólo aquello juzgaron ser de
-aquel pecado corrompidos, y no por más probanza los echaron luégo á
-los perros que llevaban, que los despedazaron y comieron vivos, como
-si fueran sus jueces. Pues bien pudo ser que aquellos no sirviesen
-de aquello, sino, por no ser para mujeres, fuese costumbre usada
-entre aquellas gentes que tomasen vestidos femíneos, para dar noticia
-de su defecto, pues se habian de ocupar en hacer las haciendas y
-ejercicios de mujeres, como algunas naciones hicieron; segun arriba
-dejamos dicho; y podemos estar ciertos que si hobiese más nueva de ser
-maculadas más gentes de aquesta tierra de aquel vicio y defectos, que
-nunca lo callaran los españoles ni lo dejara de escribir Tobilla.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CCXLIV.
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-
-Dejemos ya la tierra y provincias que habia desde que dimos fin á la
-relacion de las costumbres de las gentes que habitaban en el reino de
-Guatemala, y de la Vera Paz, y las comarcanas hasta el Darien, las
-cuales poco más ó poco ménos entre sí diferian, y tomemos la costa
-de Paria y lo que se sigue por ella hasta que tornemos á juntarnos
-con el mismo Darien, ó con las provincias cercanas dél, las cuales
-todas no mucho en las costumbres difirieron; de donde podemos argüir
-las que las demas por la tierra dentro tener pueden. Puesto que como
-haya tan infinitas gentes y diversas lenguas y diversas regiones,
-y debajo de aspectos diversos y constelaciones ó influencias que
-inclinan los hombres á obrar bien ó mal, aunque no fuerzan ni son
-causa eficaz de las elecciones, quedando siempre la libertad del
-libre albedrío exenta, necesario es que haya diversas costumbres; las
-de Paria, pues, y Cumaná, y Chiribichi, y por allí abajo, á lo que
-tenemos entendido, tenian las siguientes: Cuanto á la gobernacion,
-ésta era de uno como de las otras partes habemos dicho, porque en
-cada pueblo gobernaba un señor, y quizá en cada provincia principal
-señor uno era; la manera de gobierno en particular ni las leyes con
-que se regian, aunque algun tiempo estuve en aquella tierra, no lo
-procuré aunque pudiera. Todos andaban desnudos, metidas solamente sus
-vergüenzas en unas calabacitas, ó encogidas dentro de las barrigas,
-por las atar con ciertos hilos como de otros se dijo. Las mujeres
-tambien cubiertas con las medias faldillas de algodon, de que ya
-tratamos arriba; cortábanse los cabellos hasta el medio de las orejas,
-y por hermosura se horadaban las orejas y las narices, donde ponian
-ciertas piezas de oro, ó hechas de las ostias de las perlas, que más
-que el oro las precian. En las guerras, de todo cuanto tienen de oro
-(aunque por aquí hasta más abajo poseen poco) se atavian; son en ellas
-diligentísimos y agilísimos, peleaban con arcos y flechas con yerba
-mortífera, y en acertar los tiros son certísimos. Desque llegan los
-muchachos á diez ó doce años, traen todo el dia, si no es cuando beben
-ó comen, en la boca dos bocados del tamaño de una nuez de las hojas
-de un árbol que llamaban hay, como de arrayan, uno en el uno y otro
-en el otro carrillo, las cuales, cierto, son las hojas que en el Perú
-llaman coca, que en tanto precio segun es notorio las estiman. Estas
-hojas les fortifican los dientes y muelas de tal manera, que nunca en
-toda su vida se les pudren ni sienten dolor en ellas, pero páranles
-toda la dentadura como una azabaja muy negra. Por injuria llaman á
-los españoles muchachos y mujeres, por verlos que se precian tener
-blancos los dientes, lo mismo nos atribuyen por tacha que traemos las
-barbas crecidas, llamándonos bestias fieras. Tienen sus heredades
-de aquellos árboles por mucha órden puestos, como ponemos nuestros
-olivos, los cuales curan y cultivan con suma diligencia, y todos de
-regadío; cercaba cada uno su heredad de aquellos árboles, con su
-valladar, solamente dejando tanto abierto, para puerta, cuanto hilo de
-algodon puede tener un hombre ceñido. Tenian por gran sacrilegio, si
-alguno entrase y pisase la heredad de su vecino, teniendo por cierto
-que como violador de cosa sagrada habia de perecer presto. Para que
-destas hojas puedan gozar las gentes de la tierra dentro, que no las
-tienen, hácenlas polvos, y, porque duren sin corromperse mucho tiempo,
-hacen cierta cal de ciertos caracoles y almejas que se crian en una
-sierra, la cual con el polvo de las hojas mezclan; esta cal, poniéndola
-en los bezos, alguno que nunca se la haya puesto, se los para tan
-duros como suelen tener las manos de callos los que cavan con azadas
-continalmente, pero los que lo acostumbran no sienten aquella dureza;
-estos polvos mezclados desta manera guardan en ciertas cestillas
-de cañas ó carrizos muy bien hechas, para los mercaderes que á sus
-mercados con oro ó joyas de oro hechas, y con mahíz, su trigo, y con
-esclavos, á comprallos y conmutallos, para sanidad, conservacion y
-perpetuidad de sus dientes, vienen. Tienen de noche sus velas de trecho
-en trecho, los cuales, como pregoneros, dan voces y responden los más
-propincuos con diligencia, porque se entienda que no se han dormido;
-preguntados que por qué ponen en se velar tanta solicitud, dicen que
-porque no los hallen sus enemigos desapercibidos. El tiempo que más
-calor hace (puesto que allí hace poco siempre, ántes hace lo más del
-tiempo fresco), lávanse ántes, y cuando más templado despues del sol
-salido, cada dia. Untanse tambien muchas veces por gentileza con cierto
-ungüento (por ventura es lo que en la Española se llamaba bixa), y
-sobre ella ponen muchas plumas de aves como en nuestra España, como
-ya digimos, se hace por justicia á las alcahuetas. Entre ellos, aquel
-se tiene por más poderoso y más noble y caballero que más canoas ó
-barcas alcanza, y más parientes ó deudos tiene, y que mayores hazañas
-sus pasados hicieron. Cuando alguno injuria ó hace algun daño á otro,
-siempre trabaja de se satisfacer de su enemigo. Presumen mucho de sus
-arcos y flechas por la yerba ponzoñosa que para ellas tienen, la cual
-se conficiona y compone de aguijones de avispas, y de cabezas de cierta
-hormigas, y de ciertas manzanillas, y de zumos de yerbas, y de leche
-de cierto árbol, y de otras cosas mortíferas; y no todos saben hacer
-ni hacen la dicha yerba sino solas unas mujeres viejas, las cuales
-á ciertos tiempos encierran, forzadas y aunque les pese, que nadie
-trate con ellas, y dánles todos los materiales de ponzoñas de que se
-compone la yerba. En dos dias hacen y cuecen su mortífero ungüento, y
-hecho abren la puerta de la casa los de fuera, y si hallan las viejas
-sanas, que no estén cuasi muertas, castíganlas dándolas pena, porque no
-hallar las viejas cuasi muertas no tienen la yerba por buena, porque
-de sólo el olor que las que la hacen reciben, para ser bueno, han de
-quedar cerca de muertas, y por tanto aquélla la echan por ahí como cosa
-sin provecho. Cualquiera que es herido della, muere cuasi rabiando
-cuando comienza á obrar; miéntras no beben (porque causa gran sed),
-está como suspensa su virtud algun tiempo, y áun acaece veinticuatro
-horas, en bebiendo, luégo el herido rabia: nuestros españoles ningun
-remedio saben ni tienen, los indios sí. Nuestros religiosos que allí
-conversaron algunos años, vieron muchos indios della heridos, porque
-riñen entre sí muchas veces, pero ninguno della vieron muerto sino
-una mujer que no quiso sufrir la cura porque debe ser quizá penosa;
-los demas acuden luégo al remedio, y por eso ninguno muere. Mucho han
-trabajado los españoles por saber de los indios la contrayerba, pero
-nunca lo han podido sacar dellos. Los heridos de la yerba, puesto
-que no mueran, viven la vida despues muy trabajosa, porque se han de
-guardar de muchas cosas de ántes agradables; lo primero han de ser
-continentes al ménos por dos años, del vino toda la vida, y de comer
-demasiado sino solamente lo necesario, y de los trabajos, porque si
-no se abstienen de lo dicho mueren presto. Cuando navegan, va uno en
-la proa de sus barcos, que llaman en aquella lengua pyragua, la media
-sílaba luenga, que deja de andar y vuela, el cual va cantando, y al
-son de su voz todos los remadores, sin discrepar un punto, reman.
-Las mujeres miéntras son mozas y jóvenes, son y viven bien honestas,
-despues que son mayores no tienen tanta constancia. Las mujeres, así
-como los hombres, corren, y saltan, y nadan, y hacen cualquiera cosa
-de ligereza, y van con los hombres á las guerras; paren los hijos sin
-dolor, facilísimamente, ni se regalan ni echan en cama, ni curan de
-alguna delicadeza; á las criaturas que paren ponen dos almohadillas,
-una en la frente y otra al colodrillo, para hacer levantadas las cabeza
-y anchas las frentes. Las doncellas, de que son ya casaderas, tiénenlas
-dos años encerradas los padres, que ninguno las ve, y por esta guarda
-tan estrecha muchos desean tenerlas por mujeres; los señores tienen
-cuantas mujeres quieren, pero los populares con una sola son contentos.
-Tienen el adulterio por cosa fea, y así despues de casadas se guardan
-de cometello, y cuando algun yerro dello acaece, no castigan la mujer
-sino al adúltero dan la pena, y es de muerte segun creo; puédese,
-empero, repudiar la mujer por aquéllo. Para las bodas destas doncellas
-todos los vecinos se convidan, y las mujeres convidadas traen consigo
-de sus manjares y vinos cuantos pueden traer á cuestas. Los hombres
-traen haces de cañas y de yerba para sobre palos hacer la casa de la
-nueva novia, segun su manera; hecha la casa, el novio y la novia,
-segun la facultad que tienen, se adornan y atavian con sus joyas de
-oro y de piedras de diversos colores, hechas de huesos de pescados y
-de piedras que ellos estiman por cosa muy rica y buena, de las cuales
-si carecen los vecinos se las prestan. Entónces la nueva novia está
-sentada apartada entre las doncellas, y el novio entre los hombres
-mozos y viejos; cercan la novia cantando las doncellas, y al novio los
-mancebos; viene un barbero, ó que tiene tal oficio, y corta al esposo
-los cabellos por las orejas, y á la novia, una mujer, solamente los
-de la frente junto á las cejas; el cabello del colodrillo dejánselo:
-venida la noche, toma la esposa al esposo por la mano, y de allí que
-se vayan juntos se les dá licencia. Todos los hombres acostumbran á
-comer juntos, y las mujeres nunca con ellos. Son muy amadoras las
-mujeres de la gobernacion de sus casas, y ejercítanla con diligencia;
-los hombres en cazar, y en pescar, y en bailes, son sus ejercicios, y
-en las guerras. Aman en extremo grado los cantos y bailes, y esto es
-comunísimo en todas las Indias, y lo fué por todo el mundo entre los
-antiguos gentiles; la costumbre destos era, que cuando cuasi amanecia y
-queria anochecer, lo que llamamos en España entre lubrican ó entre dos
-luces, comenzaban con diversos instrumentos, en especial unos atabales
-que hacian de un madero, haciéndolo hueco y con ciertos agujeros, y con
-cantos y saltos, al son de las voces y atabales comiendo y bebiendo,
-por ocho dias enteros no paraba la fiesta. En ella, cada uno se ponia
-y sacaba todas sus joyas y haberes á cuestas: unos, zarcillos de oro
-en las orejas; otros, con patenas de oro en los pechos; y otros,
-coronas dello en las cabezas; otros, con cascabeles hechos de hueso,
-y con caracoles y almejas que suenan como cascabeles, puestas sobre
-las pantorrillas y á los pescuezos, y sobre todo pintados de colores
-diversos los cuerpos: y aquel se tiene por más hermoso y digno de que
-en más que á los otros lo tengan que á nosotros pareceria más feo.
-Andaban todos cantando, á la redonda yendo y viniendo, las manos de
-los unos con las de los otros juntas, dando mil saltos y haciendo
-mil gestos; decian nuestros frailes haberles visto en estos bailes
-y juegos gastar seis horas sin descansar ni tomar resuello. Cuando
-eran amonestados por el pregonero, ó que tenía oficio de aquello,
-que viniesen los más cercanos á hacer fiesta á la casa ó plaza del
-señor, los criados de su casa desherbaban y limpiaban el camino que no
-hobiese áun paja, ni piedra, ni trompezadero alguno; los que de más
-léjos venian de los lugares comarcanos, ántes que llegasen á casa del
-señor, en un llano, se aparejaban como en son de guerra, é iban paso
-á paso tirando flechas, bailando y cantando bajo, y desque llegaban
-cerca levantaban la voz, y decian repitiendo muchas veces: «Hermoso
-dia hace, hermoso dia hace, hace hermoso dia». El principal de cada
-lugarejo guiaba y regulaba los suyos, bailando, y saltando, y cantando
-todos juntos, con tanto compas y órden, que las voces, y saltos, y
-meneos de todos no parecian sino voz, y saltos, y movimientos de sólo
-uno. De cada compañía iba uno delante, vueltas las espaldas, hasta la
-puerta de la casa del señor, entrando en la casa, no cantando, uno
-fingia que cazaba, otro que pescaba, los demas modestamente saltando; y
-así entrados, usando del arte oratoria como si la hobieran estudiado,
-alababan al rey ó señor y á sus progenitores y sus hazañas con
-diversos gestos y ademanes. Esto hecho, siéntanse todos en el suelo
-callando; vienen luégo las comidas, y comen hasta hartarse y beben
-hasta embeodarse, y el que más bebe y se destempla es de todos por más
-valiente y valeroso estimado. Las mujeres guardan en el beber y comer
-aquellos dias gran templanza, por socorrer á sus maridos en aquellas
-borracheras, y así por ley á cada mujer es mandado que en aquellos
-trabajos bacanales, como tutora, de su marido tenga cuidado; en los
-cuales las mujeres son las sirvientas y coperas desta manera, que al
-primero dan las mujeres á beber, y aquél levántase y dá á beber al más
-cercano, y el otro al otro, y así los demas hasta el cabo. Despues de
-muy borrachos todo su negocio es reñir y tomar sus arcos y flechas con
-yerba ó sin yerba, como las hallan, y allí se acuchillan y descalabran;
-despues de gastado ó apaciguado el calor y virtud del vino, que se
-pueden levantar y tornar á sus casas, tornan á cantar otros cantos de
-tristeza, y las mujeres muy más tristes debe ser por las borracheras
-pasadas. Estiman no ser hombre el que en el beber se templase, porque
-les parece que no puede saber las cosas venideras el que no cayere de
-borracho.
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-
-CAPÍTULO CCXLV.
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-Tenian ó habia entre estas gentes unos sacerdotes que llamaban en su
-lengua Piachas, muy expertos en el arte mágica, tanto que se revestia
-en ellos el diablo y hablaba por boca dellos muchas falsedades, con
-que los tenía captivos, en su servicio bien asentados y descuidados;
-á estos Piachas tienen por cosa santa, y en gran reverencia y
-estimacion. Escogen de los muchachos de 10 y 12 años, los que, por
-conjeturas que tienen, les parece que son por naturaleza inclinados
-y dispuestos para ser instruidos en el arte mágica, de la manera que
-nosotros conjeturamos por señales algunas ser nuestros muchachos
-hábiles, más que otros, para que estudien gramática y otras ciencias;
-estos escogidos, envíanlos á ciertos lugares apartados en los montes
-solitarios, donde viven de aquellos Piachas muy viejos maestros de
-aquella arte, debajo de cuya regla y disciplina, como en escuela,
-están dos años en grandísima severidad y aspereza de vida. No comen
-cosa que tenga sangre ó la crie, con solas yerbas y bebiendo agua los
-crian; de todo pensamiento carnal, cuanto más de obra, se abstienen;
-nunca, en aquellos dos años, padre, ni madre, ni pariente, ni amigo
-los ve. De dia no ven á sus maestros, sino de noche van los maestros
-á ellos, y entónces les dictan y enseñan ciertos cantos y palabras
-con que despiertan, ó incitan, ó provocan, ó llaman los demonios,
-juntamente con las ceremonias y arte de curar los enfermos; pasados
-los dos años, vuélvense á sus casas con cierto testimonio de los
-Piachas, sus maestros, de que ya traen suficiente sciencia del arte
-que han aprendido, como entre nosotros el que sale de los estudios
-y Universidades, con el arte de medicina ó de otra facultad, trae
-su título; los parientes, ó vecinos, ó amigos no llaman en sus
-enfermedades á los suyos para que los curen sino á los ajenos. Y segun
-la variedad de las enfermedades usaban diversos modos, para los curar,
-de supersticiones, y, por consiguiente, así era diversa la paga que
-hacian á estos hechiceros ó médicos. Si el dolor es liviano, tomaban
-los médicos ciertas yerbas en la boca y ponen los labios en el lugar
-del dolor, y de allí chupan con fuerza hácia sí, y dan á entender
-que atraen ó sacan el mal humor; salen luégo de casa con ambos á dos
-carrillos como llenos del mal humor, y escúpenlo fuera y maldícenlo
-muchas veces, y afirman que luégo el enfermo será sano, porque con
-aquel chupar fué de las venas el mal desarraigado. Pero si el mal es
-recio, como de calenturas grandes ó de otra enfermedad grave, de otra
-manera lo curan: Va el Piacha y visita el enfermo, lleva en la mano un
-palillo de cierto árbol, que el conoce aprovechar para causar vómito,
-y échalo en una escudilla ó vaso de agua que se empape, y siéntase
-cabe el enfermo, afirmando que el demonio tiene en el cuerpo, al cual
-luégo todos creen y ruéganle todos los deudos, que pues así es que le
-ponga remedio; él lame y chupa todo el cuerpo del enfermo diciendo
-ciertas palabras entre dientes, con lo cual dice que atrae de los
-tuétanos el demonio que está dentro, toma luégo el palillo que está
-empapado en agua y con él se refriega luégo los paladares hasta el
-gallillo, y de allí lo mete al garguero y se provoca á vómito, y echa
-de sí cuanto ha comido. Dá grandes sospiros, ya tiene temblores, ya
-se hace estremecer con voces, ya dá grandes gemidos como si fuese un
-toro que lo agarrochasen con muchos tiros; córrenle del pecho gotas de
-sudor por dos horas, de la manera que corren por las canales las gotas
-de agua lluvia, con otros tormentos que allí por esta causa padece.
-Preguntándole nuestros religiosos que por qué se causaba tanto dolor y
-angustia en aquella medicina, respondia que todo aquello era menester
-para sacar el demonio de los meollos de los huesos del enfermo, con
-aquellas palabras que constriñen los demonios, y con aquel chupar y
-trabajos que allí padecia. Despues que el Piacha de este modo era
-macerado y afligido revesaba cierta cantidad de flema espesa, y en
-medio de ella una cosa redonda muy negra, y estando el Piacha medio
-muerto, á una parte, apartaban de la flema aquello negro y salian fuera
-de casa dando voces, y lanzábanlo cuanto podian léjos, reiterando
-estas palabras muchas veces: Maytonoroquian, Maytonoroquian, que
-quiere decir, «el demonio arriedro vaya de nosotros, arriedro vaya de
-nosotros»; todas estas cosas concluidas, tenía por cierto el enfermo
-y todos familiares y deudos que habia de sanar del todo muy presto;
-pedia el médico por sus trabajos y medicinas el premio, y dábanle de
-muy buena voluntad la paga en mahíz, que es su trigo, y otras cosas de
-mantenimiento; dábanle tambien joyas de oro, los que las tenian, para
-las orejas ó narices ó para los pechos, que llamaban caricuries en una
-lengua de las de por aquella tierra. Nuestros religiosos afirmaban
-que nunca vieron persona que aquellos curasen de la dicha manera que
-muriese; y ésto no es maravilla, que por divina permision aquéllos
-sanasen por arte y diabólica industria, y así diesen al demonio más
-crédito y permaneciesen en su ceguedad, porque segun la justicia
-divina ser alumbrados y salir de su error no merecian: desto hartos
-ejemplos en otras muchas naciones gentiles antiguas dejamos arriba
-dichos. Ya tambien queda en algunos capítulos referido, como todas las
-naciones del mundo antiguas, ántes de la predicacion evangélica, fueron
-corruptas, así como de la idolatría tambien de querer saber las cosas
-futuras, para lo cual tenian sus oráculos, donde iban con sus dudas y
-preguntas, y los demonios se las soltaban y les respondian, y para
-los tener más por suyos, tenian grandes industrias cognosciendo las
-causas naturales y los efectos que necesariamente por natural discurso
-procedian, y otras veces acaso, permitiéndolo Dios, acertaban en lo
-que les decian; por la misma manera, estas gentes míseras, por tantos
-tiempos dejadas entrar por sus errados caminos, como de todas las del
-mundo en la Escritura Santa se escribe, tuvieron el mismo error comun
-á todos los hombres, miéntras sin lumbre de fe de Cristo vivieron.
-Estos, pues, tenian por oráculo á los dichos Piachas hechiceros, los
-cuales, sin duda, debian tener hecho pacto con los demonios, y aquello
-debian aprender en los dos años que conversaban en aquellas escuelas
-y debajo de la doctrina de aquellos maestros; á éstos consultaban, y
-con sus dudas y preguntas iban á ellos de los tiempos ó temporales
-malos ó buenos, de las lluvias, de las secas, de las enfermedades y
-sanidad, de la paz, de la guerra, de los caminos que querian hacer, del
-suceso de las cosas, de la venida de los cristianos, que tenian por
-más que mortífera pestilencia; á todo lo cual, y de otras cualesquiera
-cosas dudosas y futuras, segun que Dios les permitia, respondian por
-órden como los preguntantes querian. Ejemplo desto vieron nuestros
-religiosos, que como estaban solos, sin cristiano alguno otro en
-aquella provincia y pueblo de Chiribichi, que llamaron Santa Fé (donde
-yo tambien estuve algun dia), deseaban que viniese algun navío;
-sintiéndoselo los indios, dijeron que para tal dia vendria un navío y
-tantos marineros y hombres dentro, y los vestidos que traian, y otras
-cosas particulares, y así acaeció sin errar en cosa de como lo habian
-dicho. Otra cosa denunciaron para creer más difícil: tres meses ántes
-que acaezcan los eclipses de la luna, cuando han de suceder, lo dicen,
-y tiénenlo por mal agüero, y siempre temen que les ha de venir algun
-infortunio y alguna gran miseria ó pérdida; en todo aquel tiempo andan
-tristísimos, y con grandes ayunos y tristes cantos y sones la tristeza
-significan: las mujeres mayormente lloran, las doncellas que son en
-edad de se casar se sacan sangre, rompiendo las venas de los morcillos
-de los brazos y piernas con una espina. Toda la comida ó bebida que
-hallan hecha al tiempo del eclipse, en la mar ó en el raudal de los
-rios lo echan; abstiénense de cualquiera que sabrosa ó deleitable sea,
-en tanto que la luna su trabajo padece. Tornando la luna á cobrar su
-luz, son extraños los saltos, los juegos, los cantos y regocijos que
-hacen de alegría. Hácenles los Piachas entender que el sol, estando
-muy enojado, airadamente dió á la luna una gran herida, y que la sana
-cuando torna en su ser, aplacada su ira. Cuando por mandado del Rey ó
-Señor que tienen, ó ruego de algun amigo, quieren llamar los demonios
-que vengan para preguntalles alguna duda ó para otro efecto, de la
-misma manera que arriba declaramos que en el oráculo de Apolo en la
-doncella Pithia el demonio se le revestia, en el Piacha lo mismo se
-le reviste; efectúase de esta manera: Entra de noche el Piacha en un
-rincon de una casa muy oscuro, apagadas todas las lumbres, y mete
-consigo algunos mancebos valientes, y á la hora de las diez siéntase
-en un bajo asiento, los mancebos estando en pié siempre; comienza
-con palabras, dellas inteligibles y otras confusas, á clamar, tañen
-ciertas cosas que suenan como si tocasen campanillas, y con sonido
-triste, cuasi como llorando, con estas palabras al maligno espíritu
-diciendo: «prororuré, prororuré», la última luenga, repitiéndolas
-muchas veces, y son palabras como de ruego. Si el demonio tardaba en
-venir, más ásperamente se angustia y aflige, y si todavía no viene,
-produce las palabras ó versos que aprendió de los maestros cuando
-estuvo en aquella escuela, y enojado amenaza al demonio con el rostro
-tuerto, mandando y forzándole que venga. Cuando sienten que aquel
-honrado huésped viene, tañen todos los instrumentos que tienen y hacen
-cuantos estruendos pueden, y el demonio acomete al Piacha, como si un
-hombre muy feroz á un niño acometiese; dá con él en el suelo, donde
-padece grandes tormentos, acude luégo el más esforzado mozo de los que
-para estar presentes fueron admitidos, y él ó aquel por cuyo mando ó
-ruego el triste del mago Piacha se puso en tanta pena, propone las
-dudas y preguntas de lo que desean saber. El espíritu inmundo responde
-á cada cosa por la boca de aquel que tantos dolores padece. Pregunta
-el mozo tambien qué premio será justo que al Piacha por aquella buena
-obra se le dé, mahíz, su trigo, comida ó bebida, oro ó joyas, y segun
-lo que el demonio manda así de su trabajo es satisfecho. Y porque lo
-que se ha dicho por ejemplo cierto parezca y se crea, quiero de nuevo
-referir la obra siguiente, puesto que arriba queda ya referida: El
-principal religioso que, con celo de dilatar la fe católica y traer
-aquellas gentes á su Criador Jesucristo, pasó á aquella provincia,
-fué un santo varon llamado fray Pedro de Córdoba, dotado de toda
-prudencia, doctrina, gracia de predicar señalada, y de otras muchas
-virtudes que en su persona resplandecieron, y éste fué el que primero
-trujo y fundó la Orden de Santo Domingo en estas Indias y la sustentó
-en gran rigor de religion, tornándola con verdad al estado primitivo;
-este siervo de Dios, estando en el valle de Chiribichi, donde habia
-edificado con grandes trabajos y penitencias suyos y de los buenos
-religiosos que allí pasó consigo, queriendo probar y examinar si era
-verdad lo que de aquellos oráculos y Piachas se decia (porque, segun
-se certificó por los religiosos, en obra de tres meses, divinalmente
-más que por su industria, supo y penetró la lengua, que por allí no
-es poco difícil), puso ciertos muchachos, que tenian en el convento
-enseñándoles la divina doctrina, por espías, para que cuando el Piacha
-estuviese en aquella obra lo llamasen. Llamáronlo cuando ya tenía el
-diablo en el cuerpo el Pythio ó Piacha. El siervo de Dios, armado
-primero de fe viva, toma otro religioso por compañero, y púsose una
-estola al cuello, en la mano derecha un vaso de agua bendita con
-su hisopo, y en la izquierda la cruz de Cristo. Entrado en la casa
-oscura, manda á los indios que traigan luégo lumbre ó enciendan los
-tizones que estaban amortiguados, porque siempre tienen fuego, y
-comienza por estas palabras: «Si eres demonio al que á este hombre
-atormentas, por la virtud de esta señal de la cruz de Jesucristo, la
-cual tú bien conoces y has experimentado muchas veces, te conjuro que
-de aquí no te vayas sin mi licencia, hasta que primero me respondas
-á lo que te preguntare». Preguntóle muchas cosas en latin y otras
-en romance castellano, y tambien creo que en la misma lengua de los
-indios; el demonio le respondió á cada cosa de las que le preguntó en
-la lengua del mismo Piacha. Entre otras le mandó que le dijese dónde
-llevaba las ánimas de aquellos de Chiribichi; primero mintiendo, que
-es su costumbre, dijo que á ciertos lugares amenos y deleitosos.
-Mientes, enemigo de la naturaleza humana, dijo el santo; finalmente,
-constreñido con la virtud de la cruz, confesó la verdad diciendo:
-«Llévolos á los fuegos eternos, adonde con nosotros padezcan las penas
-de sus abominables pecados». Mandó el santo á los indios que estaban
-presentes que por toda la tierra lo publicasen, lo cual hecho, mandóle
-diciendo: «Sal de este hombre, espíritu inmundo», la cual palabra
-dicha, se levantó el Piacha como asombrado y ajeno de sí mismo, y así
-estuvo algunos dias ó tiempo, no pudiendo sino con dificultad tenerse
-sobre los piés; despues de tornado en sí, acordándose de lo que habia
-padecido, maldecia al demonio y daba grandes quejas dél porque tanto
-tiempo le habia el cuerpo atormentado. Todo esto es verdad, y el
-compañero que llevó el santo varon lo testificó, porque él, segun era
-varon perfecto y de gran prudencia, humildad y autoridad, ni hombre
-se lo preguntó, ni él creo que á hombre lo dijo. Todas las cosas que
-se han en estos dos capítulos referido, de la gente de Cumaná y de
-Chiribichi, refiere á la letra Pedro Mártir en la octava Década, 8.º y
-9.º capítulos.
-
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-
-
-CAPÍTULO CCXLVI.
-
-
-Y porque tambien Pedro Mártir, en su sétima Década, capítulo 4.º,
-refiere una maldad y testimonio que le dijeron los que infamar por mil
-vías estas gentes pretenden, que áun que tengan pecados y miserias del
-ánima, como infieles, no por eso permite la caridad que de lo que no
-tienen ó no cometen les condenemos, y en lo que es razon no dejemos
-de volver por ellos, mostrando que si algunos daños nos hacen no los
-hacen sin justicia y sin causa, supuesto los que de nosotros reciben,
-y en algunos casos, como en matar frailes, su ignorancia: Cuenta Pedro
-Mártir, que ciertos de los muchachos que habian criado los religiosos
-en su monasterio, en el mismo valle de Chiribichi, juntaron gentes de
-las vecinas, y, como desagradecidos, destruido el monasterio, mataron
-los frailes. Destruido fué el monasterio y muertos dos frailes que
-habia en él, y si hubiera ciento yo no dudo sino que los mataran, pero
-es gran maldad echar la culpa á los que los religiosos habian criado,
-puesto que puede haber sido que algunos de los que con los religiosos
-habian conversado y venian á la doctrina, en la muerte dellos se
-hobiesen hallado; quien tuvo la culpa y fueron reos de aquel desastre,
-por lo que aquí diré con verdad, quedará bien claro. Háse aquí de
-suponer, que los indios de aquella costa ó ribera de la mar tenian muy
-bien entendido que uno de los achaques, que los españoles tomaban para
-saltear y captivar las gentes de por allí, era si comian carne humana,
-y desta fama estaba toda aquella tierra bien certificada, y asombrada,
-y escandalizada. Salió un pecador llamado Alonso de Hojeda, cuya
-costumbre, y pensamientos, y deseos eran saltear y tomar indios para
-vender por esclavos (no era este Alonso de Hojeda el antiguo que en
-esta isla Española y en estas Indias fué muy nombrado, sino un mancebo
-que áun que no bebiera nascido no perdiera el mundo nada); éste digo
-que salió de la isleta de Cubagua, donde se solian pescar las perlas,
-con una ó con dos carabelas y ciertos cofrades de aquella profesion,
-él por capitan, para hacer algun salto de los que acostumbraban, y
-llegó á Chiribichi, que dista de la dicha isleta 10 leguas, y váse al
-monasterio de nuestros religiosos, y allí los religiosos le recibieron,
-como solian á los demas, dándoles colacion y quizá de comer ó de cenar.
-Hizo llamar el Alonso de Hojeda al señor del pueblo, cacique llamado
-Maraguay, y quizá por medio de los religiosos que enviarian algun indio
-de sus domésticos que lo llamase, porque el monasterio estaba de una
-parte de un arroyo y el pueblo de la otra, que con una piedra echada no
-con mucha fuerza llegaban allá. Venido el cacique Maraguay, apartóse
-con él y un escribano que llevaba consigo, y otro que iba por Veedor,
-y quizá más, y pidió prestadas unas escribanías y un pliego de papel
-al religioso que tenía cargo de la casa, el cual, no sabiendo para
-qué, se lo dió con toda simplicidad y caridad. Estando así apartados,
-comienza á hacer informacion y preguntar á Maraguay si habia caribes
-por aquella tierra, que son comedores de carne humana; como el cacique
-oyó aquellas palabras, sabiendo y teniendo ya larga experiencia del
-fin que pretendian los españoles, comenzóse á alterar y alborotar
-diciendo con enojo: «No hay caribes por aquí, no», y váse desta manera
-escandalizado á su casa. El Hojeda despídese de los religiosos (que por
-ventura no supieron de las preguntas hechas á Maraguay nada, ó quizá
-lo supieron), y váse á embarcar; partido de aquel puerto, desembarca
-cuatro leguas de allí en otro pueblo de indios, llamado Maracapana,
-la penúltima luenga, cuyo señor era harto entendido y esforzado, el
-cual, con toda su gente, reciben á Hojeda y á sus compañeros como á
-ángeles. Finge Hojeda que viene á rescatar, que quiere decir conmutar
-ó comprar mahíz ó trigo y otras cosas, por otras que él llevaba, con
-las gentes de la sierra tres leguas de allí, que se llamaban Tagáres,
-la sílaba de en medio luenga. Otro dia pártese Hojeda con los suyos
-la sierra arriba de los Tagáres; rescíbenlos, como solian á todos los
-españoles, como á hermanos. Trata de compralles ó conmutalles cincuenta
-cargas de mahíz de indios cargados, y pide que se las lleven cincuenta
-indios á la mar, y promete de allá pagalles su mahíz y el corretaje;
-fíanse dél y de su palabra, como, sin les quedar duda de lo que les
-prometian los españoles, acostumbraban. Llegados á la mar, viérnes
-temprano, en el pueblo de los indios donde habian desembarcado, echan
-los cincuenta Tagáres las cargas en el suelo y tiéndense todos como
-cansados, segun en las tierras calientes suelen hacer; estando así en
-el suelo echados los indios, los españoles que los traian y los que en
-las dos carabelas habian quedado, y que allí para esto los esperaban,
-cercan los indios descuidados y que esperaban del mahíz y de la traida
-su paga, echan manos á las espadas y amonéstanles que estén quedos para
-que los aten, sino que les darán de estocadas; los indios levántanse,
-y queriendo huir (porque tanto estimaban como la muerte llevarlos los
-españoles por esclavos) mataron á cuhilladas ciertos dellos, y creo que
-tomaron á vida, y ataron, y metieron en las carabelas treinta y siete,
-pocos más y no creo que ménos, si no me he olvidado. Por los heridos
-que se escaparon, y por mensajeros que el señor de aquel pueblo, que
-llamaban los españoles Gil Gonzalez, luégo envió, súpolo Maraguay el
-cacique de Chiribichi donde residian los frailes, y por toda la tierra
-fué luégo aquella obra tan nefaria publicada, con grandísimo alboroto
-y escándalo de toda la provincia y de las circunstantes, que, por
-tener como por prendas rehenes y fiadores á los religiosos, estaban
-todas de semejantes obras descuidadas. Pues como Maraguay vido que
-los frailes dieron el papel y escribanía para inquirir si por aquella
-tierra habia caribes, que era el título que los españoles tomaban
-para captivar y hacer las gentes libres esclavos, y que los frailes
-asimismo rescibieron á Hojeda y á sus compañeros con alegría, y los
-convidaron y los despidieron como á hermanos, y luégo cuatro leguas de
-allí, en el pueblo de su vecino y quizá pariente Gil Gonzalez, cometió
-aquella traicion y maldad tan grande, y á los Tagáres con tan indigna
-cautela, viniendo con tanta simplicidad y seguridad confiándose, haber
-hecho tan irreparable daño, y el mismo cacique Gil Gonzalez afrentado
-de que se le hobiese violado la seguridad y comedimiento natural, que
-se debia del hospedaje á su tierra, pueblo y casa, recibiendo á los
-españoles como amigos, y viniendo los Tagáres seguros y en confianza,
-como á tierra y pueblo de señor que no habia de consentir que se
-les hiciese injuria ni recibiesen agravio; estas consideraciones
-así representándoseles, y concluyendo que los religiosos que habian
-recibido y tenian en su tierra les eran contrarios, y allí no debian
-estar sino por espías de los españoles para cuando lugar tuviesen
-captivarlos y matarlos, como parecia por lo que habia entónces Hojeda
-hecho, y otras muchas malas obras, insultos y daños que otros muchos
-españoles habian hecho por aquella costa arriba y abajo en las tierras
-y pueblos comarcanos, y desto nunca cesaban, que no habia otro remedio
-sino hacer venganza ellos de aquel Hojeda, y de aquellos que allí
-estaban, y Maraguay á la misma hora matase los frailes, y defender que
-desde adelante ningun hombre de los españoles en toda aquella tierra
-jamás entrase, y, para lo efectuar, que sería tiempo conveniente el
-domingo que se seguia, porque aquellos dias solian principalmente salir
-á tierra de los navíos los cristianos. Esta determinacion tendida por
-toda la tierra por infinitos mensajeros que se despacharon, que suelen
-los indios ir volando, concede Maraguay que así era necesario, y que el
-domingo él daria buena cuenta de los frailes. Apercibiéronse todas las
-gentes comarcanas para el domingo con sus armas; pero porque tan gran
-maldad, segun el juicio divino tenía determinado, se habia de castigar
-ántes, con su poca vergüenza y temeridad el Hojeda, con los más de su
-compañía que se habian embarcado en las carabelas cuando llevaron los
-indios que prendieron el viérnes en la tarde, salió á tierra el sábado
-de mañana, y entra en el pueblo con tan buen semblante, y alegría,
-y descuido, como si no hobiera hecho nada. El Gil Gonzalez, señor
-de aquel pueblo, como hombre muy prudente que era y muy recatado,
-rescibíole asimismo con gran disimulacion y alegre cara, como solia
-de ántes, y tratando de dalles de almozar, viendo que si esperara al
-domingo, como tenian concertado, no hallara quizá tal lance, la gente
-que estaba aparejada, della en las casas, della por las florestas
-cercanas, dan sobre ellos infinitos indios con grita espantable, y
-ántes que se revolviesen tenian al Hojeda, y á los más de su cuadrilla,
-despachados, y solos unos pocos que sabian nadar, que se echaron en la
-mar y hobieron lugar de llegar á los navíos, se escaparon. Toman sus
-piraguas los indios, y van á las carabelas y combátenlas de tal manera,
-que los que en ellas restaban tomaron por sumo y final remedio huir
-alzando las velas, y creo que, si no me olvido, no pudieron tomar las
-anclas sino cortar los cables ó amarras y dejallas perdidas. Maraguay,
-como tenía ménos que hacer, por tener como corderos en aprisco
-encerrados los frailes, no quiso darse priesa ni cumplir lo que á su
-cargo era el sábado. El domingo de mañana, estando el uno de los dos
-religiosos revestido en el altar para tomar la casulla y comenzar su
-misa, y el otro, que era un fraile lego, como un ángel confesado para
-comulgar, llaman á la portería; va éste á abrir á quien llamaba, entra
-un indio con cierto presentillo, como solian traer, de cosas de comer
-para los frailes, y así como entró raja la cabeza al bienaventurado con
-una hacha que traia so el sobaco. No sintiendo cosa dello el de misa,
-que estaba en el altar poniendo el espíritu en Dios, aparejándose para
-celebrar, llega el mismo indio pasito por detras, y hace la misma obra
-que al otro en la cabeza con la hacha; acude luégo mucha gente y ponen
-fuego á toda la casa, robando lo que quisieron robar. En otro estado,
-parece haber tomado á los dos frailes Maraguay, que á Hojeda y sus
-discípulos Gil Gonzalez. Todo esto es pura verdad, y así sabemos que
-acaeció porque de los mismos que se escaparon se supo, y á uno dellos
-recibimos despues en esta isla Española, y dimos el hábito para fraile;
-y lo de Maraguay aguardar al domingo para el sacrificio de los frailes,
-creo que se supo de algunos indios que despues lo confesaron; y desde
-á no muchos dias llegué yo á aquella provincia y pueblos, con cierto
-recaudo para ayudar á los religiosos en la conversion de aquellas
-gentes, que todos deseábamos, y hallélo todo perdido y desbaratado,
-pero supe de frailes y seglares ser lo que tengo dicho público y tenido
-por verdad averiguada. Agora juzguen los prudentes, y que fueren
-verdaderos cristianos, si tuvieron justicia y derecho indubitable
-de matar al Hojeda y á su compaña, y ocasion de sospechar que los
-frailes les eran espías y enemigos, viéndoles dar papel y escribanía
-para el título de hacer esclavos, y otros actos de amistad con los
-españoles siendo de su nacion, y áun asegurándoles los religiosos
-muchas veces que de los españoles no habian de recibir miéntras ellos
-allí estuviesen algun mal ó daño. Y aunque aquellos inocentes siervos
-de Dios padecieron injustamente, y sin duda podemos tener que fueron
-mártires, pero creo que no les pedirá Dios la muerte dellos por las
-ya dichas causas solamente. ¡Ay de aquellos que fueron y fuesen causa
-del escándalo! El Vicario de aquella casa en esta sazon estaba 10
-leguas de allí, en la isleta de las Perlas con los que allí moraban,
-con su compañero ó compañeros; por ventura habia ido á predicarles:
-sabida la obra hecha de los que en las carabelas se escaparon, encargó
-á todo el pueblo de españoles que allí estaba que tomasen todos los
-navíos que allí habia, y fuesen á Chiribichi á ver qué habia sido de
-los religiosos, pero la gente de toda la tierra, puesta en armas,
-defendiéronles la entrada, y finalmente, visto que todo estaba quemado
-y asolado, no dudaron de la muerte de los bienaventurados y así se
-tornaron. Este religioso, indignatísimo contra todas aquellas gentes,
-mirando solamente la muerte de los frailes y la destruccion de la
-casa, sin pasar más adelante, con celo falto de la debida ciencia de
-que habla San Pablo, fué despues á Castilla, y en hablar en el Consejo
-de las Indias contra todos los indios, sin hacer diferencia, fué muy
-demasiadamente inconsiderado y temerario; dijo abominaciones de los
-indios en general, sin sacar alguno, afirmando tener grandes pecados,
-y dijo dellos muchas infamias segun cuenta Pedro Mártir. Lo que dello
-el divino juicio ha juzgado no podemos alcanzallo, pero al ménos
-podemos conjeturar haberlo Dios en esta vida por aquello ásperamente
-castigado, porque sabemos, que, siendo él en sí buen religioso, segun
-tal lo cognoscimos, llegando á estado de ser electo por Obispo y
-con harta honra y favor sublimado, le levantaron tantos y tan feos
-testimonios, que no dijo él de los indios muchos más, y al cabo el
-mismo Consejo de las Indias, ante cuyo acatamiento habia ganado grande
-autoridad, le casó la eleccion y sustituyó para Obispo de la misma
-iglesia otro en su lugar, y él, recogido en un lugarejo harto chico que
-tuvo por patria, vivió muchos dias y años, solo y fuera de la órden,
-muy abatido y angustiado, y no sé si en alguna hora de toda su vida se
-pudo consolar. Podríamos afirmar con sincera verdad tener experiencia
-larga, que ninguno religioso, ni clérigo, ni seglar hizo ni dijo daño
-y mal contra estos tristes indios, ni en algo los desfavoreció, que la
-divina justicia en esta vida, cuasi á ojo de todos, no lo castigase, y
-por el contrario, ninguno les favoreció, y ayudó, y defendió, que la
-misma divina bondad en este mundo no lo favoreciese y galardonase; lo
-que toca á la otra vida, como irá á los unos y á los otros, cognoscerlo
-hemos cuando apareciéremos ante su juicio divinal. Y esta digresion
-incidentalmente hicimos por lo que escribió destas gentes de Chiribichi
-Pedro Mártir, por haber sido cosa de pocos sabida y en sí muy señalada.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CCXLVII.
-
-
-Tornando al hilo que llevamos en las manos de las costumbres de aquella
-gente de Paria y las demas de aquella costa abajo, resta decir lo
-que tenian y hacian en los entierros y sepulturas de los muertos,
-y con cuanta diligencia algunas ceremonias guardaban. Los cuerpos
-de los reyes, y señores, y nobles entre ellos, poníanlos extendidos
-sobre ciertas parrillas hechas de cañas, que allá son muy gruesas, y
-duras, y macizas, como creo arriba hobimos significado, poniendo fuego
-de ciertas yerbas, muy manso y suave, debajo, el cual, destilando,
-consumia toda la humedad gota á gota, y quedaban muy secos y dispuestos
-para que sin corromperse durasen como si fueran embalsamados; éstos
-ponian colgados en los rincones y los tenian como dioses de las casas,
-que los antiguos gentiles llamaban Penates. Los cuerpos que desta
-manera no secaban (debian ser los que no eran de señores ó personas
-principales), hacian dentro de sus casas una sepultura, y allí con
-lloros y plantos los enterraban; pasado un año que lo habian enterrado,
-convidaban toda la vecindad, más ó ménos segun el estado y autoridad
-del difunto lo requeria, y traia cada uno de los convidados la comida
-y bebida, segun podian; llegado, juntos luégo á prima noche, abren
-la sepultura y sacan los huesos, y luégo, alzando las voces, con
-alaridos, todos lloran. Siéntanse todos en el suelo al rededor dellos,
-tomados los piés con sus propias manos, y ponen las cabezas entre sus
-rodillas, y esto es obra de gran tristeza; extienden despues los piés,
-levantan las manos y las caras hácia el cielo y dan espantosos gritos
-y aullidos: las lágrimas que de los ojos les salen y la bascosidad de
-las narices no se la limpian, porque cuanto más sucios parecen tanto
-mayores obsequias creen hacer al difunto. Despues, quemando los huesos,
-solamente lo alto del casco de la cabeza guardan, y llévalo la más
-generosa de las mujeres á guardarlo en su casa como cosa sagrada; esto
-acabado, son acabadas las obsequias ó cabo de año, y cada uno de los
-convidados se vuelve á su casa. Tienen por cierto que las ánimas de
-los hombres son inmortales, y que despues que se mueren van á vivir á
-ciertas montañas ó florestas, y en cuevas perpetuamente viven donde
-tienen de comer y beber; dicen que oyen voces de las cuevas, y que son
-las ánimas que por allí andan vagando. Ya digimos arriba cómo tenian
-en reverencia la cruz, y con ella se abroquelaban y mamparaban contra
-el diablo. Las gentes de la costa y todas de por aquella tierra no
-se halla que sacrificaban hombres ni tenian otro ningun sacrificio,
-si quizá no usaban por sacrificio algunas que no sabemos ceremonias;
-tampoco creo que las de la costa comian carne humana, y si algunos
-por allí hay es la tierra dentro. Del pecado nefando, algunos de los
-nuestros los han infamado dello, pero yo no sé cómo alguno de los
-españoles puede ser testigo de aquella fealdad no habiéndolo visto,
-y que no lo haya visto parece porque no hay hombre alguno que cosa
-deshonesta pueda, por vista ni por algun indicio suficiente, juzgar de
-ninguna nacion destos indios, segun en ello son en lo exterior honestos
-y recatados. Toda esta costa de la mar abajo de Venezuela, y Santa
-Marta, y Cartagena, y el Cenú, y golfo de Urabá, y á la frontera del
-Darien, creo ser todas unas, poco más ó poco ménos, como ya he dicho,
-las costumbres. En la provincia del Cenú, la última sílaba aguda,
-que está la tierra dentro sobre lo que llamamos Cartagena, cuarenta
-ó cincuenta leguas, hobo alguna y áun quizá mucha diferencia cuanto
-á las sepulturas, la razon es porque aquella provincia era por las
-naciones propincuas y lejanas el lonsario y comun lugar dedicado para
-las sepulturas; mandábanse y traíanse allí á enterrar todos los que
-algo eran en el Cenú, y con sus cuerpos se ponian todas sus riquezas
-y joyas. Las sepulturas eran desta forma, conviene á saber, un hoyo
-grande cuadrado, y, si era de señor ó persona de cualidad, poníanle
-cierta madera por encima y la tierra sobre ella, por manera que la
-sepultura quedaba toda hueca, y en medio ponian el cuerpo, y al rededor
-dél las armas con que peleaban, y todas sus joyas de oro y cuanto
-precioso podian haber; ponian dentro comida y bebida, y hallóse tenaja
-de agua en algunas tan clara, como si fuera de rosas sacada dos dias
-hobiera por alcatara, pero no osaron los nuestros della beber. Otras
-sepulturas abrian, y en las paredes della hacian concavidades cuanto
-cupiesen los cuerpos, y despues henchian toda la sepultura de tierra,
-por manera que no tocaba en el cuerpo tierra alguna, como arriba de
-otras se dijo. Esta provincia del Cenú fué tan nombrada y devota de
-nuestros españoles, por las riquezas de oro que en las sepulturas
-habia y dellas sacaron, como lo era de los indios por el entierro de
-los cuerpos y su devocion. Por la tierra dentro hácia los reinos de
-Popayan, hacian las sepulturas con mayor artificio, porque eran muy
-hondas y de bóveda, muy bien labradas, y siempre la boca ó puerta
-hácia dónde sale el sol; ponian en ella muchas ollas llenas de joyas
-de oro, y de lo más fino si allí lo alcanzaban, y sus vestidos y armas
-con ellos, y mucha comida y bebida tambien. Otras, en otras partes por
-aquella tierra, se hacian tan grandes como un pequeño cerro, y dentro
-della edificaban una bóveda muy ensolada de losas, dentro de la cual
-meten el cuerpo del difunto lleno de mantas, y con él, despues de haber
-emborrachado, las más hermosas de sus mujeres, con el vino de mahíz y
-de otras yerbas, y otros algunos muchachos vivos para su servicio; en
-la muerte de los señores en otras partes se tresquilan sus mujeres, y
-ellas se matan las que eran más queridas. En cierta provincia llamada
-Tauya, cuando muere algun señor ponen el cuerpo en una hamaca, que como
-se ha dicho es como á manera de honda, colgada en el aire, y al rededor
-encienden fuego, y debajo unos hoyos donde caiga lo que se derritiere,
-despues que el cuerpo está medio seco vienen los deudos y gentes á
-llorallo con grandes lamentos, y acabados beben asaz de su vino y
-rezan ciertas oraciones: acabado esto, envuelven el cuerpo en muchas
-mantas de algodon y métenlo en un ataud, y tiénenlo así algunos años, y
-despues que está bien seco lo entierran en sepulturas que hacen en sus
-mismas casas. En otras provincias, muerto el señor, en los cerros altos
-hacen muy hondas las sepulturas, despues de hechos muchos lloros meten
-dentro el cuerpo, envuelto en mucho número de mantas las más ricas
-que poseia, y á una parte sus armas, y á otra mucha comida, y capaces
-cántaros de vino, y sus plumajes y joyas de oro, y á los piés echan
-algunas mujeres vivas, las más hermosas y queridas suyas. En otras,
-más adelante, despues de envueltos los cuerpos en muchas de las dichas
-mantas, que son de tres varas de largo y dos de ancho, y en ellas le
-ponen joyas de oro, revuélvenles despues á los cuerpos una cuerda
-que hacen de tres ramales, que tiene más de doscientas brazas; las
-sepulturas comunmente son en cerros altos, y otras dentro de sus casas.
-En la provincia que llaman Cali, en un valle llamado Lile ó cerca dél,
-habia un pueblo en medio del cual estaba una gran casa de madera muy
-alta, redonda, con una puerta en medio della; en lo alto habia cuatro
-ventanas, por las cuales entraba la luz, cubierta de paja. En lo alto
-estaba una larga tabla que la atravesaba de una parte á otra, encima
-de la cual estaban puestos muchos cuerpos de hombres por órden, ó los
-cueros dellos llenos de ceniza; teníanles hechos los rostros de cera,
-con sus propias cabezas, de manera que parecian hombres vivos; tenian
-dardos algunos en las manos, otros lanzas, y otros macanas. En toda la
-tierra que hasta esta provincia de Cali atras queda, tienen ó tenian
-sus reyes y señores y gobierno ordenado, y habia inmensa multitud de
-gentes, las cuales, segun queda manifestado, sin leyes y justicia no
-pudieran ser gobernadas ni tanto tiempo sustentadas. Hay gentes por
-allí grandes tratantes y mercaderes, mayormente de sal que llevan de
-unas partes á otras muy lejanas, de donde traen mucho oro, y algodon,
-y ropa hecha dél, y otras cosas que por la sal conmutan; tienen y
-usan de unas como romanas pequeñas y de pesos para la contratacion de
-su oro. Son grandes comedores de carne humana, segun dicen, de los
-que tienen por enemigos que prenden en las guerras; del vicio contra
-natura no son coinquinados, ni se ha oido ni sospechado que en toda la
-tierra hasta aquí lo haya, segun afirman nuestros cristianos que cerca
-desto no saben callar nada: tampoco hay memoria de sacrificar hombres,
-porque como no tengan ídolos, segun arriba se dijo, ni templos, ni
-sacrificios, sino alguna manera de incienso quemar, no sabemos á quién,
-sólo se ha en alguna parte hallado. A las gentes de allí se siguen
-otras que son muchas, llamados Pastos; ni comen carne humana, ni
-ofrecen sacrificio de hombres, ni por memoria se siente cosa en ellos
-que huela el pecado nefando. Y porque destas provincias no tenemos
-mucha noticia más de la dicha, que es cuasi general, y es bien ahorrar
-tiempo y pasar á lo que es más, de aquí adelante, placiendo á Dios,
-trataremos de la gobernacion que tenian las del Perú, que comienza
-desde la dicha provincia de Pasto.
-
-
-FIN DEL QUINTO Y ÚLTIMO TOMO.
-
-
-
-
-ÍNDICE.
-
-
- Páginas.
-
- ADVERTENCIA PRELIMINAR v
-
- LIBRO TERCERO.--Capítulo CXXIV 1
-
- Cap. CXXV 6
-
- Cap. CXXVI 12
-
- Cap. CXXVII.--De cómo se levantó un indio llamado Ciguayo
- que atemorizó toda la isla con las muertes de españoles que
- hizo, al cual en fin mataron.--Levantóse otro llamado Tamayo
- que hizo tambien muchas muertes y daños.--De cómo á
- Enrique pesaba desto, y procuró traerlo á su compañía porque
- no hiciese daño, y lo trujo.--De muchas armadas que
- hicieron contra Enrique, en especial una donde hobo habla y
- concierto, entre Enrique y el Capitan, de paz, y de
- la liberalidad de Enrique en dar el oro que tenía, y de la
- indiscrecion del Capitan, etc. 17
-
- Cap. CXXVIII 23
-
- Cap. CXXIX 28
-
- Cap. CXXX 33
-
- Cap. CXXXI 37
-
- Cap. CXXXII 40
-
- Cap. CXXXIII 48
-
- Cap. CXXXIV 53
-
- Cap. CXXXV 58
-
- Cap. CXXXVI 65
-
- Cap. CXXXVII 74
-
- Cap. CXXXVIII 79
-
- Cap. CXXXIX 83
-
- Cap. CXL 90
-
- Cap. CXLI 95
-
- Cap. CXLII 99
-
- Cap. CXLIII 104
-
- Cap. CXLIV 109
-
- Cap. CXLV 114
-
- Cap. CXLVI 118
-
- Cap. CXLVII 123
-
- Cap. CXLVIII 127
-
- Cap. CXLIX 132
-
- Cap. CL 137
-
- Cap. CLI 142
-
- Cap. CLII 147
-
- Cap. CLIII 151
-
- Cap. CLIV 155
-
- Cap. CLV 159
-
- Cap. CLVI 165
-
- Cap. CLVII 173
-
- Cap. CLVIII 180
-
- Cap. CLIX 187
-
- Cap. CLX 193
-
- Cap. CLXI 200
-
- Cap. CLXII 205
-
- Cap. CLXIII 210
-
- Cap. CLXIV 217
-
- Cap. CLXV 221
-
- Cap. CLXVI 226
-
- Cap. CLXVII 231
-
-
- APÉNDICE.
-
- APOLOGÉTICA HISTORIA.--Argumento 237
-
- Capítulo I 241
-
- Cap. II 248
-
- Cap. III 256
-
- Cap. IV 263
-
- Cap. V 269
-
- Cap. VI 276
-
- Cap. VII 283
-
- Cap. VIII 290
-
- Cap. IX 295
-
- Cap. X 301
-
- Cap. XI 310
-
- Cap. XII 316
-
- Cap. XIII 321
-
- Cap. XIV 326
-
- Cap. XV 330
-
- Cap. XVI 334
-
- Cap. XVII 337
-
- Cap. XVIII 343
-
- Cap. XIX 348
-
- Cap. XX 352
-
- Cap. XXI 364
-
- Cap. XXII 371
-
- Cap. XXIII 377
-
- Cap. XXXIII 383
-
- Cap. XXXIV 390
-
- Cap. XXXV 399
-
- Cap. XXXVI 405
-
- Cap. XXXVII 413
-
- Cap. XXXVIII 422
-
- Cap. XXXIX 427
-
- Cap. CXX 433
-
- Cap. CXXI 440
-
- Cap. CXXII 447
-
- Cap. CXXIII 453
-
- Cap. CXXIV 456
-
- Cap. CXXV 464
-
- Cap. CLXVI 467
-
- Cap. CLXVII 473
-
- Cap. CLXXXI 477
-
- Cap. CXCVII 481
-
- Cap. CXCVIII 487
-
- Cap. CXCIX 495
-
- Cap. CCIII 497
-
- Cap. CCIV 499
-
- Cap. CCV 509
-
- Cap. CCXLII 517
-
- Cap. CCXLIII 524
-
- Cap. CCXLIV 528
-
- Cap. CCXLV 535
-
- Cap. CCXLVI 543
-
- Cap. CCXLVII 551
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias, tomo v., by
-Bartolomé de las Casas
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS, TOMO V. ***
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