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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - - -Title: Memorias de un Hombre de Acción: #8 La Veleta de Gastizar - - -Author: Pío Baroja - - - -Release Date: September 7, 2016 [eBook #53003] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - - -***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN: -#8 LA VELETA DE GASTIZAR*** - - -E-text prepared by Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading -Team (http://www.pgdp.net) from page images generously made available by -Internet Archive/Canadian Libraries (https://archive.org/details/toronto) - - - -Note: Images of the original pages are available through - Internet Archive/Canadian Libraries. See - https://archive.org/details/laveletadegastiz00baro - - -Nota del Transcriptor: - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las - minúsculas) han sido sustituidas por letras mayúsculas - de tamaño normal. - - - - - -MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN - -LA VELETA DE GASTIZAR - - - * * * * * * - - OBRAS PUBLICADAS - - - PÍO BAROJA - - PARADOX, REY, 3,00 ptas. LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LA BUSCA, - 3,50. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD, EGOLATRÍA, 3,50. EL - ÁRBOL DE LA CIENCIA, 3,50. LA VELETA DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS - DE 1830, 4,00. - - - JULIO VALLÉS - - EL NIÑO (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas. - - - ENRIQUE BARBUSSE - - EL FUEGO EN LAS TRINCHERAS, 4,00 ptas. - - - CARLOS RIVET - - EL ÚLTIMO ROMANOF (historia del Tsar de Rusia y su corte), 3,50 ptas. - - - JUAN GUALBERTO NESSI - - AVENTURAS DEL SUBMARINO ALEMÁN U..., 2,00 ptas. - - - JULIÁN SOREL - - LOS HOMBRES DEL 98. UNAMUNO, 2,00 ptas. - - - LORENZO GALLEGO CARRANZA - - LECCIONES DE TOPOGRAFÍA. Obra adaptada al nuevo programa de esta - asignatura en la Academia de Infantería y aprobada como texto - definitivo para la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00 - pesetas. Contiene 32 láminas en colores. - - * * * * * * - - OBRAS DE PÍO BAROJA - - VIDAS SOMBRÍAS (agotada). IDILIOS VASCOS (agotada). EL TABLADO DE - ARLEQUÍN, 1,00 pta. NUEVO TABLADO DE ARLEQUÍN, 3,00. JUVENTUD, - EGOLATRÍA, 3,50. - - - LAS TRILOGÍAS - - - TIERRA VASCA - - LA CASA DE AIZGORRI, 1,00 pta. EL MAYORAZGO DE LABRAZ, 3,00. ZALACAIN - EL AVENTURERO, 1,00. - - - LA VIDA FANTÁSTICA - - CAMINO DE PERFECCIÓN, 1,00. INVENTOS, AVENTURAS Y MIXTIFICACIONES DE - SILVESTRE PARADOX, 1,00. PARADOX, REY, 3,00. - - - LA RAZA - - LA DAMA ERRANTE, 3,00. LA CIUDAD DE LA NIEBLA, 3,00. EL ÁRBOL DE LA - CIENCIA, 3,50. - - - LA LUCHA POR LA VIDA - - LA BUSCA, 3,50. MALA HIERBA, 3,50. AURORA ROJA, 3,50. - - - EL PASADO - - LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS, 3,00. LAS - TRAGEDIAS GROTESCAS, 3,00 - - - LAS CIUDADES - - CÉSAR O NADA, 4,00. EL MUNDO ES ANSÍ, 3,50 - - - EL MAR - - LAS INQUIETUDES DE SHANTI ANDÍA, 3,50 - - - MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN - - EL APRENDIZ DE CONSPIRADOR, 3,50. EL ESCUADRÓN DEL BRIGANTE, 3,50. - LOS CAMINOS DEL MUNDO, 3,50. CON LA PLUMA Y CON EL SABLE, 3,50. LOS - RECURSOS DE LA ASTUCIA, 3,50. LA RUTA DEL AVENTURERO, 3,50. LA VELETA - DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS DE 1830, 4,00. - - * * * * * * - - -MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN - -LA VELETA DE GASTIZAR - - -Copyright by Rafael Caro Raggio--1918. -Es propiedad. -Prohibida la reproducción._ - -Imp. de ALREDEDOR DEL MUNDO, Martín de los Heros, 65. - - - - -PÍO BAROJA - -MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN - -LA VELETA DE GASTIZAR - -Novela - - - - - - - -[Ilustración] - -Rafael Caro Raggio: Editor -Calle de Ventura Rodríguez, 18 -1918 - - - - -PRÓLOGO - - -ERA un dragón, una sierpe, una salamandra, un monstruo hórrido, difícil -de clasificar, con una corona de tres picos en la cabeza y un dedo de -su mano derecha en los labios como para imponer silencio. ¿A quién? No -lo sabemos. - -Este dragón se hallaba encaramado sobre el mundo, una bola de hierro -negra, sujeta en un vástago y tenía la humorada de señalar el Norte -y el Sur, el Este y el Oeste, cosa no difícil de comprender si se -añade que el grifo, basilisco o dragón, formaba parte de un pequeño y -simpático artefacto que llamamos veleta. - -Esta veleta coronaba la torre de la casa solariega de un pueblo -labortano. - -Era un monstruo rabioso, aquel monstruo indefinido que dominaba su -mundo, un monstruo rechinador, malhumorado, que giraba desde hacía -muchos años, no se sabía cuantos, en la vieja torre de Ustariz que -tenía Gastizar por nombre. - -Sus garras amenazaban alternativamente a los cuatro puntos cardinales, -de su boca salían llamas que por arte mágico se convertían en una -flecha, sus orejas estaban atentas a todo cuanto se hablaba y se -murmuraba en el pueblo. - -Para neutralizar la perversidad y la iracundia de aquella furia -super-terrestre, para dulcificar su pérfida malicia, el artífice que -le dió forma mortal le fijó para siempre en la cola el anagrama de -Jesús-Cristo: J. H. S. - -Así este dragón tosco y quimérico representaba el dualismo de las cosas -humanas y divinas: por la cabeza al diablo y por la cola a Dios; por -delante la ciencia, el materialismo, la duda; por detrás el misticismo, -y la piedad; por un lado todo malicia, ironía y desprecio para los -mortales por el otro todo benevolencia y resignación cristiana. - -En aquella peligrosa altura, en aquella posición incómodamente ambigua, -Ormuz y Ariman en una misma pieza, tenía que girar a todas horas el -pobre y lastimero dragón de Gastizar. No era extraño que su genio se -hubiese agriado y que rechinase con tanta frecuencia. - -La soledad le había hecho melancólico. Las alturas aislan. Aquel viejo -basilisco no tenía amigos; únicamente una lechuza parda se posaba en el -remate de la veleta y solía estar largo tiempo contemplando desde allí -arriba el pueblo. - -¿El dragón roñoso y la lechuza de plumas suaves y de ojos redondos -se entendían? ¿Quién podía saberlo? ¿Venía ella--el pájaro sabio del -crepúsculo--a recibir órdenes de aquel basilisco chirriante e infernal -agobiado por su apéndice cristiano? ¿O era el basilisco el que recibía -las órdenes de la lechuza? - -Si alguien traía órdenes era indudablemente la lechuza. ¿De donde? Lo -ignoramos. - -El viejo dragón velaba sobre el pueblo. El dirigía los fantasmas de -la noche, él hacía avanzar las nubes obscuras que pasaban delante de -la Luna, él irritaba y calmaba los ábregos y los aquilones con sus -movimientos bruscos y sus chirridos agudos. - -En los días de tempestad mientras el vendaval soplaba con fuerza, el -dragón mugía y chillaba escandalosamente; en las tormentas, a la luz -de los relámpagos, se presentaba terrible e iracundo, en cambio en los -días de sol, cuando la claridad dorada se esparcía por las colinas -verdes del Labourt, ¡qué humilde! ¡qué domesticado! ¡Qué buenazo -aparecía el dragón de Gastizar vencido por el anagrama cristiano de su -cola! - -Aun en estos días tranquilos miraba con cierta sorna a la gente que, -sin duda, desde su altura le parecía pequeña, a veces se volvía -despacio como para dirigir al espectador una cortesía amable, a veces -le daba la espalda con un marcado desprecio. - -A pesar de su maldad, de su energía y de su furia, el dragón de -Gastizar desde hacía algunos años se movía con dificultad para dar sus -órdenes. - -¿Era que su aditamento cristiano le iba dominando y adormeciendo? - -¿Era que sus articulaciones se entorpecían con el reumatismo y la gota? - -¿Era solamente la edad? - -Fuese lo que fuese era lo cierto que durante largas temporadas el -dragón quedaba inmóvil, sin poder inclinarse ni a la derecha ni a la -izquierda, furioso, amenazando con un ademán de cómica impotencia al -universo. - -A veces una ráfaga de aire le infundía un momento de vida y sus garras -se agitaban estremecidas en el aire y su lengua de llamas vibraba con -saña, pero al poco tiempo volvía a su inmovilidad con el aspecto triste -de un paralítico. - -Alguien, probablemente algún burlón había echado a volar la especie -de que la anquilosis de la veleta coincidía con la tranquilidad de la -villa y en cambio sus movimientos bruscos con los conflictos, con las -guerras, con las pestes, con las revoluciones... - - - - -LIBRO PRIMERO - -LA FAMILIA DE ARISTY - - - - -I. - -LOS VIAJEROS - - -HABÍAN salido los tres viajeros de Bayona, a caballo, por la puerta de -Mousserolles, una tarde de otoño. Uno de los jinetes, ya viejo, con el -pelo gris, tenía un aplomo al caer en la silla, propio de un militar; -el otro, un joven rubio, montaba como el que ha tomado lecciones de -equitación en un picadero, y el último, un muchacho moreno y de ojos -negros brillantes, apenas sabía más que sostenerse sin caer sobre su -cabalgadura. Afortunadamente para él llevaba una yegua blanca vieja y -pacífica que a duras penas salía del paso. - -Los tres jinetes eran españoles. Tomaron poco después de salir de -Bayona por la carretera que corre al lado del río Nive y fueron -charlando. - -El tiempo estaba hermoso, la tarde tranquila y apacible; las hojas iban -amarilleando en los árboles de ambos lados del camino y el follaje de -los robledales en la falda de los montes comenzaba a enrojecer. - -Había nubarrones en el cielo en la dirección de la costa. - -Al pasar los jinetes por delante de Villefranque les sorprendió una -turbonada; las nubes comenzaron a invadir rápidamente el cielo y lo -encapotaron en poco tiempo; unos minutos después gruesas gotas redondas -como monedas cayeron en la carretera. - -El chaparrón fué arreciando y los jinetes tuvieron que picar la espuela -a sus caballos, cosa un tanto comprometida para el joven moreno de los -ojos brillantes, a quien se vió inclinarse a derecha e izquierda como -un saco mal atado, a los movimientos del trote brusco de su yegua. - -Llegaron los viajeros en el instante en que más arreciaba la lluvia a -las proximidades de Ustariz, y se detuvieron enfrente de una gran cruz -pintada de rojo con los instrumentos de suplicio. - ---¿Qué hacemos?--preguntó el viejo.--¿Estamos ya en el pueblo? - ---Ahí se ve la iglesia--advirtió el joven rubio. - -Efectivamente, por encima de un grupo de árboles se destacaba el -campanario de la iglesia en medio de la bruma. - ---El pueblo creo que está desparramado por el valle--indicó el muchacho -moreno;--voy a preguntar en una de estas casas por la posada. - ---Yo voy contigo--dijo el joven rubio y bajó del caballo. - -El moreno hizo lo mismo, y los dos llevando los caballos de las riendas -pasaron un portillo y se acercaron a una casa que se veía a unos -doscientos pasos de la carretera. - -El muchacho moreno dió las riendas a su compañero y entró en el -caserío. Un campesino viejo y flaco que fumaba una pipa de barro se le -acercó. - ---¿Esto es Ustariz?--le preguntó en vascuence el muchacho moreno. - ---Sí, señor. - ---¿Está lejos una casa que se llama Chimista? - ---Sí, bastante lejos. - ---¿Y la posada está también lejos? - ---No, ahí cerca. Sigan ustedes por el camino, pasen ustedes la iglesia -y pregunten por la Veleta. - -El campesino salió al portal de la casa a indicar el sitio aproximado -en donde estaba la posada. - -Los dos jóvenes volvieron a salir a la carretera y se unieron con el -viejo compañero. Pasaron por delante de la iglesia y se detuvieron al -par de una casa que tenía una muestra recién pintada con la bandera -tricolor, en donde podía leerse: - - A LA VELETA DE USTARIZ - - CAFÉ. POSADA - -El jinete viejo saltó de la silla rápidamente, le siguieron los dos -jóvenes y entraron todos en el gran zaguán de la posada. Había allí un -tilburí y dentro un señor esperando el paso de la tormenta. - ---¿Qué hacemos?--preguntó el viejo español. - ---Nos quedaremos aquí--contestó el muchacho moreno. - ---Sí, si no van ustedes a ponerse perdidos--advirtió el posadero que se -presentó para llevar los caballos a la cuadra. - ---Yo me voy--dijo el caballero del tilburí al posadero,--porque hay -lluvia para rato;--y saliendo del portal a la carretera hizo tomar el -trote largo a su caballo. - -El viejo y los dos jóvenes españoles quedaron en el zaguán. Al volver -el posadero el viejo español le preguntó: - ---¿Hay mucho de aquí a un caserío que se llama Chimista? - ---Más de una hora. - ---¿Buen camino? - ---No muy malo. Ahora no pueden ustedes ir. Suban ustedes. - -Los viajeros subieron hasta una sala del piso principal, donde se -sentaron. - ---¿Quieren ustedes algo?--preguntó el posadero. - ---Tomaremos sidra--dijo el muchacho moreno. - ---¿Van ustedes a cenar? - ---Si escampa seguiremos la marcha--advirtió el viejo. - ---Ya me parece que no escampa--replicó el joven rubio. - ---Entonces lo dejaremos para mañana. - ---Y yo mandaré hacer la cena--dijo el posadero. - ---Bueno. - -Los viajeros se sentaron a la mesa y esperaron a que el posadero -viniera con unos vasos y dos botellas. Era el posadero hombre de -treinta a cuarenta años, corpulento, de cara redonda y expresión -tranquila y burlona. Vestía grandes botas con polainas, pantalones -anchos de pana azul, faja encarnada, blusa negra adornada con bordados -y boina muy grande. - -Estando sirviendo la sidra le llamó la muchacha y el posadero salió de -prisa del cuarto. - -Poco después se oyó que hablaba con unas señoras. - -Los dos españoles jóvenes salieron, movidos por la curiosidad, a la -puerta de la sala y vieron en el pasillo a una señora ya de edad, con -el pelo blanco, y a otra de unos treinta años, las dos muy elegantes. -A juzgar por sus palabras habían entrado en la posada huyendo de la -lluvia, y el posadero iba a mandar inmediatamente a la criada a casa -de estas damas por dos paraguas. Las señoras fueron a descansar al -comedor, que estaba en el extremo opuesto del pasillo adonde daba la -sala en que se encontraban los españoles. - -La muchacha volvió pronto con los paraguas y las señoras se dispusieron -a salir. - -El joven moreno, como si tuviera algo que hacer, salió de la sala y se -cruzó con ellas. La más joven le echó una mirada viva y sonrió. - -Al volver el posadero a la sala el muchacho le preguntó: - ---¿Éstas señoras son de aquí? - ---No; son españolas como ustedes. - ---¡Españolas! ¿Cómo se llaman? - ---Son la condesa de Vejer y su hija. - ---¿Y viven aquí? - ---Sí; viven en el chalet de las Hiedras, que les alquila madama de -Aristy, la dueña de la casa de Gastizar. Madama de Aristy es la madre -de este caballero que estaba antes en el portal con un tilburí. - -El joven se asomó a la ventana y vió alejarse por la carretera a las -dos damas. - - - - -II. - -LA POSADA DE LA VELETA - - -DOS establecimientos de Ustariz rivalizaban en la obra de misericordia -de dar posada al peregrino: uno la Veleta, el otro el Caballo Blanco. - -Los dos representaban épocas distintas y enemigas; los dos simbolizaban -un régimen político y social diferente: la Veleta de Ustariz era la -posada de la monarquía de Julio; el Caballo Blanco había sido la de la -Restauración Borbónica. Las posadas del Imperio y las anteriores no -habían llegado en el pueblo al alto honor de tener nombre y enseña. - -El Caballo Blanco había sido el primero que disfrutó estas mercedes en -Ustariz. El Caballo Blanco, como casi todas las posadas y tabernas de -Francia que tenían este nombre, intentó transformarse después de la -Revolución de 1830 en la posada del Héroe de ambos mundos en honor del -general Lafayette; pero esta transformación la llevó a cabo el posadero -de Ustariz con tan poca fe y tan poca pintura, que el letrero antiguo -se transparentaba por debajo del nuevo. - -En los pueblos en donde el entusiasmo republicano era grande, y en -vista de que Lafayette parecía aburguesarse y consideraba a Luis -Felipe como la mejor de las Repúblicas, los Caballos Blancos tuvieron -una segunda transformación y quedaron convertidos en los Caballos -Tricolores. Para que los Caballos Blancos se convirtieran en Tricolores -se añadía a los hipógrifos pintados en la muestra una escarapela o una -bandera francesa. - -El Caballo Blanco de Ustariz no era un caballo de pura sangre ni un -caballo revolucionario; le faltó la energía para esta nueva carrera; no -pudo transmigrar a su tercer avatar y se quedó durante algún tiempo en -un Caballo Blanco vergonzante, hasta que, hostigado y mareado por su -enemiga la Veleta, desapareció años después yendo probablemente a parar -su muestra al cielo de los caballos pintados y de los demás animales -fabulosos y reales de las enseñas de las tabernas. - -La Veleta de Ustariz rivalizó durante mucho tiempo con el Caballo -Blanco y acabó por vencerlo; fué para el Caballo Blanco lo que Luis -Felipe para la rama mayor de los Borbones. - -En esta época de 1830 la Veleta no había conseguido aún su triunfo -definitivo; no había conseguido que la diligencia se detuviera delante -de su puerta, y por una tradición que a Esteban Irisarri, el posadero -de la Veleta, le parecía irritante el coche correo seguía hasta el -Caballo Blanco. - -Había entonces en el pueblo dos servicios de coches públicos; la -diligencia que se llamaba La Bayonesa y el Cuco, que tenía por nombre -La Nivelle. La Bayonesa con sus carteras del correo paraba en el -Caballo Blanco y el Cuco en la Veleta. - -La Veleta de Ustariz se hallaba establecida en la carretera, en una -casa grande de dos pisos, oculta en el verano, por la parte de atrás, -por una parra. - -Esta posada tenía en el piso bajo una tienda, mitad café y mitad -taberna, con las paredes recién pintadas de color de sangre de toro muy -brillantes. - -En una esquina, el dueño había mandado poner un banderín de madera con -los tres colores nacionales y en medio el letrero: A la Veleta de -Ustariz. - -En la planta baja había café, taberna, la bodega, la cuadra y una -cocina espaciosa con chimenea de gran campana, dos mesas largas con -bancos y el techo lleno de jamones y chorizos colgados y de quesos -puestos sobre estantes de madera. - -Desde el zaguán, enlosado con grandes piedras, partía una escalera de -castaño carcomida y recompuesta hasta el rellano del primer piso. - -De aquí se pasaba, por una puerta de cristales, a un corredor algo -oscuro que tenía alcobas a un lado y a otro. En uno de los extremos del -pasillo, hacia la carretera, estaba la sala, y en el otro lado, hacia -la huerta, el comedor. - -En la sala, tapizada con un papel verde aceituna, casi siempre con las -ventanas entornadas, se veían algunos muebles descabalados de estilo -Imperio, un espejo sin brillo y lleno de puntitos blancos y varias -litografías de colores detonantes con las hazañas de Mazzepa y del -príncipe Poniatowski. - -Este salón de la Veleta de Ustariz pasaba en el pueblo por un salón -elegante y confortable, digno de un hotel de Bayona. - -Hacia el lado de la huerta el comedor de la posada daba a un balcón, -en verano siempre en sombra por el follaje de una parra que hacia de -cortina verde y tupida. - -El comedor tenía un papel nuevo que Esteban Irisarri, el posadero -de la Veleta, consideraba uno de los mayores atractivos de la casa. -Representaba la catarata del Niágara, al natural, como decía él. Cerca -de la catarata paseaban caballeros elegantes en briosos corceles, y -señoras reclinadas en fastuosos landós con lacayos negros y perros de -aguas. - -Rompiendo una parte de la catarata había un ventanillo que comunicaba -con un cuarto por el que se bajaba a la cocina, y por este ventanillo -la mujer de Esteban, la Juana Mari, sacaba la comida para que la -sirviera la criada. En el centro del comedor había una mesa ovalada -donde podían sentarse quince o veinte personas. En este comedor de la -Veleta de Ustariz se servía únicamente a los forasteros distinguidos -por un módico sobreprecio. La gente del pueblo y los campesinos iban -siempre a comer a la cocina. - -Esteban Irisarri, el dueño de la Veleta, era hombre reformador y -progresivo. Había sido sargento de Artillería y se había casado con -la hija de un tratante de lana de Ustariz. Por entonces regentaba la -posada y seguía con los negocios de lana. - -Los tres viajeros que acababan de entrar en la Veleta de Ustariz eran -constitucionales españoles; el viejo con aire de militar se llamaba -don Juan López Campillo, había sido guerrillero en la guerra de la -Independencia y estaba emigrado desde 1823; de los jóvenes, el rubio -con aspecto enfermizo era Eusebio Lacy, hijo del general Lacy, fusilado -en Bellver, y el moreno, un muchacho navarro ex seminarista llamado -Manuel Ochoa. - -Campillo había interrogado a Esteban el posadero en un mal francés -pidiéndole informes acerca de las familias de aquel pueblo, y sobre -todo del militar español que vivía en la casa llamada Chimista. - -El posadero había soslayado la cuestión con el maquiavelismo espontáneo -de un vasco; pero al dirigirle claramente la pregunta no tuvo más -remedio que hablar. - ---No tenga usted cuidado, hombre--le dijo Ochoa, el joven de los ojos -negros, en vascuence--, no somos de la Policía; todo lo contrario. - -Esteban el posadero valoró aquel _todo lo contrario_ con una sonrisa -significativa, y dió los datos que sabía acerca del viejo militar por -quien le interrogaban. Después invitó a los huéspedes a pasar al -comedor. - -Precediéndolos fué por el pasillo, encendió la lámpara, y aunque no -estaba del todo oscuro cerró las maderas del balcón. Los tres españoles -se sentaron alrededor de la mesa. - ---Se ha colocado usted en medio de la catarata del Niágara, mi -coronel--dijo Ochoa a Campillo señalando el papel del comedor--. Se va -usted a mojar. - ---Sí--dijo el viejo sonriendo--. En cambio usted ha buscado buen sitio -en ese bosquecillo. - ---Lacy se nos ha ido con las damas--indicó Ochoa mostrando un grupo de -damiselas pintado en el papel--. Este siempre tan galante. - -El posadero explicó dónde había comprado aquel papel, que era una de -las grandes atracciones de la casa, y como tenía que ocuparse de sus -menesteres posaderiles, dijo: - ---Si no desean ustedes otra cosa, me marcho. Si tienen que llamar, den -ustedes una patada en el suelo. Así. - ---Está bien--indicó Ochoa--; conocemos el procedimiento. - -Lacy había abierto las maderas del balcón del comedor que daba a la -galería de la parra. - -El tiempo estaba desecho. El cielo violáceo se deshacía a torrentes -y la lluvia caía en rayas negras y oblicuas. Un canalón del tejado -vomitaba agua, formando un gran chorro en arco que iba a caer sobre -unas coles. - ---Cierra, que viene viento--exclamó Ochoa. - ---Me gusta ver el temporal--dijo Lacy, y saliendo del comedor y -recorriendo el pasillo bajó al zaguán y se asomó a la puerta. - -La tarde estaba tibia; el aire, blando. - -Un olor de raíces y de tierra húmeda venía del suelo. A veces había -ráfagas de viento huracanado. El follaje amarillo y rojizo de los -árboles se desprendía dejando las ramas desnudas; algunas hojas grandes -al volar por el aire parecían murciélagos de vuelo tortuoso o nubes de -mariposas que al agitarse daban el vértigo. - -La hojarasca seca del camino corría de aquí para allí como en un sábado -de brujas, galopando en frenéticos escuadrones, volando por encima de -las copas de los árboles, aplastándose sobre los troncos y quedando -inmóviles en los charcos. - ---Dejan la vida en la inmovilidad para irse a la libertad y a la -muerte--se dijo Lacy a sí mismo--. Así hacemos nosotros los hombres; -unos para caer en el fango como ellas, otros para quedar olvidados en -la cuneta del camino. - -Largo tiempo estuvo el joven Lacy embebido en pensamientos -melancólicos, mirando las nubes que marchaban rápidamente por el cielo. -En esto la muchacha de la posada se acercó al joven absorto, y le dijo -que iba a subir la cena. - -Volvió Lacy al comedor y se sentó a la mesa. - -Esteban el posadero, de pie, apoyado en el respaldo de una silla, -amenizó la velada hablando. - -Se había internado de lleno en una de las narraciones que a él le -parecían más interesantes; la lucha de la Veleta de Ustariz con el -Caballo Blanco. - -Preguntó Ochoa, mientras mondaba el hueso de una chuleta, por qué le -había dado este nombre a su establecimiento, y el posadero charló por -los codos. - -Se trataba, según dijo, de una veleta vieja que había en Gastizar, -una de las mejores casas de Ustariz, propiedad de los señores de -Aristy. Gastizar era una de las curiosidades de la villa y competía -con Urdains, la finca del convencional Garat, el hombre ilustre del -pueblo que todavía vivía en otoño de 1830, época en que comienza esta -historia. - -Al decir de Esteban el pasadero, la villa entera había dado en decir -que la veleta de Gastizar era una veleta misteriosa y simbólica, que -anunciaba o por lo menos coincidía con los grandes trastornos políticos -y con las convulsiones que agitaban el país. - -Esta veleta de la torrecilla de Gastizar se hallaba desde hacía -tiempo mohosa y no giraba con el viento; sin embargo, cuando los -acontecimientos políticos eran grandes, sin duda la fuerza de la -historia le hacía girar, quieras que no. - -Así, la veleta de Gastizar se había movido en la época del Terror, -después de las matanzas de Septiembre, cuando Domingo Garat fué -designado por Danton para ministro de Justicia; también se había movido -el día del suplicio de los Girondinos, día en que el mismo Garat era -ministro del Interior; luego la veleta misteriosa cambió de rumbo el -18 de Brumario, y volvió a cambiar cuando las tropas de Wellington -pasaron por Ustariz y el lord Duque se alojó en casa de Garat. Las dos -últimas agitaciones de la veleta habían coincidido con Waterloo y con -la restauración Borbónica. - -La revolución de Julio no había conseguido conmover la veleta de -Gastizar, quizás no consideraba a Luis Felipe y a sus ministros de -bastante importancia, quizás los vientos del verano no habían sido lo -suficientemente fuertes para sacarla de su inercia. - -La Veleta de Gastizar dependía de la política francesa, que a su vez en -Ustariz dependía de Garat. - -Garat, la veleta y la Revolución eran la trinidad política de Ustariz. - -Esteban el posadero, como hombre partidario de las reformas, había -tenido la idea feliz de bautizar su posada con el nombre de la Veleta, -dando a entender que el establecimiento y su amo patrocinaban los más -atrevidos cambios y las más radicales modificaciones sociales. - -Muchos aseguraban, según dijo Esteban el posadero, que no había -de tardar la veleta en moverse. No era la revolución de Julio un -acontecimiento tan insignificante para que una veleta, por muy alta que -estuviera, lo despreciara. - -Esteban al explicar la cuestión con detalles se reía; pero estaba -inclinado a creer que algún misterio existía en la veleta de Gastizar, -aunque no fuera más que para amenizar la vida, algo insípida, del -pueblo. - -Mientras Esteban charlaba animadamente, los viajeros cenaban y la -muchacha de la posada iba y venía mirando al joven Lacy con el rabillo -del ojo. - -Después de la cena Esteban se retiró y los viajeros se enfrascaron en -una larga conversación política. - -Estaban los tres metidos en la gran aventura que los constitucionales -españoles iban a emprender por aquellos días. Campillo era amigo del -coronel Valdés, y pensaba acompañarle; Ochoa se decía partidario -de Mina, y el joven Lacy se hallaba dispuesto a seguir a cualquier -caudillo que marchase adelante, a la victoria o a la muerte. - -Después de una larga conversación en la que se discutieron ideas y -personas, Campillo dijo: - ---Bueno, vamos a la cama, que mañana tendremos que levantarnos temprano. - -Ochoa llamó con el procedimiento de la patada en el suelo, y se -presentó Esteban, que condujo a cada uno a su cuarto. - ---Me parece que la veleta de Gastizar esta noche se va a mover--dijo el -posadero frotándose las manos. - -Lacy entró en su cuarto, dejó la palmatoria en la mesilla de noche y se -sentó en una vieja butaca. La alcoba tenía en el techo grandes vigas -pintadas de azul. En medio estaba la cama de madera, grande, ancha, -con cuatro o cinco colchones y del techo colgaban cortinas pesadas que -la envolvían. Más que una cama, aquello parecía un altar. - -Sobre una cómoda, brillante y ventruda, se veía en un fanal un -ramillete hecho con conchas. Lacy estuvo un momento pensativo; luego se -acercó a la ventana. Se había levantado un viento terrible, huracanado. - -Las ráfagas de aire daban alaridos, mugidos, silbidos; zarandeaban los -árboles, cuyo follaje seco se estremecía y producían un rumor como el -del mar en un robledal lejano. Algunas ramas golpeaban el cristal de la -ventana como si fueran manos que llamaran. - -Los relámpagos aclaraban el campo con su luz cárdena y resonaban los -truenos largos en todas las concavidades del valle. Un momento la -lluvia se convirtió en granizo y quedó todo el campo cubierto de perlas -brillantes. Caía el granizo con un repiqueteo como el de un tambor. -Lacy, después de un largo rato de contemplación, se desnudó, apagó la -luz y se metió en la cama... - -En las primeras horas de la noche la violencia del viento aumentó; -después comenzó a caer una lluvia mansa, tranquila; cesó el viento y -no se oyó en el silencio del campo más que el ladrido lastimero de un -perro... - -Al levantarse los viajeros albergados aquella noche en la Veleta de -Ustariz, el sol brillaba en el cielo y el campo tenía un aspecto -plácido e idílico. - ---Saben ustedes--les dijo Esteban el posadero al saludar a sus -huéspedes. - ---¿Qué hay? - ---La veleta de Gastizar se ha movido esta noche. Vamos a tener -acontecimientos. - - - - -III. - -USTARIZ Y SU GRANDE HOMBRE - - -USTARIZ es una aldea vasco-francesa que está a dos leguas o dos leguas -y media de Bayona en la orilla izquierda del Nive. Es uno de esos -pueblos cuyo caserío esparcido por el campo y agrupado en barrios tiene -una gran extensión. - -Los barrios de Ustariz, muy lejanos unos de otros, llevan los nombres -de Arrauntz, Eroritz, Erribere y Purgonia. De estos grupos de casas, -el de Erribere, el pueblo bajo, núcleo principal de la villa, conservó -hasta la Revolución ciertas prerrogativas. - -Entre dos de estas barriadas, que ofrecen a las miradas del viajero -casas muy típicas de aire vasco, está la iglesia moderna y sin carácter. - -Ustariz se encuentra rodeado de robledales. Según algunos sabios del -lugar, su nombre significa en vasco círculo de robles. - -Ustariz es pueblo de horizonte despejado y de hermosas vistas. Desde -los altos se divisa al Sur, el monte Larrun, a la derecha, y el pico de -Mondarrain a la izquierda; hacia el Norte se extiende la gran llanura -francesa hasta que se pierde de vista. Las cercanías de Ustariz son -frondosas; colinas verdes con prados y bosques. - -Ustariz forma parte de la antigua comarca vasca llamada Labourt. Toda -la tierra que lleva este nombre es poética soñolienta, soleada. El río -Nive la cruza de un extremo a otro. - -El Nive es un río de rápida corriente, con cascadas y presas que mueven -los molinos en la parte alta, y muy lento en su parte baja. - -Mientras cruza la comarca de Suberoa es un río claro, alegre, saltarín, -lleno de espumas; un riachuelo vasco, pequeño y alborotador, que corre -por entre desfiladeros y gargantas poblados de hayas y de robles. - -En su parte baja al entrar en el Labourt, sobre todo después de -Ustariz, el Nive es profundo, oscuro, verde; espejo inmóvil donde se -reflejan los árboles de las orillas y por donde se deslizan las barcas -planas que en el país llaman _chalantas_. - -Todo el estrépito de este río cuando es niño y navarro, se convierte -en silencio y modestia al hacerse labortano y adulto. Entonces se -esconde como avergonzado entre las colinas pobladas de árboles, pasa -sin ruido y sin espumas por debajo de los puentes y marcha a reunirse -con repugnancia en Bayona con el Adour, que es un río lento y turbio -que viene de pueblos de lengua de oc, pueblos encalados y rodeados de -tierras blancas y arenosas. - -Ustariz era antiguamente la capital administrativa del Labourt y -celebraba una asamblea todos los años casi tan famosa en el país vasco -como la de Guernica. Esta asamblea, el _Bilzaar_ donde se reunían -los viejos labortanos para resolver los asuntos de la comarca, se -congregaba en el bosque de Haitzea sobre una eminencia poblada de -robles a la que se llamaba Capitolo-erri (lugar del Capitolio). - -En 1830 Ustariz estaba en decadencia; muchas de sus casas se hallaban -en ruinas; su pequeña industria no progresaba. Ya no se celebraba el -_Bilzaar_ como en los buenos tiempos; ya los sabios del país no acudían -al bosque de Haitzea. - -Ustariz había perdido su capitalidad administrativa, y las tres -comarcas vasco-francesas: el Labourt, Soule y Suberoa no formaban un -departamento como habían pedido los Garat y otros regionalistas del -país al Gobierno revolucionario. - -Los vascos de Francia entraban en el mismo montón que los bearneses -y gascones, cosa que desagradaba profundamente a Garat el menor, -vascófilo impenitente, a pesar de llamarse así mismo ciudadano del -mundo. - -Muchos de estos regionalistas vasco-franceses hubieran querido llegar -a una aproximación con los españoles y formar una confederación vasca -para defenderse de la presión niveladora de París y conservar el -espíritu de la región; pero no encontraban, ni entonces ni después, -colaboradores en los vascos españoles, tercos y cerrados para todo -cuanto no fuera un estúpido absolutismo y un más estúpido fanatismo -religioso. Por otra parte, la política natural de las grandes -nacionalidades tenía que separar a los vascos de un lado y otro del -Pirineo, cortando poco a poco las fibras sentimentales comunes. En esta -época de decadencia de Ustariz quedaban en el pueblo dos curiosidades: -la casa del convencional Domingo José Garat, que todavía vivía en -Urdains y la veleta misteriosa de Gastizar. - -Urdains estaba cerca del barrio de Arrauntz y de la colina de Santa -Bárbara, desde donde se divisaba un magnífico panorama; Gastizar se -hallaba dentro de Erribere. - -Entre Garat y la veleta de Gastizar había grande semejanza. Los dos -eran ornamentales, los dos versátiles; pero Garat había cambiado con -los vientos reinantes mejor que la veleta de Gastizar, que se hallaba -desde hacía tiempo enmohecida. Garat se movía también a impulsos de la -bondad y del reconocimiento. - -Los Garat habían tenido el sino de figurar en el mundo. - -Garat el mayor, había sido diputado en los Estados generales durante -la Revolución; Garat el menor, el célebre, fué ministro en plena -efervescencia revolucionaria, y otro hermano más joven había sido uno -de los tenores de más fama de la época. - -Las mujeres de la familia también se habían distinguido, y la hermana -de Garat, superiora del convento de la Visitación, de Bayona, llamaba -la atención por su inteligencia y por su belleza extraordinaria. - -Garat, el tenor, alcanzó el máximo de su popularidad en tiempo del -Directorio; había dado antes lecciones de canto a la reina María -Antonieta; fué el ídolo de los salones, y puso en boga en París una -canción vasca que comenzaba así: - - _Mendian zori eder - Eper zango gorri._ - -(¡Qué bonita es la perdiz de patas rojas en el monte!) - -Domingo Garat, el menor, hombre débil, brillante y versátil, había -pasado por los momentos más terribles de la Revolución francesa, -intentando dejar una amable sonrisa allí donde los demás dejaban una -mueca de furor y de amenaza. - -No le valió su amabilidad, y en los momentos trágicos tomó un carácter -sombrío. Estuvo también preso y a punto de ser guillotinado. Garat -cumplió la triste misión, siendo ministro de Justicia, de comunicar a -Luis XVI su sentencia de muerte. - -El sino del vasco Garat fué parecido al del bearnés Barere de Vieuzac; -las circunstancias hicieron de estos ruiseñores meridionales tipos -odiosos y odiados por la mayoría. - -Los periodistas monárquicos que redactaban el periódico _Las -Actas de los Apóstoles_ agrupaban tres nombres como sinónimos: -Carra-Garat-Marat, uniendo por la fuerza del consonante a hombres tan -distintos como Marat el sanguinario, Carra el jacobino sospechoso, y -Garat el ideólogo de las frases brillantes. - - _Garat toujours rempli de frayeur et d'espoir - A toujours le secret de dire blanc et noir. - S'exprimer franchement lui semble par trop bête - Et sauvent son pays il veut sauver sa tête._ - -(Garat, siempre lleno de miedo y de esperanza, tiene siempre el -secreto de decir blanco y negro; expresarse francamente le parece muy -tonto, y salvando el país quiere salvar su cabeza). Garat, a quien -los monárquicos intentaban pintar como uno de tantos ogros de la -Revolución, no era más que un hombre que había errado el camino. Garat -era un hombre ligero y versátil, retórico y conceptista. Amaba a su -pueblo y a su país, era vascófilo, meridionalista e hispanófilo, y -firmaba a veces sus trabajos con el seudónimo de José de Ustariz. - -Era Garat hombre amigo de novedades, y fué uno de los primeros -franceses que antes de la Revolución quiso hacer trabajos para propagar -en Francia la filosofía de Kant. El poeta danés Baggesen durante -su estancia en París le comunicó el entusiasmo por el filósofo de -Koenigsberg. - -A medida que la Revolución francesa evolucionaba, Garat evolucionó con -ella; fué alternativamente dantoniano, thermidoriano, bonapartista, -imperialista, después abandonó la barca de la Revolución, que -naufragaba, y se hizo partidario de los Borbones y devoto. - - _Messieurs, n'acusez pas Garat - De changer de doctrine._ - -(Señores, no acuséis a Garat de cambiar de doctrina) así comenzaba una -poesía satírica dedicada a él. - -En el Diccionario de las Veletas, publicado en París en 1814, Garat -estaba en el número de las primeras veletas de Francia. - -Hasta en Ustariz, su pueblo, donde todo el mundo le quería, se le -motejaba de versátil, y durante la Restauración uno de los versolaris -labortanos le dirigió estos versos: - - _Gastizarco veleta - Ez du ibiltzen aicea - Ez ifarra, ez igoa - Ez da Garat bezala - Uztaritzco lagun zarra - Bere borondatez eramana - Beti turnatzen al da - Alde guztiyetara_ - -(A la veleta de Gastizar ya no la mueve el viento, ni el Norte ni el -Mediodía. No se parece a Garat, nuestro viejo amigo de Ustariz, que -llevado por su buena intención siempre anda dando vueltas en todos -sentidos.) - -Como el abate Swift gritaba en sus ratos de alegría: ¡Viva la -bagatela!, Garat podía decir: ¡Viva la versatilidad! - -Su versatilidad le había conservado joven y de buen corazón y tenía -derecho a vitorearla. - -Como se ve por estas explicaciones, Ustariz era un pueblo en 1830 que -podía vanagloriarse de sus veletas. La de Gastizar y la de Urdains -tenían fama en muchas leguas a la redonda. - - - - -IV. - -GASTIZAR Y CHIMISTA - - -SI van ustedes a Chimista--dijo Esteban el posadero a sus -huéspedes--irán ustedes mejor a pie que a caballo: al dejar la -carretera el camino que hay que tomar estará húmedo y resbaladizo con -la lluvia de esta noche. - ---Nos vamos a poner perdidos--dijo Campillo. - ---Si usted quiere ir a caballo--observó Ochoa--nosotros le seguiremos a -pie. - ---No; iré también a pie. - ---Yo les acompañaré hasta dejarles en el camino de Chimista--indicó -Esteban. - -Los españoles, precedidos por Esteban, salieron de la posada y -marcharon por la carretera. Al pasar por Gastizar, la casa de la -misteriosa veleta, se detuvieron a contemplarla. - -Era Gastizar un caserón grande colocado entre la carretera y el río, -con las paredes de un color amarillento negruzco, las persianas verdes -y el tejado de un tono rojo oscuro herrumbroso. Una de sus fachadas -laterales tenía en un ángulo una ancha torre cuadrada, centinela en -guardia que vigilaba la carretera. - -En el país, Gastizar podía llamarse palacio. Eran sus paredes de -mampostería y en las aristas de todo el edificio, como en las de la -torre, ostentaba cintas de piedra rojiza tallada. - -Las ventanas y balcones tenían grandes marcos de arenisca blanca. - -Las persianas y puertas verdes estaban ya muy desteñidas; el alero, -artesonado de cerca dos metros de saliente, se hallaba pintado de -manera un tanto bárbara, con las zapatas que le sostenían azules y los -entablamentos amarillos. - -Un camino transversal que partía de la carretera pasaba por delante de -Gastizar, cruzaba el río por un puente y seguía hacia Chimista. A este -camino daba la fachada principal del palacio. - -Tenía ésta un jardín delante circundado por una tapia baja, con dos -grandes tilos y unos macizos de hierba. - -Pasando la avenida se entraba por una portalada por encima de la cual -avanzaba un gran balcón con los barrotes labrados y cuyo barandado -estaba sujeto a la pared por arcos de hierro. - -Enredándose en ellos se veía una glicina nudosa. - -En el segundo piso había cinco balcones sin saliente con los cristales -pequeños y verdosos y en medio del tejado cortando el alero una -mansarda. - -Los viajeros contemplaron un momento Gastizar. - -Entre la casa y el río se extendía la huerta orientada al levante con -dalias, rosas de todos colores y crisantemos de la India que hacía -poco tiempo se habían introducido en el país y que en aquellos días de -Octubre estaban aún en todo su esplendor. - -Gastizar ofrecía distinto aspecto según del lado desde donde se le -mirase. - -Por la fachada, orientada al Norte, tenía un aire sombrío; los musgos -verdosos nacían entre sus piedras y los hierbajos crecían sobre la -cornisa de los balcones y en el alero. - -Los otros tres lados eran más sonrientes y alegres y estaban rodeados -de jardines; la parte que daba a la carretera con su torrecilla -cuadrada se perfilaba con cierto aire feudal. Esta torrecilla tenía -dos miradores y un tejado plano sobre el cual se erguía la misteriosa -veleta de Gastizar con su dragón con la boca abierta, sujeto en un -vástago de ocho o diez pies de alto terminado en una punta de lanza. - -Esteban el posadero que mostró a sus huéspedes Gastizar y sus -curiosidades dijo que algunos que se tenían por inteligentes aseguraban -que esta veleta debió haber sido traída de otra parte porque parecía -del siglo XV y la construcción de la casa databa del siglo XVI. Esteban -añadió que un viejo del pueblo aseguraba que esta veleta la había -visto él en un torreón de Larresore antes de la época revolucionaria y -agregó que un señor condecorado que había estado en el pueblo dijo que -antiguamente la importancia y nobleza de un castillo se podía medir -por el número de veletas. Cuantas más tenía más noble y más importante -era. Durante mucho tiempo los plebeyos no podían tener estos pequeños -aparatos sobre el tejado de sus casas lo que a Esteban, que era un buen -liberal, le parecía el colmo del abuso y una de las más abominables -señales del despotismo del Antiguo Régimen. - -Después de hacer gala de sus conocimientos, el posadero, indicando uno -de los dos caminos en que se dividía el que iban siguiendo, dijo: - ---Por ahí en media hora estarán ustedes en Chimista. - -Marcharon los viajeros adelante, preguntaron en dos caseríos hasta -detenerse en una casita pequeña y blanca que aparecía en medio de un -robledal, rodeada de campos y a poca distancia del río. Era Chimista. - -Tenía la casa que llevaba este nombre dos pisos con entramado de -madera. Era del tipo clásico del país, el primer piso avanzaba un poco -sobre el bajo y el segundo sobre el primero. Se abrían a un lado dos -ventanas góticas del gótico conopial y una puerta en arco apuntado. - -La puerta estaba abierta. Entraron en el zaguán y llamaron dando -palmadas. No apareció nadie. - ---Ahí al lado había unas mujeres. Voy a preguntarles si hay alguien en -la casa--dijo Ochoa. - -Acababa de salir el muchacho navarro cuando se presentó en el portal -una mujer joven con un niño en brazos. - ---¿Está don Valentín Malpica?--preguntó Campillo en castellano. - ---¡Mi padre!... Sí...--balbuceó la mujer.--¿Qué le querían ustedes? - ---Queríamos hablarle. Somos amigos suyos. - ---Ah, entonces... pasen ustedes, está en la huerta. - -Campillo y Lacy cruzaron el zaguán y un establo y salieron a la huerta. - -Contemplando unos árboles frutales había dos hombres; un viejo canoso -y un señor de unos cuarenta años, tipo entre ciudadano y campesino que -llevaba una boina grande. Este señor era el mismo que habían visto en -el zaguán de la fonda de la Veleta al llegar a Ustariz en un tilburí. - -Campillo se acercó al viejo. - ---¡Malpica!--exclamó. - -El viejo se volvió rápidamente y puso la mano derecha sobre los ojos -como pantalla y preguntó en francés a su compañero: - ---¿Quién es? - ---No sé, no le conozco--dijo el de la boina. - ---Soy Campillo, tu camarada. ¿No te acuerdas de mí? - -Malpica se acercó al forastero y le estrechó la mano. - -Era don Valentín Malpica un viejo derecho con la cara sonrosada y los -ojos grises. Tenía la tiesura y la rigidez de un militar. - ---Venimos a hablarte--dijo Campillo.--Este muchacho que me acompaña es -Eusebio de Lacy, hijo del general. - ---¡Es el hijo de Lacy! perdone usted joven que le abrace.--Malpica le -estrechó entre sus brazos.--Le conocí mucho a su padre de usted, y -peleé con él--siguió diciendo.--Era un militar valiente y un liberal de -verdad. Espérenme ustedes un momento. Les presentaré a ustedes... mi -hija..., Miguel Aristy..., el coronel Campillo... Lacy. - -Se dieron la mano. Miguel Aristy era el señor de la boina grande que -acompañaba a Malpica. - -La hija del coronel invitó a sentarse a los forasteros en el jardín -en un cenador cubierto de enredaderas, entre las que se destacaban -clemátides blancas y azules, campanillas rojizas y rosas tardías. - -Un niño de tres a cuatro años salió corriendo de la casa y se echó en -brazos de la hija de Malpica. - ---¿Es hijo de usted?--le preguntó Lacy señalando al niño. - ---Sí. - ---¡Qué guapo es! - ---Lo que es, es muy desobediente. - ---¡No!--dijo el chico levantando el dedo en el aire. - ---Sí, sí. Su hermanita es mucho mejor que él. - ---¿Vive usted todo el año aquí en el campo?--preguntó Lacy. - ---Sí, todo el año, con mi padre y mi marido. - ---¿Su marido de usted es este señor?--dijo indicando al de la boina. - ---No, este señor es mi cuñado. Yo estoy casada con su hermano. - ---¡Qué casa más simpática tiene usted!--exclamó Lacy--aquí parece que -debe ser muy fácil ser feliz. - ---Yo creo que en todas partes se puede ser feliz si se contenta uno con -poco. - ---Sí, quizás sea cierto, pero eso no lo puede saber usted por -experiencia. - ---¿Por qué? - ---Porque lo tiene usted todo: unos niños tan bonitos, su padre, el -marido, el buen carácter... - ---Usted también lo tendrá... - ---Será difícil. - ---¿No tiene usted familia? - ---Sí, mi madre. Mi padre fué el general Lacy fusilado en Mallorca por -liberal. - ---He oído hablar mucho de él. - ---Mi padre estaba reñido con mi madre. Yo he sido educado en colegios, -siempre separado de la familia. - ---¡Qué pena! - ---Sí, mi infancia ha sido bastante triste. Mi juventud tampoco es muy -alegre. Estoy enfermo. - ---Curará usted. - ---No sé; ya veremos. - ---Buenos señores--dijo Malpica acercándose al cenador.--Puesto que -tenemos que hablar de asuntos reservados vamos a mi cuarto. - -Campillo y Lacy se dispusieron a marcharse de la huerta y se -despidieron del señor de la boina. - ---Adiós, señor de Lacy--dijo la hija de Malpica dando la mano al -joven--y no arrastren ustedes a mi padre a ninguna empresa peligrosa. - -Abandonaron los dos españoles la huerta y por la cuadra pasaron al -zaguán en donde vieron a Ochoa que hablaba en vascuence con unas -muchachas que al oirle se reían a carcajadas. - -Ochoa se unió con sus amigos y los tres subieron por una escalera al -rellano del primer piso. Malpica, que les esperaba, les condujo a un -cuartito pequeño empapelado, adornado con unas estampas de generales y -de guerrilleros de la Independencia puestos en marcos en las paredes, -una mesa, un estante con una docena de libros y dos sillones. - ---Aquí que nadie nos oye--dijo Malpica dirigiéndose a Campillo.--Puedes -hablar a tus anchas. - -Campillo que no era hombre de buenas explicaderas comenzó a -embarullarse y a perderse en comentarios y en detalles de tal modo, que -dijo dirigiéndose al joven Lacy: - ---Hable usted, porque yo no sé explicarme rápidamente. - -Eusebio Lacy tomó la palabra. - ---Ya le ha indicado el coronel Campillo--dijo--que los liberales -españoles han pensado hacer un intento serio para establecer la -Constitución en España. Supongo que estará usted enterado de la marcha -en general de este asunto. - ---No, no lo estoy. Vivo aquí apartado y sin enterarme de nada. - ---Entonces haré un resumen de lo que ocurre. Después de la Revolución -de Julio de París, todos los caudillos españoles liberales se han -reunido para hacer un intento en la frontera. El gobierno francés -favorece la empresa y el mismo Luis Felipe ha dado dinero para ella. -Entre los jefes están Mina, Gurrea, Chapalangarra, Méndez Vigo, -Jáuregui, López Baños, San Miguel, Milans del Bosch, Valdés... En fin, -todos. - ---Los conozco--dijo Malpica.--A unos personalmente, a otros de nombre. - ---Por desgracia--añadió Lacy--hay diferencias entre los nuestros y se -han formado varios bandos capitaneados por Mina, Valdés, Chapalangarra, -Méndez Vigo y Gurrea. - ---¡Mal negocio! - ---Sí, es defecto de nosotros los españoles, pero en fin, yo creo que -las diferencias se borrarán con el éxito. - ---Es de esperar. - ---Pues bien, en esto nuestro amigo el coronel Campillo que es uno de -los jefes de la fuerza constitucional, supo por conducto de algunos -agentes liberales que su compañero don Valentín Malpica vivía ignorado -en Ustariz. El coronel Campillo puso la noticia en conocimiento de la -Junta y la Junta comprendiendo la importancia que tendría su valioso -concurso nos designó a nosotros tres para visitarle a usted y para -proponerle tomar parte en la expedición militar que vamos a hacer sobre -la frontera española. Este es nuestro objeto al visitarle. - ---Le he oído a usted atentamente, señor de Lacy--contestó Malpica--me -honra mucho que se hayan acordado de mí y estoy dispuesto a dar mi vida -por la libertad y por la patria. No tengo más que decir con relación a -este punto; estaré allí donde me manden: en el sitio del peligro. - ---Lo esperábamos de usted--dijo Lacy. - ---Gracias. Ahora sí, tengo que advertir que soy el coronel más viejo de -mi cuerpo y que no aceptaría un destino subalterno. - ---Ni nosotros hemos pensado en tal cosa--repuso Lacy. - -Campillo replicó con disimulada acritud que él como todos ocuparía el -lugar que le correspondiera en la escala según su antigüedad y como -todos ascendería un grado en el caso de triunfar. Puestos de acuerdo -en este punto, Campillo dijo que avisaría a Malpica cuándo debía -presentarse en Bayona. - -Terminada la conferencia los tres viajeros bajaron al portal y se -despidieron de Malpica. Ya iban a salir cuando se presentó la hija del -coronel con sus dos niños. Lacy le dió la mano y ella murmuró en voz -baja: - ---Dios quiera que no me traigan ustedes alguna desgracia. - ---Por Dios, señora... no..., balbuceó Lacy. - -Unas horas después, los tres viajeros llegaban a la Veleta de Ustariz, -almorzaban, montaban a caballo y se dirigían al trote largo camino de -Bayona. - - - - -V. - -LA TERTULIA DE GASTIZAR - - -EL mismo día en que Lacy, Campillo y Ochoa visitaban al coronel -Malpica, estaban de tertulia al anochecer, varias personas en el salón -de Gastizar. - -Una gran lámpara de aceite, con una pantalla verde, colgada del centro -de la habitación difundía una luz fija y clara, y seis velas ardían en -el piano sobre arandelas de cristal tallado. - -El salón de Gastizar era grande y decorativo, con vigas en el techo -negras sobre fondo rojo, suelo de nogal muy oscuro y lustroso y las -paredes tapizadas de terciopelo escarlata. - -Este salón tenía dos balcones muy espaciados y una ventana, ocultos en -aquel momento por cortinas espesas, en frente de uno de los balcones -había una gran chimenea en cuyo hogar ardían unos gruesos troncos de -roble. - -Los muebles de este salón eran antiguos; arcas vascas talladas, espejos -biselados, sillones estilo Luis XV. Un reloj alto, negro, de estos -ingleses, de esfera de cobre, colocado entre los dos balcones parecía -presidir la sala. - -En algunos espejos, cuadros y en el respaldo de los sillones se veía -esculpido y pintado un escudo con cuatro cuarteles, en los dos de -arriba dos vacas rojas y un roble y en el de abajo otras dos vacas -rojas y una hidra de tres cabezas. - -Este escudo era de la casa vasco-francesa de los Belsunce, familia -ilustre en el país, que tenía en Mearin un antiguo castillo cubierto de -hiedras. - -Entre los Belsunces había habido un obispo de Marsella que se hizo -célebre en la peste que desoló esta ciudad a principio del siglo XVIII, -un general que se distinguió en el sitio de Maestrich, y el mayor -Belsunce que en tiempo de la Revolución fué muerto en Caen por la plebe -y luego destrozado y despedazado de una manera trágica, llegando una -mujer a arrancarle el corazón y a comérselo. - -Cuando Carlota Corday mató a Marat se aseguró por algunos que la -heroica homicida había sido la novia del mayor Belsunce y que había -querido vengarle. - -Además de estos Belsunces conocidos en la historia había otro personaje -legendario del mismo apellido: Gastón de Belsunce que a principios del -siglo XV peleó con un monstruo que se escondía en una cueva de San -Pedro de Irube y murió en la lucha después de matar a la fiera. De aquí -procedía en el escudo de la familia la hidra de las tres cabezas. - -Entre los vascos, que no ha habido nunca grandes propietarios ni -aristocracia cortesana, la familia de Belsunce era la excepción por su -riqueza. - -La dueña de la casa de Gastizar era de la familia de Belsunce y tenía -este apellido del cual estaba orgullosa, así que le agradaba que le -escribieran madame d'Aristy (neé Belsunce). - -En la sala de Gastizar había en aquel momento varias personas; -alrededor del velador del centro estaban tres señoras, madama de -Aristy, su prima la vieja señorita de Belsunce y madama de Luxe viuda -de un coronel del Imperio. - -Madama Aristy era una señora alta, de nariz corva y ojos claros, el -pelo blanco. Madama de Aristy hacía media y tenía entre ella y el -fuego un pequeño biombo porque no le gustaba el calor de la lumbre. - -A su lado leía un número de _La Moda_, la vieja señorita de Belsunce. -La señorita de Belsunce estaba empeñada en parecer joven a fuerza de -afeites y su sistema pictórico daba a su rostro un aspecto lamentable. - -Su única discreción era buscar los sitios que estuvieran a la sombra o -en la penumbra donde no se le pudiese ver a la luz plena. - -A pesar de su manía de pintarse y de pintarse mal que parecía denotar -cierta falta de sentido, en otras cuestiones la señorita de Belsunce -discurría con una gran claridad. - -Esta vieja señorita era romántica, no del romanticismo entronizado -por los escritores y poetas del año 1830 sino del anterior. Tenía una -traducción de Ossian que leía con tanto entusiasmo como Napoleón, -tocaba el arpa y libaba el monarquismo y la melancolía en las obras -llenas de catacumbas y de pompas fúnebres del Vizconde de Chateaubriand. - -La otra señora que estaba en el salón, madama Luxe, viuda de un coronel -del Imperio, era una mujer rubia, corpulenta, de unos treinta y cinco -a cuarenta años, de ojos claros, vestida de una manera vistosa. - -Madama Luxe había sido poco feliz en su matrimonio y como todavía -se consideraba joven esperaba casarse en segundas nupcias. Algunos -pensaban que no le hubiera disgustado Miguel Aristy como marido. - -Al lado del piano había dos muchachas y un joven. - -De ellas, la mayor era Alicia de Belsunce, la otra Fernanda Luxe. -Alicia tendría unos diez y ocho años, el pelo rubio y unos colores de -manzana. Fernanda era pálida, morena y melancólica y estaba todavía de -corto. - -Alicia, en aquel momento sentada al piano tocaba y cantaba mientras -un joven, Luis Larralde-Mauleón, pasaba las hojas de la partitura del -"Barbero de Sevilla". - -Al lado del fuego, dentro de la campana de la chimenea se encontraban -Miguel de Aristy, el hijo mayor de la casa, hundido en una butaca, el -caballero de Larresore, anciano muy estirado y peripuesto, y el ex -intendente Darracq, pariente del marido de madama Aristy. - -Miguel y Larresore hablaban en aquel momento de don Valentín Malpica, -Darracq escuchaba y arreglaba a cada paso el fuego con las tenazas. - ---Es un hombre tosco, sin formas corteses--decía Larresore--la primera -vez que me vió me dijo: nosotros los viejos... - ---Ja... ja...--rió Miguel--la verdad es que no podrán ustedes hacer -buenas migas los dos. - -El señor Darracq rió también aunque silenciosamente. - ---Otro día--siguió diciendo Larresore--le vi llevando un haz de leña al -hombro. Coronel, le dije: ¡Por Dios! ya le enviaremos a usted un mozo -para que le acarree la leña. - ---¿Y qué le contestó a usted? - ---Me dijo que el soldado debe bastarse a sí mismo. - ---Sí, es una de sus grandes razones. Don Valentín es un buen hombre -sencillo y honrado. Es el militar sin cultura. Como fanático que es, -ha exagerado los beneficios de la disciplina y cree que el hombre debe -ser una máquina que marche al paso. Para don Valentín las dos normas -superiores de la vida son la disciplina y el honor. La disciplina tiene -sus ordenanzas militares, respecto al honor él supone que sus leyes son -tan exactas como las de la gravedad. Yo no creo en nada de esto, pero -reconozco que es un excelente corazón franco y noble. - ---Cierto, cierto--repuso Larresore--pero es de una insociabilidad -horrible. Estando en su compañía yo no puedo encontrar un motivo de -conversación. Le pregunté una vez por su familia y sus antepasados -y me dijo que él no había conocido más que a su padre, y añadió que -había encontrado en su casa un árbol genealógico en pergamino pero que -lo había echado al fuego porque el soldado no debe de pensar en estas -tonterías; para él todo lo que es lujoso es inútil. ¡Qué espíritu más -lamentable! - ---Sí, hay esa misma idea en todos estos militares españoles que andan -por aquí. Son gentes sencillas. - ---Es falta de civilización--exclamó Larresore--poca sensibilidad. ¿Y -estos tres españoles que han estado a ver al coronel Malpica, quiénes -son? ¿Algunos revolucionarios? - ---Sí. - ---¿Y a qué han venido? ¿Quizás a proponerle que se una a ellos? - ---Sí. - ---¿Y él habrá aceptado? - ---Seguramente. - ---¿Es tan liberal? - ---No, liberal no es; pero las circunstancias le han puesto más cerca -del campo de los liberales y con poco que halaguen su amor propio irá. - ---¿Tú conoces bien su historia, Miguel? - ---Sí. - ---¿Qué hay de cierto en eso que se ha dicho de que mató al amante de su -mujer? - ---Lo que hay de cierto es que tuvo un duelo con un amigo suyo y que le -mató. - ---¿Y no era el amante de su mujer? - ---No, no. Parece que había otra mujer entre ellos. - -En esto Alicia se levantó y dirigiéndose a madama de Aristy dijo: - ---Tía, no tocaré más. Miguel y el caballero de Larresore están hablando -entretenidos y no hacen caso de mi música. - ---No, hija mía--dijo Larresore siempre amable--estábamos haciendo -comentarios sobre tu música. - ---¡Bah, bah!, no me engaña usted, siempre están ustedes hablando. - ---Tienes razón, hija mía--saltó madama de Aristy con enfado--yo no sé -de qué hablan. Esta noche pasada--y se dirigió a madama Luxe--han -estado hasta las dos dale que dale hablando. ¡No se cansarán! pensaba -yo. - ---Los hombres...--comenzó a decir madama Luxe, pero sin duda no se le -ocurrió nada y se calló. - ---Es que tienes un hijo muy inteligente, prima mía--repuso Larresore--y -a mí me gusta oir sus opiniones. - ---Miguel es inteligente para todo menos para mi música--saltó -Alicia.--Ayer que no estaba el señor de Larresore para hablar con él se -sentó en la butaca y se quedó dormido. - ---No, no; estaba soñando. - ---Ya, ya. Bueno, ¿y de qué estaban ustedes hablando?--dijo Alicia -tomando una silla pequeña y sentándose con los piececitos al fuego. - ---Estábamos hablando de estos españoles que han venido al pueblo a -visitar al suegro de mi hermano León--dijo Miguel. - ---Los he visto--agregó Alicia--uno de ellos un joven moreno con un aire -muy enérgico. Muy buen tipo. - ---A mí me ha parecido mejor el rubio--saltó Fernanda. - ---Yo no les he encontrado nada de particular a ninguno de los dos--dijo -el joven Larralde-Mauleón despechado. - ---Ya tenemos la eterna discrepancia--exclamó Miguel con su seriedad -burlona.--Alicia dice que el moreno, Fernanda que el rubio y el joven -Larralde que ninguno de los dos. ¿Quién tiene razón? - ---Déjese usted de bromas. ¿Quiénes son?--preguntó Alicia. - ---El viejo es un guerrillero español... - ---¿Y los jóvenes? - ---El rubio es el hijo del general español Lacy que fué fusilado en la -isla de Mallorca por liberal. El otro es un muchacho que se llama Ochoa. - ---¿Y qué venían a hacer aquí? - ---Venían, sin duda, a invitar a este viejo coronel, suegro de mi -hermano, a alguna empresa revolucionaria. - ---Y ese Ochoa, ¿quién es?--dijo Alicia. - ---No sé de él más que lo que tú sabes, que es un muchacho guapo y al -parecer revolucionario, pero si te interesa tomaremos informes. - ---Entonces tome usted también informes del rubio--dijo Fernanda. - ---_Vous êtes mon lion superbe et genereux_--recitó Alicia con énfasis. - -Esta frase de doña Sol de "Hernani" en aquel momento produjo marcada -molestia en el joven Larralde-Mauleón que se acercó a las señoras y se -puso a hablar con ellas. - -Poco después, madama de Luxe se levantó y se despidió de madama de -Aristy y de la señorita de Belsunce, el joven Larralde-Mauleón saludó -inclinándose ceremoniosamente y besó la mano a las señoras. - -Madama de Aristy llamó a la campanilla y preguntó si estaba la cena, la -criada que apareció en la puerta dijo que sí, y las tres señoras y los -tres caballeros pasaron al comedor. - -Después de cenar charlaron un rato, las señoras se retiraron, y Miguel -y el caballero de Larresore volvieron a la chimenea al lado del fuego, -apagaron la luz y estuvieron largo tiempo hablando. - - - - -VI. - -DON VALENTIN DE MALPICA - - -AL quedarse solos Larresore y Miguel, el anciano caballero pidió a su -sobrino le contara con detalles la historia del viejo coronel español -que vivía en Chimista. Miguel la contó pero como no era el Mayorazgo -de Gastizar hombre a quien interesaran sólo los hechos, sino que le -gustaba bucear en la psicología de los tipos, investigar el origen de -los motivos y las características del temperamento, se hundió en un mar -de comentarios y de consideraciones filosóficas. - -La historia escueta que contó Miguel a su tío fué la siguiente: - -Don Valentín de Malpica nació en un pueblo de la Rioja. - -Escapado de su casa sentó plaza y comenzó a servir de soldado en la -guerra de España con la República francesa en 1793. Estuvo en Navarra a -las órdenes de don Juan Ventura Caro y del conde de Colomera, y después -fué trasladado a Cataluña donde ascendió a sargento. - -En la primavera de 1807, Malpica con el grado de teniente en el -regimiento de Asturias, salió de España con la división del marqués de -la Romana camino de Hamburgo. - -Malpica asistió con su regimiento al sitio de Stralsund que se terminó -felizmente y donde fué ascendido a capitán. - -Poco después Napoleón al entrar en España temiendo que las tropas -españolas del marqués de la Romana se le sublevasen al tener -conocimiento de la invasión de la península Ibérica, las acantonó en -las islas de Fionia, Langeland y en Jutlandia donde quedaron vigiladas -por las fuerzas de Bernardotte. - -De los regimientos mandados por la Romana, los de Asturias y -Guadalajara intentaron la fuga antes que los demás, y en varios barcos -pesqueros se embarcaron, tomaron por el estrecho del Gran Belt, dieron -la vuelta a Dinamarca y desembarcaron en las islas de Holanda. Al -bajar a tierra amotinados dieron los gritos de ¡Viva España! y ¡Muera -Napoleón! Algunos oficiales franceses marcharon a contenerlos y fué -muerto un ayudante del general Fririon. Las tropas danesas rodearon a -los amotinados y les hicieron rendirse. - -Malpica que estaba reunido con los oficiales de su regimiento no quiso -quedarse en la isla de Walcheren y en una lancha pesquera pasó a -Inglaterra desde donde le trasladaron a la Península. Destinado a la -guarnición de Zaragoza tomó parte en el segundo sitio de esta ciudad. -Luchó con su amigo el coronel Renovales, y rivalizó con él en valor -y en audacia. Renovales y Malpica, éste herido gravemente, cayeron -prisioneros de los franceses. Renovales se escapó y Malpica fué llevado -al castillo Viejo de Bayona. En esta ciudad estuvo recomendado a una -familia vasco-francesa, acomodada, los Doyambere y acabó casándose con -la hija de la casa. - -Al terminar la guerra, Malpica con su mujer entró en España. Como los -militares que volvían de la emigración, en vez de ser considerados en -su país eran por el contrario mal mirados y tenidos por levantiscos, -Malpica, que había heredado algún dinero, compró una finca a orillas -del Ebro y se fué a vivir allí con su mujer y su hija. Pronto se cansó -de la vida del campo y dijo a su mujer que iba a solicitar la entrada -en el servicio activo e ir a América. La mujer quiso convencerle de que -no fuera, pero Malpica no era de los que se avienen a razones. - -Malpica recomendó a uno de sus amigos, a un tal Ramón Lanuza a su mujer -y a su hija, y él pasó siete años en América luchando a las órdenes del -general Morillo y alcanzó el grado de coronel. - -En 1822 Malpica volvió a España y a su finca. Le dijeron al llegar -y notó también él que su amigo Ramón tenía mucha confianza con su -mujer, cosa nada rara, pues que el amigo llevaba siete años visitando -asiduamente la casa. - -El coronel que había traído costumbres y hábitos de factoría de su vida -americana, estaba fuera de su centro en el círculo de su mujer y de sus -amistades, y para encontrarse entre los suyos iba de caza, andaba entre -los jayanes, y se enamoró de una muchacha zafia hija de un labrador. - -Las relaciones fueron públicas y produjeron la indignación de la mujer -de Malpica que reprochó a su marido su conducta. - ---No hay que hacer caso de lo que hablan las malas lenguas--parece que -dijo Malpica sentenciosamente a su mujer--también dicen de ti que estás -enredada con mi amigo Ramón y yo no lo creo. - -La mujer contó esto a Lanuza quien pidió cuentas a Malpica. - -Riñeron los dos violentamente y Lanuza le dijo: - ---Todo el mundo sabe que yo no tengo nada que ver con tu mujer. Es una -calumnia que repites de una manera innoble, en cambio todo el mundo -sabe que tú tienes relaciones con esa muchacha hija de un aperador. - ---Es falso también. - ---No, no es falso--y Lanuza añadió con sorna.--Esa muchacha es la -querida de tu asistente y el dinero que tú le das a ella, ella se lo -entrega a él. - ---¡Mientes! - ---Esta noche lo podremos ver si quieres. Ella irá a buscar al asistente -al cuarto próximo a la cuadra donde duerme él como todas las noches. - -Se apostó Malpica para ver si era verdad lo dicho por su amigo y pudo -comprobar que la cosa era cierta. - -Lanuza le acompañaba. - -Malpica exasperado y loco de furor dijo a su amigo que uno de los dos -sobraba. - ---Nos batiremos cuando quieras--le contestó Lanuza con frialdad. - -Malpica entró furtivamente en su casa, tomó dos pistolas, una botella -con pólvora y balas y salió al campo. - ---¿Adónde vamos? - ---Vamos a la isla del río. - -En el río había una isla de arena que tendría treinta o cuarenta varas -de largo. Llegaron a la orilla, entraron en la barca y bajaron en la -isla. Era al amanecer. - -Cargaron las pistolas y jugaron a cara y cruz la pistola que -correspondería a cada uno y quién daría la voz de mando. Le tocó a -Lanuza. Se colocaron en sus puestos, en los dos extremos de la isla al -borde del río. En este momento Malpica gritó: - ---¡Lanuza! - ---¿Qué? - ---Confieso que no tengo razón. - -Lanuza contestó con una carcajada irónica. - ---¿Eres cobarde también? No lo creía. - ---No, no soy cobarde, pero comprendo que te he ofendido sin razón. Te -daré las explicaciones que quieras. - ---No hay explicaciones que valgan. ¡Prepárate! Sino disparo. - ---¿Qué más pretendes de mí?--gritó Malpica. ¿No te confieso que no -tengo razón? - ---No me basta. Quiero tu sangre. Quiero verte ahí muerto. - ---¡Ah, quieres matarme! ¿Quieres quitarme de en medio para casarte con -mi mujer? - ---Tú lo has dicho. - ---Bien. Veremos si lo consigues. De todas maneras ten en cuenta que te -he ofrecido la paz. - ---No hay paz. ¿Estás en guardia? - ---Sí. - ---Una... dos... tres. - -Una bala pasó silbando por encima de la cabeza de Malpica. - -Lanuza cayó. Malpica se acercó de prisa al otro extremo de la isla. La -pistola estaba en el suelo al borde mismo del agua cerca de un reguero -de sangre. - -Lanuza había desaparecido. Malpica entró en la barca y fué por el río -mirando por sí aparecía el cuerpo de su amigo. Sin duda había caído -para atrás y la corriente le había arrastrado. - -Malpica volvió a la orilla, entró en su casa, montó a caballo y unos -días después llegaba a Barcelona. - -En tanto los franceses de Angulema habían entrado en Cataluña. Malpica -se incorporó a las fuerzas de Mina. - -Peleó con gran valor durante tres meses y poco antes de la capitulación -de Mina, cayó herido de un tiro en el pecho cerca de Figueras. - -Los franceses le dejaron por muerto en el campo. - -De noche un merodeador fué a quitarle la ropa y al moverle, Malpica -comenzó a quejarse. El ladrón iba a huir, Malpica le dijo que tenía -dinero guardado y que se lo daría si le salvaba. - -El merodeador le llevó al hombro a una cueva y el coronel pasó días -entre la vida y la muerte hasta que se curó. - -Cuando ya se encontró bueno y con fuerzas para andar se dirigió a la -frontera, la atravesó y entró en Francia. - -En Perpiñán pidió informes del coronel Malpica de quien dijo era amigo -y le mostraron un boletín francés en donde se citaba su muerte. - -No podía decir que era él Malpica a trueque de ser tomado por un -falsario. - -Decidió cambiar de nombre y trabajar. Al principio su vida fué -miserable, tenía que dedicarse a faenas humildes, pero como era duro y -fuerte no le molestaban. - -Lo que sí le preocupaba era encontrarse con antiguos compañeros que le -conocían. - -Decidido a abandonar esta parte de Francia escribió a un hermano suyo -diciéndole lo que le había ocurrido, cómo pasaba por muerto, pidiéndole -una pequeña suma y encargándole que no dijera a nadie que vivía. El -hermano le contestó enviándole la cantidad, le decía cómo se había -encontrado a Lanuza muerto en una presa y que unos suponían que se -había suicidado y otros que había sido víctima de un crimen. - -El hermano de Malpica comunicó la noticia de que el coronel vivía a su -mujer y a su hija. - -La mujer vendió la finca próxima al Ebro y vino a establecerse a -Bayona. La hija de Malpica, Dolores, trajo a su padre a vivir a -Ustariz... - - * * * * * - -Al acabar de contar Miguel Aristy la historia del coronel, el caballero -de Larresore movió la cabeza de un lado a otro. - ---¡Qué mentalidad!--exclamó.--¡Qué cabeza! Ir así arrastrado por los -acontecimientos sin pararse a reflexionar... es lastimoso. - ---¿Qué quiere usted? Los hombres que han nacido para la acción son así. -Cuando se comprende demasiado se ejecuta poco. Nosotros, usted y yo -somos razonadores. El es un impulsivo, un español a la antigua. El se -cree liberal y no lo es, se cree el colmo de la inteligencia y ya ve -usted lo que da de sí. - ---Es de una incomprensión y de una suficiencia cómicas. - ---Pues se figura ser el hombre más discreto y más juicioso del mundo; -en cambio no se tiene por valiente, y es valiente como un león. - ---Es la barbarie. - ---Todo lo que le sale de la cabeza le parece maravilloso. Lo que no -comprende para él no existe, y si de una cosa comprende una parte -supone que la parte que no comprende sobra. Al hombre le gustaría -recortar todas las ideas hasta que entraran bien en las casillas de su -cabeza. - ---Tendría mucho que recortar. - ---Sí; probablemente Malpica se cree infalible. Lo que ha juzgado ya no -quiere volver a juzgarlo. Si se equivoca son las cosas las que se han -equivocado, al no estar conformes con lo que él ha dicho de antemano. - ---¡Oh! ¡Qué estupidez! - ---El se considera el definidor de todo. El prototipo de todo. Cuando -dice: El honor es lo primero después la patria, ya no hay necesidad de -volver sobre esto. - ---¡Lamentable, lamentable!--murmuró Larresore. - ---Lleva la cabeza rapada, como habrá usted notado, y le parece que un -melenudo es un insulto a sus ideas. Es uno de los motivos de odio que -tiene contra su yerno, mi hermano León. - ---¿De verdad? - ---Sí. Los pelos largos le irritan. El soldado no necesita esos tufos, -suele decir. No hay manera de convencerle de que un escritor o un -artista no tiene la aspiración de ser soldado. Muchas veces a mi -cuñada, su hija, le dice despóticamente: El soldado debe levantarse más -temprano. Pero yo no soy soldado, papá, le contesta ella con gracia. No -importa, replica él. En la vida todo es como el ejército. - ---¡Qué vulgaridad! ¡Qué horror!--exclamaba el caballero de -Larresore.--El soldadismo se ha metido por todas partes. ¡Esa -Revolución! ¡Esa Revolución! ¡Qué pena! Destruir tan bellas cosas para -dejar el mundo convertido en un cuartel. - - - - -VII. - -RETRATOS DE FAMILIA - - -LA familia de Aristy estaba formada en Ustariz por la madre y sus dos -hijos Miguel y León. Madama Aristy tenía también una hija casada con un -rico propietario de Bayona. - -El marido de madama Aristy no había sido conocido en Ustariz ni vivido -en Gastizar. Se decía de él que era un gascón que en tiempo del Terror -tomó parte en las jornadas revolucionarias, y que después, deportado a -Cayena, desapareció. - -Madama Aristy era una señora de más de sesenta años, mujer enérgica, -autoritaria y despótica; creía que todo el mundo tenía que pensar -como ella, y no aceptaba otras opiniones. En su casa mandaba como un -coronel. - -Madama de Aristy era la severidad más completa; pensaba que todo lo que -hacía lo hacía bien y que discurría con una cordura sin ejemplo. - -Se creía el prototipo del buen sentido; pensaba que cuando a ella se le -había ocurrido una cosa, el mundo entero debía aceptarla casi como un -descubrimiento científico. - -A veces levantaba la voz cuando se discutía algo, como diciendo: No -admito la posibilidad de que nadie me contradiga. - -Madama de Aristy estaba muy en desacuerdo en ideas con su hijo. Ella -era aristócrata, él un demagogo. - -A pesar de esto, la señora de Aristy trataba a Miguel de potencia a -potencia, porque éste era el que dirigía en Gastizar las siembras, las -podas, las demás labores campestres, y ella creía que en tales asuntos -entendía mucho. - -Miguel era un caballero de cuarenta años, solterón, escéptico, que -estaba dispuesto a vivir oscuramente en Ustariz cultivando sus tierras -sin ambiciones ni cuidados. Su madre le había querido casar con la -señorita Angelina Girodot, la hija de un notario de Bayona, una -señorita de alguna edad, rica y poco agraciada; pero Miguel dijo: - ---No, no; prefiero no casarme. Estoy tan convencido de mis -imperfecciones, que no me decido a buscar una compañera. - -Algunos aseguraban que estaba enamorado de Alicia Belsunce, su prima, -que podía ser hija suya; pero si lo estaba no se le notaba gran cosa. - -Miguel era una buena persona; inteligente, amable, muy comprensivo; -había pasado los cuarenta años y llegado a un período en que, por -escepticismo no quería colocarse en ninguna cuestión en primera fila. - ---Antes me dolía un poco no ser nada--solía decir.--Ahora, no. Me -siento hermano de la glicina de Gastizar, me he enredado aquí, en estas -piedras viejas, y aquí estoy viviendo como una col. - -Aquella vida del campo, inmóvil, sin estímulo para la ambición que a -muchos embrutece, a él le había convertido en un filósofo. - -Miguel se consolaba leyendo y tocando el violonchelo. Se recordaba que -una vez una señora de Bayona, que había venido a Gastizar con su hija -con un plan matrimonial, al ver a Miguel poco admirado ante las gracias -de la niña y más bien distraído y aburrido, había dicho a madama de -Aristy en un momento de mal humor: Señora, su hijo de usted es un -idiota. Este recuerdo regocijaba a Miguel y le hacía reir con malicia. - -Miguel reconocía ingenuamente sus defectos; pero con la misma -ingenuidad aseguraba que no tenía el menor deseo de corregirlos. - -El caballero de Larresore reprochaba a Miguel lo poco que se cuidaba de -la sociedad. - ---Te abandonas, Miguel--le decía;--estás hecho un rústico. - ---¡Pse! ¿Para qué preocuparse de la sociedad?--exclamaba él;--con la -gente casi siempre sale uno perdiendo. Si a fuerza de molestias y -preocupaciones llega uno a saber una cosa y la comunica a los demás, le -contestan con un lugar común. - ---La sociedad no puede estar regida por un libro de cuentas--decía -Larresore, que era un hombre que nunca había dado nada a nadie. - ---Sí, es cierto--contestaba Miguel sonriendo, porque tenía la idea de -que su tío era uno de los hombres más egoistas del mundo;--pero no es -cosa de perder siempre. - -El segundo hijo de madama Aristy, León, estaba casado con Dolores, la -hija de Malpica. León era pintor y se hallaba por entonces en París. - -Su matrimonio, su profesión y su estancia en París se había llevado a -cabo en contra de la voluntad de su madre. - -Al ir a vivir a Bayona la mujer de Malpica y su hija, ésta en aquella -época una muchachita de catorce a quince años, había impulsado al -coronel su padre a que se instalase cerca de ella, y Malpica fué a -parar a la casa de un guardabosque de Ustariz conocido por el tío Juan, -viejo revolucionario recomendado por Garat y que vivía allí olvidado. - -Dolores iba siempre que podía a visitar a su padre. La mujer del -coronel Malpica sabía que su marido estaba oculto en Ustariz y que su -hija le veía con frecuencia. - -En uno de estos viajes Dolores conoció a León de Aristy, joven pintor, -que se había hecho amigo de Malpica en sus excursiones de paisajista. - -León habló varias veces a Dolores, y a poco de conocerla la hizo una -fogosa declaración de amor. - -Dolores era una mujer afectuosa, tierna, muy religiosa y de no mucha -energía, que tenía siempre las lágrimas a punto. - -León, muy romántico en sus ideas era de un egoismo perfecto; no pensaba -más que en sí mismo y se preocupaba poco de la conveniencia de los -demás. - -León riñó con su madre para casarse con Dolores; fueron los casados a -vivir a Chimista, y al año Dolores tuvo un niño. - -El coronel Malpica al ver a su nietecillo se sintió emocionado y se -trasladó también a Chimista. El trabajaría en la huerta para no ser -gravoso a nadie, dijo. - -El matrimonio hubiera podido ser feliz; pero pronto León se cansó del -sosiego de la casita campestre y de los paisajes de los contornos, y -decidió ir a pasar temporadas a París. Todos los años hacía un viaje a -la capital, cada vez más largo, y volvía huraño y fosco lamentándose -de que no se le considerase, creyéndose siempre postergado por las -intrigas de los demás artistas. - -Dolores no sabía qué hacer para contentar a su marido; el pintor era -un hombre vanidoso y de poco carácter; había vivido dominado por la -energía de su madre, y al dirigir él su vida se encontraba perdido. - -Dolores era una mujer poco enérgica, pero buena y resignada. No -comprendía lo que le pasaba a su marido. Veía que vivía con el espíritu -en otra parte. Ella se consolaba jugando con sus hijos, arreglando sus -flores. Iba también con frecuencia a ver a su madre a Bayona, y dejaba -a sus hijos al cuidado de una vecina recién casada a quien llamaban -Fanchon. - -Dolores tenía amor por su padre y lo comprendía, a pesar de la -tosquedad y de la rigidez del coronel. Malpica trabajaba por ella y -la proporcionaba todas las comodidades posibles, fingiendo siempre -estar malhumorado. Para el viejo militar, las mujeres eran como niños -caprichosos que había que vigilar y atender. - -Respecto a Julia de Aristy, la hermana de León y Miguel, casada con un -propietario rico de Bayona, intentaba convencer a sus hermanos de que -debían salir de aquel rincón de Ustariz. - -León estaba camino de hacerlo, no así su madre ni su hermano mayor. -Ambos vivían entusiasmados en Gastizar. - -Esta casa la había comprado el abuelo materno de madama de Aristy, que -era un bearnés, en tiempo de la Revolución. No se sabrá de quién era -primitivamente ni se conocía su historia; únicamente le quedaba el -nombre de Gastizar que en vascuence quiere decir castillo viejo. - -Madama de Aristy y sus hijos habían ido a vivir a Gastizar al finalizar -el Imperio. - -El propietario anterior debía de haber sido hombre de cierta fantasía. - -En un extremo de la huerta había pretendido instalar un jardín con -plantas tropicales, tentativa que indicaba en él un entusiasmo por la -Botánica, puesto en boga por Juan Jacobo Rouseau y por Bernardino de -Saint Pierre. En medio del jardín tropical había un chalet rústico -oculto entre árboles. Este chalet rústico, al que llamaban el chalet -de las hiedras porque se hallaba tapizado y cubierto por ellas, estaba -alquilado a dos señoras españolas. - -Madama de Aristy al ocupar la casa mandó quitar las plantaciones -tropicales y dejó los campos al modo del país. - -Hubiera derribado el chalet de las hiedras, pero su hijo León lo quería -para estudio y lo respetó. - -Durante todo el año madama Aristy y su hijo mayor vivían en Ustariz. -Algunas veces solían ir a Bayona, y el rigor del verano pasaban algunos -días en Biarritz. Tenían un landó para sus viajes y Miguel solía usar -un tilburí que él mismo dirigía. - -Madama de Aristy era de estas personas que trabajan y hacen trabajar a -los demás sin descanso. - -Tenía a sus órdenes dos criadas, un muchacho y un hortelano. - -Además de las dos criadas había un ama de llaves, algo pariente de -madama Aristy, que era una solterona fea, desgarbada y torpe. Se -llamaba Benedicta. La Benedicta siempre estaba distraída y hacía las -cosas mal, pero si la reñían las hacía peor. - ---Dejadle--decía Miguel,--no la riñáis. - -Madama de Aristy no podía dejar el placer de refunfuñar y de echar -largos discursos agrios a Benedicta. Las señoritas de Belsunce solían -ir acompañadas de una doncella. - -Un elemento importante de Gastizar era el criado y hortelano Ichteben, -un tipo curioso; Ichteben tenía muchas ocupaciones, pero ninguna -cumplía bien; poseía una nariz como un pico, roja, una expresión -suspicaz; llevaba pantalones azules, blusa negra y un chaleco de Bayona -en invierno como en verano. - -Ichteben hacía lo que le encargaban bastante mal y además era un poco -borracho, pero tenía una fidelidad a Gastizar a toda prueba. - -Madama de Aristy decía muchas veces que lo iba a despachar, pero esto -parecía tan difícil como cambiar el orden de los planetas. - -Ichteben era muy malicioso, muy ladino; únicamente Miguel le inspiraba -confianza para contarle sus cuitas. Miguel le escuchaba muy serio y -después celebraba a carcajadas su malicia. - - - - -VIII. - -LOS PARIENTES Y LOS AMIGOS DE LA CASA - - -CASI siempre había en Gastizar parientes de madama de Aristy que iban a -Ustariz a pasar una temporada. - -De los más constantes eran la señorita de Belsunce y su sobrina Alicia. - -La señorita de Belsunce, una dama mustia que había tenido en su -juventud amores contrariados y falta de ácido en el estómago, hubiera -querido ser, como la mariscala de Luxemburgo, una autoridad en materias -de elegancia y dar el _placet_ a la gente con un ¡oh! o con un ¡ah! -colocado a tiempo, como dió la mariscala a monsieur de Talleyrand. - -La señorita de Belsunce se cansaba de la soledad de Gastizar, y muchas -veces decía a su sobrina: - ---No sé para qué estamos en este desierto. - -Alicia tenía cariño por Gastizar. Era Alicia una linda muchacha, un -poco pequeña de estatura, rubia, tirando a roja, con la boca chiquita, -los ojos verdosos y la nariz un poco corva. Estaba orgullosa de su -figura y de su familia. - -Alicia era efusiva, cariñosa, muy económica y algo egoista. A pesar de -esto sabía hermanar su egoismo con su tendencia romántica. Era de estas -vírgenes prudentes que miran a su alrededor estudiando el hombre que -les conviene. - -Alicia adulaba un tanto a su tía madama Aristy, y esta señora -consideraba mucho a su sobrina. Estaban siempre de acuerdo. Se creían -las dos de distinta pasta que los demás y que lo hacían todo bien. Se -consideraban casi siempre en el fiel de la balanza. - -Alicia tenía un poco de desdén por su primo Miguel, a quien suponía que -ella agradaba y que, sin embargo, no le hacía la menor indicación en -este sentido considerándose sin duda como viejo. - -Alicia vivía el invierno en Pau y hablaba el _patois_, cosa cómica para -un vasco. - ---No comprendo cómo se habla el _patois_--decía Miguel a su prima. - ---¿Por qué no? - ---Es como tener dos trajes para la ciudad. Nosotros los vascos no, -tenemos el traje de pastor, de la aldea: el vascuence, y el de la -ciudad, el francés. - ---Nosotros no tenemos nada de pastores--replicaba ella;--somos más -civilizados. - ---Un idioma latino. ¡Pse! ¡Qué cosa más ridícula!--exclama Miguel. - ---Ustedes han resuelto que hay una superioridad de los vascos sobre los -bearneses y los gascones, y ya basta. - ---¡Ah, claro! Es una superioridad que no necesita explicación. - ---¿Es que han hecho más cosas los vascos? - ---No. - ---¿Es que han tenido más grandes hombres? - ---No, tampoco. Nosotros los vascos formamos un pueblo pequeño, -misterioso, con un concepto de la vida especial. ¿Cómo nos van a -comparar con un provenzal o con un gascón? - ---Pero los provenzales y los gascones tienen más historia, hay entre -ellos familias más antiguas. - ---Respecto a eso te diré, prima mía, lo que un vasco dijo al duque de -Guisa. Discutían los dos acerca de su respectiva nobleza, y el duque -de Guisa dijo: Sabed que los Guisas datan del siglo X, y el vasco le -contestó: Nosotros los vascos no datamos. - ---No comprendo, la verdad, este orgullo. - ---No es orgullo. Cada cual tiene sus condiciones y desea conservarlas. -¿Por qué no? Yo no quiero vivir en comunidad con el vecino, aunque sea -más fuerte o más rico que yo. Que estas comarcas que nos rodean, que -han hablado dialectos latinos, tienen más cultura que nosotros por el -uso de un idioma más civilizado que el nuestro. ¿Y eso qué importa? -Nosotros queremos vivir en nuestro país, sin tener gran cosa que ver -con los que hablan esas jergas latinas. - ---¿Y por qué no? - ---Nosotros somos otra clase de gentes; no nos parecemos en nada a ellos. - ---¿Más serios? - ---Claro. - ---¿Más constantes? - ---Sin duda alguna. - ---Ahí está el grande hombre del pueblo, Garat, prodigio de -consecuencia...; no ha sido más que de todos los partidos... - ---Bueno; es posible que en la política...--decía Miguel riendo. - ---Y en todo. Ustariz es un pueblo de veletas; ¿cuántas novias ha tenido -usted, primo mío? - ---¿Yo? De verdad... ninguna. - ---¿No ha tenido usted bastante tiempo para enamorarse de ellas? - -Alicia y Miguel solían discutir y pelear con frecuencia; ella terminaba -sus reyertas con un gesto de altivez y desdén, y él se reía. - -Otro de los huéspedes de Gastizar era Víctor Darracq, ex intendente -del ejército de Napoleón y primo del marido de madama de Aristy. -Víctor Darracq había sido de la Administración militar durante el -Imperio y había llegado a general de brigada. Darracq no tenía espíritu -militarista; en cambio era de estos hombres curiosos que allí por donde -van recogen algo. No conservaba de la guerra más que un recuerdo de -crímenes, de robos y de bestialidades. - -El ex intendente había llegado hacía años a Gastizar con el objeto de -pasar una temporada, y se había quedado allí. - -El ex intendente era solterón, hombre servicial capaz de sacrificarse -por sus amigos. - -Tenía su centro de operaciones en la biblioteca de Gastizar. - -Era de estos hombres ordenados y clasificadores, y todo lo que había -reunido en su vida de intendente lo guardaba catalogado en sus -armarios; tenía mucha afición a los pájaros y una canariera que cuidaba -con todas las reglas del arte. - -Al instalarse en Gastizar, el ex intendente vió que la biblioteca era -bastante buena. El antiguo propietario había querido sin duda rivalizar -con Garat, sobre todo en conocimientos vascos, y desde Oihenart a -Astarloa, y desde Larramendi a Zamacola, no faltaba autor que se -ocupara del país. - -El ex intendente tenía mucho cariño por sus sobrinos, sobre todo por -León el pintor. - -No se explicaba la gente cómo madama de Aristy le había aceptado -definitivamente en su casa, con la poca amistad que tenía por los -parientes de su marido. - -El tío Víctor era un hombre moreno de aspecto un poco sombrío, una -cara de esas cetrinas y atormentadas; vestía redingot abotonado hasta -arriba de aire militar y color oscuro, polainas y cuello de camisa alto -y tieso, que dibujaba sobre la mejilla atezada un triángulo de tela -blanca y almidonada que salía de la corbata. - -Darracq vivía en el cuarto de la torrecilla que daba a la carretera, -y solía allí trabajar haciendo barcos o esferas armilares. Estaba -suscrito a varios periódicos extranjeros, y las noticias interesantes -que encontraba en ellos las recortaba y las pegaba en un libro. - -El tío Víctor tenía como asistente a un vasco aventurero que había -rodado por el mundo, a quien llamaba Ali. - -Ali había estado durante algunos años alistado entre los mamelucos de -Egipto y había sido corsario. Ali al llegar a Ustariz tenía todas las -trazas de un turco; usaba unos bigotes largos, gorra roja y pantalones -bombachos. - -Al querer instalarse Darracq en Gastizar madama de Aristy puso el veto -a Ali; dijo que mientras usara aquellos bigotes y aquella indumentaria -no estaría en su casa. - -Ali, suspirando, se afeitó y se puso una blusa azul y pareció un -aldeano como otro cualquiera, más moreno. - -Ali era hombre con éxito en el pueblo; cuando contaba sus aventuras en -Egipto y en Grecia tenía a todos pendientes de sus labios. - -Otro de los huéspedes que solía pasar largas temporadas en Gastizar era -el caballero de Larresore, constante compañero de charlas de Miguel. - -Larresore era soltero, de más de sesenta años, muy atildado y elegante; -tenía las mejillas sonrosadas, las melenas largas y bien peinadas, las -patillas cortas. Vestía a la inglesa. Su traje ordinario era casaca de -color pardo claro, chaleco blanco bordado, pantalón corto de piel de -seda y polainas negras. - -En el chaleco llevaba dos cadenas de reloj con algunos dijes. - -Larresore vivía en invierno en Bayona, y cuando llegaba el buen tiempo -iba a pasar temporadas a las casas de sus parientes y amigos. - -Larresore era muy egoista, con una gran perfección maquiavélica en su -egoismo. Preparaba las cosas que le convenían muy de antemano con todo -detalle y daba mil rodeos para conseguir lo que se proponía. - -Larresore había estado en Inglaterra durante la Revolución. - -La Revolución vino a cogerle en un momento en que pensaba hacer un buen -matrimonio y un buen negocio. Al caballero le quedó siempre el odio -por este movimiento inoportuno que vino a estropear su porvenir. - -Larresore se pintaba así mismo como un realista arruinado por la -Revolución, cosa que a juzgar por los que le conocían no era cierta, -porque, según éstos, el caballero nunca había tenido fortuna. - -Larresore cultivaba su personalidad de realista; hacía valer sus -amistades y escribía cartas a los hombres ilustres del partido, y si le -contestaban exhibía sus respuestas por todo el pueblo. - -Larresore en Inglaterra se había aficionado a las costumbres inglesas, -al té y a los vinos de España. - -En Londres conoció al vizconde de Chateaubriand, a quien consideró -como un fatuo hasta que vió que se hacía célebre, y entonces hablaba -constantemente del vizconde como de un amigo íntimo a quien había -adivinado. - -El caballero de Larresore encontraba la sociedad del siglo XIX egoista -y desprovista en absoluto de sensibilidad. - -Es necesario tener el espíritu saturado de egoismo para reconocerlo al -momento en los demás y en sus más pequeñas partículas. Larresore lo -reconocía en seguida, lo olfateaba. - -El tenía la costumbre de decir cuatro o cinco frases de cajón cuando -ocurría una desgracia; creía a la gente dura y seca de espíritu sin -efusiones ni poesías. - -Ya no se sabía ser galante con las damas; no se amaba el campo. El -caballero de Larresore no había sido muy platónico, ni era capaz de -mirar un paisaje un momento. - -Larresore se lamentaba de las transformaciones de la época. Contaba su -vida de cuando había ido a París antes de la Revolución recomendado a -Garat. - ---¡Qué sociedad aquella!--exclamaba.--Alegre, social, cortés. Como ha -dicho mi ilustre amigo monsieur de Talleyrand, el que no ha vivido -antes de la Revolución no sabe lo que es la dulzura de vivir. - -Y contaba anécdotas de su tiempo parecidas a las de todos los tiempos, -y recitaba los madrigales enviados por él a las cómicas, que firmaba -con notas musicales La... re... sol... re. - -El caballero creía que estos rasgos de ingenio no podían volver a darse. - -Larresore hablaba de Garat el menor, su amigo, con mucha lástima, por -haber tenido que convivir con los tigres de la Revolución. - ---Hoy, el hombre en Francia--decía el caballero--está descontento de -sí mismo y de la sociedad. He aquí a mis dos sobrinos León y Miguel. -León quiere ser pintor, pero no se contenta con ser un pintor como -hubiera sido un gentil hombre de mi tiempo, pintor para mostrar sus -cuadros entre sus amigos, no; quiere ser un gran pintor, y que hablen -de él los periódicos. El papel impreso... ¡Qué cosa más lamentable! -Respecto a Miguel, está perdiendo en absoluto sus condiciones físicas -de caballero; se ha dejado la barba, se corta el pelo al rape. - ---Es más cómodo, tío. Va uno siendo viejo. - ---¡Viejo a los cuarenta años! En mi tiempo no había viejos. - ---¿Habían encontrado ustedes la fuente de Juvencio? - ---No; es que nadie se retiraba voluntariamente. Se vivía para la -sociedad. Entonces había verdadera fraternidad. - ---Sí, entre ustedes; pero no entre ustedes y la gente pobre. - ---¿Y ahora la hay de esa? - ---No, es verdad; ahora tampoco la hay. - ---Entonces reinaban las mujeres. El hombre estaba educado por ellas. Se -sabía ser amable, galante. La Revolución ha acabado con todo esto. - -Madama de Aristy y las dos señoritas de Belsunce cuando le oían daban -la razón a Larresore; el ex intendente Darracq movía la cabeza como -indicando que habría que pesar el pro y el contra de la cuestión, y -Miguel se reía. - -Todas las formas de vivir exclusivamente sociales hacen del hombre un -cómico que representa un papel, y Larresore era un comediante completo. -Eso sí. El quería el teatro adornado y los actores caracterizados con -perfección. - -Muchas veces en confianza decía de la vieja señorita de Belsunce: Yo -comprendo que se pinte, pero que se pinte bien. - -Además de los parientes solían ir amigos a pasar temporadas a Gastizar. - -De los contertulios del pueblo, los más asiduos eran madama Luxe con su -hija, las señoras de Darneguy, el vicario Dostabat y el organista de la -iglesia, Harismendy. - -Algunos suponían que a madama de Aristy no le hubiese disgustado casar -a su hijo con madama Luxe, que era rica; otros decían que era la viuda -la que miraba con buenos ojos a Miguel, y otros que era a Miguel a -quien le gustaba la viuda. - -También solían ir a Gastizar con frecuencia la señora Darneguy y su -sobrina. Madama de Aristy las estimaba mucho. La señora Darneguy -vivía con una pequeña pensión, y era muy severa; la sobrina Carolina, -ya de cierta edad y con algunos cabellos de plata, trabajaba haciendo -bordados. Madama de Aristy las enviaba con frecuencia regalos; pollos y -frutos de la huerta. - -El vicario Dostabat iba a Gastizar todas las semanas un día. Era -Dostabat un hombre alto, de vientre abultado, la cara roja, los ojos -pequeños y claros y la nariz larga. Tenía de cincuenta a sesenta años. -Era tipo de cura del antiguo régimen; muy aficionado a las buenas -comidas y a los vinos excelentes. - -Los vinos de mesa eran su especialidad; los miraba, los olía, los -cataba como un verdadero conocedor. También le gustaban las cartas y -era maestro en todos los juegos. El padre Dostabat era cura de manga -ancha, y creía que la mayoría eran pecadillos que Dios perdona sin -esfuerzo. - -El organista de la iglesia, el abate Harismendy era un hombre de unos -cuarenta años, moreno, los ojos negros, muy vivos. Harismendy tenía -gran afición a la música y enseñaba solfeo a los chicos del pueblo. - -En Gastizar solía acompañar a Alicia al piano. - -A veces había concierto; Alicia cantaba, el joven Larralde-Mauleón -tocaba el violín. Harismendy el piano y Miguel el violonchelo. - -Larresore, que no era muy aficionado a la música, intentaba siempre -monopolizar a Miguel y llevarlo al campo de sus discusiones. Los dos -rompían la frialdad y el aire ceremonioso de la tertulia de Gastizar -con sus observaciones, a veces de un atrevimiento chocante. - - - - -IX. - -CHORIBIDE EL VERSÁTIL - - -AL contemplar el paisaje de Ustariz, al ver sus casitas blancas con -sus enredaderas y sus parras, el río con sus meandros bordeados por -arboledas, se pensaba involuntariamente en la vida idílica y pastoril. - -Parecía que los habitantes del pueblo debían vivir al estilo de los -héroes de Teócrito y de Virgilio; pero por debajo de esta bucólica -apariencia aparecía, como no podía menos, el fondo de pasiones y -deformidades de todo núcleo de población humana. - -Ustariz estaba dividido en pequeños grupos; unos indiferentes, otros -enemigos. Era el primer grupo el de Garat. - -Garat había hecho muchos favores en el pueblo y tenía grandes amigos. -En sus últimos años el viejo convencional enfermo, y retirado no quería -intervenir en los asuntos de la villa, aunque la Revolución de Julio -le dejaba en condiciones para tomar parte en la política. Garat estaba -cansado y tenía bastante con sus recuerdos. - -Otro grupo se reunía en el barrio de Eroritz en la casa de los Darralde -llamada Jaureguia. La tertulia de Gastizar no era enemiga de la de -Jaureguia aunque había entre ellas cierta disimulada hostilidad. - -Los Darraldes eran ricos, pero tenían aire de advenedizos. - -Su riqueza trascendía a especulaciones recientes. Darralde, el viejo, -había comenzado a enriquecerse en tiempo de la Revolución. Guardaba en -su casa muebles, tapices y alfombras que había comprado por casi nada -en Dax, Auch y Bayona a los agentes de Barere, Cavaignac y Dartigoite. - -Darralde, después de negociar durante el Imperio por toda Francia, -había formado parte de una sociedad que compraba las grandes -propiedades de los castillos antiguos para venderlas en parcelas y -derribar las ruinas. - -Esta _banda negra_, como la llamaban los arqueólogos, los artistas y -los poetas, había operado en el mediodía a la par que otras hacían sus -negocios en el centro y en el norte. - -Uno de los Darraldes había casado con una señorita de la familia de -Mauleón, lo que le había hecho subir en categoría social. - -Otro punto de cita menos distinguido que las casas de los Aristy y de -los Darralde era el Bazar de París, tienda que tenían dos hermanas, las -señoritas de La Bastide con su abuela. Estas dos hermanas, Delfina y -Martina, daban mucho que hablar al pueblo por sus amores. - ---Las señoritas de La Bastide no llevan una vida honorable--decía -madama de Aristy de una manera dogmática. - -La abuela, por lo que aseguraban algunos viejos había sido igual. -Después de dar varios escándalos en el pueblo, marchó a Bayona y -luego a Auch en la época del Terror, donde fué una de las favoritas -de Dartigoite, este dictador que predicaba la inmoralidad por las -calles y terminaba sus discursos poniéndose desnudo ante el público. Se -aseguraba que se le había visto a la abuela del Bazar de París, en su -juventud, vestida de Diosa Razón, y algunos la llamaban así en broma. - -La Diosa Razón del Bazar de París tenía una cara del siglo XVIII, -una cara de enciclopedista, la frente despejada, la nariz respingona -y corta que sostenía unas antiparras, los ojos claros. Un señor del -pueblo afirmaba que la hubiera tomado por el mismo Diderot. - -Las dos señoritas del Bazar, Martina y Delfina eran unas mujeres -guapas. La mayor, Martina, era alta, de ojos negros hermosos, de aire -arrogante y un poco desdeñoso. La pequeña era morena, pálida, de una -palidez mate con los ojos lánguidos y tristes, y muchos lunares y -muchos rizos. - -Martina, por lo que se decía, tenía como amante al ingeniero de montes; -la Delfina, que siempre caía más bajo, estaba enredada con un perdido -que trabajaba en un molino a quien llamaban Marcos el gascón, pero no -le guardaba fidelidad ninguna y tenía citas con algunos muchachos que -entraban de noche en su casa por la huerta. - -Estas dos muchachas, Martina y Delfina, atendían la tienda y llevaban -las cuentas; la una siempre altiva y orgullosa, la otra como una pálida -flor de lujuria viviendo en una somnolencia erótica. - -Antigua rival de la Diosa Razón era una vieja a quien llamaban la -Estéfana y que tenía otra tiendecita. La Estéfana era una vieja -sonrosada y sin dientes, con los ojos claros y vivos, que murmuraba de -todo el mundo. Solía estar detrás del mostrador, envuelta en un chal -y ganaba explotando la afición de las viejas borrachas del pueblo al -aguardiente, pues a cambio de la copita les tomaba huevos y maíz a muy -bajo precio. - -La Estéfana salía poco de casa y cuando salía se ponía un traje negro -muy elegante, de tafetán, que por la humedad olía como las telas de los -paraguas. - -En casa de la Estéfana jugaban a las cartas tres o cuatro viejas y -reñían y se insultaban cuando perdían algunos suses. - -Tras de la reunión del Bazar de París y de la tienda de la Estéfana -venían ya las tabernas y reuniones de la gente campesina. - -Había un señor que frecuentaba todas las tertulias del pueblo las altas -y las bajas. Este señor era monsieur Choribide a quien llamaban en -Ustariz el Muscadin. - -Choribide era un viejecito flaco, canoso, con unos ojillos claros, una -cara afilada, alegre y burlona. Choribide había vivido durante mucho -tiempo entre la canalla de París; tenía el acento del pueblo bajo -parisiense cuando hablaba francés, y cuando hablaba vascuence parecía -un campesino vasco. - -Ya el uso de un idioma u otro le daba una personalidad distinta. -Si hablaba el francés era el hombre de la gran ciudad depravado y -corrompido, en cambio si se expresaba en vasco era el campesino de una -malicia inocente. - -Choribide, viejo currutaco, vestía como en su juventud. Llevaba casaca -oscura, medias de seda blancas, grandes botas, pantalón de paño de -color de canela, chaleco a lo Robespierre y corbata de muchas vueltas. -Usaba en los días de gala peluca que tiraba a roja, sombrero de copa y -varios dijes en el chaleco. - -El nombre de Choribide, en vasco camino de pájaros, se había prestado -entre los vascófilos a algunas disquisiciones y a algunos chistes. - -Garat había dicho que el apellido verdadero no era Choribide con b, -sino Chorivide con v, palabra híbrida de chori, en vascuence pájaro, -y de _vide_ en francés vacío, lo que valdría tanto como pájaro vacío, -pero si Choribide tenía algo de pájaro no tenía nada de vacío. - -Choribide y Garat solían soltarse pullas. Una vez un amigo común dijo a -Garat: - ---Este Choribide es un granuja. Vendería su alma por dos pesetas. - ---Claro que sí--contestó Garat--y saldría ganando. - -La historia de Choribide el Muscadin era una historia curiosa. - -Había salido de un caserío de Ustariz a estudiar para cura en el -seminario de Larresore, pero en el camino se le había pesado y no -atreviéndose a volverse a su casa se fué a Bayona. Allí entró en una -tienda de dependiente, y como el oficio no le gustaba tomó el camino y -se marchó a París a pie. - -Choribide que tenía mucha afición al teatro hizo amistades entre -cómicos y cómicas y vivió medio de agente y medio de criado. - -Durante algún tiempo fué el parásito del tenor Garat, de este trovador -del Directorio y rey de los Muscadines. - -Choribide lo había hecho todo. Había comenzado su carrera histriónica -tomando parte en las representaciones patrióticas de la época del -Terror y había figurado como comparsa en la _Sansculotide_ haciendo de -ciego. - -Choribide había vagado por París durante los tumultos y las matanzas -terroristas. - -Al iniciarse la reacción de Thermidor se había convertido en Muscadin, -en elegante enemigo de los revolucionarios violentos y astrosos. De -esta época le venía el apodo. - -Después fué especialista de muchos oficios innobles, hizo el agiotaje -de los asignados, sirvió de gancho en las casas de juego, y durante -algún tiempo fué agente de la policía diplomática organizada por el -ministro Tondu-Lebrun. En las malas épocas estuvo asociado con una -banda de monederos falsos. - -No ocultaba que parte de su vida había vivido haciendo delaciones que -las cobró bien. - -Choribide estaba acostumbrado a la caza del político y a la caza del -incauto. - -La intriga era uno de sus elementos. Para él no había moral, ni -derecho, ni nada, sólo había necesidades que engendraban combinaciones -en que se salía ganando o perdiendo. La moral no contaba en sus -cálculos. - -Ya machucho Choribide llegó a Ustariz con un pequeño retiro a cobrar -una herencia. Allí conoció a una solterona muy religiosa, sobrina del -antiguo párroco y dueña de una finca que se llamaba Archa-baita, y se -casó con ella. - -El ex terrorista iba todos los domingos a la iglesia con su mujer. - ---¿Es usted religioso?--le preguntaron alguna vez. - ---No--replicó él--pero hay que contentar al pueblo. Hago como -su excelencia el duque de Otranto en otro tiempo el ciudadano -Fouché--añadía.--Yo le he visto a Fouché cuando se inauguró el busto de -Lepelletier Saint-Fargeau hablar de que había que destruir las cruces -y signos religiosos y poner en los cementerios un letrero que dijese: -la Muerte es el sueño eterno. Años después pasamos por sus tierras unos -cuantos cómicos en coche y vimos a un señor que se descubría con gran -respeto al pasar delante de unas cruces. ¿Quién es? preguntamos. Es Su -Excelencia el duque de Otranto. - -Choribide era un cínico. - ---Dicen que mi mujer ha sido durante quince años la querida de su tío -el párroco--solía decir con indiferencia--es posible, pero no es nada -clerical. - -Choribide tenía entusiasmo por su versatilidad. - ---El pobre Garat y yo--decía frotándose las manos--hemos estado en -todos los partidos. No podemos echarnos nada en cara. Hemos salido un -poco prostitutas. - -Añadía también medio en serio, medio en broma que sentía ser viejo y -vivir en una aldea, pues le hubiera gustado probar el sansimonismo. - -Choribide tenía influencia y conseguía cosas que otros con más -representación no podían conseguir. A cambio de estos favores aceptaba -lo que le dieran. - ---Yo diré como Caillot--decía una vez en la tertulia del Bazar de París. - -Como nadie sabía allá quién era Caillot, la gente se encogió de hombros -hasta que uno preguntó: ¿Y qué decía Caillot? - ---Pues Caillot--explicó él--era un cómico excelente y muy viejo en mi -tiempo a quien yo no vi representar. Caillot vivía en Saint Germain y -era muy amigo de Juan Jacobo Rousseau. Un día Juan Jacobo vió a Caillot -con un cuchillo de caza admirable y le dijo que le chocaba que se -permitiera gastos tan excesivos.--No, no lo he comprado yo--contestó -Caillot--me lo ha regalado Su Excelencia, el príncipe de Conti.--¿Es -que usted acepta los regalos de los príncipes?--preguntó Rousseau.--¡Y -yo que le tenía a usted por un filósofo!--Lo soy, dijo Caillot. -Usted es un filósofo que rehusa y yo soy un filósofo que acepta. -Yo--terminaba Choribide--soy como Caillot un filósofo que acepta. - -Choribide era inagotable contando anécdotas. - -El caballero de Larresore que algunas veces lo encontraba en el Bazar -de las señoritas de La Bastide hubiera querido despreciarlo, pero la -verdad era que le admiraba e iba muchas veces a oirle. - -Choribide contaba la vida de París durante el Terror, la gente -marchando por las calles con la mirada baja espiándose con el rabillo -del ojo, y por las noches las familias que se encerraban en las casas -temiendo las visitas domiciliarias. - -Choribide explicaba cómo funcionaban los garitos del Palais Royal, cómo -se jugaba, quiénes eran los puntos más fuertes y quiénes las cortesanas -más célebres de aquellos lugares. Un día llegaba y decía: - ---Hoy hace cuarenta años estaba yo en el teatro en París, viendo -representar una comedia _Los acontecimientos imprevistos_. En aquella -noche estuvo a punto de ser presa madama Dugazon por decir unos versos -entusiastas mirando al palco en donde estaba María Antonieta. ¡A -la cárcel! ¡A la cárcel! gritábamos los jacobinos. La cómica no se -intimidó, se acercó más al palco de la reina y recitó con mayor energía -los mismos versos. ¡A la cárcel! ¡A la cárcel! seguíamos gritando -nosotros mientras otra parte del público aplaudía con entusiasmo. - -A este viejo currutaco le gustaba contar horrores vistos por él en -la Revolución y hacía temblar a sus oyentes hablándoles del suplicio -de los reyes, de los girondinos y de los dantonianos que había -presenciado. Sobre todo en los detalles era donde el viejo Choribide -estaba extraordinario; cuando hablaba, por ejemplo, del negro Delorme, -uno de los exterminadores de los presos en las matanzas de Septiembre, -llegaba a lo trágico, Choribide describía a este negrazo medio desnudo, -con el cuerpo manchado de sangre, degollando hombres y mujeres entre -risas y carcajadas. - -Después pintaba el contraste del negro velludo teniendo en brazos el -cuerpo decapitado de la princesa de Lamballe, al que pasaba un trapo -húmedo para quitarle la sangre, mientras la cabeza de la infortunada -princesa estaba en una taberna próxima y un peluquero le rizaba el -pelo. ¡Qué blanca es!--decía la gente al ver el cuerpo de la princesa. -Y esta idea de la blancura de la víctima exasperaba a la plebe, y un -bárbaro arrancó al cadáver el corazón y otro el sexo y las entrañas. - ---¿Y era una mujer hermosa?--le preguntaron dos o tres a Choribide -cuando contó esta escena. - ---No, tenía más de cuarenta años y el vientre arrugado. - ---¿Y cómo aceptaban ustedes esto?--decía Larresore. - ---¿Y qué íbamos a hacer mi querido caballero? ¿Ibamos a decir que -éramos moderados cuando al peluquero Basset se le guillotinó por haber -hecho pelucas de aristócratas? Había que ser rojo para vivir; si no -estaba uno perdido. No había más remedio. Fué moda ser filósofo, -fuímos filósofos, luego republicanos, fuímos republicanos, después -terroristas, luego thermidorianos, después bonapartistas, hemos sido -realistas y ultramontanos; ahora aparecemos como liberales. Garat y -yo lo hemos sido todo. Nos acusaran de versátiles, ¡qué tontería! De -veletas. Por lo menos no dirán que somos veletas enmohecidas ni roñosas. - -Y Choribide se frotaba las manos riendo. - -Le gustaba a este viejo contar casos de apostasía y de cambios de -opinión. Le gustaba también explicar las intrigas de su tiempo y -descubrir las causas bajas y ridículas que habían dado origen a -acontecimientos que se tenían por grandes. - -El cínico y extraño personaje era hombre de gran instinto social; -entraba en todas las casas de Ustariz y entre ellas en Gastizar. ¿Cómo -le aceptaba madama de Aristy? Era difícil comprenderlo. - -Choribide visitaba a lo mejor y a lo peor del pueblo; solía estar en -la cabecera de la cama de Garat haciendo compañía al viejo político y -en el salón de madama de Aristy; otras veces convidaba en la Veleta de -Ustariz a un veterano de la Revolución que estaba en el asilo, a quien -los chicos llamaban Cucú el rojo y cantaban los dos la _Carmañola_, -el _Ça_, _ira_ y otras canciones desvergonzadas y terribles, algunas -dedicadas a la _Sainte guillotinette_. - -Choribide de tres en tres años iba a París, solía visitar a sus amigos -realistas y a los republicanos que aún vivían. Visitaba también a los -cómicos y cómicas viejas en sus guardillas y se enteraba de todo y -hasta se enternecía, al parecer, aunque para él todo no era más que un -dato y un motivo de conversación. - -Desde las jornadas de Julio, Choribide tenía en su casa un teniente de -infantería de la Guardia real que había sido licenciado y era sobrino -de su mujer. - -El teniente Rontignon era un tipo de militar de café, punto fuerte para -jugar al billar y al dominó. Choribide se había propuesto casarle con -alguna rica y había echado el ojo a madama Luxe, pero Rontignon además -de haragán era hombre tímido y no se atrevía a dirigirse a una señorona -tan elegante y tan distinguida. - - - - -X. - -UN SOLITARIO - - -ADEMÁS de Garat, de Choribide y de Cucú el rojo, había otro -representante de la Revolución en un guarda del bosque de Ustariz que -vivía completamente aislado en una cabaña rodeada de robles. Llamaban a -este solitario el tío Juan. - -El tío Juan era hombre de unos sesenta años, todavía fuerte, calvo, con -la cara inteligente y llena de arrugas y los ojos brillantes. Solía -vérsele rara vez en el pueblo; iba vestido con una casaca de color -castaña, con cuello de terciopelo, medias de lana blancas y zapatones. - -Los que le conocían aseguraban que el tío Juan tenía un entusiasmo -fanático por la Revolución, un entusiasmo que huía del análisis y que -prefería en los hombres el odio a sus ideas que la aceptación de ellas -a medias. - -Al parecer, el tío Juan era de esos hombres que quieren cuadricular la -vida y someterla a una norma lógica y fiera. - -El tío Juan tenía el espíritu del fanático que se da lo mismo en las -ideas religiosas que en las humanitarias. El no podía aceptar lo -irregular, lo laxo, no podía comprender que las sociedades necesitan un -margen de benevolencia y de inmoralidad que es muchas veces el refugio -de la libertad y del buen sentido. - -Durante la Restauración la policía vigiló varias veces al tío Juan. Se -aseguraba que había sido uno de los más feroces jacobinos de Burdeos -y que había estado en Cayena con Collot d'Herbois y Billaud Varennes, -pues habló una vez del ex cómico Collot que bebía el ron como si fuera -agua, y del ex congregacionista Billaud que mataba su aburrimiento en -la deportación domesticando loros. - -Acogido a un indulto y vuelto a Francia el tío Juan había sido -protegido por Basterreche en Bayona, pero deseando vivir en el campo y -en la soledad se dirigió a Garat y por influencia de éste le hicieron -guardabosque. - -Se decía que Garat le puso como condición para estar en Ustariz el que -no se hablara de él. - -El guardabosque lo prometió y cumplió su promesa. No tenía amistad ni -relaciones con nadie, y si alguna vez le excitaban a discutir lo rehuía. - -El mismo cuidado del tío Juan de no ser advertido hizo en ciertas -épocas de la Restauración el que la policía le siguiera los pasos y el -pueblo se fijara en él. - -Se decía que Ali, el asistente de Víctor Darracq iba con frecuencia a -visitarle a su cabaña del bosque y que el solitario se comunicaba con -Garat. Se decía también que algunas veces se habían encontrado de noche -a un jinete que se apeaba cerca de Gastizar y que este jinete era el -guardabosque. - - - - -XI. - -LOS LOCOS DEL PUEBLO - - -PARA completar el cuadro de Ustariz, en 1830 habría que hablar de los -locos y de los excéntricos del pueblo, que abundaban allí como en todos -los pueblos vascos. - -Uno de ellos, el más curioso era Muchico. - -Muchico tenía los ojos brillantes, unas largas barbas y llevaba blusa -negra. A pesar de su aspecto siniestro de su mirada fija no tenía nada -de agresivo. Los chicos se burlaban de él y le gritaban y le tiraban -piedras. El les amenazaba con el puño y tenía que esconderse en los -portales. A Muchico le entusiasmaban los caballos y los coches, y le -asustaban los perros. El viento sur le intranquilizaba y le ponía -exaltado y de mal humor. Cuando la veleta de Gastizar miraba hacia -España era mala señal para Muchico. Este andaba más excitado y nervioso -que de ordinario. - -Otro medio loco que aparecía en el pueblo con frecuencia era el hermano -Ventura. - -El hermano Ventura era un viejo místico recogido por los jesuítas de -Bayona, que le pasaban una pequeña pensión. El hermano Ventura era -chiquito, vivo, de más de setenta años. Tenía un ojo con una nube, -la boca torcida, las barbas blancas, el cráneo calvo y la frente -deprimida. Vestía un gaban largo y un sombrero de copa. Después de las -jornadas de Julio el hermano Ventura se presentaba más derrotado que en -los años anteriores. - -El hermano Ventura echaba largos discursos llenos de fuego, cuando -pronunciaba la palabra Dios se quitaba el sombrero y a veces se -arrodillaba. - -En sus discursos hablaba de los castigos del infierno con tal ardor que -asustaba a las mujeres y les quitaba el dinero para misas. - -Algunos decían que el hermano Ventura era sólo un pillastre, pero había -en él mucho de perturbado. - -Otro de los tipos del pueblo era Cucú el rojo, o Cucú gorro rojo como -le llamaban los chicos. - -Cucú el rojo era un soldado de la República, gascón de nacimiento que -había ido a parar de viejo a un asilo de Ustariz. - -Cucú había tomado en los años que llevaba recogido, las costumbres y -las frases de las monjas que cuidaban a los asilados, pero en ciertos -días que le dejaban libre y bebía de más, sacaba un gorro frigio sucio -y lleno de agujeros y comenzaba a perorar en las tabernas. - ---Ciudadanos--gritaba con la cara inyectada.--La patria está en -peligro. Los aristócratas de Coblentza nos amenazan. Los espías de -Pitt y de Coburgo nos acechan. ¡A las armas! ¡A las armas!--y cogía el -bastón y se ponía como un soldado en guardia. - -Después cantaba con voz ronca el Ca, ira y bailaba la Carmagnola. - -A los realistas del pueblo, que eran casi todas las personas pudientes, -no les molestaba esto del todo, porque veían en ello una prueba de la -plebeyez y de la grosería de las tendencias revolucionarias. - -Para ellos la República con sus glorias no podía servir más que para -hacer vociferar a hombres, como Cucú el rojo en las tabernas o en los -caminos. - -Algunas veces Choribide había puesto frente a frente al hermano Ventura -y a Cucú el rojo. - -Cucú el rojo decía su repertorio, y el hermano Ventura vociferaba como -si estuviera en un bosque: - ---¡Vete a confesar desdichado!--le decía--¡Estás en pecado mortal! El -diablo está detrás de ti, ahora mismo dictándote estas palabras, el -diablo que está lleno de ciencia y de razones. Sí... sí... no hables. -Vete a confesar ahora mismo desdichado. - -Choribide se reía a carcajadas. El hermano Ventura quiso llevar un día -a Cucú el rojo y a Muchico a la iglesia, pero al acercarse a la puerta -los dos se le escaparon. - -Una loca del pueblo, que andaba por los alrededores y no entraba en las -calles, era Grashi Erua. - -Grashi Erua era alta, delgada, rubia, envejecida, con la cara llena -de arrugas. Vestía con andrajos de todos colores y como los chicos la -tiraban piedras no quería ir al pueblo. - -Muchas veces se la veía en medio del bosque con el pelo suelto y una -corona de flores silvestres, también se le había visto al lado de un -arroyo que formaba un remanso, sentada con un manojo de harapos y -cantando como si tuviera un niño en brazos. - -Se decía que Grashi Erua era la hija de una señorita extranjera que -la abandonó. La habían dejado de niña en un caserío y desde entonces -los dueños del caserío eran ricos. Por lo que se contaba, estas gentes -del caserío habían despojado a la loca en vista de que su madre no -aparecía; y no la habían puesto a trabajar porque era indómita y -salvaje. - - - - -LIBRO SEGUNDO - -LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830 - - - - -I. - -DOS AMIGOS - - -IGNACIO Iturri, liberal emigrado en Francia desde los sucesos de 1823, -era hijo de un comerciante de buena posición de Pamplona. Se había -visto Iturri al llegar a Bayona sin medios de fortuna, y como estaba -medio enamorado de una muchacha, que servía de cocinera en una casa -rica de la plaza Grammont, se casó con ella y puso una posada en la -calle de los Vascos, a donde fué atrayendo a todos sus paisanos que -iban a Bayona por algún negocio. - -La posada de Iturri ocupaba toda una casa de piedra y ladrillo rojo, -con entramado de vigas negras y el tejado de piñón. Esta casa tenía dos -pisos, y en el principal en el balcón muy saliente colgaba una muestra -con un letrero en francés y otro en castellano. - -La posada de Iturri era limpia y decente, los cuartos grandes con el -suelo encerado y las ventanas de guillotina, los muebles modernos; -además de esto, tenía el atractivo de ser uno de los sitios en donde se -guisaba mejor en Bayona, pueblo en donde se guisa bien en todas partes. - -Un inconveniente tenía la posada de Iturri y era el olor a bacalao que -salía de los almacenes de la calle de los Vascos. A tal perfume había -que acostumbrarse quieras que no; habituándose a ello la posada de -Iturri podía considerarse casi como un lugar de delicias. - -Iturri era hombre de unos cincuenta años, fuerte, rechoncho, de -ojos negros, de cara redonda y rasurada de tono azul y expresión -melancólica. Hablaba con mucha calma y circunspección. Cualquiera -le hubiera tomado por un cura o por un exclaustrado, sin embargo, a -pesar de su aire clerical, de su cara dulce y de sus manos blancas y -regordetas era hombre de arrestos. - -Su mujer Graciosa, era una vasca de aire de grulla, de nariz afilada -y mejillas sonrosadas, que trabajaba, hablaba y reñía todo al mismo -tiempo sin parar. - -Iturri el posadero que no tenía hijos, aceptó en su casa a un sobrino -suyo ex seminarista escapado de Pamplona, llamado Manuel Ochoa. - -Manuel Ochoa era un muchacho hijo de unos labradores del valle de -Ulzama. Considerándolo como chico listo sus padres le habían puesto a -estudiar para cura. Al principio Ochoa marchó bien en el Seminario, -pero luego comenzó a averiguarse que cortejaba a las mozas, después se -supo que se manifestaba liberal y al último que había asistido a una -reunión de militares masones. Ochoa buscado por la policía se metió en -Francia y fué a acogerse a la fonda de su tío. Iturri le trató bien, y -como tenía grandes conocimientos entre los emigrados le presentó a Don -Sebastián Miñano que estaba por entonces trabajando en varias obras y -que publicaba desde 1825 la Gaceta de Bayona. - -La mujer que vivía con el abate Miñano, y de la que tenía varios hijos, -era algo pariente de Ochoa así que éste fué protegido por el abate. - -Ochoa era muchacho violento, capaz de trabajar con entusiasmo. En los -ratos de ocio se dedicaba a jugar a la pelota, lo que era para él como -un sucedáneo de la acción. - -Pronto le disgustó a Ochoa la colaboración con Don Sebastián Miñano. - -Entre los liberales emigrados se decía que la redacción de la Gaceta de -Bayona que estaba en la calle del Pont Neuf bajo los arcos, en casa de -Barandiaran, era un punto de espionaje de Calomarde. - -Manuel Ochoa riñó varias veces con Miñano. Ochoa era de estos hombres -tempestuosos, que saltan al menor roce, que arrastran a la gente y -tienen siempre entusiastas por su valor y su energía. - -Una señora de Bayona, casada con un propietario rico, se enamoró de -Ochoa y el seminarista tuvo un momento de éxito y de orgullo. Esta -señora que no tenía mucho miedo ni a la opinión ni a su marido, fué -varias veces a cenar con el estudiante a un gabinete reservado de la -fonda del Comercio. - -Iturri el fondista, que temía el escándalo, fué a ver a Miñano y a -contarle lo que pasaba, y entre los dos decidieron mandar a Ochoa -con un pretexto a París. Ochoa copiaría documentos en la Biblioteca -Nacional para el abate. - -En aquella época, Ochoa hubiera preferido quedar en Bayona, pero como -no encontraba la menor apariencia de pretexto que oponer tuvo que -marcharse. - -Ochoa fué a París, conoció a algunos emigrados españoles y tomó parte -en la sublevación de Julio. - -Cuando Leguía y Chacón, comisionados por los liberales de Londres, -llegaron a París, Ochoa se unió a ellos en sus visitas y diligencias. -Luego al ir presentándose los emigrados se hizo definitivamente de su -grupo. - -Conoció a Mina, a Chapalangarra, a Jáuregui. Como no tenía ya carrera -ni oficio pensó que lo mejor sería unir su suerte a la de aquellos -hombres. Más culto que estos militares, pudiendo hermanar las letras -y las armas, pensó le sería fácil conseguir un éxito con poco que le -ayudara la suerte. - -En París trabó amistad con Eusebio de Lacy, con quien vivió durante -algún tiempo. - -Eusebio de Lacy era un joven de ojos azules, pelo rubio y aspecto poco -fuerte, aunque tranquilo y noble. - -Eusebio había nacido en Holanda, en la isla de Walcheren, adonde su -madre había seguido a Luis de Lacy, que entonces era capitán en la -legión irlandesa que mandaba Arturo O'Connor y que estaba al servicio -de Napoleón. - -Eusebio pasó su infancia en Quimper, pueblo de su madre, que de soltera -se llamó la señorita de Guermeur. - -Durante la guerra de la Independencia y mientras su padre don Luis se -batía contra los franceses, Eusebio estuvo en un colegio; terminada la -guerra, Lacy, que había sido teniente general del ejército de Galicia y -de Cataluña, fué destituído por Fernando VII, que tenía esta manera de -pagar a los que se sacrificaban por su persona mientras él adulaba de -una manera baja a Napoleón. - -Destituído el general Lacy fué a vivir a Vinaroz y desde allí -escribió a su mujer para que viniera con su hijo a reunirse con él, -pero la francesa tenía resentimientos con su marido y no quiso ir -a su encuentro. Entonces se cruzaron entre los dos cartas agrias y -recriminaciones violentas. - -El general Lacy era de estos tipos extraños que aparecen en las -naciones en épocas de turbulencia. Su padre era de origen irlandés; su -madre, francesa; él, andaluz de San Roque. Su destino había sido tan -contradictorio y su carácter tan arrebatado, que muchas veces llegaron -a considerarle como loco. - -Durante la juventud de Lacy luchó al lado de los franceses, más tarde -peleó contra ellos. - -El día 2 de Mayo estuvo a punto de ser muerto por su uniforme de -francés. Lacy era hombre exaltado, atrevido, y pertenecía a la -masonería. Muerto Porlier, todas las esperanzas del partido liberal -estaban puestas en él. - -Lacy, con Milans del Bosch, en combinación con La Bisbal y algunos -otros, preparó de una manera aturdida el pronunciamiento que le perdió. -Dejando Vinaroz se presentó en Caldetas con el pretexto de tomar las -aguas y con el fin de ponerse al frente de la sublevación. Al fracasar -ésta, el capitán general de Cataluña, don Francisco Javier Castaños, -que estaba en el secreto de la conspiración y que había dado el permiso -a Lacy para trasladarse de Valencia a Cataluña, sabiendo a lo que iba, -mandó en persecución suya al brigadier Llauder, a Llauder que era masón -y había estado protegido por Lacy. - -Tanto Castaños como Llauder eran hombres de pocos escrúpulos, capaces -de unirse a Lacy si vencía y de fusilarlo si fracasaba. - -Llauder salió en busca de los sublevados camino de Mataró. Milans -del Bosch alcanzó la frontera; Lacy, no se sabe por qué, en vez de -apresurarse a huir, para lo que tenía tiempo sobrado, se detuvo y cayó -preso. - -Una Comisión militar le juzgó y le condenó a muerte; el Gobierno y -Castaños, que en este asunto representó un papel muy ambiguo, ordenaron -que Lacy fuera trasladado a Mallorca; hicieron creer al pueblo que -era con el objeto de encerrarlo solamente y al llegar al castillo de -Bellver lo fusilaron. - -Al triunfar el movimiento liberal de 1820, los amigos de Lacy, entre -ellos Milans de Bosch, escribieron a la viuda para que enviara a su -hijo a educarse a España; un ayudante fué a buscar a Eusebio a Quimper -y lo acompañó a Barcelona. - -Poco después el muchacho asistió en Palma de Mallorca a la exhumación -del cadáver de su padre enterrado en la iglesia de Santo Domingo, que -fué transportado con gran pompa a Barcelona. - -Las Cortes, para honrar su memoria nombraron a Eusebio primer granadero -del Ejército español. - -Eusebio siguió en el colegio de Barcelona, siendo un motivo de orgullo -para todos, y estuvo viviendo una temporada en Madrid. Los amigos y -camaradas de su padre le hablaban de él con entusiasmo; le contaban sus -proezas y sus rasgos de energía y de valor. - -Eusebio llegó a tener por su padre una adoración ciega, que le llevó a -ver con disgusto el comportamiento de su madre. - -Al acabar su existencia de tres años el Gobierno constitucional, -Eusebio volvió a Quimper y vivió soñando con España y con los liberales -amigos de su padre, hombres todos que le parecían de un romanticismo -exaltado, de una generosidad extraordinaria. - -Creía que en España todos los hombres eran valientes como el Cid y -todas las mujeres seres poéticos e ideales; en cambio, tenía una -profunda antipatía por los parientes y amigos de su madre, que querían -hacerle comerciante y francés. - -A los veinte años Eusebio fué a París y poco después a Londres. Allí -se hizo amigo del hijo de Milans del Bosch, conoció a los emigrados -españoles y fué a las tertulias elegantes, en donde se distinguía por -su belleza Teresa Mancha, la hija del coronel don Epifanio. - -Lacy llevaba en Londres una vida muy distinta a la de los demás -emigrados; paseaba, leía, escribía un diario. Eusebio era un joven -de espíritu claro y sereno; quería ver las cosas sin apasionamiento, -empresa difícil, intentando al mismo tiempo conservar el entusiasmo. - -Estaba enamorado de las cosas grandes y nobles, y hubiera querido que -éstas se hicieran sin trabajo, sólo con abnegación y sacrificio. - -La Revolución de Julio, sorprendió a Lacy en Londres. Como la mayoría -de los liberales, al saber su resultado marchó a París, donde conoció a -Ochoa, de quien se hizo gran amigo. - -Al enterarse los dos del proyecto de intervención por la frontera de -los constitucionales se trasladaron a Bayona, y como Lacy no tenía -mucho dinero, fué a vivir con Ochoa a la fonda de Iturri de la calle de -los Vascos. - -Mientras llegaba el momento de batirse, Lacy vivía con mucho método; -tenía las horas del día distribuídas y seguía sus costumbres formadas -en el colegio. - -En cambio Ochoa se exhibía ante el público, tenía el prestigio de -ser un héroe de la Revolución, había presenciado la muerte de dos -bayoneses en las calles de París, a los cuales se levantó después un -monumento cerca de la Catedral; conocía el francés casi tan bien como -el castellano y hablaba elocuentemente emborrachándose con su oratoria -y con los licores con que le obsequiaban los entusiastas del nuevo -régimen. - - - - -II. - -ESTAMPA DE BAYONA EN 1830 - - -BAYONA, como siempre que ha habido trastornos en la península, estaba -en 1830 llena de españoles. Era en esta época la ciudad del Adour, un -pueblo variado, pintoresco y un tanto indefinido. Los franceses del -Norte lo consideraban como una ciudad de aspecto español, para los -españoles del mediodía tenía un carácter completamente francés, para -los vascos era un pueblo poco vasco y para los gascones poco gascón. -Las cuatro lenguas, el francés, el español, el vasco y el patois se -oían por las calles de la ciudad constantemente. - -Bayona tenía, como ahora, tres barrios separados por sus dos ríos; la -Gran Bayona, la Pequeña Bayona y Saint Esprit. - -Este último barrio era entonces, no solamente un pueblo separado de -Bayona, sino que hasta 1827 formaba parte de otro departamento. - -Los tres barrios tenían sus fortificaciones; la Gran Bayona el castillo -Antiguo, la Pequeña Bayona el castillo Nuevo y Saint Esprit la -Ciudadela. - -La grande y la pequeña Bayona, separadas por el río Nive, estaban -encerradas por la misma muralla abierta en cuatro puertas, de las -cuales la más monumental era la puerta de Francia, con sus baluartes, -sus fosos y su puente levadizo. - -El barrio de Saint Esprit era un pueblo pobre habitado por judíos. - -Uniendo Bayona con ese barrio había por entonces un puente de barcas, -que ondulaba, se balanceaba y crugía cuando el mar agitaba las aguas de -la ría o cuando el Adour y el Nive venían hinchados por las lluvias. -Este puente tenía dos andenes para los coches, uno de ida y otro de -vuelta, y otro central para los peatones. - -El puente sobre el Adour era la galería de todos los tipos de la vida -bayonesa, la calle más concurrida de la ciudad. - -Los aguadores iban a llenar sus cubas a una fuente de Saint Esprit que -se consideraba la mejor de los contornos; filas de judíos de perfil -aguileño y de voces graves o agrias cruzaban el puente para correr sus -géneros; muchachas jóvenes artesanas vascas y gasconas pasaban riendo; -alguna dama con miriñaque y crinolina iba a hacer compras, algún _lion_ -lucía su frac y sus melenas, y algún refugiado español marchaba sombrío -embozado en la capa y con el cigarrillo entre los dedos. - -Por las tardes con el buen tiempo los bayoneses paseaban en la plaza -de Armas mientras tocaba la banda militar, los jóvenes tenientes -arrastraban su sable con indolencia y las nodrizas hacían bailar a los -niños en sus brazos. - -Cuando llovía se paseaba en las Arcadas. - -Al llegar el verano la gente salía al campo, iba hacia el mar, visitaba -el lago de Mouriscot y la Chambre d'Amour, y miraba a lo lejos las -crestas agudas del monte Larrun, en el cielo radiante. - - - - -III. - -LAS AMISTADES DE LACY - - -VARIAS visitas de amigos suyos y de algunos de su padre tuvo Lacy en -su estancia en Bayona. La que más le extrañó fué la de un antiguo -condiscípulo suyo en un colegio de Rennes, que se llamaba Jorge Tilly. - -Tilly llegó con una señora inglesa y un abate y fueron los tres a -hospedarse a la fonda de San Esteban. - -Tilly fué a visitar a Lacy y estuvieron los dos charlando largo rato. -Tilly hablaba muy mal el castellano. - -Lacy se manifestó en el curso de la conversación como lo que era, un -liberal entusiasta; en cambio Tilly estuvo muy reservado; para él las -teorías no tenían importancia, sino los hechos; él creía que se podía -encontrar una posición en que se elogiara a Felipe II y a Robespierre. - ---Dado el papel que un tipo se haya propuesto ver cómo la cumple.--Esta -era la cuestión según Tilly. - ---¿Yo cómo voy a medir con la misma medida al que quiere ser fraile y -al que quiere ser un Don Juan? - -Como Eusebio Lacy siempre había tenido a Tilly por un extravagante no -quiso discutir con él. Le preguntó por sus proyectos. - -Tilly dijo que pensaba ir a España, en viaje de exploración. Desde allí -le comunicaría a Lacy noticias de cómo iba aquello. Tilly era un joven -alto, rubio, de aire cansado, con la cara un poco flácida, el labio -inferior belfo, los ojos claros; tenía un tipo de príncipe degenerado -de la Casa de Austria. - -Lacy recordaba a Tilly de su época de colegial, como un chico algo -místico que quería ser fraile. Tilly se mostraba siempre muy misterioso -y no le gustaba hablar de sí mismo y menos de su familia. - ---Aquí te tienen por aristócrata--le decía Lacy en el colegio. - ---Sí--contestaba él--; dicen que nosotros descendemos de los Tilly -de Normandía que tenían un castillo cerca de Caen; pero los Tilly se -han dividido en tantas ramas, que la mayoría de los que llevan este -apellido no tienen entre sí parentesco. Hoy hay Tillys ricos y pobres. -Yo soy de los pobres y he nacido en Jersey donde vive mi familia. Mi -padre era español y yo lo soy también, por lo tanto. - -Tilly, a quien Lacy hacía diez años que no veía, se le reveló en -Bayona como un muchacho cínico y atrevido, cansado de todo y con un -gran desprecio por los hombres. Pretendía ir a España a hacerse una -posición, y como creía que la tendencia liberal había de triunfar más -pronto o más tarde, quería ponerse de acuerdo con los liberales. - -Lacy quedó un poco asombrado de la audacia y del cinismo con que su -condiscípulo se explicaba, y prometió relacionarle con los emigrados. - -Consultó con Milans del Bosch, con Ochoa y otros amigos, y se tomaron -informes de Tilly. - -Tilly se había convertido en un muchacho crapuloso, jugador, de una -moral incomprensible para Lacy. Al parecer tenía éxito con las mujeres, -a las que no trataba bien. Su cara pálida, fría e impasible, su aire -elegante y de aburrimiento le hacían un verdadero _lion_. - -Tilly tenía unas tarjetas en donde se llamaba vizconde, en otras -caballero y en otras se anunciaba como viajante de comercio. - -A pesar de que quería demostrarlo no tenía seguridad en sus ideas, y -muchas veces caía en unas preguntas candorosas y absurdas. - ---¿Tú no crees en las cartas?--le preguntó una vez a Lacy. - ---No, hombre, no; eso es una tontería. - -Tilly tenía también unos proyectos tan poco lógicos, de una -ingeniosidad tan pueril, que dejaban estupefacto a su amigo. - -Tilly, en el tiempo que estuvo en Bayona anduvo en tratos con los -judíos de Saint Esprit, a quienes vendió algunas joyas para jugar o -para vivir. - -La señora que le protegía y a quien llamaba su prima en público, era -una señora inglesa de unos cuarenta años, que se hacía llamar Lady -Russell. Tilly se la presentó a Lacy. A Eusebio le pareció que esta -dama, por debajo de su máscara indiferente y sonriente, tenía un gran -entusiasmo amoroso por Tilly y al mismo tiempo una profunda desolación. - -A Tilly le acompañaba un abate que parecía ejercer el cargo de capellán -de Lady Russell, pues esta dama era católica. El abate era un hombre -de un aspecto selvático y al mismo tiempo inteligente; tenía el pelo -rojo, la frente tempestuosa, las facciones toscas, groseras, de hombre -de campo; el color encendido y los ojos claros y brillantes. - -Tilly y el abate, en los días que estuvieron en Bayona, dejaron un -rastro de desórdenes y de crápula. - -Los dos en compañía de un aventurero francés que se las echaba de muy -liberal y se llamaba Husson de Jour frecuentaban todos los lugares de -perdición. Husson se daba por revolucionario y carbonario, que había -peleado con Mina en España en 1823 en compañía de Armando Carrel, y -era un tipo de hombre jactancioso y fanfarrón, de grandes bigotes y de -grandes actitudes. - -Al prepararse a marchar a España, Tilly se presentó a Lacy. Este, al -verle pálido y desencajado, le dijo: - ---¿Para qué haces esa vida de perdido? - ---¡Pse! No sé, la verdad, porque ya me empieza a aburrir. - ---Entonces no lo comprendo. - ---Yo tampoco. ¿Que quieres? No hay hombre que no sea un enigma para los -demás y para sí mismo. Unicamente los que tienen una tradición muy -fija, como los judíos, saben lo que son y lo que quieren. - ---Tú no tienes la tradición de ser un perdido. - ---No; soy un perdido, como dices tú, por abandono y algo por -curiosidad. En mi familia ha habido de todo: ricos, pobres, -revolucionarios, realistas. En mí se han debido mezclar estas diversas -tendencias, y me han hecho un tipo mixto y contradictorio. - ---Pero en ti está escoger una línea y seguirla. - ---Pienso hacerlo más tarde. Ahora me voy a España. Desde allí te -enviaré algunas cartas con clave y cifra, que te las darán aquí -descifradas. - ---Bueno. - -Tilly se despidió de Lacy y al día siguiente dejó Bayona. - - - - -IV. - -LOS GRUPOS HOSTILES - - -EN una ciudad pequeña como Bayona, que no pasaba de los quince a diez y -seis mil habitantes, todo el mundo se conocía, y más, como era natural, -la colonia española y los que estaban relacionados con ella. - -Al establecerse Lacy en Bayona e intimar con sus compatriotas, vió con -tristeza que no había entre ellos más que odios, rivalidades y desunión. - -Ya durante su estancia en Londres notó las rencillas de los emigrados; -pero, naturalmente, en una ciudad inmensa las divisiones no se notaban -tanto como en un pueblo pequeño, en donde la gente se veía a cada paso. - -En Londres, los constitucionales españoles habían formado grupos que -tan pronto crecían como se achicaban, casi siempre por un motivo -personal. - -El primer grupo moderado y aristocrático estaba dirigido por hombres -de cierta cultura, como Argüelles, Alava, etc. Este grupo se -caracterizaba por ser eminentemente civil, y había rechazado, cuando se -lo propusieron, las ofertas de militares como Morillo, Ballesteros y -O'Donnell. - -El segundo grupo era de los ministas o partidarios de Mina. Los -enemigos les llamaban despectivamente los mineros. Este grupo, el -más extenso y el más fuerte, contaba con elemento civil y militar, -pero predominaban en él los militares. Estaban en él casi todos los -oficiales de mérito refugiados en Inglaterra, Bélgica y América, -excepto los que tenían algún motivo de queja, fundado o no, contra el -caudillo navarro. El Gobierno inglés trataba a este grupo con gran -consideración, y según se decía le proporcionaba fondos para pagar sus -agentes. - -En España casi todos los liberales esperaban, más que de ningún otro -jefe, de Mina. Era el que tenía más partidarios incondicionales. -Este entusiasmo ciego por Mina parecía odioso a sus rivales. Mina, -según éstos, quería ser un ídolo, un santón a quien se le obedeciera -ciegamente. - -Torrijos, San Miguel, Valdés y otros habían roto con él por este -motivo, porque no querían obedecer con pasividad. Es posible que por -dentro hubiera en ellos un fondo de rivalidad próximo a la envidia. - -Mina quería dirigir él, sin dar parte a nadie de lo que hacía, y -afirmaba que gracias a su prudencia y a sus precauciones los espías del -Gobierno español no podían averiguar sus manejos. - -Mina, mientras estaba en Inglaterra fechaba sus cartas en Plymouth y -vivía cerca de Londres en una casa de campo. - -El general llevaba sus asuntos con una gran cautela; para cada empresa -que se le presentaba buscaba el hombre a propósito. Se había servido -varias veces de Sanz de Mendiondo, otras del teniente coronel Baiges, -un gallardo ex guardia de Corps, que tenía fama de conquistador y -de fatuo, y otras de su secretario Aldaz. Algunas cuestiones muy -reservadas las llevaba dictando a su mujer, y otras más secretas aún -las seguía él mismo, sin comunicárselas a nadie. - -El zorro navarro ocultaba muy bien sus maniobras y consideraba el -secreto necesario e imprescindible. - -El segundo partido militar, colocado enfrente del de Mina, lo -capitaneaba Torrijos y tenía como lugarteniente al coronel don -Francisco Valdés. Estos no sentían gran entusiasmo por la Constitución -de Cádiz, como los ministas y deseaban algo más radical. Méndez Vigo y -sus partidarios pensaban en la República. - -Otra facción liberal era la de los masones, a cuya cabeza estaba don -Evaristo San Miguel, que no ocultaba su aversión por Mina. - -Mina nunca había sido un masón entusiasta: todas las mascaradas -simbólicas de esta secta le producían cierta repulsión y se había -afiliado, como Torrijos, al carbonarismo más activo, más eficaz que la -masonería, y al mismo tiempo, por entonces, más internacional. - -Mina, además, había puesto el veto a mucha gente; según sus enemigos, -por celos, según sus amigos, por su natural prudencia. - -El partido de los masones tenía relaciones continuas con las logias de -la península y empleaba para ello a los capitanes de buques mercantes y -a los comisionistas. - -Otro último grupo era el de los ex comuneros. Estos tenían como -prestigio civil a Flores Estrada y como militares a Milans de Bosch y a -López Pinto. - -Los ex comuneros no podían ver a los masones, ni éstos a los ex -comuneros; pero ambos grupos tenían como lazo común el odio a Mina. -Milans el viejo lo detestaba. Había tenido el desencanto de salir de -la isla de Jersey, donde estaba confinado, para avistarse con algunos -capitalistas ingleses liberales, pidiéndoles dinero para una expedición -contra la frontera española, y los capitalistas habían dicho que -únicamente si Mina dirigía la expedición prestarían dinero. - -El grupo ex comunero sintió el desdén de esta negativa, y el grotesco -y envidioso Romero Alpuente escribió un folleto contra el caudillo -navarro. - -Además de estos núcleos formados en Londres había los liberales que no -querían formar grupo alguno y se consideraban independientes; tales -eran Méndez Vigo, Chapalangarra, Bertrand de Lys, el padre Asensio -Nebot y otros varios. - -Cada grupo de los constituídos deseaba el fracaso del grupo rival; -cada hombre que se sentía importante hacía lo posible para aplastar al -compañero y para erigirse él; tenían todos ellos, unos para otros, esa -terrible ferocidad de los ambiciosos, para los cuales no hay amistad ni -comunidad de ideas. - -A veces se manifestaban, sobre todo en las cartas, un afecto entusiasta -y efusivo que no pasaba de figura retórica. - -Entre gente ambiciosa como aquélla, la amistad desinteresada era casi -imposible... - -El hombre de acción es el que cree que obra casi exclusivamente por sus -propias inspiraciones, el que afirma más su albedrio, el que escoge -lo que debe hacer y no debe hacer, y, sin embargo, es el que está más -sujeto a la ley de la fatalidad, el que marcha más arrastrado por la -fuerza de los acontecimientos. - - - - -V. - -LAS ESTELAS SENTIMENTALES - - -MUCHOS de aquellos hombres sin haber repensado teoría alguna política -o social, tenían no sólo la certidumbre de su realidad, sino el -dogmatismo, el fanatismo y hasta la sed de martirio. ¿Quién podrá -afirmar con más fuerza una cosa que el que no la comprende? - -Estos hombres se dejaban llevar por la corriente sentimental del -momento y eran capaces de hacer por ella el sacrificio de su vida. - -En nuestro tiempo, más que en ningún otro, después de la Reforma y de -la Revolución se da el caso de los pueblos y de los individuos que -viven con un sentimentalismo distinto y a veces antagónico a sus ideas. - -Las generaciones han ido moldeando nuestros instintos, lo consciente -y lo inconsciente, les han dado una forma, un sentido; pero en este -conglomerado de nuestra personalidad, la inteligencia se ha separado de -sus viejos compañeros y ha comenzado a marchar sola. - -Así, nuestra época ha dado, más que ninguna otra, santos sin ideas -religiosas, ateos místicos, mujeres honradas con alma de cortesanas, y -cortesanas con aspiraciones de monja. - -Ante esta disociación de su personalidad, el hombre, que antes que nada -quiere creer y poner un pie firme sobre la tierra, mira a su alrededor -y cuando encuentra una ruta la va siguiendo. - -Sus antepasados no escogían, se dejaban llevar; los hombres actuales -escogen, de ahí su desgracia. - -Unos escogen ciega y brutalmente--la mejor manera de escoger--, otros -miran y remiran a derecha e izquierda, quieren pesar el pro y el contra -¡los ilusos! - -Y cuando se deciden van como los demás a ciegas y siguen la estela que -dejaron las grandes corrientes sentimentales pasadas. - -En todas las esferas de la actividad humana, en la religión y en -la política, en la literatura y en el arte quedan estas estelas -sentimentales durante largas épocas históricas. - -¡Cuántos espíritus religiosos, cuya vida ha sido una serie de esfuerzos -heroicos para creer en el dogma que no creyeron, han marchado de -desilusión en desilusión sugestionados por esa mágica estela! ¡Cuántos -grandes revolucionarios marcharon adelante con un ademán gallardo -enardeciendo a las masas, llevando el convencimiento íntimo de que -dentro de sus ideas no había nada! - -¡Cuántos millones de soldados muertos sabían únicamente que su patria -era la que llevaba la bandera roja, la blanca o la azul, la que tenía -este himno y nada más! Y, sin embargo, han ido arrastrados por la -corriente sentimental y han hecho ante el caos ciego el sacrificio de -la vida. - -En todas las esferas de la actividad humana, en la religión y en -la política, en la literatura y en el arte quedan estas estelas -sentimentales. Todos los grandes hechos de la historia, todas las -grandes corrientes han pasado por la inteligencia y por la sensibilidad -de los pueblos dejando una estela. - -Ahora, al notar esa estela que queda en el mar de las ideas; que -es la nuestra, la que hemos escogido, quisiéramos avanzar por ella -rápidamente y llegar a su más puro origen. Ya es tarde, el barco ha -pasado para siempre y ya no volveremos a divisar sus velas. - -Los astrónomos nos han hablado de que la distancia de algunos astros -es tan grande, que su luz tarda en llegar a la tierra cincuenta, -sesenta, ochenta años. Así puede muy bien suceder que una estrella haya -desaparecido o se haya desplazado, y sin embargo nosotros la sigamos -viendo en el cielo de las noches espléndidas. - -¡Qué triste, qué melancólico resulta pensar que una de esas estrellas -que parece que nos guía y nos contempla puede no existir ya y sin -embargo, estarla viendo! - -Así en la vida moral y en la vida sentimental cabe sospechar el -carácter mítico de las ideas y de los dioses, y seguir en la corriente -que produjeron ellos cuando todavía eran dioses e ideas. - - - - -VI. - -LOS PREPARATIVOS - - -ESTABA el partido liberal dividido en grupos en la emigración cuando -llegaron los sucesos de Julio de París, con el destronamiento de Carlos -X, y toda la grey constitucional se conmovió y fué llamada a Francia -por intermedio de los agentes de la masonería y el carbonarismo. - -El gabinete de Fernando VII publicó contra el Gobierno de Julio un -manifiesto injurioso suscrito por Calomarde. - -No pudiendo contestar a Calomarde, que en punto a la legitimidad tenía -razón, el ministro de Luis Felipe, decidió asustar a Fernando VII -ayudando a los liberales españoles. - -El auxilio del Gobierno francés permitió a los constitucionales ir y -venir por Francia y acercarse libremente a la frontera. - -El primer punto de cita de los emigrados se estableció en París. -Allí fueron acudiendo todos ellos desde Londres, desde Bruselas y de -Suiza. Torrijos y algunos de sus partidarios, que tenían preparada una -expedición por Gibraltar, quedaron en Londres dispuestos a embarcarse -para la Península. - -Leguía y Chacón, enviados por Mina antes de las Jornadas de Julio, -habían cruzado el Canal de la Mancha en un falucho. Avanzaron los dos -hasta la frontera española, pero fueron presos y llevados con escolta -de gendarmes hasta Calais. - -Al triunfar la Revolución los dejaron libres, Leguía sin recursos fué a -París y presenció los acontecimientos de Julio. - -En Agosto comenzaron a pasar el Canal de la Mancha los emigrados. El -11 bajaron en Calais, Bertrand de Lys, Mendizábal, Olegario Cueto, el -brigadier Palarea y Juan Llupius. Pocos días después el coronel Valdés -desembarcó en el Havre. - -En París se reunieron Valdés, Leguía, Aldaz el secretario de Mina, -Mendizábal y Chapalangarra. Habían pasado de Inglaterra a Francia -con la idea de ejercer una acción común y no había manera de que se -pusieran de acuerdo. - -Leguía, Aldaz y Chapalangarra, los tres navarros estuvieron a punto -de reñir y de pegarse. Chapalangarra se había separado de Mina, Leguía -había hecho lo mismo y ambos creían tener motivos de queja contra el -general. Leguía se creía olvidado y estaba ofendido. Aldaz defendía a -su jefe viniera o no a cuento. - -La reunión de los liberales en París no demostró más que sus -divisiones. Se decidió formar una junta en Inglaterra, otra en Francia -y para secundar los trabajos de esta última, los radicales franceses -constituyeron una segunda junta con el nombre de Comité Español. - -Se abrió una suscripción y las listas engrosaron rápidamente. Los -banqueros Ardouin, Calvo y Bertrand de Lys aseguraron que pronto -tendrían dinero. La Junta de Francia formada por españoles y dirigida -por Mendizábal escribió a Mina y le preguntó si podía contar con él. - -Mina contestó que sí, y desde este momento la Junta se trasladó a -Bayona. - -Con los primeros fondos del empréstito comenzaron a comprarse armas y -empezó el alistamiento de los emigrados. - -El Comité Español de París, formado por franceses, buscó el apoyo del -Gobierno de Luis Felipe y del mismo rey. - -Luis Viardot, uno de los miembros de aquel Comité, fué a visitar a -Guizot y Guizot le dijo: - ---Decid a los que os envían que Francia ha cometido en España un crimen -político en 1823 y que le debe una reparación y que esta reparación se -llevará a cabo. - -Dupont, Marchais y Loëwe-Weimar, del mismo Comité, fueron a ver a Luis -Felipe. Luis Felipe dijo que Fernando VII era el mayor bribón que había -existido. El rey de los franceses indicó que la tentativa contra el -Gobierno de Fernando le parecía muy bien y dió dinero de su bolsillo. - -Algunos amigos de la familia de Orleans aconsejaron que se ayudara a -destronar a Fernando VII y en ese caso se ofreciera la corona de España -al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe, a quien se casaría con la -reina doña María de la Gloria de Portugal, con lo cual se reunirían en -su cabeza las coronas de los dos reinos peninsulares. - -El rey de los franceses comprendía muy bien que estas combinaciones -no se hacen cuando se quieren y vió en el asunto de los emigrados -españoles únicamente una manera de imponerse al Gobierno de Calomarde -para que le reconociera como rey de Francia. - -Con la protección de Luis Felipe y del Gobierno, los españoles creyeron -que el triunfo estaba asegurado. Todos los días grupos de treinta, de -cuarenta, de cincuenta hombres iban hacia la frontera. Hojas de ruta -autorizadas por el prefecto de policía favorecían los viajes. Había -depósitos de armas con el consentimiento expreso de Montalivet y de -Guizot. - -La imperial de las diligencias de Burdeos a Bayona estaban siempre -retenidas por los agentes españoles para los emigrados. Estos subían a -sus asientos y hablaban, reían y a veces gritaban: - ---¡Viva España! ¡Viva la libertad! - ---Pronuncian _Biba_--decía algún francés con asombro. - -Y el señor culto y erudito recordaba la frase de Escaligero sobre los -españoles que parece de algún gran aficionado al vino: Felices populi -quibus vivere est bibere. - - - - -VII. - -UNA CARTA DE TILLY - - -ESTABA Lacy olvidado de Tilly cuando de la fonda de San Esteban donde -vivía la inglesa Lady Russell le enviaron una carta de Lacy con -anotaciones y entre paréntesis puestos después con otra letra. Era la -carta de una ingeniosidad un tanto pueril como muchas de las cosas -pensadas por Tilly. Estaba redactada en estos términos: - - "Querido Lacy: Te escribo como te prometí para darte noticias de - lo que pasa en la corte celestial. Mis informes son malos para - vosotros. Ahí no lo creerán, pero yo veo que en esta comedia el - Matemático (_Luis Felipe_) se entiende con Calígula (_Fernando - VII_) que se ha asustado con los preparativos de los ilusos - (_los liberales_). Era lo que buscaba la gente del Palacio Real - de Babilonia (_París_). El Gobierno babilónico (_el Gobierno - francés_) va a prohibir de un momento a otro la salida de los - ilusos (_liberales_) de sus puntos de acantonamiento, impedirá las - reuniones y decomisará los instrumentos de trabajo (_las armas_). - Los agentes del Matemático (_Luis Felipe_) hacen creer a los ilusos - (_liberales_) que estas medidas son para cubrir el expediente, pero - no hay nada de eso. - - Calígula y su Caballo (_Fernando VII y Calomarde_) al saber por sus - hurones (_espías_) que se estaban organizando grandes mascaradas - (_juntas de insurrección_) en Babilonia y en Nínive (_en París y - en Londres_) reunieron el Consejo de familia (_Consejo de Estado_) - para deliberar con los familiares (_los ministros_). - - Hubo grandes disentimientos en la opinión de los consejeros. - - Un partido aconsejó reunir el Agora de Esparta (_las Cortes - de España_) publicar una amnistía y dar una carta biagórica - (_constitución de dos Cámaras_) para neutralizar la acción de los - ilusos (_liberales_), el otro quería la represión a todo trance - aumentando el efectivo de los mamelucos (_voluntarios realistas_) y - dejando Esparta (_España_) como hace siete años. - - El Caballo de Calígula (_Calomarde_) tiene hurones (_espías_) - entre los ilusos (_liberales_) y sabe día por día lo que ocurre - entre ellos. - - De estos hurones (_espías_) uno es el comandante don Antonio Oro. - No es oro todo lo que reluce. Los otros son el francés que andaba - conmigo, Husson de Jour, que no sé si seguirá aún en Villa-aburrida - (_Bayona_) y un español, don Manuel Ruiz, que ha recorrido con - fines de lince (_de policía_) la frontera babilónico-espartana - (_franco-española_). - - El Caballo de Calígula (_Calomarde_) tiene hormigas leones - (_agentes procuradores_) en el campo iluso (_liberal_). - - Los tres bajás de la frontera babilónico-espartana (_los capitanes - generales de la frontera_) han remitido órdenes de vigilarla - estrechamente. - - Los jefes de los perros de presa (_los tercios_) y los mamelucos - (_voluntarios realistas_) quedarán a las órdenes de los bajás - (_capitanes generales_). - - Va a publicarse un Iradé (_Real decreto_) poniendo en vigor otro de - 1825 contra los ilusos (_liberales_) cogidos con los instrumentos - entre los dedos (_las armas en la mano_) y contra los que les - presten socorro, un asilo, o tenga con ellos correspondencia. - - La pena de empalamiento (_muerte_) alcanzará por la menor cosa, - la sospecha de complicidad bastará para gozar de la hospitalidad - económica (_ir a presidio_). - - Al mismo tiempo que el Caballo (_Calomarde_) toma estas medidas, - hace reclamaciones enérgicas al Matemático (_Luis Felipe_), a quien - no quiere reconocer, amenazándole con represalias y con formar - cuerpos de camellos babilónicos (_realistas franceses_) que ataquen - a Babel (_Francia_) por el mediodía. - - El bajá general de la Marca (_el capitán general de Cataluña_) y el - de Vardulia (_Guipúzcoa_), los dos babilónicos (_franceses_) y los - dos elefantinos (_absolutistas_) trabajan en el reclutamiento de - los emigrados babilónicos (_franceses_). - - Estas medidas según se dice han hecho mella en el Gobierno - babilónico (_francés_) que os empezará a poner trabas dentro de - poco. - - El acuerdo debe estar hecho. Esparta (_España_) reconocerá al - Matemático (_Luis Felipe_) y no favorecerá a los elefantinos - babilónicos (_absolutistas franceses_) y Babel (_Francia_) - dificultará en cambio los trabajos de los ilusos espartanos - (_liberales españoles_). - - Tu amigo - EL ESQUELETO" - -Eusebio Lacy quedó asombrado al leer esta carta que tenía entre -ingeniosidades infantiles datos que parecían ciertos. La copió, -poniendo los verdaderos nombres y fué a leérsela a sus amigos entre -ellos a Valdés y a Milans del Bosch. - -Las noticias de la carta alarmaron a los liberales. Se buscó al -comandante Oro para pedirle explicaciones, pero Oro había desaparecido. -Husson de Jour había salido también de Bayona. - -Los de Valdés dijeron que respecto de Oro no les chocaba nada que fuese -traidor, porque era amigo de Mina. Los ministas, en cambio, dijeron que -hacía tiempo que Oro no se trataba con su jefe. - - - - -VIII. - -LOS JEFES - - -CON motivo de la carta de Tilly y de sus denuncias, Lacy habló con -los principales jefes de la emigración largamente y tuvo ocasión de -conocerlos. - -Los encontró muy distintos de lo que él suponía. - -Eran todos ellos gente de una ambición fuerte y exaltada, poco -inteligentes, nada razonadores, fanáticos, arbitrarios y devorados por -la ambición del mando; tenían en general la actitud orgullosa de los -virreyes de América. - -La mayoría eran hombres de poca lectura y de menos reflexión, aceptaban -la ideología liberal porque era la del momento y la del posible éxito, -quizás no la sentían fuertemente ni les importaba gran cosa el fondo -humano encerrado en ella. En su vida eran austeros; no había entre -ellos epicúreos, ni comilones, ni borrachos, su mayor vicio era el -juego. No tenían tampoco efusiones, ni recuerdos sentimentales, ni -recitaban versos, ni cantaban canciones patrióticas. - -Había entre esta gente pocas amistades sinceras, porque cada uno lo -quería todo para sí, de ahí las rivalidades, los odios, la envidia y la -eterna suspicacia. - -Tenían todos ellos con la fraseología de la Revolución el instinto del -soldado español del siglo XVI. En ellos lo nuevo con relación a los -militares españoles antiguos era el anhelo de pasar a la historia, de -quedar erguidos ante la posteridad. En los antiguos soldados, el summun -era el mandar y el enriquecerse, en éstos el ideal era el mandar y el -pasar a la Historia, pero como buenos españoles no querían pasar a la -Historia por un trabajo largo y persistente, sino por un golpe de mano, -por una aventura de suerte en que se ganase la gloria o se perdiera la -vida. El ejemplo de la fortuna de Napoleón, el teniente de artillería -transformado en Emperador había trastornado el juicio a los militares -de la época. - -Con la esperanza del momento de fortuna estaban todos llenos de ansia; -la presencia del rival que se encontraba en la misma actitud les -molestaba. - -Eran casi todos ellos gente orgullosa, individualista, que en vez de -ir arrastrados por el pueblo tenían que suponer que éste les buscaba, -lo que no pasaba de ser una ilusión. Eran conspiradores más que -revolucionarios muchos de gustos aristocráticos. Se hubieran reunido -mejor con Catilina que con Danton. No veían posible en España más que -el pronunciamiento y cada uno quería hacer el papel de Riego en 1820 -aunque tuvieran que sufrir el de Riego en 1823. - -Como casi toda la gente que toma parte en movimientos revolucionarios, -procedían de distintos campos, venían de los cuatro puntos cardinales. -En una época en que se viajaba poco, el que más y el que menos había -estado en Francia, en Inglaterra, en Alemania, en América, en Africa y -en Oceanía. - -Las mujeres de estos militares no intervenían jamás en las cuestiones -políticas; en general la casa de cada uno estaba cerrada para los -amigos de la calle y del café. - -Las amistades no eran muy profundas. El exceso de personalismo les -hacía con facilidad hostiles unos para otros. Suponían quizás que -había una cantidad de gloria común y que si uno cogía mucha a los -demás les debía quedar poca o nada. - -No había posibilidad entre ellos de diálogos, sino de una serie de -monólogos, cada cual recitaba el suyo con un aire desafiador, con la -mano puesta en el puño de la espada y no quería oir ni enterarse de lo -que los otros decían. De aquí que la Revolución española tuviera tan -poco seso. Era una Revolución de Don Juanes y de Don Juanes sin éxito. - -Al irlos tratando a cada uno de ellos, Lacy quedó un poco asombrado -y desencantado. ¿Qué esperan estos hombres?--se preguntó él--. ¿Qué -quieren? - -La mayoría eran soldados de la guerra de la Independencia y soñaban -con triunfos de espada y aventuras. Algunos habían absorbido las ideas -liberales de Francia y de Inglaterra que no les habían modificado los -instintos ancestrales, en general aceptaban como un dogma el valor del -papel impreso. - -Para ellos lo escrito con letras de molde tenía siempre una virtualidad -misteriosa y estaban dispuestos a escribir en los periódicos protestas, -contra-protestas, rectificaciones y vindicaciones. - -Ninguno se manifestaba verdaderamente liberal capaz de benevolencia, -de transigencia, todos eran militaristas y ordenancistas. - -El mismo Espoz y Mina, valiente como un león y prudente como un zorro -en sus empresas políticas, hombre que sabía disimular la violencia -de su carácter con frases ambiguas, era, tratándose de cuestiones -personales, de un arrebato impulsivo; a la menor ofensa ardía su alma -con una cólera desesperada y furiosa. - -Gaspar de Jáuregui, el Pastor, otro de los jefes, era un guipuzcoano -que unía el valor con la astucia. Zumalacárregui, segundo de su -partida en la guerra de la Independencia, le había enseñado a leer y -a escribir. Jáuregui consciente de su ignorancia no había pretendido -salir de ella y su conformidad de campesino con su incultura le había -dejado siempre en un segundo plano. - -Chapalangarra era un solitario, un místico que tenía la fiebre de la -fama y del martirio; San Miguel un retórico, un escritor mediocre y -difuso. - -Respecto a López Campillo y a Leguía, los dos valientes guerrilleros, -no tenían condiciones para ser primeras figuras. - -Los únicos hombres que podían ponerse frente a Mina, por su influencia -entre los demás, eran don Manuel Gurrea y don Francisco Valdés. - -Méndez Vigo, que pretendía ser jefe, no arrastraba a nadie y era un -motivo de discordia por su radicalismo inoportuno. - -Don Pedro Méndez Vigo estaba acusado de haber mandado dar muerte a los -prisioneros realistas de la Coruña en 1823, haciéndolos naufragar por -un procedimiento a lo Carrier. Méndez Vigo era de ideas audaces y de -muchas pretensiones. No servía ni para mandar ni para obedecer. - -Gurrea, el otro rival de Mina, no le había declarado la guerra y -esperaba el momento. No así don Francisco Valdés. El coronel Valdés -había roto las hostilidades con Mina y lo trataba como a un enemigo. - -Valdés pretendía haber tenido la prioridad en la idea de la expedición -a la frontera después de la Revolución de Julio y consideraba la -intervención de Mina como una usurpación. - -Valdés era hombre altivo, soberbio, con una exaltación personal grande, -ambicioso, poco inteligente y lleno de desconfianza. - -Valdés era castellano, de Móstoles. En su juventud había estado en -Dinamarca con el marqués de la Romana, había hecho la guerra de la -Independencia y la campaña de 1823 y dirigido el golpe de mano de -Tarifa de 1824. - -La hostilidad de Valdés contra Mina y de Mina contra Valdés, procedía -de una porción de causas y principalmente de los respectivos -caracteres. Como militar de carrera, Valdés era poco amigo de los -guerrilleros, como hombre que se había distinguido en el Mediodía -nada afecto a la gente del Norte. A Mina le pasaba lo contrario, era -guerrillero y nordista. - -En los dos caudillos existía un fondo de patriotismo y un deseo de -mando. La comunidad sola de estos sentimientos y el afán subsiguiente -de defender y realzar su figura histórica en Mina y de buscar el medio -de destacarla en Valdés debía hacerlos enemigos y ponerlos frente a -frente. - -Tanto el uno como el otro eran valientes, atrevidos y ambiciosos, pero -Mina tenía el valor lleno de audacia y de prudencia; en cambio Valdés -era más rectilíneo y de menos recursos. Mina sabía a las veces ser -soldado y diplomático, Valdés no sabía más que ser soldado y soldado -de filas. Mina tenía un conocimiento innato de la psicología de los -hombres, sobre todo de los suyos, sabía por lo tanto arrastrar y -convencer, Valdés no sabía ni lo uno ni lo otro. - -Además de estos motivos hondos y personales existían otros políticos e -ideológicos para el divorcio de ambos jefes. - -Mina tenía el entusiasmo por la Constitución de Cádiz y por los hombres -de aquella época, era anglómano, partidario de guardar las formas y -consideraba necesario que hubiera en España una clase directora. Le -quedaba también respeto por Fernando que al fin y al cabo era el Rey y -no quería oir hablar ni en broma de la República. - -Valdés creía que el liberalismo de Cádiz había pasado ya, que era -necesario sustituirlo por otro más activo; tenía admiración por la -Francia revolucionaria, era militarista y demagogo, odiaba a Fernando -VII y creía que debía prepararse la posibilidad de la República. Valdés -había llegado tarde a la lucha. Se encontraba entre soldados que -representaban más que él y quería ponerse a su altura. - -Los dos jefes, ásperos y orgullosos, no podían venir a un acuerdo. -Valdés veía en Mina un caudillo a la antigua que mandaba despóticamente -como un pater familias romano, le molestaba también verle en la -práctica regionalista, siempre con sus navarros y sus vascos. - -Valdés era castellano y por lo tanto más universal, menos regionalista. -Le indignaba y le sorprendía la suerte de Mina y el éxito que éste -había conseguido en Inglaterra. Valdés era un radical, todos los -radicales se unían a él encontrando tibio a Mina. Algunos de los -antiguos ministas como Fermín Leguía se habían pasado a su bando. - -El caso de Chapalangarra y su enemistad contra Mina era de otra clase. -Chapalangarra discurría y sentía como Mina, pero creía vivamente que -tenía motivos serios personales de odio contra el general. - -Al lado de los militares y oscurecidos ante ellos estaban los paisanos -adictos a la Revolución. Sin tribuna donde perorar y en el extranjero -no tenían prestigio alguno. - -Eran en su mayoría literatos, jurisconsultos, oradores, no bastante -fuertes para ser conocidos fuera de España. Entre ellos había algunos -hombres de mérito como Flores Estrada y algunos políticos de talento -como Mendizábal, pero la mayoría era gente sólo brillante, incapaz de -una obra profunda e incapaz también de dominar y de arrastrar a los -hombres. - - - - -IX. - -GESTIONES DE LACY - - -UNOS días después de recibir la carta de Tilly y de leerla a los amigos -y jefes, iba Lacy enviado por la Junta de Francia a Cambó a ver a -Chapalangarra. - -Se quería que Chapalangarra se aviniera a razones y no intentara hacer -un movimiento solo y sin contar con los demás jefes. Se había escogido -a Lacy para esta comisión por su juventud y por el prestigio de su -apellido entre los liberales. - -Lacy salió de la posada de Iturri y fué a la parada de la diligencia La -Bayonesa que salía para San Juan Pie de Puerto y pasaba por Ustariz y -Cambó. - ---El interior está lleno--le dijo el empleado--la berlina ídem. Tiene -usted un puesto en la imperial. - ---Bueno. - -Lacy subió en la imperial de la diligencia en donde iban una mujer -gruesa, un campesino y dos emigrados españoles. La baca estaba llena de -fardos, de bultos y de cestas. - -Pasó el coche por la puerta de Mousserolles, y comenzó a marchar por la -carretera. - -El tiempo era de otoño, con un sol claro y brillante. - -El mayoral de La Bayonesa iba magnífico de seguridad y de petulancia. -Era corpulento, rojo, de patillas grises. - -Manejaba sus cuatro caballos con una seguridad y un aplomo dignos del -mismo Nerón. Vestía irreprochablemente gran redingot gris, corbata roja -y guantes amarillos. - ---¡Eh, Lajeunesse!--le decían. Se llamaba así.--A ver esa caja, esa -sombrerera. Y Lajeunesse cogía los paquetes de la baca, los lanzaba a -los mozos, agarraba los que le enviaban al aire, silbaba, hablaba a -sus caballos, cruzaba las aldeas por callejuelas estrechas, torciendo -rápidamente, siempre grave y solemne hasta detenerse en la posta. Allí -hablaba, bebía y decía: Eh, señores, arriba y se lanzaba de nuevo a la -carretera a correr al compás del estrépito de las campanillas. - -Cuando Lacy, después de contemplar el campo, miró a sus compañeros -de viaje de la imperial vió que uno de ellos era un señor grueso que -acababa de conocer días antes y llegaba de Bruselas. Se llamaba don -Juan Olavarría. El otro español Eusebio Lacy sabía que era emigrado, -pero no lo conocía de nombre. - -Olavarría entabló conversación con Lacy y se manifestó muy pesimista -acerca de la empresa liberal. - ---Para mí no cabe duda--dijo--que hay un acuerdo entre el Gobierno -francés y el español. Por eso nuestra situación empeora. - ---Yo no lo veo así--dijo Lacy. - ---Pues no cabe duda. Luego nuestros recursos van mal. El empréstito -negociado por las casas Ardouin y Calvo que había comenzado tan -brillantemente se agota. Los reclutamientos, los envíos de armas y de -municiones se dificultan y son detenidos por la policía francesa, las -hojas de ruta y los pasaportes que se habían acordado a los refugiados -españoles y a los voluntarios extranjeros se han suprimido. Muchos al -verse así abandonados por unos y vigilados por el Gobierno comienzan a -maldecir de Francia y a volverse a sus casas. - ---Yo no veo que esto vaya tan mal--dijo Lacy. - ---No le quepa a usted duda. Va muy mal--replicó Olavarría--la unión que -produjo entre los emigrados el entusiasmo y la esperanza se ha roto. -Esto toma ya mal aspecto, el aspecto de la descomposición. - -Después de exponer las mil dudas que le sugería la expedición liberal, -el señor Olavarría habló de sus proyectos. Era el buen señor un -arbitrista; quería transformar el comercio, la economía, la raza -y hasta la geografía de España. Para todas sus utopías tenía un -precedente. - ---No crea usted que esto es un absurdo. Esto se ha intentado en -Escocia, en el Canadá, en Bélgica y en Australia, y lo han preconizado -hombres tan ilustres como tal, cual (y aquí citaba ocho o diez nombres -extranjeros). - -El español desconocido que al principio de la conversación iba muy -fosco, miraba después sonriendo al arbitrista. - -Al llegar la diligencia a una venta del camino de Villefranque, el -señor Olavarría y el campesino francés bajaron a tierra. - -El coche echó a andar y quedaron en la imperial el emigrado desconocido -y Lacy. - ---Conserve usted el entusiasmo con gente así--exclamó el emigrado y -soltó después un par de ternos. - ---¿Es usted de los nuestros?--le preguntó Lacy. - ---Yo soy Fermín Leguía. - ---¡Ah! Le conozco a usted de nombre. Yo soy Lacy. - -Se dieron la mano. - ---¿Va usted a Cambó?--preguntó Lacy. - ---No; voy a San Juan Pie de Puerto, a ver a Jáuregui y a Fermín -Sarasa que están allá. A la vuelta me detendré en Cambó a hablar con -Chapalangarra. - ---¿Tiene usted buenas impresiones, señor Leguía? - ---Buenas, sí. Hay que seguir adelante. De otra manera no se puede hacer -nada. Lo malo es la vacilación. Hay que elegir un plan, y a él con los -ojos cerrados. - -Esto lo dijo Leguía asociándolo con toda clase de ternos y de -interjecciones. - ---¿Usted no es ahora amigo de Mina, don Fermín? - ---No. Me ha abandonado de mala manera. A pesar de eso, yo le -tengo cariño al general; pero es demasiado absolutista. ¿Que riñe -con Chapalangarra o con Valdés? Pues ya no se puede hablar de -Chapalangarra o de Valdés. Son unos necios, soberbios y ridículos. No -tanto. Todos tenemos un poco de culpa en lo que pasa. - ---Mina debe ser muy exclusivista... - ---Sí, mucho; pero aquí lo malo no es que sea exclusivista, sino que no -se decide. Hay unos que dicen que basta acercarse a la frontera para -que todos los españoles de nuestras ideas se levanten; otros dicen -que no, que es necesario tener apoyo en la península. De éstos es -Mina. Pero si lo creía así, ¿para qué ha aceptado el proyecto de la -expedición si no le gustaba? Valdés, Gurrea, Chapalangarra, Jáuregui y -yo con ellos, tomamos en París la iniciativa esta. Si no le gustaba a -Mina, ¿para qué tomó parte en ella? Podía habernos dejado a nosotros la -responsabilidad y la dirección. - ---Es que le escribieron, le instaron... - ---Ya lo sé; pero podía no haber aceptado. - ---Hubieran dicho que era una cobardía. - ---Sí, es verdad. En fin, veremos a ver qué sale de esto. - -Al llegar a Cambó, Lacy se despidió de Leguía y bajó de la imperial. - -Chapalangarra vivía en una posada del barrio bajo de Cambó. El bajo -Cambó era entonces una pequeña aldea escondida entre árboles, al pie de -una colina poblada de robles; sus casas, antiguas y negras, estaban en -parte ocultas por emparrados verdes. - -Lacy preguntó por la posada que le habían indicado y entró en ella. Era -un fonducho solitario, con un comedor en la parte baja y una taberna. - -En el comedor de este fonducho paseaba Chapalangarra de arriba a abajo, -mirando al suelo, con las manos en la espalda. - -En un rincón de la mesa jugaban a las cartas cuatro muchachos, y un -joven melenudo, el poeta Espronceda, leía sentado en un sofá. - -Al presentarse Lacy, Chapalangarra le invitó a salir para hablar -libremente. Tenía miedo de los espías y no confiaba gran cosa en los -jóvenes que le acompañaban. - -Chapalangarra era hombre serio, fuerte, grave, de unos cincuenta años; -un tipo oscuro, ceñudo y sombrío. Tenía la piel ennegrecida por el sol, -los ojos grandes, negros; iba afeitado, con tufos sobre las orejas. -Se le hubiera podido tomar por un cura. Hablaba a trompicones y era -desaliñado en el vestir. - -Durante más de una hora fué Chapalangarra hablando, accionando, -quejándose de la frialdad y de la falta de entusiasmo de la gente... - -La tarde de otoño estaba tan espléndida, el campo tan lleno de aromas, -de colores, de pájaros, que Lacy miraba a veces al guerrillero -preguntándose si no dejaría un momento sus resquemores para echar una -mirada a las maravillas de la Naturaleza; pero Chapalangarra no veía -más que su mundo interior de violencias y de pasiones. - -Era el coronel de Pablo, apodado Chapalangarra, de la Ribera de -Navarra, de Lodosa, tierra áspera, fea y caliente. - -Había peleado en la guerra de la Independencia a las órdenes de Mina; -después, en los años de 1820 al 1823, concluyó su campaña defendiendo -como gobernador militar, la ciudad de Alicante hasta lo último. - -En la época de su emigración en Londres, de Pablo se presentó a Mina, -y en la primera entrevista riñó con él. Chapalangarra quería ir a -España inmediatamente a levantar partidas liberales para restablecer la -Constitución. - -Mina intentó convencerle de que era imposible, de que faltaba dinero -y medios de todas clases. Chapalangarra se indignó y acusó a Mina de -tibio y de indiferente. - -Ya para aquella época Torrijos había formado su partido radical -entre los emigrados, en contra del de Mina que era más conservador. -Chapalangarra fué invitado por los amigos de Torrijos a entrar en él; -pero no quiso y se decidió a vivir solo, separado de todo el mundo, sin -amigos ni partidarios. - -Chapalangarra tenía la preocupación de Mina y hablaba constantemente de -él. - -Por entonces, en un periódico inglés, salió un artículo en el que se -acusaba a Chapalangarra de actos de tiranía y de rapiña cometidos en el -año 1823 cuando gobernaba Alicante. - -Chapalangarra denunció ante los tribunales al autor del artículo, y -éste, temeroso de ser condenado, propuso retractarse en el periódico y -darle al guerrillero una cantidad como indemnización. - -Aceptó Chapalangarra el trato, cogió el dinero e inmediatamente fué a -casa de Mina. - ---Ya hay dinero para la Revolución--le dijo, y le entregó todo lo que -le habían dado. - -Mina aceptó la cantidad por no defraudar las esperanzas de su paisano; -pero éste al ver que pasaban los días y no le avisaban sintió redoblar -su furor contra el caudillo, a quien acusaba de egoismo, de frialdad y -de falta de entusiasmo. - -Chapalangarra entonces pensó formar rancho aparte con Gaspar de -Jáuregui (el Pastor) y que éste rompiera con Mina; pero Jáuregui creía -en la estrella de Mina y no quería abandonarle por ningún motivo. - -Era muy monorrima la reconvención de Chapalangarra contra los políticos -para un hombre como Lacy, que creía que en el mundo había algo más -que guerras y revoluciones. Lacy se cansó pronto de las quejas del -guerrillero y pretextó tener prisa. - -Volvieron los dos a Cambó, y al llegar cerca del puente Lacy vió que un -señor le saludaba. Era Miguel Aristy que iba a montar en un tilburí. - ---¿Quiere usted venir a Ustariz?--le dijo. - ---Muchas gracias, señor Aristy. - ---Si no ha traído usted coche, tiene usted que esperar hasta mañana. - ---¿No le estorbaré a usted? - ---No, no; de ninguna manera. Contentísimo en tener compañía. - -Lacy se despidió de Chapalangarra y montó en el cochecito de Aristy. - ---Me han dado dos horas de política aburridísimas--exclamó Lacy.--Tenía -ganas de mirar el campo. ¡Qué tarde más espléndida! - ---Mal político--exclamó Miguel Aristy dando una palmada a Lacy.--¡Un -político que quiere mirar los montes y las flores! No será usted un -Richelieu, ni un Pitt. - ---Pse. No me importa. - -Y Miguel Aristy y Eusebio Lacy dejaron el bajo Cambó, y al trotecillo -del caballo fueron bordeando el río hasta llegar a Ustariz. - - - - -LIBRO TERCERO - -LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS - - - - -I. - -VELADA EN GASTIZAR - - -¿VA usted a quedarse en Ustariz?--preguntó Miguel. - ---Sí, iré a la Veleta. - ---No, no; si se queda usted en Ustariz, tiene usted que parar en mi -casa. - ---No me gusta molestar. - ---¡Molestar! ¡Ya se conoce que no vive usted en el campo! Si viviera -usted aquí, ni en broma diría usted eso. - ---¿Por qué? - ---Una persona nueva, cualquiera, en uno de estos pueblos vascos, tan -quietos, tan inmóviles, es un acontecimiento; y cuando no se trata de -un cualquiera, sino de un joven distinguido como usted, es un motivo de -conversación para un par de semanas. - ---Creo que exagera usted. - ---No. Ciertamente que no. Quédese usted esta noche. - ---Bueno; me quedaré. - -Al parar delante de Gastizar y bajar del tilburí pasaron dos señoras, a -quienes saludaron Aristy y Lacy. - ---Son dos damas españolas--dijo Lacy. - ---Sí. ¿Las conoce usted?--preguntó Aristy con viveza. - ---No. El otro día, cuando vinimos aquí a ver al coronel Malpica, las -encontramos en la posada, que se habían refugiado por la lluvia, y el -posadero nos dijo quiénes eran. - ---¡Ah! - -Miguel Aristy dejó el coche y el caballo al cuidado de Ichteben, a -quien preguntó: - ---¿Dónde están las señoras? - ---Ahí, en el prado. - ---Bueno. Entonces vamos por aquí, amigo Lacy. Tú desengancha el coche. - ---No--replicó Ichteben. - ---¿No? ¿Pues qué hay? - ---Está la mujer de tu hermano, y la tengo que llevar a Chimista. - ---Bien. Está bien. - -Miguel y Lacy cruzaron la huerta y subieron a un prado en cuesta con -un manzanal. En lo más alto había un bosquecillo de robles y a su -sombra estaban madama Aristy, madama Luxe y su hija Fernanda, las dos -señoritas de Belsunce y Dolores Malpica, con los chicos. - -Dos mozos, con la cabeza cubierta por grandes sombreros de paja, -estaban segando hierba con la guadaña. - -Miguel presentó a Lacy, que fué muy bien acogido por las damas. Madama -Aristy le trató con gran amabilidad, y Alicia Belsunce y Fernanda Luxe -quisieron averiguar poco después si el muchacho presentado a ellas -estaba enamorado o no. - -Lacy tenía deseos de hablar con la hija de Malpica, y le preguntó por -el coronel. Ella le contestó que le inquietaba su llegada; temía que -viniera a llevarle a su padre. - -Miguel, que se había tendido en la hierba, dijo: - ---Oiga usted, Lacy; si quiere usted le traerán aquí algo para beber: -vino, sidra o leche. - ---Tomaré un vaso de leche. - ---¿La quiere usted cocida o recién ordeñada?--preguntó madama Aristy. - ---Es igual. - -Madama Aristy llamó a uno de los mozos que cortaba la hierba, que -vino al poco tiempo con dos vacas, una de ellas seguida de un ternero -recental que corría dando saltos y enroscando la cola. - -Alicia Belsunce se levantó y ordeñó a la vaca en una jarra de madera -que dejó en la hierba. - ---¡Oh, Bucólicas de Teócrito! ¡Geórgicas de Virgilio! ¡pastorales de -Longus! ¡Bergeries de Racan!--exclamó Miguel--. Alicia, al mirarte me -figuro a María Antonieta en el Petit Trianon. El mejor día querrán -cortarnos a nosotros la cabeza, y lo más triste es que tendrán razón. - ---¡Qué tonterías!--dijo madama de Aristy haciendo un gesto de -impaciencia.--Parece mentira que mi hijo diga estas tonterías. - ---Y eso que tiene tanto talento--exclamó Fernanda. - ---¡Gracias, hija mía!--exclamó Miguel. - ---El talento de Miguel es como los fantasmas, no se presenta más que a -los que los temen--dijo Alicia. - ---Alicia se nos va a convertir en la señorita La Rochefoucault. - -Alicia hizo un gesto de desdén. Bebieron leche Lacy y Fernanda Luxe. -Miguel dijo que prefería fumar una pipa. Efectivamente, la encendió; -de pronto, señalando el torreón de Gastizar, dijo: - ---Nuestra veleta está terrible estos días; se agita con nerviosidad. -¿Sabe usted, Lacy que tenemos una veleta misteriosa? - ---Sí; ya he oído hablar de ella. - ---¿Ha llegado su fama hasta España? - ---No, todavía no. - ---¿Pero usted cree que llegará? - ---Es posible. - ---La verdad es que ese viejo dragón tiene actitudes cómicas. Luego, -como está desnivelado, eso le hace más gracioso. - ---Meterá mucho ruido al girar. - ---Sí, bastante. - ---Van ustedes a llegar a tenerle miedo. - ---Sí, sí, es muy posible. - -Dolores, la hija de Malpica, tenía que marcharse con sus chicos y se -despidió de todos. Los demás decidieron volver a casa y fueron despacio -hacia Gastizar. - -Gastizar en el interior estaba restaurado en tiempo del Imperio. Casi -todas las habitaciones se hallaban tapizadas con papeles con figuras -pseudoclásicas. Los muebles eran de caoba, y se veían en las paredes -cuadros medianos de la escuela de David y de Gerard. - -Algunas habitaciones, como el salón, las había arreglado Miguel Aristy, -más severamente, al gusto antiguo, con muebles de su madre y cuadros -oscuros de la escuela de Claudio Lorena. El zaguán amplio de la casa, -enlosado de piedra, tenía unas estatuas toscas que debían de haber -salido de alguna iglesia o convento desmantelado en 1793. - -Además de los campos tenía Gastizar una huerta muy grande y un jardín. -Cruzando esta huerta, desde la parte de atrás de la casa iba hacia el -río, una calle de perales en arco que terminaba en un cenador con una -mesa y unos bancos rústicos. De esta plazoleta del cenador se bajaba al -Nive, a cuya orilla había un árbol donde solía estar atado un bote. - -La señora de Aristy no quería ir al cenador, porque encontraba que era -sitio húmedo y malsano. Miguel, en cambio, solía pasar muchas horas en -aquel rincón y pescaba barbos y anguilas. - -Después de pasear por la huerta fueron al salón, en donde Alicia tocó -el piano. Habían llegado el caballero de Larresore, el padre Dostabat y -el joven Darralde Mauleón, a quienes presentó Miguel a Lacy. - -Madama Luxe y su hija, Larresore y el padre Dostabat se quedaron a -cenar y fueron en la mesa diez personas. - -Se habló largo rato, y después de las diez se retiraron madama Luxe y -su hija con Darralde Mauleón y el padre Dostabat. - ---¿Usted se acuesta temprano, Lacy?--preguntó Miguel. - ---No; porque me suelo dormir tarde. - ---Entonces quédese usted. Charlaremos al lado del fuego. - -Quedaron, cerca de la chimenea, Miguel, Lacy, Darracq y el caballero de -Larresore. - -Hicieron Miguel y el caballero varias preguntas acerca del propósito de -los emigrados españoles, y en el curso de la conversación hablaron de -las dos señoras del chalet de las Hiedras, a quien había visto Lacy por -primera vez en la posada de la Veleta. - ---Yo tengo mis dudas acerca de estas damas--dijo Miguel--. Sería -desagradable que tuviéramos aquí dos intrigantes. - ---¿Qué título llevan esas damas?--preguntó Lacy. - ---La tía se hace llamar condesa de Vejer. - ---¿Y de dónde es? - ---Del mismo Vejer, que debe ser un pueblo de la provincia de Cádiz. - ---Yo preguntaré en Bayona a algún gaditano--dijo Lacy.--¿Y qué vida -hacen? - ---Las dos son muy devotas; van todos los días a misa con un aire muy -compungido. En su casa tienen muchas imágenes religiosas; pero nada de -esto me convence. Hay en ellas algo sospechoso. Son unas españolas que -no hablan nunca español. Luego, un criado de aquí de casa dice que un -día las oyó discutir a tía y sobrina insultándose con palabrotas. Es un -poco extraño. - ---Sí, muy raro es. ¿Y ustedes no las conocían de antes? - ---No. - ---Estuvisteis bastante torpes en aceptarlas en la casa--indicó -Larresore. - ---Yo no estaba aquí--dijo Miguel--cuando mi madre les alquiló el chalet -de las Hiedras. Si yo estoy, no les alquilo. Parece que traían una -recomendación de Bayona. Al principio, mi madre parecía contenta; luego -estuvo diciendo que las iba a echar, que debían ser dos intrigantes, y -después de repente ha cambiado y no quiere oir hablar de despedirlas. -Yo estoy convencido de que es mala gente. La vieja, la que se hace -llamar condesa, tiene todo el aire de una cortesana, aduladora, con -gran tendencia a la tercería; la joven es de mala índole. - ---¿Y usted no ha preguntado a nadie quiénes son?--dijo Lacy. - ---Sí; he preguntado a los amigos de Bayona, pero no las conocen. -Algunos han oído hablar de ellas como de unas señoras españolas, y nada -más. - ---¿Tienen acento español? - ---Ninguno. Pero eso no significa nada; usted tampoco tiene acento -español. - ---Es que yo me he educado en Bretaña, lo que no es corriente en un -español. ¿Y tienen relaciones esas señoras? - ---Aquí tienen las relaciones que han hecho por mediación de mi madre. -Mi madre tiene fama de severa; las ha aceptado a las dos, y todos los -conocidos las han aceptado también. - ---¿Y qué vida hacen? - ---Muy recogida. La condesa viene aquí algunas veces, y se muestra muy -ceremoniosa y muy aduladora con mi madre. Su sobrina Simona dicen que -es viuda; no sé. Conmigo comenzó a coquetear descaradamente, y supongo -que ha tenido que ver algo con mi hermano. - ---¿Y por qué viven en Francia? - ---No sé. Esto me parece poco explicado; ellas dan a entender que por -cuestiones políticas. - ---¿Son liberales? - ---No; por su conversación parecen lo contrario. ¿No hay un partido en -España que se llama apostólico? - ---Sí. - ---Pues dan a entender que son de ese partido. - ---Es posible. ¿Y suele venir alguien a verlas? - ---Muy poca gente. Ahora, desde hace un mes o cosa así, viene con -frecuencia un señor del pueblo, un tal Choribide, un cínico. Están -tramando algo, no sé qué. - ---¿Y ellas no salen de casa? - ---Hasta hace poco, casi nada. Ahora, la sobrina va con frecuencia -al Bazar de París, de dos muchachas del pueblo de una fama un tanto -equívoca. - ---¿Y viajan? - ---Antes iban muy a menudo a Bayona y tenían mucha correspondencia; -ahora van mucho menos. - ---¿Y desde cuándo han dejado de ir? - ---Desde Agosto. - ---Es decir, desde la Revolución de Julio--dijo Lacy. - ---Tiene usted razón. No me había fijado en esa coincidencia. - ---El señor de Lacy haría un gran juez--dijo el caballero de Larresore. - ---No, no--replicó Lacy--; como siempre ando entre políticos, tengo la -costumbre de relacionarlo todo con la política, y esas señoras dan la -impresión de que tienen algo que ver con la política. - ---¡Cierto!--exclamó Miguel.--Es una idea que la llevaba dentro, pero -de una manera oscura. Ahora me parece indudable. Cuando vaya usted a -Bayona, pregunte usted a algún español por ellas. A ver si las conocen. - ---Lo haré, no tenga usted cuidado. - -Después de la larga charla ya cerca de la una, se levantó Lacy y Miguel -de Aristy le acompañó hasta su cuarto. - ---No se preocupe usted de la hora del coche. Si no lo coge usted, yo le -llevaré en el tilburí. - ---No, no; preferiría que me llamaran para la hora de la diligencia. - ---Bueno, se le llamará. Adiós, querido Lacy--le dijo Miguel -estrechándole la mano. - ---Adiós. - -Lacy se levantó por la mañana y salió a la carretera. El sol de un -día de otoño comenzaba a dorar la tierra, cantaban los pájaros en las -ramas, murmuraba el río en su cauce. La sierra de la serrería mecánica -comenzaba a rezongar como un moscardón; el herrero martilleaba en -el yunque; algunas mujeres pasaban en sus carruchos, y la panadera -repartía el pan en las casas. - -Lacy contempló con simpatía este comienzo de la vida de la aldea. Al -llegar la diligencia subió a ella, que marchó al trote de sus cuatro -caballos camino de Bayona. - -Al día siguiente, al llegar Lacy a su fonda, por indicación del patrón, -se dirigió a un italiano, empleado en la subprefectura, amigo de -Iturri. A las primeras palabras el italiano sonrió maliciosamente. - ---¿Por qué se sonríe usted?--preguntó Lacy. - ---Esas dos mujeres que viven en Ustariz han sido hasta ahora de la -Policía--contestó el italiano. - ---¿De verdad? - ---Y tan de verdad. - ---¿Pero hay mujeres policías? - ---Ya lo ve usted. No sólo hay misterios en los folletines y en los -melodramas. - ---¿Y éstas están reconocidas? - ---Sí; están fichadas y se tienen que presentar todos los meses aquí. Se -las conoce por la _fille_ Carolina y la _fille_ Simona. - ---¿Y desde cuándo han dejado de ser de la Policía? - ---Desde la Revolución de Julio. - ---¿Y ahora qué hacen? - ---Ahora creo que trabajan para el Gobierno español. - -Lacy inmediatamente escribió a Miguel Aristy lo que le habían dicho, y -contó a sus amigos de la Junta lo que ocurría en Ustariz. - - - - -II. - -LA POLICÍA - - -VARIAS veces había corrido por Ustariz la noticia de que la condesa de -Vejer y su sobrina eran dos espías. - -De dónde pudo nacer el rumor, no se sabía; pero no cabía duda de que -había algún dato, algún indicio más o menos claro para tal suposición. - -Ya desde hacía tiempo se hablaba de mujeres que practicaban el -espionaje en beneficio de los partidos. - -La Policía de la Restauración fué la que comenzó a emplear a las -mujeres en sus maquinaciones y sus intrigas. El Gobierno de Carlos X -veía peligros en todas partes. - -Por un fenómeno extraño, la Policía de Francia se había reclutado -siempre entre los tránsfugas de los partidos vencidos. Así, el Poder -tenía en la Policía su defensor y su enemigo. - -En plena Revolución, gran parte de los jefes de la Policía de París -eran monárquicos. Sometidos en el período del Terror trabajaron con los -thermidorianos en dominar la Revolución. Durante el Imperio la Policía -francesa estaba formada por ex revolucionarios y dirigida por Fouché, -que se impuso a Napoleón como luego se impuso a Luis XVIII amenazándole -con su ejército de agentes ex terroristas y ex bonapartistas. - -En el Imperio, todas las autoridades civiles y militares eran -policíacas. El ministro Fouché dió el tono a la política imperial; -Napoleón tenía una policía particular, Fouché otra; al mismo tiempo el -prefecto Dubois contaba con sus agentes especiales y Talleyrand con los -suyos. - -Las delaciones eran constantes. Al hundirse el Imperio el mundo -policíaco sobrevivió a la ruina y se pasó al servicio de los -triunfadores. Los gobiernos de la Restauración comprendieron que debajo -de las cenizas quedaba aún fuego revolucionario, y para descubrirlo los -hombres de la policía inventaron algo más perfecto y canallesco que los -delatores del Imperio: los agentes provocadores. - -Los agentes provocadores no se contentaban con traficar con las -confidencias sorprendidas a las gentes de buena fe, o con las calumnias -lanzadas contra los hombres proscritos por sus ideas liberales; los -agentes provocadores urdían ellos mismos conspiraciones, excitaban a -los locos, a los ilusos y los empujaban al cadalso o la prisión. Era -llevar a la práctica la máxima jesuítica de que el fin justifica los -medios. Así se hicieron la conspiración de Belfort y las algaradas de -las calles de Saint Denis y de Saint Martín de París en 1827, en donde -la tropa disparó contra la gente pacífica. - -La Policía del Gobierno reaccionario de París se correspondía con la de -Madrid, la de Roma, la de Nápoles y la de Viena. - -Durante la Restauración, el partido clerical sirvió con su espionaje al -Gobierno. - -Las iglesias, los conventos, las Asociaciones jesuíticas eran agencias -de noticias y de informes, que iban de acá para allá y terminaban en -Roma. - -Al acentuarse la política clerical con el Gobierno de Luis XVIII, -sucedió al conde de Anglés como prefecto de Policía Mr. Guy Delavau, -magistrado, hombre político que después fué del Consejo de Estado y -que desapareció en la vida privada a raiz de la Revolución de Julio. - -Con la dirección de Delavau, la Policía dirigida por gentes de -chanchullo como Freret, Vidocq y otros jefes, algunos salidos de -presidio, comenzó el espionaje en las familias y en los talleres. - -Todo se hacía a fuerza de intrigas y de espías. Mucha gente se vengaba -denunciando a la Policía a su amo, a quien odiaba, a un enemigo, o a un -rival por amor. - -Cualquier procedimiento era bueno. En 1821 la Policía quiso saber el -paradero del general Bertón. Se intentó corromper hijos, parientes, -amigos. En vista de que no se obtenían resultados se echó mano de otro -recurso. Se averiguó que la hermana del ayudante del general tenía una -criada algo ligera de cascos, y se pidió un agente de policía joven y -guapo y de buen aspecto, para que intentara tener relaciones íntimas -con la criada y arrancarla a ella las noticias que se deseaban. - -En esta época de Mr. Delavau, la _fille_ Carolina y la _fille_ Simona, -que se hacían llamar en Ustariz la condesa de Vejer y su sobrina, -habían comenzado a practicar el espionaje. Era un momento en que las -mujeres intervenían activamente en la Policía. - -Al mismo tiempo que al Gobierno francés las dos mujeres servían a los -apostólicos de España, con quienes tenían relaciones. - -Al estallar la Revolución de Julio, los confidentes y espías del -anterior Gobierno habían quedado la mayoría destituídos y vigilados. - -La Carolina y la Simona, metidas en su rincón de Ustariz, sabiendo que -les convenía no mostrarse en público, hicieron durante algún tiempo una -vida muy retirada en su chalet de las Hiedras. - - - - -III. - -CAROLINA Y SIMONA - - -MIGUEL Aristy, que había sabido por la carta de Lacy qué clase de -mujeres eran las dos a quienes tenía su madre alquilado el chalet de -las Hiedras, quiso cerciorarse y enterarse con mayores detalles y fué a -Bayona. Se presentó en la fonda de Iturri a ver a Lacy, y éste le llevó -al italiano empleado en la subprefectura. - -El italiano no conocía en detalles la vida de las dos damas que vivían -en Ustariz; únicamente sabía lo que había dicho ya, e indicó que el -jefe de la Policía de Bayona podría dar una información más completa. - -El jefe de la Policía de Bayona, el señor Fouquier, había llegado a la -ciudad después de la Revolución de Julio y no estaba enterado de los -hechos anteriores a la época de su cargo. - -El señor Fouquier le dió a Miguel un buen consejo. - ---Vea usted a Masson--le dijo--que ha sido el jefe anterior a mí. -Masson le cobrará a usted la consulta, pero le dará datos. - -El señor Masson vivía en una casita de campo a orillas del Adour, -cultivando su huerta y sus frutales. Miguel Aristy lo encontró con una -blusa azul larga y un sombrero de paja, podando frutales. Miguel Aristy -le explicó un caso fingido, le dijo que un amigo suyo estaba enamorado -de una tal Simona que vivía en Ustariz con una señora llamada Carolina, -y que él desconfiando de ellas había tomado informes y que los informes -eran malos. - -El señor Masson era un hombre de una cara reluciente y carnosa, de -color cetrino, los ojos chiquitos y brillantes, el pelo rizado y la -cara picada de viruelas. Había sido militar durante el Imperio y un -explotador de su cargo de policía en tiempo de la Restauración. - -Masson escuchó las explicaciones de Aristy, y comenzó a reir con una -risa sarcástica. - ---¿De manera que la Carolina y la Simona hacen tan bien su papel de -grandes damas que se las tiene por condesas auténticas? Ja... ja... -ja... ¿Y hay un hidalguillo de Ustariz enamorado de una de ellas?... -Ja... ja... ja... Es delicioso. Sí son buenas cómicas. - ---¿De modo que son unas aventureras?--preguntó Miguel. - ---¿Aventureras?... Dos prostitutas... Voy a ver sus fichas. - -Masson cogió un legajo y lo desató. - ---Vamos a ver la Carolina--dijo--y leyó luego: Carolina Michu, ha -nacido en París, de familia obrera. Se casó en 1805 con un oficinista -que era alcohólico completo. Cansada de su casa se marchó de ella -con un amigo del marido. Después tuvo varios amantes, militares y -empleados, y ya vieja se enredó con uno de la policía y se fué a -Madrid. Allí se relacionó con la antigua querida del ministro Macanaz -que vendía empleos. Se dedicó a negocios ilícitos de toda clase e -intrigó a favor del general Bessieres. A consecuencia de esto fué -expulsada de España y vino a Bayona empleada en la policía francesa y a -sueldo de Calomarde para espiar a los liberales españoles. La Carolina -Michu se hace pasar por la condesa de Vejer, dice que su marido el -conde, murió de oidor en el Perú. Carolina en Bayona es muy religiosa, -va a todas las fiestas de iglesia y tiene una reunión a la que suelen -ir el abate Miñano y otros tipos igualmente sospechosos. - ---¡Buena pieza!--exclamó Aristy. - ---Sí, recomendable para la dirección de un colegio de señoritas. Vamos -a ver la otra. Aquí está: Simona Busquet ha nacido en Perpiñán. Hija -de padre desconocido. A los diez y siete años tuvo un amante de buena -posición y quedó embarazada. Simona se presentó a los padres del amante -dándose de víctima, e hizo que le entregaran dinero para la educación -del niño, y se fué a París. Aquí dejó el niño en la Maternidad y -vivió hoy con uno y mañana con otro. Es mujer áspera, sensual y de -mal carácter. Sus amantes le cansan en seguida, y ella cansa a sus -amantes con su genio violento. Un viejo, rico comerciante de Burdeos, -le instaló en una casa de los alrededores de la ciudad, pero ella harta -de esta vida sacó dinero al viejo con amenazas y se fué a Madrid, -donde conoció a la Carolina. Ha tenido relaciones íntimas con el señor -Regato, que es ahora agente del Rey de España para hacer jugadas de -Bolsa. - -Estos eran los antecedentes de aquellas dos mujeres que tenían fama en -Ustariz de aristócratas y de piadosas. - -Miguel Aristy pagó la consulta al señor Masson y se fué pensando que su -madre se haría cruces al saber la clase de gente que eran las damas del -chalet de las Hiedras. - -Madama Aristy oyó la relación que le contó su hijo con marcado disgusto. - ---¿Qué habrá que hacer?--preguntó ella. - ---Tendremos que echarlas--dijo Miguel. - ---Sí, pero es un escándalo y no conviene. ¡Si la gente se entera! Habrá -que buscar una ocasión. - -Miguel notó que su madre se hallaba muy preocupada con este asunto. - -Una mañana que estaba Miguel pescando vió que Ichteben iba con una -carta al Chalet de las Hiedras y que volvía al cabo de media hora a -Gastizar con otra carta en la mano. - -Al entrar en el portal Aristy vió dos o tres pedacitos de papel rotos, -sin duda de la carta de las damas del Chalet. Los cogió por curiosidad. -En un trozo ponía: No se atreverá usted a echarnos... en el otro: la -mujer de un regicida... - ---¡Qué novela habrán inventado estas mujeres!--pensó Miguel. - -Pasaron unos días. Las damas del Chalet de las Hiedras no parecían -dispuestas a marcharse. - ---¿No se van esas mujeres?--preguntó Miguel a su madre. - ---Me han pedido un plazo y habrá que esperar. - - - - -IV. - -CHORIBIDE EN ACCIÓN - - -UNA mañana poco antes de la hora de comer, el señor Gastón Choribide se -presentó en el Chalet de las Hiedras. Llamó a la campanilla y al salir -la criada le dijo: - ---Señorita, quisiera saludar a la señora condesa de Vejer. Haga usted -el favor de decirle que el caballero Gastón de Choribide pregunta por -ella. - -La criada indicó a Choribide que subiese una escalera y le hizo pasar a -un saloncito. Choribide aprovechó el momento para arreglarse la corbata -y echarse una mirada en el espejo y permaneció inmóvil apoyado en el -bastón y con el sombrero de copa en la mano en una actitud estudiada. - -Al cabo de unos minutos se abrió la puerta y apareció la condesa de -Vejer. - ---Señora--dijo Choribide juntando los pies para hacer la -reverencia--perdone usted que sin tener el honor de conocerla tenga el -atrevimiento de presentarme en su casa. - ---Caballero--replicó la dama con aire altivo--usted dirá lo que le trae -por aquí. - ---Voy en seguida. - -La condesa de Vejer era una mujer alta, pintada, voluminosa, de ojos -grandes y sombreados. Vestía de negro, con cierto aire de dama de -teatro, llevaba los dedos llenos de sortijas y el pelo empolvado de -blanco. - ---Es un poco largo lo que tengo que decir--dijo Choribide. - ---Está bien. Le escucho a usted. - ---Usted me perdonará que me siente--y Choribide levantó los faldones de -la casaca y se sentó en un sillón que tenía los brazos terminados en -dos cabezas de pato doradas. - -La condesa se sentó en un canapé. - ---Señora--dijo Choribide con el sombrero de copa en las rodillas--lo -que tengo que decirle a usted es bastante reservado y no quisiera que -nos interrumpieran. - ---Cuántos preámbulos, caballero--exclamó la dama impacientada. - ---Son necesarios, indispensables. Yo soy un hombre que no me ha gustado -nunca mortificar a nadie. Mi viejo amigo Garat suele decir de mí: -Quizás se pueda acusar a Choribide de tener una moral oscura y todavía -inédita, pero nadie podrá dudar de su sensibilidad. Pues bien, señora -condesa, para facilitar mis explicaciones le contaré a grandes rasgos -mi vida. - ---¿Es necesario, caballero? - ---Es necesario hasta cierto punto. Yo, señora, de joven he sido una -bala perdida. No he sido de esos hombres fríos, de esos moluscos sin -sangre y sin nervios que pueden vivir en un rincón. Yo necesitaba -dinero, necesitaba mujeres, un poco de lujo y de comodidad, y -tomaba todo esto de donde podía; comprenderá usted que no con los -procedimientos de los caballeros de la Tabla Redonda sino con los -procedimientos de otros caballeros. Así que he sido jugador de ventaja, -he estado asociado con gentes que hacían asignados falsos y he sido de -la policía. Es lo más sucio que he sido en toda mi carrera. ¿Comprende -usted señora condesa de Vejer por qué tiene algún interés que cuente mi -vida? - ---No, no lo comprendo--dijo con inquietud madama Carolina. - -Choribide hizo un gesto de resignación irónico, dejó el sombrero y el -bastón en un velador y cruzó una pierna sobre otra con abandono. - ---Ya que no lo comprende usted fácilmente, voy a contarle la historia -de una tal Carolina y de una tal Simona según aparecen en los registros -de la policía. - ---¿Y usted pretende?... - ---Yo no pretendo nada. Es la policía que pretende que la tal Carolina -se hace pasar en Ustariz por la condesa de Vejer. Ahora señora--y -Choribide se levantó con aire de joven y tomó su sombrero y su -bastón--le voy a plantear la siguiente disyuntiva: ¿Conoce usted a la -tal Carolina? Espere usted. No me conteste usted todavía. Si me dice -usted: Sí la conozco, habrá entre nosotros paz y será usted para mí la -condesa de Vejer. Si me dice usted no, habrá entre nosotros guerra y yo -me retiraré al momento. - -La Carolina azorada por completo vaciló en decidirse. - ---¿La conoce usted sí o no?--preguntó de nuevo Choribide con un acento -sarcástico y duro. - ---Sí la conozco--murmuró ella humildemente. - ---Está bien, señora condesa. Tiene usted desde ahora en mí un servidor -incondicional, un asociado. Conozco el país mejor que ustedes. Sé al -dedillo la historia de las gentes. Mis conocimientos los pongo a la -disposición de usted. - ---¿Y qué pretende usted en cambio? - ---Yo soy como he tenido el honor de decirle antes, señora condesa, un -hombre de vida borrascosa. Al llegar aquí me casé con una mujer de -algún capital. Dicen que había sido la querida de su tío el vicario. No -sé, es cosa que no me preocupa. Mi mujer tiene un sobrino, el teniente -Rontignon que es ex oficial de la Guardia Real. Rontignon es un hombre -sin energía, un hombre de café, tonto y tímido a pesar de su jactancia; -a mí en su estado actual me estorba y he pensado en casarlo con madama -Luxe. - ---Madama Luxe es una mujer riquísima--observó Carolina. - ---Sí, es verdad. Mi sobrino no es rico, pero es joven, guapo, y lleva -uniforme. Yo he pensado que usted que tiene buenas relaciones con el -Gobierno español, podría conseguir para mi sobrino a cambio de los -servicios que yo le prestaré, una condecoración, una gran cruz que en -un realista como él vendrá muy bien. - ---Sí, sí, se conseguirá. Escribiré a mi amigo el señor de Calomarde -y no tendrá inconveniente en otorgarle una gran cruz. ¿Y a usted, -Choribide, no le gustaría tener una condecoración? - ---No, a mí no--dijo Choribide con una claridad irónica en sus ojillos -grises--parecería lógico que yo que he sido un pillo sintiera la -necesidad de tener algún prestigio social, pero no; soy un pillo -filósofo. - ---¡Qué bromista! - ---No, no es broma, condesa. Lo que digo es el Evangelio. - ---Y con la cruz ¿cree usted que su sobrino Rontignon convencerá a -madama Luxe? - ---Ya veremos. - ---Hum ¡qué sé yo! - ---La gran cruz es el adorno. Lo esencial es que Rontignon es joven, -guapo y estúpido. ¿Qué más puede pedir una mujer? - ---¡Qué opinión tiene usted de nuestro sexo!--dijo madama Carolina -tomando un aire tierno y sentimental. - -Choribide sonrió. - ---No es una opinión. Es una convicción--dijo. - ---¿Tan mal le han tratado las mujeres? - ---Ha habido de todo--contestó el pillo filósofo. - ---¿Y sus datos, Choribide? - ---Cuando los necesite usted. Usted me manda una nota o un aviso de que -venga, lo que usted prefiera. Para algunas investigaciones quizás se -necesite algún dinero. - ---Lo hay. El señor de Calomarde me ha escrito que gastemos el dinero -necesario sin miedo. El asunto es de transcendencia y es indispensable -que de cualquier modo la expedición liberal tenga un fracaso ruidoso. - ---Lo tendrá. - ---Muy bien. Ahora le voy a presentar a mi sobrina. - -La condesa salió del salón seguida de Choribide, bajó hasta un cenador -del huerto donde Simona estaba leyendo. - ---Simona--dijo madama Carolina--el señor Choribide; un amigo y un -aliado. - -Choribide hizo la reverencia echando un pie hacia atrás a la moda -antigua, una reverencia digna de un pisaverde del Palais Royal del -tiempo de madama Tallien, y después de unas cuantas galanterías se -despidió de las dos aventureras besándoles la mano. - -Mientras cruzaba la huerta de la casa sus labios finos sonreían y en -sus ojos había una claridad alegre y burlona. - -Al llegar a la puerta del jardín, Choribide echó una mirada a la -torrecilla de Gastizar. El viento andaba revuelto, el viejo dragón -cambiaba de rumbo a cada paso y rechinaba agriamente. Aquel malvado -basilisco, aquella furia super-terrestre estaba en un momento de -inquietud. Sin duda, tenía que anunciar catástrofes y calamidades sin -cuento. - - _La Caleta, Noviembre, 1917._ - - - FIN DE LA VELETA DE GASTIZAR - - - - -ÍNDICE - - - Páginas. - - PRÓLOGO 9 - - - LIBRO PRIMERO - - LA FAMILIA DE ARISTY - - I. Los viajeros 17 - - II. La posada de la Veleta 25 - - III. Ustariz y su grande hombre 39 - - IV. Gastizar y Chimista 49 - - V. La tertulia de Gastizar 63 - - VI. Don Valentín de Malpica 75 - - VII. Retratos de familia 87 - - VIII. Los parientes y los amigos de la casa 97 - - IX. Choribide el versátil 111 - - X. Un solitario 127 - - XI. Los locos del pueblo 131 - - - LIBRO SEGUNDO - - LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830 - - I. Dos amigos 139 - - II. Estampa de Bayona en 1830 149 - - III. Las amistades de Lacy 153 - - IV. Los grupos hostiles 159 - - V. Las estelas sentimentales 165 - - VI. Los preparativos 169 - - VII. Una carta de Tilly 175 - - VIII. Los jefes 181 - - IX. Gestiones de Lacy 191 - - - LIBRO TERCERO - - LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS - - I. Velada en Gastizar 205 - - II. La policía 219 - - III. Carolina y Simona 225 - - IV. Choribide en acción 231 - - - - - * * * * * * - - - - -Nota del Transcriptor: - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - -Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - -Páginas en blanco han sido eliminadas. - - - -***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN: #8 -LA VELETA DE GASTIZAR*** - - -******* This file should be named 53003-8.txt or 53003-8.zip ******* - - -This and all associated files of various formats will be found in: -http://www.gutenberg.org/dirs/5/3/0/0/53003 - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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You may copy it, give it away or re-use it -under the terms of the Project Gutenberg License included with this -eBook or online at <a -href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you are not -located in the United States, you'll have to check the laws of the -country where you are located before using this ebook.</p> -<p>Title: Memorias de un Hombre de Acción: #8 La Veleta de Gastizar</p> -<p>Author: Pío Baroja</p> -<p>Release Date: September 7, 2016 [eBook #53003]</p> -<p>Language: Spanish</p> -<p>Character set encoding: ISO-8859-1</p> -<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN: #8 LA VELETA DE GASTIZAR***</p> -<p> </p> -<h4 class="pg">E-text prepared by Carlos Colón<br /> - and the Online Distributed Proofreading Team<br /> - (<a href="http://www.pgdp.net">http://www.pgdp.net</a>)<br /> - from page images generously made available by<br /> - Internet Archive/Canadian Libraries<br /> - (<a href="https://archive.org/details/toronto">https://archive.org/details/toronto</a>)</h4> -<p> </p> -<table border="0" style="background-color: #ccccff;margin: 0 auto;" cellpadding="10"> - <tr> - <td valign="top"> - Note: - </td> - <td> - Images of the original pages are available through - Internet Archive/Canadian Libraries. See - <a href="https://archive.org/details/laveletadegastiz00baro"> - https://archive.org/details/laveletadegastiz00baro</a> - </td> - </tr> -</table> -<p> </p> -<hr class="full" /> -<p> </p> - -<p class="p6 center large">OBRAS PUBLICADAS</p> - - -<p class="center p2">PÍO BAROJA</p> - -<p><span class="smcap">Paradox, Rey</span>, 3,00 ptas. <span class="smcap">La feria de los discretos</span>, -3,50. <span class="smcap">La Busca</span>, 3,50. <span class="smcap">Nuevo tablado de -Arlequín</span>, 3,00. <span class="smcap">Juventud, egolatría</span>, 3,50. <span class="smcap">El -árbol de la ciencia</span>, 3,50. <span class="smcap">La veleta de Gastizar</span>, -4,00. <span class="smcap">Los caudillos de</span> 1830, 4,00.</p> - - -<p class="center p2">JULIO VALLÉS</p> - -<p><span class="smcap">El Niño</span> (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas.</p> - - -<p class="center p2">ENRIQUE BARBUSSE</p> - -<p><span class="smcap">El fuego en las trincheras</span>, 4,00 ptas.</p> - - -<p class="center p2">CARLOS RIVET</p> - -<p><span class="smcap">El último Romanof</span> (historia del Tsar de Rusia -y su corte), 3,50 ptas.</p> - - -<p class="center p2">JUAN GUALBERTO NESSI</p> - -<p><span class="smcap">Aventuras del submarino alemán U...</span>, 2,00 ptas.</p> - - -<p class="center p2">JULIÁN SOREL</p> - -<p><span class="smcap">Los hombres del</span> 98. <span class="smcap">Unamuno</span>, 2,00 ptas.</p> - - -<p class="center p2">LORENZO GALLEGO CARRANZA</p> - -<p><span class="smcap">Lecciones de Topografía.</span> Obra adaptada al nuevo -programa de esta asignatura en la Academia de -Infantería y aprobada como texto definitivo para -la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00 -pesetas. Contiene 32 láminas en colores.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<p class="p6 center large">OBRAS DE PÍO BAROJA</p> - -<p class="p2"><span class="smcap">Vidas sombrías</span> (agotada). <span class="smcap">Idilios Vascos</span> (agotada). -<span class="smcap">El tablado de Arlequín</span>, 1,00 pta. <span class="smcap">Nuevo -tablado de Arlequín</span>, 3,00. <span class="smcap">Juventud, egolatría</span>, -3,50.</p> - - -<p class="center p4">LAS TRILOGÍAS</p> - - -<p class="center p2">TIERRA VASCA</p> - -<p><span class="smcap">La casa de Aizgorri</span>, 1,00 pta. <span class="smcap">El Mayorazgo de -Labraz</span>, 3,00. <span class="smcap">Zalacain el Aventurero</span>, 1,00.</p> - - -<p class="center p2">LA VIDA FANTÁSTICA</p> - -<p><span class="smcap">Camino de perfección</span>, 1,00. <span class="smcap">Inventos, aventuras -y mixtificaciones de Silvestre Paradox</span>, -1,00. <span class="smcap">Paradox, Rey</span>, 3,00.</p> - - -<p class="center p2">LA RAZA</p> - -<p><span class="smcap">La dama errante</span>, 3,00. <span class="smcap">La ciudad de la niebla</span>, -3,00. <span class="smcap">El árbol de la ciencia</span>, 3,50.</p> - - -<p class="center p2">LA LUCHA POR LA VIDA</p> - -<p><span class="smcap">La Busca</span>, 3,50. <span class="smcap">Mala hierba</span>, 3,50. <span class="smcap">Aurora -roja</span>, 3,50.</p> - - -<p class="center p2">EL PASADO</p> - -<p><span class="smcap">La feria de los discretos</span>, 3,50. <span class="smcap">Los últimos románticos</span>, -3,00. <span class="smcap">Las tragedias grotescas</span>, 3,00</p> - - -<p class="center p2">LAS CIUDADES</p> - -<p><span class="smcap">César o nada</span>, 4,00. <span class="smcap">El mundo es ansí</span>, 3,50</p> - - -<p class="center p2">EL MAR</p> - -<p><span class="smcap">Las inquietudes de Shanti Andía</span>, 3,50</p> - - -<p class="center p4">MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN</p> - -<p><span class="smcap">El aprendiz de conspirador</span>, 3,50. <span class="smcap">El escuadrón -del Brigante</span>, 3,50. <span class="smcap">Los caminos del mundo</span>, -3,50. <span class="smcap">Con la pluma y con el sable</span>, 3,50. <span class="smcap">Los -recursos de la astucia</span>, 3,50. <span class="smcap">La ruta del aventurero</span>, -3,50. <span class="smcap">La veleta de Gastizar</span>, 4,00. <span class="smcap">Los -caudillos de 1830</span>, 4,00.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<p class="p6 center">MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN</p> - -<p class="p2 large center">LA VELETA DE GASTIZAR</p> - - - - -<p class="p6 center"><i>Copyright by Rafael Caro Raggio—1918.<br /> -Es propiedad.<br /> -Prohibida la reproducción.</i></p> - -<p class="p4 center">Imp. de <span class="smcap">Alrededor del Mundo</span>, Martín de los Heros, 65.</p> -<hr class="chap" /> - - - - - -<p class="p6 center">PÍO BAROJA</p> - -<h1><span class="medium">MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN</span><br /> -LA VELETA DE GASTIZAR</h1> - -<p class="center">NOVELA</p> - -<div class="figcenter4em"><img src="images/page1.png" width="100" -height="124" alt="" title="" /> -</div> - -<p class="center p4">RAFAEL CARO RAGGIO: EDITOR<br /> -Calle de Ventura Rodríguez, 18<br /> -1918</p> - -<hr class="chap" /> - - - - -<h2 id="PROLOGO">PRÓLOGO</h2> - - -<p><span class="smcap">Era</span> un dragón, una sierpe, una salamandra, -un monstruo hórrido, difícil de -clasificar, con una corona de tres picos en -la cabeza y un dedo de su mano derecha -en los labios como para imponer silencio. -¿A quién? No lo sabemos.</p> - -<p>Este dragón se hallaba encaramado -sobre el mundo, una bola de hierro negra, -sujeta en un vástago y tenía la humorada -de señalar el Norte y el Sur, el Este y el -Oeste, cosa no difícil de comprender si se -añade que el grifo, basilisco o dragón, formaba -parte de un pequeño y simpático -artefacto que llamamos veleta.</p> - -<p>Esta veleta coronaba la torre de la casa -solariega de un pueblo labortano.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span></p> - -<p>Era un monstruo rabioso, aquel monstruo -indefinido que dominaba su mundo, -un monstruo rechinador, malhumorado, -que giraba desde hacía muchos años, no -se sabía cuantos, en la vieja torre de Ustariz -que tenía Gastizar por nombre.</p> - -<p>Sus garras amenazaban alternativamente -a los cuatro puntos cardinales, de su -boca salían llamas que por arte mágico -se convertían en una flecha, sus orejas estaban -atentas a todo cuanto se hablaba y -se murmuraba en el pueblo.</p> - -<p>Para neutralizar la perversidad y la iracundia -de aquella furia super-terrestre, para -dulcificar su pérfida malicia, el artífice que -le dió forma mortal le fijó para siempre en -la cola el anagrama de Jesús-Cristo: -J. H. S.</p> - -<p>Así este dragón tosco y quimérico -representaba el dualismo de las cosas humanas -y divinas: por la cabeza al diablo y -por la cola a Dios; por delante la ciencia, -el materialismo, la duda; por detrás el misticismo, -y la piedad; por un lado todo<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> -malicia, ironía y desprecio para los mortales -por el otro todo benevolencia y resignación -cristiana.</p> - -<p>En aquella peligrosa altura, en aquella -posición incómodamente ambigua, Ormuz -y Ariman en una misma pieza, tenía que -girar a todas horas el pobre y lastimero -dragón de Gastizar. No era extraño que su -genio se hubiese agriado y que rechinase -con tanta frecuencia.</p> - -<p>La soledad le había hecho melancólico. -Las alturas aislan. Aquel viejo basilisco no -tenía amigos; únicamente una lechuza -parda se posaba en el remate de la veleta -y solía estar largo tiempo contemplando -desde allí arriba el pueblo.</p> - -<p>¿El dragón roñoso y la lechuza de plumas -suaves y de ojos redondos se entendían? -¿Quién podía saberlo? ¿Venía ella—el -pájaro sabio del crepúsculo—a recibir -órdenes de aquel basilisco chirriante e infernal -agobiado por su apéndice cristiano? -¿O era el basilisco el que recibía las órdenes -de la lechuza?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span></p> - -<p>Si alguien traía órdenes era indudablemente -la lechuza. ¿De donde? Lo ignoramos.</p> - -<p>El viejo dragón velaba sobre el pueblo. -El dirigía los fantasmas de la noche, él -hacía avanzar las nubes obscuras que pasaban -delante de la Luna, él irritaba y calmaba -los ábregos y los aquilones con sus -movimientos bruscos y sus chirridos -agudos.</p> - -<p>En los días de tempestad mientras el -vendaval soplaba con fuerza, el dragón -mugía y chillaba escandalosamente; en las -tormentas, a la luz de los relámpagos, se -presentaba terrible e iracundo, en cambio -en los días de sol, cuando la claridad dorada -se esparcía por las colinas verdes del -Labourt, ¡qué humilde! ¡qué domesticado! -¡Qué buenazo aparecía el dragón de Gastizar -vencido por el anagrama cristiano -de su cola!</p> - -<p>Aun en estos días tranquilos miraba con -cierta sorna a la gente que, sin duda, desde -su altura le parecía pequeña, a veces se<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> -volvía despacio como para dirigir al espectador -una cortesía amable, a veces le -daba la espalda con un marcado desprecio.</p> - -<p>A pesar de su maldad, de su energía y -de su furia, el dragón de Gastizar desde -hacía algunos años se movía con dificultad -para dar sus órdenes.</p> - -<p>¿Era que su aditamento cristiano le iba -dominando y adormeciendo?</p> - -<p>¿Era que sus articulaciones se entorpecían -con el reumatismo y la gota?</p> - -<p>¿Era solamente la edad?</p> - -<p>Fuese lo que fuese era lo cierto que -durante largas temporadas el dragón quedaba -inmóvil, sin poder inclinarse ni a la -derecha ni a la izquierda, furioso, amenazando -con un ademán de cómica impotencia -al universo.</p> - -<p>A veces una ráfaga de aire le infundía -un momento de vida y sus garras se agitaban -estremecidas en el aire y su lengua -de llamas vibraba con saña, pero al -poco tiempo volvía a su inmovilidad con -el aspecto triste de un paralítico.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p> - -<p>Alguien, probablemente algún burlón -había echado a volar la especie de que la -anquilosis de la veleta coincidía con la -tranquilidad de la villa y en cambio sus -movimientos bruscos con los conflictos, -con las guerras, con las pestes, con las revoluciones...</p> - -<hr class="chap" /> - - - - -<h2>LIBRO PRIMERO<br /> -LA FAMILIA DE ARISTY</h2> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="I_I">I.<br /> -LOS VIAJEROS</h3> - - -<p><span class="smcap">Habían</span> salido los tres viajeros de Bayona, a -caballo, por la puerta de Mousserolles, una -tarde de otoño. Uno de los jinetes, ya viejo, con -el pelo gris, tenía un aplomo al caer en la silla, -propio de un militar; el otro, un joven rubio, -montaba como el que ha tomado lecciones de -equitación en un picadero, y el último, un muchacho -moreno y de ojos negros brillantes, apenas -sabía más que sostenerse sin caer sobre su -cabalgadura. Afortunadamente para él llevaba -una yegua blanca vieja y pacífica que a duras penas -salía del paso.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span></p> - -<p>Los tres jinetes eran españoles. Tomaron poco -después de salir de Bayona por la carretera que -corre al lado del río Nive y fueron charlando.</p> - -<p>El tiempo estaba hermoso, la tarde tranquila y -apacible; las hojas iban amarilleando en los árboles -de ambos lados del camino y el follaje de -los robledales en la falda de los montes comenzaba -a enrojecer.</p> - -<p>Había nubarrones en el cielo en la dirección de -la costa.</p> - -<p>Al pasar los jinetes por delante de Villefranque -les sorprendió una turbonada; las nubes comenzaron -a invadir rápidamente el cielo y lo -encapotaron en poco tiempo; unos minutos después -gruesas gotas redondas como monedas cayeron -en la carretera.</p> - -<p>El chaparrón fué arreciando y los jinetes tuvieron -que picar la espuela a sus caballos, cosa un -tanto comprometida para el joven moreno de los -ojos brillantes, a quien se vió inclinarse a derecha -e izquierda como un saco mal atado, a los movimientos -del trote brusco de su yegua.</p> - -<p>Llegaron los viajeros en el instante en que más -arreciaba la lluvia a las proximidades de Ustariz, -y se detuvieron enfrente de una gran cruz pintada -de rojo con los instrumentos de suplicio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p> - -<p>—¿Qué hacemos?—preguntó el viejo.—¿Estamos -ya en el pueblo?</p> - -<p>—Ahí se ve la iglesia—advirtió el joven rubio.</p> - -<p>Efectivamente, por encima de un grupo de árboles -se destacaba el campanario de la iglesia en -medio de la bruma.</p> - -<p>—El pueblo creo que está desparramado por -el valle—indicó el muchacho moreno;—voy a preguntar -en una de estas casas por la posada.</p> - -<p>—Yo voy contigo—dijo el joven rubio y bajó -del caballo.</p> - -<p>El moreno hizo lo mismo, y los dos llevando -los caballos de las riendas pasaron un portillo y -se acercaron a una casa que se veía a unos doscientos -pasos de la carretera.</p> - -<p>El muchacho moreno dió las riendas a su compañero -y entró en el caserío. Un campesino viejo -y flaco que fumaba una pipa de barro se le acercó.</p> - -<p>—¿Esto es Ustariz?—le preguntó en vascuence -el muchacho moreno.</p> - -<p>—Sí, señor.</p> - -<p>—¿Está lejos una casa que se llama Chimista?</p> - -<p>—Sí, bastante lejos.</p> - -<p>—¿Y la posada está también lejos?</p> - -<p>—No, ahí cerca. Sigan ustedes por el camino, -pasen ustedes la iglesia y pregunten por la Veleta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p> - -<p>El campesino salió al portal de la casa a indicar -el sitio aproximado en donde estaba la posada.</p> - -<p>Los dos jóvenes volvieron a salir a la carretera -y se unieron con el viejo compañero. Pasaron por -delante de la iglesia y se detuvieron al par de una -casa que tenía una muestra recién pintada con la -bandera tricolor, en donde podía leerse:</p> - -<p class="p2 center">A LA VELETA DE USTARIZ</p> - -<p class="center">CAFÉ. POSADA</p> - -<p class="p2">El jinete viejo saltó de la silla rápidamente, le -siguieron los dos jóvenes y entraron todos en el -gran zaguán de la posada. Había allí un tilburí y -dentro un señor esperando el paso de la tormenta.</p> - -<p>—¿Qué hacemos?—preguntó el viejo español.</p> - -<p>—Nos quedaremos aquí—contestó el muchacho -moreno.</p> - -<p>—Sí, si no van ustedes a ponerse perdidos—advirtió -el posadero que se presentó para llevar -los caballos a la cuadra.</p> - -<p>—Yo me voy—dijo el caballero del tilburí al -posadero,—porque hay lluvia para rato;—y sa<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>liendo -del portal a la carretera hizo tomar el trote -largo a su caballo.</p> - -<p>El viejo y los dos jóvenes españoles quedaron -en el zaguán. Al volver el posadero el viejo español -le preguntó:</p> - -<p>—¿Hay mucho de aquí a un caserío que se -llama Chimista?</p> - -<p>—Más de una hora.</p> - -<p>—¿Buen camino?</p> - -<p>—No muy malo. Ahora no pueden ustedes ir. -Suban ustedes.</p> - -<p>Los viajeros subieron hasta una sala del piso -principal, donde se sentaron.</p> - -<p>—¿Quieren ustedes algo?—preguntó el posadero.</p> - -<p>—Tomaremos sidra—dijo el muchacho moreno.</p> - -<p>—¿Van ustedes a cenar?</p> - -<p>—Si escampa seguiremos la marcha—advirtió -el viejo.</p> - -<p>—Ya me parece que no escampa—replicó el -joven rubio.</p> - -<p>—Entonces lo dejaremos para mañana.</p> - -<p>—Y yo mandaré hacer la cena—dijo el posadero.</p> - -<p>—Bueno.</p> - -<p>Los viajeros se sentaron a la mesa y esperaron -a que el posadero viniera con unos vasos y dos<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> -botellas. Era el posadero hombre de treinta a cuarenta -años, corpulento, de cara redonda y expresión -tranquila y burlona. Vestía grandes botas -con polainas, pantalones anchos de pana azul, faja -encarnada, blusa negra adornada con bordados y -boina muy grande.</p> - -<p>Estando sirviendo la sidra le llamó la muchacha -y el posadero salió de prisa del cuarto.</p> - -<p>Poco después se oyó que hablaba con unas señoras.</p> - -<p>Los dos españoles jóvenes salieron, movidos -por la curiosidad, a la puerta de la sala y vieron -en el pasillo a una señora ya de edad, con el pelo -blanco, y a otra de unos treinta años, las dos muy -elegantes. A juzgar por sus palabras habían entrado -en la posada huyendo de la lluvia, y el posadero -iba a mandar inmediatamente a la criada -a casa de estas damas por dos paraguas. Las señoras -fueron a descansar al comedor, que estaba -en el extremo opuesto del pasillo adonde daba la -sala en que se encontraban los españoles.</p> - -<p>La muchacha volvió pronto con los paraguas y -las señoras se dispusieron a salir.</p> - -<p>El joven moreno, como si tuviera algo que hacer, -salió de la sala y se cruzó con ellas. La más -joven le echó una mirada viva y sonrió.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span></p> - -<p>Al volver el posadero a la sala el muchacho le -preguntó:</p> - -<p>—¿Éstas señoras son de aquí?</p> - -<p>—No; son españolas como ustedes.</p> - -<p>—¡Españolas! ¿Cómo se llaman?</p> - -<p>—Son la condesa de Vejer y su hija.</p> - -<p>—¿Y viven aquí?</p> - -<p>—Sí; viven en el chalet de las Hiedras, que les -alquila madama de Aristy, la dueña de la casa de -Gastizar. Madama de Aristy es la madre de este -caballero que estaba antes en el portal con un -tilburí.</p> - -<p>El joven se asomó a la ventana y vió alejarse -por la carretera a las dos damas.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - - -<h3 id="I_II">II.<br /> -LA POSADA DE LA VELETA</h3> - - -<p><span class="smcap">Dos</span> establecimientos de Ustariz rivalizaban -en la obra de misericordia de dar posada al -peregrino: uno la Veleta, el otro el Caballo Blanco.</p> - -<p>Los dos representaban épocas distintas y enemigas; -los dos simbolizaban un régimen político -y social diferente: la Veleta de Ustariz era la posada -de la monarquía de Julio; el Caballo Blanco -había sido la de la Restauración Borbónica. Las -posadas del Imperio y las anteriores no habían -llegado en el pueblo al alto honor de tener nombre -y enseña.</p> - -<p>El Caballo Blanco había sido el primero que disfrutó -estas mercedes en Ustariz. El Caballo Blanco, -como casi todas las posadas y tabernas de Fran<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>cia -que tenían este nombre, intentó transformarse -después de la Revolución de 1830 en la posada -del Héroe de ambos mundos en honor del general -Lafayette; pero esta transformación la llevó a -cabo el posadero de Ustariz con tan poca fe y -tan poca pintura, que el letrero antiguo se transparentaba -por debajo del nuevo.</p> - -<p>En los pueblos en donde el entusiasmo republicano -era grande, y en vista de que Lafayette parecía -aburguesarse y consideraba a Luis Felipe -como la mejor de las Repúblicas, los Caballos -Blancos tuvieron una segunda transformación y -quedaron convertidos en los Caballos Tricolores. -Para que los Caballos Blancos se convirtieran en -Tricolores se añadía a los hipógrifos pintados en -la muestra una escarapela o una bandera francesa.</p> - -<p>El Caballo Blanco de Ustariz no era un caballo -de pura sangre ni un caballo revolucionario; -le faltó la energía para esta nueva carrera; no -pudo transmigrar a su tercer avatar y se quedó -durante algún tiempo en un Caballo Blanco vergonzante, -hasta que, hostigado y mareado por su -enemiga la Veleta, desapareció años después yendo -probablemente a parar su muestra al cielo de -los caballos pintados y de los demás animales fa<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>bulosos -y reales de las enseñas de las tabernas.</p> - -<p>La Veleta de Ustariz rivalizó durante mucho -tiempo con el Caballo Blanco y acabó por vencerlo; -fué para el Caballo Blanco lo que Luis Felipe -para la rama mayor de los Borbones.</p> - -<p>En esta época de 1830 la Veleta no había conseguido -aún su triunfo definitivo; no había conseguido -que la diligencia se detuviera delante de -su puerta, y por una tradición que a Esteban Irisarri, -el posadero de la Veleta, le parecía irritante -el coche correo seguía hasta el Caballo Blanco.</p> - -<p>Había entonces en el pueblo dos servicios de -coches públicos; la diligencia que se llamaba La -Bayonesa y el Cuco, que tenía por nombre La Nivelle. -La Bayonesa con sus carteras del correo -paraba en el Caballo Blanco y el Cuco en la Veleta.</p> - -<p>La Veleta de Ustariz se hallaba establecida en -la carretera, en una casa grande de dos pisos, -oculta en el verano, por la parte de atrás, por una -parra.</p> - -<p>Esta posada tenía en el piso bajo una tienda, -mitad café y mitad taberna, con las paredes recién -pintadas de color de sangre de toro muy brillantes.</p> - -<p>En una esquina, el dueño había mandado poner -un banderín de madera con los tres colores na<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>cionales -y en medio el letrero: A la Veleta de -Ustariz.</p> - -<p>En la planta baja había café, taberna, la bodega, -la cuadra y una cocina espaciosa con chimenea -de gran campana, dos mesas largas con bancos -y el techo lleno de jamones y chorizos colgados -y de quesos puestos sobre estantes de madera.</p> - -<p>Desde el zaguán, enlosado con grandes piedras, -partía una escalera de castaño carcomida y recompuesta -hasta el rellano del primer piso.</p> - -<p>De aquí se pasaba, por una puerta de cristales, -a un corredor algo oscuro que tenía alcobas a un -lado y a otro. En uno de los extremos del pasillo, -hacia la carretera, estaba la sala, y en el otro lado, -hacia la huerta, el comedor.</p> - -<p>En la sala, tapizada con un papel verde aceituna, -casi siempre con las ventanas entornadas, se -veían algunos muebles descabalados de estilo Imperio, -un espejo sin brillo y lleno de puntitos blancos -y varias litografías de colores detonantes con -las hazañas de Mazzepa y del príncipe Poniatowski.</p> - -<p>Este salón de la Veleta de Ustariz pasaba en -el pueblo por un salón elegante y confortable, -digno de un hotel de Bayona.</p> - -<p>Hacia el lado de la huerta el comedor de la po<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span>sada -daba a un balcón, en verano siempre en -sombra por el follaje de una parra que hacia de -cortina verde y tupida.</p> - -<p>El comedor tenía un papel nuevo que Esteban -Irisarri, el posadero de la Veleta, consideraba -uno de los mayores atractivos de la casa. Representaba -la catarata del Niágara, al natural, como -decía él. Cerca de la catarata paseaban caballeros -elegantes en briosos corceles, y señoras reclinadas -en fastuosos landós con lacayos negros y perros -de aguas.</p> - -<p>Rompiendo una parte de la catarata había un -ventanillo que comunicaba con un cuarto por el -que se bajaba a la cocina, y por este ventanillo la -mujer de Esteban, la Juana Mari, sacaba la comida -para que la sirviera la criada. En el centro -del comedor había una mesa ovalada donde podían -sentarse quince o veinte personas. En este -comedor de la Veleta de Ustariz se servía únicamente -a los forasteros distinguidos por un módico -sobreprecio. La gente del pueblo y los campesinos -iban siempre a comer a la cocina.</p> - -<p>Esteban Irisarri, el dueño de la Veleta, era -hombre reformador y progresivo. Había sido sargento -de Artillería y se había casado con la hija -de un tratante de lana de Ustariz. Por entonces<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> -regentaba la posada y seguía con los negocios de -lana.</p> - -<p>Los tres viajeros que acababan de entrar en la -Veleta de Ustariz eran constitucionales españoles; -el viejo con aire de militar se llamaba don Juan -López Campillo, había sido guerrillero en la guerra -de la Independencia y estaba emigrado desde -1823; de los jóvenes, el rubio con aspecto enfermizo -era Eusebio Lacy, hijo del general Lacy, -fusilado en Bellver, y el moreno, un muchacho -navarro ex seminarista llamado Manuel Ochoa.</p> - -<p>Campillo había interrogado a Esteban el posadero -en un mal francés pidiéndole informes acerca -de las familias de aquel pueblo, y sobre todo -del militar español que vivía en la casa llamada -Chimista.</p> - -<p>El posadero había soslayado la cuestión con el -maquiavelismo espontáneo de un vasco; pero al -dirigirle claramente la pregunta no tuvo más remedio -que hablar.</p> - -<p>—No tenga usted cuidado, hombre—le dijo -Ochoa, el joven de los ojos negros, en vascuence—, -no somos de la Policía; todo lo contrario.</p> - -<p>Esteban el posadero valoró aquel <i>todo lo contrario</i> -con una sonrisa significativa, y dió los datos -que sabía acerca del viejo militar por quien<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> -le interrogaban. Después invitó a los huéspedes -a pasar al comedor.</p> - -<p>Precediéndolos fué por el pasillo, encendió la -lámpara, y aunque no estaba del todo oscuro cerró -las maderas del balcón. Los tres españoles se -sentaron alrededor de la mesa.</p> - -<p>—Se ha colocado usted en medio de la catarata -del Niágara, mi coronel—dijo Ochoa a Campillo -señalando el papel del comedor—. Se va -usted a mojar.</p> - -<p>—Sí—dijo el viejo sonriendo—. En cambio usted -ha buscado buen sitio en ese bosquecillo.</p> - -<p>—Lacy se nos ha ido con las damas—indicó -Ochoa mostrando un grupo de damiselas pintado -en el papel—. Este siempre tan galante.</p> - -<p>El posadero explicó dónde había comprado -aquel papel, que era una de las grandes atracciones -de la casa, y como tenía que ocuparse de sus -menesteres posaderiles, dijo:</p> - -<p>—Si no desean ustedes otra cosa, me marcho. -Si tienen que llamar, den ustedes una patada en -el suelo. Así.</p> - -<p>—Está bien—indicó Ochoa—; conocemos el -procedimiento.</p> - -<p>Lacy había abierto las maderas del balcón del -comedor que daba a la galería de la parra.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p> - -<p>El tiempo estaba desecho. El cielo violáceo se -deshacía a torrentes y la lluvia caía en rayas negras -y oblicuas. Un canalón del tejado vomitaba -agua, formando un gran chorro en arco que iba -a caer sobre unas coles.</p> - -<p>—Cierra, que viene viento—exclamó Ochoa.</p> - -<p>—Me gusta ver el temporal—dijo Lacy, y saliendo -del comedor y recorriendo el pasillo bajó -al zaguán y se asomó a la puerta.</p> - -<p>La tarde estaba tibia; el aire, blando.</p> - -<p>Un olor de raíces y de tierra húmeda venía del -suelo. A veces había ráfagas de viento huracanado. -El follaje amarillo y rojizo de los árboles se desprendía -dejando las ramas desnudas; algunas hojas -grandes al volar por el aire parecían murciélagos -de vuelo tortuoso o nubes de mariposas que -al agitarse daban el vértigo.</p> - -<p>La hojarasca seca del camino corría de aquí -para allí como en un sábado de brujas, galopando -en frenéticos escuadrones, volando por encima -de las copas de los árboles, aplastándose sobre -los troncos y quedando inmóviles en los -charcos.</p> - -<p>—Dejan la vida en la inmovilidad para irse a -la libertad y a la muerte—se dijo Lacy a sí mismo—. -Así hacemos nosotros los hombres; unos<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span> -para caer en el fango como ellas, otros para quedar -olvidados en la cuneta del camino.</p> - -<p>Largo tiempo estuvo el joven Lacy embebido -en pensamientos melancólicos, mirando las nubes -que marchaban rápidamente por el cielo. En -esto la muchacha de la posada se acercó al joven -absorto, y le dijo que iba a subir la cena.</p> - -<p>Volvió Lacy al comedor y se sentó a la mesa.</p> - -<p>Esteban el posadero, de pie, apoyado en el respaldo -de una silla, amenizó la velada hablando.</p> - -<p>Se había internado de lleno en una de las narraciones -que a él le parecían más interesantes; -la lucha de la Veleta de Ustariz con el Caballo -Blanco.</p> - -<p>Preguntó Ochoa, mientras mondaba el hueso -de una chuleta, por qué le había dado este nombre -a su establecimiento, y el posadero charló por los -codos.</p> - -<p>Se trataba, según dijo, de una veleta vieja que -había en Gastizar, una de las mejores casas de -Ustariz, propiedad de los señores de Aristy. Gastizar -era una de las curiosidades de la villa y competía -con Urdains, la finca del convencional Garat, -el hombre ilustre del pueblo que todavía vivía -en otoño de 1830, época en que comienza esta -historia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p> - -<p>Al decir de Esteban el pasadero, la villa entera -había dado en decir que la veleta de Gastizar era -una veleta misteriosa y simbólica, que anunciaba -o por lo menos coincidía con los grandes trastornos -políticos y con las convulsiones que agitaban -el país.</p> - -<p>Esta veleta de la torrecilla de Gastizar se hallaba -desde hacía tiempo mohosa y no giraba con el -viento; sin embargo, cuando los acontecimientos -políticos eran grandes, sin duda la fuerza de la -historia le hacía girar, quieras que no.</p> - -<p>Así, la veleta de Gastizar se había movido en -la época del Terror, después de las matanzas de -Septiembre, cuando Domingo Garat fué designado -por Danton para ministro de Justicia; también -se había movido el día del suplicio de los Girondinos, -día en que el mismo Garat era ministro del -Interior; luego la veleta misteriosa cambió de -rumbo el 18 de Brumario, y volvió a cambiar -cuando las tropas de Wellington pasaron por Ustariz -y el lord Duque se alojó en casa de Garat. -Las dos últimas agitaciones de la veleta habían -coincidido con Waterloo y con la restauración -Borbónica.</p> - -<p>La revolución de Julio no había conseguido -conmover la veleta de Gastizar, quizás no consi<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span>deraba -a Luis Felipe y a sus ministros de bastante -importancia, quizás los vientos del verano no -habían sido lo suficientemente fuertes para sacarla -de su inercia.</p> - -<p>La Veleta de Gastizar dependía de la política -francesa, que a su vez en Ustariz dependía de -Garat.</p> - -<p>Garat, la veleta y la Revolución eran la trinidad -política de Ustariz.</p> - -<p>Esteban el posadero, como hombre partidario -de las reformas, había tenido la idea feliz de bautizar -su posada con el nombre de la Veleta, dando -a entender que el establecimiento y su amo -patrocinaban los más atrevidos cambios y las más -radicales modificaciones sociales.</p> - -<p>Muchos aseguraban, según dijo Esteban el posadero, -que no había de tardar la veleta en moverse. -No era la revolución de Julio un acontecimiento -tan insignificante para que una veleta, -por muy alta que estuviera, lo despreciara.</p> - -<p>Esteban al explicar la cuestión con detalles se -reía; pero estaba inclinado a creer que algún misterio -existía en la veleta de Gastizar, aunque no -fuera más que para amenizar la vida, algo insípida, -del pueblo.</p> - -<p>Mientras Esteban charlaba animadamente, los<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span> -viajeros cenaban y la muchacha de la posada iba -y venía mirando al joven Lacy con el rabillo -del ojo.</p> - -<p>Después de la cena Esteban se retiró y los viajeros -se enfrascaron en una larga conversación -política.</p> - -<p>Estaban los tres metidos en la gran aventura -que los constitucionales españoles iban a emprender -por aquellos días. Campillo era amigo del -coronel Valdés, y pensaba acompañarle; Ochoa -se decía partidario de Mina, y el joven Lacy se -hallaba dispuesto a seguir a cualquier caudillo -que marchase adelante, a la victoria o a la muerte.</p> - -<p>Después de una larga conversación en la que se -discutieron ideas y personas, Campillo dijo:</p> - -<p>—Bueno, vamos a la cama, que mañana tendremos -que levantarnos temprano.</p> - -<p>Ochoa llamó con el procedimiento de la patada -en el suelo, y se presentó Esteban, que condujo -a cada uno a su cuarto.</p> - -<p>—Me parece que la veleta de Gastizar esta noche -se va a mover—dijo el posadero frotándose -las manos.</p> - -<p>Lacy entró en su cuarto, dejó la palmatoria en -la mesilla de noche y se sentó en una vieja butaca. -La alcoba tenía en el techo grandes vigas pin<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span>tadas -de azul. En medio estaba la cama de madera, -grande, ancha, con cuatro o cinco colchones -y del techo colgaban cortinas pesadas que la envolvían. -Más que una cama, aquello parecía un -altar.</p> - -<p>Sobre una cómoda, brillante y ventruda, se veía -en un fanal un ramillete hecho con conchas. Lacy -estuvo un momento pensativo; luego se acercó a -la ventana. Se había levantado un viento terrible, -huracanado.</p> - -<p>Las ráfagas de aire daban alaridos, mugidos, -silbidos; zarandeaban los árboles, cuyo follaje -seco se estremecía y producían un rumor como -el del mar en un robledal lejano. Algunas ramas -golpeaban el cristal de la ventana como si fueran -manos que llamaran.</p> - -<p>Los relámpagos aclaraban el campo con su luz -cárdena y resonaban los truenos largos en todas -las concavidades del valle. Un momento la lluvia -se convirtió en granizo y quedó todo el campo cubierto -de perlas brillantes. Caía el granizo con un -repiqueteo como el de un tambor. Lacy, después -de un largo rato de contemplación, se desnudó, -apagó la luz y se metió en la cama...</p> - -<p>En las primeras horas de la noche la violencia -del viento aumentó; después comenzó a caer una<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span> -lluvia mansa, tranquila; cesó el viento y no se oyó -en el silencio del campo más que el ladrido lastimero -de un perro...</p> - -<p>Al levantarse los viajeros albergados aquella -noche en la Veleta de Ustariz, el sol brillaba en el -cielo y el campo tenía un aspecto plácido e idílico.</p> - -<p>—Saben ustedes—les dijo Esteban el posadero -al saludar a sus huéspedes.</p> - -<p>—¿Qué hay?</p> - -<p>—La veleta de Gastizar se ha movido esta noche. -Vamos a tener acontecimientos.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - -<h3 id="I_III">III.<br /> -USTARIZ Y SU GRANDE HOMBRE</h3> - - -<p><span class="smcap">Ustariz</span> es una aldea vasco-francesa que está -a dos leguas o dos leguas y media de Bayona -en la orilla izquierda del Nive. Es uno de -esos pueblos cuyo caserío esparcido por el campo -y agrupado en barrios tiene una gran extensión.</p> - -<p>Los barrios de Ustariz, muy lejanos unos de -otros, llevan los nombres de Arrauntz, Eroritz, -Erribere y Purgonia. De estos grupos de casas, el -de Erribere, el pueblo bajo, núcleo principal de -la villa, conservó hasta la Revolución ciertas prerrogativas.</p> - -<p>Entre dos de estas barriadas, que ofrecen a las -miradas del viajero casas muy típicas de aire vasco, -está la iglesia moderna y sin carácter.</p> - -<p>Ustariz se encuentra rodeado de robledales. Se<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>gún -algunos sabios del lugar, su nombre significa -en vasco círculo de robles.</p> - -<p>Ustariz es pueblo de horizonte despejado y de -hermosas vistas. Desde los altos se divisa al Sur, -el monte Larrun, a la derecha, y el pico de Mondarrain -a la izquierda; hacia el Norte se extiende -la gran llanura francesa hasta que se pierde de -vista. Las cercanías de Ustariz son frondosas; -colinas verdes con prados y bosques.</p> - -<p>Ustariz forma parte de la antigua comarca vasca -llamada Labourt. Toda la tierra que lleva este -nombre es poética soñolienta, soleada. El río Nive -la cruza de un extremo a otro.</p> - -<p>El Nive es un río de rápida corriente, con cascadas -y presas que mueven los molinos en la parte -alta, y muy lento en su parte baja.</p> - -<p>Mientras cruza la comarca de Suberoa es un -río claro, alegre, saltarín, lleno de espumas; un -riachuelo vasco, pequeño y alborotador, que corre -por entre desfiladeros y gargantas poblados de -hayas y de robles.</p> - -<p>En su parte baja al entrar en el Labourt, sobre -todo después de Ustariz, el Nive es profundo, oscuro, -verde; espejo inmóvil donde se reflejan los -árboles de las orillas y por donde se deslizan las -barcas planas que en el país llaman <i>chalantas</i>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span></p> - -<p>Todo el estrépito de este río cuando es niño y -navarro, se convierte en silencio y modestia al -hacerse labortano y adulto. Entonces se esconde -como avergonzado entre las colinas pobladas de -árboles, pasa sin ruido y sin espumas por debajo -de los puentes y marcha a reunirse con repugnancia -en Bayona con el Adour, que es un río -lento y turbio que viene de pueblos de lengua de -oc, pueblos encalados y rodeados de tierras blancas -y arenosas.</p> - -<p>Ustariz era antiguamente la capital administrativa -del Labourt y celebraba una asamblea todos -los años casi tan famosa en el país vasco -como la de Guernica. Esta asamblea, el <i>Bilzaar</i> -donde se reunían los viejos labortanos para resolver -los asuntos de la comarca, se congregaba -en el bosque de Haitzea sobre una eminencia poblada -de robles a la que se llamaba Capitolo-erri -(lugar del Capitolio).</p> - -<p>En 1830 Ustariz estaba en decadencia; muchas -de sus casas se hallaban en ruinas; su pequeña -industria no progresaba. Ya no se celebraba el -<i>Bilzaar</i> como en los buenos tiempos; ya los sabios -del país no acudían al bosque de Haitzea.</p> - -<p>Ustariz había perdido su capitalidad administrativa, -y las tres comarcas vasco-francesas: el<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span> -Labourt, Soule y Suberoa no formaban un departamento -como habían pedido los Garat y otros -regionalistas del país al Gobierno revolucionario.</p> - -<p>Los vascos de Francia entraban en el mismo -montón que los bearneses y gascones, cosa que -desagradaba profundamente a Garat el menor, -vascófilo impenitente, a pesar de llamarse así mismo -ciudadano del mundo.</p> - -<p>Muchos de estos regionalistas vasco-franceses -hubieran querido llegar a una aproximación con -los españoles y formar una confederación vasca -para defenderse de la presión niveladora de París -y conservar el espíritu de la región; pero no -encontraban, ni entonces ni después, colaboradores -en los vascos españoles, tercos y cerrados para -todo cuanto no fuera un estúpido absolutismo y -un más estúpido fanatismo religioso. Por otra -parte, la política natural de las grandes nacionalidades -tenía que separar a los vascos de un lado -y otro del Pirineo, cortando poco a poco las fibras -sentimentales comunes. En esta época de decadencia -de Ustariz quedaban en el pueblo dos curiosidades: -la casa del convencional Domingo José -Garat, que todavía vivía en Urdains y la veleta -misteriosa de Gastizar.</p> - -<p>Urdains estaba cerca del barrio de Arrauntz y<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span> -de la colina de Santa Bárbara, desde donde se divisaba -un magnífico panorama; Gastizar se hallaba -dentro de Erribere.</p> - -<p>Entre Garat y la veleta de Gastizar había grande -semejanza. Los dos eran ornamentales, los dos -versátiles; pero Garat había cambiado con los -vientos reinantes mejor que la veleta de Gastizar, -que se hallaba desde hacía tiempo enmohecida. -Garat se movía también a impulsos de la bondad -y del reconocimiento.</p> - -<p>Los Garat habían tenido el sino de figurar en -el mundo.</p> - -<p>Garat el mayor, había sido diputado en los Estados -generales durante la Revolución; Garat el -menor, el célebre, fué ministro en plena efervescencia -revolucionaria, y otro hermano más joven -había sido uno de los tenores de más fama de la -época.</p> - -<p>Las mujeres de la familia también se habían -distinguido, y la hermana de Garat, superiora del -convento de la Visitación, de Bayona, llamaba la -atención por su inteligencia y por su belleza extraordinaria.</p> - -<p>Garat, el tenor, alcanzó el máximo de su popularidad -en tiempo del Directorio; había dado -antes lecciones de canto a la reina María Anto<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>nieta; -fué el ídolo de los salones, y puso en boga -en París una canción vasca que comenzaba así:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1"><i>Mendian zori eder</i></div> -<div class="line"><i>Eper zango gorri.</i></div> -</div></div></div> - -<p>(¡Qué bonita es la perdiz de patas rojas en el -monte!)</p> - -<p>Domingo Garat, el menor, hombre débil, brillante -y versátil, había pasado por los momentos -más terribles de la Revolución francesa, intentando -dejar una amable sonrisa allí donde los demás -dejaban una mueca de furor y de amenaza.</p> - -<p>No le valió su amabilidad, y en los momentos -trágicos tomó un carácter sombrío. Estuvo también -preso y a punto de ser guillotinado. Garat -cumplió la triste misión, siendo ministro de Justicia, -de comunicar a Luis XVI su sentencia de -muerte.</p> - -<p>El sino del vasco Garat fué parecido al del -bearnés Barere de Vieuzac; las circunstancias hicieron -de estos ruiseñores meridionales tipos odiosos -y odiados por la mayoría.</p> - -<p>Los periodistas monárquicos que redactaban el -periódico <i>Las Actas de los Apóstoles</i> agrupaban -tres nombres como sinónimos: Carra-Garat-Ma<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>rat, -uniendo por la fuerza del consonante a hombres -tan distintos como Marat el sanguinario, Carra -el jacobino sospechoso, y Garat el ideólogo de -las frases brillantes.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1"><i>Garat toujours rempli de frayeur et d'espoir</i></div> -<div class="line"><i>A toujours le secret de dire blanc et noir.</i></div> -<div class="line"><i>S'exprimer franchement lui semble par trop bête</i></div> -<div class="line"><i>Et sauvent son pays il veut sauver sa tête.</i></div> -</div></div></div> - -<p>(Garat, siempre lleno de miedo y de esperanza, -tiene siempre el secreto de decir blanco y negro; -expresarse francamente le parece muy tonto, y -salvando el país quiere salvar su cabeza). Garat, -a quien los monárquicos intentaban pintar como -uno de tantos ogros de la Revolución, no era más -que un hombre que había errado el camino. Garat -era un hombre ligero y versátil, retórico y -conceptista. Amaba a su pueblo y a su país, era -vascófilo, meridionalista e hispanófilo, y firmaba a -veces sus trabajos con el seudónimo de José de -Ustariz.</p> - -<p>Era Garat hombre amigo de novedades, y fué -uno de los primeros franceses que antes de la Revolución -quiso hacer trabajos para propagar en -Francia la filosofía de Kant. El poeta danés Bag<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>gesen -durante su estancia en París le comunicó -el entusiasmo por el filósofo de Koenigsberg.</p> - -<p>A medida que la Revolución francesa evolucionaba, -Garat evolucionó con ella; fué alternativamente -dantoniano, thermidoriano, bonapartista, -imperialista, después abandonó la barca de la Revolución, -que naufragaba, y se hizo partidario de -los Borbones y devoto.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line"><i>Messieurs, n'acusez pas Garat</i></div> -<div class="line"><i>De changer de doctrine.</i></div> -</div></div></div> - -<p>(Señores, no acuséis a Garat de cambiar de -doctrina) así comenzaba una poesía satírica dedicada -a él.</p> - -<p>En el Diccionario de las Veletas, publicado en -París en 1814, Garat estaba en el número de las -primeras veletas de Francia.</p> - -<p>Hasta en Ustariz, su pueblo, donde todo el -mundo le quería, se le motejaba de versátil, y durante -la Restauración uno de los versolaris labortanos -le dirigió estos versos:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1"><i>Gastizarco veleta</i></div> -<div class="line"><i>Ez du ibiltzen aicea</i></div> -<div class="line"><i>Ez ifarra, ez igoa</i></div> -<div class="line"><i>Ez da Garat bezala</i></div> -<div class="line"><i>Uztaritzco lagun zarra</i><span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span></div> -<div class="line"><i>Bere borondatez eramana</i></div> -<div class="line"><i>Beti turnatzen al da</i></div> -<div class="line"><i>Alde guztiyetara</i></div> -</div></div></div> - -<p>(A la veleta de Gastizar ya no la mueve el viento, -ni el Norte ni el Mediodía. No se parece a -Garat, nuestro viejo amigo de Ustariz, que llevado -por su buena intención siempre anda dando -vueltas en todos sentidos.)</p> - -<p>Como el abate Swift gritaba en sus ratos de -alegría: ¡Viva la bagatela!, Garat podía decir: -¡Viva la versatilidad!</p> - -<p>Su versatilidad le había conservado joven y de -buen corazón y tenía derecho a vitorearla.</p> - -<p>Como se ve por estas explicaciones, Ustariz -era un pueblo en 1830 que podía vanagloriarse de -sus veletas. La de Gastizar y la de Urdains tenían -fama en muchas leguas a la redonda.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="I_IV">IV.<br /> -GASTIZAR Y CHIMISTA</h3> - - -<p><span class="smcap">Si</span> van ustedes a Chimista—dijo Esteban el -posadero a sus huéspedes—irán ustedes mejor -a pie que a caballo: al dejar la carretera el -camino que hay que tomar estará húmedo y resbaladizo -con la lluvia de esta noche.</p> - -<p>—Nos vamos a poner perdidos—dijo Campillo.</p> - -<p>—Si usted quiere ir a caballo—observó Ochoa—nosotros -le seguiremos a pie.</p> - -<p>—No; iré también a pie.</p> - -<p>—Yo les acompañaré hasta dejarles en el camino -de Chimista—indicó Esteban.</p> - -<p>Los españoles, precedidos por Esteban, salieron -de la posada y marcharon por la carretera. Al -pasar por Gastizar, la casa de la misteriosa veleta, -se detuvieron a contemplarla.</p> - -<p>Era Gastizar un caserón grande colocado entre -la carretera y el río, con las paredes de un color<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span> -amarillento negruzco, las persianas verdes y el -tejado de un tono rojo oscuro herrumbroso. Una -de sus fachadas laterales tenía en un ángulo una -ancha torre cuadrada, centinela en guardia que -vigilaba la carretera.</p> - -<p>En el país, Gastizar podía llamarse palacio. Eran -sus paredes de mampostería y en las aristas de -todo el edificio, como en las de la torre, ostentaba -cintas de piedra rojiza tallada.</p> - -<p>Las ventanas y balcones tenían grandes marcos -de arenisca blanca.</p> - -<p>Las persianas y puertas verdes estaban ya muy -desteñidas; el alero, artesonado de cerca dos metros -de saliente, se hallaba pintado de manera un -tanto bárbara, con las zapatas que le sostenían -azules y los entablamentos amarillos.</p> - -<p>Un camino transversal que partía de la carretera -pasaba por delante de Gastizar, cruzaba el -río por un puente y seguía hacia Chimista. A este -camino daba la fachada principal del palacio.</p> - -<p>Tenía ésta un jardín delante circundado por -una tapia baja, con dos grandes tilos y unos macizos -de hierba.</p> - -<p>Pasando la avenida se entraba por una portalada -por encima de la cual avanzaba un gran -balcón con los barrotes labrados y cuyo baran<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>dado -estaba sujeto a la pared por arcos de hierro.</p> - -<p>Enredándose en ellos se veía una glicina nudosa.</p> - -<p>En el segundo piso había cinco balcones sin -saliente con los cristales pequeños y verdosos y -en medio del tejado cortando el alero una mansarda.</p> - -<p>Los viajeros contemplaron un momento Gastizar.</p> - -<p>Entre la casa y el río se extendía la huerta -orientada al levante con dalias, rosas de todos -colores y crisantemos de la India que hacía poco -tiempo se habían introducido en el país y que -en aquellos días de Octubre estaban aún en todo -su esplendor.</p> - -<p>Gastizar ofrecía distinto aspecto según del lado -desde donde se le mirase.</p> - -<p>Por la fachada, orientada al Norte, tenía un -aire sombrío; los musgos verdosos nacían entre -sus piedras y los hierbajos crecían sobre la cornisa -de los balcones y en el alero.</p> - -<p>Los otros tres lados eran más sonrientes y -alegres y estaban rodeados de jardines; la parte -que daba a la carretera con su torrecilla cuadrada -se perfilaba con cierto aire feudal. Esta to<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>rrecilla -tenía dos miradores y un tejado plano -sobre el cual se erguía la misteriosa veleta de -Gastizar con su dragón con la boca abierta, sujeto -en un vástago de ocho o diez pies de alto -terminado en una punta de lanza.</p> - -<p>Esteban el posadero que mostró a sus huéspedes -Gastizar y sus curiosidades dijo que algunos -que se tenían por inteligentes aseguraban que esta -veleta debió haber sido traída de otra parte porque -parecía del siglo XV y la construcción de la casa -databa del siglo XVI. Esteban añadió que un -viejo del pueblo aseguraba que esta veleta la había -visto él en un torreón de Larresore antes de -la época revolucionaria y agregó que un señor condecorado -que había estado en el pueblo dijo que -antiguamente la importancia y nobleza de un castillo -se podía medir por el número de veletas. -Cuantas más tenía más noble y más importante -era. Durante mucho tiempo los plebeyos no podían -tener estos pequeños aparatos sobre el tejado -de sus casas lo que a Esteban, que era un -buen liberal, le parecía el colmo del abuso y una -de las más abominables señales del despotismo -del Antiguo Régimen.</p> - -<p>Después de hacer gala de sus conocimientos, -el posadero, indicando uno de los dos caminos<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span> -en que se dividía el que iban siguiendo, dijo:</p> - -<p>—Por ahí en media hora estarán ustedes en -Chimista.</p> - -<p>Marcharon los viajeros adelante, preguntaron -en dos caseríos hasta detenerse en una casita pequeña -y blanca que aparecía en medio de un robledal, -rodeada de campos y a poca distancia del -río. Era Chimista.</p> - -<p>Tenía la casa que llevaba este nombre dos pisos -con entramado de madera. Era del tipo clásico -del país, el primer piso avanzaba un poco -sobre el bajo y el segundo sobre el primero. Se -abrían a un lado dos ventanas góticas del gótico -conopial y una puerta en arco apuntado.</p> - -<p>La puerta estaba abierta. Entraron en el zaguán -y llamaron dando palmadas. No apareció -nadie.</p> - -<p>—Ahí al lado había unas mujeres. Voy a preguntarles -si hay alguien en la casa—dijo Ochoa.</p> - -<p>Acababa de salir el muchacho navarro cuando -se presentó en el portal una mujer joven con un -niño en brazos.</p> - -<p>—¿Está don Valentín Malpica?—preguntó -Campillo en castellano.</p> - -<p>—¡Mi padre!... Sí...—balbuceó la mujer.—¿Qué -le querían ustedes?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p> - -<p>—Queríamos hablarle. Somos amigos suyos.</p> - -<p>—Ah, entonces... pasen ustedes, está en la -huerta.</p> - -<p>Campillo y Lacy cruzaron el zaguán y un establo -y salieron a la huerta.</p> - -<p>Contemplando unos árboles frutales había dos -hombres; un viejo canoso y un señor de unos -cuarenta años, tipo entre ciudadano y campesino -que llevaba una boina grande. Este señor era el -mismo que habían visto en el zaguán de la fonda -de la Veleta al llegar a Ustariz en un tilburí.</p> - -<p>Campillo se acercó al viejo.</p> - -<p>—¡Malpica!—exclamó.</p> - -<p>El viejo se volvió rápidamente y puso la mano -derecha sobre los ojos como pantalla y preguntó -en francés a su compañero:</p> - -<p>—¿Quién es?</p> - -<p>—No sé, no le conozco—dijo el de la boina.</p> - -<p>—Soy Campillo, tu camarada. ¿No te acuerdas -de mí?</p> - -<p>Malpica se acercó al forastero y le estrechó -la mano.</p> - -<p>Era don Valentín Malpica un viejo derecho -con la cara sonrosada y los ojos grises. Tenía la -tiesura y la rigidez de un militar.</p> - -<p>—Venimos a hablarte—dijo Campillo.—Este<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span> -muchacho que me acompaña es Eusebio de Lacy, -hijo del general.</p> - -<p>—¡Es el hijo de Lacy! perdone usted joven -que le abrace.—Malpica le estrechó entre sus brazos.—Le -conocí mucho a su padre de usted, y -peleé con él—siguió diciendo.—Era un militar valiente -y un liberal de verdad. Espérenme ustedes -un momento. Les presentaré a ustedes... mi hija..., -Miguel Aristy..., el coronel Campillo... -Lacy.</p> - -<p>Se dieron la mano. Miguel Aristy era el señor -de la boina grande que acompañaba a Malpica.</p> - -<p>La hija del coronel invitó a sentarse a los forasteros -en el jardín en un cenador cubierto de -enredaderas, entre las que se destacaban clemátides -blancas y azules, campanillas rojizas y rosas -tardías.</p> - -<p>Un niño de tres a cuatro años salió corriendo -de la casa y se echó en brazos de la hija de Malpica.</p> - -<p>—¿Es hijo de usted?—le preguntó Lacy señalando -al niño.</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¡Qué guapo es!</p> - -<p>—Lo que es, es muy desobediente.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span></p> - -<p>—¡No!—dijo el chico levantando el dedo en -el aire.</p> - -<p>—Sí, sí. Su hermanita es mucho mejor que él.</p> - -<p>—¿Vive usted todo el año aquí en el campo?—preguntó -Lacy.</p> - -<p>—Sí, todo el año, con mi padre y mi marido.</p> - -<p>—¿Su marido de usted es este señor?—dijo indicando -al de la boina.</p> - -<p>—No, este señor es mi cuñado. Yo estoy casada -con su hermano.</p> - -<p>—¡Qué casa más simpática tiene usted!—exclamó -Lacy—aquí parece que debe ser muy fácil -ser feliz.</p> - -<p>—Yo creo que en todas partes se puede ser -feliz si se contenta uno con poco.</p> - -<p>—Sí, quizás sea cierto, pero eso no lo puede -saber usted por experiencia.</p> - -<p>—¿Por qué?</p> - -<p>—Porque lo tiene usted todo: unos niños tan -bonitos, su padre, el marido, el buen carácter...</p> - -<p>—Usted también lo tendrá...</p> - -<p>—Será difícil.</p> - -<p>—¿No tiene usted familia?</p> - -<p>—Sí, mi madre. Mi padre fué el general Lacy -fusilado en Mallorca por liberal.</p> - -<p>—He oído hablar mucho de él.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span></p> - -<p>—Mi padre estaba reñido con mi madre. Yo -he sido educado en colegios, siempre separado de -la familia.</p> - -<p>—¡Qué pena!</p> - -<p>—Sí, mi infancia ha sido bastante triste. Mi -juventud tampoco es muy alegre. Estoy enfermo.</p> - -<p>—Curará usted.</p> - -<p>—No sé; ya veremos.</p> - -<p>—Buenos señores—dijo Malpica acercándose -al cenador.—Puesto que tenemos que hablar de -asuntos reservados vamos a mi cuarto.</p> - -<p>Campillo y Lacy se dispusieron a marcharse -de la huerta y se despidieron del señor de la -boina.</p> - -<p>—Adiós, señor de Lacy—dijo la hija de Malpica -dando la mano al joven—y no arrastren ustedes -a mi padre a ninguna empresa peligrosa.</p> - -<p>Abandonaron los dos españoles la huerta y -por la cuadra pasaron al zaguán en donde vieron -a Ochoa que hablaba en vascuence con unas muchachas -que al oirle se reían a carcajadas.</p> - -<p>Ochoa se unió con sus amigos y los tres subieron -por una escalera al rellano del primer piso. -Malpica, que les esperaba, les condujo a un cuartito -pequeño empapelado, adornado con unas estampas -de generales y de guerrilleros de la Inde<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span>pendencia -puestos en marcos en las paredes, una -mesa, un estante con una docena de libros y dos -sillones.</p> - -<p>—Aquí que nadie nos oye—dijo Malpica dirigiéndose -a Campillo.—Puedes hablar a tus anchas.</p> - -<p>Campillo que no era hombre de buenas explicaderas -comenzó a embarullarse y a perderse en -comentarios y en detalles de tal modo, que dijo -dirigiéndose al joven Lacy:</p> - -<p>—Hable usted, porque yo no sé explicarme rápidamente.</p> - -<p>Eusebio Lacy tomó la palabra.</p> - -<p>—Ya le ha indicado el coronel Campillo—dijo—que -los liberales españoles han pensado hacer -un intento serio para establecer la Constitución -en España. Supongo que estará usted enterado -de la marcha en general de este asunto.</p> - -<p>—No, no lo estoy. Vivo aquí apartado y sin -enterarme de nada.</p> - -<p>—Entonces haré un resumen de lo que ocurre. -Después de la Revolución de Julio de París, todos -los caudillos españoles liberales se han reunido -para hacer un intento en la frontera. El gobierno -francés favorece la empresa y el mismo -Luis Felipe ha dado dinero para ella. Entre los<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span> -jefes están Mina, Gurrea, Chapalangarra, Méndez -Vigo, Jáuregui, López Baños, San Miguel, -Milans del Bosch, Valdés... En fin, todos.</p> - -<p>—Los conozco—dijo Malpica.—A unos personalmente, -a otros de nombre.</p> - -<p>—Por desgracia—añadió Lacy—hay diferencias -entre los nuestros y se han formado varios -bandos capitaneados por Mina, Valdés, Chapalangarra, -Méndez Vigo y Gurrea.</p> - -<p>—¡Mal negocio!</p> - -<p>—Sí, es defecto de nosotros los españoles, pero -en fin, yo creo que las diferencias se borrarán con -el éxito.</p> - -<p>—Es de esperar.</p> - -<p>—Pues bien, en esto nuestro amigo el coronel -Campillo que es uno de los jefes de la fuerza constitucional, -supo por conducto de algunos agentes -liberales que su compañero don Valentín Malpica -vivía ignorado en Ustariz. El coronel Campillo -puso la noticia en conocimiento de la Junta y la -Junta comprendiendo la importancia que tendría -su valioso concurso nos designó a nosotros tres -para visitarle a usted y para proponerle tomar -parte en la expedición militar que vamos a hacer -sobre la frontera española. Este es nuestro objeto -al visitarle.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span></p> - -<p>—Le he oído a usted atentamente, señor de -Lacy—contestó Malpica—me honra mucho que -se hayan acordado de mí y estoy dispuesto a dar -mi vida por la libertad y por la patria. No tengo -más que decir con relación a este punto; estaré -allí donde me manden: en el sitio del peligro.</p> - -<p>—Lo esperábamos de usted—dijo Lacy.</p> - -<p>—Gracias. Ahora sí, tengo que advertir que soy -el coronel más viejo de mi cuerpo y que no aceptaría -un destino subalterno.</p> - -<p>—Ni nosotros hemos pensado en tal cosa—repuso -Lacy.</p> - -<p>Campillo replicó con disimulada acritud que él -como todos ocuparía el lugar que le correspondiera -en la escala según su antigüedad y como todos -ascendería un grado en el caso de triunfar. Puestos -de acuerdo en este punto, Campillo dijo que -avisaría a Malpica cuándo debía presentarse en -Bayona.</p> - -<p>Terminada la conferencia los tres viajeros bajaron -al portal y se despidieron de Malpica. Ya -iban a salir cuando se presentó la hija del coronel -con sus dos niños. Lacy le dió la mano y ella -murmuró en voz baja:</p> - -<p>—Dios quiera que no me traigan ustedes alguna -desgracia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span></p> - -<p>—Por Dios, señora... no..., balbuceó Lacy.</p> - -<p>Unas horas después, los tres viajeros llegaban -a la Veleta de Ustariz, almorzaban, montaban a -caballo y se dirigían al trote largo camino de Bayona.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - - -<h3 id="I_V">V.<br /> -LA TERTULIA DE GASTIZAR</h3> - - -<p><span class="smcap">El</span> mismo día en que Lacy, Campillo y Ochoa -visitaban al coronel Malpica, estaban de tertulia -al anochecer, varias personas en el salón de -Gastizar.</p> - -<p>Una gran lámpara de aceite, con una pantalla -verde, colgada del centro de la habitación difundía -una luz fija y clara, y seis velas ardían en el -piano sobre arandelas de cristal tallado.</p> - -<p>El salón de Gastizar era grande y decorativo, -con vigas en el techo negras sobre fondo rojo, -suelo de nogal muy oscuro y lustroso y las paredes -tapizadas de terciopelo escarlata.</p> - -<p>Este salón tenía dos balcones muy espaciados -y una ventana, ocultos en aquel momento por -cortinas espesas, en frente de uno de los balco<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>nes -había una gran chimenea en cuyo hogar ardían -unos gruesos troncos de roble.</p> - -<p>Los muebles de este salón eran antiguos; arcas -vascas talladas, espejos biselados, sillones estilo -Luis XV. Un reloj alto, negro, de estos ingleses, -de esfera de cobre, colocado entre los dos -balcones parecía presidir la sala.</p> - -<p>En algunos espejos, cuadros y en el respaldo -de los sillones se veía esculpido y pintado un escudo -con cuatro cuarteles, en los dos de arriba -dos vacas rojas y un roble y en el de abajo otras -dos vacas rojas y una hidra de tres cabezas.</p> - -<p>Este escudo era de la casa vasco-francesa de -los Belsunce, familia ilustre en el país, que tenía -en Mearin un antiguo castillo cubierto de hiedras.</p> - -<p>Entre los Belsunces había habido un obispo de -Marsella que se hizo célebre en la peste que desoló -esta ciudad a principio del siglo XVIII, un -general que se distinguió en el sitio de Maestrich, -y el mayor Belsunce que en tiempo de la Revolución -fué muerto en Caen por la plebe y luego -destrozado y despedazado de una manera trágica, -llegando una mujer a arrancarle el corazón y a -comérselo.</p> - -<p>Cuando Carlota Corday mató a Marat se ase<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span>guró -por algunos que la heroica homicida había -sido la novia del mayor Belsunce y que había -querido vengarle.</p> - -<p>Además de estos Belsunces conocidos en la -historia había otro personaje legendario del mismo -apellido: Gastón de Belsunce que a principios -del siglo XV peleó con un monstruo que se -escondía en una cueva de San Pedro de Irube y -murió en la lucha después de matar a la fiera. De -aquí procedía en el escudo de la familia la hidra -de las tres cabezas.</p> - -<p>Entre los vascos, que no ha habido nunca grandes -propietarios ni aristocracia cortesana, la familia -de Belsunce era la excepción por su riqueza.</p> - -<p>La dueña de la casa de Gastizar era de la familia -de Belsunce y tenía este apellido del cual -estaba orgullosa, así que le agradaba que le escribieran -madame d'Aristy (neé Belsunce).</p> - -<p>En la sala de Gastizar había en aquel momento -varias personas; alrededor del velador del centro -estaban tres señoras, madama de Aristy, su prima -la vieja señorita de Belsunce y madama de -Luxe viuda de un coronel del Imperio.</p> - -<p>Madama Aristy era una señora alta, de nariz -corva y ojos claros, el pelo blanco. Madama de<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> -Aristy hacía media y tenía entre ella y el fuego -un pequeño biombo porque no le gustaba el calor -de la lumbre.</p> - -<p>A su lado leía un número de <i>La Moda</i>, la vieja -señorita de Belsunce. La señorita de Belsunce -estaba empeñada en parecer joven a fuerza de -afeites y su sistema pictórico daba a su rostro -un aspecto lamentable.</p> - -<p>Su única discreción era buscar los sitios que -estuvieran a la sombra o en la penumbra donde -no se le pudiese ver a la luz plena.</p> - -<p>A pesar de su manía de pintarse y de pintarse -mal que parecía denotar cierta falta de sentido, -en otras cuestiones la señorita de Belsunce discurría -con una gran claridad.</p> - -<p>Esta vieja señorita era romántica, no del romanticismo -entronizado por los escritores y poetas -del año 1830 sino del anterior. Tenía una traducción -de Ossian que leía con tanto entusiasmo -como Napoleón, tocaba el arpa y libaba el monarquismo -y la melancolía en las obras llenas de -catacumbas y de pompas fúnebres del Vizconde -de Chateaubriand.</p> - -<p>La otra señora que estaba en el salón, madama -Luxe, viuda de un coronel del Imperio, era una -mujer rubia, corpulenta, de unos treinta y cinco<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> -a cuarenta años, de ojos claros, vestida de una -manera vistosa.</p> - -<p>Madama Luxe había sido poco feliz en su matrimonio -y como todavía se consideraba joven -esperaba casarse en segundas nupcias. Algunos -pensaban que no le hubiera disgustado Miguel -Aristy como marido.</p> - -<p>Al lado del piano había dos muchachas y un -joven.</p> - -<p>De ellas, la mayor era Alicia de Belsunce, la -otra Fernanda Luxe. Alicia tendría unos diez y -ocho años, el pelo rubio y unos colores de manzana. -Fernanda era pálida, morena y melancólica -y estaba todavía de corto.</p> - -<p>Alicia, en aquel momento sentada al piano tocaba -y cantaba mientras un joven, Luis Larralde-Mauleón, -pasaba las hojas de la partitura del -"Barbero de Sevilla".</p> - -<p>Al lado del fuego, dentro de la campana de la -chimenea se encontraban Miguel de Aristy, el -hijo mayor de la casa, hundido en una butaca, -el caballero de Larresore, anciano muy estirado -y peripuesto, y el ex intendente Darracq, pariente -del marido de madama Aristy.</p> - -<p>Miguel y Larresore hablaban en aquel momento -de don Valentín Malpica, Darracq escu<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>chaba -y arreglaba a cada paso el fuego con las -tenazas.</p> - -<p>—Es un hombre tosco, sin formas corteses—decía -Larresore—la primera vez que me vió me -dijo: nosotros los viejos...</p> - -<p>—Ja... ja...—rió Miguel—la verdad es que no -podrán ustedes hacer buenas migas los dos.</p> - -<p>El señor Darracq rió también aunque silenciosamente.</p> - -<p>—Otro día—siguió diciendo Larresore—le vi -llevando un haz de leña al hombro. Coronel, le -dije: ¡Por Dios! ya le enviaremos a usted un -mozo para que le acarree la leña.</p> - -<p>—¿Y qué le contestó a usted?</p> - -<p>—Me dijo que el soldado debe bastarse a sí -mismo.</p> - -<p>—Sí, es una de sus grandes razones. Don Valentín -es un buen hombre sencillo y honrado. Es -el militar sin cultura. Como fanático que es, ha -exagerado los beneficios de la disciplina y cree -que el hombre debe ser una máquina que marche -al paso. Para don Valentín las dos normas superiores -de la vida son la disciplina y el honor. -La disciplina tiene sus ordenanzas militares, respecto -al honor él supone que sus leyes son tan -exactas como las de la gravedad. Yo no creo<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span> -en nada de esto, pero reconozco que es un excelente -corazón franco y noble.</p> - -<p>—Cierto, cierto—repuso Larresore—pero es -de una insociabilidad horrible. Estando en su compañía -yo no puedo encontrar un motivo de conversación. -Le pregunté una vez por su familia y -sus antepasados y me dijo que él no había conocido -más que a su padre, y añadió que había encontrado -en su casa un árbol genealógico en pergamino -pero que lo había echado al fuego porque -el soldado no debe de pensar en estas tonterías; -para él todo lo que es lujoso es inútil. ¡Qué espíritu -más lamentable!</p> - -<p>—Sí, hay esa misma idea en todos estos militares -españoles que andan por aquí. Son gentes -sencillas.</p> - -<p>—Es falta de civilización—exclamó Larresore—poca -sensibilidad. ¿Y estos tres españoles que han -estado a ver al coronel Malpica, quiénes son? ¿Algunos -revolucionarios?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Y a qué han venido? ¿Quizás a proponerle -que se una a ellos?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Y él habrá aceptado?</p> - -<p>—Seguramente.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span></p> - -<p>—¿Es tan liberal?</p> - -<p>—No, liberal no es; pero las circunstancias le -han puesto más cerca del campo de los liberales -y con poco que halaguen su amor propio irá.</p> - -<p>—¿Tú conoces bien su historia, Miguel?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—¿Qué hay de cierto en eso que se ha dicho -de que mató al amante de su mujer?</p> - -<p>—Lo que hay de cierto es que tuvo un duelo -con un amigo suyo y que le mató.</p> - -<p>—¿Y no era el amante de su mujer?</p> - -<p>—No, no. Parece que había otra mujer entre -ellos.</p> - -<p>En esto Alicia se levantó y dirigiéndose a madama -de Aristy dijo:</p> - -<p>—Tía, no tocaré más. Miguel y el caballero de -Larresore están hablando entretenidos y no hacen -caso de mi música.</p> - -<p>—No, hija mía—dijo Larresore siempre amable—estábamos -haciendo comentarios sobre tu -música.</p> - -<p>—¡Bah, bah!, no me engaña usted, siempre -están ustedes hablando.</p> - -<p>—Tienes razón, hija mía—saltó madama de -Aristy con enfado—yo no sé de qué hablan. Esta -noche pasada—y se dirigió a madama Luxe—han<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span> -estado hasta las dos dale que dale hablando. ¡No -se cansarán! pensaba yo.</p> - -<p>—Los hombres...—comenzó a decir madama Luxe, -pero sin duda no se le ocurrió nada y se calló.</p> - -<p>—Es que tienes un hijo muy inteligente, prima -mía—repuso Larresore—y a mí me gusta oir sus -opiniones.</p> - -<p>—Miguel es inteligente para todo menos para -mi música—saltó Alicia.—Ayer que no estaba el -señor de Larresore para hablar con él se sentó en -la butaca y se quedó dormido.</p> - -<p>—No, no; estaba soñando.</p> - -<p>—Ya, ya. Bueno, ¿y de qué estaban ustedes hablando?—dijo -Alicia tomando una silla pequeña -y sentándose con los piececitos al fuego.</p> - -<p>—Estábamos hablando de estos españoles que -han venido al pueblo a visitar al suegro de mi -hermano León—dijo Miguel.</p> - -<p>—Los he visto—agregó Alicia—uno de ellos -un joven moreno con un aire muy enérgico. Muy -buen tipo.</p> - -<p>—A mí me ha parecido mejor el rubio—saltó -Fernanda.</p> - -<p>—Yo no les he encontrado nada de particular -a ninguno de los dos—dijo el joven Larralde-Mauleón -despechado.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span></p> - -<p>—Ya tenemos la eterna discrepancia—exclamó -Miguel con su seriedad burlona.—Alicia dice -que el moreno, Fernanda que el rubio y el joven -Larralde que ninguno de los dos. ¿Quién -tiene razón?</p> - -<p>—Déjese usted de bromas. ¿Quiénes son?—preguntó -Alicia.</p> - -<p>—El viejo es un guerrillero español...</p> - -<p>—¿Y los jóvenes?</p> - -<p>—El rubio es el hijo del general español Lacy -que fué fusilado en la isla de Mallorca por liberal. -El otro es un muchacho que se llama Ochoa.</p> - -<p>—¿Y qué venían a hacer aquí?</p> - -<p>—Venían, sin duda, a invitar a este viejo coronel, -suegro de mi hermano, a alguna empresa -revolucionaria.</p> - -<p>—Y ese Ochoa, ¿quién es?—dijo Alicia.</p> - -<p>—No sé de él más que lo que tú sabes, que es -un muchacho guapo y al parecer revolucionario, -pero si te interesa tomaremos informes.</p> - -<p>—Entonces tome usted también informes del -rubio—dijo Fernanda.</p> - -<p>—<i>Vous êtes mon lion superbe et genereux</i>—recitó -Alicia con énfasis.</p> - -<p>Esta frase de doña Sol de "Hernani" en aquel -momento produjo marcada molestia en el joven<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -Larralde-Mauleón que se acercó a las señoras y -se puso a hablar con ellas.</p> - -<p>Poco después, madama de Luxe se levantó y -se despidió de madama de Aristy y de la señorita -de Belsunce, el joven Larralde-Mauleón saludó -inclinándose ceremoniosamente y besó la mano a -las señoras.</p> - -<p>Madama de Aristy llamó a la campanilla y -preguntó si estaba la cena, la criada que apareció -en la puerta dijo que sí, y las tres señoras y los -tres caballeros pasaron al comedor.</p> - -<p>Después de cenar charlaron un rato, las señoras -se retiraron, y Miguel y el caballero de Larresore -volvieron a la chimenea al lado del fuego, -apagaron la luz y estuvieron largo tiempo hablando.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - - -<h3 id="I_VI">VI.<br /> -DON VALENTIN DE MALPICA</h3> - - -<p><span class="smcap">Al</span> quedarse solos Larresore y Miguel, el anciano -caballero pidió a su sobrino le contara -con detalles la historia del viejo coronel español -que vivía en Chimista. Miguel la contó pero -como no era el Mayorazgo de Gastizar hombre a -quien interesaran sólo los hechos, sino que le gustaba -bucear en la psicología de los tipos, investigar -el origen de los motivos y las características -del temperamento, se hundió en un mar de comentarios -y de consideraciones filosóficas.</p> - -<p>La historia escueta que contó Miguel a su tío -fué la siguiente:</p> - -<p>Don Valentín de Malpica nació en un pueblo -de la Rioja.</p> - -<p>Escapado de su casa sentó plaza y comenzó a<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span> -servir de soldado en la guerra de España con la -República francesa en 1793. Estuvo en Navarra a -las órdenes de don Juan Ventura Caro y del -conde de Colomera, y después fué trasladado a -Cataluña donde ascendió a sargento.</p> - -<p>En la primavera de 1807, Malpica con el grado -de teniente en el regimiento de Asturias, salió de -España con la división del marqués de la Romana -camino de Hamburgo.</p> - -<p>Malpica asistió con su regimiento al sitio de -Stralsund que se terminó felizmente y donde fué -ascendido a capitán.</p> - -<p>Poco después Napoleón al entrar en España -temiendo que las tropas españolas del marqués -de la Romana se le sublevasen al tener conocimiento -de la invasión de la península Ibérica, las -acantonó en las islas de Fionia, Langeland y en -Jutlandia donde quedaron vigiladas por las fuerzas -de Bernardotte.</p> - -<p>De los regimientos mandados por la Romana, -los de Asturias y Guadalajara intentaron la fuga -antes que los demás, y en varios barcos pesqueros -se embarcaron, tomaron por el estrecho del -Gran Belt, dieron la vuelta a Dinamarca y desembarcaron -en las islas de Holanda. Al bajar a -tierra amotinados dieron los gritos de ¡Viva Es<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>paña! -y ¡Muera Napoleón! Algunos oficiales -franceses marcharon a contenerlos y fué muerto -un ayudante del general Fririon. Las tropas danesas -rodearon a los amotinados y les hicieron -rendirse.</p> - -<p>Malpica que estaba reunido con los oficiales de -su regimiento no quiso quedarse en la isla de -Walcheren y en una lancha pesquera pasó a Inglaterra -desde donde le trasladaron a la Península. -Destinado a la guarnición de Zaragoza tomó -parte en el segundo sitio de esta ciudad. Luchó -con su amigo el coronel Renovales, y rivalizó con -él en valor y en audacia. Renovales y Malpica, -éste herido gravemente, cayeron prisioneros de -los franceses. Renovales se escapó y Malpica fué -llevado al castillo Viejo de Bayona. En esta ciudad -estuvo recomendado a una familia vasco-francesa, -acomodada, los Doyambere y acabó casándose -con la hija de la casa.</p> - -<p>Al terminar la guerra, Malpica con su mujer -entró en España. Como los militares que volvían -de la emigración, en vez de ser considerados en -su país eran por el contrario mal mirados y tenidos -por levantiscos, Malpica, que había heredado -algún dinero, compró una finca a orillas del -Ebro y se fué a vivir allí con su mujer y su hija.<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> -Pronto se cansó de la vida del campo y dijo a su -mujer que iba a solicitar la entrada en el servicio -activo e ir a América. La mujer quiso convencerle -de que no fuera, pero Malpica no era de -los que se avienen a razones.</p> - -<p>Malpica recomendó a uno de sus amigos, a un -tal Ramón Lanuza a su mujer y a su hija, y él -pasó siete años en América luchando a las órdenes -del general Morillo y alcanzó el grado de coronel.</p> - -<p>En 1822 Malpica volvió a España y a su finca. -Le dijeron al llegar y notó también él que su -amigo Ramón tenía mucha confianza con su mujer, -cosa nada rara, pues que el amigo llevaba -siete años visitando asiduamente la casa.</p> - -<p>El coronel que había traído costumbres y hábitos -de factoría de su vida americana, estaba -fuera de su centro en el círculo de su mujer y -de sus amistades, y para encontrarse entre los -suyos iba de caza, andaba entre los jayanes, y se -enamoró de una muchacha zafia hija de un labrador.</p> - -<p>Las relaciones fueron públicas y produjeron -la indignación de la mujer de Malpica que reprochó -a su marido su conducta.</p> - -<p>—No hay que hacer caso de lo que hablan las<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span> -malas lenguas—parece que dijo Malpica sentenciosamente -a su mujer—también dicen de ti que -estás enredada con mi amigo Ramón y yo no lo -creo.</p> - -<p>La mujer contó esto a Lanuza quien pidió cuentas -a Malpica.</p> - -<p>Riñeron los dos violentamente y Lanuza le -dijo:</p> - -<p>—Todo el mundo sabe que yo no tengo nada -que ver con tu mujer. Es una calumnia que repites -de una manera innoble, en cambio todo el -mundo sabe que tú tienes relaciones con esa muchacha -hija de un aperador.</p> - -<p>—Es falso también.</p> - -<p>—No, no es falso—y Lanuza añadió con sorna.—Esa -muchacha es la querida de tu asistente -y el dinero que tú le das a ella, ella se lo entrega -a él.</p> - -<p>—¡Mientes!</p> - -<p>—Esta noche lo podremos ver si quieres. Ella -irá a buscar al asistente al cuarto próximo a la -cuadra donde duerme él como todas las noches.</p> - -<p>Se apostó Malpica para ver si era verdad lo dicho -por su amigo y pudo comprobar que la cosa -era cierta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span></p> - -<p>Lanuza le acompañaba.</p> - -<p>Malpica exasperado y loco de furor dijo a su -amigo que uno de los dos sobraba.</p> - -<p>—Nos batiremos cuando quieras—le contestó -Lanuza con frialdad.</p> - -<p>Malpica entró furtivamente en su casa, tomó -dos pistolas, una botella con pólvora y balas y -salió al campo.</p> - -<p>—¿Adónde vamos?</p> - -<p>—Vamos a la isla del río.</p> - -<p>En el río había una isla de arena que tendría -treinta o cuarenta varas de largo. Llegaron a la -orilla, entraron en la barca y bajaron en la isla. -Era al amanecer.</p> - -<p>Cargaron las pistolas y jugaron a cara y cruz -la pistola que correspondería a cada uno y quién -daría la voz de mando. Le tocó a Lanuza. Se -colocaron en sus puestos, en los dos extremos de -la isla al borde del río. En este momento Malpica -gritó:</p> - -<p>—¡Lanuza!</p> - -<p>—¿Qué?</p> - -<p>—Confieso que no tengo razón.</p> - -<p>Lanuza contestó con una carcajada irónica.</p> - -<p>—¿Eres cobarde también? No lo creía.</p> - -<p>—No, no soy cobarde, pero comprendo que te<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span> -he ofendido sin razón. Te daré las explicaciones -que quieras.</p> - -<p>—No hay explicaciones que valgan. ¡Prepárate! -Sino disparo.</p> - -<p>—¿Qué más pretendes de mí?—gritó Malpica. -¿No te confieso que no tengo razón?</p> - -<p>—No me basta. Quiero tu sangre. Quiero verte -ahí muerto.</p> - -<p>—¡Ah, quieres matarme! ¿Quieres quitarme -de en medio para casarte con mi mujer?</p> - -<p>—Tú lo has dicho.</p> - -<p>—Bien. Veremos si lo consigues. De todas maneras -ten en cuenta que te he ofrecido la paz.</p> - -<p>—No hay paz. ¿Estás en guardia?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Una... dos... tres.</p> - -<p>Una bala pasó silbando por encima de la cabeza -de Malpica.</p> - -<p>Lanuza cayó. Malpica se acercó de prisa al -otro extremo de la isla. La pistola estaba en el -suelo al borde mismo del agua cerca de un reguero -de sangre.</p> - -<p>Lanuza había desaparecido. Malpica entró en la -barca y fué por el río mirando por sí aparecía -el cuerpo de su amigo. Sin duda había caído para -atrás y la corriente le había arrastrado.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span></p> - -<p>Malpica volvió a la orilla, entró en su casa, -montó a caballo y unos días después llegaba a -Barcelona.</p> - -<p>En tanto los franceses de Angulema habían -entrado en Cataluña. Malpica se incorporó a las -fuerzas de Mina.</p> - -<p>Peleó con gran valor durante tres meses y poco -antes de la capitulación de Mina, cayó herido de -un tiro en el pecho cerca de Figueras.</p> - -<p>Los franceses le dejaron por muerto en el campo.</p> - -<p>De noche un merodeador fué a quitarle la ropa -y al moverle, Malpica comenzó a quejarse. El ladrón -iba a huir, Malpica le dijo que tenía dinero -guardado y que se lo daría si le salvaba.</p> - -<p>El merodeador le llevó al hombro a una cueva -y el coronel pasó días entre la vida y la muerte -hasta que se curó.</p> - -<p>Cuando ya se encontró bueno y con fuerzas para -andar se dirigió a la frontera, la atravesó y entró -en Francia.</p> - -<p>En Perpiñán pidió informes del coronel Malpica -de quien dijo era amigo y le mostraron un -boletín francés en donde se citaba su muerte.</p> - -<p>No podía decir que era él Malpica a trueque -de ser tomado por un falsario.</p> - -<p>Decidió cambiar de nombre y trabajar. Al prin<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>cipio -su vida fué miserable, tenía que dedicarse a -faenas humildes, pero como era duro y fuerte no -le molestaban.</p> - -<p>Lo que sí le preocupaba era encontrarse con -antiguos compañeros que le conocían.</p> - -<p>Decidido a abandonar esta parte de Francia -escribió a un hermano suyo diciéndole lo que le -había ocurrido, cómo pasaba por muerto, pidiéndole -una pequeña suma y encargándole que no -dijera a nadie que vivía. El hermano le contestó -enviándole la cantidad, le decía cómo se había -encontrado a Lanuza muerto en una presa y que -unos suponían que se había suicidado y otros que -había sido víctima de un crimen.</p> - -<p>El hermano de Malpica comunicó la noticia de -que el coronel vivía a su mujer y a su hija.</p> - -<p>La mujer vendió la finca próxima al Ebro y -vino a establecerse a Bayona. La hija de Malpica, -Dolores, trajo a su padre a vivir a Ustariz...</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Al acabar de contar Miguel Aristy la historia -del coronel, el caballero de Larresore movió la -cabeza de un lado a otro.</p> - -<p>—¡Qué mentalidad!—exclamó.—¡Qué cabeza! -Ir así arrastrado por los acontecimientos sin pararse -a reflexionar... es lastimoso.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p> - -<p>—¿Qué quiere usted? Los hombres que han -nacido para la acción son así. Cuando se comprende -demasiado se ejecuta poco. Nosotros, usted -y yo somos razonadores. El es un impulsivo, -un español a la antigua. El se cree liberal y no lo -es, se cree el colmo de la inteligencia y ya ve usted -lo que da de sí.</p> - -<p>—Es de una incomprensión y de una suficiencia -cómicas.</p> - -<p>—Pues se figura ser el hombre más discreto y -más juicioso del mundo; en cambio no se tiene -por valiente, y es valiente como un león.</p> - -<p>—Es la barbarie.</p> - -<p>—Todo lo que le sale de la cabeza le parece maravilloso. -Lo que no comprende para él no existe, -y si de una cosa comprende una parte supone -que la parte que no comprende sobra. Al hombre -le gustaría recortar todas las ideas hasta que entraran -bien en las casillas de su cabeza.</p> - -<p>—Tendría mucho que recortar.</p> - -<p>—Sí; probablemente Malpica se cree infalible. -Lo que ha juzgado ya no quiere volver a juzgarlo. -Si se equivoca son las cosas las que se han equivocado, -al no estar conformes con lo que él ha -dicho de antemano.</p> - -<p>—¡Oh! ¡Qué estupidez!</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span></p> - -<p>—El se considera el definidor de todo. El prototipo -de todo. Cuando dice: El honor es lo primero -después la patria, ya no hay necesidad de -volver sobre esto.</p> - -<p>—¡Lamentable, lamentable!—murmuró Larresore.</p> - -<p>—Lleva la cabeza rapada, como habrá usted -notado, y le parece que un melenudo es un insulto -a sus ideas. Es uno de los motivos de odio que tiene -contra su yerno, mi hermano León.</p> - -<p>—¿De verdad?</p> - -<p>—Sí. Los pelos largos le irritan. El soldado -no necesita esos tufos, suele decir. No hay manera -de convencerle de que un escritor o un artista no -tiene la aspiración de ser soldado. Muchas veces -a mi cuñada, su hija, le dice despóticamente: El -soldado debe levantarse más temprano. Pero yo -no soy soldado, papá, le contesta ella con gracia. -No importa, replica él. En la vida todo es como el -ejército.</p> - -<p>—¡Qué vulgaridad! ¡Qué horror!—exclamaba -el caballero de Larresore.—El soldadismo se ha -metido por todas partes. ¡Esa Revolución! ¡Esa -Revolución! ¡Qué pena! Destruir tan bellas cosas -para dejar el mundo convertido en un cuartel.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - - -<h3 id="I_VII">VII.<br /> -RETRATOS DE FAMILIA</h3> - - -<p><span class="smcap">La</span> familia de Aristy estaba formada en Ustariz -por la madre y sus dos hijos Miguel -y León. Madama Aristy tenía también una hija -casada con un rico propietario de Bayona.</p> - -<p>El marido de madama Aristy no había sido conocido -en Ustariz ni vivido en Gastizar. Se decía -de él que era un gascón que en tiempo del Terror -tomó parte en las jornadas revolucionarias, y que -después, deportado a Cayena, desapareció.</p> - -<p>Madama Aristy era una señora de más de sesenta -años, mujer enérgica, autoritaria y despótica; -creía que todo el mundo tenía que pensar -como ella, y no aceptaba otras opiniones. En su -casa mandaba como un coronel.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span></p> - -<p>Madama de Aristy era la severidad más completa; -pensaba que todo lo que hacía lo hacía bien -y que discurría con una cordura sin ejemplo.</p> - -<p>Se creía el prototipo del buen sentido; pensaba -que cuando a ella se le había ocurrido una cosa, -el mundo entero debía aceptarla casi como un -descubrimiento científico.</p> - -<p>A veces levantaba la voz cuando se discutía -algo, como diciendo: No admito la posibilidad de -que nadie me contradiga.</p> - -<p>Madama de Aristy estaba muy en desacuerdo -en ideas con su hijo. Ella era aristócrata, él un -demagogo.</p> - -<p>A pesar de esto, la señora de Aristy trataba a -Miguel de potencia a potencia, porque éste era el -que dirigía en Gastizar las siembras, las podas, -las demás labores campestres, y ella creía que en -tales asuntos entendía mucho.</p> - -<p>Miguel era un caballero de cuarenta años, solterón, -escéptico, que estaba dispuesto a vivir oscuramente -en Ustariz cultivando sus tierras sin -ambiciones ni cuidados. Su madre le había querido -casar con la señorita Angelina Girodot, la hija -de un notario de Bayona, una señorita de alguna -edad, rica y poco agraciada; pero Miguel dijo:</p> - -<p>—No, no; prefiero no casarme. Estoy tan con<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span>vencido -de mis imperfecciones, que no me decido -a buscar una compañera.</p> - -<p>Algunos aseguraban que estaba enamorado de -Alicia Belsunce, su prima, que podía ser hija suya; -pero si lo estaba no se le notaba gran cosa.</p> - -<p>Miguel era una buena persona; inteligente, amable, -muy comprensivo; había pasado los cuarenta -años y llegado a un período en que, por escepticismo -no quería colocarse en ninguna cuestión -en primera fila.</p> - -<p>—Antes me dolía un poco no ser nada—solía -decir.—Ahora, no. Me siento hermano de la glicina -de Gastizar, me he enredado aquí, en estas -piedras viejas, y aquí estoy viviendo como una col.</p> - -<p>Aquella vida del campo, inmóvil, sin estímulo -para la ambición que a muchos embrutece, a él le -había convertido en un filósofo.</p> - -<p>Miguel se consolaba leyendo y tocando el violonchelo. -Se recordaba que una vez una señora -de Bayona, que había venido a Gastizar con su -hija con un plan matrimonial, al ver a Miguel -poco admirado ante las gracias de la niña y más -bien distraído y aburrido, había dicho a madama -de Aristy en un momento de mal humor: Señora, -su hijo de usted es un idiota. Este recuerdo -regocijaba a Miguel y le hacía reir con malicia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span></p> - -<p>Miguel reconocía ingenuamente sus defectos; -pero con la misma ingenuidad aseguraba que no -tenía el menor deseo de corregirlos.</p> - -<p>El caballero de Larresore reprochaba a Miguel -lo poco que se cuidaba de la sociedad.</p> - -<p>—Te abandonas, Miguel—le decía;—estás hecho -un rústico.</p> - -<p>—¡Pse! ¿Para qué preocuparse de la sociedad?—exclamaba -él;—con la gente casi siempre sale -uno perdiendo. Si a fuerza de molestias y preocupaciones -llega uno a saber una cosa y la comunica -a los demás, le contestan con un lugar común.</p> - -<p>—La sociedad no puede estar regida por un -libro de cuentas—decía Larresore, que era un -hombre que nunca había dado nada a nadie.</p> - -<p>—Sí, es cierto—contestaba Miguel sonriendo, -porque tenía la idea de que su tío era uno de los -hombres más egoistas del mundo;—pero no es -cosa de perder siempre.</p> - -<p>El segundo hijo de madama Aristy, León, estaba -casado con Dolores, la hija de Malpica. León -era pintor y se hallaba por entonces en París.</p> - -<p>Su matrimonio, su profesión y su estancia en -París se había llevado a cabo en contra de la voluntad -de su madre.</p> - -<p>Al ir a vivir a Bayona la mujer de Malpica y<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> -su hija, ésta en aquella época una muchachita de -catorce a quince años, había impulsado al coronel -su padre a que se instalase cerca de ella, y Malpica -fué a parar a la casa de un guardabosque -de Ustariz conocido por el tío Juan, viejo revolucionario -recomendado por Garat y que vivía allí -olvidado.</p> - -<p>Dolores iba siempre que podía a visitar a su -padre. La mujer del coronel Malpica sabía que su -marido estaba oculto en Ustariz y que su hija le -veía con frecuencia.</p> - -<p>En uno de estos viajes Dolores conoció a León -de Aristy, joven pintor, que se había hecho amigo -de Malpica en sus excursiones de paisajista.</p> - -<p>León habló varias veces a Dolores, y a poco de -conocerla la hizo una fogosa declaración de amor.</p> - -<p>Dolores era una mujer afectuosa, tierna, muy -religiosa y de no mucha energía, que tenía siempre -las lágrimas a punto.</p> - -<p>León, muy romántico en sus ideas era de un -egoismo perfecto; no pensaba más que en sí mismo -y se preocupaba poco de la conveniencia de -los demás.</p> - -<p>León riñó con su madre para casarse con Dolores; -fueron los casados a vivir a Chimista, y al -año Dolores tuvo un niño.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span></p> - -<p>El coronel Malpica al ver a su nietecillo se sintió -emocionado y se trasladó también a Chimista. -El trabajaría en la huerta para no ser gravoso a -nadie, dijo.</p> - -<p>El matrimonio hubiera podido ser feliz; pero -pronto León se cansó del sosiego de la casita campestre -y de los paisajes de los contornos, y decidió -ir a pasar temporadas a París. Todos los años -hacía un viaje a la capital, cada vez más largo, -y volvía huraño y fosco lamentándose de que no -se le considerase, creyéndose siempre postergado -por las intrigas de los demás artistas.</p> - -<p>Dolores no sabía qué hacer para contentar a su -marido; el pintor era un hombre vanidoso y de -poco carácter; había vivido dominado por la energía -de su madre, y al dirigir él su vida se encontraba -perdido.</p> - -<p>Dolores era una mujer poco enérgica, pero buena -y resignada. No comprendía lo que le pasaba -a su marido. Veía que vivía con el espíritu en -otra parte. Ella se consolaba jugando con sus hijos, -arreglando sus flores. Iba también con frecuencia -a ver a su madre a Bayona, y dejaba a -sus hijos al cuidado de una vecina recién casada -a quien llamaban Fanchon.</p> - -<p>Dolores tenía amor por su padre y lo compren<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>día, -a pesar de la tosquedad y de la rigidez del -coronel. Malpica trabajaba por ella y la proporcionaba -todas las comodidades posibles, fingiendo -siempre estar malhumorado. Para el viejo militar, -las mujeres eran como niños caprichosos que -había que vigilar y atender.</p> - -<p>Respecto a Julia de Aristy, la hermana de León -y Miguel, casada con un propietario rico de Bayona, -intentaba convencer a sus hermanos de que -debían salir de aquel rincón de Ustariz.</p> - -<p>León estaba camino de hacerlo, no así su madre -ni su hermano mayor. Ambos vivían entusiasmados -en Gastizar.</p> - -<p>Esta casa la había comprado el abuelo materno -de madama de Aristy, que era un bearnés, en tiempo -de la Revolución. No se sabrá de quién era primitivamente -ni se conocía su historia; únicamente -le quedaba el nombre de Gastizar que en vascuence -quiere decir castillo viejo.</p> - -<p>Madama de Aristy y sus hijos habían ido a vivir -a Gastizar al finalizar el Imperio.</p> - -<p>El propietario anterior debía de haber sido -hombre de cierta fantasía.</p> - -<p>En un extremo de la huerta había pretendido -instalar un jardín con plantas tropicales, tentativa -que indicaba en él un entusiasmo por la Botánica,<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span> -puesto en boga por Juan Jacobo Rouseau y por -Bernardino de Saint Pierre. En medio del jardín -tropical había un chalet rústico oculto entre árboles. -Este chalet rústico, al que llamaban el chalet -de las hiedras porque se hallaba tapizado y cubierto -por ellas, estaba alquilado a dos señoras españolas.</p> - -<p>Madama de Aristy al ocupar la casa mandó quitar -las plantaciones tropicales y dejó los campos -al modo del país.</p> - -<p>Hubiera derribado el chalet de las hiedras, pero -su hijo León lo quería para estudio y lo respetó.</p> - -<p>Durante todo el año madama Aristy y su hijo -mayor vivían en Ustariz. Algunas veces solían ir -a Bayona, y el rigor del verano pasaban algunos -días en Biarritz. Tenían un landó para sus viajes -y Miguel solía usar un tilburí que él mismo dirigía.</p> - -<p>Madama de Aristy era de estas personas que -trabajan y hacen trabajar a los demás sin descanso.</p> - -<p>Tenía a sus órdenes dos criadas, un muchacho -y un hortelano.</p> - -<p>Además de las dos criadas había un ama de -llaves, algo pariente de madama Aristy, que era -una solterona fea, desgarbada y torpe. Se llama<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>ba -Benedicta. La Benedicta siempre estaba distraída -y hacía las cosas mal, pero si la reñían las -hacía peor.</p> - -<p>—Dejadle—decía Miguel,—no la riñáis.</p> - -<p>Madama de Aristy no podía dejar el placer de -refunfuñar y de echar largos discursos agrios a -Benedicta. Las señoritas de Belsunce solían ir -acompañadas de una doncella.</p> - -<p>Un elemento importante de Gastizar era el criado -y hortelano Ichteben, un tipo curioso; Ichteben -tenía muchas ocupaciones, pero ninguna cumplía -bien; poseía una nariz como un pico, roja, una -expresión suspicaz; llevaba pantalones azules, -blusa negra y un chaleco de Bayona en invierno -como en verano.</p> - -<p>Ichteben hacía lo que le encargaban bastante -mal y además era un poco borracho, pero tenía -una fidelidad a Gastizar a toda prueba.</p> - -<p>Madama de Aristy decía muchas veces que lo -iba a despachar, pero esto parecía tan difícil como -cambiar el orden de los planetas.</p> - -<p>Ichteben era muy malicioso, muy ladino; únicamente -Miguel le inspiraba confianza para contarle -sus cuitas. Miguel le escuchaba muy serio y -después celebraba a carcajadas su malicia.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - - -<h3 id="I_VIII">VIII.<br /> -LOS PARIENTES Y LOS AMIGOS DE LA CASA</h3> - - -<p><span class="smcap">Casi</span> siempre había en Gastizar parientes de -madama de Aristy que iban a Ustariz a -pasar una temporada.</p> - -<p>De los más constantes eran la señorita de Belsunce -y su sobrina Alicia.</p> - -<p>La señorita de Belsunce, una dama mustia que -había tenido en su juventud amores contrariados -y falta de ácido en el estómago, hubiera querido -ser, como la mariscala de Luxemburgo, una autoridad -en materias de elegancia y dar el <i>placet</i> a -la gente con un ¡oh! o con un ¡ah! colocado a<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span> -tiempo, como dió la mariscala a monsieur de Talleyrand.</p> - -<p>La señorita de Belsunce se cansaba de la soledad -de Gastizar, y muchas veces decía a su sobrina:</p> - -<p>—No sé para qué estamos en este desierto.</p> - -<p>Alicia tenía cariño por Gastizar. Era Alicia una -linda muchacha, un poco pequeña de estatura, -rubia, tirando a roja, con la boca chiquita, los ojos -verdosos y la nariz un poco corva. Estaba orgullosa -de su figura y de su familia.</p> - -<p>Alicia era efusiva, cariñosa, muy económica y -algo egoista. A pesar de esto sabía hermanar su -egoismo con su tendencia romántica. Era de estas -vírgenes prudentes que miran a su alrededor estudiando -el hombre que les conviene.</p> - -<p>Alicia adulaba un tanto a su tía madama Aristy, -y esta señora consideraba mucho a su sobrina. Estaban -siempre de acuerdo. Se creían las dos de -distinta pasta que los demás y que lo hacían todo -bien. Se consideraban casi siempre en el fiel de -la balanza.</p> - -<p>Alicia tenía un poco de desdén por su primo -Miguel, a quien suponía que ella agradaba y que, -sin embargo, no le hacía la menor indicación en -este sentido considerándose sin duda como viejo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span></p> - -<p>Alicia vivía el invierno en Pau y hablaba el -<i>patois</i>, cosa cómica para un vasco.</p> - -<p>—No comprendo cómo se habla el <i>patois</i>—decía -Miguel a su prima.</p> - -<p>—¿Por qué no?</p> - -<p>—Es como tener dos trajes para la ciudad. Nosotros -los vascos no, tenemos el traje de pastor, de -la aldea: el vascuence, y el de la ciudad, el -francés.</p> - -<p>—Nosotros no tenemos nada de pastores—replicaba -ella;—somos más civilizados.</p> - -<p>—Un idioma latino. ¡Pse! ¡Qué cosa más ridícula!—exclama -Miguel.</p> - -<p>—Ustedes han resuelto que hay una superioridad -de los vascos sobre los bearneses y los gascones, -y ya basta.</p> - -<p>—¡Ah, claro! Es una superioridad que no necesita -explicación.</p> - -<p>—¿Es que han hecho más cosas los vascos?</p> - -<p>—No.</p> - -<p>—¿Es que han tenido más grandes hombres?</p> - -<p>—No, tampoco. Nosotros los vascos formamos -un pueblo pequeño, misterioso, con un concepto -de la vida especial. ¿Cómo nos van a comparar -con un provenzal o con un gascón?</p> - -<p>—Pero los provenzales y los gascones tienen<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span> -más historia, hay entre ellos familias más antiguas.</p> - -<p>—Respecto a eso te diré, prima mía, lo que un -vasco dijo al duque de Guisa. Discutían los dos -acerca de su respectiva nobleza, y el duque de -Guisa dijo: Sabed que los Guisas datan del siglo -X, y el vasco le contestó: Nosotros los vascos -no datamos.</p> - -<p>—No comprendo, la verdad, este orgullo.</p> - -<p>—No es orgullo. Cada cual tiene sus condiciones -y desea conservarlas. ¿Por qué no? Yo no -quiero vivir en comunidad con el vecino, aunque -sea más fuerte o más rico que yo. Que estas comarcas -que nos rodean, que han hablado dialectos -latinos, tienen más cultura que nosotros por -el uso de un idioma más civilizado que el nuestro. -¿Y eso qué importa? Nosotros queremos vivir -en nuestro país, sin tener gran cosa que ver -con los que hablan esas jergas latinas.</p> - -<p>—¿Y por qué no?</p> - -<p>—Nosotros somos otra clase de gentes; no nos -parecemos en nada a ellos.</p> - -<p>—¿Más serios?</p> - -<p>—Claro.</p> - -<p>—¿Más constantes?</p> - -<p>—Sin duda alguna.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p> - -<p>—Ahí está el grande hombre del pueblo, Garat, -prodigio de consecuencia...; no ha sido más que -de todos los partidos...</p> - -<p>—Bueno; es posible que en la política...—decía -Miguel riendo.</p> - -<p>—Y en todo. Ustariz es un pueblo de veletas; -¿cuántas novias ha tenido usted, primo mío?</p> - -<p>—¿Yo? De verdad... ninguna.</p> - -<p>—¿No ha tenido usted bastante tiempo para -enamorarse de ellas?</p> - -<p>Alicia y Miguel solían discutir y pelear con -frecuencia; ella terminaba sus reyertas con un -gesto de altivez y desdén, y él se reía.</p> - -<p>Otro de los huéspedes de Gastizar era Víctor -Darracq, ex intendente del ejército de Napoleón -y primo del marido de madama de Aristy. Víctor -Darracq había sido de la Administración militar -durante el Imperio y había llegado a general de -brigada. Darracq no tenía espíritu militarista; en -cambio era de estos hombres curiosos que allí por -donde van recogen algo. No conservaba de la guerra -más que un recuerdo de crímenes, de robos y -de bestialidades.</p> - -<p>El ex intendente había llegado hacía años a -Gastizar con el objeto de pasar una temporada, y -se había quedado allí.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span></p> - -<p>El ex intendente era solterón, hombre servicial -capaz de sacrificarse por sus amigos.</p> - -<p>Tenía su centro de operaciones en la biblioteca -de Gastizar.</p> - -<p>Era de estos hombres ordenados y clasificadores, -y todo lo que había reunido en su vida de -intendente lo guardaba catalogado en sus armarios; -tenía mucha afición a los pájaros y una canariera -que cuidaba con todas las reglas del arte.</p> - -<p>Al instalarse en Gastizar, el ex intendente vió -que la biblioteca era bastante buena. El antiguo -propietario había querido sin duda rivalizar con -Garat, sobre todo en conocimientos vascos, y desde -Oihenart a Astarloa, y desde Larramendi a -Zamacola, no faltaba autor que se ocupara del país.</p> - -<p>El ex intendente tenía mucho cariño por sus -sobrinos, sobre todo por León el pintor.</p> - -<p>No se explicaba la gente cómo madama de Aristy -le había aceptado definitivamente en su casa, -con la poca amistad que tenía por los parientes -de su marido.</p> - -<p>El tío Víctor era un hombre moreno de aspecto -un poco sombrío, una cara de esas cetrinas y -atormentadas; vestía redingot abotonado hasta -arriba de aire militar y color oscuro, polainas -y cuello de camisa alto y tieso, que dibujaba so<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span>bre -la mejilla atezada un triángulo de tela blanca -y almidonada que salía de la corbata.</p> - -<p>Darracq vivía en el cuarto de la torrecilla que -daba a la carretera, y solía allí trabajar haciendo -barcos o esferas armilares. Estaba suscrito a varios -periódicos extranjeros, y las noticias interesantes -que encontraba en ellos las recortaba y las -pegaba en un libro.</p> - -<p>El tío Víctor tenía como asistente a un vasco -aventurero que había rodado por el mundo, a -quien llamaba Ali.</p> - -<p>Ali había estado durante algunos años alistado -entre los mamelucos de Egipto y había sido corsario. -Ali al llegar a Ustariz tenía todas las trazas -de un turco; usaba unos bigotes largos, gorra roja -y pantalones bombachos.</p> - -<p>Al querer instalarse Darracq en Gastizar madama -de Aristy puso el veto a Ali; dijo que mientras -usara aquellos bigotes y aquella indumentaria -no estaría en su casa.</p> - -<p>Ali, suspirando, se afeitó y se puso una blusa -azul y pareció un aldeano como otro cualquiera, -más moreno.</p> - -<p>Ali era hombre con éxito en el pueblo; cuando -contaba sus aventuras en Egipto y en Grecia tenía -a todos pendientes de sus labios.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span></p> - -<p>Otro de los huéspedes que solía pasar largas -temporadas en Gastizar era el caballero de Larresore, -constante compañero de charlas de -Miguel.</p> - -<p>Larresore era soltero, de más de sesenta años, -muy atildado y elegante; tenía las mejillas sonrosadas, -las melenas largas y bien peinadas, las patillas -cortas. Vestía a la inglesa. Su traje ordinario -era casaca de color pardo claro, chaleco blanco -bordado, pantalón corto de piel de seda y polainas -negras.</p> - -<p>En el chaleco llevaba dos cadenas de reloj con -algunos dijes.</p> - -<p>Larresore vivía en invierno en Bayona, y cuando -llegaba el buen tiempo iba a pasar temporadas -a las casas de sus parientes y amigos.</p> - -<p>Larresore era muy egoista, con una gran perfección -maquiavélica en su egoismo. Preparaba -las cosas que le convenían muy de antemano con -todo detalle y daba mil rodeos para conseguir lo -que se proponía.</p> - -<p>Larresore había estado en Inglaterra durante la -Revolución.</p> - -<p>La Revolución vino a cogerle en un momento -en que pensaba hacer un buen matrimonio y un -buen negocio. Al caballero le quedó siempre el<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span> -odio por este movimiento inoportuno que vino a -estropear su porvenir.</p> - -<p>Larresore se pintaba así mismo como un realista -arruinado por la Revolución, cosa que a juzgar -por los que le conocían no era cierta, porque, según -éstos, el caballero nunca había tenido fortuna.</p> - -<p>Larresore cultivaba su personalidad de realista; -hacía valer sus amistades y escribía cartas a -los hombres ilustres del partido, y si le contestaban -exhibía sus respuestas por todo el pueblo.</p> - -<p>Larresore en Inglaterra se había aficionado a -las costumbres inglesas, al té y a los vinos de -España.</p> - -<p>En Londres conoció al vizconde de Chateaubriand, -a quien consideró como un fatuo hasta -que vió que se hacía célebre, y entonces hablaba -constantemente del vizconde como de un amigo -íntimo a quien había adivinado.</p> - -<p>El caballero de Larresore encontraba la sociedad -del siglo XIX egoista y desprovista en absoluto -de sensibilidad.</p> - -<p>Es necesario tener el espíritu saturado de egoismo -para reconocerlo al momento en los demás y -en sus más pequeñas partículas. Larresore lo reconocía -en seguida, lo olfateaba.</p> - -<p>El tenía la costumbre de decir cuatro o cinco<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span> -frases de cajón cuando ocurría una desgracia; -creía a la gente dura y seca de espíritu sin efusiones -ni poesías.</p> - -<p>Ya no se sabía ser galante con las damas; no -se amaba el campo. El caballero de Larresore no -había sido muy platónico, ni era capaz de mirar -un paisaje un momento.</p> - -<p>Larresore se lamentaba de las transformaciones -de la época. Contaba su vida de cuando había -ido a París antes de la Revolución recomendado -a Garat.</p> - -<p>—¡Qué sociedad aquella!—exclamaba.—Alegre, -social, cortés. Como ha dicho mi ilustre amigo -monsieur de Talleyrand, el que no ha vivido -antes de la Revolución no sabe lo que es la dulzura -de vivir.</p> - -<p>Y contaba anécdotas de su tiempo parecidas a -las de todos los tiempos, y recitaba los madrigales -enviados por él a las cómicas, que firmaba -con notas musicales La... re... sol... re.</p> - -<p>El caballero creía que estos rasgos de ingenio -no podían volver a darse.</p> - -<p>Larresore hablaba de Garat el menor, su amigo, -con mucha lástima, por haber tenido que convivir -con los tigres de la Revolución.</p> - -<p>—Hoy, el hombre en Francia—decía el caba<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span>llero—está -descontento de sí mismo y de la sociedad. -He aquí a mis dos sobrinos León y Miguel. -León quiere ser pintor, pero no se contenta -con ser un pintor como hubiera sido un gentil -hombre de mi tiempo, pintor para mostrar sus -cuadros entre sus amigos, no; quiere ser un gran -pintor, y que hablen de él los periódicos. El papel -impreso... ¡Qué cosa más lamentable! Respecto a -Miguel, está perdiendo en absoluto sus condiciones -físicas de caballero; se ha dejado la barba, -se corta el pelo al rape.</p> - -<p>—Es más cómodo, tío. Va uno siendo viejo.</p> - -<p>—¡Viejo a los cuarenta años! En mi tiempo no -había viejos.</p> - -<p>—¿Habían encontrado ustedes la fuente de Juvencio?</p> - -<p>—No; es que nadie se retiraba voluntariamente. -Se vivía para la sociedad. Entonces había verdadera -fraternidad.</p> - -<p>—Sí, entre ustedes; pero no entre ustedes y la -gente pobre.</p> - -<p>—¿Y ahora la hay de esa?</p> - -<p>—No, es verdad; ahora tampoco la hay.</p> - -<p>—Entonces reinaban las mujeres. El hombre -estaba educado por ellas. Se sabía ser amable, galante. -La Revolución ha acabado con todo esto.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p> - -<p>Madama de Aristy y las dos señoritas de Belsunce -cuando le oían daban la razón a Larresore; -el ex intendente Darracq movía la cabeza como -indicando que habría que pesar el pro y el contra -de la cuestión, y Miguel se reía.</p> - -<p>Todas las formas de vivir exclusivamente sociales -hacen del hombre un cómico que representa -un papel, y Larresore era un comediante completo. -Eso sí. El quería el teatro adornado y los -actores caracterizados con perfección.</p> - -<p>Muchas veces en confianza decía de la vieja señorita -de Belsunce: Yo comprendo que se pinte, -pero que se pinte bien.</p> - -<p>Además de los parientes solían ir amigos a pasar -temporadas a Gastizar.</p> - -<p>De los contertulios del pueblo, los más asiduos -eran madama Luxe con su hija, las señoras de -Darneguy, el vicario Dostabat y el organista de la -iglesia, Harismendy.</p> - -<p>Algunos suponían que a madama de Aristy no -le hubiese disgustado casar a su hijo con madama -Luxe, que era rica; otros decían que era la viuda -la que miraba con buenos ojos a Miguel, y otros -que era a Miguel a quien le gustaba la viuda.</p> - -<p>También solían ir a Gastizar con frecuencia la -señora Darneguy y su sobrina. Madama de Aristy<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span> -las estimaba mucho. La señora Darneguy vivía -con una pequeña pensión, y era muy severa; la -sobrina Carolina, ya de cierta edad y con algunos -cabellos de plata, trabajaba haciendo bordados. -Madama de Aristy las enviaba con frecuencia regalos; -pollos y frutos de la huerta.</p> - -<p>El vicario Dostabat iba a Gastizar todas las -semanas un día. Era Dostabat un hombre alto, -de vientre abultado, la cara roja, los ojos pequeños -y claros y la nariz larga. Tenía de cincuenta -a sesenta años. Era tipo de cura del antiguo régimen; -muy aficionado a las buenas comidas y a -los vinos excelentes.</p> - -<p>Los vinos de mesa eran su especialidad; los miraba, -los olía, los cataba como un verdadero conocedor. -También le gustaban las cartas y era -maestro en todos los juegos. El padre Dostabat -era cura de manga ancha, y creía que la mayoría -eran pecadillos que Dios perdona sin esfuerzo.</p> - -<p>El organista de la iglesia, el abate Harismendy -era un hombre de unos cuarenta años, moreno, -los ojos negros, muy vivos. Harismendy tenía -gran afición a la música y enseñaba solfeo a los -chicos del pueblo.</p> - -<p>En Gastizar solía acompañar a Alicia al piano.</p> - -<p>A veces había concierto; Alicia cantaba, el jo<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>ven -Larralde-Mauleón tocaba el violín. Harismendy -el piano y Miguel el violonchelo.</p> - -<p>Larresore, que no era muy aficionado a la música, -intentaba siempre monopolizar a Miguel y -llevarlo al campo de sus discusiones. Los dos rompían -la frialdad y el aire ceremonioso de la tertulia -de Gastizar con sus observaciones, a veces de -un atrevimiento chocante.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="I_IX">IX.<br /> -CHORIBIDE EL VERSÁTIL</h3> - - -<p><span class="smcap">Al</span> contemplar el paisaje de Ustariz, al ver -sus casitas blancas con sus enredaderas -y sus parras, el río con sus meandros bordeados -por arboledas, se pensaba involuntariamente -en la vida idílica y pastoril.</p> - -<p>Parecía que los habitantes del pueblo debían -vivir al estilo de los héroes de Teócrito y de Virgilio; -pero por debajo de esta bucólica apariencia -aparecía, como no podía menos, el fondo de -pasiones y deformidades de todo núcleo de población -humana.</p> - -<p>Ustariz estaba dividido en pequeños grupos; -unos indiferentes, otros enemigos. Era el primer -grupo el de Garat.</p> - -<p>Garat había hecho muchos favores en el pue<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span>blo -y tenía grandes amigos. En sus últimos años -el viejo convencional enfermo, y retirado no quería -intervenir en los asuntos de la villa, aunque -la Revolución de Julio le dejaba en condiciones -para tomar parte en la política. Garat estaba cansado -y tenía bastante con sus recuerdos.</p> - -<p>Otro grupo se reunía en el barrio de Eroritz en -la casa de los Darralde llamada Jaureguia. La tertulia -de Gastizar no era enemiga de la de Jaureguia -aunque había entre ellas cierta disimulada -hostilidad.</p> - -<p>Los Darraldes eran ricos, pero tenían aire de -advenedizos.</p> - -<p>Su riqueza trascendía a especulaciones recientes. -Darralde, el viejo, había comenzado a enriquecerse -en tiempo de la Revolución. Guardaba -en su casa muebles, tapices y alfombras que había -comprado por casi nada en Dax, Auch y Bayona -a los agentes de Barere, Cavaignac y Dartigoite.</p> - -<p>Darralde, después de negociar durante el Imperio -por toda Francia, había formado parte de una -sociedad que compraba las grandes propiedades -de los castillos antiguos para venderlas en parcelas -y derribar las ruinas.</p> - -<p>Esta <i>banda negra</i>, como la llamaban los ar<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span>queólogos, -los artistas y los poetas, había operado -en el mediodía a la par que otras hacían sus negocios -en el centro y en el norte.</p> - -<p>Uno de los Darraldes había casado con una señorita -de la familia de Mauleón, lo que le había -hecho subir en categoría social.</p> - -<p>Otro punto de cita menos distinguido que las -casas de los Aristy y de los Darralde era el Bazar -de París, tienda que tenían dos hermanas, las señoritas -de La Bastide con su abuela. Estas dos -hermanas, Delfina y Martina, daban mucho que -hablar al pueblo por sus amores.</p> - -<p>—Las señoritas de La Bastide no llevan una -vida honorable—decía madama de Aristy de una -manera dogmática.</p> - -<p>La abuela, por lo que aseguraban algunos viejos -había sido igual. Después de dar varios escándalos -en el pueblo, marchó a Bayona y luego a -Auch en la época del Terror, donde fué una de -las favoritas de Dartigoite, este dictador que -predicaba la inmoralidad por las calles y terminaba -sus discursos poniéndose desnudo ante el -público. Se aseguraba que se le había visto a la -abuela del Bazar de París, en su juventud, vestida -de Diosa Razón, y algunos la llamaban así -en broma.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></p> - -<p>La Diosa Razón del Bazar de París tenía una -cara del siglo XVIII, una cara de enciclopedista, -la frente despejada, la nariz respingona y corta -que sostenía unas antiparras, los ojos claros. Un -señor del pueblo afirmaba que la hubiera tomado -por el mismo Diderot.</p> - -<p>Las dos señoritas del Bazar, Martina y Delfina -eran unas mujeres guapas. La mayor, Martina, -era alta, de ojos negros hermosos, de aire arrogante -y un poco desdeñoso. La pequeña era morena, -pálida, de una palidez mate con los ojos -lánguidos y tristes, y muchos lunares y muchos -rizos.</p> - -<p>Martina, por lo que se decía, tenía como amante -al ingeniero de montes; la Delfina, que siempre -caía más bajo, estaba enredada con un perdido -que trabajaba en un molino a quien llamaban -Marcos el gascón, pero no le guardaba fidelidad -ninguna y tenía citas con algunos muchachos que -entraban de noche en su casa por la huerta.</p> - -<p>Estas dos muchachas, Martina y Delfina, atendían -la tienda y llevaban las cuentas; la una siempre -altiva y orgullosa, la otra como una pálida -flor de lujuria viviendo en una somnolencia erótica.</p> - -<p>Antigua rival de la Diosa Razón era una<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span> -vieja a quien llamaban la Estéfana y que tenía -otra tiendecita. La Estéfana era una vieja sonrosada -y sin dientes, con los ojos claros y vivos, -que murmuraba de todo el mundo. Solía estar detrás -del mostrador, envuelta en un chal y ganaba -explotando la afición de las viejas borrachas del -pueblo al aguardiente, pues a cambio de la copita -les tomaba huevos y maíz a muy bajo precio.</p> - -<p>La Estéfana salía poco de casa y cuando salía -se ponía un traje negro muy elegante, de tafetán, -que por la humedad olía como las telas de los -paraguas.</p> - -<p>En casa de la Estéfana jugaban a las cartas -tres o cuatro viejas y reñían y se insultaban cuando -perdían algunos suses.</p> - -<p>Tras de la reunión del Bazar de París y de la -tienda de la Estéfana venían ya las tabernas y -reuniones de la gente campesina.</p> - -<p>Había un señor que frecuentaba todas las tertulias -del pueblo las altas y las bajas. Este señor -era monsieur Choribide a quien llamaban en Ustariz -el Muscadin.</p> - -<p>Choribide era un viejecito flaco, canoso, con -unos ojillos claros, una cara afilada, alegre y burlona. -Choribide había vivido durante mucho tiempo -entre la canalla de París; tenía el acento del<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -pueblo bajo parisiense cuando hablaba francés, y -cuando hablaba vascuence parecía un campesino -vasco.</p> - -<p>Ya el uso de un idioma u otro le daba una personalidad -distinta. Si hablaba el francés era el -hombre de la gran ciudad depravado y corrompido, -en cambio si se expresaba en vasco era el -campesino de una malicia inocente.</p> - -<p>Choribide, viejo currutaco, vestía como en su -juventud. Llevaba casaca oscura, medias de -seda blancas, grandes botas, pantalón de paño de -color de canela, chaleco a lo Robespierre y corbata -de muchas vueltas. Usaba en los días de gala -peluca que tiraba a roja, sombrero de copa y varios -dijes en el chaleco.</p> - -<p>El nombre de Choribide, en vasco camino de -pájaros, se había prestado entre los vascófilos a -algunas disquisiciones y a algunos chistes.</p> - -<p>Garat había dicho que el apellido verdadero no -era Choribide con b, sino Chorivide con v, palabra -híbrida de chori, en vascuence pájaro, y -de <i>vide</i> en francés vacío, lo que valdría tanto como -pájaro vacío, pero si Choribide tenía algo de -pájaro no tenía nada de vacío.</p> - -<p>Choribide y Garat solían soltarse pullas. Una -vez un amigo común dijo a Garat:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span></p> - -<p>—Este Choribide es un granuja. Vendería su -alma por dos pesetas.</p> - -<p>—Claro que sí—contestó Garat—y saldría ganando.</p> - -<p>La historia de Choribide el Muscadin era una -historia curiosa.</p> - -<p>Había salido de un caserío de Ustariz a estudiar -para cura en el seminario de Larresore, pero -en el camino se le había pesado y no atreviéndose -a volverse a su casa se fué a Bayona. Allí entró en -una tienda de dependiente, y como el oficio no le -gustaba tomó el camino y se marchó a París a pie.</p> - -<p>Choribide que tenía mucha afición al teatro hizo -amistades entre cómicos y cómicas y vivió medio -de agente y medio de criado.</p> - -<p>Durante algún tiempo fué el parásito del tenor -Garat, de este trovador del Directorio y rey de los -Muscadines.</p> - -<p>Choribide lo había hecho todo. Había comenzado -su carrera histriónica tomando parte en las -representaciones patrióticas de la época del Terror -y había figurado como comparsa en la <i>Sansculotide</i> -haciendo de ciego.</p> - -<p>Choribide había vagado por París durante los -tumultos y las matanzas terroristas.</p> - -<p>Al iniciarse la reacción de Thermidor se había<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> -convertido en Muscadin, en elegante enemigo de -los revolucionarios violentos y astrosos. De esta -época le venía el apodo.</p> - -<p>Después fué especialista de muchos oficios innobles, -hizo el agiotaje de los asignados, sirvió -de gancho en las casas de juego, y durante algún -tiempo fué agente de la policía diplomática organizada -por el ministro Tondu-Lebrun. En las malas -épocas estuvo asociado con una banda de monederos -falsos.</p> - -<p>No ocultaba que parte de su vida había vivido -haciendo delaciones que las cobró bien.</p> - -<p>Choribide estaba acostumbrado a la caza del -político y a la caza del incauto.</p> - -<p>La intriga era uno de sus elementos. Para él -no había moral, ni derecho, ni nada, sólo había -necesidades que engendraban combinaciones en -que se salía ganando o perdiendo. La moral no -contaba en sus cálculos.</p> - -<p>Ya machucho Choribide llegó a Ustariz con un -pequeño retiro a cobrar una herencia. Allí conoció -a una solterona muy religiosa, sobrina del antiguo -párroco y dueña de una finca que se llamaba -Archa-baita, y se casó con ella.</p> - -<p>El ex terrorista iba todos los domingos a la -iglesia con su mujer.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p> - -<p>—¿Es usted religioso?—le preguntaron alguna -vez.</p> - -<p>—No—replicó él—pero hay que contentar al -pueblo. Hago como su excelencia el duque de -Otranto en otro tiempo el ciudadano Fouché—añadía.—Yo -le he visto a Fouché cuando se inauguró -el busto de Lepelletier Saint-Fargeau hablar -de que había que destruir las cruces y signos religiosos -y poner en los cementerios un letrero que -dijese: la Muerte es el sueño eterno. Años después -pasamos por sus tierras unos cuantos cómicos -en coche y vimos a un señor que se descubría -con gran respeto al pasar delante de unas cruces. -¿Quién es? preguntamos. Es Su Excelencia el -duque de Otranto.</p> - -<p>Choribide era un cínico.</p> - -<p>—Dicen que mi mujer ha sido durante quince -años la querida de su tío el párroco—solía decir -con indiferencia—es posible, pero no es nada clerical.</p> - -<p>Choribide tenía entusiasmo por su versatilidad.</p> - -<p>—El pobre Garat y yo—decía frotándose las -manos—hemos estado en todos los partidos. No -podemos echarnos nada en cara. Hemos salido -un poco prostitutas.</p> - -<p>Añadía también medio en serio, medio en bro<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>ma -que sentía ser viejo y vivir en una aldea, pues -le hubiera gustado probar el sansimonismo.</p> - -<p>Choribide tenía influencia y conseguía cosas -que otros con más representación no podían conseguir. -A cambio de estos favores aceptaba lo -que le dieran.</p> - -<p>—Yo diré como Caillot—decía una vez en la -tertulia del Bazar de París.</p> - -<p>Como nadie sabía allá quién era Caillot, la gente -se encogió de hombros hasta que uno preguntó: -¿Y qué decía Caillot?</p> - -<p>—Pues Caillot—explicó él—era un cómico excelente -y muy viejo en mi tiempo a quien yo no -vi representar. Caillot vivía en Saint Germain y -era muy amigo de Juan Jacobo Rousseau. Un día -Juan Jacobo vió a Caillot con un cuchillo de caza admirable -y le dijo que le chocaba que se permitiera -gastos tan excesivos.—No, no lo he comprado yo—contestó -Caillot—me lo ha regalado Su Excelencia, -el príncipe de Conti.—¿Es que usted acepta -los regalos de los príncipes?—preguntó Rousseau.—¡Y -yo que le tenía a usted por un filósofo!—Lo -soy, dijo Caillot. Usted es un filósofo que -rehusa y yo soy un filósofo que acepta. Yo—terminaba -Choribide—soy como Caillot un filósofo -que acepta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span></p> - -<p>Choribide era inagotable contando anécdotas.</p> - -<p>El caballero de Larresore que algunas veces lo -encontraba en el Bazar de las señoritas de La -Bastide hubiera querido despreciarlo, pero la verdad -era que le admiraba e iba muchas veces a -oirle.</p> - -<p>Choribide contaba la vida de París durante el -Terror, la gente marchando por las calles con la -mirada baja espiándose con el rabillo del ojo, y -por las noches las familias que se encerraban en -las casas temiendo las visitas domiciliarias.</p> - -<p>Choribide explicaba cómo funcionaban los garitos -del Palais Royal, cómo se jugaba, quiénes -eran los puntos más fuertes y quiénes las cortesanas -más célebres de aquellos lugares. Un día -llegaba y decía:</p> - -<p>—Hoy hace cuarenta años estaba yo en el teatro -en París, viendo representar una comedia <i>Los -acontecimientos imprevistos</i>. En aquella noche -estuvo a punto de ser presa madama Dugazon -por decir unos versos entusiastas mirando al palco -en donde estaba María Antonieta. ¡A la cárcel! -¡A la cárcel! gritábamos los jacobinos. La -cómica no se intimidó, se acercó más al palco de -la reina y recitó con mayor energía los mismos -versos. ¡A la cárcel! ¡A la cárcel! seguíamos gri<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>tando -nosotros mientras otra parte del público -aplaudía con entusiasmo.</p> - -<p>A este viejo currutaco le gustaba contar horrores -vistos por él en la Revolución y hacía temblar -a sus oyentes hablándoles del suplicio de los reyes, -de los girondinos y de los dantonianos que -había presenciado. Sobre todo en los detalles era -donde el viejo Choribide estaba extraordinario; -cuando hablaba, por ejemplo, del negro Delorme, -uno de los exterminadores de los presos en las -matanzas de Septiembre, llegaba a lo trágico, Choribide -describía a este negrazo medio desnudo, con -el cuerpo manchado de sangre, degollando hombres -y mujeres entre risas y carcajadas.</p> - -<p>Después pintaba el contraste del negro velludo -teniendo en brazos el cuerpo decapitado de la -princesa de Lamballe, al que pasaba un trapo húmedo -para quitarle la sangre, mientras la cabeza -de la infortunada princesa estaba en una taberna -próxima y un peluquero le rizaba el pelo. ¡Qué -blanca es!—decía la gente al ver el cuerpo de la -princesa. Y esta idea de la blancura de la víctima -exasperaba a la plebe, y un bárbaro arrancó al -cadáver el corazón y otro el sexo y las entrañas.</p> - -<p>—¿Y era una mujer hermosa?—le preguntaron -dos o tres a Choribide cuando contó esta escena.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span></p> - -<p>—No, tenía más de cuarenta años y el vientre -arrugado.</p> - -<p>—¿Y cómo aceptaban ustedes esto?—decía Larresore.</p> - -<p>—¿Y qué íbamos a hacer mi querido caballero? -¿Ibamos a decir que éramos moderados cuando -al peluquero Basset se le guillotinó por haber hecho -pelucas de aristócratas? Había que ser rojo -para vivir; si no estaba uno perdido. No había -más remedio. Fué moda ser filósofo, fuímos filósofos, -luego republicanos, fuímos republicanos, -después terroristas, luego thermidorianos, después -bonapartistas, hemos sido realistas y ultramontanos; -ahora aparecemos como liberales. Garat -y yo lo hemos sido todo. Nos acusaran de versátiles, -¡qué tontería! De veletas. Por lo menos -no dirán que somos veletas enmohecidas ni roñosas.</p> - -<p>Y Choribide se frotaba las manos riendo.</p> - -<p>Le gustaba a este viejo contar casos de apostasía -y de cambios de opinión. Le gustaba también -explicar las intrigas de su tiempo y descubrir -las causas bajas y ridículas que habían dado origen -a acontecimientos que se tenían por grandes.</p> - -<p>El cínico y extraño personaje era hombre de -gran instinto social; entraba en todas las casas<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span> -de Ustariz y entre ellas en Gastizar. ¿Cómo le -aceptaba madama de Aristy? Era difícil comprenderlo.</p> - -<p>Choribide visitaba a lo mejor y a lo peor del -pueblo; solía estar en la cabecera de la cama de -Garat haciendo compañía al viejo político y en el -salón de madama de Aristy; otras veces convidaba -en la Veleta de Ustariz a un veterano de la -Revolución que estaba en el asilo, a quien los chicos -llamaban Cucú el rojo y cantaban los dos la -<i>Carmañola</i>, el <i>Ça</i>, <i>ira</i> y otras canciones desvergonzadas -y terribles, algunas dedicadas a la <i>Sainte -guillotinette</i>.</p> - -<p>Choribide de tres en tres años iba a París, solía -visitar a sus amigos realistas y a los republicanos -que aún vivían. Visitaba también a los cómicos y -cómicas viejas en sus guardillas y se enteraba -de todo y hasta se enternecía, al parecer, aunque -para él todo no era más que un dato y un motivo -de conversación.</p> - -<p>Desde las jornadas de Julio, Choribide tenía en -su casa un teniente de infantería de la Guardia -real que había sido licenciado y era sobrino de su -mujer.</p> - -<p>El teniente Rontignon era un tipo de militar -de café, punto fuerte para jugar al billar y al<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> -dominó. Choribide se había propuesto casarle con -alguna rica y había echado el ojo a madama Luxe, -pero Rontignon además de haragán era hombre -tímido y no se atrevía a dirigirse a una señorona -tan elegante y tan distinguida.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - - -<h3 id="I_X">X.<br /> -UN SOLITARIO</h3> - - -<p><span class="smcap">Además</span> de Garat, de Choribide y de Cucú -el rojo, había otro representante de la -Revolución en un guarda del bosque de Ustariz -que vivía completamente aislado en una cabaña -rodeada de robles. Llamaban a este solitario -el tío Juan.</p> - -<p>El tío Juan era hombre de unos sesenta años, -todavía fuerte, calvo, con la cara inteligente y -llena de arrugas y los ojos brillantes. Solía vérsele -rara vez en el pueblo; iba vestido con una -casaca de color castaña, con cuello de terciopelo, -medias de lana blancas y zapatones.</p> - -<p>Los que le conocían aseguraban que el tío Juan -tenía un entusiasmo fanático por la Revolución, -un entusiasmo que huía del análisis y que prefe<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>ría -en los hombres el odio a sus ideas que la aceptación -de ellas a medias.</p> - -<p>Al parecer, el tío Juan era de esos hombres -que quieren cuadricular la vida y someterla a una -norma lógica y fiera.</p> - -<p>El tío Juan tenía el espíritu del fanático que -se da lo mismo en las ideas religiosas que en las -humanitarias. El no podía aceptar lo irregular, lo -laxo, no podía comprender que las sociedades necesitan -un margen de benevolencia y de inmoralidad -que es muchas veces el refugio de la libertad -y del buen sentido.</p> - -<p>Durante la Restauración la policía vigiló varias -veces al tío Juan. Se aseguraba que había -sido uno de los más feroces jacobinos de Burdeos -y que había estado en Cayena con Collot d'Herbois -y Billaud Varennes, pues habló una vez del -ex cómico Collot que bebía el ron como si fuera -agua, y del ex congregacionista Billaud que mataba -su aburrimiento en la deportación domesticando -loros.</p> - -<p>Acogido a un indulto y vuelto a Francia el tío -Juan había sido protegido por Basterreche en -Bayona, pero deseando vivir en el campo y en la -soledad se dirigió a Garat y por influencia de éste -le hicieron guardabosque.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> - -<p>Se decía que Garat le puso como condición -para estar en Ustariz el que no se hablara de él.</p> - -<p>El guardabosque lo prometió y cumplió su promesa. -No tenía amistad ni relaciones con nadie, -y si alguna vez le excitaban a discutir lo rehuía.</p> - -<p>El mismo cuidado del tío Juan de no ser advertido -hizo en ciertas épocas de la Restauración el -que la policía le siguiera los pasos y el pueblo se -fijara en él.</p> - -<p>Se decía que Ali, el asistente de Víctor Darracq -iba con frecuencia a visitarle a su cabaña -del bosque y que el solitario se comunicaba con -Garat. Se decía también que algunas veces se habían -encontrado de noche a un jinete que se apeaba -cerca de Gastizar y que este jinete era el guardabosque.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - - -<h3 id="I_XI">XI.<br /> -LOS LOCOS DEL PUEBLO</h3> - - -<p><span class="smcap">Para</span> completar el cuadro de Ustariz, en 1830 -habría que hablar de los locos y de los excéntricos -del pueblo, que abundaban allí como en -todos los pueblos vascos.</p> - -<p>Uno de ellos, el más curioso era Muchico.</p> - -<p>Muchico tenía los ojos brillantes, unas largas -barbas y llevaba blusa negra. A pesar de su aspecto -siniestro de su mirada fija no tenía nada -de agresivo. Los chicos se burlaban de él y le gritaban -y le tiraban piedras. El les amenazaba con -el puño y tenía que esconderse en los portales. A -Muchico le entusiasmaban los caballos y los coches, -y le asustaban los perros. El viento sur le -intranquilizaba y le ponía exaltado y de mal humor. -Cuando la veleta de Gastizar miraba hacia<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> -España era mala señal para Muchico. Este andaba -más excitado y nervioso que de ordinario.</p> - -<p>Otro medio loco que aparecía en el pueblo con -frecuencia era el hermano Ventura.</p> - -<p>El hermano Ventura era un viejo místico recogido -por los jesuítas de Bayona, que le pasaban -una pequeña pensión. El hermano Ventura -era chiquito, vivo, de más de setenta años. Tenía -un ojo con una nube, la boca torcida, las barbas -blancas, el cráneo calvo y la frente deprimida. -Vestía un gaban largo y un sombrero de copa. -Después de las jornadas de Julio el hermano Ventura -se presentaba más derrotado que en los años -anteriores.</p> - -<p>El hermano Ventura echaba largos discursos -llenos de fuego, cuando pronunciaba la palabra -Dios se quitaba el sombrero y a veces se arrodillaba.</p> - -<p>En sus discursos hablaba de los castigos del infierno -con tal ardor que asustaba a las mujeres -y les quitaba el dinero para misas.</p> - -<p>Algunos decían que el hermano Ventura era -sólo un pillastre, pero había en él mucho de perturbado.</p> - -<p>Otro de los tipos del pueblo era Cucú el rojo, -o Cucú gorro rojo como le llamaban los chicos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span></p> - -<p>Cucú el rojo era un soldado de la República, -gascón de nacimiento que había ido a parar de -viejo a un asilo de Ustariz.</p> - -<p>Cucú había tomado en los años que llevaba recogido, -las costumbres y las frases de las monjas -que cuidaban a los asilados, pero en ciertos días -que le dejaban libre y bebía de más, sacaba un -gorro frigio sucio y lleno de agujeros y comenzaba -a perorar en las tabernas.</p> - -<p>—Ciudadanos—gritaba con la cara inyectada.—La -patria está en peligro. Los aristócratas de -Coblentza nos amenazan. Los espías de Pitt y de -Coburgo nos acechan. ¡A las armas! ¡A las armas!—y -cogía el bastón y se ponía como un soldado -en guardia.</p> - -<p>Después cantaba con voz ronca el Ca, ira y bailaba -la Carmagnola.</p> - -<p>A los realistas del pueblo, que eran casi todas -las personas pudientes, no les molestaba esto del -todo, porque veían en ello una prueba de la plebeyez -y de la grosería de las tendencias revolucionarias.</p> - -<p>Para ellos la República con sus glorias no podía -servir más que para hacer vociferar a hombres, -como Cucú el rojo en las tabernas o en los -caminos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span></p> - -<p>Algunas veces Choribide había puesto frente a -frente al hermano Ventura y a Cucú el rojo.</p> - -<p>Cucú el rojo decía su repertorio, y el hermano -Ventura vociferaba como si estuviera en un -bosque:</p> - -<p>—¡Vete a confesar desdichado!—le decía—¡Estás -en pecado mortal! El diablo está detrás de -ti, ahora mismo dictándote estas palabras, el diablo -que está lleno de ciencia y de razones. Sí... sí... -no hables. Vete a confesar ahora mismo desdichado.</p> - -<p>Choribide se reía a carcajadas. El hermano -Ventura quiso llevar un día a Cucú el rojo y a -Muchico a la iglesia, pero al acercarse a la puerta -los dos se le escaparon.</p> - -<p>Una loca del pueblo, que andaba por los alrededores -y no entraba en las calles, era Grashi -Erua.</p> - -<p>Grashi Erua era alta, delgada, rubia, envejecida, -con la cara llena de arrugas. Vestía con andrajos -de todos colores y como los chicos la tiraban -piedras no quería ir al pueblo.</p> - -<p>Muchas veces se la veía en medio del bosque -con el pelo suelto y una corona de flores silvestres, -también se le había visto al lado de un arroyo -que formaba un remanso, sentada con un ma<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span>nojo -de harapos y cantando como si tuviera un -niño en brazos.</p> - -<p>Se decía que Grashi Erua era la hija de una señorita -extranjera que la abandonó. La habían dejado -de niña en un caserío y desde entonces los -dueños del caserío eran ricos. Por lo que se contaba, -estas gentes del caserío habían despojado a la -loca en vista de que su madre no aparecía; y no -la habían puesto a trabajar porque era indómita y -salvaje.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>LIBRO SEGUNDO<br /> -LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830</h2> - -<hr class="chap" /> - - - - - - -<h3 id="II_I">I.<br /> -DOS AMIGOS</h3> - - -<p><span class="smcap">Ignacio</span> Iturri, liberal emigrado en Francia desde -los sucesos de 1823, era hijo de un comerciante -de buena posición de Pamplona. Se había -visto Iturri al llegar a Bayona sin medios de -fortuna, y como estaba medio enamorado de una -muchacha, que servía de cocinera en una casa rica -de la plaza Grammont, se casó con ella y puso -una posada en la calle de los Vascos, a donde fué -atrayendo a todos sus paisanos que iban a Bayona -por algún negocio.</p> - -<p>La posada de Iturri ocupaba toda una casa de -piedra y ladrillo rojo, con entramado de vigas -negras y el tejado de piñón. Esta casa tenía dos -pisos, y en el principal en el balcón muy saliente<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span> -colgaba una muestra con un letrero en francés y -otro en castellano.</p> - -<p>La posada de Iturri era limpia y decente, los -cuartos grandes con el suelo encerado y las ventanas -de guillotina, los muebles modernos; además -de esto, tenía el atractivo de ser uno de los -sitios en donde se guisaba mejor en Bayona, pueblo -en donde se guisa bien en todas partes.</p> - -<p>Un inconveniente tenía la posada de Iturri y -era el olor a bacalao que salía de los almacenes de -la calle de los Vascos. A tal perfume había que -acostumbrarse quieras que no; habituándose a ello -la posada de Iturri podía considerarse casi como -un lugar de delicias.</p> - -<p>Iturri era hombre de unos cincuenta años, fuerte, -rechoncho, de ojos negros, de cara redonda y -rasurada de tono azul y expresión melancólica. -Hablaba con mucha calma y circunspección. Cualquiera -le hubiera tomado por un cura o por un -exclaustrado, sin embargo, a pesar de su aire clerical, -de su cara dulce y de sus manos blancas y -regordetas era hombre de arrestos.</p> - -<p>Su mujer Graciosa, era una vasca de aire de -grulla, de nariz afilada y mejillas sonrosadas, que -trabajaba, hablaba y reñía todo al mismo tiempo -sin parar.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span></p> - -<p>Iturri el posadero que no tenía hijos, aceptó en -su casa a un sobrino suyo ex seminarista escapado -de Pamplona, llamado Manuel Ochoa.</p> - -<p>Manuel Ochoa era un muchacho hijo de unos -labradores del valle de Ulzama. Considerándolo -como chico listo sus padres le habían puesto a estudiar -para cura. Al principio Ochoa marchó bien -en el Seminario, pero luego comenzó a averiguarse -que cortejaba a las mozas, después se supo que -se manifestaba liberal y al último que había asistido -a una reunión de militares masones. Ochoa -buscado por la policía se metió en Francia y fué -a acogerse a la fonda de su tío. Iturri le trató -bien, y como tenía grandes conocimientos entre -los emigrados le presentó a Don Sebastián Miñano -que estaba por entonces trabajando en varias -obras y que publicaba desde 1825 la Gaceta de -Bayona.</p> - -<p>La mujer que vivía con el abate Miñano, y -de la que tenía varios hijos, era algo pariente -de Ochoa así que éste fué protegido por el -abate.</p> - -<p>Ochoa era muchacho violento, capaz de trabajar -con entusiasmo. En los ratos de ocio se dedicaba -a jugar a la pelota, lo que era para él como -un sucedáneo de la acción.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p> - -<p>Pronto le disgustó a Ochoa la colaboración con -Don Sebastián Miñano.</p> - -<p>Entre los liberales emigrados se decía que la -redacción de la Gaceta de Bayona que estaba en la -calle del Pont Neuf bajo los arcos, en casa de -Barandiaran, era un punto de espionaje de Calomarde.</p> - -<p>Manuel Ochoa riñó varias veces con Miñano. -Ochoa era de estos hombres tempestuosos, que -saltan al menor roce, que arrastran a la gente y -tienen siempre entusiastas por su valor y su -energía.</p> - -<p>Una señora de Bayona, casada con un propietario -rico, se enamoró de Ochoa y el seminarista -tuvo un momento de éxito y de orgullo. Esta señora -que no tenía mucho miedo ni a la opinión -ni a su marido, fué varias veces a cenar con el -estudiante a un gabinete reservado de la fonda -del Comercio.</p> - -<p>Iturri el fondista, que temía el escándalo, fué a -ver a Miñano y a contarle lo que pasaba, y entre -los dos decidieron mandar a Ochoa con un pretexto -a París. Ochoa copiaría documentos en la -Biblioteca Nacional para el abate.</p> - -<p>En aquella época, Ochoa hubiera preferido -quedar en Bayona, pero como no encontraba la<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span> -menor apariencia de pretexto que oponer tuvo que -marcharse.</p> - -<p>Ochoa fué a París, conoció a algunos emigrados -españoles y tomó parte en la sublevación de Julio.</p> - -<p>Cuando Leguía y Chacón, comisionados por -los liberales de Londres, llegaron a París, Ochoa -se unió a ellos en sus visitas y diligencias. Luego -al ir presentándose los emigrados se hizo definitivamente -de su grupo.</p> - -<p>Conoció a Mina, a Chapalangarra, a Jáuregui. -Como no tenía ya carrera ni oficio pensó que lo -mejor sería unir su suerte a la de aquellos hombres. -Más culto que estos militares, pudiendo hermanar -las letras y las armas, pensó le sería fácil -conseguir un éxito con poco que le ayudara la -suerte.</p> - -<p>En París trabó amistad con Eusebio de Lacy, -con quien vivió durante algún tiempo.</p> - -<p>Eusebio de Lacy era un joven de ojos azules, -pelo rubio y aspecto poco fuerte, aunque tranquilo -y noble.</p> - -<p>Eusebio había nacido en Holanda, en la isla de -Walcheren, adonde su madre había seguido a Luis -de Lacy, que entonces era capitán en la legión -irlandesa que mandaba Arturo O'Connor y que -estaba al servicio de Napoleón.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p> - -<p>Eusebio pasó su infancia en Quimper, pueblo -de su madre, que de soltera se llamó la señorita -de Guermeur.</p> - -<p>Durante la guerra de la Independencia y mientras -su padre don Luis se batía contra los franceses, -Eusebio estuvo en un colegio; terminada la -guerra, Lacy, que había sido teniente general del -ejército de Galicia y de Cataluña, fué destituído -por Fernando VII, que tenía esta manera de pagar -a los que se sacrificaban por su persona mientras -él adulaba de una manera baja a Napoleón.</p> - -<p>Destituído el general Lacy fué a vivir a Vinaroz -y desde allí escribió a su mujer para que viniera -con su hijo a reunirse con él, pero la francesa -tenía resentimientos con su marido y no quiso ir -a su encuentro. Entonces se cruzaron entre los -dos cartas agrias y recriminaciones violentas.</p> - -<p>El general Lacy era de estos tipos extraños -que aparecen en las naciones en épocas de turbulencia. -Su padre era de origen irlandés; su madre, -francesa; él, andaluz de San Roque. Su destino -había sido tan contradictorio y su carácter -tan arrebatado, que muchas veces llegaron a considerarle -como loco.</p> - -<p>Durante la juventud de Lacy luchó al lado de -los franceses, más tarde peleó contra ellos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> - -<p>El día 2 de Mayo estuvo a punto de ser muerto -por su uniforme de francés. Lacy era hombre -exaltado, atrevido, y pertenecía a la masonería. -Muerto Porlier, todas las esperanzas del partido -liberal estaban puestas en él.</p> - -<p>Lacy, con Milans del Bosch, en combinación con -La Bisbal y algunos otros, preparó de una manera -aturdida el pronunciamiento que le perdió. Dejando -Vinaroz se presentó en Caldetas con el pretexto -de tomar las aguas y con el fin de ponerse -al frente de la sublevación. Al fracasar ésta, el -capitán general de Cataluña, don Francisco Javier -Castaños, que estaba en el secreto de la conspiración -y que había dado el permiso a Lacy para -trasladarse de Valencia a Cataluña, sabiendo a -lo que iba, mandó en persecución suya al brigadier -Llauder, a Llauder que era masón y había -estado protegido por Lacy.</p> - -<p>Tanto Castaños como Llauder eran hombres -de pocos escrúpulos, capaces de unirse a Lacy si -vencía y de fusilarlo si fracasaba.</p> - -<p>Llauder salió en busca de los sublevados camino -de Mataró. Milans del Bosch alcanzó la frontera; -Lacy, no se sabe por qué, en vez de apresurarse -a huir, para lo que tenía tiempo sobrado, -se detuvo y cayó preso.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p> - -<p>Una Comisión militar le juzgó y le condenó a -muerte; el Gobierno y Castaños, que en este asunto -representó un papel muy ambiguo, ordenaron -que Lacy fuera trasladado a Mallorca; hicieron -creer al pueblo que era con el objeto de encerrarlo -solamente y al llegar al castillo de Bellver lo -fusilaron.</p> - -<p>Al triunfar el movimiento liberal de 1820, los -amigos de Lacy, entre ellos Milans de Bosch, escribieron -a la viuda para que enviara a su hijo a -educarse a España; un ayudante fué a buscar a -Eusebio a Quimper y lo acompañó a Barcelona.</p> - -<p>Poco después el muchacho asistió en Palma de -Mallorca a la exhumación del cadáver de su padre -enterrado en la iglesia de Santo Domingo, -que fué transportado con gran pompa a Barcelona.</p> - -<p>Las Cortes, para honrar su memoria nombraron -a Eusebio primer granadero del Ejército español.</p> - -<p>Eusebio siguió en el colegio de Barcelona, siendo -un motivo de orgullo para todos, y estuvo viviendo -una temporada en Madrid. Los amigos y -camaradas de su padre le hablaban de él con entusiasmo; -le contaban sus proezas y sus rasgos -de energía y de valor.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p> - -<p>Eusebio llegó a tener por su padre una adoración -ciega, que le llevó a ver con disgusto el comportamiento -de su madre.</p> - -<p>Al acabar su existencia de tres años el Gobierno -constitucional, Eusebio volvió a Quimper y vivió -soñando con España y con los liberales amigos -de su padre, hombres todos que le parecían -de un romanticismo exaltado, de una generosidad -extraordinaria.</p> - -<p>Creía que en España todos los hombres eran -valientes como el Cid y todas las mujeres seres -poéticos e ideales; en cambio, tenía una profunda -antipatía por los parientes y amigos de su madre, -que querían hacerle comerciante y francés.</p> - -<p>A los veinte años Eusebio fué a París y poco -después a Londres. Allí se hizo amigo del hijo de -Milans del Bosch, conoció a los emigrados españoles -y fué a las tertulias elegantes, en donde se -distinguía por su belleza Teresa Mancha, la hija -del coronel don Epifanio.</p> - -<p>Lacy llevaba en Londres una vida muy distinta -a la de los demás emigrados; paseaba, leía, escribía -un diario. Eusebio era un joven de espíritu -claro y sereno; quería ver las cosas sin apasionamiento, -empresa difícil, intentando al mismo -tiempo conservar el entusiasmo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p> - -<p>Estaba enamorado de las cosas grandes y nobles, -y hubiera querido que éstas se hicieran sin -trabajo, sólo con abnegación y sacrificio.</p> - -<p>La Revolución de Julio, sorprendió a Lacy en -Londres. Como la mayoría de los liberales, al saber -su resultado marchó a París, donde conoció a -Ochoa, de quien se hizo gran amigo.</p> - -<p>Al enterarse los dos del proyecto de intervención -por la frontera de los constitucionales se -trasladaron a Bayona, y como Lacy no tenía mucho -dinero, fué a vivir con Ochoa a la fonda de -Iturri de la calle de los Vascos.</p> - -<p>Mientras llegaba el momento de batirse, Lacy -vivía con mucho método; tenía las horas del día -distribuídas y seguía sus costumbres formadas en -el colegio.</p> - -<p>En cambio Ochoa se exhibía ante el público, -tenía el prestigio de ser un héroe de la Revolución, -había presenciado la muerte de dos bayoneses en -las calles de París, a los cuales se levantó después -un monumento cerca de la Catedral; conocía el -francés casi tan bien como el castellano y hablaba -elocuentemente emborrachándose con su oratoria -y con los licores con que le obsequiaban los -entusiastas del nuevo régimen.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="II_II">II.<br /> -ESTAMPA DE BAYONA EN 1830</h3> - - -<p><span class="smcap">Bayona</span>, como siempre que ha habido trastornos -en la península, estaba en 1830 llena de -españoles. Era en esta época la ciudad del Adour, -un pueblo variado, pintoresco y un tanto indefinido. -Los franceses del Norte lo consideraban -como una ciudad de aspecto español, para los españoles -del mediodía tenía un carácter completamente -francés, para los vascos era un pueblo poco -vasco y para los gascones poco gascón. Las cuatro -lenguas, el francés, el español, el vasco y el patois -se oían por las calles de la ciudad constantemente.</p> - -<p>Bayona tenía, como ahora, tres barrios separados -por sus dos ríos; la Gran Bayona, la Pequeña -Bayona y Saint Esprit.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p> - -<p>Este último barrio era entonces, no solamente -un pueblo separado de Bayona, sino que hasta -1827 formaba parte de otro departamento.</p> - -<p>Los tres barrios tenían sus fortificaciones; la -Gran Bayona el castillo Antiguo, la Pequeña -Bayona el castillo Nuevo y Saint Esprit la Ciudadela.</p> - -<p>La grande y la pequeña Bayona, separadas por -el río Nive, estaban encerradas por la misma muralla -abierta en cuatro puertas, de las cuales la -más monumental era la puerta de Francia, con -sus baluartes, sus fosos y su puente levadizo.</p> - -<p>El barrio de Saint Esprit era un pueblo pobre -habitado por judíos.</p> - -<p>Uniendo Bayona con ese barrio había por entonces -un puente de barcas, que ondulaba, se balanceaba -y crugía cuando el mar agitaba las aguas -de la ría o cuando el Adour y el Nive venían -hinchados por las lluvias. Este puente tenía dos -andenes para los coches, uno de ida y otro de -vuelta, y otro central para los peatones.</p> - -<p>El puente sobre el Adour era la galería de todos -los tipos de la vida bayonesa, la calle más -concurrida de la ciudad.</p> - -<p>Los aguadores iban a llenar sus cubas a una -fuente de Saint Esprit que se consideraba la me<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>jor -de los contornos; filas de judíos de perfil aguileño -y de voces graves o agrias cruzaban el puente -para correr sus géneros; muchachas jóvenes -artesanas vascas y gasconas pasaban riendo; alguna -dama con miriñaque y crinolina iba a hacer -compras, algún <i>lion</i> lucía su frac y sus melenas, -y algún refugiado español marchaba sombrío embozado -en la capa y con el cigarrillo entre los -dedos.</p> - -<p>Por las tardes con el buen tiempo los bayoneses -paseaban en la plaza de Armas mientras tocaba -la banda militar, los jóvenes tenientes arrastraban -su sable con indolencia y las nodrizas hacían -bailar a los niños en sus brazos.</p> - -<p>Cuando llovía se paseaba en las Arcadas.</p> - -<p>Al llegar el verano la gente salía al campo, iba -hacia el mar, visitaba el lago de Mouriscot y la -Chambre d'Amour, y miraba a lo lejos las crestas -agudas del monte Larrun, en el cielo radiante.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="II_III">III.<br /> -LAS AMISTADES DE LACY</h3> - - -<p><span class="smcap">Varias</span> visitas de amigos suyos y de algunos -de su padre tuvo Lacy en su estancia en Bayona. -La que más le extrañó fué la de un antiguo -condiscípulo suyo en un colegio de Rennes, que se -llamaba Jorge Tilly.</p> - -<p>Tilly llegó con una señora inglesa y un abate -y fueron los tres a hospedarse a la fonda de San -Esteban.</p> - -<p>Tilly fué a visitar a Lacy y estuvieron los dos -charlando largo rato. Tilly hablaba muy mal el -castellano.</p> - -<p>Lacy se manifestó en el curso de la conversación -como lo que era, un liberal entusiasta; en -cambio Tilly estuvo muy reservado; para él las -teorías no tenían importancia, sino los hechos; él<span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span> -creía que se podía encontrar una posición en que -se elogiara a Felipe II y a Robespierre.</p> - -<p>—Dado el papel que un tipo se haya propuesto -ver cómo la cumple.—Esta era la cuestión según -Tilly.</p> - -<p>—¿Yo cómo voy a medir con la misma medida -al que quiere ser fraile y al que quiere ser un -Don Juan?</p> - -<p>Como Eusebio Lacy siempre había tenido a -Tilly por un extravagante no quiso discutir con -él. Le preguntó por sus proyectos.</p> - -<p>Tilly dijo que pensaba ir a España, en viaje de -exploración. Desde allí le comunicaría a Lacy noticias -de cómo iba aquello. Tilly era un joven -alto, rubio, de aire cansado, con la cara un poco -flácida, el labio inferior belfo, los ojos claros; -tenía un tipo de príncipe degenerado de la Casa -de Austria.</p> - -<p>Lacy recordaba a Tilly de su época de colegial, -como un chico algo místico que quería ser -fraile. Tilly se mostraba siempre muy misterioso -y no le gustaba hablar de sí mismo y menos de -su familia.</p> - -<p>—Aquí te tienen por aristócrata—le decía Lacy -en el colegio.</p> - -<p>—Sí—contestaba él—; dicen que nosotros des<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span>cendemos -de los Tilly de Normandía que tenían -un castillo cerca de Caen; pero los Tilly se han -dividido en tantas ramas, que la mayoría de los -que llevan este apellido no tienen entre sí parentesco. -Hoy hay Tillys ricos y pobres. Yo soy de -los pobres y he nacido en Jersey donde vive mi -familia. Mi padre era español y yo lo soy también, -por lo tanto.</p> - -<p>Tilly, a quien Lacy hacía diez años que no veía, -se le reveló en Bayona como un muchacho cínico -y atrevido, cansado de todo y con un gran -desprecio por los hombres. Pretendía ir a España -a hacerse una posición, y como creía que la tendencia -liberal había de triunfar más pronto o más -tarde, quería ponerse de acuerdo con los liberales.</p> - -<p>Lacy quedó un poco asombrado de la audacia -y del cinismo con que su condiscípulo se explicaba, -y prometió relacionarle con los emigrados.</p> - -<p>Consultó con Milans del Bosch, con Ochoa y -otros amigos, y se tomaron informes de Tilly.</p> - -<p>Tilly se había convertido en un muchacho crapuloso, -jugador, de una moral incomprensible -para Lacy. Al parecer tenía éxito con las mujeres, -a las que no trataba bien. Su cara pálida, fría -e impasible, su aire elegante y de aburrimiento le -hacían un verdadero <i>lion</i>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p> - -<p>Tilly tenía unas tarjetas en donde se llamaba -vizconde, en otras caballero y en otras se anunciaba -como viajante de comercio.</p> - -<p>A pesar de que quería demostrarlo no tenía seguridad -en sus ideas, y muchas veces caía en unas -preguntas candorosas y absurdas.</p> - -<p>—¿Tú no crees en las cartas?—le preguntó una -vez a Lacy.</p> - -<p>—No, hombre, no; eso es una tontería.</p> - -<p>Tilly tenía también unos proyectos tan poco lógicos, -de una ingeniosidad tan pueril, que dejaban -estupefacto a su amigo.</p> - -<p>Tilly, en el tiempo que estuvo en Bayona anduvo -en tratos con los judíos de Saint Esprit, a -quienes vendió algunas joyas para jugar o para -vivir.</p> - -<p>La señora que le protegía y a quien llamaba su -prima en público, era una señora inglesa de unos -cuarenta años, que se hacía llamar Lady Russell. -Tilly se la presentó a Lacy. A Eusebio le pareció -que esta dama, por debajo de su máscara indiferente -y sonriente, tenía un gran entusiasmo amoroso -por Tilly y al mismo tiempo una profunda -desolación.</p> - -<p>A Tilly le acompañaba un abate que parecía -ejercer el cargo de capellán de Lady Russell, pues<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> -esta dama era católica. El abate era un hombre -de un aspecto selvático y al mismo tiempo inteligente; -tenía el pelo rojo, la frente tempestuosa, -las facciones toscas, groseras, de hombre de campo; -el color encendido y los ojos claros y brillantes.</p> - -<p>Tilly y el abate, en los días que estuvieron en -Bayona, dejaron un rastro de desórdenes y de -crápula.</p> - -<p>Los dos en compañía de un aventurero francés -que se las echaba de muy liberal y se llamaba -Husson de Jour frecuentaban todos los lugares -de perdición. Husson se daba por revolucionario -y carbonario, que había peleado con Mina en España -en 1823 en compañía de Armando Carrel, -y era un tipo de hombre jactancioso y fanfarrón, -de grandes bigotes y de grandes actitudes.</p> - -<p>Al prepararse a marchar a España, Tilly se presentó -a Lacy. Este, al verle pálido y desencajado, -le dijo:</p> - -<p>—¿Para qué haces esa vida de perdido?</p> - -<p>—¡Pse! No sé, la verdad, porque ya me empieza -a aburrir.</p> - -<p>—Entonces no lo comprendo.</p> - -<p>—Yo tampoco. ¿Que quieres? No hay hombre -que no sea un enigma para los demás y para sí<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span> -mismo. Unicamente los que tienen una tradición -muy fija, como los judíos, saben lo que son y lo -que quieren.</p> - -<p>—Tú no tienes la tradición de ser un perdido.</p> - -<p>—No; soy un perdido, como dices tú, por abandono -y algo por curiosidad. En mi familia ha habido -de todo: ricos, pobres, revolucionarios, realistas. -En mí se han debido mezclar estas diversas -tendencias, y me han hecho un tipo mixto y contradictorio.</p> - -<p>—Pero en ti está escoger una línea y seguirla.</p> - -<p>—Pienso hacerlo más tarde. Ahora me voy a -España. Desde allí te enviaré algunas cartas con -clave y cifra, que te las darán aquí descifradas.</p> - -<p>—Bueno.</p> - -<p>Tilly se despidió de Lacy y al día siguiente dejó -Bayona.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="II_IV">IV.<br /> -LOS GRUPOS HOSTILES</h3> - - -<p><span class="smcap">En</span> una ciudad pequeña como Bayona, que no -pasaba de los quince a diez y seis mil habitantes, -todo el mundo se conocía, y más, como -era natural, la colonia española y los que estaban -relacionados con ella.</p> - -<p>Al establecerse Lacy en Bayona e intimar con -sus compatriotas, vió con tristeza que no había -entre ellos más que odios, rivalidades y desunión.</p> - -<p>Ya durante su estancia en Londres notó las -rencillas de los emigrados; pero, naturalmente, en -una ciudad inmensa las divisiones no se notaban -tanto como en un pueblo pequeño, en donde la -gente se veía a cada paso.</p> - -<p>En Londres, los constitucionales españoles habían -formado grupos que tan pronto crecían como<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span> -se achicaban, casi siempre por un motivo personal.</p> - -<p>El primer grupo moderado y aristocrático estaba -dirigido por hombres de cierta cultura, como -Argüelles, Alava, etc. Este grupo se caracterizaba -por ser eminentemente civil, y había rechazado, -cuando se lo propusieron, las ofertas de militares -como Morillo, Ballesteros y O'Donnell.</p> - -<p>El segundo grupo era de los ministas o partidarios -de Mina. Los enemigos les llamaban despectivamente -los mineros. Este grupo, el más extenso -y el más fuerte, contaba con elemento civil y militar, -pero predominaban en él los militares. Estaban -en él casi todos los oficiales de mérito refugiados -en Inglaterra, Bélgica y América, excepto -los que tenían algún motivo de queja, fundado -o no, contra el caudillo navarro. El Gobierno inglés -trataba a este grupo con gran consideración, -y según se decía le proporcionaba fondos para -pagar sus agentes.</p> - -<p>En España casi todos los liberales esperaban, -más que de ningún otro jefe, de Mina. Era el que -tenía más partidarios incondicionales. Este entusiasmo -ciego por Mina parecía odioso a sus rivales. -Mina, según éstos, quería ser un ídolo, un -santón a quien se le obedeciera ciegamente.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span></p> - -<p>Torrijos, San Miguel, Valdés y otros habían -roto con él por este motivo, porque no querían -obedecer con pasividad. Es posible que por dentro -hubiera en ellos un fondo de rivalidad próximo -a la envidia.</p> - -<p>Mina quería dirigir él, sin dar parte a nadie de -lo que hacía, y afirmaba que gracias a su prudencia -y a sus precauciones los espías del Gobierno -español no podían averiguar sus manejos.</p> - -<p>Mina, mientras estaba en Inglaterra fechaba -sus cartas en Plymouth y vivía cerca de Londres -en una casa de campo.</p> - -<p>El general llevaba sus asuntos con una gran -cautela; para cada empresa que se le presentaba -buscaba el hombre a propósito. Se había servido -varias veces de Sanz de Mendiondo, otras del -teniente coronel Baiges, un gallardo ex guardia -de Corps, que tenía fama de conquistador y de -fatuo, y otras de su secretario Aldaz. Algunas -cuestiones muy reservadas las llevaba dictando a -su mujer, y otras más secretas aún las seguía él -mismo, sin comunicárselas a nadie.</p> - -<p>El zorro navarro ocultaba muy bien sus maniobras -y consideraba el secreto necesario e imprescindible.</p> - -<p>El segundo partido militar, colocado enfrente<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span> -del de Mina, lo capitaneaba Torrijos y tenía como -lugarteniente al coronel don Francisco Valdés. -Estos no sentían gran entusiasmo por la Constitución -de Cádiz, como los ministas y deseaban -algo más radical. Méndez Vigo y sus partidarios -pensaban en la República.</p> - -<p>Otra facción liberal era la de los masones, a -cuya cabeza estaba don Evaristo San Miguel, que -no ocultaba su aversión por Mina.</p> - -<p>Mina nunca había sido un masón entusiasta: -todas las mascaradas simbólicas de esta secta le -producían cierta repulsión y se había afiliado, -como Torrijos, al carbonarismo más activo, más -eficaz que la masonería, y al mismo tiempo, por -entonces, más internacional.</p> - -<p>Mina, además, había puesto el veto a mucha -gente; según sus enemigos, por celos, según sus -amigos, por su natural prudencia.</p> - -<p>El partido de los masones tenía relaciones continuas -con las logias de la península y empleaba -para ello a los capitanes de buques mercantes y a -los comisionistas.</p> - -<p>Otro último grupo era el de los ex comuneros. -Estos tenían como prestigio civil a Flores Estrada -y como militares a Milans de Bosch y a López -Pinto.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span></p> - -<p>Los ex comuneros no podían ver a los masones, -ni éstos a los ex comuneros; pero ambos -grupos tenían como lazo común el odio a Mina. -Milans el viejo lo detestaba. Había tenido el desencanto -de salir de la isla de Jersey, donde estaba -confinado, para avistarse con algunos capitalistas -ingleses liberales, pidiéndoles dinero para una expedición -contra la frontera española, y los capitalistas -habían dicho que únicamente si Mina dirigía -la expedición prestarían dinero.</p> - -<p>El grupo ex comunero sintió el desdén de esta -negativa, y el grotesco y envidioso Romero Alpuente -escribió un folleto contra el caudillo navarro.</p> - -<p>Además de estos núcleos formados en Londres -había los liberales que no querían formar grupo -alguno y se consideraban independientes; tales -eran Méndez Vigo, Chapalangarra, Bertrand de -Lys, el padre Asensio Nebot y otros varios.</p> - -<p>Cada grupo de los constituídos deseaba el fracaso -del grupo rival; cada hombre que se sentía -importante hacía lo posible para aplastar al compañero -y para erigirse él; tenían todos ellos, unos -para otros, esa terrible ferocidad de los ambiciosos, -para los cuales no hay amistad ni comunidad -de ideas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p> - -<p>A veces se manifestaban, sobre todo en las cartas, -un afecto entusiasta y efusivo que no pasaba -de figura retórica.</p> - -<p>Entre gente ambiciosa como aquélla, la amistad -desinteresada era casi imposible...</p> - -<p>El hombre de acción es el que cree que obra -casi exclusivamente por sus propias inspiraciones, -el que afirma más su albedrio, el que escoge -lo que debe hacer y no debe hacer, y, sin embargo, -es el que está más sujeto a la ley de la fatalidad, -el que marcha más arrastrado por la fuerza -de los acontecimientos.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="II_V">V.<br /> -LAS ESTELAS SENTIMENTALES</h3> - - -<p><span class="smcap">Muchos</span> de aquellos hombres sin haber repensado -teoría alguna política o social, tenían -no sólo la certidumbre de su realidad, sino -el dogmatismo, el fanatismo y hasta la sed de -martirio. ¿Quién podrá afirmar con más fuerza -una cosa que el que no la comprende?</p> - -<p>Estos hombres se dejaban llevar por la corriente -sentimental del momento y eran capaces de -hacer por ella el sacrificio de su vida.</p> - -<p>En nuestro tiempo, más que en ningún otro, -después de la Reforma y de la Revolución se da -el caso de los pueblos y de los individuos que viven -con un sentimentalismo distinto y a veces antagónico -a sus ideas.</p> - -<p>Las generaciones han ido moldeando nuestros<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span> -instintos, lo consciente y lo inconsciente, les han -dado una forma, un sentido; pero en este conglomerado -de nuestra personalidad, la inteligencia -se ha separado de sus viejos compañeros y ha comenzado -a marchar sola.</p> - -<p>Así, nuestra época ha dado, más que ninguna -otra, santos sin ideas religiosas, ateos místicos, -mujeres honradas con alma de cortesanas, y cortesanas -con aspiraciones de monja.</p> - -<p>Ante esta disociación de su personalidad, el -hombre, que antes que nada quiere creer y poner -un pie firme sobre la tierra, mira a su alrededor -y cuando encuentra una ruta la va siguiendo.</p> - -<p>Sus antepasados no escogían, se dejaban llevar; -los hombres actuales escogen, de ahí su desgracia.</p> - -<p>Unos escogen ciega y brutalmente—la mejor -manera de escoger—, otros miran y remiran a derecha -e izquierda, quieren pesar el pro y el contra -¡los ilusos!</p> - -<p>Y cuando se deciden van como los demás a -ciegas y siguen la estela que dejaron las grandes -corrientes sentimentales pasadas.</p> - -<p>En todas las esferas de la actividad humana, -en la religión y en la política, en la literatura y -en el arte quedan estas estelas sentimentales durante -largas épocas históricas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span></p> - -<p>¡Cuántos espíritus religiosos, cuya vida ha sido -una serie de esfuerzos heroicos para creer en -el dogma que no creyeron, han marchado de -desilusión en desilusión sugestionados por esa -mágica estela! ¡Cuántos grandes revolucionarios -marcharon adelante con un ademán gallardo -enardeciendo a las masas, llevando el convencimiento -íntimo de que dentro de sus ideas no había -nada!</p> - -<p>¡Cuántos millones de soldados muertos sabían -únicamente que su patria era la que llevaba la -bandera roja, la blanca o la azul, la que tenía este -himno y nada más! Y, sin embargo, han ido -arrastrados por la corriente sentimental y han -hecho ante el caos ciego el sacrificio de la vida.</p> - -<p>En todas las esferas de la actividad humana, -en la religión y en la política, en la literatura y en -el arte quedan estas estelas sentimentales. Todos -los grandes hechos de la historia, todas las grandes -corrientes han pasado por la inteligencia y -por la sensibilidad de los pueblos dejando una -estela.</p> - -<p>Ahora, al notar esa estela que queda en el mar -de las ideas; que es la nuestra, la que hemos escogido, -quisiéramos avanzar por ella rápidamente -y llegar a su más puro origen. Ya es tarde, el<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> -barco ha pasado para siempre y ya no volveremos -a divisar sus velas.</p> - -<p>Los astrónomos nos han hablado de que la distancia -de algunos astros es tan grande, que su luz -tarda en llegar a la tierra cincuenta, sesenta, ochenta -años. Así puede muy bien suceder que una -estrella haya desaparecido o se haya desplazado, -y sin embargo nosotros la sigamos viendo -en el cielo de las noches espléndidas.</p> - -<p>¡Qué triste, qué melancólico resulta pensar que -una de esas estrellas que parece que nos guía y -nos contempla puede no existir ya y sin embargo, -estarla viendo!</p> - -<p>Así en la vida moral y en la vida sentimental -cabe sospechar el carácter mítico de las ideas -y de los dioses, y seguir en la corriente que produjeron -ellos cuando todavía eran dioses e ideas.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="II_VI">VI.<br /> -LOS PREPARATIVOS</h3> - - -<p><span class="smcap">Estaba</span> el partido liberal dividido en grupos en -la emigración cuando llegaron los sucesos de -Julio de París, con el destronamiento de Carlos X, -y toda la grey constitucional se conmovió y fué -llamada a Francia por intermedio de los agentes -de la masonería y el carbonarismo.</p> - -<p>El gabinete de Fernando VII publicó contra el -Gobierno de Julio un manifiesto injurioso suscrito -por Calomarde.</p> - -<p>No pudiendo contestar a Calomarde, que en -punto a la legitimidad tenía razón, el ministro de -Luis Felipe, decidió asustar a Fernando VII ayudando -a los liberales españoles.</p> - -<p>El auxilio del Gobierno francés permitió a los -constitucionales ir y venir por Francia y acercarse -libremente a la frontera.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span></p> - -<p>El primer punto de cita de los emigrados se -estableció en París. Allí fueron acudiendo todos -ellos desde Londres, desde Bruselas y de Suiza. -Torrijos y algunos de sus partidarios, que tenían -preparada una expedición por Gibraltar, quedaron -en Londres dispuestos a embarcarse para la -Península.</p> - -<p>Leguía y Chacón, enviados por Mina antes de -las Jornadas de Julio, habían cruzado el Canal de -la Mancha en un falucho. Avanzaron los dos -hasta la frontera española, pero fueron presos y -llevados con escolta de gendarmes hasta Calais.</p> - -<p>Al triunfar la Revolución los dejaron libres, -Leguía sin recursos fué a París y presenció los -acontecimientos de Julio.</p> - -<p>En Agosto comenzaron a pasar el Canal de la -Mancha los emigrados. El 11 bajaron en Calais, -Bertrand de Lys, Mendizábal, Olegario Cueto, el -brigadier Palarea y Juan Llupius. Pocos días después -el coronel Valdés desembarcó en el Havre.</p> - -<p>En París se reunieron Valdés, Leguía, Aldaz -el secretario de Mina, Mendizábal y Chapalangarra. -Habían pasado de Inglaterra a Francia con -la idea de ejercer una acción común y no había -manera de que se pusieran de acuerdo.</p> - -<p>Leguía, Aldaz y Chapalangarra, los tres nava<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>rros -estuvieron a punto de reñir y de pegarse. -Chapalangarra se había separado de Mina, Leguía -había hecho lo mismo y ambos creían tener -motivos de queja contra el general. Leguía se -creía olvidado y estaba ofendido. Aldaz defendía -a su jefe viniera o no a cuento.</p> - -<p>La reunión de los liberales en París no demostró -más que sus divisiones. Se decidió formar una -junta en Inglaterra, otra en Francia y para secundar -los trabajos de esta última, los radicales -franceses constituyeron una segunda junta con el -nombre de Comité Español.</p> - -<p>Se abrió una suscripción y las listas engrosaron -rápidamente. Los banqueros Ardouin, Calvo -y Bertrand de Lys aseguraron que pronto tendrían -dinero. La Junta de Francia formada por -españoles y dirigida por Mendizábal escribió a -Mina y le preguntó si podía contar con él.</p> - -<p>Mina contestó que sí, y desde este momento la -Junta se trasladó a Bayona.</p> - -<p>Con los primeros fondos del empréstito comenzaron -a comprarse armas y empezó el alistamiento -de los emigrados.</p> - -<p>El Comité Español de París, formado por franceses, -buscó el apoyo del Gobierno de Luis Felipe -y del mismo rey.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p> - -<p>Luis Viardot, uno de los miembros de aquel -Comité, fué a visitar a Guizot y Guizot le dijo:</p> - -<p>—Decid a los que os envían que Francia ha -cometido en España un crimen político en 1823 -y que le debe una reparación y que esta reparación -se llevará a cabo.</p> - -<p>Dupont, Marchais y Loëwe-Weimar, del mismo -Comité, fueron a ver a Luis Felipe. Luis Felipe -dijo que Fernando VII era el mayor bribón que -había existido. El rey de los franceses indicó que -la tentativa contra el Gobierno de Fernando le -parecía muy bien y dió dinero de su bolsillo.</p> - -<p>Algunos amigos de la familia de Orleans aconsejaron -que se ayudara a destronar a Fernando -VII y en ese caso se ofreciera la corona de -España al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe, -a quien se casaría con la reina doña María -de la Gloria de Portugal, con lo cual se reunirían -en su cabeza las coronas de los dos reinos peninsulares.</p> - -<p>El rey de los franceses comprendía muy bien -que estas combinaciones no se hacen cuando se -quieren y vió en el asunto de los emigrados españoles -únicamente una manera de imponerse al -Gobierno de Calomarde para que le reconociera -como rey de Francia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p> - -<p>Con la protección de Luis Felipe y del Gobierno, -los españoles creyeron que el triunfo estaba -asegurado. Todos los días grupos de treinta, de -cuarenta, de cincuenta hombres iban hacia la frontera. -Hojas de ruta autorizadas por el prefecto de -policía favorecían los viajes. Había depósitos de -armas con el consentimiento expreso de Montalivet -y de Guizot.</p> - -<p>La imperial de las diligencias de Burdeos a -Bayona estaban siempre retenidas por los agentes -españoles para los emigrados. Estos subían -a sus asientos y hablaban, reían y a veces gritaban:</p> - -<p>—¡Viva España! ¡Viva la libertad!</p> - -<p>—Pronuncian <i>Biba</i>—decía algún francés con -asombro.</p> - -<p>Y el señor culto y erudito recordaba la frase -de Escaligero sobre los españoles que parece de -algún gran aficionado al vino: Felices populi quibus -vivere est bibere.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="II_VII">VII.<br /> -UNA CARTA DE TILLY</h3> - - -<p><span class="smcap">Estaba</span> Lacy olvidado de Tilly cuando de la -fonda de San Esteban donde vivía la inglesa -Lady Russell le enviaron una carta de Lacy con -anotaciones y entre paréntesis puestos después con -otra letra. Era la carta de una ingeniosidad un -tanto pueril como muchas de las cosas pensadas -por Tilly. Estaba redactada en estos términos:</p> - - -<p class="i2 p2">"Querido Lacy: Te escribo como te prometí para -darte noticias de lo que pasa en la corte celestial. -Mis informes son malos para vosotros. Ahí -no lo creerán, pero yo veo que en esta comedia -el Matemático (<i>Luis Felipe</i>) se entiende con Calígula -(<i>Fernando VII</i>) que se ha asustado con los -preparativos de los ilusos (<i>los liberales</i>). Era lo -que buscaba la gente del Palacio Real de Babilonia -(<i>París</i>). El Gobierno babilónico (<i>el Gobier<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>no -francés</i>) va a prohibir de un momento a otro -la salida de los ilusos (<i>liberales</i>) de sus puntos de -acantonamiento, impedirá las reuniones y decomisará -los instrumentos de trabajo (<i>las armas</i>). -Los agentes del Matemático (<i>Luis Felipe</i>) hacen -creer a los ilusos (<i>liberales</i>) que estas medidas -son para cubrir el expediente, pero no hay nada -de eso.</p> - -<p class="i2">Calígula y su Caballo (<i>Fernando VII y Calomarde</i>) -al saber por sus hurones (<i>espías</i>) que se -estaban organizando grandes mascaradas (<i>juntas -de insurrección</i>) en Babilonia y en Nínive (<i>en -París y en Londres</i>) reunieron el Consejo de familia -(<i>Consejo de Estado</i>) para deliberar con los -familiares (<i>los ministros</i>).</p> - -<p class="i2">Hubo grandes disentimientos en la opinión de -los consejeros.</p> - -<p class="i2">Un partido aconsejó reunir el Agora de Esparta -(<i>las Cortes de España</i>) publicar una amnistía -y dar una carta biagórica (<i>constitución de -dos Cámaras</i>) para neutralizar la acción de los -ilusos (<i>liberales</i>), el otro quería la represión a todo -trance aumentando el efectivo de los mamelucos -(<i>voluntarios realistas</i>) y dejando Esparta (<i>España</i>) -como hace siete años.</p> - -<p class="i2">El Caballo de Calígula (<i>Calomarde</i>) tiene hu<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>rones -(<i>espías</i>) entre los ilusos (<i>liberales</i>) y sabe -día por día lo que ocurre entre ellos.</p> - -<p class="i2">De estos hurones (<i>espías</i>) uno es el comandante -don Antonio Oro. No es oro todo lo que reluce. -Los otros son el francés que andaba conmigo, -Husson de Jour, que no sé si seguirá aún -en Villa-aburrida (<i>Bayona</i>) y un español, don -Manuel Ruiz, que ha recorrido con fines de lince -(<i>de policía</i>) la frontera babilónico-espartana -(<i>franco-española</i>).</p> - -<p class="i2">El Caballo de Calígula (<i>Calomarde</i>) tiene hormigas -leones (<i>agentes procuradores</i>) en el campo -iluso (<i>liberal</i>).</p> - -<p class="i2">Los tres bajás de la frontera babilónico-espartana -(<i>los capitanes generales de la frontera</i>) han -remitido órdenes de vigilarla estrechamente.</p> - -<p class="i2">Los jefes de los perros de presa (<i>los tercios</i>) -y los mamelucos (<i>voluntarios realistas</i>) quedarán -a las órdenes de los bajás (<i>capitanes generales</i>).</p> - -<p class="i2">Va a publicarse un Iradé (<i>Real decreto</i>) poniendo -en vigor otro de 1825 contra los ilusos -(<i>liberales</i>) cogidos con los instrumentos entre los -dedos (<i>las armas en la mano</i>) y contra los que les -presten socorro, un asilo, o tenga con ellos correspondencia.</p> - -<p class="i2">La pena de empalamiento (<i>muerte</i>) alcanzará<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span> -por la menor cosa, la sospecha de complicidad -bastará para gozar de la hospitalidad económica -(<i>ir a presidio</i>).</p> - -<p class="i2">Al mismo tiempo que el Caballo (<i>Calomarde</i>) -toma estas medidas, hace reclamaciones enérgicas -al Matemático (<i>Luis Felipe</i>), a quien no quiere -reconocer, amenazándole con represalias y con -formar cuerpos de camellos babilónicos (<i>realistas -franceses</i>) que ataquen a Babel (<i>Francia</i>) por -el mediodía.</p> - -<p class="i2">El bajá general de la Marca (<i>el capitán general -de Cataluña</i>) y el de Vardulia (<i>Guipúzcoa</i>), los -dos babilónicos (<i>franceses</i>) y los dos elefantinos -(<i>absolutistas</i>) trabajan en el reclutamiento de los -emigrados babilónicos (<i>franceses</i>).</p> - -<p class="i2">Estas medidas según se dice han hecho mella -en el Gobierno babilónico (<i>francés</i>) que os empezará -a poner trabas dentro de poco.</p> - -<p class="i2">El acuerdo debe estar hecho. Esparta (<i>España</i>) -reconocerá al Matemático (<i>Luis Felipe</i>) y no favorecerá -a los elefantinos babilónicos (<i>absolutistas -franceses</i>) y Babel (<i>Francia</i>) dificultará en -cambio los trabajos de los ilusos espartanos (<i>liberales -españoles</i>).</p> - -<p class="rightc">Tu amigo</p> -<p class="smcap right">El Esqueleto"</p> - -<p class="p2"><span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span> -Eusebio Lacy quedó asombrado al leer esta -carta que tenía entre ingeniosidades infantiles -datos que parecían ciertos. La copió, poniendo los -verdaderos nombres y fué a leérsela a sus amigos -entre ellos a Valdés y a Milans del Bosch.</p> - -<p>Las noticias de la carta alarmaron a los liberales. -Se buscó al comandante Oro para pedirle explicaciones, -pero Oro había desaparecido. Husson -de Jour había salido también de Bayona.</p> - -<p>Los de Valdés dijeron que respecto de Oro no -les chocaba nada que fuese traidor, porque era -amigo de Mina. Los ministas, en cambio, dijeron -que hacía tiempo que Oro no se trataba con su -jefe.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="II_VIII">VIII.<br /> -LOS JEFES</h3> - - -<p><span class="smcap">Con</span> motivo de la carta de Tilly y de sus denuncias, -Lacy habló con los principales jefes -de la emigración largamente y tuvo ocasión de -conocerlos.</p> - -<p>Los encontró muy distintos de lo que él suponía.</p> - -<p>Eran todos ellos gente de una ambición fuerte -y exaltada, poco inteligentes, nada razonadores, -fanáticos, arbitrarios y devorados por la ambición -del mando; tenían en general la actitud orgullosa -de los virreyes de América.</p> - -<p>La mayoría eran hombres de poca lectura y de -menos reflexión, aceptaban la ideología liberal -porque era la del momento y la del posible éxito, -quizás no la sentían fuertemente ni les importaba -gran cosa el fondo humano encerrado en ella. En<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> -su vida eran austeros; no había entre ellos epicúreos, -ni comilones, ni borrachos, su mayor vicio -era el juego. No tenían tampoco efusiones, ni recuerdos -sentimentales, ni recitaban versos, ni cantaban -canciones patrióticas.</p> - -<p>Había entre esta gente pocas amistades sinceras, -porque cada uno lo quería todo para sí, de -ahí las rivalidades, los odios, la envidia y la eterna -suspicacia.</p> - -<p>Tenían todos ellos con la fraseología de la Revolución -el instinto del soldado español del siglo -XVI. En ellos lo nuevo con relación a los militares -españoles antiguos era el anhelo de pasar a -la historia, de quedar erguidos ante la posteridad. -En los antiguos soldados, el summun era el mandar -y el enriquecerse, en éstos el ideal era el mandar -y el pasar a la Historia, pero como buenos -españoles no querían pasar a la Historia por un -trabajo largo y persistente, sino por un golpe de -mano, por una aventura de suerte en que se ganase -la gloria o se perdiera la vida. El ejemplo -de la fortuna de Napoleón, el teniente de artillería -transformado en Emperador había trastornado -el juicio a los militares de la época.</p> - -<p>Con la esperanza del momento de fortuna estaban -todos llenos de ansia; la presencia del ri<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>val -que se encontraba en la misma actitud les -molestaba.</p> - -<p>Eran casi todos ellos gente orgullosa, individualista, -que en vez de ir arrastrados por el pueblo -tenían que suponer que éste les buscaba, lo -que no pasaba de ser una ilusión. Eran conspiradores -más que revolucionarios muchos de gustos -aristocráticos. Se hubieran reunido mejor con -Catilina que con Danton. No veían posible en España -más que el pronunciamiento y cada uno quería -hacer el papel de Riego en 1820 aunque tuvieran -que sufrir el de Riego en 1823.</p> - -<p>Como casi toda la gente que toma parte en movimientos -revolucionarios, procedían de distintos -campos, venían de los cuatro puntos cardinales. -En una época en que se viajaba poco, el que más -y el que menos había estado en Francia, en Inglaterra, -en Alemania, en América, en Africa y -en Oceanía.</p> - -<p>Las mujeres de estos militares no intervenían -jamás en las cuestiones políticas; en general la -casa de cada uno estaba cerrada para los amigos -de la calle y del café.</p> - -<p>Las amistades no eran muy profundas. El exceso -de personalismo les hacía con facilidad hostiles -unos para otros. Suponían quizás que había<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> -una cantidad de gloria común y que si uno cogía -mucha a los demás les debía quedar poca o nada.</p> - -<p>No había posibilidad entre ellos de diálogos, -sino de una serie de monólogos, cada cual recitaba -el suyo con un aire desafiador, con la mano -puesta en el puño de la espada y no quería oir ni -enterarse de lo que los otros decían. De aquí que -la Revolución española tuviera tan poco seso. -Era una Revolución de Don Juanes y de Don -Juanes sin éxito.</p> - -<p>Al irlos tratando a cada uno de ellos, Lacy quedó -un poco asombrado y desencantado. ¿Qué esperan -estos hombres?—se preguntó él—. ¿Qué -quieren?</p> - -<p>La mayoría eran soldados de la guerra de la -Independencia y soñaban con triunfos de espada -y aventuras. Algunos habían absorbido las ideas -liberales de Francia y de Inglaterra que no les habían -modificado los instintos ancestrales, en general -aceptaban como un dogma el valor del papel -impreso.</p> - -<p>Para ellos lo escrito con letras de molde tenía -siempre una virtualidad misteriosa y estaban dispuestos -a escribir en los periódicos protestas, -contra-protestas, rectificaciones y vindicaciones.</p> - -<p>Ninguno se manifestaba verdaderamente libe<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span>ral -capaz de benevolencia, de transigencia, todos -eran militaristas y ordenancistas.</p> - -<p>El mismo Espoz y Mina, valiente como un león -y prudente como un zorro en sus empresas políticas, -hombre que sabía disimular la violencia de -su carácter con frases ambiguas, era, tratándose de -cuestiones personales, de un arrebato impulsivo; -a la menor ofensa ardía su alma con una cólera -desesperada y furiosa.</p> - -<p>Gaspar de Jáuregui, el Pastor, otro de los jefes, -era un guipuzcoano que unía el valor con la -astucia. Zumalacárregui, segundo de su partida en -la guerra de la Independencia, le había enseñado -a leer y a escribir. Jáuregui consciente de su ignorancia -no había pretendido salir de ella y su -conformidad de campesino con su incultura le -había dejado siempre en un segundo plano.</p> - -<p>Chapalangarra era un solitario, un místico que -tenía la fiebre de la fama y del martirio; San Miguel -un retórico, un escritor mediocre y difuso.</p> - -<p>Respecto a López Campillo y a Leguía, los dos -valientes guerrilleros, no tenían condiciones para -ser primeras figuras.</p> - -<p>Los únicos hombres que podían ponerse frente -a Mina, por su influencia entre los demás, eran -don Manuel Gurrea y don Francisco Valdés.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span></p> - -<p>Méndez Vigo, que pretendía ser jefe, no arrastraba -a nadie y era un motivo de discordia por -su radicalismo inoportuno.</p> - -<p>Don Pedro Méndez Vigo estaba acusado de haber -mandado dar muerte a los prisioneros realistas -de la Coruña en 1823, haciéndolos naufragar -por un procedimiento a lo Carrier. Méndez Vigo -era de ideas audaces y de muchas pretensiones. -No servía ni para mandar ni para obedecer.</p> - -<p>Gurrea, el otro rival de Mina, no le había declarado -la guerra y esperaba el momento. No así -don Francisco Valdés. El coronel Valdés había -roto las hostilidades con Mina y lo trataba como -a un enemigo.</p> - -<p>Valdés pretendía haber tenido la prioridad en -la idea de la expedición a la frontera después de -la Revolución de Julio y consideraba la intervención -de Mina como una usurpación.</p> - -<p>Valdés era hombre altivo, soberbio, con una -exaltación personal grande, ambicioso, poco inteligente -y lleno de desconfianza.</p> - -<p>Valdés era castellano, de Móstoles. En su juventud -había estado en Dinamarca con el marqués -de la Romana, había hecho la guerra de la Independencia -y la campaña de 1823 y dirigido el golpe -de mano de Tarifa de 1824.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span></p> - -<p>La hostilidad de Valdés contra Mina y de Mina -contra Valdés, procedía de una porción de causas -y principalmente de los respectivos caracteres. -Como militar de carrera, Valdés era poco amigo -de los guerrilleros, como hombre que se había distinguido -en el Mediodía nada afecto a la gente del -Norte. A Mina le pasaba lo contrario, era guerrillero -y nordista.</p> - -<p>En los dos caudillos existía un fondo de patriotismo -y un deseo de mando. La comunidad -sola de estos sentimientos y el afán subsiguiente -de defender y realzar su figura histórica en -Mina y de buscar el medio de destacarla en Valdés -debía hacerlos enemigos y ponerlos frente a -frente.</p> - -<p>Tanto el uno como el otro eran valientes, atrevidos -y ambiciosos, pero Mina tenía el valor lleno -de audacia y de prudencia; en cambio Valdés era -más rectilíneo y de menos recursos. Mina sabía -a las veces ser soldado y diplomático, Valdés no -sabía más que ser soldado y soldado de filas. Mina -tenía un conocimiento innato de la psicología -de los hombres, sobre todo de los suyos, sabía por -lo tanto arrastrar y convencer, Valdés no sabía ni -lo uno ni lo otro.</p> - -<p>Además de estos motivos hondos y personales<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> -existían otros políticos e ideológicos para el divorcio -de ambos jefes.</p> - -<p>Mina tenía el entusiasmo por la Constitución -de Cádiz y por los hombres de aquella época, era -anglómano, partidario de guardar las formas y -consideraba necesario que hubiera en España una -clase directora. Le quedaba también respeto por -Fernando que al fin y al cabo era el Rey y no -quería oir hablar ni en broma de la República.</p> - -<p>Valdés creía que el liberalismo de Cádiz había -pasado ya, que era necesario sustituirlo por otro -más activo; tenía admiración por la Francia revolucionaria, -era militarista y demagogo, odiaba -a Fernando VII y creía que debía prepararse la -posibilidad de la República. Valdés había llegado -tarde a la lucha. Se encontraba entre soldados que -representaban más que él y quería ponerse a su -altura.</p> - -<p>Los dos jefes, ásperos y orgullosos, no podían -venir a un acuerdo. Valdés veía en Mina un caudillo -a la antigua que mandaba despóticamente -como un pater familias romano, le molestaba también -verle en la práctica regionalista, siempre con -sus navarros y sus vascos.</p> - -<p>Valdés era castellano y por lo tanto más universal, -menos regionalista. Le indignaba y le sor<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>prendía -la suerte de Mina y el éxito que éste había -conseguido en Inglaterra. Valdés era un radical, -todos los radicales se unían a él encontrando -tibio a Mina. Algunos de los antiguos ministas -como Fermín Leguía se habían pasado a su -bando.</p> - -<p>El caso de Chapalangarra y su enemistad contra -Mina era de otra clase. Chapalangarra discurría -y sentía como Mina, pero creía vivamente que -tenía motivos serios personales de odio contra el -general.</p> - -<p>Al lado de los militares y oscurecidos ante ellos -estaban los paisanos adictos a la Revolución. Sin -tribuna donde perorar y en el extranjero no tenían -prestigio alguno.</p> - -<p>Eran en su mayoría literatos, jurisconsultos, -oradores, no bastante fuertes para ser conocidos -fuera de España. Entre ellos había algunos hombres -de mérito como Flores Estrada y algunos políticos -de talento como Mendizábal, pero la mayoría -era gente sólo brillante, incapaz de una obra -profunda e incapaz también de dominar y de -arrastrar a los hombres.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="II_IX">IX.<br /> -GESTIONES DE LACY</h3> - - -<p><span class="smcap">Unos</span> días después de recibir la carta de Tilly -y de leerla a los amigos y jefes, iba Lacy -enviado por la Junta de Francia a Cambó a ver -a Chapalangarra.</p> - -<p>Se quería que Chapalangarra se aviniera a razones -y no intentara hacer un movimiento solo y -sin contar con los demás jefes. Se había escogido -a Lacy para esta comisión por su juventud y por -el prestigio de su apellido entre los liberales.</p> - -<p>Lacy salió de la posada de Iturri y fué a la parada -de la diligencia La Bayonesa que salía para -San Juan Pie de Puerto y pasaba por Ustariz y -Cambó.</p> - -<p>—El interior está lleno—le dijo el empleado—la -berlina ídem. Tiene usted un puesto en la imperial.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p> - -<p>—Bueno.</p> - -<p>Lacy subió en la imperial de la diligencia en -donde iban una mujer gruesa, un campesino y -dos emigrados españoles. La baca estaba llena de -fardos, de bultos y de cestas.</p> - -<p>Pasó el coche por la puerta de Mousserolles, y -comenzó a marchar por la carretera.</p> - -<p>El tiempo era de otoño, con un sol claro y brillante.</p> - -<p>El mayoral de La Bayonesa iba magnífico de -seguridad y de petulancia. Era corpulento, rojo, -de patillas grises.</p> - -<p>Manejaba sus cuatro caballos con una seguridad -y un aplomo dignos del mismo Nerón. Vestía -irreprochablemente gran redingot gris, corbata -roja y guantes amarillos.</p> - -<p>—¡Eh, Lajeunesse!—le decían. Se llamaba así.—A -ver esa caja, esa sombrerera. Y Lajeunesse -cogía los paquetes de la baca, los lanzaba a los -mozos, agarraba los que le enviaban al aire, silbaba, -hablaba a sus caballos, cruzaba las aldeas -por callejuelas estrechas, torciendo rápidamente, -siempre grave y solemne hasta detenerse en la -posta. Allí hablaba, bebía y decía: Eh, señores, -arriba y se lanzaba de nuevo a la carretera a correr -al compás del estrépito de las campanillas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span></p> - -<p>Cuando Lacy, después de contemplar el campo, -miró a sus compañeros de viaje de la imperial -vió que uno de ellos era un señor grueso que acababa -de conocer días antes y llegaba de Bruselas. -Se llamaba don Juan Olavarría. El otro español -Eusebio Lacy sabía que era emigrado, pero no lo -conocía de nombre.</p> - -<p>Olavarría entabló conversación con Lacy y se -manifestó muy pesimista acerca de la empresa -liberal.</p> - -<p>—Para mí no cabe duda—dijo—que hay un -acuerdo entre el Gobierno francés y el español. -Por eso nuestra situación empeora.</p> - -<p>—Yo no lo veo así—dijo Lacy.</p> - -<p>—Pues no cabe duda. Luego nuestros recursos -van mal. El empréstito negociado por las casas -Ardouin y Calvo que había comenzado tan brillantemente -se agota. Los reclutamientos, los envíos -de armas y de municiones se dificultan y son -detenidos por la policía francesa, las hojas de -ruta y los pasaportes que se habían acordado a -los refugiados españoles y a los voluntarios extranjeros -se han suprimido. Muchos al verse así -abandonados por unos y vigilados por el Gobierno -comienzan a maldecir de Francia y a volverse -a sus casas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span></p> - -<p>—Yo no veo que esto vaya tan mal—dijo Lacy.</p> - -<p>—No le quepa a usted duda. Va muy mal—replicó -Olavarría—la unión que produjo entre -los emigrados el entusiasmo y la esperanza se ha -roto. Esto toma ya mal aspecto, el aspecto de la -descomposición.</p> - -<p>Después de exponer las mil dudas que le sugería -la expedición liberal, el señor Olavarría habló -de sus proyectos. Era el buen señor un arbitrista; -quería transformar el comercio, la economía, la -raza y hasta la geografía de España. Para todas -sus utopías tenía un precedente.</p> - -<p>—No crea usted que esto es un absurdo. Esto -se ha intentado en Escocia, en el Canadá, en Bélgica -y en Australia, y lo han preconizado hombres -tan ilustres como tal, cual (y aquí citaba ocho -o diez nombres extranjeros).</p> - -<p>El español desconocido que al principio de la -conversación iba muy fosco, miraba después sonriendo -al arbitrista.</p> - -<p>Al llegar la diligencia a una venta del camino -de Villefranque, el señor Olavarría y el campesino -francés bajaron a tierra.</p> - -<p>El coche echó a andar y quedaron en la imperial -el emigrado desconocido y Lacy.</p> - -<p>—Conserve usted el entusiasmo con gente así<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>—exclamó -el emigrado y soltó después un par de -ternos.</p> - -<p>—¿Es usted de los nuestros?—le preguntó -Lacy.</p> - -<p>—Yo soy Fermín Leguía.</p> - -<p>—¡Ah! Le conozco a usted de nombre. Yo soy -Lacy.</p> - -<p>Se dieron la mano.</p> - -<p>—¿Va usted a Cambó?—preguntó Lacy.</p> - -<p>—No; voy a San Juan Pie de Puerto, a ver a -Jáuregui y a Fermín Sarasa que están allá. A la -vuelta me detendré en Cambó a hablar con Chapalangarra.</p> - -<p>—¿Tiene usted buenas impresiones, señor Leguía?</p> - -<p>—Buenas, sí. Hay que seguir adelante. De otra -manera no se puede hacer nada. Lo malo es la -vacilación. Hay que elegir un plan, y a él con los -ojos cerrados.</p> - -<p>Esto lo dijo Leguía asociándolo con toda clase -de ternos y de interjecciones.</p> - -<p>—¿Usted no es ahora amigo de Mina, don Fermín?</p> - -<p>—No. Me ha abandonado de mala manera. A -pesar de eso, yo le tengo cariño al general; pero -es demasiado absolutista. ¿Que riñe con Chapa<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>langarra -o con Valdés? Pues ya no se puede hablar -de Chapalangarra o de Valdés. Son unos necios, -soberbios y ridículos. No tanto. Todos tenemos -un poco de culpa en lo que pasa.</p> - -<p>—Mina debe ser muy exclusivista...</p> - -<p>—Sí, mucho; pero aquí lo malo no es que sea -exclusivista, sino que no se decide. Hay unos que -dicen que basta acercarse a la frontera para que -todos los españoles de nuestras ideas se levanten; -otros dicen que no, que es necesario tener -apoyo en la península. De éstos es Mina. Pero si -lo creía así, ¿para qué ha aceptado el proyecto -de la expedición si no le gustaba? Valdés, Gurrea, -Chapalangarra, Jáuregui y yo con ellos, tomamos -en París la iniciativa esta. Si no le gustaba -a Mina, ¿para qué tomó parte en ella? Podía -habernos dejado a nosotros la responsabilidad y -la dirección.</p> - -<p>—Es que le escribieron, le instaron...</p> - -<p>—Ya lo sé; pero podía no haber aceptado.</p> - -<p>—Hubieran dicho que era una cobardía.</p> - -<p>—Sí, es verdad. En fin, veremos a ver qué sale -de esto.</p> - -<p>Al llegar a Cambó, Lacy se despidió de Leguía -y bajó de la imperial.</p> - -<p>Chapalangarra vivía en una posada del barrio<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> -bajo de Cambó. El bajo Cambó era entonces una -pequeña aldea escondida entre árboles, al pie de -una colina poblada de robles; sus casas, antiguas -y negras, estaban en parte ocultas por emparrados -verdes.</p> - -<p>Lacy preguntó por la posada que le habían indicado -y entró en ella. Era un fonducho solitario, -con un comedor en la parte baja y una taberna.</p> - -<p>En el comedor de este fonducho paseaba Chapalangarra -de arriba a abajo, mirando al suelo, -con las manos en la espalda.</p> - -<p>En un rincón de la mesa jugaban a las cartas -cuatro muchachos, y un joven melenudo, el poeta -Espronceda, leía sentado en un sofá.</p> - -<p>Al presentarse Lacy, Chapalangarra le invitó -a salir para hablar libremente. Tenía miedo de -los espías y no confiaba gran cosa en los jóvenes -que le acompañaban.</p> - -<p>Chapalangarra era hombre serio, fuerte, grave, -de unos cincuenta años; un tipo oscuro, ceñudo y -sombrío. Tenía la piel ennegrecida por el sol, los -ojos grandes, negros; iba afeitado, con tufos sobre -las orejas. Se le hubiera podido tomar por -un cura. Hablaba a trompicones y era desaliñado -en el vestir.</p> - -<p>Durante más de una hora fué Chapalangarra<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span> -hablando, accionando, quejándose de la frialdad -y de la falta de entusiasmo de la gente...</p> - -<p>La tarde de otoño estaba tan espléndida, el -campo tan lleno de aromas, de colores, de pájaros, -que Lacy miraba a veces al guerrillero preguntándose -si no dejaría un momento sus resquemores -para echar una mirada a las maravillas de -la Naturaleza; pero Chapalangarra no veía más -que su mundo interior de violencias y de pasiones.</p> - -<p>Era el coronel de Pablo, apodado Chapalangarra, -de la Ribera de Navarra, de Lodosa, tierra -áspera, fea y caliente.</p> - -<p>Había peleado en la guerra de la Independencia -a las órdenes de Mina; después, en los años -de 1820 al 1823, concluyó su campaña defendiendo -como gobernador militar, la ciudad de Alicante -hasta lo último.</p> - -<p>En la época de su emigración en Londres, de -Pablo se presentó a Mina, y en la primera entrevista -riñó con él. Chapalangarra quería ir a España -inmediatamente a levantar partidas liberales -para restablecer la Constitución.</p> - -<p>Mina intentó convencerle de que era imposible, -de que faltaba dinero y medios de todas -clases. Chapalangarra se indignó y acusó a Mina -de tibio y de indiferente.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span></p> - -<p>Ya para aquella época Torrijos había formado -su partido radical entre los emigrados, en contra -del de Mina que era más conservador. Chapalangarra -fué invitado por los amigos de Torrijos a entrar -en él; pero no quiso y se decidió a vivir solo, -separado de todo el mundo, sin amigos ni partidarios.</p> - -<p>Chapalangarra tenía la preocupación de Mina -y hablaba constantemente de él.</p> - -<p>Por entonces, en un periódico inglés, salió un -artículo en el que se acusaba a Chapalangarra de -actos de tiranía y de rapiña cometidos en el -año 1823 cuando gobernaba Alicante.</p> - -<p>Chapalangarra denunció ante los tribunales al -autor del artículo, y éste, temeroso de ser condenado, -propuso retractarse en el periódico y darle -al guerrillero una cantidad como indemnización.</p> - -<p>Aceptó Chapalangarra el trato, cogió el dinero -e inmediatamente fué a casa de Mina.</p> - -<p>—Ya hay dinero para la Revolución—le dijo, -y le entregó todo lo que le habían dado.</p> - -<p>Mina aceptó la cantidad por no defraudar las -esperanzas de su paisano; pero éste al ver que -pasaban los días y no le avisaban sintió redoblar -su furor contra el caudillo, a quien acusaba de -egoismo, de frialdad y de falta de entusiasmo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span></p> - -<p>Chapalangarra entonces pensó formar rancho -aparte con Gaspar de Jáuregui (el Pastor) y que -éste rompiera con Mina; pero Jáuregui creía en -la estrella de Mina y no quería abandonarle por -ningún motivo.</p> - -<p>Era muy monorrima la reconvención de Chapalangarra -contra los políticos para un hombre como -Lacy, que creía que en el mundo había algo más -que guerras y revoluciones. Lacy se cansó pronto -de las quejas del guerrillero y pretextó tener -prisa.</p> - -<p>Volvieron los dos a Cambó, y al llegar cerca del -puente Lacy vió que un señor le saludaba. Era -Miguel Aristy que iba a montar en un tilburí.</p> - -<p>—¿Quiere usted venir a Ustariz?—le dijo.</p> - -<p>—Muchas gracias, señor Aristy.</p> - -<p>—Si no ha traído usted coche, tiene usted que -esperar hasta mañana.</p> - -<p>—¿No le estorbaré a usted?</p> - -<p>—No, no; de ninguna manera. Contentísimo -en tener compañía.</p> - -<p>Lacy se despidió de Chapalangarra y montó en -el cochecito de Aristy.</p> - -<p>—Me han dado dos horas de política aburridísimas—exclamó -Lacy.—Tenía ganas de mirar el -campo. ¡Qué tarde más espléndida!</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span></p> - -<p>—Mal político—exclamó Miguel Aristy dando -una palmada a Lacy.—¡Un político que quiere -mirar los montes y las flores! No será usted un -Richelieu, ni un Pitt.</p> - -<p>—Pse. No me importa.</p> - -<p>Y Miguel Aristy y Eusebio Lacy dejaron el -bajo Cambó, y al trotecillo del caballo fueron -bordeando el río hasta llegar a Ustariz.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>LIBRO TERCERO<br /> -LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS</h2> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="III_I">I.<br /> -VELADA EN GASTIZAR</h3> - - -<p>¿<span class="smcap">Va</span> usted a quedarse en Ustariz?—preguntó -Miguel.</p> - -<p>—Sí, iré a la Veleta.</p> - -<p>—No, no; si se queda usted en Ustariz, tiene -usted que parar en mi casa.</p> - -<p>—No me gusta molestar.</p> - -<p>—¡Molestar! ¡Ya se conoce que no vive usted -en el campo! Si viviera usted aquí, ni en broma -diría usted eso.</p> - -<p>—¿Por qué?</p> - -<p>—Una persona nueva, cualquiera, en uno de -estos pueblos vascos, tan quietos, tan inmóviles, -es un acontecimiento; y cuando no se trata de un -cualquiera, sino de un joven distinguido como usted, -es un motivo de conversación para un par de -semanas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span></p> - -<p>—Creo que exagera usted.</p> - -<p>—No. Ciertamente que no. Quédese usted esta -noche.</p> - -<p>—Bueno; me quedaré.</p> - -<p>Al parar delante de Gastizar y bajar del tilburí -pasaron dos señoras, a quienes saludaron Aristy -y Lacy.</p> - -<p>—Son dos damas españolas—dijo Lacy.</p> - -<p>—Sí. ¿Las conoce usted?—preguntó Aristy con -viveza.</p> - -<p>—No. El otro día, cuando vinimos aquí a ver -al coronel Malpica, las encontramos en la posada, -que se habían refugiado por la lluvia, y el posadero -nos dijo quiénes eran.</p> - -<p>—¡Ah!</p> - -<p>Miguel Aristy dejó el coche y el caballo al cuidado -de Ichteben, a quien preguntó:</p> - -<p>—¿Dónde están las señoras?</p> - -<p>—Ahí, en el prado.</p> - -<p>—Bueno. Entonces vamos por aquí, amigo -Lacy. Tú desengancha el coche.</p> - -<p>—No—replicó Ichteben.</p> - -<p>—¿No? ¿Pues qué hay?</p> - -<p>—Está la mujer de tu hermano, y la tengo que -llevar a Chimista.</p> - -<p>—Bien. Está bien.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p> - -<p>Miguel y Lacy cruzaron la huerta y subieron -a un prado en cuesta con un manzanal. En lo más -alto había un bosquecillo de robles y a su sombra -estaban madama Aristy, madama Luxe y su hija -Fernanda, las dos señoritas de Belsunce y Dolores -Malpica, con los chicos.</p> - -<p>Dos mozos, con la cabeza cubierta por grandes -sombreros de paja, estaban segando hierba con -la guadaña.</p> - -<p>Miguel presentó a Lacy, que fué muy bien acogido -por las damas. Madama Aristy le trató con -gran amabilidad, y Alicia Belsunce y Fernanda -Luxe quisieron averiguar poco después si el muchacho -presentado a ellas estaba enamorado o no.</p> - -<p>Lacy tenía deseos de hablar con la hija de Malpica, -y le preguntó por el coronel. Ella le contestó -que le inquietaba su llegada; temía que viniera -a llevarle a su padre.</p> - -<p>Miguel, que se había tendido en la hierba, dijo:</p> - -<p>—Oiga usted, Lacy; si quiere usted le traerán -aquí algo para beber: vino, sidra o leche.</p> - -<p>—Tomaré un vaso de leche.</p> - -<p>—¿La quiere usted cocida o recién ordeñada?—preguntó -madama Aristy.</p> - -<p>—Es igual.</p> - -<p>Madama Aristy llamó a uno de los mozos que<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span> -cortaba la hierba, que vino al poco tiempo con -dos vacas, una de ellas seguida de un ternero recental -que corría dando saltos y enroscando la -cola.</p> - -<p>Alicia Belsunce se levantó y ordeñó a la vaca -en una jarra de madera que dejó en la hierba.</p> - -<p>—¡Oh, Bucólicas de Teócrito! ¡Geórgicas de -Virgilio! ¡pastorales de Longus! ¡Bergeries de -Racan!—exclamó Miguel—. Alicia, al mirarte me -figuro a María Antonieta en el Petit Trianon. El -mejor día querrán cortarnos a nosotros la cabeza, -y lo más triste es que tendrán razón.</p> - -<p>—¡Qué tonterías!—dijo madama de Aristy haciendo -un gesto de impaciencia.—Parece mentira -que mi hijo diga estas tonterías.</p> - -<p>—Y eso que tiene tanto talento—exclamó Fernanda.</p> - -<p>—¡Gracias, hija mía!—exclamó Miguel.</p> - -<p>—El talento de Miguel es como los fantasmas, -no se presenta más que a los que los temen—dijo -Alicia.</p> - -<p>—Alicia se nos va a convertir en la señorita -La Rochefoucault.</p> - -<p>Alicia hizo un gesto de desdén. Bebieron leche -Lacy y Fernanda Luxe. Miguel dijo que prefería -fumar una pipa. Efectivamente, la encendió; de<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span> -pronto, señalando el torreón de Gastizar, dijo:</p> - -<p>—Nuestra veleta está terrible estos días; se -agita con nerviosidad. ¿Sabe usted, Lacy que tenemos -una veleta misteriosa?</p> - -<p>—Sí; ya he oído hablar de ella.</p> - -<p>—¿Ha llegado su fama hasta España?</p> - -<p>—No, todavía no.</p> - -<p>—¿Pero usted cree que llegará?</p> - -<p>—Es posible.</p> - -<p>—La verdad es que ese viejo dragón tiene actitudes -cómicas. Luego, como está desnivelado, -eso le hace más gracioso.</p> - -<p>—Meterá mucho ruido al girar.</p> - -<p>—Sí, bastante.</p> - -<p>—Van ustedes a llegar a tenerle miedo.</p> - -<p>—Sí, sí, es muy posible.</p> - -<p>Dolores, la hija de Malpica, tenía que marcharse -con sus chicos y se despidió de todos. Los -demás decidieron volver a casa y fueron despacio -hacia Gastizar.</p> - -<p>Gastizar en el interior estaba restaurado en -tiempo del Imperio. Casi todas las habitaciones -se hallaban tapizadas con papeles con figuras pseudoclásicas. -Los muebles eran de caoba, y se veían -en las paredes cuadros medianos de la escuela de -David y de Gerard.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span></p> - -<p>Algunas habitaciones, como el salón, las había -arreglado Miguel Aristy, más severamente, al -gusto antiguo, con muebles de su madre y cuadros -oscuros de la escuela de Claudio Lorena. -El zaguán amplio de la casa, enlosado de piedra, -tenía unas estatuas toscas que debían de haber -salido de alguna iglesia o convento desmantelado -en 1793.</p> - -<p>Además de los campos tenía Gastizar una huerta -muy grande y un jardín. Cruzando esta huerta, -desde la parte de atrás de la casa iba hacia el río, -una calle de perales en arco que terminaba en un -cenador con una mesa y unos bancos rústicos. De -esta plazoleta del cenador se bajaba al Nive, a -cuya orilla había un árbol donde solía estar atado -un bote.</p> - -<p>La señora de Aristy no quería ir al cenador, -porque encontraba que era sitio húmedo y malsano. -Miguel, en cambio, solía pasar muchas horas -en aquel rincón y pescaba barbos y anguilas.</p> - -<p>Después de pasear por la huerta fueron al salón, -en donde Alicia tocó el piano. Habían llegado -el caballero de Larresore, el padre Dostabat y -el joven Darralde Mauleón, a quienes presentó -Miguel a Lacy.</p> - -<p>Madama Luxe y su hija, Larresore y el padre<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span> -Dostabat se quedaron a cenar y fueron en la mesa -diez personas.</p> - -<p>Se habló largo rato, y después de las diez se -retiraron madama Luxe y su hija con Darralde -Mauleón y el padre Dostabat.</p> - -<p>—¿Usted se acuesta temprano, Lacy?—preguntó -Miguel.</p> - -<p>—No; porque me suelo dormir tarde.</p> - -<p>—Entonces quédese usted. Charlaremos al lado -del fuego.</p> - -<p>Quedaron, cerca de la chimenea, Miguel, Lacy, -Darracq y el caballero de Larresore.</p> - -<p>Hicieron Miguel y el caballero varias preguntas -acerca del propósito de los emigrados españoles, y -en el curso de la conversación hablaron de las dos -señoras del chalet de las Hiedras, a quien había visto -Lacy por primera vez en la posada de la Veleta.</p> - -<p>—Yo tengo mis dudas acerca de estas damas—dijo -Miguel—. Sería desagradable que tuviéramos -aquí dos intrigantes.</p> - -<p>—¿Qué título llevan esas damas?—preguntó -Lacy.</p> - -<p>—La tía se hace llamar condesa de Vejer.</p> - -<p>—¿Y de dónde es?</p> - -<p>—Del mismo Vejer, que debe ser un pueblo -de la provincia de Cádiz.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span></p> - -<p>—Yo preguntaré en Bayona a algún gaditano—dijo -Lacy.—¿Y qué vida hacen?</p> - -<p>—Las dos son muy devotas; van todos los días -a misa con un aire muy compungido. En su casa -tienen muchas imágenes religiosas; pero nada de -esto me convence. Hay en ellas algo sospechoso. -Son unas españolas que no hablan nunca español. -Luego, un criado de aquí de casa dice que un día -las oyó discutir a tía y sobrina insultándose con -palabrotas. Es un poco extraño.</p> - -<p>—Sí, muy raro es. ¿Y ustedes no las conocían -de antes?</p> - -<p>—No.</p> - -<p>—Estuvisteis bastante torpes en aceptarlas en -la casa—indicó Larresore.</p> - -<p>—Yo no estaba aquí—dijo Miguel—cuando mi -madre les alquiló el chalet de las Hiedras. Si yo -estoy, no les alquilo. Parece que traían una recomendación -de Bayona. Al principio, mi madre parecía -contenta; luego estuvo diciendo que las iba -a echar, que debían ser dos intrigantes, y después -de repente ha cambiado y no quiere oir hablar de -despedirlas. Yo estoy convencido de que es mala -gente. La vieja, la que se hace llamar condesa, tiene -todo el aire de una cortesana, aduladora, con gran -tendencia a la tercería; la joven es de mala índole.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p> - -<p>—¿Y usted no ha preguntado a nadie quiénes -son?—dijo Lacy.</p> - -<p>—Sí; he preguntado a los amigos de Bayona, -pero no las conocen. Algunos han oído hablar de -ellas como de unas señoras españolas, y nada más.</p> - -<p>—¿Tienen acento español?</p> - -<p>—Ninguno. Pero eso no significa nada; usted -tampoco tiene acento español.</p> - -<p>—Es que yo me he educado en Bretaña, lo que -no es corriente en un español. ¿Y tienen relaciones -esas señoras?</p> - -<p>—Aquí tienen las relaciones que han hecho por -mediación de mi madre. Mi madre tiene fama de -severa; las ha aceptado a las dos, y todos los conocidos -las han aceptado también.</p> - -<p>—¿Y qué vida hacen?</p> - -<p>—Muy recogida. La condesa viene aquí algunas -veces, y se muestra muy ceremoniosa y muy -aduladora con mi madre. Su sobrina Simona dicen -que es viuda; no sé. Conmigo comenzó a coquetear -descaradamente, y supongo que ha tenido -que ver algo con mi hermano.</p> - -<p>—¿Y por qué viven en Francia?</p> - -<p>—No sé. Esto me parece poco explicado; ellas -dan a entender que por cuestiones políticas.</p> - -<p>—¿Son liberales?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></p> - -<p>—No; por su conversación parecen lo contrario. -¿No hay un partido en España que se llama -apostólico?</p> - -<p>—Sí.</p> - -<p>—Pues dan a entender que son de ese partido.</p> - -<p>—Es posible. ¿Y suele venir alguien a verlas?</p> - -<p>—Muy poca gente. Ahora, desde hace un mes -o cosa así, viene con frecuencia un señor del pueblo, -un tal Choribide, un cínico. Están tramando -algo, no sé qué.</p> - -<p>—¿Y ellas no salen de casa?</p> - -<p>—Hasta hace poco, casi nada. Ahora, la sobrina -va con frecuencia al Bazar de París, de dos -muchachas del pueblo de una fama un tanto -equívoca.</p> - -<p>—¿Y viajan?</p> - -<p>—Antes iban muy a menudo a Bayona y tenían -mucha correspondencia; ahora van mucho menos.</p> - -<p>—¿Y desde cuándo han dejado de ir?</p> - -<p>—Desde Agosto.</p> - -<p>—Es decir, desde la Revolución de Julio—dijo -Lacy.</p> - -<p>—Tiene usted razón. No me había fijado en -esa coincidencia.</p> - -<p>—El señor de Lacy haría un gran juez—dijo -el caballero de Larresore.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span></p> - -<p>—No, no—replicó Lacy—; como siempre ando -entre políticos, tengo la costumbre de relacionarlo -todo con la política, y esas señoras dan la impresión -de que tienen algo que ver con la política.</p> - -<p>—¡Cierto!—exclamó Miguel.—Es una idea que -la llevaba dentro, pero de una manera oscura. -Ahora me parece indudable. Cuando vaya usted -a Bayona, pregunte usted a algún español por -ellas. A ver si las conocen.</p> - -<p>—Lo haré, no tenga usted cuidado.</p> - -<p>Después de la larga charla ya cerca de la una, -se levantó Lacy y Miguel de Aristy le acompañó -hasta su cuarto.</p> - -<p>—No se preocupe usted de la hora del coche. -Si no lo coge usted, yo le llevaré en el tilburí.</p> - -<p>—No, no; preferiría que me llamaran para la -hora de la diligencia.</p> - -<p>—Bueno, se le llamará. Adiós, querido Lacy—le -dijo Miguel estrechándole la mano.</p> - -<p>—Adiós.</p> - -<p>Lacy se levantó por la mañana y salió a la carretera. -El sol de un día de otoño comenzaba a -dorar la tierra, cantaban los pájaros en las ramas, -murmuraba el río en su cauce. La sierra de la serrería -mecánica comenzaba a rezongar como un -moscardón; el herrero martilleaba en el yunque;<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span> -algunas mujeres pasaban en sus carruchos, y la -panadera repartía el pan en las casas.</p> - -<p>Lacy contempló con simpatía este comienzo de -la vida de la aldea. Al llegar la diligencia subió -a ella, que marchó al trote de sus cuatro caballos -camino de Bayona.</p> - -<p>Al día siguiente, al llegar Lacy a su fonda, por -indicación del patrón, se dirigió a un italiano, empleado -en la subprefectura, amigo de Iturri. A las -primeras palabras el italiano sonrió maliciosamente.</p> - -<p>—¿Por qué se sonríe usted?—preguntó Lacy.</p> - -<p>—Esas dos mujeres que viven en Ustariz han -sido hasta ahora de la Policía—contestó el italiano.</p> - -<p>—¿De verdad?</p> - -<p>—Y tan de verdad.</p> - -<p>—¿Pero hay mujeres policías?</p> - -<p>—Ya lo ve usted. No sólo hay misterios en los -folletines y en los melodramas.</p> - -<p>—¿Y éstas están reconocidas?</p> - -<p>—Sí; están fichadas y se tienen que presentar -todos los meses aquí. Se las conoce por la <i>fille</i> -Carolina y la <i>fille</i> Simona.</p> - -<p>—¿Y desde cuándo han dejado de ser de la -Policía?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span></p> - -<p>—Desde la Revolución de Julio.</p> - -<p>—¿Y ahora qué hacen?</p> - -<p>—Ahora creo que trabajan para el Gobierno -español.</p> - -<p>Lacy inmediatamente escribió a Miguel Aristy -lo que le habían dicho, y contó a sus amigos de -la Junta lo que ocurría en Ustariz.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="III_II">II.<br /> -LA POLICÍA</h3> - - -<p><span class="smcap">Varias</span> veces había corrido por Ustariz la noticia -de que la condesa de Vejer y su sobrina -eran dos espías.</p> - -<p>De dónde pudo nacer el rumor, no se sabía; -pero no cabía duda de que había algún dato, algún -indicio más o menos claro para tal suposición.</p> - -<p>Ya desde hacía tiempo se hablaba de mujeres -que practicaban el espionaje en beneficio de los -partidos.</p> - -<p>La Policía de la Restauración fué la que comenzó -a emplear a las mujeres en sus maquinaciones -y sus intrigas. El Gobierno de Carlos X -veía peligros en todas partes.</p> - -<p>Por un fenómeno extraño, la Policía de Francia -se había reclutado siempre entre los tránsfu<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span>gas -de los partidos vencidos. Así, el Poder tenía -en la Policía su defensor y su enemigo.</p> - -<p>En plena Revolución, gran parte de los jefes -de la Policía de París eran monárquicos. Sometidos -en el período del Terror trabajaron con los -thermidorianos en dominar la Revolución. Durante -el Imperio la Policía francesa estaba formada -por ex revolucionarios y dirigida por Fouché, que -se impuso a Napoleón como luego se impuso a -Luis XVIII amenazándole con su ejército de -agentes ex terroristas y ex bonapartistas.</p> - -<p>En el Imperio, todas las autoridades civiles y -militares eran policíacas. El ministro Fouché dió -el tono a la política imperial; Napoleón tenía una -policía particular, Fouché otra; al mismo tiempo -el prefecto Dubois contaba con sus agentes especiales -y Talleyrand con los suyos.</p> - -<p>Las delaciones eran constantes. Al hundirse el -Imperio el mundo policíaco sobrevivió a la ruina -y se pasó al servicio de los triunfadores. Los gobiernos -de la Restauración comprendieron que -debajo de las cenizas quedaba aún fuego revolucionario, -y para descubrirlo los hombres de la policía -inventaron algo más perfecto y canallesco -que los delatores del Imperio: los agentes provocadores.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p> - -<p>Los agentes provocadores no se contentaban -con traficar con las confidencias sorprendidas a -las gentes de buena fe, o con las calumnias lanzadas -contra los hombres proscritos por sus ideas -liberales; los agentes provocadores urdían ellos -mismos conspiraciones, excitaban a los locos, a -los ilusos y los empujaban al cadalso o la prisión. -Era llevar a la práctica la máxima jesuítica de -que el fin justifica los medios. Así se hicieron la -conspiración de Belfort y las algaradas de las calles -de Saint Denis y de Saint Martín de París -en 1827, en donde la tropa disparó contra la gente -pacífica.</p> - -<p>La Policía del Gobierno reaccionario de París -se correspondía con la de Madrid, la de Roma, la -de Nápoles y la de Viena.</p> - -<p>Durante la Restauración, el partido clerical sirvió -con su espionaje al Gobierno.</p> - -<p>Las iglesias, los conventos, las Asociaciones -jesuíticas eran agencias de noticias y de informes, -que iban de acá para allá y terminaban en -Roma.</p> - -<p>Al acentuarse la política clerical con el Gobierno -de Luis XVIII, sucedió al conde de Anglés -como prefecto de Policía Mr. Guy Delavau, magistrado, -hombre político que después fué del<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span> -Consejo de Estado y que desapareció en la vida -privada a raiz de la Revolución de Julio.</p> - -<p>Con la dirección de Delavau, la Policía dirigida -por gentes de chanchullo como Freret, Vidocq -y otros jefes, algunos salidos de presidio, comenzó -el espionaje en las familias y en los talleres.</p> - -<p>Todo se hacía a fuerza de intrigas y de espías. -Mucha gente se vengaba denunciando a la Policía -a su amo, a quien odiaba, a un enemigo, o a -un rival por amor.</p> - -<p>Cualquier procedimiento era bueno. En 1821 -la Policía quiso saber el paradero del general Bertón. -Se intentó corromper hijos, parientes, amigos. -En vista de que no se obtenían resultados se -echó mano de otro recurso. Se averiguó que la -hermana del ayudante del general tenía una criada -algo ligera de cascos, y se pidió un agente de policía -joven y guapo y de buen aspecto, para que -intentara tener relaciones íntimas con la criada y -arrancarla a ella las noticias que se deseaban.</p> - -<p>En esta época de Mr. Delavau, la <i>fille</i> Carolina -y la <i>fille</i> Simona, que se hacían llamar en Ustariz -la condesa de Vejer y su sobrina, habían -comenzado a practicar el espionaje. Era un momento -en que las mujeres intervenían activamente -en la Policía.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span></p> - -<p>Al mismo tiempo que al Gobierno francés las -dos mujeres servían a los apostólicos de España, -con quienes tenían relaciones.</p> - -<p>Al estallar la Revolución de Julio, los confidentes -y espías del anterior Gobierno habían quedado -la mayoría destituídos y vigilados.</p> - -<p>La Carolina y la Simona, metidas en su rincón -de Ustariz, sabiendo que les convenía no mostrarse -en público, hicieron durante algún tiempo -una vida muy retirada en su chalet de las Hiedras.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="III_III">III.<br /> -CAROLINA Y SIMONA</h3> - - -<p><span class="smcap">Miguel</span> Aristy, que había sabido por la carta -de Lacy qué clase de mujeres eran las dos -a quienes tenía su madre alquilado el chalet de -las Hiedras, quiso cerciorarse y enterarse con mayores -detalles y fué a Bayona. Se presentó en la -fonda de Iturri a ver a Lacy, y éste le llevó al -italiano empleado en la subprefectura.</p> - -<p>El italiano no conocía en detalles la vida de las -dos damas que vivían en Ustariz; únicamente sabía -lo que había dicho ya, e indicó que el jefe de -la Policía de Bayona podría dar una información -más completa.</p> - -<p>El jefe de la Policía de Bayona, el señor Fouquier, -había llegado a la ciudad después de la Re<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span>volución -de Julio y no estaba enterado de los hechos -anteriores a la época de su cargo.</p> - -<p>El señor Fouquier le dió a Miguel un buen -consejo.</p> - -<p>—Vea usted a Masson—le dijo—que ha sido -el jefe anterior a mí. Masson le cobrará a usted -la consulta, pero le dará datos.</p> - -<p>El señor Masson vivía en una casita de campo -a orillas del Adour, cultivando su huerta y sus -frutales. Miguel Aristy lo encontró con una blusa -azul larga y un sombrero de paja, podando frutales. -Miguel Aristy le explicó un caso fingido, le -dijo que un amigo suyo estaba enamorado de una -tal Simona que vivía en Ustariz con una señora -llamada Carolina, y que él desconfiando de ellas -había tomado informes y que los informes eran -malos.</p> - -<p>El señor Masson era un hombre de una cara -reluciente y carnosa, de color cetrino, los ojos -chiquitos y brillantes, el pelo rizado y la cara picada -de viruelas. Había sido militar durante el -Imperio y un explotador de su cargo de policía en -tiempo de la Restauración.</p> - -<p>Masson escuchó las explicaciones de Aristy, -y comenzó a reir con una risa sarcástica.</p> - -<p>—¿De manera que la Carolina y la Simona<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span> -hacen tan bien su papel de grandes damas que se -las tiene por condesas auténticas? Ja... ja... ja... -¿Y hay un hidalguillo de Ustariz enamorado de -una de ellas?... Ja... ja... ja... Es delicioso. Sí -son buenas cómicas.</p> - -<p>—¿De modo que son unas aventureras?—preguntó -Miguel.</p> - -<p>—¿Aventureras?... Dos prostitutas... Voy a -ver sus fichas.</p> - -<p>Masson cogió un legajo y lo desató.</p> - -<p>—Vamos a ver la Carolina—dijo—y leyó luego: -Carolina Michu, ha nacido en París, de familia -obrera. Se casó en 1805 con un oficinista que -era alcohólico completo. Cansada de su casa se -marchó de ella con un amigo del marido. Después -tuvo varios amantes, militares y empleados, y ya -vieja se enredó con uno de la policía y se fué a -Madrid. Allí se relacionó con la antigua querida -del ministro Macanaz que vendía empleos. Se dedicó -a negocios ilícitos de toda clase e intrigó a -favor del general Bessieres. A consecuencia de -esto fué expulsada de España y vino a Bayona -empleada en la policía francesa y a sueldo de Calomarde -para espiar a los liberales españoles. La -Carolina Michu se hace pasar por la condesa de -Vejer, dice que su marido el conde, murió de oi<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span>dor -en el Perú. Carolina en Bayona es muy religiosa, -va a todas las fiestas de iglesia y tiene una -reunión a la que suelen ir el abate Miñano y otros -tipos igualmente sospechosos.</p> - -<p>—¡Buena pieza!—exclamó Aristy.</p> - -<p>—Sí, recomendable para la dirección de un colegio -de señoritas. Vamos a ver la otra. Aquí está: -Simona Busquet ha nacido en Perpiñán. Hija de -padre desconocido. A los diez y siete años tuvo un -amante de buena posición y quedó embarazada. -Simona se presentó a los padres del amante dándose -de víctima, e hizo que le entregaran dinero -para la educación del niño, y se fué a París. -Aquí dejó el niño en la Maternidad y vivió hoy -con uno y mañana con otro. Es mujer áspera, -sensual y de mal carácter. Sus amantes le cansan -en seguida, y ella cansa a sus amantes con su -genio violento. Un viejo, rico comerciante de -Burdeos, le instaló en una casa de los alrededores -de la ciudad, pero ella harta de esta vida -sacó dinero al viejo con amenazas y se fué a -Madrid, donde conoció a la Carolina. Ha tenido -relaciones íntimas con el señor Regato, que es -ahora agente del Rey de España para hacer jugadas -de Bolsa.</p> - -<p>Estos eran los antecedentes de aquellas dos<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span> -mujeres que tenían fama en Ustariz de aristócratas -y de piadosas.</p> - -<p>Miguel Aristy pagó la consulta al señor Masson -y se fué pensando que su madre se haría cruces al -saber la clase de gente que eran las damas del -chalet de las Hiedras.</p> - -<p>Madama Aristy oyó la relación que le contó su -hijo con marcado disgusto.</p> - -<p>—¿Qué habrá que hacer?—preguntó ella.</p> - -<p>—Tendremos que echarlas—dijo Miguel.</p> - -<p>—Sí, pero es un escándalo y no conviene. ¡Si -la gente se entera! Habrá que buscar una ocasión.</p> - -<p>Miguel notó que su madre se hallaba muy -preocupada con este asunto.</p> - -<p>Una mañana que estaba Miguel pescando vió -que Ichteben iba con una carta al Chalet de las -Hiedras y que volvía al cabo de media hora a -Gastizar con otra carta en la mano.</p> - -<p>Al entrar en el portal Aristy vió dos o tres pedacitos -de papel rotos, sin duda de la carta de las -damas del Chalet. Los cogió por curiosidad. En un -trozo ponía: No se atreverá usted a echarnos... en -el otro: la mujer de un regicida...</p> - -<p>—¡Qué novela habrán inventado estas mujeres!—pensó -Miguel.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p> - -<p>Pasaron unos días. Las damas del Chalet de las -Hiedras no parecían dispuestas a marcharse.</p> - -<p>—¿No se van esas mujeres?—preguntó Miguel -a su madre.</p> - -<p>—Me han pedido un plazo y habrá que esperar.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h3 id="III_IV">IV.<br /> -CHORIBIDE EN ACCIÓN</h3> - - -<p><span class="smcap">Una</span> mañana poco antes de la hora de comer, -el señor Gastón Choribide se presentó en el -Chalet de las Hiedras. Llamó a la campanilla y al -salir la criada le dijo:</p> - -<p>—Señorita, quisiera saludar a la señora condesa -de Vejer. Haga usted el favor de decirle que -el caballero Gastón de Choribide pregunta por -ella.</p> - -<p>La criada indicó a Choribide que subiese una -escalera y le hizo pasar a un saloncito. Choribide -aprovechó el momento para arreglarse la corbata -y echarse una mirada en el espejo y permaneció -inmóvil apoyado en el bastón y con el sombrero -de copa en la mano en una actitud estudiada.</p> - -<p>Al cabo de unos minutos se abrió la puerta y -apareció la condesa de Vejer.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span></p> - -<p>—Señora—dijo Choribide juntando los pies para -hacer la reverencia—perdone usted que sin tener -el honor de conocerla tenga el atrevimiento de -presentarme en su casa.</p> - -<p>—Caballero—replicó la dama con aire altivo—usted -dirá lo que le trae por aquí.</p> - -<p>—Voy en seguida.</p> - -<p>La condesa de Vejer era una mujer alta, pintada, -voluminosa, de ojos grandes y sombreados. -Vestía de negro, con cierto aire de dama de teatro, -llevaba los dedos llenos de sortijas y el pelo empolvado -de blanco.</p> - -<p>—Es un poco largo lo que tengo que decir—dijo -Choribide.</p> - -<p>—Está bien. Le escucho a usted.</p> - -<p>—Usted me perdonará que me siente—y Choribide -levantó los faldones de la casaca y se sentó -en un sillón que tenía los brazos terminados en -dos cabezas de pato doradas.</p> - -<p>La condesa se sentó en un canapé.</p> - -<p>—Señora—dijo Choribide con el sombrero de -copa en las rodillas—lo que tengo que decirle a -usted es bastante reservado y no quisiera que -nos interrumpieran.</p> - -<p>—Cuántos preámbulos, caballero—exclamó la -dama impacientada.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span></p> - -<p>—Son necesarios, indispensables. Yo soy un -hombre que no me ha gustado nunca mortificar -a nadie. Mi viejo amigo Garat suele decir de mí: -Quizás se pueda acusar a Choribide de tener una -moral oscura y todavía inédita, pero nadie podrá -dudar de su sensibilidad. Pues bien, señora condesa, -para facilitar mis explicaciones le contaré -a grandes rasgos mi vida.</p> - -<p>—¿Es necesario, caballero?</p> - -<p>—Es necesario hasta cierto punto. Yo, señora, -de joven he sido una bala perdida. No he sido de -esos hombres fríos, de esos moluscos sin sangre y -sin nervios que pueden vivir en un rincón. Yo necesitaba -dinero, necesitaba mujeres, un poco de -lujo y de comodidad, y tomaba todo esto de donde -podía; comprenderá usted que no con los procedimientos -de los caballeros de la Tabla Redonda sino -con los procedimientos de otros caballeros. Así -que he sido jugador de ventaja, he estado asociado -con gentes que hacían asignados falsos y he sido -de la policía. Es lo más sucio que he sido en toda -mi carrera. ¿Comprende usted señora condesa de -Vejer por qué tiene algún interés que cuente mi -vida?</p> - -<p>—No, no lo comprendo—dijo con inquietud -madama Carolina.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span></p> - -<p>Choribide hizo un gesto de resignación irónico, -dejó el sombrero y el bastón en un velador y cruzó -una pierna sobre otra con abandono.</p> - -<p>—Ya que no lo comprende usted fácilmente, -voy a contarle la historia de una tal Carolina y -de una tal Simona según aparecen en los registros -de la policía.</p> - -<p>—¿Y usted pretende?...</p> - -<p>—Yo no pretendo nada. Es la policía que pretende -que la tal Carolina se hace pasar en Ustariz -por la condesa de Vejer. Ahora señora—y -Choribide se levantó con aire de joven y tomó su -sombrero y su bastón—le voy a plantear la siguiente -disyuntiva: ¿Conoce usted a la tal Carolina? -Espere usted. No me conteste usted todavía. -Si me dice usted: Sí la conozco, habrá entre nosotros -paz y será usted para mí la condesa de Vejer. -Si me dice usted no, habrá entre nosotros -guerra y yo me retiraré al momento.</p> - -<p>La Carolina azorada por completo vaciló en decidirse.</p> - -<p>—¿La conoce usted sí o no?—preguntó de nuevo -Choribide con un acento sarcástico y duro.</p> - -<p>—Sí la conozco—murmuró ella humildemente.</p> - -<p>—Está bien, señora condesa. Tiene usted desde<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span> -ahora en mí un servidor incondicional, un asociado. -Conozco el país mejor que ustedes. Sé al -dedillo la historia de las gentes. Mis conocimientos -los pongo a la disposición de usted.</p> - -<p>—¿Y qué pretende usted en cambio?</p> - -<p>—Yo soy como he tenido el honor de decirle -antes, señora condesa, un hombre de vida borrascosa. -Al llegar aquí me casé con una mujer de -algún capital. Dicen que había sido la querida -de su tío el vicario. No sé, es cosa que no me -preocupa. Mi mujer tiene un sobrino, el teniente -Rontignon que es ex oficial de la Guardia Real. -Rontignon es un hombre sin energía, un hombre -de café, tonto y tímido a pesar de su jactancia; -a mí en su estado actual me estorba y he pensado -en casarlo con madama Luxe.</p> - -<p>—Madama Luxe es una mujer riquísima—observó -Carolina.</p> - -<p>—Sí, es verdad. Mi sobrino no es rico, pero es -joven, guapo, y lleva uniforme. Yo he pensado -que usted que tiene buenas relaciones con el Gobierno -español, podría conseguir para mi sobrino -a cambio de los servicios que yo le prestaré, una -condecoración, una gran cruz que en un realista -como él vendrá muy bien.</p> - -<p>—Sí, sí, se conseguirá. Escribiré a mi amigo el<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span> -señor de Calomarde y no tendrá inconveniente -en otorgarle una gran cruz. ¿Y a usted, Choribide, -no le gustaría tener una condecoración?</p> - -<p>—No, a mí no—dijo Choribide con una claridad -irónica en sus ojillos grises—parecería lógico -que yo que he sido un pillo sintiera la necesidad -de tener algún prestigio social, pero no; soy un -pillo filósofo.</p> - -<p>—¡Qué bromista!</p> - -<p>—No, no es broma, condesa. Lo que digo es -el Evangelio.</p> - -<p>—Y con la cruz ¿cree usted que su sobrino -Rontignon convencerá a madama Luxe?</p> - -<p>—Ya veremos.</p> - -<p>—Hum ¡qué sé yo!</p> - -<p>—La gran cruz es el adorno. Lo esencial es que -Rontignon es joven, guapo y estúpido. ¿Qué más -puede pedir una mujer?</p> - -<p>—¡Qué opinión tiene usted de nuestro sexo!—dijo -madama Carolina tomando un aire tierno y -sentimental.</p> - -<p>Choribide sonrió.</p> - -<p>—No es una opinión. Es una convicción—dijo.</p> - -<p>—¿Tan mal le han tratado las mujeres?</p> - -<p>—Ha habido de todo—contestó el pillo filósofo.</p> - -<p>—¿Y sus datos, Choribide?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></p> - -<p>—Cuando los necesite usted. Usted me manda -una nota o un aviso de que venga, lo que usted -prefiera. Para algunas investigaciones quizás se -necesite algún dinero.</p> - -<p>—Lo hay. El señor de Calomarde me ha escrito -que gastemos el dinero necesario sin miedo. -El asunto es de transcendencia y es indispensable -que de cualquier modo la expedición liberal tenga -un fracaso ruidoso.</p> - -<p>—Lo tendrá.</p> - -<p>—Muy bien. Ahora le voy a presentar a mi sobrina.</p> - -<p>La condesa salió del salón seguida de Choribide, -bajó hasta un cenador del huerto donde Simona -estaba leyendo.</p> - -<p>—Simona—dijo madama Carolina—el señor -Choribide; un amigo y un aliado.</p> - -<p>Choribide hizo la reverencia echando un pie hacia -atrás a la moda antigua, una reverencia digna -de un pisaverde del Palais Royal del tiempo de -madama Tallien, y después de unas cuantas galanterías -se despidió de las dos aventureras besándoles -la mano.</p> - -<p>Mientras cruzaba la huerta de la casa sus labios -finos sonreían y en sus ojos había una claridad -alegre y burlona.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span></p> - -<p>Al llegar a la puerta del jardín, Choribide echó -una mirada a la torrecilla de Gastizar. El viento -andaba revuelto, el viejo dragón cambiaba de rumbo -a cada paso y rechinaba agriamente. Aquel -malvado basilisco, aquella furia super-terrestre -estaba en un momento de inquietud. Sin duda, tenía -que anunciar catástrofes y calamidades sin -cuento.</p> - -<p class="p2 i2"><i>La Caleta, Noviembre, 1917.</i></p> - - -<p class="center p4">FIN DE LA VELETA DE GASTIZAR</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - - -<h2>ÍNDICE</h2> - - -<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="indice"> - -<tr> - <td class="tdr" colspan="3">Páginas.</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl smcap" colspan="2"><a href="#PROLOGO">Prólogo</a></td> -<td class="tdrb">9</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="2">LIBRO PRIMERO<br />LA FAMILIA DE ARISTY</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">I.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_I">Los viajeros</a></td> -<td class="tdrb">17</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">II.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_II">La posada de la Veleta</a></td> -<td class="tdrb">25</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">III.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_III">Ustariz y su grande hombre</a></td> -<td class="tdrb">39</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IV.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_IV">Gastizar y Chimista</a></td> -<td class="tdrb">49</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">V.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_V">La tertulia de Gastizar</a></td> -<td class="tdrb">63</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VI.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_VI">Don Valentín de Malpica</a></td> -<td class="tdrb">75</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VII.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_VII">Retratos de familia</a></td> -<td class="tdrb">87</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VIII.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_VIII">Los parientes y los amigos de la casa</a></td> -<td class="tdrb">97</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IX.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_IX">Choribide el versátil</a></td> -<td class="tdrb">111</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">X.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_X">Un solitario</a></td> -<td class="tdrb">127</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">XI.</td> -<td class="tdl"><a href="#I_XI">Los locos del pueblo</a></td> -<td class="tdrb">131</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="2">LIBRO SEGUNDO<br />LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">I.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_I">Dos amigos</a></td> -<td class="tdrb">139</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">II.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_II">Estampa de Bayona en 1830</a></td> -<td class="tdrb">149</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">III.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_III">Las amistades de Lacy</a></td> -<td class="tdrb">153</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IV.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_IV">Los grupos hostiles</a></td> -<td class="tdrb">159<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">V.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_V">Las estelas sentimentales</a></td> -<td class="tdrb">165</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VI.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_VI">Los preparativos</a></td> -<td class="tdrb">169</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VII.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_VII">Una carta de Tilly</a></td> -<td class="tdrb">175</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">VIII.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_VIII">Los jefes</a></td> -<td class="tdrb">181</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IX.</td> -<td class="tdl"><a href="#II_IX">Gestiones de Lacy</a></td> -<td class="tdrb">191</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdcc" colspan="2">LIBRO TERCERO<br />LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">I.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_I">Velada en Gastizar</a></td> -<td class="tdrb">205</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">II.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_II">La policía</a></td> -<td class="tdrb">219</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">III.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_III">Carolina y Simona</a></td> -<td class="tdrb">225</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdr">IV.</td> -<td class="tdl"><a href="#III_IV">Choribide en acción</a></td> -<td class="tdrb">231</td> -</tr> - -</table> -<p> </p> -<hr /> -<p> </p> - -<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/> - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br /> - Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br /> - - Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/> -La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p> - -<p> </p> -<p> </p> -<hr class="full" /> -<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIóN: #8 LA VELETA DE GASTIZAR***</p> -<p>******* This file should be named 53003-h.htm or 53003-h.zip *******</p> -<p>This and all associated files of various formats will be found in:<br /> -<a href="http://www.gutenberg.org/dirs/5/3/0/0/53003">http://www.gutenberg.org/5/3/0/0/53003</a></p> -<p> -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed.</p> - -<p>Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Of course, we hope -that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting -free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm -works in compliance with the terms of this agreement for keeping the -Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily -comply with the terms of this agreement by keeping this work in the -same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when -you share it without charge with others.</p> - -<p>1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are -in a constant state of change. If you are outside the United States, -check the laws of your country in addition to the terms of this -agreement before downloading, copying, displaying, performing, -distributing or creating derivative works based on this work or any -other Project Gutenberg-tm work. 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If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any -additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms -will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works -posted with the permission of the copyright holder found at the -beginning of this work.</p> - -<p>1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.</p> - -<p>1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License.</p> - -<p>1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including -any word processing or hypertext form. However, if you provide access -to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format -other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official -version posted on the official Project Gutenberg-tm web site -(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense -to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means -of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain -Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the -full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.</p> - -<p>1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.</p> - -<p>1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works -provided that</p> - -<ul> -<li>You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed - to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has - agreed to donate royalties under this paragraph to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid - within 60 days following each date on which you prepare (or are - legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty - payments should be clearly marked as such and sent to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in - Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg - Literary Archive Foundation."</li> - -<li>You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or destroy all - copies of the works possessed in a physical medium and discontinue - all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm - works.</li> - -<li>You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of - any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days of - receipt of the work.</li> - -<li>You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works.</li> -</ul> - -<p>1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project -Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than -are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing -from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The -Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm -trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.</p> - -<p>1.F.</p> - -<p>1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -works not protected by U.S. copyright law in creating the Project -Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm -electronic works, and the medium on which they may be stored, may -contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate -or corrupt data, transcription errors, a copyright or other -intellectual property infringement, a defective or damaged disk or -other medium, a computer virus, or computer codes that damage or -cannot be read by your equipment.</p> - -<p>1.F.2. 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LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium -with your written explanation. The person or entity that provided you -with the defective work may elect to provide a replacement copy in -lieu of a refund. If you received the work electronically, the person -or entity providing it to you may choose to give you a second -opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If -the second copy is also defective, you may demand a refund in writing -without further opportunities to fix the problem.</p> - -<p>1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO -OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT -LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.</p> - -<p>1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of -damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement -violates the law of the state applicable to this agreement, the -agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or -limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or -unenforceability of any provision of this agreement shall not void the -remaining provisions.</p> - -<p>1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in -accordance with this agreement, and any volunteers associated with the -production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm -electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, -including legal fees, that arise directly or indirectly from any of -the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this -or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or -additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any -Defect you cause. </p> - -<h3 class="pg">Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm</h3> - -<p>Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life.</p> - -<p>Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at -www.gutenberg.org.</p> - -<h3 class="pg">Section 3. Information about the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation</h3> - -<p>The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws.</p> - -<p>The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the -mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its -volunteers and employees are scattered throughout numerous -locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt -Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact</p> - -<p>For additional contact information:</p> - -<p> Dr. Gregory B. Newby<br /> - Chief Executive and Director<br /> - gbnewby@pglaf.org</p> - -<h3 class="pg">Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation</h3> - -<p>Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS.</p> - -<p>The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular -state visit <a href="http://www.gutenberg.org/donate">www.gutenberg.org/donate</a>.</p> - -<p>While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate.</p> - -<p>International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.</p> - -<p>Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. To -donate, please visit: www.gutenberg.org/donate</p> - -<h3 class="pg">Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.</h3> - -<p>Professor Michael S. Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support.</p> - -<p>Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition.</p> - -<p>Most people start at our Web site which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org</p> - -<p>This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.</p> - -</body> -</html> - diff --git a/old/53003-h/images/cover.jpg b/old/53003-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 5872bfe..0000000 --- a/old/53003-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/53003-h/images/page1.png b/old/53003-h/images/page1.png Binary files differdeleted file mode 100644 index ca6a54b..0000000 --- a/old/53003-h/images/page1.png +++ /dev/null |
