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-The Project Gutenberg eBook, Memorias de un Hombre de Acción: #8 La Veleta
-de Gastizar, by Pío Baroja
-
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
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-
-
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-
-Title: Memorias de un Hombre de Acción: #8 La Veleta de Gastizar
-
-
-Author: Pío Baroja
-
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-Release Date: September 7, 2016 [eBook #53003]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-
-***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN:
-#8 LA VELETA DE GASTIZAR***
-
-
-E-text prepared by Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading
-Team (http://www.pgdp.net) from page images generously made available by
-Internet Archive/Canadian Libraries (https://archive.org/details/toronto)
-
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-
-Note: Images of the original pages are available through
- Internet Archive/Canadian Libraries. See
- https://archive.org/details/laveletadegastiz00baro
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-Nota del Transcriptor:
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las
- minúsculas) han sido sustituidas por letras mayúsculas
- de tamaño normal.
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-MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
-
-LA VELETA DE GASTIZAR
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- * * * * * *
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- OBRAS PUBLICADAS
-
-
- PÍO BAROJA
-
- PARADOX, REY, 3,00 ptas. LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LA BUSCA,
- 3,50. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD, EGOLATRÍA, 3,50. EL
- ÁRBOL DE LA CIENCIA, 3,50. LA VELETA DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS
- DE 1830, 4,00.
-
-
- JULIO VALLÉS
-
- EL NIÑO (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas.
-
-
- ENRIQUE BARBUSSE
-
- EL FUEGO EN LAS TRINCHERAS, 4,00 ptas.
-
-
- CARLOS RIVET
-
- EL ÚLTIMO ROMANOF (historia del Tsar de Rusia y su corte), 3,50 ptas.
-
-
- JUAN GUALBERTO NESSI
-
- AVENTURAS DEL SUBMARINO ALEMÁN U..., 2,00 ptas.
-
-
- JULIÁN SOREL
-
- LOS HOMBRES DEL 98. UNAMUNO, 2,00 ptas.
-
-
- LORENZO GALLEGO CARRANZA
-
- LECCIONES DE TOPOGRAFÍA. Obra adaptada al nuevo programa de esta
- asignatura en la Academia de Infantería y aprobada como texto
- definitivo para la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00
- pesetas. Contiene 32 láminas en colores.
-
- * * * * * *
-
- OBRAS DE PÍO BAROJA
-
- VIDAS SOMBRÍAS (agotada). IDILIOS VASCOS (agotada). EL TABLADO DE
- ARLEQUÍN, 1,00 pta. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD,
- EGOLATRÍA, 3,50.
-
-
- LAS TRILOGÍAS
-
-
- TIERRA VASCA
-
- LA CASA DE AIZGORRI, 1,00 pta. EL MAYORAZGO DE LABRAZ, 3,00. ZALACAIN
- EL AVENTURERO, 1,00.
-
-
- LA VIDA FANTÁSTICA
-
- CAMINO DE PERFECCIÓN, 1,00. INVENTOS, AVENTURAS Y MIXTIFICACIONES DE
- SILVESTRE PARADOX, 1,00. PARADOX, REY, 3,00.
-
-
- LA RAZA
-
- LA DAMA ERRANTE, 3,00. LA CIUDAD DE LA NIEBLA, 3,00. EL ÁRBOL DE LA
- CIENCIA, 3,50.
-
-
- LA LUCHA POR LA VIDA
-
- LA BUSCA, 3,50. MALA HIERBA, 3,50. AURORA ROJA, 3,50.
-
-
- EL PASADO
-
- LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS, 3,00. LAS
- TRAGEDIAS GROTESCAS, 3,00
-
-
- LAS CIUDADES
-
- CÉSAR O NADA, 4,00. EL MUNDO ES ANSÍ, 3,50
-
-
- EL MAR
-
- LAS INQUIETUDES DE SHANTI ANDÍA, 3,50
-
-
- MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
-
- EL APRENDIZ DE CONSPIRADOR, 3,50. EL ESCUADRÓN DEL BRIGANTE, 3,50.
- LOS CAMINOS DEL MUNDO, 3,50. CON LA PLUMA Y CON EL SABLE, 3,50. LOS
- RECURSOS DE LA ASTUCIA, 3,50. LA RUTA DEL AVENTURERO, 3,50. LA VELETA
- DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS DE 1830, 4,00.
-
- * * * * * *
-
-
-MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
-
-LA VELETA DE GASTIZAR
-
-
-Copyright by Rafael Caro Raggio--1918.
-Es propiedad.
-Prohibida la reproducción._
-
-Imp. de ALREDEDOR DEL MUNDO, Martín de los Heros, 65.
-
-
-
-
-PÍO BAROJA
-
-MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
-
-LA VELETA DE GASTIZAR
-
-Novela
-
-
-
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-Rafael Caro Raggio: Editor
-Calle de Ventura Rodríguez, 18
-1918
-
-
-
-
-PRÓLOGO
-
-
-ERA un dragón, una sierpe, una salamandra, un monstruo hórrido, difícil
-de clasificar, con una corona de tres picos en la cabeza y un dedo de
-su mano derecha en los labios como para imponer silencio. ¿A quién? No
-lo sabemos.
-
-Este dragón se hallaba encaramado sobre el mundo, una bola de hierro
-negra, sujeta en un vástago y tenía la humorada de señalar el Norte
-y el Sur, el Este y el Oeste, cosa no difícil de comprender si se
-añade que el grifo, basilisco o dragón, formaba parte de un pequeño y
-simpático artefacto que llamamos veleta.
-
-Esta veleta coronaba la torre de la casa solariega de un pueblo
-labortano.
-
-Era un monstruo rabioso, aquel monstruo indefinido que dominaba su
-mundo, un monstruo rechinador, malhumorado, que giraba desde hacía
-muchos años, no se sabía cuantos, en la vieja torre de Ustariz que
-tenía Gastizar por nombre.
-
-Sus garras amenazaban alternativamente a los cuatro puntos cardinales,
-de su boca salían llamas que por arte mágico se convertían en una
-flecha, sus orejas estaban atentas a todo cuanto se hablaba y se
-murmuraba en el pueblo.
-
-Para neutralizar la perversidad y la iracundia de aquella furia
-super-terrestre, para dulcificar su pérfida malicia, el artífice que
-le dió forma mortal le fijó para siempre en la cola el anagrama de
-Jesús-Cristo: J. H. S.
-
-Así este dragón tosco y quimérico representaba el dualismo de las cosas
-humanas y divinas: por la cabeza al diablo y por la cola a Dios; por
-delante la ciencia, el materialismo, la duda; por detrás el misticismo,
-y la piedad; por un lado todo malicia, ironía y desprecio para los
-mortales por el otro todo benevolencia y resignación cristiana.
-
-En aquella peligrosa altura, en aquella posición incómodamente ambigua,
-Ormuz y Ariman en una misma pieza, tenía que girar a todas horas el
-pobre y lastimero dragón de Gastizar. No era extraño que su genio se
-hubiese agriado y que rechinase con tanta frecuencia.
-
-La soledad le había hecho melancólico. Las alturas aislan. Aquel viejo
-basilisco no tenía amigos; únicamente una lechuza parda se posaba en el
-remate de la veleta y solía estar largo tiempo contemplando desde allí
-arriba el pueblo.
-
-¿El dragón roñoso y la lechuza de plumas suaves y de ojos redondos
-se entendían? ¿Quién podía saberlo? ¿Venía ella--el pájaro sabio del
-crepúsculo--a recibir órdenes de aquel basilisco chirriante e infernal
-agobiado por su apéndice cristiano? ¿O era el basilisco el que recibía
-las órdenes de la lechuza?
-
-Si alguien traía órdenes era indudablemente la lechuza. ¿De donde? Lo
-ignoramos.
-
-El viejo dragón velaba sobre el pueblo. El dirigía los fantasmas de
-la noche, él hacía avanzar las nubes obscuras que pasaban delante de
-la Luna, él irritaba y calmaba los ábregos y los aquilones con sus
-movimientos bruscos y sus chirridos agudos.
-
-En los días de tempestad mientras el vendaval soplaba con fuerza, el
-dragón mugía y chillaba escandalosamente; en las tormentas, a la luz
-de los relámpagos, se presentaba terrible e iracundo, en cambio en los
-días de sol, cuando la claridad dorada se esparcía por las colinas
-verdes del Labourt, ¡qué humilde! ¡qué domesticado! ¡Qué buenazo
-aparecía el dragón de Gastizar vencido por el anagrama cristiano de su
-cola!
-
-Aun en estos días tranquilos miraba con cierta sorna a la gente que,
-sin duda, desde su altura le parecía pequeña, a veces se volvía
-despacio como para dirigir al espectador una cortesía amable, a veces
-le daba la espalda con un marcado desprecio.
-
-A pesar de su maldad, de su energía y de su furia, el dragón de
-Gastizar desde hacía algunos años se movía con dificultad para dar sus
-órdenes.
-
-¿Era que su aditamento cristiano le iba dominando y adormeciendo?
-
-¿Era que sus articulaciones se entorpecían con el reumatismo y la gota?
-
-¿Era solamente la edad?
-
-Fuese lo que fuese era lo cierto que durante largas temporadas el
-dragón quedaba inmóvil, sin poder inclinarse ni a la derecha ni a la
-izquierda, furioso, amenazando con un ademán de cómica impotencia al
-universo.
-
-A veces una ráfaga de aire le infundía un momento de vida y sus garras
-se agitaban estremecidas en el aire y su lengua de llamas vibraba con
-saña, pero al poco tiempo volvía a su inmovilidad con el aspecto triste
-de un paralítico.
-
-Alguien, probablemente algún burlón había echado a volar la especie
-de que la anquilosis de la veleta coincidía con la tranquilidad de la
-villa y en cambio sus movimientos bruscos con los conflictos, con las
-guerras, con las pestes, con las revoluciones...
-
-
-
-
-LIBRO PRIMERO
-
-LA FAMILIA DE ARISTY
-
-
-
-
-I.
-
-LOS VIAJEROS
-
-
-HABÍAN salido los tres viajeros de Bayona, a caballo, por la puerta de
-Mousserolles, una tarde de otoño. Uno de los jinetes, ya viejo, con el
-pelo gris, tenía un aplomo al caer en la silla, propio de un militar;
-el otro, un joven rubio, montaba como el que ha tomado lecciones de
-equitación en un picadero, y el último, un muchacho moreno y de ojos
-negros brillantes, apenas sabía más que sostenerse sin caer sobre su
-cabalgadura. Afortunadamente para él llevaba una yegua blanca vieja y
-pacífica que a duras penas salía del paso.
-
-Los tres jinetes eran españoles. Tomaron poco después de salir de
-Bayona por la carretera que corre al lado del río Nive y fueron
-charlando.
-
-El tiempo estaba hermoso, la tarde tranquila y apacible; las hojas iban
-amarilleando en los árboles de ambos lados del camino y el follaje de
-los robledales en la falda de los montes comenzaba a enrojecer.
-
-Había nubarrones en el cielo en la dirección de la costa.
-
-Al pasar los jinetes por delante de Villefranque les sorprendió una
-turbonada; las nubes comenzaron a invadir rápidamente el cielo y lo
-encapotaron en poco tiempo; unos minutos después gruesas gotas redondas
-como monedas cayeron en la carretera.
-
-El chaparrón fué arreciando y los jinetes tuvieron que picar la espuela
-a sus caballos, cosa un tanto comprometida para el joven moreno de los
-ojos brillantes, a quien se vió inclinarse a derecha e izquierda como
-un saco mal atado, a los movimientos del trote brusco de su yegua.
-
-Llegaron los viajeros en el instante en que más arreciaba la lluvia a
-las proximidades de Ustariz, y se detuvieron enfrente de una gran cruz
-pintada de rojo con los instrumentos de suplicio.
-
---¿Qué hacemos?--preguntó el viejo.--¿Estamos ya en el pueblo?
-
---Ahí se ve la iglesia--advirtió el joven rubio.
-
-Efectivamente, por encima de un grupo de árboles se destacaba el
-campanario de la iglesia en medio de la bruma.
-
---El pueblo creo que está desparramado por el valle--indicó el muchacho
-moreno;--voy a preguntar en una de estas casas por la posada.
-
---Yo voy contigo--dijo el joven rubio y bajó del caballo.
-
-El moreno hizo lo mismo, y los dos llevando los caballos de las riendas
-pasaron un portillo y se acercaron a una casa que se veía a unos
-doscientos pasos de la carretera.
-
-El muchacho moreno dió las riendas a su compañero y entró en el
-caserío. Un campesino viejo y flaco que fumaba una pipa de barro se le
-acercó.
-
---¿Esto es Ustariz?--le preguntó en vascuence el muchacho moreno.
-
---Sí, señor.
-
---¿Está lejos una casa que se llama Chimista?
-
---Sí, bastante lejos.
-
---¿Y la posada está también lejos?
-
---No, ahí cerca. Sigan ustedes por el camino, pasen ustedes la iglesia
-y pregunten por la Veleta.
-
-El campesino salió al portal de la casa a indicar el sitio aproximado
-en donde estaba la posada.
-
-Los dos jóvenes volvieron a salir a la carretera y se unieron con el
-viejo compañero. Pasaron por delante de la iglesia y se detuvieron al
-par de una casa que tenía una muestra recién pintada con la bandera
-tricolor, en donde podía leerse:
-
- A LA VELETA DE USTARIZ
-
- CAFÉ. POSADA
-
-El jinete viejo saltó de la silla rápidamente, le siguieron los dos
-jóvenes y entraron todos en el gran zaguán de la posada. Había allí un
-tilburí y dentro un señor esperando el paso de la tormenta.
-
---¿Qué hacemos?--preguntó el viejo español.
-
---Nos quedaremos aquí--contestó el muchacho moreno.
-
---Sí, si no van ustedes a ponerse perdidos--advirtió el posadero que se
-presentó para llevar los caballos a la cuadra.
-
---Yo me voy--dijo el caballero del tilburí al posadero,--porque hay
-lluvia para rato;--y saliendo del portal a la carretera hizo tomar el
-trote largo a su caballo.
-
-El viejo y los dos jóvenes españoles quedaron en el zaguán. Al volver
-el posadero el viejo español le preguntó:
-
---¿Hay mucho de aquí a un caserío que se llama Chimista?
-
---Más de una hora.
-
---¿Buen camino?
-
---No muy malo. Ahora no pueden ustedes ir. Suban ustedes.
-
-Los viajeros subieron hasta una sala del piso principal, donde se
-sentaron.
-
---¿Quieren ustedes algo?--preguntó el posadero.
-
---Tomaremos sidra--dijo el muchacho moreno.
-
---¿Van ustedes a cenar?
-
---Si escampa seguiremos la marcha--advirtió el viejo.
-
---Ya me parece que no escampa--replicó el joven rubio.
-
---Entonces lo dejaremos para mañana.
-
---Y yo mandaré hacer la cena--dijo el posadero.
-
---Bueno.
-
-Los viajeros se sentaron a la mesa y esperaron a que el posadero
-viniera con unos vasos y dos botellas. Era el posadero hombre de
-treinta a cuarenta años, corpulento, de cara redonda y expresión
-tranquila y burlona. Vestía grandes botas con polainas, pantalones
-anchos de pana azul, faja encarnada, blusa negra adornada con bordados
-y boina muy grande.
-
-Estando sirviendo la sidra le llamó la muchacha y el posadero salió de
-prisa del cuarto.
-
-Poco después se oyó que hablaba con unas señoras.
-
-Los dos españoles jóvenes salieron, movidos por la curiosidad, a la
-puerta de la sala y vieron en el pasillo a una señora ya de edad, con
-el pelo blanco, y a otra de unos treinta años, las dos muy elegantes.
-A juzgar por sus palabras habían entrado en la posada huyendo de la
-lluvia, y el posadero iba a mandar inmediatamente a la criada a casa
-de estas damas por dos paraguas. Las señoras fueron a descansar al
-comedor, que estaba en el extremo opuesto del pasillo adonde daba la
-sala en que se encontraban los españoles.
-
-La muchacha volvió pronto con los paraguas y las señoras se dispusieron
-a salir.
-
-El joven moreno, como si tuviera algo que hacer, salió de la sala y se
-cruzó con ellas. La más joven le echó una mirada viva y sonrió.
-
-Al volver el posadero a la sala el muchacho le preguntó:
-
---¿Éstas señoras son de aquí?
-
---No; son españolas como ustedes.
-
---¡Españolas! ¿Cómo se llaman?
-
---Son la condesa de Vejer y su hija.
-
---¿Y viven aquí?
-
---Sí; viven en el chalet de las Hiedras, que les alquila madama de
-Aristy, la dueña de la casa de Gastizar. Madama de Aristy es la madre
-de este caballero que estaba antes en el portal con un tilburí.
-
-El joven se asomó a la ventana y vió alejarse por la carretera a las
-dos damas.
-
-
-
-
-II.
-
-LA POSADA DE LA VELETA
-
-
-DOS establecimientos de Ustariz rivalizaban en la obra de misericordia
-de dar posada al peregrino: uno la Veleta, el otro el Caballo Blanco.
-
-Los dos representaban épocas distintas y enemigas; los dos simbolizaban
-un régimen político y social diferente: la Veleta de Ustariz era la
-posada de la monarquía de Julio; el Caballo Blanco había sido la de la
-Restauración Borbónica. Las posadas del Imperio y las anteriores no
-habían llegado en el pueblo al alto honor de tener nombre y enseña.
-
-El Caballo Blanco había sido el primero que disfrutó estas mercedes en
-Ustariz. El Caballo Blanco, como casi todas las posadas y tabernas de
-Francia que tenían este nombre, intentó transformarse después de la
-Revolución de 1830 en la posada del Héroe de ambos mundos en honor del
-general Lafayette; pero esta transformación la llevó a cabo el posadero
-de Ustariz con tan poca fe y tan poca pintura, que el letrero antiguo
-se transparentaba por debajo del nuevo.
-
-En los pueblos en donde el entusiasmo republicano era grande, y en
-vista de que Lafayette parecía aburguesarse y consideraba a Luis
-Felipe como la mejor de las Repúblicas, los Caballos Blancos tuvieron
-una segunda transformación y quedaron convertidos en los Caballos
-Tricolores. Para que los Caballos Blancos se convirtieran en Tricolores
-se añadía a los hipógrifos pintados en la muestra una escarapela o una
-bandera francesa.
-
-El Caballo Blanco de Ustariz no era un caballo de pura sangre ni un
-caballo revolucionario; le faltó la energía para esta nueva carrera; no
-pudo transmigrar a su tercer avatar y se quedó durante algún tiempo en
-un Caballo Blanco vergonzante, hasta que, hostigado y mareado por su
-enemiga la Veleta, desapareció años después yendo probablemente a parar
-su muestra al cielo de los caballos pintados y de los demás animales
-fabulosos y reales de las enseñas de las tabernas.
-
-La Veleta de Ustariz rivalizó durante mucho tiempo con el Caballo
-Blanco y acabó por vencerlo; fué para el Caballo Blanco lo que Luis
-Felipe para la rama mayor de los Borbones.
-
-En esta época de 1830 la Veleta no había conseguido aún su triunfo
-definitivo; no había conseguido que la diligencia se detuviera delante
-de su puerta, y por una tradición que a Esteban Irisarri, el posadero
-de la Veleta, le parecía irritante el coche correo seguía hasta el
-Caballo Blanco.
-
-Había entonces en el pueblo dos servicios de coches públicos; la
-diligencia que se llamaba La Bayonesa y el Cuco, que tenía por nombre
-La Nivelle. La Bayonesa con sus carteras del correo paraba en el
-Caballo Blanco y el Cuco en la Veleta.
-
-La Veleta de Ustariz se hallaba establecida en la carretera, en una
-casa grande de dos pisos, oculta en el verano, por la parte de atrás,
-por una parra.
-
-Esta posada tenía en el piso bajo una tienda, mitad café y mitad
-taberna, con las paredes recién pintadas de color de sangre de toro muy
-brillantes.
-
-En una esquina, el dueño había mandado poner un banderín de madera con
-los tres colores nacionales y en medio el letrero: A la Veleta de
-Ustariz.
-
-En la planta baja había café, taberna, la bodega, la cuadra y una
-cocina espaciosa con chimenea de gran campana, dos mesas largas con
-bancos y el techo lleno de jamones y chorizos colgados y de quesos
-puestos sobre estantes de madera.
-
-Desde el zaguán, enlosado con grandes piedras, partía una escalera de
-castaño carcomida y recompuesta hasta el rellano del primer piso.
-
-De aquí se pasaba, por una puerta de cristales, a un corredor algo
-oscuro que tenía alcobas a un lado y a otro. En uno de los extremos del
-pasillo, hacia la carretera, estaba la sala, y en el otro lado, hacia
-la huerta, el comedor.
-
-En la sala, tapizada con un papel verde aceituna, casi siempre con las
-ventanas entornadas, se veían algunos muebles descabalados de estilo
-Imperio, un espejo sin brillo y lleno de puntitos blancos y varias
-litografías de colores detonantes con las hazañas de Mazzepa y del
-príncipe Poniatowski.
-
-Este salón de la Veleta de Ustariz pasaba en el pueblo por un salón
-elegante y confortable, digno de un hotel de Bayona.
-
-Hacia el lado de la huerta el comedor de la posada daba a un balcón,
-en verano siempre en sombra por el follaje de una parra que hacia de
-cortina verde y tupida.
-
-El comedor tenía un papel nuevo que Esteban Irisarri, el posadero
-de la Veleta, consideraba uno de los mayores atractivos de la casa.
-Representaba la catarata del Niágara, al natural, como decía él. Cerca
-de la catarata paseaban caballeros elegantes en briosos corceles, y
-señoras reclinadas en fastuosos landós con lacayos negros y perros de
-aguas.
-
-Rompiendo una parte de la catarata había un ventanillo que comunicaba
-con un cuarto por el que se bajaba a la cocina, y por este ventanillo
-la mujer de Esteban, la Juana Mari, sacaba la comida para que la
-sirviera la criada. En el centro del comedor había una mesa ovalada
-donde podían sentarse quince o veinte personas. En este comedor de la
-Veleta de Ustariz se servía únicamente a los forasteros distinguidos
-por un módico sobreprecio. La gente del pueblo y los campesinos iban
-siempre a comer a la cocina.
-
-Esteban Irisarri, el dueño de la Veleta, era hombre reformador y
-progresivo. Había sido sargento de Artillería y se había casado con
-la hija de un tratante de lana de Ustariz. Por entonces regentaba la
-posada y seguía con los negocios de lana.
-
-Los tres viajeros que acababan de entrar en la Veleta de Ustariz eran
-constitucionales españoles; el viejo con aire de militar se llamaba
-don Juan López Campillo, había sido guerrillero en la guerra de la
-Independencia y estaba emigrado desde 1823; de los jóvenes, el rubio
-con aspecto enfermizo era Eusebio Lacy, hijo del general Lacy, fusilado
-en Bellver, y el moreno, un muchacho navarro ex seminarista llamado
-Manuel Ochoa.
-
-Campillo había interrogado a Esteban el posadero en un mal francés
-pidiéndole informes acerca de las familias de aquel pueblo, y sobre
-todo del militar español que vivía en la casa llamada Chimista.
-
-El posadero había soslayado la cuestión con el maquiavelismo espontáneo
-de un vasco; pero al dirigirle claramente la pregunta no tuvo más
-remedio que hablar.
-
---No tenga usted cuidado, hombre--le dijo Ochoa, el joven de los ojos
-negros, en vascuence--, no somos de la Policía; todo lo contrario.
-
-Esteban el posadero valoró aquel _todo lo contrario_ con una sonrisa
-significativa, y dió los datos que sabía acerca del viejo militar por
-quien le interrogaban. Después invitó a los huéspedes a pasar al
-comedor.
-
-Precediéndolos fué por el pasillo, encendió la lámpara, y aunque no
-estaba del todo oscuro cerró las maderas del balcón. Los tres españoles
-se sentaron alrededor de la mesa.
-
---Se ha colocado usted en medio de la catarata del Niágara, mi
-coronel--dijo Ochoa a Campillo señalando el papel del comedor--. Se va
-usted a mojar.
-
---Sí--dijo el viejo sonriendo--. En cambio usted ha buscado buen sitio
-en ese bosquecillo.
-
---Lacy se nos ha ido con las damas--indicó Ochoa mostrando un grupo de
-damiselas pintado en el papel--. Este siempre tan galante.
-
-El posadero explicó dónde había comprado aquel papel, que era una de
-las grandes atracciones de la casa, y como tenía que ocuparse de sus
-menesteres posaderiles, dijo:
-
---Si no desean ustedes otra cosa, me marcho. Si tienen que llamar, den
-ustedes una patada en el suelo. Así.
-
---Está bien--indicó Ochoa--; conocemos el procedimiento.
-
-Lacy había abierto las maderas del balcón del comedor que daba a la
-galería de la parra.
-
-El tiempo estaba desecho. El cielo violáceo se deshacía a torrentes
-y la lluvia caía en rayas negras y oblicuas. Un canalón del tejado
-vomitaba agua, formando un gran chorro en arco que iba a caer sobre
-unas coles.
-
---Cierra, que viene viento--exclamó Ochoa.
-
---Me gusta ver el temporal--dijo Lacy, y saliendo del comedor y
-recorriendo el pasillo bajó al zaguán y se asomó a la puerta.
-
-La tarde estaba tibia; el aire, blando.
-
-Un olor de raíces y de tierra húmeda venía del suelo. A veces había
-ráfagas de viento huracanado. El follaje amarillo y rojizo de los
-árboles se desprendía dejando las ramas desnudas; algunas hojas grandes
-al volar por el aire parecían murciélagos de vuelo tortuoso o nubes de
-mariposas que al agitarse daban el vértigo.
-
-La hojarasca seca del camino corría de aquí para allí como en un sábado
-de brujas, galopando en frenéticos escuadrones, volando por encima de
-las copas de los árboles, aplastándose sobre los troncos y quedando
-inmóviles en los charcos.
-
---Dejan la vida en la inmovilidad para irse a la libertad y a la
-muerte--se dijo Lacy a sí mismo--. Así hacemos nosotros los hombres;
-unos para caer en el fango como ellas, otros para quedar olvidados en
-la cuneta del camino.
-
-Largo tiempo estuvo el joven Lacy embebido en pensamientos
-melancólicos, mirando las nubes que marchaban rápidamente por el cielo.
-En esto la muchacha de la posada se acercó al joven absorto, y le dijo
-que iba a subir la cena.
-
-Volvió Lacy al comedor y se sentó a la mesa.
-
-Esteban el posadero, de pie, apoyado en el respaldo de una silla,
-amenizó la velada hablando.
-
-Se había internado de lleno en una de las narraciones que a él le
-parecían más interesantes; la lucha de la Veleta de Ustariz con el
-Caballo Blanco.
-
-Preguntó Ochoa, mientras mondaba el hueso de una chuleta, por qué le
-había dado este nombre a su establecimiento, y el posadero charló por
-los codos.
-
-Se trataba, según dijo, de una veleta vieja que había en Gastizar,
-una de las mejores casas de Ustariz, propiedad de los señores de
-Aristy. Gastizar era una de las curiosidades de la villa y competía
-con Urdains, la finca del convencional Garat, el hombre ilustre del
-pueblo que todavía vivía en otoño de 1830, época en que comienza esta
-historia.
-
-Al decir de Esteban el pasadero, la villa entera había dado en decir
-que la veleta de Gastizar era una veleta misteriosa y simbólica, que
-anunciaba o por lo menos coincidía con los grandes trastornos políticos
-y con las convulsiones que agitaban el país.
-
-Esta veleta de la torrecilla de Gastizar se hallaba desde hacía
-tiempo mohosa y no giraba con el viento; sin embargo, cuando los
-acontecimientos políticos eran grandes, sin duda la fuerza de la
-historia le hacía girar, quieras que no.
-
-Así, la veleta de Gastizar se había movido en la época del Terror,
-después de las matanzas de Septiembre, cuando Domingo Garat fué
-designado por Danton para ministro de Justicia; también se había movido
-el día del suplicio de los Girondinos, día en que el mismo Garat era
-ministro del Interior; luego la veleta misteriosa cambió de rumbo el
-18 de Brumario, y volvió a cambiar cuando las tropas de Wellington
-pasaron por Ustariz y el lord Duque se alojó en casa de Garat. Las dos
-últimas agitaciones de la veleta habían coincidido con Waterloo y con
-la restauración Borbónica.
-
-La revolución de Julio no había conseguido conmover la veleta de
-Gastizar, quizás no consideraba a Luis Felipe y a sus ministros de
-bastante importancia, quizás los vientos del verano no habían sido lo
-suficientemente fuertes para sacarla de su inercia.
-
-La Veleta de Gastizar dependía de la política francesa, que a su vez en
-Ustariz dependía de Garat.
-
-Garat, la veleta y la Revolución eran la trinidad política de Ustariz.
-
-Esteban el posadero, como hombre partidario de las reformas, había
-tenido la idea feliz de bautizar su posada con el nombre de la Veleta,
-dando a entender que el establecimiento y su amo patrocinaban los más
-atrevidos cambios y las más radicales modificaciones sociales.
-
-Muchos aseguraban, según dijo Esteban el posadero, que no había
-de tardar la veleta en moverse. No era la revolución de Julio un
-acontecimiento tan insignificante para que una veleta, por muy alta que
-estuviera, lo despreciara.
-
-Esteban al explicar la cuestión con detalles se reía; pero estaba
-inclinado a creer que algún misterio existía en la veleta de Gastizar,
-aunque no fuera más que para amenizar la vida, algo insípida, del
-pueblo.
-
-Mientras Esteban charlaba animadamente, los viajeros cenaban y la
-muchacha de la posada iba y venía mirando al joven Lacy con el rabillo
-del ojo.
-
-Después de la cena Esteban se retiró y los viajeros se enfrascaron en
-una larga conversación política.
-
-Estaban los tres metidos en la gran aventura que los constitucionales
-españoles iban a emprender por aquellos días. Campillo era amigo del
-coronel Valdés, y pensaba acompañarle; Ochoa se decía partidario
-de Mina, y el joven Lacy se hallaba dispuesto a seguir a cualquier
-caudillo que marchase adelante, a la victoria o a la muerte.
-
-Después de una larga conversación en la que se discutieron ideas y
-personas, Campillo dijo:
-
---Bueno, vamos a la cama, que mañana tendremos que levantarnos temprano.
-
-Ochoa llamó con el procedimiento de la patada en el suelo, y se
-presentó Esteban, que condujo a cada uno a su cuarto.
-
---Me parece que la veleta de Gastizar esta noche se va a mover--dijo el
-posadero frotándose las manos.
-
-Lacy entró en su cuarto, dejó la palmatoria en la mesilla de noche y se
-sentó en una vieja butaca. La alcoba tenía en el techo grandes vigas
-pintadas de azul. En medio estaba la cama de madera, grande, ancha,
-con cuatro o cinco colchones y del techo colgaban cortinas pesadas que
-la envolvían. Más que una cama, aquello parecía un altar.
-
-Sobre una cómoda, brillante y ventruda, se veía en un fanal un
-ramillete hecho con conchas. Lacy estuvo un momento pensativo; luego se
-acercó a la ventana. Se había levantado un viento terrible, huracanado.
-
-Las ráfagas de aire daban alaridos, mugidos, silbidos; zarandeaban los
-árboles, cuyo follaje seco se estremecía y producían un rumor como el
-del mar en un robledal lejano. Algunas ramas golpeaban el cristal de la
-ventana como si fueran manos que llamaran.
-
-Los relámpagos aclaraban el campo con su luz cárdena y resonaban los
-truenos largos en todas las concavidades del valle. Un momento la
-lluvia se convirtió en granizo y quedó todo el campo cubierto de perlas
-brillantes. Caía el granizo con un repiqueteo como el de un tambor.
-Lacy, después de un largo rato de contemplación, se desnudó, apagó la
-luz y se metió en la cama...
-
-En las primeras horas de la noche la violencia del viento aumentó;
-después comenzó a caer una lluvia mansa, tranquila; cesó el viento y
-no se oyó en el silencio del campo más que el ladrido lastimero de un
-perro...
-
-Al levantarse los viajeros albergados aquella noche en la Veleta de
-Ustariz, el sol brillaba en el cielo y el campo tenía un aspecto
-plácido e idílico.
-
---Saben ustedes--les dijo Esteban el posadero al saludar a sus
-huéspedes.
-
---¿Qué hay?
-
---La veleta de Gastizar se ha movido esta noche. Vamos a tener
-acontecimientos.
-
-
-
-
-III.
-
-USTARIZ Y SU GRANDE HOMBRE
-
-
-USTARIZ es una aldea vasco-francesa que está a dos leguas o dos leguas
-y media de Bayona en la orilla izquierda del Nive. Es uno de esos
-pueblos cuyo caserío esparcido por el campo y agrupado en barrios tiene
-una gran extensión.
-
-Los barrios de Ustariz, muy lejanos unos de otros, llevan los nombres
-de Arrauntz, Eroritz, Erribere y Purgonia. De estos grupos de casas,
-el de Erribere, el pueblo bajo, núcleo principal de la villa, conservó
-hasta la Revolución ciertas prerrogativas.
-
-Entre dos de estas barriadas, que ofrecen a las miradas del viajero
-casas muy típicas de aire vasco, está la iglesia moderna y sin carácter.
-
-Ustariz se encuentra rodeado de robledales. Según algunos sabios del
-lugar, su nombre significa en vasco círculo de robles.
-
-Ustariz es pueblo de horizonte despejado y de hermosas vistas. Desde
-los altos se divisa al Sur, el monte Larrun, a la derecha, y el pico de
-Mondarrain a la izquierda; hacia el Norte se extiende la gran llanura
-francesa hasta que se pierde de vista. Las cercanías de Ustariz son
-frondosas; colinas verdes con prados y bosques.
-
-Ustariz forma parte de la antigua comarca vasca llamada Labourt. Toda
-la tierra que lleva este nombre es poética soñolienta, soleada. El río
-Nive la cruza de un extremo a otro.
-
-El Nive es un río de rápida corriente, con cascadas y presas que mueven
-los molinos en la parte alta, y muy lento en su parte baja.
-
-Mientras cruza la comarca de Suberoa es un río claro, alegre, saltarín,
-lleno de espumas; un riachuelo vasco, pequeño y alborotador, que corre
-por entre desfiladeros y gargantas poblados de hayas y de robles.
-
-En su parte baja al entrar en el Labourt, sobre todo después de
-Ustariz, el Nive es profundo, oscuro, verde; espejo inmóvil donde se
-reflejan los árboles de las orillas y por donde se deslizan las barcas
-planas que en el país llaman _chalantas_.
-
-Todo el estrépito de este río cuando es niño y navarro, se convierte
-en silencio y modestia al hacerse labortano y adulto. Entonces se
-esconde como avergonzado entre las colinas pobladas de árboles, pasa
-sin ruido y sin espumas por debajo de los puentes y marcha a reunirse
-con repugnancia en Bayona con el Adour, que es un río lento y turbio
-que viene de pueblos de lengua de oc, pueblos encalados y rodeados de
-tierras blancas y arenosas.
-
-Ustariz era antiguamente la capital administrativa del Labourt y
-celebraba una asamblea todos los años casi tan famosa en el país vasco
-como la de Guernica. Esta asamblea, el _Bilzaar_ donde se reunían
-los viejos labortanos para resolver los asuntos de la comarca, se
-congregaba en el bosque de Haitzea sobre una eminencia poblada de
-robles a la que se llamaba Capitolo-erri (lugar del Capitolio).
-
-En 1830 Ustariz estaba en decadencia; muchas de sus casas se hallaban
-en ruinas; su pequeña industria no progresaba. Ya no se celebraba el
-_Bilzaar_ como en los buenos tiempos; ya los sabios del país no acudían
-al bosque de Haitzea.
-
-Ustariz había perdido su capitalidad administrativa, y las tres
-comarcas vasco-francesas: el Labourt, Soule y Suberoa no formaban un
-departamento como habían pedido los Garat y otros regionalistas del
-país al Gobierno revolucionario.
-
-Los vascos de Francia entraban en el mismo montón que los bearneses
-y gascones, cosa que desagradaba profundamente a Garat el menor,
-vascófilo impenitente, a pesar de llamarse así mismo ciudadano del
-mundo.
-
-Muchos de estos regionalistas vasco-franceses hubieran querido llegar
-a una aproximación con los españoles y formar una confederación vasca
-para defenderse de la presión niveladora de París y conservar el
-espíritu de la región; pero no encontraban, ni entonces ni después,
-colaboradores en los vascos españoles, tercos y cerrados para todo
-cuanto no fuera un estúpido absolutismo y un más estúpido fanatismo
-religioso. Por otra parte, la política natural de las grandes
-nacionalidades tenía que separar a los vascos de un lado y otro del
-Pirineo, cortando poco a poco las fibras sentimentales comunes. En esta
-época de decadencia de Ustariz quedaban en el pueblo dos curiosidades:
-la casa del convencional Domingo José Garat, que todavía vivía en
-Urdains y la veleta misteriosa de Gastizar.
-
-Urdains estaba cerca del barrio de Arrauntz y de la colina de Santa
-Bárbara, desde donde se divisaba un magnífico panorama; Gastizar se
-hallaba dentro de Erribere.
-
-Entre Garat y la veleta de Gastizar había grande semejanza. Los dos
-eran ornamentales, los dos versátiles; pero Garat había cambiado con
-los vientos reinantes mejor que la veleta de Gastizar, que se hallaba
-desde hacía tiempo enmohecida. Garat se movía también a impulsos de la
-bondad y del reconocimiento.
-
-Los Garat habían tenido el sino de figurar en el mundo.
-
-Garat el mayor, había sido diputado en los Estados generales durante
-la Revolución; Garat el menor, el célebre, fué ministro en plena
-efervescencia revolucionaria, y otro hermano más joven había sido uno
-de los tenores de más fama de la época.
-
-Las mujeres de la familia también se habían distinguido, y la hermana
-de Garat, superiora del convento de la Visitación, de Bayona, llamaba
-la atención por su inteligencia y por su belleza extraordinaria.
-
-Garat, el tenor, alcanzó el máximo de su popularidad en tiempo del
-Directorio; había dado antes lecciones de canto a la reina María
-Antonieta; fué el ídolo de los salones, y puso en boga en París una
-canción vasca que comenzaba así:
-
- _Mendian zori eder
- Eper zango gorri._
-
-(¡Qué bonita es la perdiz de patas rojas en el monte!)
-
-Domingo Garat, el menor, hombre débil, brillante y versátil, había
-pasado por los momentos más terribles de la Revolución francesa,
-intentando dejar una amable sonrisa allí donde los demás dejaban una
-mueca de furor y de amenaza.
-
-No le valió su amabilidad, y en los momentos trágicos tomó un carácter
-sombrío. Estuvo también preso y a punto de ser guillotinado. Garat
-cumplió la triste misión, siendo ministro de Justicia, de comunicar a
-Luis XVI su sentencia de muerte.
-
-El sino del vasco Garat fué parecido al del bearnés Barere de Vieuzac;
-las circunstancias hicieron de estos ruiseñores meridionales tipos
-odiosos y odiados por la mayoría.
-
-Los periodistas monárquicos que redactaban el periódico _Las
-Actas de los Apóstoles_ agrupaban tres nombres como sinónimos:
-Carra-Garat-Marat, uniendo por la fuerza del consonante a hombres tan
-distintos como Marat el sanguinario, Carra el jacobino sospechoso, y
-Garat el ideólogo de las frases brillantes.
-
- _Garat toujours rempli de frayeur et d'espoir
- A toujours le secret de dire blanc et noir.
- S'exprimer franchement lui semble par trop bête
- Et sauvent son pays il veut sauver sa tête._
-
-(Garat, siempre lleno de miedo y de esperanza, tiene siempre el
-secreto de decir blanco y negro; expresarse francamente le parece muy
-tonto, y salvando el país quiere salvar su cabeza). Garat, a quien
-los monárquicos intentaban pintar como uno de tantos ogros de la
-Revolución, no era más que un hombre que había errado el camino. Garat
-era un hombre ligero y versátil, retórico y conceptista. Amaba a su
-pueblo y a su país, era vascófilo, meridionalista e hispanófilo, y
-firmaba a veces sus trabajos con el seudónimo de José de Ustariz.
-
-Era Garat hombre amigo de novedades, y fué uno de los primeros
-franceses que antes de la Revolución quiso hacer trabajos para propagar
-en Francia la filosofía de Kant. El poeta danés Baggesen durante
-su estancia en París le comunicó el entusiasmo por el filósofo de
-Koenigsberg.
-
-A medida que la Revolución francesa evolucionaba, Garat evolucionó con
-ella; fué alternativamente dantoniano, thermidoriano, bonapartista,
-imperialista, después abandonó la barca de la Revolución, que
-naufragaba, y se hizo partidario de los Borbones y devoto.
-
- _Messieurs, n'acusez pas Garat
- De changer de doctrine._
-
-(Señores, no acuséis a Garat de cambiar de doctrina) así comenzaba una
-poesía satírica dedicada a él.
-
-En el Diccionario de las Veletas, publicado en París en 1814, Garat
-estaba en el número de las primeras veletas de Francia.
-
-Hasta en Ustariz, su pueblo, donde todo el mundo le quería, se le
-motejaba de versátil, y durante la Restauración uno de los versolaris
-labortanos le dirigió estos versos:
-
- _Gastizarco veleta
- Ez du ibiltzen aicea
- Ez ifarra, ez igoa
- Ez da Garat bezala
- Uztaritzco lagun zarra
- Bere borondatez eramana
- Beti turnatzen al da
- Alde guztiyetara_
-
-(A la veleta de Gastizar ya no la mueve el viento, ni el Norte ni el
-Mediodía. No se parece a Garat, nuestro viejo amigo de Ustariz, que
-llevado por su buena intención siempre anda dando vueltas en todos
-sentidos.)
-
-Como el abate Swift gritaba en sus ratos de alegría: ¡Viva la
-bagatela!, Garat podía decir: ¡Viva la versatilidad!
-
-Su versatilidad le había conservado joven y de buen corazón y tenía
-derecho a vitorearla.
-
-Como se ve por estas explicaciones, Ustariz era un pueblo en 1830 que
-podía vanagloriarse de sus veletas. La de Gastizar y la de Urdains
-tenían fama en muchas leguas a la redonda.
-
-
-
-
-IV.
-
-GASTIZAR Y CHIMISTA
-
-
-SI van ustedes a Chimista--dijo Esteban el posadero a sus
-huéspedes--irán ustedes mejor a pie que a caballo: al dejar la
-carretera el camino que hay que tomar estará húmedo y resbaladizo con
-la lluvia de esta noche.
-
---Nos vamos a poner perdidos--dijo Campillo.
-
---Si usted quiere ir a caballo--observó Ochoa--nosotros le seguiremos a
-pie.
-
---No; iré también a pie.
-
---Yo les acompañaré hasta dejarles en el camino de Chimista--indicó
-Esteban.
-
-Los españoles, precedidos por Esteban, salieron de la posada y
-marcharon por la carretera. Al pasar por Gastizar, la casa de la
-misteriosa veleta, se detuvieron a contemplarla.
-
-Era Gastizar un caserón grande colocado entre la carretera y el río,
-con las paredes de un color amarillento negruzco, las persianas verdes
-y el tejado de un tono rojo oscuro herrumbroso. Una de sus fachadas
-laterales tenía en un ángulo una ancha torre cuadrada, centinela en
-guardia que vigilaba la carretera.
-
-En el país, Gastizar podía llamarse palacio. Eran sus paredes de
-mampostería y en las aristas de todo el edificio, como en las de la
-torre, ostentaba cintas de piedra rojiza tallada.
-
-Las ventanas y balcones tenían grandes marcos de arenisca blanca.
-
-Las persianas y puertas verdes estaban ya muy desteñidas; el alero,
-artesonado de cerca dos metros de saliente, se hallaba pintado de
-manera un tanto bárbara, con las zapatas que le sostenían azules y los
-entablamentos amarillos.
-
-Un camino transversal que partía de la carretera pasaba por delante de
-Gastizar, cruzaba el río por un puente y seguía hacia Chimista. A este
-camino daba la fachada principal del palacio.
-
-Tenía ésta un jardín delante circundado por una tapia baja, con dos
-grandes tilos y unos macizos de hierba.
-
-Pasando la avenida se entraba por una portalada por encima de la cual
-avanzaba un gran balcón con los barrotes labrados y cuyo barandado
-estaba sujeto a la pared por arcos de hierro.
-
-Enredándose en ellos se veía una glicina nudosa.
-
-En el segundo piso había cinco balcones sin saliente con los cristales
-pequeños y verdosos y en medio del tejado cortando el alero una
-mansarda.
-
-Los viajeros contemplaron un momento Gastizar.
-
-Entre la casa y el río se extendía la huerta orientada al levante con
-dalias, rosas de todos colores y crisantemos de la India que hacía
-poco tiempo se habían introducido en el país y que en aquellos días de
-Octubre estaban aún en todo su esplendor.
-
-Gastizar ofrecía distinto aspecto según del lado desde donde se le
-mirase.
-
-Por la fachada, orientada al Norte, tenía un aire sombrío; los musgos
-verdosos nacían entre sus piedras y los hierbajos crecían sobre la
-cornisa de los balcones y en el alero.
-
-Los otros tres lados eran más sonrientes y alegres y estaban rodeados
-de jardines; la parte que daba a la carretera con su torrecilla
-cuadrada se perfilaba con cierto aire feudal. Esta torrecilla tenía
-dos miradores y un tejado plano sobre el cual se erguía la misteriosa
-veleta de Gastizar con su dragón con la boca abierta, sujeto en un
-vástago de ocho o diez pies de alto terminado en una punta de lanza.
-
-Esteban el posadero que mostró a sus huéspedes Gastizar y sus
-curiosidades dijo que algunos que se tenían por inteligentes aseguraban
-que esta veleta debió haber sido traída de otra parte porque parecía
-del siglo XV y la construcción de la casa databa del siglo XVI. Esteban
-añadió que un viejo del pueblo aseguraba que esta veleta la había
-visto él en un torreón de Larresore antes de la época revolucionaria y
-agregó que un señor condecorado que había estado en el pueblo dijo que
-antiguamente la importancia y nobleza de un castillo se podía medir
-por el número de veletas. Cuantas más tenía más noble y más importante
-era. Durante mucho tiempo los plebeyos no podían tener estos pequeños
-aparatos sobre el tejado de sus casas lo que a Esteban, que era un buen
-liberal, le parecía el colmo del abuso y una de las más abominables
-señales del despotismo del Antiguo Régimen.
-
-Después de hacer gala de sus conocimientos, el posadero, indicando uno
-de los dos caminos en que se dividía el que iban siguiendo, dijo:
-
---Por ahí en media hora estarán ustedes en Chimista.
-
-Marcharon los viajeros adelante, preguntaron en dos caseríos hasta
-detenerse en una casita pequeña y blanca que aparecía en medio de un
-robledal, rodeada de campos y a poca distancia del río. Era Chimista.
-
-Tenía la casa que llevaba este nombre dos pisos con entramado de
-madera. Era del tipo clásico del país, el primer piso avanzaba un poco
-sobre el bajo y el segundo sobre el primero. Se abrían a un lado dos
-ventanas góticas del gótico conopial y una puerta en arco apuntado.
-
-La puerta estaba abierta. Entraron en el zaguán y llamaron dando
-palmadas. No apareció nadie.
-
---Ahí al lado había unas mujeres. Voy a preguntarles si hay alguien en
-la casa--dijo Ochoa.
-
-Acababa de salir el muchacho navarro cuando se presentó en el portal
-una mujer joven con un niño en brazos.
-
---¿Está don Valentín Malpica?--preguntó Campillo en castellano.
-
---¡Mi padre!... Sí...--balbuceó la mujer.--¿Qué le querían ustedes?
-
---Queríamos hablarle. Somos amigos suyos.
-
---Ah, entonces... pasen ustedes, está en la huerta.
-
-Campillo y Lacy cruzaron el zaguán y un establo y salieron a la huerta.
-
-Contemplando unos árboles frutales había dos hombres; un viejo canoso
-y un señor de unos cuarenta años, tipo entre ciudadano y campesino que
-llevaba una boina grande. Este señor era el mismo que habían visto en
-el zaguán de la fonda de la Veleta al llegar a Ustariz en un tilburí.
-
-Campillo se acercó al viejo.
-
---¡Malpica!--exclamó.
-
-El viejo se volvió rápidamente y puso la mano derecha sobre los ojos
-como pantalla y preguntó en francés a su compañero:
-
---¿Quién es?
-
---No sé, no le conozco--dijo el de la boina.
-
---Soy Campillo, tu camarada. ¿No te acuerdas de mí?
-
-Malpica se acercó al forastero y le estrechó la mano.
-
-Era don Valentín Malpica un viejo derecho con la cara sonrosada y los
-ojos grises. Tenía la tiesura y la rigidez de un militar.
-
---Venimos a hablarte--dijo Campillo.--Este muchacho que me acompaña es
-Eusebio de Lacy, hijo del general.
-
---¡Es el hijo de Lacy! perdone usted joven que le abrace.--Malpica le
-estrechó entre sus brazos.--Le conocí mucho a su padre de usted, y
-peleé con él--siguió diciendo.--Era un militar valiente y un liberal de
-verdad. Espérenme ustedes un momento. Les presentaré a ustedes... mi
-hija..., Miguel Aristy..., el coronel Campillo... Lacy.
-
-Se dieron la mano. Miguel Aristy era el señor de la boina grande que
-acompañaba a Malpica.
-
-La hija del coronel invitó a sentarse a los forasteros en el jardín
-en un cenador cubierto de enredaderas, entre las que se destacaban
-clemátides blancas y azules, campanillas rojizas y rosas tardías.
-
-Un niño de tres a cuatro años salió corriendo de la casa y se echó en
-brazos de la hija de Malpica.
-
---¿Es hijo de usted?--le preguntó Lacy señalando al niño.
-
---Sí.
-
---¡Qué guapo es!
-
---Lo que es, es muy desobediente.
-
---¡No!--dijo el chico levantando el dedo en el aire.
-
---Sí, sí. Su hermanita es mucho mejor que él.
-
---¿Vive usted todo el año aquí en el campo?--preguntó Lacy.
-
---Sí, todo el año, con mi padre y mi marido.
-
---¿Su marido de usted es este señor?--dijo indicando al de la boina.
-
---No, este señor es mi cuñado. Yo estoy casada con su hermano.
-
---¡Qué casa más simpática tiene usted!--exclamó Lacy--aquí parece que
-debe ser muy fácil ser feliz.
-
---Yo creo que en todas partes se puede ser feliz si se contenta uno con
-poco.
-
---Sí, quizás sea cierto, pero eso no lo puede saber usted por
-experiencia.
-
---¿Por qué?
-
---Porque lo tiene usted todo: unos niños tan bonitos, su padre, el
-marido, el buen carácter...
-
---Usted también lo tendrá...
-
---Será difícil.
-
---¿No tiene usted familia?
-
---Sí, mi madre. Mi padre fué el general Lacy fusilado en Mallorca por
-liberal.
-
---He oído hablar mucho de él.
-
---Mi padre estaba reñido con mi madre. Yo he sido educado en colegios,
-siempre separado de la familia.
-
---¡Qué pena!
-
---Sí, mi infancia ha sido bastante triste. Mi juventud tampoco es muy
-alegre. Estoy enfermo.
-
---Curará usted.
-
---No sé; ya veremos.
-
---Buenos señores--dijo Malpica acercándose al cenador.--Puesto que
-tenemos que hablar de asuntos reservados vamos a mi cuarto.
-
-Campillo y Lacy se dispusieron a marcharse de la huerta y se
-despidieron del señor de la boina.
-
---Adiós, señor de Lacy--dijo la hija de Malpica dando la mano al
-joven--y no arrastren ustedes a mi padre a ninguna empresa peligrosa.
-
-Abandonaron los dos españoles la huerta y por la cuadra pasaron al
-zaguán en donde vieron a Ochoa que hablaba en vascuence con unas
-muchachas que al oirle se reían a carcajadas.
-
-Ochoa se unió con sus amigos y los tres subieron por una escalera al
-rellano del primer piso. Malpica, que les esperaba, les condujo a un
-cuartito pequeño empapelado, adornado con unas estampas de generales y
-de guerrilleros de la Independencia puestos en marcos en las paredes,
-una mesa, un estante con una docena de libros y dos sillones.
-
---Aquí que nadie nos oye--dijo Malpica dirigiéndose a Campillo.--Puedes
-hablar a tus anchas.
-
-Campillo que no era hombre de buenas explicaderas comenzó a
-embarullarse y a perderse en comentarios y en detalles de tal modo, que
-dijo dirigiéndose al joven Lacy:
-
---Hable usted, porque yo no sé explicarme rápidamente.
-
-Eusebio Lacy tomó la palabra.
-
---Ya le ha indicado el coronel Campillo--dijo--que los liberales
-españoles han pensado hacer un intento serio para establecer la
-Constitución en España. Supongo que estará usted enterado de la marcha
-en general de este asunto.
-
---No, no lo estoy. Vivo aquí apartado y sin enterarme de nada.
-
---Entonces haré un resumen de lo que ocurre. Después de la Revolución
-de Julio de París, todos los caudillos españoles liberales se han
-reunido para hacer un intento en la frontera. El gobierno francés
-favorece la empresa y el mismo Luis Felipe ha dado dinero para ella.
-Entre los jefes están Mina, Gurrea, Chapalangarra, Méndez Vigo,
-Jáuregui, López Baños, San Miguel, Milans del Bosch, Valdés... En fin,
-todos.
-
---Los conozco--dijo Malpica.--A unos personalmente, a otros de nombre.
-
---Por desgracia--añadió Lacy--hay diferencias entre los nuestros y se
-han formado varios bandos capitaneados por Mina, Valdés, Chapalangarra,
-Méndez Vigo y Gurrea.
-
---¡Mal negocio!
-
---Sí, es defecto de nosotros los españoles, pero en fin, yo creo que
-las diferencias se borrarán con el éxito.
-
---Es de esperar.
-
---Pues bien, en esto nuestro amigo el coronel Campillo que es uno de
-los jefes de la fuerza constitucional, supo por conducto de algunos
-agentes liberales que su compañero don Valentín Malpica vivía ignorado
-en Ustariz. El coronel Campillo puso la noticia en conocimiento de la
-Junta y la Junta comprendiendo la importancia que tendría su valioso
-concurso nos designó a nosotros tres para visitarle a usted y para
-proponerle tomar parte en la expedición militar que vamos a hacer sobre
-la frontera española. Este es nuestro objeto al visitarle.
-
---Le he oído a usted atentamente, señor de Lacy--contestó Malpica--me
-honra mucho que se hayan acordado de mí y estoy dispuesto a dar mi vida
-por la libertad y por la patria. No tengo más que decir con relación a
-este punto; estaré allí donde me manden: en el sitio del peligro.
-
---Lo esperábamos de usted--dijo Lacy.
-
---Gracias. Ahora sí, tengo que advertir que soy el coronel más viejo de
-mi cuerpo y que no aceptaría un destino subalterno.
-
---Ni nosotros hemos pensado en tal cosa--repuso Lacy.
-
-Campillo replicó con disimulada acritud que él como todos ocuparía el
-lugar que le correspondiera en la escala según su antigüedad y como
-todos ascendería un grado en el caso de triunfar. Puestos de acuerdo
-en este punto, Campillo dijo que avisaría a Malpica cuándo debía
-presentarse en Bayona.
-
-Terminada la conferencia los tres viajeros bajaron al portal y se
-despidieron de Malpica. Ya iban a salir cuando se presentó la hija del
-coronel con sus dos niños. Lacy le dió la mano y ella murmuró en voz
-baja:
-
---Dios quiera que no me traigan ustedes alguna desgracia.
-
---Por Dios, señora... no..., balbuceó Lacy.
-
-Unas horas después, los tres viajeros llegaban a la Veleta de Ustariz,
-almorzaban, montaban a caballo y se dirigían al trote largo camino de
-Bayona.
-
-
-
-
-V.
-
-LA TERTULIA DE GASTIZAR
-
-
-EL mismo día en que Lacy, Campillo y Ochoa visitaban al coronel
-Malpica, estaban de tertulia al anochecer, varias personas en el salón
-de Gastizar.
-
-Una gran lámpara de aceite, con una pantalla verde, colgada del centro
-de la habitación difundía una luz fija y clara, y seis velas ardían en
-el piano sobre arandelas de cristal tallado.
-
-El salón de Gastizar era grande y decorativo, con vigas en el techo
-negras sobre fondo rojo, suelo de nogal muy oscuro y lustroso y las
-paredes tapizadas de terciopelo escarlata.
-
-Este salón tenía dos balcones muy espaciados y una ventana, ocultos en
-aquel momento por cortinas espesas, en frente de uno de los balcones
-había una gran chimenea en cuyo hogar ardían unos gruesos troncos de
-roble.
-
-Los muebles de este salón eran antiguos; arcas vascas talladas, espejos
-biselados, sillones estilo Luis XV. Un reloj alto, negro, de estos
-ingleses, de esfera de cobre, colocado entre los dos balcones parecía
-presidir la sala.
-
-En algunos espejos, cuadros y en el respaldo de los sillones se veía
-esculpido y pintado un escudo con cuatro cuarteles, en los dos de
-arriba dos vacas rojas y un roble y en el de abajo otras dos vacas
-rojas y una hidra de tres cabezas.
-
-Este escudo era de la casa vasco-francesa de los Belsunce, familia
-ilustre en el país, que tenía en Mearin un antiguo castillo cubierto de
-hiedras.
-
-Entre los Belsunces había habido un obispo de Marsella que se hizo
-célebre en la peste que desoló esta ciudad a principio del siglo XVIII,
-un general que se distinguió en el sitio de Maestrich, y el mayor
-Belsunce que en tiempo de la Revolución fué muerto en Caen por la plebe
-y luego destrozado y despedazado de una manera trágica, llegando una
-mujer a arrancarle el corazón y a comérselo.
-
-Cuando Carlota Corday mató a Marat se aseguró por algunos que la
-heroica homicida había sido la novia del mayor Belsunce y que había
-querido vengarle.
-
-Además de estos Belsunces conocidos en la historia había otro personaje
-legendario del mismo apellido: Gastón de Belsunce que a principios del
-siglo XV peleó con un monstruo que se escondía en una cueva de San
-Pedro de Irube y murió en la lucha después de matar a la fiera. De aquí
-procedía en el escudo de la familia la hidra de las tres cabezas.
-
-Entre los vascos, que no ha habido nunca grandes propietarios ni
-aristocracia cortesana, la familia de Belsunce era la excepción por su
-riqueza.
-
-La dueña de la casa de Gastizar era de la familia de Belsunce y tenía
-este apellido del cual estaba orgullosa, así que le agradaba que le
-escribieran madame d'Aristy (neé Belsunce).
-
-En la sala de Gastizar había en aquel momento varias personas;
-alrededor del velador del centro estaban tres señoras, madama de
-Aristy, su prima la vieja señorita de Belsunce y madama de Luxe viuda
-de un coronel del Imperio.
-
-Madama Aristy era una señora alta, de nariz corva y ojos claros, el
-pelo blanco. Madama de Aristy hacía media y tenía entre ella y el
-fuego un pequeño biombo porque no le gustaba el calor de la lumbre.
-
-A su lado leía un número de _La Moda_, la vieja señorita de Belsunce.
-La señorita de Belsunce estaba empeñada en parecer joven a fuerza de
-afeites y su sistema pictórico daba a su rostro un aspecto lamentable.
-
-Su única discreción era buscar los sitios que estuvieran a la sombra o
-en la penumbra donde no se le pudiese ver a la luz plena.
-
-A pesar de su manía de pintarse y de pintarse mal que parecía denotar
-cierta falta de sentido, en otras cuestiones la señorita de Belsunce
-discurría con una gran claridad.
-
-Esta vieja señorita era romántica, no del romanticismo entronizado
-por los escritores y poetas del año 1830 sino del anterior. Tenía una
-traducción de Ossian que leía con tanto entusiasmo como Napoleón,
-tocaba el arpa y libaba el monarquismo y la melancolía en las obras
-llenas de catacumbas y de pompas fúnebres del Vizconde de Chateaubriand.
-
-La otra señora que estaba en el salón, madama Luxe, viuda de un coronel
-del Imperio, era una mujer rubia, corpulenta, de unos treinta y cinco
-a cuarenta años, de ojos claros, vestida de una manera vistosa.
-
-Madama Luxe había sido poco feliz en su matrimonio y como todavía
-se consideraba joven esperaba casarse en segundas nupcias. Algunos
-pensaban que no le hubiera disgustado Miguel Aristy como marido.
-
-Al lado del piano había dos muchachas y un joven.
-
-De ellas, la mayor era Alicia de Belsunce, la otra Fernanda Luxe.
-Alicia tendría unos diez y ocho años, el pelo rubio y unos colores de
-manzana. Fernanda era pálida, morena y melancólica y estaba todavía de
-corto.
-
-Alicia, en aquel momento sentada al piano tocaba y cantaba mientras
-un joven, Luis Larralde-Mauleón, pasaba las hojas de la partitura del
-"Barbero de Sevilla".
-
-Al lado del fuego, dentro de la campana de la chimenea se encontraban
-Miguel de Aristy, el hijo mayor de la casa, hundido en una butaca, el
-caballero de Larresore, anciano muy estirado y peripuesto, y el ex
-intendente Darracq, pariente del marido de madama Aristy.
-
-Miguel y Larresore hablaban en aquel momento de don Valentín Malpica,
-Darracq escuchaba y arreglaba a cada paso el fuego con las tenazas.
-
---Es un hombre tosco, sin formas corteses--decía Larresore--la primera
-vez que me vió me dijo: nosotros los viejos...
-
---Ja... ja...--rió Miguel--la verdad es que no podrán ustedes hacer
-buenas migas los dos.
-
-El señor Darracq rió también aunque silenciosamente.
-
---Otro día--siguió diciendo Larresore--le vi llevando un haz de leña al
-hombro. Coronel, le dije: ¡Por Dios! ya le enviaremos a usted un mozo
-para que le acarree la leña.
-
---¿Y qué le contestó a usted?
-
---Me dijo que el soldado debe bastarse a sí mismo.
-
---Sí, es una de sus grandes razones. Don Valentín es un buen hombre
-sencillo y honrado. Es el militar sin cultura. Como fanático que es,
-ha exagerado los beneficios de la disciplina y cree que el hombre debe
-ser una máquina que marche al paso. Para don Valentín las dos normas
-superiores de la vida son la disciplina y el honor. La disciplina tiene
-sus ordenanzas militares, respecto al honor él supone que sus leyes son
-tan exactas como las de la gravedad. Yo no creo en nada de esto, pero
-reconozco que es un excelente corazón franco y noble.
-
---Cierto, cierto--repuso Larresore--pero es de una insociabilidad
-horrible. Estando en su compañía yo no puedo encontrar un motivo de
-conversación. Le pregunté una vez por su familia y sus antepasados
-y me dijo que él no había conocido más que a su padre, y añadió que
-había encontrado en su casa un árbol genealógico en pergamino pero que
-lo había echado al fuego porque el soldado no debe de pensar en estas
-tonterías; para él todo lo que es lujoso es inútil. ¡Qué espíritu más
-lamentable!
-
---Sí, hay esa misma idea en todos estos militares españoles que andan
-por aquí. Son gentes sencillas.
-
---Es falta de civilización--exclamó Larresore--poca sensibilidad. ¿Y
-estos tres españoles que han estado a ver al coronel Malpica, quiénes
-son? ¿Algunos revolucionarios?
-
---Sí.
-
---¿Y a qué han venido? ¿Quizás a proponerle que se una a ellos?
-
---Sí.
-
---¿Y él habrá aceptado?
-
---Seguramente.
-
---¿Es tan liberal?
-
---No, liberal no es; pero las circunstancias le han puesto más cerca
-del campo de los liberales y con poco que halaguen su amor propio irá.
-
---¿Tú conoces bien su historia, Miguel?
-
---Sí.
-
---¿Qué hay de cierto en eso que se ha dicho de que mató al amante de su
-mujer?
-
---Lo que hay de cierto es que tuvo un duelo con un amigo suyo y que le
-mató.
-
---¿Y no era el amante de su mujer?
-
---No, no. Parece que había otra mujer entre ellos.
-
-En esto Alicia se levantó y dirigiéndose a madama de Aristy dijo:
-
---Tía, no tocaré más. Miguel y el caballero de Larresore están hablando
-entretenidos y no hacen caso de mi música.
-
---No, hija mía--dijo Larresore siempre amable--estábamos haciendo
-comentarios sobre tu música.
-
---¡Bah, bah!, no me engaña usted, siempre están ustedes hablando.
-
---Tienes razón, hija mía--saltó madama de Aristy con enfado--yo no sé
-de qué hablan. Esta noche pasada--y se dirigió a madama Luxe--han
-estado hasta las dos dale que dale hablando. ¡No se cansarán! pensaba
-yo.
-
---Los hombres...--comenzó a decir madama Luxe, pero sin duda no se le
-ocurrió nada y se calló.
-
---Es que tienes un hijo muy inteligente, prima mía--repuso Larresore--y
-a mí me gusta oir sus opiniones.
-
---Miguel es inteligente para todo menos para mi música--saltó
-Alicia.--Ayer que no estaba el señor de Larresore para hablar con él se
-sentó en la butaca y se quedó dormido.
-
---No, no; estaba soñando.
-
---Ya, ya. Bueno, ¿y de qué estaban ustedes hablando?--dijo Alicia
-tomando una silla pequeña y sentándose con los piececitos al fuego.
-
---Estábamos hablando de estos españoles que han venido al pueblo a
-visitar al suegro de mi hermano León--dijo Miguel.
-
---Los he visto--agregó Alicia--uno de ellos un joven moreno con un aire
-muy enérgico. Muy buen tipo.
-
---A mí me ha parecido mejor el rubio--saltó Fernanda.
-
---Yo no les he encontrado nada de particular a ninguno de los dos--dijo
-el joven Larralde-Mauleón despechado.
-
---Ya tenemos la eterna discrepancia--exclamó Miguel con su seriedad
-burlona.--Alicia dice que el moreno, Fernanda que el rubio y el joven
-Larralde que ninguno de los dos. ¿Quién tiene razón?
-
---Déjese usted de bromas. ¿Quiénes son?--preguntó Alicia.
-
---El viejo es un guerrillero español...
-
---¿Y los jóvenes?
-
---El rubio es el hijo del general español Lacy que fué fusilado en la
-isla de Mallorca por liberal. El otro es un muchacho que se llama Ochoa.
-
---¿Y qué venían a hacer aquí?
-
---Venían, sin duda, a invitar a este viejo coronel, suegro de mi
-hermano, a alguna empresa revolucionaria.
-
---Y ese Ochoa, ¿quién es?--dijo Alicia.
-
---No sé de él más que lo que tú sabes, que es un muchacho guapo y al
-parecer revolucionario, pero si te interesa tomaremos informes.
-
---Entonces tome usted también informes del rubio--dijo Fernanda.
-
---_Vous êtes mon lion superbe et genereux_--recitó Alicia con énfasis.
-
-Esta frase de doña Sol de "Hernani" en aquel momento produjo marcada
-molestia en el joven Larralde-Mauleón que se acercó a las señoras y se
-puso a hablar con ellas.
-
-Poco después, madama de Luxe se levantó y se despidió de madama de
-Aristy y de la señorita de Belsunce, el joven Larralde-Mauleón saludó
-inclinándose ceremoniosamente y besó la mano a las señoras.
-
-Madama de Aristy llamó a la campanilla y preguntó si estaba la cena, la
-criada que apareció en la puerta dijo que sí, y las tres señoras y los
-tres caballeros pasaron al comedor.
-
-Después de cenar charlaron un rato, las señoras se retiraron, y Miguel
-y el caballero de Larresore volvieron a la chimenea al lado del fuego,
-apagaron la luz y estuvieron largo tiempo hablando.
-
-
-
-
-VI.
-
-DON VALENTIN DE MALPICA
-
-
-AL quedarse solos Larresore y Miguel, el anciano caballero pidió a su
-sobrino le contara con detalles la historia del viejo coronel español
-que vivía en Chimista. Miguel la contó pero como no era el Mayorazgo
-de Gastizar hombre a quien interesaran sólo los hechos, sino que le
-gustaba bucear en la psicología de los tipos, investigar el origen de
-los motivos y las características del temperamento, se hundió en un mar
-de comentarios y de consideraciones filosóficas.
-
-La historia escueta que contó Miguel a su tío fué la siguiente:
-
-Don Valentín de Malpica nació en un pueblo de la Rioja.
-
-Escapado de su casa sentó plaza y comenzó a servir de soldado en la
-guerra de España con la República francesa en 1793. Estuvo en Navarra a
-las órdenes de don Juan Ventura Caro y del conde de Colomera, y después
-fué trasladado a Cataluña donde ascendió a sargento.
-
-En la primavera de 1807, Malpica con el grado de teniente en el
-regimiento de Asturias, salió de España con la división del marqués de
-la Romana camino de Hamburgo.
-
-Malpica asistió con su regimiento al sitio de Stralsund que se terminó
-felizmente y donde fué ascendido a capitán.
-
-Poco después Napoleón al entrar en España temiendo que las tropas
-españolas del marqués de la Romana se le sublevasen al tener
-conocimiento de la invasión de la península Ibérica, las acantonó en
-las islas de Fionia, Langeland y en Jutlandia donde quedaron vigiladas
-por las fuerzas de Bernardotte.
-
-De los regimientos mandados por la Romana, los de Asturias y
-Guadalajara intentaron la fuga antes que los demás, y en varios barcos
-pesqueros se embarcaron, tomaron por el estrecho del Gran Belt, dieron
-la vuelta a Dinamarca y desembarcaron en las islas de Holanda. Al
-bajar a tierra amotinados dieron los gritos de ¡Viva España! y ¡Muera
-Napoleón! Algunos oficiales franceses marcharon a contenerlos y fué
-muerto un ayudante del general Fririon. Las tropas danesas rodearon a
-los amotinados y les hicieron rendirse.
-
-Malpica que estaba reunido con los oficiales de su regimiento no quiso
-quedarse en la isla de Walcheren y en una lancha pesquera pasó a
-Inglaterra desde donde le trasladaron a la Península. Destinado a la
-guarnición de Zaragoza tomó parte en el segundo sitio de esta ciudad.
-Luchó con su amigo el coronel Renovales, y rivalizó con él en valor
-y en audacia. Renovales y Malpica, éste herido gravemente, cayeron
-prisioneros de los franceses. Renovales se escapó y Malpica fué llevado
-al castillo Viejo de Bayona. En esta ciudad estuvo recomendado a una
-familia vasco-francesa, acomodada, los Doyambere y acabó casándose con
-la hija de la casa.
-
-Al terminar la guerra, Malpica con su mujer entró en España. Como los
-militares que volvían de la emigración, en vez de ser considerados en
-su país eran por el contrario mal mirados y tenidos por levantiscos,
-Malpica, que había heredado algún dinero, compró una finca a orillas
-del Ebro y se fué a vivir allí con su mujer y su hija. Pronto se cansó
-de la vida del campo y dijo a su mujer que iba a solicitar la entrada
-en el servicio activo e ir a América. La mujer quiso convencerle de que
-no fuera, pero Malpica no era de los que se avienen a razones.
-
-Malpica recomendó a uno de sus amigos, a un tal Ramón Lanuza a su mujer
-y a su hija, y él pasó siete años en América luchando a las órdenes del
-general Morillo y alcanzó el grado de coronel.
-
-En 1822 Malpica volvió a España y a su finca. Le dijeron al llegar
-y notó también él que su amigo Ramón tenía mucha confianza con su
-mujer, cosa nada rara, pues que el amigo llevaba siete años visitando
-asiduamente la casa.
-
-El coronel que había traído costumbres y hábitos de factoría de su vida
-americana, estaba fuera de su centro en el círculo de su mujer y de sus
-amistades, y para encontrarse entre los suyos iba de caza, andaba entre
-los jayanes, y se enamoró de una muchacha zafia hija de un labrador.
-
-Las relaciones fueron públicas y produjeron la indignación de la mujer
-de Malpica que reprochó a su marido su conducta.
-
---No hay que hacer caso de lo que hablan las malas lenguas--parece que
-dijo Malpica sentenciosamente a su mujer--también dicen de ti que estás
-enredada con mi amigo Ramón y yo no lo creo.
-
-La mujer contó esto a Lanuza quien pidió cuentas a Malpica.
-
-Riñeron los dos violentamente y Lanuza le dijo:
-
---Todo el mundo sabe que yo no tengo nada que ver con tu mujer. Es una
-calumnia que repites de una manera innoble, en cambio todo el mundo
-sabe que tú tienes relaciones con esa muchacha hija de un aperador.
-
---Es falso también.
-
---No, no es falso--y Lanuza añadió con sorna.--Esa muchacha es la
-querida de tu asistente y el dinero que tú le das a ella, ella se lo
-entrega a él.
-
---¡Mientes!
-
---Esta noche lo podremos ver si quieres. Ella irá a buscar al asistente
-al cuarto próximo a la cuadra donde duerme él como todas las noches.
-
-Se apostó Malpica para ver si era verdad lo dicho por su amigo y pudo
-comprobar que la cosa era cierta.
-
-Lanuza le acompañaba.
-
-Malpica exasperado y loco de furor dijo a su amigo que uno de los dos
-sobraba.
-
---Nos batiremos cuando quieras--le contestó Lanuza con frialdad.
-
-Malpica entró furtivamente en su casa, tomó dos pistolas, una botella
-con pólvora y balas y salió al campo.
-
---¿Adónde vamos?
-
---Vamos a la isla del río.
-
-En el río había una isla de arena que tendría treinta o cuarenta varas
-de largo. Llegaron a la orilla, entraron en la barca y bajaron en la
-isla. Era al amanecer.
-
-Cargaron las pistolas y jugaron a cara y cruz la pistola que
-correspondería a cada uno y quién daría la voz de mando. Le tocó a
-Lanuza. Se colocaron en sus puestos, en los dos extremos de la isla al
-borde del río. En este momento Malpica gritó:
-
---¡Lanuza!
-
---¿Qué?
-
---Confieso que no tengo razón.
-
-Lanuza contestó con una carcajada irónica.
-
---¿Eres cobarde también? No lo creía.
-
---No, no soy cobarde, pero comprendo que te he ofendido sin razón. Te
-daré las explicaciones que quieras.
-
---No hay explicaciones que valgan. ¡Prepárate! Sino disparo.
-
---¿Qué más pretendes de mí?--gritó Malpica. ¿No te confieso que no
-tengo razón?
-
---No me basta. Quiero tu sangre. Quiero verte ahí muerto.
-
---¡Ah, quieres matarme! ¿Quieres quitarme de en medio para casarte con
-mi mujer?
-
---Tú lo has dicho.
-
---Bien. Veremos si lo consigues. De todas maneras ten en cuenta que te
-he ofrecido la paz.
-
---No hay paz. ¿Estás en guardia?
-
---Sí.
-
---Una... dos... tres.
-
-Una bala pasó silbando por encima de la cabeza de Malpica.
-
-Lanuza cayó. Malpica se acercó de prisa al otro extremo de la isla. La
-pistola estaba en el suelo al borde mismo del agua cerca de un reguero
-de sangre.
-
-Lanuza había desaparecido. Malpica entró en la barca y fué por el río
-mirando por sí aparecía el cuerpo de su amigo. Sin duda había caído
-para atrás y la corriente le había arrastrado.
-
-Malpica volvió a la orilla, entró en su casa, montó a caballo y unos
-días después llegaba a Barcelona.
-
-En tanto los franceses de Angulema habían entrado en Cataluña. Malpica
-se incorporó a las fuerzas de Mina.
-
-Peleó con gran valor durante tres meses y poco antes de la capitulación
-de Mina, cayó herido de un tiro en el pecho cerca de Figueras.
-
-Los franceses le dejaron por muerto en el campo.
-
-De noche un merodeador fué a quitarle la ropa y al moverle, Malpica
-comenzó a quejarse. El ladrón iba a huir, Malpica le dijo que tenía
-dinero guardado y que se lo daría si le salvaba.
-
-El merodeador le llevó al hombro a una cueva y el coronel pasó días
-entre la vida y la muerte hasta que se curó.
-
-Cuando ya se encontró bueno y con fuerzas para andar se dirigió a la
-frontera, la atravesó y entró en Francia.
-
-En Perpiñán pidió informes del coronel Malpica de quien dijo era amigo
-y le mostraron un boletín francés en donde se citaba su muerte.
-
-No podía decir que era él Malpica a trueque de ser tomado por un
-falsario.
-
-Decidió cambiar de nombre y trabajar. Al principio su vida fué
-miserable, tenía que dedicarse a faenas humildes, pero como era duro y
-fuerte no le molestaban.
-
-Lo que sí le preocupaba era encontrarse con antiguos compañeros que le
-conocían.
-
-Decidido a abandonar esta parte de Francia escribió a un hermano suyo
-diciéndole lo que le había ocurrido, cómo pasaba por muerto, pidiéndole
-una pequeña suma y encargándole que no dijera a nadie que vivía. El
-hermano le contestó enviándole la cantidad, le decía cómo se había
-encontrado a Lanuza muerto en una presa y que unos suponían que se
-había suicidado y otros que había sido víctima de un crimen.
-
-El hermano de Malpica comunicó la noticia de que el coronel vivía a su
-mujer y a su hija.
-
-La mujer vendió la finca próxima al Ebro y vino a establecerse a
-Bayona. La hija de Malpica, Dolores, trajo a su padre a vivir a
-Ustariz...
-
- * * * * *
-
-Al acabar de contar Miguel Aristy la historia del coronel, el caballero
-de Larresore movió la cabeza de un lado a otro.
-
---¡Qué mentalidad!--exclamó.--¡Qué cabeza! Ir así arrastrado por los
-acontecimientos sin pararse a reflexionar... es lastimoso.
-
---¿Qué quiere usted? Los hombres que han nacido para la acción son así.
-Cuando se comprende demasiado se ejecuta poco. Nosotros, usted y yo
-somos razonadores. El es un impulsivo, un español a la antigua. El se
-cree liberal y no lo es, se cree el colmo de la inteligencia y ya ve
-usted lo que da de sí.
-
---Es de una incomprensión y de una suficiencia cómicas.
-
---Pues se figura ser el hombre más discreto y más juicioso del mundo;
-en cambio no se tiene por valiente, y es valiente como un león.
-
---Es la barbarie.
-
---Todo lo que le sale de la cabeza le parece maravilloso. Lo que no
-comprende para él no existe, y si de una cosa comprende una parte
-supone que la parte que no comprende sobra. Al hombre le gustaría
-recortar todas las ideas hasta que entraran bien en las casillas de su
-cabeza.
-
---Tendría mucho que recortar.
-
---Sí; probablemente Malpica se cree infalible. Lo que ha juzgado ya no
-quiere volver a juzgarlo. Si se equivoca son las cosas las que se han
-equivocado, al no estar conformes con lo que él ha dicho de antemano.
-
---¡Oh! ¡Qué estupidez!
-
---El se considera el definidor de todo. El prototipo de todo. Cuando
-dice: El honor es lo primero después la patria, ya no hay necesidad de
-volver sobre esto.
-
---¡Lamentable, lamentable!--murmuró Larresore.
-
---Lleva la cabeza rapada, como habrá usted notado, y le parece que un
-melenudo es un insulto a sus ideas. Es uno de los motivos de odio que
-tiene contra su yerno, mi hermano León.
-
---¿De verdad?
-
---Sí. Los pelos largos le irritan. El soldado no necesita esos tufos,
-suele decir. No hay manera de convencerle de que un escritor o un
-artista no tiene la aspiración de ser soldado. Muchas veces a mi
-cuñada, su hija, le dice despóticamente: El soldado debe levantarse más
-temprano. Pero yo no soy soldado, papá, le contesta ella con gracia. No
-importa, replica él. En la vida todo es como el ejército.
-
---¡Qué vulgaridad! ¡Qué horror!--exclamaba el caballero de
-Larresore.--El soldadismo se ha metido por todas partes. ¡Esa
-Revolución! ¡Esa Revolución! ¡Qué pena! Destruir tan bellas cosas para
-dejar el mundo convertido en un cuartel.
-
-
-
-
-VII.
-
-RETRATOS DE FAMILIA
-
-
-LA familia de Aristy estaba formada en Ustariz por la madre y sus dos
-hijos Miguel y León. Madama Aristy tenía también una hija casada con un
-rico propietario de Bayona.
-
-El marido de madama Aristy no había sido conocido en Ustariz ni vivido
-en Gastizar. Se decía de él que era un gascón que en tiempo del Terror
-tomó parte en las jornadas revolucionarias, y que después, deportado a
-Cayena, desapareció.
-
-Madama Aristy era una señora de más de sesenta años, mujer enérgica,
-autoritaria y despótica; creía que todo el mundo tenía que pensar
-como ella, y no aceptaba otras opiniones. En su casa mandaba como un
-coronel.
-
-Madama de Aristy era la severidad más completa; pensaba que todo lo que
-hacía lo hacía bien y que discurría con una cordura sin ejemplo.
-
-Se creía el prototipo del buen sentido; pensaba que cuando a ella se le
-había ocurrido una cosa, el mundo entero debía aceptarla casi como un
-descubrimiento científico.
-
-A veces levantaba la voz cuando se discutía algo, como diciendo: No
-admito la posibilidad de que nadie me contradiga.
-
-Madama de Aristy estaba muy en desacuerdo en ideas con su hijo. Ella
-era aristócrata, él un demagogo.
-
-A pesar de esto, la señora de Aristy trataba a Miguel de potencia a
-potencia, porque éste era el que dirigía en Gastizar las siembras, las
-podas, las demás labores campestres, y ella creía que en tales asuntos
-entendía mucho.
-
-Miguel era un caballero de cuarenta años, solterón, escéptico, que
-estaba dispuesto a vivir oscuramente en Ustariz cultivando sus tierras
-sin ambiciones ni cuidados. Su madre le había querido casar con la
-señorita Angelina Girodot, la hija de un notario de Bayona, una
-señorita de alguna edad, rica y poco agraciada; pero Miguel dijo:
-
---No, no; prefiero no casarme. Estoy tan convencido de mis
-imperfecciones, que no me decido a buscar una compañera.
-
-Algunos aseguraban que estaba enamorado de Alicia Belsunce, su prima,
-que podía ser hija suya; pero si lo estaba no se le notaba gran cosa.
-
-Miguel era una buena persona; inteligente, amable, muy comprensivo;
-había pasado los cuarenta años y llegado a un período en que, por
-escepticismo no quería colocarse en ninguna cuestión en primera fila.
-
---Antes me dolía un poco no ser nada--solía decir.--Ahora, no. Me
-siento hermano de la glicina de Gastizar, me he enredado aquí, en estas
-piedras viejas, y aquí estoy viviendo como una col.
-
-Aquella vida del campo, inmóvil, sin estímulo para la ambición que a
-muchos embrutece, a él le había convertido en un filósofo.
-
-Miguel se consolaba leyendo y tocando el violonchelo. Se recordaba que
-una vez una señora de Bayona, que había venido a Gastizar con su hija
-con un plan matrimonial, al ver a Miguel poco admirado ante las gracias
-de la niña y más bien distraído y aburrido, había dicho a madama de
-Aristy en un momento de mal humor: Señora, su hijo de usted es un
-idiota. Este recuerdo regocijaba a Miguel y le hacía reir con malicia.
-
-Miguel reconocía ingenuamente sus defectos; pero con la misma
-ingenuidad aseguraba que no tenía el menor deseo de corregirlos.
-
-El caballero de Larresore reprochaba a Miguel lo poco que se cuidaba de
-la sociedad.
-
---Te abandonas, Miguel--le decía;--estás hecho un rústico.
-
---¡Pse! ¿Para qué preocuparse de la sociedad?--exclamaba él;--con la
-gente casi siempre sale uno perdiendo. Si a fuerza de molestias y
-preocupaciones llega uno a saber una cosa y la comunica a los demás, le
-contestan con un lugar común.
-
---La sociedad no puede estar regida por un libro de cuentas--decía
-Larresore, que era un hombre que nunca había dado nada a nadie.
-
---Sí, es cierto--contestaba Miguel sonriendo, porque tenía la idea de
-que su tío era uno de los hombres más egoistas del mundo;--pero no es
-cosa de perder siempre.
-
-El segundo hijo de madama Aristy, León, estaba casado con Dolores, la
-hija de Malpica. León era pintor y se hallaba por entonces en París.
-
-Su matrimonio, su profesión y su estancia en París se había llevado a
-cabo en contra de la voluntad de su madre.
-
-Al ir a vivir a Bayona la mujer de Malpica y su hija, ésta en aquella
-época una muchachita de catorce a quince años, había impulsado al
-coronel su padre a que se instalase cerca de ella, y Malpica fué a
-parar a la casa de un guardabosque de Ustariz conocido por el tío Juan,
-viejo revolucionario recomendado por Garat y que vivía allí olvidado.
-
-Dolores iba siempre que podía a visitar a su padre. La mujer del
-coronel Malpica sabía que su marido estaba oculto en Ustariz y que su
-hija le veía con frecuencia.
-
-En uno de estos viajes Dolores conoció a León de Aristy, joven pintor,
-que se había hecho amigo de Malpica en sus excursiones de paisajista.
-
-León habló varias veces a Dolores, y a poco de conocerla la hizo una
-fogosa declaración de amor.
-
-Dolores era una mujer afectuosa, tierna, muy religiosa y de no mucha
-energía, que tenía siempre las lágrimas a punto.
-
-León, muy romántico en sus ideas era de un egoismo perfecto; no pensaba
-más que en sí mismo y se preocupaba poco de la conveniencia de los
-demás.
-
-León riñó con su madre para casarse con Dolores; fueron los casados a
-vivir a Chimista, y al año Dolores tuvo un niño.
-
-El coronel Malpica al ver a su nietecillo se sintió emocionado y se
-trasladó también a Chimista. El trabajaría en la huerta para no ser
-gravoso a nadie, dijo.
-
-El matrimonio hubiera podido ser feliz; pero pronto León se cansó del
-sosiego de la casita campestre y de los paisajes de los contornos, y
-decidió ir a pasar temporadas a París. Todos los años hacía un viaje a
-la capital, cada vez más largo, y volvía huraño y fosco lamentándose
-de que no se le considerase, creyéndose siempre postergado por las
-intrigas de los demás artistas.
-
-Dolores no sabía qué hacer para contentar a su marido; el pintor era
-un hombre vanidoso y de poco carácter; había vivido dominado por la
-energía de su madre, y al dirigir él su vida se encontraba perdido.
-
-Dolores era una mujer poco enérgica, pero buena y resignada. No
-comprendía lo que le pasaba a su marido. Veía que vivía con el espíritu
-en otra parte. Ella se consolaba jugando con sus hijos, arreglando sus
-flores. Iba también con frecuencia a ver a su madre a Bayona, y dejaba
-a sus hijos al cuidado de una vecina recién casada a quien llamaban
-Fanchon.
-
-Dolores tenía amor por su padre y lo comprendía, a pesar de la
-tosquedad y de la rigidez del coronel. Malpica trabajaba por ella y
-la proporcionaba todas las comodidades posibles, fingiendo siempre
-estar malhumorado. Para el viejo militar, las mujeres eran como niños
-caprichosos que había que vigilar y atender.
-
-Respecto a Julia de Aristy, la hermana de León y Miguel, casada con un
-propietario rico de Bayona, intentaba convencer a sus hermanos de que
-debían salir de aquel rincón de Ustariz.
-
-León estaba camino de hacerlo, no así su madre ni su hermano mayor.
-Ambos vivían entusiasmados en Gastizar.
-
-Esta casa la había comprado el abuelo materno de madama de Aristy, que
-era un bearnés, en tiempo de la Revolución. No se sabrá de quién era
-primitivamente ni se conocía su historia; únicamente le quedaba el
-nombre de Gastizar que en vascuence quiere decir castillo viejo.
-
-Madama de Aristy y sus hijos habían ido a vivir a Gastizar al finalizar
-el Imperio.
-
-El propietario anterior debía de haber sido hombre de cierta fantasía.
-
-En un extremo de la huerta había pretendido instalar un jardín con
-plantas tropicales, tentativa que indicaba en él un entusiasmo por la
-Botánica, puesto en boga por Juan Jacobo Rouseau y por Bernardino de
-Saint Pierre. En medio del jardín tropical había un chalet rústico
-oculto entre árboles. Este chalet rústico, al que llamaban el chalet
-de las hiedras porque se hallaba tapizado y cubierto por ellas, estaba
-alquilado a dos señoras españolas.
-
-Madama de Aristy al ocupar la casa mandó quitar las plantaciones
-tropicales y dejó los campos al modo del país.
-
-Hubiera derribado el chalet de las hiedras, pero su hijo León lo quería
-para estudio y lo respetó.
-
-Durante todo el año madama Aristy y su hijo mayor vivían en Ustariz.
-Algunas veces solían ir a Bayona, y el rigor del verano pasaban algunos
-días en Biarritz. Tenían un landó para sus viajes y Miguel solía usar
-un tilburí que él mismo dirigía.
-
-Madama de Aristy era de estas personas que trabajan y hacen trabajar a
-los demás sin descanso.
-
-Tenía a sus órdenes dos criadas, un muchacho y un hortelano.
-
-Además de las dos criadas había un ama de llaves, algo pariente de
-madama Aristy, que era una solterona fea, desgarbada y torpe. Se
-llamaba Benedicta. La Benedicta siempre estaba distraída y hacía las
-cosas mal, pero si la reñían las hacía peor.
-
---Dejadle--decía Miguel,--no la riñáis.
-
-Madama de Aristy no podía dejar el placer de refunfuñar y de echar
-largos discursos agrios a Benedicta. Las señoritas de Belsunce solían
-ir acompañadas de una doncella.
-
-Un elemento importante de Gastizar era el criado y hortelano Ichteben,
-un tipo curioso; Ichteben tenía muchas ocupaciones, pero ninguna
-cumplía bien; poseía una nariz como un pico, roja, una expresión
-suspicaz; llevaba pantalones azules, blusa negra y un chaleco de Bayona
-en invierno como en verano.
-
-Ichteben hacía lo que le encargaban bastante mal y además era un poco
-borracho, pero tenía una fidelidad a Gastizar a toda prueba.
-
-Madama de Aristy decía muchas veces que lo iba a despachar, pero esto
-parecía tan difícil como cambiar el orden de los planetas.
-
-Ichteben era muy malicioso, muy ladino; únicamente Miguel le inspiraba
-confianza para contarle sus cuitas. Miguel le escuchaba muy serio y
-después celebraba a carcajadas su malicia.
-
-
-
-
-VIII.
-
-LOS PARIENTES Y LOS AMIGOS DE LA CASA
-
-
-CASI siempre había en Gastizar parientes de madama de Aristy que iban a
-Ustariz a pasar una temporada.
-
-De los más constantes eran la señorita de Belsunce y su sobrina Alicia.
-
-La señorita de Belsunce, una dama mustia que había tenido en su
-juventud amores contrariados y falta de ácido en el estómago, hubiera
-querido ser, como la mariscala de Luxemburgo, una autoridad en materias
-de elegancia y dar el _placet_ a la gente con un ¡oh! o con un ¡ah!
-colocado a tiempo, como dió la mariscala a monsieur de Talleyrand.
-
-La señorita de Belsunce se cansaba de la soledad de Gastizar, y muchas
-veces decía a su sobrina:
-
---No sé para qué estamos en este desierto.
-
-Alicia tenía cariño por Gastizar. Era Alicia una linda muchacha, un
-poco pequeña de estatura, rubia, tirando a roja, con la boca chiquita,
-los ojos verdosos y la nariz un poco corva. Estaba orgullosa de su
-figura y de su familia.
-
-Alicia era efusiva, cariñosa, muy económica y algo egoista. A pesar de
-esto sabía hermanar su egoismo con su tendencia romántica. Era de estas
-vírgenes prudentes que miran a su alrededor estudiando el hombre que
-les conviene.
-
-Alicia adulaba un tanto a su tía madama Aristy, y esta señora
-consideraba mucho a su sobrina. Estaban siempre de acuerdo. Se creían
-las dos de distinta pasta que los demás y que lo hacían todo bien. Se
-consideraban casi siempre en el fiel de la balanza.
-
-Alicia tenía un poco de desdén por su primo Miguel, a quien suponía que
-ella agradaba y que, sin embargo, no le hacía la menor indicación en
-este sentido considerándose sin duda como viejo.
-
-Alicia vivía el invierno en Pau y hablaba el _patois_, cosa cómica para
-un vasco.
-
---No comprendo cómo se habla el _patois_--decía Miguel a su prima.
-
---¿Por qué no?
-
---Es como tener dos trajes para la ciudad. Nosotros los vascos no,
-tenemos el traje de pastor, de la aldea: el vascuence, y el de la
-ciudad, el francés.
-
---Nosotros no tenemos nada de pastores--replicaba ella;--somos más
-civilizados.
-
---Un idioma latino. ¡Pse! ¡Qué cosa más ridícula!--exclama Miguel.
-
---Ustedes han resuelto que hay una superioridad de los vascos sobre los
-bearneses y los gascones, y ya basta.
-
---¡Ah, claro! Es una superioridad que no necesita explicación.
-
---¿Es que han hecho más cosas los vascos?
-
---No.
-
---¿Es que han tenido más grandes hombres?
-
---No, tampoco. Nosotros los vascos formamos un pueblo pequeño,
-misterioso, con un concepto de la vida especial. ¿Cómo nos van a
-comparar con un provenzal o con un gascón?
-
---Pero los provenzales y los gascones tienen más historia, hay entre
-ellos familias más antiguas.
-
---Respecto a eso te diré, prima mía, lo que un vasco dijo al duque de
-Guisa. Discutían los dos acerca de su respectiva nobleza, y el duque
-de Guisa dijo: Sabed que los Guisas datan del siglo X, y el vasco le
-contestó: Nosotros los vascos no datamos.
-
---No comprendo, la verdad, este orgullo.
-
---No es orgullo. Cada cual tiene sus condiciones y desea conservarlas.
-¿Por qué no? Yo no quiero vivir en comunidad con el vecino, aunque sea
-más fuerte o más rico que yo. Que estas comarcas que nos rodean, que
-han hablado dialectos latinos, tienen más cultura que nosotros por el
-uso de un idioma más civilizado que el nuestro. ¿Y eso qué importa?
-Nosotros queremos vivir en nuestro país, sin tener gran cosa que ver
-con los que hablan esas jergas latinas.
-
---¿Y por qué no?
-
---Nosotros somos otra clase de gentes; no nos parecemos en nada a ellos.
-
---¿Más serios?
-
---Claro.
-
---¿Más constantes?
-
---Sin duda alguna.
-
---Ahí está el grande hombre del pueblo, Garat, prodigio de
-consecuencia...; no ha sido más que de todos los partidos...
-
---Bueno; es posible que en la política...--decía Miguel riendo.
-
---Y en todo. Ustariz es un pueblo de veletas; ¿cuántas novias ha tenido
-usted, primo mío?
-
---¿Yo? De verdad... ninguna.
-
---¿No ha tenido usted bastante tiempo para enamorarse de ellas?
-
-Alicia y Miguel solían discutir y pelear con frecuencia; ella terminaba
-sus reyertas con un gesto de altivez y desdén, y él se reía.
-
-Otro de los huéspedes de Gastizar era Víctor Darracq, ex intendente
-del ejército de Napoleón y primo del marido de madama de Aristy.
-Víctor Darracq había sido de la Administración militar durante el
-Imperio y había llegado a general de brigada. Darracq no tenía espíritu
-militarista; en cambio era de estos hombres curiosos que allí por donde
-van recogen algo. No conservaba de la guerra más que un recuerdo de
-crímenes, de robos y de bestialidades.
-
-El ex intendente había llegado hacía años a Gastizar con el objeto de
-pasar una temporada, y se había quedado allí.
-
-El ex intendente era solterón, hombre servicial capaz de sacrificarse
-por sus amigos.
-
-Tenía su centro de operaciones en la biblioteca de Gastizar.
-
-Era de estos hombres ordenados y clasificadores, y todo lo que había
-reunido en su vida de intendente lo guardaba catalogado en sus
-armarios; tenía mucha afición a los pájaros y una canariera que cuidaba
-con todas las reglas del arte.
-
-Al instalarse en Gastizar, el ex intendente vió que la biblioteca era
-bastante buena. El antiguo propietario había querido sin duda rivalizar
-con Garat, sobre todo en conocimientos vascos, y desde Oihenart a
-Astarloa, y desde Larramendi a Zamacola, no faltaba autor que se
-ocupara del país.
-
-El ex intendente tenía mucho cariño por sus sobrinos, sobre todo por
-León el pintor.
-
-No se explicaba la gente cómo madama de Aristy le había aceptado
-definitivamente en su casa, con la poca amistad que tenía por los
-parientes de su marido.
-
-El tío Víctor era un hombre moreno de aspecto un poco sombrío, una
-cara de esas cetrinas y atormentadas; vestía redingot abotonado hasta
-arriba de aire militar y color oscuro, polainas y cuello de camisa alto
-y tieso, que dibujaba sobre la mejilla atezada un triángulo de tela
-blanca y almidonada que salía de la corbata.
-
-Darracq vivía en el cuarto de la torrecilla que daba a la carretera,
-y solía allí trabajar haciendo barcos o esferas armilares. Estaba
-suscrito a varios periódicos extranjeros, y las noticias interesantes
-que encontraba en ellos las recortaba y las pegaba en un libro.
-
-El tío Víctor tenía como asistente a un vasco aventurero que había
-rodado por el mundo, a quien llamaba Ali.
-
-Ali había estado durante algunos años alistado entre los mamelucos de
-Egipto y había sido corsario. Ali al llegar a Ustariz tenía todas las
-trazas de un turco; usaba unos bigotes largos, gorra roja y pantalones
-bombachos.
-
-Al querer instalarse Darracq en Gastizar madama de Aristy puso el veto
-a Ali; dijo que mientras usara aquellos bigotes y aquella indumentaria
-no estaría en su casa.
-
-Ali, suspirando, se afeitó y se puso una blusa azul y pareció un
-aldeano como otro cualquiera, más moreno.
-
-Ali era hombre con éxito en el pueblo; cuando contaba sus aventuras en
-Egipto y en Grecia tenía a todos pendientes de sus labios.
-
-Otro de los huéspedes que solía pasar largas temporadas en Gastizar era
-el caballero de Larresore, constante compañero de charlas de Miguel.
-
-Larresore era soltero, de más de sesenta años, muy atildado y elegante;
-tenía las mejillas sonrosadas, las melenas largas y bien peinadas, las
-patillas cortas. Vestía a la inglesa. Su traje ordinario era casaca de
-color pardo claro, chaleco blanco bordado, pantalón corto de piel de
-seda y polainas negras.
-
-En el chaleco llevaba dos cadenas de reloj con algunos dijes.
-
-Larresore vivía en invierno en Bayona, y cuando llegaba el buen tiempo
-iba a pasar temporadas a las casas de sus parientes y amigos.
-
-Larresore era muy egoista, con una gran perfección maquiavélica en su
-egoismo. Preparaba las cosas que le convenían muy de antemano con todo
-detalle y daba mil rodeos para conseguir lo que se proponía.
-
-Larresore había estado en Inglaterra durante la Revolución.
-
-La Revolución vino a cogerle en un momento en que pensaba hacer un buen
-matrimonio y un buen negocio. Al caballero le quedó siempre el odio
-por este movimiento inoportuno que vino a estropear su porvenir.
-
-Larresore se pintaba así mismo como un realista arruinado por la
-Revolución, cosa que a juzgar por los que le conocían no era cierta,
-porque, según éstos, el caballero nunca había tenido fortuna.
-
-Larresore cultivaba su personalidad de realista; hacía valer sus
-amistades y escribía cartas a los hombres ilustres del partido, y si le
-contestaban exhibía sus respuestas por todo el pueblo.
-
-Larresore en Inglaterra se había aficionado a las costumbres inglesas,
-al té y a los vinos de España.
-
-En Londres conoció al vizconde de Chateaubriand, a quien consideró
-como un fatuo hasta que vió que se hacía célebre, y entonces hablaba
-constantemente del vizconde como de un amigo íntimo a quien había
-adivinado.
-
-El caballero de Larresore encontraba la sociedad del siglo XIX egoista
-y desprovista en absoluto de sensibilidad.
-
-Es necesario tener el espíritu saturado de egoismo para reconocerlo al
-momento en los demás y en sus más pequeñas partículas. Larresore lo
-reconocía en seguida, lo olfateaba.
-
-El tenía la costumbre de decir cuatro o cinco frases de cajón cuando
-ocurría una desgracia; creía a la gente dura y seca de espíritu sin
-efusiones ni poesías.
-
-Ya no se sabía ser galante con las damas; no se amaba el campo. El
-caballero de Larresore no había sido muy platónico, ni era capaz de
-mirar un paisaje un momento.
-
-Larresore se lamentaba de las transformaciones de la época. Contaba su
-vida de cuando había ido a París antes de la Revolución recomendado a
-Garat.
-
---¡Qué sociedad aquella!--exclamaba.--Alegre, social, cortés. Como ha
-dicho mi ilustre amigo monsieur de Talleyrand, el que no ha vivido
-antes de la Revolución no sabe lo que es la dulzura de vivir.
-
-Y contaba anécdotas de su tiempo parecidas a las de todos los tiempos,
-y recitaba los madrigales enviados por él a las cómicas, que firmaba
-con notas musicales La... re... sol... re.
-
-El caballero creía que estos rasgos de ingenio no podían volver a darse.
-
-Larresore hablaba de Garat el menor, su amigo, con mucha lástima, por
-haber tenido que convivir con los tigres de la Revolución.
-
---Hoy, el hombre en Francia--decía el caballero--está descontento de
-sí mismo y de la sociedad. He aquí a mis dos sobrinos León y Miguel.
-León quiere ser pintor, pero no se contenta con ser un pintor como
-hubiera sido un gentil hombre de mi tiempo, pintor para mostrar sus
-cuadros entre sus amigos, no; quiere ser un gran pintor, y que hablen
-de él los periódicos. El papel impreso... ¡Qué cosa más lamentable!
-Respecto a Miguel, está perdiendo en absoluto sus condiciones físicas
-de caballero; se ha dejado la barba, se corta el pelo al rape.
-
---Es más cómodo, tío. Va uno siendo viejo.
-
---¡Viejo a los cuarenta años! En mi tiempo no había viejos.
-
---¿Habían encontrado ustedes la fuente de Juvencio?
-
---No; es que nadie se retiraba voluntariamente. Se vivía para la
-sociedad. Entonces había verdadera fraternidad.
-
---Sí, entre ustedes; pero no entre ustedes y la gente pobre.
-
---¿Y ahora la hay de esa?
-
---No, es verdad; ahora tampoco la hay.
-
---Entonces reinaban las mujeres. El hombre estaba educado por ellas. Se
-sabía ser amable, galante. La Revolución ha acabado con todo esto.
-
-Madama de Aristy y las dos señoritas de Belsunce cuando le oían daban
-la razón a Larresore; el ex intendente Darracq movía la cabeza como
-indicando que habría que pesar el pro y el contra de la cuestión, y
-Miguel se reía.
-
-Todas las formas de vivir exclusivamente sociales hacen del hombre un
-cómico que representa un papel, y Larresore era un comediante completo.
-Eso sí. El quería el teatro adornado y los actores caracterizados con
-perfección.
-
-Muchas veces en confianza decía de la vieja señorita de Belsunce: Yo
-comprendo que se pinte, pero que se pinte bien.
-
-Además de los parientes solían ir amigos a pasar temporadas a Gastizar.
-
-De los contertulios del pueblo, los más asiduos eran madama Luxe con su
-hija, las señoras de Darneguy, el vicario Dostabat y el organista de la
-iglesia, Harismendy.
-
-Algunos suponían que a madama de Aristy no le hubiese disgustado casar
-a su hijo con madama Luxe, que era rica; otros decían que era la viuda
-la que miraba con buenos ojos a Miguel, y otros que era a Miguel a
-quien le gustaba la viuda.
-
-También solían ir a Gastizar con frecuencia la señora Darneguy y su
-sobrina. Madama de Aristy las estimaba mucho. La señora Darneguy
-vivía con una pequeña pensión, y era muy severa; la sobrina Carolina,
-ya de cierta edad y con algunos cabellos de plata, trabajaba haciendo
-bordados. Madama de Aristy las enviaba con frecuencia regalos; pollos y
-frutos de la huerta.
-
-El vicario Dostabat iba a Gastizar todas las semanas un día. Era
-Dostabat un hombre alto, de vientre abultado, la cara roja, los ojos
-pequeños y claros y la nariz larga. Tenía de cincuenta a sesenta años.
-Era tipo de cura del antiguo régimen; muy aficionado a las buenas
-comidas y a los vinos excelentes.
-
-Los vinos de mesa eran su especialidad; los miraba, los olía, los
-cataba como un verdadero conocedor. También le gustaban las cartas y
-era maestro en todos los juegos. El padre Dostabat era cura de manga
-ancha, y creía que la mayoría eran pecadillos que Dios perdona sin
-esfuerzo.
-
-El organista de la iglesia, el abate Harismendy era un hombre de unos
-cuarenta años, moreno, los ojos negros, muy vivos. Harismendy tenía
-gran afición a la música y enseñaba solfeo a los chicos del pueblo.
-
-En Gastizar solía acompañar a Alicia al piano.
-
-A veces había concierto; Alicia cantaba, el joven Larralde-Mauleón
-tocaba el violín. Harismendy el piano y Miguel el violonchelo.
-
-Larresore, que no era muy aficionado a la música, intentaba siempre
-monopolizar a Miguel y llevarlo al campo de sus discusiones. Los dos
-rompían la frialdad y el aire ceremonioso de la tertulia de Gastizar
-con sus observaciones, a veces de un atrevimiento chocante.
-
-
-
-
-IX.
-
-CHORIBIDE EL VERSÁTIL
-
-
-AL contemplar el paisaje de Ustariz, al ver sus casitas blancas con
-sus enredaderas y sus parras, el río con sus meandros bordeados por
-arboledas, se pensaba involuntariamente en la vida idílica y pastoril.
-
-Parecía que los habitantes del pueblo debían vivir al estilo de los
-héroes de Teócrito y de Virgilio; pero por debajo de esta bucólica
-apariencia aparecía, como no podía menos, el fondo de pasiones y
-deformidades de todo núcleo de población humana.
-
-Ustariz estaba dividido en pequeños grupos; unos indiferentes, otros
-enemigos. Era el primer grupo el de Garat.
-
-Garat había hecho muchos favores en el pueblo y tenía grandes amigos.
-En sus últimos años el viejo convencional enfermo, y retirado no quería
-intervenir en los asuntos de la villa, aunque la Revolución de Julio
-le dejaba en condiciones para tomar parte en la política. Garat estaba
-cansado y tenía bastante con sus recuerdos.
-
-Otro grupo se reunía en el barrio de Eroritz en la casa de los Darralde
-llamada Jaureguia. La tertulia de Gastizar no era enemiga de la de
-Jaureguia aunque había entre ellas cierta disimulada hostilidad.
-
-Los Darraldes eran ricos, pero tenían aire de advenedizos.
-
-Su riqueza trascendía a especulaciones recientes. Darralde, el viejo,
-había comenzado a enriquecerse en tiempo de la Revolución. Guardaba en
-su casa muebles, tapices y alfombras que había comprado por casi nada
-en Dax, Auch y Bayona a los agentes de Barere, Cavaignac y Dartigoite.
-
-Darralde, después de negociar durante el Imperio por toda Francia,
-había formado parte de una sociedad que compraba las grandes
-propiedades de los castillos antiguos para venderlas en parcelas y
-derribar las ruinas.
-
-Esta _banda negra_, como la llamaban los arqueólogos, los artistas y
-los poetas, había operado en el mediodía a la par que otras hacían sus
-negocios en el centro y en el norte.
-
-Uno de los Darraldes había casado con una señorita de la familia de
-Mauleón, lo que le había hecho subir en categoría social.
-
-Otro punto de cita menos distinguido que las casas de los Aristy y de
-los Darralde era el Bazar de París, tienda que tenían dos hermanas, las
-señoritas de La Bastide con su abuela. Estas dos hermanas, Delfina y
-Martina, daban mucho que hablar al pueblo por sus amores.
-
---Las señoritas de La Bastide no llevan una vida honorable--decía
-madama de Aristy de una manera dogmática.
-
-La abuela, por lo que aseguraban algunos viejos había sido igual.
-Después de dar varios escándalos en el pueblo, marchó a Bayona y
-luego a Auch en la época del Terror, donde fué una de las favoritas
-de Dartigoite, este dictador que predicaba la inmoralidad por las
-calles y terminaba sus discursos poniéndose desnudo ante el público. Se
-aseguraba que se le había visto a la abuela del Bazar de París, en su
-juventud, vestida de Diosa Razón, y algunos la llamaban así en broma.
-
-La Diosa Razón del Bazar de París tenía una cara del siglo XVIII,
-una cara de enciclopedista, la frente despejada, la nariz respingona
-y corta que sostenía unas antiparras, los ojos claros. Un señor del
-pueblo afirmaba que la hubiera tomado por el mismo Diderot.
-
-Las dos señoritas del Bazar, Martina y Delfina eran unas mujeres
-guapas. La mayor, Martina, era alta, de ojos negros hermosos, de aire
-arrogante y un poco desdeñoso. La pequeña era morena, pálida, de una
-palidez mate con los ojos lánguidos y tristes, y muchos lunares y
-muchos rizos.
-
-Martina, por lo que se decía, tenía como amante al ingeniero de montes;
-la Delfina, que siempre caía más bajo, estaba enredada con un perdido
-que trabajaba en un molino a quien llamaban Marcos el gascón, pero no
-le guardaba fidelidad ninguna y tenía citas con algunos muchachos que
-entraban de noche en su casa por la huerta.
-
-Estas dos muchachas, Martina y Delfina, atendían la tienda y llevaban
-las cuentas; la una siempre altiva y orgullosa, la otra como una pálida
-flor de lujuria viviendo en una somnolencia erótica.
-
-Antigua rival de la Diosa Razón era una vieja a quien llamaban la
-Estéfana y que tenía otra tiendecita. La Estéfana era una vieja
-sonrosada y sin dientes, con los ojos claros y vivos, que murmuraba de
-todo el mundo. Solía estar detrás del mostrador, envuelta en un chal
-y ganaba explotando la afición de las viejas borrachas del pueblo al
-aguardiente, pues a cambio de la copita les tomaba huevos y maíz a muy
-bajo precio.
-
-La Estéfana salía poco de casa y cuando salía se ponía un traje negro
-muy elegante, de tafetán, que por la humedad olía como las telas de los
-paraguas.
-
-En casa de la Estéfana jugaban a las cartas tres o cuatro viejas y
-reñían y se insultaban cuando perdían algunos suses.
-
-Tras de la reunión del Bazar de París y de la tienda de la Estéfana
-venían ya las tabernas y reuniones de la gente campesina.
-
-Había un señor que frecuentaba todas las tertulias del pueblo las altas
-y las bajas. Este señor era monsieur Choribide a quien llamaban en
-Ustariz el Muscadin.
-
-Choribide era un viejecito flaco, canoso, con unos ojillos claros, una
-cara afilada, alegre y burlona. Choribide había vivido durante mucho
-tiempo entre la canalla de París; tenía el acento del pueblo bajo
-parisiense cuando hablaba francés, y cuando hablaba vascuence parecía
-un campesino vasco.
-
-Ya el uso de un idioma u otro le daba una personalidad distinta.
-Si hablaba el francés era el hombre de la gran ciudad depravado y
-corrompido, en cambio si se expresaba en vasco era el campesino de una
-malicia inocente.
-
-Choribide, viejo currutaco, vestía como en su juventud. Llevaba casaca
-oscura, medias de seda blancas, grandes botas, pantalón de paño de
-color de canela, chaleco a lo Robespierre y corbata de muchas vueltas.
-Usaba en los días de gala peluca que tiraba a roja, sombrero de copa y
-varios dijes en el chaleco.
-
-El nombre de Choribide, en vasco camino de pájaros, se había prestado
-entre los vascófilos a algunas disquisiciones y a algunos chistes.
-
-Garat había dicho que el apellido verdadero no era Choribide con b,
-sino Chorivide con v, palabra híbrida de chori, en vascuence pájaro,
-y de _vide_ en francés vacío, lo que valdría tanto como pájaro vacío,
-pero si Choribide tenía algo de pájaro no tenía nada de vacío.
-
-Choribide y Garat solían soltarse pullas. Una vez un amigo común dijo a
-Garat:
-
---Este Choribide es un granuja. Vendería su alma por dos pesetas.
-
---Claro que sí--contestó Garat--y saldría ganando.
-
-La historia de Choribide el Muscadin era una historia curiosa.
-
-Había salido de un caserío de Ustariz a estudiar para cura en el
-seminario de Larresore, pero en el camino se le había pesado y no
-atreviéndose a volverse a su casa se fué a Bayona. Allí entró en una
-tienda de dependiente, y como el oficio no le gustaba tomó el camino y
-se marchó a París a pie.
-
-Choribide que tenía mucha afición al teatro hizo amistades entre
-cómicos y cómicas y vivió medio de agente y medio de criado.
-
-Durante algún tiempo fué el parásito del tenor Garat, de este trovador
-del Directorio y rey de los Muscadines.
-
-Choribide lo había hecho todo. Había comenzado su carrera histriónica
-tomando parte en las representaciones patrióticas de la época del
-Terror y había figurado como comparsa en la _Sansculotide_ haciendo de
-ciego.
-
-Choribide había vagado por París durante los tumultos y las matanzas
-terroristas.
-
-Al iniciarse la reacción de Thermidor se había convertido en Muscadin,
-en elegante enemigo de los revolucionarios violentos y astrosos. De
-esta época le venía el apodo.
-
-Después fué especialista de muchos oficios innobles, hizo el agiotaje
-de los asignados, sirvió de gancho en las casas de juego, y durante
-algún tiempo fué agente de la policía diplomática organizada por el
-ministro Tondu-Lebrun. En las malas épocas estuvo asociado con una
-banda de monederos falsos.
-
-No ocultaba que parte de su vida había vivido haciendo delaciones que
-las cobró bien.
-
-Choribide estaba acostumbrado a la caza del político y a la caza del
-incauto.
-
-La intriga era uno de sus elementos. Para él no había moral, ni
-derecho, ni nada, sólo había necesidades que engendraban combinaciones
-en que se salía ganando o perdiendo. La moral no contaba en sus
-cálculos.
-
-Ya machucho Choribide llegó a Ustariz con un pequeño retiro a cobrar
-una herencia. Allí conoció a una solterona muy religiosa, sobrina del
-antiguo párroco y dueña de una finca que se llamaba Archa-baita, y se
-casó con ella.
-
-El ex terrorista iba todos los domingos a la iglesia con su mujer.
-
---¿Es usted religioso?--le preguntaron alguna vez.
-
---No--replicó él--pero hay que contentar al pueblo. Hago como
-su excelencia el duque de Otranto en otro tiempo el ciudadano
-Fouché--añadía.--Yo le he visto a Fouché cuando se inauguró el busto de
-Lepelletier Saint-Fargeau hablar de que había que destruir las cruces
-y signos religiosos y poner en los cementerios un letrero que dijese:
-la Muerte es el sueño eterno. Años después pasamos por sus tierras unos
-cuantos cómicos en coche y vimos a un señor que se descubría con gran
-respeto al pasar delante de unas cruces. ¿Quién es? preguntamos. Es Su
-Excelencia el duque de Otranto.
-
-Choribide era un cínico.
-
---Dicen que mi mujer ha sido durante quince años la querida de su tío
-el párroco--solía decir con indiferencia--es posible, pero no es nada
-clerical.
-
-Choribide tenía entusiasmo por su versatilidad.
-
---El pobre Garat y yo--decía frotándose las manos--hemos estado en
-todos los partidos. No podemos echarnos nada en cara. Hemos salido un
-poco prostitutas.
-
-Añadía también medio en serio, medio en broma que sentía ser viejo y
-vivir en una aldea, pues le hubiera gustado probar el sansimonismo.
-
-Choribide tenía influencia y conseguía cosas que otros con más
-representación no podían conseguir. A cambio de estos favores aceptaba
-lo que le dieran.
-
---Yo diré como Caillot--decía una vez en la tertulia del Bazar de París.
-
-Como nadie sabía allá quién era Caillot, la gente se encogió de hombros
-hasta que uno preguntó: ¿Y qué decía Caillot?
-
---Pues Caillot--explicó él--era un cómico excelente y muy viejo en mi
-tiempo a quien yo no vi representar. Caillot vivía en Saint Germain y
-era muy amigo de Juan Jacobo Rousseau. Un día Juan Jacobo vió a Caillot
-con un cuchillo de caza admirable y le dijo que le chocaba que se
-permitiera gastos tan excesivos.--No, no lo he comprado yo--contestó
-Caillot--me lo ha regalado Su Excelencia, el príncipe de Conti.--¿Es
-que usted acepta los regalos de los príncipes?--preguntó Rousseau.--¡Y
-yo que le tenía a usted por un filósofo!--Lo soy, dijo Caillot.
-Usted es un filósofo que rehusa y yo soy un filósofo que acepta.
-Yo--terminaba Choribide--soy como Caillot un filósofo que acepta.
-
-Choribide era inagotable contando anécdotas.
-
-El caballero de Larresore que algunas veces lo encontraba en el Bazar
-de las señoritas de La Bastide hubiera querido despreciarlo, pero la
-verdad era que le admiraba e iba muchas veces a oirle.
-
-Choribide contaba la vida de París durante el Terror, la gente
-marchando por las calles con la mirada baja espiándose con el rabillo
-del ojo, y por las noches las familias que se encerraban en las casas
-temiendo las visitas domiciliarias.
-
-Choribide explicaba cómo funcionaban los garitos del Palais Royal, cómo
-se jugaba, quiénes eran los puntos más fuertes y quiénes las cortesanas
-más célebres de aquellos lugares. Un día llegaba y decía:
-
---Hoy hace cuarenta años estaba yo en el teatro en París, viendo
-representar una comedia _Los acontecimientos imprevistos_. En aquella
-noche estuvo a punto de ser presa madama Dugazon por decir unos versos
-entusiastas mirando al palco en donde estaba María Antonieta. ¡A
-la cárcel! ¡A la cárcel! gritábamos los jacobinos. La cómica no se
-intimidó, se acercó más al palco de la reina y recitó con mayor energía
-los mismos versos. ¡A la cárcel! ¡A la cárcel! seguíamos gritando
-nosotros mientras otra parte del público aplaudía con entusiasmo.
-
-A este viejo currutaco le gustaba contar horrores vistos por él en
-la Revolución y hacía temblar a sus oyentes hablándoles del suplicio
-de los reyes, de los girondinos y de los dantonianos que había
-presenciado. Sobre todo en los detalles era donde el viejo Choribide
-estaba extraordinario; cuando hablaba, por ejemplo, del negro Delorme,
-uno de los exterminadores de los presos en las matanzas de Septiembre,
-llegaba a lo trágico, Choribide describía a este negrazo medio desnudo,
-con el cuerpo manchado de sangre, degollando hombres y mujeres entre
-risas y carcajadas.
-
-Después pintaba el contraste del negro velludo teniendo en brazos el
-cuerpo decapitado de la princesa de Lamballe, al que pasaba un trapo
-húmedo para quitarle la sangre, mientras la cabeza de la infortunada
-princesa estaba en una taberna próxima y un peluquero le rizaba el
-pelo. ¡Qué blanca es!--decía la gente al ver el cuerpo de la princesa.
-Y esta idea de la blancura de la víctima exasperaba a la plebe, y un
-bárbaro arrancó al cadáver el corazón y otro el sexo y las entrañas.
-
---¿Y era una mujer hermosa?--le preguntaron dos o tres a Choribide
-cuando contó esta escena.
-
---No, tenía más de cuarenta años y el vientre arrugado.
-
---¿Y cómo aceptaban ustedes esto?--decía Larresore.
-
---¿Y qué íbamos a hacer mi querido caballero? ¿Ibamos a decir que
-éramos moderados cuando al peluquero Basset se le guillotinó por haber
-hecho pelucas de aristócratas? Había que ser rojo para vivir; si no
-estaba uno perdido. No había más remedio. Fué moda ser filósofo,
-fuímos filósofos, luego republicanos, fuímos republicanos, después
-terroristas, luego thermidorianos, después bonapartistas, hemos sido
-realistas y ultramontanos; ahora aparecemos como liberales. Garat y
-yo lo hemos sido todo. Nos acusaran de versátiles, ¡qué tontería! De
-veletas. Por lo menos no dirán que somos veletas enmohecidas ni roñosas.
-
-Y Choribide se frotaba las manos riendo.
-
-Le gustaba a este viejo contar casos de apostasía y de cambios de
-opinión. Le gustaba también explicar las intrigas de su tiempo y
-descubrir las causas bajas y ridículas que habían dado origen a
-acontecimientos que se tenían por grandes.
-
-El cínico y extraño personaje era hombre de gran instinto social;
-entraba en todas las casas de Ustariz y entre ellas en Gastizar. ¿Cómo
-le aceptaba madama de Aristy? Era difícil comprenderlo.
-
-Choribide visitaba a lo mejor y a lo peor del pueblo; solía estar en
-la cabecera de la cama de Garat haciendo compañía al viejo político y
-en el salón de madama de Aristy; otras veces convidaba en la Veleta de
-Ustariz a un veterano de la Revolución que estaba en el asilo, a quien
-los chicos llamaban Cucú el rojo y cantaban los dos la _Carmañola_,
-el _Ça_, _ira_ y otras canciones desvergonzadas y terribles, algunas
-dedicadas a la _Sainte guillotinette_.
-
-Choribide de tres en tres años iba a París, solía visitar a sus amigos
-realistas y a los republicanos que aún vivían. Visitaba también a los
-cómicos y cómicas viejas en sus guardillas y se enteraba de todo y
-hasta se enternecía, al parecer, aunque para él todo no era más que un
-dato y un motivo de conversación.
-
-Desde las jornadas de Julio, Choribide tenía en su casa un teniente de
-infantería de la Guardia real que había sido licenciado y era sobrino
-de su mujer.
-
-El teniente Rontignon era un tipo de militar de café, punto fuerte para
-jugar al billar y al dominó. Choribide se había propuesto casarle con
-alguna rica y había echado el ojo a madama Luxe, pero Rontignon además
-de haragán era hombre tímido y no se atrevía a dirigirse a una señorona
-tan elegante y tan distinguida.
-
-
-
-
-X.
-
-UN SOLITARIO
-
-
-ADEMÁS de Garat, de Choribide y de Cucú el rojo, había otro
-representante de la Revolución en un guarda del bosque de Ustariz que
-vivía completamente aislado en una cabaña rodeada de robles. Llamaban a
-este solitario el tío Juan.
-
-El tío Juan era hombre de unos sesenta años, todavía fuerte, calvo, con
-la cara inteligente y llena de arrugas y los ojos brillantes. Solía
-vérsele rara vez en el pueblo; iba vestido con una casaca de color
-castaña, con cuello de terciopelo, medias de lana blancas y zapatones.
-
-Los que le conocían aseguraban que el tío Juan tenía un entusiasmo
-fanático por la Revolución, un entusiasmo que huía del análisis y que
-prefería en los hombres el odio a sus ideas que la aceptación de ellas
-a medias.
-
-Al parecer, el tío Juan era de esos hombres que quieren cuadricular la
-vida y someterla a una norma lógica y fiera.
-
-El tío Juan tenía el espíritu del fanático que se da lo mismo en las
-ideas religiosas que en las humanitarias. El no podía aceptar lo
-irregular, lo laxo, no podía comprender que las sociedades necesitan un
-margen de benevolencia y de inmoralidad que es muchas veces el refugio
-de la libertad y del buen sentido.
-
-Durante la Restauración la policía vigiló varias veces al tío Juan. Se
-aseguraba que había sido uno de los más feroces jacobinos de Burdeos
-y que había estado en Cayena con Collot d'Herbois y Billaud Varennes,
-pues habló una vez del ex cómico Collot que bebía el ron como si fuera
-agua, y del ex congregacionista Billaud que mataba su aburrimiento en
-la deportación domesticando loros.
-
-Acogido a un indulto y vuelto a Francia el tío Juan había sido
-protegido por Basterreche en Bayona, pero deseando vivir en el campo y
-en la soledad se dirigió a Garat y por influencia de éste le hicieron
-guardabosque.
-
-Se decía que Garat le puso como condición para estar en Ustariz el que
-no se hablara de él.
-
-El guardabosque lo prometió y cumplió su promesa. No tenía amistad ni
-relaciones con nadie, y si alguna vez le excitaban a discutir lo rehuía.
-
-El mismo cuidado del tío Juan de no ser advertido hizo en ciertas
-épocas de la Restauración el que la policía le siguiera los pasos y el
-pueblo se fijara en él.
-
-Se decía que Ali, el asistente de Víctor Darracq iba con frecuencia a
-visitarle a su cabaña del bosque y que el solitario se comunicaba con
-Garat. Se decía también que algunas veces se habían encontrado de noche
-a un jinete que se apeaba cerca de Gastizar y que este jinete era el
-guardabosque.
-
-
-
-
-XI.
-
-LOS LOCOS DEL PUEBLO
-
-
-PARA completar el cuadro de Ustariz, en 1830 habría que hablar de los
-locos y de los excéntricos del pueblo, que abundaban allí como en todos
-los pueblos vascos.
-
-Uno de ellos, el más curioso era Muchico.
-
-Muchico tenía los ojos brillantes, unas largas barbas y llevaba blusa
-negra. A pesar de su aspecto siniestro de su mirada fija no tenía nada
-de agresivo. Los chicos se burlaban de él y le gritaban y le tiraban
-piedras. El les amenazaba con el puño y tenía que esconderse en los
-portales. A Muchico le entusiasmaban los caballos y los coches, y le
-asustaban los perros. El viento sur le intranquilizaba y le ponía
-exaltado y de mal humor. Cuando la veleta de Gastizar miraba hacia
-España era mala señal para Muchico. Este andaba más excitado y nervioso
-que de ordinario.
-
-Otro medio loco que aparecía en el pueblo con frecuencia era el hermano
-Ventura.
-
-El hermano Ventura era un viejo místico recogido por los jesuítas de
-Bayona, que le pasaban una pequeña pensión. El hermano Ventura era
-chiquito, vivo, de más de setenta años. Tenía un ojo con una nube,
-la boca torcida, las barbas blancas, el cráneo calvo y la frente
-deprimida. Vestía un gaban largo y un sombrero de copa. Después de las
-jornadas de Julio el hermano Ventura se presentaba más derrotado que en
-los años anteriores.
-
-El hermano Ventura echaba largos discursos llenos de fuego, cuando
-pronunciaba la palabra Dios se quitaba el sombrero y a veces se
-arrodillaba.
-
-En sus discursos hablaba de los castigos del infierno con tal ardor que
-asustaba a las mujeres y les quitaba el dinero para misas.
-
-Algunos decían que el hermano Ventura era sólo un pillastre, pero había
-en él mucho de perturbado.
-
-Otro de los tipos del pueblo era Cucú el rojo, o Cucú gorro rojo como
-le llamaban los chicos.
-
-Cucú el rojo era un soldado de la República, gascón de nacimiento que
-había ido a parar de viejo a un asilo de Ustariz.
-
-Cucú había tomado en los años que llevaba recogido, las costumbres y
-las frases de las monjas que cuidaban a los asilados, pero en ciertos
-días que le dejaban libre y bebía de más, sacaba un gorro frigio sucio
-y lleno de agujeros y comenzaba a perorar en las tabernas.
-
---Ciudadanos--gritaba con la cara inyectada.--La patria está en
-peligro. Los aristócratas de Coblentza nos amenazan. Los espías de
-Pitt y de Coburgo nos acechan. ¡A las armas! ¡A las armas!--y cogía el
-bastón y se ponía como un soldado en guardia.
-
-Después cantaba con voz ronca el Ca, ira y bailaba la Carmagnola.
-
-A los realistas del pueblo, que eran casi todas las personas pudientes,
-no les molestaba esto del todo, porque veían en ello una prueba de la
-plebeyez y de la grosería de las tendencias revolucionarias.
-
-Para ellos la República con sus glorias no podía servir más que para
-hacer vociferar a hombres, como Cucú el rojo en las tabernas o en los
-caminos.
-
-Algunas veces Choribide había puesto frente a frente al hermano Ventura
-y a Cucú el rojo.
-
-Cucú el rojo decía su repertorio, y el hermano Ventura vociferaba como
-si estuviera en un bosque:
-
---¡Vete a confesar desdichado!--le decía--¡Estás en pecado mortal! El
-diablo está detrás de ti, ahora mismo dictándote estas palabras, el
-diablo que está lleno de ciencia y de razones. Sí... sí... no hables.
-Vete a confesar ahora mismo desdichado.
-
-Choribide se reía a carcajadas. El hermano Ventura quiso llevar un día
-a Cucú el rojo y a Muchico a la iglesia, pero al acercarse a la puerta
-los dos se le escaparon.
-
-Una loca del pueblo, que andaba por los alrededores y no entraba en las
-calles, era Grashi Erua.
-
-Grashi Erua era alta, delgada, rubia, envejecida, con la cara llena
-de arrugas. Vestía con andrajos de todos colores y como los chicos la
-tiraban piedras no quería ir al pueblo.
-
-Muchas veces se la veía en medio del bosque con el pelo suelto y una
-corona de flores silvestres, también se le había visto al lado de un
-arroyo que formaba un remanso, sentada con un manojo de harapos y
-cantando como si tuviera un niño en brazos.
-
-Se decía que Grashi Erua era la hija de una señorita extranjera que
-la abandonó. La habían dejado de niña en un caserío y desde entonces
-los dueños del caserío eran ricos. Por lo que se contaba, estas gentes
-del caserío habían despojado a la loca en vista de que su madre no
-aparecía; y no la habían puesto a trabajar porque era indómita y
-salvaje.
-
-
-
-
-LIBRO SEGUNDO
-
-LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830
-
-
-
-
-I.
-
-DOS AMIGOS
-
-
-IGNACIO Iturri, liberal emigrado en Francia desde los sucesos de 1823,
-era hijo de un comerciante de buena posición de Pamplona. Se había
-visto Iturri al llegar a Bayona sin medios de fortuna, y como estaba
-medio enamorado de una muchacha, que servía de cocinera en una casa
-rica de la plaza Grammont, se casó con ella y puso una posada en la
-calle de los Vascos, a donde fué atrayendo a todos sus paisanos que
-iban a Bayona por algún negocio.
-
-La posada de Iturri ocupaba toda una casa de piedra y ladrillo rojo,
-con entramado de vigas negras y el tejado de piñón. Esta casa tenía dos
-pisos, y en el principal en el balcón muy saliente colgaba una muestra
-con un letrero en francés y otro en castellano.
-
-La posada de Iturri era limpia y decente, los cuartos grandes con el
-suelo encerado y las ventanas de guillotina, los muebles modernos;
-además de esto, tenía el atractivo de ser uno de los sitios en donde se
-guisaba mejor en Bayona, pueblo en donde se guisa bien en todas partes.
-
-Un inconveniente tenía la posada de Iturri y era el olor a bacalao que
-salía de los almacenes de la calle de los Vascos. A tal perfume había
-que acostumbrarse quieras que no; habituándose a ello la posada de
-Iturri podía considerarse casi como un lugar de delicias.
-
-Iturri era hombre de unos cincuenta años, fuerte, rechoncho, de
-ojos negros, de cara redonda y rasurada de tono azul y expresión
-melancólica. Hablaba con mucha calma y circunspección. Cualquiera
-le hubiera tomado por un cura o por un exclaustrado, sin embargo, a
-pesar de su aire clerical, de su cara dulce y de sus manos blancas y
-regordetas era hombre de arrestos.
-
-Su mujer Graciosa, era una vasca de aire de grulla, de nariz afilada
-y mejillas sonrosadas, que trabajaba, hablaba y reñía todo al mismo
-tiempo sin parar.
-
-Iturri el posadero que no tenía hijos, aceptó en su casa a un sobrino
-suyo ex seminarista escapado de Pamplona, llamado Manuel Ochoa.
-
-Manuel Ochoa era un muchacho hijo de unos labradores del valle de
-Ulzama. Considerándolo como chico listo sus padres le habían puesto a
-estudiar para cura. Al principio Ochoa marchó bien en el Seminario,
-pero luego comenzó a averiguarse que cortejaba a las mozas, después se
-supo que se manifestaba liberal y al último que había asistido a una
-reunión de militares masones. Ochoa buscado por la policía se metió en
-Francia y fué a acogerse a la fonda de su tío. Iturri le trató bien, y
-como tenía grandes conocimientos entre los emigrados le presentó a Don
-Sebastián Miñano que estaba por entonces trabajando en varias obras y
-que publicaba desde 1825 la Gaceta de Bayona.
-
-La mujer que vivía con el abate Miñano, y de la que tenía varios hijos,
-era algo pariente de Ochoa así que éste fué protegido por el abate.
-
-Ochoa era muchacho violento, capaz de trabajar con entusiasmo. En los
-ratos de ocio se dedicaba a jugar a la pelota, lo que era para él como
-un sucedáneo de la acción.
-
-Pronto le disgustó a Ochoa la colaboración con Don Sebastián Miñano.
-
-Entre los liberales emigrados se decía que la redacción de la Gaceta de
-Bayona que estaba en la calle del Pont Neuf bajo los arcos, en casa de
-Barandiaran, era un punto de espionaje de Calomarde.
-
-Manuel Ochoa riñó varias veces con Miñano. Ochoa era de estos hombres
-tempestuosos, que saltan al menor roce, que arrastran a la gente y
-tienen siempre entusiastas por su valor y su energía.
-
-Una señora de Bayona, casada con un propietario rico, se enamoró de
-Ochoa y el seminarista tuvo un momento de éxito y de orgullo. Esta
-señora que no tenía mucho miedo ni a la opinión ni a su marido, fué
-varias veces a cenar con el estudiante a un gabinete reservado de la
-fonda del Comercio.
-
-Iturri el fondista, que temía el escándalo, fué a ver a Miñano y a
-contarle lo que pasaba, y entre los dos decidieron mandar a Ochoa
-con un pretexto a París. Ochoa copiaría documentos en la Biblioteca
-Nacional para el abate.
-
-En aquella época, Ochoa hubiera preferido quedar en Bayona, pero como
-no encontraba la menor apariencia de pretexto que oponer tuvo que
-marcharse.
-
-Ochoa fué a París, conoció a algunos emigrados españoles y tomó parte
-en la sublevación de Julio.
-
-Cuando Leguía y Chacón, comisionados por los liberales de Londres,
-llegaron a París, Ochoa se unió a ellos en sus visitas y diligencias.
-Luego al ir presentándose los emigrados se hizo definitivamente de su
-grupo.
-
-Conoció a Mina, a Chapalangarra, a Jáuregui. Como no tenía ya carrera
-ni oficio pensó que lo mejor sería unir su suerte a la de aquellos
-hombres. Más culto que estos militares, pudiendo hermanar las letras
-y las armas, pensó le sería fácil conseguir un éxito con poco que le
-ayudara la suerte.
-
-En París trabó amistad con Eusebio de Lacy, con quien vivió durante
-algún tiempo.
-
-Eusebio de Lacy era un joven de ojos azules, pelo rubio y aspecto poco
-fuerte, aunque tranquilo y noble.
-
-Eusebio había nacido en Holanda, en la isla de Walcheren, adonde su
-madre había seguido a Luis de Lacy, que entonces era capitán en la
-legión irlandesa que mandaba Arturo O'Connor y que estaba al servicio
-de Napoleón.
-
-Eusebio pasó su infancia en Quimper, pueblo de su madre, que de soltera
-se llamó la señorita de Guermeur.
-
-Durante la guerra de la Independencia y mientras su padre don Luis se
-batía contra los franceses, Eusebio estuvo en un colegio; terminada la
-guerra, Lacy, que había sido teniente general del ejército de Galicia y
-de Cataluña, fué destituído por Fernando VII, que tenía esta manera de
-pagar a los que se sacrificaban por su persona mientras él adulaba de
-una manera baja a Napoleón.
-
-Destituído el general Lacy fué a vivir a Vinaroz y desde allí
-escribió a su mujer para que viniera con su hijo a reunirse con él,
-pero la francesa tenía resentimientos con su marido y no quiso ir
-a su encuentro. Entonces se cruzaron entre los dos cartas agrias y
-recriminaciones violentas.
-
-El general Lacy era de estos tipos extraños que aparecen en las
-naciones en épocas de turbulencia. Su padre era de origen irlandés; su
-madre, francesa; él, andaluz de San Roque. Su destino había sido tan
-contradictorio y su carácter tan arrebatado, que muchas veces llegaron
-a considerarle como loco.
-
-Durante la juventud de Lacy luchó al lado de los franceses, más tarde
-peleó contra ellos.
-
-El día 2 de Mayo estuvo a punto de ser muerto por su uniforme de
-francés. Lacy era hombre exaltado, atrevido, y pertenecía a la
-masonería. Muerto Porlier, todas las esperanzas del partido liberal
-estaban puestas en él.
-
-Lacy, con Milans del Bosch, en combinación con La Bisbal y algunos
-otros, preparó de una manera aturdida el pronunciamiento que le perdió.
-Dejando Vinaroz se presentó en Caldetas con el pretexto de tomar las
-aguas y con el fin de ponerse al frente de la sublevación. Al fracasar
-ésta, el capitán general de Cataluña, don Francisco Javier Castaños,
-que estaba en el secreto de la conspiración y que había dado el permiso
-a Lacy para trasladarse de Valencia a Cataluña, sabiendo a lo que iba,
-mandó en persecución suya al brigadier Llauder, a Llauder que era masón
-y había estado protegido por Lacy.
-
-Tanto Castaños como Llauder eran hombres de pocos escrúpulos, capaces
-de unirse a Lacy si vencía y de fusilarlo si fracasaba.
-
-Llauder salió en busca de los sublevados camino de Mataró. Milans
-del Bosch alcanzó la frontera; Lacy, no se sabe por qué, en vez de
-apresurarse a huir, para lo que tenía tiempo sobrado, se detuvo y cayó
-preso.
-
-Una Comisión militar le juzgó y le condenó a muerte; el Gobierno y
-Castaños, que en este asunto representó un papel muy ambiguo, ordenaron
-que Lacy fuera trasladado a Mallorca; hicieron creer al pueblo que
-era con el objeto de encerrarlo solamente y al llegar al castillo de
-Bellver lo fusilaron.
-
-Al triunfar el movimiento liberal de 1820, los amigos de Lacy, entre
-ellos Milans de Bosch, escribieron a la viuda para que enviara a su
-hijo a educarse a España; un ayudante fué a buscar a Eusebio a Quimper
-y lo acompañó a Barcelona.
-
-Poco después el muchacho asistió en Palma de Mallorca a la exhumación
-del cadáver de su padre enterrado en la iglesia de Santo Domingo, que
-fué transportado con gran pompa a Barcelona.
-
-Las Cortes, para honrar su memoria nombraron a Eusebio primer granadero
-del Ejército español.
-
-Eusebio siguió en el colegio de Barcelona, siendo un motivo de orgullo
-para todos, y estuvo viviendo una temporada en Madrid. Los amigos y
-camaradas de su padre le hablaban de él con entusiasmo; le contaban sus
-proezas y sus rasgos de energía y de valor.
-
-Eusebio llegó a tener por su padre una adoración ciega, que le llevó a
-ver con disgusto el comportamiento de su madre.
-
-Al acabar su existencia de tres años el Gobierno constitucional,
-Eusebio volvió a Quimper y vivió soñando con España y con los liberales
-amigos de su padre, hombres todos que le parecían de un romanticismo
-exaltado, de una generosidad extraordinaria.
-
-Creía que en España todos los hombres eran valientes como el Cid y
-todas las mujeres seres poéticos e ideales; en cambio, tenía una
-profunda antipatía por los parientes y amigos de su madre, que querían
-hacerle comerciante y francés.
-
-A los veinte años Eusebio fué a París y poco después a Londres. Allí
-se hizo amigo del hijo de Milans del Bosch, conoció a los emigrados
-españoles y fué a las tertulias elegantes, en donde se distinguía por
-su belleza Teresa Mancha, la hija del coronel don Epifanio.
-
-Lacy llevaba en Londres una vida muy distinta a la de los demás
-emigrados; paseaba, leía, escribía un diario. Eusebio era un joven
-de espíritu claro y sereno; quería ver las cosas sin apasionamiento,
-empresa difícil, intentando al mismo tiempo conservar el entusiasmo.
-
-Estaba enamorado de las cosas grandes y nobles, y hubiera querido que
-éstas se hicieran sin trabajo, sólo con abnegación y sacrificio.
-
-La Revolución de Julio, sorprendió a Lacy en Londres. Como la mayoría
-de los liberales, al saber su resultado marchó a París, donde conoció a
-Ochoa, de quien se hizo gran amigo.
-
-Al enterarse los dos del proyecto de intervención por la frontera de
-los constitucionales se trasladaron a Bayona, y como Lacy no tenía
-mucho dinero, fué a vivir con Ochoa a la fonda de Iturri de la calle de
-los Vascos.
-
-Mientras llegaba el momento de batirse, Lacy vivía con mucho método;
-tenía las horas del día distribuídas y seguía sus costumbres formadas
-en el colegio.
-
-En cambio Ochoa se exhibía ante el público, tenía el prestigio de
-ser un héroe de la Revolución, había presenciado la muerte de dos
-bayoneses en las calles de París, a los cuales se levantó después un
-monumento cerca de la Catedral; conocía el francés casi tan bien como
-el castellano y hablaba elocuentemente emborrachándose con su oratoria
-y con los licores con que le obsequiaban los entusiastas del nuevo
-régimen.
-
-
-
-
-II.
-
-ESTAMPA DE BAYONA EN 1830
-
-
-BAYONA, como siempre que ha habido trastornos en la península, estaba
-en 1830 llena de españoles. Era en esta época la ciudad del Adour, un
-pueblo variado, pintoresco y un tanto indefinido. Los franceses del
-Norte lo consideraban como una ciudad de aspecto español, para los
-españoles del mediodía tenía un carácter completamente francés, para
-los vascos era un pueblo poco vasco y para los gascones poco gascón.
-Las cuatro lenguas, el francés, el español, el vasco y el patois se
-oían por las calles de la ciudad constantemente.
-
-Bayona tenía, como ahora, tres barrios separados por sus dos ríos; la
-Gran Bayona, la Pequeña Bayona y Saint Esprit.
-
-Este último barrio era entonces, no solamente un pueblo separado de
-Bayona, sino que hasta 1827 formaba parte de otro departamento.
-
-Los tres barrios tenían sus fortificaciones; la Gran Bayona el castillo
-Antiguo, la Pequeña Bayona el castillo Nuevo y Saint Esprit la
-Ciudadela.
-
-La grande y la pequeña Bayona, separadas por el río Nive, estaban
-encerradas por la misma muralla abierta en cuatro puertas, de las
-cuales la más monumental era la puerta de Francia, con sus baluartes,
-sus fosos y su puente levadizo.
-
-El barrio de Saint Esprit era un pueblo pobre habitado por judíos.
-
-Uniendo Bayona con ese barrio había por entonces un puente de barcas,
-que ondulaba, se balanceaba y crugía cuando el mar agitaba las aguas de
-la ría o cuando el Adour y el Nive venían hinchados por las lluvias.
-Este puente tenía dos andenes para los coches, uno de ida y otro de
-vuelta, y otro central para los peatones.
-
-El puente sobre el Adour era la galería de todos los tipos de la vida
-bayonesa, la calle más concurrida de la ciudad.
-
-Los aguadores iban a llenar sus cubas a una fuente de Saint Esprit que
-se consideraba la mejor de los contornos; filas de judíos de perfil
-aguileño y de voces graves o agrias cruzaban el puente para correr sus
-géneros; muchachas jóvenes artesanas vascas y gasconas pasaban riendo;
-alguna dama con miriñaque y crinolina iba a hacer compras, algún _lion_
-lucía su frac y sus melenas, y algún refugiado español marchaba sombrío
-embozado en la capa y con el cigarrillo entre los dedos.
-
-Por las tardes con el buen tiempo los bayoneses paseaban en la plaza
-de Armas mientras tocaba la banda militar, los jóvenes tenientes
-arrastraban su sable con indolencia y las nodrizas hacían bailar a los
-niños en sus brazos.
-
-Cuando llovía se paseaba en las Arcadas.
-
-Al llegar el verano la gente salía al campo, iba hacia el mar, visitaba
-el lago de Mouriscot y la Chambre d'Amour, y miraba a lo lejos las
-crestas agudas del monte Larrun, en el cielo radiante.
-
-
-
-
-III.
-
-LAS AMISTADES DE LACY
-
-
-VARIAS visitas de amigos suyos y de algunos de su padre tuvo Lacy en
-su estancia en Bayona. La que más le extrañó fué la de un antiguo
-condiscípulo suyo en un colegio de Rennes, que se llamaba Jorge Tilly.
-
-Tilly llegó con una señora inglesa y un abate y fueron los tres a
-hospedarse a la fonda de San Esteban.
-
-Tilly fué a visitar a Lacy y estuvieron los dos charlando largo rato.
-Tilly hablaba muy mal el castellano.
-
-Lacy se manifestó en el curso de la conversación como lo que era, un
-liberal entusiasta; en cambio Tilly estuvo muy reservado; para él las
-teorías no tenían importancia, sino los hechos; él creía que se podía
-encontrar una posición en que se elogiara a Felipe II y a Robespierre.
-
---Dado el papel que un tipo se haya propuesto ver cómo la cumple.--Esta
-era la cuestión según Tilly.
-
---¿Yo cómo voy a medir con la misma medida al que quiere ser fraile y
-al que quiere ser un Don Juan?
-
-Como Eusebio Lacy siempre había tenido a Tilly por un extravagante no
-quiso discutir con él. Le preguntó por sus proyectos.
-
-Tilly dijo que pensaba ir a España, en viaje de exploración. Desde allí
-le comunicaría a Lacy noticias de cómo iba aquello. Tilly era un joven
-alto, rubio, de aire cansado, con la cara un poco flácida, el labio
-inferior belfo, los ojos claros; tenía un tipo de príncipe degenerado
-de la Casa de Austria.
-
-Lacy recordaba a Tilly de su época de colegial, como un chico algo
-místico que quería ser fraile. Tilly se mostraba siempre muy misterioso
-y no le gustaba hablar de sí mismo y menos de su familia.
-
---Aquí te tienen por aristócrata--le decía Lacy en el colegio.
-
---Sí--contestaba él--; dicen que nosotros descendemos de los Tilly
-de Normandía que tenían un castillo cerca de Caen; pero los Tilly se
-han dividido en tantas ramas, que la mayoría de los que llevan este
-apellido no tienen entre sí parentesco. Hoy hay Tillys ricos y pobres.
-Yo soy de los pobres y he nacido en Jersey donde vive mi familia. Mi
-padre era español y yo lo soy también, por lo tanto.
-
-Tilly, a quien Lacy hacía diez años que no veía, se le reveló en
-Bayona como un muchacho cínico y atrevido, cansado de todo y con un
-gran desprecio por los hombres. Pretendía ir a España a hacerse una
-posición, y como creía que la tendencia liberal había de triunfar más
-pronto o más tarde, quería ponerse de acuerdo con los liberales.
-
-Lacy quedó un poco asombrado de la audacia y del cinismo con que su
-condiscípulo se explicaba, y prometió relacionarle con los emigrados.
-
-Consultó con Milans del Bosch, con Ochoa y otros amigos, y se tomaron
-informes de Tilly.
-
-Tilly se había convertido en un muchacho crapuloso, jugador, de una
-moral incomprensible para Lacy. Al parecer tenía éxito con las mujeres,
-a las que no trataba bien. Su cara pálida, fría e impasible, su aire
-elegante y de aburrimiento le hacían un verdadero _lion_.
-
-Tilly tenía unas tarjetas en donde se llamaba vizconde, en otras
-caballero y en otras se anunciaba como viajante de comercio.
-
-A pesar de que quería demostrarlo no tenía seguridad en sus ideas, y
-muchas veces caía en unas preguntas candorosas y absurdas.
-
---¿Tú no crees en las cartas?--le preguntó una vez a Lacy.
-
---No, hombre, no; eso es una tontería.
-
-Tilly tenía también unos proyectos tan poco lógicos, de una
-ingeniosidad tan pueril, que dejaban estupefacto a su amigo.
-
-Tilly, en el tiempo que estuvo en Bayona anduvo en tratos con los
-judíos de Saint Esprit, a quienes vendió algunas joyas para jugar o
-para vivir.
-
-La señora que le protegía y a quien llamaba su prima en público, era
-una señora inglesa de unos cuarenta años, que se hacía llamar Lady
-Russell. Tilly se la presentó a Lacy. A Eusebio le pareció que esta
-dama, por debajo de su máscara indiferente y sonriente, tenía un gran
-entusiasmo amoroso por Tilly y al mismo tiempo una profunda desolación.
-
-A Tilly le acompañaba un abate que parecía ejercer el cargo de capellán
-de Lady Russell, pues esta dama era católica. El abate era un hombre
-de un aspecto selvático y al mismo tiempo inteligente; tenía el pelo
-rojo, la frente tempestuosa, las facciones toscas, groseras, de hombre
-de campo; el color encendido y los ojos claros y brillantes.
-
-Tilly y el abate, en los días que estuvieron en Bayona, dejaron un
-rastro de desórdenes y de crápula.
-
-Los dos en compañía de un aventurero francés que se las echaba de muy
-liberal y se llamaba Husson de Jour frecuentaban todos los lugares de
-perdición. Husson se daba por revolucionario y carbonario, que había
-peleado con Mina en España en 1823 en compañía de Armando Carrel, y
-era un tipo de hombre jactancioso y fanfarrón, de grandes bigotes y de
-grandes actitudes.
-
-Al prepararse a marchar a España, Tilly se presentó a Lacy. Este, al
-verle pálido y desencajado, le dijo:
-
---¿Para qué haces esa vida de perdido?
-
---¡Pse! No sé, la verdad, porque ya me empieza a aburrir.
-
---Entonces no lo comprendo.
-
---Yo tampoco. ¿Que quieres? No hay hombre que no sea un enigma para los
-demás y para sí mismo. Unicamente los que tienen una tradición muy
-fija, como los judíos, saben lo que son y lo que quieren.
-
---Tú no tienes la tradición de ser un perdido.
-
---No; soy un perdido, como dices tú, por abandono y algo por
-curiosidad. En mi familia ha habido de todo: ricos, pobres,
-revolucionarios, realistas. En mí se han debido mezclar estas diversas
-tendencias, y me han hecho un tipo mixto y contradictorio.
-
---Pero en ti está escoger una línea y seguirla.
-
---Pienso hacerlo más tarde. Ahora me voy a España. Desde allí te
-enviaré algunas cartas con clave y cifra, que te las darán aquí
-descifradas.
-
---Bueno.
-
-Tilly se despidió de Lacy y al día siguiente dejó Bayona.
-
-
-
-
-IV.
-
-LOS GRUPOS HOSTILES
-
-
-EN una ciudad pequeña como Bayona, que no pasaba de los quince a diez y
-seis mil habitantes, todo el mundo se conocía, y más, como era natural,
-la colonia española y los que estaban relacionados con ella.
-
-Al establecerse Lacy en Bayona e intimar con sus compatriotas, vió con
-tristeza que no había entre ellos más que odios, rivalidades y desunión.
-
-Ya durante su estancia en Londres notó las rencillas de los emigrados;
-pero, naturalmente, en una ciudad inmensa las divisiones no se notaban
-tanto como en un pueblo pequeño, en donde la gente se veía a cada paso.
-
-En Londres, los constitucionales españoles habían formado grupos que
-tan pronto crecían como se achicaban, casi siempre por un motivo
-personal.
-
-El primer grupo moderado y aristocrático estaba dirigido por hombres
-de cierta cultura, como Argüelles, Alava, etc. Este grupo se
-caracterizaba por ser eminentemente civil, y había rechazado, cuando se
-lo propusieron, las ofertas de militares como Morillo, Ballesteros y
-O'Donnell.
-
-El segundo grupo era de los ministas o partidarios de Mina. Los
-enemigos les llamaban despectivamente los mineros. Este grupo, el
-más extenso y el más fuerte, contaba con elemento civil y militar,
-pero predominaban en él los militares. Estaban en él casi todos los
-oficiales de mérito refugiados en Inglaterra, Bélgica y América,
-excepto los que tenían algún motivo de queja, fundado o no, contra el
-caudillo navarro. El Gobierno inglés trataba a este grupo con gran
-consideración, y según se decía le proporcionaba fondos para pagar sus
-agentes.
-
-En España casi todos los liberales esperaban, más que de ningún otro
-jefe, de Mina. Era el que tenía más partidarios incondicionales.
-Este entusiasmo ciego por Mina parecía odioso a sus rivales. Mina,
-según éstos, quería ser un ídolo, un santón a quien se le obedeciera
-ciegamente.
-
-Torrijos, San Miguel, Valdés y otros habían roto con él por este
-motivo, porque no querían obedecer con pasividad. Es posible que por
-dentro hubiera en ellos un fondo de rivalidad próximo a la envidia.
-
-Mina quería dirigir él, sin dar parte a nadie de lo que hacía, y
-afirmaba que gracias a su prudencia y a sus precauciones los espías del
-Gobierno español no podían averiguar sus manejos.
-
-Mina, mientras estaba en Inglaterra fechaba sus cartas en Plymouth y
-vivía cerca de Londres en una casa de campo.
-
-El general llevaba sus asuntos con una gran cautela; para cada empresa
-que se le presentaba buscaba el hombre a propósito. Se había servido
-varias veces de Sanz de Mendiondo, otras del teniente coronel Baiges,
-un gallardo ex guardia de Corps, que tenía fama de conquistador y
-de fatuo, y otras de su secretario Aldaz. Algunas cuestiones muy
-reservadas las llevaba dictando a su mujer, y otras más secretas aún
-las seguía él mismo, sin comunicárselas a nadie.
-
-El zorro navarro ocultaba muy bien sus maniobras y consideraba el
-secreto necesario e imprescindible.
-
-El segundo partido militar, colocado enfrente del de Mina, lo
-capitaneaba Torrijos y tenía como lugarteniente al coronel don
-Francisco Valdés. Estos no sentían gran entusiasmo por la Constitución
-de Cádiz, como los ministas y deseaban algo más radical. Méndez Vigo y
-sus partidarios pensaban en la República.
-
-Otra facción liberal era la de los masones, a cuya cabeza estaba don
-Evaristo San Miguel, que no ocultaba su aversión por Mina.
-
-Mina nunca había sido un masón entusiasta: todas las mascaradas
-simbólicas de esta secta le producían cierta repulsión y se había
-afiliado, como Torrijos, al carbonarismo más activo, más eficaz que la
-masonería, y al mismo tiempo, por entonces, más internacional.
-
-Mina, además, había puesto el veto a mucha gente; según sus enemigos,
-por celos, según sus amigos, por su natural prudencia.
-
-El partido de los masones tenía relaciones continuas con las logias de
-la península y empleaba para ello a los capitanes de buques mercantes y
-a los comisionistas.
-
-Otro último grupo era el de los ex comuneros. Estos tenían como
-prestigio civil a Flores Estrada y como militares a Milans de Bosch y a
-López Pinto.
-
-Los ex comuneros no podían ver a los masones, ni éstos a los ex
-comuneros; pero ambos grupos tenían como lazo común el odio a Mina.
-Milans el viejo lo detestaba. Había tenido el desencanto de salir de
-la isla de Jersey, donde estaba confinado, para avistarse con algunos
-capitalistas ingleses liberales, pidiéndoles dinero para una expedición
-contra la frontera española, y los capitalistas habían dicho que
-únicamente si Mina dirigía la expedición prestarían dinero.
-
-El grupo ex comunero sintió el desdén de esta negativa, y el grotesco
-y envidioso Romero Alpuente escribió un folleto contra el caudillo
-navarro.
-
-Además de estos núcleos formados en Londres había los liberales que no
-querían formar grupo alguno y se consideraban independientes; tales
-eran Méndez Vigo, Chapalangarra, Bertrand de Lys, el padre Asensio
-Nebot y otros varios.
-
-Cada grupo de los constituídos deseaba el fracaso del grupo rival;
-cada hombre que se sentía importante hacía lo posible para aplastar al
-compañero y para erigirse él; tenían todos ellos, unos para otros, esa
-terrible ferocidad de los ambiciosos, para los cuales no hay amistad ni
-comunidad de ideas.
-
-A veces se manifestaban, sobre todo en las cartas, un afecto entusiasta
-y efusivo que no pasaba de figura retórica.
-
-Entre gente ambiciosa como aquélla, la amistad desinteresada era casi
-imposible...
-
-El hombre de acción es el que cree que obra casi exclusivamente por sus
-propias inspiraciones, el que afirma más su albedrio, el que escoge
-lo que debe hacer y no debe hacer, y, sin embargo, es el que está más
-sujeto a la ley de la fatalidad, el que marcha más arrastrado por la
-fuerza de los acontecimientos.
-
-
-
-
-V.
-
-LAS ESTELAS SENTIMENTALES
-
-
-MUCHOS de aquellos hombres sin haber repensado teoría alguna política
-o social, tenían no sólo la certidumbre de su realidad, sino el
-dogmatismo, el fanatismo y hasta la sed de martirio. ¿Quién podrá
-afirmar con más fuerza una cosa que el que no la comprende?
-
-Estos hombres se dejaban llevar por la corriente sentimental del
-momento y eran capaces de hacer por ella el sacrificio de su vida.
-
-En nuestro tiempo, más que en ningún otro, después de la Reforma y de
-la Revolución se da el caso de los pueblos y de los individuos que
-viven con un sentimentalismo distinto y a veces antagónico a sus ideas.
-
-Las generaciones han ido moldeando nuestros instintos, lo consciente
-y lo inconsciente, les han dado una forma, un sentido; pero en este
-conglomerado de nuestra personalidad, la inteligencia se ha separado de
-sus viejos compañeros y ha comenzado a marchar sola.
-
-Así, nuestra época ha dado, más que ninguna otra, santos sin ideas
-religiosas, ateos místicos, mujeres honradas con alma de cortesanas, y
-cortesanas con aspiraciones de monja.
-
-Ante esta disociación de su personalidad, el hombre, que antes que nada
-quiere creer y poner un pie firme sobre la tierra, mira a su alrededor
-y cuando encuentra una ruta la va siguiendo.
-
-Sus antepasados no escogían, se dejaban llevar; los hombres actuales
-escogen, de ahí su desgracia.
-
-Unos escogen ciega y brutalmente--la mejor manera de escoger--, otros
-miran y remiran a derecha e izquierda, quieren pesar el pro y el contra
-¡los ilusos!
-
-Y cuando se deciden van como los demás a ciegas y siguen la estela que
-dejaron las grandes corrientes sentimentales pasadas.
-
-En todas las esferas de la actividad humana, en la religión y en
-la política, en la literatura y en el arte quedan estas estelas
-sentimentales durante largas épocas históricas.
-
-¡Cuántos espíritus religiosos, cuya vida ha sido una serie de esfuerzos
-heroicos para creer en el dogma que no creyeron, han marchado de
-desilusión en desilusión sugestionados por esa mágica estela! ¡Cuántos
-grandes revolucionarios marcharon adelante con un ademán gallardo
-enardeciendo a las masas, llevando el convencimiento íntimo de que
-dentro de sus ideas no había nada!
-
-¡Cuántos millones de soldados muertos sabían únicamente que su patria
-era la que llevaba la bandera roja, la blanca o la azul, la que tenía
-este himno y nada más! Y, sin embargo, han ido arrastrados por la
-corriente sentimental y han hecho ante el caos ciego el sacrificio de
-la vida.
-
-En todas las esferas de la actividad humana, en la religión y en
-la política, en la literatura y en el arte quedan estas estelas
-sentimentales. Todos los grandes hechos de la historia, todas las
-grandes corrientes han pasado por la inteligencia y por la sensibilidad
-de los pueblos dejando una estela.
-
-Ahora, al notar esa estela que queda en el mar de las ideas; que
-es la nuestra, la que hemos escogido, quisiéramos avanzar por ella
-rápidamente y llegar a su más puro origen. Ya es tarde, el barco ha
-pasado para siempre y ya no volveremos a divisar sus velas.
-
-Los astrónomos nos han hablado de que la distancia de algunos astros
-es tan grande, que su luz tarda en llegar a la tierra cincuenta,
-sesenta, ochenta años. Así puede muy bien suceder que una estrella haya
-desaparecido o se haya desplazado, y sin embargo nosotros la sigamos
-viendo en el cielo de las noches espléndidas.
-
-¡Qué triste, qué melancólico resulta pensar que una de esas estrellas
-que parece que nos guía y nos contempla puede no existir ya y sin
-embargo, estarla viendo!
-
-Así en la vida moral y en la vida sentimental cabe sospechar el
-carácter mítico de las ideas y de los dioses, y seguir en la corriente
-que produjeron ellos cuando todavía eran dioses e ideas.
-
-
-
-
-VI.
-
-LOS PREPARATIVOS
-
-
-ESTABA el partido liberal dividido en grupos en la emigración cuando
-llegaron los sucesos de Julio de París, con el destronamiento de Carlos
-X, y toda la grey constitucional se conmovió y fué llamada a Francia
-por intermedio de los agentes de la masonería y el carbonarismo.
-
-El gabinete de Fernando VII publicó contra el Gobierno de Julio un
-manifiesto injurioso suscrito por Calomarde.
-
-No pudiendo contestar a Calomarde, que en punto a la legitimidad tenía
-razón, el ministro de Luis Felipe, decidió asustar a Fernando VII
-ayudando a los liberales españoles.
-
-El auxilio del Gobierno francés permitió a los constitucionales ir y
-venir por Francia y acercarse libremente a la frontera.
-
-El primer punto de cita de los emigrados se estableció en París.
-Allí fueron acudiendo todos ellos desde Londres, desde Bruselas y de
-Suiza. Torrijos y algunos de sus partidarios, que tenían preparada una
-expedición por Gibraltar, quedaron en Londres dispuestos a embarcarse
-para la Península.
-
-Leguía y Chacón, enviados por Mina antes de las Jornadas de Julio,
-habían cruzado el Canal de la Mancha en un falucho. Avanzaron los dos
-hasta la frontera española, pero fueron presos y llevados con escolta
-de gendarmes hasta Calais.
-
-Al triunfar la Revolución los dejaron libres, Leguía sin recursos fué a
-París y presenció los acontecimientos de Julio.
-
-En Agosto comenzaron a pasar el Canal de la Mancha los emigrados. El
-11 bajaron en Calais, Bertrand de Lys, Mendizábal, Olegario Cueto, el
-brigadier Palarea y Juan Llupius. Pocos días después el coronel Valdés
-desembarcó en el Havre.
-
-En París se reunieron Valdés, Leguía, Aldaz el secretario de Mina,
-Mendizábal y Chapalangarra. Habían pasado de Inglaterra a Francia
-con la idea de ejercer una acción común y no había manera de que se
-pusieran de acuerdo.
-
-Leguía, Aldaz y Chapalangarra, los tres navarros estuvieron a punto
-de reñir y de pegarse. Chapalangarra se había separado de Mina, Leguía
-había hecho lo mismo y ambos creían tener motivos de queja contra el
-general. Leguía se creía olvidado y estaba ofendido. Aldaz defendía a
-su jefe viniera o no a cuento.
-
-La reunión de los liberales en París no demostró más que sus
-divisiones. Se decidió formar una junta en Inglaterra, otra en Francia
-y para secundar los trabajos de esta última, los radicales franceses
-constituyeron una segunda junta con el nombre de Comité Español.
-
-Se abrió una suscripción y las listas engrosaron rápidamente. Los
-banqueros Ardouin, Calvo y Bertrand de Lys aseguraron que pronto
-tendrían dinero. La Junta de Francia formada por españoles y dirigida
-por Mendizábal escribió a Mina y le preguntó si podía contar con él.
-
-Mina contestó que sí, y desde este momento la Junta se trasladó a
-Bayona.
-
-Con los primeros fondos del empréstito comenzaron a comprarse armas y
-empezó el alistamiento de los emigrados.
-
-El Comité Español de París, formado por franceses, buscó el apoyo del
-Gobierno de Luis Felipe y del mismo rey.
-
-Luis Viardot, uno de los miembros de aquel Comité, fué a visitar a
-Guizot y Guizot le dijo:
-
---Decid a los que os envían que Francia ha cometido en España un crimen
-político en 1823 y que le debe una reparación y que esta reparación se
-llevará a cabo.
-
-Dupont, Marchais y Loëwe-Weimar, del mismo Comité, fueron a ver a Luis
-Felipe. Luis Felipe dijo que Fernando VII era el mayor bribón que había
-existido. El rey de los franceses indicó que la tentativa contra el
-Gobierno de Fernando le parecía muy bien y dió dinero de su bolsillo.
-
-Algunos amigos de la familia de Orleans aconsejaron que se ayudara a
-destronar a Fernando VII y en ese caso se ofreciera la corona de España
-al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe, a quien se casaría con la
-reina doña María de la Gloria de Portugal, con lo cual se reunirían en
-su cabeza las coronas de los dos reinos peninsulares.
-
-El rey de los franceses comprendía muy bien que estas combinaciones
-no se hacen cuando se quieren y vió en el asunto de los emigrados
-españoles únicamente una manera de imponerse al Gobierno de Calomarde
-para que le reconociera como rey de Francia.
-
-Con la protección de Luis Felipe y del Gobierno, los españoles creyeron
-que el triunfo estaba asegurado. Todos los días grupos de treinta, de
-cuarenta, de cincuenta hombres iban hacia la frontera. Hojas de ruta
-autorizadas por el prefecto de policía favorecían los viajes. Había
-depósitos de armas con el consentimiento expreso de Montalivet y de
-Guizot.
-
-La imperial de las diligencias de Burdeos a Bayona estaban siempre
-retenidas por los agentes españoles para los emigrados. Estos subían a
-sus asientos y hablaban, reían y a veces gritaban:
-
---¡Viva España! ¡Viva la libertad!
-
---Pronuncian _Biba_--decía algún francés con asombro.
-
-Y el señor culto y erudito recordaba la frase de Escaligero sobre los
-españoles que parece de algún gran aficionado al vino: Felices populi
-quibus vivere est bibere.
-
-
-
-
-VII.
-
-UNA CARTA DE TILLY
-
-
-ESTABA Lacy olvidado de Tilly cuando de la fonda de San Esteban donde
-vivía la inglesa Lady Russell le enviaron una carta de Lacy con
-anotaciones y entre paréntesis puestos después con otra letra. Era la
-carta de una ingeniosidad un tanto pueril como muchas de las cosas
-pensadas por Tilly. Estaba redactada en estos términos:
-
- "Querido Lacy: Te escribo como te prometí para darte noticias de
- lo que pasa en la corte celestial. Mis informes son malos para
- vosotros. Ahí no lo creerán, pero yo veo que en esta comedia el
- Matemático (_Luis Felipe_) se entiende con Calígula (_Fernando
- VII_) que se ha asustado con los preparativos de los ilusos
- (_los liberales_). Era lo que buscaba la gente del Palacio Real
- de Babilonia (_París_). El Gobierno babilónico (_el Gobierno
- francés_) va a prohibir de un momento a otro la salida de los
- ilusos (_liberales_) de sus puntos de acantonamiento, impedirá las
- reuniones y decomisará los instrumentos de trabajo (_las armas_).
- Los agentes del Matemático (_Luis Felipe_) hacen creer a los ilusos
- (_liberales_) que estas medidas son para cubrir el expediente, pero
- no hay nada de eso.
-
- Calígula y su Caballo (_Fernando VII y Calomarde_) al saber por sus
- hurones (_espías_) que se estaban organizando grandes mascaradas
- (_juntas de insurrección_) en Babilonia y en Nínive (_en París y
- en Londres_) reunieron el Consejo de familia (_Consejo de Estado_)
- para deliberar con los familiares (_los ministros_).
-
- Hubo grandes disentimientos en la opinión de los consejeros.
-
- Un partido aconsejó reunir el Agora de Esparta (_las Cortes
- de España_) publicar una amnistía y dar una carta biagórica
- (_constitución de dos Cámaras_) para neutralizar la acción de los
- ilusos (_liberales_), el otro quería la represión a todo trance
- aumentando el efectivo de los mamelucos (_voluntarios realistas_) y
- dejando Esparta (_España_) como hace siete años.
-
- El Caballo de Calígula (_Calomarde_) tiene hurones (_espías_)
- entre los ilusos (_liberales_) y sabe día por día lo que ocurre
- entre ellos.
-
- De estos hurones (_espías_) uno es el comandante don Antonio Oro.
- No es oro todo lo que reluce. Los otros son el francés que andaba
- conmigo, Husson de Jour, que no sé si seguirá aún en Villa-aburrida
- (_Bayona_) y un español, don Manuel Ruiz, que ha recorrido con
- fines de lince (_de policía_) la frontera babilónico-espartana
- (_franco-española_).
-
- El Caballo de Calígula (_Calomarde_) tiene hormigas leones
- (_agentes procuradores_) en el campo iluso (_liberal_).
-
- Los tres bajás de la frontera babilónico-espartana (_los capitanes
- generales de la frontera_) han remitido órdenes de vigilarla
- estrechamente.
-
- Los jefes de los perros de presa (_los tercios_) y los mamelucos
- (_voluntarios realistas_) quedarán a las órdenes de los bajás
- (_capitanes generales_).
-
- Va a publicarse un Iradé (_Real decreto_) poniendo en vigor otro de
- 1825 contra los ilusos (_liberales_) cogidos con los instrumentos
- entre los dedos (_las armas en la mano_) y contra los que les
- presten socorro, un asilo, o tenga con ellos correspondencia.
-
- La pena de empalamiento (_muerte_) alcanzará por la menor cosa,
- la sospecha de complicidad bastará para gozar de la hospitalidad
- económica (_ir a presidio_).
-
- Al mismo tiempo que el Caballo (_Calomarde_) toma estas medidas,
- hace reclamaciones enérgicas al Matemático (_Luis Felipe_), a quien
- no quiere reconocer, amenazándole con represalias y con formar
- cuerpos de camellos babilónicos (_realistas franceses_) que ataquen
- a Babel (_Francia_) por el mediodía.
-
- El bajá general de la Marca (_el capitán general de Cataluña_) y el
- de Vardulia (_Guipúzcoa_), los dos babilónicos (_franceses_) y los
- dos elefantinos (_absolutistas_) trabajan en el reclutamiento de
- los emigrados babilónicos (_franceses_).
-
- Estas medidas según se dice han hecho mella en el Gobierno
- babilónico (_francés_) que os empezará a poner trabas dentro de
- poco.
-
- El acuerdo debe estar hecho. Esparta (_España_) reconocerá al
- Matemático (_Luis Felipe_) y no favorecerá a los elefantinos
- babilónicos (_absolutistas franceses_) y Babel (_Francia_)
- dificultará en cambio los trabajos de los ilusos espartanos
- (_liberales españoles_).
-
- Tu amigo
- EL ESQUELETO"
-
-Eusebio Lacy quedó asombrado al leer esta carta que tenía entre
-ingeniosidades infantiles datos que parecían ciertos. La copió,
-poniendo los verdaderos nombres y fué a leérsela a sus amigos entre
-ellos a Valdés y a Milans del Bosch.
-
-Las noticias de la carta alarmaron a los liberales. Se buscó al
-comandante Oro para pedirle explicaciones, pero Oro había desaparecido.
-Husson de Jour había salido también de Bayona.
-
-Los de Valdés dijeron que respecto de Oro no les chocaba nada que fuese
-traidor, porque era amigo de Mina. Los ministas, en cambio, dijeron que
-hacía tiempo que Oro no se trataba con su jefe.
-
-
-
-
-VIII.
-
-LOS JEFES
-
-
-CON motivo de la carta de Tilly y de sus denuncias, Lacy habló con
-los principales jefes de la emigración largamente y tuvo ocasión de
-conocerlos.
-
-Los encontró muy distintos de lo que él suponía.
-
-Eran todos ellos gente de una ambición fuerte y exaltada, poco
-inteligentes, nada razonadores, fanáticos, arbitrarios y devorados por
-la ambición del mando; tenían en general la actitud orgullosa de los
-virreyes de América.
-
-La mayoría eran hombres de poca lectura y de menos reflexión, aceptaban
-la ideología liberal porque era la del momento y la del posible éxito,
-quizás no la sentían fuertemente ni les importaba gran cosa el fondo
-humano encerrado en ella. En su vida eran austeros; no había entre
-ellos epicúreos, ni comilones, ni borrachos, su mayor vicio era el
-juego. No tenían tampoco efusiones, ni recuerdos sentimentales, ni
-recitaban versos, ni cantaban canciones patrióticas.
-
-Había entre esta gente pocas amistades sinceras, porque cada uno lo
-quería todo para sí, de ahí las rivalidades, los odios, la envidia y la
-eterna suspicacia.
-
-Tenían todos ellos con la fraseología de la Revolución el instinto del
-soldado español del siglo XVI. En ellos lo nuevo con relación a los
-militares españoles antiguos era el anhelo de pasar a la historia, de
-quedar erguidos ante la posteridad. En los antiguos soldados, el summun
-era el mandar y el enriquecerse, en éstos el ideal era el mandar y el
-pasar a la Historia, pero como buenos españoles no querían pasar a la
-Historia por un trabajo largo y persistente, sino por un golpe de mano,
-por una aventura de suerte en que se ganase la gloria o se perdiera la
-vida. El ejemplo de la fortuna de Napoleón, el teniente de artillería
-transformado en Emperador había trastornado el juicio a los militares
-de la época.
-
-Con la esperanza del momento de fortuna estaban todos llenos de ansia;
-la presencia del rival que se encontraba en la misma actitud les
-molestaba.
-
-Eran casi todos ellos gente orgullosa, individualista, que en vez de
-ir arrastrados por el pueblo tenían que suponer que éste les buscaba,
-lo que no pasaba de ser una ilusión. Eran conspiradores más que
-revolucionarios muchos de gustos aristocráticos. Se hubieran reunido
-mejor con Catilina que con Danton. No veían posible en España más que
-el pronunciamiento y cada uno quería hacer el papel de Riego en 1820
-aunque tuvieran que sufrir el de Riego en 1823.
-
-Como casi toda la gente que toma parte en movimientos revolucionarios,
-procedían de distintos campos, venían de los cuatro puntos cardinales.
-En una época en que se viajaba poco, el que más y el que menos había
-estado en Francia, en Inglaterra, en Alemania, en América, en Africa y
-en Oceanía.
-
-Las mujeres de estos militares no intervenían jamás en las cuestiones
-políticas; en general la casa de cada uno estaba cerrada para los
-amigos de la calle y del café.
-
-Las amistades no eran muy profundas. El exceso de personalismo les
-hacía con facilidad hostiles unos para otros. Suponían quizás que
-había una cantidad de gloria común y que si uno cogía mucha a los
-demás les debía quedar poca o nada.
-
-No había posibilidad entre ellos de diálogos, sino de una serie de
-monólogos, cada cual recitaba el suyo con un aire desafiador, con la
-mano puesta en el puño de la espada y no quería oir ni enterarse de lo
-que los otros decían. De aquí que la Revolución española tuviera tan
-poco seso. Era una Revolución de Don Juanes y de Don Juanes sin éxito.
-
-Al irlos tratando a cada uno de ellos, Lacy quedó un poco asombrado
-y desencantado. ¿Qué esperan estos hombres?--se preguntó él--. ¿Qué
-quieren?
-
-La mayoría eran soldados de la guerra de la Independencia y soñaban
-con triunfos de espada y aventuras. Algunos habían absorbido las ideas
-liberales de Francia y de Inglaterra que no les habían modificado los
-instintos ancestrales, en general aceptaban como un dogma el valor del
-papel impreso.
-
-Para ellos lo escrito con letras de molde tenía siempre una virtualidad
-misteriosa y estaban dispuestos a escribir en los periódicos protestas,
-contra-protestas, rectificaciones y vindicaciones.
-
-Ninguno se manifestaba verdaderamente liberal capaz de benevolencia,
-de transigencia, todos eran militaristas y ordenancistas.
-
-El mismo Espoz y Mina, valiente como un león y prudente como un zorro
-en sus empresas políticas, hombre que sabía disimular la violencia
-de su carácter con frases ambiguas, era, tratándose de cuestiones
-personales, de un arrebato impulsivo; a la menor ofensa ardía su alma
-con una cólera desesperada y furiosa.
-
-Gaspar de Jáuregui, el Pastor, otro de los jefes, era un guipuzcoano
-que unía el valor con la astucia. Zumalacárregui, segundo de su
-partida en la guerra de la Independencia, le había enseñado a leer y
-a escribir. Jáuregui consciente de su ignorancia no había pretendido
-salir de ella y su conformidad de campesino con su incultura le había
-dejado siempre en un segundo plano.
-
-Chapalangarra era un solitario, un místico que tenía la fiebre de la
-fama y del martirio; San Miguel un retórico, un escritor mediocre y
-difuso.
-
-Respecto a López Campillo y a Leguía, los dos valientes guerrilleros,
-no tenían condiciones para ser primeras figuras.
-
-Los únicos hombres que podían ponerse frente a Mina, por su influencia
-entre los demás, eran don Manuel Gurrea y don Francisco Valdés.
-
-Méndez Vigo, que pretendía ser jefe, no arrastraba a nadie y era un
-motivo de discordia por su radicalismo inoportuno.
-
-Don Pedro Méndez Vigo estaba acusado de haber mandado dar muerte a los
-prisioneros realistas de la Coruña en 1823, haciéndolos naufragar por
-un procedimiento a lo Carrier. Méndez Vigo era de ideas audaces y de
-muchas pretensiones. No servía ni para mandar ni para obedecer.
-
-Gurrea, el otro rival de Mina, no le había declarado la guerra y
-esperaba el momento. No así don Francisco Valdés. El coronel Valdés
-había roto las hostilidades con Mina y lo trataba como a un enemigo.
-
-Valdés pretendía haber tenido la prioridad en la idea de la expedición
-a la frontera después de la Revolución de Julio y consideraba la
-intervención de Mina como una usurpación.
-
-Valdés era hombre altivo, soberbio, con una exaltación personal grande,
-ambicioso, poco inteligente y lleno de desconfianza.
-
-Valdés era castellano, de Móstoles. En su juventud había estado en
-Dinamarca con el marqués de la Romana, había hecho la guerra de la
-Independencia y la campaña de 1823 y dirigido el golpe de mano de
-Tarifa de 1824.
-
-La hostilidad de Valdés contra Mina y de Mina contra Valdés, procedía
-de una porción de causas y principalmente de los respectivos
-caracteres. Como militar de carrera, Valdés era poco amigo de los
-guerrilleros, como hombre que se había distinguido en el Mediodía
-nada afecto a la gente del Norte. A Mina le pasaba lo contrario, era
-guerrillero y nordista.
-
-En los dos caudillos existía un fondo de patriotismo y un deseo de
-mando. La comunidad sola de estos sentimientos y el afán subsiguiente
-de defender y realzar su figura histórica en Mina y de buscar el medio
-de destacarla en Valdés debía hacerlos enemigos y ponerlos frente a
-frente.
-
-Tanto el uno como el otro eran valientes, atrevidos y ambiciosos, pero
-Mina tenía el valor lleno de audacia y de prudencia; en cambio Valdés
-era más rectilíneo y de menos recursos. Mina sabía a las veces ser
-soldado y diplomático, Valdés no sabía más que ser soldado y soldado
-de filas. Mina tenía un conocimiento innato de la psicología de los
-hombres, sobre todo de los suyos, sabía por lo tanto arrastrar y
-convencer, Valdés no sabía ni lo uno ni lo otro.
-
-Además de estos motivos hondos y personales existían otros políticos e
-ideológicos para el divorcio de ambos jefes.
-
-Mina tenía el entusiasmo por la Constitución de Cádiz y por los hombres
-de aquella época, era anglómano, partidario de guardar las formas y
-consideraba necesario que hubiera en España una clase directora. Le
-quedaba también respeto por Fernando que al fin y al cabo era el Rey y
-no quería oir hablar ni en broma de la República.
-
-Valdés creía que el liberalismo de Cádiz había pasado ya, que era
-necesario sustituirlo por otro más activo; tenía admiración por la
-Francia revolucionaria, era militarista y demagogo, odiaba a Fernando
-VII y creía que debía prepararse la posibilidad de la República. Valdés
-había llegado tarde a la lucha. Se encontraba entre soldados que
-representaban más que él y quería ponerse a su altura.
-
-Los dos jefes, ásperos y orgullosos, no podían venir a un acuerdo.
-Valdés veía en Mina un caudillo a la antigua que mandaba despóticamente
-como un pater familias romano, le molestaba también verle en la
-práctica regionalista, siempre con sus navarros y sus vascos.
-
-Valdés era castellano y por lo tanto más universal, menos regionalista.
-Le indignaba y le sorprendía la suerte de Mina y el éxito que éste
-había conseguido en Inglaterra. Valdés era un radical, todos los
-radicales se unían a él encontrando tibio a Mina. Algunos de los
-antiguos ministas como Fermín Leguía se habían pasado a su bando.
-
-El caso de Chapalangarra y su enemistad contra Mina era de otra clase.
-Chapalangarra discurría y sentía como Mina, pero creía vivamente que
-tenía motivos serios personales de odio contra el general.
-
-Al lado de los militares y oscurecidos ante ellos estaban los paisanos
-adictos a la Revolución. Sin tribuna donde perorar y en el extranjero
-no tenían prestigio alguno.
-
-Eran en su mayoría literatos, jurisconsultos, oradores, no bastante
-fuertes para ser conocidos fuera de España. Entre ellos había algunos
-hombres de mérito como Flores Estrada y algunos políticos de talento
-como Mendizábal, pero la mayoría era gente sólo brillante, incapaz de
-una obra profunda e incapaz también de dominar y de arrastrar a los
-hombres.
-
-
-
-
-IX.
-
-GESTIONES DE LACY
-
-
-UNOS días después de recibir la carta de Tilly y de leerla a los amigos
-y jefes, iba Lacy enviado por la Junta de Francia a Cambó a ver a
-Chapalangarra.
-
-Se quería que Chapalangarra se aviniera a razones y no intentara hacer
-un movimiento solo y sin contar con los demás jefes. Se había escogido
-a Lacy para esta comisión por su juventud y por el prestigio de su
-apellido entre los liberales.
-
-Lacy salió de la posada de Iturri y fué a la parada de la diligencia La
-Bayonesa que salía para San Juan Pie de Puerto y pasaba por Ustariz y
-Cambó.
-
---El interior está lleno--le dijo el empleado--la berlina ídem. Tiene
-usted un puesto en la imperial.
-
---Bueno.
-
-Lacy subió en la imperial de la diligencia en donde iban una mujer
-gruesa, un campesino y dos emigrados españoles. La baca estaba llena de
-fardos, de bultos y de cestas.
-
-Pasó el coche por la puerta de Mousserolles, y comenzó a marchar por la
-carretera.
-
-El tiempo era de otoño, con un sol claro y brillante.
-
-El mayoral de La Bayonesa iba magnífico de seguridad y de petulancia.
-Era corpulento, rojo, de patillas grises.
-
-Manejaba sus cuatro caballos con una seguridad y un aplomo dignos del
-mismo Nerón. Vestía irreprochablemente gran redingot gris, corbata roja
-y guantes amarillos.
-
---¡Eh, Lajeunesse!--le decían. Se llamaba así.--A ver esa caja, esa
-sombrerera. Y Lajeunesse cogía los paquetes de la baca, los lanzaba a
-los mozos, agarraba los que le enviaban al aire, silbaba, hablaba a
-sus caballos, cruzaba las aldeas por callejuelas estrechas, torciendo
-rápidamente, siempre grave y solemne hasta detenerse en la posta. Allí
-hablaba, bebía y decía: Eh, señores, arriba y se lanzaba de nuevo a la
-carretera a correr al compás del estrépito de las campanillas.
-
-Cuando Lacy, después de contemplar el campo, miró a sus compañeros
-de viaje de la imperial vió que uno de ellos era un señor grueso que
-acababa de conocer días antes y llegaba de Bruselas. Se llamaba don
-Juan Olavarría. El otro español Eusebio Lacy sabía que era emigrado,
-pero no lo conocía de nombre.
-
-Olavarría entabló conversación con Lacy y se manifestó muy pesimista
-acerca de la empresa liberal.
-
---Para mí no cabe duda--dijo--que hay un acuerdo entre el Gobierno
-francés y el español. Por eso nuestra situación empeora.
-
---Yo no lo veo así--dijo Lacy.
-
---Pues no cabe duda. Luego nuestros recursos van mal. El empréstito
-negociado por las casas Ardouin y Calvo que había comenzado tan
-brillantemente se agota. Los reclutamientos, los envíos de armas y de
-municiones se dificultan y son detenidos por la policía francesa, las
-hojas de ruta y los pasaportes que se habían acordado a los refugiados
-españoles y a los voluntarios extranjeros se han suprimido. Muchos al
-verse así abandonados por unos y vigilados por el Gobierno comienzan a
-maldecir de Francia y a volverse a sus casas.
-
---Yo no veo que esto vaya tan mal--dijo Lacy.
-
---No le quepa a usted duda. Va muy mal--replicó Olavarría--la unión que
-produjo entre los emigrados el entusiasmo y la esperanza se ha roto.
-Esto toma ya mal aspecto, el aspecto de la descomposición.
-
-Después de exponer las mil dudas que le sugería la expedición liberal,
-el señor Olavarría habló de sus proyectos. Era el buen señor un
-arbitrista; quería transformar el comercio, la economía, la raza
-y hasta la geografía de España. Para todas sus utopías tenía un
-precedente.
-
---No crea usted que esto es un absurdo. Esto se ha intentado en
-Escocia, en el Canadá, en Bélgica y en Australia, y lo han preconizado
-hombres tan ilustres como tal, cual (y aquí citaba ocho o diez nombres
-extranjeros).
-
-El español desconocido que al principio de la conversación iba muy
-fosco, miraba después sonriendo al arbitrista.
-
-Al llegar la diligencia a una venta del camino de Villefranque, el
-señor Olavarría y el campesino francés bajaron a tierra.
-
-El coche echó a andar y quedaron en la imperial el emigrado desconocido
-y Lacy.
-
---Conserve usted el entusiasmo con gente así--exclamó el emigrado y
-soltó después un par de ternos.
-
---¿Es usted de los nuestros?--le preguntó Lacy.
-
---Yo soy Fermín Leguía.
-
---¡Ah! Le conozco a usted de nombre. Yo soy Lacy.
-
-Se dieron la mano.
-
---¿Va usted a Cambó?--preguntó Lacy.
-
---No; voy a San Juan Pie de Puerto, a ver a Jáuregui y a Fermín
-Sarasa que están allá. A la vuelta me detendré en Cambó a hablar con
-Chapalangarra.
-
---¿Tiene usted buenas impresiones, señor Leguía?
-
---Buenas, sí. Hay que seguir adelante. De otra manera no se puede hacer
-nada. Lo malo es la vacilación. Hay que elegir un plan, y a él con los
-ojos cerrados.
-
-Esto lo dijo Leguía asociándolo con toda clase de ternos y de
-interjecciones.
-
---¿Usted no es ahora amigo de Mina, don Fermín?
-
---No. Me ha abandonado de mala manera. A pesar de eso, yo le
-tengo cariño al general; pero es demasiado absolutista. ¿Que riñe
-con Chapalangarra o con Valdés? Pues ya no se puede hablar de
-Chapalangarra o de Valdés. Son unos necios, soberbios y ridículos. No
-tanto. Todos tenemos un poco de culpa en lo que pasa.
-
---Mina debe ser muy exclusivista...
-
---Sí, mucho; pero aquí lo malo no es que sea exclusivista, sino que no
-se decide. Hay unos que dicen que basta acercarse a la frontera para
-que todos los españoles de nuestras ideas se levanten; otros dicen
-que no, que es necesario tener apoyo en la península. De éstos es
-Mina. Pero si lo creía así, ¿para qué ha aceptado el proyecto de la
-expedición si no le gustaba? Valdés, Gurrea, Chapalangarra, Jáuregui y
-yo con ellos, tomamos en París la iniciativa esta. Si no le gustaba a
-Mina, ¿para qué tomó parte en ella? Podía habernos dejado a nosotros la
-responsabilidad y la dirección.
-
---Es que le escribieron, le instaron...
-
---Ya lo sé; pero podía no haber aceptado.
-
---Hubieran dicho que era una cobardía.
-
---Sí, es verdad. En fin, veremos a ver qué sale de esto.
-
-Al llegar a Cambó, Lacy se despidió de Leguía y bajó de la imperial.
-
-Chapalangarra vivía en una posada del barrio bajo de Cambó. El bajo
-Cambó era entonces una pequeña aldea escondida entre árboles, al pie de
-una colina poblada de robles; sus casas, antiguas y negras, estaban en
-parte ocultas por emparrados verdes.
-
-Lacy preguntó por la posada que le habían indicado y entró en ella. Era
-un fonducho solitario, con un comedor en la parte baja y una taberna.
-
-En el comedor de este fonducho paseaba Chapalangarra de arriba a abajo,
-mirando al suelo, con las manos en la espalda.
-
-En un rincón de la mesa jugaban a las cartas cuatro muchachos, y un
-joven melenudo, el poeta Espronceda, leía sentado en un sofá.
-
-Al presentarse Lacy, Chapalangarra le invitó a salir para hablar
-libremente. Tenía miedo de los espías y no confiaba gran cosa en los
-jóvenes que le acompañaban.
-
-Chapalangarra era hombre serio, fuerte, grave, de unos cincuenta años;
-un tipo oscuro, ceñudo y sombrío. Tenía la piel ennegrecida por el sol,
-los ojos grandes, negros; iba afeitado, con tufos sobre las orejas.
-Se le hubiera podido tomar por un cura. Hablaba a trompicones y era
-desaliñado en el vestir.
-
-Durante más de una hora fué Chapalangarra hablando, accionando,
-quejándose de la frialdad y de la falta de entusiasmo de la gente...
-
-La tarde de otoño estaba tan espléndida, el campo tan lleno de aromas,
-de colores, de pájaros, que Lacy miraba a veces al guerrillero
-preguntándose si no dejaría un momento sus resquemores para echar una
-mirada a las maravillas de la Naturaleza; pero Chapalangarra no veía
-más que su mundo interior de violencias y de pasiones.
-
-Era el coronel de Pablo, apodado Chapalangarra, de la Ribera de
-Navarra, de Lodosa, tierra áspera, fea y caliente.
-
-Había peleado en la guerra de la Independencia a las órdenes de Mina;
-después, en los años de 1820 al 1823, concluyó su campaña defendiendo
-como gobernador militar, la ciudad de Alicante hasta lo último.
-
-En la época de su emigración en Londres, de Pablo se presentó a Mina,
-y en la primera entrevista riñó con él. Chapalangarra quería ir a
-España inmediatamente a levantar partidas liberales para restablecer la
-Constitución.
-
-Mina intentó convencerle de que era imposible, de que faltaba dinero
-y medios de todas clases. Chapalangarra se indignó y acusó a Mina de
-tibio y de indiferente.
-
-Ya para aquella época Torrijos había formado su partido radical
-entre los emigrados, en contra del de Mina que era más conservador.
-Chapalangarra fué invitado por los amigos de Torrijos a entrar en él;
-pero no quiso y se decidió a vivir solo, separado de todo el mundo, sin
-amigos ni partidarios.
-
-Chapalangarra tenía la preocupación de Mina y hablaba constantemente de
-él.
-
-Por entonces, en un periódico inglés, salió un artículo en el que se
-acusaba a Chapalangarra de actos de tiranía y de rapiña cometidos en el
-año 1823 cuando gobernaba Alicante.
-
-Chapalangarra denunció ante los tribunales al autor del artículo, y
-éste, temeroso de ser condenado, propuso retractarse en el periódico y
-darle al guerrillero una cantidad como indemnización.
-
-Aceptó Chapalangarra el trato, cogió el dinero e inmediatamente fué a
-casa de Mina.
-
---Ya hay dinero para la Revolución--le dijo, y le entregó todo lo que
-le habían dado.
-
-Mina aceptó la cantidad por no defraudar las esperanzas de su paisano;
-pero éste al ver que pasaban los días y no le avisaban sintió redoblar
-su furor contra el caudillo, a quien acusaba de egoismo, de frialdad y
-de falta de entusiasmo.
-
-Chapalangarra entonces pensó formar rancho aparte con Gaspar de
-Jáuregui (el Pastor) y que éste rompiera con Mina; pero Jáuregui creía
-en la estrella de Mina y no quería abandonarle por ningún motivo.
-
-Era muy monorrima la reconvención de Chapalangarra contra los políticos
-para un hombre como Lacy, que creía que en el mundo había algo más
-que guerras y revoluciones. Lacy se cansó pronto de las quejas del
-guerrillero y pretextó tener prisa.
-
-Volvieron los dos a Cambó, y al llegar cerca del puente Lacy vió que un
-señor le saludaba. Era Miguel Aristy que iba a montar en un tilburí.
-
---¿Quiere usted venir a Ustariz?--le dijo.
-
---Muchas gracias, señor Aristy.
-
---Si no ha traído usted coche, tiene usted que esperar hasta mañana.
-
---¿No le estorbaré a usted?
-
---No, no; de ninguna manera. Contentísimo en tener compañía.
-
-Lacy se despidió de Chapalangarra y montó en el cochecito de Aristy.
-
---Me han dado dos horas de política aburridísimas--exclamó Lacy.--Tenía
-ganas de mirar el campo. ¡Qué tarde más espléndida!
-
---Mal político--exclamó Miguel Aristy dando una palmada a Lacy.--¡Un
-político que quiere mirar los montes y las flores! No será usted un
-Richelieu, ni un Pitt.
-
---Pse. No me importa.
-
-Y Miguel Aristy y Eusebio Lacy dejaron el bajo Cambó, y al trotecillo
-del caballo fueron bordeando el río hasta llegar a Ustariz.
-
-
-
-
-LIBRO TERCERO
-
-LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS
-
-
-
-
-I.
-
-VELADA EN GASTIZAR
-
-
-¿VA usted a quedarse en Ustariz?--preguntó Miguel.
-
---Sí, iré a la Veleta.
-
---No, no; si se queda usted en Ustariz, tiene usted que parar en mi
-casa.
-
---No me gusta molestar.
-
---¡Molestar! ¡Ya se conoce que no vive usted en el campo! Si viviera
-usted aquí, ni en broma diría usted eso.
-
---¿Por qué?
-
---Una persona nueva, cualquiera, en uno de estos pueblos vascos, tan
-quietos, tan inmóviles, es un acontecimiento; y cuando no se trata de
-un cualquiera, sino de un joven distinguido como usted, es un motivo de
-conversación para un par de semanas.
-
---Creo que exagera usted.
-
---No. Ciertamente que no. Quédese usted esta noche.
-
---Bueno; me quedaré.
-
-Al parar delante de Gastizar y bajar del tilburí pasaron dos señoras, a
-quienes saludaron Aristy y Lacy.
-
---Son dos damas españolas--dijo Lacy.
-
---Sí. ¿Las conoce usted?--preguntó Aristy con viveza.
-
---No. El otro día, cuando vinimos aquí a ver al coronel Malpica, las
-encontramos en la posada, que se habían refugiado por la lluvia, y el
-posadero nos dijo quiénes eran.
-
---¡Ah!
-
-Miguel Aristy dejó el coche y el caballo al cuidado de Ichteben, a
-quien preguntó:
-
---¿Dónde están las señoras?
-
---Ahí, en el prado.
-
---Bueno. Entonces vamos por aquí, amigo Lacy. Tú desengancha el coche.
-
---No--replicó Ichteben.
-
---¿No? ¿Pues qué hay?
-
---Está la mujer de tu hermano, y la tengo que llevar a Chimista.
-
---Bien. Está bien.
-
-Miguel y Lacy cruzaron la huerta y subieron a un prado en cuesta con
-un manzanal. En lo más alto había un bosquecillo de robles y a su
-sombra estaban madama Aristy, madama Luxe y su hija Fernanda, las dos
-señoritas de Belsunce y Dolores Malpica, con los chicos.
-
-Dos mozos, con la cabeza cubierta por grandes sombreros de paja,
-estaban segando hierba con la guadaña.
-
-Miguel presentó a Lacy, que fué muy bien acogido por las damas. Madama
-Aristy le trató con gran amabilidad, y Alicia Belsunce y Fernanda Luxe
-quisieron averiguar poco después si el muchacho presentado a ellas
-estaba enamorado o no.
-
-Lacy tenía deseos de hablar con la hija de Malpica, y le preguntó por
-el coronel. Ella le contestó que le inquietaba su llegada; temía que
-viniera a llevarle a su padre.
-
-Miguel, que se había tendido en la hierba, dijo:
-
---Oiga usted, Lacy; si quiere usted le traerán aquí algo para beber:
-vino, sidra o leche.
-
---Tomaré un vaso de leche.
-
---¿La quiere usted cocida o recién ordeñada?--preguntó madama Aristy.
-
---Es igual.
-
-Madama Aristy llamó a uno de los mozos que cortaba la hierba, que
-vino al poco tiempo con dos vacas, una de ellas seguida de un ternero
-recental que corría dando saltos y enroscando la cola.
-
-Alicia Belsunce se levantó y ordeñó a la vaca en una jarra de madera
-que dejó en la hierba.
-
---¡Oh, Bucólicas de Teócrito! ¡Geórgicas de Virgilio! ¡pastorales de
-Longus! ¡Bergeries de Racan!--exclamó Miguel--. Alicia, al mirarte me
-figuro a María Antonieta en el Petit Trianon. El mejor día querrán
-cortarnos a nosotros la cabeza, y lo más triste es que tendrán razón.
-
---¡Qué tonterías!--dijo madama de Aristy haciendo un gesto de
-impaciencia.--Parece mentira que mi hijo diga estas tonterías.
-
---Y eso que tiene tanto talento--exclamó Fernanda.
-
---¡Gracias, hija mía!--exclamó Miguel.
-
---El talento de Miguel es como los fantasmas, no se presenta más que a
-los que los temen--dijo Alicia.
-
---Alicia se nos va a convertir en la señorita La Rochefoucault.
-
-Alicia hizo un gesto de desdén. Bebieron leche Lacy y Fernanda Luxe.
-Miguel dijo que prefería fumar una pipa. Efectivamente, la encendió;
-de pronto, señalando el torreón de Gastizar, dijo:
-
---Nuestra veleta está terrible estos días; se agita con nerviosidad.
-¿Sabe usted, Lacy que tenemos una veleta misteriosa?
-
---Sí; ya he oído hablar de ella.
-
---¿Ha llegado su fama hasta España?
-
---No, todavía no.
-
---¿Pero usted cree que llegará?
-
---Es posible.
-
---La verdad es que ese viejo dragón tiene actitudes cómicas. Luego,
-como está desnivelado, eso le hace más gracioso.
-
---Meterá mucho ruido al girar.
-
---Sí, bastante.
-
---Van ustedes a llegar a tenerle miedo.
-
---Sí, sí, es muy posible.
-
-Dolores, la hija de Malpica, tenía que marcharse con sus chicos y se
-despidió de todos. Los demás decidieron volver a casa y fueron despacio
-hacia Gastizar.
-
-Gastizar en el interior estaba restaurado en tiempo del Imperio. Casi
-todas las habitaciones se hallaban tapizadas con papeles con figuras
-pseudoclásicas. Los muebles eran de caoba, y se veían en las paredes
-cuadros medianos de la escuela de David y de Gerard.
-
-Algunas habitaciones, como el salón, las había arreglado Miguel Aristy,
-más severamente, al gusto antiguo, con muebles de su madre y cuadros
-oscuros de la escuela de Claudio Lorena. El zaguán amplio de la casa,
-enlosado de piedra, tenía unas estatuas toscas que debían de haber
-salido de alguna iglesia o convento desmantelado en 1793.
-
-Además de los campos tenía Gastizar una huerta muy grande y un jardín.
-Cruzando esta huerta, desde la parte de atrás de la casa iba hacia el
-río, una calle de perales en arco que terminaba en un cenador con una
-mesa y unos bancos rústicos. De esta plazoleta del cenador se bajaba al
-Nive, a cuya orilla había un árbol donde solía estar atado un bote.
-
-La señora de Aristy no quería ir al cenador, porque encontraba que era
-sitio húmedo y malsano. Miguel, en cambio, solía pasar muchas horas en
-aquel rincón y pescaba barbos y anguilas.
-
-Después de pasear por la huerta fueron al salón, en donde Alicia tocó
-el piano. Habían llegado el caballero de Larresore, el padre Dostabat y
-el joven Darralde Mauleón, a quienes presentó Miguel a Lacy.
-
-Madama Luxe y su hija, Larresore y el padre Dostabat se quedaron a
-cenar y fueron en la mesa diez personas.
-
-Se habló largo rato, y después de las diez se retiraron madama Luxe y
-su hija con Darralde Mauleón y el padre Dostabat.
-
---¿Usted se acuesta temprano, Lacy?--preguntó Miguel.
-
---No; porque me suelo dormir tarde.
-
---Entonces quédese usted. Charlaremos al lado del fuego.
-
-Quedaron, cerca de la chimenea, Miguel, Lacy, Darracq y el caballero de
-Larresore.
-
-Hicieron Miguel y el caballero varias preguntas acerca del propósito de
-los emigrados españoles, y en el curso de la conversación hablaron de
-las dos señoras del chalet de las Hiedras, a quien había visto Lacy por
-primera vez en la posada de la Veleta.
-
---Yo tengo mis dudas acerca de estas damas--dijo Miguel--. Sería
-desagradable que tuviéramos aquí dos intrigantes.
-
---¿Qué título llevan esas damas?--preguntó Lacy.
-
---La tía se hace llamar condesa de Vejer.
-
---¿Y de dónde es?
-
---Del mismo Vejer, que debe ser un pueblo de la provincia de Cádiz.
-
---Yo preguntaré en Bayona a algún gaditano--dijo Lacy.--¿Y qué vida
-hacen?
-
---Las dos son muy devotas; van todos los días a misa con un aire muy
-compungido. En su casa tienen muchas imágenes religiosas; pero nada de
-esto me convence. Hay en ellas algo sospechoso. Son unas españolas que
-no hablan nunca español. Luego, un criado de aquí de casa dice que un
-día las oyó discutir a tía y sobrina insultándose con palabrotas. Es un
-poco extraño.
-
---Sí, muy raro es. ¿Y ustedes no las conocían de antes?
-
---No.
-
---Estuvisteis bastante torpes en aceptarlas en la casa--indicó
-Larresore.
-
---Yo no estaba aquí--dijo Miguel--cuando mi madre les alquiló el chalet
-de las Hiedras. Si yo estoy, no les alquilo. Parece que traían una
-recomendación de Bayona. Al principio, mi madre parecía contenta; luego
-estuvo diciendo que las iba a echar, que debían ser dos intrigantes, y
-después de repente ha cambiado y no quiere oir hablar de despedirlas.
-Yo estoy convencido de que es mala gente. La vieja, la que se hace
-llamar condesa, tiene todo el aire de una cortesana, aduladora, con
-gran tendencia a la tercería; la joven es de mala índole.
-
---¿Y usted no ha preguntado a nadie quiénes son?--dijo Lacy.
-
---Sí; he preguntado a los amigos de Bayona, pero no las conocen.
-Algunos han oído hablar de ellas como de unas señoras españolas, y nada
-más.
-
---¿Tienen acento español?
-
---Ninguno. Pero eso no significa nada; usted tampoco tiene acento
-español.
-
---Es que yo me he educado en Bretaña, lo que no es corriente en un
-español. ¿Y tienen relaciones esas señoras?
-
---Aquí tienen las relaciones que han hecho por mediación de mi madre.
-Mi madre tiene fama de severa; las ha aceptado a las dos, y todos los
-conocidos las han aceptado también.
-
---¿Y qué vida hacen?
-
---Muy recogida. La condesa viene aquí algunas veces, y se muestra muy
-ceremoniosa y muy aduladora con mi madre. Su sobrina Simona dicen que
-es viuda; no sé. Conmigo comenzó a coquetear descaradamente, y supongo
-que ha tenido que ver algo con mi hermano.
-
---¿Y por qué viven en Francia?
-
---No sé. Esto me parece poco explicado; ellas dan a entender que por
-cuestiones políticas.
-
---¿Son liberales?
-
---No; por su conversación parecen lo contrario. ¿No hay un partido en
-España que se llama apostólico?
-
---Sí.
-
---Pues dan a entender que son de ese partido.
-
---Es posible. ¿Y suele venir alguien a verlas?
-
---Muy poca gente. Ahora, desde hace un mes o cosa así, viene con
-frecuencia un señor del pueblo, un tal Choribide, un cínico. Están
-tramando algo, no sé qué.
-
---¿Y ellas no salen de casa?
-
---Hasta hace poco, casi nada. Ahora, la sobrina va con frecuencia
-al Bazar de París, de dos muchachas del pueblo de una fama un tanto
-equívoca.
-
---¿Y viajan?
-
---Antes iban muy a menudo a Bayona y tenían mucha correspondencia;
-ahora van mucho menos.
-
---¿Y desde cuándo han dejado de ir?
-
---Desde Agosto.
-
---Es decir, desde la Revolución de Julio--dijo Lacy.
-
---Tiene usted razón. No me había fijado en esa coincidencia.
-
---El señor de Lacy haría un gran juez--dijo el caballero de Larresore.
-
---No, no--replicó Lacy--; como siempre ando entre políticos, tengo la
-costumbre de relacionarlo todo con la política, y esas señoras dan la
-impresión de que tienen algo que ver con la política.
-
---¡Cierto!--exclamó Miguel.--Es una idea que la llevaba dentro, pero
-de una manera oscura. Ahora me parece indudable. Cuando vaya usted a
-Bayona, pregunte usted a algún español por ellas. A ver si las conocen.
-
---Lo haré, no tenga usted cuidado.
-
-Después de la larga charla ya cerca de la una, se levantó Lacy y Miguel
-de Aristy le acompañó hasta su cuarto.
-
---No se preocupe usted de la hora del coche. Si no lo coge usted, yo le
-llevaré en el tilburí.
-
---No, no; preferiría que me llamaran para la hora de la diligencia.
-
---Bueno, se le llamará. Adiós, querido Lacy--le dijo Miguel
-estrechándole la mano.
-
---Adiós.
-
-Lacy se levantó por la mañana y salió a la carretera. El sol de un
-día de otoño comenzaba a dorar la tierra, cantaban los pájaros en las
-ramas, murmuraba el río en su cauce. La sierra de la serrería mecánica
-comenzaba a rezongar como un moscardón; el herrero martilleaba en
-el yunque; algunas mujeres pasaban en sus carruchos, y la panadera
-repartía el pan en las casas.
-
-Lacy contempló con simpatía este comienzo de la vida de la aldea. Al
-llegar la diligencia subió a ella, que marchó al trote de sus cuatro
-caballos camino de Bayona.
-
-Al día siguiente, al llegar Lacy a su fonda, por indicación del patrón,
-se dirigió a un italiano, empleado en la subprefectura, amigo de
-Iturri. A las primeras palabras el italiano sonrió maliciosamente.
-
---¿Por qué se sonríe usted?--preguntó Lacy.
-
---Esas dos mujeres que viven en Ustariz han sido hasta ahora de la
-Policía--contestó el italiano.
-
---¿De verdad?
-
---Y tan de verdad.
-
---¿Pero hay mujeres policías?
-
---Ya lo ve usted. No sólo hay misterios en los folletines y en los
-melodramas.
-
---¿Y éstas están reconocidas?
-
---Sí; están fichadas y se tienen que presentar todos los meses aquí. Se
-las conoce por la _fille_ Carolina y la _fille_ Simona.
-
---¿Y desde cuándo han dejado de ser de la Policía?
-
---Desde la Revolución de Julio.
-
---¿Y ahora qué hacen?
-
---Ahora creo que trabajan para el Gobierno español.
-
-Lacy inmediatamente escribió a Miguel Aristy lo que le habían dicho, y
-contó a sus amigos de la Junta lo que ocurría en Ustariz.
-
-
-
-
-II.
-
-LA POLICÍA
-
-
-VARIAS veces había corrido por Ustariz la noticia de que la condesa de
-Vejer y su sobrina eran dos espías.
-
-De dónde pudo nacer el rumor, no se sabía; pero no cabía duda de que
-había algún dato, algún indicio más o menos claro para tal suposición.
-
-Ya desde hacía tiempo se hablaba de mujeres que practicaban el
-espionaje en beneficio de los partidos.
-
-La Policía de la Restauración fué la que comenzó a emplear a las
-mujeres en sus maquinaciones y sus intrigas. El Gobierno de Carlos X
-veía peligros en todas partes.
-
-Por un fenómeno extraño, la Policía de Francia se había reclutado
-siempre entre los tránsfugas de los partidos vencidos. Así, el Poder
-tenía en la Policía su defensor y su enemigo.
-
-En plena Revolución, gran parte de los jefes de la Policía de París
-eran monárquicos. Sometidos en el período del Terror trabajaron con los
-thermidorianos en dominar la Revolución. Durante el Imperio la Policía
-francesa estaba formada por ex revolucionarios y dirigida por Fouché,
-que se impuso a Napoleón como luego se impuso a Luis XVIII amenazándole
-con su ejército de agentes ex terroristas y ex bonapartistas.
-
-En el Imperio, todas las autoridades civiles y militares eran
-policíacas. El ministro Fouché dió el tono a la política imperial;
-Napoleón tenía una policía particular, Fouché otra; al mismo tiempo el
-prefecto Dubois contaba con sus agentes especiales y Talleyrand con los
-suyos.
-
-Las delaciones eran constantes. Al hundirse el Imperio el mundo
-policíaco sobrevivió a la ruina y se pasó al servicio de los
-triunfadores. Los gobiernos de la Restauración comprendieron que debajo
-de las cenizas quedaba aún fuego revolucionario, y para descubrirlo los
-hombres de la policía inventaron algo más perfecto y canallesco que los
-delatores del Imperio: los agentes provocadores.
-
-Los agentes provocadores no se contentaban con traficar con las
-confidencias sorprendidas a las gentes de buena fe, o con las calumnias
-lanzadas contra los hombres proscritos por sus ideas liberales; los
-agentes provocadores urdían ellos mismos conspiraciones, excitaban a
-los locos, a los ilusos y los empujaban al cadalso o la prisión. Era
-llevar a la práctica la máxima jesuítica de que el fin justifica los
-medios. Así se hicieron la conspiración de Belfort y las algaradas de
-las calles de Saint Denis y de Saint Martín de París en 1827, en donde
-la tropa disparó contra la gente pacífica.
-
-La Policía del Gobierno reaccionario de París se correspondía con la de
-Madrid, la de Roma, la de Nápoles y la de Viena.
-
-Durante la Restauración, el partido clerical sirvió con su espionaje al
-Gobierno.
-
-Las iglesias, los conventos, las Asociaciones jesuíticas eran agencias
-de noticias y de informes, que iban de acá para allá y terminaban en
-Roma.
-
-Al acentuarse la política clerical con el Gobierno de Luis XVIII,
-sucedió al conde de Anglés como prefecto de Policía Mr. Guy Delavau,
-magistrado, hombre político que después fué del Consejo de Estado y
-que desapareció en la vida privada a raiz de la Revolución de Julio.
-
-Con la dirección de Delavau, la Policía dirigida por gentes de
-chanchullo como Freret, Vidocq y otros jefes, algunos salidos de
-presidio, comenzó el espionaje en las familias y en los talleres.
-
-Todo se hacía a fuerza de intrigas y de espías. Mucha gente se vengaba
-denunciando a la Policía a su amo, a quien odiaba, a un enemigo, o a un
-rival por amor.
-
-Cualquier procedimiento era bueno. En 1821 la Policía quiso saber el
-paradero del general Bertón. Se intentó corromper hijos, parientes,
-amigos. En vista de que no se obtenían resultados se echó mano de otro
-recurso. Se averiguó que la hermana del ayudante del general tenía una
-criada algo ligera de cascos, y se pidió un agente de policía joven y
-guapo y de buen aspecto, para que intentara tener relaciones íntimas
-con la criada y arrancarla a ella las noticias que se deseaban.
-
-En esta época de Mr. Delavau, la _fille_ Carolina y la _fille_ Simona,
-que se hacían llamar en Ustariz la condesa de Vejer y su sobrina,
-habían comenzado a practicar el espionaje. Era un momento en que las
-mujeres intervenían activamente en la Policía.
-
-Al mismo tiempo que al Gobierno francés las dos mujeres servían a los
-apostólicos de España, con quienes tenían relaciones.
-
-Al estallar la Revolución de Julio, los confidentes y espías del
-anterior Gobierno habían quedado la mayoría destituídos y vigilados.
-
-La Carolina y la Simona, metidas en su rincón de Ustariz, sabiendo que
-les convenía no mostrarse en público, hicieron durante algún tiempo una
-vida muy retirada en su chalet de las Hiedras.
-
-
-
-
-III.
-
-CAROLINA Y SIMONA
-
-
-MIGUEL Aristy, que había sabido por la carta de Lacy qué clase de
-mujeres eran las dos a quienes tenía su madre alquilado el chalet de
-las Hiedras, quiso cerciorarse y enterarse con mayores detalles y fué a
-Bayona. Se presentó en la fonda de Iturri a ver a Lacy, y éste le llevó
-al italiano empleado en la subprefectura.
-
-El italiano no conocía en detalles la vida de las dos damas que vivían
-en Ustariz; únicamente sabía lo que había dicho ya, e indicó que el
-jefe de la Policía de Bayona podría dar una información más completa.
-
-El jefe de la Policía de Bayona, el señor Fouquier, había llegado a la
-ciudad después de la Revolución de Julio y no estaba enterado de los
-hechos anteriores a la época de su cargo.
-
-El señor Fouquier le dió a Miguel un buen consejo.
-
---Vea usted a Masson--le dijo--que ha sido el jefe anterior a mí.
-Masson le cobrará a usted la consulta, pero le dará datos.
-
-El señor Masson vivía en una casita de campo a orillas del Adour,
-cultivando su huerta y sus frutales. Miguel Aristy lo encontró con una
-blusa azul larga y un sombrero de paja, podando frutales. Miguel Aristy
-le explicó un caso fingido, le dijo que un amigo suyo estaba enamorado
-de una tal Simona que vivía en Ustariz con una señora llamada Carolina,
-y que él desconfiando de ellas había tomado informes y que los informes
-eran malos.
-
-El señor Masson era un hombre de una cara reluciente y carnosa, de
-color cetrino, los ojos chiquitos y brillantes, el pelo rizado y la
-cara picada de viruelas. Había sido militar durante el Imperio y un
-explotador de su cargo de policía en tiempo de la Restauración.
-
-Masson escuchó las explicaciones de Aristy, y comenzó a reir con una
-risa sarcástica.
-
---¿De manera que la Carolina y la Simona hacen tan bien su papel de
-grandes damas que se las tiene por condesas auténticas? Ja... ja...
-ja... ¿Y hay un hidalguillo de Ustariz enamorado de una de ellas?...
-Ja... ja... ja... Es delicioso. Sí son buenas cómicas.
-
---¿De modo que son unas aventureras?--preguntó Miguel.
-
---¿Aventureras?... Dos prostitutas... Voy a ver sus fichas.
-
-Masson cogió un legajo y lo desató.
-
---Vamos a ver la Carolina--dijo--y leyó luego: Carolina Michu, ha
-nacido en París, de familia obrera. Se casó en 1805 con un oficinista
-que era alcohólico completo. Cansada de su casa se marchó de ella
-con un amigo del marido. Después tuvo varios amantes, militares y
-empleados, y ya vieja se enredó con uno de la policía y se fué a
-Madrid. Allí se relacionó con la antigua querida del ministro Macanaz
-que vendía empleos. Se dedicó a negocios ilícitos de toda clase e
-intrigó a favor del general Bessieres. A consecuencia de esto fué
-expulsada de España y vino a Bayona empleada en la policía francesa y a
-sueldo de Calomarde para espiar a los liberales españoles. La Carolina
-Michu se hace pasar por la condesa de Vejer, dice que su marido el
-conde, murió de oidor en el Perú. Carolina en Bayona es muy religiosa,
-va a todas las fiestas de iglesia y tiene una reunión a la que suelen
-ir el abate Miñano y otros tipos igualmente sospechosos.
-
---¡Buena pieza!--exclamó Aristy.
-
---Sí, recomendable para la dirección de un colegio de señoritas. Vamos
-a ver la otra. Aquí está: Simona Busquet ha nacido en Perpiñán. Hija
-de padre desconocido. A los diez y siete años tuvo un amante de buena
-posición y quedó embarazada. Simona se presentó a los padres del amante
-dándose de víctima, e hizo que le entregaran dinero para la educación
-del niño, y se fué a París. Aquí dejó el niño en la Maternidad y
-vivió hoy con uno y mañana con otro. Es mujer áspera, sensual y de
-mal carácter. Sus amantes le cansan en seguida, y ella cansa a sus
-amantes con su genio violento. Un viejo, rico comerciante de Burdeos,
-le instaló en una casa de los alrededores de la ciudad, pero ella harta
-de esta vida sacó dinero al viejo con amenazas y se fué a Madrid,
-donde conoció a la Carolina. Ha tenido relaciones íntimas con el señor
-Regato, que es ahora agente del Rey de España para hacer jugadas de
-Bolsa.
-
-Estos eran los antecedentes de aquellas dos mujeres que tenían fama en
-Ustariz de aristócratas y de piadosas.
-
-Miguel Aristy pagó la consulta al señor Masson y se fué pensando que su
-madre se haría cruces al saber la clase de gente que eran las damas del
-chalet de las Hiedras.
-
-Madama Aristy oyó la relación que le contó su hijo con marcado disgusto.
-
---¿Qué habrá que hacer?--preguntó ella.
-
---Tendremos que echarlas--dijo Miguel.
-
---Sí, pero es un escándalo y no conviene. ¡Si la gente se entera! Habrá
-que buscar una ocasión.
-
-Miguel notó que su madre se hallaba muy preocupada con este asunto.
-
-Una mañana que estaba Miguel pescando vió que Ichteben iba con una
-carta al Chalet de las Hiedras y que volvía al cabo de media hora a
-Gastizar con otra carta en la mano.
-
-Al entrar en el portal Aristy vió dos o tres pedacitos de papel rotos,
-sin duda de la carta de las damas del Chalet. Los cogió por curiosidad.
-En un trozo ponía: No se atreverá usted a echarnos... en el otro: la
-mujer de un regicida...
-
---¡Qué novela habrán inventado estas mujeres!--pensó Miguel.
-
-Pasaron unos días. Las damas del Chalet de las Hiedras no parecían
-dispuestas a marcharse.
-
---¿No se van esas mujeres?--preguntó Miguel a su madre.
-
---Me han pedido un plazo y habrá que esperar.
-
-
-
-
-IV.
-
-CHORIBIDE EN ACCIÓN
-
-
-UNA mañana poco antes de la hora de comer, el señor Gastón Choribide se
-presentó en el Chalet de las Hiedras. Llamó a la campanilla y al salir
-la criada le dijo:
-
---Señorita, quisiera saludar a la señora condesa de Vejer. Haga usted
-el favor de decirle que el caballero Gastón de Choribide pregunta por
-ella.
-
-La criada indicó a Choribide que subiese una escalera y le hizo pasar a
-un saloncito. Choribide aprovechó el momento para arreglarse la corbata
-y echarse una mirada en el espejo y permaneció inmóvil apoyado en el
-bastón y con el sombrero de copa en la mano en una actitud estudiada.
-
-Al cabo de unos minutos se abrió la puerta y apareció la condesa de
-Vejer.
-
---Señora--dijo Choribide juntando los pies para hacer la
-reverencia--perdone usted que sin tener el honor de conocerla tenga el
-atrevimiento de presentarme en su casa.
-
---Caballero--replicó la dama con aire altivo--usted dirá lo que le trae
-por aquí.
-
---Voy en seguida.
-
-La condesa de Vejer era una mujer alta, pintada, voluminosa, de ojos
-grandes y sombreados. Vestía de negro, con cierto aire de dama de
-teatro, llevaba los dedos llenos de sortijas y el pelo empolvado de
-blanco.
-
---Es un poco largo lo que tengo que decir--dijo Choribide.
-
---Está bien. Le escucho a usted.
-
---Usted me perdonará que me siente--y Choribide levantó los faldones de
-la casaca y se sentó en un sillón que tenía los brazos terminados en
-dos cabezas de pato doradas.
-
-La condesa se sentó en un canapé.
-
---Señora--dijo Choribide con el sombrero de copa en las rodillas--lo
-que tengo que decirle a usted es bastante reservado y no quisiera que
-nos interrumpieran.
-
---Cuántos preámbulos, caballero--exclamó la dama impacientada.
-
---Son necesarios, indispensables. Yo soy un hombre que no me ha gustado
-nunca mortificar a nadie. Mi viejo amigo Garat suele decir de mí:
-Quizás se pueda acusar a Choribide de tener una moral oscura y todavía
-inédita, pero nadie podrá dudar de su sensibilidad. Pues bien, señora
-condesa, para facilitar mis explicaciones le contaré a grandes rasgos
-mi vida.
-
---¿Es necesario, caballero?
-
---Es necesario hasta cierto punto. Yo, señora, de joven he sido una
-bala perdida. No he sido de esos hombres fríos, de esos moluscos sin
-sangre y sin nervios que pueden vivir en un rincón. Yo necesitaba
-dinero, necesitaba mujeres, un poco de lujo y de comodidad, y
-tomaba todo esto de donde podía; comprenderá usted que no con los
-procedimientos de los caballeros de la Tabla Redonda sino con los
-procedimientos de otros caballeros. Así que he sido jugador de ventaja,
-he estado asociado con gentes que hacían asignados falsos y he sido de
-la policía. Es lo más sucio que he sido en toda mi carrera. ¿Comprende
-usted señora condesa de Vejer por qué tiene algún interés que cuente mi
-vida?
-
---No, no lo comprendo--dijo con inquietud madama Carolina.
-
-Choribide hizo un gesto de resignación irónico, dejó el sombrero y el
-bastón en un velador y cruzó una pierna sobre otra con abandono.
-
---Ya que no lo comprende usted fácilmente, voy a contarle la historia
-de una tal Carolina y de una tal Simona según aparecen en los registros
-de la policía.
-
---¿Y usted pretende?...
-
---Yo no pretendo nada. Es la policía que pretende que la tal Carolina
-se hace pasar en Ustariz por la condesa de Vejer. Ahora señora--y
-Choribide se levantó con aire de joven y tomó su sombrero y su
-bastón--le voy a plantear la siguiente disyuntiva: ¿Conoce usted a la
-tal Carolina? Espere usted. No me conteste usted todavía. Si me dice
-usted: Sí la conozco, habrá entre nosotros paz y será usted para mí la
-condesa de Vejer. Si me dice usted no, habrá entre nosotros guerra y yo
-me retiraré al momento.
-
-La Carolina azorada por completo vaciló en decidirse.
-
---¿La conoce usted sí o no?--preguntó de nuevo Choribide con un acento
-sarcástico y duro.
-
---Sí la conozco--murmuró ella humildemente.
-
---Está bien, señora condesa. Tiene usted desde ahora en mí un servidor
-incondicional, un asociado. Conozco el país mejor que ustedes. Sé al
-dedillo la historia de las gentes. Mis conocimientos los pongo a la
-disposición de usted.
-
---¿Y qué pretende usted en cambio?
-
---Yo soy como he tenido el honor de decirle antes, señora condesa, un
-hombre de vida borrascosa. Al llegar aquí me casé con una mujer de
-algún capital. Dicen que había sido la querida de su tío el vicario. No
-sé, es cosa que no me preocupa. Mi mujer tiene un sobrino, el teniente
-Rontignon que es ex oficial de la Guardia Real. Rontignon es un hombre
-sin energía, un hombre de café, tonto y tímido a pesar de su jactancia;
-a mí en su estado actual me estorba y he pensado en casarlo con madama
-Luxe.
-
---Madama Luxe es una mujer riquísima--observó Carolina.
-
---Sí, es verdad. Mi sobrino no es rico, pero es joven, guapo, y lleva
-uniforme. Yo he pensado que usted que tiene buenas relaciones con el
-Gobierno español, podría conseguir para mi sobrino a cambio de los
-servicios que yo le prestaré, una condecoración, una gran cruz que en
-un realista como él vendrá muy bien.
-
---Sí, sí, se conseguirá. Escribiré a mi amigo el señor de Calomarde
-y no tendrá inconveniente en otorgarle una gran cruz. ¿Y a usted,
-Choribide, no le gustaría tener una condecoración?
-
---No, a mí no--dijo Choribide con una claridad irónica en sus ojillos
-grises--parecería lógico que yo que he sido un pillo sintiera la
-necesidad de tener algún prestigio social, pero no; soy un pillo
-filósofo.
-
---¡Qué bromista!
-
---No, no es broma, condesa. Lo que digo es el Evangelio.
-
---Y con la cruz ¿cree usted que su sobrino Rontignon convencerá a
-madama Luxe?
-
---Ya veremos.
-
---Hum ¡qué sé yo!
-
---La gran cruz es el adorno. Lo esencial es que Rontignon es joven,
-guapo y estúpido. ¿Qué más puede pedir una mujer?
-
---¡Qué opinión tiene usted de nuestro sexo!--dijo madama Carolina
-tomando un aire tierno y sentimental.
-
-Choribide sonrió.
-
---No es una opinión. Es una convicción--dijo.
-
---¿Tan mal le han tratado las mujeres?
-
---Ha habido de todo--contestó el pillo filósofo.
-
---¿Y sus datos, Choribide?
-
---Cuando los necesite usted. Usted me manda una nota o un aviso de que
-venga, lo que usted prefiera. Para algunas investigaciones quizás se
-necesite algún dinero.
-
---Lo hay. El señor de Calomarde me ha escrito que gastemos el dinero
-necesario sin miedo. El asunto es de transcendencia y es indispensable
-que de cualquier modo la expedición liberal tenga un fracaso ruidoso.
-
---Lo tendrá.
-
---Muy bien. Ahora le voy a presentar a mi sobrina.
-
-La condesa salió del salón seguida de Choribide, bajó hasta un cenador
-del huerto donde Simona estaba leyendo.
-
---Simona--dijo madama Carolina--el señor Choribide; un amigo y un
-aliado.
-
-Choribide hizo la reverencia echando un pie hacia atrás a la moda
-antigua, una reverencia digna de un pisaverde del Palais Royal del
-tiempo de madama Tallien, y después de unas cuantas galanterías se
-despidió de las dos aventureras besándoles la mano.
-
-Mientras cruzaba la huerta de la casa sus labios finos sonreían y en
-sus ojos había una claridad alegre y burlona.
-
-Al llegar a la puerta del jardín, Choribide echó una mirada a la
-torrecilla de Gastizar. El viento andaba revuelto, el viejo dragón
-cambiaba de rumbo a cada paso y rechinaba agriamente. Aquel malvado
-basilisco, aquella furia super-terrestre estaba en un momento de
-inquietud. Sin duda, tenía que anunciar catástrofes y calamidades sin
-cuento.
-
- _La Caleta, Noviembre, 1917._
-
-
- FIN DE LA VELETA DE GASTIZAR
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- Páginas.
-
- PRÓLOGO 9
-
-
- LIBRO PRIMERO
-
- LA FAMILIA DE ARISTY
-
- I. Los viajeros 17
-
- II. La posada de la Veleta 25
-
- III. Ustariz y su grande hombre 39
-
- IV. Gastizar y Chimista 49
-
- V. La tertulia de Gastizar 63
-
- VI. Don Valentín de Malpica 75
-
- VII. Retratos de familia 87
-
- VIII. Los parientes y los amigos de la casa 97
-
- IX. Choribide el versátil 111
-
- X. Un solitario 127
-
- XI. Los locos del pueblo 131
-
-
- LIBRO SEGUNDO
-
- LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830
-
- I. Dos amigos 139
-
- II. Estampa de Bayona en 1830 149
-
- III. Las amistades de Lacy 153
-
- IV. Los grupos hostiles 159
-
- V. Las estelas sentimentales 165
-
- VI. Los preparativos 169
-
- VII. Una carta de Tilly 175
-
- VIII. Los jefes 181
-
- IX. Gestiones de Lacy 191
-
-
- LIBRO TERCERO
-
- LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS
-
- I. Velada en Gastizar 205
-
- II. La policía 219
-
- III. Carolina y Simona 225
-
- IV. Choribide en acción 231
-
-
-
-
- * * * * * *
-
-
-
-
-Nota del Transcriptor:
-
-Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
-Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
-Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN: #8
-LA VELETA DE GASTIZAR***
-
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