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-Project Gutenberg's Hombres y glorias de América, by Enrique Piñeyro
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
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-
-Title: Hombres y glorias de América
-
-Author: Enrique Piñeyro
-
-Release Date: February 15, 2014 [EBook #44918]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HOMBRES Y GLORIAS DE AMÉRICA ***
-
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-
-
-Produced by Carlos Colón, Adrian Mastronardi and the Online
-Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
-file was produced from images generously made available
-by The Internet Archive/American Libraries.)
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- Nota del Transcriptor:
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- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
- Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=.
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-
- HOMBRES
- Y
- GLORIAS DE AMÉRICA
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-
- HOMBRES
- Y
- GLORIAS DE AMÉRICA
-
- POR
-
- ENRIQUE PIÑEYRO
-
- [Ilustración]
-
- PARÍS
-
-
- GARNIER HERMANOS, LIBREROS EDITORES
- 6, rue des Saints-Pères, 6
- 1903
-
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-
-PARÍS.--TIP. GARNIER HERMANOS, 5 RUE DES SAINTS PÈRES.
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-
-
-
- EL CONFLICTO
- ENTRE
- LA ESCLAVITUD Y LA LIBERTAD
- EN LOS ESTADOS UNIDOS
- de 1850 á 1861[1]
-
- (Bosquejo histórico)
-
- [1] Este trabajo, que sólo aspira á ser, como en el título se
- indica, rápida ojeada sobre graves y complicados acaecimientos
- históricos, los considera, además, desde un punto de vista limitado
- y especial. El senado de los Estados Unidos es aquí como el hilo
- conductor de la narración de algunas de las grandes cosas sucedidas
- en la república angloamericana durante los años de luchas verbales
- y contiendas electorales que precedieron á la guerra civil. Aun
- ciertos episodios ajenos á evoluciones de partido dentro del
- senado, como la aparición y efectos de la novela abolicionista de
- Harriet Beecher Stowe, las veleidades anexionistas respecto de
- Cuba, la temeraria empresa de John Brown, las elecciones
- presidenciales, otros más, se tratan buscando especialmente su
- reflejo en las discusiones de ese cuerpo, cuya influencia en la
- marcha política de los Estados Unidos ha sido siempre muy marcada y
- decisiva.
-
-
-CAPÍTULO I
-
-Tentativas de conciliación antes de 1850.
-
-La historia política y constitucional de los Estados Unidos de la
-América del Norte se desenvuelve durante largo período en dos
-direcciones principales; puede decirse que se concentra en dos problemas
-capitales, cuyo planteamiento y progresivo desarrollo va rápidamente
-despertando el más palpitante interés, hasta llegar á una solución
-violenta y definitiva en medio de los horrores de una guerra civil,
-sangrienta y destructora, como se recuerdan muy pocas otras en los
-anales de la humanidad.
-
-Esas dos cuestiones esenciales son: la extensión del área organizada de
-la república con objeto de abrir el ancho campo indispensable al
-portentoso engrandecimiento de su riqueza y población, y la lucha entre
-los partidos políticos por consentir ó prohibir en los territorios
-nuevamente anexados, ó en los nuevos estados que sobre ellos pudieran
-constituirse, la esclavitud de la raza negra, tal como existía desde
-antes de la independencia de los trece primeros estados, y tal como
-implícitamente lo reconocía la Constitución soberana é intangible del
-país.
-
-A medida que han ido desapareciendo los actores que tomaron parte en las
-luchas reñidas nacidas de esas cuestiones y se han podido escudriñar los
-móviles verdaderos de sus actos y palabras; á medida que el trascurso
-del tiempo ha suprimido los obstáculos que cerraban el horizonte é
-impedían descubrir desde alto punto de vista toda la perspectiva, ha
-aparecido también, cada vez más indudable, más patente cada vez, la
-preponderante influencia que la cuestión de la esclavitud de los negros
-ha ejercido en la historia de los Estados Unidos desde la época en que
-los intereses agrícolas de las regiones del Sur, arraigados en el
-trabajo esclavo, se hallaron por la fuerza de las cosas en directa
-oposición al desarrollo industrial y mercantil de los Estados del Norte,
-fomentado por el trabajo libre. El lazo federal debió resistir á
-sacudidas, día por día más violentas, y si le ha sido lícito durar hasta
-el presente, si conserva la república los rasgos esenciales de su
-prístina apariencia, si continúa ante ella abierto magnífico y dilatado
-porvenir de engrandecimiento, fué primero necesario, en medio de
-terribles borrascas, atar más fuertemente y robustecer las ligaduras,
-muy á punto en varias ocasiones de romperse para siempre.
-
-En 1820 votó el Congreso federal una ley, conocida en el lenguaje
-político con el nombre de acuerdo, ó _Compromiso_, del Missouri, en
-virtud de la cual quedaba matemáticamente fijado en la línea de los
-treinta y seis y medio grados de latitud Norte el límite que separaría
-perpetuamente las dos fracciones del país donde se consentía y donde se
-rechazaba el régimen de la esclavitud. Encima de esa línea ningún nuevo
-Estado podía entrar á formar parte de la federación, si su ley orgánica
-sancionaba la condición servil de una parte de los habitantes; y aunque
-explícitamente no se proclamase lo contrario al Sur de la misma, el
-_bill_, en concepto de todos, así lo daba por establecido: de ahí su
-nombre de _Compromiso_ ó transacción.
-
-Esa restricción geográfica impuesta á la esclavitud era un reproche
-grave y directo, aunque tácito, contra la naturaleza de la institución;
-los Estados del Sur pudieron soportarlo sin sentirse humillados ni
-agraviados, porque sobraba entonces tierra en todas direcciones por
-donde extenderse debajo del paralelo fijado, y porque sus jefes
-políticos estaban todavía muy lejos de poseer la energía y unidad de
-miras que después consagraron sin reposo á la defensa de sus intereses y
-á la satisfacción de sus deseos.
-
-El primer choque ruidoso y en campo abierto, pero puramente dogmático
-todavía, entre ambas secciones contrapuestas, la primera tempestad de
-truenos y rayos que pasó por el cielo de la república, amenazando atacar
-la unión y disolverla desparramando sus elementos, ocurrió unos doce
-años más adelante, y nació inopinadamente de una cuestión de aranceles
-de aduanas, porque el Sur, como región agrícola y productora de primeras
-materias, de algodón y de azúcar bruto, de tabaco, de cáñamo y arroz,
-exigía en nombre de la equidad que los derechos de importación, al ser
-fijados por las Cámaras en Washington para toda la República, se
-ajustasen nada más que á las necesidades generales del presupuesto;
-mientras el Norte, como región principalmente de industria y comercio,
-solicitaba que por medio de altos derechos se protegiese la creciente
-prosperidad de sus manufacturas. Un hijo ilustre de la Carolina del Sur,
-que había ya sido Vicepresidente de la República, John C. Calhoun, alta
-figura en quien se concentra en la forma más digna de respeto y más
-completa cuanto hubo de bueno y cuanto hubo también de agresivamente
-egoísta en la política de esos estados agrícolas y esclavistas,
-excogitó una extraña teoría, que á su juicio se deducía naturalmente del
-pacto constitucional, y que otorgaba á cada estado de la Unión la
-facultad de negar el pase y la obediencia á las leyes promulgadas por la
-autoridad federal, en el caso de que infiriesen perjuicio ó causasen
-menoscabo á sus intereses esenciales. Cuando dentro de los muros del
-Capitolio brotó defendida por un senador del Sur esa siniestra teoría,
-precursora infalible de guerras y de duelos, fué inmediatamente refutada
-y demolida por Daniel Webster, senador de Massachusetts, en una oración
-magnífica, la más hermosa de su larga y brillantísima carrera, que por
-la importancia de su tema y el inflamado vigor de su argumentación ha
-sido por diversos críticos puesta en parangón con los más sublimes
-modelos del arte oratorio en Grecia y Roma[2].
-
- [2] Discurso generalmente llamado «Réplica contra Hayne»,
- pronunciado el 26 de Enero de 1830. Véase la biografía de Daniel
- Webster por HENRY CABOT LODGE, pag. 187, 1 vol. Boston, 1884.
-
-Nadie ignoraba que Calhoun era el padre de la anárquica teoría expuesta
-por el senador Hayne, y mientras Webster mostraba irrefragablemente que
-en los flancos de esa doctrina política se escondía la guerra civil con
-todos sus horrores, muchos fijaron los ojos en Calhoun que, como
-Vicepresidente de la república, dirigía las sesiones del Senado, aunque
-sin tomar parte en los debates, conforme dispone la Constitución. Pero
-al ardor de sus convicciones no podía bastar que otro se encargase de
-exponerlas y defenderlas. Poco después dimitió la Vicepresidencia,
-aceptó el cargo de senador del Estado en que nació, la Carolina del Sur,
-cuyos intereses políticos y morales eran su religión, para sostener por
-medio de la palabra, con el acento de pasión severa y solemne que daba
-alguna vida á su austera elocuencia, el derecho, ya antes defendido con
-la pluma, de anular por medio de las legislaturas de los Estados los
-acuerdos del Congreso federal. La Carolina llegó hasta á fijar de
-antemano una fecha para iniciar su rebelión constitucional; pero el
-primer magistrado de la república, el general Jackson, el más violento y
-agresivo de los hombres, que alimentaba por la patria federal, por la
-Unión, amor tan sincero y ardiente como el de Calhoun por su patria
-local, por su Estado, pidió en el acto al Congreso facultades
-extraordinarias para extirpar con mano de hierro el nido de traiciones
-que se agitaba en la Carolina.
-
-Era demasiado temprano para que osara el Sur provocar la guerra civil
-con la menor probabilidad de mantenerla siquiera un breve espacio. El
-temple militar de Jackson infundió terror en el corazón aun de los menos
-tímidos, y fué preciso retroceder para evitar un desastre definitivo.
-Acudió al socorro el senador de Kentucky, Henry Clay, el gran
-pacificador, como ya lo llamaban, por la prominente intervención que
-había tenido en el Compromiso del Missouri, y logró esta vez también, no
-sin trabajo, zurcir una nueva transacción, disminuyendo gradualmente en
-plazos fijos los derechos de aduanas, con lo cual se disipó el ominoso
-nublado, y por un poco de tiempo los ánimos parecieron aquietarse.
-
-En los años inmediatos, terminada la turbulenta administración de
-Jackson, que fué Presidente durante dos períodos y gozó hasta el fin de
-inmensa popularidad, bastó á llenar la actividad política de Calhoun y
-sus amigos la preponderante influencia que á menudo lograron ejercer en
-Washington. Gracias á ella se consumó la anexión de Tejas y se llevó á
-cabo la guerra inicua contra Méjico, así como se proyectaron y
-prepararon otras empresas, todas con el fin único de agrandar el área en
-que podría extenderse la esclavitud de los negros. Pero esos hombres,
-acaudillados por el grave y tenaz senador de la Carolina, eran demasiado
-sagaces para no ver el formidable peligro que por diversos lados
-amenazaba á la institución "peculiar", piedra angular del grupo de
-estados cuyo porvenir tan ansiosamente defendían. Vanas resultaban con
-frecuencia ventajas ganadas á costa de esfuerzos inauditos. La senda por
-donde marchaban de triunfo en triunfo conducía fatalmente á una barrera
-insalvable, contra la que habían de estrellarse sus más caras
-esperanzas.
-
-Después que la marcha misma de los sucesos colocó en abierto antagonismo
-los Estados del Norte y del Sur, pudo por mucho tiempo la lucha, á pesar
-del rápido crecimiento en riqueza y población de los primeros y del
-lento progreso de los segundos, mantenerse sin excesiva desigualdad,
-merced á los privilegios que la Constitución había asegurado á unos en
-perjuicio de los otros. Los negros esclavos entraban hasta cierto límite
-en el cálculo de la población para determinar el número de miembros de
-la "Casa de Representantes" y del Colegio electoral; el Senado además,
-que por sus mayores prerrogativas y la mayor duración del mandato era
-depositario verdadero de los elementos de una política firmemente
-continuada, se componía siempre de dos senadores por Estado, cualquiera
-que fuese su tamaño y la cifra de sus habitantes. Por consiguiente la
-lucha política en la capital federal por la suprema dirección de los
-intereses generales, podía sostenerse con armas y probabilidades iguales
-mientras se guardase el equilibrio entre ambos grupos y tuviese cada
-parte número idéntico de senadores. Ese equilibrio, esa obra maestra de
-esfuerzo y habilidad, era la trinchera poderosa, inexpugnable, en que se
-defendía la esclavitud como institución, porque el miedo de tocar el
-arca sacrosanta de la Constitución y el riesgo colosal de trastornar,
-inundar de sangre y destruir la nación, daban al Sur aliados en el Norte
-para conservar intactas sus posiciones, incólumes sus privilegios.
-
-Pero la historia enseña que raras veces un soberano, un grupo de
-hombres, un partido político, robustamente establecido al cabo de grande
-esfuerzo y venciendo todos sus adversarios, se ha contentado con la
-posesión tranquila del terreno conquistado en los primeros períodos, en
-los días en que por la novedad misma de la situación el triunfo ha sido
-fácil y la fortuna largo tiempo risueña. La inquietud del porvenir, la
-soberbia del presente desencadenan la ambición, la transforman en
-demencia y la precipitan en la ruina, como precipitó á Alejandro Magno,
-á la oligarquía senatorial de Roma, al imperio efímero del primer
-Bonaparte. Asimismo corría de jornada en jornada victoriosa á la
-catástrofe inevitable el partido, que compacto y marcialmente organizado
-constituía en quince estados de la Unión una verdadera aristocracia, y
-oprimía en dura servidumbre á más de tres millones de negros, que valían
-para la influencia política de sus amos como si fuesen dos millones de
-ciudadanos libres.
-
-No satisfecho ese partido con proclamar que la esclavitud era una
-institución local, doméstica en cada estado, y que carecía el poder
-federal de la facultad de coartarla y aun de vituperarla, lo cual en la
-práctica nadie se aventuraba á contrariar; no contento con explotar y
-abusar de todos los recursos nacionales en pro de la defensa y
-sostenimiento de esa institución local, aspiró también á extenderla por
-los territorios adquiridos después de la guerra con Méjico; pretensión
-tan impolítica como cruel, tan injusta como inmoral, pues las leyes
-mejicanas tenían allí previamente abolida la esclavitud. Esto provocó
-nueva y violenta crisis de la nunca aplacada agitación; gritos y
-amenazas de desbaratar la Unión resonaron con más furia que antes, y
-fué preciso que se adelantase al proscenio otra vez el pacificador
-perpetuo, Henry Clay, ya bien cargado de años y padecimientos, y
-coordinase y defendiese con su probada destreza un tercer Compromiso,
-que arrancado por la arrogancia del Sur á la pusilánime incertidumbre
-del Norte, aplazó diez años solamente lo que Clay y otros muchos con él
-creyeron para siempre conjurado.
-
-Cuando llegaron á la votación definitiva los artículos del Compromiso,
-en forma de otras tantas leyes diferentes[3], ya Calhoun había dejado de
-existir. En Marzo de 1850 tenía el gran campeón del Sur sesenta y ocho
-años, y se hallaba terriblemente depauperado por la dolencia pulmonar
-que de mucho atrás lo consumía; pero ansioso de tomar parte en el
-debate, como si adivinara lo brevísimo del plazo, de sólo cuatro
-semanas, que le otorgaba la enfermedad, pues debía morir el 31 del mismo
-mes,--y no teniendo fuerzas para alzar la voz y mantenerse de
-pie,--confió al senador de Virginia, Mason, el encargo de leer al Senado
-el discurso que había cuidadosamente escrito. Inmóvil en su asiento
-mientras Mason leía, parecía agravar y atestar con su rostro demacrado
-de anacoreta y los ojos lustrosos de fiebre las fúnebres predicciones
-que lanzaba en su arenga sobre el derrumbamiento y fin de la Unión,
-cuando, destruido el equilibrio de las dos secciones, juzgase el Sur en
-peligro sus derechos. También asistió tres días después á la memorable
-sesión de 7 de Marzo en que pronunció Daniel Webster un gran discurso
-sobre el mismo asunto, y en la que ambos viejos atletas, poco antes
-adversarios irreconciliables, se dirigieron mutuas expresiones de
-simpatía.
-
- [3] Sus condiciones fueron: admisión inmediata de California como
- Estado y sin esclavitud; organización de Nuevo Méjico como
- territorio, sin resolver ni en pro ni en contra la admisión de los
- esclavos; fijación de los límites de Tejas mediante un subsidio de
- diez millones en favor de ese estado; supresión del tráfico de
- esclavos, no de la esclavitud, en el distrito federal; y por último
- promulgación de una ley particularmente estricta para la
- persecución y entrega á sus dueños de los "esclavos fugitivos" en
- los Estados libres.
-
-Ese discurso de Webster, pronunciado el 7 de Marzo de 1850 y titulado
-por él al imprimirlo: "La Constitución y la Unión", es famosísimo,
-inferior entre los suyos sólo á la réplica contra Hayne, aunque la
-iguala en dos ó tres momentos. Su efecto fué decisivo en favor del plan
-propuesto por Clay; sin el prestigio del hombre y el vigor de su
-elocuencia no hubiera seguramente logrado tanta mayoría entre los
-representantes del Norte. Pero en ese esfuerzo aventuró y sacrificó el
-orador la mejor parte de su reputación, el glorioso esplendor de su
-pasado, cuanto hasta aquel día lo había hecho ilustre y adorado de sus
-conciudadanos. Son y serán siempre muchos los que piensen que, al
-renegar el gran tribuno de todo lo que hasta ese momento había
-simbolizado en la política de su patria, pagaba á precio excesivamente
-caro la defensa de un acuerdo, que en realidad á nadie satisfacía. Su
-reputación sufrió los más rudos ataques, muchos de sus antiguos
-admiradores le volvieron la espalda, y el astro fulgente quedó envuelto
-en sombras negras y densas, que no se disiparon más, que eclipsaron su
-gloria durante los dos años de vida que le quedaban, y eternamente
-cubrirán ese período final de su existencia.
-
-Cinco años antes de su fallecimiento, en Mayo de 1852, hizo Webster á un
-amigo esta declaración:--"He consagrado mi vida al derecho y á la
-política; el derecho es incierto y la política totalmente
-vana",--amargas palabras, que recuerdan otras pronunciadas por Simón
-Bolívar, también ya cerca del fin de sus días:--"La América es el caos,
-el que la ha servido ha arado en el mar." Son formas conmovedoras de un
-mismo sentimiento, gritos de dolor al término de vastas esperanzas
-defraudadas, de excelsas ambiciones cruelmente desairadas por la
-realidad de las circunstancias. Las profirieron en ocasiones algo
-parecidas dos seres extraordinarios, almas de orden excepcional, en
-quienes el equilibrio de las grandes facultades morales é intelectuales
-nunca por desgracia llegó á ser estable ni perfecto.
-
-La confesión de Webster, tan llena de desaliento, precedió al último y
-más punzante desengaño de su vida pública. Había constantemente
-acariciado la ilusión de llegar á la presidencia de la república, y de
-sobra justificaban sus méritos y servicios esa que, en hombre como él,
-de tan grandes dotes personales, era modesta pretensión. Nunca había
-logrado ni siquiera ser designado como candidato oficial de su partido;
-pero después del discurso del 7 de Marzo que, á su juicio y á juicio de
-muchos, desenlazaba una situación inextricable, era natural que
-obtuviese el anhelado premio. Ese anhelo había sido para los que osaban
-llamarlo apóstata la sola explicación de su conducta. Desde el primer
-minuto apareció en la Convención como el más débil de los candidatos y
-sus amigos en pequeñísima minoría. Singular ingratitud, que si no le
-abrevió la vida, deprimió su trabajado organismo y preparó el terreno
-para la enfermedad mortal.
-
-Henry Clay murió en Junio de ese mismo año de 1852. Durante las últimas
-discusiones del Compromiso, raras veces, y á muy largos intervalos, le
-permitieron sus males concurrir á las sesiones del Senado: ya entonces
-tampoco Webster asistía, porque había aceptado el puesto principal en el
-gabinete del presidente Fillmore. De modo que los tres aguerridos
-veteranos, Calhoun, Webster y Clay, salieron de la escena parlamentaria
-á un tiempo mismo, por así decirlo, dejando el campo libre á otros más
-jóvenes, menos fatigados combatientes.
-
-En esos debates sobre el Compromiso de 1850 nunca hubo dos votaciones
-enteramente iguales; tratábase en efecto de realizar la conciliación de
-opiniones discordantes y tendencias francamente contrarias: era
-imposible disciplinar y conducir siempre unida la abigarrada falange que
-el caso requería. La admisión de California era una concesión al Norte,
-la ley sobre la persecución de esclavos huídos una satisfacción al Sur,
-y el aplazamiento de la dificultad en los nuevos territorios mejicanos
-el modo de acallar las exigencias de ambas secciones sin favorecer á
-ninguna. La supresión del tráfico, es decir, compra y venta, de esclavos
-en la ciudad de Washington agradaba á los abolicionistas, y el cebo de
-diez millones de pesos regalados á Tejas, que de todo fué lo que primero
-se votó y aprobó, aseguraba la adhesión de los tenedores de títulos de
-la deuda de ese Estado, los que, según fama pública, eran numerosos
-entre los miembros del Congreso y altos empleados de la capital[4].
-
- [4] A. JOHNSTON, _Suppl. to Enc. Brit._ vol. II, pag.
- 561.--GREELEY, _American Conflict_, vol. I, pag. 207.--VON HOLST,
- _Constitutional hist. of the U. S._ vol. III. pag. 558.
-
-El punto esencial del acuerdo fué la entrada de California como estado
-de la Unión; con ella quedaba la república compuesta de diez y seis
-Estados libres y quince con esclavos, desapareciendo por tanto el
-equilibrio trabajosamente mantenido hasta esa fecha entre las dos
-secciones. Hubo en el Senado treinta y cuatro votos en favor y diez y
-ocho en contra; de esta minoría se desprendió un grupo de diez, más
-intransigentes que sus compañeros, pues no contentos con emitir el voto,
-presentaron una protesta, que el Senado rehusó incluir en el acta,
-afirmando solemnemente su resuelta oposición á una ley, «cuyas
-consecuencias podían ser perdurables y fatales para las generaciones
-presentes y futuras».
-
-Resalta entre esos Senadores recalcitrantes el nombre de Jefferson
-Davis, antiguo oficial, que iba á ser el ministro de la guerra de Pierce
-durante toda su presidencia, y que acreciendo año tras año su prestigio
-é influencia como el más hábil y tenaz de los jefes esclavistas,
-llegaría en 1861 á ocupar y desempeñar con tan enérgico cuanto
-infortunado patriotismo la dirección de la Confederación rebelde, y
-sobreviviría largo tiempo, sin doblar la frente ni desarrugar el ceño, á
-la ruina completa de su causa. Junto con él firmaron la protesta Butler
-y Barnwell, senadores ambos por la Carolina del Sur, el estado indómito
-en que se cultivaban y conservaban como en ardiente invernáculo las
-doctrinas que florecerían y fructificarían entre los horrores de la
-guerra civil; firmaron también los dos miembros de Virginia, Hunter, que
-llevó la palabra como principal responsable del documento, y su colega
-Mason, confidente de Calhoun, que por breve espacio haría mucho ruido al
-comienzo de la rebelión, porque apresado en alta mar á bordo de un buque
-inglés por un imprudente oficial de marina, estuvo á punto de producir
-indirectamente lo único por ventura capaz de haber salvado la causa
-confederada, la guerra entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos. De
-los otros firmantes, senadores de Florida, Tennessee, Missouri, basta
-ahora mencionar á Soulé, de Luisiana, del que volveré á hablar, francés
-naturalizado, que brilló como orador aun enfrente de Webster y de Clay,
-á quienes sin miedo provocaba, fogoso diplomático, que hizo cuanto pudo
-por quitar á España la isla de Cuba, promoviendo hasta una guerra
-europea, si era necesario.
-
-La voz de los diez irreconciliables se perdió sofocada en el tumulto de
-las votaciones; era no obstante bien claro indicio de lo inútil y
-estéril que al cabo resultaría la obra pacífica á que se consagraban los
-demás. Pero su agrio é importuno acento disonó en medio de la alegría
-natural de sentirse todos libres de la peligrosa y larga agitación que
-había precedido.
-
-
-CAPÍTULO II
-
-El sucesor de Webster en el Senado.--Ley sobre los esclavos
-huídos.--Cuestión de Kansas.--Discurso de Sumner y sus consecuencias.
-
-Un nuevo Congreso se reunió en Diciembre de 1851. La situación
-respectiva de los partidos continuó igual, dominando siempre en ambos
-cuerpos legisladores las ideas que inspiraron el Compromiso del año
-anterior. Pero en el Senado pudo notarse un síntoma ligero, cambio
-pequeño en la apariencia, de carácter muy importante en realidad. Hasta
-entonces sólo había penetrado allí un senador abolicionista, Hale, de
-New Hampshire, que tal vez no merecía el calificativo en el sentido
-sectario de la palabra, pero sin duda acérrimo adversario de la
-esclavitud. Su elección había sido anunciada por el gran poeta cuáquero
-Whittier con estas palabras: "que esa primera oleada de la futura
-inundación del Norte, al romper contra los muros del Capitolio, lleve
-allí por primera vez un senador antiesclavista". Enteramente solo desde
-1847, poderosamente auxiliado dos años después por Chase, senador
-independiente que no reconocía trabas de partido en cuestiones de
-libertad humana, formaban ambos núcleo diminuto, al que se incorporaba
-ahora un hombre nuevo, Charles Sumner, de Massachusetts. Por dos
-razones era notable la entrada de este senador: porque acudía á ocupar
-precisamente el puesto donde por tantos años se había sentado Webster,
-quien vivía aun en ese instante y era principal ministro del Presidente
-de la República; y porque su reputación en Massachusetts comenzó por la
-enérgica reprobación con que había atacado las doctrinas á que se
-convirtió Webster al fin de su carrera, el Compromiso y la ley contra
-los esclavos. Formidable, inesperado combatiente, que bajaba al campo
-vestido de armas de otro temple y otra fuerza que las usadas hasta esa
-fecha, proclamando en la lucha contra la extensión y predominio de la
-esclavitud principios severos de moral, ideas de justicia absoluta,
-prescripciones de conciencia que no consentían ningún género de
-acomodamiento.
-
-No sería, empero, exacto deducir de la elección de Sumner la prueba de
-que, en el importante estado que venía á representar, desaprobase una
-mayoría la conducta de Webster y rechazase el Compromiso de 1850. Todo
-lo contrario; Massachusetts, lo mismo que el resto de la República,
-aceptaba sin disgusto el arreglo, complaciéndole la idea de poner
-realmente término á las pertinaces desavenencias entre las dos secciones
-del país, de aguardar, evitada la necesidad de remedios violentos, que
-el curso del tiempo elaborase insensiblemente un cambio de
-circunstancias, y favoreciese al cabo la lenta extinción del
-antieconómico y ruinoso sistema de trabajo, que difícilmente se mantenía
-en los Estados del Sur. Sumner había ganado el puesto en virtud de una
-coalición accidental de grupos; debió, sin duda, la preferencia á sus
-conocidas opiniones sobre la esclavitud, y entraba en el Senado libre de
-toda traba que sujetara su marcha, sin más límite impuesto á sus
-palabras que el que su conciencia y respeto á la Constitución juntamente
-le dictasen; pero la masa del país, allí y en todas partes, sin prestar
-oídos demasiado atentos á la agitación, al llamamiento á nueva cruzada,
-que partía del púlpito de ciertas sectas religiosas avanzadas y del seno
-de las sociedades abolicionistas, esperaba después de todo un largo
-período de paz y tranquilidad.
-
-Mas el Compromiso llevaba dentro de sí, por su propia esencia, gérmenes
-peligrosos que no tardarían en crecer y propagarse.
-
-La aristocracia del Sur, envalentonada por el triunfo, por la inercia
-posterior de sus adversarios, por los aliados que de diversos lados se
-le ofrecían en el Norte, y más que todo por su propia intemperancia,
-había de precipitar los sucesos, abusar de la victoria, ahondar ella
-misma el abismo en que todo se despeñaría. En el Norte mientras tanto la
-aplicación de la nueva ley sobre los esclavos huídos, que era la parte
-del acuerdo que más íntimamente halagaba á los dueños,--porque
-satisfacía á un tiempo mismo su vanidad, sus intereses y el firme
-convencimiento de la justicia de su causa,--producía conflictos,
-desórdenes, motines sangrientos más de una vez, y era viva y constante
-recordación de los rasgos más duros, más crueles y odiosos del sistema.
-
-La ley era verdaderamente terrible, y del inicuo axioma jurídico que
-hacía cosas, no personas, los esclavos, jamás se han deducido con tesón
-tan implacable sus últimas y más aflictivas consecuencias. Suprimía
-todas las garantías del venerando derecho inglés, el jurado y el _habeas
-corpus_; prohibía que se admitiese como prueba la declaración del
-perseguido; todos los ciudadanos estaban obligados bajo diversas penas á
-auxiliar los agentes de justicia en busca de esclavos prófugos; y para
-fallar no se requería más prueba que la declaración, oral ó simplemente
-certificada en copia, de dos testigos acerca de las señas generales del
-individuo que se buscaba; el procedimiento debía ser sumario, ejecutivo,
-sin recursos dilatorios de ninguna especie; y por este sentido otras
-disposiciones de idéntico jaez. ¡Calcúlese el terror que produciría
-edicto semejante entre los treinta mil negros[5] que vivían refugiados
-desde muchos años atrás en las ciudades del Norte, arraigados, con
-familia, y expuestos de súbito á verse perseguidos, rastreados como
-bestias salvajes por jaurías de feroces sabuesos, y devueltos entre
-cadenas á sus antiguos y enconados amos! ¡Imagínese también la cólera,
-la indignación que tal espectáculo despertaría entre los ciudadanos
-blancos, entre hombres y mujeres de la Nueva Inglaterra, habituados á
-tratar con mansedumbre hasta á los animales, y forzados á reconocer, á
-ser testigos de que bajo la constitución republicana de la nación
-considerada como la más libre del mundo se ordenaban, autorizaban y
-ejecutaban escenas de tanta barbaridad!
-
- [5] La cifra es de Clingman, representante de la Carolina del
- Norte, citada por VON HOLST, _Const. Hist._ vol. 111, pag. 552,
- nota.
-
-Crecieron y se multiplicaron al calor de esos sentimientos las
-sociedades abolicionistas, y la corriente de simpatía en favor de los
-negros esclavos aumentaba á ojos vistas en fuerza y en volumen, formando
-y educando así la opinión pública contra la institución; y bien se vió
-al sonar la hora crítica del combate, cuando se levantó robusta,
-compacta y resuelta á todos los sacrificios. Hubiera sido habilidad
-política por parte del Sur no exigir demasiado en esa cuestión, no
-abusar de los derechos que el Compromiso le reconocía, mas era inútil
-esperarlo de su excitable y excitado temperamento. El día en que
-pronunció Sumner su primer discurso importante en el Senado, atacó
-vehementemente la ley, haciendo resaltar sus aspectos más repugnantes;
-sus palabras, llenas del más sincero fervor, fueron juzgadas de
-trascendencia tal por Chase y Hale, que declararon ambos á una que
-señalaban el comienzo de una era nueva en la historia americana. Pero
-los representantes del Sur se hallaban tan lejos de comprender la
-gravedad de ese género de ataque, que apenas hubo terminado el orador
-se levantó un senador del estado de Alabama y dijo que esperaba que
-ninguno de sus amigos respondería al discurso "que el senador de
-Massachusetts había creído conveniente infligir sobre el Senado", y
-agregó, en tono que llegó por desgracia á ser bastante frecuente durante
-algún tiempo en aquel cuerpo respetable: "el frenesí de un demente puede
-á veces ser peligroso, pero los ladridos de un gozque nunca han hecho
-daño á nadie".[6] Y cuenta que la oración de Sumner, á pesar de su
-acento de apóstol exaltado, no se aparta en realidad del terreno
-político, y se reduce á pedir el empleo de todos los medios legales para
-mantener la esclavitud estrictamente dentro de los límites de la sección
-del país donde existía é imperaba, sin consentir ni extenderla, ni
-otorgarle, fuera de su recinto, ninguna nueva garantía, ningún otro
-privilegio.
-
- [6] Sesión del 26 de Agosto de 1851. Congressional Globe, Apéndice.
-
-Pero, como ya hemos dicho, continuaban en el Norte muy grandes y
-generales el ansia de paz y tranquilidad, el franco deseo de evitar
-desavenencias enojosas; el peligro mayor para el porvenir de la
-esclavitud y poder político de sus defensores no residía por tanto, ni
-en la hostilidad de una docena de senadores, ni en la propaganda
-religiosa, ni en los esfuerzos de las sociedades abolicionistas, por
-laudables y hábiles y enérgicos que fuesen. Eso muy bien lo sabían y
-sentían los jefes y aliados del partido esclavista, y ya lo revelan las
-posiciones de ataque, no de defensa, que en el acto ocuparon.
-
-Apenas instalado Presidente de la república, el 4 de Marzo de 1853, un
-hombre relativamente oscuro, sin antecedentes políticos, Franklin
-Pierce, en quien confiaban hasta el punto de esperar su ayuda en las
-empresas que secretamente maquinaban, juzgaron oportuna la ocasión para
-restaurar y afirmar el incierto equilibrio entre las dos secciones,
-creando nuevos estados, donde la esclavitud pudiera ser establecida. La
-magna y riesgosa campaña, que en sustancia equivalía á echar abajo todo
-lo tan difícilmente ajustado en 1850, requería como general en jefe un
-personaje político del Norte, cuyo nombre é influencia cimentasen la
-alianza y adormeciesen la suspicacia de los tibios y los tímidos. Aceptó
-este papel Stephen Douglas, senador de Illinois, "el pequeño gigante",
-como le llamaban por su corta estatura y su proverbial habilidad en
-luchas é intrigas de partido, á quien espoleaban la inquieta actividad
-de un espíritu devorado por la ambición y la esperanza de ascender á la
-cumbre y asir la presidencia de la República. Consistía su plan en
-organizar dos nuevos territorios, Kansas y Nebraska, en las vastas y
-fértiles llanuras que se extendían al oeste del Missouri, entre ese río
-caudaloso y la gran cordillera de las montañas Rocosas, terreno
-admirablemente situado en el centro mismo del continente, crucero
-forzoso de las rutas por donde habían de pasar exploradores, emigrantes
-y colonos, en busca de las minas de oro de California y de las riberas
-del Pacífico, linde occidental de la república.
-
-Insuperable obstáculo se presentaba, sin embargo, para que al llegar á
-constituirse esos territorios como Estados de la federación tuviesen la
-facultad de autorizar en su suelo el trabajo esclavo; hallábanse más
-arriba de la línea famosa de los 36°30' de latitud Norte, y un pacto
-solemnemente acordado y publicado por la generación anterior, sacrosanto
-y venerable casi como el mismo paladión constitucional, el
-constantemente invocado Compromiso del Missouri, había trazado para
-siempre ese límite, más allá del cual era vedado ir á la esclavitud.
-Calhoun, Calhoun mismo, á quien nunca arredraron las consecuencias de
-sus doctrinas, hubiera temblado quizás antes de atravesar ese Rubicón
-por mil motivos peligroso. Douglas no tuvo miedo, ni siquiera titubeó al
-tirar la suerte, y á su voz respondieron el Senado y la Cámara
-proclamando que la antigua y salvadora restricción geográfica sería de
-entonces en adelante nula y de ningún valor. Eso era, para usar un símil
-de Sumner calificando con su acostumbrado vigor la acción del Senado,
-sembrar los dientes del dragón por toda la extensión del país; y si no
-brotaban inmediatamente, como en la fábula antigua, hombres armados, ya
-fructificarían después entre el odio y la guerra civil[7].
-
- [7] Discurso del 25 de Mayo de 1854.
-
-El nuevo _bill_ trastornaba completamente la política en los Estados
-Unidos; todos los sacrificios consumados, humillaciones del Norte,
-retiradas del Sur, acuerdos, transacciones, todo se borró, y apareció en
-completa desnudez la realidad de los intereses desencadenados. La
-división entre ambas secciones se ahondó tanto que no era ya posible
-ninguna transacción, que no podrían ya extenderse más la mano de un
-borde al otro del abismo que los separaba.
-
-Por fortuna, poseía el sentimiento unionista en el Norte tan viva
-conciencia de su fuerza y su derecho, que ni entonces ni nunca provocó
-el rompimiento final, amenaza constante del partido adverso; y en ese
-año de 1854 soportó que fuese derogado el acuerdo del Missouri, y
-continuó la lucha en el terreno legal, bajo las condiciones mismas en
-que se la ofrecían. Kansas y Nebraska eran un desierto: había primero
-que poblarlo y colonizarlo, después sus habitantes decidirían, cuando se
-hallasen en capacidad de solicitar ingreso entre los estados de la
-Unión, la especie particular de constitución que habría de regir,
-autorizando ó prohibiendo la esclavitud. Si la contienda legal hubiera
-podido sostenerse con toda lealtad, el éxito en favor de la libertad no
-hubiese sido dudoso. Los emigrantes nunca iban al Sur á entrar en
-competencia con el trabajo servil, y como los Estados de Nueva
-Inglaterra aprestaron recursos abundantes para facilitar el
-establecimiento de colonos en los llanos de Kansas, no tardó en haber
-allí blancos suficientes para organizar municipios, reunirse y votar una
-constitución contraria á la esclavitud. Pero á tanto no podía resignarse
-el partido omnipotente en Washington; convencido de que para reforzar su
-vacilante situación le era indispensable aumentar de todos modos el
-número de defensores resueltos de la esclavitud, hizo concertar bajo sus
-auspicios entre el vecino estado de Missouri y el territorio de Kansas
-un movimiento de ida y venida, de entrada y salida, para acumular
-votantes cada vez que fuese necesario y anular uno tras otro todo
-acuerdo opuesto á sus deseos. Nació de ahí una situación nublada y
-revuelta, un estado perenne de confusión, de disputas y hasta de guerra,
-de verdadera guerra civil, con muertos, heridos, asaltos y batallas.
-Primer ensayo en teatro reducido de escenas trágicas, que más adelante
-habían de representarse en proporciones infinitamente mayores; desorden
-local, en un rincón lejano del país, que deshonraba la república á los
-ojos del mundo, pues nadie lograba descubrir la verdad ni fijar de qué
-lado estaban la razón y la justicia en medio de la enorme masa de
-detalles contradictorios que insertaban los periódicos, que autorizaban
-las mismas comisiones oficiales. Era en efecto demasiado evidente que el
-partido cuyas ideas dominaban en el Capitolio y en la Casa Blanca seguía
-tenazmente en Kansas la realización de un programa bien definido, y
-apenas disfrazaba su ardiente empeño de cubrir y defender los atentados
-que diariamente se cometían.
-
-La mayoría del Senado, tan fiel como numerosa y compacta, mantenía firme
-la alianza entre Douglas y los adalides del Sur. Butler, de la Carolina,
-y Mason, de Virginia, sucesores ambos de Calhoun al frente de los
-sostenedores de la esclavitud, experimentaban la satisfacción de ver
-acatadas y obedecidas las doctrinas que predicó durante su vida el gran
-político, cuya memoria invocaban reverentemente, á quien siempre
-recordaban como "jefe, señor y maestro". Pero el alma, el espíritu
-activo del Senado en todas esas discusiones á propósito de Kansas, tan
-graves y tan reñidas, fué Douglas, que inició la cuestión, la dirigió,
-la hizo crecer hasta convertirla en la más vasta y trascendental de
-cuantas agitaban el país; á él todo principalmente se debía y en esa
-época parecía á la verdad el activo, robusto, pequeño de estatura
-senador, uno de esos enanos malignos de la leyenda, como ha dicho Von
-Holst, que por la fuerza de sus músculos y la sutileza de sus
-combinaciones logran sobreponerse á guerreros formidables[8].
-
- [8] _Const. Hist._ (Chicago, 1877-89) vol. IV. pag. 416.
-
-Sin tropas, sin máquinas de guerra, sin campo siquiera de donde lanzar
-las embestidas, no era posible á la minoría reducida del Senado ir
-contra esa posición inexpugnable con la menor probabilidad de
-arrollarla. Pero Sumner, en quien no sólo como intrépido y vigilante
-tribuno, sino como jurisconsulto tan experto cuanto tenaz, fundaban
-grandes esperanzas los adversarios de la esclavitud, no se resignaba á
-la inacción, y resolvió ver, con un nuevo discurso, larga y
-cuidadosamente preparado, si levantando el grito con redoblado vigor,
-hacía penetrar el eco vibrante de su invectiva en los oídos de todos los
-libres ciudadanos del Norte de la república, y denunciar así en términos
-de la más ruda franqueza, sin escrúpulos de forma ni respetos de nimia
-cortesía, lo que pasaba en Kansas, y lo que para esconderlo y
-patrocinarlo se urdía en el Senado. Si con argumentos ó con preces nada
-podía conseguirse, algo quizás se obtendría presentando al país un
-cuadro magistral de la situación, haciendo destacar sobre el fondo
-oscuro de la sala de sesiones é iluminando con rojizo resplandor las
-figuras de los jefes audaces, que tramaban la ruina de la república, que
-por lo menos querían abiertamente aumentar la influencia y poder de los
-dueños de esclavos en los consejos nacionales con menoscabo de la
-libertad.
-
-El discurso fué pronunciado el 19 y 20 de Mayo de 1856, y ocupó más de
-seis horas entre las dos sesiones. Es una arenga muy trabajada, repleta
-de erudición literaria, y á pesar del tono excesivamente declamatorio
-surge en ella sincera y ardorosa la pasión del orador, inspirándole
-pasajes de brillante elocuencia.[9] Como obra de arte es muy desigual,
-de gusto poco severo, con tal exuberancia de citas de autores antiguos y
-modernos, de alusiones históricas y mitológicas, que á ocasiones aparece
-privado de movimiento y de vigor. No es creíble que, pronunciado ante el
-Senado, obtuviese la mitad siquiera del efecto que produjo sobre los que
-después lo leyeron, porque, como todos los escritos de Sumner, deja ver
-la larga preparación, y carece de ese colorido sobrio y enérgico, que
-por lo general conserva la prosa de los graneles oradores, aun en los
-trozos más meditados, mejor aprendidos de memoria. La impresión del
-auditorio debió ser extraña, confusa, contradictoria, á despecho de la
-afectación de simetría y precisión de método con que va dividiendo y
-tratando la materia, sin cuidado de incurrir en repeticiones y
-monotonía. Este inconveniente quizás fué poco sensible, después de todo,
-para los lectores poco exigentes á que estaba dedicado, y es positivo
-que como esfuerzo de convicción y propaganda gana el discurso en
-claridad y unidad de efecto tanto como puede perder bajo diferente
-concepto.
-
- [9] Llena más de quince grandes páginas á tres columnas del
- _Congressional Globe_ 34th. Cong. 1st. Sess. 529 á 544. Apénd.
-
-En varios lugares presenta el croquis de las líneas principales del plan
-trazado; de las tres partes en que distribuye la materia y que enumera,
-subdivide dos en cuatro capítulos, cuyos títulos reiteradamente anuncia,
-comunicando á su trabajo algo de rigidez mecánica, de innecesariamente
-riguroso y afectado. Agotada la narración, estudiado lo que llama «el
-crimen contra Kansas» en sus orígenes y su carácter, descrita con
-infatigable energía la situación del territorio en ese instante
-histórico, procede á analizar «con mezcla de vergüenza é indignación»
-las defensas del crimen invocadas por los culpables, «cuatro en
-número--dice--y de cuádruple naturaleza... La tiranía, la imbecilidad,
-el absurdo y la infamia se unen para bailar, como las brujas hermanas,
-en torno de este crimen». Los remedios propuestos son también cuatro, y
-se le presentan, aludiendo probablemente á una escena del _Mercader de
-Venecia_, igual que antes á las brujas del Macbeth, como otras tantas
-cajas cerradas, «y al Senado toca determinar con su voto cuál debe ser
-abierta y descubrir su contenido».
-
-El orador recomienda el cuarto remedio, que en suma se reduce á admitir
-en el acto á Kansas entre los estados de la Unión con prohibición
-absoluta de consentir la esclavitud; mas demasiado conocía él lo
-impracticable de esa solución, que contrariaba les inmutables deseos de
-la mayoría y tenía, del modo como se presentaba entonces, vicios de
-forma, irregularidades esenciales, suficientes para hacerla fracasar
-ante jueces aun menos prevenidos, aun totalmente desinteresados.
-
-Pero cambian de aspecto y naturaleza estas circunstancias, si se
-recuerda que desde su silla curul el orador pretendía dirigirse al país
-y era parte de su plan revestir sus violentas afirmaciones de un gran
-aparato de saber político, de erudición literaria é histórica. La parte
-personal y de invectiva adquiría así mayor relieve, y no era un
-inconveniente que quitase fuerza y valor á la argumentación. El
-entusiasmo y la exaltación podían y debían á su juicio tomar parte en
-una cuestión en que el sentimiento y la moral universal la tenían tan
-grande y decisiva. Mirado de este modo, el discurso es extraordinario, y
-en lo que dice sobre los senadores adversos, sobre Butler y Douglas y
-Mason, abundan expresiones felices y pasajes muy animados. Hay, como en
-lo demás, lujo exagerado, ostentación de riquezas, mal gusto; en un solo
-y mismo párrafo, por ejemplo, compara á Douglas con tres personajes
-diferentes, con Danton, con un general inglés de la guerra de la
-independencia y con el que quemó el templo de Diana en Efeso, lo cual es
-llevar lejos la incoherencia.
-
-La gran novela de Cervantes, acaso tan popular y tan leída en países de
-lengua inglesa como en los de lengua castellana, le inspira la mejor,
-más cáustica y brillante de sus comparaciones. Si se tiene presente que
-el senador Butler era un personaje alto, delgado, orgulloso, aunque de
-maneras reposadas y corteses, y que Douglas, por el contrario, era
-pequeño de estatura, de cara redonda, facciones toscas y anchas
-espaldas, se comprenderá bien el efecto de risa que empezaría causando
-al decir que esos dos senadores, aunque con muy diferente objeto al de
-Don Quijote y Sancho Panza, habían salido al campo, á la manera de esta
-pareja inmortal, en busca de una misma aventura. Pero como el objeto
-del ataque no era hacer reír, truécase inmediatamente el chiste en
-denuesto feroz, y añade: «El senador de la Carolina del Sur ha leído
-muchos libros de caballería, y se cree él mismo andante caballero con
-sentimientos de honor y valentía. Ha escogido naturalmente una dama á
-quien consagrar sus pensamientos, la cual aunque fea para los demás, es
-siempre encantadora para él; aunque indigna á los ojos del mundo, es
-casta á los suyos; me refiero á esa ramera, que se llama la Esclavitud.
-En favor de ella brotan profusamente las palabras de sus labios. Que
-acuse alguno su conducta, ó proponga limitarla en el ejercicio de su
-lascivia, y no habrá extravagancia de maneras ni violencia de
-expresiones que parezca demasiado grande á ese senador» ... Luego dice:
-«Si el senador de la Carolina es el Don Quijote, el senador de Illinois
-es el escudero de la Esclavitud, su verdadero Sancho Panza, pronto á
-desempeñar la parte humillante de la tarea». Estas frases repercutieron
-como imperdonable afrenta por todo el Sur de la república; pero las que
-más dolieron, las que cayeron como bombas explosivas en medio de
-aquellos exasperados combatientes y provocaron la terrible represalia,
-fueron otras, como éstas: «Los habitantes de Kansas excitan muy
-particularmente la sensibilidad del senador. Representa, como nos lo
-advierte, "un Estado", y se aparta con supremo disgusto de esa nueva
-comunidad, que no se digna reconocer ni aun como "cuerpo político"».
-«¿Por qué ese exclusivismo? ¿Ha leído la historia del Estado á quien
-representa?... La Carolina es antigua, Kansas es joven. La una cuenta su
-vida por siglos, la otra por años. Pero un buen ejemplo puede nacer en
-un día, y me atrevo á decir que enfrente de los dos siglos del viejo
-Estado pueden ponerse los dos años de prueba y de virtudes de la
-comunidad más joven. En el uno se oye el largo lamento de la esclavitud,
-en la otra el himno de la libertad... Si la historia entera de la
-Carolina se borrase desde el momento de su creación hasta el día de la
-elección última del senador, no diré cuán poco habría perdido la
-civilización, pero seguramente menos de lo que ya ha ganado con el
-ejemplo de Kansas en su animosa lucha contra la opresión». Y aludiendo á
-unos versos del _Hamlet_, al apóstrofe indignado de Laertes contra el
-clérigo oficiante en el entierro de Ofelia, que la mayor parte de sus
-oyentes sabía sin duda de memoria, concluye el párrafo así: «Kansas
-admitida á título de Estado libre sería en la República como un "ángel
-del Señor", mientras Carolina, asida á su manto de tinieblas, yacería
-bramando en los abismos».
-
-La sala y tribunas del Senado estuvieron completamente llenas durante
-las dos sesiones que ocupó el discurso, y á pesar de la probable
-hostilidad de casi toda la concurrencia y del no fingido desdén de
-algunos senadores, fué escuchado con profunda atención, sin haber sido
-el orador llamado una sola vez al orden, ni por el presidente de la
-asamblea ni por sus colegas.
-
-Apenas hubo terminado, se levantaron á replicar Douglas y Mason;
-considerábanse personalmente agraviados y devolvieron insultos mucho
-mayores; pero no hay nada que recordar de sus airadas contestaciones,
-improvisaciones dictadas por la cólera, y como era natural, no lograron
-mantenerse, tan estrictamente como lo había hecho el agresor, dentro de
-las fronteras del lenguaje parlamentario. Butler no asistía al Senado en
-esos días, hallábase muy lejos, en su "pequeña hacienda" de la Carolina,
-como dijo después.
-
-Instantáneamente se vió que el efecto del discurso, en contra lo mismo
-que en pro, sería tan grande como podía su autor desearlo. En la
-atmósfera opresiva de aquella época, nube tan cargada de electricidad
-contraria no había de pasar sin desencadenar la tempestad, y como
-Washington, capital federal, era por sus costumbres, sus esclavos y sus
-condiciones topográficas una ciudad del Sur, numerosos amigos
-advirtieron á Sumner que debía por prudencia precaverse atentamente.
-Pero moderado y pacífico en sus relaciones privadas tenía en cuestiones
-públicas el valor de sus opiniones, y convencido de la rectitud
-desinteresada de su conducta, despreció el aviso.
-
-En la tarde del 22 de Mayo, dos días después del discurso, habiendo el
-Senado suspendido su sesión más temprano que de costumbre, se había
-quedado Sumner en la sala sentado en su puesto y despachando su
-correspondencia, cuando se le acercó un individuo para él desconocido,
-murmuró unas palabras sobre injurias inferidas al estado de la Carolina
-y á su senador, y sin aguardar respuesta le asestó en la cabeza
-descubierta golpe tal con un grueso bastón de gutapercha, que casi lo
-privó de sentido. Pugnando por levantarse, arrancó Sumner en sus
-esfuerzos la mesa clavada contra el suelo que le impedía moverse y
-defenderse, mientras menudeaban los golpes sobre el cráneo y sobre la
-cara, fuertemente aplicados por un hombre joven y diestro. Al fin cayó
-contra el pavimento, exhausto, desmayado y cubierto de sangre[10].
-
- [10] Como hay menudas discrepancias de detalle en las relaciones
- del suceso, he seguido principalmente la versión del colega de
- Sumner como senador de Massachusetts, Henry Wilson, ante el Senado,
- al día siguiente de la ocurrencia. _Cong. Globe_, pag. 1279.
-
-Fué protagonista de esa escena sangrienta un pariente del senador
-Butler, miembro de la Cámara de Representantes, llamado Preston Brooks.
-En la altanera relación del suceso, que cerca de dos meses después hizo
-él mismo ante el Congreso cuando se discutía su expulsión, confesó haber
-premeditado minuciosamente su acometida, como castigo de insultos
-inferidos "á su Estado y á su sangre". Dijo, además, que su primera idea
-había sido armarse de un látigo solamente, pero como Sumner era hombre
-de elevada estatura y por consiguiente de mayor fuerza muscular, temió
-que si había lucha cuerpo á cuerpo llegase á arrancarle el látigo de la
-mano, y entonces, añadió significativamente, "como yo nunca dejo de
-llevar á término lo que emprendo, me habría visto forzado á hacer _algo_
-que hubiera tenido que deplorar durante todo el resto de mi vida". De
-ahí la forma y carácter de su atentado[11].
-
- [11] Sesión de la Cámara del 14 de Julio de 1856. El discurso de
- Brooks se encuentra también en _Representative Orations_ ed. by _A.
- Johnston_, N. Y. 1884, pues aunque sin valor literario se inserta
- como representando uno de los lados de la famosa cuestión.
-
-El tribunal común le impuso una simple multa, y en la Cámara no llegó á
-reunirse la mayoría de dos tercios necesaria para la expulsión; presentó
-él entonces espontáneamente su dimisión con objeto de ofrecer á sus
-comitentes de la Carolina del Sur ocasión de aprobarlo ó censurarlo. Fué
-reelegido por la casi unanimidad de los votantes. Un grito de
-satisfacción resonó de un extremo al otro de los estados esclavistas, y
-al cabo de tanto tiempo repugna todavía hoy leer en los periódicos de la
-época la expresión de esos aplausos tan imprudentes[12], á que
-respondían de la otra parte los más furiosos anatemas.
-
- [12] Gran número de ellos copia VON HOLST op. ut ant. vol. V. pag.
- 328.
-
-Cuando volvió Butler á Washington y habló prolijamente, en dos sesiones
-también del Senado, respondiendo por sí y por su Estado á los cargos de
-Sumner, dió á entender que podía muy bien éste hallarse ya otra vez en
-su puesto de senador, pero que le convenía fingir resultados más graves
-de los que en realidad le acarreaban los golpes de Brooks. No era así, y
-en eso como en lo demás cegaba la pasión á los encarnizados adversarios.
-Sumner, que hasta entonces había gozado de perfecta salud y en cinco
-años no había faltado á una sola sesión, seguía abrumado por los efectos
-del ataque, y no se le vió en la sala de sesiones hasta nueve meses
-después, en Febrero de 1857. Después de ese día no volvió tampoco á
-concurrir, hasta el 4 de Marzo en que fué á prestar juramento y tomar
-posesión del nuevo puesto de senador para que acababa Massachusetts de
-elegirlo por un segundo término de seis años; pero vivamente molestado
-por los síntomas de una cruel afección del sistema nervioso,
-consecuencia de los tremendos golpes recibidos en la cabeza, que le
-impedía toda ocupación seria y continuada, se halló en el caso forzoso
-de abandonar la patria y embarcarse á los tres días para Europa, donde
-debía someterse á largo y riguroso tratamiento médico. Es cosa en
-extremo curiosa observar que cuando fué Sumner el cuatro de Marzo de
-1857 á jurar el cumplimiento fiel del nuevo mandato, había ya muerto
-Preston Brooks, en Washington mismo, pocas semanas antes del mismo año,
-á la temprana edad de menos de treinta y ocho, y Butler enfermo se
-acercaba también al término y moriría en sus posesiones de la Carolina
-pocas semanas después, en el mes de Mayo siguiente. Hubiérase dicho que
-la diosa de la venganza arrebataba implacable al joven y al anciano, al
-mismo tiempo que yacía herida en pleno vigor de su madurez la víctima
-tan ferozmente maltratada.
-
-Volvió de Europa á fines de 1859, estuvo presente en Washington al
-abrirse el Congreso el 6 de diciembre, dispuesto, aunque no enteramente
-curado, á reanudar su enérgico apostolado en favor de la limitación de
-la esclavitud. Muchos y profundos cambios se habían ya verificado en ese
-momento, pero el problema de la admisión de Kansas como estado soberano
-de la Unión se hallaba todavía, después de infinitas peripecias,
-pendiente de solución ante el Senado, cuando se levantó á pronunciar su
-primer discurso importante en Junio de 1860, abogando lo mismo que antes
-en favor de la admisión. Pudo, pues, como el ilustre catedrático de
-Salamanca, perseguido y encarcelado cinco años por la Inquisición,
-comenzar con la frase célebre: "_decíamos ayer_". Pero si la posición
-era parecida, las prendas personales eran distintas; Sumner carecía de
-la sencilla resignación de Fray Luis, y su novísimo discurso, que al
-imprimirlo intituló: "La barbarie de la esclavitud", aunque exento de
-ataques personales, conserva toda la inflexible rigidez de su
-temperamento de reformador.
-
-La agresión indefendible, imperdonable, de Preston Brooks no redundó en
-beneficio del infausto programa político que la precipitó, bien al
-contrario; pero respecto de Sumner, fuera del hondo y lastimoso daño en
-su salud, si se mira en relación al papel político que tan valiente y
-animosamente representó, cumple declarar que vino al cabo á prestarle el
-más insigne servicio. Lo elevó á un alto pedestal, rodeó su frente de
-inesperada aureola, le trajo el recurso precioso de la popularidad, todo
-lo cual con sus dotes personales únicamente, con su manera habitual de
-pensar, de hablar y de escribir nunca hubiera conseguido, á despecho de
-la honradez de su carácter, del cabal desinterés de sus intenciones.
-Faltábale ductilidad, faltábale modestia en la lucha intelectual,
-faltábale sobre todo indulgencia para juzgar á los que opinaban ó
-sentían de algún modo diverso: precisamente las cualidades que á primera
-vista se estimarían indispensables para conquistar la alta posición que
-sin disputa ocupó luego entre sus colegas; su prestigio ante el pueblo
-americano bastó á allanar todos los obstáculos. El fatal rompimiento de
-1861 vino después á colocarlo en su elemento, por decirlo así, al sonar
-la hora de las resoluciones supremas, de las medidas violentas y
-radicales. Fué entonces uno de los auxiliares más eficaces del
-presidente Lincoln, y no cesaba un instante de espolearlo, de impelerlo
-en el sentido de sus ideas, para obtener de él la proclama de la
-abolición de la esclavitud como medida de guerra, proclama que Lincoln
-prudentemente reservaba hasta que el fino y perspicaz instinto, que lo
-mantenía en íntimo contacto con la opinión pública, le anunciara llegada
-la hora precisa de lanzarla. Como cabeza de la Comisión de Relaciones
-extranjeras en el Senado, movido por la inquebrantable resolución de
-apartar cuanto pudiera traer estorbo á la resolución del espinoso
-problema de la esclavitud, prestó incalculables servicios, cubriendo con
-su prestigio parlamentario al ministro Seward, y conjurando todo peligro
-de ruptura diplomática con el gabinete inglés ó con el Emperador de los
-franceses. Al fin vió coronados sus esfuerzos, la guerra terminada, la
-esclavitud para siempre abolida. Fué el período triunfante de su
-carrera, y duraron su influencia y su poder hasta el término de la
-presidencia de Andrew Johnson. Después vinieron en tropel amarguras,
-tristezas infinitas; los defectos del hombre se sobrepusieron á las
-cualidades del tribuno y del apóstol; alejado de su partido, de los más
-de sus amigos, en pugna con el general Grant y sus ministros, fué
-bajando uno á uno reacio y desabrido los peldaños de la escalera, que lo
-había conducido á la cumbre: nadie lo oía, nadie seguía sus consejos, y
-su tono dogmático, la pomposa elocuencia de sus desconsoladas profecías
-se perdían en el desierto. Así fué poco á poco extinguiéndose la luz
-brillante, la voz sonora del hombre que en un tiempo representaba, según
-la bella y enérgica palabra de Emerson, "la conciencia del Senado".
-
-
-CAPÍTULO III
-
-"La cabaña del tío Tomás"
-
-Queda dicho antes que, elegido Sumner para un segundo término de seis
-años como senador de Massachusetts, debió contentarse con jurar
-precipitadamente el cargo y por algún tiempo retirarse completamente de
-la vida pública. El sillón permaneció vacío, á guisa de constante
-acusación, manteniendo vivo el recuerdo de la tragedia del 22 de Mayo de
-1856. Pero no había peligro de que tan pronto se olvidase; el discurso
-había repercutido como toque sonoro de clarín, excitando y alarmando
-gran parte del país, y el atentado que provocó, la profanación de lugar
-exclusivamente reservado á graves y pacíficas discusiones, aumentó su
-resonancia y empeoró la situación general de la república en ese año
-fatídico, en el cual puede decirse que se oyeron los primeros gritos, se
-asestaron los primeros golpes de la guerra civil.
-
-Era año de elegir nuevo Presidente, y durante el cuadrienio, próximo
-entonces á fenecer, que había ocupado el puesto Franklin Pierce, había
-durado intacta la estrecha alianza cimentada entre el poder ejecutivo y
-la mayoría del Senado, mayoría formada por la coalición de los
-representantes del Sur y un grupo de senadores del Norte, capitaneados
-por Douglas; contra ella había dirigido Sumner sus vigorosas acometidas.
-
-La elección de Pierce en 1852 había sido triunfal, arrolladura; el
-partido llamado demócrata confirmó y aumentó con ella su indisputable
-supremacía, y el vencido quedó tan malparado que, pronto dejó de
-existir, esto es, perdió su nombre, la cohesión en que fundaba su
-eficacia desapareció, y sus miembros se dispersaron para formar otras
-agrupaciones bajo otro título y programa que favoreciesen con más
-probabilidad de éxito la misma acción política. El compromiso de 1850,
-la aceptación general como definitiva y completa solución de todas las
-dificultades nacidas de la esclavitud, fué causa única del triunfo del
-uno y la derrota del otro partido.
-
-Al mismo tiempo la rigurosa aplicación de la bárbara ley sobre la
-persecución y entrega en los estados libres de los esclavos fugitivos
-actuaba por su parte á modo de disolvente enérgico, y amenazaba turbar
-muy pronto la resignada quietud que aparentemente había sucedido al
-anterior período revuelto. En multitud de casos las dificultades
-opuestas por el pueblo á la ejecución de la ley, en otros la mala
-voluntad y hasta la cólera con que todo el mundo la veía cumplir,
-crearon en el Norte algo que allí no se había observado antes: antipatía
-vivísima al régimen mismo de la esclavitud en el Sur y piedad profunda
-por las víctimas, sentimientos que yacían inertes y dormidos en sus
-corazones mientras pasaban las escenas terribles lejos de sus ojos, y
-que ahora por fin se despertaban.
-
-La primera prueba decisiva de la resurrección de esos sentimientos fué
-el éxito asombroso, tan grande como rápido, obtenido por el libro, que
-la desastrada suerte de los pobres esclavos inspiró á una escritora
-entonces desconocida, Harriet Beecher Stowe, del que se vendieron en
-poco tiempo cientos de miles de ejemplares y que hizo derramar lágrimas
-de conmiseración á millones de lectores.
-
-_Uncle Tom's Cabin_--así se titulaba la obra--respondió á una necesidad
-moral, expresó en forma patética lo que ansioso de brotar bullía en el
-alma de la nación: de ahí su instantánea, inmensa popularidad. Nadie
-tomó como simples creaciones de la fantasía sus dramáticos y dolorosos
-episodios; todos en el Norte de la República reconocieron la
-reproducción exacta y sincera de una situación social abominable, porque
-la pintura se ajustaba con terrible precisión á la idea que les sugería
-la feroz ejecución de la ley contra los siervos escapados á sus dueños.
-
-Tenía Mrs. Stowe en los días de la publicación de su novela (1851-1852)
-cuarenta años de edad, había cultivado poco las letras y con resultados
-insignificantes, vivía en ardua lucha con la pobreza, rodeada de
-numerosa familia, sin más recurso que el mezquino sueldo que como
-profesor de colegio ganaba su marido. La ley de los esclavos le inspiró
-el proyecto de escribir la novela; fué en realidad una improvisación
-escrita semanalmente, á pedazos, á medida que los iba requiriendo el
-periódico donde primero se insertó. Estaba tan lejos de sospechar la
-oportunidad y exquisito tino con que iba á hacer vibrar al unísono de su
-inspiración las místicas cuerdas que aunaban con sus latidos los de
-tantos otros corazones, que rehusó la proposición de costear á medias
-con un editor de Boston la impresión del libro, porque era su esposo
-demasiado pobre para correr riesgo, si acaso el negocio se liquidaba en
-pérdida: resultado muy de temer en vista del escaso interés que la
-novela despertó durante los diez meses que estuvo apareciendo en el
-periódico abolicionista de Washington. Ese era el libro de que en solo
-un año se iban á imprimir ejemplares hasta la cifra de un millón en la
-Gran Bretaña únicamente, cifra, dijo _La Revista de Edimburgo_,
-probablemente diez veces mayor que la de ningún otro, salvo la Biblia ó
-el _Prayer Book_.[13] Esa era la autora de la que, el año mismo de la
-aparición de la novela, con su énfasis habitual habló Sumner en el
-Senado en estos términos: «Inspirada por el genio del Cristianismo ha
-entrado en la liza una mujer cual otra Juana de Arco, agitando con
-fuerza maravillosa las cuerdas del corazón del pueblo».[14] Y hoy el más
-reciente, tal vez el más juicioso é imparcial entre los que relatan los
-sucesos de ese período,[15] considera _La Cabaña del tío Tomás_ tan
-importante en la historia de los Estados Unidos como _La nueva Eloisa_
-en la historia del siglo XVIII en Francia. Los hombres que en sus
-primeros años leían los escritos de Rousseau fueron los revolucionarios
-de 1789, como los jóvenes americanos cuyas ideas se formaron leyendo en
-la novela ó contemplando en el teatro los horrores de la esclavitud,
-tales como Mrs. Stowe los trazaba, fueron los que más adelante
-constituyeron la fuerza del partido que consumó por fin la extirpación
-del cáncer formidable.
-
- [13] _Life of Harriet Beecher Stowe_ Compiled by her son _Ch. E._
- STOWE. 4 vol. Boston, 1889.
-
- [14] Discurso sobre la ley de los fugitivos. Agosto 26 de 1852.
-
- [15] _Hist. of the U. S. from the Compromise of 1850_ by J. F.
- RHODES, vol. I pag. 278 y sig.
-
-Ese efecto colosal, obtenido sin charlatanismo, sin auxilio artificial
-de especie alguna, fué debido en mucha parte á la poderosa corriente de
-simpatía que arrastraba por primera vez la masa del pueblo á prestar
-conmovida atención y escuchar con palpitante interés el eco de las
-escenas de martirio que pasaban en la región de los esclavos. La autora
-contribuyó de su lado á la generosa tarea con las intenciones más puras,
-el más elevado entusiasmo, el más comunicativo ardor, y el libro,
-concebido y acogido en tan excepcionales condiciones, mereció sin duda
-todos los honores, llenó gloriosamente su objeto, á pesar de la trama
-poco fina de su estilo, de la desigualdad de la inspiración poética,
-del tono excesivamente místico y vago de algunos de sus descosidos
-episodios.
-
-Los críticos en el Sur de los Estados Unidos, que sintieron bien el
-vigor y precisión del ataque, quisieron desautorizarlo, acusando la
-novela de falta de colorido local y declarándola construída sobre hechos
-inexactos. La primera objeción no carecía de algún fundamento, pues la
-autora no había personalmente recorrido la comarca especial donde el
-trabajo esclavo se explotaba en la forma más ruda, y para colocar en
-ella sus personajes había tenido que pedir acá y allá los detalles
-esenciales y acumularlos después en breve espacio, en pocas escenas,
-como era su derecho de artista; pero demostró completamente por medio de
-una gran masa de datos y documentos, reunidos más adelante bajo el
-nombre de _Clave_ de la novela, su absoluta buena fe y la suficiente
-verosimilitud del cuadro general que con tanto relieve había pintado.
-
-La ocasión fué propicia y el talento se impuso á la admiración
-universal, pero no volvió á encontrar otra igual, ninguna de sus obras
-posteriores obtuvo ni con mucho éxito parecido, á pesar de que produjo
-otras de valor literario más subido, que pasaron casi inadvertidas,
-aunque el nombre de la autora era ya famoso en Europa y en América; pero
-no pudieron conseguir lo que respecto de la primera dependió
-principalmente de un estado particular de la opinión. Es probable que
-muy pocos lean hoy _La Cabaña del tío Tomás_ y sólo á veces se recuerde
-como ejemplo de moral ó libro de educación de la juventud, bueno todavía
-para servir de premio en los exámenes. Tiene también su puesto en las
-antologías, para las que naturalmente se prefieren las escenas que se
-apartan más de la realidad, como la muerte del pobre negro Tom, especie
-de visión extática, que asaltó á la autora de improviso, un domingo
-durante la comunión, antes de que tuviese resuelta la marcha de su
-argumento, la armazón entera de su edificio.
-
-Además, á medida que se va alejando el período en que la esclavitud
-imperaba á modo de institución política sacrosanta, se amengua
-igualmente el efecto trágico y se desvanece mucho la impresión de verdad
-terrible que en su época produjo. Pero el servicio prestado á la causa
-de la justicia y la libertad fué muy grande, de vasta trascendencia; si
-el monumento literario es perecedero, la memoria de la artista no se
-borrará jamás y nadie con mejor razón que ella pudo exclamar: _Non omnis
-moriar_.
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-Formación del partido republicano.--Convenciones nacionales.--Frémont,
-Douglas, Buchanan.--Elecciones de 1856.
-
-Cuando se aproxima un cambio profundo en la opinión general de un país,
-los primeros signos son como ruidos locales de volcanes diseminados por
-toda la extensión del territorio, cuya íntima conexión pocos reconocen,
-ni adivinan su carácter de precursores de la gran explosión que se
-prepara. Así sucedió en los Estados Unidos durante los seis años que van
-desde que empezó á aplicarse en 1850 la ley de persecución de los
-esclavos, hasta 1856 que brotó súbitamente el partido "republicano",
-numeroso, enérgico, lleno de esperanzas, al que reservaba el porvenir la
-gran tarea de arrancar la esclavitud del suelo de la república.
-
-Los acaecimientos del mes de Mayo de 1856, esto es, el asalto contra
-Sumner y el incendio y saqueo de una población de Kansas por los colonos
-esclavistas alentados desde Washington por el Presidente y su ministro
-de la guerra Jefferson Davis, sucesos ambos que independientemente
-ocurrieron á pocas horas de intervalo, encontraron al nuevo partido en
-vías de su definitiva organización, y vinieron muy á tiempo á infundirle
-el grado de vigor y cohesión que en esos momentos requería. Puede
-decirse que el partido recibió el bautismo en Pittsburg el 22 de
-Febrero, aniversario del nacimiento de Jorge Washington, día en que se
-congregaron allí los adversarios principales de la política imperante en
-los consejos de la nación, y acordaron proclamar la necesidad de admitir
-á Kansas como Estado libre y declarar la guerra por todos los medios
-legítimos contra la extensión del régimen de la esclavitud más allá de
-los límites donde existía, proscribiendo en lo adelante todo género de
-transacción ó compromiso. Al efecto convocaban para una Convención en
-Filadelfia con objeto de nombrar candidato para la presidencia de la
-república y abrir en seguida animosamente la campaña.
-
-Es sabido que conforme á la Constitución y leyes del Congreso, el pueblo
-de los Estados Unidos no vota directamente en las elecciones de
-Presidente de la República, sino escoge cada cuatro años, en un día
-fijado del mes de Noviembre, compromisarios especiales encargados de
-formar un colegio electoral y designar el agraciado. En la realidad
-estos compromisarios obedecen á un mandato imperativo de que jamás se
-apartan, y nombran siempre á los designados de antemano por el partido
-político á que ellos pertenecen. El trámite capital, por tanto, es la
-elección de los candidatos en la junta ó Convención general del partido,
-candidatos que seguramente serán los escogidos por el colegio electoral
-y ocuparán el poder, si el partido logra triunfar en el escrutinio
-general. Llámanse Convenciones nacionales, reúnense por pocos días cada
-cuatro años, en una ciudad diferente por lo general, y se componen de
-delegados en número proporcional al de senadores y diputados que cuente
-cada Estado, delegados escogidos por las agrupaciones permanentes que
-los partidos tienen siempre organizadas en todos los distritos ó
-pequeñas circunscripciones políticas, que como mallas de inmensa red
-cubren el vasto territorio nacional.
-
-Mecanismo tan complicado puede funcionar armónicamente si son perfectas
-á un tiempo la organización y disciplina de sus elementos, condiciones
-que sólo el tiempo y la práctica pueden llevar al grado de eficacia
-indispensable. Infinitas y de la más difícil solución tenían que ser,
-por tanto, las dificultades del nuevo partido en el primer período de su
-existencia, y todas ellas venían á añadirse á la otra mucho mayor y
-formidable de entrar inmediatamente en lucha contra el antiguo partido
-demócrata, fuertemente organizado, dueño del poder, engreído todavía por
-el completo triunfo obtenido cuatro años antes y bien persuadido de
-renovarlo una vez más, confiando en la abundancia de sus recursos, sus
-tropas bien disciplinadas, sus jefes acostumbrados á vencer é igualmente
-diestros en el ataque y en la defensa.
-
-Los obstáculos, empero, fueron allanándose por sí mismos, un impulso de
-genuina y entusiasta simpatía suplió á la falta de tiempo y ejercicio
-para la rápida y metódica movilización de las fuerzas que de todos lados
-corrían á incorporarse, y el día fijado reunióse en Filadelfia la
-Convención Nacional Republicana. Tuvieron mucho sus sesiones de
-tumultuosas y desordenadas; era inevitable, y, comparada con asambleas
-del mismo género, fué más bien una reunión tan informe como numerosa, un
-_mass meeting_, como se le ha llamado.[16] Concurrieron más delegados de
-lo que se esperaba, buena parte de ellos irregularmente nombrados, todos
-empujados por el torbellino de entusiasmo que agitaba al país y le
-inspiraba la idea de abrir una nueva era, iniciar una verdadera
-revolución, como envueltos en atmósfera encendida por los más variados y
-vivaces sentimientos. Recuerda en cierto modo la Convención, aunque en
-otro mundo, bajo otro clima moral, con resultados más inmediatos y
-prácticos, el célebre Concilio que á la voz del papa Urbano inauguró en
-Clermont el vasto movimiento de la Europa contra el Asia, en la Edad
-Media.
-
- [16] Bryce, The American Commonwealth vol. II pag. 69. (1889).
-
-La tarea primera de los delegados demandaba, no arranques de entusiasmo
-sentimental, sino sólido y profundo razonamiento, y, por fortuna, fué
-cumplidamente desempeñada: redactar el programa ó manifiesto, lo que en
-el lenguaje especial de la política norteamericana se conoce con el
-nombre de "plataforma", sobre la cual, á manera de base ó pedestal,
-solicitan los candidatos el voto del pueblo. Importaba proclamar en el
-documento, sin causar escándalo, una decidida hostilidad á toda
-extensión de la esclavitud, porque esa y no otra era la razón de ser del
-nuevo partido, é hiciéronlo declarando sin ambajes: 1º que ni el
-Congreso federal ni ninguna Legislatura particular ni individuo alguno ó
-asociación de individuos podía impartir existencia legal á la esclavitud
-en los Territorios: y 2º que el Congreso tenía en virtud de la
-Constitución el derecho y el deber de prohibir allí la poligamia y la
-esclavitud, "reliquias gemelas de la barbarie". Pero era también
-indispensable que el programa no asustase á los tímidos ni ahuyentase á
-los moderados, sugiriendo medidas violentas ó procedimientos
-revolucionarios; así lo previeron, contentándose con pedir la admisión
-de Kansas como Estado libre y evitando aludir al derogado compromiso del
-Missouri y á la ley sobre los huídos, sin duda porque juzgaron
-suficientes á realizar sus votos esenciales las dos mencionadas
-resoluciones, robustecidas con la frase en que invocaban los principios
-de la inmortal Declaración de Independencia, y anunciaban la decisión
-inquebrantable de aplicarlos siempre, fuera cual fuese el resultado, y
-no obstante toda amenaza de disolver la Unión. Precisamente habían sido
-hasta entonces esas amenazas el arma de doble y cortante filo con que
-los Estados del Sur infundían terror y mantenían su predominio; ahora
-por primera vez bajaban á la arena intrépidos combatientes, dispuestos á
-provocar y afrontar la lucha sin miedo á ninguna consecuencia.
-
-Salvado tan felizmente ese paso preliminar, pidió su desquite el
-entusiasmo, y avasallando á la razón fué unánimemente elegido por la
-Convención como candidato á la presidencia, en medio de vivas y
-aplausos, no un hombre político de establecida reputación, no un tribuno
-de notoria habilidad, sino un personaje novelesco, héroe de
-extraordinarias aventuras. Llamábase John C. Frémont, contaba cuarenta y
-tres años nada más y gozaba de gran popularidad; su nombre había corrido
-de boca en boca antes de 1850, en la época en que todos volvían los ojos
-hacia la dilatada extensión de tierra al occidente, más allá del
-Mississipi y sus afluentes, región casi completamente desconocida, donde
-era ya fácil adivinar fascinante porvenir de grandeza para la república.
-A la cabeza de pequeñas partidas de exploradores se había lanzado
-Frémont en varias ocasiones á visitar esa región de indios salvajes,
-había atravesado desiertos, escalado ásperas cordilleras, descubierto á
-costa de trabajos y sufrimientos inauditos los desfiladeros, por donde
-era únicamente posible llegar hasta los aledaños del continente; y las
-narraciones de sus aventuras habían sido leídas apasionadamente y
-admiradas en todo el país. Al declararse la guerra contra Méjico, se
-hallaba al término de una de sus excursiones: con su gente se puso al
-frente de una insurrección contra el gobierno mejicano, y pronto muchos
-le dieron el título de conquistador de California. La anexión de esos
-territorios halló en él después ardiente favorecedor, y fué uno de los
-primeros senadores enviados á Washington, cuando en 1850 se verificó la
-entrada de California como Estado sin esclavos en la federación. Desde
-esa fecha se le tenía por acérrimo y declarado enemigo de la esclavitud.
-
-Otros actos de su vida parecían de propósito combinados para excitar la
-atención. Era hijo de un francés profesor de idiomas en los estados del
-Sur, había nacido en el de Georgia, y se había educado solo, por no
-doblegarse á la disciplina del colegio á que su madre viuda lo mandó. En
-Washington después se casó secretamente con una distinguida joven, de la
-mejor sociedad, y contra la voluntad de su padre, que era Thomas H.
-Benton, representante durante treinta años en el Senado del estado de
-Missouri y autor de dos gruesos volúmenes, siempre útiles de consultar,
-titulados "Historia de la marcha del gobierno americano por espacio de
-treinta años". Aunque más adelante se reconciliaron suegro y yerno,
-fueron siempre de muy encontradas opiniones y en las elecciones de 1856
-no votó Benton por su hijo político para Presidente. A causa de un
-incidente de sus afortunadas aventuras en el Oeste fué el explorador
-acusado de insubordinación y desobediencia, y condenado por un consejo
-de guerra; aunque el presidente Polk levantó la pena impuesta y ofreció
-devolverle su grado en el ejército, desdeñó orgullosamente Frémont el
-indulto, por no consentir una sentencia que consideraba injusta; todo
-ello contribuyó fuertemente á su popularidad[17].
-
- [17] Life of Th. H. Benton by Th. Roosevelt, page 354. La obra de
- Benton es la misma citada antes bajo su primer título: Thirty years
- view.
-
-Juzgado á la luz de sucesos posteriores (mal modo de juzgar, pero la
-consideración se impone como caso de interés histórico), es evidente que
-la Convención expuso á grave peligro su propia causa y la suerte del
-país, al designar á Frémont como candidato. Si hubiera ganado la
-elección la guerra civil habría comenzado en 1857, y se hubiese hallado
-dirigiendo la cosa pública en tan crítica y formidable situación un
-hombre que era, como se vió luego demasiadamente claro, extravagante,
-obstinado en el error, del todo incapaz de moderar sus impulsos ó
-plegarse á las circunstancias, y que ni siquiera tenía el talento
-militar que se le suponía.
-
-El partido republicano reunió más de un millón trescientos mil votos de
-los cuatro millones emitidos esa vez: resultado prodigioso si se tiene
-en cuenta que la organización se hizo en plena lucha, enfrente mismo del
-enemigo. Llenó de gozo y de las más halagüeñas esperanzas á cuantos
-deseaban borrar en el próximo porvenir la negra mancha de la esclavitud,
-pues ese número de votos representaba la mayoría en once de los treinta
-y un Estados de la Unión. No faltaron quienes pensasen que con un
-candidato menos romántico, de más peso en política que Frémont, el
-desenlace de la campaña hubiera podido ser muy diferente[18].
-
- [18] Véase: Von Holst ut ant. volume V. pag. 373.
-
-El partido demócrata, es decir, la masa compacta de los Estados del Sur,
-menos uno, y la fracción de hombres del Norte que Douglas conducía,
-triunfó nuevamente, pero por la última vez; bien lo indicaba inequívoca
-y ominosamente el no haber alcanzado mayoría absoluta y haber ganado la
-elección, á causa de la división de fuerzas producida por un tercer
-partido con su candidato, Millard Fillmore, que recogió cerca de
-novecientos mil votos, venidos de todos lados, del Norte y del Sur. Mas
-ese partido debía desaparecer en seguida, dejando apenas rastro. Gastó
-en esa acometida toda su energía, como la abeja que pierde su aguijón
-dentro de la punzada. Era el partido apellidado Americano ó nativista,
-vulgarmente _knownothing_, porque envolvía en profundo secreto su
-organización y afectaban sus adherentes responder que "nada sabían"
-cuando se les preguntaba; duró en suma corto tiempo y murió por carencia
-de vitalidad, de razón de ser; el problema de la esclavitud era la
-preocupación universal, el alma de los partidos, y pasarlo en silencio
-no facilitaba en sentido alguno su solución.
-
-En la Convención del partido demócrata, que se celebró en Cincinnati
-pocos días antes que la del republicano en Filadelfia, sufrió Douglas la
-amarga pena de no ser á pesar de sus esfuerzos el candidato preferido.
-Su carácter de representante del gran estado de Illinois, el talento y
-la infatigable actividad con que se alzó y mantuvo á la cabeza de la
-mayoría del Senado, sus grandes servicios de creador y defensor del plan
-conforme al cual pudo ser derogada la limitación de la línea del
-Compromiso y abierto á la expansión de la esclavitud el suelo de Kansas
-y Nebraska, justificaban bien esa recompensa, objeto incesante de sus
-afanes. En vano todo; sus amigos tenazmente abogaron por él; fueron
-necesarios muchos escrutinios antes de que se confesasen vencidos, antes
-de que cediesen la vía, que hubieran podido obstruir indefinidamente, á
-James Buchanan, anciano de sesenta y cinco años, en quien la perspicacia
-de algunos jefes esclavistas había adivinado dócil y complaciente
-servidor de ulteriores designios. Los seguidores de Douglas se
-consolaban con la idea de que contaba éste de edad cuarenta y tres años
-solamente,--lo mismo por cierto que Frémont,--y podía aguardar con
-paciencia la próxima revancha: él sentía en el fondo de su espíritu que
-la oportunidad mejor quedaba perdida, que las nubes bajaban rápidas á
-encapotar su horizonte.
-
-Fué Douglas un demagogo en el mejor sentido de la palabra; aunque había
-sacrificado mucho y estaba probablemente dispuesto á sacrificar más
-todavía por obtener aplausos y votos del partido dominante, probó en una
-hora crítica, cuando sus antiguos amigos se resolvían á la guerra civil,
-que siempre nutría vivísimo amor y respeto por la patria, por su
-engrandecimiento y prosperidad, y que jamás consentiría ser cómplice de
-su desmenbración. El miedo que los sagaces aristócratas del Sur, los
-mismos que aceptaban sus servicios y seguían su bandera en el Senado,
-tenían de verlo instalado en la presidencia, era un homenaje que rendían
-á su inteligencia y al vigor de su temperamento, pues parecían temer que
-una vez en el alto puesto no pudiesen más contar seguramente con él y
-desease aplicar sus propias ideas é imponer su voluntad. Reunía muy
-raras y notables cualidades: enérgico, atrevido, se erguía y brillaba en
-medio de la controversia y de la lucha, sin que lo acobardaran los
-fracasos, convencido siempre de que su influencia personal y la
-prontitud de sus recursos bastarían á transformar la situación en los
-trances más difíciles. Así á menudo aconteció. Cuando hizo pasar por
-ambas ramas del Congreso el _bill_ sobre Kansas y la abolición del
-Compromiso, fué tan hostil la impresión por varias partes que, como dijo
-él mismo con imagen bien aventurada, había viajado de Washington á
-Chicago á la luz de las hogueras en que quemaban su propia efigie. A
-pesar de todo continuó en auge constante su prestigio popular, día llegó
-en que ninguna otra persona en el partido le excedía en habilidad
-parlamentaria, en número de adherentes y en popularidad.
-
-Para haber subido más alto y dejado en la historia americana nombre
-ilustre, tanto por lo menos como los de Madison ó Calhoun, halló por
-desgracia obstáculos invencibles nacidos de las condiciones en que
-fatalmente se encontró desde el principio de su carrera y le impidieron
-adquirir ese grado de educación, de refinamiento moral é intelectual
-que, salvo en naturalezas privilegiadas, sólo se adquiere durante la
-juventud. Como _selfmade man_ fué un tipo característico, aun en esa
-tierra donde surgen con más frecuencia que en otras hombres formados y
-elevados por su propio esfuerzo; huérfano de padre y madre desde muy
-temprano, apenas asistió á escuelas en su niñez y á los diez y seis años
-ejercía un oficio mecánico, carpintero en el estado de Vermont, donde
-había nacido. Resuelto á abrirse camino á través de las dificultades,
-emigró al Oeste de la república, á los nuevos Estados que rápidamente
-crecían y prosperaban. Una vez fijado en Illinois, donde había entrado
-solo y con treinta y siete centavos en el bolsillo por único capital,
-progresó su fortuna en la misma medida que adelantaba el estado en
-riqueza y población, y fué á los pocos años ocupando uno tras otro los
-cargos más importantes del servicio público, llegando á ser Senador en
-1847, posición encumbrada que hasta su muerte conservó y admirablemente
-llenó.
-
-Acaso debió Buchanan el triunfo en la Convención de Cincinnati á los
-méritos mismos de su competidor, pues por lo demás era personaje muy
-inferior en todo. Pero así como tenía Douglas numerosos amigos, contaba
-enemigos y envidiosos dentro del partido, auxiliares más ó menos tibios,
-que había ofendido y llevádose de encuentro en las reñidas batallas
-políticas en que había figurado y triunfado; el resentimiento de éstos y
-los temores que en otros inspiraba su nombre, bastaron para echar al
-suelo su candidatura. Buchanan no tenía malquerientes personales, había
-pasado varios años fuera del país en el servicio diplomático, era
-obsequioso, cortés, de fácil palabra, muy estimado en Pennsylvania, su
-Estado natal, pero débil de carácter y de inteligencia no más que
-mediana.
-
-El público siguió las diversas fases de esa campaña electoral
-excepcionalmente ruidosa y agitada con palpitante interés, con más
-ansiedad que ninguna de las anteriores. Pronto se observó que la
-calculada desigualdad de fuerzas entre los dos grandes partidos se
-compensaba por medio de la inesperada simpatía que el nuevo programa
-antiesclavista despertaba. El partido demócrata disponía de las sumas
-que las cotizaciones exigidas á los empleados públicos producían;
-Fillmore contaba de su lado las clases mercantiles, los más ricos
-capitalistas, que no escatimaron sus contribuciones; pero los
-republicanos, circunscribiendo sus esfuerzos á los Estados libres, lo
-cual por sí era una ventaja, sin gastos inútiles, sin estímulos
-extraordinarios, vieron las masas acudir al simple llamamiento. Miles de
-individuos, sacudiendo inveterado torpor, contemplaron fijamente por
-primera vez las consecuencias del plan político de la extensión de la
-esclavitud, resolvieron, con la tranquila resignación de quien busca la
-paz de su conciencia, que la esclavitud quedaría enclavada dentro de los
-límites reconocidos por la Constitución, y que de ahí no debería pasar
-jamás.
-
-El número de votos antiesclavistas dejó atónitos á muchos, perplejos á
-los mismos vencedores; Buchanan, en la presidencia, iba á representar
-una minoría, debido á los cuatrocientos mil sufragios de ciudadanos del
-Norte, interceptados por el tercer candidato. Esos votos hubieran
-bastado para elegir á Frémont, suceso increíble seis meses antes, que
-los hábiles estratégicos, directores desde tantos años atrás de la
-política nacional, habían considerado resultado tan monstruoso como
-improbable, y sólo mencionaban para declarar que á tal evento
-responderían sin vacilar con "inmediata, absoluta, eterna
-separación".[19]
-
- [19] Frases de una carta de Mason á Jeff. Davis, ministro de la
- guerra, citadas en _Reminiscences of Hamilton_ (New-York, 1899).
-
-Cuando se acallaron las voces, y se disipó el humo del combate, un
-observador mal preparado hubiera podido pensar examinando el campo que
-no se había realizado alteración alguna profunda, que la situación
-seguía la misma, pues si el asalto había sido más rudo, la victoria era
-indudable, y las cosas continuarían por tanto bajo Buchanan como habían
-marchado ya bajo el gobierno de Pierce. Los vencedores no obstante se
-encontraban lejos de sentirse tan satisfechos como en anteriores
-ocasiones; jugaban en esas lides intereses demasiado graves y queridos,
-y en sus inquietas meditaciones, fija la escrutadora mirada en lo
-futuro, pudieron ver, como el héroe romano antes de la última batalla,
-un fantasma siniestro emplazándolos para la próxima elección
-presidencial.
-
-
-CAPÍTULO V.
-
-El negro Dred Scott ante el Tribunal supremo
-
-A los dos días de inaugurada la presidencia de James Buchanan, el 4 de
-Marzo de 1857, publicó el Justicia mayor, ó Regente del Tribunal supremo
-de los Estados Unidos, la sentencia acordada por mayoría de los jueces
-en el pleito seguido por un negro esclavo llamado Dred Scott, en
-vindicación de su libertad.
-
-Es celebérrimo ese fallo; no tanto por la parte dispositiva, pues en
-nación compuesta de más de treinta Estados, independientes entre sí
-respecto de toda cuestión de derecho común, civil ó criminal, y cuyos
-códigos particulares en unos protegían el régimen de la esclavitud y en
-otros ni siquiera lo reconocían, habían por fuerza de ocurrir á menudo
-conflictos sobre la condición de individuos pasando á cada instante de
-un Estado libre á otro esclavo. Nada extraordinario, por consiguiente,
-hacía el tribunal encargado por la Constitución de zanjar esas
-dificultades, oyendo en grado de apelación un caso particular, ya
-tratado por otra Corte federal, y confirmando fallo anterior que
-declaraba esclavos á los demandantes, esto es, al negro Scott, su mujer
-y dos hijas. La importancia histórica de esa sentencia estriba en sus
-considerandos, en la doctrina de derecho constitucional que establecían,
-con el objeto confesado de calmar las reñidas controversias sobre la
-legalidad de la admisión de esclavos en los Territorios, y, al efecto,
-aprobando una entre las diversas interpretaciones de la ley fundamental
-por cada partido preconizadas. Pero en vez de aquietar los ensañados
-contrincantes vino el malhadado documento á precipitarse como enérgica
-levadura en la lucha ardiente de los partidos, levantando y excitando
-las diferencias políticas hasta un grado no visto todavía.
-
-Dred Scott, esclavo de un médico militar domiciliado en el estado de
-Missouri, había residido algún tiempo sirviendo á su dueño en regiones
-de la república donde no existía la esclavitud, y á su vuelta,
-enardecido por violento castigo corporal á que se le sometió, dedujo
-demanda de emancipación apoyándose en la jurisprudencia inglesa, vigente
-como derecho común en los Estados Unidos, que declara libre el esclavo
-que pone el pie donde no sea legal la condición servil. Años hacía que
-la demanda seguía su curso con varia fortuna en diferentes tribunales,
-hasta que agotadas sin obtener sentencia firme las dos jurisdicciones,
-local y nacional, de los Estados y de la Federación, que funcionan al
-lado una de otra y completamente separadas el todo en país, llegó en
-grado final ante la Corte suprema en Washington. Movió el caso vivísimo
-interés; abogados de gran reputación acudieron espontáneamente, sin
-retribución directa y atraídos sólo por la importancia de la materia, á
-informar en estrados las dos veces que abrió el tribunal la vista de la
-causa, ambas en 1856, la primera antes de la elección de Buchanan, la
-segunda después. De esta manera una precedió y la otra siguió á la
-encarnizada campaña que tanto ruido y tanto polvo hizo ese año en todo
-el ámbito del país.
-
-Si el alto tribunal se hubiese limitado á desairar las pretensiones del
-esclavo y simplemente confirmar por los mismos ó parecidos fundamentos,
-como un instante lo pensó, la sentencia apelada, sin perder el caso su
-grave y dramático carácter hubiera excitado la opinión pública por breve
-espacio y caído pronto en el olvido, máxime cuando se supo dos meses
-después que toda la familia Scott había recobrado la libertad, en virtud
-de manumisión voluntariamente otorgada por un nuevo dueño á cuyo poder
-había pasado. Mejor hubiera sido así mil veces; se habría evitado la
-peligrosa prueba de echar por pasto á la furia de los partidos el nombre
-y la respetabilidad del más elevado tribunal de la república. El
-tribunal también habría renunciado á la tarea imprudente de discutir y
-resolver en el fallo de un pleito particular toda la espinosa cuestión
-de la esclavitud de los negros. Pero era demasiado seductora la
-tentación que hizo á los jueces sucumbir, y si su conducta puede ser
-tildada como error de juicio y extralimitación de facultades, la
-rectitud del propósito la explica y excusa cumplidamente.
-
-¿A qué, en efecto, se reducía la diferencia de motes y colores entre los
-dos grandes partidos acampados frente á frente desde la última lucha
-electoral y en perdurable son de guerra?--A interpretar diversamente
-cada uno el espíritu de la Constitución, á negar ó afirmar que en el
-Congreso residiera el derecho de autorizar la esclavitud en el vasto
-espacio no organizado aun con forma de estados federales. Divergencia
-muy honda y trascendental, que no podía, como otras contiendas de
-partido, resolverse en cambio de nombres ó trueque de personas, porque
-envolvía inmensos intereses y aventuraba todo el porvenir.
-
-El Supremo cuerpo judicial, nacido de la Constitución misma con el
-encargo de interpretar y fijar la significación de sus artículos, voz de
-la conciencia del pueblo americano, como se le ha llamado[20]; del
-pueblo americano emanado para ser en los casos inciertos garantía
-suficiente de los derechos individuales y elevarse por cima de los
-bandos, facciones é injusticias coaligadas,--pudo muy bien creerse
-investido de la misión de terciar en esa guerra deplorable de opiniones,
-y puesto que era la demanda de Scott contra su amo ocasión oportuna de
-pronunciar también sentencia sobre ese otro pleito capital, no vaciló en
-prestar el patriótico servicio de resolver la intrincada cuestión que
-turbaba los ánimos y amenazaba la paz. Por desgracia, aunque á tanto
-alcanzase su jurisdicción, punto de suyo discutible, el resultado
-defraudó las excelentes intenciones, y, en vez de mejorar la situación
-política, envalentonó á los intransigentes del partido sudista, exasperó
-á los adversarios, hasta que rotos los diques, desbordadas las pasiones,
-llegó la polémica á un grado de ardor inesperado.
-
- [20] Bryce, obra cit. vol. I. pag. 24.
-
-Uno de los abogados que arguyeron en los estrados del tribunal contra
-las pretensiones del demandante, Reverdy Johnson, que gozó después de
-gran reputación en el foro y en la política, dijo en su arenga, entre
-otras frases que leídas hoy parecen blasfemias y eran entonces opiniones
-muy esparcidas, que la extensión de la esclavitud era lo único que podía
-preservar incólume la libertad de la república. Taney, presidente de la
-Corte, afirma en la minuta por él redactada como resumen de las
-opiniones y acuerdos de la mayoría, que "el pueblo americano", en cuyo
-nombre se escribieron la Declaración de Independencia de 1776 y la
-Constitución de 1787, no incluía en su expresión colectiva á los negros
-africanos ni á sus descendientes nacidos en América, y que á éstos sólo
-se aludía en el segundo de esos instrumentos como á una especie
-particular de propiedad, de ningún modo como individuos revestidos del
-carácter y derechos de ciudadanos de los Estados Unidos. Llevando luego
-sin temor esas afirmaciones á sus naturales consecuencias, deducía que
-el Congreso no podía impedir que los ciudadanos acudiesen con sus
-bienes, es decir, con sus esclavos, á establecerse en las tierras no
-colonizadas todavía y pertenecientes por igual á todos los miembros de
-la Unión, y eran por tanto ilegales los célebres pactos ó compromisos,
-desde el de Missouri hasta otros más recientes, que habían puesto trabas
-á esa facultad. De tal manera excomulgaba la primera autoridad judicial
-al millón y medio de personas que había votado el programa de la
-Convención de Filadelfia y proclamaba la perfecta é inatacable ortodoxia
-de las doctrinas contrarias.
-
-Enfrente del Capitolio de Annapolis, capital del estado de Maryland, se
-eleva hoy la estatua de bronce de Rogerio Taney, del íntegro magistrado
-que estuvo veintiocho años á la cabeza del Tribunal supremo; otra se le
-ha erigido en la rica ciudad de Baltimore, la más floreciente del mismo
-Estado; y no solamente sus conciudadanos de esa región, muchos otros en
-el resto del país, enaltecieron á porfía las virtudes del hombre
-público, la pureza, la honradez, el valor cívico, el tesón
-inquebrantable desplegado hasta en los últimos límites de la ancianidad,
-móvil de esos homenajes[21]. Y, sin embargo, el acto más célebre de su
-vida, la sentencia que redactó y leyó en el caso de Dred Scott, es una
-fecha lúgubre de la historia americana, un día de los que se señalan con
-piedra negra, punto de partida de la más infausta peripecia para
-aquellos mismos que en aquel instante parecían triunfar definitivamente
-en el seguro terreno de la ley constitucional; porque la guerra
-fratricida hasta entonces posible, probable si se quiere, apareció en el
-acto con el carácter de fatal, incontrastable necesidad. Taney vivió lo
-bastante para verla desencadenada y hasta cerca ya de su desenlace;
-cuando preparaba el general Grant la última campaña, murió, á fines de
-1864, á los ochenta y siete años de edad, en los días mismos en que el
-estado de Maryland abolía voluntariamente la esclavitud, decretaba la
-ruina de la institución social que los abogados que hablaron y los
-jueces que fallaron contra Dred Scott habían creído destinada á durar
-perpetuamente, por lo menos hasta una fecha, como dijeron, "que ojos
-humanos no alcanzan á divisar todavía".[22]
-
- [21] _Taney_ por _F. M. Bird_. Apéndice al tomo XXIII de la _Enc.
- Britannica_, 9ª edición.
-
- [22] Palabras del discurso de R. Johnson, citadas por _Pike, First
- blows of the civil war_.
-
-Ha dejado, pues, Taney, á pesar de sus raras prendas personales, una
-reputación nublada, que sobre todo palidece y mengua comparada con la
-gloria fulgente de Marshall, su inmediato antecesor, que ocupó también
-por largo espacio la presidencia de la Corte suprema y fué el gran
-intérprete de la Constitución, el jurisconsulto sin rival á quien,
-después de Washington, debe más que á ninguno agradecer la república
-norteamericana la firmeza y robustez que con el curso del tiempo han ido
-sus instituciones adquiriendo y aumentando. Taney no obtuvo sin seria
-oposición la venia del Senado cuando el Presidente lo nombró Primer
-Justicia de la Corte Suprema, pues muchos vieron con susto penetrar en
-el recinto de la justicia con tan elevadas funciones á quien se había
-engolfado demasiado en la política de combate durante el gobierno
-despótico y agitado del general Jackson, de cuyos más autoritarios
-desmanes había sido secreto consejero y público defensor. Bien
-justificado quedó ese temor con el tono, la forma é intención de los
-considerandos del fallo sobre Dred Scott. De cualquier modo en suma que
-se mire será siempre una obra política, con un fin político, redactada
-con la parcialidad y exclusivismo de los papeles políticos.
-
-La sentencia resolvía una causa particular en apelación ante el tribunal
-y expresaba la opinión de la mayoría, de seis de los ocho jueces que lo
-componían, pero Taney es responsable ante la posteridad de las doctrinas
-incrustadas en sus párrafos, de la aprobación innecesariamente impartida
-al programa de un partido reorganizado especialmente en defensa de la
-perpetuidad de la esclavitud, y más que todo de la imprudente dureza con
-que, para demostrar que los fundadores de la nación no pudieron haber
-invitado la raza negra á gozar de la grande obra que edificaban, traza
-hostilmente cuadros como el siguiente, que hoy mismo no puede leerse sin
-hondo desagrado:
-
- "A juicio del tribunal, las historias de la época y el lenguaje
- empleado en la Declaración de Independencia demuestran que ni la
- clase de esas personas importadas como esclavos, ni sus
- descendientes libres ó no libres, eran entonces reconocidos como
- parte del pueblo, ni se intentaron incluir en los términos
- generales empleados en ese memorable documento. Difícil es darse
- hoy cuenta de las ideas que respecto de esa raza desgraciada
- prevalecían en la opinión pública del mundo civilizado en la época
- de la Declaración y cuando se escribió y adoptó la Constitución. La
- historia de todas las naciones europeas lo revela del modo más
- inequívoco. Más de un siglo hacía que eran los negros considerados
- como seres de un orden inferior absolutamente incapaces de
- asociarse á los blancos en sus relaciones políticas y sociales,
- inferiores hasta el punto de no tener derecho alguno que el blanco
- estuviese obligado á respetar, así como de poder ser justa y
- legítimamente reducidos á servidumbre en su propio beneficio. Eran
- vendidos, comprados y tratados, cual lo son las mercancías cuando
- hay alguna ganancia que reportar".
-
- Y armado con su lógica despiadada, continuaba el juez diciendo:
- "que si la raza africana esclava estuviese comprendida en las
- palabras de la Declaración de Independencia que afirman la igualdad
- de todos los hombres, la conducta de los patriotas ilustres que la
- suscribieron aparecería en completa y flagrante contradicción con
- los principios mismos que establecían, y en vez de la simpatía del
- género humano que buscaban, habrían recibido y merecido vituperio
- universal".
-
-Es triste é ineluctable condición de anomalías sociales de la especie de
-la esclavitud el arrastrar á tales extremos aun á individuos dotados de
-nobles y generosos sentimientos. Taney era dulce y bondadoso en el trato
-íntimo, según el testimonio de cuantos privadamente lo trataron; y no
-sólo nunca compró esclavos, sino que otorgó la libertad á cuantos por
-herencia le tocaron, socorriendo y pensionando luego á los que por razón
-de edad no podían cabalmente gozar del beneficio de la manumisión; pero
-nacido y educado en un Estado del Sur, abundando sinceramente en las
-ideas del partido demócrata, no pudo resistir al deseo de echar en la
-agitada balanza el peso del gran cuerpo judicial que presidía, halló la
-mayoría de sus colegas dispuesta á acompañarlo en la aventurada empresa,
-y cometió el error imperdonable. Error de que él mismo fué la víctima
-primera, pues las crueles odiosas frases que corrieron de su pluma
-permanecerán eternamente adheridas á su nombre, y se necesita tener bien
-presente toda la buena fe, todo el desinterés personal del hombre para
-comprenderlas y atenuarlas.
-
-El fin anhelado no se alcanzó ni siquiera aproximadamente, ni aun en el
-primer momento; el mal en vez de aliviarse persistió agravándose, y
-contribuyó, por contrario efecto, á cerrar el paso á todo acuerdo
-posible entre los dos grandes partidos separados por la cuestión de la
-esclavitud.
-
-Era claro que los jefes del Sur, que tan arrogantemente pedían desde
-algunos años atrás el reconocimiento de sus derechos y de su carácter de
-amos de esclavos en los Territorios, sin arredrarles el peligro de
-arruinar la fábrica política, no habrían de ceder ó disminuir sus
-altivas exigencias, ahora que el Tribunal supremo proclamaba la
-legalidad, la corrección constitucional de su programa. El miedo del
-porvenir, que tan justamente les infundió el número inesperado de votos
-reunido por la candidatura adversa, comenzó instantáneamente á minorar,
-gracias al poderoso apoyo de la aprobación judicial; exageraron sus
-pretensiones al mismo tiempo que crecían su orgullo y espíritu
-dominante, y llegaron hasta esperar confiadamente que el respeto á la
-ley, la sumisión á la cosa juzgada, sentimientos muy esparcidos y
-siempre vivos en la república, unidos al antiguo deseo de evitar á toda
-costa el desquiciamiento de la Unión, decidirían á la masa del pueblo á
-permitir la realización de sus designios.
-
-El efecto entre los agrupados bajo el nombre de "republicanos" fué, como
-dije, contrario á lo previsto; los que procedían impulsados por ideas de
-moral y religión se exaltaron hasta el frenesí al encontrarse con la
-justicia apadrinando lo que consideraban abominable; los que obedecían á
-un plan político, los moderados, que esperaban tarde ó temprano el
-triunfo en las urnas electorales por los medios ordinarios, en nada
-cambiaron, porque sabían bien que la sentencia por Taney publicada
-resolvía sólo el caso concreto á que se refería, y acatándola á ese
-único respecto replicaban que los precedentes judiciales, cuando son
-errados, se destruyen por medio de fallos posteriores; y que una vez
-arrollado pacíficamente el partido esclavista en nuevas elecciones, las
-opiniones y tendencias de los magistrados de la Corte Suprema cambiarían
-poco á poco, por juego y obra de la misma Constitución tan falsa y
-lastimosamente ahora interpretada y aplicada.
-
-Las cosas por tanto continuaron por breve término en idéntica posición;
-la gran batalla de principios y de programas tenía que trabarse y
-decidirse todavía en su verdadero terreno, la intervención de los jueces
-excitó de antemano las masas combatientes y les proporcionó gritos de
-guerra más nuevos y estruendosos.
-
-
-CAPÍTULO VI.
-
-Desacuerdo entre ambas ramas del Congreso sobre la admisión de Kansas.
-
-El primer año de la presidencia de Buchanan fué el más fúlgido momento
-de fortuna disfrutado por el partido esclavista. Todavía hoy pudiera
-supersticiosamente creerse y decirse que el destino quiso engañarlo por
-última vez, en la hora misma que lo esencial estaba á punto de perderse,
-y, poniéndole delante el espejismo de la victoria, llevarlo seguramente
-con ojos deslumbrados á la catástrofe definitiva. Hallábase en posesión
-absoluta de cuantos recursos eran de apetecerse para cimentar
-indestructiblemente su predominio: poder ejecutivo, poder legislativo,
-supremo cuerpo judicial, todo laboraba y conspiraba en su favor.
-
-Nadie acogió con más regocijo que Buchanan la declaración judicial que
-sancionaba la extensión de la esclavitud en los Territorios; los
-intransigentes del Senado y de la Cámara de Representantes tuvieron la
-satisfacción de oir decir en su nombre, en un mensaje especial, de 2 de
-Febrero de 1858, que Kansas era ya un Estado con tanta verdad y tanto
-derecho como otro cualquiera de la Unión, como Georgia ó las Carolinas,
-con esclavos como ellos, y por los mismos títulos digno de formar parte
-de la gloriosa federación. Si el Congreso seguidamente atendía las
-sugestiones del Presidente, aprobaba la situación á que se había llegado
-en Kansas por medios bien merecedores de reprobación, y admitía la nueva
-comunidad bajo la constitución que subrepticiamente, sin consulta real
-del pueblo, acababan de promulgar,--¡qué hermosa manera de coronar los
-esfuerzos de los últimos cuatro años! El equilibrio entre las dos
-secciones quedaba en el acto restablecido, y no habría ya peligro de
-perderlo nuevamente, pues el horizonte inmediato se vestía también de
-gratísimos colores; Tejas, el Estado enorme, de cerca de trescientas mil
-millas cuadradas de superficie, podía legalmente ser dividido en cuatro
-Estados, y en vez de dos, mandar ocho representantes al Senado,
-cualquiera que fuese la cifra de su población; más lejos los vastos
-espacios anexados después de la guerra contra Méjico ofrecían su fértil
-suelo á colonos venidos de todos lados para organizarse pronto del mismo
-modo y en las mismas condiciones que Kansas, y entonces, no diez y seis,
-sino veinte, veinticinco Estados, explotados por el trabajo de los
-negros esclavos, lucharían ventajosamente en Washington por medio de sus
-delegados contra los ávidos industriales y comerciantes del Norte, y
-tendrían en las manos los medios de exigir é imponer el respeto y la
-conservación de sus instituciones peculiares.
-
-Pero el ardiente deseo los arrastraba demasiado lejos, como poseídos
-del frenesí que la fortuna vierte sobre aquellos que quiere perder,
-según el célebre apotegma que la Edad media atribuía al poeta cómico
-latino. El cúmulo de lisonjeras esperanzas comenzó á desmoronarse cuando
-más alto y compacto parecía. Apenas se dibujó claramente ante los
-correligionarios del Norte lo que se escondía detrás de esas apariencias
-y vieron hasta donde soñaban ir sus aliados del Sur con el Presidente de
-la República á la cabeza, se negaron algunos á continuar en tan tortuosa
-dirección, invadidos de mortal angustia al hallar inconciliables el amor
-de libertad que los animaba y la distinta situación legal que debía
-surgir de la ejecución de sus acuerdos. La opresiva duda se propagó con
-rapidez, y como tiene que suceder donde la voluntad popular es soberana
-y no carece de ocasiones de manifestarse, repercutió entre los miembros
-de la Casa de Representantes, desprendió de la mayoría imperante
-suficiente número de votos para que fuese rechazado el _bill_ del Senado
-sobre la admisión de Kansas de la manera convenida, y la bien maquinada
-intriga cayó al suelo desbaratada.
-
-Fué el naufragio definitivo de la cuestión, cuando más orgullosamente
-navegaba y desplegaba velas y grímpolas; naufragio sin posible
-salvación, aunque se empeñasen en excogitar las más ingeniosas
-combinaciones. La misma numerosa mayoría que la había acogido y
-prohijado con tanto afecto en el Senado, corría riesgo de disolverse,
-porque llevaba en el seno una herida incurable; Douglas, creador y
-firme mantenedor de la alianza entre representantes del Norte y del Sur,
-la había abandonado en tan críticos momentos y había votado con la
-minoría, es decir, contra la entrada de Kansas. Su defección tenía á la
-larga que sentirse como golpe mortal.
-
-El fallo de la Corte suprema había sido terrible para el hábil senador
-de Illinois; sólo por prodigios de sofística destreza había logrado
-armonizarlo en los primeros días con sus doctrinas sobre el derecho
-popular de aceptar ó rechazar la esclavitud, y, mientras la insoluble
-antinomia no salía de la esfera teórica, bastaron subterfugios para
-acallarla. Pero si hubiera consentido ahora la transformación que por
-fraude y por violencia se pretendía consumar en Kansas, mermarían y aun
-quizás se desvanecerían su influencia y popularidad en el estado libre
-de que era senador, ante cuyos habitantes tenía precisamente que acudir
-ese año solicitando reelección. Con su perspicacia y prontitud
-habituales vió y corrió al peligro. Combatió el _bill_, votó en contra,
-dejó sin miedo caer sobre su cabeza las iras del Presidente de la
-República, la execración de sus antiguos aliados y sus colegas. Era
-luchador bastante fuerte para habérselas con todos, y aunque amargamente
-deplorara el golpe de muerte que asestaba, un interés personal,
-inmediato, superior, le ordenaba defender el puesto desde donde ejercía
-su influencia en el país. No lograr la reelección equivaldría á
-perderlo todo de una vez. Por el contrario, reelegido, le sobraría
-tiempo para recobrar luego su puesto en la plana mayor de su partido, si
-le conviniese, y aplicar los recursos nunca agotados de su maravillosa
-estrategia.
-
-
-CAPÍTULO VII.
-
-Campaña electoral en Illinois. Lincoln y Douglas.
-
-Esa elección de nuevo senador en el Estado de Illinois por cumplirse los
-segundos seis años de Douglas en el puesto, fué (luego que abortó en
-Washington el plan de la admisión de Kansas) el acaecimiento capital de
-1858, y el país siguió sus diversas fases con apasionada curiosidad.
-
-Ordena la Constitución de los Estados Unidos que los senadores federales
-no sean elegidos directamente por el pueblo, sino por las asambleas y
-senados particulares de cada Estado, pero prácticamente acontece lo
-mismo que en las elecciones presidenciales, y el precepto constitucional
-respetado en la forma resulta ilusorio en la realidad. Al ser elegidos
-los miembros de esos cuerpos particulares, si es año en que toca elegir
-senador federal, van ya todos ellos comprometidos á nombrar una persona
-públicamente designada de antemano por la Convención del partido, y á
-menudo se ve dirigir é intervenir en la campaña ante el sufragio
-universal á los mismos individuos que han de pretender después el cargo
-senatorial ante el sufragio restringido. Es claro que en esos casos ni
-siquiera se guardan las apariencias, el pueblo encuentra ocasión de
-conocer y apreciar las opiniones, las facultades oratorias, el aspecto
-personal de los candidatos; manifiesta su voluntad en plena posesión de
-cuanto necesita para ilustrarla, y cuando escoge miembros de asambleas
-locales designa al mismo tiempo el ciudadano que quiere hacer senador de
-los Estados Unidos. No lástima, por tanto, ningún interés esencial la
-desviación introducida por la práctica en el cumplimiento del precepto
-constitucional.
-
-La cuestión asumía por varios conceptos carácter excepcional. Los
-motivos de Douglas al desertar ruidosamente de su partido en materia tan
-importante como la suerte de Kansas, problema en que se creía él más
-genuino y leal intérprete de la verdadera doctrina «democrática», iban á
-ser por primera vez oficial y directamente juzgados por el pueblo de
-Illinois, Estado que por su población era el cuarto entre los treinta y
-uno de la federación[23]; Douglas mismo, además, que tan cerca estuvo de
-sobrepujar á Buchanan y obtener la candidatura presidencial, que
-alimentaba todavía fundadas esperanzas de conseguirlo en la próxima
-ocasión, que era el hombre de estado más conspicuo, de mayor reputación
-en el país, se presentaba armado en el palenque y resuelto á entrar en
-combate desplegando todos sus recursos, pues era de vida ó muerte
-política para él el lance que jugaba.
-
- [23] El cálculo de su puesto entre los Estados es ligeramente
- anticipado; el Censo nacional en que aparece Illinois con 1.711.951
- habitantes, es el de 1860, poco menos de dos años después de la
- fecha á que en el texto se alude.
-
-Pero esa campaña electoral en un pedazo del interior de los Estados
-Unidos es famosa, inolvidable para la posteridad, por el gran papel
-histórico que estaba reservado, que allí empezó á representar ante los
-ojos del pueblo americano, que más adelante representaría ante el mundo,
-otro personaje, el adversario precisamente que venía á disputar con
-Douglas la palma de senador, Abraham Lincoln, unánimemente designado ya
-por el partido republicano de Illinois como único capaz de luchar con
-armas de fuerza igual contra enemigo de pujanza tan probada.
-
-Las armas á la verdad no eran iguales sino superiores, y fueron
-manejadas con tal destreza y tanto vigor que el nombre de Lincoln,
-abogado del foro de Springfield, capital de Illinois, apenas conocido
-más allá de los lindes del Estado, corrió inmediatamente repetido de
-boca en boca y desde esa época contado en el partido republicano como
-uno de sus jefes más hábiles y valientes. Apenas supo que era el
-candidato de la Convención reunida en Springfield para la senaduría, se
-halló que tenía trazado en su mente todo el programa conforme al cual
-había de llevarse á término la campaña y lo expuso en un discurso, que
-sus biógrafos más recientes[24] califican como el más cuidadosamente
-preparado de su carrera política, que pronunció de memoria sin tener
-delante ni notas ni borrador, revelando con ello el valor que daba á ese
-primer paso de una marcha decisiva, en que le tocaba el honor de ser
-portaestandarte de un gran partido á más grandes cosas destinado. Desde
-las frases iniciales descúbrese ya el aspecto original de su elocuencia,
-mística al mismo tiempo que sobria, precisa, concluyente, en que entran
-por muy poco los adornos del arte, combinando en proporciones bastante
-altas las condiciones únicas que permiten desdeñar sin riesgo los
-auxilios de la retórica, es decir, perfecta sinceridad de sentimientos,
-no creados para el caso, sino nacidos y educados al calor de antiguas
-convicciones, y cabal percepción en todos sus aspectos del objeto
-supremo á que tienden sus palabras.
-
- [24] JOHN G. NICOLAY y JOHN HAY, _Abraham Lincoln_, copioso y
- admirable trabajo publicado originalmente en el _Century Magazine_,
- New-York, de Noviembre 1886 á Febrero 1890.
-
-Empieza el discurso como un sermón de iglesia, sin que sea esto querer
-colocarlo como ejemplo de oratoria untuosa, recitando el versículo
-conocido del Evangelio de San Marcos: «Una casa dividida contra sí misma
-no puede permanecer»; y desde el exordio, llevando á los oyentes _in
-medias res_, continúa de esta manera: «No creo que pueda nuestra patria
-indefinidamente subsistir con una mitad esclava y otra libre. No espero
-que la Unión se disuelva ni que la casa se derrumbe, espero, sí, que
-cesará de hallarse dividida. Tendrá que ser lo uno ó lo otro. O bien los
-adversarios de la esclavitud contendrán el ulterior desenvolvimiento de
-ese régimen hasta aquietar el espíritu público, convencido al fin de
-dejarlo en el camino de su extinción definitiva; ó bien sus defensores
-lo llevarán aun más lejos, hasta reconocerlo por igual en todos los
-estados, en los antiguos y en los nuevos, en el Norte y en el Sur.»
-
-En torno de este dilema, con tan enérgica precisión formulado, giró la
-discusión por parte de Lincoln y escrupulosamente se mantuvo siempre en
-el terreno político, sin dar á sus acometidas contra la esclavitud el
-tono agresivo y revolucionario que afectaban los abolicionistas; porque
-cumple no olvidar que ese hombre, que cuatro años después debía expedir
-bajo su nombre y su exclusiva responsabilidad de supremo jefe militar la
-proclama justiciera que desde el día primero de Enero de 1863 otorgaba
-la libertad á cuatro millones de negros esclavos, y dejaría en la
-historia estela luminosa como uno de los más grandes benefactores de la
-humanidad, no era entonces ni fué jamás abolicionista en el sentido
-sectario de la palabra, como tampoco sería exacto incluirlo en el grupo
-de fanáticos sublimes que consagran su vida, sin soñar en premio ni
-beneficio personal, á la realización de remotos elevados ideales.
-Abrigaba dentro de su generoso corazón inagotable caudal de
-benevolencia, que abundantemente se esparcía por todo su ser, y daba á
-las rudas facciones de su desairado rostro esa viva y honda expresión de
-melancolía y de piedad, que lo envuelve como una aureola. Los
-sufrimientos y la horrible crueldad, que necesariamente acompañan al
-yugo de la esclavitud, despertaban en su alma profunda y ansiosa
-simpatía por la suerte de la raza infortunada; pero su sagacidad
-práctica, su innato amor de la justicia le mostraban y recomendaban
-también la otra faz del arduo problema, y claramente veía que en aquel
-período de discusión pacífica, en aquella comunidad en que parecían
-equilibrarse impulsos diametralmente contrarios, la solución no debía
-atropellar opiniones, intereses respetables crecidos al amparo de
-derechos por largo tiempo tenidos como indudables. No es de extrañarse,
-por consiguiente, que en otro discurso pronunciado pocas semanas
-después, volviendo sobre uno de los extremos del dilema, declarase que
-la extinción final anhelada por él como adversario de la esclavitud no
-tenía en su mente plazo fijo de un día, ni de un año, ni de dos, y
-podría muy bien retardarse acaso un siglo entero, "pero no me queda
-duda" agregaba "que vendrá y se realizará en los mejores términos para
-ambas razas _en la hora señalada por Dios_".
-
-Lincoln, nacido en Febrero de 1809, tocaba entonces, á la edad de
-cuarenta y nueve años, el punto culminante y luminoso de la lenta y
-difícil ascensión de su contrastada existencia; allí se produjo en él
-algo grande y decisivo, como una transfiguración definitiva, y de la
-empinada cumbre no descendió más, continuó siempre en las alturas,
-rodeado á menudo de relámpagos en el período de la guerra civil,
-contemplado, admirado por millones de seres humanos, hasta la trágica
-catástrofe que terminó prematuramente su carrera y preparó la merecida
-apoteosis final. Era una naturaleza excepcionalmente robusta, como bien
-lo indicaban su estatura gigantesca, su fuerza muscular, extraordinarias
-ambas aun en aquellas sociedades primitivas del Oeste á medio civilizar
-en que pasó su juventud, y en las que no escaseaban coyunturas de
-practicar ejercicios corporales. Había emprendido muchos caminos,
-trabajando siempre duramente para ganar la subsistencia; en ninguna de
-sus ocupaciones: colono, agricultor, patrón de lanchas surcando
-afluentes del Mississipi ó el Mississipi mismo hasta la delta de su
-desembocadura, oficial de voluntarios en la guerra contra indios
-salvajes, luego comerciante al por menor, auxiliar de agrimensor,--supo
-descubrir ó aprovechar ocasiones de prosperar con rapidez. Nunca, en
-resumen, desplegó la necesaria dosis de energía y actividad, como
-embargado por un ideal oscuro de superioridad moral que vagamente
-entreveía, y tras el que tendía las alas fatigadas de su espíritu un
-poco lento, un tanto perezoso, aunque lleno siempre de generosas
-ambiciones.
-
-En todo ese tiempo fuéle apenas dado cultivar su inteligencia más allá
-de las primeras letras aprendidas en la niñez, y ya en edad de hombre
-trató de estudiar la gramática de su lengua, que por cierto no llegó á
-poseer y dominar completamente. Más adelante comenzó estudios
-imperfectos de jurisprudencia con intención de ejercer la abogacía,
-profesión que al fin exclusivamente abrazó. Su variada experiencia de
-los hombres y las cosas, su perspicacia ingénita, su talento vigoroso de
-orador natural dilataron inmediatamente el horizonte, permitiéndole,
-allí donde el derecho y la política venían á ser una misma ocupación,
-emplear y satisfacer al cabo su amor viril de libertad y de justicia,
-único sentimiento tal vez capaz de excitarlo hasta el grado de
-intensidad en que se realizan acciones grandes y famosas.
-
-Fué elegido cuatro veces miembro de la legislatura local, y una vez, en
-1846, de la Cámara de Representantes en Washington; mas la política de
-términos medios y efímeras transacciones que en la fecha imperaba agotó
-muy pronto todo el interés que lograron los negocios públicos
-inspirarle, y por último se encerró estrechamente durante seis años en
-la práctica de su profesión. Este período de relativa tranquilidad y
-meditación se intercaló entre las dos épocas de su vida pública muy á la
-sazón y afortunadamente; en él pudo perfeccionar sus conocimientos
-incompletos, cultivar sus facultades, llegando por medio del estudio
-asiduo de la dialéctica y las matemáticas, unido al manejo constante de
-los negocios forenses, á contraer el hábito de exponer clara y
-metódicamente las más complicadas cuestiones, de eslabonar fuertemente
-su argumentación, ir derechamente á la verdad, derribando falacias,
-atacar con vigor el flanco débil del adversario y usar siempre el
-lenguaje más sencillo y comprensible, dotes todas que después tan
-señaladamente lo distinguieron, y encubren ó compensan ciertos defectos
-inevitables, ciertos otros rasgos extravagantes que traían su origen de
-la instrucción limitada, de los hábitos formados en la juventud, de las
-compañías vulgares y las ocupaciones desagradables de gran parte de su
-existencia, como por ejemplo la tenacidad importuna con que introducía
-cuentos, anécdotas y chistes, de muy mal gusto á menudo, en graves ó
-solemnes conversaciones.
-
-Mucho había cambiado ya cuando la cuestión de Kansas y la supresión de
-la línea del Missouri, trocando en 1854 la faz de las cosas y anunciando
-luchas reñidas, le hicieron salir de su retiro y le avivaron la ambición
-de servir la patria otra vez y combatir sin tregua la funesta política
-iniciada por la plana mayor de Washington, política en que su propio
-Estado, bajo el nombre y dirección de Douglas, asumía tan directa y
-peligrosa responsabilidad. Contribuyó enérgicamente á la organización y
-disciplina del partido republicano prestándole toda su influencia y su
-palabra. Marchaba tan rápidamente su reputación, que ya en 1856 se vió
-apuntar su futuro prestigio nacional en la Convención de Filadelfia,
-donde obtuvo desde el primer escrutinio más de cien votos electorales
-para la Vicepresidencia de la república; la mayoría de los delegados
-entonces no lo conocía, prefirió otro candidato, muy ajena de
-presentir, al escuchar allí por primera vez las sílabas del nombre
-oscuro de Abraham Lincoln, que habían de ser dentro de cuatro años el
-signo seguro de victoria inscrito en los estandartes del partido.
-
-
-CAPÍTULO VIII.
-
-Duelo de oradores.
-
-Cuando de Washington llegó Douglas á defender personalmente en Illinois
-su candidatura senatorial, fué acogido por sus partidarios entre
-vítores, músicas y luminarias; desde las primeras reuniones el
-entusiasmo provocado por su presencia anunciaba el mismo triunfo fácil y
-completo de luchas anteriores. Para orador de plaza pública contaba
-Douglas con dos grandes ventajas: vigor físico extraordinario y
-resistencia infatigable; su talento de tribuno popular, compuesto por
-partes iguales de audacia y habilidad, sabía seducir la multitud
-halagando malas y buenas pasiones, sabía imponer despóticamente su
-opinión afectando confianza y envolviéndose en el manto de su autoridad
-y prestigio como antiguo y nunca vencido jefe del partido demócrata.
-
-Su posición era, sin embargo, en aquel encuentro extremadamente
-delicada. La política de íntimo acuerdo entre miembros del partido en el
-Norte y en el Sur, que á él debía el grande impulso y militante aspecto
-tomados desde 1854 al abolir el compromiso y fomentar la colonización de
-Kansas en favor de los dueños de esclavos, subió á su apogeo en 1857 con
-la sentencia del Tribunal Supremo y las recientes combinaciones
-fraguadas para arraigar más firmemente la debatida institución; pero en
-realidad las cosas habían corrido mucho más allá de lo que Douglas
-deseaba, y vinieron á dejar minada por la base la posición que ocupaba,
-pues si conforme á la interpretación del Tribunal á nadie era lícito
-oponerse al establecimiento de la esclavitud en los Territorios,
-resultaba ilusoria, inútil, la facultad por él tan encarecida de
-resolver como atribución de la soberanía popular lo que la ley
-constitucional tenía ya concedido y reconocido. La contradicción de
-ambas teorías era evidente, la una inutilizaba la otra, y entre la
-interpretación de un simple senador y el fallo inapelable de la Corte no
-podía vacilarse al elegir. Douglas así lo confesaba con el hecho de
-apartarse en el Senado de la mayoría de sus colegas, de votar contra el
-partido que él mismo había conducido tantas veces á la victoria, de
-ofrecer, en fin, el raro espectáculo de un general en jefe disparando
-contra sus tropas en el momento decisivo de un asalto, sólo por disentir
-respecto á un punto de táctica constitucional. De ahí para el candidato
-un doble peligro que era menester conjurar:--si defendía la doctrina del
-Tribunal con todas sus consecuencias, se enajenaba partidarios en el
-Norte, en su propio Estado, y podía perder la senaduría;--si la
-repudiaba ó atenuaba en cuanto no ajustase á su vieja idea de soberanía
-popular, ahuyentaba número mayor de partidarios en el Sur y perdía
-seguramente la esperanza lisonjera de llegar á la Presidencia de la
-República.
-
-Todo esto comunicaba á la campaña muy dramático interés, y aumentó más
-cuando se supo que Lincoln tenía resuelto retar su adversario á combate
-singular ante el pueblo, esto es, proponerle recorrer juntos los pueblos
-y ciudades, hablar, y refutarse recíprocamente sus argumentos ante los
-mismos auditorios. El cartel no podía ser rehusado. No eran raras en
-aquellas regiones justas oratorias de la misma especie, y en esa vez el
-vigor de los contendientes, el alto honor que disputaban, el aprecio de
-que gozaban, contribuyeron, además de la importancia de la cuestión
-sobre que versaba el litigio, á excitar palpitante curiosidad. Acordaron
-reunirse en siete ciudades diferentes, cada sesión duraría tres horas,
-el que primero hablase dispondría de una hora, el contrincante de hora y
-media para replicar, y se reservarían los restantes treinta minutos para
-aquél á quien hubiese tocado abrir el debate.
-
-Conocíanse muy bien de antemano ambos adversarios, habiéndoles sobrado
-ocasiones de encontrarse desde la época en que casi á un mismo tiempo
-llegaron por rumbos diferentes á establecerse en Illinois en busca de
-fortuna. Lincoln, que era cuatro años mayor, llegó primero, de Kentucky
-en el Sur, Douglas poco después, de Vermont en el Norte. Domiciliados
-allí obtuvieron los dos al fin, si no riquezas, bienestar y
-consideración, aunque Douglas, como más activo y emprendedor, se había
-abierto mejor y más pronto su camino; ya en aquella fecha había ganado
-dos veces y disfrutado durante doce años el envidiable puesto en el
-Senado nacional, que para Lincoln todavía era una esperanza incierta,
-demasiado ambiciosa quizás. La lucha, á pesar de que por momentos asumió
-tono muy violento, se mantuvo, en suma, libre de improperios demasiado
-odiosos.
-
-No estaba Lincoln destinado á ser senador de los Estados Unidos. En
-cuanto á ese objeto final fué derrotado sin duda en la contienda, pero
-ganó innegablemente en la discusión la palma de la victoria y de ella
-brotó toda su gloria futura. El tomo en que se imprimieron sus discursos
-en esos debates circuló profusamente en el país, y hasta el triunfo de
-1860 fué el arma mejor de guerra de que dispuso el partido
-republicano[25]. La discusión velozmente se extendió fuera del círculo
-estrecho de la elección de una asamblea local y un senador, y se elevó á
-espacios superiores y más vastos, como previniendo ó anunciando la gran
-lucha que tres años después había de trabarse. Acaso Douglas, aplicado
-intensamente á la imprescindible necesidad de conservar la dignidad
-senatorial, no veía esa faz de los debates tan clara como Lincoln mismo,
-en quien el interés personal era menor y la ambición menos definida
-todavía, menos ardiente. Cuéntase que antes de dirigir Lincoln á su
-rival cierto famoso interrogatorio en el segundo de los encuentros, en
-Freeport, aconsejado por sus amigos de aplazar una de las preguntas,
-porque podría perjudicarle y hasta costarle la pérdida de la elección,
-replicó: "se trata para mí, señores, de levantar caza de mayor cuantía;
-si Douglas contesta, nunca llegará á ser Presidente de los Estados
-Unidos, y la campaña de 1860 importa cien veces más que la
-presente[26]".
-
- [25] _Lincoln-Douglas Debates_, publicados junto con otros
- discursos de Lincoln. Columbus (Ohio) 1860.
-
- [26] _Nicolay and Hay._ Cent. Mag. vol. XXXIV pag. 191.
-
-Esa pregunta famosa, que tan caro costó á Douglas haber absuelto, tendía
-á hacerle declarar si legalmente existía entonces algún medio de excluir
-la esclavitud, en el caso de que se le antojase á cualquier ciudadano
-entrar en un territorio y establecerse acompañado de sus esclavos. El
-Tribunal supremo tenía resulto por su fallo _que no_, resolución
-festejada, encomiada y pregonada por las masas del partido demócrata
-como preciosa garantía del cumplimiento de sus deseos. Si Douglas por el
-contrario contestaba _que sí_, y construía para salir del escabroso paso
-alguna sofística explicación, salvaría tal vez su candidatura de
-senador, pero sacrificaría por lo inmediato lo más grande que estaba
-detrás, la primera magistratura del país.
-
-Contestó en efecto que la sentencia válida y vigente de la Corte
-resolvía la cuestión solamente en lo abstracto, y que en las asambleas
-locales residía la facultad de dictar reglamentos hostiles, para hacer
-imposible la aplicación de la doctrina legal. A lo cual Lincoln
-instantáneamente replicó: «Yo califico de injusta é improcedente la
-decisión del Tribunal y lealmente pido su revocación; el juez Douglas se
-revuelve enfurecido contra los que pretendemos una cosa tan natural, y
-propone, en cambio, quitarle en la realidad toda su fuerza y su valor
-legal, pero aparentemente dejándola en pie. Jamás ha brotado idea más
-monstruosa por los labios de persona que á sí mismo se respete».
-
-Douglas era demasiado avisado para no ver el lazo que le tendían, para
-no adivinar el abismo en que con su respuesta podía caer; probablemente
-en el apuro prefirió atender á lo más urgente y fiar el porvenir á su
-destreza y su fortuna. Logró la reelección, pero la frase fatal
-pronunciada en Freeport se le adhirió como túnica maldita, neutralizó la
-mejor parte de su habilidad y energía, embarazó todo ensayo de
-reconciliación con su partido, y la futura presidencia tocó precisamente
-al rival vencido, que le arrancó la amañada respuesta.
-
-La suma trascendencia de los principios de moral pública y privada que
-se hallaban frente á frente, la importancia de sus consecuencias
-políticas y sociales, el movimiento dramático de esa especie de pugna
-cuerpo á cuerpo, por decirlo así, entre dos hombres eminentes, imprimen
-excepcional alcance á los discursos pronunciados en la campaña, y
-permiten, á despecho de graves imperfecciones, leerlos todavía con
-algún interés, con bastante provecho. Los de Lincoln son superiores,
-porque dejando pronto á un lado la cuestión de personas, se elevan á
-terreno más abierto, en que es más puro el aire y más franco el
-horizonte, abordan prontamente la situación más alta desde donde,
-contemplada la institución de la esclavitud bajo todos sus aspectos
-reales, es posible fijar la horrible injusticia en que se funda y las
-perniciosas consecuencias con que pervierte y abruma á los mismos que la
-defienden y ciegamente la fomentan. Medidos conforme á reglas precisas
-del arte, no son por de contado obras maestras, ni mucho menos; la
-desgracia de versar siempre sobre el mismo tema, de tener que amoldarse
-á auditorios demasiado numerosos de campesinos iliteratos, pronunciados
-á menudo al aire libre, deformados por la necesidad de modificar ó
-extirpar á cualquier costa errores arraigados, los atesta de lugares
-comunes y monótonas repeticiones. Pero la sinceridad con que busca
-Lincoln armonizar el respeto á la ley con el fervor moral de sus
-convicciones, infunde vida y calor á las palabras; y como abrigaba
-siempre en lo íntimo de su ser una vena poética, no muy rica, pero de
-buena ley é inagotable, el delicioso aroma acude de cuando en cuando á
-la superficie y revela con delicados y sutiles efluvios su presencia.
-
-Entre un total de doscientos cincuenta y dos mil votos recogidos
-apareció en favor del partido demócrata una mayoría de poco más de mil
-sufragios, y al, reunirse la legislatura de Illinois en el mes de
-Enero, fué reelegido Douglas para el Senado por cincuenta y cuatro
-votantes; Lincoln reunió cuarenta y seis. La derrota no era un desastre,
-y sin jactancia había lugar de confiar en el porvenir, dadas las
-circunstancias especiales que militaron por Douglas. El desaliento no
-debía por tanto dominar al vencido, pero no es de extrañar que al cabo
-de tan largo y penoso esfuerzo sintiera Lincoln la resignada tristeza
-que revelan las siguientes líneas de una carta privada: «Mucho me alegro
-de haber entrado en la lucha. Hallé el medio, que no hubiera tenido de
-otro modo, de hablar y ser oído sobre la grande, la perpetua cuestión
-del día, y aunque ahora me sepulte en el olvido y no se acuerde nadie
-más de mí, he dejado vestigios cuyo valor en pro de la causa de la
-libertad durarán mucho tiempo después que haya yo salido de la
-escena.»[27]
-
- [27] Carta al Dr. Henry, Nov. 19 de 1858. (_Cent. Mag._ XXXIV, pag.
- 306.)
-
-Las trazas eran más profundas de lo que él mismo se figuraba, y aunque
-su ambición siguiese entonces reducida á buscar y lograr en otra
-oportunidad el cargo de Senador, honor mucho más alto le reservaban sus
-compatriotas llenos de gratitud, llenos de confianza en quien tanta
-energía y vigor intelectual acababa de desplegar.
-
-
-CAPÍTULO IX
-
-Proyectos de anexar la isla de Cuba.
-
-No hay en la historia de los Estados Unidos período más triste que el
-cuadrienio presidencial de James Buchanan. No puede ser otro el juicio
-de la posteridad, aun cuando, para aplicarle toda la indulgencia
-posible, se atienda sólo á los tres primeros años y se prescinda del
-ruinoso y vergonzoso epílogo, de los cuatro revueltos y miserables meses
-últimos, desde las elecciones de Noviembre hasta la inauguración de
-Lincoln, en Marzo de 1861, durante los cuales siete Estados de la Unión
-se concertaron y organizaron á ciencia y paciencia del primer magistrado
-de la República, dueño del poder ejecutivo, para romper el lazo nacional
-y formar ellos solos una nueva confederación independiente, mientras el
-infeliz anciano, responsable ante sus conciudadanos y ante la historia,
-confesaba su impotencia absoluta de prevenir y evitar cuanto estaba
-sucediendo, y en su penoso azoramiento afirmaba que las leyes del país
-lo dejaban desarmado y sin autoridad para oponerse á los actos de
-rebelión de los conjurados.
-
-Apenas instalado Buchanan en la Casa Blanca en Marzo de 1857, se imaginó
-suficientemente capaz de aquietar los ánimos de amigos y enemigos, de
-resolver por su simple iniciativa el candente problema que entre las
-dos opuestas fracciones tan violentamente se agitaba y de robustecer la
-amenazada unión de los estados. Movíanlo, sin duda, excelentes
-intenciones, pero engañado por su vacilante voluntad, por su cortedad de
-vista, su inteligencia limitada, ideó realizar la ardua empresa, ajustar
-el equilibrio, echando sobre uno de los platillos de la sacudida balanza
-todo su peso como depositario del poder ejecutivo. Juguete de la
-alucinación más extraña y menos disculpable en el jefe supremo de una
-poderosa nación, creyó que desavenencias tan graves podían componerse,
-favoreciendo sin medida la parte más extremada, la que se jactaba de
-desbaratar la patria, si era menester, por lograr su sedicioso empeño,
-la que veinte veces había obtenido completa satisfacción y formulaba,
-después de cada jornada victoriosa, mayores y más exageradas
-pretensiones.
-
-Es difícil todavía comprender y juzgar imparcialmente su conducta, y
-persisten en sus país, á despecho del tiempo transcurrido, dos
-corrientes de opinión en sentido muy diferente. Por de contado que no es
-ya lícito repetir los fallos precipitados, violentamente hostiles, de
-los primeros días de la contienda civil, harto excusados por la
-angustiosa situación de horas tan críticas, que atormentaron sin piedad
-al pobre hombre, penetrando hasta el retiro en que se mantuvo encerrado
-los últimos siete años de su vida, hasta su fallecimiento en 1868 á los
-setenta y siete años bien cumplidos. La acusación injusta de perfidia,
-de complicidad directa en la traición cometida por algunos miembros de
-su gabinete, sólo una vez pareció condensarse y formularse en hechos
-determinados, ante cuya enunciación no era dable permanecer callado ni
-indiferente, á pesar de la estoica dignidad en que le plugo envolverse;
-redactó y publicó entonces una vindicación de sus actos en las
-postrimerías de su presidencia. Años después Ticknor Curtis, distinguido
-autor de una apreciable «_Historia de la Constitución de los Estados
-Unidos_», tomó enérgicamente su defensa en un extenso trabajo, que puede
-leerse abreviado y sin faltarle ningún rasgo esencial en la
-_Enciclopedia de Biografía americana_ de Wilson y Fiske [28]. En ambos
-escritos sostiene Curtis la rectitud perfecta de la conducta oficial de
-Buchanan; por lo demás su carácter privado jamás ha sido por nadie
-mancillado ni tampoco el constante, apasionado respeto á la ley
-fundamental de la república, que fué norma de su existencia, virtud
-informante de sus actos.
-
- [28] GEORGE T. CURTIS, _Life of President Buchanan_. 2 v 1.
- 1883.--_Appleton Cycl. of American Biography_, vol. 1.
-
-Más cerca de la verdad parece H. von Holst, y no creo se aparte mucho de
-la equidad histórica, al decir que «la debilidad, la terquedad y la
-presunción fueron los elementos que en desastrosa combinación crearon el
-carácter de Buchanan y suministraron los hilos para urdir la tela de su
-desgraciada política.» [29]
-
- [29] VON HOLST, _ut. ant_, vol. VI, pag. 48.
-
-Debióse el triunfo de su candidatura en la Convención, como ya he
-apuntado, á la necesidad de asegurar para el partido los cincuenta y
-cuatro votos que representaba el estado de Pennsylvania, donde era muy
-estimado; también al decidido empeño de evitar á toda costa que fuese
-Douglas el preferido, pero se granjeó la protección indispensable de los
-principales caudillos del Sur merced á su larga residencia en el
-extranjero, lo que le había permitido pasar por neutral entre las dos
-tendencias que opuestamente preponderaban en el partido y lo mantenían
-en equilibrio siempre inestable, circunstancia que prestaba á su
-candidatura un cierto matiz de transacción, mientras en realidad sería,
-y con más fuerza que ninguno de sus antecesores, lo que después
-paladinamente se dijo de él: «hombre del Norte con las ideas del Sur».
-Había, además, dado prendas durante su plenipotencia en Europa, cuando
-fué á Ostende y á Aquisgran para confabularse con Mason y con Soulé, sus
-colegas de Francia y España, y lanzar juntos el célebre, escandaloso
-documento diplomático, conocido con el nombre de _Manifiesto de
-Ostende_, en que se anunció al mundo que la diplomacia de los Estados
-Unidos consideraba la anexión de la isla de Cuba como requisito
-necesario del desenvolvimiento nacional, que su traspaso por medio de
-contrato de compraventa pacíficamente concertado sería tan beneficioso
-para España como indispensable á la república angloamericana, pues de
-otra manera podría ésta muy bien creerse en el caso de resolver por si
-sola la cuestión, atendiendo únicamente al interés de su seguridad y de
-su paz interna.
-
-Esa idea de anexar la isla de Cuba, desde mucho tiempo antes acariciada
-por casi todos los políticos norteamericanos sin distinción de partido,
-por juzgarla tan fácilmente realizable como lo había sido la cesión de
-Luisiana y de las Floridas, adquiridas de Francia y de la misma España;
-idea que no apartaban de la mente y modificaba siempre su conducta en
-asuntos de política extranjera, como claramente lo indicaban las
-reservas y condiciones con que aceptaron el proyecto de Congreso
-americano concebido por Simón Bolívar y abortado después en Panamá,--fué
-convirtiéndose poco á poco en artículo permanente del programa de los
-esclavistas, los que tramaban acrecer así la influencia de que gozaban
-en el gobierno, y aplicar solapadamente la fortuna general de la nación
-al triunfo particular de sus intereses especiales. La evolución de este
-plan, cuya próxima aplicación venía á revelar el manifiesto de Ostende,
-halló nuevo resorte motor en Pierre Soulé, exsenador de Luisiana,
-ministro plenipotenciario en España, ardiente entre los más ardientes
-defensores de la esclavitud, que había ido á Madrid á estudiar los
-medios más eficaces de impulsar la anexión de la isla, y había provocado
-después la entrevista en Bélgica con sus colegas. Buchanan, por su
-parte, prohijó gustoso el plan y no vaciló en estampar el primero su
-firma al pie del documento, bien persuadido de halagar así los
-instintos más vivaces del partido y de trabajar en beneficio de sus
-intereses políticos.
-
-La obra de los tres diplomáticos nació por su propia esencia condenada á
-no traer consecuencia práctica de especie alguna, trasunto del completo
-error en que vivían los estadistas americanos al suponer que el gobierno
-de Madrid _quería_ y _podía_ efectivamente desprenderse de Cuba por
-medio de un contrato, cuando lo uno no era cierto y lo otro no era
-realizable. Soulé, más impetuoso y de vista más perspicaz que los demás,
-aconsejaba al gabinete de Washington precipitar un rompimiento con
-España, aprovechar el momento aquel en que la guerra de Crimea tenía á
-Europa inquieta y ocupada, y ganar por las armas lo que buenamente no se
-conseguía; pero el presidente Pierce titubeó, bien á su pesar, ante la
-resistencia de su secretario de Estado. Negóse éste rotundamente, por
-razones de política interior, á entrar por esa senda, la osada sugestión
-fué desatendida y fracasó todo, quedando su recuerdo como una prueba más
-del desconcierto y relajación que la absorbente cuestión de la
-esclavitud introducía en la diplomacia, lo mismo que en las otras ramas
-del gobierno.
-
-Marcy, pues, el secretario Marcy únicamente, fué quien anuló el grande
-arranque de Soulé, y aunque no faltaron en el gabinete de Pierce otros
-ministros para apoyar los proyectos del plenipotenciario, miedo de
-dislocar el Consejo y deseos de no fraccionar el partido contuvieron
-por último al Presidente. Contribuyó, además, al desenlace el haberse
-calmado en el país la efervescencia causada por las intenciones é ideas
-que se suponían al general Marqués de la Pezuela durante el breve
-período de nueve meses que gobernó con facultades extraordinarias la
-isla de Cuba. Había llegado ese general provisto de instrucciones,
-redactadas á instancias de la Gran Bretaña, para reprimir enérgicamente
-la trata de África, que clandestinamente se toleraba todavía, y pareció
-por un momento inclinado á poner la mano sobre la institución misma de
-la esclavitud, desplegando en favor de la raza negra un interés, una
-solicitud, que ningún otro había mostrado allí jamás. Esto, á juicio de
-muchos de los prohombres del partido esclavista norteamericano,
-equivalía á precipitar lo que llamaban la «africanización» de la isla,
-amenaza de convertirla pronto en algo semejante á la situación de Haití,
-y el ejemplo podía ser muy contagioso y forzar desde luego á los Estados
-Unidos á prevenir la repercusión en su suelo y la probable propagación
-de tan horrorosa epidemia. La alarma, empero, nació y murió en el mismo
-año; el marqués de la Pezuela encontró acérrima hostilidad en la parte
-más influyente y poderosa de la población de Cuba, y á poco, de resultas
-de un pronunciamiento victorioso, cambió en Madrid la escena, se ordenó
-su relevo, y fué confiada la administración de la isla á otro militar de
-ideas contrarias, de carácter muy diferente y con opuesto género de
-instrucciones.
-
-Buchanan continuó siendo de los que siempre creyeron en lo fácil de la
-compra, en que dependía de más ó menos millones de pesos, y con su
-obstinación genial y su constante anhelo de complacer á los dueños de
-esclavos no renunció á la esperanza sino la mantuvo viva y presente en
-su memoria. La protestación de la fe, redactada en nombre del partido
-para acompañar la candidatura presidencial, había prometido todos los
-esfuerzos necesarios para asegurar «la supremacía en el golfo mejicano»
-(_to insure our ascendency in the Gulf of Mexico_), y poco antes de
-verificarse las elecciones, había mostrado Buchanan tomar tan á pechos
-esa promesa, que decía: «si logro como Presidente resolver la cuestión
-de la esclavitud y anexar después á la Unión la isla de Cuba, exhalaré
-el espíritu tranquilo y traspasaré el gobierno á Breckenridge,» esto es,
-al Vicepresidente que iba á ser nombrado junto con él[30].
-
- [30] Carta del senador Brown á Adams, 18 de Junio de 1856. GREELEY,
- _American Conflict_, vol. 1.
-
-Engolfado durante la primera mitad de su presidencia en la procelosa
-cuestión de Kansas, faltóle tiempo que dedicar á la isla de Cuba, y
-solamente cuando el Congreso modificó hasta reducirlo á casi nada su
-plan de organizar el nuevo estado esclavista, pudo consagrarse á sus
-nunca borradas aficiones anexionistas y cumplir la palabra empeñada en
-la conferencia de Ostende. El momento parecía propicio. Douglas mismo,
-su gran rival dentro del partido, el que había con sus ataques despojado
-de toda autoridad y valer el plan sobre Kansas, libre ya del susto de
-perder su puesto en el Senado, volvía también los ojos codiciosamente
-hacia el Golfo mejicano. Recorriendo Estados del Sur en busca de
-aplausos para remendar su popularidad menguada por sus últimos
-desplantes y discursos en el Senado y en Illinois, y para recuperar
-hasta donde fuese posible el afecto de esa importante sección, había ido
-pregonando de ciudad en ciudad la necesidad de adquirir la isla de Cuba
-y había llegado hasta el extremo de decir que era un caso de
-incontrastable actualidad, superior á toda discusión, pues sonaba ya la
-hora de extender la mano y asir lo que el destino ordenaba á la nación
-como ley de su engrandecimiento[31].
-
- [31] Discursos en Memphis, New Orleans y Baltimore. (Nov. 1858 á
- Enero 1859), citados por NICOLAY _and_ HAY _Cent. Mag._ XXXIV. pag.
- 383.
-
-Quizás ese ardor anexionista era, tanto en Douglas como en Buchanan,
-mucho menos real y sincero, mucho más superficial de lo que inducía á
-creer el vigor de las frases aludidas, porque uno y otro eran personajes
-arraigados en el Norte y jefes políticos cuyas mejores y más numerosas
-tropas se encontraban en el Sur, y todo venía en último resultado á
-resolverse para ellos en maniobra estratégica, en una manera de lograr
-posición ventajosa, con el principal objeto de infundir á sus
-seguidores la cohesión y unidad de propósito, de que en ese momento
-lamentablemente carecían. No era de creerse, por tanto, aunque lo
-dijeran, que los moviese la intención de librar á España de lo que
-consideraban carga tan inútil como peligrosa, para ofrecerle, en cambio,
-suma considerable de dinero contante, cuyo rédito anual fuera por sí
-solo superior al sobrante de las rentas de la isla. Ni mucho menos había
-de impulsarles interés por los hijos de Cuba, agobiados por el
-despotismo colonial de una metrópoli, que en pleno siglo XIX confiaba
-todavía á duros y atrasados gobernantes militares la misión de aplicar
-en sus últimas posesiones de América las ideas exclusivas y tiránicas de
-los azarosos tiempos de la conquista. Esos aspectos de la cuestión
-servían para deslumbrar embelleciéndola, para encubrir el fondo de
-intriga electoral ó de combinación de grupos, que era realmente lo único
-capaz de excitar y poner en movimiento á políticos de esa laya, cuyas
-miradas no iban más allá de las conveniencias del partido.
-
-Cualquiera hubiera podido adivinar lo que á Buchanan ocurriría, al tocar
-ahora de nuevo este asunto, con recordar lo que él mismo había
-consignado diez años antes, siendo secretario de Estado del presidente
-Polk, en un despacho oficial, en que daba al representante americano en
-Madrid la orden de ofrecer al gobierno español la suma de cien millones
-de pesos, si lo encontraba dispuesto á ceder por dinero la isla de
-Cuba[32]. En el mensaje al Congreso de 6 de Diciembre de 1858 saca á
-relucir la misma idea, cambiada sólo la forma de su aplicación; y
-pronosticando futuras negociaciones decía que antes de todo juzgaba
-indispensable tener á su disposición los medios de hacer algún anticipo
-al gobierno español, inmediatamente después de firmado el tratado que se
-ajustase, sin necesidad de aguardar su ratificación por el Senado. Al
-mes siguiente el senador Slidell, amigo íntimo de Buchanan, sucesor de
-Soulé en la representación del Estado de Luisiana, (el mismo que
-navegando junto con Mason de la Habana á Europa fué apresado en alta mar
-y devuelto en libertad ante la enérgica reclamación de la Gran Bretaña),
-presentó un _bill_ para autorizar el Presidente á gastar treinta
-millones de pesos con el fin de facilitar negociaciones encaminadas á la
-adquisición de Cuba.
-
- [32] Buchanan á Saunders, 17 de Junio de 1848. El informe de
- Slidell (_Cong. Globe_, 2nd. Sess., 35th. Congress,--_Append._)
- cita el párrafo esencial de ese despacho junto con otros
- antecedentes.
-
-Es un axioma histórico irrefragable: los Estados Unidos jamás
-comprendieron á España, como España jamás comprendió á los Estados
-Unidos. Estaban éstos destinados en virtud de la marcha fatalmente
-lógica de las cosas á arrancar un día á España por la fuerza sus últimas
-posesiones, y España, la inmensa mayoría de los españoles, jamás se
-resignó á prever la cuestión, á preparar por medio de un contrato su
-retirada en condiciones relativamente ventajosas. No hay más triste y
-penoso ejemplo de invencible obcecación por parte de España. Nunca hizo
-cosa alguna ni á tiempo ni sinceramente por conciliarse el respeto ó el
-afecto de sus hijos, fué al contrario sin escrúpulo ahondando el lago de
-sangre derramada por la bárbara represión, y tuvo al mismo tiempo la
-candidez de creer ganarse la buena voluntad del gobierno de los Estados
-Unidos con pequeñas concesiones de detalles ó vagas promesas de ventajas
-comerciales insignificantes. No tenía la magnanimidad de reconocer la
-isla como virtualmente perdida y de tratar con sus descendientes para
-salvar honrosamente lo que todavía era susceptible de ser salvado, como
-tampoco tuvo el sentido práctico de aceptar las garantías materiales y
-morales que los Estados Unidos una y otra vez solemnemente le
-ofrecieron. En realidad no sintió un solo instante la gravedad infinita
-de la situación, porque á su juicio una nación de héroes, robustecida
-por gloriosas tradiciones de tantos siglos, poco debía temer á una
-república anárquica de mercaderes, nacida ayer como un hongo en terreno
-demasiado fértil y engrandecida súbitamente sin cohesión ni armonía de
-sus partes componentes. Así, cuando llegó la hora de la crisis
-inevitable, lo perdió todo en una sola brevísima campaña, á que se
-precipitó con la impasibilidad del que tiene ojos y no ve las señales de
-los tiempos, del que tiene oídos y no percibe el ruido precursor de la
-tempestad.
-
-Tanto orgullo en medio de tanta debilidad era para Buchanan enigma
-indescifrable, y en el mensaje al Congreso decía que era cosa de
-devanarse los sesos llegar á comprender que España, por conservar una
-colonia poco importante (_comparatively unimportant_), rehusase hacer lo
-que sin titubear ejecutó Napoleón primero, quien era "tan celoso como el
-que más del honor y los intereses de su nación, y no fué por nadie
-vituperado al aceptar un equivalente pecuniario en cambio de la
-Luisiana, cedida á los Estados Unidos".
-
-Mientras Slidell redactaba, en nombre de la Comisión de relaciones
-extranjera el informe que debía abrir en el Senado la discusión de su
-_bill_, llegó á Madrid el texto del Mensaje presidencial, é
-inmediatamente exclamó en las Cortes el general O'Donnell que se
-exigiría cumplida satisfacción por tamaña injuria inferida al honor
-nacional, y la asamblea en masa, mayoría y minoría confundidas en la
-misma indignación, aplaudió y se adhirió á la vehemente protesta del
-primer ministro. No por eso sin embargo, se arredró la obstinación de
-Slidell, mantuvo los términos de su escrito como previendo, y de
-antemano contestando, el episodio de las Cortes, pues decía: "España es
-un país de golpes de estado y pronunciamientos, el omnipotente ministro
-de hoy acaso sea mañana un fugitivo..... Una crisis puede surgir en que
-la dinastía misma corra riesgo de ser derribada por no poder disponer
-prontamente de alguna fuerte suma de dinero efectivo"[33].
-
- [33] _Cong. Globe_. 2nd. Sess. 35th. Congress, _Appendix_. pag. 90.
-
-El escrito de Slidell es un trabajo notable, ordenado, repleto de útiles
-datos estadísticos tomados en buenas fuentes. Reúnelos por pura vanidad
-de informante escrupuloso, pues advierte desde el exordio que discutir
-la importancia para los Estados Unidos de la adquisición de Cuba es
-tarea tan innecesaria como empeñarse en "demostrar un problema elemental
-de matemáticas ó uno de esos axiomas de moral filosófica universalmente
-aceptados en todo tiempo", y que "en ninguna otra cuestión de política
-nacional se ha pronunciado en forma tan unánime la opinión general". Al
-enumerar las ventajas que á su juicio reportarían España y los Estados
-Unidos, la una cediendo la isla y los otros adquiriéndola, no olvida al
-pueblo cubano y evita tratarlo como simple mercadería, pues afirma como
-punto averiguado é indudable que "una mayoría inmensa, más que favorece,
-ardientemente desea, la anexión", y añade: "Extraño en verdad, sería que
-así no fuese, privada como se encuentra Cuba de todo género de
-influencia en los asuntos de interés local, sin representación en las
-Cortes, gobernada por hordas sucesivas de empleados famélicos, enviados
-por la madre patria á ganar fortunas y volver en seguida á disfrutarlas
-en los lugares de donde vienen. Menos que hombres serían si viviesen
-contentos bajo ese yugo".
-
-No es más sombrío este último cuadro de lo que era en Cuba la realidad,
-pero le faltaba algo esencial. Si lo trazaba el senador con objeto de
-encarecer la fácil ejecución de su proyecto, no daba el valor que
-debiera á otra parte de la población de Cuba, sobre la cual no pesaba el
-yugo con la misma fuerza, que hasta lo estimaba cómodo y ligero, con tal
-que siguiese oprimiendo duramente á la masa de los nacidos en el país.
-Componíase entonces de unos sesenta mil individuos nacidos en España,
-todos hombres, casi todos en el vigor de su edad, para quienes la patria
-viva y varonilmente amada no era el suelo que los sustentaba, sino la
-península remota del otro lado del Océano; que temían sin cesar algo de
-hostil en torno y lo husmeaban con ojo avisor y ceño fruncido,
-conscientes de la injusticia perenne de que eran cómplices satisfechos;
-y que mientras la bandera metropolitana los conservase en posesión
-tranquila de sus privilegios y monopolios repugnaban con honda antipatía
-cuanto podía venir de la vecina república angloamericana. El gobierno no
-estaba tampoco en capacidad de ejecutar cosa alguna sustancial en la
-isla sin el concurso de esa parte de la población.
-
-Entre los cubanos también la idea anexionista no era tan universalmente
-acogida como Slidell supone; las dos expediciones desembarcadas en la
-isla á las órdenes del general Narciso López y otros conatos
-revolucionarios prematuros, malogrados, se estrellaron contra la
-indiferencia popular, y probaron que no bastaba esa idea á despertar un
-gran movimiento de entusiasmo patriótico, como el que á la voz de
-independencia se vió tan velozmente cundir en 1868, precisamente cuando
-toda excitación del lado de los Estados Unidos había ya cesado, y nadie
-en ellos hablaba de la compra de la isla. Pero es positivo que el yugo
-bajo el cual doblaban la cerviz era insoportable, y cuantos allí
-recibían alguna instrucción, por rudimentaria y escasa que fuese,
-hubieran saludado con júbilo y apoyado la anexión con tal de sacudir el
-oprobioso y humillante régimen.
-
-No tardó mucho en aparecer que el plan bosquejado por el Presidente en
-su Mensaje era una quimera, destituído de toda probabilidad de vida. A
-pesar del inteligente auxilio prestado por Slidell con su proposición de
-ley y con su informe, á pesar del absoluto dominio que el partido
-demócrata ejercía en el Senado, eran aquellos los días finales de la
-segunda y última "sesión" del trigésimo quinto Congreso, cuya existencia
-legal terminaba el 4 de Marzo de 1859, y la minoría del Senado, grupo ya
-muy respetable por su número, el sobresaliente mérito de algunos de sus
-miembros y el gran papel que su programa, el programa del porvenir,
-representaba en el país, podía fácilmente impedir por medios
-estrictamente parlamentarios que llegase el _bill_ á votación
-definitiva. Antes de la clausura había que votar los presupuestos, y por
-la táctica de ocupar con discursos de oposición el limitado tiempo
-reservado á la cuestión, la hora fatal de la suspensión daría al traste
-con el Mensaje y con el _bill_.
-
-Así literalmente aconteció. Estaba á la cabeza de la oposición el
-senador de Nueva York William H. Seward, hombre de suma habilidad,
-crítico sutil, formidable polemista parlamentario, en quien la fama
-pública señalaba un futuro Presidente, que no dejó pasar tan favorable
-coyuntura sin dirigir las estocadas de su palabra acerada contra los que
-gobernaban, atentos solamente á intereses de partido. Buchanan estaba
-irremediablemente desprestigiado por el desastroso fin de su empeño de
-sancionar la entrada de Kansas con la constitución esclavista; el
-secreto de su debilidad política era ya la fábula del país, y parecía
-alarde de extraordinaria simplicidad en él solicitar en esos momentos
-que el Congreso le diera prueba tan grande de confianza en su tacto é
-imparcialidad, entregándole treinta millones de pesos para gastarlos del
-modo que le ocurriese, en una fantástica negociación cuyos detalles eran
-un misterio, puesto que ni existían ni podían ser previstos todavía;
-para que cayesen en el abismo de su ignorante presunción, y de todas
-suertes quedasen gastados y perdidos en caso de que el Senado no
-aprobara el tratado, si algún tratado llegaba á ajustarse. No había, por
-consiguiente, de escatimar Seward ante pretensión tan extravagante las
-sarcásticas expresiones de lástima y desdén que el caso sugería.
-
-Por cualquier lado que se mirase tomaba ello en efecto visos tan fuera
-de lo común, tan raros, que muchos dudaron siempre de que seriamente
-promoviesen Buchanan y su amigo y consejero Slidell la cuestión de
-confianza esperando de veras que el Congreso los siguiese por ese
-camino. Cuando se vió á Slidell abandonar por último el punto dejando la
-lucha suspendida indefinidamente, quedaron todos convencidos de que
-había sido una mera apariencia, nada más que deseo de causar un poco de
-ruido, de poner al partido, gracias á su apetito conocido de nuevos
-territorios con esclavos, en condiciones de recuperar la influencia y
-ascendiente que visiblemente disminuían.
-
-La retirada del _bill_ se verificó sin embargo con toda solemnidad, á
-guisa de funerales de alta clase, conduciendo Slidell el duelo con suma
-gravedad y manifestando deplorar vivamente el triste fin de la malograda
-proposición. Como último honor pidió que el Senado una vez más hiciera
-constar su simpatía profunda; dos tercios y más de los senadores se
-prestaron gustosos á dar esa prueba de amor puramente platónico. En la
-inmensa mayoría entró el partido íntegro con sus jefes ilustres; Douglas
-y Jefferson Davis, los dos polos de la agrupación, cabezas de sus dos
-alas extremas, votaron en un mismo sentido, y todos nuevamente afirmaron
-que era necesaria la adquisición de la isla. Agregó entonces Slidell que
-renunciaba á su derecho de mantener la proposición en la orden del día,
-por no estorbar en aquella hora avanzada de la espirante sesión la
-discusión de los presupuestos y entorpecer el servicio público, pero que
-se reservaba renovarla en la siguiente legislatura; todo lo cual no era
-más que cumplimiento de oración fúnebre, el _bill_ estaba bien muerto y
-sin esperanza de resurrección. Con el aparente aplazamiento caía
-definitivamente la cortina, terminaba la última escena de la larga
-tragicomedia, que hubiera podido intitularse: "Tentativas de anexar á
-Cuba", y estuvo representándose á pedazos y á intervalos durante más de
-veinticinco años en la escena política[34].
-
- [34] Slidell, sin embargo, cumplió aparentemente su palabra. Apenas
- se abrió el nuevo Congreso el 5 de Diciembre, anunció otra vez su
- _bill_, lo presentó, y en 30 de Mayo dijo que, convencido de que ya
- no podía discutirse, decidía retirarlo. Buchanan también afectó
- persistir en sus ideas, y en el Mensaje de Diciembre 19 de 1859
- dijo que su opinión sobre la adquisición de Cuba por medio de
- «justa compra» continuaba siempre igual. _Cong. Globe._ 36th.
- Congress 1st. Sess.
-
-Comedia, sí, pero por parte de los Estados Unidos solamente, tenazmente
-aferrados á su antigua idea de compra y aumento de territorio por
-"negociaciones honorables", como decía Buchanan en el Mensaje citado;
-fieles al empeño de suponer á España hasta ansiosa de ceder á Cuba por
-dinero, empeño que alimentaban, unas veces con reflexiones de historia
-filosófica, como las de Everett en un conocido despacho diplomático[35],
-afirmando que la decadencia española comienza al iniciarse en el siglo
-XVI la aplicación de su sistema colonial, y que "á partir de la pérdida
-de las más de sus colonias en el XIX había entrado en una corriente
-rápida de progreso desconocida desde la abdicación de Carlos V"; otras
-veces dirigiendo encubiertas amenazas, cuyo vano carácter tenían
-perfectamente penetrado los hombres de Estado en España, bien seguros de
-que en aquella fecha, dada la actitud de Francia é Inglaterra, no
-llegarían á transformarse en actos de hostilidad.
-
- [35] Everett, Secretario de Estado, al conde Sartiges, ministro de
- Francia, Diciembre 1º de 1852, con motivo de la Convención
- tripartita propuesta para garantizar á España la posesión de Cuba.
-
-Mas lo que en Washington podía parecer extraña y mal coordinada comedia,
-tomaba desgraciadamente en Cuba doloroso aspecto y provocaba trágicos
-sucesos, que costaron muchas lágrimas y sangre generosa. Mientras los
-políticos norteamericanos hablaban sin medida en el Congreso ó ensayaban
-en las Cancillerías sus estériles ajustes, nobles esperanzas de poner
-término á su condición de colonos oprimidos excitaban á los cubanos, y
-juzgando algunos que les incumbía el deber de probar que eran dignos del
-anhelado rescate, que no eran esclavos afeminados, corrieron á las armas
-sin detenerles la certeza del desastre en pelea tan desigual, se
-lanzaron al campo estimulados por noble impaciencia, y murieron en lid
-desesperada, ó ascendieron impávidos las gradas del patíbulo, ó expiaron
-lentamente en presidios lejanos su imprudente arrojo.
-
-España, por desgracia para ella y para Cuba, no aplicaba otro remedio á
-la situación que consejos de guerra y sentencias de muerte ó de cadena,
-ni corregía tampoco su sistema de explotación y predominio puramente
-militar. Cada año los hijos del país se sentían más lejos de ella, más
-agraviados, más hostiles, hasta que al fin llegase un día en que no
-quedase un solo lazo de afecto entre la colonia y la metrópoli, en que
-la venganza y el interés se aunasen para aconsejar todas las locuras,
-todos los sacrificios.
-
-
-CAPÍTULO X.
-
-John Brown.
-
-Ocioso habría sido esperar que cuestión como la de Cuba, teórica y de
-poco inmediata aplicación en sustancia, hubiera vuelto á tratarse al
-término de la presidencia de Buchanan, cuando era evidente que cada
-nuevo día, acercando los hombres y las cosas á la crisis prevista de
-1860, agravaba la preocupación general, y acrecía los temores del
-porvenir que á todos embargaban. En ese tiempo además, perdida ya por el
-partido demócrata la mayoría en la Cámara de Representantes, sentía muy
-disminuído su poder, aunque conservaba intactas sus posiciones en el
-Senado.
-
-Menos de dos meses antes de reunirse el nuevo Congreso ocurrió de
-improviso, el 16 de Octubre de 1859, en las cercanías mismas de la
-ciudad de Washington, un suceso, que á las pocas horas resultó ser la
-más descabellada empresa, pero cuya simple noticia, dada la inflamable
-naturaleza de los elementos allegados en la república por la lucha
-encarnizada de los partidos, pareció caer como chispa desprendida del
-firmamento sobre un vasto y abierto almacén de pólvora, á determinar
-inmediatamente y sin remedio la inmensa conflagración que tanto se
-temía.
-
-Un grupo de hombres venidos de los estados del Norte se apoderó por
-sorpresa en una noche oscura y lluviosa del arsenal que poseía el
-gobierno en Harper's Ferry á orillas del Potomac en el estado de
-Virginia; tomó las armas y pertrechos de guerra allí guardados, proclamó
-la emancipación general de los esclavos invitándolos á reunirse y
-organizar con los invasores el núcleo primero de una gran insurrección.
-Eran diez y ocho individuos nada más, número que no aumentó, pues los
-contados negros que á la fuerza se agregaron, de poco pudieron servir
-azorados ante la súbita invasión y embrutecidos por la larga
-servidumbre. A las treinta y seis horas se hallaron todos estrechamente
-cerrados dentro del Arsenal por vecinos de la ciudad, milicias de los
-alrededores, y una compañía de soldados de marina con dos cañones que
-acudió desde Washington mandada por el coronel Roberto Lee, el mismo que
-menos de dos años después sería renombrado general en jefe del ejército
-de la Confederación rebelde. Los asediados reducidos á menos de la mitad
-continuaron defendiéndose valerosamente, respondiendo sin cesar al
-nutrido fuego de la tropa y los milicianos, aguardando intrépidamente el
-asalto del edificio aislado en que por último se atrincheraron. Cuando
-terminó todo al amanecer del martes, vióse que del grupo entrado el
-domingo por la noche en el Arsenal diez habían perecido, cinco de los
-restantes, gravemente heridos, cayeron prisioneros; de estos últimos uno
-era John Brown y todos, con dos más capturados poco después, debían al
-mes y medio ser ahorcados públicamente.
-
-Tocaba conocer de la causa á los tribunales de Virginia; la instruyeron
-y fallaron conforme á leyes, que interpretaron naturalmente en su más
-estricto sentido: ni hubiera sido procedente esperar otra cosa de dueños
-de esclavos en Virginia tomando parte en el proceso como jurados, cuando
-la voz de la vindicta pública reclamaba sin piedad en todos los estados
-del Sur castigo ejemplar para lo que sinceramente consideraban como el
-más odioso de los atentados.
-
-John Brown fué un aventurero de heroicas proporciones, y como héroe
-efectivamente se condujo desde la hora en que forzó las puertas del
-arsenal de Harper's Ferry hasta el instante mismo en que el verdugo
-ajustó el lazo en torno de su cuello. Quizás el nombre glorioso que ha
-dejado parezca á muchos en marcada discrepancia con el acto de
-imprudente, desatentado arrojo en que su reputación se funda y con otros
-actos también de venganza implacable, terrible, que cometió durante su
-residencia en Kansas; pero la justicia popular sin titubear reconoció y
-aplaudió la corona de mártir y de santo, que en sus sienes
-inmediatamente pusieron los que con él trabajaban por la redención de
-los esclavos, hora por hora confirmada después por un pueblo entero en
-los años formidables en que al campo de tantas mortíferas batallas
-corrían millares y millares de voluntarios y de quintos, entonando como
-cántico de guerra, Marsellesa de la salvadora revolución, el himno que
-lleva su nombre, y gritando en coro la célebre frase final, el
-estribillo inmortal de sus estrofas: "el cuerpo de John Brown yace en
-polvo dentro del sepulcro, pero su alma marcha al combate con nosotros".
-
-No es fácil encontrar en la historia muchos ejemplos de temperamento
-fanático tan característico y tan completo como el de este rudo
-abolicionista americano, ni entre los feroces adalides del Viejo
-Testamento, ni entre los sectarios modernos de Oliverio Cromwell; y de
-esas dos grandes familias de guerreros religiosos procede John Brown,
-pues descendía de uno de los puritanos que desembarcaron de la _Flor de
-Mayo_ en las costas de Massachusetts, y porque su verdadera, casi única
-educación, en la juventud y en la edad madura, fué la incesante lectura
-de la Biblia, de la que sabía grandes pedazos de memoria, y repetía
-constantemente cuando hablaba ó escribía versículos de los libros
-hebreos. Por espacio de más de cuarenta años, de los sesenta que vivió,
-quizás no apartó un día su pensamiento y su voluntad del propósito á que
-desde muy temprano juró consagrarse[36], declarando, según sus propias
-expresiones, guerra eterna al esclavizamiento de los negros; y cumplió
-el juramento, bien organizando al principio colonias de negros libres
-en Nueva Inglaterra, ó favoreciendo en todo tiempo la fuga de esclavos
-de los estados del Sur al Canadá, ó batiéndose como un león en las
-guerrillas sangrientas de Kansas, ó preparándose para la aventura final
-en que halló la muerte. Tan inquebrantable era la fortaleza de su
-espíritu que, conforme á la relación de un testigo, (uno de los rehenes
-que tomó desde las primeras horas de su entrada en el pueblo) cuando se
-defendía ya cerca del fin, acorralado en la casa de máquinas del
-Arsenal, con uno de sus hijos muerto á su lado, otro gravemente herido y
-moribundo, gritaba para infundir ánimo á los pocos que quedaban moviendo
-el brazo y el rifle que tenía en la mano, mientras con la otra mano
-seguía ansiosamente los signos de vida en el pulso del hijo agonizante.
-Al caer prisionero estaba acribillado de heridas de arma blanca, pues
-peleó cuerpo á cuerpo hasta desfallecer; y cuando diez días después
-debió comparecer ante el tribunal fué llevado tendido en un catre; desde
-él respondía á los jueces y habló con serenidad pasmosa, admitiendo
-todos los cargos ciertos y rechazando con energía toda sugestión de
-excusa por causa supuesta de demencia. Algo repuesto ya de las heridas
-marchó el 2 de Diciembre con frente erguida hasta el lugar de la
-ejecución; allí, colocado sobre la trampa del tablado y con un gorro
-sobre los ojos, lo mantuvieron de pie un cuarto de hora, y en ese largo
-espacio de tiempo permaneció erecto, sin el menor signo de
-estremecimiento, sin que por un segundo flaqueara su extraordinaria
-energía[37].
-
- [36] _Life and Letters of John Brown_ por _F. B._ SANBORN (1885).
-
- [37] Th. HIGGINSON, _John Brown of Osawatomie_, en _Enc. of
- American Biogr._ (_Appleton_, 1888.)
-
-Seres de tal temple, en quienes no oscila por terror una sola molécula
-del metal de su carácter, aún sometidos á las pruebas más violentas,
-nunca se sacrifican en balde, y es incalculable la impresión que dejan
-sobre los que presencian esos alardes de heroica constancia ó los oyen
-relatar por los asombrados circunstantes, impresión que necesariamente
-repercute por rumbos imprevistos y labora eficazmente en beneficio de la
-causa inspiradora y confortadora de esfuerzos tan sobrehumanos. En la
-situación de la república el suplicio de John Brown, decretado sin duda
-de acuerdo con la ley vigente y aplicado á un delito agravado en su
-consumación por derramamiento de sangre y destrucción de propiedades,
-apareció vestido de colores muy diferentes, no sólo ante las masas
-irreflexivas, sino ante hombres tan honrados y serenos como Emerson,
-como Thoreau, como varios otros, y mientras esos dos ilustres pensadores
-comparaban el suplicio en la horca del prisionero de Harper's Ferry con
-la crucifixión de Jesús, lágrimas infinitas de fecunda simpatía caían
-como fructificante semilla sobre un suelo preparado á recibirla durante
-muchos años de predicación y de enseñanza.
-
-Del otro lado del Océano se siguieron también con palpitante interés las
-escenas del proceso, y desde la roca de su destierro voluntario en honor
-de la libertad se oyó la gran voz del poeta francés enalteciendo el
-heroísmo del prisionero. En el dibujo original y vigoroso en que luego
-trazó Víctor Hugo como empresa sublime el suplicio final, inscribió este
-emblema de su vida y de su muerte: _Pro Christo sicut Christus_.
-
-John Brown es el único responsable de ese suceso para la posteridad,
-tanto en lo que tuvo de bueno y de malo, de heroico y de reprensible: él
-solo concibió el plan, y solo dispuso su ejecución. A pesar de sus
-relaciones personales con los abolicionistas de Nueva Inglaterra, que
-apreciaban en su justo valor su entereza y energía y le facilitaron
-auxilios pecuniarios, la obra fué de él exclusivamente, y la puso en
-planta como arrastrado por fuerza irresistible, como resultante final de
-todos los actos é impulsos de su vida. Nadie sabía cabalmente los
-detalles; algunos de los que en parte llegaron á conocerlos al través de
-sus místicas é incompletas revelaciones, adivinaron su insensata,
-irrealizable naturaleza; pero era imposible contenerlo, tenía fatalmente
-que marchar hacia donde lo llevaban su ilusión y su extravío.
-
-La conmoción en los estados del Sur indicó cuan certeramente fué el
-golpe dirigido al punto vulnerable, y aunque casi á un tiempo mismo
-circularon las noticias de la tentativa y de su fracaso, el susto
-enardeció la indignación; los que desesperadamente luchaban por
-conservar su antigua supremacía en el gobierno general no habían de
-sentir pronto calmada la cólera producida por el repentino ataque tan
-derechamente encaminado al corazón, á la entraña esencial de su
-organismo y su poder. Al reunirse el 5 de Diciembre el Congreso, tres
-días después de la ejecución de Brown, parecía flotar sobre el Senado
-como una sombra negra el trágico episodio de Harper's Ferry; á los pocos
-minutos de abierta la primera sesión pidió el senador de Virginia,
-Mason, que una comisión especial investigara minuciosamente lo ocurrido
-y propusiese cuanto juzgase necesario para evitar su repetición; la
-comisión, que sin tardanza puso manos á la obra, constaba de tres
-individuos de la mayoría y dos de la oposición republicana, descollando
-entre los primeros Jefferson Davis, jefe parlamentario del ala extrema
-esclavista, como lo sería después de la Confederación del Sur.
-
-Entretanto Buchanan, en quien la medianía del espíritu no consentía el
-grado de imparcialidad que su alta posición requería, creyó oportuno
-vituperar desde luego en su Mensaje anual "á los que predicaban
-doctrinas abstractas", y con dudosa benevolencia advertirles que "no
-debía sorprenderles que sus exaltados secuaces fuesen un poco más lejos
-que ellos mismos y tratasen de llevar á la práctica por medio de la
-violencia sus doctrinas". Con estas palabras echaba nuevo combustible
-sobre una hoguera, que por sí tenía sobrados elementos para crecer y
-extenderse.
-
-Al cabo de más de seis semanas de estudios, investigaciones y examen de
-testigos, presentó Mason su informe en nombre de la mayoría; tan extenso
-era que él mismo renunció _motu proprio_ su derecho de leer el
-manuscrito, reduciéndose á citar los párrafos finales, en realidad los
-que hoy nos importan, pues de los antecedentes del suceso sabemos por
-revelaciones posteriores cosas que la Comisión no logró averiguar y
-mucho se hubiera alegrado de conocer[38]. Insiste Mason en esos párrafos
-con no encubierta fruición en la desastrosa suerte que cupo á cuántos
-tomaron parte activa en el atentado, para decir que de las veintidós
-personas que según Brown componían su partida "siete fueron ejecutadas,
-diez murieron dentro del Arsenal, y como de las cinco restantes cuatro
-se habían quedado del lado de Maryland custodiando armas, sólo una en
-definitiva hay cuyo paradero se ignore y la manera como logró escapar".
-
- [38] Encuéntranse en la obra ya citada por F. B. SANBORN.
-
-Respecto al encargo principal, fiado á la Comisión, de excogitar los
-medios de evitar en lo futuro esas agresiones, responden en tono amargo
-los informantes que nada pueden proponer, y que si los demás estados "no
-consideran de su incumbencia, por razones de política general, ó
-simplemente por el deseo de preservar la Unión, prevenir ocurrencias de
-ese género, la Comisión no acierta á descubrir ninguna otra garantía de
-mantener la paz entre los estados de la federación". Sombría y
-formidable reflexión, que no era vana amenaza en la mente de los que la
-proferían el 15 de Junio de 1860, cifra demasiado exacta de la
-temperatura política, no sólo del Senado, del país entero. Unos y otros,
-demócratas y republicanos, esclavistas y antiesclavistas, se aprestaban
-para la crisis por tantos anuncios indicada, y no rebajaban, antes al
-contrario exageraban sus respectivas pretensiones. Toda veleidad de
-acuerdo ó transacción había desaparecido, en el Sur principalmente, que
-aspiraba ya á obtener del Congreso códigos para reglamentar la
-esclavitud en los territorios, dando así por resuelta la cuestión que
-para sus adversarios era litigiosa todavía. Iba el Sur aun más lejos y
-voces imprudentes pedían la trata de África, la importación legal de
-negros esclavos. En el Norte la resistencia se acentuaba, se esparcían
-las ideas agresivas de los abolicionistas, se exaltaba la memoria de
-John Brown, se repetía con Seward que el conflicto entre los dos
-elementos era _irreprimible_, era incontenible.
-
-En efecto, las dos mitades de la república eran ya como dos máquinas
-potentes partidas de extremos opuestos de la misma línea y en acelerado
-movimiento. El choque inevitable no era ya cuestión de años sino de
-meses.
-
-
-CAPÍTULO XI.
-
-Campaña de 1860 Lincoln presidente de los Estados Unidos.
-
-Cuando en Junio de 1860 presentaron su amargo informe los tres senadores
-demócratas, más de medio año los separaba ya del asalto de Harper's
-Ferry; el atentado y la muerte de Brown y sus compañeros habían perdido
-la novedad del interés, y en el rápido sucederse de cosas
-extraordinarias en ese período eran ya episodios de una historia lejana,
-que á jueces más desapasionados, no á políticos militantes, tocaba
-juzgar. La ansiedad general iba ahora tras peripecias más violentas
-todavía, que cambiaban la escena y transformaban la posición de los
-personajes con desusada prontitud. Ya el partido republicano lleno de
-redoblado vigor había celebrado su Convención en Chicago y escogido
-candidatos para la campaña presidencial de Noviembre. Ya el temido cisma
-del absorbente partido demócrata había estallado en la Convención de
-Charleston, dividiéndolo en dos fracciones irreconciliables con
-tendencias y programas absolutamente diferentes.
-
-El malhadado empeño de introducir la esclavitud en Kansas y crear nuevos
-estados con intereses que los atasen á la suerte de los que ya penaban
-bajo esa perniciosa institución, designio que desde sus albores en 1854
-había desencadenado tempestades, borrado linderos de los partidos,
-confundido inmediatamente y de muy diversa manera congregado después los
-ciudadanos en el ejercicio de sus derechos electorales, creado en fin
-una oposición robusta dotada de espíritu indomable é intentos bien
-definidos,--se había vuelto ya contra los imprudentes que lo idearon, lo
-formularon y pusieron en marcha. El plan por Douglas, si no creado,
-ampliado y defendido, de considerar la esclavitud como problema
-meramente local que resolverían por sí solos los habitantes de cada
-territorio, quedó desarticulado y sin eficacia al decidir la mayoría de
-los colonos en Kansas que no les servía, que no lo querían. Entonces los
-políticos del Sur abandonaron la enseña del senador de Illinois,
-renegaron de su sistema, echándolo á un lado como arma sin filo ú objeto
-baldío, y quedó el antiguo adalid rodeado únicamente de amigos
-personales, mal mirado por los que habían creído en él como signo de
-victoria y ya no sentían respeto ó simpatía ni por su persona ni por sus
-ideas.
-
-Las doctrinas expresadas en el fallo del Tribunal supremo satisfacían
-ampliamente á esos políticos, la adhesión firme del Presidente de la
-república los llenaba de confianza, y juzgando que apoyos tan robustos
-en la apariencia valían mucho más que una teoría controvertible y
-gastada, dedicaron sus fuerzas á aprovecharlos hábilmente y buscar para
-la próxima campaña un candidato, que á la blandura y buena voluntad de
-Buchanan añadiese más pericia y más constancia, que fuese más entero,
-menos sensible al miedo. Una vez Presidente el candidato dotado de esas
-cualidades sobraría espacio, no sólo en Kansas ó Nebraska, sino en Cuba,
-Méjico, la América central, para propagar la esclavitud y levantar
-nuevos estados comprometidos á mantenerla. La demencia y la ambición se
-unían y corrían disparadas al abismo.
-
-No era, pues, susceptible de acomodamiento la ruptura entre Douglas y
-Buchanan y quedaron uno enfrente del otro, á pesar de aproximarse las
-elecciones, como enemigos declarados. Douglas contaba siempre con la
-mayor parte de los demócratas, y estaba seguro de ser por lo menos
-candidato; pero su posición en el partido era más delicada que la de
-Buchanan; éste no aspiraba á la reelección, desde mucho antes había
-ofrecido no solicitarla, y sus amigos, al ir en busca de manos menos
-débiles é inexpertas á quienes confiar la suerte de la causa en tan
-apremiante situación, se hallaban libres del temor de ofenderlo y
-contaban tranquilos con el auxilio de la influencia oficial ejercida por
-la Presidencia y por el mundo de empleados repartidos en todos los
-estados.
-
-Cuando los delegados del partido, parciales de Douglas y seguidores de
-Buchanan, se reunieron en Charleston, entonces como ahora política y
-mercantilmente la ciudad más importante del batallador estado de la
-Carolina del Sur, la discordia vino con ellos. No pudo haberse escogido
-más adecuado lugar para iniciar la obra destructora, para comenzar la
-guerra sin cuartel de votos y programas dentro del partido, que la
-ciudad misma donde principiaría menos de un año después la verdadera
-guerra de sangre y fuego, donde resonarían los primeros cañonazos que
-hicieron arriar la bandera nacional en el fuerte Sumter y rompieron los
-diques á la inundación.
-
-No estuvo Douglas presente en la Convención de Charleston, ni se estila
-que asistan los candidatos de antemano designados, pero sus admiradores
-y amigos componían más de la mitad del número total de los delegados.
-Necesitábanse dos terceras partes para formar mayoría, antes de tratar y
-resolver la cuestión de personas era preciso ocuparse en redactar y
-aprobar el programa, la "plataforma", y era lo espinoso de la empresa.
-Sobre ello se empeñó la batalla, y se elevó la barrera insuperable que
-de un partido compacto hizo dos facciones contrapuestas. Una comisión de
-treinta y dos miembros, uno por cada estado, fué el campo de Agramante,
-y al cabo de ardorosas discusiones, en que sólo pudieron acordar puntos
-secundarios (uno de ellos la adquisición de Cuba), volvió el grupo
-dividido en dos, trayendo escritos dos programas radicalmente
-diferentes, imposibles de confundirse para formar el documento único que
-se le pedía. Los quince estados del Sur con dos más del Norte redactaron
-y votaron un texto, en que afirmaban doctrinas sobre la superior
-inmunidad de la esclavitud como institución política y social, á que ni
-al Congreso ni á las asambleas locales era lícito tocar, salvo para
-protegerla y para ayudarla á extenderse en los Territorios, sin trabas
-de ninguna especie. La minoría, compuesta de los restantes quince
-estados, todos del Norte, se redujo á enunciar nuevamente las
-resoluciones del programa de 1856 en Cincinnati, agregando que las
-divergencias de opinión existentes dentro del partido respecto á las
-facultades del Congreso ó las asambleas territoriales sobre la
-esclavitud eran problemas de derecho constitucional, cuya solución
-únicamente correspondía al Tribunal Supremo; y á su fallo se sometían.
-
-La diferencia entre ambos programas es muy marcada, aunque la minoría se
-empeñó en aminorarla y disfrazarla; y resaltó más todavía en los
-discursos que de uno y otro lado escuchó la Convención. Fué ésta, no
-cabe duda, la vez primera que el choque de las dos fracciones del
-partido defensor de la esclavitud desgarró los velos, hizo surgir la
-verdad desnuda y repercutir, por fin, dentro de los muros de la
-Convención el eco sonoro de las opiniones realmente abrigadas por los
-estados sudistas. La adusta verdad penetró en aquel recinto y, al
-atravesarlo un instante en lento y ominoso vuelo, fué saludada en las
-galerías por los aplausos del pueblo, que muy pronto iba á sacrificar
-por ella sus vidas y haciendas; así fué sobre todo cuando Yancey, uno
-de los delegados de Alabama, á cuya voz parecían los demás obedecer,
-expuso francamente, sin exaltación apasionada, con la serena firmeza del
-mandatario fiel que recita las últimas y bien meditadas instrucciones de
-su mandante, que todos los males y desmedros hasta esa fecha sufridos
-nacían de la menguada defensa de la esclavitud, formulada por miembros
-prominentes del partido, al admitir que la institución era vituperable
-en su esencia y merecía respeto, sólo en virtud de derechos adquiridos,
-sólo en gracia de la protección constitucional. No, su legitimidad
-absoluta debía declararse superior á toda discusión, porque ella era un
-beneficio tan indisputable para el blanco como para el negro, los
-esclavos una propiedad tan perfecta y sacrosanta como otra cualquiera y
-atentar contra ella no debía jamás impunemente consentirse.
-
-Sea cual fuere el juicio que en nombre de los derechos humanos, de la
-moral social, de la ciencia económica, se pronuncie sobre la esclavitud,
-y es claro hoy que sólo puede ser la más abrumante condenación,
-inapelablemente confirmada por los resultados mismos, por las
-prodigiosas ventajas de la abolición en las regiones donde existía, no
-sería sin embargo equitativo desconocer lo que hubo de viril y grandioso
-en la conducta de los que en Charleston proclamaron la resolución de
-mantener en lid abierta sus opiniones é ir con ellas á sus últimas y
-temibles consecuencias, destruyendo el partido, destruyendo la Unión,
-si no había otro remedio, pero siempre á costa de su sangre y de cuanto
-poseían sobre la tierra.
-
-No fué, por tanto, esa Convención como las anteriores torneo de
-guerreros disimulados, en que las intenciones se escondían detrás de
-palabras escogidas de propósito con ese objeto. Si los amigos de
-Douglas, temerosos de desquiciar la fábrica política, reincidieron en el
-antiguo y estéril error de tratar como detalle secundario la cuestión
-esencial, y buscar fórmulas artificiosas para decir poco y conservar en
-apariencia unidas las más opuestas interpretaciones, los que por boca
-del sagaz y elocuente Yancey pregonaron el reto á muerte y descubrieron
-sus pechos, fueron hombres animosos cuyas ideas miserablemente torcidas
-pueden merecer indignado vituperio, pero cuyo tranquilo valor arranca
-respetuosa admiración[39].
-
- [39] Véase la interesante relación escrita por un periodista de
- Cincinnati, MURAT HALSTEAD, testigo de la Convención ese año (_The
- Convention of 1860_) y también la discusión del Senado entre Jeff.
- Davis y Douglas en varias sesiones de Mayo de 1860: _Cong. Globe_
- 1st. Sess. 36th. Congress. Los discurso de Douglas están en el
- _Apéndice_.
-
-Declarada y afirmada la discordia en tan concluyentes términos, no había
-más camino que suspender las sesiones é ir á reunirse en otra parte. La
-fracción más violenta fué á Richmond á dar sus votos á John G.
-Breckenridge, de Kentucky. El resto en Baltimore eligió casi
-unánimemente á Douglas. Así fué á caer, por fin, sobre los hombros del
-ambicioso senador de Illinois la blanca vestidura oficial de
-pretendiente tan deseada y esperada, pero vino en circunstancias bien
-duras y bien tristes, cuando el éxito era improbable, cuando faltaba
-apenas un año para que inopinada y prematuramente viniese la muerte á
-poner término á su carrera, sin haber logrado el premio de sus
-servicios, de su indomable energía.
-
-Antes de que el fraccionado partido demócrata hubiese completado ese
-laborioso malparto, se había celebrado en la ciudad de Chicago la
-Convención de los republicanos; la cabal armonía y el entusiasmo de sus
-acuerdos auguraban el triunfo futuro.
-
-Situada á orillas del lago de Michigan, uno de esos vastos receptáculos
-que son otros tantos mares interiores de la frontera septentrional de
-los Estados Unidos, al borde de una inmensa pradera que por cientos y
-cientos de millas extiende su fértil suelo en la dirección del sudoeste,
-contaba entonces Chicago unos ciento doce mil habitantes y era la ciudad
-más poblada de Illinois, del estado en que había tenido lugar el célebre
-duelo oratorio entre Lincoln y Douglas, sus dos más distinguidos
-ciudadanos. Para albergar la Convención fabricaron en pocos días un
-edificio de barro y madera, capaz de contener los seiscientos delegados
-y una cuarta parte siquiera de las treinta y tantas mil personas que
-habían venido, escoltándolos, á solemnizar con su presencia ese crítico
-momento de la historia de la nación. Diéronle el nombre indio de
-Wigwam, que representa vestido á la inglesa el que los nómades
-Algonquines usaban en su dialecto para designar las chozas puntiagudas
-de ramas y corteza de árbol, donde temporalmente se abrigaban en la
-época de sus correrías.
-
-No tropezó con dificultad alguna esta Convención para redactar su
-plataforma; seis años de lucha perenne, de incesantes acometidas contra
-las doctrinas disolventes de sus adversarios, habían fijado
-inalterablemente los principios en que el partido fundaba su acción y la
-libre cooperación de sus adherentes. Lo esencial era proscribir, como
-peligrosa heregía política, el flamante dogma que suponía á la
-Constitución llevando á los Territorios por su propia naturaleza la
-sanción de la esclavitud, y afirmar por el contrario que la condición
-normal de todo Territorio era la libertad de sus pobladores, y que ni
-Congreso ni asamblea particular ni persona alguna pública ó privada
-tenía el derecho ó la facultad de comunicar carácter legal á la anómala
-institución donde previamente no existiese[40].
-
- [40] Resoluciones 7ª y 8ª de la plataforma republicana. Véase _Life
- and Speeches of A. Lincoln and H. Hamlin_. Columbus (Ohio) 1860.
-
-Estas ideas llenaban desde años antes la atmósfera política en los
-estados del Norte, y los millones de individuos que las habían respirado
-renovando en tanto tiempo su modo de ser y su conciencia respondieron
-con ansiosa simpatía al programa, que las condensaba y formulaba para
-facilitar la lucha y el triunfo definitivo. Si la Convención lograba
-asimismo resolver atinadamente la cuestión de personas, más importante
-que nunca esa vez, designando el candidato idóneo para personificar
-tales ideas y despertar la fe y confianza indispensables, era infalible
-que surgiría en el Norte un movimiento impetuoso hacia las urnas
-suficiente á asegurar la victoria en todo el país.
-
-¿Quién sería ese candidato?--Entre los nombres que se oían repetir, uno
-había que sobre todos descollaba por la grande y extendida reputación,
-los eminentes servicios á la causa de la libertad, la importancia del
-estado de que era ciudadano y lo proponía; el de Seward, antiguo
-gobernador de New-York y durante doce años el más hábil y elocuente de
-los miembros republicanos del Senado. La delegación neoyorquina, la más
-numerosa, pues representaba el estado más poblado, fué á la Convención
-con instrucciones de nombrarlo, y hasta el último escrutinio emitió por
-él los sesenta votos que le correspondían: "Venimos de un gran estado y
-traemos un grande hombre de estado", dijo Evarts, jefe de la delegación.
-No podía á juicio de muchos confiarse la causa antiesclavista á manos
-más hábiles que las del hombre que, sosteniendo desde el año de 1850 la
-admisión de California como estado sin esclavos, había afirmado en los
-debates del Senado que "una ley más alta" que la Constitución misma
-ordenaba respetar en los Territorios los intereses superiores de la
-justicia y la libertad; y que desde entonces, vigilante centinela, había
-permanecido á pie firme en la avanzada trinchera, cerrando el paso y
-esgrimiendo las armas contra los diversos proyectos, que se habían ido
-sucediendo por espacio de siete años y bajo el amparo de dos
-Presidentes, con objeto de entronizar la esclavitud en tierras, que
-según otra frase de Seward en la misma ocasión ya aludida[41], eran
-parte del patrimonio común de la humanidad, sobre el cual no tenía la
-nación facultades arbitrarias ó ilimitadas. Pero estaba Seward dentro
-del partido en situación muy parecida á la de Douglas en el suyo durante
-la Convención de 1856; la brillante y larga vida pública lo había puesto
-demasiado en evidencia, le había acarreado enemistades, lo había á
-menudo forzado á sostener soluciones radicales de opositor
-inconciliable, circunstancias todas que quitaban probabilidades de buen
-éxito á su candidatura. El partido era, además, muy nuevo todavía, se
-componía de miembros venidos de contrarias direcciones, y deseaba
-conservar el equilibrio de sus dos alas no tomando en ellas el
-candidato, ni Seward que pasaba por excesivamente radical, ni Chase, de
-Ohio, futuro gran ministro de hacienda durante la guerra, que entonces,
-por haber figurado antes entre los demócratas, era tenido por más tibio
-ó moderado de lo que la ocasión exigía.
-
- [41] Sesión del Senado de Marzo 11 de 1860.
-
-El primer escrutinio suele ser en esas asambleas un acto de puro
-cumplimiento, y así se le llama y considera. Cada estado mienta
-generalmente al más ilustre ó al predilecto entre sus hijos; entona en
-su loor breve panegírico y le da sus votos. Como muchos estados hacen lo
-mismo, es claro que no puede haber resultado definitivo, y esta vez del
-modo que Nueva York votó por Seward, votaron Ohio y Pensilvania por
-Chase y por Cameron, Missouri por Bates, Illinois por Lincoln, por el
-mismo estilo varios otros. A ocasiones sucede también en contiendas muy
-reñidas que ni siquiera se oye en las primeras votaciones el nombre del
-que ha de ser finalmente elegido, como por ejemplo en la Convención de
-1852. Pierce fué designado en ella al cabo de cuarenta y nueve pruebas
-infructuosas, y en muchas no había tenido un solo voto. Esta vez
-aparecieron pronto los dos competidores entre quienes se concentraba la
-lucha: Seward 173 votos, Lincoln 102; y se preveía que á uno de los dos
-estaba reservado el premio, y que no surgiría á última hora lo que en el
-lenguaje técnico de esos juegos olímpicos de la política llaman "un
-caballo negro", un competidor no mencionado todavía, que todos los
-delegados acaban por aceptar cansados de luchar en balde por sus
-favoritos.
-
-Abraham Lincoln, que desde la interesante campaña senatorial, en que
-Douglas lo venció con tanto trabajo, había alcanzado extensa
-notoriedad, disfrutaba de reputación muy inferior á la de Seward; no
-había desempeñado como éste cargos de trascendental importancia, pues
-sólo fué por un bienio miembro de la Cámara en Washington, honor que no
-traía aparejado gran prestigio, y en el que tampoco dijo nada muy
-notable; no había sido ni Gobernador de estado ni senador federal,
-cargos los más altos de la república después del de Presidente, y aun á
-veces á este último preferido. Era en resumidas cuentas, por lo que
-extrínsecamente aparecía, un oscuro abogado de pocas letras, que en la
-práctica ordinaria de las remotas regiones de su residencia había tenido
-más oportunidades de ejercer la fuerza muscular que el saber, y que, al
-rezar de la leyenda, había pasado rajando leña en la frontera salvaje la
-época de la vida que otros emplean en colegios y universidades. Aquellos
-entre los delegados que esto sabían, naturalmente extrañaban que pudiese
-alguien preferirlo á estadista de tanto mérito y nombradía como Seward;
-pero gran parte del pueblo americano, obedeciendo á instinto más certero
-y profundamente nacional, no sólo simpatizaba con el carácter y
-antecedentes del abogado de Illinois, sino que adivinaba muy bien detrás
-de la ruda y vulgar corteza de ese tronco, robustamente desarrollado en
-las tierras vírgenes del occidente, el rico y generoso corazón y la
-vivificante savia que por él circulaba.
-
-No había vivido Lincoln ni inerte ni olvidado en los dos años que entre
-la campaña senatorial y la fecha de la Convención pasaron; en 1859 fué
-al estado de Ohio, que celebraba elección de gobernador, y pronunció
-discursos que ayudaron eficazmente al triunfo del partido, y se leyeron
-en otras partes con sumo interés. A principios de 1860 fué invitado á
-hablar en Nueva York, la gran metrópoli comercial, ante un auditorio
-numeroso de prohombres del nuevo partido ganosos de conocerlo, y en su
-discurso, muy extenso y muy notable, que afianzó su creciente
-reputación, demostró que nadie se daba cuenta más cabalmente que él y
-exponía mejor, sin declamaciones ni invectivas, con cierta curiosa
-mezcla de gravedad y buen humor, de las opuestas tendencias, del
-inextricable nudo que obstruía el desarrollo armónico de la unión de los
-estados, así como de la manera más rápida y segura de llegar á
-desenlazarlo sin romperlo violentamente. No era, pues, su candidatura
-expediente á última hora imaginado para resolver la situación y derrotar
-á Seward; la fuerza latente que traía y pronto se desenvolvió podía
-sorprender á una parte de la Convención, pero estaba por otros muy
-prevista y preparada. Lincoln mismo, avezado como el que más á manejos y
-combinaciones electorales, á las mil y una habilidades, tratos ocultos,
-agasajos y cambalaches con que detrás de bastidores se organiza esa
-especie de comedias políticas, para ensayarla primero en las
-Convenciones, y representarla después al aire libre en infinito número
-de teatros, no desperdició medio alguno de asegurar el éxito popular,
-confeccionando de antemano cuanto requería la tramoya escénica para
-desencadenar el torbellino de entusiasmo que llevó al voto unánime los
-delegados en medio de frenéticas aclamaciones[42]. No hubo más que tres
-escrutinios, al tercero los votos se precipitaron, como una avalancha,
-en favor de Lincoln; el representante mismo de Seward, Evarts, pidió la
-declaratoria de unanimidad, é instantáneamente comenzó la famosa campaña
-cuyo decisivo resultado marca la era nueva, el primer momento de la
-nueva vida de los Estados Unidos.
-
- [42] Véase la obra de _Herndon y Weik, The true story of a great
- life_, 3 vol. Chicago, 1889.
-
-Seward quedó vencido, el desaire vivamente le dolió, y no contribuía á
-restañar la herida la comparación de su admirable hoja de servicios
-repleta de honores en buena lid conquistados, de acciones memorables en
-treinta años de campañas, con la fungosa reputación del rival
-afortunado, nacida casi de improviso en un encuentro local dos años
-antes, en el que ni siquiera resultó vencedor, sin que ni entonces ni
-luego tuviese ocasión de adquirir la práctica de los negocios públicos,
-el _usus rerum_ tan necesario para desempeñar el primer puesto de una
-gran nación, tan indispensable en aquel período en que se adivinaban
-trastornos profundos, alteraciones nunca vistas en la organización y
-marcha ulterior de la república. Disimuló el despecho, que sin embargo
-fué muy grande aunque magnánimamente comprimido, como dice su amigo y
-panegirista Ch. F. Adams[43], y se puso al servicio del partido otra vez
-con leal energía, resignado al triste privilegio de ser nuevo ejemplo de
-la conocida ingratitud de las repúblicas. Corrió la misma suerte que
-Henry Clay, Daniel Webster, tantos otros. Las repúblicas, que á veces se
-enamoran hasta el frenesí de héroes militares y glorias escandalosas, á
-menudo abandonan y rechazan sin piedad á los que por largo tiempo les
-han prestado con menos ruido y más talento servicios eminentes.
-
- [43] _Memorial Address_ by CHARLES FRANCIS ADAMS.--New-York, 1873.
-
-Hubo en campaña cuatro distintas candidaturas presidenciales: las dos ya
-mencionadas de Douglas y de Breckenridge, sostenidas por las fracciones
-opuestas del partido demócrata; la de Lincoln apoyada por los
-republicanos; y la cuarta, de Bell, ciudadano del estado de Tennessee,
-obra de la asociación independiente que en 1856 sostuvo á Fillmore, y
-que dejando á un lado la cuestión especial de la esclavitud pretendía
-afirmar únicamente el mantenimiento de la unión constitucional y
-convocar bajo esa bandera todo el país.
-
-Por esa causa fué la lucha durante los primeros meses más desordenada y
-confusa de lo que era de esperarse, dada la completa y larga discusión
-de ideas que precedió, pero como en el fondo se trataba de la
-conservación ó el desmembramiento de la patria, y de ello más ó menos
-vagamente todos se daban cuenta, muchos se hubieran contentado (y así
-suele suceder en situaciones tan penosamente críticas) con aplazar la
-catástrofe, si evitarla no era posible. Los votos, por esta razón, se
-repartieron entre todos, aunque en muy desiguales proporciones. El duelo
-en realidad tenía lugar entre Lincoln y Breckenridge, entre republicanos
-resueltos á contener, limitar y, al cabo, suprimir la esclavitud, y
-demócratas decididos á aventurarlo todo, incluso la unidad nacional, por
-la perpetua continuación y el engrandecimiento de esa misma institución;
-pero muchos, sin desconocer la terrible disyuntiva, querían engañarse,
-cerrar los ojos, no ver más allá del horizonte inmediato de la lucha de
-palabras, no oir el ruido de guerra que detrás de ellas fatalmente
-retumbaba. El recurso era demasiado vano, la esperanza demasiado falaz;
-mas el recuerdo de lo pasado contribuía á robustecer el uno, alimentar
-la otra. ¡Había navegado tanto tiempo la patria entre los mismos
-amenazantes escollos, había sufrido tantas veces sin zozobrar la misma
-tempestad, era en fin tan duro renunciar á la ilusión de que algo á
-última hora acontecería que aquietase como iris de bonanza los elementos
-enfurecidos y alejase el desastre!
-
-Desde una sala del Capitolio de Springfield, donde plantó sus reales
-durante la campaña, vigilaba Lincoln la marcha ascendente de su
-candidatura y su fortuna, pues, al contrario de Douglas y de
-Breckenridge, se abstuvo de tomar parte directa en los episodios del
-combate, de recorrer el país y excitar, con ardorosos discursos, el
-entusiasmo de sus partidarios. Ya en Octubre se acumulaban signos
-anunciadores de victoria, los estados del Norte redoblaban llenos de
-confianza sus esfuerzos, mientras que los del Sur, especialmente los que
-ocupaban la vasta faja de tierra desde las costas de las dos Carolinas
-en el Atlántico hasta las orillas del río Grande, que corre entre Tejas
-y Méjico, sentían aproximarse la hora sombría de las resoluciones
-supremas, el instante tremendo de dar por terminada la lucha de
-programas y de votos y comentar silenciosamente los preparativos de otra
-especie de guerra; ó de inclinar humildemente la frente, resignarse á
-los términos imperiosos del vencedor y reunir lo que fuese aun posible
-salvar del arruinado edificio de su poder.
-
-El punto inicial de la gran rebelión americana, ha dicho un escritor, es
-el 5 de Octubre de 1860[44], día en que el gobernador de la Carolina del
-Sur dirigió una circular secreta á varios colegas de otros estados,
-preguntando lo que harían si triunfaban los partidarios de Lincoln para
-el colegio electoral, y afirmando que la Carolina se adheriría al
-primer estado que diese la señal de separación, que la daría ella misma
-si se le ofrecía seguirla. Las respuestas, que vinieron lentamente, no
-fueron todas tan explícitas como el interrogante las deseaba, aunque
-ninguna repulsaba la atrevida sugestión, pero por ese camino la Carolina
-siempre había marchado más pronto y más lejos que los demás. Faltaba
-entonces un mes para el día de la elección popular, cinco para el cambio
-de gobierno en la capital de la república.
-
- [44] JOHN NICOLAY, _The Outbreak of Rebellion_. New-York, 1881.
-
-Votaron por Lincoln todos los estados sin esclavos, menos parte de uno;
-eran diez y ocho, que hacían ciento ochenta votos electorales, es decir,
-la mitad y cincuenta y siete más, lo que aseguraba ampliamente su
-elección. Sumados los números resulta que de cuatro y medio millones de
-sufragios obtuvo Lincoln cerca de dos, Douglas cerca de uno, y más de
-medio millón cada uno de los otros dos, Bell y Breckenridge. Esas
-cifras, sin embargo, daban á Douglas en el colegio electoral doce votos
-solamente, mientras que los dos competidores con menos sufragios en el
-escrutinio popular reunían en el colegio setenta y un votos el uno y
-treinta y nueve el otro, pues se contaban, como es sabido, no en masa,
-sino por estados.
-
-El triunfo de Lincoln fué por tanto relativo, cual lo había sido el de
-Buchanan cuatro años antes, pero como las posiciones eran contrarias
-producía en la marcha del país un cambio radical, arrastraba
-forzosamente las tan temidas, tan anunciadas trascendentales
-consecuencias.
-
-La historia de la república emprendía distinto derrotero, el largo
-encadenamiento de los sucesos iniciaba una nueva serie de eslabones:
-_magnus nascitur ordo_.
-
-
-CAPÍTULO XII.
-
-La Víspera de la guerra civil.
-
-¡Terrible la situación de los Estados Unidos, desde el triunfo electoral
-del partido republicano en Noviembre de 1860 hasta que pudo Lincoln
-aplicar, por fin, en Marzo del año siguiente, sus robustos brazos á la
-desamparada rueda del timón, é imprimirle las primeras vueltas para
-sortear el abismo á que corría la nación, en que iba á hundirse
-positivamente!--¿Qué país se encontró jamás en trance tan
-extraordinario?--Una mitad de los habitantes disolviendo por su propia
-voluntad el pacto nacional, desmontando la máquina gubernamental; la
-otra mitad inmóvil, absorta, contemplando, sin darse cuenta exacta, la
-obra de destrucción que estaba consumándose, sin medios tampoco de
-evitarlo. La capital de la república, los centros todos de donde
-irradiaba la acción federal, ministerios, hacienda, el ejército, la
-marina, las posiciones artilladas de las costas del Atlántico, del golfo
-de Méjico y del Pacífico, en manos de hombres en completo acuerdo ó en
-íntima simpatía con la fracción más valiente, más audaz, mejor
-disciplinada del partido vencido en las urnas electorales; y esos
-hombres, dueños del poder, árbitros de la situación, se mantenían á la
-cabeza de los negocios públicos, bajo la sombra del presidente
-Buchanan, para que sus correligionarios y amigos en los estados del Sur
-impunemente, sin que nadie lo impidiese, pudieran realizar la empresa
-nefasta de dividir la nación y crear la Confederación del Sur, antes del
-momento crítico de entregar el mando á los nuevos elegidos.
-
-La indecisión que en Octubre sintió parte de los estados del Sur, al
-aprestarse á las violentas resoluciones, se transformó en el mes de
-Noviembre, al anuncio del triunfo de los amigos de Lincoln, en febril
-impaciencia de romper los lazos que los unían á la grande y famosa
-nación republicana creada en 1787, desprenderse y formar una nueva
-república, más pequeña sin duda y menos fuerte, pero homogénea y en
-condiciones de proteger y fomentar el régimen interno, causa verdadera
-del rompimiento.
-
-A mediados de Diciembre, una Convención, convocada según las formas de
-la legalidad, acordó por unanimidad disolver "la unión existente entre
-la Carolina del Sur y otros estados con el nombre de Estados Unidos de
-América", y el primero de Febrero inmediato habían ya hecho lo mismo
-otras convenciones reunidas en Mississipi, Florida, Alabama, Georgia,
-Luisiana y Tejas. Tres días después, la nueva Confederación de esos
-siete estados quedaba provisionalmente organizada, y el 18 fueron
-instalados Jefferson Davis y Alejandro Stephens como su presidente y su
-vicepresidente. La constitución, promulgada acto seguido, era en
-sustancia la misma de los Estados Unidos, con sólo diferencias de
-detalle y el encargo especial de "reconocer y defender" la institución
-de la esclavitud de los negros, "tal como actualmente existe en los
-Estados Confederados de América", nombre que asumía la nación acabada de
-fundar. Todos los edificios, aduanas, casas de moneda, arsenales,
-fortalezas, sobre los cuales flotaba la bandera con las estrellas y las
-bandas, izaron la nueva insignia; los individuos que los custodiaban, ó
-los pequeños destacamentos que los guarnecían, los entregaron ó
-capitularon; ni otra cosa hubieran podido hacer, perdidos y sin recursos
-como se encontraban, cubiertos como isletas en el mar, por las oleadas
-de la vasta y formidable insurrección. Solamente los fuertes de la bahía
-de Charleston, de Pansacola y los cayos de la Florida permanecieron en
-poder del gobierno federal.
-
-Esos siete estados no hacían más que aplicar las doctrinas políticas por
-ellos predicadas y sostenidas constantemente, que ya en 1831 y 1832 la
-Carolina había invocado dando los primeros pasos en la senda de la
-separación, y que lógicamente se desprendían del principio superior de
-derecho que Calhoun había tantas veces definido, precisado y
-elocuentemente defendido, que sus discípulos habían enérgicamente
-mantenido. Según ese principio, la constitución era un pacto entre
-estados soberanos, independientes entre sí para todo aquello que no
-estuviese expresamente delegado al gobierno general, y esos estados
-recobraban su absoluta independencia y soberanía, cuando se consideraban
-lesionados en sus derechos é intereses, porque no sólo no los habían
-enajenado, sino que eran el fundamento, la razón de su existencia antes
-de formar la Unión.
-
-Mientras tanto el presidente Buchanan, que había toda su vida militado
-bajo las mismas banderas y compartido todas las ideas y sentimientos
-dominantes en esos siete estados irreconciliables, que se hallaba
-entonces rodeado de ministros y consejeros en perfecta simpatía, en
-confesado acuerdo con los jefes esclavistas, afirmaba oficialmente, al
-abrirse las sesiones del Congreso, que si bien carecían á su juicio los
-estados del Sur del derecho de abandonar la Unión, ni él como
-Presidente, ni el Congreso, ni nadie, tenía otorgadas por la
-Constitución facultades de oponerse con la fuerza de las armas y
-compelerlos á permanecer dentro de la Unión. Esto, que semeja una
-paradoja, y envuelve positivamente una contradicción, era no obstante la
-opinión de un crecido número de personas en el Norte. Contando
-precisamente con ello y con la inacción del Presidente, procedieron los
-conjurados, y aprovecharon los tres ó cuatro meses que la suerte les
-ofrecía para organizarse y prepararse á hacer frente á quienquiera que
-se opusiese.
-
-Años después, decidido ya por las armas el conflicto, proclamaba
-Buchanan todavía las mismas opiniones; y en la defensa que escribió y
-publicó de los últimos actos de su administración, reconoce con
-satisfacción que la guerra no fué iniciada por el gobierno de su sucesor
-con el objeto de sujetar por la fuerza á los estados, sino aceptada para
-hacer cumplir y ejecutar en el territorio rebelado las leyes vigentes,
-pues tal era el deber ineludible del poder ejecutivo. Lincoln, en
-efecto, á pesar de representar ideas tan diferentes, política tan
-opuesta, siguió durante varias semanas, en la apariencia al menos, el
-mismo sistema de contemporización y espectativa que su predecesor, y
-aguardó que los confederados de Charleston cañoneasen y tomasen el
-fuerte Sumter, arriasen la bandera nacional y alzasen otra en su lugar,
-para romper el silencio y convocar las milicias ciudadanas en defensa de
-la Unión.
-
-La cuestión de legalidad es, empero, muy poco interesante ya á estas
-horas; en esa ocasión, como en tantos otros momentos críticos de la
-historia de la civilización, las circunstancias llevaron á los
-individuos y, sin saberlo, muchos se encontraron arrastrados por los
-sucesos más allá de líneas en que hubieran querido confinarse. Ocioso
-también sería ya discutir si cometieron delito político de traición los
-que desmembraron la república y organizaron la Confederación. La
-conducta del vencedor, nunca bastante encomiada, absteniéndose de
-procesar criminalmente, después de la victoria, á ninguno de sus
-adversarios, consintiendo el sobreseimiento de la causa abierta contra
-Jefferson Davis, demostró que, calmadas las pasiones, la nación entera
-convenía implícitamente en que no era posible perseguir como traidores á
-quienes, después de todo habían ajustado su conducta á opiniones siempre
-y por doquiera pública y abiertamente proclamadas. Su fe política, nunca
-renegada, ordenaba prestar obediencia y acatamiento, en primer lugar al
-estado de que eran ciudadanos, en segundo á la Unión, vigente sólo
-mientras durase el consentimiento de los estados que la habían creado.
-Eso hicieron, y casi todos ellos abandonaron la patria común con el alma
-desgarrada, esperando salvar derechos esenciales, que juzgaban en
-peligro y consideraban del número de aquellos que no se consienten
-perder ni se dejan arrebatar, antes de haber consumado el último
-sacrificio para defenderlos.
-
-"En vuestras manos, descontentos compatriotas, en vuestras manos y no en
-las mías, está la tremenda resolución de si ha de haber ó no guerra
-civil. Para que la haya, es preciso que vosotros mismos seais los
-agresores", dijo Lincoln la primera vez que habló como Presidente al
-pueblo de los Estados Unidos.
-
-Y la guerra vino, y duró lo que nadie había podido imaginar. Todavía, al
-inaugurarse la segunda presidencia de Lincoln el 4 de Marzo de 1865,
-parecía en situación de durar algún tiempo más, acaso "hasta que
-desapareciese toda la suma de riqueza acumulada durante doscientos
-cincuenta años por el trabajo esclavo, ó hasta que cada gota de sangre,
-arrancada por el látigo, fuese compensada por otra igual arrancada por
-el hierro". Por fortuna, cuando pronunciaba Lincoln estas últimas
-palabras de su segunda oración inaugural, faltaban pocas semanas para el
-desenlace final, para que por siempre quedase decidido que la unión de
-los Estados era un pacto perpetuo é indestructible.
-
-Pero la historia de la sangrienta guerra civil es materia demasiado
-grande para los límites reducidos de este bosquejo; si ha de tener éste
-algo de completo en su inevitable brevedad, debe poner punto final al
-ascender Lincoln á la presidencia de los Estados Unidos, al terminar el
-conflicto en el terreno pacífico de la palabra hablada ó escrita, al
-comenzar la guerra devastadora.
-
-
-
-
-JOSÉ DE LA LUZ Y CABALLERO
-
-
-I
-
-Ningún nombre llegó á tener en la isla de Cuba, antes del período de
-guerras libertadoras que comienza en 1868, tan gloriosa resonancia, de
-un extremo al otro del país, como el de José de la Luz; todavía hoy, á
-pesar de que el ciclo de acción y de lucha que comienza en ese año
-fatídico ha producido otras reputaciones acaso más brillantes, no se ha
-deslustrado la corona en torno de su frente, nadie ha olvidado al
-filósofo, al maestro, al educador de esas generaciones que supieron
-luego desplegar tanta energía y tanta constancia en la dura, desigual
-contienda contra la nación opresora.
-
-La historia de su vida, desnuda como se halla de incidentes
-extraordinarios, es el cuadro donde mejor resaltan sus virtudes y
-servicios eminentes á la patria, porque el hombre valía mucho más de lo
-que pueden significar las obras reducidas ó incompletas que de él nos
-han quedado, porque fué en su tiempo para la isla de Cuba el hombre
-superior, "el grande hombre, causa de muchas filosofías", para aplicarle
-palabras de Federico Nietzsche.
-
-
-II
-
-En el año último del siglo XVIII, 11 de Julio de 1800, nació José
-Cipriano de la Luz en la Habana, en la antigua casa solariega que ya
-entonces daba nombre á la calle donde estaba. La calle se llama siempre
-de Luz, pero en el solar se eleva una vasta hostería, que ocupa toda la
-manzana de casas é incluye el terreno del antiguo Teatro Principal, en
-aquella época el más importante de la ciudad, derribado por el ciclón
-terrible de 1846. Fué su madre doña Manuela Caballero, mujer de grandes
-virtudes, cuya memoria quedó indeleblemente impresa en su alma desde muy
-temprano como insuperable modelo de la práctica constante y austera del
-deber más estricto, y de ella probablemente heredó la lucidez de la
-inteligencia y el puro vigor de su carácter. El público cubano, para
-distinguirlo de otros del mismo nombre, le agregó siempre el apellido
-materno, aunque él hasta el fin firmó solamente con el de su padre.
-
-Corrió tranquila su niñez educado por eclesiásticos instruídos, y por
-algún tiempo acarició el proyecto de entrar en el sacerdocio, siguiendo
-el ejemplo de su tío carnal el P. Agustín Caballero y otros miembros de
-la familia; idea que no abandonó tan pronto, pues al graduarse de
-bachiller en jurisprudencia, ya de veinte años de edad, vestía aun
-hábitos religiosos conforme á las órdenes menores que tenía recibidas.
-
-Pero en un país cuyos habitantes formaban dos clases opuestas, libres y
-esclavos, negros y blancos, y donde se creía naturalmente indispensable
-un código terrible de leyes penales y una multitud de costumbres feroces
-para mantener quietos y anuentes al yugo á los oprimidos, los
-sacerdotes, como encargados del registro de la población y de los varios
-detalles prácticos del único culto consentido, tenían que ser
-instrumentos activos de la perenne iniquidad de que eran víctima esos
-seres desvalidos. No podía Luz avenirse á ejercer en tales condiciones
-un ministerio de paz y caridad y al cabo lo renunció, como más adelante
-renunciaría al ejercicio de la abogacía, convencido de que la
-organización de los tribunales y la especie de jueces que en ellos se
-sentaban, venidos de España, sin arraigo en el país y amovibles al
-capricho de los ministros que entraban y salían tan á menudo por las
-oficinas de Madrid, no consentían independencia y apenas dignidad
-profesional en el abogado.
-
-Cuando salió del Seminario Conciliar, más versado en teología que en
-otros ramos del saber, necesitó completar por su propia cuenta su
-educación; hizo profundos estudios científicos y literarios, coronados
-desde principios de 1828 por un viaje de más de tres años por los
-Estados Unidos, la Gran Bretaña, Francia, Alemania é Italia. Iba de
-antemano provisto del conocimiento teórico perfecto de los idiomas de
-esos países, adquirió luego tal dominio del acento, la entonación
-peculiar con que se hablan en las capitales de cada uno de ellos, que
-fué siempre causa de maravilla oirle pronunciar tan correctamente
-lenguas extranjeras. De las antiguas conocía bastante el griego; el
-latín le era, gracias á su primera educación eclesiástica, casi tan
-familiar como el castellano.
-
-Al volver á la patria, completada su peregrinación, no tardó en decidir,
-ante el estado del país, cual debía ser la ocupación de toda su
-existencia. La educación primaria y secundaria, la instrucción pública
-en general, se encontraba entonces en el más miserable estado, de todas
-las necesidades del país la menos atendida, á pesar de la gran
-prosperidad material que desde principios del siglo había ido
-lográndose.
-
-Cuba no era ya la poco importante factoría, el simple punto de escala de
-las escuadras ó convoyes que iban y venían de Méjico y el mar Caribe.
-Todos los desastres sufridos por las metrópolis europeas en América, por
-la Gran Bretaña lo mismo que por España y Francia; es decir, la
-fundación do los Estados Unidos, el alzamiento de los negros en Santo
-Domingo, el ingreso de la Luisiana y la Florida en la nueva república
-angloamericana, la derrota final de la dominación española en el
-continente desde San Francisco hasta el estrecho de Magallanes, fueron
-para Cuba como un beneficio particular, que contribuyó poderosamente á
-aumentar su población, desarrollar su agricultura y su comercio. Apenas
-fueron suprimidas las trabas absurdas é inicuas que le prohibían todo
-género de relaciones mercantiles con las regiones vecinas, la que había
-vegetado pobre y abandonada como una pordiosera al lado de sus opulentas
-hermanas, Méjico, Guatemala, Venezuela, Nueva Granada; la que con gran
-dificultad y sólo gracias al socorro que de Méjico le mandaban podía
-equilibrar sus gastos y sus ingresos, vió en muy poco tiempo tiempo
-duplicada y triplicada la cifra de sus habitantes, aumentado su tesoro
-hasta el punto de no requerir más limosna de nadie, de satisfacer
-ampliamente ella sola sus cargas y poder pronto atender á las llamadas
-"necesidades de la Península", remitiendo á Madrid desde 1827 un millón
-anual de pesos fuertes, que penetró en el presupuesto español bajo el
-título de "sobrante de Ultramar". Ese millón estaba también destinado á
-crecer rápidamente, y en 1861 mandaba Cuba á España más de cinco
-millones de pesos anuales en efectivo, amén de muchas otras partidas
-especiales que nada tenían que ver con los intereses de la isla, como el
-déficit del presupuesto de la colonia africana de Fernando Poo, ó la
-abortada reconquista de Santo Domingo, cuyos gastos se liquidaban en la
-Habana[45].
-
- [45] Para los datos incluídos en este párrafo y el siguiente,
- véanse: _Pezuela_, Necesidades de Cuba. Madrid, 1865.--_Saco_,
- Papeles sobre Cuba.--Id. Papeles póstumos, Habana,
- 1881.--_Zaragoza_, Insurrecciones de Cuba. Madrid, 1872.
-
-Ninguna parte de las sumas producidas por la isla se invertía en
-favorecer la instrucción pública. Los conventos de frailes y de monjas
-eran los encargados oficiales de repartirla, y sus escuelas mal
-instaladas vivían lánguidamente, sin estímulo, sin ser por nadie
-vigiladas, dedicadas sobre todo á enseñar á rezar. El Ayuntamiento, sin
-iniciativa, con recursos escasísimos, sin facultades ni aun en asuntos
-locales, se reducía á pagar una mezquina anualidad de ocho mil pesos á
-la Sección de educación de la _Sociedad Patriótica_, como se llamaba
-primero, ó _Sociedad Económica_, como dispuso la suspicacia de las
-autoridades que debía titularse, asociación puramente privada que, por
-medio de las cuotas de sus miembros y auxilios buenamente conseguidos
-entre los amigos, sostenía escuelas gratuitas y luchaba sin cesar por
-extender su influencia educadora más allá del recinto de la capital. Luz
-fué desde luego miembro de la Sociedad, después durante nueve años su
-director, y prestó en el puesto grandes servicios á la instrucción
-pública.
-
-Dió á luz en 1833 un libro para servir de texto en clases primarias de
-lectura, con objeto de propagar el método explicativo en las escuelas, y
-desterrar el absurdo sistema de forzar la memoria con perjuicio del
-armónico desarrollo intelectual, de hacer á los alumnos repetir de coro
-palabras y frases de cuya significación no tenían la menor idea. Al año
-siguiente redactó el informe sobre la creación de un Instituto cubano ó
-escuela práctica de ciencias y lenguas vivas, proyecto muy estudiado y
-detallado, de que más adelante trataré, y cuya realización hubiera
-llenado mucho mejor y mucho más temprano el vacío que incompletamente
-ocupó la _Real Universidad Literaria_, establecida en 1842. Sucedía ésta
-á la que con el nombre de _Pontificia_ había estado exclusivamente en
-poder de los Frailes Predicadores, en cuyas inhábiles manos vegetaba
-como institución de la Edad media en beneficio de preocupaciones
-anticuadas. El instituto proyectado y descrito minuciosamente por Luz
-hubiera, sin duda, sido menos literario de lo que fué la Universidad de
-la Habana, organizada para formar únicamente médicos, abogados ó
-farmacéuticos; hubiera adquirido muy distinta eficacia práctica y dotado
-al país de ingenieros, navegantes, químicos, arquitectos, librándolo de
-la triste necesidad de traerlos del extranjero, como era preciso hacer
-para sus minas y ferrocarriles, para las diversas atenciones de su
-agricultura y su incipiente industria.
-
-En seguida se encargó temporalmente de la dirección de un colegio ya
-establecido[46], luego abrió clases privadas en su casa, hasta que
-obtuvo autorización de profesar públicamente filosofía, é inauguró un
-curso libre en el edificio del extinguido convento de San Francisco,
-curso que duró hasta 1843. Estos trabajos, emprendidos por amor de la
-enseñanza, no acompañados por idea alguna de lucro, pues la posición de
-fortuna de su familia lo mantenía libre de ese cuidado, eran para él la
-más agradable ocupación, pero le acarrearon disgustos. Publicaba
-programas muy detallados de las materias filosóficas que enseñaba, con
-ocasión de los exámenes públicos en que mostraba los adelantos de sus
-alumnos, y originóse de esos programas una polémica ardiente en los
-periódicos con futuros profesores de la Universidad, ya próxima á
-establecerse, á propósito de las doctrinas del entonces celebérrimo
-profesor francés Victor Cousin, sobre cuyas contradicciones y
-superficialidad formulaba Luz juicio tan severo como exacto y profundo.
-En otras controversias apasionadas se vió envuelto por la misma época
-sobre asuntos de interés público relacionados con el primer ferrocarril
-establecido en la isla por el patriotismo de sus habitantes desde 1837,
-sin auxilio de la metrópoli, donde no los hubo sino en fecha posterior.
-A consecuencia de tales luchas, de los desabrimientos personales que le
-trajeron, de la exaltación á que á veces lo arrastraba el ardor de sus
-convicciones, cayó víctima de una afección del sistema nervioso, y se
-vió forzado á suspender todo trabajo y embarcarse para Europa.
-
- [46] Colegio de San Cristóbal, llamado habitualmente de Carraguao,
- nombre del barrio en las afueras de la ciudad donde se encontraba.
-
-En una casa de salud de París vivía á mediados de 1844, al cuidado de un
-facultativo sobrino del famoso doctor Pinel, cuando le llegó la noticia
-inesperada de que un tribunal militar de la Habana lo citaba por
-edictos como reo ausente de atentado contra la seguridad del estado.
-Tratábase de una supuesta conspiración de negros esclavos contra sus
-amos, y los fiscales inmediatamente envolvieron en el sumario á muchas
-personas respetables, nacidas en el país, con objeto de hacerlas
-impopulares por el horror que en todos despertaba el recuerdo de lo que
-había pasado en Santo Domingo, y sin más pretexto que el considerar las
-hostiles á la trata de África, que tan descarada como ilegalmente se
-practicaba todavía en la isla con la sanción tácita de los gobernadores.
-Sentíase Luz tan inocente de lo que se le achacaba, tan ajeno de toda
-culpa, que sin vacilar determinó, no importándole las consecuencias,
-volver á la Habana y responder personalmente al llamamiento; resolución
-bien aventurada pero bien digna de su intrépido corazón, pues sabía
-demasiado que el régimen político de la colonia no brindaba garantías de
-equidad; porque la causa se instruía conforme á los duros é
-inquisitoriales preceptos de la ley militar, y porque gobernaba la isla
-en esa fecha más despóticamente que ninguno el general Leopoldo
-O'Donnell, duque futuro de Tetuán, quizás en todo el universo el hombre
-de armas que ha ostentado mayor desprecio de la legalidad, en Cuba lo
-mismo que después en España, y que joven entonces, provisto de omnímodas
-facultades, no obedecía siquiera al freno de la experiencia ni soportaba
-la menor contrariedad.
-
-No conocía Luz personalmente á O'Donnell que había tomado posesión de
-su destino después de su salida: en cambio era muy probable que el nuevo
-procónsul estuviese fuertemente prevenido contra él, pues uno de sus
-primeros actos al presidir como Capitán general una sesión de la
-Sociedad Económica había sido ordenar verbal y ásperamente que la
-Sociedad borrase del número de sus miembros á un inglés, antiguo cónsul
-de la Gran Bretaña, David Turnbull, expulsado de la isla como
-abolicionista. Y precisamente había debido ese animoso extranjero el
-continuar inscrito á la intervención de Luz que, como Director, aunque
-ausente á causa de sus males, había propuesto y obtenido por medio de
-enérgica y elocuente comunicación que la Sociedad anulase el acuerdo de
-la expulsión de Turnbull, tomado con atropello de artículos terminantes
-de su reglamento. Cuantos figuraron votando contra la ilegal é
-innecesaria afrenta dirigida á un hombre que ya no residía en la isla,
-eran tenidos por el gobierno como partidarios, si no de la abolición de
-la esclavitud, por lo menos de la supresión sincera del tráfico de
-negros con África; uno y otro cargo eran igualmente decisivo indicio
-para los que buscaban cómplices, directos ó indirectos, de la imaginada
-conspiración.
-
-En Agosto estaba ya de vuelta Luz y en su casa de la Habana. No fué
-llevado á la cárcel pública merced al notorio mal estado de su salud,
-que debió no obstante, dejar comprobar por la visita de tres médicos
-designados por el fiscal[47], y quedó arrestado en sus habitaciones. Al
-cabo de un año largo de preguntas, repreguntas, confesión con cargos y
-demás trámites del procedimiento criminal, se mandó reunir el Consejo de
-guerra; ante él compareció Luz por medio de un militar encargado de su
-defensa, al que dió como única instrucción la orden de reducirse
-solamente á pronunciar las siguientes palabras: "Don José de la Luz y
-Caballero libra su defensa en el mérito de los autos y la justificación
-del tribunal". Así en efecto lo hizo el oficial escogido, que fué Andrés
-Foxá, teniente en un cuerpo especial llamado de Voluntarios de Mérito y
-miembro de una familia distinguida de poetas y literatos nacidos todos
-en las Antillas.
-
- [47] José de la Luz Caballero, Estudio crítico, por Manuel
- Sanguily. Habana, 1890. Págs. 375 y 376.
-
-En Octubre de 1845, á los catorce meses de vuelto á su país, se falló la
-absolución libre, no de él únicamente sino de las demás personas, ó de
-su amistad ó del círculo de sus relaciones, que habían sido procesadas
-al mismo tiempo. Desenlace distinto por fortuna, del que tuvieron los
-procesos del año anterior, de las numerosas escenas trágicas, las
-sangrientas hecatombes de negros y mulatos infelices, tanto libres como
-esclavos, que ordenaron y ejecutaron esas mismas comisiones militares
-ante el país aterrorizado.
-
-Corrió Luz de todos modos el peligro de sufrir larga prisión
-preventiva, lo que en su situación podía haberle costado la vida, como
-sucedió á un respetable letrado amigo suyo, Martínez Serrano, fallecido
-en el calabozo. Si por dicha evitó esa prueba, tuvo que soportar la
-humillación de las visitas del fiscal, del miserable Pedro Salazar,
-condenado más adelante á presidio por sus desmanes y desafueros, que
-venía una y otra vez á tenderle lazos groseros por medio de preguntas
-capciosas, dudando insolentemente de su franqueza y de su veracidad.
-
-Mucho mejor, por consiguiente, hubiera sido en interés de su salud
-comprometida que, desdeñando la absurda acusación, hubiese permanecido
-en París y no vuelto hasta que todo hubiese estado terminado. Pero un
-hombre como él, de su categoría moral en el país, no podía proceder así,
-aunque fuese lo más prudente ó lo más práctico; el apóstol de la verdad
-y la justicia en aquella pobre tierra víctima de tanta mentira y tanta
-iniquidad no debía aparecer un solo instante como si tuviese algo que
-ocultar, como si huyese despavorido de sus jueces, aunque fueran éstos
-injustos ó venales ó feroces conocidamente.
-
-Su retorno inesperado fué un servicio patriótico, que sirvió no
-solamente para engrandecer su ya extendida reputación de intachable
-rectitud, sino para aclarar la situación general, disipando nieblas de
-propósito acumuladas por la encarnizada persecución; para fijar la
-opinión pública extraviada por la perversidad de los acusadores[48];
-para facilitar en fin la defensa de inocentes que yacían todavía en las
-prisiones con la garra de los fiscales siempre encima. Esa fué la
-impresión general al circular la nueva de que, á pesar de sus
-padecimientos, venía Luz desde Europa á ponerse enfrente de sus
-acusadores.
-
- [48] ...fijó la opinión pública que desde su llegada absolvió á los
- acusados absolviéndolo á él.--_Bachiller y Morales_, artículo
- publicado en La América, Madrid, 1862.
-
-La imagen de ese año siniestro de 1844 se destaca en la historia de Cuba
-y en la memoria de los cubanos como una gran mancha negra en el centro
-de un lago de sangre. El delito, la explotada conjuración de negros y
-mulatos contra blancos, si acaso tuvo alguna existencia, fué como idea
-muy vaga ó proyecto sin comienzo de ejecución, mientras que la represión
-fué de la más bárbara crueldad, ejecutada contra toda ley y toda razón.
-Centenares de individuos perecieron, pasados unos por las armas, muertos
-otros en el suplicio de azotes que se les aplicaba para forzarlos á
-confesar, prueba del tormento resucitada en virtud de autorización
-expresa de O'Donnell[49]. Había en la Habana, Matanzas y demás ciudades
-un cierto número de mulatos libres, ricos y generalmente considerados;
-casi sin excepción todos fueron encausados, algunos perdieron la vida,
-ni uno solo salvó su fortuna.
-
- [49] Oficio del Capitán general de 6 de Mayo de 1844, cuya frase
- principal se cita en la biografía de Luz, por J. I. Rodríguez, de
- que se habla después. Pág. 144.
-
-Entre las primeras víctimas se contó el mulato conocido en literatura
-bajo el nombre de _Plácido_, que se llamaba Gabriel de la Concepción
-Valdés, hijo natural de una bailarina española y de un peluquero de
-color. Conforme á la condición de la madre nació libre, pero su aspecto
-físico lo hacía de la raza legalmente inferior, y de nada valieron para
-ayudarlo á salvar esa insalvable barrera las facultades poéticas de que
-estuvo dotado, el estro poderoso que á ocasiones lo eleva tan alto.
-Tenía treinta y cinco años cuando lo fusilaron en la ciudad de Matanzas.
-
-Es coincidencia bien extraña que entre los cargos principales que se
-hicieron á Luz en el proceso, de todos, el más preciso, se funde en una
-alusión de _Plácido_[50] en su declaración instructiva, alusión de un
-todo inexacta, de que Luz ni siquiera dignó defenderse, pues nunca
-conoció personalmente á _Plácido_, y cuando él llegó á la Habana hacía
-ya tiempo que el pobre vate había sido ajusticiado. Pero sobre esa
-declaración, lo mismo que sobre las demás de los condenados entonces á
-muerte y sobre otras actuaciones de la causa, pesa y eternamente pesará
-la sospecha de ser una suplantación infame de los fiscales, que en el
-secreto del sumario las tomaron y redactaron.
-
- [50] _Sanguily_, Estudio crítico. Pág. 226.
-
-
-III
-
-Tres años más de reposo y de cuidados necesitó antes de pensar poner en
-práctica sus antiguos proyectos; pero á la primer vislumbre de mejoría
-se dedicó con perseverante preferencia á luchar contra las dificultades
-que la hostilidad del gobierno y la apatía de sus compatriotas le
-suscitaban y lograr el fin de sus anhelos: el establecimiento de un
-colegio cuya dirección se reservaba, para organizarlo conforme á sus
-ideas, acercarlo en lo posible al modelo filosófico que llevaba en la
-mente desde mucho tiempo atrás, tal como lo había esbozado en la
-proposición última del elenco de sus lecciones públicas de 1840;
-"escuela de pensamientos y virtudes, no queremos filósofos expectantes
-ni eruditos de argentería, sino hombres activos de entendimiento y más
-activos de corazón".
-
-La soberbia frase de su empresa de educador, el hermoso apotegma que
-condensa todo su programa: "educar no es dar carrera para vivir, sino
-templar el alma para la vida", no podía realizarse enseñando en clases
-más ó menos públicas, ni escribiendo libros de texto ó tratados
-teóricos; era preciso crear una gran escuela, primaria y superior, de la
-que no saliesen los alumnos durante la semana, y donde fuese, por tanto
-posible, educarlos en el verdadero y más lato sentido de la palabra.
-
-Así, por fin, lo consiguió; dióle el nombre de _El Salvador_, por el
-barrio de la ciudad donde estaba, aunque luego la voz pública asignó
-otro origen al título y le atribuyó un sentido literal en pro del
-porvenir del país, cosa en que primitivamente no se pensó. La casa,
-antigua vivienda privada, se modificó para adaptarla en lo posible al
-nuevo objeto, y sobresalía por la preciosa cualidad de tener detrás
-jardines extensos, un vasto prado cubierto de césped, de arbustos
-floridos, de frondosos árboles seculares que por diversas partes
-formaban pequeños bosques, y allá en un extremo un arroyo de cauce
-artificial, una zanja, que por accidente del terreno se precipitaba á
-guisa de minúsculo torrente, y se ensanchaba después entre orillas
-cubiertas de grupos espesos de "cañas bravas", gramíneas gigantescas
-cuyas ramas, semejantes á las de ciertos sauces, tamizaban por la tarde
-á la hora habitual del recreo de los alumnos los rayos del sol poniente,
-y mantenían en continua y misteriosa alternativa de luz y sombra la
-plácida superficie, sobre la cual se reproducían y se borraban, en
-rápida sucesión, las líneas de las ramas hojosas, de los verdes y
-anillados tallos, imagen poética de la vida efímera de seres y cosas
-sobre la tierra. Toda esa abundancia de luz y de espacio era inestimable
-allí, porque los discípulos, según el reglamento, volvían á sus casas
-solamente los días de fiesta, y entraban siempre en el colegio los
-domingos por la noche, hasta el sábado siguiente.
-
-Por desgracia había que subordinarse en cuanto á la enseñanza y
-clasificación de las materias al Plan de estudios oficial, redactado en
-Madrid para la Universidad única de la isla; de otro modo no hubieran
-venido al colegio alumnos de más de doce años, mínimum de edad exigida
-para comenzar los estudios universitarios del bachillerato en Filosofía,
-paso primero é indispensable hacia las carreras liberales, esto es,
-hacia la licenciatura en jurisprudencia, medicina y farmacia, únicas
-abiertas en el país, no existiendo escuelas especiales de ninguna otra,
-estando la política y las armas absolutamente vedadas, y no
-acostumbrando la metrópoli, salvo excepciones contadas, proveer en hijos
-de Cuba cargos importantes del orden judicial ó de la hacienda pública.
-Ese plan de estudios que fué, sin embargo, como ya indiqué, prenda de
-progreso, porque retiró de manos de los frailes de Santo Domingo el
-monopolio de la enseñanza superior, dividía en cuatro cursos anuales los
-estudios de filosofía, acumulando asignaturas á razón de siete ú ocho en
-cada año; y cuenta que entre ellas no se incluía ni la aritmética ni la
-gramática ni aun la lengua latina, porque se suponían aprendidas y bien
-sabidas, antes de los doce años; ¡como tampoco las lenguas vivas,
-completamente desdeñadas por el legislador, en un país donde los
-negocios tendían á hacerse casi únicamente con el extranjero! Plan
-insensato en todas sus partes; para acabar de juzgarlo, basta tener
-presente que en sólo el primer curso exigía de niños de doce á trece
-años el conocimiento cabal de todas las materias siguientes:
-
-Toda el álgebra y toda la geometría; bajo el título de "Introducción á
-la historia natural", un curso de anatomía y fisiología elementales; un
-curso de mineralogía á otra hora y con otro profesor; primer año de
-física; la geografía y cronología completas; y por último toda la
-historia antigua hasta la caída del Imperio romano.
-
-En los otros tres años era idéntico el hacinamiento de materias, y todo
-ello, en el tiempo y orden dispuestos, tenía que enseñarse en el
-colegio, amén de lo demás indispensable en la instrucción ordinaria de
-un adolescente. Si el alumno entraba en el colegio de doce años, se
-quedaba por lo común cuatro más solamente, y á los diez y seis, edad del
-bachillerato, se encontraba convertido precisamente en lo que, como
-decía Locke, nunca debiera llegar á ser: un pequeño pedante. Si había
-sido aplicado y pundonoroso y luchado con todas sus fuerzas por
-satisfacer á cuanto se le exigía, salía de ese cuarto año, como del
-cuarto círculo de un infierno, debilitado, entontecido por el exceso de
-trabajo mental en tan peligroso período de la existencia.
-
-En terreno tan desfavorable, en condiciones tan adversas, había que
-trabar el combate; en él y con ellas emprendió Luz su espinoso
-apostolado.
-
-Para triunfar hasta donde las circunstancias lo permitiesen; para
-cultivar el corazón de la juventud y hacer brotar sentimientos bastantes
-á compensar el influjo esterilizante del pernicioso régimen intelectual
-impuesto por los programas oficiales, contaba con dos elementos
-poderosos: su genio de educador por una parte, y por la otra el
-prestigio de su carácter, su influencia personal, la aureola que á los
-ojos de todos, grandes y pequeños, le creaba esa tan feliz combinación
-de un saber extraordinario con la más ardiente y previsora caridad. En
-el ejercicio del arte de la educación, lo mismo que en todas las
-aplicaciones de la ciencia, el hombre superiormente dotado de las
-facultades especiales, decidido á emplearlas sin tasa en su ministerio,
-basta á menudo para contrapesar los errores del peor sistema, para
-salvar los inconvenientes de la más escabrosa situación.
-
-Lo verdaderamente admirable en José de la Luz era el conjunto de sus
-cualidades morales, y de ellas, por desgracia, solamente vestigios,
-leves huellas, pueden quedar en la historia de su patria, ó un perfume
-que necesariamente se desvanece en sus _Aforismos_, en las áridas
-páginas del _Informe_ sobre el Instituto Cubano, en su correspondencia
-privada, si llegara ésta á reunirse y publicarse. Los que tuvieron la
-dicha de conocerlo é íntimamente tratarlo saben bien cuan irrealizable
-tarea sería pintarlo y explicarlo hoy á los que en Cuba han venido al
-mundo después, y con pena se dirán que la hermosa figura ha de ir
-menguando y esfumándose en el horizonte de la historia cubana á medida
-que van desapareciendo de la escena sus discípulos. Yo debo á la fortuna
-el privilegio de haber vivido á su lado los doce años mejores de mi
-existencia, de haber sido contado entre sus hijos predilectos, y para
-mí Luz más que un escritor, que un filósofo, que el jefe de un gran
-colegio, fué un prodigio de bondad y abnegación, un ser completo,
-seductor, lleno de mansedumbre y rectitud, como acaso ningún otro he
-conocido jamás. A pesar de haber estado tanto tiempo en constante
-intimidad con él, viéndolo en todas las situaciones, en buena salud y
-durante penosas enfermedades, en la alegría y en la tristeza, en sus
-horas de satisfacción mayor, rodeado de sus hijos espirituales, en
-períodos amargos cuando la ingratitud ó la injusticia disparaban contra
-él saetas envenenadas, ó bien cuando la imagen dolorosa de cada uno de
-los varios desastres de su vida doméstica atormentaba su corazón, jamás
-sorprendí en aquel noble espíritu un instante de desaliento, un rasgo de
-cólera, una palabra descompuesta, una queja de amor propio herido.
-
-Ante las frecuentes contradicciones entre las apariencias y la realidad
-de la vida de algunos personajes célebres, se han preguntado varios si
-no son muchas veces los moralistas simples actores que representan un
-papel distinto, y á ocasiones hasta opuesto al que en la vida real
-desempeñaron. Es lo cierto que á menudo así sucede; pero los discípulos
-de Luz conservan viva siempre la memoria de un hombre de cuyos labios
-brotaban los preceptos de la moral más elevada, en cuyo rostro nunca
-hubo máscara ninguna, á quien nadie superó en la pureza y austeridad de
-sus costumbres.
-
-Pronto se vió que el colegio respondía positivamente á una necesidad en
-el país, y fué preciso agrandar el edificio para dar cabida á los
-numerosos internos que de toda la isla acudían. La marcha general del
-establecimiento quedó regulada desde el primer día conforme á las ideas
-particulares del director, y con tanto acierto y seguro resultado que
-hasta lo último se respetaron y conservaron sin alteración sustancial.
-
-Lo que había llamado método explicativo fué, por decirlo así, norma de
-las clases, no sólo de lectura, donde era una necesidad, sino de toda la
-enseñanza del colegio, con objeto de habituar los alumnos á darse cuenta
-exacta de lo que aprendían, á no confiar nada á la memoria únicamente y
-solicitar explicaciones de todo, tanto mientras duraban las clases como
-á otras horas del día, para lo cual estaba siempre el director en la
-casa y dispuesto á resolver las dudas y dificultades de todos.
-
-Traspasó al colegio su biblioteca particular muy numerosa y escogida, y
-como otra de las reglas generales era exigir de los alumnos, una vez
-todas las semanas, composiciones originales y breves en aquellas clases
-en que la materia lo consentía, muchos acudían al director en busca de
-una indicación como punto de partida, ó de libros donde estudiar más
-extensamente el tema de la disertación, y él, amoldándose al grado y
-carácter de la inteligencia de cada uno, los ayudaba siempre de algún
-modo á salir airosamente del empeño. "El arte de escribir con
-perfección debe contarse entre los privilegios del genio", había dicho
-en el _Informe_ sobre el _Instituto_; es lo cierto que no se tendía en
-el colegio á formar artistas de frases, pero aconsejaba siempre
-adiestrarlos todo lo posible, "para hacer perder á los jóvenes aquel
-horror por la composición que les hiela la mano, al empuñar la pluma".
-
-En cuanto al régimen interno era la costumbre emplear pocos castigos y
-del carácter más anodino posible; mantener la mayor familiaridad entre
-alumnos y profesores, nada de ceremonias, ningún uniforme, ningún
-besamanos, cuidando siempre de avivar el afecto como más segura vía por
-donde ahuyentar el menosprecio. El director era cariñosamente llamado
-por todos sin excepción _Don Pepe_, nombre que desde mucho antes se le
-daba por todo el país. Aplicóse también desde el principio la regla de
-preparar los alumnos de más juicio y mayor edad para maestros,
-confiándoles pequeñas clases de menores, formando así con ellos un grupo
-intermedio entre el cuerpo de profesores y la masa de los educandos, lo
-que ayudaba eficazmente á aunar y solidarizarlo todo.
-
-En los primeros años no vivía Luz en el edificio mismo del colegio, sino
-en una casa próxima con su esposa y con su hija; mas antes de salir el
-sol estaba siempre presente para recibir los alumnos al bajar de los
-dormitorios y reunirlos en una pequeña capilla; ahí, todos de rodillas,
-él solo de pie en el centro, recitaba una oración por él mismo
-compuesta y que repetían en coro, breve acción de gracias al Señor "por
-todos los beneficios dispensados durante el día anterior y
-principalmente por la tranquilidad de nuestras conciencias". En ella se
-intercalaban otras cosas en días fijos, como el místico soneto atribuído
-entonces á Santa Teresa; "No me mueve, mi Dios, para quererte..." que se
-decía siempre los viernes así como los sábados la Salve á la Virgen
-María. Esta costumbre fué perdiéndose, y á medida que iba Luz por sus
-males levantándose menos temprano por la mañana acabó por suprimirse.
-Nunca hubo en el colegio profesor ó empleado que fuese tan religioso
-como él, jamás autorizó ni con su enseñanza, ni con sus actos la entera
-supresión de las prácticas de la Iglesia por sus discípulos, y es un
-hecho que los numerosos alumnos del Salvador que salieron de allí tibios
-ó indiferentes en materia religiosa no siguieron sus huellas.
-
-Las clases superiores de filosofía, es decir, de lógica, psicología y
-moral estuvieron en toda época á su cargo, y cuando allá hacia el fin de
-sus días no le era posible desempeñarlas, se suponían siempre en la
-lista de profesores como reservadas para él, y confiadas á un interino,
-cuyo nombre no se imprimía en el elenco. En sus tiempos de buena salud
-daba una clase superior de lengua latina, en la cual se estudiaban
-gramatical y literariamente los grandes autores, y para los ejercicios
-de versión del castellano al latín traducía él mismo y dictaba trozos
-de los diálogos de Luis Vives, comparaba los trabajos con el original
-haciendo resaltar la elegante latinidad del famoso valenciano que mucho
-admiraba. También tomó para sí al principio la clase de alemán, y por
-algún tiempo otra en que, bajo el nombre de religión, explicaba historia
-sagrada é interpretaba directamente del texto del Padre Scio capítulos
-de la Biblia.
-
-Pero su verdadera cátedra era la que ocupaba una vez por semana, los
-sábados, á la hora en que se suspendían los trabajos hasta el lunes
-siguiente, y desde ella improvisaba durante veinticinco ó treinta
-minutos un sermón laico, tomando por lo general como punto de partida
-algunos versículos de los Evangelios, con mayor frecuencia de las
-epístolas de San Pablo. Era siempre una sencilla y vigorosa lección de
-moral práctica al alcance de todos, pero á veces arrebatado por súbita
-inspiración se elevaba agrande altura, irguiéndose lleno de energía,
-agitando sus largos brazos con el libro abierto en una mano, alzando la
-voz que era de un timbre grave y varonil; y sacudiendo la atmósfera
-moral de aquel recinto, de tal manera que hombres y niños, pues muchos
-de los empleados se agolpaban á las puertas del salón, creían sentir
-pasar sobre sus cabezas algo sobrenatural, algo como una voz potente y
-vibrante de profeta anunciando, adivinando un misterioso porvenir.
-
-Mientras vivió el fundador, continuó la casa, como he dicho, bajo su
-dirección inmediata: ésta duró unos catorce años, después continuó
-abierta cerca de ocho más con José María Zayas, su colaborador, al
-frente, hasta zozobrar por último en la tormenta política producida por
-la insurrección de 1868. Son las tres fechas capitales de su historia;
-la fundación en 1848, la muerte de Luz en 1862 y la supresión en 1869.
-Aparte de esto hubo otros graves momentos, otras crisis peligrosas que
-amenazaron su existencia.
-
-En 1850 perdió Luz á Luisa, su única hija, de diez y seis años de edad,
-cuya inteligencia y cuyo corazón había él educado y cultivado con
-amoroso esmero, y cuya sonrisa embellecía su vida de abnegación,
-austeridad y sacrificios. Muchos temieron que fuese el golpe demasiado
-rudo para aquella organización depauperada por los padecimientos, y en
-los primeros días se le vió en efecto, sumido en invencible melancolía;
-pero de esta clase de dolores suele la voluntad, á costa de vigoroso
-esfuerzo, lograr señorío completo, cuando el paciente sabe imponerse
-algún gran deber, ó descubrir algún sendero oculto y escarpado que
-recorrer en bien de sus semejantes. Así fué, y pronto reanudó sus tareas
-del colegio, volviendo á hacer todo lo que antes hacía, con el mismo
-afectuoso interés, sin aludir en ningún caso á la hija perdida, sin
-pronunciar una palabra que pudiera autorizar á nadie para dirigirle
-frases vulgares de consuelo ó simpatía. Algunas veces el que lo mirase
-con atención, cuando escuchaba de pie en el umbral de un cuarto de
-clase la lección de un niño ó la explicación de un profesor, podía
-adivinar la presencia constante de la imagen adorada, porque algo de
-súbito empañaba sus ojos, como si una nube pasara oscureciendo el fulgor
-de sus pupilas; pero "el espartano", como él mismo se llamaba, el herido
-espartano continuaba siempre dueño de sí mismo, sin ceder á la debilidad
-de buscaren lamentos inútiles alivio á su dolor. Todos, como obedeciendo
-á una consigna, se abstenían con sumo cuidado de la más leve alusión al
-triste suceso. Por esa razón ocho años después, en el discurso con que
-terminaban siempre los exámenes de fin de año, y que esa vez compuso y
-leyó en su nombre Antonio Angulo, el discípulo querido, causó en todos
-la mayor sorpresa oirle decir que por su conexión con el colegio tenía
-la dicha de mantener vivos en su corazón los dulces y puros sentimientos
-de la paternidad, ventura de que parecía _haberme privado para siempre
-un terrible é inescrutable decreto del Eterno_. Fué tan profunda la
-emoción entre alumnos, profesores y amigos allí presentes, á causa del
-inquebrantable silencio guardado tanto tiempo, que pareció la alusión en
-el primer instante un rasgo de excesiva audacia del discípulo, y apenas
-osaban volver la vista hacia el maestro, por miedo de ver su rostro
-surcado de lágrimas imprudentemente arrancadas en presencia de tan
-numeroso público.
-
-En 1852 sobrevino una nueva invasión del mismo morbo asiático, que
-arrebató dos años antes á la hija de Luz, penetrando esta vez en el
-colegio y llevándose en pocas horas uno de los pupilos. Fué preciso
-cerrar la casa temporalmente. Durante esta suspensión estableció José
-María Zayas en otro lugar de la ciudad y por su sola cuenta un nuevo
-colegio, que denominó _Colegio Cubano_ y puso en duda peligrosa la
-reapertura del Salvador, porque la voz pública, sin razón especial, pues
-la epidemia había diezmado por igual toda la ciudad, tachaba de
-insalubre el barrio del Cerro, y porque gozaba Zayas del prestigio de
-haber sido principal colaborador de Luz. Recibió éste el golpe con su
-ecuanimidad genial, y sin formular, en voz alta por lo menos, queja
-alguna de tan inesperada competencia, abrió las puertas del colegio, una
-vez desaparecida la epidemia, y reanudó las tareas, aumentando la carga
-sobre sus hombros y encargándose por algún tiempo de nuevas clases,
-entre las que resultaban vacantes por la retirada de Zayas, sus dos
-distinguidos hermanos, Juan Bruno y Francisco, y algún otro profesor.
-
-Aunque el nuevo colegio de Zayas no debía vivir mucho tiempo, era
-evidente que, dados los rumores persistentes sobre la insalubridad del
-barrio del Cerro, sería imprudente seguir con el _Salvador_ donde
-estaba, luchando sin seguridad de triunfo contra arraigada preocupación.
-No quedó por último más recurso que trasladarlo al centro de la ciudad,
-y abandonó Luz, bien á su pesar, el viejo edificio, que aun irregular y
-agrandado á pedazos, compensaba muchos inconvenientes con sus arbolados
-y su frescura.
-
-Los cinco años que permaneció el colegio en el interior de la capital,
-en una casa no pequeña pero encajada en un montón de otras y sin la
-abundancia de luz y aire á que se estaba acostumbrado, parecieron á
-todos largo y penoso cautiverio. En ese período perdió Luz su anciana
-madre, á cuyo lado había vuelto en busca de cariñoso abrigo, y determinó
-entonces no salir más del establecimiento ni de noche ni de día,
-resuelto á no contar con más familia en lo adelante que sus discípulos,
-sus hijos espirituales, para usar la frase con que á ellos se refiere en
-su testamento.
-
-El cautiverio duró hasta mediar el año de 1859; disipadas las
-preocupaciones del público volvió el Salvador al mismo Cerro, aunque no
-á casa tan amplia ni á terreno tan vasto como antes. Pero la salud de
-Luz decaía visiblemente, el orden interior del establecimiento sufría
-por falta de una mano experta que llevase las riendas y evitase al
-director descender á multitud de pormenores. Temiendo, pues, que la
-acción recrudecida de sus antiguos padecimientos lo debilitase
-demasiado, aceptó de los compatriotas distinguidos que lo habían ayudado
-pecuniariamente en la traslación al Cerro la proposición de confiar
-nuevamente la vicedirección á J. M. Zayas, que con tan buen éxito la
-había desempeñado al principio y se manifestaba ahora pronto á
-continuarla. Asentir no le costó ningún esfuerzo, porque lo pasado
-apenas había dejado vestigios en su memoria, y siempre había apreciado
-en Zayas uno de los mejores discípulos del colegio primero que dirigió á
-su vuelta de Europa. Causóle en seguida verdadera satisfacción observar
-que, en cuanto á carácter, el que volvía á su lado era casi un José
-María Zayas distinto del de antes, como domado por la edad, suavizado
-por la influencia de la familia, la esposa y los hijos que ahora le
-acompañaban.
-
-Desde esa fecha todo siguió su marcha sin otro grave tropiezo: la hábil
-organización bastó para resistir los efectos del inmenso vacío que dejó
-la desaparición del fundador en 1862, continuando el colegio abierto y
-con idéntico crédito hasta la orden gubernativa de la clausura en 1869.
-
-No mucho pudo hacer Luz en él durante sus últimos tres años. Ya no
-desempeñaba ninguna clase, accesos frecuentes aumentaban su debilidad y
-acercaban el triste desenlace, pero con la fisonomía llena de expresión,
-la voz entera y los ojos brillantemente húmedos como siempre, la
-delgadez de los miembros y la inclinación de las espaldas revelaban
-solas su constante decaimiento. No podía ya escribir, á menudo ni
-siquiera leer, mas la curiosidad con que seguía los vaivenes de la
-política en el mundo no se extinguía, ni tampoco su interés por cuanto
-en ciencias ó en letras se publicaba de notable; varios de sus
-discípulos antiguos se encargaban de ir dándole cuenta de lo más
-importante, y era un encanto oirlo disertar elocuentemente sobre los
-más variados asuntos, juzgar seguramente, por los datos que se le
-suministraban, autores y libros, en el lenguaje familiar, expresivo, que
-le era habitual y producía tanta impresión.
-
-Recibía siempre las grandes revistas inglesas, se hacía leer sobre todo
-la _Westminster Review_, muy atento al movimiento filosófico en la
-patria de Locke, siguiendo con intensa curiosidad el desarrollo y final
-engrandecimiento de la escuela que parte del ilustre autor del "Ensayo
-sobre el entendimiento humano", continúa con Hume, Bentham, Stuart Mill,
-y comenzaba en aquellos mismos momentos á descubrir los nuevos y
-dilatados horizontes en que debían brillar como astros rutilantes el
-libro de Darwin sobre el origen de las especies y la vasta
-generalización de Herbert Spencer. No es decir por de contado que
-adivinase Luz las grandes y fecundas consecuencias de lo que no hacía
-más que apuntarse; ni que las mágicas fórmulas: evolución, selección
-natural, supervivencia del mejor, penetrasen en sus oídos revelándole
-desde luego el secreto de todo lo que contenían. Era él y lo fué hasta
-el fin, sensualista convencido, "positivista" sólo en el sentido en que
-puede también decirse de John Locke, aunque la innata tendencia mística
-había ido pronunciándose más y más en su espíritu, por la influencia de
-las penas físicas, de los infortunios, de la fatiga del que ha luchado
-en terreno donde todo le ha sido hostil, hombres, cosas, elementos.
-Pero su alma de investigador sincero, de amante fiel y ardoroso de la
-verdad filosófica, alimentaba en su pecho eterna simpatía por cuantos
-buscaban, cualquiera que fuese el rumbo, la solución de los antiguos y
-espinosos problemas, que él también se había planteado y tratado de
-resolver con sus propios recursos.
-
-Su adhesión á la escuela experimental era tan firme, tenía raíces tan
-hondas que ni siquiera las había sacudido el estudio á que, con
-entusiasta curiosidad, se había consagrado de los filósofos alemanes,
-leyéndolos asiduamente, meditando largamente sus profundos sistemas,
-para lo cual le era de preciosa utilidad el conocimiento perfecto que de
-la lengua llegó á poseer, como rara vez lo obtienen extranjeros de raza
-latina cuando no han sido educados allí mismo. Ni aun el ilustre Kant,
-que tan excepcional posición ocupa en el desarrollo del pensamiento
-filosófico moderno, logró conquistarlo enteramente, bien que lo
-reconocía en cierto modo como el continuador de Locke[51]. Una de las
-veces que lo cita, en el curso de sus polémicas, no olvida añadir: "¡y
-cuidado que yo no soy ningún partidario suyo!" En otra ocasión de la
-misma controversia sobre el escepticismo había dicho: "Ocioso es
-recordar que no pertenezco á la escuela de Schelling"[52].
-
- [51] Obras de don José de la Luz, tomo II, pag. 131.
-
- [52] Ibid. Pág. 124.
-
-Con la mayor atención estudió tanto á Kant y Schelling como á Fichte y á
-Hegel; por él tuvo la juventud cubana alguna idea de las originales y
-atrevidas teorías de esos sublimes idealistas, pero siempre acompañada
-en sus lecciones de todos los correctivos necesarios para evitar el
-abismo en que forzosamente caen cuantos, abandonando el camino lento y
-seguro de la experiencia, confían orgullosamente á la imaginación la
-tarea de descubrir é iluminar con su fumosa antorcha senderos
-diferentes.
-
-"Nadie mejor que yo" dijo en otro lugar "podía á mansalva haber recogido
-mies abundante de Alemania, y aun haberme dado importancia con
-introducir en el país el idealismo de esa nación á quien idolatro; pero
-he considerado en conciencia, á pesar de haberme tomado el trabajo de
-estudiarlo, que podía más bien dañar que beneficiar á nuestro
-suelo"[53].
-
- [53] Luz, Obras. Tomo II, pag. 288. Rodríguez inserta el mismo
- párrafo con ligeras diferencias. En ese mismo artículo, de 1º de
- Mayo de 1840, refiriéndose á los idealistas alemanes, agrega Luz
- estas palabras curiosas: "¡Ojalá que esos hombres extraordinarios,
- honra de su país y de su siglo, á quienes sobran conocimientos,
- tuvieran todos un poco más de la ingenuidad y candor que no falta á
- su inferiorísimo _Filolezes_!"--Filolezes fué el seudónimo usado
- por Luz en toda la polémica, así como en el folleto contra las
- doctrinas de Victor Cousin.
-
-Incomprensible sería que quien se expresaba de ese modo, en tan reposado
-y convencido tono; quien había resistido á la seducción de esos grandes
-metafísicos, leídos en su lengua y estudiados en el momento de su
-brillante novedad, acabara por dejarse caer en brazos de otro filósofo
-alemán de cuantía mucho menor, Krause, en realidad un pigmeo al lado de
-Hegel ó de Schelling, creador de un sistema que es una especie de
-eclecticismo, pues reúne bajo la enseña de "la armonía" multitud de
-cosas diferentes, traídas de aquí y allá, á las que por su cuenta poco
-agrega de valor trascendental. Sin embargo, una y otra vez, en Cuba y
-fuera de Cuba, se le ha contado entre los seguidores de ese filósofo; un
-crítico español contemporáneo, Menéndez y Pelayo, después de leer la
-biografía escrita por J. I. Rodríguez afirma que "no yerran los que
-quieren emparentarlo con los krausistas y con Sanz del Río"; y el
-malogrado Antonio Angulo y Heredia, el discípulo en quien fundó Luz
-tantas esperanzas, dijo en una conferencia del Ateneo de Madrid que
-había mirado Luz "con singular predilección ese gran sistema de divina
-consoladora armonía creado por el inmortal espíritu de Krause"[54].
-
- [54] Goethe y Schiller. Lecciones en el Ateneo de Madrid por D.
- _Antonio Angulo y Heredia_. Madrid, 1863.
-
-No hay una línea en los escritos impresos de Luz ni se recuerda frase
-alguna de sus discursos improvisados en el colegio, que justifique ni
-aun vagamente esa extraña predilección. Angulo mismo en un folleto
-publicado posteriormente atenuó mucho la fuerza de sus palabras
-agregando que sólo había querido apuntar que tuvieron Luz y Krause
-algunas ideas parecidas[55].
-
- [55] El Pensamiento Español y la Instrucción Pública en Cuba.
- Madrid, 1863.
-
-En materias puramente literarias no alcanzaba Luz el mismo alto nivel
-que en filosofía ó en ciencia pedagógica, como lo revelan el andar lento
-y sólido, el estilo sin adornos del Informe sobre educación y la forma
-rigurosamente dialéctica de que poco se aparta en las polémicas.
-Solamente en los aforismos descubre á veces algún empeño de perfeccionar
-y variar su estilo, y ahí mismo en pos del vigor más bien que de la
-belleza de la expresión. Por tendencia natural de su espíritu buscaba
-antes que todo en las obras de arte el carácter moral, el interés
-humanitario, la aplicación práctica, directa, á las necesidades de la
-civilización universal; otras manifestaciones de poesía más pura ó más
-elevada, ajenas á toda idea de utilidad social lo mismo que á todo
-optimismo convencional, despertaban menos su simpatía. Así, por ejemplo,
-prefería á Lessing entre los escritores alemanes, no se cansaba de
-admirar y recomendar el hermoso poema dramático "Nathan el sabio" como
-insuperable dechado de generosidad y nobleza de sentimientos elocuentes.
-No es decir que fuese insensible á la gran poesía; en la pared de su
-gabinete particular había lugar para un solo cuadro, y lo llenaba un
-magnífico retrato del autor de _Fausto_ grabado sobre acero.
-
-A ningún poeta moderno ha dirigido alabanzas tan calurosas y cordiales
-como á Alejandro Manzoni, hasta tocar en alguna de ellas el límite
-último de la hipérbole. De la oda célebre á la muerte de Napoleón, _Il
-Cinque Maggio_, dice que "fué dictada por Dios", que con ella "quedaron
-vencidas y superadas todas las inspiraciones"[56]. Estos elogios, que
-deben parecer excesivos aun á admiradores de esa magnífica composición,
-nacieron de la vivísima simpatía que sintió tanto por el hombre como por
-el poeta, "el alma más pura", agrega, "de cuantas han respirado el aire
-de las letras en el siglo XIX, una de las más eminentemente religiosas
-que en el mundo fueron y más llenas de amor patrio". Encima del artista,
-encima del poeta, colocaba al creyente, al patriota, al sincero y
-piadoso apologista de la religión cristiana; ensalzaba al católico
-entusiasta y convencido, por razones idénticas á las que motivaban sus
-aplausos al juicioso y tolerante Lessing.
-
- [56] Obras, tomo I, pag. 93.
-
-Esas frases hiperbólicas son una opinión juvenil, el eco de una primera
-impresión, de un primer arranque de admiración. No mucho menor fué entre
-otros el efecto de la oda desde el momento de su aparición; pruébalo el
-sinnúmero de traducciones que se han hecho, la prontitud con que se
-sirvió de ella Lamartine para tomarle lo mejor que hay en una de sus
-_Meditaciones_, titulada _Bonaparte_, que con tan robustos versos
-parafraseó la Avellaneda. Hoy, sin embargo, sería difícil sostener que
-_Il cinque Maggio_, sea la mejor de las siete ú ocho obras maestras que
-en el género lírico, incluyendo los tres coros de sus dos dramas, nos ha
-dejado Manzoni; éste mismo, según cuenta César Cantú, su biógrafo y
-amigo[57], la estimaba en poco, la llamaba jocosamente _quella
-corbelleria_, y para explicar los defectos que le reconocía, recordaba
-que era la única de sus poesías compuesta en menos de tres días. Otra
-oda hay, parecida en el metro y corte de las estrofas, idéntica en
-estilo y precisión de lenguaje poético, _La Pentecoste_, escrita un año
-después, que con mejor tino crítico ponía Luz en altísimo lugar y
-frecuentemente recitaba, en especial la bella imagen de la palabra de
-los Apóstoles después de la bajada del Espíritu santo, comparada con la
-luz que envuelve los objetos y suscita los diferentes colores, en la
-estrofa que sublimemente termina así:
-
- L'Arabo, il Parto, il Siro
- In suo sermón l'udi.
-
- [57] Alessandro Manzoni, Reminiscenze di _Cesare Cantù_, Milano,
- 1855.
-
-Su amor al poeta favorito era tan grande que, á pesar de admirar y leer
-mucho á Cervantes, de quien decía que era "el verdadero rey de España",
-"el escritor más original que ha existido", ponía inmediatamente al lado
-del Don Quijote la preciosa novela _I promessi sposi_, que releía á
-pedazos muy á menudo y de la que citaba á cada paso frases y palabras.
-_Don Abbondio_, el cura de la pequeña aldea lombarda, era para él, igual
-que para Gioberti en su "Ensayo sobre lo bello", un personaje tan
-animado, tan magistral y eternamente creado como el Sancho Panza
-inmortal del humorista español. Nunca probablemente se detuvo á
-considerar que con todas sus innegables excelencias produce en gran
-parte el novelista milanés la impresión de haber escrito un libro de
-propaganda, medio histórico y medio religioso, no tan interesante como
-las buenas novelas de Walter Scott, su verdadero modelo, y de propósito
-concebido con el primordial objeto de enaltecer la moral de la iglesia,
-ya antes defendida por él con tanto calor como saber en una extensa
-refutación de ciertos pasajes de la historia de Italia de Sismondi. Las
-figuras trazadas con mayor esmero, Fra Cristoforo, Federigo Borromeo,
-las escenas más vívidamente reproducidas, como el bello y largo final en
-el lazareto, dejan la obra un poco lejos del arte más desinteresado, más
-humano y generoso á que pertenece el Don Quijote. Pero á consideraciones
-de este género habría, es muy probable, respondido Luz que no entibiaban
-su admiración, pues en su poética no entraba esa distinción para
-imponerla á obras de arte y aquilatar sus méritos.
-
-En los últimos años llegó á ser el colegio, en virtud de la creciente
-nombradía del director, como un lugar de peregrinación: deseaban con
-frecuencia conocerlo algunos de los extranjeros que pasaban durante el
-invierno por la ciudad, muchos cubanos de otras partes de la isla venían
-á menudo con sus familias, con hijos á veces todavía en la primera
-infancia, alumnos futuros, pidiéndole, como Franklin á Voltaire para su
-nieto, que posase la mano sobre sus cabezas en señal de bendición.
-
-Entre los extranjeros vino un día la distinguida poetisa Julia Ward,
-esposa del célebre filántropo de Boston Samuel Howe, y en la historia de
-su viaje impresa poco después en Nueva York habla ella de Luz con tan
-fervoroso aprecio como pudiera haberlo hecho el cubano más
-reverente[58]. Esa visita dejó en Luz imborrable recuerdo, porque con
-Julia Ward tuvo el honor de conocer á un hombre excepcional, Teodoro
-Parker, uno de los grandes apóstoles de la abolición de la esclavitud en
-los Estados Unidos, quien herido ya de muerte por la enfermedad que
-debía arrebatarlo al mundo en el año siguiente de 1860, viajaba en busca
-de cielo más propicio que el de la Nueva Inglaterra. El nombre del
-ilustre abolicionista sólo en voz muy baja podía ser pronunciado
-entonces en Cuba por temor de excitar la cólera fácilmente excitable de
-los dueños de esclavos; Luz que con ansia lo aguardaba estrechó con
-júbilo la mano del intrépido reformador que, con la palabra, con la
-pluma, con esfuerzo personal incesante de más de veinte años, había
-logrado despertar la patria de vergonzoso letargo y precipitar la hora
-de la justicia y la redención. Cuando los estados esclavistas se
-confederaron y declararon la guerra al gobierno de los Estados Unidos en
-1861, ya el pobre Parker había expirado en Italia, cuyo clima menos
-ardiente que el de Cuba tampoco pudo atajar el mal devorador. Más de una
-vez pensaría Luz en el modesto túmulo del cementerio protestante de
-Florencia, donde yacía el apóstol, para deplorar que no hubiese vivido
-siquiera un año más, que no hubiese visto abrirse la crisis final,
-consumación de la obra á que se había consagrado y en que había gastado
-todas las potencias de su ser.
-
- [58] A Trip to Cuba by Mrs. _Julia Ward Howe_. New York, 1860.
-
-Luz también debía morir antes de ver definida la marcha de la guerra
-civil americana, antes de que el triunfo de la Unión y de la
-emancipación de los esclavos apareciese como seguro, cual lo anhelaba y
-tal como durante las primeras inciertas y confusas campañas militares
-apenas parecía lícito esperarlo. A veces, acongojado por el temor de la
-posible separación, buscaba consuelo pensando que siempre quedarían dos
-naciones republicanas de vastísima extensión, que por lo menos la
-libertad política no sufriría menoscabo esencial y que la redención de
-la raza esclava vendría siempre por la acción del tiempo: ilusiones que
-se forjaba para atenuar la gravedad del desastre, si lograban vencer los
-estados confederados y crear una nación con la esclavitud inscrita por
-base del pacto social.
-
-Todas sus simpatías iban hacia el norte de los Estados Unidos, hacia las
-ideas y formas de la Nueva Inglaterra, hacia las dos escuelas literarias
-que allí florecían en torno de Emerson y de Prescott. Emerson
-particularmente era uno de sus autores más amados. La forma sentenciosa,
-el idealismo superior, y hasta la osadía aventurada de imágenes en prosa
-que distinguen al autor de tantos admirables "ensayos", de los
-incomparables retratos ó croquis biográficos titulados "Hombres
-representativos", eran cualidades como de propósito reunidas para
-entusiasmarlo, pues se conformaban á maravilla con sus ideas, con su
-manera de pensar y de escribir. ¡Qué hombre, qué frase, qué imagen!
-exclamaba recordando las palabras de Emerson sobre Webster, después de
-la capitulación en que el gran tribuno sacrificó en favor de los
-adalides esclavistas las opiniones de toda su vida: "Cada gota de la
-sangre de sus venas tiene ojos que miran hacia abajo".
-
-Sus opiniones respecto del porvenir político de Cuba nunca variaron;
-creía que, mientras existiese en la isla la esclavitud, era locura
-pensar que por la fuerza pudiera sacudirse el yugo de España, que las
-sangrientas tentativas de lucha por la anexión á los Estados Unidos eran
-movimientos meramente superficiales, sin honda correspondencia en el
-país, y que el deber de un hombre en su posición era preparar las
-nuevas generaciones para las rudas faenas que más adelante forzosamente
-vendrían, acostumbrándolas á la tolerancia, á la fe en el esfuerzo
-individual, á la laboriosidad paciente, al hábito de manejarse y
-gobernarse por sí solos en los negocios ordinarios de la vida,
-inspirándoles invencible repugnancia á toda forma de servidumbre,
-material, moral ó intelectual. Mientras tanto daba el ejemplo de la
-dignidad silenciosa y virilmente resignada, absteniéndose de relaciones
-directas con las autoridades superiores de la colonia y respetando
-escrupulosamente las leyes y reglamentos. Así, aunque era cierto que
-desde las esferas del gobierno no se miraba su colegio con ojos
-favorables, nada podían legalmente hacer contra él, pues mostraba en los
-exámenes públicos todos los años, siempre presididos por algún
-representante oficial, que allí no se enseñaba cosa alguna que tendiese
-á subvertir el orden existente. Cuando venían los agentes de policía á
-pedir "de orden superior" que el colegio figurase en alguna lista de
-suscripción con fines políticos, como la guerra de Marruecos en 1860 ú
-otro suceso por el estilo, siempre contribuía, agregando á veces en voz
-baja: "doy al César lo que es del César". Sólo en una ocasión resistió
-indignado. Tratábase de regalar, por suscripción bautizada de popular,
-una espada de honor al general O'Donnell por sus triunfos en esa misma
-campaña contra los moros que le valieron el título de duque de Tetuán.
-Con la frente roja de emoción respondió Luz al empleado de policía: que
-había ya contribuído como era su deber á los gastos de la guerra, pero
-que ahora rehusaba, pues se trataba de glorificar á alguien de quien
-tenía graves y particulares motivos para sentirse personalmente
-agraviado. Aquella alma dulce y blanda, que todo lo condonaba y
-olvidaba, no podía perdonar los desafueros inexpiables de O'Donnell en
-Cuba, sátrapa feroz entre los feroces.
-
-Discípulos y colaboradores se comunicaban día tras día la pena que les
-causaba verlo ir decayendo constantemente, y todos veían ya muy claro
-que el noble maestro no llegaría á edad muy avanzada. En los últimos
-tiempos no atendía al colegio con la asiduidad y consagración
-primitivas; á menudo se sentía incapaz de salir de su aposento, y en
-balde lo buscaban sus alumnos para contarle sus cuitas, comunicarle sus
-dudas ó pedirle su protección. El cuerpo se rendía, pero la inteligencia
-persistía incólume, no desmayaba su actividad y pedía siempre con
-interés noticias literarias y políticas. Uno de los profesores le leyó
-las líneas elocuentes que sirven de prólogo á _Los Miserables_, cuya
-primera parte era lo único llegado á la Habana, mientras él vivía;
-conmovido por las frases vigorosas en que anuncia el poeta el propósito
-generoso y compasivo de su obra, decía con tristeza que sentiría morirse
-antes de ver terminada la publicación. Y así sucedió, la empobrecida
-constitución cesó de funcionar, sin enfermedad bien determinada, por
-fatiga natural de los órganos, murió tranquilamente el 22 de Junio de
-1862, pocos días antes de cumplir sesenta y dos años.
-
-Los funerales tuvieron lugar en la tarde del día siguiente, y no
-obstante lo que en contrario se ha escrito[59], es notorio que fueron un
-acto de recogimiento silencioso, de tristeza sincera y profunda, sin
-mezcla de ningún otro sentimiento. Como en virtud de las leyes severas
-que regían no era permitido pronunciar discursos en el cementerio,
-solamente en la sala del colegio, antes de sacar en hombros el cadáver,
-en presencia de un número reducido de personas, hablaron brevemente
-algunos compatriotas distinguidos, en representación de la Universidad,
-de la Academia de ciencias, del colegio _El Salvador_, todos en el tono
-más grave y solemne, rigurosamente ajustado á la seriedad imponente de
-la ocasión. Un gran concurso de gente acompañó después á pie el cadáver
-hasta el camposanto, sin que se profiriese un grito ó se hiciese cosa
-alguna distinta de lo que se solía en los entierros; la diferencia
-únicamente consistió en el número extraordinario de los presentes y en
-el no fingido dolor que á todos afectaba[60].
-
- [59] En la Historia de los Heterodoxos españoles por D. _Marcelino
- Menéndez_ y _Pelayo_ se dice: "El entierro de Don Pepe (así le
- llamaban cariñosamente sus innumerables discípulos) fué una
- verdadera algarada contra España, malamente consentida por el
- Capitán General y uno de los más temerosos amagos de la
- insurrección de 1868." (Tomo III, pag. 716, nota.) Imposible
- imaginar nada más contrario á la verdad de lo ocurrido. No hubo en
- el entierro ni una palabra, ni un gesto contra España; todos al
- contrario estaban ese día agradecidos al gobierno del general
- Serrano por los honores dispensados al cadáver.
-
- El cambio de política de Serrano ocurrió algunos días después,
- motivado al parecer por una poesía de J. Fornaris, publicada en un
- periódico el 29 de Junio, por lo que se suprimió el periódico, se
- amonestó al Censor y se tomaron otras medidas coercitivas. La
- composición de Fornaris, que puede leerse en la biografía de Luz
- por Rodríguez, no justifica tanta cólera.
-
- [60] No me encontraba yo en la Habana, viajaba por Inglaterra en
- esos momentos. Al volver, hallé que el maestro me había recordado
- en sus últimos días, dejándome una cantidad en su testamento para
- que hiciese un viaje por Italia "como complemento de mi educación".
- El legado nunca fué por mí reclamado, más que satisfecho con el
- honor del recuerdo.
-
-Cuando en la mañana de ese día fatal cundió por la ciudad la noticia de
-que había fallecido el sabio y santo "maestro de la juventud cubana",
-prodújose emoción tan intensa que á los oídos y la vista de todos, hijos
-de Cuba lo mismo que españoles y extranjeros, se reveló cuan inmenso era
-el lugar ocupado en el corazón del país por el débil y modesto anciano
-que en ese momento desaparecía, tocando apenas los umbrales de la
-ancianidad, después de haber vivido sin más hogar ni más familia que el
-grupo de alumnos y profesores de un instituto privado de educación, casi
-del todo sin necesidades, como un anacoreta, más estrictamente que
-ninguno sometido á las reglas austeras de la casa, durmiendo en un catre
-abierto todas la noches, entre dos estantes, en un rincón del aposento
-donde se apiñaban los volúmenes de su rica biblioteca.
-
-Para algunos de los jefes superiores de la administración de la isla,
-empleados venidos de España á formar la burocracia militar y civil que
-la regía, y que frecuentemente se sucedían unos á otros traídos ó
-llevados por los vaivenes de la política, fué signo ominoso aquel duelo
-universal, causado por la muerte de un hombre sin carácter oficial.
-Vieron con no disfrazada hostilidad que el Capitán general de la
-colonia, Don Francisco Serrano, futuro duque de la Torre, en quien
-residían las facultades de omnímodo dictador, que delegaba la metrópoli
-á sus procónsules de América, influído por algunos hijos del país entre
-sus amigos particulares, había dispuesto que el gobierno se asociase al
-sentimiento unánime del país, reconociendo los méritos eminentes del
-difunto educador por medio de ciertos honores, como invitar al entierro
-varias corporaciones oficiales, y cerrar durante tres días los
-Institutos de educación. Alarmados con tan desusado proceder, pidieron
-al voluble Capitán general que resarciese al menos el daño ya causado,
-ordenando que en el acto cesase toda manifestación pública en memoria de
-Luz, que volviese el país á su quietud y silencio habituales, y ni se
-pusiesen en letra de molde ni se pronunciasen públicamente las sílabas
-de su nombre y apellido. La orden era susceptible de inmediata y
-completa ejecución, merced al régimen de censura previa é irresponsable
-á que estaba allí sometida la imprenta; y desde aquel mismo momento el
-que hubiese juzgado solamente por apariencias podía haber pensado con
-asombro que el eterno olvido envolvía ya en su propia patria la memoria
-del hombre eminente, que había consagrado su fortuna, su posición
-independiente, su saber, su prestigio como el primer literato del país,
-á la tarea oscura de educar niños, de templarles el alma, como decía,
-para sostener la ardua lucha de la vida.
-
-Unicamente dentro del recinto del hogar doméstico, era lícito recordarlo
-y encomiarlo sin provocar las iras de la autoridad. Por fortuna
-continuaba siempre abierto el Colegio, sus lecciones se conservaban
-escrupulosamente por un grupo de discípulos fieles, y todos los años, en
-una noche del mes de Diciembre, al terminar los exámenes generales que
-el instituto celebraba para satisfacción de las familias, era costumbre
-que el director y algunos de los profesores evocasen, en discursos
-esmeradamente preparados, la memoria del gran educador, cuya gloria,
-inmarcesible en aquella casa, era el lazo que á todos estrechaba. Esos
-discursos, reverentes y cariñosos, animados por honda, intensa gratitud,
-escuchados con ávido interés, con fe vivísima, producían, en virtud del
-entusiasmo con que eran acogidos, efecto mucho más grande de lo que
-podían imaginar los mismos oradores, y á veces á más de uno pareció que
-la sombra querida del maestro surgía inopinadamente, y pasando al
-través de la puerta de cristales de la biblioteca misma en que había
-estado expuesto su cadáver, venía á colocarse en el centro del grupo
-compacto de sus discípulos, tomaba la palabra, como en tantas ocasiones
-idénticas, y pronunciaba una de aquellas oraciones admirables, que aun
-los más jóvenes alumnos entendían, gracias á la exquisita naturalidad de
-su lenguaje sin aliño, y que hacía vibrar al unísono todos los
-corazones, arrebatados por el raudal de amorosos sentimientos en medio
-del cual brotaban sus frases apasionadas.
-
-Ese ardiente y puro entusiasmo que, durante unas horas, todos los años,
-en esa sala del colegio del Salvador, arrebataba á unos cuantos
-centenares de cubanos, transformaba, por así decirlo, la fiesta privada
-en ceremonia patriótica de importancia trascendental; convertía la
-tranquila casa de educación en templo solitario donde, siquiera una vez,
-de año en año, se rendía homenaje á la virtud desinteresada, á la
-verdad, á la justicia, que todo eso simbolizaba el nombre de Luz; donde
-se protestaba, indirecta pero eficazmente, contra las iniquidades de
-aquella sociedad esterilizada por el mercantilismo, corrompida por la
-úlcera de la esclavitud doméstica, humillada por la férrea mano que la
-doblaba y explotaba. Pero de todos modos la protesta, aunque nada más
-que murmurada, en un rincón de la ciudad, por unas cuantas familias y
-unos pocos fieles discípulos, tenía que llegar á los oídos de la
-autoridad como un desacato, é influyó sin duda en el Gobierno, cuando
-en 1869 suspendió al colegio la autorización de la enseñanza secundaria,
-para forzarlo á cerrar sus puertas, como en efecto tuvo que hacerlo.
-
-Mas ya en esa fecha las cosas habían sufrido en la isla cambio profundo.
-El movimiento revolucionario iniciado en 1868, pronto se había
-extendido, repercutiendo en la Habana como formidable y misteriosa
-perturbación subterránea, pues el gobierno ocultaba ó alteraba las
-noticias. Cuando con certeza se supo que la insurrección propagada por
-todo el Camagüey corría hacia las Villas, varios de los profesores
-abandonaron la capital para incorporarse á las filas revolucionarias,
-otros emigraron al extranjero, y desorganizado el colegio de esa manera,
-puede decirse que el decreto hostil no hizo más que apresurar el
-inevitable desenlace.
-
-Horas amarguísimas habría tenido Luz que pasar si le hubiese tocado en
-suerte la misma cifra de años que á otros compañeros de su juventud,
-hasta ser testigo de las escenas terribles en que finalmente se
-disiparía el hermoso sueño de gloria y de fortuna que había imaginado
-para todos y cada uno de sus discípulos. Para él la muerte temprana fué
-también, como para Agrícola, según las palabras de Tácito, favor que lo
-libró de mayor desgracia: _ita festinatæ mortis grande solatium_.
-
-De esa manera evitó al menos, ser testigo de la dispersión y clausura
-del colegio; la guerra desencadenada con todo el refinamiento de
-crueldades de las contiendas civiles; el país aterrado; las nuevas de
-tantas hecatombes en los campos de batalla, el eco de tantas descargas
-asesinas en la ciudad; tantos alumnos y profesores del colegio, Luis
-Ayestarán, Zenea, Honorato Castillo, los estudiantes del primer año de
-medicina, otros muchos, bárbaramente condenados y sacrificados. La
-muerte fué esta vez también consuelo piadoso de la fortuna.
-
-
-IV
-
-Designó Luz en su testamento las personas á quienes debían ser
-entregados sus manuscritos, para que hiciesen, con ellos y los demás de
-sus trabajos sueltos y ya impresos que considerasen merecedores de ser
-salvados del olvido, una edición de sus escritos, si la juzgaban
-oportuna ó útil. Fueron: en primer lugar José María Zayas, su ya
-mencionado continuador en el manejo del colegio, abogado, literato y muy
-distinguido profesor de humanidades; en segundo lugar, Antonio Bachiller
-y Morales, el eminente erudito y americanista, advirtiéndoles que podían
-servirse de los auxilios de sus discípulos José Bruzón y Jesús B.
-Gálvez. Los papeles nunca llegaron á manos de Bachiller, no salieron de
-poder de Zayas, y éste murió algún tiempo después sin haber emprendido
-la tarea. Uno de sus hijos comenzó la publicación en 1890, titulándola
-así: Obras de don José de la Luz Caballero coleccionadas y publicadas
-por Alfredo Zayas y Alfonso; aparecía por entregas y desgraciadamente
-quedó interrumpida hacia la mitad del tomo segundo[61].
-
- [61] Merece todo aplauso el editor, por el acometimiento de la
- empresa y muy de desear es que pudiera llevarla á término, aunque
- la corrección del texto ha sido muy descuidada y las erratas
- numerosas. Sobran notas por innecesarias, pues lectores capaces de
- seguir con interés artículos sobre filosofía no han menester que se
- les diga por el editor quienes fueron Feuerbach, ó Laplace ó
- Gioberti; y faltan otras, pues no se nos dice quienes fueron los
- que con Luz contendieron en las polémicas firmando; _El Adicto_,
- _El Ecléctico_, etc.
-
- Choca bastante la sección inicial: "Varias opiniones acerca de don
- José de la Luz". Las dos primeras citas, sobre todo la segunda,
- parecerían una burla insertadas en otra parte y por otra persona;
- mientras que algunas otras hostiles, tomadas de periódicos poco
- serios ó de escritores políticos, disuenan y causan desagradable
- impresión.
-
- Además ¿qué puede hoy á nadie importar que la condesa de Merlín
- haya dicho que Luz era "un químico de primer orden"? La condesa fué
- una brillante mujer de sociedad y amena autora de memorias, pero su
- voto en materias científicas pesa muy poco. Luz no fué químico de
- primero ni de segundo orden: conocía el mecanismo de la ciencia y
- podía enseñar sus elementos: nunca pretendió otra cosa.
-
-Durante su primer viaje á Europa hizo Luz imprimir en París el año de
-1830 una traducción del _Viaje por Egipto y Siria_, de Volney, que salió
-de casa de Didot en dos hermosos volúmenes en cuarto. Luz no dió su
-nombre, la portada dice: "obra escrita en francés por C. F. Volney, y
-traducida al castellano con notas y adiciones por un habanero". Conforme
-advierte en el prólogo, tenía comenzado ese trabajo desde 1821, y en
-París lo completó, agregándole notas y apéndices curiosos é
-interesantes. Haberse dedicado desde muy joven á trabajo de esa especie
-y rematarlo tan cumplidamente en medio de las distracciones de su
-excursión, da buena idea de la temprana gravedad y constancia de su
-carácter. El _Viaje_ es en concepto universal lo mejor que escribió
-Volney, en un tiempo tan famoso como autor de _Las Ruinas de Palmira_;
-nada tiene de lo mucho de exagerado y declamatorio que con razón se
-tilda en esta última obra, es una descripción tan minuciosa como exacta
-y erudita de las dos regiones, escrita en un estilo sobrio y hasta seco.
-La traducción es excelente, modelo de elegante fidelidad. Las adiciones,
-de la más sólida erudición.
-
-Entre los escritos originales de Luz, tanto impresos como inéditos al
-tiempo de su fallecimiento, descuellan dignos realmente de interés los
-siguientes: 1° Los _Aforismos_ sobre diversas materias, en número de más
-de trescientos: 2° La _Oración fúnebre_ en elogio de Nicolás Escovedo,
-llena de unción, de elocuencia y de ternura, lo mejor como obra de arte
-de todo lo que escribió, aunque no sea el arte sino emoción pura y
-sincera lo que en ella predomina: y 3° á despecho de su carácter
-técnico, el extenso trabajo sobre la creación del Instituto Cubano,
-proyecto muy completo, estudiado hasta en sus mínimos detalles, en
-algunas cosas semejante al que realizó en su provincia natal Jovellanos,
-"el genio y perseverancia de nuestro inmortal Jovellanos", como dice;
-pero acomodado con suma habilidad y juicio á las circunstancias
-especiales de la isla en 1833, cuando los pocos estudios que había en
-toda ella organizados languidecían, sometidos al clero regular ó
-secular, y era forzoso no ir en son de guerra contra la poderosa
-organización.
-
-Consta este Informe de dos partes[62] que abrazan: las enseñanzas, los
-medios de establecerlas y aprovecharlas, reglamentos, cuestiones
-prácticas; ambas secciones precedidas de una disertación general,
-escrita con claridad y vigor, en que plantea y resuelve rápidamente, con
-gran precisión, algunos espinosos é interesantes problemas de pedagogía.
-Esta introducción recuerda, sin serle inferior, el tratado que con el
-título de "Ideas respecto á educación" _Some thoughts concerning
-education_, escribió Locke; mas si en esta materia, lo mismo que en las
-demás disquisiciones filosóficas de Luz, es evidente, reconocida y
-confesada la influencia del célebre pensador inglés, obsérvase siempre,
-tanto en el plan y pormenores como en los consejos que dirige á los
-maestros, (no desaprovechando ocasión de agrandar las cuestiones de
-educación, y de elevarse al más alto punto de vista para mirarlas por
-todas sus fases) que no trabaja el filósofo cubano para la aristocrática
-Inglaterra del siglo XVIII, como Locke; que no olvida un instante que en
-aquella especialísima sociedad cubana, con los negros (esclavos
-entonces en su inmensa mayoría) constituyendo las capas más bajas, y con
-la burocracia militar española en la cúspide, no podía existir ni sombra
-de aristocracia, pues los pocos "títulos de Castilla" que se oían
-pregonar, eran un vano y hasta humillante oropel; la masa de los
-habitantes de raza blanca formaba, por tanto, en cuanto á las relaciones
-sociales de la vida, una verdadera democracia, aunque en lo político por
-de contado sin fuerza ó autoridad de ninguna especie. La ambición
-pedagógica de Luz seguía, por consiguiente, rumbo muy diverso del de
-Locke; de acuerdo con la fecunda transformación inspirada por el
-_Emilio_ de Rousseau, que tan felizmente aplicaron y agrandaron Basedow,
-Pestalozzi y demás continuadores, tendía á formar no grandes señores ni
-atildados académicos, sino hombres de acción enérgicos, preparados á
-bastarse por sí solos; así lo declara explícitamente: "hombres más bien
-que académicos es lo que trata de formar el Instituto Cubano"; y en otro
-lugar, fija siempre la vista en las necesidades peculiares de la patria,
-agrega que sólo con ese sistema podrían llegarse á "curar algunas
-dolencias morales que le aquejan"; es decir, aunque por prudencia no lo
-advierta, la esclavitud y su secuela de males infinitos.
-
- [62] "Informe presentado á la Real Junta de Fomento, de Agricultura
- y Comercio de esta isla en sesión de 11 de Diciembre de 1833, en el
- expediente sobre traslación, reforma y ampliación de la Escuela
- Náutica establecida en el pueblo de Regla, refundiéndola en un
- Instituto científico con arreglo á las necesidades del país. Por la
- diputación inspectora del mismo establecimiento. Imprímese por
- acuerdo de la misma Junta". Habana, 1834.
-
-Lo demás que nos ha quedado de Luz, compuesto en su mayor parte de
-artículos de polémica sobre cuestiones filosóficas, improvisados en
-pocas horas las más de las veces para salir en papeles diarios,
-conserva menos valor; la "Impugnación á las doctrinas de Victor Cousin"
-combate el análisis amañado y hostil que hizo este profesor francés del
-Ensayo de Locke sobre el entendimiento humano; es un simple
-fragmento,[63] en extremo minucioso, que no concluye nada, y cuyo
-propósito real está mejor, más clara y vigorosamente presentado, en
-forma aforística, en dos elencos anteriores, que contienen las materias
-filosóficas sobre que debían ser examinados sus discípulos en 1839 y
-1840.
-
- [63] Impugnación á las doctrinas de Victor Cousin. Primera parte.
- Imprenta del Gobierno. Habana, 1840.--Son pliegos sueltos que
- terminan bruscamente en la página 144.
-
-Propendió siempre el talento de Luz á expresarse en forma sentenciosa; y
-en numerosos aforismos, escritos á veces en tiras sueltas de papel, en
-viejos sobres de cartas, en el margen de sus libros, depositó su
-profunda sabiduría, su larga experiencia, la tristeza que le producía el
-convencimiento de la inutilidad de sus esfuerzos en aquella colonia
-esclavizada, y también algún hondo y secreto dolor de su corazón. "Hay
-pensamientos (dijo en uno de ellos, fechado: 1847) que al surgir son
-como raíces maestras que se quieren llevar todo el terreno", frase
-desgarradora que descubre al hombre detrás del pensador, que vívidamente
-trae á la memoria el recuerdo de aquel grave y melancólico rostro,
-abstraído ó atormentado en una de sus horas de fatiga.
-
-Es esencia de todo aforismo comprimir en una frase ó párrafo breve una
-suma de pensamientos ó de observaciones; como ha dicho un escritor
-inglés,[64] es lo contrario de una disertación ó de una declamación;
-nunca debe ser enigmático ni vulgar, no caer en el "truísmo" ni en el
-acertijo. Todas las literaturas ofrecen numerosos ejemplos, desde el
-libro apócrifo de la Sabiduría, atribuído á Salomón hasta muchos otros
-en nuestros días, y los aforismos de Luz reúnen á veces muy felizmente
-todos los caracteres enumerados en esa excelente definición.
-
- [64] _John Morley_, Aphorisms. An address. London, 1887.
-
-Algunos, brevísimos, abren con una sola línea vasto horizonte, como éste
-que, semejando á primera vista simple juego de palabras, sugiere todos
-los horrores de la trata de África, tal como en Cuba impunemente se
-practicaba:
-
-"En la cuestión de los negros lo menos negro es el negro".
-
-Otras veces, extendiéndose un poco más, encierra en unos cuantos
-renglones una profunda observación histórica, condensa toda la conducta
-de España hacia sus colonias de América durante siglos en cuatro breves
-sentencias, estrechamente ligadas entre sí, como eslabones de una
-cadena:
-
-"Al fundar una nueva familia, para animarla y fomentarla es preciso
-concentrar en ella todo nuestro calor vital.
-
-"¿Por qué las madres-patrias han sido una excepción á esta ley?
-
-"Decir que porque han sido madrastras más que madres es una petición de
-principio, como dirían los escolásticos.
-
-"La razón verdadera es que las colonias no tuvieron su origen en el amor
-sino en el interés. Las metrópolis, señoras y no madres".
-
-Este otro admirable apotegma es como trasunto de la existencia toda del
-hombre lleno de bondad inagotable que lo trazó:
-
-"Toca á algunos atesorar virtudes para distribuir consuelos."
-
-Entra también en la naturaleza del aforismo, y lo advierte el mismo
-eminente publicista ya citado, que la idea más trillada sea á veces
-susceptible de encerrar tanta fuerza como si se acabara de descubrir,
-cuando se presenta de una manera original, aguda, exenta de trivialidad.
-A esa categoría corresponden los siguientes que á granel inserto aquí:
-
-"La buena y la mala fortuna, los dos escultores de la naturaleza para el
-pulimento de la materia humana."
-
-"Esperar que las aguas del interés dejen de seguir su natural cauce
-suele ser la ilusión de los buenos y los patriotas. Mas para mejorar el
-mundo se necesitan esas ilusiones."
-
-"La infancia gusta de oir la historia, la juventud de hacerla, la vejez
-de contarla."
-
-"Existen almas generosas que quieren las alas no tanto para volar con
-ellas como para cubrir á los demás."
-
-"Piedra filosofal que convierte en oro todas las escorias, una mujer
-amante."
-
-Era tanto esa forma la vestidura natural de sus ideas, que casi siempre
-sus arengas de fin de año en el colegio, muy á menudo sus pláticas
-semanales, empezaban y acababan con aforismos. "Sembremos fe y brotarán
-á raudales la esperanza y la caridad," fué el principio de una de ellas,
-mientras otra, en que había aludido á los triunfos de Napoleón III,
-vacilante á veces sobre su trono á causa de las antinomias de su
-política, del terrible pecado original de que nunca pudo librarse,
-concluía de esta manera: "Antes quisiera yo que se desplomasen, no digo
-tronos de emperadores, los astros mismos del firmamento, que ver caer
-del pecho humano el sentimiento de la justicia, ese sol del mundo
-moral".
-
-En el mismo tono, no ya solemne, antes bien humilde, pero igualmente
-breve y expresivo, se le oía, pocos días antes de morir, cuando fijando
-sus ojos de águila mortalmente herida en el pariente que le sugería,
-según la frase vulgar, la oportunidad de ponerse bien con Dios,
-replicaba: "Siempre, durante toda mi vida, hijo mío, he estado bien con
-Dios". Y acaso nunca se habrá pronunciado con más sincero fervor el
-nombre de la Divinidad; de la Divinidad comprendida en su más amplio
-sentido, sin sombra de fanatismo ni de hipocresía, como tampoco de
-estrechez dogmática, por un hombre puro, que sin esfuerzo, cediendo al
-rumbo natural de su inteligencia, al impulso poderoso de su carácter, de
-su temperamento, había logrado conciliar dentro de su conciencia las
-doctrinas de austera filosofía científica, fundada en la experiencia,
-con la fe más robusta en los auxilios de una religión consoladora. La
-fe, la mística confianza en un poder sobrenatural, era la atmósfera en
-que vivía, en que se ensanchaba su corazón atribulado, y sin vacilar lo
-proclamaba: "El misticismo es el refugio de las almas puras contra esta
-podredumbre que llamamos mundo", escribía en 1852; y en 1856, como
-sintiéndose más firme, más seguro, agregaba: "La filosofía es el
-misticismo de las almas fuertes". Pocos quizás habrán desplegado
-fortaleza mayor, confianza más plena y reflexiva en la divinidad así
-considerada, sin caer en el quietismo, ni en la indiferencia por los
-detalles de la vida cotidiana, sin abandonar uno solo de los deberes
-prácticos que su posición demandaba, y que tan abnegadamente desempeñó.
-
-Haber logrado conciliar dos tendencias intelectuales, tan distintas no
-es caso en extremo raro, y en todo el siglo XVIII, lo mismo que á los
-principios del XIX, no faltaron espíritus sagaces que, partiendo del
-empirismo fecundo de la escuela analítica creada en Inglaterra por
-Locke, y manteniéndose dentro de los límites de la experiencia,
-guardaban fe profunda en el Supremo Hacedor, y creían, como lo expresó
-Luz en el lenguaje figurado, á veces pomposo y en él tan natural que
-"las ciencias eran los ríos que nos llevan al mar insondable de la
-Divinidad."
-
-Pero su misticismo conserva bien el sello de su generosa personalidad;
-sobrepone siempre la caridad á la fe y aun á la esperanza; no es, como
-felizmente se ha dicho[65], de los que por conducir á Dios apartan de la
-humanidad; es, por el contrario, de aquellos que cifran su anhelo en
-acelerar el progreso de la civilización, por medio de la difusión de las
-luces y el mejoramiento de la vida social.
-
- [65] _J. M. Guardia_, Revue Philosophique, Paris. Février 1892.
-
-Ni el dogma, ni el misterio indescifrable le importan tanto como la
-función social y el interés de la especie humana. "La religión,"
-predicaba, "es una potencia armonizadora, consuelo de los desgraciados y
-freno de los favorecidos de la fortuna: _sperate miseri, cavete
-felices_". Este pensamiento bajo diversas formas aparece en varios de
-sus escritos.
-
-Con ardor igual pregonaba y defendía sus opiniones filosóficas, y en la
-reñida polémica que sostuvo con los partidarios habaneros de las
-doctrinas de Victor Cousin, desplegó la más impetuosa energía,
-arrollando y desbaratando al adversario, aunque sin apelar por supuesto
-en ocasión alguna al denuesto ó á la injuria, bien que contra él no hubo
-empacho de esgrimir esas armas.
-
-Esas opiniones, que cauta y reflexivamente abrazó después de largas
-meditaciones y estudio detenido de las obras originales de los filósofos
-más eminentes, son en su esencia las doctrinas de John Locke, creador de
-la metafísica moderna, como dijo D'Alembert; pertenece, pues, Luz á la
-gran escuela cuyo método es proceder siempre por medio de la observación
-directa, para edificar únicamente sobre la base de la experiencia.
-Siguiendo por donde navegaron tanto Locke mismo como sus continuadores
-franceses é ingleses del siglo XVIII, sabe no sólo evitar muchos de los
-escollos y las falsas corrientes que alargaron innecesariamente el
-viaje, sino que se guarda bien de quedarse inmóvil, estacionado en las
-aguas á que los otros llegaron. Utilizando los progresos de la
-investigación científica en todas direcciones, va intrépidamente más
-lejos, é indica á sus alumnos cuanto había que aprender por medio de la
-fisiología del cerebro, tanto en el hombre como en la serie de los
-animales, avanzándose hasta afirmar que el sistema de las localizaciones
-cerebrales era "la tendencia irresistible de todo el andar de la
-ciencia", y que "la patología es ahí la experimentadora, el instrumento
-de la fisiología".
-
-Respecto de las cuestiones religiosas se hallaba probablemente muy de
-acuerdo en el fondo con lo que expuso Locke sobre "la infalibilidad de
-las Escrituras y la racionalidad del cristianismo"; pero ya en ese
-mundo, ya dentro de esa atmósfera, su sangre latina, su temperamento
-meridional, desarrollaron un fervor de convicción, un acento apasionado
-de que no hay rastro en las producciones del escritor inglés, y que
-sirvieron para dar salida al tropel de sentimientos de amor y caridad
-anidados en su pecho, conciliando la ternura con el misticismo.
-
-Es sabido que fué el eclecticismo la última, la más abigarrada, aunque
-la más tenue, entre las muchas vestiduras con que se cubrió la reacción
-europea del siglo XIX contra las teorías filosóficas del XVIII; debió la
-mayor parte de su éxito y predominio temporal al carácter literario y
-erudito que desde luego asumió, bajo la dirección de Victor Cousin, el
-cual fué filólogo, anticuario, bibliófilo, literato, orador académico,
-jefe de secta, todo menos pensador original ó investigador desinteresado
-de verdades filosóficas. Los desequilibrios de la política francesa y el
-régimen de híbrido monarquismo, de oligarquía y libertad, que se
-estableció al impulso de la insurrección popular de 1830, convirtieron á
-Cousin en una especie de pontífice puesto á la cabeza de la instrucción
-pública del país; y á la filosofía que había enseñado desde su cátedra
-de profesor de la Sorbonne en doctrina oficial, transmitida por la
-falanje disciplinada de maestros, que ocupaban todos los empleos en
-escuelas, liceos y universidades. La novísima filosofía, cómoda,
-especiosa, albergaba y acariciaba en su seno las cosas más heterogéneas,
-aliando la claridad y simetría oratoria de la literatura clásica
-francesa al idealismo relativo de la filosofía escocesa, á la crítica de
-Kant, al idealismo absoluto de Hegel, amén de otros ingredientes, sin
-olvidar los precursores y antepasados que contó Hegel muchos siglos
-antes en Alejandría. Había hallado pronto en la Habana excelente
-acogida, lo mismo que en casi todas las naciones latinas de Europa y
-América. El carácter de disciplina oficial, que tan impregnado traía
-desde Francia, le sirvió desde luego de pasaporte, y es lo cierto que al
-reformarse en la isla de Cuba los estudios universitarios se sentaron
-como catedráticos de la Facultad de Filosofía, por nombramiento del
-gobierno, sin preceder concurso ni oposición, cuantos en la ruidosa
-polémica con Luz habían combatido del lado del eclecticismo, quedando de
-ese modo determinado el sistema filosófico que allí debía enseñarse,
-bajo los auspicios de las autoridades, que en otras cosas eran, sin
-embargo, opuestas á toda innovación.
-
-Todo era á Luz antipático en la nueva filosofía: la forma y el fondo, el
-método y las ideas, el abuso de la retórica y el vago idealismo. Su
-constante anhelo de inculcar á la juventud otra clase de principios lo
-decidió á combatirla con todas sus fuerzas, aceptando la discusión
-pública como un deber ineludible, y emprendiendo, casi enteramente
-solo, una cruzada contra lo que juzgaba pernicioso charlatanismo. La
-campaña en definitiva fracasó; no pudo él prever ni la coalición de los
-intereses particulares, más poderosa que el amor de la verdad, y que
-contra él logró congregar toda una hueste en torno de los hermanos
-González del Valle, principales campeones eclécticos; ni la suspicacia
-de un gobierno despótico, que miraba con mal encubierto recelo toda
-discusión sobre cuestiones abstractas, y que nunca había contado á Luz
-entre sus paniaguados; ni por último la fatiga física que la lucha
-violenta tenía que producir en organización tan nerviosa é impresionable
-como la suya, y que ya entonces presentaba signos de prematuro
-decaimiento.
-
-Quedó, pues, la tarea incompleta, la polémica súbitamente interrumpida;
-suspendida también después, á la segunda entrega, una _Refutación_ en
-que destruía uno á uno los cargos de Cousin contra Locke. Todo ello
-difícilmente pudiera hoy interesar á los lectores. El largo medio siglo
-transcurrido y los progresos de las ciencias encaminadas por otros
-rumbos han minado para todo tiempo construcciones tan artificiales,
-caprichosas y endebles como el espiritualismo ecléctico de Cousin. De
-Cousin mismo como filósofo muy pocos se acuerdan ya en su propia patria;
-apenas se oye pronunciar su nombre, ni aún en la famosa _Sorbonne_,
-donde tronó y fulminó como el Júpiter omnipotente de la filosofía; se
-han alterado en puntos esenciales sus doctrinas, descartando de ellas lo
-que él más apreciaba, y haciendo imperar casi exclusivamente el
-criticismo kantiano; y ni siquiera se usan ya los textos que, por orden
-suya y bajo su inspiración, escribieron sus discípulos.
-
-Siempre será de lamentarse la parte de Luz en esa polémica, porque en
-ella consumió sus fuerzas inútilmente, y se condenó á no hacer otra cosa
-en el período mejor de su vida, en el único en que corrieron parejas la
-salud del cuerpo y la madurez de sus facultades. Fué provocado y, en su
-carácter de profesor libre de filosofía, no podía declinar el reto y
-rehuir la lucha; pero si no hubiese malgastado su tiempo de esa suerte,
-habría quizás podido presentar al público sus doctrinas en "una obra
-propiamente sintética," como se proponía y lo anunció al principio de la
-_Impugnación_; sabríamos entonces con precisión hasta donde seguía la
-metafísica de Locke, y desde donde se apartaba de ella para armonizarla
-con los adelantos de las ciencias positivas, y habría en la bibliografía
-cubana un libro más, de alto valer, suficiente él solo para demostrar
-que, á pesar de sus infortunios y mísera situación política, se
-cultivaban y ricamente prosperaban en Cuba estudios que en otras
-regiones del continente estaban en la infancia todavía.
-
-
-V.
-
-Hasta 1868 que comenzó la insurrección, ninguna pluma cubana había
-acometido la empresa de consignar en un libro la historia de la vida del
-maestro, de estudiar sus escritos y su influencia como filósofo y como
-educador; y después de esa fecha el libro no podía salir de la Habana,
-donde durante diez años debía vivirse bajo la ley marcial más terrible,
-como dentro de plaza sitiada; ni mucho menos del territorio
-insurreccionado, donde la lucha encarnizada y sin cuartel no daba á los
-combatientes punto de reposo. Ese primer homenaje era natural que
-viniese de los Estados Unidos, porque allí estaba reunido un gran número
-de cubanos, familias enteras, aguardando ansiosas la hora de volver á
-sus hogares abandonados.
-
-Residía entonces emigrado en Washington José Ignacio Rodríguez,
-distinguido abogado y profesor de ciencias en la Habana, que si no había
-sido discípulo de Luz en su juventud, había desempeñado clases en el
-colegio, había recibido largo tiempo la influencia del maestro que le
-inspiró siempre ferviente admiración. A pesar de la distancia y de lo
-revuelto de la época, reunió en la capital norteamericana gran copia de
-datos, y añadiéndolos á sus recuerdos personales compuso, primero que
-nadie, una detallada é interesante biografía. Ni por las circunstancias
-excepcionales en que se daba á la estampa, ni por las condiciones
-personales del autor, había motivo de esperar un trabajo crítico
-definitivo; pero una emoción tan sincera anima toda la narración, y
-domina de manera tan comunicativa el entusiasmo al escritor, que ha
-podido decirse con exactitud que recuerda su libro por lo sencillo y
-reverente las Actas de los Apóstoles ó las vidas primitivas de los
-Santos.
-
-Hubiera bastado en cualquiera otra época el nombre de Luz para hacer
-circular abundantemente entre cubanos la nueva obra, pero en el año de
-1874 las peripecias de la guerra embargaban los ánimos, indiferentes á
-todo lo que no hablase de la lucha que ensangrentaba el suelo de la
-patria. Cuatro años más debía durar la guerra, sin embargo de que, para
-quien hoy estudia la historia de ese doloroso período, es evidente que
-en 1874 la insurrección, como empresa militar, estaba virtualmente
-vencida y se mantenía, tanto á causa de la obstinada ferocidad española
-fusilando prisioneros y buscando la sumisión sin condiciones, como en
-virtud de la legitimidad del programa cubano, del derecho de sus
-pretensiones, de la verdad de sus agravios, que en tan desigual campaña
-inspiraban á sus defensores denuedo y constancia suficientes para
-arrostrar por todo, hasta el fin, sin desfallecimiento.
-
-La paz se restableció en 1878, cuando la metrópoli consintió reconocer á
-la colonia algunos derechos políticos, de los que durante todo el largo
-reinado de Isabel II tenazmente había rehusado, y los insurrectos,
-salvado el honor, depusieron las armas, abriéndose de nuevo para todos
-las puertas de la patria.
-
-Puede decirse que junto con los combatientes, con los emigrados, con los
-pregonados tantas veces como reos de muerte que volvían á sus casas,
-volvía también á su país Don José de la Luz, terminado el ostracismo
-impuesto tan duramente á su memoria.
-
-Fué un gran cambio, mas no se realizó desde luego de una manera
-completa; necesitóse aún tiempo para que, suprimido el régimen de la
-censura previa, no estuviese la libertad del pensamiento á la merced de
-empleados subalternos é ignorantes, ansiosos de obtener el favor de la
-sección irreconciliable del partido hostil á toda reforma susceptible de
-arrancarle el poder, que nunca hasta entonces había salido de sus manos.
-
-Uno de los primeros que elevaron la voz para ensalzar á Luz fué Enrique
-José Varona, que por sus vastos y profundos conocimientos, la energía de
-sus convicciones, el esfuerzo incesante por mantener su espíritu en
-perfecta comunidad con todas las manifestaciones del pensamiento
-científico moderno, era algo muy semejante á lo que en su juventud había
-sido Luz para Cuba: personificación, por así decirlo, de la filosofía,
-esperanza del país bien deseoso en tan crueles condiciones de albergar
-en su seno hijos dignos de cultivar y trasmitir á los demás esas formas
-elevadas de la ciencia. En la conferencia inaugural del curso libre de
-filosofía, que abrió en 1879, al tratar de lo que habían sido esos
-estudios en la isla, condensa Varona en breves y brillantes frases los
-trabajos de Luz, lo llama "el pensador de ideas más profundas y
-originales con que se honra el Nuevo Mundo", y añade que fué, entre
-nosotros, "en este ángulo remoto del mundo civilizado, un verdadero
-precursor de ideas que hoy se predican con aplauso en los centros de la
-cultura humana". Nada más justo y oportuno que, al iniciar el joven y
-docto filósofo, ante un auditorio de cubanos, su magistral exposición de
-las sólidas y fecundas doctrinas científicas que han renovado las bases
-de la enseñanza filosófica contemporánea, reservase algunas de sus
-vigorosas pinceladas para trazar rápidamente el elogio del maestro, del
-que primero había estudiado y desarrollado ante alumnos cubanos las
-grandes enseñanzas de los sabios del siglo XVIII.
-
-Apenas aflojaron un tanto las trabas que aprisionaban la imprenta y
-cohibían con freno de bronce todo impulso capaz de aunar y encaminar
-hacia un fin patriótico el sentimiento público, se organizó por Gabriel
-Millet y Raimundo Cabrera una suscripción popular para trasladar á mejor
-terreno los restos de Luz y erigir en el nuevo cementerio, pues en otra
-parte de la ciudad las autoridades no lo permitían, un modesto
-monumento. Las cuotas afluyeron pronto de todas partes, y el mármol,
-labrado en París, quedó colocado en 1887.
-
-La biografía escrita por J. I. Rodríguez había ya en esa fecha llegado á
-su destino y encontrado sus lectores, su verdadero público, como lo
-prueba el haberse agotado la edición, é impreso una segunda al año de
-concluída la guerra. Llegó al mismo tiempo la hora de someterla á examen
-crítico, tarea á que ninguno podía considerarse mejor preparado que
-Manuel Sanguily, alumno del Salvador, que si bien era sólo un niño de
-trece años á la muerte de Luz, había siempre guardado y cultivado con
-amoroso empeño su recuerdo, precisándolo y avivándolo en el colegio, que
-después fué su casa largo tiempo, y donde todo, profesores, discípulos,
-tradiciones, costumbres, hasta los objetos mismos inanimados, traían á
-la mente sin cesar la imagen del venerado maestro. Al volver del campo
-de la insurrección, donde había sacrificado en servicio de su patria lo
-mejor de su vida, leyó con ávida curiosidad el libro de Rodríguez; éste
-también había sido su maestro en el colegio, y en la triste situación
-política, fracasadas las esperanzas patrióticas, era quizás el único
-consuelo posible buscar otra vez dulces y solemnes impresiones de
-períodos ya lejanos, ciertamente más gratos y venturosos.
-
-Sorprendió en extremo á Sanguily en la obra de Rodríguez el propósito de
-encarecer la perfecta ortodoxia de las opiniones de Luz, muerto, según
-afirma, "dentro del seno de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y
-Romana"; y más aún el presentarlo, en cuestiones políticas, como
-dominado por el temor de favorecer la lucha armada, y si bien ansioso
-del más alto grado de libertad para su país, queriendo todo progreso
-"como se consigue en Inglaterra, sin sacudidas, sin violencias, sin
-ruina, sin trastorno, sin efusión de sangre".
-
-Demuestra Rodríguez la primera de esas dos afirmaciones con la partida
-de defunción, suscrita por el Cura de la parroquia, en que se dice que
-recibió Luz "el santo sacramento de la Penitencia", y que el biógrafo
-considera "prueba oficial y completa", olvidando que habla de un país
-donde ni existía ni se reconocía más que un solo culto, donde los actos
-más importantes de la vida estaban por fuerza subordinados al
-cumplimiento de sus ritos y sacramentos, y donde, por consiguiente,
-certificados de ese género carecían de valor absoluto, y se redactaban y
-expedían por fórmula á menudo, como se expedían billetes de confesión en
-Roma pontifical, cuando sin ellos no era posible obtener del Secretario
-de Estado ni siquiera un pasaporte. Luz, que positivamente era tenido, y
-se tuvo él mismo, por católico, no podría hoy calificarse rotundamente
-de apostólico romano; fué un católico liberal, sin duda: Rodríguez así
-lo dice en otro lugar del libro, pero los que en su tiempo se llamaban
-liberales quizás pasarían hoy por heterodoxos, y en ese sentido iba Luz
-tan lejos como el que más.
-
-En cuanto al suceso objeto de la controversia, al hecho concreto de la
-confesión final, la verdad unánimemente asegurada por los que en los
-últimos días le rodearon, es que ningún sacerdote se acercó á su lado en
-todo ese período final de su existencia[66].
-
- [66] No prestar fe á esos documentos es cosa más frecuente de lo
- que Rodríguez parece figurarse. La partida de defunción del conde
- de Aranda, el que fué ministro de Carlos III, dice textualmente que
- "recibió los Sacramentos de Penitencia, Santo Viático y
- Extremaunción". Sin embargo católicos tan firmes y ortodoxos como
- don Vicente de la Fuente y don Marcelino Menéndez y Pelayo
- concuerdan en no darle valor alguno y en creer que el famoso
- volteriano murió sin recibir tales sacramentos, persistiendo, por
- el contrario, hasta el fin en la impenitencia. Véase la Historia de
- los Heterodoxos Españoles ya citada, vol. III, pag. 204.
-
-Respecto á su posición en cuestiones políticas del país, es cierto, como
-dice muy bien su biógrafo, que, "no permitió jamás á sus discípulos una
-expresión de crítica, una caricatura, un sarcasmo, una alusión siquiera,
-contra el gobierno y las instituciones existentes." Su influencia en la
-historia del país, en los trágicos sucesos ocurridos después de su
-muerte, se encuentra más bien en las ideas de viril energía, de
-resistencia inquebrantable á todas las formas de la opresión y la
-injusticia, de sacrificio en las aras del deber, de incesante
-abnegación, en una palabra, que inculcaba en sus lecciones y con su
-ejemplo. No era, no, el individuo asustadizo que sugieren las
-expresiones de Rodríguez, quien, en la página blanca de la portada del
-libro de Mazzini, _República y Realeza en Italia_, traducido al francés
-por George Sand en 1850, caracterizaba al revolucionario italiano con
-estas palabras: "el Lutero de la nueva época... en su corazón y en su
-lengua de fuego, en su fe y esperanza, infinita como el porvenir;" y
-corrigiéndose él mismo en seguida, agregaba: "pero no sólo es el Lutero,
-porque es cabeza, corazón y brazo," vituperando expresamente como ajeno
-al caso el tono quejumbroso del prólogo de la traductora. No era
-precisamente Mazzini el hombre á quien arredraron las violencias ni la
-efusión de sangre para conquistar la libertad de su noble país.
-
-Improcedente también es, y Sanguily oportunamente lo indica, la alusión
-á Inglaterra, pues demasiado sabía Luz que ni en Inglaterra ni en parte
-alguna se ha logrado la posesión completa de la libertad y la
-independencia nacional sin sacudidas y sin efusión de sangre.
-
-Algo más que aplicar al trabajo de Rodríguez el escalpelo de la crítica
-hizo también Sanguily; sin empeñarse en componer narración tan abundante
-y minuciosa, quiso á su vez trazar con sus propios recursos un retrato
-del maestro, de cuerpo entero; acumular sus vigorosas pinceladas en el
-centro luminoso de su cuadro, poner el dulce y meditabundo rostro en
-enérgico relieve y hacer brillantemente resaltar los rasgos esenciales.
-La obra es digna de todo aplauso; el estilo, lleno de calor, de
-concentrada energía, revela el hondo interés que el asunto le inspira y
-el ardiente deseo de no decir más que la verdad.
-
-Las dos biografías, puede decirse, recíprocamente se completan; la de
-Rodríguez, sin rigor de método en la distribución de la materia, sin
-plan estrictamente limitado, fuera del orden cronológico naturalmente
-indicado, semeja esos ríos caudalosos que corren sobre terrenos llanos
-entre orillas indeterminadas, mientras que la de Sanguily, como un
-torrente impetuoso que viene de las montañas, no cesa un instante de
-desplegar la fuerza que exige su ruta entre desfiladeros. Gracias á
-ellas sabrá la posteridad cubana cual fué el verdadero temple de alma
-del hombre que tanto influyó allí durante tres generaciones. Ambos
-trabajos, muy notables, aunque por tan diverso espíritu informados, eran
-en el presente caso más necesarios, porque Luz, como hemos visto, no
-escribió nada bastante extenso y meditado para dar hoy cuenta cabal de
-su valor como educador y como filósofo. Sin las declaraciones de sus
-discípulos faltaría un elemento esencial, como carecería el mundo--_si
-parva licet componere magnis_--de los elementos necesarios para conocer
-y comprender á Sócrates, si no nos hubiera Jenofonte conservado sus
-_Memorabilia_.
-
-
-
-
-LA VIDA DE SAN MARTÍN, POR MITRE
-
-_Historia de San Martín_ y de la Emancipación sud-americana (según
-nuevos documentos) por BARTOLOMÉ MITRE.--Segunda edición corregida.--4
-vols.--Buenos-Aires. 1890.
-
-
-Años hacía que el público esperaba con interés, cuando en 1889 apareció
-la prometida historia del célebre general José de San Martín, en cuya
-preparación desde largo tiempo atrás se ocupaba Don Bartolomé Mitre,
-antiguo Presidente de la Confederación argentina y uno de los más
-conspicuos entre los personajes contemporáneos de América. La obra no
-ha, de seguro, defraudado las esperanzas de los que aguardábamos un
-trabajo sólido y original, es decir, construído sobre bases enteramente
-propias y nuevas, bastante amplio para reunir los elementos necesarios
-que definitivamente presenten á la posteridad el carácter, bien oscuro y
-enigmático en ciertos momentos, así como los actos públicos del que es,
-después de Bolívar, como hombre de guerra y como creador de naciones, el
-más famoso entre los héroes que batallaron y vencieron en pro de la
-independencia hispanoamericana.
-
-La primera observación que ocurre, al acabar de leer la última página,
-es que ganaría mucho la obra, su circulación y su influencia, si fuese
-menos voluminosa,--cuatro gruesos tomos en cuarto español, de
-setecientos á ochocientos folios cada uno; y que sin suprimir, por
-supuesto, uno solo de los documentos justificativos que van al final de
-los volúmenes y que son todos interesantes y nuevos; con sólo abreviar
-las cosas que se dicen y discuten más de una ó dos veces en virtud del
-paralelismo, útil y luminoso casi siempre, que establece el autor al
-trazar la marcha de la revolución libertadora en el norte y el sur del
-continente; con aligerar en fin las reflexiones generales que
-reiteradamente preceden á muchos de los capítulos, se reduciría el
-conjunto de una manera notable y el efecto resultaría de mayor eficacia.
-Con esto se habría, además, evitado uno de los defectos del libro, que
-termina de súbito, precipitadamente, reduciendo por falta de espacio,
-según en una nota lo advierte el autor, á unas cuantas páginas zurcidas
-de cualquier modo la vida de San Martín en el ostracismo, esto es,
-durante los veintisiete años corridos desde 1823 que abandonó lleno de
-amargura y desengaños el teatro de sus triunfos, hasta 1850 que murió,
-en Boloña, frente al estrecho de la Mancha, cumplidos los setenta y dos
-años de su edad.
-
-Es lástima, por consiguiente, que después de haber consagrado el general
-Mitre largo tiempo á reunir materiales y completar sus estudios de la
-vida de San Martín; de haber tenido la fortuna excepcional de que la
-familia Balcarce le entregara todos los documentos y papeles dejados por
-el héroe argentino; de haber logrado desentrañar en otros archivos
-públicos y privados manuscritos curiosísimos; de haber consultado, bien
-verbalmente, bien por cartas, muchos contemporáneos y obtenido con
-frecuencia noticias preciosas; de haber ido personalmente á visitar y
-estudiar sobre el terreno las quebradas de los Andes por donde pasó San
-Martín con el ejército que debía vencer en Chacabuco y en Maipu, así
-como el campo que cubrieron esas dos batallas inmortales; después de
-haber, en fin, escudriñado y llegado á saber como ninguno tan
-interesante período de la historia de América, al sonar la hora crítica
-de ofrecer al público el resultado de todos esos esfuerzos y vigilias,
-el fruto de todos esos privilegios y favores de la fortuna, en una obra
-merecedora de ser indestructiblemente fabricada y digna de la posteridad
-á que seguramente se encamina, decida el autor improvisarla, es decir,
-imprimirla á medida que la va escribiendo, sometiéndose á la necesidad
-de encerrar la materia en límites estrictos, de reducirse, al final, á
-rasgos generales y á breve resumen, cuando en capítulo tras capítulo
-anterior ha hecho exactamente lo contrario, y ha relatado minuciosamente
-episodios de la historia de Venezuela y de Nueva Granada, no directa y
-forzosamente ligados á la vida de San Martín.
-
-Dado tal sistema de escribir é imprimir simultáneamente, lo cual vedaba
-en absoluto toda idea de corrección, simetría y armónico desarrollo de
-las partes; dado también el empeño de tratar cada episodio importante
-como monografía aislada, lo cual fuerza á volver sobre sus pasos y
-repetir cosas ya dichas y suficientemente tratadas, era inevitable el
-inconveniente, y el lector experimenta verdadero desengaño al
-encontrarse privado de "los documentos interesantes y nuevos" sobre el
-ostracismo de San Martín, que el autor cruelmente nos advierte que posee
-y no aparecen ni siquiera en el apéndice. Esos documentos deben
-contener, es claro, multitud de útiles detalles, y aclararán diversas
-dudas que nos asaltan sobre la justa interpretación del carácter
-reservado, tenaz, impasible, orgulloso, del Protector del Perú.
-Importaba muchísimo completar la obra iluminando toda esa faz de su
-asunto, porque nos parece engañarse el general Mitre á sí mismo, al
-decir que "el ostracismo interesa más á la biografía íntima que á la
-historia general", cuando lo cierto es que la biografía íntima de
-personajes que han estado á la cabeza de las naciones con las facultades
-de dictador que se arrogó San Martín en el Perú, influyendo
-poderosamente de ese modo en el encadenamiento y marcha de los sucesos,
-forma parte esencial de la historia general; una y otra se penetran y
-mutuamente modifican hasta el punto de ser necesario para llegar á la
-verdad ir con la plomada al fondo de los sucesos y al fondo del carácter
-del hombre que los dirigió, del hombre que, aun arrastrado ó dominado
-por ellos, puede en todo tiempo precipitarlos ó interinamente
-contenerlos.
-
-San Martín se retiró del Perú virtualmente vencido, llevó á cabo su
-retirada de una manera tan brusca, tan desesperada, tan en contradicción
-con la enérgica confianza y heroica osadía desplegadas al organizar la
-expedición y efectuar su desembarco en las costas del virreinato, que ha
-sido siempre el más difícil y fascinante problema histórico comprender
-bien sus motivos, descubrir la clave para descifrar su voluntaria
-abdicación. Ha sido por mucho tiempo impenetrable misterio la historia
-de su entrevista famosa con Bolívar en Guayaquil, y es el suceso capital
-de su vida, la gran peripecia del drama de su existencia, pues después
-de ella volvió en el acto desalentado á Lima, convocó el Congreso que
-hasta entonces no había querido reunir, dimitió el cargo de Protector, y
-se embarcó para Chile con rumbo á Buenos Aires donde nadie lo llamaba, á
-pesar de que quedaba ocupando las sierras del Perú un ejército de veinte
-mil realistas mandado por generales tan hábiles como aguerridos; y no
-puede decirse todavía hoy que estén desvanecidas, ni mucho menos, las
-sombras que lo envuelven.
-
-Toda la vida posterior de San Martín en el destierro, su inquebrantable
-silencio, su desasimiento completo de los negocios de América, fueron
-también consecuencia de la entrevista de Guayaquil, y sería bien curioso
-conocer los documentos á que alude Mitre y poseer detalles
-circunstanciados sobre ese último período, porque la verdad es que en
-cuanto al punto mismo misterioso, á los pormenores de la conferencia en
-el Ecuador, no ha descubierto en la rica mina que ha explotado nada
-nuevo ó importante que agregar á lo poco que ya sabíamos. Parece que ni
-siquiera se ha encontrado en el archivo de San Martín el borrador de la
-carta á Bolívar del 28 de Agosto de 1822, y puesto que era ya ésta
-conocida desde 1844, que la dió San Martín mismo al capitan Lafon para
-que la publicase, hubiera sido bien interesante conocer la respuesta de
-Bolívar, que debió sin duda haber existido, pues la correspondencia
-entre los dos duró un poco de tiempo más. Pero no ha aparecido, y el
-nuevo historiador, que trata este episodio con la debida extensión y con
-notable habilidad, ha debido apoyar únicamente sus conjeturas en esa
-famosa carta, en las revelaciones de Guido, tales como salieron en la
-_Revista de Buenos Aires_ y en los antecedentes por todos conocidos.
-
-Salvo algunos reparos puramente de forma, (y en materia histórica de
-tanta importancia esto ahora á nada conduciría), hay que dirigir muchas
-alabanzas á la obra. Bien que á veces severo, quizás en demasía,
-respecto de Bolívar, no puede tildarse de excesivamente indulgente hacia
-San Martín; á pesar de la admiración constante que le inspira, enumera
-con plena imparcialidad los errores militares y políticos por él
-cometidos durante su estancia en el Perú. Con suma penetración discute y
-desmorona las razones alegadas en sus proclamas de despedida; demuestra
-que no pudieron ellas ser las únicas que le hicieron tan inopinadamente
-abandonar el terreno, desairar toda especie de ruegos, y en la noche
-misma del día en que celebró su primera sesión el Congreso montar á
-caballo, sin más compañía que un asistente, correr á embarcarse en Ancón
-para Chile, donde fué hostilmente acogido, luego para Buenos Aires,
-donde halló duelos terribles y donde también, según lo dice Mitre, "fué
-recibido por el menosprecio y la indiferencia pública".
-
-Las verdaderas razones no pudieron ser las que expresó: eran demasiado
-fútiles. Al decir que "la presencia de un militar afortunado es temible
-á los Estados que de nuevo se constituyen", y agregar seguidamente que
-"estaba aburrido de oir decir que quería hacerse soberano", encubría los
-verdaderos motivos de su conducta. Si no hubiese tenido otros, habría
-que declarar, como indica Mitre, que cedía á un arranque caprichoso de
-pueril enojo, indigno de un varón fuerte.
-
-San Martín, que era sobre todo y antes que todo un militar, no podía á
-pesar de sus anteriores desfallecimientos,--tan dura y gráficamente
-relatados por Lord Cochrane en sus Memorias,[67]--dejar de ver muy
-claro que, con las tropas y recursos á su disposición en Julio de 1822,
-no lograría desalojar y vencer al enemigo, que corría su obra el riesgo
-de caer en el precipicio y él mismo terminar allí desastrosamente su
-carrera. Acudió, pues, á Guayaquil con el objeto de solicitar el auxilio
-de Bolívar y del ejército que acababa de triunfar en la falda del volcán
-de Pichincha, que acababa de ganar y sellar para siempre la
-independencia de la vasta sección del continente, que por corto tiempo
-debía llevar el nombre de "República de Colombia". Para el que bajo el
-nombre de Protector tenía entonces la responsabilidad del porvenir del
-Perú, la situación aparecía como gravísima y demandaba urgente
-tratamiento, que sólo Bolívar estaba en posición de aplicar para
-salvarla pronta y completamente. Había siempre considerado la
-popularidad con el mayor desprecio, sin descender jamás á las artes del
-demagogo por ganarla ó conservarla, pero no podía menos de observar y
-deplorar ahora que su prestigio ante el voluble pueblo peruano menguaba
-rápidamente y, lo que era aún peor, que entre los jefes mismos del
-ejército á sus órdenes cundían el desafecto y la indisciplina.
-
- [67] _Narrative of services in the liberation of Chili, Peru and
- Brazil from Spanish and Portuguese domination_ by Thomas, Earl of
- Dundonald.--2 vol. London, 1859.--Vol. I págs. 76, 106, 148 y en
- muchos otros lugares.
-
-Era preciso, por consiguiente, que Bolívar en persona y á la cabeza de
-su ejército volase al Perú. San Martín ofreció, sin titubear, ponerse
-bajo las órdenes de su afortunado rival; "para mí hubiese sido", son las
-palabras de su carta de Agosto 28, "el colmo de la felicidad terminar la
-guerra de la independencia bajo las órdenes de un general á quien la
-América debe su libertad". Bolívar se negó en términos corteses,
-evasivos, pero que dejaron á San Martín penosamente convencido, como lo
-expresa sin ambages la citada carta, de que su presencia en el Perú era
-el obstáculo único que se lo impedía. Como, á juicio de San Martín,
-Bolívar solo con su ejército podía concluir rápidamente la guerra, no le
-quedaba más camino que retirarse de la escena; en ese instante
-probablemente tomó la determinación que dos meses después, sin más
-consulta de nadie, como imposición ineluctable de la suerte, debía
-realizar de manera tan rápida y violenta.
-
-No debe olvidarse que nos falta la versión de Bolívar sobre el carácter
-y detalles de la entrevista, que ni en los treinta y tantos volúmenes de
-las Memorias de O'Leary, tan ricos de documentos, se halla cosa alguna
-importante que sumar á lo que ya se sabía; de modo que es más bien del
-lado argentino por donde han venido las noticias incompletas,
-fragmentarias y tardías que poseemos. Permiten, es cierto, formarse idea
-bastante aproximada, pero quizá aventure demasiado el general Mitre,
-recordando más bien el novelista que el historiador, al rehacer la
-escena con todos sus pormenores y creer que basta con los documentos
-"correlativos que la precedieron y siguieron" para imaginarla "sin
-agregar una palabra ni un gesto que no pueda ser comprobado". Hay un
-momento, que él califica de psicológico, en que dando forma de diálogo á
-su relato, al ofrecer San Martín servir á las órdenes de Bolívar,
-continúa en los siguientes términos: "Bolívar, sorprendido, levantó la
-vista y miró por la primera vez de frente á su abnegado interlocutor,
-dudando de la sinceridad de un ofrecimiento de que él no era capaz.
-Pareció vacilar un momento, pero luego volvió á encerrarse en un círculo
-de imposibilidades, etc." Es muy posible que así haya ocurrido, y el
-autor se esfuerza siempre por acompañar con notas precisas todo lo que
-dice, pero el sistema es inseguro y el terreno resbaladizo.
-
-San Martín y Bolívar, á despecho de la identidad del punto de partida y
-del género de gloria que sobre ambos abundantemente derrama la
-posteridad americana reconocida, fueron hombres de carácter radicalmente
-distinto. Era también en su esencia muy diferente la situación que los
-circundaba en Julio de 1822. Bolívar, aunque parecía haber ya ascendido
-á la cumbre de la fortuna, quería y podía subir aún más alto; San Martín
-declinaba, se acercaba rápidamente al borde oscuro del largo período de
-olvido é indiferencia que debía atravesar antes de caer dentro de la
-fosa abierta en suelo extranjero, antes de que su merecida nombradía
-allí mismo reviviese; para no perder más la corona de luz que la
-ennoblece. No es extraño, pues, que al verse, por primera y única vez,
-durante sólo dos días, ni experimentasen recíproca simpatía ni lograsen
-mutuamente juzgarse con equidad y acierto. La modestia, la instrucción
-muy limitada, la circunspecta gravedad del argentino parecieron al hijo
-de Venezuela signos de espíritu mediano, que debe al acaso, á accidentes
-fortuitos, la gloria adquirida; mientras que la movilidad, la
-imaginación impetuosa, la sed inextinguible de aplausos y de honores que
-poseían á Bolívar, parecieron á su rival síntomas inequívocos de la
-vanidad más pueril, de la ambición más desenfrenada. Ambas injustas
-apreciaciones fueron realmente sentidas y expresadas, encuéntranse
-comprobadas por cartas y testimonios irrecusables citados todos en la
-presente obra.
-
-¿Cómo habían de entenderse y aunarse en esfuerzo común caudillos tan
-desemejantes, cuyos caracteres, cuyas ideas tan enérgicamente se
-repelían? Todo tendía á denunciar y agravar la recíproca antipatía. La
-anexión violenta del territorio de Guayaquil á Colombia, ejecutada por
-Bolívar, sin atender, ni aun siquiera por forma ó por aparente
-complacencia, los deseos de los habitantes como tampoco los derechos
-anteriores del Perú, del Perú que había cooperado con su alianza á la
-conquista, hería en lo más profundo el alma de San Martín; y era ya un
-hecho consumado, que ni traer á discusión se podía; Guayaquil pertenecía
-á Colombia, como pertenecería después al Ecuador, y el Perú quedaba para
-siempre privado de esa situación comercial incomparable á orillas del
-caudaloso Guayas.
-
-La organización futura de los países libertados era otro motivo de seria
-divergencia; San Martín persistía en sus proyectos de monarquía, de
-coronas ofrecidas á príncipes de familias soberanas de Europa, y
-Bolívar, conviniendo en que el pueblo hispanoamericano no estaba educado
-para un régimen democrático, agregaba que la monarquía solamente era
-posible "á condición de que los monarcas fuesen americanos", lo cual
-parecía grotesco y, por lo que podía haber en ello de personal, hacía
-reír á su adusto interlocutor.
-
-Algo aventurado se nos antoja, por parte del general Mitre, el inferir
-del silencio guardado acerca de los detalles de esta conferencia que no
-quedase Bolívar satisfecho de sí mismo y se sintiese "vencido moralmente
-por la abnegación" de su rival. Muy ilógico, por el contrario, hubiera
-sido que en aquellas circunstancias se hubiese él prestado á salir
-inmediatemente para Colombia, invitado, no por el pueblo peruano sino
-por San Martín, en quien veía un hombre gastado, pero cuya reputación,
-aunque carcomida, estaba superficialmente intacta y había de hacerle
-sombra; cuya enérgica voluntad había de estorbarle por todos los
-caminos, poniendo obstáculos á la realización del magnífico programa de
-gloria y de poder que lo embriagaba. La negativa parece muy natural y
-muy explicable, como lo es también la amarga decepción que produjo. La
-alianza inmediata, concertada en la forma solicitada, hubiera, sin duda,
-sido mejor y más beneficiosa para todos, para Colombia y para el Perú,
-para Bolívar y para San Martín, pero si era entonces improbable, casi
-imposible solución, á nada conduce deplorarlo ahora. Allá hacia el sur
-del continente, en el Perú, en la futura Bolivia, cuyo nombre por sí
-solo sería una apoteosis, adivinaba, veía claramente Bolívar una luz
-esplendorosa que lo atraía con fuerza arrolladora, á que debía correr
-para deslustrar sus colores, para quemar sus alas, precipitarse en un
-mar de lisonja y adulaciones, hasta saciar su inmensa vanidad. Llevábalo
-también hacia allá ocupando toda la otra faz de su grande alma, la
-conciencia de su deber, el convencimiento del nuevo y mayor servicio que
-podía prestar, la seguridad de completar con ese último esfuerzo la obra
-sublime, la tarea de semidiós á que había consagrado su existencia. Era
-tiempo, pues, de que San Martín volviese la espalda, de que se retirase,
-torvo, frunciendo el ceño que no debía desarrugar durante tantos años.
-Nada le quedaba que hacer allí, no había más hueco para él, sus
-eminentes cualidades de hombre de guerra, su honradez, su fijeza de
-propósito, no tenían ya más en qué emplearse.
-
-"El Libertador no es el hombre que pensábamos", mandó tristemente á
-decir á su amigo el Director supremo de Chile; y sin perder una hora
-dispuso á gran prisa las cosas como mejor pudo, para dejar pronto esa
-tierra donde no cabían ambos rivales, para que pudiese libremente venir
-el más joven y afortunado de los dos á recoger la brillante cosecha de
-gloria que le estaba reservada. Por desgracia no vino tan veloz como se
-esperaba y, si en efecto recogió luego con creces lauros tan grandes
-como merecidos, faltaban aún antes del desenlace tres años crueles de
-anarquía, de guerra y destrucción.
-
-Con franqueza declaro que he comenzado á leer la obra del general Mitre
-por el último tomo, en busca de la narración de estos sucesos tan
-importantes y decisivos, creyendo no ser por ello injusto con el autor,
-pues la materia, como ha de suceder á todo americano, me era de antemano
-familiar, y en las vueltas del camino que mi ansiosa curiosidad me había
-incitado á seguir, no había abandonado un solo momento el hilo
-conductor.
-
-No es posible encarecer demasiado todo lo que hay de enteramente nuevo y
-tratado con singular inteligencia de las cosas militares, con suma
-abundancia de detalles desconocidos hábilmente comentados, en la parte
-que se refiere á la creación del ejército de los Andes, á la residencia
-de San Martín en la provincia de Cuyo, á la admirable y dramática
-reconquista de Chile. El paso de la Cordillera, las jornadas inmortales
-de Chacabuco y de Maipu, la noche infausta de Cancharrayada que entre
-ambas batallas tan terriblemente se interpuso, están magistralmente
-relatadas con minuciosidad y con claridad, y hay planos muy ingeniosos
-para facilitar su estudio á los profanos en el arte militar. Muchos no
-se habrán dado de estos sucesos cuenta tan perfecta y cabal como ahora.
-Estos capítulos, que en suma encierran lo que es la gloria excepcional
-é inmarcesible del ilustre caudillo, abarcan la mitad de la obra; en
-ellos ha podido el general Mitre aprovechar la rica mina de documentos y
-de noticias por él acumulados con paciencia ejemplar, aplicar sus
-conocimientos especiales, su experiencia de los negocios públicos, su
-espíritu sereno y levantado, y bastan para asegurarle alto puesto, el
-primer puesto, entre los historiadores americanos de toda esa época.
-
-Quienquiera intente después de él tratar directa ó indirectamente los
-acaecimientos de tan largo y crítico período, hallará el camino abierto
-y la tarea muy simplificada. Sin parar mientes más de lo estrictamente
-necesario en la extrañeza de ciertos adornos y recursos habituales de su
-estilo, en el lenguaje á veces oscuro para lectores no argentinos ó
-chilenos, agradecerá tan vivamente como debe el inapreciable servicio
-prestado á la literatura histórica en América.
-
-
-
-
-J. L. MOTLEY
-
-Y SU HISTORIA DE LA GUERRA DE LOS PAÍSES BAJOS CONTRA ESPAÑA.
-
-"The correspondence of JOHN LOTHROP MOTLEY.--2 vols. London. 1889."
-
-
-El ilustre historiador norteamericano Motley no pasó toda su vida
-únicamente dedicado á sus estudios y sus libros como Prescott; á éste un
-defecto físico, un padecer constante de los ojos, que á intervalos fué
-completa ceguera, lo condenó á vivir siempre encerrado en su gabinete,
-mientras que Motley, educado en universidades de Europa, lleno de vigor
-físico y con las más brillantes dotes intelectuales, pudo desde muy
-temprano extender el campo de su actividad y seguir la carrera
-diplomática, ponerse al servicio directo de su país, al mismo tiempo que
-continuaba estudios eruditos y componía sus hermosos libros. Esta doble
-y generosa ambición no redundó por desgracia en provecho de su felicidad
-personal, y al fin de sus días, sin culpa suya, por la injusticia de los
-hombres y las cosas, tuvo sobrado motivo de envidiar amargamente la
-existencia apacible, la tranquila gloria literaria á que solamente
-aspiró Prescott, su predecesor, amigo, émulo é insigne conterráneo.
-
-Obtuvo, pues, Motley en la una y la otra carrera resultados
-diametralmente opuestos. Su historia de la lucha por la independencia en
-los Países Bajos fué, apenas publicada, leída ávidamente, saludada por
-el más unánime y nutrido aplauso en Europa y en América. Sus dos grandes
-empleos diplomáticos: ministro plenipotenciario en Austria durante la
-presidencia de Lincoln primero y de Johnson después, é igual cargo,
-luego, en la Gran Bretaña por nombramiento del general Grant, terminaron
-de una manera desastrosa, por decirlo así, porque de ambos se retiró
-contra su voluntad y agraviado profundamente.
-
-Huellas penosas le dejaron las dos desagradables aventuras; el colector
-de su correspondencia privada, salida á luz unos doce años después de su
-muerte, en 1899, ha tratado de no señalarlas demasiado, de atenuarlas y
-esfumarlas un tanto; pero bien se descubren en varias de sus cartas,
-como también se pueden reconocer en sus últimos trabajos históricos. La
-parte biográfica no es, sin embargo, el principal atractivo en estos dos
-volúmenes, por lo menos en cuanto á Motley mismo se refiere. Habla él
-poco de sí, á veces hasta lo evita. Hay en cambio muy curiosas
-observaciones, retratos á la pluma, trazados á menudo con tanta rapidez
-como exactitud, de multitud de personas distinguidas con quienes estuvo
-en relaciones durante su larga residencia en Europa, á causa del éxito
-de sus libros y también de sus representaciones diplomáticas en Viena y
-en Londres. La íntima amistad que desde la juventud lo ligó á Bismarck,
-su condiscípulo en Göttingen y en Berlín, añade igualmente valor á la
-colección por contener cartas de uno y otro. Todo esto explica el
-interés despertado, aunque no sea esta Correspondencia como obra
-literaria de las que aumentan considerablemente la reputación de un
-autor, á la manera de las deliciosas cartas de Merimée al bibliotecario
-del Museo británico Panizzi, ni tampoco de las que revelan aspecto
-desconocido, apenas sospechado, del talento de un escritor, como las del
-conde Joseph de Maistre á su familia cuando, bloqueado en San
-Petersburgo por las victorias y el malquerer de Napoleón, representaba
-allí con tanta distinción al destronado rey del Piamonte.
-
-Al estallar en 1861 la guerra civil de los Estados Unidos, contaba
-Motley cuarenta y siete años de edad, y hacía cinco que había dado á luz
-su primer trabajo histórico, su obra maestra, "la Fundación de la
-república de Holanda" (_The Rise of the Dutch Republic_) en tres
-volúmenes. Los dos tomos primeros de la continuación, con el título de
-"Historia de las Provincias Unidas," aparecieron en 1860. El éxito fué
-muy rápido, muy grande y en parte inesperado.
-
-Impresa la primera obra por cuenta del autor, pues ninguna casa editora
-quiso correr el riesgo de comprársela, se abrió camino prontamente, y en
-un año se vendieron en Inglaterra quince mil ejemplares, lo cual es
-mucho, dada la época, la materia y las proporciones de la obra. Fué
-traducida inmediatamente al holandés, al alemán y al ruso, y se
-anunciaron en competencia dos traducciones al francés que pronto
-aparecieron, una en Bruselas y la otra, con prólogo é intervención de
-Guizot, en París. Los jueces más autorizados confirmaron el aplauso
-público, y entre ellos los verdaderamente abonados, los que se dedicaban
-con especialidad al estudio de los mismos sucesos desde puntos diversos
-de vista, como Froude en Inglaterra, como Prescott en los Estados
-Unidos, como Bakhuyzen van den Brink en Holanda, todos concurrieron
-declarando el alto valer de la obra del nuevo historiador.
-
-Es sin disputa libro muy notable, escrito con el calor y movimiento de
-una novela histórica y escrupulosamente fundado sobre estudios directos,
-originales, seguidos por espacio de diez años en diversos países, dentro
-de los archivos donde se custodian los documentos, los manuscritos
-auténticos y despachos diplomáticos en que observadores muy sagaces á
-menudo han ido acumulando vasta masa de noticias inéditas todavía, venas
-de mineral precioso, á las que falta sólo la paciencia del erudito para
-aquilatar su riqueza.
-
-Motley concibió, desde luego, su trabajo como un inmenso cuadro,
-armoniosamente completo, y lo ejecutó conforme á un plan de la más
-estricta y admirable unidad, sin que desde la página inicial hasta su
-término flaquee la inspiración del artista ni decaiga el interés de la
-narración. Es una obra histórica que tiene héroe, protagonista, como en
-las novelas y poemas; no una biografía propiamente hablando, pues relata
-los sucesos de un largo período de la vida de una nación, pero floreció
-durante ese tiempo un hombre que fué sin cesar el alma de la situación,
-en cuyo corazón palpitaba la sangre, la vida de su patria; y presente ó
-ausente, aparece siempre dominando la escena su heroica y varonil figura
-ó su nombre esplendoroso. Ese héroe es Guillermo de Nassau, "el rebelado
-Príncipe de Orange", como lo apellida un poeta español; el Taciturno,
-como generalmente se le llama, por antigua y curiosa antífrasis, pues
-era de carácter afable y comunicativo. Motley nos lo presenta desde el
-primer capítulo, en la hermosa descripción de la ceremonia del gran
-salón del palacio de Bruselas cuando, en un día del mes de Octubre de
-1555, abdicó solemnemente Carlos V y traspasó á su hijo Felipe la corona
-real y los vastos territorios en Europa y en América que de ella
-dependían. Era entonces Guillermo un joven de veintidós años, sobre cuyo
-hombro se apoyaba el fatigado y gotoso Emperador y Rey, al pronunciar de
-pie su arenga de despedida. Así comienza la historia de Motley para
-terminar veinte años más adelante el día infausto del mes de Julio de
-1584, en que sucumbe Guillermo de Orange mortalmente herido por la bala
-de un asesino.
-
-¿Quién hubiera dicho al ilustre y orgulloso monarca, al concluir su vida
-pública en medio de la pompa de esa gran representación teatral, que
-estaban ya reunidos en aquel salón del palacio de los duques de Brabante
-los personajes principales de un tremendo drama, cuyo desenlace
-arrastraría consigo la anulación de todos los votos, el aniquilamiento
-de todas las esperanzas, expresadas en la arenga y puestas bajo el
-amparo y bendición de Dios Todopoderoso en el tono de grave, serena y
-altiva confianza que naturalmente correspondía al que todos allí
-consideraban como lugarteniente de Dios sobre la tierra? ¿Quién le
-hubiera anunciado al oído que el joven en cuyo brazo se apoyaba como el
-del más fiel de sus vasallos, había de ser enemigo acérrimo,
-irreconciliable de su hijo; que gracias á él triunfaría en los Países
-Bajos la religión reformada, se amenguaría el prestigio de la monarquía
-y mermaría considerablemente el patrimonio allí trasmitido á sus
-descendientes?
-
-Entre esos dos sucesos capitales, abdicación de Carlos Quinto y muerte
-del príncipe de Orange, desenvuelve Motley su narración, que por sí
-misma se divide en cinco grandes partes y una introducción, como los
-actos de una vasta composición dramática. En todos ellos es siempre
-Guillermo el personaje prominente, pero en cada uno pelea con un
-adversario diferente, contra los que en rápida sucesión van viniendo á
-representar los derechos hereditarios del pequeño, delgado y laborioso
-monarca, que desde el fondo de su palacio en Valladolid, en Madrid ó en
-el Escorial, devana los hilos de la inmensa trama que debe mantener el
-mundo sometido á la absoluta unidad de creencias religiosas y á la
-jurisdicción del Santo Oficio. Cuando partió de Flandes Felipe, cuatro
-años después de su advenimiento al trono, quedó encargada de oponerse á
-las justas reclamaciones de las Provincias su hermana Margarita, hija
-natural del Emperador. Frustrados los primeros planes despóticos del
-rey, vino el duque de Alba á la cabeza de un fuerte ejército, resuelto á
-probar con sangre y fuego otro sistema de gobierno y arrancar de cuajo
-la rebelión, matando, arruinando, desolando y aterrando: formidable
-tarea que el terrible duque ejecutó puntualmente, obedeciendo como
-aguerrido y sumiso militar las implacables instrucciones de su señor,
-exagerándolas también como indignado y sanguinario vasallo del injuriado
-soberano. Nada obtuvo en definitiva, y con su vuelta á España cae el
-telón del segundo acto, el más espantoso de la tétrica tragedia.
-
-La tercera parte comprende la breve é indecisa administración del
-Comendador mayor de Castilla Requesens, que murió súbitamente en medio
-de una campaña, quedando el ejército de ocupación sin general en jefe,
-de lo cual provino poco después el saqueo de la ciudad más rica del
-Brabante por la soldadesca desenfrenada, atentado colosal, famoso en la
-historia con el nombre de "furia de Amberes".
-
-El cuarto acto, aunque más corto todavía, de sólo dos años, excita
-interés como si fuera episodio de una novela romántica. Comienza en el
-momento en que don Juan de Austria se desmonta del caballo en
-Luxemburgo, después de haber atravesado toda la Francia al galope desde
-la frontera española, disfrazado de esclavo morisco, para hacerse cargo
-más pronto del gobierno de los Países Bajos, lleno de ambiciosas y
-halagüeñas esperanzas. Termina cuando exhausto y desesperado, al cabo de
-veintidós meses de estéril y fatigante lucha como guerrero y como
-diplomático, es invadido de la peste frente á Namur y muere dentro de
-una choza miserable á los treinta y tres años, pobre y sintiendo perdido
-todo su prestigio, sin más bienes de fortuna que los objetos de su uso
-personal, "esos trapos que ahí quedan", como dijo patéticamente á su
-confesor; después de haber vivido como un paladín del tiempo de las
-Cruzadas y haber soñado toda su vida en ceñirse una corona, que brilló
-continuamente ante sus ojos deslumbrados y nunca estuvo al alcance de su
-mano.
-
-Antes de morir traspasó don Juan sus poderes á Alejandro Farnesio,
-príncipe de Parma, su sobrino, pero de su misma edad y en todo y por
-todo otra clase de hombre. Fué Farnesio en la guerra y en la política el
-más hábil de los gobernadores que tuvo el rey en esos dominios y da
-nombre á la quinta y última jornada del drama comprendido en la
-narración de Motley. Encontró en él Guillermo de Orange, adversario
-digno de su acero, muy capaz de haber logrado el triunfo si la habilidad
-y la energía hubiesen bastado á asegurarlo en causa tan inhumana. Mas
-si por la fuerza misma de las cosas no era dable á tan formidable
-caudillo vencer y extirpar la rebelión, pudo al menos contenerla,
-reducirla parcialmente, y la fortuna quiso concederle el gran favor de
-que uno de los varios asesinos despachados para matar al ilustre
-rebelde, cuya cabeza estaba de mucho tiempo atrás puesta á precio por
-edicto del soberano, consumase durante su gobierno el nefando atentado.
-
-La "Historia de las Provincias Unidas", lleva los sucesos hasta la
-tregua de Doce años y la terminación virtual de la lucha con España.
-Concebida en idénticas proporciones y con el mismo plan que la
-precedente, carece de la unidad y concentración de interés que le presta
-la intervención del Taciturno, pero el conocimiento profundo de la
-materia y el vigor de la pluma son exactamente iguales.
-
-El impetuoso, ardiente entusiasmo que siente y no disimula el
-historiador angloamericano por la causa de los Países Bajos, lamentando
-sus desastres y exaltándose con sus victorias, produce al cabo un efecto
-particular, casi una fascinación. Vivamente persuadido de la profunda
-semejanza, de las íntimas relaciones históricas entre la república de
-los Estados Unidos vencedora de la Gran Bretaña en el siglo XVIII, y la
-república bátava luchando contra España en el XVI, no puede á veces
-contener su emoción y palpita en sus palabras con el calor de la fiebre
-el amor á la libertad, la aversión al despotismo y la fe más firme
-republicana. Hubiera, sin duda, sido más filosófico mirar las cosas con
-inalterable serenidad, examinarlas por todos sus lados más reposadamente
-y analizar las controversias religiosas y políticas del pasado sin traer
-á su estudio ninguna de las pasiones del combate, ni siquiera las más
-elevadas, respetables ó desinteresadas; pero la verdad es que no hay un
-fallo de Motley en desacuerdo con la equidad, que reprueba la injusticia
-dondequiera que la encuentra, que ha ido á comprobar en fuentes
-originales todo lo que dice, y ofrece al lector los datos necesarios
-para rectificar el valor de sus observaciones.
-
-El defecto principal de estos trabajos, el que minora un tanto su
-importancia como arte, aunque dejando intacta su utilidad como obra de
-erudición, es la exuberancia, no solamente del estilo, á veces demasiado
-redundante y de un colorido exagerado, sino también de la materia, á
-menudo desleída y extendida más allá de los límites necesarios, sobre
-todo cuando se empeña en extractar minuciosamente documentos y seguir
-hasta sus menores detalles negociaciones diplomáticas cuyo interés no
-concuerda con la atención que demandan. En uno y otro caso, en el estilo
-y en la distribución de los materiales, arrastra al autor su doble
-temperamento de artista entusiasta y de paciente erudito.
-
-Los largos años de estancia en Europa no lo desprendieron de sus raíces
-en América, y siguió siempre la marcha de las transformaciones
-políticas de la patria con atenta mirada. Puede colegirse cuales eran
-sus opiniones de estas palabras con que en carta á su madre, incluida en
-la _Correspondancia_, saluda la elección de Lincoln á la presidencia:
-"Después de este gran veredicto no es posible ya, gracias á Dios, decir
-que la esclavitud es la ley de mi país ni que la bandera americana donde
-se presenta lleva consigo la esclavitud". Al comenzar el período crítico
-de la guerra civil quiso, como era natural, valerse el gobierno
-americano de su reputación europea y lo nombró ministro plenipotenciario
-en Austria. Ahí pudo continuar en relativa tranquilidad sus trabajos,
-buscando en el estudio de lo pasado distracción de las angustias que la
-situación de la patria discorde y bañada en sangre despertaba en su
-ánimo, y de que abundan en la _Correspondencia_ pruebas interesantes.
-Desempeñó con habilidad su encargo, pero la suspicacia y violencia de
-carácter del presidente Johnson, en una cuestión personal de muy menuda
-importancia, forzáronlo, al fin, á presentar su dimisión.
-
-Cuando subió el general Grant al poder, obtuvo la representación de los
-Estados Unidos en Inglaterra, puesto infinitamente más agradable, que
-aceptó lleno de lisonjeras esperanzas, pues tenía en Londres muchos
-amigos y contaba que lo ayudarían en el desempeño de su misión,
-particularmente difícil en esos días en que el gobierno americano estaba
-con justicia enconado contra el británico por las numerosas pruebas,
-sólidas y palpables, con que demostró su simpatía por la Confederación
-de los estados del sur. Pero fueron vanas sus esperanzas, la
-plenipotencia duró apenas un año, y merece realmente la pena de
-recordarse y relatarse el modo cómo de súbito y sin previo aviso se la
-quitaron. Motley, nombrado en virtud de la influencia política de su
-íntimo amigo el senador Sumner, sin saberlo ni haberlo podido prever,
-sufrió las consecuencias de un desavenimiento entre Grant y Sumner.
-
-Apenas instalado Grant en la presidencia manifestó el más vivo deseo de
-anexar la república de Santo Domingo á los Estados Unidos, y al efecto
-firmó un tratado con Baez que entonces la presidía. Como todos
-necesitaba ese tratado para tener valor el voto favorable de las dos
-terceras partes de los senadores, y Sumner en su calidad de _Chairman_
-de la Comisión de negocios extranjeros del Senado tenía en esos asuntos
-preponderante influencia, además del peso que daban á su opinión su
-antiguo prestigio y sus grandes servicios al partido republicano
-triunfante. Grant decía que Sumner le había ofrecido su voto en pro, y
-Sumner afirmaba que se había limitado á declarar que siempre
-consideraría con el mayor respeto y la más imparcial atención todo lo
-que viniese de quien era jefe de la nación y jefe del partido á que
-ambos pertenecían. Sumner, hombre muy orgulloso, que estaba muy engreído
-y nunca faltó á su palabra, no podía en realidad haber dicho otra cosa;
-el Presidente entendió probablemente lo contrario; los dos procedían
-seguramente de buena fe.
-
-El caso fué que el senador, al presentar á discusión el tratado con el
-informe adverso de la Comisión, demolió uno por uno sus artículos en un
-discurso de cuatro horas atacando con su habitual vigor á Baez, á los
-que con él trataron y á todos los que "querían forzar un pueblo débil al
-sacrificio de su país"; y después de largos debates votó en favor de los
-proyectos del Presidente la mitad no más de los senadores, quedando,
-pues, el tratado rechazado.
-
-Grant enfurecido, no pudiendo hacer nada personalmente contra Sumner,
-ordenó á Hamilton Fish, su Secretario de Estado, que destituyese en el
-acto á Motley de su cargo en Inglaterra, pues era hechura del senador.
-Fish obedeció prontamente; la votación del Senado tuvo lugar el 30 de
-Junio de 1870, y Motley fué destituído por telégrafo el primero de Julio
-siguiente.
-
-Fué una afrenta inmerecida impuesta á un alto funcionario, que era al
-mismo tiempo hijo eminente del país, y Presidente y Secretario la llevan
-á la posteridad como cargo imborrable de su conducta política. Motley lo
-soportó virilmente sin promover escándalo, pero el golpe le hizo
-profundos estragos y creen quienes lo conocieron que abrevió su
-existencia.
-
-Después de la destitución publicó la tercera y última de sus historias
-con el título "Vida y muerte de Juan de Barneveld", que se liga con los
-sucesos de las anteriores, y llega hasta donde ya se vislumbra el
-principio de la guerra de Treinta años. Conserva las mismas brillantes
-cualidades de las otras, pero el argumento no es susceptible del mismo
-género de interés palpitante, salvo algunos episodios, como la evasión
-de Hugo Grocio. Un crítico muy competente la tiene por la más clásica de
-sus producciones[68].
-
- [68] El erudito holandés Groen van Prinsterer, citado por O.
- Wendell Holmes en la excelente biografía que, con el título de _A
- Memoir_, publicó después de la muerte de Motley, donde se
- encuentran pormenores sobre su vida pública y la brusca terminación
- de su carrera diplomática, puntos á que sólo incidentalmente se
- alude en la _Correspondencia_. Véase también la biografía "Charles
- Sumner by Moorfield Storey". Boston, 1900.
-
-Hablando en esta última obra de un embajador holandés, Aerssens, á quien
-trató su gobierno en cierto modo como el general Grant lo había tratado
-á el, no desperdicia la ocasión de decir que ultrajes de ese género
-hieren profundamente y que no puede menos de sentirse oprimido de cólera
-y de dolor el que se ve deshonrado así ante el mundo después de haber
-cumplido escrupulosamente su deber y defendido los derechos y la
-dignidad de su patria. Luego agrega refiriéndose siempre á Aerssens,
-pero la alusión es transparente. "Sabía muy bien que los cargos contra
-él no eran más que pretextos y los motivos que impulsaban á sus enemigos
-tan indignos como los ataques mismos; pero no ignoraba al mismo tiempo
-que el mundo se pone por lo general del lado de los gobiernos contra los
-individuos, y que raras veces la reputación de un hombre es bastante á
-defenderlo en tierra extranjera, cuando su propio gobierno alarga la
-mano, no para protegerlo, sino para asestarle la puñalada".
-
-Más de un pasaje impregnado del mismo sentimiento se encuentra en otras
-páginas de la obra y en algunas alusiones de la _Correspondencia_,
-revelando discretamente que la herida recibida en el pecho no
-cicatrizaba, que destilaba sangre sin cesar. Las letras, fieles
-consoladoras de los que en ellas buscan solamente la verdad ó la
-belleza, le trajeron el único alivio posible en su situación; pero el
-desengaño amargo le había sorprendido al caer ya la tarde, en período
-demasiado avanzado de su carrera, cuando los resortes vitales habían
-perdido mucho de su elasticidad, y el daño resultó irreparable. Quiso
-luchar, seguir sus estudios, registrar archivos, visitar lugares para la
-historia ofrecida de la guerra da Treinta años, con la que contaba
-cerrar dignamente su vida literaria, pero en vano. En 1873, dos años
-después del penoso desastre, aparecieron los primeros síntomas de la
-afección cerebral que lo arrebató en 1877. Un mes antes había cumplido
-sesenta y tres años.
-
-
-
-
-ANDRÉS BELLO
-
-Obras completas de _Don Andrés Bello_.--Quince volúmenes. Santiago de
-Chile.--1881-1893.
-
-
-En el año de 1872 votó el Congreso nacional de Chile una ley para que se
-ordenase é imprimiese á costa del tesoro público la edición completa de
-las obras tanto publicadas como inéditas de Andrés Bello, en recompensa
-(dice el texto de la ley) á los servicios por él prestados como
-escritor, profesor y codificador. La edición, llevada á cabo bajo la
-dirección del Consejo de Instrucción pública, es sin disputa hermoso
-monumento elevado en honor del que es gloria reconocida de toda la
-América que habla la lengua de Cervantes: quince gruesos volúmenes en
-octavo grande, en condiciones tipográficas bastante buenas, precedidos
-todos de los datos y noticias necesarias, y acopiando, bien en el cuerpo
-de los tomos, bien á veces en esas mismas introducciones, cuanto se ha
-podido encontrar debido á la pluma del ilustre venezolano, tanto entre
-sus manuscritos como en los más antiguos y olvidados papeles periódicos
-donde escribió en el curso de su larga vida.
-
-Invitado Bello por el gobierno chileno, fué á establecerse en Santiago
-el año de 1829; tenía entonces cuarenta y ocho años, una familia
-numerosa formada en Inglaterra, donde había residido diez y nueve años
-y se había casado dos veces. Durante esa larga estancia en tierra
-extranjera había sido secretario de las legaciones de Venezuela, de
-Chile y de Colombia en varias ocasiones, además periodista, profesor en
-casas particulares, traductor, descifrador de manuscritos, luchando de
-mil maneras para ahuyentar la miseria y sostener su familia. Pero el
-sueldo de diplomático era corto y siempre mal pagado, los otros trabajos
-inseguros ó mezquinamente retribuídos, y el pobre hombre, á pesar de su
-instrucción extraordinaria é infatigable laboriosidad, se acercaba en
-las más precarias condiciones al límite fatal de los cincuenta años, sin
-recursos de fortuna y agobiado por necesidades domésticas. No le era ya
-dado pensar en volver á Caracas, su ciudad natal; sobre no estar
-satisfecho del modo como en su ausencia lo habían tratado ni del aprecio
-con que sus jefes, Bolívar mismo incluso, habían correspondido á sus
-servicios, ya en ese año de 1829 se veía venir inevitable la disolución
-de Colombia y la anarquía propagarse terriblemente en Venezuela.
-
-Aceptó, pues, las proposiciones, salió para Chile y halló aquello de que
-iba en busca: seguridad de la existencia material y campo donde ejercer
-sus grandes facultades de literato, periodista, educador del país,
-maestro de la juventud. Treinta y seis años más debía vivir, residiendo
-siempre en la ciudad de Santiago hasta su muerte en Octubre de 1865, á
-la respetable edad de ochenta y cuatro años. El gobierno chileno le
-confirió desde luego la categoría de empleo que había ofrecido, lo
-nombró al poco tiempo Oficial mayor del Ministerio de lo Exterior y
-gradualmente fué otorgándole cargos y honores: Rector de la Universidad,
-Senador, Comisionado especial de la redacción de códigos, etc. Después
-de su muerte se le han erigido estatuas, se ha celebrado con entusiasmo
-en 1881 el centenario de su nacimiento, se ha publicado en fin esta
-hermosa edición de sus obras, costeada por fondos públicos y regalada en
-parte á la familia, á los herederos de Bello.
-
-Se ha mostrado, por tanto, la república de Chile noblemente agradecida
-al ilustre varón venezolano que la hizo su segunda patria. Pero antes de
-tocar al período de los triunfos tuvo Bello que pasar momentos muy
-amargos. Desde su llegada, encontrándose el país en situación bastante
-incierta, en vísperas de sangrientas discordias, se vió forzado por las
-circunstancias á colocarse, ó parecer colocado, del lado de uno de los
-dos partidos que se disputaban el porvenir de la república.
-Afortunadamente salió victorioso el partido á que se inclinó: de ahí que
-pudiese permanecer tranquilamente y dejar al tiempo traerle los honores
-y el respeto que sus grandes méritos justificaban; pero de ahí también
-surgieron enemistades y rencores que en seguida lo expusieron á rudos
-ataques, durante muchos años después á insultos y alardes enfadosos de
-desdén. Todavía en 1835, seis años después de su naturalización, un
-chileno distinguido, justamente llamado "patriota venerable" por
-Amunátegui en su copiosa é interesante _Vida de Don Andrés Bello_,
-calificó de _miserable aventurero_ al insigne autor de la silva á la
-Zona tórrida.
-
-Recibir cara á cara tal expresión de vilipendio á los cincuenta y cuatro
-años de edad, después de haber escrito obras inmortales, y en un país,
-que si no es la patria, es lo más próximo posible, por la identidad de
-la lengua, de las costumbres, de las tradiciones y hasta de los
-infortunios, debe exceder al dolor físico más punzante. Huella profunda
-del efecto que ese y otros ataques le causaron aparecen en varios de sus
-escritos, á pesar de su calma y moderación ingénitas; señaladamente en
-una muy sentida octava de un apóstrofe al campo con que comienza el
-canto tercero del poema _El Proscrito_, que dice así:
-
- ¡Al campo! ¡Al campo! Allí la peregrina
- Planta, que floreciendo en el destierro
- Suspira por su valle ó su colina,
- Simpatiza conmigo; el río, el cerro
- Me engaña un breve instante y me alucina:
- Y no me avisa ingrata voz que yerro,
- Ni disipando el lisonjero hechizo
- Oigo decir á nadie: ¡_advenedizo_!
-
-Pero dadas las condiciones en que se encontraba no debe extrañar
-sobremanera que fuese cruelmente atacado, ni sería justo deducir cargo
-demasiado severo contra Chile. En cualquiera otra parte probablemente le
-hubiera sucedido lo mismo, y es seguro que allí por lo menos obtuvo á
-la postre grandes y justas compensaciones.
-
-Antes de fijar brevemente nuestra atención en la parte poética de la
-obra de Bello, haremos ligera indicación de los escritos coleccionados
-en los demás volúmenes, prescindiendo de los cinco últimos tres de los
-cuales comprenden exclusivamente sus trabajos como jurisconsulto y
-codificador, y los otros dos artículos ó científicos ó de viajes ó de
-algún otro asunto, pero todos de importancia mucho menor.
-
-El tomo primero contiene la _Filosofía del entendimiento_, tratado
-póstumo de psicología y lógica, que el autor á su muerte tenía copiado
-en limpio y preparado para la impresión. Su principal importancia
-consiste en revelarnos las doctrinas que enseñaba Bello á sus
-discípulos; fuera de eso es materia completamente envejecida. Su larga
-estancia en Inglaterra lo impulsó á abrazar la filosofía allí entonces
-imperante, los sistemas de la escuela escocesa, muy en consonancia,
-además, con sus tendencias espiritualistas y con su modo práctico de
-considerar los problemas de la ciencia y de la vida. Entre los varios
-filósofos que escribían ó profesaban en ese tiempo parece haber
-preferido, aunque á veces refutándolo, á Thomas Brown, poeta también y
-prosista distinguido. Pero los libros de Brown están ya completamente
-olvidados aun en Inglaterra misma, y nada ó casi nada queda hoy de sus
-aplaudidas doctrinas filosóficas. El tratado de Bello se distingue por
-la claridad de la exposición y la excelente distribución de sus partes;
-es un libro de enseñanza, del género de los que compuso el presbítero
-Balmes, y si no escrito con la animación y brillantez que distinguen al
-polemista catalán, tiene en el fondo más solidez y más sinceridad en la
-discusión, y la forma es mucho más correcta, á pesar de que Bello
-distaba mucho de escribir en prosa tan bien como en verso.
-
-El tomo segundo encierra el antiguo poema ó Gesta del Cid, conforme á
-una nueva versión corregida del texto publicado por Sanchez á fines del
-siglo XVIII, con más de cien páginas de notas repletas de erudición y
-muy sagaces conjeturas, dos apéndices sobre la lengua y literatura
-españolas de la Edad media y un glosario, no tan flaco y desprovisto
-como el de Sanchez y otros, después del de Sanchez, publicados en
-España.
-
-Las materias de estos dos primeros volúmenes adolecen del mismo mal. Muy
-notablemente tratadas para la época de su composición tienen gran valor
-en la historia de la vida de Andrés Bello, pero menos utilidad é interés
-directo para filósofos ó eruditos al corriente de la ciencia de nuestros
-días. La psicología escocesa, aun mirada al través de los universitarios
-franceses, parece hoy una curiosidad histórica, una antigualla. El texto
-del poema del Cid descifrado por Sanchez no es ya la base para edificar
-una nueva edición; el códice del siglo XIV que ese benemérito literato
-tuvo la suerte de descubrir no ha sido bien transcrito hasta una época
-posterior, en uno de los últimos tomos de la Biblioteca de Rivadeneyra,
-y mucho mejor en la edición de Halle publicada por el sabio alemán
-Volmöller[69]. Careció por tanto Bello de los elementos indispensables,
-y es muy de admirar por lo mismo que á veces adivinase detrás de las
-mentiras de la copia del siglo XIV la versión probable del original
-antiguo. Otras veces sugiere cambios menos aceptables, dando por sentado
-respecto al metro y otros puntos dudosos soluciones difíciles de
-justificar. Si el trabajo se hubiese publicado cuando lo proyectó y
-comenzó á ejecutarlo, cuando acudía diariamente al Museo británico á
-reunir sus materiales y acopiar el inmenso número de extractos y apuntes
-que se llevó á Chile, hubiera ocupado inmediatamente ese modesto hijo de
-Venezuela el primer puesto entre los sabios de Europa dedicados al
-estudio de la literatura de las naciones latinas durante la Edad media.
-Ya en 1829 sabía Bello sobre los cantares de gesta, los romances, las
-crónicas y en general sobre la lengua literaria de España más de lo que
-llegó nunca á saber Amador de los Ríos, que en esas materias pasaba en
-su tierra por un pozo de sabiduría.
-
- [69] Hay una transcripción más reciente, publicada en Madrid (1898)
- por D. R. MENÉNDEZ PIDAL.
-
-La _Gramática castellana_ con las excelentes notas de Cuervo llena todo
-el cuarto; en el quinto están reunidos el compendio de la misma
-gramática y sus trabajos menores del mismo género: análisis de la
-conjugación, métrica, etc. En ese terreno no tiene rival. Su utilidad
-práctica puede ir disminuyendo con el tiempo, pero el nombre del autor,
-príncipe de los gramáticos españoles en el siglo XIX, no morirá.
-
-El tratado de _Derecho internacional_, cuya primera edición data de 1832
-y unánimemente se considera como un modelo de libro de texto, por otros
-imitado y no mejorado, ocupa el tomo décimo, así como el noveno los
-_Opúsculos jurídicos_. Ambos volúmenes revelan su profundo dominio de
-las teorías del derecho, tan hábilmente aplicadas luego en los cinco
-últimos á la redacción de las leyes, que rigen y regirán siempre, más ó
-menos modificadas, en Chile.
-
-Cuantos documentos son necesarios para seguir su vida literaria se
-hallan bajo el rótulo de _Opúsculos literarios y críticos_ en los tomos
-cuarto, séptimo y octavo: ahí reaparecen sus artículos insertos en
-periódicos de Londres y de Santiago, en la _Biblioteca_, _El
-Repertorio_, _Los Anales_, _El Araucano_ y varios otros; sus discursos
-de la Universidad, sus memorias oficiales, y en los prólogos de don
-Miguel Luis Amunátegui, escritos para cada uno de los tomos, se
-encuentran hasta fragmentos de artículos no concluídos descubiertos
-entre sus manuscritos. Todos ellos por desgracia, los conocidos y los
-inéditos, confusamente amontonados sin orden de materias ni de fechas.
-
-Amunátegui, prologuista infatigable, que antepone á cada uno de los diez
-primeros volúmenes de esta edición largas introducciones desaliñadamente
-escritas, pero repletas de datos y rebosantes en amor y admiración hacia
-el famoso varón que fué su maestro, ha tenido la suerte de extraer de
-los manuscritos fragmentos interesantes, y aun alguna vez trabajos
-completos y valiosos. Halló en ellos un verdadero filón, pero no fácil
-de beneficiar. Bello usaba forma de letra malísima y en los últimos
-períodos de su vida escribía en caracteres microscópicos, desiguales y
-borrosos, que ni con fuerte vidrio de aumento se dejan fácilmente
-descifrar y exigen gran dosis de paciencia y conciencia en el
-descifrador. Varias de las obras antes inéditas estarán probablemente en
-esta edición cuajadas de errores nacidos de esa causa, y el mismo
-Amunátegui lealmente lo advierte y nos facilita armas para atacarlo en
-su función de lector de los jeroglíficos de Bello.
-
-Figuróse una vez haber encontrado versos en un papel, más cuidadosamente
-examinado resultó ser un viejo borrador de artículos para el Código
-civil. Otra vez en cambio tuvo la dicha singular de poner la mano nada
-menos que sobre el final perdido de la epístola á Olmedo, de los
-hermosos tercetos que en 1827 dirigió Bello á su amigo con el título de
-"Carta escrita desde Londres á París por un americano á otro", y de los
-cuales había publicado hasta completar el número de cincuenta y uno el
-mismo Amunátegui en su vida de Don Andrés, edición de 1882, deplorando
-que faltase el final ó no hubiese el autor llegado á escribirlo. Con muy
-legítima satisfacción, por tanto, procedió á insertar en la introducción
-al tomo de las poesías en estas Obras Completas nueve estrofas más: ocho
-tercetos y el cuarteto que definitivamente las cierra.
-
-El primer hallazgo era una fortuna, resolvía una duda bibliográfica,
-pero nada añadía á la reputación del poeta: antes al contrario parecía
-bien extraño que en la fuerza de sus años escribiese Bello terceto tan
-áspero y rocalloso como éste:
-
- Y en todos sus oráculos proclama
- Que al Magdalena y al Rimac turbioso
- Ya sobre el Tiber y el Garona ama.
-
-O que poeta tan sobrio y conceptuoso echase á volar este verso insulso y
-palabrero:
-
- Bella visión de cándidos cristales.
-
-No había semejante cosa, tales adefesios no eran de Bello, eran mala
-lectura del manuscrito, y por dicha se pudo rectificar el verso.
-
-La epístola acaba con una apoteosis á la antigua moda clásica. Olmedo se
-sienta en el Parnaso entre las Musas que entonan un himno en su loor; y
-para hacer más cumplido y delicado el elogio pone Bello en boca de las
-nueve hermanas versos del mismo Olmedo, versos tomados del magnífico
-canto á la victoria de Junín, donde se dice:
-
- Que ni Magdalén y al Rimac bullicioso
- Ya sobre el Tiber y el Eurotas ama.
-
-De esa manera un río clásico, el río de Esparta, viene á sustituir al
-Garona, el río de Burdeos, que tan impertinentemente se pretendió hacer
-correr por esa región de pura poesía. Lo mismo acontece con la visión
-absurda de _cándidos cristales_, que eran y debían ser _cándidas
-vestales_, como había escrito Olmedo. _Et sic de caeteris._
-
-Bello no caerá en el olvido ni como gramático ni como filólogo; en Chile
-es seguro que no se borrará su fama de legislador: pero los timbres
-indelebles de su gloria estarán siempre en sus obras poéticas. Es por
-consiguiente el más interesante de los tomos de esta edición el tercero,
-en el que por primera vez se encuentra completo, reunido cuanto de
-bueno, de mediano y de insignificante compuso ó tradujo en verso, hasta
-donde ha sido posible sacarlo de sus casi ilegibles manuscritos. La
-colección es muy superior á la que en 1881 apareció en Madrid en la
-_Colección de Escritores castellanos_, aseméjanse ambas solamente en el
-número considerable de erratas, pero esto es cosa corriente: el corregir
-erratas de imprenta parece un arte perdido, ignorado de casi todos los
-que en Europa y América publican libros en español.
-
-Esa edición de Madrid tiene el mérito de llevar al frente un estudio
-biográfico y crítico por Don Miguel Antonio Caro, pero comete el crimen
-de mutilar lastimosamente al poeta suprimiendo hasta cuarenta y seis
-versos de una de sus mejores obras, la _Alocución á la poesía_,
-simplemente porque aluden á España, á las crueldades de la conquista y
-de la guerra de independencia. El trabajo de Caro es muy notable,
-elegantemente escrito y de sólida doctrina, salvo en alguno que otro
-lugar en que el distinguido literato colombiano afirma en forma
-demasiado concluyente é imperiosa su gusto y su impresión personal. Por
-ejemplo, cuando en marcado son de vituperio llama intemperante el
-lirismo de Quintana, como si templanza y lirismo casi siempre no se
-excluyesen, y como si el lirismo mientras más genuino y más sincero no
-pudiese correr el riesgo de parecer intemperante, sin perder por eso su
-valor poético ni aminorar la intensidad de su efecto artístico. En otra
-parte celebra un poco más de lo justo una oda juvenil de Víctor Hugo,
-_Moisés en el Nilo_, para poder mejor dar al traste con todo lo demás
-que compuso el autor de _Las Contemplaciones_. Pero el punto de vista en
-que agrada aquí á Caro colocarse es el más propio y oportuno en un
-juicio crítico[70] de las poesías de Bello, é indisputablemente las
-juzga con íntima simpatía y tino singular.
-
- [70] Don M. Menéndez y Pelayo reprueba la expresión "juicio
- crítico" y débese á él sin duda que muchos en España se abstengan
- ya de emplearla. Tal vez sea vano empeño proscribir á estas horas
- lo que han usado numerosos escritores que sabían muy bien lo que
- decían. Es un pleonasmo, pero tan admisible como admitido. "Juicio
- crítico" quiere decir una disertación en que se _juzga_ un autor ó
- una obra conforme á las reglas de la _crítica_. La Academia
- Española misma define al crítico en su Diccionario de esta manera:
- "El que _juzga_ según las reglas de la _crítica_". Hay diversas
- maneras de juzgar como hay diversas maneras de emplear la palabra
- juicio.
-
-Cuando Bello en 1810, á los veintinueve años de edad, salió de Caracas,
-su patria, que nunca debía volver á ver, formando parte de la primera
-misión diplomática que se mandó á Europa, en la que entre otros iba
-también Simón Bolívar, nada había escrito todavía digno de ser puesto
-hoy en parangón con sus obras posteriores. En el curso de la segunda
-mitad del período de su dilatada residencia en Inglaterra publicó en la
-_Biblioteca_ y el _Repertorio_, las dos revistas en cuya dirección tomó
-parte principal, las _Silvas Americanas_, maravillosa obra maestra de
-toda la literatura en lengua castellana, pues por su magnífica é
-intachable dicción se eleva hasta igualar lo mejor que jamás se escribió
-en España, y por su asunto, sus imágenes y la amplitud de sus ideas
-lleva el sello profundo de la grandeza y novedad del mundo americano.
-Esas dos composiciones, los fragmentos que constituyen la _Alocución á
-la Poesía_ y la silva á _la Agricultura de la zona tórrida_, exceden á
-todo lo que escribieron Olmedo y Heredia, sus grandes rivales en
-América, aunque por otra parte esos dos poetas brillantemente le superen
-por la espontaneidad, el vigor y la variedad de la inspiración lírica.
-
-Bello es un admirable poeta didáctico, didáctico á la manera del autor
-de las _Geórgicas_, y basta á determinar bien la cifra de los quilates
-de su mérito recordar que la comparación, hecha y repetida infinito
-número de veces, no es un simple manoseado lugar común, un consorcio
-vago y caprichoso de nombres ó una indulgente concesión de apasionados;
-quiérese realmente con ella significar que creó el autor americano, á
-ejemplo y en libre imitación de Virgilio, algo casi tan bueno como
-muchos buenos trozos de los cuatro libros de esa célebre producción
-latina, que la recuerda y á menudo la iguala tanto en la parte puramente
-descriptiva como en los admirables episodios; salvo por supuesto la
-enorme desventaja que consigo trae la inferioridad literaria de la
-lengua moderna al lado de la antigua. Pero Bello, es claro, considerado
-bajo otro aspecto dista demasiado de Virgilio. Las Geórgicas anuncian,
-preparan, no en el estilo, ya perfecto, sino en el conjunto de las otras
-cualidades, al futuro cantor de la Eneida, y Bello, superior igualmente
-como erudito y como perfecto versificador, no podía aspirar á las
-alturas de poesía épica desde donde fulgura eternamente el genio del
-vate famoso de "la alta Roma".
-
-Analizar ahora esas producciones de la época mejor de Bello sería
-empresa inútil, ya muy bien desempeñada por Amunátegui, Cañete, Pombo y
-varios otros distinguidos escritores, y en primera línea por Caro y por
-Menéndez y Pelayo.
-
-En 1829, como va dicho, se estableció Bello en Santiago de Chile;
-entregado inmediatemente á monótonas y apremiantes ocupaciones cultivó
-poco la poesía, publicó menos aun de lo que á ratos perdidos escribía
-para su propio solaz. La necesidad de congraciarse el afecto de la nueva
-patria lo movió á cantar dos veces, con once años de intervalo, el _Diez
-y ocho de Septiembre_, fecha oficial de la independencia de la
-república; y es bien de admirar que esas dos odas así tituladas y
-nacidas en condiciones tan de poeta cortesano, sean lo que son: dignas
-de Fray Luis de León por su tono solemne y elevado. Imitan claramente
-las producciones del gran lírico castellano y ascienden sin desfallecer
-al mismo nivel de estilo y entonación. En la primera, la de 1830, es de
-notarse la siguiente estrofa por la energía de la expresión, aunque la
-imagen sea conocida, por el mismo Bello y por muchos otros usada ya:
-
- Vano error! Cuando el rápido torrente
- Que arrastra al mar su propia pesadumbre,
- En busca de la fuente
- Retroceda á la cumbre,
- Volverá el que fué libre á servidumbre.
-
-En la segunda, de 1841, más extensa y variada, hay un hermoso símil
-magistralmente desenvuelto, aunque abusa ya un poco de la transposición,
-rasgo característico de su dicción poética:
-
- Pero del rumbo en que te engolfas mira
- Los aleves bajíos,
- Que infaman los despojos miserables
- ¡Ay! ¡de tantos navíos!
- Aquella que de lejos verde orilla
- A la vista parece,
- Es edificio aéreo de celajes
- Que un soplo desvanece.
- Oye el bramido de alterados vientos
- Y de la mar, que un blanco
- Monte levanta de rizada espuma
- Sobre el oculto banco.
- Y de las naves, las amigas naves,
- Que soltaron á una
- Contigo al viento las flamantes velas
- Contempla la fortuna.
- ¿Las ves, arrebatadas de las olas,
- Al caso extremo y triste
- ¿Apercibirse ya? ... Tú misma cerca
- ¡De zozobrar te viste!
-
-Es perder el tiempo ahora lamentar la interposición de ese largo y
-estéril espacio de once años en que nada más hizo ó publicó el poeta; en
-que la dura necesidad de asegurar el sustento lo forzó al silencio,
-rodeado por una sociedad donde no hallaba ni auditorio ni estímulo ni
-esperanza para la poesía; y que la inclemencia del destino así lo
-persiguiese, cuando se acercaba ya al dintel de la ancianidad, para que
-inútilmente se consumieran las últimas llamaradas de su genio poético
-sin dar á nadie calor ni luz. Estaba entonces á punto precisamente de
-operarse en él marcada transformación, un rejuvenecimiento de sus
-facultades poéticas acompañado de nuevo rumbo impreso á su gusto y
-aficiones literarias: prueba del grande y raro vigor de su talento, pues
-iba ya á cumplir sesenta años.
-
-Fueron frutos de ese momento propicio, que comienza en 1841 y dura tres
-ó cuatro años más, unas siete composiciones que son después de las
-Silvas sus obras más características. Además de la canción ya citada, de
-un efecto monótono de propósito buscado, pero algo fría, escribió las
-bellísimas quintillas de _El Incendio de la Compañía_, en que sin
-dejarse dominar demasiado por las melodiosas seducciones del metro
-imprime al todo el acento de tristeza profunda, sobria, resignada que el
-asunto requería:
-
- Noche oscura, muerta calma:
- ¡Solemne melancolía!
-
-La primera parte describe poderosamente, sin exceso, sin inútil
-exageración de horror el incendio de la antigua y venerada iglesia de
-los Jesuitas en Santiago: la segunda representa las ruinas del edificio
-visitadas después de la catástrofe por una procesión de sombras y
-fantasmas. Para esta pintura no apela á largas enumeraciones como
-Espronceda en _El estudiante de Salamanca_ ó al vago delirio de
-Zorrilla en varias de sus leyendas; condensa el efecto en pocas estrofas
-limadas, correctas, en que ni falta ni sobra una partícula. Sirvan de
-ejemplo estas dos, en que la precisión de la sobria descripción apenas
-permite tildar la repetición de los consonantes verbales:
-
- Va á su cabeza un anciano,
- (Una blanca mitra deja
- Asomar su pelo cano).
- Cantan, y el canto semeja
- Sordo murmullo lejano.
-
- Mueven el labio, y después
- Desmayados ecos gimen;
- La luna pasa al través
- De sus cuerpos, y no imprimen
- Huella en el polvo sus pies.
-
-El vivo color romántico que distingue al _Incendio de la Compañía_
-indica ya bien claramente que la musa de Bello tendía á emprender vuelo
-por regiones nuevas. Dan de ello testimonio decisivo las cinco
-imitaciones de Víctor Hugo que en seguida publicó; su hermosa dicción,
-su rico lenguaje se amoldan en ellas sin deterioro á los vastos
-espacios, á los libres arranques de la nueva escuela de poesía. No se
-reduce al Víctor Hugo clásico todavía de las _Odas_ en el _Moisés
-salvado de las aguas_, sigue el desarrollo de su genio en las
-resplandecientes _Orientales_ para pedir luego otros dos motivos de
-inspiración á las _Hojas de otoño_ y á _Las Voces Interiores_, libros en
-que ya brilla con todo su vigor el genio lírico del gran vate de
-Francia. Las cinco son muy buenas, modelo perpetuo de lo que puede ser
-la verdadera transcripción en verso, de la manera única quizás de verter
-un poeta á otro gran poeta en idioma diferente, sin que en ninguno se
-deslustre ó amengüe la inspiración.
-
-Bello escribió poco en verso, un volumen de los quince que forman esta
-colección; su gloria reposa en unas diez ó doce composiciones todas
-notables, aunque en grados y cualidades diferentes. La historia de su
-vida explica por qué le faltó en realidad tiempo para más, á pesar de la
-crecida cifra de años que alcanzó. Pero aumenta en muchos puntos la
-admiración que arranca el conjunto de sus obras poéticas, cuando se
-piensa que el anciano autor de esas quintillas líricas de _El Incendio
-de la Compañía_, ó de las caprichosas y elegantísimas estrofas de los
-_Fantasmas_, ó del ascenso y descenso habilísimo del metro en _Los
-duendes_, es el mismo que en plena madurez compuso la majestuosa y
-severa silva á _La Agricultura de la Zona tórrida_ Y renovó la
-inspiración del cantor de las Ruinas de Itálica en el final del primer
-fragmento de la _Alocución á la poesía_. Esa feliz y brillante oposición
-entre los extremos de su carrera de poeta, entre la pureza clásica del
-principio y el esplendor romántico del fin, constituye su mayor
-originalidad, la verdadera razón que podría haber para colocarlo encima
-de Olmedo y Heredia, aunque sea verdad que en poesía subjetiva la palma
-debe siempre corresponder á la altura del vuelo lírico y á la
-impetuosidad de los movimientos.
-
-Hubo, además, otra faz en el talento de Bello: de ella hay en esta
-edición muestras abundantes, póstumas casi todas y quizás por lo tanto
-mal copiadas de sus manuscritos: una vena jocoseria ó "humorística" que
-desde el principio se hizo sentir, como lo indica su traducción del
-_Orlando Enamorado_ conforme á la refundición burlesca de Berni, y que
-persistió hasta lo último, como se ve por los cinco cantos de _El
-Proscrito_, publicados por primera vez ahora tales cual quedaron á la
-muerte del autor. Era de esperarse también que la elegancia natural de
-su estilo, la riqueza de su vocabulario y la precisión de su lenguaje
-condujesen á un alto grado de distinción en este género, y efectivamente
-hay en los dos poemas numerosas octavas tan buenas como las mejores de
-_La Mosquea_ de Villaviciosa, aunque ni en facilidad ni en chiste
-lleguen á las de Batres, el poeta heroico-cómico de Guatemala. Es
-lástima que no nos haya quedado nada definitivo, bien acabado en este
-género, pues _El Proscrito_ no es más que un esbozo incompleto, y en el
-_Orlando_ sólo son originales los exordios de algunos de los cantos.
-Produce efecto particular en _El Proscrito_ la mezcla de un gran número
-de chilenismos en la pura trama castellana de su lenguaje.
-
-Quizás se descubra todavía alguna otra composición, algún otro fragmento
-olvidado, pero nada importante agregarán á lo que ya poseemos, y el
-monumento literario está para siempre elevado. Débese á la gratitud de
-la república de Chile, y toca ahora á los hispanoamericanos agradecerlo
-á nuestra vez.
-
-
-
-
-UN "REPORTER" DE COSAS DE AMÉRICA
-
-EN EL SIGLO XV
-
-
-PEDRO MÁRTIR DE ANGLERÍA
-
-_Pierre Martyr d'Anghera, sa vie et ses oeuvres._ Par J. H. Mariéjol,
-Paris (Hachette).
-
-
-Es este libro una tesis ó conclusión de examen para el grado de Doctor
-en letras. El autor, catedrático en universidad de provincia, vino á
-París antes de la colación de su grado en busca de un tema para su
-discurso, que no estuviese demasiado manoseado, susceptible todavía de
-algún interés, de cierta novedad, y uno de sus futuros jueces le
-sugirió, según cuenta, la idea de estudiar la vida y los escritos del
-famoso Pedro Mártir, cuyas obras aun conservan valor para la historia de
-España, y serán siempre de suma importancia para la de América en la
-época del descubrimiento y primeros años de la conquista. Esa oportuna
-sugestión dió origen al presente volumen de lectura en extremo amena é
-instructiva.
-
-No es ahora tan común en Francia como antes este género de trabajos
-relacionados con la historia ó la literatura de España y la América
-española. Después de la guerra con Alemania en 1870 la curiosidad de los
-sabios franceses ha cambiado de rumbo y abandonado estudios que en los
-días del Imperio, para no ir más lejos, estaban muy generalizados. Algo
-probablemente influyó antes en ese interés por España la procedencia de
-la Emperatriz. Se le hacía un poco la corte, como era natural, tratando
-de cosas de su país. Damas-Hinard, su secretario particular, pudo
-gracias á ella ver salir de la Imprenta Imperial una magnífica edición
-del Poema del Cid con traducción, notas y comentarios, al mismo tiempo
-que Antonio de Latour, secretario en Sevilla del duque de Montpensier,
-del marido de una Infanta de España, escribía y animaba á muchos á
-escribir sobre asuntos españoles, y se mantenía así la tradición y el
-ejemplo de Mignet, Viel-Castel, Próspero Merimée, Rosseew Saint-Hilaire,
-de tantos otros. Existen hoy, es verdad, dos revistas exclusivamente
-consagradas á la península ibérica: la _Revue Hispanique_ dirigida en
-París por el erudito M. Foulché-Delbosc y el _Bulletin Hispanique_,
-publicado en Burdeos, en cuya redacción figuran literatos de tanto talla
-como Ernesto Merimée, autor del trabajo más completo que se conoce sobre
-Quevedo, y Alfredo Morel-Fatio. Pero ambas publicaciones son
-trimestrales y la _Revue_ á veces reúne bajo una sola cubierta dos y más
-entregas. Morel-Fatio se queja en alguna parte del abandono en que hoy
-se encuentran en su país los estudios españoles, y nadie sin embargo
-hace tanto por ellos como él mismo, que posee perfectamente el
-castellano, el catalán, el dialecto gallego tan cultivado al fin de la
-Edad Media, así como el portugués y el italiano; que ha hecho una
-edición admirable comentada y anotada de _El mágico prodigioso_, de
-Calderón, escrito las interesantes monografías de sus _Etudes sur
-l'Espagne_ y varios otros trabajos de gran mérito.
-
-Volviendo á la tesis de M. Mariéjol, no hay duda que es Pedro Mártir de
-Anglería, como en España se le llama, personaje muy interesante, y por
-fortuna no escasean los datos para componer su biografía. La colección
-de sus cartas, impresa poco después de su muerte con el título de _Opus
-Epistolarum_, comprende nada menos que ochocientos diez y seis números
-en un espacio de treinta y siete años, desde 1488 hasta 1525.
-
-"Un literato italiano en la corte de España" es el primer título de este
-libro. En efecto Pietro d'Anghera, milanés, residente en Roma y
-discípulo del gran Pomponio Leto, tenía treinta años de edad cuando se
-le abocó el conde de Tendilla, embajador de los Reyes Católicos, á
-pedirle que fuese á establecerse en España y propagar allí los inmensos
-adelantos que en ciencias y letras habían realizado los sabios italianos
-del Renacimiento. Propuesto el viaje fué inmediatamente aceptado. A
-España llegó en 1487, de España no salió más, salvo una breve excursión
-diplomática en Egipto, y en Granada murió en 1526 á los setenta años
-próximamente, pues no se conoce con certeza la fecha de su nacimiento.
-
-Apenas llegado asistió en el séquito de la reina Isabel á varios
-episodios de la campaña de Granada, y permaneció en el terreno de ese
-último duelo entre la cruz de Covadonga y la Media Luna hasta ser
-testigo de la dramática escena de la rendición del Zagal y penetrar
-luego con los Reyes Católicos en el palacio del monarca moro, en La
-Alhambra, cuya magnificencia arranca un grito de admiración
-extraordinaria á ese italiano, que había pasado en Roma muchos años de
-su vida: "¡Qué palacio, Dioses inmortales! ¡No hay otro que se le
-parezca sobre la superficie de la tierra!" Allí concibió admiración
-todavía mayor por los dos soberanos españoles á cuyo servicio se
-consagraba, por la reina especialmente, de quien recibiría muestras
-repetidas de favor y de quien hablaría siempre en los términos más
-exaltados como en la carta del 26 de Noviembre de 1504, día mismo del
-fallecimiento de Isabel, carta número 279 del Epistolario, que citan
-Prescott, Lafuente y otros historiadores: "El mundo ha perdido su
-ornamento más precioso; era el espejo de todas las virtudes, amparo de
-los inocentes y freno de los malos. No sé de otra heroína ni en los
-antiguos ni en los modernos tiempos que merezca ponerse al lado de esta
-mujer incomparable".
-
-Pedro Mártir abrazó en España la carrera eclesiástica, fué nombrado
-capellán de la reina, se puso al frente de una especie de academia
-ambulante de enseñanza de los nobles españoles, que mudaba de lugar
-siguiendo á la corte de Valladolid á Zaragoza, á Barcelona y otras
-capitales, y recibió el título oficial de "maestro de los caballeros de
-mi corte en las artes liberales" con treinta mil maravedises de sueldo.
-"Amamanté en mis pechos" dice una de las epístolas "á casi todos los
-principales de Castilla". La expresión que así traducida no dejará de
-parecer grotesca, lo es mucho más en latín: _suxerunt mea litteraria
-ubera_. Con los que menciona en sus cartas puede formarse larga lista de
-personajes por él educados, desde un duque de Braganza hasta otro de
-Villahermosa primo del rey, incluyendo varios Mendozas y Girones y
-Fajardos, los primeros nombres del país, en aquellos días en que la
-aristocracia era todavía un poder en la realidad y en la apariencia.
-
-En medio de la corte y con el favor de los soberanos hallóse, pues,
-Pedro Mártir de Anglería en la más ventajosa posición para conocer y
-juzgar con acierto los sucesos políticos, y no podían éstos menos de ser
-muy importantes, dados el país, la fecha, las circunstancias, cuando
-acababan los reyes Católicos de constituír y robustecer en ese extremo
-occidental del mundo una monarquía militar destinada á ejercer
-influencia preponderante en Europa por más de cien años, una hegemonía
-indisputable, como la que ejerce en nuestros días el imperio alemán.
-Gustábale infinito escribir cartas, tenía corresponsales en toda Europa,
-y principalmente en Italia, que recibían y leían con avidez sus
-noticias: de ahí el gran bulto del Epistolario. Era testigo presencial
-de muchos de los sucesos de que hablaba, y los más de ellos, á partir
-sobre todo de la muerte de la reina, despertaban por sí mismos dramático
-interés: primero las borrascosas relaciones entre Fernando el Católico y
-su yerno el archiduque Felipe; luego la muerte prematura, inesperada de
-éste; la locura de su mujer doña Juana; el viaje fantástico del cadáver
-de Felipe el Hermoso á través de media España, desde Miraflores hasta
-Granada, con la esposa demente sin cesar al lado del carro fúnebre,
-acampando á veces por las noches la comitiva en lugares solitarios, á la
-luz incierta de las antorchas sacudidas por el viento. Después la
-regencia famosa del inflexible cardenal Cisneros, los desmanes y la
-irrefrenable codicia de los flamencos que entraron con el joven rey
-Carlos en España, y por último, sin contar otros sucesos anteriores y
-posteriores, la guerra de las Comunidades de Castilla, durante la cual
-residió Pedro Mártir en Valladolid, en el centro mismo de la rebelión,
-tratando de mediar entre los levantados y el gobierno. Ese italiano del
-Renacimiento se asimiló los sentimientos de la nueva patria y, junto con
-muchos de los más sinceros y mejores españoles del siglo XVI, nutrió
-vigorosa antipatía contra los extranjeros del norte venidos á la sombra
-del nuevo rey á explotar la nación. Nótanse á menudo en sus cartas
-claras señales de buena voluntad hacia el movimiento municipal, á pesar
-de que tan marcadamente iba contra la aristocracia. No le inspira
-sentimiento alguno de satisfacción, no escribe una palabra de triunfo
-sobre la derrota infausta de Villalar y, sin embargo, ni tuvo nunca
-confianza ni creyó capaces á los jefes del levantamiento, á quienes
-trató muy de cerca, de vencer las dificultades de la situación. Don
-Pedro Girón le pareció un ambicioso vulgar atento sobre todo á ser duque
-de Medina-Sidonia, lo que es muy cierto; Juan de Padilla, un regidor
-envanecido que se cree "magno pretor" de un magno ejército con tribunos
-y centuriones, lo cual es sobradamente injusto; y dice por último de
-doña María Pacheco, usando una de esas expresiones extrañamente
-originales que en él abundan, que era el marido de su marido, _maritum
-mariti_.
-
-El testimonio de Pedro Mártir por consiguiente tal como se encuentra
-consignado en el _Opus epistolarum_ es de bastante valor histórico.
-Verdad es que varios escritores, el insigne Ranke primero, luego el
-grave historiador inglés Hallam y otros, lo acusan de numerosos
-descuidos, de errores de fecha y aun de palpables imposturas; pero
-Prescott, que lo estudió detenidamente para sus obras sobre los Reyes
-Católicos y sobre la conquista de Méjico, lo defiende de esos cargos y
-sostiene en general su veracidad.
-
-Ello no tiene suma importancia; acerca de los sucesos de la historia de
-la península á que alude ó que juzga, hay otras autoridades igualmente
-contemporáneas, y no es difícil depurarlas y hacer la contraprueba. Para
-nosotros el gran valor de sus escritos reside en lo que atañe á la
-historia de América; entre americanistas el nombre del autor de las
-_Décadas_ sobre el Nuevo mundo, _De orbe novo_ y _De rebus oceanicis_,
-es de un interés excepcional, y constantemente se citan, se estudian y
-estudiarán esos trabajos, así como aquellas de sus epístolas contenidas
-en el _Opus_, referentes á asuntos de América.
-
-La lástima es el corto número de esas cartas; son unas treinta, apenas
-el cuatro por ciento de la suma total, las que refieren episodios del
-descubrimiento de las Américas. En esa época no había periódicos para
-propagar con rapidez las noticias interesantes, y á nadie fué dado mejor
-que á Pedro Mártir desempeñar ese servicio por medio de sus
-corresponsales que eran tan numerosos como distinguidos, por lo general
-personajes eminentes, empezando por el mismo Sumo Pontífice, que
-recibían y trasmitían á otros las palpitantes novedades de sus cartas.
-En Barcelona se hallaba cuando acudió Colón á presentarse en la capital
-del principado ante los Reyes Católicos y darles cuenta verbal de los
-maravillosos resultados de ese primer viaje en que encontró la América
-buscando el Asia al través del océano. Relata Anglería el memorable
-acaecimiento en una carta fechada "Barcelona, día de los idus de Mayo"
-y dirigida á José Borromeo. En varias otras escritas ese mismo año de
-1493 comunica á diversas personas detalles interesantísimos, recogidos,
-como es muy posible, de los labios del mismo Colón. "Activo reporter" le
-llama con exactitud, por esos informes comunicados á tantas personas,
-Justin Winsor en la _Historia crítica y narrativa de América_. Mariéjol
-por su parte también lo llama "el gacetero del Descubrimiento".
-
-Ambos calificativos merecen aplicársele como expresión de elogio sin
-sombra alguna de menosprecio, porque además de las cartas hay que
-agradecerle las Décadas, colección de fragmentos trazados al compás de
-la marcha de los descubrimientos y agrupados de diez en diez, trabajo
-que comenzó casi inmediatemente después de la vuelta del Almirante y
-continuó hasta la muerte del narrador en 1536. Todos esos trozos
-manuscritos circulaban uno á uno, pasaban de mano en mano buscados y
-leídos con devorante interés. El papa León X recibió directamente
-algunos de ellos, y con orgullo recuerda Pedro Mártir en una de las
-epístolas que Su Santidad, rodeado de la mayor parte de los cardenales,
-había leído después de comer en alta voz, sin temor de fatigarse
-demasiado á pesar del estado de su salud, toda la relación que le había
-enviado sobre el paso del istmo y la primera aparición del Océano
-Pacífico ante los españoles deslumbrados. De esa manera,--escribe M.
-Mariéjol, no obstante la desproporción entre los dos términos de su
-_rapprochement_,--si un italiano sondeó las profundidades del mar de
-Occidente, otro italiano fué el heraldo anunciador de tan prodigiosas
-hazañas. Ya en ese camino pudo recordar con oportunidad que otro
-italiano también iba á dar poco después su nombre al mundo salido de
-esas profundidades.
-
-En los últimos años de su existencia ocupó la posición más ventajosa
-para saber, antes y mejor que nadie, toda especie de noticias sobre lo
-que acaecía en el nuevo mundo. El emperador Carlos V lo hizo entrar en
-su Consejo Real, lo nombró después vocal y secretario del de Indias, y
-entre sus otras dignidades eclesiásticas figura la de abad "con uso de
-mitra y autoridad episcopal en la isla de Santiago é Jamayca". Esto
-explica la excelencia de sus informes y el valor permanente de las
-Décadas, que serán siempre una de las fuentes de la historia primitiva
-de América.
-
-Escribió únicamente en latín, un latín bárbaro á veces, necesitando con
-frecuencia crear términos nuevos para las cosas nuevas que tenía que
-contar. Aunque no carecía de ciertas prendas de escritor, su latinidad
-no llegó ni con mucho á la corrección y naturalidad de otros prosistas
-latinos del siglo XVI, como por ejemplo Luis Vives, ni muchísimo menos
-al lenguaje ciceroniano de sus célebres compatriotas Bembo ó Paulo
-Manucio. Bien se ve en los pasajes citados en este volumen, traducidos,
-además, con fidelidad y con elegancia.
-
-Las Décadas no son relaciones descarnadas ni áridas compilaciones de
-documentos ó noticias oficiales. M. Mariéjol las llama "el manual del
-descubrimiento y la conquista", merecedor de aplauso general porque
-tiene pinturas amables al mismo tiempo que graves disquisiciones. El
-autor es hombre de estado y de letras juntamente. Honra á la elevación
-natural de sus sentimientos y á su perspicacia que desaprobase desde esa
-época, antes que el mismo Padre Las Casas, el horrible y destructor
-sistema de colonización iniciado por los conquistadores. Para dar de
-ello muestra basta aquí recordar las palabras tan curiosas como
-trágicamente sugestivas con que en una ocasión reanuda su trabajo
-interrumpido: "Desde la fecha en que suspendí mis Décadas nada se ha
-hecho más que dar y recibir la muerte, matar y ser matado", _trucidare
-ac trucidari_.
-
-El trabajo de M. Mariéjol es sólo deficiente en la parte bibliográfica,
-aspecto de su asunto que de propósito no examina, quizás no sea la
-costumbre tratarla en estos discursos universitarios, y merecería, sin
-embargo, el serlo, pues las primeras ediciones no se encuentran con
-facilidad, sobre todo la de la Década primera impresa sin permiso del
-autor en Sevilla, 1511. Los ejemplares con las ocho reunidas de la
-primera edición en Alcalá, 1530, son raros; las bibliotecas que á cada
-instante se fundan en los Estados Unidos las buscan siempre y han hecho
-subir su precio, porque los ejemplares así colocados raras veces
-vuelven á aparecer en venta pública. No sé de más traducciones que la
-inglesa de Edem y Locke, 1553-1612. J. Winsor dice en su Historia, ya
-citada, que un descendiente de Anglería, llamado Juan Pablo Martir y
-Rizo, tenía concluído el manuscrito de una traducción al castellano.
-Pero no se imprimió, y probablemente á estas horas estará perdido.
-
-
-
-
-JOSÉ MARÍA HEREDIA
-
-Y LA
-
-ANTOLOGÍA DE POETAS HISPANO-AMERICANOS
-
-DE LA
-
-REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
-
-
-Desde que la Real Academia Española combinando, cual viene haciéndolo
-desde hace mucho tiempo, sus funciones naturales de árbitro en puntos de
-lengua y de gramática con las tareas de activa casa editora de libros,
-anunció el proyecto de publicar una antología en cuatro gruesos
-volúmenes de poetas hispanoamericanos, muchos en América pensaron que el
-intento, excelente, quizás, como simple negocio de librería, podía con
-suma facilidad torcerse y resultar estéril, si no ponía la Academia
-particular cuidado de proceder en la elección de las materias y en la
-apreciación de los autores con amplia imparcialidad, con íntima
-simpatía, colocándose cuidadosamente dentro de la misma atmósfera moral,
-sobre el mismo terreno en que nacieron y vivieron los artistas cuyas
-obras forman la colección, porque es evidente que las antologías deben
-tener por fin dar idea breve y completa del carácter de las producciones
-de un autor, de un país ó de una región, olvidando divergencias de
-juicio, resentimientos políticos, agravios reales ó imaginarios,
-nacidos de las circunstancias especialísimas en que España y las
-Américas durante tantos siglos se han encontrado. A pesar de las
-dificultades del caso contaban algunos que este mismo sería el parecer
-de la Academia, porque la Antología por su contenido debía en realidad
-ser un libro para mercados americanos, y porque en España, según
-afirmaba con natural amargura doña Emilia Pardo Bazán, al poner término
-definitivo á su _Nuevo Teatro Crítico_, nadie actualmente compra libros
-de cierto precio, y con muy raras excepciones ningún autor notable vive
-allí holgadamente de los productos de su pluma.
-
-La Academia confió la ejecución de la empresa á don Marcelino Menéndez y
-Pelayo. Literariamente juzgando, no podía darse elección más acertada;
-la profunda y vasta erudición del escogido, su acendrado buen gusto, la
-transparente elegancia de su estilo, la facilidad de su pluma lo
-designaban entre todos los académicos como el más apto para el caso.
-Pero mirada bajo otro aspecto la elección no parecía igualmente feliz.
-En la lucha de partidos de su país figura el Sr. Menéndez entre los
-conservadores más netos, entre los que profesan opiniones que hoy no
-dominan en países hispanoamericanos, salvo en Colombia; pero esto no era
-de suponerse que alterase en manera alguna su imparcialidad. El mal
-estaba en la cruel intransigencia con que hasta ahora había sostenido en
-todos sus escritos su españolísimo sentir en cuestiones ya puramente
-históricas, pero que del modo más directo atañen á los americanos.
-
-Hablando en esta obra del distinguido literato argentino Juan María
-Gutiérrez, que por los años de 1846 compiló en Valparaíso la mejor de
-todas las antologías de poetas de América que hasta el presente se
-conocen, aunque ya muy atrasada como por la fecha se comprende, descubre
-y reprueba en él un "antiespañolismo furioso que fué exacerbándose con
-los años", del cual nació, siempre según el Sr. Menéndez y Pelayo, un
-entusiasmo fanático por todas las cosas americanas, que lo arrastra á
-defender lo mediano y hasta lo malo.
-
-Si esto piensa y dice de Gutiérrez el Sr. Menéndez, ¿qué hubiera pensado
-y dicho Gutiérrez, si hubiese vivido bastante para leer todo lo que el
-Sr. Menéndez ha escrito sobre la misma materia?
-
-El insigne crítico argentino nunca de seguro dijo contra España cosa
-alguna tan dura, tan injusta, tan agresiva como las que contra América
-ha creído oportuno estampar el eminente crítico español. El supuesto
-fanatismo de Gutiérrez jamás llegó hasta el extremo de usar frases
-parecidas á las siguientes, que una vez emplea don Marcelino, al tratar
-de enumerar las causas de la decadencia de su nación en el siglo XVII.
-He aquí la segunda de esas causas: "La colonización del Nuevo Mundo, en
-el cual sembramos á manos llenas religión, ciencia y sangre, para
-recoger más tarde cosecha de ingratitudes y de deslealtades, _propia
-fruta de aquella tierra_". Es el caso de exclamar: ¡_in cauda venenum_!
-Aunque todavía más exacto sería decir que la cláusula entera, rica de
-veneno, lo deja escapar al fin en alto surtidor, como agua de copiosa
-fuente. Fué lanzada la frase en el ardor de una polémica, pero reimpresa
-en libro dos años después; y sólo en 1887, al salir la tercera edición
-de la obra titulada _Ciencia Española_ reapareció la cláusula privada de
-las cinco últimas palabritas, completa y flamante por lo demás.
-
-No bastó, sin embargo, esa ocasión para dar salida á todo lo que el
-vigoroso polemista tenía que decir sobre América y sobre el conjunto de
-sus hijos; cinco años después de la fecha de esa discusión memorable, en
-el tomo tercero de la _Historia de los Heterodoxos españoles_, impreso
-en Junio de 1882, hallamos estas otras líneas:
-
-"Los mismos americanos confiesan que en la oda _A la vacuna_ y en los
-papeles oficiales de Quintana aprendieron aquello de los _tres siglos de
-opresión_ y demás fraseología filibustera, de la cual los criollos,
-hijos y legítimos descendientes de los susodichos _opresores_, se
-valieron, no ciertamente para restituir el país á los _oprimidos_
-indios, sino para alzarse _heroicamente_ contra la madre patria, cuando
-ésta se hallaba en lo más empeñado de una guerra extranjera"[71].
-
- [71] Todas las palabras en bastardilla se encuentran así en el
- original, por temor sin duda de que pudiera alguien equivocar el
- sentido y no penetrar la ironía, pero ésta se impone por sí misma
- sin necesidad de auxilio tipográfico. Lo que no parece tan claro es
- lo de los mismos americanos que no habían oído hablar de los siglos
- de opresión, antes que Quintana se los revelase. Mas como no se
- dice quienes son ni dónde lo dijeron, podemos ahora prescindir de
- ellos.
-
-Más adelante todavía, en 1886, se aparta una vez de su camino en el tomo
-quinto de la _Historia de las Ideas estéticas en España_, para encomiar
-una estrofa de la oda _A las nobles Artes_ del duque de Frías, que
-presenta como "la protesta contra los separatistas americanos" y
-especialmente encarece á título de obra "de incomparable belleza". La
-estrofa en resumen no es más que el desleimiento espumante y altisonante
-de un truísmo, de una verdad de Perogrullo, y viene á significar que si
-la América al obtener su independencia creyó expeler á España
-grandemente se equivocaba, pues allí estaría siempre la religión llevada
-por España y la cruz misma plantada en la Alhambra y la lengua de
-Cervantes etc., etc. Todo ello bien sabido, pero olvidando que esa
-religión y esa cruz y esa lengua no la inventaron ni llevaron el duque
-de Frías ni sus contemporáneos, sino españoles que fueron igualmente
-antepasados de ellos y de los americanos, y que á esas buenas cosas
-tienen unos y otros idéntico derecho, según la constante legislación de
-España, como directos descendientes; y para desheredarlos así, tan en
-absoluto, se requeriría el fallo de un tribunal superior, la historia ó
-la posteridad, no el de las partes mismas contendientes, y tan á raíz de
-lo sucedido.
-
-Empero, todo esto, á pesar de lo amargo y de lo injusto, puede pasar
-como "propia fruta" del "tiempo y no de España", y pues el autor con
-estar muy lejos todavía de acercarse á la ancianidad ha templado mucho
-la forma en que expresa sus convicciones,--sin renegar por supuesto de
-una sola de ellas,--como lo prueban las notas y alteraciones de la
-tercera edición citada de la _Ciencia Española_, era fundadamente de
-creerse que _deposta l'usata minaccia_, para usar una frase de Manzoni,
-pudiera muy bien hoy escoger y juzgar las poesías de la nueva Antología
-con perfecta imparcialidad.
-
-El tomo primero, dedicado á poetas de Méjico y de la América central
-únicamente, nos dejó llenos de dudas, aunque sin motivos bien claros
-para formular juicio adverso ó favorable. Pero el segundo, en que se
-penetra desde la primera página en el temblante y, para un español no
-muy sereno, peligroso campo de la literatura cubana, descorrió el velo y
-nos sumió en el más doloroso desengaño.
-
-Vamos, pues, á examinar brevemente lo que en esta antología se dice y se
-hace respecto á las poesías de José María Heredia, porque tanto el autor
-como las composiciones nos parecen injustamente tratados, influído á
-nuestro juicio el Sr. Menéndez y Pelayo de la manera más lastimosa por
-motivos ajenos á la literatura, por consideraciones de política y de mal
-entendido patriotismo.
-
-Impórtanos, sin embargo, advertir ante todo que no tenemos la
-pretensión de negar al coleccionador y prologuista de la Antología el
-derecho de abrigar las opiniones de que son eco las frases citadas,
-tomadas de tres obras distintas escritas en momentos diferentes de su
-brillante carrera de historiador literario; es él sin disputa muy dueño
-de profesarlas y pregonarlas, y si nos producen el efecto de ser ó
-exageradas ó falsas, acaso proviene sólo de que nos colocamos en terreno
-diametralmente opuesto. Nos aventuramos á discutirlas, porque se trata
-de una antología hispanoamericana ordenada é impresa en Madrid bajo la
-égida de la Real Academia Española, la cual tiene en varios países de
-América hijuelas oficialmente reconocidas y con las que vive en
-frecuente correspondencia; porque una empresa de este género debe ser,
-como el ordenador mismo lo declara de antemano, _obra de paz y
-concordia_, y el que ha emitido todas esas sentencias injustas y
-desdeñosas no parecía especialmente preparado ni á la paz ni á la
-concordia. Si se tratara en cambio de componer una historia de los
-separatistas americanos, lo haría sin resquicio de duda con tanta
-habilidad, tanta riqueza de datos y tanta energía como desplegó en la de
-los heterodoxos españoles, y no habría entonces chocado tanto hallar que
-trata al ilustre Andrés Bello, al patriarca de las letras en América,
-como á un simple _filibustero_ cubano, según su vocablo favorito; que
-desmenuza la _Alocución á la poesía_ para aislar una á una las "injurias
-rimadas contra España" que encuentra más débilmente escritas, citarlas
-con fruición y añadir con triunfante satisfacción que tales versos
-"dignos de alternar con los dísticos del Padre Isla" parecen á los
-españoles "justo castigo de un malo y descastado impulso".
-
-Si tanta indignación, tanto resto de orgullo lastimado y mal cicatrizado
-puede persistir, cuando los sucesos y los versos que sobre ellos se
-escribieron datan de muchísimo tiempo atrás, no es de extrañar que se
-aplique á la isla de Cuba, (todavía sometida al yugo, y _ognor
-fremente_, cuando se preparaba y publicaba la Antología) mayor
-severidad, ninguna benevolencia.
-
-José María Heredia es el más notable poeta cubano, uno de los muy
-primeros de toda la América en el siglo XIX, malogrado en la flor de su
-vida, á los treinta y seis años no cumplidos, edad, no hay que
-olvidarlo, en la cual ni Bello había escrito las _Silvas americanas_ ni
-Olmedo el _Canto á Junín_. Para Heredia reserva el Sr. Menéndez su mayor
-crueldad, suprimiendo todos los versos patrióticos, las poesías
-filibusteras, como gusta de llamarlas, enamorado siempre del oprobioso
-adjetivo. De Bello al menos suprime únicamente la tercera parte de la
-_Alocución_ para citar sólo algunas líneas en la introducción
-acompañadas del sangriento insulto literario de equipararlas á las
-aleluyas del Padre Isla; de Heredia rechaza en masa cuanto se alza
-contra el poder de España, pero no prescinde de incluir algo en la
-Introducción, dos cuartetas en que cree descubrir malévola apología del
-asesinato político; es decir, calla lo mejor é insiste sobre lo peor,
-para declamar en seguida sobre su _maléfica influencia_ y los _odios
-fratricidas cuya semilla esparció_, como si el insigne lírico, que nació
-en Diciembre de 1803 y murió en Mayo de 1839, pudiera ser el responsable
-y único propagador del pernicioso virus separatista.
-
-Basta leer en el índice los títulos de las trece composiciones escogidas
-entre las de Heredia para quedar estupefacto. Brillan realmente por su
-ausencia, como se traduce ingeniosamente en francés la frase célebre de
-Tácito, nunca más exacta que en el presente caso, varias de las mejores
-que produjo el poeta. Faltan nada menos que la incomparable epístola _A
-Emilia_, el _Himno del desterrado_, la vigorosa segunda parte de la oda
-á Bolívar, los tristes y tan hondamente amargos _Desengaños_, poesías
-que ofrecen por sí solas la imagen más brillante y cabal de todo su
-genio, de toda su vida. Sin ellas y otras que por razones idénticas se
-han pasado por alto, no es posible formar juicio exacto de lo que fué y
-lo que vale el poeta cubano. Después de echarlas deliberadamente á un
-lado se inserta en compensación la pálida oda _A la Religión_ y los mal
-llamados _Ultimos Versos_, medianísimos éstos, casi sin valor literario,
-pero en la preferencia inesperada obedece el colector á sentimientos
-personales, así como es esclavo de preocupaciones políticas al recusar
-las otras.
-
-"Heredia es, ante todo, poeta de sentimiento melancólico y de
-exaltación imaginativa" dice, por cierto esta vez sin la precisión y
-claridad ordinarias de su estilo, pues eso de "exaltación imaginativa"
-parece bien vago y nebuloso, designado como rasgo principal de un poeta
-cuyos escritos tan profundamente se resienten, como él mismo dijo, "de
-la rara volubilidad de su suerte", cuyos sufrimientos fueron muy reales
-y nada tuvieron de ilusorios. Pero en la definición falta precisamente
-el Heredia de las poesías americanas reunidas por él bajo la rúbrica de
-"patrióticas" en la edición de Toluca, 1832, que son la prueba
-irrecusable, decisiva, de que no había nacido exclusivamente para la
-elegía, como afirma en seguida Menéndez. "Para dar con los himnos de
-nuestra libertad hay que buscarlos en Heredia" ha dicho muy bien Merchán
-en sus _Estudios Críticos_. Heredia en efecto es el Tirteo cubano, poeta
-de acción, poeta _civil_, lleno de arranque, de movimiento y de energía.
-Los lamentos elegíacos que á veces se oyen en medio de sus más
-arrebatadas y vigorosas composiciones no debilitan el encumbrado vuelo
-lírico, porque como brotan de lo más íntimo del corazón, como se
-manifiestan siempre con penetrante y comunicativa sinceridad, como
-surgen naturalmente de su triste situación de desterrado y de la triste
-situación de la isla esclavizada, añaden notas profundas y patéticas al
-himno magnífico de la anhelada redención.
-
-Unas líneas de los _Reisebilder_ asaltan mi memoria, cuando considero
-bajo ese aspecto al poeta de los himnos patrióticos: "La poesía,
-escribe Heine, ha sido únicamente para mí el medio de lograr un fin
-sacrosanto, nunca me ha importado mucho la gloria de mis versos y
-quisiera que colocasen, no una corona de laurel, sino una espada, sobre
-mi tumba, porque he sido un buen soldado en la guerra de la emancipación
-de la humanidad". No sé si en esto, como en casi todo lo que en prosa
-escribió Heine, hay fuerte dosis de ironía, pero Heredia pudo decirlo de
-sí mismo con perfecta exactitud. Nadie buscó el aplauso popular menos
-movido por vanidad de artista; nadie tampoco empleó sus talentos con más
-altos y generosos propósitos y nadie mereció tanto, á pesar de no haber
-tomado parte en ninguna lucha armada, que depositasen sobre su sepulcro
-las insignias de los guerreros, porque fué buen soldado en la lucha por
-la libertad de su patria, porque sus versos repetidos de boca en boca
-durante los muchos años de guerra, de ruina y de dolor que ha costado la
-emancipación de Cuba, han sido la voz que alienta en el combate, la voz
-que conforta en la adversidad; y cuando en los momentos más crueles se
-pregonaba amenazando catástrofes inminentes la superioridad en número y
-recursos militares del poderoso enemigo, venían consoladores á la mente
-los dos versos últimos del Himno célebre:
-
- ¡Cuba! al fin te verás libre y pura
- Como el aire de luz que respiras,
- Cual las ondas hirvientes que miras
- De tus playas la arena besar.
-
- Aunque viles traidores le sirvan,
- Del tirano es inútil la saña,
- Que no en vano entre Cuba y España
- Tiende inmenso sus olas el mar.
-
-La profecía no se había realizado, no parecía próxima á realizarse,
-cuando el docto académico redactaba su erudita y poco equitativa
-Introducción y cuando con escándalo copiaba de _La Estrella de Cuba_,
-otra canción patriótica, juvenil, compuesta á los diez y nueve años y
-bastante desigual, las dos cuartetas ya mencionadas, por descubrir en
-ellas que el poeta "en su frenesí revolucionario de 1823 no retrocedía
-ni aun ante la idea del asesinato político". Helas aquí:
-
- ¡Oh piedad insensata y funesta!
- ¡Ay de aquél que es humano y conspira!
- Largo fruto de sangro y de ira
- Cogerá de su mísero error...
-
- * * * * *
-
- De traidores y viles tiranos
- Respetamos clementes la vida,
- Cuando un poco do sangre vertida
- Libertad nos brindaba y honor.
-
-Háblase en estos versos de lucha, de sangre, de muerte, como inevitables
-condiciones para afirmar el honor, para conquistar la libertad, pero no
-ofrecen fundamento para creer que envuelvan la apología del asesinato
-político, á pesar de que el poeta tenía entonces la edad en que casi
-todos los estudiantes ponen en lo más alto del firmamento de los héroes
-á Marco Bruto ó á Carlota Corday. Siempre en Cuba se ha creído que se
-referían al asalto de un puesto de guardia mal defendido en la ciudad de
-Matanzas. No lo sabemos, pero quizás la piedad y la justicia mismas no
-hubieran retrocedido ante "un poco de sangre vertida", si hubiese podido
-ahorrar los torrentes que habían de correr por los patíbulos, que habían
-de teñir de rojo los caminos de un extremo al otro de la isla.
-
-Engolfado en estos pensamientos cree oportuno el Sr. Menéndez y Pelayo
-traer á colación, para ponerlo enfrente de esas cuartetas
-revolucionarias, como palinodia cantada por el poeta de 1823, la carta
-que el desterrado escribió en 1836 pidiendo al general Tacón, gobernador
-de la isla, permiso de volver y vivir al lado de su anciana madre y sus
-hermanas, de quienes estaba hacía trece años separado, que amaba
-entrañablemente, que no olvidaba un momento, como de sobra saben cuantos
-han leído sus versos, pues las recuerda é invoca con suma frecuencia.
-Muchas cosas habían pasado en España en esos trece años; indultos,
-amnistías, cambios de régimen,--primero con motivo de las bodas últimas
-de Fernando, luego de su muerte,--proclamación de su hija, advenimiento
-de un gobierno liberal, parlamentario, que habían abierto las puertas de
-la patria á todos los emigrados y condenados políticos. Pero en Cuba
-nada había cambiado: gobernada en 1836 más despóticamente que nunca por
-Tacón, militar intolerante, suspicaz, terco, rutinero, que contenía con
-mano de hierro y facultades ilimitadas el menor esfuerzo para aliviar la
-carga opresiva. Heredia llevaba más de diez años de residencia en
-Méjico, allí se había naturalizado y era magistrado de su Audiencia,
-cuando su salud ya vacilante, el clima de la capital que era contrario á
-su padecimiento y el deseo de ver la familia lo decidieron á solicitar
-de Tacón el permiso de entrar en su país. Para prevenir las sospechas
-del procónsul y evitar una segunda negativa, pues ya lo había solicitado
-una vez en balde, agregó en la carta lo que era la verdad: que tenía muy
-modificadas sus opiniones con motivo de "las calamidades y miserias" que
-estaba presenciando en Méjico, por lo cual consideraría un crimen
-cualquiera tentativa de trasplantar esos males á Cuba. Alma
-impresionable de poeta que los acontecimientos afligen y amoldan como
-cera blanda, no pudo sin inmenso desaliento contemplar el penoso
-espectáculo que ofrecía Méjico al mundo en aquel período pasando sin
-cesar de la anarquía á la dictadura, de la dictadura á la anarquía, á la
-merced de ambiciosos de pobre estofa, capaces de todos los atentados,
-como él decía del general Santa Ana.
-
-En cualquiera otra parte de Europa ó América un desterrado político de
-esa importancia, de tanto talento y prestigio, que pide él mismo
-licencia de volver á su patria en semejantes condiciones, hubiera sido
-acogido con los brazos abiertos, agasajado como preciosa adquisición.
-El general Tacón, que consideraba á todo hijo de América como enemigo
-personal, y gobernó la isla durante cuatro años con esa indestructible
-convicción por norma de conducta, otorgó trabajosamente una licencia
-improrrogable de dos meses con expresa recomendación de pasarlos en el
-seno de la familia y reembarcarse al fenecer el plazo perentorio
-determinado. El gran poeta, enfermo, pues ya lo minaba la dolencia
-pulmonar que había de arrebatarlo dos años después, fué recibido de la
-manera humillante que relata un testigo mayor de toda excepción, el
-inglés Kennedy, representante del gobierno británico[72].
-
- [72] Kennedy, _Modern poets and Poetry of Spain_. 1 vol. London
- 1852. Págs. 265 á 290.
-
-Llegó en Noviembre y partió en Enero, otra vez hacia el destierro.
-Cuantos lograron verlo y hablarle en Matanzas y la Habana le oyeron
-francamente expresarse en el mismo sentido que se había dirigido á Tacón
-en la carta, desengañado, lacerado en lo más íntimo por el desgobierno,
-el desorden inextricable en que Méjico convulsivamente se agitaba. Su
-vista, disminuida por la suma de crueles infortunios, por el mal que
-lentamente y sin reposo devoraba sus entrañas, no tenía fuerza para
-elevarse y divisar más allá de las escenas contemporáneas que lo
-angustiaban un lejano, más risueño porvenir.
-
-Al transcribir el colector el párrafo de la carta añade que lo hace
-"_por más que duela_ á los separatistas cubanos, que sólo podrán
-desvirtuar su fuerza suponiendo en Heredia una doblez y falsía indigna
-de su buen nombre é impropia de su carácter franco y arrebatado". No es
-probable que haya hoy nadie interesado en desvirtuar la fuerza de las
-palabras del poeta, ni mucho menos dudar de su franqueza y veracidad
-indiscutibles. Si existiesen aun "separatistas cubanos", es muy probable
-que se contentaran con hacer notar que los agentes de la metrópoli
-perseguían en Cuba con el mismo ensañamiento á los que se ponían en
-contra y á los que se declaraban en su favor, pues en uno y otro caso
-sufrió Heredia idéntico tratamiento; lo cual, si se necesitara nueva
-prueba, demuestra porque fueron año tras año acumulándose agravios y
-rencores hasta terminar las cosas... del modo como terminaron.
-
-El ardiente, arrebatado patriotismo de Heredia desfalleció al final de
-su vida: no cabe duda de ello en vista de la carta á Tacón, que
-publicaron multitud de periódicos, cuando el gobierno español, no hace
-muchos años, la exhumó de los archivos[73], y no pueden ya prescindir
-de ella sus nuevos biógrafos. Así lo hizo el malogrado Elías Zerolo en
-su edición de las poesías[74].
-
- [73] He aquí el texto del párrafo de la carta en cuestión, tal como
- se encuentra en la _Antología_: "Es verdad que ha doce años la
- independencia de Cuba era el más ferviente de mis votos, y que por
- conseguirla habría sacrificado gustoso toda mi sangre; pero las
- calamidades y miserias que estoy presenciando hace ocho años han
- modificado mucho mis opiniones, y vería como un crimen cualquiera
- tentativa para trasplantar á la feliz y opulenta Cuba los males que
- afligen al continente americano". El documento puede leerse íntegro
- en el apéndice al tomo I de los _Anales de la guerra de Cuba_ por
- D. Antonio Pirala. Madrid, 1895. Pág. 835.
-
- [74] Poesías líricas de José María Heredia con prólogo de Elías
- Zerolo. París. Garnier Hermanos, 1893.
-
-La Antología de la Real Academia salió á luz unos cuantos años antes de
-lo que hubiera debido. Si el eminente literato que la ordenó, que
-inserta íntegro en el tomo III el _Canto á Junín_ de Olmedo en el cual
-las invectivas contra España exceden en violencia á todas las
-composiciones de Heredia, hubiese acometido su tarea un poco después,
-cuando ya Cuba separada de España era dueña de sus destinos, habría
-probablemente medido por un rasero á todos, y aunque en los prólogos
-consignase sus reservas, como lo hace respecto de Bello, Olmedo y
-algunos otros, siempre por lo menos habría procedido _nullo discrimine_
-en la elección de las composiciones y habría versos patrióticos no
-solamente de Heredia sino de Milanés, de Zenea y los demás en la nueva
-crestomatía.
-
-Pero su innegable agudeza crítica permanece hasta el fin nublada á
-nuestro parecer por consideraciones políticas, no otorga sin
-atenuaciones el título de primer lírico cubano á Heredia, sin agregarle
-estas líneas: "A lo sumo la Avellaneda, que más pertenece á la
-literatura general española que á la particular de la isla, podrá
-disputarle, y _en mi concepto arrebatarle_ la preeminencia". Me permito
-opinar de diferente manera. La Avellaneda es grande en el género
-dramático, en la tragedia principalmente; _Alfonso Munio_, _Saúl_,
-_Baltasar_, son obras por nadie en la España moderna superadas, pero en
-la lírica, si bien de forma más rotunda y estilo mucho más igual ó
-seguro, es hueca casi siempre, casi nunca original ni en los
-pensamientos ni en las imágenes.
-
-Cuando Gertrudis Gómez de Avellaneda salió por primera vez de Cuba tenía
-veintidós años, estaba ya completa su educación y el soneto que escribió
-como despedida y empieza:
-
- ¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
-
-tiene todas las cualidades de sus obras posteriores. Cuando Heredia
-partió súbitamente de Cuba hacia el norte de los Estados Unidos tenía
-diez y nueve años, llevaba grabadas en los ojos y en la mente imágenes
-de la naturaleza patria que supo antes que nadie reproducir en verso,
-con tanta verdad y energía, con emoción tan honda y sincera, como es
-inútil buscarlas en las pomposas creaciones líricas de la ilustre
-poetisa dramática.
-
-Me figuro que la Avellaneda misma hubiese sido la primera en atribuir á
-Heredia la palma entre los vates líricos, y lo deduzco de la bella
-elegía, que compuso cuando, allá en el fondo de la provincia de España
-donde residía, llegó á sus oídos la noticia de la muerte de su
-desgraciado compatricio:
-
- ¡Ay! que esa voz doliente,
- Con que su pena América denota
- Y en estas playas lanza el Océano,
- "Murió, pronuncia, el férvido patriota..."
- "Murió, repite, el trovador cubano";
- Y un eco triste en lontananza gime:
- "¡Murió el cantor del Niágara sublime!"
-
-Trovador cubano, férvido patriota, cantor sublime de la catarata del
-Niágara, todo Heredia se encuentra en esas tres fórmulas perfectamente
-representado, y la autora tal vez, si hoy viviese, sería la primera en
-reconocer, no obstante las alabanzas del crítico, que sus versos líricos
-palidecen ante el esplendor de imaginación y sentimiento que brota del
-canto al Niágara, de la meditación en el Templo mejicano y otras
-composiciones de José María Heredia.
-
-
-
-
-ABRAHAM LINCOLN[75]
-
-_Abraham Lincoln_ by John T. Morse Jr. 2 vols. Boston, 1893.
-
- [75] En el trabajo con que comienza este volumen se ha tratado de
- la vida de Lincoln hasta su primera elección á la Presidencia de
- los Estados Unidos; el presente ensayo, además de ser breve estudio
- de las principales biografías, cuando no aspira á considerar en
- conjunto la vida de Lincoln, versa más bien sobre la escena final.
-
-
-Entre las numerosas biografías de Lincoln publicadas en los Estados
-Unidos la que con la firma del editor de la colección de volúmenes
-titulada _American Statesmen_ ha salido de las prensas de Cambridge en
-Massachusetts, y cuyo título va al frente de estas líneas, se distingue
-por la armonía de sus proporciones y la amenidad de su estilo. Debe á
-estas cualidades rango especial entre todas, á igual distancia de la
-voluminosa y densa que, con más altas pretensiones y el nombre de
-"Historia", han escrito dos que fueron secretarios particulares del
-Presidente, John Nicolay y John Hay, y del trabajo utilísimo aunque
-informe y poco literario de Herndon, amigo y antiguo socio en la capital
-del estado de Illinois, cuando los dos ejercían juntamente la profesión
-de abogados. "_Lincoln and Herndon_" era una razón social inscrita en la
-nómina de los attorneys y jurisperitos, y la firma no se consideró
-disuelta cuando fué escogido el jefe de ella para la presidencia de la
-república, continuó vigente y como en activo servicio hasta el trágico
-asesinato de la noche del 14 de Abril de 1865 en el teatro de
-Washington. El socio sobreviviente ha tenido la buena idea de contar á
-la posteridad lo que personalmente sabía de la vida del grande hombre.
-Del mismo modo Nicolay y Hay, en virtud de sus íntimas y constantes
-relaciones con el Presidente, pudieron recoger y comunicar ahora al
-público hechos y noticias de la mayor importancia, y de cuya exactitud
-responden la posición que ocuparon y la veneración profunda con que
-guardan y cultivan la memoria del jefe esclarecido.
-
-Lo cierto es que ya poseemos cuanto importa saber de la vida privada de
-Lincoln y de los móviles de los actos de su vida pública, tanto antes
-como después de la peripecia esencial de su existencia, del momento en
-que comienza su nombradía nacional, la cual parte de la campaña
-electoral en que tan enérgica y brillantemente disputó á Douglas el
-puesto de senador de los Estados Unidos.
-
-Muy rápida, vertiginosa fué en realidad la carrera política de Lincoln.
-Acaso en los Estados Unidos solamente sea posible concebir otra tan
-grande y en tan breve espacio de tiempo realizada. Antes de 1858 era un
-personaje oscuro, absolutamente desconocido de la inmensa mayoría de sus
-compatriotas, mas allá de un estrecho círculo; en ese año fué candidato
-de uno de los dos grandes partidos, en que estaban afiliados los
-ciudadanos del estado de Illinois, para la senaduría de la república;
-luchó con la mayor actividad, desplegó en la campaña suma extraordinaria
-de elocuencia, sagacidad y energía; pero quedó derrotado. Sin embargo,
-por medio precisamente de esa campaña, desgraciada en cuanto al
-resultado inmediato, hizo resonar su nombre por todo el país, y á los
-dos años obtuvo el favor más grande de que podían disponer sus
-compatricios, la primera magistratura de la nación.
-
-Si á muchos pareció cosa estupenda, inexplicable, que ganase tan alto
-premio, se sentase en el elevado puesto y empuñase las riendas en tan
-crítica y formidable coyuntura, una persona de tan triste figura, de tan
-extraños antecedentes y con todos los hábitos y maneras del hombre rudo
-del lejano Oeste, del _Far West_, cuánto más raro y asombroso no debió
-haber sido para esos mismos el triunfo colosal que mereció al término de
-los cuatro años de su presidencia, éxito portentoso debido no
-enteramente al azar y á la constancia, sino también y en cantidad muy
-apreciable á eminentes cualidades personales, á la habilidad con que se
-acomodó á la nueva situación, con que atendió á sus extraordinarias
-exigencias, haciendo cabalmente en las más angustiosas estrecheces lo
-que el caso, la ocasión, las circunstancias demandaban al jefe de una
-gran nación discorde, revuelta, destrozada.
-
-Nombrado candidato para un segundo período fué elegido por número de
-votos mucho mayor que la primera vez, consumó en los pocos meses de vida
-que le quedaban la obra de gigante á que se había consagrado, vió la
-guerra virtualmente terminada, la ciudad de Richmond abandonada, el
-hasta entonces invencible general Lee rendido, y cuando nuevas
-dificultades asomaban ya con aspecto de monstruos erizados, cuando sus
-ideas y planes personales para la reconstrucción política de la
-república anunciaban ya conflicto quizás irresoluble con las intenciones
-del Congreso, con las duras garantías que para asegurar el porvenir
-exigía la vencedora mayoría radical, vino la suerte á librarlo del
-tumulto de dificultades, desaires y desengaños inevitables, "fué con él
-misericordiosa", como dijo Larra al llorar la muerte del conde de Campo
-Alanje; lo salvó de la nueva lucha de palabras, de papeles y miserables
-transacciones discutidas hasta lo infinito, y lo arrebató del mundo del
-modo que pedía y obtuvo Julio César de la fortuna, en repentina,
-inesperada catástrofe.
-
-Desempeñó solamente unos cuantos días, seis semanas, su segunda
-presidencia, pero fueron días incomparables de íntima, profunda
-satisfacción al ver desmoronarse piedra á piedra la Confederación y
-surgir la paz y renacer la prosperidad y ensancharse los corazones. No
-gozó de dicha igual el fundador de la república, el grande y puro Jorge
-Washington en las postrimerías de su vida pública. Si subió al poder
-acompañado de unánimes y ruidosas bendiciones, pudo antes de deponerlo
-oir y leer en periódicos y folletos injurias y denuestos que muy
-probablemente contribuyeron á la firme negativa con que rechazó las
-ofertas é instancias de sus amigos[76]. A Lincoln los hados le apartaron
-de los labios esa hiel emponzoñada. Al contrario de Washington, los
-insultos, las desdeñosas profecías de vergonzosa insuficiencia para la
-magna obra ocurrieron al principio[77]; los aplausos poco á poco fueron
-creciendo de volumen, y su cadáver conducido con pompa inusitada de
-Estado en Estado hasta la capital de Illinois pudo oir, si tal cosa
-concedieran los dioses á los despojos de los hombres, el concierto de
-loores más grandes y lamentos más sinceros que acaso han subido de los
-pechos y los labios de la multitud hasta la bóveda del firmamento.
-
- [76] Las injurias y calumnias dirigidas á Washington, al final de
- su segunda Presidencia, pueden verse extractadas y reunidas en
- McMaster, _A history of the people of the United States_, vol. II,
- págs. 225, 230, 249, 261, 289, 291, 305, etc.
-
- [77] Véase J. F. Rhodes, _History of the United States from--the
- Compromise of 1850_, vol. III, págs. 303, 305, 378.
-
-No es, pues, una paradoja afirmar que la vida de Lincoln considerada de
-esta manera y bajo este aspecto fué singularmente afortunada, digna de
-envidia en todo lo esencial, no obstante la expresión tan patética, tan
-de honda melancolía, rasgo característico, predominante de su fisonomía,
-rasgo tan marcado que, como muy bien dice Morse, su biógrafo, se observa
-en todos los retratos que de él se tomaron en vida, aun en los menos
-artísticos y de más vago parecido. En ninguno, dicho sea de paso, está
-esa expresión tan fuertemente acentuada como en la muy inferior
-reproducción fotográfica que ha insertado el editor bostoniano al frente
-de la citada biografía.
-
-Esta última, lo mismo que antes la de Nicolay y Hay, descubren una
-explicación parcial de la tristeza de Lincoln en las dificultades de
-toda su juventud laboriosa y en suma poco ó nada divertida; en la vida
-ordinaria que á la fuerza hacían los pobladores primeros del oeste de
-los Estados Unidos, donde el futuro Presidente nació y siempre vivió,
-(excepto el breve término que estuvo en Washington como miembro de la
-Cámara de Representantes), mal alojados, mal alimentados, en lucha
-incesante contra una naturaleza montaraz, que sin grande y continuado
-esfuerzo no era posible dominar. Estas condiciones físicas, con su
-séquito habitual de enfermedades, afecciones dispépticas, intoxicación
-palúdea y accesos intermitentes de profundo abatimiento, ejercieron
-fatal influencia en el temperamento naturalmente reservado y meditabundo
-de Lincoln, y cubrieron su rostro de ese tinte de melancolía que nunca
-se desvanecía del todo, ni aun las veces frecuentes en que gustaba de
-repetir gravemente cuentos y chascarrillos.
-
-Esa tristeza constitucional, en ningún caso signo de vulgaridad ó
-grosería, combinóse con una instrucción incompleta, con la lectura
-incesante de la Biblia, base principal junto con los _Elementos_ de
-Euclides de toda su educación por los libros, resultando un producto
-singular, mezcla de estricto razonamiento matemático con la vena poética
-del fondo; creando un tipo humano en extremo interesante, cuyo
-originalísimo vigor se manifestó hasta en la estera literaria. En esta,
-á despecho de las incorrecciones iniciales de su gramática y del mal
-gusto inherente al género oratorio que privaba en Illinois tanto en los
-meetings políticos al aire libre como ante el jurado en los tribunales,
-llegó á adquirir una gran maestría, capaz de producir obras
-imperecederas, como el breve discurso al consagrar el terreno donde
-yacen los que perecieron en la batalla de Gettysburg, como los dos
-mensajes al inaugurar sus dos períodos presidenciales, que contienen
-pasajes sorprendentes de elocuencia sencilla y penetrante, frases
-luminosas y repletas de concentrada significación á la manera de
-versículos de la Biblia.
-
-Tipo angloamericano perfecto, de la raza novísima, tal cual la amasaron
-y modelaron la atmósfera y el suelo en las vastas soledades al oeste de
-los Alleghanis, reúne en sí lo adverso y lo favorable de las cualidades
-que constituyen la originalidad de la nación. No debe ser, por tanto,
-tarea imposible ó excesivamente difícil el aislar y analizar cada uno de
-sus componentes, y causa verdadera sorpresa que en su libro declare John
-T. Morse una y otra vez que es un enigma el carácter de su héroe, que es
-Lincoln tipo sin semejante, solitario, excepcional, que su alma no se
-ha explorado, ni descifrado todavía el enigma satisfactoriamente.
-
-Es verdad que á los rasgos comunes á todos los norteamericanos agrega
-Lincoln en alta dosis cualidades eminentes, inapreciables acaso en su
-justo valor, unas por no haber tenido tiempo de desplegarlas, otras por
-haber estado siempre comprimidas por las circunstancias: mansedumbre de
-espíritu inagotable, simpatía profunda y amplia bastante para comprender
-la humanidad entera, bondad sin límites, sin que el más leve sentimiento
-de vanidad ofendida y mucho menos de rencor apareciese perturbando la
-inalterable ecuanimidad, á pesar de haber vivido envuelto en luchas
-políticas, siempre feroces é implacables. Todo esto había en Lincoln y
-otras cosas más, pero no es suficiente para que un historiador, un
-crítico bien armado, declare tan pronto hallarse ante un abismo
-insondable y se reconozca impotente.
-
-Es muy grande é intenso el entusiasmo de Morse, aunque ni con mucho
-llega al de los dos secretarios, que van naturalmente hasta hacer de
-Lincoln un dios; pero todo en el héroe lo atrae y lo fascina, toma de él
-hasta el misticismo fatalista, supersticioso de que estuvo siempre
-poseído. Ejemplo curioso se encuentra en otro lugar de la obra, en que
-buscando explicación á la expresión desolada de la fisonomía de Lincoln
-desde la juventud, cita el conocido verso de la balada de Campbell:
-
- _Coming events cast their shadows before,_
-
-y atribuye esa tristeza de facciones á una vaga y prematura conciencia
-de los deberes y responsabilidades abrumantes que le preparaba el
-porvenir:
-
-"Al que como nosotros conoce el horrible acto final del drama, parécele
-natural buscar su impresionante unidad en cierta influencia remota,
-futura, que actúa desde las primeras escenas y nos lleva por fuerza
-instintiva á creer que una oculta condición moral é intelectual existía
-de antemano, desde la juventud, aunque su esencia profunda estuviese en
-lo porvenir, en años remotos todavía" (Tomo I, pag. 47).--Es correr
-peligro innecesario internarse por tales dificultades de análisis, con
-tal hipótesis por punto de partida; es, como en el caso presente, soltar
-los estribos, perder el equilibrio.
-
-Hubo otra causa para acrecer la melancolía de Lincoln; aunque pertenece
-exclusivamente á la vida privada, no hay razón para pasarla en silencio,
-desde que biógrafos como Herndon, y sobre todo antes Lamon, la descubren
-y relatan minuciosamente: el carácter duro, porfiado, difícil de
-conllevar de su mujer. Caprichosa, sarcástica, altanera, no fué nunca la
-persona á propósito para embellecer y suavizar la vida doméstica de un
-hombre engolfado en negocios públicos que producían y requerían
-extraordinaria tensión de espíritu, ni mucho menos la compañera que
-tanto llegó á necesitar después, abrumado por tan graves
-responsabilidades, por tan devorante actividad intelectual durante los
-años de la guerra civil.
-
-Lincoln se casó con Mary Todd, joven de excelente familia y distinguidas
-prendas personales, de posición en ese período muy superior á la suya
-por su educación y la fortuna de sus parientes, en Noviembre de 1842,
-contando él treinta y tres años y ella veinticuatro. El matrimonio debió
-haber sido celebrado mucho antes, el 1º de enero de 1841, pero
-completados los preparativos, ordenada la fiesta, reunidos los
-convidados y vestida de boda la novia, se suspendió todo porque el novio
-no apareció. Según unos fué víctima de un rapto sin precedente de locura
-que nubló de súbito su memoria; según otros no más que de un acceso de
-su habitual melancolía. Un amigo lo llevó inmediatamente consigo á
-viajar por el vecino estado de Kentucky, donde había nacido, para
-distraerlo; volvió al cabo de algún tiempo, renovó sus relaciones con la
-misma señorita, y sin grandes preparativos esta vez, sin previo aviso,
-celebraron repentinamente la ceremonia en presencia de unos cuantos
-amigos citados á última hora. Con estos antecedentes y dado el genio
-poco dúctil y amable de la esposa, no era de preverse una larga era de
-paz doméstica. Lincoln soportó con calma las consecuencias de su error,
-pero era claro que de ahí en adelante debía contar como adversidad
-irreparable de su existencia con la índole de su compañera, sus
-caprichos y constantes punzadas de alfiler.
-
-¡Qué extraña coincidencia, qué antojo de la suerte hacer morir
-violentamente á los cincuenta y cuatro años un héroe de ese temple,
-dotado de tan extraordinaria suma de humanidad y mansedumbre, en el
-momento mismo en que recogía el tan anhelado fruto de afanes y angustias
-incesantes! ¡Cuando lo tenía ya entre las manos, cuando, unos días más,
-y todo quedaba completamente terminado! Después de la muerte del famoso
-Dictador el día de los idus de Marzo al pie de la estatua de Pompeyo, en
-los momentos en que reanimaba y reconstituía el poder romano para
-infundirle cinco siglos más de vida, no ofrece quizás la historia escena
-más trágica, más desastrosa para todos los que en ella tomaron parte,
-que el asesinato de Lincoln en un palco del teatro de Washington el
-viernes de la Semana santa del año de 1865.
-
-La población de Washington era conocidamente hostil á los poderes
-supremos de la república en ella establecidos, la mayoría de sus
-habitantes simpatizaba abiertamente con la causa de la Confederación del
-sur, la ciudad misma pareció más de una vez á punto de caer por sorpresa
-en manos de los Confederados, y al principio la zozobra general
-demandaba ciertas precauciones. Pero fueron poco á poco calmándose los
-temores, y el Presidente y los miembros del gobierno habituándose al
-peligro y á no curarse de él. Lincoln, sin embargo, recibía con
-frecuencia anónimos amenazantes ó cartas de amigos anunciándole tramas y
-asechanzas, y se encontró después sobre su mesa de trabajo una cubierta
-llena de papeles con este rótulo: _Assassination letters_; mas él
-circulaba á pie ó en carruaje por las calles, como cualquier ciudadano,
-y después de la ocupación de Richmond y la capitulación del ejército de
-Lee, ¿quién podía seguir pensando en asesinos ó conspiradores?
-
-En esos momentos mismos un joven y gallardo actor de melodrama, oriundo
-de los Estados del Sur, víctima del abuso de bebidas alcohólicas y de
-las vanidades del falso mundo de teatro en que vivía, logró combinar
-casi enteramente solo, tomando como instrumento unas cuantas personas
-oscuras, vulgarísimas, disipadas, el plan de matar en una misma noche al
-presidente y Vicepresidente, á los ministros de Estado y Guerra y al
-general Grant, dejar acéfalo el gobierno y permitir á los numerosos
-simpatizadores de la expirante causa rebelde realizar un golpe de mano
-en las primeras horas de desconcierto. El plan carecía de base sólida,
-no tenía ramificaciones fuera de la ciudad, no contaba con el apoyo de
-hombre alguno de importancia política ó militar, y sólo un corto número
-de imbéciles empujados por el frenesí de un ebrio consuetudinario fué
-capaz de ponerlo en ejecución.
-
-Lincoln tenía dispuesto asistir esa noche del 14 de Abril de 1865 al
-teatro Ford donde se representaba la excéntrica y popular comedia del
-inglés Tom Taylor titulada "Nuestro primo de América" (_Our American
-Cousin_). Debía acompañarlo el general Grant, pero éste á última hora se
-excusó y salió de Washington con rumbo hacia el norte aquella misma
-tarde. El Presidente ocupaba un palco al nivel del proscenio, acompañado
-de su esposa, un joven militar llamado Rathbone y una señorita hija del
-senador Harris. Poco antes de las diez, hora escogida por Booth, porque
-era la de la salida de la luna, que debía alumbrarle el camino de su
-fuga, llegó el asesino á caballo junto á la puerta falsa del teatro,
-dejó su montura al cuidado de un muchacho, tomó en la taberna próxima la
-última copa de licor, entró en el coliseo en que como actor tenía paso
-franco y donde había estado durante el día con objeto de agujerear un
-tabique del palco y alterar el cierre de la puerta. Mostrando y dando
-desdeñosamente su tarjeta al único ujier sentado en el corredor, como si
-fuese un invitado del Presidente, penetró silenciosamente en el salón
-trasero sin que nadie lo sintiese, ni siquiera cuando aseguró la puerta
-de modo que no pudiesen abrirla desde afuera.
-
-Los que por casualidad dirigían la mirada en ese instante hacia ese lado
-del proscenio vieron, al oir la detonación de una pistola, que el
-Presidente inclinaba la cabeza como dormido, y que un hombre puñal en
-mano atravesaba el palco, saltaba el antepecho, caía sobre el tablado y
-desaparecía corriendo, no sin manifestar antes lo teatral de su acción
-blandiendo el cuchillo y recitando con voz ronca el mote del escudo del
-estado de Virginia: _Sic semper tyrannis_. El tirano esa vez era el más
-dulce y compasivo de los hombres, y el vengador un comediante en cuyo
-nublado cerebro no habían penetrado las consecuencias del acto
-insensato que ejecutaba.
-
-Murió Abraham Lincoln á las siete de la mañana siguiente sin haber
-recobrado el sentido, ocupó el Vicepresidente el puesto vacante y todo
-siguió el orden previsto por la ley constitucional. Pero el pronto
-restablecimento de la prístina armonía entre los Estados, precedido por
-completo y generoso olvido de lo pasado, había perdido en la catástrofe
-el más sincero y poderoso de sus defensores. Las Furias, suspendidos sus
-quehaceres en los campos de batalla, iban ahora á buscar aliados en las
-salas del Capitolio.
-
-La suerte más negra pareció empeñarse en perseguir á cuantos estuvieron
-presentes ó contribuyeron á la sangrienta escena. Booth, con una pierna
-partida, por habérsele enredado las espuelas en la bandera nacional que
-ornaba el frente del palco presidencial, no pudo llegar á lugar de
-salvamento tan pronto ó tan lejos como hubiera querido; vivió diez días
-con la sombra de la muerte encima hasta caer herido como una alimaña por
-la bala de sus perseguidores. Quizás, según otros, se mató él mismo al
-verse rodeado y perdido dentro de un granero, incendiado con el fin de
-forzarlo á entregarse. De sus cómplices cuatro, incluso la mujer en cuya
-casa se reunían, fueron ahorcados; los otros expiaron en un presidio.
-
-Entre los que se sentaban dentro del palco fué la suerte de Lincoln la
-menos cruel, pues expiró á las pocas horas sin haberle llegado desde el
-minuto en que estalló el arma asesina la menor vislumbre de lo que
-pasaba á su alrededor. La esposa pasó el resto de sus días enajenada,
-sumida en estupor profundo. El mayor Rathbone recibió de Booth, al
-intentar sujetarlo, una terrible cuchillada en el brazo, y esposo
-prometido de la hermosa joven sentada á su lado, acabó años después por
-ser su matador en un acceso de locura furiosa.
-
-Tales fueron las consecuencias individuales. Las políticas, las que en
-suma modificaron la marcha general de la nación, son conocidas y no es
-posible exagerarlas. Como dijo el general Sherman á uno de los jefes
-adversos: «no sufrió la Confederación desastre más grande».
-
-Pero aparte de la importancia histórica su interés dramático nunca
-disminuirá. Es muy de desearse que venga pronto el biógrafo definitivo
-de Lincoln, el que sepa aprovechar todos los detalles y presentar al
-ilustre mártir con sus rasgos y colores verdaderos, en un trabajo menos
-difuso y encomiástico que el de los dos antiguos secretarios, más seguro
-en sus juicios que el de Morse, más artístico y armónico que el de
-Herndon. Prescindo de propósito del volumen incompleto de Lamon, donde
-primero aparecieron muchos sucesos anteriores á la época de su
-engrandecimiento político, pero relatados con cinismo á veces
-desagradable, sin verdadera simpatía. Las demás biografías, bastante
-numerosas tienen menos valor como obras históricas.
-
-
-
-
- EL "CENTÓN EPISTOLARIO"
- Y
- LA CRÍTICA AMERICANA
-
-
-Ningún fraude literario se ha impuesto tan completamente á la credulidad
-pública como el que perpetró don Antonio Vera y Zúñiga, conde de la
-Roca, imprimiendo ó haciendo imprimir en tiempo de Felipe IV un libro
-con el título de _Centón Epistolario del bachiller Fernán Gómez_, y el
-siguiente pie de imprenta en la portada: "fué estampado. E correto por
-el protocolo del mesmo Bachiller Fernanperez (_sic_). Por Juan de Rei e
-a su costa en la cibda de Burgos el Anno M CD XCIX", es decir, en 1499.
-
-Forma un volumen delgado, de ciento sesenta y seis páginas en cuarto
-menor, compuesto de ciento cinco cartas de muy amena lectura atribuidas
-á un tal Fernán Gómez de Ciudad Real, médico particular del rey don Juan
-II, personaje de quien no hay más noticias que las que en sus propias
-epístolas aparecen, lo cual ya hoy nadie extraña, pues nunca existió
-individuo conocido con ese nombre y profesión en la corte del rey don
-Juan.
-
-El objeto de Vera y Zúñiga al concebir y ejecutar tan complicado engaño
-no fué entretener sus ocios de diplomático, ni cometer simplemente una
-ingeniosa travesura, como hizo, por ejemplo, en nuestros mismos días
-Adolfo de Castro, cuando escribió, publicó y atribuyó á Cervantes _El
-Buscapié_, que tanto ruido hizo en los momentos de su aparición,
-encontrando muchos, y varios hombres de letras entre ellos, que lo
-recibieran como obra auténtica. Vera y Zúñiga, que debió á Felipe IV el
-título de conde de la Roca y el empleo de embajador en Venecia,
-pertenecía á una familia distinguida, pero tenía la debilidad, bien
-común en su época y no excesivamente rara todavía, de no contentarse con
-tan poco, de picar más alto y pretender estar emparentado con la más
-encumbrada nobleza española; y como carecía de pergaminos ó papeles en
-comprobación de esa fantástica ascendencia, le asaltó la idea de forjar
-un libro en que constase su abolengo. Moviólo sin duda al decidir la
-época que debía minuciosamente estudiar para reproducir de algún modo
-verosímil sus usos y costumbres, el ser la Crónica de don Juan II entre
-todas las de los reyes de Castilla indisputablemente la mejor, la más
-puntual y segura, como dijo Mondejar. Cortando retazos de la Crónica,
-variando ligeramente los hilos de la trama, zurciéndolos con innegable
-habilidad, fabricó las ciento quince cartas, y salpicó aquí y allí como
-de paso pruebas de su linaje, mencionando sus abuelos, el Comendador Ruy
-Martínez de Vera, ayo y Camarero mayor del Infante, que supone
-emparentado con el condestable don Alvaro de Luna, así como su hijo don
-Juan de Vera. Escritas las cartas les inventó un autor, lo bautizó
-Bachiller Fernán Gómez, nombre que á nada comprometía y, como debía
-forzosamente ser una persona cercana al Rey, lo graduó de médico de
-cámara.
-
-Era en seguida preciso exhibir al público el documento apócrifo de modo
-que no dudase de su procedencia. Un códice antiguo es muy difícil de
-imitar. No es muy aventurado suponer que aprovechara entonces el conde
-de la Roca su estancia en Italia, en Venecia, cuyos impresores eran tan
-hábiles y famosos, donde con la mayor facilidad podían á mediados del
-siglo XVII componer é imprimir un libro que en la apariencia datase de
-fines del siglo XV: de ahí probablemente salió el volumen del _Centón
-Epistolario_ con portada diciendo que lo habían impreso en Burgos á
-costa de Juan del Rey.
-
-Vio la luz calladamente, como convenía, y fué sin ruido á las manos á
-que debía ir, colocándose en los estantes sin despertar sospecha de su
-procedencia, y contó en adelante como uno de los monumentos más curiosos
-del habla castellana al término de la Edad Media.
-
-Las sospechas nacieron más tarde, pero sólo de parte de alguno que otro
-bibliógrafo, y fundadas únicamente en las condiciones tipográficas del
-tomo. La crítica literaria (ó lo que por tal pasaba,) continuaba
-apreciando como de buena ley la prosa epistolar de Fernán Gómez de
-Cibdareal, cuando era ya opinión corriente entre los eruditos al
-finalizar el siglo XVIII, según Bayer y Méndez, que la edición supuesta
-original no había podido ser impresa ni en el lugar ni en la fecha que
-en ella se declaraban. Las cartas del Bachiller seguían tenidas por obra
-de un contemporáneo de Juan II, tanto que el que desempeñaba en 1755 la
-secretaría de la Real Academia de la historia, don Eugenio Llaguno,
-publicó una segunda edición del Epistolario, añadiéndole una biografía
-del autor conforme á datos sacados de las mismas cartas, que de otra
-parte seguramente no podía sacarlos, pues el personaje, como va dicho,
-era puramente imaginario.
-
-Así las cosas permanecieron hasta que en 1833, á los doscientos años
-poco más ó menos de cometido el fraude, dió á luz Quintana en Madrid el
-tomo tercero de sus _Vidas de Españoles célebres_. Escribiendo con su
-esmero y conciencia habituales la biografía de don Alvaro de Luna notó,
-al llegar al período del proceso y muerte en el cadalso del Condestable,
-suceso sin disputa el más famoso de todo el reinado, que la relación
-hecha por el Bachiller se hallaba en desacuerdo completo respecto á
-detalles importantes con varios documentos oficiales, auténticos, que se
-conservan, y como el Bachiller se daba por testigo presencial de lo que
-refería, depositó Quintana al pie de la página estas dos preguntas muy
-oportunas:--¿Existió verdaderamente semejante médico y semejante
-correspondencia?--¿Sería por ventura esta obra juego de ingenio de algún
-escritor posterior?--Era poner por primera vez el dedo en la llaga. Por
-desgracia el poeta historiador se redujo á expresar sus sospechas en esa
-forma de duda ó interrogación y dejar que otros la resolvieran.
-
-Nadie empero volvió á ocuparse en el particular hasta que en 1849
-publicó Ticknor la primera edición de su excelente Historia de la
-Literatura española, en uno de cuyos apéndices afirma que á su juicio
-todo el _Centón Epistolario_ era de la primera á la última línea una
-falsificación, y expone brevemente alguna de las razones históricas y
-filológicas en que fundaba su opinión. Esto no era ya tocar la llaga con
-precauciones como Quintana, sino atacarla _ferro et igni_ para
-cauterizarla y extirparla. Pero esas operaciones violentas aplicadas á
-males envejecidos arrancan siempre gritos, no sólo del paciente, lo que
-no podía ser en el presente caso, sino también de circunstantes
-horrorizados. El marqués de Pidal gritó el primero; no tenía
-inconveniente en admitir que la primera edición era espuria, y una
-superchería los pasajes referentes á la familia Vera; no negaba que
-hubiese otros errores inexplicables en el texto, pero creía á pies
-juntillas en la existencia del Bachiller y afirmaba que las cartas
-habían sido escritas en los días de don Juan Segundo, porque así lo
-revelaban su estilo y su lenguaje.
-
-Don Adolfo de Castro intentó complicar la cuestión negando por una parte
-la autenticidad del libro, pero atribuyéndolo á un nuevo personaje, Gil
-González Dávila. La inesperada sugestión pasó casi inadvertida, no era
-más que una de tantas suposiciones aventuradas del ingenioso hidalgo
-gaditano.
-
-Ticknor replicó reiterando la firmeza de su convicción, y en los mismos
-curiosos y eruditos datos suministrados por Pidal halló motivos nuevos
-de confirmar á Vera y Zúñiga la paternidad del _Centón_. Luego Gayangos
-añadió á esta solución el peso de su autoridad, logrando convertir por
-último al mismo marqués de Pidal.
-
-El problema estaba, sin embargo, destinado á renacer, á ser planteado y
-tratado otra vez, como si nada antes se hubiese hecho en el sentido de
-su resolución. Amador de los Ríos en el tomo VI, publicado en 1865, de
-su _Historia crítica de la Literatura española_, entra magistralmente en
-la controversia, y con el tono de convencida suficiencia en él
-característico, como quien se siente más que de sobra capaz de fijarla
-para siempre, echa á un lado de idéntica manera á Quintana y á Ticknor,
-á Pidal, á Castro y á Gayangos, y pronuncia que el _Centón_ "es uno de
-los más fehacientes y genuinos monumentos del largo reinado de don Juan
-II". No agrega en realidad un solo nuevo dato positivo á la cuestión,
-sino deslíe en quince grandes páginas una serie de observaciones
-abstractas del género de la siguiente: "En ninguna obra de arte se
-revela con más verdad y fuerza el carácter vario, indeterminado y
-contradictorio de la corte de don Juan II", lo cual para decidir de la
-autenticidad de una obra no puede ser más "indeterminado", es decir,
-más vago y menos concluyente.
-
-Amador de los Ríos en resumidas cuentas pretende resolver la incógnita
-con la incógnita misma, sin darse la pena de deducir sus elementos ni
-salir del círculo estrecho de sus apreciaciones personales. Para
-encomiar la frase del _Centón_ ensarta este rosario de adjetivos:
-limpia, clara, nerviosa, elíptica y salpicada de vivos pero naturales y
-agradabilísimos matices. Para enaltecer su dicción este otro: casta,
-sencilla, ruda á veces, mas siempre pintoresca y graciosa, siempre
-gráfica y adecuada. Y ahí está el _quid_ de la cuestión, porque lo que
-importa saber es si todos esos calificativos tan abundantemente regados
-se hallan bien aplicados á un texto especial del siglo XV, y para
-demostrar esto se requiere algo más que impresiones sin consistencia y
-tono de autoridad superior.
-
-La "Historia crítica de la literatura española" es en verdad una obra
-impacientante; anunciada con grande alarde y golpes de caja, como un
-acontecimiento nacional; puesta "á los pies del trono constitucional de
-la Reina de España", la cual, como se nos dice en larga dedicatoria, "no
-solamente se dignó aplaudir con hidalguía de española mis difíciles
-tareas, sino que me honró con magnanimidad de Reina oyendo algunos
-capítulos", no pasa, sin embargo de todo ese honor y de la pompa y
-verbosidad del contenido, más allá de una muy moderada medianía. Su
-mayor mérito consiste en ser, y así en la misma dedicatoria se asegura,
-"la primera escrita por un español en lengua castellana", pero ni como
-obra histórica ni como obra de arte pudo satisfacer las esperanzas, el
-interés con que se la aguardó. El estilo no atrae, no encanta, y la
-sagacidad del crítico flaquea á menudo, extravía al lector, porque el
-guía no posee completamente la materia, porque le falta ingenio y
-agudeza y le sobra seguridad, confianza en su sabiduría.
-
-No hay apenas error, acreditado por la rutina y por la superficialidad
-con que hasta entonces se había tratado en España la literatura de la
-Edad Media, que no encuentre inmediatamente en Amador nuevo defensor,
-tan obstinado como mal pertrechado para la discusión. Ya hemos visto
-como respecto del _Centón_ se extravía, y deslumbrado por sus propios
-adjetivos no acierta con su camino. Lo mismo le sucede con el _Libro de
-Montería_, que contra toda evidencia se empeñó en atribuir á Alfonso el
-Sabio. Lo mismo con las dos famosas octavas, supuestas únicas reliquias
-de las _Querellas_ de Don Alfonso, en que ya hoy no cree literato alguno
-un poco versado en la materia; Amador no sólo las acepta como realmente
-de la época, no sólo les confirma la fantástica paternidad, sino que las
-cita, las altera, las adereza á su gusto, y dice que son "la voz del
-cisne que preludia su triste fin".--El cisne es Alfonso el Sabio y el
-preludio unos versos apócrifos escritos varios siglos después. ¡Extraño
-ayuntamiento!
-
-En toda cuestión insostenible, perdida de antemano, se mantiene aferrado
-á su parecer con una terquedad digna de mejor fortuna; por ejemplo, en
-la polémica en que discute de potencia á potencia con Fernando Wolf,
-quien sabía más que él de literaturas medioevales, sobre el valor
-literario de las _ee_ paragógicas añadidas á los romances antiguos por
-los cantores populares y que tanto los afean, añadidura que Menéndez y
-Pelayo con su tino habitual suprime en la _Antología de poetas líricos_
-al incluir la _Primavera_ de Wolf tal como la publicó este gran crítico
-y este folklorista sin par.
-
-Menéndez y Pelayo, sin embargo, llama la Historia de Amador "monumento
-que honra el nombre de su autor y la erudición española", aunque no se
-sabe si usa ese sustantivo por deferencia al que fué su profesor en la
-Universidad de Madrid, ó porque aluda simplemente á las proporciones
-materiales de la obra, á los siete grandes y compactos volúmenes que no
-van más allá de la época de los Reyes católicos. Tanta indulgencia de
-otro modo sería inexplicable al lado de la severidad, la injusticia
-conque trata en otro lugar la _Historia de la Literatura española_ por
-Ticknor, relegándola con desdén á la ínfima categoría de "un apreciable
-manual bibliográfico, de crítica puramente externa y vulgar por todo
-extremo"[78].
-
- [78] Ambos juicios, el de Amador y el de Ticknor, se hallan á corta
- distancia uno de otro en la traducción de los _Studien_ de Wolf por
- Miguel de Unamuno--l v. Madrid, s. a. págs. 6 y 9.--Amador en la
- _Introducción_ de su grande Historia no trata más caritativamente
- la obra de Ticknor.
-
-La Historia de Ticknor fué á los pocos años de publicada traducida al
-alemán, al castellano y al francés, acompañada en las dos primeras
-lenguas de notas complementarias escritas por sabios como Wolf y como
-Gayangos, que no creyeron desmerecer prestando su nombre y sus
-conocimientos para autorizar y propagar la obra. Aparecieron del
-original inglés cinco grandes ediciones en los Estados Unidos, todas
-retocadas y perfeccionadas cada vez, amén de otras en la Gran Bretaña.
-Millares y millares de personas la han leído y consultado y por todas ha
-sido tenida como la obra más completa y mejor sobre el asunto, honor que
-aun conserva, pues no existe ninguna otra hasta el presente que la pueda
-sustituir. Es el fruto de una vida entera de estudio constante, el
-resultado de un esfuerzo de muchos años, al que contribuyeron todos los
-recursos que el talento, la paciencia, la fortuna, los viajes, la
-posesión de rica y escogida biblioteca, cual en España misma era muy
-difícil reunir á ningún particular, la consagración en fin de todos los
-instantes, podían suministrar. Distínguese y es digna de todo encomio
-por la excelencia del plan, la seguridad del método, la claridad de la
-exposición, el análisis directo, personal de los autores, sobre todo por
-el anhelo de comprender, de mantenerse en viva é íntima simpatía con
-cuanto ofrece de peculiar y característico la civilización española. El
-autor era extranjero y era protestante, hijo de Boston, la metrópoli
-literaria y religiosa de la Nueva Inglaterra, y no es su menor mérito
-el espíritu de justicia, de inalterable tolerancia, de profundo respeto
-con que sigue y aprecia una literatura tan esencialmente católica,
-apostólica, romana, cual la que en España se formó y brilló durante los
-siglos XVI y XVII, edad de oro de su civilización y su cultura. ¿Existe
-acaso algún español que haya procedido de idéntica manera al ocuparse en
-estudiar vidas y escritos de protestantes? ¿Lo ha hecho por ventura el
-autor de la _Historia de los Heterodoxos españoles_? La tolerancia
-religiosa, la moderación en cuestiones que con la fe se rozan, la
-universalidad de sentimientos nunca han sido virtudes solicitadas ni
-apreciadas por la mayoría de los hijos de España; pero Ticknor al
-escribir en inglés sobre las letras españolas no pretendía dirigirse á
-los españoles, y fué para él tan grata como inesperada satisfacción que
-dos literatos lo tradujesen, y tradujesen muy bien, al castellano y le
-consiguiesen lectores donde ni por sueño esperó encontrarlos. Menos
-sorpresa probablemente le habría hoy causado saber que un crítico de la
-importancia de Don Marcelino Menéndez y Pelayo, influído tal vez por
-prejuicios, por preocupaciones más políticas que literarias, lo trata
-con tanta dureza[79].
-
- [79] Ultimamente un escritor inglés, gran conocedor de España, Mr.
- D. Fitzmaurice Kelly, ha publicado en Londres una historia de la
- literatura española, que alcanza hasta nuestros días. Ha sido
- también traducida y dada á luz en Madrid, por cierto con prólogo
- muy favorable del Sr. Menéndez y Pelayo. Es un trabajo corto, un
- mero compendio, que no encierra tanta materia como cualquiera de
- los cuatro volúmenes del Ticknor en castellano, pero muy bien hecho
- y digno de aplauso.
-
-La bibliografía está por Ticknor relegada á las notas, es una parte á
-que prestó sin duda minuciosa atención, cosa muy natural en toda buena
-historia literaria que por fuerza ha de versar principalmente sobre
-libros. Ordenada, clasificada, bien digerida como se encuentra aquí, es
-de la mayor utilidad para el lector y para el estudiante, que encuentran
-de esa manera en su lugar y muy á mano cuanto puede necesitar,
-precisamente lo que no acontece en el mare mágnum confuso y revuelto del
-_Ensayo de una Biblioteca_, que bajo el nombre de Bartolomé José
-Gallardo se extiende por las páginas de cuatro grandes volúmenes
-insondables.
-
-El sentido literario era más fino en Ticknor que en Pidal y en Amador de
-los Ríos, pues adivinó la falsedad del _Centón_ en que esas dos
-autoridades creían. Adivinó también, y demostró esta vez hasta la
-evidencia, sosteniendo al efecto larga polémica, la falsedad de _El
-Buscapié_ publicado por Adolfo de Castro, cuando toda España, con
-excepciones contadísimas, lo recibió como obra genuina de Cervantes,
-incluso críticos tan hábiles como Quintana y José Joaquín de Mora. Bien
-conocía la lengua y la literatura quien, á pesar de su condición de
-extranjero y de haber residido muy corto tiempo en el país, penetra tan
-seguramente y tan pronto al través de engaños en que han caído casi
-todos.
-
-Pero respecto al _Centón_ la tarea no estaba terminada, como la
-insistencia en el error de Amador lo prueba. Algo faltaba todavía, y á
-otro americano estaba reservado completarla.
-
-Gayangos previó en sus adiciones á la traducción del Ticknor que el día
-que algún crítico se pusiese á estudiar los giros y modismos del Centón,
-analizar su sintaxis y compararla con la de otros escritos de la misma
-época, tendría que caer por tierra el principal argumento de los
-admiradores tenaces del falso físico del rey don Juan.
-
-Nadie en España á pesar de la oportuna sugestión se animó á emprender lo
-que sin duda había de ser ímproba tarea. En nuestros días por fin un
-sabio hispanoamericano no se ha arredrado ante la dificultad y la ha
-vencido definitivamente, aunque de paso y como simple incidente de
-empresa más grande y complicada á que estaba consagrado.
-
-Preparando el señor Rufino José Cuervo los materiales de su admirable y
-único _Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana_,
-consideró de previo y especial pronunciamiento, para usar el término
-forense, el punto de aceptar ó rechazar como lengua literaria corriente
-del siglo XIV los vocablos, giros y modismos de que no se conociera otro
-ejemplo que el texto del _Centón Epistolario_. La opinión de Amador de
-los Ríos debía, no obstante su evidente superficialidad, detener á un
-lexicógrafo escrupuloso, y decidió prudentemente instruír el proceso y
-ventilar la duda. El fallo queda pronunciado en estos términos
-concluyentes: "Para cualquiera que lo examine con detenimiento, el
-_Centón_ es un zurcido de voces y locuciones de distintas procedencias".
-Al final de la Introducción al Diccionario, en una extensa nota que
-llena más de tres páginas en 4º de letra menuda, expone con la necesaria
-minuciosidad los fundamentos principales de su fallo.
-
-Resulta de ellos que el libro, es decir, la supuesta edición príncipe de
-Burgos, 1499, fué indudablemente impreso en Italia por cajistas
-italianos que cayeron en multitud de errores característicos. Resulta
-más: que el autor de la falsificación debía también vivir en esa región
-y practicar corrientemente la lengua italiana; así fué que al aplicarse
-á estudiar el habla antigua de Castilla con objeto de imitarla y urdir
-su _pasticcio_, confundió de la manera más curiosa palabras italianas
-contemporáneas con voces antiguas castellanas, acabando por no
-distinguirlas entre sí, y por formar con unas y otras la trama de su
-lenguaje, que viene á parar en ser la cosa más extraña y abigarrada del
-mundo. De esos italianismos, innecesarios y nunca vistos en otro libro
-español del siglo XIV ni de los dos siguientes, cita Cuervo más de
-cuarenta ejemplos dispuestos en orden alfabético.
-
-Descubre, además, multitud de locuciones y construcciones completamente
-ajenas de la propiedad castellana, y copia también un buen número.
-Entre ellas es de notarse el uso del _ca_, que llamó desde el principio
-la atención de Ticknor, que Amador de los Ríos defendió, de que reúne
-Cuervo más de una docena de muestras para probar que es giro peculiar
-del fingido bachiller de Cibdareal, incompatible con el uso de Castilla.
-
-También ha cotejado cuidadosamente el distinguido filólogo colombiano la
-Crónica de don Juan II con el Epistolario, y aparece de ese careo, como
-dice, que la Crónica misma con la naturalidad de su estilo denuncia las
-frases extrañas, impropias é incorrectas á que el zurcidor ha tenido que
-apelar para disimular un poco el origen de lo que iba copiando. El
-_Centón_, por consiguiente, es plagio de la Crónica; así puede afirmarse
-después del análisis de Cuervo con pleno conocimiento del asunto, sin
-haber lugar para reserva ó atenuación alguna en el pronunciamiento.
-
-Es un antiguo vacío en la historia de la literatura que ahora queda
-perfectamente lleno. El Sr. Cuervo ha vertido abundantemente luz sobre
-un punto que para algunos, á causa de Amador de los Ríos, podía ser aun
-materia oscura y controvertible. Quizás no falte todavía quien discuta
-si fué ó no don Antonio Vera y Zúñiga el que fabricó el texto espurio, ó
-si lo mandó fabricar, ó si algún otro lo maquinó figurándose
-complacerle: cuestión de importancia mucho menor, aunque la verdad es
-que todos los datos y las más lógicas deducciones concurren á convencer
-del cargo al susodicho personaje. Pero nadie ya deberá creer en la
-existencia de un bachiller de Ciudad Real, autor de las cartas que
-durante más de dos siglos corrieron bajo su nombre, ni mucho menos
-forjarse la extravagante ilusión de hallar en ellas "el carácter vago,
-indeterminado y contradictorio" de la corte del rey don Juan segundo,
-sobre todo si tiene á mano la Crónica auténtica para conocer mejor la
-historia de aquellos tiempos calamitosos, y descubrir que lo uno no es
-más que pálido trasunto de lo otro, con numerosas equivocaciones y
-mentiras por añadidura.
-
-
-
-
-ÍNDICE DE NOMBRES Y TÍTULOS
-
-
-Adams (Ch. F.), 144.
-
-_Adicto_ (El), 207.
-
-Aerssens (F.), 260.
-
-_Aforismos_, 175-208.
-
-Agrícola, 204.
-
-_Agricultura de la zona tórrida_, 275, 281.
-
-Alba (Duque de), 253.
-
-Alejandro Magno, 9.
-
-Alembert (D'), 217.
-
-Alessandro Manzoni, _Reminiscenze_, 192.
-
-Alfonso el Sabio, 340.
-
-_Alfonso Munio_, 314.
-
-_Alocución á la poesía_, 274, 275, 281.
-
-Amador de los Ríos (J.), 269, 338, 339, 341, 344, 345, 347.
-
-_American Commonwealth_, 51.
-
-_American Conflict_, 14, 105.
-
-Amunátegui (M.-L.), 266, 270, 272, 277.
-
-_Anales_ (Los), 270.
-
-Angulo y Heredia (A.), 182, 189.
-
-_Antología de poetas hispanoamericanos_, 297-315.
-
-_Antología de poetas líricos_, 341.
-
-_Aphorisms_, 212.
-
-Aranda (Conde de), 228.
-
-_Araucano_ (El), 270.
-
-Avellaneda (G.-G.), 192, 313, 314.
-
-Ayestarán (L.), 205.
-
-
-Bachiller y Morales (A.), 169, 206.
-
-Baez (B.), 258, 259.
-
-Bakhuyzen, 250.
-
-Balcarce, 233.
-
-Balmes (J.), 268.
-
-_Baltasar_, 314.
-
-Barneveld (J.), 260.
-
-Barnwell, 15.
-
-Basedow, 210.
-
-Bates, 140.
-
-Batres (J.), 282.
-
-Beecher-Stowe (H.), 1, 43, 44, 45.
-
-Bell, 144, 147.
-
-Bello (A.), 263-283, 303, 304, 313.
-
-Bembo (C.), 294.
-
-Bentham (J.), 186.
-
-Benton (Th.), 54, 55.
-
-Berni, 282.
-
-_Biblioteca_ (La), 270, 275.
-
-Bismarck (O.), 249.
-
-Bolívar (S.), 12, 102, 231, 235, 236, 238-243, 264, 275, 305.
-
-Bonaparte (N.), 9, 191.
-
-_Bonaparte_, 191.
-
-Booth (J.-W.), 329, 330, 331.
-
-Borromeo (F.), 193, 293.
-
-Brooks (P.), 35-38.
-
-Brown (J.), 1, 120-122, 124-126, 128, 129.
-
-Brown (T.), 267.
-
-Bruto (M.), 309.
-
-Bruzón (J.), 206.
-
-Bryce (J.), 51.
-
-Buchanan (J.), 57, 60-63, 65, 75, 81, 98, 100, 102, 105-107, 110,
-114-116, 119, 126, 131, 147, 152.
-
-_Bulletin Hispanique_, 286.
-
-_Buscapié_ (El), 334, 344.
-
-Butler (A.-P.), 15, 27, 31, 34-37.
-
-
-Caballero (M.), 158.
-
-Caballero (A.), 158.
-
-Cabrera (R.), 225.
-
-Calderón (P.), 287.
-
-Calhoun (J.-C.), 5-7, 10, 13, 15, 24, 27, 59, 151.
-
-Cameron (S.), 140.
-
-Campbell (Th.), 324.
-
-Campo Alanje (C.), 320.
-
-_Canto á Junín_, 304.
-
-Cantú (C.), 192.
-
-Cañete (M.), 277.
-
-Carlos V, 117, 251, 252, 290, 294.
-
-Caro (M.-A.), 274, 277.
-
-Castillo (H.), 205.
-
-Castro (A.), 334, 337, 338, 344.
-
-_Centón Epistolario_, 333-348.
-
-_Century Magazine_, 82, 94, 97, 106.
-
-Cervantes (M.), 31, 192, 263, 301, 334, 344.
-
-César (J.), 320.
-
-Chase (S.), 17, 21, 139, 140.
-
-_Ciencia Española_ (La), 300, 302.
-
-_Cinque Maggio_ (Il), 191, 192.
-
-Cisneros (J. de), 290.
-
-Clay (H.), 7, 10, 11, 13, 16, 144.
-
-Cochrane (Lord), 237.
-
-Colón (C.), 292, 293.
-
-_Congressional Globe_, 28, 35, 108, 111, 116, 135.
-
-_Contemplaciones_ (Las), 274.
-
-Corday (Ch.), 309.
-
-_Correspondence of J.-L. Motley_, 247-261.
-
-Cousin (V.), 164, 188, 211, 216, 218, 220.
-
-Cristoforo (Fr.), 193.
-
-Cromwell (O.), 122.
-
-Cuervo (R.-J.), 169, 345, 346, 347.
-
-
-Damas-Hinard, 286.
-
-Danton, 31.
-
-Darwin (Ch.), 186.
-
-Davis (J.), 15, 48, 61, 115, 126, 135, 150, 154.
-
-_Décadas_ (Las), 292, 293, 294.
-
-_De Orbo novo_, 292.
-
-_De rebus oceanicis_, 292.
-
-_Derecho internacional_, 270.
-
-_Diccionario de construcción y régimen_, 345.
-
-Douglas (S.), 23, 24, 27, 31, 34, 56, 60, 78, 81, 88, 90-95, 97, 101,
-106, 115, 130-132, 135, 139, 144, 146, 147.
-
-Dundonald (Vid. Cochrane).
-
-_Duendes_ (Los), 281.
-
-
-_Ecléctico_ (El), 207.
-
-Emerson (R.-W.), 40, 124, 196.
-
-_Emilio_, 210.
-
-_Enciclopedia de biografía americana_, 100, 124.
-
-_Enciclopedia Británica_, 14, 68.
-
-_Eneida_ (La), 276.
-
-_Ensayo de una biblioteca_, 344.
-
-_Ensayo sobre lo bello_, 193.
-
-Escovedo (N.-M.), 208.
-
-Espronceda (J. de), 279.
-
-_Etudes sur l'Espagne_, 287.
-
-Evarts (W.-M.), 138, 143.
-
-Everett (E.), 116.
-
-
-_Fantasmas_, 281.
-
-Farnesio (A.), 254.
-
-_Fausto_, 190.
-
-Felipe II, 251, 253.
-
-Felipe IV, 334.
-
-Felipe (Archiduque), 290.
-
-Fernando VII, 309.
-
-Fernando el Católico, 290.
-
-Feuerbach (P.), 207.
-
-Fichte (J.-G.), 188.
-
-Fillmore (M.), 13, 56, 60, 144.
-
-_Filosofía del Entendimiento_, 267.
-
-_First blows of the civil war_, 69.
-
-Fish (H.), 259.
-
-Fitzmaurice Kelly, 343.
-
-Fornaris (J.), 199.
-
-Foulché-Delbosc, 286.
-
-Foxá (A.), 167.
-
-Franklin (B.), 194.
-
-Frémont (J.-C.), 53, 55, 57, 61.
-
-Frías (Duque de), 301.
-
-Froude (J.-A.), 250.
-
-Fuente (V. de la), 228.
-
-
-Gallardo (B.-J.), 344, 345.
-
-Gálvez (J.-B.), 206.
-
-Gayangos (P.), 338, 342.
-
-_Geórgicas_ (Las), 276.
-
-_Gesta del Cid_, 268.
-
-Gioberti (V.), 193, 207.
-
-Girón (P.), 291.
-
-_Goethe y Schiller_, 189.
-
-Gómez (F. Perez), 333-348.
-
-González Dávila (G.), 337.
-
-_Gramática de Bello_, 269.
-
-Grant (U.-S.), 40, 69, 248, 257-260, 328.
-
-Greeley (H.), 14, 105.
-
-Grocio (H.), 260.
-
-Guardia (J.-M.), 216.
-
-Guido (J.-T.), 236.
-
-Guillermo de Orange, 151, 152, 154.
-
-Guizot (F.), 250.
-
-Gutiérrez (J.-M.), 299.
-
-
-Hale (J.-P.), 17, 21.
-
-Hallam (H.), 291.
-
-Halstead (M.), 135.
-
-Hamilton (A.), 61.
-
-_Hamlet_, 33.
-
-Hamlin (H.), 137.
-
-Harris (Miss), 329.
-
-Hay (J.), 82, 94, 106, 317.
-
-Hayne (R.), 5.
-
-Hegel (F.), 188, 189, 219.
-
-Heine (H.), 307.
-
-Henry (Dr.), 97.
-
-Heredia (J.-M.), 276, 282, 297-315.
-
-Herndon (W.-H.), 143, 317, 325, 331.
-
-Higginson (Th.), 124.
-
-_Historia crítica de la literatura_, 338, 339.
-
-_Historia crítica de América_, 293.
-
-_Historia de la literatura española_, 337.
-
-_Historia de las ideas estéticas_, 301.
-
-_Historia de las Provincias Unidas_, 249, 255.
-
-_Historia de los heterodoxos españoles_, 199, 286, 300, 343.
-
-_Historia de San Martín_, 236.
-
-_History of the people of the U. S._, 321.
-
-_History of the U. S. from 1850_, 45, 321.
-
-_Hojas de otoño_, 281.
-
-Holmes (O. W.), 260.
-
-Holst (H.), 14, 27, 36, 56, 100.
-
-Howe (B.-S.), 194.
-
-Hume (D.), 186.
-
-Hugo (V.), 125, 274, 280.
-
-Hunter (J.), 15.
-
-
-_Impugnación á Cousin_, 211, 221.
-
-_Incendio de la Compañía_ (El), 279-281.
-
-_Informe sobre Instituto Cubano_, 175, 178, 209.
-
-_Insurrecciones de Cuba_, 161.
-
-Isabel la Católica, 288.
-
-Isabel II, 224.
-
-Isla (Padre), 304.
-
-
-Jackson (A.), 6, 7, 70.
-
-Jenofonte, 280.
-
-_John Brown of Ossawatomie_, 124.
-
-Johnson (R.), 67, 248.
-
-Johnson (A.), 257.
-
-Johnston (A.), 14, 36, 40.
-
-Jovellanos (M.), 208.
-
-Juan de Austria, 254.
-
-Juan II, 333-348.
-
-Juana la Loca, 290.
-
-
-Kant (E.), 187, 188, 219.
-
-Kennedy (J.), 311.
-
-Krause, 189, 190.
-
-
-Lafon, 236.
-
-Lafuente (M.), 288.
-
-Lamartine (A.), 191.
-
-Lamon (W.-H.), 325.
-
-Laplace (P.-S.), 207.
-
-Larra (M.-J.), 320.
-
-Las Casas (B.), 295.
-
-Latour (A.), 286.
-
-Lee (R.), 120, 320, 328.
-
-León X, 293.
-
-León (Luis de), 38, 277.
-
-Lessing (G.-E.), 190, 191.
-
-Leto (P.), 287.
-
-_Libro de Montería_, 340.
-
-_Life and letters of John Brown_, 122.
-
-_Life and speeches of Lincoln and Hamlin_, 137.
-
-_Life of H. Beecher Stowe_, 44.
-
-_Life of President Buchanan_, 100.
-
-_Life of Th. H. Benton_, 155.
-
-Lincoln (A.), 39, 82, 84, 89, 92-98, 136, 140-150, 153-155, 248, 257,
-317-331.
-
-Llaguno (E.), 336.
-
-Locke (J.), 174, 186, 209-211, 215, 217, 220, 221.
-
-Lodge (H.-C.), 5.
-
-López (N.), 112.
-
-Luna (A. de), 334.
-
-Lutero (M.), 228.
-
-Luz y Caballero (J.), 157-230.
-
-
-McMaster (J.-B.), 321.
-
-Madison (J.), 59.
-
-_Mágico prodigioso_ (El), 287.
-
-Maistre (J. de), 249.
-
-_Manifiesto de Ostende_, 101.
-
-Manucio (P.), 294.
-
-Manzoni (A.), 191, 192.
-
-Marcy (W.-L.), 103.
-
-Mariéjol (J.-H.), 285, 287-296.
-
-Marshall (J.), 69.
-
-Mártir (P.), 285-296.
-
-Martir y Rizo, 296.
-
-Mason (J.-M.), 11, 15, 27, 31, 34, 61, 101, 108, 126, 127.
-
-Mazzini (G.), 228, 229.
-
-_Meditaciones_ (Las), 191.
-
-_Memorabilia_, 230.
-
-_Memorial Addresses_, 144.
-
-_Memorias de O'Leary_, 239.
-
-Menéndez y Pelayo (M.), 189, 199, 228, 274, 277, 297-315, 341, 343.
-
-_Mercader de Venecia_, 30.
-
-Merchán (R.-M.) 306.
-
-Merimée (E.), 286.
-
-Merimée (P.), 249, 286.
-
-Merlín (C.), 207.
-
-Mignet, 286.
-
-Milanés (J.-J.), 313.
-
-Mill (Stuart), 186.
-
-Millet (G.), 225.
-
-_Miserables_ (Los), 198.
-
-Mitre (B.), 231-245.
-
-_Modern poets of Spain_, 311.
-
-_Moisés en el Nilo_, 274, 280.
-
-Mondejar (M.), 334.
-
-Montpensier (D.), 286.
-
-Mora (J.-J.), 344.
-
-Morel-Fatio (A.), 286.
-
-Morse (J.-T.), 317-331.
-
-_Mosquea_ (La), 282.
-
-Motley (J.-L.), 247-271.
-
-Napoleón I, 110, 191, 249.
-
-Napoleón III, 214.
-
-_Nathan el sabio_, 190.
-
-Nicolay (J.-G.), 82, 94, 106, 146, 317.
-
-Nietzsche (F.), 157.
-
-_Nueva Eloisa_ (La), 45.
-
-_Nuevo Teatro crítico_, 298.
-
-
-O'Donnell (L.), 110, 165, 169, 197, 198.
-
-O'Leary (D.-F.), 239.
-
-Olmedo (J.-J.), 271, 272, 276, 281, 304, 313.
-
-_Opus epistolarum_, 287, 291, 292.
-
-_Opúsculos jurídicos_, 270.
-
-Opúsculos literarios y críticos, 270.
-
-_Oración fúnebre de N. Escovedo_, 208.
-
-_Orlando enamorado_, 282.
-
-_Orientales_ (Las), 280.
-
-_Our American Cousin_, 328.
-
-_Outbreak of rebellion_, 146.
-
-
-Pablo (San), 180.
-
-Pacheco (M), 291.
-
-Padilla (J.), 291.
-
-Panizzi (A.), 259.
-
-_Papeles póstumos_, 161.
-
-_Papeles sobre Cuba_, 161.
-
-Pardo Bazán (E.), 298.
-
-Parker (Th.), 194, 195.
-
-Pentecoste (La), 192.
-
-Pestalozzi (J.-H.), 210.
-
-Pezuela (J.), 161.
-
-Pezuela (M. de la), 104.
-
-Pidal (M. de), 337, 338, 344.
-
-Pidal (Menéndez), 269.
-
-Pierce (F.), 23, 41, 62, 103, 140.
-
-Pinel (Dr.), 164.
-
-Pirala (A.), 313.
-
-«Plácido», 170.
-
-Polk, 54, 107.
-
-Pombo (R.), 277.
-
-Pompeyo, 327.
-
-_Prayer book_, 44.
-
-Prescott (W.), 196, 247, 250, 288, 291.
-
-Prinsterer (G.), 260.
-
-_Promessi Sposi_ (I), 193.
-
-«Proscrito» (El), 266, 282.
-
-
-Quintana (M.-J.), 274, 300, 336, 337, 338, 344.
-
-Quevedo (F.), 286.
-
-_Querellas_ (Las), 340.
-
-
-Ranke (L.), 291.
-
-Rathbone (M.), 329, 331.
-
-_Reisebilder_, 306.
-
-_Repertorio_ (El), 270, 275.
-
-_Representative Orations_, 36.
-
-_República y Realeza_, 228.
-
-Requesens (L.), 253.
-
-_Revue Hispanique_, 286.
-
-Rhodes (J.-F.), 321.
-
-_Rise of the Dutch Republic_, 249.
-
-Rivadeneyra (M.), 269.
-
-Rodríguez (J.-I.), 169, 188, 199, 222, 226.
-
-Roosevelt (Th.), 55.
-
-Rosseew St. Hilaire, 286.
-
-Rousseau (J.-J.), 45, 210.
-
-_Ruinas de Palmira_, 208.
-
-
-Saco (J.-A.), 161.
-
-Salazar (P.), 168.
-
-Sanborn (F.-B.), 122, 127.
-
-Sanchez (T.), 268.
-
-Sand (G.), 228.
-
-Sanguily (M.), 167, 170, 226, 229.
-
-San Martín (J.), 231-245.
-
-Santa Ana (A.-L.), 310.
-
-Sanz del Río (J.), 189.
-
-Sartiges (G.), 116.
-
-_Saúl_, 314.
-
-Schelling (F.-G.), 187-189.
-
-Scio (P.), 180.
-
-Scott (D.), 63-70.
-
-Scott (W.), 193.
-
-Serrano (M.), 168.
-
-Serrano (F.), 199, 201.
-
-Seward (W.-H.), 40, 114, 128, 138-143.
-
-Sherman (W.-T.), 331.
-
-Sismondi (S. de), 193.
-
-Sócrates, 230.
-
-_Some thoughts concerning education_, 209.
-
-Soulé (P.), 16, 101-103, 108.
-
-Spencer (H.), 186.
-
-Stephens (A.), 150.
-
-Storey (M.), 260.
-
-Stowe (Ch.-E.), 44.
-
-_Studien_, 341.
-
-Sumner (Ch.), 18, 21, 24, 27, 29, 34-45, 258, 259.
-
-
-Tácito, 204, 305.
-
-Tacón (M.), 309, 310, 311, 312.
-
-Taney (R.), 67-73.
-
-Taylor (T.), 328.
-
-Tendilla (C. de), 287.
-
-Thoreau (H.-D.), 124.
-
-Ticknor (G.), 337, 338, 342, 343, 344, 345, 347.
-
-Ticknor Curtis (G.), 100.
-
-Todd (M.), 326.
-
-_Trip to Cuba_ (A), 194.
-
-_True history_, 143.
-
-Turnbull (D.), 166.
-
-
-Unamuno (M.), 341.
-
-_Uncle Tom's Cabin_, 43, 45, 47.
-
-Urbano II, 51.
-
-
-Valle (G. del), 220.
-
-Varona (E.-J.), 224, 225.
-
-Vera y Zúñiga (A.), 333-348.
-
-_Viaje por Egipto y Siria_, 207.
-
-_Vida de D. A. Bello_, 266.
-
-_Vidas de Españoles célebres_, 336.
-
-_Vida y muerte de J. de Barneveld_, 260.
-
-Viel-Castel (L.), 286.
-
-Villaviciosa (J.), 282.
-
-Virgilio, 276.
-
-Vives (L.), 180, 294.
-
-_Voces interiores_, 281.
-
-Volmöller (K.), 269.
-
-Volney (C.-F.), 207.
-
-Voltaire (F.-M.-A. de), 194.
-
-
-Ward (J.), 194.
-
-Washington (G.), 49, 320, 321.
-
-Webster (D.), 5, 11-18, 144, 196.
-
-Whittier (J.-G.), 17.
-
-Wilson (H.), 35.
-
-Winsor (J.), 293, 296.
-
-Wolf (F.), 341, 342.
-
-
-Yancey (W.-L.), 135.
-
-
-Zaragoza (J.), 161.
-
-Zayas (A.), 206.
-
-Zayas (F.), 183.
-
-Zayas (J.-B.), 183.
-
-Zayas (J.-M.), 181-185, 206.
-
-Zenea (J.-C.), 205, 313.
-
-Zerolo (E.), 312.
-
-Zorrilla (J.), 280.
-
-
-
-
-ÍNDICE DE MATERIAS
-
-
-El Conflicto entre la esclavitud y la libertad en los Estados Unidos de
-1850 á 1861.
-
-
- Páginas.
-
- CAPÍTULO I.--Tentativas de conciliación antes de 1850 1
-
- -- II.--El sucesor de Webster en el Senado.--Ley sobre
- los esclavos huídos.--Cuestión de
- Kansas.--Discurso de Sumner y sus consecuencias 17
-
- -- III.--«La cabaña del tío Tomás» 41
-
- -- IV.--Formación del partido republicano.--Convenciones
- nacionales.--Frémont, Douglas,
- Buchanan.--Elecciones de 1856 48
-
- -- V.--El negro Dred Scott ante el Tribunal Supremo 63
-
- -- VI.--Desacuerdo entre ambas ramas del Congreso sobre
- la admisión de Kansas 75
-
- -- VII.--Campaña electoral en Illinois.--Lincoln y
- Douglas 80
-
- -- VIII.--Duelo de oradores 90
-
- -- IX.--Proyectos de anexar la isla de Cuba 98
-
- -- X.--John Brown 119
-
- -- XI.--Campaña de 1860.--Lincoln Presidente de los
- Estados Unidos 129
-
- -- XII.--La víspera de la guerra civil 149
-
-
- José de la Luz y Caballero 157
-
- La vida de San Martín por Mitre 231
-
- J.-L. Motley y su historia de la guerra de los Países Bajos
- contra España 247
-
- Andrés Bello 263
-
- Un «reporter» de cosas de América en el siglo XV.--Pedro
- Mártir de Anglería 285
-
- José María Heredia en la Antología de poetas
- hispanoamericanos de la Real Academia Española 297
-
- Abraham Lincoln 317
-
- El «Centón Epistolario» y la crítica americana 333
-
-
-
-
-
-End of Project Gutenberg's Hombres y glorias de América, by Enrique Piñeyro
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HOMBRES Y GLORIAS DE AMÉRICA ***
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-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
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-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
-and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
-works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
-or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
-Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
-collection are in the public domain in the United States. If an
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-1.E.9.
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-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
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-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
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-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
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-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
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-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
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-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
-
-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
-Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
-
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
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-
-
-Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
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