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-The Project Gutenberg eBook, Memorias de un Hombre de Acción: #8 La Veleta
-de Gastizar, by Pío Baroja
-
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-
-
-
-Title: Memorias de un Hombre de Acción: #8 La Veleta de Gastizar
-
-
-Author: Pío Baroja
-
-
-
-Release Date: September 7, 2016 [eBook #53003]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-
-***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN:
-#8 LA VELETA DE GASTIZAR***
-
-
-E-text prepared by Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading
-Team (http://www.pgdp.net) from page images generously made available by
-Internet Archive/Canadian Libraries (https://archive.org/details/toronto)
-
-
-
-Note: Images of the original pages are available through
- Internet Archive/Canadian Libraries. See
- https://archive.org/details/laveletadegastiz00baro
-
-
-Nota del Transcriptor:
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las
- minúsculas) han sido sustituidas por letras mayúsculas
- de tamaño normal.
-
-
-
-
-
-MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
-
-LA VELETA DE GASTIZAR
-
-
- * * * * * *
-
- OBRAS PUBLICADAS
-
-
- PÍO BAROJA
-
- PARADOX, REY, 3,00 ptas. LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LA BUSCA,
- 3,50. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD, EGOLATRÍA, 3,50. EL
- ÁRBOL DE LA CIENCIA, 3,50. LA VELETA DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS
- DE 1830, 4,00.
-
-
- JULIO VALLÉS
-
- EL NIÑO (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas.
-
-
- ENRIQUE BARBUSSE
-
- EL FUEGO EN LAS TRINCHERAS, 4,00 ptas.
-
-
- CARLOS RIVET
-
- EL ÚLTIMO ROMANOF (historia del Tsar de Rusia y su corte), 3,50 ptas.
-
-
- JUAN GUALBERTO NESSI
-
- AVENTURAS DEL SUBMARINO ALEMÁN U..., 2,00 ptas.
-
-
- JULIÁN SOREL
-
- LOS HOMBRES DEL 98. UNAMUNO, 2,00 ptas.
-
-
- LORENZO GALLEGO CARRANZA
-
- LECCIONES DE TOPOGRAFÍA. Obra adaptada al nuevo programa de esta
- asignatura en la Academia de Infantería y aprobada como texto
- definitivo para la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00
- pesetas. Contiene 32 láminas en colores.
-
- * * * * * *
-
- OBRAS DE PÍO BAROJA
-
- VIDAS SOMBRÍAS (agotada). IDILIOS VASCOS (agotada). EL TABLADO DE
- ARLEQUÍN, 1,00 pta. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD,
- EGOLATRÍA, 3,50.
-
-
- LAS TRILOGÍAS
-
-
- TIERRA VASCA
-
- LA CASA DE AIZGORRI, 1,00 pta. EL MAYORAZGO DE LABRAZ, 3,00. ZALACAIN
- EL AVENTURERO, 1,00.
-
-
- LA VIDA FANTÁSTICA
-
- CAMINO DE PERFECCIÓN, 1,00. INVENTOS, AVENTURAS Y MIXTIFICACIONES DE
- SILVESTRE PARADOX, 1,00. PARADOX, REY, 3,00.
-
-
- LA RAZA
-
- LA DAMA ERRANTE, 3,00. LA CIUDAD DE LA NIEBLA, 3,00. EL ÁRBOL DE LA
- CIENCIA, 3,50.
-
-
- LA LUCHA POR LA VIDA
-
- LA BUSCA, 3,50. MALA HIERBA, 3,50. AURORA ROJA, 3,50.
-
-
- EL PASADO
-
- LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS, 3,00. LAS
- TRAGEDIAS GROTESCAS, 3,00
-
-
- LAS CIUDADES
-
- CÉSAR O NADA, 4,00. EL MUNDO ES ANSÍ, 3,50
-
-
- EL MAR
-
- LAS INQUIETUDES DE SHANTI ANDÍA, 3,50
-
-
- MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
-
- EL APRENDIZ DE CONSPIRADOR, 3,50. EL ESCUADRÓN DEL BRIGANTE, 3,50.
- LOS CAMINOS DEL MUNDO, 3,50. CON LA PLUMA Y CON EL SABLE, 3,50. LOS
- RECURSOS DE LA ASTUCIA, 3,50. LA RUTA DEL AVENTURERO, 3,50. LA VELETA
- DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS DE 1830, 4,00.
-
- * * * * * *
-
-
-MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
-
-LA VELETA DE GASTIZAR
-
-
-Copyright by Rafael Caro Raggio--1918.
-Es propiedad.
-Prohibida la reproducción._
-
-Imp. de ALREDEDOR DEL MUNDO, Martín de los Heros, 65.
-
-
-
-
-PÍO BAROJA
-
-MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN
-
-LA VELETA DE GASTIZAR
-
-Novela
-
-
-
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-Rafael Caro Raggio: Editor
-Calle de Ventura Rodríguez, 18
-1918
-
-
-
-
-PRÓLOGO
-
-
-ERA un dragón, una sierpe, una salamandra, un monstruo hórrido, difícil
-de clasificar, con una corona de tres picos en la cabeza y un dedo de
-su mano derecha en los labios como para imponer silencio. ¿A quién? No
-lo sabemos.
-
-Este dragón se hallaba encaramado sobre el mundo, una bola de hierro
-negra, sujeta en un vástago y tenía la humorada de señalar el Norte
-y el Sur, el Este y el Oeste, cosa no difícil de comprender si se
-añade que el grifo, basilisco o dragón, formaba parte de un pequeño y
-simpático artefacto que llamamos veleta.
-
-Esta veleta coronaba la torre de la casa solariega de un pueblo
-labortano.
-
-Era un monstruo rabioso, aquel monstruo indefinido que dominaba su
-mundo, un monstruo rechinador, malhumorado, que giraba desde hacía
-muchos años, no se sabía cuantos, en la vieja torre de Ustariz que
-tenía Gastizar por nombre.
-
-Sus garras amenazaban alternativamente a los cuatro puntos cardinales,
-de su boca salían llamas que por arte mágico se convertían en una
-flecha, sus orejas estaban atentas a todo cuanto se hablaba y se
-murmuraba en el pueblo.
-
-Para neutralizar la perversidad y la iracundia de aquella furia
-super-terrestre, para dulcificar su pérfida malicia, el artífice que
-le dió forma mortal le fijó para siempre en la cola el anagrama de
-Jesús-Cristo: J. H. S.
-
-Así este dragón tosco y quimérico representaba el dualismo de las cosas
-humanas y divinas: por la cabeza al diablo y por la cola a Dios; por
-delante la ciencia, el materialismo, la duda; por detrás el misticismo,
-y la piedad; por un lado todo malicia, ironía y desprecio para los
-mortales por el otro todo benevolencia y resignación cristiana.
-
-En aquella peligrosa altura, en aquella posición incómodamente ambigua,
-Ormuz y Ariman en una misma pieza, tenía que girar a todas horas el
-pobre y lastimero dragón de Gastizar. No era extraño que su genio se
-hubiese agriado y que rechinase con tanta frecuencia.
-
-La soledad le había hecho melancólico. Las alturas aislan. Aquel viejo
-basilisco no tenía amigos; únicamente una lechuza parda se posaba en el
-remate de la veleta y solía estar largo tiempo contemplando desde allí
-arriba el pueblo.
-
-¿El dragón roñoso y la lechuza de plumas suaves y de ojos redondos
-se entendían? ¿Quién podía saberlo? ¿Venía ella--el pájaro sabio del
-crepúsculo--a recibir órdenes de aquel basilisco chirriante e infernal
-agobiado por su apéndice cristiano? ¿O era el basilisco el que recibía
-las órdenes de la lechuza?
-
-Si alguien traía órdenes era indudablemente la lechuza. ¿De donde? Lo
-ignoramos.
-
-El viejo dragón velaba sobre el pueblo. El dirigía los fantasmas de
-la noche, él hacía avanzar las nubes obscuras que pasaban delante de
-la Luna, él irritaba y calmaba los ábregos y los aquilones con sus
-movimientos bruscos y sus chirridos agudos.
-
-En los días de tempestad mientras el vendaval soplaba con fuerza, el
-dragón mugía y chillaba escandalosamente; en las tormentas, a la luz
-de los relámpagos, se presentaba terrible e iracundo, en cambio en los
-días de sol, cuando la claridad dorada se esparcía por las colinas
-verdes del Labourt, ¡qué humilde! ¡qué domesticado! ¡Qué buenazo
-aparecía el dragón de Gastizar vencido por el anagrama cristiano de su
-cola!
-
-Aun en estos días tranquilos miraba con cierta sorna a la gente que,
-sin duda, desde su altura le parecía pequeña, a veces se volvía
-despacio como para dirigir al espectador una cortesía amable, a veces
-le daba la espalda con un marcado desprecio.
-
-A pesar de su maldad, de su energía y de su furia, el dragón de
-Gastizar desde hacía algunos años se movía con dificultad para dar sus
-órdenes.
-
-¿Era que su aditamento cristiano le iba dominando y adormeciendo?
-
-¿Era que sus articulaciones se entorpecían con el reumatismo y la gota?
-
-¿Era solamente la edad?
-
-Fuese lo que fuese era lo cierto que durante largas temporadas el
-dragón quedaba inmóvil, sin poder inclinarse ni a la derecha ni a la
-izquierda, furioso, amenazando con un ademán de cómica impotencia al
-universo.
-
-A veces una ráfaga de aire le infundía un momento de vida y sus garras
-se agitaban estremecidas en el aire y su lengua de llamas vibraba con
-saña, pero al poco tiempo volvía a su inmovilidad con el aspecto triste
-de un paralítico.
-
-Alguien, probablemente algún burlón había echado a volar la especie
-de que la anquilosis de la veleta coincidía con la tranquilidad de la
-villa y en cambio sus movimientos bruscos con los conflictos, con las
-guerras, con las pestes, con las revoluciones...
-
-
-
-
-LIBRO PRIMERO
-
-LA FAMILIA DE ARISTY
-
-
-
-
-I.
-
-LOS VIAJEROS
-
-
-HABÍAN salido los tres viajeros de Bayona, a caballo, por la puerta de
-Mousserolles, una tarde de otoño. Uno de los jinetes, ya viejo, con el
-pelo gris, tenía un aplomo al caer en la silla, propio de un militar;
-el otro, un joven rubio, montaba como el que ha tomado lecciones de
-equitación en un picadero, y el último, un muchacho moreno y de ojos
-negros brillantes, apenas sabía más que sostenerse sin caer sobre su
-cabalgadura. Afortunadamente para él llevaba una yegua blanca vieja y
-pacífica que a duras penas salía del paso.
-
-Los tres jinetes eran españoles. Tomaron poco después de salir de
-Bayona por la carretera que corre al lado del río Nive y fueron
-charlando.
-
-El tiempo estaba hermoso, la tarde tranquila y apacible; las hojas iban
-amarilleando en los árboles de ambos lados del camino y el follaje de
-los robledales en la falda de los montes comenzaba a enrojecer.
-
-Había nubarrones en el cielo en la dirección de la costa.
-
-Al pasar los jinetes por delante de Villefranque les sorprendió una
-turbonada; las nubes comenzaron a invadir rápidamente el cielo y lo
-encapotaron en poco tiempo; unos minutos después gruesas gotas redondas
-como monedas cayeron en la carretera.
-
-El chaparrón fué arreciando y los jinetes tuvieron que picar la espuela
-a sus caballos, cosa un tanto comprometida para el joven moreno de los
-ojos brillantes, a quien se vió inclinarse a derecha e izquierda como
-un saco mal atado, a los movimientos del trote brusco de su yegua.
-
-Llegaron los viajeros en el instante en que más arreciaba la lluvia a
-las proximidades de Ustariz, y se detuvieron enfrente de una gran cruz
-pintada de rojo con los instrumentos de suplicio.
-
---¿Qué hacemos?--preguntó el viejo.--¿Estamos ya en el pueblo?
-
---Ahí se ve la iglesia--advirtió el joven rubio.
-
-Efectivamente, por encima de un grupo de árboles se destacaba el
-campanario de la iglesia en medio de la bruma.
-
---El pueblo creo que está desparramado por el valle--indicó el muchacho
-moreno;--voy a preguntar en una de estas casas por la posada.
-
---Yo voy contigo--dijo el joven rubio y bajó del caballo.
-
-El moreno hizo lo mismo, y los dos llevando los caballos de las riendas
-pasaron un portillo y se acercaron a una casa que se veía a unos
-doscientos pasos de la carretera.
-
-El muchacho moreno dió las riendas a su compañero y entró en el
-caserío. Un campesino viejo y flaco que fumaba una pipa de barro se le
-acercó.
-
---¿Esto es Ustariz?--le preguntó en vascuence el muchacho moreno.
-
---Sí, señor.
-
---¿Está lejos una casa que se llama Chimista?
-
---Sí, bastante lejos.
-
---¿Y la posada está también lejos?
-
---No, ahí cerca. Sigan ustedes por el camino, pasen ustedes la iglesia
-y pregunten por la Veleta.
-
-El campesino salió al portal de la casa a indicar el sitio aproximado
-en donde estaba la posada.
-
-Los dos jóvenes volvieron a salir a la carretera y se unieron con el
-viejo compañero. Pasaron por delante de la iglesia y se detuvieron al
-par de una casa que tenía una muestra recién pintada con la bandera
-tricolor, en donde podía leerse:
-
- A LA VELETA DE USTARIZ
-
- CAFÉ. POSADA
-
-El jinete viejo saltó de la silla rápidamente, le siguieron los dos
-jóvenes y entraron todos en el gran zaguán de la posada. Había allí un
-tilburí y dentro un señor esperando el paso de la tormenta.
-
---¿Qué hacemos?--preguntó el viejo español.
-
---Nos quedaremos aquí--contestó el muchacho moreno.
-
---Sí, si no van ustedes a ponerse perdidos--advirtió el posadero que se
-presentó para llevar los caballos a la cuadra.
-
---Yo me voy--dijo el caballero del tilburí al posadero,--porque hay
-lluvia para rato;--y saliendo del portal a la carretera hizo tomar el
-trote largo a su caballo.
-
-El viejo y los dos jóvenes españoles quedaron en el zaguán. Al volver
-el posadero el viejo español le preguntó:
-
---¿Hay mucho de aquí a un caserío que se llama Chimista?
-
---Más de una hora.
-
---¿Buen camino?
-
---No muy malo. Ahora no pueden ustedes ir. Suban ustedes.
-
-Los viajeros subieron hasta una sala del piso principal, donde se
-sentaron.
-
---¿Quieren ustedes algo?--preguntó el posadero.
-
---Tomaremos sidra--dijo el muchacho moreno.
-
---¿Van ustedes a cenar?
-
---Si escampa seguiremos la marcha--advirtió el viejo.
-
---Ya me parece que no escampa--replicó el joven rubio.
-
---Entonces lo dejaremos para mañana.
-
---Y yo mandaré hacer la cena--dijo el posadero.
-
---Bueno.
-
-Los viajeros se sentaron a la mesa y esperaron a que el posadero
-viniera con unos vasos y dos botellas. Era el posadero hombre de
-treinta a cuarenta años, corpulento, de cara redonda y expresión
-tranquila y burlona. Vestía grandes botas con polainas, pantalones
-anchos de pana azul, faja encarnada, blusa negra adornada con bordados
-y boina muy grande.
-
-Estando sirviendo la sidra le llamó la muchacha y el posadero salió de
-prisa del cuarto.
-
-Poco después se oyó que hablaba con unas señoras.
-
-Los dos españoles jóvenes salieron, movidos por la curiosidad, a la
-puerta de la sala y vieron en el pasillo a una señora ya de edad, con
-el pelo blanco, y a otra de unos treinta años, las dos muy elegantes.
-A juzgar por sus palabras habían entrado en la posada huyendo de la
-lluvia, y el posadero iba a mandar inmediatamente a la criada a casa
-de estas damas por dos paraguas. Las señoras fueron a descansar al
-comedor, que estaba en el extremo opuesto del pasillo adonde daba la
-sala en que se encontraban los españoles.
-
-La muchacha volvió pronto con los paraguas y las señoras se dispusieron
-a salir.
-
-El joven moreno, como si tuviera algo que hacer, salió de la sala y se
-cruzó con ellas. La más joven le echó una mirada viva y sonrió.
-
-Al volver el posadero a la sala el muchacho le preguntó:
-
---¿Éstas señoras son de aquí?
-
---No; son españolas como ustedes.
-
---¡Españolas! ¿Cómo se llaman?
-
---Son la condesa de Vejer y su hija.
-
---¿Y viven aquí?
-
---Sí; viven en el chalet de las Hiedras, que les alquila madama de
-Aristy, la dueña de la casa de Gastizar. Madama de Aristy es la madre
-de este caballero que estaba antes en el portal con un tilburí.
-
-El joven se asomó a la ventana y vió alejarse por la carretera a las
-dos damas.
-
-
-
-
-II.
-
-LA POSADA DE LA VELETA
-
-
-DOS establecimientos de Ustariz rivalizaban en la obra de misericordia
-de dar posada al peregrino: uno la Veleta, el otro el Caballo Blanco.
-
-Los dos representaban épocas distintas y enemigas; los dos simbolizaban
-un régimen político y social diferente: la Veleta de Ustariz era la
-posada de la monarquía de Julio; el Caballo Blanco había sido la de la
-Restauración Borbónica. Las posadas del Imperio y las anteriores no
-habían llegado en el pueblo al alto honor de tener nombre y enseña.
-
-El Caballo Blanco había sido el primero que disfrutó estas mercedes en
-Ustariz. El Caballo Blanco, como casi todas las posadas y tabernas de
-Francia que tenían este nombre, intentó transformarse después de la
-Revolución de 1830 en la posada del Héroe de ambos mundos en honor del
-general Lafayette; pero esta transformación la llevó a cabo el posadero
-de Ustariz con tan poca fe y tan poca pintura, que el letrero antiguo
-se transparentaba por debajo del nuevo.
-
-En los pueblos en donde el entusiasmo republicano era grande, y en
-vista de que Lafayette parecía aburguesarse y consideraba a Luis
-Felipe como la mejor de las Repúblicas, los Caballos Blancos tuvieron
-una segunda transformación y quedaron convertidos en los Caballos
-Tricolores. Para que los Caballos Blancos se convirtieran en Tricolores
-se añadía a los hipógrifos pintados en la muestra una escarapela o una
-bandera francesa.
-
-El Caballo Blanco de Ustariz no era un caballo de pura sangre ni un
-caballo revolucionario; le faltó la energía para esta nueva carrera; no
-pudo transmigrar a su tercer avatar y se quedó durante algún tiempo en
-un Caballo Blanco vergonzante, hasta que, hostigado y mareado por su
-enemiga la Veleta, desapareció años después yendo probablemente a parar
-su muestra al cielo de los caballos pintados y de los demás animales
-fabulosos y reales de las enseñas de las tabernas.
-
-La Veleta de Ustariz rivalizó durante mucho tiempo con el Caballo
-Blanco y acabó por vencerlo; fué para el Caballo Blanco lo que Luis
-Felipe para la rama mayor de los Borbones.
-
-En esta época de 1830 la Veleta no había conseguido aún su triunfo
-definitivo; no había conseguido que la diligencia se detuviera delante
-de su puerta, y por una tradición que a Esteban Irisarri, el posadero
-de la Veleta, le parecía irritante el coche correo seguía hasta el
-Caballo Blanco.
-
-Había entonces en el pueblo dos servicios de coches públicos; la
-diligencia que se llamaba La Bayonesa y el Cuco, que tenía por nombre
-La Nivelle. La Bayonesa con sus carteras del correo paraba en el
-Caballo Blanco y el Cuco en la Veleta.
-
-La Veleta de Ustariz se hallaba establecida en la carretera, en una
-casa grande de dos pisos, oculta en el verano, por la parte de atrás,
-por una parra.
-
-Esta posada tenía en el piso bajo una tienda, mitad café y mitad
-taberna, con las paredes recién pintadas de color de sangre de toro muy
-brillantes.
-
-En una esquina, el dueño había mandado poner un banderín de madera con
-los tres colores nacionales y en medio el letrero: A la Veleta de
-Ustariz.
-
-En la planta baja había café, taberna, la bodega, la cuadra y una
-cocina espaciosa con chimenea de gran campana, dos mesas largas con
-bancos y el techo lleno de jamones y chorizos colgados y de quesos
-puestos sobre estantes de madera.
-
-Desde el zaguán, enlosado con grandes piedras, partía una escalera de
-castaño carcomida y recompuesta hasta el rellano del primer piso.
-
-De aquí se pasaba, por una puerta de cristales, a un corredor algo
-oscuro que tenía alcobas a un lado y a otro. En uno de los extremos del
-pasillo, hacia la carretera, estaba la sala, y en el otro lado, hacia
-la huerta, el comedor.
-
-En la sala, tapizada con un papel verde aceituna, casi siempre con las
-ventanas entornadas, se veían algunos muebles descabalados de estilo
-Imperio, un espejo sin brillo y lleno de puntitos blancos y varias
-litografías de colores detonantes con las hazañas de Mazzepa y del
-príncipe Poniatowski.
-
-Este salón de la Veleta de Ustariz pasaba en el pueblo por un salón
-elegante y confortable, digno de un hotel de Bayona.
-
-Hacia el lado de la huerta el comedor de la posada daba a un balcón,
-en verano siempre en sombra por el follaje de una parra que hacia de
-cortina verde y tupida.
-
-El comedor tenía un papel nuevo que Esteban Irisarri, el posadero
-de la Veleta, consideraba uno de los mayores atractivos de la casa.
-Representaba la catarata del Niágara, al natural, como decía él. Cerca
-de la catarata paseaban caballeros elegantes en briosos corceles, y
-señoras reclinadas en fastuosos landós con lacayos negros y perros de
-aguas.
-
-Rompiendo una parte de la catarata había un ventanillo que comunicaba
-con un cuarto por el que se bajaba a la cocina, y por este ventanillo
-la mujer de Esteban, la Juana Mari, sacaba la comida para que la
-sirviera la criada. En el centro del comedor había una mesa ovalada
-donde podían sentarse quince o veinte personas. En este comedor de la
-Veleta de Ustariz se servía únicamente a los forasteros distinguidos
-por un módico sobreprecio. La gente del pueblo y los campesinos iban
-siempre a comer a la cocina.
-
-Esteban Irisarri, el dueño de la Veleta, era hombre reformador y
-progresivo. Había sido sargento de Artillería y se había casado con
-la hija de un tratante de lana de Ustariz. Por entonces regentaba la
-posada y seguía con los negocios de lana.
-
-Los tres viajeros que acababan de entrar en la Veleta de Ustariz eran
-constitucionales españoles; el viejo con aire de militar se llamaba
-don Juan López Campillo, había sido guerrillero en la guerra de la
-Independencia y estaba emigrado desde 1823; de los jóvenes, el rubio
-con aspecto enfermizo era Eusebio Lacy, hijo del general Lacy, fusilado
-en Bellver, y el moreno, un muchacho navarro ex seminarista llamado
-Manuel Ochoa.
-
-Campillo había interrogado a Esteban el posadero en un mal francés
-pidiéndole informes acerca de las familias de aquel pueblo, y sobre
-todo del militar español que vivía en la casa llamada Chimista.
-
-El posadero había soslayado la cuestión con el maquiavelismo espontáneo
-de un vasco; pero al dirigirle claramente la pregunta no tuvo más
-remedio que hablar.
-
---No tenga usted cuidado, hombre--le dijo Ochoa, el joven de los ojos
-negros, en vascuence--, no somos de la Policía; todo lo contrario.
-
-Esteban el posadero valoró aquel _todo lo contrario_ con una sonrisa
-significativa, y dió los datos que sabía acerca del viejo militar por
-quien le interrogaban. Después invitó a los huéspedes a pasar al
-comedor.
-
-Precediéndolos fué por el pasillo, encendió la lámpara, y aunque no
-estaba del todo oscuro cerró las maderas del balcón. Los tres españoles
-se sentaron alrededor de la mesa.
-
---Se ha colocado usted en medio de la catarata del Niágara, mi
-coronel--dijo Ochoa a Campillo señalando el papel del comedor--. Se va
-usted a mojar.
-
---Sí--dijo el viejo sonriendo--. En cambio usted ha buscado buen sitio
-en ese bosquecillo.
-
---Lacy se nos ha ido con las damas--indicó Ochoa mostrando un grupo de
-damiselas pintado en el papel--. Este siempre tan galante.
-
-El posadero explicó dónde había comprado aquel papel, que era una de
-las grandes atracciones de la casa, y como tenía que ocuparse de sus
-menesteres posaderiles, dijo:
-
---Si no desean ustedes otra cosa, me marcho. Si tienen que llamar, den
-ustedes una patada en el suelo. Así.
-
---Está bien--indicó Ochoa--; conocemos el procedimiento.
-
-Lacy había abierto las maderas del balcón del comedor que daba a la
-galería de la parra.
-
-El tiempo estaba desecho. El cielo violáceo se deshacía a torrentes
-y la lluvia caía en rayas negras y oblicuas. Un canalón del tejado
-vomitaba agua, formando un gran chorro en arco que iba a caer sobre
-unas coles.
-
---Cierra, que viene viento--exclamó Ochoa.
-
---Me gusta ver el temporal--dijo Lacy, y saliendo del comedor y
-recorriendo el pasillo bajó al zaguán y se asomó a la puerta.
-
-La tarde estaba tibia; el aire, blando.
-
-Un olor de raíces y de tierra húmeda venía del suelo. A veces había
-ráfagas de viento huracanado. El follaje amarillo y rojizo de los
-árboles se desprendía dejando las ramas desnudas; algunas hojas grandes
-al volar por el aire parecían murciélagos de vuelo tortuoso o nubes de
-mariposas que al agitarse daban el vértigo.
-
-La hojarasca seca del camino corría de aquí para allí como en un sábado
-de brujas, galopando en frenéticos escuadrones, volando por encima de
-las copas de los árboles, aplastándose sobre los troncos y quedando
-inmóviles en los charcos.
-
---Dejan la vida en la inmovilidad para irse a la libertad y a la
-muerte--se dijo Lacy a sí mismo--. Así hacemos nosotros los hombres;
-unos para caer en el fango como ellas, otros para quedar olvidados en
-la cuneta del camino.
-
-Largo tiempo estuvo el joven Lacy embebido en pensamientos
-melancólicos, mirando las nubes que marchaban rápidamente por el cielo.
-En esto la muchacha de la posada se acercó al joven absorto, y le dijo
-que iba a subir la cena.
-
-Volvió Lacy al comedor y se sentó a la mesa.
-
-Esteban el posadero, de pie, apoyado en el respaldo de una silla,
-amenizó la velada hablando.
-
-Se había internado de lleno en una de las narraciones que a él le
-parecían más interesantes; la lucha de la Veleta de Ustariz con el
-Caballo Blanco.
-
-Preguntó Ochoa, mientras mondaba el hueso de una chuleta, por qué le
-había dado este nombre a su establecimiento, y el posadero charló por
-los codos.
-
-Se trataba, según dijo, de una veleta vieja que había en Gastizar,
-una de las mejores casas de Ustariz, propiedad de los señores de
-Aristy. Gastizar era una de las curiosidades de la villa y competía
-con Urdains, la finca del convencional Garat, el hombre ilustre del
-pueblo que todavía vivía en otoño de 1830, época en que comienza esta
-historia.
-
-Al decir de Esteban el pasadero, la villa entera había dado en decir
-que la veleta de Gastizar era una veleta misteriosa y simbólica, que
-anunciaba o por lo menos coincidía con los grandes trastornos políticos
-y con las convulsiones que agitaban el país.
-
-Esta veleta de la torrecilla de Gastizar se hallaba desde hacía
-tiempo mohosa y no giraba con el viento; sin embargo, cuando los
-acontecimientos políticos eran grandes, sin duda la fuerza de la
-historia le hacía girar, quieras que no.
-
-Así, la veleta de Gastizar se había movido en la época del Terror,
-después de las matanzas de Septiembre, cuando Domingo Garat fué
-designado por Danton para ministro de Justicia; también se había movido
-el día del suplicio de los Girondinos, día en que el mismo Garat era
-ministro del Interior; luego la veleta misteriosa cambió de rumbo el
-18 de Brumario, y volvió a cambiar cuando las tropas de Wellington
-pasaron por Ustariz y el lord Duque se alojó en casa de Garat. Las dos
-últimas agitaciones de la veleta habían coincidido con Waterloo y con
-la restauración Borbónica.
-
-La revolución de Julio no había conseguido conmover la veleta de
-Gastizar, quizás no consideraba a Luis Felipe y a sus ministros de
-bastante importancia, quizás los vientos del verano no habían sido lo
-suficientemente fuertes para sacarla de su inercia.
-
-La Veleta de Gastizar dependía de la política francesa, que a su vez en
-Ustariz dependía de Garat.
-
-Garat, la veleta y la Revolución eran la trinidad política de Ustariz.
-
-Esteban el posadero, como hombre partidario de las reformas, había
-tenido la idea feliz de bautizar su posada con el nombre de la Veleta,
-dando a entender que el establecimiento y su amo patrocinaban los más
-atrevidos cambios y las más radicales modificaciones sociales.
-
-Muchos aseguraban, según dijo Esteban el posadero, que no había
-de tardar la veleta en moverse. No era la revolución de Julio un
-acontecimiento tan insignificante para que una veleta, por muy alta que
-estuviera, lo despreciara.
-
-Esteban al explicar la cuestión con detalles se reía; pero estaba
-inclinado a creer que algún misterio existía en la veleta de Gastizar,
-aunque no fuera más que para amenizar la vida, algo insípida, del
-pueblo.
-
-Mientras Esteban charlaba animadamente, los viajeros cenaban y la
-muchacha de la posada iba y venía mirando al joven Lacy con el rabillo
-del ojo.
-
-Después de la cena Esteban se retiró y los viajeros se enfrascaron en
-una larga conversación política.
-
-Estaban los tres metidos en la gran aventura que los constitucionales
-españoles iban a emprender por aquellos días. Campillo era amigo del
-coronel Valdés, y pensaba acompañarle; Ochoa se decía partidario
-de Mina, y el joven Lacy se hallaba dispuesto a seguir a cualquier
-caudillo que marchase adelante, a la victoria o a la muerte.
-
-Después de una larga conversación en la que se discutieron ideas y
-personas, Campillo dijo:
-
---Bueno, vamos a la cama, que mañana tendremos que levantarnos temprano.
-
-Ochoa llamó con el procedimiento de la patada en el suelo, y se
-presentó Esteban, que condujo a cada uno a su cuarto.
-
---Me parece que la veleta de Gastizar esta noche se va a mover--dijo el
-posadero frotándose las manos.
-
-Lacy entró en su cuarto, dejó la palmatoria en la mesilla de noche y se
-sentó en una vieja butaca. La alcoba tenía en el techo grandes vigas
-pintadas de azul. En medio estaba la cama de madera, grande, ancha,
-con cuatro o cinco colchones y del techo colgaban cortinas pesadas que
-la envolvían. Más que una cama, aquello parecía un altar.
-
-Sobre una cómoda, brillante y ventruda, se veía en un fanal un
-ramillete hecho con conchas. Lacy estuvo un momento pensativo; luego se
-acercó a la ventana. Se había levantado un viento terrible, huracanado.
-
-Las ráfagas de aire daban alaridos, mugidos, silbidos; zarandeaban los
-árboles, cuyo follaje seco se estremecía y producían un rumor como el
-del mar en un robledal lejano. Algunas ramas golpeaban el cristal de la
-ventana como si fueran manos que llamaran.
-
-Los relámpagos aclaraban el campo con su luz cárdena y resonaban los
-truenos largos en todas las concavidades del valle. Un momento la
-lluvia se convirtió en granizo y quedó todo el campo cubierto de perlas
-brillantes. Caía el granizo con un repiqueteo como el de un tambor.
-Lacy, después de un largo rato de contemplación, se desnudó, apagó la
-luz y se metió en la cama...
-
-En las primeras horas de la noche la violencia del viento aumentó;
-después comenzó a caer una lluvia mansa, tranquila; cesó el viento y
-no se oyó en el silencio del campo más que el ladrido lastimero de un
-perro...
-
-Al levantarse los viajeros albergados aquella noche en la Veleta de
-Ustariz, el sol brillaba en el cielo y el campo tenía un aspecto
-plácido e idílico.
-
---Saben ustedes--les dijo Esteban el posadero al saludar a sus
-huéspedes.
-
---¿Qué hay?
-
---La veleta de Gastizar se ha movido esta noche. Vamos a tener
-acontecimientos.
-
-
-
-
-III.
-
-USTARIZ Y SU GRANDE HOMBRE
-
-
-USTARIZ es una aldea vasco-francesa que está a dos leguas o dos leguas
-y media de Bayona en la orilla izquierda del Nive. Es uno de esos
-pueblos cuyo caserío esparcido por el campo y agrupado en barrios tiene
-una gran extensión.
-
-Los barrios de Ustariz, muy lejanos unos de otros, llevan los nombres
-de Arrauntz, Eroritz, Erribere y Purgonia. De estos grupos de casas,
-el de Erribere, el pueblo bajo, núcleo principal de la villa, conservó
-hasta la Revolución ciertas prerrogativas.
-
-Entre dos de estas barriadas, que ofrecen a las miradas del viajero
-casas muy típicas de aire vasco, está la iglesia moderna y sin carácter.
-
-Ustariz se encuentra rodeado de robledales. Según algunos sabios del
-lugar, su nombre significa en vasco círculo de robles.
-
-Ustariz es pueblo de horizonte despejado y de hermosas vistas. Desde
-los altos se divisa al Sur, el monte Larrun, a la derecha, y el pico de
-Mondarrain a la izquierda; hacia el Norte se extiende la gran llanura
-francesa hasta que se pierde de vista. Las cercanías de Ustariz son
-frondosas; colinas verdes con prados y bosques.
-
-Ustariz forma parte de la antigua comarca vasca llamada Labourt. Toda
-la tierra que lleva este nombre es poética soñolienta, soleada. El río
-Nive la cruza de un extremo a otro.
-
-El Nive es un río de rápida corriente, con cascadas y presas que mueven
-los molinos en la parte alta, y muy lento en su parte baja.
-
-Mientras cruza la comarca de Suberoa es un río claro, alegre, saltarín,
-lleno de espumas; un riachuelo vasco, pequeño y alborotador, que corre
-por entre desfiladeros y gargantas poblados de hayas y de robles.
-
-En su parte baja al entrar en el Labourt, sobre todo después de
-Ustariz, el Nive es profundo, oscuro, verde; espejo inmóvil donde se
-reflejan los árboles de las orillas y por donde se deslizan las barcas
-planas que en el país llaman _chalantas_.
-
-Todo el estrépito de este río cuando es niño y navarro, se convierte
-en silencio y modestia al hacerse labortano y adulto. Entonces se
-esconde como avergonzado entre las colinas pobladas de árboles, pasa
-sin ruido y sin espumas por debajo de los puentes y marcha a reunirse
-con repugnancia en Bayona con el Adour, que es un río lento y turbio
-que viene de pueblos de lengua de oc, pueblos encalados y rodeados de
-tierras blancas y arenosas.
-
-Ustariz era antiguamente la capital administrativa del Labourt y
-celebraba una asamblea todos los años casi tan famosa en el país vasco
-como la de Guernica. Esta asamblea, el _Bilzaar_ donde se reunían
-los viejos labortanos para resolver los asuntos de la comarca, se
-congregaba en el bosque de Haitzea sobre una eminencia poblada de
-robles a la que se llamaba Capitolo-erri (lugar del Capitolio).
-
-En 1830 Ustariz estaba en decadencia; muchas de sus casas se hallaban
-en ruinas; su pequeña industria no progresaba. Ya no se celebraba el
-_Bilzaar_ como en los buenos tiempos; ya los sabios del país no acudían
-al bosque de Haitzea.
-
-Ustariz había perdido su capitalidad administrativa, y las tres
-comarcas vasco-francesas: el Labourt, Soule y Suberoa no formaban un
-departamento como habían pedido los Garat y otros regionalistas del
-país al Gobierno revolucionario.
-
-Los vascos de Francia entraban en el mismo montón que los bearneses
-y gascones, cosa que desagradaba profundamente a Garat el menor,
-vascófilo impenitente, a pesar de llamarse así mismo ciudadano del
-mundo.
-
-Muchos de estos regionalistas vasco-franceses hubieran querido llegar
-a una aproximación con los españoles y formar una confederación vasca
-para defenderse de la presión niveladora de París y conservar el
-espíritu de la región; pero no encontraban, ni entonces ni después,
-colaboradores en los vascos españoles, tercos y cerrados para todo
-cuanto no fuera un estúpido absolutismo y un más estúpido fanatismo
-religioso. Por otra parte, la política natural de las grandes
-nacionalidades tenía que separar a los vascos de un lado y otro del
-Pirineo, cortando poco a poco las fibras sentimentales comunes. En esta
-época de decadencia de Ustariz quedaban en el pueblo dos curiosidades:
-la casa del convencional Domingo José Garat, que todavía vivía en
-Urdains y la veleta misteriosa de Gastizar.
-
-Urdains estaba cerca del barrio de Arrauntz y de la colina de Santa
-Bárbara, desde donde se divisaba un magnífico panorama; Gastizar se
-hallaba dentro de Erribere.
-
-Entre Garat y la veleta de Gastizar había grande semejanza. Los dos
-eran ornamentales, los dos versátiles; pero Garat había cambiado con
-los vientos reinantes mejor que la veleta de Gastizar, que se hallaba
-desde hacía tiempo enmohecida. Garat se movía también a impulsos de la
-bondad y del reconocimiento.
-
-Los Garat habían tenido el sino de figurar en el mundo.
-
-Garat el mayor, había sido diputado en los Estados generales durante
-la Revolución; Garat el menor, el célebre, fué ministro en plena
-efervescencia revolucionaria, y otro hermano más joven había sido uno
-de los tenores de más fama de la época.
-
-Las mujeres de la familia también se habían distinguido, y la hermana
-de Garat, superiora del convento de la Visitación, de Bayona, llamaba
-la atención por su inteligencia y por su belleza extraordinaria.
-
-Garat, el tenor, alcanzó el máximo de su popularidad en tiempo del
-Directorio; había dado antes lecciones de canto a la reina María
-Antonieta; fué el ídolo de los salones, y puso en boga en París una
-canción vasca que comenzaba así:
-
- _Mendian zori eder
- Eper zango gorri._
-
-(¡Qué bonita es la perdiz de patas rojas en el monte!)
-
-Domingo Garat, el menor, hombre débil, brillante y versátil, había
-pasado por los momentos más terribles de la Revolución francesa,
-intentando dejar una amable sonrisa allí donde los demás dejaban una
-mueca de furor y de amenaza.
-
-No le valió su amabilidad, y en los momentos trágicos tomó un carácter
-sombrío. Estuvo también preso y a punto de ser guillotinado. Garat
-cumplió la triste misión, siendo ministro de Justicia, de comunicar a
-Luis XVI su sentencia de muerte.
-
-El sino del vasco Garat fué parecido al del bearnés Barere de Vieuzac;
-las circunstancias hicieron de estos ruiseñores meridionales tipos
-odiosos y odiados por la mayoría.
-
-Los periodistas monárquicos que redactaban el periódico _Las
-Actas de los Apóstoles_ agrupaban tres nombres como sinónimos:
-Carra-Garat-Marat, uniendo por la fuerza del consonante a hombres tan
-distintos como Marat el sanguinario, Carra el jacobino sospechoso, y
-Garat el ideólogo de las frases brillantes.
-
- _Garat toujours rempli de frayeur et d'espoir
- A toujours le secret de dire blanc et noir.
- S'exprimer franchement lui semble par trop bête
- Et sauvent son pays il veut sauver sa tête._
-
-(Garat, siempre lleno de miedo y de esperanza, tiene siempre el
-secreto de decir blanco y negro; expresarse francamente le parece muy
-tonto, y salvando el país quiere salvar su cabeza). Garat, a quien
-los monárquicos intentaban pintar como uno de tantos ogros de la
-Revolución, no era más que un hombre que había errado el camino. Garat
-era un hombre ligero y versátil, retórico y conceptista. Amaba a su
-pueblo y a su país, era vascófilo, meridionalista e hispanófilo, y
-firmaba a veces sus trabajos con el seudónimo de José de Ustariz.
-
-Era Garat hombre amigo de novedades, y fué uno de los primeros
-franceses que antes de la Revolución quiso hacer trabajos para propagar
-en Francia la filosofía de Kant. El poeta danés Baggesen durante
-su estancia en París le comunicó el entusiasmo por el filósofo de
-Koenigsberg.
-
-A medida que la Revolución francesa evolucionaba, Garat evolucionó con
-ella; fué alternativamente dantoniano, thermidoriano, bonapartista,
-imperialista, después abandonó la barca de la Revolución, que
-naufragaba, y se hizo partidario de los Borbones y devoto.
-
- _Messieurs, n'acusez pas Garat
- De changer de doctrine._
-
-(Señores, no acuséis a Garat de cambiar de doctrina) así comenzaba una
-poesía satírica dedicada a él.
-
-En el Diccionario de las Veletas, publicado en París en 1814, Garat
-estaba en el número de las primeras veletas de Francia.
-
-Hasta en Ustariz, su pueblo, donde todo el mundo le quería, se le
-motejaba de versátil, y durante la Restauración uno de los versolaris
-labortanos le dirigió estos versos:
-
- _Gastizarco veleta
- Ez du ibiltzen aicea
- Ez ifarra, ez igoa
- Ez da Garat bezala
- Uztaritzco lagun zarra
- Bere borondatez eramana
- Beti turnatzen al da
- Alde guztiyetara_
-
-(A la veleta de Gastizar ya no la mueve el viento, ni el Norte ni el
-Mediodía. No se parece a Garat, nuestro viejo amigo de Ustariz, que
-llevado por su buena intención siempre anda dando vueltas en todos
-sentidos.)
-
-Como el abate Swift gritaba en sus ratos de alegría: ¡Viva la
-bagatela!, Garat podía decir: ¡Viva la versatilidad!
-
-Su versatilidad le había conservado joven y de buen corazón y tenía
-derecho a vitorearla.
-
-Como se ve por estas explicaciones, Ustariz era un pueblo en 1830 que
-podía vanagloriarse de sus veletas. La de Gastizar y la de Urdains
-tenían fama en muchas leguas a la redonda.
-
-
-
-
-IV.
-
-GASTIZAR Y CHIMISTA
-
-
-SI van ustedes a Chimista--dijo Esteban el posadero a sus
-huéspedes--irán ustedes mejor a pie que a caballo: al dejar la
-carretera el camino que hay que tomar estará húmedo y resbaladizo con
-la lluvia de esta noche.
-
---Nos vamos a poner perdidos--dijo Campillo.
-
---Si usted quiere ir a caballo--observó Ochoa--nosotros le seguiremos a
-pie.
-
---No; iré también a pie.
-
---Yo les acompañaré hasta dejarles en el camino de Chimista--indicó
-Esteban.
-
-Los españoles, precedidos por Esteban, salieron de la posada y
-marcharon por la carretera. Al pasar por Gastizar, la casa de la
-misteriosa veleta, se detuvieron a contemplarla.
-
-Era Gastizar un caserón grande colocado entre la carretera y el río,
-con las paredes de un color amarillento negruzco, las persianas verdes
-y el tejado de un tono rojo oscuro herrumbroso. Una de sus fachadas
-laterales tenía en un ángulo una ancha torre cuadrada, centinela en
-guardia que vigilaba la carretera.
-
-En el país, Gastizar podía llamarse palacio. Eran sus paredes de
-mampostería y en las aristas de todo el edificio, como en las de la
-torre, ostentaba cintas de piedra rojiza tallada.
-
-Las ventanas y balcones tenían grandes marcos de arenisca blanca.
-
-Las persianas y puertas verdes estaban ya muy desteñidas; el alero,
-artesonado de cerca dos metros de saliente, se hallaba pintado de
-manera un tanto bárbara, con las zapatas que le sostenían azules y los
-entablamentos amarillos.
-
-Un camino transversal que partía de la carretera pasaba por delante de
-Gastizar, cruzaba el río por un puente y seguía hacia Chimista. A este
-camino daba la fachada principal del palacio.
-
-Tenía ésta un jardín delante circundado por una tapia baja, con dos
-grandes tilos y unos macizos de hierba.
-
-Pasando la avenida se entraba por una portalada por encima de la cual
-avanzaba un gran balcón con los barrotes labrados y cuyo barandado
-estaba sujeto a la pared por arcos de hierro.
-
-Enredándose en ellos se veía una glicina nudosa.
-
-En el segundo piso había cinco balcones sin saliente con los cristales
-pequeños y verdosos y en medio del tejado cortando el alero una
-mansarda.
-
-Los viajeros contemplaron un momento Gastizar.
-
-Entre la casa y el río se extendía la huerta orientada al levante con
-dalias, rosas de todos colores y crisantemos de la India que hacía
-poco tiempo se habían introducido en el país y que en aquellos días de
-Octubre estaban aún en todo su esplendor.
-
-Gastizar ofrecía distinto aspecto según del lado desde donde se le
-mirase.
-
-Por la fachada, orientada al Norte, tenía un aire sombrío; los musgos
-verdosos nacían entre sus piedras y los hierbajos crecían sobre la
-cornisa de los balcones y en el alero.
-
-Los otros tres lados eran más sonrientes y alegres y estaban rodeados
-de jardines; la parte que daba a la carretera con su torrecilla
-cuadrada se perfilaba con cierto aire feudal. Esta torrecilla tenía
-dos miradores y un tejado plano sobre el cual se erguía la misteriosa
-veleta de Gastizar con su dragón con la boca abierta, sujeto en un
-vástago de ocho o diez pies de alto terminado en una punta de lanza.
-
-Esteban el posadero que mostró a sus huéspedes Gastizar y sus
-curiosidades dijo que algunos que se tenían por inteligentes aseguraban
-que esta veleta debió haber sido traída de otra parte porque parecía
-del siglo XV y la construcción de la casa databa del siglo XVI. Esteban
-añadió que un viejo del pueblo aseguraba que esta veleta la había
-visto él en un torreón de Larresore antes de la época revolucionaria y
-agregó que un señor condecorado que había estado en el pueblo dijo que
-antiguamente la importancia y nobleza de un castillo se podía medir
-por el número de veletas. Cuantas más tenía más noble y más importante
-era. Durante mucho tiempo los plebeyos no podían tener estos pequeños
-aparatos sobre el tejado de sus casas lo que a Esteban, que era un buen
-liberal, le parecía el colmo del abuso y una de las más abominables
-señales del despotismo del Antiguo Régimen.
-
-Después de hacer gala de sus conocimientos, el posadero, indicando uno
-de los dos caminos en que se dividía el que iban siguiendo, dijo:
-
---Por ahí en media hora estarán ustedes en Chimista.
-
-Marcharon los viajeros adelante, preguntaron en dos caseríos hasta
-detenerse en una casita pequeña y blanca que aparecía en medio de un
-robledal, rodeada de campos y a poca distancia del río. Era Chimista.
-
-Tenía la casa que llevaba este nombre dos pisos con entramado de
-madera. Era del tipo clásico del país, el primer piso avanzaba un poco
-sobre el bajo y el segundo sobre el primero. Se abrían a un lado dos
-ventanas góticas del gótico conopial y una puerta en arco apuntado.
-
-La puerta estaba abierta. Entraron en el zaguán y llamaron dando
-palmadas. No apareció nadie.
-
---Ahí al lado había unas mujeres. Voy a preguntarles si hay alguien en
-la casa--dijo Ochoa.
-
-Acababa de salir el muchacho navarro cuando se presentó en el portal
-una mujer joven con un niño en brazos.
-
---¿Está don Valentín Malpica?--preguntó Campillo en castellano.
-
---¡Mi padre!... Sí...--balbuceó la mujer.--¿Qué le querían ustedes?
-
---Queríamos hablarle. Somos amigos suyos.
-
---Ah, entonces... pasen ustedes, está en la huerta.
-
-Campillo y Lacy cruzaron el zaguán y un establo y salieron a la huerta.
-
-Contemplando unos árboles frutales había dos hombres; un viejo canoso
-y un señor de unos cuarenta años, tipo entre ciudadano y campesino que
-llevaba una boina grande. Este señor era el mismo que habían visto en
-el zaguán de la fonda de la Veleta al llegar a Ustariz en un tilburí.
-
-Campillo se acercó al viejo.
-
---¡Malpica!--exclamó.
-
-El viejo se volvió rápidamente y puso la mano derecha sobre los ojos
-como pantalla y preguntó en francés a su compañero:
-
---¿Quién es?
-
---No sé, no le conozco--dijo el de la boina.
-
---Soy Campillo, tu camarada. ¿No te acuerdas de mí?
-
-Malpica se acercó al forastero y le estrechó la mano.
-
-Era don Valentín Malpica un viejo derecho con la cara sonrosada y los
-ojos grises. Tenía la tiesura y la rigidez de un militar.
-
---Venimos a hablarte--dijo Campillo.--Este muchacho que me acompaña es
-Eusebio de Lacy, hijo del general.
-
---¡Es el hijo de Lacy! perdone usted joven que le abrace.--Malpica le
-estrechó entre sus brazos.--Le conocí mucho a su padre de usted, y
-peleé con él--siguió diciendo.--Era un militar valiente y un liberal de
-verdad. Espérenme ustedes un momento. Les presentaré a ustedes... mi
-hija..., Miguel Aristy..., el coronel Campillo... Lacy.
-
-Se dieron la mano. Miguel Aristy era el señor de la boina grande que
-acompañaba a Malpica.
-
-La hija del coronel invitó a sentarse a los forasteros en el jardín
-en un cenador cubierto de enredaderas, entre las que se destacaban
-clemátides blancas y azules, campanillas rojizas y rosas tardías.
-
-Un niño de tres a cuatro años salió corriendo de la casa y se echó en
-brazos de la hija de Malpica.
-
---¿Es hijo de usted?--le preguntó Lacy señalando al niño.
-
---Sí.
-
---¡Qué guapo es!
-
---Lo que es, es muy desobediente.
-
---¡No!--dijo el chico levantando el dedo en el aire.
-
---Sí, sí. Su hermanita es mucho mejor que él.
-
---¿Vive usted todo el año aquí en el campo?--preguntó Lacy.
-
---Sí, todo el año, con mi padre y mi marido.
-
---¿Su marido de usted es este señor?--dijo indicando al de la boina.
-
---No, este señor es mi cuñado. Yo estoy casada con su hermano.
-
---¡Qué casa más simpática tiene usted!--exclamó Lacy--aquí parece que
-debe ser muy fácil ser feliz.
-
---Yo creo que en todas partes se puede ser feliz si se contenta uno con
-poco.
-
---Sí, quizás sea cierto, pero eso no lo puede saber usted por
-experiencia.
-
---¿Por qué?
-
---Porque lo tiene usted todo: unos niños tan bonitos, su padre, el
-marido, el buen carácter...
-
---Usted también lo tendrá...
-
---Será difícil.
-
---¿No tiene usted familia?
-
---Sí, mi madre. Mi padre fué el general Lacy fusilado en Mallorca por
-liberal.
-
---He oído hablar mucho de él.
-
---Mi padre estaba reñido con mi madre. Yo he sido educado en colegios,
-siempre separado de la familia.
-
---¡Qué pena!
-
---Sí, mi infancia ha sido bastante triste. Mi juventud tampoco es muy
-alegre. Estoy enfermo.
-
---Curará usted.
-
---No sé; ya veremos.
-
---Buenos señores--dijo Malpica acercándose al cenador.--Puesto que
-tenemos que hablar de asuntos reservados vamos a mi cuarto.
-
-Campillo y Lacy se dispusieron a marcharse de la huerta y se
-despidieron del señor de la boina.
-
---Adiós, señor de Lacy--dijo la hija de Malpica dando la mano al
-joven--y no arrastren ustedes a mi padre a ninguna empresa peligrosa.
-
-Abandonaron los dos españoles la huerta y por la cuadra pasaron al
-zaguán en donde vieron a Ochoa que hablaba en vascuence con unas
-muchachas que al oirle se reían a carcajadas.
-
-Ochoa se unió con sus amigos y los tres subieron por una escalera al
-rellano del primer piso. Malpica, que les esperaba, les condujo a un
-cuartito pequeño empapelado, adornado con unas estampas de generales y
-de guerrilleros de la Independencia puestos en marcos en las paredes,
-una mesa, un estante con una docena de libros y dos sillones.
-
---Aquí que nadie nos oye--dijo Malpica dirigiéndose a Campillo.--Puedes
-hablar a tus anchas.
-
-Campillo que no era hombre de buenas explicaderas comenzó a
-embarullarse y a perderse en comentarios y en detalles de tal modo, que
-dijo dirigiéndose al joven Lacy:
-
---Hable usted, porque yo no sé explicarme rápidamente.
-
-Eusebio Lacy tomó la palabra.
-
---Ya le ha indicado el coronel Campillo--dijo--que los liberales
-españoles han pensado hacer un intento serio para establecer la
-Constitución en España. Supongo que estará usted enterado de la marcha
-en general de este asunto.
-
---No, no lo estoy. Vivo aquí apartado y sin enterarme de nada.
-
---Entonces haré un resumen de lo que ocurre. Después de la Revolución
-de Julio de París, todos los caudillos españoles liberales se han
-reunido para hacer un intento en la frontera. El gobierno francés
-favorece la empresa y el mismo Luis Felipe ha dado dinero para ella.
-Entre los jefes están Mina, Gurrea, Chapalangarra, Méndez Vigo,
-Jáuregui, López Baños, San Miguel, Milans del Bosch, Valdés... En fin,
-todos.
-
---Los conozco--dijo Malpica.--A unos personalmente, a otros de nombre.
-
---Por desgracia--añadió Lacy--hay diferencias entre los nuestros y se
-han formado varios bandos capitaneados por Mina, Valdés, Chapalangarra,
-Méndez Vigo y Gurrea.
-
---¡Mal negocio!
-
---Sí, es defecto de nosotros los españoles, pero en fin, yo creo que
-las diferencias se borrarán con el éxito.
-
---Es de esperar.
-
---Pues bien, en esto nuestro amigo el coronel Campillo que es uno de
-los jefes de la fuerza constitucional, supo por conducto de algunos
-agentes liberales que su compañero don Valentín Malpica vivía ignorado
-en Ustariz. El coronel Campillo puso la noticia en conocimiento de la
-Junta y la Junta comprendiendo la importancia que tendría su valioso
-concurso nos designó a nosotros tres para visitarle a usted y para
-proponerle tomar parte en la expedición militar que vamos a hacer sobre
-la frontera española. Este es nuestro objeto al visitarle.
-
---Le he oído a usted atentamente, señor de Lacy--contestó Malpica--me
-honra mucho que se hayan acordado de mí y estoy dispuesto a dar mi vida
-por la libertad y por la patria. No tengo más que decir con relación a
-este punto; estaré allí donde me manden: en el sitio del peligro.
-
---Lo esperábamos de usted--dijo Lacy.
-
---Gracias. Ahora sí, tengo que advertir que soy el coronel más viejo de
-mi cuerpo y que no aceptaría un destino subalterno.
-
---Ni nosotros hemos pensado en tal cosa--repuso Lacy.
-
-Campillo replicó con disimulada acritud que él como todos ocuparía el
-lugar que le correspondiera en la escala según su antigüedad y como
-todos ascendería un grado en el caso de triunfar. Puestos de acuerdo
-en este punto, Campillo dijo que avisaría a Malpica cuándo debía
-presentarse en Bayona.
-
-Terminada la conferencia los tres viajeros bajaron al portal y se
-despidieron de Malpica. Ya iban a salir cuando se presentó la hija del
-coronel con sus dos niños. Lacy le dió la mano y ella murmuró en voz
-baja:
-
---Dios quiera que no me traigan ustedes alguna desgracia.
-
---Por Dios, señora... no..., balbuceó Lacy.
-
-Unas horas después, los tres viajeros llegaban a la Veleta de Ustariz,
-almorzaban, montaban a caballo y se dirigían al trote largo camino de
-Bayona.
-
-
-
-
-V.
-
-LA TERTULIA DE GASTIZAR
-
-
-EL mismo día en que Lacy, Campillo y Ochoa visitaban al coronel
-Malpica, estaban de tertulia al anochecer, varias personas en el salón
-de Gastizar.
-
-Una gran lámpara de aceite, con una pantalla verde, colgada del centro
-de la habitación difundía una luz fija y clara, y seis velas ardían en
-el piano sobre arandelas de cristal tallado.
-
-El salón de Gastizar era grande y decorativo, con vigas en el techo
-negras sobre fondo rojo, suelo de nogal muy oscuro y lustroso y las
-paredes tapizadas de terciopelo escarlata.
-
-Este salón tenía dos balcones muy espaciados y una ventana, ocultos en
-aquel momento por cortinas espesas, en frente de uno de los balcones
-había una gran chimenea en cuyo hogar ardían unos gruesos troncos de
-roble.
-
-Los muebles de este salón eran antiguos; arcas vascas talladas, espejos
-biselados, sillones estilo Luis XV. Un reloj alto, negro, de estos
-ingleses, de esfera de cobre, colocado entre los dos balcones parecía
-presidir la sala.
-
-En algunos espejos, cuadros y en el respaldo de los sillones se veía
-esculpido y pintado un escudo con cuatro cuarteles, en los dos de
-arriba dos vacas rojas y un roble y en el de abajo otras dos vacas
-rojas y una hidra de tres cabezas.
-
-Este escudo era de la casa vasco-francesa de los Belsunce, familia
-ilustre en el país, que tenía en Mearin un antiguo castillo cubierto de
-hiedras.
-
-Entre los Belsunces había habido un obispo de Marsella que se hizo
-célebre en la peste que desoló esta ciudad a principio del siglo XVIII,
-un general que se distinguió en el sitio de Maestrich, y el mayor
-Belsunce que en tiempo de la Revolución fué muerto en Caen por la plebe
-y luego destrozado y despedazado de una manera trágica, llegando una
-mujer a arrancarle el corazón y a comérselo.
-
-Cuando Carlota Corday mató a Marat se aseguró por algunos que la
-heroica homicida había sido la novia del mayor Belsunce y que había
-querido vengarle.
-
-Además de estos Belsunces conocidos en la historia había otro personaje
-legendario del mismo apellido: Gastón de Belsunce que a principios del
-siglo XV peleó con un monstruo que se escondía en una cueva de San
-Pedro de Irube y murió en la lucha después de matar a la fiera. De aquí
-procedía en el escudo de la familia la hidra de las tres cabezas.
-
-Entre los vascos, que no ha habido nunca grandes propietarios ni
-aristocracia cortesana, la familia de Belsunce era la excepción por su
-riqueza.
-
-La dueña de la casa de Gastizar era de la familia de Belsunce y tenía
-este apellido del cual estaba orgullosa, así que le agradaba que le
-escribieran madame d'Aristy (neé Belsunce).
-
-En la sala de Gastizar había en aquel momento varias personas;
-alrededor del velador del centro estaban tres señoras, madama de
-Aristy, su prima la vieja señorita de Belsunce y madama de Luxe viuda
-de un coronel del Imperio.
-
-Madama Aristy era una señora alta, de nariz corva y ojos claros, el
-pelo blanco. Madama de Aristy hacía media y tenía entre ella y el
-fuego un pequeño biombo porque no le gustaba el calor de la lumbre.
-
-A su lado leía un número de _La Moda_, la vieja señorita de Belsunce.
-La señorita de Belsunce estaba empeñada en parecer joven a fuerza de
-afeites y su sistema pictórico daba a su rostro un aspecto lamentable.
-
-Su única discreción era buscar los sitios que estuvieran a la sombra o
-en la penumbra donde no se le pudiese ver a la luz plena.
-
-A pesar de su manía de pintarse y de pintarse mal que parecía denotar
-cierta falta de sentido, en otras cuestiones la señorita de Belsunce
-discurría con una gran claridad.
-
-Esta vieja señorita era romántica, no del romanticismo entronizado
-por los escritores y poetas del año 1830 sino del anterior. Tenía una
-traducción de Ossian que leía con tanto entusiasmo como Napoleón,
-tocaba el arpa y libaba el monarquismo y la melancolía en las obras
-llenas de catacumbas y de pompas fúnebres del Vizconde de Chateaubriand.
-
-La otra señora que estaba en el salón, madama Luxe, viuda de un coronel
-del Imperio, era una mujer rubia, corpulenta, de unos treinta y cinco
-a cuarenta años, de ojos claros, vestida de una manera vistosa.
-
-Madama Luxe había sido poco feliz en su matrimonio y como todavía
-se consideraba joven esperaba casarse en segundas nupcias. Algunos
-pensaban que no le hubiera disgustado Miguel Aristy como marido.
-
-Al lado del piano había dos muchachas y un joven.
-
-De ellas, la mayor era Alicia de Belsunce, la otra Fernanda Luxe.
-Alicia tendría unos diez y ocho años, el pelo rubio y unos colores de
-manzana. Fernanda era pálida, morena y melancólica y estaba todavía de
-corto.
-
-Alicia, en aquel momento sentada al piano tocaba y cantaba mientras
-un joven, Luis Larralde-Mauleón, pasaba las hojas de la partitura del
-"Barbero de Sevilla".
-
-Al lado del fuego, dentro de la campana de la chimenea se encontraban
-Miguel de Aristy, el hijo mayor de la casa, hundido en una butaca, el
-caballero de Larresore, anciano muy estirado y peripuesto, y el ex
-intendente Darracq, pariente del marido de madama Aristy.
-
-Miguel y Larresore hablaban en aquel momento de don Valentín Malpica,
-Darracq escuchaba y arreglaba a cada paso el fuego con las tenazas.
-
---Es un hombre tosco, sin formas corteses--decía Larresore--la primera
-vez que me vió me dijo: nosotros los viejos...
-
---Ja... ja...--rió Miguel--la verdad es que no podrán ustedes hacer
-buenas migas los dos.
-
-El señor Darracq rió también aunque silenciosamente.
-
---Otro día--siguió diciendo Larresore--le vi llevando un haz de leña al
-hombro. Coronel, le dije: ¡Por Dios! ya le enviaremos a usted un mozo
-para que le acarree la leña.
-
---¿Y qué le contestó a usted?
-
---Me dijo que el soldado debe bastarse a sí mismo.
-
---Sí, es una de sus grandes razones. Don Valentín es un buen hombre
-sencillo y honrado. Es el militar sin cultura. Como fanático que es,
-ha exagerado los beneficios de la disciplina y cree que el hombre debe
-ser una máquina que marche al paso. Para don Valentín las dos normas
-superiores de la vida son la disciplina y el honor. La disciplina tiene
-sus ordenanzas militares, respecto al honor él supone que sus leyes son
-tan exactas como las de la gravedad. Yo no creo en nada de esto, pero
-reconozco que es un excelente corazón franco y noble.
-
---Cierto, cierto--repuso Larresore--pero es de una insociabilidad
-horrible. Estando en su compañía yo no puedo encontrar un motivo de
-conversación. Le pregunté una vez por su familia y sus antepasados
-y me dijo que él no había conocido más que a su padre, y añadió que
-había encontrado en su casa un árbol genealógico en pergamino pero que
-lo había echado al fuego porque el soldado no debe de pensar en estas
-tonterías; para él todo lo que es lujoso es inútil. ¡Qué espíritu más
-lamentable!
-
---Sí, hay esa misma idea en todos estos militares españoles que andan
-por aquí. Son gentes sencillas.
-
---Es falta de civilización--exclamó Larresore--poca sensibilidad. ¿Y
-estos tres españoles que han estado a ver al coronel Malpica, quiénes
-son? ¿Algunos revolucionarios?
-
---Sí.
-
---¿Y a qué han venido? ¿Quizás a proponerle que se una a ellos?
-
---Sí.
-
---¿Y él habrá aceptado?
-
---Seguramente.
-
---¿Es tan liberal?
-
---No, liberal no es; pero las circunstancias le han puesto más cerca
-del campo de los liberales y con poco que halaguen su amor propio irá.
-
---¿Tú conoces bien su historia, Miguel?
-
---Sí.
-
---¿Qué hay de cierto en eso que se ha dicho de que mató al amante de su
-mujer?
-
---Lo que hay de cierto es que tuvo un duelo con un amigo suyo y que le
-mató.
-
---¿Y no era el amante de su mujer?
-
---No, no. Parece que había otra mujer entre ellos.
-
-En esto Alicia se levantó y dirigiéndose a madama de Aristy dijo:
-
---Tía, no tocaré más. Miguel y el caballero de Larresore están hablando
-entretenidos y no hacen caso de mi música.
-
---No, hija mía--dijo Larresore siempre amable--estábamos haciendo
-comentarios sobre tu música.
-
---¡Bah, bah!, no me engaña usted, siempre están ustedes hablando.
-
---Tienes razón, hija mía--saltó madama de Aristy con enfado--yo no sé
-de qué hablan. Esta noche pasada--y se dirigió a madama Luxe--han
-estado hasta las dos dale que dale hablando. ¡No se cansarán! pensaba
-yo.
-
---Los hombres...--comenzó a decir madama Luxe, pero sin duda no se le
-ocurrió nada y se calló.
-
---Es que tienes un hijo muy inteligente, prima mía--repuso Larresore--y
-a mí me gusta oir sus opiniones.
-
---Miguel es inteligente para todo menos para mi música--saltó
-Alicia.--Ayer que no estaba el señor de Larresore para hablar con él se
-sentó en la butaca y se quedó dormido.
-
---No, no; estaba soñando.
-
---Ya, ya. Bueno, ¿y de qué estaban ustedes hablando?--dijo Alicia
-tomando una silla pequeña y sentándose con los piececitos al fuego.
-
---Estábamos hablando de estos españoles que han venido al pueblo a
-visitar al suegro de mi hermano León--dijo Miguel.
-
---Los he visto--agregó Alicia--uno de ellos un joven moreno con un aire
-muy enérgico. Muy buen tipo.
-
---A mí me ha parecido mejor el rubio--saltó Fernanda.
-
---Yo no les he encontrado nada de particular a ninguno de los dos--dijo
-el joven Larralde-Mauleón despechado.
-
---Ya tenemos la eterna discrepancia--exclamó Miguel con su seriedad
-burlona.--Alicia dice que el moreno, Fernanda que el rubio y el joven
-Larralde que ninguno de los dos. ¿Quién tiene razón?
-
---Déjese usted de bromas. ¿Quiénes son?--preguntó Alicia.
-
---El viejo es un guerrillero español...
-
---¿Y los jóvenes?
-
---El rubio es el hijo del general español Lacy que fué fusilado en la
-isla de Mallorca por liberal. El otro es un muchacho que se llama Ochoa.
-
---¿Y qué venían a hacer aquí?
-
---Venían, sin duda, a invitar a este viejo coronel, suegro de mi
-hermano, a alguna empresa revolucionaria.
-
---Y ese Ochoa, ¿quién es?--dijo Alicia.
-
---No sé de él más que lo que tú sabes, que es un muchacho guapo y al
-parecer revolucionario, pero si te interesa tomaremos informes.
-
---Entonces tome usted también informes del rubio--dijo Fernanda.
-
---_Vous êtes mon lion superbe et genereux_--recitó Alicia con énfasis.
-
-Esta frase de doña Sol de "Hernani" en aquel momento produjo marcada
-molestia en el joven Larralde-Mauleón que se acercó a las señoras y se
-puso a hablar con ellas.
-
-Poco después, madama de Luxe se levantó y se despidió de madama de
-Aristy y de la señorita de Belsunce, el joven Larralde-Mauleón saludó
-inclinándose ceremoniosamente y besó la mano a las señoras.
-
-Madama de Aristy llamó a la campanilla y preguntó si estaba la cena, la
-criada que apareció en la puerta dijo que sí, y las tres señoras y los
-tres caballeros pasaron al comedor.
-
-Después de cenar charlaron un rato, las señoras se retiraron, y Miguel
-y el caballero de Larresore volvieron a la chimenea al lado del fuego,
-apagaron la luz y estuvieron largo tiempo hablando.
-
-
-
-
-VI.
-
-DON VALENTIN DE MALPICA
-
-
-AL quedarse solos Larresore y Miguel, el anciano caballero pidió a su
-sobrino le contara con detalles la historia del viejo coronel español
-que vivía en Chimista. Miguel la contó pero como no era el Mayorazgo
-de Gastizar hombre a quien interesaran sólo los hechos, sino que le
-gustaba bucear en la psicología de los tipos, investigar el origen de
-los motivos y las características del temperamento, se hundió en un mar
-de comentarios y de consideraciones filosóficas.
-
-La historia escueta que contó Miguel a su tío fué la siguiente:
-
-Don Valentín de Malpica nació en un pueblo de la Rioja.
-
-Escapado de su casa sentó plaza y comenzó a servir de soldado en la
-guerra de España con la República francesa en 1793. Estuvo en Navarra a
-las órdenes de don Juan Ventura Caro y del conde de Colomera, y después
-fué trasladado a Cataluña donde ascendió a sargento.
-
-En la primavera de 1807, Malpica con el grado de teniente en el
-regimiento de Asturias, salió de España con la división del marqués de
-la Romana camino de Hamburgo.
-
-Malpica asistió con su regimiento al sitio de Stralsund que se terminó
-felizmente y donde fué ascendido a capitán.
-
-Poco después Napoleón al entrar en España temiendo que las tropas
-españolas del marqués de la Romana se le sublevasen al tener
-conocimiento de la invasión de la península Ibérica, las acantonó en
-las islas de Fionia, Langeland y en Jutlandia donde quedaron vigiladas
-por las fuerzas de Bernardotte.
-
-De los regimientos mandados por la Romana, los de Asturias y
-Guadalajara intentaron la fuga antes que los demás, y en varios barcos
-pesqueros se embarcaron, tomaron por el estrecho del Gran Belt, dieron
-la vuelta a Dinamarca y desembarcaron en las islas de Holanda. Al
-bajar a tierra amotinados dieron los gritos de ¡Viva España! y ¡Muera
-Napoleón! Algunos oficiales franceses marcharon a contenerlos y fué
-muerto un ayudante del general Fririon. Las tropas danesas rodearon a
-los amotinados y les hicieron rendirse.
-
-Malpica que estaba reunido con los oficiales de su regimiento no quiso
-quedarse en la isla de Walcheren y en una lancha pesquera pasó a
-Inglaterra desde donde le trasladaron a la Península. Destinado a la
-guarnición de Zaragoza tomó parte en el segundo sitio de esta ciudad.
-Luchó con su amigo el coronel Renovales, y rivalizó con él en valor
-y en audacia. Renovales y Malpica, éste herido gravemente, cayeron
-prisioneros de los franceses. Renovales se escapó y Malpica fué llevado
-al castillo Viejo de Bayona. En esta ciudad estuvo recomendado a una
-familia vasco-francesa, acomodada, los Doyambere y acabó casándose con
-la hija de la casa.
-
-Al terminar la guerra, Malpica con su mujer entró en España. Como los
-militares que volvían de la emigración, en vez de ser considerados en
-su país eran por el contrario mal mirados y tenidos por levantiscos,
-Malpica, que había heredado algún dinero, compró una finca a orillas
-del Ebro y se fué a vivir allí con su mujer y su hija. Pronto se cansó
-de la vida del campo y dijo a su mujer que iba a solicitar la entrada
-en el servicio activo e ir a América. La mujer quiso convencerle de que
-no fuera, pero Malpica no era de los que se avienen a razones.
-
-Malpica recomendó a uno de sus amigos, a un tal Ramón Lanuza a su mujer
-y a su hija, y él pasó siete años en América luchando a las órdenes del
-general Morillo y alcanzó el grado de coronel.
-
-En 1822 Malpica volvió a España y a su finca. Le dijeron al llegar
-y notó también él que su amigo Ramón tenía mucha confianza con su
-mujer, cosa nada rara, pues que el amigo llevaba siete años visitando
-asiduamente la casa.
-
-El coronel que había traído costumbres y hábitos de factoría de su vida
-americana, estaba fuera de su centro en el círculo de su mujer y de sus
-amistades, y para encontrarse entre los suyos iba de caza, andaba entre
-los jayanes, y se enamoró de una muchacha zafia hija de un labrador.
-
-Las relaciones fueron públicas y produjeron la indignación de la mujer
-de Malpica que reprochó a su marido su conducta.
-
---No hay que hacer caso de lo que hablan las malas lenguas--parece que
-dijo Malpica sentenciosamente a su mujer--también dicen de ti que estás
-enredada con mi amigo Ramón y yo no lo creo.
-
-La mujer contó esto a Lanuza quien pidió cuentas a Malpica.
-
-Riñeron los dos violentamente y Lanuza le dijo:
-
---Todo el mundo sabe que yo no tengo nada que ver con tu mujer. Es una
-calumnia que repites de una manera innoble, en cambio todo el mundo
-sabe que tú tienes relaciones con esa muchacha hija de un aperador.
-
---Es falso también.
-
---No, no es falso--y Lanuza añadió con sorna.--Esa muchacha es la
-querida de tu asistente y el dinero que tú le das a ella, ella se lo
-entrega a él.
-
---¡Mientes!
-
---Esta noche lo podremos ver si quieres. Ella irá a buscar al asistente
-al cuarto próximo a la cuadra donde duerme él como todas las noches.
-
-Se apostó Malpica para ver si era verdad lo dicho por su amigo y pudo
-comprobar que la cosa era cierta.
-
-Lanuza le acompañaba.
-
-Malpica exasperado y loco de furor dijo a su amigo que uno de los dos
-sobraba.
-
---Nos batiremos cuando quieras--le contestó Lanuza con frialdad.
-
-Malpica entró furtivamente en su casa, tomó dos pistolas, una botella
-con pólvora y balas y salió al campo.
-
---¿Adónde vamos?
-
---Vamos a la isla del río.
-
-En el río había una isla de arena que tendría treinta o cuarenta varas
-de largo. Llegaron a la orilla, entraron en la barca y bajaron en la
-isla. Era al amanecer.
-
-Cargaron las pistolas y jugaron a cara y cruz la pistola que
-correspondería a cada uno y quién daría la voz de mando. Le tocó a
-Lanuza. Se colocaron en sus puestos, en los dos extremos de la isla al
-borde del río. En este momento Malpica gritó:
-
---¡Lanuza!
-
---¿Qué?
-
---Confieso que no tengo razón.
-
-Lanuza contestó con una carcajada irónica.
-
---¿Eres cobarde también? No lo creía.
-
---No, no soy cobarde, pero comprendo que te he ofendido sin razón. Te
-daré las explicaciones que quieras.
-
---No hay explicaciones que valgan. ¡Prepárate! Sino disparo.
-
---¿Qué más pretendes de mí?--gritó Malpica. ¿No te confieso que no
-tengo razón?
-
---No me basta. Quiero tu sangre. Quiero verte ahí muerto.
-
---¡Ah, quieres matarme! ¿Quieres quitarme de en medio para casarte con
-mi mujer?
-
---Tú lo has dicho.
-
---Bien. Veremos si lo consigues. De todas maneras ten en cuenta que te
-he ofrecido la paz.
-
---No hay paz. ¿Estás en guardia?
-
---Sí.
-
---Una... dos... tres.
-
-Una bala pasó silbando por encima de la cabeza de Malpica.
-
-Lanuza cayó. Malpica se acercó de prisa al otro extremo de la isla. La
-pistola estaba en el suelo al borde mismo del agua cerca de un reguero
-de sangre.
-
-Lanuza había desaparecido. Malpica entró en la barca y fué por el río
-mirando por sí aparecía el cuerpo de su amigo. Sin duda había caído
-para atrás y la corriente le había arrastrado.
-
-Malpica volvió a la orilla, entró en su casa, montó a caballo y unos
-días después llegaba a Barcelona.
-
-En tanto los franceses de Angulema habían entrado en Cataluña. Malpica
-se incorporó a las fuerzas de Mina.
-
-Peleó con gran valor durante tres meses y poco antes de la capitulación
-de Mina, cayó herido de un tiro en el pecho cerca de Figueras.
-
-Los franceses le dejaron por muerto en el campo.
-
-De noche un merodeador fué a quitarle la ropa y al moverle, Malpica
-comenzó a quejarse. El ladrón iba a huir, Malpica le dijo que tenía
-dinero guardado y que se lo daría si le salvaba.
-
-El merodeador le llevó al hombro a una cueva y el coronel pasó días
-entre la vida y la muerte hasta que se curó.
-
-Cuando ya se encontró bueno y con fuerzas para andar se dirigió a la
-frontera, la atravesó y entró en Francia.
-
-En Perpiñán pidió informes del coronel Malpica de quien dijo era amigo
-y le mostraron un boletín francés en donde se citaba su muerte.
-
-No podía decir que era él Malpica a trueque de ser tomado por un
-falsario.
-
-Decidió cambiar de nombre y trabajar. Al principio su vida fué
-miserable, tenía que dedicarse a faenas humildes, pero como era duro y
-fuerte no le molestaban.
-
-Lo que sí le preocupaba era encontrarse con antiguos compañeros que le
-conocían.
-
-Decidido a abandonar esta parte de Francia escribió a un hermano suyo
-diciéndole lo que le había ocurrido, cómo pasaba por muerto, pidiéndole
-una pequeña suma y encargándole que no dijera a nadie que vivía. El
-hermano le contestó enviándole la cantidad, le decía cómo se había
-encontrado a Lanuza muerto en una presa y que unos suponían que se
-había suicidado y otros que había sido víctima de un crimen.
-
-El hermano de Malpica comunicó la noticia de que el coronel vivía a su
-mujer y a su hija.
-
-La mujer vendió la finca próxima al Ebro y vino a establecerse a
-Bayona. La hija de Malpica, Dolores, trajo a su padre a vivir a
-Ustariz...
-
- * * * * *
-
-Al acabar de contar Miguel Aristy la historia del coronel, el caballero
-de Larresore movió la cabeza de un lado a otro.
-
---¡Qué mentalidad!--exclamó.--¡Qué cabeza! Ir así arrastrado por los
-acontecimientos sin pararse a reflexionar... es lastimoso.
-
---¿Qué quiere usted? Los hombres que han nacido para la acción son así.
-Cuando se comprende demasiado se ejecuta poco. Nosotros, usted y yo
-somos razonadores. El es un impulsivo, un español a la antigua. El se
-cree liberal y no lo es, se cree el colmo de la inteligencia y ya ve
-usted lo que da de sí.
-
---Es de una incomprensión y de una suficiencia cómicas.
-
---Pues se figura ser el hombre más discreto y más juicioso del mundo;
-en cambio no se tiene por valiente, y es valiente como un león.
-
---Es la barbarie.
-
---Todo lo que le sale de la cabeza le parece maravilloso. Lo que no
-comprende para él no existe, y si de una cosa comprende una parte
-supone que la parte que no comprende sobra. Al hombre le gustaría
-recortar todas las ideas hasta que entraran bien en las casillas de su
-cabeza.
-
---Tendría mucho que recortar.
-
---Sí; probablemente Malpica se cree infalible. Lo que ha juzgado ya no
-quiere volver a juzgarlo. Si se equivoca son las cosas las que se han
-equivocado, al no estar conformes con lo que él ha dicho de antemano.
-
---¡Oh! ¡Qué estupidez!
-
---El se considera el definidor de todo. El prototipo de todo. Cuando
-dice: El honor es lo primero después la patria, ya no hay necesidad de
-volver sobre esto.
-
---¡Lamentable, lamentable!--murmuró Larresore.
-
---Lleva la cabeza rapada, como habrá usted notado, y le parece que un
-melenudo es un insulto a sus ideas. Es uno de los motivos de odio que
-tiene contra su yerno, mi hermano León.
-
---¿De verdad?
-
---Sí. Los pelos largos le irritan. El soldado no necesita esos tufos,
-suele decir. No hay manera de convencerle de que un escritor o un
-artista no tiene la aspiración de ser soldado. Muchas veces a mi
-cuñada, su hija, le dice despóticamente: El soldado debe levantarse más
-temprano. Pero yo no soy soldado, papá, le contesta ella con gracia. No
-importa, replica él. En la vida todo es como el ejército.
-
---¡Qué vulgaridad! ¡Qué horror!--exclamaba el caballero de
-Larresore.--El soldadismo se ha metido por todas partes. ¡Esa
-Revolución! ¡Esa Revolución! ¡Qué pena! Destruir tan bellas cosas para
-dejar el mundo convertido en un cuartel.
-
-
-
-
-VII.
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-RETRATOS DE FAMILIA
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-LA familia de Aristy estaba formada en Ustariz por la madre y sus dos
-hijos Miguel y León. Madama Aristy tenía también una hija casada con un
-rico propietario de Bayona.
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-El marido de madama Aristy no había sido conocido en Ustariz ni vivido
-en Gastizar. Se decía de él que era un gascón que en tiempo del Terror
-tomó parte en las jornadas revolucionarias, y que después, deportado a
-Cayena, desapareció.
-
-Madama Aristy era una señora de más de sesenta años, mujer enérgica,
-autoritaria y despótica; creía que todo el mundo tenía que pensar
-como ella, y no aceptaba otras opiniones. En su casa mandaba como un
-coronel.
-
-Madama de Aristy era la severidad más completa; pensaba que todo lo que
-hacía lo hacía bien y que discurría con una cordura sin ejemplo.
-
-Se creía el prototipo del buen sentido; pensaba que cuando a ella se le
-había ocurrido una cosa, el mundo entero debía aceptarla casi como un
-descubrimiento científico.
-
-A veces levantaba la voz cuando se discutía algo, como diciendo: No
-admito la posibilidad de que nadie me contradiga.
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-Madama de Aristy estaba muy en desacuerdo en ideas con su hijo. Ella
-era aristócrata, él un demagogo.
-
-A pesar de esto, la señora de Aristy trataba a Miguel de potencia a
-potencia, porque éste era el que dirigía en Gastizar las siembras, las
-podas, las demás labores campestres, y ella creía que en tales asuntos
-entendía mucho.
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-Miguel era un caballero de cuarenta años, solterón, escéptico, que
-estaba dispuesto a vivir oscuramente en Ustariz cultivando sus tierras
-sin ambiciones ni cuidados. Su madre le había querido casar con la
-señorita Angelina Girodot, la hija de un notario de Bayona, una
-señorita de alguna edad, rica y poco agraciada; pero Miguel dijo:
-
---No, no; prefiero no casarme. Estoy tan convencido de mis
-imperfecciones, que no me decido a buscar una compañera.
-
-Algunos aseguraban que estaba enamorado de Alicia Belsunce, su prima,
-que podía ser hija suya; pero si lo estaba no se le notaba gran cosa.
-
-Miguel era una buena persona; inteligente, amable, muy comprensivo;
-había pasado los cuarenta años y llegado a un período en que, por
-escepticismo no quería colocarse en ninguna cuestión en primera fila.
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---Antes me dolía un poco no ser nada--solía decir.--Ahora, no. Me
-siento hermano de la glicina de Gastizar, me he enredado aquí, en estas
-piedras viejas, y aquí estoy viviendo como una col.
-
-Aquella vida del campo, inmóvil, sin estímulo para la ambición que a
-muchos embrutece, a él le había convertido en un filósofo.
-
-Miguel se consolaba leyendo y tocando el violonchelo. Se recordaba que
-una vez una señora de Bayona, que había venido a Gastizar con su hija
-con un plan matrimonial, al ver a Miguel poco admirado ante las gracias
-de la niña y más bien distraído y aburrido, había dicho a madama de
-Aristy en un momento de mal humor: Señora, su hijo de usted es un
-idiota. Este recuerdo regocijaba a Miguel y le hacía reir con malicia.
-
-Miguel reconocía ingenuamente sus defectos; pero con la misma
-ingenuidad aseguraba que no tenía el menor deseo de corregirlos.
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-El caballero de Larresore reprochaba a Miguel lo poco que se cuidaba de
-la sociedad.
-
---Te abandonas, Miguel--le decía;--estás hecho un rústico.
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---¡Pse! ¿Para qué preocuparse de la sociedad?--exclamaba él;--con la
-gente casi siempre sale uno perdiendo. Si a fuerza de molestias y
-preocupaciones llega uno a saber una cosa y la comunica a los demás, le
-contestan con un lugar común.
-
---La sociedad no puede estar regida por un libro de cuentas--decía
-Larresore, que era un hombre que nunca había dado nada a nadie.
-
---Sí, es cierto--contestaba Miguel sonriendo, porque tenía la idea de
-que su tío era uno de los hombres más egoistas del mundo;--pero no es
-cosa de perder siempre.
-
-El segundo hijo de madama Aristy, León, estaba casado con Dolores, la
-hija de Malpica. León era pintor y se hallaba por entonces en París.
-
-Su matrimonio, su profesión y su estancia en París se había llevado a
-cabo en contra de la voluntad de su madre.
-
-Al ir a vivir a Bayona la mujer de Malpica y su hija, ésta en aquella
-época una muchachita de catorce a quince años, había impulsado al
-coronel su padre a que se instalase cerca de ella, y Malpica fué a
-parar a la casa de un guardabosque de Ustariz conocido por el tío Juan,
-viejo revolucionario recomendado por Garat y que vivía allí olvidado.
-
-Dolores iba siempre que podía a visitar a su padre. La mujer del
-coronel Malpica sabía que su marido estaba oculto en Ustariz y que su
-hija le veía con frecuencia.
-
-En uno de estos viajes Dolores conoció a León de Aristy, joven pintor,
-que se había hecho amigo de Malpica en sus excursiones de paisajista.
-
-León habló varias veces a Dolores, y a poco de conocerla la hizo una
-fogosa declaración de amor.
-
-Dolores era una mujer afectuosa, tierna, muy religiosa y de no mucha
-energía, que tenía siempre las lágrimas a punto.
-
-León, muy romántico en sus ideas era de un egoismo perfecto; no pensaba
-más que en sí mismo y se preocupaba poco de la conveniencia de los
-demás.
-
-León riñó con su madre para casarse con Dolores; fueron los casados a
-vivir a Chimista, y al año Dolores tuvo un niño.
-
-El coronel Malpica al ver a su nietecillo se sintió emocionado y se
-trasladó también a Chimista. El trabajaría en la huerta para no ser
-gravoso a nadie, dijo.
-
-El matrimonio hubiera podido ser feliz; pero pronto León se cansó del
-sosiego de la casita campestre y de los paisajes de los contornos, y
-decidió ir a pasar temporadas a París. Todos los años hacía un viaje a
-la capital, cada vez más largo, y volvía huraño y fosco lamentándose
-de que no se le considerase, creyéndose siempre postergado por las
-intrigas de los demás artistas.
-
-Dolores no sabía qué hacer para contentar a su marido; el pintor era
-un hombre vanidoso y de poco carácter; había vivido dominado por la
-energía de su madre, y al dirigir él su vida se encontraba perdido.
-
-Dolores era una mujer poco enérgica, pero buena y resignada. No
-comprendía lo que le pasaba a su marido. Veía que vivía con el espíritu
-en otra parte. Ella se consolaba jugando con sus hijos, arreglando sus
-flores. Iba también con frecuencia a ver a su madre a Bayona, y dejaba
-a sus hijos al cuidado de una vecina recién casada a quien llamaban
-Fanchon.
-
-Dolores tenía amor por su padre y lo comprendía, a pesar de la
-tosquedad y de la rigidez del coronel. Malpica trabajaba por ella y
-la proporcionaba todas las comodidades posibles, fingiendo siempre
-estar malhumorado. Para el viejo militar, las mujeres eran como niños
-caprichosos que había que vigilar y atender.
-
-Respecto a Julia de Aristy, la hermana de León y Miguel, casada con un
-propietario rico de Bayona, intentaba convencer a sus hermanos de que
-debían salir de aquel rincón de Ustariz.
-
-León estaba camino de hacerlo, no así su madre ni su hermano mayor.
-Ambos vivían entusiasmados en Gastizar.
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-Esta casa la había comprado el abuelo materno de madama de Aristy, que
-era un bearnés, en tiempo de la Revolución. No se sabrá de quién era
-primitivamente ni se conocía su historia; únicamente le quedaba el
-nombre de Gastizar que en vascuence quiere decir castillo viejo.
-
-Madama de Aristy y sus hijos habían ido a vivir a Gastizar al finalizar
-el Imperio.
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-El propietario anterior debía de haber sido hombre de cierta fantasía.
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-En un extremo de la huerta había pretendido instalar un jardín con
-plantas tropicales, tentativa que indicaba en él un entusiasmo por la
-Botánica, puesto en boga por Juan Jacobo Rouseau y por Bernardino de
-Saint Pierre. En medio del jardín tropical había un chalet rústico
-oculto entre árboles. Este chalet rústico, al que llamaban el chalet
-de las hiedras porque se hallaba tapizado y cubierto por ellas, estaba
-alquilado a dos señoras españolas.
-
-Madama de Aristy al ocupar la casa mandó quitar las plantaciones
-tropicales y dejó los campos al modo del país.
-
-Hubiera derribado el chalet de las hiedras, pero su hijo León lo quería
-para estudio y lo respetó.
-
-Durante todo el año madama Aristy y su hijo mayor vivían en Ustariz.
-Algunas veces solían ir a Bayona, y el rigor del verano pasaban algunos
-días en Biarritz. Tenían un landó para sus viajes y Miguel solía usar
-un tilburí que él mismo dirigía.
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-Madama de Aristy era de estas personas que trabajan y hacen trabajar a
-los demás sin descanso.
-
-Tenía a sus órdenes dos criadas, un muchacho y un hortelano.
-
-Además de las dos criadas había un ama de llaves, algo pariente de
-madama Aristy, que era una solterona fea, desgarbada y torpe. Se
-llamaba Benedicta. La Benedicta siempre estaba distraída y hacía las
-cosas mal, pero si la reñían las hacía peor.
-
---Dejadle--decía Miguel,--no la riñáis.
-
-Madama de Aristy no podía dejar el placer de refunfuñar y de echar
-largos discursos agrios a Benedicta. Las señoritas de Belsunce solían
-ir acompañadas de una doncella.
-
-Un elemento importante de Gastizar era el criado y hortelano Ichteben,
-un tipo curioso; Ichteben tenía muchas ocupaciones, pero ninguna
-cumplía bien; poseía una nariz como un pico, roja, una expresión
-suspicaz; llevaba pantalones azules, blusa negra y un chaleco de Bayona
-en invierno como en verano.
-
-Ichteben hacía lo que le encargaban bastante mal y además era un poco
-borracho, pero tenía una fidelidad a Gastizar a toda prueba.
-
-Madama de Aristy decía muchas veces que lo iba a despachar, pero esto
-parecía tan difícil como cambiar el orden de los planetas.
-
-Ichteben era muy malicioso, muy ladino; únicamente Miguel le inspiraba
-confianza para contarle sus cuitas. Miguel le escuchaba muy serio y
-después celebraba a carcajadas su malicia.
-
-
-
-
-VIII.
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-LOS PARIENTES Y LOS AMIGOS DE LA CASA
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-CASI siempre había en Gastizar parientes de madama de Aristy que iban a
-Ustariz a pasar una temporada.
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-De los más constantes eran la señorita de Belsunce y su sobrina Alicia.
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-La señorita de Belsunce, una dama mustia que había tenido en su
-juventud amores contrariados y falta de ácido en el estómago, hubiera
-querido ser, como la mariscala de Luxemburgo, una autoridad en materias
-de elegancia y dar el _placet_ a la gente con un ¡oh! o con un ¡ah!
-colocado a tiempo, como dió la mariscala a monsieur de Talleyrand.
-
-La señorita de Belsunce se cansaba de la soledad de Gastizar, y muchas
-veces decía a su sobrina:
-
---No sé para qué estamos en este desierto.
-
-Alicia tenía cariño por Gastizar. Era Alicia una linda muchacha, un
-poco pequeña de estatura, rubia, tirando a roja, con la boca chiquita,
-los ojos verdosos y la nariz un poco corva. Estaba orgullosa de su
-figura y de su familia.
-
-Alicia era efusiva, cariñosa, muy económica y algo egoista. A pesar de
-esto sabía hermanar su egoismo con su tendencia romántica. Era de estas
-vírgenes prudentes que miran a su alrededor estudiando el hombre que
-les conviene.
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-Alicia adulaba un tanto a su tía madama Aristy, y esta señora
-consideraba mucho a su sobrina. Estaban siempre de acuerdo. Se creían
-las dos de distinta pasta que los demás y que lo hacían todo bien. Se
-consideraban casi siempre en el fiel de la balanza.
-
-Alicia tenía un poco de desdén por su primo Miguel, a quien suponía que
-ella agradaba y que, sin embargo, no le hacía la menor indicación en
-este sentido considerándose sin duda como viejo.
-
-Alicia vivía el invierno en Pau y hablaba el _patois_, cosa cómica para
-un vasco.
-
---No comprendo cómo se habla el _patois_--decía Miguel a su prima.
-
---¿Por qué no?
-
---Es como tener dos trajes para la ciudad. Nosotros los vascos no,
-tenemos el traje de pastor, de la aldea: el vascuence, y el de la
-ciudad, el francés.
-
---Nosotros no tenemos nada de pastores--replicaba ella;--somos más
-civilizados.
-
---Un idioma latino. ¡Pse! ¡Qué cosa más ridícula!--exclama Miguel.
-
---Ustedes han resuelto que hay una superioridad de los vascos sobre los
-bearneses y los gascones, y ya basta.
-
---¡Ah, claro! Es una superioridad que no necesita explicación.
-
---¿Es que han hecho más cosas los vascos?
-
---No.
-
---¿Es que han tenido más grandes hombres?
-
---No, tampoco. Nosotros los vascos formamos un pueblo pequeño,
-misterioso, con un concepto de la vida especial. ¿Cómo nos van a
-comparar con un provenzal o con un gascón?
-
---Pero los provenzales y los gascones tienen más historia, hay entre
-ellos familias más antiguas.
-
---Respecto a eso te diré, prima mía, lo que un vasco dijo al duque de
-Guisa. Discutían los dos acerca de su respectiva nobleza, y el duque
-de Guisa dijo: Sabed que los Guisas datan del siglo X, y el vasco le
-contestó: Nosotros los vascos no datamos.
-
---No comprendo, la verdad, este orgullo.
-
---No es orgullo. Cada cual tiene sus condiciones y desea conservarlas.
-¿Por qué no? Yo no quiero vivir en comunidad con el vecino, aunque sea
-más fuerte o más rico que yo. Que estas comarcas que nos rodean, que
-han hablado dialectos latinos, tienen más cultura que nosotros por el
-uso de un idioma más civilizado que el nuestro. ¿Y eso qué importa?
-Nosotros queremos vivir en nuestro país, sin tener gran cosa que ver
-con los que hablan esas jergas latinas.
-
---¿Y por qué no?
-
---Nosotros somos otra clase de gentes; no nos parecemos en nada a ellos.
-
---¿Más serios?
-
---Claro.
-
---¿Más constantes?
-
---Sin duda alguna.
-
---Ahí está el grande hombre del pueblo, Garat, prodigio de
-consecuencia...; no ha sido más que de todos los partidos...
-
---Bueno; es posible que en la política...--decía Miguel riendo.
-
---Y en todo. Ustariz es un pueblo de veletas; ¿cuántas novias ha tenido
-usted, primo mío?
-
---¿Yo? De verdad... ninguna.
-
---¿No ha tenido usted bastante tiempo para enamorarse de ellas?
-
-Alicia y Miguel solían discutir y pelear con frecuencia; ella terminaba
-sus reyertas con un gesto de altivez y desdén, y él se reía.
-
-Otro de los huéspedes de Gastizar era Víctor Darracq, ex intendente
-del ejército de Napoleón y primo del marido de madama de Aristy.
-Víctor Darracq había sido de la Administración militar durante el
-Imperio y había llegado a general de brigada. Darracq no tenía espíritu
-militarista; en cambio era de estos hombres curiosos que allí por donde
-van recogen algo. No conservaba de la guerra más que un recuerdo de
-crímenes, de robos y de bestialidades.
-
-El ex intendente había llegado hacía años a Gastizar con el objeto de
-pasar una temporada, y se había quedado allí.
-
-El ex intendente era solterón, hombre servicial capaz de sacrificarse
-por sus amigos.
-
-Tenía su centro de operaciones en la biblioteca de Gastizar.
-
-Era de estos hombres ordenados y clasificadores, y todo lo que había
-reunido en su vida de intendente lo guardaba catalogado en sus
-armarios; tenía mucha afición a los pájaros y una canariera que cuidaba
-con todas las reglas del arte.
-
-Al instalarse en Gastizar, el ex intendente vió que la biblioteca era
-bastante buena. El antiguo propietario había querido sin duda rivalizar
-con Garat, sobre todo en conocimientos vascos, y desde Oihenart a
-Astarloa, y desde Larramendi a Zamacola, no faltaba autor que se
-ocupara del país.
-
-El ex intendente tenía mucho cariño por sus sobrinos, sobre todo por
-León el pintor.
-
-No se explicaba la gente cómo madama de Aristy le había aceptado
-definitivamente en su casa, con la poca amistad que tenía por los
-parientes de su marido.
-
-El tío Víctor era un hombre moreno de aspecto un poco sombrío, una
-cara de esas cetrinas y atormentadas; vestía redingot abotonado hasta
-arriba de aire militar y color oscuro, polainas y cuello de camisa alto
-y tieso, que dibujaba sobre la mejilla atezada un triángulo de tela
-blanca y almidonada que salía de la corbata.
-
-Darracq vivía en el cuarto de la torrecilla que daba a la carretera,
-y solía allí trabajar haciendo barcos o esferas armilares. Estaba
-suscrito a varios periódicos extranjeros, y las noticias interesantes
-que encontraba en ellos las recortaba y las pegaba en un libro.
-
-El tío Víctor tenía como asistente a un vasco aventurero que había
-rodado por el mundo, a quien llamaba Ali.
-
-Ali había estado durante algunos años alistado entre los mamelucos de
-Egipto y había sido corsario. Ali al llegar a Ustariz tenía todas las
-trazas de un turco; usaba unos bigotes largos, gorra roja y pantalones
-bombachos.
-
-Al querer instalarse Darracq en Gastizar madama de Aristy puso el veto
-a Ali; dijo que mientras usara aquellos bigotes y aquella indumentaria
-no estaría en su casa.
-
-Ali, suspirando, se afeitó y se puso una blusa azul y pareció un
-aldeano como otro cualquiera, más moreno.
-
-Ali era hombre con éxito en el pueblo; cuando contaba sus aventuras en
-Egipto y en Grecia tenía a todos pendientes de sus labios.
-
-Otro de los huéspedes que solía pasar largas temporadas en Gastizar era
-el caballero de Larresore, constante compañero de charlas de Miguel.
-
-Larresore era soltero, de más de sesenta años, muy atildado y elegante;
-tenía las mejillas sonrosadas, las melenas largas y bien peinadas, las
-patillas cortas. Vestía a la inglesa. Su traje ordinario era casaca de
-color pardo claro, chaleco blanco bordado, pantalón corto de piel de
-seda y polainas negras.
-
-En el chaleco llevaba dos cadenas de reloj con algunos dijes.
-
-Larresore vivía en invierno en Bayona, y cuando llegaba el buen tiempo
-iba a pasar temporadas a las casas de sus parientes y amigos.
-
-Larresore era muy egoista, con una gran perfección maquiavélica en su
-egoismo. Preparaba las cosas que le convenían muy de antemano con todo
-detalle y daba mil rodeos para conseguir lo que se proponía.
-
-Larresore había estado en Inglaterra durante la Revolución.
-
-La Revolución vino a cogerle en un momento en que pensaba hacer un buen
-matrimonio y un buen negocio. Al caballero le quedó siempre el odio
-por este movimiento inoportuno que vino a estropear su porvenir.
-
-Larresore se pintaba así mismo como un realista arruinado por la
-Revolución, cosa que a juzgar por los que le conocían no era cierta,
-porque, según éstos, el caballero nunca había tenido fortuna.
-
-Larresore cultivaba su personalidad de realista; hacía valer sus
-amistades y escribía cartas a los hombres ilustres del partido, y si le
-contestaban exhibía sus respuestas por todo el pueblo.
-
-Larresore en Inglaterra se había aficionado a las costumbres inglesas,
-al té y a los vinos de España.
-
-En Londres conoció al vizconde de Chateaubriand, a quien consideró
-como un fatuo hasta que vió que se hacía célebre, y entonces hablaba
-constantemente del vizconde como de un amigo íntimo a quien había
-adivinado.
-
-El caballero de Larresore encontraba la sociedad del siglo XIX egoista
-y desprovista en absoluto de sensibilidad.
-
-Es necesario tener el espíritu saturado de egoismo para reconocerlo al
-momento en los demás y en sus más pequeñas partículas. Larresore lo
-reconocía en seguida, lo olfateaba.
-
-El tenía la costumbre de decir cuatro o cinco frases de cajón cuando
-ocurría una desgracia; creía a la gente dura y seca de espíritu sin
-efusiones ni poesías.
-
-Ya no se sabía ser galante con las damas; no se amaba el campo. El
-caballero de Larresore no había sido muy platónico, ni era capaz de
-mirar un paisaje un momento.
-
-Larresore se lamentaba de las transformaciones de la época. Contaba su
-vida de cuando había ido a París antes de la Revolución recomendado a
-Garat.
-
---¡Qué sociedad aquella!--exclamaba.--Alegre, social, cortés. Como ha
-dicho mi ilustre amigo monsieur de Talleyrand, el que no ha vivido
-antes de la Revolución no sabe lo que es la dulzura de vivir.
-
-Y contaba anécdotas de su tiempo parecidas a las de todos los tiempos,
-y recitaba los madrigales enviados por él a las cómicas, que firmaba
-con notas musicales La... re... sol... re.
-
-El caballero creía que estos rasgos de ingenio no podían volver a darse.
-
-Larresore hablaba de Garat el menor, su amigo, con mucha lástima, por
-haber tenido que convivir con los tigres de la Revolución.
-
---Hoy, el hombre en Francia--decía el caballero--está descontento de
-sí mismo y de la sociedad. He aquí a mis dos sobrinos León y Miguel.
-León quiere ser pintor, pero no se contenta con ser un pintor como
-hubiera sido un gentil hombre de mi tiempo, pintor para mostrar sus
-cuadros entre sus amigos, no; quiere ser un gran pintor, y que hablen
-de él los periódicos. El papel impreso... ¡Qué cosa más lamentable!
-Respecto a Miguel, está perdiendo en absoluto sus condiciones físicas
-de caballero; se ha dejado la barba, se corta el pelo al rape.
-
---Es más cómodo, tío. Va uno siendo viejo.
-
---¡Viejo a los cuarenta años! En mi tiempo no había viejos.
-
---¿Habían encontrado ustedes la fuente de Juvencio?
-
---No; es que nadie se retiraba voluntariamente. Se vivía para la
-sociedad. Entonces había verdadera fraternidad.
-
---Sí, entre ustedes; pero no entre ustedes y la gente pobre.
-
---¿Y ahora la hay de esa?
-
---No, es verdad; ahora tampoco la hay.
-
---Entonces reinaban las mujeres. El hombre estaba educado por ellas. Se
-sabía ser amable, galante. La Revolución ha acabado con todo esto.
-
-Madama de Aristy y las dos señoritas de Belsunce cuando le oían daban
-la razón a Larresore; el ex intendente Darracq movía la cabeza como
-indicando que habría que pesar el pro y el contra de la cuestión, y
-Miguel se reía.
-
-Todas las formas de vivir exclusivamente sociales hacen del hombre un
-cómico que representa un papel, y Larresore era un comediante completo.
-Eso sí. El quería el teatro adornado y los actores caracterizados con
-perfección.
-
-Muchas veces en confianza decía de la vieja señorita de Belsunce: Yo
-comprendo que se pinte, pero que se pinte bien.
-
-Además de los parientes solían ir amigos a pasar temporadas a Gastizar.
-
-De los contertulios del pueblo, los más asiduos eran madama Luxe con su
-hija, las señoras de Darneguy, el vicario Dostabat y el organista de la
-iglesia, Harismendy.
-
-Algunos suponían que a madama de Aristy no le hubiese disgustado casar
-a su hijo con madama Luxe, que era rica; otros decían que era la viuda
-la que miraba con buenos ojos a Miguel, y otros que era a Miguel a
-quien le gustaba la viuda.
-
-También solían ir a Gastizar con frecuencia la señora Darneguy y su
-sobrina. Madama de Aristy las estimaba mucho. La señora Darneguy
-vivía con una pequeña pensión, y era muy severa; la sobrina Carolina,
-ya de cierta edad y con algunos cabellos de plata, trabajaba haciendo
-bordados. Madama de Aristy las enviaba con frecuencia regalos; pollos y
-frutos de la huerta.
-
-El vicario Dostabat iba a Gastizar todas las semanas un día. Era
-Dostabat un hombre alto, de vientre abultado, la cara roja, los ojos
-pequeños y claros y la nariz larga. Tenía de cincuenta a sesenta años.
-Era tipo de cura del antiguo régimen; muy aficionado a las buenas
-comidas y a los vinos excelentes.
-
-Los vinos de mesa eran su especialidad; los miraba, los olía, los
-cataba como un verdadero conocedor. También le gustaban las cartas y
-era maestro en todos los juegos. El padre Dostabat era cura de manga
-ancha, y creía que la mayoría eran pecadillos que Dios perdona sin
-esfuerzo.
-
-El organista de la iglesia, el abate Harismendy era un hombre de unos
-cuarenta años, moreno, los ojos negros, muy vivos. Harismendy tenía
-gran afición a la música y enseñaba solfeo a los chicos del pueblo.
-
-En Gastizar solía acompañar a Alicia al piano.
-
-A veces había concierto; Alicia cantaba, el joven Larralde-Mauleón
-tocaba el violín. Harismendy el piano y Miguel el violonchelo.
-
-Larresore, que no era muy aficionado a la música, intentaba siempre
-monopolizar a Miguel y llevarlo al campo de sus discusiones. Los dos
-rompían la frialdad y el aire ceremonioso de la tertulia de Gastizar
-con sus observaciones, a veces de un atrevimiento chocante.
-
-
-
-
-IX.
-
-CHORIBIDE EL VERSÁTIL
-
-
-AL contemplar el paisaje de Ustariz, al ver sus casitas blancas con
-sus enredaderas y sus parras, el río con sus meandros bordeados por
-arboledas, se pensaba involuntariamente en la vida idílica y pastoril.
-
-Parecía que los habitantes del pueblo debían vivir al estilo de los
-héroes de Teócrito y de Virgilio; pero por debajo de esta bucólica
-apariencia aparecía, como no podía menos, el fondo de pasiones y
-deformidades de todo núcleo de población humana.
-
-Ustariz estaba dividido en pequeños grupos; unos indiferentes, otros
-enemigos. Era el primer grupo el de Garat.
-
-Garat había hecho muchos favores en el pueblo y tenía grandes amigos.
-En sus últimos años el viejo convencional enfermo, y retirado no quería
-intervenir en los asuntos de la villa, aunque la Revolución de Julio
-le dejaba en condiciones para tomar parte en la política. Garat estaba
-cansado y tenía bastante con sus recuerdos.
-
-Otro grupo se reunía en el barrio de Eroritz en la casa de los Darralde
-llamada Jaureguia. La tertulia de Gastizar no era enemiga de la de
-Jaureguia aunque había entre ellas cierta disimulada hostilidad.
-
-Los Darraldes eran ricos, pero tenían aire de advenedizos.
-
-Su riqueza trascendía a especulaciones recientes. Darralde, el viejo,
-había comenzado a enriquecerse en tiempo de la Revolución. Guardaba en
-su casa muebles, tapices y alfombras que había comprado por casi nada
-en Dax, Auch y Bayona a los agentes de Barere, Cavaignac y Dartigoite.
-
-Darralde, después de negociar durante el Imperio por toda Francia,
-había formado parte de una sociedad que compraba las grandes
-propiedades de los castillos antiguos para venderlas en parcelas y
-derribar las ruinas.
-
-Esta _banda negra_, como la llamaban los arqueólogos, los artistas y
-los poetas, había operado en el mediodía a la par que otras hacían sus
-negocios en el centro y en el norte.
-
-Uno de los Darraldes había casado con una señorita de la familia de
-Mauleón, lo que le había hecho subir en categoría social.
-
-Otro punto de cita menos distinguido que las casas de los Aristy y de
-los Darralde era el Bazar de París, tienda que tenían dos hermanas, las
-señoritas de La Bastide con su abuela. Estas dos hermanas, Delfina y
-Martina, daban mucho que hablar al pueblo por sus amores.
-
---Las señoritas de La Bastide no llevan una vida honorable--decía
-madama de Aristy de una manera dogmática.
-
-La abuela, por lo que aseguraban algunos viejos había sido igual.
-Después de dar varios escándalos en el pueblo, marchó a Bayona y
-luego a Auch en la época del Terror, donde fué una de las favoritas
-de Dartigoite, este dictador que predicaba la inmoralidad por las
-calles y terminaba sus discursos poniéndose desnudo ante el público. Se
-aseguraba que se le había visto a la abuela del Bazar de París, en su
-juventud, vestida de Diosa Razón, y algunos la llamaban así en broma.
-
-La Diosa Razón del Bazar de París tenía una cara del siglo XVIII,
-una cara de enciclopedista, la frente despejada, la nariz respingona
-y corta que sostenía unas antiparras, los ojos claros. Un señor del
-pueblo afirmaba que la hubiera tomado por el mismo Diderot.
-
-Las dos señoritas del Bazar, Martina y Delfina eran unas mujeres
-guapas. La mayor, Martina, era alta, de ojos negros hermosos, de aire
-arrogante y un poco desdeñoso. La pequeña era morena, pálida, de una
-palidez mate con los ojos lánguidos y tristes, y muchos lunares y
-muchos rizos.
-
-Martina, por lo que se decía, tenía como amante al ingeniero de montes;
-la Delfina, que siempre caía más bajo, estaba enredada con un perdido
-que trabajaba en un molino a quien llamaban Marcos el gascón, pero no
-le guardaba fidelidad ninguna y tenía citas con algunos muchachos que
-entraban de noche en su casa por la huerta.
-
-Estas dos muchachas, Martina y Delfina, atendían la tienda y llevaban
-las cuentas; la una siempre altiva y orgullosa, la otra como una pálida
-flor de lujuria viviendo en una somnolencia erótica.
-
-Antigua rival de la Diosa Razón era una vieja a quien llamaban la
-Estéfana y que tenía otra tiendecita. La Estéfana era una vieja
-sonrosada y sin dientes, con los ojos claros y vivos, que murmuraba de
-todo el mundo. Solía estar detrás del mostrador, envuelta en un chal
-y ganaba explotando la afición de las viejas borrachas del pueblo al
-aguardiente, pues a cambio de la copita les tomaba huevos y maíz a muy
-bajo precio.
-
-La Estéfana salía poco de casa y cuando salía se ponía un traje negro
-muy elegante, de tafetán, que por la humedad olía como las telas de los
-paraguas.
-
-En casa de la Estéfana jugaban a las cartas tres o cuatro viejas y
-reñían y se insultaban cuando perdían algunos suses.
-
-Tras de la reunión del Bazar de París y de la tienda de la Estéfana
-venían ya las tabernas y reuniones de la gente campesina.
-
-Había un señor que frecuentaba todas las tertulias del pueblo las altas
-y las bajas. Este señor era monsieur Choribide a quien llamaban en
-Ustariz el Muscadin.
-
-Choribide era un viejecito flaco, canoso, con unos ojillos claros, una
-cara afilada, alegre y burlona. Choribide había vivido durante mucho
-tiempo entre la canalla de París; tenía el acento del pueblo bajo
-parisiense cuando hablaba francés, y cuando hablaba vascuence parecía
-un campesino vasco.
-
-Ya el uso de un idioma u otro le daba una personalidad distinta.
-Si hablaba el francés era el hombre de la gran ciudad depravado y
-corrompido, en cambio si se expresaba en vasco era el campesino de una
-malicia inocente.
-
-Choribide, viejo currutaco, vestía como en su juventud. Llevaba casaca
-oscura, medias de seda blancas, grandes botas, pantalón de paño de
-color de canela, chaleco a lo Robespierre y corbata de muchas vueltas.
-Usaba en los días de gala peluca que tiraba a roja, sombrero de copa y
-varios dijes en el chaleco.
-
-El nombre de Choribide, en vasco camino de pájaros, se había prestado
-entre los vascófilos a algunas disquisiciones y a algunos chistes.
-
-Garat había dicho que el apellido verdadero no era Choribide con b,
-sino Chorivide con v, palabra híbrida de chori, en vascuence pájaro,
-y de _vide_ en francés vacío, lo que valdría tanto como pájaro vacío,
-pero si Choribide tenía algo de pájaro no tenía nada de vacío.
-
-Choribide y Garat solían soltarse pullas. Una vez un amigo común dijo a
-Garat:
-
---Este Choribide es un granuja. Vendería su alma por dos pesetas.
-
---Claro que sí--contestó Garat--y saldría ganando.
-
-La historia de Choribide el Muscadin era una historia curiosa.
-
-Había salido de un caserío de Ustariz a estudiar para cura en el
-seminario de Larresore, pero en el camino se le había pesado y no
-atreviéndose a volverse a su casa se fué a Bayona. Allí entró en una
-tienda de dependiente, y como el oficio no le gustaba tomó el camino y
-se marchó a París a pie.
-
-Choribide que tenía mucha afición al teatro hizo amistades entre
-cómicos y cómicas y vivió medio de agente y medio de criado.
-
-Durante algún tiempo fué el parásito del tenor Garat, de este trovador
-del Directorio y rey de los Muscadines.
-
-Choribide lo había hecho todo. Había comenzado su carrera histriónica
-tomando parte en las representaciones patrióticas de la época del
-Terror y había figurado como comparsa en la _Sansculotide_ haciendo de
-ciego.
-
-Choribide había vagado por París durante los tumultos y las matanzas
-terroristas.
-
-Al iniciarse la reacción de Thermidor se había convertido en Muscadin,
-en elegante enemigo de los revolucionarios violentos y astrosos. De
-esta época le venía el apodo.
-
-Después fué especialista de muchos oficios innobles, hizo el agiotaje
-de los asignados, sirvió de gancho en las casas de juego, y durante
-algún tiempo fué agente de la policía diplomática organizada por el
-ministro Tondu-Lebrun. En las malas épocas estuvo asociado con una
-banda de monederos falsos.
-
-No ocultaba que parte de su vida había vivido haciendo delaciones que
-las cobró bien.
-
-Choribide estaba acostumbrado a la caza del político y a la caza del
-incauto.
-
-La intriga era uno de sus elementos. Para él no había moral, ni
-derecho, ni nada, sólo había necesidades que engendraban combinaciones
-en que se salía ganando o perdiendo. La moral no contaba en sus
-cálculos.
-
-Ya machucho Choribide llegó a Ustariz con un pequeño retiro a cobrar
-una herencia. Allí conoció a una solterona muy religiosa, sobrina del
-antiguo párroco y dueña de una finca que se llamaba Archa-baita, y se
-casó con ella.
-
-El ex terrorista iba todos los domingos a la iglesia con su mujer.
-
---¿Es usted religioso?--le preguntaron alguna vez.
-
---No--replicó él--pero hay que contentar al pueblo. Hago como
-su excelencia el duque de Otranto en otro tiempo el ciudadano
-Fouché--añadía.--Yo le he visto a Fouché cuando se inauguró el busto de
-Lepelletier Saint-Fargeau hablar de que había que destruir las cruces
-y signos religiosos y poner en los cementerios un letrero que dijese:
-la Muerte es el sueño eterno. Años después pasamos por sus tierras unos
-cuantos cómicos en coche y vimos a un señor que se descubría con gran
-respeto al pasar delante de unas cruces. ¿Quién es? preguntamos. Es Su
-Excelencia el duque de Otranto.
-
-Choribide era un cínico.
-
---Dicen que mi mujer ha sido durante quince años la querida de su tío
-el párroco--solía decir con indiferencia--es posible, pero no es nada
-clerical.
-
-Choribide tenía entusiasmo por su versatilidad.
-
---El pobre Garat y yo--decía frotándose las manos--hemos estado en
-todos los partidos. No podemos echarnos nada en cara. Hemos salido un
-poco prostitutas.
-
-Añadía también medio en serio, medio en broma que sentía ser viejo y
-vivir en una aldea, pues le hubiera gustado probar el sansimonismo.
-
-Choribide tenía influencia y conseguía cosas que otros con más
-representación no podían conseguir. A cambio de estos favores aceptaba
-lo que le dieran.
-
---Yo diré como Caillot--decía una vez en la tertulia del Bazar de París.
-
-Como nadie sabía allá quién era Caillot, la gente se encogió de hombros
-hasta que uno preguntó: ¿Y qué decía Caillot?
-
---Pues Caillot--explicó él--era un cómico excelente y muy viejo en mi
-tiempo a quien yo no vi representar. Caillot vivía en Saint Germain y
-era muy amigo de Juan Jacobo Rousseau. Un día Juan Jacobo vió a Caillot
-con un cuchillo de caza admirable y le dijo que le chocaba que se
-permitiera gastos tan excesivos.--No, no lo he comprado yo--contestó
-Caillot--me lo ha regalado Su Excelencia, el príncipe de Conti.--¿Es
-que usted acepta los regalos de los príncipes?--preguntó Rousseau.--¡Y
-yo que le tenía a usted por un filósofo!--Lo soy, dijo Caillot.
-Usted es un filósofo que rehusa y yo soy un filósofo que acepta.
-Yo--terminaba Choribide--soy como Caillot un filósofo que acepta.
-
-Choribide era inagotable contando anécdotas.
-
-El caballero de Larresore que algunas veces lo encontraba en el Bazar
-de las señoritas de La Bastide hubiera querido despreciarlo, pero la
-verdad era que le admiraba e iba muchas veces a oirle.
-
-Choribide contaba la vida de París durante el Terror, la gente
-marchando por las calles con la mirada baja espiándose con el rabillo
-del ojo, y por las noches las familias que se encerraban en las casas
-temiendo las visitas domiciliarias.
-
-Choribide explicaba cómo funcionaban los garitos del Palais Royal, cómo
-se jugaba, quiénes eran los puntos más fuertes y quiénes las cortesanas
-más célebres de aquellos lugares. Un día llegaba y decía:
-
---Hoy hace cuarenta años estaba yo en el teatro en París, viendo
-representar una comedia _Los acontecimientos imprevistos_. En aquella
-noche estuvo a punto de ser presa madama Dugazon por decir unos versos
-entusiastas mirando al palco en donde estaba María Antonieta. ¡A
-la cárcel! ¡A la cárcel! gritábamos los jacobinos. La cómica no se
-intimidó, se acercó más al palco de la reina y recitó con mayor energía
-los mismos versos. ¡A la cárcel! ¡A la cárcel! seguíamos gritando
-nosotros mientras otra parte del público aplaudía con entusiasmo.
-
-A este viejo currutaco le gustaba contar horrores vistos por él en
-la Revolución y hacía temblar a sus oyentes hablándoles del suplicio
-de los reyes, de los girondinos y de los dantonianos que había
-presenciado. Sobre todo en los detalles era donde el viejo Choribide
-estaba extraordinario; cuando hablaba, por ejemplo, del negro Delorme,
-uno de los exterminadores de los presos en las matanzas de Septiembre,
-llegaba a lo trágico, Choribide describía a este negrazo medio desnudo,
-con el cuerpo manchado de sangre, degollando hombres y mujeres entre
-risas y carcajadas.
-
-Después pintaba el contraste del negro velludo teniendo en brazos el
-cuerpo decapitado de la princesa de Lamballe, al que pasaba un trapo
-húmedo para quitarle la sangre, mientras la cabeza de la infortunada
-princesa estaba en una taberna próxima y un peluquero le rizaba el
-pelo. ¡Qué blanca es!--decía la gente al ver el cuerpo de la princesa.
-Y esta idea de la blancura de la víctima exasperaba a la plebe, y un
-bárbaro arrancó al cadáver el corazón y otro el sexo y las entrañas.
-
---¿Y era una mujer hermosa?--le preguntaron dos o tres a Choribide
-cuando contó esta escena.
-
---No, tenía más de cuarenta años y el vientre arrugado.
-
---¿Y cómo aceptaban ustedes esto?--decía Larresore.
-
---¿Y qué íbamos a hacer mi querido caballero? ¿Ibamos a decir que
-éramos moderados cuando al peluquero Basset se le guillotinó por haber
-hecho pelucas de aristócratas? Había que ser rojo para vivir; si no
-estaba uno perdido. No había más remedio. Fué moda ser filósofo,
-fuímos filósofos, luego republicanos, fuímos republicanos, después
-terroristas, luego thermidorianos, después bonapartistas, hemos sido
-realistas y ultramontanos; ahora aparecemos como liberales. Garat y
-yo lo hemos sido todo. Nos acusaran de versátiles, ¡qué tontería! De
-veletas. Por lo menos no dirán que somos veletas enmohecidas ni roñosas.
-
-Y Choribide se frotaba las manos riendo.
-
-Le gustaba a este viejo contar casos de apostasía y de cambios de
-opinión. Le gustaba también explicar las intrigas de su tiempo y
-descubrir las causas bajas y ridículas que habían dado origen a
-acontecimientos que se tenían por grandes.
-
-El cínico y extraño personaje era hombre de gran instinto social;
-entraba en todas las casas de Ustariz y entre ellas en Gastizar. ¿Cómo
-le aceptaba madama de Aristy? Era difícil comprenderlo.
-
-Choribide visitaba a lo mejor y a lo peor del pueblo; solía estar en
-la cabecera de la cama de Garat haciendo compañía al viejo político y
-en el salón de madama de Aristy; otras veces convidaba en la Veleta de
-Ustariz a un veterano de la Revolución que estaba en el asilo, a quien
-los chicos llamaban Cucú el rojo y cantaban los dos la _Carmañola_,
-el _Ça_, _ira_ y otras canciones desvergonzadas y terribles, algunas
-dedicadas a la _Sainte guillotinette_.
-
-Choribide de tres en tres años iba a París, solía visitar a sus amigos
-realistas y a los republicanos que aún vivían. Visitaba también a los
-cómicos y cómicas viejas en sus guardillas y se enteraba de todo y
-hasta se enternecía, al parecer, aunque para él todo no era más que un
-dato y un motivo de conversación.
-
-Desde las jornadas de Julio, Choribide tenía en su casa un teniente de
-infantería de la Guardia real que había sido licenciado y era sobrino
-de su mujer.
-
-El teniente Rontignon era un tipo de militar de café, punto fuerte para
-jugar al billar y al dominó. Choribide se había propuesto casarle con
-alguna rica y había echado el ojo a madama Luxe, pero Rontignon además
-de haragán era hombre tímido y no se atrevía a dirigirse a una señorona
-tan elegante y tan distinguida.
-
-
-
-
-X.
-
-UN SOLITARIO
-
-
-ADEMÁS de Garat, de Choribide y de Cucú el rojo, había otro
-representante de la Revolución en un guarda del bosque de Ustariz que
-vivía completamente aislado en una cabaña rodeada de robles. Llamaban a
-este solitario el tío Juan.
-
-El tío Juan era hombre de unos sesenta años, todavía fuerte, calvo, con
-la cara inteligente y llena de arrugas y los ojos brillantes. Solía
-vérsele rara vez en el pueblo; iba vestido con una casaca de color
-castaña, con cuello de terciopelo, medias de lana blancas y zapatones.
-
-Los que le conocían aseguraban que el tío Juan tenía un entusiasmo
-fanático por la Revolución, un entusiasmo que huía del análisis y que
-prefería en los hombres el odio a sus ideas que la aceptación de ellas
-a medias.
-
-Al parecer, el tío Juan era de esos hombres que quieren cuadricular la
-vida y someterla a una norma lógica y fiera.
-
-El tío Juan tenía el espíritu del fanático que se da lo mismo en las
-ideas religiosas que en las humanitarias. El no podía aceptar lo
-irregular, lo laxo, no podía comprender que las sociedades necesitan un
-margen de benevolencia y de inmoralidad que es muchas veces el refugio
-de la libertad y del buen sentido.
-
-Durante la Restauración la policía vigiló varias veces al tío Juan. Se
-aseguraba que había sido uno de los más feroces jacobinos de Burdeos
-y que había estado en Cayena con Collot d'Herbois y Billaud Varennes,
-pues habló una vez del ex cómico Collot que bebía el ron como si fuera
-agua, y del ex congregacionista Billaud que mataba su aburrimiento en
-la deportación domesticando loros.
-
-Acogido a un indulto y vuelto a Francia el tío Juan había sido
-protegido por Basterreche en Bayona, pero deseando vivir en el campo y
-en la soledad se dirigió a Garat y por influencia de éste le hicieron
-guardabosque.
-
-Se decía que Garat le puso como condición para estar en Ustariz el que
-no se hablara de él.
-
-El guardabosque lo prometió y cumplió su promesa. No tenía amistad ni
-relaciones con nadie, y si alguna vez le excitaban a discutir lo rehuía.
-
-El mismo cuidado del tío Juan de no ser advertido hizo en ciertas
-épocas de la Restauración el que la policía le siguiera los pasos y el
-pueblo se fijara en él.
-
-Se decía que Ali, el asistente de Víctor Darracq iba con frecuencia a
-visitarle a su cabaña del bosque y que el solitario se comunicaba con
-Garat. Se decía también que algunas veces se habían encontrado de noche
-a un jinete que se apeaba cerca de Gastizar y que este jinete era el
-guardabosque.
-
-
-
-
-XI.
-
-LOS LOCOS DEL PUEBLO
-
-
-PARA completar el cuadro de Ustariz, en 1830 habría que hablar de los
-locos y de los excéntricos del pueblo, que abundaban allí como en todos
-los pueblos vascos.
-
-Uno de ellos, el más curioso era Muchico.
-
-Muchico tenía los ojos brillantes, unas largas barbas y llevaba blusa
-negra. A pesar de su aspecto siniestro de su mirada fija no tenía nada
-de agresivo. Los chicos se burlaban de él y le gritaban y le tiraban
-piedras. El les amenazaba con el puño y tenía que esconderse en los
-portales. A Muchico le entusiasmaban los caballos y los coches, y le
-asustaban los perros. El viento sur le intranquilizaba y le ponía
-exaltado y de mal humor. Cuando la veleta de Gastizar miraba hacia
-España era mala señal para Muchico. Este andaba más excitado y nervioso
-que de ordinario.
-
-Otro medio loco que aparecía en el pueblo con frecuencia era el hermano
-Ventura.
-
-El hermano Ventura era un viejo místico recogido por los jesuítas de
-Bayona, que le pasaban una pequeña pensión. El hermano Ventura era
-chiquito, vivo, de más de setenta años. Tenía un ojo con una nube,
-la boca torcida, las barbas blancas, el cráneo calvo y la frente
-deprimida. Vestía un gaban largo y un sombrero de copa. Después de las
-jornadas de Julio el hermano Ventura se presentaba más derrotado que en
-los años anteriores.
-
-El hermano Ventura echaba largos discursos llenos de fuego, cuando
-pronunciaba la palabra Dios se quitaba el sombrero y a veces se
-arrodillaba.
-
-En sus discursos hablaba de los castigos del infierno con tal ardor que
-asustaba a las mujeres y les quitaba el dinero para misas.
-
-Algunos decían que el hermano Ventura era sólo un pillastre, pero había
-en él mucho de perturbado.
-
-Otro de los tipos del pueblo era Cucú el rojo, o Cucú gorro rojo como
-le llamaban los chicos.
-
-Cucú el rojo era un soldado de la República, gascón de nacimiento que
-había ido a parar de viejo a un asilo de Ustariz.
-
-Cucú había tomado en los años que llevaba recogido, las costumbres y
-las frases de las monjas que cuidaban a los asilados, pero en ciertos
-días que le dejaban libre y bebía de más, sacaba un gorro frigio sucio
-y lleno de agujeros y comenzaba a perorar en las tabernas.
-
---Ciudadanos--gritaba con la cara inyectada.--La patria está en
-peligro. Los aristócratas de Coblentza nos amenazan. Los espías de
-Pitt y de Coburgo nos acechan. ¡A las armas! ¡A las armas!--y cogía el
-bastón y se ponía como un soldado en guardia.
-
-Después cantaba con voz ronca el Ca, ira y bailaba la Carmagnola.
-
-A los realistas del pueblo, que eran casi todas las personas pudientes,
-no les molestaba esto del todo, porque veían en ello una prueba de la
-plebeyez y de la grosería de las tendencias revolucionarias.
-
-Para ellos la República con sus glorias no podía servir más que para
-hacer vociferar a hombres, como Cucú el rojo en las tabernas o en los
-caminos.
-
-Algunas veces Choribide había puesto frente a frente al hermano Ventura
-y a Cucú el rojo.
-
-Cucú el rojo decía su repertorio, y el hermano Ventura vociferaba como
-si estuviera en un bosque:
-
---¡Vete a confesar desdichado!--le decía--¡Estás en pecado mortal! El
-diablo está detrás de ti, ahora mismo dictándote estas palabras, el
-diablo que está lleno de ciencia y de razones. Sí... sí... no hables.
-Vete a confesar ahora mismo desdichado.
-
-Choribide se reía a carcajadas. El hermano Ventura quiso llevar un día
-a Cucú el rojo y a Muchico a la iglesia, pero al acercarse a la puerta
-los dos se le escaparon.
-
-Una loca del pueblo, que andaba por los alrededores y no entraba en las
-calles, era Grashi Erua.
-
-Grashi Erua era alta, delgada, rubia, envejecida, con la cara llena
-de arrugas. Vestía con andrajos de todos colores y como los chicos la
-tiraban piedras no quería ir al pueblo.
-
-Muchas veces se la veía en medio del bosque con el pelo suelto y una
-corona de flores silvestres, también se le había visto al lado de un
-arroyo que formaba un remanso, sentada con un manojo de harapos y
-cantando como si tuviera un niño en brazos.
-
-Se decía que Grashi Erua era la hija de una señorita extranjera que
-la abandonó. La habían dejado de niña en un caserío y desde entonces
-los dueños del caserío eran ricos. Por lo que se contaba, estas gentes
-del caserío habían despojado a la loca en vista de que su madre no
-aparecía; y no la habían puesto a trabajar porque era indómita y
-salvaje.
-
-
-
-
-LIBRO SEGUNDO
-
-LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830
-
-
-
-
-I.
-
-DOS AMIGOS
-
-
-IGNACIO Iturri, liberal emigrado en Francia desde los sucesos de 1823,
-era hijo de un comerciante de buena posición de Pamplona. Se había
-visto Iturri al llegar a Bayona sin medios de fortuna, y como estaba
-medio enamorado de una muchacha, que servía de cocinera en una casa
-rica de la plaza Grammont, se casó con ella y puso una posada en la
-calle de los Vascos, a donde fué atrayendo a todos sus paisanos que
-iban a Bayona por algún negocio.
-
-La posada de Iturri ocupaba toda una casa de piedra y ladrillo rojo,
-con entramado de vigas negras y el tejado de piñón. Esta casa tenía dos
-pisos, y en el principal en el balcón muy saliente colgaba una muestra
-con un letrero en francés y otro en castellano.
-
-La posada de Iturri era limpia y decente, los cuartos grandes con el
-suelo encerado y las ventanas de guillotina, los muebles modernos;
-además de esto, tenía el atractivo de ser uno de los sitios en donde se
-guisaba mejor en Bayona, pueblo en donde se guisa bien en todas partes.
-
-Un inconveniente tenía la posada de Iturri y era el olor a bacalao que
-salía de los almacenes de la calle de los Vascos. A tal perfume había
-que acostumbrarse quieras que no; habituándose a ello la posada de
-Iturri podía considerarse casi como un lugar de delicias.
-
-Iturri era hombre de unos cincuenta años, fuerte, rechoncho, de
-ojos negros, de cara redonda y rasurada de tono azul y expresión
-melancólica. Hablaba con mucha calma y circunspección. Cualquiera
-le hubiera tomado por un cura o por un exclaustrado, sin embargo, a
-pesar de su aire clerical, de su cara dulce y de sus manos blancas y
-regordetas era hombre de arrestos.
-
-Su mujer Graciosa, era una vasca de aire de grulla, de nariz afilada
-y mejillas sonrosadas, que trabajaba, hablaba y reñía todo al mismo
-tiempo sin parar.
-
-Iturri el posadero que no tenía hijos, aceptó en su casa a un sobrino
-suyo ex seminarista escapado de Pamplona, llamado Manuel Ochoa.
-
-Manuel Ochoa era un muchacho hijo de unos labradores del valle de
-Ulzama. Considerándolo como chico listo sus padres le habían puesto a
-estudiar para cura. Al principio Ochoa marchó bien en el Seminario,
-pero luego comenzó a averiguarse que cortejaba a las mozas, después se
-supo que se manifestaba liberal y al último que había asistido a una
-reunión de militares masones. Ochoa buscado por la policía se metió en
-Francia y fué a acogerse a la fonda de su tío. Iturri le trató bien, y
-como tenía grandes conocimientos entre los emigrados le presentó a Don
-Sebastián Miñano que estaba por entonces trabajando en varias obras y
-que publicaba desde 1825 la Gaceta de Bayona.
-
-La mujer que vivía con el abate Miñano, y de la que tenía varios hijos,
-era algo pariente de Ochoa así que éste fué protegido por el abate.
-
-Ochoa era muchacho violento, capaz de trabajar con entusiasmo. En los
-ratos de ocio se dedicaba a jugar a la pelota, lo que era para él como
-un sucedáneo de la acción.
-
-Pronto le disgustó a Ochoa la colaboración con Don Sebastián Miñano.
-
-Entre los liberales emigrados se decía que la redacción de la Gaceta de
-Bayona que estaba en la calle del Pont Neuf bajo los arcos, en casa de
-Barandiaran, era un punto de espionaje de Calomarde.
-
-Manuel Ochoa riñó varias veces con Miñano. Ochoa era de estos hombres
-tempestuosos, que saltan al menor roce, que arrastran a la gente y
-tienen siempre entusiastas por su valor y su energía.
-
-Una señora de Bayona, casada con un propietario rico, se enamoró de
-Ochoa y el seminarista tuvo un momento de éxito y de orgullo. Esta
-señora que no tenía mucho miedo ni a la opinión ni a su marido, fué
-varias veces a cenar con el estudiante a un gabinete reservado de la
-fonda del Comercio.
-
-Iturri el fondista, que temía el escándalo, fué a ver a Miñano y a
-contarle lo que pasaba, y entre los dos decidieron mandar a Ochoa
-con un pretexto a París. Ochoa copiaría documentos en la Biblioteca
-Nacional para el abate.
-
-En aquella época, Ochoa hubiera preferido quedar en Bayona, pero como
-no encontraba la menor apariencia de pretexto que oponer tuvo que
-marcharse.
-
-Ochoa fué a París, conoció a algunos emigrados españoles y tomó parte
-en la sublevación de Julio.
-
-Cuando Leguía y Chacón, comisionados por los liberales de Londres,
-llegaron a París, Ochoa se unió a ellos en sus visitas y diligencias.
-Luego al ir presentándose los emigrados se hizo definitivamente de su
-grupo.
-
-Conoció a Mina, a Chapalangarra, a Jáuregui. Como no tenía ya carrera
-ni oficio pensó que lo mejor sería unir su suerte a la de aquellos
-hombres. Más culto que estos militares, pudiendo hermanar las letras
-y las armas, pensó le sería fácil conseguir un éxito con poco que le
-ayudara la suerte.
-
-En París trabó amistad con Eusebio de Lacy, con quien vivió durante
-algún tiempo.
-
-Eusebio de Lacy era un joven de ojos azules, pelo rubio y aspecto poco
-fuerte, aunque tranquilo y noble.
-
-Eusebio había nacido en Holanda, en la isla de Walcheren, adonde su
-madre había seguido a Luis de Lacy, que entonces era capitán en la
-legión irlandesa que mandaba Arturo O'Connor y que estaba al servicio
-de Napoleón.
-
-Eusebio pasó su infancia en Quimper, pueblo de su madre, que de soltera
-se llamó la señorita de Guermeur.
-
-Durante la guerra de la Independencia y mientras su padre don Luis se
-batía contra los franceses, Eusebio estuvo en un colegio; terminada la
-guerra, Lacy, que había sido teniente general del ejército de Galicia y
-de Cataluña, fué destituído por Fernando VII, que tenía esta manera de
-pagar a los que se sacrificaban por su persona mientras él adulaba de
-una manera baja a Napoleón.
-
-Destituído el general Lacy fué a vivir a Vinaroz y desde allí
-escribió a su mujer para que viniera con su hijo a reunirse con él,
-pero la francesa tenía resentimientos con su marido y no quiso ir
-a su encuentro. Entonces se cruzaron entre los dos cartas agrias y
-recriminaciones violentas.
-
-El general Lacy era de estos tipos extraños que aparecen en las
-naciones en épocas de turbulencia. Su padre era de origen irlandés; su
-madre, francesa; él, andaluz de San Roque. Su destino había sido tan
-contradictorio y su carácter tan arrebatado, que muchas veces llegaron
-a considerarle como loco.
-
-Durante la juventud de Lacy luchó al lado de los franceses, más tarde
-peleó contra ellos.
-
-El día 2 de Mayo estuvo a punto de ser muerto por su uniforme de
-francés. Lacy era hombre exaltado, atrevido, y pertenecía a la
-masonería. Muerto Porlier, todas las esperanzas del partido liberal
-estaban puestas en él.
-
-Lacy, con Milans del Bosch, en combinación con La Bisbal y algunos
-otros, preparó de una manera aturdida el pronunciamiento que le perdió.
-Dejando Vinaroz se presentó en Caldetas con el pretexto de tomar las
-aguas y con el fin de ponerse al frente de la sublevación. Al fracasar
-ésta, el capitán general de Cataluña, don Francisco Javier Castaños,
-que estaba en el secreto de la conspiración y que había dado el permiso
-a Lacy para trasladarse de Valencia a Cataluña, sabiendo a lo que iba,
-mandó en persecución suya al brigadier Llauder, a Llauder que era masón
-y había estado protegido por Lacy.
-
-Tanto Castaños como Llauder eran hombres de pocos escrúpulos, capaces
-de unirse a Lacy si vencía y de fusilarlo si fracasaba.
-
-Llauder salió en busca de los sublevados camino de Mataró. Milans
-del Bosch alcanzó la frontera; Lacy, no se sabe por qué, en vez de
-apresurarse a huir, para lo que tenía tiempo sobrado, se detuvo y cayó
-preso.
-
-Una Comisión militar le juzgó y le condenó a muerte; el Gobierno y
-Castaños, que en este asunto representó un papel muy ambiguo, ordenaron
-que Lacy fuera trasladado a Mallorca; hicieron creer al pueblo que
-era con el objeto de encerrarlo solamente y al llegar al castillo de
-Bellver lo fusilaron.
-
-Al triunfar el movimiento liberal de 1820, los amigos de Lacy, entre
-ellos Milans de Bosch, escribieron a la viuda para que enviara a su
-hijo a educarse a España; un ayudante fué a buscar a Eusebio a Quimper
-y lo acompañó a Barcelona.
-
-Poco después el muchacho asistió en Palma de Mallorca a la exhumación
-del cadáver de su padre enterrado en la iglesia de Santo Domingo, que
-fué transportado con gran pompa a Barcelona.
-
-Las Cortes, para honrar su memoria nombraron a Eusebio primer granadero
-del Ejército español.
-
-Eusebio siguió en el colegio de Barcelona, siendo un motivo de orgullo
-para todos, y estuvo viviendo una temporada en Madrid. Los amigos y
-camaradas de su padre le hablaban de él con entusiasmo; le contaban sus
-proezas y sus rasgos de energía y de valor.
-
-Eusebio llegó a tener por su padre una adoración ciega, que le llevó a
-ver con disgusto el comportamiento de su madre.
-
-Al acabar su existencia de tres años el Gobierno constitucional,
-Eusebio volvió a Quimper y vivió soñando con España y con los liberales
-amigos de su padre, hombres todos que le parecían de un romanticismo
-exaltado, de una generosidad extraordinaria.
-
-Creía que en España todos los hombres eran valientes como el Cid y
-todas las mujeres seres poéticos e ideales; en cambio, tenía una
-profunda antipatía por los parientes y amigos de su madre, que querían
-hacerle comerciante y francés.
-
-A los veinte años Eusebio fué a París y poco después a Londres. Allí
-se hizo amigo del hijo de Milans del Bosch, conoció a los emigrados
-españoles y fué a las tertulias elegantes, en donde se distinguía por
-su belleza Teresa Mancha, la hija del coronel don Epifanio.
-
-Lacy llevaba en Londres una vida muy distinta a la de los demás
-emigrados; paseaba, leía, escribía un diario. Eusebio era un joven
-de espíritu claro y sereno; quería ver las cosas sin apasionamiento,
-empresa difícil, intentando al mismo tiempo conservar el entusiasmo.
-
-Estaba enamorado de las cosas grandes y nobles, y hubiera querido que
-éstas se hicieran sin trabajo, sólo con abnegación y sacrificio.
-
-La Revolución de Julio, sorprendió a Lacy en Londres. Como la mayoría
-de los liberales, al saber su resultado marchó a París, donde conoció a
-Ochoa, de quien se hizo gran amigo.
-
-Al enterarse los dos del proyecto de intervención por la frontera de
-los constitucionales se trasladaron a Bayona, y como Lacy no tenía
-mucho dinero, fué a vivir con Ochoa a la fonda de Iturri de la calle de
-los Vascos.
-
-Mientras llegaba el momento de batirse, Lacy vivía con mucho método;
-tenía las horas del día distribuídas y seguía sus costumbres formadas
-en el colegio.
-
-En cambio Ochoa se exhibía ante el público, tenía el prestigio de
-ser un héroe de la Revolución, había presenciado la muerte de dos
-bayoneses en las calles de París, a los cuales se levantó después un
-monumento cerca de la Catedral; conocía el francés casi tan bien como
-el castellano y hablaba elocuentemente emborrachándose con su oratoria
-y con los licores con que le obsequiaban los entusiastas del nuevo
-régimen.
-
-
-
-
-II.
-
-ESTAMPA DE BAYONA EN 1830
-
-
-BAYONA, como siempre que ha habido trastornos en la península, estaba
-en 1830 llena de españoles. Era en esta época la ciudad del Adour, un
-pueblo variado, pintoresco y un tanto indefinido. Los franceses del
-Norte lo consideraban como una ciudad de aspecto español, para los
-españoles del mediodía tenía un carácter completamente francés, para
-los vascos era un pueblo poco vasco y para los gascones poco gascón.
-Las cuatro lenguas, el francés, el español, el vasco y el patois se
-oían por las calles de la ciudad constantemente.
-
-Bayona tenía, como ahora, tres barrios separados por sus dos ríos; la
-Gran Bayona, la Pequeña Bayona y Saint Esprit.
-
-Este último barrio era entonces, no solamente un pueblo separado de
-Bayona, sino que hasta 1827 formaba parte de otro departamento.
-
-Los tres barrios tenían sus fortificaciones; la Gran Bayona el castillo
-Antiguo, la Pequeña Bayona el castillo Nuevo y Saint Esprit la
-Ciudadela.
-
-La grande y la pequeña Bayona, separadas por el río Nive, estaban
-encerradas por la misma muralla abierta en cuatro puertas, de las
-cuales la más monumental era la puerta de Francia, con sus baluartes,
-sus fosos y su puente levadizo.
-
-El barrio de Saint Esprit era un pueblo pobre habitado por judíos.
-
-Uniendo Bayona con ese barrio había por entonces un puente de barcas,
-que ondulaba, se balanceaba y crugía cuando el mar agitaba las aguas de
-la ría o cuando el Adour y el Nive venían hinchados por las lluvias.
-Este puente tenía dos andenes para los coches, uno de ida y otro de
-vuelta, y otro central para los peatones.
-
-El puente sobre el Adour era la galería de todos los tipos de la vida
-bayonesa, la calle más concurrida de la ciudad.
-
-Los aguadores iban a llenar sus cubas a una fuente de Saint Esprit que
-se consideraba la mejor de los contornos; filas de judíos de perfil
-aguileño y de voces graves o agrias cruzaban el puente para correr sus
-géneros; muchachas jóvenes artesanas vascas y gasconas pasaban riendo;
-alguna dama con miriñaque y crinolina iba a hacer compras, algún _lion_
-lucía su frac y sus melenas, y algún refugiado español marchaba sombrío
-embozado en la capa y con el cigarrillo entre los dedos.
-
-Por las tardes con el buen tiempo los bayoneses paseaban en la plaza
-de Armas mientras tocaba la banda militar, los jóvenes tenientes
-arrastraban su sable con indolencia y las nodrizas hacían bailar a los
-niños en sus brazos.
-
-Cuando llovía se paseaba en las Arcadas.
-
-Al llegar el verano la gente salía al campo, iba hacia el mar, visitaba
-el lago de Mouriscot y la Chambre d'Amour, y miraba a lo lejos las
-crestas agudas del monte Larrun, en el cielo radiante.
-
-
-
-
-III.
-
-LAS AMISTADES DE LACY
-
-
-VARIAS visitas de amigos suyos y de algunos de su padre tuvo Lacy en
-su estancia en Bayona. La que más le extrañó fué la de un antiguo
-condiscípulo suyo en un colegio de Rennes, que se llamaba Jorge Tilly.
-
-Tilly llegó con una señora inglesa y un abate y fueron los tres a
-hospedarse a la fonda de San Esteban.
-
-Tilly fué a visitar a Lacy y estuvieron los dos charlando largo rato.
-Tilly hablaba muy mal el castellano.
-
-Lacy se manifestó en el curso de la conversación como lo que era, un
-liberal entusiasta; en cambio Tilly estuvo muy reservado; para él las
-teorías no tenían importancia, sino los hechos; él creía que se podía
-encontrar una posición en que se elogiara a Felipe II y a Robespierre.
-
---Dado el papel que un tipo se haya propuesto ver cómo la cumple.--Esta
-era la cuestión según Tilly.
-
---¿Yo cómo voy a medir con la misma medida al que quiere ser fraile y
-al que quiere ser un Don Juan?
-
-Como Eusebio Lacy siempre había tenido a Tilly por un extravagante no
-quiso discutir con él. Le preguntó por sus proyectos.
-
-Tilly dijo que pensaba ir a España, en viaje de exploración. Desde allí
-le comunicaría a Lacy noticias de cómo iba aquello. Tilly era un joven
-alto, rubio, de aire cansado, con la cara un poco flácida, el labio
-inferior belfo, los ojos claros; tenía un tipo de príncipe degenerado
-de la Casa de Austria.
-
-Lacy recordaba a Tilly de su época de colegial, como un chico algo
-místico que quería ser fraile. Tilly se mostraba siempre muy misterioso
-y no le gustaba hablar de sí mismo y menos de su familia.
-
---Aquí te tienen por aristócrata--le decía Lacy en el colegio.
-
---Sí--contestaba él--; dicen que nosotros descendemos de los Tilly
-de Normandía que tenían un castillo cerca de Caen; pero los Tilly se
-han dividido en tantas ramas, que la mayoría de los que llevan este
-apellido no tienen entre sí parentesco. Hoy hay Tillys ricos y pobres.
-Yo soy de los pobres y he nacido en Jersey donde vive mi familia. Mi
-padre era español y yo lo soy también, por lo tanto.
-
-Tilly, a quien Lacy hacía diez años que no veía, se le reveló en
-Bayona como un muchacho cínico y atrevido, cansado de todo y con un
-gran desprecio por los hombres. Pretendía ir a España a hacerse una
-posición, y como creía que la tendencia liberal había de triunfar más
-pronto o más tarde, quería ponerse de acuerdo con los liberales.
-
-Lacy quedó un poco asombrado de la audacia y del cinismo con que su
-condiscípulo se explicaba, y prometió relacionarle con los emigrados.
-
-Consultó con Milans del Bosch, con Ochoa y otros amigos, y se tomaron
-informes de Tilly.
-
-Tilly se había convertido en un muchacho crapuloso, jugador, de una
-moral incomprensible para Lacy. Al parecer tenía éxito con las mujeres,
-a las que no trataba bien. Su cara pálida, fría e impasible, su aire
-elegante y de aburrimiento le hacían un verdadero _lion_.
-
-Tilly tenía unas tarjetas en donde se llamaba vizconde, en otras
-caballero y en otras se anunciaba como viajante de comercio.
-
-A pesar de que quería demostrarlo no tenía seguridad en sus ideas, y
-muchas veces caía en unas preguntas candorosas y absurdas.
-
---¿Tú no crees en las cartas?--le preguntó una vez a Lacy.
-
---No, hombre, no; eso es una tontería.
-
-Tilly tenía también unos proyectos tan poco lógicos, de una
-ingeniosidad tan pueril, que dejaban estupefacto a su amigo.
-
-Tilly, en el tiempo que estuvo en Bayona anduvo en tratos con los
-judíos de Saint Esprit, a quienes vendió algunas joyas para jugar o
-para vivir.
-
-La señora que le protegía y a quien llamaba su prima en público, era
-una señora inglesa de unos cuarenta años, que se hacía llamar Lady
-Russell. Tilly se la presentó a Lacy. A Eusebio le pareció que esta
-dama, por debajo de su máscara indiferente y sonriente, tenía un gran
-entusiasmo amoroso por Tilly y al mismo tiempo una profunda desolación.
-
-A Tilly le acompañaba un abate que parecía ejercer el cargo de capellán
-de Lady Russell, pues esta dama era católica. El abate era un hombre
-de un aspecto selvático y al mismo tiempo inteligente; tenía el pelo
-rojo, la frente tempestuosa, las facciones toscas, groseras, de hombre
-de campo; el color encendido y los ojos claros y brillantes.
-
-Tilly y el abate, en los días que estuvieron en Bayona, dejaron un
-rastro de desórdenes y de crápula.
-
-Los dos en compañía de un aventurero francés que se las echaba de muy
-liberal y se llamaba Husson de Jour frecuentaban todos los lugares de
-perdición. Husson se daba por revolucionario y carbonario, que había
-peleado con Mina en España en 1823 en compañía de Armando Carrel, y
-era un tipo de hombre jactancioso y fanfarrón, de grandes bigotes y de
-grandes actitudes.
-
-Al prepararse a marchar a España, Tilly se presentó a Lacy. Este, al
-verle pálido y desencajado, le dijo:
-
---¿Para qué haces esa vida de perdido?
-
---¡Pse! No sé, la verdad, porque ya me empieza a aburrir.
-
---Entonces no lo comprendo.
-
---Yo tampoco. ¿Que quieres? No hay hombre que no sea un enigma para los
-demás y para sí mismo. Unicamente los que tienen una tradición muy
-fija, como los judíos, saben lo que son y lo que quieren.
-
---Tú no tienes la tradición de ser un perdido.
-
---No; soy un perdido, como dices tú, por abandono y algo por
-curiosidad. En mi familia ha habido de todo: ricos, pobres,
-revolucionarios, realistas. En mí se han debido mezclar estas diversas
-tendencias, y me han hecho un tipo mixto y contradictorio.
-
---Pero en ti está escoger una línea y seguirla.
-
---Pienso hacerlo más tarde. Ahora me voy a España. Desde allí te
-enviaré algunas cartas con clave y cifra, que te las darán aquí
-descifradas.
-
---Bueno.
-
-Tilly se despidió de Lacy y al día siguiente dejó Bayona.
-
-
-
-
-IV.
-
-LOS GRUPOS HOSTILES
-
-
-EN una ciudad pequeña como Bayona, que no pasaba de los quince a diez y
-seis mil habitantes, todo el mundo se conocía, y más, como era natural,
-la colonia española y los que estaban relacionados con ella.
-
-Al establecerse Lacy en Bayona e intimar con sus compatriotas, vió con
-tristeza que no había entre ellos más que odios, rivalidades y desunión.
-
-Ya durante su estancia en Londres notó las rencillas de los emigrados;
-pero, naturalmente, en una ciudad inmensa las divisiones no se notaban
-tanto como en un pueblo pequeño, en donde la gente se veía a cada paso.
-
-En Londres, los constitucionales españoles habían formado grupos que
-tan pronto crecían como se achicaban, casi siempre por un motivo
-personal.
-
-El primer grupo moderado y aristocrático estaba dirigido por hombres
-de cierta cultura, como Argüelles, Alava, etc. Este grupo se
-caracterizaba por ser eminentemente civil, y había rechazado, cuando se
-lo propusieron, las ofertas de militares como Morillo, Ballesteros y
-O'Donnell.
-
-El segundo grupo era de los ministas o partidarios de Mina. Los
-enemigos les llamaban despectivamente los mineros. Este grupo, el
-más extenso y el más fuerte, contaba con elemento civil y militar,
-pero predominaban en él los militares. Estaban en él casi todos los
-oficiales de mérito refugiados en Inglaterra, Bélgica y América,
-excepto los que tenían algún motivo de queja, fundado o no, contra el
-caudillo navarro. El Gobierno inglés trataba a este grupo con gran
-consideración, y según se decía le proporcionaba fondos para pagar sus
-agentes.
-
-En España casi todos los liberales esperaban, más que de ningún otro
-jefe, de Mina. Era el que tenía más partidarios incondicionales.
-Este entusiasmo ciego por Mina parecía odioso a sus rivales. Mina,
-según éstos, quería ser un ídolo, un santón a quien se le obedeciera
-ciegamente.
-
-Torrijos, San Miguel, Valdés y otros habían roto con él por este
-motivo, porque no querían obedecer con pasividad. Es posible que por
-dentro hubiera en ellos un fondo de rivalidad próximo a la envidia.
-
-Mina quería dirigir él, sin dar parte a nadie de lo que hacía, y
-afirmaba que gracias a su prudencia y a sus precauciones los espías del
-Gobierno español no podían averiguar sus manejos.
-
-Mina, mientras estaba en Inglaterra fechaba sus cartas en Plymouth y
-vivía cerca de Londres en una casa de campo.
-
-El general llevaba sus asuntos con una gran cautela; para cada empresa
-que se le presentaba buscaba el hombre a propósito. Se había servido
-varias veces de Sanz de Mendiondo, otras del teniente coronel Baiges,
-un gallardo ex guardia de Corps, que tenía fama de conquistador y
-de fatuo, y otras de su secretario Aldaz. Algunas cuestiones muy
-reservadas las llevaba dictando a su mujer, y otras más secretas aún
-las seguía él mismo, sin comunicárselas a nadie.
-
-El zorro navarro ocultaba muy bien sus maniobras y consideraba el
-secreto necesario e imprescindible.
-
-El segundo partido militar, colocado enfrente del de Mina, lo
-capitaneaba Torrijos y tenía como lugarteniente al coronel don
-Francisco Valdés. Estos no sentían gran entusiasmo por la Constitución
-de Cádiz, como los ministas y deseaban algo más radical. Méndez Vigo y
-sus partidarios pensaban en la República.
-
-Otra facción liberal era la de los masones, a cuya cabeza estaba don
-Evaristo San Miguel, que no ocultaba su aversión por Mina.
-
-Mina nunca había sido un masón entusiasta: todas las mascaradas
-simbólicas de esta secta le producían cierta repulsión y se había
-afiliado, como Torrijos, al carbonarismo más activo, más eficaz que la
-masonería, y al mismo tiempo, por entonces, más internacional.
-
-Mina, además, había puesto el veto a mucha gente; según sus enemigos,
-por celos, según sus amigos, por su natural prudencia.
-
-El partido de los masones tenía relaciones continuas con las logias de
-la península y empleaba para ello a los capitanes de buques mercantes y
-a los comisionistas.
-
-Otro último grupo era el de los ex comuneros. Estos tenían como
-prestigio civil a Flores Estrada y como militares a Milans de Bosch y a
-López Pinto.
-
-Los ex comuneros no podían ver a los masones, ni éstos a los ex
-comuneros; pero ambos grupos tenían como lazo común el odio a Mina.
-Milans el viejo lo detestaba. Había tenido el desencanto de salir de
-la isla de Jersey, donde estaba confinado, para avistarse con algunos
-capitalistas ingleses liberales, pidiéndoles dinero para una expedición
-contra la frontera española, y los capitalistas habían dicho que
-únicamente si Mina dirigía la expedición prestarían dinero.
-
-El grupo ex comunero sintió el desdén de esta negativa, y el grotesco
-y envidioso Romero Alpuente escribió un folleto contra el caudillo
-navarro.
-
-Además de estos núcleos formados en Londres había los liberales que no
-querían formar grupo alguno y se consideraban independientes; tales
-eran Méndez Vigo, Chapalangarra, Bertrand de Lys, el padre Asensio
-Nebot y otros varios.
-
-Cada grupo de los constituídos deseaba el fracaso del grupo rival;
-cada hombre que se sentía importante hacía lo posible para aplastar al
-compañero y para erigirse él; tenían todos ellos, unos para otros, esa
-terrible ferocidad de los ambiciosos, para los cuales no hay amistad ni
-comunidad de ideas.
-
-A veces se manifestaban, sobre todo en las cartas, un afecto entusiasta
-y efusivo que no pasaba de figura retórica.
-
-Entre gente ambiciosa como aquélla, la amistad desinteresada era casi
-imposible...
-
-El hombre de acción es el que cree que obra casi exclusivamente por sus
-propias inspiraciones, el que afirma más su albedrio, el que escoge
-lo que debe hacer y no debe hacer, y, sin embargo, es el que está más
-sujeto a la ley de la fatalidad, el que marcha más arrastrado por la
-fuerza de los acontecimientos.
-
-
-
-
-V.
-
-LAS ESTELAS SENTIMENTALES
-
-
-MUCHOS de aquellos hombres sin haber repensado teoría alguna política
-o social, tenían no sólo la certidumbre de su realidad, sino el
-dogmatismo, el fanatismo y hasta la sed de martirio. ¿Quién podrá
-afirmar con más fuerza una cosa que el que no la comprende?
-
-Estos hombres se dejaban llevar por la corriente sentimental del
-momento y eran capaces de hacer por ella el sacrificio de su vida.
-
-En nuestro tiempo, más que en ningún otro, después de la Reforma y de
-la Revolución se da el caso de los pueblos y de los individuos que
-viven con un sentimentalismo distinto y a veces antagónico a sus ideas.
-
-Las generaciones han ido moldeando nuestros instintos, lo consciente
-y lo inconsciente, les han dado una forma, un sentido; pero en este
-conglomerado de nuestra personalidad, la inteligencia se ha separado de
-sus viejos compañeros y ha comenzado a marchar sola.
-
-Así, nuestra época ha dado, más que ninguna otra, santos sin ideas
-religiosas, ateos místicos, mujeres honradas con alma de cortesanas, y
-cortesanas con aspiraciones de monja.
-
-Ante esta disociación de su personalidad, el hombre, que antes que nada
-quiere creer y poner un pie firme sobre la tierra, mira a su alrededor
-y cuando encuentra una ruta la va siguiendo.
-
-Sus antepasados no escogían, se dejaban llevar; los hombres actuales
-escogen, de ahí su desgracia.
-
-Unos escogen ciega y brutalmente--la mejor manera de escoger--, otros
-miran y remiran a derecha e izquierda, quieren pesar el pro y el contra
-¡los ilusos!
-
-Y cuando se deciden van como los demás a ciegas y siguen la estela que
-dejaron las grandes corrientes sentimentales pasadas.
-
-En todas las esferas de la actividad humana, en la religión y en
-la política, en la literatura y en el arte quedan estas estelas
-sentimentales durante largas épocas históricas.
-
-¡Cuántos espíritus religiosos, cuya vida ha sido una serie de esfuerzos
-heroicos para creer en el dogma que no creyeron, han marchado de
-desilusión en desilusión sugestionados por esa mágica estela! ¡Cuántos
-grandes revolucionarios marcharon adelante con un ademán gallardo
-enardeciendo a las masas, llevando el convencimiento íntimo de que
-dentro de sus ideas no había nada!
-
-¡Cuántos millones de soldados muertos sabían únicamente que su patria
-era la que llevaba la bandera roja, la blanca o la azul, la que tenía
-este himno y nada más! Y, sin embargo, han ido arrastrados por la
-corriente sentimental y han hecho ante el caos ciego el sacrificio de
-la vida.
-
-En todas las esferas de la actividad humana, en la religión y en
-la política, en la literatura y en el arte quedan estas estelas
-sentimentales. Todos los grandes hechos de la historia, todas las
-grandes corrientes han pasado por la inteligencia y por la sensibilidad
-de los pueblos dejando una estela.
-
-Ahora, al notar esa estela que queda en el mar de las ideas; que
-es la nuestra, la que hemos escogido, quisiéramos avanzar por ella
-rápidamente y llegar a su más puro origen. Ya es tarde, el barco ha
-pasado para siempre y ya no volveremos a divisar sus velas.
-
-Los astrónomos nos han hablado de que la distancia de algunos astros
-es tan grande, que su luz tarda en llegar a la tierra cincuenta,
-sesenta, ochenta años. Así puede muy bien suceder que una estrella haya
-desaparecido o se haya desplazado, y sin embargo nosotros la sigamos
-viendo en el cielo de las noches espléndidas.
-
-¡Qué triste, qué melancólico resulta pensar que una de esas estrellas
-que parece que nos guía y nos contempla puede no existir ya y sin
-embargo, estarla viendo!
-
-Así en la vida moral y en la vida sentimental cabe sospechar el
-carácter mítico de las ideas y de los dioses, y seguir en la corriente
-que produjeron ellos cuando todavía eran dioses e ideas.
-
-
-
-
-VI.
-
-LOS PREPARATIVOS
-
-
-ESTABA el partido liberal dividido en grupos en la emigración cuando
-llegaron los sucesos de Julio de París, con el destronamiento de Carlos
-X, y toda la grey constitucional se conmovió y fué llamada a Francia
-por intermedio de los agentes de la masonería y el carbonarismo.
-
-El gabinete de Fernando VII publicó contra el Gobierno de Julio un
-manifiesto injurioso suscrito por Calomarde.
-
-No pudiendo contestar a Calomarde, que en punto a la legitimidad tenía
-razón, el ministro de Luis Felipe, decidió asustar a Fernando VII
-ayudando a los liberales españoles.
-
-El auxilio del Gobierno francés permitió a los constitucionales ir y
-venir por Francia y acercarse libremente a la frontera.
-
-El primer punto de cita de los emigrados se estableció en París.
-Allí fueron acudiendo todos ellos desde Londres, desde Bruselas y de
-Suiza. Torrijos y algunos de sus partidarios, que tenían preparada una
-expedición por Gibraltar, quedaron en Londres dispuestos a embarcarse
-para la Península.
-
-Leguía y Chacón, enviados por Mina antes de las Jornadas de Julio,
-habían cruzado el Canal de la Mancha en un falucho. Avanzaron los dos
-hasta la frontera española, pero fueron presos y llevados con escolta
-de gendarmes hasta Calais.
-
-Al triunfar la Revolución los dejaron libres, Leguía sin recursos fué a
-París y presenció los acontecimientos de Julio.
-
-En Agosto comenzaron a pasar el Canal de la Mancha los emigrados. El
-11 bajaron en Calais, Bertrand de Lys, Mendizábal, Olegario Cueto, el
-brigadier Palarea y Juan Llupius. Pocos días después el coronel Valdés
-desembarcó en el Havre.
-
-En París se reunieron Valdés, Leguía, Aldaz el secretario de Mina,
-Mendizábal y Chapalangarra. Habían pasado de Inglaterra a Francia
-con la idea de ejercer una acción común y no había manera de que se
-pusieran de acuerdo.
-
-Leguía, Aldaz y Chapalangarra, los tres navarros estuvieron a punto
-de reñir y de pegarse. Chapalangarra se había separado de Mina, Leguía
-había hecho lo mismo y ambos creían tener motivos de queja contra el
-general. Leguía se creía olvidado y estaba ofendido. Aldaz defendía a
-su jefe viniera o no a cuento.
-
-La reunión de los liberales en París no demostró más que sus
-divisiones. Se decidió formar una junta en Inglaterra, otra en Francia
-y para secundar los trabajos de esta última, los radicales franceses
-constituyeron una segunda junta con el nombre de Comité Español.
-
-Se abrió una suscripción y las listas engrosaron rápidamente. Los
-banqueros Ardouin, Calvo y Bertrand de Lys aseguraron que pronto
-tendrían dinero. La Junta de Francia formada por españoles y dirigida
-por Mendizábal escribió a Mina y le preguntó si podía contar con él.
-
-Mina contestó que sí, y desde este momento la Junta se trasladó a
-Bayona.
-
-Con los primeros fondos del empréstito comenzaron a comprarse armas y
-empezó el alistamiento de los emigrados.
-
-El Comité Español de París, formado por franceses, buscó el apoyo del
-Gobierno de Luis Felipe y del mismo rey.
-
-Luis Viardot, uno de los miembros de aquel Comité, fué a visitar a
-Guizot y Guizot le dijo:
-
---Decid a los que os envían que Francia ha cometido en España un crimen
-político en 1823 y que le debe una reparación y que esta reparación se
-llevará a cabo.
-
-Dupont, Marchais y Loëwe-Weimar, del mismo Comité, fueron a ver a Luis
-Felipe. Luis Felipe dijo que Fernando VII era el mayor bribón que había
-existido. El rey de los franceses indicó que la tentativa contra el
-Gobierno de Fernando le parecía muy bien y dió dinero de su bolsillo.
-
-Algunos amigos de la familia de Orleans aconsejaron que se ayudara a
-destronar a Fernando VII y en ese caso se ofreciera la corona de España
-al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe, a quien se casaría con la
-reina doña María de la Gloria de Portugal, con lo cual se reunirían en
-su cabeza las coronas de los dos reinos peninsulares.
-
-El rey de los franceses comprendía muy bien que estas combinaciones
-no se hacen cuando se quieren y vió en el asunto de los emigrados
-españoles únicamente una manera de imponerse al Gobierno de Calomarde
-para que le reconociera como rey de Francia.
-
-Con la protección de Luis Felipe y del Gobierno, los españoles creyeron
-que el triunfo estaba asegurado. Todos los días grupos de treinta, de
-cuarenta, de cincuenta hombres iban hacia la frontera. Hojas de ruta
-autorizadas por el prefecto de policía favorecían los viajes. Había
-depósitos de armas con el consentimiento expreso de Montalivet y de
-Guizot.
-
-La imperial de las diligencias de Burdeos a Bayona estaban siempre
-retenidas por los agentes españoles para los emigrados. Estos subían a
-sus asientos y hablaban, reían y a veces gritaban:
-
---¡Viva España! ¡Viva la libertad!
-
---Pronuncian _Biba_--decía algún francés con asombro.
-
-Y el señor culto y erudito recordaba la frase de Escaligero sobre los
-españoles que parece de algún gran aficionado al vino: Felices populi
-quibus vivere est bibere.
-
-
-
-
-VII.
-
-UNA CARTA DE TILLY
-
-
-ESTABA Lacy olvidado de Tilly cuando de la fonda de San Esteban donde
-vivía la inglesa Lady Russell le enviaron una carta de Lacy con
-anotaciones y entre paréntesis puestos después con otra letra. Era la
-carta de una ingeniosidad un tanto pueril como muchas de las cosas
-pensadas por Tilly. Estaba redactada en estos términos:
-
- "Querido Lacy: Te escribo como te prometí para darte noticias de
- lo que pasa en la corte celestial. Mis informes son malos para
- vosotros. Ahí no lo creerán, pero yo veo que en esta comedia el
- Matemático (_Luis Felipe_) se entiende con Calígula (_Fernando
- VII_) que se ha asustado con los preparativos de los ilusos
- (_los liberales_). Era lo que buscaba la gente del Palacio Real
- de Babilonia (_París_). El Gobierno babilónico (_el Gobierno
- francés_) va a prohibir de un momento a otro la salida de los
- ilusos (_liberales_) de sus puntos de acantonamiento, impedirá las
- reuniones y decomisará los instrumentos de trabajo (_las armas_).
- Los agentes del Matemático (_Luis Felipe_) hacen creer a los ilusos
- (_liberales_) que estas medidas son para cubrir el expediente, pero
- no hay nada de eso.
-
- Calígula y su Caballo (_Fernando VII y Calomarde_) al saber por sus
- hurones (_espías_) que se estaban organizando grandes mascaradas
- (_juntas de insurrección_) en Babilonia y en Nínive (_en París y
- en Londres_) reunieron el Consejo de familia (_Consejo de Estado_)
- para deliberar con los familiares (_los ministros_).
-
- Hubo grandes disentimientos en la opinión de los consejeros.
-
- Un partido aconsejó reunir el Agora de Esparta (_las Cortes
- de España_) publicar una amnistía y dar una carta biagórica
- (_constitución de dos Cámaras_) para neutralizar la acción de los
- ilusos (_liberales_), el otro quería la represión a todo trance
- aumentando el efectivo de los mamelucos (_voluntarios realistas_) y
- dejando Esparta (_España_) como hace siete años.
-
- El Caballo de Calígula (_Calomarde_) tiene hurones (_espías_)
- entre los ilusos (_liberales_) y sabe día por día lo que ocurre
- entre ellos.
-
- De estos hurones (_espías_) uno es el comandante don Antonio Oro.
- No es oro todo lo que reluce. Los otros son el francés que andaba
- conmigo, Husson de Jour, que no sé si seguirá aún en Villa-aburrida
- (_Bayona_) y un español, don Manuel Ruiz, que ha recorrido con
- fines de lince (_de policía_) la frontera babilónico-espartana
- (_franco-española_).
-
- El Caballo de Calígula (_Calomarde_) tiene hormigas leones
- (_agentes procuradores_) en el campo iluso (_liberal_).
-
- Los tres bajás de la frontera babilónico-espartana (_los capitanes
- generales de la frontera_) han remitido órdenes de vigilarla
- estrechamente.
-
- Los jefes de los perros de presa (_los tercios_) y los mamelucos
- (_voluntarios realistas_) quedarán a las órdenes de los bajás
- (_capitanes generales_).
-
- Va a publicarse un Iradé (_Real decreto_) poniendo en vigor otro de
- 1825 contra los ilusos (_liberales_) cogidos con los instrumentos
- entre los dedos (_las armas en la mano_) y contra los que les
- presten socorro, un asilo, o tenga con ellos correspondencia.
-
- La pena de empalamiento (_muerte_) alcanzará por la menor cosa,
- la sospecha de complicidad bastará para gozar de la hospitalidad
- económica (_ir a presidio_).
-
- Al mismo tiempo que el Caballo (_Calomarde_) toma estas medidas,
- hace reclamaciones enérgicas al Matemático (_Luis Felipe_), a quien
- no quiere reconocer, amenazándole con represalias y con formar
- cuerpos de camellos babilónicos (_realistas franceses_) que ataquen
- a Babel (_Francia_) por el mediodía.
-
- El bajá general de la Marca (_el capitán general de Cataluña_) y el
- de Vardulia (_Guipúzcoa_), los dos babilónicos (_franceses_) y los
- dos elefantinos (_absolutistas_) trabajan en el reclutamiento de
- los emigrados babilónicos (_franceses_).
-
- Estas medidas según se dice han hecho mella en el Gobierno
- babilónico (_francés_) que os empezará a poner trabas dentro de
- poco.
-
- El acuerdo debe estar hecho. Esparta (_España_) reconocerá al
- Matemático (_Luis Felipe_) y no favorecerá a los elefantinos
- babilónicos (_absolutistas franceses_) y Babel (_Francia_)
- dificultará en cambio los trabajos de los ilusos espartanos
- (_liberales españoles_).
-
- Tu amigo
- EL ESQUELETO"
-
-Eusebio Lacy quedó asombrado al leer esta carta que tenía entre
-ingeniosidades infantiles datos que parecían ciertos. La copió,
-poniendo los verdaderos nombres y fué a leérsela a sus amigos entre
-ellos a Valdés y a Milans del Bosch.
-
-Las noticias de la carta alarmaron a los liberales. Se buscó al
-comandante Oro para pedirle explicaciones, pero Oro había desaparecido.
-Husson de Jour había salido también de Bayona.
-
-Los de Valdés dijeron que respecto de Oro no les chocaba nada que fuese
-traidor, porque era amigo de Mina. Los ministas, en cambio, dijeron que
-hacía tiempo que Oro no se trataba con su jefe.
-
-
-
-
-VIII.
-
-LOS JEFES
-
-
-CON motivo de la carta de Tilly y de sus denuncias, Lacy habló con
-los principales jefes de la emigración largamente y tuvo ocasión de
-conocerlos.
-
-Los encontró muy distintos de lo que él suponía.
-
-Eran todos ellos gente de una ambición fuerte y exaltada, poco
-inteligentes, nada razonadores, fanáticos, arbitrarios y devorados por
-la ambición del mando; tenían en general la actitud orgullosa de los
-virreyes de América.
-
-La mayoría eran hombres de poca lectura y de menos reflexión, aceptaban
-la ideología liberal porque era la del momento y la del posible éxito,
-quizás no la sentían fuertemente ni les importaba gran cosa el fondo
-humano encerrado en ella. En su vida eran austeros; no había entre
-ellos epicúreos, ni comilones, ni borrachos, su mayor vicio era el
-juego. No tenían tampoco efusiones, ni recuerdos sentimentales, ni
-recitaban versos, ni cantaban canciones patrióticas.
-
-Había entre esta gente pocas amistades sinceras, porque cada uno lo
-quería todo para sí, de ahí las rivalidades, los odios, la envidia y la
-eterna suspicacia.
-
-Tenían todos ellos con la fraseología de la Revolución el instinto del
-soldado español del siglo XVI. En ellos lo nuevo con relación a los
-militares españoles antiguos era el anhelo de pasar a la historia, de
-quedar erguidos ante la posteridad. En los antiguos soldados, el summun
-era el mandar y el enriquecerse, en éstos el ideal era el mandar y el
-pasar a la Historia, pero como buenos españoles no querían pasar a la
-Historia por un trabajo largo y persistente, sino por un golpe de mano,
-por una aventura de suerte en que se ganase la gloria o se perdiera la
-vida. El ejemplo de la fortuna de Napoleón, el teniente de artillería
-transformado en Emperador había trastornado el juicio a los militares
-de la época.
-
-Con la esperanza del momento de fortuna estaban todos llenos de ansia;
-la presencia del rival que se encontraba en la misma actitud les
-molestaba.
-
-Eran casi todos ellos gente orgullosa, individualista, que en vez de
-ir arrastrados por el pueblo tenían que suponer que éste les buscaba,
-lo que no pasaba de ser una ilusión. Eran conspiradores más que
-revolucionarios muchos de gustos aristocráticos. Se hubieran reunido
-mejor con Catilina que con Danton. No veían posible en España más que
-el pronunciamiento y cada uno quería hacer el papel de Riego en 1820
-aunque tuvieran que sufrir el de Riego en 1823.
-
-Como casi toda la gente que toma parte en movimientos revolucionarios,
-procedían de distintos campos, venían de los cuatro puntos cardinales.
-En una época en que se viajaba poco, el que más y el que menos había
-estado en Francia, en Inglaterra, en Alemania, en América, en Africa y
-en Oceanía.
-
-Las mujeres de estos militares no intervenían jamás en las cuestiones
-políticas; en general la casa de cada uno estaba cerrada para los
-amigos de la calle y del café.
-
-Las amistades no eran muy profundas. El exceso de personalismo les
-hacía con facilidad hostiles unos para otros. Suponían quizás que
-había una cantidad de gloria común y que si uno cogía mucha a los
-demás les debía quedar poca o nada.
-
-No había posibilidad entre ellos de diálogos, sino de una serie de
-monólogos, cada cual recitaba el suyo con un aire desafiador, con la
-mano puesta en el puño de la espada y no quería oir ni enterarse de lo
-que los otros decían. De aquí que la Revolución española tuviera tan
-poco seso. Era una Revolución de Don Juanes y de Don Juanes sin éxito.
-
-Al irlos tratando a cada uno de ellos, Lacy quedó un poco asombrado
-y desencantado. ¿Qué esperan estos hombres?--se preguntó él--. ¿Qué
-quieren?
-
-La mayoría eran soldados de la guerra de la Independencia y soñaban
-con triunfos de espada y aventuras. Algunos habían absorbido las ideas
-liberales de Francia y de Inglaterra que no les habían modificado los
-instintos ancestrales, en general aceptaban como un dogma el valor del
-papel impreso.
-
-Para ellos lo escrito con letras de molde tenía siempre una virtualidad
-misteriosa y estaban dispuestos a escribir en los periódicos protestas,
-contra-protestas, rectificaciones y vindicaciones.
-
-Ninguno se manifestaba verdaderamente liberal capaz de benevolencia,
-de transigencia, todos eran militaristas y ordenancistas.
-
-El mismo Espoz y Mina, valiente como un león y prudente como un zorro
-en sus empresas políticas, hombre que sabía disimular la violencia
-de su carácter con frases ambiguas, era, tratándose de cuestiones
-personales, de un arrebato impulsivo; a la menor ofensa ardía su alma
-con una cólera desesperada y furiosa.
-
-Gaspar de Jáuregui, el Pastor, otro de los jefes, era un guipuzcoano
-que unía el valor con la astucia. Zumalacárregui, segundo de su
-partida en la guerra de la Independencia, le había enseñado a leer y
-a escribir. Jáuregui consciente de su ignorancia no había pretendido
-salir de ella y su conformidad de campesino con su incultura le había
-dejado siempre en un segundo plano.
-
-Chapalangarra era un solitario, un místico que tenía la fiebre de la
-fama y del martirio; San Miguel un retórico, un escritor mediocre y
-difuso.
-
-Respecto a López Campillo y a Leguía, los dos valientes guerrilleros,
-no tenían condiciones para ser primeras figuras.
-
-Los únicos hombres que podían ponerse frente a Mina, por su influencia
-entre los demás, eran don Manuel Gurrea y don Francisco Valdés.
-
-Méndez Vigo, que pretendía ser jefe, no arrastraba a nadie y era un
-motivo de discordia por su radicalismo inoportuno.
-
-Don Pedro Méndez Vigo estaba acusado de haber mandado dar muerte a los
-prisioneros realistas de la Coruña en 1823, haciéndolos naufragar por
-un procedimiento a lo Carrier. Méndez Vigo era de ideas audaces y de
-muchas pretensiones. No servía ni para mandar ni para obedecer.
-
-Gurrea, el otro rival de Mina, no le había declarado la guerra y
-esperaba el momento. No así don Francisco Valdés. El coronel Valdés
-había roto las hostilidades con Mina y lo trataba como a un enemigo.
-
-Valdés pretendía haber tenido la prioridad en la idea de la expedición
-a la frontera después de la Revolución de Julio y consideraba la
-intervención de Mina como una usurpación.
-
-Valdés era hombre altivo, soberbio, con una exaltación personal grande,
-ambicioso, poco inteligente y lleno de desconfianza.
-
-Valdés era castellano, de Móstoles. En su juventud había estado en
-Dinamarca con el marqués de la Romana, había hecho la guerra de la
-Independencia y la campaña de 1823 y dirigido el golpe de mano de
-Tarifa de 1824.
-
-La hostilidad de Valdés contra Mina y de Mina contra Valdés, procedía
-de una porción de causas y principalmente de los respectivos
-caracteres. Como militar de carrera, Valdés era poco amigo de los
-guerrilleros, como hombre que se había distinguido en el Mediodía
-nada afecto a la gente del Norte. A Mina le pasaba lo contrario, era
-guerrillero y nordista.
-
-En los dos caudillos existía un fondo de patriotismo y un deseo de
-mando. La comunidad sola de estos sentimientos y el afán subsiguiente
-de defender y realzar su figura histórica en Mina y de buscar el medio
-de destacarla en Valdés debía hacerlos enemigos y ponerlos frente a
-frente.
-
-Tanto el uno como el otro eran valientes, atrevidos y ambiciosos, pero
-Mina tenía el valor lleno de audacia y de prudencia; en cambio Valdés
-era más rectilíneo y de menos recursos. Mina sabía a las veces ser
-soldado y diplomático, Valdés no sabía más que ser soldado y soldado
-de filas. Mina tenía un conocimiento innato de la psicología de los
-hombres, sobre todo de los suyos, sabía por lo tanto arrastrar y
-convencer, Valdés no sabía ni lo uno ni lo otro.
-
-Además de estos motivos hondos y personales existían otros políticos e
-ideológicos para el divorcio de ambos jefes.
-
-Mina tenía el entusiasmo por la Constitución de Cádiz y por los hombres
-de aquella época, era anglómano, partidario de guardar las formas y
-consideraba necesario que hubiera en España una clase directora. Le
-quedaba también respeto por Fernando que al fin y al cabo era el Rey y
-no quería oir hablar ni en broma de la República.
-
-Valdés creía que el liberalismo de Cádiz había pasado ya, que era
-necesario sustituirlo por otro más activo; tenía admiración por la
-Francia revolucionaria, era militarista y demagogo, odiaba a Fernando
-VII y creía que debía prepararse la posibilidad de la República. Valdés
-había llegado tarde a la lucha. Se encontraba entre soldados que
-representaban más que él y quería ponerse a su altura.
-
-Los dos jefes, ásperos y orgullosos, no podían venir a un acuerdo.
-Valdés veía en Mina un caudillo a la antigua que mandaba despóticamente
-como un pater familias romano, le molestaba también verle en la
-práctica regionalista, siempre con sus navarros y sus vascos.
-
-Valdés era castellano y por lo tanto más universal, menos regionalista.
-Le indignaba y le sorprendía la suerte de Mina y el éxito que éste
-había conseguido en Inglaterra. Valdés era un radical, todos los
-radicales se unían a él encontrando tibio a Mina. Algunos de los
-antiguos ministas como Fermín Leguía se habían pasado a su bando.
-
-El caso de Chapalangarra y su enemistad contra Mina era de otra clase.
-Chapalangarra discurría y sentía como Mina, pero creía vivamente que
-tenía motivos serios personales de odio contra el general.
-
-Al lado de los militares y oscurecidos ante ellos estaban los paisanos
-adictos a la Revolución. Sin tribuna donde perorar y en el extranjero
-no tenían prestigio alguno.
-
-Eran en su mayoría literatos, jurisconsultos, oradores, no bastante
-fuertes para ser conocidos fuera de España. Entre ellos había algunos
-hombres de mérito como Flores Estrada y algunos políticos de talento
-como Mendizábal, pero la mayoría era gente sólo brillante, incapaz de
-una obra profunda e incapaz también de dominar y de arrastrar a los
-hombres.
-
-
-
-
-IX.
-
-GESTIONES DE LACY
-
-
-UNOS días después de recibir la carta de Tilly y de leerla a los amigos
-y jefes, iba Lacy enviado por la Junta de Francia a Cambó a ver a
-Chapalangarra.
-
-Se quería que Chapalangarra se aviniera a razones y no intentara hacer
-un movimiento solo y sin contar con los demás jefes. Se había escogido
-a Lacy para esta comisión por su juventud y por el prestigio de su
-apellido entre los liberales.
-
-Lacy salió de la posada de Iturri y fué a la parada de la diligencia La
-Bayonesa que salía para San Juan Pie de Puerto y pasaba por Ustariz y
-Cambó.
-
---El interior está lleno--le dijo el empleado--la berlina ídem. Tiene
-usted un puesto en la imperial.
-
---Bueno.
-
-Lacy subió en la imperial de la diligencia en donde iban una mujer
-gruesa, un campesino y dos emigrados españoles. La baca estaba llena de
-fardos, de bultos y de cestas.
-
-Pasó el coche por la puerta de Mousserolles, y comenzó a marchar por la
-carretera.
-
-El tiempo era de otoño, con un sol claro y brillante.
-
-El mayoral de La Bayonesa iba magnífico de seguridad y de petulancia.
-Era corpulento, rojo, de patillas grises.
-
-Manejaba sus cuatro caballos con una seguridad y un aplomo dignos del
-mismo Nerón. Vestía irreprochablemente gran redingot gris, corbata roja
-y guantes amarillos.
-
---¡Eh, Lajeunesse!--le decían. Se llamaba así.--A ver esa caja, esa
-sombrerera. Y Lajeunesse cogía los paquetes de la baca, los lanzaba a
-los mozos, agarraba los que le enviaban al aire, silbaba, hablaba a
-sus caballos, cruzaba las aldeas por callejuelas estrechas, torciendo
-rápidamente, siempre grave y solemne hasta detenerse en la posta. Allí
-hablaba, bebía y decía: Eh, señores, arriba y se lanzaba de nuevo a la
-carretera a correr al compás del estrépito de las campanillas.
-
-Cuando Lacy, después de contemplar el campo, miró a sus compañeros
-de viaje de la imperial vió que uno de ellos era un señor grueso que
-acababa de conocer días antes y llegaba de Bruselas. Se llamaba don
-Juan Olavarría. El otro español Eusebio Lacy sabía que era emigrado,
-pero no lo conocía de nombre.
-
-Olavarría entabló conversación con Lacy y se manifestó muy pesimista
-acerca de la empresa liberal.
-
---Para mí no cabe duda--dijo--que hay un acuerdo entre el Gobierno
-francés y el español. Por eso nuestra situación empeora.
-
---Yo no lo veo así--dijo Lacy.
-
---Pues no cabe duda. Luego nuestros recursos van mal. El empréstito
-negociado por las casas Ardouin y Calvo que había comenzado tan
-brillantemente se agota. Los reclutamientos, los envíos de armas y de
-municiones se dificultan y son detenidos por la policía francesa, las
-hojas de ruta y los pasaportes que se habían acordado a los refugiados
-españoles y a los voluntarios extranjeros se han suprimido. Muchos al
-verse así abandonados por unos y vigilados por el Gobierno comienzan a
-maldecir de Francia y a volverse a sus casas.
-
---Yo no veo que esto vaya tan mal--dijo Lacy.
-
---No le quepa a usted duda. Va muy mal--replicó Olavarría--la unión que
-produjo entre los emigrados el entusiasmo y la esperanza se ha roto.
-Esto toma ya mal aspecto, el aspecto de la descomposición.
-
-Después de exponer las mil dudas que le sugería la expedición liberal,
-el señor Olavarría habló de sus proyectos. Era el buen señor un
-arbitrista; quería transformar el comercio, la economía, la raza
-y hasta la geografía de España. Para todas sus utopías tenía un
-precedente.
-
---No crea usted que esto es un absurdo. Esto se ha intentado en
-Escocia, en el Canadá, en Bélgica y en Australia, y lo han preconizado
-hombres tan ilustres como tal, cual (y aquí citaba ocho o diez nombres
-extranjeros).
-
-El español desconocido que al principio de la conversación iba muy
-fosco, miraba después sonriendo al arbitrista.
-
-Al llegar la diligencia a una venta del camino de Villefranque, el
-señor Olavarría y el campesino francés bajaron a tierra.
-
-El coche echó a andar y quedaron en la imperial el emigrado desconocido
-y Lacy.
-
---Conserve usted el entusiasmo con gente así--exclamó el emigrado y
-soltó después un par de ternos.
-
---¿Es usted de los nuestros?--le preguntó Lacy.
-
---Yo soy Fermín Leguía.
-
---¡Ah! Le conozco a usted de nombre. Yo soy Lacy.
-
-Se dieron la mano.
-
---¿Va usted a Cambó?--preguntó Lacy.
-
---No; voy a San Juan Pie de Puerto, a ver a Jáuregui y a Fermín
-Sarasa que están allá. A la vuelta me detendré en Cambó a hablar con
-Chapalangarra.
-
---¿Tiene usted buenas impresiones, señor Leguía?
-
---Buenas, sí. Hay que seguir adelante. De otra manera no se puede hacer
-nada. Lo malo es la vacilación. Hay que elegir un plan, y a él con los
-ojos cerrados.
-
-Esto lo dijo Leguía asociándolo con toda clase de ternos y de
-interjecciones.
-
---¿Usted no es ahora amigo de Mina, don Fermín?
-
---No. Me ha abandonado de mala manera. A pesar de eso, yo le
-tengo cariño al general; pero es demasiado absolutista. ¿Que riñe
-con Chapalangarra o con Valdés? Pues ya no se puede hablar de
-Chapalangarra o de Valdés. Son unos necios, soberbios y ridículos. No
-tanto. Todos tenemos un poco de culpa en lo que pasa.
-
---Mina debe ser muy exclusivista...
-
---Sí, mucho; pero aquí lo malo no es que sea exclusivista, sino que no
-se decide. Hay unos que dicen que basta acercarse a la frontera para
-que todos los españoles de nuestras ideas se levanten; otros dicen
-que no, que es necesario tener apoyo en la península. De éstos es
-Mina. Pero si lo creía así, ¿para qué ha aceptado el proyecto de la
-expedición si no le gustaba? Valdés, Gurrea, Chapalangarra, Jáuregui y
-yo con ellos, tomamos en París la iniciativa esta. Si no le gustaba a
-Mina, ¿para qué tomó parte en ella? Podía habernos dejado a nosotros la
-responsabilidad y la dirección.
-
---Es que le escribieron, le instaron...
-
---Ya lo sé; pero podía no haber aceptado.
-
---Hubieran dicho que era una cobardía.
-
---Sí, es verdad. En fin, veremos a ver qué sale de esto.
-
-Al llegar a Cambó, Lacy se despidió de Leguía y bajó de la imperial.
-
-Chapalangarra vivía en una posada del barrio bajo de Cambó. El bajo
-Cambó era entonces una pequeña aldea escondida entre árboles, al pie de
-una colina poblada de robles; sus casas, antiguas y negras, estaban en
-parte ocultas por emparrados verdes.
-
-Lacy preguntó por la posada que le habían indicado y entró en ella. Era
-un fonducho solitario, con un comedor en la parte baja y una taberna.
-
-En el comedor de este fonducho paseaba Chapalangarra de arriba a abajo,
-mirando al suelo, con las manos en la espalda.
-
-En un rincón de la mesa jugaban a las cartas cuatro muchachos, y un
-joven melenudo, el poeta Espronceda, leía sentado en un sofá.
-
-Al presentarse Lacy, Chapalangarra le invitó a salir para hablar
-libremente. Tenía miedo de los espías y no confiaba gran cosa en los
-jóvenes que le acompañaban.
-
-Chapalangarra era hombre serio, fuerte, grave, de unos cincuenta años;
-un tipo oscuro, ceñudo y sombrío. Tenía la piel ennegrecida por el sol,
-los ojos grandes, negros; iba afeitado, con tufos sobre las orejas.
-Se le hubiera podido tomar por un cura. Hablaba a trompicones y era
-desaliñado en el vestir.
-
-Durante más de una hora fué Chapalangarra hablando, accionando,
-quejándose de la frialdad y de la falta de entusiasmo de la gente...
-
-La tarde de otoño estaba tan espléndida, el campo tan lleno de aromas,
-de colores, de pájaros, que Lacy miraba a veces al guerrillero
-preguntándose si no dejaría un momento sus resquemores para echar una
-mirada a las maravillas de la Naturaleza; pero Chapalangarra no veía
-más que su mundo interior de violencias y de pasiones.
-
-Era el coronel de Pablo, apodado Chapalangarra, de la Ribera de
-Navarra, de Lodosa, tierra áspera, fea y caliente.
-
-Había peleado en la guerra de la Independencia a las órdenes de Mina;
-después, en los años de 1820 al 1823, concluyó su campaña defendiendo
-como gobernador militar, la ciudad de Alicante hasta lo último.
-
-En la época de su emigración en Londres, de Pablo se presentó a Mina,
-y en la primera entrevista riñó con él. Chapalangarra quería ir a
-España inmediatamente a levantar partidas liberales para restablecer la
-Constitución.
-
-Mina intentó convencerle de que era imposible, de que faltaba dinero
-y medios de todas clases. Chapalangarra se indignó y acusó a Mina de
-tibio y de indiferente.
-
-Ya para aquella época Torrijos había formado su partido radical
-entre los emigrados, en contra del de Mina que era más conservador.
-Chapalangarra fué invitado por los amigos de Torrijos a entrar en él;
-pero no quiso y se decidió a vivir solo, separado de todo el mundo, sin
-amigos ni partidarios.
-
-Chapalangarra tenía la preocupación de Mina y hablaba constantemente de
-él.
-
-Por entonces, en un periódico inglés, salió un artículo en el que se
-acusaba a Chapalangarra de actos de tiranía y de rapiña cometidos en el
-año 1823 cuando gobernaba Alicante.
-
-Chapalangarra denunció ante los tribunales al autor del artículo, y
-éste, temeroso de ser condenado, propuso retractarse en el periódico y
-darle al guerrillero una cantidad como indemnización.
-
-Aceptó Chapalangarra el trato, cogió el dinero e inmediatamente fué a
-casa de Mina.
-
---Ya hay dinero para la Revolución--le dijo, y le entregó todo lo que
-le habían dado.
-
-Mina aceptó la cantidad por no defraudar las esperanzas de su paisano;
-pero éste al ver que pasaban los días y no le avisaban sintió redoblar
-su furor contra el caudillo, a quien acusaba de egoismo, de frialdad y
-de falta de entusiasmo.
-
-Chapalangarra entonces pensó formar rancho aparte con Gaspar de
-Jáuregui (el Pastor) y que éste rompiera con Mina; pero Jáuregui creía
-en la estrella de Mina y no quería abandonarle por ningún motivo.
-
-Era muy monorrima la reconvención de Chapalangarra contra los políticos
-para un hombre como Lacy, que creía que en el mundo había algo más
-que guerras y revoluciones. Lacy se cansó pronto de las quejas del
-guerrillero y pretextó tener prisa.
-
-Volvieron los dos a Cambó, y al llegar cerca del puente Lacy vió que un
-señor le saludaba. Era Miguel Aristy que iba a montar en un tilburí.
-
---¿Quiere usted venir a Ustariz?--le dijo.
-
---Muchas gracias, señor Aristy.
-
---Si no ha traído usted coche, tiene usted que esperar hasta mañana.
-
---¿No le estorbaré a usted?
-
---No, no; de ninguna manera. Contentísimo en tener compañía.
-
-Lacy se despidió de Chapalangarra y montó en el cochecito de Aristy.
-
---Me han dado dos horas de política aburridísimas--exclamó Lacy.--Tenía
-ganas de mirar el campo. ¡Qué tarde más espléndida!
-
---Mal político--exclamó Miguel Aristy dando una palmada a Lacy.--¡Un
-político que quiere mirar los montes y las flores! No será usted un
-Richelieu, ni un Pitt.
-
---Pse. No me importa.
-
-Y Miguel Aristy y Eusebio Lacy dejaron el bajo Cambó, y al trotecillo
-del caballo fueron bordeando el río hasta llegar a Ustariz.
-
-
-
-
-LIBRO TERCERO
-
-LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS
-
-
-
-
-I.
-
-VELADA EN GASTIZAR
-
-
-¿VA usted a quedarse en Ustariz?--preguntó Miguel.
-
---Sí, iré a la Veleta.
-
---No, no; si se queda usted en Ustariz, tiene usted que parar en mi
-casa.
-
---No me gusta molestar.
-
---¡Molestar! ¡Ya se conoce que no vive usted en el campo! Si viviera
-usted aquí, ni en broma diría usted eso.
-
---¿Por qué?
-
---Una persona nueva, cualquiera, en uno de estos pueblos vascos, tan
-quietos, tan inmóviles, es un acontecimiento; y cuando no se trata de
-un cualquiera, sino de un joven distinguido como usted, es un motivo de
-conversación para un par de semanas.
-
---Creo que exagera usted.
-
---No. Ciertamente que no. Quédese usted esta noche.
-
---Bueno; me quedaré.
-
-Al parar delante de Gastizar y bajar del tilburí pasaron dos señoras, a
-quienes saludaron Aristy y Lacy.
-
---Son dos damas españolas--dijo Lacy.
-
---Sí. ¿Las conoce usted?--preguntó Aristy con viveza.
-
---No. El otro día, cuando vinimos aquí a ver al coronel Malpica, las
-encontramos en la posada, que se habían refugiado por la lluvia, y el
-posadero nos dijo quiénes eran.
-
---¡Ah!
-
-Miguel Aristy dejó el coche y el caballo al cuidado de Ichteben, a
-quien preguntó:
-
---¿Dónde están las señoras?
-
---Ahí, en el prado.
-
---Bueno. Entonces vamos por aquí, amigo Lacy. Tú desengancha el coche.
-
---No--replicó Ichteben.
-
---¿No? ¿Pues qué hay?
-
---Está la mujer de tu hermano, y la tengo que llevar a Chimista.
-
---Bien. Está bien.
-
-Miguel y Lacy cruzaron la huerta y subieron a un prado en cuesta con
-un manzanal. En lo más alto había un bosquecillo de robles y a su
-sombra estaban madama Aristy, madama Luxe y su hija Fernanda, las dos
-señoritas de Belsunce y Dolores Malpica, con los chicos.
-
-Dos mozos, con la cabeza cubierta por grandes sombreros de paja,
-estaban segando hierba con la guadaña.
-
-Miguel presentó a Lacy, que fué muy bien acogido por las damas. Madama
-Aristy le trató con gran amabilidad, y Alicia Belsunce y Fernanda Luxe
-quisieron averiguar poco después si el muchacho presentado a ellas
-estaba enamorado o no.
-
-Lacy tenía deseos de hablar con la hija de Malpica, y le preguntó por
-el coronel. Ella le contestó que le inquietaba su llegada; temía que
-viniera a llevarle a su padre.
-
-Miguel, que se había tendido en la hierba, dijo:
-
---Oiga usted, Lacy; si quiere usted le traerán aquí algo para beber:
-vino, sidra o leche.
-
---Tomaré un vaso de leche.
-
---¿La quiere usted cocida o recién ordeñada?--preguntó madama Aristy.
-
---Es igual.
-
-Madama Aristy llamó a uno de los mozos que cortaba la hierba, que
-vino al poco tiempo con dos vacas, una de ellas seguida de un ternero
-recental que corría dando saltos y enroscando la cola.
-
-Alicia Belsunce se levantó y ordeñó a la vaca en una jarra de madera
-que dejó en la hierba.
-
---¡Oh, Bucólicas de Teócrito! ¡Geórgicas de Virgilio! ¡pastorales de
-Longus! ¡Bergeries de Racan!--exclamó Miguel--. Alicia, al mirarte me
-figuro a María Antonieta en el Petit Trianon. El mejor día querrán
-cortarnos a nosotros la cabeza, y lo más triste es que tendrán razón.
-
---¡Qué tonterías!--dijo madama de Aristy haciendo un gesto de
-impaciencia.--Parece mentira que mi hijo diga estas tonterías.
-
---Y eso que tiene tanto talento--exclamó Fernanda.
-
---¡Gracias, hija mía!--exclamó Miguel.
-
---El talento de Miguel es como los fantasmas, no se presenta más que a
-los que los temen--dijo Alicia.
-
---Alicia se nos va a convertir en la señorita La Rochefoucault.
-
-Alicia hizo un gesto de desdén. Bebieron leche Lacy y Fernanda Luxe.
-Miguel dijo que prefería fumar una pipa. Efectivamente, la encendió;
-de pronto, señalando el torreón de Gastizar, dijo:
-
---Nuestra veleta está terrible estos días; se agita con nerviosidad.
-¿Sabe usted, Lacy que tenemos una veleta misteriosa?
-
---Sí; ya he oído hablar de ella.
-
---¿Ha llegado su fama hasta España?
-
---No, todavía no.
-
---¿Pero usted cree que llegará?
-
---Es posible.
-
---La verdad es que ese viejo dragón tiene actitudes cómicas. Luego,
-como está desnivelado, eso le hace más gracioso.
-
---Meterá mucho ruido al girar.
-
---Sí, bastante.
-
---Van ustedes a llegar a tenerle miedo.
-
---Sí, sí, es muy posible.
-
-Dolores, la hija de Malpica, tenía que marcharse con sus chicos y se
-despidió de todos. Los demás decidieron volver a casa y fueron despacio
-hacia Gastizar.
-
-Gastizar en el interior estaba restaurado en tiempo del Imperio. Casi
-todas las habitaciones se hallaban tapizadas con papeles con figuras
-pseudoclásicas. Los muebles eran de caoba, y se veían en las paredes
-cuadros medianos de la escuela de David y de Gerard.
-
-Algunas habitaciones, como el salón, las había arreglado Miguel Aristy,
-más severamente, al gusto antiguo, con muebles de su madre y cuadros
-oscuros de la escuela de Claudio Lorena. El zaguán amplio de la casa,
-enlosado de piedra, tenía unas estatuas toscas que debían de haber
-salido de alguna iglesia o convento desmantelado en 1793.
-
-Además de los campos tenía Gastizar una huerta muy grande y un jardín.
-Cruzando esta huerta, desde la parte de atrás de la casa iba hacia el
-río, una calle de perales en arco que terminaba en un cenador con una
-mesa y unos bancos rústicos. De esta plazoleta del cenador se bajaba al
-Nive, a cuya orilla había un árbol donde solía estar atado un bote.
-
-La señora de Aristy no quería ir al cenador, porque encontraba que era
-sitio húmedo y malsano. Miguel, en cambio, solía pasar muchas horas en
-aquel rincón y pescaba barbos y anguilas.
-
-Después de pasear por la huerta fueron al salón, en donde Alicia tocó
-el piano. Habían llegado el caballero de Larresore, el padre Dostabat y
-el joven Darralde Mauleón, a quienes presentó Miguel a Lacy.
-
-Madama Luxe y su hija, Larresore y el padre Dostabat se quedaron a
-cenar y fueron en la mesa diez personas.
-
-Se habló largo rato, y después de las diez se retiraron madama Luxe y
-su hija con Darralde Mauleón y el padre Dostabat.
-
---¿Usted se acuesta temprano, Lacy?--preguntó Miguel.
-
---No; porque me suelo dormir tarde.
-
---Entonces quédese usted. Charlaremos al lado del fuego.
-
-Quedaron, cerca de la chimenea, Miguel, Lacy, Darracq y el caballero de
-Larresore.
-
-Hicieron Miguel y el caballero varias preguntas acerca del propósito de
-los emigrados españoles, y en el curso de la conversación hablaron de
-las dos señoras del chalet de las Hiedras, a quien había visto Lacy por
-primera vez en la posada de la Veleta.
-
---Yo tengo mis dudas acerca de estas damas--dijo Miguel--. Sería
-desagradable que tuviéramos aquí dos intrigantes.
-
---¿Qué título llevan esas damas?--preguntó Lacy.
-
---La tía se hace llamar condesa de Vejer.
-
---¿Y de dónde es?
-
---Del mismo Vejer, que debe ser un pueblo de la provincia de Cádiz.
-
---Yo preguntaré en Bayona a algún gaditano--dijo Lacy.--¿Y qué vida
-hacen?
-
---Las dos son muy devotas; van todos los días a misa con un aire muy
-compungido. En su casa tienen muchas imágenes religiosas; pero nada de
-esto me convence. Hay en ellas algo sospechoso. Son unas españolas que
-no hablan nunca español. Luego, un criado de aquí de casa dice que un
-día las oyó discutir a tía y sobrina insultándose con palabrotas. Es un
-poco extraño.
-
---Sí, muy raro es. ¿Y ustedes no las conocían de antes?
-
---No.
-
---Estuvisteis bastante torpes en aceptarlas en la casa--indicó
-Larresore.
-
---Yo no estaba aquí--dijo Miguel--cuando mi madre les alquiló el chalet
-de las Hiedras. Si yo estoy, no les alquilo. Parece que traían una
-recomendación de Bayona. Al principio, mi madre parecía contenta; luego
-estuvo diciendo que las iba a echar, que debían ser dos intrigantes, y
-después de repente ha cambiado y no quiere oir hablar de despedirlas.
-Yo estoy convencido de que es mala gente. La vieja, la que se hace
-llamar condesa, tiene todo el aire de una cortesana, aduladora, con
-gran tendencia a la tercería; la joven es de mala índole.
-
---¿Y usted no ha preguntado a nadie quiénes son?--dijo Lacy.
-
---Sí; he preguntado a los amigos de Bayona, pero no las conocen.
-Algunos han oído hablar de ellas como de unas señoras españolas, y nada
-más.
-
---¿Tienen acento español?
-
---Ninguno. Pero eso no significa nada; usted tampoco tiene acento
-español.
-
---Es que yo me he educado en Bretaña, lo que no es corriente en un
-español. ¿Y tienen relaciones esas señoras?
-
---Aquí tienen las relaciones que han hecho por mediación de mi madre.
-Mi madre tiene fama de severa; las ha aceptado a las dos, y todos los
-conocidos las han aceptado también.
-
---¿Y qué vida hacen?
-
---Muy recogida. La condesa viene aquí algunas veces, y se muestra muy
-ceremoniosa y muy aduladora con mi madre. Su sobrina Simona dicen que
-es viuda; no sé. Conmigo comenzó a coquetear descaradamente, y supongo
-que ha tenido que ver algo con mi hermano.
-
---¿Y por qué viven en Francia?
-
---No sé. Esto me parece poco explicado; ellas dan a entender que por
-cuestiones políticas.
-
---¿Son liberales?
-
---No; por su conversación parecen lo contrario. ¿No hay un partido en
-España que se llama apostólico?
-
---Sí.
-
---Pues dan a entender que son de ese partido.
-
---Es posible. ¿Y suele venir alguien a verlas?
-
---Muy poca gente. Ahora, desde hace un mes o cosa así, viene con
-frecuencia un señor del pueblo, un tal Choribide, un cínico. Están
-tramando algo, no sé qué.
-
---¿Y ellas no salen de casa?
-
---Hasta hace poco, casi nada. Ahora, la sobrina va con frecuencia
-al Bazar de París, de dos muchachas del pueblo de una fama un tanto
-equívoca.
-
---¿Y viajan?
-
---Antes iban muy a menudo a Bayona y tenían mucha correspondencia;
-ahora van mucho menos.
-
---¿Y desde cuándo han dejado de ir?
-
---Desde Agosto.
-
---Es decir, desde la Revolución de Julio--dijo Lacy.
-
---Tiene usted razón. No me había fijado en esa coincidencia.
-
---El señor de Lacy haría un gran juez--dijo el caballero de Larresore.
-
---No, no--replicó Lacy--; como siempre ando entre políticos, tengo la
-costumbre de relacionarlo todo con la política, y esas señoras dan la
-impresión de que tienen algo que ver con la política.
-
---¡Cierto!--exclamó Miguel.--Es una idea que la llevaba dentro, pero
-de una manera oscura. Ahora me parece indudable. Cuando vaya usted a
-Bayona, pregunte usted a algún español por ellas. A ver si las conocen.
-
---Lo haré, no tenga usted cuidado.
-
-Después de la larga charla ya cerca de la una, se levantó Lacy y Miguel
-de Aristy le acompañó hasta su cuarto.
-
---No se preocupe usted de la hora del coche. Si no lo coge usted, yo le
-llevaré en el tilburí.
-
---No, no; preferiría que me llamaran para la hora de la diligencia.
-
---Bueno, se le llamará. Adiós, querido Lacy--le dijo Miguel
-estrechándole la mano.
-
---Adiós.
-
-Lacy se levantó por la mañana y salió a la carretera. El sol de un
-día de otoño comenzaba a dorar la tierra, cantaban los pájaros en las
-ramas, murmuraba el río en su cauce. La sierra de la serrería mecánica
-comenzaba a rezongar como un moscardón; el herrero martilleaba en
-el yunque; algunas mujeres pasaban en sus carruchos, y la panadera
-repartía el pan en las casas.
-
-Lacy contempló con simpatía este comienzo de la vida de la aldea. Al
-llegar la diligencia subió a ella, que marchó al trote de sus cuatro
-caballos camino de Bayona.
-
-Al día siguiente, al llegar Lacy a su fonda, por indicación del patrón,
-se dirigió a un italiano, empleado en la subprefectura, amigo de
-Iturri. A las primeras palabras el italiano sonrió maliciosamente.
-
---¿Por qué se sonríe usted?--preguntó Lacy.
-
---Esas dos mujeres que viven en Ustariz han sido hasta ahora de la
-Policía--contestó el italiano.
-
---¿De verdad?
-
---Y tan de verdad.
-
---¿Pero hay mujeres policías?
-
---Ya lo ve usted. No sólo hay misterios en los folletines y en los
-melodramas.
-
---¿Y éstas están reconocidas?
-
---Sí; están fichadas y se tienen que presentar todos los meses aquí. Se
-las conoce por la _fille_ Carolina y la _fille_ Simona.
-
---¿Y desde cuándo han dejado de ser de la Policía?
-
---Desde la Revolución de Julio.
-
---¿Y ahora qué hacen?
-
---Ahora creo que trabajan para el Gobierno español.
-
-Lacy inmediatamente escribió a Miguel Aristy lo que le habían dicho, y
-contó a sus amigos de la Junta lo que ocurría en Ustariz.
-
-
-
-
-II.
-
-LA POLICÍA
-
-
-VARIAS veces había corrido por Ustariz la noticia de que la condesa de
-Vejer y su sobrina eran dos espías.
-
-De dónde pudo nacer el rumor, no se sabía; pero no cabía duda de que
-había algún dato, algún indicio más o menos claro para tal suposición.
-
-Ya desde hacía tiempo se hablaba de mujeres que practicaban el
-espionaje en beneficio de los partidos.
-
-La Policía de la Restauración fué la que comenzó a emplear a las
-mujeres en sus maquinaciones y sus intrigas. El Gobierno de Carlos X
-veía peligros en todas partes.
-
-Por un fenómeno extraño, la Policía de Francia se había reclutado
-siempre entre los tránsfugas de los partidos vencidos. Así, el Poder
-tenía en la Policía su defensor y su enemigo.
-
-En plena Revolución, gran parte de los jefes de la Policía de París
-eran monárquicos. Sometidos en el período del Terror trabajaron con los
-thermidorianos en dominar la Revolución. Durante el Imperio la Policía
-francesa estaba formada por ex revolucionarios y dirigida por Fouché,
-que se impuso a Napoleón como luego se impuso a Luis XVIII amenazándole
-con su ejército de agentes ex terroristas y ex bonapartistas.
-
-En el Imperio, todas las autoridades civiles y militares eran
-policíacas. El ministro Fouché dió el tono a la política imperial;
-Napoleón tenía una policía particular, Fouché otra; al mismo tiempo el
-prefecto Dubois contaba con sus agentes especiales y Talleyrand con los
-suyos.
-
-Las delaciones eran constantes. Al hundirse el Imperio el mundo
-policíaco sobrevivió a la ruina y se pasó al servicio de los
-triunfadores. Los gobiernos de la Restauración comprendieron que debajo
-de las cenizas quedaba aún fuego revolucionario, y para descubrirlo los
-hombres de la policía inventaron algo más perfecto y canallesco que los
-delatores del Imperio: los agentes provocadores.
-
-Los agentes provocadores no se contentaban con traficar con las
-confidencias sorprendidas a las gentes de buena fe, o con las calumnias
-lanzadas contra los hombres proscritos por sus ideas liberales; los
-agentes provocadores urdían ellos mismos conspiraciones, excitaban a
-los locos, a los ilusos y los empujaban al cadalso o la prisión. Era
-llevar a la práctica la máxima jesuítica de que el fin justifica los
-medios. Así se hicieron la conspiración de Belfort y las algaradas de
-las calles de Saint Denis y de Saint Martín de París en 1827, en donde
-la tropa disparó contra la gente pacífica.
-
-La Policía del Gobierno reaccionario de París se correspondía con la de
-Madrid, la de Roma, la de Nápoles y la de Viena.
-
-Durante la Restauración, el partido clerical sirvió con su espionaje al
-Gobierno.
-
-Las iglesias, los conventos, las Asociaciones jesuíticas eran agencias
-de noticias y de informes, que iban de acá para allá y terminaban en
-Roma.
-
-Al acentuarse la política clerical con el Gobierno de Luis XVIII,
-sucedió al conde de Anglés como prefecto de Policía Mr. Guy Delavau,
-magistrado, hombre político que después fué del Consejo de Estado y
-que desapareció en la vida privada a raiz de la Revolución de Julio.
-
-Con la dirección de Delavau, la Policía dirigida por gentes de
-chanchullo como Freret, Vidocq y otros jefes, algunos salidos de
-presidio, comenzó el espionaje en las familias y en los talleres.
-
-Todo se hacía a fuerza de intrigas y de espías. Mucha gente se vengaba
-denunciando a la Policía a su amo, a quien odiaba, a un enemigo, o a un
-rival por amor.
-
-Cualquier procedimiento era bueno. En 1821 la Policía quiso saber el
-paradero del general Bertón. Se intentó corromper hijos, parientes,
-amigos. En vista de que no se obtenían resultados se echó mano de otro
-recurso. Se averiguó que la hermana del ayudante del general tenía una
-criada algo ligera de cascos, y se pidió un agente de policía joven y
-guapo y de buen aspecto, para que intentara tener relaciones íntimas
-con la criada y arrancarla a ella las noticias que se deseaban.
-
-En esta época de Mr. Delavau, la _fille_ Carolina y la _fille_ Simona,
-que se hacían llamar en Ustariz la condesa de Vejer y su sobrina,
-habían comenzado a practicar el espionaje. Era un momento en que las
-mujeres intervenían activamente en la Policía.
-
-Al mismo tiempo que al Gobierno francés las dos mujeres servían a los
-apostólicos de España, con quienes tenían relaciones.
-
-Al estallar la Revolución de Julio, los confidentes y espías del
-anterior Gobierno habían quedado la mayoría destituídos y vigilados.
-
-La Carolina y la Simona, metidas en su rincón de Ustariz, sabiendo que
-les convenía no mostrarse en público, hicieron durante algún tiempo una
-vida muy retirada en su chalet de las Hiedras.
-
-
-
-
-III.
-
-CAROLINA Y SIMONA
-
-
-MIGUEL Aristy, que había sabido por la carta de Lacy qué clase de
-mujeres eran las dos a quienes tenía su madre alquilado el chalet de
-las Hiedras, quiso cerciorarse y enterarse con mayores detalles y fué a
-Bayona. Se presentó en la fonda de Iturri a ver a Lacy, y éste le llevó
-al italiano empleado en la subprefectura.
-
-El italiano no conocía en detalles la vida de las dos damas que vivían
-en Ustariz; únicamente sabía lo que había dicho ya, e indicó que el
-jefe de la Policía de Bayona podría dar una información más completa.
-
-El jefe de la Policía de Bayona, el señor Fouquier, había llegado a la
-ciudad después de la Revolución de Julio y no estaba enterado de los
-hechos anteriores a la época de su cargo.
-
-El señor Fouquier le dió a Miguel un buen consejo.
-
---Vea usted a Masson--le dijo--que ha sido el jefe anterior a mí.
-Masson le cobrará a usted la consulta, pero le dará datos.
-
-El señor Masson vivía en una casita de campo a orillas del Adour,
-cultivando su huerta y sus frutales. Miguel Aristy lo encontró con una
-blusa azul larga y un sombrero de paja, podando frutales. Miguel Aristy
-le explicó un caso fingido, le dijo que un amigo suyo estaba enamorado
-de una tal Simona que vivía en Ustariz con una señora llamada Carolina,
-y que él desconfiando de ellas había tomado informes y que los informes
-eran malos.
-
-El señor Masson era un hombre de una cara reluciente y carnosa, de
-color cetrino, los ojos chiquitos y brillantes, el pelo rizado y la
-cara picada de viruelas. Había sido militar durante el Imperio y un
-explotador de su cargo de policía en tiempo de la Restauración.
-
-Masson escuchó las explicaciones de Aristy, y comenzó a reir con una
-risa sarcástica.
-
---¿De manera que la Carolina y la Simona hacen tan bien su papel de
-grandes damas que se las tiene por condesas auténticas? Ja... ja...
-ja... ¿Y hay un hidalguillo de Ustariz enamorado de una de ellas?...
-Ja... ja... ja... Es delicioso. Sí son buenas cómicas.
-
---¿De modo que son unas aventureras?--preguntó Miguel.
-
---¿Aventureras?... Dos prostitutas... Voy a ver sus fichas.
-
-Masson cogió un legajo y lo desató.
-
---Vamos a ver la Carolina--dijo--y leyó luego: Carolina Michu, ha
-nacido en París, de familia obrera. Se casó en 1805 con un oficinista
-que era alcohólico completo. Cansada de su casa se marchó de ella
-con un amigo del marido. Después tuvo varios amantes, militares y
-empleados, y ya vieja se enredó con uno de la policía y se fué a
-Madrid. Allí se relacionó con la antigua querida del ministro Macanaz
-que vendía empleos. Se dedicó a negocios ilícitos de toda clase e
-intrigó a favor del general Bessieres. A consecuencia de esto fué
-expulsada de España y vino a Bayona empleada en la policía francesa y a
-sueldo de Calomarde para espiar a los liberales españoles. La Carolina
-Michu se hace pasar por la condesa de Vejer, dice que su marido el
-conde, murió de oidor en el Perú. Carolina en Bayona es muy religiosa,
-va a todas las fiestas de iglesia y tiene una reunión a la que suelen
-ir el abate Miñano y otros tipos igualmente sospechosos.
-
---¡Buena pieza!--exclamó Aristy.
-
---Sí, recomendable para la dirección de un colegio de señoritas. Vamos
-a ver la otra. Aquí está: Simona Busquet ha nacido en Perpiñán. Hija
-de padre desconocido. A los diez y siete años tuvo un amante de buena
-posición y quedó embarazada. Simona se presentó a los padres del amante
-dándose de víctima, e hizo que le entregaran dinero para la educación
-del niño, y se fué a París. Aquí dejó el niño en la Maternidad y
-vivió hoy con uno y mañana con otro. Es mujer áspera, sensual y de
-mal carácter. Sus amantes le cansan en seguida, y ella cansa a sus
-amantes con su genio violento. Un viejo, rico comerciante de Burdeos,
-le instaló en una casa de los alrededores de la ciudad, pero ella harta
-de esta vida sacó dinero al viejo con amenazas y se fué a Madrid,
-donde conoció a la Carolina. Ha tenido relaciones íntimas con el señor
-Regato, que es ahora agente del Rey de España para hacer jugadas de
-Bolsa.
-
-Estos eran los antecedentes de aquellas dos mujeres que tenían fama en
-Ustariz de aristócratas y de piadosas.
-
-Miguel Aristy pagó la consulta al señor Masson y se fué pensando que su
-madre se haría cruces al saber la clase de gente que eran las damas del
-chalet de las Hiedras.
-
-Madama Aristy oyó la relación que le contó su hijo con marcado disgusto.
-
---¿Qué habrá que hacer?--preguntó ella.
-
---Tendremos que echarlas--dijo Miguel.
-
---Sí, pero es un escándalo y no conviene. ¡Si la gente se entera! Habrá
-que buscar una ocasión.
-
-Miguel notó que su madre se hallaba muy preocupada con este asunto.
-
-Una mañana que estaba Miguel pescando vió que Ichteben iba con una
-carta al Chalet de las Hiedras y que volvía al cabo de media hora a
-Gastizar con otra carta en la mano.
-
-Al entrar en el portal Aristy vió dos o tres pedacitos de papel rotos,
-sin duda de la carta de las damas del Chalet. Los cogió por curiosidad.
-En un trozo ponía: No se atreverá usted a echarnos... en el otro: la
-mujer de un regicida...
-
---¡Qué novela habrán inventado estas mujeres!--pensó Miguel.
-
-Pasaron unos días. Las damas del Chalet de las Hiedras no parecían
-dispuestas a marcharse.
-
---¿No se van esas mujeres?--preguntó Miguel a su madre.
-
---Me han pedido un plazo y habrá que esperar.
-
-
-
-
-IV.
-
-CHORIBIDE EN ACCIÓN
-
-
-UNA mañana poco antes de la hora de comer, el señor Gastón Choribide se
-presentó en el Chalet de las Hiedras. Llamó a la campanilla y al salir
-la criada le dijo:
-
---Señorita, quisiera saludar a la señora condesa de Vejer. Haga usted
-el favor de decirle que el caballero Gastón de Choribide pregunta por
-ella.
-
-La criada indicó a Choribide que subiese una escalera y le hizo pasar a
-un saloncito. Choribide aprovechó el momento para arreglarse la corbata
-y echarse una mirada en el espejo y permaneció inmóvil apoyado en el
-bastón y con el sombrero de copa en la mano en una actitud estudiada.
-
-Al cabo de unos minutos se abrió la puerta y apareció la condesa de
-Vejer.
-
---Señora--dijo Choribide juntando los pies para hacer la
-reverencia--perdone usted que sin tener el honor de conocerla tenga el
-atrevimiento de presentarme en su casa.
-
---Caballero--replicó la dama con aire altivo--usted dirá lo que le trae
-por aquí.
-
---Voy en seguida.
-
-La condesa de Vejer era una mujer alta, pintada, voluminosa, de ojos
-grandes y sombreados. Vestía de negro, con cierto aire de dama de
-teatro, llevaba los dedos llenos de sortijas y el pelo empolvado de
-blanco.
-
---Es un poco largo lo que tengo que decir--dijo Choribide.
-
---Está bien. Le escucho a usted.
-
---Usted me perdonará que me siente--y Choribide levantó los faldones de
-la casaca y se sentó en un sillón que tenía los brazos terminados en
-dos cabezas de pato doradas.
-
-La condesa se sentó en un canapé.
-
---Señora--dijo Choribide con el sombrero de copa en las rodillas--lo
-que tengo que decirle a usted es bastante reservado y no quisiera que
-nos interrumpieran.
-
---Cuántos preámbulos, caballero--exclamó la dama impacientada.
-
---Son necesarios, indispensables. Yo soy un hombre que no me ha gustado
-nunca mortificar a nadie. Mi viejo amigo Garat suele decir de mí:
-Quizás se pueda acusar a Choribide de tener una moral oscura y todavía
-inédita, pero nadie podrá dudar de su sensibilidad. Pues bien, señora
-condesa, para facilitar mis explicaciones le contaré a grandes rasgos
-mi vida.
-
---¿Es necesario, caballero?
-
---Es necesario hasta cierto punto. Yo, señora, de joven he sido una
-bala perdida. No he sido de esos hombres fríos, de esos moluscos sin
-sangre y sin nervios que pueden vivir en un rincón. Yo necesitaba
-dinero, necesitaba mujeres, un poco de lujo y de comodidad, y
-tomaba todo esto de donde podía; comprenderá usted que no con los
-procedimientos de los caballeros de la Tabla Redonda sino con los
-procedimientos de otros caballeros. Así que he sido jugador de ventaja,
-he estado asociado con gentes que hacían asignados falsos y he sido de
-la policía. Es lo más sucio que he sido en toda mi carrera. ¿Comprende
-usted señora condesa de Vejer por qué tiene algún interés que cuente mi
-vida?
-
---No, no lo comprendo--dijo con inquietud madama Carolina.
-
-Choribide hizo un gesto de resignación irónico, dejó el sombrero y el
-bastón en un velador y cruzó una pierna sobre otra con abandono.
-
---Ya que no lo comprende usted fácilmente, voy a contarle la historia
-de una tal Carolina y de una tal Simona según aparecen en los registros
-de la policía.
-
---¿Y usted pretende?...
-
---Yo no pretendo nada. Es la policía que pretende que la tal Carolina
-se hace pasar en Ustariz por la condesa de Vejer. Ahora señora--y
-Choribide se levantó con aire de joven y tomó su sombrero y su
-bastón--le voy a plantear la siguiente disyuntiva: ¿Conoce usted a la
-tal Carolina? Espere usted. No me conteste usted todavía. Si me dice
-usted: Sí la conozco, habrá entre nosotros paz y será usted para mí la
-condesa de Vejer. Si me dice usted no, habrá entre nosotros guerra y yo
-me retiraré al momento.
-
-La Carolina azorada por completo vaciló en decidirse.
-
---¿La conoce usted sí o no?--preguntó de nuevo Choribide con un acento
-sarcástico y duro.
-
---Sí la conozco--murmuró ella humildemente.
-
---Está bien, señora condesa. Tiene usted desde ahora en mí un servidor
-incondicional, un asociado. Conozco el país mejor que ustedes. Sé al
-dedillo la historia de las gentes. Mis conocimientos los pongo a la
-disposición de usted.
-
---¿Y qué pretende usted en cambio?
-
---Yo soy como he tenido el honor de decirle antes, señora condesa, un
-hombre de vida borrascosa. Al llegar aquí me casé con una mujer de
-algún capital. Dicen que había sido la querida de su tío el vicario. No
-sé, es cosa que no me preocupa. Mi mujer tiene un sobrino, el teniente
-Rontignon que es ex oficial de la Guardia Real. Rontignon es un hombre
-sin energía, un hombre de café, tonto y tímido a pesar de su jactancia;
-a mí en su estado actual me estorba y he pensado en casarlo con madama
-Luxe.
-
---Madama Luxe es una mujer riquísima--observó Carolina.
-
---Sí, es verdad. Mi sobrino no es rico, pero es joven, guapo, y lleva
-uniforme. Yo he pensado que usted que tiene buenas relaciones con el
-Gobierno español, podría conseguir para mi sobrino a cambio de los
-servicios que yo le prestaré, una condecoración, una gran cruz que en
-un realista como él vendrá muy bien.
-
---Sí, sí, se conseguirá. Escribiré a mi amigo el señor de Calomarde
-y no tendrá inconveniente en otorgarle una gran cruz. ¿Y a usted,
-Choribide, no le gustaría tener una condecoración?
-
---No, a mí no--dijo Choribide con una claridad irónica en sus ojillos
-grises--parecería lógico que yo que he sido un pillo sintiera la
-necesidad de tener algún prestigio social, pero no; soy un pillo
-filósofo.
-
---¡Qué bromista!
-
---No, no es broma, condesa. Lo que digo es el Evangelio.
-
---Y con la cruz ¿cree usted que su sobrino Rontignon convencerá a
-madama Luxe?
-
---Ya veremos.
-
---Hum ¡qué sé yo!
-
---La gran cruz es el adorno. Lo esencial es que Rontignon es joven,
-guapo y estúpido. ¿Qué más puede pedir una mujer?
-
---¡Qué opinión tiene usted de nuestro sexo!--dijo madama Carolina
-tomando un aire tierno y sentimental.
-
-Choribide sonrió.
-
---No es una opinión. Es una convicción--dijo.
-
---¿Tan mal le han tratado las mujeres?
-
---Ha habido de todo--contestó el pillo filósofo.
-
---¿Y sus datos, Choribide?
-
---Cuando los necesite usted. Usted me manda una nota o un aviso de que
-venga, lo que usted prefiera. Para algunas investigaciones quizás se
-necesite algún dinero.
-
---Lo hay. El señor de Calomarde me ha escrito que gastemos el dinero
-necesario sin miedo. El asunto es de transcendencia y es indispensable
-que de cualquier modo la expedición liberal tenga un fracaso ruidoso.
-
---Lo tendrá.
-
---Muy bien. Ahora le voy a presentar a mi sobrina.
-
-La condesa salió del salón seguida de Choribide, bajó hasta un cenador
-del huerto donde Simona estaba leyendo.
-
---Simona--dijo madama Carolina--el señor Choribide; un amigo y un
-aliado.
-
-Choribide hizo la reverencia echando un pie hacia atrás a la moda
-antigua, una reverencia digna de un pisaverde del Palais Royal del
-tiempo de madama Tallien, y después de unas cuantas galanterías se
-despidió de las dos aventureras besándoles la mano.
-
-Mientras cruzaba la huerta de la casa sus labios finos sonreían y en
-sus ojos había una claridad alegre y burlona.
-
-Al llegar a la puerta del jardín, Choribide echó una mirada a la
-torrecilla de Gastizar. El viento andaba revuelto, el viejo dragón
-cambiaba de rumbo a cada paso y rechinaba agriamente. Aquel malvado
-basilisco, aquella furia super-terrestre estaba en un momento de
-inquietud. Sin duda, tenía que anunciar catástrofes y calamidades sin
-cuento.
-
- _La Caleta, Noviembre, 1917._
-
-
- FIN DE LA VELETA DE GASTIZAR
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- Páginas.
-
- PRÓLOGO 9
-
-
- LIBRO PRIMERO
-
- LA FAMILIA DE ARISTY
-
- I. Los viajeros 17
-
- II. La posada de la Veleta 25
-
- III. Ustariz y su grande hombre 39
-
- IV. Gastizar y Chimista 49
-
- V. La tertulia de Gastizar 63
-
- VI. Don Valentín de Malpica 75
-
- VII. Retratos de familia 87
-
- VIII. Los parientes y los amigos de la casa 97
-
- IX. Choribide el versátil 111
-
- X. Un solitario 127
-
- XI. Los locos del pueblo 131
-
-
- LIBRO SEGUNDO
-
- LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830
-
- I. Dos amigos 139
-
- II. Estampa de Bayona en 1830 149
-
- III. Las amistades de Lacy 153
-
- IV. Los grupos hostiles 159
-
- V. Las estelas sentimentales 165
-
- VI. Los preparativos 169
-
- VII. Una carta de Tilly 175
-
- VIII. Los jefes 181
-
- IX. Gestiones de Lacy 191
-
-
- LIBRO TERCERO
-
- LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS
-
- I. Velada en Gastizar 205
-
- II. La policía 219
-
- III. Carolina y Simona 225
-
- IV. Choribide en acción 231
-
-
-
-
- * * * * * *
-
-
-
-
-Nota del Transcriptor:
-
-Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
-Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
-Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN: #8
-LA VELETA DE GASTIZAR***
-
-
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-
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-1.E.8.
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-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
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-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
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-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
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-on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
-phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
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-
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-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
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-posted with the permission of the copyright holder found at the
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-
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-
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-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
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-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation
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-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
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-<title>The Project Gutenberg eBook of Memorias de un Hombre de Acción: #8 La Veleta de Gastizar, by Pío Baroja</title>
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-
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-</head>
-<body>
-<h1 class="pg">The Project Gutenberg eBook, Memorias de un Hombre de Acción: #8 La Veleta
-de Gastizar, by Pío Baroja</h1>
-<p>This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States
-and most other parts of the world at no cost and with almost no
-restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
-under the terms of the Project Gutenberg License included with this
-eBook or online at <a
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-located in the United States, you'll have to check the laws of the
-country where you are located before using this ebook.</p>
-<p>Title: Memorias de un Hombre de Acción: #8 La Veleta de Gastizar</p>
-<p>Author: Pío Baroja</p>
-<p>Release Date: September 7, 2016 [eBook #53003]</p>
-<p>Language: Spanish</p>
-<p>Character set encoding: ISO-8859-1</p>
-<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN: #8 LA VELETA DE GASTIZAR***</p>
-<p>&nbsp;</p>
-<h4 class="pg">E-text prepared by Carlos Colón<br />
- and the Online Distributed Proofreading Team<br />
- (<a href="http://www.pgdp.net">http://www.pgdp.net</a>)<br />
- from page images generously made available by<br />
- Internet Archive/Canadian Libraries<br />
- (<a href="https://archive.org/details/toronto">https://archive.org/details/toronto</a>)</h4>
-<p>&nbsp;</p>
-<table border="0" style="background-color: #ccccff;margin: 0 auto;" cellpadding="10">
- <tr>
- <td valign="top">
- Note:
- </td>
- <td>
- Images of the original pages are available through
- Internet Archive/Canadian Libraries. See
- <a href="https://archive.org/details/laveletadegastiz00baro">
- https://archive.org/details/laveletadegastiz00baro</a>
- </td>
- </tr>
-</table>
-<p>&nbsp;</p>
-<hr class="full" />
-<p>&nbsp;</p>
-
-<p class="p6 center large">OBRAS PUBLICADAS</p>
-
-
-<p class="center p2">PÍO BAROJA</p>
-
-<p><span class="smcap">Paradox, Rey</span>, 3,00 ptas. <span class="smcap">La feria de los discretos</span>,
-3,50. <span class="smcap">La Busca</span>, 3,50. <span class="smcap">Nuevo tablado de
-Arlequín</span>, 3,00. <span class="smcap">Juventud, egolatría</span>, 3,50. <span class="smcap">El
-árbol de la ciencia</span>, 3,50. <span class="smcap">La veleta de Gastizar</span>,
-4,00. <span class="smcap">Los caudillos de</span> 1830, 4,00.</p>
-
-
-<p class="center p2">JULIO VALLÉS</p>
-
-<p><span class="smcap">El Niño</span> (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">ENRIQUE BARBUSSE</p>
-
-<p><span class="smcap">El fuego en las trincheras</span>, 4,00 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">CARLOS RIVET</p>
-
-<p><span class="smcap">El último Romanof</span> (historia del Tsar de Rusia
-y su corte), 3,50 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">JUAN GUALBERTO NESSI</p>
-
-<p><span class="smcap">Aventuras del submarino alemán U...</span>, 2,00 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">JULIÁN SOREL</p>
-
-<p><span class="smcap">Los hombres del</span> 98. <span class="smcap">Unamuno</span>, 2,00 ptas.</p>
-
-
-<p class="center p2">LORENZO GALLEGO CARRANZA</p>
-
-<p><span class="smcap">Lecciones de Topografía.</span> Obra adaptada al nuevo
-programa de esta asignatura en la Academia de
-Infantería y aprobada como texto definitivo para
-la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00
-pesetas. Contiene 32 láminas en colores.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<p class="p6 center large">OBRAS DE PÍO BAROJA</p>
-
-<p class="p2"><span class="smcap">Vidas sombrías</span> (agotada). <span class="smcap">Idilios Vascos</span> (agotada).
-<span class="smcap">El tablado de Arlequín</span>, 1,00 pta. <span class="smcap">Nuevo
-tablado de Arlequín</span>, 3,00. <span class="smcap">Juventud, egolatría</span>,
-3,50.</p>
-
-
-<p class="center p4">LAS TRILOGÍAS</p>
-
-
-<p class="center p2">TIERRA VASCA</p>
-
-<p><span class="smcap">La casa de Aizgorri</span>, 1,00 pta. <span class="smcap">El Mayorazgo de
-Labraz</span>, 3,00. <span class="smcap">Zalacain el Aventurero</span>, 1,00.</p>
-
-
-<p class="center p2">LA VIDA FANTÁSTICA</p>
-
-<p><span class="smcap">Camino de perfección</span>, 1,00. <span class="smcap">Inventos, aventuras
-y mixtificaciones de Silvestre Paradox</span>,
-1,00. <span class="smcap">Paradox, Rey</span>, 3,00.</p>
-
-
-<p class="center p2">LA RAZA</p>
-
-<p><span class="smcap">La dama errante</span>, 3,00. <span class="smcap">La ciudad de la niebla</span>,
-3,00. <span class="smcap">El árbol de la ciencia</span>, 3,50.</p>
-
-
-<p class="center p2">LA LUCHA POR LA VIDA</p>
-
-<p><span class="smcap">La Busca</span>, 3,50. <span class="smcap">Mala hierba</span>, 3,50. <span class="smcap">Aurora
-roja</span>, 3,50.</p>
-
-
-<p class="center p2">EL PASADO</p>
-
-<p><span class="smcap">La feria de los discretos</span>, 3,50. <span class="smcap">Los últimos románticos</span>,
-3,00. <span class="smcap">Las tragedias grotescas</span>, 3,00</p>
-
-
-<p class="center p2">LAS CIUDADES</p>
-
-<p><span class="smcap">César o nada</span>, 4,00. <span class="smcap">El mundo es ansí</span>, 3,50</p>
-
-
-<p class="center p2">EL MAR</p>
-
-<p><span class="smcap">Las inquietudes de Shanti Andía</span>, 3,50</p>
-
-
-<p class="center p4">MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN</p>
-
-<p><span class="smcap">El aprendiz de conspirador</span>, 3,50. <span class="smcap">El escuadrón
-del Brigante</span>, 3,50. <span class="smcap">Los caminos del mundo</span>,
-3,50. <span class="smcap">Con la pluma y con el sable</span>, 3,50. <span class="smcap">Los
-recursos de la astucia</span>, 3,50. <span class="smcap">La ruta del aventurero</span>,
-3,50. <span class="smcap">La veleta de Gastizar</span>, 4,00. <span class="smcap">Los
-caudillos de 1830</span>, 4,00.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<p class="p6 center">MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN</p>
-
-<p class="p2 large center">LA VELETA DE GASTIZAR</p>
-
-
-
-
-<p class="p6 center"><i>Copyright by Rafael Caro Raggio&mdash;1918.<br />
-Es propiedad.<br />
-Prohibida la reproducción.</i></p>
-
-<p class="p4 center">Imp. de <span class="smcap">Alrededor del Mundo</span>, Martín de los Heros, 65.</p>
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<p class="p6 center">PÍO BAROJA</p>
-
-<h1><span class="medium">MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN</span><br />
-LA VELETA DE GASTIZAR</h1>
-
-<p class="center">NOVELA</p>
-
-<div class="figcenter4em"><img src="images/page1.png" width="100"
-height="124" alt="" title="" />
-</div>
-
-<p class="center p4">RAFAEL CARO RAGGIO: EDITOR<br />
-Calle de Ventura Rodríguez, 18<br />
-1918</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-<h2 id="PROLOGO">PRÓLOGO</h2>
-
-
-<p><span class="smcap">Era</span> un dragón, una sierpe, una salamandra,
-un monstruo hórrido, difícil de
-clasificar, con una corona de tres picos en
-la cabeza y un dedo de su mano derecha
-en los labios como para imponer silencio.
-¿A quién? No lo sabemos.</p>
-
-<p>Este dragón se hallaba encaramado
-sobre el mundo, una bola de hierro negra,
-sujeta en un vástago y tenía la humorada
-de señalar el Norte y el Sur, el Este y el
-Oeste, cosa no difícil de comprender si se
-añade que el grifo, basilisco o dragón, formaba
-parte de un pequeño y simpático
-artefacto que llamamos veleta.</p>
-
-<p>Esta veleta coronaba la torre de la casa
-solariega de un pueblo labortano.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span></p>
-
-<p>Era un monstruo rabioso, aquel monstruo
-indefinido que dominaba su mundo,
-un monstruo rechinador, malhumorado,
-que giraba desde hacía muchos años, no
-se sabía cuantos, en la vieja torre de Ustariz
-que tenía Gastizar por nombre.</p>
-
-<p>Sus garras amenazaban alternativamente
-a los cuatro puntos cardinales, de su
-boca salían llamas que por arte mágico
-se convertían en una flecha, sus orejas estaban
-atentas a todo cuanto se hablaba y
-se murmuraba en el pueblo.</p>
-
-<p>Para neutralizar la perversidad y la iracundia
-de aquella furia super-terrestre, para
-dulcificar su pérfida malicia, el artífice que
-le dió forma mortal le fijó para siempre en
-la cola el anagrama de Jesús-Cristo:
-J. H. S.</p>
-
-<p>Así este dragón tosco y quimérico
-representaba el dualismo de las cosas humanas
-y divinas: por la cabeza al diablo y
-por la cola a Dios; por delante la ciencia,
-el materialismo, la duda; por detrás el misticismo,
-y la piedad; por un lado todo<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span>
-malicia, ironía y desprecio para los mortales
-por el otro todo benevolencia y resignación
-cristiana.</p>
-
-<p>En aquella peligrosa altura, en aquella
-posición incómodamente ambigua, Ormuz
-y Ariman en una misma pieza, tenía que
-girar a todas horas el pobre y lastimero
-dragón de Gastizar. No era extraño que su
-genio se hubiese agriado y que rechinase
-con tanta frecuencia.</p>
-
-<p>La soledad le había hecho melancólico.
-Las alturas aislan. Aquel viejo basilisco no
-tenía amigos; únicamente una lechuza
-parda se posaba en el remate de la veleta
-y solía estar largo tiempo contemplando
-desde allí arriba el pueblo.</p>
-
-<p>¿El dragón roñoso y la lechuza de plumas
-suaves y de ojos redondos se entendían?
-¿Quién podía saberlo? ¿Venía ella&mdash;el
-pájaro sabio del crepúsculo&mdash;a recibir
-órdenes de aquel basilisco chirriante e infernal
-agobiado por su apéndice cristiano?
-¿O era el basilisco el que recibía las órdenes
-de la lechuza?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span></p>
-
-<p>Si alguien traía órdenes era indudablemente
-la lechuza. ¿De donde? Lo ignoramos.</p>
-
-<p>El viejo dragón velaba sobre el pueblo.
-El dirigía los fantasmas de la noche, él
-hacía avanzar las nubes obscuras que pasaban
-delante de la Luna, él irritaba y calmaba
-los ábregos y los aquilones con sus
-movimientos bruscos y sus chirridos
-agudos.</p>
-
-<p>En los días de tempestad mientras el
-vendaval soplaba con fuerza, el dragón
-mugía y chillaba escandalosamente; en las
-tormentas, a la luz de los relámpagos, se
-presentaba terrible e iracundo, en cambio
-en los días de sol, cuando la claridad dorada
-se esparcía por las colinas verdes del
-Labourt, ¡qué humilde! ¡qué domesticado!
-¡Qué buenazo aparecía el dragón de Gastizar
-vencido por el anagrama cristiano
-de su cola!</p>
-
-<p>Aun en estos días tranquilos miraba con
-cierta sorna a la gente que, sin duda, desde
-su altura le parecía pequeña, a veces se<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>
-volvía despacio como para dirigir al espectador
-una cortesía amable, a veces le
-daba la espalda con un marcado desprecio.</p>
-
-<p>A pesar de su maldad, de su energía y
-de su furia, el dragón de Gastizar desde
-hacía algunos años se movía con dificultad
-para dar sus órdenes.</p>
-
-<p>¿Era que su aditamento cristiano le iba
-dominando y adormeciendo?</p>
-
-<p>¿Era que sus articulaciones se entorpecían
-con el reumatismo y la gota?</p>
-
-<p>¿Era solamente la edad?</p>
-
-<p>Fuese lo que fuese era lo cierto que
-durante largas temporadas el dragón quedaba
-inmóvil, sin poder inclinarse ni a la
-derecha ni a la izquierda, furioso, amenazando
-con un ademán de cómica impotencia
-al universo.</p>
-
-<p>A veces una ráfaga de aire le infundía
-un momento de vida y sus garras se agitaban
-estremecidas en el aire y su lengua
-de llamas vibraba con saña, pero al
-poco tiempo volvía a su inmovilidad con
-el aspecto triste de un paralítico.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p>
-
-<p>Alguien, probablemente algún burlón
-había echado a volar la especie de que la
-anquilosis de la veleta coincidía con la
-tranquilidad de la villa y en cambio sus
-movimientos bruscos con los conflictos,
-con las guerras, con las pestes, con las revoluciones...</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-<h2>LIBRO PRIMERO<br />
-LA FAMILIA DE ARISTY</h2>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_I">I.<br />
-LOS VIAJEROS</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Habían</span> salido los tres viajeros de Bayona, a
-caballo, por la puerta de Mousserolles, una
-tarde de otoño. Uno de los jinetes, ya viejo, con
-el pelo gris, tenía un aplomo al caer en la silla,
-propio de un militar; el otro, un joven rubio,
-montaba como el que ha tomado lecciones de
-equitación en un picadero, y el último, un muchacho
-moreno y de ojos negros brillantes, apenas
-sabía más que sostenerse sin caer sobre su
-cabalgadura. Afortunadamente para él llevaba
-una yegua blanca vieja y pacífica que a duras penas
-salía del paso.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span></p>
-
-<p>Los tres jinetes eran españoles. Tomaron poco
-después de salir de Bayona por la carretera que
-corre al lado del río Nive y fueron charlando.</p>
-
-<p>El tiempo estaba hermoso, la tarde tranquila y
-apacible; las hojas iban amarilleando en los árboles
-de ambos lados del camino y el follaje de
-los robledales en la falda de los montes comenzaba
-a enrojecer.</p>
-
-<p>Había nubarrones en el cielo en la dirección de
-la costa.</p>
-
-<p>Al pasar los jinetes por delante de Villefranque
-les sorprendió una turbonada; las nubes comenzaron
-a invadir rápidamente el cielo y lo
-encapotaron en poco tiempo; unos minutos después
-gruesas gotas redondas como monedas cayeron
-en la carretera.</p>
-
-<p>El chaparrón fué arreciando y los jinetes tuvieron
-que picar la espuela a sus caballos, cosa un
-tanto comprometida para el joven moreno de los
-ojos brillantes, a quien se vió inclinarse a derecha
-e izquierda como un saco mal atado, a los movimientos
-del trote brusco de su yegua.</p>
-
-<p>Llegaron los viajeros en el instante en que más
-arreciaba la lluvia a las proximidades de Ustariz,
-y se detuvieron enfrente de una gran cruz pintada
-de rojo con los instrumentos de suplicio.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hacemos?&mdash;preguntó el viejo.&mdash;¿Estamos
-ya en el pueblo?</p>
-
-<p>&mdash;Ahí se ve la iglesia&mdash;advirtió el joven rubio.</p>
-
-<p>Efectivamente, por encima de un grupo de árboles
-se destacaba el campanario de la iglesia en
-medio de la bruma.</p>
-
-<p>&mdash;El pueblo creo que está desparramado por
-el valle&mdash;indicó el muchacho moreno;&mdash;voy a preguntar
-en una de estas casas por la posada.</p>
-
-<p>&mdash;Yo voy contigo&mdash;dijo el joven rubio y bajó
-del caballo.</p>
-
-<p>El moreno hizo lo mismo, y los dos llevando
-los caballos de las riendas pasaron un portillo y
-se acercaron a una casa que se veía a unos doscientos
-pasos de la carretera.</p>
-
-<p>El muchacho moreno dió las riendas a su compañero
-y entró en el caserío. Un campesino viejo
-y flaco que fumaba una pipa de barro se le acercó.</p>
-
-<p>&mdash;¿Esto es Ustariz?&mdash;le preguntó en vascuence
-el muchacho moreno.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, señor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Está lejos una casa que se llama Chimista?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, bastante lejos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y la posada está también lejos?</p>
-
-<p>&mdash;No, ahí cerca. Sigan ustedes por el camino,
-pasen ustedes la iglesia y pregunten por la Veleta.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p>
-
-<p>El campesino salió al portal de la casa a indicar
-el sitio aproximado en donde estaba la posada.</p>
-
-<p>Los dos jóvenes volvieron a salir a la carretera
-y se unieron con el viejo compañero. Pasaron por
-delante de la iglesia y se detuvieron al par de una
-casa que tenía una muestra recién pintada con la
-bandera tricolor, en donde podía leerse:</p>
-
-<p class="p2 center">A LA VELETA DE USTARIZ</p>
-
-<p class="center">CAFÉ. POSADA</p>
-
-<p class="p2">El jinete viejo saltó de la silla rápidamente, le
-siguieron los dos jóvenes y entraron todos en el
-gran zaguán de la posada. Había allí un tilburí y
-dentro un señor esperando el paso de la tormenta.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hacemos?&mdash;preguntó el viejo español.</p>
-
-<p>&mdash;Nos quedaremos aquí&mdash;contestó el muchacho
-moreno.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, si no van ustedes a ponerse perdidos&mdash;advirtió
-el posadero que se presentó para llevar
-los caballos a la cuadra.</p>
-
-<p>&mdash;Yo me voy&mdash;dijo el caballero del tilburí al
-posadero,&mdash;porque hay lluvia para rato;&mdash;y sa<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>liendo
-del portal a la carretera hizo tomar el trote
-largo a su caballo.</p>
-
-<p>El viejo y los dos jóvenes españoles quedaron
-en el zaguán. Al volver el posadero el viejo español
-le preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Hay mucho de aquí a un caserío que se
-llama Chimista?</p>
-
-<p>&mdash;Más de una hora.</p>
-
-<p>&mdash;¿Buen camino?</p>
-
-<p>&mdash;No muy malo. Ahora no pueden ustedes ir.
-Suban ustedes.</p>
-
-<p>Los viajeros subieron hasta una sala del piso
-principal, donde se sentaron.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quieren ustedes algo?&mdash;preguntó el posadero.</p>
-
-<p>&mdash;Tomaremos sidra&mdash;dijo el muchacho moreno.</p>
-
-<p>&mdash;¿Van ustedes a cenar?</p>
-
-<p>&mdash;Si escampa seguiremos la marcha&mdash;advirtió
-el viejo.</p>
-
-<p>&mdash;Ya me parece que no escampa&mdash;replicó el
-joven rubio.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces lo dejaremos para mañana.</p>
-
-<p>&mdash;Y yo mandaré hacer la cena&mdash;dijo el posadero.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno.</p>
-
-<p>Los viajeros se sentaron a la mesa y esperaron
-a que el posadero viniera con unos vasos y dos<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span>
-botellas. Era el posadero hombre de treinta a cuarenta
-años, corpulento, de cara redonda y expresión
-tranquila y burlona. Vestía grandes botas
-con polainas, pantalones anchos de pana azul, faja
-encarnada, blusa negra adornada con bordados y
-boina muy grande.</p>
-
-<p>Estando sirviendo la sidra le llamó la muchacha
-y el posadero salió de prisa del cuarto.</p>
-
-<p>Poco después se oyó que hablaba con unas señoras.</p>
-
-<p>Los dos españoles jóvenes salieron, movidos
-por la curiosidad, a la puerta de la sala y vieron
-en el pasillo a una señora ya de edad, con el pelo
-blanco, y a otra de unos treinta años, las dos muy
-elegantes. A juzgar por sus palabras habían entrado
-en la posada huyendo de la lluvia, y el posadero
-iba a mandar inmediatamente a la criada
-a casa de estas damas por dos paraguas. Las señoras
-fueron a descansar al comedor, que estaba
-en el extremo opuesto del pasillo adonde daba la
-sala en que se encontraban los españoles.</p>
-
-<p>La muchacha volvió pronto con los paraguas y
-las señoras se dispusieron a salir.</p>
-
-<p>El joven moreno, como si tuviera algo que hacer,
-salió de la sala y se cruzó con ellas. La más
-joven le echó una mirada viva y sonrió.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span></p>
-
-<p>Al volver el posadero a la sala el muchacho le
-preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Éstas señoras son de aquí?</p>
-
-<p>&mdash;No; son españolas como ustedes.</p>
-
-<p>&mdash;¡Españolas! ¿Cómo se llaman?</p>
-
-<p>&mdash;Son la condesa de Vejer y su hija.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y viven aquí?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; viven en el chalet de las Hiedras, que les
-alquila madama de Aristy, la dueña de la casa de
-Gastizar. Madama de Aristy es la madre de este
-caballero que estaba antes en el portal con un
-tilburí.</p>
-
-<p>El joven se asomó a la ventana y vió alejarse
-por la carretera a las dos damas.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_II">II.<br />
-LA POSADA DE LA VELETA</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Dos</span> establecimientos de Ustariz rivalizaban
-en la obra de misericordia de dar posada al
-peregrino: uno la Veleta, el otro el Caballo Blanco.</p>
-
-<p>Los dos representaban épocas distintas y enemigas;
-los dos simbolizaban un régimen político
-y social diferente: la Veleta de Ustariz era la posada
-de la monarquía de Julio; el Caballo Blanco
-había sido la de la Restauración Borbónica. Las
-posadas del Imperio y las anteriores no habían
-llegado en el pueblo al alto honor de tener nombre
-y enseña.</p>
-
-<p>El Caballo Blanco había sido el primero que disfrutó
-estas mercedes en Ustariz. El Caballo Blanco,
-como casi todas las posadas y tabernas de Fran<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>cia
-que tenían este nombre, intentó transformarse
-después de la Revolución de 1830 en la posada
-del Héroe de ambos mundos en honor del general
-Lafayette; pero esta transformación la llevó a
-cabo el posadero de Ustariz con tan poca fe y
-tan poca pintura, que el letrero antiguo se transparentaba
-por debajo del nuevo.</p>
-
-<p>En los pueblos en donde el entusiasmo republicano
-era grande, y en vista de que Lafayette parecía
-aburguesarse y consideraba a Luis Felipe
-como la mejor de las Repúblicas, los Caballos
-Blancos tuvieron una segunda transformación y
-quedaron convertidos en los Caballos Tricolores.
-Para que los Caballos Blancos se convirtieran en
-Tricolores se añadía a los hipógrifos pintados en
-la muestra una escarapela o una bandera francesa.</p>
-
-<p>El Caballo Blanco de Ustariz no era un caballo
-de pura sangre ni un caballo revolucionario;
-le faltó la energía para esta nueva carrera; no
-pudo transmigrar a su tercer avatar y se quedó
-durante algún tiempo en un Caballo Blanco vergonzante,
-hasta que, hostigado y mareado por su
-enemiga la Veleta, desapareció años después yendo
-probablemente a parar su muestra al cielo de
-los caballos pintados y de los demás animales fa<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>bulosos
-y reales de las enseñas de las tabernas.</p>
-
-<p>La Veleta de Ustariz rivalizó durante mucho
-tiempo con el Caballo Blanco y acabó por vencerlo;
-fué para el Caballo Blanco lo que Luis Felipe
-para la rama mayor de los Borbones.</p>
-
-<p>En esta época de 1830 la Veleta no había conseguido
-aún su triunfo definitivo; no había conseguido
-que la diligencia se detuviera delante de
-su puerta, y por una tradición que a Esteban Irisarri,
-el posadero de la Veleta, le parecía irritante
-el coche correo seguía hasta el Caballo Blanco.</p>
-
-<p>Había entonces en el pueblo dos servicios de
-coches públicos; la diligencia que se llamaba La
-Bayonesa y el Cuco, que tenía por nombre La Nivelle.
-La Bayonesa con sus carteras del correo
-paraba en el Caballo Blanco y el Cuco en la Veleta.</p>
-
-<p>La Veleta de Ustariz se hallaba establecida en
-la carretera, en una casa grande de dos pisos,
-oculta en el verano, por la parte de atrás, por una
-parra.</p>
-
-<p>Esta posada tenía en el piso bajo una tienda,
-mitad café y mitad taberna, con las paredes recién
-pintadas de color de sangre de toro muy brillantes.</p>
-
-<p>En una esquina, el dueño había mandado poner
-un banderín de madera con los tres colores na<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>cionales
-y en medio el letrero: A la Veleta de
-Ustariz.</p>
-
-<p>En la planta baja había café, taberna, la bodega,
-la cuadra y una cocina espaciosa con chimenea
-de gran campana, dos mesas largas con bancos
-y el techo lleno de jamones y chorizos colgados
-y de quesos puestos sobre estantes de madera.</p>
-
-<p>Desde el zaguán, enlosado con grandes piedras,
-partía una escalera de castaño carcomida y recompuesta
-hasta el rellano del primer piso.</p>
-
-<p>De aquí se pasaba, por una puerta de cristales,
-a un corredor algo oscuro que tenía alcobas a un
-lado y a otro. En uno de los extremos del pasillo,
-hacia la carretera, estaba la sala, y en el otro lado,
-hacia la huerta, el comedor.</p>
-
-<p>En la sala, tapizada con un papel verde aceituna,
-casi siempre con las ventanas entornadas, se
-veían algunos muebles descabalados de estilo Imperio,
-un espejo sin brillo y lleno de puntitos blancos
-y varias litografías de colores detonantes con
-las hazañas de Mazzepa y del príncipe Poniatowski.</p>
-
-<p>Este salón de la Veleta de Ustariz pasaba en
-el pueblo por un salón elegante y confortable,
-digno de un hotel de Bayona.</p>
-
-<p>Hacia el lado de la huerta el comedor de la po<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span>sada
-daba a un balcón, en verano siempre en
-sombra por el follaje de una parra que hacia de
-cortina verde y tupida.</p>
-
-<p>El comedor tenía un papel nuevo que Esteban
-Irisarri, el posadero de la Veleta, consideraba
-uno de los mayores atractivos de la casa. Representaba
-la catarata del Niágara, al natural, como
-decía él. Cerca de la catarata paseaban caballeros
-elegantes en briosos corceles, y señoras reclinadas
-en fastuosos landós con lacayos negros y perros
-de aguas.</p>
-
-<p>Rompiendo una parte de la catarata había un
-ventanillo que comunicaba con un cuarto por el
-que se bajaba a la cocina, y por este ventanillo la
-mujer de Esteban, la Juana Mari, sacaba la comida
-para que la sirviera la criada. En el centro
-del comedor había una mesa ovalada donde podían
-sentarse quince o veinte personas. En este
-comedor de la Veleta de Ustariz se servía únicamente
-a los forasteros distinguidos por un módico
-sobreprecio. La gente del pueblo y los campesinos
-iban siempre a comer a la cocina.</p>
-
-<p>Esteban Irisarri, el dueño de la Veleta, era
-hombre reformador y progresivo. Había sido sargento
-de Artillería y se había casado con la hija
-de un tratante de lana de Ustariz. Por entonces<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span>
-regentaba la posada y seguía con los negocios de
-lana.</p>
-
-<p>Los tres viajeros que acababan de entrar en la
-Veleta de Ustariz eran constitucionales españoles;
-el viejo con aire de militar se llamaba don Juan
-López Campillo, había sido guerrillero en la guerra
-de la Independencia y estaba emigrado desde
-1823; de los jóvenes, el rubio con aspecto enfermizo
-era Eusebio Lacy, hijo del general Lacy,
-fusilado en Bellver, y el moreno, un muchacho
-navarro ex seminarista llamado Manuel Ochoa.</p>
-
-<p>Campillo había interrogado a Esteban el posadero
-en un mal francés pidiéndole informes acerca
-de las familias de aquel pueblo, y sobre todo
-del militar español que vivía en la casa llamada
-Chimista.</p>
-
-<p>El posadero había soslayado la cuestión con el
-maquiavelismo espontáneo de un vasco; pero al
-dirigirle claramente la pregunta no tuvo más remedio
-que hablar.</p>
-
-<p>&mdash;No tenga usted cuidado, hombre&mdash;le dijo
-Ochoa, el joven de los ojos negros, en vascuence&mdash;,
-no somos de la Policía; todo lo contrario.</p>
-
-<p>Esteban el posadero valoró aquel <i>todo lo contrario</i>
-con una sonrisa significativa, y dió los datos
-que sabía acerca del viejo militar por quien<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span>
-le interrogaban. Después invitó a los huéspedes
-a pasar al comedor.</p>
-
-<p>Precediéndolos fué por el pasillo, encendió la
-lámpara, y aunque no estaba del todo oscuro cerró
-las maderas del balcón. Los tres españoles se
-sentaron alrededor de la mesa.</p>
-
-<p>&mdash;Se ha colocado usted en medio de la catarata
-del Niágara, mi coronel&mdash;dijo Ochoa a Campillo
-señalando el papel del comedor&mdash;. Se va
-usted a mojar.</p>
-
-<p>&mdash;Sí&mdash;dijo el viejo sonriendo&mdash;. En cambio usted
-ha buscado buen sitio en ese bosquecillo.</p>
-
-<p>&mdash;Lacy se nos ha ido con las damas&mdash;indicó
-Ochoa mostrando un grupo de damiselas pintado
-en el papel&mdash;. Este siempre tan galante.</p>
-
-<p>El posadero explicó dónde había comprado
-aquel papel, que era una de las grandes atracciones
-de la casa, y como tenía que ocuparse de sus
-menesteres posaderiles, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Si no desean ustedes otra cosa, me marcho.
-Si tienen que llamar, den ustedes una patada en
-el suelo. Así.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien&mdash;indicó Ochoa&mdash;; conocemos el
-procedimiento.</p>
-
-<p>Lacy había abierto las maderas del balcón del
-comedor que daba a la galería de la parra.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p>
-
-<p>El tiempo estaba desecho. El cielo violáceo se
-deshacía a torrentes y la lluvia caía en rayas negras
-y oblicuas. Un canalón del tejado vomitaba
-agua, formando un gran chorro en arco que iba
-a caer sobre unas coles.</p>
-
-<p>&mdash;Cierra, que viene viento&mdash;exclamó Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;Me gusta ver el temporal&mdash;dijo Lacy, y saliendo
-del comedor y recorriendo el pasillo bajó
-al zaguán y se asomó a la puerta.</p>
-
-<p>La tarde estaba tibia; el aire, blando.</p>
-
-<p>Un olor de raíces y de tierra húmeda venía del
-suelo. A veces había ráfagas de viento huracanado.
-El follaje amarillo y rojizo de los árboles se desprendía
-dejando las ramas desnudas; algunas hojas
-grandes al volar por el aire parecían murciélagos
-de vuelo tortuoso o nubes de mariposas que
-al agitarse daban el vértigo.</p>
-
-<p>La hojarasca seca del camino corría de aquí
-para allí como en un sábado de brujas, galopando
-en frenéticos escuadrones, volando por encima
-de las copas de los árboles, aplastándose sobre
-los troncos y quedando inmóviles en los
-charcos.</p>
-
-<p>&mdash;Dejan la vida en la inmovilidad para irse a
-la libertad y a la muerte&mdash;se dijo Lacy a sí mismo&mdash;.
-Así hacemos nosotros los hombres; unos<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>
-para caer en el fango como ellas, otros para quedar
-olvidados en la cuneta del camino.</p>
-
-<p>Largo tiempo estuvo el joven Lacy embebido
-en pensamientos melancólicos, mirando las nubes
-que marchaban rápidamente por el cielo. En
-esto la muchacha de la posada se acercó al joven
-absorto, y le dijo que iba a subir la cena.</p>
-
-<p>Volvió Lacy al comedor y se sentó a la mesa.</p>
-
-<p>Esteban el posadero, de pie, apoyado en el respaldo
-de una silla, amenizó la velada hablando.</p>
-
-<p>Se había internado de lleno en una de las narraciones
-que a él le parecían más interesantes;
-la lucha de la Veleta de Ustariz con el Caballo
-Blanco.</p>
-
-<p>Preguntó Ochoa, mientras mondaba el hueso
-de una chuleta, por qué le había dado este nombre
-a su establecimiento, y el posadero charló por los
-codos.</p>
-
-<p>Se trataba, según dijo, de una veleta vieja que
-había en Gastizar, una de las mejores casas de
-Ustariz, propiedad de los señores de Aristy. Gastizar
-era una de las curiosidades de la villa y competía
-con Urdains, la finca del convencional Garat,
-el hombre ilustre del pueblo que todavía vivía
-en otoño de 1830, época en que comienza esta
-historia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p>
-
-<p>Al decir de Esteban el pasadero, la villa entera
-había dado en decir que la veleta de Gastizar era
-una veleta misteriosa y simbólica, que anunciaba
-o por lo menos coincidía con los grandes trastornos
-políticos y con las convulsiones que agitaban
-el país.</p>
-
-<p>Esta veleta de la torrecilla de Gastizar se hallaba
-desde hacía tiempo mohosa y no giraba con el
-viento; sin embargo, cuando los acontecimientos
-políticos eran grandes, sin duda la fuerza de la
-historia le hacía girar, quieras que no.</p>
-
-<p>Así, la veleta de Gastizar se había movido en
-la época del Terror, después de las matanzas de
-Septiembre, cuando Domingo Garat fué designado
-por Danton para ministro de Justicia; también
-se había movido el día del suplicio de los Girondinos,
-día en que el mismo Garat era ministro del
-Interior; luego la veleta misteriosa cambió de
-rumbo el 18 de Brumario, y volvió a cambiar
-cuando las tropas de Wellington pasaron por Ustariz
-y el lord Duque se alojó en casa de Garat.
-Las dos últimas agitaciones de la veleta habían
-coincidido con Waterloo y con la restauración
-Borbónica.</p>
-
-<p>La revolución de Julio no había conseguido
-conmover la veleta de Gastizar, quizás no consi<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span>deraba
-a Luis Felipe y a sus ministros de bastante
-importancia, quizás los vientos del verano no
-habían sido lo suficientemente fuertes para sacarla
-de su inercia.</p>
-
-<p>La Veleta de Gastizar dependía de la política
-francesa, que a su vez en Ustariz dependía de
-Garat.</p>
-
-<p>Garat, la veleta y la Revolución eran la trinidad
-política de Ustariz.</p>
-
-<p>Esteban el posadero, como hombre partidario
-de las reformas, había tenido la idea feliz de bautizar
-su posada con el nombre de la Veleta, dando
-a entender que el establecimiento y su amo
-patrocinaban los más atrevidos cambios y las más
-radicales modificaciones sociales.</p>
-
-<p>Muchos aseguraban, según dijo Esteban el posadero,
-que no había de tardar la veleta en moverse.
-No era la revolución de Julio un acontecimiento
-tan insignificante para que una veleta,
-por muy alta que estuviera, lo despreciara.</p>
-
-<p>Esteban al explicar la cuestión con detalles se
-reía; pero estaba inclinado a creer que algún misterio
-existía en la veleta de Gastizar, aunque no
-fuera más que para amenizar la vida, algo insípida,
-del pueblo.</p>
-
-<p>Mientras Esteban charlaba animadamente, los<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span>
-viajeros cenaban y la muchacha de la posada iba
-y venía mirando al joven Lacy con el rabillo
-del ojo.</p>
-
-<p>Después de la cena Esteban se retiró y los viajeros
-se enfrascaron en una larga conversación
-política.</p>
-
-<p>Estaban los tres metidos en la gran aventura
-que los constitucionales españoles iban a emprender
-por aquellos días. Campillo era amigo del
-coronel Valdés, y pensaba acompañarle; Ochoa
-se decía partidario de Mina, y el joven Lacy se
-hallaba dispuesto a seguir a cualquier caudillo
-que marchase adelante, a la victoria o a la muerte.</p>
-
-<p>Después de una larga conversación en la que se
-discutieron ideas y personas, Campillo dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, vamos a la cama, que mañana tendremos
-que levantarnos temprano.</p>
-
-<p>Ochoa llamó con el procedimiento de la patada
-en el suelo, y se presentó Esteban, que condujo
-a cada uno a su cuarto.</p>
-
-<p>&mdash;Me parece que la veleta de Gastizar esta noche
-se va a mover&mdash;dijo el posadero frotándose
-las manos.</p>
-
-<p>Lacy entró en su cuarto, dejó la palmatoria en
-la mesilla de noche y se sentó en una vieja butaca.
-La alcoba tenía en el techo grandes vigas pin<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span>tadas
-de azul. En medio estaba la cama de madera,
-grande, ancha, con cuatro o cinco colchones
-y del techo colgaban cortinas pesadas que la envolvían.
-Más que una cama, aquello parecía un
-altar.</p>
-
-<p>Sobre una cómoda, brillante y ventruda, se veía
-en un fanal un ramillete hecho con conchas. Lacy
-estuvo un momento pensativo; luego se acercó a
-la ventana. Se había levantado un viento terrible,
-huracanado.</p>
-
-<p>Las ráfagas de aire daban alaridos, mugidos,
-silbidos; zarandeaban los árboles, cuyo follaje
-seco se estremecía y producían un rumor como
-el del mar en un robledal lejano. Algunas ramas
-golpeaban el cristal de la ventana como si fueran
-manos que llamaran.</p>
-
-<p>Los relámpagos aclaraban el campo con su luz
-cárdena y resonaban los truenos largos en todas
-las concavidades del valle. Un momento la lluvia
-se convirtió en granizo y quedó todo el campo cubierto
-de perlas brillantes. Caía el granizo con un
-repiqueteo como el de un tambor. Lacy, después
-de un largo rato de contemplación, se desnudó,
-apagó la luz y se metió en la cama...</p>
-
-<p>En las primeras horas de la noche la violencia
-del viento aumentó; después comenzó a caer una<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span>
-lluvia mansa, tranquila; cesó el viento y no se oyó
-en el silencio del campo más que el ladrido lastimero
-de un perro...</p>
-
-<p>Al levantarse los viajeros albergados aquella
-noche en la Veleta de Ustariz, el sol brillaba en el
-cielo y el campo tenía un aspecto plácido e idílico.</p>
-
-<p>&mdash;Saben ustedes&mdash;les dijo Esteban el posadero
-al saludar a sus huéspedes.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hay?</p>
-
-<p>&mdash;La veleta de Gastizar se ha movido esta noche.
-Vamos a tener acontecimientos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-<h3 id="I_III">III.<br />
-USTARIZ Y SU GRANDE HOMBRE</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Ustariz</span> es una aldea vasco-francesa que está
-a dos leguas o dos leguas y media de Bayona
-en la orilla izquierda del Nive. Es uno de
-esos pueblos cuyo caserío esparcido por el campo
-y agrupado en barrios tiene una gran extensión.</p>
-
-<p>Los barrios de Ustariz, muy lejanos unos de
-otros, llevan los nombres de Arrauntz, Eroritz,
-Erribere y Purgonia. De estos grupos de casas, el
-de Erribere, el pueblo bajo, núcleo principal de
-la villa, conservó hasta la Revolución ciertas prerrogativas.</p>
-
-<p>Entre dos de estas barriadas, que ofrecen a las
-miradas del viajero casas muy típicas de aire vasco,
-está la iglesia moderna y sin carácter.</p>
-
-<p>Ustariz se encuentra rodeado de robledales. Se<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>gún
-algunos sabios del lugar, su nombre significa
-en vasco círculo de robles.</p>
-
-<p>Ustariz es pueblo de horizonte despejado y de
-hermosas vistas. Desde los altos se divisa al Sur,
-el monte Larrun, a la derecha, y el pico de Mondarrain
-a la izquierda; hacia el Norte se extiende
-la gran llanura francesa hasta que se pierde de
-vista. Las cercanías de Ustariz son frondosas;
-colinas verdes con prados y bosques.</p>
-
-<p>Ustariz forma parte de la antigua comarca vasca
-llamada Labourt. Toda la tierra que lleva este
-nombre es poética soñolienta, soleada. El río Nive
-la cruza de un extremo a otro.</p>
-
-<p>El Nive es un río de rápida corriente, con cascadas
-y presas que mueven los molinos en la parte
-alta, y muy lento en su parte baja.</p>
-
-<p>Mientras cruza la comarca de Suberoa es un
-río claro, alegre, saltarín, lleno de espumas; un
-riachuelo vasco, pequeño y alborotador, que corre
-por entre desfiladeros y gargantas poblados de
-hayas y de robles.</p>
-
-<p>En su parte baja al entrar en el Labourt, sobre
-todo después de Ustariz, el Nive es profundo, oscuro,
-verde; espejo inmóvil donde se reflejan los
-árboles de las orillas y por donde se deslizan las
-barcas planas que en el país llaman <i>chalantas</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span></p>
-
-<p>Todo el estrépito de este río cuando es niño y
-navarro, se convierte en silencio y modestia al
-hacerse labortano y adulto. Entonces se esconde
-como avergonzado entre las colinas pobladas de
-árboles, pasa sin ruido y sin espumas por debajo
-de los puentes y marcha a reunirse con repugnancia
-en Bayona con el Adour, que es un río
-lento y turbio que viene de pueblos de lengua de
-oc, pueblos encalados y rodeados de tierras blancas
-y arenosas.</p>
-
-<p>Ustariz era antiguamente la capital administrativa
-del Labourt y celebraba una asamblea todos
-los años casi tan famosa en el país vasco
-como la de Guernica. Esta asamblea, el <i>Bilzaar</i>
-donde se reunían los viejos labortanos para resolver
-los asuntos de la comarca, se congregaba
-en el bosque de Haitzea sobre una eminencia poblada
-de robles a la que se llamaba Capitolo-erri
-(lugar del Capitolio).</p>
-
-<p>En 1830 Ustariz estaba en decadencia; muchas
-de sus casas se hallaban en ruinas; su pequeña
-industria no progresaba. Ya no se celebraba el
-<i>Bilzaar</i> como en los buenos tiempos; ya los sabios
-del país no acudían al bosque de Haitzea.</p>
-
-<p>Ustariz había perdido su capitalidad administrativa,
-y las tres comarcas vasco-francesas: el<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>
-Labourt, Soule y Suberoa no formaban un departamento
-como habían pedido los Garat y otros
-regionalistas del país al Gobierno revolucionario.</p>
-
-<p>Los vascos de Francia entraban en el mismo
-montón que los bearneses y gascones, cosa que
-desagradaba profundamente a Garat el menor,
-vascófilo impenitente, a pesar de llamarse así mismo
-ciudadano del mundo.</p>
-
-<p>Muchos de estos regionalistas vasco-franceses
-hubieran querido llegar a una aproximación con
-los españoles y formar una confederación vasca
-para defenderse de la presión niveladora de París
-y conservar el espíritu de la región; pero no
-encontraban, ni entonces ni después, colaboradores
-en los vascos españoles, tercos y cerrados para
-todo cuanto no fuera un estúpido absolutismo y
-un más estúpido fanatismo religioso. Por otra
-parte, la política natural de las grandes nacionalidades
-tenía que separar a los vascos de un lado
-y otro del Pirineo, cortando poco a poco las fibras
-sentimentales comunes. En esta época de decadencia
-de Ustariz quedaban en el pueblo dos curiosidades:
-la casa del convencional Domingo José
-Garat, que todavía vivía en Urdains y la veleta
-misteriosa de Gastizar.</p>
-
-<p>Urdains estaba cerca del barrio de Arrauntz y<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>
-de la colina de Santa Bárbara, desde donde se divisaba
-un magnífico panorama; Gastizar se hallaba
-dentro de Erribere.</p>
-
-<p>Entre Garat y la veleta de Gastizar había grande
-semejanza. Los dos eran ornamentales, los dos
-versátiles; pero Garat había cambiado con los
-vientos reinantes mejor que la veleta de Gastizar,
-que se hallaba desde hacía tiempo enmohecida.
-Garat se movía también a impulsos de la bondad
-y del reconocimiento.</p>
-
-<p>Los Garat habían tenido el sino de figurar en
-el mundo.</p>
-
-<p>Garat el mayor, había sido diputado en los Estados
-generales durante la Revolución; Garat el
-menor, el célebre, fué ministro en plena efervescencia
-revolucionaria, y otro hermano más joven
-había sido uno de los tenores de más fama de la
-época.</p>
-
-<p>Las mujeres de la familia también se habían
-distinguido, y la hermana de Garat, superiora del
-convento de la Visitación, de Bayona, llamaba la
-atención por su inteligencia y por su belleza extraordinaria.</p>
-
-<p>Garat, el tenor, alcanzó el máximo de su popularidad
-en tiempo del Directorio; había dado
-antes lecciones de canto a la reina María Anto<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>nieta;
-fué el ídolo de los salones, y puso en boga
-en París una canción vasca que comenzaba así:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line i1"><i>Mendian zori eder</i></div>
-<div class="line"><i>Eper zango gorri.</i></div>
-</div></div></div>
-
-<p>(¡Qué bonita es la perdiz de patas rojas en el
-monte!)</p>
-
-<p>Domingo Garat, el menor, hombre débil, brillante
-y versátil, había pasado por los momentos
-más terribles de la Revolución francesa, intentando
-dejar una amable sonrisa allí donde los demás
-dejaban una mueca de furor y de amenaza.</p>
-
-<p>No le valió su amabilidad, y en los momentos
-trágicos tomó un carácter sombrío. Estuvo también
-preso y a punto de ser guillotinado. Garat
-cumplió la triste misión, siendo ministro de Justicia,
-de comunicar a Luis XVI su sentencia de
-muerte.</p>
-
-<p>El sino del vasco Garat fué parecido al del
-bearnés Barere de Vieuzac; las circunstancias hicieron
-de estos ruiseñores meridionales tipos odiosos
-y odiados por la mayoría.</p>
-
-<p>Los periodistas monárquicos que redactaban el
-periódico <i>Las Actas de los Apóstoles</i> agrupaban
-tres nombres como sinónimos: Carra-Garat-Ma<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>rat,
-uniendo por la fuerza del consonante a hombres
-tan distintos como Marat el sanguinario, Carra
-el jacobino sospechoso, y Garat el ideólogo de
-las frases brillantes.</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line i1"><i>Garat toujours rempli de frayeur et d'espoir</i></div>
-<div class="line"><i>A toujours le secret de dire blanc et noir.</i></div>
-<div class="line"><i>S'exprimer franchement lui semble par trop bête</i></div>
-<div class="line"><i>Et sauvent son pays il veut sauver sa tête.</i></div>
-</div></div></div>
-
-<p>(Garat, siempre lleno de miedo y de esperanza,
-tiene siempre el secreto de decir blanco y negro;
-expresarse francamente le parece muy tonto, y
-salvando el país quiere salvar su cabeza). Garat,
-a quien los monárquicos intentaban pintar como
-uno de tantos ogros de la Revolución, no era más
-que un hombre que había errado el camino. Garat
-era un hombre ligero y versátil, retórico y
-conceptista. Amaba a su pueblo y a su país, era
-vascófilo, meridionalista e hispanófilo, y firmaba a
-veces sus trabajos con el seudónimo de José de
-Ustariz.</p>
-
-<p>Era Garat hombre amigo de novedades, y fué
-uno de los primeros franceses que antes de la Revolución
-quiso hacer trabajos para propagar en
-Francia la filosofía de Kant. El poeta danés Bag<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>gesen
-durante su estancia en París le comunicó
-el entusiasmo por el filósofo de Koenigsberg.</p>
-
-<p>A medida que la Revolución francesa evolucionaba,
-Garat evolucionó con ella; fué alternativamente
-dantoniano, thermidoriano, bonapartista,
-imperialista, después abandonó la barca de la Revolución,
-que naufragaba, y se hizo partidario de
-los Borbones y devoto.</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line"><i>Messieurs, n'acusez pas Garat</i></div>
-<div class="line"><i>De changer de doctrine.</i></div>
-</div></div></div>
-
-<p>(Señores, no acuséis a Garat de cambiar de
-doctrina) así comenzaba una poesía satírica dedicada
-a él.</p>
-
-<p>En el Diccionario de las Veletas, publicado en
-París en 1814, Garat estaba en el número de las
-primeras veletas de Francia.</p>
-
-<p>Hasta en Ustariz, su pueblo, donde todo el
-mundo le quería, se le motejaba de versátil, y durante
-la Restauración uno de los versolaris labortanos
-le dirigió estos versos:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line i1"><i>Gastizarco veleta</i></div>
-<div class="line"><i>Ez du ibiltzen aicea</i></div>
-<div class="line"><i>Ez ifarra, ez igoa</i></div>
-<div class="line"><i>Ez da Garat bezala</i></div>
-<div class="line"><i>Uztaritzco lagun zarra</i><span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span></div>
-<div class="line"><i>Bere borondatez eramana</i></div>
-<div class="line"><i>Beti turnatzen al da</i></div>
-<div class="line"><i>Alde guztiyetara</i></div>
-</div></div></div>
-
-<p>(A la veleta de Gastizar ya no la mueve el viento,
-ni el Norte ni el Mediodía. No se parece a
-Garat, nuestro viejo amigo de Ustariz, que llevado
-por su buena intención siempre anda dando
-vueltas en todos sentidos.)</p>
-
-<p>Como el abate Swift gritaba en sus ratos de
-alegría: ¡Viva la bagatela!, Garat podía decir:
-¡Viva la versatilidad!</p>
-
-<p>Su versatilidad le había conservado joven y de
-buen corazón y tenía derecho a vitorearla.</p>
-
-<p>Como se ve por estas explicaciones, Ustariz
-era un pueblo en 1830 que podía vanagloriarse de
-sus veletas. La de Gastizar y la de Urdains tenían
-fama en muchas leguas a la redonda.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_IV">IV.<br />
-GASTIZAR Y CHIMISTA</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Si</span> van ustedes a Chimista&mdash;dijo Esteban el
-posadero a sus huéspedes&mdash;irán ustedes mejor
-a pie que a caballo: al dejar la carretera el
-camino que hay que tomar estará húmedo y resbaladizo
-con la lluvia de esta noche.</p>
-
-<p>&mdash;Nos vamos a poner perdidos&mdash;dijo Campillo.</p>
-
-<p>&mdash;Si usted quiere ir a caballo&mdash;observó Ochoa&mdash;nosotros
-le seguiremos a pie.</p>
-
-<p>&mdash;No; iré también a pie.</p>
-
-<p>&mdash;Yo les acompañaré hasta dejarles en el camino
-de Chimista&mdash;indicó Esteban.</p>
-
-<p>Los españoles, precedidos por Esteban, salieron
-de la posada y marcharon por la carretera. Al
-pasar por Gastizar, la casa de la misteriosa veleta,
-se detuvieron a contemplarla.</p>
-
-<p>Era Gastizar un caserón grande colocado entre
-la carretera y el río, con las paredes de un color<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span>
-amarillento negruzco, las persianas verdes y el
-tejado de un tono rojo oscuro herrumbroso. Una
-de sus fachadas laterales tenía en un ángulo una
-ancha torre cuadrada, centinela en guardia que
-vigilaba la carretera.</p>
-
-<p>En el país, Gastizar podía llamarse palacio. Eran
-sus paredes de mampostería y en las aristas de
-todo el edificio, como en las de la torre, ostentaba
-cintas de piedra rojiza tallada.</p>
-
-<p>Las ventanas y balcones tenían grandes marcos
-de arenisca blanca.</p>
-
-<p>Las persianas y puertas verdes estaban ya muy
-desteñidas; el alero, artesonado de cerca dos metros
-de saliente, se hallaba pintado de manera un
-tanto bárbara, con las zapatas que le sostenían
-azules y los entablamentos amarillos.</p>
-
-<p>Un camino transversal que partía de la carretera
-pasaba por delante de Gastizar, cruzaba el
-río por un puente y seguía hacia Chimista. A este
-camino daba la fachada principal del palacio.</p>
-
-<p>Tenía ésta un jardín delante circundado por
-una tapia baja, con dos grandes tilos y unos macizos
-de hierba.</p>
-
-<p>Pasando la avenida se entraba por una portalada
-por encima de la cual avanzaba un gran
-balcón con los barrotes labrados y cuyo baran<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>dado
-estaba sujeto a la pared por arcos de hierro.</p>
-
-<p>Enredándose en ellos se veía una glicina nudosa.</p>
-
-<p>En el segundo piso había cinco balcones sin
-saliente con los cristales pequeños y verdosos y
-en medio del tejado cortando el alero una mansarda.</p>
-
-<p>Los viajeros contemplaron un momento Gastizar.</p>
-
-<p>Entre la casa y el río se extendía la huerta
-orientada al levante con dalias, rosas de todos
-colores y crisantemos de la India que hacía poco
-tiempo se habían introducido en el país y que
-en aquellos días de Octubre estaban aún en todo
-su esplendor.</p>
-
-<p>Gastizar ofrecía distinto aspecto según del lado
-desde donde se le mirase.</p>
-
-<p>Por la fachada, orientada al Norte, tenía un
-aire sombrío; los musgos verdosos nacían entre
-sus piedras y los hierbajos crecían sobre la cornisa
-de los balcones y en el alero.</p>
-
-<p>Los otros tres lados eran más sonrientes y
-alegres y estaban rodeados de jardines; la parte
-que daba a la carretera con su torrecilla cuadrada
-se perfilaba con cierto aire feudal. Esta to<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>rrecilla
-tenía dos miradores y un tejado plano
-sobre el cual se erguía la misteriosa veleta de
-Gastizar con su dragón con la boca abierta, sujeto
-en un vástago de ocho o diez pies de alto
-terminado en una punta de lanza.</p>
-
-<p>Esteban el posadero que mostró a sus huéspedes
-Gastizar y sus curiosidades dijo que algunos
-que se tenían por inteligentes aseguraban que esta
-veleta debió haber sido traída de otra parte porque
-parecía del siglo XV y la construcción de la casa
-databa del siglo XVI. Esteban añadió que un
-viejo del pueblo aseguraba que esta veleta la había
-visto él en un torreón de Larresore antes de
-la época revolucionaria y agregó que un señor condecorado
-que había estado en el pueblo dijo que
-antiguamente la importancia y nobleza de un castillo
-se podía medir por el número de veletas.
-Cuantas más tenía más noble y más importante
-era. Durante mucho tiempo los plebeyos no podían
-tener estos pequeños aparatos sobre el tejado
-de sus casas lo que a Esteban, que era un
-buen liberal, le parecía el colmo del abuso y una
-de las más abominables señales del despotismo
-del Antiguo Régimen.</p>
-
-<p>Después de hacer gala de sus conocimientos,
-el posadero, indicando uno de los dos caminos<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>
-en que se dividía el que iban siguiendo, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Por ahí en media hora estarán ustedes en
-Chimista.</p>
-
-<p>Marcharon los viajeros adelante, preguntaron
-en dos caseríos hasta detenerse en una casita pequeña
-y blanca que aparecía en medio de un robledal,
-rodeada de campos y a poca distancia del
-río. Era Chimista.</p>
-
-<p>Tenía la casa que llevaba este nombre dos pisos
-con entramado de madera. Era del tipo clásico
-del país, el primer piso avanzaba un poco
-sobre el bajo y el segundo sobre el primero. Se
-abrían a un lado dos ventanas góticas del gótico
-conopial y una puerta en arco apuntado.</p>
-
-<p>La puerta estaba abierta. Entraron en el zaguán
-y llamaron dando palmadas. No apareció
-nadie.</p>
-
-<p>&mdash;Ahí al lado había unas mujeres. Voy a preguntarles
-si hay alguien en la casa&mdash;dijo Ochoa.</p>
-
-<p>Acababa de salir el muchacho navarro cuando
-se presentó en el portal una mujer joven con un
-niño en brazos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Está don Valentín Malpica?&mdash;preguntó
-Campillo en castellano.</p>
-
-<p>&mdash;¡Mi padre!... Sí...&mdash;balbuceó la mujer.&mdash;¿Qué
-le querían ustedes?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Queríamos hablarle. Somos amigos suyos.</p>
-
-<p>&mdash;Ah, entonces... pasen ustedes, está en la
-huerta.</p>
-
-<p>Campillo y Lacy cruzaron el zaguán y un establo
-y salieron a la huerta.</p>
-
-<p>Contemplando unos árboles frutales había dos
-hombres; un viejo canoso y un señor de unos
-cuarenta años, tipo entre ciudadano y campesino
-que llevaba una boina grande. Este señor era el
-mismo que habían visto en el zaguán de la fonda
-de la Veleta al llegar a Ustariz en un tilburí.</p>
-
-<p>Campillo se acercó al viejo.</p>
-
-<p>&mdash;¡Malpica!&mdash;exclamó.</p>
-
-<p>El viejo se volvió rápidamente y puso la mano
-derecha sobre los ojos como pantalla y preguntó
-en francés a su compañero:</p>
-
-<p>&mdash;¿Quién es?</p>
-
-<p>&mdash;No sé, no le conozco&mdash;dijo el de la boina.</p>
-
-<p>&mdash;Soy Campillo, tu camarada. ¿No te acuerdas
-de mí?</p>
-
-<p>Malpica se acercó al forastero y le estrechó
-la mano.</p>
-
-<p>Era don Valentín Malpica un viejo derecho
-con la cara sonrosada y los ojos grises. Tenía la
-tiesura y la rigidez de un militar.</p>
-
-<p>&mdash;Venimos a hablarte&mdash;dijo Campillo.&mdash;Este<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>
-muchacho que me acompaña es Eusebio de Lacy,
-hijo del general.</p>
-
-<p>&mdash;¡Es el hijo de Lacy! perdone usted joven
-que le abrace.&mdash;Malpica le estrechó entre sus brazos.&mdash;Le
-conocí mucho a su padre de usted, y
-peleé con él&mdash;siguió diciendo.&mdash;Era un militar valiente
-y un liberal de verdad. Espérenme ustedes
-un momento. Les presentaré a ustedes... mi hija...,
-Miguel Aristy..., el coronel Campillo...
-Lacy.</p>
-
-<p>Se dieron la mano. Miguel Aristy era el señor
-de la boina grande que acompañaba a Malpica.</p>
-
-<p>La hija del coronel invitó a sentarse a los forasteros
-en el jardín en un cenador cubierto de
-enredaderas, entre las que se destacaban clemátides
-blancas y azules, campanillas rojizas y rosas
-tardías.</p>
-
-<p>Un niño de tres a cuatro años salió corriendo
-de la casa y se echó en brazos de la hija de Malpica.</p>
-
-<p>&mdash;¿Es hijo de usted?&mdash;le preguntó Lacy señalando
-al niño.</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué guapo es!</p>
-
-<p>&mdash;Lo que es, es muy desobediente.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¡No!&mdash;dijo el chico levantando el dedo en
-el aire.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, sí. Su hermanita es mucho mejor que él.</p>
-
-<p>&mdash;¿Vive usted todo el año aquí en el campo?&mdash;preguntó
-Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, todo el año, con mi padre y mi marido.</p>
-
-<p>&mdash;¿Su marido de usted es este señor?&mdash;dijo indicando
-al de la boina.</p>
-
-<p>&mdash;No, este señor es mi cuñado. Yo estoy casada
-con su hermano.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué casa más simpática tiene usted!&mdash;exclamó
-Lacy&mdash;aquí parece que debe ser muy fácil
-ser feliz.</p>
-
-<p>&mdash;Yo creo que en todas partes se puede ser
-feliz si se contenta uno con poco.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, quizás sea cierto, pero eso no lo puede
-saber usted por experiencia.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué?</p>
-
-<p>&mdash;Porque lo tiene usted todo: unos niños tan
-bonitos, su padre, el marido, el buen carácter...</p>
-
-<p>&mdash;Usted también lo tendrá...</p>
-
-<p>&mdash;Será difícil.</p>
-
-<p>&mdash;¿No tiene usted familia?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, mi madre. Mi padre fué el general Lacy
-fusilado en Mallorca por liberal.</p>
-
-<p>&mdash;He oído hablar mucho de él.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Mi padre estaba reñido con mi madre. Yo
-he sido educado en colegios, siempre separado de
-la familia.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué pena!</p>
-
-<p>&mdash;Sí, mi infancia ha sido bastante triste. Mi
-juventud tampoco es muy alegre. Estoy enfermo.</p>
-
-<p>&mdash;Curará usted.</p>
-
-<p>&mdash;No sé; ya veremos.</p>
-
-<p>&mdash;Buenos señores&mdash;dijo Malpica acercándose
-al cenador.&mdash;Puesto que tenemos que hablar de
-asuntos reservados vamos a mi cuarto.</p>
-
-<p>Campillo y Lacy se dispusieron a marcharse
-de la huerta y se despidieron del señor de la
-boina.</p>
-
-<p>&mdash;Adiós, señor de Lacy&mdash;dijo la hija de Malpica
-dando la mano al joven&mdash;y no arrastren ustedes
-a mi padre a ninguna empresa peligrosa.</p>
-
-<p>Abandonaron los dos españoles la huerta y
-por la cuadra pasaron al zaguán en donde vieron
-a Ochoa que hablaba en vascuence con unas muchachas
-que al oirle se reían a carcajadas.</p>
-
-<p>Ochoa se unió con sus amigos y los tres subieron
-por una escalera al rellano del primer piso.
-Malpica, que les esperaba, les condujo a un cuartito
-pequeño empapelado, adornado con unas estampas
-de generales y de guerrilleros de la Inde<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span>pendencia
-puestos en marcos en las paredes, una
-mesa, un estante con una docena de libros y dos
-sillones.</p>
-
-<p>&mdash;Aquí que nadie nos oye&mdash;dijo Malpica dirigiéndose
-a Campillo.&mdash;Puedes hablar a tus anchas.</p>
-
-<p>Campillo que no era hombre de buenas explicaderas
-comenzó a embarullarse y a perderse en
-comentarios y en detalles de tal modo, que dijo
-dirigiéndose al joven Lacy:</p>
-
-<p>&mdash;Hable usted, porque yo no sé explicarme rápidamente.</p>
-
-<p>Eusebio Lacy tomó la palabra.</p>
-
-<p>&mdash;Ya le ha indicado el coronel Campillo&mdash;dijo&mdash;que
-los liberales españoles han pensado hacer
-un intento serio para establecer la Constitución
-en España. Supongo que estará usted enterado
-de la marcha en general de este asunto.</p>
-
-<p>&mdash;No, no lo estoy. Vivo aquí apartado y sin
-enterarme de nada.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces haré un resumen de lo que ocurre.
-Después de la Revolución de Julio de París, todos
-los caudillos españoles liberales se han reunido
-para hacer un intento en la frontera. El gobierno
-francés favorece la empresa y el mismo
-Luis Felipe ha dado dinero para ella. Entre los<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>
-jefes están Mina, Gurrea, Chapalangarra, Méndez
-Vigo, Jáuregui, López Baños, San Miguel,
-Milans del Bosch, Valdés... En fin, todos.</p>
-
-<p>&mdash;Los conozco&mdash;dijo Malpica.&mdash;A unos personalmente,
-a otros de nombre.</p>
-
-<p>&mdash;Por desgracia&mdash;añadió Lacy&mdash;hay diferencias
-entre los nuestros y se han formado varios
-bandos capitaneados por Mina, Valdés, Chapalangarra,
-Méndez Vigo y Gurrea.</p>
-
-<p>&mdash;¡Mal negocio!</p>
-
-<p>&mdash;Sí, es defecto de nosotros los españoles, pero
-en fin, yo creo que las diferencias se borrarán con
-el éxito.</p>
-
-<p>&mdash;Es de esperar.</p>
-
-<p>&mdash;Pues bien, en esto nuestro amigo el coronel
-Campillo que es uno de los jefes de la fuerza constitucional,
-supo por conducto de algunos agentes
-liberales que su compañero don Valentín Malpica
-vivía ignorado en Ustariz. El coronel Campillo
-puso la noticia en conocimiento de la Junta y la
-Junta comprendiendo la importancia que tendría
-su valioso concurso nos designó a nosotros tres
-para visitarle a usted y para proponerle tomar
-parte en la expedición militar que vamos a hacer
-sobre la frontera española. Este es nuestro objeto
-al visitarle.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Le he oído a usted atentamente, señor de
-Lacy&mdash;contestó Malpica&mdash;me honra mucho que
-se hayan acordado de mí y estoy dispuesto a dar
-mi vida por la libertad y por la patria. No tengo
-más que decir con relación a este punto; estaré
-allí donde me manden: en el sitio del peligro.</p>
-
-<p>&mdash;Lo esperábamos de usted&mdash;dijo Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Gracias. Ahora sí, tengo que advertir que soy
-el coronel más viejo de mi cuerpo y que no aceptaría
-un destino subalterno.</p>
-
-<p>&mdash;Ni nosotros hemos pensado en tal cosa&mdash;repuso
-Lacy.</p>
-
-<p>Campillo replicó con disimulada acritud que él
-como todos ocuparía el lugar que le correspondiera
-en la escala según su antigüedad y como todos
-ascendería un grado en el caso de triunfar. Puestos
-de acuerdo en este punto, Campillo dijo que
-avisaría a Malpica cuándo debía presentarse en
-Bayona.</p>
-
-<p>Terminada la conferencia los tres viajeros bajaron
-al portal y se despidieron de Malpica. Ya
-iban a salir cuando se presentó la hija del coronel
-con sus dos niños. Lacy le dió la mano y ella
-murmuró en voz baja:</p>
-
-<p>&mdash;Dios quiera que no me traigan ustedes alguna
-desgracia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Por Dios, señora... no..., balbuceó Lacy.</p>
-
-<p>Unas horas después, los tres viajeros llegaban
-a la Veleta de Ustariz, almorzaban, montaban a
-caballo y se dirigían al trote largo camino de Bayona.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_V">V.<br />
-LA TERTULIA DE GASTIZAR</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">El</span> mismo día en que Lacy, Campillo y Ochoa
-visitaban al coronel Malpica, estaban de tertulia
-al anochecer, varias personas en el salón de
-Gastizar.</p>
-
-<p>Una gran lámpara de aceite, con una pantalla
-verde, colgada del centro de la habitación difundía
-una luz fija y clara, y seis velas ardían en el
-piano sobre arandelas de cristal tallado.</p>
-
-<p>El salón de Gastizar era grande y decorativo,
-con vigas en el techo negras sobre fondo rojo,
-suelo de nogal muy oscuro y lustroso y las paredes
-tapizadas de terciopelo escarlata.</p>
-
-<p>Este salón tenía dos balcones muy espaciados
-y una ventana, ocultos en aquel momento por
-cortinas espesas, en frente de uno de los balco<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>nes
-había una gran chimenea en cuyo hogar ardían
-unos gruesos troncos de roble.</p>
-
-<p>Los muebles de este salón eran antiguos; arcas
-vascas talladas, espejos biselados, sillones estilo
-Luis XV. Un reloj alto, negro, de estos ingleses,
-de esfera de cobre, colocado entre los dos
-balcones parecía presidir la sala.</p>
-
-<p>En algunos espejos, cuadros y en el respaldo
-de los sillones se veía esculpido y pintado un escudo
-con cuatro cuarteles, en los dos de arriba
-dos vacas rojas y un roble y en el de abajo otras
-dos vacas rojas y una hidra de tres cabezas.</p>
-
-<p>Este escudo era de la casa vasco-francesa de
-los Belsunce, familia ilustre en el país, que tenía
-en Mearin un antiguo castillo cubierto de hiedras.</p>
-
-<p>Entre los Belsunces había habido un obispo de
-Marsella que se hizo célebre en la peste que desoló
-esta ciudad a principio del siglo XVIII, un
-general que se distinguió en el sitio de Maestrich,
-y el mayor Belsunce que en tiempo de la Revolución
-fué muerto en Caen por la plebe y luego
-destrozado y despedazado de una manera trágica,
-llegando una mujer a arrancarle el corazón y a
-comérselo.</p>
-
-<p>Cuando Carlota Corday mató a Marat se ase<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span>guró
-por algunos que la heroica homicida había
-sido la novia del mayor Belsunce y que había
-querido vengarle.</p>
-
-<p>Además de estos Belsunces conocidos en la
-historia había otro personaje legendario del mismo
-apellido: Gastón de Belsunce que a principios
-del siglo XV peleó con un monstruo que se
-escondía en una cueva de San Pedro de Irube y
-murió en la lucha después de matar a la fiera. De
-aquí procedía en el escudo de la familia la hidra
-de las tres cabezas.</p>
-
-<p>Entre los vascos, que no ha habido nunca grandes
-propietarios ni aristocracia cortesana, la familia
-de Belsunce era la excepción por su riqueza.</p>
-
-<p>La dueña de la casa de Gastizar era de la familia
-de Belsunce y tenía este apellido del cual
-estaba orgullosa, así que le agradaba que le escribieran
-madame d'Aristy (neé Belsunce).</p>
-
-<p>En la sala de Gastizar había en aquel momento
-varias personas; alrededor del velador del centro
-estaban tres señoras, madama de Aristy, su prima
-la vieja señorita de Belsunce y madama de
-Luxe viuda de un coronel del Imperio.</p>
-
-<p>Madama Aristy era una señora alta, de nariz
-corva y ojos claros, el pelo blanco. Madama de<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span>
-Aristy hacía media y tenía entre ella y el fuego
-un pequeño biombo porque no le gustaba el calor
-de la lumbre.</p>
-
-<p>A su lado leía un número de <i>La Moda</i>, la vieja
-señorita de Belsunce. La señorita de Belsunce
-estaba empeñada en parecer joven a fuerza de
-afeites y su sistema pictórico daba a su rostro
-un aspecto lamentable.</p>
-
-<p>Su única discreción era buscar los sitios que
-estuvieran a la sombra o en la penumbra donde
-no se le pudiese ver a la luz plena.</p>
-
-<p>A pesar de su manía de pintarse y de pintarse
-mal que parecía denotar cierta falta de sentido,
-en otras cuestiones la señorita de Belsunce discurría
-con una gran claridad.</p>
-
-<p>Esta vieja señorita era romántica, no del romanticismo
-entronizado por los escritores y poetas
-del año 1830 sino del anterior. Tenía una traducción
-de Ossian que leía con tanto entusiasmo
-como Napoleón, tocaba el arpa y libaba el monarquismo
-y la melancolía en las obras llenas de
-catacumbas y de pompas fúnebres del Vizconde
-de Chateaubriand.</p>
-
-<p>La otra señora que estaba en el salón, madama
-Luxe, viuda de un coronel del Imperio, era una
-mujer rubia, corpulenta, de unos treinta y cinco<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>
-a cuarenta años, de ojos claros, vestida de una
-manera vistosa.</p>
-
-<p>Madama Luxe había sido poco feliz en su matrimonio
-y como todavía se consideraba joven
-esperaba casarse en segundas nupcias. Algunos
-pensaban que no le hubiera disgustado Miguel
-Aristy como marido.</p>
-
-<p>Al lado del piano había dos muchachas y un
-joven.</p>
-
-<p>De ellas, la mayor era Alicia de Belsunce, la
-otra Fernanda Luxe. Alicia tendría unos diez y
-ocho años, el pelo rubio y unos colores de manzana.
-Fernanda era pálida, morena y melancólica
-y estaba todavía de corto.</p>
-
-<p>Alicia, en aquel momento sentada al piano tocaba
-y cantaba mientras un joven, Luis Larralde-Mauleón,
-pasaba las hojas de la partitura del
-"Barbero de Sevilla".</p>
-
-<p>Al lado del fuego, dentro de la campana de la
-chimenea se encontraban Miguel de Aristy, el
-hijo mayor de la casa, hundido en una butaca,
-el caballero de Larresore, anciano muy estirado
-y peripuesto, y el ex intendente Darracq, pariente
-del marido de madama Aristy.</p>
-
-<p>Miguel y Larresore hablaban en aquel momento
-de don Valentín Malpica, Darracq escu<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>chaba
-y arreglaba a cada paso el fuego con las
-tenazas.</p>
-
-<p>&mdash;Es un hombre tosco, sin formas corteses&mdash;decía
-Larresore&mdash;la primera vez que me vió me
-dijo: nosotros los viejos...</p>
-
-<p>&mdash;Ja... ja...&mdash;rió Miguel&mdash;la verdad es que no
-podrán ustedes hacer buenas migas los dos.</p>
-
-<p>El señor Darracq rió también aunque silenciosamente.</p>
-
-<p>&mdash;Otro día&mdash;siguió diciendo Larresore&mdash;le vi
-llevando un haz de leña al hombro. Coronel, le
-dije: ¡Por Dios! ya le enviaremos a usted un
-mozo para que le acarree la leña.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué le contestó a usted?</p>
-
-<p>&mdash;Me dijo que el soldado debe bastarse a sí
-mismo.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, es una de sus grandes razones. Don Valentín
-es un buen hombre sencillo y honrado. Es
-el militar sin cultura. Como fanático que es, ha
-exagerado los beneficios de la disciplina y cree
-que el hombre debe ser una máquina que marche
-al paso. Para don Valentín las dos normas superiores
-de la vida son la disciplina y el honor.
-La disciplina tiene sus ordenanzas militares, respecto
-al honor él supone que sus leyes son tan
-exactas como las de la gravedad. Yo no creo<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span>
-en nada de esto, pero reconozco que es un excelente
-corazón franco y noble.</p>
-
-<p>&mdash;Cierto, cierto&mdash;repuso Larresore&mdash;pero es
-de una insociabilidad horrible. Estando en su compañía
-yo no puedo encontrar un motivo de conversación.
-Le pregunté una vez por su familia y
-sus antepasados y me dijo que él no había conocido
-más que a su padre, y añadió que había encontrado
-en su casa un árbol genealógico en pergamino
-pero que lo había echado al fuego porque
-el soldado no debe de pensar en estas tonterías;
-para él todo lo que es lujoso es inútil. ¡Qué espíritu
-más lamentable!</p>
-
-<p>&mdash;Sí, hay esa misma idea en todos estos militares
-españoles que andan por aquí. Son gentes
-sencillas.</p>
-
-<p>&mdash;Es falta de civilización&mdash;exclamó Larresore&mdash;poca
-sensibilidad. ¿Y estos tres españoles que han
-estado a ver al coronel Malpica, quiénes son? ¿Algunos
-revolucionarios?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y a qué han venido? ¿Quizás a proponerle
-que se una a ellos?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y él habrá aceptado?</p>
-
-<p>&mdash;Seguramente.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Es tan liberal?</p>
-
-<p>&mdash;No, liberal no es; pero las circunstancias le
-han puesto más cerca del campo de los liberales
-y con poco que halaguen su amor propio irá.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tú conoces bien su historia, Miguel?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué hay de cierto en eso que se ha dicho
-de que mató al amante de su mujer?</p>
-
-<p>&mdash;Lo que hay de cierto es que tuvo un duelo
-con un amigo suyo y que le mató.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y no era el amante de su mujer?</p>
-
-<p>&mdash;No, no. Parece que había otra mujer entre
-ellos.</p>
-
-<p>En esto Alicia se levantó y dirigiéndose a madama
-de Aristy dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Tía, no tocaré más. Miguel y el caballero de
-Larresore están hablando entretenidos y no hacen
-caso de mi música.</p>
-
-<p>&mdash;No, hija mía&mdash;dijo Larresore siempre amable&mdash;estábamos
-haciendo comentarios sobre tu
-música.</p>
-
-<p>&mdash;¡Bah, bah!, no me engaña usted, siempre
-están ustedes hablando.</p>
-
-<p>&mdash;Tienes razón, hija mía&mdash;saltó madama de
-Aristy con enfado&mdash;yo no sé de qué hablan. Esta
-noche pasada&mdash;y se dirigió a madama Luxe&mdash;han<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>
-estado hasta las dos dale que dale hablando. ¡No
-se cansarán! pensaba yo.</p>
-
-<p>&mdash;Los hombres...&mdash;comenzó a decir madama Luxe,
-pero sin duda no se le ocurrió nada y se calló.</p>
-
-<p>&mdash;Es que tienes un hijo muy inteligente, prima
-mía&mdash;repuso Larresore&mdash;y a mí me gusta oir sus
-opiniones.</p>
-
-<p>&mdash;Miguel es inteligente para todo menos para
-mi música&mdash;saltó Alicia.&mdash;Ayer que no estaba el
-señor de Larresore para hablar con él se sentó en
-la butaca y se quedó dormido.</p>
-
-<p>&mdash;No, no; estaba soñando.</p>
-
-<p>&mdash;Ya, ya. Bueno, ¿y de qué estaban ustedes hablando?&mdash;dijo
-Alicia tomando una silla pequeña
-y sentándose con los piececitos al fuego.</p>
-
-<p>&mdash;Estábamos hablando de estos españoles que
-han venido al pueblo a visitar al suegro de mi
-hermano León&mdash;dijo Miguel.</p>
-
-<p>&mdash;Los he visto&mdash;agregó Alicia&mdash;uno de ellos
-un joven moreno con un aire muy enérgico. Muy
-buen tipo.</p>
-
-<p>&mdash;A mí me ha parecido mejor el rubio&mdash;saltó
-Fernanda.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no les he encontrado nada de particular
-a ninguno de los dos&mdash;dijo el joven Larralde-Mauleón
-despechado.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Ya tenemos la eterna discrepancia&mdash;exclamó
-Miguel con su seriedad burlona.&mdash;Alicia dice
-que el moreno, Fernanda que el rubio y el joven
-Larralde que ninguno de los dos. ¿Quién
-tiene razón?</p>
-
-<p>&mdash;Déjese usted de bromas. ¿Quiénes son?&mdash;preguntó
-Alicia.</p>
-
-<p>&mdash;El viejo es un guerrillero español...</p>
-
-<p>&mdash;¿Y los jóvenes?</p>
-
-<p>&mdash;El rubio es el hijo del general español Lacy
-que fué fusilado en la isla de Mallorca por liberal.
-El otro es un muchacho que se llama Ochoa.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué venían a hacer aquí?</p>
-
-<p>&mdash;Venían, sin duda, a invitar a este viejo coronel,
-suegro de mi hermano, a alguna empresa
-revolucionaria.</p>
-
-<p>&mdash;Y ese Ochoa, ¿quién es?&mdash;dijo Alicia.</p>
-
-<p>&mdash;No sé de él más que lo que tú sabes, que es
-un muchacho guapo y al parecer revolucionario,
-pero si te interesa tomaremos informes.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces tome usted también informes del
-rubio&mdash;dijo Fernanda.</p>
-
-<p>&mdash;<i>Vous êtes mon lion superbe et genereux</i>&mdash;recitó
-Alicia con énfasis.</p>
-
-<p>Esta frase de doña Sol de "Hernani" en aquel
-momento produjo marcada molestia en el joven<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span>
-Larralde-Mauleón que se acercó a las señoras y
-se puso a hablar con ellas.</p>
-
-<p>Poco después, madama de Luxe se levantó y
-se despidió de madama de Aristy y de la señorita
-de Belsunce, el joven Larralde-Mauleón saludó
-inclinándose ceremoniosamente y besó la mano a
-las señoras.</p>
-
-<p>Madama de Aristy llamó a la campanilla y
-preguntó si estaba la cena, la criada que apareció
-en la puerta dijo que sí, y las tres señoras y los
-tres caballeros pasaron al comedor.</p>
-
-<p>Después de cenar charlaron un rato, las señoras
-se retiraron, y Miguel y el caballero de Larresore
-volvieron a la chimenea al lado del fuego,
-apagaron la luz y estuvieron largo tiempo hablando.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_VI">VI.<br />
-DON VALENTIN DE MALPICA</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Al</span> quedarse solos Larresore y Miguel, el anciano
-caballero pidió a su sobrino le contara
-con detalles la historia del viejo coronel español
-que vivía en Chimista. Miguel la contó pero
-como no era el Mayorazgo de Gastizar hombre a
-quien interesaran sólo los hechos, sino que le gustaba
-bucear en la psicología de los tipos, investigar
-el origen de los motivos y las características
-del temperamento, se hundió en un mar de comentarios
-y de consideraciones filosóficas.</p>
-
-<p>La historia escueta que contó Miguel a su tío
-fué la siguiente:</p>
-
-<p>Don Valentín de Malpica nació en un pueblo
-de la Rioja.</p>
-
-<p>Escapado de su casa sentó plaza y comenzó a<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span>
-servir de soldado en la guerra de España con la
-República francesa en 1793. Estuvo en Navarra a
-las órdenes de don Juan Ventura Caro y del
-conde de Colomera, y después fué trasladado a
-Cataluña donde ascendió a sargento.</p>
-
-<p>En la primavera de 1807, Malpica con el grado
-de teniente en el regimiento de Asturias, salió de
-España con la división del marqués de la Romana
-camino de Hamburgo.</p>
-
-<p>Malpica asistió con su regimiento al sitio de
-Stralsund que se terminó felizmente y donde fué
-ascendido a capitán.</p>
-
-<p>Poco después Napoleón al entrar en España
-temiendo que las tropas españolas del marqués
-de la Romana se le sublevasen al tener conocimiento
-de la invasión de la península Ibérica, las
-acantonó en las islas de Fionia, Langeland y en
-Jutlandia donde quedaron vigiladas por las fuerzas
-de Bernardotte.</p>
-
-<p>De los regimientos mandados por la Romana,
-los de Asturias y Guadalajara intentaron la fuga
-antes que los demás, y en varios barcos pesqueros
-se embarcaron, tomaron por el estrecho del
-Gran Belt, dieron la vuelta a Dinamarca y desembarcaron
-en las islas de Holanda. Al bajar a
-tierra amotinados dieron los gritos de ¡Viva Es<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>paña!
-y ¡Muera Napoleón! Algunos oficiales
-franceses marcharon a contenerlos y fué muerto
-un ayudante del general Fririon. Las tropas danesas
-rodearon a los amotinados y les hicieron
-rendirse.</p>
-
-<p>Malpica que estaba reunido con los oficiales de
-su regimiento no quiso quedarse en la isla de
-Walcheren y en una lancha pesquera pasó a Inglaterra
-desde donde le trasladaron a la Península.
-Destinado a la guarnición de Zaragoza tomó
-parte en el segundo sitio de esta ciudad. Luchó
-con su amigo el coronel Renovales, y rivalizó con
-él en valor y en audacia. Renovales y Malpica,
-éste herido gravemente, cayeron prisioneros de
-los franceses. Renovales se escapó y Malpica fué
-llevado al castillo Viejo de Bayona. En esta ciudad
-estuvo recomendado a una familia vasco-francesa,
-acomodada, los Doyambere y acabó casándose
-con la hija de la casa.</p>
-
-<p>Al terminar la guerra, Malpica con su mujer
-entró en España. Como los militares que volvían
-de la emigración, en vez de ser considerados en
-su país eran por el contrario mal mirados y tenidos
-por levantiscos, Malpica, que había heredado
-algún dinero, compró una finca a orillas del
-Ebro y se fué a vivir allí con su mujer y su hija.<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span>
-Pronto se cansó de la vida del campo y dijo a su
-mujer que iba a solicitar la entrada en el servicio
-activo e ir a América. La mujer quiso convencerle
-de que no fuera, pero Malpica no era de
-los que se avienen a razones.</p>
-
-<p>Malpica recomendó a uno de sus amigos, a un
-tal Ramón Lanuza a su mujer y a su hija, y él
-pasó siete años en América luchando a las órdenes
-del general Morillo y alcanzó el grado de coronel.</p>
-
-<p>En 1822 Malpica volvió a España y a su finca.
-Le dijeron al llegar y notó también él que su
-amigo Ramón tenía mucha confianza con su mujer,
-cosa nada rara, pues que el amigo llevaba
-siete años visitando asiduamente la casa.</p>
-
-<p>El coronel que había traído costumbres y hábitos
-de factoría de su vida americana, estaba
-fuera de su centro en el círculo de su mujer y
-de sus amistades, y para encontrarse entre los
-suyos iba de caza, andaba entre los jayanes, y se
-enamoró de una muchacha zafia hija de un labrador.</p>
-
-<p>Las relaciones fueron públicas y produjeron
-la indignación de la mujer de Malpica que reprochó
-a su marido su conducta.</p>
-
-<p>&mdash;No hay que hacer caso de lo que hablan las<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>
-malas lenguas&mdash;parece que dijo Malpica sentenciosamente
-a su mujer&mdash;también dicen de ti que
-estás enredada con mi amigo Ramón y yo no lo
-creo.</p>
-
-<p>La mujer contó esto a Lanuza quien pidió cuentas
-a Malpica.</p>
-
-<p>Riñeron los dos violentamente y Lanuza le
-dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Todo el mundo sabe que yo no tengo nada
-que ver con tu mujer. Es una calumnia que repites
-de una manera innoble, en cambio todo el
-mundo sabe que tú tienes relaciones con esa muchacha
-hija de un aperador.</p>
-
-<p>&mdash;Es falso también.</p>
-
-<p>&mdash;No, no es falso&mdash;y Lanuza añadió con sorna.&mdash;Esa
-muchacha es la querida de tu asistente
-y el dinero que tú le das a ella, ella se lo entrega
-a él.</p>
-
-<p>&mdash;¡Mientes!</p>
-
-<p>&mdash;Esta noche lo podremos ver si quieres. Ella
-irá a buscar al asistente al cuarto próximo a la
-cuadra donde duerme él como todas las noches.</p>
-
-<p>Se apostó Malpica para ver si era verdad lo dicho
-por su amigo y pudo comprobar que la cosa
-era cierta.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span></p>
-
-<p>Lanuza le acompañaba.</p>
-
-<p>Malpica exasperado y loco de furor dijo a su
-amigo que uno de los dos sobraba.</p>
-
-<p>&mdash;Nos batiremos cuando quieras&mdash;le contestó
-Lanuza con frialdad.</p>
-
-<p>Malpica entró furtivamente en su casa, tomó
-dos pistolas, una botella con pólvora y balas y
-salió al campo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Adónde vamos?</p>
-
-<p>&mdash;Vamos a la isla del río.</p>
-
-<p>En el río había una isla de arena que tendría
-treinta o cuarenta varas de largo. Llegaron a la
-orilla, entraron en la barca y bajaron en la isla.
-Era al amanecer.</p>
-
-<p>Cargaron las pistolas y jugaron a cara y cruz
-la pistola que correspondería a cada uno y quién
-daría la voz de mando. Le tocó a Lanuza. Se
-colocaron en sus puestos, en los dos extremos de
-la isla al borde del río. En este momento Malpica
-gritó:</p>
-
-<p>&mdash;¡Lanuza!</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué?</p>
-
-<p>&mdash;Confieso que no tengo razón.</p>
-
-<p>Lanuza contestó con una carcajada irónica.</p>
-
-<p>&mdash;¿Eres cobarde también? No lo creía.</p>
-
-<p>&mdash;No, no soy cobarde, pero comprendo que te<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span>
-he ofendido sin razón. Te daré las explicaciones
-que quieras.</p>
-
-<p>&mdash;No hay explicaciones que valgan. ¡Prepárate!
-Sino disparo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué más pretendes de mí?&mdash;gritó Malpica.
-¿No te confieso que no tengo razón?</p>
-
-<p>&mdash;No me basta. Quiero tu sangre. Quiero verte
-ahí muerto.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah, quieres matarme! ¿Quieres quitarme
-de en medio para casarte con mi mujer?</p>
-
-<p>&mdash;Tú lo has dicho.</p>
-
-<p>&mdash;Bien. Veremos si lo consigues. De todas maneras
-ten en cuenta que te he ofrecido la paz.</p>
-
-<p>&mdash;No hay paz. ¿Estás en guardia?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Una... dos... tres.</p>
-
-<p>Una bala pasó silbando por encima de la cabeza
-de Malpica.</p>
-
-<p>Lanuza cayó. Malpica se acercó de prisa al
-otro extremo de la isla. La pistola estaba en el
-suelo al borde mismo del agua cerca de un reguero
-de sangre.</p>
-
-<p>Lanuza había desaparecido. Malpica entró en la
-barca y fué por el río mirando por sí aparecía
-el cuerpo de su amigo. Sin duda había caído para
-atrás y la corriente le había arrastrado.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span></p>
-
-<p>Malpica volvió a la orilla, entró en su casa,
-montó a caballo y unos días después llegaba a
-Barcelona.</p>
-
-<p>En tanto los franceses de Angulema habían
-entrado en Cataluña. Malpica se incorporó a las
-fuerzas de Mina.</p>
-
-<p>Peleó con gran valor durante tres meses y poco
-antes de la capitulación de Mina, cayó herido de
-un tiro en el pecho cerca de Figueras.</p>
-
-<p>Los franceses le dejaron por muerto en el campo.</p>
-
-<p>De noche un merodeador fué a quitarle la ropa
-y al moverle, Malpica comenzó a quejarse. El ladrón
-iba a huir, Malpica le dijo que tenía dinero
-guardado y que se lo daría si le salvaba.</p>
-
-<p>El merodeador le llevó al hombro a una cueva
-y el coronel pasó días entre la vida y la muerte
-hasta que se curó.</p>
-
-<p>Cuando ya se encontró bueno y con fuerzas para
-andar se dirigió a la frontera, la atravesó y entró
-en Francia.</p>
-
-<p>En Perpiñán pidió informes del coronel Malpica
-de quien dijo era amigo y le mostraron un
-boletín francés en donde se citaba su muerte.</p>
-
-<p>No podía decir que era él Malpica a trueque
-de ser tomado por un falsario.</p>
-
-<p>Decidió cambiar de nombre y trabajar. Al prin<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>cipio
-su vida fué miserable, tenía que dedicarse a
-faenas humildes, pero como era duro y fuerte no
-le molestaban.</p>
-
-<p>Lo que sí le preocupaba era encontrarse con
-antiguos compañeros que le conocían.</p>
-
-<p>Decidido a abandonar esta parte de Francia
-escribió a un hermano suyo diciéndole lo que le
-había ocurrido, cómo pasaba por muerto, pidiéndole
-una pequeña suma y encargándole que no
-dijera a nadie que vivía. El hermano le contestó
-enviándole la cantidad, le decía cómo se había
-encontrado a Lanuza muerto en una presa y que
-unos suponían que se había suicidado y otros que
-había sido víctima de un crimen.</p>
-
-<p>El hermano de Malpica comunicó la noticia de
-que el coronel vivía a su mujer y a su hija.</p>
-
-<p>La mujer vendió la finca próxima al Ebro y
-vino a establecerse a Bayona. La hija de Malpica,
-Dolores, trajo a su padre a vivir a Ustariz...</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Al acabar de contar Miguel Aristy la historia
-del coronel, el caballero de Larresore movió la
-cabeza de un lado a otro.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué mentalidad!&mdash;exclamó.&mdash;¡Qué cabeza!
-Ir así arrastrado por los acontecimientos sin pararse
-a reflexionar... es lastimoso.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Qué quiere usted? Los hombres que han
-nacido para la acción son así. Cuando se comprende
-demasiado se ejecuta poco. Nosotros, usted
-y yo somos razonadores. El es un impulsivo,
-un español a la antigua. El se cree liberal y no lo
-es, se cree el colmo de la inteligencia y ya ve usted
-lo que da de sí.</p>
-
-<p>&mdash;Es de una incomprensión y de una suficiencia
-cómicas.</p>
-
-<p>&mdash;Pues se figura ser el hombre más discreto y
-más juicioso del mundo; en cambio no se tiene
-por valiente, y es valiente como un león.</p>
-
-<p>&mdash;Es la barbarie.</p>
-
-<p>&mdash;Todo lo que le sale de la cabeza le parece maravilloso.
-Lo que no comprende para él no existe,
-y si de una cosa comprende una parte supone
-que la parte que no comprende sobra. Al hombre
-le gustaría recortar todas las ideas hasta que entraran
-bien en las casillas de su cabeza.</p>
-
-<p>&mdash;Tendría mucho que recortar.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; probablemente Malpica se cree infalible.
-Lo que ha juzgado ya no quiere volver a juzgarlo.
-Si se equivoca son las cosas las que se han equivocado,
-al no estar conformes con lo que él ha
-dicho de antemano.</p>
-
-<p>&mdash;¡Oh! ¡Qué estupidez!</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;El se considera el definidor de todo. El prototipo
-de todo. Cuando dice: El honor es lo primero
-después la patria, ya no hay necesidad de
-volver sobre esto.</p>
-
-<p>&mdash;¡Lamentable, lamentable!&mdash;murmuró Larresore.</p>
-
-<p>&mdash;Lleva la cabeza rapada, como habrá usted
-notado, y le parece que un melenudo es un insulto
-a sus ideas. Es uno de los motivos de odio que tiene
-contra su yerno, mi hermano León.</p>
-
-<p>&mdash;¿De verdad?</p>
-
-<p>&mdash;Sí. Los pelos largos le irritan. El soldado
-no necesita esos tufos, suele decir. No hay manera
-de convencerle de que un escritor o un artista no
-tiene la aspiración de ser soldado. Muchas veces
-a mi cuñada, su hija, le dice despóticamente: El
-soldado debe levantarse más temprano. Pero yo
-no soy soldado, papá, le contesta ella con gracia.
-No importa, replica él. En la vida todo es como el
-ejército.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué vulgaridad! ¡Qué horror!&mdash;exclamaba
-el caballero de Larresore.&mdash;El soldadismo se ha
-metido por todas partes. ¡Esa Revolución! ¡Esa
-Revolución! ¡Qué pena! Destruir tan bellas cosas
-para dejar el mundo convertido en un cuartel.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_VII">VII.<br />
-RETRATOS DE FAMILIA</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">La</span> familia de Aristy estaba formada en Ustariz
-por la madre y sus dos hijos Miguel
-y León. Madama Aristy tenía también una hija
-casada con un rico propietario de Bayona.</p>
-
-<p>El marido de madama Aristy no había sido conocido
-en Ustariz ni vivido en Gastizar. Se decía
-de él que era un gascón que en tiempo del Terror
-tomó parte en las jornadas revolucionarias, y que
-después, deportado a Cayena, desapareció.</p>
-
-<p>Madama Aristy era una señora de más de sesenta
-años, mujer enérgica, autoritaria y despótica;
-creía que todo el mundo tenía que pensar
-como ella, y no aceptaba otras opiniones. En su
-casa mandaba como un coronel.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span></p>
-
-<p>Madama de Aristy era la severidad más completa;
-pensaba que todo lo que hacía lo hacía bien
-y que discurría con una cordura sin ejemplo.</p>
-
-<p>Se creía el prototipo del buen sentido; pensaba
-que cuando a ella se le había ocurrido una cosa,
-el mundo entero debía aceptarla casi como un
-descubrimiento científico.</p>
-
-<p>A veces levantaba la voz cuando se discutía
-algo, como diciendo: No admito la posibilidad de
-que nadie me contradiga.</p>
-
-<p>Madama de Aristy estaba muy en desacuerdo
-en ideas con su hijo. Ella era aristócrata, él un
-demagogo.</p>
-
-<p>A pesar de esto, la señora de Aristy trataba a
-Miguel de potencia a potencia, porque éste era el
-que dirigía en Gastizar las siembras, las podas,
-las demás labores campestres, y ella creía que en
-tales asuntos entendía mucho.</p>
-
-<p>Miguel era un caballero de cuarenta años, solterón,
-escéptico, que estaba dispuesto a vivir oscuramente
-en Ustariz cultivando sus tierras sin
-ambiciones ni cuidados. Su madre le había querido
-casar con la señorita Angelina Girodot, la hija
-de un notario de Bayona, una señorita de alguna
-edad, rica y poco agraciada; pero Miguel dijo:</p>
-
-<p>&mdash;No, no; prefiero no casarme. Estoy tan con<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span>vencido
-de mis imperfecciones, que no me decido
-a buscar una compañera.</p>
-
-<p>Algunos aseguraban que estaba enamorado de
-Alicia Belsunce, su prima, que podía ser hija suya;
-pero si lo estaba no se le notaba gran cosa.</p>
-
-<p>Miguel era una buena persona; inteligente, amable,
-muy comprensivo; había pasado los cuarenta
-años y llegado a un período en que, por escepticismo
-no quería colocarse en ninguna cuestión
-en primera fila.</p>
-
-<p>&mdash;Antes me dolía un poco no ser nada&mdash;solía
-decir.&mdash;Ahora, no. Me siento hermano de la glicina
-de Gastizar, me he enredado aquí, en estas
-piedras viejas, y aquí estoy viviendo como una col.</p>
-
-<p>Aquella vida del campo, inmóvil, sin estímulo
-para la ambición que a muchos embrutece, a él le
-había convertido en un filósofo.</p>
-
-<p>Miguel se consolaba leyendo y tocando el violonchelo.
-Se recordaba que una vez una señora
-de Bayona, que había venido a Gastizar con su
-hija con un plan matrimonial, al ver a Miguel
-poco admirado ante las gracias de la niña y más
-bien distraído y aburrido, había dicho a madama
-de Aristy en un momento de mal humor: Señora,
-su hijo de usted es un idiota. Este recuerdo
-regocijaba a Miguel y le hacía reir con malicia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span></p>
-
-<p>Miguel reconocía ingenuamente sus defectos;
-pero con la misma ingenuidad aseguraba que no
-tenía el menor deseo de corregirlos.</p>
-
-<p>El caballero de Larresore reprochaba a Miguel
-lo poco que se cuidaba de la sociedad.</p>
-
-<p>&mdash;Te abandonas, Miguel&mdash;le decía;&mdash;estás hecho
-un rústico.</p>
-
-<p>&mdash;¡Pse! ¿Para qué preocuparse de la sociedad?&mdash;exclamaba
-él;&mdash;con la gente casi siempre sale
-uno perdiendo. Si a fuerza de molestias y preocupaciones
-llega uno a saber una cosa y la comunica
-a los demás, le contestan con un lugar común.</p>
-
-<p>&mdash;La sociedad no puede estar regida por un
-libro de cuentas&mdash;decía Larresore, que era un
-hombre que nunca había dado nada a nadie.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, es cierto&mdash;contestaba Miguel sonriendo,
-porque tenía la idea de que su tío era uno de los
-hombres más egoistas del mundo;&mdash;pero no es
-cosa de perder siempre.</p>
-
-<p>El segundo hijo de madama Aristy, León, estaba
-casado con Dolores, la hija de Malpica. León
-era pintor y se hallaba por entonces en París.</p>
-
-<p>Su matrimonio, su profesión y su estancia en
-París se había llevado a cabo en contra de la voluntad
-de su madre.</p>
-
-<p>Al ir a vivir a Bayona la mujer de Malpica y<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>
-su hija, ésta en aquella época una muchachita de
-catorce a quince años, había impulsado al coronel
-su padre a que se instalase cerca de ella, y Malpica
-fué a parar a la casa de un guardabosque
-de Ustariz conocido por el tío Juan, viejo revolucionario
-recomendado por Garat y que vivía allí
-olvidado.</p>
-
-<p>Dolores iba siempre que podía a visitar a su
-padre. La mujer del coronel Malpica sabía que su
-marido estaba oculto en Ustariz y que su hija le
-veía con frecuencia.</p>
-
-<p>En uno de estos viajes Dolores conoció a León
-de Aristy, joven pintor, que se había hecho amigo
-de Malpica en sus excursiones de paisajista.</p>
-
-<p>León habló varias veces a Dolores, y a poco de
-conocerla la hizo una fogosa declaración de amor.</p>
-
-<p>Dolores era una mujer afectuosa, tierna, muy
-religiosa y de no mucha energía, que tenía siempre
-las lágrimas a punto.</p>
-
-<p>León, muy romántico en sus ideas era de un
-egoismo perfecto; no pensaba más que en sí mismo
-y se preocupaba poco de la conveniencia de
-los demás.</p>
-
-<p>León riñó con su madre para casarse con Dolores;
-fueron los casados a vivir a Chimista, y al
-año Dolores tuvo un niño.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span></p>
-
-<p>El coronel Malpica al ver a su nietecillo se sintió
-emocionado y se trasladó también a Chimista.
-El trabajaría en la huerta para no ser gravoso a
-nadie, dijo.</p>
-
-<p>El matrimonio hubiera podido ser feliz; pero
-pronto León se cansó del sosiego de la casita campestre
-y de los paisajes de los contornos, y decidió
-ir a pasar temporadas a París. Todos los años
-hacía un viaje a la capital, cada vez más largo,
-y volvía huraño y fosco lamentándose de que no
-se le considerase, creyéndose siempre postergado
-por las intrigas de los demás artistas.</p>
-
-<p>Dolores no sabía qué hacer para contentar a su
-marido; el pintor era un hombre vanidoso y de
-poco carácter; había vivido dominado por la energía
-de su madre, y al dirigir él su vida se encontraba
-perdido.</p>
-
-<p>Dolores era una mujer poco enérgica, pero buena
-y resignada. No comprendía lo que le pasaba
-a su marido. Veía que vivía con el espíritu en
-otra parte. Ella se consolaba jugando con sus hijos,
-arreglando sus flores. Iba también con frecuencia
-a ver a su madre a Bayona, y dejaba a
-sus hijos al cuidado de una vecina recién casada
-a quien llamaban Fanchon.</p>
-
-<p>Dolores tenía amor por su padre y lo compren<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>día,
-a pesar de la tosquedad y de la rigidez del
-coronel. Malpica trabajaba por ella y la proporcionaba
-todas las comodidades posibles, fingiendo
-siempre estar malhumorado. Para el viejo militar,
-las mujeres eran como niños caprichosos que
-había que vigilar y atender.</p>
-
-<p>Respecto a Julia de Aristy, la hermana de León
-y Miguel, casada con un propietario rico de Bayona,
-intentaba convencer a sus hermanos de que
-debían salir de aquel rincón de Ustariz.</p>
-
-<p>León estaba camino de hacerlo, no así su madre
-ni su hermano mayor. Ambos vivían entusiasmados
-en Gastizar.</p>
-
-<p>Esta casa la había comprado el abuelo materno
-de madama de Aristy, que era un bearnés, en tiempo
-de la Revolución. No se sabrá de quién era primitivamente
-ni se conocía su historia; únicamente
-le quedaba el nombre de Gastizar que en vascuence
-quiere decir castillo viejo.</p>
-
-<p>Madama de Aristy y sus hijos habían ido a vivir
-a Gastizar al finalizar el Imperio.</p>
-
-<p>El propietario anterior debía de haber sido
-hombre de cierta fantasía.</p>
-
-<p>En un extremo de la huerta había pretendido
-instalar un jardín con plantas tropicales, tentativa
-que indicaba en él un entusiasmo por la Botánica,<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>
-puesto en boga por Juan Jacobo Rouseau y por
-Bernardino de Saint Pierre. En medio del jardín
-tropical había un chalet rústico oculto entre árboles.
-Este chalet rústico, al que llamaban el chalet
-de las hiedras porque se hallaba tapizado y cubierto
-por ellas, estaba alquilado a dos señoras españolas.</p>
-
-<p>Madama de Aristy al ocupar la casa mandó quitar
-las plantaciones tropicales y dejó los campos
-al modo del país.</p>
-
-<p>Hubiera derribado el chalet de las hiedras, pero
-su hijo León lo quería para estudio y lo respetó.</p>
-
-<p>Durante todo el año madama Aristy y su hijo
-mayor vivían en Ustariz. Algunas veces solían ir
-a Bayona, y el rigor del verano pasaban algunos
-días en Biarritz. Tenían un landó para sus viajes
-y Miguel solía usar un tilburí que él mismo dirigía.</p>
-
-<p>Madama de Aristy era de estas personas que
-trabajan y hacen trabajar a los demás sin descanso.</p>
-
-<p>Tenía a sus órdenes dos criadas, un muchacho
-y un hortelano.</p>
-
-<p>Además de las dos criadas había un ama de
-llaves, algo pariente de madama Aristy, que era
-una solterona fea, desgarbada y torpe. Se llama<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>ba
-Benedicta. La Benedicta siempre estaba distraída
-y hacía las cosas mal, pero si la reñían las
-hacía peor.</p>
-
-<p>&mdash;Dejadle&mdash;decía Miguel,&mdash;no la riñáis.</p>
-
-<p>Madama de Aristy no podía dejar el placer de
-refunfuñar y de echar largos discursos agrios a
-Benedicta. Las señoritas de Belsunce solían ir
-acompañadas de una doncella.</p>
-
-<p>Un elemento importante de Gastizar era el criado
-y hortelano Ichteben, un tipo curioso; Ichteben
-tenía muchas ocupaciones, pero ninguna cumplía
-bien; poseía una nariz como un pico, roja, una
-expresión suspicaz; llevaba pantalones azules,
-blusa negra y un chaleco de Bayona en invierno
-como en verano.</p>
-
-<p>Ichteben hacía lo que le encargaban bastante
-mal y además era un poco borracho, pero tenía
-una fidelidad a Gastizar a toda prueba.</p>
-
-<p>Madama de Aristy decía muchas veces que lo
-iba a despachar, pero esto parecía tan difícil como
-cambiar el orden de los planetas.</p>
-
-<p>Ichteben era muy malicioso, muy ladino; únicamente
-Miguel le inspiraba confianza para contarle
-sus cuitas. Miguel le escuchaba muy serio y
-después celebraba a carcajadas su malicia.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_VIII">VIII.<br />
-LOS PARIENTES Y LOS AMIGOS DE LA CASA</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Casi</span> siempre había en Gastizar parientes de
-madama de Aristy que iban a Ustariz a
-pasar una temporada.</p>
-
-<p>De los más constantes eran la señorita de Belsunce
-y su sobrina Alicia.</p>
-
-<p>La señorita de Belsunce, una dama mustia que
-había tenido en su juventud amores contrariados
-y falta de ácido en el estómago, hubiera querido
-ser, como la mariscala de Luxemburgo, una autoridad
-en materias de elegancia y dar el <i>placet</i> a
-la gente con un ¡oh! o con un ¡ah! colocado a<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>
-tiempo, como dió la mariscala a monsieur de Talleyrand.</p>
-
-<p>La señorita de Belsunce se cansaba de la soledad
-de Gastizar, y muchas veces decía a su sobrina:</p>
-
-<p>&mdash;No sé para qué estamos en este desierto.</p>
-
-<p>Alicia tenía cariño por Gastizar. Era Alicia una
-linda muchacha, un poco pequeña de estatura,
-rubia, tirando a roja, con la boca chiquita, los ojos
-verdosos y la nariz un poco corva. Estaba orgullosa
-de su figura y de su familia.</p>
-
-<p>Alicia era efusiva, cariñosa, muy económica y
-algo egoista. A pesar de esto sabía hermanar su
-egoismo con su tendencia romántica. Era de estas
-vírgenes prudentes que miran a su alrededor estudiando
-el hombre que les conviene.</p>
-
-<p>Alicia adulaba un tanto a su tía madama Aristy,
-y esta señora consideraba mucho a su sobrina. Estaban
-siempre de acuerdo. Se creían las dos de
-distinta pasta que los demás y que lo hacían todo
-bien. Se consideraban casi siempre en el fiel de
-la balanza.</p>
-
-<p>Alicia tenía un poco de desdén por su primo
-Miguel, a quien suponía que ella agradaba y que,
-sin embargo, no le hacía la menor indicación en
-este sentido considerándose sin duda como viejo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span></p>
-
-<p>Alicia vivía el invierno en Pau y hablaba el
-<i>patois</i>, cosa cómica para un vasco.</p>
-
-<p>&mdash;No comprendo cómo se habla el <i>patois</i>&mdash;decía
-Miguel a su prima.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no?</p>
-
-<p>&mdash;Es como tener dos trajes para la ciudad. Nosotros
-los vascos no, tenemos el traje de pastor, de
-la aldea: el vascuence, y el de la ciudad, el
-francés.</p>
-
-<p>&mdash;Nosotros no tenemos nada de pastores&mdash;replicaba
-ella;&mdash;somos más civilizados.</p>
-
-<p>&mdash;Un idioma latino. ¡Pse! ¡Qué cosa más ridícula!&mdash;exclama
-Miguel.</p>
-
-<p>&mdash;Ustedes han resuelto que hay una superioridad
-de los vascos sobre los bearneses y los gascones,
-y ya basta.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah, claro! Es una superioridad que no necesita
-explicación.</p>
-
-<p>&mdash;¿Es que han hecho más cosas los vascos?</p>
-
-<p>&mdash;No.</p>
-
-<p>&mdash;¿Es que han tenido más grandes hombres?</p>
-
-<p>&mdash;No, tampoco. Nosotros los vascos formamos
-un pueblo pequeño, misterioso, con un concepto
-de la vida especial. ¿Cómo nos van a comparar
-con un provenzal o con un gascón?</p>
-
-<p>&mdash;Pero los provenzales y los gascones tienen<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span>
-más historia, hay entre ellos familias más antiguas.</p>
-
-<p>&mdash;Respecto a eso te diré, prima mía, lo que un
-vasco dijo al duque de Guisa. Discutían los dos
-acerca de su respectiva nobleza, y el duque de
-Guisa dijo: Sabed que los Guisas datan del siglo
-X, y el vasco le contestó: Nosotros los vascos
-no datamos.</p>
-
-<p>&mdash;No comprendo, la verdad, este orgullo.</p>
-
-<p>&mdash;No es orgullo. Cada cual tiene sus condiciones
-y desea conservarlas. ¿Por qué no? Yo no
-quiero vivir en comunidad con el vecino, aunque
-sea más fuerte o más rico que yo. Que estas comarcas
-que nos rodean, que han hablado dialectos
-latinos, tienen más cultura que nosotros por
-el uso de un idioma más civilizado que el nuestro.
-¿Y eso qué importa? Nosotros queremos vivir
-en nuestro país, sin tener gran cosa que ver
-con los que hablan esas jergas latinas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y por qué no?</p>
-
-<p>&mdash;Nosotros somos otra clase de gentes; no nos
-parecemos en nada a ellos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Más serios?</p>
-
-<p>&mdash;Claro.</p>
-
-<p>&mdash;¿Más constantes?</p>
-
-<p>&mdash;Sin duda alguna.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Ahí está el grande hombre del pueblo, Garat,
-prodigio de consecuencia...; no ha sido más que
-de todos los partidos...</p>
-
-<p>&mdash;Bueno; es posible que en la política...&mdash;decía
-Miguel riendo.</p>
-
-<p>&mdash;Y en todo. Ustariz es un pueblo de veletas;
-¿cuántas novias ha tenido usted, primo mío?</p>
-
-<p>&mdash;¿Yo? De verdad... ninguna.</p>
-
-<p>&mdash;¿No ha tenido usted bastante tiempo para
-enamorarse de ellas?</p>
-
-<p>Alicia y Miguel solían discutir y pelear con
-frecuencia; ella terminaba sus reyertas con un
-gesto de altivez y desdén, y él se reía.</p>
-
-<p>Otro de los huéspedes de Gastizar era Víctor
-Darracq, ex intendente del ejército de Napoleón
-y primo del marido de madama de Aristy. Víctor
-Darracq había sido de la Administración militar
-durante el Imperio y había llegado a general de
-brigada. Darracq no tenía espíritu militarista; en
-cambio era de estos hombres curiosos que allí por
-donde van recogen algo. No conservaba de la guerra
-más que un recuerdo de crímenes, de robos y
-de bestialidades.</p>
-
-<p>El ex intendente había llegado hacía años a
-Gastizar con el objeto de pasar una temporada, y
-se había quedado allí.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span></p>
-
-<p>El ex intendente era solterón, hombre servicial
-capaz de sacrificarse por sus amigos.</p>
-
-<p>Tenía su centro de operaciones en la biblioteca
-de Gastizar.</p>
-
-<p>Era de estos hombres ordenados y clasificadores,
-y todo lo que había reunido en su vida de
-intendente lo guardaba catalogado en sus armarios;
-tenía mucha afición a los pájaros y una canariera
-que cuidaba con todas las reglas del arte.</p>
-
-<p>Al instalarse en Gastizar, el ex intendente vió
-que la biblioteca era bastante buena. El antiguo
-propietario había querido sin duda rivalizar con
-Garat, sobre todo en conocimientos vascos, y desde
-Oihenart a Astarloa, y desde Larramendi a
-Zamacola, no faltaba autor que se ocupara del país.</p>
-
-<p>El ex intendente tenía mucho cariño por sus
-sobrinos, sobre todo por León el pintor.</p>
-
-<p>No se explicaba la gente cómo madama de Aristy
-le había aceptado definitivamente en su casa,
-con la poca amistad que tenía por los parientes
-de su marido.</p>
-
-<p>El tío Víctor era un hombre moreno de aspecto
-un poco sombrío, una cara de esas cetrinas y
-atormentadas; vestía redingot abotonado hasta
-arriba de aire militar y color oscuro, polainas
-y cuello de camisa alto y tieso, que dibujaba so<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span>bre
-la mejilla atezada un triángulo de tela blanca
-y almidonada que salía de la corbata.</p>
-
-<p>Darracq vivía en el cuarto de la torrecilla que
-daba a la carretera, y solía allí trabajar haciendo
-barcos o esferas armilares. Estaba suscrito a varios
-periódicos extranjeros, y las noticias interesantes
-que encontraba en ellos las recortaba y las
-pegaba en un libro.</p>
-
-<p>El tío Víctor tenía como asistente a un vasco
-aventurero que había rodado por el mundo, a
-quien llamaba Ali.</p>
-
-<p>Ali había estado durante algunos años alistado
-entre los mamelucos de Egipto y había sido corsario.
-Ali al llegar a Ustariz tenía todas las trazas
-de un turco; usaba unos bigotes largos, gorra roja
-y pantalones bombachos.</p>
-
-<p>Al querer instalarse Darracq en Gastizar madama
-de Aristy puso el veto a Ali; dijo que mientras
-usara aquellos bigotes y aquella indumentaria
-no estaría en su casa.</p>
-
-<p>Ali, suspirando, se afeitó y se puso una blusa
-azul y pareció un aldeano como otro cualquiera,
-más moreno.</p>
-
-<p>Ali era hombre con éxito en el pueblo; cuando
-contaba sus aventuras en Egipto y en Grecia tenía
-a todos pendientes de sus labios.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span></p>
-
-<p>Otro de los huéspedes que solía pasar largas
-temporadas en Gastizar era el caballero de Larresore,
-constante compañero de charlas de
-Miguel.</p>
-
-<p>Larresore era soltero, de más de sesenta años,
-muy atildado y elegante; tenía las mejillas sonrosadas,
-las melenas largas y bien peinadas, las patillas
-cortas. Vestía a la inglesa. Su traje ordinario
-era casaca de color pardo claro, chaleco blanco
-bordado, pantalón corto de piel de seda y polainas
-negras.</p>
-
-<p>En el chaleco llevaba dos cadenas de reloj con
-algunos dijes.</p>
-
-<p>Larresore vivía en invierno en Bayona, y cuando
-llegaba el buen tiempo iba a pasar temporadas
-a las casas de sus parientes y amigos.</p>
-
-<p>Larresore era muy egoista, con una gran perfección
-maquiavélica en su egoismo. Preparaba
-las cosas que le convenían muy de antemano con
-todo detalle y daba mil rodeos para conseguir lo
-que se proponía.</p>
-
-<p>Larresore había estado en Inglaterra durante la
-Revolución.</p>
-
-<p>La Revolución vino a cogerle en un momento
-en que pensaba hacer un buen matrimonio y un
-buen negocio. Al caballero le quedó siempre el<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>
-odio por este movimiento inoportuno que vino a
-estropear su porvenir.</p>
-
-<p>Larresore se pintaba así mismo como un realista
-arruinado por la Revolución, cosa que a juzgar
-por los que le conocían no era cierta, porque, según
-éstos, el caballero nunca había tenido fortuna.</p>
-
-<p>Larresore cultivaba su personalidad de realista;
-hacía valer sus amistades y escribía cartas a
-los hombres ilustres del partido, y si le contestaban
-exhibía sus respuestas por todo el pueblo.</p>
-
-<p>Larresore en Inglaterra se había aficionado a
-las costumbres inglesas, al té y a los vinos de
-España.</p>
-
-<p>En Londres conoció al vizconde de Chateaubriand,
-a quien consideró como un fatuo hasta
-que vió que se hacía célebre, y entonces hablaba
-constantemente del vizconde como de un amigo
-íntimo a quien había adivinado.</p>
-
-<p>El caballero de Larresore encontraba la sociedad
-del siglo XIX egoista y desprovista en absoluto
-de sensibilidad.</p>
-
-<p>Es necesario tener el espíritu saturado de egoismo
-para reconocerlo al momento en los demás y
-en sus más pequeñas partículas. Larresore lo reconocía
-en seguida, lo olfateaba.</p>
-
-<p>El tenía la costumbre de decir cuatro o cinco<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span>
-frases de cajón cuando ocurría una desgracia;
-creía a la gente dura y seca de espíritu sin efusiones
-ni poesías.</p>
-
-<p>Ya no se sabía ser galante con las damas; no
-se amaba el campo. El caballero de Larresore no
-había sido muy platónico, ni era capaz de mirar
-un paisaje un momento.</p>
-
-<p>Larresore se lamentaba de las transformaciones
-de la época. Contaba su vida de cuando había
-ido a París antes de la Revolución recomendado
-a Garat.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué sociedad aquella!&mdash;exclamaba.&mdash;Alegre,
-social, cortés. Como ha dicho mi ilustre amigo
-monsieur de Talleyrand, el que no ha vivido
-antes de la Revolución no sabe lo que es la dulzura
-de vivir.</p>
-
-<p>Y contaba anécdotas de su tiempo parecidas a
-las de todos los tiempos, y recitaba los madrigales
-enviados por él a las cómicas, que firmaba
-con notas musicales La... re... sol... re.</p>
-
-<p>El caballero creía que estos rasgos de ingenio
-no podían volver a darse.</p>
-
-<p>Larresore hablaba de Garat el menor, su amigo,
-con mucha lástima, por haber tenido que convivir
-con los tigres de la Revolución.</p>
-
-<p>&mdash;Hoy, el hombre en Francia&mdash;decía el caba<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span>llero&mdash;está
-descontento de sí mismo y de la sociedad.
-He aquí a mis dos sobrinos León y Miguel.
-León quiere ser pintor, pero no se contenta
-con ser un pintor como hubiera sido un gentil
-hombre de mi tiempo, pintor para mostrar sus
-cuadros entre sus amigos, no; quiere ser un gran
-pintor, y que hablen de él los periódicos. El papel
-impreso... ¡Qué cosa más lamentable! Respecto a
-Miguel, está perdiendo en absoluto sus condiciones
-físicas de caballero; se ha dejado la barba,
-se corta el pelo al rape.</p>
-
-<p>&mdash;Es más cómodo, tío. Va uno siendo viejo.</p>
-
-<p>&mdash;¡Viejo a los cuarenta años! En mi tiempo no
-había viejos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Habían encontrado ustedes la fuente de Juvencio?</p>
-
-<p>&mdash;No; es que nadie se retiraba voluntariamente.
-Se vivía para la sociedad. Entonces había verdadera
-fraternidad.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, entre ustedes; pero no entre ustedes y la
-gente pobre.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y ahora la hay de esa?</p>
-
-<p>&mdash;No, es verdad; ahora tampoco la hay.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces reinaban las mujeres. El hombre
-estaba educado por ellas. Se sabía ser amable, galante.
-La Revolución ha acabado con todo esto.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p>
-
-<p>Madama de Aristy y las dos señoritas de Belsunce
-cuando le oían daban la razón a Larresore;
-el ex intendente Darracq movía la cabeza como
-indicando que habría que pesar el pro y el contra
-de la cuestión, y Miguel se reía.</p>
-
-<p>Todas las formas de vivir exclusivamente sociales
-hacen del hombre un cómico que representa
-un papel, y Larresore era un comediante completo.
-Eso sí. El quería el teatro adornado y los
-actores caracterizados con perfección.</p>
-
-<p>Muchas veces en confianza decía de la vieja señorita
-de Belsunce: Yo comprendo que se pinte,
-pero que se pinte bien.</p>
-
-<p>Además de los parientes solían ir amigos a pasar
-temporadas a Gastizar.</p>
-
-<p>De los contertulios del pueblo, los más asiduos
-eran madama Luxe con su hija, las señoras de
-Darneguy, el vicario Dostabat y el organista de la
-iglesia, Harismendy.</p>
-
-<p>Algunos suponían que a madama de Aristy no
-le hubiese disgustado casar a su hijo con madama
-Luxe, que era rica; otros decían que era la viuda
-la que miraba con buenos ojos a Miguel, y otros
-que era a Miguel a quien le gustaba la viuda.</p>
-
-<p>También solían ir a Gastizar con frecuencia la
-señora Darneguy y su sobrina. Madama de Aristy<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>
-las estimaba mucho. La señora Darneguy vivía
-con una pequeña pensión, y era muy severa; la
-sobrina Carolina, ya de cierta edad y con algunos
-cabellos de plata, trabajaba haciendo bordados.
-Madama de Aristy las enviaba con frecuencia regalos;
-pollos y frutos de la huerta.</p>
-
-<p>El vicario Dostabat iba a Gastizar todas las
-semanas un día. Era Dostabat un hombre alto,
-de vientre abultado, la cara roja, los ojos pequeños
-y claros y la nariz larga. Tenía de cincuenta
-a sesenta años. Era tipo de cura del antiguo régimen;
-muy aficionado a las buenas comidas y a
-los vinos excelentes.</p>
-
-<p>Los vinos de mesa eran su especialidad; los miraba,
-los olía, los cataba como un verdadero conocedor.
-También le gustaban las cartas y era
-maestro en todos los juegos. El padre Dostabat
-era cura de manga ancha, y creía que la mayoría
-eran pecadillos que Dios perdona sin esfuerzo.</p>
-
-<p>El organista de la iglesia, el abate Harismendy
-era un hombre de unos cuarenta años, moreno,
-los ojos negros, muy vivos. Harismendy tenía
-gran afición a la música y enseñaba solfeo a los
-chicos del pueblo.</p>
-
-<p>En Gastizar solía acompañar a Alicia al piano.</p>
-
-<p>A veces había concierto; Alicia cantaba, el jo<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>ven
-Larralde-Mauleón tocaba el violín. Harismendy
-el piano y Miguel el violonchelo.</p>
-
-<p>Larresore, que no era muy aficionado a la música,
-intentaba siempre monopolizar a Miguel y
-llevarlo al campo de sus discusiones. Los dos rompían
-la frialdad y el aire ceremonioso de la tertulia
-de Gastizar con sus observaciones, a veces de
-un atrevimiento chocante.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_IX">IX.<br />
-CHORIBIDE EL VERSÁTIL</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Al</span> contemplar el paisaje de Ustariz, al ver
-sus casitas blancas con sus enredaderas
-y sus parras, el río con sus meandros bordeados
-por arboledas, se pensaba involuntariamente
-en la vida idílica y pastoril.</p>
-
-<p>Parecía que los habitantes del pueblo debían
-vivir al estilo de los héroes de Teócrito y de Virgilio;
-pero por debajo de esta bucólica apariencia
-aparecía, como no podía menos, el fondo de
-pasiones y deformidades de todo núcleo de población
-humana.</p>
-
-<p>Ustariz estaba dividido en pequeños grupos;
-unos indiferentes, otros enemigos. Era el primer
-grupo el de Garat.</p>
-
-<p>Garat había hecho muchos favores en el pue<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span>blo
-y tenía grandes amigos. En sus últimos años
-el viejo convencional enfermo, y retirado no quería
-intervenir en los asuntos de la villa, aunque
-la Revolución de Julio le dejaba en condiciones
-para tomar parte en la política. Garat estaba cansado
-y tenía bastante con sus recuerdos.</p>
-
-<p>Otro grupo se reunía en el barrio de Eroritz en
-la casa de los Darralde llamada Jaureguia. La tertulia
-de Gastizar no era enemiga de la de Jaureguia
-aunque había entre ellas cierta disimulada
-hostilidad.</p>
-
-<p>Los Darraldes eran ricos, pero tenían aire de
-advenedizos.</p>
-
-<p>Su riqueza trascendía a especulaciones recientes.
-Darralde, el viejo, había comenzado a enriquecerse
-en tiempo de la Revolución. Guardaba
-en su casa muebles, tapices y alfombras que había
-comprado por casi nada en Dax, Auch y Bayona
-a los agentes de Barere, Cavaignac y Dartigoite.</p>
-
-<p>Darralde, después de negociar durante el Imperio
-por toda Francia, había formado parte de una
-sociedad que compraba las grandes propiedades
-de los castillos antiguos para venderlas en parcelas
-y derribar las ruinas.</p>
-
-<p>Esta <i>banda negra</i>, como la llamaban los ar<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span>queólogos,
-los artistas y los poetas, había operado
-en el mediodía a la par que otras hacían sus negocios
-en el centro y en el norte.</p>
-
-<p>Uno de los Darraldes había casado con una señorita
-de la familia de Mauleón, lo que le había
-hecho subir en categoría social.</p>
-
-<p>Otro punto de cita menos distinguido que las
-casas de los Aristy y de los Darralde era el Bazar
-de París, tienda que tenían dos hermanas, las señoritas
-de La Bastide con su abuela. Estas dos
-hermanas, Delfina y Martina, daban mucho que
-hablar al pueblo por sus amores.</p>
-
-<p>&mdash;Las señoritas de La Bastide no llevan una
-vida honorable&mdash;decía madama de Aristy de una
-manera dogmática.</p>
-
-<p>La abuela, por lo que aseguraban algunos viejos
-había sido igual. Después de dar varios escándalos
-en el pueblo, marchó a Bayona y luego a
-Auch en la época del Terror, donde fué una de
-las favoritas de Dartigoite, este dictador que
-predicaba la inmoralidad por las calles y terminaba
-sus discursos poniéndose desnudo ante el
-público. Se aseguraba que se le había visto a la
-abuela del Bazar de París, en su juventud, vestida
-de Diosa Razón, y algunos la llamaban así
-en broma.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></p>
-
-<p>La Diosa Razón del Bazar de París tenía una
-cara del siglo XVIII, una cara de enciclopedista,
-la frente despejada, la nariz respingona y corta
-que sostenía unas antiparras, los ojos claros. Un
-señor del pueblo afirmaba que la hubiera tomado
-por el mismo Diderot.</p>
-
-<p>Las dos señoritas del Bazar, Martina y Delfina
-eran unas mujeres guapas. La mayor, Martina,
-era alta, de ojos negros hermosos, de aire arrogante
-y un poco desdeñoso. La pequeña era morena,
-pálida, de una palidez mate con los ojos
-lánguidos y tristes, y muchos lunares y muchos
-rizos.</p>
-
-<p>Martina, por lo que se decía, tenía como amante
-al ingeniero de montes; la Delfina, que siempre
-caía más bajo, estaba enredada con un perdido
-que trabajaba en un molino a quien llamaban
-Marcos el gascón, pero no le guardaba fidelidad
-ninguna y tenía citas con algunos muchachos que
-entraban de noche en su casa por la huerta.</p>
-
-<p>Estas dos muchachas, Martina y Delfina, atendían
-la tienda y llevaban las cuentas; la una siempre
-altiva y orgullosa, la otra como una pálida
-flor de lujuria viviendo en una somnolencia erótica.</p>
-
-<p>Antigua rival de la Diosa Razón era una<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span>
-vieja a quien llamaban la Estéfana y que tenía
-otra tiendecita. La Estéfana era una vieja sonrosada
-y sin dientes, con los ojos claros y vivos,
-que murmuraba de todo el mundo. Solía estar detrás
-del mostrador, envuelta en un chal y ganaba
-explotando la afición de las viejas borrachas del
-pueblo al aguardiente, pues a cambio de la copita
-les tomaba huevos y maíz a muy bajo precio.</p>
-
-<p>La Estéfana salía poco de casa y cuando salía
-se ponía un traje negro muy elegante, de tafetán,
-que por la humedad olía como las telas de los
-paraguas.</p>
-
-<p>En casa de la Estéfana jugaban a las cartas
-tres o cuatro viejas y reñían y se insultaban cuando
-perdían algunos suses.</p>
-
-<p>Tras de la reunión del Bazar de París y de la
-tienda de la Estéfana venían ya las tabernas y
-reuniones de la gente campesina.</p>
-
-<p>Había un señor que frecuentaba todas las tertulias
-del pueblo las altas y las bajas. Este señor
-era monsieur Choribide a quien llamaban en Ustariz
-el Muscadin.</p>
-
-<p>Choribide era un viejecito flaco, canoso, con
-unos ojillos claros, una cara afilada, alegre y burlona.
-Choribide había vivido durante mucho tiempo
-entre la canalla de París; tenía el acento del<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>
-pueblo bajo parisiense cuando hablaba francés, y
-cuando hablaba vascuence parecía un campesino
-vasco.</p>
-
-<p>Ya el uso de un idioma u otro le daba una personalidad
-distinta. Si hablaba el francés era el
-hombre de la gran ciudad depravado y corrompido,
-en cambio si se expresaba en vasco era el
-campesino de una malicia inocente.</p>
-
-<p>Choribide, viejo currutaco, vestía como en su
-juventud. Llevaba casaca oscura, medias de
-seda blancas, grandes botas, pantalón de paño de
-color de canela, chaleco a lo Robespierre y corbata
-de muchas vueltas. Usaba en los días de gala
-peluca que tiraba a roja, sombrero de copa y varios
-dijes en el chaleco.</p>
-
-<p>El nombre de Choribide, en vasco camino de
-pájaros, se había prestado entre los vascófilos a
-algunas disquisiciones y a algunos chistes.</p>
-
-<p>Garat había dicho que el apellido verdadero no
-era Choribide con b, sino Chorivide con v, palabra
-híbrida de chori, en vascuence pájaro, y
-de <i>vide</i> en francés vacío, lo que valdría tanto como
-pájaro vacío, pero si Choribide tenía algo de
-pájaro no tenía nada de vacío.</p>
-
-<p>Choribide y Garat solían soltarse pullas. Una
-vez un amigo común dijo a Garat:</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Este Choribide es un granuja. Vendería su
-alma por dos pesetas.</p>
-
-<p>&mdash;Claro que sí&mdash;contestó Garat&mdash;y saldría ganando.</p>
-
-<p>La historia de Choribide el Muscadin era una
-historia curiosa.</p>
-
-<p>Había salido de un caserío de Ustariz a estudiar
-para cura en el seminario de Larresore, pero
-en el camino se le había pesado y no atreviéndose
-a volverse a su casa se fué a Bayona. Allí entró en
-una tienda de dependiente, y como el oficio no le
-gustaba tomó el camino y se marchó a París a pie.</p>
-
-<p>Choribide que tenía mucha afición al teatro hizo
-amistades entre cómicos y cómicas y vivió medio
-de agente y medio de criado.</p>
-
-<p>Durante algún tiempo fué el parásito del tenor
-Garat, de este trovador del Directorio y rey de los
-Muscadines.</p>
-
-<p>Choribide lo había hecho todo. Había comenzado
-su carrera histriónica tomando parte en las
-representaciones patrióticas de la época del Terror
-y había figurado como comparsa en la <i>Sansculotide</i>
-haciendo de ciego.</p>
-
-<p>Choribide había vagado por París durante los
-tumultos y las matanzas terroristas.</p>
-
-<p>Al iniciarse la reacción de Thermidor se había<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span>
-convertido en Muscadin, en elegante enemigo de
-los revolucionarios violentos y astrosos. De esta
-época le venía el apodo.</p>
-
-<p>Después fué especialista de muchos oficios innobles,
-hizo el agiotaje de los asignados, sirvió
-de gancho en las casas de juego, y durante algún
-tiempo fué agente de la policía diplomática organizada
-por el ministro Tondu-Lebrun. En las malas
-épocas estuvo asociado con una banda de monederos
-falsos.</p>
-
-<p>No ocultaba que parte de su vida había vivido
-haciendo delaciones que las cobró bien.</p>
-
-<p>Choribide estaba acostumbrado a la caza del
-político y a la caza del incauto.</p>
-
-<p>La intriga era uno de sus elementos. Para él
-no había moral, ni derecho, ni nada, sólo había
-necesidades que engendraban combinaciones en
-que se salía ganando o perdiendo. La moral no
-contaba en sus cálculos.</p>
-
-<p>Ya machucho Choribide llegó a Ustariz con un
-pequeño retiro a cobrar una herencia. Allí conoció
-a una solterona muy religiosa, sobrina del antiguo
-párroco y dueña de una finca que se llamaba
-Archa-baita, y se casó con ella.</p>
-
-<p>El ex terrorista iba todos los domingos a la
-iglesia con su mujer.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Es usted religioso?&mdash;le preguntaron alguna
-vez.</p>
-
-<p>&mdash;No&mdash;replicó él&mdash;pero hay que contentar al
-pueblo. Hago como su excelencia el duque de
-Otranto en otro tiempo el ciudadano Fouché&mdash;añadía.&mdash;Yo
-le he visto a Fouché cuando se inauguró
-el busto de Lepelletier Saint-Fargeau hablar
-de que había que destruir las cruces y signos religiosos
-y poner en los cementerios un letrero que
-dijese: la Muerte es el sueño eterno. Años después
-pasamos por sus tierras unos cuantos cómicos
-en coche y vimos a un señor que se descubría
-con gran respeto al pasar delante de unas cruces.
-¿Quién es? preguntamos. Es Su Excelencia el
-duque de Otranto.</p>
-
-<p>Choribide era un cínico.</p>
-
-<p>&mdash;Dicen que mi mujer ha sido durante quince
-años la querida de su tío el párroco&mdash;solía decir
-con indiferencia&mdash;es posible, pero no es nada clerical.</p>
-
-<p>Choribide tenía entusiasmo por su versatilidad.</p>
-
-<p>&mdash;El pobre Garat y yo&mdash;decía frotándose las
-manos&mdash;hemos estado en todos los partidos. No
-podemos echarnos nada en cara. Hemos salido
-un poco prostitutas.</p>
-
-<p>Añadía también medio en serio, medio en bro<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>ma
-que sentía ser viejo y vivir en una aldea, pues
-le hubiera gustado probar el sansimonismo.</p>
-
-<p>Choribide tenía influencia y conseguía cosas
-que otros con más representación no podían conseguir.
-A cambio de estos favores aceptaba lo
-que le dieran.</p>
-
-<p>&mdash;Yo diré como Caillot&mdash;decía una vez en la
-tertulia del Bazar de París.</p>
-
-<p>Como nadie sabía allá quién era Caillot, la gente
-se encogió de hombros hasta que uno preguntó:
-¿Y qué decía Caillot?</p>
-
-<p>&mdash;Pues Caillot&mdash;explicó él&mdash;era un cómico excelente
-y muy viejo en mi tiempo a quien yo no
-vi representar. Caillot vivía en Saint Germain y
-era muy amigo de Juan Jacobo Rousseau. Un día
-Juan Jacobo vió a Caillot con un cuchillo de caza admirable
-y le dijo que le chocaba que se permitiera
-gastos tan excesivos.&mdash;No, no lo he comprado yo&mdash;contestó
-Caillot&mdash;me lo ha regalado Su Excelencia,
-el príncipe de Conti.&mdash;¿Es que usted acepta
-los regalos de los príncipes?&mdash;preguntó Rousseau.&mdash;¡Y
-yo que le tenía a usted por un filósofo!&mdash;Lo
-soy, dijo Caillot. Usted es un filósofo que
-rehusa y yo soy un filósofo que acepta. Yo&mdash;terminaba
-Choribide&mdash;soy como Caillot un filósofo
-que acepta.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span></p>
-
-<p>Choribide era inagotable contando anécdotas.</p>
-
-<p>El caballero de Larresore que algunas veces lo
-encontraba en el Bazar de las señoritas de La
-Bastide hubiera querido despreciarlo, pero la verdad
-era que le admiraba e iba muchas veces a
-oirle.</p>
-
-<p>Choribide contaba la vida de París durante el
-Terror, la gente marchando por las calles con la
-mirada baja espiándose con el rabillo del ojo, y
-por las noches las familias que se encerraban en
-las casas temiendo las visitas domiciliarias.</p>
-
-<p>Choribide explicaba cómo funcionaban los garitos
-del Palais Royal, cómo se jugaba, quiénes
-eran los puntos más fuertes y quiénes las cortesanas
-más célebres de aquellos lugares. Un día
-llegaba y decía:</p>
-
-<p>&mdash;Hoy hace cuarenta años estaba yo en el teatro
-en París, viendo representar una comedia <i>Los
-acontecimientos imprevistos</i>. En aquella noche
-estuvo a punto de ser presa madama Dugazon
-por decir unos versos entusiastas mirando al palco
-en donde estaba María Antonieta. ¡A la cárcel!
-¡A la cárcel! gritábamos los jacobinos. La
-cómica no se intimidó, se acercó más al palco de
-la reina y recitó con mayor energía los mismos
-versos. ¡A la cárcel! ¡A la cárcel! seguíamos gri<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>tando
-nosotros mientras otra parte del público
-aplaudía con entusiasmo.</p>
-
-<p>A este viejo currutaco le gustaba contar horrores
-vistos por él en la Revolución y hacía temblar
-a sus oyentes hablándoles del suplicio de los reyes,
-de los girondinos y de los dantonianos que
-había presenciado. Sobre todo en los detalles era
-donde el viejo Choribide estaba extraordinario;
-cuando hablaba, por ejemplo, del negro Delorme,
-uno de los exterminadores de los presos en las
-matanzas de Septiembre, llegaba a lo trágico, Choribide
-describía a este negrazo medio desnudo, con
-el cuerpo manchado de sangre, degollando hombres
-y mujeres entre risas y carcajadas.</p>
-
-<p>Después pintaba el contraste del negro velludo
-teniendo en brazos el cuerpo decapitado de la
-princesa de Lamballe, al que pasaba un trapo húmedo
-para quitarle la sangre, mientras la cabeza
-de la infortunada princesa estaba en una taberna
-próxima y un peluquero le rizaba el pelo. ¡Qué
-blanca es!&mdash;decía la gente al ver el cuerpo de la
-princesa. Y esta idea de la blancura de la víctima
-exasperaba a la plebe, y un bárbaro arrancó al
-cadáver el corazón y otro el sexo y las entrañas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y era una mujer hermosa?&mdash;le preguntaron
-dos o tres a Choribide cuando contó esta escena.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No, tenía más de cuarenta años y el vientre
-arrugado.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo aceptaban ustedes esto?&mdash;decía Larresore.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué íbamos a hacer mi querido caballero?
-¿Ibamos a decir que éramos moderados cuando
-al peluquero Basset se le guillotinó por haber hecho
-pelucas de aristócratas? Había que ser rojo
-para vivir; si no estaba uno perdido. No había
-más remedio. Fué moda ser filósofo, fuímos filósofos,
-luego republicanos, fuímos republicanos,
-después terroristas, luego thermidorianos, después
-bonapartistas, hemos sido realistas y ultramontanos;
-ahora aparecemos como liberales. Garat
-y yo lo hemos sido todo. Nos acusaran de versátiles,
-¡qué tontería! De veletas. Por lo menos
-no dirán que somos veletas enmohecidas ni roñosas.</p>
-
-<p>Y Choribide se frotaba las manos riendo.</p>
-
-<p>Le gustaba a este viejo contar casos de apostasía
-y de cambios de opinión. Le gustaba también
-explicar las intrigas de su tiempo y descubrir
-las causas bajas y ridículas que habían dado origen
-a acontecimientos que se tenían por grandes.</p>
-
-<p>El cínico y extraño personaje era hombre de
-gran instinto social; entraba en todas las casas<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>
-de Ustariz y entre ellas en Gastizar. ¿Cómo le
-aceptaba madama de Aristy? Era difícil comprenderlo.</p>
-
-<p>Choribide visitaba a lo mejor y a lo peor del
-pueblo; solía estar en la cabecera de la cama de
-Garat haciendo compañía al viejo político y en el
-salón de madama de Aristy; otras veces convidaba
-en la Veleta de Ustariz a un veterano de la
-Revolución que estaba en el asilo, a quien los chicos
-llamaban Cucú el rojo y cantaban los dos la
-<i>Carmañola</i>, el <i>Ça</i>, <i>ira</i> y otras canciones desvergonzadas
-y terribles, algunas dedicadas a la <i>Sainte
-guillotinette</i>.</p>
-
-<p>Choribide de tres en tres años iba a París, solía
-visitar a sus amigos realistas y a los republicanos
-que aún vivían. Visitaba también a los cómicos y
-cómicas viejas en sus guardillas y se enteraba
-de todo y hasta se enternecía, al parecer, aunque
-para él todo no era más que un dato y un motivo
-de conversación.</p>
-
-<p>Desde las jornadas de Julio, Choribide tenía en
-su casa un teniente de infantería de la Guardia
-real que había sido licenciado y era sobrino de su
-mujer.</p>
-
-<p>El teniente Rontignon era un tipo de militar
-de café, punto fuerte para jugar al billar y al<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>
-dominó. Choribide se había propuesto casarle con
-alguna rica y había echado el ojo a madama Luxe,
-pero Rontignon además de haragán era hombre
-tímido y no se atrevía a dirigirse a una señorona
-tan elegante y tan distinguida.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_X">X.<br />
-UN SOLITARIO</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Además</span> de Garat, de Choribide y de Cucú
-el rojo, había otro representante de la
-Revolución en un guarda del bosque de Ustariz
-que vivía completamente aislado en una cabaña
-rodeada de robles. Llamaban a este solitario
-el tío Juan.</p>
-
-<p>El tío Juan era hombre de unos sesenta años,
-todavía fuerte, calvo, con la cara inteligente y
-llena de arrugas y los ojos brillantes. Solía vérsele
-rara vez en el pueblo; iba vestido con una
-casaca de color castaña, con cuello de terciopelo,
-medias de lana blancas y zapatones.</p>
-
-<p>Los que le conocían aseguraban que el tío Juan
-tenía un entusiasmo fanático por la Revolución,
-un entusiasmo que huía del análisis y que prefe<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>ría
-en los hombres el odio a sus ideas que la aceptación
-de ellas a medias.</p>
-
-<p>Al parecer, el tío Juan era de esos hombres
-que quieren cuadricular la vida y someterla a una
-norma lógica y fiera.</p>
-
-<p>El tío Juan tenía el espíritu del fanático que
-se da lo mismo en las ideas religiosas que en las
-humanitarias. El no podía aceptar lo irregular, lo
-laxo, no podía comprender que las sociedades necesitan
-un margen de benevolencia y de inmoralidad
-que es muchas veces el refugio de la libertad
-y del buen sentido.</p>
-
-<p>Durante la Restauración la policía vigiló varias
-veces al tío Juan. Se aseguraba que había
-sido uno de los más feroces jacobinos de Burdeos
-y que había estado en Cayena con Collot d'Herbois
-y Billaud Varennes, pues habló una vez del
-ex cómico Collot que bebía el ron como si fuera
-agua, y del ex congregacionista Billaud que mataba
-su aburrimiento en la deportación domesticando
-loros.</p>
-
-<p>Acogido a un indulto y vuelto a Francia el tío
-Juan había sido protegido por Basterreche en
-Bayona, pero deseando vivir en el campo y en la
-soledad se dirigió a Garat y por influencia de éste
-le hicieron guardabosque.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p>
-
-<p>Se decía que Garat le puso como condición
-para estar en Ustariz el que no se hablara de él.</p>
-
-<p>El guardabosque lo prometió y cumplió su promesa.
-No tenía amistad ni relaciones con nadie,
-y si alguna vez le excitaban a discutir lo rehuía.</p>
-
-<p>El mismo cuidado del tío Juan de no ser advertido
-hizo en ciertas épocas de la Restauración el
-que la policía le siguiera los pasos y el pueblo se
-fijara en él.</p>
-
-<p>Se decía que Ali, el asistente de Víctor Darracq
-iba con frecuencia a visitarle a su cabaña
-del bosque y que el solitario se comunicaba con
-Garat. Se decía también que algunas veces se habían
-encontrado de noche a un jinete que se apeaba
-cerca de Gastizar y que este jinete era el guardabosque.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-<h3 id="I_XI">XI.<br />
-LOS LOCOS DEL PUEBLO</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Para</span> completar el cuadro de Ustariz, en 1830
-habría que hablar de los locos y de los excéntricos
-del pueblo, que abundaban allí como en
-todos los pueblos vascos.</p>
-
-<p>Uno de ellos, el más curioso era Muchico.</p>
-
-<p>Muchico tenía los ojos brillantes, unas largas
-barbas y llevaba blusa negra. A pesar de su aspecto
-siniestro de su mirada fija no tenía nada
-de agresivo. Los chicos se burlaban de él y le gritaban
-y le tiraban piedras. El les amenazaba con
-el puño y tenía que esconderse en los portales. A
-Muchico le entusiasmaban los caballos y los coches,
-y le asustaban los perros. El viento sur le
-intranquilizaba y le ponía exaltado y de mal humor.
-Cuando la veleta de Gastizar miraba hacia<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span>
-España era mala señal para Muchico. Este andaba
-más excitado y nervioso que de ordinario.</p>
-
-<p>Otro medio loco que aparecía en el pueblo con
-frecuencia era el hermano Ventura.</p>
-
-<p>El hermano Ventura era un viejo místico recogido
-por los jesuítas de Bayona, que le pasaban
-una pequeña pensión. El hermano Ventura
-era chiquito, vivo, de más de setenta años. Tenía
-un ojo con una nube, la boca torcida, las barbas
-blancas, el cráneo calvo y la frente deprimida.
-Vestía un gaban largo y un sombrero de copa.
-Después de las jornadas de Julio el hermano Ventura
-se presentaba más derrotado que en los años
-anteriores.</p>
-
-<p>El hermano Ventura echaba largos discursos
-llenos de fuego, cuando pronunciaba la palabra
-Dios se quitaba el sombrero y a veces se arrodillaba.</p>
-
-<p>En sus discursos hablaba de los castigos del infierno
-con tal ardor que asustaba a las mujeres
-y les quitaba el dinero para misas.</p>
-
-<p>Algunos decían que el hermano Ventura era
-sólo un pillastre, pero había en él mucho de perturbado.</p>
-
-<p>Otro de los tipos del pueblo era Cucú el rojo,
-o Cucú gorro rojo como le llamaban los chicos.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span></p>
-
-<p>Cucú el rojo era un soldado de la República,
-gascón de nacimiento que había ido a parar de
-viejo a un asilo de Ustariz.</p>
-
-<p>Cucú había tomado en los años que llevaba recogido,
-las costumbres y las frases de las monjas
-que cuidaban a los asilados, pero en ciertos días
-que le dejaban libre y bebía de más, sacaba un
-gorro frigio sucio y lleno de agujeros y comenzaba
-a perorar en las tabernas.</p>
-
-<p>&mdash;Ciudadanos&mdash;gritaba con la cara inyectada.&mdash;La
-patria está en peligro. Los aristócratas de
-Coblentza nos amenazan. Los espías de Pitt y de
-Coburgo nos acechan. ¡A las armas! ¡A las armas!&mdash;y
-cogía el bastón y se ponía como un soldado
-en guardia.</p>
-
-<p>Después cantaba con voz ronca el Ca, ira y bailaba
-la Carmagnola.</p>
-
-<p>A los realistas del pueblo, que eran casi todas
-las personas pudientes, no les molestaba esto del
-todo, porque veían en ello una prueba de la plebeyez
-y de la grosería de las tendencias revolucionarias.</p>
-
-<p>Para ellos la República con sus glorias no podía
-servir más que para hacer vociferar a hombres,
-como Cucú el rojo en las tabernas o en los
-caminos.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span></p>
-
-<p>Algunas veces Choribide había puesto frente a
-frente al hermano Ventura y a Cucú el rojo.</p>
-
-<p>Cucú el rojo decía su repertorio, y el hermano
-Ventura vociferaba como si estuviera en un
-bosque:</p>
-
-<p>&mdash;¡Vete a confesar desdichado!&mdash;le decía&mdash;¡Estás
-en pecado mortal! El diablo está detrás de
-ti, ahora mismo dictándote estas palabras, el diablo
-que está lleno de ciencia y de razones. Sí... sí...
-no hables. Vete a confesar ahora mismo desdichado.</p>
-
-<p>Choribide se reía a carcajadas. El hermano
-Ventura quiso llevar un día a Cucú el rojo y a
-Muchico a la iglesia, pero al acercarse a la puerta
-los dos se le escaparon.</p>
-
-<p>Una loca del pueblo, que andaba por los alrededores
-y no entraba en las calles, era Grashi
-Erua.</p>
-
-<p>Grashi Erua era alta, delgada, rubia, envejecida,
-con la cara llena de arrugas. Vestía con andrajos
-de todos colores y como los chicos la tiraban
-piedras no quería ir al pueblo.</p>
-
-<p>Muchas veces se la veía en medio del bosque
-con el pelo suelto y una corona de flores silvestres,
-también se le había visto al lado de un arroyo
-que formaba un remanso, sentada con un ma<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span>nojo
-de harapos y cantando como si tuviera un
-niño en brazos.</p>
-
-<p>Se decía que Grashi Erua era la hija de una señorita
-extranjera que la abandonó. La habían dejado
-de niña en un caserío y desde entonces los
-dueños del caserío eran ricos. Por lo que se contaba,
-estas gentes del caserío habían despojado a la
-loca en vista de que su madre no aparecía; y no
-la habían puesto a trabajar porque era indómita y
-salvaje.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>LIBRO SEGUNDO<br />
-LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830</h2>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-<h3 id="II_I">I.<br />
-DOS AMIGOS</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Ignacio</span> Iturri, liberal emigrado en Francia desde
-los sucesos de 1823, era hijo de un comerciante
-de buena posición de Pamplona. Se había
-visto Iturri al llegar a Bayona sin medios de
-fortuna, y como estaba medio enamorado de una
-muchacha, que servía de cocinera en una casa rica
-de la plaza Grammont, se casó con ella y puso
-una posada en la calle de los Vascos, a donde fué
-atrayendo a todos sus paisanos que iban a Bayona
-por algún negocio.</p>
-
-<p>La posada de Iturri ocupaba toda una casa de
-piedra y ladrillo rojo, con entramado de vigas
-negras y el tejado de piñón. Esta casa tenía dos
-pisos, y en el principal en el balcón muy saliente<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>
-colgaba una muestra con un letrero en francés y
-otro en castellano.</p>
-
-<p>La posada de Iturri era limpia y decente, los
-cuartos grandes con el suelo encerado y las ventanas
-de guillotina, los muebles modernos; además
-de esto, tenía el atractivo de ser uno de los
-sitios en donde se guisaba mejor en Bayona, pueblo
-en donde se guisa bien en todas partes.</p>
-
-<p>Un inconveniente tenía la posada de Iturri y
-era el olor a bacalao que salía de los almacenes de
-la calle de los Vascos. A tal perfume había que
-acostumbrarse quieras que no; habituándose a ello
-la posada de Iturri podía considerarse casi como
-un lugar de delicias.</p>
-
-<p>Iturri era hombre de unos cincuenta años, fuerte,
-rechoncho, de ojos negros, de cara redonda y
-rasurada de tono azul y expresión melancólica.
-Hablaba con mucha calma y circunspección. Cualquiera
-le hubiera tomado por un cura o por un
-exclaustrado, sin embargo, a pesar de su aire clerical,
-de su cara dulce y de sus manos blancas y
-regordetas era hombre de arrestos.</p>
-
-<p>Su mujer Graciosa, era una vasca de aire de
-grulla, de nariz afilada y mejillas sonrosadas, que
-trabajaba, hablaba y reñía todo al mismo tiempo
-sin parar.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span></p>
-
-<p>Iturri el posadero que no tenía hijos, aceptó en
-su casa a un sobrino suyo ex seminarista escapado
-de Pamplona, llamado Manuel Ochoa.</p>
-
-<p>Manuel Ochoa era un muchacho hijo de unos
-labradores del valle de Ulzama. Considerándolo
-como chico listo sus padres le habían puesto a estudiar
-para cura. Al principio Ochoa marchó bien
-en el Seminario, pero luego comenzó a averiguarse
-que cortejaba a las mozas, después se supo que
-se manifestaba liberal y al último que había asistido
-a una reunión de militares masones. Ochoa
-buscado por la policía se metió en Francia y fué
-a acogerse a la fonda de su tío. Iturri le trató
-bien, y como tenía grandes conocimientos entre
-los emigrados le presentó a Don Sebastián Miñano
-que estaba por entonces trabajando en varias
-obras y que publicaba desde 1825 la Gaceta de
-Bayona.</p>
-
-<p>La mujer que vivía con el abate Miñano, y
-de la que tenía varios hijos, era algo pariente
-de Ochoa así que éste fué protegido por el
-abate.</p>
-
-<p>Ochoa era muchacho violento, capaz de trabajar
-con entusiasmo. En los ratos de ocio se dedicaba
-a jugar a la pelota, lo que era para él como
-un sucedáneo de la acción.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p>
-
-<p>Pronto le disgustó a Ochoa la colaboración con
-Don Sebastián Miñano.</p>
-
-<p>Entre los liberales emigrados se decía que la
-redacción de la Gaceta de Bayona que estaba en la
-calle del Pont Neuf bajo los arcos, en casa de
-Barandiaran, era un punto de espionaje de Calomarde.</p>
-
-<p>Manuel Ochoa riñó varias veces con Miñano.
-Ochoa era de estos hombres tempestuosos, que
-saltan al menor roce, que arrastran a la gente y
-tienen siempre entusiastas por su valor y su
-energía.</p>
-
-<p>Una señora de Bayona, casada con un propietario
-rico, se enamoró de Ochoa y el seminarista
-tuvo un momento de éxito y de orgullo. Esta señora
-que no tenía mucho miedo ni a la opinión
-ni a su marido, fué varias veces a cenar con el
-estudiante a un gabinete reservado de la fonda
-del Comercio.</p>
-
-<p>Iturri el fondista, que temía el escándalo, fué a
-ver a Miñano y a contarle lo que pasaba, y entre
-los dos decidieron mandar a Ochoa con un pretexto
-a París. Ochoa copiaría documentos en la
-Biblioteca Nacional para el abate.</p>
-
-<p>En aquella época, Ochoa hubiera preferido
-quedar en Bayona, pero como no encontraba la<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>
-menor apariencia de pretexto que oponer tuvo que
-marcharse.</p>
-
-<p>Ochoa fué a París, conoció a algunos emigrados
-españoles y tomó parte en la sublevación de Julio.</p>
-
-<p>Cuando Leguía y Chacón, comisionados por
-los liberales de Londres, llegaron a París, Ochoa
-se unió a ellos en sus visitas y diligencias. Luego
-al ir presentándose los emigrados se hizo definitivamente
-de su grupo.</p>
-
-<p>Conoció a Mina, a Chapalangarra, a Jáuregui.
-Como no tenía ya carrera ni oficio pensó que lo
-mejor sería unir su suerte a la de aquellos hombres.
-Más culto que estos militares, pudiendo hermanar
-las letras y las armas, pensó le sería fácil
-conseguir un éxito con poco que le ayudara la
-suerte.</p>
-
-<p>En París trabó amistad con Eusebio de Lacy,
-con quien vivió durante algún tiempo.</p>
-
-<p>Eusebio de Lacy era un joven de ojos azules,
-pelo rubio y aspecto poco fuerte, aunque tranquilo
-y noble.</p>
-
-<p>Eusebio había nacido en Holanda, en la isla de
-Walcheren, adonde su madre había seguido a Luis
-de Lacy, que entonces era capitán en la legión
-irlandesa que mandaba Arturo O'Connor y que
-estaba al servicio de Napoleón.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p>
-
-<p>Eusebio pasó su infancia en Quimper, pueblo
-de su madre, que de soltera se llamó la señorita
-de Guermeur.</p>
-
-<p>Durante la guerra de la Independencia y mientras
-su padre don Luis se batía contra los franceses,
-Eusebio estuvo en un colegio; terminada la
-guerra, Lacy, que había sido teniente general del
-ejército de Galicia y de Cataluña, fué destituído
-por Fernando VII, que tenía esta manera de pagar
-a los que se sacrificaban por su persona mientras
-él adulaba de una manera baja a Napoleón.</p>
-
-<p>Destituído el general Lacy fué a vivir a Vinaroz
-y desde allí escribió a su mujer para que viniera
-con su hijo a reunirse con él, pero la francesa
-tenía resentimientos con su marido y no quiso ir
-a su encuentro. Entonces se cruzaron entre los
-dos cartas agrias y recriminaciones violentas.</p>
-
-<p>El general Lacy era de estos tipos extraños
-que aparecen en las naciones en épocas de turbulencia.
-Su padre era de origen irlandés; su madre,
-francesa; él, andaluz de San Roque. Su destino
-había sido tan contradictorio y su carácter
-tan arrebatado, que muchas veces llegaron a considerarle
-como loco.</p>
-
-<p>Durante la juventud de Lacy luchó al lado de
-los franceses, más tarde peleó contra ellos.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p>
-
-<p>El día 2 de Mayo estuvo a punto de ser muerto
-por su uniforme de francés. Lacy era hombre
-exaltado, atrevido, y pertenecía a la masonería.
-Muerto Porlier, todas las esperanzas del partido
-liberal estaban puestas en él.</p>
-
-<p>Lacy, con Milans del Bosch, en combinación con
-La Bisbal y algunos otros, preparó de una manera
-aturdida el pronunciamiento que le perdió. Dejando
-Vinaroz se presentó en Caldetas con el pretexto
-de tomar las aguas y con el fin de ponerse
-al frente de la sublevación. Al fracasar ésta, el
-capitán general de Cataluña, don Francisco Javier
-Castaños, que estaba en el secreto de la conspiración
-y que había dado el permiso a Lacy para
-trasladarse de Valencia a Cataluña, sabiendo a
-lo que iba, mandó en persecución suya al brigadier
-Llauder, a Llauder que era masón y había
-estado protegido por Lacy.</p>
-
-<p>Tanto Castaños como Llauder eran hombres
-de pocos escrúpulos, capaces de unirse a Lacy si
-vencía y de fusilarlo si fracasaba.</p>
-
-<p>Llauder salió en busca de los sublevados camino
-de Mataró. Milans del Bosch alcanzó la frontera;
-Lacy, no se sabe por qué, en vez de apresurarse
-a huir, para lo que tenía tiempo sobrado,
-se detuvo y cayó preso.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p>
-
-<p>Una Comisión militar le juzgó y le condenó a
-muerte; el Gobierno y Castaños, que en este asunto
-representó un papel muy ambiguo, ordenaron
-que Lacy fuera trasladado a Mallorca; hicieron
-creer al pueblo que era con el objeto de encerrarlo
-solamente y al llegar al castillo de Bellver lo
-fusilaron.</p>
-
-<p>Al triunfar el movimiento liberal de 1820, los
-amigos de Lacy, entre ellos Milans de Bosch, escribieron
-a la viuda para que enviara a su hijo a
-educarse a España; un ayudante fué a buscar a
-Eusebio a Quimper y lo acompañó a Barcelona.</p>
-
-<p>Poco después el muchacho asistió en Palma de
-Mallorca a la exhumación del cadáver de su padre
-enterrado en la iglesia de Santo Domingo,
-que fué transportado con gran pompa a Barcelona.</p>
-
-<p>Las Cortes, para honrar su memoria nombraron
-a Eusebio primer granadero del Ejército español.</p>
-
-<p>Eusebio siguió en el colegio de Barcelona, siendo
-un motivo de orgullo para todos, y estuvo viviendo
-una temporada en Madrid. Los amigos y
-camaradas de su padre le hablaban de él con entusiasmo;
-le contaban sus proezas y sus rasgos
-de energía y de valor.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p>
-
-<p>Eusebio llegó a tener por su padre una adoración
-ciega, que le llevó a ver con disgusto el comportamiento
-de su madre.</p>
-
-<p>Al acabar su existencia de tres años el Gobierno
-constitucional, Eusebio volvió a Quimper y vivió
-soñando con España y con los liberales amigos
-de su padre, hombres todos que le parecían
-de un romanticismo exaltado, de una generosidad
-extraordinaria.</p>
-
-<p>Creía que en España todos los hombres eran
-valientes como el Cid y todas las mujeres seres
-poéticos e ideales; en cambio, tenía una profunda
-antipatía por los parientes y amigos de su madre,
-que querían hacerle comerciante y francés.</p>
-
-<p>A los veinte años Eusebio fué a París y poco
-después a Londres. Allí se hizo amigo del hijo de
-Milans del Bosch, conoció a los emigrados españoles
-y fué a las tertulias elegantes, en donde se
-distinguía por su belleza Teresa Mancha, la hija
-del coronel don Epifanio.</p>
-
-<p>Lacy llevaba en Londres una vida muy distinta
-a la de los demás emigrados; paseaba, leía, escribía
-un diario. Eusebio era un joven de espíritu
-claro y sereno; quería ver las cosas sin apasionamiento,
-empresa difícil, intentando al mismo
-tiempo conservar el entusiasmo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p>
-
-<p>Estaba enamorado de las cosas grandes y nobles,
-y hubiera querido que éstas se hicieran sin
-trabajo, sólo con abnegación y sacrificio.</p>
-
-<p>La Revolución de Julio, sorprendió a Lacy en
-Londres. Como la mayoría de los liberales, al saber
-su resultado marchó a París, donde conoció a
-Ochoa, de quien se hizo gran amigo.</p>
-
-<p>Al enterarse los dos del proyecto de intervención
-por la frontera de los constitucionales se
-trasladaron a Bayona, y como Lacy no tenía mucho
-dinero, fué a vivir con Ochoa a la fonda de
-Iturri de la calle de los Vascos.</p>
-
-<p>Mientras llegaba el momento de batirse, Lacy
-vivía con mucho método; tenía las horas del día
-distribuídas y seguía sus costumbres formadas en
-el colegio.</p>
-
-<p>En cambio Ochoa se exhibía ante el público,
-tenía el prestigio de ser un héroe de la Revolución,
-había presenciado la muerte de dos bayoneses en
-las calles de París, a los cuales se levantó después
-un monumento cerca de la Catedral; conocía el
-francés casi tan bien como el castellano y hablaba
-elocuentemente emborrachándose con su oratoria
-y con los licores con que le obsequiaban los
-entusiastas del nuevo régimen.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="II_II">II.<br />
-ESTAMPA DE BAYONA EN 1830</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Bayona</span>, como siempre que ha habido trastornos
-en la península, estaba en 1830 llena de
-españoles. Era en esta época la ciudad del Adour,
-un pueblo variado, pintoresco y un tanto indefinido.
-Los franceses del Norte lo consideraban
-como una ciudad de aspecto español, para los españoles
-del mediodía tenía un carácter completamente
-francés, para los vascos era un pueblo poco
-vasco y para los gascones poco gascón. Las cuatro
-lenguas, el francés, el español, el vasco y el patois
-se oían por las calles de la ciudad constantemente.</p>
-
-<p>Bayona tenía, como ahora, tres barrios separados
-por sus dos ríos; la Gran Bayona, la Pequeña
-Bayona y Saint Esprit.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p>
-
-<p>Este último barrio era entonces, no solamente
-un pueblo separado de Bayona, sino que hasta
-1827 formaba parte de otro departamento.</p>
-
-<p>Los tres barrios tenían sus fortificaciones; la
-Gran Bayona el castillo Antiguo, la Pequeña
-Bayona el castillo Nuevo y Saint Esprit la Ciudadela.</p>
-
-<p>La grande y la pequeña Bayona, separadas por
-el río Nive, estaban encerradas por la misma muralla
-abierta en cuatro puertas, de las cuales la
-más monumental era la puerta de Francia, con
-sus baluartes, sus fosos y su puente levadizo.</p>
-
-<p>El barrio de Saint Esprit era un pueblo pobre
-habitado por judíos.</p>
-
-<p>Uniendo Bayona con ese barrio había por entonces
-un puente de barcas, que ondulaba, se balanceaba
-y crugía cuando el mar agitaba las aguas
-de la ría o cuando el Adour y el Nive venían
-hinchados por las lluvias. Este puente tenía dos
-andenes para los coches, uno de ida y otro de
-vuelta, y otro central para los peatones.</p>
-
-<p>El puente sobre el Adour era la galería de todos
-los tipos de la vida bayonesa, la calle más
-concurrida de la ciudad.</p>
-
-<p>Los aguadores iban a llenar sus cubas a una
-fuente de Saint Esprit que se consideraba la me<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>jor
-de los contornos; filas de judíos de perfil aguileño
-y de voces graves o agrias cruzaban el puente
-para correr sus géneros; muchachas jóvenes
-artesanas vascas y gasconas pasaban riendo; alguna
-dama con miriñaque y crinolina iba a hacer
-compras, algún <i>lion</i> lucía su frac y sus melenas,
-y algún refugiado español marchaba sombrío embozado
-en la capa y con el cigarrillo entre los
-dedos.</p>
-
-<p>Por las tardes con el buen tiempo los bayoneses
-paseaban en la plaza de Armas mientras tocaba
-la banda militar, los jóvenes tenientes arrastraban
-su sable con indolencia y las nodrizas hacían
-bailar a los niños en sus brazos.</p>
-
-<p>Cuando llovía se paseaba en las Arcadas.</p>
-
-<p>Al llegar el verano la gente salía al campo, iba
-hacia el mar, visitaba el lago de Mouriscot y la
-Chambre d'Amour, y miraba a lo lejos las crestas
-agudas del monte Larrun, en el cielo radiante.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="II_III">III.<br />
-LAS AMISTADES DE LACY</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Varias</span> visitas de amigos suyos y de algunos
-de su padre tuvo Lacy en su estancia en Bayona.
-La que más le extrañó fué la de un antiguo
-condiscípulo suyo en un colegio de Rennes, que se
-llamaba Jorge Tilly.</p>
-
-<p>Tilly llegó con una señora inglesa y un abate
-y fueron los tres a hospedarse a la fonda de San
-Esteban.</p>
-
-<p>Tilly fué a visitar a Lacy y estuvieron los dos
-charlando largo rato. Tilly hablaba muy mal el
-castellano.</p>
-
-<p>Lacy se manifestó en el curso de la conversación
-como lo que era, un liberal entusiasta; en
-cambio Tilly estuvo muy reservado; para él las
-teorías no tenían importancia, sino los hechos; él<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span>
-creía que se podía encontrar una posición en que
-se elogiara a Felipe II y a Robespierre.</p>
-
-<p>&mdash;Dado el papel que un tipo se haya propuesto
-ver cómo la cumple.&mdash;Esta era la cuestión según
-Tilly.</p>
-
-<p>&mdash;¿Yo cómo voy a medir con la misma medida
-al que quiere ser fraile y al que quiere ser un
-Don Juan?</p>
-
-<p>Como Eusebio Lacy siempre había tenido a
-Tilly por un extravagante no quiso discutir con
-él. Le preguntó por sus proyectos.</p>
-
-<p>Tilly dijo que pensaba ir a España, en viaje de
-exploración. Desde allí le comunicaría a Lacy noticias
-de cómo iba aquello. Tilly era un joven
-alto, rubio, de aire cansado, con la cara un poco
-flácida, el labio inferior belfo, los ojos claros;
-tenía un tipo de príncipe degenerado de la Casa
-de Austria.</p>
-
-<p>Lacy recordaba a Tilly de su época de colegial,
-como un chico algo místico que quería ser
-fraile. Tilly se mostraba siempre muy misterioso
-y no le gustaba hablar de sí mismo y menos de
-su familia.</p>
-
-<p>&mdash;Aquí te tienen por aristócrata&mdash;le decía Lacy
-en el colegio.</p>
-
-<p>&mdash;Sí&mdash;contestaba él&mdash;; dicen que nosotros des<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span>cendemos
-de los Tilly de Normandía que tenían
-un castillo cerca de Caen; pero los Tilly se han
-dividido en tantas ramas, que la mayoría de los
-que llevan este apellido no tienen entre sí parentesco.
-Hoy hay Tillys ricos y pobres. Yo soy de
-los pobres y he nacido en Jersey donde vive mi
-familia. Mi padre era español y yo lo soy también,
-por lo tanto.</p>
-
-<p>Tilly, a quien Lacy hacía diez años que no veía,
-se le reveló en Bayona como un muchacho cínico
-y atrevido, cansado de todo y con un gran
-desprecio por los hombres. Pretendía ir a España
-a hacerse una posición, y como creía que la tendencia
-liberal había de triunfar más pronto o más
-tarde, quería ponerse de acuerdo con los liberales.</p>
-
-<p>Lacy quedó un poco asombrado de la audacia
-y del cinismo con que su condiscípulo se explicaba,
-y prometió relacionarle con los emigrados.</p>
-
-<p>Consultó con Milans del Bosch, con Ochoa y
-otros amigos, y se tomaron informes de Tilly.</p>
-
-<p>Tilly se había convertido en un muchacho crapuloso,
-jugador, de una moral incomprensible
-para Lacy. Al parecer tenía éxito con las mujeres,
-a las que no trataba bien. Su cara pálida, fría
-e impasible, su aire elegante y de aburrimiento le
-hacían un verdadero <i>lion</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p>
-
-<p>Tilly tenía unas tarjetas en donde se llamaba
-vizconde, en otras caballero y en otras se anunciaba
-como viajante de comercio.</p>
-
-<p>A pesar de que quería demostrarlo no tenía seguridad
-en sus ideas, y muchas veces caía en unas
-preguntas candorosas y absurdas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tú no crees en las cartas?&mdash;le preguntó una
-vez a Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;No, hombre, no; eso es una tontería.</p>
-
-<p>Tilly tenía también unos proyectos tan poco lógicos,
-de una ingeniosidad tan pueril, que dejaban
-estupefacto a su amigo.</p>
-
-<p>Tilly, en el tiempo que estuvo en Bayona anduvo
-en tratos con los judíos de Saint Esprit, a
-quienes vendió algunas joyas para jugar o para
-vivir.</p>
-
-<p>La señora que le protegía y a quien llamaba su
-prima en público, era una señora inglesa de unos
-cuarenta años, que se hacía llamar Lady Russell.
-Tilly se la presentó a Lacy. A Eusebio le pareció
-que esta dama, por debajo de su máscara indiferente
-y sonriente, tenía un gran entusiasmo amoroso
-por Tilly y al mismo tiempo una profunda
-desolación.</p>
-
-<p>A Tilly le acompañaba un abate que parecía
-ejercer el cargo de capellán de Lady Russell, pues<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>
-esta dama era católica. El abate era un hombre
-de un aspecto selvático y al mismo tiempo inteligente;
-tenía el pelo rojo, la frente tempestuosa,
-las facciones toscas, groseras, de hombre de campo;
-el color encendido y los ojos claros y brillantes.</p>
-
-<p>Tilly y el abate, en los días que estuvieron en
-Bayona, dejaron un rastro de desórdenes y de
-crápula.</p>
-
-<p>Los dos en compañía de un aventurero francés
-que se las echaba de muy liberal y se llamaba
-Husson de Jour frecuentaban todos los lugares
-de perdición. Husson se daba por revolucionario
-y carbonario, que había peleado con Mina en España
-en 1823 en compañía de Armando Carrel,
-y era un tipo de hombre jactancioso y fanfarrón,
-de grandes bigotes y de grandes actitudes.</p>
-
-<p>Al prepararse a marchar a España, Tilly se presentó
-a Lacy. Este, al verle pálido y desencajado,
-le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Para qué haces esa vida de perdido?</p>
-
-<p>&mdash;¡Pse! No sé, la verdad, porque ya me empieza
-a aburrir.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces no lo comprendo.</p>
-
-<p>&mdash;Yo tampoco. ¿Que quieres? No hay hombre
-que no sea un enigma para los demás y para sí<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>
-mismo. Unicamente los que tienen una tradición
-muy fija, como los judíos, saben lo que son y lo
-que quieren.</p>
-
-<p>&mdash;Tú no tienes la tradición de ser un perdido.</p>
-
-<p>&mdash;No; soy un perdido, como dices tú, por abandono
-y algo por curiosidad. En mi familia ha habido
-de todo: ricos, pobres, revolucionarios, realistas.
-En mí se han debido mezclar estas diversas
-tendencias, y me han hecho un tipo mixto y contradictorio.</p>
-
-<p>&mdash;Pero en ti está escoger una línea y seguirla.</p>
-
-<p>&mdash;Pienso hacerlo más tarde. Ahora me voy a
-España. Desde allí te enviaré algunas cartas con
-clave y cifra, que te las darán aquí descifradas.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno.</p>
-
-<p>Tilly se despidió de Lacy y al día siguiente dejó
-Bayona.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="II_IV">IV.<br />
-LOS GRUPOS HOSTILES</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">En</span> una ciudad pequeña como Bayona, que no
-pasaba de los quince a diez y seis mil habitantes,
-todo el mundo se conocía, y más, como
-era natural, la colonia española y los que estaban
-relacionados con ella.</p>
-
-<p>Al establecerse Lacy en Bayona e intimar con
-sus compatriotas, vió con tristeza que no había
-entre ellos más que odios, rivalidades y desunión.</p>
-
-<p>Ya durante su estancia en Londres notó las
-rencillas de los emigrados; pero, naturalmente, en
-una ciudad inmensa las divisiones no se notaban
-tanto como en un pueblo pequeño, en donde la
-gente se veía a cada paso.</p>
-
-<p>En Londres, los constitucionales españoles habían
-formado grupos que tan pronto crecían como<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span>
-se achicaban, casi siempre por un motivo personal.</p>
-
-<p>El primer grupo moderado y aristocrático estaba
-dirigido por hombres de cierta cultura, como
-Argüelles, Alava, etc. Este grupo se caracterizaba
-por ser eminentemente civil, y había rechazado,
-cuando se lo propusieron, las ofertas de militares
-como Morillo, Ballesteros y O'Donnell.</p>
-
-<p>El segundo grupo era de los ministas o partidarios
-de Mina. Los enemigos les llamaban despectivamente
-los mineros. Este grupo, el más extenso
-y el más fuerte, contaba con elemento civil y militar,
-pero predominaban en él los militares. Estaban
-en él casi todos los oficiales de mérito refugiados
-en Inglaterra, Bélgica y América, excepto
-los que tenían algún motivo de queja, fundado
-o no, contra el caudillo navarro. El Gobierno inglés
-trataba a este grupo con gran consideración,
-y según se decía le proporcionaba fondos para
-pagar sus agentes.</p>
-
-<p>En España casi todos los liberales esperaban,
-más que de ningún otro jefe, de Mina. Era el que
-tenía más partidarios incondicionales. Este entusiasmo
-ciego por Mina parecía odioso a sus rivales.
-Mina, según éstos, quería ser un ídolo, un
-santón a quien se le obedeciera ciegamente.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span></p>
-
-<p>Torrijos, San Miguel, Valdés y otros habían
-roto con él por este motivo, porque no querían
-obedecer con pasividad. Es posible que por dentro
-hubiera en ellos un fondo de rivalidad próximo
-a la envidia.</p>
-
-<p>Mina quería dirigir él, sin dar parte a nadie de
-lo que hacía, y afirmaba que gracias a su prudencia
-y a sus precauciones los espías del Gobierno
-español no podían averiguar sus manejos.</p>
-
-<p>Mina, mientras estaba en Inglaterra fechaba
-sus cartas en Plymouth y vivía cerca de Londres
-en una casa de campo.</p>
-
-<p>El general llevaba sus asuntos con una gran
-cautela; para cada empresa que se le presentaba
-buscaba el hombre a propósito. Se había servido
-varias veces de Sanz de Mendiondo, otras del
-teniente coronel Baiges, un gallardo ex guardia
-de Corps, que tenía fama de conquistador y de
-fatuo, y otras de su secretario Aldaz. Algunas
-cuestiones muy reservadas las llevaba dictando a
-su mujer, y otras más secretas aún las seguía él
-mismo, sin comunicárselas a nadie.</p>
-
-<p>El zorro navarro ocultaba muy bien sus maniobras
-y consideraba el secreto necesario e imprescindible.</p>
-
-<p>El segundo partido militar, colocado enfrente<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span>
-del de Mina, lo capitaneaba Torrijos y tenía como
-lugarteniente al coronel don Francisco Valdés.
-Estos no sentían gran entusiasmo por la Constitución
-de Cádiz, como los ministas y deseaban
-algo más radical. Méndez Vigo y sus partidarios
-pensaban en la República.</p>
-
-<p>Otra facción liberal era la de los masones, a
-cuya cabeza estaba don Evaristo San Miguel, que
-no ocultaba su aversión por Mina.</p>
-
-<p>Mina nunca había sido un masón entusiasta:
-todas las mascaradas simbólicas de esta secta le
-producían cierta repulsión y se había afiliado,
-como Torrijos, al carbonarismo más activo, más
-eficaz que la masonería, y al mismo tiempo, por
-entonces, más internacional.</p>
-
-<p>Mina, además, había puesto el veto a mucha
-gente; según sus enemigos, por celos, según sus
-amigos, por su natural prudencia.</p>
-
-<p>El partido de los masones tenía relaciones continuas
-con las logias de la península y empleaba
-para ello a los capitanes de buques mercantes y a
-los comisionistas.</p>
-
-<p>Otro último grupo era el de los ex comuneros.
-Estos tenían como prestigio civil a Flores Estrada
-y como militares a Milans de Bosch y a López
-Pinto.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span></p>
-
-<p>Los ex comuneros no podían ver a los masones,
-ni éstos a los ex comuneros; pero ambos
-grupos tenían como lazo común el odio a Mina.
-Milans el viejo lo detestaba. Había tenido el desencanto
-de salir de la isla de Jersey, donde estaba
-confinado, para avistarse con algunos capitalistas
-ingleses liberales, pidiéndoles dinero para una expedición
-contra la frontera española, y los capitalistas
-habían dicho que únicamente si Mina dirigía
-la expedición prestarían dinero.</p>
-
-<p>El grupo ex comunero sintió el desdén de esta
-negativa, y el grotesco y envidioso Romero Alpuente
-escribió un folleto contra el caudillo navarro.</p>
-
-<p>Además de estos núcleos formados en Londres
-había los liberales que no querían formar grupo
-alguno y se consideraban independientes; tales
-eran Méndez Vigo, Chapalangarra, Bertrand de
-Lys, el padre Asensio Nebot y otros varios.</p>
-
-<p>Cada grupo de los constituídos deseaba el fracaso
-del grupo rival; cada hombre que se sentía
-importante hacía lo posible para aplastar al compañero
-y para erigirse él; tenían todos ellos, unos
-para otros, esa terrible ferocidad de los ambiciosos,
-para los cuales no hay amistad ni comunidad
-de ideas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p>
-
-<p>A veces se manifestaban, sobre todo en las cartas,
-un afecto entusiasta y efusivo que no pasaba
-de figura retórica.</p>
-
-<p>Entre gente ambiciosa como aquélla, la amistad
-desinteresada era casi imposible...</p>
-
-<p>El hombre de acción es el que cree que obra
-casi exclusivamente por sus propias inspiraciones,
-el que afirma más su albedrio, el que escoge
-lo que debe hacer y no debe hacer, y, sin embargo,
-es el que está más sujeto a la ley de la fatalidad,
-el que marcha más arrastrado por la fuerza
-de los acontecimientos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="II_V">V.<br />
-LAS ESTELAS SENTIMENTALES</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Muchos</span> de aquellos hombres sin haber repensado
-teoría alguna política o social, tenían
-no sólo la certidumbre de su realidad, sino
-el dogmatismo, el fanatismo y hasta la sed de
-martirio. ¿Quién podrá afirmar con más fuerza
-una cosa que el que no la comprende?</p>
-
-<p>Estos hombres se dejaban llevar por la corriente
-sentimental del momento y eran capaces de
-hacer por ella el sacrificio de su vida.</p>
-
-<p>En nuestro tiempo, más que en ningún otro,
-después de la Reforma y de la Revolución se da
-el caso de los pueblos y de los individuos que viven
-con un sentimentalismo distinto y a veces antagónico
-a sus ideas.</p>
-
-<p>Las generaciones han ido moldeando nuestros<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>
-instintos, lo consciente y lo inconsciente, les han
-dado una forma, un sentido; pero en este conglomerado
-de nuestra personalidad, la inteligencia
-se ha separado de sus viejos compañeros y ha comenzado
-a marchar sola.</p>
-
-<p>Así, nuestra época ha dado, más que ninguna
-otra, santos sin ideas religiosas, ateos místicos,
-mujeres honradas con alma de cortesanas, y cortesanas
-con aspiraciones de monja.</p>
-
-<p>Ante esta disociación de su personalidad, el
-hombre, que antes que nada quiere creer y poner
-un pie firme sobre la tierra, mira a su alrededor
-y cuando encuentra una ruta la va siguiendo.</p>
-
-<p>Sus antepasados no escogían, se dejaban llevar;
-los hombres actuales escogen, de ahí su desgracia.</p>
-
-<p>Unos escogen ciega y brutalmente&mdash;la mejor
-manera de escoger&mdash;, otros miran y remiran a derecha
-e izquierda, quieren pesar el pro y el contra
-¡los ilusos!</p>
-
-<p>Y cuando se deciden van como los demás a
-ciegas y siguen la estela que dejaron las grandes
-corrientes sentimentales pasadas.</p>
-
-<p>En todas las esferas de la actividad humana,
-en la religión y en la política, en la literatura y
-en el arte quedan estas estelas sentimentales durante
-largas épocas históricas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span></p>
-
-<p>¡Cuántos espíritus religiosos, cuya vida ha sido
-una serie de esfuerzos heroicos para creer en
-el dogma que no creyeron, han marchado de
-desilusión en desilusión sugestionados por esa
-mágica estela! ¡Cuántos grandes revolucionarios
-marcharon adelante con un ademán gallardo
-enardeciendo a las masas, llevando el convencimiento
-íntimo de que dentro de sus ideas no había
-nada!</p>
-
-<p>¡Cuántos millones de soldados muertos sabían
-únicamente que su patria era la que llevaba la
-bandera roja, la blanca o la azul, la que tenía este
-himno y nada más! Y, sin embargo, han ido
-arrastrados por la corriente sentimental y han
-hecho ante el caos ciego el sacrificio de la vida.</p>
-
-<p>En todas las esferas de la actividad humana,
-en la religión y en la política, en la literatura y en
-el arte quedan estas estelas sentimentales. Todos
-los grandes hechos de la historia, todas las grandes
-corrientes han pasado por la inteligencia y
-por la sensibilidad de los pueblos dejando una
-estela.</p>
-
-<p>Ahora, al notar esa estela que queda en el mar
-de las ideas; que es la nuestra, la que hemos escogido,
-quisiéramos avanzar por ella rápidamente
-y llegar a su más puro origen. Ya es tarde, el<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span>
-barco ha pasado para siempre y ya no volveremos
-a divisar sus velas.</p>
-
-<p>Los astrónomos nos han hablado de que la distancia
-de algunos astros es tan grande, que su luz
-tarda en llegar a la tierra cincuenta, sesenta, ochenta
-años. Así puede muy bien suceder que una
-estrella haya desaparecido o se haya desplazado,
-y sin embargo nosotros la sigamos viendo
-en el cielo de las noches espléndidas.</p>
-
-<p>¡Qué triste, qué melancólico resulta pensar que
-una de esas estrellas que parece que nos guía y
-nos contempla puede no existir ya y sin embargo,
-estarla viendo!</p>
-
-<p>Así en la vida moral y en la vida sentimental
-cabe sospechar el carácter mítico de las ideas
-y de los dioses, y seguir en la corriente que produjeron
-ellos cuando todavía eran dioses e ideas.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="II_VI">VI.<br />
-LOS PREPARATIVOS</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Estaba</span> el partido liberal dividido en grupos en
-la emigración cuando llegaron los sucesos de
-Julio de París, con el destronamiento de Carlos X,
-y toda la grey constitucional se conmovió y fué
-llamada a Francia por intermedio de los agentes
-de la masonería y el carbonarismo.</p>
-
-<p>El gabinete de Fernando VII publicó contra el
-Gobierno de Julio un manifiesto injurioso suscrito
-por Calomarde.</p>
-
-<p>No pudiendo contestar a Calomarde, que en
-punto a la legitimidad tenía razón, el ministro de
-Luis Felipe, decidió asustar a Fernando VII ayudando
-a los liberales españoles.</p>
-
-<p>El auxilio del Gobierno francés permitió a los
-constitucionales ir y venir por Francia y acercarse
-libremente a la frontera.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span></p>
-
-<p>El primer punto de cita de los emigrados se
-estableció en París. Allí fueron acudiendo todos
-ellos desde Londres, desde Bruselas y de Suiza.
-Torrijos y algunos de sus partidarios, que tenían
-preparada una expedición por Gibraltar, quedaron
-en Londres dispuestos a embarcarse para la
-Península.</p>
-
-<p>Leguía y Chacón, enviados por Mina antes de
-las Jornadas de Julio, habían cruzado el Canal de
-la Mancha en un falucho. Avanzaron los dos
-hasta la frontera española, pero fueron presos y
-llevados con escolta de gendarmes hasta Calais.</p>
-
-<p>Al triunfar la Revolución los dejaron libres,
-Leguía sin recursos fué a París y presenció los
-acontecimientos de Julio.</p>
-
-<p>En Agosto comenzaron a pasar el Canal de la
-Mancha los emigrados. El 11 bajaron en Calais,
-Bertrand de Lys, Mendizábal, Olegario Cueto, el
-brigadier Palarea y Juan Llupius. Pocos días después
-el coronel Valdés desembarcó en el Havre.</p>
-
-<p>En París se reunieron Valdés, Leguía, Aldaz
-el secretario de Mina, Mendizábal y Chapalangarra.
-Habían pasado de Inglaterra a Francia con
-la idea de ejercer una acción común y no había
-manera de que se pusieran de acuerdo.</p>
-
-<p>Leguía, Aldaz y Chapalangarra, los tres nava<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>rros
-estuvieron a punto de reñir y de pegarse.
-Chapalangarra se había separado de Mina, Leguía
-había hecho lo mismo y ambos creían tener
-motivos de queja contra el general. Leguía se
-creía olvidado y estaba ofendido. Aldaz defendía
-a su jefe viniera o no a cuento.</p>
-
-<p>La reunión de los liberales en París no demostró
-más que sus divisiones. Se decidió formar una
-junta en Inglaterra, otra en Francia y para secundar
-los trabajos de esta última, los radicales
-franceses constituyeron una segunda junta con el
-nombre de Comité Español.</p>
-
-<p>Se abrió una suscripción y las listas engrosaron
-rápidamente. Los banqueros Ardouin, Calvo
-y Bertrand de Lys aseguraron que pronto tendrían
-dinero. La Junta de Francia formada por
-españoles y dirigida por Mendizábal escribió a
-Mina y le preguntó si podía contar con él.</p>
-
-<p>Mina contestó que sí, y desde este momento la
-Junta se trasladó a Bayona.</p>
-
-<p>Con los primeros fondos del empréstito comenzaron
-a comprarse armas y empezó el alistamiento
-de los emigrados.</p>
-
-<p>El Comité Español de París, formado por franceses,
-buscó el apoyo del Gobierno de Luis Felipe
-y del mismo rey.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p>
-
-<p>Luis Viardot, uno de los miembros de aquel
-Comité, fué a visitar a Guizot y Guizot le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Decid a los que os envían que Francia ha
-cometido en España un crimen político en 1823
-y que le debe una reparación y que esta reparación
-se llevará a cabo.</p>
-
-<p>Dupont, Marchais y Loëwe-Weimar, del mismo
-Comité, fueron a ver a Luis Felipe. Luis Felipe
-dijo que Fernando VII era el mayor bribón que
-había existido. El rey de los franceses indicó que
-la tentativa contra el Gobierno de Fernando le
-parecía muy bien y dió dinero de su bolsillo.</p>
-
-<p>Algunos amigos de la familia de Orleans aconsejaron
-que se ayudara a destronar a Fernando
-VII y en ese caso se ofreciera la corona de
-España al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe,
-a quien se casaría con la reina doña María
-de la Gloria de Portugal, con lo cual se reunirían
-en su cabeza las coronas de los dos reinos peninsulares.</p>
-
-<p>El rey de los franceses comprendía muy bien
-que estas combinaciones no se hacen cuando se
-quieren y vió en el asunto de los emigrados españoles
-únicamente una manera de imponerse al
-Gobierno de Calomarde para que le reconociera
-como rey de Francia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p>
-
-<p>Con la protección de Luis Felipe y del Gobierno,
-los españoles creyeron que el triunfo estaba
-asegurado. Todos los días grupos de treinta, de
-cuarenta, de cincuenta hombres iban hacia la frontera.
-Hojas de ruta autorizadas por el prefecto de
-policía favorecían los viajes. Había depósitos de
-armas con el consentimiento expreso de Montalivet
-y de Guizot.</p>
-
-<p>La imperial de las diligencias de Burdeos a
-Bayona estaban siempre retenidas por los agentes
-españoles para los emigrados. Estos subían
-a sus asientos y hablaban, reían y a veces gritaban:</p>
-
-<p>&mdash;¡Viva España! ¡Viva la libertad!</p>
-
-<p>&mdash;Pronuncian <i>Biba</i>&mdash;decía algún francés con
-asombro.</p>
-
-<p>Y el señor culto y erudito recordaba la frase
-de Escaligero sobre los españoles que parece de
-algún gran aficionado al vino: Felices populi quibus
-vivere est bibere.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="II_VII">VII.<br />
-UNA CARTA DE TILLY</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Estaba</span> Lacy olvidado de Tilly cuando de la
-fonda de San Esteban donde vivía la inglesa
-Lady Russell le enviaron una carta de Lacy con
-anotaciones y entre paréntesis puestos después con
-otra letra. Era la carta de una ingeniosidad un
-tanto pueril como muchas de las cosas pensadas
-por Tilly. Estaba redactada en estos términos:</p>
-
-
-<p class="i2 p2">"Querido Lacy: Te escribo como te prometí para
-darte noticias de lo que pasa en la corte celestial.
-Mis informes son malos para vosotros. Ahí
-no lo creerán, pero yo veo que en esta comedia
-el Matemático (<i>Luis Felipe</i>) se entiende con Calígula
-(<i>Fernando VII</i>) que se ha asustado con los
-preparativos de los ilusos (<i>los liberales</i>). Era lo
-que buscaba la gente del Palacio Real de Babilonia
-(<i>París</i>). El Gobierno babilónico (<i>el Gobier<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>no
-francés</i>) va a prohibir de un momento a otro
-la salida de los ilusos (<i>liberales</i>) de sus puntos de
-acantonamiento, impedirá las reuniones y decomisará
-los instrumentos de trabajo (<i>las armas</i>).
-Los agentes del Matemático (<i>Luis Felipe</i>) hacen
-creer a los ilusos (<i>liberales</i>) que estas medidas
-son para cubrir el expediente, pero no hay nada
-de eso.</p>
-
-<p class="i2">Calígula y su Caballo (<i>Fernando VII y Calomarde</i>)
-al saber por sus hurones (<i>espías</i>) que se
-estaban organizando grandes mascaradas (<i>juntas
-de insurrección</i>) en Babilonia y en Nínive (<i>en
-París y en Londres</i>) reunieron el Consejo de familia
-(<i>Consejo de Estado</i>) para deliberar con los
-familiares (<i>los ministros</i>).</p>
-
-<p class="i2">Hubo grandes disentimientos en la opinión de
-los consejeros.</p>
-
-<p class="i2">Un partido aconsejó reunir el Agora de Esparta
-(<i>las Cortes de España</i>) publicar una amnistía
-y dar una carta biagórica (<i>constitución de
-dos Cámaras</i>) para neutralizar la acción de los
-ilusos (<i>liberales</i>), el otro quería la represión a todo
-trance aumentando el efectivo de los mamelucos
-(<i>voluntarios realistas</i>) y dejando Esparta (<i>España</i>)
-como hace siete años.</p>
-
-<p class="i2">El Caballo de Calígula (<i>Calomarde</i>) tiene hu<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>rones
-(<i>espías</i>) entre los ilusos (<i>liberales</i>) y sabe
-día por día lo que ocurre entre ellos.</p>
-
-<p class="i2">De estos hurones (<i>espías</i>) uno es el comandante
-don Antonio Oro. No es oro todo lo que reluce.
-Los otros son el francés que andaba conmigo,
-Husson de Jour, que no sé si seguirá aún
-en Villa-aburrida (<i>Bayona</i>) y un español, don
-Manuel Ruiz, que ha recorrido con fines de lince
-(<i>de policía</i>) la frontera babilónico-espartana
-(<i>franco-española</i>).</p>
-
-<p class="i2">El Caballo de Calígula (<i>Calomarde</i>) tiene hormigas
-leones (<i>agentes procuradores</i>) en el campo
-iluso (<i>liberal</i>).</p>
-
-<p class="i2">Los tres bajás de la frontera babilónico-espartana
-(<i>los capitanes generales de la frontera</i>) han
-remitido órdenes de vigilarla estrechamente.</p>
-
-<p class="i2">Los jefes de los perros de presa (<i>los tercios</i>)
-y los mamelucos (<i>voluntarios realistas</i>) quedarán
-a las órdenes de los bajás (<i>capitanes generales</i>).</p>
-
-<p class="i2">Va a publicarse un Iradé (<i>Real decreto</i>) poniendo
-en vigor otro de 1825 contra los ilusos
-(<i>liberales</i>) cogidos con los instrumentos entre los
-dedos (<i>las armas en la mano</i>) y contra los que les
-presten socorro, un asilo, o tenga con ellos correspondencia.</p>
-
-<p class="i2">La pena de empalamiento (<i>muerte</i>) alcanzará<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span>
-por la menor cosa, la sospecha de complicidad
-bastará para gozar de la hospitalidad económica
-(<i>ir a presidio</i>).</p>
-
-<p class="i2">Al mismo tiempo que el Caballo (<i>Calomarde</i>)
-toma estas medidas, hace reclamaciones enérgicas
-al Matemático (<i>Luis Felipe</i>), a quien no quiere
-reconocer, amenazándole con represalias y con
-formar cuerpos de camellos babilónicos (<i>realistas
-franceses</i>) que ataquen a Babel (<i>Francia</i>) por
-el mediodía.</p>
-
-<p class="i2">El bajá general de la Marca (<i>el capitán general
-de Cataluña</i>) y el de Vardulia (<i>Guipúzcoa</i>), los
-dos babilónicos (<i>franceses</i>) y los dos elefantinos
-(<i>absolutistas</i>) trabajan en el reclutamiento de los
-emigrados babilónicos (<i>franceses</i>).</p>
-
-<p class="i2">Estas medidas según se dice han hecho mella
-en el Gobierno babilónico (<i>francés</i>) que os empezará
-a poner trabas dentro de poco.</p>
-
-<p class="i2">El acuerdo debe estar hecho. Esparta (<i>España</i>)
-reconocerá al Matemático (<i>Luis Felipe</i>) y no favorecerá
-a los elefantinos babilónicos (<i>absolutistas
-franceses</i>) y Babel (<i>Francia</i>) dificultará en
-cambio los trabajos de los ilusos espartanos (<i>liberales
-españoles</i>).</p>
-
-<p class="rightc">Tu amigo</p>
-<p class="smcap right">El Esqueleto"</p>
-
-<p class="p2"><span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span>
-Eusebio Lacy quedó asombrado al leer esta
-carta que tenía entre ingeniosidades infantiles
-datos que parecían ciertos. La copió, poniendo los
-verdaderos nombres y fué a leérsela a sus amigos
-entre ellos a Valdés y a Milans del Bosch.</p>
-
-<p>Las noticias de la carta alarmaron a los liberales.
-Se buscó al comandante Oro para pedirle explicaciones,
-pero Oro había desaparecido. Husson
-de Jour había salido también de Bayona.</p>
-
-<p>Los de Valdés dijeron que respecto de Oro no
-les chocaba nada que fuese traidor, porque era
-amigo de Mina. Los ministas, en cambio, dijeron
-que hacía tiempo que Oro no se trataba con su
-jefe.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="II_VIII">VIII.<br />
-LOS JEFES</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Con</span> motivo de la carta de Tilly y de sus denuncias,
-Lacy habló con los principales jefes
-de la emigración largamente y tuvo ocasión de
-conocerlos.</p>
-
-<p>Los encontró muy distintos de lo que él suponía.</p>
-
-<p>Eran todos ellos gente de una ambición fuerte
-y exaltada, poco inteligentes, nada razonadores,
-fanáticos, arbitrarios y devorados por la ambición
-del mando; tenían en general la actitud orgullosa
-de los virreyes de América.</p>
-
-<p>La mayoría eran hombres de poca lectura y de
-menos reflexión, aceptaban la ideología liberal
-porque era la del momento y la del posible éxito,
-quizás no la sentían fuertemente ni les importaba
-gran cosa el fondo humano encerrado en ella. En<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span>
-su vida eran austeros; no había entre ellos epicúreos,
-ni comilones, ni borrachos, su mayor vicio
-era el juego. No tenían tampoco efusiones, ni recuerdos
-sentimentales, ni recitaban versos, ni cantaban
-canciones patrióticas.</p>
-
-<p>Había entre esta gente pocas amistades sinceras,
-porque cada uno lo quería todo para sí, de
-ahí las rivalidades, los odios, la envidia y la eterna
-suspicacia.</p>
-
-<p>Tenían todos ellos con la fraseología de la Revolución
-el instinto del soldado español del siglo
-XVI. En ellos lo nuevo con relación a los militares
-españoles antiguos era el anhelo de pasar a
-la historia, de quedar erguidos ante la posteridad.
-En los antiguos soldados, el summun era el mandar
-y el enriquecerse, en éstos el ideal era el mandar
-y el pasar a la Historia, pero como buenos
-españoles no querían pasar a la Historia por un
-trabajo largo y persistente, sino por un golpe de
-mano, por una aventura de suerte en que se ganase
-la gloria o se perdiera la vida. El ejemplo
-de la fortuna de Napoleón, el teniente de artillería
-transformado en Emperador había trastornado
-el juicio a los militares de la época.</p>
-
-<p>Con la esperanza del momento de fortuna estaban
-todos llenos de ansia; la presencia del ri<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>val
-que se encontraba en la misma actitud les
-molestaba.</p>
-
-<p>Eran casi todos ellos gente orgullosa, individualista,
-que en vez de ir arrastrados por el pueblo
-tenían que suponer que éste les buscaba, lo
-que no pasaba de ser una ilusión. Eran conspiradores
-más que revolucionarios muchos de gustos
-aristocráticos. Se hubieran reunido mejor con
-Catilina que con Danton. No veían posible en España
-más que el pronunciamiento y cada uno quería
-hacer el papel de Riego en 1820 aunque tuvieran
-que sufrir el de Riego en 1823.</p>
-
-<p>Como casi toda la gente que toma parte en movimientos
-revolucionarios, procedían de distintos
-campos, venían de los cuatro puntos cardinales.
-En una época en que se viajaba poco, el que más
-y el que menos había estado en Francia, en Inglaterra,
-en Alemania, en América, en Africa y
-en Oceanía.</p>
-
-<p>Las mujeres de estos militares no intervenían
-jamás en las cuestiones políticas; en general la
-casa de cada uno estaba cerrada para los amigos
-de la calle y del café.</p>
-
-<p>Las amistades no eran muy profundas. El exceso
-de personalismo les hacía con facilidad hostiles
-unos para otros. Suponían quizás que había<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span>
-una cantidad de gloria común y que si uno cogía
-mucha a los demás les debía quedar poca o nada.</p>
-
-<p>No había posibilidad entre ellos de diálogos,
-sino de una serie de monólogos, cada cual recitaba
-el suyo con un aire desafiador, con la mano
-puesta en el puño de la espada y no quería oir ni
-enterarse de lo que los otros decían. De aquí que
-la Revolución española tuviera tan poco seso.
-Era una Revolución de Don Juanes y de Don
-Juanes sin éxito.</p>
-
-<p>Al irlos tratando a cada uno de ellos, Lacy quedó
-un poco asombrado y desencantado. ¿Qué esperan
-estos hombres?&mdash;se preguntó él&mdash;. ¿Qué
-quieren?</p>
-
-<p>La mayoría eran soldados de la guerra de la
-Independencia y soñaban con triunfos de espada
-y aventuras. Algunos habían absorbido las ideas
-liberales de Francia y de Inglaterra que no les habían
-modificado los instintos ancestrales, en general
-aceptaban como un dogma el valor del papel
-impreso.</p>
-
-<p>Para ellos lo escrito con letras de molde tenía
-siempre una virtualidad misteriosa y estaban dispuestos
-a escribir en los periódicos protestas,
-contra-protestas, rectificaciones y vindicaciones.</p>
-
-<p>Ninguno se manifestaba verdaderamente libe<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span>ral
-capaz de benevolencia, de transigencia, todos
-eran militaristas y ordenancistas.</p>
-
-<p>El mismo Espoz y Mina, valiente como un león
-y prudente como un zorro en sus empresas políticas,
-hombre que sabía disimular la violencia de
-su carácter con frases ambiguas, era, tratándose de
-cuestiones personales, de un arrebato impulsivo;
-a la menor ofensa ardía su alma con una cólera
-desesperada y furiosa.</p>
-
-<p>Gaspar de Jáuregui, el Pastor, otro de los jefes,
-era un guipuzcoano que unía el valor con la
-astucia. Zumalacárregui, segundo de su partida en
-la guerra de la Independencia, le había enseñado
-a leer y a escribir. Jáuregui consciente de su ignorancia
-no había pretendido salir de ella y su
-conformidad de campesino con su incultura le
-había dejado siempre en un segundo plano.</p>
-
-<p>Chapalangarra era un solitario, un místico que
-tenía la fiebre de la fama y del martirio; San Miguel
-un retórico, un escritor mediocre y difuso.</p>
-
-<p>Respecto a López Campillo y a Leguía, los dos
-valientes guerrilleros, no tenían condiciones para
-ser primeras figuras.</p>
-
-<p>Los únicos hombres que podían ponerse frente
-a Mina, por su influencia entre los demás, eran
-don Manuel Gurrea y don Francisco Valdés.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span></p>
-
-<p>Méndez Vigo, que pretendía ser jefe, no arrastraba
-a nadie y era un motivo de discordia por
-su radicalismo inoportuno.</p>
-
-<p>Don Pedro Méndez Vigo estaba acusado de haber
-mandado dar muerte a los prisioneros realistas
-de la Coruña en 1823, haciéndolos naufragar
-por un procedimiento a lo Carrier. Méndez Vigo
-era de ideas audaces y de muchas pretensiones.
-No servía ni para mandar ni para obedecer.</p>
-
-<p>Gurrea, el otro rival de Mina, no le había declarado
-la guerra y esperaba el momento. No así
-don Francisco Valdés. El coronel Valdés había
-roto las hostilidades con Mina y lo trataba como
-a un enemigo.</p>
-
-<p>Valdés pretendía haber tenido la prioridad en
-la idea de la expedición a la frontera después de
-la Revolución de Julio y consideraba la intervención
-de Mina como una usurpación.</p>
-
-<p>Valdés era hombre altivo, soberbio, con una
-exaltación personal grande, ambicioso, poco inteligente
-y lleno de desconfianza.</p>
-
-<p>Valdés era castellano, de Móstoles. En su juventud
-había estado en Dinamarca con el marqués
-de la Romana, había hecho la guerra de la Independencia
-y la campaña de 1823 y dirigido el golpe
-de mano de Tarifa de 1824.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p>
-
-<p>La hostilidad de Valdés contra Mina y de Mina
-contra Valdés, procedía de una porción de causas
-y principalmente de los respectivos caracteres.
-Como militar de carrera, Valdés era poco amigo
-de los guerrilleros, como hombre que se había distinguido
-en el Mediodía nada afecto a la gente del
-Norte. A Mina le pasaba lo contrario, era guerrillero
-y nordista.</p>
-
-<p>En los dos caudillos existía un fondo de patriotismo
-y un deseo de mando. La comunidad
-sola de estos sentimientos y el afán subsiguiente
-de defender y realzar su figura histórica en
-Mina y de buscar el medio de destacarla en Valdés
-debía hacerlos enemigos y ponerlos frente a
-frente.</p>
-
-<p>Tanto el uno como el otro eran valientes, atrevidos
-y ambiciosos, pero Mina tenía el valor lleno
-de audacia y de prudencia; en cambio Valdés era
-más rectilíneo y de menos recursos. Mina sabía
-a las veces ser soldado y diplomático, Valdés no
-sabía más que ser soldado y soldado de filas. Mina
-tenía un conocimiento innato de la psicología
-de los hombres, sobre todo de los suyos, sabía por
-lo tanto arrastrar y convencer, Valdés no sabía ni
-lo uno ni lo otro.</p>
-
-<p>Además de estos motivos hondos y personales<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span>
-existían otros políticos e ideológicos para el divorcio
-de ambos jefes.</p>
-
-<p>Mina tenía el entusiasmo por la Constitución
-de Cádiz y por los hombres de aquella época, era
-anglómano, partidario de guardar las formas y
-consideraba necesario que hubiera en España una
-clase directora. Le quedaba también respeto por
-Fernando que al fin y al cabo era el Rey y no
-quería oir hablar ni en broma de la República.</p>
-
-<p>Valdés creía que el liberalismo de Cádiz había
-pasado ya, que era necesario sustituirlo por otro
-más activo; tenía admiración por la Francia revolucionaria,
-era militarista y demagogo, odiaba
-a Fernando VII y creía que debía prepararse la
-posibilidad de la República. Valdés había llegado
-tarde a la lucha. Se encontraba entre soldados que
-representaban más que él y quería ponerse a su
-altura.</p>
-
-<p>Los dos jefes, ásperos y orgullosos, no podían
-venir a un acuerdo. Valdés veía en Mina un caudillo
-a la antigua que mandaba despóticamente
-como un pater familias romano, le molestaba también
-verle en la práctica regionalista, siempre con
-sus navarros y sus vascos.</p>
-
-<p>Valdés era castellano y por lo tanto más universal,
-menos regionalista. Le indignaba y le sor<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>prendía
-la suerte de Mina y el éxito que éste había
-conseguido en Inglaterra. Valdés era un radical,
-todos los radicales se unían a él encontrando
-tibio a Mina. Algunos de los antiguos ministas
-como Fermín Leguía se habían pasado a su
-bando.</p>
-
-<p>El caso de Chapalangarra y su enemistad contra
-Mina era de otra clase. Chapalangarra discurría
-y sentía como Mina, pero creía vivamente que
-tenía motivos serios personales de odio contra el
-general.</p>
-
-<p>Al lado de los militares y oscurecidos ante ellos
-estaban los paisanos adictos a la Revolución. Sin
-tribuna donde perorar y en el extranjero no tenían
-prestigio alguno.</p>
-
-<p>Eran en su mayoría literatos, jurisconsultos,
-oradores, no bastante fuertes para ser conocidos
-fuera de España. Entre ellos había algunos hombres
-de mérito como Flores Estrada y algunos políticos
-de talento como Mendizábal, pero la mayoría
-era gente sólo brillante, incapaz de una obra
-profunda e incapaz también de dominar y de
-arrastrar a los hombres.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="II_IX">IX.<br />
-GESTIONES DE LACY</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Unos</span> días después de recibir la carta de Tilly
-y de leerla a los amigos y jefes, iba Lacy
-enviado por la Junta de Francia a Cambó a ver
-a Chapalangarra.</p>
-
-<p>Se quería que Chapalangarra se aviniera a razones
-y no intentara hacer un movimiento solo y
-sin contar con los demás jefes. Se había escogido
-a Lacy para esta comisión por su juventud y por
-el prestigio de su apellido entre los liberales.</p>
-
-<p>Lacy salió de la posada de Iturri y fué a la parada
-de la diligencia La Bayonesa que salía para
-San Juan Pie de Puerto y pasaba por Ustariz y
-Cambó.</p>
-
-<p>&mdash;El interior está lleno&mdash;le dijo el empleado&mdash;la
-berlina ídem. Tiene usted un puesto en la imperial.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Bueno.</p>
-
-<p>Lacy subió en la imperial de la diligencia en
-donde iban una mujer gruesa, un campesino y
-dos emigrados españoles. La baca estaba llena de
-fardos, de bultos y de cestas.</p>
-
-<p>Pasó el coche por la puerta de Mousserolles, y
-comenzó a marchar por la carretera.</p>
-
-<p>El tiempo era de otoño, con un sol claro y brillante.</p>
-
-<p>El mayoral de La Bayonesa iba magnífico de
-seguridad y de petulancia. Era corpulento, rojo,
-de patillas grises.</p>
-
-<p>Manejaba sus cuatro caballos con una seguridad
-y un aplomo dignos del mismo Nerón. Vestía
-irreprochablemente gran redingot gris, corbata
-roja y guantes amarillos.</p>
-
-<p>&mdash;¡Eh, Lajeunesse!&mdash;le decían. Se llamaba así.&mdash;A
-ver esa caja, esa sombrerera. Y Lajeunesse
-cogía los paquetes de la baca, los lanzaba a los
-mozos, agarraba los que le enviaban al aire, silbaba,
-hablaba a sus caballos, cruzaba las aldeas
-por callejuelas estrechas, torciendo rápidamente,
-siempre grave y solemne hasta detenerse en la
-posta. Allí hablaba, bebía y decía: Eh, señores,
-arriba y se lanzaba de nuevo a la carretera a correr
-al compás del estrépito de las campanillas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span></p>
-
-<p>Cuando Lacy, después de contemplar el campo,
-miró a sus compañeros de viaje de la imperial
-vió que uno de ellos era un señor grueso que acababa
-de conocer días antes y llegaba de Bruselas.
-Se llamaba don Juan Olavarría. El otro español
-Eusebio Lacy sabía que era emigrado, pero no lo
-conocía de nombre.</p>
-
-<p>Olavarría entabló conversación con Lacy y se
-manifestó muy pesimista acerca de la empresa
-liberal.</p>
-
-<p>&mdash;Para mí no cabe duda&mdash;dijo&mdash;que hay un
-acuerdo entre el Gobierno francés y el español.
-Por eso nuestra situación empeora.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no lo veo así&mdash;dijo Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Pues no cabe duda. Luego nuestros recursos
-van mal. El empréstito negociado por las casas
-Ardouin y Calvo que había comenzado tan brillantemente
-se agota. Los reclutamientos, los envíos
-de armas y de municiones se dificultan y son
-detenidos por la policía francesa, las hojas de
-ruta y los pasaportes que se habían acordado a
-los refugiados españoles y a los voluntarios extranjeros
-se han suprimido. Muchos al verse así
-abandonados por unos y vigilados por el Gobierno
-comienzan a maldecir de Francia y a volverse
-a sus casas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Yo no veo que esto vaya tan mal&mdash;dijo Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;No le quepa a usted duda. Va muy mal&mdash;replicó
-Olavarría&mdash;la unión que produjo entre
-los emigrados el entusiasmo y la esperanza se ha
-roto. Esto toma ya mal aspecto, el aspecto de la
-descomposición.</p>
-
-<p>Después de exponer las mil dudas que le sugería
-la expedición liberal, el señor Olavarría habló
-de sus proyectos. Era el buen señor un arbitrista;
-quería transformar el comercio, la economía, la
-raza y hasta la geografía de España. Para todas
-sus utopías tenía un precedente.</p>
-
-<p>&mdash;No crea usted que esto es un absurdo. Esto
-se ha intentado en Escocia, en el Canadá, en Bélgica
-y en Australia, y lo han preconizado hombres
-tan ilustres como tal, cual (y aquí citaba ocho
-o diez nombres extranjeros).</p>
-
-<p>El español desconocido que al principio de la
-conversación iba muy fosco, miraba después sonriendo
-al arbitrista.</p>
-
-<p>Al llegar la diligencia a una venta del camino
-de Villefranque, el señor Olavarría y el campesino
-francés bajaron a tierra.</p>
-
-<p>El coche echó a andar y quedaron en la imperial
-el emigrado desconocido y Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Conserve usted el entusiasmo con gente así<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>&mdash;exclamó
-el emigrado y soltó después un par de
-ternos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Es usted de los nuestros?&mdash;le preguntó
-Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Yo soy Fermín Leguía.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah! Le conozco a usted de nombre. Yo soy
-Lacy.</p>
-
-<p>Se dieron la mano.</p>
-
-<p>&mdash;¿Va usted a Cambó?&mdash;preguntó Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;No; voy a San Juan Pie de Puerto, a ver a
-Jáuregui y a Fermín Sarasa que están allá. A la
-vuelta me detendré en Cambó a hablar con Chapalangarra.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tiene usted buenas impresiones, señor Leguía?</p>
-
-<p>&mdash;Buenas, sí. Hay que seguir adelante. De otra
-manera no se puede hacer nada. Lo malo es la
-vacilación. Hay que elegir un plan, y a él con los
-ojos cerrados.</p>
-
-<p>Esto lo dijo Leguía asociándolo con toda clase
-de ternos y de interjecciones.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted no es ahora amigo de Mina, don Fermín?</p>
-
-<p>&mdash;No. Me ha abandonado de mala manera. A
-pesar de eso, yo le tengo cariño al general; pero
-es demasiado absolutista. ¿Que riñe con Chapa<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>langarra
-o con Valdés? Pues ya no se puede hablar
-de Chapalangarra o de Valdés. Son unos necios,
-soberbios y ridículos. No tanto. Todos tenemos
-un poco de culpa en lo que pasa.</p>
-
-<p>&mdash;Mina debe ser muy exclusivista...</p>
-
-<p>&mdash;Sí, mucho; pero aquí lo malo no es que sea
-exclusivista, sino que no se decide. Hay unos que
-dicen que basta acercarse a la frontera para que
-todos los españoles de nuestras ideas se levanten;
-otros dicen que no, que es necesario tener
-apoyo en la península. De éstos es Mina. Pero si
-lo creía así, ¿para qué ha aceptado el proyecto
-de la expedición si no le gustaba? Valdés, Gurrea,
-Chapalangarra, Jáuregui y yo con ellos, tomamos
-en París la iniciativa esta. Si no le gustaba
-a Mina, ¿para qué tomó parte en ella? Podía
-habernos dejado a nosotros la responsabilidad y
-la dirección.</p>
-
-<p>&mdash;Es que le escribieron, le instaron...</p>
-
-<p>&mdash;Ya lo sé; pero podía no haber aceptado.</p>
-
-<p>&mdash;Hubieran dicho que era una cobardía.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, es verdad. En fin, veremos a ver qué sale
-de esto.</p>
-
-<p>Al llegar a Cambó, Lacy se despidió de Leguía
-y bajó de la imperial.</p>
-
-<p>Chapalangarra vivía en una posada del barrio<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span>
-bajo de Cambó. El bajo Cambó era entonces una
-pequeña aldea escondida entre árboles, al pie de
-una colina poblada de robles; sus casas, antiguas
-y negras, estaban en parte ocultas por emparrados
-verdes.</p>
-
-<p>Lacy preguntó por la posada que le habían indicado
-y entró en ella. Era un fonducho solitario,
-con un comedor en la parte baja y una taberna.</p>
-
-<p>En el comedor de este fonducho paseaba Chapalangarra
-de arriba a abajo, mirando al suelo,
-con las manos en la espalda.</p>
-
-<p>En un rincón de la mesa jugaban a las cartas
-cuatro muchachos, y un joven melenudo, el poeta
-Espronceda, leía sentado en un sofá.</p>
-
-<p>Al presentarse Lacy, Chapalangarra le invitó
-a salir para hablar libremente. Tenía miedo de
-los espías y no confiaba gran cosa en los jóvenes
-que le acompañaban.</p>
-
-<p>Chapalangarra era hombre serio, fuerte, grave,
-de unos cincuenta años; un tipo oscuro, ceñudo y
-sombrío. Tenía la piel ennegrecida por el sol, los
-ojos grandes, negros; iba afeitado, con tufos sobre
-las orejas. Se le hubiera podido tomar por
-un cura. Hablaba a trompicones y era desaliñado
-en el vestir.</p>
-
-<p>Durante más de una hora fué Chapalangarra<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span>
-hablando, accionando, quejándose de la frialdad
-y de la falta de entusiasmo de la gente...</p>
-
-<p>La tarde de otoño estaba tan espléndida, el
-campo tan lleno de aromas, de colores, de pájaros,
-que Lacy miraba a veces al guerrillero preguntándose
-si no dejaría un momento sus resquemores
-para echar una mirada a las maravillas de
-la Naturaleza; pero Chapalangarra no veía más
-que su mundo interior de violencias y de pasiones.</p>
-
-<p>Era el coronel de Pablo, apodado Chapalangarra,
-de la Ribera de Navarra, de Lodosa, tierra
-áspera, fea y caliente.</p>
-
-<p>Había peleado en la guerra de la Independencia
-a las órdenes de Mina; después, en los años
-de 1820 al 1823, concluyó su campaña defendiendo
-como gobernador militar, la ciudad de Alicante
-hasta lo último.</p>
-
-<p>En la época de su emigración en Londres, de
-Pablo se presentó a Mina, y en la primera entrevista
-riñó con él. Chapalangarra quería ir a España
-inmediatamente a levantar partidas liberales
-para restablecer la Constitución.</p>
-
-<p>Mina intentó convencerle de que era imposible,
-de que faltaba dinero y medios de todas
-clases. Chapalangarra se indignó y acusó a Mina
-de tibio y de indiferente.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span></p>
-
-<p>Ya para aquella época Torrijos había formado
-su partido radical entre los emigrados, en contra
-del de Mina que era más conservador. Chapalangarra
-fué invitado por los amigos de Torrijos a entrar
-en él; pero no quiso y se decidió a vivir solo,
-separado de todo el mundo, sin amigos ni partidarios.</p>
-
-<p>Chapalangarra tenía la preocupación de Mina
-y hablaba constantemente de él.</p>
-
-<p>Por entonces, en un periódico inglés, salió un
-artículo en el que se acusaba a Chapalangarra de
-actos de tiranía y de rapiña cometidos en el
-año 1823 cuando gobernaba Alicante.</p>
-
-<p>Chapalangarra denunció ante los tribunales al
-autor del artículo, y éste, temeroso de ser condenado,
-propuso retractarse en el periódico y darle
-al guerrillero una cantidad como indemnización.</p>
-
-<p>Aceptó Chapalangarra el trato, cogió el dinero
-e inmediatamente fué a casa de Mina.</p>
-
-<p>&mdash;Ya hay dinero para la Revolución&mdash;le dijo,
-y le entregó todo lo que le habían dado.</p>
-
-<p>Mina aceptó la cantidad por no defraudar las
-esperanzas de su paisano; pero éste al ver que
-pasaban los días y no le avisaban sintió redoblar
-su furor contra el caudillo, a quien acusaba de
-egoismo, de frialdad y de falta de entusiasmo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span></p>
-
-<p>Chapalangarra entonces pensó formar rancho
-aparte con Gaspar de Jáuregui (el Pastor) y que
-éste rompiera con Mina; pero Jáuregui creía en
-la estrella de Mina y no quería abandonarle por
-ningún motivo.</p>
-
-<p>Era muy monorrima la reconvención de Chapalangarra
-contra los políticos para un hombre como
-Lacy, que creía que en el mundo había algo más
-que guerras y revoluciones. Lacy se cansó pronto
-de las quejas del guerrillero y pretextó tener
-prisa.</p>
-
-<p>Volvieron los dos a Cambó, y al llegar cerca del
-puente Lacy vió que un señor le saludaba. Era
-Miguel Aristy que iba a montar en un tilburí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quiere usted venir a Ustariz?&mdash;le dijo.</p>
-
-<p>&mdash;Muchas gracias, señor Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;Si no ha traído usted coche, tiene usted que
-esperar hasta mañana.</p>
-
-<p>&mdash;¿No le estorbaré a usted?</p>
-
-<p>&mdash;No, no; de ninguna manera. Contentísimo
-en tener compañía.</p>
-
-<p>Lacy se despidió de Chapalangarra y montó en
-el cochecito de Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;Me han dado dos horas de política aburridísimas&mdash;exclamó
-Lacy.&mdash;Tenía ganas de mirar el
-campo. ¡Qué tarde más espléndida!</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Mal político&mdash;exclamó Miguel Aristy dando
-una palmada a Lacy.&mdash;¡Un político que quiere
-mirar los montes y las flores! No será usted un
-Richelieu, ni un Pitt.</p>
-
-<p>&mdash;Pse. No me importa.</p>
-
-<p>Y Miguel Aristy y Eusebio Lacy dejaron el
-bajo Cambó, y al trotecillo del caballo fueron
-bordeando el río hasta llegar a Ustariz.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>LIBRO TERCERO<br />
-LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS</h2>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="III_I">I.<br />
-VELADA EN GASTIZAR</h3>
-
-
-<p>¿<span class="smcap">Va</span> usted a quedarse en Ustariz?&mdash;preguntó
-Miguel.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, iré a la Veleta.</p>
-
-<p>&mdash;No, no; si se queda usted en Ustariz, tiene
-usted que parar en mi casa.</p>
-
-<p>&mdash;No me gusta molestar.</p>
-
-<p>&mdash;¡Molestar! ¡Ya se conoce que no vive usted
-en el campo! Si viviera usted aquí, ni en broma
-diría usted eso.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué?</p>
-
-<p>&mdash;Una persona nueva, cualquiera, en uno de
-estos pueblos vascos, tan quietos, tan inmóviles,
-es un acontecimiento; y cuando no se trata de un
-cualquiera, sino de un joven distinguido como usted,
-es un motivo de conversación para un par de
-semanas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Creo que exagera usted.</p>
-
-<p>&mdash;No. Ciertamente que no. Quédese usted esta
-noche.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno; me quedaré.</p>
-
-<p>Al parar delante de Gastizar y bajar del tilburí
-pasaron dos señoras, a quienes saludaron Aristy
-y Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Son dos damas españolas&mdash;dijo Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Sí. ¿Las conoce usted?&mdash;preguntó Aristy con
-viveza.</p>
-
-<p>&mdash;No. El otro día, cuando vinimos aquí a ver
-al coronel Malpica, las encontramos en la posada,
-que se habían refugiado por la lluvia, y el posadero
-nos dijo quiénes eran.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah!</p>
-
-<p>Miguel Aristy dejó el coche y el caballo al cuidado
-de Ichteben, a quien preguntó:</p>
-
-<p>&mdash;¿Dónde están las señoras?</p>
-
-<p>&mdash;Ahí, en el prado.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno. Entonces vamos por aquí, amigo
-Lacy. Tú desengancha el coche.</p>
-
-<p>&mdash;No&mdash;replicó Ichteben.</p>
-
-<p>&mdash;¿No? ¿Pues qué hay?</p>
-
-<p>&mdash;Está la mujer de tu hermano, y la tengo que
-llevar a Chimista.</p>
-
-<p>&mdash;Bien. Está bien.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p>
-
-<p>Miguel y Lacy cruzaron la huerta y subieron
-a un prado en cuesta con un manzanal. En lo más
-alto había un bosquecillo de robles y a su sombra
-estaban madama Aristy, madama Luxe y su hija
-Fernanda, las dos señoritas de Belsunce y Dolores
-Malpica, con los chicos.</p>
-
-<p>Dos mozos, con la cabeza cubierta por grandes
-sombreros de paja, estaban segando hierba con
-la guadaña.</p>
-
-<p>Miguel presentó a Lacy, que fué muy bien acogido
-por las damas. Madama Aristy le trató con
-gran amabilidad, y Alicia Belsunce y Fernanda
-Luxe quisieron averiguar poco después si el muchacho
-presentado a ellas estaba enamorado o no.</p>
-
-<p>Lacy tenía deseos de hablar con la hija de Malpica,
-y le preguntó por el coronel. Ella le contestó
-que le inquietaba su llegada; temía que viniera
-a llevarle a su padre.</p>
-
-<p>Miguel, que se había tendido en la hierba, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Oiga usted, Lacy; si quiere usted le traerán
-aquí algo para beber: vino, sidra o leche.</p>
-
-<p>&mdash;Tomaré un vaso de leche.</p>
-
-<p>&mdash;¿La quiere usted cocida o recién ordeñada?&mdash;preguntó
-madama Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;Es igual.</p>
-
-<p>Madama Aristy llamó a uno de los mozos que<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span>
-cortaba la hierba, que vino al poco tiempo con
-dos vacas, una de ellas seguida de un ternero recental
-que corría dando saltos y enroscando la
-cola.</p>
-
-<p>Alicia Belsunce se levantó y ordeñó a la vaca
-en una jarra de madera que dejó en la hierba.</p>
-
-<p>&mdash;¡Oh, Bucólicas de Teócrito! ¡Geórgicas de
-Virgilio! ¡pastorales de Longus! ¡Bergeries de
-Racan!&mdash;exclamó Miguel&mdash;. Alicia, al mirarte me
-figuro a María Antonieta en el Petit Trianon. El
-mejor día querrán cortarnos a nosotros la cabeza,
-y lo más triste es que tendrán razón.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué tonterías!&mdash;dijo madama de Aristy haciendo
-un gesto de impaciencia.&mdash;Parece mentira
-que mi hijo diga estas tonterías.</p>
-
-<p>&mdash;Y eso que tiene tanto talento&mdash;exclamó Fernanda.</p>
-
-<p>&mdash;¡Gracias, hija mía!&mdash;exclamó Miguel.</p>
-
-<p>&mdash;El talento de Miguel es como los fantasmas,
-no se presenta más que a los que los temen&mdash;dijo
-Alicia.</p>
-
-<p>&mdash;Alicia se nos va a convertir en la señorita
-La Rochefoucault.</p>
-
-<p>Alicia hizo un gesto de desdén. Bebieron leche
-Lacy y Fernanda Luxe. Miguel dijo que prefería
-fumar una pipa. Efectivamente, la encendió; de<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span>
-pronto, señalando el torreón de Gastizar, dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Nuestra veleta está terrible estos días; se
-agita con nerviosidad. ¿Sabe usted, Lacy que tenemos
-una veleta misteriosa?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; ya he oído hablar de ella.</p>
-
-<p>&mdash;¿Ha llegado su fama hasta España?</p>
-
-<p>&mdash;No, todavía no.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero usted cree que llegará?</p>
-
-<p>&mdash;Es posible.</p>
-
-<p>&mdash;La verdad es que ese viejo dragón tiene actitudes
-cómicas. Luego, como está desnivelado,
-eso le hace más gracioso.</p>
-
-<p>&mdash;Meterá mucho ruido al girar.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, bastante.</p>
-
-<p>&mdash;Van ustedes a llegar a tenerle miedo.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, sí, es muy posible.</p>
-
-<p>Dolores, la hija de Malpica, tenía que marcharse
-con sus chicos y se despidió de todos. Los
-demás decidieron volver a casa y fueron despacio
-hacia Gastizar.</p>
-
-<p>Gastizar en el interior estaba restaurado en
-tiempo del Imperio. Casi todas las habitaciones
-se hallaban tapizadas con papeles con figuras pseudoclásicas.
-Los muebles eran de caoba, y se veían
-en las paredes cuadros medianos de la escuela de
-David y de Gerard.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span></p>
-
-<p>Algunas habitaciones, como el salón, las había
-arreglado Miguel Aristy, más severamente, al
-gusto antiguo, con muebles de su madre y cuadros
-oscuros de la escuela de Claudio Lorena.
-El zaguán amplio de la casa, enlosado de piedra,
-tenía unas estatuas toscas que debían de haber
-salido de alguna iglesia o convento desmantelado
-en 1793.</p>
-
-<p>Además de los campos tenía Gastizar una huerta
-muy grande y un jardín. Cruzando esta huerta,
-desde la parte de atrás de la casa iba hacia el río,
-una calle de perales en arco que terminaba en un
-cenador con una mesa y unos bancos rústicos. De
-esta plazoleta del cenador se bajaba al Nive, a
-cuya orilla había un árbol donde solía estar atado
-un bote.</p>
-
-<p>La señora de Aristy no quería ir al cenador,
-porque encontraba que era sitio húmedo y malsano.
-Miguel, en cambio, solía pasar muchas horas
-en aquel rincón y pescaba barbos y anguilas.</p>
-
-<p>Después de pasear por la huerta fueron al salón,
-en donde Alicia tocó el piano. Habían llegado
-el caballero de Larresore, el padre Dostabat y
-el joven Darralde Mauleón, a quienes presentó
-Miguel a Lacy.</p>
-
-<p>Madama Luxe y su hija, Larresore y el padre<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span>
-Dostabat se quedaron a cenar y fueron en la mesa
-diez personas.</p>
-
-<p>Se habló largo rato, y después de las diez se
-retiraron madama Luxe y su hija con Darralde
-Mauleón y el padre Dostabat.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usted se acuesta temprano, Lacy?&mdash;preguntó
-Miguel.</p>
-
-<p>&mdash;No; porque me suelo dormir tarde.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces quédese usted. Charlaremos al lado
-del fuego.</p>
-
-<p>Quedaron, cerca de la chimenea, Miguel, Lacy,
-Darracq y el caballero de Larresore.</p>
-
-<p>Hicieron Miguel y el caballero varias preguntas
-acerca del propósito de los emigrados españoles, y
-en el curso de la conversación hablaron de las dos
-señoras del chalet de las Hiedras, a quien había visto
-Lacy por primera vez en la posada de la Veleta.</p>
-
-<p>&mdash;Yo tengo mis dudas acerca de estas damas&mdash;dijo
-Miguel&mdash;. Sería desagradable que tuviéramos
-aquí dos intrigantes.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué título llevan esas damas?&mdash;preguntó
-Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;La tía se hace llamar condesa de Vejer.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y de dónde es?</p>
-
-<p>&mdash;Del mismo Vejer, que debe ser un pueblo
-de la provincia de Cádiz.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Yo preguntaré en Bayona a algún gaditano&mdash;dijo
-Lacy.&mdash;¿Y qué vida hacen?</p>
-
-<p>&mdash;Las dos son muy devotas; van todos los días
-a misa con un aire muy compungido. En su casa
-tienen muchas imágenes religiosas; pero nada de
-esto me convence. Hay en ellas algo sospechoso.
-Son unas españolas que no hablan nunca español.
-Luego, un criado de aquí de casa dice que un día
-las oyó discutir a tía y sobrina insultándose con
-palabrotas. Es un poco extraño.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, muy raro es. ¿Y ustedes no las conocían
-de antes?</p>
-
-<p>&mdash;No.</p>
-
-<p>&mdash;Estuvisteis bastante torpes en aceptarlas en
-la casa&mdash;indicó Larresore.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no estaba aquí&mdash;dijo Miguel&mdash;cuando mi
-madre les alquiló el chalet de las Hiedras. Si yo
-estoy, no les alquilo. Parece que traían una recomendación
-de Bayona. Al principio, mi madre parecía
-contenta; luego estuvo diciendo que las iba
-a echar, que debían ser dos intrigantes, y después
-de repente ha cambiado y no quiere oir hablar de
-despedirlas. Yo estoy convencido de que es mala
-gente. La vieja, la que se hace llamar condesa, tiene
-todo el aire de una cortesana, aduladora, con gran
-tendencia a la tercería; la joven es de mala índole.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;¿Y usted no ha preguntado a nadie quiénes
-son?&mdash;dijo Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Sí; he preguntado a los amigos de Bayona,
-pero no las conocen. Algunos han oído hablar de
-ellas como de unas señoras españolas, y nada más.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tienen acento español?</p>
-
-<p>&mdash;Ninguno. Pero eso no significa nada; usted
-tampoco tiene acento español.</p>
-
-<p>&mdash;Es que yo me he educado en Bretaña, lo que
-no es corriente en un español. ¿Y tienen relaciones
-esas señoras?</p>
-
-<p>&mdash;Aquí tienen las relaciones que han hecho por
-mediación de mi madre. Mi madre tiene fama de
-severa; las ha aceptado a las dos, y todos los conocidos
-las han aceptado también.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué vida hacen?</p>
-
-<p>&mdash;Muy recogida. La condesa viene aquí algunas
-veces, y se muestra muy ceremoniosa y muy
-aduladora con mi madre. Su sobrina Simona dicen
-que es viuda; no sé. Conmigo comenzó a coquetear
-descaradamente, y supongo que ha tenido
-que ver algo con mi hermano.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y por qué viven en Francia?</p>
-
-<p>&mdash;No sé. Esto me parece poco explicado; ellas
-dan a entender que por cuestiones políticas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Son liberales?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No; por su conversación parecen lo contrario.
-¿No hay un partido en España que se llama
-apostólico?</p>
-
-<p>&mdash;Sí.</p>
-
-<p>&mdash;Pues dan a entender que son de ese partido.</p>
-
-<p>&mdash;Es posible. ¿Y suele venir alguien a verlas?</p>
-
-<p>&mdash;Muy poca gente. Ahora, desde hace un mes
-o cosa así, viene con frecuencia un señor del pueblo,
-un tal Choribide, un cínico. Están tramando
-algo, no sé qué.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y ellas no salen de casa?</p>
-
-<p>&mdash;Hasta hace poco, casi nada. Ahora, la sobrina
-va con frecuencia al Bazar de París, de dos
-muchachas del pueblo de una fama un tanto
-equívoca.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y viajan?</p>
-
-<p>&mdash;Antes iban muy a menudo a Bayona y tenían
-mucha correspondencia; ahora van mucho menos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y desde cuándo han dejado de ir?</p>
-
-<p>&mdash;Desde Agosto.</p>
-
-<p>&mdash;Es decir, desde la Revolución de Julio&mdash;dijo
-Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Tiene usted razón. No me había fijado en
-esa coincidencia.</p>
-
-<p>&mdash;El señor de Lacy haría un gran juez&mdash;dijo
-el caballero de Larresore.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;No, no&mdash;replicó Lacy&mdash;; como siempre ando
-entre políticos, tengo la costumbre de relacionarlo
-todo con la política, y esas señoras dan la impresión
-de que tienen algo que ver con la política.</p>
-
-<p>&mdash;¡Cierto!&mdash;exclamó Miguel.&mdash;Es una idea que
-la llevaba dentro, pero de una manera oscura.
-Ahora me parece indudable. Cuando vaya usted
-a Bayona, pregunte usted a algún español por
-ellas. A ver si las conocen.</p>
-
-<p>&mdash;Lo haré, no tenga usted cuidado.</p>
-
-<p>Después de la larga charla ya cerca de la una,
-se levantó Lacy y Miguel de Aristy le acompañó
-hasta su cuarto.</p>
-
-<p>&mdash;No se preocupe usted de la hora del coche.
-Si no lo coge usted, yo le llevaré en el tilburí.</p>
-
-<p>&mdash;No, no; preferiría que me llamaran para la
-hora de la diligencia.</p>
-
-<p>&mdash;Bueno, se le llamará. Adiós, querido Lacy&mdash;le
-dijo Miguel estrechándole la mano.</p>
-
-<p>&mdash;Adiós.</p>
-
-<p>Lacy se levantó por la mañana y salió a la carretera.
-El sol de un día de otoño comenzaba a
-dorar la tierra, cantaban los pájaros en las ramas,
-murmuraba el río en su cauce. La sierra de la serrería
-mecánica comenzaba a rezongar como un
-moscardón; el herrero martilleaba en el yunque;<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span>
-algunas mujeres pasaban en sus carruchos, y la
-panadera repartía el pan en las casas.</p>
-
-<p>Lacy contempló con simpatía este comienzo de
-la vida de la aldea. Al llegar la diligencia subió
-a ella, que marchó al trote de sus cuatro caballos
-camino de Bayona.</p>
-
-<p>Al día siguiente, al llegar Lacy a su fonda, por
-indicación del patrón, se dirigió a un italiano, empleado
-en la subprefectura, amigo de Iturri. A las
-primeras palabras el italiano sonrió maliciosamente.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué se sonríe usted?&mdash;preguntó Lacy.</p>
-
-<p>&mdash;Esas dos mujeres que viven en Ustariz han
-sido hasta ahora de la Policía&mdash;contestó el italiano.</p>
-
-<p>&mdash;¿De verdad?</p>
-
-<p>&mdash;Y tan de verdad.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero hay mujeres policías?</p>
-
-<p>&mdash;Ya lo ve usted. No sólo hay misterios en los
-folletines y en los melodramas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y éstas están reconocidas?</p>
-
-<p>&mdash;Sí; están fichadas y se tienen que presentar
-todos los meses aquí. Se las conoce por la <i>fille</i>
-Carolina y la <i>fille</i> Simona.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y desde cuándo han dejado de ser de la
-Policía?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Desde la Revolución de Julio.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y ahora qué hacen?</p>
-
-<p>&mdash;Ahora creo que trabajan para el Gobierno
-español.</p>
-
-<p>Lacy inmediatamente escribió a Miguel Aristy
-lo que le habían dicho, y contó a sus amigos de
-la Junta lo que ocurría en Ustariz.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="III_II">II.<br />
-LA POLICÍA</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Varias</span> veces había corrido por Ustariz la noticia
-de que la condesa de Vejer y su sobrina
-eran dos espías.</p>
-
-<p>De dónde pudo nacer el rumor, no se sabía;
-pero no cabía duda de que había algún dato, algún
-indicio más o menos claro para tal suposición.</p>
-
-<p>Ya desde hacía tiempo se hablaba de mujeres
-que practicaban el espionaje en beneficio de los
-partidos.</p>
-
-<p>La Policía de la Restauración fué la que comenzó
-a emplear a las mujeres en sus maquinaciones
-y sus intrigas. El Gobierno de Carlos X
-veía peligros en todas partes.</p>
-
-<p>Por un fenómeno extraño, la Policía de Francia
-se había reclutado siempre entre los tránsfu<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span>gas
-de los partidos vencidos. Así, el Poder tenía
-en la Policía su defensor y su enemigo.</p>
-
-<p>En plena Revolución, gran parte de los jefes
-de la Policía de París eran monárquicos. Sometidos
-en el período del Terror trabajaron con los
-thermidorianos en dominar la Revolución. Durante
-el Imperio la Policía francesa estaba formada
-por ex revolucionarios y dirigida por Fouché, que
-se impuso a Napoleón como luego se impuso a
-Luis XVIII amenazándole con su ejército de
-agentes ex terroristas y ex bonapartistas.</p>
-
-<p>En el Imperio, todas las autoridades civiles y
-militares eran policíacas. El ministro Fouché dió
-el tono a la política imperial; Napoleón tenía una
-policía particular, Fouché otra; al mismo tiempo
-el prefecto Dubois contaba con sus agentes especiales
-y Talleyrand con los suyos.</p>
-
-<p>Las delaciones eran constantes. Al hundirse el
-Imperio el mundo policíaco sobrevivió a la ruina
-y se pasó al servicio de los triunfadores. Los gobiernos
-de la Restauración comprendieron que
-debajo de las cenizas quedaba aún fuego revolucionario,
-y para descubrirlo los hombres de la policía
-inventaron algo más perfecto y canallesco
-que los delatores del Imperio: los agentes provocadores.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p>
-
-<p>Los agentes provocadores no se contentaban
-con traficar con las confidencias sorprendidas a
-las gentes de buena fe, o con las calumnias lanzadas
-contra los hombres proscritos por sus ideas
-liberales; los agentes provocadores urdían ellos
-mismos conspiraciones, excitaban a los locos, a
-los ilusos y los empujaban al cadalso o la prisión.
-Era llevar a la práctica la máxima jesuítica de
-que el fin justifica los medios. Así se hicieron la
-conspiración de Belfort y las algaradas de las calles
-de Saint Denis y de Saint Martín de París
-en 1827, en donde la tropa disparó contra la gente
-pacífica.</p>
-
-<p>La Policía del Gobierno reaccionario de París
-se correspondía con la de Madrid, la de Roma, la
-de Nápoles y la de Viena.</p>
-
-<p>Durante la Restauración, el partido clerical sirvió
-con su espionaje al Gobierno.</p>
-
-<p>Las iglesias, los conventos, las Asociaciones
-jesuíticas eran agencias de noticias y de informes,
-que iban de acá para allá y terminaban en
-Roma.</p>
-
-<p>Al acentuarse la política clerical con el Gobierno
-de Luis XVIII, sucedió al conde de Anglés
-como prefecto de Policía Mr. Guy Delavau, magistrado,
-hombre político que después fué del<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span>
-Consejo de Estado y que desapareció en la vida
-privada a raiz de la Revolución de Julio.</p>
-
-<p>Con la dirección de Delavau, la Policía dirigida
-por gentes de chanchullo como Freret, Vidocq
-y otros jefes, algunos salidos de presidio, comenzó
-el espionaje en las familias y en los talleres.</p>
-
-<p>Todo se hacía a fuerza de intrigas y de espías.
-Mucha gente se vengaba denunciando a la Policía
-a su amo, a quien odiaba, a un enemigo, o a
-un rival por amor.</p>
-
-<p>Cualquier procedimiento era bueno. En 1821
-la Policía quiso saber el paradero del general Bertón.
-Se intentó corromper hijos, parientes, amigos.
-En vista de que no se obtenían resultados se
-echó mano de otro recurso. Se averiguó que la
-hermana del ayudante del general tenía una criada
-algo ligera de cascos, y se pidió un agente de policía
-joven y guapo y de buen aspecto, para que
-intentara tener relaciones íntimas con la criada y
-arrancarla a ella las noticias que se deseaban.</p>
-
-<p>En esta época de Mr. Delavau, la <i>fille</i> Carolina
-y la <i>fille</i> Simona, que se hacían llamar en Ustariz
-la condesa de Vejer y su sobrina, habían
-comenzado a practicar el espionaje. Era un momento
-en que las mujeres intervenían activamente
-en la Policía.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span></p>
-
-<p>Al mismo tiempo que al Gobierno francés las
-dos mujeres servían a los apostólicos de España,
-con quienes tenían relaciones.</p>
-
-<p>Al estallar la Revolución de Julio, los confidentes
-y espías del anterior Gobierno habían quedado
-la mayoría destituídos y vigilados.</p>
-
-<p>La Carolina y la Simona, metidas en su rincón
-de Ustariz, sabiendo que les convenía no mostrarse
-en público, hicieron durante algún tiempo
-una vida muy retirada en su chalet de las Hiedras.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="III_III">III.<br />
-CAROLINA Y SIMONA</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Miguel</span> Aristy, que había sabido por la carta
-de Lacy qué clase de mujeres eran las dos
-a quienes tenía su madre alquilado el chalet de
-las Hiedras, quiso cerciorarse y enterarse con mayores
-detalles y fué a Bayona. Se presentó en la
-fonda de Iturri a ver a Lacy, y éste le llevó al
-italiano empleado en la subprefectura.</p>
-
-<p>El italiano no conocía en detalles la vida de las
-dos damas que vivían en Ustariz; únicamente sabía
-lo que había dicho ya, e indicó que el jefe de
-la Policía de Bayona podría dar una información
-más completa.</p>
-
-<p>El jefe de la Policía de Bayona, el señor Fouquier,
-había llegado a la ciudad después de la Re<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span>volución
-de Julio y no estaba enterado de los hechos
-anteriores a la época de su cargo.</p>
-
-<p>El señor Fouquier le dió a Miguel un buen
-consejo.</p>
-
-<p>&mdash;Vea usted a Masson&mdash;le dijo&mdash;que ha sido
-el jefe anterior a mí. Masson le cobrará a usted
-la consulta, pero le dará datos.</p>
-
-<p>El señor Masson vivía en una casita de campo
-a orillas del Adour, cultivando su huerta y sus
-frutales. Miguel Aristy lo encontró con una blusa
-azul larga y un sombrero de paja, podando frutales.
-Miguel Aristy le explicó un caso fingido, le
-dijo que un amigo suyo estaba enamorado de una
-tal Simona que vivía en Ustariz con una señora
-llamada Carolina, y que él desconfiando de ellas
-había tomado informes y que los informes eran
-malos.</p>
-
-<p>El señor Masson era un hombre de una cara
-reluciente y carnosa, de color cetrino, los ojos
-chiquitos y brillantes, el pelo rizado y la cara picada
-de viruelas. Había sido militar durante el
-Imperio y un explotador de su cargo de policía en
-tiempo de la Restauración.</p>
-
-<p>Masson escuchó las explicaciones de Aristy,
-y comenzó a reir con una risa sarcástica.</p>
-
-<p>&mdash;¿De manera que la Carolina y la Simona<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span>
-hacen tan bien su papel de grandes damas que se
-las tiene por condesas auténticas? Ja... ja... ja...
-¿Y hay un hidalguillo de Ustariz enamorado de
-una de ellas?... Ja... ja... ja... Es delicioso. Sí
-son buenas cómicas.</p>
-
-<p>&mdash;¿De modo que son unas aventureras?&mdash;preguntó
-Miguel.</p>
-
-<p>&mdash;¿Aventureras?... Dos prostitutas... Voy a
-ver sus fichas.</p>
-
-<p>Masson cogió un legajo y lo desató.</p>
-
-<p>&mdash;Vamos a ver la Carolina&mdash;dijo&mdash;y leyó luego:
-Carolina Michu, ha nacido en París, de familia
-obrera. Se casó en 1805 con un oficinista que
-era alcohólico completo. Cansada de su casa se
-marchó de ella con un amigo del marido. Después
-tuvo varios amantes, militares y empleados, y ya
-vieja se enredó con uno de la policía y se fué a
-Madrid. Allí se relacionó con la antigua querida
-del ministro Macanaz que vendía empleos. Se dedicó
-a negocios ilícitos de toda clase e intrigó a
-favor del general Bessieres. A consecuencia de
-esto fué expulsada de España y vino a Bayona
-empleada en la policía francesa y a sueldo de Calomarde
-para espiar a los liberales españoles. La
-Carolina Michu se hace pasar por la condesa de
-Vejer, dice que su marido el conde, murió de oi<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span>dor
-en el Perú. Carolina en Bayona es muy religiosa,
-va a todas las fiestas de iglesia y tiene una
-reunión a la que suelen ir el abate Miñano y otros
-tipos igualmente sospechosos.</p>
-
-<p>&mdash;¡Buena pieza!&mdash;exclamó Aristy.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, recomendable para la dirección de un colegio
-de señoritas. Vamos a ver la otra. Aquí está:
-Simona Busquet ha nacido en Perpiñán. Hija de
-padre desconocido. A los diez y siete años tuvo un
-amante de buena posición y quedó embarazada.
-Simona se presentó a los padres del amante dándose
-de víctima, e hizo que le entregaran dinero
-para la educación del niño, y se fué a París.
-Aquí dejó el niño en la Maternidad y vivió hoy
-con uno y mañana con otro. Es mujer áspera,
-sensual y de mal carácter. Sus amantes le cansan
-en seguida, y ella cansa a sus amantes con su
-genio violento. Un viejo, rico comerciante de
-Burdeos, le instaló en una casa de los alrededores
-de la ciudad, pero ella harta de esta vida
-sacó dinero al viejo con amenazas y se fué a
-Madrid, donde conoció a la Carolina. Ha tenido
-relaciones íntimas con el señor Regato, que es
-ahora agente del Rey de España para hacer jugadas
-de Bolsa.</p>
-
-<p>Estos eran los antecedentes de aquellas dos<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span>
-mujeres que tenían fama en Ustariz de aristócratas
-y de piadosas.</p>
-
-<p>Miguel Aristy pagó la consulta al señor Masson
-y se fué pensando que su madre se haría cruces al
-saber la clase de gente que eran las damas del
-chalet de las Hiedras.</p>
-
-<p>Madama Aristy oyó la relación que le contó su
-hijo con marcado disgusto.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué habrá que hacer?&mdash;preguntó ella.</p>
-
-<p>&mdash;Tendremos que echarlas&mdash;dijo Miguel.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, pero es un escándalo y no conviene. ¡Si
-la gente se entera! Habrá que buscar una ocasión.</p>
-
-<p>Miguel notó que su madre se hallaba muy
-preocupada con este asunto.</p>
-
-<p>Una mañana que estaba Miguel pescando vió
-que Ichteben iba con una carta al Chalet de las
-Hiedras y que volvía al cabo de media hora a
-Gastizar con otra carta en la mano.</p>
-
-<p>Al entrar en el portal Aristy vió dos o tres pedacitos
-de papel rotos, sin duda de la carta de las
-damas del Chalet. Los cogió por curiosidad. En un
-trozo ponía: No se atreverá usted a echarnos... en
-el otro: la mujer de un regicida...</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué novela habrán inventado estas mujeres!&mdash;pensó
-Miguel.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p>
-
-<p>Pasaron unos días. Las damas del Chalet de las
-Hiedras no parecían dispuestas a marcharse.</p>
-
-<p>&mdash;¿No se van esas mujeres?&mdash;preguntó Miguel
-a su madre.</p>
-
-<p>&mdash;Me han pedido un plazo y habrá que esperar.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h3 id="III_IV">IV.<br />
-CHORIBIDE EN ACCIÓN</h3>
-
-
-<p><span class="smcap">Una</span> mañana poco antes de la hora de comer,
-el señor Gastón Choribide se presentó en el
-Chalet de las Hiedras. Llamó a la campanilla y al
-salir la criada le dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Señorita, quisiera saludar a la señora condesa
-de Vejer. Haga usted el favor de decirle que
-el caballero Gastón de Choribide pregunta por
-ella.</p>
-
-<p>La criada indicó a Choribide que subiese una
-escalera y le hizo pasar a un saloncito. Choribide
-aprovechó el momento para arreglarse la corbata
-y echarse una mirada en el espejo y permaneció
-inmóvil apoyado en el bastón y con el sombrero
-de copa en la mano en una actitud estudiada.</p>
-
-<p>Al cabo de unos minutos se abrió la puerta y
-apareció la condesa de Vejer.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Señora&mdash;dijo Choribide juntando los pies para
-hacer la reverencia&mdash;perdone usted que sin tener
-el honor de conocerla tenga el atrevimiento de
-presentarme en su casa.</p>
-
-<p>&mdash;Caballero&mdash;replicó la dama con aire altivo&mdash;usted
-dirá lo que le trae por aquí.</p>
-
-<p>&mdash;Voy en seguida.</p>
-
-<p>La condesa de Vejer era una mujer alta, pintada,
-voluminosa, de ojos grandes y sombreados.
-Vestía de negro, con cierto aire de dama de teatro,
-llevaba los dedos llenos de sortijas y el pelo empolvado
-de blanco.</p>
-
-<p>&mdash;Es un poco largo lo que tengo que decir&mdash;dijo
-Choribide.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien. Le escucho a usted.</p>
-
-<p>&mdash;Usted me perdonará que me siente&mdash;y Choribide
-levantó los faldones de la casaca y se sentó
-en un sillón que tenía los brazos terminados en
-dos cabezas de pato doradas.</p>
-
-<p>La condesa se sentó en un canapé.</p>
-
-<p>&mdash;Señora&mdash;dijo Choribide con el sombrero de
-copa en las rodillas&mdash;lo que tengo que decirle a
-usted es bastante reservado y no quisiera que
-nos interrumpieran.</p>
-
-<p>&mdash;Cuántos preámbulos, caballero&mdash;exclamó la
-dama impacientada.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Son necesarios, indispensables. Yo soy un
-hombre que no me ha gustado nunca mortificar
-a nadie. Mi viejo amigo Garat suele decir de mí:
-Quizás se pueda acusar a Choribide de tener una
-moral oscura y todavía inédita, pero nadie podrá
-dudar de su sensibilidad. Pues bien, señora condesa,
-para facilitar mis explicaciones le contaré
-a grandes rasgos mi vida.</p>
-
-<p>&mdash;¿Es necesario, caballero?</p>
-
-<p>&mdash;Es necesario hasta cierto punto. Yo, señora,
-de joven he sido una bala perdida. No he sido de
-esos hombres fríos, de esos moluscos sin sangre y
-sin nervios que pueden vivir en un rincón. Yo necesitaba
-dinero, necesitaba mujeres, un poco de
-lujo y de comodidad, y tomaba todo esto de donde
-podía; comprenderá usted que no con los procedimientos
-de los caballeros de la Tabla Redonda sino
-con los procedimientos de otros caballeros. Así
-que he sido jugador de ventaja, he estado asociado
-con gentes que hacían asignados falsos y he sido
-de la policía. Es lo más sucio que he sido en toda
-mi carrera. ¿Comprende usted señora condesa de
-Vejer por qué tiene algún interés que cuente mi
-vida?</p>
-
-<p>&mdash;No, no lo comprendo&mdash;dijo con inquietud
-madama Carolina.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span></p>
-
-<p>Choribide hizo un gesto de resignación irónico,
-dejó el sombrero y el bastón en un velador y cruzó
-una pierna sobre otra con abandono.</p>
-
-<p>&mdash;Ya que no lo comprende usted fácilmente,
-voy a contarle la historia de una tal Carolina y
-de una tal Simona según aparecen en los registros
-de la policía.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y usted pretende?...</p>
-
-<p>&mdash;Yo no pretendo nada. Es la policía que pretende
-que la tal Carolina se hace pasar en Ustariz
-por la condesa de Vejer. Ahora señora&mdash;y
-Choribide se levantó con aire de joven y tomó su
-sombrero y su bastón&mdash;le voy a plantear la siguiente
-disyuntiva: ¿Conoce usted a la tal Carolina?
-Espere usted. No me conteste usted todavía.
-Si me dice usted: Sí la conozco, habrá entre nosotros
-paz y será usted para mí la condesa de Vejer.
-Si me dice usted no, habrá entre nosotros
-guerra y yo me retiraré al momento.</p>
-
-<p>La Carolina azorada por completo vaciló en decidirse.</p>
-
-<p>&mdash;¿La conoce usted sí o no?&mdash;preguntó de nuevo
-Choribide con un acento sarcástico y duro.</p>
-
-<p>&mdash;Sí la conozco&mdash;murmuró ella humildemente.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien, señora condesa. Tiene usted desde<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span>
-ahora en mí un servidor incondicional, un asociado.
-Conozco el país mejor que ustedes. Sé al
-dedillo la historia de las gentes. Mis conocimientos
-los pongo a la disposición de usted.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué pretende usted en cambio?</p>
-
-<p>&mdash;Yo soy como he tenido el honor de decirle
-antes, señora condesa, un hombre de vida borrascosa.
-Al llegar aquí me casé con una mujer de
-algún capital. Dicen que había sido la querida
-de su tío el vicario. No sé, es cosa que no me
-preocupa. Mi mujer tiene un sobrino, el teniente
-Rontignon que es ex oficial de la Guardia Real.
-Rontignon es un hombre sin energía, un hombre
-de café, tonto y tímido a pesar de su jactancia;
-a mí en su estado actual me estorba y he pensado
-en casarlo con madama Luxe.</p>
-
-<p>&mdash;Madama Luxe es una mujer riquísima&mdash;observó
-Carolina.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, es verdad. Mi sobrino no es rico, pero es
-joven, guapo, y lleva uniforme. Yo he pensado
-que usted que tiene buenas relaciones con el Gobierno
-español, podría conseguir para mi sobrino
-a cambio de los servicios que yo le prestaré, una
-condecoración, una gran cruz que en un realista
-como él vendrá muy bien.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, sí, se conseguirá. Escribiré a mi amigo el<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span>
-señor de Calomarde y no tendrá inconveniente
-en otorgarle una gran cruz. ¿Y a usted, Choribide,
-no le gustaría tener una condecoración?</p>
-
-<p>&mdash;No, a mí no&mdash;dijo Choribide con una claridad
-irónica en sus ojillos grises&mdash;parecería lógico
-que yo que he sido un pillo sintiera la necesidad
-de tener algún prestigio social, pero no; soy un
-pillo filósofo.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué bromista!</p>
-
-<p>&mdash;No, no es broma, condesa. Lo que digo es
-el Evangelio.</p>
-
-<p>&mdash;Y con la cruz ¿cree usted que su sobrino
-Rontignon convencerá a madama Luxe?</p>
-
-<p>&mdash;Ya veremos.</p>
-
-<p>&mdash;Hum ¡qué sé yo!</p>
-
-<p>&mdash;La gran cruz es el adorno. Lo esencial es que
-Rontignon es joven, guapo y estúpido. ¿Qué más
-puede pedir una mujer?</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué opinión tiene usted de nuestro sexo!&mdash;dijo
-madama Carolina tomando un aire tierno y
-sentimental.</p>
-
-<p>Choribide sonrió.</p>
-
-<p>&mdash;No es una opinión. Es una convicción&mdash;dijo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tan mal le han tratado las mujeres?</p>
-
-<p>&mdash;Ha habido de todo&mdash;contestó el pillo filósofo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y sus datos, Choribide?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Cuando los necesite usted. Usted me manda
-una nota o un aviso de que venga, lo que usted
-prefiera. Para algunas investigaciones quizás se
-necesite algún dinero.</p>
-
-<p>&mdash;Lo hay. El señor de Calomarde me ha escrito
-que gastemos el dinero necesario sin miedo.
-El asunto es de transcendencia y es indispensable
-que de cualquier modo la expedición liberal tenga
-un fracaso ruidoso.</p>
-
-<p>&mdash;Lo tendrá.</p>
-
-<p>&mdash;Muy bien. Ahora le voy a presentar a mi sobrina.</p>
-
-<p>La condesa salió del salón seguida de Choribide,
-bajó hasta un cenador del huerto donde Simona
-estaba leyendo.</p>
-
-<p>&mdash;Simona&mdash;dijo madama Carolina&mdash;el señor
-Choribide; un amigo y un aliado.</p>
-
-<p>Choribide hizo la reverencia echando un pie hacia
-atrás a la moda antigua, una reverencia digna
-de un pisaverde del Palais Royal del tiempo de
-madama Tallien, y después de unas cuantas galanterías
-se despidió de las dos aventureras besándoles
-la mano.</p>
-
-<p>Mientras cruzaba la huerta de la casa sus labios
-finos sonreían y en sus ojos había una claridad
-alegre y burlona.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span></p>
-
-<p>Al llegar a la puerta del jardín, Choribide echó
-una mirada a la torrecilla de Gastizar. El viento
-andaba revuelto, el viejo dragón cambiaba de rumbo
-a cada paso y rechinaba agriamente. Aquel
-malvado basilisco, aquella furia super-terrestre
-estaba en un momento de inquietud. Sin duda, tenía
-que anunciar catástrofes y calamidades sin
-cuento.</p>
-
-<p class="p2 i2"><i>La Caleta, Noviembre, 1917.</i></p>
-
-
-<p class="center p4">FIN DE LA VELETA DE GASTIZAR</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-
-<h2>ÍNDICE</h2>
-
-
-<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="indice">
-
-<tr>
- <td class="tdr" colspan="3">Páginas.</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl smcap" colspan="2"><a href="#PROLOGO">Prólogo</a></td>
-<td class="tdrb">9</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="2">LIBRO PRIMERO<br />LA FAMILIA DE ARISTY</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">I.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_I">Los viajeros</a></td>
-<td class="tdrb">17</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">II.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_II">La posada de la Veleta</a></td>
-<td class="tdrb">25</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">III.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_III">Ustariz y su grande hombre</a></td>
-<td class="tdrb">39</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IV.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_IV">Gastizar y Chimista</a></td>
-<td class="tdrb">49</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">V.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_V">La tertulia de Gastizar</a></td>
-<td class="tdrb">63</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VI.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_VI">Don Valentín de Malpica</a></td>
-<td class="tdrb">75</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_VII">Retratos de familia</a></td>
-<td class="tdrb">87</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VIII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_VIII">Los parientes y los amigos de la casa</a></td>
-<td class="tdrb">97</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IX.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_IX">Choribide el versátil</a></td>
-<td class="tdrb">111</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">X.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_X">Un solitario</a></td>
-<td class="tdrb">127</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">XI.</td>
-<td class="tdl"><a href="#I_XI">Los locos del pueblo</a></td>
-<td class="tdrb">131</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="2">LIBRO SEGUNDO<br />LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">I.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_I">Dos amigos</a></td>
-<td class="tdrb">139</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">II.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_II">Estampa de Bayona en 1830</a></td>
-<td class="tdrb">149</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">III.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_III">Las amistades de Lacy</a></td>
-<td class="tdrb">153</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IV.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_IV">Los grupos hostiles</a></td>
-<td class="tdrb">159<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">V.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_V">Las estelas sentimentales</a></td>
-<td class="tdrb">165</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VI.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_VI">Los preparativos</a></td>
-<td class="tdrb">169</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_VII">Una carta de Tilly</a></td>
-<td class="tdrb">175</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">VIII.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_VIII">Los jefes</a></td>
-<td class="tdrb">181</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IX.</td>
-<td class="tdl"><a href="#II_IX">Gestiones de Lacy</a></td>
-<td class="tdrb">191</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdcc" colspan="2">LIBRO TERCERO<br />LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">I.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_I">Velada en Gastizar</a></td>
-<td class="tdrb">205</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">II.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_II">La policía</a></td>
-<td class="tdrb">219</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">III.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_III">Carolina y Simona</a></td>
-<td class="tdrb">225</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdr">IV.</td>
-<td class="tdl"><a href="#III_IV">Choribide en acción</a></td>
-<td class="tdrb">231</td>
-</tr>
-
-</table>
-<p>&nbsp;</p>
-<hr />
-<p>&nbsp;</p>
-
-<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/>
-
-Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br />
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br />
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/>
-La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p>
-
-<p>&nbsp;</p>
-<p>&nbsp;</p>
-<hr class="full" />
-<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN: #8 LA VELETA DE GASTIZAR***</p>
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-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm web site
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.</p>
-
-<p>1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.</p>
-
-<p>1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
-provided that</p>
-
-<ul>
-<li>You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."</li>
-
-<li>You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.</li>
-
-<li>You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.</li>
-
-<li>You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.</li>
-</ul>
-
-<p>1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The
-Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm
-trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.</p>
-
-<p>1.F.</p>
-
-<p>1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
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-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.</p>
-
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-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
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-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
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-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.</p>
-
-<p>1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.</p>
-
-<p>1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.</p>
-
-<p>1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.</p>
-
-<p>1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause. </p>
-
-<h3 class="pg">Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm</h3>
-
-<p>Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.</p>
-
-<p>Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org.</p>
-
-<h3 class="pg">Section 3. Information about the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation</h3>
-
-<p>The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.</p>
-
-<p>The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
-mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
-volunteers and employees are scattered throughout numerous
-locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
-Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
-date contact information can be found at the Foundation's web site and
-official page at www.gutenberg.org/contact</p>
-
-<p>For additional contact information:</p>
-
-<p> Dr. Gregory B. Newby<br />
- Chief Executive and Director<br />
- gbnewby@pglaf.org</p>
-
-<h3 class="pg">Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation</h3>
-
-<p>Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.</p>
-
-<p>The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit <a href="http://www.gutenberg.org/donate">www.gutenberg.org/donate</a>.</p>
-
-<p>While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.</p>
-
-<p>International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.</p>
-
-<p>Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate</p>
-
-<h3 class="pg">Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.</h3>
-
-<p>Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.</p>
-
-<p>Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.</p>
-
-<p>Most people start at our Web site which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org</p>
-
-<p>This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.</p>
-
-</body>
-</html>
-
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