diff options
105 files changed, 17 insertions, 9525 deletions
diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..328ffdf --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for +eBook #51029 (https://www.gutenberg.org/ebooks/51029) diff --git a/old/51029-0.txt b/old/51029-0.txt deleted file mode 100644 index daaeb0b..0000000 --- a/old/51029-0.txt +++ /dev/null @@ -1,4567 +0,0 @@ -The Project Gutenberg EBook of Letras, by Rubén Darío - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Letras - Obras Completas Vol. VIII - -Author: Rubén Darío - -Illustrator: Enrique Ochoa - -Release Date: January 24, 2016 [EBook #51029] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LETRAS *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals, Chuck Greif and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - - - - - LETRAS - - - LETRAS - - POR - - RUBÉN DARÍO - - ILUSTRACIONES - - DE - - ENRIQUE OCHOA - - Volumen VIII de las obras completas. - Administración: Editorial - MUNDO LATINO - - MADRID - - - - -LA CASA DE LAS IDEAS - - -I - -Esta frase de Elisée Reclus: «La ciudad de los libros» despierta en mí -este pensar: «las casas de las ideas». - -En efecto; si _la palabra es un ser viviente_, es a causa del espíritu -que la anima: la idea. - -Así, pues, las ideas, con sus carnes de palabras, vivientes, activas, se -congregan, hacen sus ciudades, tienen sus casas. La ciudad es la -biblioteca, la casa es el libro. - -Helas allí como los humanos seres; hay ideas reales, augustas, medianas, -bajas, viles, abyectas, miserables. Visten también realmente, -medianamente, miserablemente. Tienen corona de oro, tiara, yelmo, manto -o harapos. Imperiosas o humilladas, se alzan o caen, cantan o lloran. -Evocadas por el hombre, dejan sus habitáculos, abandonan sus alvéolos, -resuenan en el aire, o, silenciosas, penetran en las almas por los ojos. -Luego vuelven a sus casas, después de hacer el bien o el mal. - - -II - -Tenéis aquí una vieja catedral: es un misal antiguo. Muestra sus -ferradas y pesadas puertas; sus muros, sus esculturas, sus vidrios -coloreados, sus rotondas, sus flechas, sus agujas, sus campanarios. En -los nichos de las mayúsculas viven los santos, las vírgenes, los -mártires. A su rededor clama un pueblo de ideas santas, canta como a son -de órgano o al vago vibrar de tiorbas celestes. Las ideas angélicas, -encarnadas en palabras castas y blancas, dicen en coro rezos, himnos, -glorias, _hosannas_. Las martirizadas pasan purpúreas, cerca de los -azules y oros que pulieron los monjes. Unas llevan los ramos de lirios -en las manos, otras clavos, coronas de espinas o palmas. ¡Palmas! Cuando -el triunfo de Nuestro Señor Jesucristo llena las vastas naves, el pueblo -de ideas fieles se congrega. Es el ambiente de los profetas, el mundo de -los doctores, la atmósfera de los beatos. Un incienso de fe perfuma el -aire. Los altares, bellos de oro y de cirios, presentan la magnificencia -mística de sus arquitecturas. Por las cornisas, por los tallados de las -puertas, por los calados de las piedras, piruetean los demonios bufos -con los frailes obscenos; un cabrón que termina en largo y crespo -follaje vegetal, quiere ascender hasta la soberbia expansión de los -maravillosos e historiados rosetones. - -Esa vieja historia es un castillo feudal. Ois el cuerno del enano, -entráis por el puente levadizo. Encontraréis dentro al castellano, a la -castellana, a los pajes, a las dueñas. Las ideas están vestidas a la -usanza de entonces; todo es hierro, lorigas, caparazones; en los cintos -las espadas, en los blancos cuellos las golas; en los puños gerifaltes. -Y suena el rumor de las mesnadas de ideas. Ellas claman, vitorean, dicen -decires, cantan cantos, tienen sus fiestas, sus cacerías; pelean bravas, -juran y se signan, saben de respeto y de honor, de Dios y de los -caballeros. De noche, al calor del buen hogar, cuentan cuentos. - -En esa _Ilíada_ pasa, truena un mundo de ideas gigantescas; viven en -palabras desmesuradas, altas, vibrantes, sonoras, primitivas, divinas. -Hay ideas que pasan desnudas como Venus; otras que ululan como Hécuba; -otras heroicas y veloces como Aquiles. En esa portentosa ciudad griega -por donde quiera os halaga la maravilla del ritmo, reina la música en su -sentido original; al mandato de una lógica imperiosa, todo se mueve -obedeciendo al número; al paso escucháis cómo hacen vibrar el bosque de -aritmética las cigarras del verso. - -En ese usado _Ars Amandi_ os sonríen variadas y graciosas ideas -femeninas. Provocan, llaman a la batalla del amor; así como ese ojeado -Aretino, propiedad quizá de alguna refinada marquesa del tiempo pasado, -es un curioso prostíbulo. - -En las bibliotecas existe el «inferi», como en ciertos museos los -gabinetes secretos, y en los estereoscopios las vistas reservadas. ¿En -dónde había de estar sino en el infierno la _Faustina_ del divino -Marqués? - - -III - -Los impresores y los encuadernadores son los arquitectos de las ideas -congregadas. Ellos les levantan sus palacios, o las alojan en casas -burguesas; las adornan de formas elegantes, caprichosas, modernas, -graves, cómicas; las ilustran, las refinan o las ponen en aislados -ghetos; las colocan, las recaman de oro como si fuesen personas -imperiales; tapizan sus casas con las pieles de los animales, con -costosos pergaminos, telas ricas, sedas y galones. Muchas, fastuosas y -vulgares, moran en palacetes opulentos de keapsake; otras, hermosísimas, -puras, nobles, llevan pobremente en ediciones modestas su perfecta -gracia gentilicia. - -Las primeras son semejantes a ricas herederas, feas y estúpidas; las -otras a princesas olvidadas, hijas de reyes caídos, virginales, -supremas, avasalladoras por la sola virtud de su potencia nativa. Hay -unas heroicas, yámbicas, masculinas. Hay las soldados, espadachines, -verdugos, perros furiosos. ¡No toquéis a los que manejan ideas! - -Allí viven las ideas en sus casas, en sus ciudades e imperios, las -bibliotecas; tienen sus Parises, sus Londres, sus aldehuelas, sus -villas. En las puertas de sus mansiones se ven nombres anunciadores de -sus jerarquías, desde la _Biblia_ hasta _Bertoldo_, desde Hugo hasta el -Sr. X. Pues todo en ellas sucede como en los hombres, y así, son unas -porfirogénitas, otras plebeyas. Y como el hombre también, unas mueren y -caen en el olvido; otras ascienden a la inmortalidad, por la suma gloria -del genio. - - - - -PARÍS Y LOS ESCRITORES EXTRANJEROS - - -El influjo y el encanto de París son los mismos para todos; mas cada -cual los recibe conforme con su temperamento y su manera de encarar la -vida. París es embriagante como un alcohol; hay personas refractarias a -todas las alcohólicas intoxicaciones. Hay quienes hacen de París su -vicio. Hablo del París que produce la parisina, del París en que la -existencia es un arte y un placer. Tal París embriaga de lejos. El -chino, el japonés, el negro, el ruso, el yanqui, el criollo, sufren su -atracción de la misma manera. El paraíso, un verdadero paraíso -artificial, se reconoce a la llegada. El hechizo está en el ambiente, en -las costumbres, en las disposiciones monumentales, y sobre todo, en la -mujer. La parisiense sólo existe en París, afirmarían nuestros queridos -maestros M. de la Palice y Pero Grullo. Mas el efecto de París se -aminora o se agranda según la edad, los elementos de vida, los -caracteres y las aspiraciones. No se trata de razas ni de países. -Conozco por ejemplo dos vascos, Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu, en -quienes el influjo parisiense es nulo; en cambio hay innumerables vascos -que gastan su dinero y dan placer a sus sentidos y a su imaginación en -París, de la manera más meridional del mundo. En los escritores, en los -artistas, se nota la diferencia de comprensión y de impresiones. La -inoculación de parisina en unos es activa, en otros de mediana fuerza, -en otros inocua. De los metecos, son los rumanos y levantinos los más -accesibles a la parisinación completa. Los españoles resisten -fuertemente, en tanto que los originarios de la América latina cuentan -entre los que más se asimilan al medio y entre los refractarios. Véanse -algunos ejemplos. - -El marqués de Rojas vivía en París hace larguísimos años. Antiguo -diplomático, ha conocido buen número de testas coronadas y ha -permanecido en casi todas las cortes de Europa. Sus estudios preferidos -han sido investigaciones históricas, la literatura, y sobre todo, los -asuntos financieros, disciplina en que sobresale. Sus gustos, sus -hábitos eran los de un gran señor; y la vida de París le sentaba tan -bien, que ostentaba, no sin un justo orgullo, una florida y animada -senectud. Mas una vez que se le conocía y se le trataba, se veía que el -venezolano persistía, a pesar del tiempo, del medio y de las -frecuentaciones. Y en sus libros se revela poderoso el espíritu -hispanoamericano. Lo propio puede decirse de un cubano eminente, D. -Enrique Piñeyro. Crítico de alto valer, pensador ponderado, muy erudito -en literaturas extranjeras y en la española, sobre todo, guarda en su -espíritu la savia cubana, el aliento del terruño. Antiguo compañero de -colegio, amigo de la infancia, amigo hasta los últimos días, de José -María de Heredia, el poeta francés, ha publicado, después de varios -libros sobre asuntos literarios diversos, una monografía sobre José -María de Heredia. ¿El cubano francés? No, el cubano del todo, el autor -de la oda al Niágara. En ese trabajo, dice un periódico, «discurre el -señor Piñeyro con su acostumbrada sobriedad acerca de la vida breve y -agitada del cantor del Niágara, y a través de su prosa clara como las -ondas de un río, se destaca con calor y vida la figura del gran poeta; -se le ve muy joven estudiando a Homero y leyendo la Biblia en la ciudad -oriental; más tarde le vemos investirse de abogado ante la Audiencia de -Camagüey y ejercer la carrera al lado de su tío Ignacio en la poética -Matanzas. - -En esta ciudad se le ve esconderse y huir fugitivo para desembarcar -luego tiritando de frío en Boston, peregrinar en varias ciudades -americanas enseñando el español, sin saber aún el inglés, hasta que -apoyado con la influencia poderosa de Roca Fuerte, surge en Méjico como -uno de los consejeros de Guadalupe Victoria, el primer presidente -constitucional de aquella república. Allí trabaja tranquilo, crea -familia, y como obedeciendo a un sino incontrastable, le vemos pronto -envuelto en los tormentosos acontecimientos políticos que señalaron el -paso por el Gobierno mejicano del general Santa Ana. Mientras tanto aquí -en Cuba se le había condenado a muerte, y cuando, decepcionada el alma y -desfallecido el cuerpo, pidió y obtuvo regresar a la patria para abrazar -a su madre, no encontró nave que le trajera a tiempo, pues antes la -muerte, que le venía acechando, le arrebató la vida a los treinta y seis -años escasos de haberla padecido. Y ni aun sus restos han podido -recogerse, pues cerrado el cementerio en donde fué enterrado, se -mezclaron las osamentas para conducirlas al azar a otra parte.» - -Tal es la vida del egregio poeta cubano; tal es la gran figura literaria -cuya biografía traza con mano firme y límpida el señor Piñeyro. Si en el -renombrado crítico hubiese prendido bien la parisina, la monografía -hubiera sido escrita sobre el famoso sonetista, miembro de la Academia -francesa. La hubiera escrito en francés o la habría hecho traducir, para -que fuera gustada, ante todo, por el público parisiense; habría hablado -muy poco de la época de los primeros estudios en la Habana, y habría -sido minucioso en recuerdos respecto a la intimidad de Heredia con Hugo, -con Gautier y con todos los parnasianos; habría hablado de su salón -literario, de su biblioteca, de sus obras de arte, y el escritor no -habría revelado su origen de ninguna manera. Para el parisiense no -existe otro lugar habitable más que París, y nada tiene razón de ser -fuera de París. Se explica así la antigua y tradicional ignorancia de -todo lo extranjero y el asombro curioso ante cualquier manifestación de -superioridad extranjera. Ante un artista, ante un sabio, ante un talento -extranjero, parecen preguntar: ¿Cómo, este hombre es extranjero y sin -embargo tiene talento? Y el meteco que se parisianiza llega al mismo -grado de exclusivismo que el legítimo parisiense de París. - -El poeta cubano Augusto de Armas llegó a la gran ciudad ya poseído de la -locura de París. - -Escribió versos franceses admirables, se llenó del espíritu luteciano, -fué en el barrio latino como cualquier joven poeta francés de ensueños y -melena--y se lo comió París. No existía entonces el arribismo. El pobre -criollo vivía en su ilusión de gloria, dedicó poesías a todos los -mamamuchis de entonces, y fuera de Banville, que le escribió una carta -amable, nadie le hizo caso. - -Muchos de los que hemos venido a habitar en París hemos traído esa misma -ilusión. Mas hemos tomado rumbos diferentes. Yo he sido más apasionado y -he escrito cosas más «parisienses» antes de venir a París que durante el -tiempo que he permanecido en París. Y jamás pude encontrarme sino -extranjero entre estas gentes; y ¿en dónde están los cuentecitos de -antaño...? Gómez Carrillo es un caso único. Nunca ha habido un escritor -extranjero compenetrado del alma de París como Gómez Carrillo. No digo -esto para elogiarle. Ni para censurarle. Señalo el caso. El es quien -dijo, yo no recuerdo dónde, que el secreto de París no le comprendían -sino los parisienses. Los parisienses ¡y él! Si no ha llegado a escribir -sus libros en francés, es porque no se dedicó a ello con tesón. Mas en -su estilo, en su psicología, en sus matices, en su ironía, en todo, -¿quién más parisiense que él? Muerto Jean Lorrain, no hay entre los -mismos franceses un escritor más impregnado de París que Gómez Carrillo. - -Revolviendo nombres y categorías puede observarse: Tourguenieff estuvo -siempre en la estepa, Heine en el Walhalla, Wolff y Max Nordau en el -ghetto, Eusebio Blasco en Fornos, Moreas en la Morea, la señorita -Vacaresco en Rumania, Cantilo y Daireaux en la Argentina, Marinetti en -Milán, Bonafoux en España... Carrillo es el meteco más parisiense de -París. ¡Pues bien! El mismo Carrillo comienza a reconocer que más de una -vez se ha sentido desarraigado en la babilónica metrópoli. Y él no puede -quejarse de París, que bien se lo pudo tragar como se tragó a Augusto de -Armas y a tantos otros. París le dió su gracia verbal, su versatilidad -femenina, su sonrisa y el gusto por el refinamiento de sus placeres. -Carrillo vino muy joven. Habitó en el barrio latino en un tiempo en que -aún existía la bohemia y se amaba la poesía y el amor buenamente. Apenas -si comenzaban a causar su efecto los venenos baudelaireano y -verlaineano. Carrillo alcanzó las veladas de «La Plume». Tuvo buenos -compañeros. Le halagaron desde entonces; le publicaron en aquella -revista su retrato--un Carrillo adolescente y muy medalla romana--y -logró una, dos y no sé cuántas Mimís, en la edad más hermosa, con cuerpo -y alma de estreno. Con el tiempo evolucionó, con las ventajas y -desventajas del medio... No creo que pudiera nunca separarse de París, -aunque haya llegado a reconocer más de una de las falsías y engaños de -la adorable cortesana que lo hechizó. - - * * * * * - -Acabo de leer un pequeño libro del escritor dominicano Tulio M. Cestero. -En estas páginas hay una sensación de París, expresada en un diálogo de -transparente fondo psicológico. El autor expresa el encanto, el -embrujamiento parisiense en el espíritu hispanoamericano, y el peligro -del torbellino que atrae. No sé que haya permanecido largo tiempo en la -ciudad luminosa. Lo que sí sé es que ha peleado ruda y bravamente en las -revoluciones de su país, que es, entre los de la América revolucionaria, -el país de las revoluciones. «Hemos hecho la guerra, dice, desde los -días del descubrimiento. En el alma nacional lidian la tristeza del -indio, el dolor del negro esclavo y la nostalgia del español aventurero, -terrible herencia de odios que nos ha hecho un pueblo triste y -levantisco.» Ha descrito, en prosa orgullosa y gallarda, escenas de las -luchas arduas en que ha tomado parte. Deja ver ingenuidades de roca -nativa, y en ellas el más puro oro cordial y diamantes generosos. Aun -perfumada el alma del soplo de las patrias selvas, llega a Lutecia. Está -en el bulevar. Párrafos del diálogo que he citado nos darán la impresión -que buscamos: - -«_Marcelo._--El bulevar... ¿Has leído la reciente novela del corrosivo -ironista La Jeunesse? Cuántos pensamientos en nuestras tierras de -América se orientan hacia esta congestionada arteria donde el placer y -el dolor forman una ola impetuosa. Venir a París, trotar por el bulevar, -es la aspiración tenazmente perseguida de los intelectuales, políticos, -mercaderes y mundanos de nuestras tierras calientes. Y casi tienen -razón. Es única esta vía que encierra un mundo en algunos metros; ni -Picadilly, de Londres, ni Unter den Linden, de Berlín, ni Broadway, de -Nueva York, producen esta impresión de onda que acaricia y flagela al -mismo tiempo; es una corriente que arrastra. Sí, pero es un río formado -por los apetitos, las ambiciones, los dolores, las alegrías en delirio -que bajan rugientes de Montmartre, de Batignolles, del barrio latino, de -más lejos aún, de los cuatro puntos cardinales del globo, y en -confluencia forman esta corriente que parece mansa y es pérfida, -poderosa, cuyos remansos son las terrazas de los cafés. ¡Qué gloria -enfrenarla y domarla; pero qué energías formidables se necesitan! -Sondear su fondo me marea, y las bascas amargan mis labios. - -_Andrés._--Por el contrario, yo siento una sensación de fuerzas nuevas, -alegres, un vehemente anhelo de conquistar el aplauso de esos hombres y -el amor de esas mujeres; de erigirme un pedestal con las cabezas -erguidas bajo las plumas o las sedas de los sombreros caros, y me digo -cada vez: «París, tú serás mío». - -_Marcelo._--Ilusión. - -_Andrés._--París es inconquistable, indomable; olvida en la noche sus -amores del alba. Es inútil empeño querer aprisionar el agua en el puño. -Es en las tierras de América, que nuestros padres han regado con sangre, -donde hemos de realizar la acción de nuestros sueños. A París viene todo -el oro de nuestras minas, en monedas y en pensamientos; y a los que -llegan fuertes, jóvenes, sanos, con la primavera en el alma, París los -devuelve enfermos, viejos, rotos. Café de la Paix, Americain, Maxim’s, -cocotas, sombreros, sonrisas, grupas. Marcelo ha de sentir el influjo, -la atracción, y después de una noche blanca, después de una borrachera, -ha de exclamar al ir en el frío de una madrugada parisiense: «Me -envuelve la ola, me desarraiga, me arrastra, en el torrente, voy aguas -abajo... Este cielo es un trapo sucio y no hay sol, no hay sol... el -sol». Ciertamente, en París no sólo hay grupas y sonrisas de venta, y -cafés alegres. Mas, entre todos los que vienen, nadie prefiere Madame -Curie a Mademoiselle Liane de Pougy. Y París, sobre todo, es mujer. Es -la hembra. Y Cestero se va al Congreso de La Haya y luego partirá para -Santo Domingo, a pelear quizá con los revolucionarios. Pero donde, por -dentro y por fuera, tendrá el sol. Su sol. - - - - -VIDA DE LAS ABEJAS - - -Después de haber publicado Maurice Maeterlinck su «Vida de las abejas», -vió que su libro era bueno. El público y el editor fueron de su misma -opinión. Así el autor prosigue en sus incursiones de poeta y de filósofo -en el reino de la naturaleza. El libro sobre las flores, como el -conocido sobre las abejas, está libre de toda pedantería científica. El -autor declara al comenzar: «Quiero simplemente recordar aquí algunos -hechos conocidos de todos los botanistas. No he hecho ningún -descubrimiento, y mi modesta contribución se reduce a algunas -observaciones elementales. Claro está que no tengo la intención de pasar -en revista todas las pruebas de inteligencia que nos dan las plantas. -Esas pruebas son innumerables, continuas, sobre todo entre las flores, -en las cuales se concentra el esfuerzo de la vida vegetal hacia la luz y -hacia el espíritu.» En todo naturalista diríase que hay algo de poeta. Y -todo poeta encuentra motivos de meditación y de emoción en las mil -formas en que se manifiesta la voluntad de vida sobre la tierra. Dos -autores que fueron de los primeros en la dirección del movimiento -simbolista en Francia, dos antiguos idealistas, son los que hoy producen -estas obras de un género nuevo en que se junta la observación científica -y la literatura: Maeterlinck y Remy de Gourmont. Con la diferencia de -que el primero ha permanecido fiel al misterio, al más allá, y el -segundo ha evolucionado hacia una concepción absolutamente materialista -del universo. Pero ambos son escritores de su tiempo, y la «Física del -amor» debe complacer a quien escribió la monografía sobre las abejas, y -estas páginas excelentes sobre las flores. - -Ignoro si tuvo ocasión antes de morir, el lamentado André Theuriet, de -conocer el volumen en que me ocupo. Tan sincero y apasionado «forestier» -habría gozado de todo corazón con ver tratada tan sutil y delicadamente -lo que llamaríamos el alma de esas cosas tan amables y tan encantadoras -que representan como la gracia femenina en el mundo de las plantas. Las -flores aman, las flores tienen designios, las flores luchan y vencen en -contra de las disposiciones del destino. Uno rememora las concepciones -de Ovidio; y se llega a imaginar que algo que se relaciona con lo -humano obra en la planta después de misteriosas y extraordinarias -metamorfosis. - -En el poema latino Dafne se transforma en laurel, Siringa en caña, -Narciso en flor de su nombre, Driope en loto, Jacinto en flor, Mirra en -árbol, Adonis en anémona, las Ménades en árboles, Ayax en jacinto, Apolo -en olivo. ¿Quién no ha visto, con la ayuda del pensamiento y de la -imaginación, gestos y ademanes en los árboles, coquetería, o modestia, o -lujuria, o voluptuosidad, u orgullo en el imperio floral? El buen -sentido de las naciones ha hecho muy justas denominaciones simbólicas, y -el sencillo y antiguo «Lenguaje de las flores» contiene una crecida -cantidad de correspondencias, como diría un swedenborguiano. Es el mismo -Swedenborg quien dice esto: «El hombre se asemeja a los animales por las -afecciones y los apetitos de su natural; se abandona a los impulsos de -ese apetito y se acerca a los animales con que tiene más correspondencia -y relación. De allí viene que en uso ordinario se le compare con ellos. -Si es de un carácter dulce, pacífico, se dice: es un cordero. Si es -duro, implacable, cruel, se le califica de oso, tigre; si es voraz, de -lobo; si es glotón, de cerdo; si es engañador, de zorro, y así de tantas -otras maneras de decir, fundadas en las correspondencias entre el hombre -y los animales; correspondencias o relaciones conocidas, pero sobre las -cuales no se reflexiona lo bastante para darnos cuenta de mil cosas, -tanto naturales como espirituales, que el hombre ignora. Esta -correspondencia existe también con el reino vegetal.» Esta última frase -la subraya Robert de Montesquiou a propósito de las «Flores animadas» de -Grandville. Un delicioso poeta mejicano, ya desaparecido, Manuel -Gutiérrez Nájera, animó líricamente también a esas lindas criaturas, en -sus versos sobre «La misa de las flores», inspirados por unos de Víctor -Hugo en las «Chansons des rues et des bois». - - J’errais. Que de charmantes choses! - Il avait plu; j’étais crotté; - Mais puisque j’ai vu tant de roses, - Je dois dire la vérité. - J’arrivais tout près d’une église, - De la verte église du bon Dieu, - Où qui voyage sans valise - Ecoute chanter l’oiseau bleu, - C’était l’église en fleurs... - -Y en otra poesía también se animan las flores, en la que él titula -«Celebración del 14 de Julio en la floresta»; y en otra aún, «La santa -capilla», que acaba: - - La bouche de la primavère - S’ouvre et reçoit le saint rayon; - Je regarde la rose faire - Sa première communion. - -Maeterlinck, por su parte, observa la íntima volición de las vegetales -familias, sujetas a la tierra, mas sin embargo, conmovidas por la -universal ley de fecundación y de vida. Él no trae nada nuevo, como lo -ha advertido; mas de hechos conocidos en botánica él saca consecuencias -que hacen meditar, une con una suerte común el alma de las flores con el -alma de los hombres... Saint Pierre, el dulce e ingenuo Saint Pierre, -aplicaba a tales asuntos sus inofensivas filosofías. Mas ya hay -distancia entre el seráfico abuelo y el creador enigmático de -Tintangiles, de Maleine, explorador sombrío de lo desconocido, de la -muerte, del ensueño, de la previsión, del azar, del destino. - -Es después del descenso repetido a la más obscura y temerosa de las -minas del cerebro, que viene el místico moderno, a inclinarse en -observación sobre el cáliz de una rosa, sobre la blancura de un lirio. Y -a vislumbrar en el fondo de todos esos deliciosos aparatos, una luz de -probabilidad consoladora, en el perpetuo enigma en que se agita la -humanidad desde lo recóndito del tiempo. - - - - -LUIS BONAFOUX «BOMBOS Y PALOS» - - -Las apariencias: Luis Bonafoux, hombre terrible... La realidad: Luis -Bonafoux, hombre suave y cordial... Quien dice el hombre, dice el -escritor. Porque convenceos de que la frase de Bouffon--que generalmente -se cita mal,--se debe entender al revés: el hombre es el estilo. Por lo -general, en lo físico, se observa que las personas robustas, los -colosos, los hércules, los fuertes, son de carácter dulce y más -propensos a la alegría que al humor agrio y melancólico. En lo moral -sucede lo mismo: guardaos de las almas flacas, de las almas pálidas. -Luis Bonafoux es un amante de la justicia, y su pasión lo ha llevado a -veces hasta la crueldad. Y ese vociferador, ese combatiente, ese -perseguidor, ese «maître aux injures» que aparecerá a veces como un -espíritu tendente al odio y a las más ásperas venganzas, tiene en el -fondo desmayos hacia la caridad, aflicciones de altruísmo, -consagraciones de sacrificios, ímpetus de ternura que parecerían -increíbles. Cuando le oigo en ocasiones, o cuando leo algunas de sus -ácidas páginas que terminan generalmente en un suspiro, en una sonrisa o -en una lágrima, recuerdo aquella admirable figura de abuelo gruñón y tan -sensible que encarnó Hugo en el M. Guillenormand de _Los Miserables_. O, -en lo contemporáneo y de carne y hueso, evoco la memoria de una Luisa -Michel o el aspecto de un Rochefort, de un Malatesta, o de un León Bloy, -plumas furiosas por exceso de amor, cada cual en su ambiente de ideas, o -en su ráfaga de aspiraciones. - - * * * * * - -La obra de Bonafoux demuestra lo vano de la diferencia que ha querido -hacerse entre escritores y periodistas. No existe después de todo sino -esto: hay periodistas que saben escribir y periodistas que no saben -escribir; hay quienes tienen ideas y quienes no tienen ideas. Y, como -decía una vez el sesudo y acre Paul Groussac, más o menos: hay quienes -no escriben ni bien ni mal; ¡no escriben! Mas hay artículos de -periodista que valen, por fondo y forma, lo que un buen libro. -Desconfiad de la fecundidad, de la cantidad. De Magnard díjose que -escribía sonetos políticos. Las crónicas de Bonafoux serían así -sonetos, rondeles, letrillas, sin rimas: aladas, picantes, ligeras, -_pesadas_, con su poco de miel, con su poco de amargura, tal como -hubieran podido complacer a cierto ruiseñor alemán que anidó en la -peluca de Voltaire según confesión propia, y a quien también se puede -colocar entre los «periodistas». ¿No es un periodista ya aquel Séneca -antiguo que nos ha dejado tan singulares «crónicas» _avant la lettre_? - -Para buscar antecesores a Bonafoux no hay necesidad de ir a extranjeras -tierras. Sus abuelos mentales están en España. Se ha hablado de Heine. -Pero ¿no es Cervantes uno de los espíritus que más influencia tuvieron -en el atormentado y maravilloso teutón? Estaba yo releyendo en estos -días el «Centón epistolario» del bachiller Fernand Gómez de Cibdareal, -cuando recibí la reciente obra «Bombos y Palos»; y leyendo el libro -nuevo observé que a través de largos siglos, había más de una relación -ancestral con el libro viejo. He allí otro periodista, aquel bachiller -que escribía, antes de Barrionuevo, sus cuartillas a las personas, como -hoy se escriben a los diarios. Mas la vida moderna y la lucha del vivir, -y los años que dejan ver lo amargo de las cosas humanas, han puesto en -mi amigo Bonafoux una acritud que no desea disimularse, y que aparece -casi siempre en su producción. - -¡Por Dios! Encontramos gentes que de todo sonríen, o ríen, satisfechos, -y que todo lo encuentran excelente en el mejor de los mundos posibles. -No está mal que ante la fácil «candidez» surjan de tanto en tanto los -protestantes contra las inevitables miserias en las tragedias y sainetes -de la hostil existencia cotidiana. Y luego, a desfacer entuertos. He -allí la parte del eterno Quijote, en el defensor de los débiles, sin -curarse de si una vez los galeotes libertados, no se volverán contra él -y le lapidarán, como es muy de razón que así sea. ¡Y el amor de la -verdad, el peligroso amor de la verdad! Decir la verdad, gritar la -verdad, a riesgo de las naturales consecuencias, y prestar para ello su -vocabulario al argot, a los clásicos, a Quevedo sobre todo, y, sin temor -a lo escatológico, ¡al mismo general Cambronne! Y en seguida gemir por -un niño mártir, por un dolor ajeno, por una tristeza que necesita -consuelo... Bonafoux el Feroz se convierte en San Luís Bonafoux. - - * * * * * - -Al recorrer este último libro, no puedo menos que pensar: ¡Si Bonafoux -escribiese sus memorias! Pues hay aquí las más sabrosas páginas sobre -españoles e hispanoamericanos en París. Artistas, escritores, -diplomáticos, hombres de bien y pillos están tratados conforme con sus -merecimientos. Y desenfadadamente, para unos maneja el sonoro -instrumento en que por lo general se percute la piel de los asnos; para -otros, también desenfadadamente, emplea un nudoso garrote. Sobre todo, -no caben en él disimulo y engaño. _Mentiri nescio._ Mas, en medio de -esas tareas, no descuida el ir una que otra vez a dar una vuelta por su -jardín. Y allí están, cultivadas casi con pudor, casi a escondidas, -bellas rosas de arte, frescos lirios de sentimiento, frías y pomposas -hortensias de fantasía. Lo cual no obsta para que, en cuanto sale de -nuevo a la diaria faena, no deje de gritar por ejemplo: ¡Vaya cardo! y -lo dé por espuertas a los que de ello han menester. - -En Asnières, lugar florido, lejos de los ruidos de París, tiene hace -tiempo su casa de trabajo y de reposo, al amor de su familia, pues es -varón de orden y de hogar. Cuando viene a París, casi siempre está -acompañado. La persona que con él podéis ver, puede ser un príncipe -destronado, un periodista, un hombre de negocios, un anarquista. Unos le -buscan por asuntos de bombos y otros por asuntos de bombas... Tal su -ministerio. - -Tiene larga fama. Hay quienes en Río Janeiro, o en Tánger, leen tales o -cuales diarios por el artículo de Bonafoux. Y lleva la carga de su -talento, con talento. Y la cinta de la Legión de Honor, con honor. - - - - -EN EL PAÍS DE BOHEMIA - - -He visto varias veces el «Glatigny» de Catule Mendès. Es un bello -espectáculo. Bello como el ensueño y triste como la vida. Glatigny, -príncipe y fauno de un cuento improbable, es un personaje de ayer no -más, de carne y hueso; poca carne, huesos largos, pálido y soñador, -nefelíbato y lascivo, que murió tísico por una equivocación. Un bohemio. -Muchos amigos suyos existen aun, entre ellos el mismo Mendès. Vive -también un su hermano, en provincias. Y Camille Pelletan, el que fué -ministro de Marina, también fué de sus compañeros y acaba de hacer de él -este amable retrato: «Sí, dice, he conocido a Glatigny y su figura era -de las que uno no olvida. Pocas he visto tan extrañas y tan potentes. -Este pagano furioso parecía descender por cierto lado del Sátiro de -Víctor Hugo, suelto en los bosques llenos de ninfas y de náyades, ebria -el alma de las florestas; y es sin duda por un recuerdo de familia que -ha escrito un día: - - Et je danse dans l’herbe avec des pieds fourchus. - -Pero por otro lado de su genealogía, la sangre que corría en sus venas -era bien gala: descendía de Rabelais por Panurgo. Tenía de él la risa -estallante, el don de las bromas enormes, la pasión de las aventuras y -la alegre imprevisión. Debo agregar que no era todo lo que esa -naturaleza valiente y leal había tomado al compañero bastante cobarde y -bastante perverso de Pantagruel, de Epistemón y de frère Jean des -Entommeures. Cómo, con ese doble origen, nació hijo de gendarme en su -muy prosáico _cheflieu_ de cantón de l’Eure, es lo que sería difícil de -explicar. Sabéis que, como el mundo contemporáneo no tiene lugar para -los seres fantásticos de antes, él se encontró arrojado en la existencia -azarosa de los personajes de la novela cómica de Scarron: cómico errante -como Destin o La Rancune; yendo de escena de provincia a escena de -provincia; tan detestable actor por otra parte (no lo ocultaba él mismo) -como excelente poeta». - -Hugólatra, discípulo de Banville, compañero de Baudelaire, de Mendès, de -los jóvenes poetas que hoy peinan canas o duermen en la tumba, Glatigny -vivió en un tiempo de entusiasmo que hoy nos parece tan lejano, y -exprimió el jugo de sus «viñas locas» y lanzó, lleno de un fuego -apolíneo, sus «flechas de oro». No pensó nunca en el mañana. Le -persiguió naturalmente la miseria; le abrumó la vida de café; le -engañaron los colegas, las mujeres, el éxito, las máscaras: la Gloria, -ella no, no le olvidó. - -Glatigny es uno de tantos Don Quijotes como vagan por el mundo. -Solamente, en el drama funambulesco de Mendès muere sin recobrar la -cordura. Su Dulcinea, sus visiones, hechas de fantasía y deseo, le -acompañan en la agonía, y, seguramente, aunque sin confesión y sin buen -sentido, se va a la mortal sombra misteriosa, más feliz. Se va para -siempre en su postrer «salida». - - * * * * * - -He aquí el drama: En un pequeño pueblo normando vive Glatigny, con su -padre, un simple gendarme. El poeta, que como ya sabéis, si tiene en el -alma una estrella, esa estrella está encerrada en el cuerpo de un -sátiro, que danza sobre la hierba con sus pies hendidos, el poeta está -en vagos amoríos con la empleada del correo, Emma, pobre mujer que está -ciertamente enamorada del fantástico joven, y que, mayor que él, le -quiere casi maternalmente. Una compañía de cómicos de la legua pasa por -el pueblo. Están sin un cuarto y quieren irse sin pagar el hospedaje. -Así, de noche, comienzan a poner en práctica la fuga. Entre ellos hay -una guapa mocetona, Lizane, querida de uno de los cómicos, Fassin--pues -hay allí tres de los que figuran en las Odas funambulescas de Banville: -Neraut, Fassin y Grédelu. En momentos en que Lizane ha saltado por una -ventana a la calle, medio vestida, Glatigny sale de casa de Emma; al -ruido se esconde Lizane en un boscaje próximo. Glatigny la divisa y -corre hacia ella. El sátiro y la ninfa. Palabras, audacias, versos -lindos. Glatigny se enamora y, con anuencia de Lizane, que le ha contado -la vida de los poetas de París que ella conoce, allá en el café--¡sueños -de Glatigny!--se va con los de la farándula a la capital, no sin antes -pagar, con dinero que le ha dado la misma Lizane, la cuenta del -hotelero; y halagado por la canción que es como la Marsellesa de sus -ensueños: - - Avec nous l’on chante et l’on aime! - Nous sommes frères des oiseaux. - Croissez, grands lys! chantez, ruisseaux! - Et vive la sainte Bohème! - -Y en el pueblecito queda la triste Emma, que ha hecho todo lo posible -con sus súplicas para que la voluptuosa cómica errante le deje a su -amado. - -En el acto segundo Glatigny está ya en París, y en casa de Émile de -Girardin que está para ser nombrado ministro, y cuya secretaría va a -solicitar el bohemio. Mal vestido, pero ya con cierta fama y con un tupé -colosal, comienza en la antesala del periodista famoso y rico por -comerse los bizcochos y beberse el oporto de los visitantes. - -Entra en esto Mme. d’Elfe, una embajadora--la célebre princesa de -Meternich, que aún vive en Viena--llena de elegancia y de gracias. Viene -a politiquear, intrigante y buena amiga de Napoleón III, con Girardin. -Diálogo lleno de curiosas cosas, entre poeta y embajadora. Ella queda -sorprendida y contenta de las ocurrencias y galanterías del flaco y -lírico tipo, que le confía su calidad de poeta y de actor y que -incontinenti le hace unos versos, que escribe en un precioso carnet de -la princesa. Ésta arranca la hoja escrita, y ofrece el carnet a -Glatigny, que rehusa el regalo. El carnet está cubierto de piedras -preciosas. En cambio pide la rosa roja que adorna el tocado de la alta -dama; la cual accede, pero viendo que el galante hombre va a besar la -flor, le dice orgullosamente: - -...Pourtant quelque jour de peine plus étrange - Et moins fière, s’il vous plaisait de faire l’echange, - N’hésitez pas. N’importe quand, et n’importe où, - Renvoyez moi la fleur, vous aurez le bijou. -...Je ne crois pas vous la rendre jamais! - -exclama Glatigny. Y envuelve la rosa en un autógrafo de Banville que él -guarda preciosamente. La conversación sigue hasta la llegada de -Girardin, al cual pide la princesa que modifique un artículo que está ya -en prensa. El diarista accede, manda suspender la tirada y busca a su -secretario, que ha partido; la princesa le recomienda a Glatigny, que -empieza al instante sus funciones... que abandonará pronto por voluntad -propia. Sale Girardin. Y entra Lizane, que había quedado fuera esperando -al poeta. Conversación agitada. Lizane manifiesta que, una vez más, -quiere dejarle, e ir a probar fortuna en calidad de cocota. - ---¿Ah? ríe Glatigny. - -...Oui, j’ai fait emplette, - D’un nom ducal, chez la marchande de toilettes - Hermine de Bréda. - -Está bien. Y se despiden. No sin que antes le aconseje Lizane al -abandonado que se junte con la hija de un músico de cervecería, la -adolescente Cigalón, no bonita, pero que está profundamente enamorada de -él. El acto acaba con la salida de Glatigny de su famosa secretaría y -con el horror de Girardin y la risa de los que llegan y acaban de leer -el diario recién aparecido. ¡El loco había escrito en verso el artículo -dictado! - -Tercer acto. La cervecería des Martyrs, que M. Audebrand acaba de -desenterrar en uno de sus últimos libros. Centro de la bohemia, lugar en -que se encuentran todos los comedores de azur y bebedores de toda clase -de cosas, pintores, músicos, poetas melenudos, batalladores, templo -tumultuoso en que se lanzan las más raras paradojas, se ríe, se combate, -se besa a las muchachas y se imaginan todas las filosofías y locuras. El -icono de ese lugar es el de Mürger. Allí aparecen personajes como -Olivier Metra y Courbet, tipos como el del fracasado Morvieux, que son -de todos los tiempos, y el coro de buscadores, de seguidores, de -acólitos, de bohemios. Glatigny está desesperado por la separación de -Lizane, y no comprende o no hace caso de la pasión ingenua de la pobre -hija del músico de Cigalón, que procura darle algún consuelo. Ella sabe -por qué sufre el poeta y le dice sus más suaves palabras y le anuncia -que la otra ha de volver, que no sufra, que pronto ha de verla. Y Lizane -vuelve, porque su amante, el cómico Tassin, está preso, porque no -solamente vive de ella sino que ha robado. Y engaña de nuevo a Glatigny, -que cree ciertas sus promesas de amor, sus frases que le enloquecen. La -desventurada Cigalón ve el gozo del que ama por el retorno de Lizane, y -llena de pena, al verlos partir juntos, va a llevarse a su padre, al -músico _raté_, comedor de haschis, que vive su miseria en paraísos -artificiales; y cuando quiere levantarle de la mesa en que está -inclinado, le encuentra muerto. - -En el acto cuarto Glatigny está unido a Emma y ambos trabajan en la -Alhambra, ella en su repertorio cantaridado, él como improvisador. El -público ve, al mismo tiempo, el escenario de la Alhambra, el cuarto de -vestirse de Lizane y el de las demás artistas. Lizane, en una escena se -muestra triste y de mal talante; y como Glatigny la pregunta el motivo, -ella le hace ver que necesita dinero, bastante dinero, para vivir sólo -para él, una vida de amor... El desastrado soñador se desespera... y -por fin promete a la pérfida el dinero. Tiene allí cabalmente la rosa ya -seca de la princesa d’Elfe; y en una salida que hace Lizane a escena, él -envía a la princesa, que casualmente está en un palco, la rosa. Y en -seguida recibe el carnet, que pasa a manos de Lizane. A esto ha venido a -buscarla Tassin, que ha cumplido el tiempo de su prisión, y ella se va -con él, mientras Glatigny improvisa ante el público, acompañado por el -violín de Cigalón... La desesperación de Glatigny es inmensa, y mayor la -de Cigalón, que ha de echarse al Sena en breve. - -El último acto. El poeta, el amante pródigo, ha vuelto a su pueblo -natal, ya tísico; y vive unido a Emma, que le recibió con los brazos y -el corazón abiertos. Él guarda el recuerdo de sus pasados días. En su -gastado cuerpo no han muerto ni el soñador ni el sátiro. Pero la -enfermedad ha ganado ya mucho terreno, todo el terreno. Y cuando llega -la noche y Emma le acuesta, después de un acceso, él finge quedarse -tranquilo, dormir. La buena mujer se va confiada a su reposo. Y el -lunático, el Quijote de la rima y de la carne, se levanta, como en un -delirio. Le ha vuelto más viva que nunca su locura; busca su maleta -vieja, sus papeles viejos, y sale a proseguir sus aventuras, sale a la -calle, y al campo, sobre la nieve... Y muere en su sueño, con el beso de -la esperanza en los labios: - - Bah! je leur reviendrai chargé d’or et de gloire! - -Ahí le encuentran por la mañana, helado de muerte y de nieve. - ---«Pauvre petit!»--suspira la pobre Emma. - - * * * * * - -De uno de los pasados dramas en verso de Mendès decía Jules Lemaître que -parecía escrito por Víctor Hugo. Este parece escrito por Rostand, siendo -asimismo y por lo tanto huguesco, de un Hugo modernizado. Hay en -Glatigny bastante de Cyrano. ¿No son ambos hermanos por la luna y por el -quijotismo? Al uno le amortaja el otoño, al otro el invierno... A ambos -hieren amor e imposible. Mendès ha hecho todo lo que ha querido, con su -talento tan fuerte, tan bello y tan flexible. Ha hecho cosas como Hugo, -como Leconte de Lisle, como Banville, como Baudelaire, como Verlaine, -como los parnasianos, como los simbolistas, como los decadentes. Y -además, como Mendès. Tiene una obra enorme y varia, y un espíritu -siempre fresco y vivaz. Es, indudablemente, un gran virtuoso; pero es -también, indudablemente, un grande y magnífico poeta. - - - - -EL MILAGRO DE LA VOLUNTAD - - -Al acabar de leer un reciente libro de León Daudet, _La lutte_, he -sentido un gran bienestar. He pasado una colina para ir a ver el Océano. -Venía sobre las olas un viento sano. El día estaba un tanto ardiente, -mas soplaba frescor la inmensidad marina. Y pensé: la vida es hermosa; -la naturaleza es la concreción de la vida. El hombre debe encontrar en -la aflicción de su pensamiento su propia esperanza. Aprovechemos el lado -sonriente del misterio. Seamos los perseguidores de la alegría. Más de -la mitad de la alegría, si no toda la alegría, está en la salud. Seamos -los perseguidores de la salud. Dediquémonos a ella hasta conseguirla lo -más completa posible. Mantengamos los órganos de nuestro cuerpo lo mejor -que podamos. Más hace por nuestras penas morales nuestro hígado que -nuestras penas morales mismas. - -El amor completo, el sabor de la gloria, el impulso generoso, la -concepción luminosa, necesitan del buen estado de nuestras vísceras. La -ciencia de las ciencias se llama Higiene. - -Mientras nuestra alma permanece en su casa de carne, nuestra alma es -fisiológica... Ordenémosle bien su casa. Con nuestro principal poder, -con nuestra principal riqueza: la voluntad... De pronto observo: ¿este -optimismo no será sospechoso? Arthur Symons ha escrito: «La mayor parte -de los que han escrito de una manera seductora sobre el aire libre de lo -que llamamos las cosas naturales y florecientes, han sido enfermos: -Thoreau, Richard Jeffries, Stevenson. El hombre fuerte tiene tiempo de -ocuparse en otra cosa, puede abandonarse a pensamientos abstractos sin -tener un lanzamiento al cerebro, puede perseguir objetivamente las -consecuencias morales de la acción, no está condenado a los solos -elementos de la existencia. Y en su tranquila aceptación de los -privilegios de la salud ordinaria, no encuentra ningún lugar para ese -éxtasis lírico de las acciones de gracias que un día claro o una noche -tranquila despierta en el enfermo.» ¿Y si para la exaltación del arte el -hombre «sano» no existe, por lo menos en lo que toca al aparato -nervioso? Tanto mayor razón entonces de fortalecernos y mantener en el -mejor estado posible el mecanismo de la máquina animal. Y en tal caso, -evitar ante todo cualquiera de las puertas señaladas con un peligroso -signo mágico, por las cuales se entra en los paraísos artificiales. -Epicuro, Anacreonte, se quedan a la entrada. Omar Kayam, Poe, Musset, -Quincey, Verlaine, penetran, y cuando retornan vienen pálidos de haber -visto el infierno de los infiernos. - - * * * * * - -El personaje principal de la novela de León Daudet es un joven médico -que en lo mejor del goce de su fresca juventud se siente presa de la -tuberculosis. Para calmar sus males, o por el terror de su dolencia -irremediable, se entrega a la morfina. Entre las más horribles -agitaciones de su vicio, cuando el remedio ha resultado peor que la -enfermedad, una resolución firme, ayudada por la constancia de buenos -espíritus, por un noble amor, y a la verdad, por los medios que puede -procurar una fortuna, triunfa de todo el daño. La voluntad ha vencido a -la tuberculosis y a la morfinomanía. Esa es toda la novela. Los -incidentes son variados y curiosos. El estilo es el que el autor ha -hecho admirar por su vigor y concentración en obras anteriores. - -Pierre Guisanne, el héroe, a pesar de su dedicación a la medicina, -«n’est pas un savant, c’est un artiste», como pensaban sus camaradas; y -al sentirse tuberculoso ha de haber recordado quizás ciertas palabras de -Thomas de Quincey, en las que se refiere a que «bien podría ser (el -opio), y lo pienso según un hecho absolutamente convincente para mí, el -único remedio que haya, no para curar cuando ya ha estallado, sino para -detener, cuando se halla en estado latente, la tisis pulmonar, ese azote -tan temible en Inglaterra.» Guisanne se deja poseer del espanto de la -muerte inevitable. El opio, o su alcaloide, le libra de la fatal idea -fija, le crea un estado de alma nuevo, le mata el miedo. Ante la -perspectiva del anonadamiento en la tumba, se acelera su deseo de vivir. -Se impone el soplo de la vida ardiente. Él va en un querer frenético al -placer y a la embriaguez que le hace aprovechar la eternidad de los -instantes. La furia del gozo por la inminencia del aniquilamiento. -Recuérdense las admirables páginas de Renan en la _Abadesa de Jouarres_. -Es un «parisiense», una «persona muy parisiense», ese joven deseoso de -todos los goces y que lleva la existencia de París como la más agradable -de las cargas. Su viejo padre vive en provincia, es un sabio discreto. -Él cumple con el programa del buen vividor en la capital de las -capitales: amigos diversos, también «muy parisienses», queridas, -diversiones, elegancias, citas, adulterios, ventajas de soltero. Hay -tipos perfectamente delineados y copiados, seguramente, de lo vivo, de -los conocimientos de M. Daudet; gentes de letras, ridículos y malos, -exquisita canalla; mujercitas, «snobinettes», como dicen en París, -impregnadas de vicio y de vicios; donjuanes vaudevillescos, y, demás -está decirlo, cocotas de fama y clubmen; y también generosas almas, -excelentes corazones, varones de bondad y experiencia, y un lirio de -mujer, la novia salvadora. Cuando de repente, brota la primera sangre -por la boca y el gozador contempla en su imaginación el fantasma de la -tuberculosis, todas las ilusiones se vienen abajo. Alguien turba la -fiesta... El se hace ver por uno de sus profesores, Contrat, hombre de -seso y con conocimiento del mundo. «La voluntad, le dice, es lo -contrario de la preocupación. Ella es un esfuerzo momentáneo, pero -serio, en tanto que la preocupación es una vana y constante «revêrie»... -¿Sois creyente? Guisanne le contesta que es casi indiferente en materia -religiosa. Que ha nacido en la religión católica, que tiene simpatía por -las ideas de libertad que hay en ella y que son un feliz contrapeso al -fanatismo materialista; pero no practica desde la edad de doce años, -desde que perdió a su madre. «Je vous avoue que n’ai pas prié...»--¡Ah, -tanto peor!, dice Contrat. «Contrat se había levantado y venía hacia mí -lentamente, como si hablase a sí mismo en una semimeditación.--«Sí, he -notado que los creyentes resisten más, en ese caso, que los otros. Es -una escalera que hay que volver a subir... y ellos tienen una rampa; -¿comprendéis? Os parecerá divertido que el viejo maestro os hable de -este modo. Ciertamente, yo he sido un famoso escéptico. Pero estoy en -vía de evolucionar. Mi sobrina Blanca es tal vez la causa..., o la -experiencia..., o el trabajo de los abuelos en mí... En todo caso -vuestra sensibilidad ha permanecido cristiana. Sin duda. Y bien, mi -querido hijo, poneos en la actitud moral que corresponde a la esperanza -del milagro lo más a menudo que podáis. Quiero decir, implorad de -vuestra voluntad, de las fuerzas desconocidas, de lo que gustéis, la -curación súbita y radical... Hay un estado de receptividad moral para el -bien como para el mal; eso es lo que es verdad, y los tejidos no son -insensibles a eso. El escepticismo predispone a la ruina.» - -Esto constituye la base principal de la fabulación, que hay que -considerar como tomada de algún ejemplo viviente, ya que no relacionada -con el más útil, digno y generoso de los casos autobiográficos. Así, -pues, Guisanne, con todo, y su respeto por el profesor, se deja vencer -por el terror inmediato, y antes que recurrir a la fuerza voluntaria o a -la fe religiosa, se intoxica. - -Un compañero médico le dice: «Yo no me atrevo a aconsejarte el opio -porque es contrario a todas las doctrinas corrientes... y luego es el -diablo para librarse de él...» El enfermo vacila, pero después cae en la -tentación. El opio le engaña, le hace vivir en sus delicias ficticias, y -le aleja la idea de la muerte. Al recurrir al opio en su situación--lo -he dicho,--Guisanne ha debido recordar a Thomas de Quincey. El caso es -casi el mismo, hay demasiada similitud. Y tanto más si se recuerda que -el autor inglés pudo vencer también en absoluto su vicio, nada menos que -después de más de cincuenta años de ser dominado por él. La voluntad -fué seguramente más poderosa al luchar con triple fuerza de hábito y -triple terreno ganado. Es verdad que de Quincey confiesa que la primera -vez empleó el opio para calmar una fuerte e invencible neuralgia dental, -y otra vez, más tarde, por una molestísima dolencia del estómago. Mas en -una parte de las _Confessions of an opium eater_, dice claramente: «Al -principio de mi carrera como comedor de opio, había sido señalado como -una futura víctima de la tisis pulmonar, y me lo habían dicho más de una -vez. Bien que las conveniencias humanas hubiesen hecho acompañar esa -sentencia sobre mi suerte de palabras alentadoras; que se me haya dicho, -por ejemplo, que los temperamentos varían a lo infinito, que nadie podía -fijar límites a los recursos de la medicina o a defecto de los remedios -a las fuerzas curativas de la sola naturaleza, no era menos preciso un -milagro para quitarme la convincción de que era un caso condenado. Tal -era el resultado definitivo de esas comunicaciones agradables; era -bastante alarmante y llegaba a hacer más aun por tres motivos. Primero, -esta opinión era formulada por las autoridades más fidedignas del mundo -cristiano, conviene a saber los médicos de Clifton y de las fuentes -termales de Bristol, que ven más enfermedades pulmonares en un año que -todos sus colegas de Europa en un siglo; esta afección, como he dicho, -era un azote muy propio de la Gran Bretaña, pues depende de los -accidentes locales, del clima y de las variaciones continuas que sufre. -No era, pues, sino en Inglaterra donde podía estudiarse; para -profundizar ese estudio era preciso visitar los alrededores de Bristol, -etc.» - -Y en otra parte: - -«El lector sabe que cuando llegamos a los cuarenta años, todos somos -locos o médicos, según el proverbio de nuestros abuelos («fool or -physicien»)... Presumo que ese proverbio significaba esto: que a esa -edad se puede exigir de un hombre que acepte la responsabilidad de su -propia salud. Es, pues, de mi deber ser, en ese sentido, un médico, de -garantizar, en cuanto la previsión humana puede garantizar algo, mi -propia salud corporal. En cuanto a eso, lo he logrado, según testimonios -prácticos y ordinarios. Y agrego solemnemente, que sin el opio no -hubiera logrado eso. ¡Hace treinta y cinco años, sin duda ninguna, que -estaría enterrado!» - -A Guisanne también le sirvió de mucho el opio o la morfina. - -Mas, como a Quincey, el exceso le trajo un sinnúmero de penalidades, de -sufrimientos que constituían otra y más terrible enfermedad. «No hay -enfermedad peor que el alcohol», decía Poe. Que la morfina, dicen los -morfinómanos. Y al describir los temerosos efectos del abuso, León -Daudet parece que pone las impresiones de su propio individuo. Así -Santiago Rusiñol, otro victorioso, ha escrito una página alucinante -sobre esos mismos terroríficos efectos. - -El héroe de esta novela de Daudet, después de una inaudita brega consigo -mismo, ayudado de buenos consejeros, se resuelve a ir a un sanatorio -alemán, donde un especialista ha de librarle de su fardo infernal de -pesadillas. Allí la ciencia hace lo que puede lograr; mas es el -ejercicio de la voluntad el que, en resumen, realiza el verdadero -milagro. Un alma nueva nace, o más bien, el alma ligada y prisionera -rompe sus hierros y cuerdas. - -En todo esto hay escenas incidentales de un positivo interés y descritas -de modo magistral. En ciertas partes, no se puede menos que recordar que -el autor tiene una íntima herencia del creador de _Jack_ y de _Petit -Chose_. El hermoso optimismo fundamental no hace sino realzar y dorar -del más bello oro espiritual esta obra bienhechora. - -El fondo religioso y consolador es tanto más de admirar, cuanto que -viene de un trabajador vigoroso de ideas y de sensaciones, de un hombre -nutrido de ciencia, y de un criterio no por cierto empapado en aguas de -azúcar sentimentales. No es una pluma afeminada y dulce la que ha -escrito cerca de veinte volúmenes, todos masculinos y combativos, o -nutridos de ideas medulares o reveladores de músculo y garra, como -_L’Astre Noir_, _Les Morticoles_, _Le Kamtchatka_ o _Le Voyage de -Shakespeare_. - -Y no es sino harto conocida su potencia de pugil en los encuentros -periodísticos y entre las apacherías de la política. Su libro reciente -es un libro de bien. Más de un enfermo de la voluntad encontrará alivio -y tal vez curación en esas páginas saludables. - - - - -EL BRASIL INTELECTUAL - - -Alguna vez he hablado de mis impresiones respecto a la intelectualidad -de la República del Brasil. Nunca olvidaré mis días de Río Janeiro, -donde tuve ocasión de conocer un núcleo de escritores y poetas que -despertaron en mí una cordial simpatía y una alta estimación mental. El -gran Machado de Asís, en su vivaz y alerta vejez, respetado y querido -por todos como glorioso patriarca de la patria literatura; José -Verissimo, el maestro cuya crítica es admirada y señalada entre las -labores de valor superior; un perito de ideas que en cualquier centro -europeo estaría en puesto de autoridad considerable; Graça Aranha, el -novelista que ha adquirido por potencia y riqueza ideal y por verbo -admirable una de las más puras glorias en las letras portuguesas en -general, y que, según opiniones como la del célebre conde Prozor, ha -escrito la mejor novela de estos últimos tiempos, su _Canaan_, cuya -versión castellana es obra de Roberto Payró; Olavo Bilac, el poeta, uno -de nuestros más gentiles poetas latinos, cuya prosa es de los más -elevados quilates y cuyo don oratorio cautivó a los que oyeron su -musical y fecunda palabra en la Argentina, y tantos otros que forman en -la capital fluminense una agrupación de activos y productores cerebros -que son la mejor corona de su patria, cuya tradición de cultura, que -viene desde los primeros tiempos imperiales, ha formado, al lado de la -preeminencia social, una aristocracia de la inteligencia, que en su -cohesión y en su intensidad de producción--a pesar de las propias -quejas--lleva la primacía en todo el continente. - -En el elemento joven pude apreciar más de un vigoroso y lozano talento. -Entre ellos llamó mi atención Elysio de Carvalho, de quien conocía las -primeras obras y el plausible entusiasmo y la pasión artística siempre -sincera. - -En los últimos movimientos de ideas que se han desarrollado y han -triunfado en el mundo literario, ha habido entre los luchadores quienes -han sido intermediarios entre los grupos pensantes, iniciadores de -relaciones, propagadores, vinculadores, anunciadores, introductores de -espíritus hermanos o de obras afines. De éstos, unos se han envuelto en -la luz de su propia emanación; otros, modestos, pero eficaces, han -laborado por el triunfo de su ideal secundando el ajeno impulso, dando -su contribución de ideas o ayudando a la definitiva victoria de los -maestros y al mantenimiento de la fe y de la perseverancia en los -compañeros de campaña. - -Y mérito innegable y siempre digno de reconocimiento será el de los que, -a más de la realización de sus personales ambiciones, han contribuído a -esa especie de confraternidad espiritual internacional que ha sido uno -de los distintivos especiales de la evolución que se inició en Francia -con el nombre de simbolismo y que, alcanzando hasta nosotros después de -otros «ismos», dió por resultado un nuevo triunfo para el arte humano y -el definitivo reconocimiento del poder de la libertad y de la -individualidad. - -Entre esos propagadores e intermediarios entre las «élites» más o menos -numerosas, no podrá nunca olvidarse a Elysio de Carvalho, en el Brasil; -a Pedro Emilio Coll y Pedro César Dominici, en Venezuela; a Urueta, -Valenzuela, José Juan Tablada y el grupo de la _Revista Azul_ y de la -_Revista Moderna_, en Méjico; a Luis Berisso, Jaimes Freyre y Díaz -Romero, en la Argentina; a Rodó y Pérez Petit, en el Uruguay; a Santiago -Argüello, Mayorga, Turcios, Troyo, Acosta y Ambrogi, en Centro América; -a González y Contreras, en Chile; a Clemente Palma, Román, Albujar y -otros, en el Perú; a Silva, Valencia y Darío Herrera, en Colombia; a dos -o tres buenos poetas en el Ecuador; a Iraizos y Mortajo, en Bolivia; al -culto y noble Gondra, en el Paraguay. - -Carvalho fué el paladín de la revolución intelectual en la juventud -brasilera. En relación con los _leaders_ de Europa, llevó su entusiasmo -hasta a afiliarse a pequeñas agrupaciones que en el mismo París tuvieron -una efímera vida; tal el mentado naturismo, que no tuvo más razón de ser -en pleno afianzamiento simbolista que el talento impaciente de unos -cuantos. En el Brasil, la aparición de un joven combatiente como -Carvalho llamó la atención de todos, provisto como iba, según el decir -de José Verissimo, «de una rica si bien desordenada y no menos -interesante actividad mental... Todo en él revestía un bello entusiasmo -juvenil, sincero y vigoroso, servido por un talento que aparecía real en -medio de la extravagancia de su precoz literatura, de la anarquía de sus -ideas y de la multiplicidad de sus propagandas estéticas. ¡Curioso! Este -mozo exuberante, franco hasta la prodigalidad, ávido, sin duda, de -surgir, mas con derecho a ello, al cabo ingenuo y bueno, fué, por sus -mismos compañeros de juventud y literatura nueva, discutido, negado, -calumniado.» Bien ha estado al recordar esos comienzos de la labor de -Elysio de Carvalho, ahora que, como comprueba el mismo Verissimo, la -personalidad del autor de «As modernas correntes esthéticas na -literatura brazileira» queda situada definitiva y dignamente en las -letras de su país. - - * * * * * - -La producción de Elysio de Carvalho se relaciona, como he dicho, con las -últimas manifestaciones mentales que han conmovido el Arte y la -Filosofía en el mundo europeo y cuyas repercusiones han influído en los -espíritus estudiosos y entusiásticos de todas las naciones. - -Aparte de sus expansiones de alma, de la revelación de sus íntimos -sueños e ideologías, en versos y prosas de audacia y de elegancia, de -altivez y de ansia moral, como sus «Horas de Febre», su «Alma antiga», -tradujo admirablemente a su idioma la célebre Balada carcelaria de Osear -Wilde y los «Poemas» de este mismo poeta. Narró el proceso de su -educación filosófica y artística en su «Historia de um cerebro»; se -afilió--más o menos pasajeramente--a lo que aquí se llamó naturismo, en -su «Delenda Carthago». Nietzsche tuvo en él un admirador; Stirner un -apasionado propagandista, comentador y biógrafo. Toda nueva idea, todo -nuevo impulso en el pensamiento contemporáneo halló en él un apoyo y un -entusiasmo. Razones claras me impiden ocuparme de una de sus últimas -producciones: «Rubén Darío», estudio crítico (1906). Mas he de decir que -tal trabajo figura hermosamente entre el magistral aunque fragmentario -estudio sobre el mismo autor, de Rodó y los de González Blanco, -Henríquez Ureña, Pardo Bazán, Martínez Sierra, Alberto Ghiraldo, Ricardo -Rojas y Díaz Romero. - -El amor de la novedad y de la combatividad, naturalmente despertaron en -unos ya el asombro, ya la voluntad hostil; más también tuvo Carvalho su -cosecha de simpatías y sus conquistas justas. Su puro fervor de Belleza -y su anhelo de verdad, le han colocado entre los excelentes. Pertenece a -esa aristocracia inconfundible de la idea, que no se compadece con la -mediocridad ni con la chatura. - -Naturalmente, con el tiempo, los primeros fuegos juveniles se han -aminorado, y a la incondicional determinación ha sucedido una manera -reflexiva y serena que no por eso deja de conservar la fuerza y la -sinceridad de antaño. - -Y es que jamás consideró este hombre de cultura y este artista íntegro, -la facultad de pensar y el don de escribir, sino con toda la seriedad y -la profundidad que requiere tal condición que innegablemente coloca al -ser humano en superior jerarquía. Abominados sean los histriones del -pensamiento y los apaches de la pluma, que prostituyeron la singular -virtud que pudo servirles para propia elevación y bien de almas -hermanas. - -Los defectos de Carvalho en sus primigenias producciones han sido los -del árbol demasiado copioso de savia y de follaje, defectos de los años -en que, poseídos del brío primaveral, los espíritus tienen asimismo -exuberancia de savia y de follaje. «Una visión extraordinaria y que -engrandezca las cosas vistas, también es un defecto», dice José -Verissimo con su habitual exactitud de juzgar. Elysio de Carvalho, y -como él muchos de los que en la América latina han seguido y proclamado -las nuevas ideas, se señaló por su exageración en el sostenimiento de -sus principios; mas esa exageración ha sido, si se quiere, benéfica y -precisa en los iniciales momentos de la proclamación de los flamantes -credos; y luego, una vez pasadas las agitaciones y violencias de la -lucha, una vez abierto el camino por donde los intelectos habían de -comenzar su viaje al ideal, vino la tranquilidad, la calma de -raciocinio, la posible mesura en la elocuencia--que en determinados -caracteres y medios es a veces difícil de conseguir--y la elevación -serena de criterio que, con gran complacencia de todos los intelectuales -brasileños, sin distinción de escuelas o de preferencias estéticas, se -ha manifestado en «As modernas correntes esthéticas na literatura -brazileira», la reciente obra que motiva estas líneas. - - - - -LETRAS DOMINICANAS - - -Existe una literatura en los momentos actuales, que presenta un carácter -inconfundible en su variedad: la literatura en que expresan su alma, sus -voliciones y sus ensueños, la Joven España y la Joven América española. -Las nuevas ideas han unido en una misma senda a los distintos buscadores -de belleza, mas en tal unión no pierde nada el impulso del individuo ni -la influencia de la tierra, sin contar, por supuesto, en este caso, a -los natos desarraigados en el espacio y en el tiempo. Una de las -ventajas que han tenido nuestras dos últimas generaciones, es la de la -comunicación y mutuo conocimiento. Si aun algo queda que desear, ya no -sucede como antaño, que se ignoren, de nación a nación, los seguidores -de una misma orientación filosófica o estética, los correligionarios de -un mismo culto de arte. - -Entre toda la producción argentina, pongo por caso, de hace unos -veintitantos años, tan solamente los nombres de Andrade, Guido Spano, y -luego Obligado y Oyuela, se impusieron a la atención de las repúblicas -hermanas. Hoy la obra de un Lugones adquiere proporciones continentales; -mas no se ignoran, en el Sur ni en el Centro de América, ni en las -Antillas, los esfuerzos o la obra realizada de otros artistas de la -palabra, de otros hombres de pensamiento, ni la constante virtud de -entusiasmo que anima a los consagrados de la juventud. Hay mayor -intercambio de ideas. Se comunican los propósitos y las aspiraciones. Se -cambian los estímulos. Hay muchas simpatías trocadas y muchas cartas. -Los imbéciles no evitan el afirmar: sociedad de elogios mutuos. No se -hace caso a los imbéciles. Los libros y las cartas se siguen trocando. -No otra cosa se hacía en latín, entre los sabios humanistas del -Renacimiento. - -Entre los escritores que desde hace algún tiempo se han dado a conocer -está Tulio M. Cestero, originario de la República dominicana. Es joven; -cursa la vida intensa y la gracia del arte. Su florecimiento en Santo -Domingo no es sino propio de un país que ha dado a las bellas letras -hispanoamericanas, desde pasadas épocas, figuras de gran valer. Por -Menéndez Pelayo conocemos algo del período colonial, en que se ufana -gentilmente aquel popular Meso Mónica, de tan fino y autóctono ingenio. -La cesión a Francia, por el Tratado de Basilea, y la ocupación por los -haitinianos, durante veintidós años, de la parte española de la isla, -produjeron la emigración a Venezuela y Cuba de gran número de familias -principales, gloriosas en los líricos y literarios anales; de ahí los -Rojas venezolanos, los Heredia, a que pertenecieron los dos José María, -y cuya casa solariega existía, según tengo entendido, en la capital -dominicana, hasta hace algunos años, frente al cuartel edificado en el -reinado de Carlos III; y los Delmonte, de Cuba. Después de la -proclamación de la república en 1844, las personalidades eminentes, en -las letras, no han sido pocas. Allá en la época romántica hay un Félix -Delmonte, no privado del don de armonía, como su amiga y preferida la -alondra. Apartándose un tanto de la influencia europea, Nicolás Ureña -ameniza el paisaje y las costumbres. Un varón de alma compleja y de -vigor verbal, Meriño, es a un mismo tiempo jefe del estado y de la -iglesia. Luego surge Emiliano Tejera, escritor, investigador, que -escribió su célebre folleto aclarando la verdad sobre los restos de -Colón y sosteniendo que son los que están en Santo Domingo. Aparecen el -historiador García, el polemista Mariano Cestero; y el que es -considerado como el primero en su patria, el novelista Galván. Una musa -es justamente famosa, Salomé Ureña, vigorosa y pindárica, sin perder la -gracia y el encanto de su alma femenina. Pérez, modernizado en los -últimos años, cantó castizamente las leyendas y sufrimientos de los -indios quisqueyanos. Billini, presidente, no desdeña ni los dones -apolíneos ni los atractivos de la novela. Por todos los géneros espiga -el talento de un Henríquez y Carvajal. Penzón vuelve la vista al pasado -y busca la tradición y el tema legendario. Más recientemente aparecen -Gastón Deligne, poeta, que hoy se siente atraído por nuestro movimiento -reformador; Rafael Deligne, poeta, crítico y dramaturgo; Pellerano, que -se distingue por amante del color y de la vida locales; Fabio Fiallo, -espíritu nobilísimo y elevado, que en su «Primavera sentimental», -celebrada por Díaz Rodríguez, inició sus delicadezas ideológicas y su -culto de la hermosura exquisita. Un hombre potente, de rasgos geniales, -combativo y dominador del verbo, Deschamps. Américo Lugo, docto y -elegante, perito en cosas y leyes de amor y galantería; el poeta Aibar; -los hermanos Henríquez Ureña, de los cuales Max ha escrito páginas de -crítica que yo prefiero y guardo con alto aprecio. Osvaldo Bazil, -gallardo y generoso, en lo florido de su juventud, hoy en Cuba, bajo la -advocación divina de la Lira. Ya véis que hay sus motivos para que Tulio -Cestero haya nacido en esa isla fecunda y solar que fué deleite de los -ojos del iluminado y profético Navegante. - -Cestero es un espíritu inquieto ante la vida, nacido para los esfuerzos -y las bregas. Este lírico de la prosa, cuya cultura es completamente -europea, ha tenido que desarrollar sus energías de carácter y de -intelecto en un medio hostil a las dedicaciones al puro arte. Él sabe, -por propia experiencia, lo que son revoluciones, pronunciamientos. Ha -andado con su fusil, o su sable, por los montes patrios, entre fieras, -víboras, guerreando por su caudillo o por su presidente. Conoce las -excursiones por los bosques y los movimientos de las guerrillas. Alma -gentil, escribe su «Jardín de los sueños», mas tiene un admirable y -práctico sentido de la realidad. Si se le ocurre, escribirá lindamente a -una mujer: «Bella, sé piadosa, y convierte tus ojos milagrosos al -alma-océano de aguas muertas y profundas--del amante prosternado que -arrancará a las entrañas de la tierra avara el oro virgen para el anillo -de tus bodas». Y, si se le ocurre, mandará fusilar en las maniguas al -coronel criollo sublevado. Soles y vientos de aquellas latitudes le han -amacizado el cuerpo y el alma. Ello no es un inconveniente para que haya -labrado finas páginas en libros suaves. El poema en prosa después de la -acción, la lírica después de la estrategia, o antes. El bregador que -existe en él ha publicado también páginas de campaña en que el estilo se -revela apto también a ejercicios de músculo y a maneras de fortaleza. Yo -le veo vagar por la montaña. Si encuentra flores, formará un ramo para -la primera gallarda moza que le cautive. Si no, desgajará un árbol para -encender fuego y hacer su barbacoa con el primer venado que alcance su -carabina. Algo de Gastibelza, si gustáis, de un Gastibelza de tierra -ardiente, a quien si su doña Sabina y el aire de la montaña le vuelven -loco, le hacen decir bellos decires de amor y de combate. - -Hace tiempo leí sus «Notas y escorzos», capítulos de crítica literaria; -sus impresiones de viaje «Por el Cibao», de las que casi nada recuerdo. -Su «Del Amor», es obra de despertamiento, de pasión exuberante, de -juventud y de savia temprana. Mas su folleto político «Una campaña», -publicado en 1903, llamó grandemente mi atención por el modo robusto de -narrar, amena y bizarramente, sucesos que no han tenido en la América -nuestra sino señaladas plumas de valor que los traten. Hemos sido -célebres por nuestras revoluciones, y Europa no conoce aún el libro que -bellamente e intensamente diga tanta cosa extraordinaria, terrible y -pintoresca, porque ese libro no se ha escrito todavía. - -En «El jardín de los sueños» este autor está seducido por el -esteticismo, y muestra una viva preocupación del estilo. Hay sutileza, -escritura «artista», prosa galante, paisajes al «claire de lune», -relentes románticos e influencias simbolistas. Se advierte el amor de -las gracias plásticas, de ritmo, de la concreción de la expresión noble. -Sus lecturas son de la más reciente literatura; y cuando creéis -encontrar una reminiscencia de Laforgue, pasa el soplo d’annunziano. Hay -ideas, plasticidad y música «avant toute chose». Al madrigalizar, eleva -los asuntos, poetiza el medio, se transporta a otras épocas más bellas, -o dora, con el oro de la ilusión o de la fantasía, el tema inmediato. -Veo sobre todo a un poeta, al parecer, en ocasiones, sentimental, y en -ocasiones impasible en la labor de orfebrería que prefiere. Después -viaja. Los viajes son bienhechores y precisos para los poetas. «Navegar -es necesario; vivir no es necesario». Navega, pues, para venir a esta -Europa que todos ansiamos conocer. La moderna literatura nuestra está -llena de viajeros. Casi no hay poeta o escritor nuestro que no haya -escrito, en prosa o verso, sus impresiones de peregrino o de turista. Se -pasa, como Robert de Montesquiou, «del ensueño al recuerdo.» Como todo -está dicho, en lo que se refiere a lo contenido en ciudades y museos, no -queda sino la sensación personal, que siempre es nueva, con tal de -apartar la obsesión de autores preferidos y la imposición de páginas -magistrales que triunfan en la memoria. Es esto difícil, antes de que la -tranquilidad de la vida reflexiva llegue. Cestero, en sus narraciones de -viaje, se aparta dichosamente de los escollos del bedekerismo y de los -peligros de la obra recordada. Esto no quita que no le acompañen el -recuerdo de espíritus amados en sus periplos. Mas noto que los viajes en -él, las frecuentaciones diplomáticas y los contactos de París, han -marchitado un tanto la frescura franca de las floraciones de antaño. -Parece que el entusiasmo, sal del arte, no está en él con la abundancia -de los pasados días. - -Yo no le pido una fe señalada, pero sí una fe. En verdad, el paulatino -conocimiento de las asperezas del mundo crea los peores escepticismos; -para librarse de esto sirve tan solamente la voluntad, la elevación de -la conciencia, la virtud de un ideal. Si ha de poner Europa sobre esa -amable psique el peso de un materialismo que le impida el vuelo, quédese -el artista y el combatiente haciendo sabrosas prosas y nuevas -revoluciones en el país dominicano. Y si ha de perder, Dios no lo -quiera, su original nobleza de espíritu, su respeto y adoración por la -sinceridad, su pasión por lo sagrado del arte, si ha de aprovechar los -dones divinos en el daño y en la mentira, si ha de mirar el misterio -demiúrgico de la palabra como arma de malhechor o como útil de -saltimbanqui, si ha de abandonar lo que, privilegio singular, trajo -desde el materno vientre por la volición suprema, la pureza y la -dignidad mentales, la única razón moral de existir--que en la primera -revuelta en que lo tome el general contrario, sin formación de causa, le -fusile. Mas si no, suya será la gloria. - - - - -UN POETA PORTUGUÉS EN LA INDIA - - -Agradezco muy de veras a Alberto Osorio de Castro el envío de su volumen -de poesías _A cinza dos Mirtos_, porque en el volumen hay lindos versos -y porque esos versos vienen desde Nova Goa, en la India portuguesa. Me -complace tener un lírico amigo y un comprendedor en aquellas tierras -fabulosas. Ya en otra ocasión he dicho lo que un poeta gana, a mi -entender, con emular a Simbad; y lo que, ante mi gusto, ganó, pongo por -caso, el autor de _El alma japonesa_ con haber ido al Japón. Mas, yo iré -mañana al Japón o a la India, si _La Nación_ me envía, o si deseos me -vienen de entenderme con la agencia Cook. El asunto es vivir en uno de -tantos países exóticos la vida de esos países, y penetrar en sus almas, -y entender sus palabras y sus ritos, para luego contar o cantar cosas -bizarras, extrañas, peregrinas, como Lafcadio Hearn, Paúl Claudel o -Alberto Osorio de Castro. - -Aunque este último ha amado y soñado en Portugal, en donde florecieron -sus mirtos, y aunque en su vergel antiguo fué encendida la pasional -hoguera, es en Oriente en donde clama a la mujer amada: - - Volta a cinza que guarda outro fogo de amor. - -Allá en las regiones lejanas en donde habita recordará las nieves de -antaño. Recordará que «en Coimbra, en el Jardín, una dulce mañana de fin -de invierno fino y claro, Ella y su Hermana, pasaban para la misa ideal -de las Ursulinas. - - Um arco iris desmaiava em Santa Clara, - Um mais roseo perfume espargiam as rosas, - Uma fonte cantava, as rôlas ja cantavam, - E logo presenti que a primavera entrava - Com as roseas Irmãs eguaes e harmoniosas, - Rosas roseas a face, alvor de rosa as saias, - A deixarem um rastro em flor no ar e o chão... - Todo o sangue subiu aos ramos nas olaias. - Todo meu sangue me floriu no coração. - -Yo me imagino que en su existencia en los exóticos reinos de antiguas -leyendas y teogonías, pasará el poeta horas prosaicas a causa de las -invasiones civilizadoras. Las caravanas de las agencias turísticas le -perturbarán en sus recogimientos, y quizá algún cargo administrativo -aplane en cotidianas tareas idealizadas colinas de encantamiento. Mas -todo esto, por la virtud voluntaria, puede ponerse como una subvida «a -côté», dado que la única vida es aquella que nuestra voluntad declara y -que nuestro espíritu reconoce, contra todas las dificultades de la -circunstancia. Y en todo poeta hay un terrible o dulce filósofo. - -Las citas y los epígrafes indican las lecturas y las predilecciones de -Osorio de Castro. Es un «moderno» y un aristócrata. Considera con -justeza que la facultad de pensar humanamente es el sumo poder del ser -humano,--humanamente y divinamente; y que por algo el cerebro corona el -edificio, bajo la redondez de su cúpula. - -Mas penetremos en la hermosa colonia de poesía. - - * * * * * - -Al eco de la música d’annunziana--«Nel plenilunio di calendimaggio»--se -comunica con el mundo de las hadas. - - Mab, a Rainha Fada côr de jade, - Dá beija-mão a sua côrte em festa. - Veem Fadas dos Montes, da Floresta, - Veem das Grutas de oiro e claridade. - -Por los labios de Mab se expresan la Ilusión, el Amor, la Esperanza. Y -la mujer surge en su gracia y omnipotencia carnal. Después exóticas -figuras pasan, como la amorosa chiquinha cuya faz de encanto japonés se -entrevé. Chiquinha, que tiene «la gracia de la mujer de nuestra sangre y -la gracia de la exótica sangre». En las tristezas de la tarde es un -desvanecimiento de íntimas «saudades». Se esfuma la ronda de las horas. -Suena la canción del agua: - - Aguas serenas e ligeiras - Passae de leve para o mar. - Aguas novinhas e palreiras - Ponde-vos todas a cantar. - -¿Hay en el rimador un creyente? ¿Su paganismo termina en un anhelo de -mortalidad cristiana? Más bien se ve un lejano resplandor de fe en los -comienzos de la juventud. «¡Viña de inmortalidad, dame tu vino de luz -eterna! ¡Ah, que «saudade» de la dulce creencia en Jesús, en mi infancia -de sueño! Era para mí el mundo misterioso jardín. Y no el abismo -horrible que veo ante mí ahora. Viña de inmortalidad, dame el fruto de -la verdad y el vino de la eterna aurora». Anatole France le seduce con -su Thaïs de Alejandría. Uno como sentimiento barresiano, basado en un -decir de la antología griega, le hace preguntar a los muertos el secreto -de las agitaciones de la vida. En un sueño de delicias amorosas, -momentos de pasión: «Claro día de aquella primavera extinta, y por -siempre refloreciendo en el sueño de lo pasado... Aguamarina de sus -ojos, lindo reir de luz que enamoraba y era un vino hechizado!» Hay una -linda balada que tiene un perfume de jardines lejanos: - - Pallidas rosas de Chimbel, - Coitadas d’ellas, a murchar, - Sem que a sua alma o aroma e o mel - As abelhas vão procurar. - - E’ uma agonia bem cruel - Longe do sol desabrochar. - Pallidas rosas de Chimbel, - Coitadas d’ellas a murchar. - - Lá fóra o sol sobre o vergel - Põe toda em flor a terra e o ar - E ellas a beira do marnel - Estão ás grades a scismar - Pallidas rosas de Chimbel. - -Él ha frecuentado todos los vergeles de poesía que han deleitado al -mundo. En todo el imperio de la mujer se define y provoca lo que antaño -se llamaba la inspiración. Para la musicalización verbal de su sueño, o -de sus fantasías, de sus idealizaciones o de sus ímpetus cordiales, el -poeta emplea las clásicas maneras, o se deja seducir por las sabias -libertades que han invadido las métricas de todas las lenguas. Hay -composiciones absolutamente normales, las hay de un aire parnasiano, las -hay modernísimas. Mas el tono general obedece sin duda alguna a las -influencias del pasado movimiento simbolista. ¿Qué poeta de estos -últimos tiempos no ha sentido en todas partes esas influencias? - -La obra de Osorio de Castro, cuando se complica de exotismo, de ese -exotismo vivido de quien como él habita ha largo tiempo aquel continente -misterioso, adquiere singular personalidad. - -Cantó Camoens sus endechas para una bárbara esclava, y aquí encontramos -renovado aquel son de lira. Es en loor siempre de la hembra ardiente y -amorosa que concentra en sí la llama de su sol y de su cielo, e íntimas -y misteriosas llamas. - - Rosto singular - Olhos socegados, - Preos e cansado - Mas não de matar. - -Tal dice el antiguo. El lírico actual nos habla de la misma encarnación -que adquiere una fuerza simbólica: - - O Sita, castisima Esposa - Kali sangrenta e tenebrosa - Irmã de tigre e capellos - Energia da nossa Raça, - Todas quebram a tua graça - Teus manilhados tornozellos. - -La atracción de las cosas, el enigma de la naturaleza ha de despertar -ansias que se expresarán en rimadas armonías, o correspondencias que se -exteriorizarán en trozos musicales. Y en medio del ambiente asiático os -sorprenderá escuchar tal reminiscencia de Vigny, tal eco de arieta de -Verlaine, o de melodía poemal. El amador canta a la mujer y a las -mujeres. Estas pasan en un amable desfile. Yo veo las inglesas viajeras, -amantes de la literatura y de excursiones; francesas de paso, buscadoras -de las bellas aventuras de _là-bas_; portuguesas intelectuales, nobles y -finas, amigas de la naturaleza y de los viajes aéreos en compañía de los -poetas. Las inglesas suelen decirles lindas verdades que complacen el -sentido shakespeareano. Por ejemplo, esta verdad gentil, expresada bajo -el cielo de Aden: «It is better to have loved and lost than never to -have loved at all». A esa hija de Albión que tales cosas emite, -aplaudiría sin duda alguna nuestra Teresa de Jesús. - - * * * * * - -Ved rosas de sangre y de piedad. Deteneos en ese «beautiful Bombay»; -escuchad, a la orilla del mar, cantares de melancólicas insinuaciones. -Vuelve un eco de los pasados madrigales, de las primeras delicias -juveniles, de los primeros despertamientos del deseo. - -Con una gracia de virtuoso os narrará el portalira un idilio sajónico. -Se celebrará el prestigio de antiguas proezas de familiares caballeros. -Habrá una variada confusión de rememoraciones y de sensaciones, y junto -a un paisaje de Goa se encenderá en su dulce fuego azul la bahía de -Nápoles; y después de una evocación mortuoria, se tornará a la eterna -tentación femenina. He ahí la sonatina de las hojas caídas y el cuento -del rey de Brocelianda, de la más feliz y sonora elegancia. He ahí a -Sisina: - - Sisina, a Rosea e Flava, a graça do Velabro. - -He ahí un cuento de monjas, a propósito de las cuales sabemos que, como -reza en la Historia de la Fundación del convento de Santa Mónica de Goa, -«las sutilezas con que el común adversario procura impedir las obras del -servicio de Dios, son todas como suyas; mas cuando este Señor quiere que -ellas aparezcan a la luz, importan poco sus sutilezas y sus ardides. -Halla el poeta asuntos en bellos hechos pasados, y así recuerda las -leyendas de la India, de Gaspar Correa, o la Historia trágico-marítima -del naufragio del gran galeón San Juan en la costa del Natal, el año -1552. O canta el sitio de San Francisco de Goa, arcaicamente: - - Gritos de morte, pragas de furor, - E as labaredas tresdobrando o horror... - -ó la dramática muerte de don Juan de Eça. - -Mas nada es tan de mi placer como los cantos en que surge la poesía -índica, con sus perfumes, sus notas, su extraña melancolía, y «surumba» -y «oh Dunga»... Y como en el libro viene la notación musical, he hecho -que lindos labios de Europa me den la ilusión de las voces de la tierra -brahamánica. - -_Sati_, es un poema que me deleita en su rareza de tema y de decoración; -y bien me gustaría departir de tan mágicos asuntos, en aquellas regiones -ensoñadas, con Osorio de Castro y su amigo «el fino Lírico de -Guserathe», Ardeshir Framji Khabardar. «¿Cómo se puede ser persa?», dice -la frase célebre francesa... Yo encuentro tan natural el ser hindú, o -persa, o japonés!... - -En verdad os digo que este poeta me ha hecho un precioso regalo. Por él -he pasado instantes especiales en un reino de hechizo. Por él he -escuchado el launim de la canción de la bayadera que ha compuesto -Djaiégri Maneken Shirodcârine. Por él sé que «allá lejos» se llaman las -bayaderas: Zaiu, Sazerên, Tará, Gangá, Priaga, Anahany, Calhiâne, Mogrên -Vigei, Baigy, Surata, Nanum, Baghèn, Gultchábou, Camenên, Mâinâ, Nonan, -Mothu, Sarassepâti, Manequên... - -Y todo eso es, para mí, excelente. - - - - -EUGENIA DE GUÉRIN - - -Fervor, veneración casi religiosa, devoción que casi va a la plegaria; -he ahí lo que profesa a la dulce hermana de Mauricio de Guérin el -piadoso y patriota conde de Colleville. Para él, Eugenia es una santa -que a la diestra de Dios está en el Paraíso entre los santos. - -No sin razón asegura que en Inglaterra tiene aquella lilial mujer muchos -admiradores; Mauricio espera que ha de canonizarse a Eugenia, pues es de -aquellas que el Soberano Pontífice honra profundamente. ¿Se quieren -milagros? ¿Qué milagros mayores que la conversión de su hermano Mauricio -y la de Barbey d’Aurevilly? El conde católico está en su razón. Por lo -que respecta al nombre, será lindo en el santoral: Santa Eugenia de -Guérin, virgen. ¿Y por qué no mártir? ¿No sufrió lo inexpresable en su -vida de penar, por sí, por su hermano, por los tristes y los pobres -todos? La obra que le ha consagrado el conde de Colleville pudiera -decirse que pertenece a la hagiografía. Con justicia Coppée cree -percibir, por las flores recogidas en el jardín de la doncella, un olor -de santidad. El personaje no puede ser para Coppée más simpático. - -Ha tenido desde sus primeros años una hermana que le consagró su vida, -que ha sido todo para él... «ce qui m’émeut plus que tout, ayant vécu -auprè d’une excellente sœur qui ne me quitta jamais...» Pues el amor -de Eugenia para Mauricio era todo el amor, ternuras de madre, suavidades -de esposa, cuidados sacerdotales, todo en un ambiente de Leyenda Dorada, -impregnado de perfume bíblico, y más que bíblico, cristiano. Eugenia era -un espíritu. Creyérase que la fisiología no tenía que ver con ella. Nada -manifiesta del niño enfermo y doce veces impuro... Tanto alejamiento de -lo terreno explica la adoración que por ella sienten sus devotos. Sobre -todo si se la compara con la alta dama de hoy, en quien las principales -preocupaciones son principalmente mundanas y sportivas. M. de Colleville -no deja de señalar a este respecto las respetables excepciones: Madame -de Mac-Mahon, Mme. de Cureville, la baronesa de Puille, Mme. de Saint -Laurent, Mme. de Brigde, Mme. de Boury, «todas las que batallan por Dios -y por la patria». Eugenia, es verdad, tenía poco de combativa. Era una -monja sin hábito. Dios la llamó. Con tanta más razón que no era bonita. -Como no tuvo devaneos ni pasiones amorosas, toda su femenina facultad se -concentró en su hermano, y ese ardor sororal fué al propio tiempo la -delicia y la amargura de su existencia. Colleville la define: «el -perfecto modelo de la _fille de race_, absolutamente virtuosa y -cristiana, ella es a la vez de una distinción acabada, de una educación -exquisita, habla una lengua divina, y esta artista maravillosa hace ella -misma su cocina, hila en su rueca, socorre a los enfermos, visita a los -moribundos. Es leyendo a Platón, Fenelón, Bossuet, Corneille, cuando -ella descansa de las tareas del hogar, es enseñando el Catecismo a los -pobrecitos, hablando de Dios a los vagabundos, cuando ella emplea la -lengua más noble y más sencilla del siglo XVII». - -Tal arcaismo de expresión da en efecto a los escritos de Eugenia de -Guérin un aire _suranné_, que le sienta a maravilla y le da el aspecto -de otra edad, de tiempos más puros o menos contaminados que el siglo XIX -en que escribiera. - -Los Guérin son de origen veneciano. Guarini. La suntuosa Venecia de la -más bella de las épocas reaparecerá en el paganismo íntimo del autor del -_Centauro_, que debe haber amado como artista la Anadiómena de las -ciudades. Mauricio y Eugenia, bajo el amparo de Dios, formaron la pareja -perfumada de virtud casi angélica, que con los soplos del diablo y en -los antiguos existires venecianos se habría transformado en una de -aquellas locas llamaradas de incestos patricios que enrojecen las -crónicas del tiempo. La noble ascendencia llega hasta ella diluída en fe -religiosa y en caridad columbina. He dicho que no era linda; mas sus -biógrafos hacen resaltar su distinción innata y su sencillez de casta -flor. Paréceme en su cultura discreta y exquisita, nutrida de vidas de -santos y de filósofos dulces. Cuando tenía catorce años, al despertar de -la juventud, momento crítico en las niñas, ella «era entonces primitiva -y casi ignorante, pero dotada de una bondad suma, como Francisco de -Asís; amaba las bestias y conversaba con los pájaros». Es muy otra que -Jacqueline Pascal. No ha nacido para las humanidades. Creo que no sabe -griego ni latín; mas podría conversar con su hermana la alondra y su -hermano el ruiseñor. Su fina lengua sabe, como muy pocas, alabar a Dios. -Diríase que en ella no existe sexo. Y la facultad maternal que pudo -tener se deriva toda en la pasión de su hermano, a quien trata como a un -hijo, como a un esposo, como a un amigo. - -Encanta esa vida gentil. La jovencita aprende a leer en la _Imitación de -Jesucristo_ y en San Francisco de Sales. Y ella enseña a su hermano -menor, a su predilecto fraternal, a leer y a rezar, y a sentir la -hermosura de la naturaleza, todo con una tendencia divina. Es matinal -como las aves del bosque. Se complace en cultivar su inteligencia, pero -se dedica asimismo a los trabajos de la casa. Dice sus oraciones, se -pasea por el campo, visita a los enfermos. - -En el dominio familiar del Cayla lleva una vida de «año cristiano». Un -día escribirá a Mauricio estas palabras: «Sacarme de aquí es como sacar -a Paula de su gruta; es preciso que sea por ti que yo pueda dejar mi -desierto, por ti por quien Dios sabe que iría al extremo del mundo. -¡Adiós al claro de luna, al canto de los grillos, al glú glú del arroyo! -Antes tenía también al ruiseñor; mas siempre algún encanto falta a -nuestros encantos. Ahora nada, sino mi plegaria a Dios y el sueño.» - -La prosa de la mujer amable y predestinada se desliza a modo de un agua -de fuente. Es transparente, cristalina. Bajan a ella--se pensaría--a -beber los corderos del amor divino, los corzos blancos de la caridad. -Mauricio, que empieza la vida al claror de esa alba, no ha de olvidar -nunca tanta candidez celestial, a pesar de las tempestades de París y de -las tempestades de su propia alma de artista, en que palpitan violentos -los jugos de la tierra. - -Deseaba la hermana estar siempre al lado del hermano, y asistía a sus -clases, hasta a la de latín; «cela m’aidera à comprendre mes offices», -decía ella: ¡Cuan lejos del cotillón y del bridge! Por su parte, -Mauricio, se manifestaba castamente enamorado de Eugenia. - - Hélas! le monde entier sans toi - N’a rien qui m’atache à la vie. - -«El sentimiento que inspiraba a Pablo estas palabras para Virginia, no -era más sincero que el mío.» En efecto, son dos almas que se aman de -amor, excluyendo toda sombra de malicia o pecado. Ella se aplica hasta a -tareas de lavandera, evocando para el caso a Nausica, Santa Catalina de -Sena y a las princesas de la Biblia. A los veinte años, sin belleza, es, -sin embargo, atrayente. Lamartine ha dejado de ella un agradable retrato -en que hace notar «el contorno armonioso del rostro» y «el talle esbelto -y flexible que hace resaltar las formas del cuerpo». Toda ella se -consagra a la devoción y a las prácticas religiosas. A la devoción, a -las prácticas religiosas y a su hermano. Escribe versos inocentemente -románticos. Y cuando la tristeza la invade, tiene el remedio de la -oración. Los tempranos desencantos de Mauricio la hacen sufrir, y no -cesa de darle, por lo tanto, buenos consejos. Él, soñador, como todos -los de su tiempo, está enfermo de lo que se llama en estos momentos «el -mal del siglo». Ella desearía verle dedicado a la carrera religiosa, -confesarse con él, como la madre de San Francisco de Sales se confesaba -con su hijo. Y luego, él tiene que ir a París. ¡París! ¡El pecado, la -corrupción, el campo del demonio! Y deja Mauricio el Cayla y parte a la -gran ciudad a continuar sus estudios. Comienza a escribir en los -periódicos, se une a su maestro Lamennais, y cuando Lamennais se insurge -contra la autoridad papal, Mauricio comparte sus opiniones, cosa que -desola a Eugenia. Esta, entretanto, escribe sus admirables cartas y su -_Diario_. Este libro es tenido como uno de los más bellos producidos -por un cerebro femenino. Es un breviario ideal para las ascensiones -espirituales. «Jamás su prosa deja ver el esfuerzo, dice Colleville; -escribe con una naturalidad y una facilidad maravillosa, canta como el -pájaro, naturalmente, así su pensamiento, se impone victoriosamente, nos -seduce y nos penetra de esa religión que lo vivifica.» - -La publicación de esa obra excelente se debe a Barbey d’Aurevilly y a -Tributien. «No sé por qué, dice ella, en mí el escribir es como en la -fuente correr.» La vida de su hermano en París la inquieta. Sobre todo, -sus decaimientos de fe. Comenzaba a aparecer en Mauricio el -despertamiento pagano. Pan se le había revelado y su oído oía en la -sonora tierra el galope del antiguo centauro. Piensa su hermana en -casarlo. Él se enamora de Mlle. de Bayne, pero le rehusan la mano de tal -señorita. Enfermo, retorna al Cayla, en donde se repone. - -Vuelto a París, un nuevo amor le consuela, y logra casarse con una joven -originaria de Batavia, que le adora. Pero la tisis ha hecho presa ya de -él. - -Así regresa al dominio paterno. Eugenia, estoicamente cristiana, viendo -perdido el cuerpo, se dedica más que nunca a la cura del espíritu. Logra -su objeto y muere Mauricio en la absoluta fe católica. Ella continuará -hablando con el ausente, con quien espera juntarse por siempre en la -inmortalidad. «Del Calvario al cielo el camino no es largo. La vida es -corta, y ¿qué haríamos de la eternidad sobre la tierra?» - -Su pensamiento no se separará nunca de su hermano. «Él y yo eramos los -dos ojos de una misma frente.» No cesará de rezar por él, de -encomendarlo a Dios. «Bueno es llorar, pero no sin la plegaria. La -plegaria es el rocío del purgatorio.» Luego, continuará su misión de -dulcificadora de almas, con Barbey d’Aurevilly, íntimo amigo de -Mauricio. Del dandy byroniano y un tanto satánico que era entonces el -Condestable, hizo ella el paladín católico, el caballero de la Iglesia. -«Es, pues, dice Colleville, un hecho, que el novelista, el crítico, el -pensador, ha sido después de su conversión el servidor más decidido y -más convencido de la Iglesia romana, y que es ciertamente a Eugenia a -quien se debe esa milagrosa conversión.» - -El dolor que le causó la pérdida de su hermano hízola hasta pensar -entrar en religión; mas su deber de hija le impidió realizar esos -propósitos. Y así bien queda la frase del crítico inglés en que la llama -la Antígona cristiana. «Sin mi padre yo iría tal vez a juntarme con las -hermanas de San José a Argel. Al menos, mi vida sería útil. ¿Qué hacer -ahora? Mi vida la había entregado a ti, mi pobre hermano. Tú me decías -que no te dejara nunca. En efecto, he permanecido cerca de ti hasta -verte morir. ¿Qué voy a buscar ahora en las criaturas? Reposar en un -pecho humano, ¡ay! Yo he visto cómo nos lo quita la muerte. Mejor -apoyarme, Jesús, sobre vuestra corona de espinas. ¡Cuántas veces he -soñado ser hermana de caridad para encontrarme cerca de los moribundos -que no tienen ni hermana ni familia! Hacer veces de todo lo que les -falta de amoroso, cuidar sus sufrimientos y hacerlos volver el alma a -Dios. ¡Oh, bella vocación de mujer, que a menudo he envidiado! Pero ni -esa ni otra: todas están cortadas.» - -Y en otra parte: - -«No comprendo cómo las mujeres que no tienen piedad no mueren todas -locas. ¿Qué llegar a ser bajo tantas impresiones destructoras? Todo nos -es hierro y fuego, nos rasga o nos quema, pobres mujeres que somos.» - -En verdad, es una santa. El _tota in utero_ se convierte toda en -espíritu. Para ella no existieron los goces de la carne. A su hermano -tocaron las tempestades de la duda, las negruras de la incertidumbre y -la furia misteriosa de los sentidos, la savia pánica. «Yo he anudado mis -brazos alrededor del busto del centauro y del cuerpo del héroe y del -tronco de las encinas. Mis manos han tocado las rocas, las aguas, las -plantas innumerables y las más sutiles impresiones del aire.» Sobre la -floresta sonora en que Mauricio se compenetra con el monstruo divino, -como la paloma blanca de las leyendas sagradas, el alma de Eugenia voló -al cielo. - - - - -ARTHUR SYMONS «RETRATOS INGLESES» - - -Para el público nuestro habré de decir que Arthur Symons es un poeta y -escritor inglés. Su obra es ya considerable. Comienza a ser conocido en -Francia gracias a recientes traducciones, no obstante el haber sido -desde los buenos tiempos del simbolismo amigo y propagador de Verlaine, -de Mallarmé, de Verhaeren, de los iniciadores de aquel movimiento. Él -hizo pasar el Canal de la Mancha al Pauvre Lelian, para dar conferencias -que le valieron algunas libras. Verlaine no olvidó nunca a su amigo -inglés, y, ya en sus últimos años, recuerdo que escribió un estudio -sobre un volumen de poesías en que Symons rima cosas de Francia. - -Para mí, Symons es atrayente desde que, hace años, me entusiasmaron sus -esfuerzos por la Belleza en su inolvidable _Savoy_, el magazin -intelectual tan refinado que él dirigía, acompañado por aquel prodigioso -artista que se llevó la muerte demasiado temprano, y que tuvo por nombre -Aubrey Beardsley. En esa publicación leí por primera vez prosas y versos -de Symons, el cual llevó a colaborar en su revista a lo más brillante de -la juventud literaria del momento. El mismo Aubrey Beardsley publicó -allí los capítulos de su inconcluso y deleitosamente alucinante _Under -the hill_; y sus dibujos allí aparecidos junto con los del _Yellow -Book_, están entre los mejores de toda su producción. Esas revistas -excepcionales, para un público restricto, no podían tener larga vida. -Hoy se las disputan los coleccionistas. - -La traducción que acaba de hacerse en francés de los _Portraits_ de -Symons, pone de actualidad esa simpática figura de aristócrata del -arte,--aunque estas dos palabras parezcan una redundancia, una vez que -el arte es excelencia y por lo tanto aristocracia. ¿Se ha de llamar -crítica a las opiniones y maneras de ver de un poeta? Pasa la palabra -porque no hay otra para la comprensión de la generalidad. Los «Retratos -Ingleses» están hechos con una intensidad que llama a la admiración, y -que no recuerdan otras maneras e interpretaciones anteriores. Es que -Symons, por la virtud de su genio poético, se compenetra con el alma de -los modelos, y va a buscarles, él sabe en qué rincón de sus florestas -mentales, cuervo, paloma, unicornio o león. - -Fuera de los retratos, hay en el volumen algunas apreciaciones estéticas -aparte, como las páginas en que trata «del hecho en literatura» y sobre -«lo que es la poesía». No dejarán de sentirse contrariados por lo que -posiblemente llamarían arranques paradógicos, los acostumbrados a los -juicios ya hechos y a canónicos modos de ver. Paradoja se dirá cuando se -lea por ejemplo: «La invención de la imprenta ha contribuído a la ruina -de la literatura». O bien: «El diario es el flagelo, la peste negra del -mundo moderno.» Mas mirad bien los desarrollos de las postulaciones. La -paradoja ha sido en todos los tiempos propia de alados espíritus. Fijaos -hoy mismo en España: dos, tres, cuatro, de sus principales hombres de -letras diríase que no escriben sino paradojas. Mirad bien en Symons los -desarrollos de las postulaciones: «La invención de la imprenta ha -contribuído a la ruina de la literatura». ¿Por qué? los trabajos de los -copistas y la memoria de los hombres, no fatigada todavía con un relleno -excesivo, preservaron toda la literatura que lo merecía. Las obras que -era preciso saber de memoria, o que eran copiadas por mano lenta y -cuidadosa, no se prodigaban a las gentes que no las querían; quedaban en -manos de los hombres de gusto. El primer libro abrió la vía al primer -periódico, y un periódico es algo destinado al olvido y aun a la -destrucción. Con la destrucción querida de la obra impresa, el respeto -por la literatura se desvaneció, y se acabó por emplear un mismo -término para designar un poema y las «noticias del día». Del mismo modo, -lo que antes hubiera sido un arte para algunos, llega a ser un oficio -para una multitud; y mientras que en la pintura, la escultura, la -música, el simple hecho de producir significa generalmente un ensayo de -producción artística, el empleo de las palabras impresas y escritas ha -llegado necesariamente a no tener más importancia que lo que, según el -decir de un poeta español, es «el cacareo del animal humano» (?). Tales -razonamientos explican lo cortante de las afirmaciones, y dan a entender -que se trata de un criterio que abomina la casilla y la peluca. Muy -justamente ha dicho de Symons Andrés Ruyters que «tiene en el movimiento -intelectual inglés un lugar considerable, menos a causa de la influencia -que bien quiere ejercer, que porque posee en el más alto grado ese don -de animación que hace de la crítica, no una fría policía literaria, sino -una viva y ardiente interpretación». En efecto, no veo entre todos los -críticos conocidos ninguno que más libremente se coloque en el ambiente -del arte puro. Queda aparte la mecánica literaria y aun la -contraposición de ideas que darían a entender un sectarismo cualquiera. -A través de la arquitectura de la obra, va directamente a la psique -productora, y define su tipo y la atmósfera mental en que se produce. - -Los «portraits» no están recargados por el detalle documentario; la -vitalidad interior de la figura es completa. He ahí que se presentará a -Thomas de Quincey, conocido tan solamente en Europa después de la -publicación de los _Paraísos artificiales_, de Baudelaire, y cuyas -_Confesiones_, de lo más interesante que para el estudio de la anomalía -cerebral puede encontrarse. Symons nos explica el motivo intelectual de -su fatigoso procedimiento narrativo, y da el buen consejo de leerlo «con -paciencia, raramente y por fragmentos». Para quien haya leído las -páginas autobiográficas del famoso comedor de opio, no serán sino de un -valor concentrativo incomparable las siguientes palabras del -psicólogo-poeta: «Escribe ciertamente por el placer de escribir, y -también para desembarazarse de todas las telarañas que obscurecen su -cerebro. Su espíritu es fino, pero sin dirección; sus nervios vibran de -sensaciones mórbidas y ellos hablan en todas sus obras. Es un hombre de -ciencia fuera del mundo, un hombre que se interesa a su espíritu en sí -mismo, y no porque es el suyo; tiene el ideal del sabio, de un estilo -separado de lo que expresa. «Tal la personalidad pensante y escribiente -de quien tenía como la única miseria sin descanso... «el fardo de lo -incomunicable.» - -Del yanqui Hawthorne expresa el sentido casuístico, y colócale de par -con Tolstoï, como el único novelista del alma: «Obsedido por lo que es -obscuro, peligroso, en los confines del bien y del mal, por lo que es -realmente anormal, si debemos aceptar la humana naturaleza como una cosa -establecida entre los límites de la responsabilidad y de la conciencia -de las relaciones sociales.» No hay poco de parentesco íntimo con Poe -en el autor de _Twice-Told Tales_, sin tener las alas arcangélicas y el -profundo y transcendente sentido matemático. Mas Baudelaire, por el lado -del pecado, habría simpatizado también con él. Así Barbey. De tal manera -he pensado siempre en Hawthorne al ver, por ejemplo, aquella aguafuerte -de Rops para _Las Diabólicas_, que hay en _Le bonheur dans le crime_. -Evocación del vínculo que en la obra hawthorniana une a Miriam y -Donatello, a Hester y a Arthur Dimmesdale. - -Otro retrato es el de William Morris, el poeta y poetizador de la vida. -«Era el tipo perfecto del artista, y no contento con trabajar en su -propio oficio, la poesía, extendió los principios del arte a una -muchedumbre de técnicas secundarias, la tapicería, la decoración de -muros, la imprenta, que él aprendió, como los artistas del Renacimiento -aprendieron todas las artes y todos los oficios.» Mas también, como -aquellos artistas, llevó a la vida cotidiana las cosas del arte y de las -artes, haciendo de tal guisa de la existencia una obra artística,--hasta -los límites posibles. Tal su pasión social tan concentrada, no fué sino -una caridad de aristócrata que por la belleza quería ayudar y levantar -el espíritu de la muchedumbre de abajo. Feliz vivir el de aquel práctico -lírico que vivía contento, como dice en uno de sus versos, de pasar sus -días - -...Haciendo bellas rimas viejas - En loor de las muertas castellanas y de los amables caballeros. - -Otro retrato es el de Wálter Pater, que también fué un prodigioso -retratista de retratos imaginarios... En dos rasgos véis surgir aquel -admirable y poderoso intelecto: «Wálter Pater era un hombre en el cual -la fineza y la sutileza de emoción se unían a una exacta y profunda -erudición; en el cual una personalidad singularmente llena de encanto -encontraba para expresarse un estilo absolutamente propio y -absolutamente nuevo, que era el más preciosamente y el más curiosamente -bello de todos los estilos ingleses.» Entusiasta por toda la producción -del maestro, mira y admira, no solamente al crítico, sino al autor de -obras originales que cuentan entre lo más definitivo y valioso de toda -la lectura victoriana. De la misma manera nos presenta a George -Meredith, esa alta alma orgullosa de su ideación y de su singular poder -verbal, que tantos puntos de contacto tiene con el francés Stéphane -Mallarmé. Meredith, que escribe el inglés «como una lengua sabia», y que -tanto en prosa como en verso llega a una casi perfección que se creería -inaccesible. ¡Un decadente! Sea. La palabra decadente, dice Symons, ha -sido en Francia y en Inglaterra--en todas partes, hay que -decir--empequeñecida hasta no ser más que una estampilla para una -escuela particular de recientísimos escritores. Lo que _decadencia_ -significa en literatura realmente, es esa sabia corrupción de lenguaje -por la cual el estilo deja de ser orgánico y llega a ser, persiguiendo -tal medio de expresión, o tal belleza nueva, deliberadamente anormal. -Esto ya más o menos lo había expresado en página memorable Théophile -Gautier, a propósito de Baudelaire. - -De Rober Lois Stevenson sabemos que era un artista desdeñoso, enamorado -del estilo, y, para decirlo así, de una manera apasionada; y sin -embargo, era popular. A propósito de él hace ver Symons el error de los -críticos que suelen hacer elogios aun fuera de razón, sin dar a -comprender a la muchedumbre leyente el verdadero valor de un escritor o -de un poeta. - -Otro retrato es el de John A. Symons, cuya autobiografía es una obra -maestra, y que era un «carácter» intelectual; otro es el de Rober -Buchanan, que escribió bellas prosas y bellos versos, y que sin embargo -no era sino un combatiente, un irreductible polemista, especie de León -Bloy, poeta, que se proclamara ante todo un hombre entre los hombres. -Otro retrato es el de Wilde, hecho con comprensión y serenidad, escrito -con nobleza. Y siguen otros como los de Hubert Crackantorpe, el artista -tan personal e independiente; Rober Criages, el puro lírico; el -«patético» Austin Dobson. Y es poeta y nada más que poeta; Stephen -Phillips, que se me antoja el Rostand de Inglaterra; el pobre alcohólico -y bohemio admirable de poesía que fué Ernest Dowson, que murió joven, -gastado, por lo que no había nunca sido la vida para él, dejando algunos -versos que tienen lo patético de las cosas demasiado jóvenes y demasiado -frágiles aún para envejecer. Y todos esos retratos afirman la seguridad -de la mano, la fina y potente mirada interior, la transparencia del -juicio, la auténtica virtualidad incontaminada del ánimo, la obra de un -maestro. Y no hay sino aplaudir a Arthur Herbert, que imprime a la -inglesa tan bellos libros ingleses en lengua francesa. - - - - -SAINT-POL-ROUX - - -Porque hay una familia del Río de la Plata que ha venido a buscar aire -fresco a tierra bretona, he oído en la mañana de cristal vidalitas junto -a menhires. Gratamente habrían sorprendido al padre del poeta, que -habita en el manoir del Boultous, pues recordarán sus oídos de viajero -antiguas noches de Buenos Aires, tardes de las costas uruguayas. - -A un lado del camino vemos de cuando en cuando cuadros pastoriles o -agrícolas. La tierra es pobre de árboles. Sobre las colinas nos hacen -pensar en nuestro Don Quijote los molinos de viento. Pegado a los filos -de la tierra se ve el _ajonc_ con sus pompones de oro. En los cuadrados -de hortalizas, la patata, modesta, pero dignamente, luce cerca de la -madre col sus flores claras. Encontramos muchachas robustas, -campesinos, soldados. De pronto, al acabar de subir una cuesta, se -presenta a nuestra vista el panorama de Camaret. Las casitas grises -pegadas a la costa, las barcas de pesca en la bahía, la espuela de roca -que se interna en el mar y en cuya roseta se aloja la iglesita de -Notre-Dame-de-Roch-Amadour y el famoso y vetusto castillo de Vauban. Al -frente, sobre lo alto, se destaca el semáforo, y se miran como en un -cuento de caballero las torres del _manoir_ en que sueña y piensa -Saint-Pol-Roux, no lejos del chalet de Antoine, el histrión ilustre. - -Bajo un árbol estamos, ya cerca de la puerta en donde nos reciben -amables el perro gris y la criada rubia. En el salón hay panoplias de -armas, el piano, los retratos de los hijos y las dos insignias -pirográficas que Gauguin tenía en su casa de arte allá en Tahiti, donde -pintó con sol extraño, metiendo su alma por los ojos entre almas -primitivas y descubriendo las partes secretas de la Belleza. Y cuelgan, -secas ya, las ramas rituales que vinieron de la iglesia donde se -repartieron en el día del triunfo de Jesús. - -Estamos luego en un saloncito blanco y oro. - -Sobre el marco del espejo hay pintada una fantasía marina. En la mesa -libros de poetas, en cuyas páginas dicen las sendas dedicatorias los más -admirativos conceptos. Y he aquí al dueño de casa. Viste el traje en que -recorre a pie todos estos contornos. Terciopelo castaño, polainas de -cuero, zapatos sólidos. La melena de antaño está un tanto recortada. El -rostro es dulce, la mirada del más bello oriente, el gesto acogedor, la -voz con blandura e inflexiones de bondad. Ya ha hablado fraternalmente; -ya no nos deja partir sin que almorcemos con él; ya habla de América -como de un país de encanto, y aunque confunde a Buenos Aires con el -Brasil, a pesar de los periplos paternales, no importa. Este gran -despertador de valores del verbo es un sencillo. Este «raro» es un -familiar. Suele inclinarse de tanto en tanto cuando habla, habituado -como está a portar su carga de pensamiento. Una formidable conciencia de -su valer le aisla indiferente a los vanos esfuerzos de los adoradores -del momento. - -Su espíritu ha descifrado lo hondo de la inscripción del Templo délfico. -Y al oído le han repetido: Platón, lo Bello es el esplendor de lo -Verdadero; Platino, lo Bello es la idea de lo Verdadero; Gœthe, hay -diosas augustas que reinan en la soledad; alrededor de ellas no hay ni -lugar ni tiempo; se turban cuando se habla de ellas. La Bruyère, aquel -que no considera al escribir sino el gusto de su siglo, piensa más en su -persona que en sus escritos; hay siempre que tender a la perfección, y -entonces, esta justicia, que nos es a veces negada por nuestros -contemporáneos, la posteridad sabe otorgárnosla.--Con tales ensalmos -bien aprendidos se abren innumerables sésamos invisibles. - -El meridional que ha cantado tan bellamente a la sonora Marsella, ha -extraído de los silencios de Bretaña ricos diamantes de concentración. -Asombra la joyería metafórica y el prodigio de combinaciones ideícas; es -el dominio del iris y la sujeción de todas las gamas; y el volcar de la -aladínica mina íntima un inacabable tesoro. - -Emperador de las Imágenes, rey de las Analogías, es para mí un gran -placer la comunicación fraternal con tal creador de nuevas existencias y -conceptos, y mirar, por el don amistoso, como la del argentino Lugones, -como la del griego Moreas, transparente su alma. Tales tratos inmunizan -contra la mirada de los basiliscos y las ponzoñas de los escorpiones. - - Être admiré n’est rien, l’affaire est d’être aimé, - -dijo un lírico de sufrimiento. Saint-Pol-Roux ha logrado ambas cosas. - -Se presentó, toda ella un bouquet de gracia, Mme. Saint-Pol-Roux. Es -parisiense de París, y a pesar de sus largos años de Bretaña hay en su -acento un grato acento montmartrés. Nos sentamos a la mesa. Y aparecen -también Cœcilien, tan celebrado por su prosa gallarda como por buen -nadador y mozo de corazón, y Loredán, en la flor de los catorce años, y -Divine, la diminuta y gentil madrina de la antigua _chaumière_ de -Roscanvel. Y así todo, desde el pescado hasta el champaña entablamos la -más sabrosa de las charlas. Descubro a Ricardo Rojas, ojos de fauno, -cuando al decir sus años aplaudimos tanta juventud. Y nos vamos luego, -con un gran cariño y una admiración grande, frescos aun los labios de la -espuma del montebello. - -Y ya de vuelta, al descender las colinas en la tarde de ámbar, pienso en -la obra vasta de ese solitario que ha huído de la ciudad dorada y -martirizadora, y que va descendiendo su existencia apoyado en su bastón -de cordura. El fué con los del alba simbolista, de los que comenzaron a -practicar la libertad mental sin dejar por eso de amar a sus maestros -«como a dioses», siendo los dos maestros, el uno un pobre profesor de -inglés, el otro un bohemio desventurado, ebrio de alcoholes y de -dolores. Es el poeta de sus _Anciennetés_, en que canta en «el tiempo -abstracto de lo solo» el orgullo humano hecho una llama, a su manera, la -arcilla ideal de Hugo, de la reina primitiva, de la «rosa maligna»; la -vuelta de Odises; el chivo emisario en el mundo judío, la divina -Magdalena, - - La femme au cœur plus grand qu’un lever de soleil - -Lázaro y el Gólgota, en versos que hubieran sido de un Leconte de L’Isle -flexible y trascendente. - -Aquellos pasados «reposorios» que aparecían en el primer _Mercure_, y -hoy coleccionados en series que forman una sucesión de, como dice el -poeta, «temas filosóficos, símbolos de alma, notaciones de estaciones, -pinturas de horas, magias de fenómenos», constituyen una de las obras -más hondas y más puramente artísticas de la última época intelectual. -Son de esas criaturas cerebrales que suelen resucitar a través de los -siglos. - -Concentraré. Aún me deleita, como la primera vez, aquella inicial -significación de las alondras. «Les coups de ciseaux gravissent l’air.» -Es el poemal comienzo de la vida en la sucesión cotidiana. Son el clarín -del gallo, «la diana» y la salida del sol. De poner los ojos en una rata -nace una música de ideas, y aun de ver la ropa lavada que tiende la -madre en la aldea. Cada paso en la existencia da nacimiento a una lírica -expansión. Interpreta el tiempo, el número, el espacio. Siempre está en -él el pensamiento. Las apariencias se expresan, se entrelazan las -alegorías. ¿Es prosa, es verso? El ritmo impera. Y hay verso y prosa, o -solo verso, según el entender mallarmeano. - -Yo he respirado los perfumes de la Rosa y me he herido en las Espinas -del camino... Del sol me he abrevado con el que nació en el Mediodía y -no he perdido nunca su don apolíneo; y con brazos de fuego he penetrado -la floresta del misterio, clamando, por donde Mæterlinck habla en voz -baja... - -Largas páginas tendría que escribir para hacer un estudio de esta -producción de psíquicas piedras preciosas. Desde el primero hasta el -reciente tomo de los _Reposorios_, la maestría se ha querido demostrar, -lográndolo, poseída de don infuso, extraordinario. ¿Quién le llamó -pastor? ¿Quién le llamó loco? Pastor de ideas, loco de poesía, con más -filosofía que las bibliotecas y ardiendo en amor humano. ¡Ser pastor, -Dios mío, ser pastor como Apolo, como Jesucristo! estado, por -consiguiente divino. - -Rara vez habréis leído en ningún autor tal maravilla de transposiciones -conceptuales en un discurso prestigioso casi todo constituído de -alusión. Y la manera es por extremo singular de armonía y de libre -voluntad. El poeta dice en cortos períodos sonoros las voliciones -íntimas de las cosas, los secretos del vínculo, las correspondencias de -las plantas y de los animales, Gaspard Hauser en el arca de Noé, Orfeo -que ha habitado en París. ¿Quién aseguraba que tan solamente en el Norte -florecía bajo las nieblas el árbol del misterio? De misterio vivía -envuelto en sol Raimundo Lulio, en un día hecho de pedrerías; de -misterio arden aún las mágicas _Mil y una Noches_, y por Saint-Pol-Roux -del misterio vienen, de una selva encantada de misterio, su blanca -Paloma, su negro Cuervo, su Pavo real. - -«Por mínimo que fuese, yo he sido, tal vez por momentos, el protagonista -del gran Pan», dice alguna vez. - -Es la reducción del Universo al servicio del poeta, en cuya alma, por -divina virtud, se juntan todo el tiempo y todo el espacio. ¿A quién se -parece Saint-Pol-Roux? Primeramente, «a sí mismo», y luego, a la Poesía. -Mas no por ser tal flor de propio carácter dejará de tener tales -relaciones. Hay en la obra de Saint-Pol-Roux esencias que creéis -distinguir en el ramo singular. Esencia de Píndaro y esencia de -Ezequiel, esencia de Rabelais y esencia de Virgilio, esencia de Góngora -y esencia de Hugo, esencia de Gœthe y esencia de Mallarmé... Mas, -sobre todo, esencia del día y esencia de la noche, esencia del cielo y -esencia de la tierra, esencia de la Vida y esencia de la Muerte. ¡La -Muerte! Desde Orcagna, desde la danza Macabra, nadie ha podido como él -traer por el poder del Arte ante nuestros ojos, personalizada y vestida -de símbolos, a la siniestra Flaca, a la Dama de la Hoz. Una vez lograda -esa caza de prodigio, volvió a los reinos vitales. - -Y así continúa, coleccionando en el receptáculo de los libros la riqueza -que extrae de sus hondos senos propios. Y para andar entre las gentes -preciso le es el hablar el idioma de todos los días, vivir la diaria -vida. Sus pescadores, sus vecinos sencillos, le aman. Cuando pasa por -las calles del pueblo todo el mundo le señala con afecto. - -Con las rocas habita, en una altura, en frente del mar. Abajo tiene -arena blanda; sedas de espuma. Y en el invierno, el viento hace temblar -el manoir. Se levanta matinal. Trabaja fumando su pipa. La luz de su -lámpara sirve de faro a las barcas de pesca que vuelven por la -madrugada. - - - - -EL PUEBLO DEL POLO - - -El progreso moderno es enemigo del ensueño y del misterio, en cuanto a -que se ha circunscrito a la idea de utilidad. Mas, no habiéndose todavía -dado un solo paso en lo que se refiere al origen de la vida y a nuestra -desaparición en la inevitable muerte, el ensueño y el misterio -permanecen con su eterna atracción. Lo desconocido en la naturaleza -surge de repente en formas tales, que llegan a realizar lo imaginado. El -radium es un milagro. Todavía no se sabe lo que es la electricidad. A -este propósito, en un libro reciente, dice M. Lucien Poincaré: «Los -espíritus, aun los más cultivados, tienen una tendencia tan natural como -engañadora a creer que han comprendido la causa de un fenómeno cuando se -ha dado una explicación que junta ese fenómeno a otro anteriormente -conocido, y al cual se está acostumbrado desde hace tiempo. Reflexiónese -un poco y se advertirá que el embarazo en que se encuentra el sabio -sería igualmente grande si fuera preciso dar una explicación completa de -no importa qué otro fenómeno físico, aun tomado entre los más -familiares. Si ante una de las aplicaciones más sencillas y más vulgares -de la corriente eléctrica, en frente, supongamos, de una modesta -campanilla eléctrica, el físico se encuentra un tanto molesto cuando se -le pregunta cómo la energía de la pila se transporta a lo largo de un -hilo, y a qué modificaciones en el hierro corresponde la imantación del -electroimán, estaría en el derecho de hacer notar que sabría, además, -satisfacer plenamente la curiosidad de quien quisiera darse una cuenta -enteramente exacta de las razones profundas por las cuales la vieja y -respetable campanilla antaño usada hace oir un sonido cuando se tira del -cordón.» Así en todo. La ciencia de hoy corrige a la de ayer; mas poco a -poco y de tiempo en tiempo se descubre o se entrevé un nuevo enigma del -universo, que hace más profundo y formidable el enigma total. Muchos -creen que la astronomía y la química son las sucesoras de la astrología -y de la alquimia. ¡De ninguna manera! protesta un estudioso como M. -Jacques Brieu. Preguntad a Paúl Flamblart, Selva, Fomalhaut, Barlet y -algunos otros, de los cuales tres o cuatro, por lo menos, son antiguos -alumnos de la Politécnica, si se debe confundir la astrología con la -astronomía. Esta difiere de aquélla tanto como la anatomía de la -fisiología y de la psicología. En cuanto a la química, _comienza apenas -ahora a entrar en los dominios de la alquimia_.--Dijérase que el -ejercicio de la inteligencia nunca como hoy ha contado con más -investigadores de absoluto. En otras épocas, la concentración de la -labor mental, en solitarios gabinetes y en silenciosas celdas de -conventos, se tendía por el esfuerzo teológico a la rebusca y -comprensión de Dios. Hoy la unida labor intelectual se dirige a la -exploración de la materia y de la fuerza, de lo arcano inmediato, de lo -que nos rodea; y está en nosotros mismos. - -Pero, tanto en lo lejano de los astros apenas vislumbrados con el aún -impotente telescopio, como en lo recóndito de la vida atómica, hay un -infinito ignorado. La geografía ha avanzado mucho. Mas ¿está todo el -globo ya en nuestros nutridos inventarios? Hay todavía rincones -inviolados. Y está el Polo, guardado aún por la enorme y blanca esfinge -que surge en una de las más maravillosas creaciones o supervisiones de -Poe. - - * * * * * - -Tales temas tientan hoy a más de un escritor de imaginación. Wells, el -inglés, ha sido el conquistador de la celebridad inmediata por sus -novelas extraordinarias. Hay antecesores ilustres, y con razón se ha -citado a este respecto los nombres de Poe, de Villiers de l’Isle Adam, -y aun el del venerable y pueril Julio Verne. - -Otros pueden agregarse, en cierto sentido, como Lytton Bullver o Rider -Hagard. En Francia, y tratándose únicamente de la sorpresa intelectual -producida por la obra de Wells, no habían aparecido aún seguidores del -autor británico. M. Charles Derennes, cuya reciente obra _El pueblo del -Polo_ acabo de leer, me parece que inicia la serie de los imitadores, y -a pesar de lo que en su contra tiene toda imitación, el libro de que -trato logra el propósito, y podría pasar por «du Wells», si no -apareciese en medio de los más interesantes momentos de la acción el -inevitable «esprit», que echa a perder la intensidad de lo que nos -conmueve y hace pensar. - -La fabulación es sencilla; y el procedimiento conocido: prólogo -explicativo, manuscrito encontrado. El autor cuenta que en Septiembre -del año de 1906 se encontraba en Saint-Margarit Bay, pueblo del condado -Real, en la costa del Paso de Calais, a seis millas de Dover. Allí se -junta con un su amigo, Luis Valentón, profesor del Colegio de Francia, -miembro del Instituto, que ha hecho grandes exploraciones en Siberia, y -que ha descubierto muchas cosas; entre ellas un esqueleto de animal -desconocido que habría regocijado al sabio Ameghino y que él califica de -antroposauro. Este animal, explica Valentón, es contemporáneo de los -primeros hombres, y la inteligencia humana y la inteligencia... -antroposauria han debido, en una época, existir juntamente... - -Hay una comparación que me parece explicar bien la manera con que las -especies evolucionan, se transforman y salen las unas de las otras. -Imaginada familia que posee una casa en un país fértil. Los campos la -nutren, nutren a los primeros hijos y aun, quizás, a los hijos de esos -hijos; pero la raza se multiplica, el terreno no basta ya, y pronto -tienen las nuevas generaciones que ir a buscar fortuna a otra parte. -Esos hombres llegan a ser lo que la naturaleza de su patria de adopción -quiere que sean; si el país es, por ejemplo, cubierto de bosques y -poblado de animales, serán cazadores y no agricultores como sus hermanos -y primos que han quedado en la tierra original de la raza. - -Así, abandonando los pantanos primitivos donde vivían los monstruosos -saurios de las viejas edades, ciertas especies han, poco a poco, ganado -la tierra firme, se han cubierto de pelo, y de ellas han salido las -razas mamíferas. Pero las especies fraternas que habían permanecido en -los pantanos no dejaron de transformarse menos en el sentido del -progreso, y entonces, ¿qué de extraño hay en que una o varias de ellas -hayan llegado, como la especie humana, hasta la posesión de un cerebro -dotado de razón y de inteligencia, punto culminante del progreso que nos -es permitido concebir para un ser viviente? - -En resumen; queda casi afirmada la existencia del antroposaurio, rival -único del primate triunfante, del rey de la creación. Mas ¿dónde existe -el antroposaurio? «_Quelque part il y a quelque chose_», dice el miembro -del Instituto. Y entrega al autor un manuscrito, encontrado cerca de los -hielos polares entre una lata de gasolina--, como el de un cuento de Poe -fué encontrado en una botella. - - * * * * * - -En el manuscrito cuenta un tal Vénasque las más raras aventuras. Después -de una introducción sobre los antecedentes familiares y su modo de ver y -de pensar, presenta a un su amigo llamado Ceintra, ingeniero, preocupado -del problema de la navegación aérea. Ambos se proponen construir un -dirigible con el cual pueden ir nada menos que a descubrir el Polo--, -anticipándose así a los proyectos de la expedición Wellmann, de que -tanto se ha hablado últimamente. Se ensayó un primer globo cerca de -París. Para el segundo se pensó en un lugar cercano a las regiones -árticas, «a fin de que las condiciones climatéricas durante las -experiencias y durante el viaje fuesen las mismas». Escogieron Kabarowa, -aldea samoyeda, al Sur del estrecho de Yugor, a la entrada del mar de -Mara, último lugar habitado que vió Nansen antes de internarse entre las -nieves polares. - -Para abreviar detalles: el dirigible dió buen resultado y ambos amigos -se embarcaron con rumbo a lo desconocido. Después de pasada una vasta -región glacial, se encuentran conque la temperatura desciende. Y, -primera sorpresa extraordinaria, entran en la verdadera parte polar de -la tierra, en donde el día, según lo advierten, es de color violeta. -Descubren aspectos extraños, vegetaciones distintas a las conocidas. El -paisaje no tenía verdaderamente nada de terrestre. Y fué mucho peor -cuando, de pronto, el manto de bruma que cubría el horizonte se desgarró -y el sol del Polo apareció en el extremo de la llanura, inmenso y -semejante a un escudo de metal empañado; el poder del dueño de la Tierra -parecía aquí aniquilado por el de la singular fuerza luminosa que había -invadido el cielo; ningún rayo emanaba de él, y se veía en la claridad -violeta como una luciérnaga bajo el brillo de una lámpara de arco. A esa -luz misteriosa perciben el vuelo de no conocidos pájaros. La influencia -de un gran peso de ondas eléctricas se reconoce en el ambiente. Quieren -huir, pero no pueden mover el globo, a pesar de funcionar bien el motor; -y la barquilla, que tiene gran parte acerada, es atraída por un enorme -imán, como el del cuento de Simbad. Por de pronto, los viajeros viven de -sus provisiones, y tienen de ellas copioso depósito. Se convencen, con -todo, de que son prisioneros de seres inteligentes que les rodean sin -dejarse vencer por ellos. - -En la tierra encuentran huellas de un animal ignorado. La arcilla suave -y flexible había netamente guardado la huella del paso de un animal... -Un paso aquí, otro allá... tiene el aspecto de una huella de bípedo, o, -mejor, de un animal que utiliza únicamente para caminar sus miembros -posteriores y su cola: algo como un kanguro... ¿Se trata del -iguanodon...? Quizá hay rebaños de iguanodones, de iguanodones -domesticados... Como el lector comprende, el antroposaurio va a -aparecer. Han encontrado, en ciertas rocas, o en la tierra, puertas -metálicas. Han oído ruidos subterráneos. Y luego, se dan cuenta de que -les han robado varias piezas del motor. Advierten que la luz especial -que allí forma el día es producida a voluntad. Por fin, un ser, el «ser» -de esos lugares, se deja ver. «Desde que hube observado ese cráneo -extremadamente desarrollado, hipertrofiado en partes, y como hinchado de -un exceso de cerebro; desde que, sobre todo, los grandes ojos iluminados -de un reflejo interior, se fijaron en los míos, comprendí -definitivamente que esa criatura estaba dotada de razón. - -»Pero el aspecto del monstruo no recordaba en nada el del hombre. Estaba -acurrucado sobre sus miembros posteriores, y debía andar apoyándose en -su fuerte cola; sus brazos grotescos y cortos, en lugar de caer en el -reposo, a lo largo de los costados, parecían restos de manos, sino dedos -unidos directamente a los puños, dedos desunidos y larguísimos, más -largos que los brazos, al parecer, y semejantes a tentáculos. Sobre, la -cara, nada de pelos; una piel descolorida y pálida que me hacía pensar -en una cabeza de ternero pelada. Los ojos redondos, ligeramente -salientes y metidos, sin párpados visibles en las órbitas prominentes. -En lugar de nariz, dos hoyos profundos de donde salía vapor; abajo, la -raja desmesurada de una boca de reptil provista de muchos dientes agudos -que no llegaban a cubrir los labios delgados y córneos. En las comisuras -de los labios, que se juntaban casi a las orejas movibles y minúsculas, -salía un poco de saliva. El mentón no existía, o desaparecía bajo los -lisos repliegues de pellejo blando que había sobre el cuello y la parte -superior del tronco. Después, por dos veces, los párpados se agitaron, y -velaron un instante los ojos, blancos, tenues, casi diáfanos, como los -de las serpientes o de los pájaros». - -Poco a poco, Vénasque llega a hacerse vagamente comprender por señas de -algunos de los monstruos. Mas el ingeniero Ceintras se vuelve loco, y, -una vez que han podido penetrar en el imperio subterráneo de los -habitantes del Polo, si Vénasque tiene tiempo para observar un sistema -de gobierno, una ciencia y una vida social singulares, su compañero, -armado de una carabina, asesina una cantidad increíble de -antroposaurios; el paso de los dos humanos ha sido una catástrofe en ese -mundo recóndito. El loco se pierde entre los hielos, una vez salido de -las entrañas de la tierra; y Vénasque puede aún escribir su relación -antes de la inevitable desaparición. Ese es el resumen de la obra. - - * * * * * - -Desde luego, como he dicho, el libro interesa. Desgraciadamente, en lo -mejor de la narración, un diálogo que se quiere hacer espiritual, la -cosa parisiense, la «blague» bulevardera, descompone la tensión curiosa -del que lee. Algunas descripciones del novelista hacen pensar en otros -autores. La luz producida por una fuerza especial que maneja un sabio -tan solamente dedicado a eso, recuerda el «vril» de la también -subterránea «raza futura» de lord Lytton. La labor de los polares y -hasta su superdesarrollado cerebro, tienen más de un punto de semejanza -con los selenitas y con los marcianos de dos novelas de Wells muy -conocidas. A pesar de todo, me ha complacido le lectura de este volumen, -que no tiene nada que ver con el adulterio y el apachismo ambientes, y -cuyo autor busca en problemas científicos atrayentes como las más bien -urdidas fábulas, un tema que hace pensar y mantiene la atención viva. - - - - -HÉRCULES Y DON QUIJOTE - - -Un notable escritor y poeta, que por cierto es de la familia de -Castelar--me refiero a don Mariano Miguel de Val, dice lo siguiente: - -«Es un libro que está por hacerse, a pesar de lo agotado que parecía el -tema: Hércules y Sileno, precursores del valeroso hidalgo Don Quijote y -de su escudero Sancho. Hércules, libertador de los oprimidos, amparo de -los débiles, castigo de los tiranos y espanto de los monstruos, tiene -tales analogías con el ingenioso hidalgo de la Mancha, que hasta la -protección de Palas Atenea, diosa de la sabiduría, parece sentar el -principio de que también al hijo adulterino de Júpiter le sorbieron el -seso los libros, más o menos de caballerías.» - -La comparación de Don Quijote con Hércules me parece nueva e ingeniosa. -La de Sancho y Sileno la había hecho ya el gran Hugo en un capítulo de -su _William Shakespeare_. - -«En Cervantes--dice--, un recién llegado entrevisto en Rabelais, hace -decididamente su entrada: es el buen sentido. Se le ha percibido en -Panurgo, se le ve de lleno en Sancho. Llega como el Sileno de Plauto, y -él también puede decir: Soy el Dios montado sobre un asno.» - -El señor de Val busca los puntos de semejanza en los dos héroes. -Hércules, en su destierro, condenado por Anfitrión, rey de Tebas, -haciendo vida pastoril, y don Quijote, enamorado y poeta, en Sierra -Morena. En las «salidas» hubo indudablemente muchos «trabajos»; las -aventuras de los molinos de viento, en la venta, lo del yelmo de -Mambrino, la liberación de los presos, el caballero del bosque, los -leones, a los cuales se pueden agregar el descenso a la cueva de -Montesinos, los batanes, los cuadrilleros, el barco encantado y tantos -otros momentos de la vida heroica del caballero de los caballeros. - -Todo esto, desde cierto punto de vista, es comparable con las hazañas -del esposo de Deyanira. Mas, a mi entender, la psicología, digamos así, -de los dos personajes, es absolutamente distinta. Además, Don Quijote es -inseparable de Rocinante. Es el «caballero». Diríase que sin su -caballería está incompleto. Cuando no va en Rocinante hacia el heroísmo, -va en Clavileño hacia el ensueño. Hércules no cabalga. La única vez que -usa de corceles es cuando ya consumido su cuerpo por las llamas en la -cumbre del Œta, en soberbia apoteosis, y bajo su olímpico aspecto de -inmortal, asciende, por orden de Júpiter, hasta los astros, en un carro -tirado por una cuadriga: - - Quem pater omnipotens inter cava nubila raptum - Quadrijugo curru radiantibus intulit astris. - -Podríase comparar don Quijote, a ese respecto, con Belerofonte, con -Perseo, ambos jinetes de Pegaso y sublimes caballeros andantes. -Cervantes cita poco a Hércules. En la primera parte del _Quijote_, -cuando habla de las lecturas del héroe, dice: - -«Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había -muerto a Roldán el encantado valiéndose de la industria de Hércules, -cuando ahogó a Anteón, el hijo de la Tierra, entre los brazos.» - -Hércules es el prototipo de la fuerza bruta, aunque, según las palabras -de Muller, «lo heroico-ideal está expresado con la mayor fuerza en -Hércules, quien fué preeminentemente un héroe nacional helénico. Su -semejante bíblico es Sansón. Don Quijote es el Espíritu cabalgante, el -Ideal caballero. Otros hay que pudiéranse nombrar a su respecto: el ya -dicho Perseo, San Jorge, Santiago, Astolfo--y todo Poeta que monta en -Pegaso. - -Don Quijote es casto. Hércules es tan lascivo como Pan. En el canto en -que Deyanira se dirige a su esposo en las _Nereidas_, de Ovidio, ella -enumera alguna de las eróticas fazañas del formidable _marcheur_. Le -habla de sus amoríos errantes y variados. «Cualquier mujer, le dice, -puede ser madre por obra tuya.» Le recuerda la violación de Angea y el -«pueblo de mujeres», nietas de Teutra, de las cuales gozó, y la tremenda -Onfalia, que afemina al beluario, y le hace hilar a sus pies como a una -esclava. Don Quijote no encuentra siquiera a Dulcinea y n se deja tentar -por la carne, siempre con el alma de hinojos ante la figura soñada. -Hércules, por fin, es el semidiós medio bandido, y don Quijote, aunque -él asegure, al compararse con don San Jorge y don San Diego y otros -caballeros canonizados, que ellos pelearon a lo divino y él a lo humano, -es un paladín medio santo. - -¿Y Sancho y Sileno? Ya hemos visto cómo Hugo hace la comparación en su -libro sobre Shakespeare. Sancho es también inseparable de su asno. -Recordaré el párrafo del admirable capítulo: - -«Llega como el Sileno de Plauto y él también puede decir: Soy el Dios -montado sobre un asno. La cordura en seguida, la razón muy tarda; es la -historia extrema del espíritu humano. ¿Qué de más cuerdo que todas las -religiones? ¿Qué de menos razonable? Morales verdaderas, dogmas falsos. -La cordura está en Homero y en Job; la razón, tal como debe ser para -vencer los prejuicios, es decir, completa y armada en guerra, no estará -sino en Voltaire. - -El buen sentido no es la cordura y no es la razón. Es un poco de lo uno -y un poco de lo otro, con un matiz de egoísmo. Cervantes lo pone a -caballo sobre la ignorancia, y al mismo tiempo, acabando su irrisión -profunda, da por caballería al heroísmo la fatiga. Así muestra, en uno -después del otro, el uno con el otro, los dos perfiles del hombre y las -parodias, sin más piedad para lo sublime que para lo grotesco. El -hipógrifo llega a ser Rocinante. Detrás del personaje ecuestre, -Cervantes crea y pone en marcha el personaje asnal. Entusiasmo entra en -campaña. Ironía sigue al paso. Los altos hechos de Don Quijote, sus -espolazos, su gran lanza enderezada, son juzgados por el asno; perito en -molinos. La invención de Cervantes es magistral, hasta el punto que hay -entre el hombre tipo y el cuadrúpedo complemento, adherencia estatuaria, -el razonador como el aventurero hace un solo cuerpo con la bestia, que -le es propia, y no se puede desmontar ni a Don Quijote ni a Sancho -Panza.» - -El asno de Sancho es silencioso y paciente, el asno de Sileno de Plauto -está dotado del don de la palabra, como el de Balaan, como el que -dialoga en Turmeda, como el que habla largamente al filósofo Kant en el -poema de Víctor Hugo. El asno ha tenido insignes cantores desde Grecia y -Roma, hasta Daniel Heinsius, hasta Hugo, hasta nuestro buen Lugones. -Cierto es que, el dulce animal de las largas orejas, además de conducir -a Sancho y a Sileno, sirvió de caballería triunfal al Señor de Amor en -su entrada a Jerusalén. - - - - -UN RECUERDO A CASTELAR - - -Hace poco tiempo, el señor don Adolfo Calzado, publicó un volumen que -contiene muchas cartas de Castelar, dirigidas a él--desde el año de 1868 -hasta el 98--, y otras escritas a Castelar por Víctor Hugo, Renán, -Dumas, Duque de la Victoria, Mazzini, Thiers, Garibaldi y otros famosos -y gloriosos hombres de diferentes naciones. - -El señor Calzado fué el amigo más íntimo de Castelar, y quien, sin -alardes de humillante mecenismo, ayudó pecuniariamente al gran orador, -en ocasiones en que éste necesitaba de su apoyo. Calzado, rico banquero -muy conocido en París, y al propio tiempo persona de superior cultura, -ha escogido, entre las muchas cartas que recibiera, las principales. - -¿De qué manera--dice en el prólogo--he procedido al ordenar estas -cartas? Desde luego he hecho poco uso de aquellas cortas circulares que -me enviaba Castelar periódicamente, al mismo tiempo que a otros cuatro -amigos, las cuales dictaba a su secretario para que sacase copias de -ellas. Doy preferencia a las íntimas, porque reflejan idénticos -pensamientos con mayor espontaneidad y abandono, bien que ofrezcan el -peligro de hacerme parecer inmodesto, aceptando elogios inmerecidos y -expansiones que el lector, con su buen criterio, achacará indudablemente -a la parcialidad del amigo. Después he eliminado lo agresivo, lo que, -dicho en la intimidad y con el calor y la vehemencia de la lucha, -pudiera ofender a muchos que fueron amigos suyos y son sus primeros -admiradores. Por el deleznable fin de sazonarle a la curiosidad pública -manjares, con la sal y pimienta del escándalo, hubiera faltado a deberes -elementales. Tampoco he querido suavizar aquellas frases de ingenio tan -peculiares en él, verdaderos zarpazos de león, para convertirlos en -vulgares arañazos de gato. Suprimiéndolas sencillamente, si no doy gusto -a los aficionados al escándalo, dejo en pie la idea, el concepto, que -por faltar un adjetivo o un donaire no pierden su razón y su -virtualidad.» - -El compilador, respecto a las necesidades de aquel grande hombre que -cumplió con el deber estético de darse la mejor vida posible, agrega: - -«No me he creído con derecho a suprimir lo relativo a sus apuros -económicos, porque ponen en relieve su laboriosísima existencia, su -trabajo diario de diez horas, y cómo el hombre que ocupó los primeros -puestos en la nación murió tan pobre que cuatro amigos tuvieron que -pagarle el entierro. ¡Y no fué un entierro nacional, si fueron -nacionales el duelo y el quebranto!» - -Al leer la correspondencia de Castelar se ve ante todo la facilidad de -fuente que había en aquel surtidor de ideas y de cláusulas armoniosas. -Castelar en sus cartas, como en sus novelas, como en sus artículos, es -el Castelar de los discursos, es siempre el orador. Hace su frase, busca -la cadencia y el efecto, redondea su hipérbaton. Así era también en su -conversación. Y, a propósito, fué Castelar quien me presentó a su amigo -Calzado, una vez que almorzamos en su casa de la calle de Serrano. Otra -cosa que se advierte en seguida es la vehemencia meridional en todo, y -una facultad de dar en todo, un soplo de lirismo. - -Claro que lo que principalmente preocupa al escritor se ve que es la -política, y de política tratan la mayor parte de las epístolas. Tanto -como la política española dijérase que le interesa la francesa; y se -sienten sus protestas, sus enojos, sus críticas, llenas de fogosidad. No -queda muy bien Gambetta ante sus juicios. Y cuando Castelar se exalta, -no se para en señalar hasta el defecto de ser tuerto. - -También resalta el ingenuo y natural orgullo de quien sabía lo que era y -lo que valía. Esa águila tiene mucho de pavo real. Y la verdad es que -los oros y colores de su estilo brillan lindamente al sol. Hugo tenía -también ese conocimiento de lo desmesurado de su genio, y asimismo -mostraba su soberanía con sencillez, simplemente, como un león. Y hay -que ver el cambio de cumplimientos olímpicos entre el gran francés y el -gran español. - -Y todo eso estaba perfectamente. Castelar no iba a dirigir sus pomposos -elogios a M. Tartampion, ni Víctor Hugo sus inciensos pontificios a Juan -de las Viñas. - -Otra cosa que advertiréis es el trabajo formidable de aquel cerebro -excepcional. Aunque la política le quitase mucho tiempo, él se arreglaba -de modo que, mientras había libros suyos en prensa, iban sus larguísimas -y profusas correspondencias a Buenos Aires, a Montevideo, a Venezuela, -México, a Nueva York, fuera de su colaboración en diarios y revistas -europeas. Ganaba mucho dinero, es verdad; puede decirse que nadie aquí -ha sacado tanto oro de sus tinteros. Pero gastaba mucho; su vida de gran -señor y de hombre de buen gusto le costaba un dineral, y ya habéis visto -cómo Calzado cuenta que cuatro amigos tuvieron que pagar su entierro. - -Hay en esas cartas opiniones sobre hechos y sobre gentes, sobre arte, -vida pública; paisajes rápidos, soñaciones e intenciones de poeta. -Escribe en una parte, desde Étretat: - -«Tengo el valor de predicar a un poeta prusiano, muy amigo de Bismark, -su agente en Roma, que Alemania debe reconciliarse con Francia, como se -ha reconciliado con Italia, volviéndole Milán y Venecia. Por -consiguiente, debe volver a Francia, Metz y Estraburgo.» - -Una tablita: - -«Querido Adolfo: Aquí me tienes en la soledad más completa. Frente de -mis balcones se extiende el Mediterráneo, que me envía sus frescas y a -veces tempestuosas brisas; en torno de la casa una multitud de colinas -sombreadas por pinos de Italia, y en cuyas cañadas crecen las higueras, -los naranjales y las palmas.» - -Política europea: - -«Estoy indignado con ese bárbaro zar moscovita. Después de haber echado -los pobres servios al campo, todavía los insulta. Después de haber -convertido el ejército servio en ejército ruso, todavía escupe por el -colmillo. Ayer comí en casa de Layard con tres diputados conservadores -del Parlamento inglés. Me dijeron que Alejandro ladra, pero no muerde.» - -Un buen párrafo para Gambetta, en Noviembre del 76: - -«La campaña de Gambetta me admira más cada día. Es el verdadero talento -político que hay en la democracia francesa. Por él, y sólo por él, -vivirá la República. Si hoy tengo tiempo te incluiré una carta en -español para que se la traduzcas de viva voz al francés, felicitándole y -felicitándome por sus triunfos, que son también triunfos de la -democracia europea.» - -Y en Agosto del 77, refiriéndose a un discurso pronunciado por Gambetta: - -«Aunque he dicho a América que me había gustado el discurso de Lila, te -digo a ti que no me ha gustado nada. Cada día encuentro a ese mozo más -gárrulo y más vacío. Luego, a su altura, no se comprometen los hombres -públicos en procesos de imprenta como cualquier pelafustán de baja -talla.» - -Después, aún hay cosas peores contra Gambetta. Un sabroso párrafo -culinario: - -«Las últimas chucherías salen de provincias y llegarán antes de dos -días. Haced un almuerzo español. Freid las morcillas, asad las -longanizas, hervid las batatas de Málaga, coced los blancos de Elda, -desgranad las granadas; reunid a todo esto el turrón y luego preguntad -dónde se quedan Chevet y Compañía.» - -Pues Castelar amaba como pocos los placeres de la mesa. Y ya he hablado -en uno de mis libros de ciertas perdices, regalo de la duquesa de -Medinaceli, que me hizo saborear aquel hombre glorioso de alma infantil. - - - - -JEAN ORTH Y EUGENIO GARZÓN - - -Jean Orth es sabido que es el archiduque austriaco, de la imperial -familia atrida, que, enamorado como un antiguo estudiante romántico, se -embarcó un día con la mujer amada en un navío de ignorada suerte. Con -rumbo a la buscada Felicidad, se esfumó en el Misterio. Y Eugenio Garzón -es el Gaucho Dandy del _Fígaro_ de París, que llegado a Lutecia de su -Uruguay nativo, tiró las boleadoras a la Fama, y la llevó de las alas a -la _garçonnière_ de la rue de Courcelles, para lanzarla a todas partes, -dando buenas nuevas propias y curiosas noticias del archiduque Juan de -Habsburgo. - -¿El archiduque naufragó? ¿El archiduque ha sido encontrado en el Río de -la Plata? ¿El archiduque está en el Japón? Después de leer el buen -libro de Garzón sobre Jean Orth, no tenemos la certeza de nada de eso. -Quizás esto vale más, pues archiduque encontrado, leyenda acabada; y es -siempre mejor que Barbarroja esté en su ignorada gruta, haciendo -compañía probablemente a Enoch y a Elías. Y luego, yo creo que Garzón es -tan artista que ha dejado escaparse al príncipe hacia su sueño de -soledad--, quedándose con el pretexto, es natural, de escribir un bello -volumen. - -Este tuvo el consiguiente éxito cuando apareció en castellano. A pesar -de estar escrito en nuestra lengua, tan poco leída en Europa, se habló -bastante de él en Italia, en Alemania y en Austria. La versión francesa -lo hará conocer mayormente. La crítica española le ha sido favorable, y -sus colegas y amigos de América han tenido para el autor gentiles -opiniones. Manuel Bueno proclama su «mérito indiscutible»; Emilio Mitre -reconoce el interés y la agradable literatura del libro; Eduardo Wilde -encuentra «páginas encantadoras»; Daniel Muñoz aplaude esta obra -«variada en su unidad»; García Ladevese asegura que «son los libros -escritos como _Jean Orth_ los que consuelan de la impotente literatura -de decadencia»; y Gómez Carrillo cuenta que se ha «olvidado de almorzar» -por leer _Jean Orth_. Esto que parece más bien un _prière d’insérer_, no -es sino un ramillete de justicias. Al cual yo agrego, gustoso, mis -cumplimientos. - - * * * * * - -Hace algún tiempo, visitando la admirable mansión de Miramar que posee -en la isla de Mallorca el archiduque Luis Salvador, vi en una capilla -construída no lejos de la legendaria gruta de Raimundo Lulio, una -estatua de mármol, simulacro de nuestra católica Virgen. En el zócalo -una inscripción recuerda las dos visitas que a Miramar hiciera la -emperatriz que tan bellas páginas inspiró a Maurice Barrès, y que el -doctor Christomanos biografiara fervorosamente. Y en tal inscripción se -ponía bajo el amparo y la protección de la Maris Stella, a la -porfirogénita viajera que en Corfú descansa en su Achilleion, frente al -monumento que consagrara a su admirado Heine, de sus errantes fatigas. -La Estrella del Mar no pudo desviar, por ley de la superioridad divina, -el arma del anarquista que, a las orillas del lago de Ginebra, hirió a -la soberana y solitaria señora. Y al leer la inscripción votiva no pude -menos que recordar a Jean Orth que, como el holandés errante, se perdió -en lo incógnito del mar sobre su barco fantasma. Tiene Garzón una -hermosa página en que los datos fatídicos se amontonan como puñales en -el proceso histórico de esa familia predestinada. Quizá poseído del -terror de su sangre, el príncipe perdido abandonó la existencia palatina -de Viena y en compañía de la hembra elegida, vestido de su pseudónimo, -se fué en busca de paz, de acción, de horas tranquilas y amorosas. - -Su caso queda entre los enigmas de la historia. Su vida es una novela -que justamente ha tentado la pluma de un escritor de fantasía y -entusiasmo, que ha hecho juntarse en el camino de la leyenda el Río de -la Plata y el bello Danubio azul. El hallazgo del príncipe hubiera sido -una victoria periodística destructora de ilusiones; el triunfo literario -en que me ocupo deja felizmente el campo libre a la suposición y a la -imaginación. - -El temperamento caballeresco de Garzón se aviene a maravilla con la -aventura romántica del archiduque navegante, y su habilidad de escritor -sale ufana del intento de demostrarnos la posibilidad de que actualmente -existe en alguna parte el que casi todo el mundo ha creído muerto en el -mar. - - * * * * * - -Contraste curioso ofrece el autor, entre estas páginas laboradas con una -firme preocupación y elegancia de estilo, y su diaria tarea de _Le -Fígaro_, en donde con períodos erizados de guarismos y de manera -concentrada y expositiva, hace la propaganda de las riquezas y de los -progresos de la América nuestra, sobre todo de la maravillosa República -Argentina. Gracias a esto, le perdonarán sus amigos de estancia y -automóvil sus apasionados devaneos con las bellas letras que no son de -cambio. El _Fígaro_ parisiense ha ganado mucho, es indudable, en nuestro -continente y en nuestro mundo hispanoparlante, con el trabajo asiduo de -su redactor platense. Y nuestras repúblicas, a su vez, han logrado por -fin tener en Europa un expositor útil y fidedigno y serio, de su -civilización y de sus elementos de riqueza y de cultura. Tanto más, que -a la propaganda simplemente comercial e industrial de la hoja cotidiana, -se agregará pronto la social y artística en _Le Figaro Illustré_. - -Amigo de las elegancias y de las distinciones, alejado de los -murmuradores charlatanes y de los folicularios de países latinos que -abundan en las colonias de París, puede Garzón entretener sus vagares de -mundano, escribiendo con pluma fina libros como su _Jean Orth_ y como -_La entraña del bulevar_, que aparecerá en breve. - -En el tiempo relativamente corto en que ha logrado ser el primer -hispanoamericano que ha entrado a formar parte de la redacción activa de -un gran diario, ha llegado a conocer la vida parisiense como muy pocos -extranjeros la conocen. Conversar con él es un placer. Y así, entre -anécdota y frase oportuna, os narrará cosas del mundo internacional de -la Metrópoli, como traerá a cuento sus días de juventud y de lucha, en -su amada tierra original. Trofeo forman, en su gabinete de trabajo, los -ponchos costosos de los gauchos, las espuelas, la guitarra del payador, -las boleadoras que han detenido carreras de avestruces y de potros en -las vastas pampas. Y bajo esos trofeos suelen verse lindas sonrisas -francesas, monóculos literarios; o tal o cual barba blanca de -personaje. - -Aunque ya ha nevado sobre él, guarda con bizarra actitud sus bríos de -antaño, que recuerdan sus antiguos compañeros de periodismo en el Plata, -hoy casi todos diplomáticos y hombres de estado. Y es soltero. Garzón -para la _garçonnière_. - -Este escritor y este periodista, ambos en el mejor sentido de la -palabra, es, como lo he dicho en otra ocasión y en este nuestro querido -_Fígaro_ habanero, un romántico modernizado. A pesar del continuo -contacto con esta inquietante ultracivilización, conserva viejas -virtudes castizas, que Dios le guarde siempre. Cree en la nobleza, en el -carácter, en la amistad, en el honor, en la cortesía. Y aunque ya todo -eso casi no está de moda, él lo sabe lucir de manera envidiable. Y es -que este dandy, que hubiera sido amigo de Barbey d’Aurevilly, tiene -también el dandismo «por dentro». - - - - -CATULLE MENDÈS - - -Cuando comencé a dar a mis ansias artísticas, hace ya cerca de -veinticinco años, los nuevos rumbos que habían de traerme en América y -en España tantos amigos y enemigos--«todo buena cosecha»,--uno de mis -maestros, uno de mis guías intelectuales, después del gran Hugo--el -pobre Verlaine vino después--fué el poeta que de modo tan horrible ha -muerto, tras de vivir tan hermosamente: Catulle Mendès. Su influencia -principal fué en la prosa de algunos cuentos de _Azul_; y en otros -muchos artículos no coleccionados y que aparecieron en diarios y -revistas de Centro América y de Chile, puede notarse la tendencia a la -manera mendeciana, del Mendès cuentista de cuentos encantadores e -innumerables, galante, finamente libertino, preciosamente erótico. Mi -admiración se exteriorizó en un soneto: - - Puede ajustarse al pecho coraza férrea y dura; - Puede regir la lanza, la rienda del corcel; - Sus músculos de atleta soportan la armadura... - Pero él busca en las bocas rosadas leche y miel. - - Artista, hijo de Capua, que adora la hermosura, - La carne femenina prefiere su pincel; - Y en el recinto oculto de tibia alcoba obscura - Agrega mirto y rosas a su triunfal laurel. - - Canta de los oarystis el delicioso instante, - Los besos y el delirio de la mujer amante, - Y en sus palabras tiene perfume, alma, color. - - Su ave es la venusina, la tímida paloma. - Vencido hubiera en Grecia, vencido hubiera en Roma - En todos los combates del arte o del amor. - -Mi admiración fué siempre la misma, aun después de la nueva moda de -revisar valores. Siempre le tuve por un admirable artífice de la palabra -y por un espíritu alta y elegantemente romántico. Fué uno de los pajes -predilectos del emperador de la Leyenda de los Siglos. Cuando la muerte -de Gautier, cuya hija Judith fué la primera esposa de Mendès, Víctor -Hugo escribió a éste: - -«Hautevill-Housse, 23 Octobre 1872. 5 heures du soir.--C’était prévu et -c’est affreux. Ce grand poète, ce grand artiste, cet admirable cœur, -le voilà donc parti! Des hommes de 1830 il ne reste plus que moi. C’est -maintenant mon tour. Cher poète, je vous serre dans mes bras. Mettez -aux pieds de Mme. Judith Mendès mes tendres et douloureux respects.» - -Alma muy 1830, queda hasta su último día la de Mendès. Yo no le traté -personalmente, y vale más. Le ví muchas veces en París, y sobre todo en -su café preferido, el Napolitain, donde, alrededor de una mesa, a la -izquierda de la entrada, se reunen todas las tardes a conversar y tomar -aperitivos unos cuantos hombres de letras y periodistas. Allí reinaba -Mendès, teniendo a su lado a un gran amigo suyo, Courteline. Vi algunas -ocasiones a Moreas, entre otros comediógrafos, poetas y cronistas. Una -tarde vi también que llegó a buscar a su marido Madame Jane Catulle -Mendès, bella, elegante, muy «parisiense.» Su marido, apartando un poco -el guante, descubrió el rosado puño de su mujer y le dió gentilmente un -beso. Ella, poco tiempo después, recuerdo que publicó un lindo tomo de -poesías, en que en plausibles estrofas se manifestaba muy enamorada de -él. Los versos eran exquisitos. No pasó mucho sin que ocurriese la -separación de los cónyuges. Esto, en París, es muy sencillo. - -Era ese poeta amable, de noble continente y gestos de hombre «nacido». Y -era israelita. Nació dotado de gran belleza. Se cuenta que cuando llegó -a París, muy joven, una noche, al presentarse en un palco, acompañado de -su madre, llamó la atención su rostro de príncipe de cuento. - -Fué un bizarro conquistador de amores. Hizo poética su vida. Hasta sus -últimos años tenía, en un cuerpo ya cargado de edad, el alma fresca. Su -muerte ¿un suicidio? Imposible. Anacreonte muere de otra cosa. Si la -existencia no tuviese esos golpes violentos, debidos a una misteriosa -lógica absurda, Mendès debió morir académico. Aunque más peligrosa a la -blancura de los azahares, si su obra, allá en los primeros pasos, le -llevó a la cárcel, como a Richepin, no tiene la brutalidad del Turiano. -Y de seguro Mendès no hubiera escrito _Père et mère_... En cambio, Zo, -Lo y Jo, sus antiguas figuritas predilectas, antecesoras de todas las -Claudinas, hubieran concurrido a oir el discurso de recepción bajo la -Cúpula. - - * * * * * - -Era el poeta. Su crítica, sus cuentos, sus dramas, sus novelas, eran de -poeta. A todo le daba valor armonioso. Puede decirse que no tenía -creencias religiosas o que las tenía todas bajo el imperio de la poesía. -Ese judío escribió páginas inefables, no sin el inseparable perfume -venusino, en el _Evangelio de la Santísima Virgen_ y en _Santa Teresa_. -Todas las teogonías tenían para él, como para todos los poetas, los -prestigios del misterio, del símbolo, del mito. Su inspiración vuela por -todas las latitudes. Ya comprende e interpreta, desde sus primeros -poemas, el encanto nórdico, explorando las brumas y las nieves del país -en donde suavemente y fantásticamente brilla el sol de media noche, y -hace dialogar a Snorr y Snorra; ya su pasión wagneriana, tan sólo -superada en él por su pasión hugueana, le hace escribir una exégesis -poemática de la obra del Thor musical, y novelas como aquella en que -narra a su manera la legendaria vida del Rey Virgen; ya con su -_Hesperus_ flota en el mundo de Swedenborg, o con _Panteleia_ crea una -música astral y deliciosa. Como su dios Hugo, él tenía toda la lira, -aunque más pequeña, y también sabía agregar la cuerda de bronce. - -Tenía un admirable don de asimilación, y, voluntariamente, o por -sugestiones sucesivas, dejó en su obra numerosa algo que hubiera firmado -Hugo, algo que se confundiría con lo de Gautier, con lo de Leconte de -L’Isle, con lo de Banville, con lo de Heredia. Es cierto que él -perteneció, y se glorió siempre de ello, a la familia parnasiana, que se -desarrolló bajo el ramaje del patriarcal Roble romántico. - -El fué bondadoso con los poetas que vinieron después de su generación. -No careció de enemigos, ésto conforme con su mérito. Mas da a quien lo -merece el justo elogio con sus crónicas, y en su voluminoso trabajo -sobre la poesía francesa en el siglo XIX, que escribió por encargo -oficial. - -Lo que nunca pudo ver con buenos ojos ni oir con benévolas orejas fué el -verso libre. Que no le hablasen del verso libre. Y eso, siendo como era -un gran conocedor de secretos musicales, un wagnerista, y habiendo -escrito en prosa rítmica y rimada los más encantadores «lieds de -France». Es una joya ese librito, en el que a los lieds de Mendès viene -unida la música de ya no recuerdo cuál joven autor parisiense. - -De todas las artes es la música la que más se compadece con la -mentalidad israelita, y este poeta tenía la facultad musical en el -verbo, que en el pentágrama tuvieron y tienen muchos artistas de su -raza. - -Yo admiro el buen tino del padre de Mendès que supo comprender desde la -niñez de su hijo la verdadera vocación. ¿Qué digo tino? Debo decir don -de profecía, pues si le impulsó a las letras en lo fragante y primaveral -de su ensoñadora juventud, vió desde la cuna el laurel verde y así le -llamó con nombre de poeta. El padre de Chapelain fué menos avisado, y su -cosecha fué, como dicen los franceses, _plutôt maigre_. - -Era el poeta. Un poeta pagano, alerta siempre, que sabía amar con -elegancia y lirismo las mujeres y el vino; por lo cual debe haberle -encantado el consejo luterano que leyera inscrito en letras góticas en -las cervecerías alemanas, cuando, en sus días de estudiante, cantara en -Heidelberg el _Gaudiamus igitur_ después de los _salamander_, en los -coros de escolares teutónicos. ¡Gentil epicúreo! Casi septuagenario, se -regalaba con primicias ofrecidas por la Fama y por la Voluptuosidad. Su -primera esposa era una musa; se separa de ella y se consuela con otra -musa adoradora de Wagner como él; en seguida, su esposa es musa también; -se separa de ella y se consuela con la amistad de una bella cortesana -de letras. - -Es muy de París, como hubiera sido muy de Atenas. Con sus corbatas de -seda blanca y fina bajo su cuello doblado, con su _en bon point_, con -sus cabellos entre plata y oro, su cara de Cristo satisfecho, con su -indumentaria, si no de dandy nunca descuidada, me parecía más joven que -todos los que a su rededor se congregaban, más joven que el mismo -Moreas, tan lleno de juventud, y desde luego más joven que otros amigos -jóvenes, pero de espíritu y corazón matusalénicos. - -Luego se batía por cosas de arte y de poesía, defendía a sus maestros y -daba la sangre por sus ideas estéticas. Un escritor y conferenciante, ya -difunto, le agujereó el vientre en una de esas bizarras cyranadas. - -Sabía latín bien; debe haber sabido griego, pues hizo muy buenas -humanidades; el alemán debe haberle sido familiar, puesto que cursó en -Alemania estudios universitarios. En cuanto a su español, si nos -atenemos a las citas que alguna vez hiciera, y a los nombres -estrafalarios de ciertos personajes de su _Santa Teresa_, debe haberlo -conocido y hablado como un cisne francés...--No debe haber existido la -tradición sefardita en su familia paterna--desde luego su madre era -cristiana, según tengo entendido. Si no, ya hubiese parlado un sabroso -castellano viejo, como el que habla el doctor Nordau; y si no, -portugués. - -Como crítico, siempre manifestaba para toda obra extranjera el _parti -pris_, el modo de ver francés. Sus funciones de crítico teatral en el -_Journal_ parisiense fueron arduas. El hijo del judío rico, en sus -últimos años, que debían haber sido de rentas y reposo relativo, tenía -que trabajar como un negro para llenar sus necesidades de gentleman y de -mundano. Porque era poeta con renombre de bohemio, el amigo de Glatigny -y su resurrector, y el cliente del Napolitaine lo era también de Ritz y -comía--como comió la noche de su muerte--en casa del banquero -Openheimer. - - * * * * * - -Sobre el movimiento literario contemporáneo francés tuvo ciertas -expansiones, hace algún tiempo, con un escritor que fué a conversar con -él a ese respecto. Creo que Mendès vivía en ese tiempo en la calle -Boccador, frente a la Legación de Nicaragua. El visitante pinta su -gabinete de trabajo, lleno de libros, y en el que resalta, dignamente -enmarcado, un autógrafo de Hugo, «La siesta» de _El arte de ser abuelo_. -Y habla del poeta, que se presenta sonriente y casi joven: - -«M. Mendès ha visto morir el romanticismo, desenvolverse los destinos -del Parnaso, nacer y morir el simbolismo; pero los años no le pasan, -sobrevive a todos los naufragios alerta y alegre.» - -Y Mendès da su opinión sobre la literatura francesa contemporánea. Para -él no hay nada nuevo. Por otra parte, que se lea su «Rapport sur la -Poesie». Con justicia se sulfura contra las escuelas. ¿Acaso había antes -escuelas?, dice. «Hugo siempre negó haber fundado una escuela; en todos -sus prefacios se acordó de protestar. El Parnaso no es tampoco una -escuela. Era una agrupación de amigos que se estimaban y que trabajaban -juntos; pero nuestras tendencias eran tan poco comunes, que nada se -parece menos a la obra de Heredia que la de Coppée, a la de -Sully-Prudhomme que la mía...» - -Y luego: - -«Cada poeta hace su obra como puede, como lo entiende, lo menos mal -posible. Eso es todo. La escuela simbolista, la escuela romana, la -escuela naturista, grupos sistemáticos y artificiales, ¡qué tontería! -¡Vedlos! Pasan su vida redactando proclamas y olvidan hacer obras.--No -hay nada nuevo después de los prefacios de _Cronwell_ y de _Hernani_. -Todavía viven de eso todos; los comentan, los discuten, los niegan; pero -es alrededor de ellos que se baten.» - -Y el poeta se expresa poco amable con las técnicas nuevas. Los poetas -jóvenes creen encontrar a cada paso un nuevo camino; pero siempre -siguiendo las huellas de sus antecesores. - -«Hacen ahora tragedias clásicas. ¿Y por qué? Porque yo he hecho _Medea_. -Así se grita: ¡renacimiento clásico! Pero si yo tenía derecho de hacer -_Medea_ sin ver en ese asunto más que un motivo interesante de teatro. -Entonces, porque he escrito _El hijo de la Estrella_ se deberá clamar: -¡renacimiento bíblico! No. Cada poeta es libre de ir a extraer su -inspiración de donde bien le parezca, sin que se pueda interpretar ese -esfuerzo particular como una tendencia general. Corneille ha hecho -tragedias griegas y tragedias españolas. Todos los asuntos son buenos; -sólo el talento del poeta les da valor.» - -Y cuenta que un día un amigo de Alejandro Dumas lo invitó a comer, -ofreciendo darle «un excelente asunto para una pieza». Dumas fué a la -comida, y preguntó a su amigo, que quizá sería el mismo Mendès:--¿Y ese -asunto?--Es éste: un joven y una joven quieren casarse; pero el padre no -quiere. En efecto, afirma el poeta, con eso hacéis _El Cid_, sólo que -depende del modo que esté tratado el asunto. - -Tenía sus admiraciones especiales: Rostand, Madame de Noailles. Con todo -y no creer en los nuevos poetas, siempre estaba pronto a dar buenos -consejos y a alentar a los que a él se acercaban. M. Saint-George de -Bouhelier le debe mucho de su renombre. - -Y con buenos lustros encima, era un formidable laborioso, pues teniendo -a su cargo la crítica teatral de un diario parisiense, y casi la -dirección literaria del mismo, tenía tiempo para hacer vida social y -escribir dramas, comedias, cuentos, novelas, todo lo imaginable. Su -pegaso estaba enyugado, como el de la poesía de Schiller y el del dibujo -de Retzsche. Pero, de pronto, quedaba libre, y de un solo lírico -impulso se elevaba al azul. - - * * * * * - -Con motivo de su muerte se han repetido los ataques que la murmuración, -con razón o sin ella, propagaban en su contra. Hemos quedado en que -nadie es perfecto en la tierra. Los defectos que se le achacan, los -pecados que se le critican, los tienen en el mundo infinitos fulanos, -sólo que en él si existieron, como parece muy probable, resaltan más al -brillo de su talento, al resplandor de su obra, que si no durará ha -tenido su triunfo de belleza. Pero a veces la crítica aparta el -prestigio de los dones singulares y se empeña en medirlo todo con igual -rasero. Poco científico y poco justo. Cartouche no es Benvenuto Cellini, -y Soleilland no es César Borgia. - - - - -ANTONIO DE ZAYAS - - -He aquí el poeta más español de todos los que escriben versos en España. -De él decía hace algún tiempo: «Poeta diplomático. Es un señor. Continúa -la tradición propia; es de la familia de los viejos poetas hidalgos; -prendados de noblezas, de prestigios, de heroísmo, de ceremonia. Con -todo, su vocabulario, su elegancia decorativa, los saltos libres de su -pegaso, le ponen entre los innovadores. A veces, con pensamientos nuevos -hace versos antiguos, y con pensamientos antiguos hace versos nuevos. El -verso libre en España no ha llegado a la licencia de ciertos -versolibristas franceses, con todo y haber escrito Manuel Machado versos -libérrimos. Los de Antonio de Zayas son voluntariamente sujetos a un -ritmo general que no desentona ni se rompe nunca. En _Paisajes_, los -hay magistrales. Hay una oración por el alma de Felipe II, que en -cualquier literatura honraría a un poeta; pero que en este caso -concentra el alma española, la cristaliza en un diamante verbal -sorprendente. Sus sonetos se resienten de heredianos algunos: los -escritos en alejandrinos. Los otros siguen la influencia gallarda que -nos viene de los grandes sonetistas del siglo de oro: Quevedo y el -admirable Góngora.» - -A esas afirmaciones, me complazco ahora en agregar otras. - -Ese aristócrata--Antonio de Zayas pertenece a la nobleza--, ese hombre -de protocolo y ese hombre de mundo, tiene un respeto y una pasión -profunda por la dignidad del pensamiento y por la pureza del Arte. Sabe -que el ciego Homero tuvo templos como los semidioses y que la lira es un -instrumento sagrado aun en la época de los gramófonos y de las pianolas. -Con su dignidad gentilicia trata a las musas, y ellas le corresponden -con dones preciados y envidiables sonrisas. Tributario de la Diplomacia, -peregrino de la Carrera, ha vivido en países extranjeros, en climas -ásperos para el hijo de una tierra armoniosa y solar, y su noble pasión -por las bellas letras le ha consolado, con la juventud y el amor, en sus -horas frígidas y brumosas, pues, como Ovidio, ha podido escribir: - - Solus ad egressus missus septempticis Istri - Parrhasiae gelido Virginis axe premor. - -De esas oficiales peregrinaciones ha habido felices consecuencias -poéticas. Los paisajes distintos, las costumbres exóticas, las -evocaciones históricas y los espectáculos pintorescos han inspirado a -nuestro artista de la palabra preciosas preseas, entre las cuales -rítmicos «joyeles bizantinos». Él estuvo en ese Oriente europeo que ha -cambiado de pronto al influjo del tiempo nuevo; alcanzó a ver la vida de -la Turquía misteriosa y un poco miliunanochesca que han europeizado esos -niños y ancianos terribles que se llaman los Jóvenes Turcos. Su saber y -su gusto de poeta le hicieron aprovechar del lado bello y peregrino de -las cosas. Y en armoniosas y bien sonantes estrofas nos regaló con sus -impresiones y sensaciones orientales. - -Él lleva consigo su luz y su sol nativos. Así os explicaréis cómo, según -nos ha narrado en cierta hermosa página, sus _Paisajes_, esos versos que -se dirían impregnados de llama andaluza y de calor castellano, fueron -acordados «en las inmediaciones del Círculo Polar Ártico, durante el -rigor del invierno, cuando, rodeado de nieve por todas partes y perdida -la mirada en los turbios cristales del Melar, contemplaba en lontananza -como único límite del horizonte, inmóviles ejércitos de abetos, solemnes -como obeliscos funerarios.» - -De tal modo su espíritu hizo brotar ardientes rosas bajo toldos de -brumas en instantes cimerianos. Sus _Retratos antiguos_, sus _Noches -blancas_, su _Leyenda_, son la prueba del constante ingenio y la -maestría elegante de un artífice que, consciente y vigoroso, ha adornado -su juventud con frescos y bien ganados laureles. Su reciente traducción -de la obra poética de Heredia ha aumentado sus prestigios. - -Se le ha querido absurdamente afiliar a esta o aquella tendencia -literaria; quiénes le hacen seguidor de los clásicos, quiénes le -declaran parnasiano, quiénes le bautizan con el absurdo epíteto de -modernista. Los primeros se fijan en algunas de sus poesías construídas -según los cánones de la poética ortodoxa castellana; los otros en la -voluntaria ausencia de todo subjetivismo emocional, en la impasibilidad -escultural de tales sonetos; los otros en sus novedades de expresión, en -su virtuosismo rítmico. Él es simplemente un poeta, un artista del -verbo; sincero, de conciencia, y como tal capaz de contradicciones en el -proceso de su evolución mental, y en lo que no ataña a las ideas -primordiales. Es un admirable evocador de figuras y escenarios del -pasado. Hay en él como la herencia de una visión ancestral. Su énfasis -es atávico, así como su buen gusto y sus aptitudes de aristócrata. Y no -es un refinado hasta el límite decadente como el francés -Montesquiou-Fesenzac, sino el descendiente de los viejos poetas -españoles que a un tiempo amaban la lira y las máscaras, el arcabuz y la -espada de Toledo. - -Viajero y políglota, ha procurado siempre alejarse de toda heterodoxia -de lenguaje, de ser en todo y por todo de su tierra. Y su misma -simpatía por Heredia, tiene de seguro por razón el abolengo intelectual -y familiar del sonetista franco-cubano, que tuvo ascendientes -conquistadores como el bizarro don Pedro, fundador de Cartagena de -Indias. - -No soy yo amigo de las traducciones en verso. Un poeta es intraducible. -Si el traductor es otro poeta, hará obra propia. El canto del poeta -extranjero no será comprendido sino por los que entienden su música -original. Con todo, alabo la traducción que Antonio de Zayas ha hecho de -la obra herediana, porque ha dado a España la poesía de un poeta que -tenía mucho en su espíritu de español; porque ha realizado su labor con -nobleza y mucho conocimiento, y porque parece en ocasiones que, al ser -refundida y troquelada con la alianza del metal castellano, vibrase más -sonora la medalla francesa. - -Lleno de distinción, verboso--¡como que posee, signo de raza, el don -oratorio!--amable y rebosante de hidalguía, joven, unido a una gentil -dama de gran cultura que le ha acompañado en sus viajes y que es encanto -de su casa; con títulos de nobleza y ejecutorias de talento; feliz, en -lo relativo de este mundo; así vive su lozano vivir este mi buen amigo -que acabará sus días, _Deo volente_, embajador y académico entre los -hombres, y portalira glorioso premiado por los dioses. - - - - -EL CONDE DE LAS NAVAS - - -Bibliotecario Mayor de S. M. el rey don Alfonso XIII, es el -Excelentísimo Señor don Juan Gualberto López Valdemoro y de Quesada, -Conde de las Navas. Como otros caballeros de sangre azul, se dedicó a -los deportes el conde de las Navas, sin desdeñar los ejercicios de la -fuerza y elegancia, pues hasta está en la lista de los nobles que han -toreado; se consagró principalmente a la bibliografía, a la erudición, a -la literatura. A mí me parece extraño que, aunque relativamente joven, -no tenga ya su sillón en la Real Academia de la Lengua. Ha producido ya -buen número de libros que le hacen acreedor a tal merecimiento. Conoce -su idioma como muy pocos, es un escritor castizo y de tradición. Y por -su nombre, su papel social, su cultura y sus vinculaciones, debía estar -ya entre los eminentes fabricantes del Diccionario. - -Yo le conozco desde hace ya algunos años. Solía encontrarle en la -célebre tertulia de D. Juan Valera y en casa de la condesa de Pardo -Bazán. Su conversación es tan amena como sus escritos. Su cultura es -sólida y su carácter no está agriado de pesimismos, a pesar de haberle -coartado su actividad física una penosa dolencia que ha hecho aún más -sedentaria su vida de religioso de los libros. Adora a su España, es -andaluz y se encanta con la región asturiana, que le ha hecho producir -páginas hermosas. «¡Ah! exclama, si yo no hubiese nacido bajo los verdes -nopales de Gibralfaro, rezado la primera vez ante el altar de la Virgen -de Araceli, y estudiado Derecho romano a la sombra de la torre de los -Siete Suelos; si no debiera, en parte, mis pocas felices -inspiraciones--si tuve alguna--al elixir del _Tío Pepe_, y si la Reina -del Guadalquivir, con su Giralda, que, destacándose sobre el cielo, -parece signo de admiración por tanta y tanta grandeza, no me hubiese -prohijado más tarde, renegaría de mi tierra para hacerme asturiano y -beber en el borde de la herrada el agua cristalina y fría en donde pesca -la _lóndriga_ la riquísima trucha, y para dormir la siesta a la sombra -«proyectada por el ancho alero del hórreo», siquiera me despertase -alguna vez la _fuina_ persiguiendo a los pichones en el palomar -cercano». - -Mas es un purísimo hijo de Andalucía, y en su obra encontraréis -alternados, como pasa en la existencia de esa tierra solar, la alegría y -la tristeza andaluzas, ambas intensas y cordiales. - -Yo no conozco todas las ya numerosas obras del conde de las Navas, pero -algunas que he leído me han procurado momentos de amable solaz, me han -conmovido o me han enseñado muchas cosas interesantes, raras, curiosas o -divertidas. No ha llegado a mis manos _La docena del fraile_, que se -publicó con un prólogo de Carlos Frontaura, jovial escritor cuyo nombre -hoy dice poco y es por muchos ignorado, pero que tuvo en su época fama -de ingenio fino y despierto. _¡Un infeliz!_ es una novela que se diría -romántica si no fuese el estudio observado de la realidad, el trasunto -de una vida, expuesta con procedimientos que poco se relacionan con lo -moderno y menos con lo que hoy se llama modernista, con sutileza -psicológica que nada tiene de bourgetiana, y con una gran penetración de -sentimiento en lo que puede haber de más humano y al mismo tiempo de más -español. - -De más está decir que todavía, cuando publicó López Valdemoro ese libro, -no había aparecido aún por estas tierras peninsulares la influencia del -más loco y terrible de los filósofos anticristianos, y que, con todo y -su cultura universal y variada, es y permanece fiel al espíritu -tradicional de su patria y conserva su pensar absolutamente ortodoxo, a -pesar de que se siente el estremecimiento de su alma ante el eterno -misterio de la vida y de la muerte. _¡Un infeliz!_ el protagonista, es -el que, en medio de los humanos lobos, cree en el bien, en la dignidad, -en el honor, y, sobre todo, es capaz de amar de veras hasta el -sacrificio, hasta el heroísmo, hasta la soñada eternidad. El tipo no es -común, pero existe, y, sobre todo, ha existido, principalmente entre -estos hidalgos españoles. - -En una edición de doscientos cincuenta ejemplares, en papel de hilo, hoy -agotada, publicó la primera serie, que no conozco, de sus interesantes -_Cosas de España_, la cual primera serie fué escrita en colaboración con -D. Manuel R. Zarco del Valle. Trátase en ese volumen, que se imprimió en -Sevilla, de varios asuntos: Máscara de los artífices de la platería de -México (1621); Entrevista de Carlos I y Francisco I (1538); La fuerza en -España; La destreza en España; Don Josef Daza y su arte del Toreo; Los -bufones en España y _El tropezón de la risa_. No han llegado a mi -conocimiento tampoco su _Chavala_, historia disfrazada de novela; ni _La -media docena_, cuentos y fábulas para niños, obra declarada de texto, ni -algunas otras de sus producciones. En la segunda serie de _Cosas de -España_, que poseo, hay monografías llenas de erudición sabrosa y -entretenida. - -La que trata del Tabaco, aunque no muy extensa, está escrita con -verdadero _amore_ y será leída con agrado especial por los fumadores. -(En América hemos tenido, entre otros, dos grandes fumadores delante -del Eterno, ambos generales: en la del Norte, el general Grant, y en la -del Sur, el general Mitre). Hay muchos datos peregrinos y citas -bibliográficas sobre el origen del tabaco y el placer de fumar. Ignoro -si mi eminente amigo conoce un librito, o más bien folleto, del cual -encontré un ejemplar en uno de mis paseos por los puestos de libros de -viejo de los «quais» de París; me refiero al _Traité-Théorique et -practique-de-Culotage des pipes-œuvre posthume-de_ CULOT, -_librepenseur-Philosophe éphectique-Professeur honoraire de pipe à la -Société Œnofine-Membre-de plusieurs Sociétés buvantes-Avec les -lumières de M. P. R. fumeur émerite.--Paris.--Etienne Sausset, Libraire -Editeur.--Galeries de l’Odéon._ Si no ha leído el conde de las Navas ese -opúsculo, y llega a leerlo, su buen humor tendrá un nuevo momento de -expansión, pues el francés tiene el verbo ágil y picante y es un -ferviente adorador de la «nicotiana tabacum». - -Los otros trabajos de la segunda serie de las _Cosas de España_, se -refieren a Juan de la Cosa y su Mapa-mundi; a la Noche Buena; a don -Fernando Colón--a propósito de las muchas discusiones que ha habido -sobre si ese hijo del Almirante fué natural o legítimo--; a las -Estatuas; a los Juegos de pelota, y al Robinsón español. En todas esas -páginas demuestra el escritor que van iguales su talento de expositor y -sus condiciones de «chercheur» y de «curieux». - -No han llegado a mi poder los _Cuentos y chascarrillos andaluces_; pero -sí he admirado a _La niña Araceli_, y el escenario andaluz en que se -mueve su gracia y todo ese vivir de la famosa tierra que aún aman los -moros; como me satisfizo _El procurador Yerbabuena_, entre lo cómico y -lo amoroso, y _Retama_, el rústico, víctima de lo duro de la suerte, de -la universal fatalidad que no conoce lo bueno ni lo malo, lo justo ni lo -injusto. _La pelusa_ es una novelita, o, como dicen los franceses, una -«nouvelle», y, para seguir con ellos, una «tranche de vie». El argumento -se desarrolla en la Corte. Hay en la narración la misma perspicacia y la -misma desenvoltura ingeniosa con que el conde ha hecho vivir los -personajes y tipos de sus novelas andaluzas. - -Otros libros: _La decena_, cuentos y chascarrillos, inventados o -recogidos de labios de amigos de buen humor. Literatura de buena -digestión y de buena conciencia. _De allende el Pajares_, paisajes y -cuentos trasladados e inspirados al amor del cielo y del suelo de -Asturias. Yo he pasado algunos veranos en esa región amable y me explico -el entusiasmo del autor por tierra tan llena de encantos y atractivos, -tierra sonriente en medio de una como natural melancolía y un como -flotante ensueño. - -Mas una de las fases principales del espíritu del conde de las Navas, es -su faz de bibliófilo en el verdadero sentido de la palabra. Él tiene el -amor de los libros y frecuenta con asiduidad y cariño esas casas de las -ideas. No podría encontrar el rey Alfonso XIII ni sacerdote más -fervoroso, ni vigilante más celoso, a quien confiar el santuario -intelectual riquísimo que es su Biblioteca. Sabida es la gran -importancia de ella y las joyas bibliofílicas que contiene. El conde -tiene también su biblioteca particular que, según tengo entendido, es -muy digna de sus gustos y de su talento. El afecto a los libros -demuestra un alma plácida y un fondo bondadoso. La buena erudición aleja -los malos sentimientos. Erasmo, o M. Bergeret, tienen que sernos -simpáticos. Además, tened por entendido que un bibliófilo no morirá -nunca aplastado por un 40 HP, o despedido por un aeroplano. Pocos, -poquísimos dice López Valdemoro en una parte de su tratado _De libros_, -son los verdaderos bibliófilos que aman el libro en alma y cuerpo, por -lo que dice, por su rareza en el mercado y por la buena ropa con que -aparece vestido. Si a este propósito se preguntara a don Francisco -Rodríguez Marín: «Después de las de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, ¿con -qué gran pérdida nacional cree usted que se cerró la lista de nuestro -inmenso despojo?», me atrevo a asegurar que el ilustre escritor -sevillano respondería inmediatamente: «Con la venta de la magnífica -biblioteca del marqués de Xerez de los Caballeros». Al poner el conde de -las Navas tal respuesta en boca del señor Rodríguez Marín, deja ver que -él habría contestado en igual caso la misma cosa. Él ha escrito sobre -los amigos y enemigos del libro--hombres, mujeres e insectos...--; sobre -las erratas, de las cuales cita celebérrimas; sobre el tamaño del -libro; sobre los libros españoles de sastrería; sobre el plan de un -libro que se propone escribir respecto al vino; sobre la venta de libros -con dedicatorias autógrafas; sobre el arte de la encuadernación, y sobre -otras semejantes disciplinas. - -Y en todo lo suyo encontraréis claridad, elegancia, nobleza, gracia -oportuna, documentado saber. Lo que él os diga, tened por sabido que no -lo encontraréis en las fáciles y usuales enciclopedias. ¡Por Dios! Ha -escrito sobre las gallinas, y para ello ha consultado ciento catorce -obras impresas y nueve manuscritos. - -Recientemente hizo un viaje a Lourdes y publicó sus _Impresiones de un -incurable_. Esas impresiones son las de un cristiano sincero, las de un -católico prudente. Él ha leído todo lo que a Lourdes se refiere, desde -Lasserre hasta Zola, desde el abate Archelet hasta el doctor Baraduc, -desde el P. Camboné hasta Huysmans, Gourmont y tantos otros, creyentes o -ateos. Él cree en el poder de la fe y en la especialidad del milagro, y -_sabía_ que él, en su peregrinación, no alcanzaría la curación como -otros. Él no es fanático; mas escucha en veces a la ciencia misma, decir -por boca de sabios como Ramón y Cajal: «A despecho de los inmensos -progresos acumulados en el pasado siglo, la fisiología cerebral del -entendimiento y de la voluntad, continúan siendo el enigma de los -enigmas... por mucho que se descubra no se llegará a contemplar -objetivamente el pensamiento, ni se averiguará por qué un movimiento en -lo objetivo resulta una percepción en lo subjetivo». - -Del conde de las Navas han dicho: Picón, «que tiene un estilo en que -andan mezcladas por partes iguales la corrección, la sencillez y la -gracia»; el finado P. Blanco García, «que Alarcón hubiera firmado sin -escrúpulo algunos cuentos de _La docena del fraile_»; la condesa de -Pardo Bazán, le hace notar «su gran riqueza de diccionario»; Le Quesnel, -afirma que es «un artiste ciseleur, ou mieux un artiste joaillier qui ne -cesse de sertir des perles»--; y de su obra sobre el espectáculo -nacional, dicen unos cuantos inmortales que es magistral y merecedora de -todo aplauso. - -Pero entonces, vuelvo a asombrarme: ¿Por qué no ocupa el sillón que de -derecho le corresponde en la Real Academia Española, el Excelentísimo -señor don Juan Gualberto López Valdemoro, conde de las Navas y -Bibliotecario Mayor del Rey don Alfonso XIII? - - - - -JOSÉ NOGALES - - -Vea usted qué tarde más triste, qué tarde más gris--me dice el pintor -burgalés Santa María, tan gentil y talentoso;--el gris de las tumbas es -el mismo del cielo. - -Así era. Salíamos del cementerio de Nuestra Señora de la Almudena; -acabábamos de dejar bajo la tierra al poeta y escritor José Nogales. Y -había una tristeza muy grande en el ambiente, en todas las cosas. Nada -más lleno de la ceniza del otoño y de la pena del otoño que esta tarde. -Yo no voy casi nunca a entierros. Padezco la fobia de la muerte y desde -mi niñez me emponzoñó el terror católico. Quizás en la antigua Grecia, -habría acompañado con cantos alegres y con flores, los despojos de un -amigo. Mas ya en mis primeros años me poseyó el espanto de la -Desnarigada. - -Recuerdo que en la ciudad nicaragüense de León, cuando un vecino estaba -para expirar, tocaban en los campanarios de las viejas iglesias un son -lento y doloroso que infundía pavor, el toque de agonía. Al oirlo, en -todas las casas se rezaba, encomendando a Dios el alma del agonizante. -Eso ha desaparecido, felizmente. Pero en mi espíritu quedó la huella de -tanta temerosa impresión mediœval. Así siempre he procurado no -escribir ciertas palabras, no ocuparme en ciertos asuntos y no ir a los -entierros. - -...A acompañar a Nogales si fuí. Yo no le vi nunca. No fuí amigo -personal suyo. Mas aparte de que era un compañero en _La Nación_, tenía -todas mis simpatías por lo noble de su espíritu, por lo caballeresco de -su manera, por lo castizo, por lo elegante y lo sensitivo. Luego, en -medio de la comedia literaria, era un sincero, decía con claridad y -franqueza su sentir y su pensar, y daba a cada cual lo suyo. Por eso -creo que a su entierro, si concurrieron algunos hombres de letras y -hombres de gloria, faltaron tales o cuales rozados por las firmes -verecundias de Nogales. - -...La procesión iba triste y lentamente, precedida por el fúnebre carro -modesto, sin una sola corona. Vi en la concurrencia a Moret, a -Canalejas, a Galdós y a Blasco Ibáñez, a Moya y a Castrovido, a Querol y -a Benlliure. Yo iba en compañía de Valle-Inclán y de Antonio Palomero. Y -hablábamos de la triste vida de las letras, de la terrible vida del -periodismo, del _vicio_ de la publicidad. Una vez que se ha probado de -ella, ¡hasta el fin! Raros son los casos de liberación. He ahí un hombre -que vivía relativamente feliz en provincia y quien, si le hubiese -faltado un poco de talento, habría tenido algo más de existencia, exenta -de luchas y de afanes. Según sé, poseía algunas tierras, y cultivaba las -bellas letras en los periódicos de su región, gratamente. Pero ganó un -día un premio en el concurso de cuentos promovido por un diario de la -Corte, y a la Corte se vino lleno de ilusiones. ¿A qué? A afianzar su -renombre literario, a hacer labor de periodista, sin dejar de ser lo que -fué: un artista y un talento literario de primer orden. Esos artículos -que aquí, a la francesa, llaman crónicas, y que son vistos aun por -muchos que los escriben, como cosa de poca monta, como producción del -instante y para el olvido, tuvieron en él un buen obrero que dejó mucho -de valor antológico. Mas el cuento fué su trabajo preferido y aquel en -que mayormente se hicieron notar su imaginación bizarra y su don de buen -lenguaje y su culto de la tradición castiza. Su prosa era sana y fluida, -quizá oliente todavía al terruño provincial y nativo; y si atavismos -buscárais, habría que dar el gran salto hacia Grecia, de donde parecía -traer su pasión de luz y de prosa marmórea el que pudiera ser -considerado a través de tiempo y espacio un español homérida. - -Dicen los que le trataron íntimamente que era de humor jovial y de -carácter íntegro y generoso. Aún en las penas de la enfermedad parece -que guardaba sus sonrisas. Y eso que, antes de la gravedad que le llevó -al cementerio, padeció la pérdida de la vista, y para cumplir sus -compromisos con los periódicos en donde trabajaba, se ponía a dictar -miltonianamente, a una bella y joven hija suya, sus juicios y sus -fabulaciones. - -Si el sepulcro es la paz, paz tenga inacabable el compañero que ha -partido. - - - - -MARIANO DE CÁVIA - - -El Ayuntamiento de Zaragoza, «la heroica», ha acordado rendir un -homenaje de admiración a Mariano de Cávia, porque si no lo sabéis, -sabedlo: Mariano de Cávia es aragonés como la virgen del Pilar y como la -jota. - -La noticia de ese homenaje ha tenido en toda España la mejor acogida y -se ha aplaudido con todo entusiasmo. Mariano es muy admirado y muy -querido. Se juntan en su caso las dos cosas del verso de Musset: - - Être admiré n’est rien: l’affaire est d’être aimé. - -Es el caso rarísimo de un hombre de talento sin enemigos. A través de la -política, en su faena de periodista ha pasado sonriendo sin que le -hayan rasgado las carnes los garfios salientes de los zarzales de los -partidos. Siempre ha estado al alcance de su pensamiento una idea -generosa que su pluma ha servido con buen humor y con gallardía. Su -estilo ameno, ductil y elegante, es la transposición de su persona. Su -cultura es varia y su don de oportunidad incomparable. - -«Es único--dice _El Imparcial_--. Humanista y culto, a la manera de -hombres insignes del siglo XVII y de muy contados de días posteriores, -trajo al periodismo español, en pleno fragor de luchas políticas, una -renovación de orientaciones y de ambiente. Su humorismo, castizamente -español, burlón sin encono, ridiculizador sin acritudes, no tiene en el -periodismo español más precedente ni semejante que el de _Fígaro_.» - -Algunas veces se notará en su prosa cierta acidez, pero ella no es -dañosa ni aun para aquellos a quienes va destinada. Es una acidez de -manzana, de fruto sabroso. Tan castizos como él hay pocos, y, sin -embargo, aparece libre de la hiperlogia española, de la elocuencia. Su -discurrir es culto al propio tiempo que sencillo; en él va la alusión -para los refinados, la reminiscencia para el erudito y la frase llana -para el pueblo. Es el perfecto periodista. - - * * * * * - -Ya he dicho en otra ocasión mi pensar respecto a eso del periodismo. Hoy -y siempre, un periodista y un escritor se han de confundir. La mayor -parte de los fragmentarios son periodistas. ¡Y tantos otros! Séneca es -un periodista. Montaigne y de Maistre son periodistas, en un amplio -sentido de la palabra. Todos los observadores y comentadores de la vida -han sido periodistas. Ahora, si os referís simplemente a la parte -mecánica del oficio moderno, quedaríamos en que tan sólo merecerían el -nombre de periodistas los reporters comerciales, los de los sucesos -diarios, y hasta éstos pueden ser muy bien escritores que hagan sobre un -asunto árido una página interesante, con su gracia de estilo y su buen -por qué de filosofía. Hay editoriales políticos escritos por hombres de -reflexión y de vuelo, que son verdaderos capítulos de obras -fundamentales--y eso pasa. - -Hay crónicas, descripciones de fiestas o ceremoniales, escritas por -reporters que son artistas, las cuales aisladamente tendrían cabida en -libros antológicos, y eso pasa. El periodista que escribe con amor lo -que escribe no es sino un escritor como otro cualquiera. Solamente -merece la indiferencia y el olvido aquel que premeditadamente se propone -escribir para el instante palabras sin lastre e ideas sin sangre. Muy -hermosos y muy útiles y muy valiosos volúmenes podrían formarse con -entresacar de las colecciones de los periódicos la producción escogida y -selecta de muchos considerados como simples periodistas. - -Cávia, de quien apenas si se ha publicado alguna que otra pequeña -selección de artículos, ha tratado en los suyos de _omnia re scibilli_, -de letras, de arte, de poesía, de ciencia y, sobre todo, de cosa -pública, dando a cada cual lo suyo, haciendo siempre justicia, una -justicia sonriente, un si es no es campechana, no sin mostrar cuando el -caso lo ha requerido, que sus abejas productoras de muy sabrosa miel -tienen un agudo y eficaz aguijón, que, como él diría, «hace pupa». Como -clásicas han quedado sus famosas revistas de toros. Nadie como él para -narrar las peripecias pintorescas de la lidia; nadie como él para -conocer la calidad de un torero. - -Por largo tiempo fué el Homero alerta, y con un buen par de ojos, del -coso. Sin abusar del especial tecnicismo que convierte algunas páginas -de esos artículos en jergas erizadas para el no ducho, sabía contarlo y -calificarlo todo con insuperable gracejo; y en sus revistas aparecían -siempre, sin arrastrarlos, sin forzarlos, el asunto de actualidad, la -nota del día, el hecho culminante, en una aplicación que ni de intento. -Dejó la literatura torera y se aplicó a esas sus impresiones del día, -comento de sucedidos y magistrales improvisaciones. Aunque en él no haya -nada improvisado, a pesar de las exigencias del periódico, porque bien -nutrido como está, bien pertrechado en toda suerte de disciplinas, -siempre encuentra para toda circunstancia la anécdota aplicable, la cita -precisa, el recuerdo a propósito, el refrán irremplazable, el verso o la -frase en castellano o en cualquier idioma vivo o muerto. El inglés, el -francés, el italiano, el portugués, los conoce perfectamente. En cuanto -al latín no sé si le conoce, pero sí que, como Sarmiento, si no sabe -latín sabe latines. - -¿Tiene una filosofía? Quizá la tenga guardada en alguna gaveta de su -mesa de trabajo. Sólo sé que en él no han hecho mella ninguna de las -importadas modas de pensar que han sido tan sonadas en estos últimos -tiempos. ¿Tiene una religión? También lo ignoro; pero sí sé que está en -excelentes relaciones con su paisana la Pilarica. Ateo, no es ni -escéptico ni pesimista. Jamás se ha burlado de un culto ni se ha -encarnizado contra ningún presbítero, ulema, pastor o rabino. Cree que -todavía no es de mal gusto amar a la patria y sentir entusiasmo por sus -glorias al soñar en su engrandecimiento. Es uno de los pocos que no -dejan decaer las esperanzas de Juan Español. Es un fiel discípulo de -nuestro Maestro Don Miguel de Cervantes y tiene afectos y ternuras para -nuestro Señor Don Quijote de la Mancha. - - * * * * * - -Por su don de comprensión es menester alabarle. Los limitados, los -retraídos, aunque sean dotados de fortaleza, no gustan de los que en -todo tienen la facultad de discernir. Mariano lleva su alegre discreción -a todas partes y nada le es extraño, desde la teología hasta la -gramática. Tiene sus caprichos. Un día, para indicar ciertas reformas -urgentes, anuncia que el museo del Prado se ha quemado, y hasta después -de irlo a ver la gente no se fija en el doble sentido de la ocurrencia. -Otra ocasión, recientemente, se le antoja que debe rechazarse la palabra -inglesa _foot-boll_, ser sustituída por una de su composición, -«balompié». Y la gente, en su mayor parte, le hace caso a Mariano y -comienza a decir y a escribir «balompié». - -Ha escrito versos en francés, bien hechos; no sé si en latín, pero -ciertamente en castellano como estos con que me obsequió en _El -Imparcial_, cuando la aparición de mis _Cantos de Vida y Esperanza_, en -tercetos monorrimos que compuso al modo litúrgico: - -RAPSODIA - - Ven, oh, musa de Rubén, - Ven a refrescar mi sien, - O a encenderla en llamas cien. - Que así eres aura sutil - O tienes con rayos mil, - Visión fiera o flor de abril. - Ya de vida y esperanza, - Ya de erótica añoranza, - Ya de plácida bonanza - Son tus cantos. Mas también - Haces plañir a Rubén - Trenos de Jerusalén. - Cuando presagia el fatal - Fin del América austral - Presa del Nemrod boreal. - No por el Mañana llores - Mientras el Hoy te da amores, - Risas, brisas, flores loores. - Cantando al Cisne de Leda - Con rima grácil y leda - Contenta tu ánima queda, - Musa andante de Rubén, - Que el americano Edén - Truecas por el parisién. - Otrora algo de tu sol - Buscas en el arrebol - Del horizonte español. - Rezas ante Don Quijote, - Para que dé nuevo brote - De vida al Reino del Zote, - Y ante el recuerdo de Goya, - En vez del «Aquí fué Troya», - Nos brindas fúlgida joya. - Para lo bello y el Bien, - ¡Vive, oh, Musa de Rubén, - Por siempre jamás, amén! - -No ha sido hostil como otros para los nuevos poetas; pero sí ha sido y -es implacable para los poetas malos; nuevos y viejos. Una cualidad habrá -que reconocerle entre todas, y es ella la distinción. Es algo de -abolengo. Su estilo, aun cuando emplee términos del pueblo y trate de -tópicos ultramodernos, siempre es de capa y espada. Quevedo en el -bulevar, como antes le llamara. Como todo el mundo, claro que ha -sufrido; pero con un supremo estoicismo: no ha mostrado nunca sus -quebrantos; y, a la japonesa, ha opuesto siempre al duelo su sonrisa. - -Mariano ha creado unas «marionetas» que le sirven de intérprete de sus -opiniones y de sus críticas, de vez en cuando. Madame de la Pilongue, -una francesa importada que vale por tres; el profesor Humbugman, de la -Universidad de Pluncake; Don Vicente de la Recua, Barón de la Reata, -suelen representar sus oportunos papeles en el pasar de los cotidianos -acontecimientos. También ha resucitado por su influjo otro personaje, -creación de uno de los que él considera como precursores y maestros, el -perínclito don Patricio Buena Fe, que no deja de parecemos un poco fuera -de su centro y otro poco _Falot_, en esta época de autos, aviación y -demás cosas precursoras del Antecristo... - - * * * * * - -Ahora se trata de cuál sea la forma más indicada para rendir el -homenaje. Hay un nombre célebre, una vida generosa y treinta y tantos -años de labor. Por de pronto, está muy bien la lápida en la casa donde -nació. Ahora estará muy bien pensar en darle la casa donde muera. -Mariano ha sido la cigarra del periodismo. Ha desdeñado la intriga y la -cábala, no ha querido ser más que un hombre de pluma y de libertad y no -ha solicitado los que para él hubieran sido fáciles honores y prebendas. -Ha sido un trabajador formidable en su temperamento acerado y hoy está -tan vigoroso de intelecto como antaño. Pero ¡qué diablos! Uno no es de -granito, y un día llega en que el cerebro necesita reposo, en que de las -batallas del espíritu se sale quebrantado, aunque uno las gane. Y para -los soldados del pensamiento no hay cuartel de inválidos. Dígalo el -Mariscal Zorrilla, cuya corona de platería anduvo, en la ancianidad del -glorioso, en una casa de empeño... - -Pide la Prensa que Cávia entre a la Academia. La honra es merecida; pero -no es Mariano para ir a sentarse gravemente a su sillón en la terrible -tarea de cocinar el diccionario. A menos que haga lo que Anatole France -en la Academia Francesa: no ir nunca a las sesiones. No veo yo a Mariano -discutiendo un vocablo con el señor Cotarelo, o con el padre Mir. Mas si -ello ha de ser, preparémonos a saborear el que será exquisito discurso -de recepción del Benjamín de los inmortales españoles. Aunque ha hecho y -hace más por el idioma desde las columnas de su periódico que lo que -hacer podría entre los conservadores oficiales. - -Y todo eso estará muy bien; pero estamos en el tiempo de ser prácticos. -Hay que ser como los ingleses. El esfuerzo y la gloria son un valor que -se cotiza. No a todos ha de tocar el premio Nobel; y los homenajes -positivos son los más preciados homenajes. Cierto es que _El Imparcial_ -ha apoyado y apoya eficazmente a ese escritor que le ha dado lo mejor -del jugo de su cerebro; mas no se trata de algo que deba hacer _El -Imparcial_ solo, sino toda la prensa y los poderes que ella mueva. - -Que se haga, pues, algo que valga la pena, algo fundamental y algo -contante y sonante. Y que se haga pronto, ahora que Mariano está todavía -joven. No pase como lo que cuentan de cierto militar español, que -cuando, ya viejo, le llevaban su sueldo de Capitán General, exclamaba: - ---¿Y ahora para qué? ¡Si me hubiesen dado esto cuando yo era -teniente...! - - - - -MANUEL S. PICHARDO - - -Cuando se habla de la Isla de Cuba como país lírico, en Francia se -recuerda al «conquistador» José María de Heredia, y en España a aquella -exuberante y hermosa musa que se llamó Gertrudis Gómez de Avellaneda en -el tiempo apasionado y sonoro del romanticismo. - -En mi primaveral adolescencia era ya Cuba para mí una tierra de poesía. -La «Perla de las Antillas» era en verdad una inmensa y maravillosa -perla, llena de mansiones ilusorias y de paisajes de encanto, como los -paisajes de las _Mil y una noches_ que el prestigioso verbo del Dr. -Mardrus nos ha hecho conocer. Yo he tenido el amor de las islas, y entre -todas Ceylán y Cuba me han atraído como dos soberbias mujeres; la una -perfumada de las más finas canelas, la otra olorosa a rosas y jazmines. -En pasados tiempos conocí a dos peregrinos que aumentaron mi entusiasmo. -Era el uno un poeta rubio, bizarro y caballeresco, que recorría nuestro -continente en una jira de leyenda, diciendo versos de amor y de patria, -conquistando simpatías para la causa de la libertad cubana y damas para -sus apetitos sentimentales y voluptuosos de don Juan errante. Se llamaba -José Joaquín Palma. Era quien había escrito ciertos versos que, -encontrados entre los papeles de Olegario Andrade, fueron publicados -como del autor de la _Atlántida_, rectificándose luego la equivocación. - -El otro era un fogoso y armonioso orador, que en los intermedios de sus -bravas campañas patrióticas decía rimas de pasión y cuentos de ensueños -en los salones donde era su palabra un atractivo y un hechizo. Se -llamaba Antonio Zambrana. Ambos me hablaban de las dulzuras de su -tierra, de sus mujeres incomparables y de sus nidos de amor. Me llegaba -un aroma de bosques de la Isla de las Islas, un aroma de bosques entre -ruidos de mar. Soñaba con las maravillas de un suelo lleno de vida bajo -un cielo todo azul lleno de sol. Y era la visión de jardines -deliciosamente criollos, exacervantes de olores, sonoros de arrullos de -paloma, de cantos de pájaros, del revolar de las milanesianas -cimarronzuelas de rojos pies... Y, como en Oriente, calcadas en el -zafiro del celeste fondo, «las palmas ¡ay! las palmas deliciosas» que -hicieron suspirar a Heredia el castellano, nostálgico de ellas junto a -la catarata yanqui. - -Soñaba yo con la Habana como con una capital de placer y de deleite. Una -decoración extraña y pintorescas fortalezas sobre las olas, playas -adornadas de árboles y flores del trópico; calesas en que iban marquesas -blancas de grandes ojeras; criados negros, terribles y fieles; -elegancias europeas en un ambiente tibio de pereza sensual, y, sobre -todo, una cálida gracia que embargaría los sentidos y haría ensoñar de -tal manera que se sentiría pasar la vida como una onda de miel y una -caricia de seda. Y mi adolescencia se estremecía ante tantas -imaginaciones. - -Yo decía: Amar allá en Cuba debe ser amar. Decía: El gozo en Cuba debe -ser un multiplicado gozo. Y sentía como el sabor de un beso de rara -sulamita, con un algo de azúcares de níspero, de ámbar, y de la miel y -de la leche que regocijaron el paladar del querido colega, del perfecto -enamorado lírico que se llamaba Salomón. - -Muchos años pasaron y pude por fin estar unas horas--las que el vapor me -permitía--en tierra cubana. No tuve tiempo de verificar mi ensueño -antiguo. Esas horas las pasé entre poetas y almas generosas que me -manifestaron su confraternidad y su cariño en un banquete inolvidable. -Entreví, sí, jardines, elegancias, ardientes poemas de carne, ojos -milagrosos. Y con los poetas, entre tanta vida, la única visita que pude -hacer fué a la Muerte. Ciertamente--el motivo no lo recuerdo--nos -dirigimos al cementerio, en aquel día un tanto opaco, con otros amigos, -Kostia el perspicuo, Hernández Miyares, cuya gentil arrogancia se -arregla muy bien con su amabilidad cordial; Raoul Cay, aquel _charmant_ -Raoul en cuya casa bebimos un té digno de Confucio y nos vestimos de -mandarines chinos con espléndidos trajes auténticos, mientras en el -salón el General Lachambre hacía la corte a la soberbia María, hoy su -respetable viuda; Julián del Casal, atormentado y visionario como -Nerval, todo hecho un panal de dolor, un acerico de penas, ya con algo -de ultratumba en las extrañas pupilas, y que hoy reposa en la paz y en -la gloria que merecieron su corazón de niño desventurado y sus versos de -hondo y exquisito príncipe de melancolías; Pichardo, el que es hoy -laureado poeta de la Isla, y yo. - -Tengo presente que íbamos conversadores y que retornamos menos locuaces -y con alguna vaga tristeza. ¿Es que comprendimos que la visita debía ser -pronto pagada?... Poco tiempo después llegó la Misteriosa, en su carro -negro, a casa de nuestro pobre Julián. - -Y fué en esa tarde de la visita al cementerio, como en las horas del -ágape amistoso, cuando por primera vez comuniqué con el alma poética de -Manuel Serafín Pichardo--a quien su pueblo aclama entre los -primeros--pudiendo apreciarle entre los vinos y las rosas, y junto a los -cipreses. Desde esa época «ha pasado mucha agua bajo los puentes». El -destino nos ha llevado a unos a un punto, o otros a otro. Con el poeta -que acaba de ser moralmente coronado por su patria, nos hemos -encontrado, al azar de la vida, una noche, en un teatro de Madrid, creo -que en una representación de Réjane. Cambiamos unas palabras y no nos -hemos vuelto a ver. Hoy le escribo estas para su libro de versos. Lo -hago con sincero placer, a pesar de una preocupación que ya raya en mí -en supersticiosa: casi todo pórtico que he levantado a la fábrica -intelectual de un amigo, me ha caído encima... - -Me encantan los versos de Pichardo, antes que todo, porque no veo en él -a un fanático de escuelas, o maniático de maneras. No se propone -enseñar, ni ponerse los hábitos apolillados de fray Luis de León, o los -casacones de Quintana, ni entablar ningún flirt con mis pasadas -princesas azules... Menos se propone componer el mundo; por lo cual le -felicito de todo corazón, no viendo la necesidad absoluta de que todos -nos dediquemos a la carrera de apóstol. Bellamente, noblemente, -gallardamente, expresa el poeta sus pensares y sentires en ritmos -varios, y en veces veréis en él reminiscencias clásicas, en veces, sobre -el modo moderno, escucharéis muy sutiles melodías, rapsodias elegantes y -tal cual sonata sentimental chopinizada a la luz de la bella luna de su -patria. - -A este noble poeta no le pueden acusar de no cantar las cosas de su -tierra. Patriótico, familiar, o pintor de caracteres, almas y paisajes, -ha escrito poesías que son productos cubanos genuínos, autóctonos. Yo -no sé de versos más hermosamente gráficos que ese _Danzón_ que -exterioriza todo el picante de la molicie lujuriosa, al mismo tiempo que -transciende al perfume del corazón del terruño; relentes de Africa, -atavismos voluptuosos, ecos de legendarios ingenios, noches de libertad -jocunda, aguardiente fuerte y caña dulce y labios rojos. - -El poeta va a España y allí sufre la tentación de todo artista. Allá ha -de producir cincelados sonetos castellanos _à l’instar_ de las labradas -orfebrerías de Gautier; ha de externar su espíritu de adorador de -hermosas visiones en poemas que se demuestran sentidos y brotados -espontáneamente, con el influjo de ese soplo arcano que ha producido en -el mundo tantas maravillas y que antes se llamaba «inspiración». Si el -calificativo se usase todavía, podría decirse de este autor que es un -lírico verdaderamente inspirado. - -Tiene en su rica colección una parte fúnebre que podríamos llamar la -loggia de los duelos. Allí están los afectuosos cenotafios, los -«mármoles negros», las urnas votivas, las lápidas recordatorias, los -conceptos consagrados a seres admirados o amados que han desaparecido en -la eternidad. No puedo menos que señalar los versos que dedica a Julián -del Casal, al triste Julián del Casal, a quien yo también amé mucho, -pagando así la más pura de las admiraciones y el más sincero de los -afectos. - -Hay en este volumen poemas de dolor, ecos de desgarraduras, crujidos de -fibras y de entrañas, lamentos lanzados al choque de la vida. Tal lo que -se contiene en «La copa amarga». Hay otros poemas de entusiasmo, de -impresiones literarias--algunas no muy de mi predilección, como los -afamados versos «A Rostand»--en que no dejan de manifestarse siempre la -bizarría, el bello gesto del esparcidor de flores o del portapalma que -se acerca a decorar el altar de su ídolo o el simulacro de su dios. En -ocasiones es escultórico, y más de una vez sus composiciones hacen -recordar la dignidad métrica de su semipaisano Heredia el francés. - -La poesía doméstica que ha tentado a Pichardo es para mí cosa peregrina -y extraña. No porque la considere ingenua, _arrierée_ y a la papá, sino -porque juzgo poco a sus anchas a las nueve musas para danzar libremente -ante los lares... Y eso que el portentoso Hugo las hizo hacer las más -lindas evoluciones en _El Arte de ser abuelo_. Con todo, ¡los niños -tienen tan frescas sonrisas y tan claras miradas! ¡Y Pichardo las ha -interpretado tan hondamente! - -Otra cosa es la canción galante que este poeta cultiva y prefiere y la -cual vuela libre y atrevida como una abeja. Abeja que en este caso tiene -mucho en donde revolar y en donde posarse en esa tierra de Cuba, -florecida de beldades, y en donde hay tanto - - Tipo oriental, nívea tez - Y el endrino pelo en haz... - -Insistiré: todas las mujeres bellas del mundo tienen sus encantos -especiales; mas el encanto de la mujer cubana es único por su algo de -Oriente, por una fascinación misteriosa, porque por pudorosa que sea hay -en ella como un incesante y secreto llamamiento. Ovidio lo diría mejor -que yo: - - Scilicet ut pudor est quamdam cœpine - Sic alio gratum est incipienti pati. - -Y esto lo digo de las pocas cubanas que en mis peregrinaciones por el -mundo he encontrado. ¡Cómo será la delicia en el paraíso ardiente de la -Isla! - -Réstame referirme a las traducciones que de varios poetas ha hecho -Pichardo. No puedo aplaudirlas sino como originales, porque no creo en -la posibilidad de una traducción de poeta que satisfaga. Apenas en prosa -se puede dar a entrever el alma de una poesía extranjera. En verso el -intento es inútil, así sea el traductor otro poeta y sea hombre de arte -y de gusto, llámese Llorente, Díez-Canedo, Leopoldo Díaz, Valencia, o -Pichardo. Lo que el lector obtendrá será una poesía de Pichardo, de -Leopoldo Díaz, de Valencia o de Llorente, o de Díez-Canedo, no de -Verlaine, de Poe, de Mallarmé o de Gœthe. Don Miguel de Cervantes -sabía bien lo que se decía con lo del revés de los tapices. - -Y he aquí lo más conocido, lo más reproducido, lo más gustado de mi -amigo Pichardo: las «Ofélidas». El nombre evoca en seguida a la pálida -enamorada shakespeareana, muerta bajo las flores; «¡flores sobre la -flor!» Y el triunfo de esas poesías cortas, intensas, comprensivas, -expresivas, sensitivas, consiste en su intimidad; en que dejan ver lo -interior del poeta, los caprichos, las amarguras, las heridas. Son -pequeños estuches que encierran joyas con secretos, alfileres con más o -menos ponzoña o con casi invisibles manchas sangrientas... Son -fragmentos de vida, he ahí la razón de su boga. Por eso casi todos los -grandes poetas que han escrito «ofélidas» han ido en seguida al corazón -de las gentes. Las de Heine se llaman «Intermezzo», las de Bécquer -«Rimas», las de Verlaine «Parallélement»... Allá lejos, Catulo habría -gustado de todas ellas. - -Yo saludo a Pichardo, al gran poeta de Cuba, al aparecer su brillante -libro, en cuya cubierta la musa medio desnuda, destacándose en el fondo -de la sagrada selva, muestra sus blancos pechos erectos, cerca de los -cisnes, de los bienhechores, melodiosos y olímpicos cisnes. - - - - -MARINETTI Y EL FUTURISMO - - -Marinetti es un poeta italiano de lengua francesa. Es un buen poeta, un -notable poeta. La «élite» intelectual universal le conoce. Sé que -personalmente es un gentil mozo y es mundano. Publica en Milán una -revista políglota y lírica, lujosamente presentada, _Poesía_. Sus poemas -han sido alabados por los mejores poetas líricos de Francia. Su obra -principal hasta ahora: _Le roi Bombance_, rabelesiana, pomposamente -cómica, trágicamente burlesca, exuberante, obtuvo un éxito merecido, al -publicarse, y seguramente no lo obtendrá cuando se represente en -_L’Œuvre_ de París bajo la dirección del muy conocido actor -Lugne-Poe. Su libro contra D’Annunzio es tan bien hecho y tan mal -intencionado que el Imaginífico--¿la pluma en el sombrero, -Lugones?--debe estar satisfecho del satírico homenaje. A este propósito, -el conde Robert de Montesquiou le dice conceptos que yo hago míos: - -«Le temps et le verve que vous lui donnerez sont des beaux éloges, -dénués de la fadeur des cassolettes et de l’écœurement des -encensoirs. La louange n’est pas _une_; et, surtout, _pas forcément -suave_: elle peut être acidulée; ce n’est pas la pire. Et le «toujours -Lui, Lui partout!» de votre brillante critique, représente une salve -d’applaudissements qui a bien son prix. La gentiane est amère, le pavot -empoisonné, la belladone, vénéneuse: elles n’en sont pas moins des -fleurs salutaires, belles, entre toutes, que plusieurs, non des moins -difficiles, preféreront au jasmin. Et leur gerbe, déposée au socle d’un -buste, l’honore autant que le ferait la flore étoilée.» - -Los poemas de Marinetti son violentos, sonoros y desbridados. He ahí el -efecto de la fuga italiana en un órgano francés. Y es curioso observar, -que aquel que más se le parece es el flamenco Verhaeren. Pero el -hablaros ahora de Marinetti es con motivo de una encuesta que hoy hace, -a propósito de una nueva escuela literaria que ha fundado, o cuyos -principios ha proclamado con todos los clarines de su fuerte verbo. Esta -escuela se llama El Futurismo. - -Solamente que el Futurismo estaba ya fundado por el gran mallorquín -Gabriel Alomar. Ya he hablado de esto en las _Dilucidaciones_, que -encabezan mi _Canto errante_. - -¿Conocía Marinetti el folleto en catalán en que expresa sus pensares de -futurista Alomar? Creo que no, y que no se trata sino de una -coincidencia. En todo caso, hay que reconocer la prioridad de la -palabra, ya que no de toda la doctrina. - -¿Cuál es ésta? - -Vamos a verlo. - - * * * * * - -1. «Queremos cantar el amor del peligro, el hábito de la energía y de la -temeridad». En la primera proposición paréceme que el futurismo se -convierte en pasadismo. ¿No está todo eso en Homero? - -2. «Los elementos esenciales de nuestra poesía serán el valor, la -audacia y la rebeldía». ¿No está todo eso ya en todo el ciclo clásico? - -3. «Habiendo hasta ahora magnificado la literatura la inmovilidad -pensativa, el éxtasis y el sueño, queremos exaltar el movimiento -agresivo, el insomnio febriciente, el paso gimnástico, el salto -peligroso, la bofetada y el puñetazo». Creo que muchas cosas de esas -están ya en el mismo Homero, y que Píndaro es un excelente poeta de los -deportes. - -4. «Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una -belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carrera, con -su cofre adornado de gruesos tubos semejantes a serpientes de aliento -explosivo... un automóvil rugiente, que parece que corre sobre -metrallas, es más bello que la Victoria de Samotracia». No comprendo la -comparación. ¿Qué es más bello, una mujer desnuda o la tempestad? ¿Un -lirio o un cañonazo? ¿Habrá que releer, como decía Mendès, el prefacio -del _Cronwell_? - -5. «Queremos cantar al hombre que tiene el volante, cuyo bello ideal -traspasa la Tierra lanzada ella misma sobre el circuito de su órbita». -Si no en la forma moderna de comprensión, siempre se podría volver a la -antigüedad en busca de Belerofontes o Mercurios. - -6. «Es preciso que el poeta se gaste con calor, brillo y prodigalidad, -para aumentar el brillo entusiasta de los elementos primordiales». -Plausible. Desde luego es ello un impulso de juventud y de conciencia, -de vigor propio. - -7. «No hay belleza sino en la lucha. No hay obra maestra sin un carácter -agresivo. La poesía debe ser un asalto violento contra las fuerzas -desconocidas, para imponerles la soberanía del hombre». ¿Apolo y Anfion -inferiores a Herakles? Las fuerzas desconocidas no se doman con la -violencia. Y, en todo caso, para el Poeta, no hay fuerzas desconocidas. - -8. «Estamos sobre el promontorio extremo de los siglos... ¿Para qué -mirar detrás de nosotros, puesto que tenemos que descerrajar los -_vantaux_ de lo Imposible? El Tiempo y el Espacio han muerto ayer. -Vivimos ya en lo Absoluto, puesto que hemos ya creado la eterna rapidez -omnipotente». ¡Oh, Marinetti! El automóvil es un pobre escarabajo -soñado, ante la eterna Destrucción que se revela, por ejemplo, en el -reciente horror de Trinacria. - -9. «Queremos glorificar la guerra--sola higiene del mundo,--el -militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las -bellas Ideas que matan, y el desprecio de la mujer». El poeta innovador -se revela oriental, nietszcheano, de violencia acrática y destructora. -¿Pero para ello artículos y reglamentos? En cuanto a que la Guerra sea -la única higiene del mundo, la Peste reclama. - -10. «Queremos demoler los museos, las bibliotecas, combatir el -moralismo, el feminismo y todas las cobardías oportunistas utilitarias». - -11. «Cantaremos las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, el -placer o la revuelta; las resacas multicoloras y polifónicas de las -revoluciones en las capitales modernas, la vibración nocturna de los -arsenales y los astilleros bajo sus violentas lunas eléctricas; las -estaciones glotonas y tragadoras de serpientes que humean, los puentes -de saltos de gimnasta lanzados sobre la cuchillería diabólica de los -ríos asoleados; los paquebots aventureros husmeando el horizonte; las -locomotoras de gran pecho, que piafan sobre los rieles, como enormes -caballos de acero embridados de largos tubos, y el vuelo deslizante de -los aeroplanos, cuya hélice tiene chasquidos de bandera y de muchedumbre -entusiasta.» Todo esto es hermosamente entusiástico y, más que todo, -hermosamente juvenil. Es una plataforma de plena juventud; por serlo, -tiene sus inherentes cualidades y sus indispensables puntos vulnerables. - - * * * * * - -Dicen los futuristas, por boca de su principal _leader_, que lanzan en -Italia esa proclama--que está en francés, como todo manifiesto que se -respeta--porque quieren quitar a Italia su gangrena de profesores, de -arqueólogos, de ciceroni y de anticuarios. Dicen que Italia es preciso -que deje de ser el «grand marché des brocanteurs». No estamos desde -luego en pleno futurismo cuando son profesores italianos los que llaman -a ilustrar a sus pueblos respectivos un Teodoro Roosevelt y un Emilio -Mitre. - -Es muy difícil la transformación de ideas generales, y la infiltración -en las colectividades humanas se hace por capas sucesivas. ¿Que los -museos son cementerios? No nos peladanicemos demasiado. Hay muertos de -mármol y de bronce en parques y paseos, y si es cierto que algunas ideas -estéticas se resienten de la aglomeración en esos edificios oficiales, -no se ha descubierto por lo pronto nada mejor con que sustituir tales -ordenadas y catalogadas exhibiciones. ¿Los Salones? Eso ya es otra cosa. - -La principal idea de Marinetti es que todo está en lo que viene y casi -nada en lo pasado. En un cuadro antiguo no ve más que «la contorsión -penosa del artista que se esfuerza en romper las barreras -infranqueables a su deseo de expresar enteramente su ensueño.» Pero ¿es -que en lo moderno se ha conseguido esto? Si es un ramo de flores cada -año, a lo más, el que hay que llevar funeralmente a la «Gioconda», ¿qué -haremos con los pintores contemporáneos de golf y automóvil? Y -¡adelante! Pero ¿a dónde? Si ya no existen Tiempo y Espacio, ¿no será lo -mismo ir hacia Adelante que hacia Atrás? - -Los más viejos de nosotros, dice Marinetti, tienen treinta años. He allí -todo. Se dan diez años para llenar su tarea, y en seguida se entregan -voluntariamente a los que vendrán después. «Ellos se levantarán--¡cuando -los futuristas tengan cuarenta años!--ellos se levantarán al rededor de -nosotros, angustiados y despechados, y todos exasperados por nuestro -orgulloso valor infatigable, se lanzarán para matarnos, con tanto mayor -odio cuanto que su corazón estará ebrio de amor y de admiración por -nosotros.» - -¡Y en este tono la oda continúa con la misma velocidad e ímpetu! - -¡Ah, maravillosa juventud! Yo siento cierta nostalgia de primavera -impulsiva al considerar que sería de los devorados, puesto que tengo más -de cuarenta años. Y, en su violencia, aplaudo la intención de Marinetti, -porque la veo por su lado de obra de poeta, de ansioso y valiente poeta -que desea conducir el sagrado caballo hacia nuevos horizontes. -Encontraréis en todas esas cosas mucho de excesivo; el son de guerra es -demasiado impetuoso; pero ¿quiénes sino los jóvenes, los que tienen la -primera fuerza y la constante esperanza, pueden manifestar los intentos -impetuosos y excesivos? - - * * * * * - -Lo único que yo encuentro inútil es el manifiesto. Si Marinetti con sus -obras vehementes ha probado que tiene un admirable talento y que sabe -llenar su misión de Belleza, no creo que su manifiesto haga más que -animar a un buen número de imitadores a hacer «futurismo» a ultranza, -muchos, seguramente, como sucede siempre, sin tener el talento ni el -verbo del iniciador. En la buena época del simbolismo hubo también -manifiestos de jefes de escuela, desde Moreas hasta Ghil. ¿En qué quedó -todo eso? Los naturistas también «manifestaron» y la pasajera capilla -tuvo resonancia, como el positivismo, en el Brasil. Ha habido después -otras escuelas y otras proclamas estéticas. Los más viejos de todos esos -revolucionarios de la literatura no han tenido treinta años. - -El calvo D’Annunzio no sé cuántos tiene ya, y fíjese Marinetti que el -glorioso italiano goza de buena salud después de la bella bomba con que -intentó demolerle. Los dioses se van y hacen bien. Si así no fuese no -habría cabida para todos en este pobre mundo. Ya se irá también -D’Annunzio. Y vendrán otros dioses que asimismo tendrán que irse cuando -les toque el turno, y así hasta que el cataclismo final haga pedazos la -bola en que rodamos todos hacia la eternidad, y con ella todas las -ilusiones, todas las esperanzas, todos los ímpetus y todos los sueños -del pasajero rey de la creación. Lo Futuro es el incesante turno de la -Vida y de la muerte. Es lo pasado al revés. Hay que aprovechar las -energías en el instante, unidos como estamos en el proceso de la -universal existencia. Y después dormiremos tranquilos y por siempre -jamás. Amén. - - - - -INDICE - - - Págs. - -La casa de las ideas 5 - -París y los escritores extranjeros 11 - -Vida de las abejas 21 - -Luis Bonafoux.--«Bombos y Palos» 27 - -En el país de la Bohemia 33 - -El milagro de la voluntad 43 - -El Brasil intelectual 53 - -Letras dominicanas 61 - -Un poeta portugués en la India 69 - -Eugenia de Guérin 79 - -Arthur Symons.--«Retratos Ingleses» 89 - -Saint-Pol-Roux 99 - -El pueblo del Polo 107 - -Hércules y Don Quijote 117 - -Un recuerdo a Castelar 123 - -Jean Orth y Eugenio Garzón 129 - -Catulle Mendès 135 - -Antonio de Zayas 147 - -El conde de las Navas 153 - -José Nogales 163 - -Mariano de Cávia 167 - -Manuel S. Pichardo 177 - -Marinetti y el Futurismo 187 - - ACABÓSE - DE IMPRIMIR - ESTE LIBRO EN - MADRID, EN LA - TIPOGRAFÍA YAGÜES - EL DÍA XXVI - DE FEBRERO - DEL AÑO - MCMXVIII - - * * * * * - - OBRAS COMPLETAS - - DE - - FRANCISCO VILLAESPESA - - TOMOS PUBLICADOS - - - I.--INTIMIDADES.--FLORES DE ALMENDRO. - - II.--LUCHAS.--CONFIDENCIAS. - - III.--LA COPA DEL REY DE THULE.--LA MUSA ENFERMA. - - IV.--EL ALTO DE LOS BOHEMIOS.--RAPSODIAS. - - V.--LAS HORAS QUE PASAN.--VELADAS DE AMOR. - - VI.--LAS JOYAS DE MARGARITA: BREVIARIO DE AMOR.--LA TELA DE - PENÉLOPE.--EL MILAGRO DEL VASO DE AGUA. - - VII.--DOÑA MARÍA DE PADILLA.--LA CENA DE LOS CARDENALES. - - VIII.--EL MILAGRO DE LAS ROSAS.--RESURRECCIÓN. AMIGAS VIEJAS. - - IX.--LAS GRANADAS DE RUBÍES.--LAS PUPILAS DE ALMOTADID.--LAS GARRAS - DE LA PANTERA.--EL ÚLTIMO ABDERRAMÁN. - - X.--TRISTITIÆ RERUM. - - XI.--LA LEONA DE CASTILLA.--EN EL DESIERTO. - - XII.--EL REY GALAOR. EL TRIUNFO DEL AMOR. - - - EDITORIAL MUNDO LATINO - - Barbieri, 1 duplicado.--Apartado 502 - - ---- MADRID---- - -Las librerías de España y América deberán dirigir sus pedidos a la - - =Sociedad General Española de Librería. - Diarios, revistas y publicaciones (S. A.)= - - FERRAZ, 21 MADRID - - * * * * * - -Los errores corrigdos: - -ciuda griega=> ciudad griega {pg 7} - -En estas paginas=> En estas páginas {pg 17} - -los intectuales=> los intelectuales {pg 18} - -Es el mismo Sweendenborg=> Es el mismo Swedenborg {pg 23} - -Gentón epistolario=> Centón epistolario {pg 29} - -ella en su rerepertorio=> ella en su repertorio {pg 39} - -Confesions of an opium eater=> Confessions of an opium eater {pg 49} - -quitarme la convinción=> quitarme la convincción {pg 49} - -Lep Morticoles=> Les Morticoles {pg 51} - -los últimos movientos=> los últimos movimientos {pg 54} - -naturalmentedes pertaron=> naturalmente despertaron {pg 57} - -Nel plenilunio di calendimaagio=> Nel plenilunio di calendimaggio {pg -71} - -«It is better to have loved and los than never to have lovei at all»=> -«It is better to have loved and lost than never to have loved at all» -{pg 75} - -Arthur Simons es un poeta y escritor inglés=> Arthur Symons es un poeta -y escritor inglés {pg 89} - -casa de arte allá en Taliti=> casa de arte allá en Tahiti {pg 100} - -más admirativos cenceptos=> más admirativos conceptos {pg 100} - -Etre admire n’est rien, l’affaire est d’être aimé,=> Être admiré n’est -rien, l’affaire est d’être aimé, {pg 102} - -como Lytton Bwllver=> como Lytton Bullver {pg 110} - -los selanitas=> los selenitas {pg 116} - -ya dicho Perso=> ya dicho Perseo {pg 119} - -CATULLE MENDÉS=> CATULLE MENDÈS {pg 135} - -mes tendres et donloureux=> mes tendres et douloureux {pg 137} - -conocimiento tampoco=> conocimiento tammpoco {pg 156} - -facultad de discenir=> facultad de discernir {pg 171} - -alegre discrección=> alegre discreción {pg 171} - -Es algo de abolego=> Es algo de abolengo {pg 173} - -en a ancianidad=> en la ancianidad {pg 175} - -que Cavia entre=> que Cávia entre {pg 175} - -bebimos un te=> bebimos un té {pg 180} - -l’ocœurement des encensoirs=> l’écœurement des encensoirs {pg 188} - -Teodoro Rooselvet=> Teodoro Roosevelt {pg 192} - -Saint-Poul-Roux=> Saint-Pol-Roux {pg 197--índice} - - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Letras, by Rubén Darío - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LETRAS *** - -***** This file should be named 51029-0.txt or 51029-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/1/0/2/51029/ - -Produced by Josep Cols Canals, Chuck Greif and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project -Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you -charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you -do not charge anything for copies of this eBook, complying with the -rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose -such as creation of derivative works, reports, performances and -research. They may be modified and printed and given away--you may do -practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy -all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. -If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project -Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the -terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or -entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement -and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic -works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation" -or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project -Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the -collection are in the public domain in the United States. If an -individual work is in the public domain in the United States and you are -located in the United States, we do not claim a right to prevent you from -copying, distributing, performing, displaying or creating derivative -works based on the work as long as all references to Project Gutenberg -are removed. Of course, we hope that you will support the Project -Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by -freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of -this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with -the work. You can easily comply with the terms of this agreement by -keeping this work in the same format with its attached full Project -Gutenberg-tm License when you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in -a constant state of change. If you are outside the United States, check -the laws of your country in addition to the terms of this agreement -before downloading, copying, displaying, performing, distributing or -creating derivative works based on this work or any other Project -Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning -the copyright status of any work in any country outside the United -States. - -1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: - -1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate -access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently -whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the -phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project -Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed, -copied or distributed: - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - -1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived -from the public domain (does not contain a notice indicating that it is -posted with permission of the copyright holder), the work can be copied -and distributed to anyone in the United States without paying any fees -or charges. If you are redistributing or providing access to a work -with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the -work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 -through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the -Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or -1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional -terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked -to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the -permission of the copyright holder found at the beginning of this work. - -1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. - -1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License. - -1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any -word processing or hypertext form. However, if you provide access to or -distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than -"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version -posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org), -you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a -copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon -request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other -form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm -License as specified in paragraph 1.E.1. - -1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided -that - -- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is - owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he - has agreed to donate royalties under this paragraph to the - Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments - must be paid within 60 days following each date on which you - prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax - returns. Royalty payments should be clearly marked as such and - sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the - address specified in Section 4, "Information about donations to - the Project Gutenberg Literary Archive Foundation." - -- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or - destroy all copies of the works possessed in a physical medium - and discontinue all use of and all access to other copies of - Project Gutenberg-tm works. - -- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any - money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days - of receipt of the work. - -- You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works. - -1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm -electronic work or group of works on different terms than are set -forth in this agreement, you must obtain permission in writing from -both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael -Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the -Foundation as set forth in Section 3 below. - -1.F. - -1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -public domain works in creating the Project Gutenberg-tm -collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic -works, and the medium on which they may be stored, may contain -"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or -corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual -property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a -computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by -your equipment. - -1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE. - -1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium with -your written explanation. The person or entity that provided you with -the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a -refund. If you received the work electronically, the person or entity -providing it to you may choose to give you a second opportunity to -receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy -is also defective, you may demand a refund in writing without further -opportunities to fix the problem. - -1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER -WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO -WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. - -1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages. -If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the -law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be -interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by -the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any -provision of this agreement shall not void the remaining provisions. - -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance -with this agreement, and any volunteers associated with the production, -promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, -harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, -that arise directly or indirectly from any of the following which you do -or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm -work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any -Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. - - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of computers -including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 -and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at -http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at -809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email -business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To -SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any -particular state visit http://pglaf.org - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. -To donate, please visit: http://pglaf.org/donate - - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic -works. - -Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm -concept of a library of electronic works that could be freely shared -with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project -Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. - - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. -unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition. - - -Most people start at our Web site which has the main PG search facility: - - http://www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/old/51029-0.zip b/old/51029-0.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index d380042..0000000 --- a/old/51029-0.zip +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h.zip b/old/51029-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 67f40f7..0000000 --- a/old/51029-h.zip +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/51029-h.htm b/old/51029-h/51029-h.htm deleted file mode 100644 index 5402af8..0000000 --- a/old/51029-h/51029-h.htm +++ /dev/null @@ -1,4958 +0,0 @@ -<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" -"http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> - -<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> - <head> <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> -<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=utf-8" /> -<title> - The Project Gutenberg eBook of Letras, por Rubén Darío. -</title> -<style type="text/css"> - p {margin-top:.2em;text-align:justify;margin-bottom:.2em;text-indent:4%;} - -.c {text-align:center;text-indent:0%;} - -.cb {text-align:center;text-indent:0%;font-weight:bold;} - -.letra {font-size:150%;float:left;margin-top:-.51%;padding:0%;} - @media print, handheld - { .letra - {font-size:150%;} - } - -@media print, handheld -{ - img.drop-cap {float: left; margin: 0 0.5em 0 0;} - img alt {visibility: visible;} - } - -.nind {text-indent:0%;} - -small {font-size: 70%;} - -big {font-size: 130%;} - - h1 {margin-top:5%;text-align:center;clear:both;} - - h2 {margin-top:4%;margin-bottom:2%;text-align:center;clear:both; - font-size:120%;} - - h3 {margin:4% auto 2% auto;text-align:center;clear:both;} - - hr {width:90%;margin:2em auto 2em auto;clear:both;color:black;} - - hr.full {width: 50%;margin:5% auto 5% auto;border:4px double gray;} - - table {margin-top:2%;margin-bottom:2%;margin-left:auto;margin-right:auto;border:none;} - - body{margin-left:2%;margin-right:2%;background:#ffffff;color:black;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:medium;} - -a:link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} - - link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} - -a:visited {background-color:#ffffff;color:purple;text-decoration:none;} - -a:hover {background-color:#ffffff;color:#FF0000;text-decoration:underline;} - -.smcap {font-variant:small-caps;font-size:100%;} - - img {border:none;} - -.figcenter {margin-top:3%;margin-bottom:3%;clear:both; -margin-left:auto;margin-right:auto;text-align:center;text-indent:0%;} - @media print, handheld - {.figcenter - {page-break-before: avoid;page-break-after: always;} - } - -div.poetry {text-align:center;} -div.poem {font-size:90%;margin:auto auto;text-indent:0%; -display: inline-block; text-align: left;} -.poem .stanza {margin-top: 1em;margin-bottom:1em;} -.poem span.i0 {display: block; margin-left: 0em; padding-left: 3em; text-indent: -3em;} -.poem span.i2 {display: block; margin-left: 1em; padding-left: 3em; text-indent: -3em;} -</style> - </head> -<body> - - -<pre> - -The Project Gutenberg EBook of Letras, by Rubén Darío - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Letras - Obras Completas Vol. VIII - -Author: Rubén Darío - -Illustrator: Enrique Ochoa - -Release Date: January 24, 2016 [EBook #51029] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LETRAS *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals, Chuck Greif and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - -</pre> - -<hr class="full" /> - -<p class="cb">LETRAS</p> - -<p><a name="page_001" id="page_001"></a> </p> - -<div class="figcenter"> -<img src="images/cover.jpg" width="300" height="500" alt="" title="" /> -</div> - -<p><a name="page_002" id="page_002"></a></p> - -<p><a name="page_003" id="page_003"></a></p> - -<div class="figcenter"> -<a href="images/front_lg.png"> -<img src="images/front_sml.png" width="327" height="500" -alt=""LETRAS -POR -RUBÉN DARÍO -ILUSTRACIONES -DE -ENRIQUE OCHOA"" /></a></div> - -<div class="figcenter"> -<a href="images/illus-004_lg.png"> -<img src="images/illus-004_sml.png" width="234" height="109" alt="ES PROPIEDAD" /></a> -</div> - -<p><a name="page_005" id="page_005"></a></p> - -<table border="4" cellpadding="10" cellspacing="0" summary=""> -<tr><td align="center"><a href="#INDICE"><b>AL ÍNDICE</b></a></td></tr> -</table> - -<h2><a name="LA_CASA_DE_LAS_IDEAS" id="LA_CASA_DE_LAS_IDEAS"></a> -<a href="images/illus-005_lg.png"> -<img src="images/illus-005_sml.png" width="325" height="146" alt="" /></a><br /><br /> -LA CASA DE LAS IDEAS</h2> - -<h3>I</h3> - -<p class="nind"><span class="letra"><img src="images/drop-e.png" -class="drop-cap" -width="90" -height="86" -alt="E" /></span><small>STA</small> frase de Elisée Reclus: «La ciudad de los libros» despierta en mí -este pensar: «las casas de las ideas».</p> - -<p>En efecto; si <i>la palabra es un ser viviente</i>, es a causa del espíritu -que la anima: la idea.</p> - -<p>Así, pues, las ideas, con sus carnes de palabras, vivientes, activas, se -congregan, hacen sus ciudades, tienen sus casas. La ciudad es la -biblioteca, la casa es el libro.</p> - -<p>Helas allí como los humanos seres; hay ideas reales, augustas, medianas, -bajas, viles, abyectas, miserables. Visten también realmente, -medianamente, miserablemente. Tienen corona de oro, tiara, yelmo, manto -o harapos. Imperiosas o humilladas, se alzan o caen, cantan o lloran.<a name="page_006" id="page_006"></a> -Evocadas por el hombre, dejan sus habitáculos, abandonan sus alvéolos, -resuenan en el aire, o, silenciosas, penetran en las almas por los ojos. -Luego vuelven a sus casas, después de hacer el bien o el mal.</p> - -<h3>II</h3> - -<p>Tenéis aquí una vieja catedral: es un misal antiguo. Muestra sus -ferradas y pesadas puertas; sus muros, sus esculturas, sus vidrios -coloreados, sus rotondas, sus flechas, sus agujas, sus campanarios. En -los nichos de las mayúsculas viven los santos, las vírgenes, los -mártires. A su rededor clama un pueblo de ideas santas, canta como a son -de órgano o al vago vibrar de tiorbas celestes. Las ideas angélicas, -encarnadas en palabras castas y blancas, dicen en coro rezos, himnos, -glorias, <i>hosannas</i>. Las martirizadas pasan purpúreas, cerca de los -azules y oros que pulieron los monjes. Unas llevan los ramos de lirios -en las manos, otras clavos, coronas de espinas o palmas. ¡Palmas! Cuando -el triunfo de Nuestro Señor Jesucristo llena las vastas naves, el pueblo -de ideas fieles se congrega. Es el ambiente de los profetas, el mundo de -los doctores, la atmósfera de los beatos. Un incienso de fe perfuma el -aire. Los altares, bellos de oro y de cirios, presentan la magnificencia -mística de sus arquitecturas. Por las cornisas, por los tallados de las -puertas, por los calados de las piedras, piruetean los demo<a name="page_007" id="page_007"></a>nios bufos -con los frailes obscenos; un cabrón que termina en largo y crespo -follaje vegetal, quiere ascender hasta la soberbia expansión de los -maravillosos e historiados rosetones.</p> - -<p>Esa vieja historia es un castillo feudal. Ois el cuerno del enano, -entráis por el puente levadizo. Encontraréis dentro al castellano, a la -castellana, a los pajes, a las dueñas. Las ideas están vestidas a la -usanza de entonces; todo es hierro, lorigas, caparazones; en los cintos -las espadas, en los blancos cuellos las golas; en los puños gerifaltes. -Y suena el rumor de las mesnadas de ideas. Ellas claman, vitorean, dicen -decires, cantan cantos, tienen sus fiestas, sus cacerías; pelean bravas, -juran y se signan, saben de respeto y de honor, de Dios y de los -caballeros. De noche, al calor del buen hogar, cuentan cuentos.</p> - -<p>En esa <i>Ilíada</i> pasa, truena un mundo de ideas gigantescas; viven en -palabras desmesuradas, altas, vibrantes, sonoras, primitivas, divinas. -Hay ideas que pasan desnudas como Venus; otras que ululan como Hécuba; -otras heroicas y veloces como Aquiles. En esa portentosa ciudad griega -por donde quiera os halaga la maravilla del ritmo, reina la música en su -sentido original; al mandato de una lógica imperiosa, todo se mueve -obedeciendo al número; al paso escucháis cómo hacen vibrar el bosque de -aritmética las cigarras del verso.</p> - -<p>En ese usado <i>Ars Amandi</i> os sonríen variadas y graciosas ideas -femeninas. Provocan, llaman a<a name="page_008" id="page_008"></a> la batalla del amor; así como ese ojeado -Aretino, propiedad quizá de alguna refinada marquesa del tiempo pasado, -es un curioso prostíbulo.</p> - -<p>En las bibliotecas existe el «inferi», como en ciertos museos los -gabinetes secretos, y en los estereoscopios las vistas reservadas. ¿En -dónde había de estar sino en el infierno la <i>Faustina</i> del divino -Marqués?</p> - -<h3>III</h3> - -<p>Los impresores y los encuadernadores son los arquitectos de las ideas -congregadas. Ellos les levantan sus palacios, o las alojan en casas -burguesas; las adornan de formas elegantes, caprichosas, modernas, -graves, cómicas; las ilustran, las refinan o las ponen en aislados -ghetos; las colocan, las recaman de oro como si fuesen personas -imperiales; tapizan sus casas con las pieles de los animales, con -costosos pergaminos, telas ricas, sedas y galones. Muchas, fastuosas y -vulgares, moran en palacetes opulentos de keapsake; otras, hermosísimas, -puras, nobles, llevan pobremente en ediciones modestas su perfecta -gracia gentilicia.</p> - -<p>Las primeras son semejantes a ricas herederas, feas y estúpidas; las -otras a princesas olvidadas, hijas de reyes caídos, virginales, -supremas, avasalladoras por la sola virtud de su potencia nativa. Hay -unas heroicas, yámbicas, masculinas. Hay las soldados, espadachines, -verdugos, perros furiosos. ¡No toquéis a los que manejan ideas!<a name="page_009" id="page_009"></a></p> - -<p>Allí viven las ideas en sus casas, en sus ciudades e imperios, las -bibliotecas; tienen sus Parises, sus Londres, sus aldehuelas, sus -villas. En las puertas de sus mansiones se ven nombres anunciadores de -sus jerarquías, desde la <i>Biblia</i> hasta <i>Bertoldo</i>, desde Hugo hasta el -Sr. X. Pues todo en ellas sucede como en los hombres, y así, son unas -porfirogénitas, otras plebeyas. Y como el hombre también, unas mueren y -caen en el olvido; otras ascienden a la inmortalidad, por la suma gloria -del genio.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 144px;"> -<a href="images/illus-009_lg.png"> -<img src="images/illus-009_sml.png" width="144" height="114" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_010" id="page_010"></a></p> - -<p><a name="page_011" id="page_011"></a></p> - -<h2><a name="PARIS_Y_LOS_ESCRITORES_EXTRANJEROS" id="PARIS_Y_LOS_ESCRITORES_EXTRANJEROS"></a> -<a href="images/illus-011_lg.png"> -<img src="images/illus-011_sml.png" width="321" height="122" alt="" /></a><br /> -<br /> -PARÍS Y LOS ESCRITORES EXTRANJEROS</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img src="images/drop-e.png" -class="drop-cap" -width="90" -height="86" -alt="E" /></span><small>L</small> influjo y el encanto de París son los mismos para todos; mas cada -cual los recibe conforme con su temperamento y su manera de encarar la -vida. París es embriagante como un alcohol; hay personas refractarias a -todas las alcohólicas intoxicaciones. Hay quienes hacen de París su -vicio. Hablo del París que produce la parisina, del París en que la -existencia es un arte y un placer. Tal París embriaga de lejos. El -chino, el japonés, el negro, el ruso, el yanqui, el criollo, sufren su -atracción de la misma manera. El paraíso, un verdadero paraíso -artificial, se reconoce a la llegada. El hechizo está en el ambiente, en -las costumbres, en las disposiciones monumentales, y sobre todo, en la -mujer. La parisiense sólo existe en París, afirma<a name="page_012" id="page_012"></a>rían nuestros queridos -maestros M. de la Palice y Pero Grullo. Mas el efecto de París se -aminora o se agranda según la edad, los elementos de vida, los -caracteres y las aspiraciones. No se trata de razas ni de países. -Conozco por ejemplo dos vascos, Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu, en -quienes el influjo parisiense es nulo; en cambio hay innumerables vascos -que gastan su dinero y dan placer a sus sentidos y a su imaginación en -París, de la manera más meridional del mundo. En los escritores, en los -artistas, se nota la diferencia de comprensión y de impresiones. La -inoculación de parisina en unos es activa, en otros de mediana fuerza, -en otros inocua. De los metecos, son los rumanos y levantinos los más -accesibles a la parisinación completa. Los españoles resisten -fuertemente, en tanto que los originarios de la América latina cuentan -entre los que más se asimilan al medio y entre los refractarios. Véanse -algunos ejemplos.</p> - -<p>El marqués de Rojas vivía en París hace larguísimos años. Antiguo -diplomático, ha conocido buen número de testas coronadas y ha -permanecido en casi todas las cortes de Europa. Sus estudios preferidos -han sido investigaciones históricas, la literatura, y sobre todo, los -asuntos financieros, disciplina en que sobresale. Sus gustos, sus -hábitos eran los de un gran señor; y la vida de París le sentaba tan -bien, que ostentaba, no sin un justo orgullo, una florida y animada -senectud. Mas una vez que se le conocía y se le<a name="page_013" id="page_013"></a> trataba, se veía que el -venezolano persistía, a pesar del tiempo, del medio y de las -frecuentaciones. Y en sus libros se revela poderoso el espíritu -hispanoamericano. Lo propio puede decirse de un cubano eminente, D. -Enrique Piñeyro. Crítico de alto valer, pensador ponderado, muy erudito -en literaturas extranjeras y en la española, sobre todo, guarda en su -espíritu la savia cubana, el aliento del terruño. Antiguo compañero de -colegio, amigo de la infancia, amigo hasta los últimos días, de José -María de Heredia, el poeta francés, ha publicado, después de varios -libros sobre asuntos literarios diversos, una monografía sobre José -María de Heredia. ¿El cubano francés? No, el cubano del todo, el autor -de la oda al Niágara. En ese trabajo, dice un periódico, «discurre el -señor Piñeyro con su acostumbrada sobriedad acerca de la vida breve y -agitada del cantor del Niágara, y a través de su prosa clara como las -ondas de un río, se destaca con calor y vida la figura del gran poeta; -se le ve muy joven estudiando a Homero y leyendo la Biblia en la ciudad -oriental; más tarde le vemos investirse de abogado ante la Audiencia de -Camagüey y ejercer la carrera al lado de su tío Ignacio en la poética -Matanzas.</p> - -<p>En esta ciudad se le ve esconderse y huir fugitivo para desembarcar -luego tiritando de frío en Boston, peregrinar en varias ciudades -americanas enseñando el español, sin saber aún el inglés, hasta que -apoyado con la influencia poderosa de<a name="page_014" id="page_014"></a> Roca Fuerte, surge en Méjico como -uno de los consejeros de Guadalupe Victoria, el primer presidente -constitucional de aquella república. Allí trabaja tranquilo, crea -familia, y como obedeciendo a un sino incontrastable, le vemos pronto -envuelto en los tormentosos acontecimientos políticos que señalaron el -paso por el Gobierno mejicano del general Santa Ana. Mientras tanto aquí -en Cuba se le había condenado a muerte, y cuando, decepcionada el alma y -desfallecido el cuerpo, pidió y obtuvo regresar a la patria para abrazar -a su madre, no encontró nave que le trajera a tiempo, pues antes la -muerte, que le venía acechando, le arrebató la vida a los treinta y seis -años escasos de haberla padecido. Y ni aun sus restos han podido -recogerse, pues cerrado el cementerio en donde fué enterrado, se -mezclaron las osamentas para conducirlas al azar a otra parte.»</p> - -<p>Tal es la vida del egregio poeta cubano; tal es la gran figura literaria -cuya biografía traza con mano firme y límpida el señor Piñeyro. Si en el -renombrado crítico hubiese prendido bien la parisina, la monografía -hubiera sido escrita sobre el famoso sonetista, miembro de la Academia -francesa. La hubiera escrito en francés o la habría hecho traducir, para -que fuera gustada, ante todo, por el público parisiense; habría hablado -muy poco de la época de los primeros estudios en la Habana, y habría -sido minucioso en recuerdos respecto a la intimidad de Heredia con Hugo, -con<a name="page_015" id="page_015"></a> Gautier y con todos los parnasianos; habría hablado de su salón -literario, de su biblioteca, de sus obras de arte, y el escritor no -habría revelado su origen de ninguna manera. Para el parisiense no -existe otro lugar habitable más que París, y nada tiene razón de ser -fuera de París. Se explica así la antigua y tradicional ignorancia de -todo lo extranjero y el asombro curioso ante cualquier manifestación de -superioridad extranjera. Ante un artista, ante un sabio, ante un talento -extranjero, parecen preguntar: ¿Cómo, este hombre es extranjero y sin -embargo tiene talento? Y el meteco que se parisianiza llega al mismo -grado de exclusivismo que el legítimo parisiense de París.</p> - -<p>El poeta cubano Augusto de Armas llegó a la gran ciudad ya poseído de la -locura de París.</p> - -<p>Escribió versos franceses admirables, se llenó del espíritu luteciano, -fué en el barrio latino como cualquier joven poeta francés de ensueños y -melena—y se lo comió París. No existía entonces el arribismo. El pobre -criollo vivía en su ilusión de gloria, dedicó poesías a todos los -mamamuchis de entonces, y fuera de Banville, que le escribió una carta -amable, nadie le hizo caso.</p> - -<p>Muchos de los que hemos venido a habitar en París hemos traído esa misma -ilusión. Mas hemos tomado rumbos diferentes. Yo he sido más apasionado y -he escrito cosas más «parisienses» antes de venir a París que durante el -tiempo que he permanecido en París. Y jamás pude encontrar<a name="page_016" id="page_016"></a>me sino -extranjero entre estas gentes; y ¿en dónde están los cuentecitos de -antaño...? Gómez Carrillo es un caso único. Nunca ha habido un escritor -extranjero compenetrado del alma de París como Gómez Carrillo. No digo -esto para elogiarle. Ni para censurarle. Señalo el caso. El es quien -dijo, yo no recuerdo dónde, que el secreto de París no le comprendían -sino los parisienses. Los parisienses ¡y él! Si no ha llegado a escribir -sus libros en francés, es porque no se dedicó a ello con tesón. Mas en -su estilo, en su psicología, en sus matices, en su ironía, en todo, -¿quién más parisiense que él? Muerto Jean Lorrain, no hay entre los -mismos franceses un escritor más impregnado de París que Gómez Carrillo.</p> - -<p>Revolviendo nombres y categorías puede observarse: Tourguenieff estuvo -siempre en la estepa, Heine en el Walhalla, Wolff y Max Nordau en el -ghetto, Eusebio Blasco en Fornos, Moreas en la Morea, la señorita -Vacaresco en Rumania, Cantilo y Daireaux en la Argentina, Marinetti en -Milán, Bonafoux en España... Carrillo es el meteco más parisiense de -París. ¡Pues bien! El mismo Carrillo comienza a reconocer que más de una -vez se ha sentido desarraigado en la babilónica metrópoli. Y él no puede -quejarse de París, que bien se lo pudo tragar como se tragó a Augusto de -Armas y a tantos otros. París le dió su gracia verbal, su versatilidad -femenina, su sonrisa y el gusto por el refinamiento de sus placeres. -Carrillo vino muy joven. Habitó en el barrio<a name="page_017" id="page_017"></a> latino en un tiempo en que -aún existía la bohemia y se amaba la poesía y el amor buenamente. Apenas -si comenzaban a causar su efecto los venenos baudelaireano y -verlaineano. Carrillo alcanzó las veladas de «La Plume». Tuvo buenos -compañeros. Le halagaron desde entonces; le publicaron en aquella -revista su retrato—un Carrillo adolescente y muy medalla romana—y -logró una, dos y no sé cuántas Mimís, en la edad más hermosa, con cuerpo -y alma de estreno. Con el tiempo evolucionó, con las ventajas y -desventajas del medio... No creo que pudiera nunca separarse de París, -aunque haya llegado a reconocer más de una de las falsías y engaños de -la adorable cortesana que lo hechizó.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Acabo de leer un pequeño libro del escritor dominicano Tulio M. Cestero. -En estas páginas hay una sensación de París, expresada en un diálogo de -transparente fondo psicológico. El autor expresa el encanto, el -embrujamiento parisiense en el espíritu hispanoamericano, y el peligro -del torbellino que atrae. No sé que haya permanecido largo tiempo en la -ciudad luminosa. Lo que sí sé es que ha peleado ruda y bravamente en las -revoluciones de su país, que es, entre los de la América revolucionaria, -el país de las revoluciones. «Hemos hecho la guerra, dice, desde los -días del descubrimiento. En el alma nacional lidian la triste<a name="page_018" id="page_018"></a>za del -indio, el dolor del negro esclavo y la nostalgia del español aventurero, -terrible herencia de odios que nos ha hecho un pueblo triste y -levantisco.» Ha descrito, en prosa orgullosa y gallarda, escenas de las -luchas arduas en que ha tomado parte. Deja ver ingenuidades de roca -nativa, y en ellas el más puro oro cordial y diamantes generosos. Aun -perfumada el alma del soplo de las patrias selvas, llega a Lutecia. Está -en el bulevar. Párrafos del diálogo que he citado nos darán la impresión -que buscamos:</p> - -<p>«<i>Marcelo.</i>—El bulevar... ¿Has leído la reciente novela del corrosivo -ironista La Jeunesse? Cuántos pensamientos en nuestras tierras de -América se orientan hacia esta congestionada arteria donde el placer y -el dolor forman una ola impetuosa. Venir a París, trotar por el bulevar, -es la aspiración tenazmente perseguida de los intelectuales, políticos, -mercaderes y mundanos de nuestras tierras calientes. Y casi tienen -razón. Es única esta vía que encierra un mundo en algunos metros; ni -Picadilly, de Londres, ni Unter den Linden, de Berlín, ni Broadway, de -Nueva York, producen esta impresión de onda que acaricia y flagela al -mismo tiempo; es una corriente que arrastra. Sí, pero es un río formado -por los apetitos, las ambiciones, los dolores, las alegrías en delirio -que bajan rugientes de Montmartre, de Batignolles, del barrio latino, de -más lejos aún, de los cuatro puntos cardinales del globo, y en -confluencia forman esta corriente que parece mansa<a name="page_019" id="page_019"></a> y es pérfida, -poderosa, cuyos remansos son las terrazas de los cafés. ¡Qué gloria -enfrenarla y domarla; pero qué energías formidables se necesitan! -Sondear su fondo me marea, y las bascas amargan mis labios.</p> - -<p><i>Andrés.</i>—Por el contrario, yo siento una sensación de fuerzas nuevas, -alegres, un vehemente anhelo de conquistar el aplauso de esos hombres y -el amor de esas mujeres; de erigirme un pedestal con las cabezas -erguidas bajo las plumas o las sedas de los sombreros caros, y me digo -cada vez: «París, tú serás mío».</p> - -<p><i>Marcelo.</i>—Ilusión.</p> - -<p><i>Andrés.</i>—París es inconquistable, indomable; olvida en la noche sus -amores del alba. Es inútil empeño querer aprisionar el agua en el puño. -Es en las tierras de América, que nuestros padres han regado con sangre, -donde hemos de realizar la acción de nuestros sueños. A París viene todo -el oro de nuestras minas, en monedas y en pensamientos; y a los que -llegan fuertes, jóvenes, sanos, con la primavera en el alma, París los -devuelve enfermos, viejos, rotos. Café de la Paix, Americain, Maxim’s, -cocotas, sombreros, sonrisas, grupas. Marcelo ha de sentir el influjo, -la atracción, y después de una noche blanca, después de una borrachera, -ha de exclamar al ir en el frío de una madrugada parisiense: «Me -envuelve la ola, me desarraiga, me arrastra, en el torrente, voy aguas -abajo... Este cielo es un trapo sucio y no hay sol, no hay sol... el -sol». Ciertamente,<a name="page_020" id="page_020"></a> en París no sólo hay grupas y sonrisas de venta, y -cafés alegres. Mas, entre todos los que vienen, nadie prefiere Madame -Curie a Mademoiselle Liane de Pougy. Y París, sobre todo, es mujer. Es -la hembra. Y Cestero se va al Congreso de La Haya y luego partirá para -Santo Domingo, a pelear quizá con los revolucionarios. Pero donde, por -dentro y por fuera, tendrá el sol. Su sol.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 154px;"> -<a href="images/illus-020_lg.png"> -<img src="images/illus-020_sml.png" width="154" height="144" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_021" id="page_021"></a></p> - -<h2><a name="VIDA_DE_LAS_ABEJAS" id="VIDA_DE_LAS_ABEJAS"></a> -<a href="images/illus-021_lg.png"> -<img src="images/illus-021_sml.png" width="324" height="105" alt="" /></a><br /> -<br /> -VIDA DE LAS ABEJAS</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-d.png" -width="90" -height="92" -alt="D" /></span><small>ESPUÉS</small> de haber publicado Maurice Maeterlinck su «Vida de las abejas», -vió que su libro era bueno. El público y el editor fueron de su misma -opinión. Así el autor prosigue en sus incursiones de poeta y de filósofo -en el reino de la naturaleza. El libro sobre las flores, como el -conocido sobre las abejas, está libre de toda pedantería científica. El -autor declara al comenzar: «Quiero simplemente recordar aquí algunos -hechos conocidos de todos los botanistas. No he hecho ningún -descubrimiento, y mi modesta contribución se reduce a algunas -observaciones elementales. Claro está que no tengo la intención de pasar -en revista todas las pruebas de inteligencia que nos dan las plantas. -Esas pruebas son innumerables, continuas, sobre todo entre las<a name="page_022" id="page_022"></a> flores, -en las cuales se concentra el esfuerzo de la vida vegetal hacia la luz y -hacia el espíritu.» En todo naturalista diríase que hay algo de poeta. Y -todo poeta encuentra motivos de meditación y de emoción en las mil -formas en que se manifiesta la voluntad de vida sobre la tierra. Dos -autores que fueron de los primeros en la dirección del movimiento -simbolista en Francia, dos antiguos idealistas, son los que hoy producen -estas obras de un género nuevo en que se junta la observación científica -y la literatura: Maeterlinck y Remy de Gourmont. Con la diferencia de -que el primero ha permanecido fiel al misterio, al más allá, y el -segundo ha evolucionado hacia una concepción absolutamente materialista -del universo. Pero ambos son escritores de su tiempo, y la «Física del -amor» debe complacer a quien escribió la monografía sobre las abejas, y -estas páginas excelentes sobre las flores.</p> - -<p>Ignoro si tuvo ocasión antes de morir, el lamentado André Theuriet, de -conocer el volumen en que me ocupo. Tan sincero y apasionado «forestier» -habría gozado de todo corazón con ver tratada tan sutil y delicadamente -lo que llamaríamos el alma de esas cosas tan amables y tan encantadoras -que representan como la gracia femenina en el mundo de las plantas. Las -flores aman, las flores tienen designios, las flores luchan y vencen en -contra de las disposiciones del destino. Uno rememora las concepciones -de Ovidio; y se llega a imaginar que algo que se relaciona con lo -hu<a name="page_023" id="page_023"></a>mano obra en la planta después de misteriosas y extraordinarias -metamorfosis.</p> - -<p>En el poema latino Dafne se transforma en laurel, Siringa en caña, -Narciso en flor de su nombre, Driope en loto, Jacinto en flor, Mirra en -árbol, Adonis en anémona, las Ménades en árboles, Ayax en jacinto, Apolo -en olivo. ¿Quién no ha visto, con la ayuda del pensamiento y de la -imaginación, gestos y ademanes en los árboles, coquetería, o modestia, o -lujuria, o voluptuosidad, u orgullo en el imperio floral? El buen -sentido de las naciones ha hecho muy justas denominaciones simbólicas, y -el sencillo y antiguo «Lenguaje de las flores» contiene una crecida -cantidad de correspondencias, como diría un swedenborguiano. Es el mismo -Swedenborg quien dice esto: «El hombre se asemeja a los animales por las -afecciones y los apetitos de su natural; se abandona a los impulsos de -ese apetito y se acerca a los animales con que tiene más correspondencia -y relación. De allí viene que en uso ordinario se le compare con ellos. -Si es de un carácter dulce, pacífico, se dice: es un cordero. Si es -duro, implacable, cruel, se le califica de oso, tigre; si es voraz, de -lobo; si es glotón, de cerdo; si es engañador, de zorro, y así de tantas -otras maneras de decir, fundadas en las correspondencias entre el hombre -y los animales; correspondencias o relaciones conocidas, pero sobre las -cuales no se reflexiona lo bastante para darnos cuenta de mil cosas, -tanto naturales como espirituales, que el hombre ignora.<a name="page_024" id="page_024"></a> Esta -correspondencia existe también con el reino vegetal.» Esta última frase -la subraya Robert de Montesquiou a propósito de las «Flores animadas» de -Grandville. Un delicioso poeta mejicano, ya desaparecido, Manuel -Gutiérrez Nájera, animó líricamente también a esas lindas criaturas, en -sus versos sobre «La misa de las flores», inspirados por unos de Víctor -Hugo en las «Chansons des rues et des bois».</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">J’errais. Que de charmantes choses!<br /></span> -<span class="i0">Il avait plu; j’étais crotté;<br /></span> -<span class="i0">Mais puisque j’ai vu tant de roses,<br /></span> -<span class="i0">Je dois dire la vérité.<br /></span> -<span class="i2">J’arrivais tout près d’une église,<br /></span> -<span class="i0">De la verte église du bon Dieu,<br /></span> -<span class="i0">Où qui voyage sans valise<br /></span> -<span class="i0">Ecoute chanter l’oiseau bleu,<br /></span> -<span class="i2">C’était l’église en fleurs...<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y en otra poesía también se animan las flores, en la que él titula -«Celebración del 14 de Julio en la floresta»; y en otra aún, «La santa -capilla», que acaba:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">La bouche de la primavère<br /></span> -<span class="i0">S’ouvre et reçoit le saint rayon;<br /></span> -<span class="i0">Je regarde la rose faire<br /></span> -<span class="i0">Sa première communion.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Maeterlinck, por su parte, observa la íntima volición de las vegetales -familias, sujetas a la tierra, mas sin embargo, conmovidas por la -universal ley de fecundación y de vida. Él no trae nada nuevo, como lo -ha advertido; mas de hechos co<a name="page_025" id="page_025"></a>nocidos en botánica él saca consecuencias -que hacen meditar, une con una suerte común el alma de las flores con el -alma de los hombres... Saint Pierre, el dulce e ingenuo Saint Pierre, -aplicaba a tales asuntos sus inofensivas filosofías. Mas ya hay -distancia entre el seráfico abuelo y el creador enigmático de -Tintangiles, de Maleine, explorador sombrío de lo desconocido, de la -muerte, del ensueño, de la previsión, del azar, del destino.</p> - -<p>Es después del descenso repetido a la más obscura y temerosa de las -minas del cerebro, que viene el místico moderno, a inclinarse en -observación sobre el cáliz de una rosa, sobre la blancura de un lirio. Y -a vislumbrar en el fondo de todos esos deliciosos aparatos, una luz de -probabilidad consoladora, en el perpetuo enigma en que se agita la -humanidad desde lo recóndito del tiempo.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 117px;"> -<a href="images/illus-025_lg.png"> -<img src="images/illus-025_sml.png" width="117" height="115" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_026" id="page_026"></a></p> - -<p><a name="page_027" id="page_027"></a></p> - -<h2><a name="LUIS_BONAFOUX" id="LUIS_BONAFOUX"></a> -<a href="images/illus-027_lg.png"> -<img src="images/illus-027_sml.png" width="323" height="110" alt="" /></a><br /> -<br /> -LUIS BONAFOUX «BOMBOS Y PALOS»</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-l.png" -width="90" -height="90" -alt="L" /></span><small>AS</small> apariencias: Luis Bonafoux, hombre terrible... La realidad: Luis -Bonafoux, hombre suave y cordial... Quien dice el hombre, dice el -escritor. Porque convenceos de que la frase de Bouffon—que generalmente -se cita mal,—se debe entender al revés: el hombre es el estilo. Por lo -general, en lo físico, se observa que las personas robustas, los -colosos, los hércules, los fuertes, son de carácter dulce y más -propensos a la alegría que al humor agrio y melancólico. En lo moral -sucede lo mismo: guardaos de las almas flacas, de las almas pálidas. -Luis Bonafoux es un amante de la justicia, y su pasión lo ha llevado a -veces hasta la crueldad. Y ese vociferador, ese combatiente, ese -perseguidor, ese «maître aux injures» que apare<a name="page_028" id="page_028"></a>cerá a veces como un -espíritu tendente al odio y a las más ásperas venganzas, tiene en el -fondo desmayos hacia la caridad, aflicciones de altruísmo, -consagraciones de sacrificios, ímpetus de ternura que parecerían -increíbles. Cuando le oigo en ocasiones, o cuando leo algunas de sus -ácidas páginas que terminan generalmente en un suspiro, en una sonrisa o -en una lágrima, recuerdo aquella admirable figura de abuelo gruñón y tan -sensible que encarnó Hugo en el M. Guillenormand de <i>Los Miserables</i>. O, -en lo contemporáneo y de carne y hueso, evoco la memoria de una Luisa -Michel o el aspecto de un Rochefort, de un Malatesta, o de un León Bloy, -plumas furiosas por exceso de amor, cada cual en su ambiente de ideas, o -en su ráfaga de aspiraciones.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>La obra de Bonafoux demuestra lo vano de la diferencia que ha querido -hacerse entre escritores y periodistas. No existe después de todo sino -esto: hay periodistas que saben escribir y periodistas que no saben -escribir; hay quienes tienen ideas y quienes no tienen ideas. Y, como -decía una vez el sesudo y acre Paul Groussac, más o menos: hay quienes -no escriben ni bien ni mal; ¡no escriben! Mas hay artículos de -periodista que valen, por fondo y forma, lo que un buen libro. -Desconfiad de la fecundidad, de la cantidad. De Magnard díjose que -escribía sonetos políticos.<a name="page_029" id="page_029"></a> Las crónicas de Bonafoux serían así -sonetos, rondeles, letrillas, sin rimas: aladas, picantes, ligeras, -<i>pesadas</i>, con su poco de miel, con su poco de amargura, tal como -hubieran podido complacer a cierto ruiseñor alemán que anidó en la -peluca de Voltaire según confesión propia, y a quien también se puede -colocar entre los «periodistas». ¿No es un periodista ya aquel Séneca -antiguo que nos ha dejado tan singulares «crónicas» <i>avant la lettre</i>?</p> - -<p>Para buscar antecesores a Bonafoux no hay necesidad de ir a extranjeras -tierras. Sus abuelos mentales están en España. Se ha hablado de Heine. -Pero ¿no es Cervantes uno de los espíritus que más influencia tuvieron -en el atormentado y maravilloso teutón? Estaba yo releyendo en estos -días el «Centón epistolario» del bachiller Fernand Gómez de Cibdareal, -cuando recibí la reciente obra «Bombos y Palos»; y leyendo el libro -nuevo observé que a través de largos siglos, había más de una relación -ancestral con el libro viejo. He allí otro periodista, aquel bachiller -que escribía, antes de Barrionuevo, sus cuartillas a las personas, como -hoy se escriben a los diarios. Mas la vida moderna y la lucha del vivir, -y los años que dejan ver lo amargo de las cosas humanas, han puesto en -mi amigo Bonafoux una acritud que no desea disimularse, y que aparece -casi siempre en su producción.</p> - -<p>¡Por Dios! Encontramos gentes que de todo sonríen, o ríen, satisfechos, -y que todo lo encuen<a name="page_030" id="page_030"></a>tran excelente en el mejor de los mundos posibles. -No está mal que ante la fácil «candidez» surjan de tanto en tanto los -protestantes contra las inevitables miserias en las tragedias y sainetes -de la hostil existencia cotidiana. Y luego, a desfacer entuertos. He -allí la parte del eterno Quijote, en el defensor de los débiles, sin -curarse de si una vez los galeotes libertados, no se volverán contra él -y le lapidarán, como es muy de razón que así sea. ¡Y el amor de la -verdad, el peligroso amor de la verdad! Decir la verdad, gritar la -verdad, a riesgo de las naturales consecuencias, y prestar para ello su -vocabulario al argot, a los clásicos, a Quevedo sobre todo, y, sin temor -a lo escatológico, ¡al mismo general Cambronne! Y en seguida gemir por -un niño mártir, por un dolor ajeno, por una tristeza que necesita -consuelo... Bonafoux el Feroz se convierte en San Luís Bonafoux.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Al recorrer este último libro, no puedo menos que pensar: ¡Si Bonafoux -escribiese sus memorias! Pues hay aquí las más sabrosas páginas sobre -españoles e hispanoamericanos en París. Artistas, escritores, -diplomáticos, hombres de bien y pillos están tratados conforme con sus -merecimientos. Y desenfadadamente, para unos maneja el sonoro -instrumento en que por lo general se percute la piel de los asnos; para -otros, también desenfadadamente,<a name="page_031" id="page_031"></a> emplea un nudoso garrote. Sobre todo, -no caben en él disimulo y engaño. <i>Mentiri nescio.</i> Mas, en medio de -esas tareas, no descuida el ir una que otra vez a dar una vuelta por su -jardín. Y allí están, cultivadas casi con pudor, casi a escondidas, -bellas rosas de arte, frescos lirios de sentimiento, frías y pomposas -hortensias de fantasía. Lo cual no obsta para que, en cuanto sale de -nuevo a la diaria faena, no deje de gritar por ejemplo: ¡Vaya cardo! y -lo dé por espuertas a los que de ello han menester.</p> - -<p>En Asnières, lugar florido, lejos de los ruidos de París, tiene hace -tiempo su casa de trabajo y de reposo, al amor de su familia, pues es -varón de orden y de hogar. Cuando viene a París, casi siempre está -acompañado. La persona que con él podéis ver, puede ser un príncipe -destronado, un periodista, un hombre de negocios, un anarquista. Unos le -buscan por asuntos de bombos y otros por asuntos de bombas... Tal su -ministerio.</p> - -<p>Tiene larga fama. Hay quienes en Río Janeiro, o en Tánger, leen tales o -cuales diarios por el artículo de Bonafoux. Y lleva la carga de su -talento, con talento. Y la cinta de la Legión de Honor, con honor.</p> - -<p><a name="page_032" id="page_032"></a></p> - -<p><a name="page_033" id="page_033"></a></p> - -<h2><a name="EN_EL_PAIS_DE_LA_BOHEMIA" id="EN_EL_PAIS_DE_LA_BOHEMIA"></a> -<a href="images/illus-033_lg.png"> -<img src="images/illus-033_sml.png" width="324" height="119" alt="" /></a><br /> -<br /> -EN EL PAÍS DE BOHEMIA</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-h.png" -width="90" -height="92" -alt="H" /></span><small>E</small> visto varias veces el «Glatigny» de Catule Mendès. Es un bello -espectáculo. Bello como el ensueño y triste como la vida. Glatigny, -príncipe y fauno de un cuento improbable, es un personaje de ayer no -más, de carne y hueso; poca carne, huesos largos, pálido y soñador, -nefelíbato y lascivo, que murió tísico por una equivocación. Un bohemio. -Muchos amigos suyos existen aun, entre ellos el mismo Mendès. Vive -también un su hermano, en provincias. Y Camille Pelletan, el que fué -ministro de Marina, también fué de sus compañeros y acaba de hacer de él -este amable retrato: «Sí, dice, he conocido a Glatigny y su figura era -de las que uno no olvida. Pocas he visto tan extrañas y tan potentes. -Este pagano furioso parecía descender por<a name="page_034" id="page_034"></a> cierto lado del Sátiro de -Víctor Hugo, suelto en los bosques llenos de ninfas y de náyades, ebria -el alma de las florestas; y es sin duda por un recuerdo de familia que -ha escrito un día:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Et je danse dans l’herbe avec des pieds fourchus.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Pero por otro lado de su genealogía, la sangre que corría en sus venas -era bien gala: descendía de Rabelais por Panurgo. Tenía de él la risa -estallante, el don de las bromas enormes, la pasión de las aventuras y -la alegre imprevisión. Debo agregar que no era todo lo que esa -naturaleza valiente y leal había tomado al compañero bastante cobarde y -bastante perverso de Pantagruel, de Epistemón y de frère Jean des -Entommeures. Cómo, con ese doble origen, nació hijo de gendarme en su -muy prosáico <i>cheflieu</i> de cantón de l’Eure, es lo que sería difícil de -explicar. Sabéis que, como el mundo contemporáneo no tiene lugar para -los seres fantásticos de antes, él se encontró arrojado en la existencia -azarosa de los personajes de la novela cómica de Scarron: cómico errante -como Destin o La Rancune; yendo de escena de provincia a escena de -provincia; tan detestable actor por otra parte (no lo ocultaba él mismo) -como excelente poeta».</p> - -<p>Hugólatra, discípulo de Banville, compañero de Baudelaire, de Mendès, de -los jóvenes poetas que hoy peinan canas o duermen en la tumba, Glatigny -vivió en un tiempo de entusiasmo que hoy<a name="page_035" id="page_035"></a> nos parece tan lejano, y -exprimió el jugo de sus «viñas locas» y lanzó, lleno de un fuego -apolíneo, sus «flechas de oro». No pensó nunca en el mañana. Le -persiguió naturalmente la miseria; le abrumó la vida de café; le -engañaron los colegas, las mujeres, el éxito, las máscaras: la Gloria, -ella no, no le olvidó.</p> - -<p>Glatigny es uno de tantos Don Quijotes como vagan por el mundo. -Solamente, en el drama funambulesco de Mendès muere sin recobrar la -cordura. Su Dulcinea, sus visiones, hechas de fantasía y deseo, le -acompañan en la agonía, y, seguramente, aunque sin confesión y sin buen -sentido, se va a la mortal sombra misteriosa, más feliz. Se va para -siempre en su postrer «salida».</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>He aquí el drama: En un pequeño pueblo normando vive Glatigny, con su -padre, un simple gendarme. El poeta, que como ya sabéis, si tiene en el -alma una estrella, esa estrella está encerrada en el cuerpo de un -sátiro, que danza sobre la hierba con sus pies hendidos, el poeta está -en vagos amoríos con la empleada del correo, Emma, pobre mujer que está -ciertamente enamorada del fantástico joven, y que, mayor que él, le -quiere casi maternalmente. Una compañía de cómicos de la legua pasa por -el pueblo. Están sin un cuarto y quieren irse sin pagar el hospedaje. -Así, de noche, comienzan a poner en práctica la fuga. En<a name="page_036" id="page_036"></a>tre ellos hay -una guapa mocetona, Lizane, querida de uno de los cómicos, Fassin—pues -hay allí tres de los que figuran en las Odas funambulescas de Banville: -Neraut, Fassin y Grédelu. En momentos en que Lizane ha saltado por una -ventana a la calle, medio vestida, Glatigny sale de casa de Emma; al -ruido se esconde Lizane en un boscaje próximo. Glatigny la divisa y -corre hacia ella. El sátiro y la ninfa. Palabras, audacias, versos -lindos. Glatigny se enamora y, con anuencia de Lizane, que le ha contado -la vida de los poetas de París que ella conoce, allá en el café—¡sueños -de Glatigny!—se va con los de la farándula a la capital, no sin antes -pagar, con dinero que le ha dado la misma Lizane, la cuenta del -hotelero; y halagado por la canción que es como la Marsellesa de sus -ensueños:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Avec nous l’on chante et l’on aime!<br /></span> -<span class="i0">Nous sommes frères des oiseaux.<br /></span> -<span class="i0">Croissez, grands lys! chantez, ruisseaux!<br /></span> -<span class="i0">Et vive la sainte Bohème!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y en el pueblecito queda la triste Emma, que ha hecho todo lo posible -con sus súplicas para que la voluptuosa cómica errante le deje a su -amado.</p> - -<p>En el acto segundo Glatigny está ya en París, y en casa de Émile de -Girardin que está para ser nombrado ministro, y cuya secretaría va a -solicitar el bohemio. Mal vestido, pero ya con cierta fama y con un tupé -colosal, comienza en la ante<a name="page_037" id="page_037"></a>sala del periodista famoso y rico por -comerse los bizcochos y beberse el oporto de los visitantes.</p> - -<p>Entra en esto Mme. d’Elfe, una embajadora—la célebre princesa de -Meternich, que aún vive en Viena—llena de elegancia y de gracias. Viene -a politiquear, intrigante y buena amiga de Napoleón III, con Girardin. -Diálogo lleno de curiosas cosas, entre poeta y embajadora. Ella queda -sorprendida y contenta de las ocurrencias y galanterías del flaco y -lírico tipo, que le confía su calidad de poeta y de actor y que -incontinenti le hace unos versos, que escribe en un precioso carnet de -la princesa. Ésta arranca la hoja escrita, y ofrece el carnet a -Glatigny, que rehusa el regalo. El carnet está cubierto de piedras -preciosas. En cambio pide la rosa roja que adorna el tocado de la alta -dama; la cual accede, pero viendo que el galante hombre va a besar la -flor, le dice orgullosamente:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">...Pourtant quelque jour de peine plus étrange<br /></span> -<span class="i0">Et moins fière, s’il vous plaisait de faire l’echange,<br /></span> -<span class="i0">N’hésitez pas. N’importe quand, et n’importe où,<br /></span> -<span class="i0">Renvoyez moi la fleur, vous aurez le bijou.<br /></span> -<span class="i0">...Je ne crois pas vous la rendre jamais!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">exclama Glatigny. Y envuelve la rosa en un autógrafo de Banville que él -guarda preciosamente. La conversación sigue hasta la llegada de -Girardin, al cual pide la princesa que modifique un artículo que está ya -en prensa. El diarista accede, manda suspender la tirada y busca a su -secretario,<a name="page_038" id="page_038"></a> que ha partido; la princesa le recomienda a Glatigny, que -empieza al instante sus funciones... que abandonará pronto por voluntad -propia. Sale Girardin. Y entra Lizane, que había quedado fuera esperando -al poeta. Conversación agitada. Lizane manifiesta que, una vez más, -quiere dejarle, e ir a probar fortuna en calidad de cocota.</p> - -<p>—¿Ah? ríe Glatigny.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">...Oui, j’ai fait emplette,<br /></span> -<span class="i0">D’un nom ducal, chez la marchande de toilettes<br /></span> -<span class="i0">Hermine de Bréda.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Está bien. Y se despiden. No sin que antes le aconseje Lizane al -abandonado que se junte con la hija de un músico de cervecería, la -adolescente Cigalón, no bonita, pero que está profundamente enamorada de -él. El acto acaba con la salida de Glatigny de su famosa secretaría y -con el horror de Girardin y la risa de los que llegan y acaban de leer -el diario recién aparecido. ¡El loco había escrito en verso el artículo -dictado!</p> - -<p>Tercer acto. La cervecería des Martyrs, que M. Audebrand acaba de -desenterrar en uno de sus últimos libros. Centro de la bohemia, lugar en -que se encuentran todos los comedores de azur y bebedores de toda clase -de cosas, pintores, músicos, poetas melenudos, batalladores, templo -tumultuoso en que se lanzan las más raras paradojas, se ríe, se combate, -se besa a las muchachas y se imaginan todas las filosofías y locuras. El -icono de ese lugar es el de Mürger. Allí aparecen<a name="page_039" id="page_039"></a> personajes como -Olivier Metra y Courbet, tipos como el del fracasado Morvieux, que son -de todos los tiempos, y el coro de buscadores, de seguidores, de -acólitos, de bohemios. Glatigny está desesperado por la separación de -Lizane, y no comprende o no hace caso de la pasión ingenua de la pobre -hija del músico de Cigalón, que procura darle algún consuelo. Ella sabe -por qué sufre el poeta y le dice sus más suaves palabras y le anuncia -que la otra ha de volver, que no sufra, que pronto ha de verla. Y Lizane -vuelve, porque su amante, el cómico Tassin, está preso, porque no -solamente vive de ella sino que ha robado. Y engaña de nuevo a Glatigny, -que cree ciertas sus promesas de amor, sus frases que le enloquecen. La -desventurada Cigalón ve el gozo del que ama por el retorno de Lizane, y -llena de pena, al verlos partir juntos, va a llevarse a su padre, al -músico <i>raté</i>, comedor de haschis, que vive su miseria en paraísos -artificiales; y cuando quiere levantarle de la mesa en que está -inclinado, le encuentra muerto.</p> - -<p>En el acto cuarto Glatigny está unido a Emma y ambos trabajan en la -Alhambra, ella en su repertorio cantaridado, él como improvisador. El -público ve, al mismo tiempo, el escenario de la Alhambra, el cuarto de -vestirse de Lizane y el de las demás artistas. Lizane, en una escena se -muestra triste y de mal talante; y como Glatigny la pregunta el motivo, -ella le hace ver que necesita dinero, bastante dinero, para vivir sólo -para él,<a name="page_040" id="page_040"></a> una vida de amor... El desastrado soñador se desespera... y -por fin promete a la pérfida el dinero. Tiene allí cabalmente la rosa ya -seca de la princesa d’Elfe; y en una salida que hace Lizane a escena, él -envía a la princesa, que casualmente está en un palco, la rosa. Y en -seguida recibe el carnet, que pasa a manos de Lizane. A esto ha venido a -buscarla Tassin, que ha cumplido el tiempo de su prisión, y ella se va -con él, mientras Glatigny improvisa ante el público, acompañado por el -violín de Cigalón... La desesperación de Glatigny es inmensa, y mayor la -de Cigalón, que ha de echarse al Sena en breve.</p> - -<p>El último acto. El poeta, el amante pródigo, ha vuelto a su pueblo -natal, ya tísico; y vive unido a Emma, que le recibió con los brazos y -el corazón abiertos. Él guarda el recuerdo de sus pasados días. En su -gastado cuerpo no han muerto ni el soñador ni el sátiro. Pero la -enfermedad ha ganado ya mucho terreno, todo el terreno. Y cuando llega -la noche y Emma le acuesta, después de un acceso, él finge quedarse -tranquilo, dormir. La buena mujer se va confiada a su reposo. Y el -lunático, el Quijote de la rima y de la carne, se levanta, como en un -delirio. Le ha vuelto más viva que nunca su locura; busca su maleta -vieja, sus papeles viejos, y sale a proseguir sus aventuras, sale a la -calle, y al campo, sobre la nieve... Y muere en su sueño, con el beso de -la esperanza en los labios:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Bah! je leur reviendrai chargé d’or et de gloire!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p><a name="page_041" id="page_041"></a></p> - -<p>Ahí le encuentran por la mañana, helado de muerte y de nieve.</p> - -<p>—«Pauvre petit!»—suspira la pobre Emma.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>De uno de los pasados dramas en verso de Mendès decía Jules Lemaître que -parecía escrito por Víctor Hugo. Este parece escrito por Rostand, siendo -asimismo y por lo tanto huguesco, de un Hugo modernizado. Hay en -Glatigny bastante de Cyrano. ¿No son ambos hermanos por la luna y por el -quijotismo? Al uno le amortaja el otoño, al otro el invierno... A ambos -hieren amor e imposible. Mendès ha hecho todo lo que ha querido, con su -talento tan fuerte, tan bello y tan flexible. Ha hecho cosas como Hugo, -como Leconte de Lisle, como Banville, como Baudelaire, como Verlaine, -como los parnasianos, como los simbolistas, como los decadentes. Y -además, como Mendès. Tiene una obra enorme y varia, y un espíritu -siempre fresco y vivaz. Es, indudablemente, un gran virtuoso; pero es -también, indudablemente, un grande y magnífico poeta.</p> - -<p><a name="page_042" id="page_042"></a></p> - -<p><a name="page_043" id="page_043"></a></p> - -<h2><a name="EL_MILAGRO_DE_LA_VOLUNTAD" id="EL_MILAGRO_DE_LA_VOLUNTAD"></a> -<a href="images/illus-043_lg.png"> -<img src="images/illus-043_sml.png" width="328" height="159" alt="" /></a><br /> -<br /> -EL MILAGRO DE LA VOLUNTAD</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-a.png" -width="90" -height="92" -alt="A" /></span><small>L</small> acabar de leer un reciente libro de León Daudet, <i>La lutte</i>, he -sentido un gran bienestar. He pasado una colina para ir a ver el Océano. -Venía sobre las olas un viento sano. El día estaba un tanto ardiente, -mas soplaba frescor la inmensidad marina. Y pensé: la vida es hermosa; -la naturaleza es la concreción de la vida. El hombre debe encontrar en -la aflicción de su pensamiento su propia esperanza. Aprovechemos el lado -sonriente del misterio. Seamos los perseguidores de la alegría. Más de -la mitad de la alegría, si no toda la alegría, está en la salud. Seamos -los perseguidores de la salud. Dediquémonos a ella hasta conseguirla lo -más completa posible. Mantengamos los órganos de nuestro cuerpo lo mejor -que podamos. Más hace por nues<a name="page_044" id="page_044"></a>tras penas morales nuestro hígado que -nuestras penas morales mismas.</p> - -<p>El amor completo, el sabor de la gloria, el impulso generoso, la -concepción luminosa, necesitan del buen estado de nuestras vísceras. La -ciencia de las ciencias se llama Higiene.</p> - -<p>Mientras nuestra alma permanece en su casa de carne, nuestra alma es -fisiológica... Ordenémosle bien su casa. Con nuestro principal poder, -con nuestra principal riqueza: la voluntad... De pronto observo: ¿este -optimismo no será sospechoso? Arthur Symons ha escrito: «La mayor parte -de los que han escrito de una manera seductora sobre el aire libre de lo -que llamamos las cosas naturales y florecientes, han sido enfermos: -Thoreau, Richard Jeffries, Stevenson. El hombre fuerte tiene tiempo de -ocuparse en otra cosa, puede abandonarse a pensamientos abstractos sin -tener un lanzamiento al cerebro, puede perseguir objetivamente las -consecuencias morales de la acción, no está condenado a los solos -elementos de la existencia. Y en su tranquila aceptación de los -privilegios de la salud ordinaria, no encuentra ningún lugar para ese -éxtasis lírico de las acciones de gracias que un día claro o una noche -tranquila despierta en el enfermo.» ¿Y si para la exaltación del arte el -hombre «sano» no existe, por lo menos en lo que toca al aparato -nervioso? Tanto mayor razón entonces de fortalecernos y mantener en el -mejor estado posible el mecanismo de la máquina animal. Y en tal caso, -evitar ante todo<a name="page_045" id="page_045"></a> cualquiera de las puertas señaladas con un peligroso -signo mágico, por las cuales se entra en los paraísos artificiales. -Epicuro, Anacreonte, se quedan a la entrada. Omar Kayam, Poe, Musset, -Quincey, Verlaine, penetran, y cuando retornan vienen pálidos de haber -visto el infierno de los infiernos.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>El personaje principal de la novela de León Daudet es un joven médico -que en lo mejor del goce de su fresca juventud se siente presa de la -tuberculosis. Para calmar sus males, o por el terror de su dolencia -irremediable, se entrega a la morfina. Entre las más horribles -agitaciones de su vicio, cuando el remedio ha resultado peor que la -enfermedad, una resolución firme, ayudada por la constancia de buenos -espíritus, por un noble amor, y a la verdad, por los medios que puede -procurar una fortuna, triunfa de todo el daño. La voluntad ha vencido a -la tuberculosis y a la morfinomanía. Esa es toda la novela. Los -incidentes son variados y curiosos. El estilo es el que el autor ha -hecho admirar por su vigor y concentración en obras anteriores.</p> - -<p>Pierre Guisanne, el héroe, a pesar de su dedicación a la medicina, -«n’est pas un savant, c’est un artiste», como pensaban sus camaradas; y -al sentirse tuberculoso ha de haber recordado quizás ciertas palabras de -Thomas de Quincey, en<a name="page_046" id="page_046"></a> las que se refiere a que «bien podría ser (el -opio), y lo pienso según un hecho absolutamente convincente para mí, el -único remedio que haya, no para curar cuando ya ha estallado, sino para -detener, cuando se halla en estado latente, la tisis pulmonar, ese azote -tan temible en Inglaterra.» Guisanne se deja poseer del espanto de la -muerte inevitable. El opio, o su alcaloide, le libra de la fatal idea -fija, le crea un estado de alma nuevo, le mata el miedo. Ante la -perspectiva del anonadamiento en la tumba, se acelera su deseo de vivir. -Se impone el soplo de la vida ardiente. Él va en un querer frenético al -placer y a la embriaguez que le hace aprovechar la eternidad de los -instantes. La furia del gozo por la inminencia del aniquilamiento. -Recuérdense las admirables páginas de Renan en la <i>Abadesa de Jouarres</i>. -Es un «parisiense», una «persona muy parisiense», ese joven deseoso de -todos los goces y que lleva la existencia de París como la más agradable -de las cargas. Su viejo padre vive en provincia, es un sabio discreto. -Él cumple con el programa del buen vividor en la capital de las -capitales: amigos diversos, también «muy parisienses», queridas, -diversiones, elegancias, citas, adulterios, ventajas de soltero. Hay -tipos perfectamente delineados y copiados, seguramente, de lo vivo, de -los conocimientos de M. Daudet; gentes de letras, ridículos y malos, -exquisita canalla; mujercitas, «snobinettes», como dicen en París, -impregnadas de vicio y de vicios; donjuanes vaudevillescos, y,<a name="page_047" id="page_047"></a> demás -está decirlo, cocotas de fama y clubmen; y también generosas almas, -excelentes corazones, varones de bondad y experiencia, y un lirio de -mujer, la novia salvadora. Cuando de repente, brota la primera sangre -por la boca y el gozador contempla en su imaginación el fantasma de la -tuberculosis, todas las ilusiones se vienen abajo. Alguien turba la -fiesta... El se hace ver por uno de sus profesores, Contrat, hombre de -seso y con conocimiento del mundo. «La voluntad, le dice, es lo -contrario de la preocupación. Ella es un esfuerzo momentáneo, pero -serio, en tanto que la preocupación es una vana y constante «revêrie»... -¿Sois creyente? Guisanne le contesta que es casi indiferente en materia -religiosa. Que ha nacido en la religión católica, que tiene simpatía por -las ideas de libertad que hay en ella y que son un feliz contrapeso al -fanatismo materialista; pero no practica desde la edad de doce años, -desde que perdió a su madre. «Je vous avoue que n’ai pas prié...»—¡Ah, -tanto peor!, dice Contrat. «Contrat se había levantado y venía hacia mí -lentamente, como si hablase a sí mismo en una semimeditación.—«Sí, he -notado que los creyentes resisten más, en ese caso, que los otros. Es -una escalera que hay que volver a subir... y ellos tienen una rampa; -¿comprendéis? Os parecerá divertido que el viejo maestro os hable de -este modo. Ciertamente, yo he sido un famoso escéptico. Pero estoy en -vía de evolucionar. Mi sobrina Blanca es tal vez la causa..., o la -experiencia..., o el trabajo de los abuelos en mí...<a name="page_048" id="page_048"></a> En todo caso -vuestra sensibilidad ha permanecido cristiana. Sin duda. Y bien, mi -querido hijo, poneos en la actitud moral que corresponde a la esperanza -del milagro lo más a menudo que podáis. Quiero decir, implorad de -vuestra voluntad, de las fuerzas desconocidas, de lo que gustéis, la -curación súbita y radical... Hay un estado de receptividad moral para el -bien como para el mal; eso es lo que es verdad, y los tejidos no son -insensibles a eso. El escepticismo predispone a la ruina.»</p> - -<p>Esto constituye la base principal de la fabulación, que hay que -considerar como tomada de algún ejemplo viviente, ya que no relacionada -con el más útil, digno y generoso de los casos autobiográficos. Así, -pues, Guisanne, con todo, y su respeto por el profesor, se deja vencer -por el terror inmediato, y antes que recurrir a la fuerza voluntaria o a -la fe religiosa, se intoxica.</p> - -<p>Un compañero médico le dice: «Yo no me atrevo a aconsejarte el opio -porque es contrario a todas las doctrinas corrientes... y luego es el -diablo para librarse de él...» El enfermo vacila, pero después cae en la -tentación. El opio le engaña, le hace vivir en sus delicias ficticias, y -le aleja la idea de la muerte. Al recurrir al opio en su situación—lo -he dicho,—Guisanne ha debido recordar a Thomas de Quincey. El caso es -casi el mismo, hay demasiada similitud. Y tanto más si se recuerda que -el autor inglés pudo vencer también en absoluto su vicio, nada menos que -después de<a name="page_049" id="page_049"></a> más de cincuenta años de ser dominado por él. La voluntad -fué seguramente más poderosa al luchar con triple fuerza de hábito y -triple terreno ganado. Es verdad que de Quincey confiesa que la primera -vez empleó el opio para calmar una fuerte e invencible neuralgia dental, -y otra vez, más tarde, por una molestísima dolencia del estómago. Mas en -una parte de las <i>Confessions of an opium eater</i>, dice claramente: «Al -principio de mi carrera como comedor de opio, había sido señalado como -una futura víctima de la tisis pulmonar, y me lo habían dicho más de una -vez. Bien que las conveniencias humanas hubiesen hecho acompañar esa -sentencia sobre mi suerte de palabras alentadoras; que se me haya dicho, -por ejemplo, que los temperamentos varían a lo infinito, que nadie podía -fijar límites a los recursos de la medicina o a defecto de los remedios -a las fuerzas curativas de la sola naturaleza, no era menos preciso un -milagro para quitarme la convincción de que era un caso condenado. Tal -era el resultado definitivo de esas comunicaciones agradables; era -bastante alarmante y llegaba a hacer más aun por tres motivos. Primero, -esta opinión era formulada por las autoridades más fidedignas del mundo -cristiano, conviene a saber los médicos de Clifton y de las fuentes -termales de Bristol, que ven más enfermedades pulmonares en un año que -todos sus colegas de Europa en un siglo; esta afección, como he dicho, -era un azote muy propio de la Gran Bretaña, pues depende de los -accidentes<a name="page_050" id="page_050"></a> locales, del clima y de las variaciones continuas que sufre. -No era, pues, sino en Inglaterra donde podía estudiarse; para -profundizar ese estudio era preciso visitar los alrededores de Bristol, -etc.»</p> - -<p>Y en otra parte:</p> - -<p>«El lector sabe que cuando llegamos a los cuarenta años, todos somos -locos o médicos, según el proverbio de nuestros abuelos («fool or -physicien»)... Presumo que ese proverbio significaba esto: que a esa -edad se puede exigir de un hombre que acepte la responsabilidad de su -propia salud. Es, pues, de mi deber ser, en ese sentido, un médico, de -garantizar, en cuanto la previsión humana puede garantizar algo, mi -propia salud corporal. En cuanto a eso, lo he logrado, según testimonios -prácticos y ordinarios. Y agrego solemnemente, que sin el opio no -hubiera logrado eso. ¡Hace treinta y cinco años, sin duda ninguna, que -estaría enterrado!»</p> - -<p>A Guisanne también le sirvió de mucho el opio o la morfina.</p> - -<p>Mas, como a Quincey, el exceso le trajo un sinnúmero de penalidades, de -sufrimientos que constituían otra y más terrible enfermedad. «No hay -enfermedad peor que el alcohol», decía Poe. Que la morfina, dicen los -morfinómanos. Y al describir los temerosos efectos del abuso, León -Daudet parece que pone las impresiones de su propio individuo. Así -Santiago Rusiñol, otro victorioso, ha escrito una página alucinante -sobre esos mismos terroríficos efectos.<a name="page_051" id="page_051"></a></p> - -<p>El héroe de esta novela de Daudet, después de una inaudita brega consigo -mismo, ayudado de buenos consejeros, se resuelve a ir a un sanatorio -alemán, donde un especialista ha de librarle de su fardo infernal de -pesadillas. Allí la ciencia hace lo que puede lograr; mas es el -ejercicio de la voluntad el que, en resumen, realiza el verdadero -milagro. Un alma nueva nace, o más bien, el alma ligada y prisionera -rompe sus hierros y cuerdas.</p> - -<p>En todo esto hay escenas incidentales de un positivo interés y descritas -de modo magistral. En ciertas partes, no se puede menos que recordar que -el autor tiene una íntima herencia del creador de <i>Jack</i> y de <i>Petit -Chose</i>. El hermoso optimismo fundamental no hace sino realzar y dorar -del más bello oro espiritual esta obra bienhechora.</p> - -<p>El fondo religioso y consolador es tanto más de admirar, cuanto que -viene de un trabajador vigoroso de ideas y de sensaciones, de un hombre -nutrido de ciencia, y de un criterio no por cierto empapado en aguas de -azúcar sentimentales. No es una pluma afeminada y dulce la que ha -escrito cerca de veinte volúmenes, todos masculinos y combativos, o -nutridos de ideas medulares o reveladores de músculo y garra, como -<i>L’Astre Noir</i>, <i>Les Morticoles</i>, <i>Le Kamtchatka</i> o <i>Le Voyage de -Shakespeare</i>.</p> - -<p>Y no es sino harto conocida su potencia de pugil en los encuentros -periodísticos y entre las<a name="page_052" id="page_052"></a> apacherías de la política. Su libro reciente -es un libro de bien. Más de un enfermo de la voluntad encontrará alivio -y tal vez curación en esas páginas saludables.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 114px;"> -<a href="images/illus-052_lg.png"> -<img src="images/illus-052_sml.png" width="114" height="169" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_053" id="page_053"></a></p> - -<h2><a name="EL_BRASIL_INTELECTUAL" id="EL_BRASIL_INTELECTUAL"></a> -<a href="images/illus-053_lg.png"> -<img src="images/illus-053_sml.png" width="319" height="128" alt="" /></a><br /> -<br /> -EL BRASIL INTELECTUAL</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-a.png" -width="90" -height="92" -alt="A" /></span><small>LGUNA</small> vez he hablado de mis impresiones respecto a la intelectualidad -de la República del Brasil. Nunca olvidaré mis días de Río Janeiro, -donde tuve ocasión de conocer un núcleo de escritores y poetas que -despertaron en mí una cordial simpatía y una alta estimación mental. El -gran Machado de Asís, en su vivaz y alerta vejez, respetado y querido -por todos como glorioso patriarca de la patria literatura; José -Verissimo, el maestro cuya crítica es admirada y señalada entre las -labores de valor superior; un perito de ideas que en cualquier centro -europeo estaría en puesto de autoridad considerable; Graça Aranha, el -novelista que ha adquirido por potencia y riqueza ideal y por verbo -admirable una de las más puras glorias en las letras<a name="page_054" id="page_054"></a> portuguesas en -general, y que, según opiniones como la del célebre conde Prozor, ha -escrito la mejor novela de estos últimos tiempos, su <i>Canaan</i>, cuya -versión castellana es obra de Roberto Payró; Olavo Bilac, el poeta, uno -de nuestros más gentiles poetas latinos, cuya prosa es de los más -elevados quilates y cuyo don oratorio cautivó a los que oyeron su -musical y fecunda palabra en la Argentina, y tantos otros que forman en -la capital fluminense una agrupación de activos y productores cerebros -que son la mejor corona de su patria, cuya tradición de cultura, que -viene desde los primeros tiempos imperiales, ha formado, al lado de la -preeminencia social, una aristocracia de la inteligencia, que en su -cohesión y en su intensidad de producción—a pesar de las propias -quejas—lleva la primacía en todo el continente.</p> - -<p>En el elemento joven pude apreciar más de un vigoroso y lozano talento. -Entre ellos llamó mi atención Elysio de Carvalho, de quien conocía las -primeras obras y el plausible entusiasmo y la pasión artística siempre -sincera.</p> - -<p>En los últimos movimientos de ideas que se han desarrollado y han -triunfado en el mundo literario, ha habido entre los luchadores quienes -han sido intermediarios entre los grupos pensantes, iniciadores de -relaciones, propagadores, vinculadores, anunciadores, introductores de -espíritus hermanos o de obras afines. De éstos, unos se han envuelto en -la luz de su propia emanación; otros, modestos, pero eficaces, han -laborado por<a name="page_055" id="page_055"></a> el triunfo de su ideal secundando el ajeno impulso, dando -su contribución de ideas o ayudando a la definitiva victoria de los -maestros y al mantenimiento de la fe y de la perseverancia en los -compañeros de campaña.</p> - -<p>Y mérito innegable y siempre digno de reconocimiento será el de los que, -a más de la realización de sus personales ambiciones, han contribuído a -esa especie de confraternidad espiritual internacional que ha sido uno -de los distintivos especiales de la evolución que se inició en Francia -con el nombre de simbolismo y que, alcanzando hasta nosotros después de -otros «ismos», dió por resultado un nuevo triunfo para el arte humano y -el definitivo reconocimiento del poder de la libertad y de la -individualidad.</p> - -<p>Entre esos propagadores e intermediarios entre las «élites» más o menos -numerosas, no podrá nunca olvidarse a Elysio de Carvalho, en el Brasil; -a Pedro Emilio Coll y Pedro César Dominici, en Venezuela; a Urueta, -Valenzuela, José Juan Tablada y el grupo de la <i>Revista Azul</i> y de la -<i>Revista Moderna</i>, en Méjico; a Luis Berisso, Jaimes Freyre y Díaz -Romero, en la Argentina; a Rodó y Pérez Petit, en el Uruguay; a Santiago -Argüello, Mayorga, Turcios, Troyo, Acosta y Ambrogi, en Centro América; -a González y Contreras, en Chile; a Clemente Palma, Román, Albujar y -otros, en el Perú; a Silva, Valencia y Darío Herrera, en Colombia; a dos -o tres buenos poetas en el Ecuador; a Iraizos y Mortajo, en<a name="page_056" id="page_056"></a> Bolivia; al -culto y noble Gondra, en el Paraguay.</p> - -<p>Carvalho fué el paladín de la revolución intelectual en la juventud -brasilera. En relación con los <i>leaders</i> de Europa, llevó su entusiasmo -hasta a afiliarse a pequeñas agrupaciones que en el mismo París tuvieron -una efímera vida; tal el mentado naturismo, que no tuvo más razón de ser -en pleno afianzamiento simbolista que el talento impaciente de unos -cuantos. En el Brasil, la aparición de un joven combatiente como -Carvalho llamó la atención de todos, provisto como iba, según el decir -de José Verissimo, «de una rica si bien desordenada y no menos -interesante actividad mental... Todo en él revestía un bello entusiasmo -juvenil, sincero y vigoroso, servido por un talento que aparecía real en -medio de la extravagancia de su precoz literatura, de la anarquía de sus -ideas y de la multiplicidad de sus propagandas estéticas. ¡Curioso! Este -mozo exuberante, franco hasta la prodigalidad, ávido, sin duda, de -surgir, mas con derecho a ello, al cabo ingenuo y bueno, fué, por sus -mismos compañeros de juventud y literatura nueva, discutido, negado, -calumniado.» Bien ha estado al recordar esos comienzos de la labor de -Elysio de Carvalho, ahora que, como comprueba el mismo Verissimo, la -personalidad del autor de «As modernas correntes esthéticas na -literatura brazileira» queda situada definitiva y dignamente en las -letras de su país.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p><a name="page_057" id="page_057"></a></p> - -<p>La producción de Elysio de Carvalho se relaciona, como he dicho, con las -últimas manifestaciones mentales que han conmovido el Arte y la -Filosofía en el mundo europeo y cuyas repercusiones han influído en los -espíritus estudiosos y entusiásticos de todas las naciones.</p> - -<p>Aparte de sus expansiones de alma, de la revelación de sus íntimos -sueños e ideologías, en versos y prosas de audacia y de elegancia, de -altivez y de ansia moral, como sus «Horas de Febre», su «Alma antiga», -tradujo admirablemente a su idioma la célebre Balada carcelaria de Osear -Wilde y los «Poemas» de este mismo poeta. Narró el proceso de su -educación filosófica y artística en su «Historia de um cerebro»; se -afilió—más o menos pasajeramente—a lo que aquí se llamó naturismo, en -su «Delenda Carthago». Nietzsche tuvo en él un admirador; Stirner un -apasionado propagandista, comentador y biógrafo. Toda nueva idea, todo -nuevo impulso en el pensamiento contemporáneo halló en él un apoyo y un -entusiasmo. Razones claras me impiden ocuparme de una de sus últimas -producciones: «Rubén Darío», estudio crítico (1906). Mas he de decir que -tal trabajo figura hermosamente entre el magistral aunque fragmentario -estudio sobre el mismo autor, de Rodó y los de González Blanco, -Henríquez Ureña, Pardo Bazán, Martínez Sierra, Alberto Ghiraldo, Ricardo -Rojas y Díaz Romero.</p> - -<p>El amor de la novedad y de la combatividad, naturalmente despertaron en -unos ya el asombro,<a name="page_058" id="page_058"></a> ya la voluntad hostil; más también tuvo Carvalho su -cosecha de simpatías y sus conquistas justas. Su puro fervor de Belleza -y su anhelo de verdad, le han colocado entre los excelentes. Pertenece a -esa aristocracia inconfundible de la idea, que no se compadece con la -mediocridad ni con la chatura.</p> - -<p>Naturalmente, con el tiempo, los primeros fuegos juveniles se han -aminorado, y a la incondicional determinación ha sucedido una manera -reflexiva y serena que no por eso deja de conservar la fuerza y la -sinceridad de antaño.</p> - -<p>Y es que jamás consideró este hombre de cultura y este artista íntegro, -la facultad de pensar y el don de escribir, sino con toda la seriedad y -la profundidad que requiere tal condición que innegablemente coloca al -ser humano en superior jerarquía. Abominados sean los histriones del -pensamiento y los apaches de la pluma, que prostituyeron la singular -virtud que pudo servirles para propia elevación y bien de almas -hermanas.</p> - -<p>Los defectos de Carvalho en sus primigenias producciones han sido los -del árbol demasiado copioso de savia y de follaje, defectos de los años -en que, poseídos del brío primaveral, los espíritus tienen asimismo -exuberancia de savia y de follaje. «Una visión extraordinaria y que -engrandezca las cosas vistas, también es un defecto», dice José -Verissimo con su habitual exactitud de juzgar. Elysio de Carvalho, y -como él muchos de los que en la América latina han seguido y pro<a name="page_059" id="page_059"></a>clamado -las nuevas ideas, se señaló por su exageración en el sostenimiento de -sus principios; mas esa exageración ha sido, si se quiere, benéfica y -precisa en los iniciales momentos de la proclamación de los flamantes -credos; y luego, una vez pasadas las agitaciones y violencias de la -lucha, una vez abierto el camino por donde los intelectos habían de -comenzar su viaje al ideal, vino la tranquilidad, la calma de -raciocinio, la posible mesura en la elocuencia—que en determinados -caracteres y medios es a veces difícil de conseguir—y la elevación -serena de criterio que, con gran complacencia de todos los intelectuales -brasileños, sin distinción de escuelas o de preferencias estéticas, se -ha manifestado en «As modernas correntes esthéticas na literatura -brazileira», la reciente obra que motiva estas líneas.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 151px;"> -<a href="images/illus-059_lg.png"> -<img src="images/illus-059_sml.png" width="151" height="70" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_060" id="page_060"></a></p> - -<p><a name="page_061" id="page_061"></a></p> - -<h2><a name="LETRAS_DOMINICANAS" id="LETRAS_DOMINICANAS"></a> -<a href="images/illus-061_lg.png"> -<img src="images/illus-061_sml.png" width="319" height="120" alt="" /></a><br /> -<br /> -LETRAS DOMINICANAS</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-e.png" -width="90" -height="86" -alt="E" /></span><small>XISTE</small> una literatura en los momentos actuales, que presenta un carácter -inconfundible en su variedad: la literatura en que expresan su alma, sus -voliciones y sus ensueños, la Joven España y la Joven América española. -Las nuevas ideas han unido en una misma senda a los distintos buscadores -de belleza, mas en tal unión no pierde nada el impulso del individuo ni -la influencia de la tierra, sin contar, por supuesto, en este caso, a -los natos desarraigados en el espacio y en el tiempo. Una de las -ventajas que han tenido nuestras dos últimas generaciones, es la de la -comunicación y mutuo conocimiento. Si aun algo queda que desear, ya no -sucede como antaño, que se ignoren, de nación a nación, los seguidores -de una misma orientación<a name="page_062" id="page_062"></a> filosófica o estética, los correligionarios de -un mismo culto de arte.</p> - -<p>Entre toda la producción argentina, pongo por caso, de hace unos -veintitantos años, tan solamente los nombres de Andrade, Guido Spano, y -luego Obligado y Oyuela, se impusieron a la atención de las repúblicas -hermanas. Hoy la obra de un Lugones adquiere proporciones continentales; -mas no se ignoran, en el Sur ni en el Centro de América, ni en las -Antillas, los esfuerzos o la obra realizada de otros artistas de la -palabra, de otros hombres de pensamiento, ni la constante virtud de -entusiasmo que anima a los consagrados de la juventud. Hay mayor -intercambio de ideas. Se comunican los propósitos y las aspiraciones. Se -cambian los estímulos. Hay muchas simpatías trocadas y muchas cartas. -Los imbéciles no evitan el afirmar: sociedad de elogios mutuos. No se -hace caso a los imbéciles. Los libros y las cartas se siguen trocando. -No otra cosa se hacía en latín, entre los sabios humanistas del -Renacimiento.</p> - -<p>Entre los escritores que desde hace algún tiempo se han dado a conocer -está Tulio M. Cestero, originario de la República dominicana. Es joven; -cursa la vida intensa y la gracia del arte. Su florecimiento en Santo -Domingo no es sino propio de un país que ha dado a las bellas letras -hispanoamericanas, desde pasadas épocas, figuras de gran valer. Por -Menéndez Pelayo conocemos algo del período colonial, en que se ufana -gentilmente<a name="page_063" id="page_063"></a> aquel popular Meso Mónica, de tan fino y autóctono ingenio. -La cesión a Francia, por el Tratado de Basilea, y la ocupación por los -haitinianos, durante veintidós años, de la parte española de la isla, -produjeron la emigración a Venezuela y Cuba de gran número de familias -principales, gloriosas en los líricos y literarios anales; de ahí los -Rojas venezolanos, los Heredia, a que pertenecieron los dos José María, -y cuya casa solariega existía, según tengo entendido, en la capital -dominicana, hasta hace algunos años, frente al cuartel edificado en el -reinado de Carlos III; y los Delmonte, de Cuba. Después de la -proclamación de la república en 1844, las personalidades eminentes, en -las letras, no han sido pocas. Allá en la época romántica hay un Félix -Delmonte, no privado del don de armonía, como su amiga y preferida la -alondra. Apartándose un tanto de la influencia europea, Nicolás Ureña -ameniza el paisaje y las costumbres. Un varón de alma compleja y de -vigor verbal, Meriño, es a un mismo tiempo jefe del estado y de la -iglesia. Luego surge Emiliano Tejera, escritor, investigador, que -escribió su célebre folleto aclarando la verdad sobre los restos de -Colón y sosteniendo que son los que están en Santo Domingo. Aparecen el -historiador García, el polemista Mariano Cestero; y el que es -considerado como el primero en su patria, el novelista Galván. Una musa -es justamente famosa, Salomé Ureña, vigorosa y pindárica, sin perder la -gracia y el encanto de su alma femenina.<a name="page_064" id="page_064"></a> Pérez, modernizado en los -últimos años, cantó castizamente las leyendas y sufrimientos de los -indios quisqueyanos. Billini, presidente, no desdeña ni los dones -apolíneos ni los atractivos de la novela. Por todos los géneros espiga -el talento de un Henríquez y Carvajal. Penzón vuelve la vista al pasado -y busca la tradición y el tema legendario. Más recientemente aparecen -Gastón Deligne, poeta, que hoy se siente atraído por nuestro movimiento -reformador; Rafael Deligne, poeta, crítico y dramaturgo; Pellerano, que -se distingue por amante del color y de la vida locales; Fabio Fiallo, -espíritu nobilísimo y elevado, que en su «Primavera sentimental», -celebrada por Díaz Rodríguez, inició sus delicadezas ideológicas y su -culto de la hermosura exquisita. Un hombre potente, de rasgos geniales, -combativo y dominador del verbo, Deschamps. Américo Lugo, docto y -elegante, perito en cosas y leyes de amor y galantería; el poeta Aibar; -los hermanos Henríquez Ureña, de los cuales Max ha escrito páginas de -crítica que yo prefiero y guardo con alto aprecio. Osvaldo Bazil, -gallardo y generoso, en lo florido de su juventud, hoy en Cuba, bajo la -advocación divina de la Lira. Ya véis que hay sus motivos para que Tulio -Cestero haya nacido en esa isla fecunda y solar que fué deleite de los -ojos del iluminado y profético Navegante.</p> - -<p>Cestero es un espíritu inquieto ante la vida, nacido para los esfuerzos -y las bregas. Este lírico de la prosa, cuya cultura es completamente -europea,<a name="page_065" id="page_065"></a> ha tenido que desarrollar sus energías de carácter y de -intelecto en un medio hostil a las dedicaciones al puro arte. Él sabe, -por propia experiencia, lo que son revoluciones, pronunciamientos. Ha -andado con su fusil, o su sable, por los montes patrios, entre fieras, -víboras, guerreando por su caudillo o por su presidente. Conoce las -excursiones por los bosques y los movimientos de las guerrillas. Alma -gentil, escribe su «Jardín de los sueños», mas tiene un admirable y -práctico sentido de la realidad. Si se le ocurre, escribirá lindamente a -una mujer: «Bella, sé piadosa, y convierte tus ojos milagrosos al -alma-océano de aguas muertas y profundas—del amante prosternado que -arrancará a las entrañas de la tierra avara el oro virgen para el anillo -de tus bodas». Y, si se le ocurre, mandará fusilar en las maniguas al -coronel criollo sublevado. Soles y vientos de aquellas latitudes le han -amacizado el cuerpo y el alma. Ello no es un inconveniente para que haya -labrado finas páginas en libros suaves. El poema en prosa después de la -acción, la lírica después de la estrategia, o antes. El bregador que -existe en él ha publicado también páginas de campaña en que el estilo se -revela apto también a ejercicios de músculo y a maneras de fortaleza. Yo -le veo vagar por la montaña. Si encuentra flores, formará un ramo para -la primera gallarda moza que le cautive. Si no, desgajará un árbol para -encender fuego y hacer su barbacoa con el primer venado que alcance su -carabina. Algo de<a name="page_066" id="page_066"></a> Gastibelza, si gustáis, de un Gastibelza de tierra -ardiente, a quien si su doña Sabina y el aire de la montaña le vuelven -loco, le hacen decir bellos decires de amor y de combate.</p> - -<p>Hace tiempo leí sus «Notas y escorzos», capítulos de crítica literaria; -sus impresiones de viaje «Por el Cibao», de las que casi nada recuerdo. -Su «Del Amor», es obra de despertamiento, de pasión exuberante, de -juventud y de savia temprana. Mas su folleto político «Una campaña», -publicado en 1903, llamó grandemente mi atención por el modo robusto de -narrar, amena y bizarramente, sucesos que no han tenido en la América -nuestra sino señaladas plumas de valor que los traten. Hemos sido -célebres por nuestras revoluciones, y Europa no conoce aún el libro que -bellamente e intensamente diga tanta cosa extraordinaria, terrible y -pintoresca, porque ese libro no se ha escrito todavía.</p> - -<p>En «El jardín de los sueños» este autor está seducido por el -esteticismo, y muestra una viva preocupación del estilo. Hay sutileza, -escritura «artista», prosa galante, paisajes al «claire de lune», -relentes románticos e influencias simbolistas. Se advierte el amor de -las gracias plásticas, de ritmo, de la concreción de la expresión noble. -Sus lecturas son de la más reciente literatura; y cuando creéis -encontrar una reminiscencia de Laforgue, pasa el soplo d’annunziano. Hay -ideas, plasticidad y música «avant toute chose». Al madrigalizar, eleva -los asuntos, poetiza el medio, se<a name="page_067" id="page_067"></a> transporta a otras épocas más bellas, -o dora, con el oro de la ilusión o de la fantasía, el tema inmediato. -Veo sobre todo a un poeta, al parecer, en ocasiones, sentimental, y en -ocasiones impasible en la labor de orfebrería que prefiere. Después -viaja. Los viajes son bienhechores y precisos para los poetas. «Navegar -es necesario; vivir no es necesario». Navega, pues, para venir a esta -Europa que todos ansiamos conocer. La moderna literatura nuestra está -llena de viajeros. Casi no hay poeta o escritor nuestro que no haya -escrito, en prosa o verso, sus impresiones de peregrino o de turista. Se -pasa, como Robert de Montesquiou, «del ensueño al recuerdo.» Como todo -está dicho, en lo que se refiere a lo contenido en ciudades y museos, no -queda sino la sensación personal, que siempre es nueva, con tal de -apartar la obsesión de autores preferidos y la imposición de páginas -magistrales que triunfan en la memoria. Es esto difícil, antes de que la -tranquilidad de la vida reflexiva llegue. Cestero, en sus narraciones de -viaje, se aparta dichosamente de los escollos del bedekerismo y de los -peligros de la obra recordada. Esto no quita que no le acompañen el -recuerdo de espíritus amados en sus periplos. Mas noto que los viajes en -él, las frecuentaciones diplomáticas y los contactos de París, han -marchitado un tanto la frescura franca de las floraciones de antaño. -Parece que el entusiasmo, sal del arte, no está en él con la abundancia -de los pasados días.<a name="page_068" id="page_068"></a></p> - -<p>Yo no le pido una fe señalada, pero sí una fe. En verdad, el paulatino -conocimiento de las asperezas del mundo crea los peores escepticismos; -para librarse de esto sirve tan solamente la voluntad, la elevación de -la conciencia, la virtud de un ideal. Si ha de poner Europa sobre esa -amable psique el peso de un materialismo que le impida el vuelo, quédese -el artista y el combatiente haciendo sabrosas prosas y nuevas -revoluciones en el país dominicano. Y si ha de perder, Dios no lo -quiera, su original nobleza de espíritu, su respeto y adoración por la -sinceridad, su pasión por lo sagrado del arte, si ha de aprovechar los -dones divinos en el daño y en la mentira, si ha de mirar el misterio -demiúrgico de la palabra como arma de malhechor o como útil de -saltimbanqui, si ha de abandonar lo que, privilegio singular, trajo -desde el materno vientre por la volición suprema, la pureza y la -dignidad mentales, la única razón moral de existir—que en la primera -revuelta en que lo tome el general contrario, sin formación de causa, le -fusile. Mas si no, suya será la gloria.<a name="page_069" id="page_069"></a></p> - -<h2><a name="UN_POETA_PORTUGUES_EN_LA_INDIA" id="UN_POETA_PORTUGUES_EN_LA_INDIA"></a> -<a href="images/illus-069_lg.png"> -<img src="images/illus-069_sml.png" width="325" height="97" alt="" /></a><br /> -<br /> -UN POETA PORTUGUÉS EN LA INDIA</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-a.png" -width="90" -height="92" -alt="A" /></span><small>GRADEZCO</small> muy de veras a Alberto Osorio de Castro el envío de su volumen -de poesías <i>A cinza dos Mirtos</i>, porque en el volumen hay lindos versos -y porque esos versos vienen desde Nova Goa, en la India portuguesa. Me -complace tener un lírico amigo y un comprendedor en aquellas tierras -fabulosas. Ya en otra ocasión he dicho lo que un poeta gana, a mi -entender, con emular a Simbad; y lo que, ante mi gusto, ganó, pongo por -caso, el autor de <i>El alma japonesa</i> con haber ido al Japón. Mas, yo iré -mañana al Japón o a la India, si <i>La Nación</i> me envía, o si deseos me -vienen de entenderme con la agencia Cook. El asunto es vivir en uno de -tantos países exóticos la vida de esos países, y penetrar en sus almas, -y entender sus palabras y<a name="page_070" id="page_070"></a> sus ritos, para luego contar o cantar cosas -bizarras, extrañas, peregrinas, como Lafcadio Hearn, Paúl Claudel o -Alberto Osorio de Castro.</p> - -<p>Aunque este último ha amado y soñado en Portugal, en donde florecieron -sus mirtos, y aunque en su vergel antiguo fué encendida la pasional -hoguera, es en Oriente en donde clama a la mujer amada:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Volta a cinza que guarda outro fogo de amor.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Allá en las regiones lejanas en donde habita recordará las nieves de -antaño. Recordará que «en Coimbra, en el Jardín, una dulce mañana de fin -de invierno fino y claro, Ella y su Hermana, pasaban para la misa ideal -de las Ursulinas.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Um arco iris desmaiava em Santa Clara,<br /></span> -<span class="i0">Um mais roseo perfume espargiam as rosas,<br /></span> -<span class="i0">Uma fonte cantava, as rôlas ja cantavam,<br /></span> -<span class="i0">E logo presenti que a primavera entrava<br /></span> -<span class="i0">Com as roseas Irmãs eguaes e harmoniosas,<br /></span> -<span class="i0">Rosas roseas a face, alvor de rosa as saias,<br /></span> -<span class="i0">A deixarem um rastro em flor no ar e o chão...<br /></span> -<span class="i0">Todo o sangue subiu aos ramos nas olaias.<br /></span> -<span class="i0">Todo meu sangue me floriu no coração.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Yo me imagino que en su existencia en los exóticos reinos de antiguas -leyendas y teogonías, pasará el poeta horas prosaicas a causa de las -invasiones civilizadoras. Las caravanas de las agencias turísticas le -perturbarán en sus recogimientos,<a name="page_071" id="page_071"></a> y quizá algún cargo administrativo -aplane en cotidianas tareas idealizadas colinas de encantamiento. Mas -todo esto, por la virtud voluntaria, puede ponerse como una subvida «a -côté», dado que la única vida es aquella que nuestra voluntad declara y -que nuestro espíritu reconoce, contra todas las dificultades de la -circunstancia. Y en todo poeta hay un terrible o dulce filósofo.</p> - -<p>Las citas y los epígrafes indican las lecturas y las predilecciones de -Osorio de Castro. Es un «moderno» y un aristócrata. Considera con -justeza que la facultad de pensar humanamente es el sumo poder del ser -humano,—humanamente y divinamente; y que por algo el cerebro corona el -edificio, bajo la redondez de su cúpula.</p> - -<p>Mas penetremos en la hermosa colonia de poesía.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Al eco de la música d’annunziana—«Nel plenilunio di calendimaggio»—se -comunica con el mundo de las hadas.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Mab, a Rainha Fada côr de jade,<br /></span> -<span class="i0">Dá beija-mão a sua côrte em festa.<br /></span> -<span class="i0">Veem Fadas dos Montes, da Floresta,<br /></span> -<span class="i0">Veem das Grutas de oiro e claridade.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Por los labios de Mab se expresan la Ilusión, el Amor, la Esperanza. Y -la mujer surge en su gracia y omnipotencia carnal. Después exóticas -figu<a name="page_072" id="page_072"></a>ras pasan, como la amorosa chiquinha cuya faz de encanto japonés se -entrevé. Chiquinha, que tiene «la gracia de la mujer de nuestra sangre y -la gracia de la exótica sangre». En las tristezas de la tarde es un -desvanecimiento de íntimas «saudades». Se esfuma la ronda de las horas. -Suena la canción del agua:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Aguas serenas e ligeiras<br /></span> -<span class="i0">Passae de leve para o mar.<br /></span> -<span class="i0">Aguas novinhas e palreiras<br /></span> -<span class="i0">Ponde-vos todas a cantar.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>¿Hay en el rimador un creyente? ¿Su paganismo termina en un anhelo de -mortalidad cristiana? Más bien se ve un lejano resplandor de fe en los -comienzos de la juventud. «¡Viña de inmortalidad, dame tu vino de luz -eterna! ¡Ah, que «saudade» de la dulce creencia en Jesús, en mi infancia -de sueño! Era para mí el mundo misterioso jardín. Y no el abismo -horrible que veo ante mí ahora. Viña de inmortalidad, dame el fruto de -la verdad y el vino de la eterna aurora». Anatole France le seduce con -su Thaïs de Alejandría. Uno como sentimiento barresiano, basado en un -decir de la antología griega, le hace preguntar a los muertos el secreto -de las agitaciones de la vida. En un sueño de delicias amorosas, -momentos de pasión: «Claro día de aquella primavera extinta, y por -siempre refloreciendo en el sueño de lo pasado... Aguamarina de sus -ojos, lindo reir de luz que<a name="page_073" id="page_073"></a> enamoraba y era un vino hechizado!» Hay una -linda balada que tiene un perfume de jardines lejanos:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Pallidas rosas de Chimbel,<br /></span> -<span class="i0">Coitadas d’ellas, a murchar,<br /></span> -<span class="i0">Sem que a sua alma o aroma e o mel<br /></span> -<span class="i0">As abelhas vão procurar.<br /></span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i2">E’ uma agonia bem cruel<br /></span> -<span class="i0">Longe do sol desabrochar.<br /></span> -<span class="i0">Pallidas rosas de Chimbel,<br /></span> -<span class="i0">Coitadas d’ellas a murchar.<br /></span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i2">Lá fóra o sol sobre o vergel<br /></span> -<span class="i0">Põe toda em flor a terra e o ar<br /></span> -<span class="i0">E ellas a beira do marnel<br /></span> -<span class="i0">Estão ás grades a scismar<br /></span> -<span class="i0">Pallidas rosas de Chimbel.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Él ha frecuentado todos los vergeles de poesía que han deleitado al -mundo. En todo el imperio de la mujer se define y provoca lo que antaño -se llamaba la inspiración. Para la musicalización verbal de su sueño, o -de sus fantasías, de sus idealizaciones o de sus ímpetus cordiales, el -poeta emplea las clásicas maneras, o se deja seducir por las sabias -libertades que han invadido las métricas de todas las lenguas. Hay -composiciones absolutamente normales, las hay de un aire parnasiano, las -hay modernísimas. Mas el tono general obedece sin duda alguna a las -influencias del pasado movimiento simbolista. ¿Qué poeta de estos -últimos tiempos no ha sentido en todas partes esas influencias?<a name="page_074" id="page_074"></a></p> - -<p>La obra de Osorio de Castro, cuando se complica de exotismo, de ese -exotismo vivido de quien como él habita ha largo tiempo aquel continente -misterioso, adquiere singular personalidad.</p> - -<p>Cantó Camoens sus endechas para una bárbara esclava, y aquí encontramos -renovado aquel son de lira. Es en loor siempre de la hembra ardiente y -amorosa que concentra en sí la llama de su sol y de su cielo, e íntimas -y misteriosas llamas.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Rosto singular<br /></span> -<span class="i0">Olhos socegados,<br /></span> -<span class="i0">Preos e cansado<br /></span> -<span class="i0">Mas não de matar.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Tal dice el antiguo. El lírico actual nos habla de la misma encarnación -que adquiere una fuerza simbólica:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">O Sita, castisima Esposa<br /></span> -<span class="i0">Kali sangrenta e tenebrosa<br /></span> -<span class="i0">Irmã de tigre e capellos<br /></span> -<span class="i0">Energia da nossa Raça,<br /></span> -<span class="i0">Todas quebram a tua graça<br /></span> -<span class="i0">Teus manilhados tornozellos.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>La atracción de las cosas, el enigma de la naturaleza ha de despertar -ansias que se expresarán en rimadas armonías, o correspondencias que se -exteriorizarán en trozos musicales. Y en medio del ambiente asiático os -sorprenderá escuchar tal reminiscencia de Vigny, tal eco de arieta<a name="page_075" id="page_075"></a> de -Verlaine, o de melodía poemal. El amador canta a la mujer y a las -mujeres. Estas pasan en un amable desfile. Yo veo las inglesas viajeras, -amantes de la literatura y de excursiones; francesas de paso, buscadoras -de las bellas aventuras de <i>là-bas</i>; portuguesas intelectuales, nobles y -finas, amigas de la naturaleza y de los viajes aéreos en compañía de los -poetas. Las inglesas suelen decirles lindas verdades que complacen el -sentido shakespeareano. Por ejemplo, esta verdad gentil, expresada bajo -el cielo de Aden: «It is better to have loved and lost than never to -have loved at all». A esa hija de Albión que tales cosas emite, -aplaudiría sin duda alguna nuestra Teresa de Jesús.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Ved rosas de sangre y de piedad. Deteneos en ese «beautiful Bombay»; -escuchad, a la orilla del mar, cantares de melancólicas insinuaciones. -Vuelve un eco de los pasados madrigales, de las primeras delicias -juveniles, de los primeros despertamientos del deseo.</p> - -<p>Con una gracia de virtuoso os narrará el portalira un idilio sajónico. -Se celebrará el prestigio de antiguas proezas de familiares caballeros. -Habrá una variada confusión de rememoraciones y de sensaciones, y junto -a un paisaje de Goa se encenderá en su dulce fuego azul la bahía de -Nápoles; y después de una evocación mortuoria, se tornará a la eterna -tentación femenina. He ahí la<a name="page_076" id="page_076"></a> sonatina de las hojas caídas y el cuento -del rey de Brocelianda, de la más feliz y sonora elegancia. He ahí a -Sisina:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Sisina, a Rosea e Flava, a graça do Velabro.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>He ahí un cuento de monjas, a propósito de las cuales sabemos que, como -reza en la Historia de la Fundación del convento de Santa Mónica de Goa, -«las sutilezas con que el común adversario procura impedir las obras del -servicio de Dios, son todas como suyas; mas cuando este Señor quiere que -ellas aparezcan a la luz, importan poco sus sutilezas y sus ardides. -Halla el poeta asuntos en bellos hechos pasados, y así recuerda las -leyendas de la India, de Gaspar Correa, o la Historia trágico-marítima -del naufragio del gran galeón San Juan en la costa del Natal, el año -1552. O canta el sitio de San Francisco de Goa, arcaicamente:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Gritos de morte, pragas de furor,<br /></span> -<span class="i0">E as labaredas tresdobrando o horror...<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>ó la dramática muerte de don Juan de Eça.</p> - -<p>Mas nada es tan de mi placer como los cantos en que surge la poesía -índica, con sus perfumes, sus notas, su extraña melancolía, y «surumba» -y «oh Dunga»... Y como en el libro viene la notación musical, he hecho -que lindos labios de Europa me den la ilusión de las voces de la tierra -brahamánica.<a name="page_077" id="page_077"></a></p> - -<p><i>Sati</i>, es un poema que me deleita en su rareza de tema y de decoración; -y bien me gustaría departir de tan mágicos asuntos, en aquellas regiones -ensoñadas, con Osorio de Castro y su amigo «el fino Lírico de -Guserathe», Ardeshir Framji Khabardar. «¿Cómo se puede ser persa?», dice -la frase célebre francesa... Yo encuentro tan natural el ser hindú, o -persa, o japonés!...</p> - -<p>En verdad os digo que este poeta me ha hecho un precioso regalo. Por él -he pasado instantes especiales en un reino de hechizo. Por él he -escuchado el launim de la canción de la bayadera que ha compuesto -Djaiégri Maneken Shirodcârine. Por él sé que «allá lejos» se llaman las -bayaderas: Zaiu, Sazerên, Tará, Gangá, Priaga, Anahany, Calhiâne, Mogrên -Vigei, Baigy, Surata, Nanum, Baghèn, Gultchábou, Camenên, Mâinâ, Nonan, -Mothu, Sarassepâti, Manequên...</p> - -<p>Y todo eso es, para mí, excelente.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 164px;"> -<a href="images/illus-077_lg.png"> -<img src="images/illus-077_sml.png" width="164" height="84" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_078" id="page_078"></a></p> - -<p><a name="page_079" id="page_079"></a></p> - -<h2><a name="EUGENIA_DE_GUERIN" id="EUGENIA_DE_GUERIN"></a> -<a href="images/illus-079_lg.png"> -<img src="images/illus-079_sml.png" width="320" height="134" alt="" /></a><br /> -<br /> -EUGENIA DE GUÉRIN</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-f.png" -width="90" -height="92" -alt="F" /></span><small>ERVOR</small>, veneración casi religiosa, devoción que casi va a la plegaria; -he ahí lo que profesa a la dulce hermana de Mauricio de Guérin el -piadoso y patriota conde de Colleville. Para él, Eugenia es una santa -que a la diestra de Dios está en el Paraíso entre los santos.</p> - -<p>No sin razón asegura que en Inglaterra tiene aquella lilial mujer muchos -admiradores; Mauricio espera que ha de canonizarse a Eugenia, pues es de -aquellas que el Soberano Pontífice honra profundamente. ¿Se quieren -milagros? ¿Qué milagros mayores que la conversión de su hermano Mauricio -y la de Barbey d’Aurevilly? El conde católico está en su razón. Por lo -que respecta al nombre, será lindo en el santoral: Santa Eugenia de -Guérin, virgen. ¿Y por qué no mártir? ¿No<a name="page_080" id="page_080"></a> sufrió lo inexpresable en su -vida de penar, por sí, por su hermano, por los tristes y los pobres -todos? La obra que le ha consagrado el conde de Colleville pudiera -decirse que pertenece a la hagiografía. Con justicia Coppée cree -percibir, por las flores recogidas en el jardín de la doncella, un olor -de santidad. El personaje no puede ser para Coppée más simpático.</p> - -<p>Ha tenido desde sus primeros años una hermana que le consagró su vida, -que ha sido todo para él... «ce qui m’émeut plus que tout, ayant vécu -auprè d’une excellente sœur qui ne me quitta jamais...» Pues el amor -de Eugenia para Mauricio era todo el amor, ternuras de madre, suavidades -de esposa, cuidados sacerdotales, todo en un ambiente de Leyenda Dorada, -impregnado de perfume bíblico, y más que bíblico, cristiano. Eugenia era -un espíritu. Creyérase que la fisiología no tenía que ver con ella. Nada -manifiesta del niño enfermo y doce veces impuro... Tanto alejamiento de -lo terreno explica la adoración que por ella sienten sus devotos. Sobre -todo si se la compara con la alta dama de hoy, en quien las principales -preocupaciones son principalmente mundanas y sportivas. M. de Colleville -no deja de señalar a este respecto las respetables excepciones: Madame -de Mac-Mahon, Mme. de Cureville, la baronesa de Puille, Mme. de Saint -Laurent, Mme. de Brigde, Mme. de Boury, «todas las que batallan por Dios -y por la patria». Eugenia, es verdad, tenía poco de combativa. Era una -monja sin hábito.<a name="page_081" id="page_081"></a> Dios la llamó. Con tanta más razón que no era bonita. -Como no tuvo devaneos ni pasiones amorosas, toda su femenina facultad se -concentró en su hermano, y ese ardor sororal fué al propio tiempo la -delicia y la amargura de su existencia. Colleville la define: «el -perfecto modelo de la <i>fille de race</i>, absolutamente virtuosa y -cristiana, ella es a la vez de una distinción acabada, de una educación -exquisita, habla una lengua divina, y esta artista maravillosa hace ella -misma su cocina, hila en su rueca, socorre a los enfermos, visita a los -moribundos. Es leyendo a Platón, Fenelón, Bossuet, Corneille, cuando -ella descansa de las tareas del hogar, es enseñando el Catecismo a los -pobrecitos, hablando de Dios a los vagabundos, cuando ella emplea la -lengua más noble y más sencilla del siglo <span class="smcap">XVII</span>».</p> - -<p>Tal arcaismo de expresión da en efecto a los escritos de Eugenia de -Guérin un aire <i>suranné</i>, que le sienta a maravilla y le da el aspecto -de otra edad, de tiempos más puros o menos contaminados que el siglo <small>XIX</small> -en que escribiera.</p> - -<p>Los Guérin son de origen veneciano. Guarini. La suntuosa Venecia de la -más bella de las épocas reaparecerá en el paganismo íntimo del autor del -<i>Centauro</i>, que debe haber amado como artista la Anadiómena de las -ciudades. Mauricio y Eugenia, bajo el amparo de Dios, formaron la pareja -perfumada de virtud casi angélica, que con los soplos del diablo y en -los antiguos existires venecianos se habría transformado en una de -aquellas<a name="page_082" id="page_082"></a> locas llamaradas de incestos patricios que enrojecen las -crónicas del tiempo. La noble ascendencia llega hasta ella diluída en fe -religiosa y en caridad columbina. He dicho que no era linda; mas sus -biógrafos hacen resaltar su distinción innata y su sencillez de casta -flor. Paréceme en su cultura discreta y exquisita, nutrida de vidas de -santos y de filósofos dulces. Cuando tenía catorce años, al despertar de -la juventud, momento crítico en las niñas, ella «era entonces primitiva -y casi ignorante, pero dotada de una bondad suma, como Francisco de -Asís; amaba las bestias y conversaba con los pájaros». Es muy otra que -Jacqueline Pascal. No ha nacido para las humanidades. Creo que no sabe -griego ni latín; mas podría conversar con su hermana la alondra y su -hermano el ruiseñor. Su fina lengua sabe, como muy pocas, alabar a Dios. -Diríase que en ella no existe sexo. Y la facultad maternal que pudo -tener se deriva toda en la pasión de su hermano, a quien trata como a un -hijo, como a un esposo, como a un amigo.</p> - -<p>Encanta esa vida gentil. La jovencita aprende a leer en la <i>Imitación de -Jesucristo</i> y en San Francisco de Sales. Y ella enseña a su hermano -menor, a su predilecto fraternal, a leer y a rezar, y a sentir la -hermosura de la naturaleza, todo con una tendencia divina. Es matinal -como las aves del bosque. Se complace en cultivar su inteligencia, pero -se dedica asimismo a los trabajos de la casa. Dice sus oraciones, se -pasea por el campo, visita a los enfermos.<a name="page_083" id="page_083"></a></p> - -<p>En el dominio familiar del Cayla lleva una vida de «año cristiano». Un -día escribirá a Mauricio estas palabras: «Sacarme de aquí es como sacar -a Paula de su gruta; es preciso que sea por ti que yo pueda dejar mi -desierto, por ti por quien Dios sabe que iría al extremo del mundo. -¡Adiós al claro de luna, al canto de los grillos, al glú glú del arroyo! -Antes tenía también al ruiseñor; mas siempre algún encanto falta a -nuestros encantos. Ahora nada, sino mi plegaria a Dios y el sueño.»</p> - -<p>La prosa de la mujer amable y predestinada se desliza a modo de un agua -de fuente. Es transparente, cristalina. Bajan a ella—se pensaría—a -beber los corderos del amor divino, los corzos blancos de la caridad. -Mauricio, que empieza la vida al claror de esa alba, no ha de olvidar -nunca tanta candidez celestial, a pesar de las tempestades de París y de -las tempestades de su propia alma de artista, en que palpitan violentos -los jugos de la tierra.</p> - -<p>Deseaba la hermana estar siempre al lado del hermano, y asistía a sus -clases, hasta a la de latín; «cela m’aidera à comprendre mes offices», -decía ella: ¡Cuan lejos del cotillón y del bridge! Por su parte, -Mauricio, se manifestaba castamente enamorado de Eugenia.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Hélas! le monde entier sans toi<br /></span> -<span class="i0">N’a rien qui m’atache à la vie.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>«El sentimiento que inspiraba a Pablo estas palabras para Virginia, no -era más sincero que el<a name="page_084" id="page_084"></a> mío.» En efecto, son dos almas que se aman de -amor, excluyendo toda sombra de malicia o pecado. Ella se aplica hasta a -tareas de lavandera, evocando para el caso a Nausica, Santa Catalina de -Sena y a las princesas de la Biblia. A los veinte años, sin belleza, es, -sin embargo, atrayente. Lamartine ha dejado de ella un agradable retrato -en que hace notar «el contorno armonioso del rostro» y «el talle esbelto -y flexible que hace resaltar las formas del cuerpo». Toda ella se -consagra a la devoción y a las prácticas religiosas. A la devoción, a -las prácticas religiosas y a su hermano. Escribe versos inocentemente -románticos. Y cuando la tristeza la invade, tiene el remedio de la -oración. Los tempranos desencantos de Mauricio la hacen sufrir, y no -cesa de darle, por lo tanto, buenos consejos. Él, soñador, como todos -los de su tiempo, está enfermo de lo que se llama en estos momentos «el -mal del siglo». Ella desearía verle dedicado a la carrera religiosa, -confesarse con él, como la madre de San Francisco de Sales se confesaba -con su hijo. Y luego, él tiene que ir a París. ¡París! ¡El pecado, la -corrupción, el campo del demonio! Y deja Mauricio el Cayla y parte a la -gran ciudad a continuar sus estudios. Comienza a escribir en los -periódicos, se une a su maestro Lamennais, y cuando Lamennais se insurge -contra la autoridad papal, Mauricio comparte sus opiniones, cosa que -desola a Eugenia. Esta, entretanto, escribe sus admirables cartas y su -<i>Diario</i>. Este libro es tenido como<a name="page_085" id="page_085"></a> uno de los más bellos producidos -por un cerebro femenino. Es un breviario ideal para las ascensiones -espirituales. «Jamás su prosa deja ver el esfuerzo, dice Colleville; -escribe con una naturalidad y una facilidad maravillosa, canta como el -pájaro, naturalmente, así su pensamiento, se impone victoriosamente, nos -seduce y nos penetra de esa religión que lo vivifica.»</p> - -<p>La publicación de esa obra excelente se debe a Barbey d’Aurevilly y a -Tributien. «No sé por qué, dice ella, en mí el escribir es como en la -fuente correr.» La vida de su hermano en París la inquieta. Sobre todo, -sus decaimientos de fe. Comenzaba a aparecer en Mauricio el -despertamiento pagano. Pan se le había revelado y su oído oía en la -sonora tierra el galope del antiguo centauro. Piensa su hermana en -casarlo. Él se enamora de Mlle. de Bayne, pero le rehusan la mano de tal -señorita. Enfermo, retorna al Cayla, en donde se repone.</p> - -<p>Vuelto a París, un nuevo amor le consuela, y logra casarse con una joven -originaria de Batavia, que le adora. Pero la tisis ha hecho presa ya de -él.</p> - -<p>Así regresa al dominio paterno. Eugenia, estoicamente cristiana, viendo -perdido el cuerpo, se dedica más que nunca a la cura del espíritu. Logra -su objeto y muere Mauricio en la absoluta fe católica. Ella continuará -hablando con el ausente, con quien espera juntarse por siempre en la -inmortalidad. «Del Calvario al cielo el camino<a name="page_086" id="page_086"></a> no es largo. La vida es -corta, y ¿qué haríamos de la eternidad sobre la tierra?»</p> - -<p>Su pensamiento no se separará nunca de su hermano. «Él y yo eramos los -dos ojos de una misma frente.» No cesará de rezar por él, de -encomendarlo a Dios. «Bueno es llorar, pero no sin la plegaria. La -plegaria es el rocío del purgatorio.» Luego, continuará su misión de -dulcificadora de almas, con Barbey d’Aurevilly, íntimo amigo de -Mauricio. Del dandy byroniano y un tanto satánico que era entonces el -Condestable, hizo ella el paladín católico, el caballero de la Iglesia. -«Es, pues, dice Colleville, un hecho, que el novelista, el crítico, el -pensador, ha sido después de su conversión el servidor más decidido y -más convencido de la Iglesia romana, y que es ciertamente a Eugenia a -quien se debe esa milagrosa conversión.»</p> - -<p>El dolor que le causó la pérdida de su hermano hízola hasta pensar -entrar en religión; mas su deber de hija le impidió realizar esos -propósitos. Y así bien queda la frase del crítico inglés en que la llama -la Antígona cristiana. «Sin mi padre yo iría tal vez a juntarme con las -hermanas de San José a Argel. Al menos, mi vida sería útil. ¿Qué hacer -ahora? Mi vida la había entregado a ti, mi pobre hermano. Tú me decías -que no te dejara nunca. En efecto, he permanecido cerca de ti hasta -verte morir. ¿Qué voy a buscar ahora en las criaturas? Reposar en un -pecho humano, ¡ay! Yo he visto cómo nos lo quita la muerte. Mejor<a name="page_087" id="page_087"></a> -apoyarme, Jesús, sobre vuestra corona de espinas. ¡Cuántas veces he -soñado ser hermana de caridad para encontrarme cerca de los moribundos -que no tienen ni hermana ni familia! Hacer veces de todo lo que les -falta de amoroso, cuidar sus sufrimientos y hacerlos volver el alma a -Dios. ¡Oh, bella vocación de mujer, que a menudo he envidiado! Pero ni -esa ni otra: todas están cortadas.»</p> - -<p>Y en otra parte:</p> - -<p>«No comprendo cómo las mujeres que no tienen piedad no mueren todas -locas. ¿Qué llegar a ser bajo tantas impresiones destructoras? Todo nos -es hierro y fuego, nos rasga o nos quema, pobres mujeres que somos.»</p> - -<p>En verdad, es una santa. El <i>tota in utero</i> se convierte toda en -espíritu. Para ella no existieron los goces de la carne. A su hermano -tocaron las tempestades de la duda, las negruras de la incertidumbre y -la furia misteriosa de los sentidos, la savia pánica. «Yo he anudado mis -brazos alrededor del busto del centauro y del cuerpo del héroe y del -tronco de las encinas. Mis manos han tocado las rocas, las aguas, las -plantas innumerables y las más sutiles impresiones del aire.» Sobre la -floresta sonora en que Mauricio se compenetra con el monstruo divino, -como la paloma blanca de las leyendas sagradas, el alma de Eugenia voló -al cielo.</p> - -<p><a name="page_088" id="page_088"></a></p> - -<p><a name="page_089" id="page_089"></a></p> - -<h2><a name="ARTHUR_SYMONS" id="ARTHUR_SYMONS"></a> -<a href="images/illus-089_lg.png"> -<img src="images/illus-089_sml.png" width="320" height="101" alt="" /></a><br /> -<br /> -ARTHUR SYMONS «RETRATOS INGLESES»</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-p.png" -width="90" -height="89" -alt="P" /></span><small>ARA</small> el público nuestro habré de decir que Arthur Symons es un poeta y -escritor inglés. Su obra es ya considerable. Comienza a ser conocido en -Francia gracias a recientes traducciones, no obstante el haber sido -desde los buenos tiempos del simbolismo amigo y propagador de Verlaine, -de Mallarmé, de Verhaeren, de los iniciadores de aquel movimiento. Él -hizo pasar el Canal de la Mancha al Pauvre Lelian, para dar conferencias -que le valieron algunas libras. Verlaine no olvidó nunca a su amigo -inglés, y, ya en sus últimos años, recuerdo que escribió un estudio -sobre un volumen de poesías en que Symons rima cosas de Francia.</p> - -<p>Para mí, Symons es atrayente desde que, hace años, me entusiasmaron sus -esfuerzos por la Be<a name="page_090" id="page_090"></a>lleza en su inolvidable <i>Savoy</i>, el magazin -intelectual tan refinado que él dirigía, acompañado por aquel prodigioso -artista que se llevó la muerte demasiado temprano, y que tuvo por nombre -Aubrey Beardsley. En esa publicación leí por primera vez prosas y versos -de Symons, el cual llevó a colaborar en su revista a lo más brillante de -la juventud literaria del momento. El mismo Aubrey Beardsley publicó -allí los capítulos de su inconcluso y deleitosamente alucinante <i>Under -the hill</i>; y sus dibujos allí aparecidos junto con los del <i>Yellow -Book</i>, están entre los mejores de toda su producción. Esas revistas -excepcionales, para un público restricto, no podían tener larga vida. -Hoy se las disputan los coleccionistas.</p> - -<p>La traducción que acaba de hacerse en francés de los <i>Portraits</i> de -Symons, pone de actualidad esa simpática figura de aristócrata del -arte,—aunque estas dos palabras parezcan una redundancia, una vez que -el arte es excelencia y por lo tanto aristocracia. ¿Se ha de llamar -crítica a las opiniones y maneras de ver de un poeta? Pasa la palabra -porque no hay otra para la comprensión de la generalidad. Los «Retratos -Ingleses» están hechos con una intensidad que llama a la admiración, y -que no recuerdan otras maneras e interpretaciones anteriores. Es que -Symons, por la virtud de su genio poético, se compenetra con el alma de -los modelos, y va a buscarles, él sabe en qué rincón de sus florestas -mentales, cuervo, paloma, unicornio o león.<a name="page_091" id="page_091"></a></p> - -<p>Fuera de los retratos, hay en el volumen algunas apreciaciones estéticas -aparte, como las páginas en que trata «del hecho en literatura» y sobre -«lo que es la poesía». No dejarán de sentirse contrariados por lo que -posiblemente llamarían arranques paradógicos, los acostumbrados a los -juicios ya hechos y a canónicos modos de ver. Paradoja se dirá cuando se -lea por ejemplo: «La invención de la imprenta ha contribuído a la ruina -de la literatura». O bien: «El diario es el flagelo, la peste negra del -mundo moderno.» Mas mirad bien los desarrollos de las postulaciones. La -paradoja ha sido en todos los tiempos propia de alados espíritus. Fijaos -hoy mismo en España: dos, tres, cuatro, de sus principales hombres de -letras diríase que no escriben sino paradojas. Mirad bien en Symons los -desarrollos de las postulaciones: «La invención de la imprenta ha -contribuído a la ruina de la literatura». ¿Por qué? los trabajos de los -copistas y la memoria de los hombres, no fatigada todavía con un relleno -excesivo, preservaron toda la literatura que lo merecía. Las obras que -era preciso saber de memoria, o que eran copiadas por mano lenta y -cuidadosa, no se prodigaban a las gentes que no las querían; quedaban en -manos de los hombres de gusto. El primer libro abrió la vía al primer -periódico, y un periódico es algo destinado al olvido y aun a la -destrucción. Con la destrucción querida de la obra impresa, el respeto -por la literatura se desvaneció, y se acabó por emplear un<a name="page_092" id="page_092"></a> mismo -término para designar un poema y las «noticias del día». Del mismo modo, -lo que antes hubiera sido un arte para algunos, llega a ser un oficio -para una multitud; y mientras que en la pintura, la escultura, la -música, el simple hecho de producir significa generalmente un ensayo de -producción artística, el empleo de las palabras impresas y escritas ha -llegado necesariamente a no tener más importancia que lo que, según el -decir de un poeta español, es «el cacareo del animal humano» (?). Tales -razonamientos explican lo cortante de las afirmaciones, y dan a entender -que se trata de un criterio que abomina la casilla y la peluca. Muy -justamente ha dicho de Symons Andrés Ruyters que «tiene en el movimiento -intelectual inglés un lugar considerable, menos a causa de la influencia -que bien quiere ejercer, que porque posee en el más alto grado ese don -de animación que hace de la crítica, no una fría policía literaria, sino -una viva y ardiente interpretación». En efecto, no veo entre todos los -críticos conocidos ninguno que más libremente se coloque en el ambiente -del arte puro. Queda aparte la mecánica literaria y aun la -contraposición de ideas que darían a entender un sectarismo cualquiera. -A través de la arquitectura de la obra, va directamente a la psique -productora, y define su tipo y la atmósfera mental en que se produce.</p> - -<p>Los «portraits» no están recargados por el detalle documentario; la -vitalidad interior de la figura es completa. He ahí que se presentará a -Tho<a name="page_093" id="page_093"></a>mas de Quincey, conocido tan solamente en Europa después de la -publicación de los <i>Paraísos artificiales</i>, de Baudelaire, y cuyas -<i>Confesiones</i>, de lo más interesante que para el estudio de la anomalía -cerebral puede encontrarse. Symons nos explica el motivo intelectual de -su fatigoso procedimiento narrativo, y da el buen consejo de leerlo «con -paciencia, raramente y por fragmentos». Para quien haya leído las -páginas autobiográficas del famoso comedor de opio, no serán sino de un -valor concentrativo incomparable las siguientes palabras del -psicólogo-poeta: «Escribe ciertamente por el placer de escribir, y -también para desembarazarse de todas las telarañas que obscurecen su -cerebro. Su espíritu es fino, pero sin dirección; sus nervios vibran de -sensaciones mórbidas y ellos hablan en todas sus obras. Es un hombre de -ciencia fuera del mundo, un hombre que se interesa a su espíritu en sí -mismo, y no porque es el suyo; tiene el ideal del sabio, de un estilo -separado de lo que expresa. «Tal la personalidad pensante y escribiente -de quien tenía como la única miseria sin descanso... «el fardo de lo -incomunicable.»</p> - -<p>Del yanqui Hawthorne expresa el sentido casuístico, y colócale de par -con Tolstoï, como el único novelista del alma: «Obsedido por lo que es -obscuro, peligroso, en los confines del bien y del mal, por lo que es -realmente anormal, si debemos aceptar la humana naturaleza como una cosa -establecida entre los límites de la responsabilidad y de la conciencia -de las relaciones sociales.» No<a name="page_094" id="page_094"></a> hay poco de parentesco íntimo con Poe -en el autor de <i>Twice-Told Tales</i>, sin tener las alas arcangélicas y el -profundo y transcendente sentido matemático. Mas Baudelaire, por el lado -del pecado, habría simpatizado también con él. Así Barbey. De tal manera -he pensado siempre en Hawthorne al ver, por ejemplo, aquella aguafuerte -de Rops para <i>Las Diabólicas</i>, que hay en <i>Le bonheur dans le crime</i>. -Evocación del vínculo que en la obra hawthorniana une a Miriam y -Donatello, a Hester y a Arthur Dimmesdale.</p> - -<p>Otro retrato es el de William Morris, el poeta y poetizador de la vida. -«Era el tipo perfecto del artista, y no contento con trabajar en su -propio oficio, la poesía, extendió los principios del arte a una -muchedumbre de técnicas secundarias, la tapicería, la decoración de -muros, la imprenta, que él aprendió, como los artistas del Renacimiento -aprendieron todas las artes y todos los oficios.» Mas también, como -aquellos artistas, llevó a la vida cotidiana las cosas del arte y de las -artes, haciendo de tal guisa de la existencia una obra artística,—hasta -los límites posibles. Tal su pasión social tan concentrada, no fué sino -una caridad de aristócrata que por la belleza quería ayudar y levantar -el espíritu de la muchedumbre de abajo. Feliz vivir el de aquel práctico -lírico que vivía contento, como dice en uno de sus versos, de pasar sus -días</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">...Haciendo bellas rimas viejas<br /></span> -<span class="i0">En loor de las muertas castellanas y de los amables caballeros.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p><a name="page_095" id="page_095"></a></p> - -<p>Otro retrato es el de Wálter Pater, que también fué un prodigioso -retratista de retratos imaginarios... En dos rasgos véis surgir aquel -admirable y poderoso intelecto: «Wálter Pater era un hombre en el cual -la fineza y la sutileza de emoción se unían a una exacta y profunda -erudición; en el cual una personalidad singularmente llena de encanto -encontraba para expresarse un estilo absolutamente propio y -absolutamente nuevo, que era el más preciosamente y el más curiosamente -bello de todos los estilos ingleses.» Entusiasta por toda la producción -del maestro, mira y admira, no solamente al crítico, sino al autor de -obras originales que cuentan entre lo más definitivo y valioso de toda -la lectura victoriana. De la misma manera nos presenta a George -Meredith, esa alta alma orgullosa de su ideación y de su singular poder -verbal, que tantos puntos de contacto tiene con el francés Stéphane -Mallarmé. Meredith, que escribe el inglés «como una lengua sabia», y que -tanto en prosa como en verso llega a una casi perfección que se creería -inaccesible. ¡Un decadente! Sea. La palabra decadente, dice Symons, ha -sido en Francia y en Inglaterra—en todas partes, hay que -decir—empequeñecida hasta no ser más que una estampilla para una -escuela particular de recientísimos escritores. Lo que <i>decadencia</i> -significa en literatura realmente, es esa sabia corrupción de lenguaje -por la cual el estilo deja de ser orgánico y llega a ser, persiguiendo -tal medio de expresión, o tal belleza nueva, deliberadamente<a name="page_096" id="page_096"></a> anormal. -Esto ya más o menos lo había expresado en página memorable Théophile -Gautier, a propósito de Baudelaire.</p> - -<p>De Rober Lois Stevenson sabemos que era un artista desdeñoso, enamorado -del estilo, y, para decirlo así, de una manera apasionada; y sin -embargo, era popular. A propósito de él hace ver Symons el error de los -críticos que suelen hacer elogios aun fuera de razón, sin dar a -comprender a la muchedumbre leyente el verdadero valor de un escritor o -de un poeta.</p> - -<p>Otro retrato es el de John A. Symons, cuya autobiografía es una obra -maestra, y que era un «carácter» intelectual; otro es el de Rober -Buchanan, que escribió bellas prosas y bellos versos, y que sin embargo -no era sino un combatiente, un irreductible polemista, especie de León -Bloy, poeta, que se proclamara ante todo un hombre entre los hombres. -Otro retrato es el de Wilde, hecho con comprensión y serenidad, escrito -con nobleza. Y siguen otros como los de Hubert Crackantorpe, el artista -tan personal e independiente; Rober Criages, el puro lírico; el -«patético» Austin Dobson. Y es poeta y nada más que poeta; Stephen -Phillips, que se me antoja el Rostand de Inglaterra; el pobre alcohólico -y bohemio admirable de poesía que fué Ernest Dowson, que murió joven, -gastado, por lo que no había nunca sido la vida para él, dejando algunos -versos que tienen lo patético de las cosas demasiado jóvenes y demasiado -frágiles aún para envejecer. Y todos<a name="page_097" id="page_097"></a> esos retratos afirman la seguridad -de la mano, la fina y potente mirada interior, la transparencia del -juicio, la auténtica virtualidad incontaminada del ánimo, la obra de un -maestro. Y no hay sino aplaudir a Arthur Herbert, que imprime a la -inglesa tan bellos libros ingleses en lengua francesa.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 140px;"> -<a href="images/illus-097_lg.png"> -<img src="images/illus-097_sml.png" width="140" height="123" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_098" id="page_098"></a></p> - -<p><a name="page_099" id="page_099"></a></p> - -<h2><a name="SAINT-POL-ROUX" id="SAINT-POL-ROUX"></a> -<a href="images/illus-099_lg.png"> -<img src="images/illus-099_sml.png" width="324" height="116" alt="" /></a><br /> -<br /> -SAINT-POL-ROUX</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-p.png" -width="90" -height="89" -alt="P" /></span><small>ORQUE</small> hay una familia del Río de la Plata que ha venido a buscar aire -fresco a tierra bretona, he oído en la mañana de cristal vidalitas junto -a menhires. Gratamente habrían sorprendido al padre del poeta, que -habita en el manoir del Boultous, pues recordarán sus oídos de viajero -antiguas noches de Buenos Aires, tardes de las costas uruguayas.</p> - -<p>A un lado del camino vemos de cuando en cuando cuadros pastoriles o -agrícolas. La tierra es pobre de árboles. Sobre las colinas nos hacen -pensar en nuestro Don Quijote los molinos de viento. Pegado a los filos -de la tierra se ve el <i>ajonc</i> con sus pompones de oro. En los cuadrados -de hortalizas, la patata, modesta, pero dignamente, luce cerca de la -madre col sus flores<a name="page_100" id="page_100"></a> claras. Encontramos muchachas robustas, -campesinos, soldados. De pronto, al acabar de subir una cuesta, se -presenta a nuestra vista el panorama de Camaret. Las casitas grises -pegadas a la costa, las barcas de pesca en la bahía, la espuela de roca -que se interna en el mar y en cuya roseta se aloja la iglesita de -Notre-Dame-de-Roch-Amadour y el famoso y vetusto castillo de Vauban. Al -frente, sobre lo alto, se destaca el semáforo, y se miran como en un -cuento de caballero las torres del <i>manoir</i> en que sueña y piensa -Saint-Pol-Roux, no lejos del chalet de Antoine, el histrión ilustre.</p> - -<p>Bajo un árbol estamos, ya cerca de la puerta en donde nos reciben -amables el perro gris y la criada rubia. En el salón hay panoplias de -armas, el piano, los retratos de los hijos y las dos insignias -pirográficas que Gauguin tenía en su casa de arte allá en Tahiti, donde -pintó con sol extraño, metiendo su alma por los ojos entre almas -primitivas y descubriendo las partes secretas de la Belleza. Y cuelgan, -secas ya, las ramas rituales que vinieron de la iglesia donde se -repartieron en el día del triunfo de Jesús.</p> - -<p>Estamos luego en un saloncito blanco y oro.</p> - -<p>Sobre el marco del espejo hay pintada una fantasía marina. En la mesa -libros de poetas, en cuyas páginas dicen las sendas dedicatorias los más -admirativos conceptos. Y he aquí al dueño de casa. Viste el traje en que -recorre a pie todos estos contornos. Terciopelo castaño, polainas de<a name="page_101" id="page_101"></a> -cuero, zapatos sólidos. La melena de antaño está un tanto recortada. El -rostro es dulce, la mirada del más bello oriente, el gesto acogedor, la -voz con blandura e inflexiones de bondad. Ya ha hablado fraternalmente; -ya no nos deja partir sin que almorcemos con él; ya habla de América -como de un país de encanto, y aunque confunde a Buenos Aires con el -Brasil, a pesar de los periplos paternales, no importa. Este gran -despertador de valores del verbo es un sencillo. Este «raro» es un -familiar. Suele inclinarse de tanto en tanto cuando habla, habituado -como está a portar su carga de pensamiento. Una formidable conciencia de -su valer le aisla indiferente a los vanos esfuerzos de los adoradores -del momento.</p> - -<p>Su espíritu ha descifrado lo hondo de la inscripción del Templo délfico. -Y al oído le han repetido: Platón, lo Bello es el esplendor de lo -Verdadero; Platino, lo Bello es la idea de lo Verdadero; Gœthe, hay -diosas augustas que reinan en la soledad; alrededor de ellas no hay ni -lugar ni tiempo; se turban cuando se habla de ellas. La Bruyère, aquel -que no considera al escribir sino el gusto de su siglo, piensa más en su -persona que en sus escritos; hay siempre que tender a la perfección, y -entonces, esta justicia, que nos es a veces negada por nuestros -contemporáneos, la posteridad sabe otorgárnosla.—Con tales ensalmos -bien aprendidos se abren innumerables sésamos invisibles.</p> - -<p>El meridional que ha cantado tan bellamente a<a name="page_102" id="page_102"></a> la sonora Marsella, ha -extraído de los silencios de Bretaña ricos diamantes de concentración. -Asombra la joyería metafórica y el prodigio de combinaciones ideícas; es -el dominio del iris y la sujeción de todas las gamas; y el volcar de la -aladínica mina íntima un inacabable tesoro.</p> - -<p>Emperador de las Imágenes, rey de las Analogías, es para mí un gran -placer la comunicación fraternal con tal creador de nuevas existencias y -conceptos, y mirar, por el don amistoso, como la del argentino Lugones, -como la del griego Moreas, transparente su alma. Tales tratos inmunizan -contra la mirada de los basiliscos y las ponzoñas de los escorpiones.</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Être admiré n’est rien, l’affaire est d’être aimé,<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p class="nind">dijo un lírico de sufrimiento. Saint-Pol-Roux ha logrado ambas cosas.</p> - -<p>Se presentó, toda ella un bouquet de gracia, Mme. Saint-Pol-Roux. Es -parisiense de París, y a pesar de sus largos años de Bretaña hay en su -acento un grato acento montmartrés. Nos sentamos a la mesa. Y aparecen -también Cœcilien, tan celebrado por su prosa gallarda como por buen -nadador y mozo de corazón, y Loredán, en la flor de los catorce años, y -Divine, la diminuta y gentil madrina de la antigua <i>chaumière</i> de -Roscanvel. Y así todo, desde el pescado hasta el champaña entablamos la -más sabrosa de las charlas. Descubro a Ricardo Rojas, ojos de fauno, -cuando al decir sus años aplaudimos tanta juventud.<a name="page_103" id="page_103"></a> Y nos vamos luego, -con un gran cariño y una admiración grande, frescos aun los labios de la -espuma del montebello.</p> - -<p>Y ya de vuelta, al descender las colinas en la tarde de ámbar, pienso en -la obra vasta de ese solitario que ha huído de la ciudad dorada y -martirizadora, y que va descendiendo su existencia apoyado en su bastón -de cordura. El fué con los del alba simbolista, de los que comenzaron a -practicar la libertad mental sin dejar por eso de amar a sus maestros -«como a dioses», siendo los dos maestros, el uno un pobre profesor de -inglés, el otro un bohemio desventurado, ebrio de alcoholes y de -dolores. Es el poeta de sus <i>Anciennetés</i>, en que canta en «el tiempo -abstracto de lo solo» el orgullo humano hecho una llama, a su manera, la -arcilla ideal de Hugo, de la reina primitiva, de la «rosa maligna»; la -vuelta de Odises; el chivo emisario en el mundo judío, la divina -Magdalena,</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">La femme au cœur plus grand qu’un lever de soleil<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Lázaro y el Gólgota, en versos que hubieran sido de un Leconte de L’Isle -flexible y trascendente.</p> - -<p>Aquellos pasados «reposorios» que aparecían en el primer <i>Mercure</i>, y -hoy coleccionados en series que forman una sucesión de, como dice el -poeta, «temas filosóficos, símbolos de alma, notaciones de estaciones, -pinturas de horas, magias de fenómenos», constituyen una de las obras -más hondas y más puramente artísticas de la última<a name="page_104" id="page_104"></a> época intelectual. -Son de esas criaturas cerebrales que suelen resucitar a través de los -siglos.</p> - -<p>Concentraré. Aún me deleita, como la primera vez, aquella inicial -significación de las alondras. «Les coups de ciseaux gravissent l’air.» -Es el poemal comienzo de la vida en la sucesión cotidiana. Son el clarín -del gallo, «la diana» y la salida del sol. De poner los ojos en una rata -nace una música de ideas, y aun de ver la ropa lavada que tiende la -madre en la aldea. Cada paso en la existencia da nacimiento a una lírica -expansión. Interpreta el tiempo, el número, el espacio. Siempre está en -él el pensamiento. Las apariencias se expresan, se entrelazan las -alegorías. ¿Es prosa, es verso? El ritmo impera. Y hay verso y prosa, o -solo verso, según el entender mallarmeano.</p> - -<p>Yo he respirado los perfumes de la Rosa y me he herido en las Espinas -del camino... Del sol me he abrevado con el que nació en el Mediodía y -no he perdido nunca su don apolíneo; y con brazos de fuego he penetrado -la floresta del misterio, clamando, por donde Mæterlinck habla en voz -baja...</p> - -<p>Largas páginas tendría que escribir para hacer un estudio de esta -producción de psíquicas piedras preciosas. Desde el primero hasta el -reciente tomo de los <i>Reposorios</i>, la maestría se ha querido demostrar, -lográndolo, poseída de don infuso, extraordinario. ¿Quién le llamó -pastor? ¿Quién le llamó loco? Pastor de ideas, loco de poesía, con más -filosofía que las bibliotecas y ardiendo en<a name="page_105" id="page_105"></a> amor humano. ¡Ser pastor, -Dios mío, ser pastor como Apolo, como Jesucristo! estado, por -consiguiente divino.</p> - -<p>Rara vez habréis leído en ningún autor tal maravilla de transposiciones -conceptuales en un discurso prestigioso casi todo constituído de -alusión. Y la manera es por extremo singular de armonía y de libre -voluntad. El poeta dice en cortos períodos sonoros las voliciones -íntimas de las cosas, los secretos del vínculo, las correspondencias de -las plantas y de los animales, Gaspard Hauser en el arca de Noé, Orfeo -que ha habitado en París. ¿Quién aseguraba que tan solamente en el Norte -florecía bajo las nieblas el árbol del misterio? De misterio vivía -envuelto en sol Raimundo Lulio, en un día hecho de pedrerías; de -misterio arden aún las mágicas <i>Mil y una Noches</i>, y por Saint-Pol-Roux -del misterio vienen, de una selva encantada de misterio, su blanca -Paloma, su negro Cuervo, su Pavo real.</p> - -<p>«Por mínimo que fuese, yo he sido, tal vez por momentos, el protagonista -del gran Pan», dice alguna vez.</p> - -<p>Es la reducción del Universo al servicio del poeta, en cuya alma, por -divina virtud, se juntan todo el tiempo y todo el espacio. ¿A quién se -parece Saint-Pol-Roux? Primeramente, «a sí mismo», y luego, a la Poesía. -Mas no por ser tal flor de propio carácter dejará de tener tales -relaciones. Hay en la obra de Saint-Pol-Roux esencias que creéis -distinguir en el ramo singular. Esencia<a name="page_106" id="page_106"></a> de Píndaro y esencia de -Ezequiel, esencia de Rabelais y esencia de Virgilio, esencia de Góngora -y esencia de Hugo, esencia de Gœthe y esencia de Mallarmé... Mas, -sobre todo, esencia del día y esencia de la noche, esencia del cielo y -esencia de la tierra, esencia de la Vida y esencia de la Muerte. ¡La -Muerte! Desde Orcagna, desde la danza Macabra, nadie ha podido como él -traer por el poder del Arte ante nuestros ojos, personalizada y vestida -de símbolos, a la siniestra Flaca, a la Dama de la Hoz. Una vez lograda -esa caza de prodigio, volvió a los reinos vitales.</p> - -<p>Y así continúa, coleccionando en el receptáculo de los libros la riqueza -que extrae de sus hondos senos propios. Y para andar entre las gentes -preciso le es el hablar el idioma de todos los días, vivir la diaria -vida. Sus pescadores, sus vecinos sencillos, le aman. Cuando pasa por -las calles del pueblo todo el mundo le señala con afecto.</p> - -<p>Con las rocas habita, en una altura, en frente del mar. Abajo tiene -arena blanda; sedas de espuma. Y en el invierno, el viento hace temblar -el manoir. Se levanta matinal. Trabaja fumando su pipa. La luz de su -lámpara sirve de faro a las barcas de pesca que vuelven por la -madrugada.<a name="page_107" id="page_107"></a></p> - -<h2><a name="EL_PUEBLO_DEL_POLO" id="EL_PUEBLO_DEL_POLO"></a> -<a href="images/illus-107_lg.png"> -<img src="images/illus-107_sml.png" width="322" height="98" alt="" /></a><br /> -<br /> -EL PUEBLO DEL POLO</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-e.png" -width="90" -height="86" -alt="E" /></span><small>L</small> progreso moderno es enemigo del ensueño y del misterio, en cuanto a -que se ha circunscrito a la idea de utilidad. Mas, no habiéndose todavía -dado un solo paso en lo que se refiere al origen de la vida y a nuestra -desaparición en la inevitable muerte, el ensueño y el misterio -permanecen con su eterna atracción. Lo desconocido en la naturaleza -surge de repente en formas tales, que llegan a realizar lo imaginado. El -radium es un milagro. Todavía no se sabe lo que es la electricidad. A -este propósito, en un libro reciente, dice M. Lucien Poincaré: «Los -espíritus, aun los más cultivados, tienen una tendencia tan natural como -engañadora a creer que han comprendido la causa de un fenómeno cuando se -ha dado una explicación que junta ese fenó<a name="page_108" id="page_108"></a>meno a otro anteriormente -conocido, y al cual se está acostumbrado desde hace tiempo. Reflexiónese -un poco y se advertirá que el embarazo en que se encuentra el sabio -sería igualmente grande si fuera preciso dar una explicación completa de -no importa qué otro fenómeno físico, aun tomado entre los más -familiares. Si ante una de las aplicaciones más sencillas y más vulgares -de la corriente eléctrica, en frente, supongamos, de una modesta -campanilla eléctrica, el físico se encuentra un tanto molesto cuando se -le pregunta cómo la energía de la pila se transporta a lo largo de un -hilo, y a qué modificaciones en el hierro corresponde la imantación del -electroimán, estaría en el derecho de hacer notar que sabría, además, -satisfacer plenamente la curiosidad de quien quisiera darse una cuenta -enteramente exacta de las razones profundas por las cuales la vieja y -respetable campanilla antaño usada hace oir un sonido cuando se tira del -cordón.» Así en todo. La ciencia de hoy corrige a la de ayer; mas poco a -poco y de tiempo en tiempo se descubre o se entrevé un nuevo enigma del -universo, que hace más profundo y formidable el enigma total. Muchos -creen que la astronomía y la química son las sucesoras de la astrología -y de la alquimia. ¡De ninguna manera! protesta un estudioso como M. -Jacques Brieu. Preguntad a Paúl Flamblart, Selva, Fomalhaut, Barlet y -algunos otros, de los cuales tres o cuatro, por lo menos, son antiguos -alumnos de la Politécnica, si se debe confundir la<a name="page_109" id="page_109"></a> astrología con la -astronomía. Esta difiere de aquélla tanto como la anatomía de la -fisiología y de la psicología. En cuanto a la química, <i>comienza apenas -ahora a entrar en los dominios de la alquimia</i>.—Dijérase que el -ejercicio de la inteligencia nunca como hoy ha contado con más -investigadores de absoluto. En otras épocas, la concentración de la -labor mental, en solitarios gabinetes y en silenciosas celdas de -conventos, se tendía por el esfuerzo teológico a la rebusca y -comprensión de Dios. Hoy la unida labor intelectual se dirige a la -exploración de la materia y de la fuerza, de lo arcano inmediato, de lo -que nos rodea; y está en nosotros mismos.</p> - -<p>Pero, tanto en lo lejano de los astros apenas vislumbrados con el aún -impotente telescopio, como en lo recóndito de la vida atómica, hay un -infinito ignorado. La geografía ha avanzado mucho. Mas ¿está todo el -globo ya en nuestros nutridos inventarios? Hay todavía rincones -inviolados. Y está el Polo, guardado aún por la enorme y blanca esfinge -que surge en una de las más maravillosas creaciones o supervisiones de -Poe.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Tales temas tientan hoy a más de un escritor de imaginación. Wells, el -inglés, ha sido el conquistador de la celebridad inmediata por sus -novelas extraordinarias. Hay antecesores ilustres, y con razón se ha -citado a este respecto los nom<a name="page_110" id="page_110"></a>bres de Poe, de Villiers de l’Isle Adam, -y aun el del venerable y pueril Julio Verne.</p> - -<p>Otros pueden agregarse, en cierto sentido, como Lytton Bullver o Rider -Hagard. En Francia, y tratándose únicamente de la sorpresa intelectual -producida por la obra de Wells, no habían aparecido aún seguidores del -autor británico. M. Charles Derennes, cuya reciente obra <i>El pueblo del -Polo</i> acabo de leer, me parece que inicia la serie de los imitadores, y -a pesar de lo que en su contra tiene toda imitación, el libro de que -trato logra el propósito, y podría pasar por «du Wells», si no -apareciese en medio de los más interesantes momentos de la acción el -inevitable «esprit», que echa a perder la intensidad de lo que nos -conmueve y hace pensar.</p> - -<p>La fabulación es sencilla; y el procedimiento conocido: prólogo -explicativo, manuscrito encontrado. El autor cuenta que en Septiembre -del año de 1906 se encontraba en Saint-Margarit Bay, pueblo del condado -Real, en la costa del Paso de Calais, a seis millas de Dover. Allí se -junta con un su amigo, Luis Valentón, profesor del Colegio de Francia, -miembro del Instituto, que ha hecho grandes exploraciones en Siberia, y -que ha descubierto muchas cosas; entre ellas un esqueleto de animal -desconocido que habría regocijado al sabio Ameghino y que él califica de -antroposauro. Este animal, explica Valentón, es contemporáneo de los -primeros hombres, y la inteligencia humana y la inteligencia... -antroposauria<a name="page_111" id="page_111"></a> han debido, en una época, existir juntamente...</p> - -<p>Hay una comparación que me parece explicar bien la manera con que las -especies evolucionan, se transforman y salen las unas de las otras. -Imaginada familia que posee una casa en un país fértil. Los campos la -nutren, nutren a los primeros hijos y aun, quizás, a los hijos de esos -hijos; pero la raza se multiplica, el terreno no basta ya, y pronto -tienen las nuevas generaciones que ir a buscar fortuna a otra parte. -Esos hombres llegan a ser lo que la naturaleza de su patria de adopción -quiere que sean; si el país es, por ejemplo, cubierto de bosques y -poblado de animales, serán cazadores y no agricultores como sus hermanos -y primos que han quedado en la tierra original de la raza.</p> - -<p>Así, abandonando los pantanos primitivos donde vivían los monstruosos -saurios de las viejas edades, ciertas especies han, poco a poco, ganado -la tierra firme, se han cubierto de pelo, y de ellas han salido las -razas mamíferas. Pero las especies fraternas que habían permanecido en -los pantanos no dejaron de transformarse menos en el sentido del -progreso, y entonces, ¿qué de extraño hay en que una o varias de ellas -hayan llegado, como la especie humana, hasta la posesión de un cerebro -dotado de razón y de inteligencia, punto culminante del progreso que nos -es permitido concebir para un ser viviente?</p> - -<p>En resumen; queda casi afirmada la existencia del antroposaurio, rival -único del primate triunfante,<a name="page_112" id="page_112"></a> del rey de la creación. Mas ¿dónde existe -el antroposaurio? «<i>Quelque part il y a quelque chose</i>», dice el miembro -del Instituto. Y entrega al autor un manuscrito, encontrado cerca de los -hielos polares entre una lata de gasolina—, como el de un cuento de Poe -fué encontrado en una botella.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>En el manuscrito cuenta un tal Vénasque las más raras aventuras. Después -de una introducción sobre los antecedentes familiares y su modo de ver y -de pensar, presenta a un su amigo llamado Ceintra, ingeniero, preocupado -del problema de la navegación aérea. Ambos se proponen construir un -dirigible con el cual pueden ir nada menos que a descubrir el Polo—, -anticipándose así a los proyectos de la expedición Wellmann, de que -tanto se ha hablado últimamente. Se ensayó un primer globo cerca de -París. Para el segundo se pensó en un lugar cercano a las regiones -árticas, «a fin de que las condiciones climatéricas durante las -experiencias y durante el viaje fuesen las mismas». Escogieron Kabarowa, -aldea samoyeda, al Sur del estrecho de Yugor, a la entrada del mar de -Mara, último lugar habitado que vió Nansen antes de internarse entre las -nieves polares.</p> - -<p>Para abreviar detalles: el dirigible dió buen resultado y ambos amigos -se embarcaron con rumbo a lo desconocido. Después de pasada una vas<a name="page_113" id="page_113"></a>ta -región glacial, se encuentran conque la temperatura desciende. Y, -primera sorpresa extraordinaria, entran en la verdadera parte polar de -la tierra, en donde el día, según lo advierten, es de color violeta. -Descubren aspectos extraños, vegetaciones distintas a las conocidas. El -paisaje no tenía verdaderamente nada de terrestre. Y fué mucho peor -cuando, de pronto, el manto de bruma que cubría el horizonte se desgarró -y el sol del Polo apareció en el extremo de la llanura, inmenso y -semejante a un escudo de metal empañado; el poder del dueño de la Tierra -parecía aquí aniquilado por el de la singular fuerza luminosa que había -invadido el cielo; ningún rayo emanaba de él, y se veía en la claridad -violeta como una luciérnaga bajo el brillo de una lámpara de arco. A esa -luz misteriosa perciben el vuelo de no conocidos pájaros. La influencia -de un gran peso de ondas eléctricas se reconoce en el ambiente. Quieren -huir, pero no pueden mover el globo, a pesar de funcionar bien el motor; -y la barquilla, que tiene gran parte acerada, es atraída por un enorme -imán, como el del cuento de Simbad. Por de pronto, los viajeros viven de -sus provisiones, y tienen de ellas copioso depósito. Se convencen, con -todo, de que son prisioneros de seres inteligentes que les rodean sin -dejarse vencer por ellos.</p> - -<p>En la tierra encuentran huellas de un animal ignorado. La arcilla suave -y flexible había netamente guardado la huella del paso de un animal...<a name="page_114" id="page_114"></a> -Un paso aquí, otro allá... tiene el aspecto de una huella de bípedo, o, -mejor, de un animal que utiliza únicamente para caminar sus miembros -posteriores y su cola: algo como un kanguro... ¿Se trata del -iguanodon...? Quizá hay rebaños de iguanodones, de iguanodones -domesticados... Como el lector comprende, el antroposaurio va a -aparecer. Han encontrado, en ciertas rocas, o en la tierra, puertas -metálicas. Han oído ruidos subterráneos. Y luego, se dan cuenta de que -les han robado varias piezas del motor. Advierten que la luz especial -que allí forma el día es producida a voluntad. Por fin, un ser, el «ser» -de esos lugares, se deja ver. «Desde que hube observado ese cráneo -extremadamente desarrollado, hipertrofiado en partes, y como hinchado de -un exceso de cerebro; desde que, sobre todo, los grandes ojos iluminados -de un reflejo interior, se fijaron en los míos, comprendí -definitivamente que esa criatura estaba dotada de razón.</p> - -<p>»Pero el aspecto del monstruo no recordaba en nada el del hombre. Estaba -acurrucado sobre sus miembros posteriores, y debía andar apoyándose en -su fuerte cola; sus brazos grotescos y cortos, en lugar de caer en el -reposo, a lo largo de los costados, parecían restos de manos, sino dedos -unidos directamente a los puños, dedos desunidos y larguísimos, más -largos que los brazos, al parecer, y semejantes a tentáculos. Sobre, la -cara, nada de pelos; una piel descolorida y pálida que me hacía pensar -en una cabeza de ternero pelada.<a name="page_115" id="page_115"></a> Los ojos redondos, ligeramente -salientes y metidos, sin párpados visibles en las órbitas prominentes. -En lugar de nariz, dos hoyos profundos de donde salía vapor; abajo, la -raja desmesurada de una boca de reptil provista de muchos dientes agudos -que no llegaban a cubrir los labios delgados y córneos. En las comisuras -de los labios, que se juntaban casi a las orejas movibles y minúsculas, -salía un poco de saliva. El mentón no existía, o desaparecía bajo los -lisos repliegues de pellejo blando que había sobre el cuello y la parte -superior del tronco. Después, por dos veces, los párpados se agitaron, y -velaron un instante los ojos, blancos, tenues, casi diáfanos, como los -de las serpientes o de los pájaros».</p> - -<p>Poco a poco, Vénasque llega a hacerse vagamente comprender por señas de -algunos de los monstruos. Mas el ingeniero Ceintras se vuelve loco, y, -una vez que han podido penetrar en el imperio subterráneo de los -habitantes del Polo, si Vénasque tiene tiempo para observar un sistema -de gobierno, una ciencia y una vida social singulares, su compañero, -armado de una carabina, asesina una cantidad increíble de -antroposaurios; el paso de los dos humanos ha sido una catástrofe en ese -mundo recóndito. El loco se pierde entre los hielos, una vez salido de -las entrañas de la tierra; y Vénasque puede aún escribir su relación -antes de la inevitable desaparición. Ese es el resumen de la obra.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p><a name="page_116" id="page_116"></a></p> - -<p>Desde luego, como he dicho, el libro interesa. Desgraciadamente, en lo -mejor de la narración, un diálogo que se quiere hacer espiritual, la -cosa parisiense, la «blague» bulevardera, descompone la tensión curiosa -del que lee. Algunas descripciones del novelista hacen pensar en otros -autores. La luz producida por una fuerza especial que maneja un sabio -tan solamente dedicado a eso, recuerda el «vril» de la también -subterránea «raza futura» de lord Lytton. La labor de los polares y -hasta su superdesarrollado cerebro, tienen más de un punto de semejanza -con los selenitas y con los marcianos de dos novelas de Wells muy -conocidas. A pesar de todo, me ha complacido le lectura de este volumen, -que no tiene nada que ver con el adulterio y el apachismo ambientes, y -cuyo autor busca en problemas científicos atrayentes como las más bien -urdidas fábulas, un tema que hace pensar y mantiene la atención viva.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 143px;"> -<a href="images/illus-116_lg.png"> -<img src="images/illus-116_sml.png" width="143" height="116" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_117" id="page_117"></a></p> - -<h2><a name="HERCULES_Y_DON_QUIJOTE" id="HERCULES_Y_DON_QUIJOTE"></a> -<a href="images/illus-117_lg.png"> -<img src="images/illus-117_sml.png" width="322" height="102" alt="" /></a><br /> -<br /> -HÉRCULES Y DON QUIJOTE</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-u.png" -width="90" -height="94" -alt="U" /></span><small>N</small> notable escritor y poeta, que por cierto es de la familia de -Castelar—me refiero a don Mariano Miguel de Val, dice lo siguiente:</p> - -<p>«Es un libro que está por hacerse, a pesar de lo agotado que parecía el -tema: Hércules y Sileno, precursores del valeroso hidalgo Don Quijote y -de su escudero Sancho. Hércules, libertador de los oprimidos, amparo de -los débiles, castigo de los tiranos y espanto de los monstruos, tiene -tales analogías con el ingenioso hidalgo de la Mancha, que hasta la -protección de Palas Atenea, diosa de la sabiduría, parece sentar el -principio de que también al hijo adulterino de Júpiter le sorbieron el -seso los libros, más o menos de caballerías.»</p> - -<p>La comparación de Don Quijote con Hércules<a name="page_118" id="page_118"></a> me parece nueva e ingeniosa. -La de Sancho y Sileno la había hecho ya el gran Hugo en un capítulo de -su <i>William Shakespeare</i>.</p> - -<p>«En Cervantes—dice—, un recién llegado entrevisto en Rabelais, hace -decididamente su entrada: es el buen sentido. Se le ha percibido en -Panurgo, se le ve de lleno en Sancho. Llega como el Sileno de Plauto, y -él también puede decir: Soy el Dios montado sobre un asno.»</p> - -<p>El señor de Val busca los puntos de semejanza en los dos héroes. -Hércules, en su destierro, condenado por Anfitrión, rey de Tebas, -haciendo vida pastoril, y don Quijote, enamorado y poeta, en Sierra -Morena. En las «salidas» hubo indudablemente muchos «trabajos»; las -aventuras de los molinos de viento, en la venta, lo del yelmo de -Mambrino, la liberación de los presos, el caballero del bosque, los -leones, a los cuales se pueden agregar el descenso a la cueva de -Montesinos, los batanes, los cuadrilleros, el barco encantado y tantos -otros momentos de la vida heroica del caballero de los caballeros.</p> - -<p>Todo esto, desde cierto punto de vista, es comparable con las hazañas -del esposo de Deyanira. Mas, a mi entender, la psicología, digamos así, -de los dos personajes, es absolutamente distinta. Además, Don Quijote es -inseparable de Rocinante. Es el «caballero». Diríase que sin su -caballería está incompleto. Cuando no va en Rocinante hacia el heroísmo, -va en Clavileño hacia el ensueño. Hércules no cabalga. La única vez que -usa<a name="page_119" id="page_119"></a> de corceles es cuando ya consumido su cuerpo por las llamas en la -cumbre del Œta, en soberbia apoteosis, y bajo su olímpico aspecto de -inmortal, asciende, por orden de Júpiter, hasta los astros, en un carro -tirado por una cuadriga:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Quem pater omnipotens inter cava nubila raptum<br /></span> -<span class="i0">Quadrijugo curru radiantibus intulit astris.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Podríase comparar don Quijote, a ese respecto, con Belerofonte, con -Perseo, ambos jinetes de Pegaso y sublimes caballeros andantes. -Cervantes cita poco a Hércules. En la primera parte del <i>Quijote</i>, -cuando habla de las lecturas del héroe, dice:</p> - -<p>«Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había -muerto a Roldán el encantado valiéndose de la industria de Hércules, -cuando ahogó a Anteón, el hijo de la Tierra, entre los brazos.»</p> - -<p>Hércules es el prototipo de la fuerza bruta, aunque, según las palabras -de Muller, «lo heroico-ideal está expresado con la mayor fuerza en -Hércules, quien fué preeminentemente un héroe nacional helénico. Su -semejante bíblico es Sansón. Don Quijote es el Espíritu cabalgante, el -Ideal caballero. Otros hay que pudiéranse nombrar a su respecto: el ya -dicho Perseo, San Jorge, Santiago, Astolfo—y todo Poeta que monta en -Pegaso.</p> - -<p>Don Quijote es casto. Hércules es tan lascivo como Pan. En el canto en -que Deyanira se dirige a su esposo en las <i>Nereidas</i>, de Ovidio, ella -enu<a name="page_120" id="page_120"></a>mera alguna de las eróticas fazañas del formidable <i>marcheur</i>. Le -habla de sus amoríos errantes y variados. «Cualquier mujer, le dice, -puede ser madre por obra tuya.» Le recuerda la violación de Angea y el -«pueblo de mujeres», nietas de Teutra, de las cuales gozó, y la tremenda -Onfalia, que afemina al beluario, y le hace hilar a sus pies como a una -esclava. Don Quijote no encuentra siquiera a Dulcinea y n se deja tentar -por la carne, siempre con el alma de hinojos ante la figura soñada. -Hércules, por fin, es el semidiós medio bandido, y don Quijote, aunque -él asegure, al compararse con don San Jorge y don San Diego y otros -caballeros canonizados, que ellos pelearon a lo divino y él a lo humano, -es un paladín medio santo.</p> - -<p>¿Y Sancho y Sileno? Ya hemos visto cómo Hugo hace la comparación en su -libro sobre Shakespeare. Sancho es también inseparable de su asno. -Recordaré el párrafo del admirable capítulo:</p> - -<p>«Llega como el Sileno de Plauto y él también puede decir: Soy el Dios -montado sobre un asno. La cordura en seguida, la razón muy tarda; es la -historia extrema del espíritu humano. ¿Qué de más cuerdo que todas las -religiones? ¿Qué de menos razonable? Morales verdaderas, dogmas falsos. -La cordura está en Homero y en Job; la razón, tal como debe ser para -vencer los prejuicios, es decir, completa y armada en guerra, no estará -sino en Voltaire.</p> - -<p>El buen sentido no es la cordura y no es la razón.<a name="page_121" id="page_121"></a> Es un poco de lo uno -y un poco de lo otro, con un matiz de egoísmo. Cervantes lo pone a -caballo sobre la ignorancia, y al mismo tiempo, acabando su irrisión -profunda, da por caballería al heroísmo la fatiga. Así muestra, en uno -después del otro, el uno con el otro, los dos perfiles del hombre y las -parodias, sin más piedad para lo sublime que para lo grotesco. El -hipógrifo llega a ser Rocinante. Detrás del personaje ecuestre, -Cervantes crea y pone en marcha el personaje asnal. Entusiasmo entra en -campaña. Ironía sigue al paso. Los altos hechos de Don Quijote, sus -espolazos, su gran lanza enderezada, son juzgados por el asno; perito en -molinos. La invención de Cervantes es magistral, hasta el punto que hay -entre el hombre tipo y el cuadrúpedo complemento, adherencia estatuaria, -el razonador como el aventurero hace un solo cuerpo con la bestia, que -le es propia, y no se puede desmontar ni a Don Quijote ni a Sancho -Panza.»</p> - -<p>El asno de Sancho es silencioso y paciente, el asno de Sileno de Plauto -está dotado del don de la palabra, como el de Balaan, como el que -dialoga en Turmeda, como el que habla largamente al filósofo Kant en el -poema de Víctor Hugo. El asno ha tenido insignes cantores desde Grecia y -Roma, hasta Daniel Heinsius, hasta Hugo, hasta nuestro buen Lugones. -Cierto es que, el dulce animal de las largas orejas, además de conducir -a Sancho y a Sileno, sirvió de caballería triunfal al Señor de Amor en -su entrada a Jerusalén.</p> - -<p><a name="page_122" id="page_122"></a></p> - -<p><a name="page_123" id="page_123"></a></p> - -<h2><a name="UN_RECUERDO_A_CASTELAR" id="UN_RECUERDO_A_CASTELAR"></a> -<a href="images/illus-123_lg.png"> -<img src="images/illus-123_sml.png" width="322" height="145" alt="" /></a><br /> -<br /> -UN RECUERDO A CASTELAR</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-h.png" -width="90" -height="92" -alt="H" /></span><small>ACE</small> poco tiempo, el señor don Adolfo Calzado, publicó un volumen que -contiene muchas cartas de Castelar, dirigidas a él—desde el año de 1868 -hasta el 98—, y otras escritas a Castelar por Víctor Hugo, Renán, -Dumas, Duque de la Victoria, Mazzini, Thiers, Garibaldi y otros famosos -y gloriosos hombres de diferentes naciones.</p> - -<p>El señor Calzado fué el amigo más íntimo de Castelar, y quien, sin -alardes de humillante mecenismo, ayudó pecuniariamente al gran orador, -en ocasiones en que éste necesitaba de su apoyo. Calzado, rico banquero -muy conocido en París, y al propio tiempo persona de superior cultura, -ha escogido, entre las muchas cartas que recibiera, las principales.<a name="page_124" id="page_124"></a></p> - -<p>¿De qué manera—dice en el prólogo—he procedido al ordenar estas -cartas? Desde luego he hecho poco uso de aquellas cortas circulares que -me enviaba Castelar periódicamente, al mismo tiempo que a otros cuatro -amigos, las cuales dictaba a su secretario para que sacase copias de -ellas. Doy preferencia a las íntimas, porque reflejan idénticos -pensamientos con mayor espontaneidad y abandono, bien que ofrezcan el -peligro de hacerme parecer inmodesto, aceptando elogios inmerecidos y -expansiones que el lector, con su buen criterio, achacará indudablemente -a la parcialidad del amigo. Después he eliminado lo agresivo, lo que, -dicho en la intimidad y con el calor y la vehemencia de la lucha, -pudiera ofender a muchos que fueron amigos suyos y son sus primeros -admiradores. Por el deleznable fin de sazonarle a la curiosidad pública -manjares, con la sal y pimienta del escándalo, hubiera faltado a deberes -elementales. Tampoco he querido suavizar aquellas frases de ingenio tan -peculiares en él, verdaderos zarpazos de león, para convertirlos en -vulgares arañazos de gato. Suprimiéndolas sencillamente, si no doy gusto -a los aficionados al escándalo, dejo en pie la idea, el concepto, que -por faltar un adjetivo o un donaire no pierden su razón y su -virtualidad.»</p> - -<p>El compilador, respecto a las necesidades de aquel grande hombre que -cumplió con el deber estético de darse la mejor vida posible, agrega:</p> - -<p>«No me he creído con derecho a suprimir lo re<a name="page_125" id="page_125"></a>lativo a sus apuros -económicos, porque ponen en relieve su laboriosísima existencia, su -trabajo diario de diez horas, y cómo el hombre que ocupó los primeros -puestos en la nación murió tan pobre que cuatro amigos tuvieron que -pagarle el entierro. ¡Y no fué un entierro nacional, si fueron -nacionales el duelo y el quebranto!»</p> - -<p>Al leer la correspondencia de Castelar se ve ante todo la facilidad de -fuente que había en aquel surtidor de ideas y de cláusulas armoniosas. -Castelar en sus cartas, como en sus novelas, como en sus artículos, es -el Castelar de los discursos, es siempre el orador. Hace su frase, busca -la cadencia y el efecto, redondea su hipérbaton. Así era también en su -conversación. Y, a propósito, fué Castelar quien me presentó a su amigo -Calzado, una vez que almorzamos en su casa de la calle de Serrano. Otra -cosa que se advierte en seguida es la vehemencia meridional en todo, y -una facultad de dar en todo, un soplo de lirismo.</p> - -<p>Claro que lo que principalmente preocupa al escritor se ve que es la -política, y de política tratan la mayor parte de las epístolas. Tanto -como la política española dijérase que le interesa la francesa; y se -sienten sus protestas, sus enojos, sus críticas, llenas de fogosidad. No -queda muy bien Gambetta ante sus juicios. Y cuando Castelar se exalta, -no se para en señalar hasta el defecto de ser tuerto.</p> - -<p>También resalta el ingenuo y natural orgullo de quien sabía lo que era y -lo que valía. Esa águi<a name="page_126" id="page_126"></a>la tiene mucho de pavo real. Y la verdad es que -los oros y colores de su estilo brillan lindamente al sol. Hugo tenía -también ese conocimiento de lo desmesurado de su genio, y asimismo -mostraba su soberanía con sencillez, simplemente, como un león. Y hay -que ver el cambio de cumplimientos olímpicos entre el gran francés y el -gran español.</p> - -<p>Y todo eso estaba perfectamente. Castelar no iba a dirigir sus pomposos -elogios a M. Tartampion, ni Víctor Hugo sus inciensos pontificios a Juan -de las Viñas.</p> - -<p>Otra cosa que advertiréis es el trabajo formidable de aquel cerebro -excepcional. Aunque la política le quitase mucho tiempo, él se arreglaba -de modo que, mientras había libros suyos en prensa, iban sus larguísimas -y profusas correspondencias a Buenos Aires, a Montevideo, a Venezuela, -México, a Nueva York, fuera de su colaboración en diarios y revistas -europeas. Ganaba mucho dinero, es verdad; puede decirse que nadie aquí -ha sacado tanto oro de sus tinteros. Pero gastaba mucho; su vida de gran -señor y de hombre de buen gusto le costaba un dineral, y ya habéis visto -cómo Calzado cuenta que cuatro amigos tuvieron que pagar su entierro.</p> - -<p>Hay en esas cartas opiniones sobre hechos y sobre gentes, sobre arte, -vida pública; paisajes rápidos, soñaciones e intenciones de poeta. -Escribe en una parte, desde Étretat:</p> - -<p>«Tengo el valor de predicar a un poeta prusiano, muy amigo de Bismark, -su agente en Roma,<a name="page_127" id="page_127"></a> que Alemania debe reconciliarse con Francia, como se -ha reconciliado con Italia, volviéndole Milán y Venecia. Por -consiguiente, debe volver a Francia, Metz y Estraburgo.»</p> - -<p>Una tablita:</p> - -<p>«Querido Adolfo: Aquí me tienes en la soledad más completa. Frente de -mis balcones se extiende el Mediterráneo, que me envía sus frescas y a -veces tempestuosas brisas; en torno de la casa una multitud de colinas -sombreadas por pinos de Italia, y en cuyas cañadas crecen las higueras, -los naranjales y las palmas.»</p> - -<p>Política europea:</p> - -<p>«Estoy indignado con ese bárbaro zar moscovita. Después de haber echado -los pobres servios al campo, todavía los insulta. Después de haber -convertido el ejército servio en ejército ruso, todavía escupe por el -colmillo. Ayer comí en casa de Layard con tres diputados conservadores -del Parlamento inglés. Me dijeron que Alejandro ladra, pero no muerde.»</p> - -<p>Un buen párrafo para Gambetta, en Noviembre del 76:</p> - -<p>«La campaña de Gambetta me admira más cada día. Es el verdadero talento -político que hay en la democracia francesa. Por él, y sólo por él, -vivirá la República. Si hoy tengo tiempo te incluiré una carta en -español para que se la traduzcas de viva voz al francés, felicitándole y -felicitándome por sus triunfos, que son también triunfos de la -democracia europea.»<a name="page_128" id="page_128"></a></p> - -<p>Y en Agosto del 77, refiriéndose a un discurso pronunciado por Gambetta:</p> - -<p>«Aunque he dicho a América que me había gustado el discurso de Lila, te -digo a ti que no me ha gustado nada. Cada día encuentro a ese mozo más -gárrulo y más vacío. Luego, a su altura, no se comprometen los hombres -públicos en procesos de imprenta como cualquier pelafustán de baja -talla.»</p> - -<p>Después, aún hay cosas peores contra Gambetta. Un sabroso párrafo -culinario:</p> - -<p>«Las últimas chucherías salen de provincias y llegarán antes de dos -días. Haced un almuerzo español. Freid las morcillas, asad las -longanizas, hervid las batatas de Málaga, coced los blancos de Elda, -desgranad las granadas; reunid a todo esto el turrón y luego preguntad -dónde se quedan Chevet y Compañía.»</p> - -<p>Pues Castelar amaba como pocos los placeres de la mesa. Y ya he hablado -en uno de mis libros de ciertas perdices, regalo de la duquesa de -Medinaceli, que me hizo saborear aquel hombre glorioso de alma infantil.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 144px;"> -<a href="images/illus-128_lg.png"> -<img src="images/illus-128_sml.png" width="144" height="79" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_129" id="page_129"></a></p> - -<h2><a name="JEAN_ORTH_Y_EUGENIO_GARZON" id="JEAN_ORTH_Y_EUGENIO_GARZON"></a> -<a href="images/illus-129_lg.png"> -<img src="images/illus-129_sml.png" width="321" height="110" alt="" /></a><br /> -<br /> -JEAN ORTH Y EUGENIO GARZÓN</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-j.png" -width="90" -height="88" -alt="J" /></span><small>EAN</small> Orth es sabido que es el archiduque austriaco, de la imperial -familia atrida, que, enamorado como un antiguo estudiante romántico, se -embarcó un día con la mujer amada en un navío de ignorada suerte. Con -rumbo a la buscada Felicidad, se esfumó en el Misterio. Y Eugenio Garzón -es el Gaucho Dandy del <i>Fígaro</i> de París, que llegado a Lutecia de su -Uruguay nativo, tiró las boleadoras a la Fama, y la llevó de las alas a -la <i>garçonnière</i> de la rue de Courcelles, para lanzarla a todas partes, -dando buenas nuevas propias y curiosas noticias del archiduque Juan de -Habsburgo.</p> - -<p>¿El archiduque naufragó? ¿El archiduque ha sido encontrado en el Río de -la Plata? ¿El archiduque está en el Japón? Después de leer el buen<a name="page_130" id="page_130"></a> -libro de Garzón sobre Jean Orth, no tenemos la certeza de nada de eso. -Quizás esto vale más, pues archiduque encontrado, leyenda acabada; y es -siempre mejor que Barbarroja esté en su ignorada gruta, haciendo -compañía probablemente a Enoch y a Elías. Y luego, yo creo que Garzón es -tan artista que ha dejado escaparse al príncipe hacia su sueño de -soledad—, quedándose con el pretexto, es natural, de escribir un bello -volumen.</p> - -<p>Este tuvo el consiguiente éxito cuando apareció en castellano. A pesar -de estar escrito en nuestra lengua, tan poco leída en Europa, se habló -bastante de él en Italia, en Alemania y en Austria. La versión francesa -lo hará conocer mayormente. La crítica española le ha sido favorable, y -sus colegas y amigos de América han tenido para el autor gentiles -opiniones. Manuel Bueno proclama su «mérito indiscutible»; Emilio Mitre -reconoce el interés y la agradable literatura del libro; Eduardo Wilde -encuentra «páginas encantadoras»; Daniel Muñoz aplaude esta obra -«variada en su unidad»; García Ladevese asegura que «son los libros -escritos como <i>Jean Orth</i> los que consuelan de la impotente literatura -de decadencia»; y Gómez Carrillo cuenta que se ha «olvidado de almorzar» -por leer <i>Jean Orth</i>. Esto que parece más bien un <i>prière d’insérer</i>, no -es sino un ramillete de justicias. Al cual yo agrego, gustoso, mis -cumplimientos.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p><a name="page_131" id="page_131"></a></p> - -<p>Hace algún tiempo, visitando la admirable mansión de Miramar que posee -en la isla de Mallorca el archiduque Luis Salvador, vi en una capilla -construída no lejos de la legendaria gruta de Raimundo Lulio, una -estatua de mármol, simulacro de nuestra católica Virgen. En el zócalo -una inscripción recuerda las dos visitas que a Miramar hiciera la -emperatriz que tan bellas páginas inspiró a Maurice Barrès, y que el -doctor Christomanos biografiara fervorosamente. Y en tal inscripción se -ponía bajo el amparo y la protección de la Maris Stella, a la -porfirogénita viajera que en Corfú descansa en su Achilleion, frente al -monumento que consagrara a su admirado Heine, de sus errantes fatigas. -La Estrella del Mar no pudo desviar, por ley de la superioridad divina, -el arma del anarquista que, a las orillas del lago de Ginebra, hirió a -la soberana y solitaria señora. Y al leer la inscripción votiva no pude -menos que recordar a Jean Orth que, como el holandés errante, se perdió -en lo incógnito del mar sobre su barco fantasma. Tiene Garzón una -hermosa página en que los datos fatídicos se amontonan como puñales en -el proceso histórico de esa familia predestinada. Quizá poseído del -terror de su sangre, el príncipe perdido abandonó la existencia palatina -de Viena y en compañía de la hembra elegida, vestido de su pseudónimo, -se fué en busca de paz, de acción, de horas tranquilas y amorosas.</p> - -<p>Su caso queda entre los enigmas de la historia.<a name="page_132" id="page_132"></a> Su vida es una novela -que justamente ha tentado la pluma de un escritor de fantasía y -entusiasmo, que ha hecho juntarse en el camino de la leyenda el Río de -la Plata y el bello Danubio azul. El hallazgo del príncipe hubiera sido -una victoria periodística destructora de ilusiones; el triunfo literario -en que me ocupo deja felizmente el campo libre a la suposición y a la -imaginación.</p> - -<p>El temperamento caballeresco de Garzón se aviene a maravilla con la -aventura romántica del archiduque navegante, y su habilidad de escritor -sale ufana del intento de demostrarnos la posibilidad de que actualmente -existe en alguna parte el que casi todo el mundo ha creído muerto en el -mar.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Contraste curioso ofrece el autor, entre estas páginas laboradas con una -firme preocupación y elegancia de estilo, y su diaria tarea de <i>Le -Fígaro</i>, en donde con períodos erizados de guarismos y de manera -concentrada y expositiva, hace la propaganda de las riquezas y de los -progresos de la América nuestra, sobre todo de la maravillosa República -Argentina. Gracias a esto, le perdonarán sus amigos de estancia y -automóvil sus apasionados devaneos con las bellas letras que no son de -cambio. El <i>Fígaro</i> parisiense ha ganado mucho, es indudable, en nuestro -continente y en nuestro mundo hispanoparlante, con el trabajo asiduo de -su redactor platense. Y nuestras repúblicas,<a name="page_133" id="page_133"></a> a su vez, han logrado por -fin tener en Europa un expositor útil y fidedigno y serio, de su -civilización y de sus elementos de riqueza y de cultura. Tanto más, que -a la propaganda simplemente comercial e industrial de la hoja cotidiana, -se agregará pronto la social y artística en <i>Le Figaro Illustré</i>.</p> - -<p>Amigo de las elegancias y de las distinciones, alejado de los -murmuradores charlatanes y de los folicularios de países latinos que -abundan en las colonias de París, puede Garzón entretener sus vagares de -mundano, escribiendo con pluma fina libros como su <i>Jean Orth</i> y como -<i>La entraña del bulevar</i>, que aparecerá en breve.</p> - -<p>En el tiempo relativamente corto en que ha logrado ser el primer -hispanoamericano que ha entrado a formar parte de la redacción activa de -un gran diario, ha llegado a conocer la vida parisiense como muy pocos -extranjeros la conocen. Conversar con él es un placer. Y así, entre -anécdota y frase oportuna, os narrará cosas del mundo internacional de -la Metrópoli, como traerá a cuento sus días de juventud y de lucha, en -su amada tierra original. Trofeo forman, en su gabinete de trabajo, los -ponchos costosos de los gauchos, las espuelas, la guitarra del payador, -las boleadoras que han detenido carreras de avestruces y de potros en -las vastas pampas. Y bajo esos trofeos suelen verse lindas sonrisas -francesas, monóculos literarios; o tal o cual barba blanca de -personaje.<a name="page_134" id="page_134"></a></p> - -<p>Aunque ya ha nevado sobre él, guarda con bizarra actitud sus bríos de -antaño, que recuerdan sus antiguos compañeros de periodismo en el Plata, -hoy casi todos diplomáticos y hombres de estado. Y es soltero. Garzón -para la <i>garçonnière</i>.</p> - -<p>Este escritor y este periodista, ambos en el mejor sentido de la -palabra, es, como lo he dicho en otra ocasión y en este nuestro querido -<i>Fígaro</i> habanero, un romántico modernizado. A pesar del continuo -contacto con esta inquietante ultracivilización, conserva viejas -virtudes castizas, que Dios le guarde siempre. Cree en la nobleza, en el -carácter, en la amistad, en el honor, en la cortesía. Y aunque ya todo -eso casi no está de moda, él lo sabe lucir de manera envidiable. Y es -que este dandy, que hubiera sido amigo de Barbey d’Aurevilly, tiene -también el dandismo «por dentro».</p> - -<div class="figcenter" style="width: 122px;"> -<a href="images/illus-134_lg.png"> -<img src="images/illus-134_sml.png" width="122" height="121" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_135" id="page_135"></a></p> - -<h2><a name="CATULLE_MENDES" id="CATULLE_MENDES"></a> -<a href="images/illus-135_lg.png"> -<img src="images/illus-135_sml.png" width="322" height="114" alt="" /></a><br /> -<br /> -CATULLE MENDÈS</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-c.png" -width="90" -height="93" -alt="C" /></span><small>UANDO</small> comencé a dar a mis ansias artísticas, hace ya cerca de -veinticinco años, los nuevos rumbos que habían de traerme en América y -en España tantos amigos y enemigos—«todo buena cosecha»,—uno de mis -maestros, uno de mis guías intelectuales, después del gran Hugo—el -pobre Verlaine vino después—fué el poeta que de modo tan horrible ha -muerto, tras de vivir tan hermosamente: Catulle Mendès. Su influencia -principal fué en la prosa de algunos cuentos de <i>Azul</i>; y en otros -muchos artículos no coleccionados y que aparecieron en diarios y -revistas de Centro América y de Chile, puede notarse la tendencia a la -manera mendeciana, del Mendès cuentista de cuentos encantadores e -innumerables, galante, finamente libertino, preciosa<a name="page_136" id="page_136"></a>mente erótico. Mi -admiración se exteriorizó en un soneto:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Puede ajustarse al pecho coraza férrea y dura;<br /></span> -<span class="i0">Puede regir la lanza, la rienda del corcel;<br /></span> -<span class="i0">Sus músculos de atleta soportan la armadura...<br /></span> -<span class="i0">Pero él busca en las bocas rosadas leche y miel.<br /></span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i2">Artista, hijo de Capua, que adora la hermosura,<br /></span> -<span class="i0">La carne femenina prefiere su pincel;<br /></span> -<span class="i0">Y en el recinto oculto de tibia alcoba obscura<br /></span> -<span class="i0">Agrega mirto y rosas a su triunfal laurel.<br /></span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i2">Canta de los oarystis el delicioso instante,<br /></span> -<span class="i0">Los besos y el delirio de la mujer amante,<br /></span> -<span class="i0">Y en sus palabras tiene perfume, alma, color.<br /></span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i2">Su ave es la venusina, la tímida paloma.<br /></span> -<span class="i0">Vencido hubiera en Grecia, vencido hubiera en Roma<br /></span> -<span class="i0">En todos los combates del arte o del amor.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Mi admiración fué siempre la misma, aun después de la nueva moda de -revisar valores. Siempre le tuve por un admirable artífice de la palabra -y por un espíritu alta y elegantemente romántico. Fué uno de los pajes -predilectos del emperador de la Leyenda de los Siglos. Cuando la muerte -de Gautier, cuya hija Judith fué la primera esposa de Mendès, Víctor -Hugo escribió a éste:</p> - -<p>«Hautevill-Housse, 23 Octobre 1872. 5 heures du soir.—C’était prévu et -c’est affreux. Ce grand poète, ce grand artiste, cet admirable cœur, -le voilà donc parti! Des hommes de 1830 il ne reste plus que moi. C’est -maintenant mon tour. Cher poète, je vous serre dans mes bras. Mettez -aux<a name="page_137" id="page_137"></a> pieds de Mme. Judith Mendès mes tendres et douloureux respects.»</p> - -<p>Alma muy 1830, queda hasta su último día la de Mendès. Yo no le traté -personalmente, y vale más. Le ví muchas veces en París, y sobre todo en -su café preferido, el Napolitain, donde, alrededor de una mesa, a la -izquierda de la entrada, se reunen todas las tardes a conversar y tomar -aperitivos unos cuantos hombres de letras y periodistas. Allí reinaba -Mendès, teniendo a su lado a un gran amigo suyo, Courteline. Vi algunas -ocasiones a Moreas, entre otros comediógrafos, poetas y cronistas. Una -tarde vi también que llegó a buscar a su marido Madame Jane Catulle -Mendès, bella, elegante, muy «parisiense.» Su marido, apartando un poco -el guante, descubrió el rosado puño de su mujer y le dió gentilmente un -beso. Ella, poco tiempo después, recuerdo que publicó un lindo tomo de -poesías, en que en plausibles estrofas se manifestaba muy enamorada de -él. Los versos eran exquisitos. No pasó mucho sin que ocurriese la -separación de los cónyuges. Esto, en París, es muy sencillo.</p> - -<p>Era ese poeta amable, de noble continente y gestos de hombre «nacido». Y -era israelita. Nació dotado de gran belleza. Se cuenta que cuando llegó -a París, muy joven, una noche, al presentarse en un palco, acompañado de -su madre, llamó la atención su rostro de príncipe de cuento.</p> - -<p>Fué un bizarro conquistador de amores. Hizo poética su vida. Hasta sus -últimos años tenía,<a name="page_138" id="page_138"></a> en un cuerpo ya cargado de edad, el alma fresca. Su -muerte ¿un suicidio? Imposible. Anacreonte muere de otra cosa. Si la -existencia no tuviese esos golpes violentos, debidos a una misteriosa -lógica absurda, Mendès debió morir académico. Aunque más peligrosa a la -blancura de los azahares, si su obra, allá en los primeros pasos, le -llevó a la cárcel, como a Richepin, no tiene la brutalidad del Turiano. -Y de seguro Mendès no hubiera escrito <i>Père et mère</i>... En cambio, Zo, -Lo y Jo, sus antiguas figuritas predilectas, antecesoras de todas las -Claudinas, hubieran concurrido a oir el discurso de recepción bajo la -Cúpula.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Era el poeta. Su crítica, sus cuentos, sus dramas, sus novelas, eran de -poeta. A todo le daba valor armonioso. Puede decirse que no tenía -creencias religiosas o que las tenía todas bajo el imperio de la poesía. -Ese judío escribió páginas inefables, no sin el inseparable perfume -venusino, en el <i>Evangelio de la Santísima Virgen</i> y en <i>Santa Teresa</i>. -Todas las teogonías tenían para él, como para todos los poetas, los -prestigios del misterio, del símbolo, del mito. Su inspiración vuela por -todas las latitudes. Ya comprende e interpreta, desde sus primeros -poemas, el encanto nórdico, explorando las brumas y las nieves del país -en donde suavemente y fantásticamente brilla el sol de media noche, y -hace dialogar a Snorr<a name="page_139" id="page_139"></a> y Snorra; ya su pasión wagneriana, tan sólo -superada en él por su pasión hugueana, le hace escribir una exégesis -poemática de la obra del Thor musical, y novelas como aquella en que -narra a su manera la legendaria vida del Rey Virgen; ya con su -<i>Hesperus</i> flota en el mundo de Swedenborg, o con <i>Panteleia</i> crea una -música astral y deliciosa. Como su dios Hugo, él tenía toda la lira, -aunque más pequeña, y también sabía agregar la cuerda de bronce.</p> - -<p>Tenía un admirable don de asimilación, y, voluntariamente, o por -sugestiones sucesivas, dejó en su obra numerosa algo que hubiera firmado -Hugo, algo que se confundiría con lo de Gautier, con lo de Leconte de -L’Isle, con lo de Banville, con lo de Heredia. Es cierto que él -perteneció, y se glorió siempre de ello, a la familia parnasiana, que se -desarrolló bajo el ramaje del patriarcal Roble romántico.</p> - -<p>El fué bondadoso con los poetas que vinieron después de su generación. -No careció de enemigos, ésto conforme con su mérito. Mas da a quien lo -merece el justo elogio con sus crónicas, y en su voluminoso trabajo -sobre la poesía francesa en el siglo <span class="smcap">XIX</span>, que escribió por encargo -oficial.</p> - -<p>Lo que nunca pudo ver con buenos ojos ni oir con benévolas orejas fué el -verso libre. Que no le hablasen del verso libre. Y eso, siendo como era -un gran conocedor de secretos musicales, un wagnerista, y habiendo -escrito en prosa rítmica y rimada los más encantadores «lieds de -France».<a name="page_140" id="page_140"></a> Es una joya ese librito, en el que a los lieds de Mendès viene -unida la música de ya no recuerdo cuál joven autor parisiense.</p> - -<p>De todas las artes es la música la que más se compadece con la -mentalidad israelita, y este poeta tenía la facultad musical en el -verbo, que en el pentágrama tuvieron y tienen muchos artistas de su -raza.</p> - -<p>Yo admiro el buen tino del padre de Mendès que supo comprender desde la -niñez de su hijo la verdadera vocación. ¿Qué digo tino? Debo decir don -de profecía, pues si le impulsó a las letras en lo fragante y primaveral -de su ensoñadora juventud, vió desde la cuna el laurel verde y así le -llamó con nombre de poeta. El padre de Chapelain fué menos avisado, y su -cosecha fué, como dicen los franceses, <i>plutôt maigre</i>.</p> - -<p>Era el poeta. Un poeta pagano, alerta siempre, que sabía amar con -elegancia y lirismo las mujeres y el vino; por lo cual debe haberle -encantado el consejo luterano que leyera inscrito en letras góticas en -las cervecerías alemanas, cuando, en sus días de estudiante, cantara en -Heidelberg el <i>Gaudiamus igitur</i> después de los <i>salamander</i>, en los -coros de escolares teutónicos. ¡Gentil epicúreo! Casi septuagenario, se -regalaba con primicias ofrecidas por la Fama y por la Voluptuosidad. Su -primera esposa era una musa; se separa de ella y se consuela con otra -musa adoradora de Wagner como él; en seguida, su esposa es musa también; -se separa de ella y se<a name="page_141" id="page_141"></a> consuela con la amistad de una bella cortesana -de letras.</p> - -<p>Es muy de París, como hubiera sido muy de Atenas. Con sus corbatas de -seda blanca y fina bajo su cuello doblado, con su <i>en bon point</i>, con -sus cabellos entre plata y oro, su cara de Cristo satisfecho, con su -indumentaria, si no de dandy nunca descuidada, me parecía más joven que -todos los que a su rededor se congregaban, más joven que el mismo -Moreas, tan lleno de juventud, y desde luego más joven que otros amigos -jóvenes, pero de espíritu y corazón matusalénicos.</p> - -<p>Luego se batía por cosas de arte y de poesía, defendía a sus maestros y -daba la sangre por sus ideas estéticas. Un escritor y conferenciante, ya -difunto, le agujereó el vientre en una de esas bizarras cyranadas.</p> - -<p>Sabía latín bien; debe haber sabido griego, pues hizo muy buenas -humanidades; el alemán debe haberle sido familiar, puesto que cursó en -Alemania estudios universitarios. En cuanto a su español, si nos -atenemos a las citas que alguna vez hiciera, y a los nombres -estrafalarios de ciertos personajes de su <i>Santa Teresa</i>, debe haberlo -conocido y hablado como un cisne francés...—No debe haber existido la -tradición sefardita en su familia paterna—desde luego su madre era -cristiana, según tengo entendido. Si no, ya hubiese parlado un sabroso -castellano viejo, como el que habla el doctor Nordau; y si no, -portugués.</p> - -<p>Como crítico, siempre manifestaba para toda<a name="page_142" id="page_142"></a> obra extranjera el <i>parti -pris</i>, el modo de ver francés. Sus funciones de crítico teatral en el -<i>Journal</i> parisiense fueron arduas. El hijo del judío rico, en sus -últimos años, que debían haber sido de rentas y reposo relativo, tenía -que trabajar como un negro para llenar sus necesidades de gentleman y de -mundano. Porque era poeta con renombre de bohemio, el amigo de Glatigny -y su resurrector, y el cliente del Napolitaine lo era también de Ritz y -comía—como comió la noche de su muerte—en casa del banquero -Openheimer.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Sobre el movimiento literario contemporáneo francés tuvo ciertas -expansiones, hace algún tiempo, con un escritor que fué a conversar con -él a ese respecto. Creo que Mendès vivía en ese tiempo en la calle -Boccador, frente a la Legación de Nicaragua. El visitante pinta su -gabinete de trabajo, lleno de libros, y en el que resalta, dignamente -enmarcado, un autógrafo de Hugo, «La siesta» de <i>El arte de ser abuelo</i>. -Y habla del poeta, que se presenta sonriente y casi joven:</p> - -<p>«M. Mendès ha visto morir el romanticismo, desenvolverse los destinos -del Parnaso, nacer y morir el simbolismo; pero los años no le pasan, -sobrevive a todos los naufragios alerta y alegre.»</p> - -<p>Y Mendès da su opinión sobre la literatura francesa contemporánea. Para -él no hay nada<a name="page_143" id="page_143"></a> nuevo. Por otra parte, que se lea su «Rapport sur la -Poesie». Con justicia se sulfura contra las escuelas. ¿Acaso había antes -escuelas?, dice. «Hugo siempre negó haber fundado una escuela; en todos -sus prefacios se acordó de protestar. El Parnaso no es tampoco una -escuela. Era una agrupación de amigos que se estimaban y que trabajaban -juntos; pero nuestras tendencias eran tan poco comunes, que nada se -parece menos a la obra de Heredia que la de Coppée, a la de -Sully-Prudhomme que la mía...»</p> - -<p>Y luego:</p> - -<p>«Cada poeta hace su obra como puede, como lo entiende, lo menos mal -posible. Eso es todo. La escuela simbolista, la escuela romana, la -escuela naturista, grupos sistemáticos y artificiales, ¡qué tontería! -¡Vedlos! Pasan su vida redactando proclamas y olvidan hacer obras.—No -hay nada nuevo después de los prefacios de <i>Cronwell</i> y de <i>Hernani</i>. -Todavía viven de eso todos; los comentan, los discuten, los niegan; pero -es alrededor de ellos que se baten.»</p> - -<p>Y el poeta se expresa poco amable con las técnicas nuevas. Los poetas -jóvenes creen encontrar a cada paso un nuevo camino; pero siempre -siguiendo las huellas de sus antecesores.</p> - -<p>«Hacen ahora tragedias clásicas. ¿Y por qué? Porque yo he hecho <i>Medea</i>. -Así se grita: ¡renacimiento clásico! Pero si yo tenía derecho de hacer -<i>Medea</i> sin ver en ese asunto más que un motivo interesante de teatro. -Entonces, porque he escrito<a name="page_144" id="page_144"></a> <i>El hijo de la Estrella</i> se deberá clamar: -¡renacimiento bíblico! No. Cada poeta es libre de ir a extraer su -inspiración de donde bien le parezca, sin que se pueda interpretar ese -esfuerzo particular como una tendencia general. Corneille ha hecho -tragedias griegas y tragedias españolas. Todos los asuntos son buenos; -sólo el talento del poeta les da valor.»</p> - -<p>Y cuenta que un día un amigo de Alejandro Dumas lo invitó a comer, -ofreciendo darle «un excelente asunto para una pieza». Dumas fué a la -comida, y preguntó a su amigo, que quizá sería el mismo Mendès:—¿Y ese -asunto?—Es éste: un joven y una joven quieren casarse; pero el padre no -quiere. En efecto, afirma el poeta, con eso hacéis <i>El Cid</i>, sólo que -depende del modo que esté tratado el asunto.</p> - -<p>Tenía sus admiraciones especiales: Rostand, Madame de Noailles. Con todo -y no creer en los nuevos poetas, siempre estaba pronto a dar buenos -consejos y a alentar a los que a él se acercaban. M. Saint-George de -Bouhelier le debe mucho de su renombre.</p> - -<p>Y con buenos lustros encima, era un formidable laborioso, pues teniendo -a su cargo la crítica teatral de un diario parisiense, y casi la -dirección literaria del mismo, tenía tiempo para hacer vida social y -escribir dramas, comedias, cuentos, novelas, todo lo imaginable. Su -pegaso estaba enyugado, como el de la poesía de Schiller y el del dibujo -de Retzsche. Pero, de pronto, quedaba<a name="page_145" id="page_145"></a> libre, y de un solo lírico -impulso se elevaba al azul.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Con motivo de su muerte se han repetido los ataques que la murmuración, -con razón o sin ella, propagaban en su contra. Hemos quedado en que -nadie es perfecto en la tierra. Los defectos que se le achacan, los -pecados que se le critican, los tienen en el mundo infinitos fulanos, -sólo que en él si existieron, como parece muy probable, resaltan más al -brillo de su talento, al resplandor de su obra, que si no durará ha -tenido su triunfo de belleza. Pero a veces la crítica aparta el -prestigio de los dones singulares y se empeña en medirlo todo con igual -rasero. Poco científico y poco justo. Cartouche no es Benvenuto Cellini, -y Soleilland no es César Borgia.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 191px;"> -<a href="images/illus-145_lg.png"> -<img src="images/illus-145_sml.png" width="191" height="119" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_146" id="page_146"></a></p> - -<p><a name="page_147" id="page_147"></a></p> - -<h2><a name="ANTONIO_DE_ZAYAS" id="ANTONIO_DE_ZAYAS"></a> -<a href="images/illus-147_lg.png"> -<img src="images/illus-147_sml.png" width="325" height="111" alt="" /></a><br /> -<br /> -ANTONIO DE ZAYAS</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-h.png" -width="90" -height="92" -alt="H" /></span><small>E</small> aquí el poeta más español de todos los que escriben versos en España. -De él decía hace algún tiempo: «Poeta diplomático. Es un señor. Continúa -la tradición propia; es de la familia de los viejos poetas hidalgos; -prendados de noblezas, de prestigios, de heroísmo, de ceremonia. Con -todo, su vocabulario, su elegancia decorativa, los saltos libres de su -pegaso, le ponen entre los innovadores. A veces, con pensamientos nuevos -hace versos antiguos, y con pensamientos antiguos hace versos nuevos. El -verso libre en España no ha llegado a la licencia de ciertos -versolibristas franceses, con todo y haber escrito Manuel Machado versos -libérrimos. Los de Antonio de Zayas son voluntariamente sujetos a un -ritmo general que no desentona ni se rompe<a name="page_148" id="page_148"></a> nunca. En <i>Paisajes</i>, los -hay magistrales. Hay una oración por el alma de Felipe II, que en -cualquier literatura honraría a un poeta; pero que en este caso -concentra el alma española, la cristaliza en un diamante verbal -sorprendente. Sus sonetos se resienten de heredianos algunos: los -escritos en alejandrinos. Los otros siguen la influencia gallarda que -nos viene de los grandes sonetistas del siglo de oro: Quevedo y el -admirable Góngora.»</p> - -<p>A esas afirmaciones, me complazco ahora en agregar otras.</p> - -<p>Ese aristócrata—Antonio de Zayas pertenece a la nobleza—, ese hombre -de protocolo y ese hombre de mundo, tiene un respeto y una pasión -profunda por la dignidad del pensamiento y por la pureza del Arte. Sabe -que el ciego Homero tuvo templos como los semidioses y que la lira es un -instrumento sagrado aun en la época de los gramófonos y de las pianolas. -Con su dignidad gentilicia trata a las musas, y ellas le corresponden -con dones preciados y envidiables sonrisas. Tributario de la Diplomacia, -peregrino de la Carrera, ha vivido en países extranjeros, en climas -ásperos para el hijo de una tierra armoniosa y solar, y su noble pasión -por las bellas letras le ha consolado, con la juventud y el amor, en sus -horas frígidas y brumosas, pues, como Ovidio, ha podido escribir:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Solus ad egressus missus septempticis Istri<br /></span> -<span class="i0">Parrhasiae gelido Virginis axe premor.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p><a name="page_149" id="page_149"></a></p> - -<p>De esas oficiales peregrinaciones ha habido felices consecuencias -poéticas. Los paisajes distintos, las costumbres exóticas, las -evocaciones históricas y los espectáculos pintorescos han inspirado a -nuestro artista de la palabra preciosas preseas, entre las cuales -rítmicos «joyeles bizantinos». Él estuvo en ese Oriente europeo que ha -cambiado de pronto al influjo del tiempo nuevo; alcanzó a ver la vida de -la Turquía misteriosa y un poco miliunanochesca que han europeizado esos -niños y ancianos terribles que se llaman los Jóvenes Turcos. Su saber y -su gusto de poeta le hicieron aprovechar del lado bello y peregrino de -las cosas. Y en armoniosas y bien sonantes estrofas nos regaló con sus -impresiones y sensaciones orientales.</p> - -<p>Él lleva consigo su luz y su sol nativos. Así os explicaréis cómo, según -nos ha narrado en cierta hermosa página, sus <i>Paisajes</i>, esos versos que -se dirían impregnados de llama andaluza y de calor castellano, fueron -acordados «en las inmediaciones del Círculo Polar Ártico, durante el -rigor del invierno, cuando, rodeado de nieve por todas partes y perdida -la mirada en los turbios cristales del Melar, contemplaba en lontananza -como único límite del horizonte, inmóviles ejércitos de abetos, solemnes -como obeliscos funerarios.»</p> - -<p>De tal modo su espíritu hizo brotar ardientes rosas bajo toldos de -brumas en instantes cimerianos. Sus <i>Retratos antiguos</i>, sus <i>Noches -blancas</i>, su <i>Leyenda</i>, son la prueba del constante ingenio<a name="page_150" id="page_150"></a> y la -maestría elegante de un artífice que, consciente y vigoroso, ha adornado -su juventud con frescos y bien ganados laureles. Su reciente traducción -de la obra poética de Heredia ha aumentado sus prestigios.</p> - -<p>Se le ha querido absurdamente afiliar a esta o aquella tendencia -literaria; quiénes le hacen seguidor de los clásicos, quiénes le -declaran parnasiano, quiénes le bautizan con el absurdo epíteto de -modernista. Los primeros se fijan en algunas de sus poesías construídas -según los cánones de la poética ortodoxa castellana; los otros en la -voluntaria ausencia de todo subjetivismo emocional, en la impasibilidad -escultural de tales sonetos; los otros en sus novedades de expresión, en -su virtuosismo rítmico. Él es simplemente un poeta, un artista del -verbo; sincero, de conciencia, y como tal capaz de contradicciones en el -proceso de su evolución mental, y en lo que no ataña a las ideas -primordiales. Es un admirable evocador de figuras y escenarios del -pasado. Hay en él como la herencia de una visión ancestral. Su énfasis -es atávico, así como su buen gusto y sus aptitudes de aristócrata. Y no -es un refinado hasta el límite decadente como el francés -Montesquiou-Fesenzac, sino el descendiente de los viejos poetas -españoles que a un tiempo amaban la lira y las máscaras, el arcabuz y la -espada de Toledo.</p> - -<p>Viajero y políglota, ha procurado siempre alejarse de toda heterodoxia -de lenguaje, de ser en todo y por todo de su tierra. Y su misma -simpa<a name="page_151" id="page_151"></a>tía por Heredia, tiene de seguro por razón el abolengo intelectual -y familiar del sonetista franco-cubano, que tuvo ascendientes -conquistadores como el bizarro don Pedro, fundador de Cartagena de -Indias.</p> - -<p>No soy yo amigo de las traducciones en verso. Un poeta es intraducible. -Si el traductor es otro poeta, hará obra propia. El canto del poeta -extranjero no será comprendido sino por los que entienden su música -original. Con todo, alabo la traducción que Antonio de Zayas ha hecho de -la obra herediana, porque ha dado a España la poesía de un poeta que -tenía mucho en su espíritu de español; porque ha realizado su labor con -nobleza y mucho conocimiento, y porque parece en ocasiones que, al ser -refundida y troquelada con la alianza del metal castellano, vibrase más -sonora la medalla francesa.</p> - -<p>Lleno de distinción, verboso—¡como que posee, signo de raza, el don -oratorio!—amable y rebosante de hidalguía, joven, unido a una gentil -dama de gran cultura que le ha acompañado en sus viajes y que es encanto -de su casa; con títulos de nobleza y ejecutorias de talento; feliz, en -lo relativo de este mundo; así vive su lozano vivir este mi buen amigo -que acabará sus días, <i>Deo volente</i>, embajador y académico entre los -hombres, y portalira glorioso premiado por los dioses.</p> - -<p><a name="page_152" id="page_152"></a></p> - -<p><a name="page_153" id="page_153"></a></p> - -<h2><a name="EL_CONDE_DE_LAS_NAVAS" id="EL_CONDE_DE_LAS_NAVAS"></a> -<a href="images/illus-153_lg.png"> -<img src="images/illus-153_sml.png" width="319" height="111" alt="" /></a><br /> -<br /> -EL CONDE DE LAS NAVAS</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-b.png" -width="90" -height="89" -alt="B" /></span><small>IBLIOTECARIO</small> Mayor de S. M. el rey don Alfonso XIII, es el -Excelentísimo Señor don Juan Gualberto López Valdemoro y de Quesada, -Conde de las Navas. Como otros caballeros de sangre azul, se dedicó a -los deportes el conde de las Navas, sin desdeñar los ejercicios de la -fuerza y elegancia, pues hasta está en la lista de los nobles que han -toreado; se consagró principalmente a la bibliografía, a la erudición, a -la literatura. A mí me parece extraño que, aunque relativamente joven, -no tenga ya su sillón en la Real Academia de la Lengua. Ha producido ya -buen número de libros que le hacen acreedor a tal merecimiento. Conoce -su idioma como muy pocos, es un escritor castizo y de tradición. Y por -su nombre, su papel social, su cul<a name="page_154" id="page_154"></a>tura y sus vinculaciones, debía estar -ya entre los eminentes fabricantes del Diccionario.</p> - -<p>Yo le conozco desde hace ya algunos años. Solía encontrarle en la -célebre tertulia de D. Juan Valera y en casa de la condesa de Pardo -Bazán. Su conversación es tan amena como sus escritos. Su cultura es -sólida y su carácter no está agriado de pesimismos, a pesar de haberle -coartado su actividad física una penosa dolencia que ha hecho aún más -sedentaria su vida de religioso de los libros. Adora a su España, es -andaluz y se encanta con la región asturiana, que le ha hecho producir -páginas hermosas. «¡Ah! exclama, si yo no hubiese nacido bajo los verdes -nopales de Gibralfaro, rezado la primera vez ante el altar de la Virgen -de Araceli, y estudiado Derecho romano a la sombra de la torre de los -Siete Suelos; si no debiera, en parte, mis pocas felices -inspiraciones—si tuve alguna—al elixir del <i>Tío Pepe</i>, y si la Reina -del Guadalquivir, con su Giralda, que, destacándose sobre el cielo, -parece signo de admiración por tanta y tanta grandeza, no me hubiese -prohijado más tarde, renegaría de mi tierra para hacerme asturiano y -beber en el borde de la herrada el agua cristalina y fría en donde pesca -la <i>lóndriga</i> la riquísima trucha, y para dormir la siesta a la sombra -«proyectada por el ancho alero del hórreo», siquiera me despertase -alguna vez la <i>fuina</i> persiguiendo a los pichones en el palomar -cercano».</p> - -<p>Mas es un purísimo hijo de Andalucía, y en su<a name="page_155" id="page_155"></a> obra encontraréis -alternados, como pasa en la existencia de esa tierra solar, la alegría y -la tristeza andaluzas, ambas intensas y cordiales.</p> - -<p>Yo no conozco todas las ya numerosas obras del conde de las Navas, pero -algunas que he leído me han procurado momentos de amable solaz, me han -conmovido o me han enseñado muchas cosas interesantes, raras, curiosas o -divertidas. No ha llegado a mis manos <i>La docena del fraile</i>, que se -publicó con un prólogo de Carlos Frontaura, jovial escritor cuyo nombre -hoy dice poco y es por muchos ignorado, pero que tuvo en su época fama -de ingenio fino y despierto. <i>¡Un infeliz!</i> es una novela que se diría -romántica si no fuese el estudio observado de la realidad, el trasunto -de una vida, expuesta con procedimientos que poco se relacionan con lo -moderno y menos con lo que hoy se llama modernista, con sutileza -psicológica que nada tiene de bourgetiana, y con una gran penetración de -sentimiento en lo que puede haber de más humano y al mismo tiempo de más -español.</p> - -<p>De más está decir que todavía, cuando publicó López Valdemoro ese libro, -no había aparecido aún por estas tierras peninsulares la influencia del -más loco y terrible de los filósofos anticristianos, y que, con todo y -su cultura universal y variada, es y permanece fiel al espíritu -tradicional de su patria y conserva su pensar absolutamente ortodoxo, a -pesar de que se siente el estremecimiento de su alma ante el eterno -misterio de la<a name="page_156" id="page_156"></a> vida y de la muerte. <i>¡Un infeliz!</i> el protagonista, es -el que, en medio de los humanos lobos, cree en el bien, en la dignidad, -en el honor, y, sobre todo, es capaz de amar de veras hasta el -sacrificio, hasta el heroísmo, hasta la soñada eternidad. El tipo no es -común, pero existe, y, sobre todo, ha existido, principalmente entre -estos hidalgos españoles.</p> - -<p>En una edición de doscientos cincuenta ejemplares, en papel de hilo, hoy -agotada, publicó la primera serie, que no conozco, de sus interesantes -<i>Cosas de España</i>, la cual primera serie fué escrita en colaboración con -D. Manuel R. Zarco del Valle. Trátase en ese volumen, que se imprimió en -Sevilla, de varios asuntos: Máscara de los artífices de la platería de -México (1621); Entrevista de Carlos I y Francisco I (1538); La fuerza en -España; La destreza en España; Don Josef Daza y su arte del Toreo; Los -bufones en España y <i>El tropezón de la risa</i>. No han llegado a mi -conocimiento tampoco su <i>Chavala</i>, historia disfrazada de novela; ni <i>La -media docena</i>, cuentos y fábulas para niños, obra declarada de texto, ni -algunas otras de sus producciones. En la segunda serie de <i>Cosas de -España</i>, que poseo, hay monografías llenas de erudición sabrosa y -entretenida.</p> - -<p>La que trata del Tabaco, aunque no muy extensa, está escrita con -verdadero <i>amore</i> y será leída con agrado especial por los fumadores. -(En América hemos tenido, entre otros, dos grandes<a name="page_157" id="page_157"></a> fumadores delante -del Eterno, ambos generales: en la del Norte, el general Grant, y en la -del Sur, el general Mitre). Hay muchos datos peregrinos y citas -bibliográficas sobre el origen del tabaco y el placer de fumar. Ignoro -si mi eminente amigo conoce un librito, o más bien folleto, del cual -encontré un ejemplar en uno de mis paseos por los puestos de libros de -viejo de los «quais» de París; me refiero al <i>Traité-Théorique et -practique-de-Culotage des pipes-œuvre posthume-de</i> <span class="smcap">Culot</span>, -<i>librepenseur-Philosophe éphectique-Professeur honoraire de pipe à la -Société Œnofine-Membre-de plusieurs Sociétés buvantes-Avec les -lumières de M. P. R. fumeur émerite.—Paris.—Etienne Sausset, Libraire -Editeur.—Galeries de l’Odéon.</i> Si no ha leído el conde de las Navas ese -opúsculo, y llega a leerlo, su buen humor tendrá un nuevo momento de -expansión, pues el francés tiene el verbo ágil y picante y es un -ferviente adorador de la «nicotiana tabacum».</p> - -<p>Los otros trabajos de la segunda serie de las <i>Cosas de España</i>, se -refieren a Juan de la Cosa y su Mapa-mundi; a la Noche Buena; a don -Fernando Colón—a propósito de las muchas discusiones que ha habido -sobre si ese hijo del Almirante fué natural o legítimo—; a las -Estatuas; a los Juegos de pelota, y al Robinsón español. En todas esas -páginas demuestra el escritor que van iguales su talento de expositor y -sus condiciones de «chercheur» y de «curieux».</p> - -<p>No han llegado a mi poder los <i>Cuentos y chas<a name="page_158" id="page_158"></a>carrillos andaluces</i>; pero -sí he admirado a <i>La niña Araceli</i>, y el escenario andaluz en que se -mueve su gracia y todo ese vivir de la famosa tierra que aún aman los -moros; como me satisfizo <i>El procurador Yerbabuena</i>, entre lo cómico y -lo amoroso, y <i>Retama</i>, el rústico, víctima de lo duro de la suerte, de -la universal fatalidad que no conoce lo bueno ni lo malo, lo justo ni lo -injusto. <i>La pelusa</i> es una novelita, o, como dicen los franceses, una -«nouvelle», y, para seguir con ellos, una «tranche de vie». El argumento -se desarrolla en la Corte. Hay en la narración la misma perspicacia y la -misma desenvoltura ingeniosa con que el conde ha hecho vivir los -personajes y tipos de sus novelas andaluzas.</p> - -<p>Otros libros: <i>La decena</i>, cuentos y chascarrillos, inventados o -recogidos de labios de amigos de buen humor. Literatura de buena -digestión y de buena conciencia. <i>De allende el Pajares</i>, paisajes y -cuentos trasladados e inspirados al amor del cielo y del suelo de -Asturias. Yo he pasado algunos veranos en esa región amable y me explico -el entusiasmo del autor por tierra tan llena de encantos y atractivos, -tierra sonriente en medio de una como natural melancolía y un como -flotante ensueño.</p> - -<p>Mas una de las fases principales del espíritu del conde de las Navas, es -su faz de bibliófilo en el verdadero sentido de la palabra. Él tiene el -amor de los libros y frecuenta con asiduidad y cariño esas casas de las -ideas. No podría encon<a name="page_159" id="page_159"></a>trar el rey Alfonso XIII ni sacerdote más -fervoroso, ni vigilante más celoso, a quien confiar el santuario -intelectual riquísimo que es su Biblioteca. Sabida es la gran -importancia de ella y las joyas bibliofílicas que contiene. El conde -tiene también su biblioteca particular que, según tengo entendido, es -muy digna de sus gustos y de su talento. El afecto a los libros -demuestra un alma plácida y un fondo bondadoso. La buena erudición aleja -los malos sentimientos. Erasmo, o M. Bergeret, tienen que sernos -simpáticos. Además, tened por entendido que un bibliófilo no morirá -nunca aplastado por un 40 HP, o despedido por un aeroplano. Pocos, -poquísimos dice López Valdemoro en una parte de su tratado <i>De libros</i>, -son los verdaderos bibliófilos que aman el libro en alma y cuerpo, por -lo que dice, por su rareza en el mercado y por la buena ropa con que -aparece vestido. Si a este propósito se preguntara a don Francisco -Rodríguez Marín: «Después de las de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, ¿con -qué gran pérdida nacional cree usted que se cerró la lista de nuestro -inmenso despojo?», me atrevo a asegurar que el ilustre escritor -sevillano respondería inmediatamente: «Con la venta de la magnífica -biblioteca del marqués de Xerez de los Caballeros». Al poner el conde de -las Navas tal respuesta en boca del señor Rodríguez Marín, deja ver que -él habría contestado en igual caso la misma cosa. Él ha escrito sobre -los amigos y enemigos del libro—hombres, mujeres e insectos...—; sobre -las<a name="page_160" id="page_160"></a> erratas, de las cuales cita celebérrimas; sobre el tamaño del -libro; sobre los libros españoles de sastrería; sobre el plan de un -libro que se propone escribir respecto al vino; sobre la venta de libros -con dedicatorias autógrafas; sobre el arte de la encuadernación, y sobre -otras semejantes disciplinas.</p> - -<p>Y en todo lo suyo encontraréis claridad, elegancia, nobleza, gracia -oportuna, documentado saber. Lo que él os diga, tened por sabido que no -lo encontraréis en las fáciles y usuales enciclopedias. ¡Por Dios! Ha -escrito sobre las gallinas, y para ello ha consultado ciento catorce -obras impresas y nueve manuscritos.</p> - -<p>Recientemente hizo un viaje a Lourdes y publicó sus <i>Impresiones de un -incurable</i>. Esas impresiones son las de un cristiano sincero, las de un -católico prudente. Él ha leído todo lo que a Lourdes se refiere, desde -Lasserre hasta Zola, desde el abate Archelet hasta el doctor Baraduc, -desde el P. Camboné hasta Huysmans, Gourmont y tantos otros, creyentes o -ateos. Él cree en el poder de la fe y en la especialidad del milagro, y -<i>sabía</i> que él, en su peregrinación, no alcanzaría la curación como -otros. Él no es fanático; mas escucha en veces a la ciencia misma, decir -por boca de sabios como Ramón y Cajal: «A despecho de los inmensos -progresos acumulados en el pasado siglo, la fisiología cerebral del -entendimiento y de la voluntad, continúan siendo el enigma de los -enigmas... por mucho que se descubra no<a name="page_161" id="page_161"></a> se llegará a contemplar -objetivamente el pensamiento, ni se averiguará por qué un movimiento en -lo objetivo resulta una percepción en lo subjetivo».</p> - -<p>Del conde de las Navas han dicho: Picón, «que tiene un estilo en que -andan mezcladas por partes iguales la corrección, la sencillez y la -gracia»; el finado P. Blanco García, «que Alarcón hubiera firmado sin -escrúpulo algunos cuentos de <i>La docena del fraile</i>»; la condesa de -Pardo Bazán, le hace notar «su gran riqueza de diccionario»; Le Quesnel, -afirma que es «un artiste ciseleur, ou mieux un artiste joaillier qui ne -cesse de sertir des perles»—; y de su obra sobre el espectáculo -nacional, dicen unos cuantos inmortales que es magistral y merecedora de -todo aplauso.</p> - -<p>Pero entonces, vuelvo a asombrarme: ¿Por qué no ocupa el sillón que de -derecho le corresponde en la Real Academia Española, el Excelentísimo -señor don Juan Gualberto López Valdemoro, conde de las Navas y -Bibliotecario Mayor del Rey don Alfonso XIII?</p> - -<div class="figcenter" style="width: 135px;"> -<a href="images/illus-161_lg.png"> -<img src="images/illus-161_sml.png" width="152" height="69" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_162" id="page_162"></a></p> - -<p><a name="page_163" id="page_163"></a></p> - -<h2><a name="JOSE_NOGALES" id="JOSE_NOGALES"></a> -<a href="images/illus-163_lg.png"> -<img src="images/illus-163_sml.png" width="319" height="134" alt="" /></a><br /> -<br /> -JOSÉ NOGALES</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-v.png" -width="90" -height="90" -alt="V" /></span><small>EA</small> usted qué tarde más triste, qué tarde más gris—me dice el pintor -burgalés Santa María, tan gentil y talentoso;—el gris de las tumbas es -el mismo del cielo.</p> - -<p>Así era. Salíamos del cementerio de Nuestra Señora de la Almudena; -acabábamos de dejar bajo la tierra al poeta y escritor José Nogales. Y -había una tristeza muy grande en el ambiente, en todas las cosas. Nada -más lleno de la ceniza del otoño y de la pena del otoño que esta tarde. -Yo no voy casi nunca a entierros. Padezco la fobia de la muerte y desde -mi niñez me emponzoñó el terror católico. Quizás en la antigua Grecia, -habría acompañado con cantos alegres y con flores, los despojos de un -amigo. Mas ya en mis primeros años me poseyó el espanto de la -Desnarigada.<a name="page_164" id="page_164"></a></p> - -<p>Recuerdo que en la ciudad nicaragüense de León, cuando un vecino estaba -para expirar, tocaban en los campanarios de las viejas iglesias un son -lento y doloroso que infundía pavor, el toque de agonía. Al oirlo, en -todas las casas se rezaba, encomendando a Dios el alma del agonizante. -Eso ha desaparecido, felizmente. Pero en mi espíritu quedó la huella de -tanta temerosa impresión mediœval. Así siempre he procurado no -escribir ciertas palabras, no ocuparme en ciertos asuntos y no ir a los -entierros.</p> - -<p>...A acompañar a Nogales si fuí. Yo no le vi nunca. No fuí amigo -personal suyo. Mas aparte de que era un compañero en <i>La Nación</i>, tenía -todas mis simpatías por lo noble de su espíritu, por lo caballeresco de -su manera, por lo castizo, por lo elegante y lo sensitivo. Luego, en -medio de la comedia literaria, era un sincero, decía con claridad y -franqueza su sentir y su pensar, y daba a cada cual lo suyo. Por eso -creo que a su entierro, si concurrieron algunos hombres de letras y -hombres de gloria, faltaron tales o cuales rozados por las firmes -verecundias de Nogales.</p> - -<p>...La procesión iba triste y lentamente, precedida por el fúnebre carro -modesto, sin una sola corona. Vi en la concurrencia a Moret, a -Canalejas, a Galdós y a Blasco Ibáñez, a Moya y a Castrovido, a Querol y -a Benlliure. Yo iba en compañía de Valle-Inclán y de Antonio Palomero. Y -hablábamos de la triste vida de las letras, de la terrible vida del -periodismo, del <i>vicio</i> de la<a name="page_165" id="page_165"></a> publicidad. Una vez que se ha probado de -ella, ¡hasta el fin! Raros son los casos de liberación. He ahí un hombre -que vivía relativamente feliz en provincia y quien, si le hubiese -faltado un poco de talento, habría tenido algo más de existencia, exenta -de luchas y de afanes. Según sé, poseía algunas tierras, y cultivaba las -bellas letras en los periódicos de su región, gratamente. Pero ganó un -día un premio en el concurso de cuentos promovido por un diario de la -Corte, y a la Corte se vino lleno de ilusiones. ¿A qué? A afianzar su -renombre literario, a hacer labor de periodista, sin dejar de ser lo que -fué: un artista y un talento literario de primer orden. Esos artículos -que aquí, a la francesa, llaman crónicas, y que son vistos aun por -muchos que los escriben, como cosa de poca monta, como producción del -instante y para el olvido, tuvieron en él un buen obrero que dejó mucho -de valor antológico. Mas el cuento fué su trabajo preferido y aquel en -que mayormente se hicieron notar su imaginación bizarra y su don de buen -lenguaje y su culto de la tradición castiza. Su prosa era sana y fluida, -quizá oliente todavía al terruño provincial y nativo; y si atavismos -buscárais, habría que dar el gran salto hacia Grecia, de donde parecía -traer su pasión de luz y de prosa marmórea el que pudiera ser -considerado a través de tiempo y espacio un español homérida.</p> - -<p>Dicen los que le trataron íntimamente que era de humor jovial y de -carácter íntegro y generoso.<a name="page_166" id="page_166"></a> Aún en las penas de la enfermedad parece -que guardaba sus sonrisas. Y eso que, antes de la gravedad que le llevó -al cementerio, padeció la pérdida de la vista, y para cumplir sus -compromisos con los periódicos en donde trabajaba, se ponía a dictar -miltonianamente, a una bella y joven hija suya, sus juicios y sus -fabulaciones.</p> - -<p>Si el sepulcro es la paz, paz tenga inacabable el compañero que ha -partido.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 135px;"> -<a href="images/illus-166_lg.png"> -<img src="images/illus-166_sml.png" width="135" height="198" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_167" id="page_167"></a></p> - -<h2><a name="MARIANO_DE_CAVIA" id="MARIANO_DE_CAVIA"></a> -<a href="images/illus-167_lg.png"> -<img src="images/illus-167_sml.png" width="318" height="119" alt="" /></a><br /> -<br /> -MARIANO DE CÁVIA</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-e.png" -width="90" -height="86" -alt="E" /></span><small>L</small> Ayuntamiento de Zaragoza, «la heroica», ha acordado rendir un -homenaje de admiración a Mariano de Cávia, porque si no lo sabéis, -sabedlo: Mariano de Cávia es aragonés como la virgen del Pilar y como la -jota.</p> - -<p>La noticia de ese homenaje ha tenido en toda España la mejor acogida y -se ha aplaudido con todo entusiasmo. Mariano es muy admirado y muy -querido. Se juntan en su caso las dos cosas del verso de Musset:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Être admiré n’est rien: l’affaire est d’être aimé.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Es el caso rarísimo de un hombre de talento sin enemigos. A través de la -política, en su faena de periodista ha pasado sonriendo sin que le -ha<a name="page_168" id="page_168"></a>yan rasgado las carnes los garfios salientes de los zarzales de los -partidos. Siempre ha estado al alcance de su pensamiento una idea -generosa que su pluma ha servido con buen humor y con gallardía. Su -estilo ameno, ductil y elegante, es la transposición de su persona. Su -cultura es varia y su don de oportunidad incomparable.</p> - -<p>«Es único—dice <i>El Imparcial</i>—. Humanista y culto, a la manera de -hombres insignes del siglo <small>XVII</small> y de muy contados de días posteriores, -trajo al periodismo español, en pleno fragor de luchas políticas, una -renovación de orientaciones y de ambiente. Su humorismo, castizamente -español, burlón sin encono, ridiculizador sin acritudes, no tiene en el -periodismo español más precedente ni semejante que el de <i>Fígaro</i>.»</p> - -<p>Algunas veces se notará en su prosa cierta acidez, pero ella no es -dañosa ni aun para aquellos a quienes va destinada. Es una acidez de -manzana, de fruto sabroso. Tan castizos como él hay pocos, y, sin -embargo, aparece libre de la hiperlogia española, de la elocuencia. Su -discurrir es culto al propio tiempo que sencillo; en él va la alusión -para los refinados, la reminiscencia para el erudito y la frase llana -para el pueblo. Es el perfecto periodista.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Ya he dicho en otra ocasión mi pensar respecto a eso del periodismo. Hoy -y siempre, un perio<a name="page_169" id="page_169"></a>dista y un escritor se han de confundir. La mayor -parte de los fragmentarios son periodistas. ¡Y tantos otros! Séneca es -un periodista. Montaigne y de Maistre son periodistas, en un amplio -sentido de la palabra. Todos los observadores y comentadores de la vida -han sido periodistas. Ahora, si os referís simplemente a la parte -mecánica del oficio moderno, quedaríamos en que tan sólo merecerían el -nombre de periodistas los reporters comerciales, los de los sucesos -diarios, y hasta éstos pueden ser muy bien escritores que hagan sobre un -asunto árido una página interesante, con su gracia de estilo y su buen -por qué de filosofía. Hay editoriales políticos escritos por hombres de -reflexión y de vuelo, que son verdaderos capítulos de obras -fundamentales—y eso pasa.</p> - -<p>Hay crónicas, descripciones de fiestas o ceremoniales, escritas por -reporters que son artistas, las cuales aisladamente tendrían cabida en -libros antológicos, y eso pasa. El periodista que escribe con amor lo -que escribe no es sino un escritor como otro cualquiera. Solamente -merece la indiferencia y el olvido aquel que premeditadamente se propone -escribir para el instante palabras sin lastre e ideas sin sangre. Muy -hermosos y muy útiles y muy valiosos volúmenes podrían formarse con -entresacar de las colecciones de los periódicos la producción escogida y -selecta de muchos considerados como simples periodistas.</p> - -<p>Cávia, de quien apenas si se ha publicado alguna que otra pequeña -selección de artículos, ha<a name="page_170" id="page_170"></a> tratado en los suyos de <i>omnia re scibilli</i>, -de letras, de arte, de poesía, de ciencia y, sobre todo, de cosa -pública, dando a cada cual lo suyo, haciendo siempre justicia, una -justicia sonriente, un si es no es campechana, no sin mostrar cuando el -caso lo ha requerido, que sus abejas productoras de muy sabrosa miel -tienen un agudo y eficaz aguijón, que, como él diría, «hace pupa». Como -clásicas han quedado sus famosas revistas de toros. Nadie como él para -narrar las peripecias pintorescas de la lidia; nadie como él para -conocer la calidad de un torero.</p> - -<p>Por largo tiempo fué el Homero alerta, y con un buen par de ojos, del -coso. Sin abusar del especial tecnicismo que convierte algunas páginas -de esos artículos en jergas erizadas para el no ducho, sabía contarlo y -calificarlo todo con insuperable gracejo; y en sus revistas aparecían -siempre, sin arrastrarlos, sin forzarlos, el asunto de actualidad, la -nota del día, el hecho culminante, en una aplicación que ni de intento. -Dejó la literatura torera y se aplicó a esas sus impresiones del día, -comento de sucedidos y magistrales improvisaciones. Aunque en él no haya -nada improvisado, a pesar de las exigencias del periódico, porque bien -nutrido como está, bien pertrechado en toda suerte de disciplinas, -siempre encuentra para toda circunstancia la anécdota aplicable, la cita -precisa, el recuerdo a propósito, el refrán irremplazable, el verso o la -frase en castellano o en cualquier idioma vivo o muerto. El<a name="page_171" id="page_171"></a> inglés, el -francés, el italiano, el portugués, los conoce perfectamente. En cuanto -al latín no sé si le conoce, pero sí que, como Sarmiento, si no sabe -latín sabe latines.</p> - -<p>¿Tiene una filosofía? Quizá la tenga guardada en alguna gaveta de su -mesa de trabajo. Sólo sé que en él no han hecho mella ninguna de las -importadas modas de pensar que han sido tan sonadas en estos últimos -tiempos. ¿Tiene una religión? También lo ignoro; pero sí sé que está en -excelentes relaciones con su paisana la Pilarica. Ateo, no es ni -escéptico ni pesimista. Jamás se ha burlado de un culto ni se ha -encarnizado contra ningún presbítero, ulema, pastor o rabino. Cree que -todavía no es de mal gusto amar a la patria y sentir entusiasmo por sus -glorias al soñar en su engrandecimiento. Es uno de los pocos que no -dejan decaer las esperanzas de Juan Español. Es un fiel discípulo de -nuestro Maestro Don Miguel de Cervantes y tiene afectos y ternuras para -nuestro Señor Don Quijote de la Mancha.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Por su don de comprensión es menester alabarle. Los limitados, los -retraídos, aunque sean dotados de fortaleza, no gustan de los que en -todo tienen la facultad de discernir. Mariano lleva su alegre discreción -a todas partes y nada le es extraño, desde la teología hasta la -gramática. Tiene sus caprichos. Un día, para indicar ciertas<a name="page_172" id="page_172"></a> reformas -urgentes, anuncia que el museo del Prado se ha quemado, y hasta después -de irlo a ver la gente no se fija en el doble sentido de la ocurrencia. -Otra ocasión, recientemente, se le antoja que debe rechazarse la palabra -inglesa <i>foot-boll</i>, ser sustituída por una de su composición, -«balompié». Y la gente, en su mayor parte, le hace caso a Mariano y -comienza a decir y a escribir «balompié».</p> - -<p>Ha escrito versos en francés, bien hechos; no sé si en latín, pero -ciertamente en castellano como estos con que me obsequió en <i>El -Imparcial</i>, cuando la aparición de mis <i>Cantos de Vida y Esperanza</i>, en -tercetos monorrimos que compuso al modo litúrgico:</p> - -<p>RAPSODIA</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Ven, oh, musa de Rubén,<br /></span> -<span class="i0">Ven a refrescar mi sien,<br /></span> -<span class="i0">O a encenderla en llamas cien.<br /></span> -<span class="i0">Que así eres aura sutil<br /></span> -<span class="i0">O tienes con rayos mil,<br /></span> -<span class="i0">Visión fiera o flor de abril.<br /></span> -<span class="i0">Ya de vida y esperanza,<br /></span> -<span class="i0">Ya de erótica añoranza,<br /></span> -<span class="i0">Ya de plácida bonanza<br /></span> -<span class="i0">Son tus cantos. Mas también<br /></span> -<span class="i0">Haces plañir a Rubén<br /></span> -<span class="i0">Trenos de Jerusalén.<br /></span> -<span class="i0">Cuando presagia el fatal<br /></span> -<span class="i0">Fin del América austral<a name="page_173" id="page_173"></a><br /></span> -<span class="i0">Presa del Nemrod boreal.<br /></span> -<span class="i0">No por el Mañana llores<br /></span> -<span class="i0">Mientras el Hoy te da amores,<br /></span> -<span class="i0">Risas, brisas, flores loores.<br /></span> -<span class="i0">Cantando al Cisne de Leda<br /></span> -<span class="i0">Con rima grácil y leda<br /></span> -<span class="i0">Contenta tu ánima queda,<br /></span> -<span class="i0">Musa andante de Rubén,<br /></span> -<span class="i0">Que el americano Edén<br /></span> -<span class="i0">Truecas por el parisién.<br /></span> -<span class="i0">Otrora algo de tu sol<br /></span> -<span class="i0">Buscas en el arrebol<br /></span> -<span class="i0">Del horizonte español.<br /></span> -<span class="i0">Rezas ante Don Quijote,<br /></span> -<span class="i0">Para que dé nuevo brote<br /></span> -<span class="i0">De vida al Reino del Zote,<br /></span> -<span class="i0">Y ante el recuerdo de Goya,<br /></span> -<span class="i0">En vez del «Aquí fué Troya»,<br /></span> -<span class="i0">Nos brindas fúlgida joya.<br /></span> -<span class="i0">Para lo bello y el Bien,<br /></span> -<span class="i0">¡Vive, oh, Musa de Rubén,<br /></span> -<span class="i0">Por siempre jamás, amén!<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>No ha sido hostil como otros para los nuevos poetas; pero sí ha sido y -es implacable para los poetas malos; nuevos y viejos. Una cualidad habrá -que reconocerle entre todas, y es ella la distinción. Es algo de -abolengo. Su estilo, aun cuando emplee términos del pueblo y trate de -tópicos ultramodernos, siempre es de capa y espada. Quevedo en el -bulevar, como antes le llamara. Como todo el mundo, claro que ha -sufrido; pero con un supremo estoicismo: no ha mostrado nun<a name="page_174" id="page_174"></a>ca sus -quebrantos; y, a la japonesa, ha opuesto siempre al duelo su sonrisa.</p> - -<p>Mariano ha creado unas «marionetas» que le sirven de intérprete de sus -opiniones y de sus críticas, de vez en cuando. Madame de la Pilongue, -una francesa importada que vale por tres; el profesor Humbugman, de la -Universidad de Pluncake; Don Vicente de la Recua, Barón de la Reata, -suelen representar sus oportunos papeles en el pasar de los cotidianos -acontecimientos. También ha resucitado por su influjo otro personaje, -creación de uno de los que él considera como precursores y maestros, el -perínclito don Patricio Buena Fe, que no deja de parecemos un poco fuera -de su centro y otro poco <i>Falot</i>, en esta época de autos, aviación y -demás cosas precursoras del Antecristo...</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Ahora se trata de cuál sea la forma más indicada para rendir el -homenaje. Hay un nombre célebre, una vida generosa y treinta y tantos -años de labor. Por de pronto, está muy bien la lápida en la casa donde -nació. Ahora estará muy bien pensar en darle la casa donde muera. -Mariano ha sido la cigarra del periodismo. Ha desdeñado la intriga y la -cábala, no ha querido ser más que un hombre de pluma y de libertad y no -ha solicitado los que para él hubieran sido fáciles honores y prebendas. -Ha sido un trabajador for<a name="page_175" id="page_175"></a>midable en su temperamento acerado y hoy está -tan vigoroso de intelecto como antaño. Pero ¡qué diablos! Uno no es de -granito, y un día llega en que el cerebro necesita reposo, en que de las -batallas del espíritu se sale quebrantado, aunque uno las gane. Y para -los soldados del pensamiento no hay cuartel de inválidos. Dígalo el -Mariscal Zorrilla, cuya corona de platería anduvo, en la ancianidad del -glorioso, en una casa de empeño...</p> - -<p>Pide la Prensa que Cávia entre a la Academia. La honra es merecida; pero -no es Mariano para ir a sentarse gravemente a su sillón en la terrible -tarea de cocinar el diccionario. A menos que haga lo que Anatole France -en la Academia Francesa: no ir nunca a las sesiones. No veo yo a Mariano -discutiendo un vocablo con el señor Cotarelo, o con el padre Mir. Mas si -ello ha de ser, preparémonos a saborear el que será exquisito discurso -de recepción del Benjamín de los inmortales españoles. Aunque ha hecho y -hace más por el idioma desde las columnas de su periódico que lo que -hacer podría entre los conservadores oficiales.</p> - -<p>Y todo eso estará muy bien; pero estamos en el tiempo de ser prácticos. -Hay que ser como los ingleses. El esfuerzo y la gloria son un valor que -se cotiza. No a todos ha de tocar el premio Nobel; y los homenajes -positivos son los más preciados homenajes. Cierto es que <i>El Imparcial</i> -ha apoyado y apoya eficazmente a ese escritor que<a name="page_176" id="page_176"></a> le ha dado lo mejor -del jugo de su cerebro; mas no se trata de algo que deba hacer <i>El -Imparcial</i> solo, sino toda la prensa y los poderes que ella mueva.</p> - -<p>Que se haga, pues, algo que valga la pena, algo fundamental y algo -contante y sonante. Y que se haga pronto, ahora que Mariano está todavía -joven. No pase como lo que cuentan de cierto militar español, que -cuando, ya viejo, le llevaban su sueldo de Capitán General, exclamaba:</p> - -<p>—¿Y ahora para qué? ¡Si me hubiesen dado esto cuando yo era -teniente...!</p> - -<div class="figcenter" style="width: 93px;"> -<a href="images/illus-176_lg.png"> -<img src="images/illus-176_sml.png" width="93" height="125" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_177" id="page_177"></a></p> - -<h2><a name="MANUEL_S_PICHARDO" id="MANUEL_S_PICHARDO"></a> -<a href="images/illus-177_lg.png"> -<img src="images/illus-177_sml.png" width="328" height="161" alt="" /></a><br /> -<br /> -MANUEL S. PICHARDO</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-c.png" -width="90" -height="93" -alt="C" /></span><small>UANDO</small> se habla de la Isla de Cuba como país lírico, en Francia se -recuerda al «conquistador» José María de Heredia, y en España a aquella -exuberante y hermosa musa que se llamó Gertrudis Gómez de Avellaneda en -el tiempo apasionado y sonoro del romanticismo.</p> - -<p>En mi primaveral adolescencia era ya Cuba para mí una tierra de poesía. -La «Perla de las Antillas» era en verdad una inmensa y maravillosa -perla, llena de mansiones ilusorias y de paisajes de encanto, como los -paisajes de las <i>Mil y una noches</i> que el prestigioso verbo del Dr. -Mardrus nos ha hecho conocer. Yo he tenido el amor de las islas, y entre -todas Ceylán y Cuba me han atraído como dos soberbias mujeres; la una -perfumada de las más finas canelas, la otra olorosa<a name="page_178" id="page_178"></a> a rosas y jazmines. -En pasados tiempos conocí a dos peregrinos que aumentaron mi entusiasmo. -Era el uno un poeta rubio, bizarro y caballeresco, que recorría nuestro -continente en una jira de leyenda, diciendo versos de amor y de patria, -conquistando simpatías para la causa de la libertad cubana y damas para -sus apetitos sentimentales y voluptuosos de don Juan errante. Se llamaba -José Joaquín Palma. Era quien había escrito ciertos versos que, -encontrados entre los papeles de Olegario Andrade, fueron publicados -como del autor de la <i>Atlántida</i>, rectificándose luego la equivocación.</p> - -<p>El otro era un fogoso y armonioso orador, que en los intermedios de sus -bravas campañas patrióticas decía rimas de pasión y cuentos de ensueños -en los salones donde era su palabra un atractivo y un hechizo. Se -llamaba Antonio Zambrana. Ambos me hablaban de las dulzuras de su -tierra, de sus mujeres incomparables y de sus nidos de amor. Me llegaba -un aroma de bosques de la Isla de las Islas, un aroma de bosques entre -ruidos de mar. Soñaba con las maravillas de un suelo lleno de vida bajo -un cielo todo azul lleno de sol. Y era la visión de jardines -deliciosamente criollos, exacervantes de olores, sonoros de arrullos de -paloma, de cantos de pájaros, del revolar de las milanesianas -cimarronzuelas de rojos pies... Y, como en Oriente, calcadas en el -zafiro del celeste fondo, «las palmas ¡ay! las palmas deliciosas» que -hicieron suspirar a Heredia<a name="page_179" id="page_179"></a> el castellano, nostálgico de ellas junto a -la catarata yanqui.</p> - -<p>Soñaba yo con la Habana como con una capital de placer y de deleite. Una -decoración extraña y pintorescas fortalezas sobre las olas, playas -adornadas de árboles y flores del trópico; calesas en que iban marquesas -blancas de grandes ojeras; criados negros, terribles y fieles; -elegancias europeas en un ambiente tibio de pereza sensual, y, sobre -todo, una cálida gracia que embargaría los sentidos y haría ensoñar de -tal manera que se sentiría pasar la vida como una onda de miel y una -caricia de seda. Y mi adolescencia se estremecía ante tantas -imaginaciones.</p> - -<p>Yo decía: Amar allá en Cuba debe ser amar. Decía: El gozo en Cuba debe -ser un multiplicado gozo. Y sentía como el sabor de un beso de rara -sulamita, con un algo de azúcares de níspero, de ámbar, y de la miel y -de la leche que regocijaron el paladar del querido colega, del perfecto -enamorado lírico que se llamaba Salomón.</p> - -<p>Muchos años pasaron y pude por fin estar unas horas—las que el vapor me -permitía—en tierra cubana. No tuve tiempo de verificar mi ensueño -antiguo. Esas horas las pasé entre poetas y almas generosas que me -manifestaron su confraternidad y su cariño en un banquete inolvidable. -Entreví, sí, jardines, elegancias, ardientes poemas de carne, ojos -milagrosos. Y con los poetas, entre tanta vida, la única visita que pude -hacer fué a la Muerte. Ciertamente—el motivo no lo recuer<a name="page_180" id="page_180"></a>do—nos -dirigimos al cementerio, en aquel día un tanto opaco, con otros amigos, -Kostia el perspicuo, Hernández Miyares, cuya gentil arrogancia se -arregla muy bien con su amabilidad cordial; Raoul Cay, aquel <i>charmant</i> -Raoul en cuya casa bebimos un té digno de Confucio y nos vestimos de -mandarines chinos con espléndidos trajes auténticos, mientras en el -salón el General Lachambre hacía la corte a la soberbia María, hoy su -respetable viuda; Julián del Casal, atormentado y visionario como -Nerval, todo hecho un panal de dolor, un acerico de penas, ya con algo -de ultratumba en las extrañas pupilas, y que hoy reposa en la paz y en -la gloria que merecieron su corazón de niño desventurado y sus versos de -hondo y exquisito príncipe de melancolías; Pichardo, el que es hoy -laureado poeta de la Isla, y yo.</p> - -<p>Tengo presente que íbamos conversadores y que retornamos menos locuaces -y con alguna vaga tristeza. ¿Es que comprendimos que la visita debía ser -pronto pagada?... Poco tiempo después llegó la Misteriosa, en su carro -negro, a casa de nuestro pobre Julián.</p> - -<p>Y fué en esa tarde de la visita al cementerio, como en las horas del -ágape amistoso, cuando por primera vez comuniqué con el alma poética de -Manuel Serafín Pichardo—a quien su pueblo aclama entre los -primeros—pudiendo apreciarle entre los vinos y las rosas, y junto a los -cipreses. Desde esa época «ha pasado mucha agua bajo los<a name="page_181" id="page_181"></a> puentes». El -destino nos ha llevado a unos a un punto, o otros a otro. Con el poeta -que acaba de ser moralmente coronado por su patria, nos hemos -encontrado, al azar de la vida, una noche, en un teatro de Madrid, creo -que en una representación de Réjane. Cambiamos unas palabras y no nos -hemos vuelto a ver. Hoy le escribo estas para su libro de versos. Lo -hago con sincero placer, a pesar de una preocupación que ya raya en mí -en supersticiosa: casi todo pórtico que he levantado a la fábrica -intelectual de un amigo, me ha caído encima...</p> - -<p>Me encantan los versos de Pichardo, antes que todo, porque no veo en él -a un fanático de escuelas, o maniático de maneras. No se propone -enseñar, ni ponerse los hábitos apolillados de fray Luis de León, o los -casacones de Quintana, ni entablar ningún flirt con mis pasadas -princesas azules... Menos se propone componer el mundo; por lo cual le -felicito de todo corazón, no viendo la necesidad absoluta de que todos -nos dediquemos a la carrera de apóstol. Bellamente, noblemente, -gallardamente, expresa el poeta sus pensares y sentires en ritmos -varios, y en veces veréis en él reminiscencias clásicas, en veces, sobre -el modo moderno, escucharéis muy sutiles melodías, rapsodias elegantes y -tal cual sonata sentimental chopinizada a la luz de la bella luna de su -patria.</p> - -<p>A este noble poeta no le pueden acusar de no cantar las cosas de su -tierra. Patriótico, familiar, o pintor de caracteres, almas y paisajes, -ha escri<a name="page_182" id="page_182"></a>to poesías que son productos cubanos genuínos, autóctonos. Yo -no sé de versos más hermosamente gráficos que ese <i>Danzón</i> que -exterioriza todo el picante de la molicie lujuriosa, al mismo tiempo que -transciende al perfume del corazón del terruño; relentes de Africa, -atavismos voluptuosos, ecos de legendarios ingenios, noches de libertad -jocunda, aguardiente fuerte y caña dulce y labios rojos.</p> - -<p>El poeta va a España y allí sufre la tentación de todo artista. Allá ha -de producir cincelados sonetos castellanos <i>à l’instar</i> de las labradas -orfebrerías de Gautier; ha de externar su espíritu de adorador de -hermosas visiones en poemas que se demuestran sentidos y brotados -espontáneamente, con el influjo de ese soplo arcano que ha producido en -el mundo tantas maravillas y que antes se llamaba «inspiración». Si el -calificativo se usase todavía, podría decirse de este autor que es un -lírico verdaderamente inspirado.</p> - -<p>Tiene en su rica colección una parte fúnebre que podríamos llamar la -loggia de los duelos. Allí están los afectuosos cenotafios, los -«mármoles negros», las urnas votivas, las lápidas recordatorias, los -conceptos consagrados a seres admirados o amados que han desaparecido en -la eternidad. No puedo menos que señalar los versos que dedica a Julián -del Casal, al triste Julián del Casal, a quien yo también amé mucho, -pagando así la más pura de las admiraciones y el más sincero de los -afectos.<a name="page_183" id="page_183"></a></p> - -<p>Hay en este volumen poemas de dolor, ecos de desgarraduras, crujidos de -fibras y de entrañas, lamentos lanzados al choque de la vida. Tal lo que -se contiene en «La copa amarga». Hay otros poemas de entusiasmo, de -impresiones literarias—algunas no muy de mi predilección, como los -afamados versos «A Rostand»—en que no dejan de manifestarse siempre la -bizarría, el bello gesto del esparcidor de flores o del portapalma que -se acerca a decorar el altar de su ídolo o el simulacro de su dios. En -ocasiones es escultórico, y más de una vez sus composiciones hacen -recordar la dignidad métrica de su semipaisano Heredia el francés.</p> - -<p>La poesía doméstica que ha tentado a Pichardo es para mí cosa peregrina -y extraña. No porque la considere ingenua, <i>arrierée</i> y a la papá, sino -porque juzgo poco a sus anchas a las nueve musas para danzar libremente -ante los lares... Y eso que el portentoso Hugo las hizo hacer las más -lindas evoluciones en <i>El Arte de ser abuelo</i>. Con todo, ¡los niños -tienen tan frescas sonrisas y tan claras miradas! ¡Y Pichardo las ha -interpretado tan hondamente!</p> - -<p>Otra cosa es la canción galante que este poeta cultiva y prefiere y la -cual vuela libre y atrevida como una abeja. Abeja que en este caso tiene -mucho en donde revolar y en donde posarse en esa tierra de Cuba, -florecida de beldades, y en donde hay tanto</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Tipo oriental, nívea tez<br /></span> -<span class="i0">Y el endrino pelo en haz...<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p><a name="page_184" id="page_184"></a></p> - -<p>Insistiré: todas las mujeres bellas del mundo tienen sus encantos -especiales; mas el encanto de la mujer cubana es único por su algo de -Oriente, por una fascinación misteriosa, porque por pudorosa que sea hay -en ella como un incesante y secreto llamamiento. Ovidio lo diría mejor -que yo:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Scilicet ut pudor est quamdam cœpine<br /></span> -<span class="i0">Sic alio gratum est incipienti pati.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Y esto lo digo de las pocas cubanas que en mis peregrinaciones por el -mundo he encontrado. ¡Cómo será la delicia en el paraíso ardiente de la -Isla!</p> - -<p>Réstame referirme a las traducciones que de varios poetas ha hecho -Pichardo. No puedo aplaudirlas sino como originales, porque no creo en -la posibilidad de una traducción de poeta que satisfaga. Apenas en prosa -se puede dar a entrever el alma de una poesía extranjera. En verso el -intento es inútil, así sea el traductor otro poeta y sea hombre de arte -y de gusto, llámese Llorente, Díez-Canedo, Leopoldo Díaz, Valencia, o -Pichardo. Lo que el lector obtendrá será una poesía de Pichardo, de -Leopoldo Díaz, de Valencia o de Llorente, o de Díez-Canedo, no de -Verlaine, de Poe, de Mallarmé o de Gœthe. Don Miguel de Cervantes -sabía bien lo que se decía con lo del revés de los tapices.</p> - -<p>Y he aquí lo más conocido, lo más reproducido, lo más gustado de mi -amigo Pichardo: las<a name="page_185" id="page_185"></a> «Ofélidas». El nombre evoca en seguida a la pálida -enamorada shakespeareana, muerta bajo las flores; «¡flores sobre la -flor!» Y el triunfo de esas poesías cortas, intensas, comprensivas, -expresivas, sensitivas, consiste en su intimidad; en que dejan ver lo -interior del poeta, los caprichos, las amarguras, las heridas. Son -pequeños estuches que encierran joyas con secretos, alfileres con más o -menos ponzoña o con casi invisibles manchas sangrientas... Son -fragmentos de vida, he ahí la razón de su boga. Por eso casi todos los -grandes poetas que han escrito «ofélidas» han ido en seguida al corazón -de las gentes. Las de Heine se llaman «Intermezzo», las de Bécquer -«Rimas», las de Verlaine «Parallélement»... Allá lejos, Catulo habría -gustado de todas ellas.</p> - -<p>Yo saludo a Pichardo, al gran poeta de Cuba, al aparecer su brillante -libro, en cuya cubierta la musa medio desnuda, destacándose en el fondo -de la sagrada selva, muestra sus blancos pechos erectos, cerca de los -cisnes, de los bienhechores, melodiosos y olímpicos cisnes.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 126px;"> -<a href="images/illus-185_lg.png"> -<img src="images/illus-185_sml.png" width="126" height="108" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_186" id="page_186"></a></p> - -<p><a name="page_187" id="page_187"></a></p> - -<h2><a name="MARINETTI_Y_EL_FUTURISMO" id="MARINETTI_Y_EL_FUTURISMO"></a> -<a href="images/illus-187_lg.png"> -<img src="images/illus-187_sml.png" width="326" height="125" alt="" /></a><br /> -<br /> -MARINETTI Y EL FUTURISMO</h2> - -<p class="nind"><span class="letra"><img class="drop-cap" src="images/drop-m.png" -width="90" -height="93" -alt="M" /></span><small>ARINETTI</small> es un poeta italiano de lengua francesa. Es un buen poeta, un -notable poeta. La «élite» intelectual universal le conoce. Sé que -personalmente es un gentil mozo y es mundano. Publica en Milán una -revista políglota y lírica, lujosamente presentada, <i>Poesía</i>. Sus poemas -han sido alabados por los mejores poetas líricos de Francia. Su obra -principal hasta ahora: <i>Le roi Bombance</i>, rabelesiana, pomposamente -cómica, trágicamente burlesca, exuberante, obtuvo un éxito merecido, al -publicarse, y seguramente no lo obtendrá cuando se represente en -<i>L’Œuvre</i> de París bajo la dirección del muy conocido actor -Lugne-Poe. Su libro contra D’Annunzio es tan bien hecho y tan mal -intencionado que el Imaginífico—¿la pluma en el sombrero,<a name="page_188" id="page_188"></a> -Lugones?—debe estar satisfecho del satírico homenaje. A este propósito, -el conde Robert de Montesquiou le dice conceptos que yo hago míos:</p> - -<p>«Le temps et le verve que vous lui donnerez sont des beaux éloges, -dénués de la fadeur des cassolettes et de l’écœurement des -encensoirs. La louange n’est pas <i>une</i>; et, surtout, <i>pas forcément -suave</i>: elle peut être acidulée; ce n’est pas la pire. Et le «toujours -Lui, Lui partout!» de votre brillante critique, représente une salve -d’applaudissements qui a bien son prix. La gentiane est amère, le pavot -empoisonné, la belladone, vénéneuse: elles n’en sont pas moins des -fleurs salutaires, belles, entre toutes, que plusieurs, non des moins -difficiles, preféreront au jasmin. Et leur gerbe, déposée au socle d’un -buste, l’honore autant que le ferait la flore étoilée.»</p> - -<p>Los poemas de Marinetti son violentos, sonoros y desbridados. He ahí el -efecto de la fuga italiana en un órgano francés. Y es curioso observar, -que aquel que más se le parece es el flamenco Verhaeren. Pero el -hablaros ahora de Marinetti es con motivo de una encuesta que hoy hace, -a propósito de una nueva escuela literaria que ha fundado, o cuyos -principios ha proclamado con todos los clarines de su fuerte verbo. Esta -escuela se llama El Futurismo.</p> - -<p>Solamente que el Futurismo estaba ya fundado por el gran mallorquín -Gabriel Alomar. Ya he hablado de esto en las <i>Dilucidaciones</i>, que -encabezan mi <i>Canto errante</i>.<a name="page_189" id="page_189"></a></p> - -<p>¿Conocía Marinetti el folleto en catalán en que expresa sus pensares de -futurista Alomar? Creo que no, y que no se trata sino de una -coincidencia. En todo caso, hay que reconocer la prioridad de la -palabra, ya que no de toda la doctrina.</p> - -<p>¿Cuál es ésta?</p> - -<p>Vamos a verlo.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>1. «Queremos cantar el amor del peligro, el hábito de la energía y de la -temeridad». En la primera proposición paréceme que el futurismo se -convierte en pasadismo. ¿No está todo eso en Homero?</p> - -<p>2. «Los elementos esenciales de nuestra poesía serán el valor, la -audacia y la rebeldía». ¿No está todo eso ya en todo el ciclo clásico?</p> - -<p>3. «Habiendo hasta ahora magnificado la literatura la inmovilidad -pensativa, el éxtasis y el sueño, queremos exaltar el movimiento -agresivo, el insomnio febriciente, el paso gimnástico, el salto -peligroso, la bofetada y el puñetazo». Creo que muchas cosas de esas -están ya en el mismo Homero, y que Píndaro es un excelente poeta de los -deportes.</p> - -<p>4. «Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una -belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carrera, con -su cofre adornado de gruesos tubos semejantes a serpientes de aliento -explosivo... un automóvil rugiente, que parece que corre sobre -metrallas,<a name="page_190" id="page_190"></a> es más bello que la Victoria de Samotracia». No comprendo la -comparación. ¿Qué es más bello, una mujer desnuda o la tempestad? ¿Un -lirio o un cañonazo? ¿Habrá que releer, como decía Mendès, el prefacio -del <i>Cronwell</i>?</p> - -<p>5. «Queremos cantar al hombre que tiene el volante, cuyo bello ideal -traspasa la Tierra lanzada ella misma sobre el circuito de su órbita». -Si no en la forma moderna de comprensión, siempre se podría volver a la -antigüedad en busca de Belerofontes o Mercurios.</p> - -<p>6. «Es preciso que el poeta se gaste con calor, brillo y prodigalidad, -para aumentar el brillo entusiasta de los elementos primordiales». -Plausible. Desde luego es ello un impulso de juventud y de conciencia, -de vigor propio.</p> - -<p>7. «No hay belleza sino en la lucha. No hay obra maestra sin un carácter -agresivo. La poesía debe ser un asalto violento contra las fuerzas -desconocidas, para imponerles la soberanía del hombre». ¿Apolo y Anfion -inferiores a Herakles? Las fuerzas desconocidas no se doman con la -violencia. Y, en todo caso, para el Poeta, no hay fuerzas desconocidas.</p> - -<p>8. «Estamos sobre el promontorio extremo de los siglos... ¿Para qué -mirar detrás de nosotros, puesto que tenemos que descerrajar los -<i>vantaux</i> de lo Imposible? El Tiempo y el Espacio han muerto ayer. -Vivimos ya en lo Absoluto, puesto que hemos ya creado la eterna rapidez -omnipotente». ¡Oh, Marinetti! El automóvil es un pobre<a name="page_191" id="page_191"></a> escarabajo -soñado, ante la eterna Destrucción que se revela, por ejemplo, en el -reciente horror de Trinacria.</p> - -<p>9. «Queremos glorificar la guerra—sola higiene del mundo,—el -militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las -bellas Ideas que matan, y el desprecio de la mujer». El poeta innovador -se revela oriental, nietszcheano, de violencia acrática y destructora. -¿Pero para ello artículos y reglamentos? En cuanto a que la Guerra sea -la única higiene del mundo, la Peste reclama.</p> - -<p>10. «Queremos demoler los museos, las bibliotecas, combatir el -moralismo, el feminismo y todas las cobardías oportunistas utilitarias».</p> - -<p>11. «Cantaremos las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, el -placer o la revuelta; las resacas multicoloras y polifónicas de las -revoluciones en las capitales modernas, la vibración nocturna de los -arsenales y los astilleros bajo sus violentas lunas eléctricas; las -estaciones glotonas y tragadoras de serpientes que humean, los puentes -de saltos de gimnasta lanzados sobre la cuchillería diabólica de los -ríos asoleados; los paquebots aventureros husmeando el horizonte; las -locomotoras de gran pecho, que piafan sobre los rieles, como enormes -caballos de acero embridados de largos tubos, y el vuelo deslizante de -los aeroplanos, cuya hélice tiene chasquidos de bandera y de muchedumbre -entusiasta.» Todo esto es hermosamente entusiástico y, más que todo,<a name="page_192" id="page_192"></a> -hermosamente juvenil. Es una plataforma de plena juventud; por serlo, -tiene sus inherentes cualidades y sus indispensables puntos vulnerables.</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Dicen los futuristas, por boca de su principal <i>leader</i>, que lanzan en -Italia esa proclama—que está en francés, como todo manifiesto que se -respeta—porque quieren quitar a Italia su gangrena de profesores, de -arqueólogos, de ciceroni y de anticuarios. Dicen que Italia es preciso -que deje de ser el «grand marché des brocanteurs». No estamos desde -luego en pleno futurismo cuando son profesores italianos los que llaman -a ilustrar a sus pueblos respectivos un Teodoro Roosevelt y un Emilio -Mitre.</p> - -<p>Es muy difícil la transformación de ideas generales, y la infiltración -en las colectividades humanas se hace por capas sucesivas. ¿Que los -museos son cementerios? No nos peladanicemos demasiado. Hay muertos de -mármol y de bronce en parques y paseos, y si es cierto que algunas ideas -estéticas se resienten de la aglomeración en esos edificios oficiales, -no se ha descubierto por lo pronto nada mejor con que sustituir tales -ordenadas y catalogadas exhibiciones. ¿Los Salones? Eso ya es otra cosa.</p> - -<p>La principal idea de Marinetti es que todo está en lo que viene y casi -nada en lo pasado. En un cuadro antiguo no ve más que «la contorsión -pe<a name="page_193" id="page_193"></a>nosa del artista que se esfuerza en romper las barreras -infranqueables a su deseo de expresar enteramente su ensueño.» Pero ¿es -que en lo moderno se ha conseguido esto? Si es un ramo de flores cada -año, a lo más, el que hay que llevar funeralmente a la «Gioconda», ¿qué -haremos con los pintores contemporáneos de golf y automóvil? Y -¡adelante! Pero ¿a dónde? Si ya no existen Tiempo y Espacio, ¿no será lo -mismo ir hacia Adelante que hacia Atrás?</p> - -<p>Los más viejos de nosotros, dice Marinetti, tienen treinta años. He allí -todo. Se dan diez años para llenar su tarea, y en seguida se entregan -voluntariamente a los que vendrán después. «Ellos se levantarán—¡cuando -los futuristas tengan cuarenta años!—ellos se levantarán al rededor de -nosotros, angustiados y despechados, y todos exasperados por nuestro -orgulloso valor infatigable, se lanzarán para matarnos, con tanto mayor -odio cuanto que su corazón estará ebrio de amor y de admiración por -nosotros.»</p> - -<p>¡Y en este tono la oda continúa con la misma velocidad e ímpetu!</p> - -<p>¡Ah, maravillosa juventud! Yo siento cierta nostalgia de primavera -impulsiva al considerar que sería de los devorados, puesto que tengo más -de cuarenta años. Y, en su violencia, aplaudo la intención de Marinetti, -porque la veo por su lado de obra de poeta, de ansioso y valiente poeta -que desea conducir el sagrado caballo hacia nuevos horizontes. -Encontraréis en todas esas cosas mu<a name="page_194" id="page_194"></a>cho de excesivo; el son de guerra es -demasiado impetuoso; pero ¿quiénes sino los jóvenes, los que tienen la -primera fuerza y la constante esperanza, pueden manifestar los intentos -impetuosos y excesivos?</p> - -<p class="cb">*<br />* *</p> - -<p>Lo único que yo encuentro inútil es el manifiesto. Si Marinetti con sus -obras vehementes ha probado que tiene un admirable talento y que sabe -llenar su misión de Belleza, no creo que su manifiesto haga más que -animar a un buen número de imitadores a hacer «futurismo» a ultranza, -muchos, seguramente, como sucede siempre, sin tener el talento ni el -verbo del iniciador. En la buena época del simbolismo hubo también -manifiestos de jefes de escuela, desde Moreas hasta Ghil. ¿En qué quedó -todo eso? Los naturistas también «manifestaron» y la pasajera capilla -tuvo resonancia, como el positivismo, en el Brasil. Ha habido después -otras escuelas y otras proclamas estéticas. Los más viejos de todos esos -revolucionarios de la literatura no han tenido treinta años.</p> - -<p>El calvo D’Annunzio no sé cuántos tiene ya, y fíjese Marinetti que el -glorioso italiano goza de buena salud después de la bella bomba con que -intentó demolerle. Los dioses se van y hacen bien. Si así no fuese no -habría cabida para todos en este pobre mundo. Ya se irá también -D’Annunzio. Y vendrán otros dioses que asimismo tendrán<a name="page_195" id="page_195"></a> que irse cuando -les toque el turno, y así hasta que el cataclismo final haga pedazos la -bola en que rodamos todos hacia la eternidad, y con ella todas las -ilusiones, todas las esperanzas, todos los ímpetus y todos los sueños -del pasajero rey de la creación. Lo Futuro es el incesante turno de la -Vida y de la muerte. Es lo pasado al revés. Hay que aprovechar las -energías en el instante, unidos como estamos en el proceso de la -universal existencia. Y después dormiremos tranquilos y por siempre -jamás. Amén.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 128px;"> -<a href="images/illus-195_lg.png"> -<img src="images/illus-195_sml.png" width="128" height="148" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_196" id="page_196"></a></p> - -<p><a name="page_197" id="page_197"></a></p> - -<h2><a name="INDICE" id="INDICE"></a>INDICE</h2> - -<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary=""> - -<tr><td> </td><td align="right"><small>Págs.</small></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#LA_CASA_DE_LAS_IDEAS">La casa de las ideas</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_005">5</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><a href="#PARIS_Y_LOS_ESCRITORES_EXTRANJEROS">París y los escritores extranjeros</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_011">11</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#VIDA_DE_LAS_ABEJAS">Vida de las abejas</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_021">21</a></td></tr> -<tr><td><a href="#LUIS_BONAFOUX">Luis Bonafoux.—«Bombos y Palos»</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_027">27</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#EN_EL_PAIS_DE_LA_BOHEMIA">En el país de la Bohemia</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_033">33</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#EL_MILAGRO_DE_LA_VOLUNTAD">El milagro de la voluntad</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_043">43</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#EL_BRASIL_INTELECTUAL">El Brasil intelectual</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_053">53</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#LETRAS_DOMINICANAS">Letras dominicanas</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_061">61</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#UN_POETA_PORTUGUES_EN_LA_INDIA">Un poeta portugués en la India</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_069">69</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#EUGENIA_DE_GUERIN">Eugenia de Guérin</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_079">79</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#ARTHUR_SYMONS">Arthur Symons.—«Retratos Ingleses»</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_089">89</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#SAINT-POL-ROUX">Saint-Pol-Roux</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_099">99</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#EL_PUEBLO_DEL_POLO">El pueblo del Polo</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_107">107</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#HERCULES_Y_DON_QUIJOTE">Hércules y Don Quijote</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_117">117</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#UN_RECUERDO_A_CASTELAR">Un recuerdo a Castelar</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_123">123</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#JEAN_ORTH_Y_EUGENIO_GARZON">Jean Orth y Eugenio Garzón</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_129">129</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#CATULLE_MENDES">Catulle Mendès</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_135">135</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#ANTONIO_DE_ZAYAS">Antonio de Zayas</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_147">147</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#EL_CONDE_DE_LAS_NAVAS">El conde de las Navas</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_153">153</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#JOSE_NOGALES">José Nogales</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_163">163</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#MARIANO_DE_CAVIA">Mariano de Cávia</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_167">167</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#MANUEL_S_PICHARDO">Manuel S. Pichardo</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_177">177</a></td></tr> -<tr><td valign="top"><a href="#MARINETTI_Y_EL_FUTURISMO">Marinetti y el Futurismo</a></td><td align="right" valign="bottom"><a href="#page_187">187</a></td></tr> -</table> - -<p><a name="page_198" id="page_198"></a></p> - -<div class="figcenter" style="width: 247px;"> -<a href="images/illus-198_lg.png"> -<img src="images/illus-198_sml.png" width="247" height="385" alt="" /></a><br /> -</div> - -<p><a name="page_199" id="page_199"></a></p> - -<hr /> - -<p class="cb">OBRAS COMPLETAS</p> - -<p class="cb">DE</p> - -<p class="cb">FRANCISCO VILLAESPESA</p> - -<p class="cb">TOMOS PUBLICADOS</p> - -<p>I.—<span class="smcap">Intimidades.—Flores de almendro.</span></p> - -<p>II.—<span class="smcap">Luchas.—Confidencias.</span></p> - -<p>III.—<span class="smcap">La copa del rey de Thule.—La musa enferma.</span></p> - -<p>IV.—<span class="smcap">El alto de los bohemios.—Rapsodias.</span></p> - -<p>V.—<span class="smcap">Las horas que pasan.—Veladas de amor.</span></p> - -<p>VI.—<span class="smcap">Las joyas de Margarita: Breviario de amor.—La tela de -Penélope.—El Milagro del vaso de agua.</span></p> - -<p>VII.—<span class="smcap">Doña María de Padilla.—La cena de los cardenales.</span></p> - -<p>VIII.—<span class="smcap">El Milagro de las Rosas.—Resurrección. Amigas viejas.</span></p> - -<p>IX.—<span class="smcap">Las granadas de rubíes.—Las pupilas de almotadid.—Las garras -de la pantera.—El último Abderramán.</span></p> - -<p>X.—<span class="smcap">Tristitiæ rerum.</span></p> - -<p>XI.—<span class="smcap">La leona de Castilla.—En el desierto.</span></p> - -<p>XII.—<span class="smcap">El rey Galaor. El triunfo del amor.</span></p> - -<p class="cb">EDITORIAL MUNDO LATINO</p> - -<p class="cb">Barbieri, 1 duplicado.—Apartado 502</p> - -<p class="cb">——MADRID——</p> - -<p class="c">Las librerías de España y América deberán dirigir sus pedidos a la</p> - -<p class="cb"> -<b>Sociedad General Española de Librería.<br /> -Diarios, revistas y publicaciones (S. A.)</b><br /> -<br /> -——FERRAZ,——21 MADRID——<br /> -</p> - -<p><a name="transcrib" id="transcrib"></a></p> - -<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="" -style="padding:2%;border:3px dotted gray;"> -<tr><th align="center">Los errores corregidos:</th></tr> -<tr><td align="center">ciuda griega=> ciudad griega {pg 7}</td></tr> -<tr><td align="center">En estas paginas=> En estas páginas {pg 17}</td></tr> -<tr><td align="center">los intectuales=> los intelectuales {pg 18}</td></tr> -<tr><td align="center">Es el mismo Sweendenborg=> Es el mismo Swedenborg {pg 23}</td></tr> -<tr><td align="center">Gentón epistolario=> Centón epistolario {pg 29}</td></tr> -<tr><td align="center">ella en su rerepertorio=> ella en su repertorio {pg 39}</td></tr> -<tr><td align="center">Confesions of an opium eater=> Confessions of an opium eater {pg 49}</td></tr> -<tr><td align="center">quitarme la convinción=> quitarme la convincción {pg 49}</td></tr> -<tr><td align="center">Lep Morticoles=> Les Morticoles {pg 51}</td></tr> -<tr><td align="center">los últimos movientos=> los últimos movimientos {pg 54}</td></tr> -<tr><td align="center">naturalmentedes pertaron=> naturalmente despertaron {pg 57}</td></tr> -<tr><td align="center">Nel plenilunio di calendimaagio=> Nel plenilunio di calendimaggio {pg 71}</td></tr> -<tr><td align="center">«It is better to have loved and los than never to have lovei at all»=> «It is better to have loved and lost than never to have loved at all» {pg 75}</td></tr> -<tr><td align="center">Arthur Simons es un poeta y escritor inglés=> Arthur Symons es un poeta y escritor inglés {pg 89}</td></tr> -<tr><td align="center">casa de arte allá en Taliti=> casa de arte allá en Tahiti {pg 100}</td></tr> -<tr><td align="center">más admirativos cenceptos=> más admirativos conceptos {pg 100}</td></tr> -<tr><td align="center">Etre admire n’est rien, l’affaire est d’être aimé,=> Être admiré n’est rien, l’affaire est d’être aimé, {pg 102}</td></tr> -<tr><td align="center">como Lytton Bwllver=> como Lytton Bullver {pg 110}</td></tr> -<tr><td align="center">los selanitas=> los selenitas {pg 116}</td></tr> -<tr><td align="center">ya dicho Perso=> ya dicho Perseo {pg 119}</td></tr> -<tr><td align="center">CATULLE MENDÉS=> CATULLE MENDÈS {pg 135}</td></tr> -<tr><td align="center">mes tendres et donloureux=> mes tendres et douloureux {pg 137}</td></tr> -<tr><td align="center">conocimiento tampoco=> conocimiento tammpoco {pg 156}</td></tr> -<tr><td align="center">facultad de discenir=> facultad de discernir {pg 171}</td></tr> -<tr><td align="center">alegre discrección=> alegre discreción {pg 171}</td></tr> -<tr><td align="center">Es algo de abolego=> Es algo de abolengo {pg 173}</td></tr> -<tr><td align="center">en a ancianidad=> en la ancianidad {pg 175}</td></tr> -<tr><td align="center">que Cavia entre=> que Cávia entre {pg 175}</td></tr> -<tr><td align="center">bebimos un te=> bebimos un té {pg 180}</td></tr> -<tr><td align="center">l’ocœurement des encensoirs=> l’écœurement des encensoirs {pg 188}</td></tr> -<tr><td align="center">Teodoro Rooselvet=> Teodoro Roosevelt {pg 192}</td></tr> -<tr><td align="center">Saint-Poul-Roux=> Saint-Pol-Roux {pg 197—índice}</td></tr> -</table> - -<hr class="full" /> - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Letras, by Rubén Darío - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LETRAS *** - -***** This file should be named 51029-h.htm or 51029-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/1/0/2/51029/ - -Produced by Josep Cols Canals, Chuck Greif and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project -Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you -charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you -do not charge anything for copies of this eBook, complying with the -rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose -such as creation of derivative works, reports, performances and -research. They may be modified and printed and given away--you may do -practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy -all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. -If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project -Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the -terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or -entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement -and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic -works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation" -or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project -Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the -collection are in the public domain in the United States. If an -individual work is in the public domain in the United States and you are -located in the United States, we do not claim a right to prevent you from -copying, distributing, performing, displaying or creating derivative -works based on the work as long as all references to Project Gutenberg -are removed. Of course, we hope that you will support the Project -Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by -freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of -this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with -the work. You can easily comply with the terms of this agreement by -keeping this work in the same format with its attached full Project -Gutenberg-tm License when you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in -a constant state of change. If you are outside the United States, check -the laws of your country in addition to the terms of this agreement -before downloading, copying, displaying, performing, distributing or -creating derivative works based on this work or any other Project -Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning -the copyright status of any work in any country outside the United -States. - -1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: - -1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate -access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently -whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the -phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project -Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed, -copied or distributed: - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - -1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived -from the public domain (does not contain a notice indicating that it is -posted with permission of the copyright holder), the work can be copied -and distributed to anyone in the United States without paying any fees -or charges. If you are redistributing or providing access to a work -with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the -work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 -through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the -Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or -1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional -terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked -to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the -permission of the copyright holder found at the beginning of this work. - -1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. - -1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License. - -1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any -word processing or hypertext form. However, if you provide access to or -distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than -"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version -posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org), -you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a -copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon -request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other -form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm -License as specified in paragraph 1.E.1. - -1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided -that - -- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is - owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he - has agreed to donate royalties under this paragraph to the - Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments - must be paid within 60 days following each date on which you - prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax - returns. Royalty payments should be clearly marked as such and - sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the - address specified in Section 4, "Information about donations to - the Project Gutenberg Literary Archive Foundation." - -- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or - destroy all copies of the works possessed in a physical medium - and discontinue all use of and all access to other copies of - Project Gutenberg-tm works. - -- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any - money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days - of receipt of the work. - -- You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works. - -1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm -electronic work or group of works on different terms than are set -forth in this agreement, you must obtain permission in writing from -both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael -Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the -Foundation as set forth in Section 3 below. - -1.F. - -1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -public domain works in creating the Project Gutenberg-tm -collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic -works, and the medium on which they may be stored, may contain -"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or -corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual -property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a -computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by -your equipment. - -1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE. - -1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium with -your written explanation. The person or entity that provided you with -the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a -refund. If you received the work electronically, the person or entity -providing it to you may choose to give you a second opportunity to -receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy -is also defective, you may demand a refund in writing without further -opportunities to fix the problem. - -1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER -WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO -WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. - -1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages. -If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the -law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be -interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by -the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any -provision of this agreement shall not void the remaining provisions. - -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance -with this agreement, and any volunteers associated with the production, -promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, -harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, -that arise directly or indirectly from any of the following which you do -or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm -work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any -Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. - - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of computers -including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 -and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at -http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at -809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email -business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To -SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any -particular state visit http://pglaf.org - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. -To donate, please visit: http://pglaf.org/donate - - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic -works. - -Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm -concept of a library of electronic works that could be freely shared -with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project -Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. - - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. -unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition. - - -Most people start at our Web site which has the main PG search facility: - - http://www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - - -</pre> - -</body> -</html> diff --git a/old/51029-h/images/cover.jpg b/old/51029-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f72e73c..0000000 --- a/old/51029-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-a.png b/old/51029-h/images/drop-a.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 062164b..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-a.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-b.png b/old/51029-h/images/drop-b.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 4003dfc..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-b.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-c.png b/old/51029-h/images/drop-c.png Binary files differdeleted file mode 100644 index ab09d9d..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-c.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-d.png b/old/51029-h/images/drop-d.png Binary files differdeleted file mode 100644 index a654a5e..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-d.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-e.png b/old/51029-h/images/drop-e.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 3304a3c..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-e.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-f.png b/old/51029-h/images/drop-f.png Binary files differdeleted file mode 100644 index b212872..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-f.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-h.png b/old/51029-h/images/drop-h.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 377b413..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-h.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-j.png b/old/51029-h/images/drop-j.png Binary files differdeleted file mode 100644 index d83cd23..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-j.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-l.png b/old/51029-h/images/drop-l.png Binary files differdeleted file mode 100644 index b9c3f41..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-l.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-m.png b/old/51029-h/images/drop-m.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 72f472b..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-m.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-p.png b/old/51029-h/images/drop-p.png Binary files differdeleted file mode 100644 index a867715..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-p.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-u.png b/old/51029-h/images/drop-u.png Binary files differdeleted file mode 100644 index ba8ddd4..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-u.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/drop-v.png b/old/51029-h/images/drop-v.png Binary files differdeleted file mode 100644 index c8164a4..0000000 --- a/old/51029-h/images/drop-v.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/front_lg.png b/old/51029-h/images/front_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 7a30d55..0000000 --- a/old/51029-h/images/front_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/front_sml.png b/old/51029-h/images/front_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 68fffcc..0000000 --- a/old/51029-h/images/front_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-004_lg.png b/old/51029-h/images/illus-004_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 0a4f732..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-004_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-004_sml.png b/old/51029-h/images/illus-004_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 4ff957d..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-004_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-005_lg.png b/old/51029-h/images/illus-005_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 175ae57..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-005_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-005_sml.png b/old/51029-h/images/illus-005_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 2d1e28b..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-005_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-009_lg.png b/old/51029-h/images/illus-009_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 6dc7bcf..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-009_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-009_sml.png b/old/51029-h/images/illus-009_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index ce8debc..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-009_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-011_lg.png b/old/51029-h/images/illus-011_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 48d2fe2..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-011_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-011_sml.png b/old/51029-h/images/illus-011_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index b2c3733..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-011_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-020_lg.png b/old/51029-h/images/illus-020_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 4b9e0a9..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-020_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-020_sml.png b/old/51029-h/images/illus-020_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 80ca00f..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-020_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-021_lg.png b/old/51029-h/images/illus-021_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 262e602..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-021_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-021_sml.png b/old/51029-h/images/illus-021_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index fdda6fc..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-021_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-025_lg.png b/old/51029-h/images/illus-025_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index bbda12d..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-025_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-025_sml.png b/old/51029-h/images/illus-025_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 69c0b90..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-025_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-027_lg.png b/old/51029-h/images/illus-027_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 0cfcdf7..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-027_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-027_sml.png b/old/51029-h/images/illus-027_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 4affd8d..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-027_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-033_lg.png b/old/51029-h/images/illus-033_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 73b24dd..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-033_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-033_sml.png b/old/51029-h/images/illus-033_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 07e7451..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-033_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-043_lg.png b/old/51029-h/images/illus-043_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 86cb9da..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-043_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-043_sml.png b/old/51029-h/images/illus-043_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 364c063..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-043_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-052_lg.png b/old/51029-h/images/illus-052_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 451fcf1..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-052_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-052_sml.png b/old/51029-h/images/illus-052_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 9c7b080..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-052_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-053_lg.png b/old/51029-h/images/illus-053_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 6f83a46..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-053_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-053_sml.png b/old/51029-h/images/illus-053_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index e8e59cd..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-053_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-059_lg.png b/old/51029-h/images/illus-059_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 2544152..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-059_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-059_sml.png b/old/51029-h/images/illus-059_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 2627daf..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-059_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-061_lg.png b/old/51029-h/images/illus-061_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index be59a6f..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-061_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-061_sml.png b/old/51029-h/images/illus-061_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index bf1d13e..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-061_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-069_lg.png b/old/51029-h/images/illus-069_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index d205afa..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-069_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-069_sml.png b/old/51029-h/images/illus-069_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 4aa5c31..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-069_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-077_lg.png b/old/51029-h/images/illus-077_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 6be4903..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-077_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-077_sml.png b/old/51029-h/images/illus-077_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 81e94b3..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-077_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-079_lg.png b/old/51029-h/images/illus-079_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 0662db1..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-079_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-079_sml.png b/old/51029-h/images/illus-079_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index b26a1d0..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-079_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-089_lg.png b/old/51029-h/images/illus-089_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 43be385..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-089_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-089_sml.png b/old/51029-h/images/illus-089_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 31ce61e..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-089_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-097_lg.png b/old/51029-h/images/illus-097_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 570e119..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-097_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-097_sml.png b/old/51029-h/images/illus-097_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 1c4413f..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-097_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-099_lg.png b/old/51029-h/images/illus-099_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 2f8a814..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-099_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-099_sml.png b/old/51029-h/images/illus-099_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index c07b408..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-099_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-107_lg.png b/old/51029-h/images/illus-107_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index daa9447..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-107_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-107_sml.png b/old/51029-h/images/illus-107_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 8f47bd0..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-107_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-116_lg.png b/old/51029-h/images/illus-116_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 0f3a84e..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-116_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-116_sml.png b/old/51029-h/images/illus-116_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index b4761dd..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-116_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-117_lg.png b/old/51029-h/images/illus-117_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 0440238..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-117_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-117_sml.png b/old/51029-h/images/illus-117_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 5928542..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-117_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-123_lg.png b/old/51029-h/images/illus-123_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index bdfdfd0..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-123_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-123_sml.png b/old/51029-h/images/illus-123_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index e4c1453..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-123_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-128_lg.png b/old/51029-h/images/illus-128_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 7c174e9..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-128_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-128_sml.png b/old/51029-h/images/illus-128_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index fa86343..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-128_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-129_lg.png b/old/51029-h/images/illus-129_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 23f1d73..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-129_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-129_sml.png b/old/51029-h/images/illus-129_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 6c34733..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-129_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-134_lg.png b/old/51029-h/images/illus-134_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 9086236..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-134_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-134_sml.png b/old/51029-h/images/illus-134_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index fb554cf..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-134_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-135_lg.png b/old/51029-h/images/illus-135_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index e30c173..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-135_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-135_sml.png b/old/51029-h/images/illus-135_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index a6fdc42..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-135_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-145_lg.png b/old/51029-h/images/illus-145_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 8c8bde0..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-145_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-145_sml.png b/old/51029-h/images/illus-145_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 9da14fd..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-145_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-147_lg.png b/old/51029-h/images/illus-147_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 10d2a6f..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-147_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-147_sml.png b/old/51029-h/images/illus-147_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index d0b538d..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-147_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-153_lg.png b/old/51029-h/images/illus-153_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index a3ac93b..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-153_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-153_sml.png b/old/51029-h/images/illus-153_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index cd34157..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-153_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-161_lg.png b/old/51029-h/images/illus-161_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 00cbcb4..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-161_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-161_sml.png b/old/51029-h/images/illus-161_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 7cc97c4..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-161_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-163_lg.png b/old/51029-h/images/illus-163_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index ab60cf9..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-163_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-163_sml.png b/old/51029-h/images/illus-163_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 7218a65..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-163_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-166_lg.png b/old/51029-h/images/illus-166_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 9fbb01c..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-166_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-166_sml.png b/old/51029-h/images/illus-166_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 8a7e117..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-166_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-167_lg.png b/old/51029-h/images/illus-167_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 14049ff..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-167_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-167_sml.png b/old/51029-h/images/illus-167_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 018a14d..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-167_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-176_lg.png b/old/51029-h/images/illus-176_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index bfba010..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-176_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-176_sml.png b/old/51029-h/images/illus-176_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index cc3c66c..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-176_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-177_lg.png b/old/51029-h/images/illus-177_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 4f71f6e..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-177_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-177_sml.png b/old/51029-h/images/illus-177_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index fca7de3..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-177_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-185_lg.png b/old/51029-h/images/illus-185_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 63033d3..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-185_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-185_sml.png b/old/51029-h/images/illus-185_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index c7bc400..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-185_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-187_lg.png b/old/51029-h/images/illus-187_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index ec665c6..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-187_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-187_sml.png b/old/51029-h/images/illus-187_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index b7a0af9..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-187_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-195_lg.png b/old/51029-h/images/illus-195_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index f9ec072..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-195_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-195_sml.png b/old/51029-h/images/illus-195_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 3486afe..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-195_sml.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-198_lg.png b/old/51029-h/images/illus-198_lg.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 855d637..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-198_lg.png +++ /dev/null diff --git a/old/51029-h/images/illus-198_sml.png b/old/51029-h/images/illus-198_sml.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 19b213d..0000000 --- a/old/51029-h/images/illus-198_sml.png +++ /dev/null |
