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You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Hombres y glorias de América - -Author: Enrique Piñeyro - -Release Date: February 15, 2014 [EBook #44918] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HOMBRES Y GLORIAS DE AMÉRICA *** - - - - -Produced by Carlos Colón, Adrian Mastronardi and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/American Libraries.) - - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - Páginas en blanco han sido eliminadas. - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=. - - - - - HOMBRES - Y - GLORIAS DE AMÉRICA - - - - - HOMBRES - Y - GLORIAS DE AMÉRICA - - POR - - ENRIQUE PIÑEYRO - - [Ilustración] - - PARÍS - - - GARNIER HERMANOS, LIBREROS EDITORES - 6, rue des Saints-Pères, 6 - 1903 - - - - -PARÍS.--TIP. GARNIER HERMANOS, 5 RUE DES SAINTS PÈRES. - - - - - EL CONFLICTO - ENTRE - LA ESCLAVITUD Y LA LIBERTAD - EN LOS ESTADOS UNIDOS - de 1850 á 1861[1] - - (Bosquejo histórico) - - [1] Este trabajo, que sólo aspira á ser, como en el título se - indica, rápida ojeada sobre graves y complicados acaecimientos - históricos, los considera, además, desde un punto de vista limitado - y especial. El senado de los Estados Unidos es aquí como el hilo - conductor de la narración de algunas de las grandes cosas sucedidas - en la república angloamericana durante los años de luchas verbales - y contiendas electorales que precedieron á la guerra civil. Aun - ciertos episodios ajenos á evoluciones de partido dentro del - senado, como la aparición y efectos de la novela abolicionista de - Harriet Beecher Stowe, las veleidades anexionistas respecto de - Cuba, la temeraria empresa de John Brown, las elecciones - presidenciales, otros más, se tratan buscando especialmente su - reflejo en las discusiones de ese cuerpo, cuya influencia en la - marcha política de los Estados Unidos ha sido siempre muy marcada y - decisiva. - - -CAPÍTULO I - -Tentativas de conciliación antes de 1850. - -La historia política y constitucional de los Estados Unidos de la -América del Norte se desenvuelve durante largo período en dos -direcciones principales; puede decirse que se concentra en dos problemas -capitales, cuyo planteamiento y progresivo desarrollo va rápidamente -despertando el más palpitante interés, hasta llegar á una solución -violenta y definitiva en medio de los horrores de una guerra civil, -sangrienta y destructora, como se recuerdan muy pocas otras en los -anales de la humanidad. - -Esas dos cuestiones esenciales son: la extensión del área organizada de -la república con objeto de abrir el ancho campo indispensable al -portentoso engrandecimiento de su riqueza y población, y la lucha entre -los partidos políticos por consentir ó prohibir en los territorios -nuevamente anexados, ó en los nuevos estados que sobre ellos pudieran -constituirse, la esclavitud de la raza negra, tal como existía desde -antes de la independencia de los trece primeros estados, y tal como -implícitamente lo reconocía la Constitución soberana é intangible del -país. - -A medida que han ido desapareciendo los actores que tomaron parte en las -luchas reñidas nacidas de esas cuestiones y se han podido escudriñar los -móviles verdaderos de sus actos y palabras; á medida que el trascurso -del tiempo ha suprimido los obstáculos que cerraban el horizonte é -impedían descubrir desde alto punto de vista toda la perspectiva, ha -aparecido también, cada vez más indudable, más patente cada vez, la -preponderante influencia que la cuestión de la esclavitud de los negros -ha ejercido en la historia de los Estados Unidos desde la época en que -los intereses agrícolas de las regiones del Sur, arraigados en el -trabajo esclavo, se hallaron por la fuerza de las cosas en directa -oposición al desarrollo industrial y mercantil de los Estados del Norte, -fomentado por el trabajo libre. El lazo federal debió resistir á -sacudidas, día por día más violentas, y si le ha sido lícito durar hasta -el presente, si conserva la república los rasgos esenciales de su -prístina apariencia, si continúa ante ella abierto magnífico y dilatado -porvenir de engrandecimiento, fué primero necesario, en medio de -terribles borrascas, atar más fuertemente y robustecer las ligaduras, -muy á punto en varias ocasiones de romperse para siempre. - -En 1820 votó el Congreso federal una ley, conocida en el lenguaje -político con el nombre de acuerdo, ó _Compromiso_, del Missouri, en -virtud de la cual quedaba matemáticamente fijado en la línea de los -treinta y seis y medio grados de latitud Norte el límite que separaría -perpetuamente las dos fracciones del país donde se consentía y donde se -rechazaba el régimen de la esclavitud. Encima de esa línea ningún nuevo -Estado podía entrar á formar parte de la federación, si su ley orgánica -sancionaba la condición servil de una parte de los habitantes; y aunque -explícitamente no se proclamase lo contrario al Sur de la misma, el -_bill_, en concepto de todos, así lo daba por establecido: de ahí su -nombre de _Compromiso_ ó transacción. - -Esa restricción geográfica impuesta á la esclavitud era un reproche -grave y directo, aunque tácito, contra la naturaleza de la institución; -los Estados del Sur pudieron soportarlo sin sentirse humillados ni -agraviados, porque sobraba entonces tierra en todas direcciones por -donde extenderse debajo del paralelo fijado, y porque sus jefes -políticos estaban todavía muy lejos de poseer la energía y unidad de -miras que después consagraron sin reposo á la defensa de sus intereses y -á la satisfacción de sus deseos. - -El primer choque ruidoso y en campo abierto, pero puramente dogmático -todavía, entre ambas secciones contrapuestas, la primera tempestad de -truenos y rayos que pasó por el cielo de la república, amenazando atacar -la unión y disolverla desparramando sus elementos, ocurrió unos doce -años más adelante, y nació inopinadamente de una cuestión de aranceles -de aduanas, porque el Sur, como región agrícola y productora de primeras -materias, de algodón y de azúcar bruto, de tabaco, de cáñamo y arroz, -exigía en nombre de la equidad que los derechos de importación, al ser -fijados por las Cámaras en Washington para toda la República, se -ajustasen nada más que á las necesidades generales del presupuesto; -mientras el Norte, como región principalmente de industria y comercio, -solicitaba que por medio de altos derechos se protegiese la creciente -prosperidad de sus manufacturas. Un hijo ilustre de la Carolina del Sur, -que había ya sido Vicepresidente de la República, John C. Calhoun, alta -figura en quien se concentra en la forma más digna de respeto y más -completa cuanto hubo de bueno y cuanto hubo también de agresivamente -egoísta en la política de esos estados agrícolas y esclavistas, -excogitó una extraña teoría, que á su juicio se deducía naturalmente del -pacto constitucional, y que otorgaba á cada estado de la Unión la -facultad de negar el pase y la obediencia á las leyes promulgadas por la -autoridad federal, en el caso de que infiriesen perjuicio ó causasen -menoscabo á sus intereses esenciales. Cuando dentro de los muros del -Capitolio brotó defendida por un senador del Sur esa siniestra teoría, -precursora infalible de guerras y de duelos, fué inmediatamente refutada -y demolida por Daniel Webster, senador de Massachusetts, en una oración -magnífica, la más hermosa de su larga y brillantísima carrera, que por -la importancia de su tema y el inflamado vigor de su argumentación ha -sido por diversos críticos puesta en parangón con los más sublimes -modelos del arte oratorio en Grecia y Roma[2]. - - [2] Discurso generalmente llamado «Réplica contra Hayne», - pronunciado el 26 de Enero de 1830. Véase la biografía de Daniel - Webster por HENRY CABOT LODGE, pag. 187, 1 vol. Boston, 1884. - -Nadie ignoraba que Calhoun era el padre de la anárquica teoría expuesta -por el senador Hayne, y mientras Webster mostraba irrefragablemente que -en los flancos de esa doctrina política se escondía la guerra civil con -todos sus horrores, muchos fijaron los ojos en Calhoun que, como -Vicepresidente de la república, dirigía las sesiones del Senado, aunque -sin tomar parte en los debates, conforme dispone la Constitución. Pero -al ardor de sus convicciones no podía bastar que otro se encargase de -exponerlas y defenderlas. Poco después dimitió la Vicepresidencia, -aceptó el cargo de senador del Estado en que nació, la Carolina del Sur, -cuyos intereses políticos y morales eran su religión, para sostener por -medio de la palabra, con el acento de pasión severa y solemne que daba -alguna vida á su austera elocuencia, el derecho, ya antes defendido con -la pluma, de anular por medio de las legislaturas de los Estados los -acuerdos del Congreso federal. La Carolina llegó hasta á fijar de -antemano una fecha para iniciar su rebelión constitucional; pero el -primer magistrado de la república, el general Jackson, el más violento y -agresivo de los hombres, que alimentaba por la patria federal, por la -Unión, amor tan sincero y ardiente como el de Calhoun por su patria -local, por su Estado, pidió en el acto al Congreso facultades -extraordinarias para extirpar con mano de hierro el nido de traiciones -que se agitaba en la Carolina. - -Era demasiado temprano para que osara el Sur provocar la guerra civil -con la menor probabilidad de mantenerla siquiera un breve espacio. El -temple militar de Jackson infundió terror en el corazón aun de los menos -tímidos, y fué preciso retroceder para evitar un desastre definitivo. -Acudió al socorro el senador de Kentucky, Henry Clay, el gran -pacificador, como ya lo llamaban, por la prominente intervención que -había tenido en el Compromiso del Missouri, y logró esta vez también, no -sin trabajo, zurcir una nueva transacción, disminuyendo gradualmente en -plazos fijos los derechos de aduanas, con lo cual se disipó el ominoso -nublado, y por un poco de tiempo los ánimos parecieron aquietarse. - -En los años inmediatos, terminada la turbulenta administración de -Jackson, que fué Presidente durante dos períodos y gozó hasta el fin de -inmensa popularidad, bastó á llenar la actividad política de Calhoun y -sus amigos la preponderante influencia que á menudo lograron ejercer en -Washington. Gracias á ella se consumó la anexión de Tejas y se llevó á -cabo la guerra inicua contra Méjico, así como se proyectaron y -prepararon otras empresas, todas con el fin único de agrandar el área en -que podría extenderse la esclavitud de los negros. Pero esos hombres, -acaudillados por el grave y tenaz senador de la Carolina, eran demasiado -sagaces para no ver el formidable peligro que por diversos lados -amenazaba á la institución "peculiar", piedra angular del grupo de -estados cuyo porvenir tan ansiosamente defendían. Vanas resultaban con -frecuencia ventajas ganadas á costa de esfuerzos inauditos. La senda por -donde marchaban de triunfo en triunfo conducía fatalmente á una barrera -insalvable, contra la que habían de estrellarse sus más caras -esperanzas. - -Después que la marcha misma de los sucesos colocó en abierto antagonismo -los Estados del Norte y del Sur, pudo por mucho tiempo la lucha, á pesar -del rápido crecimiento en riqueza y población de los primeros y del -lento progreso de los segundos, mantenerse sin excesiva desigualdad, -merced á los privilegios que la Constitución había asegurado á unos en -perjuicio de los otros. Los negros esclavos entraban hasta cierto límite -en el cálculo de la población para determinar el número de miembros de -la "Casa de Representantes" y del Colegio electoral; el Senado además, -que por sus mayores prerrogativas y la mayor duración del mandato era -depositario verdadero de los elementos de una política firmemente -continuada, se componía siempre de dos senadores por Estado, cualquiera -que fuese su tamaño y la cifra de sus habitantes. Por consiguiente la -lucha política en la capital federal por la suprema dirección de los -intereses generales, podía sostenerse con armas y probabilidades iguales -mientras se guardase el equilibrio entre ambos grupos y tuviese cada -parte número idéntico de senadores. Ese equilibrio, esa obra maestra de -esfuerzo y habilidad, era la trinchera poderosa, inexpugnable, en que se -defendía la esclavitud como institución, porque el miedo de tocar el -arca sacrosanta de la Constitución y el riesgo colosal de trastornar, -inundar de sangre y destruir la nación, daban al Sur aliados en el Norte -para conservar intactas sus posiciones, incólumes sus privilegios. - -Pero la historia enseña que raras veces un soberano, un grupo de -hombres, un partido político, robustamente establecido al cabo de grande -esfuerzo y venciendo todos sus adversarios, se ha contentado con la -posesión tranquila del terreno conquistado en los primeros períodos, en -los días en que por la novedad misma de la situación el triunfo ha sido -fácil y la fortuna largo tiempo risueña. La inquietud del porvenir, la -soberbia del presente desencadenan la ambición, la transforman en -demencia y la precipitan en la ruina, como precipitó á Alejandro Magno, -á la oligarquía senatorial de Roma, al imperio efímero del primer -Bonaparte. Asimismo corría de jornada en jornada victoriosa á la -catástrofe inevitable el partido, que compacto y marcialmente organizado -constituía en quince estados de la Unión una verdadera aristocracia, y -oprimía en dura servidumbre á más de tres millones de negros, que valían -para la influencia política de sus amos como si fuesen dos millones de -ciudadanos libres. - -No satisfecho ese partido con proclamar que la esclavitud era una -institución local, doméstica en cada estado, y que carecía el poder -federal de la facultad de coartarla y aun de vituperarla, lo cual en la -práctica nadie se aventuraba á contrariar; no contento con explotar y -abusar de todos los recursos nacionales en pro de la defensa y -sostenimiento de esa institución local, aspiró también á extenderla por -los territorios adquiridos después de la guerra con Méjico; pretensión -tan impolítica como cruel, tan injusta como inmoral, pues las leyes -mejicanas tenían allí previamente abolida la esclavitud. Esto provocó -nueva y violenta crisis de la nunca aplacada agitación; gritos y -amenazas de desbaratar la Unión resonaron con más furia que antes, y -fué preciso que se adelantase al proscenio otra vez el pacificador -perpetuo, Henry Clay, ya bien cargado de años y padecimientos, y -coordinase y defendiese con su probada destreza un tercer Compromiso, -que arrancado por la arrogancia del Sur á la pusilánime incertidumbre -del Norte, aplazó diez años solamente lo que Clay y otros muchos con él -creyeron para siempre conjurado. - -Cuando llegaron á la votación definitiva los artículos del Compromiso, -en forma de otras tantas leyes diferentes[3], ya Calhoun había dejado de -existir. En Marzo de 1850 tenía el gran campeón del Sur sesenta y ocho -años, y se hallaba terriblemente depauperado por la dolencia pulmonar -que de mucho atrás lo consumía; pero ansioso de tomar parte en el -debate, como si adivinara lo brevísimo del plazo, de sólo cuatro -semanas, que le otorgaba la enfermedad, pues debía morir el 31 del mismo -mes,--y no teniendo fuerzas para alzar la voz y mantenerse de -pie,--confió al senador de Virginia, Mason, el encargo de leer al Senado -el discurso que había cuidadosamente escrito. Inmóvil en su asiento -mientras Mason leía, parecía agravar y atestar con su rostro demacrado -de anacoreta y los ojos lustrosos de fiebre las fúnebres predicciones -que lanzaba en su arenga sobre el derrumbamiento y fin de la Unión, -cuando, destruido el equilibrio de las dos secciones, juzgase el Sur en -peligro sus derechos. También asistió tres días después á la memorable -sesión de 7 de Marzo en que pronunció Daniel Webster un gran discurso -sobre el mismo asunto, y en la que ambos viejos atletas, poco antes -adversarios irreconciliables, se dirigieron mutuas expresiones de -simpatía. - - [3] Sus condiciones fueron: admisión inmediata de California como - Estado y sin esclavitud; organización de Nuevo Méjico como - territorio, sin resolver ni en pro ni en contra la admisión de los - esclavos; fijación de los límites de Tejas mediante un subsidio de - diez millones en favor de ese estado; supresión del tráfico de - esclavos, no de la esclavitud, en el distrito federal; y por último - promulgación de una ley particularmente estricta para la - persecución y entrega á sus dueños de los "esclavos fugitivos" en - los Estados libres. - -Ese discurso de Webster, pronunciado el 7 de Marzo de 1850 y titulado -por él al imprimirlo: "La Constitución y la Unión", es famosísimo, -inferior entre los suyos sólo á la réplica contra Hayne, aunque la -iguala en dos ó tres momentos. Su efecto fué decisivo en favor del plan -propuesto por Clay; sin el prestigio del hombre y el vigor de su -elocuencia no hubiera seguramente logrado tanta mayoría entre los -representantes del Norte. Pero en ese esfuerzo aventuró y sacrificó el -orador la mejor parte de su reputación, el glorioso esplendor de su -pasado, cuanto hasta aquel día lo había hecho ilustre y adorado de sus -conciudadanos. Son y serán siempre muchos los que piensen que, al -renegar el gran tribuno de todo lo que hasta ese momento había -simbolizado en la política de su patria, pagaba á precio excesivamente -caro la defensa de un acuerdo, que en realidad á nadie satisfacía. Su -reputación sufrió los más rudos ataques, muchos de sus antiguos -admiradores le volvieron la espalda, y el astro fulgente quedó envuelto -en sombras negras y densas, que no se disiparon más, que eclipsaron su -gloria durante los dos años de vida que le quedaban, y eternamente -cubrirán ese período final de su existencia. - -Cinco años antes de su fallecimiento, en Mayo de 1852, hizo Webster á un -amigo esta declaración:--"He consagrado mi vida al derecho y á la -política; el derecho es incierto y la política totalmente -vana",--amargas palabras, que recuerdan otras pronunciadas por Simón -Bolívar, también ya cerca del fin de sus días:--"La América es el caos, -el que la ha servido ha arado en el mar." Son formas conmovedoras de un -mismo sentimiento, gritos de dolor al término de vastas esperanzas -defraudadas, de excelsas ambiciones cruelmente desairadas por la -realidad de las circunstancias. Las profirieron en ocasiones algo -parecidas dos seres extraordinarios, almas de orden excepcional, en -quienes el equilibrio de las grandes facultades morales é intelectuales -nunca por desgracia llegó á ser estable ni perfecto. - -La confesión de Webster, tan llena de desaliento, precedió al último y -más punzante desengaño de su vida pública. Había constantemente -acariciado la ilusión de llegar á la presidencia de la república, y de -sobra justificaban sus méritos y servicios esa que, en hombre como él, -de tan grandes dotes personales, era modesta pretensión. Nunca había -logrado ni siquiera ser designado como candidato oficial de su partido; -pero después del discurso del 7 de Marzo que, á su juicio y á juicio de -muchos, desenlazaba una situación inextricable, era natural que -obtuviese el anhelado premio. Ese anhelo había sido para los que osaban -llamarlo apóstata la sola explicación de su conducta. Desde el primer -minuto apareció en la Convención como el más débil de los candidatos y -sus amigos en pequeñísima minoría. Singular ingratitud, que si no le -abrevió la vida, deprimió su trabajado organismo y preparó el terreno -para la enfermedad mortal. - -Henry Clay murió en Junio de ese mismo año de 1852. Durante las últimas -discusiones del Compromiso, raras veces, y á muy largos intervalos, le -permitieron sus males concurrir á las sesiones del Senado: ya entonces -tampoco Webster asistía, porque había aceptado el puesto principal en el -gabinete del presidente Fillmore. De modo que los tres aguerridos -veteranos, Calhoun, Webster y Clay, salieron de la escena parlamentaria -á un tiempo mismo, por así decirlo, dejando el campo libre á otros más -jóvenes, menos fatigados combatientes. - -En esos debates sobre el Compromiso de 1850 nunca hubo dos votaciones -enteramente iguales; tratábase en efecto de realizar la conciliación de -opiniones discordantes y tendencias francamente contrarias: era -imposible disciplinar y conducir siempre unida la abigarrada falange que -el caso requería. La admisión de California era una concesión al Norte, -la ley sobre la persecución de esclavos huídos una satisfacción al Sur, -y el aplazamiento de la dificultad en los nuevos territorios mejicanos -el modo de acallar las exigencias de ambas secciones sin favorecer á -ninguna. La supresión del tráfico, es decir, compra y venta, de esclavos -en la ciudad de Washington agradaba á los abolicionistas, y el cebo de -diez millones de pesos regalados á Tejas, que de todo fué lo que primero -se votó y aprobó, aseguraba la adhesión de los tenedores de títulos de -la deuda de ese Estado, los que, según fama pública, eran numerosos -entre los miembros del Congreso y altos empleados de la capital[4]. - - [4] A. JOHNSTON, _Suppl. to Enc. Brit._ vol. II, pag. - 561.--GREELEY, _American Conflict_, vol. I, pag. 207.--VON HOLST, - _Constitutional hist. of the U. S._ vol. III. pag. 558. - -El punto esencial del acuerdo fué la entrada de California como estado -de la Unión; con ella quedaba la república compuesta de diez y seis -Estados libres y quince con esclavos, desapareciendo por tanto el -equilibrio trabajosamente mantenido hasta esa fecha entre las dos -secciones. Hubo en el Senado treinta y cuatro votos en favor y diez y -ocho en contra; de esta minoría se desprendió un grupo de diez, más -intransigentes que sus compañeros, pues no contentos con emitir el voto, -presentaron una protesta, que el Senado rehusó incluir en el acta, -afirmando solemnemente su resuelta oposición á una ley, «cuyas -consecuencias podían ser perdurables y fatales para las generaciones -presentes y futuras». - -Resalta entre esos Senadores recalcitrantes el nombre de Jefferson -Davis, antiguo oficial, que iba á ser el ministro de la guerra de Pierce -durante toda su presidencia, y que acreciendo año tras año su prestigio -é influencia como el más hábil y tenaz de los jefes esclavistas, -llegaría en 1861 á ocupar y desempeñar con tan enérgico cuanto -infortunado patriotismo la dirección de la Confederación rebelde, y -sobreviviría largo tiempo, sin doblar la frente ni desarrugar el ceño, á -la ruina completa de su causa. Junto con él firmaron la protesta Butler -y Barnwell, senadores ambos por la Carolina del Sur, el estado indómito -en que se cultivaban y conservaban como en ardiente invernáculo las -doctrinas que florecerían y fructificarían entre los horrores de la -guerra civil; firmaron también los dos miembros de Virginia, Hunter, que -llevó la palabra como principal responsable del documento, y su colega -Mason, confidente de Calhoun, que por breve espacio haría mucho ruido al -comienzo de la rebelión, porque apresado en alta mar á bordo de un buque -inglés por un imprudente oficial de marina, estuvo á punto de producir -indirectamente lo único por ventura capaz de haber salvado la causa -confederada, la guerra entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos. De -los otros firmantes, senadores de Florida, Tennessee, Missouri, basta -ahora mencionar á Soulé, de Luisiana, del que volveré á hablar, francés -naturalizado, que brilló como orador aun enfrente de Webster y de Clay, -á quienes sin miedo provocaba, fogoso diplomático, que hizo cuanto pudo -por quitar á España la isla de Cuba, promoviendo hasta una guerra -europea, si era necesario. - -La voz de los diez irreconciliables se perdió sofocada en el tumulto de -las votaciones; era no obstante bien claro indicio de lo inútil y -estéril que al cabo resultaría la obra pacífica á que se consagraban los -demás. Pero su agrio é importuno acento disonó en medio de la alegría -natural de sentirse todos libres de la peligrosa y larga agitación que -había precedido. - - -CAPÍTULO II - -El sucesor de Webster en el Senado.--Ley sobre los esclavos -huídos.--Cuestión de Kansas.--Discurso de Sumner y sus consecuencias. - -Un nuevo Congreso se reunió en Diciembre de 1851. La situación -respectiva de los partidos continuó igual, dominando siempre en ambos -cuerpos legisladores las ideas que inspiraron el Compromiso del año -anterior. Pero en el Senado pudo notarse un síntoma ligero, cambio -pequeño en la apariencia, de carácter muy importante en realidad. Hasta -entonces sólo había penetrado allí un senador abolicionista, Hale, de -New Hampshire, que tal vez no merecía el calificativo en el sentido -sectario de la palabra, pero sin duda acérrimo adversario de la -esclavitud. Su elección había sido anunciada por el gran poeta cuáquero -Whittier con estas palabras: "que esa primera oleada de la futura -inundación del Norte, al romper contra los muros del Capitolio, lleve -allí por primera vez un senador antiesclavista". Enteramente solo desde -1847, poderosamente auxiliado dos años después por Chase, senador -independiente que no reconocía trabas de partido en cuestiones de -libertad humana, formaban ambos núcleo diminuto, al que se incorporaba -ahora un hombre nuevo, Charles Sumner, de Massachusetts. Por dos -razones era notable la entrada de este senador: porque acudía á ocupar -precisamente el puesto donde por tantos años se había sentado Webster, -quien vivía aun en ese instante y era principal ministro del Presidente -de la República; y porque su reputación en Massachusetts comenzó por la -enérgica reprobación con que había atacado las doctrinas á que se -convirtió Webster al fin de su carrera, el Compromiso y la ley contra -los esclavos. Formidable, inesperado combatiente, que bajaba al campo -vestido de armas de otro temple y otra fuerza que las usadas hasta esa -fecha, proclamando en la lucha contra la extensión y predominio de la -esclavitud principios severos de moral, ideas de justicia absoluta, -prescripciones de conciencia que no consentían ningún género de -acomodamiento. - -No sería, empero, exacto deducir de la elección de Sumner la prueba de -que, en el importante estado que venía á representar, desaprobase una -mayoría la conducta de Webster y rechazase el Compromiso de 1850. Todo -lo contrario; Massachusetts, lo mismo que el resto de la República, -aceptaba sin disgusto el arreglo, complaciéndole la idea de poner -realmente término á las pertinaces desavenencias entre las dos secciones -del país, de aguardar, evitada la necesidad de remedios violentos, que -el curso del tiempo elaborase insensiblemente un cambio de -circunstancias, y favoreciese al cabo la lenta extinción del -antieconómico y ruinoso sistema de trabajo, que difícilmente se mantenía -en los Estados del Sur. Sumner había ganado el puesto en virtud de una -coalición accidental de grupos; debió, sin duda, la preferencia á sus -conocidas opiniones sobre la esclavitud, y entraba en el Senado libre de -toda traba que sujetara su marcha, sin más límite impuesto á sus -palabras que el que su conciencia y respeto á la Constitución juntamente -le dictasen; pero la masa del país, allí y en todas partes, sin prestar -oídos demasiado atentos á la agitación, al llamamiento á nueva cruzada, -que partía del púlpito de ciertas sectas religiosas avanzadas y del seno -de las sociedades abolicionistas, esperaba después de todo un largo -período de paz y tranquilidad. - -Mas el Compromiso llevaba dentro de sí, por su propia esencia, gérmenes -peligrosos que no tardarían en crecer y propagarse. - -La aristocracia del Sur, envalentonada por el triunfo, por la inercia -posterior de sus adversarios, por los aliados que de diversos lados se -le ofrecían en el Norte, y más que todo por su propia intemperancia, -había de precipitar los sucesos, abusar de la victoria, ahondar ella -misma el abismo en que todo se despeñaría. En el Norte mientras tanto la -aplicación de la nueva ley sobre los esclavos huídos, que era la parte -del acuerdo que más íntimamente halagaba á los dueños,--porque -satisfacía á un tiempo mismo su vanidad, sus intereses y el firme -convencimiento de la justicia de su causa,--producía conflictos, -desórdenes, motines sangrientos más de una vez, y era viva y constante -recordación de los rasgos más duros, más crueles y odiosos del sistema. - -La ley era verdaderamente terrible, y del inicuo axioma jurídico que -hacía cosas, no personas, los esclavos, jamás se han deducido con tesón -tan implacable sus últimas y más aflictivas consecuencias. Suprimía -todas las garantías del venerando derecho inglés, el jurado y el _habeas -corpus_; prohibía que se admitiese como prueba la declaración del -perseguido; todos los ciudadanos estaban obligados bajo diversas penas á -auxiliar los agentes de justicia en busca de esclavos prófugos; y para -fallar no se requería más prueba que la declaración, oral ó simplemente -certificada en copia, de dos testigos acerca de las señas generales del -individuo que se buscaba; el procedimiento debía ser sumario, ejecutivo, -sin recursos dilatorios de ninguna especie; y por este sentido otras -disposiciones de idéntico jaez. ¡Calcúlese el terror que produciría -edicto semejante entre los treinta mil negros[5] que vivían refugiados -desde muchos años atrás en las ciudades del Norte, arraigados, con -familia, y expuestos de súbito á verse perseguidos, rastreados como -bestias salvajes por jaurías de feroces sabuesos, y devueltos entre -cadenas á sus antiguos y enconados amos! ¡Imagínese también la cólera, -la indignación que tal espectáculo despertaría entre los ciudadanos -blancos, entre hombres y mujeres de la Nueva Inglaterra, habituados á -tratar con mansedumbre hasta á los animales, y forzados á reconocer, á -ser testigos de que bajo la constitución republicana de la nación -considerada como la más libre del mundo se ordenaban, autorizaban y -ejecutaban escenas de tanta barbaridad! - - [5] La cifra es de Clingman, representante de la Carolina del - Norte, citada por VON HOLST, _Const. Hist._ vol. 111, pag. 552, - nota. - -Crecieron y se multiplicaron al calor de esos sentimientos las -sociedades abolicionistas, y la corriente de simpatía en favor de los -negros esclavos aumentaba á ojos vistas en fuerza y en volumen, formando -y educando así la opinión pública contra la institución; y bien se vió -al sonar la hora crítica del combate, cuando se levantó robusta, -compacta y resuelta á todos los sacrificios. Hubiera sido habilidad -política por parte del Sur no exigir demasiado en esa cuestión, no -abusar de los derechos que el Compromiso le reconocía, mas era inútil -esperarlo de su excitable y excitado temperamento. El día en que -pronunció Sumner su primer discurso importante en el Senado, atacó -vehementemente la ley, haciendo resaltar sus aspectos más repugnantes; -sus palabras, llenas del más sincero fervor, fueron juzgadas de -trascendencia tal por Chase y Hale, que declararon ambos á una que -señalaban el comienzo de una era nueva en la historia americana. Pero -los representantes del Sur se hallaban tan lejos de comprender la -gravedad de ese género de ataque, que apenas hubo terminado el orador -se levantó un senador del estado de Alabama y dijo que esperaba que -ninguno de sus amigos respondería al discurso "que el senador de -Massachusetts había creído conveniente infligir sobre el Senado", y -agregó, en tono que llegó por desgracia á ser bastante frecuente durante -algún tiempo en aquel cuerpo respetable: "el frenesí de un demente puede -á veces ser peligroso, pero los ladridos de un gozque nunca han hecho -daño á nadie".[6] Y cuenta que la oración de Sumner, á pesar de su -acento de apóstol exaltado, no se aparta en realidad del terreno -político, y se reduce á pedir el empleo de todos los medios legales para -mantener la esclavitud estrictamente dentro de los límites de la sección -del país donde existía é imperaba, sin consentir ni extenderla, ni -otorgarle, fuera de su recinto, ninguna nueva garantía, ningún otro -privilegio. - - [6] Sesión del 26 de Agosto de 1851. Congressional Globe, Apéndice. - -Pero, como ya hemos dicho, continuaban en el Norte muy grandes y -generales el ansia de paz y tranquilidad, el franco deseo de evitar -desavenencias enojosas; el peligro mayor para el porvenir de la -esclavitud y poder político de sus defensores no residía por tanto, ni -en la hostilidad de una docena de senadores, ni en la propaganda -religiosa, ni en los esfuerzos de las sociedades abolicionistas, por -laudables y hábiles y enérgicos que fuesen. Eso muy bien lo sabían y -sentían los jefes y aliados del partido esclavista, y ya lo revelan las -posiciones de ataque, no de defensa, que en el acto ocuparon. - -Apenas instalado Presidente de la república, el 4 de Marzo de 1853, un -hombre relativamente oscuro, sin antecedentes políticos, Franklin -Pierce, en quien confiaban hasta el punto de esperar su ayuda en las -empresas que secretamente maquinaban, juzgaron oportuna la ocasión para -restaurar y afirmar el incierto equilibrio entre las dos secciones, -creando nuevos estados, donde la esclavitud pudiera ser establecida. La -magna y riesgosa campaña, que en sustancia equivalía á echar abajo todo -lo tan difícilmente ajustado en 1850, requería como general en jefe un -personaje político del Norte, cuyo nombre é influencia cimentasen la -alianza y adormeciesen la suspicacia de los tibios y los tímidos. Aceptó -este papel Stephen Douglas, senador de Illinois, "el pequeño gigante", -como le llamaban por su corta estatura y su proverbial habilidad en -luchas é intrigas de partido, á quien espoleaban la inquieta actividad -de un espíritu devorado por la ambición y la esperanza de ascender á la -cumbre y asir la presidencia de la República. Consistía su plan en -organizar dos nuevos territorios, Kansas y Nebraska, en las vastas y -fértiles llanuras que se extendían al oeste del Missouri, entre ese río -caudaloso y la gran cordillera de las montañas Rocosas, terreno -admirablemente situado en el centro mismo del continente, crucero -forzoso de las rutas por donde habían de pasar exploradores, emigrantes -y colonos, en busca de las minas de oro de California y de las riberas -del Pacífico, linde occidental de la república. - -Insuperable obstáculo se presentaba, sin embargo, para que al llegar á -constituirse esos territorios como Estados de la federación tuviesen la -facultad de autorizar en su suelo el trabajo esclavo; hallábanse más -arriba de la línea famosa de los 36°30' de latitud Norte, y un pacto -solemnemente acordado y publicado por la generación anterior, sacrosanto -y venerable casi como el mismo paladión constitucional, el -constantemente invocado Compromiso del Missouri, había trazado para -siempre ese límite, más allá del cual era vedado ir á la esclavitud. -Calhoun, Calhoun mismo, á quien nunca arredraron las consecuencias de -sus doctrinas, hubiera temblado quizás antes de atravesar ese Rubicón -por mil motivos peligroso. Douglas no tuvo miedo, ni siquiera titubeó al -tirar la suerte, y á su voz respondieron el Senado y la Cámara -proclamando que la antigua y salvadora restricción geográfica sería de -entonces en adelante nula y de ningún valor. Eso era, para usar un símil -de Sumner calificando con su acostumbrado vigor la acción del Senado, -sembrar los dientes del dragón por toda la extensión del país; y si no -brotaban inmediatamente, como en la fábula antigua, hombres armados, ya -fructificarían después entre el odio y la guerra civil[7]. - - [7] Discurso del 25 de Mayo de 1854. - -El nuevo _bill_ trastornaba completamente la política en los Estados -Unidos; todos los sacrificios consumados, humillaciones del Norte, -retiradas del Sur, acuerdos, transacciones, todo se borró, y apareció en -completa desnudez la realidad de los intereses desencadenados. La -división entre ambas secciones se ahondó tanto que no era ya posible -ninguna transacción, que no podrían ya extenderse más la mano de un -borde al otro del abismo que los separaba. - -Por fortuna, poseía el sentimiento unionista en el Norte tan viva -conciencia de su fuerza y su derecho, que ni entonces ni nunca provocó -el rompimiento final, amenaza constante del partido adverso; y en ese -año de 1854 soportó que fuese derogado el acuerdo del Missouri, y -continuó la lucha en el terreno legal, bajo las condiciones mismas en -que se la ofrecían. Kansas y Nebraska eran un desierto: había primero -que poblarlo y colonizarlo, después sus habitantes decidirían, cuando se -hallasen en capacidad de solicitar ingreso entre los estados de la -Unión, la especie particular de constitución que habría de regir, -autorizando ó prohibiendo la esclavitud. Si la contienda legal hubiera -podido sostenerse con toda lealtad, el éxito en favor de la libertad no -hubiese sido dudoso. Los emigrantes nunca iban al Sur á entrar en -competencia con el trabajo servil, y como los Estados de Nueva -Inglaterra aprestaron recursos abundantes para facilitar el -establecimiento de colonos en los llanos de Kansas, no tardó en haber -allí blancos suficientes para organizar municipios, reunirse y votar una -constitución contraria á la esclavitud. Pero á tanto no podía resignarse -el partido omnipotente en Washington; convencido de que para reforzar su -vacilante situación le era indispensable aumentar de todos modos el -número de defensores resueltos de la esclavitud, hizo concertar bajo sus -auspicios entre el vecino estado de Missouri y el territorio de Kansas -un movimiento de ida y venida, de entrada y salida, para acumular -votantes cada vez que fuese necesario y anular uno tras otro todo -acuerdo opuesto á sus deseos. Nació de ahí una situación nublada y -revuelta, un estado perenne de confusión, de disputas y hasta de guerra, -de verdadera guerra civil, con muertos, heridos, asaltos y batallas. -Primer ensayo en teatro reducido de escenas trágicas, que más adelante -habían de representarse en proporciones infinitamente mayores; desorden -local, en un rincón lejano del país, que deshonraba la república á los -ojos del mundo, pues nadie lograba descubrir la verdad ni fijar de qué -lado estaban la razón y la justicia en medio de la enorme masa de -detalles contradictorios que insertaban los periódicos, que autorizaban -las mismas comisiones oficiales. Era en efecto demasiado evidente que el -partido cuyas ideas dominaban en el Capitolio y en la Casa Blanca seguía -tenazmente en Kansas la realización de un programa bien definido, y -apenas disfrazaba su ardiente empeño de cubrir y defender los atentados -que diariamente se cometían. - -La mayoría del Senado, tan fiel como numerosa y compacta, mantenía firme -la alianza entre Douglas y los adalides del Sur. Butler, de la Carolina, -y Mason, de Virginia, sucesores ambos de Calhoun al frente de los -sostenedores de la esclavitud, experimentaban la satisfacción de ver -acatadas y obedecidas las doctrinas que predicó durante su vida el gran -político, cuya memoria invocaban reverentemente, á quien siempre -recordaban como "jefe, señor y maestro". Pero el alma, el espíritu -activo del Senado en todas esas discusiones á propósito de Kansas, tan -graves y tan reñidas, fué Douglas, que inició la cuestión, la dirigió, -la hizo crecer hasta convertirla en la más vasta y trascendental de -cuantas agitaban el país; á él todo principalmente se debía y en esa -época parecía á la verdad el activo, robusto, pequeño de estatura -senador, uno de esos enanos malignos de la leyenda, como ha dicho Von -Holst, que por la fuerza de sus músculos y la sutileza de sus -combinaciones logran sobreponerse á guerreros formidables[8]. - - [8] _Const. Hist._ (Chicago, 1877-89) vol. IV. pag. 416. - -Sin tropas, sin máquinas de guerra, sin campo siquiera de donde lanzar -las embestidas, no era posible á la minoría reducida del Senado ir -contra esa posición inexpugnable con la menor probabilidad de -arrollarla. Pero Sumner, en quien no sólo como intrépido y vigilante -tribuno, sino como jurisconsulto tan experto cuanto tenaz, fundaban -grandes esperanzas los adversarios de la esclavitud, no se resignaba á -la inacción, y resolvió ver, con un nuevo discurso, larga y -cuidadosamente preparado, si levantando el grito con redoblado vigor, -hacía penetrar el eco vibrante de su invectiva en los oídos de todos los -libres ciudadanos del Norte de la república, y denunciar así en términos -de la más ruda franqueza, sin escrúpulos de forma ni respetos de nimia -cortesía, lo que pasaba en Kansas, y lo que para esconderlo y -patrocinarlo se urdía en el Senado. Si con argumentos ó con preces nada -podía conseguirse, algo quizás se obtendría presentando al país un -cuadro magistral de la situación, haciendo destacar sobre el fondo -oscuro de la sala de sesiones é iluminando con rojizo resplandor las -figuras de los jefes audaces, que tramaban la ruina de la república, que -por lo menos querían abiertamente aumentar la influencia y poder de los -dueños de esclavos en los consejos nacionales con menoscabo de la -libertad. - -El discurso fué pronunciado el 19 y 20 de Mayo de 1856, y ocupó más de -seis horas entre las dos sesiones. Es una arenga muy trabajada, repleta -de erudición literaria, y á pesar del tono excesivamente declamatorio -surge en ella sincera y ardorosa la pasión del orador, inspirándole -pasajes de brillante elocuencia.[9] Como obra de arte es muy desigual, -de gusto poco severo, con tal exuberancia de citas de autores antiguos y -modernos, de alusiones históricas y mitológicas, que á ocasiones aparece -privado de movimiento y de vigor. No es creíble que, pronunciado ante el -Senado, obtuviese la mitad siquiera del efecto que produjo sobre los que -después lo leyeron, porque, como todos los escritos de Sumner, deja ver -la larga preparación, y carece de ese colorido sobrio y enérgico, que -por lo general conserva la prosa de los graneles oradores, aun en los -trozos más meditados, mejor aprendidos de memoria. La impresión del -auditorio debió ser extraña, confusa, contradictoria, á despecho de la -afectación de simetría y precisión de método con que va dividiendo y -tratando la materia, sin cuidado de incurrir en repeticiones y -monotonía. Este inconveniente quizás fué poco sensible, después de todo, -para los lectores poco exigentes á que estaba dedicado, y es positivo -que como esfuerzo de convicción y propaganda gana el discurso en -claridad y unidad de efecto tanto como puede perder bajo diferente -concepto. - - [9] Llena más de quince grandes páginas á tres columnas del - _Congressional Globe_ 34th. Cong. 1st. Sess. 529 á 544. Apénd. - -En varios lugares presenta el croquis de las líneas principales del plan -trazado; de las tres partes en que distribuye la materia y que enumera, -subdivide dos en cuatro capítulos, cuyos títulos reiteradamente anuncia, -comunicando á su trabajo algo de rigidez mecánica, de innecesariamente -riguroso y afectado. Agotada la narración, estudiado lo que llama «el -crimen contra Kansas» en sus orígenes y su carácter, descrita con -infatigable energía la situación del territorio en ese instante -histórico, procede á analizar «con mezcla de vergüenza é indignación» -las defensas del crimen invocadas por los culpables, «cuatro en -número--dice--y de cuádruple naturaleza... La tiranía, la imbecilidad, -el absurdo y la infamia se unen para bailar, como las brujas hermanas, -en torno de este crimen». Los remedios propuestos son también cuatro, y -se le presentan, aludiendo probablemente á una escena del _Mercader de -Venecia_, igual que antes á las brujas del Macbeth, como otras tantas -cajas cerradas, «y al Senado toca determinar con su voto cuál debe ser -abierta y descubrir su contenido». - -El orador recomienda el cuarto remedio, que en suma se reduce á admitir -en el acto á Kansas entre los estados de la Unión con prohibición -absoluta de consentir la esclavitud; mas demasiado conocía él lo -impracticable de esa solución, que contrariaba les inmutables deseos de -la mayoría y tenía, del modo como se presentaba entonces, vicios de -forma, irregularidades esenciales, suficientes para hacerla fracasar -ante jueces aun menos prevenidos, aun totalmente desinteresados. - -Pero cambian de aspecto y naturaleza estas circunstancias, si se -recuerda que desde su silla curul el orador pretendía dirigirse al país -y era parte de su plan revestir sus violentas afirmaciones de un gran -aparato de saber político, de erudición literaria é histórica. La parte -personal y de invectiva adquiría así mayor relieve, y no era un -inconveniente que quitase fuerza y valor á la argumentación. El -entusiasmo y la exaltación podían y debían á su juicio tomar parte en -una cuestión en que el sentimiento y la moral universal la tenían tan -grande y decisiva. Mirado de este modo, el discurso es extraordinario, y -en lo que dice sobre los senadores adversos, sobre Butler y Douglas y -Mason, abundan expresiones felices y pasajes muy animados. Hay, como en -lo demás, lujo exagerado, ostentación de riquezas, mal gusto; en un solo -y mismo párrafo, por ejemplo, compara á Douglas con tres personajes -diferentes, con Danton, con un general inglés de la guerra de la -independencia y con el que quemó el templo de Diana en Efeso, lo cual es -llevar lejos la incoherencia. - -La gran novela de Cervantes, acaso tan popular y tan leída en países de -lengua inglesa como en los de lengua castellana, le inspira la mejor, -más cáustica y brillante de sus comparaciones. Si se tiene presente que -el senador Butler era un personaje alto, delgado, orgulloso, aunque de -maneras reposadas y corteses, y que Douglas, por el contrario, era -pequeño de estatura, de cara redonda, facciones toscas y anchas -espaldas, se comprenderá bien el efecto de risa que empezaría causando -al decir que esos dos senadores, aunque con muy diferente objeto al de -Don Quijote y Sancho Panza, habían salido al campo, á la manera de esta -pareja inmortal, en busca de una misma aventura. Pero como el objeto -del ataque no era hacer reír, truécase inmediatamente el chiste en -denuesto feroz, y añade: «El senador de la Carolina del Sur ha leído -muchos libros de caballería, y se cree él mismo andante caballero con -sentimientos de honor y valentía. Ha escogido naturalmente una dama á -quien consagrar sus pensamientos, la cual aunque fea para los demás, es -siempre encantadora para él; aunque indigna á los ojos del mundo, es -casta á los suyos; me refiero á esa ramera, que se llama la Esclavitud. -En favor de ella brotan profusamente las palabras de sus labios. Que -acuse alguno su conducta, ó proponga limitarla en el ejercicio de su -lascivia, y no habrá extravagancia de maneras ni violencia de -expresiones que parezca demasiado grande á ese senador» ... Luego dice: -«Si el senador de la Carolina es el Don Quijote, el senador de Illinois -es el escudero de la Esclavitud, su verdadero Sancho Panza, pronto á -desempeñar la parte humillante de la tarea». Estas frases repercutieron -como imperdonable afrenta por todo el Sur de la república; pero las que -más dolieron, las que cayeron como bombas explosivas en medio de -aquellos exasperados combatientes y provocaron la terrible represalia, -fueron otras, como éstas: «Los habitantes de Kansas excitan muy -particularmente la sensibilidad del senador. Representa, como nos lo -advierte, "un Estado", y se aparta con supremo disgusto de esa nueva -comunidad, que no se digna reconocer ni aun como "cuerpo político"». -«¿Por qué ese exclusivismo? ¿Ha leído la historia del Estado á quien -representa?... La Carolina es antigua, Kansas es joven. La una cuenta su -vida por siglos, la otra por años. Pero un buen ejemplo puede nacer en -un día, y me atrevo á decir que enfrente de los dos siglos del viejo -Estado pueden ponerse los dos años de prueba y de virtudes de la -comunidad más joven. En el uno se oye el largo lamento de la esclavitud, -en la otra el himno de la libertad... Si la historia entera de la -Carolina se borrase desde el momento de su creación hasta el día de la -elección última del senador, no diré cuán poco habría perdido la -civilización, pero seguramente menos de lo que ya ha ganado con el -ejemplo de Kansas en su animosa lucha contra la opresión». Y aludiendo á -unos versos del _Hamlet_, al apóstrofe indignado de Laertes contra el -clérigo oficiante en el entierro de Ofelia, que la mayor parte de sus -oyentes sabía sin duda de memoria, concluye el párrafo así: «Kansas -admitida á título de Estado libre sería en la República como un "ángel -del Señor", mientras Carolina, asida á su manto de tinieblas, yacería -bramando en los abismos». - -La sala y tribunas del Senado estuvieron completamente llenas durante -las dos sesiones que ocupó el discurso, y á pesar de la probable -hostilidad de casi toda la concurrencia y del no fingido desdén de -algunos senadores, fué escuchado con profunda atención, sin haber sido -el orador llamado una sola vez al orden, ni por el presidente de la -asamblea ni por sus colegas. - -Apenas hubo terminado, se levantaron á replicar Douglas y Mason; -considerábanse personalmente agraviados y devolvieron insultos mucho -mayores; pero no hay nada que recordar de sus airadas contestaciones, -improvisaciones dictadas por la cólera, y como era natural, no lograron -mantenerse, tan estrictamente como lo había hecho el agresor, dentro de -las fronteras del lenguaje parlamentario. Butler no asistía al Senado en -esos días, hallábase muy lejos, en su "pequeña hacienda" de la Carolina, -como dijo después. - -Instantáneamente se vió que el efecto del discurso, en contra lo mismo -que en pro, sería tan grande como podía su autor desearlo. En la -atmósfera opresiva de aquella época, nube tan cargada de electricidad -contraria no había de pasar sin desencadenar la tempestad, y como -Washington, capital federal, era por sus costumbres, sus esclavos y sus -condiciones topográficas una ciudad del Sur, numerosos amigos -advirtieron á Sumner que debía por prudencia precaverse atentamente. -Pero moderado y pacífico en sus relaciones privadas tenía en cuestiones -públicas el valor de sus opiniones, y convencido de la rectitud -desinteresada de su conducta, despreció el aviso. - -En la tarde del 22 de Mayo, dos días después del discurso, habiendo el -Senado suspendido su sesión más temprano que de costumbre, se había -quedado Sumner en la sala sentado en su puesto y despachando su -correspondencia, cuando se le acercó un individuo para él desconocido, -murmuró unas palabras sobre injurias inferidas al estado de la Carolina -y á su senador, y sin aguardar respuesta le asestó en la cabeza -descubierta golpe tal con un grueso bastón de gutapercha, que casi lo -privó de sentido. Pugnando por levantarse, arrancó Sumner en sus -esfuerzos la mesa clavada contra el suelo que le impedía moverse y -defenderse, mientras menudeaban los golpes sobre el cráneo y sobre la -cara, fuertemente aplicados por un hombre joven y diestro. Al fin cayó -contra el pavimento, exhausto, desmayado y cubierto de sangre[10]. - - [10] Como hay menudas discrepancias de detalle en las relaciones - del suceso, he seguido principalmente la versión del colega de - Sumner como senador de Massachusetts, Henry Wilson, ante el Senado, - al día siguiente de la ocurrencia. _Cong. Globe_, pag. 1279. - -Fué protagonista de esa escena sangrienta un pariente del senador -Butler, miembro de la Cámara de Representantes, llamado Preston Brooks. -En la altanera relación del suceso, que cerca de dos meses después hizo -él mismo ante el Congreso cuando se discutía su expulsión, confesó haber -premeditado minuciosamente su acometida, como castigo de insultos -inferidos "á su Estado y á su sangre". Dijo, además, que su primera idea -había sido armarse de un látigo solamente, pero como Sumner era hombre -de elevada estatura y por consiguiente de mayor fuerza muscular, temió -que si había lucha cuerpo á cuerpo llegase á arrancarle el látigo de la -mano, y entonces, añadió significativamente, "como yo nunca dejo de -llevar á término lo que emprendo, me habría visto forzado á hacer _algo_ -que hubiera tenido que deplorar durante todo el resto de mi vida". De -ahí la forma y carácter de su atentado[11]. - - [11] Sesión de la Cámara del 14 de Julio de 1856. El discurso de - Brooks se encuentra también en _Representative Orations_ ed. by _A. - Johnston_, N. Y. 1884, pues aunque sin valor literario se inserta - como representando uno de los lados de la famosa cuestión. - -El tribunal común le impuso una simple multa, y en la Cámara no llegó á -reunirse la mayoría de dos tercios necesaria para la expulsión; presentó -él entonces espontáneamente su dimisión con objeto de ofrecer á sus -comitentes de la Carolina del Sur ocasión de aprobarlo ó censurarlo. Fué -reelegido por la casi unanimidad de los votantes. Un grito de -satisfacción resonó de un extremo al otro de los estados esclavistas, y -al cabo de tanto tiempo repugna todavía hoy leer en los periódicos de la -época la expresión de esos aplausos tan imprudentes[12], á que -respondían de la otra parte los más furiosos anatemas. - - [12] Gran número de ellos copia VON HOLST op. ut ant. vol. V. pag. - 328. - -Cuando volvió Butler á Washington y habló prolijamente, en dos sesiones -también del Senado, respondiendo por sí y por su Estado á los cargos de -Sumner, dió á entender que podía muy bien éste hallarse ya otra vez en -su puesto de senador, pero que le convenía fingir resultados más graves -de los que en realidad le acarreaban los golpes de Brooks. No era así, y -en eso como en lo demás cegaba la pasión á los encarnizados adversarios. -Sumner, que hasta entonces había gozado de perfecta salud y en cinco -años no había faltado á una sola sesión, seguía abrumado por los efectos -del ataque, y no se le vió en la sala de sesiones hasta nueve meses -después, en Febrero de 1857. Después de ese día no volvió tampoco á -concurrir, hasta el 4 de Marzo en que fué á prestar juramento y tomar -posesión del nuevo puesto de senador para que acababa Massachusetts de -elegirlo por un segundo término de seis años; pero vivamente molestado -por los síntomas de una cruel afección del sistema nervioso, -consecuencia de los tremendos golpes recibidos en la cabeza, que le -impedía toda ocupación seria y continuada, se halló en el caso forzoso -de abandonar la patria y embarcarse á los tres días para Europa, donde -debía someterse á largo y riguroso tratamiento médico. Es cosa en -extremo curiosa observar que cuando fué Sumner el cuatro de Marzo de -1857 á jurar el cumplimiento fiel del nuevo mandato, había ya muerto -Preston Brooks, en Washington mismo, pocas semanas antes del mismo año, -á la temprana edad de menos de treinta y ocho, y Butler enfermo se -acercaba también al término y moriría en sus posesiones de la Carolina -pocas semanas después, en el mes de Mayo siguiente. Hubiérase dicho que -la diosa de la venganza arrebataba implacable al joven y al anciano, al -mismo tiempo que yacía herida en pleno vigor de su madurez la víctima -tan ferozmente maltratada. - -Volvió de Europa á fines de 1859, estuvo presente en Washington al -abrirse el Congreso el 6 de diciembre, dispuesto, aunque no enteramente -curado, á reanudar su enérgico apostolado en favor de la limitación de -la esclavitud. Muchos y profundos cambios se habían ya verificado en ese -momento, pero el problema de la admisión de Kansas como estado soberano -de la Unión se hallaba todavía, después de infinitas peripecias, -pendiente de solución ante el Senado, cuando se levantó á pronunciar su -primer discurso importante en Junio de 1860, abogando lo mismo que antes -en favor de la admisión. Pudo, pues, como el ilustre catedrático de -Salamanca, perseguido y encarcelado cinco años por la Inquisición, -comenzar con la frase célebre: "_decíamos ayer_". Pero si la posición -era parecida, las prendas personales eran distintas; Sumner carecía de -la sencilla resignación de Fray Luis, y su novísimo discurso, que al -imprimirlo intituló: "La barbarie de la esclavitud", aunque exento de -ataques personales, conserva toda la inflexible rigidez de su -temperamento de reformador. - -La agresión indefendible, imperdonable, de Preston Brooks no redundó en -beneficio del infausto programa político que la precipitó, bien al -contrario; pero respecto de Sumner, fuera del hondo y lastimoso daño en -su salud, si se mira en relación al papel político que tan valiente y -animosamente representó, cumple declarar que vino al cabo á prestarle el -más insigne servicio. Lo elevó á un alto pedestal, rodeó su frente de -inesperada aureola, le trajo el recurso precioso de la popularidad, todo -lo cual con sus dotes personales únicamente, con su manera habitual de -pensar, de hablar y de escribir nunca hubiera conseguido, á despecho de -la honradez de su carácter, del cabal desinterés de sus intenciones. -Faltábale ductilidad, faltábale modestia en la lucha intelectual, -faltábale sobre todo indulgencia para juzgar á los que opinaban ó -sentían de algún modo diverso: precisamente las cualidades que á primera -vista se estimarían indispensables para conquistar la alta posición que -sin disputa ocupó luego entre sus colegas; su prestigio ante el pueblo -americano bastó á allanar todos los obstáculos. El fatal rompimiento de -1861 vino después á colocarlo en su elemento, por decirlo así, al sonar -la hora de las resoluciones supremas, de las medidas violentas y -radicales. Fué entonces uno de los auxiliares más eficaces del -presidente Lincoln, y no cesaba un instante de espolearlo, de impelerlo -en el sentido de sus ideas, para obtener de él la proclama de la -abolición de la esclavitud como medida de guerra, proclama que Lincoln -prudentemente reservaba hasta que el fino y perspicaz instinto, que lo -mantenía en íntimo contacto con la opinión pública, le anunciara llegada -la hora precisa de lanzarla. Como cabeza de la Comisión de Relaciones -extranjeras en el Senado, movido por la inquebrantable resolución de -apartar cuanto pudiera traer estorbo á la resolución del espinoso -problema de la esclavitud, prestó incalculables servicios, cubriendo con -su prestigio parlamentario al ministro Seward, y conjurando todo peligro -de ruptura diplomática con el gabinete inglés ó con el Emperador de los -franceses. Al fin vió coronados sus esfuerzos, la guerra terminada, la -esclavitud para siempre abolida. Fué el período triunfante de su -carrera, y duraron su influencia y su poder hasta el término de la -presidencia de Andrew Johnson. Después vinieron en tropel amarguras, -tristezas infinitas; los defectos del hombre se sobrepusieron á las -cualidades del tribuno y del apóstol; alejado de su partido, de los más -de sus amigos, en pugna con el general Grant y sus ministros, fué -bajando uno á uno reacio y desabrido los peldaños de la escalera, que lo -había conducido á la cumbre: nadie lo oía, nadie seguía sus consejos, y -su tono dogmático, la pomposa elocuencia de sus desconsoladas profecías -se perdían en el desierto. Así fué poco á poco extinguiéndose la luz -brillante, la voz sonora del hombre que en un tiempo representaba, según -la bella y enérgica palabra de Emerson, "la conciencia del Senado". - - -CAPÍTULO III - -"La cabaña del tío Tomás" - -Queda dicho antes que, elegido Sumner para un segundo término de seis -años como senador de Massachusetts, debió contentarse con jurar -precipitadamente el cargo y por algún tiempo retirarse completamente de -la vida pública. El sillón permaneció vacío, á guisa de constante -acusación, manteniendo vivo el recuerdo de la tragedia del 22 de Mayo de -1856. Pero no había peligro de que tan pronto se olvidase; el discurso -había repercutido como toque sonoro de clarín, excitando y alarmando -gran parte del país, y el atentado que provocó, la profanación de lugar -exclusivamente reservado á graves y pacíficas discusiones, aumentó su -resonancia y empeoró la situación general de la república en ese año -fatídico, en el cual puede decirse que se oyeron los primeros gritos, se -asestaron los primeros golpes de la guerra civil. - -Era año de elegir nuevo Presidente, y durante el cuadrienio, próximo -entonces á fenecer, que había ocupado el puesto Franklin Pierce, había -durado intacta la estrecha alianza cimentada entre el poder ejecutivo y -la mayoría del Senado, mayoría formada por la coalición de los -representantes del Sur y un grupo de senadores del Norte, capitaneados -por Douglas; contra ella había dirigido Sumner sus vigorosas acometidas. - -La elección de Pierce en 1852 había sido triunfal, arrolladura; el -partido llamado demócrata confirmó y aumentó con ella su indisputable -supremacía, y el vencido quedó tan malparado que, pronto dejó de -existir, esto es, perdió su nombre, la cohesión en que fundaba su -eficacia desapareció, y sus miembros se dispersaron para formar otras -agrupaciones bajo otro título y programa que favoreciesen con más -probabilidad de éxito la misma acción política. El compromiso de 1850, -la aceptación general como definitiva y completa solución de todas las -dificultades nacidas de la esclavitud, fué causa única del triunfo del -uno y la derrota del otro partido. - -Al mismo tiempo la rigurosa aplicación de la bárbara ley sobre la -persecución y entrega en los estados libres de los esclavos fugitivos -actuaba por su parte á modo de disolvente enérgico, y amenazaba turbar -muy pronto la resignada quietud que aparentemente había sucedido al -anterior período revuelto. En multitud de casos las dificultades -opuestas por el pueblo á la ejecución de la ley, en otros la mala -voluntad y hasta la cólera con que todo el mundo la veía cumplir, -crearon en el Norte algo que allí no se había observado antes: antipatía -vivísima al régimen mismo de la esclavitud en el Sur y piedad profunda -por las víctimas, sentimientos que yacían inertes y dormidos en sus -corazones mientras pasaban las escenas terribles lejos de sus ojos, y -que ahora por fin se despertaban. - -La primera prueba decisiva de la resurrección de esos sentimientos fué -el éxito asombroso, tan grande como rápido, obtenido por el libro, que -la desastrada suerte de los pobres esclavos inspiró á una escritora -entonces desconocida, Harriet Beecher Stowe, del que se vendieron en -poco tiempo cientos de miles de ejemplares y que hizo derramar lágrimas -de conmiseración á millones de lectores. - -_Uncle Tom's Cabin_--así se titulaba la obra--respondió á una necesidad -moral, expresó en forma patética lo que ansioso de brotar bullía en el -alma de la nación: de ahí su instantánea, inmensa popularidad. Nadie -tomó como simples creaciones de la fantasía sus dramáticos y dolorosos -episodios; todos en el Norte de la República reconocieron la -reproducción exacta y sincera de una situación social abominable, porque -la pintura se ajustaba con terrible precisión á la idea que les sugería -la feroz ejecución de la ley contra los siervos escapados á sus dueños. - -Tenía Mrs. Stowe en los días de la publicación de su novela (1851-1852) -cuarenta años de edad, había cultivado poco las letras y con resultados -insignificantes, vivía en ardua lucha con la pobreza, rodeada de -numerosa familia, sin más recurso que el mezquino sueldo que como -profesor de colegio ganaba su marido. La ley de los esclavos le inspiró -el proyecto de escribir la novela; fué en realidad una improvisación -escrita semanalmente, á pedazos, á medida que los iba requiriendo el -periódico donde primero se insertó. Estaba tan lejos de sospechar la -oportunidad y exquisito tino con que iba á hacer vibrar al unísono de su -inspiración las místicas cuerdas que aunaban con sus latidos los de -tantos otros corazones, que rehusó la proposición de costear á medias -con un editor de Boston la impresión del libro, porque era su esposo -demasiado pobre para correr riesgo, si acaso el negocio se liquidaba en -pérdida: resultado muy de temer en vista del escaso interés que la -novela despertó durante los diez meses que estuvo apareciendo en el -periódico abolicionista de Washington. Ese era el libro de que en solo -un año se iban á imprimir ejemplares hasta la cifra de un millón en la -Gran Bretaña únicamente, cifra, dijo _La Revista de Edimburgo_, -probablemente diez veces mayor que la de ningún otro, salvo la Biblia ó -el _Prayer Book_.[13] Esa era la autora de la que, el año mismo de la -aparición de la novela, con su énfasis habitual habló Sumner en el -Senado en estos términos: «Inspirada por el genio del Cristianismo ha -entrado en la liza una mujer cual otra Juana de Arco, agitando con -fuerza maravillosa las cuerdas del corazón del pueblo».[14] Y hoy el más -reciente, tal vez el más juicioso é imparcial entre los que relatan los -sucesos de ese período,[15] considera _La Cabaña del tío Tomás_ tan -importante en la historia de los Estados Unidos como _La nueva Eloisa_ -en la historia del siglo XVIII en Francia. Los hombres que en sus -primeros años leían los escritos de Rousseau fueron los revolucionarios -de 1789, como los jóvenes americanos cuyas ideas se formaron leyendo en -la novela ó contemplando en el teatro los horrores de la esclavitud, -tales como Mrs. Stowe los trazaba, fueron los que más adelante -constituyeron la fuerza del partido que consumó por fin la extirpación -del cáncer formidable. - - [13] _Life of Harriet Beecher Stowe_ Compiled by her son _Ch. E._ - STOWE. 4 vol. Boston, 1889. - - [14] Discurso sobre la ley de los fugitivos. Agosto 26 de 1852. - - [15] _Hist. of the U. S. from the Compromise of 1850_ by J. F. - RHODES, vol. I pag. 278 y sig. - -Ese efecto colosal, obtenido sin charlatanismo, sin auxilio artificial -de especie alguna, fué debido en mucha parte á la poderosa corriente de -simpatía que arrastraba por primera vez la masa del pueblo á prestar -conmovida atención y escuchar con palpitante interés el eco de las -escenas de martirio que pasaban en la región de los esclavos. La autora -contribuyó de su lado á la generosa tarea con las intenciones más puras, -el más elevado entusiasmo, el más comunicativo ardor, y el libro, -concebido y acogido en tan excepcionales condiciones, mereció sin duda -todos los honores, llenó gloriosamente su objeto, á pesar de la trama -poco fina de su estilo, de la desigualdad de la inspiración poética, -del tono excesivamente místico y vago de algunos de sus descosidos -episodios. - -Los críticos en el Sur de los Estados Unidos, que sintieron bien el -vigor y precisión del ataque, quisieron desautorizarlo, acusando la -novela de falta de colorido local y declarándola construída sobre hechos -inexactos. La primera objeción no carecía de algún fundamento, pues la -autora no había personalmente recorrido la comarca especial donde el -trabajo esclavo se explotaba en la forma más ruda, y para colocar en -ella sus personajes había tenido que pedir acá y allá los detalles -esenciales y acumularlos después en breve espacio, en pocas escenas, -como era su derecho de artista; pero demostró completamente por medio de -una gran masa de datos y documentos, reunidos más adelante bajo el -nombre de _Clave_ de la novela, su absoluta buena fe y la suficiente -verosimilitud del cuadro general que con tanto relieve había pintado. - -La ocasión fué propicia y el talento se impuso á la admiración -universal, pero no volvió á encontrar otra igual, ninguna de sus obras -posteriores obtuvo ni con mucho éxito parecido, á pesar de que produjo -otras de valor literario más subido, que pasaron casi inadvertidas, -aunque el nombre de la autora era ya famoso en Europa y en América; pero -no pudieron conseguir lo que respecto de la primera dependió -principalmente de un estado particular de la opinión. Es probable que -muy pocos lean hoy _La Cabaña del tío Tomás_ y sólo á veces se recuerde -como ejemplo de moral ó libro de educación de la juventud, bueno todavía -para servir de premio en los exámenes. Tiene también su puesto en las -antologías, para las que naturalmente se prefieren las escenas que se -apartan más de la realidad, como la muerte del pobre negro Tom, especie -de visión extática, que asaltó á la autora de improviso, un domingo -durante la comunión, antes de que tuviese resuelta la marcha de su -argumento, la armazón entera de su edificio. - -Además, á medida que se va alejando el período en que la esclavitud -imperaba á modo de institución política sacrosanta, se amengua -igualmente el efecto trágico y se desvanece mucho la impresión de verdad -terrible que en su época produjo. Pero el servicio prestado á la causa -de la justicia y la libertad fué muy grande, de vasta trascendencia; si -el monumento literario es perecedero, la memoria de la artista no se -borrará jamás y nadie con mejor razón que ella pudo exclamar: _Non omnis -moriar_. - - -CAPÍTULO IV. - -Formación del partido republicano.--Convenciones nacionales.--Frémont, -Douglas, Buchanan.--Elecciones de 1856. - -Cuando se aproxima un cambio profundo en la opinión general de un país, -los primeros signos son como ruidos locales de volcanes diseminados por -toda la extensión del territorio, cuya íntima conexión pocos reconocen, -ni adivinan su carácter de precursores de la gran explosión que se -prepara. Así sucedió en los Estados Unidos durante los seis años que van -desde que empezó á aplicarse en 1850 la ley de persecución de los -esclavos, hasta 1856 que brotó súbitamente el partido "republicano", -numeroso, enérgico, lleno de esperanzas, al que reservaba el porvenir la -gran tarea de arrancar la esclavitud del suelo de la república. - -Los acaecimientos del mes de Mayo de 1856, esto es, el asalto contra -Sumner y el incendio y saqueo de una población de Kansas por los colonos -esclavistas alentados desde Washington por el Presidente y su ministro -de la guerra Jefferson Davis, sucesos ambos que independientemente -ocurrieron á pocas horas de intervalo, encontraron al nuevo partido en -vías de su definitiva organización, y vinieron muy á tiempo á infundirle -el grado de vigor y cohesión que en esos momentos requería. Puede -decirse que el partido recibió el bautismo en Pittsburg el 22 de -Febrero, aniversario del nacimiento de Jorge Washington, día en que se -congregaron allí los adversarios principales de la política imperante en -los consejos de la nación, y acordaron proclamar la necesidad de admitir -á Kansas como Estado libre y declarar la guerra por todos los medios -legítimos contra la extensión del régimen de la esclavitud más allá de -los límites donde existía, proscribiendo en lo adelante todo género de -transacción ó compromiso. Al efecto convocaban para una Convención en -Filadelfia con objeto de nombrar candidato para la presidencia de la -república y abrir en seguida animosamente la campaña. - -Es sabido que conforme á la Constitución y leyes del Congreso, el pueblo -de los Estados Unidos no vota directamente en las elecciones de -Presidente de la República, sino escoge cada cuatro años, en un día -fijado del mes de Noviembre, compromisarios especiales encargados de -formar un colegio electoral y designar el agraciado. En la realidad -estos compromisarios obedecen á un mandato imperativo de que jamás se -apartan, y nombran siempre á los designados de antemano por el partido -político á que ellos pertenecen. El trámite capital, por tanto, es la -elección de los candidatos en la junta ó Convención general del partido, -candidatos que seguramente serán los escogidos por el colegio electoral -y ocuparán el poder, si el partido logra triunfar en el escrutinio -general. Llámanse Convenciones nacionales, reúnense por pocos días cada -cuatro años, en una ciudad diferente por lo general, y se componen de -delegados en número proporcional al de senadores y diputados que cuente -cada Estado, delegados escogidos por las agrupaciones permanentes que -los partidos tienen siempre organizadas en todos los distritos ó -pequeñas circunscripciones políticas, que como mallas de inmensa red -cubren el vasto territorio nacional. - -Mecanismo tan complicado puede funcionar armónicamente si son perfectas -á un tiempo la organización y disciplina de sus elementos, condiciones -que sólo el tiempo y la práctica pueden llevar al grado de eficacia -indispensable. Infinitas y de la más difícil solución tenían que ser, -por tanto, las dificultades del nuevo partido en el primer período de su -existencia, y todas ellas venían á añadirse á la otra mucho mayor y -formidable de entrar inmediatamente en lucha contra el antiguo partido -demócrata, fuertemente organizado, dueño del poder, engreído todavía por -el completo triunfo obtenido cuatro años antes y bien persuadido de -renovarlo una vez más, confiando en la abundancia de sus recursos, sus -tropas bien disciplinadas, sus jefes acostumbrados á vencer é igualmente -diestros en el ataque y en la defensa. - -Los obstáculos, empero, fueron allanándose por sí mismos, un impulso de -genuina y entusiasta simpatía suplió á la falta de tiempo y ejercicio -para la rápida y metódica movilización de las fuerzas que de todos lados -corrían á incorporarse, y el día fijado reunióse en Filadelfia la -Convención Nacional Republicana. Tuvieron mucho sus sesiones de -tumultuosas y desordenadas; era inevitable, y, comparada con asambleas -del mismo género, fué más bien una reunión tan informe como numerosa, un -_mass meeting_, como se le ha llamado.[16] Concurrieron más delegados de -lo que se esperaba, buena parte de ellos irregularmente nombrados, todos -empujados por el torbellino de entusiasmo que agitaba al país y le -inspiraba la idea de abrir una nueva era, iniciar una verdadera -revolución, como envueltos en atmósfera encendida por los más variados y -vivaces sentimientos. Recuerda en cierto modo la Convención, aunque en -otro mundo, bajo otro clima moral, con resultados más inmediatos y -prácticos, el célebre Concilio que á la voz del papa Urbano inauguró en -Clermont el vasto movimiento de la Europa contra el Asia, en la Edad -Media. - - [16] Bryce, The American Commonwealth vol. II pag. 69. (1889). - -La tarea primera de los delegados demandaba, no arranques de entusiasmo -sentimental, sino sólido y profundo razonamiento, y, por fortuna, fué -cumplidamente desempeñada: redactar el programa ó manifiesto, lo que en -el lenguaje especial de la política norteamericana se conoce con el -nombre de "plataforma", sobre la cual, á manera de base ó pedestal, -solicitan los candidatos el voto del pueblo. Importaba proclamar en el -documento, sin causar escándalo, una decidida hostilidad á toda -extensión de la esclavitud, porque esa y no otra era la razón de ser del -nuevo partido, é hiciéronlo declarando sin ambajes: 1º que ni el -Congreso federal ni ninguna Legislatura particular ni individuo alguno ó -asociación de individuos podía impartir existencia legal á la esclavitud -en los Territorios: y 2º que el Congreso tenía en virtud de la -Constitución el derecho y el deber de prohibir allí la poligamia y la -esclavitud, "reliquias gemelas de la barbarie". Pero era también -indispensable que el programa no asustase á los tímidos ni ahuyentase á -los moderados, sugiriendo medidas violentas ó procedimientos -revolucionarios; así lo previeron, contentándose con pedir la admisión -de Kansas como Estado libre y evitando aludir al derogado compromiso del -Missouri y á la ley sobre los huídos, sin duda porque juzgaron -suficientes á realizar sus votos esenciales las dos mencionadas -resoluciones, robustecidas con la frase en que invocaban los principios -de la inmortal Declaración de Independencia, y anunciaban la decisión -inquebrantable de aplicarlos siempre, fuera cual fuese el resultado, y -no obstante toda amenaza de disolver la Unión. Precisamente habían sido -hasta entonces esas amenazas el arma de doble y cortante filo con que -los Estados del Sur infundían terror y mantenían su predominio; ahora -por primera vez bajaban á la arena intrépidos combatientes, dispuestos á -provocar y afrontar la lucha sin miedo á ninguna consecuencia. - -Salvado tan felizmente ese paso preliminar, pidió su desquite el -entusiasmo, y avasallando á la razón fué unánimemente elegido por la -Convención como candidato á la presidencia, en medio de vivas y -aplausos, no un hombre político de establecida reputación, no un tribuno -de notoria habilidad, sino un personaje novelesco, héroe de -extraordinarias aventuras. Llamábase John C. Frémont, contaba cuarenta y -tres años nada más y gozaba de gran popularidad; su nombre había corrido -de boca en boca antes de 1850, en la época en que todos volvían los ojos -hacia la dilatada extensión de tierra al occidente, más allá del -Mississipi y sus afluentes, región casi completamente desconocida, donde -era ya fácil adivinar fascinante porvenir de grandeza para la república. -A la cabeza de pequeñas partidas de exploradores se había lanzado -Frémont en varias ocasiones á visitar esa región de indios salvajes, -había atravesado desiertos, escalado ásperas cordilleras, descubierto á -costa de trabajos y sufrimientos inauditos los desfiladeros, por donde -era únicamente posible llegar hasta los aledaños del continente; y las -narraciones de sus aventuras habían sido leídas apasionadamente y -admiradas en todo el país. Al declararse la guerra contra Méjico, se -hallaba al término de una de sus excursiones: con su gente se puso al -frente de una insurrección contra el gobierno mejicano, y pronto muchos -le dieron el título de conquistador de California. La anexión de esos -territorios halló en él después ardiente favorecedor, y fué uno de los -primeros senadores enviados á Washington, cuando en 1850 se verificó la -entrada de California como Estado sin esclavos en la federación. Desde -esa fecha se le tenía por acérrimo y declarado enemigo de la esclavitud. - -Otros actos de su vida parecían de propósito combinados para excitar la -atención. Era hijo de un francés profesor de idiomas en los estados del -Sur, había nacido en el de Georgia, y se había educado solo, por no -doblegarse á la disciplina del colegio á que su madre viuda lo mandó. En -Washington después se casó secretamente con una distinguida joven, de la -mejor sociedad, y contra la voluntad de su padre, que era Thomas H. -Benton, representante durante treinta años en el Senado del estado de -Missouri y autor de dos gruesos volúmenes, siempre útiles de consultar, -titulados "Historia de la marcha del gobierno americano por espacio de -treinta años". Aunque más adelante se reconciliaron suegro y yerno, -fueron siempre de muy encontradas opiniones y en las elecciones de 1856 -no votó Benton por su hijo político para Presidente. A causa de un -incidente de sus afortunadas aventuras en el Oeste fué el explorador -acusado de insubordinación y desobediencia, y condenado por un consejo -de guerra; aunque el presidente Polk levantó la pena impuesta y ofreció -devolverle su grado en el ejército, desdeñó orgullosamente Frémont el -indulto, por no consentir una sentencia que consideraba injusta; todo -ello contribuyó fuertemente á su popularidad[17]. - - [17] Life of Th. H. Benton by Th. Roosevelt, page 354. La obra de - Benton es la misma citada antes bajo su primer título: Thirty years - view. - -Juzgado á la luz de sucesos posteriores (mal modo de juzgar, pero la -consideración se impone como caso de interés histórico), es evidente que -la Convención expuso á grave peligro su propia causa y la suerte del -país, al designar á Frémont como candidato. Si hubiera ganado la -elección la guerra civil habría comenzado en 1857, y se hubiese hallado -dirigiendo la cosa pública en tan crítica y formidable situación un -hombre que era, como se vió luego demasiadamente claro, extravagante, -obstinado en el error, del todo incapaz de moderar sus impulsos ó -plegarse á las circunstancias, y que ni siquiera tenía el talento -militar que se le suponía. - -El partido republicano reunió más de un millón trescientos mil votos de -los cuatro millones emitidos esa vez: resultado prodigioso si se tiene -en cuenta que la organización se hizo en plena lucha, enfrente mismo del -enemigo. Llenó de gozo y de las más halagüeñas esperanzas á cuantos -deseaban borrar en el próximo porvenir la negra mancha de la esclavitud, -pues ese número de votos representaba la mayoría en once de los treinta -y un Estados de la Unión. No faltaron quienes pensasen que con un -candidato menos romántico, de más peso en política que Frémont, el -desenlace de la campaña hubiera podido ser muy diferente[18]. - - [18] Véase: Von Holst ut ant. volume V. pag. 373. - -El partido demócrata, es decir, la masa compacta de los Estados del Sur, -menos uno, y la fracción de hombres del Norte que Douglas conducía, -triunfó nuevamente, pero por la última vez; bien lo indicaba inequívoca -y ominosamente el no haber alcanzado mayoría absoluta y haber ganado la -elección, á causa de la división de fuerzas producida por un tercer -partido con su candidato, Millard Fillmore, que recogió cerca de -novecientos mil votos, venidos de todos lados, del Norte y del Sur. Mas -ese partido debía desaparecer en seguida, dejando apenas rastro. Gastó -en esa acometida toda su energía, como la abeja que pierde su aguijón -dentro de la punzada. Era el partido apellidado Americano ó nativista, -vulgarmente _knownothing_, porque envolvía en profundo secreto su -organización y afectaban sus adherentes responder que "nada sabían" -cuando se les preguntaba; duró en suma corto tiempo y murió por carencia -de vitalidad, de razón de ser; el problema de la esclavitud era la -preocupación universal, el alma de los partidos, y pasarlo en silencio -no facilitaba en sentido alguno su solución. - -En la Convención del partido demócrata, que se celebró en Cincinnati -pocos días antes que la del republicano en Filadelfia, sufrió Douglas la -amarga pena de no ser á pesar de sus esfuerzos el candidato preferido. -Su carácter de representante del gran estado de Illinois, el talento y -la infatigable actividad con que se alzó y mantuvo á la cabeza de la -mayoría del Senado, sus grandes servicios de creador y defensor del plan -conforme al cual pudo ser derogada la limitación de la línea del -Compromiso y abierto á la expansión de la esclavitud el suelo de Kansas -y Nebraska, justificaban bien esa recompensa, objeto incesante de sus -afanes. En vano todo; sus amigos tenazmente abogaron por él; fueron -necesarios muchos escrutinios antes de que se confesasen vencidos, antes -de que cediesen la vía, que hubieran podido obstruir indefinidamente, á -James Buchanan, anciano de sesenta y cinco años, en quien la perspicacia -de algunos jefes esclavistas había adivinado dócil y complaciente -servidor de ulteriores designios. Los seguidores de Douglas se -consolaban con la idea de que contaba éste de edad cuarenta y tres años -solamente,--lo mismo por cierto que Frémont,--y podía aguardar con -paciencia la próxima revancha: él sentía en el fondo de su espíritu que -la oportunidad mejor quedaba perdida, que las nubes bajaban rápidas á -encapotar su horizonte. - -Fué Douglas un demagogo en el mejor sentido de la palabra; aunque había -sacrificado mucho y estaba probablemente dispuesto á sacrificar más -todavía por obtener aplausos y votos del partido dominante, probó en una -hora crítica, cuando sus antiguos amigos se resolvían á la guerra civil, -que siempre nutría vivísimo amor y respeto por la patria, por su -engrandecimiento y prosperidad, y que jamás consentiría ser cómplice de -su desmenbración. El miedo que los sagaces aristócratas del Sur, los -mismos que aceptaban sus servicios y seguían su bandera en el Senado, -tenían de verlo instalado en la presidencia, era un homenaje que rendían -á su inteligencia y al vigor de su temperamento, pues parecían temer que -una vez en el alto puesto no pudiesen más contar seguramente con él y -desease aplicar sus propias ideas é imponer su voluntad. Reunía muy -raras y notables cualidades: enérgico, atrevido, se erguía y brillaba en -medio de la controversia y de la lucha, sin que lo acobardaran los -fracasos, convencido siempre de que su influencia personal y la -prontitud de sus recursos bastarían á transformar la situación en los -trances más difíciles. Así á menudo aconteció. Cuando hizo pasar por -ambas ramas del Congreso el _bill_ sobre Kansas y la abolición del -Compromiso, fué tan hostil la impresión por varias partes que, como dijo -él mismo con imagen bien aventurada, había viajado de Washington á -Chicago á la luz de las hogueras en que quemaban su propia efigie. A -pesar de todo continuó en auge constante su prestigio popular, día llegó -en que ninguna otra persona en el partido le excedía en habilidad -parlamentaria, en número de adherentes y en popularidad. - -Para haber subido más alto y dejado en la historia americana nombre -ilustre, tanto por lo menos como los de Madison ó Calhoun, halló por -desgracia obstáculos invencibles nacidos de las condiciones en que -fatalmente se encontró desde el principio de su carrera y le impidieron -adquirir ese grado de educación, de refinamiento moral é intelectual -que, salvo en naturalezas privilegiadas, sólo se adquiere durante la -juventud. Como _selfmade man_ fué un tipo característico, aun en esa -tierra donde surgen con más frecuencia que en otras hombres formados y -elevados por su propio esfuerzo; huérfano de padre y madre desde muy -temprano, apenas asistió á escuelas en su niñez y á los diez y seis años -ejercía un oficio mecánico, carpintero en el estado de Vermont, donde -había nacido. Resuelto á abrirse camino á través de las dificultades, -emigró al Oeste de la república, á los nuevos Estados que rápidamente -crecían y prosperaban. Una vez fijado en Illinois, donde había entrado -solo y con treinta y siete centavos en el bolsillo por único capital, -progresó su fortuna en la misma medida que adelantaba el estado en -riqueza y población, y fué á los pocos años ocupando uno tras otro los -cargos más importantes del servicio público, llegando á ser Senador en -1847, posición encumbrada que hasta su muerte conservó y admirablemente -llenó. - -Acaso debió Buchanan el triunfo en la Convención de Cincinnati á los -méritos mismos de su competidor, pues por lo demás era personaje muy -inferior en todo. Pero así como tenía Douglas numerosos amigos, contaba -enemigos y envidiosos dentro del partido, auxiliares más ó menos tibios, -que había ofendido y llevádose de encuentro en las reñidas batallas -políticas en que había figurado y triunfado; el resentimiento de éstos y -los temores que en otros inspiraba su nombre, bastaron para echar al -suelo su candidatura. Buchanan no tenía malquerientes personales, había -pasado varios años fuera del país en el servicio diplomático, era -obsequioso, cortés, de fácil palabra, muy estimado en Pennsylvania, su -Estado natal, pero débil de carácter y de inteligencia no más que -mediana. - -El público siguió las diversas fases de esa campaña electoral -excepcionalmente ruidosa y agitada con palpitante interés, con más -ansiedad que ninguna de las anteriores. Pronto se observó que la -calculada desigualdad de fuerzas entre los dos grandes partidos se -compensaba por medio de la inesperada simpatía que el nuevo programa -antiesclavista despertaba. El partido demócrata disponía de las sumas -que las cotizaciones exigidas á los empleados públicos producían; -Fillmore contaba de su lado las clases mercantiles, los más ricos -capitalistas, que no escatimaron sus contribuciones; pero los -republicanos, circunscribiendo sus esfuerzos á los Estados libres, lo -cual por sí era una ventaja, sin gastos inútiles, sin estímulos -extraordinarios, vieron las masas acudir al simple llamamiento. Miles de -individuos, sacudiendo inveterado torpor, contemplaron fijamente por -primera vez las consecuencias del plan político de la extensión de la -esclavitud, resolvieron, con la tranquila resignación de quien busca la -paz de su conciencia, que la esclavitud quedaría enclavada dentro de los -límites reconocidos por la Constitución, y que de ahí no debería pasar -jamás. - -El número de votos antiesclavistas dejó atónitos á muchos, perplejos á -los mismos vencedores; Buchanan, en la presidencia, iba á representar -una minoría, debido á los cuatrocientos mil sufragios de ciudadanos del -Norte, interceptados por el tercer candidato. Esos votos hubieran -bastado para elegir á Frémont, suceso increíble seis meses antes, que -los hábiles estratégicos, directores desde tantos años atrás de la -política nacional, habían considerado resultado tan monstruoso como -improbable, y sólo mencionaban para declarar que á tal evento -responderían sin vacilar con "inmediata, absoluta, eterna -separación".[19] - - [19] Frases de una carta de Mason á Jeff. Davis, ministro de la - guerra, citadas en _Reminiscences of Hamilton_ (New-York, 1899). - -Cuando se acallaron las voces, y se disipó el humo del combate, un -observador mal preparado hubiera podido pensar examinando el campo que -no se había realizado alteración alguna profunda, que la situación -seguía la misma, pues si el asalto había sido más rudo, la victoria era -indudable, y las cosas continuarían por tanto bajo Buchanan como habían -marchado ya bajo el gobierno de Pierce. Los vencedores no obstante se -encontraban lejos de sentirse tan satisfechos como en anteriores -ocasiones; jugaban en esas lides intereses demasiado graves y queridos, -y en sus inquietas meditaciones, fija la escrutadora mirada en lo -futuro, pudieron ver, como el héroe romano antes de la última batalla, -un fantasma siniestro emplazándolos para la próxima elección -presidencial. - - -CAPÍTULO V. - -El negro Dred Scott ante el Tribunal supremo - -A los dos días de inaugurada la presidencia de James Buchanan, el 4 de -Marzo de 1857, publicó el Justicia mayor, ó Regente del Tribunal supremo -de los Estados Unidos, la sentencia acordada por mayoría de los jueces -en el pleito seguido por un negro esclavo llamado Dred Scott, en -vindicación de su libertad. - -Es celebérrimo ese fallo; no tanto por la parte dispositiva, pues en -nación compuesta de más de treinta Estados, independientes entre sí -respecto de toda cuestión de derecho común, civil ó criminal, y cuyos -códigos particulares en unos protegían el régimen de la esclavitud y en -otros ni siquiera lo reconocían, habían por fuerza de ocurrir á menudo -conflictos sobre la condición de individuos pasando á cada instante de -un Estado libre á otro esclavo. Nada extraordinario, por consiguiente, -hacía el tribunal encargado por la Constitución de zanjar esas -dificultades, oyendo en grado de apelación un caso particular, ya -tratado por otra Corte federal, y confirmando fallo anterior que -declaraba esclavos á los demandantes, esto es, al negro Scott, su mujer -y dos hijas. La importancia histórica de esa sentencia estriba en sus -considerandos, en la doctrina de derecho constitucional que establecían, -con el objeto confesado de calmar las reñidas controversias sobre la -legalidad de la admisión de esclavos en los Territorios, y, al efecto, -aprobando una entre las diversas interpretaciones de la ley fundamental -por cada partido preconizadas. Pero en vez de aquietar los ensañados -contrincantes vino el malhadado documento á precipitarse como enérgica -levadura en la lucha ardiente de los partidos, levantando y excitando -las diferencias políticas hasta un grado no visto todavía. - -Dred Scott, esclavo de un médico militar domiciliado en el estado de -Missouri, había residido algún tiempo sirviendo á su dueño en regiones -de la república donde no existía la esclavitud, y á su vuelta, -enardecido por violento castigo corporal á que se le sometió, dedujo -demanda de emancipación apoyándose en la jurisprudencia inglesa, vigente -como derecho común en los Estados Unidos, que declara libre el esclavo -que pone el pie donde no sea legal la condición servil. Años hacía que -la demanda seguía su curso con varia fortuna en diferentes tribunales, -hasta que agotadas sin obtener sentencia firme las dos jurisdicciones, -local y nacional, de los Estados y de la Federación, que funcionan al -lado una de otra y completamente separadas el todo en país, llegó en -grado final ante la Corte suprema en Washington. Movió el caso vivísimo -interés; abogados de gran reputación acudieron espontáneamente, sin -retribución directa y atraídos sólo por la importancia de la materia, á -informar en estrados las dos veces que abrió el tribunal la vista de la -causa, ambas en 1856, la primera antes de la elección de Buchanan, la -segunda después. De esta manera una precedió y la otra siguió á la -encarnizada campaña que tanto ruido y tanto polvo hizo ese año en todo -el ámbito del país. - -Si el alto tribunal se hubiese limitado á desairar las pretensiones del -esclavo y simplemente confirmar por los mismos ó parecidos fundamentos, -como un instante lo pensó, la sentencia apelada, sin perder el caso su -grave y dramático carácter hubiera excitado la opinión pública por breve -espacio y caído pronto en el olvido, máxime cuando se supo dos meses -después que toda la familia Scott había recobrado la libertad, en virtud -de manumisión voluntariamente otorgada por un nuevo dueño á cuyo poder -había pasado. Mejor hubiera sido así mil veces; se habría evitado la -peligrosa prueba de echar por pasto á la furia de los partidos el nombre -y la respetabilidad del más elevado tribunal de la república. El -tribunal también habría renunciado á la tarea imprudente de discutir y -resolver en el fallo de un pleito particular toda la espinosa cuestión -de la esclavitud de los negros. Pero era demasiado seductora la -tentación que hizo á los jueces sucumbir, y si su conducta puede ser -tildada como error de juicio y extralimitación de facultades, la -rectitud del propósito la explica y excusa cumplidamente. - -¿A qué, en efecto, se reducía la diferencia de motes y colores entre los -dos grandes partidos acampados frente á frente desde la última lucha -electoral y en perdurable son de guerra?--A interpretar diversamente -cada uno el espíritu de la Constitución, á negar ó afirmar que en el -Congreso residiera el derecho de autorizar la esclavitud en el vasto -espacio no organizado aun con forma de estados federales. Divergencia -muy honda y trascendental, que no podía, como otras contiendas de -partido, resolverse en cambio de nombres ó trueque de personas, porque -envolvía inmensos intereses y aventuraba todo el porvenir. - -El Supremo cuerpo judicial, nacido de la Constitución misma con el -encargo de interpretar y fijar la significación de sus artículos, voz de -la conciencia del pueblo americano, como se le ha llamado[20]; del -pueblo americano emanado para ser en los casos inciertos garantía -suficiente de los derechos individuales y elevarse por cima de los -bandos, facciones é injusticias coaligadas,--pudo muy bien creerse -investido de la misión de terciar en esa guerra deplorable de opiniones, -y puesto que era la demanda de Scott contra su amo ocasión oportuna de -pronunciar también sentencia sobre ese otro pleito capital, no vaciló en -prestar el patriótico servicio de resolver la intrincada cuestión que -turbaba los ánimos y amenazaba la paz. Por desgracia, aunque á tanto -alcanzase su jurisdicción, punto de suyo discutible, el resultado -defraudó las excelentes intenciones, y, en vez de mejorar la situación -política, envalentonó á los intransigentes del partido sudista, exasperó -á los adversarios, hasta que rotos los diques, desbordadas las pasiones, -llegó la polémica á un grado de ardor inesperado. - - [20] Bryce, obra cit. vol. I. pag. 24. - -Uno de los abogados que arguyeron en los estrados del tribunal contra -las pretensiones del demandante, Reverdy Johnson, que gozó después de -gran reputación en el foro y en la política, dijo en su arenga, entre -otras frases que leídas hoy parecen blasfemias y eran entonces opiniones -muy esparcidas, que la extensión de la esclavitud era lo único que podía -preservar incólume la libertad de la república. Taney, presidente de la -Corte, afirma en la minuta por él redactada como resumen de las -opiniones y acuerdos de la mayoría, que "el pueblo americano", en cuyo -nombre se escribieron la Declaración de Independencia de 1776 y la -Constitución de 1787, no incluía en su expresión colectiva á los negros -africanos ni á sus descendientes nacidos en América, y que á éstos sólo -se aludía en el segundo de esos instrumentos como á una especie -particular de propiedad, de ningún modo como individuos revestidos del -carácter y derechos de ciudadanos de los Estados Unidos. Llevando luego -sin temor esas afirmaciones á sus naturales consecuencias, deducía que -el Congreso no podía impedir que los ciudadanos acudiesen con sus -bienes, es decir, con sus esclavos, á establecerse en las tierras no -colonizadas todavía y pertenecientes por igual á todos los miembros de -la Unión, y eran por tanto ilegales los célebres pactos ó compromisos, -desde el de Missouri hasta otros más recientes, que habían puesto trabas -á esa facultad. De tal manera excomulgaba la primera autoridad judicial -al millón y medio de personas que había votado el programa de la -Convención de Filadelfia y proclamaba la perfecta é inatacable ortodoxia -de las doctrinas contrarias. - -Enfrente del Capitolio de Annapolis, capital del estado de Maryland, se -eleva hoy la estatua de bronce de Rogerio Taney, del íntegro magistrado -que estuvo veintiocho años á la cabeza del Tribunal supremo; otra se le -ha erigido en la rica ciudad de Baltimore, la más floreciente del mismo -Estado; y no solamente sus conciudadanos de esa región, muchos otros en -el resto del país, enaltecieron á porfía las virtudes del hombre -público, la pureza, la honradez, el valor cívico, el tesón -inquebrantable desplegado hasta en los últimos límites de la ancianidad, -móvil de esos homenajes[21]. Y, sin embargo, el acto más célebre de su -vida, la sentencia que redactó y leyó en el caso de Dred Scott, es una -fecha lúgubre de la historia americana, un día de los que se señalan con -piedra negra, punto de partida de la más infausta peripecia para -aquellos mismos que en aquel instante parecían triunfar definitivamente -en el seguro terreno de la ley constitucional; porque la guerra -fratricida hasta entonces posible, probable si se quiere, apareció en el -acto con el carácter de fatal, incontrastable necesidad. Taney vivió lo -bastante para verla desencadenada y hasta cerca ya de su desenlace; -cuando preparaba el general Grant la última campaña, murió, á fines de -1864, á los ochenta y siete años de edad, en los días mismos en que el -estado de Maryland abolía voluntariamente la esclavitud, decretaba la -ruina de la institución social que los abogados que hablaron y los -jueces que fallaron contra Dred Scott habían creído destinada á durar -perpetuamente, por lo menos hasta una fecha, como dijeron, "que ojos -humanos no alcanzan á divisar todavía".[22] - - [21] _Taney_ por _F. M. Bird_. Apéndice al tomo XXIII de la _Enc. - Britannica_, 9ª edición. - - [22] Palabras del discurso de R. Johnson, citadas por _Pike, First - blows of the civil war_. - -Ha dejado, pues, Taney, á pesar de sus raras prendas personales, una -reputación nublada, que sobre todo palidece y mengua comparada con la -gloria fulgente de Marshall, su inmediato antecesor, que ocupó también -por largo espacio la presidencia de la Corte suprema y fué el gran -intérprete de la Constitución, el jurisconsulto sin rival á quien, -después de Washington, debe más que á ninguno agradecer la república -norteamericana la firmeza y robustez que con el curso del tiempo han ido -sus instituciones adquiriendo y aumentando. Taney no obtuvo sin seria -oposición la venia del Senado cuando el Presidente lo nombró Primer -Justicia de la Corte Suprema, pues muchos vieron con susto penetrar en -el recinto de la justicia con tan elevadas funciones á quien se había -engolfado demasiado en la política de combate durante el gobierno -despótico y agitado del general Jackson, de cuyos más autoritarios -desmanes había sido secreto consejero y público defensor. Bien -justificado quedó ese temor con el tono, la forma é intención de los -considerandos del fallo sobre Dred Scott. De cualquier modo en suma que -se mire será siempre una obra política, con un fin político, redactada -con la parcialidad y exclusivismo de los papeles políticos. - -La sentencia resolvía una causa particular en apelación ante el tribunal -y expresaba la opinión de la mayoría, de seis de los ocho jueces que lo -componían, pero Taney es responsable ante la posteridad de las doctrinas -incrustadas en sus párrafos, de la aprobación innecesariamente impartida -al programa de un partido reorganizado especialmente en defensa de la -perpetuidad de la esclavitud, y más que todo de la imprudente dureza con -que, para demostrar que los fundadores de la nación no pudieron haber -invitado la raza negra á gozar de la grande obra que edificaban, traza -hostilmente cuadros como el siguiente, que hoy mismo no puede leerse sin -hondo desagrado: - - "A juicio del tribunal, las historias de la época y el lenguaje - empleado en la Declaración de Independencia demuestran que ni la - clase de esas personas importadas como esclavos, ni sus - descendientes libres ó no libres, eran entonces reconocidos como - parte del pueblo, ni se intentaron incluir en los términos - generales empleados en ese memorable documento. Difícil es darse - hoy cuenta de las ideas que respecto de esa raza desgraciada - prevalecían en la opinión pública del mundo civilizado en la época - de la Declaración y cuando se escribió y adoptó la Constitución. La - historia de todas las naciones europeas lo revela del modo más - inequívoco. Más de un siglo hacía que eran los negros considerados - como seres de un orden inferior absolutamente incapaces de - asociarse á los blancos en sus relaciones políticas y sociales, - inferiores hasta el punto de no tener derecho alguno que el blanco - estuviese obligado á respetar, así como de poder ser justa y - legítimamente reducidos á servidumbre en su propio beneficio. Eran - vendidos, comprados y tratados, cual lo son las mercancías cuando - hay alguna ganancia que reportar". - - Y armado con su lógica despiadada, continuaba el juez diciendo: - "que si la raza africana esclava estuviese comprendida en las - palabras de la Declaración de Independencia que afirman la igualdad - de todos los hombres, la conducta de los patriotas ilustres que la - suscribieron aparecería en completa y flagrante contradicción con - los principios mismos que establecían, y en vez de la simpatía del - género humano que buscaban, habrían recibido y merecido vituperio - universal". - -Es triste é ineluctable condición de anomalías sociales de la especie de -la esclavitud el arrastrar á tales extremos aun á individuos dotados de -nobles y generosos sentimientos. Taney era dulce y bondadoso en el trato -íntimo, según el testimonio de cuantos privadamente lo trataron; y no -sólo nunca compró esclavos, sino que otorgó la libertad á cuantos por -herencia le tocaron, socorriendo y pensionando luego á los que por razón -de edad no podían cabalmente gozar del beneficio de la manumisión; pero -nacido y educado en un Estado del Sur, abundando sinceramente en las -ideas del partido demócrata, no pudo resistir al deseo de echar en la -agitada balanza el peso del gran cuerpo judicial que presidía, halló la -mayoría de sus colegas dispuesta á acompañarlo en la aventurada empresa, -y cometió el error imperdonable. Error de que él mismo fué la víctima -primera, pues las crueles odiosas frases que corrieron de su pluma -permanecerán eternamente adheridas á su nombre, y se necesita tener bien -presente toda la buena fe, todo el desinterés personal del hombre para -comprenderlas y atenuarlas. - -El fin anhelado no se alcanzó ni siquiera aproximadamente, ni aun en el -primer momento; el mal en vez de aliviarse persistió agravándose, y -contribuyó, por contrario efecto, á cerrar el paso á todo acuerdo -posible entre los dos grandes partidos separados por la cuestión de la -esclavitud. - -Era claro que los jefes del Sur, que tan arrogantemente pedían desde -algunos años atrás el reconocimiento de sus derechos y de su carácter de -amos de esclavos en los Territorios, sin arredrarles el peligro de -arruinar la fábrica política, no habrían de ceder ó disminuir sus -altivas exigencias, ahora que el Tribunal supremo proclamaba la -legalidad, la corrección constitucional de su programa. El miedo del -porvenir, que tan justamente les infundió el número inesperado de votos -reunido por la candidatura adversa, comenzó instantáneamente á minorar, -gracias al poderoso apoyo de la aprobación judicial; exageraron sus -pretensiones al mismo tiempo que crecían su orgullo y espíritu -dominante, y llegaron hasta esperar confiadamente que el respeto á la -ley, la sumisión á la cosa juzgada, sentimientos muy esparcidos y -siempre vivos en la república, unidos al antiguo deseo de evitar á toda -costa el desquiciamiento de la Unión, decidirían á la masa del pueblo á -permitir la realización de sus designios. - -El efecto entre los agrupados bajo el nombre de "republicanos" fué, como -dije, contrario á lo previsto; los que procedían impulsados por ideas de -moral y religión se exaltaron hasta el frenesí al encontrarse con la -justicia apadrinando lo que consideraban abominable; los que obedecían á -un plan político, los moderados, que esperaban tarde ó temprano el -triunfo en las urnas electorales por los medios ordinarios, en nada -cambiaron, porque sabían bien que la sentencia por Taney publicada -resolvía sólo el caso concreto á que se refería, y acatándola á ese -único respecto replicaban que los precedentes judiciales, cuando son -errados, se destruyen por medio de fallos posteriores; y que una vez -arrollado pacíficamente el partido esclavista en nuevas elecciones, las -opiniones y tendencias de los magistrados de la Corte Suprema cambiarían -poco á poco, por juego y obra de la misma Constitución tan falsa y -lastimosamente ahora interpretada y aplicada. - -Las cosas por tanto continuaron por breve término en idéntica posición; -la gran batalla de principios y de programas tenía que trabarse y -decidirse todavía en su verdadero terreno, la intervención de los jueces -excitó de antemano las masas combatientes y les proporcionó gritos de -guerra más nuevos y estruendosos. - - -CAPÍTULO VI. - -Desacuerdo entre ambas ramas del Congreso sobre la admisión de Kansas. - -El primer año de la presidencia de Buchanan fué el más fúlgido momento -de fortuna disfrutado por el partido esclavista. Todavía hoy pudiera -supersticiosamente creerse y decirse que el destino quiso engañarlo por -última vez, en la hora misma que lo esencial estaba á punto de perderse, -y, poniéndole delante el espejismo de la victoria, llevarlo seguramente -con ojos deslumbrados á la catástrofe definitiva. Hallábase en posesión -absoluta de cuantos recursos eran de apetecerse para cimentar -indestructiblemente su predominio: poder ejecutivo, poder legislativo, -supremo cuerpo judicial, todo laboraba y conspiraba en su favor. - -Nadie acogió con más regocijo que Buchanan la declaración judicial que -sancionaba la extensión de la esclavitud en los Territorios; los -intransigentes del Senado y de la Cámara de Representantes tuvieron la -satisfacción de oir decir en su nombre, en un mensaje especial, de 2 de -Febrero de 1858, que Kansas era ya un Estado con tanta verdad y tanto -derecho como otro cualquiera de la Unión, como Georgia ó las Carolinas, -con esclavos como ellos, y por los mismos títulos digno de formar parte -de la gloriosa federación. Si el Congreso seguidamente atendía las -sugestiones del Presidente, aprobaba la situación á que se había llegado -en Kansas por medios bien merecedores de reprobación, y admitía la nueva -comunidad bajo la constitución que subrepticiamente, sin consulta real -del pueblo, acababan de promulgar,--¡qué hermosa manera de coronar los -esfuerzos de los últimos cuatro años! El equilibrio entre las dos -secciones quedaba en el acto restablecido, y no habría ya peligro de -perderlo nuevamente, pues el horizonte inmediato se vestía también de -gratísimos colores; Tejas, el Estado enorme, de cerca de trescientas mil -millas cuadradas de superficie, podía legalmente ser dividido en cuatro -Estados, y en vez de dos, mandar ocho representantes al Senado, -cualquiera que fuese la cifra de su población; más lejos los vastos -espacios anexados después de la guerra contra Méjico ofrecían su fértil -suelo á colonos venidos de todos lados para organizarse pronto del mismo -modo y en las mismas condiciones que Kansas, y entonces, no diez y seis, -sino veinte, veinticinco Estados, explotados por el trabajo de los -negros esclavos, lucharían ventajosamente en Washington por medio de sus -delegados contra los ávidos industriales y comerciantes del Norte, y -tendrían en las manos los medios de exigir é imponer el respeto y la -conservación de sus instituciones peculiares. - -Pero el ardiente deseo los arrastraba demasiado lejos, como poseídos -del frenesí que la fortuna vierte sobre aquellos que quiere perder, -según el célebre apotegma que la Edad media atribuía al poeta cómico -latino. El cúmulo de lisonjeras esperanzas comenzó á desmoronarse cuando -más alto y compacto parecía. Apenas se dibujó claramente ante los -correligionarios del Norte lo que se escondía detrás de esas apariencias -y vieron hasta donde soñaban ir sus aliados del Sur con el Presidente de -la República á la cabeza, se negaron algunos á continuar en tan tortuosa -dirección, invadidos de mortal angustia al hallar inconciliables el amor -de libertad que los animaba y la distinta situación legal que debía -surgir de la ejecución de sus acuerdos. La opresiva duda se propagó con -rapidez, y como tiene que suceder donde la voluntad popular es soberana -y no carece de ocasiones de manifestarse, repercutió entre los miembros -de la Casa de Representantes, desprendió de la mayoría imperante -suficiente número de votos para que fuese rechazado el _bill_ del Senado -sobre la admisión de Kansas de la manera convenida, y la bien maquinada -intriga cayó al suelo desbaratada. - -Fué el naufragio definitivo de la cuestión, cuando más orgullosamente -navegaba y desplegaba velas y grímpolas; naufragio sin posible -salvación, aunque se empeñasen en excogitar las más ingeniosas -combinaciones. La misma numerosa mayoría que la había acogido y -prohijado con tanto afecto en el Senado, corría riesgo de disolverse, -porque llevaba en el seno una herida incurable; Douglas, creador y -firme mantenedor de la alianza entre representantes del Norte y del Sur, -la había abandonado en tan críticos momentos y había votado con la -minoría, es decir, contra la entrada de Kansas. Su defección tenía á la -larga que sentirse como golpe mortal. - -El fallo de la Corte suprema había sido terrible para el hábil senador -de Illinois; sólo por prodigios de sofística destreza había logrado -armonizarlo en los primeros días con sus doctrinas sobre el derecho -popular de aceptar ó rechazar la esclavitud, y, mientras la insoluble -antinomia no salía de la esfera teórica, bastaron subterfugios para -acallarla. Pero si hubiera consentido ahora la transformación que por -fraude y por violencia se pretendía consumar en Kansas, mermarían y aun -quizás se desvanecerían su influencia y popularidad en el estado libre -de que era senador, ante cuyos habitantes tenía precisamente que acudir -ese año solicitando reelección. Con su perspicacia y prontitud -habituales vió y corrió al peligro. Combatió el _bill_, votó en contra, -dejó sin miedo caer sobre su cabeza las iras del Presidente de la -República, la execración de sus antiguos aliados y sus colegas. Era -luchador bastante fuerte para habérselas con todos, y aunque amargamente -deplorara el golpe de muerte que asestaba, un interés personal, -inmediato, superior, le ordenaba defender el puesto desde donde ejercía -su influencia en el país. No lograr la reelección equivaldría á -perderlo todo de una vez. Por el contrario, reelegido, le sobraría -tiempo para recobrar luego su puesto en la plana mayor de su partido, si -le conviniese, y aplicar los recursos nunca agotados de su maravillosa -estrategia. - - -CAPÍTULO VII. - -Campaña electoral en Illinois. Lincoln y Douglas. - -Esa elección de nuevo senador en el Estado de Illinois por cumplirse los -segundos seis años de Douglas en el puesto, fué (luego que abortó en -Washington el plan de la admisión de Kansas) el acaecimiento capital de -1858, y el país siguió sus diversas fases con apasionada curiosidad. - -Ordena la Constitución de los Estados Unidos que los senadores federales -no sean elegidos directamente por el pueblo, sino por las asambleas y -senados particulares de cada Estado, pero prácticamente acontece lo -mismo que en las elecciones presidenciales, y el precepto constitucional -respetado en la forma resulta ilusorio en la realidad. Al ser elegidos -los miembros de esos cuerpos particulares, si es año en que toca elegir -senador federal, van ya todos ellos comprometidos á nombrar una persona -públicamente designada de antemano por la Convención del partido, y á -menudo se ve dirigir é intervenir en la campaña ante el sufragio -universal á los mismos individuos que han de pretender después el cargo -senatorial ante el sufragio restringido. Es claro que en esos casos ni -siquiera se guardan las apariencias, el pueblo encuentra ocasión de -conocer y apreciar las opiniones, las facultades oratorias, el aspecto -personal de los candidatos; manifiesta su voluntad en plena posesión de -cuanto necesita para ilustrarla, y cuando escoge miembros de asambleas -locales designa al mismo tiempo el ciudadano que quiere hacer senador de -los Estados Unidos. No lástima, por tanto, ningún interés esencial la -desviación introducida por la práctica en el cumplimiento del precepto -constitucional. - -La cuestión asumía por varios conceptos carácter excepcional. Los -motivos de Douglas al desertar ruidosamente de su partido en materia tan -importante como la suerte de Kansas, problema en que se creía él más -genuino y leal intérprete de la verdadera doctrina «democrática», iban á -ser por primera vez oficial y directamente juzgados por el pueblo de -Illinois, Estado que por su población era el cuarto entre los treinta y -uno de la federación[23]; Douglas mismo, además, que tan cerca estuvo de -sobrepujar á Buchanan y obtener la candidatura presidencial, que -alimentaba todavía fundadas esperanzas de conseguirlo en la próxima -ocasión, que era el hombre de estado más conspicuo, de mayor reputación -en el país, se presentaba armado en el palenque y resuelto á entrar en -combate desplegando todos sus recursos, pues era de vida ó muerte -política para él el lance que jugaba. - - [23] El cálculo de su puesto entre los Estados es ligeramente - anticipado; el Censo nacional en que aparece Illinois con 1.711.951 - habitantes, es el de 1860, poco menos de dos años después de la - fecha á que en el texto se alude. - -Pero esa campaña electoral en un pedazo del interior de los Estados -Unidos es famosa, inolvidable para la posteridad, por el gran papel -histórico que estaba reservado, que allí empezó á representar ante los -ojos del pueblo americano, que más adelante representaría ante el mundo, -otro personaje, el adversario precisamente que venía á disputar con -Douglas la palma de senador, Abraham Lincoln, unánimemente designado ya -por el partido republicano de Illinois como único capaz de luchar con -armas de fuerza igual contra enemigo de pujanza tan probada. - -Las armas á la verdad no eran iguales sino superiores, y fueron -manejadas con tal destreza y tanto vigor que el nombre de Lincoln, -abogado del foro de Springfield, capital de Illinois, apenas conocido -más allá de los lindes del Estado, corrió inmediatamente repetido de -boca en boca y desde esa época contado en el partido republicano como -uno de sus jefes más hábiles y valientes. Apenas supo que era el -candidato de la Convención reunida en Springfield para la senaduría, se -halló que tenía trazado en su mente todo el programa conforme al cual -había de llevarse á término la campaña y lo expuso en un discurso, que -sus biógrafos más recientes[24] califican como el más cuidadosamente -preparado de su carrera política, que pronunció de memoria sin tener -delante ni notas ni borrador, revelando con ello el valor que daba á ese -primer paso de una marcha decisiva, en que le tocaba el honor de ser -portaestandarte de un gran partido á más grandes cosas destinado. Desde -las frases iniciales descúbrese ya el aspecto original de su elocuencia, -mística al mismo tiempo que sobria, precisa, concluyente, en que entran -por muy poco los adornos del arte, combinando en proporciones bastante -altas las condiciones únicas que permiten desdeñar sin riesgo los -auxilios de la retórica, es decir, perfecta sinceridad de sentimientos, -no creados para el caso, sino nacidos y educados al calor de antiguas -convicciones, y cabal percepción en todos sus aspectos del objeto -supremo á que tienden sus palabras. - - [24] JOHN G. NICOLAY y JOHN HAY, _Abraham Lincoln_, copioso y - admirable trabajo publicado originalmente en el _Century Magazine_, - New-York, de Noviembre 1886 á Febrero 1890. - -Empieza el discurso como un sermón de iglesia, sin que sea esto querer -colocarlo como ejemplo de oratoria untuosa, recitando el versículo -conocido del Evangelio de San Marcos: «Una casa dividida contra sí misma -no puede permanecer»; y desde el exordio, llevando á los oyentes _in -medias res_, continúa de esta manera: «No creo que pueda nuestra patria -indefinidamente subsistir con una mitad esclava y otra libre. No espero -que la Unión se disuelva ni que la casa se derrumbe, espero, sí, que -cesará de hallarse dividida. Tendrá que ser lo uno ó lo otro. O bien los -adversarios de la esclavitud contendrán el ulterior desenvolvimiento de -ese régimen hasta aquietar el espíritu público, convencido al fin de -dejarlo en el camino de su extinción definitiva; ó bien sus defensores -lo llevarán aun más lejos, hasta reconocerlo por igual en todos los -estados, en los antiguos y en los nuevos, en el Norte y en el Sur.» - -En torno de este dilema, con tan enérgica precisión formulado, giró la -discusión por parte de Lincoln y escrupulosamente se mantuvo siempre en -el terreno político, sin dar á sus acometidas contra la esclavitud el -tono agresivo y revolucionario que afectaban los abolicionistas; porque -cumple no olvidar que ese hombre, que cuatro años después debía expedir -bajo su nombre y su exclusiva responsabilidad de supremo jefe militar la -proclama justiciera que desde el día primero de Enero de 1863 otorgaba -la libertad á cuatro millones de negros esclavos, y dejaría en la -historia estela luminosa como uno de los más grandes benefactores de la -humanidad, no era entonces ni fué jamás abolicionista en el sentido -sectario de la palabra, como tampoco sería exacto incluirlo en el grupo -de fanáticos sublimes que consagran su vida, sin soñar en premio ni -beneficio personal, á la realización de remotos elevados ideales. -Abrigaba dentro de su generoso corazón inagotable caudal de -benevolencia, que abundantemente se esparcía por todo su ser, y daba á -las rudas facciones de su desairado rostro esa viva y honda expresión de -melancolía y de piedad, que lo envuelve como una aureola. Los -sufrimientos y la horrible crueldad, que necesariamente acompañan al -yugo de la esclavitud, despertaban en su alma profunda y ansiosa -simpatía por la suerte de la raza infortunada; pero su sagacidad -práctica, su innato amor de la justicia le mostraban y recomendaban -también la otra faz del arduo problema, y claramente veía que en aquel -período de discusión pacífica, en aquella comunidad en que parecían -equilibrarse impulsos diametralmente contrarios, la solución no debía -atropellar opiniones, intereses respetables crecidos al amparo de -derechos por largo tiempo tenidos como indudables. No es de extrañarse, -por consiguiente, que en otro discurso pronunciado pocas semanas -después, volviendo sobre uno de los extremos del dilema, declarase que -la extinción final anhelada por él como adversario de la esclavitud no -tenía en su mente plazo fijo de un día, ni de un año, ni de dos, y -podría muy bien retardarse acaso un siglo entero, "pero no me queda -duda" agregaba "que vendrá y se realizará en los mejores términos para -ambas razas _en la hora señalada por Dios_". - -Lincoln, nacido en Febrero de 1809, tocaba entonces, á la edad de -cuarenta y nueve años, el punto culminante y luminoso de la lenta y -difícil ascensión de su contrastada existencia; allí se produjo en él -algo grande y decisivo, como una transfiguración definitiva, y de la -empinada cumbre no descendió más, continuó siempre en las alturas, -rodeado á menudo de relámpagos en el período de la guerra civil, -contemplado, admirado por millones de seres humanos, hasta la trágica -catástrofe que terminó prematuramente su carrera y preparó la merecida -apoteosis final. Era una naturaleza excepcionalmente robusta, como bien -lo indicaban su estatura gigantesca, su fuerza muscular, extraordinarias -ambas aun en aquellas sociedades primitivas del Oeste á medio civilizar -en que pasó su juventud, y en las que no escaseaban coyunturas de -practicar ejercicios corporales. Había emprendido muchos caminos, -trabajando siempre duramente para ganar la subsistencia; en ninguna de -sus ocupaciones: colono, agricultor, patrón de lanchas surcando -afluentes del Mississipi ó el Mississipi mismo hasta la delta de su -desembocadura, oficial de voluntarios en la guerra contra indios -salvajes, luego comerciante al por menor, auxiliar de agrimensor,--supo -descubrir ó aprovechar ocasiones de prosperar con rapidez. Nunca, en -resumen, desplegó la necesaria dosis de energía y actividad, como -embargado por un ideal oscuro de superioridad moral que vagamente -entreveía, y tras el que tendía las alas fatigadas de su espíritu un -poco lento, un tanto perezoso, aunque lleno siempre de generosas -ambiciones. - -En todo ese tiempo fuéle apenas dado cultivar su inteligencia más allá -de las primeras letras aprendidas en la niñez, y ya en edad de hombre -trató de estudiar la gramática de su lengua, que por cierto no llegó á -poseer y dominar completamente. Más adelante comenzó estudios -imperfectos de jurisprudencia con intención de ejercer la abogacía, -profesión que al fin exclusivamente abrazó. Su variada experiencia de -los hombres y las cosas, su perspicacia ingénita, su talento vigoroso de -orador natural dilataron inmediatamente el horizonte, permitiéndole, -allí donde el derecho y la política venían á ser una misma ocupación, -emplear y satisfacer al cabo su amor viril de libertad y de justicia, -único sentimiento tal vez capaz de excitarlo hasta el grado de -intensidad en que se realizan acciones grandes y famosas. - -Fué elegido cuatro veces miembro de la legislatura local, y una vez, en -1846, de la Cámara de Representantes en Washington; mas la política de -términos medios y efímeras transacciones que en la fecha imperaba agotó -muy pronto todo el interés que lograron los negocios públicos -inspirarle, y por último se encerró estrechamente durante seis años en -la práctica de su profesión. Este período de relativa tranquilidad y -meditación se intercaló entre las dos épocas de su vida pública muy á la -sazón y afortunadamente; en él pudo perfeccionar sus conocimientos -incompletos, cultivar sus facultades, llegando por medio del estudio -asiduo de la dialéctica y las matemáticas, unido al manejo constante de -los negocios forenses, á contraer el hábito de exponer clara y -metódicamente las más complicadas cuestiones, de eslabonar fuertemente -su argumentación, ir derechamente á la verdad, derribando falacias, -atacar con vigor el flanco débil del adversario y usar siempre el -lenguaje más sencillo y comprensible, dotes todas que después tan -señaladamente lo distinguieron, y encubren ó compensan ciertos defectos -inevitables, ciertos otros rasgos extravagantes que traían su origen de -la instrucción limitada, de los hábitos formados en la juventud, de las -compañías vulgares y las ocupaciones desagradables de gran parte de su -existencia, como por ejemplo la tenacidad importuna con que introducía -cuentos, anécdotas y chistes, de muy mal gusto á menudo, en graves ó -solemnes conversaciones. - -Mucho había cambiado ya cuando la cuestión de Kansas y la supresión de -la línea del Missouri, trocando en 1854 la faz de las cosas y anunciando -luchas reñidas, le hicieron salir de su retiro y le avivaron la ambición -de servir la patria otra vez y combatir sin tregua la funesta política -iniciada por la plana mayor de Washington, política en que su propio -Estado, bajo el nombre y dirección de Douglas, asumía tan directa y -peligrosa responsabilidad. Contribuyó enérgicamente á la organización y -disciplina del partido republicano prestándole toda su influencia y su -palabra. Marchaba tan rápidamente su reputación, que ya en 1856 se vió -apuntar su futuro prestigio nacional en la Convención de Filadelfia, -donde obtuvo desde el primer escrutinio más de cien votos electorales -para la Vicepresidencia de la república; la mayoría de los delegados -entonces no lo conocía, prefirió otro candidato, muy ajena de -presentir, al escuchar allí por primera vez las sílabas del nombre -oscuro de Abraham Lincoln, que habían de ser dentro de cuatro años el -signo seguro de victoria inscrito en los estandartes del partido. - - -CAPÍTULO VIII. - -Duelo de oradores. - -Cuando de Washington llegó Douglas á defender personalmente en Illinois -su candidatura senatorial, fué acogido por sus partidarios entre -vítores, músicas y luminarias; desde las primeras reuniones el -entusiasmo provocado por su presencia anunciaba el mismo triunfo fácil y -completo de luchas anteriores. Para orador de plaza pública contaba -Douglas con dos grandes ventajas: vigor físico extraordinario y -resistencia infatigable; su talento de tribuno popular, compuesto por -partes iguales de audacia y habilidad, sabía seducir la multitud -halagando malas y buenas pasiones, sabía imponer despóticamente su -opinión afectando confianza y envolviéndose en el manto de su autoridad -y prestigio como antiguo y nunca vencido jefe del partido demócrata. - -Su posición era, sin embargo, en aquel encuentro extremadamente -delicada. La política de íntimo acuerdo entre miembros del partido en el -Norte y en el Sur, que á él debía el grande impulso y militante aspecto -tomados desde 1854 al abolir el compromiso y fomentar la colonización de -Kansas en favor de los dueños de esclavos, subió á su apogeo en 1857 con -la sentencia del Tribunal Supremo y las recientes combinaciones -fraguadas para arraigar más firmemente la debatida institución; pero en -realidad las cosas habían corrido mucho más allá de lo que Douglas -deseaba, y vinieron á dejar minada por la base la posición que ocupaba, -pues si conforme á la interpretación del Tribunal á nadie era lícito -oponerse al establecimiento de la esclavitud en los Territorios, -resultaba ilusoria, inútil, la facultad por él tan encarecida de -resolver como atribución de la soberanía popular lo que la ley -constitucional tenía ya concedido y reconocido. La contradicción de -ambas teorías era evidente, la una inutilizaba la otra, y entre la -interpretación de un simple senador y el fallo inapelable de la Corte no -podía vacilarse al elegir. Douglas así lo confesaba con el hecho de -apartarse en el Senado de la mayoría de sus colegas, de votar contra el -partido que él mismo había conducido tantas veces á la victoria, de -ofrecer, en fin, el raro espectáculo de un general en jefe disparando -contra sus tropas en el momento decisivo de un asalto, sólo por disentir -respecto á un punto de táctica constitucional. De ahí para el candidato -un doble peligro que era menester conjurar:--si defendía la doctrina del -Tribunal con todas sus consecuencias, se enajenaba partidarios en el -Norte, en su propio Estado, y podía perder la senaduría;--si la -repudiaba ó atenuaba en cuanto no ajustase á su vieja idea de soberanía -popular, ahuyentaba número mayor de partidarios en el Sur y perdía -seguramente la esperanza lisonjera de llegar á la Presidencia de la -República. - -Todo esto comunicaba á la campaña muy dramático interés, y aumentó más -cuando se supo que Lincoln tenía resuelto retar su adversario á combate -singular ante el pueblo, esto es, proponerle recorrer juntos los pueblos -y ciudades, hablar, y refutarse recíprocamente sus argumentos ante los -mismos auditorios. El cartel no podía ser rehusado. No eran raras en -aquellas regiones justas oratorias de la misma especie, y en esa vez el -vigor de los contendientes, el alto honor que disputaban, el aprecio de -que gozaban, contribuyeron, además de la importancia de la cuestión -sobre que versaba el litigio, á excitar palpitante curiosidad. Acordaron -reunirse en siete ciudades diferentes, cada sesión duraría tres horas, -el que primero hablase dispondría de una hora, el contrincante de hora y -media para replicar, y se reservarían los restantes treinta minutos para -aquél á quien hubiese tocado abrir el debate. - -Conocíanse muy bien de antemano ambos adversarios, habiéndoles sobrado -ocasiones de encontrarse desde la época en que casi á un mismo tiempo -llegaron por rumbos diferentes á establecerse en Illinois en busca de -fortuna. Lincoln, que era cuatro años mayor, llegó primero, de Kentucky -en el Sur, Douglas poco después, de Vermont en el Norte. Domiciliados -allí obtuvieron los dos al fin, si no riquezas, bienestar y -consideración, aunque Douglas, como más activo y emprendedor, se había -abierto mejor y más pronto su camino; ya en aquella fecha había ganado -dos veces y disfrutado durante doce años el envidiable puesto en el -Senado nacional, que para Lincoln todavía era una esperanza incierta, -demasiado ambiciosa quizás. La lucha, á pesar de que por momentos asumió -tono muy violento, se mantuvo, en suma, libre de improperios demasiado -odiosos. - -No estaba Lincoln destinado á ser senador de los Estados Unidos. En -cuanto á ese objeto final fué derrotado sin duda en la contienda, pero -ganó innegablemente en la discusión la palma de la victoria y de ella -brotó toda su gloria futura. El tomo en que se imprimieron sus discursos -en esos debates circuló profusamente en el país, y hasta el triunfo de -1860 fué el arma mejor de guerra de que dispuso el partido -republicano[25]. La discusión velozmente se extendió fuera del círculo -estrecho de la elección de una asamblea local y un senador, y se elevó á -espacios superiores y más vastos, como previniendo ó anunciando la gran -lucha que tres años después había de trabarse. Acaso Douglas, aplicado -intensamente á la imprescindible necesidad de conservar la dignidad -senatorial, no veía esa faz de los debates tan clara como Lincoln mismo, -en quien el interés personal era menor y la ambición menos definida -todavía, menos ardiente. Cuéntase que antes de dirigir Lincoln á su -rival cierto famoso interrogatorio en el segundo de los encuentros, en -Freeport, aconsejado por sus amigos de aplazar una de las preguntas, -porque podría perjudicarle y hasta costarle la pérdida de la elección, -replicó: "se trata para mí, señores, de levantar caza de mayor cuantía; -si Douglas contesta, nunca llegará á ser Presidente de los Estados -Unidos, y la campaña de 1860 importa cien veces más que la -presente[26]". - - [25] _Lincoln-Douglas Debates_, publicados junto con otros - discursos de Lincoln. Columbus (Ohio) 1860. - - [26] _Nicolay and Hay._ Cent. Mag. vol. XXXIV pag. 191. - -Esa pregunta famosa, que tan caro costó á Douglas haber absuelto, tendía -á hacerle declarar si legalmente existía entonces algún medio de excluir -la esclavitud, en el caso de que se le antojase á cualquier ciudadano -entrar en un territorio y establecerse acompañado de sus esclavos. El -Tribunal supremo tenía resulto por su fallo _que no_, resolución -festejada, encomiada y pregonada por las masas del partido demócrata -como preciosa garantía del cumplimiento de sus deseos. Si Douglas por el -contrario contestaba _que sí_, y construía para salir del escabroso paso -alguna sofística explicación, salvaría tal vez su candidatura de -senador, pero sacrificaría por lo inmediato lo más grande que estaba -detrás, la primera magistratura del país. - -Contestó en efecto que la sentencia válida y vigente de la Corte -resolvía la cuestión solamente en lo abstracto, y que en las asambleas -locales residía la facultad de dictar reglamentos hostiles, para hacer -imposible la aplicación de la doctrina legal. A lo cual Lincoln -instantáneamente replicó: «Yo califico de injusta é improcedente la -decisión del Tribunal y lealmente pido su revocación; el juez Douglas se -revuelve enfurecido contra los que pretendemos una cosa tan natural, y -propone, en cambio, quitarle en la realidad toda su fuerza y su valor -legal, pero aparentemente dejándola en pie. Jamás ha brotado idea más -monstruosa por los labios de persona que á sí mismo se respete». - -Douglas era demasiado avisado para no ver el lazo que le tendían, para -no adivinar el abismo en que con su respuesta podía caer; probablemente -en el apuro prefirió atender á lo más urgente y fiar el porvenir á su -destreza y su fortuna. Logró la reelección, pero la frase fatal -pronunciada en Freeport se le adhirió como túnica maldita, neutralizó la -mejor parte de su habilidad y energía, embarazó todo ensayo de -reconciliación con su partido, y la futura presidencia tocó precisamente -al rival vencido, que le arrancó la amañada respuesta. - -La suma trascendencia de los principios de moral pública y privada que -se hallaban frente á frente, la importancia de sus consecuencias -políticas y sociales, el movimiento dramático de esa especie de pugna -cuerpo á cuerpo, por decirlo así, entre dos hombres eminentes, imprimen -excepcional alcance á los discursos pronunciados en la campaña, y -permiten, á despecho de graves imperfecciones, leerlos todavía con -algún interés, con bastante provecho. Los de Lincoln son superiores, -porque dejando pronto á un lado la cuestión de personas, se elevan á -terreno más abierto, en que es más puro el aire y más franco el -horizonte, abordan prontamente la situación más alta desde donde, -contemplada la institución de la esclavitud bajo todos sus aspectos -reales, es posible fijar la horrible injusticia en que se funda y las -perniciosas consecuencias con que pervierte y abruma á los mismos que la -defienden y ciegamente la fomentan. Medidos conforme á reglas precisas -del arte, no son por de contado obras maestras, ni mucho menos; la -desgracia de versar siempre sobre el mismo tema, de tener que amoldarse -á auditorios demasiado numerosos de campesinos iliteratos, pronunciados -á menudo al aire libre, deformados por la necesidad de modificar ó -extirpar á cualquier costa errores arraigados, los atesta de lugares -comunes y monótonas repeticiones. Pero la sinceridad con que busca -Lincoln armonizar el respeto á la ley con el fervor moral de sus -convicciones, infunde vida y calor á las palabras; y como abrigaba -siempre en lo íntimo de su ser una vena poética, no muy rica, pero de -buena ley é inagotable, el delicioso aroma acude de cuando en cuando á -la superficie y revela con delicados y sutiles efluvios su presencia. - -Entre un total de doscientos cincuenta y dos mil votos recogidos -apareció en favor del partido demócrata una mayoría de poco más de mil -sufragios, y al, reunirse la legislatura de Illinois en el mes de -Enero, fué reelegido Douglas para el Senado por cincuenta y cuatro -votantes; Lincoln reunió cuarenta y seis. La derrota no era un desastre, -y sin jactancia había lugar de confiar en el porvenir, dadas las -circunstancias especiales que militaron por Douglas. El desaliento no -debía por tanto dominar al vencido, pero no es de extrañar que al cabo -de tan largo y penoso esfuerzo sintiera Lincoln la resignada tristeza -que revelan las siguientes líneas de una carta privada: «Mucho me alegro -de haber entrado en la lucha. Hallé el medio, que no hubiera tenido de -otro modo, de hablar y ser oído sobre la grande, la perpetua cuestión -del día, y aunque ahora me sepulte en el olvido y no se acuerde nadie -más de mí, he dejado vestigios cuyo valor en pro de la causa de la -libertad durarán mucho tiempo después que haya yo salido de la -escena.»[27] - - [27] Carta al Dr. Henry, Nov. 19 de 1858. (_Cent. Mag._ XXXIV, pag. - 306.) - -Las trazas eran más profundas de lo que él mismo se figuraba, y aunque -su ambición siguiese entonces reducida á buscar y lograr en otra -oportunidad el cargo de Senador, honor mucho más alto le reservaban sus -compatriotas llenos de gratitud, llenos de confianza en quien tanta -energía y vigor intelectual acababa de desplegar. - - -CAPÍTULO IX - -Proyectos de anexar la isla de Cuba. - -No hay en la historia de los Estados Unidos período más triste que el -cuadrienio presidencial de James Buchanan. No puede ser otro el juicio -de la posteridad, aun cuando, para aplicarle toda la indulgencia -posible, se atienda sólo á los tres primeros años y se prescinda del -ruinoso y vergonzoso epílogo, de los cuatro revueltos y miserables meses -últimos, desde las elecciones de Noviembre hasta la inauguración de -Lincoln, en Marzo de 1861, durante los cuales siete Estados de la Unión -se concertaron y organizaron á ciencia y paciencia del primer magistrado -de la República, dueño del poder ejecutivo, para romper el lazo nacional -y formar ellos solos una nueva confederación independiente, mientras el -infeliz anciano, responsable ante sus conciudadanos y ante la historia, -confesaba su impotencia absoluta de prevenir y evitar cuanto estaba -sucediendo, y en su penoso azoramiento afirmaba que las leyes del país -lo dejaban desarmado y sin autoridad para oponerse á los actos de -rebelión de los conjurados. - -Apenas instalado Buchanan en la Casa Blanca en Marzo de 1857, se imaginó -suficientemente capaz de aquietar los ánimos de amigos y enemigos, de -resolver por su simple iniciativa el candente problema que entre las -dos opuestas fracciones tan violentamente se agitaba y de robustecer la -amenazada unión de los estados. Movíanlo, sin duda, excelentes -intenciones, pero engañado por su vacilante voluntad, por su cortedad de -vista, su inteligencia limitada, ideó realizar la ardua empresa, ajustar -el equilibrio, echando sobre uno de los platillos de la sacudida balanza -todo su peso como depositario del poder ejecutivo. Juguete de la -alucinación más extraña y menos disculpable en el jefe supremo de una -poderosa nación, creyó que desavenencias tan graves podían componerse, -favoreciendo sin medida la parte más extremada, la que se jactaba de -desbaratar la patria, si era menester, por lograr su sedicioso empeño, -la que veinte veces había obtenido completa satisfacción y formulaba, -después de cada jornada victoriosa, mayores y más exageradas -pretensiones. - -Es difícil todavía comprender y juzgar imparcialmente su conducta, y -persisten en sus país, á despecho del tiempo transcurrido, dos -corrientes de opinión en sentido muy diferente. Por de contado que no es -ya lícito repetir los fallos precipitados, violentamente hostiles, de -los primeros días de la contienda civil, harto excusados por la -angustiosa situación de horas tan críticas, que atormentaron sin piedad -al pobre hombre, penetrando hasta el retiro en que se mantuvo encerrado -los últimos siete años de su vida, hasta su fallecimiento en 1868 á los -setenta y siete años bien cumplidos. La acusación injusta de perfidia, -de complicidad directa en la traición cometida por algunos miembros de -su gabinete, sólo una vez pareció condensarse y formularse en hechos -determinados, ante cuya enunciación no era dable permanecer callado ni -indiferente, á pesar de la estoica dignidad en que le plugo envolverse; -redactó y publicó entonces una vindicación de sus actos en las -postrimerías de su presidencia. Años después Ticknor Curtis, distinguido -autor de una apreciable «_Historia de la Constitución de los Estados -Unidos_», tomó enérgicamente su defensa en un extenso trabajo, que puede -leerse abreviado y sin faltarle ningún rasgo esencial en la -_Enciclopedia de Biografía americana_ de Wilson y Fiske [28]. En ambos -escritos sostiene Curtis la rectitud perfecta de la conducta oficial de -Buchanan; por lo demás su carácter privado jamás ha sido por nadie -mancillado ni tampoco el constante, apasionado respeto á la ley -fundamental de la república, que fué norma de su existencia, virtud -informante de sus actos. - - [28] GEORGE T. CURTIS, _Life of President Buchanan_. 2 v 1. - 1883.--_Appleton Cycl. of American Biography_, vol. 1. - -Más cerca de la verdad parece H. von Holst, y no creo se aparte mucho de -la equidad histórica, al decir que «la debilidad, la terquedad y la -presunción fueron los elementos que en desastrosa combinación crearon el -carácter de Buchanan y suministraron los hilos para urdir la tela de su -desgraciada política.» [29] - - [29] VON HOLST, _ut. ant_, vol. VI, pag. 48. - -Debióse el triunfo de su candidatura en la Convención, como ya he -apuntado, á la necesidad de asegurar para el partido los cincuenta y -cuatro votos que representaba el estado de Pennsylvania, donde era muy -estimado; también al decidido empeño de evitar á toda costa que fuese -Douglas el preferido, pero se granjeó la protección indispensable de los -principales caudillos del Sur merced á su larga residencia en el -extranjero, lo que le había permitido pasar por neutral entre las dos -tendencias que opuestamente preponderaban en el partido y lo mantenían -en equilibrio siempre inestable, circunstancia que prestaba á su -candidatura un cierto matiz de transacción, mientras en realidad sería, -y con más fuerza que ninguno de sus antecesores, lo que después -paladinamente se dijo de él: «hombre del Norte con las ideas del Sur». -Había, además, dado prendas durante su plenipotencia en Europa, cuando -fué á Ostende y á Aquisgran para confabularse con Mason y con Soulé, sus -colegas de Francia y España, y lanzar juntos el célebre, escandaloso -documento diplomático, conocido con el nombre de _Manifiesto de -Ostende_, en que se anunció al mundo que la diplomacia de los Estados -Unidos consideraba la anexión de la isla de Cuba como requisito -necesario del desenvolvimiento nacional, que su traspaso por medio de -contrato de compraventa pacíficamente concertado sería tan beneficioso -para España como indispensable á la república angloamericana, pues de -otra manera podría ésta muy bien creerse en el caso de resolver por si -sola la cuestión, atendiendo únicamente al interés de su seguridad y de -su paz interna. - -Esa idea de anexar la isla de Cuba, desde mucho tiempo antes acariciada -por casi todos los políticos norteamericanos sin distinción de partido, -por juzgarla tan fácilmente realizable como lo había sido la cesión de -Luisiana y de las Floridas, adquiridas de Francia y de la misma España; -idea que no apartaban de la mente y modificaba siempre su conducta en -asuntos de política extranjera, como claramente lo indicaban las -reservas y condiciones con que aceptaron el proyecto de Congreso -americano concebido por Simón Bolívar y abortado después en Panamá,--fué -convirtiéndose poco á poco en artículo permanente del programa de los -esclavistas, los que tramaban acrecer así la influencia de que gozaban -en el gobierno, y aplicar solapadamente la fortuna general de la nación -al triunfo particular de sus intereses especiales. La evolución de este -plan, cuya próxima aplicación venía á revelar el manifiesto de Ostende, -halló nuevo resorte motor en Pierre Soulé, exsenador de Luisiana, -ministro plenipotenciario en España, ardiente entre los más ardientes -defensores de la esclavitud, que había ido á Madrid á estudiar los -medios más eficaces de impulsar la anexión de la isla, y había provocado -después la entrevista en Bélgica con sus colegas. Buchanan, por su -parte, prohijó gustoso el plan y no vaciló en estampar el primero su -firma al pie del documento, bien persuadido de halagar así los -instintos más vivaces del partido y de trabajar en beneficio de sus -intereses políticos. - -La obra de los tres diplomáticos nació por su propia esencia condenada á -no traer consecuencia práctica de especie alguna, trasunto del completo -error en que vivían los estadistas americanos al suponer que el gobierno -de Madrid _quería_ y _podía_ efectivamente desprenderse de Cuba por -medio de un contrato, cuando lo uno no era cierto y lo otro no era -realizable. Soulé, más impetuoso y de vista más perspicaz que los demás, -aconsejaba al gabinete de Washington precipitar un rompimiento con -España, aprovechar el momento aquel en que la guerra de Crimea tenía á -Europa inquieta y ocupada, y ganar por las armas lo que buenamente no se -conseguía; pero el presidente Pierce titubeó, bien á su pesar, ante la -resistencia de su secretario de Estado. Negóse éste rotundamente, por -razones de política interior, á entrar por esa senda, la osada sugestión -fué desatendida y fracasó todo, quedando su recuerdo como una prueba más -del desconcierto y relajación que la absorbente cuestión de la -esclavitud introducía en la diplomacia, lo mismo que en las otras ramas -del gobierno. - -Marcy, pues, el secretario Marcy únicamente, fué quien anuló el grande -arranque de Soulé, y aunque no faltaron en el gabinete de Pierce otros -ministros para apoyar los proyectos del plenipotenciario, miedo de -dislocar el Consejo y deseos de no fraccionar el partido contuvieron -por último al Presidente. Contribuyó, además, al desenlace el haberse -calmado en el país la efervescencia causada por las intenciones é ideas -que se suponían al general Marqués de la Pezuela durante el breve -período de nueve meses que gobernó con facultades extraordinarias la -isla de Cuba. Había llegado ese general provisto de instrucciones, -redactadas á instancias de la Gran Bretaña, para reprimir enérgicamente -la trata de África, que clandestinamente se toleraba todavía, y pareció -por un momento inclinado á poner la mano sobre la institución misma de -la esclavitud, desplegando en favor de la raza negra un interés, una -solicitud, que ningún otro había mostrado allí jamás. Esto, á juicio de -muchos de los prohombres del partido esclavista norteamericano, -equivalía á precipitar lo que llamaban la «africanización» de la isla, -amenaza de convertirla pronto en algo semejante á la situación de Haití, -y el ejemplo podía ser muy contagioso y forzar desde luego á los Estados -Unidos á prevenir la repercusión en su suelo y la probable propagación -de tan horrorosa epidemia. La alarma, empero, nació y murió en el mismo -año; el marqués de la Pezuela encontró acérrima hostilidad en la parte -más influyente y poderosa de la población de Cuba, y á poco, de resultas -de un pronunciamiento victorioso, cambió en Madrid la escena, se ordenó -su relevo, y fué confiada la administración de la isla á otro militar de -ideas contrarias, de carácter muy diferente y con opuesto género de -instrucciones. - -Buchanan continuó siendo de los que siempre creyeron en lo fácil de la -compra, en que dependía de más ó menos millones de pesos, y con su -obstinación genial y su constante anhelo de complacer á los dueños de -esclavos no renunció á la esperanza sino la mantuvo viva y presente en -su memoria. La protestación de la fe, redactada en nombre del partido -para acompañar la candidatura presidencial, había prometido todos los -esfuerzos necesarios para asegurar «la supremacía en el golfo mejicano» -(_to insure our ascendency in the Gulf of Mexico_), y poco antes de -verificarse las elecciones, había mostrado Buchanan tomar tan á pechos -esa promesa, que decía: «si logro como Presidente resolver la cuestión -de la esclavitud y anexar después á la Unión la isla de Cuba, exhalaré -el espíritu tranquilo y traspasaré el gobierno á Breckenridge,» esto es, -al Vicepresidente que iba á ser nombrado junto con él[30]. - - [30] Carta del senador Brown á Adams, 18 de Junio de 1856. GREELEY, - _American Conflict_, vol. 1. - -Engolfado durante la primera mitad de su presidencia en la procelosa -cuestión de Kansas, faltóle tiempo que dedicar á la isla de Cuba, y -solamente cuando el Congreso modificó hasta reducirlo á casi nada su -plan de organizar el nuevo estado esclavista, pudo consagrarse á sus -nunca borradas aficiones anexionistas y cumplir la palabra empeñada en -la conferencia de Ostende. El momento parecía propicio. Douglas mismo, -su gran rival dentro del partido, el que había con sus ataques despojado -de toda autoridad y valer el plan sobre Kansas, libre ya del susto de -perder su puesto en el Senado, volvía también los ojos codiciosamente -hacia el Golfo mejicano. Recorriendo Estados del Sur en busca de -aplausos para remendar su popularidad menguada por sus últimos -desplantes y discursos en el Senado y en Illinois, y para recuperar -hasta donde fuese posible el afecto de esa importante sección, había ido -pregonando de ciudad en ciudad la necesidad de adquirir la isla de Cuba -y había llegado hasta el extremo de decir que era un caso de -incontrastable actualidad, superior á toda discusión, pues sonaba ya la -hora de extender la mano y asir lo que el destino ordenaba á la nación -como ley de su engrandecimiento[31]. - - [31] Discursos en Memphis, New Orleans y Baltimore. (Nov. 1858 á - Enero 1859), citados por NICOLAY _and_ HAY _Cent. Mag._ XXXIV. pag. - 383. - -Quizás ese ardor anexionista era, tanto en Douglas como en Buchanan, -mucho menos real y sincero, mucho más superficial de lo que inducía á -creer el vigor de las frases aludidas, porque uno y otro eran personajes -arraigados en el Norte y jefes políticos cuyas mejores y más numerosas -tropas se encontraban en el Sur, y todo venía en último resultado á -resolverse para ellos en maniobra estratégica, en una manera de lograr -posición ventajosa, con el principal objeto de infundir á sus -seguidores la cohesión y unidad de propósito, de que en ese momento -lamentablemente carecían. No era de creerse, por tanto, aunque lo -dijeran, que los moviese la intención de librar á España de lo que -consideraban carga tan inútil como peligrosa, para ofrecerle, en cambio, -suma considerable de dinero contante, cuyo rédito anual fuera por sí -solo superior al sobrante de las rentas de la isla. Ni mucho menos había -de impulsarles interés por los hijos de Cuba, agobiados por el -despotismo colonial de una metrópoli, que en pleno siglo XIX confiaba -todavía á duros y atrasados gobernantes militares la misión de aplicar -en sus últimas posesiones de América las ideas exclusivas y tiránicas de -los azarosos tiempos de la conquista. Esos aspectos de la cuestión -servían para deslumbrar embelleciéndola, para encubrir el fondo de -intriga electoral ó de combinación de grupos, que era realmente lo único -capaz de excitar y poner en movimiento á políticos de esa laya, cuyas -miradas no iban más allá de las conveniencias del partido. - -Cualquiera hubiera podido adivinar lo que á Buchanan ocurriría, al tocar -ahora de nuevo este asunto, con recordar lo que él mismo había -consignado diez años antes, siendo secretario de Estado del presidente -Polk, en un despacho oficial, en que daba al representante americano en -Madrid la orden de ofrecer al gobierno español la suma de cien millones -de pesos, si lo encontraba dispuesto á ceder por dinero la isla de -Cuba[32]. En el mensaje al Congreso de 6 de Diciembre de 1858 saca á -relucir la misma idea, cambiada sólo la forma de su aplicación; y -pronosticando futuras negociaciones decía que antes de todo juzgaba -indispensable tener á su disposición los medios de hacer algún anticipo -al gobierno español, inmediatamente después de firmado el tratado que se -ajustase, sin necesidad de aguardar su ratificación por el Senado. Al -mes siguiente el senador Slidell, amigo íntimo de Buchanan, sucesor de -Soulé en la representación del Estado de Luisiana, (el mismo que -navegando junto con Mason de la Habana á Europa fué apresado en alta mar -y devuelto en libertad ante la enérgica reclamación de la Gran Bretaña), -presentó un _bill_ para autorizar el Presidente á gastar treinta -millones de pesos con el fin de facilitar negociaciones encaminadas á la -adquisición de Cuba. - - [32] Buchanan á Saunders, 17 de Junio de 1848. El informe de - Slidell (_Cong. Globe_, 2nd. Sess., 35th. Congress,--_Append._) - cita el párrafo esencial de ese despacho junto con otros - antecedentes. - -Es un axioma histórico irrefragable: los Estados Unidos jamás -comprendieron á España, como España jamás comprendió á los Estados -Unidos. Estaban éstos destinados en virtud de la marcha fatalmente -lógica de las cosas á arrancar un día á España por la fuerza sus últimas -posesiones, y España, la inmensa mayoría de los españoles, jamás se -resignó á prever la cuestión, á preparar por medio de un contrato su -retirada en condiciones relativamente ventajosas. No hay más triste y -penoso ejemplo de invencible obcecación por parte de España. Nunca hizo -cosa alguna ni á tiempo ni sinceramente por conciliarse el respeto ó el -afecto de sus hijos, fué al contrario sin escrúpulo ahondando el lago de -sangre derramada por la bárbara represión, y tuvo al mismo tiempo la -candidez de creer ganarse la buena voluntad del gobierno de los Estados -Unidos con pequeñas concesiones de detalles ó vagas promesas de ventajas -comerciales insignificantes. No tenía la magnanimidad de reconocer la -isla como virtualmente perdida y de tratar con sus descendientes para -salvar honrosamente lo que todavía era susceptible de ser salvado, como -tampoco tuvo el sentido práctico de aceptar las garantías materiales y -morales que los Estados Unidos una y otra vez solemnemente le -ofrecieron. En realidad no sintió un solo instante la gravedad infinita -de la situación, porque á su juicio una nación de héroes, robustecida -por gloriosas tradiciones de tantos siglos, poco debía temer á una -república anárquica de mercaderes, nacida ayer como un hongo en terreno -demasiado fértil y engrandecida súbitamente sin cohesión ni armonía de -sus partes componentes. Así, cuando llegó la hora de la crisis -inevitable, lo perdió todo en una sola brevísima campaña, á que se -precipitó con la impasibilidad del que tiene ojos y no ve las señales de -los tiempos, del que tiene oídos y no percibe el ruido precursor de la -tempestad. - -Tanto orgullo en medio de tanta debilidad era para Buchanan enigma -indescifrable, y en el mensaje al Congreso decía que era cosa de -devanarse los sesos llegar á comprender que España, por conservar una -colonia poco importante (_comparatively unimportant_), rehusase hacer lo -que sin titubear ejecutó Napoleón primero, quien era "tan celoso como el -que más del honor y los intereses de su nación, y no fué por nadie -vituperado al aceptar un equivalente pecuniario en cambio de la -Luisiana, cedida á los Estados Unidos". - -Mientras Slidell redactaba, en nombre de la Comisión de relaciones -extranjera el informe que debía abrir en el Senado la discusión de su -_bill_, llegó á Madrid el texto del Mensaje presidencial, é -inmediatamente exclamó en las Cortes el general O'Donnell que se -exigiría cumplida satisfacción por tamaña injuria inferida al honor -nacional, y la asamblea en masa, mayoría y minoría confundidas en la -misma indignación, aplaudió y se adhirió á la vehemente protesta del -primer ministro. No por eso sin embargo, se arredró la obstinación de -Slidell, mantuvo los términos de su escrito como previendo, y de -antemano contestando, el episodio de las Cortes, pues decía: "España es -un país de golpes de estado y pronunciamientos, el omnipotente ministro -de hoy acaso sea mañana un fugitivo..... Una crisis puede surgir en que -la dinastía misma corra riesgo de ser derribada por no poder disponer -prontamente de alguna fuerte suma de dinero efectivo"[33]. - - [33] _Cong. Globe_. 2nd. Sess. 35th. Congress, _Appendix_. pag. 90. - -El escrito de Slidell es un trabajo notable, ordenado, repleto de útiles -datos estadísticos tomados en buenas fuentes. Reúnelos por pura vanidad -de informante escrupuloso, pues advierte desde el exordio que discutir -la importancia para los Estados Unidos de la adquisición de Cuba es -tarea tan innecesaria como empeñarse en "demostrar un problema elemental -de matemáticas ó uno de esos axiomas de moral filosófica universalmente -aceptados en todo tiempo", y que "en ninguna otra cuestión de política -nacional se ha pronunciado en forma tan unánime la opinión general". Al -enumerar las ventajas que á su juicio reportarían España y los Estados -Unidos, la una cediendo la isla y los otros adquiriéndola, no olvida al -pueblo cubano y evita tratarlo como simple mercadería, pues afirma como -punto averiguado é indudable que "una mayoría inmensa, más que favorece, -ardientemente desea, la anexión", y añade: "Extraño en verdad, sería que -así no fuese, privada como se encuentra Cuba de todo género de -influencia en los asuntos de interés local, sin representación en las -Cortes, gobernada por hordas sucesivas de empleados famélicos, enviados -por la madre patria á ganar fortunas y volver en seguida á disfrutarlas -en los lugares de donde vienen. Menos que hombres serían si viviesen -contentos bajo ese yugo". - -No es más sombrío este último cuadro de lo que era en Cuba la realidad, -pero le faltaba algo esencial. Si lo trazaba el senador con objeto de -encarecer la fácil ejecución de su proyecto, no daba el valor que -debiera á otra parte de la población de Cuba, sobre la cual no pesaba el -yugo con la misma fuerza, que hasta lo estimaba cómodo y ligero, con tal -que siguiese oprimiendo duramente á la masa de los nacidos en el país. -Componíase entonces de unos sesenta mil individuos nacidos en España, -todos hombres, casi todos en el vigor de su edad, para quienes la patria -viva y varonilmente amada no era el suelo que los sustentaba, sino la -península remota del otro lado del Océano; que temían sin cesar algo de -hostil en torno y lo husmeaban con ojo avisor y ceño fruncido, -conscientes de la injusticia perenne de que eran cómplices satisfechos; -y que mientras la bandera metropolitana los conservase en posesión -tranquila de sus privilegios y monopolios repugnaban con honda antipatía -cuanto podía venir de la vecina república angloamericana. El gobierno no -estaba tampoco en capacidad de ejecutar cosa alguna sustancial en la -isla sin el concurso de esa parte de la población. - -Entre los cubanos también la idea anexionista no era tan universalmente -acogida como Slidell supone; las dos expediciones desembarcadas en la -isla á las órdenes del general Narciso López y otros conatos -revolucionarios prematuros, malogrados, se estrellaron contra la -indiferencia popular, y probaron que no bastaba esa idea á despertar un -gran movimiento de entusiasmo patriótico, como el que á la voz de -independencia se vió tan velozmente cundir en 1868, precisamente cuando -toda excitación del lado de los Estados Unidos había ya cesado, y nadie -en ellos hablaba de la compra de la isla. Pero es positivo que el yugo -bajo el cual doblaban la cerviz era insoportable, y cuantos allí -recibían alguna instrucción, por rudimentaria y escasa que fuese, -hubieran saludado con júbilo y apoyado la anexión con tal de sacudir el -oprobioso y humillante régimen. - -No tardó mucho en aparecer que el plan bosquejado por el Presidente en -su Mensaje era una quimera, destituído de toda probabilidad de vida. A -pesar del inteligente auxilio prestado por Slidell con su proposición de -ley y con su informe, á pesar del absoluto dominio que el partido -demócrata ejercía en el Senado, eran aquellos los días finales de la -segunda y última "sesión" del trigésimo quinto Congreso, cuya existencia -legal terminaba el 4 de Marzo de 1859, y la minoría del Senado, grupo ya -muy respetable por su número, el sobresaliente mérito de algunos de sus -miembros y el gran papel que su programa, el programa del porvenir, -representaba en el país, podía fácilmente impedir por medios -estrictamente parlamentarios que llegase el _bill_ á votación -definitiva. Antes de la clausura había que votar los presupuestos, y por -la táctica de ocupar con discursos de oposición el limitado tiempo -reservado á la cuestión, la hora fatal de la suspensión daría al traste -con el Mensaje y con el _bill_. - -Así literalmente aconteció. Estaba á la cabeza de la oposición el -senador de Nueva York William H. Seward, hombre de suma habilidad, -crítico sutil, formidable polemista parlamentario, en quien la fama -pública señalaba un futuro Presidente, que no dejó pasar tan favorable -coyuntura sin dirigir las estocadas de su palabra acerada contra los que -gobernaban, atentos solamente á intereses de partido. Buchanan estaba -irremediablemente desprestigiado por el desastroso fin de su empeño de -sancionar la entrada de Kansas con la constitución esclavista; el -secreto de su debilidad política era ya la fábula del país, y parecía -alarde de extraordinaria simplicidad en él solicitar en esos momentos -que el Congreso le diera prueba tan grande de confianza en su tacto é -imparcialidad, entregándole treinta millones de pesos para gastarlos del -modo que le ocurriese, en una fantástica negociación cuyos detalles eran -un misterio, puesto que ni existían ni podían ser previstos todavía; -para que cayesen en el abismo de su ignorante presunción, y de todas -suertes quedasen gastados y perdidos en caso de que el Senado no -aprobara el tratado, si algún tratado llegaba á ajustarse. No había, por -consiguiente, de escatimar Seward ante pretensión tan extravagante las -sarcásticas expresiones de lástima y desdén que el caso sugería. - -Por cualquier lado que se mirase tomaba ello en efecto visos tan fuera -de lo común, tan raros, que muchos dudaron siempre de que seriamente -promoviesen Buchanan y su amigo y consejero Slidell la cuestión de -confianza esperando de veras que el Congreso los siguiese por ese -camino. Cuando se vió á Slidell abandonar por último el punto dejando la -lucha suspendida indefinidamente, quedaron todos convencidos de que -había sido una mera apariencia, nada más que deseo de causar un poco de -ruido, de poner al partido, gracias á su apetito conocido de nuevos -territorios con esclavos, en condiciones de recuperar la influencia y -ascendiente que visiblemente disminuían. - -La retirada del _bill_ se verificó sin embargo con toda solemnidad, á -guisa de funerales de alta clase, conduciendo Slidell el duelo con suma -gravedad y manifestando deplorar vivamente el triste fin de la malograda -proposición. Como último honor pidió que el Senado una vez más hiciera -constar su simpatía profunda; dos tercios y más de los senadores se -prestaron gustosos á dar esa prueba de amor puramente platónico. En la -inmensa mayoría entró el partido íntegro con sus jefes ilustres; Douglas -y Jefferson Davis, los dos polos de la agrupación, cabezas de sus dos -alas extremas, votaron en un mismo sentido, y todos nuevamente afirmaron -que era necesaria la adquisición de la isla. Agregó entonces Slidell que -renunciaba á su derecho de mantener la proposición en la orden del día, -por no estorbar en aquella hora avanzada de la espirante sesión la -discusión de los presupuestos y entorpecer el servicio público, pero que -se reservaba renovarla en la siguiente legislatura; todo lo cual no era -más que cumplimiento de oración fúnebre, el _bill_ estaba bien muerto y -sin esperanza de resurrección. Con el aparente aplazamiento caía -definitivamente la cortina, terminaba la última escena de la larga -tragicomedia, que hubiera podido intitularse: "Tentativas de anexar á -Cuba", y estuvo representándose á pedazos y á intervalos durante más de -veinticinco años en la escena política[34]. - - [34] Slidell, sin embargo, cumplió aparentemente su palabra. Apenas - se abrió el nuevo Congreso el 5 de Diciembre, anunció otra vez su - _bill_, lo presentó, y en 30 de Mayo dijo que, convencido de que ya - no podía discutirse, decidía retirarlo. Buchanan también afectó - persistir en sus ideas, y en el Mensaje de Diciembre 19 de 1859 - dijo que su opinión sobre la adquisición de Cuba por medio de - «justa compra» continuaba siempre igual. _Cong. Globe._ 36th. - Congress 1st. Sess. - -Comedia, sí, pero por parte de los Estados Unidos solamente, tenazmente -aferrados á su antigua idea de compra y aumento de territorio por -"negociaciones honorables", como decía Buchanan en el Mensaje citado; -fieles al empeño de suponer á España hasta ansiosa de ceder á Cuba por -dinero, empeño que alimentaban, unas veces con reflexiones de historia -filosófica, como las de Everett en un conocido despacho diplomático[35], -afirmando que la decadencia española comienza al iniciarse en el siglo -XVI la aplicación de su sistema colonial, y que "á partir de la pérdida -de las más de sus colonias en el XIX había entrado en una corriente -rápida de progreso desconocida desde la abdicación de Carlos V"; otras -veces dirigiendo encubiertas amenazas, cuyo vano carácter tenían -perfectamente penetrado los hombres de Estado en España, bien seguros de -que en aquella fecha, dada la actitud de Francia é Inglaterra, no -llegarían á transformarse en actos de hostilidad. - - [35] Everett, Secretario de Estado, al conde Sartiges, ministro de - Francia, Diciembre 1º de 1852, con motivo de la Convención - tripartita propuesta para garantizar á España la posesión de Cuba. - -Mas lo que en Washington podía parecer extraña y mal coordinada comedia, -tomaba desgraciadamente en Cuba doloroso aspecto y provocaba trágicos -sucesos, que costaron muchas lágrimas y sangre generosa. Mientras los -políticos norteamericanos hablaban sin medida en el Congreso ó ensayaban -en las Cancillerías sus estériles ajustes, nobles esperanzas de poner -término á su condición de colonos oprimidos excitaban á los cubanos, y -juzgando algunos que les incumbía el deber de probar que eran dignos del -anhelado rescate, que no eran esclavos afeminados, corrieron á las armas -sin detenerles la certeza del desastre en pelea tan desigual, se -lanzaron al campo estimulados por noble impaciencia, y murieron en lid -desesperada, ó ascendieron impávidos las gradas del patíbulo, ó expiaron -lentamente en presidios lejanos su imprudente arrojo. - -España, por desgracia para ella y para Cuba, no aplicaba otro remedio á -la situación que consejos de guerra y sentencias de muerte ó de cadena, -ni corregía tampoco su sistema de explotación y predominio puramente -militar. Cada año los hijos del país se sentían más lejos de ella, más -agraviados, más hostiles, hasta que al fin llegase un día en que no -quedase un solo lazo de afecto entre la colonia y la metrópoli, en que -la venganza y el interés se aunasen para aconsejar todas las locuras, -todos los sacrificios. - - -CAPÍTULO X. - -John Brown. - -Ocioso habría sido esperar que cuestión como la de Cuba, teórica y de -poco inmediata aplicación en sustancia, hubiera vuelto á tratarse al -término de la presidencia de Buchanan, cuando era evidente que cada -nuevo día, acercando los hombres y las cosas á la crisis prevista de -1860, agravaba la preocupación general, y acrecía los temores del -porvenir que á todos embargaban. En ese tiempo además, perdida ya por el -partido demócrata la mayoría en la Cámara de Representantes, sentía muy -disminuído su poder, aunque conservaba intactas sus posiciones en el -Senado. - -Menos de dos meses antes de reunirse el nuevo Congreso ocurrió de -improviso, el 16 de Octubre de 1859, en las cercanías mismas de la -ciudad de Washington, un suceso, que á las pocas horas resultó ser la -más descabellada empresa, pero cuya simple noticia, dada la inflamable -naturaleza de los elementos allegados en la república por la lucha -encarnizada de los partidos, pareció caer como chispa desprendida del -firmamento sobre un vasto y abierto almacén de pólvora, á determinar -inmediatamente y sin remedio la inmensa conflagración que tanto se -temía. - -Un grupo de hombres venidos de los estados del Norte se apoderó por -sorpresa en una noche oscura y lluviosa del arsenal que poseía el -gobierno en Harper's Ferry á orillas del Potomac en el estado de -Virginia; tomó las armas y pertrechos de guerra allí guardados, proclamó -la emancipación general de los esclavos invitándolos á reunirse y -organizar con los invasores el núcleo primero de una gran insurrección. -Eran diez y ocho individuos nada más, número que no aumentó, pues los -contados negros que á la fuerza se agregaron, de poco pudieron servir -azorados ante la súbita invasión y embrutecidos por la larga -servidumbre. A las treinta y seis horas se hallaron todos estrechamente -cerrados dentro del Arsenal por vecinos de la ciudad, milicias de los -alrededores, y una compañía de soldados de marina con dos cañones que -acudió desde Washington mandada por el coronel Roberto Lee, el mismo que -menos de dos años después sería renombrado general en jefe del ejército -de la Confederación rebelde. Los asediados reducidos á menos de la mitad -continuaron defendiéndose valerosamente, respondiendo sin cesar al -nutrido fuego de la tropa y los milicianos, aguardando intrépidamente el -asalto del edificio aislado en que por último se atrincheraron. Cuando -terminó todo al amanecer del martes, vióse que del grupo entrado el -domingo por la noche en el Arsenal diez habían perecido, cinco de los -restantes, gravemente heridos, cayeron prisioneros; de estos últimos uno -era John Brown y todos, con dos más capturados poco después, debían al -mes y medio ser ahorcados públicamente. - -Tocaba conocer de la causa á los tribunales de Virginia; la instruyeron -y fallaron conforme á leyes, que interpretaron naturalmente en su más -estricto sentido: ni hubiera sido procedente esperar otra cosa de dueños -de esclavos en Virginia tomando parte en el proceso como jurados, cuando -la voz de la vindicta pública reclamaba sin piedad en todos los estados -del Sur castigo ejemplar para lo que sinceramente consideraban como el -más odioso de los atentados. - -John Brown fué un aventurero de heroicas proporciones, y como héroe -efectivamente se condujo desde la hora en que forzó las puertas del -arsenal de Harper's Ferry hasta el instante mismo en que el verdugo -ajustó el lazo en torno de su cuello. Quizás el nombre glorioso que ha -dejado parezca á muchos en marcada discrepancia con el acto de -imprudente, desatentado arrojo en que su reputación se funda y con otros -actos también de venganza implacable, terrible, que cometió durante su -residencia en Kansas; pero la justicia popular sin titubear reconoció y -aplaudió la corona de mártir y de santo, que en sus sienes -inmediatamente pusieron los que con él trabajaban por la redención de -los esclavos, hora por hora confirmada después por un pueblo entero en -los años formidables en que al campo de tantas mortíferas batallas -corrían millares y millares de voluntarios y de quintos, entonando como -cántico de guerra, Marsellesa de la salvadora revolución, el himno que -lleva su nombre, y gritando en coro la célebre frase final, el -estribillo inmortal de sus estrofas: "el cuerpo de John Brown yace en -polvo dentro del sepulcro, pero su alma marcha al combate con nosotros". - -No es fácil encontrar en la historia muchos ejemplos de temperamento -fanático tan característico y tan completo como el de este rudo -abolicionista americano, ni entre los feroces adalides del Viejo -Testamento, ni entre los sectarios modernos de Oliverio Cromwell; y de -esas dos grandes familias de guerreros religiosos procede John Brown, -pues descendía de uno de los puritanos que desembarcaron de la _Flor de -Mayo_ en las costas de Massachusetts, y porque su verdadera, casi única -educación, en la juventud y en la edad madura, fué la incesante lectura -de la Biblia, de la que sabía grandes pedazos de memoria, y repetía -constantemente cuando hablaba ó escribía versículos de los libros -hebreos. Por espacio de más de cuarenta años, de los sesenta que vivió, -quizás no apartó un día su pensamiento y su voluntad del propósito á que -desde muy temprano juró consagrarse[36], declarando, según sus propias -expresiones, guerra eterna al esclavizamiento de los negros; y cumplió -el juramento, bien organizando al principio colonias de negros libres -en Nueva Inglaterra, ó favoreciendo en todo tiempo la fuga de esclavos -de los estados del Sur al Canadá, ó batiéndose como un león en las -guerrillas sangrientas de Kansas, ó preparándose para la aventura final -en que halló la muerte. Tan inquebrantable era la fortaleza de su -espíritu que, conforme á la relación de un testigo, (uno de los rehenes -que tomó desde las primeras horas de su entrada en el pueblo) cuando se -defendía ya cerca del fin, acorralado en la casa de máquinas del -Arsenal, con uno de sus hijos muerto á su lado, otro gravemente herido y -moribundo, gritaba para infundir ánimo á los pocos que quedaban moviendo -el brazo y el rifle que tenía en la mano, mientras con la otra mano -seguía ansiosamente los signos de vida en el pulso del hijo agonizante. -Al caer prisionero estaba acribillado de heridas de arma blanca, pues -peleó cuerpo á cuerpo hasta desfallecer; y cuando diez días después -debió comparecer ante el tribunal fué llevado tendido en un catre; desde -él respondía á los jueces y habló con serenidad pasmosa, admitiendo -todos los cargos ciertos y rechazando con energía toda sugestión de -excusa por causa supuesta de demencia. Algo repuesto ya de las heridas -marchó el 2 de Diciembre con frente erguida hasta el lugar de la -ejecución; allí, colocado sobre la trampa del tablado y con un gorro -sobre los ojos, lo mantuvieron de pie un cuarto de hora, y en ese largo -espacio de tiempo permaneció erecto, sin el menor signo de -estremecimiento, sin que por un segundo flaqueara su extraordinaria -energía[37]. - - [36] _Life and Letters of John Brown_ por _F. B._ SANBORN (1885). - - [37] Th. HIGGINSON, _John Brown of Osawatomie_, en _Enc. of - American Biogr._ (_Appleton_, 1888.) - -Seres de tal temple, en quienes no oscila por terror una sola molécula -del metal de su carácter, aún sometidos á las pruebas más violentas, -nunca se sacrifican en balde, y es incalculable la impresión que dejan -sobre los que presencian esos alardes de heroica constancia ó los oyen -relatar por los asombrados circunstantes, impresión que necesariamente -repercute por rumbos imprevistos y labora eficazmente en beneficio de la -causa inspiradora y confortadora de esfuerzos tan sobrehumanos. En la -situación de la república el suplicio de John Brown, decretado sin duda -de acuerdo con la ley vigente y aplicado á un delito agravado en su -consumación por derramamiento de sangre y destrucción de propiedades, -apareció vestido de colores muy diferentes, no sólo ante las masas -irreflexivas, sino ante hombres tan honrados y serenos como Emerson, -como Thoreau, como varios otros, y mientras esos dos ilustres pensadores -comparaban el suplicio en la horca del prisionero de Harper's Ferry con -la crucifixión de Jesús, lágrimas infinitas de fecunda simpatía caían -como fructificante semilla sobre un suelo preparado á recibirla durante -muchos años de predicación y de enseñanza. - -Del otro lado del Océano se siguieron también con palpitante interés las -escenas del proceso, y desde la roca de su destierro voluntario en honor -de la libertad se oyó la gran voz del poeta francés enalteciendo el -heroísmo del prisionero. En el dibujo original y vigoroso en que luego -trazó Víctor Hugo como empresa sublime el suplicio final, inscribió este -emblema de su vida y de su muerte: _Pro Christo sicut Christus_. - -John Brown es el único responsable de ese suceso para la posteridad, -tanto en lo que tuvo de bueno y de malo, de heroico y de reprensible: él -solo concibió el plan, y solo dispuso su ejecución. A pesar de sus -relaciones personales con los abolicionistas de Nueva Inglaterra, que -apreciaban en su justo valor su entereza y energía y le facilitaron -auxilios pecuniarios, la obra fué de él exclusivamente, y la puso en -planta como arrastrado por fuerza irresistible, como resultante final de -todos los actos é impulsos de su vida. Nadie sabía cabalmente los -detalles; algunos de los que en parte llegaron á conocerlos al través de -sus místicas é incompletas revelaciones, adivinaron su insensata, -irrealizable naturaleza; pero era imposible contenerlo, tenía fatalmente -que marchar hacia donde lo llevaban su ilusión y su extravío. - -La conmoción en los estados del Sur indicó cuan certeramente fué el -golpe dirigido al punto vulnerable, y aunque casi á un tiempo mismo -circularon las noticias de la tentativa y de su fracaso, el susto -enardeció la indignación; los que desesperadamente luchaban por -conservar su antigua supremacía en el gobierno general no habían de -sentir pronto calmada la cólera producida por el repentino ataque tan -derechamente encaminado al corazón, á la entraña esencial de su -organismo y su poder. Al reunirse el 5 de Diciembre el Congreso, tres -días después de la ejecución de Brown, parecía flotar sobre el Senado -como una sombra negra el trágico episodio de Harper's Ferry; á los pocos -minutos de abierta la primera sesión pidió el senador de Virginia, -Mason, que una comisión especial investigara minuciosamente lo ocurrido -y propusiese cuanto juzgase necesario para evitar su repetición; la -comisión, que sin tardanza puso manos á la obra, constaba de tres -individuos de la mayoría y dos de la oposición republicana, descollando -entre los primeros Jefferson Davis, jefe parlamentario del ala extrema -esclavista, como lo sería después de la Confederación del Sur. - -Entretanto Buchanan, en quien la medianía del espíritu no consentía el -grado de imparcialidad que su alta posición requería, creyó oportuno -vituperar desde luego en su Mensaje anual "á los que predicaban -doctrinas abstractas", y con dudosa benevolencia advertirles que "no -debía sorprenderles que sus exaltados secuaces fuesen un poco más lejos -que ellos mismos y tratasen de llevar á la práctica por medio de la -violencia sus doctrinas". Con estas palabras echaba nuevo combustible -sobre una hoguera, que por sí tenía sobrados elementos para crecer y -extenderse. - -Al cabo de más de seis semanas de estudios, investigaciones y examen de -testigos, presentó Mason su informe en nombre de la mayoría; tan extenso -era que él mismo renunció _motu proprio_ su derecho de leer el -manuscrito, reduciéndose á citar los párrafos finales, en realidad los -que hoy nos importan, pues de los antecedentes del suceso sabemos por -revelaciones posteriores cosas que la Comisión no logró averiguar y -mucho se hubiera alegrado de conocer[38]. Insiste Mason en esos párrafos -con no encubierta fruición en la desastrosa suerte que cupo á cuántos -tomaron parte activa en el atentado, para decir que de las veintidós -personas que según Brown componían su partida "siete fueron ejecutadas, -diez murieron dentro del Arsenal, y como de las cinco restantes cuatro -se habían quedado del lado de Maryland custodiando armas, sólo una en -definitiva hay cuyo paradero se ignore y la manera como logró escapar". - - [38] Encuéntranse en la obra ya citada por F. B. SANBORN. - -Respecto al encargo principal, fiado á la Comisión, de excogitar los -medios de evitar en lo futuro esas agresiones, responden en tono amargo -los informantes que nada pueden proponer, y que si los demás estados "no -consideran de su incumbencia, por razones de política general, ó -simplemente por el deseo de preservar la Unión, prevenir ocurrencias de -ese género, la Comisión no acierta á descubrir ninguna otra garantía de -mantener la paz entre los estados de la federación". Sombría y -formidable reflexión, que no era vana amenaza en la mente de los que la -proferían el 15 de Junio de 1860, cifra demasiado exacta de la -temperatura política, no sólo del Senado, del país entero. Unos y otros, -demócratas y republicanos, esclavistas y antiesclavistas, se aprestaban -para la crisis por tantos anuncios indicada, y no rebajaban, antes al -contrario exageraban sus respectivas pretensiones. Toda veleidad de -acuerdo ó transacción había desaparecido, en el Sur principalmente, que -aspiraba ya á obtener del Congreso códigos para reglamentar la -esclavitud en los territorios, dando así por resuelta la cuestión que -para sus adversarios era litigiosa todavía. Iba el Sur aun más lejos y -voces imprudentes pedían la trata de África, la importación legal de -negros esclavos. En el Norte la resistencia se acentuaba, se esparcían -las ideas agresivas de los abolicionistas, se exaltaba la memoria de -John Brown, se repetía con Seward que el conflicto entre los dos -elementos era _irreprimible_, era incontenible. - -En efecto, las dos mitades de la república eran ya como dos máquinas -potentes partidas de extremos opuestos de la misma línea y en acelerado -movimiento. El choque inevitable no era ya cuestión de años sino de -meses. - - -CAPÍTULO XI. - -Campaña de 1860 Lincoln presidente de los Estados Unidos. - -Cuando en Junio de 1860 presentaron su amargo informe los tres senadores -demócratas, más de medio año los separaba ya del asalto de Harper's -Ferry; el atentado y la muerte de Brown y sus compañeros habían perdido -la novedad del interés, y en el rápido sucederse de cosas -extraordinarias en ese período eran ya episodios de una historia lejana, -que á jueces más desapasionados, no á políticos militantes, tocaba -juzgar. La ansiedad general iba ahora tras peripecias más violentas -todavía, que cambiaban la escena y transformaban la posición de los -personajes con desusada prontitud. Ya el partido republicano lleno de -redoblado vigor había celebrado su Convención en Chicago y escogido -candidatos para la campaña presidencial de Noviembre. Ya el temido cisma -del absorbente partido demócrata había estallado en la Convención de -Charleston, dividiéndolo en dos fracciones irreconciliables con -tendencias y programas absolutamente diferentes. - -El malhadado empeño de introducir la esclavitud en Kansas y crear nuevos -estados con intereses que los atasen á la suerte de los que ya penaban -bajo esa perniciosa institución, designio que desde sus albores en 1854 -había desencadenado tempestades, borrado linderos de los partidos, -confundido inmediatamente y de muy diversa manera congregado después los -ciudadanos en el ejercicio de sus derechos electorales, creado en fin -una oposición robusta dotada de espíritu indomable é intentos bien -definidos,--se había vuelto ya contra los imprudentes que lo idearon, lo -formularon y pusieron en marcha. El plan por Douglas, si no creado, -ampliado y defendido, de considerar la esclavitud como problema -meramente local que resolverían por sí solos los habitantes de cada -territorio, quedó desarticulado y sin eficacia al decidir la mayoría de -los colonos en Kansas que no les servía, que no lo querían. Entonces los -políticos del Sur abandonaron la enseña del senador de Illinois, -renegaron de su sistema, echándolo á un lado como arma sin filo ú objeto -baldío, y quedó el antiguo adalid rodeado únicamente de amigos -personales, mal mirado por los que habían creído en él como signo de -victoria y ya no sentían respeto ó simpatía ni por su persona ni por sus -ideas. - -Las doctrinas expresadas en el fallo del Tribunal supremo satisfacían -ampliamente á esos políticos, la adhesión firme del Presidente de la -república los llenaba de confianza, y juzgando que apoyos tan robustos -en la apariencia valían mucho más que una teoría controvertible y -gastada, dedicaron sus fuerzas á aprovecharlos hábilmente y buscar para -la próxima campaña un candidato, que á la blandura y buena voluntad de -Buchanan añadiese más pericia y más constancia, que fuese más entero, -menos sensible al miedo. Una vez Presidente el candidato dotado de esas -cualidades sobraría espacio, no sólo en Kansas ó Nebraska, sino en Cuba, -Méjico, la América central, para propagar la esclavitud y levantar -nuevos estados comprometidos á mantenerla. La demencia y la ambición se -unían y corrían disparadas al abismo. - -No era, pues, susceptible de acomodamiento la ruptura entre Douglas y -Buchanan y quedaron uno enfrente del otro, á pesar de aproximarse las -elecciones, como enemigos declarados. Douglas contaba siempre con la -mayor parte de los demócratas, y estaba seguro de ser por lo menos -candidato; pero su posición en el partido era más delicada que la de -Buchanan; éste no aspiraba á la reelección, desde mucho antes había -ofrecido no solicitarla, y sus amigos, al ir en busca de manos menos -débiles é inexpertas á quienes confiar la suerte de la causa en tan -apremiante situación, se hallaban libres del temor de ofenderlo y -contaban tranquilos con el auxilio de la influencia oficial ejercida por -la Presidencia y por el mundo de empleados repartidos en todos los -estados. - -Cuando los delegados del partido, parciales de Douglas y seguidores de -Buchanan, se reunieron en Charleston, entonces como ahora política y -mercantilmente la ciudad más importante del batallador estado de la -Carolina del Sur, la discordia vino con ellos. No pudo haberse escogido -más adecuado lugar para iniciar la obra destructora, para comenzar la -guerra sin cuartel de votos y programas dentro del partido, que la -ciudad misma donde principiaría menos de un año después la verdadera -guerra de sangre y fuego, donde resonarían los primeros cañonazos que -hicieron arriar la bandera nacional en el fuerte Sumter y rompieron los -diques á la inundación. - -No estuvo Douglas presente en la Convención de Charleston, ni se estila -que asistan los candidatos de antemano designados, pero sus admiradores -y amigos componían más de la mitad del número total de los delegados. -Necesitábanse dos terceras partes para formar mayoría, antes de tratar y -resolver la cuestión de personas era preciso ocuparse en redactar y -aprobar el programa, la "plataforma", y era lo espinoso de la empresa. -Sobre ello se empeñó la batalla, y se elevó la barrera insuperable que -de un partido compacto hizo dos facciones contrapuestas. Una comisión de -treinta y dos miembros, uno por cada estado, fué el campo de Agramante, -y al cabo de ardorosas discusiones, en que sólo pudieron acordar puntos -secundarios (uno de ellos la adquisición de Cuba), volvió el grupo -dividido en dos, trayendo escritos dos programas radicalmente -diferentes, imposibles de confundirse para formar el documento único que -se le pedía. Los quince estados del Sur con dos más del Norte redactaron -y votaron un texto, en que afirmaban doctrinas sobre la superior -inmunidad de la esclavitud como institución política y social, á que ni -al Congreso ni á las asambleas locales era lícito tocar, salvo para -protegerla y para ayudarla á extenderse en los Territorios, sin trabas -de ninguna especie. La minoría, compuesta de los restantes quince -estados, todos del Norte, se redujo á enunciar nuevamente las -resoluciones del programa de 1856 en Cincinnati, agregando que las -divergencias de opinión existentes dentro del partido respecto á las -facultades del Congreso ó las asambleas territoriales sobre la -esclavitud eran problemas de derecho constitucional, cuya solución -únicamente correspondía al Tribunal Supremo; y á su fallo se sometían. - -La diferencia entre ambos programas es muy marcada, aunque la minoría se -empeñó en aminorarla y disfrazarla; y resaltó más todavía en los -discursos que de uno y otro lado escuchó la Convención. Fué ésta, no -cabe duda, la vez primera que el choque de las dos fracciones del -partido defensor de la esclavitud desgarró los velos, hizo surgir la -verdad desnuda y repercutir, por fin, dentro de los muros de la -Convención el eco sonoro de las opiniones realmente abrigadas por los -estados sudistas. La adusta verdad penetró en aquel recinto y, al -atravesarlo un instante en lento y ominoso vuelo, fué saludada en las -galerías por los aplausos del pueblo, que muy pronto iba á sacrificar -por ella sus vidas y haciendas; así fué sobre todo cuando Yancey, uno -de los delegados de Alabama, á cuya voz parecían los demás obedecer, -expuso francamente, sin exaltación apasionada, con la serena firmeza del -mandatario fiel que recita las últimas y bien meditadas instrucciones de -su mandante, que todos los males y desmedros hasta esa fecha sufridos -nacían de la menguada defensa de la esclavitud, formulada por miembros -prominentes del partido, al admitir que la institución era vituperable -en su esencia y merecía respeto, sólo en virtud de derechos adquiridos, -sólo en gracia de la protección constitucional. No, su legitimidad -absoluta debía declararse superior á toda discusión, porque ella era un -beneficio tan indisputable para el blanco como para el negro, los -esclavos una propiedad tan perfecta y sacrosanta como otra cualquiera y -atentar contra ella no debía jamás impunemente consentirse. - -Sea cual fuere el juicio que en nombre de los derechos humanos, de la -moral social, de la ciencia económica, se pronuncie sobre la esclavitud, -y es claro hoy que sólo puede ser la más abrumante condenación, -inapelablemente confirmada por los resultados mismos, por las -prodigiosas ventajas de la abolición en las regiones donde existía, no -sería sin embargo equitativo desconocer lo que hubo de viril y grandioso -en la conducta de los que en Charleston proclamaron la resolución de -mantener en lid abierta sus opiniones é ir con ellas á sus últimas y -temibles consecuencias, destruyendo el partido, destruyendo la Unión, -si no había otro remedio, pero siempre á costa de su sangre y de cuanto -poseían sobre la tierra. - -No fué, por tanto, esa Convención como las anteriores torneo de -guerreros disimulados, en que las intenciones se escondían detrás de -palabras escogidas de propósito con ese objeto. Si los amigos de -Douglas, temerosos de desquiciar la fábrica política, reincidieron en el -antiguo y estéril error de tratar como detalle secundario la cuestión -esencial, y buscar fórmulas artificiosas para decir poco y conservar en -apariencia unidas las más opuestas interpretaciones, los que por boca -del sagaz y elocuente Yancey pregonaron el reto á muerte y descubrieron -sus pechos, fueron hombres animosos cuyas ideas miserablemente torcidas -pueden merecer indignado vituperio, pero cuyo tranquilo valor arranca -respetuosa admiración[39]. - - [39] Véase la interesante relación escrita por un periodista de - Cincinnati, MURAT HALSTEAD, testigo de la Convención ese año (_The - Convention of 1860_) y también la discusión del Senado entre Jeff. - Davis y Douglas en varias sesiones de Mayo de 1860: _Cong. Globe_ - 1st. Sess. 36th. Congress. Los discurso de Douglas están en el - _Apéndice_. - -Declarada y afirmada la discordia en tan concluyentes términos, no había -más camino que suspender las sesiones é ir á reunirse en otra parte. La -fracción más violenta fué á Richmond á dar sus votos á John G. -Breckenridge, de Kentucky. El resto en Baltimore eligió casi -unánimemente á Douglas. Así fué á caer, por fin, sobre los hombros del -ambicioso senador de Illinois la blanca vestidura oficial de -pretendiente tan deseada y esperada, pero vino en circunstancias bien -duras y bien tristes, cuando el éxito era improbable, cuando faltaba -apenas un año para que inopinada y prematuramente viniese la muerte á -poner término á su carrera, sin haber logrado el premio de sus -servicios, de su indomable energía. - -Antes de que el fraccionado partido demócrata hubiese completado ese -laborioso malparto, se había celebrado en la ciudad de Chicago la -Convención de los republicanos; la cabal armonía y el entusiasmo de sus -acuerdos auguraban el triunfo futuro. - -Situada á orillas del lago de Michigan, uno de esos vastos receptáculos -que son otros tantos mares interiores de la frontera septentrional de -los Estados Unidos, al borde de una inmensa pradera que por cientos y -cientos de millas extiende su fértil suelo en la dirección del sudoeste, -contaba entonces Chicago unos ciento doce mil habitantes y era la ciudad -más poblada de Illinois, del estado en que había tenido lugar el célebre -duelo oratorio entre Lincoln y Douglas, sus dos más distinguidos -ciudadanos. Para albergar la Convención fabricaron en pocos días un -edificio de barro y madera, capaz de contener los seiscientos delegados -y una cuarta parte siquiera de las treinta y tantas mil personas que -habían venido, escoltándolos, á solemnizar con su presencia ese crítico -momento de la historia de la nación. Diéronle el nombre indio de -Wigwam, que representa vestido á la inglesa el que los nómades -Algonquines usaban en su dialecto para designar las chozas puntiagudas -de ramas y corteza de árbol, donde temporalmente se abrigaban en la -época de sus correrías. - -No tropezó con dificultad alguna esta Convención para redactar su -plataforma; seis años de lucha perenne, de incesantes acometidas contra -las doctrinas disolventes de sus adversarios, habían fijado -inalterablemente los principios en que el partido fundaba su acción y la -libre cooperación de sus adherentes. Lo esencial era proscribir, como -peligrosa heregía política, el flamante dogma que suponía á la -Constitución llevando á los Territorios por su propia naturaleza la -sanción de la esclavitud, y afirmar por el contrario que la condición -normal de todo Territorio era la libertad de sus pobladores, y que ni -Congreso ni asamblea particular ni persona alguna pública ó privada -tenía el derecho ó la facultad de comunicar carácter legal á la anómala -institución donde previamente no existiese[40]. - - [40] Resoluciones 7ª y 8ª de la plataforma republicana. Véase _Life - and Speeches of A. Lincoln and H. Hamlin_. Columbus (Ohio) 1860. - -Estas ideas llenaban desde años antes la atmósfera política en los -estados del Norte, y los millones de individuos que las habían respirado -renovando en tanto tiempo su modo de ser y su conciencia respondieron -con ansiosa simpatía al programa, que las condensaba y formulaba para -facilitar la lucha y el triunfo definitivo. Si la Convención lograba -asimismo resolver atinadamente la cuestión de personas, más importante -que nunca esa vez, designando el candidato idóneo para personificar -tales ideas y despertar la fe y confianza indispensables, era infalible -que surgiría en el Norte un movimiento impetuoso hacia las urnas -suficiente á asegurar la victoria en todo el país. - -¿Quién sería ese candidato?--Entre los nombres que se oían repetir, uno -había que sobre todos descollaba por la grande y extendida reputación, -los eminentes servicios á la causa de la libertad, la importancia del -estado de que era ciudadano y lo proponía; el de Seward, antiguo -gobernador de New-York y durante doce años el más hábil y elocuente de -los miembros republicanos del Senado. La delegación neoyorquina, la más -numerosa, pues representaba el estado más poblado, fué á la Convención -con instrucciones de nombrarlo, y hasta el último escrutinio emitió por -él los sesenta votos que le correspondían: "Venimos de un gran estado y -traemos un grande hombre de estado", dijo Evarts, jefe de la delegación. -No podía á juicio de muchos confiarse la causa antiesclavista á manos -más hábiles que las del hombre que, sosteniendo desde el año de 1850 la -admisión de California como estado sin esclavos, había afirmado en los -debates del Senado que "una ley más alta" que la Constitución misma -ordenaba respetar en los Territorios los intereses superiores de la -justicia y la libertad; y que desde entonces, vigilante centinela, había -permanecido á pie firme en la avanzada trinchera, cerrando el paso y -esgrimiendo las armas contra los diversos proyectos, que se habían ido -sucediendo por espacio de siete años y bajo el amparo de dos -Presidentes, con objeto de entronizar la esclavitud en tierras, que -según otra frase de Seward en la misma ocasión ya aludida[41], eran -parte del patrimonio común de la humanidad, sobre el cual no tenía la -nación facultades arbitrarias ó ilimitadas. Pero estaba Seward dentro -del partido en situación muy parecida á la de Douglas en el suyo durante -la Convención de 1856; la brillante y larga vida pública lo había puesto -demasiado en evidencia, le había acarreado enemistades, lo había á -menudo forzado á sostener soluciones radicales de opositor -inconciliable, circunstancias todas que quitaban probabilidades de buen -éxito á su candidatura. El partido era, además, muy nuevo todavía, se -componía de miembros venidos de contrarias direcciones, y deseaba -conservar el equilibrio de sus dos alas no tomando en ellas el -candidato, ni Seward que pasaba por excesivamente radical, ni Chase, de -Ohio, futuro gran ministro de hacienda durante la guerra, que entonces, -por haber figurado antes entre los demócratas, era tenido por más tibio -ó moderado de lo que la ocasión exigía. - - [41] Sesión del Senado de Marzo 11 de 1860. - -El primer escrutinio suele ser en esas asambleas un acto de puro -cumplimiento, y así se le llama y considera. Cada estado mienta -generalmente al más ilustre ó al predilecto entre sus hijos; entona en -su loor breve panegírico y le da sus votos. Como muchos estados hacen lo -mismo, es claro que no puede haber resultado definitivo, y esta vez del -modo que Nueva York votó por Seward, votaron Ohio y Pensilvania por -Chase y por Cameron, Missouri por Bates, Illinois por Lincoln, por el -mismo estilo varios otros. A ocasiones sucede también en contiendas muy -reñidas que ni siquiera se oye en las primeras votaciones el nombre del -que ha de ser finalmente elegido, como por ejemplo en la Convención de -1852. Pierce fué designado en ella al cabo de cuarenta y nueve pruebas -infructuosas, y en muchas no había tenido un solo voto. Esta vez -aparecieron pronto los dos competidores entre quienes se concentraba la -lucha: Seward 173 votos, Lincoln 102; y se preveía que á uno de los dos -estaba reservado el premio, y que no surgiría á última hora lo que en el -lenguaje técnico de esos juegos olímpicos de la política llaman "un -caballo negro", un competidor no mencionado todavía, que todos los -delegados acaban por aceptar cansados de luchar en balde por sus -favoritos. - -Abraham Lincoln, que desde la interesante campaña senatorial, en que -Douglas lo venció con tanto trabajo, había alcanzado extensa -notoriedad, disfrutaba de reputación muy inferior á la de Seward; no -había desempeñado como éste cargos de trascendental importancia, pues -sólo fué por un bienio miembro de la Cámara en Washington, honor que no -traía aparejado gran prestigio, y en el que tampoco dijo nada muy -notable; no había sido ni Gobernador de estado ni senador federal, -cargos los más altos de la república después del de Presidente, y aun á -veces á este último preferido. Era en resumidas cuentas, por lo que -extrínsecamente aparecía, un oscuro abogado de pocas letras, que en la -práctica ordinaria de las remotas regiones de su residencia había tenido -más oportunidades de ejercer la fuerza muscular que el saber, y que, al -rezar de la leyenda, había pasado rajando leña en la frontera salvaje la -época de la vida que otros emplean en colegios y universidades. Aquellos -entre los delegados que esto sabían, naturalmente extrañaban que pudiese -alguien preferirlo á estadista de tanto mérito y nombradía como Seward; -pero gran parte del pueblo americano, obedeciendo á instinto más certero -y profundamente nacional, no sólo simpatizaba con el carácter y -antecedentes del abogado de Illinois, sino que adivinaba muy bien detrás -de la ruda y vulgar corteza de ese tronco, robustamente desarrollado en -las tierras vírgenes del occidente, el rico y generoso corazón y la -vivificante savia que por él circulaba. - -No había vivido Lincoln ni inerte ni olvidado en los dos años que entre -la campaña senatorial y la fecha de la Convención pasaron; en 1859 fué -al estado de Ohio, que celebraba elección de gobernador, y pronunció -discursos que ayudaron eficazmente al triunfo del partido, y se leyeron -en otras partes con sumo interés. A principios de 1860 fué invitado á -hablar en Nueva York, la gran metrópoli comercial, ante un auditorio -numeroso de prohombres del nuevo partido ganosos de conocerlo, y en su -discurso, muy extenso y muy notable, que afianzó su creciente -reputación, demostró que nadie se daba cuenta más cabalmente que él y -exponía mejor, sin declamaciones ni invectivas, con cierta curiosa -mezcla de gravedad y buen humor, de las opuestas tendencias, del -inextricable nudo que obstruía el desarrollo armónico de la unión de los -estados, así como de la manera más rápida y segura de llegar á -desenlazarlo sin romperlo violentamente. No era, pues, su candidatura -expediente á última hora imaginado para resolver la situación y derrotar -á Seward; la fuerza latente que traía y pronto se desenvolvió podía -sorprender á una parte de la Convención, pero estaba por otros muy -prevista y preparada. Lincoln mismo, avezado como el que más á manejos y -combinaciones electorales, á las mil y una habilidades, tratos ocultos, -agasajos y cambalaches con que detrás de bastidores se organiza esa -especie de comedias políticas, para ensayarla primero en las -Convenciones, y representarla después al aire libre en infinito número -de teatros, no desperdició medio alguno de asegurar el éxito popular, -confeccionando de antemano cuanto requería la tramoya escénica para -desencadenar el torbellino de entusiasmo que llevó al voto unánime los -delegados en medio de frenéticas aclamaciones[42]. No hubo más que tres -escrutinios, al tercero los votos se precipitaron, como una avalancha, -en favor de Lincoln; el representante mismo de Seward, Evarts, pidió la -declaratoria de unanimidad, é instantáneamente comenzó la famosa campaña -cuyo decisivo resultado marca la era nueva, el primer momento de la -nueva vida de los Estados Unidos. - - [42] Véase la obra de _Herndon y Weik, The true story of a great - life_, 3 vol. Chicago, 1889. - -Seward quedó vencido, el desaire vivamente le dolió, y no contribuía á -restañar la herida la comparación de su admirable hoja de servicios -repleta de honores en buena lid conquistados, de acciones memorables en -treinta años de campañas, con la fungosa reputación del rival -afortunado, nacida casi de improviso en un encuentro local dos años -antes, en el que ni siquiera resultó vencedor, sin que ni entonces ni -luego tuviese ocasión de adquirir la práctica de los negocios públicos, -el _usus rerum_ tan necesario para desempeñar el primer puesto de una -gran nación, tan indispensable en aquel período en que se adivinaban -trastornos profundos, alteraciones nunca vistas en la organización y -marcha ulterior de la república. Disimuló el despecho, que sin embargo -fué muy grande aunque magnánimamente comprimido, como dice su amigo y -panegirista Ch. F. Adams[43], y se puso al servicio del partido otra vez -con leal energía, resignado al triste privilegio de ser nuevo ejemplo de -la conocida ingratitud de las repúblicas. Corrió la misma suerte que -Henry Clay, Daniel Webster, tantos otros. Las repúblicas, que á veces se -enamoran hasta el frenesí de héroes militares y glorias escandalosas, á -menudo abandonan y rechazan sin piedad á los que por largo tiempo les -han prestado con menos ruido y más talento servicios eminentes. - - [43] _Memorial Address_ by CHARLES FRANCIS ADAMS.--New-York, 1873. - -Hubo en campaña cuatro distintas candidaturas presidenciales: las dos ya -mencionadas de Douglas y de Breckenridge, sostenidas por las fracciones -opuestas del partido demócrata; la de Lincoln apoyada por los -republicanos; y la cuarta, de Bell, ciudadano del estado de Tennessee, -obra de la asociación independiente que en 1856 sostuvo á Fillmore, y -que dejando á un lado la cuestión especial de la esclavitud pretendía -afirmar únicamente el mantenimiento de la unión constitucional y -convocar bajo esa bandera todo el país. - -Por esa causa fué la lucha durante los primeros meses más desordenada y -confusa de lo que era de esperarse, dada la completa y larga discusión -de ideas que precedió, pero como en el fondo se trataba de la -conservación ó el desmembramiento de la patria, y de ello más ó menos -vagamente todos se daban cuenta, muchos se hubieran contentado (y así -suele suceder en situaciones tan penosamente críticas) con aplazar la -catástrofe, si evitarla no era posible. Los votos, por esta razón, se -repartieron entre todos, aunque en muy desiguales proporciones. El duelo -en realidad tenía lugar entre Lincoln y Breckenridge, entre republicanos -resueltos á contener, limitar y, al cabo, suprimir la esclavitud, y -demócratas decididos á aventurarlo todo, incluso la unidad nacional, por -la perpetua continuación y el engrandecimiento de esa misma institución; -pero muchos, sin desconocer la terrible disyuntiva, querían engañarse, -cerrar los ojos, no ver más allá del horizonte inmediato de la lucha de -palabras, no oir el ruido de guerra que detrás de ellas fatalmente -retumbaba. El recurso era demasiado vano, la esperanza demasiado falaz; -mas el recuerdo de lo pasado contribuía á robustecer el uno, alimentar -la otra. ¡Había navegado tanto tiempo la patria entre los mismos -amenazantes escollos, había sufrido tantas veces sin zozobrar la misma -tempestad, era en fin tan duro renunciar á la ilusión de que algo á -última hora acontecería que aquietase como iris de bonanza los elementos -enfurecidos y alejase el desastre! - -Desde una sala del Capitolio de Springfield, donde plantó sus reales -durante la campaña, vigilaba Lincoln la marcha ascendente de su -candidatura y su fortuna, pues, al contrario de Douglas y de -Breckenridge, se abstuvo de tomar parte directa en los episodios del -combate, de recorrer el país y excitar, con ardorosos discursos, el -entusiasmo de sus partidarios. Ya en Octubre se acumulaban signos -anunciadores de victoria, los estados del Norte redoblaban llenos de -confianza sus esfuerzos, mientras que los del Sur, especialmente los que -ocupaban la vasta faja de tierra desde las costas de las dos Carolinas -en el Atlántico hasta las orillas del río Grande, que corre entre Tejas -y Méjico, sentían aproximarse la hora sombría de las resoluciones -supremas, el instante tremendo de dar por terminada la lucha de -programas y de votos y comentar silenciosamente los preparativos de otra -especie de guerra; ó de inclinar humildemente la frente, resignarse á -los términos imperiosos del vencedor y reunir lo que fuese aun posible -salvar del arruinado edificio de su poder. - -El punto inicial de la gran rebelión americana, ha dicho un escritor, es -el 5 de Octubre de 1860[44], día en que el gobernador de la Carolina del -Sur dirigió una circular secreta á varios colegas de otros estados, -preguntando lo que harían si triunfaban los partidarios de Lincoln para -el colegio electoral, y afirmando que la Carolina se adheriría al -primer estado que diese la señal de separación, que la daría ella misma -si se le ofrecía seguirla. Las respuestas, que vinieron lentamente, no -fueron todas tan explícitas como el interrogante las deseaba, aunque -ninguna repulsaba la atrevida sugestión, pero por ese camino la Carolina -siempre había marchado más pronto y más lejos que los demás. Faltaba -entonces un mes para el día de la elección popular, cinco para el cambio -de gobierno en la capital de la república. - - [44] JOHN NICOLAY, _The Outbreak of Rebellion_. New-York, 1881. - -Votaron por Lincoln todos los estados sin esclavos, menos parte de uno; -eran diez y ocho, que hacían ciento ochenta votos electorales, es decir, -la mitad y cincuenta y siete más, lo que aseguraba ampliamente su -elección. Sumados los números resulta que de cuatro y medio millones de -sufragios obtuvo Lincoln cerca de dos, Douglas cerca de uno, y más de -medio millón cada uno de los otros dos, Bell y Breckenridge. Esas -cifras, sin embargo, daban á Douglas en el colegio electoral doce votos -solamente, mientras que los dos competidores con menos sufragios en el -escrutinio popular reunían en el colegio setenta y un votos el uno y -treinta y nueve el otro, pues se contaban, como es sabido, no en masa, -sino por estados. - -El triunfo de Lincoln fué por tanto relativo, cual lo había sido el de -Buchanan cuatro años antes, pero como las posiciones eran contrarias -producía en la marcha del país un cambio radical, arrastraba -forzosamente las tan temidas, tan anunciadas trascendentales -consecuencias. - -La historia de la república emprendía distinto derrotero, el largo -encadenamiento de los sucesos iniciaba una nueva serie de eslabones: -_magnus nascitur ordo_. - - -CAPÍTULO XII. - -La Víspera de la guerra civil. - -¡Terrible la situación de los Estados Unidos, desde el triunfo electoral -del partido republicano en Noviembre de 1860 hasta que pudo Lincoln -aplicar, por fin, en Marzo del año siguiente, sus robustos brazos á la -desamparada rueda del timón, é imprimirle las primeras vueltas para -sortear el abismo á que corría la nación, en que iba á hundirse -positivamente!--¿Qué país se encontró jamás en trance tan -extraordinario?--Una mitad de los habitantes disolviendo por su propia -voluntad el pacto nacional, desmontando la máquina gubernamental; la -otra mitad inmóvil, absorta, contemplando, sin darse cuenta exacta, la -obra de destrucción que estaba consumándose, sin medios tampoco de -evitarlo. La capital de la república, los centros todos de donde -irradiaba la acción federal, ministerios, hacienda, el ejército, la -marina, las posiciones artilladas de las costas del Atlántico, del golfo -de Méjico y del Pacífico, en manos de hombres en completo acuerdo ó en -íntima simpatía con la fracción más valiente, más audaz, mejor -disciplinada del partido vencido en las urnas electorales; y esos -hombres, dueños del poder, árbitros de la situación, se mantenían á la -cabeza de los negocios públicos, bajo la sombra del presidente -Buchanan, para que sus correligionarios y amigos en los estados del Sur -impunemente, sin que nadie lo impidiese, pudieran realizar la empresa -nefasta de dividir la nación y crear la Confederación del Sur, antes del -momento crítico de entregar el mando á los nuevos elegidos. - -La indecisión que en Octubre sintió parte de los estados del Sur, al -aprestarse á las violentas resoluciones, se transformó en el mes de -Noviembre, al anuncio del triunfo de los amigos de Lincoln, en febril -impaciencia de romper los lazos que los unían á la grande y famosa -nación republicana creada en 1787, desprenderse y formar una nueva -república, más pequeña sin duda y menos fuerte, pero homogénea y en -condiciones de proteger y fomentar el régimen interno, causa verdadera -del rompimiento. - -A mediados de Diciembre, una Convención, convocada según las formas de -la legalidad, acordó por unanimidad disolver "la unión existente entre -la Carolina del Sur y otros estados con el nombre de Estados Unidos de -América", y el primero de Febrero inmediato habían ya hecho lo mismo -otras convenciones reunidas en Mississipi, Florida, Alabama, Georgia, -Luisiana y Tejas. Tres días después, la nueva Confederación de esos -siete estados quedaba provisionalmente organizada, y el 18 fueron -instalados Jefferson Davis y Alejandro Stephens como su presidente y su -vicepresidente. La constitución, promulgada acto seguido, era en -sustancia la misma de los Estados Unidos, con sólo diferencias de -detalle y el encargo especial de "reconocer y defender" la institución -de la esclavitud de los negros, "tal como actualmente existe en los -Estados Confederados de América", nombre que asumía la nación acabada de -fundar. Todos los edificios, aduanas, casas de moneda, arsenales, -fortalezas, sobre los cuales flotaba la bandera con las estrellas y las -bandas, izaron la nueva insignia; los individuos que los custodiaban, ó -los pequeños destacamentos que los guarnecían, los entregaron ó -capitularon; ni otra cosa hubieran podido hacer, perdidos y sin recursos -como se encontraban, cubiertos como isletas en el mar, por las oleadas -de la vasta y formidable insurrección. Solamente los fuertes de la bahía -de Charleston, de Pansacola y los cayos de la Florida permanecieron en -poder del gobierno federal. - -Esos siete estados no hacían más que aplicar las doctrinas políticas por -ellos predicadas y sostenidas constantemente, que ya en 1831 y 1832 la -Carolina había invocado dando los primeros pasos en la senda de la -separación, y que lógicamente se desprendían del principio superior de -derecho que Calhoun había tantas veces definido, precisado y -elocuentemente defendido, que sus discípulos habían enérgicamente -mantenido. Según ese principio, la constitución era un pacto entre -estados soberanos, independientes entre sí para todo aquello que no -estuviese expresamente delegado al gobierno general, y esos estados -recobraban su absoluta independencia y soberanía, cuando se consideraban -lesionados en sus derechos é intereses, porque no sólo no los habían -enajenado, sino que eran el fundamento, la razón de su existencia antes -de formar la Unión. - -Mientras tanto el presidente Buchanan, que había toda su vida militado -bajo las mismas banderas y compartido todas las ideas y sentimientos -dominantes en esos siete estados irreconciliables, que se hallaba -entonces rodeado de ministros y consejeros en perfecta simpatía, en -confesado acuerdo con los jefes esclavistas, afirmaba oficialmente, al -abrirse las sesiones del Congreso, que si bien carecían á su juicio los -estados del Sur del derecho de abandonar la Unión, ni él como -Presidente, ni el Congreso, ni nadie, tenía otorgadas por la -Constitución facultades de oponerse con la fuerza de las armas y -compelerlos á permanecer dentro de la Unión. Esto, que semeja una -paradoja, y envuelve positivamente una contradicción, era no obstante la -opinión de un crecido número de personas en el Norte. Contando -precisamente con ello y con la inacción del Presidente, procedieron los -conjurados, y aprovecharon los tres ó cuatro meses que la suerte les -ofrecía para organizarse y prepararse á hacer frente á quienquiera que -se opusiese. - -Años después, decidido ya por las armas el conflicto, proclamaba -Buchanan todavía las mismas opiniones; y en la defensa que escribió y -publicó de los últimos actos de su administración, reconoce con -satisfacción que la guerra no fué iniciada por el gobierno de su sucesor -con el objeto de sujetar por la fuerza á los estados, sino aceptada para -hacer cumplir y ejecutar en el territorio rebelado las leyes vigentes, -pues tal era el deber ineludible del poder ejecutivo. Lincoln, en -efecto, á pesar de representar ideas tan diferentes, política tan -opuesta, siguió durante varias semanas, en la apariencia al menos, el -mismo sistema de contemporización y espectativa que su predecesor, y -aguardó que los confederados de Charleston cañoneasen y tomasen el -fuerte Sumter, arriasen la bandera nacional y alzasen otra en su lugar, -para romper el silencio y convocar las milicias ciudadanas en defensa de -la Unión. - -La cuestión de legalidad es, empero, muy poco interesante ya á estas -horas; en esa ocasión, como en tantos otros momentos críticos de la -historia de la civilización, las circunstancias llevaron á los -individuos y, sin saberlo, muchos se encontraron arrastrados por los -sucesos más allá de líneas en que hubieran querido confinarse. Ocioso -también sería ya discutir si cometieron delito político de traición los -que desmembraron la república y organizaron la Confederación. La -conducta del vencedor, nunca bastante encomiada, absteniéndose de -procesar criminalmente, después de la victoria, á ninguno de sus -adversarios, consintiendo el sobreseimiento de la causa abierta contra -Jefferson Davis, demostró que, calmadas las pasiones, la nación entera -convenía implícitamente en que no era posible perseguir como traidores á -quienes, después de todo habían ajustado su conducta á opiniones siempre -y por doquiera pública y abiertamente proclamadas. Su fe política, nunca -renegada, ordenaba prestar obediencia y acatamiento, en primer lugar al -estado de que eran ciudadanos, en segundo á la Unión, vigente sólo -mientras durase el consentimiento de los estados que la habían creado. -Eso hicieron, y casi todos ellos abandonaron la patria común con el alma -desgarrada, esperando salvar derechos esenciales, que juzgaban en -peligro y consideraban del número de aquellos que no se consienten -perder ni se dejan arrebatar, antes de haber consumado el último -sacrificio para defenderlos. - -"En vuestras manos, descontentos compatriotas, en vuestras manos y no en -las mías, está la tremenda resolución de si ha de haber ó no guerra -civil. Para que la haya, es preciso que vosotros mismos seais los -agresores", dijo Lincoln la primera vez que habló como Presidente al -pueblo de los Estados Unidos. - -Y la guerra vino, y duró lo que nadie había podido imaginar. Todavía, al -inaugurarse la segunda presidencia de Lincoln el 4 de Marzo de 1865, -parecía en situación de durar algún tiempo más, acaso "hasta que -desapareciese toda la suma de riqueza acumulada durante doscientos -cincuenta años por el trabajo esclavo, ó hasta que cada gota de sangre, -arrancada por el látigo, fuese compensada por otra igual arrancada por -el hierro". Por fortuna, cuando pronunciaba Lincoln estas últimas -palabras de su segunda oración inaugural, faltaban pocas semanas para el -desenlace final, para que por siempre quedase decidido que la unión de -los Estados era un pacto perpetuo é indestructible. - -Pero la historia de la sangrienta guerra civil es materia demasiado -grande para los límites reducidos de este bosquejo; si ha de tener éste -algo de completo en su inevitable brevedad, debe poner punto final al -ascender Lincoln á la presidencia de los Estados Unidos, al terminar el -conflicto en el terreno pacífico de la palabra hablada ó escrita, al -comenzar la guerra devastadora. - - - - -JOSÉ DE LA LUZ Y CABALLERO - - -I - -Ningún nombre llegó á tener en la isla de Cuba, antes del período de -guerras libertadoras que comienza en 1868, tan gloriosa resonancia, de -un extremo al otro del país, como el de José de la Luz; todavía hoy, á -pesar de que el ciclo de acción y de lucha que comienza en ese año -fatídico ha producido otras reputaciones acaso más brillantes, no se ha -deslustrado la corona en torno de su frente, nadie ha olvidado al -filósofo, al maestro, al educador de esas generaciones que supieron -luego desplegar tanta energía y tanta constancia en la dura, desigual -contienda contra la nación opresora. - -La historia de su vida, desnuda como se halla de incidentes -extraordinarios, es el cuadro donde mejor resaltan sus virtudes y -servicios eminentes á la patria, porque el hombre valía mucho más de lo -que pueden significar las obras reducidas ó incompletas que de él nos -han quedado, porque fué en su tiempo para la isla de Cuba el hombre -superior, "el grande hombre, causa de muchas filosofías", para aplicarle -palabras de Federico Nietzsche. - - -II - -En el año último del siglo XVIII, 11 de Julio de 1800, nació José -Cipriano de la Luz en la Habana, en la antigua casa solariega que ya -entonces daba nombre á la calle donde estaba. La calle se llama siempre -de Luz, pero en el solar se eleva una vasta hostería, que ocupa toda la -manzana de casas é incluye el terreno del antiguo Teatro Principal, en -aquella época el más importante de la ciudad, derribado por el ciclón -terrible de 1846. Fué su madre doña Manuela Caballero, mujer de grandes -virtudes, cuya memoria quedó indeleblemente impresa en su alma desde muy -temprano como insuperable modelo de la práctica constante y austera del -deber más estricto, y de ella probablemente heredó la lucidez de la -inteligencia y el puro vigor de su carácter. El público cubano, para -distinguirlo de otros del mismo nombre, le agregó siempre el apellido -materno, aunque él hasta el fin firmó solamente con el de su padre. - -Corrió tranquila su niñez educado por eclesiásticos instruídos, y por -algún tiempo acarició el proyecto de entrar en el sacerdocio, siguiendo -el ejemplo de su tío carnal el P. Agustín Caballero y otros miembros de -la familia; idea que no abandonó tan pronto, pues al graduarse de -bachiller en jurisprudencia, ya de veinte años de edad, vestía aun -hábitos religiosos conforme á las órdenes menores que tenía recibidas. - -Pero en un país cuyos habitantes formaban dos clases opuestas, libres y -esclavos, negros y blancos, y donde se creía naturalmente indispensable -un código terrible de leyes penales y una multitud de costumbres feroces -para mantener quietos y anuentes al yugo á los oprimidos, los -sacerdotes, como encargados del registro de la población y de los varios -detalles prácticos del único culto consentido, tenían que ser -instrumentos activos de la perenne iniquidad de que eran víctima esos -seres desvalidos. No podía Luz avenirse á ejercer en tales condiciones -un ministerio de paz y caridad y al cabo lo renunció, como más adelante -renunciaría al ejercicio de la abogacía, convencido de que la -organización de los tribunales y la especie de jueces que en ellos se -sentaban, venidos de España, sin arraigo en el país y amovibles al -capricho de los ministros que entraban y salían tan á menudo por las -oficinas de Madrid, no consentían independencia y apenas dignidad -profesional en el abogado. - -Cuando salió del Seminario Conciliar, más versado en teología que en -otros ramos del saber, necesitó completar por su propia cuenta su -educación; hizo profundos estudios científicos y literarios, coronados -desde principios de 1828 por un viaje de más de tres años por los -Estados Unidos, la Gran Bretaña, Francia, Alemania é Italia. Iba de -antemano provisto del conocimiento teórico perfecto de los idiomas de -esos países, adquirió luego tal dominio del acento, la entonación -peculiar con que se hablan en las capitales de cada uno de ellos, que -fué siempre causa de maravilla oirle pronunciar tan correctamente -lenguas extranjeras. De las antiguas conocía bastante el griego; el -latín le era, gracias á su primera educación eclesiástica, casi tan -familiar como el castellano. - -Al volver á la patria, completada su peregrinación, no tardó en decidir, -ante el estado del país, cual debía ser la ocupación de toda su -existencia. La educación primaria y secundaria, la instrucción pública -en general, se encontraba entonces en el más miserable estado, de todas -las necesidades del país la menos atendida, á pesar de la gran -prosperidad material que desde principios del siglo había ido -lográndose. - -Cuba no era ya la poco importante factoría, el simple punto de escala de -las escuadras ó convoyes que iban y venían de Méjico y el mar Caribe. -Todos los desastres sufridos por las metrópolis europeas en América, por -la Gran Bretaña lo mismo que por España y Francia; es decir, la -fundación do los Estados Unidos, el alzamiento de los negros en Santo -Domingo, el ingreso de la Luisiana y la Florida en la nueva república -angloamericana, la derrota final de la dominación española en el -continente desde San Francisco hasta el estrecho de Magallanes, fueron -para Cuba como un beneficio particular, que contribuyó poderosamente á -aumentar su población, desarrollar su agricultura y su comercio. Apenas -fueron suprimidas las trabas absurdas é inicuas que le prohibían todo -género de relaciones mercantiles con las regiones vecinas, la que había -vegetado pobre y abandonada como una pordiosera al lado de sus opulentas -hermanas, Méjico, Guatemala, Venezuela, Nueva Granada; la que con gran -dificultad y sólo gracias al socorro que de Méjico le mandaban podía -equilibrar sus gastos y sus ingresos, vió en muy poco tiempo tiempo -duplicada y triplicada la cifra de sus habitantes, aumentado su tesoro -hasta el punto de no requerir más limosna de nadie, de satisfacer -ampliamente ella sola sus cargas y poder pronto atender á las llamadas -"necesidades de la Península", remitiendo á Madrid desde 1827 un millón -anual de pesos fuertes, que penetró en el presupuesto español bajo el -título de "sobrante de Ultramar". Ese millón estaba también destinado á -crecer rápidamente, y en 1861 mandaba Cuba á España más de cinco -millones de pesos anuales en efectivo, amén de muchas otras partidas -especiales que nada tenían que ver con los intereses de la isla, como el -déficit del presupuesto de la colonia africana de Fernando Poo, ó la -abortada reconquista de Santo Domingo, cuyos gastos se liquidaban en la -Habana[45]. - - [45] Para los datos incluídos en este párrafo y el siguiente, - véanse: _Pezuela_, Necesidades de Cuba. Madrid, 1865.--_Saco_, - Papeles sobre Cuba.--Id. Papeles póstumos, Habana, - 1881.--_Zaragoza_, Insurrecciones de Cuba. Madrid, 1872. - -Ninguna parte de las sumas producidas por la isla se invertía en -favorecer la instrucción pública. Los conventos de frailes y de monjas -eran los encargados oficiales de repartirla, y sus escuelas mal -instaladas vivían lánguidamente, sin estímulo, sin ser por nadie -vigiladas, dedicadas sobre todo á enseñar á rezar. El Ayuntamiento, sin -iniciativa, con recursos escasísimos, sin facultades ni aun en asuntos -locales, se reducía á pagar una mezquina anualidad de ocho mil pesos á -la Sección de educación de la _Sociedad Patriótica_, como se llamaba -primero, ó _Sociedad Económica_, como dispuso la suspicacia de las -autoridades que debía titularse, asociación puramente privada que, por -medio de las cuotas de sus miembros y auxilios buenamente conseguidos -entre los amigos, sostenía escuelas gratuitas y luchaba sin cesar por -extender su influencia educadora más allá del recinto de la capital. Luz -fué desde luego miembro de la Sociedad, después durante nueve años su -director, y prestó en el puesto grandes servicios á la instrucción -pública. - -Dió á luz en 1833 un libro para servir de texto en clases primarias de -lectura, con objeto de propagar el método explicativo en las escuelas, y -desterrar el absurdo sistema de forzar la memoria con perjuicio del -armónico desarrollo intelectual, de hacer á los alumnos repetir de coro -palabras y frases de cuya significación no tenían la menor idea. Al año -siguiente redactó el informe sobre la creación de un Instituto cubano ó -escuela práctica de ciencias y lenguas vivas, proyecto muy estudiado y -detallado, de que más adelante trataré, y cuya realización hubiera -llenado mucho mejor y mucho más temprano el vacío que incompletamente -ocupó la _Real Universidad Literaria_, establecida en 1842. Sucedía ésta -á la que con el nombre de _Pontificia_ había estado exclusivamente en -poder de los Frailes Predicadores, en cuyas inhábiles manos vegetaba -como institución de la Edad media en beneficio de preocupaciones -anticuadas. El instituto proyectado y descrito minuciosamente por Luz -hubiera, sin duda, sido menos literario de lo que fué la Universidad de -la Habana, organizada para formar únicamente médicos, abogados ó -farmacéuticos; hubiera adquirido muy distinta eficacia práctica y dotado -al país de ingenieros, navegantes, químicos, arquitectos, librándolo de -la triste necesidad de traerlos del extranjero, como era preciso hacer -para sus minas y ferrocarriles, para las diversas atenciones de su -agricultura y su incipiente industria. - -En seguida se encargó temporalmente de la dirección de un colegio ya -establecido[46], luego abrió clases privadas en su casa, hasta que -obtuvo autorización de profesar públicamente filosofía, é inauguró un -curso libre en el edificio del extinguido convento de San Francisco, -curso que duró hasta 1843. Estos trabajos, emprendidos por amor de la -enseñanza, no acompañados por idea alguna de lucro, pues la posición de -fortuna de su familia lo mantenía libre de ese cuidado, eran para él la -más agradable ocupación, pero le acarrearon disgustos. Publicaba -programas muy detallados de las materias filosóficas que enseñaba, con -ocasión de los exámenes públicos en que mostraba los adelantos de sus -alumnos, y originóse de esos programas una polémica ardiente en los -periódicos con futuros profesores de la Universidad, ya próxima á -establecerse, á propósito de las doctrinas del entonces celebérrimo -profesor francés Victor Cousin, sobre cuyas contradicciones y -superficialidad formulaba Luz juicio tan severo como exacto y profundo. -En otras controversias apasionadas se vió envuelto por la misma época -sobre asuntos de interés público relacionados con el primer ferrocarril -establecido en la isla por el patriotismo de sus habitantes desde 1837, -sin auxilio de la metrópoli, donde no los hubo sino en fecha posterior. -A consecuencia de tales luchas, de los desabrimientos personales que le -trajeron, de la exaltación á que á veces lo arrastraba el ardor de sus -convicciones, cayó víctima de una afección del sistema nervioso, y se -vió forzado á suspender todo trabajo y embarcarse para Europa. - - [46] Colegio de San Cristóbal, llamado habitualmente de Carraguao, - nombre del barrio en las afueras de la ciudad donde se encontraba. - -En una casa de salud de París vivía á mediados de 1844, al cuidado de un -facultativo sobrino del famoso doctor Pinel, cuando le llegó la noticia -inesperada de que un tribunal militar de la Habana lo citaba por -edictos como reo ausente de atentado contra la seguridad del estado. -Tratábase de una supuesta conspiración de negros esclavos contra sus -amos, y los fiscales inmediatamente envolvieron en el sumario á muchas -personas respetables, nacidas en el país, con objeto de hacerlas -impopulares por el horror que en todos despertaba el recuerdo de lo que -había pasado en Santo Domingo, y sin más pretexto que el considerar las -hostiles á la trata de África, que tan descarada como ilegalmente se -practicaba todavía en la isla con la sanción tácita de los gobernadores. -Sentíase Luz tan inocente de lo que se le achacaba, tan ajeno de toda -culpa, que sin vacilar determinó, no importándole las consecuencias, -volver á la Habana y responder personalmente al llamamiento; resolución -bien aventurada pero bien digna de su intrépido corazón, pues sabía -demasiado que el régimen político de la colonia no brindaba garantías de -equidad; porque la causa se instruía conforme á los duros é -inquisitoriales preceptos de la ley militar, y porque gobernaba la isla -en esa fecha más despóticamente que ninguno el general Leopoldo -O'Donnell, duque futuro de Tetuán, quizás en todo el universo el hombre -de armas que ha ostentado mayor desprecio de la legalidad, en Cuba lo -mismo que después en España, y que joven entonces, provisto de omnímodas -facultades, no obedecía siquiera al freno de la experiencia ni soportaba -la menor contrariedad. - -No conocía Luz personalmente á O'Donnell que había tomado posesión de -su destino después de su salida: en cambio era muy probable que el nuevo -procónsul estuviese fuertemente prevenido contra él, pues uno de sus -primeros actos al presidir como Capitán general una sesión de la -Sociedad Económica había sido ordenar verbal y ásperamente que la -Sociedad borrase del número de sus miembros á un inglés, antiguo cónsul -de la Gran Bretaña, David Turnbull, expulsado de la isla como -abolicionista. Y precisamente había debido ese animoso extranjero el -continuar inscrito á la intervención de Luz que, como Director, aunque -ausente á causa de sus males, había propuesto y obtenido por medio de -enérgica y elocuente comunicación que la Sociedad anulase el acuerdo de -la expulsión de Turnbull, tomado con atropello de artículos terminantes -de su reglamento. Cuantos figuraron votando contra la ilegal é -innecesaria afrenta dirigida á un hombre que ya no residía en la isla, -eran tenidos por el gobierno como partidarios, si no de la abolición de -la esclavitud, por lo menos de la supresión sincera del tráfico de -negros con África; uno y otro cargo eran igualmente decisivo indicio -para los que buscaban cómplices, directos ó indirectos, de la imaginada -conspiración. - -En Agosto estaba ya de vuelta Luz y en su casa de la Habana. No fué -llevado á la cárcel pública merced al notorio mal estado de su salud, -que debió no obstante, dejar comprobar por la visita de tres médicos -designados por el fiscal[47], y quedó arrestado en sus habitaciones. Al -cabo de un año largo de preguntas, repreguntas, confesión con cargos y -demás trámites del procedimiento criminal, se mandó reunir el Consejo de -guerra; ante él compareció Luz por medio de un militar encargado de su -defensa, al que dió como única instrucción la orden de reducirse -solamente á pronunciar las siguientes palabras: "Don José de la Luz y -Caballero libra su defensa en el mérito de los autos y la justificación -del tribunal". Así en efecto lo hizo el oficial escogido, que fué Andrés -Foxá, teniente en un cuerpo especial llamado de Voluntarios de Mérito y -miembro de una familia distinguida de poetas y literatos nacidos todos -en las Antillas. - - [47] José de la Luz Caballero, Estudio crítico, por Manuel - Sanguily. Habana, 1890. Págs. 375 y 376. - -En Octubre de 1845, á los catorce meses de vuelto á su país, se falló la -absolución libre, no de él únicamente sino de las demás personas, ó de -su amistad ó del círculo de sus relaciones, que habían sido procesadas -al mismo tiempo. Desenlace distinto por fortuna, del que tuvieron los -procesos del año anterior, de las numerosas escenas trágicas, las -sangrientas hecatombes de negros y mulatos infelices, tanto libres como -esclavos, que ordenaron y ejecutaron esas mismas comisiones militares -ante el país aterrorizado. - -Corrió Luz de todos modos el peligro de sufrir larga prisión -preventiva, lo que en su situación podía haberle costado la vida, como -sucedió á un respetable letrado amigo suyo, Martínez Serrano, fallecido -en el calabozo. Si por dicha evitó esa prueba, tuvo que soportar la -humillación de las visitas del fiscal, del miserable Pedro Salazar, -condenado más adelante á presidio por sus desmanes y desafueros, que -venía una y otra vez á tenderle lazos groseros por medio de preguntas -capciosas, dudando insolentemente de su franqueza y de su veracidad. - -Mucho mejor, por consiguiente, hubiera sido en interés de su salud -comprometida que, desdeñando la absurda acusación, hubiese permanecido -en París y no vuelto hasta que todo hubiese estado terminado. Pero un -hombre como él, de su categoría moral en el país, no podía proceder así, -aunque fuese lo más prudente ó lo más práctico; el apóstol de la verdad -y la justicia en aquella pobre tierra víctima de tanta mentira y tanta -iniquidad no debía aparecer un solo instante como si tuviese algo que -ocultar, como si huyese despavorido de sus jueces, aunque fueran éstos -injustos ó venales ó feroces conocidamente. - -Su retorno inesperado fué un servicio patriótico, que sirvió no -solamente para engrandecer su ya extendida reputación de intachable -rectitud, sino para aclarar la situación general, disipando nieblas de -propósito acumuladas por la encarnizada persecución; para fijar la -opinión pública extraviada por la perversidad de los acusadores[48]; -para facilitar en fin la defensa de inocentes que yacían todavía en las -prisiones con la garra de los fiscales siempre encima. Esa fué la -impresión general al circular la nueva de que, á pesar de sus -padecimientos, venía Luz desde Europa á ponerse enfrente de sus -acusadores. - - [48] ...fijó la opinión pública que desde su llegada absolvió á los - acusados absolviéndolo á él.--_Bachiller y Morales_, artículo - publicado en La América, Madrid, 1862. - -La imagen de ese año siniestro de 1844 se destaca en la historia de Cuba -y en la memoria de los cubanos como una gran mancha negra en el centro -de un lago de sangre. El delito, la explotada conjuración de negros y -mulatos contra blancos, si acaso tuvo alguna existencia, fué como idea -muy vaga ó proyecto sin comienzo de ejecución, mientras que la represión -fué de la más bárbara crueldad, ejecutada contra toda ley y toda razón. -Centenares de individuos perecieron, pasados unos por las armas, muertos -otros en el suplicio de azotes que se les aplicaba para forzarlos á -confesar, prueba del tormento resucitada en virtud de autorización -expresa de O'Donnell[49]. Había en la Habana, Matanzas y demás ciudades -un cierto número de mulatos libres, ricos y generalmente considerados; -casi sin excepción todos fueron encausados, algunos perdieron la vida, -ni uno solo salvó su fortuna. - - [49] Oficio del Capitán general de 6 de Mayo de 1844, cuya frase - principal se cita en la biografía de Luz, por J. I. Rodríguez, de - que se habla después. Pág. 144. - -Entre las primeras víctimas se contó el mulato conocido en literatura -bajo el nombre de _Plácido_, que se llamaba Gabriel de la Concepción -Valdés, hijo natural de una bailarina española y de un peluquero de -color. Conforme á la condición de la madre nació libre, pero su aspecto -físico lo hacía de la raza legalmente inferior, y de nada valieron para -ayudarlo á salvar esa insalvable barrera las facultades poéticas de que -estuvo dotado, el estro poderoso que á ocasiones lo eleva tan alto. -Tenía treinta y cinco años cuando lo fusilaron en la ciudad de Matanzas. - -Es coincidencia bien extraña que entre los cargos principales que se -hicieron á Luz en el proceso, de todos, el más preciso, se funde en una -alusión de _Plácido_[50] en su declaración instructiva, alusión de un -todo inexacta, de que Luz ni siquiera dignó defenderse, pues nunca -conoció personalmente á _Plácido_, y cuando él llegó á la Habana hacía -ya tiempo que el pobre vate había sido ajusticiado. Pero sobre esa -declaración, lo mismo que sobre las demás de los condenados entonces á -muerte y sobre otras actuaciones de la causa, pesa y eternamente pesará -la sospecha de ser una suplantación infame de los fiscales, que en el -secreto del sumario las tomaron y redactaron. - - [50] _Sanguily_, Estudio crítico. Pág. 226. - - -III - -Tres años más de reposo y de cuidados necesitó antes de pensar poner en -práctica sus antiguos proyectos; pero á la primer vislumbre de mejoría -se dedicó con perseverante preferencia á luchar contra las dificultades -que la hostilidad del gobierno y la apatía de sus compatriotas le -suscitaban y lograr el fin de sus anhelos: el establecimiento de un -colegio cuya dirección se reservaba, para organizarlo conforme á sus -ideas, acercarlo en lo posible al modelo filosófico que llevaba en la -mente desde mucho tiempo atrás, tal como lo había esbozado en la -proposición última del elenco de sus lecciones públicas de 1840; -"escuela de pensamientos y virtudes, no queremos filósofos expectantes -ni eruditos de argentería, sino hombres activos de entendimiento y más -activos de corazón". - -La soberbia frase de su empresa de educador, el hermoso apotegma que -condensa todo su programa: "educar no es dar carrera para vivir, sino -templar el alma para la vida", no podía realizarse enseñando en clases -más ó menos públicas, ni escribiendo libros de texto ó tratados -teóricos; era preciso crear una gran escuela, primaria y superior, de la -que no saliesen los alumnos durante la semana, y donde fuese, por tanto -posible, educarlos en el verdadero y más lato sentido de la palabra. - -Así, por fin, lo consiguió; dióle el nombre de _El Salvador_, por el -barrio de la ciudad donde estaba, aunque luego la voz pública asignó -otro origen al título y le atribuyó un sentido literal en pro del -porvenir del país, cosa en que primitivamente no se pensó. La casa, -antigua vivienda privada, se modificó para adaptarla en lo posible al -nuevo objeto, y sobresalía por la preciosa cualidad de tener detrás -jardines extensos, un vasto prado cubierto de césped, de arbustos -floridos, de frondosos árboles seculares que por diversas partes -formaban pequeños bosques, y allá en un extremo un arroyo de cauce -artificial, una zanja, que por accidente del terreno se precipitaba á -guisa de minúsculo torrente, y se ensanchaba después entre orillas -cubiertas de grupos espesos de "cañas bravas", gramíneas gigantescas -cuyas ramas, semejantes á las de ciertos sauces, tamizaban por la tarde -á la hora habitual del recreo de los alumnos los rayos del sol poniente, -y mantenían en continua y misteriosa alternativa de luz y sombra la -plácida superficie, sobre la cual se reproducían y se borraban, en -rápida sucesión, las líneas de las ramas hojosas, de los verdes y -anillados tallos, imagen poética de la vida efímera de seres y cosas -sobre la tierra. Toda esa abundancia de luz y de espacio era inestimable -allí, porque los discípulos, según el reglamento, volvían á sus casas -solamente los días de fiesta, y entraban siempre en el colegio los -domingos por la noche, hasta el sábado siguiente. - -Por desgracia había que subordinarse en cuanto á la enseñanza y -clasificación de las materias al Plan de estudios oficial, redactado en -Madrid para la Universidad única de la isla; de otro modo no hubieran -venido al colegio alumnos de más de doce años, mínimum de edad exigida -para comenzar los estudios universitarios del bachillerato en Filosofía, -paso primero é indispensable hacia las carreras liberales, esto es, -hacia la licenciatura en jurisprudencia, medicina y farmacia, únicas -abiertas en el país, no existiendo escuelas especiales de ninguna otra, -estando la política y las armas absolutamente vedadas, y no -acostumbrando la metrópoli, salvo excepciones contadas, proveer en hijos -de Cuba cargos importantes del orden judicial ó de la hacienda pública. -Ese plan de estudios que fué, sin embargo, como ya indiqué, prenda de -progreso, porque retiró de manos de los frailes de Santo Domingo el -monopolio de la enseñanza superior, dividía en cuatro cursos anuales los -estudios de filosofía, acumulando asignaturas á razón de siete ú ocho en -cada año; y cuenta que entre ellas no se incluía ni la aritmética ni la -gramática ni aun la lengua latina, porque se suponían aprendidas y bien -sabidas, antes de los doce años; ¡como tampoco las lenguas vivas, -completamente desdeñadas por el legislador, en un país donde los -negocios tendían á hacerse casi únicamente con el extranjero! Plan -insensato en todas sus partes; para acabar de juzgarlo, basta tener -presente que en sólo el primer curso exigía de niños de doce á trece -años el conocimiento cabal de todas las materias siguientes: - -Toda el álgebra y toda la geometría; bajo el título de "Introducción á -la historia natural", un curso de anatomía y fisiología elementales; un -curso de mineralogía á otra hora y con otro profesor; primer año de -física; la geografía y cronología completas; y por último toda la -historia antigua hasta la caída del Imperio romano. - -En los otros tres años era idéntico el hacinamiento de materias, y todo -ello, en el tiempo y orden dispuestos, tenía que enseñarse en el -colegio, amén de lo demás indispensable en la instrucción ordinaria de -un adolescente. Si el alumno entraba en el colegio de doce años, se -quedaba por lo común cuatro más solamente, y á los diez y seis, edad del -bachillerato, se encontraba convertido precisamente en lo que, como -decía Locke, nunca debiera llegar á ser: un pequeño pedante. Si había -sido aplicado y pundonoroso y luchado con todas sus fuerzas por -satisfacer á cuanto se le exigía, salía de ese cuarto año, como del -cuarto círculo de un infierno, debilitado, entontecido por el exceso de -trabajo mental en tan peligroso período de la existencia. - -En terreno tan desfavorable, en condiciones tan adversas, había que -trabar el combate; en él y con ellas emprendió Luz su espinoso -apostolado. - -Para triunfar hasta donde las circunstancias lo permitiesen; para -cultivar el corazón de la juventud y hacer brotar sentimientos bastantes -á compensar el influjo esterilizante del pernicioso régimen intelectual -impuesto por los programas oficiales, contaba con dos elementos -poderosos: su genio de educador por una parte, y por la otra el -prestigio de su carácter, su influencia personal, la aureola que á los -ojos de todos, grandes y pequeños, le creaba esa tan feliz combinación -de un saber extraordinario con la más ardiente y previsora caridad. En -el ejercicio del arte de la educación, lo mismo que en todas las -aplicaciones de la ciencia, el hombre superiormente dotado de las -facultades especiales, decidido á emplearlas sin tasa en su ministerio, -basta á menudo para contrapesar los errores del peor sistema, para -salvar los inconvenientes de la más escabrosa situación. - -Lo verdaderamente admirable en José de la Luz era el conjunto de sus -cualidades morales, y de ellas, por desgracia, solamente vestigios, -leves huellas, pueden quedar en la historia de su patria, ó un perfume -que necesariamente se desvanece en sus _Aforismos_, en las áridas -páginas del _Informe_ sobre el Instituto Cubano, en su correspondencia -privada, si llegara ésta á reunirse y publicarse. Los que tuvieron la -dicha de conocerlo é íntimamente tratarlo saben bien cuan irrealizable -tarea sería pintarlo y explicarlo hoy á los que en Cuba han venido al -mundo después, y con pena se dirán que la hermosa figura ha de ir -menguando y esfumándose en el horizonte de la historia cubana á medida -que van desapareciendo de la escena sus discípulos. Yo debo á la fortuna -el privilegio de haber vivido á su lado los doce años mejores de mi -existencia, de haber sido contado entre sus hijos predilectos, y para -mí Luz más que un escritor, que un filósofo, que el jefe de un gran -colegio, fué un prodigio de bondad y abnegación, un ser completo, -seductor, lleno de mansedumbre y rectitud, como acaso ningún otro he -conocido jamás. A pesar de haber estado tanto tiempo en constante -intimidad con él, viéndolo en todas las situaciones, en buena salud y -durante penosas enfermedades, en la alegría y en la tristeza, en sus -horas de satisfacción mayor, rodeado de sus hijos espirituales, en -períodos amargos cuando la ingratitud ó la injusticia disparaban contra -él saetas envenenadas, ó bien cuando la imagen dolorosa de cada uno de -los varios desastres de su vida doméstica atormentaba su corazón, jamás -sorprendí en aquel noble espíritu un instante de desaliento, un rasgo de -cólera, una palabra descompuesta, una queja de amor propio herido. - -Ante las frecuentes contradicciones entre las apariencias y la realidad -de la vida de algunos personajes célebres, se han preguntado varios si -no son muchas veces los moralistas simples actores que representan un -papel distinto, y á ocasiones hasta opuesto al que en la vida real -desempeñaron. Es lo cierto que á menudo así sucede; pero los discípulos -de Luz conservan viva siempre la memoria de un hombre de cuyos labios -brotaban los preceptos de la moral más elevada, en cuyo rostro nunca -hubo máscara ninguna, á quien nadie superó en la pureza y austeridad de -sus costumbres. - -Pronto se vió que el colegio respondía positivamente á una necesidad en -el país, y fué preciso agrandar el edificio para dar cabida á los -numerosos internos que de toda la isla acudían. La marcha general del -establecimiento quedó regulada desde el primer día conforme á las ideas -particulares del director, y con tanto acierto y seguro resultado que -hasta lo último se respetaron y conservaron sin alteración sustancial. - -Lo que había llamado método explicativo fué, por decirlo así, norma de -las clases, no sólo de lectura, donde era una necesidad, sino de toda la -enseñanza del colegio, con objeto de habituar los alumnos á darse cuenta -exacta de lo que aprendían, á no confiar nada á la memoria únicamente y -solicitar explicaciones de todo, tanto mientras duraban las clases como -á otras horas del día, para lo cual estaba siempre el director en la -casa y dispuesto á resolver las dudas y dificultades de todos. - -Traspasó al colegio su biblioteca particular muy numerosa y escogida, y -como otra de las reglas generales era exigir de los alumnos, una vez -todas las semanas, composiciones originales y breves en aquellas clases -en que la materia lo consentía, muchos acudían al director en busca de -una indicación como punto de partida, ó de libros donde estudiar más -extensamente el tema de la disertación, y él, amoldándose al grado y -carácter de la inteligencia de cada uno, los ayudaba siempre de algún -modo á salir airosamente del empeño. "El arte de escribir con -perfección debe contarse entre los privilegios del genio", había dicho -en el _Informe_ sobre el _Instituto_; es lo cierto que no se tendía en -el colegio á formar artistas de frases, pero aconsejaba siempre -adiestrarlos todo lo posible, "para hacer perder á los jóvenes aquel -horror por la composición que les hiela la mano, al empuñar la pluma". - -En cuanto al régimen interno era la costumbre emplear pocos castigos y -del carácter más anodino posible; mantener la mayor familiaridad entre -alumnos y profesores, nada de ceremonias, ningún uniforme, ningún -besamanos, cuidando siempre de avivar el afecto como más segura vía por -donde ahuyentar el menosprecio. El director era cariñosamente llamado -por todos sin excepción _Don Pepe_, nombre que desde mucho antes se le -daba por todo el país. Aplicóse también desde el principio la regla de -preparar los alumnos de más juicio y mayor edad para maestros, -confiándoles pequeñas clases de menores, formando así con ellos un grupo -intermedio entre el cuerpo de profesores y la masa de los educandos, lo -que ayudaba eficazmente á aunar y solidarizarlo todo. - -En los primeros años no vivía Luz en el edificio mismo del colegio, sino -en una casa próxima con su esposa y con su hija; mas antes de salir el -sol estaba siempre presente para recibir los alumnos al bajar de los -dormitorios y reunirlos en una pequeña capilla; ahí, todos de rodillas, -él solo de pie en el centro, recitaba una oración por él mismo -compuesta y que repetían en coro, breve acción de gracias al Señor "por -todos los beneficios dispensados durante el día anterior y -principalmente por la tranquilidad de nuestras conciencias". En ella se -intercalaban otras cosas en días fijos, como el místico soneto atribuído -entonces á Santa Teresa; "No me mueve, mi Dios, para quererte..." que se -decía siempre los viernes así como los sábados la Salve á la Virgen -María. Esta costumbre fué perdiéndose, y á medida que iba Luz por sus -males levantándose menos temprano por la mañana acabó por suprimirse. -Nunca hubo en el colegio profesor ó empleado que fuese tan religioso -como él, jamás autorizó ni con su enseñanza, ni con sus actos la entera -supresión de las prácticas de la Iglesia por sus discípulos, y es un -hecho que los numerosos alumnos del Salvador que salieron de allí tibios -ó indiferentes en materia religiosa no siguieron sus huellas. - -Las clases superiores de filosofía, es decir, de lógica, psicología y -moral estuvieron en toda época á su cargo, y cuando allá hacia el fin de -sus días no le era posible desempeñarlas, se suponían siempre en la -lista de profesores como reservadas para él, y confiadas á un interino, -cuyo nombre no se imprimía en el elenco. En sus tiempos de buena salud -daba una clase superior de lengua latina, en la cual se estudiaban -gramatical y literariamente los grandes autores, y para los ejercicios -de versión del castellano al latín traducía él mismo y dictaba trozos -de los diálogos de Luis Vives, comparaba los trabajos con el original -haciendo resaltar la elegante latinidad del famoso valenciano que mucho -admiraba. También tomó para sí al principio la clase de alemán, y por -algún tiempo otra en que, bajo el nombre de religión, explicaba historia -sagrada é interpretaba directamente del texto del Padre Scio capítulos -de la Biblia. - -Pero su verdadera cátedra era la que ocupaba una vez por semana, los -sábados, á la hora en que se suspendían los trabajos hasta el lunes -siguiente, y desde ella improvisaba durante veinticinco ó treinta -minutos un sermón laico, tomando por lo general como punto de partida -algunos versículos de los Evangelios, con mayor frecuencia de las -epístolas de San Pablo. Era siempre una sencilla y vigorosa lección de -moral práctica al alcance de todos, pero á veces arrebatado por súbita -inspiración se elevaba agrande altura, irguiéndose lleno de energía, -agitando sus largos brazos con el libro abierto en una mano, alzando la -voz que era de un timbre grave y varonil; y sacudiendo la atmósfera -moral de aquel recinto, de tal manera que hombres y niños, pues muchos -de los empleados se agolpaban á las puertas del salón, creían sentir -pasar sobre sus cabezas algo sobrenatural, algo como una voz potente y -vibrante de profeta anunciando, adivinando un misterioso porvenir. - -Mientras vivió el fundador, continuó la casa, como he dicho, bajo su -dirección inmediata: ésta duró unos catorce años, después continuó -abierta cerca de ocho más con José María Zayas, su colaborador, al -frente, hasta zozobrar por último en la tormenta política producida por -la insurrección de 1868. Son las tres fechas capitales de su historia; -la fundación en 1848, la muerte de Luz en 1862 y la supresión en 1869. -Aparte de esto hubo otros graves momentos, otras crisis peligrosas que -amenazaron su existencia. - -En 1850 perdió Luz á Luisa, su única hija, de diez y seis años de edad, -cuya inteligencia y cuyo corazón había él educado y cultivado con -amoroso esmero, y cuya sonrisa embellecía su vida de abnegación, -austeridad y sacrificios. Muchos temieron que fuese el golpe demasiado -rudo para aquella organización depauperada por los padecimientos, y en -los primeros días se le vió en efecto, sumido en invencible melancolía; -pero de esta clase de dolores suele la voluntad, á costa de vigoroso -esfuerzo, lograr señorío completo, cuando el paciente sabe imponerse -algún gran deber, ó descubrir algún sendero oculto y escarpado que -recorrer en bien de sus semejantes. Así fué, y pronto reanudó sus tareas -del colegio, volviendo á hacer todo lo que antes hacía, con el mismo -afectuoso interés, sin aludir en ningún caso á la hija perdida, sin -pronunciar una palabra que pudiera autorizar á nadie para dirigirle -frases vulgares de consuelo ó simpatía. Algunas veces el que lo mirase -con atención, cuando escuchaba de pie en el umbral de un cuarto de -clase la lección de un niño ó la explicación de un profesor, podía -adivinar la presencia constante de la imagen adorada, porque algo de -súbito empañaba sus ojos, como si una nube pasara oscureciendo el fulgor -de sus pupilas; pero "el espartano", como él mismo se llamaba, el herido -espartano continuaba siempre dueño de sí mismo, sin ceder á la debilidad -de buscaren lamentos inútiles alivio á su dolor. Todos, como obedeciendo -á una consigna, se abstenían con sumo cuidado de la más leve alusión al -triste suceso. Por esa razón ocho años después, en el discurso con que -terminaban siempre los exámenes de fin de año, y que esa vez compuso y -leyó en su nombre Antonio Angulo, el discípulo querido, causó en todos -la mayor sorpresa oirle decir que por su conexión con el colegio tenía -la dicha de mantener vivos en su corazón los dulces y puros sentimientos -de la paternidad, ventura de que parecía _haberme privado para siempre -un terrible é inescrutable decreto del Eterno_. Fué tan profunda la -emoción entre alumnos, profesores y amigos allí presentes, á causa del -inquebrantable silencio guardado tanto tiempo, que pareció la alusión en -el primer instante un rasgo de excesiva audacia del discípulo, y apenas -osaban volver la vista hacia el maestro, por miedo de ver su rostro -surcado de lágrimas imprudentemente arrancadas en presencia de tan -numeroso público. - -En 1852 sobrevino una nueva invasión del mismo morbo asiático, que -arrebató dos años antes á la hija de Luz, penetrando esta vez en el -colegio y llevándose en pocas horas uno de los pupilos. Fué preciso -cerrar la casa temporalmente. Durante esta suspensión estableció José -María Zayas en otro lugar de la ciudad y por su sola cuenta un nuevo -colegio, que denominó _Colegio Cubano_ y puso en duda peligrosa la -reapertura del Salvador, porque la voz pública, sin razón especial, pues -la epidemia había diezmado por igual toda la ciudad, tachaba de -insalubre el barrio del Cerro, y porque gozaba Zayas del prestigio de -haber sido principal colaborador de Luz. Recibió éste el golpe con su -ecuanimidad genial, y sin formular, en voz alta por lo menos, queja -alguna de tan inesperada competencia, abrió las puertas del colegio, una -vez desaparecida la epidemia, y reanudó las tareas, aumentando la carga -sobre sus hombros y encargándose por algún tiempo de nuevas clases, -entre las que resultaban vacantes por la retirada de Zayas, sus dos -distinguidos hermanos, Juan Bruno y Francisco, y algún otro profesor. - -Aunque el nuevo colegio de Zayas no debía vivir mucho tiempo, era -evidente que, dados los rumores persistentes sobre la insalubridad del -barrio del Cerro, sería imprudente seguir con el _Salvador_ donde -estaba, luchando sin seguridad de triunfo contra arraigada preocupación. -No quedó por último más recurso que trasladarlo al centro de la ciudad, -y abandonó Luz, bien á su pesar, el viejo edificio, que aun irregular y -agrandado á pedazos, compensaba muchos inconvenientes con sus arbolados -y su frescura. - -Los cinco años que permaneció el colegio en el interior de la capital, -en una casa no pequeña pero encajada en un montón de otras y sin la -abundancia de luz y aire á que se estaba acostumbrado, parecieron á -todos largo y penoso cautiverio. En ese período perdió Luz su anciana -madre, á cuyo lado había vuelto en busca de cariñoso abrigo, y determinó -entonces no salir más del establecimiento ni de noche ni de día, -resuelto á no contar con más familia en lo adelante que sus discípulos, -sus hijos espirituales, para usar la frase con que á ellos se refiere en -su testamento. - -El cautiverio duró hasta mediar el año de 1859; disipadas las -preocupaciones del público volvió el Salvador al mismo Cerro, aunque no -á casa tan amplia ni á terreno tan vasto como antes. Pero la salud de -Luz decaía visiblemente, el orden interior del establecimiento sufría -por falta de una mano experta que llevase las riendas y evitase al -director descender á multitud de pormenores. Temiendo, pues, que la -acción recrudecida de sus antiguos padecimientos lo debilitase -demasiado, aceptó de los compatriotas distinguidos que lo habían ayudado -pecuniariamente en la traslación al Cerro la proposición de confiar -nuevamente la vicedirección á J. M. Zayas, que con tan buen éxito la -había desempeñado al principio y se manifestaba ahora pronto á -continuarla. Asentir no le costó ningún esfuerzo, porque lo pasado -apenas había dejado vestigios en su memoria, y siempre había apreciado -en Zayas uno de los mejores discípulos del colegio primero que dirigió á -su vuelta de Europa. Causóle en seguida verdadera satisfacción observar -que, en cuanto á carácter, el que volvía á su lado era casi un José -María Zayas distinto del de antes, como domado por la edad, suavizado -por la influencia de la familia, la esposa y los hijos que ahora le -acompañaban. - -Desde esa fecha todo siguió su marcha sin otro grave tropiezo: la hábil -organización bastó para resistir los efectos del inmenso vacío que dejó -la desaparición del fundador en 1862, continuando el colegio abierto y -con idéntico crédito hasta la orden gubernativa de la clausura en 1869. - -No mucho pudo hacer Luz en él durante sus últimos tres años. Ya no -desempeñaba ninguna clase, accesos frecuentes aumentaban su debilidad y -acercaban el triste desenlace, pero con la fisonomía llena de expresión, -la voz entera y los ojos brillantemente húmedos como siempre, la -delgadez de los miembros y la inclinación de las espaldas revelaban -solas su constante decaimiento. No podía ya escribir, á menudo ni -siquiera leer, mas la curiosidad con que seguía los vaivenes de la -política en el mundo no se extinguía, ni tampoco su interés por cuanto -en ciencias ó en letras se publicaba de notable; varios de sus -discípulos antiguos se encargaban de ir dándole cuenta de lo más -importante, y era un encanto oirlo disertar elocuentemente sobre los -más variados asuntos, juzgar seguramente, por los datos que se le -suministraban, autores y libros, en el lenguaje familiar, expresivo, que -le era habitual y producía tanta impresión. - -Recibía siempre las grandes revistas inglesas, se hacía leer sobre todo -la _Westminster Review_, muy atento al movimiento filosófico en la -patria de Locke, siguiendo con intensa curiosidad el desarrollo y final -engrandecimiento de la escuela que parte del ilustre autor del "Ensayo -sobre el entendimiento humano", continúa con Hume, Bentham, Stuart Mill, -y comenzaba en aquellos mismos momentos á descubrir los nuevos y -dilatados horizontes en que debían brillar como astros rutilantes el -libro de Darwin sobre el origen de las especies y la vasta -generalización de Herbert Spencer. No es decir por de contado que -adivinase Luz las grandes y fecundas consecuencias de lo que no hacía -más que apuntarse; ni que las mágicas fórmulas: evolución, selección -natural, supervivencia del mejor, penetrasen en sus oídos revelándole -desde luego el secreto de todo lo que contenían. Era él y lo fué hasta -el fin, sensualista convencido, "positivista" sólo en el sentido en que -puede también decirse de John Locke, aunque la innata tendencia mística -había ido pronunciándose más y más en su espíritu, por la influencia de -las penas físicas, de los infortunios, de la fatiga del que ha luchado -en terreno donde todo le ha sido hostil, hombres, cosas, elementos. -Pero su alma de investigador sincero, de amante fiel y ardoroso de la -verdad filosófica, alimentaba en su pecho eterna simpatía por cuantos -buscaban, cualquiera que fuese el rumbo, la solución de los antiguos y -espinosos problemas, que él también se había planteado y tratado de -resolver con sus propios recursos. - -Su adhesión á la escuela experimental era tan firme, tenía raíces tan -hondas que ni siquiera las había sacudido el estudio á que, con -entusiasta curiosidad, se había consagrado de los filósofos alemanes, -leyéndolos asiduamente, meditando largamente sus profundos sistemas, -para lo cual le era de preciosa utilidad el conocimiento perfecto que de -la lengua llegó á poseer, como rara vez lo obtienen extranjeros de raza -latina cuando no han sido educados allí mismo. Ni aun el ilustre Kant, -que tan excepcional posición ocupa en el desarrollo del pensamiento -filosófico moderno, logró conquistarlo enteramente, bien que lo -reconocía en cierto modo como el continuador de Locke[51]. Una de las -veces que lo cita, en el curso de sus polémicas, no olvida añadir: "¡y -cuidado que yo no soy ningún partidario suyo!" En otra ocasión de la -misma controversia sobre el escepticismo había dicho: "Ocioso es -recordar que no pertenezco á la escuela de Schelling"[52]. - - [51] Obras de don José de la Luz, tomo II, pag. 131. - - [52] Ibid. Pág. 124. - -Con la mayor atención estudió tanto á Kant y Schelling como á Fichte y á -Hegel; por él tuvo la juventud cubana alguna idea de las originales y -atrevidas teorías de esos sublimes idealistas, pero siempre acompañada -en sus lecciones de todos los correctivos necesarios para evitar el -abismo en que forzosamente caen cuantos, abandonando el camino lento y -seguro de la experiencia, confían orgullosamente á la imaginación la -tarea de descubrir é iluminar con su fumosa antorcha senderos -diferentes. - -"Nadie mejor que yo" dijo en otro lugar "podía á mansalva haber recogido -mies abundante de Alemania, y aun haberme dado importancia con -introducir en el país el idealismo de esa nación á quien idolatro; pero -he considerado en conciencia, á pesar de haberme tomado el trabajo de -estudiarlo, que podía más bien dañar que beneficiar á nuestro -suelo"[53]. - - [53] Luz, Obras. Tomo II, pag. 288. Rodríguez inserta el mismo - párrafo con ligeras diferencias. En ese mismo artículo, de 1º de - Mayo de 1840, refiriéndose á los idealistas alemanes, agrega Luz - estas palabras curiosas: "¡Ojalá que esos hombres extraordinarios, - honra de su país y de su siglo, á quienes sobran conocimientos, - tuvieran todos un poco más de la ingenuidad y candor que no falta á - su inferiorísimo _Filolezes_!"--Filolezes fué el seudónimo usado - por Luz en toda la polémica, así como en el folleto contra las - doctrinas de Victor Cousin. - -Incomprensible sería que quien se expresaba de ese modo, en tan reposado -y convencido tono; quien había resistido á la seducción de esos grandes -metafísicos, leídos en su lengua y estudiados en el momento de su -brillante novedad, acabara por dejarse caer en brazos de otro filósofo -alemán de cuantía mucho menor, Krause, en realidad un pigmeo al lado de -Hegel ó de Schelling, creador de un sistema que es una especie de -eclecticismo, pues reúne bajo la enseña de "la armonía" multitud de -cosas diferentes, traídas de aquí y allá, á las que por su cuenta poco -agrega de valor trascendental. Sin embargo, una y otra vez, en Cuba y -fuera de Cuba, se le ha contado entre los seguidores de ese filósofo; un -crítico español contemporáneo, Menéndez y Pelayo, después de leer la -biografía escrita por J. I. Rodríguez afirma que "no yerran los que -quieren emparentarlo con los krausistas y con Sanz del Río"; y el -malogrado Antonio Angulo y Heredia, el discípulo en quien fundó Luz -tantas esperanzas, dijo en una conferencia del Ateneo de Madrid que -había mirado Luz "con singular predilección ese gran sistema de divina -consoladora armonía creado por el inmortal espíritu de Krause"[54]. - - [54] Goethe y Schiller. Lecciones en el Ateneo de Madrid por D. - _Antonio Angulo y Heredia_. Madrid, 1863. - -No hay una línea en los escritos impresos de Luz ni se recuerda frase -alguna de sus discursos improvisados en el colegio, que justifique ni -aun vagamente esa extraña predilección. Angulo mismo en un folleto -publicado posteriormente atenuó mucho la fuerza de sus palabras -agregando que sólo había querido apuntar que tuvieron Luz y Krause -algunas ideas parecidas[55]. - - [55] El Pensamiento Español y la Instrucción Pública en Cuba. - Madrid, 1863. - -En materias puramente literarias no alcanzaba Luz el mismo alto nivel -que en filosofía ó en ciencia pedagógica, como lo revelan el andar lento -y sólido, el estilo sin adornos del Informe sobre educación y la forma -rigurosamente dialéctica de que poco se aparta en las polémicas. -Solamente en los aforismos descubre á veces algún empeño de perfeccionar -y variar su estilo, y ahí mismo en pos del vigor más bien que de la -belleza de la expresión. Por tendencia natural de su espíritu buscaba -antes que todo en las obras de arte el carácter moral, el interés -humanitario, la aplicación práctica, directa, á las necesidades de la -civilización universal; otras manifestaciones de poesía más pura ó más -elevada, ajenas á toda idea de utilidad social lo mismo que á todo -optimismo convencional, despertaban menos su simpatía. Así, por ejemplo, -prefería á Lessing entre los escritores alemanes, no se cansaba de -admirar y recomendar el hermoso poema dramático "Nathan el sabio" como -insuperable dechado de generosidad y nobleza de sentimientos elocuentes. -No es decir que fuese insensible á la gran poesía; en la pared de su -gabinete particular había lugar para un solo cuadro, y lo llenaba un -magnífico retrato del autor de _Fausto_ grabado sobre acero. - -A ningún poeta moderno ha dirigido alabanzas tan calurosas y cordiales -como á Alejandro Manzoni, hasta tocar en alguna de ellas el límite -último de la hipérbole. De la oda célebre á la muerte de Napoleón, _Il -Cinque Maggio_, dice que "fué dictada por Dios", que con ella "quedaron -vencidas y superadas todas las inspiraciones"[56]. Estos elogios, que -deben parecer excesivos aun á admiradores de esa magnífica composición, -nacieron de la vivísima simpatía que sintió tanto por el hombre como por -el poeta, "el alma más pura", agrega, "de cuantas han respirado el aire -de las letras en el siglo XIX, una de las más eminentemente religiosas -que en el mundo fueron y más llenas de amor patrio". Encima del artista, -encima del poeta, colocaba al creyente, al patriota, al sincero y -piadoso apologista de la religión cristiana; ensalzaba al católico -entusiasta y convencido, por razones idénticas á las que motivaban sus -aplausos al juicioso y tolerante Lessing. - - [56] Obras, tomo I, pag. 93. - -Esas frases hiperbólicas son una opinión juvenil, el eco de una primera -impresión, de un primer arranque de admiración. No mucho menor fué entre -otros el efecto de la oda desde el momento de su aparición; pruébalo el -sinnúmero de traducciones que se han hecho, la prontitud con que se -sirvió de ella Lamartine para tomarle lo mejor que hay en una de sus -_Meditaciones_, titulada _Bonaparte_, que con tan robustos versos -parafraseó la Avellaneda. Hoy, sin embargo, sería difícil sostener que -_Il cinque Maggio_, sea la mejor de las siete ú ocho obras maestras que -en el género lírico, incluyendo los tres coros de sus dos dramas, nos ha -dejado Manzoni; éste mismo, según cuenta César Cantú, su biógrafo y -amigo[57], la estimaba en poco, la llamaba jocosamente _quella -corbelleria_, y para explicar los defectos que le reconocía, recordaba -que era la única de sus poesías compuesta en menos de tres días. Otra -oda hay, parecida en el metro y corte de las estrofas, idéntica en -estilo y precisión de lenguaje poético, _La Pentecoste_, escrita un año -después, que con mejor tino crítico ponía Luz en altísimo lugar y -frecuentemente recitaba, en especial la bella imagen de la palabra de -los Apóstoles después de la bajada del Espíritu santo, comparada con la -luz que envuelve los objetos y suscita los diferentes colores, en la -estrofa que sublimemente termina así: - - L'Arabo, il Parto, il Siro - In suo sermón l'udi. - - [57] Alessandro Manzoni, Reminiscenze di _Cesare Cantù_, Milano, - 1855. - -Su amor al poeta favorito era tan grande que, á pesar de admirar y leer -mucho á Cervantes, de quien decía que era "el verdadero rey de España", -"el escritor más original que ha existido", ponía inmediatamente al lado -del Don Quijote la preciosa novela _I promessi sposi_, que releía á -pedazos muy á menudo y de la que citaba á cada paso frases y palabras. -_Don Abbondio_, el cura de la pequeña aldea lombarda, era para él, igual -que para Gioberti en su "Ensayo sobre lo bello", un personaje tan -animado, tan magistral y eternamente creado como el Sancho Panza -inmortal del humorista español. Nunca probablemente se detuvo á -considerar que con todas sus innegables excelencias produce en gran -parte el novelista milanés la impresión de haber escrito un libro de -propaganda, medio histórico y medio religioso, no tan interesante como -las buenas novelas de Walter Scott, su verdadero modelo, y de propósito -concebido con el primordial objeto de enaltecer la moral de la iglesia, -ya antes defendida por él con tanto calor como saber en una extensa -refutación de ciertos pasajes de la historia de Italia de Sismondi. Las -figuras trazadas con mayor esmero, Fra Cristoforo, Federigo Borromeo, -las escenas más vívidamente reproducidas, como el bello y largo final en -el lazareto, dejan la obra un poco lejos del arte más desinteresado, más -humano y generoso á que pertenece el Don Quijote. Pero á consideraciones -de este género habría, es muy probable, respondido Luz que no entibiaban -su admiración, pues en su poética no entraba esa distinción para -imponerla á obras de arte y aquilatar sus méritos. - -En los últimos años llegó á ser el colegio, en virtud de la creciente -nombradía del director, como un lugar de peregrinación: deseaban con -frecuencia conocerlo algunos de los extranjeros que pasaban durante el -invierno por la ciudad, muchos cubanos de otras partes de la isla venían -á menudo con sus familias, con hijos á veces todavía en la primera -infancia, alumnos futuros, pidiéndole, como Franklin á Voltaire para su -nieto, que posase la mano sobre sus cabezas en señal de bendición. - -Entre los extranjeros vino un día la distinguida poetisa Julia Ward, -esposa del célebre filántropo de Boston Samuel Howe, y en la historia de -su viaje impresa poco después en Nueva York habla ella de Luz con tan -fervoroso aprecio como pudiera haberlo hecho el cubano más -reverente[58]. Esa visita dejó en Luz imborrable recuerdo, porque con -Julia Ward tuvo el honor de conocer á un hombre excepcional, Teodoro -Parker, uno de los grandes apóstoles de la abolición de la esclavitud en -los Estados Unidos, quien herido ya de muerte por la enfermedad que -debía arrebatarlo al mundo en el año siguiente de 1860, viajaba en busca -de cielo más propicio que el de la Nueva Inglaterra. El nombre del -ilustre abolicionista sólo en voz muy baja podía ser pronunciado -entonces en Cuba por temor de excitar la cólera fácilmente excitable de -los dueños de esclavos; Luz que con ansia lo aguardaba estrechó con -júbilo la mano del intrépido reformador que, con la palabra, con la -pluma, con esfuerzo personal incesante de más de veinte años, había -logrado despertar la patria de vergonzoso letargo y precipitar la hora -de la justicia y la redención. Cuando los estados esclavistas se -confederaron y declararon la guerra al gobierno de los Estados Unidos en -1861, ya el pobre Parker había expirado en Italia, cuyo clima menos -ardiente que el de Cuba tampoco pudo atajar el mal devorador. Más de una -vez pensaría Luz en el modesto túmulo del cementerio protestante de -Florencia, donde yacía el apóstol, para deplorar que no hubiese vivido -siquiera un año más, que no hubiese visto abrirse la crisis final, -consumación de la obra á que se había consagrado y en que había gastado -todas las potencias de su ser. - - [58] A Trip to Cuba by Mrs. _Julia Ward Howe_. New York, 1860. - -Luz también debía morir antes de ver definida la marcha de la guerra -civil americana, antes de que el triunfo de la Unión y de la -emancipación de los esclavos apareciese como seguro, cual lo anhelaba y -tal como durante las primeras inciertas y confusas campañas militares -apenas parecía lícito esperarlo. A veces, acongojado por el temor de la -posible separación, buscaba consuelo pensando que siempre quedarían dos -naciones republicanas de vastísima extensión, que por lo menos la -libertad política no sufriría menoscabo esencial y que la redención de -la raza esclava vendría siempre por la acción del tiempo: ilusiones que -se forjaba para atenuar la gravedad del desastre, si lograban vencer los -estados confederados y crear una nación con la esclavitud inscrita por -base del pacto social. - -Todas sus simpatías iban hacia el norte de los Estados Unidos, hacia las -ideas y formas de la Nueva Inglaterra, hacia las dos escuelas literarias -que allí florecían en torno de Emerson y de Prescott. Emerson -particularmente era uno de sus autores más amados. La forma sentenciosa, -el idealismo superior, y hasta la osadía aventurada de imágenes en prosa -que distinguen al autor de tantos admirables "ensayos", de los -incomparables retratos ó croquis biográficos titulados "Hombres -representativos", eran cualidades como de propósito reunidas para -entusiasmarlo, pues se conformaban á maravilla con sus ideas, con su -manera de pensar y de escribir. ¡Qué hombre, qué frase, qué imagen! -exclamaba recordando las palabras de Emerson sobre Webster, después de -la capitulación en que el gran tribuno sacrificó en favor de los -adalides esclavistas las opiniones de toda su vida: "Cada gota de la -sangre de sus venas tiene ojos que miran hacia abajo". - -Sus opiniones respecto del porvenir político de Cuba nunca variaron; -creía que, mientras existiese en la isla la esclavitud, era locura -pensar que por la fuerza pudiera sacudirse el yugo de España, que las -sangrientas tentativas de lucha por la anexión á los Estados Unidos eran -movimientos meramente superficiales, sin honda correspondencia en el -país, y que el deber de un hombre en su posición era preparar las -nuevas generaciones para las rudas faenas que más adelante forzosamente -vendrían, acostumbrándolas á la tolerancia, á la fe en el esfuerzo -individual, á la laboriosidad paciente, al hábito de manejarse y -gobernarse por sí solos en los negocios ordinarios de la vida, -inspirándoles invencible repugnancia á toda forma de servidumbre, -material, moral ó intelectual. Mientras tanto daba el ejemplo de la -dignidad silenciosa y virilmente resignada, absteniéndose de relaciones -directas con las autoridades superiores de la colonia y respetando -escrupulosamente las leyes y reglamentos. Así, aunque era cierto que -desde las esferas del gobierno no se miraba su colegio con ojos -favorables, nada podían legalmente hacer contra él, pues mostraba en los -exámenes públicos todos los años, siempre presididos por algún -representante oficial, que allí no se enseñaba cosa alguna que tendiese -á subvertir el orden existente. Cuando venían los agentes de policía á -pedir "de orden superior" que el colegio figurase en alguna lista de -suscripción con fines políticos, como la guerra de Marruecos en 1860 ú -otro suceso por el estilo, siempre contribuía, agregando á veces en voz -baja: "doy al César lo que es del César". Sólo en una ocasión resistió -indignado. Tratábase de regalar, por suscripción bautizada de popular, -una espada de honor al general O'Donnell por sus triunfos en esa misma -campaña contra los moros que le valieron el título de duque de Tetuán. -Con la frente roja de emoción respondió Luz al empleado de policía: que -había ya contribuído como era su deber á los gastos de la guerra, pero -que ahora rehusaba, pues se trataba de glorificar á alguien de quien -tenía graves y particulares motivos para sentirse personalmente -agraviado. Aquella alma dulce y blanda, que todo lo condonaba y -olvidaba, no podía perdonar los desafueros inexpiables de O'Donnell en -Cuba, sátrapa feroz entre los feroces. - -Discípulos y colaboradores se comunicaban día tras día la pena que les -causaba verlo ir decayendo constantemente, y todos veían ya muy claro -que el noble maestro no llegaría á edad muy avanzada. En los últimos -tiempos no atendía al colegio con la asiduidad y consagración -primitivas; á menudo se sentía incapaz de salir de su aposento, y en -balde lo buscaban sus alumnos para contarle sus cuitas, comunicarle sus -dudas ó pedirle su protección. El cuerpo se rendía, pero la inteligencia -persistía incólume, no desmayaba su actividad y pedía siempre con -interés noticias literarias y políticas. Uno de los profesores le leyó -las líneas elocuentes que sirven de prólogo á _Los Miserables_, cuya -primera parte era lo único llegado á la Habana, mientras él vivía; -conmovido por las frases vigorosas en que anuncia el poeta el propósito -generoso y compasivo de su obra, decía con tristeza que sentiría morirse -antes de ver terminada la publicación. Y así sucedió, la empobrecida -constitución cesó de funcionar, sin enfermedad bien determinada, por -fatiga natural de los órganos, murió tranquilamente el 22 de Junio de -1862, pocos días antes de cumplir sesenta y dos años. - -Los funerales tuvieron lugar en la tarde del día siguiente, y no -obstante lo que en contrario se ha escrito[59], es notorio que fueron un -acto de recogimiento silencioso, de tristeza sincera y profunda, sin -mezcla de ningún otro sentimiento. Como en virtud de las leyes severas -que regían no era permitido pronunciar discursos en el cementerio, -solamente en la sala del colegio, antes de sacar en hombros el cadáver, -en presencia de un número reducido de personas, hablaron brevemente -algunos compatriotas distinguidos, en representación de la Universidad, -de la Academia de ciencias, del colegio _El Salvador_, todos en el tono -más grave y solemne, rigurosamente ajustado á la seriedad imponente de -la ocasión. Un gran concurso de gente acompañó después á pie el cadáver -hasta el camposanto, sin que se profiriese un grito ó se hiciese cosa -alguna distinta de lo que se solía en los entierros; la diferencia -únicamente consistió en el número extraordinario de los presentes y en -el no fingido dolor que á todos afectaba[60]. - - [59] En la Historia de los Heterodoxos españoles por D. _Marcelino - Menéndez_ y _Pelayo_ se dice: "El entierro de Don Pepe (así le - llamaban cariñosamente sus innumerables discípulos) fué una - verdadera algarada contra España, malamente consentida por el - Capitán General y uno de los más temerosos amagos de la - insurrección de 1868." (Tomo III, pag. 716, nota.) Imposible - imaginar nada más contrario á la verdad de lo ocurrido. No hubo en - el entierro ni una palabra, ni un gesto contra España; todos al - contrario estaban ese día agradecidos al gobierno del general - Serrano por los honores dispensados al cadáver. - - El cambio de política de Serrano ocurrió algunos días después, - motivado al parecer por una poesía de J. Fornaris, publicada en un - periódico el 29 de Junio, por lo que se suprimió el periódico, se - amonestó al Censor y se tomaron otras medidas coercitivas. La - composición de Fornaris, que puede leerse en la biografía de Luz - por Rodríguez, no justifica tanta cólera. - - [60] No me encontraba yo en la Habana, viajaba por Inglaterra en - esos momentos. Al volver, hallé que el maestro me había recordado - en sus últimos días, dejándome una cantidad en su testamento para - que hiciese un viaje por Italia "como complemento de mi educación". - El legado nunca fué por mí reclamado, más que satisfecho con el - honor del recuerdo. - -Cuando en la mañana de ese día fatal cundió por la ciudad la noticia de -que había fallecido el sabio y santo "maestro de la juventud cubana", -prodújose emoción tan intensa que á los oídos y la vista de todos, hijos -de Cuba lo mismo que españoles y extranjeros, se reveló cuan inmenso era -el lugar ocupado en el corazón del país por el débil y modesto anciano -que en ese momento desaparecía, tocando apenas los umbrales de la -ancianidad, después de haber vivido sin más hogar ni más familia que el -grupo de alumnos y profesores de un instituto privado de educación, casi -del todo sin necesidades, como un anacoreta, más estrictamente que -ninguno sometido á las reglas austeras de la casa, durmiendo en un catre -abierto todas la noches, entre dos estantes, en un rincón del aposento -donde se apiñaban los volúmenes de su rica biblioteca. - -Para algunos de los jefes superiores de la administración de la isla, -empleados venidos de España á formar la burocracia militar y civil que -la regía, y que frecuentemente se sucedían unos á otros traídos ó -llevados por los vaivenes de la política, fué signo ominoso aquel duelo -universal, causado por la muerte de un hombre sin carácter oficial. -Vieron con no disfrazada hostilidad que el Capitán general de la -colonia, Don Francisco Serrano, futuro duque de la Torre, en quien -residían las facultades de omnímodo dictador, que delegaba la metrópoli -á sus procónsules de América, influído por algunos hijos del país entre -sus amigos particulares, había dispuesto que el gobierno se asociase al -sentimiento unánime del país, reconociendo los méritos eminentes del -difunto educador por medio de ciertos honores, como invitar al entierro -varias corporaciones oficiales, y cerrar durante tres días los -Institutos de educación. Alarmados con tan desusado proceder, pidieron -al voluble Capitán general que resarciese al menos el daño ya causado, -ordenando que en el acto cesase toda manifestación pública en memoria de -Luz, que volviese el país á su quietud y silencio habituales, y ni se -pusiesen en letra de molde ni se pronunciasen públicamente las sílabas -de su nombre y apellido. La orden era susceptible de inmediata y -completa ejecución, merced al régimen de censura previa é irresponsable -á que estaba allí sometida la imprenta; y desde aquel mismo momento el -que hubiese juzgado solamente por apariencias podía haber pensado con -asombro que el eterno olvido envolvía ya en su propia patria la memoria -del hombre eminente, que había consagrado su fortuna, su posición -independiente, su saber, su prestigio como el primer literato del país, -á la tarea oscura de educar niños, de templarles el alma, como decía, -para sostener la ardua lucha de la vida. - -Unicamente dentro del recinto del hogar doméstico, era lícito recordarlo -y encomiarlo sin provocar las iras de la autoridad. Por fortuna -continuaba siempre abierto el Colegio, sus lecciones se conservaban -escrupulosamente por un grupo de discípulos fieles, y todos los años, en -una noche del mes de Diciembre, al terminar los exámenes generales que -el instituto celebraba para satisfacción de las familias, era costumbre -que el director y algunos de los profesores evocasen, en discursos -esmeradamente preparados, la memoria del gran educador, cuya gloria, -inmarcesible en aquella casa, era el lazo que á todos estrechaba. Esos -discursos, reverentes y cariñosos, animados por honda, intensa gratitud, -escuchados con ávido interés, con fe vivísima, producían, en virtud del -entusiasmo con que eran acogidos, efecto mucho más grande de lo que -podían imaginar los mismos oradores, y á veces á más de uno pareció que -la sombra querida del maestro surgía inopinadamente, y pasando al -través de la puerta de cristales de la biblioteca misma en que había -estado expuesto su cadáver, venía á colocarse en el centro del grupo -compacto de sus discípulos, tomaba la palabra, como en tantas ocasiones -idénticas, y pronunciaba una de aquellas oraciones admirables, que aun -los más jóvenes alumnos entendían, gracias á la exquisita naturalidad de -su lenguaje sin aliño, y que hacía vibrar al unísono todos los -corazones, arrebatados por el raudal de amorosos sentimientos en medio -del cual brotaban sus frases apasionadas. - -Ese ardiente y puro entusiasmo que, durante unas horas, todos los años, -en esa sala del colegio del Salvador, arrebataba á unos cuantos -centenares de cubanos, transformaba, por así decirlo, la fiesta privada -en ceremonia patriótica de importancia trascendental; convertía la -tranquila casa de educación en templo solitario donde, siquiera una vez, -de año en año, se rendía homenaje á la virtud desinteresada, á la -verdad, á la justicia, que todo eso simbolizaba el nombre de Luz; donde -se protestaba, indirecta pero eficazmente, contra las iniquidades de -aquella sociedad esterilizada por el mercantilismo, corrompida por la -úlcera de la esclavitud doméstica, humillada por la férrea mano que la -doblaba y explotaba. Pero de todos modos la protesta, aunque nada más -que murmurada, en un rincón de la ciudad, por unas cuantas familias y -unos pocos fieles discípulos, tenía que llegar á los oídos de la -autoridad como un desacato, é influyó sin duda en el Gobierno, cuando -en 1869 suspendió al colegio la autorización de la enseñanza secundaria, -para forzarlo á cerrar sus puertas, como en efecto tuvo que hacerlo. - -Mas ya en esa fecha las cosas habían sufrido en la isla cambio profundo. -El movimiento revolucionario iniciado en 1868, pronto se había -extendido, repercutiendo en la Habana como formidable y misteriosa -perturbación subterránea, pues el gobierno ocultaba ó alteraba las -noticias. Cuando con certeza se supo que la insurrección propagada por -todo el Camagüey corría hacia las Villas, varios de los profesores -abandonaron la capital para incorporarse á las filas revolucionarias, -otros emigraron al extranjero, y desorganizado el colegio de esa manera, -puede decirse que el decreto hostil no hizo más que apresurar el -inevitable desenlace. - -Horas amarguísimas habría tenido Luz que pasar si le hubiese tocado en -suerte la misma cifra de años que á otros compañeros de su juventud, -hasta ser testigo de las escenas terribles en que finalmente se -disiparía el hermoso sueño de gloria y de fortuna que había imaginado -para todos y cada uno de sus discípulos. Para él la muerte temprana fué -también, como para Agrícola, según las palabras de Tácito, favor que lo -libró de mayor desgracia: _ita festinatæ mortis grande solatium_. - -De esa manera evitó al menos, ser testigo de la dispersión y clausura -del colegio; la guerra desencadenada con todo el refinamiento de -crueldades de las contiendas civiles; el país aterrado; las nuevas de -tantas hecatombes en los campos de batalla, el eco de tantas descargas -asesinas en la ciudad; tantos alumnos y profesores del colegio, Luis -Ayestarán, Zenea, Honorato Castillo, los estudiantes del primer año de -medicina, otros muchos, bárbaramente condenados y sacrificados. La -muerte fué esta vez también consuelo piadoso de la fortuna. - - -IV - -Designó Luz en su testamento las personas á quienes debían ser -entregados sus manuscritos, para que hiciesen, con ellos y los demás de -sus trabajos sueltos y ya impresos que considerasen merecedores de ser -salvados del olvido, una edición de sus escritos, si la juzgaban -oportuna ó útil. Fueron: en primer lugar José María Zayas, su ya -mencionado continuador en el manejo del colegio, abogado, literato y muy -distinguido profesor de humanidades; en segundo lugar, Antonio Bachiller -y Morales, el eminente erudito y americanista, advirtiéndoles que podían -servirse de los auxilios de sus discípulos José Bruzón y Jesús B. -Gálvez. Los papeles nunca llegaron á manos de Bachiller, no salieron de -poder de Zayas, y éste murió algún tiempo después sin haber emprendido -la tarea. Uno de sus hijos comenzó la publicación en 1890, titulándola -así: Obras de don José de la Luz Caballero coleccionadas y publicadas -por Alfredo Zayas y Alfonso; aparecía por entregas y desgraciadamente -quedó interrumpida hacia la mitad del tomo segundo[61]. - - [61] Merece todo aplauso el editor, por el acometimiento de la - empresa y muy de desear es que pudiera llevarla á término, aunque - la corrección del texto ha sido muy descuidada y las erratas - numerosas. Sobran notas por innecesarias, pues lectores capaces de - seguir con interés artículos sobre filosofía no han menester que se - les diga por el editor quienes fueron Feuerbach, ó Laplace ó - Gioberti; y faltan otras, pues no se nos dice quienes fueron los - que con Luz contendieron en las polémicas firmando; _El Adicto_, - _El Ecléctico_, etc. - - Choca bastante la sección inicial: "Varias opiniones acerca de don - José de la Luz". Las dos primeras citas, sobre todo la segunda, - parecerían una burla insertadas en otra parte y por otra persona; - mientras que algunas otras hostiles, tomadas de periódicos poco - serios ó de escritores políticos, disuenan y causan desagradable - impresión. - - Además ¿qué puede hoy á nadie importar que la condesa de Merlín - haya dicho que Luz era "un químico de primer orden"? La condesa fué - una brillante mujer de sociedad y amena autora de memorias, pero su - voto en materias científicas pesa muy poco. Luz no fué químico de - primero ni de segundo orden: conocía el mecanismo de la ciencia y - podía enseñar sus elementos: nunca pretendió otra cosa. - -Durante su primer viaje á Europa hizo Luz imprimir en París el año de -1830 una traducción del _Viaje por Egipto y Siria_, de Volney, que salió -de casa de Didot en dos hermosos volúmenes en cuarto. Luz no dió su -nombre, la portada dice: "obra escrita en francés por C. F. Volney, y -traducida al castellano con notas y adiciones por un habanero". Conforme -advierte en el prólogo, tenía comenzado ese trabajo desde 1821, y en -París lo completó, agregándole notas y apéndices curiosos é -interesantes. Haberse dedicado desde muy joven á trabajo de esa especie -y rematarlo tan cumplidamente en medio de las distracciones de su -excursión, da buena idea de la temprana gravedad y constancia de su -carácter. El _Viaje_ es en concepto universal lo mejor que escribió -Volney, en un tiempo tan famoso como autor de _Las Ruinas de Palmira_; -nada tiene de lo mucho de exagerado y declamatorio que con razón se -tilda en esta última obra, es una descripción tan minuciosa como exacta -y erudita de las dos regiones, escrita en un estilo sobrio y hasta seco. -La traducción es excelente, modelo de elegante fidelidad. Las adiciones, -de la más sólida erudición. - -Entre los escritos originales de Luz, tanto impresos como inéditos al -tiempo de su fallecimiento, descuellan dignos realmente de interés los -siguientes: 1° Los _Aforismos_ sobre diversas materias, en número de más -de trescientos: 2° La _Oración fúnebre_ en elogio de Nicolás Escovedo, -llena de unción, de elocuencia y de ternura, lo mejor como obra de arte -de todo lo que escribió, aunque no sea el arte sino emoción pura y -sincera lo que en ella predomina: y 3° á despecho de su carácter -técnico, el extenso trabajo sobre la creación del Instituto Cubano, -proyecto muy completo, estudiado hasta en sus mínimos detalles, en -algunas cosas semejante al que realizó en su provincia natal Jovellanos, -"el genio y perseverancia de nuestro inmortal Jovellanos", como dice; -pero acomodado con suma habilidad y juicio á las circunstancias -especiales de la isla en 1833, cuando los pocos estudios que había en -toda ella organizados languidecían, sometidos al clero regular ó -secular, y era forzoso no ir en son de guerra contra la poderosa -organización. - -Consta este Informe de dos partes[62] que abrazan: las enseñanzas, los -medios de establecerlas y aprovecharlas, reglamentos, cuestiones -prácticas; ambas secciones precedidas de una disertación general, -escrita con claridad y vigor, en que plantea y resuelve rápidamente, con -gran precisión, algunos espinosos é interesantes problemas de pedagogía. -Esta introducción recuerda, sin serle inferior, el tratado que con el -título de "Ideas respecto á educación" _Some thoughts concerning -education_, escribió Locke; mas si en esta materia, lo mismo que en las -demás disquisiciones filosóficas de Luz, es evidente, reconocida y -confesada la influencia del célebre pensador inglés, obsérvase siempre, -tanto en el plan y pormenores como en los consejos que dirige á los -maestros, (no desaprovechando ocasión de agrandar las cuestiones de -educación, y de elevarse al más alto punto de vista para mirarlas por -todas sus fases) que no trabaja el filósofo cubano para la aristocrática -Inglaterra del siglo XVIII, como Locke; que no olvida un instante que en -aquella especialísima sociedad cubana, con los negros (esclavos -entonces en su inmensa mayoría) constituyendo las capas más bajas, y con -la burocracia militar española en la cúspide, no podía existir ni sombra -de aristocracia, pues los pocos "títulos de Castilla" que se oían -pregonar, eran un vano y hasta humillante oropel; la masa de los -habitantes de raza blanca formaba, por tanto, en cuanto á las relaciones -sociales de la vida, una verdadera democracia, aunque en lo político por -de contado sin fuerza ó autoridad de ninguna especie. La ambición -pedagógica de Luz seguía, por consiguiente, rumbo muy diverso del de -Locke; de acuerdo con la fecunda transformación inspirada por el -_Emilio_ de Rousseau, que tan felizmente aplicaron y agrandaron Basedow, -Pestalozzi y demás continuadores, tendía á formar no grandes señores ni -atildados académicos, sino hombres de acción enérgicos, preparados á -bastarse por sí solos; así lo declara explícitamente: "hombres más bien -que académicos es lo que trata de formar el Instituto Cubano"; y en otro -lugar, fija siempre la vista en las necesidades peculiares de la patria, -agrega que sólo con ese sistema podrían llegarse á "curar algunas -dolencias morales que le aquejan"; es decir, aunque por prudencia no lo -advierta, la esclavitud y su secuela de males infinitos. - - [62] "Informe presentado á la Real Junta de Fomento, de Agricultura - y Comercio de esta isla en sesión de 11 de Diciembre de 1833, en el - expediente sobre traslación, reforma y ampliación de la Escuela - Náutica establecida en el pueblo de Regla, refundiéndola en un - Instituto científico con arreglo á las necesidades del país. Por la - diputación inspectora del mismo establecimiento. Imprímese por - acuerdo de la misma Junta". Habana, 1834. - -Lo demás que nos ha quedado de Luz, compuesto en su mayor parte de -artículos de polémica sobre cuestiones filosóficas, improvisados en -pocas horas las más de las veces para salir en papeles diarios, -conserva menos valor; la "Impugnación á las doctrinas de Victor Cousin" -combate el análisis amañado y hostil que hizo este profesor francés del -Ensayo de Locke sobre el entendimiento humano; es un simple -fragmento,[63] en extremo minucioso, que no concluye nada, y cuyo -propósito real está mejor, más clara y vigorosamente presentado, en -forma aforística, en dos elencos anteriores, que contienen las materias -filosóficas sobre que debían ser examinados sus discípulos en 1839 y -1840. - - [63] Impugnación á las doctrinas de Victor Cousin. Primera parte. - Imprenta del Gobierno. Habana, 1840.--Son pliegos sueltos que - terminan bruscamente en la página 144. - -Propendió siempre el talento de Luz á expresarse en forma sentenciosa; y -en numerosos aforismos, escritos á veces en tiras sueltas de papel, en -viejos sobres de cartas, en el margen de sus libros, depositó su -profunda sabiduría, su larga experiencia, la tristeza que le producía el -convencimiento de la inutilidad de sus esfuerzos en aquella colonia -esclavizada, y también algún hondo y secreto dolor de su corazón. "Hay -pensamientos (dijo en uno de ellos, fechado: 1847) que al surgir son -como raíces maestras que se quieren llevar todo el terreno", frase -desgarradora que descubre al hombre detrás del pensador, que vívidamente -trae á la memoria el recuerdo de aquel grave y melancólico rostro, -abstraído ó atormentado en una de sus horas de fatiga. - -Es esencia de todo aforismo comprimir en una frase ó párrafo breve una -suma de pensamientos ó de observaciones; como ha dicho un escritor -inglés,[64] es lo contrario de una disertación ó de una declamación; -nunca debe ser enigmático ni vulgar, no caer en el "truísmo" ni en el -acertijo. Todas las literaturas ofrecen numerosos ejemplos, desde el -libro apócrifo de la Sabiduría, atribuído á Salomón hasta muchos otros -en nuestros días, y los aforismos de Luz reúnen á veces muy felizmente -todos los caracteres enumerados en esa excelente definición. - - [64] _John Morley_, Aphorisms. An address. London, 1887. - -Algunos, brevísimos, abren con una sola línea vasto horizonte, como éste -que, semejando á primera vista simple juego de palabras, sugiere todos -los horrores de la trata de África, tal como en Cuba impunemente se -practicaba: - -"En la cuestión de los negros lo menos negro es el negro". - -Otras veces, extendiéndose un poco más, encierra en unos cuantos -renglones una profunda observación histórica, condensa toda la conducta -de España hacia sus colonias de América durante siglos en cuatro breves -sentencias, estrechamente ligadas entre sí, como eslabones de una -cadena: - -"Al fundar una nueva familia, para animarla y fomentarla es preciso -concentrar en ella todo nuestro calor vital. - -"¿Por qué las madres-patrias han sido una excepción á esta ley? - -"Decir que porque han sido madrastras más que madres es una petición de -principio, como dirían los escolásticos. - -"La razón verdadera es que las colonias no tuvieron su origen en el amor -sino en el interés. Las metrópolis, señoras y no madres". - -Este otro admirable apotegma es como trasunto de la existencia toda del -hombre lleno de bondad inagotable que lo trazó: - -"Toca á algunos atesorar virtudes para distribuir consuelos." - -Entra también en la naturaleza del aforismo, y lo advierte el mismo -eminente publicista ya citado, que la idea más trillada sea á veces -susceptible de encerrar tanta fuerza como si se acabara de descubrir, -cuando se presenta de una manera original, aguda, exenta de trivialidad. -A esa categoría corresponden los siguientes que á granel inserto aquí: - -"La buena y la mala fortuna, los dos escultores de la naturaleza para el -pulimento de la materia humana." - -"Esperar que las aguas del interés dejen de seguir su natural cauce -suele ser la ilusión de los buenos y los patriotas. Mas para mejorar el -mundo se necesitan esas ilusiones." - -"La infancia gusta de oir la historia, la juventud de hacerla, la vejez -de contarla." - -"Existen almas generosas que quieren las alas no tanto para volar con -ellas como para cubrir á los demás." - -"Piedra filosofal que convierte en oro todas las escorias, una mujer -amante." - -Era tanto esa forma la vestidura natural de sus ideas, que casi siempre -sus arengas de fin de año en el colegio, muy á menudo sus pláticas -semanales, empezaban y acababan con aforismos. "Sembremos fe y brotarán -á raudales la esperanza y la caridad," fué el principio de una de ellas, -mientras otra, en que había aludido á los triunfos de Napoleón III, -vacilante á veces sobre su trono á causa de las antinomias de su -política, del terrible pecado original de que nunca pudo librarse, -concluía de esta manera: "Antes quisiera yo que se desplomasen, no digo -tronos de emperadores, los astros mismos del firmamento, que ver caer -del pecho humano el sentimiento de la justicia, ese sol del mundo -moral". - -En el mismo tono, no ya solemne, antes bien humilde, pero igualmente -breve y expresivo, se le oía, pocos días antes de morir, cuando fijando -sus ojos de águila mortalmente herida en el pariente que le sugería, -según la frase vulgar, la oportunidad de ponerse bien con Dios, -replicaba: "Siempre, durante toda mi vida, hijo mío, he estado bien con -Dios". Y acaso nunca se habrá pronunciado con más sincero fervor el -nombre de la Divinidad; de la Divinidad comprendida en su más amplio -sentido, sin sombra de fanatismo ni de hipocresía, como tampoco de -estrechez dogmática, por un hombre puro, que sin esfuerzo, cediendo al -rumbo natural de su inteligencia, al impulso poderoso de su carácter, de -su temperamento, había logrado conciliar dentro de su conciencia las -doctrinas de austera filosofía científica, fundada en la experiencia, -con la fe más robusta en los auxilios de una religión consoladora. La -fe, la mística confianza en un poder sobrenatural, era la atmósfera en -que vivía, en que se ensanchaba su corazón atribulado, y sin vacilar lo -proclamaba: "El misticismo es el refugio de las almas puras contra esta -podredumbre que llamamos mundo", escribía en 1852; y en 1856, como -sintiéndose más firme, más seguro, agregaba: "La filosofía es el -misticismo de las almas fuertes". Pocos quizás habrán desplegado -fortaleza mayor, confianza más plena y reflexiva en la divinidad así -considerada, sin caer en el quietismo, ni en la indiferencia por los -detalles de la vida cotidiana, sin abandonar uno solo de los deberes -prácticos que su posición demandaba, y que tan abnegadamente desempeñó. - -Haber logrado conciliar dos tendencias intelectuales, tan distintas no -es caso en extremo raro, y en todo el siglo XVIII, lo mismo que á los -principios del XIX, no faltaron espíritus sagaces que, partiendo del -empirismo fecundo de la escuela analítica creada en Inglaterra por -Locke, y manteniéndose dentro de los límites de la experiencia, -guardaban fe profunda en el Supremo Hacedor, y creían, como lo expresó -Luz en el lenguaje figurado, á veces pomposo y en él tan natural que -"las ciencias eran los ríos que nos llevan al mar insondable de la -Divinidad." - -Pero su misticismo conserva bien el sello de su generosa personalidad; -sobrepone siempre la caridad á la fe y aun á la esperanza; no es, como -felizmente se ha dicho[65], de los que por conducir á Dios apartan de la -humanidad; es, por el contrario, de aquellos que cifran su anhelo en -acelerar el progreso de la civilización, por medio de la difusión de las -luces y el mejoramiento de la vida social. - - [65] _J. M. Guardia_, Revue Philosophique, Paris. Février 1892. - -Ni el dogma, ni el misterio indescifrable le importan tanto como la -función social y el interés de la especie humana. "La religión," -predicaba, "es una potencia armonizadora, consuelo de los desgraciados y -freno de los favorecidos de la fortuna: _sperate miseri, cavete -felices_". Este pensamiento bajo diversas formas aparece en varios de -sus escritos. - -Con ardor igual pregonaba y defendía sus opiniones filosóficas, y en la -reñida polémica que sostuvo con los partidarios habaneros de las -doctrinas de Victor Cousin, desplegó la más impetuosa energía, -arrollando y desbaratando al adversario, aunque sin apelar por supuesto -en ocasión alguna al denuesto ó á la injuria, bien que contra él no hubo -empacho de esgrimir esas armas. - -Esas opiniones, que cauta y reflexivamente abrazó después de largas -meditaciones y estudio detenido de las obras originales de los filósofos -más eminentes, son en su esencia las doctrinas de John Locke, creador de -la metafísica moderna, como dijo D'Alembert; pertenece, pues, Luz á la -gran escuela cuyo método es proceder siempre por medio de la observación -directa, para edificar únicamente sobre la base de la experiencia. -Siguiendo por donde navegaron tanto Locke mismo como sus continuadores -franceses é ingleses del siglo XVIII, sabe no sólo evitar muchos de los -escollos y las falsas corrientes que alargaron innecesariamente el -viaje, sino que se guarda bien de quedarse inmóvil, estacionado en las -aguas á que los otros llegaron. Utilizando los progresos de la -investigación científica en todas direcciones, va intrépidamente más -lejos, é indica á sus alumnos cuanto había que aprender por medio de la -fisiología del cerebro, tanto en el hombre como en la serie de los -animales, avanzándose hasta afirmar que el sistema de las localizaciones -cerebrales era "la tendencia irresistible de todo el andar de la -ciencia", y que "la patología es ahí la experimentadora, el instrumento -de la fisiología". - -Respecto de las cuestiones religiosas se hallaba probablemente muy de -acuerdo en el fondo con lo que expuso Locke sobre "la infalibilidad de -las Escrituras y la racionalidad del cristianismo"; pero ya en ese -mundo, ya dentro de esa atmósfera, su sangre latina, su temperamento -meridional, desarrollaron un fervor de convicción, un acento apasionado -de que no hay rastro en las producciones del escritor inglés, y que -sirvieron para dar salida al tropel de sentimientos de amor y caridad -anidados en su pecho, conciliando la ternura con el misticismo. - -Es sabido que fué el eclecticismo la última, la más abigarrada, aunque -la más tenue, entre las muchas vestiduras con que se cubrió la reacción -europea del siglo XIX contra las teorías filosóficas del XVIII; debió la -mayor parte de su éxito y predominio temporal al carácter literario y -erudito que desde luego asumió, bajo la dirección de Victor Cousin, el -cual fué filólogo, anticuario, bibliófilo, literato, orador académico, -jefe de secta, todo menos pensador original ó investigador desinteresado -de verdades filosóficas. Los desequilibrios de la política francesa y el -régimen de híbrido monarquismo, de oligarquía y libertad, que se -estableció al impulso de la insurrección popular de 1830, convirtieron á -Cousin en una especie de pontífice puesto á la cabeza de la instrucción -pública del país; y á la filosofía que había enseñado desde su cátedra -de profesor de la Sorbonne en doctrina oficial, transmitida por la -falanje disciplinada de maestros, que ocupaban todos los empleos en -escuelas, liceos y universidades. La novísima filosofía, cómoda, -especiosa, albergaba y acariciaba en su seno las cosas más heterogéneas, -aliando la claridad y simetría oratoria de la literatura clásica -francesa al idealismo relativo de la filosofía escocesa, á la crítica de -Kant, al idealismo absoluto de Hegel, amén de otros ingredientes, sin -olvidar los precursores y antepasados que contó Hegel muchos siglos -antes en Alejandría. Había hallado pronto en la Habana excelente -acogida, lo mismo que en casi todas las naciones latinas de Europa y -América. El carácter de disciplina oficial, que tan impregnado traía -desde Francia, le sirvió desde luego de pasaporte, y es lo cierto que al -reformarse en la isla de Cuba los estudios universitarios se sentaron -como catedráticos de la Facultad de Filosofía, por nombramiento del -gobierno, sin preceder concurso ni oposición, cuantos en la ruidosa -polémica con Luz habían combatido del lado del eclecticismo, quedando de -ese modo determinado el sistema filosófico que allí debía enseñarse, -bajo los auspicios de las autoridades, que en otras cosas eran, sin -embargo, opuestas á toda innovación. - -Todo era á Luz antipático en la nueva filosofía: la forma y el fondo, el -método y las ideas, el abuso de la retórica y el vago idealismo. Su -constante anhelo de inculcar á la juventud otra clase de principios lo -decidió á combatirla con todas sus fuerzas, aceptando la discusión -pública como un deber ineludible, y emprendiendo, casi enteramente -solo, una cruzada contra lo que juzgaba pernicioso charlatanismo. La -campaña en definitiva fracasó; no pudo él prever ni la coalición de los -intereses particulares, más poderosa que el amor de la verdad, y que -contra él logró congregar toda una hueste en torno de los hermanos -González del Valle, principales campeones eclécticos; ni la suspicacia -de un gobierno despótico, que miraba con mal encubierto recelo toda -discusión sobre cuestiones abstractas, y que nunca había contado á Luz -entre sus paniaguados; ni por último la fatiga física que la lucha -violenta tenía que producir en organización tan nerviosa é impresionable -como la suya, y que ya entonces presentaba signos de prematuro -decaimiento. - -Quedó, pues, la tarea incompleta, la polémica súbitamente interrumpida; -suspendida también después, á la segunda entrega, una _Refutación_ en -que destruía uno á uno los cargos de Cousin contra Locke. Todo ello -difícilmente pudiera hoy interesar á los lectores. El largo medio siglo -transcurrido y los progresos de las ciencias encaminadas por otros -rumbos han minado para todo tiempo construcciones tan artificiales, -caprichosas y endebles como el espiritualismo ecléctico de Cousin. De -Cousin mismo como filósofo muy pocos se acuerdan ya en su propia patria; -apenas se oye pronunciar su nombre, ni aún en la famosa _Sorbonne_, -donde tronó y fulminó como el Júpiter omnipotente de la filosofía; se -han alterado en puntos esenciales sus doctrinas, descartando de ellas lo -que él más apreciaba, y haciendo imperar casi exclusivamente el -criticismo kantiano; y ni siquiera se usan ya los textos que, por orden -suya y bajo su inspiración, escribieron sus discípulos. - -Siempre será de lamentarse la parte de Luz en esa polémica, porque en -ella consumió sus fuerzas inútilmente, y se condenó á no hacer otra cosa -en el período mejor de su vida, en el único en que corrieron parejas la -salud del cuerpo y la madurez de sus facultades. Fué provocado y, en su -carácter de profesor libre de filosofía, no podía declinar el reto y -rehuir la lucha; pero si no hubiese malgastado su tiempo de esa suerte, -habría quizás podido presentar al público sus doctrinas en "una obra -propiamente sintética," como se proponía y lo anunció al principio de la -_Impugnación_; sabríamos entonces con precisión hasta donde seguía la -metafísica de Locke, y desde donde se apartaba de ella para armonizarla -con los adelantos de las ciencias positivas, y habría en la bibliografía -cubana un libro más, de alto valer, suficiente él solo para demostrar -que, á pesar de sus infortunios y mísera situación política, se -cultivaban y ricamente prosperaban en Cuba estudios que en otras -regiones del continente estaban en la infancia todavía. - - -V. - -Hasta 1868 que comenzó la insurrección, ninguna pluma cubana había -acometido la empresa de consignar en un libro la historia de la vida del -maestro, de estudiar sus escritos y su influencia como filósofo y como -educador; y después de esa fecha el libro no podía salir de la Habana, -donde durante diez años debía vivirse bajo la ley marcial más terrible, -como dentro de plaza sitiada; ni mucho menos del territorio -insurreccionado, donde la lucha encarnizada y sin cuartel no daba á los -combatientes punto de reposo. Ese primer homenaje era natural que -viniese de los Estados Unidos, porque allí estaba reunido un gran número -de cubanos, familias enteras, aguardando ansiosas la hora de volver á -sus hogares abandonados. - -Residía entonces emigrado en Washington José Ignacio Rodríguez, -distinguido abogado y profesor de ciencias en la Habana, que si no había -sido discípulo de Luz en su juventud, había desempeñado clases en el -colegio, había recibido largo tiempo la influencia del maestro que le -inspiró siempre ferviente admiración. A pesar de la distancia y de lo -revuelto de la época, reunió en la capital norteamericana gran copia de -datos, y añadiéndolos á sus recuerdos personales compuso, primero que -nadie, una detallada é interesante biografía. Ni por las circunstancias -excepcionales en que se daba á la estampa, ni por las condiciones -personales del autor, había motivo de esperar un trabajo crítico -definitivo; pero una emoción tan sincera anima toda la narración, y -domina de manera tan comunicativa el entusiasmo al escritor, que ha -podido decirse con exactitud que recuerda su libro por lo sencillo y -reverente las Actas de los Apóstoles ó las vidas primitivas de los -Santos. - -Hubiera bastado en cualquiera otra época el nombre de Luz para hacer -circular abundantemente entre cubanos la nueva obra, pero en el año de -1874 las peripecias de la guerra embargaban los ánimos, indiferentes á -todo lo que no hablase de la lucha que ensangrentaba el suelo de la -patria. Cuatro años más debía durar la guerra, sin embargo de que, para -quien hoy estudia la historia de ese doloroso período, es evidente que -en 1874 la insurrección, como empresa militar, estaba virtualmente -vencida y se mantenía, tanto á causa de la obstinada ferocidad española -fusilando prisioneros y buscando la sumisión sin condiciones, como en -virtud de la legitimidad del programa cubano, del derecho de sus -pretensiones, de la verdad de sus agravios, que en tan desigual campaña -inspiraban á sus defensores denuedo y constancia suficientes para -arrostrar por todo, hasta el fin, sin desfallecimiento. - -La paz se restableció en 1878, cuando la metrópoli consintió reconocer á -la colonia algunos derechos políticos, de los que durante todo el largo -reinado de Isabel II tenazmente había rehusado, y los insurrectos, -salvado el honor, depusieron las armas, abriéndose de nuevo para todos -las puertas de la patria. - -Puede decirse que junto con los combatientes, con los emigrados, con los -pregonados tantas veces como reos de muerte que volvían á sus casas, -volvía también á su país Don José de la Luz, terminado el ostracismo -impuesto tan duramente á su memoria. - -Fué un gran cambio, mas no se realizó desde luego de una manera -completa; necesitóse aún tiempo para que, suprimido el régimen de la -censura previa, no estuviese la libertad del pensamiento á la merced de -empleados subalternos é ignorantes, ansiosos de obtener el favor de la -sección irreconciliable del partido hostil á toda reforma susceptible de -arrancarle el poder, que nunca hasta entonces había salido de sus manos. - -Uno de los primeros que elevaron la voz para ensalzar á Luz fué Enrique -José Varona, que por sus vastos y profundos conocimientos, la energía de -sus convicciones, el esfuerzo incesante por mantener su espíritu en -perfecta comunidad con todas las manifestaciones del pensamiento -científico moderno, era algo muy semejante á lo que en su juventud había -sido Luz para Cuba: personificación, por así decirlo, de la filosofía, -esperanza del país bien deseoso en tan crueles condiciones de albergar -en su seno hijos dignos de cultivar y trasmitir á los demás esas formas -elevadas de la ciencia. En la conferencia inaugural del curso libre de -filosofía, que abrió en 1879, al tratar de lo que habían sido esos -estudios en la isla, condensa Varona en breves y brillantes frases los -trabajos de Luz, lo llama "el pensador de ideas más profundas y -originales con que se honra el Nuevo Mundo", y añade que fué, entre -nosotros, "en este ángulo remoto del mundo civilizado, un verdadero -precursor de ideas que hoy se predican con aplauso en los centros de la -cultura humana". Nada más justo y oportuno que, al iniciar el joven y -docto filósofo, ante un auditorio de cubanos, su magistral exposición de -las sólidas y fecundas doctrinas científicas que han renovado las bases -de la enseñanza filosófica contemporánea, reservase algunas de sus -vigorosas pinceladas para trazar rápidamente el elogio del maestro, del -que primero había estudiado y desarrollado ante alumnos cubanos las -grandes enseñanzas de los sabios del siglo XVIII. - -Apenas aflojaron un tanto las trabas que aprisionaban la imprenta y -cohibían con freno de bronce todo impulso capaz de aunar y encaminar -hacia un fin patriótico el sentimiento público, se organizó por Gabriel -Millet y Raimundo Cabrera una suscripción popular para trasladar á mejor -terreno los restos de Luz y erigir en el nuevo cementerio, pues en otra -parte de la ciudad las autoridades no lo permitían, un modesto -monumento. Las cuotas afluyeron pronto de todas partes, y el mármol, -labrado en París, quedó colocado en 1887. - -La biografía escrita por J. I. Rodríguez había ya en esa fecha llegado á -su destino y encontrado sus lectores, su verdadero público, como lo -prueba el haberse agotado la edición, é impreso una segunda al año de -concluída la guerra. Llegó al mismo tiempo la hora de someterla á examen -crítico, tarea á que ninguno podía considerarse mejor preparado que -Manuel Sanguily, alumno del Salvador, que si bien era sólo un niño de -trece años á la muerte de Luz, había siempre guardado y cultivado con -amoroso empeño su recuerdo, precisándolo y avivándolo en el colegio, que -después fué su casa largo tiempo, y donde todo, profesores, discípulos, -tradiciones, costumbres, hasta los objetos mismos inanimados, traían á -la mente sin cesar la imagen del venerado maestro. Al volver del campo -de la insurrección, donde había sacrificado en servicio de su patria lo -mejor de su vida, leyó con ávida curiosidad el libro de Rodríguez; éste -también había sido su maestro en el colegio, y en la triste situación -política, fracasadas las esperanzas patrióticas, era quizás el único -consuelo posible buscar otra vez dulces y solemnes impresiones de -períodos ya lejanos, ciertamente más gratos y venturosos. - -Sorprendió en extremo á Sanguily en la obra de Rodríguez el propósito de -encarecer la perfecta ortodoxia de las opiniones de Luz, muerto, según -afirma, "dentro del seno de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y -Romana"; y más aún el presentarlo, en cuestiones políticas, como -dominado por el temor de favorecer la lucha armada, y si bien ansioso -del más alto grado de libertad para su país, queriendo todo progreso -"como se consigue en Inglaterra, sin sacudidas, sin violencias, sin -ruina, sin trastorno, sin efusión de sangre". - -Demuestra Rodríguez la primera de esas dos afirmaciones con la partida -de defunción, suscrita por el Cura de la parroquia, en que se dice que -recibió Luz "el santo sacramento de la Penitencia", y que el biógrafo -considera "prueba oficial y completa", olvidando que habla de un país -donde ni existía ni se reconocía más que un solo culto, donde los actos -más importantes de la vida estaban por fuerza subordinados al -cumplimiento de sus ritos y sacramentos, y donde, por consiguiente, -certificados de ese género carecían de valor absoluto, y se redactaban y -expedían por fórmula á menudo, como se expedían billetes de confesión en -Roma pontifical, cuando sin ellos no era posible obtener del Secretario -de Estado ni siquiera un pasaporte. Luz, que positivamente era tenido, y -se tuvo él mismo, por católico, no podría hoy calificarse rotundamente -de apostólico romano; fué un católico liberal, sin duda: Rodríguez así -lo dice en otro lugar del libro, pero los que en su tiempo se llamaban -liberales quizás pasarían hoy por heterodoxos, y en ese sentido iba Luz -tan lejos como el que más. - -En cuanto al suceso objeto de la controversia, al hecho concreto de la -confesión final, la verdad unánimemente asegurada por los que en los -últimos días le rodearon, es que ningún sacerdote se acercó á su lado en -todo ese período final de su existencia[66]. - - [66] No prestar fe á esos documentos es cosa más frecuente de lo - que Rodríguez parece figurarse. La partida de defunción del conde - de Aranda, el que fué ministro de Carlos III, dice textualmente que - "recibió los Sacramentos de Penitencia, Santo Viático y - Extremaunción". Sin embargo católicos tan firmes y ortodoxos como - don Vicente de la Fuente y don Marcelino Menéndez y Pelayo - concuerdan en no darle valor alguno y en creer que el famoso - volteriano murió sin recibir tales sacramentos, persistiendo, por - el contrario, hasta el fin en la impenitencia. Véase la Historia de - los Heterodoxos Españoles ya citada, vol. III, pag. 204. - -Respecto á su posición en cuestiones políticas del país, es cierto, como -dice muy bien su biógrafo, que, "no permitió jamás á sus discípulos una -expresión de crítica, una caricatura, un sarcasmo, una alusión siquiera, -contra el gobierno y las instituciones existentes." Su influencia en la -historia del país, en los trágicos sucesos ocurridos después de su -muerte, se encuentra más bien en las ideas de viril energía, de -resistencia inquebrantable á todas las formas de la opresión y la -injusticia, de sacrificio en las aras del deber, de incesante -abnegación, en una palabra, que inculcaba en sus lecciones y con su -ejemplo. No era, no, el individuo asustadizo que sugieren las -expresiones de Rodríguez, quien, en la página blanca de la portada del -libro de Mazzini, _República y Realeza en Italia_, traducido al francés -por George Sand en 1850, caracterizaba al revolucionario italiano con -estas palabras: "el Lutero de la nueva época... en su corazón y en su -lengua de fuego, en su fe y esperanza, infinita como el porvenir;" y -corrigiéndose él mismo en seguida, agregaba: "pero no sólo es el Lutero, -porque es cabeza, corazón y brazo," vituperando expresamente como ajeno -al caso el tono quejumbroso del prólogo de la traductora. No era -precisamente Mazzini el hombre á quien arredraron las violencias ni la -efusión de sangre para conquistar la libertad de su noble país. - -Improcedente también es, y Sanguily oportunamente lo indica, la alusión -á Inglaterra, pues demasiado sabía Luz que ni en Inglaterra ni en parte -alguna se ha logrado la posesión completa de la libertad y la -independencia nacional sin sacudidas y sin efusión de sangre. - -Algo más que aplicar al trabajo de Rodríguez el escalpelo de la crítica -hizo también Sanguily; sin empeñarse en componer narración tan abundante -y minuciosa, quiso á su vez trazar con sus propios recursos un retrato -del maestro, de cuerpo entero; acumular sus vigorosas pinceladas en el -centro luminoso de su cuadro, poner el dulce y meditabundo rostro en -enérgico relieve y hacer brillantemente resaltar los rasgos esenciales. -La obra es digna de todo aplauso; el estilo, lleno de calor, de -concentrada energía, revela el hondo interés que el asunto le inspira y -el ardiente deseo de no decir más que la verdad. - -Las dos biografías, puede decirse, recíprocamente se completan; la de -Rodríguez, sin rigor de método en la distribución de la materia, sin -plan estrictamente limitado, fuera del orden cronológico naturalmente -indicado, semeja esos ríos caudalosos que corren sobre terrenos llanos -entre orillas indeterminadas, mientras que la de Sanguily, como un -torrente impetuoso que viene de las montañas, no cesa un instante de -desplegar la fuerza que exige su ruta entre desfiladeros. Gracias á -ellas sabrá la posteridad cubana cual fué el verdadero temple de alma -del hombre que tanto influyó allí durante tres generaciones. Ambos -trabajos, muy notables, aunque por tan diverso espíritu informados, eran -en el presente caso más necesarios, porque Luz, como hemos visto, no -escribió nada bastante extenso y meditado para dar hoy cuenta cabal de -su valor como educador y como filósofo. Sin las declaraciones de sus -discípulos faltaría un elemento esencial, como carecería el mundo--_si -parva licet componere magnis_--de los elementos necesarios para conocer -y comprender á Sócrates, si no nos hubiera Jenofonte conservado sus -_Memorabilia_. - - - - -LA VIDA DE SAN MARTÍN, POR MITRE - -_Historia de San Martín_ y de la Emancipación sud-americana (según -nuevos documentos) por BARTOLOMÉ MITRE.--Segunda edición corregida.--4 -vols.--Buenos-Aires. 1890. - - -Años hacía que el público esperaba con interés, cuando en 1889 apareció -la prometida historia del célebre general José de San Martín, en cuya -preparación desde largo tiempo atrás se ocupaba Don Bartolomé Mitre, -antiguo Presidente de la Confederación argentina y uno de los más -conspicuos entre los personajes contemporáneos de América. La obra no -ha, de seguro, defraudado las esperanzas de los que aguardábamos un -trabajo sólido y original, es decir, construído sobre bases enteramente -propias y nuevas, bastante amplio para reunir los elementos necesarios -que definitivamente presenten á la posteridad el carácter, bien oscuro y -enigmático en ciertos momentos, así como los actos públicos del que es, -después de Bolívar, como hombre de guerra y como creador de naciones, el -más famoso entre los héroes que batallaron y vencieron en pro de la -independencia hispanoamericana. - -La primera observación que ocurre, al acabar de leer la última página, -es que ganaría mucho la obra, su circulación y su influencia, si fuese -menos voluminosa,--cuatro gruesos tomos en cuarto español, de -setecientos á ochocientos folios cada uno; y que sin suprimir, por -supuesto, uno solo de los documentos justificativos que van al final de -los volúmenes y que son todos interesantes y nuevos; con sólo abreviar -las cosas que se dicen y discuten más de una ó dos veces en virtud del -paralelismo, útil y luminoso casi siempre, que establece el autor al -trazar la marcha de la revolución libertadora en el norte y el sur del -continente; con aligerar en fin las reflexiones generales que -reiteradamente preceden á muchos de los capítulos, se reduciría el -conjunto de una manera notable y el efecto resultaría de mayor eficacia. -Con esto se habría, además, evitado uno de los defectos del libro, que -termina de súbito, precipitadamente, reduciendo por falta de espacio, -según en una nota lo advierte el autor, á unas cuantas páginas zurcidas -de cualquier modo la vida de San Martín en el ostracismo, esto es, -durante los veintisiete años corridos desde 1823 que abandonó lleno de -amargura y desengaños el teatro de sus triunfos, hasta 1850 que murió, -en Boloña, frente al estrecho de la Mancha, cumplidos los setenta y dos -años de su edad. - -Es lástima, por consiguiente, que después de haber consagrado el general -Mitre largo tiempo á reunir materiales y completar sus estudios de la -vida de San Martín; de haber tenido la fortuna excepcional de que la -familia Balcarce le entregara todos los documentos y papeles dejados por -el héroe argentino; de haber logrado desentrañar en otros archivos -públicos y privados manuscritos curiosísimos; de haber consultado, bien -verbalmente, bien por cartas, muchos contemporáneos y obtenido con -frecuencia noticias preciosas; de haber ido personalmente á visitar y -estudiar sobre el terreno las quebradas de los Andes por donde pasó San -Martín con el ejército que debía vencer en Chacabuco y en Maipu, así -como el campo que cubrieron esas dos batallas inmortales; después de -haber, en fin, escudriñado y llegado á saber como ninguno tan -interesante período de la historia de América, al sonar la hora crítica -de ofrecer al público el resultado de todos esos esfuerzos y vigilias, -el fruto de todos esos privilegios y favores de la fortuna, en una obra -merecedora de ser indestructiblemente fabricada y digna de la posteridad -á que seguramente se encamina, decida el autor improvisarla, es decir, -imprimirla á medida que la va escribiendo, sometiéndose á la necesidad -de encerrar la materia en límites estrictos, de reducirse, al final, á -rasgos generales y á breve resumen, cuando en capítulo tras capítulo -anterior ha hecho exactamente lo contrario, y ha relatado minuciosamente -episodios de la historia de Venezuela y de Nueva Granada, no directa y -forzosamente ligados á la vida de San Martín. - -Dado tal sistema de escribir é imprimir simultáneamente, lo cual vedaba -en absoluto toda idea de corrección, simetría y armónico desarrollo de -las partes; dado también el empeño de tratar cada episodio importante -como monografía aislada, lo cual fuerza á volver sobre sus pasos y -repetir cosas ya dichas y suficientemente tratadas, era inevitable el -inconveniente, y el lector experimenta verdadero desengaño al -encontrarse privado de "los documentos interesantes y nuevos" sobre el -ostracismo de San Martín, que el autor cruelmente nos advierte que posee -y no aparecen ni siquiera en el apéndice. Esos documentos deben -contener, es claro, multitud de útiles detalles, y aclararán diversas -dudas que nos asaltan sobre la justa interpretación del carácter -reservado, tenaz, impasible, orgulloso, del Protector del Perú. -Importaba muchísimo completar la obra iluminando toda esa faz de su -asunto, porque nos parece engañarse el general Mitre á sí mismo, al -decir que "el ostracismo interesa más á la biografía íntima que á la -historia general", cuando lo cierto es que la biografía íntima de -personajes que han estado á la cabeza de las naciones con las facultades -de dictador que se arrogó San Martín en el Perú, influyendo -poderosamente de ese modo en el encadenamiento y marcha de los sucesos, -forma parte esencial de la historia general; una y otra se penetran y -mutuamente modifican hasta el punto de ser necesario para llegar á la -verdad ir con la plomada al fondo de los sucesos y al fondo del carácter -del hombre que los dirigió, del hombre que, aun arrastrado ó dominado -por ellos, puede en todo tiempo precipitarlos ó interinamente -contenerlos. - -San Martín se retiró del Perú virtualmente vencido, llevó á cabo su -retirada de una manera tan brusca, tan desesperada, tan en contradicción -con la enérgica confianza y heroica osadía desplegadas al organizar la -expedición y efectuar su desembarco en las costas del virreinato, que ha -sido siempre el más difícil y fascinante problema histórico comprender -bien sus motivos, descubrir la clave para descifrar su voluntaria -abdicación. Ha sido por mucho tiempo impenetrable misterio la historia -de su entrevista famosa con Bolívar en Guayaquil, y es el suceso capital -de su vida, la gran peripecia del drama de su existencia, pues después -de ella volvió en el acto desalentado á Lima, convocó el Congreso que -hasta entonces no había querido reunir, dimitió el cargo de Protector, y -se embarcó para Chile con rumbo á Buenos Aires donde nadie lo llamaba, á -pesar de que quedaba ocupando las sierras del Perú un ejército de veinte -mil realistas mandado por generales tan hábiles como aguerridos; y no -puede decirse todavía hoy que estén desvanecidas, ni mucho menos, las -sombras que lo envuelven. - -Toda la vida posterior de San Martín en el destierro, su inquebrantable -silencio, su desasimiento completo de los negocios de América, fueron -también consecuencia de la entrevista de Guayaquil, y sería bien curioso -conocer los documentos á que alude Mitre y poseer detalles -circunstanciados sobre ese último período, porque la verdad es que en -cuanto al punto mismo misterioso, á los pormenores de la conferencia en -el Ecuador, no ha descubierto en la rica mina que ha explotado nada -nuevo ó importante que agregar á lo poco que ya sabíamos. Parece que ni -siquiera se ha encontrado en el archivo de San Martín el borrador de la -carta á Bolívar del 28 de Agosto de 1822, y puesto que era ya ésta -conocida desde 1844, que la dió San Martín mismo al capitan Lafon para -que la publicase, hubiera sido bien interesante conocer la respuesta de -Bolívar, que debió sin duda haber existido, pues la correspondencia -entre los dos duró un poco de tiempo más. Pero no ha aparecido, y el -nuevo historiador, que trata este episodio con la debida extensión y con -notable habilidad, ha debido apoyar únicamente sus conjeturas en esa -famosa carta, en las revelaciones de Guido, tales como salieron en la -_Revista de Buenos Aires_ y en los antecedentes por todos conocidos. - -Salvo algunos reparos puramente de forma, (y en materia histórica de -tanta importancia esto ahora á nada conduciría), hay que dirigir muchas -alabanzas á la obra. Bien que á veces severo, quizás en demasía, -respecto de Bolívar, no puede tildarse de excesivamente indulgente hacia -San Martín; á pesar de la admiración constante que le inspira, enumera -con plena imparcialidad los errores militares y políticos por él -cometidos durante su estancia en el Perú. Con suma penetración discute y -desmorona las razones alegadas en sus proclamas de despedida; demuestra -que no pudieron ellas ser las únicas que le hicieron tan inopinadamente -abandonar el terreno, desairar toda especie de ruegos, y en la noche -misma del día en que celebró su primera sesión el Congreso montar á -caballo, sin más compañía que un asistente, correr á embarcarse en Ancón -para Chile, donde fué hostilmente acogido, luego para Buenos Aires, -donde halló duelos terribles y donde también, según lo dice Mitre, "fué -recibido por el menosprecio y la indiferencia pública". - -Las verdaderas razones no pudieron ser las que expresó: eran demasiado -fútiles. Al decir que "la presencia de un militar afortunado es temible -á los Estados que de nuevo se constituyen", y agregar seguidamente que -"estaba aburrido de oir decir que quería hacerse soberano", encubría los -verdaderos motivos de su conducta. Si no hubiese tenido otros, habría -que declarar, como indica Mitre, que cedía á un arranque caprichoso de -pueril enojo, indigno de un varón fuerte. - -San Martín, que era sobre todo y antes que todo un militar, no podía á -pesar de sus anteriores desfallecimientos,--tan dura y gráficamente -relatados por Lord Cochrane en sus Memorias,[67]--dejar de ver muy -claro que, con las tropas y recursos á su disposición en Julio de 1822, -no lograría desalojar y vencer al enemigo, que corría su obra el riesgo -de caer en el precipicio y él mismo terminar allí desastrosamente su -carrera. Acudió, pues, á Guayaquil con el objeto de solicitar el auxilio -de Bolívar y del ejército que acababa de triunfar en la falda del volcán -de Pichincha, que acababa de ganar y sellar para siempre la -independencia de la vasta sección del continente, que por corto tiempo -debía llevar el nombre de "República de Colombia". Para el que bajo el -nombre de Protector tenía entonces la responsabilidad del porvenir del -Perú, la situación aparecía como gravísima y demandaba urgente -tratamiento, que sólo Bolívar estaba en posición de aplicar para -salvarla pronta y completamente. Había siempre considerado la -popularidad con el mayor desprecio, sin descender jamás á las artes del -demagogo por ganarla ó conservarla, pero no podía menos de observar y -deplorar ahora que su prestigio ante el voluble pueblo peruano menguaba -rápidamente y, lo que era aún peor, que entre los jefes mismos del -ejército á sus órdenes cundían el desafecto y la indisciplina. - - [67] _Narrative of services in the liberation of Chili, Peru and - Brazil from Spanish and Portuguese domination_ by Thomas, Earl of - Dundonald.--2 vol. London, 1859.--Vol. I págs. 76, 106, 148 y en - muchos otros lugares. - -Era preciso, por consiguiente, que Bolívar en persona y á la cabeza de -su ejército volase al Perú. San Martín ofreció, sin titubear, ponerse -bajo las órdenes de su afortunado rival; "para mí hubiese sido", son las -palabras de su carta de Agosto 28, "el colmo de la felicidad terminar la -guerra de la independencia bajo las órdenes de un general á quien la -América debe su libertad". Bolívar se negó en términos corteses, -evasivos, pero que dejaron á San Martín penosamente convencido, como lo -expresa sin ambages la citada carta, de que su presencia en el Perú era -el obstáculo único que se lo impedía. Como, á juicio de San Martín, -Bolívar solo con su ejército podía concluir rápidamente la guerra, no le -quedaba más camino que retirarse de la escena; en ese instante -probablemente tomó la determinación que dos meses después, sin más -consulta de nadie, como imposición ineluctable de la suerte, debía -realizar de manera tan rápida y violenta. - -No debe olvidarse que nos falta la versión de Bolívar sobre el carácter -y detalles de la entrevista, que ni en los treinta y tantos volúmenes de -las Memorias de O'Leary, tan ricos de documentos, se halla cosa alguna -importante que sumar á lo que ya se sabía; de modo que es más bien del -lado argentino por donde han venido las noticias incompletas, -fragmentarias y tardías que poseemos. Permiten, es cierto, formarse idea -bastante aproximada, pero quizá aventure demasiado el general Mitre, -recordando más bien el novelista que el historiador, al rehacer la -escena con todos sus pormenores y creer que basta con los documentos -"correlativos que la precedieron y siguieron" para imaginarla "sin -agregar una palabra ni un gesto que no pueda ser comprobado". Hay un -momento, que él califica de psicológico, en que dando forma de diálogo á -su relato, al ofrecer San Martín servir á las órdenes de Bolívar, -continúa en los siguientes términos: "Bolívar, sorprendido, levantó la -vista y miró por la primera vez de frente á su abnegado interlocutor, -dudando de la sinceridad de un ofrecimiento de que él no era capaz. -Pareció vacilar un momento, pero luego volvió á encerrarse en un círculo -de imposibilidades, etc." Es muy posible que así haya ocurrido, y el -autor se esfuerza siempre por acompañar con notas precisas todo lo que -dice, pero el sistema es inseguro y el terreno resbaladizo. - -San Martín y Bolívar, á despecho de la identidad del punto de partida y -del género de gloria que sobre ambos abundantemente derrama la -posteridad americana reconocida, fueron hombres de carácter radicalmente -distinto. Era también en su esencia muy diferente la situación que los -circundaba en Julio de 1822. Bolívar, aunque parecía haber ya ascendido -á la cumbre de la fortuna, quería y podía subir aún más alto; San Martín -declinaba, se acercaba rápidamente al borde oscuro del largo período de -olvido é indiferencia que debía atravesar antes de caer dentro de la -fosa abierta en suelo extranjero, antes de que su merecida nombradía -allí mismo reviviese; para no perder más la corona de luz que la -ennoblece. No es extraño, pues, que al verse, por primera y única vez, -durante sólo dos días, ni experimentasen recíproca simpatía ni lograsen -mutuamente juzgarse con equidad y acierto. La modestia, la instrucción -muy limitada, la circunspecta gravedad del argentino parecieron al hijo -de Venezuela signos de espíritu mediano, que debe al acaso, á accidentes -fortuitos, la gloria adquirida; mientras que la movilidad, la -imaginación impetuosa, la sed inextinguible de aplausos y de honores que -poseían á Bolívar, parecieron á su rival síntomas inequívocos de la -vanidad más pueril, de la ambición más desenfrenada. Ambas injustas -apreciaciones fueron realmente sentidas y expresadas, encuéntranse -comprobadas por cartas y testimonios irrecusables citados todos en la -presente obra. - -¿Cómo habían de entenderse y aunarse en esfuerzo común caudillos tan -desemejantes, cuyos caracteres, cuyas ideas tan enérgicamente se -repelían? Todo tendía á denunciar y agravar la recíproca antipatía. La -anexión violenta del territorio de Guayaquil á Colombia, ejecutada por -Bolívar, sin atender, ni aun siquiera por forma ó por aparente -complacencia, los deseos de los habitantes como tampoco los derechos -anteriores del Perú, del Perú que había cooperado con su alianza á la -conquista, hería en lo más profundo el alma de San Martín; y era ya un -hecho consumado, que ni traer á discusión se podía; Guayaquil pertenecía -á Colombia, como pertenecería después al Ecuador, y el Perú quedaba para -siempre privado de esa situación comercial incomparable á orillas del -caudaloso Guayas. - -La organización futura de los países libertados era otro motivo de seria -divergencia; San Martín persistía en sus proyectos de monarquía, de -coronas ofrecidas á príncipes de familias soberanas de Europa, y -Bolívar, conviniendo en que el pueblo hispanoamericano no estaba educado -para un régimen democrático, agregaba que la monarquía solamente era -posible "á condición de que los monarcas fuesen americanos", lo cual -parecía grotesco y, por lo que podía haber en ello de personal, hacía -reír á su adusto interlocutor. - -Algo aventurado se nos antoja, por parte del general Mitre, el inferir -del silencio guardado acerca de los detalles de esta conferencia que no -quedase Bolívar satisfecho de sí mismo y se sintiese "vencido moralmente -por la abnegación" de su rival. Muy ilógico, por el contrario, hubiera -sido que en aquellas circunstancias se hubiese él prestado á salir -inmediatemente para Colombia, invitado, no por el pueblo peruano sino -por San Martín, en quien veía un hombre gastado, pero cuya reputación, -aunque carcomida, estaba superficialmente intacta y había de hacerle -sombra; cuya enérgica voluntad había de estorbarle por todos los -caminos, poniendo obstáculos á la realización del magnífico programa de -gloria y de poder que lo embriagaba. La negativa parece muy natural y -muy explicable, como lo es también la amarga decepción que produjo. La -alianza inmediata, concertada en la forma solicitada, hubiera, sin duda, -sido mejor y más beneficiosa para todos, para Colombia y para el Perú, -para Bolívar y para San Martín, pero si era entonces improbable, casi -imposible solución, á nada conduce deplorarlo ahora. Allá hacia el sur -del continente, en el Perú, en la futura Bolivia, cuyo nombre por sí -solo sería una apoteosis, adivinaba, veía claramente Bolívar una luz -esplendorosa que lo atraía con fuerza arrolladora, á que debía correr -para deslustrar sus colores, para quemar sus alas, precipitarse en un -mar de lisonja y adulaciones, hasta saciar su inmensa vanidad. Llevábalo -también hacia allá ocupando toda la otra faz de su grande alma, la -conciencia de su deber, el convencimiento del nuevo y mayor servicio que -podía prestar, la seguridad de completar con ese último esfuerzo la obra -sublime, la tarea de semidiós á que había consagrado su existencia. Era -tiempo, pues, de que San Martín volviese la espalda, de que se retirase, -torvo, frunciendo el ceño que no debía desarrugar durante tantos años. -Nada le quedaba que hacer allí, no había más hueco para él, sus -eminentes cualidades de hombre de guerra, su honradez, su fijeza de -propósito, no tenían ya más en qué emplearse. - -"El Libertador no es el hombre que pensábamos", mandó tristemente á -decir á su amigo el Director supremo de Chile; y sin perder una hora -dispuso á gran prisa las cosas como mejor pudo, para dejar pronto esa -tierra donde no cabían ambos rivales, para que pudiese libremente venir -el más joven y afortunado de los dos á recoger la brillante cosecha de -gloria que le estaba reservada. Por desgracia no vino tan veloz como se -esperaba y, si en efecto recogió luego con creces lauros tan grandes -como merecidos, faltaban aún antes del desenlace tres años crueles de -anarquía, de guerra y destrucción. - -Con franqueza declaro que he comenzado á leer la obra del general Mitre -por el último tomo, en busca de la narración de estos sucesos tan -importantes y decisivos, creyendo no ser por ello injusto con el autor, -pues la materia, como ha de suceder á todo americano, me era de antemano -familiar, y en las vueltas del camino que mi ansiosa curiosidad me había -incitado á seguir, no había abandonado un solo momento el hilo -conductor. - -No es posible encarecer demasiado todo lo que hay de enteramente nuevo y -tratado con singular inteligencia de las cosas militares, con suma -abundancia de detalles desconocidos hábilmente comentados, en la parte -que se refiere á la creación del ejército de los Andes, á la residencia -de San Martín en la provincia de Cuyo, á la admirable y dramática -reconquista de Chile. El paso de la Cordillera, las jornadas inmortales -de Chacabuco y de Maipu, la noche infausta de Cancharrayada que entre -ambas batallas tan terriblemente se interpuso, están magistralmente -relatadas con minuciosidad y con claridad, y hay planos muy ingeniosos -para facilitar su estudio á los profanos en el arte militar. Muchos no -se habrán dado de estos sucesos cuenta tan perfecta y cabal como ahora. -Estos capítulos, que en suma encierran lo que es la gloria excepcional -é inmarcesible del ilustre caudillo, abarcan la mitad de la obra; en -ellos ha podido el general Mitre aprovechar la rica mina de documentos y -de noticias por él acumulados con paciencia ejemplar, aplicar sus -conocimientos especiales, su experiencia de los negocios públicos, su -espíritu sereno y levantado, y bastan para asegurarle alto puesto, el -primer puesto, entre los historiadores americanos de toda esa época. - -Quienquiera intente después de él tratar directa ó indirectamente los -acaecimientos de tan largo y crítico período, hallará el camino abierto -y la tarea muy simplificada. Sin parar mientes más de lo estrictamente -necesario en la extrañeza de ciertos adornos y recursos habituales de su -estilo, en el lenguaje á veces oscuro para lectores no argentinos ó -chilenos, agradecerá tan vivamente como debe el inapreciable servicio -prestado á la literatura histórica en América. - - - - -J. L. MOTLEY - -Y SU HISTORIA DE LA GUERRA DE LOS PAÍSES BAJOS CONTRA ESPAÑA. - -"The correspondence of JOHN LOTHROP MOTLEY.--2 vols. London. 1889." - - -El ilustre historiador norteamericano Motley no pasó toda su vida -únicamente dedicado á sus estudios y sus libros como Prescott; á éste un -defecto físico, un padecer constante de los ojos, que á intervalos fué -completa ceguera, lo condenó á vivir siempre encerrado en su gabinete, -mientras que Motley, educado en universidades de Europa, lleno de vigor -físico y con las más brillantes dotes intelectuales, pudo desde muy -temprano extender el campo de su actividad y seguir la carrera -diplomática, ponerse al servicio directo de su país, al mismo tiempo que -continuaba estudios eruditos y componía sus hermosos libros. Esta doble -y generosa ambición no redundó por desgracia en provecho de su felicidad -personal, y al fin de sus días, sin culpa suya, por la injusticia de los -hombres y las cosas, tuvo sobrado motivo de envidiar amargamente la -existencia apacible, la tranquila gloria literaria á que solamente -aspiró Prescott, su predecesor, amigo, émulo é insigne conterráneo. - -Obtuvo, pues, Motley en la una y la otra carrera resultados -diametralmente opuestos. Su historia de la lucha por la independencia en -los Países Bajos fué, apenas publicada, leída ávidamente, saludada por -el más unánime y nutrido aplauso en Europa y en América. Sus dos grandes -empleos diplomáticos: ministro plenipotenciario en Austria durante la -presidencia de Lincoln primero y de Johnson después, é igual cargo, -luego, en la Gran Bretaña por nombramiento del general Grant, terminaron -de una manera desastrosa, por decirlo así, porque de ambos se retiró -contra su voluntad y agraviado profundamente. - -Huellas penosas le dejaron las dos desagradables aventuras; el colector -de su correspondencia privada, salida á luz unos doce años después de su -muerte, en 1899, ha tratado de no señalarlas demasiado, de atenuarlas y -esfumarlas un tanto; pero bien se descubren en varias de sus cartas, -como también se pueden reconocer en sus últimos trabajos históricos. La -parte biográfica no es, sin embargo, el principal atractivo en estos dos -volúmenes, por lo menos en cuanto á Motley mismo se refiere. Habla él -poco de sí, á veces hasta lo evita. Hay en cambio muy curiosas -observaciones, retratos á la pluma, trazados á menudo con tanta rapidez -como exactitud, de multitud de personas distinguidas con quienes estuvo -en relaciones durante su larga residencia en Europa, á causa del éxito -de sus libros y también de sus representaciones diplomáticas en Viena y -en Londres. La íntima amistad que desde la juventud lo ligó á Bismarck, -su condiscípulo en Göttingen y en Berlín, añade igualmente valor á la -colección por contener cartas de uno y otro. Todo esto explica el -interés despertado, aunque no sea esta Correspondencia como obra -literaria de las que aumentan considerablemente la reputación de un -autor, á la manera de las deliciosas cartas de Merimée al bibliotecario -del Museo británico Panizzi, ni tampoco de las que revelan aspecto -desconocido, apenas sospechado, del talento de un escritor, como las del -conde Joseph de Maistre á su familia cuando, bloqueado en San -Petersburgo por las victorias y el malquerer de Napoleón, representaba -allí con tanta distinción al destronado rey del Piamonte. - -Al estallar en 1861 la guerra civil de los Estados Unidos, contaba -Motley cuarenta y siete años de edad, y hacía cinco que había dado á luz -su primer trabajo histórico, su obra maestra, "la Fundación de la -república de Holanda" (_The Rise of the Dutch Republic_) en tres -volúmenes. Los dos tomos primeros de la continuación, con el título de -"Historia de las Provincias Unidas," aparecieron en 1860. El éxito fué -muy rápido, muy grande y en parte inesperado. - -Impresa la primera obra por cuenta del autor, pues ninguna casa editora -quiso correr el riesgo de comprársela, se abrió camino prontamente, y en -un año se vendieron en Inglaterra quince mil ejemplares, lo cual es -mucho, dada la época, la materia y las proporciones de la obra. Fué -traducida inmediatamente al holandés, al alemán y al ruso, y se -anunciaron en competencia dos traducciones al francés que pronto -aparecieron, una en Bruselas y la otra, con prólogo é intervención de -Guizot, en París. Los jueces más autorizados confirmaron el aplauso -público, y entre ellos los verdaderamente abonados, los que se dedicaban -con especialidad al estudio de los mismos sucesos desde puntos diversos -de vista, como Froude en Inglaterra, como Prescott en los Estados -Unidos, como Bakhuyzen van den Brink en Holanda, todos concurrieron -declarando el alto valer de la obra del nuevo historiador. - -Es sin disputa libro muy notable, escrito con el calor y movimiento de -una novela histórica y escrupulosamente fundado sobre estudios directos, -originales, seguidos por espacio de diez años en diversos países, dentro -de los archivos donde se custodian los documentos, los manuscritos -auténticos y despachos diplomáticos en que observadores muy sagaces á -menudo han ido acumulando vasta masa de noticias inéditas todavía, venas -de mineral precioso, á las que falta sólo la paciencia del erudito para -aquilatar su riqueza. - -Motley concibió, desde luego, su trabajo como un inmenso cuadro, -armoniosamente completo, y lo ejecutó conforme á un plan de la más -estricta y admirable unidad, sin que desde la página inicial hasta su -término flaquee la inspiración del artista ni decaiga el interés de la -narración. Es una obra histórica que tiene héroe, protagonista, como en -las novelas y poemas; no una biografía propiamente hablando, pues relata -los sucesos de un largo período de la vida de una nación, pero floreció -durante ese tiempo un hombre que fué sin cesar el alma de la situación, -en cuyo corazón palpitaba la sangre, la vida de su patria; y presente ó -ausente, aparece siempre dominando la escena su heroica y varonil figura -ó su nombre esplendoroso. Ese héroe es Guillermo de Nassau, "el rebelado -Príncipe de Orange", como lo apellida un poeta español; el Taciturno, -como generalmente se le llama, por antigua y curiosa antífrasis, pues -era de carácter afable y comunicativo. Motley nos lo presenta desde el -primer capítulo, en la hermosa descripción de la ceremonia del gran -salón del palacio de Bruselas cuando, en un día del mes de Octubre de -1555, abdicó solemnemente Carlos V y traspasó á su hijo Felipe la corona -real y los vastos territorios en Europa y en América que de ella -dependían. Era entonces Guillermo un joven de veintidós años, sobre cuyo -hombro se apoyaba el fatigado y gotoso Emperador y Rey, al pronunciar de -pie su arenga de despedida. Así comienza la historia de Motley para -terminar veinte años más adelante el día infausto del mes de Julio de -1584, en que sucumbe Guillermo de Orange mortalmente herido por la bala -de un asesino. - -¿Quién hubiera dicho al ilustre y orgulloso monarca, al concluir su vida -pública en medio de la pompa de esa gran representación teatral, que -estaban ya reunidos en aquel salón del palacio de los duques de Brabante -los personajes principales de un tremendo drama, cuyo desenlace -arrastraría consigo la anulación de todos los votos, el aniquilamiento -de todas las esperanzas, expresadas en la arenga y puestas bajo el -amparo y bendición de Dios Todopoderoso en el tono de grave, serena y -altiva confianza que naturalmente correspondía al que todos allí -consideraban como lugarteniente de Dios sobre la tierra? ¿Quién le -hubiera anunciado al oído que el joven en cuyo brazo se apoyaba como el -del más fiel de sus vasallos, había de ser enemigo acérrimo, -irreconciliable de su hijo; que gracias á él triunfaría en los Países -Bajos la religión reformada, se amenguaría el prestigio de la monarquía -y mermaría considerablemente el patrimonio allí trasmitido á sus -descendientes? - -Entre esos dos sucesos capitales, abdicación de Carlos Quinto y muerte -del príncipe de Orange, desenvuelve Motley su narración, que por sí -misma se divide en cinco grandes partes y una introducción, como los -actos de una vasta composición dramática. En todos ellos es siempre -Guillermo el personaje prominente, pero en cada uno pelea con un -adversario diferente, contra los que en rápida sucesión van viniendo á -representar los derechos hereditarios del pequeño, delgado y laborioso -monarca, que desde el fondo de su palacio en Valladolid, en Madrid ó en -el Escorial, devana los hilos de la inmensa trama que debe mantener el -mundo sometido á la absoluta unidad de creencias religiosas y á la -jurisdicción del Santo Oficio. Cuando partió de Flandes Felipe, cuatro -años después de su advenimiento al trono, quedó encargada de oponerse á -las justas reclamaciones de las Provincias su hermana Margarita, hija -natural del Emperador. Frustrados los primeros planes despóticos del -rey, vino el duque de Alba á la cabeza de un fuerte ejército, resuelto á -probar con sangre y fuego otro sistema de gobierno y arrancar de cuajo -la rebelión, matando, arruinando, desolando y aterrando: formidable -tarea que el terrible duque ejecutó puntualmente, obedeciendo como -aguerrido y sumiso militar las implacables instrucciones de su señor, -exagerándolas también como indignado y sanguinario vasallo del injuriado -soberano. Nada obtuvo en definitiva, y con su vuelta á España cae el -telón del segundo acto, el más espantoso de la tétrica tragedia. - -La tercera parte comprende la breve é indecisa administración del -Comendador mayor de Castilla Requesens, que murió súbitamente en medio -de una campaña, quedando el ejército de ocupación sin general en jefe, -de lo cual provino poco después el saqueo de la ciudad más rica del -Brabante por la soldadesca desenfrenada, atentado colosal, famoso en la -historia con el nombre de "furia de Amberes". - -El cuarto acto, aunque más corto todavía, de sólo dos años, excita -interés como si fuera episodio de una novela romántica. Comienza en el -momento en que don Juan de Austria se desmonta del caballo en -Luxemburgo, después de haber atravesado toda la Francia al galope desde -la frontera española, disfrazado de esclavo morisco, para hacerse cargo -más pronto del gobierno de los Países Bajos, lleno de ambiciosas y -halagüeñas esperanzas. Termina cuando exhausto y desesperado, al cabo de -veintidós meses de estéril y fatigante lucha como guerrero y como -diplomático, es invadido de la peste frente á Namur y muere dentro de -una choza miserable á los treinta y tres años, pobre y sintiendo perdido -todo su prestigio, sin más bienes de fortuna que los objetos de su uso -personal, "esos trapos que ahí quedan", como dijo patéticamente á su -confesor; después de haber vivido como un paladín del tiempo de las -Cruzadas y haber soñado toda su vida en ceñirse una corona, que brilló -continuamente ante sus ojos deslumbrados y nunca estuvo al alcance de su -mano. - -Antes de morir traspasó don Juan sus poderes á Alejandro Farnesio, -príncipe de Parma, su sobrino, pero de su misma edad y en todo y por -todo otra clase de hombre. Fué Farnesio en la guerra y en la política el -más hábil de los gobernadores que tuvo el rey en esos dominios y da -nombre á la quinta y última jornada del drama comprendido en la -narración de Motley. Encontró en él Guillermo de Orange, adversario -digno de su acero, muy capaz de haber logrado el triunfo si la habilidad -y la energía hubiesen bastado á asegurarlo en causa tan inhumana. Mas -si por la fuerza misma de las cosas no era dable á tan formidable -caudillo vencer y extirpar la rebelión, pudo al menos contenerla, -reducirla parcialmente, y la fortuna quiso concederle el gran favor de -que uno de los varios asesinos despachados para matar al ilustre -rebelde, cuya cabeza estaba de mucho tiempo atrás puesta á precio por -edicto del soberano, consumase durante su gobierno el nefando atentado. - -La "Historia de las Provincias Unidas", lleva los sucesos hasta la -tregua de Doce años y la terminación virtual de la lucha con España. -Concebida en idénticas proporciones y con el mismo plan que la -precedente, carece de la unidad y concentración de interés que le presta -la intervención del Taciturno, pero el conocimiento profundo de la -materia y el vigor de la pluma son exactamente iguales. - -El impetuoso, ardiente entusiasmo que siente y no disimula el -historiador angloamericano por la causa de los Países Bajos, lamentando -sus desastres y exaltándose con sus victorias, produce al cabo un efecto -particular, casi una fascinación. Vivamente persuadido de la profunda -semejanza, de las íntimas relaciones históricas entre la república de -los Estados Unidos vencedora de la Gran Bretaña en el siglo XVIII, y la -república bátava luchando contra España en el XVI, no puede á veces -contener su emoción y palpita en sus palabras con el calor de la fiebre -el amor á la libertad, la aversión al despotismo y la fe más firme -republicana. Hubiera, sin duda, sido más filosófico mirar las cosas con -inalterable serenidad, examinarlas por todos sus lados más reposadamente -y analizar las controversias religiosas y políticas del pasado sin traer -á su estudio ninguna de las pasiones del combate, ni siquiera las más -elevadas, respetables ó desinteresadas; pero la verdad es que no hay un -fallo de Motley en desacuerdo con la equidad, que reprueba la injusticia -dondequiera que la encuentra, que ha ido á comprobar en fuentes -originales todo lo que dice, y ofrece al lector los datos necesarios -para rectificar el valor de sus observaciones. - -El defecto principal de estos trabajos, el que minora un tanto su -importancia como arte, aunque dejando intacta su utilidad como obra de -erudición, es la exuberancia, no solamente del estilo, á veces demasiado -redundante y de un colorido exagerado, sino también de la materia, á -menudo desleída y extendida más allá de los límites necesarios, sobre -todo cuando se empeña en extractar minuciosamente documentos y seguir -hasta sus menores detalles negociaciones diplomáticas cuyo interés no -concuerda con la atención que demandan. En uno y otro caso, en el estilo -y en la distribución de los materiales, arrastra al autor su doble -temperamento de artista entusiasta y de paciente erudito. - -Los largos años de estancia en Europa no lo desprendieron de sus raíces -en América, y siguió siempre la marcha de las transformaciones -políticas de la patria con atenta mirada. Puede colegirse cuales eran -sus opiniones de estas palabras con que en carta á su madre, incluida en -la _Correspondancia_, saluda la elección de Lincoln á la presidencia: -"Después de este gran veredicto no es posible ya, gracias á Dios, decir -que la esclavitud es la ley de mi país ni que la bandera americana donde -se presenta lleva consigo la esclavitud". Al comenzar el período crítico -de la guerra civil quiso, como era natural, valerse el gobierno -americano de su reputación europea y lo nombró ministro plenipotenciario -en Austria. Ahí pudo continuar en relativa tranquilidad sus trabajos, -buscando en el estudio de lo pasado distracción de las angustias que la -situación de la patria discorde y bañada en sangre despertaba en su -ánimo, y de que abundan en la _Correspondencia_ pruebas interesantes. -Desempeñó con habilidad su encargo, pero la suspicacia y violencia de -carácter del presidente Johnson, en una cuestión personal de muy menuda -importancia, forzáronlo, al fin, á presentar su dimisión. - -Cuando subió el general Grant al poder, obtuvo la representación de los -Estados Unidos en Inglaterra, puesto infinitamente más agradable, que -aceptó lleno de lisonjeras esperanzas, pues tenía en Londres muchos -amigos y contaba que lo ayudarían en el desempeño de su misión, -particularmente difícil en esos días en que el gobierno americano estaba -con justicia enconado contra el británico por las numerosas pruebas, -sólidas y palpables, con que demostró su simpatía por la Confederación -de los estados del sur. Pero fueron vanas sus esperanzas, la -plenipotencia duró apenas un año, y merece realmente la pena de -recordarse y relatarse el modo cómo de súbito y sin previo aviso se la -quitaron. Motley, nombrado en virtud de la influencia política de su -íntimo amigo el senador Sumner, sin saberlo ni haberlo podido prever, -sufrió las consecuencias de un desavenimiento entre Grant y Sumner. - -Apenas instalado Grant en la presidencia manifestó el más vivo deseo de -anexar la república de Santo Domingo á los Estados Unidos, y al efecto -firmó un tratado con Baez que entonces la presidía. Como todos -necesitaba ese tratado para tener valor el voto favorable de las dos -terceras partes de los senadores, y Sumner en su calidad de _Chairman_ -de la Comisión de negocios extranjeros del Senado tenía en esos asuntos -preponderante influencia, además del peso que daban á su opinión su -antiguo prestigio y sus grandes servicios al partido republicano -triunfante. Grant decía que Sumner le había ofrecido su voto en pro, y -Sumner afirmaba que se había limitado á declarar que siempre -consideraría con el mayor respeto y la más imparcial atención todo lo -que viniese de quien era jefe de la nación y jefe del partido á que -ambos pertenecían. Sumner, hombre muy orgulloso, que estaba muy engreído -y nunca faltó á su palabra, no podía en realidad haber dicho otra cosa; -el Presidente entendió probablemente lo contrario; los dos procedían -seguramente de buena fe. - -El caso fué que el senador, al presentar á discusión el tratado con el -informe adverso de la Comisión, demolió uno por uno sus artículos en un -discurso de cuatro horas atacando con su habitual vigor á Baez, á los -que con él trataron y á todos los que "querían forzar un pueblo débil al -sacrificio de su país"; y después de largos debates votó en favor de los -proyectos del Presidente la mitad no más de los senadores, quedando, -pues, el tratado rechazado. - -Grant enfurecido, no pudiendo hacer nada personalmente contra Sumner, -ordenó á Hamilton Fish, su Secretario de Estado, que destituyese en el -acto á Motley de su cargo en Inglaterra, pues era hechura del senador. -Fish obedeció prontamente; la votación del Senado tuvo lugar el 30 de -Junio de 1870, y Motley fué destituído por telégrafo el primero de Julio -siguiente. - -Fué una afrenta inmerecida impuesta á un alto funcionario, que era al -mismo tiempo hijo eminente del país, y Presidente y Secretario la llevan -á la posteridad como cargo imborrable de su conducta política. Motley lo -soportó virilmente sin promover escándalo, pero el golpe le hizo -profundos estragos y creen quienes lo conocieron que abrevió su -existencia. - -Después de la destitución publicó la tercera y última de sus historias -con el título "Vida y muerte de Juan de Barneveld", que se liga con los -sucesos de las anteriores, y llega hasta donde ya se vislumbra el -principio de la guerra de Treinta años. Conserva las mismas brillantes -cualidades de las otras, pero el argumento no es susceptible del mismo -género de interés palpitante, salvo algunos episodios, como la evasión -de Hugo Grocio. Un crítico muy competente la tiene por la más clásica de -sus producciones[68]. - - [68] El erudito holandés Groen van Prinsterer, citado por O. - Wendell Holmes en la excelente biografía que, con el título de _A - Memoir_, publicó después de la muerte de Motley, donde se - encuentran pormenores sobre su vida pública y la brusca terminación - de su carrera diplomática, puntos á que sólo incidentalmente se - alude en la _Correspondencia_. Véase también la biografía "Charles - Sumner by Moorfield Storey". Boston, 1900. - -Hablando en esta última obra de un embajador holandés, Aerssens, á quien -trató su gobierno en cierto modo como el general Grant lo había tratado -á el, no desperdicia la ocasión de decir que ultrajes de ese género -hieren profundamente y que no puede menos de sentirse oprimido de cólera -y de dolor el que se ve deshonrado así ante el mundo después de haber -cumplido escrupulosamente su deber y defendido los derechos y la -dignidad de su patria. Luego agrega refiriéndose siempre á Aerssens, -pero la alusión es transparente. "Sabía muy bien que los cargos contra -él no eran más que pretextos y los motivos que impulsaban á sus enemigos -tan indignos como los ataques mismos; pero no ignoraba al mismo tiempo -que el mundo se pone por lo general del lado de los gobiernos contra los -individuos, y que raras veces la reputación de un hombre es bastante á -defenderlo en tierra extranjera, cuando su propio gobierno alarga la -mano, no para protegerlo, sino para asestarle la puñalada". - -Más de un pasaje impregnado del mismo sentimiento se encuentra en otras -páginas de la obra y en algunas alusiones de la _Correspondencia_, -revelando discretamente que la herida recibida en el pecho no -cicatrizaba, que destilaba sangre sin cesar. Las letras, fieles -consoladoras de los que en ellas buscan solamente la verdad ó la -belleza, le trajeron el único alivio posible en su situación; pero el -desengaño amargo le había sorprendido al caer ya la tarde, en período -demasiado avanzado de su carrera, cuando los resortes vitales habían -perdido mucho de su elasticidad, y el daño resultó irreparable. Quiso -luchar, seguir sus estudios, registrar archivos, visitar lugares para la -historia ofrecida de la guerra da Treinta años, con la que contaba -cerrar dignamente su vida literaria, pero en vano. En 1873, dos años -después del penoso desastre, aparecieron los primeros síntomas de la -afección cerebral que lo arrebató en 1877. Un mes antes había cumplido -sesenta y tres años. - - - - -ANDRÉS BELLO - -Obras completas de _Don Andrés Bello_.--Quince volúmenes. Santiago de -Chile.--1881-1893. - - -En el año de 1872 votó el Congreso nacional de Chile una ley para que se -ordenase é imprimiese á costa del tesoro público la edición completa de -las obras tanto publicadas como inéditas de Andrés Bello, en recompensa -(dice el texto de la ley) á los servicios por él prestados como -escritor, profesor y codificador. La edición, llevada á cabo bajo la -dirección del Consejo de Instrucción pública, es sin disputa hermoso -monumento elevado en honor del que es gloria reconocida de toda la -América que habla la lengua de Cervantes: quince gruesos volúmenes en -octavo grande, en condiciones tipográficas bastante buenas, precedidos -todos de los datos y noticias necesarias, y acopiando, bien en el cuerpo -de los tomos, bien á veces en esas mismas introducciones, cuanto se ha -podido encontrar debido á la pluma del ilustre venezolano, tanto entre -sus manuscritos como en los más antiguos y olvidados papeles periódicos -donde escribió en el curso de su larga vida. - -Invitado Bello por el gobierno chileno, fué á establecerse en Santiago -el año de 1829; tenía entonces cuarenta y ocho años, una familia -numerosa formada en Inglaterra, donde había residido diez y nueve años -y se había casado dos veces. Durante esa larga estancia en tierra -extranjera había sido secretario de las legaciones de Venezuela, de -Chile y de Colombia en varias ocasiones, además periodista, profesor en -casas particulares, traductor, descifrador de manuscritos, luchando de -mil maneras para ahuyentar la miseria y sostener su familia. Pero el -sueldo de diplomático era corto y siempre mal pagado, los otros trabajos -inseguros ó mezquinamente retribuídos, y el pobre hombre, á pesar de su -instrucción extraordinaria é infatigable laboriosidad, se acercaba en -las más precarias condiciones al límite fatal de los cincuenta años, sin -recursos de fortuna y agobiado por necesidades domésticas. No le era ya -dado pensar en volver á Caracas, su ciudad natal; sobre no estar -satisfecho del modo como en su ausencia lo habían tratado ni del aprecio -con que sus jefes, Bolívar mismo incluso, habían correspondido á sus -servicios, ya en ese año de 1829 se veía venir inevitable la disolución -de Colombia y la anarquía propagarse terriblemente en Venezuela. - -Aceptó, pues, las proposiciones, salió para Chile y halló aquello de que -iba en busca: seguridad de la existencia material y campo donde ejercer -sus grandes facultades de literato, periodista, educador del país, -maestro de la juventud. Treinta y seis años más debía vivir, residiendo -siempre en la ciudad de Santiago hasta su muerte en Octubre de 1865, á -la respetable edad de ochenta y cuatro años. El gobierno chileno le -confirió desde luego la categoría de empleo que había ofrecido, lo -nombró al poco tiempo Oficial mayor del Ministerio de lo Exterior y -gradualmente fué otorgándole cargos y honores: Rector de la Universidad, -Senador, Comisionado especial de la redacción de códigos, etc. Después -de su muerte se le han erigido estatuas, se ha celebrado con entusiasmo -en 1881 el centenario de su nacimiento, se ha publicado en fin esta -hermosa edición de sus obras, costeada por fondos públicos y regalada en -parte á la familia, á los herederos de Bello. - -Se ha mostrado, por tanto, la república de Chile noblemente agradecida -al ilustre varón venezolano que la hizo su segunda patria. Pero antes de -tocar al período de los triunfos tuvo Bello que pasar momentos muy -amargos. Desde su llegada, encontrándose el país en situación bastante -incierta, en vísperas de sangrientas discordias, se vió forzado por las -circunstancias á colocarse, ó parecer colocado, del lado de uno de los -dos partidos que se disputaban el porvenir de la república. -Afortunadamente salió victorioso el partido á que se inclinó: de ahí que -pudiese permanecer tranquilamente y dejar al tiempo traerle los honores -y el respeto que sus grandes méritos justificaban; pero de ahí también -surgieron enemistades y rencores que en seguida lo expusieron á rudos -ataques, durante muchos años después á insultos y alardes enfadosos de -desdén. Todavía en 1835, seis años después de su naturalización, un -chileno distinguido, justamente llamado "patriota venerable" por -Amunátegui en su copiosa é interesante _Vida de Don Andrés Bello_, -calificó de _miserable aventurero_ al insigne autor de la silva á la -Zona tórrida. - -Recibir cara á cara tal expresión de vilipendio á los cincuenta y cuatro -años de edad, después de haber escrito obras inmortales, y en un país, -que si no es la patria, es lo más próximo posible, por la identidad de -la lengua, de las costumbres, de las tradiciones y hasta de los -infortunios, debe exceder al dolor físico más punzante. Huella profunda -del efecto que ese y otros ataques le causaron aparecen en varios de sus -escritos, á pesar de su calma y moderación ingénitas; señaladamente en -una muy sentida octava de un apóstrofe al campo con que comienza el -canto tercero del poema _El Proscrito_, que dice así: - - ¡Al campo! ¡Al campo! Allí la peregrina - Planta, que floreciendo en el destierro - Suspira por su valle ó su colina, - Simpatiza conmigo; el río, el cerro - Me engaña un breve instante y me alucina: - Y no me avisa ingrata voz que yerro, - Ni disipando el lisonjero hechizo - Oigo decir á nadie: ¡_advenedizo_! - -Pero dadas las condiciones en que se encontraba no debe extrañar -sobremanera que fuese cruelmente atacado, ni sería justo deducir cargo -demasiado severo contra Chile. En cualquiera otra parte probablemente le -hubiera sucedido lo mismo, y es seguro que allí por lo menos obtuvo á -la postre grandes y justas compensaciones. - -Antes de fijar brevemente nuestra atención en la parte poética de la -obra de Bello, haremos ligera indicación de los escritos coleccionados -en los demás volúmenes, prescindiendo de los cinco últimos tres de los -cuales comprenden exclusivamente sus trabajos como jurisconsulto y -codificador, y los otros dos artículos ó científicos ó de viajes ó de -algún otro asunto, pero todos de importancia mucho menor. - -El tomo primero contiene la _Filosofía del entendimiento_, tratado -póstumo de psicología y lógica, que el autor á su muerte tenía copiado -en limpio y preparado para la impresión. Su principal importancia -consiste en revelarnos las doctrinas que enseñaba Bello á sus -discípulos; fuera de eso es materia completamente envejecida. Su larga -estancia en Inglaterra lo impulsó á abrazar la filosofía allí entonces -imperante, los sistemas de la escuela escocesa, muy en consonancia, -además, con sus tendencias espiritualistas y con su modo práctico de -considerar los problemas de la ciencia y de la vida. Entre los varios -filósofos que escribían ó profesaban en ese tiempo parece haber -preferido, aunque á veces refutándolo, á Thomas Brown, poeta también y -prosista distinguido. Pero los libros de Brown están ya completamente -olvidados aun en Inglaterra misma, y nada ó casi nada queda hoy de sus -aplaudidas doctrinas filosóficas. El tratado de Bello se distingue por -la claridad de la exposición y la excelente distribución de sus partes; -es un libro de enseñanza, del género de los que compuso el presbítero -Balmes, y si no escrito con la animación y brillantez que distinguen al -polemista catalán, tiene en el fondo más solidez y más sinceridad en la -discusión, y la forma es mucho más correcta, á pesar de que Bello -distaba mucho de escribir en prosa tan bien como en verso. - -El tomo segundo encierra el antiguo poema ó Gesta del Cid, conforme á -una nueva versión corregida del texto publicado por Sanchez á fines del -siglo XVIII, con más de cien páginas de notas repletas de erudición y -muy sagaces conjeturas, dos apéndices sobre la lengua y literatura -españolas de la Edad media y un glosario, no tan flaco y desprovisto -como el de Sanchez y otros, después del de Sanchez, publicados en -España. - -Las materias de estos dos primeros volúmenes adolecen del mismo mal. Muy -notablemente tratadas para la época de su composición tienen gran valor -en la historia de la vida de Andrés Bello, pero menos utilidad é interés -directo para filósofos ó eruditos al corriente de la ciencia de nuestros -días. La psicología escocesa, aun mirada al través de los universitarios -franceses, parece hoy una curiosidad histórica, una antigualla. El texto -del poema del Cid descifrado por Sanchez no es ya la base para edificar -una nueva edición; el códice del siglo XIV que ese benemérito literato -tuvo la suerte de descubrir no ha sido bien transcrito hasta una época -posterior, en uno de los últimos tomos de la Biblioteca de Rivadeneyra, -y mucho mejor en la edición de Halle publicada por el sabio alemán -Volmöller[69]. Careció por tanto Bello de los elementos indispensables, -y es muy de admirar por lo mismo que á veces adivinase detrás de las -mentiras de la copia del siglo XIV la versión probable del original -antiguo. Otras veces sugiere cambios menos aceptables, dando por sentado -respecto al metro y otros puntos dudosos soluciones difíciles de -justificar. Si el trabajo se hubiese publicado cuando lo proyectó y -comenzó á ejecutarlo, cuando acudía diariamente al Museo británico á -reunir sus materiales y acopiar el inmenso número de extractos y apuntes -que se llevó á Chile, hubiera ocupado inmediatamente ese modesto hijo de -Venezuela el primer puesto entre los sabios de Europa dedicados al -estudio de la literatura de las naciones latinas durante la Edad media. -Ya en 1829 sabía Bello sobre los cantares de gesta, los romances, las -crónicas y en general sobre la lengua literaria de España más de lo que -llegó nunca á saber Amador de los Ríos, que en esas materias pasaba en -su tierra por un pozo de sabiduría. - - [69] Hay una transcripción más reciente, publicada en Madrid (1898) - por D. R. MENÉNDEZ PIDAL. - -La _Gramática castellana_ con las excelentes notas de Cuervo llena todo -el cuarto; en el quinto están reunidos el compendio de la misma -gramática y sus trabajos menores del mismo género: análisis de la -conjugación, métrica, etc. En ese terreno no tiene rival. Su utilidad -práctica puede ir disminuyendo con el tiempo, pero el nombre del autor, -príncipe de los gramáticos españoles en el siglo XIX, no morirá. - -El tratado de _Derecho internacional_, cuya primera edición data de 1832 -y unánimemente se considera como un modelo de libro de texto, por otros -imitado y no mejorado, ocupa el tomo décimo, así como el noveno los -_Opúsculos jurídicos_. Ambos volúmenes revelan su profundo dominio de -las teorías del derecho, tan hábilmente aplicadas luego en los cinco -últimos á la redacción de las leyes, que rigen y regirán siempre, más ó -menos modificadas, en Chile. - -Cuantos documentos son necesarios para seguir su vida literaria se -hallan bajo el rótulo de _Opúsculos literarios y críticos_ en los tomos -cuarto, séptimo y octavo: ahí reaparecen sus artículos insertos en -periódicos de Londres y de Santiago, en la _Biblioteca_, _El -Repertorio_, _Los Anales_, _El Araucano_ y varios otros; sus discursos -de la Universidad, sus memorias oficiales, y en los prólogos de don -Miguel Luis Amunátegui, escritos para cada uno de los tomos, se -encuentran hasta fragmentos de artículos no concluídos descubiertos -entre sus manuscritos. Todos ellos por desgracia, los conocidos y los -inéditos, confusamente amontonados sin orden de materias ni de fechas. - -Amunátegui, prologuista infatigable, que antepone á cada uno de los diez -primeros volúmenes de esta edición largas introducciones desaliñadamente -escritas, pero repletas de datos y rebosantes en amor y admiración hacia -el famoso varón que fué su maestro, ha tenido la suerte de extraer de -los manuscritos fragmentos interesantes, y aun alguna vez trabajos -completos y valiosos. Halló en ellos un verdadero filón, pero no fácil -de beneficiar. Bello usaba forma de letra malísima y en los últimos -períodos de su vida escribía en caracteres microscópicos, desiguales y -borrosos, que ni con fuerte vidrio de aumento se dejan fácilmente -descifrar y exigen gran dosis de paciencia y conciencia en el -descifrador. Varias de las obras antes inéditas estarán probablemente en -esta edición cuajadas de errores nacidos de esa causa, y el mismo -Amunátegui lealmente lo advierte y nos facilita armas para atacarlo en -su función de lector de los jeroglíficos de Bello. - -Figuróse una vez haber encontrado versos en un papel, más cuidadosamente -examinado resultó ser un viejo borrador de artículos para el Código -civil. Otra vez en cambio tuvo la dicha singular de poner la mano nada -menos que sobre el final perdido de la epístola á Olmedo, de los -hermosos tercetos que en 1827 dirigió Bello á su amigo con el título de -"Carta escrita desde Londres á París por un americano á otro", y de los -cuales había publicado hasta completar el número de cincuenta y uno el -mismo Amunátegui en su vida de Don Andrés, edición de 1882, deplorando -que faltase el final ó no hubiese el autor llegado á escribirlo. Con muy -legítima satisfacción, por tanto, procedió á insertar en la introducción -al tomo de las poesías en estas Obras Completas nueve estrofas más: ocho -tercetos y el cuarteto que definitivamente las cierra. - -El primer hallazgo era una fortuna, resolvía una duda bibliográfica, -pero nada añadía á la reputación del poeta: antes al contrario parecía -bien extraño que en la fuerza de sus años escribiese Bello terceto tan -áspero y rocalloso como éste: - - Y en todos sus oráculos proclama - Que al Magdalena y al Rimac turbioso - Ya sobre el Tiber y el Garona ama. - -O que poeta tan sobrio y conceptuoso echase á volar este verso insulso y -palabrero: - - Bella visión de cándidos cristales. - -No había semejante cosa, tales adefesios no eran de Bello, eran mala -lectura del manuscrito, y por dicha se pudo rectificar el verso. - -La epístola acaba con una apoteosis á la antigua moda clásica. Olmedo se -sienta en el Parnaso entre las Musas que entonan un himno en su loor; y -para hacer más cumplido y delicado el elogio pone Bello en boca de las -nueve hermanas versos del mismo Olmedo, versos tomados del magnífico -canto á la victoria de Junín, donde se dice: - - Que ni Magdalén y al Rimac bullicioso - Ya sobre el Tiber y el Eurotas ama. - -De esa manera un río clásico, el río de Esparta, viene á sustituir al -Garona, el río de Burdeos, que tan impertinentemente se pretendió hacer -correr por esa región de pura poesía. Lo mismo acontece con la visión -absurda de _cándidos cristales_, que eran y debían ser _cándidas -vestales_, como había escrito Olmedo. _Et sic de caeteris._ - -Bello no caerá en el olvido ni como gramático ni como filólogo; en Chile -es seguro que no se borrará su fama de legislador: pero los timbres -indelebles de su gloria estarán siempre en sus obras poéticas. Es por -consiguiente el más interesante de los tomos de esta edición el tercero, -en el que por primera vez se encuentra completo, reunido cuanto de -bueno, de mediano y de insignificante compuso ó tradujo en verso, hasta -donde ha sido posible sacarlo de sus casi ilegibles manuscritos. La -colección es muy superior á la que en 1881 apareció en Madrid en la -_Colección de Escritores castellanos_, aseméjanse ambas solamente en el -número considerable de erratas, pero esto es cosa corriente: el corregir -erratas de imprenta parece un arte perdido, ignorado de casi todos los -que en Europa y América publican libros en español. - -Esa edición de Madrid tiene el mérito de llevar al frente un estudio -biográfico y crítico por Don Miguel Antonio Caro, pero comete el crimen -de mutilar lastimosamente al poeta suprimiendo hasta cuarenta y seis -versos de una de sus mejores obras, la _Alocución á la poesía_, -simplemente porque aluden á España, á las crueldades de la conquista y -de la guerra de independencia. El trabajo de Caro es muy notable, -elegantemente escrito y de sólida doctrina, salvo en alguno que otro -lugar en que el distinguido literato colombiano afirma en forma -demasiado concluyente é imperiosa su gusto y su impresión personal. Por -ejemplo, cuando en marcado son de vituperio llama intemperante el -lirismo de Quintana, como si templanza y lirismo casi siempre no se -excluyesen, y como si el lirismo mientras más genuino y más sincero no -pudiese correr el riesgo de parecer intemperante, sin perder por eso su -valor poético ni aminorar la intensidad de su efecto artístico. En otra -parte celebra un poco más de lo justo una oda juvenil de Víctor Hugo, -_Moisés en el Nilo_, para poder mejor dar al traste con todo lo demás -que compuso el autor de _Las Contemplaciones_. Pero el punto de vista en -que agrada aquí á Caro colocarse es el más propio y oportuno en un -juicio crítico[70] de las poesías de Bello, é indisputablemente las -juzga con íntima simpatía y tino singular. - - [70] Don M. Menéndez y Pelayo reprueba la expresión "juicio - crítico" y débese á él sin duda que muchos en España se abstengan - ya de emplearla. Tal vez sea vano empeño proscribir á estas horas - lo que han usado numerosos escritores que sabían muy bien lo que - decían. Es un pleonasmo, pero tan admisible como admitido. "Juicio - crítico" quiere decir una disertación en que se _juzga_ un autor ó - una obra conforme á las reglas de la _crítica_. La Academia - Española misma define al crítico en su Diccionario de esta manera: - "El que _juzga_ según las reglas de la _crítica_". Hay diversas - maneras de juzgar como hay diversas maneras de emplear la palabra - juicio. - -Cuando Bello en 1810, á los veintinueve años de edad, salió de Caracas, -su patria, que nunca debía volver á ver, formando parte de la primera -misión diplomática que se mandó á Europa, en la que entre otros iba -también Simón Bolívar, nada había escrito todavía digno de ser puesto -hoy en parangón con sus obras posteriores. En el curso de la segunda -mitad del período de su dilatada residencia en Inglaterra publicó en la -_Biblioteca_ y el _Repertorio_, las dos revistas en cuya dirección tomó -parte principal, las _Silvas Americanas_, maravillosa obra maestra de -toda la literatura en lengua castellana, pues por su magnífica é -intachable dicción se eleva hasta igualar lo mejor que jamás se escribió -en España, y por su asunto, sus imágenes y la amplitud de sus ideas -lleva el sello profundo de la grandeza y novedad del mundo americano. -Esas dos composiciones, los fragmentos que constituyen la _Alocución á -la Poesía_ y la silva á _la Agricultura de la zona tórrida_, exceden á -todo lo que escribieron Olmedo y Heredia, sus grandes rivales en -América, aunque por otra parte esos dos poetas brillantemente le superen -por la espontaneidad, el vigor y la variedad de la inspiración lírica. - -Bello es un admirable poeta didáctico, didáctico á la manera del autor -de las _Geórgicas_, y basta á determinar bien la cifra de los quilates -de su mérito recordar que la comparación, hecha y repetida infinito -número de veces, no es un simple manoseado lugar común, un consorcio -vago y caprichoso de nombres ó una indulgente concesión de apasionados; -quiérese realmente con ella significar que creó el autor americano, á -ejemplo y en libre imitación de Virgilio, algo casi tan bueno como -muchos buenos trozos de los cuatro libros de esa célebre producción -latina, que la recuerda y á menudo la iguala tanto en la parte puramente -descriptiva como en los admirables episodios; salvo por supuesto la -enorme desventaja que consigo trae la inferioridad literaria de la -lengua moderna al lado de la antigua. Pero Bello, es claro, considerado -bajo otro aspecto dista demasiado de Virgilio. Las Geórgicas anuncian, -preparan, no en el estilo, ya perfecto, sino en el conjunto de las otras -cualidades, al futuro cantor de la Eneida, y Bello, superior igualmente -como erudito y como perfecto versificador, no podía aspirar á las -alturas de poesía épica desde donde fulgura eternamente el genio del -vate famoso de "la alta Roma". - -Analizar ahora esas producciones de la época mejor de Bello sería -empresa inútil, ya muy bien desempeñada por Amunátegui, Cañete, Pombo y -varios otros distinguidos escritores, y en primera línea por Caro y por -Menéndez y Pelayo. - -En 1829, como va dicho, se estableció Bello en Santiago de Chile; -entregado inmediatemente á monótonas y apremiantes ocupaciones cultivó -poco la poesía, publicó menos aun de lo que á ratos perdidos escribía -para su propio solaz. La necesidad de congraciarse el afecto de la nueva -patria lo movió á cantar dos veces, con once años de intervalo, el _Diez -y ocho de Septiembre_, fecha oficial de la independencia de la -república; y es bien de admirar que esas dos odas así tituladas y -nacidas en condiciones tan de poeta cortesano, sean lo que son: dignas -de Fray Luis de León por su tono solemne y elevado. Imitan claramente -las producciones del gran lírico castellano y ascienden sin desfallecer -al mismo nivel de estilo y entonación. En la primera, la de 1830, es de -notarse la siguiente estrofa por la energía de la expresión, aunque la -imagen sea conocida, por el mismo Bello y por muchos otros usada ya: - - Vano error! Cuando el rápido torrente - Que arrastra al mar su propia pesadumbre, - En busca de la fuente - Retroceda á la cumbre, - Volverá el que fué libre á servidumbre. - -En la segunda, de 1841, más extensa y variada, hay un hermoso símil -magistralmente desenvuelto, aunque abusa ya un poco de la transposición, -rasgo característico de su dicción poética: - - Pero del rumbo en que te engolfas mira - Los aleves bajíos, - Que infaman los despojos miserables - ¡Ay! ¡de tantos navíos! - Aquella que de lejos verde orilla - A la vista parece, - Es edificio aéreo de celajes - Que un soplo desvanece. - Oye el bramido de alterados vientos - Y de la mar, que un blanco - Monte levanta de rizada espuma - Sobre el oculto banco. - Y de las naves, las amigas naves, - Que soltaron á una - Contigo al viento las flamantes velas - Contempla la fortuna. - ¿Las ves, arrebatadas de las olas, - Al caso extremo y triste - ¿Apercibirse ya? ... Tú misma cerca - ¡De zozobrar te viste! - -Es perder el tiempo ahora lamentar la interposición de ese largo y -estéril espacio de once años en que nada más hizo ó publicó el poeta; en -que la dura necesidad de asegurar el sustento lo forzó al silencio, -rodeado por una sociedad donde no hallaba ni auditorio ni estímulo ni -esperanza para la poesía; y que la inclemencia del destino así lo -persiguiese, cuando se acercaba ya al dintel de la ancianidad, para que -inútilmente se consumieran las últimas llamaradas de su genio poético -sin dar á nadie calor ni luz. Estaba entonces á punto precisamente de -operarse en él marcada transformación, un rejuvenecimiento de sus -facultades poéticas acompañado de nuevo rumbo impreso á su gusto y -aficiones literarias: prueba del grande y raro vigor de su talento, pues -iba ya á cumplir sesenta años. - -Fueron frutos de ese momento propicio, que comienza en 1841 y dura tres -ó cuatro años más, unas siete composiciones que son después de las -Silvas sus obras más características. Además de la canción ya citada, de -un efecto monótono de propósito buscado, pero algo fría, escribió las -bellísimas quintillas de _El Incendio de la Compañía_, en que sin -dejarse dominar demasiado por las melodiosas seducciones del metro -imprime al todo el acento de tristeza profunda, sobria, resignada que el -asunto requería: - - Noche oscura, muerta calma: - ¡Solemne melancolía! - -La primera parte describe poderosamente, sin exceso, sin inútil -exageración de horror el incendio de la antigua y venerada iglesia de -los Jesuitas en Santiago: la segunda representa las ruinas del edificio -visitadas después de la catástrofe por una procesión de sombras y -fantasmas. Para esta pintura no apela á largas enumeraciones como -Espronceda en _El estudiante de Salamanca_ ó al vago delirio de -Zorrilla en varias de sus leyendas; condensa el efecto en pocas estrofas -limadas, correctas, en que ni falta ni sobra una partícula. Sirvan de -ejemplo estas dos, en que la precisión de la sobria descripción apenas -permite tildar la repetición de los consonantes verbales: - - Va á su cabeza un anciano, - (Una blanca mitra deja - Asomar su pelo cano). - Cantan, y el canto semeja - Sordo murmullo lejano. - - Mueven el labio, y después - Desmayados ecos gimen; - La luna pasa al través - De sus cuerpos, y no imprimen - Huella en el polvo sus pies. - -El vivo color romántico que distingue al _Incendio de la Compañía_ -indica ya bien claramente que la musa de Bello tendía á emprender vuelo -por regiones nuevas. Dan de ello testimonio decisivo las cinco -imitaciones de Víctor Hugo que en seguida publicó; su hermosa dicción, -su rico lenguaje se amoldan en ellas sin deterioro á los vastos -espacios, á los libres arranques de la nueva escuela de poesía. No se -reduce al Víctor Hugo clásico todavía de las _Odas_ en el _Moisés -salvado de las aguas_, sigue el desarrollo de su genio en las -resplandecientes _Orientales_ para pedir luego otros dos motivos de -inspiración á las _Hojas de otoño_ y á _Las Voces Interiores_, libros en -que ya brilla con todo su vigor el genio lírico del gran vate de -Francia. Las cinco son muy buenas, modelo perpetuo de lo que puede ser -la verdadera transcripción en verso, de la manera única quizás de verter -un poeta á otro gran poeta en idioma diferente, sin que en ninguno se -deslustre ó amengüe la inspiración. - -Bello escribió poco en verso, un volumen de los quince que forman esta -colección; su gloria reposa en unas diez ó doce composiciones todas -notables, aunque en grados y cualidades diferentes. La historia de su -vida explica por qué le faltó en realidad tiempo para más, á pesar de la -crecida cifra de años que alcanzó. Pero aumenta en muchos puntos la -admiración que arranca el conjunto de sus obras poéticas, cuando se -piensa que el anciano autor de esas quintillas líricas de _El Incendio -de la Compañía_, ó de las caprichosas y elegantísimas estrofas de los -_Fantasmas_, ó del ascenso y descenso habilísimo del metro en _Los -duendes_, es el mismo que en plena madurez compuso la majestuosa y -severa silva á _La Agricultura de la Zona tórrida_ Y renovó la -inspiración del cantor de las Ruinas de Itálica en el final del primer -fragmento de la _Alocución á la poesía_. Esa feliz y brillante oposición -entre los extremos de su carrera de poeta, entre la pureza clásica del -principio y el esplendor romántico del fin, constituye su mayor -originalidad, la verdadera razón que podría haber para colocarlo encima -de Olmedo y Heredia, aunque sea verdad que en poesía subjetiva la palma -debe siempre corresponder á la altura del vuelo lírico y á la -impetuosidad de los movimientos. - -Hubo, además, otra faz en el talento de Bello: de ella hay en esta -edición muestras abundantes, póstumas casi todas y quizás por lo tanto -mal copiadas de sus manuscritos: una vena jocoseria ó "humorística" que -desde el principio se hizo sentir, como lo indica su traducción del -_Orlando Enamorado_ conforme á la refundición burlesca de Berni, y que -persistió hasta lo último, como se ve por los cinco cantos de _El -Proscrito_, publicados por primera vez ahora tales cual quedaron á la -muerte del autor. Era de esperarse también que la elegancia natural de -su estilo, la riqueza de su vocabulario y la precisión de su lenguaje -condujesen á un alto grado de distinción en este género, y efectivamente -hay en los dos poemas numerosas octavas tan buenas como las mejores de -_La Mosquea_ de Villaviciosa, aunque ni en facilidad ni en chiste -lleguen á las de Batres, el poeta heroico-cómico de Guatemala. Es -lástima que no nos haya quedado nada definitivo, bien acabado en este -género, pues _El Proscrito_ no es más que un esbozo incompleto, y en el -_Orlando_ sólo son originales los exordios de algunos de los cantos. -Produce efecto particular en _El Proscrito_ la mezcla de un gran número -de chilenismos en la pura trama castellana de su lenguaje. - -Quizás se descubra todavía alguna otra composición, algún otro fragmento -olvidado, pero nada importante agregarán á lo que ya poseemos, y el -monumento literario está para siempre elevado. Débese á la gratitud de -la república de Chile, y toca ahora á los hispanoamericanos agradecerlo -á nuestra vez. - - - - -UN "REPORTER" DE COSAS DE AMÉRICA - -EN EL SIGLO XV - - -PEDRO MÁRTIR DE ANGLERÍA - -_Pierre Martyr d'Anghera, sa vie et ses oeuvres._ Par J. H. Mariéjol, -Paris (Hachette). - - -Es este libro una tesis ó conclusión de examen para el grado de Doctor -en letras. El autor, catedrático en universidad de provincia, vino á -París antes de la colación de su grado en busca de un tema para su -discurso, que no estuviese demasiado manoseado, susceptible todavía de -algún interés, de cierta novedad, y uno de sus futuros jueces le -sugirió, según cuenta, la idea de estudiar la vida y los escritos del -famoso Pedro Mártir, cuyas obras aun conservan valor para la historia de -España, y serán siempre de suma importancia para la de América en la -época del descubrimiento y primeros años de la conquista. Esa oportuna -sugestión dió origen al presente volumen de lectura en extremo amena é -instructiva. - -No es ahora tan común en Francia como antes este género de trabajos -relacionados con la historia ó la literatura de España y la América -española. Después de la guerra con Alemania en 1870 la curiosidad de los -sabios franceses ha cambiado de rumbo y abandonado estudios que en los -días del Imperio, para no ir más lejos, estaban muy generalizados. Algo -probablemente influyó antes en ese interés por España la procedencia de -la Emperatriz. Se le hacía un poco la corte, como era natural, tratando -de cosas de su país. Damas-Hinard, su secretario particular, pudo -gracias á ella ver salir de la Imprenta Imperial una magnífica edición -del Poema del Cid con traducción, notas y comentarios, al mismo tiempo -que Antonio de Latour, secretario en Sevilla del duque de Montpensier, -del marido de una Infanta de España, escribía y animaba á muchos á -escribir sobre asuntos españoles, y se mantenía así la tradición y el -ejemplo de Mignet, Viel-Castel, Próspero Merimée, Rosseew Saint-Hilaire, -de tantos otros. Existen hoy, es verdad, dos revistas exclusivamente -consagradas á la península ibérica: la _Revue Hispanique_ dirigida en -París por el erudito M. Foulché-Delbosc y el _Bulletin Hispanique_, -publicado en Burdeos, en cuya redacción figuran literatos de tanto talla -como Ernesto Merimée, autor del trabajo más completo que se conoce sobre -Quevedo, y Alfredo Morel-Fatio. Pero ambas publicaciones son -trimestrales y la _Revue_ á veces reúne bajo una sola cubierta dos y más -entregas. Morel-Fatio se queja en alguna parte del abandono en que hoy -se encuentran en su país los estudios españoles, y nadie sin embargo -hace tanto por ellos como él mismo, que posee perfectamente el -castellano, el catalán, el dialecto gallego tan cultivado al fin de la -Edad Media, así como el portugués y el italiano; que ha hecho una -edición admirable comentada y anotada de _El mágico prodigioso_, de -Calderón, escrito las interesantes monografías de sus _Etudes sur -l'Espagne_ y varios otros trabajos de gran mérito. - -Volviendo á la tesis de M. Mariéjol, no hay duda que es Pedro Mártir de -Anglería, como en España se le llama, personaje muy interesante, y por -fortuna no escasean los datos para componer su biografía. La colección -de sus cartas, impresa poco después de su muerte con el título de _Opus -Epistolarum_, comprende nada menos que ochocientos diez y seis números -en un espacio de treinta y siete años, desde 1488 hasta 1525. - -"Un literato italiano en la corte de España" es el primer título de este -libro. En efecto Pietro d'Anghera, milanés, residente en Roma y -discípulo del gran Pomponio Leto, tenía treinta años de edad cuando se -le abocó el conde de Tendilla, embajador de los Reyes Católicos, á -pedirle que fuese á establecerse en España y propagar allí los inmensos -adelantos que en ciencias y letras habían realizado los sabios italianos -del Renacimiento. Propuesto el viaje fué inmediatamente aceptado. A -España llegó en 1487, de España no salió más, salvo una breve excursión -diplomática en Egipto, y en Granada murió en 1526 á los setenta años -próximamente, pues no se conoce con certeza la fecha de su nacimiento. - -Apenas llegado asistió en el séquito de la reina Isabel á varios -episodios de la campaña de Granada, y permaneció en el terreno de ese -último duelo entre la cruz de Covadonga y la Media Luna hasta ser -testigo de la dramática escena de la rendición del Zagal y penetrar -luego con los Reyes Católicos en el palacio del monarca moro, en La -Alhambra, cuya magnificencia arranca un grito de admiración -extraordinaria á ese italiano, que había pasado en Roma muchos años de -su vida: "¡Qué palacio, Dioses inmortales! ¡No hay otro que se le -parezca sobre la superficie de la tierra!" Allí concibió admiración -todavía mayor por los dos soberanos españoles á cuyo servicio se -consagraba, por la reina especialmente, de quien recibiría muestras -repetidas de favor y de quien hablaría siempre en los términos más -exaltados como en la carta del 26 de Noviembre de 1504, día mismo del -fallecimiento de Isabel, carta número 279 del Epistolario, que citan -Prescott, Lafuente y otros historiadores: "El mundo ha perdido su -ornamento más precioso; era el espejo de todas las virtudes, amparo de -los inocentes y freno de los malos. No sé de otra heroína ni en los -antiguos ni en los modernos tiempos que merezca ponerse al lado de esta -mujer incomparable". - -Pedro Mártir abrazó en España la carrera eclesiástica, fué nombrado -capellán de la reina, se puso al frente de una especie de academia -ambulante de enseñanza de los nobles españoles, que mudaba de lugar -siguiendo á la corte de Valladolid á Zaragoza, á Barcelona y otras -capitales, y recibió el título oficial de "maestro de los caballeros de -mi corte en las artes liberales" con treinta mil maravedises de sueldo. -"Amamanté en mis pechos" dice una de las epístolas "á casi todos los -principales de Castilla". La expresión que así traducida no dejará de -parecer grotesca, lo es mucho más en latín: _suxerunt mea litteraria -ubera_. Con los que menciona en sus cartas puede formarse larga lista de -personajes por él educados, desde un duque de Braganza hasta otro de -Villahermosa primo del rey, incluyendo varios Mendozas y Girones y -Fajardos, los primeros nombres del país, en aquellos días en que la -aristocracia era todavía un poder en la realidad y en la apariencia. - -En medio de la corte y con el favor de los soberanos hallóse, pues, -Pedro Mártir de Anglería en la más ventajosa posición para conocer y -juzgar con acierto los sucesos políticos, y no podían éstos menos de ser -muy importantes, dados el país, la fecha, las circunstancias, cuando -acababan los reyes Católicos de constituír y robustecer en ese extremo -occidental del mundo una monarquía militar destinada á ejercer -influencia preponderante en Europa por más de cien años, una hegemonía -indisputable, como la que ejerce en nuestros días el imperio alemán. -Gustábale infinito escribir cartas, tenía corresponsales en toda Europa, -y principalmente en Italia, que recibían y leían con avidez sus -noticias: de ahí el gran bulto del Epistolario. Era testigo presencial -de muchos de los sucesos de que hablaba, y los más de ellos, á partir -sobre todo de la muerte de la reina, despertaban por sí mismos dramático -interés: primero las borrascosas relaciones entre Fernando el Católico y -su yerno el archiduque Felipe; luego la muerte prematura, inesperada de -éste; la locura de su mujer doña Juana; el viaje fantástico del cadáver -de Felipe el Hermoso á través de media España, desde Miraflores hasta -Granada, con la esposa demente sin cesar al lado del carro fúnebre, -acampando á veces por las noches la comitiva en lugares solitarios, á la -luz incierta de las antorchas sacudidas por el viento. Después la -regencia famosa del inflexible cardenal Cisneros, los desmanes y la -irrefrenable codicia de los flamencos que entraron con el joven rey -Carlos en España, y por último, sin contar otros sucesos anteriores y -posteriores, la guerra de las Comunidades de Castilla, durante la cual -residió Pedro Mártir en Valladolid, en el centro mismo de la rebelión, -tratando de mediar entre los levantados y el gobierno. Ese italiano del -Renacimiento se asimiló los sentimientos de la nueva patria y, junto con -muchos de los más sinceros y mejores españoles del siglo XVI, nutrió -vigorosa antipatía contra los extranjeros del norte venidos á la sombra -del nuevo rey á explotar la nación. Nótanse á menudo en sus cartas -claras señales de buena voluntad hacia el movimiento municipal, á pesar -de que tan marcadamente iba contra la aristocracia. No le inspira -sentimiento alguno de satisfacción, no escribe una palabra de triunfo -sobre la derrota infausta de Villalar y, sin embargo, ni tuvo nunca -confianza ni creyó capaces á los jefes del levantamiento, á quienes -trató muy de cerca, de vencer las dificultades de la situación. Don -Pedro Girón le pareció un ambicioso vulgar atento sobre todo á ser duque -de Medina-Sidonia, lo que es muy cierto; Juan de Padilla, un regidor -envanecido que se cree "magno pretor" de un magno ejército con tribunos -y centuriones, lo cual es sobradamente injusto; y dice por último de -doña María Pacheco, usando una de esas expresiones extrañamente -originales que en él abundan, que era el marido de su marido, _maritum -mariti_. - -El testimonio de Pedro Mártir por consiguiente tal como se encuentra -consignado en el _Opus epistolarum_ es de bastante valor histórico. -Verdad es que varios escritores, el insigne Ranke primero, luego el -grave historiador inglés Hallam y otros, lo acusan de numerosos -descuidos, de errores de fecha y aun de palpables imposturas; pero -Prescott, que lo estudió detenidamente para sus obras sobre los Reyes -Católicos y sobre la conquista de Méjico, lo defiende de esos cargos y -sostiene en general su veracidad. - -Ello no tiene suma importancia; acerca de los sucesos de la historia de -la península á que alude ó que juzga, hay otras autoridades igualmente -contemporáneas, y no es difícil depurarlas y hacer la contraprueba. Para -nosotros el gran valor de sus escritos reside en lo que atañe á la -historia de América; entre americanistas el nombre del autor de las -_Décadas_ sobre el Nuevo mundo, _De orbe novo_ y _De rebus oceanicis_, -es de un interés excepcional, y constantemente se citan, se estudian y -estudiarán esos trabajos, así como aquellas de sus epístolas contenidas -en el _Opus_, referentes á asuntos de América. - -La lástima es el corto número de esas cartas; son unas treinta, apenas -el cuatro por ciento de la suma total, las que refieren episodios del -descubrimiento de las Américas. En esa época no había periódicos para -propagar con rapidez las noticias interesantes, y á nadie fué dado mejor -que á Pedro Mártir desempeñar ese servicio por medio de sus -corresponsales que eran tan numerosos como distinguidos, por lo general -personajes eminentes, empezando por el mismo Sumo Pontífice, que -recibían y trasmitían á otros las palpitantes novedades de sus cartas. -En Barcelona se hallaba cuando acudió Colón á presentarse en la capital -del principado ante los Reyes Católicos y darles cuenta verbal de los -maravillosos resultados de ese primer viaje en que encontró la América -buscando el Asia al través del océano. Relata Anglería el memorable -acaecimiento en una carta fechada "Barcelona, día de los idus de Mayo" -y dirigida á José Borromeo. En varias otras escritas ese mismo año de -1493 comunica á diversas personas detalles interesantísimos, recogidos, -como es muy posible, de los labios del mismo Colón. "Activo reporter" le -llama con exactitud, por esos informes comunicados á tantas personas, -Justin Winsor en la _Historia crítica y narrativa de América_. Mariéjol -por su parte también lo llama "el gacetero del Descubrimiento". - -Ambos calificativos merecen aplicársele como expresión de elogio sin -sombra alguna de menosprecio, porque además de las cartas hay que -agradecerle las Décadas, colección de fragmentos trazados al compás de -la marcha de los descubrimientos y agrupados de diez en diez, trabajo -que comenzó casi inmediatemente después de la vuelta del Almirante y -continuó hasta la muerte del narrador en 1536. Todos esos trozos -manuscritos circulaban uno á uno, pasaban de mano en mano buscados y -leídos con devorante interés. El papa León X recibió directamente -algunos de ellos, y con orgullo recuerda Pedro Mártir en una de las -epístolas que Su Santidad, rodeado de la mayor parte de los cardenales, -había leído después de comer en alta voz, sin temor de fatigarse -demasiado á pesar del estado de su salud, toda la relación que le había -enviado sobre el paso del istmo y la primera aparición del Océano -Pacífico ante los españoles deslumbrados. De esa manera,--escribe M. -Mariéjol, no obstante la desproporción entre los dos términos de su -_rapprochement_,--si un italiano sondeó las profundidades del mar de -Occidente, otro italiano fué el heraldo anunciador de tan prodigiosas -hazañas. Ya en ese camino pudo recordar con oportunidad que otro -italiano también iba á dar poco después su nombre al mundo salido de -esas profundidades. - -En los últimos años de su existencia ocupó la posición más ventajosa -para saber, antes y mejor que nadie, toda especie de noticias sobre lo -que acaecía en el nuevo mundo. El emperador Carlos V lo hizo entrar en -su Consejo Real, lo nombró después vocal y secretario del de Indias, y -entre sus otras dignidades eclesiásticas figura la de abad "con uso de -mitra y autoridad episcopal en la isla de Santiago é Jamayca". Esto -explica la excelencia de sus informes y el valor permanente de las -Décadas, que serán siempre una de las fuentes de la historia primitiva -de América. - -Escribió únicamente en latín, un latín bárbaro á veces, necesitando con -frecuencia crear términos nuevos para las cosas nuevas que tenía que -contar. Aunque no carecía de ciertas prendas de escritor, su latinidad -no llegó ni con mucho á la corrección y naturalidad de otros prosistas -latinos del siglo XVI, como por ejemplo Luis Vives, ni muchísimo menos -al lenguaje ciceroniano de sus célebres compatriotas Bembo ó Paulo -Manucio. Bien se ve en los pasajes citados en este volumen, traducidos, -además, con fidelidad y con elegancia. - -Las Décadas no son relaciones descarnadas ni áridas compilaciones de -documentos ó noticias oficiales. M. Mariéjol las llama "el manual del -descubrimiento y la conquista", merecedor de aplauso general porque -tiene pinturas amables al mismo tiempo que graves disquisiciones. El -autor es hombre de estado y de letras juntamente. Honra á la elevación -natural de sus sentimientos y á su perspicacia que desaprobase desde esa -época, antes que el mismo Padre Las Casas, el horrible y destructor -sistema de colonización iniciado por los conquistadores. Para dar de -ello muestra basta aquí recordar las palabras tan curiosas como -trágicamente sugestivas con que en una ocasión reanuda su trabajo -interrumpido: "Desde la fecha en que suspendí mis Décadas nada se ha -hecho más que dar y recibir la muerte, matar y ser matado", _trucidare -ac trucidari_. - -El trabajo de M. Mariéjol es sólo deficiente en la parte bibliográfica, -aspecto de su asunto que de propósito no examina, quizás no sea la -costumbre tratarla en estos discursos universitarios, y merecería, sin -embargo, el serlo, pues las primeras ediciones no se encuentran con -facilidad, sobre todo la de la Década primera impresa sin permiso del -autor en Sevilla, 1511. Los ejemplares con las ocho reunidas de la -primera edición en Alcalá, 1530, son raros; las bibliotecas que á cada -instante se fundan en los Estados Unidos las buscan siempre y han hecho -subir su precio, porque los ejemplares así colocados raras veces -vuelven á aparecer en venta pública. No sé de más traducciones que la -inglesa de Edem y Locke, 1553-1612. J. Winsor dice en su Historia, ya -citada, que un descendiente de Anglería, llamado Juan Pablo Martir y -Rizo, tenía concluído el manuscrito de una traducción al castellano. -Pero no se imprimió, y probablemente á estas horas estará perdido. - - - - -JOSÉ MARÍA HEREDIA - -Y LA - -ANTOLOGÍA DE POETAS HISPANO-AMERICANOS - -DE LA - -REAL ACADEMIA ESPAÑOLA - - -Desde que la Real Academia Española combinando, cual viene haciéndolo -desde hace mucho tiempo, sus funciones naturales de árbitro en puntos de -lengua y de gramática con las tareas de activa casa editora de libros, -anunció el proyecto de publicar una antología en cuatro gruesos -volúmenes de poetas hispanoamericanos, muchos en América pensaron que el -intento, excelente, quizás, como simple negocio de librería, podía con -suma facilidad torcerse y resultar estéril, si no ponía la Academia -particular cuidado de proceder en la elección de las materias y en la -apreciación de los autores con amplia imparcialidad, con íntima -simpatía, colocándose cuidadosamente dentro de la misma atmósfera moral, -sobre el mismo terreno en que nacieron y vivieron los artistas cuyas -obras forman la colección, porque es evidente que las antologías deben -tener por fin dar idea breve y completa del carácter de las producciones -de un autor, de un país ó de una región, olvidando divergencias de -juicio, resentimientos políticos, agravios reales ó imaginarios, -nacidos de las circunstancias especialísimas en que España y las -Américas durante tantos siglos se han encontrado. A pesar de las -dificultades del caso contaban algunos que este mismo sería el parecer -de la Academia, porque la Antología por su contenido debía en realidad -ser un libro para mercados americanos, y porque en España, según -afirmaba con natural amargura doña Emilia Pardo Bazán, al poner término -definitivo á su _Nuevo Teatro Crítico_, nadie actualmente compra libros -de cierto precio, y con muy raras excepciones ningún autor notable vive -allí holgadamente de los productos de su pluma. - -La Academia confió la ejecución de la empresa á don Marcelino Menéndez y -Pelayo. Literariamente juzgando, no podía darse elección más acertada; -la profunda y vasta erudición del escogido, su acendrado buen gusto, la -transparente elegancia de su estilo, la facilidad de su pluma lo -designaban entre todos los académicos como el más apto para el caso. -Pero mirada bajo otro aspecto la elección no parecía igualmente feliz. -En la lucha de partidos de su país figura el Sr. Menéndez entre los -conservadores más netos, entre los que profesan opiniones que hoy no -dominan en países hispanoamericanos, salvo en Colombia; pero esto no era -de suponerse que alterase en manera alguna su imparcialidad. El mal -estaba en la cruel intransigencia con que hasta ahora había sostenido en -todos sus escritos su españolísimo sentir en cuestiones ya puramente -históricas, pero que del modo más directo atañen á los americanos. - -Hablando en esta obra del distinguido literato argentino Juan María -Gutiérrez, que por los años de 1846 compiló en Valparaíso la mejor de -todas las antologías de poetas de América que hasta el presente se -conocen, aunque ya muy atrasada como por la fecha se comprende, descubre -y reprueba en él un "antiespañolismo furioso que fué exacerbándose con -los años", del cual nació, siempre según el Sr. Menéndez y Pelayo, un -entusiasmo fanático por todas las cosas americanas, que lo arrastra á -defender lo mediano y hasta lo malo. - -Si esto piensa y dice de Gutiérrez el Sr. Menéndez, ¿qué hubiera pensado -y dicho Gutiérrez, si hubiese vivido bastante para leer todo lo que el -Sr. Menéndez ha escrito sobre la misma materia? - -El insigne crítico argentino nunca de seguro dijo contra España cosa -alguna tan dura, tan injusta, tan agresiva como las que contra América -ha creído oportuno estampar el eminente crítico español. El supuesto -fanatismo de Gutiérrez jamás llegó hasta el extremo de usar frases -parecidas á las siguientes, que una vez emplea don Marcelino, al tratar -de enumerar las causas de la decadencia de su nación en el siglo XVII. -He aquí la segunda de esas causas: "La colonización del Nuevo Mundo, en -el cual sembramos á manos llenas religión, ciencia y sangre, para -recoger más tarde cosecha de ingratitudes y de deslealtades, _propia -fruta de aquella tierra_". Es el caso de exclamar: ¡_in cauda venenum_! -Aunque todavía más exacto sería decir que la cláusula entera, rica de -veneno, lo deja escapar al fin en alto surtidor, como agua de copiosa -fuente. Fué lanzada la frase en el ardor de una polémica, pero reimpresa -en libro dos años después; y sólo en 1887, al salir la tercera edición -de la obra titulada _Ciencia Española_ reapareció la cláusula privada de -las cinco últimas palabritas, completa y flamante por lo demás. - -No bastó, sin embargo, esa ocasión para dar salida á todo lo que el -vigoroso polemista tenía que decir sobre América y sobre el conjunto de -sus hijos; cinco años después de la fecha de esa discusión memorable, en -el tomo tercero de la _Historia de los Heterodoxos españoles_, impreso -en Junio de 1882, hallamos estas otras líneas: - -"Los mismos americanos confiesan que en la oda _A la vacuna_ y en los -papeles oficiales de Quintana aprendieron aquello de los _tres siglos de -opresión_ y demás fraseología filibustera, de la cual los criollos, -hijos y legítimos descendientes de los susodichos _opresores_, se -valieron, no ciertamente para restituir el país á los _oprimidos_ -indios, sino para alzarse _heroicamente_ contra la madre patria, cuando -ésta se hallaba en lo más empeñado de una guerra extranjera"[71]. - - [71] Todas las palabras en bastardilla se encuentran así en el - original, por temor sin duda de que pudiera alguien equivocar el - sentido y no penetrar la ironía, pero ésta se impone por sí misma - sin necesidad de auxilio tipográfico. Lo que no parece tan claro es - lo de los mismos americanos que no habían oído hablar de los siglos - de opresión, antes que Quintana se los revelase. Mas como no se - dice quienes son ni dónde lo dijeron, podemos ahora prescindir de - ellos. - -Más adelante todavía, en 1886, se aparta una vez de su camino en el tomo -quinto de la _Historia de las Ideas estéticas en España_, para encomiar -una estrofa de la oda _A las nobles Artes_ del duque de Frías, que -presenta como "la protesta contra los separatistas americanos" y -especialmente encarece á título de obra "de incomparable belleza". La -estrofa en resumen no es más que el desleimiento espumante y altisonante -de un truísmo, de una verdad de Perogrullo, y viene á significar que si -la América al obtener su independencia creyó expeler á España -grandemente se equivocaba, pues allí estaría siempre la religión llevada -por España y la cruz misma plantada en la Alhambra y la lengua de -Cervantes etc., etc. Todo ello bien sabido, pero olvidando que esa -religión y esa cruz y esa lengua no la inventaron ni llevaron el duque -de Frías ni sus contemporáneos, sino españoles que fueron igualmente -antepasados de ellos y de los americanos, y que á esas buenas cosas -tienen unos y otros idéntico derecho, según la constante legislación de -España, como directos descendientes; y para desheredarlos así, tan en -absoluto, se requeriría el fallo de un tribunal superior, la historia ó -la posteridad, no el de las partes mismas contendientes, y tan á raíz de -lo sucedido. - -Empero, todo esto, á pesar de lo amargo y de lo injusto, puede pasar -como "propia fruta" del "tiempo y no de España", y pues el autor con -estar muy lejos todavía de acercarse á la ancianidad ha templado mucho -la forma en que expresa sus convicciones,--sin renegar por supuesto de -una sola de ellas,--como lo prueban las notas y alteraciones de la -tercera edición citada de la _Ciencia Española_, era fundadamente de -creerse que _deposta l'usata minaccia_, para usar una frase de Manzoni, -pudiera muy bien hoy escoger y juzgar las poesías de la nueva Antología -con perfecta imparcialidad. - -El tomo primero, dedicado á poetas de Méjico y de la América central -únicamente, nos dejó llenos de dudas, aunque sin motivos bien claros -para formular juicio adverso ó favorable. Pero el segundo, en que se -penetra desde la primera página en el temblante y, para un español no -muy sereno, peligroso campo de la literatura cubana, descorrió el velo y -nos sumió en el más doloroso desengaño. - -Vamos, pues, á examinar brevemente lo que en esta antología se dice y se -hace respecto á las poesías de José María Heredia, porque tanto el autor -como las composiciones nos parecen injustamente tratados, influído á -nuestro juicio el Sr. Menéndez y Pelayo de la manera más lastimosa por -motivos ajenos á la literatura, por consideraciones de política y de mal -entendido patriotismo. - -Impórtanos, sin embargo, advertir ante todo que no tenemos la -pretensión de negar al coleccionador y prologuista de la Antología el -derecho de abrigar las opiniones de que son eco las frases citadas, -tomadas de tres obras distintas escritas en momentos diferentes de su -brillante carrera de historiador literario; es él sin disputa muy dueño -de profesarlas y pregonarlas, y si nos producen el efecto de ser ó -exageradas ó falsas, acaso proviene sólo de que nos colocamos en terreno -diametralmente opuesto. Nos aventuramos á discutirlas, porque se trata -de una antología hispanoamericana ordenada é impresa en Madrid bajo la -égida de la Real Academia Española, la cual tiene en varios países de -América hijuelas oficialmente reconocidas y con las que vive en -frecuente correspondencia; porque una empresa de este género debe ser, -como el ordenador mismo lo declara de antemano, _obra de paz y -concordia_, y el que ha emitido todas esas sentencias injustas y -desdeñosas no parecía especialmente preparado ni á la paz ni á la -concordia. Si se tratara en cambio de componer una historia de los -separatistas americanos, lo haría sin resquicio de duda con tanta -habilidad, tanta riqueza de datos y tanta energía como desplegó en la de -los heterodoxos españoles, y no habría entonces chocado tanto hallar que -trata al ilustre Andrés Bello, al patriarca de las letras en América, -como á un simple _filibustero_ cubano, según su vocablo favorito; que -desmenuza la _Alocución á la poesía_ para aislar una á una las "injurias -rimadas contra España" que encuentra más débilmente escritas, citarlas -con fruición y añadir con triunfante satisfacción que tales versos -"dignos de alternar con los dísticos del Padre Isla" parecen á los -españoles "justo castigo de un malo y descastado impulso". - -Si tanta indignación, tanto resto de orgullo lastimado y mal cicatrizado -puede persistir, cuando los sucesos y los versos que sobre ellos se -escribieron datan de muchísimo tiempo atrás, no es de extrañar que se -aplique á la isla de Cuba, (todavía sometida al yugo, y _ognor -fremente_, cuando se preparaba y publicaba la Antología) mayor -severidad, ninguna benevolencia. - -José María Heredia es el más notable poeta cubano, uno de los muy -primeros de toda la América en el siglo XIX, malogrado en la flor de su -vida, á los treinta y seis años no cumplidos, edad, no hay que -olvidarlo, en la cual ni Bello había escrito las _Silvas americanas_ ni -Olmedo el _Canto á Junín_. Para Heredia reserva el Sr. Menéndez su mayor -crueldad, suprimiendo todos los versos patrióticos, las poesías -filibusteras, como gusta de llamarlas, enamorado siempre del oprobioso -adjetivo. De Bello al menos suprime únicamente la tercera parte de la -_Alocución_ para citar sólo algunas líneas en la introducción -acompañadas del sangriento insulto literario de equipararlas á las -aleluyas del Padre Isla; de Heredia rechaza en masa cuanto se alza -contra el poder de España, pero no prescinde de incluir algo en la -Introducción, dos cuartetas en que cree descubrir malévola apología del -asesinato político; es decir, calla lo mejor é insiste sobre lo peor, -para declamar en seguida sobre su _maléfica influencia_ y los _odios -fratricidas cuya semilla esparció_, como si el insigne lírico, que nació -en Diciembre de 1803 y murió en Mayo de 1839, pudiera ser el responsable -y único propagador del pernicioso virus separatista. - -Basta leer en el índice los títulos de las trece composiciones escogidas -entre las de Heredia para quedar estupefacto. Brillan realmente por su -ausencia, como se traduce ingeniosamente en francés la frase célebre de -Tácito, nunca más exacta que en el presente caso, varias de las mejores -que produjo el poeta. Faltan nada menos que la incomparable epístola _A -Emilia_, el _Himno del desterrado_, la vigorosa segunda parte de la oda -á Bolívar, los tristes y tan hondamente amargos _Desengaños_, poesías -que ofrecen por sí solas la imagen más brillante y cabal de todo su -genio, de toda su vida. Sin ellas y otras que por razones idénticas se -han pasado por alto, no es posible formar juicio exacto de lo que fué y -lo que vale el poeta cubano. Después de echarlas deliberadamente á un -lado se inserta en compensación la pálida oda _A la Religión_ y los mal -llamados _Ultimos Versos_, medianísimos éstos, casi sin valor literario, -pero en la preferencia inesperada obedece el colector á sentimientos -personales, así como es esclavo de preocupaciones políticas al recusar -las otras. - -"Heredia es, ante todo, poeta de sentimiento melancólico y de -exaltación imaginativa" dice, por cierto esta vez sin la precisión y -claridad ordinarias de su estilo, pues eso de "exaltación imaginativa" -parece bien vago y nebuloso, designado como rasgo principal de un poeta -cuyos escritos tan profundamente se resienten, como él mismo dijo, "de -la rara volubilidad de su suerte", cuyos sufrimientos fueron muy reales -y nada tuvieron de ilusorios. Pero en la definición falta precisamente -el Heredia de las poesías americanas reunidas por él bajo la rúbrica de -"patrióticas" en la edición de Toluca, 1832, que son la prueba -irrecusable, decisiva, de que no había nacido exclusivamente para la -elegía, como afirma en seguida Menéndez. "Para dar con los himnos de -nuestra libertad hay que buscarlos en Heredia" ha dicho muy bien Merchán -en sus _Estudios Críticos_. Heredia en efecto es el Tirteo cubano, poeta -de acción, poeta _civil_, lleno de arranque, de movimiento y de energía. -Los lamentos elegíacos que á veces se oyen en medio de sus más -arrebatadas y vigorosas composiciones no debilitan el encumbrado vuelo -lírico, porque como brotan de lo más íntimo del corazón, como se -manifiestan siempre con penetrante y comunicativa sinceridad, como -surgen naturalmente de su triste situación de desterrado y de la triste -situación de la isla esclavizada, añaden notas profundas y patéticas al -himno magnífico de la anhelada redención. - -Unas líneas de los _Reisebilder_ asaltan mi memoria, cuando considero -bajo ese aspecto al poeta de los himnos patrióticos: "La poesía, -escribe Heine, ha sido únicamente para mí el medio de lograr un fin -sacrosanto, nunca me ha importado mucho la gloria de mis versos y -quisiera que colocasen, no una corona de laurel, sino una espada, sobre -mi tumba, porque he sido un buen soldado en la guerra de la emancipación -de la humanidad". No sé si en esto, como en casi todo lo que en prosa -escribió Heine, hay fuerte dosis de ironía, pero Heredia pudo decirlo de -sí mismo con perfecta exactitud. Nadie buscó el aplauso popular menos -movido por vanidad de artista; nadie tampoco empleó sus talentos con más -altos y generosos propósitos y nadie mereció tanto, á pesar de no haber -tomado parte en ninguna lucha armada, que depositasen sobre su sepulcro -las insignias de los guerreros, porque fué buen soldado en la lucha por -la libertad de su patria, porque sus versos repetidos de boca en boca -durante los muchos años de guerra, de ruina y de dolor que ha costado la -emancipación de Cuba, han sido la voz que alienta en el combate, la voz -que conforta en la adversidad; y cuando en los momentos más crueles se -pregonaba amenazando catástrofes inminentes la superioridad en número y -recursos militares del poderoso enemigo, venían consoladores á la mente -los dos versos últimos del Himno célebre: - - ¡Cuba! al fin te verás libre y pura - Como el aire de luz que respiras, - Cual las ondas hirvientes que miras - De tus playas la arena besar. - - Aunque viles traidores le sirvan, - Del tirano es inútil la saña, - Que no en vano entre Cuba y España - Tiende inmenso sus olas el mar. - -La profecía no se había realizado, no parecía próxima á realizarse, -cuando el docto académico redactaba su erudita y poco equitativa -Introducción y cuando con escándalo copiaba de _La Estrella de Cuba_, -otra canción patriótica, juvenil, compuesta á los diez y nueve años y -bastante desigual, las dos cuartetas ya mencionadas, por descubrir en -ellas que el poeta "en su frenesí revolucionario de 1823 no retrocedía -ni aun ante la idea del asesinato político". Helas aquí: - - ¡Oh piedad insensata y funesta! - ¡Ay de aquél que es humano y conspira! - Largo fruto de sangro y de ira - Cogerá de su mísero error... - - * * * * * - - De traidores y viles tiranos - Respetamos clementes la vida, - Cuando un poco do sangre vertida - Libertad nos brindaba y honor. - -Háblase en estos versos de lucha, de sangre, de muerte, como inevitables -condiciones para afirmar el honor, para conquistar la libertad, pero no -ofrecen fundamento para creer que envuelvan la apología del asesinato -político, á pesar de que el poeta tenía entonces la edad en que casi -todos los estudiantes ponen en lo más alto del firmamento de los héroes -á Marco Bruto ó á Carlota Corday. Siempre en Cuba se ha creído que se -referían al asalto de un puesto de guardia mal defendido en la ciudad de -Matanzas. No lo sabemos, pero quizás la piedad y la justicia mismas no -hubieran retrocedido ante "un poco de sangre vertida", si hubiese podido -ahorrar los torrentes que habían de correr por los patíbulos, que habían -de teñir de rojo los caminos de un extremo al otro de la isla. - -Engolfado en estos pensamientos cree oportuno el Sr. Menéndez y Pelayo -traer á colación, para ponerlo enfrente de esas cuartetas -revolucionarias, como palinodia cantada por el poeta de 1823, la carta -que el desterrado escribió en 1836 pidiendo al general Tacón, gobernador -de la isla, permiso de volver y vivir al lado de su anciana madre y sus -hermanas, de quienes estaba hacía trece años separado, que amaba -entrañablemente, que no olvidaba un momento, como de sobra saben cuantos -han leído sus versos, pues las recuerda é invoca con suma frecuencia. -Muchas cosas habían pasado en España en esos trece años; indultos, -amnistías, cambios de régimen,--primero con motivo de las bodas últimas -de Fernando, luego de su muerte,--proclamación de su hija, advenimiento -de un gobierno liberal, parlamentario, que habían abierto las puertas de -la patria á todos los emigrados y condenados políticos. Pero en Cuba -nada había cambiado: gobernada en 1836 más despóticamente que nunca por -Tacón, militar intolerante, suspicaz, terco, rutinero, que contenía con -mano de hierro y facultades ilimitadas el menor esfuerzo para aliviar la -carga opresiva. Heredia llevaba más de diez años de residencia en -Méjico, allí se había naturalizado y era magistrado de su Audiencia, -cuando su salud ya vacilante, el clima de la capital que era contrario á -su padecimiento y el deseo de ver la familia lo decidieron á solicitar -de Tacón el permiso de entrar en su país. Para prevenir las sospechas -del procónsul y evitar una segunda negativa, pues ya lo había solicitado -una vez en balde, agregó en la carta lo que era la verdad: que tenía muy -modificadas sus opiniones con motivo de "las calamidades y miserias" que -estaba presenciando en Méjico, por lo cual consideraría un crimen -cualquiera tentativa de trasplantar esos males á Cuba. Alma -impresionable de poeta que los acontecimientos afligen y amoldan como -cera blanda, no pudo sin inmenso desaliento contemplar el penoso -espectáculo que ofrecía Méjico al mundo en aquel período pasando sin -cesar de la anarquía á la dictadura, de la dictadura á la anarquía, á la -merced de ambiciosos de pobre estofa, capaces de todos los atentados, -como él decía del general Santa Ana. - -En cualquiera otra parte de Europa ó América un desterrado político de -esa importancia, de tanto talento y prestigio, que pide él mismo -licencia de volver á su patria en semejantes condiciones, hubiera sido -acogido con los brazos abiertos, agasajado como preciosa adquisición. -El general Tacón, que consideraba á todo hijo de América como enemigo -personal, y gobernó la isla durante cuatro años con esa indestructible -convicción por norma de conducta, otorgó trabajosamente una licencia -improrrogable de dos meses con expresa recomendación de pasarlos en el -seno de la familia y reembarcarse al fenecer el plazo perentorio -determinado. El gran poeta, enfermo, pues ya lo minaba la dolencia -pulmonar que había de arrebatarlo dos años después, fué recibido de la -manera humillante que relata un testigo mayor de toda excepción, el -inglés Kennedy, representante del gobierno británico[72]. - - [72] Kennedy, _Modern poets and Poetry of Spain_. 1 vol. London - 1852. Págs. 265 á 290. - -Llegó en Noviembre y partió en Enero, otra vez hacia el destierro. -Cuantos lograron verlo y hablarle en Matanzas y la Habana le oyeron -francamente expresarse en el mismo sentido que se había dirigido á Tacón -en la carta, desengañado, lacerado en lo más íntimo por el desgobierno, -el desorden inextricable en que Méjico convulsivamente se agitaba. Su -vista, disminuida por la suma de crueles infortunios, por el mal que -lentamente y sin reposo devoraba sus entrañas, no tenía fuerza para -elevarse y divisar más allá de las escenas contemporáneas que lo -angustiaban un lejano, más risueño porvenir. - -Al transcribir el colector el párrafo de la carta añade que lo hace -"_por más que duela_ á los separatistas cubanos, que sólo podrán -desvirtuar su fuerza suponiendo en Heredia una doblez y falsía indigna -de su buen nombre é impropia de su carácter franco y arrebatado". No es -probable que haya hoy nadie interesado en desvirtuar la fuerza de las -palabras del poeta, ni mucho menos dudar de su franqueza y veracidad -indiscutibles. Si existiesen aun "separatistas cubanos", es muy probable -que se contentaran con hacer notar que los agentes de la metrópoli -perseguían en Cuba con el mismo ensañamiento á los que se ponían en -contra y á los que se declaraban en su favor, pues en uno y otro caso -sufrió Heredia idéntico tratamiento; lo cual, si se necesitara nueva -prueba, demuestra porque fueron año tras año acumulándose agravios y -rencores hasta terminar las cosas... del modo como terminaron. - -El ardiente, arrebatado patriotismo de Heredia desfalleció al final de -su vida: no cabe duda de ello en vista de la carta á Tacón, que -publicaron multitud de periódicos, cuando el gobierno español, no hace -muchos años, la exhumó de los archivos[73], y no pueden ya prescindir -de ella sus nuevos biógrafos. Así lo hizo el malogrado Elías Zerolo en -su edición de las poesías[74]. - - [73] He aquí el texto del párrafo de la carta en cuestión, tal como - se encuentra en la _Antología_: "Es verdad que ha doce años la - independencia de Cuba era el más ferviente de mis votos, y que por - conseguirla habría sacrificado gustoso toda mi sangre; pero las - calamidades y miserias que estoy presenciando hace ocho años han - modificado mucho mis opiniones, y vería como un crimen cualquiera - tentativa para trasplantar á la feliz y opulenta Cuba los males que - afligen al continente americano". El documento puede leerse íntegro - en el apéndice al tomo I de los _Anales de la guerra de Cuba_ por - D. Antonio Pirala. Madrid, 1895. Pág. 835. - - [74] Poesías líricas de José María Heredia con prólogo de Elías - Zerolo. París. Garnier Hermanos, 1893. - -La Antología de la Real Academia salió á luz unos cuantos años antes de -lo que hubiera debido. Si el eminente literato que la ordenó, que -inserta íntegro en el tomo III el _Canto á Junín_ de Olmedo en el cual -las invectivas contra España exceden en violencia á todas las -composiciones de Heredia, hubiese acometido su tarea un poco después, -cuando ya Cuba separada de España era dueña de sus destinos, habría -probablemente medido por un rasero á todos, y aunque en los prólogos -consignase sus reservas, como lo hace respecto de Bello, Olmedo y -algunos otros, siempre por lo menos habría procedido _nullo discrimine_ -en la elección de las composiciones y habría versos patrióticos no -solamente de Heredia sino de Milanés, de Zenea y los demás en la nueva -crestomatía. - -Pero su innegable agudeza crítica permanece hasta el fin nublada á -nuestro parecer por consideraciones políticas, no otorga sin -atenuaciones el título de primer lírico cubano á Heredia, sin agregarle -estas líneas: "A lo sumo la Avellaneda, que más pertenece á la -literatura general española que á la particular de la isla, podrá -disputarle, y _en mi concepto arrebatarle_ la preeminencia". Me permito -opinar de diferente manera. La Avellaneda es grande en el género -dramático, en la tragedia principalmente; _Alfonso Munio_, _Saúl_, -_Baltasar_, son obras por nadie en la España moderna superadas, pero en -la lírica, si bien de forma más rotunda y estilo mucho más igual ó -seguro, es hueca casi siempre, casi nunca original ni en los -pensamientos ni en las imágenes. - -Cuando Gertrudis Gómez de Avellaneda salió por primera vez de Cuba tenía -veintidós años, estaba ya completa su educación y el soneto que escribió -como despedida y empieza: - - ¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente! - -tiene todas las cualidades de sus obras posteriores. Cuando Heredia -partió súbitamente de Cuba hacia el norte de los Estados Unidos tenía -diez y nueve años, llevaba grabadas en los ojos y en la mente imágenes -de la naturaleza patria que supo antes que nadie reproducir en verso, -con tanta verdad y energía, con emoción tan honda y sincera, como es -inútil buscarlas en las pomposas creaciones líricas de la ilustre -poetisa dramática. - -Me figuro que la Avellaneda misma hubiese sido la primera en atribuir á -Heredia la palma entre los vates líricos, y lo deduzco de la bella -elegía, que compuso cuando, allá en el fondo de la provincia de España -donde residía, llegó á sus oídos la noticia de la muerte de su -desgraciado compatricio: - - ¡Ay! que esa voz doliente, - Con que su pena América denota - Y en estas playas lanza el Océano, - "Murió, pronuncia, el férvido patriota..." - "Murió, repite, el trovador cubano"; - Y un eco triste en lontananza gime: - "¡Murió el cantor del Niágara sublime!" - -Trovador cubano, férvido patriota, cantor sublime de la catarata del -Niágara, todo Heredia se encuentra en esas tres fórmulas perfectamente -representado, y la autora tal vez, si hoy viviese, sería la primera en -reconocer, no obstante las alabanzas del crítico, que sus versos líricos -palidecen ante el esplendor de imaginación y sentimiento que brota del -canto al Niágara, de la meditación en el Templo mejicano y otras -composiciones de José María Heredia. - - - - -ABRAHAM LINCOLN[75] - -_Abraham Lincoln_ by John T. Morse Jr. 2 vols. Boston, 1893. - - [75] En el trabajo con que comienza este volumen se ha tratado de - la vida de Lincoln hasta su primera elección á la Presidencia de - los Estados Unidos; el presente ensayo, además de ser breve estudio - de las principales biografías, cuando no aspira á considerar en - conjunto la vida de Lincoln, versa más bien sobre la escena final. - - -Entre las numerosas biografías de Lincoln publicadas en los Estados -Unidos la que con la firma del editor de la colección de volúmenes -titulada _American Statesmen_ ha salido de las prensas de Cambridge en -Massachusetts, y cuyo título va al frente de estas líneas, se distingue -por la armonía de sus proporciones y la amenidad de su estilo. Debe á -estas cualidades rango especial entre todas, á igual distancia de la -voluminosa y densa que, con más altas pretensiones y el nombre de -"Historia", han escrito dos que fueron secretarios particulares del -Presidente, John Nicolay y John Hay, y del trabajo utilísimo aunque -informe y poco literario de Herndon, amigo y antiguo socio en la capital -del estado de Illinois, cuando los dos ejercían juntamente la profesión -de abogados. "_Lincoln and Herndon_" era una razón social inscrita en la -nómina de los attorneys y jurisperitos, y la firma no se consideró -disuelta cuando fué escogido el jefe de ella para la presidencia de la -república, continuó vigente y como en activo servicio hasta el trágico -asesinato de la noche del 14 de Abril de 1865 en el teatro de -Washington. El socio sobreviviente ha tenido la buena idea de contar á -la posteridad lo que personalmente sabía de la vida del grande hombre. -Del mismo modo Nicolay y Hay, en virtud de sus íntimas y constantes -relaciones con el Presidente, pudieron recoger y comunicar ahora al -público hechos y noticias de la mayor importancia, y de cuya exactitud -responden la posición que ocuparon y la veneración profunda con que -guardan y cultivan la memoria del jefe esclarecido. - -Lo cierto es que ya poseemos cuanto importa saber de la vida privada de -Lincoln y de los móviles de los actos de su vida pública, tanto antes -como después de la peripecia esencial de su existencia, del momento en -que comienza su nombradía nacional, la cual parte de la campaña -electoral en que tan enérgica y brillantemente disputó á Douglas el -puesto de senador de los Estados Unidos. - -Muy rápida, vertiginosa fué en realidad la carrera política de Lincoln. -Acaso en los Estados Unidos solamente sea posible concebir otra tan -grande y en tan breve espacio de tiempo realizada. Antes de 1858 era un -personaje oscuro, absolutamente desconocido de la inmensa mayoría de sus -compatriotas, mas allá de un estrecho círculo; en ese año fué candidato -de uno de los dos grandes partidos, en que estaban afiliados los -ciudadanos del estado de Illinois, para la senaduría de la república; -luchó con la mayor actividad, desplegó en la campaña suma extraordinaria -de elocuencia, sagacidad y energía; pero quedó derrotado. Sin embargo, -por medio precisamente de esa campaña, desgraciada en cuanto al -resultado inmediato, hizo resonar su nombre por todo el país, y á los -dos años obtuvo el favor más grande de que podían disponer sus -compatricios, la primera magistratura de la nación. - -Si á muchos pareció cosa estupenda, inexplicable, que ganase tan alto -premio, se sentase en el elevado puesto y empuñase las riendas en tan -crítica y formidable coyuntura, una persona de tan triste figura, de tan -extraños antecedentes y con todos los hábitos y maneras del hombre rudo -del lejano Oeste, del _Far West_, cuánto más raro y asombroso no debió -haber sido para esos mismos el triunfo colosal que mereció al término de -los cuatro años de su presidencia, éxito portentoso debido no -enteramente al azar y á la constancia, sino también y en cantidad muy -apreciable á eminentes cualidades personales, á la habilidad con que se -acomodó á la nueva situación, con que atendió á sus extraordinarias -exigencias, haciendo cabalmente en las más angustiosas estrecheces lo -que el caso, la ocasión, las circunstancias demandaban al jefe de una -gran nación discorde, revuelta, destrozada. - -Nombrado candidato para un segundo período fué elegido por número de -votos mucho mayor que la primera vez, consumó en los pocos meses de vida -que le quedaban la obra de gigante á que se había consagrado, vió la -guerra virtualmente terminada, la ciudad de Richmond abandonada, el -hasta entonces invencible general Lee rendido, y cuando nuevas -dificultades asomaban ya con aspecto de monstruos erizados, cuando sus -ideas y planes personales para la reconstrucción política de la -república anunciaban ya conflicto quizás irresoluble con las intenciones -del Congreso, con las duras garantías que para asegurar el porvenir -exigía la vencedora mayoría radical, vino la suerte á librarlo del -tumulto de dificultades, desaires y desengaños inevitables, "fué con él -misericordiosa", como dijo Larra al llorar la muerte del conde de Campo -Alanje; lo salvó de la nueva lucha de palabras, de papeles y miserables -transacciones discutidas hasta lo infinito, y lo arrebató del mundo del -modo que pedía y obtuvo Julio César de la fortuna, en repentina, -inesperada catástrofe. - -Desempeñó solamente unos cuantos días, seis semanas, su segunda -presidencia, pero fueron días incomparables de íntima, profunda -satisfacción al ver desmoronarse piedra á piedra la Confederación y -surgir la paz y renacer la prosperidad y ensancharse los corazones. No -gozó de dicha igual el fundador de la república, el grande y puro Jorge -Washington en las postrimerías de su vida pública. Si subió al poder -acompañado de unánimes y ruidosas bendiciones, pudo antes de deponerlo -oir y leer en periódicos y folletos injurias y denuestos que muy -probablemente contribuyeron á la firme negativa con que rechazó las -ofertas é instancias de sus amigos[76]. A Lincoln los hados le apartaron -de los labios esa hiel emponzoñada. Al contrario de Washington, los -insultos, las desdeñosas profecías de vergonzosa insuficiencia para la -magna obra ocurrieron al principio[77]; los aplausos poco á poco fueron -creciendo de volumen, y su cadáver conducido con pompa inusitada de -Estado en Estado hasta la capital de Illinois pudo oir, si tal cosa -concedieran los dioses á los despojos de los hombres, el concierto de -loores más grandes y lamentos más sinceros que acaso han subido de los -pechos y los labios de la multitud hasta la bóveda del firmamento. - - [76] Las injurias y calumnias dirigidas á Washington, al final de - su segunda Presidencia, pueden verse extractadas y reunidas en - McMaster, _A history of the people of the United States_, vol. II, - págs. 225, 230, 249, 261, 289, 291, 305, etc. - - [77] Véase J. F. Rhodes, _History of the United States from--the - Compromise of 1850_, vol. III, págs. 303, 305, 378. - -No es, pues, una paradoja afirmar que la vida de Lincoln considerada de -esta manera y bajo este aspecto fué singularmente afortunada, digna de -envidia en todo lo esencial, no obstante la expresión tan patética, tan -de honda melancolía, rasgo característico, predominante de su fisonomía, -rasgo tan marcado que, como muy bien dice Morse, su biógrafo, se observa -en todos los retratos que de él se tomaron en vida, aun en los menos -artísticos y de más vago parecido. En ninguno, dicho sea de paso, está -esa expresión tan fuertemente acentuada como en la muy inferior -reproducción fotográfica que ha insertado el editor bostoniano al frente -de la citada biografía. - -Esta última, lo mismo que antes la de Nicolay y Hay, descubren una -explicación parcial de la tristeza de Lincoln en las dificultades de -toda su juventud laboriosa y en suma poco ó nada divertida; en la vida -ordinaria que á la fuerza hacían los pobladores primeros del oeste de -los Estados Unidos, donde el futuro Presidente nació y siempre vivió, -(excepto el breve término que estuvo en Washington como miembro de la -Cámara de Representantes), mal alojados, mal alimentados, en lucha -incesante contra una naturaleza montaraz, que sin grande y continuado -esfuerzo no era posible dominar. Estas condiciones físicas, con su -séquito habitual de enfermedades, afecciones dispépticas, intoxicación -palúdea y accesos intermitentes de profundo abatimiento, ejercieron -fatal influencia en el temperamento naturalmente reservado y meditabundo -de Lincoln, y cubrieron su rostro de ese tinte de melancolía que nunca -se desvanecía del todo, ni aun las veces frecuentes en que gustaba de -repetir gravemente cuentos y chascarrillos. - -Esa tristeza constitucional, en ningún caso signo de vulgaridad ó -grosería, combinóse con una instrucción incompleta, con la lectura -incesante de la Biblia, base principal junto con los _Elementos_ de -Euclides de toda su educación por los libros, resultando un producto -singular, mezcla de estricto razonamiento matemático con la vena poética -del fondo; creando un tipo humano en extremo interesante, cuyo -originalísimo vigor se manifestó hasta en la estera literaria. En esta, -á despecho de las incorrecciones iniciales de su gramática y del mal -gusto inherente al género oratorio que privaba en Illinois tanto en los -meetings políticos al aire libre como ante el jurado en los tribunales, -llegó á adquirir una gran maestría, capaz de producir obras -imperecederas, como el breve discurso al consagrar el terreno donde -yacen los que perecieron en la batalla de Gettysburg, como los dos -mensajes al inaugurar sus dos períodos presidenciales, que contienen -pasajes sorprendentes de elocuencia sencilla y penetrante, frases -luminosas y repletas de concentrada significación á la manera de -versículos de la Biblia. - -Tipo angloamericano perfecto, de la raza novísima, tal cual la amasaron -y modelaron la atmósfera y el suelo en las vastas soledades al oeste de -los Alleghanis, reúne en sí lo adverso y lo favorable de las cualidades -que constituyen la originalidad de la nación. No debe ser, por tanto, -tarea imposible ó excesivamente difícil el aislar y analizar cada uno de -sus componentes, y causa verdadera sorpresa que en su libro declare John -T. Morse una y otra vez que es un enigma el carácter de su héroe, que es -Lincoln tipo sin semejante, solitario, excepcional, que su alma no se -ha explorado, ni descifrado todavía el enigma satisfactoriamente. - -Es verdad que á los rasgos comunes á todos los norteamericanos agrega -Lincoln en alta dosis cualidades eminentes, inapreciables acaso en su -justo valor, unas por no haber tenido tiempo de desplegarlas, otras por -haber estado siempre comprimidas por las circunstancias: mansedumbre de -espíritu inagotable, simpatía profunda y amplia bastante para comprender -la humanidad entera, bondad sin límites, sin que el más leve sentimiento -de vanidad ofendida y mucho menos de rencor apareciese perturbando la -inalterable ecuanimidad, á pesar de haber vivido envuelto en luchas -políticas, siempre feroces é implacables. Todo esto había en Lincoln y -otras cosas más, pero no es suficiente para que un historiador, un -crítico bien armado, declare tan pronto hallarse ante un abismo -insondable y se reconozca impotente. - -Es muy grande é intenso el entusiasmo de Morse, aunque ni con mucho -llega al de los dos secretarios, que van naturalmente hasta hacer de -Lincoln un dios; pero todo en el héroe lo atrae y lo fascina, toma de él -hasta el misticismo fatalista, supersticioso de que estuvo siempre -poseído. Ejemplo curioso se encuentra en otro lugar de la obra, en que -buscando explicación á la expresión desolada de la fisonomía de Lincoln -desde la juventud, cita el conocido verso de la balada de Campbell: - - _Coming events cast their shadows before,_ - -y atribuye esa tristeza de facciones á una vaga y prematura conciencia -de los deberes y responsabilidades abrumantes que le preparaba el -porvenir: - -"Al que como nosotros conoce el horrible acto final del drama, parécele -natural buscar su impresionante unidad en cierta influencia remota, -futura, que actúa desde las primeras escenas y nos lleva por fuerza -instintiva á creer que una oculta condición moral é intelectual existía -de antemano, desde la juventud, aunque su esencia profunda estuviese en -lo porvenir, en años remotos todavía" (Tomo I, pag. 47).--Es correr -peligro innecesario internarse por tales dificultades de análisis, con -tal hipótesis por punto de partida; es, como en el caso presente, soltar -los estribos, perder el equilibrio. - -Hubo otra causa para acrecer la melancolía de Lincoln; aunque pertenece -exclusivamente á la vida privada, no hay razón para pasarla en silencio, -desde que biógrafos como Herndon, y sobre todo antes Lamon, la descubren -y relatan minuciosamente: el carácter duro, porfiado, difícil de -conllevar de su mujer. Caprichosa, sarcástica, altanera, no fué nunca la -persona á propósito para embellecer y suavizar la vida doméstica de un -hombre engolfado en negocios públicos que producían y requerían -extraordinaria tensión de espíritu, ni mucho menos la compañera que -tanto llegó á necesitar después, abrumado por tan graves -responsabilidades, por tan devorante actividad intelectual durante los -años de la guerra civil. - -Lincoln se casó con Mary Todd, joven de excelente familia y distinguidas -prendas personales, de posición en ese período muy superior á la suya -por su educación y la fortuna de sus parientes, en Noviembre de 1842, -contando él treinta y tres años y ella veinticuatro. El matrimonio debió -haber sido celebrado mucho antes, el 1º de enero de 1841, pero -completados los preparativos, ordenada la fiesta, reunidos los -convidados y vestida de boda la novia, se suspendió todo porque el novio -no apareció. Según unos fué víctima de un rapto sin precedente de locura -que nubló de súbito su memoria; según otros no más que de un acceso de -su habitual melancolía. Un amigo lo llevó inmediatamente consigo á -viajar por el vecino estado de Kentucky, donde había nacido, para -distraerlo; volvió al cabo de algún tiempo, renovó sus relaciones con la -misma señorita, y sin grandes preparativos esta vez, sin previo aviso, -celebraron repentinamente la ceremonia en presencia de unos cuantos -amigos citados á última hora. Con estos antecedentes y dado el genio -poco dúctil y amable de la esposa, no era de preverse una larga era de -paz doméstica. Lincoln soportó con calma las consecuencias de su error, -pero era claro que de ahí en adelante debía contar como adversidad -irreparable de su existencia con la índole de su compañera, sus -caprichos y constantes punzadas de alfiler. - -¡Qué extraña coincidencia, qué antojo de la suerte hacer morir -violentamente á los cincuenta y cuatro años un héroe de ese temple, -dotado de tan extraordinaria suma de humanidad y mansedumbre, en el -momento mismo en que recogía el tan anhelado fruto de afanes y angustias -incesantes! ¡Cuando lo tenía ya entre las manos, cuando, unos días más, -y todo quedaba completamente terminado! Después de la muerte del famoso -Dictador el día de los idus de Marzo al pie de la estatua de Pompeyo, en -los momentos en que reanimaba y reconstituía el poder romano para -infundirle cinco siglos más de vida, no ofrece quizás la historia escena -más trágica, más desastrosa para todos los que en ella tomaron parte, -que el asesinato de Lincoln en un palco del teatro de Washington el -viernes de la Semana santa del año de 1865. - -La población de Washington era conocidamente hostil á los poderes -supremos de la república en ella establecidos, la mayoría de sus -habitantes simpatizaba abiertamente con la causa de la Confederación del -sur, la ciudad misma pareció más de una vez á punto de caer por sorpresa -en manos de los Confederados, y al principio la zozobra general -demandaba ciertas precauciones. Pero fueron poco á poco calmándose los -temores, y el Presidente y los miembros del gobierno habituándose al -peligro y á no curarse de él. Lincoln, sin embargo, recibía con -frecuencia anónimos amenazantes ó cartas de amigos anunciándole tramas y -asechanzas, y se encontró después sobre su mesa de trabajo una cubierta -llena de papeles con este rótulo: _Assassination letters_; mas él -circulaba á pie ó en carruaje por las calles, como cualquier ciudadano, -y después de la ocupación de Richmond y la capitulación del ejército de -Lee, ¿quién podía seguir pensando en asesinos ó conspiradores? - -En esos momentos mismos un joven y gallardo actor de melodrama, oriundo -de los Estados del Sur, víctima del abuso de bebidas alcohólicas y de -las vanidades del falso mundo de teatro en que vivía, logró combinar -casi enteramente solo, tomando como instrumento unas cuantas personas -oscuras, vulgarísimas, disipadas, el plan de matar en una misma noche al -presidente y Vicepresidente, á los ministros de Estado y Guerra y al -general Grant, dejar acéfalo el gobierno y permitir á los numerosos -simpatizadores de la expirante causa rebelde realizar un golpe de mano -en las primeras horas de desconcierto. El plan carecía de base sólida, -no tenía ramificaciones fuera de la ciudad, no contaba con el apoyo de -hombre alguno de importancia política ó militar, y sólo un corto número -de imbéciles empujados por el frenesí de un ebrio consuetudinario fué -capaz de ponerlo en ejecución. - -Lincoln tenía dispuesto asistir esa noche del 14 de Abril de 1865 al -teatro Ford donde se representaba la excéntrica y popular comedia del -inglés Tom Taylor titulada "Nuestro primo de América" (_Our American -Cousin_). Debía acompañarlo el general Grant, pero éste á última hora se -excusó y salió de Washington con rumbo hacia el norte aquella misma -tarde. El Presidente ocupaba un palco al nivel del proscenio, acompañado -de su esposa, un joven militar llamado Rathbone y una señorita hija del -senador Harris. Poco antes de las diez, hora escogida por Booth, porque -era la de la salida de la luna, que debía alumbrarle el camino de su -fuga, llegó el asesino á caballo junto á la puerta falsa del teatro, -dejó su montura al cuidado de un muchacho, tomó en la taberna próxima la -última copa de licor, entró en el coliseo en que como actor tenía paso -franco y donde había estado durante el día con objeto de agujerear un -tabique del palco y alterar el cierre de la puerta. Mostrando y dando -desdeñosamente su tarjeta al único ujier sentado en el corredor, como si -fuese un invitado del Presidente, penetró silenciosamente en el salón -trasero sin que nadie lo sintiese, ni siquiera cuando aseguró la puerta -de modo que no pudiesen abrirla desde afuera. - -Los que por casualidad dirigían la mirada en ese instante hacia ese lado -del proscenio vieron, al oir la detonación de una pistola, que el -Presidente inclinaba la cabeza como dormido, y que un hombre puñal en -mano atravesaba el palco, saltaba el antepecho, caía sobre el tablado y -desaparecía corriendo, no sin manifestar antes lo teatral de su acción -blandiendo el cuchillo y recitando con voz ronca el mote del escudo del -estado de Virginia: _Sic semper tyrannis_. El tirano esa vez era el más -dulce y compasivo de los hombres, y el vengador un comediante en cuyo -nublado cerebro no habían penetrado las consecuencias del acto -insensato que ejecutaba. - -Murió Abraham Lincoln á las siete de la mañana siguiente sin haber -recobrado el sentido, ocupó el Vicepresidente el puesto vacante y todo -siguió el orden previsto por la ley constitucional. Pero el pronto -restablecimento de la prístina armonía entre los Estados, precedido por -completo y generoso olvido de lo pasado, había perdido en la catástrofe -el más sincero y poderoso de sus defensores. Las Furias, suspendidos sus -quehaceres en los campos de batalla, iban ahora á buscar aliados en las -salas del Capitolio. - -La suerte más negra pareció empeñarse en perseguir á cuantos estuvieron -presentes ó contribuyeron á la sangrienta escena. Booth, con una pierna -partida, por habérsele enredado las espuelas en la bandera nacional que -ornaba el frente del palco presidencial, no pudo llegar á lugar de -salvamento tan pronto ó tan lejos como hubiera querido; vivió diez días -con la sombra de la muerte encima hasta caer herido como una alimaña por -la bala de sus perseguidores. Quizás, según otros, se mató él mismo al -verse rodeado y perdido dentro de un granero, incendiado con el fin de -forzarlo á entregarse. De sus cómplices cuatro, incluso la mujer en cuya -casa se reunían, fueron ahorcados; los otros expiaron en un presidio. - -Entre los que se sentaban dentro del palco fué la suerte de Lincoln la -menos cruel, pues expiró á las pocas horas sin haberle llegado desde el -minuto en que estalló el arma asesina la menor vislumbre de lo que -pasaba á su alrededor. La esposa pasó el resto de sus días enajenada, -sumida en estupor profundo. El mayor Rathbone recibió de Booth, al -intentar sujetarlo, una terrible cuchillada en el brazo, y esposo -prometido de la hermosa joven sentada á su lado, acabó años después por -ser su matador en un acceso de locura furiosa. - -Tales fueron las consecuencias individuales. Las políticas, las que en -suma modificaron la marcha general de la nación, son conocidas y no es -posible exagerarlas. Como dijo el general Sherman á uno de los jefes -adversos: «no sufrió la Confederación desastre más grande». - -Pero aparte de la importancia histórica su interés dramático nunca -disminuirá. Es muy de desearse que venga pronto el biógrafo definitivo -de Lincoln, el que sepa aprovechar todos los detalles y presentar al -ilustre mártir con sus rasgos y colores verdaderos, en un trabajo menos -difuso y encomiástico que el de los dos antiguos secretarios, más seguro -en sus juicios que el de Morse, más artístico y armónico que el de -Herndon. Prescindo de propósito del volumen incompleto de Lamon, donde -primero aparecieron muchos sucesos anteriores á la época de su -engrandecimiento político, pero relatados con cinismo á veces -desagradable, sin verdadera simpatía. Las demás biografías, bastante -numerosas tienen menos valor como obras históricas. - - - - - EL "CENTÓN EPISTOLARIO" - Y - LA CRÍTICA AMERICANA - - -Ningún fraude literario se ha impuesto tan completamente á la credulidad -pública como el que perpetró don Antonio Vera y Zúñiga, conde de la -Roca, imprimiendo ó haciendo imprimir en tiempo de Felipe IV un libro -con el título de _Centón Epistolario del bachiller Fernán Gómez_, y el -siguiente pie de imprenta en la portada: "fué estampado. E correto por -el protocolo del mesmo Bachiller Fernanperez (_sic_). Por Juan de Rei e -a su costa en la cibda de Burgos el Anno M CD XCIX", es decir, en 1499. - -Forma un volumen delgado, de ciento sesenta y seis páginas en cuarto -menor, compuesto de ciento cinco cartas de muy amena lectura atribuidas -á un tal Fernán Gómez de Ciudad Real, médico particular del rey don Juan -II, personaje de quien no hay más noticias que las que en sus propias -epístolas aparecen, lo cual ya hoy nadie extraña, pues nunca existió -individuo conocido con ese nombre y profesión en la corte del rey don -Juan. - -El objeto de Vera y Zúñiga al concebir y ejecutar tan complicado engaño -no fué entretener sus ocios de diplomático, ni cometer simplemente una -ingeniosa travesura, como hizo, por ejemplo, en nuestros mismos días -Adolfo de Castro, cuando escribió, publicó y atribuyó á Cervantes _El -Buscapié_, que tanto ruido hizo en los momentos de su aparición, -encontrando muchos, y varios hombres de letras entre ellos, que lo -recibieran como obra auténtica. Vera y Zúñiga, que debió á Felipe IV el -título de conde de la Roca y el empleo de embajador en Venecia, -pertenecía á una familia distinguida, pero tenía la debilidad, bien -común en su época y no excesivamente rara todavía, de no contentarse con -tan poco, de picar más alto y pretender estar emparentado con la más -encumbrada nobleza española; y como carecía de pergaminos ó papeles en -comprobación de esa fantástica ascendencia, le asaltó la idea de forjar -un libro en que constase su abolengo. Moviólo sin duda al decidir la -época que debía minuciosamente estudiar para reproducir de algún modo -verosímil sus usos y costumbres, el ser la Crónica de don Juan II entre -todas las de los reyes de Castilla indisputablemente la mejor, la más -puntual y segura, como dijo Mondejar. Cortando retazos de la Crónica, -variando ligeramente los hilos de la trama, zurciéndolos con innegable -habilidad, fabricó las ciento quince cartas, y salpicó aquí y allí como -de paso pruebas de su linaje, mencionando sus abuelos, el Comendador Ruy -Martínez de Vera, ayo y Camarero mayor del Infante, que supone -emparentado con el condestable don Alvaro de Luna, así como su hijo don -Juan de Vera. Escritas las cartas les inventó un autor, lo bautizó -Bachiller Fernán Gómez, nombre que á nada comprometía y, como debía -forzosamente ser una persona cercana al Rey, lo graduó de médico de -cámara. - -Era en seguida preciso exhibir al público el documento apócrifo de modo -que no dudase de su procedencia. Un códice antiguo es muy difícil de -imitar. No es muy aventurado suponer que aprovechara entonces el conde -de la Roca su estancia en Italia, en Venecia, cuyos impresores eran tan -hábiles y famosos, donde con la mayor facilidad podían á mediados del -siglo XVII componer é imprimir un libro que en la apariencia datase de -fines del siglo XV: de ahí probablemente salió el volumen del _Centón -Epistolario_ con portada diciendo que lo habían impreso en Burgos á -costa de Juan del Rey. - -Vio la luz calladamente, como convenía, y fué sin ruido á las manos á -que debía ir, colocándose en los estantes sin despertar sospecha de su -procedencia, y contó en adelante como uno de los monumentos más curiosos -del habla castellana al término de la Edad Media. - -Las sospechas nacieron más tarde, pero sólo de parte de alguno que otro -bibliógrafo, y fundadas únicamente en las condiciones tipográficas del -tomo. La crítica literaria (ó lo que por tal pasaba,) continuaba -apreciando como de buena ley la prosa epistolar de Fernán Gómez de -Cibdareal, cuando era ya opinión corriente entre los eruditos al -finalizar el siglo XVIII, según Bayer y Méndez, que la edición supuesta -original no había podido ser impresa ni en el lugar ni en la fecha que -en ella se declaraban. Las cartas del Bachiller seguían tenidas por obra -de un contemporáneo de Juan II, tanto que el que desempeñaba en 1755 la -secretaría de la Real Academia de la historia, don Eugenio Llaguno, -publicó una segunda edición del Epistolario, añadiéndole una biografía -del autor conforme á datos sacados de las mismas cartas, que de otra -parte seguramente no podía sacarlos, pues el personaje, como va dicho, -era puramente imaginario. - -Así las cosas permanecieron hasta que en 1833, á los doscientos años -poco más ó menos de cometido el fraude, dió á luz Quintana en Madrid el -tomo tercero de sus _Vidas de Españoles célebres_. Escribiendo con su -esmero y conciencia habituales la biografía de don Alvaro de Luna notó, -al llegar al período del proceso y muerte en el cadalso del Condestable, -suceso sin disputa el más famoso de todo el reinado, que la relación -hecha por el Bachiller se hallaba en desacuerdo completo respecto á -detalles importantes con varios documentos oficiales, auténticos, que se -conservan, y como el Bachiller se daba por testigo presencial de lo que -refería, depositó Quintana al pie de la página estas dos preguntas muy -oportunas:--¿Existió verdaderamente semejante médico y semejante -correspondencia?--¿Sería por ventura esta obra juego de ingenio de algún -escritor posterior?--Era poner por primera vez el dedo en la llaga. Por -desgracia el poeta historiador se redujo á expresar sus sospechas en esa -forma de duda ó interrogación y dejar que otros la resolvieran. - -Nadie empero volvió á ocuparse en el particular hasta que en 1849 -publicó Ticknor la primera edición de su excelente Historia de la -Literatura española, en uno de cuyos apéndices afirma que á su juicio -todo el _Centón Epistolario_ era de la primera á la última línea una -falsificación, y expone brevemente alguna de las razones históricas y -filológicas en que fundaba su opinión. Esto no era ya tocar la llaga con -precauciones como Quintana, sino atacarla _ferro et igni_ para -cauterizarla y extirparla. Pero esas operaciones violentas aplicadas á -males envejecidos arrancan siempre gritos, no sólo del paciente, lo que -no podía ser en el presente caso, sino también de circunstantes -horrorizados. El marqués de Pidal gritó el primero; no tenía -inconveniente en admitir que la primera edición era espuria, y una -superchería los pasajes referentes á la familia Vera; no negaba que -hubiese otros errores inexplicables en el texto, pero creía á pies -juntillas en la existencia del Bachiller y afirmaba que las cartas -habían sido escritas en los días de don Juan Segundo, porque así lo -revelaban su estilo y su lenguaje. - -Don Adolfo de Castro intentó complicar la cuestión negando por una parte -la autenticidad del libro, pero atribuyéndolo á un nuevo personaje, Gil -González Dávila. La inesperada sugestión pasó casi inadvertida, no era -más que una de tantas suposiciones aventuradas del ingenioso hidalgo -gaditano. - -Ticknor replicó reiterando la firmeza de su convicción, y en los mismos -curiosos y eruditos datos suministrados por Pidal halló motivos nuevos -de confirmar á Vera y Zúñiga la paternidad del _Centón_. Luego Gayangos -añadió á esta solución el peso de su autoridad, logrando convertir por -último al mismo marqués de Pidal. - -El problema estaba, sin embargo, destinado á renacer, á ser planteado y -tratado otra vez, como si nada antes se hubiese hecho en el sentido de -su resolución. Amador de los Ríos en el tomo VI, publicado en 1865, de -su _Historia crítica de la Literatura española_, entra magistralmente en -la controversia, y con el tono de convencida suficiencia en él -característico, como quien se siente más que de sobra capaz de fijarla -para siempre, echa á un lado de idéntica manera á Quintana y á Ticknor, -á Pidal, á Castro y á Gayangos, y pronuncia que el _Centón_ "es uno de -los más fehacientes y genuinos monumentos del largo reinado de don Juan -II". No agrega en realidad un solo nuevo dato positivo á la cuestión, -sino deslíe en quince grandes páginas una serie de observaciones -abstractas del género de la siguiente: "En ninguna obra de arte se -revela con más verdad y fuerza el carácter vario, indeterminado y -contradictorio de la corte de don Juan II", lo cual para decidir de la -autenticidad de una obra no puede ser más "indeterminado", es decir, -más vago y menos concluyente. - -Amador de los Ríos en resumidas cuentas pretende resolver la incógnita -con la incógnita misma, sin darse la pena de deducir sus elementos ni -salir del círculo estrecho de sus apreciaciones personales. Para -encomiar la frase del _Centón_ ensarta este rosario de adjetivos: -limpia, clara, nerviosa, elíptica y salpicada de vivos pero naturales y -agradabilísimos matices. Para enaltecer su dicción este otro: casta, -sencilla, ruda á veces, mas siempre pintoresca y graciosa, siempre -gráfica y adecuada. Y ahí está el _quid_ de la cuestión, porque lo que -importa saber es si todos esos calificativos tan abundantemente regados -se hallan bien aplicados á un texto especial del siglo XV, y para -demostrar esto se requiere algo más que impresiones sin consistencia y -tono de autoridad superior. - -La "Historia crítica de la literatura española" es en verdad una obra -impacientante; anunciada con grande alarde y golpes de caja, como un -acontecimiento nacional; puesta "á los pies del trono constitucional de -la Reina de España", la cual, como se nos dice en larga dedicatoria, "no -solamente se dignó aplaudir con hidalguía de española mis difíciles -tareas, sino que me honró con magnanimidad de Reina oyendo algunos -capítulos", no pasa, sin embargo de todo ese honor y de la pompa y -verbosidad del contenido, más allá de una muy moderada medianía. Su -mayor mérito consiste en ser, y así en la misma dedicatoria se asegura, -"la primera escrita por un español en lengua castellana", pero ni como -obra histórica ni como obra de arte pudo satisfacer las esperanzas, el -interés con que se la aguardó. El estilo no atrae, no encanta, y la -sagacidad del crítico flaquea á menudo, extravía al lector, porque el -guía no posee completamente la materia, porque le falta ingenio y -agudeza y le sobra seguridad, confianza en su sabiduría. - -No hay apenas error, acreditado por la rutina y por la superficialidad -con que hasta entonces se había tratado en España la literatura de la -Edad Media, que no encuentre inmediatamente en Amador nuevo defensor, -tan obstinado como mal pertrechado para la discusión. Ya hemos visto -como respecto del _Centón_ se extravía, y deslumbrado por sus propios -adjetivos no acierta con su camino. Lo mismo le sucede con el _Libro de -Montería_, que contra toda evidencia se empeñó en atribuir á Alfonso el -Sabio. Lo mismo con las dos famosas octavas, supuestas únicas reliquias -de las _Querellas_ de Don Alfonso, en que ya hoy no cree literato alguno -un poco versado en la materia; Amador no sólo las acepta como realmente -de la época, no sólo les confirma la fantástica paternidad, sino que las -cita, las altera, las adereza á su gusto, y dice que son "la voz del -cisne que preludia su triste fin".--El cisne es Alfonso el Sabio y el -preludio unos versos apócrifos escritos varios siglos después. ¡Extraño -ayuntamiento! - -En toda cuestión insostenible, perdida de antemano, se mantiene aferrado -á su parecer con una terquedad digna de mejor fortuna; por ejemplo, en -la polémica en que discute de potencia á potencia con Fernando Wolf, -quien sabía más que él de literaturas medioevales, sobre el valor -literario de las _ee_ paragógicas añadidas á los romances antiguos por -los cantores populares y que tanto los afean, añadidura que Menéndez y -Pelayo con su tino habitual suprime en la _Antología de poetas líricos_ -al incluir la _Primavera_ de Wolf tal como la publicó este gran crítico -y este folklorista sin par. - -Menéndez y Pelayo, sin embargo, llama la Historia de Amador "monumento -que honra el nombre de su autor y la erudición española", aunque no se -sabe si usa ese sustantivo por deferencia al que fué su profesor en la -Universidad de Madrid, ó porque aluda simplemente á las proporciones -materiales de la obra, á los siete grandes y compactos volúmenes que no -van más allá de la época de los Reyes católicos. Tanta indulgencia de -otro modo sería inexplicable al lado de la severidad, la injusticia -conque trata en otro lugar la _Historia de la Literatura española_ por -Ticknor, relegándola con desdén á la ínfima categoría de "un apreciable -manual bibliográfico, de crítica puramente externa y vulgar por todo -extremo"[78]. - - [78] Ambos juicios, el de Amador y el de Ticknor, se hallan á corta - distancia uno de otro en la traducción de los _Studien_ de Wolf por - Miguel de Unamuno--l v. Madrid, s. a. págs. 6 y 9.--Amador en la - _Introducción_ de su grande Historia no trata más caritativamente - la obra de Ticknor. - -La Historia de Ticknor fué á los pocos años de publicada traducida al -alemán, al castellano y al francés, acompañada en las dos primeras -lenguas de notas complementarias escritas por sabios como Wolf y como -Gayangos, que no creyeron desmerecer prestando su nombre y sus -conocimientos para autorizar y propagar la obra. Aparecieron del -original inglés cinco grandes ediciones en los Estados Unidos, todas -retocadas y perfeccionadas cada vez, amén de otras en la Gran Bretaña. -Millares y millares de personas la han leído y consultado y por todas ha -sido tenida como la obra más completa y mejor sobre el asunto, honor que -aun conserva, pues no existe ninguna otra hasta el presente que la pueda -sustituir. Es el fruto de una vida entera de estudio constante, el -resultado de un esfuerzo de muchos años, al que contribuyeron todos los -recursos que el talento, la paciencia, la fortuna, los viajes, la -posesión de rica y escogida biblioteca, cual en España misma era muy -difícil reunir á ningún particular, la consagración en fin de todos los -instantes, podían suministrar. Distínguese y es digna de todo encomio -por la excelencia del plan, la seguridad del método, la claridad de la -exposición, el análisis directo, personal de los autores, sobre todo por -el anhelo de comprender, de mantenerse en viva é íntima simpatía con -cuanto ofrece de peculiar y característico la civilización española. El -autor era extranjero y era protestante, hijo de Boston, la metrópoli -literaria y religiosa de la Nueva Inglaterra, y no es su menor mérito -el espíritu de justicia, de inalterable tolerancia, de profundo respeto -con que sigue y aprecia una literatura tan esencialmente católica, -apostólica, romana, cual la que en España se formó y brilló durante los -siglos XVI y XVII, edad de oro de su civilización y su cultura. ¿Existe -acaso algún español que haya procedido de idéntica manera al ocuparse en -estudiar vidas y escritos de protestantes? ¿Lo ha hecho por ventura el -autor de la _Historia de los Heterodoxos españoles_? La tolerancia -religiosa, la moderación en cuestiones que con la fe se rozan, la -universalidad de sentimientos nunca han sido virtudes solicitadas ni -apreciadas por la mayoría de los hijos de España; pero Ticknor al -escribir en inglés sobre las letras españolas no pretendía dirigirse á -los españoles, y fué para él tan grata como inesperada satisfacción que -dos literatos lo tradujesen, y tradujesen muy bien, al castellano y le -consiguiesen lectores donde ni por sueño esperó encontrarlos. Menos -sorpresa probablemente le habría hoy causado saber que un crítico de la -importancia de Don Marcelino Menéndez y Pelayo, influído tal vez por -prejuicios, por preocupaciones más políticas que literarias, lo trata -con tanta dureza[79]. - - [79] Ultimamente un escritor inglés, gran conocedor de España, Mr. - D. Fitzmaurice Kelly, ha publicado en Londres una historia de la - literatura española, que alcanza hasta nuestros días. Ha sido - también traducida y dada á luz en Madrid, por cierto con prólogo - muy favorable del Sr. Menéndez y Pelayo. Es un trabajo corto, un - mero compendio, que no encierra tanta materia como cualquiera de - los cuatro volúmenes del Ticknor en castellano, pero muy bien hecho - y digno de aplauso. - -La bibliografía está por Ticknor relegada á las notas, es una parte á -que prestó sin duda minuciosa atención, cosa muy natural en toda buena -historia literaria que por fuerza ha de versar principalmente sobre -libros. Ordenada, clasificada, bien digerida como se encuentra aquí, es -de la mayor utilidad para el lector y para el estudiante, que encuentran -de esa manera en su lugar y muy á mano cuanto puede necesitar, -precisamente lo que no acontece en el mare mágnum confuso y revuelto del -_Ensayo de una Biblioteca_, que bajo el nombre de Bartolomé José -Gallardo se extiende por las páginas de cuatro grandes volúmenes -insondables. - -El sentido literario era más fino en Ticknor que en Pidal y en Amador de -los Ríos, pues adivinó la falsedad del _Centón_ en que esas dos -autoridades creían. Adivinó también, y demostró esta vez hasta la -evidencia, sosteniendo al efecto larga polémica, la falsedad de _El -Buscapié_ publicado por Adolfo de Castro, cuando toda España, con -excepciones contadísimas, lo recibió como obra genuina de Cervantes, -incluso críticos tan hábiles como Quintana y José Joaquín de Mora. Bien -conocía la lengua y la literatura quien, á pesar de su condición de -extranjero y de haber residido muy corto tiempo en el país, penetra tan -seguramente y tan pronto al través de engaños en que han caído casi -todos. - -Pero respecto al _Centón_ la tarea no estaba terminada, como la -insistencia en el error de Amador lo prueba. Algo faltaba todavía, y á -otro americano estaba reservado completarla. - -Gayangos previó en sus adiciones á la traducción del Ticknor que el día -que algún crítico se pusiese á estudiar los giros y modismos del Centón, -analizar su sintaxis y compararla con la de otros escritos de la misma -época, tendría que caer por tierra el principal argumento de los -admiradores tenaces del falso físico del rey don Juan. - -Nadie en España á pesar de la oportuna sugestión se animó á emprender lo -que sin duda había de ser ímproba tarea. En nuestros días por fin un -sabio hispanoamericano no se ha arredrado ante la dificultad y la ha -vencido definitivamente, aunque de paso y como simple incidente de -empresa más grande y complicada á que estaba consagrado. - -Preparando el señor Rufino José Cuervo los materiales de su admirable y -único _Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana_, -consideró de previo y especial pronunciamiento, para usar el término -forense, el punto de aceptar ó rechazar como lengua literaria corriente -del siglo XIV los vocablos, giros y modismos de que no se conociera otro -ejemplo que el texto del _Centón Epistolario_. La opinión de Amador de -los Ríos debía, no obstante su evidente superficialidad, detener á un -lexicógrafo escrupuloso, y decidió prudentemente instruír el proceso y -ventilar la duda. El fallo queda pronunciado en estos términos -concluyentes: "Para cualquiera que lo examine con detenimiento, el -_Centón_ es un zurcido de voces y locuciones de distintas procedencias". -Al final de la Introducción al Diccionario, en una extensa nota que -llena más de tres páginas en 4º de letra menuda, expone con la necesaria -minuciosidad los fundamentos principales de su fallo. - -Resulta de ellos que el libro, es decir, la supuesta edición príncipe de -Burgos, 1499, fué indudablemente impreso en Italia por cajistas -italianos que cayeron en multitud de errores característicos. Resulta -más: que el autor de la falsificación debía también vivir en esa región -y practicar corrientemente la lengua italiana; así fué que al aplicarse -á estudiar el habla antigua de Castilla con objeto de imitarla y urdir -su _pasticcio_, confundió de la manera más curiosa palabras italianas -contemporáneas con voces antiguas castellanas, acabando por no -distinguirlas entre sí, y por formar con unas y otras la trama de su -lenguaje, que viene á parar en ser la cosa más extraña y abigarrada del -mundo. De esos italianismos, innecesarios y nunca vistos en otro libro -español del siglo XIV ni de los dos siguientes, cita Cuervo más de -cuarenta ejemplos dispuestos en orden alfabético. - -Descubre, además, multitud de locuciones y construcciones completamente -ajenas de la propiedad castellana, y copia también un buen número. -Entre ellas es de notarse el uso del _ca_, que llamó desde el principio -la atención de Ticknor, que Amador de los Ríos defendió, de que reúne -Cuervo más de una docena de muestras para probar que es giro peculiar -del fingido bachiller de Cibdareal, incompatible con el uso de Castilla. - -También ha cotejado cuidadosamente el distinguido filólogo colombiano la -Crónica de don Juan II con el Epistolario, y aparece de ese careo, como -dice, que la Crónica misma con la naturalidad de su estilo denuncia las -frases extrañas, impropias é incorrectas á que el zurcidor ha tenido que -apelar para disimular un poco el origen de lo que iba copiando. El -_Centón_, por consiguiente, es plagio de la Crónica; así puede afirmarse -después del análisis de Cuervo con pleno conocimiento del asunto, sin -haber lugar para reserva ó atenuación alguna en el pronunciamiento. - -Es un antiguo vacío en la historia de la literatura que ahora queda -perfectamente lleno. El Sr. Cuervo ha vertido abundantemente luz sobre -un punto que para algunos, á causa de Amador de los Ríos, podía ser aun -materia oscura y controvertible. Quizás no falte todavía quien discuta -si fué ó no don Antonio Vera y Zúñiga el que fabricó el texto espurio, ó -si lo mandó fabricar, ó si algún otro lo maquinó figurándose -complacerle: cuestión de importancia mucho menor, aunque la verdad es -que todos los datos y las más lógicas deducciones concurren á convencer -del cargo al susodicho personaje. Pero nadie ya deberá creer en la -existencia de un bachiller de Ciudad Real, autor de las cartas que -durante más de dos siglos corrieron bajo su nombre, ni mucho menos -forjarse la extravagante ilusión de hallar en ellas "el carácter vago, -indeterminado y contradictorio" de la corte del rey don Juan segundo, -sobre todo si tiene á mano la Crónica auténtica para conocer mejor la -historia de aquellos tiempos calamitosos, y descubrir que lo uno no es -más que pálido trasunto de lo otro, con numerosas equivocaciones y -mentiras por añadidura. - - - - -ÍNDICE DE NOMBRES Y TÍTULOS - - -Adams (Ch. F.), 144. - -_Adicto_ (El), 207. - -Aerssens (F.), 260. - -_Aforismos_, 175-208. - -Agrícola, 204. - -_Agricultura de la zona tórrida_, 275, 281. - -Alba (Duque de), 253. - -Alejandro Magno, 9. - -Alembert (D'), 217. - -Alessandro Manzoni, _Reminiscenze_, 192. - -Alfonso el Sabio, 340. - -_Alfonso Munio_, 314. - -_Alocución á la poesía_, 274, 275, 281. - -Amador de los Ríos (J.), 269, 338, 339, 341, 344, 345, 347. - -_American Commonwealth_, 51. - -_American Conflict_, 14, 105. - -Amunátegui (M.-L.), 266, 270, 272, 277. - -_Anales_ (Los), 270. - -Angulo y Heredia (A.), 182, 189. - -_Antología de poetas hispanoamericanos_, 297-315. - -_Antología de poetas líricos_, 341. - -_Aphorisms_, 212. - -Aranda (Conde de), 228. - -_Araucano_ (El), 270. - -Avellaneda (G.-G.), 192, 313, 314. - -Ayestarán (L.), 205. - - -Bachiller y Morales (A.), 169, 206. - -Baez (B.), 258, 259. - -Bakhuyzen, 250. - -Balcarce, 233. - -Balmes (J.), 268. - -_Baltasar_, 314. - -Barneveld (J.), 260. - -Barnwell, 15. - -Basedow, 210. - -Bates, 140. - -Batres (J.), 282. - -Beecher-Stowe (H.), 1, 43, 44, 45. - -Bell, 144, 147. - -Bello (A.), 263-283, 303, 304, 313. - -Bembo (C.), 294. - -Bentham (J.), 186. - -Benton (Th.), 54, 55. - -Berni, 282. - -_Biblioteca_ (La), 270, 275. - -Bismarck (O.), 249. - -Bolívar (S.), 12, 102, 231, 235, 236, 238-243, 264, 275, 305. - -Bonaparte (N.), 9, 191. - -_Bonaparte_, 191. - -Booth (J.-W.), 329, 330, 331. - -Borromeo (F.), 193, 293. - -Brooks (P.), 35-38. - -Brown (J.), 1, 120-122, 124-126, 128, 129. - -Brown (T.), 267. - -Bruto (M.), 309. - -Bruzón (J.), 206. - -Bryce (J.), 51. - -Buchanan (J.), 57, 60-63, 65, 75, 81, 98, 100, 102, 105-107, 110, -114-116, 119, 126, 131, 147, 152. - -_Bulletin Hispanique_, 286. - -_Buscapié_ (El), 334, 344. - -Butler (A.-P.), 15, 27, 31, 34-37. - - -Caballero (M.), 158. - -Caballero (A.), 158. - -Cabrera (R.), 225. - -Calderón (P.), 287. - -Calhoun (J.-C.), 5-7, 10, 13, 15, 24, 27, 59, 151. - -Cameron (S.), 140. - -Campbell (Th.), 324. - -Campo Alanje (C.), 320. - -_Canto á Junín_, 304. - -Cantú (C.), 192. - -Cañete (M.), 277. - -Carlos V, 117, 251, 252, 290, 294. - -Caro (M.-A.), 274, 277. - -Castillo (H.), 205. - -Castro (A.), 334, 337, 338, 344. - -_Centón Epistolario_, 333-348. - -_Century Magazine_, 82, 94, 97, 106. - -Cervantes (M.), 31, 192, 263, 301, 334, 344. - -César (J.), 320. - -Chase (S.), 17, 21, 139, 140. - -_Ciencia Española_ (La), 300, 302. - -_Cinque Maggio_ (Il), 191, 192. - -Cisneros (J. de), 290. - -Clay (H.), 7, 10, 11, 13, 16, 144. - -Cochrane (Lord), 237. - -Colón (C.), 292, 293. - -_Congressional Globe_, 28, 35, 108, 111, 116, 135. - -_Contemplaciones_ (Las), 274. - -Corday (Ch.), 309. - -_Correspondence of J.-L. Motley_, 247-261. - -Cousin (V.), 164, 188, 211, 216, 218, 220. - -Cristoforo (Fr.), 193. - -Cromwell (O.), 122. - -Cuervo (R.-J.), 169, 345, 346, 347. - - -Damas-Hinard, 286. - -Danton, 31. - -Darwin (Ch.), 186. - -Davis (J.), 15, 48, 61, 115, 126, 135, 150, 154. - -_Décadas_ (Las), 292, 293, 294. - -_De Orbo novo_, 292. - -_De rebus oceanicis_, 292. - -_Derecho internacional_, 270. - -_Diccionario de construcción y régimen_, 345. - -Douglas (S.), 23, 24, 27, 31, 34, 56, 60, 78, 81, 88, 90-95, 97, 101, -106, 115, 130-132, 135, 139, 144, 146, 147. - -Dundonald (Vid. Cochrane). - -_Duendes_ (Los), 281. - - -_Ecléctico_ (El), 207. - -Emerson (R.-W.), 40, 124, 196. - -_Emilio_, 210. - -_Enciclopedia de biografía americana_, 100, 124. - -_Enciclopedia Británica_, 14, 68. - -_Eneida_ (La), 276. - -_Ensayo de una biblioteca_, 344. - -_Ensayo sobre lo bello_, 193. - -Escovedo (N.-M.), 208. - -Espronceda (J. de), 279. - -_Etudes sur l'Espagne_, 287. - -Evarts (W.-M.), 138, 143. - -Everett (E.), 116. - - -_Fantasmas_, 281. - -Farnesio (A.), 254. - -_Fausto_, 190. - -Felipe II, 251, 253. - -Felipe IV, 334. - -Felipe (Archiduque), 290. - -Fernando VII, 309. - -Fernando el Católico, 290. - -Feuerbach (P.), 207. - -Fichte (J.-G.), 188. - -Fillmore (M.), 13, 56, 60, 144. - -_Filosofía del Entendimiento_, 267. - -_First blows of the civil war_, 69. - -Fish (H.), 259. - -Fitzmaurice Kelly, 343. - -Fornaris (J.), 199. - -Foulché-Delbosc, 286. - -Foxá (A.), 167. - -Franklin (B.), 194. - -Frémont (J.-C.), 53, 55, 57, 61. - -Frías (Duque de), 301. - -Froude (J.-A.), 250. - -Fuente (V. de la), 228. - - -Gallardo (B.-J.), 344, 345. - -Gálvez (J.-B.), 206. - -Gayangos (P.), 338, 342. - -_Geórgicas_ (Las), 276. - -_Gesta del Cid_, 268. - -Gioberti (V.), 193, 207. - -Girón (P.), 291. - -_Goethe y Schiller_, 189. - -Gómez (F. Perez), 333-348. - -González Dávila (G.), 337. - -_Gramática de Bello_, 269. - -Grant (U.-S.), 40, 69, 248, 257-260, 328. - -Greeley (H.), 14, 105. - -Grocio (H.), 260. - -Guardia (J.-M.), 216. - -Guido (J.-T.), 236. - -Guillermo de Orange, 151, 152, 154. - -Guizot (F.), 250. - -Gutiérrez (J.-M.), 299. - - -Hale (J.-P.), 17, 21. - -Hallam (H.), 291. - -Halstead (M.), 135. - -Hamilton (A.), 61. - -_Hamlet_, 33. - -Hamlin (H.), 137. - -Harris (Miss), 329. - -Hay (J.), 82, 94, 106, 317. - -Hayne (R.), 5. - -Hegel (F.), 188, 189, 219. - -Heine (H.), 307. - -Henry (Dr.), 97. - -Heredia (J.-M.), 276, 282, 297-315. - -Herndon (W.-H.), 143, 317, 325, 331. - -Higginson (Th.), 124. - -_Historia crítica de la literatura_, 338, 339. - -_Historia crítica de América_, 293. - -_Historia de la literatura española_, 337. - -_Historia de las ideas estéticas_, 301. - -_Historia de las Provincias Unidas_, 249, 255. - -_Historia de los heterodoxos españoles_, 199, 286, 300, 343. - -_Historia de San Martín_, 236. - -_History of the people of the U. S._, 321. - -_History of the U. S. from 1850_, 45, 321. - -_Hojas de otoño_, 281. - -Holmes (O. W.), 260. - -Holst (H.), 14, 27, 36, 56, 100. - -Howe (B.-S.), 194. - -Hume (D.), 186. - -Hugo (V.), 125, 274, 280. - -Hunter (J.), 15. - - -_Impugnación á Cousin_, 211, 221. - -_Incendio de la Compañía_ (El), 279-281. - -_Informe sobre Instituto Cubano_, 175, 178, 209. - -_Insurrecciones de Cuba_, 161. - -Isabel la Católica, 288. - -Isabel II, 224. - -Isla (Padre), 304. - - -Jackson (A.), 6, 7, 70. - -Jenofonte, 280. - -_John Brown of Ossawatomie_, 124. - -Johnson (R.), 67, 248. - -Johnson (A.), 257. - -Johnston (A.), 14, 36, 40. - -Jovellanos (M.), 208. - -Juan de Austria, 254. - -Juan II, 333-348. - -Juana la Loca, 290. - - -Kant (E.), 187, 188, 219. - -Kennedy (J.), 311. - -Krause, 189, 190. - - -Lafon, 236. - -Lafuente (M.), 288. - -Lamartine (A.), 191. - -Lamon (W.-H.), 325. - -Laplace (P.-S.), 207. - -Larra (M.-J.), 320. - -Las Casas (B.), 295. - -Latour (A.), 286. - -Lee (R.), 120, 320, 328. - -León X, 293. - -León (Luis de), 38, 277. - -Lessing (G.-E.), 190, 191. - -Leto (P.), 287. - -_Libro de Montería_, 340. - -_Life and letters of John Brown_, 122. - -_Life and speeches of Lincoln and Hamlin_, 137. - -_Life of H. Beecher Stowe_, 44. - -_Life of President Buchanan_, 100. - -_Life of Th. H. Benton_, 155. - -Lincoln (A.), 39, 82, 84, 89, 92-98, 136, 140-150, 153-155, 248, 257, -317-331. - -Llaguno (E.), 336. - -Locke (J.), 174, 186, 209-211, 215, 217, 220, 221. - -Lodge (H.-C.), 5. - -López (N.), 112. - -Luna (A. de), 334. - -Lutero (M.), 228. - -Luz y Caballero (J.), 157-230. - - -McMaster (J.-B.), 321. - -Madison (J.), 59. - -_Mágico prodigioso_ (El), 287. - -Maistre (J. de), 249. - -_Manifiesto de Ostende_, 101. - -Manucio (P.), 294. - -Manzoni (A.), 191, 192. - -Marcy (W.-L.), 103. - -Mariéjol (J.-H.), 285, 287-296. - -Marshall (J.), 69. - -Mártir (P.), 285-296. - -Martir y Rizo, 296. - -Mason (J.-M.), 11, 15, 27, 31, 34, 61, 101, 108, 126, 127. - -Mazzini (G.), 228, 229. - -_Meditaciones_ (Las), 191. - -_Memorabilia_, 230. - -_Memorial Addresses_, 144. - -_Memorias de O'Leary_, 239. - -Menéndez y Pelayo (M.), 189, 199, 228, 274, 277, 297-315, 341, 343. - -_Mercader de Venecia_, 30. - -Merchán (R.-M.) 306. - -Merimée (E.), 286. - -Merimée (P.), 249, 286. - -Merlín (C.), 207. - -Mignet, 286. - -Milanés (J.-J.), 313. - -Mill (Stuart), 186. - -Millet (G.), 225. - -_Miserables_ (Los), 198. - -Mitre (B.), 231-245. - -_Modern poets of Spain_, 311. - -_Moisés en el Nilo_, 274, 280. - -Mondejar (M.), 334. - -Montpensier (D.), 286. - -Mora (J.-J.), 344. - -Morel-Fatio (A.), 286. - -Morse (J.-T.), 317-331. - -_Mosquea_ (La), 282. - -Motley (J.-L.), 247-271. - -Napoleón I, 110, 191, 249. - -Napoleón III, 214. - -_Nathan el sabio_, 190. - -Nicolay (J.-G.), 82, 94, 106, 146, 317. - -Nietzsche (F.), 157. - -_Nueva Eloisa_ (La), 45. - -_Nuevo Teatro crítico_, 298. - - -O'Donnell (L.), 110, 165, 169, 197, 198. - -O'Leary (D.-F.), 239. - -Olmedo (J.-J.), 271, 272, 276, 281, 304, 313. - -_Opus epistolarum_, 287, 291, 292. - -_Opúsculos jurídicos_, 270. - -Opúsculos literarios y críticos, 270. - -_Oración fúnebre de N. Escovedo_, 208. - -_Orlando enamorado_, 282. - -_Orientales_ (Las), 280. - -_Our American Cousin_, 328. - -_Outbreak of rebellion_, 146. - - -Pablo (San), 180. - -Pacheco (M), 291. - -Padilla (J.), 291. - -Panizzi (A.), 259. - -_Papeles póstumos_, 161. - -_Papeles sobre Cuba_, 161. - -Pardo Bazán (E.), 298. - -Parker (Th.), 194, 195. - -Pentecoste (La), 192. - -Pestalozzi (J.-H.), 210. - -Pezuela (J.), 161. - -Pezuela (M. de la), 104. - -Pidal (M. de), 337, 338, 344. - -Pidal (Menéndez), 269. - -Pierce (F.), 23, 41, 62, 103, 140. - -Pinel (Dr.), 164. - -Pirala (A.), 313. - -«Plácido», 170. - -Polk, 54, 107. - -Pombo (R.), 277. - -Pompeyo, 327. - -_Prayer book_, 44. - -Prescott (W.), 196, 247, 250, 288, 291. - -Prinsterer (G.), 260. - -_Promessi Sposi_ (I), 193. - -«Proscrito» (El), 266, 282. - - -Quintana (M.-J.), 274, 300, 336, 337, 338, 344. - -Quevedo (F.), 286. - -_Querellas_ (Las), 340. - - -Ranke (L.), 291. - -Rathbone (M.), 329, 331. - -_Reisebilder_, 306. - -_Repertorio_ (El), 270, 275. - -_Representative Orations_, 36. - -_República y Realeza_, 228. - -Requesens (L.), 253. - -_Revue Hispanique_, 286. - -Rhodes (J.-F.), 321. - -_Rise of the Dutch Republic_, 249. - -Rivadeneyra (M.), 269. - -Rodríguez (J.-I.), 169, 188, 199, 222, 226. - -Roosevelt (Th.), 55. - -Rosseew St. Hilaire, 286. - -Rousseau (J.-J.), 45, 210. - -_Ruinas de Palmira_, 208. - - -Saco (J.-A.), 161. - -Salazar (P.), 168. - -Sanborn (F.-B.), 122, 127. - -Sanchez (T.), 268. - -Sand (G.), 228. - -Sanguily (M.), 167, 170, 226, 229. - -San Martín (J.), 231-245. - -Santa Ana (A.-L.), 310. - -Sanz del Río (J.), 189. - -Sartiges (G.), 116. - -_Saúl_, 314. - -Schelling (F.-G.), 187-189. - -Scio (P.), 180. - -Scott (D.), 63-70. - -Scott (W.), 193. - -Serrano (M.), 168. - -Serrano (F.), 199, 201. - -Seward (W.-H.), 40, 114, 128, 138-143. - -Sherman (W.-T.), 331. - -Sismondi (S. de), 193. - -Sócrates, 230. - -_Some thoughts concerning education_, 209. - -Soulé (P.), 16, 101-103, 108. - -Spencer (H.), 186. - -Stephens (A.), 150. - -Storey (M.), 260. - -Stowe (Ch.-E.), 44. - -_Studien_, 341. - -Sumner (Ch.), 18, 21, 24, 27, 29, 34-45, 258, 259. - - -Tácito, 204, 305. - -Tacón (M.), 309, 310, 311, 312. - -Taney (R.), 67-73. - -Taylor (T.), 328. - -Tendilla (C. de), 287. - -Thoreau (H.-D.), 124. - -Ticknor (G.), 337, 338, 342, 343, 344, 345, 347. - -Ticknor Curtis (G.), 100. - -Todd (M.), 326. - -_Trip to Cuba_ (A), 194. - -_True history_, 143. - -Turnbull (D.), 166. - - -Unamuno (M.), 341. - -_Uncle Tom's Cabin_, 43, 45, 47. - -Urbano II, 51. - - -Valle (G. del), 220. - -Varona (E.-J.), 224, 225. - -Vera y Zúñiga (A.), 333-348. - -_Viaje por Egipto y Siria_, 207. - -_Vida de D. A. Bello_, 266. - -_Vidas de Españoles célebres_, 336. - -_Vida y muerte de J. de Barneveld_, 260. - -Viel-Castel (L.), 286. - -Villaviciosa (J.), 282. - -Virgilio, 276. - -Vives (L.), 180, 294. - -_Voces interiores_, 281. - -Volmöller (K.), 269. - -Volney (C.-F.), 207. - -Voltaire (F.-M.-A. de), 194. - - -Ward (J.), 194. - -Washington (G.), 49, 320, 321. - -Webster (D.), 5, 11-18, 144, 196. - -Whittier (J.-G.), 17. - -Wilson (H.), 35. - -Winsor (J.), 293, 296. - -Wolf (F.), 341, 342. - - -Yancey (W.-L.), 135. - - -Zaragoza (J.), 161. - -Zayas (A.), 206. - -Zayas (F.), 183. - -Zayas (J.-B.), 183. - -Zayas (J.-M.), 181-185, 206. - -Zenea (J.-C.), 205, 313. - -Zerolo (E.), 312. - -Zorrilla (J.), 280. - - - - -ÍNDICE DE MATERIAS - - -El Conflicto entre la esclavitud y la libertad en los Estados Unidos de -1850 á 1861. - - - Páginas. - - CAPÍTULO I.--Tentativas de conciliación antes de 1850 1 - - -- II.--El sucesor de Webster en el Senado.--Ley sobre - los esclavos huídos.--Cuestión de - Kansas.--Discurso de Sumner y sus consecuencias 17 - - -- III.--«La cabaña del tío Tomás» 41 - - -- IV.--Formación del partido republicano.--Convenciones - nacionales.--Frémont, Douglas, - Buchanan.--Elecciones de 1856 48 - - -- V.--El negro Dred Scott ante el Tribunal Supremo 63 - - -- VI.--Desacuerdo entre ambas ramas del Congreso sobre - la admisión de Kansas 75 - - -- VII.--Campaña electoral en Illinois.--Lincoln y - Douglas 80 - - -- VIII.--Duelo de oradores 90 - - -- IX.--Proyectos de anexar la isla de Cuba 98 - - -- X.--John Brown 119 - - -- XI.--Campaña de 1860.--Lincoln Presidente de los - Estados Unidos 129 - - -- XII.--La víspera de la guerra civil 149 - - - José de la Luz y Caballero 157 - - La vida de San Martín por Mitre 231 - - J.-L. Motley y su historia de la guerra de los Países Bajos - contra España 247 - - Andrés Bello 263 - - Un «reporter» de cosas de América en el siglo XV.--Pedro - Mártir de Anglería 285 - - José María Heredia en la Antología de poetas - hispanoamericanos de la Real Academia Española 297 - - Abraham Lincoln 317 - - El «Centón Epistolario» y la crítica americana 333 - - - - - -End of Project Gutenberg's Hombres y glorias de América, by Enrique Piñeyro - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HOMBRES Y GLORIAS DE AMÉRICA *** - -***** This file should be named 44918-8.txt or 44918-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/4/4/9/1/44918/ - -Produced by Carlos Colón, Adrian Mastronardi and the Online -Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This -file was produced from images generously made available -by The Internet Archive/American Libraries.) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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