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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-14 18:44:23 -0700 |
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JOSÉ POVEDA.--PRÍNCIPE, 24.--MADRID + + + + + ABEL SÁNCHEZ + + UNA HISTORIA DE PASIÓN + + POR + MIGUEL DE UNAMUNO + + + [Ilustración] + + + RENACIMIENTO + SAN MARCOS, 42 + MADRID + 1917 + + + + +ABEL SÁNCHEZ + +UNA HISTORIA DE PASIÓN + + +Al morir Joaquín Monegro encontróse entre sus papeles una especie de +Memoria de la sombría pasión que le hubo devorado en vida. Entremézclase +en este relato fragmentos tomados de esa confesión--así lo rotuló--, y +que vienen a ser al modo de comentario que se hacía Joaquín a sí mismo +de su propia dolencia. Esos fragmentos van entrecomillados. La +=Confesión= iba dirigida a su hija. + + + + +I + + +No recordaban Abel Sánchez y Joaquín Monegro desde cuándo se conocían. +Eran conocidos desde antes de la niñez, desde la primera infancia, pues +ya sus sendas nodrizas se juntaban y los juntaban cuando aun ellos no +sabían hablar. Aprendió cada uno de ellos a conocerse conociendo al +otro. Y así vivieron y se hicieron juntos amigos desde nacimiento casi, +más bien hermanos de crianza. + +En sus paseos, en sus juegos, en sus otras amistades comunes, parecía +dominar e iniciarlo todo Joaquín, el más voluntarioso; pero era Abel +quien, pareciendo ceder, hacía la suya siempre. Y es que le importaba +más no obedecer que mandar. Casi nunca reñían. «Por mí como tú +quieras...!» le decía Abel a Joaquín, y éste se exasperaba a las veces +porque con aquel «como tú quieras...!» esquivaba las disputas. + +--Nunca me dices que no!--exclamaba Joaquín. + +--Y para qué?--respondía el otro. + +--Bueno, este no quiere que vayamos al Pinar--dijo una vez aquel cuando +varios compañeros se disponían a un paseo. + +--Yo? pues no he de quererlo...!--exclamó Abel.--Sí, hombre, sí; como tú +quieras. Vamos allá! + +--No, como yo quiera, no! Ya te he dicho otras veces que no! Como yo +quiera no! Tú no quieres ir! + +--Que sí, hombre... + +--Pues entonces no lo quiero yo... + +--Ni yo tampoco... + +--Eso no vale--gritó ya Joaquín.--O con él o conmigo! + +Y todos se fueron con Abel, dejándole a Joaquín solo. + +Al comentar éste en sus _Confesiones_ tal suceso de la infancia, +escribía: «Ya desde entonces era él simpático, no sabía por qué, y +antipático yo, sin que se me alcanzara mejor la causa de ello, y me +dejaban solo. Desde niño me aislaron mis amigos». + +Durante los estudios del bachillerato, que siguieron juntos, Joaquín era +el empollón, el que iba a la caza de los premios, el primero en las +aulas y el primero Abel fuera de ellas, en el patio del Instituto, en la +calle, en el campo, en los novillos, entre los compañeros. Abel era el +que hacía reir con sus gracias y, sobre todo, obtenía triunfos de +aplauso por las caricaturas que de los catedráticos hacía. «Joaquín es +mucho más aplicado, pero Abel es más listo... si se pusiera a +estudiar...» Y este juicio común de los compañeros, sabido por Joaquín, +no hacía sino envenenarle el corazón. Llegó a sentir la tentación de +descuidar el estudio y tratar de vencer al otro en el otro campo, pero +diciéndose: «bah! qué saben ellos...» siguió fiel a su propio natural. +Además, por más que procuraba aventajar al otro en ingenio y donosura no +lo conseguía. Sus chistes no eran reídos y pasaba por ser +fundamentalmente serio. «Tú eres fúnebre»--solía decirle Federico +Cuadrado--«tus chistes son chistes de duelo». + +Concluyeron ambos el bachillerato. Abel se dedicó a ser artista +siguiendo el estudio de la pintura y Joaquín se matriculó en la Facultad +de Medicina. Veíanse con frecuencia y hablaba cada uno al otro de los +progresos que en sus respectivos estudios hacían, empeñándose Joaquín en +probarle a Abel que la Medicina era también un arte y hasta un arte +bella, en que cabía inspiración poética. Otras veces, en cambio, daba en +menospreciar las bellas artes, enervadoras del espíritu, exaltando la +ciencia, que es la que eleva, fortifica y ensancha el espíritu con la +verdad. + +--Pero es que la Medicina tampoco es ciencia--le decía Abel.--No es sino +un arte, una práctica derivada de ciencias. + +--Es que yo no he de dedicarme al oficio de curar enfermos--replicaba +Joaquín. + +--Oficio muy honrado y muy útil...--añadía el otro. + +--Sí, pero no para mí. Será todo lo honrado y todo lo útil que quieras, +pero detesto esa honradez y esa utilidad. Para otros el hacer dinero +tomando el pulso, mirando la lengua y recetando cualquier cosa. Yo +aspiro a más. + +--A más? + +--Sí, yo aspiro a abrir nuevos caminos. Pienso dedicarme a la +investigación científica. La gloria médica es de los que descubrieron el +secreto de alguna enfermedad y no de los que aplicaron el descubrimiento +con mayor o menor fortuna. + +--Me gusta verte así, tan idealista. + +--Pues qué, ¿crees que sólo vosotros, los artistas, los pintores, soñáis +con la gloria? + +--Hombre, nadie te ha dicho que yo sueñe con tal cosa... + +--Que no? pues por qué, si no, te has dedicado a pintar? + +--Porque si se acierta es oficio que promete... + +--Que promete? + +--Vamos, sí, que da dinero. + +--A otro perro con ese hueso, Abel. Te conozco desde que nacimos casi. A +mí no me la das. Te conozco. + +--Y he pretendido nunca engañarte? + +--No, pero tú engañas sin pretenderlo. Con ese aire de no importarte +nada, de tomar la vida en juego, de dársete un comino de todo, eres un +terrible ambicioso... + +--Ambicioso yo? + +--Sí, ambicioso de gloria, de fama, de renombre... Lo fuiste siempre, de +nacimiento. Sólo que solapadamente. + +--Pero ven acá, Joaquín, y dime: te disputé nunca tus premios? no fuiste +tú siempre el primero en clase? el chico que promete? + +--Sí, pero el gallito, el niño mimado de los compañeros tú... + +--Y qué iba yo a hacerle...? + +--Me querrás hacer creer que no buscabas esa especie de popularidad...? + +--Haberla buscado tú... + +--Yo? yo? Desprecio a la masa! + +--Bueno, bueno, déjame de esas tonterías y cúrate de ellas. Mejor será +que me hables otra vez de tu novia. + +--Novia? + +--Bueno, de esa tu primita que quieres que lo sea. + +Porque Joaquín estaba queriendo forzar el corazón de su prima Helena y +había puesto en su empeño amoroso todo el ahinco de su ánimo +reconcentrado y suspicaz. Y sus desahogos, los inevitables y saludables +desahogos de enamorado en lucha, eran con su amigo Abel. + +Y lo que Helena le hacía sufrir! + +--Cada vez la entiendo menos--solía decirle a Abel.--Esa muchacha es +para mí una esfinge... + +--Ya sabes lo que decía Oscar Wilde, o quien fuese, que toda mujer es +una esfinge sin secreto. + +--Pues Helena parece tenerlo. Debe de querer a otro, aunque éste no lo +sepa. Estoy seguro de que quiere a otro. + +--Y por qué? + +--De otro modo no me explico su actitud conmigo... + +--Es decir, que porque no quiere quererte a ti... quererte para novio, +que como primo sí te querrá... + +--¡No te burles! + +--Bueno, pues porque no quiere quererte para novio, o más claro, para +marido, tiene que estar enamorada de otro? Bonita lógica! + +--Yo me entiendo! + +--Sí, y también yo te entiendo. + +--Tú? + +--No pretendes ser quien mejor me conoce? Qué mucho, pues, que yo +pretenda conocerte? Nos conocimos a un tiempo. + +--Te digo que esa mujer me trae loco y me hará perder la paciencia. Está +jugando conmigo. Si me hubiera dicho desde un principio que no, bien +estaba, pero tenerme así, diciendo que lo verá, que lo pensará... Esas +cosas no se piensan... coqueta! + +--Es que te está estudiando. + +--Estudiándome a mí? Ella? Qué tengo yo que estudiar? Qué puede ella +estudiar? + +--Joaquín, Joaquín, te estás rebajando y la estás rebajando...! O crees +que no más verte y oirte y saber que la quieres y ya debía rendírsete? + +--Sí, siempre he sido antipático... + +--Vamos, hombre, no te pongas así... + +--Es que esa mujer está jugando conmigo! Es que no es noble jugar así +con un hombre como yo, franco, leal, abierto... Pero si vieras qué +hermosa está! Y cuanto más fría y más desdeñosa se pone más hermosa. Hay +veces que no sé si la quiero o la aborrezco más...! Quieres que te +presente a ella...? + +--Hombre, si tú... + +--Bueno; os presentaré. + +--Y si ella quiere... + +--Qué? + +--Le haré un retrato. + +--Hombre, sí! + +Mas aquella noche durmió Joaquín mal rumiando lo del retrato, pensando +en que Abel Sánchez, el simpático sin proponérselo, el mimado del favor +ajeno, iba a retratarle a Helena. + +Qué saldría de allí? Encontraría también Helena, como sus compañeros de +ellos, más simpático a Abel? Pensó negarse a la presentación, mas como +ya se la había prometido. + + + + +II + + +--Qué tal te pareció mi prima?--le preguntaba Joaquín a Abel al día +siguiente de habérsela presentado y propuesto a ella, a Helena, lo del +retrato, que acojió alborozada de satisfacción. + +--Hombre, quieres la verdad? + +--La verdad siempre, Abel; si nos dijéramos siempre la verdad, toda la +verdad, esto sería el paraíso. + +--Sí, y si se la dijera cada cual a sí mismo... + +--Bueno, pues la verdad! + +--La verdad es que tu prima y futura novia, acaso esposa, Helena, me +parece una pava real... es decir, un pavo real hembra... ya me +entiendes... + +--Sí, te entiendo. + +--Como no sé expresarme bien más que con el pincel... + +--Y vas a pintar la pava real, o el pavo real hembra, haciendo la rueda +acaso, con su cola llena de ojos, su cabecita... + +--Para modelo, excelente! Excelente, chico! Qué ojos! Qué boca! Esa boca +carnosa y a la vez fruncida... esos ojos que no miran... Qué cuello! Y +sobre todo qué color de tez! Si no te incomodas... + +--Incomodarme yo? + +--Te diré que tiene un color como de india brava, o mejor, de fiera +indómita. Hay algo, en el mejor sentido, de pantera en ella. Y todo ello +fríamente. + +--Y tan fríamente! + +--Nada, chico, que espero hacerte un retrato estupendo. + +--A mí? Será a ella? + +--No, el retrato será para ti, aunque de ella. + +--No, eso no, el retrato será para ella! + +--Bien, para los dos. Quién sabe... Acaso con él os una. + +--Vamos, sí, que de retratista pasas a... + +--A lo que quieras, Joaquín, a celestino, con tal de que dejes de sufrir +así. Me duele verte de esa manera. + +Empezaron las sesiones de pintura, reuniéndose los tres. Helena se +posaba en su asiento solemne y fría, henchida de desdén, como una diosa +llevada por el destino. «Puedo hablar?», preguntó al primer día, y Abel +le contestó: «Sí, puede usted hablar y moverse; para mí es mejor que +hable y se mueva, porque así vive la fisonomía... Esto no es fotografía, +y además no la quiero hecha estatua...» Y ella hablaba, hablaba, pero +moviéndose poco y estudiando la postura. Qué hablaba? Ellos no lo +sabían. Porque uno y otro no hacían sino devorarla con los ojos; la +veían, no la oían hablar. + +Y ella hablaba, hablaba, por creer de buena educación no estarse +callada, y hablaba zahiriendo a Joaquín cuanto podía. + +--Qué tal vas de clientela, primito?--le preguntaba. + +--Tanto te importa eso?... + +--Pues no ha de importarme, hombre, pues no ha de importarme...! +Figúrate... + +--No, no me figuro. + +--Interesándote tú tanto como por mí te interesas, no cumplo con menos +que con interesarme yo por ti. Y además, quién sabe... + +--Quién sabe, qué? + +--Bueno, dejen eso--interrumpía Abel;--no hacen sino regañar. + +--Es lo natural--decía Helena--entre parientes... Y además, dicen que +así se empieza. + +--Se empieza, qué?--preguntó Joaquín. + +--Eso tú lo sabrás, primo, que tú has empezado. + +--Lo que voy a hacer es acabar! + +--Hay varios modos de acabar, primo. + +--Y varios de empezar. + +--Sin duda. Qué, me descompongo con este floreteo, Abel? + +--No, no, todo lo contrario. Este floreteo, como le llama, le da más +expresión a la mirada y al gesto. Pero... + +A los dos días tuteábanse ya Abel y Helena; lo había querido así +Joaquín. Quien al tercer día faltó a una sesión. + +--A ver, a ver cómo va eso--dijo Helena levantándose para ir a ver el +retrato. + +--Qué te parece? + +--Yo no entiendo, y además no soy quien mejor puede saber si se me +parece o no. + +--Qué? No tienes espejo? No te has mirado a él? + +--Sí, pero... + +--Pero qué... + +--Qué sé yo... + +--No te encuentras bastante guapa en este espejo? + +--No seas adulón. + +--Bien, se lo preguntaremos a Joaquín. + +--No me hables de él, por favor. Qué pelma! + +--Pues de él he de hablarte. + +--Entonces me marcho... + +--No, y oye. Está muy mal lo que estás haciendo con ese chico. + +--¡Ah! ¿Pero ahora vienes a abogar por él? Es esto del retrato un +achaque. + +--Mira, Helena, no está bien que estés así, jugando con tu primo. El es +algo, vamos, algo... + +--Sí, insoportable! + +--No, él es reconcentrado, altivo por dentro, terco, lleno de sí mismo, +pero es bueno, honrado a carta cabal, inteligente, le espera un +brillante porvenir en su carrera, te quiere con delirio... + +--Y si a pesar de todo eso no le quiero yo? + +--Pues debes entonces desengañarle. + +--Y poco que le he desengañado! Estoy harta de decirle que me parece un +buen chico, pero que por eso, porque me parece un buen chico, un +excelente primo--y no quiero hacer un chiste,--por eso no le quiero para +novio con lo que luego viene. + +--Pues él dice... + +--Si él te ha dicho otra cosa, no te ha dicho la verdad, Abel. Es que +voy a despedirle y prohibirle que me hable siendo como es mi primo? +Primo! Qué gracia! + +--No te burles así. + +--Si es que no puedo... + +--Y él sospecha más, y es que se empeña en creer que puesto que no +quieres quererle a él, estás en secreto enamorada de otro... + +--Eso te ha dicho? + +--Sí, eso me ha dicho. + +Helena se mordió los labios, se ruborizó y calló un momento. + +--Sí, eso me ha dicho--repitió Abel, descansando la diestra sobre el +tiento que apoyaba en el lienzo, y mirando fijamente a Helena, como +queriendo adivinar el sentido de algún rasgo de su cara. + +--Pues si se empeña... + +-Qué...? + +--Que acabará por conseguir que me enamore de algún otro... + +Aquella tarde no pintó ya más Abel. Y salieron novios. + + + + +III + + +El éxito del retrato de Helena por Abel fué clamoroso. Siempre había +alguien contemplándolo frente al escaparate en que fué expuesto. «Ya +tenemos un gran pintor más», decían. Y ella, Helena, procuraba pasar +junto al lugar en que su retrato se exponía para oir los comentarios y +paseábase por las calles de la ciudad como un inmortal retrato viviente, +como una obra de arte haciendo la rueda. No había acaso nacido para eso? + +Joaquín apenas dormía. + +--Está peor que nunca--le dijo a Abel.--Ahora es cuando juega conmigo. +Me va a matar! + +--Naturalmente! Se siente ya belleza profesional... + +--Sí, la has inmortalizado! Otra Joconda! + +--Pero tú, como médico, puedes alargarle la vida... + +--O acortársela. + +--No te pongas así, trágico. + +--Y qué voy a hacer, Abel, qué voy a hacer...? + +--Tener paciencia... + +--Además, me ha dicho cosas de donde he sacado que le has contado lo de +que la creo enamorada de otro... + +--Fué por hacer tu causa... + +--Por hacer mi causa... Abel, Abel, tú estás de acuerdo con ella... +vosotros me engañáis... + +--Engañarte? En qué? Te ha prometido algo? + +--Y a ti? + +--Es tu novia acaso? + +--Y es ya la tuya? + +Callóse Abel, mudándosele la color. + +--Lo ves?--exclamó Joaquín, balbuciente y tembloroso.--Lo ves? + +--El qué? + +--Y lo negarás ahora? Tendrás cara para negármelo? + +--Pues bien, Joaquín, somos amigos de antes de conocernos, casi +hermanos... + +--Y al hermano, puñalada trapera, no es eso? + +--No te sulfures así; ten paciencia... + +--Paciencia? Y qué es mi vida sino continua paciencia, continuo +padecer?... Tú el simpático, tú el festejado, tú el vencedor, tú el +artista... Y yo... + +Lágrimas que le reventaron en los ojos cortáronle la palabra. + +--Y qué iba a hacer, Joaquín, qué querías que hiciese...? + +--No haberla solicitado, pues que la quería yo...! + +--Pero si ha sido ella, Joaquín, si ha sido ella... + +--Claro, a ti, al artista, al afortunado, al favorito de la fortuna, a +ti son ellas las que te solicitan. Ya la tienes, pues... + +--Me tiene ella, te digo. + +--Sí, ya te tiene la pava real, la belleza profesional, la Joconda... +Serás su pintor... La pintarás en todas posturas y en todas formas, a +todas las luces, vestida y sin vestir... + +--Joaquín! + +--Y así la inmortalizarás. Vivirá tanto como tus cuadros vivan. Es +decir, vivirá, no! Porque Helena no vive; durará. Durará como el mármol, +de que es. Porque es de piedra, fría y dura, fría y dura como tú. Montón +de carne...! + +--No te sulfures, te he dicho. + +--Pues no he de sulfurarme, hombre, pues no he de sulfurarme! Esto es +una infamia, una canallada! + +Sintióse abatido y calló, como si le faltaran palabras para la violencia +de su pasión. + +--Pero ven acá, hombre--le dijo Abel con su voz más dulce, que era la +más terrible--y reflexiona. Iba yo a hacer que te quisiese si ella no +quiere quererte? Para novio no le eres... + +--Sí, no soy simpático a nadie; nací condenado. + +--Te juro, Joaquín... + +--No jures! + +--Te juro que si en mí sólo consistiese, Helena sería tu novia, y mañana +tu mujer. Si pudiese cedértela... + +--Me la venderías por un plato de lentejas, no es eso? + +--No, vendértela no! Te la cedería gratis y gozaría en veros felices, +pero... + +--Sí, que ella no me quiere y te quiere a ti, no es eso? + +--Eso es! + +--Que me rechaza a mí, que la buscaba, y te busca a ti, que la +rechazabas. + +--Eso! Aunque no lo creas; soy un seducido. + +--Qué manera de darte postín! Me das asco! + +--Postín? + +--Sí, ser así, seducido, es más que ser seductor. Pobre víctima! Se +pelean por ti las mujeres... + +--No me saques de quicio, Joaquín... + +--A ti? Sacarte a ti de quicio? Te digo que esto es una canallada, una +infamia, un crimen... Hemos acabado para siempre! + +Y luego, cambiando de tono, con lágrimas insondables en la voz: + +--Ten compasión de mí, Abel, ten compasión. Ve que todos me miran de +reojo, ve que todos son obstáculos para mí... Tú eres joven, afortunado, +mimado, te sobran mujeres... Déjame a Helena, mira que no sabré +dirigirme a otra... Déjame a Helena... + +--Pero si ya te la dejo... + +--Haz que me oiga; haz que me conozca; haz que sepa que muero por ella, +que sin ella no viviré... + +--No la conoces... + +--Sí, os conozco! Pero, por Dios... Júrame que no has de casarte con +ella... + +--Y quién ha hablado de casamiento? + +--Ah, entonces es por darme celos nada más? Sí, ella no es más que una +coqueta... peor que una coqueta, una... + +--Cállate!--rugió Abel. + +Y fué tal el rugido, que Joaquín se quedó callado, mirándole. + +--Es imposible, Joaquín; contigo no se puede! Eres imposible! + +Y Abel marchóse. + +«Pasé una noche horrible--dejó escrito en su _Confesión_ +Joaquín--volviéndome a un lado y otro en la cama, mordiendo a ratos la +almohada, levantándome a beber agua del jarro del lavabo. Tuve fiebre. A +ratos me amodorraba en sueños acerbos. Pensaba matarles y urdía +mentalmente, como si se tratase de un drama o de una novela que iba +componiendo, los detalles de mi sangrienta venganza, y tramaba diálogos +con ellos. Parecíame que Helena había querido afrentarme y nada más, que +había enamorado a Abel por menosprecio a mí, pero que no podía, montón +de carne al espejo, querer a nadie. Y la deseaba más que nunca y con más +furia que nunca. En alguna de las interminables modorras de aquella +noche me soñé poseyéndola y junto al cuerpo frío e inerte de Abel. Fué +una tempestad de malos deseos, de cóleras, de apetitos sucios, de rabia. +Con el día y el cansancio de tanto sufrir volvióme la reflexión, +comprendí que no tenía derecho alguno a Helena, pero empecé a odiar a +Abel con toda mi alma y a proponerme a la vez ocultar ese odio, +abonarlo, criarlo, cuidarlo en lo recóndito de las entrañas de mi alma. +Odio? Aun no quería darle su nombre, ni quería reconocer que nací, +predestinado, con su masa y con su semilla. Aquella noche nací al +infierno de mi vida.» + + + + +IV + + +--Helena--le decía Abel,--eso de Joaquín me quita el sueño...! + +--El qué? + +--Cuando le diga que vamos a casarnos no sé lo que va a ser. Y eso que +parece ya tranquilo y como si se resignase a nuestras relaciones... + +--Sí, bonito es él para resignarse! + +--La verdad es que esto no estuvo del todo bien. + +--Qué? También tú? Es que vamos a ser las mujeres como bestias, que se +dan y prestan y alquilan y venden? + +--No, pero... + +--Pero qué? + +--Que fué él quien me presentó a ti, para que te hiciera el retrato, y +me aproveché... + +--Y bien aprovechado! Estaba yo acaso comprometida con él? Y aunque lo +hubiese estado! Cada cual va a lo suyo. + +--Sí, pero... + +--Qué? Te pesa? Pues por mí... Aunque si tú me dejases ahora, ahora que +estoy comprometida y todas saben que eres mi novio oficial y que me vas +a pedir un día de estos, no por eso buscaría a Joaquín, no! Menos que +nunca! Me sobrarían pretendientes, así, como los dedos de las manos--y +levantaba sus dos largas manos, de ahusados dedos, aquellas manos que +con tanto amor pintara Abel, y sacudía los dedos, como si revolotearan. + +Abel le cojió las dos manos en las recias suyas, se las llevó a la boca +y las besó alargadamente. Y luego en la boca... + +--Estate quieto, Abel! + +--Tienes razón, Helena, no vamos a turbar nuestra felicidad pensando en +lo que sienta y sufra por ella el pobre Joaquín... + +--Pobre? No es más que un envidioso! + +--Pero hay envidias, Helena... + +--Que se fastidie! + +Y después de una pausa llena de un negro silencio: + +--Por supuesto, le convidaremos a la boda... + +--Helena! + +--Y qué mal hay en ello? Es mi primo, tu primer amigo, a él debemos el +habernos conocido. Y si no le convidas tú, le convidaré yo. Que no va? +Mejor! Que va? Mejor que mejor! + + + + +V + + +Al anunciar Abel a Joaquín su casamiento, éste dijo: + +--Así tenía que ser. Tal para cual. + +--Pero bien comprendes... + +--Sí, lo comprendo, no me creas un demente o un furioso; lo comprendo, +está bien, que seáis felices... Yo no lo podré ser ya... + +--Pero, Joaquín, por Dios, por lo que más quieras... + +--Basta y no hablemos más de ello. Haz feliz a Helena y que ella te haga +feliz... Os he perdonado ya... + +--De veras? + +--Sí, de veras. Quiero perdonaros. Me buscaré mi vida. + +--Entonces me atrevo a convidarte a la boda, en mi nombre... + +--Y en el de ella, eh? + +--Sí, en el de ella también. + +--Lo comprendo. Iré a realzar vuestra dicha. Iré. + +Como regalo de boda mandó Joaquín a Abel un par de magníficas pistolas +damasquinadas, como para un artista. + +--Son para que te pegues un tiro cuando te canses de mí--le dijo Helena +a su futuro marido. + +--Qué cosas tienes, mujer! + +--Quién sabe sus intenciones... Se pasa la vida tramándolas... + +«En los días que siguieron a aquel en que me dijo que se +casaban--escribió en su _Confesión_ Joaquín--sentí como si el alma toda +se me helase. Y el hielo me apretaba el corazón. Eran como llamas de +hielo. Me costaba respirar. El odio a Helena, y sobre todo, a Abel, +porque era odio, odio frío cuyas raíces me llenaban el ánimo, se me +había empedernido. No era una mala planta, era un témpano que se me +había clavado en el alma; era, más bien, mi alma toda congelada en +aquel odio. Y un hielo tan cristalino, que lo veía todo a su través con +una claridad perfecta. Me daba acabada cuenta de que razón, lo que se +llama razón, eran ellos los que la tenían; que yo no podía alegar +derecho alguno sobre ella; que no se debe ni se puede forzar el afecto +de una mujer, que, pues se querían, debían unirse. Pero sentía también +confusamente que fuí yo quien les llevó, no sólo a conocerse, sino a +quererse, que fué por desprecio a mí por lo que se entendieron, que en +la resolución de Helena entraba por mucho el hacerme rabiar y sufrir, el +darme dentera, el rebajarme a Abel, y en la de éste el soberano egoísmo +que nunca le dejó sentir el sufrimiento ajeno. Ingenuamente, +sencillamente no se daba cuenta de que existieran otros. Los demás +éramos para él, a lo sumo, modelos para sus cuadros. No sabía ni odiar; +tan lleno de sí vivía.» + +»Fuí a la boda con el alma escarchada de odio, el corazón garapiñado en +hielo agrio pero sobrecojido de un mortal terror, temiendo que al oir +el _sí_ de ellos, el hielo se me resquebrajara y hendido el corazón +quedase allí muerto o imbécil. Fuí a ella como quien va a la muerte. Y +lo que me ocurrió fué más mortal que la muerte misma; fué peor, mucho +peor que morirse. Ojalá me hubiese entonces muerto allí. + +»Ella estaba hermosísima. Cuando me saludó sentí que una espada de +hielo, de hielo dentro del hielo de mi corazón, junto a la cual aun era +tibio el mío, me lo atravesaba; era la sonrisa insolente de su +compasión. _Gracias!_ me dijo, y entendí: _Pobre Joaquín!_ El, Abel, él +ni sé si me vió. «Comprendo tu sacrificio--me dijo, por no callarse.» +No, no hay tal--le repliqué;--te dije que vendría y vengo; ya ves que +soy razonable; no podía faltar a mi amigo de siempre, a mi... hermano.» +Debió de parecerle interesante mi actitud, aunque poco pictórica. Yo era +allí el convidado de piedra. + +»Al acercarse el momento fatal, yo contaba los segundos. «Dentro de +poco--me decía--ha terminado para mí todo!» Creo que se me paró el +corazón. Oí claros y distintos los dos _sís_, el de él y el de ella. +Ella me miró al pronunciarlo. Y quedé más frío que antes, sin un +sobresalto, sin una palpitación, como si nada que me tocase hubiese +oído. Y ello me llenó de un infernal terror a mí mismo. Me sentí peor +que un monstruo, me sentí como si no existiera, como si no fuese nada +más que un pedazo de hielo, y esto para siempre. Llegué a palparme la +carne, a pellizcármela, a tomarme el pulso. «Pero estoy vivo? Yo soy +yo?»--me dije. + +»No quiero recordar todo lo que sucedió aquel día. Se despidieron de mí +y fuéronse a su viaje de luna de miel. Yo me hundí en mis libros, en mi +estudio, en mi clientela, que empezaba ya a tenerla. El despejo mental +que me dió aquel golpe de lo ya irreparable, el descubrimiento en mí +mismo de que no hay alma, moviéronme a buscar en el estudio, no ya +consuelo--consuelo, ni lo necesitaba ni lo quería,--sino apoyo para una +ambición inmensa. Tenía que aplastar con la fama de mi nombre la fama, +ya incipiente, de Abel; mis descubrimientos científicos, obra de arte, +de verdadera poesía, tenían que hacer sombra a sus cuadros. Tenía que +llegar a comprender un día Helena que era yo, el médico, el antipático, +quien habría de darle aureola de gloria, y no él, no el pintor. Me hundí +en el estudio. Hasta llegué a creer que los olvidaría! Quise hacer de la +ciencia un narcótico y a la vez un estimulante!» + + + + +VI + + +Al poco de haber vuelto los novios de su viaje de luna de miel, cayó +Abel enfermo de alguna gravedad y llamaron a Joaquín a que le viese y le +asistiese. + +--Estoy muy intranquila, Joaquín--le dijo Helena;--anoche no ha hecho +sino delirar, y en el delirio no hacía sino llamarte. + +Examinó Joaquín con todo cuidado y minucia a su amigo, y luego, mirando +ojos a ojos a su prima, le dijo: + +--La cosa es grave, pero creo que le salvaré. Yo soy quien no tiene +salvación ya. + +--Sí, sálvamelo!--exclamó ella.--Y ya sabes... + +--Sí, lo sé todo!--y se salió. + +Helena se fué al lecho de su marido, le puso una mano sobre la frente, +que le ardía, y se puso a temblar. «Joaquín, Joaquín--deliraba +Abel,--perdónanos, perdóname!» + +--Calla--le dijo casi al oído Helena,--calla; ha venido a verte y dice +que te curará, que te sanará... Dice que te calles... + +--Que me curará...?--añadió maquinalmente el enfermo. + +Joaquín llegó a su casa también febril, pero con una especie de fiebre +de hielo. «Y si se muriera...!» pensaba. Echóse vestido sobre la cama y +se puso a imaginar escenas de lo que acaecería si Abel se muriese: el +luto de Helena, sus entrevistas con la viuda, el remordimiento de ésta, +el descubrimiento por parte de ella de quién era él, Joaquín, y de cómo, +con qué violencia necesitaba el desquite y la necesitaba a ella, y cómo +caía al fin ella en sus brazos y reconocía que lo otro, la traición, no +había sido sino una pesadilla, un mal sueño de coqueta, que siempre le +había querido a él, a Joaquín y no a otro. «Pero no se morirá!», se dijo +luego. «No dejaré yo que se muera, no debo dejarlo, está comprometido +mi honor, y luego... necesito que viva!» + +Y al decirse este: «necesito que viva!», temblábale toda el alma, como +tiembla el follaje de una encina a la sacudida del huracán. + +«Fueron unos días atroces aquellos de la enfermedad de Abel--escribía en +su _Confesión_ el otro--unos días de tortura increíble. Estaba en mi +mano dejarle morir, aun más, hacerle morir sin que nadie lo sospechase, +sin que de ello quedase rastro alguno. He conocido en mi práctica +profesional casos de extrañas muertes misteriosas que he podido ver +luego iluminadas al trágico fulgor de sucesos posteriores, una nueva +boda de la viuda y otros así. Luché entonces como no he luchado nunca +conmigo mismo, con este hediondo dragón que me ha envenenado y +entenebrecido la vida. Estaba allí comprometido mi honor de médico, mi +honor de hombre, y estaba comprometida mi salud mental, mi razón. +Comprendí que me agitaba bajo las garras de la locura; vi el espectro +de la demencia haciendo sombra a mi corazón. Y vencí. Salvé a Abel de la +muerte. Nunca he estado más feliz, más acertado. El exceso de mi +infelicidad me hizo estar felicísimo de acierto.» + +--Ya está fuera de todo cuidado tu... marido--le dijo un día Joaquín a +Helena. + +--Gracias, Joaquín, gracias--y le cojió la mano, que él se la dejó entre +las suyas;--no sabes cuánto te debemos... + +--Ni vosotros sabéis cuánto os debo... + +--Por Dios, no seas así... ahora que tanto te debemos, no volvamos a +eso... + +--No, si no vuelvo a nada. Os debo mucho. Esta enfermedad de Abel me ha +enseñado mucho, pero mucho... + +--Ah, le tomas como a un caso? + +--No, Helena, no; el caso soy yo! + +--Pues no te entiendo. + +--Ni yo del todo. Y te digo que estos días luchando por salvar a tu +marido... + +--Di a Abel! + +--Bien, sea; luchando por salvarle he estudiado con su enfermedad la mía +y vuestra felicidad y he decidido... casarme! + +--Ah, pero tienes novia? + +--No, no la tengo aún, pero la buscaré. Necesito un hogar. Buscaré +mujer. O crees tú, Helena, que no encontraré una mujer que me quiera? + +--Pues no la has de encontrar, hombre, pues no la has de encontrar...! + +--Una mujer que me quiera, digo. + +--Sí, te he entendido, una mujer que te quiera, sí! + +--Porque como partido... + +--Sí, sin duda eres un buen partido... joven, no pobre, con una buena +carrera, empezando a tener fama, bueno... + +--Bueno... sí, y antipático, no es eso? + +--No, hombre, no; tú no eres antipático! + +--Ay, Helena, Helena, dónde encontraré una mujer... + +--Que te quiera? + +--No, sino que no me engañe, que me diga la verdad, que no se burle de +mí, Helena, que no se burle de mí...! Que se case conmigo por +desesperación, porque yo la mantenga, pero que me lo diga... + +--Bien has dicho que estás enfermo, Joaquín. Cásate! + +--Y crees, Helena, que hay alguien, hombre o mujer, que pueda quererme? + +--No hay nadie que no pueda encontrar quien le quiera. + +--Y querré yo a mi mujer? Podré quererla, dime? + +--Hombre, pues no faltaba más... + +--Porque mira, Helena, no es lo peor no ser querido, no poder ser +querido; lo peor es no poder querer. + +--Eso dice don Mateo, el párroco, del demonio, que no puede querer. + +--Y el demonio anda por la tierra, Helena. + +--Cállate y no me digas esas cosas. + +--Es peor que me las diga a mí mismo. + +--Pues cállate! + + + + +VII + + +Dedicóse Joaquín, para salvarse, requiriendo amparo a su pasión, a +buscar mujer, los brazos maternales de una esposa en que defenderse de +aquel odio que sentía, un regazo en que esconder la cabeza, como un niño +que siente terror al coco, para no ver los ojos infernales del dragón de +hielo. + +Aquella pobre Antonia! + +Antonia había nacido para madre; era todo ternura, todo compasión. +Adivinó en Joaquín, con divino instinto, un enfermo, un inválido del +alma, un poseso, y sin saber de qué, enamoróse de su desgracia. Sentía +un misterioso atractivo en las palabras frías y cortantes de aquel +médico que no creía en la virtud ajena. + +Antonia era la hija única de una viuda a que asistía Joaquín. + +--Cree usted que saldrá de ésta?--le preguntaba a él. + +--Lo veo difícil, muy difícil. Está la pobre muy trabajada, muy acabada; +ha debido de sufrir mucho... su corazón está muy débil... + +--Sálvemela usted, don Joaquín, sálvemela usted, por Dios! Si pudiera, +daría mi vida por la suya! + +--No, eso no se puede. Y, además, quién sabe? La vida de usted, Antonia, +ha de hacer más falta que la suya... + +--La mía? Para qué? Para quién? + +--Quién sabe...! + +Llegó la muerte de la pobre viuda. + +--No ha podido ser, Antonia--dijo Joaquín.--La ciencia es impotente! + +--Sí, Dios lo ha querido! + +--Dios? + +--Ah--y los ojos bañados en lágrimas de Antonia clavaron su mirada en +los de Joaquín, enjutos y acerados.--Pero usted no cree en Dios? + +--Yo...? No lo sé...! + +A la pobre huérfana la compunción de piedad que entonces sintió por el +médico aquel le hizo olvidar un momento la muerte de su madre. + +--Y si yo no creyera en él, qué haría ahora? + +--La vida todo lo puede, Antonia. + +--Puede más la muerte! Y ahora... tan sola... sin nadie... + +--Eso sí, la soledad es terrible. Pero usted tiene el recuerdo de su +santa madre, el vivir para encomendarla a Dios... Hay otra soledad mucho +más terrible! + +--Cual? + +--La de aquel a quien todos menosprecian, de quien todos se burlan... la +del que no encuentra quien le diga la verdad... + +--Y qué verdad quiere usted que se le diga? + +--Me la dirá usted, ahora, aquí, sobre el cuerpo aun tibio de su madre? +Jura usted decírmela? + +--Sí, se la diré. + +--Bien, yo soy antipático, no es así? + +--No, no es así! + +--La verdad, Antonia... + +--No, no es así! + +--Pues qué soy...? + +--Usted? Usted es un desgraciado, un hombre que sufre... + +Derritiósele a Joaquín el hielo y asomáronsele unas lágrimas a los ojos. +Y volvió a temblar hasta las raíces del alma. + +Poco después Joaquín y la huérfana formalizaban sus relaciones, +dispuestos a casarse luego que pasase el año de luto de ella. + +«Pobre mi mujercita!--escribía, años después, Joaquín en su +_Confesión_--empeñada en quererme y en curarme, en vencer la repugnancia +que sin duda yo debía de inspirarle. Nunca me lo dijo, nunca me lo dió a +entender, pero podía no inspirarle yo repugnancia, sobre todo cuando le +descubrí la lepra de mi alma, la gangrena de mis odios? Se casó conmigo +como se habría casado con un leproso, no me cabe duda de ello, por +divina piedad, por espíritu de abnegación y de sacrificio cristianos, +para salvar mi alma y así salvar la suya, por heroísmo de santidad. Y +fué una santa! Pero no me curó de Helena; no me curó de Abel! Su +santidad fué para mí un remordimiento más. + +»Su mansedumbre me irritaba. Había veces en que, Dios me perdone!, la +habría querido mala, colérica, despreciativa.» + + + + +VIII + + +En tanto la gloria artística de Abel seguía creciendo y confirmándose. +Era ya uno de los pintores de más nombradía de la nación toda, y su +renombre empezaba a traspasar las fronteras. Y esa fama creciente era +como una granizada desoladora en el alma de Joaquín. «Sí, es un pintor +muy científico; domina la técnica; sabe mucho, mucho; es +habilísimo»--decía de su amigo, con palabras que silbaban. Era un modo +de fingir exaltarle deprimiéndole. + +Porque él, Joaquín, presumía ser un artista, un verdadero poeta en su +profesión, un clínico genial, creador, intuitivo, y seguía soñando con +dejar su clientela para dedicarse a la ciencia pura, a la patología +teórica, a la investigación. Pero ganaba tanto...! + +«No era, sin embargo, la ganancia--dice en su _Confesión_ póstuma--lo +que más me impedía dedicarme a la investigación científica. Tirábame a +ésta por un lado el deseo de adquirir fama y renombre, de hacerme una +gran reputación científica y asombrar con ella la artística de Abel, de +castigar así a Helena, de vengarme de ellos, de ellos y de todos los +demás, y aquí encadenaba los más locos de mis ensueños, mas por otra +parte, esa misma pasión fangosa, el exceso de mi despecho y mi odio me +quitaban serenidad de espíritu. No, no tenía el ánimo para el estudio, +que lo requiere limpio y tranquilo. La clientela me distraía. + +La clientela me distraía, pero a las veces temblaba pensando que el +estado de distracción en que mi pasión me tenía preso me impidiera +prestar el debido cuidado a las dolencias de mis pobres enfermos. + +«Ocurrióme un caso que me sacudió las entrañas. Asistía a una pobre +señora, enferma de algún riesgo, pero no caso desesperado, a la que él +había hecho un retrato, un retrato magnífico, uno de sus mejores +retratos, de los que han quedado como definitivos de entre los que ha +pintado, y aquel retrato era lo primero que se me venía a los ojos y al +odio así que entraba en la casa de la enferma. Estaba viva en el +retrato, más viva que en el lecho la de carne y hueso sufrientes. Y el +retrato parecía decirme: «Mira, él me ha dado vida para siempre; a ver +si tú me alargas esta otra de aquí abajo.» Y junto a la pobre enferma, +auscultándola, tomándole el pulso, no veía sino a la otra, a la +retratada. Estuve torpe, torpísimo, y la pobre enferma se me murió; la +dejé morir más bien, por mi torpeza, por mi criminal distracción. Sentí +horror de mí mismo, de mi miseria. + +»A los pocos días de muerta la señora aquella, tuve que ir a su casa, a +ver allí otro enfermo, y entré dispuesto a no mirar al retrato. Pero era +inútil, porque era él, el retrato el que me miraba aunque yo no le +mirase y me atraía la mirada. Al despedirme me acompañó hasta la puerta +el viudo. Nos detuvimos al pie del retrato, y yo, como empujado por una +fuerza irresistible y fatal, exclamé: + +»--Magnífico retrato! Es de lo mejor que ha hecho Abel! + +»--Sí--me contestó el viudo,--es el mayor consuelo que me queda. Me paso +largas horas contemplándola. Parece como que me habla. + +»--Sí, sí--añadí,--este Abel es un artista estupendo! + +»Y al salir me decía: «Yo la dejé morir y él la resucita!» + +Sufría Joaquín mucho cada vez que se le morían algunos de sus enfermos, +sobre todo los niños, pero la muerte de otros le tenía sin grave +cuidado. «Para qué querrá vivir...?--decíase de algunos.--Hasta le haría +un favor dejándole morir...» + +Sus facultades de observador psicólogo habíansele aguzado con su pasión +de ánimo y adivinaba al punto las más ocultas lacerías morales. +Percatábase en seguida, bajo el embuste de las convenciones, de que +maridos preveían sin pena, cuando no deseaban, la muerte de sus mujeres +y qué mujeres ansiaban verse libres de sus maridos, acaso para tomar +otros de antemano escojidos ya. Cuando al año de la muerte de su cliente +Alvarez, la viuda se casó con Menéndez, amigo íntimo del difunto, +Joaquín se dijo: «Sí que fué rara aquella muerte... Ahora me la +explico... La humanidad es lo más cochino que hay, y la tal señora, dama +caritativa, una de las señoras de lo más honrado...!» + +--Doctor--le decía una vez uno de sus enfermos--máteme usted, por Dios, +máteme usted sin decirme nada, que ya no puedo más... Deme algo que me +haga dormir para siempre... + +«Y por qué no había de hacer lo que este hombre quiere?--se decía +Joaquín--si no vive más que para sufrir? Me da pena! Cochino mundo!» + +Y eran sus enfermos para él no pocas veces espejos. + +Un día le llegó una pobre mujer de la vecindad, gastada por los años y +los trabajos, cuyo marido, en los veinticinco años de matrimonio, se +había enredado con una pobre aventurera. Iba a contarle sus cuitas la +mujer desdeñada. + +--Ay, don Joaquín--le decía,--usted, que dicen que sabe tanto, a ver si +me da un remedio para que le cure a mi pobre marido del bebedizo que le +ha dado esa pelona. + +--Pero qué bebedizo, mujer de Dios? + +--Se va a ir a vivir con ella, dejándome a mí, al cabo de veinticinco +años... + +--Más extraño es que la hubiese dejado de recién casados, cuando usted +era joven y acaso... + +--Ah, no, señor, no! Es que le ha dado un bebedizo trastornándole el +seso, porque si no, no podría ser... no podría ser... + +--Bebedizo... bebedizo...--murmuró Joaquín. + +--Sí, don Joaquín, sí, un bebedizo... Y usted, que sabe tanto, deme un +remedio para él. + +--Ay, buena mujer; ya los antiguos trabajaron en balde para encontrar un +agua que los rejuveneciese... + +Y cuando la pobre mujer se fué desolada, Joaquín se decía: «Pero no se +mirará al espejo esta desdichada? No verá el estrago de los años de +rudo trabajo? Estas gentes del pueblo todo lo atribuyen a bebedizos o a +envidias... Que no encuentran trabajo...? Envidias! Que les sale algo +mal? Envidias. El que todos sus fracasos los atribuye a ajenas envidias +es un envidioso. Y no lo seremos todos? No me habrán dado un bebedizo?» + +Durante unos días apenas pensó más que en el bebedizo. Y acabó +diciéndose: «Es el pecado original!» + + + + +IX + + +Casóse Joaquín con Antonia buscando en ella un amparo, y la pobre +adivinó desde luego su menester, el oficio que hacía en el corazón de su +marido y cómo le era un escudo y un posible consuelo. Tomaba por marido +a un enfermo, acaso a un inválido incurable, del alma; su misión era la +de una enfermera. Y le aceptó llena de compasión, llena de amor a la +desgracia de quien así unía su vida a la de ella. + +Sentía Antonia que entre ella y su Joaquín había como un muro invisible, +una cristalina y trasparente muralla de hielo. Aquel hombre no podía ser +de su mujer, porque no era de sí mismo, dueño de sí, sino a la vez un +enajenado y un poseído. En los más íntimos trasportes del trato +conyugal, una invisible sombra fatídica se interponía entre ellos. Los +besos de su marido parecíanle besos robados, cuando no de rabia. + +Joaquín evitaba hablar de su prima Helena delante de su mujer, y ésta, +que se percató de ello al punto, no hacía sino sacarla a colación a cada +paso en sus conversaciones. + +Esto en un principio, que más adelante evitó mentarla. + +Llamáronle un día a Joaquín a casa de Abel, como a médico, y se enteró +de que Helena llevaba ya en sus entrañas fruto de su marido, mientras +que su mujer, Antonia, no ofrecía aún muestra alguna de ello. Y al pobre +le asaltó una tentación vergonzosa, de que se sentía abochornado, y era +la de un diablo que le decía: «Ves? Hasta es más hombre que tú! El, el +que con su arte resucita e inmortaliza a los que tú dejas morir por tu +torpeza, él tendrá pronto un hijo, traerá un nuevo viviente, una obra +suya de carne y sangre y hueso al mundo, mientras tú... Tú acaso no +seas capaz de ello... Es más hombre que tú!» + +Entró mustio y sombrío en el puerto de su hogar. + +--Vienes de casa de Abel, no?--le preguntó su mujer. + +--Sí. En qué lo has conocido? + +--En tu cara. Esa casa es tu tormento. No debías ir a ella... + +--Y qué voy a hacer? + +--Excusarte! Lo primero es tu salud y tu tranquilidad... + +--Aprensiones tuyas... + +--No, Joaquín, no quieras ocultármelo...--y no pudo continuar, porque +las lágrimas le ahogaron la voz. + +Sentóse la pobre Antonia. Los sollozos se le arrancaban de cuajo. + +--Pero qué te pasa, mujer, qué es eso...? + +--Dime tú lo que a ti te pasa, Joaquín, confíamelo todo, confiésate +conmigo... + +--No tengo nada de que acusarme... + +--Vamos, me dirás la verdad, Joaquín, la verdad? + +El hombre vaciló un momento, pareciendo luchar con un enemigo +invisible, con el diablo de su guarda, y con voz arrancada de una +resolución súbita, desesperada, gritó casi: + +--Sí, te diré la verdad, toda la verdad! + +--Tú quieres a Helena; tú estás enamorado todavía de Helena. + +--No, no lo estoy! no lo estoy! lo estuve; pero no lo estoy ya, no! + +--Pues entonces?... + +--Entonces, qué? + +--A qué esa tortura en que vives? Porque esa casa, la casa de Helena, es +la fuente de tu malhumor, esa casa es la que no te deja vivir en paz, es +Helena... + +--Helena no! Es Abel! + +--Tienes celos de Abel? + +--Sí, tengo celos de Abel; le odio, le odio, le odio--y cerraba la boca +y los puños al decirlo, pronunciándolo entre dientes. + +--Tienes celos de Abel... luego quieres a Helena. + +--No, no quiero a Helena. Si fuese de otro no tendría celos de este +otro. No, no quiero a Helena, la desprecio, desprecio a la pava real +esa, a la belleza profesional, a la modelo del pintor de moda, a la +querida de Abel... + +--Por Dios, Joaquín, por Dios...! + +--Sí, a su querida... legítima. O es que crees que la bendición de un +cura cambia un arrimo en matrimonio? + +--Mira, Joaquín, que estamos casados como ellos... + +--Como ellos no, Antonia, como ellos, no! Ellos se casaron por +rebajarme, por humillarme, por denigrarme; ellos se casaron para +burlarse de mí; ellos se casaron contra mí. + +Y el pobre hombre rompió en unos sollozos que le ahogaban el pecho, +cortándole el respiro. Se creía morir. + +--Antonia... Antonia...--suspiró con un hilito de voz apagada. + +--Pobre hijo mío!--exclamó ella abrazándole. + +Y le tomó en su regazo como a un niño enfermo, acariciándole. Y le +decía: + +--Cálmate, mi Joaquín, cálmate... Estoy aquí yo, tu mujer, toda tuya y +sólo tuya. Y ahora que sé del todo tu secreto, soy más tuya que antes y +te quiero más que nunca... Olvídalos... desprécialos... Habría sido +peor que una mujer así te hubiese querido... + +--Sí, pero él, Antonia, él... + +--Olvídale! + +--No puedo olvidarle... me persigue... su fama, su gloria me sigue a +todas partes... + +--Trabaja tú y tendrás fama y gloria, porque no vales menos que él. Deja +la clientela, que no la necesitamos, vámonos de aquí a Renada, a la casa +que fué de mis padres, y allí dedícate a lo que más te guste, a la +ciencia, a hacer descubrimientos de esos y que se hable de ti... yo te +ayudaré en lo que pueda... yo haré que no te distraigan... y serás más +que él... + +--No puedo, Antonia, no puedo; sus éxitos me quitan el sueño y no me +dejarían trabajar en paz... la visión de sus cuadros maravillosos se +pondría entre mis ojos y el microscopio y no me dejaría ver lo que otros +no han visto aún por él... No puedo... no puedo... + +Y bajando la voz como un niño, casi balbuciendo como atontado por la +caída en la sima de su abyección, sollozó diciendo: + +--Y van a tener un hijo, Antonia... + +--También nosotros lo tendremos--le suspiró ella al oído, envolviéndolo +en un beso--no me lo negará la Santísima Virgen a quien se lo pido todos +los días... Y el agua bendita de Lourdes... + +--También tú crees en bebedizos, Antonia? + +--Creo en Dios! + +--«Creo en Dios»--se repitió Joaquín al verse sólo; sólo con el otro--; +«y qué es creer en Dios? Dónde está Dios? Tendré que buscarle!» + + + + +X + + +«Cuando Abel tuvo su hijo--escribía en su _Confesión_ Joaquín--sentí que +el odio se me enconaba. Me había invitado a asistir a Helena al parto, +pero me excusé con que yo no asistía a partos, lo que era cierto y con +que no sabría conservar toda la sangre fría, mi sangre arrecida más +bien, ante mi prima si se viera en peligro. Pero mi diablo me insinuó la +feroz tentación de ir a asistirla y de ahogar a hurtadillas al niño. +Vencí a la asquerosa idea. + +»Aquel nuevo triunfo de Abel, del hombre, no ya del artista--el niño era +una hermosura, una obra maestra de salud y de vigor, un angelito» +decían--me apretó aun más a mi Antonia, de quien esperaba el mío. +Quería, necesitaba que la pobre víctima de mi ciego odio--pues la +víctima era mi mujer más que yo--fuese madre de hijos míos, de carne de +mi carne, de entrañas de mis entrañas torturadas por el demonio. Sería +la madre de mis hijos y por ellos superiora a las madres de los hijos de +otros. Ella, la pobre, me había preferido a mí, al antipático, al +despreciado, al afrentado; ella había tomado lo que otra desechó con +desdén y burla. Y hasta me hablaba bien de ellos! + +»El hijo de Abel, Abelín, pues le pusieron el nombre mismo de su padre y +como para que continuara su linaje y la gloria de él, el hijo de Abel; +que habría de ser andando el tiempo instrumento de mi desquite, era una +maravilla de niño. Y yo necesitaba tener uno así, más hermoso aún que +él.» + + + + +XI + + +--Y qué preparas ahora?--le preguntó a Abel Joaquín un día en que, +habiendo ido a ver al niño, se encontraron en el cuarto de estudio de +aquél. + +--Pues ahora voy a pintar un cuadro de Historia, o mejor, de Antiguo +Testamento, y me estoy documentando... + +--Cómo? Buscando modelos de aquella época? + +--No, leyendo la Biblia y comentarios a ella. + +--Bien digo yo, que tú eres un pintor científico... + +--Y tú un médico artista, no es eso? + +--Peor que un pintor científico... literato! Cuida de no hacer con el +pincel literatura! + +--Gracias por el consejo. + +--Y cuál va a ser el asunto de tu cuadro? + +--La muerte de Abel por Caín, el primer fratricidio. + +Joaquín palideció aún más, y mirando fijamente a su primer amigo, le +preguntó a media voz: + +--Y cómo se te ha ocurrido eso? + +--Muy sencillo--contestó Abel sin haberse percatado del ánimo de su +amigo;--es la sugestión del nombre. Como me llamo Abel... Dos estudios +de desnudo... + +--Sí, desnudo del cuerpo... + +--Y aun del alma... + +--Pero piensas pintar sus almas? + +--Claro está! El alma de Caín, de la envidia, y el alma de Abel... + +--Alma de qué? + +--En eso estoy ahora. No acierto a dar con la expresión, con el alma de +Abel. Porque quiero pintarle antes de morir, derribado en tierra y +herido de muerte por su hermano. Aquí tengo el Génesis y el _Caín_ de +lord Byron; lo conoces? + +--No, no conozco el _Caín_ de lord Byron. Y qué has sacado de la Biblia? + +--Poca cosa... Verás--y tomando un libro, leyó: «y conoció Adán a su +mujer Eva, la cual concibió y parió a Caín y dijo: He adquirido varón +por Jehová. Y después parió a su hermano Abel y fué Abel pastor de +ovejas, y Caín fué labrador de la tierra. Y aconteció, andando el +tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y +Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas y de su grosura. Y miró +Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, mas no miró propicio a Caín y a +la ofrenda suya...» + +--Y eso, por qué?--interrumpió Joaquín. Por qué miró Dios con agrado la +ofrenda de Abel y con desdén la de Caín? + +--No lo explica aquí... + +--Y no te lo has preguntado tú antes de ponerte a pintar tu cuadro? + +--Aún no... Acaso porque Dios veía ya en Caín el futuro matador de su +hermano... al envidioso... + +--Entonces es que le había hecho envidioso, es que le había dado un +bebedizo. Sigue leyendo. + +--«Y ensañóse Caín en gran manera y decayó su semblante. Y entonces +Jehová dijo a Caín: Por qué te has ensañado? y por qué se ha demudado tu +rostro? Si bien hicieres, no serás ensalzado? y si no hicieres bien el +pecado está a tu puerta. Ahí está que te desea, pero tú le dominarás...» + +--Y le venció el pecado--interrumpió Joaquín--porque Dios le había +dejado de su mano. Sigue! + +--«Y habló Caín a su hermano Abel, y aconteció que estando ellos en el +campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y le mató. Y Jehová dijo a +Caín...» + +--Basta! No leas más. No me interesa lo que Jehová dijo a Caín luego que +la cosa no tenía ya remedio. + +Apoyó Joaquín los codos en la mesa, la cara entre las palmas de la mano, +y clavando una mirada helada y punzante en la mirada de Abel, sin saber +de qué alarmado, le dijo: + +--No has oído nunca una especie de broma que gastan con los niños que +aprenden de memoria la Historia sagrada cuando les preguntan: «Quién +mató a Caín?» + +--No! + +--Pues sí, les preguntan eso y los niños, confundiéndose, suelen decir: +«su hermano Abel!» + +--No sabía eso. + +--Pues ahora lo sabes. Y dime, tú que vas a pintar esa escena bíblica... +y tan bíblica! no se te ha ocurrido pensar que si Caín no mata a Abel +habría sido éste el que habría acabado matando a su hermano? + +--Y cómo se te puede ocurrir eso? + +--Las ovejas de Abel eran aceptas a Dios, y Abel, el pastor, hallaba +gracia a los ojos del Señor, pero los frutos de la tierra de Caín, del +labrador, no gustaban a Dios ni tenía para él gracia Caín. El agraciado, +el favorito de Dios era Abel... el desgraciado Caín... + +--Y qué culpa tenía Abel de eso? + +--Ah, pero tú crees que los afortunados, los agraciados, los favoritos, +no tienen culpa de ello? La tienen de no ocultar y ocultar como una +vergüenza, que lo es todo favor gratuito, todo privilegio no ganado por +propios méritos, de no ocultar esa gracia en vez de hacer ostentación de +ella. Porque no me cabe duda de que Abel restregaría a los hocicos de +Caín su gracia, le azuzaría con el humo de sus ovejas sacrificadas a +Dios. Los que se creen justos suelen ser unos arrogantes que van a +deprimir a los otros con la ostentación de su justicia. Ya dijo quien lo +dijera que no hay canalla mayor que las personas honradas... + +--Y tú sabes--le preguntó Abel sobrecojido por la gravedad de la +conversación--qué Abel se jactara de su gracia? + +--No me cabe duda, ni de que no tuvo respeto a su hermano mayor, ni +pidió al Señor gracia también para él. Y sé más, y es que los abelitas +han inventado el infierno para los cainitas porque si no su gloria les +resultaría insípida. Su goce está en ver, libres de padecimiento, +padecer a los otros... + +--Ay, Joaquín, Joaquín, qué malo estás! + +--Sí, nadie es médico de sí mismo. Y ahora, dame ese Caín de lord Byron, +que quiero leerlo. + +--Tómalo! + +--Y dime, no te inspira tu mujer algo para ese cuadro? no te da alguna +idea? + +--Mi mujer? En esta tragedia no hubo mujer. + +--En toda tragedia la hay, Abel. + +--Sería acaso Eva... + +--Acaso... La que les dió la misma leche; el bebedizo... + + + + +XII + + +Leyó Joaquín el _Caín_ de lord Byron. Y en su _Confesión_ escribía más +tarde: + +«Fué terrible el efecto que la lectura de aquel libro me hizo. Sentí la +necesidad de desahogarme y tomé unas notas que aún conservo y las tengo +ahora aquí, presentes. Pero fué sólo por desahogarme? No; fué con el +propósito de aprovecharlas algún día pensando que podrían servirme de +materiales para una obra genial. La vanidad nos consume. Hacemos +espectáculo de nuestras más íntimas y asquerosas dolencias. Me figuro +que habrá quien desee tener un tumor pestífero como no le ha tenido +antes ninguno para hombrearse con él. Esta misma _Confesión_ no es algo +más que un desahogo? + +»He pensado alguna vez romperla para librarme de ella. Pero me libraría? +No! Vale más darse en espectáculo que consumirse. Y al fin y al cabo no +es más que espectáculo la vida. + +»La lectura del _Caín_ de lord Byron me entró hasta lo más íntimo. Con +que razón culpaba Caín a sus padres de que hubieran cojido de los frutos +del árbol de la ciencia en vez de cojer de la del árbol de la vida! A +mí, por lo menos, la ciencia no ha hecho más que exacerbarme la herida. + +»Ojalá nunca hubiera vivido!--digo con aquel Caín. Por qué me hicieron? +Por qué he de vivir? Y lo que no me explico es cómo Caín no se decidió +por el suicidio. Habría sido el más noble comienzo de la historia +humana. Pero por qué no se suicidaron Adán y Eva después de la caída y +antes de haber dado hijos? Ah, es que entonces Jehová habría hecho otros +iguales y otro Caín y otro Abel. No se repetirá esta misma tragedia en +otros mundos, allá por las estrellas? Acaso la tragedia tiene otras +representaciones, sin que baste el extremo de la tierra. Pero fué +extremo? + +»Cuando leí cómo Luzbel le declaraba a Caín cómo era éste, Caín, +inmortal, es cuando empecé con terror a pensar si yo también seré +inmortal y si será inmortal en mí mi odio. «Tendré alma--me dije +entonces»--será este mi odio alma? y llegué a pensar que no podría ser +de otro modo, que no puede ser función de un cuerpo un odio así. Lo que +no había encontrado con el escalpelo en otros lo encontré en mí. Un +organismo corruptible no podía odiar como yo odiaba. Luzbel aspiraba a +ser Dios, y yo desde muy niño, no aspiré a anular a los demás? Y cómo +podía ser yo tan desgraciado si no me hizo tal el creador de la +desgracia? + +»Nada le costaba a Abel criar sus ovejas, como nada le costaba a él, al +otro, hacer sus cuadros; pero a mí? a mí me costaba mucho diagnosticar +las dolencias de mis enfermos. + +«Quejábase Caín de que Adah, su propia querida Adah, su mujer y hermana, +no comprendiera el espíritu que a él le abrumaba. Pero sí, sí, mi Adah, +mi pobre Adah comprendía mi espíritu. Es que era cristiana. Mas tampoco +yo encontré algo que conmigo simpatizara. + +»Hasta que leí y releí el _Caín_ byroniano, yo, que tantos hombres había +visto agonizar y morir, no pensé en la muerte, no la descubrí. Y +entonces pensé si al morir me moriría con mi odio, si se moriría conmigo +o si me sobreviviría; pensé si el odio sobrevive a los odiadores, si es +algo sustancial y que se trasmite, si es el alma, la esencia misma del +alma. Y empecé a creer en el Infierno y que la muerte es un ser, es el +Demonio, es el Odio hecho persona, es el Dios del alma. Todo lo que mi +ciencia no me enseñó me enseñaba el terrible poema de aquel gran odiador +que fué lord Byron. + +»Mi Adah también me echaba dulcemente en cara cuando yo no trabajaba, +cuando no podía trabajar. Y Luzbel estaba entre mi Adah y yo. «No vayas +con ese Espíritu!»--me gritaba mi Adán. Pobre Antonia! Y me pedía +también que le salvara de aquel Espíritu. Mi pobre Adán no llegó a +odiarlos como los odiaba yo. Pero llegué yo a querer de veras a mi +Antonia? Ah, si hubiera sido capaz de quererla me habría salvado. Era +para mí otro instrumento de venganza. Queríala para madre de un hijo o +de una hija que me vengaran. Aunque pensé, necio de mí, que una vez +padre se me curaría aquello. Mas acaso no me casé sino para hacer +odiosos como yo, para trasmitir mi odio, para inmortalizarlo. + +»Se me quedó grabada en el alma como con fuego aquella escena de Caín y +Luzbel en el abismo del espacio. Vi mi ciencia a través de mi pecado y +la miseria de dar vida para propagar la muerte. Y vi que aquel odio +inmortal era mi alma. Ese odio pensé que debió de haber precedido a mi +nacimiento y que sobreviviría a mi muerte. Y me sobrecojí de espanto al +pensar en vivir siempre para aborrecer siempre. Era el Infierno. Y yo +que tanto me había reído de la creencia en él! Era el Infierno! + +»Cuando leí cómo Adah habló a Caín de su hijo, de Enoc, pensé en el +hijo, o en la hija que habría de tener; pensé en ti, hija mía, mi +redención y mi consuelo; pensé en que tú vendrías a salvarme un día. Y +al leer lo que aquel Caín decía a su hijo dormido e inocente, que no +sabía que estaba desnudo, pensé si no había sido en mí un crimen +engendrarte, pobre hija mía! Me perdonarás haberte hecho? Y al leer lo +que Adah decía a su Caín, recordé mis años de paraíso, cuando aun no iba +a cazar premios, cuando no soñaba en superar a todos los demás. No, hija +mía, no; no ofrecí mis estudios a Dios con corazón puro, no busqué la +verdad y el saber, sino que busqué los premios y la fama y ser más que +él. + +»El, Abel, amaba su arte y lo cultivaba con pureza de intención y no +trató nunca de imponérseme. No, no fué él quien me la quitó, no! Y yo +llegué a pensar en derribar el altar de Abel, loco de mí! Y es que no +había pensado más que en mí. + +»El relato de la muerte de Abel tal y como aquel terrible poeta del +demonio nos le expone, me cegó. Al leerlo sentí que se me iban las cosas +y hasta creo que sufrí un mareo. Y desde aquel día, gracias al impío +Byron, empecé a creer.» + + + + +XIII + + +Le dió Antonia a Joaquín una hija. «Una hija--se dijo--y él un hijo!» +Mas pronto se repuso de esta nueva treta de su demonio. Y empezó a +querer a su hija con toda la fuerza de su pasión y por ella a la madre. +«Será mi vengadora»--se dijo primero, sin saber de qué habría de +vengarle, y luego: «Será mi purificadora». + +«Empecé a escribir esto--dejó escrito en su _Confesión_--más tarde para +mi hija, para que ella, después de yo muerto, pudiese conocer a su pobre +padre y compadecerle y quererle. Mirándola dormir en la cuna, soñando su +inocencia, pensaba que para criarla y educarla pura tenía yo que +purificarme de mi pasión, limpiarme de la lepra de mi alma. Y decidí +hacerle que amase a todos y sobre todo a ellos. Y allí, sobre la +inocencia de su sueño, juré libertarme de mi infernal cadena. Tenía que +ser yo el mayor heraldo de la gloria de Abel.» + +Y sucedió que habiendo Abel Sánchez acabado su cuadro, lo llevó a una +Exposición, donde obtuvo un aplauso general y fué admirado como +estupenda obra maestra, y se le dió la medalla de honor. + +Joaquín iba a la sala de la Exposición a contemplar el cuadro y a mirar +en él, como si mirase en un espejo, al Caín de la pintura y a espiar en +los ojos de las gentes si le miraban a él, después de haber mirado al +otro. + +«Torturábame la sospecha--escribió en su _Confesión_--de que Abel +hubiese pensado en mí al pintar su Caín, de que hubiese descubierto +todas las insondables negruras de la conversación que con él mantuve en +su casa cuando me anunció su propósito de pintarlo y cuando me leyó los +pasajes del Génesis, y yo me olvidé tanto de él y pensé tanto en mí +mismo, que puse al desnudo mi alma enferma. Pero no! No había en el Caín +de Abel el menor parecido conmigo, no pensó en mí al pintarlo, es decir, +no me despreció, no lo pintó desdeñándome, ni Helena debió de decirle +nada de mí. Les bastaba con saborear el futuro triunfo, el que +esperaban. Ni siquiera pensaban en mí! + +»Y esta idea de que ni siquiera pensasen en mí, de que no me odiaran, +torturábame aun más que lo otro. Ser odiado por él con un odio como el +que yo le tenía, era algo y podía haber sido mi salvación.» + +Y fué más allá, o entró más dentro de sí Joaquín, y fué que lanzó la +idea de dar un banquete a Abel para celebrar su triunfo y que él, su +amigo de siempre, su amigo de antes de conocerse, le ofrecería el +banquete. + +Joaquín gozaba de cierta fama de orador. En la Academia de Medicina y +Ciencias era el que dominaba a los demás con su palabra cortante y fría, +precisa y sarcástica de ordinario. Sus discursos solían ser chorros de +agua fría sobre los entusiasmos de los principiantes, acres lecciones de +escepticismo pesimista. Su tesis ordinaria que nada se sabía de cierto +en Medicina, que todo era hipótesis y un continuo tejer y destejer, que +lo más seguro era la desconfianza. Por esto, al saberse que era él, +Joaquín, quien ofrecería el banquete, echáronse los más a esperar +alborozados un discurso de doble filo, una disección despiadada, bajo +apariencias de elogio, de la pintura científica y documentada, o bien un +encomio sarcástico de ella. Y un regocijo malévolo corría por los +corazones de todos los que habían oído alguna vez hablar a Joaquín del +arte de Abel. Apercibiéronle a éste del peligro. + +--Os equivocáis--les dijo Abel.--Conozco a Joaquín y no le creo capaz de +eso. Sé algo de lo que le pasa, pero tiene un profundo sentido artístico +y dirá cosas que valga la pena de oirlas. Y ahora quiero hacerle un +retrato... + +--Un retrato? + +--Sí, vosotros no le conocéis como yo. Es un alma de fuego, +tormentosa... + +--Hombre más frío... + +--Por fuera. Y en todo caso dicen que el fuego quema. Es una figura que +ni a posta... + +Y este juicio de Abel llegó a oídos del juzgado, de Joaquín, y le sumió +más en sus cavilaciones. «Qué pensará en realidad de mí?», se +decía.--«Será cierto que me tiene así, por un alma de fuego, tormentosa? +Será cierto que me reconoce víctima del capricho de la suerte?» + +Llegó en esto a algo de que tuvo que avergonzarse hondamente, y fué que, +recibida en su casa una criada que había servido en la de Abel, la +requirió de ambiguas familiaridades aun sin comprometerse, no más que +para inquirir de ella lo que en la otra casa hubiera oído decir de él. + +--Pero, vamos, dime, es que no les oíste nunca nada de mí? + +--Nada, señorito, nada. + +--Pero no hablaban alguna vez de mí? + +--Como hablar, sí, creo que sí, pero no decían nada. + +--Nada, nunca nada? + +--Yo no les oía hablar. En la mesa, mientras yo les servía, hablaban +poco y cosas de esas de que se habla en la mesa. De los cuadros de +él... + +--Lo comprendo. Pero nada, nunca nada de mí? + +--No me acuerdo. + +Y al separarse de la criada sintió Joaquín entrañada aversión a sí +mismo. «Me estoy idiotizando--se dijo.--Qué pensará de mí esta +muchacha!» Y tanto le acongojó esto que hizo que con un pretexto +cualquiera se le despachase a aquella criada. «Y si ahora va--se dijo +luego--y vuelve a servir a Abel y le cuenta esto?» Por lo que estuvo a +punto de pedir a su mujer que volviera a llamarla. Mas no se atrevió. E +iba siempre temblando de encontrarla por la calle. + + + + +XIV + + +Llegó el día del banquete. Joaquín no durmió la noche de la víspera. + +--Voy a la batalla, Antonia--le dijo a su mujer al salir de casa. + +--Que Dios te ilumine y te guíe, Joaquín. + +--Quiero ver a la niña, a la pobre Joaquinita... + +--Sí, ven, mírala... está dormida... + +--Pobrecilla! No sabe lo que es el demonio! Pero yo te juro, Antonia, +que sabré arrancármelo. Me lo arrancaré, lo estrangularé y lo echaré a +los pies de Abel. Le daría un beso si no fuese que temo despertarla... + +---No, no! Bésala! + +Inclinóse el padre y besó a la niña dormida, que sonrió al sentirse +besada en sueños. + +--Ves, Joaquín, también ella te bendice. + +--Adiós, mujer!--Y le dió un beso largo, muy largo. + +Ella se fué a rezar ante la imagen de la Virgen. + +Corría una maliciosa expectación por debajo de las conversaciones +mantenidas durante el banquete. Joaquín, sentado a la derecha de Abel, e +intensamente pálido, apenas comía ni hablaba. Abel mismo empezó a temer +algo. + +A los postres se oyeron siseos, empezó a cuajar el silencio, y alguien +dijo: «Que hable!» Levantóse Joaquín. Su voz empezó temblona y sorda, +pero pronto se aclaró y vibraba con un acento nuevo. No se oía más que +su voz, que llenaba el silencio. El asombro era general. Jamás se había +pronunciado un elogio más férvido, más encendido, más lleno de +admiración y de cariño a la obra y a su autor. Sintieron muchos +asomárseles las lágrimas cuando Joaquín evocó aquellos días de su común +infancia con Abel, cuando ni uno ni otro soñaban lo que habrían de ser. + +«Nadie le ha conocido más adentro que yo--decía;--creo conocerte mejor +que me conozco a mí mismo, más puramente, porque de nosotros mismos no +vemos en nuestras entrañas sino el fango de que hemos sido hechos. Es en +otros donde vemos lo mejor de nosotros y lo amamos, y eso es la +admiración. El ha hecho en su arte lo que yo habría querido hacer en el +mío, y por eso es uno de mis modelos; su gloria es un acicate para mi +trabajo y es un consuelo de la gloria que no he podido adquirir. El es +nuestro, de todos, él es mío sobre todo, y yo, gozando su obra, la hago +tan mía como él la hizo suya creándola. Y me consuelo de verme sujeto a +mi medianía...» + +Su voz lloraba a las veces. El público estaba subyugado, vislumbrando +oscuramente la lucha gigantesca de aquel alma con su demonio. + +«Y ved la figura de Caín--decía Joaquín dejando gotear las ardientes +palabras,--del trágico Caín, del labrador errante, del primero que +fundó ciudades, del padre de la industria, de la envidia y de la vida +civil, vedla! Ved con qué cariño, con qué compasión, con qué amor al +desgraciado está pintada. Pobre Caín! Nuestro Abel Sánchez admira a Caín +como Milton admiraba a Satán, está enamorado de su Caín como Milton lo +estuvo de su Satán, porque admirar es amar y amar es compadecer. Nuestro +Abel ha sentido toda la miseria, toda la desgracia inmerecida del que +mató al primer Abel, del que trajo, según la leyenda bíblica, la muerte +al mundo. Nuestro Abel nos hace comprender la culpa de Caín, porque hubo +culpa, y compadecerle y amarle... Este cuadro es un acto de amor!» + +Cuando acabó Joaquín de hablar medió un silencio espeso, hasta que +estalló una salva de aplausos. Levantóse entonces Abel y, pálido, +convulso, tartamudeante, con lágrimas en los ojos, le dijo a su amigo: + +--Joaquín, lo que acabas de decir vale más, mucho más que mi cuadro, más +que todos los cuadros que he pintado, más que todos los que pintaré... +Eso, eso es una obra de arte y de corazón. Yo no sabía lo que he hecho +hasta que te he oído. Tú y no yo has hecho mi cuadro, tú! + +Y abrazáronse llorando los dos amigos de siempre entre los clamorosos +aplausos y vivas de la concurrencia puesta en pie. Y al abrazarse le +dijo a Joaquín su demonio: «Si pudieses ahora ahogarle en tus +brazos...!» + +--Estupendo!--decían.--Qué orador! Qué discurso! Quién podía haber +esperado esto? Lástima que no se haya traído taquígrafos! + +--Esto es prodigioso--decía uno.--No espero volver a oir cosa igual. + +--A mí--añadía otro--me corrían escalofríos al oirlo. + +--Pero mírale, mírale qué pálido está! + +Y así era. Joaquín, sintiéndose, después de su victoria, vencido, sentía +hundirse en una sima de tristeza. No, su demonio no estaba muerto. Aquel +discurso fué un éxito como no lo había tenido, como no volvería a +tenerlo, y le hizo concebir la idea de dedicarse a la oratoria para +adquirir en ella gloria con que oscurecer la de su amigo en la pintura. + +--Has visto cómo lloraba Abel?--decía uno al salir. + +--Es que este discurso de Joaquín vale por todos los cuadros del otro. +El discurso ha hecho el cuadro. Habrá que llamarle el cuadro del +discurso. Quita el discurso y qué queda del cuadro? Nada! A pesar del +primer premio. + +Cuando Joaquín llegó a casa, Antonia salió a abrirle la puerta y a +abrazarle: + +--Ya lo sé, ya me lo han dicho. Así, así! Vales más que él, mucho más +que él; que sepa que si su cuadro vale será por tu discurso. + +--Es verdad, Antonia, es verdad, pero... + +--Pero qué? Todavía... + +--Todavía, sí. No quiero decirte las cosas que el demonio, mi demonio, +me decía mientras nos abrazábamos... + +--No, no me las digas, cállate! + +--Pues tápame la boca. + +Y ella se la tapó con un beso largo, cálido, húmedo, mientras se le +nublaban de lágrimas los ojos. + +--A ver si así me sacas el demonio, Antonia, a ver si me lo sorbes. + +--Sí, para quedarme con él, no es eso?--y procuraba reirse la pobre. + +--Sí, sórbemelo, que a ti no puede hacerte daño, que en ti se morirá, se +ahogará en tu sangre como en agua bendita... + +Y cuando Abel se encontró en su casa, a solas con su Helena, ésta le +dijo: + +--Ya han venido a contarme lo del discurso de Joaquín. Ha tenido que +tragar tu triunfo... ha tenido que tragarte...! + +--No hables así, mujer, que no le has oído. + +--Como si le hubiese oído, + +--Le salía del corazón. Me ha conmovido. Te digo que ni yo sé lo que he +pintado hasta que no le he oído a él explicárnoslo. + +--No te fíes... no te fíes de él... cuando tanto le ha elogiado, por +algo será... + +--Y no puede haber dicho lo que sentía? + +---Tú sabes que está muerto de envidia de ti... + +--Cállate. + +--Muerto, sí, muertito de envidia de ti... + +--Cállate, cállate, mujer, cállate! + +--No, no son celos, porque él ya no me quiere, si es que me quiso... es +envidia... envidia... + +--Cállate! Cállate!--rugió Abel. + +--Bueno, me callo, pero tú verás... + +--Ya he visto y he oído y me basta. Cállate, digo! + + + + +XV + + +Pero no, no! Aquel acto heroico no le curó al pobre Joaquín. + +«Empecé a sentir remordimiento--escribió en su _Confesión_--de haber +dicho lo que dije, de no haber dejado estallar mi mala pasión para así +librarme de ella, de no haber acabado con él artísticamente, denunciando +los engaños y falsos efectismos de su arte, sus imitaciones, su técnica +fría y calculada, su falta de emoción; de no haber matado su gloria. Y +así me habría librado de lo otro, diciendo la verdad, reduciendo su +prestigio a su verdadera tasa. Acaso Caín, el bíblico, el que mató al +otro Abel, empezó a querer a éste luego que le vió muerto. Y entonces +fué cuando empecé a creer: de los efectos de aquel discurso provino mi +conversión.» + +Lo que Joaquín llamaba así en su _Confesión_ fué que Antonia, su mujer, +que le vió no curado, que le temió acaso incurable, fué induciéndole a +que buscase armas en la religión de sus padres, en la de ella, en la que +había de ser de su hija, en la oración. + +--Tú lo que debes hacer es ir a confesarte... + +--Pero, mujer, si hace años que no voy a la iglesia... + +--Por lo mismo. + +--Pero si no creo en esas cosas... + +--Eso creerás tú, pero a mí me ha explicado el padre cómo vosotros, los +hombres de ciencia, creéis no creer, pero creéis. Yo sé que las cosas +que te enseñó tu madre, las que yo enseñaré a nuestra hija... + +--Bueno, bueno, déjame! + +--No, no te dejaré. Vete a confesarte, te lo ruego. + +--Y qué dirán los que conocen mis ideas? + +--Ah, es eso? Son respetos humanos? + +Mas la cosa empezó a hacer mella en el corazón de Joaquín y se preguntó +si realmente no creía y aun sin creer quiso probar si la Iglesia podría +curarle. Y empezó a frecuentar el templo, algo demasiado a las claras, +como en son de desafío a los que conocían sus ideas irreligiosas, y +acabó yendo a un confesor. Y una vez en el confesonario se le desató el +alma. + +--Le odio, padre, le odio con toda mi alma, y a no creer como creo, a no +querer creer como quiero creer, le mataría... + +--Pero eso, hijo mío, eso no es odio; eso es más bien envidia. + +--Todo odio es envidia, padre, todo odio es envidia. + +--Pero debe cambiarlo en noble emulación, en deseo de hacer en su +profesión y sirviendo a Dios, lo mejor que pueda... + +--No puedo, no puedo, no puedo trabajar. Su gloria no me deja. + +--Hay que hacer un esfuerzo... para eso el hombre es libre... + +--No creo en el libre albedrío, padre. Soy médico. + +--Pero... + +--Qué hice yo para que Dios me hiciese así, rencoroso, envidioso, malo? +Qué mala sangre me legó mi padre? + +--Hijo mío... hijo mío... + +--No, no creo en la libertad humana, y el que no cree en la libertad no +es libre. No, no lo soy! Ser libre es creer serlo! + +--Es usted malo porque desconfía de Dios. + +--El desconfiar de Dios es maldad, padre? + +--No quiero decir eso, sino que la mala pasión de usted proviene de que +desconfía de Dios... + +--El desconfiar de Dios es maldad? Vuelvo a preguntárselo. + +--Sí, es maldad. + +--Luego desconfío de Dios porque me hizo malo, como a Caín le hizo malo. +Dios me hizo desconfiado... + +--Le hizo libre. + +--Sí, libre de ser malo. + +--Y de ser bueno! + +--Por qué nací, padre? + +--Pregunte más bien que para qué nació... + + + + +XVI + + +Abel había pintado una Virgen con el niño en brazos, que no era sino un +retrato de Helena, su mujer, con el hijo, Abelito. El cuadro tuvo éxito, +fué reproducido, y ante una espléndida fotografía de él rezaba Joaquín a +la Virgen Santísima, diciéndole: «Protégeme! Sálvame!» + +Pero mientras así rezaba, susurrándose en voz baja y como para oirse, +quería acallar otra voz más honda, que brotándole de las entrañas le +decía: «Así se muera! Así te la deje libre!» + +--Con que te has hecho ahora reaccionario?--le dijo un día Abel a +Joaquín. + +--Yo? + +--Sí, me han dicho que te has dado a la iglesia y que oyes misa diaria, +y como nunca has creído ni en Dios ni en el Diablo, y no es cosa de +convertirse así, sin más ni menos, pues que te has hecho reaccionario! + +--Y a ti qué? + +--No, si no te pido cuentas; pero... crees de veras? + +--Necesito creer. + +--Eso es otra cosa. Pero crees? + +--Ya te he dicho que necesito creer, y no me preguntes más. + +--Pues a mí con el arte me basta; el arte es mi religión. + +--Pues has pintado Vírgenes... + +--Sí, a Helena. + +--Que no lo es precisamente. + +--Para mí como si lo fuese. Es la madre de mi hijo... + +--Nada más? + +--Y toda madre es virgen en cuanto es madre. + +--Ya estás haciendo teología! + +--No sé, pero aborrezco el reaccionarismo y la gazmoñería. Todo eso me +parece que no nace sino de la envidia, y me extraña en ti, que te creo +muy capaz de distinguirte del vulgo, de los mediocres, me extraña que te +pongas ese uniforme. + +--A ver, a ver, Abel, explícate! + +---Es muy claro. Los espíritus vulgares, ramplones, no consiguen +distinguirse, y como no pueden sufrir que otros se distingan, les +quieren imponer el uniforme del dogma, que es un traje de munición, para +que no se distingan. El origen de toda ortodoxia, lo mismo en religión +que en arte, es la envidia, no te quepa duda. Si a todos se nos deja +vestirnos como se nos antoje, a uno se le ocurre un atavío que llame la +atención y pone de realce su natural elegancia, y si es hombre hace que +las mujeres le admiren, y se enamoren de él mientras otro, naturalmente +ramplón y vulgar, no logra sino ponerse en ridículo buscando vestirse a +su modo, y por eso los vulgares, los ramplones, que son los envidiosos, +han ideado una especie de uniforme, un modo de vestirse como muñecos, +que pueda ser moda, porque la moda es otra ortodoxia. Desengáñate, +Joaquín: eso que llaman ideas peligrosas, atrevidas, impías, no son sino +las que no se les ocurre a los pobres de ingenio rutinario, a los que no +tienen ni pizca de sentido propio ni originalidad y sí sólo sentido +común y vulgaridad. Lo que más odian es la imaginación y porque no la +tienen. + +--Y aunque así sea--exclamó Joaquín,--es que esos que llaman los +vulgares, los ramplones, los mediocres, no tienen derecho a defenderse? + +--Otra vez defendiste en mi casa, ¿te acuerdas?, a Caín, al envidioso, y +luego, en aquel inolvidable discurso que me moriré leyéndotelo, en aquel +discurso a que debo lo más de mi reputación, nos enseñaste, me enseñaste +a mí al menos, el alma de Caín. Pero Caín no era ningún vulgar, ningún +ramplón, ningún mediocre... + +--Pero fué el padre de los envidiosos... + +--Sí, pero de otra envidia, no de la de esa gente... La envidia de Caín +era algo grande; la del fanático inquisidor es lo más pequeño que hay. Y +me choca verte entre ellos... + +«Pero este hombre--se decía Joaquín al separarse de Abel--es que lee en +mí? Aunque no, parece no darse cuenta de lo que me pasa. Habla y piensa +como pinta, sin saber lo que dice y lo que pinta. Es un inconsciente, +aunque yo me empeñe en ver en él un técnico reflexivo...» + + + + +XVII + + +Enteróse Joaquín de que Abel andaba enredado con una antigua modelo, y +esto le corroboró en su aprensión de que no se había casado con Helena +por amor. «Se casaron--decíase--por humillarme.» Y luego se añadía: «Ni +ella, ni Helena le quiere, ni puede quererle... ella no quiere a nadie, +es incapaz de cariño, no es más que un hermoso estuche de vanidad... Por +vanidad, y por desdén a mí, se casó, y por vanidad o por capricho es +capaz de faltar a su marido... Y hasta con el mismo a quien no quiso +para marido...» Surgíale a la vez de entre pavesas una brasa que creía +apagada al hielo de su odio, y era su antiguo amor a Helena. Seguía, +sí, a pesar de todo, enamorado de la pava real, de la coqueta, de la +modelo de su marido. Antonia le era muy superior, sin duda, pero la otra +era la otra. Y luego, la venganza... es tan dulce la venganza! Tan tibia +para un corazón helado! + +A los pocos días fué a casa de Abel, acechando la hora en que éste se +hallara fuera de ella. Encontró a Helena sola con el niño, a aquella +Helena, a cuya imagen divinizada había en vano pedido protección y +salvación. + +--Ya me ha dicho Abel--le dijo su prima--que ahora te ha dado por la +iglesia. Es que Antonia te ha llevado a ella, o es que vas huyendo de +Antonia? + +--Pues? + +--Porque los hombres soléis haceros beatos o a rastras de la mujer o +escapando de ella... + +--Hay quien escapa de la mujer, y no para ir a la iglesia precisamente. + +--Sí, eh? + +--Sí, pero tu marido, que te ha venido con el cuento ese, no sabe algo +más, y es que no sólo rezo en la iglesia... + +--Es claro! Todo hombre devoto debe hacer sus devociones en casa. + +--Y las hago. Y la principal es pedir a la Virgen que me proteja y me +salve. + +--Me parece muy bien. + +--Y sabes ante qué imagen pido eso? + +--Si tú no me lo dices... + +--Ante la que pintó tu marido... + +Helena volvió la cara de pronto, enrojecida, al niño que dormía en un +rincón del gabinete. La brusca violencia del ataque la desconcertó. Mas +reponiéndose dijo: + +--Eso me parece una impiedad de tu parte y prueba, Joaquín, que tu nueva +devoción no es más que una farsa y algo peor... + +--Te juro, Helena... + +--El segundo: no jurar su santo nombre en vano. + +--Pues te juro, Helena, que mi conversión fué verdadera, es decir que he +querido creer, que he querido defenderme con la fe de una pasión que me +devora... + +--Sí, conozco tu pasión. + +--No, no la conoces! + +--La conozco. No puedes sufrir a Abel. + +--Pero por qué no puedo sufrirle? + +--Eso tú lo sabrás. No has podido sufrirle nunca, ni aun antes de que me +le presentases. + +--Falso!... Falso! + +--Verdad! Verdad! + +--Y por qué no he de poder sufrirle? + +--Pues porque adquiere fama, porque tiene renombre... No tienes tú +clientela? No ganas con ella? + +--Pues mira, Helena, voy a decirte la verdad, toda la verdad. No me +basta con eso! Yo querría haberme hecho famoso, haber hallado algo nuevo +en mi ciencia, haber unido mi nombre a algún descubrimiento +científico... + +--Pues ponte a ello, que talento no te falta. + +--Ponerme a ello... ponerme a ello... Habríame puesto a ello, sí, +Helena, si hubiese podido haber puesto esa gloria a tus pies... + +--Y por qué no a los de Antonia? + +--No hablemos de ella! + +--Ah, pero has venido a esto? Has espiado el que mi Abel--y recalcó el +_mi_--estuviese fuera para venir a esto? + +--Tu Abel... tu Abel... valiente caso hace de ti tu Abel! + +--Qué? También delator, acusique, soplón? + +--Tu Abel tiene otros modelos que tú. + +--Y qué?--exclamó Helena, irguiéndose.--Y qué si las tiene? Señal de que +sabe ganarlas! O es que también de eso le tienes envidia? Es que no +tienes más remedio que contentarte con... tu Antonia? Ah, y porque él ha +sabido buscarse otra vienes tú aquí hoy a buscarte otra también? Y +vienes así, con chismes de estos? No te da vergüenza, Joaquín? Quítate, +quítate de ahí, que me da bascas sólo el verte. + +--Por Dios, Helena, que me estás matando... que me estás matando! + +--Anda, vete, vete a la iglesia, hipócrita, envidioso; vete a que tu +mujer te cure, que estás muy malo. + +--Helena, Helena, que tú sola puedes curarme! Por cuanto más quieras, +Helena, mira que pierdes para siempre a un hombre! + +--Ah, y quieres que por salvarte a ti pierda a otro, al mío? + +--A ese no le pierdes; le tienes ya perdido. Nada le importa de ti. Es +incapaz de quererte. Yo, yo soy el que te quiero, con toda mi alma, con +un cariño como no puedes soñar. + +Helena se levantó, fué al niño y despertándolo, cojiólo en brazos, y +volviendo a Joaquín le dijo: «Vete! Es éste, el hijo de Abel, quien te +echa de su casa; vete!» + + + + +XVIII + + +Joaquín empeoró. La ira al conocer que se había desnudado el alma ante +Helena, y el despecho por la manera como ésta le rechazó, en que vió +claro que le despreciaba, acabó de enconarle el ánimo. Mas se dominó +buscando en su mujer y en su hija consuelo y remedio. Ensombreciósele +aun más su vida de hogar; se le agrió el humor. + +Tenía entonces en casa una criada muy devota, que procuraba oir misa +diaria y se pasaba las horas que el servicio le dejaba libre, encerrada +en su cuarto haciendo sus devociones. Andaba con los ojos bajos, fijos +en el suelo, y respondía a todo con la mayor mansedumbre y en voz algo +gangosa. Joaquín no podía resistirla y la regañaba con cualquier +pretexto. «Tiene razón el señor», solía decirle ella. + +--Cómo que tengo razón?--exclamó una vez, ya perdida la paciencia, él, +el amo.--No, ahora no tengo razón! + +--Bueno, señor, no se enfade, no la tendrá. + +--Y nada más? + +--No le entiendo, señor. + +--Cómo que no me entiendes, gazmoña, hipócrita? Por qué no te defiendes? +Por qué, no me replicas? Por qué no te rebelas? + +--Rebelarme yo? Dios y la Santísima Virgen me defiendan de ello, señor. + +--Pero quieres más--intervino Antonia--sino que reconozca sus faltas? + +--No, no las reconoce. Está llena de soberbia! + +--De soberbia yo, señor? + +--Lo ves? Es la hipócrita soberbia de no reconocerla. Es que está +haciendo conmigo, a mi costa, ejercicios de humildad y de paciencia; es +que toma mis accesos de mal humor como cilicios para ejercitarse en la +virtud de la paciencia. Y a mi costa, no! No, no y no! A mi costa, no! +A mí no se me toma de instrumento para hacer méritos para el cielo. Eso +es hipocresía! + +La criadita lloraba, rezando entre dientes. + +--Pero y si es verdad, Joaquín--dijo Antonia--que realmente es +humilde... Por qué va a rebelarse? Si se hubiese rebelado te habrías +irritado aún más. + +--No! Es una canallada tomar las flaquezas del prójimo como medio para +ejercitarnos en la virtud. Que me replique, que se insolente, que sea +persona... y no criada... + +--Entonces, Joaquín, te irritaría más. + +--No, lo que más me irrita son esas pretensiones a mayor perfección. + +--Se equivoca usted, señor--dijo la criada, sin levantar los ojos del +suelo;--yo no me creo mejor que nadie. + +--No, eh? Pues yo sí! Y el que no se crea mejor que otro, es un +mentecato. Tú te creerás la más pecadora de las mujeres, es eso? Anda, +responde! + +--Esas cosas no se preguntan, señor. + +--Anda, responde, que también San Luis Gonzaga dicen que se creía el +más pecador de los hombres; responde: te crees, sí o no, la más pecadora +de las mujeres? + +--Los pecados de las otras no van a mi cuenta, señor. + +--Idiota, más que idiota. Vete de ahí! + +--Dios le perdone, como yo le perdono, señor. + +--De qué? Ven y dímelo, de qué? De qué me tiene que perdonar Dios? Anda, +dilo. + +--Bueno, señora, lo siento por usted, pero me voy de esta casa. + +--Por ahí debiste empezar--concluyó Joaquín. + +Y luego, a solas con su mujer, le decía: + +--Y no irá diciendo esta gatita muerta que estoy loco? No lo estoy +acaso, Antonia? Dime, estoy loco, sí o no? + +--Por Dios, Joaquín, no te pongas así... + +--Sí, sí creo estar loco... Enciérrame. Esto va a acabar conmigo. + +--Acaba tú con ello. + + + + +XIX + + +Concentró entonces todo su ahinco en su hija, en criarla y educarla, en +mantenerla libre de las inmundicias morales del mundo. + +--Mira--solía decirle a su mujer,--es una suerte que sea sola, que no +hayamos tenido más. + +--No te habría gustado un hijo? + +--No, no, es mejor hija, es más fácil aislarla del mundo indecente. +Además, si hubiésemos tenido dos, habrían nacido envidias entre ellos... + +--O no! + +--O sí. No se puede repartir el cariño igualmente entre varios: lo que +se le da al uno se le quita al otro. Cada uno pide todo para él y sólo +para él. No, no, no quisiera verme en el caso de Dios... + +--Y cuál es ese caso? + +--El de tener tantos hijos. No dicen que somos todos hijos de Dios? + +--No digas esas cosas, Joaquín... + +--Unos están sanos para que otros estén enfermos... Hay que ver el +reparto de las enfermedades... + +No quería que su hija tratase con nadie. La llevó una maestra particular +a casa, y él mismo, en ratos de ocio, le enseñaba algo. + +La pobre Joaquina adivinó en su padre a un paciente mientras recibía de +él una concepción tétrica del mundo y de la vida. + +--Te digo--le decía Joaquín a su mujer--que es mejor, mucho mejor que +tengamos una hija sola, que no tengamos que repartir el cariño... + +--Dicen que cuanto más se reparte crece más... + +--No creas así. Te acuerdas de aquel pobre Ramírez, el procurador? Su +padre tenía dos hijos y dos hijas y pocos recursos. En su casa no se +comía sino sota, caballo y rey, cocido, pero no principio; sólo el +padre, Ramírez padre, tomaba principio, del cual daba alguna vez a uno +de los hijos y a una de las hijas, pero nunca a los otros. Cuando +repicaban gordo, en días señalados, había dos principios para todos y +otro además para él, para el amo de la casa, que en algo había de +distinguirse. Hay que conservar la jerarquía. Y a la noche, al recojerse +a dormir Ramírez padre daba siempre un beso a uno de los hijos y a una +de las hijas, pero no a los otros dos. + +--Qué horror! Y por qué? + +--Qué sé yo... Le parecerían más guapos los preferidos... + +--Es como lo de Carvajal, que no puede ver a su hija menor... + +--Es que le ha llegado la última, seis años después de la anterior y +cuando andaba mal de recursos. Es una nueva carga, e inesperada. Por eso +le llama la intrusa. + +--Qué horrores, Dios mío! + +--Así es la vida, Antonia, un semillero de horrores. Y bendigamos a +Dios el no tener que repartir nuestro cariño. + +--Cállate! + +--Cállome! + +Y le hizo callar. + + + + +XX + + +El hijo de Abel estudiaba Medicina, y su padre solía dar a Joaquín +noticias de la marcha de sus estudios. Habló Joaquín algunas veces con +el muchacho mismo y le cobró algún afecto; tan insignificante le +pareció. + +--Y cómo le dedicas a médico y no a pintor?--le preguntó a su amigo. + +--No le dedico yo, se dedica él. No siente vocación alguna por el +arte... + +--Claro, y para estudiar Medicina no hace falta vocación... + +--No he dicho eso. Tú siempre tan mal pensado. Y no sólo no siente +vocación por la pintura, pero ni curiosidad. Apenas si se detiene a ver +lo que pinto ni se informa de ello. + +--Es mejor así acaso... + +--Por qué? + +--Porque si se hubiera dedicado a la pintura, o lo hacía mejor que tú, o +peor. Si peor, eso de ser Abel Sánchez, hijo, al que llamarían Abel +Sánchez el Malo o Sánchez el Malo o Abel el Malo, no está bien ni él lo +sufriría... + +--Y si fuera mejor que yo? + +--Entonces serías tú quien no lo sufriría. + +--Piensa el ladrón que todos son de su condición. + +--Sí, venme ahora a mí, a mí, con esas pamemas. Un artista no soporta la +gloria de otro, y menos si es su propio hijo o su hermano. Antes la de +un extraño. Eso de que uno de su sangre le supere... eso no! Cómo +explicarlo? Haces bien en dedicarle a la Medicina. + +--Además, así ganará más. + +--Pero quieres hacerme creer que no ganas mucho con la pintura? + +--Bah, algo. + +--Y además, gloria. + +--Gloria? Para lo que dura... + +--Menos dura el dinero. + +--Pero es más sólido. + +--No seas farsante, Abel, no finjas despreciar la gloria. + +--Te aseguro que lo que hoy me preocupa es dejar una fortuna a mi hijo. + +--Le dejarás un nombre. + +--Los nombres no se cotizan. + +--El tuyo, sí! + +--Mi firma, pero es... Sánchez! Y menos mal si no le da por firmar Abel +S. Puig!--que le hagan marqués de Casa Sánchez. Y luego el Abel quita la +malicia al Sánchez. Abel Sánchez suena bien. + + + + +XXI + + +Huyendo de sí mismo, y para ahogar con la constante presencia del otro, +de Abel, en su espíritu, la triste conciencia enferma que se le +presentaba, empezó a frecuentar una peña del Casino. Aquella +conversación ligera le serviría como de narcótico, o más bien se +embriagaría con ella. No hay quien se entrega a la bebida para ahogar +una pasión devastadora en ella, para derretir en vino un amor frustrado? +Pues él se entregaría a la conversación casinera, a oirla más que a +tomar parte muy activa en ella, para ahogar también su pasión. Sólo que +el remedio, fué peor que la enfermedad. + +Iba siempre decidido a contenerse, a reir y bromear, a murmurar como por +juego, a presentarse a modo de desinteresado espectador de la vida, +bondadoso como un escéptico de profesión, atento a lo de que comprender +es perdonar, y sin dejar traslucir el cáncer que le devoraba la +voluntad. Pero el mal le salía por la boca, en las palabras, cuando +menos lo esperaba, y percibían todos en ellas el hedor del mal. Y volvía +a casa irritado contra sí mismo, reprochándose su cobardía y el poco +dominio sobre sí y decidido a no volver más a la peña del Casino. +«No--se decía--no vuelvo, no debo volver; esto me empeora, me agrava; +aquel ámbito es deletéreo; no se respira allí más que malas pasiones +retenidas; no, no vuelvo; lo que yo necesito es soledad, soledad. Santa +soledad!» + +Y volvía. + +Volvía por no poder sufrir la soledad. Pues en la soledad, jamás lograba +estar solo, sino que siempre allí el otro. El otro! Llegó a sorprenderse +en diálogo con él, tramando lo que el otro le decía. Y el otro, en estos +diálogos solitarios, en estos monólogos dialogados, le decía cosas +indiferentes o gratas, no le mostraba ningún rencor. «Por qué no me +odia, Dios mío!--llegó a decirse.--Por qué no me odia?» + +Y se sorprendió un día a sí mismo a punto de pedir a Dios, en infame +oración diabólica, que infiltrase en el alma de Abel odio a él, a +Joaquín. Y otra vez: «Ah, si me envidiase... si me envidiase...!» Y a +esta idea, que como fulgor lívido cruzó por las tinieblas de su espíritu +de amargura, sintió un gozo como de derretimiento, un gozo que le hizo +temblar hasta los tuétanos del alma, escalofriados. Ser envidiado...! +Ser envidiado...! + +«Mas no es esto--se dijo luego--que me odio, que me envidio a mí +mismo...?» Fuese a la puerta, la cerró con llave, miró a todos lados, y +al verse solo arrodillóse murmurando con lágrimas de las que escaldan en +la voz: «Señor, Señor. Tú me dijiste: ama a tu prójimo como a ti mismo! +Y yo no amo al prójimo, no puedo amarle, porque no me amo, no sé amarme, +no puedo amarme a mí mismo. Qué has hecho de mí, Señor!» + +Fué luego a cojer la Biblia y la abrió por donde dice: «Y Jehová dijo a +Caín: dónde está Abel tu hermano?» Cerró lentamente el libro, +murmurando: «Y dónde estoy yo?» Oyó entonces ruido fuera y se apresuró a +abrir la puerta. «Papá, papaíto!», exclamó su hija al entrar. Aquella +voz fresca pareció volverle a la luz. Besó a la muchacha y rozándole el +oído con la boca le dijo bajo, muy bajito, para que no lo oyera nadie: +«Reza por tu padre, hija mía!» + +--Padre! Padre!--gimió la muchacha, echándole los brazos al cuello. + +Ocultó la cabeza en el hombro de la hija y rompió a llorar. + +--Qué te pasa, papá, estás enfermo? + +--Sí, estoy enfermo. Pero no quieras saber más. + + + + +XXII + + +Y volvió al Casino. Era inútil resistirlo. Cada día se inventaba a sí +mismo un pretexto para ir allá. Y el molino de la peña seguía moliendo. + +Allí estaba Federico Cuadrado, implacable, que en cuanto oía que alguien +elogiaba a otro preguntaba: «Contra quién va ese elogio?» + +--Porque a mí--decía con su vocecita fría y cortante--no me la dan con +queso; cuando se elogia mucho a uno, se tiene presente a otro al que se +trata de rebajar con ese elogio, a un rival del elogiado. Eso cuando no +se le elogia con mala intención, por ensañarse en él... Nadie elogia con +buena intención. + +--Hombre--le replicaba León Gómez, que se gozaba en dar cuerda al cínico +Cuadrado--ahí tienes a don Leovigildo, al cual nadie le ha oído todavía +hablar mal de otro... + +--Bueno--intercalaba un diputado provincial,--es que don Leovigildo es +un político y los políticos deben estar a bien con todo el mundo. Qué +dices Federico? + +--Digo que don Leovigildo se morirá sin haber hablado mal ni pensado +bien de nadie. El no dará acaso ni el más lijero empujoncito para que +otro caiga, ni aunque no se lo vean, porque no sólo teme al código +penal, sino también al infierno; pero si el otro se cae y se rompe la +crisma, se alegrará hasta los tuétanos. Y para gozarse en la rotura de +la crisma del otro, será el primero que irá a condolerse de su desgracia +y darle el pésame. + +--Yo no sé cómo se puede vivir sintiendo así--dijo Joaquín. + +--Sintiendo cómo?--le arguyó al punto Federico.--Como siente don +Leovigildo, como siento yo o como sientes tú? + +--De mí nadie ha hablado!--Y esto lo dijo con acre displicencia. + +--Pero hablo yo, hijo mío, porque aquí todos nos conocemos... + +Joaquín se sintió palidecer. Le llegaba como un puñal de hielo hasta las +entrañas de la voluntad aquel _hijo mío!_ que prodigaba Federico, su +demonio de la guarda, cuando echaba la garra sobre alguien. + +--No sé por qué le tienes esa tirria a don Leovigildo--añadió Joaquín, +arrepintiéndose de haberlo dicho apenas lo dijera, pues sintió que +estaba atizando la mala lumbre. + +--Tirria? Tirria yo? Y a don Leovigildo? + +--Sí, no sé qué mal te ha hecho... + +--En primer lugar, hijo mío, no hace falta que le hayan hecho a uno mal +alguno para tenerle tirria. Cuando se le tiene a uno tirria, es fácil +inventar ese mal, es decir, figurarse uno que se lo han hecho... Y yo no +le tengo a don Leovigildo más tirria que a otro cualquiera. Es un hombre +y basta. Y un hombre honrado! + +--Como tú eres un misántropo profesional...--empezó el diputado +provincial. + +--El hombre es el bicho más podrido y más indecente, ya os lo he dicho +cien veces. Y el hombre honrado es el peor de los hombres. + +--Anda, anda, qué dices a eso tú, que hablabas el otro día del político +honrado, refiriéndote a don Leovigildo?--le dijo León Gómez al diputado. + +--Político honrado!--saltó Federico.--Eso sí que no! + +--Y por qué?--preguntaron tres a coro. + +--Que por qué? Porque lo ha dicho él mismo. Porque tuvo en un discurso +la avilantez de llamarse a sí mismo honrado. No es honrado declararse +tal. Dice el Evangelio que Cristo Nuestro Señor... + +--No mientes a Cristo, te lo suplico!--le interrumpió Joaquín. + +--Qué? Te duele también Cristo, hijo mío? + +Hubo un breve silencio, oscuro y frío. + +--Dijo Cristo Nuestro Señor--recalcó Federico--que no le llamaran bueno, +que bueno era sólo Dios. Y hay cochinos cristianos que se atreven a +llamarse a sí mismos honrados! + +--Es que honrado no es precisamente bueno--intercaló don Vicente, el +magistrado. + +--Ahora lo ha dicho usted, don Vicente. Y gracias a Dios que le oigo a +un magistrado alguna sentencia razonable y justa! + +--De modo--dijo Joaquín--que uno no debe confesarse honrado. Y pillo? + +--No hace falta. + +--Lo que quiere el señor Cuadrado--dijo don Vicente, el magistrado--es +que los hombres se confiesen bellacos y sigan siéndolo; no es eso? + +--Bravo!--exclamó el diputado provincial. + +--Le diré a usted, hijo mío--contestó Federico, pensando la +respuesta.--Usted debe saber cuál es la excelencia del sacramento de la +confesión en nuestra sapientísima Madre Iglesia... + +--Alguna otra barbaridad--interrumpió el magistrado. + +--Barbaridad, no, sino muy sabia institución. La confesión sirve para +pecar más tranquilamente, pues ya sabe uno que le ha de ser perdonado su +pecado. No es así, Joaquín? + +--Hombre, si uno no se arrepiente... + +--Sí, hijo mío, sí, si uno se arrepiente, pero vuelve a pecar y vuelve a +arrepentirse y sabe cuando peca que se arrepentirá y sabe cuando se +arrepiente que volverá a pecar, y acaba por pecar y arrepentirse a la +vez; no es así? + +--El hombre es un misterio--dijo León Gómez. + +--Hombre, no digas sandeces!--le replicó Federico. + +--Sandez, por qué? + +--Toda sentencia filosófica, así, todo axioma, toda proposición general +y solemne, enunciada aforísticamente, es una sandez. + +--Y la filosofía, entonces? + +--No hay más filosofía que ésta, la que hacemos aquí... + +--Sí, desollar al prójimo. + +--Exacto. Nunca está mejor que desollado. + +Al levantarse la tertulia, Federico se acercó a Joaquín a preguntarle si +se iba a su casa, pues gustaría de acompañarle un rato, y al decirle +éste que no, que iba a hacer una visita allí, al lado, aquél le dijo: + +--Sí, te comprendo; eso de la visita es un achaque. Lo que tú quieres +es verte solo. Lo comprendo. + +--Y por qué lo comprendes? + +--Nunca se está mejor que solo. Pero cuando te pese la soledad, acude a +mí. Nadie te distraerá mejor de tus penas. + +--Y las tuyas?--le espetó Joaquín. + +--Bah! ¡Quién piensa en eso...! + +Y se separaron. + + + + +XXIII + + +Andaba por la ciudad un pobre hombre necesitado, aragonés, padre de +cinco hijos y que se ganaba la vida como podía, de escribiente y a lo +que saliera. El pobre acudía con frecuencia a conocidos y amigos, si es +que un hombre así los tiene, pidiéndoles con mil pretextos que le +anticiparan dos o tres duros. Y lo que era más triste, mandaba a alguno +de sus hijos, y alguna vez a su mujer, a las casas de los conocidos con +cartitas de petición. Joaquín le había socorrido algunas veces, sobre +todo cuando le llamaba a que viese, como médico, a personas de su +familia. Y hallaba un singular alivio en socorrer a aquel pobre hombre. +Adivinaba en él una víctima de la maldad humana. + +Preguntóle una vez por él a Abel. + +--Sí, le conozco--le dijo éste,--y hasta le tuve algún tiempo empleado. +Pero es un haragán, un vago. Con el pretexto de que tiene que ahogar sus +penas, no deja de ir ningún día al café, aunque en su casa no se +encienda la cocina. Y no le faltará su cajetilla de cigarros. Tiene que +convertir sus pesares en humo. + +--Eso no es decir nada, Abel. Habría que ver el caso por dentro... + +--Mira, déjate de garambainas. Y por lo que no paso es por la mentira +esa de pedirme prestado y lo de «se lo devolveré en cuanto pueda...» Que +pida limosna y al avío. Es más claro y más noble. La última vez me pidió +tres duros adelantados y le di tres pesetas, pero diciéndole: «Y sin +devolución!» Es un haragán! + +--Y qué culpa tiene él...! + +--Vamos, sí, ya salió aquello, qué culpa tiene... + +--Pues claro! De quién son las culpas? + +--Bueno, mira, dejémonos de esas cosas. Y si quieres socorrerle, +socórrele, que yo no me opongo. Y yo mismo estoy seguro de que si me +vuelve a pedir, le daré. + +--Eso ya lo sabía yo, porque en el fondo tú... + +--No nos metamos al fondo. Soy pintor y no pinto los fondos de las +personas. Es más, estoy convencido de que todo hombre lleva fuera todo +lo que tiene dentro. + +--Vamos, sí, que para ti un hombre no es más que un modelo... + +--Te parece poco? Y para ti un enfermo. Porque tú eres el que les andas +mirando y auscultando a los hombres por dentro... + +--Mediano oficio... + +--Por qué? + +--Porque acostumbrado uno a mirar a los demás por dentro, da en ponerse +a mirarse a sí mismo, a auscultarse. + +--Ve ahí mi ventaja. Yo con mirarme al espejo tengo bastante... + +--Y te has mirado de veras alguna vez? + +--Naturalmente! Pues no sabes que me he hecho un autorretrato? + +--Que será una obra maestra... + +--Hombre, no está del todo mal... Y tú, te has registrado por dentro +bien? + + * * * * * + +Al día siguiente de esta conversación Joaquín salió del Casino con +Federico para preguntarle si conocía a aquel pobre hombre que andaba así +pidiendo de manera vergonzante. «Y dime la verdad, eh, que estamos +solos; nada de tus ferocidades». + +--Pues mira, ese es un pobre diablo que debía estar en la cárcel, donde +por lo menos comería mejor que come y viviría más tranquilo. + +--Pues qué ha hecho? + +--No, no ha hecho nada; debió hacer, y por eso digo que debería estar en +la cárcel. + +--Y qué es lo que debió haber hecho? + +--Matar a su hermano. + +--Ya empiezas! + +--Te lo explicaré. Ese pobre hombre es, como sabes, aragonés y allá en +su tierra aún subsiste la absoluta libertad de testar. Tuvo la desgracia +de nacer el primero a su padre, de ser el mayorazgo y luego tuvo la +desgracia de enamorarse de una muchacha pobre, guapa y honrada, según +parecía. El padre se opuso con todas sus fuerzas a esas relaciones +amenazándole con desheredarle si llegaba a casarse con ella. Y él, ciego +de amor, comprometió primero gravemente a la muchacha, pensando +convencer así al padre, y acaso por casarse con ella y por salir de +casa. Y siguió en el pueblo, trabajando como podía en casa de sus +suegros, y esperando convencer y ablandar a su padre. Y éste, buen +aragonés, tesa que tesa. Y murió desheredándole al pobre diablo y +dejando su hacienda al hijo segundo; una hacienda regular. Y muertos +poco después los suegros del hoy aquí sablista, acudió éste a su hermano +pidiéndole amparo y trabajo, y su hermano se los negó, y por no matarle, +que es lo que le pedía el coraje, se ha venido acá a vivir de limosna y +del sable. Esta es la historia, como ves, muy edificante. + +--Y tan edificante! + +--Si le hubiera matado a su hermano, a esa especie de Jacob, mal, muy +mal, y no habiéndole matado mal, muy mal también... + +--Acaso peor. + +--No digas eso, Federico. + +--Sí, porque no sólo vive miserable y vergonzosamente, del sable, sino +que vive odiando a su hermano. + +--Y si le hubiera matado? + +--Entonces se le habría curado el odio, y hoy, arrepentido de su crimen, +querría su memoria. La acción libra del mal sentimiento, y es el mal +sentimiento el que envenena el alma. Créemelo, Joaquín, que lo sé muy +bien. + +Miróle Joaquín a la mirada fijamente y le espetó un: + +--Y tú? + +--Yo? No quieras saber, hijo mío, lo que no te importa. Bástete saber +que todo mi cinismo es defensivo. Yo no soy hijo del que todos vosotros +tenéis por mi padre; yo soy hijo adulterino y a nadie odio en este mundo +más que a mi propio padre, al natural, que ha sido el verdugo del otro, +del que por vileza y cobardía me dió su nombre, este indecente nombre +que llevo. + +--Pero padre no es el que engendra; es el que cría... + +--Es que ese, el que creéis que me ha criado, no me ha criado sino que +me destetó con el veneno del odio que guarda al otro, al que me hizo y +le obligó a casarse con mi madre. + + + + +XXIV + + +Concluyó la carrera el hijo de Abel, Abelín, y acudió su padre, a su +amigo, por si quería tomarle de ayudante para que a su lado practicase. +Lo aceptó Joaquín. + +«Le admití--escribía más tarde en su _Confesión_, dedicada a su +hija--por una extraña mezcla de curiosidad, de aborrecimiento a su +padre, de afecto al muchacho, que me parecía entonces una medianía y por +un deseo de libertarme así de mi mala pasión a la vez que, por más +debajo de mi alma, mi demonio me decía que con el fracaso del hijo me +vengaría del encumbramiento del padre. Quería por un lado, con el cariño +al hijo, redimirme del odio al padre, y por otro lado me regodeaba +esperando que si Abel Sánchez triunfó en la pintura, otro Abel Sánchez +de su sangre marraría en la Medicina. Nunca pude figurarme entonces cuán +hondo cariño cobraría luego al hijo del que me amargaba y entenebrecía +la vida del corazón.» + +Y así fué que Joaquín y el hijo de Abel sintiéronse atraídos el uno al +otro. Era Abelín rápido de comprensión y se interesaba por las +enseñanzas de Joaquín, a quien empezó llamando maestro. Este su maestro +se propuso hacer de él un buen médico y confiarle el tesoro de su +experiencia clínica. «Le guiaré--se decía--a descubrir las cosas que +esta maldita inquietud de mi ánimo me ha impedido descubrir a mí». + +--Maestro,--le preguntó un día Abelín,--por qué no recoje usted todas +esas observaciones dispersas, todas esas notas y apuntes que me ha +enseñado y escribe un libro? Sería interesantísimo y de mucha enseñanza. +Hay cosas hasta geniales, de una extraordinaria sagacidad científica. + +--Pues mira, hijo--(que así solía llamarle) respondió--yo no puedo, no +puedo... No tengo humor para ello, me faltan ganas, coraje, serenidad, +no sé qué... + +--Todo sería ponerse a ello... + +--Sí, hijo, sí, todo sería ponerse a ello, pero cuantas veces lo he +pensado no he llegado a decidirme. Ponerme a escribir un libro... y en +España... y sobre Medicina...! No vale la pena. Caería en el vacío... + +--No, el de usted, no, maestro, se lo respondo. + +--Lo que yo debía haber hecho es lo que tú has de hacer, dejar esta +insoportable clientela y dedicarte a la investigación pura, a la +verdadera ciencia, a la fisiología, a la histología, a la patología y no +a los enfermos de pago. Tú que tienes alguna fortuna, pues los cuadros +de tu padre han debido dársela, dedícate a eso. + +--Acaso tenga usted razón, maestro; pero ello no quita para que usted +deba publicar sus memorias de clínico. + +--Mira, si quieres, hagamos una cosa. Yo te doy mis notas todas, te las +amplío de palabra, te digo cuanto me preguntes y publica tú el libro. Te +parece? + +--De perlas, maestro. Ya vengo apuntando desde que le ayudo todo lo que +le oigo y todo lo que a su lado aprendo. + +--Muy bien, hijo, muy bien!--y le abrazó conmovido. + +Y luego se decía Joaquín: «Este, éste será mi obra! Mío y no de su +padre. Acabará venerándome y comprendiendo que yo valgo mucho más que su +padre y que hay en mi práctica de la Medicina mucha más arte que en la +pintura de su padre. Y al cabo se lo quitaré, sí, se lo quitaré! El me +quitó a Helena, yo les quitaré el hijo. Que será mío, y quién sabe?... +acaso concluya renegando de su padre, cuando le conozca y sepa lo que me +hizo». + + + + +XXV + + +--Pero dime--le preguntó un día Joaquín a su discípulo--cómo se te +ocurrió estudiar Medicina? + +--No lo sé... + +--Porque lo natural es que hubieses sentido inclinación a la pintura. +Los muchachos se sienten llamados a la profesión de sus padres; es el +espíritu de imitación... el ambiente... + +--Nunca me ha interesado la pintura, maestro. + +--Lo sé, lo sé por tu padre, hijo. + +--Y la de mi padre menos. + +--Hombre, hombre, y cómo así? + +--No la siento y no sé si la siente él... + +--Eso es más grande. A ver, explícate. + +--Estamos solos; nadie nos oye; usted, maestro, es como si fuese mi +segundo padre... segundo... Bueno. Además usted es el más antiguo amigo +suyo, le he oído decir que de siempre, de toda la vida, de antes de +tener uso de razón, que son como hermanos... + +--Sí, sí, así es; Abel y yo somos como hermanos... Sigue. + +--Pues bien, quiero abrirle hoy mi corazón, maestro. + +--Ábremelo. Lo que me digas caerá en él como en el vacío, nadie lo +sabrá! + +--Pues sí, dudo que mi padre sienta la pintura ni nada. Pinta como una +máquina, es un don natural, pero sentir? + +--Siempre he creído eso. + +--Pues fué usted, maestro, quien, según dicen; hizo la mayor fama de mi +padre con aquel famoso discurso de que aún se habla... + +--Y qué iba yo a decir? + +--Algo así me pasa. Pero mi padre no siente ni la pintura ni nada. Es de +corcho, maestro, de corcho. + +--No tanto, hijo. + +--Sí, de corcho. No vive más que para su gloria. Todo eso de que la +desprecia es farsa, farsa, farsa. No busca más que el aplauso. Y es un +egoísta, un perfecto egoísta. No quiere a nadie. + +--Hombre, a nadie... + +--A nadie, maestro, a nadie! Ni sé cómo se casó con mi madre. Dudo que +fuera por amor. + +Joaquín palideció. + +--Sé--prosiguió el hijo--que ha tenido enredos y líos con algunas +modelos, pero eso no es más que capricho y algo de jactancia. No quiere +a nadie. + +--Pero me parece que no eres tú quien debieras... + +--A mí nunca me ha hecho caso. A mí me ha mantenido, ha pagado mi +educación y mis estudios, no me ha escatimado ni me escatima su dinero, +pero yo apenas si existo para él. Cuando alguna vez le he preguntado +algo, de historia del arte, de técnica, de la pintura o de sus viajes o +de otra cosa, me ha dicho: «Déjame, déjame en paz» y una vez llegó a +decirme: «apréndelo, como lo he aprendido yo! ahí tienes los libros». +Qué diferencia con usted, maestro! + +--Sería que no lo sabía, hijo. Porque mira, los padres quedan a las +veces mal con sus hijos por no confesarse más ignorantes o más torpes +que ellos. + +--No era eso. Y hay algo peor. + +--Peor? A ver! + +--Peor, sí. Jamás me ha reprendido, haya hecho yo lo que hiciera. No +soy, no he sido nunca un calavera, un disoluto, pero todos los jóvenes +tenemos nuestras caídas, nuestros tropiezos. Pues bien, jamás los ha +inquirido y si por acaso los sabía nada me ha dicho. + +--Eso es respeto a tu personalidad, confianza en ti... Es acaso la +manera más generosa y noble de educar a un hijo, es fiarse... + +--No, no es nada de eso, maestro. Es sencillamente indiferencia. + +--No, no, no exageres, no es eso... Qué te iba a decir que tú no te lo +dijeras? Un padre no puede ser un juez... + +--Pero sí un compañero, un consejero, un amigo o un maestro como usted. + +--Pero hay cosas que el pudor impide se traten entre padres e hijos. + +--Es natural que usted, su mayor y más antiguo amigo, su casi hermano, +le defienda aunque... + +--Aunque qué? + +--Puedo decirlo todo? + +--Sí, dilo todo! + +--Pues bien, de usted no le he oído nunca hablar sino muy bien, +demasiado bien, pero... + +--Pero qué? + +--Que habla demasiado bien de usted. + +--Qué es eso de demasiado? + +--Que antes de conocerle yo a usted, maestro, le creía otro. + +--Explícate. + +--Para mi padre es usted una especie de personaje trágico, de ánimo +torturado, de hondas pasiones. «Si se pudiera pintar el alma de +Joaquín!» suele decir. Habla de un modo como si mediase entre usted y él +algún secreto... + +--Aprensiones tuyas... + +--No, no lo son. + +--Y tu madre? + +--Mi madre... + + + + +XXVI + + +--Mira, Joaquín--le dijo un día Antonia a su marido,--me parece que el +mejor día nuestra hija se nos va o nos la llevan... + +--Joaquina? Y a dónde? + +--Al convento! + +--Imposible! + +--No, sino muy posible. Tú distraído con tus cosas y ahora con ese hijo +de Abel al que pareces haber prohijado... cualquiera diría que le +quieres más que a tu hija... + +--Es que trato de salvarle, de redimirle de los suyos... + +--No; de lo que tratas es de vengarte. Qué vengativo eres! Ni olvidas ni +perdonas! Temo que Dios te va a castigar, va a castigarnos... + +--Ah, y es por eso por lo que Joaquina se quiere ir al convento? + +--Yo no he dicho eso. + +--Pero lo digo yo y es lo mismo. Se va acaso por celos de Abelín? Es que +teme que le llegue a querer más que a ella? Pues si es por eso... + +--Por eso no. + +--Entonces? + +--Qué sé yo...! Dice que tiene vocación, que es adonde Dios la llama... + +--Dios... Dios... será su confesor. Quién es? + +--El padre Echevarría. + +--El que me confesaba a mí? + +--El mismo! + +Quedóse Joaquín mustio y cabizbajo, y al día siguiente, llamando a solas +a su mujer, le dijo: + +--Creo haber penetrado en los motivos que empujan a Joaquina al +claustro, o mejor, en los motivos por que le induce el padre Echevarría +a que entre en él. Tú recuerdas cómo busqué refugio y socorro en la +iglesia contra esta maldita obsesión que me embarga el ánimo todo, +contra este despecho que con los años se hace más viejo, es decir, más +duro y más terco, y cómo, después de los mayores esfuerzos, no pude +lograrlo? No, no me dió remedio el padre Echevarría, no pudo dármelo. +Para este mal no hay más que un remedio, uno sólo. + +Callóse un momento como esperando una pregunta de su mujer, y como ella +callara, prosiguió diciéndole: + +--Para ese mal no hay más remedio que la muerte. Quién sabe... Acaso +nací con él y con él moriré. Pues bien, ese padrecito que no pudo +remediarme ni reducirme empuja ahora, sin duda, a mi hija, a tu hija, a +nuestra hija, al convento, para que en él ruegue por mí, para que se +sacrifique salvándome... + +--Pero si no es sacrificio... si dice que es su vocación... + +--Mentira, Antonia; te digo que eso es mentira. Las más de las que van +monjas o van a trabajar poco, a pasar una vida pobre, pero descansada, a +sestear místicamente o van huyendo de casa, y nuestra hija huye de casa, +huye de nosotros... + +--Será de ti... + +--Sí, huye de mí! Me ha adivinado! + +--Y ahora que le has cobrado ese apego a ese... + +--Quieres decirme que huye de él? + +--No sino de tu nuevo capricho... + +--Capricho? capricho? capricho dices? Yo seré todo menos caprichoso, +Antonia. Yo tomo todo en serio, todo, lo entiendes? + +--Sí, demasiado en serio--agregó la mujer llorando. + +--Vamos, no llores así, Antonia, mi santa, mi ángel bueno, y perdóname +si he dicho algo... + +--No es peor lo que dices, sino lo que callas. + +--Pero, por Dios, Antonia, por Dios, haz que nuestra hija no nos deje; +que si se va al convento, me mata, sí, me mata, porque me mata! Que se +quede... que yo haré lo que ella quiera... que si quiere que le despache +a Abelín, le despacharé... + +--Me acuerdo cuando decías que te alegrabas de que no tuviéramos más que +una hija, porque así no teníamos que repartir el cariño... + +--Pero si no lo reparto! + +--Algo peor entonces... + +--Sí, Antonia, esa hija quiere sacrificarse por mí, y no sabe que si se +va al convento me deja desesperado. Su convento es esta casa! + + + + +XXVII + + +Dos días después encerrábase en el gabinete Joaquín con su mujer y su +hija. + +--Papá, Dios lo quiere!--exclamó resueltamente y mirándole cara a cara +su hija Joaquina. + +--Pues, no! No es Dios quien lo quiere, sino el padrecito ese--replicó +él.--Qué sabes tú, mocosuela, lo que quiere Dios? Cuándo te has +comunicado con él? + +--Comulgo cada semana, papá. + +--Y se te antojan revelaciones de Dios los desvanecimientos que te suben +del estómago en ayunas. + +--Peores son los del corazón en ayunas. + +--No, no, eso no puede ser; eso no lo quiere Dios, no puede quererlo, te +digo que no lo puede querer! + +--Yo no sé lo que Dios quiere, y tú, padre, sabes lo que no puede +querer, eh? De cosas del cuerpo sabrás mucho, pero de cosas de Dios, del +alma... + +--Del alma, eh? Con que tú crees que no sé del alma? + +--Acaso lo que mejor te sería no saber. + +--Me acusas? + +--No, eres tú, papá, quien se acusa a sí mismo. + +--Lo ves, Antonia, lo ves, no te lo decía? + +--Y qué te decía, mamá? + +--Nada, hija mía, nada; aprensiones, cavilaciones de tu padre... + +--Pues bueno--exclamó Joaquín como quien se decide,--tú vas al convento +para salvarme, no es eso? + +--Acaso no andes lejos de la verdad. + +--Y salvarme de qué? + +--No lo sé bien. + +--Lo sabré yo...! De qué? de quién? + +--De quién, padre, de quién? Pues del demonio o de ti mismo. + +--Y tú qué sabes? + +--Por Dios, Joaquín, por Dios--suplicó la madre con lágrimas en la voz, +llena de miedo ante la mirada y el tono de su marido. + +--Déjanos, mujer, déjanos, déjanos a ella y a mí. Esto no te toca! + +--Pues no ha de tocarme? Pero si es mi hija... + +--La mía! Déjanos, ella es una Monegro, yo soy un Monegro; déjanos. Tú +no entiendes, tú no puedes entender estas cosas... + +--Padre, si trata así a madre delante mío, me voy. No llores, mamá. + +--Pero tú crees, hija mía...? + +--Lo que yo creo y sé es que soy tan hija suya como tuya. + +--Tanto? + +--Acaso más. + +--No digáis esas cosas, por Dios--exclamó la madre llorando--si no me +voy... + +--Sería lo mejor--añadió la hija.--A solas nos veríamos mejor las caras, +digo, las almas, nosotros, los Monegros. + +La madre besó a la hija y se salió. + +--Y bueno--dijo fríamente el padre, así que se vió a solas con su +hija,--para salvarme de qué o de quién te vas al convento? + +--Pues bien, padre, no sé de quién, no sé de qué, pero hay que salvarte. +Yo no sé lo que anda por dentro de esta casa, entre tú y mi madre, no sé +lo que anda dentro de ti, pero es algo malo... + +--Eso te lo ha dicho el padrecito ese? + +--No, no me lo ha dicho el padrecito; no ha tenido que decírmelo; no me +lo ha dicho nadie, sino que lo he respirado desde que nací. Aquí, en +esta casa, se vive como en tinieblas espirituales! + +--Bah, esas son cosas que has leído en tus libros... + +--Como tú has leído otras en los tuyos. O es que crees que sólo los +libros que hablan de lo que hay dentro del cuerpo, esos libros tuyos con +esas láminas feas, son los que enseñan la verdad? + +--Y bien, esas tinieblas espirituales que dices, qué son? + +--Tú lo sabrás mejor que yo, papá; pero no me niegues que aquí pasa +algo, que aquí hay, como si fuese una niebla oscura, una tristeza que se +mete por todas partes, que tú no estás contento nunca, que sufres, que +es como si llevases a cuestas una culpa grande... + +--Sí, el pecado original--dijo Joaquín con sorna. + +--Ese, ese!--exclamó la hija.--Ese, del que no te has sanado! + +--Pues me bautizaron...! + +--No importa. + +--Y como remedio para esto vas a meterte monja, no es eso? Pues lo +primero era averiguar qué es ello, a qué se debe todo esto... + +--Dios me libre, papá, de tal cosa. Nada de querer juzgaros. + +--Pero de condenarme, sí, no es eso? + +--Condenarte? + +--Sí, condenarme; eso de irte así es condenarme... + +--Y si me fuese con un marido? Si te dejara por un hombre...? + +--Según el hombre. + +Hubo un breve silencio. + +--Pues sí, hija mía--reanudó Joaquín,--yo no estoy bien, yo sufro, sufro +casi toda mi vida; hay mucho de verdad en lo que has adivinado; pero con +tu resolución de meterte monja me acabas de matar, exacerbas y enconas +mis males. Ten compasión de tu padre, de tu pobre padre... + +--Es por compasión... + +--No, es por egoísmo. Tú huyes; me ves sufrir y huyes. Es el egoísmo, es +el despego, es el desamor lo que te lleva al claustro. Figúrate que yo +tuviese una enfermedad pegajosa y larga, una lepra, me dejarías yendo al +convento a rogar por Dios que me sanara? Vamos, contesta, me dejarías? + +--No, no te dejaría, pues soy tu única hija. + +--Pues haz cuenta que soy un leproso. Quédate a cuidarme. Me pondré bajo +tu cuidado, haré lo que me mandes. + +--Si es así... + +Levantóse el padre, y mirando a su hija a través de lágrimas, abrazóla, +y teniéndola así, en sus brazos, con voz de susurro, le dijo al oído: + +--Quieres curarme, hija mía? + +--Sí, papá. + +--Pues bien, cásate con Abelín. + +--Eh?--exclamó Joaquina, separándose de su padre y mirándole cara a +cara. + +--Qué? Qué te sorprende?--balbució el padre, sorprendido a su vez. + +--Casarme? Yo? Con Abelín? Con el hijo de tu enemigo? + +--Quién te ha dicho eso? + +--Tu silencio de años. + +--Pues por eso, por ser el hijo del que llamas mi enemigo. + +--Yo no sé lo que hay entre vosotros, no quiero saberlo, pero al verte +últimamente cómo te aficionabas a su hijo, me dió miedo... temí... no sé +lo que temí. Ese tu cariño a Abelín me parecía monstruoso, algo +infernal... + +--Pues no, hija, no! Buscaba en él redención. Y créeme, si logras +traerle a mi casa, si le haces mi hijo, será como si sale al fin el sol +en mi alma... + +--Pero pretendes tú, tú, mi padre, que yo le solicite, le busque? + +--No digo eso. + +--Pues entonces? + +--Y si él... + +--Ah, pero lo teníais ya tramado entre los dos y sin contar conmigo? + +--No, lo tenía pensado yo, yo, tu padre, tu pobre padre, yo... + +--Me das pena, padre. + +--También yo me doy pena. Y ahora todo corre de mi cuenta. No pensabas +sacrificarte por mí? + +--Pues bien, sí, me sacrificaré por ti. Dispón de mí! + +Fué el padre a besarla, y ella, desasiéndosele, exclamó: + +--No, ahora no! Cuando lo merezcas. O es que quieres que también yo te +haga callar con besos? + +--Dónde has aprendido eso, hija? + +--Las paredes oyen, papá. + +--Y acusan! + + + + +XXVIII + + +--Quién fuera usted, don Joaquín--decíale un día a éste aquel pobre +desheredado aragonés, el padre de los cinco hijos, luego que le hubo +sacado algún dinero. + +--Querer ser yo! No lo comprendo! + +--Pues sí, lo daría todo por poder ser usted, don Joaquín. + +--Y qué es eso todo que daría usted? + +--Todo lo que puedo dar, todo lo que tengo. + +--Y qué es ello? + +--La vida! + +--La vida por ser yo!--y a sí mismo se añadió Joaquín: «Pues yo la +daría por poder ser otro!» + +--Sí, la vida por ser usted. + +--He ahí una cosa que no comprendo bien, amigo mío; no comprendo que +nadie se disponga a dar la vida por poder ser otro, ni siquiera +comprendo que nadie quiera ser otro. Ser otro es dejar de ser uno, de +ser el que se es. + +--Sin duda. + +--Y eso es dejar de existir. + +--Sin duda. + +--Pero no para ser otro... + +--Sin duda. + +--Entonces... + +--Quiero decir, don Joaquín, que de buena gana dejaría de ser, o dicho +más claro, me pegaría un tiro o me echaría al río si supiera que los +míos, los que me atan a esta vida perra, los que no me dejan suicidarme, +habrían de encontrar un padre en usted. No comprende usted ahora? + +--Sí que lo comprendo. De modo que... + +--Que maldito el apego que tengo a la vida y que de buena gana me +separaría de mí mismo y mataría para siempre mis recuerdos si no fuese +por los míos. Aunque también me retiene otra cosa. + +--Qué? + +--El temor de que mis recuerdos, de que mi historia me acompañen más +allá de la muerte. Quién fuera usted, don Joaquín! + +--Y si a mí me retuvieran en la vida, amigo mío, motivos como los de +usted? + +--Bah, usted es rico. + +--Rico... rico... + +--Y un rico nunca tiene motivo de queja. A usted no le falta nada. +Mujer, hija, una buena clientela, reputación... qué más quiere usted? A +usted no le desheredó su padre; a usted no le echó de su casa su hermano +a pedir... A usted no le han obligado a hacerse un mendigo! Quién fuera +usted, D. Joaquín! + +Y al quedarse luego éste solo se decía: «Quién fuera yo! Ese hombre me +envidia! me envidia! Y yo quién quiero ser?» + + + + +XXIX + + +Pocos días después Abelín y Joaquina estaban en relaciones de noviazgo. +Y en su _Confesión_, dedicada a su hija, escribía algo después Joaquín: + +«No es posible, hija mía, que te explique cómo llevé a Abel, tu marido +de hoy, a que te solicitase por novia pidiéndote relaciones. Tuve que +darle a entender que tú estabas enamorada de él o que por lo menos te +gustaría que de ti se enamorase sin descubrir lo más mínimo de aquella +nuestra conversación a solas, luego que tu madre me hizo saber como +querías entrar por mi causa en un convento. Veía en ello mi salvación. +Sólo uniendo tu suerte a la suerte del hijo único de quien me ha +envenenado la fuente de la vida, sólo mezclando así nuestras sangres +esperaba poder salvarme. + +»Pensaba que acaso un día tus hijos, mis nietos, los hijos de su hijo, +sus nietos, al heredar nuestras sangres, se encontraran con la guerra +dentro, con el odio en sí mismos. Pero no es acaso el odio a sí mismo, a +la propia sangre, el único remedio contra el odio a los demás? La +escritura dice que en el seno de Rebeca se peleaban ya Esaú y Jacob. +Quién sabe si un día no concebirás tú dos mellizos, el uno con mi sangre +y el otro con la suya, y se pelearán y se odiarán ya desde tu seno y +antes de salir al aire y a la conciencia! Porque esta es la tragedia +humana y todo hombre es, como Job, hijo de contradicción. + +»Y he temblado al pensar que acaso os junté, no para unir, sino para +separar aún más vuestras sangres, para perpetuar un odio. Perdóname! +Deliro. + +»Pero no son sólo nuestras sangres, la de él y la mía; es también la de +ella, la de Helena. La sangre de Helena! Esto es lo que más me turba; +esa sangre que le florece en las mejillas, en la frente, en los labios, +que le hace marco a la mirada, esa sangre que me cegó desde su carne! + +»Y queda otra, la sangre de Antonia, de la pobre Antonia, de tu santa +madre. Esta sangre es agua de bautismo. Esta sangre es la redentora. +Sólo la sangre de tu madre, Joaquina, puede salvar a tus hijos, a +nuestros nietos. Esa es la sangre sin mancha que puede redimirlos. + +»Y que no vea nunca ella, Antonia, esta _Confesión_; que no la vea. Que +se vaya de este mundo, si me sobrevive, sin haber más que vislumbrado +nuestro misterio de iniquidad.» + +Los novios comprendiéronse muy pronto y se cobraron cariño. En íntimas +conversaciones conociéronse sendas víctimas de sus hogares, de dos +ámbitos tristes, de frívola impasibilidad el uno, de helada pasión +oculta el otro. Buscaron su apoyo en Antonia, en la madre de ella. +Tenían que encender un hogar, un verdadero hogar, un nido de amor +sereno que vive de sí mismo, que no espía los otros amores, un castillo +de soledad amorosa, y unir en él a las dos desgraciadas familias. Le +harían ver a Abel, al pintor, que la vida íntima del hogar es la +sustancia imperecedera de que no es sino resplandor, cuando no sombra, +el arte; a Helena, que la juventud perpetua está en el alma que sabe +hundirse en la corriente viva del linaje, en el alma de la familia; a +Joaquín, que nuestro nombre se pierde con nuestra sangre, pero para +recobrarse en los nombres y en las sangres de los que las mezclan a los +nuestros; a Antonia no le tenían que hacerle ver nada, porque era una +mujer nacida para vivir y revivir en la dulzura de la costumbre. + +Joaquín sentía renacerse. Hablaba con emoción de cariño de su antiguo +amigo, de Abel, y llegó a confesar que fué una fortuna que le quitase +toda esperanza respecto a Helena. + +--Pues bien--le decía una vez a solas a su hija;--ahora que todo parece +tomar otro cauce, te lo diré. Yo quería a Helena, o por lo menos creía +quererla y la solicité sin conseguir nada de ella. Porque, eso sí, la +verdad, jamás me dió la menor esperanza. Y entonces le presenté a Abel, +al que será tu suegro... tu otro padre, y al punto se entendieron. Lo +que tomé yo por un menosprecio, una ofensa... Qué derecho tenía yo a +ella? + +--Es verdad eso, pero así sois los hombres. + +--Tienes razón, hija mía, tienes razón. He vivido como loco, rumiando +esa que estimaba una ofensa, una traición... + +--Nada más, papá? + +--Cómo nada más? + +--No había más que eso, nada más? + +--Que yo sepa... no! + +Y al decirlo, el pobre hombre se cerraba los ojos hacia adentro y no +lograba contener al corazón. + +--Ahora os casaréis--continuó--y viviréis conmigo, sí, viviréis conmigo, +y haré de tu marido, de mi nuevo hijo, un gran médico, un artista de la +Medicina, todo un artista, que pueda igualar siquiera la gloria de su +padre. + +--Y él escribirá, papá, tu obra, pues así me lo ha dicho. + +--Sí, la que yo no he podido escribir... + +--Me ha dicho que en tu carrera, en la práctica de la Medicina, tienes +cosas geniales y que has hecho, descubrimientos... + +--Aduladores! + +--No, así me ha dicho. Y que como no se te conoce, y al no conocerte no +se te estima en todo lo que vales, que quiere escribir ese libro para +darte a conocer. + +--A buena hora... + +--Nunca es tarde si la dicha es buena. + +--Ay, hija mía, si en vez de haberme somormujado en esto de la +clientela, en esta maldita práctica de la profesión que ni deja respirar +libre ni aprender... si en vez de eso me hubiese dedicado a la ciencia +pura, a la investigación...! Eso que ha descubierto el doctor Alvarez y +García y por lo que tanto le bombean, lo habría descubierto antes yo, +yo, tu padre, yo lo habría descubierto, pues estuve a punto de ello. +Pero esto de ponerse a trabajar para ganarse la vida... + +--Sin embargo, no necesitábamos de ello. + +--Sí, pero... Y además, qué sé yo... Mas todo eso ha pasado y ahora +comienza vida nueva. Ahora voy a dejar la clientela... + +--De veras? + +--Sí, voy a dejársela al que va a ser tu marido, bajo mi alta +inspección, por supuesto. Lo guiaré, y yo a mis cosas! Y viviremos todos +juntos, y será otra vida... otra vida... Empezaré a vivir; seré otro... +otro... otro... + +--Ay, papá, qué gusto! Cómo me alegra oirte hablar así. Al cabo! + +--Qué te alegra oirme decir que seré otro? + +La hija le miró a los ojos al oir el tono de lo que había debajo de su +voz. + +--Te alegra oirme decir que seré otro?--volvió a preguntar el padre. + +--Sí, papá, me alegra! + +--Es decir que el otro, que el otro, el que soy, te parece mal? + +--Y a ti, papá?--le preguntó a su vez, resueltamente, la hija. + +--Tápame la boca!--gimió él. + +Y se la tapó con un beso. + + + + +XXX + + +--Ya te figurarás a lo que vengo--le dijo Abel a Joaquín apenas se +encontraron a solas en el despacho de éste. + +--Sí, lo sé. Tu hijo me ha anunciado tu visita. + +--Mi hijo y pronto tuyo, de los dos. Y no sabes bien cuánto me alegro! +Es como debía acabar nuestra amistad. Y mi hijo es ya casi tuyo; te +quiere ya como a padre, no sólo como a maestro. Estoy por decir que te +quiere más que a mí... + +--Hombre... no... no... no digas así. + +--Y qué? Crees que tengo celos? No, no soy celoso. Y mira, Joaquín, si +entre nosotros había algo... + +--No sigas por ahí, Abel, te lo ruego, no sigas... + +--Es preciso. Ahora que van a unirse nuestras sangres, ahora que mi hijo +va a serlo tuyo y mía tu hija, tenemos que hablar de esa vieja cuenta, +tenemos que ser absolutamente sinceros. + +--No, no, de ningún modo, y si hablas de ella, me voy! + +--Bien, sea! Pero no creas que olvido, no lo olvidaré nunca, tu discurso +aquel cuando lo del cuadro. + +--Tampoco quiero que hables de eso. + +--Pues de qué? + +--Nada de lo pasado, nada! Hablemos sólo del porvenir... + +--Pues si tú y yo, a nuestra edad, no hablamos del pasado, de que vamos +a hablar? Si nosotros no tenemos ya más que pasado! + +--No digas eso!--casi gritó Joaquín. + +--Nosotros ya no podemos vivir más que de recuerdos! + +--Cállate, Abel, cállate! + +--Y si te he de decir la verdad, vale más vivir de recuerdos que de +esperanzas. Al fin, ellos fueron y de éstas no se sabe si serán. + +--No, no, recuerdos, no! + +--En todo caso, hablemos de nuestros hijos, que son nuestras esperanzas. + +--Eso sí! + +--De ellos y no de nosotros, de ellos, de nuestros hijos... + +--Él tendrá en ti un maestro y un padre... + +--Sí, pienso dejarle mi clientela, es decir, la que quiera tomarlo, que +ya la he preparado para eso. Le ayudaré en los casos graves. + +--Gracias, gracias. + +--Eso además de la dote que doy a Joaquina. Pero vivirán conmigo. + +--Eso me ha dicho mi hijo. Yo, sin embargo, creo que deben poner casa; +el casado, casa quiere. + +--No, no puedo separarme de mi hija. + +--Y nosotros de nuestro hijo, sí, eh? + +--Más separados que estáis de él... Un hombre apenas vive en casa; una +mujer apenas sale de ella. Necesito a mi hija. + +--Sea. Ya ves si soy complaciente. + +--Y más que esta casa será la vuestra, la tuya, la de Helena... + +--Gracias por la hospitalidad. Eso se entiende. + +Después de una larga entrevista en que convinieron todo lo atañedero al +establecimiento de sus hijos, al ir a separarse Abel, mirándole a +Joaquín a los ojos, con mirada franca, le tendió la mano, y sacando la +voz de las entrañas de su común infancia le dijo: «Joaquín!» +Asomáronsele a éste las lágrimas a los ojos al cojer aquella mano. + +--No te había visto llorar desde que fuimos niños, Joaquín. + +--No volveremos a serlo, Abel. + +--Sí, y es lo peor. + +Se separaron. + + + + +XXXI + + +Con el casamiento de su hija pareció entrar el sol, un sol de ocaso de +otoño, en el hogar antes frío de Joaquín, y éste empezar a vivir de +veras. Fué dejándole al yerno su clientela, aunque acudiendo, como en +consulta, en los casos graves y repitiendo que era bajo su dirección +como aquél ejercía. + +Abelín, con las notas de su suegro, a quien llamaba su padre, tuteándole +ya, y con sus ampliaciones y explicaciones verbales, iba componiendo la +obra en que se recojía la ciencia médica del doctor Joaquín Monegro, y +con un acento de veneración admirativa que el mismo Joaquín no habría +podido darle. «Era mejor, sí--pensaba éste--era mucho mejor que +escribiese otro aquella obra, como fué Platón quien expuso la doctrina +socrática.» No era él mismo quien podía, con toda libertad de ánimo y +sin que ello pareciese no ya presuntuoso, mas un esfuerzo para violentar +el aplauso de la posteridad, que se estimaba no conseguible; no era él +quien podía exaltar su saber y su pericia. Reservaba su actividad +literaria para otros empeños. + +Fué entonces, en efecto, cuando empezó a escribir su _Confesión_, que +así la llamaba, dedicada a su hija y para que ésta la abriese luego que +él hubiese muerto, y que era el relato de su lucha íntima con la pasión +que fué su vida, con aquel demonio con quien peleó casi desde el albor +de su mente dueña de sí hasta entonces, hasta cuando lo escribía. Esta +confesión se decía dirigida a su hija, pero tan penetrado estaba él del +profundo valor trágico de su vida de pasión y de la pasión de su vida, +que acariciaba la esperanza de que un día su hija o sus nietos la dieran +al mundo, para que éste se sobrecojiera de admiración y de espanto ante +aquel héroe de la angustia tenebrosa que pasó sin que le conocieran en +todo su fondo los que con él convivieron. Porque Joaquín se creía un +espíritu de excepción, y como tal torturado y más capaz de dolor que los +otros, un alma señalada al nacer por Dios con la señal de los grandes +predestinados. + +«Mi vida, hija mía--escribía en la _Confesión_,--ha sido un arder +continuo, pero no la habría cambiado por la de otro. He odiado como +nadie, como ningún otro ha sabido odiar, pero es que he sentido más que +los otros la suprema injusticia de los cariños del mundo y de los +favores de la fortuna. No, no, aquello que hicieron conmigo los padres +de tu marido no fué humano ni noble; fué infame, pero fué peor, mucho +peor, lo que me hicieron todos, todos los que encontré desde que, niño +aún y lleno de confianza, busqué el apoyo y el amor de mis semejantes. +Por qué me rechazaban? Por qué me acojían fríamente y como obligados a +ello? Por qué preferían al lijero, al inconstante, al egoísta? Todos, +todos me amargaron la vida. Y comprendí que el mundo es naturalmente +injusto y que yo no había nacido entre los míos. Esta fué mi desgracia, +no haber nacido entre los míos. La baja mezquindad, la vil ramplonería +de los que me rodeaban, me perdió.» + +Y a la vez que escribía esta _Confesión_, preparaba, por si ésta +marrase, otra obra que sería la puerta de entrada de su nombre en el +panteón de los ingenios inmortales de su pueblo y casta. Titularíase +_Memorias de un médico viejo_ y sería la mies del saber de mundo, de +pasiones, de vida, de tristezas y alegrías, hasta de crímenes ocultos, +que había cosechado de la práctica de su profesión de médico. Un espejo +de la vida, pero de las entrañas, y de las más negras, de ésta; una +bajada a las simas de la vileza humana; un libro de alta literatura y de +filosofía acibarada a la vez. Allí pondría toda su alma sin hablar de sí +mismo; allí, para desnudar las almas de los otros, desnudaría la suya; +allí se vengaría del mundo vil en que había tenido que vivir. Y las +gentes, al verse así, al desnudo, admirarían primero y quedarían +agradecidas después al que las desnudó. Y allí, cambiando los nombres a +guisa de ficción, haría el retrato que para siempre habría de quedar de +Abel y de Helena. Y su retrato valdría por todos los que Abel pintara. Y +se regodeaba a solas pensando que si él acertaba aquel retrato literario +de Abel Sánchez, le habría de inmortalizar a éste más que todos sus +propios cuadros, cuando los comentaristas y eruditos del porvenir +llegasen a descubrir, bajo el débil velo de la ficción, al personaje +histórico. «Sí, Abel, sí--se decía Joaquín a sí mismo--la mayor +coyuntura que tienes de lograr eso por lo que tanto has luchado, por lo +único que has luchado, por lo único que te preocupa, por lo que me +despreciaste siempre o, aun peor, no hiciste caso de mí, la mayor +coyuntura que tienes de perpetuarte en la memoria de los venideros, no +son tus cuadros, no! sino es que yo acierte a pintarte con mi pluma tal +y como eres. Y acertaré, acertaré, porque te conozco, porque te he +sufrido, porque has pesado toda mi vida sobre mí. Te pondré para siempre +en el rollo, y no serás Abel Sánchez, no, sino el nombre que yo te dé. +Y cuando se hable de ti como pintor de tus cuadros, dirán las gentes: +«Ah, sí, el de Joaquín Monegro!» Porque serás de este modo mío, mío, y +vivirás lo que mi obra viva, y tu nombre irá por los suelos, por el +fango, a rastras del mío, como van arrastrados por el Dante los que +colocó en el Infierno. Y serás la cifra del envidioso.» + +Del envidioso! Pues Joaquín dió en creer que toda la pasión que bajo su +aparente impasibilidad de egoísta animaba a Abel, era la envidia, la +envidia de él, a Joaquín, que por envidia le arrebatara de mozo el +afecto de los compañeros, que por envidia le quitó a Helena. Y cómo, +entonces, se dejó quitar el hijo? «Ah--se decía Joaquín,--es que él no +se cuida de su hijo, sino de su nombre, de su fama, no cree que vivirá +en las vidas de sus descendientes de carne, sino en las de los que +admiren sus cuadros, y me deja su hijo para mejor quedarse con su +gloria. Pero yo le desnudaré!» + +Inquietábale la edad a que emprendía la composición de esas _Memorias_, +entrado ya en los cincuenta y cinco años, pero, no había acaso empezado +Cervantes su _Quijote_ a los cincuenta y siete de su edad? Y se dió a +averiguar qué obras maestras escribieron sus autores después de haber +pasado la edad suya. Y a la par se sentía fuerte, dueño de su mente +toda, rico de experiencia, maduro de juicio y con su pasión, fermentada +en tantos años, contenida pero bullente. + +Ahora, para cumplir su obra, se contendría. Pobre Abel! La que le +esperaba...! Y empezó a sentir desprecio y compasión hacia él. Mirábale +como a un modelo y como a una víctima, y le observaba y le estudiaba. No +mucho, pues Abel iba poco, muy poco, a casa de su hijo. + +--Debe de andar muy ocupado tu padre--decía Joaquín a su yerno;--apenas +parece por aquí. Tendrá alguna queja? Le habremos ofendido yo, Antonia o +mi hija en algo? Lo sentiría... + +--No, no, papá--así le llamaba ya Abelín,--no es nada de eso. En casa +tampoco paraba. No te dije que no le importa nada más que sus cosas? Y +sus cosas son las de su arte y qué sé yo... + +--No, hijo, no, exageras... algo más habrá... + +--No, no hay más. + +Y Joaquín insistía para oir la misma versión. + +--Y Abel, cómo no viene?--le preguntaba a Helena. + +--Bah, él es así con todos!--respondía ésta. + +Ella, Helena, sí solía ir a casa de su nuera. + + + + +XXXII + + +--Pero dime--le decía un día Joaquín a su yerno--cómo no se le ocurrió a +tu padre nunca inclinarte a la pintura? + +--No me ha gustado nunca... + +--No importa; parecía lo natural que él quisiera iniciarte en su arte... + +--Pues, no, sino que antes más bien le molestaba que yo me interesase en +él. Jamás me animó a que cuando niño hiciera lo que es natural en niños, +figuras y dibujos. + +--Es raro... es raro...--murmuraba Joaquín.--Pero... + +Abel sentía desasosiego al ver la expresión del rostro de su suegro, el +lívido fulgor de sus ojos. Sentíase que algo le escarabajeaba dentro, +algo doloroso y que deseaba echar fuera; algún veneno sin duda. Siguióse +a esas últimas palabras un silencio cargado de acre amargura. Y lo +rompió Joaquín diciendo: + +--No me explico que no quisiese dedicarte a pintor... + +--No, no quería que fuese lo que él... + +Siguióse otro silencio, que volvió a romper, como con pesar, Joaquín, +exclamando como quien se decide a una confesión: + +--Pues sí, lo comprendo! + +Abel tembló, sin saber a punto cierto por qué, al oir el tono y timbre +con que su suegro pronunció esas palabras. + +--Pues...?--interrogó el yerno. + +--No... nada...--Y el otro pareció recojerse en sí. + +--Dímelo!--suplicó el yerno, que por ruego de Joaquín ya le tuteaba como +a padre amigo--amigo y cómplice!--aunque temblaba de oir lo que pedía +que se le dijese. + +--No; no, no quiero que digas luego... + +--Pues eso es peor, padre, que decírmelo, sea lo que fuere. Además, que +creo adivinarlo... + +--Qué?--preguntó el suegro, atravesándole los ojos con la mirada. + +--Que acaso temiese que yo con el tiempo eclipsara su gloria... + +--Sí--añadió con reconcentrada voz Joaquín,--sí, eso! Abel Sánchez hijo, +o Abel Sánchez el Joven! Y que luego se le recordase a él como tu padre +y no a ti como a su hijo. Es tragedia que se ha visto más de una vez +dentro de las familias... Eso de que un hijo haga sombra a su padre... + +--Pero eso es...--dijo el yerno, por decir algo. + +--Eso es envidia, hijo, nada más que envidia. + +--Envidia de un hijo...! Y un padre! + +--Sí, y la más natural. La envidia no puede ser entre personas que no se +conocen apenas. No se envidia al de otras tierras ni al de otros +tiempos. No se envidia al forastero, sino los del mismo pueblo entre sí; +no al de más edad, al de otra generación, sino al contemporáneo, al +camarada. Y la mayor envidia entre hermanos. Por algo es la leyenda de +Caín y Abel... Los celos más terribles, tenlo por seguro, han de ser los +de uno que cree que su hermano pone ojos en su mujer, en la cuñada... Y +entre padres e hijos... + +--Pero y la diferencia de edad en este caso? + +--No importa! Eso de que nos llegue a oscurecer aquel a quien hicimos... + +--Y del maestro al discípulo?--preguntó Abel. + +Joaquín se calló, clavó un momento su vista en el suelo, bajo el que +adivinaba la tierra, y luego añadió, como hablando con ella, con la +tierra: + +--Decididamente, la envidia es una forma de parentesco. + +Y luego: + +--Pero hablemos de otra cosa, y todo esto, hijo, como si no lo hubiese +dicho. Lo has oído? + +--No! + +--Cómo que no?... + +--Que no he oído lo que antes dijiste. + +--Ojalá no lo hubiese oído yo tampoco!--y la voz le lloraba. + + + + +XXXIII + + +Solía ir Helena a casa de su nuera, de sus hijos, para introducir un +poco de gusto más fino, de mayor elegancia, en aquel hogar de burgueses +sin distinción, para corregir--así lo creía ella--los defectos de la +educación de la pobre Joaquina, criada por aquel padre lleno de una +soberbia sin fundamento y por aquella pobre madre que había tenido que +cargar con el hombre que otra desdeñó. Y cada día dictaba alguna lección +de buen tono y de escojidas maneras. + +--Bien, como quieras!--solía decirle Antonia. + +Y Joaquina, aunque recomiéndose, resignábase. Pero dispuesta a +rebelarse un día. Y si no lo hizo fué por los ruegos de su marido. + +--Como usted quiera, señora--le dijo una vez y recalcando el _usted_, +que no habían logrado lo dejase al hablarle;--yo no entiendo de esas +cosas ni me importa. En todo eso se hará su gusto... + +--Pero si no es mi gusto, hija, si es... + +--Lo mismo da! Yo me he criado en la casa de un médico, que es ésta, y +cuando se trate de higiene, de salubridad, y luego que nos llegue el +hijo, de criarle, sé lo que he de hacer, pero ahora, en estas cosas que +llama usted de gusto, de distinción, me someto a quien se ha formado en +casa de un artista. + +--Pero no te pongas así, chicuela... + +--No, si no me pongo. Es que siempre nos está usted echando en cara que +si esto no se hace así, que si se hace asá. Después de todo no vamos a +dar saraos ni tés danzantes. + +--No sé de dónde te ha venido, hija, ese fingido desprecio, fingido, sí, +fingido, lo repito, fingido... + +--Pero si yo no he dicho nada, señora... + +--Ese fingido desprecio a las buenas formas, a las conveniencias +sociales. Aviados estaríamos sin ellas...! No se podría vivir! + +Como a Joaquina le habían recomendado su padre y su marido que se +pasease, que airease y solease la sangre que iba dando al hijo que +vendría, y como ellos no podían siempre acompañarla, y Antonia no +gustaba de salir de casa, escoltábala Helena, su suegra. Y se complacía +en ello, en llevarla al lado como a una hermana menor, pues por tal la +tomaban los que no las conocían, en hacerle sombra con su espléndida +hermosura casi intacta por los años. A su lado su nuera se borraba a los +ojos precipitados de los transeuntes. El encanto de Joaquina era para +paladeado lentamente por los ojos, mientras que Helena se ataviaba para +barrer las miradas de los distraídos. «Me quedo con la madre!»--oyó que +una vez decía un mocetón, a modo de chicoleo, cuando al pasar ellas le +oyó que llamaba _hija_ a Joaquina, y respiró más fuerte, humedeciéndose +con la punta de la lengua los labios. + +--Mira, hija--solía decirle a Joaquina,--haz lo más por disimular tu +estado, es muy feo eso de que se conozca que una muchacha está +encinta... es así como una petulancia... + +--Lo que yo hago, madre, es andar cómoda y no cuidarme de lo que crean o +no crean... Aunque estoy en lo que los cursis llaman estado interesante, +no me hago la tal como otras se habrán hecho y se hacen. No me preocupo +de esas cosas. + +--Pues hay que preocuparse; se vive en el mundo. + +--Y qué más da que lo conozcan...? O es que no le gusta a usted, madre, +que sepan que va para abuela?--añadió con sorna. + +Helena se escocía al oir la palabra odiosa: abuela, pero se contuvo. + +--Pues mira, lo que es por edad...--dijo, picada. + +--Sí, por edad podía usted ser madre de nuevo--repuso la nuera, +hiriéndola en lo vivo. + +--Claro, claro...--dijo Helena, sofocada y sorprendida, inerme por el +brusco ataque.--Pero eso de que se te queden mirando... + +--No; esté tranquila, pues a usted es más bien a la que miran. Se +acuerdan de aquel magnífico retrato, de aquella obra de arte... + +--Pues yo en tu caso...--empezó la suegra. + +--Usted en mi caso, madre, y si pudiese acompañarme en mi estado mismo, +entonces? + +--Mira, niña, si sigues así nos volvemos en seguida y no vuelvo a salir +contigo ni a pisar tu casa... es decir, la de tu padre. + +--La mía, señora, la mía, y la de mi marido y la de usted...! + +--Pero de dónde has sacado ese geniecillo, niña? + +--Geniecillo? Ah, sí, el genio es de otros! + +--Miren, miren la mosquita muerta... la que se iba a ir monja antes de +que su padre le pescase a mi hijo... + +--Le he dicho a usted ya, señora, que no vuelva a mentarme eso. Yo sé lo +que me hice. + +--Y mi hijo también. + +--Sí, sabe también lo que se hizo, y no hablemos más de ello. + + + + +XXXIV + + +Y vino al mundo el hijo de Abelín y de Joaquina, en quien se mezclaron +las sangres de Abel Sánchez y de Joaquín Monegro. + +La primer batalla fué la del nombre que había de ponérsele; su madre +quería que Joaquín; Helena, que Abel, y Abel, su hijo Abelín y Antonia, +remitieron la decisión a Joaquín, que sería quien le diese nombre. Y fué +un combate en el alma de Monegro. Un acto tan sencillo como es dar +nombre a un hombre nuevo, tomaba para él tamaño de algo agorero, de un +sortilegio fatídico. Era como si se decidiera el porvenir del nuevo +espíritu. + +«Joaquín--se decía éste,--Joaquín, sí, como yo, y luego será Joaquín S. +Monegro y hasta borrará la ese, la ese a que se le reducirá ese odioso +Sánchez, y desaparecerá su nombre, el de su hijo, y su linaje quedará +anegado en el mío... Pero no, es mejor que sea Abel Monegro. Abel S. +Monegro, y se redima así el Abel? Abel es su abuelo, pero Abel es +también su padre, mi yerno, mi hijo, que es ya mío, un Abel mío, que he +hecho yo. Y qué más da que se llame Abel si él, el otro, su otro abuelo, +no será Abel ni nadie le conocerá por tal, sino será como yo le llame en +las _Memorias_, con el nombre con que le marque en la frente con fuego? +Pero no...» + +Y, mientras, así dudaba, fué Abel Sánchez, el pintor, quien decidió la +cuestión, diciendo: + +--Que se llame Joaquín. Abel el abuelo, Abel el padre, Abel el hijo, +tres Abeles... son muchos! Además, no me gusta, es nombre de víctima... + +--Pues bien dejaste ponérselo a tu hijo--objetó Helena. + +--Sí, fué un empeño tuyo, y por no oponerme... Pero figúrate que en vez +de haberse dedicado a médico se dedica a pintor, pues... Abel Sánchez +el Viejo y Abel Sánchez el Joven... + +--Y Abel Sánchez no puede haber más que uno--añadió Joaquín, +sotorriéndose. + +--Por mí que haya ciento--replicó aquél. Yo siempre he de ser yo. + +--Y quién lo duda?--dijo su amigo. + +--Nada, nada, que le llamen Joaquín, decidido! + +--Y que no se dedique a la pintura, eh? + +--Ni a la medicina!--concluyó Abel, fingiendo seguir la fingida broma. + +Y Joaquín se llamó el niño. + + + + +XXXV + + +Tomaba al niño su abuela Antonia, que era quien le cuidaba, y +apechugándolo como para ampararlo y cual si presintiese alguna +desgracia, le decía: «Duerme, hijo mío, duerme, que cuanto más duermas, +mejor. Así crecerás sano y fuerte. Y luego también, mejor dormido que +despierto, sobre todo en esta casa. Qué va a ser de ti? Dios quiera que +no riñan en ti tus dos sangres!» Y dormido el niño, ella, teniéndole en +brazos, rezaba y rezaba. + +Y el niño crecía a la par que la _Confesión_ y las _Memorias_ de su +abuelo de madre y que la fama de pintor de su abuelo de padre. Pues +nunca fué más grande la reputación de Abel que en este tiempo. El cual, +por su parte, parecía preocuparse muy poco de toda otra cosa que no +fuese su reputación. + +Una vez se fijó más intensamente en el nietecillo, y fué que al verle +una mañana dormido exclamó: «Qué precioso apunte!» Y tomando un álbum se +puso a hacer un bosquejo a lápiz del niño dormido. + +---Qué lástima--exclamó--no tener aquí mi paleta y mis colores! Ese +juego de la luz en la mejilla, que parece como de melocotón, es +encantador. Y el color del pelo! Si parecen rayos del sol los rizos! + +--Y luego--le dijo Joaquín,--cómo le llamarías al cuadro? Inocencia? + +--Eso de poner títulos a los cuadros se queda para los literatos, como +para los médicos el poner nombres a las enfermedades, aunque no se +curen. + +--Y quién te ha dicho, Abel, que sea lo propio de la medicina curar las +enfermedades? + +--Entonces, qué es? + +--Conocerlas. El fin de la ciencia es conocer. + +--Yo creí que conocer para curar. De qué nos serviría haber probado del +fruto de la ciencia del bien y del mal si no era para librarnos de éste? + +--Y el fin del arte, cuál es? Cuál es el fin de ese dibujo de nuestro +nieto que acabas de hacer? + +--Eso tiene su fin en sí. Es una cosa bonita y basta. + +--Qué es lo bonito? Tu dibujo o nuestro nieto? + +--Los dos! + +--Acaso crees que tu dibujo es más hermoso que él, que Joaquinito? + +--Ya estás en las tuyas! Joaquín! Joaquín! + +Y vino Antonia, la abuela, y cojió al niño de la cuna y se lo llevó como +para defenderlo de uno y de otro abuelo. Y le decía: «Ay, hijo, hijito, +hijo mío, corderito de Dios, sol de la casa, angelito sin culpa, que no +te retraten, que no te curen! No seas modelo de pintor, no seas enfermo +de médico... Déjales, déjales con su arte y con su ciencia y vente con +tu abuelita, tú, vida, vida, vidita, vidita mía! Tú eres mi vida; tú +eres nuestra vida; tú eres el sol de esta casa. Yo te enseñaré a rezar +por tus abuelos y Dios te oirá. Vente conmigo, vidita, vida, corderito +sin mancha, corderito de Dios!» Y no quiso Antonia ver el apunte de +Abel. + + + + +XXXVI + + +Joaquín seguía con su enfermiza ansiedad el crecimiento en cuerpo y en +espíritu de su nieto Joaquinito. A quién salía? A quién se parecía? De +qué sangre era? Sobre todo cuando empezó a balbucir. + +Desasosegábale al abuelo que el otro abuelo, Abel, desde que tuvo el +nieto, frecuentaba la casa de su hijo y hacía que le llevasen a la suya +el pequeñuelo. Aquel grandísimo egoísta--por tal le tenían su hijo y su +consuegro--parecía ablandarse de corazón y aun aniñarse ante el niño. +Solía ir a hacerle dibujos, lo que encantaba a la criatura. «_Abelito_, +santos!», le pedía. Y Abel no se cansaba de dibujarle perros, gatos, +caballos, toros, figuras humanas. Ya le pedía un jinete, ya dos chicos +haciendo cachetina, ya un niño corriendo de un perro que le sigue, y que +las escenas se repitiesen. + +--En mi vida he trabajado con más gusto--decía Abel;--esto, esto es arte +puro y lo demás... chanfaina! + +--Puedes hacer un álbum de dibujos para los niños--le dijo Joaquín. + +--No, así no tiene gracia, para los niños... no! Eso no sería arte +sino... + +--Pedagogía--dijo Joaquín. + +--Eso, sí, sea lo que fuere, pero arte no. Esto es arte, esto; estos +dibujos que dentro de media hora romperá nuestro nieto. + +--Y si yo los guardase?--preguntó Joaquín. + +--Guardarlos? Para qué? + +--Para tu gloria. He oído de no sé qué pintor de fama que se han +publicado los dibujos que les hacía, para divertirlos, a sus hijos, y +que son de lo mejor de él. + +--Yo no los hago para que los publiquen luego, entiendes? Y, en cuanto a +eso de la gloria, que es una de tus reticencias, Joaquín, sábete que no +se me da un comino de ella. + +--Hipócrita! Si es lo único que de veras te preocupa... + +--Lo único? Parece mentira que me lo digas ahora. Hoy lo que me preocupa +es este niño. Y será un gran artista! + +--Que herede tu genio, no? + +--Y el tuyo! + +El niño miraba sin comprender el duelo entre sus dos abuelos, pero +adivinando algo en sus actitudes. + +--Qué le pasa a mi padre?--preguntaba a Joaquín su yerno--que está +chocho con el nieto, él que apenas nunca me hizo caso? Ni recuerdo que +siendo yo niño me hiciese esos dibujos... + +--Es que vamos para viejos, hijo--le respondió Joaquín,--y la vejez +enseña mucho. + +--Y hasta el otro día, a no sé qué pregunta del niño, le vi llorar. Es +decir, le salieron las lágrimas. Las primeras que le he visto. + +--Bah! Eso es cardíaco! + +--Cómo? + +--Que tu padre está ya gastado por los años y el trabajo y por el +esfuerzo de la inspiración artística y por las emociones; que tiene muy +mermadas las reservas del corazón y que el mejor día... + +--Qué? + +--Os da, es decir, nos da un susto. Y me alegro que haya llegado ocasión +de decírtelo, aunque ya pensaba en ello. Adviérteselo a Helena, a tu +madre. + +--Sí, él se queja de fatiga, de disnea, será...? + +--Eso es. Me ha hecho que le reconozca sin saberlo tú y le he +reconocido. Necesita cuidado. + +Y así era que en cuanto se encrudecía el tiempo Abel se quedaba en casa +y hacía que le llevasen a ella al nieto, lo que amargaba para el día +todo al otro abuelo. «Me lo está mimando--se decía Joaquín--, quiere +arrebatarme su cariño; quiere ser el primero; quiere vengarse de lo de +su hijo. Sí, sí, es por venganza, nada más que por venganza. Quiere +quitarme este último consuelo. Vuelve a ser él, él, él, que me quitaba +los amigos cuando éramos mozos.» + +Y en tanto Abel le repetía al nietecito que quisiera mucho al abuelito +Joaquín. + +--Te quiero más a ti--le dijo una vez el nieto. + +--Pues no! No debes quererme a mí más; hay que querer a todos igual. +Primero a papá y mamá y luego a los abuelos y a todos lo mismo. El +abuelito Joaquín es muy bueno, te quiere mucho, te compra juguetes... + +--También tú me los compras... + +--Te cuenta cuentos... + +--Me gustan más los dibujos que tú me haces. Anda, píntame un toro y un +picador a caballo! + + + + +XXXVII + + +--Mira, Abel--le dijo solemnemente Joaquín, así que se encontraron +solos,--vengo a hablarte de una cosa grave, muy grave, de una cuestión +de vida o muerte. + +--De mi enfermedad? + +--No, pero si quieres de la mía. + +--De la tuya? + +--De la mía, sí! Vengo a hablarte de nuestro nieto. Y para no andar con +rodeos es menester que te vayas, que te alejes, que nos pierdas de +vista; te lo ruego, te lo suplico... + +--Yo? Pero estás loco, Joaquín? Y por qué? + +--El niño te quiere a ti más que a mí. Esto es claro. Yo no sé lo que +haces con él... no quiero saberlo... + +--Le aojaré o le daré algún bebedizo, sin duda... + +--No lo sé. Le haces esos dibujos, esos malditos dibujos, le entretienes +con las artes perversas de tu maldito arte... + +--Ah, pero eso también es malo? Tú no estás bueno, Joaquín. + +--Puede ser que no esté bueno, pero eso no importa ya. No estoy en edad +de curarme. Y si estoy malo debes respetarme. Mira, Abel, que me +amargaste la juventud, que me has perseguido la vida toda... + +--Yo? + +--Sí, tú, tú. + +--Pues lo ignoraba. + +--No finjas. Me has despreciado siempre... + +--Mira, si sigues así, me voy, porque me pones malo de verdad. Ya sabes +mejor que nadie, que no estoy para oir locuras de ese jaez. Vete a un +manicomio a que te curen o te cuiden y déjanos en paz. + +--Mira, Abel, que me quitaste, por humillarme, por rebajarme, a +Helena... + +--Y no has tenido a Antonia...? + +--No, no es por ella, no! Fué el desprecio, la afrenta, la burla. + +--Tú no estás bueno, te lo repito, Joaquín, no estás bueno... + +--Peor estás tú. + +--De salud del cuerpo, desde luego. Sé que no estoy para vivir mucho. + +--Demasiado... + +--Ah, pero me deseas la muerte? + +--No, Abel, no, no digo eso--y tomó Joaquín tono de quejumbrosa súplica, +diciéndole: Vete, vete de aquí, vete a vivir a otra parte, déjame con +él... no me lo quites... por lo que te queda... + +--Pues por lo que me queda, déjame con él. + +--No, que le envenenas con tus mañas, que le desapegas de mí, que le +enseñas a despreciarme... + +--Mentira, mentira y mentira! Jamás me ha oído ni me oirá nada en +desprestigio tuyo. + +--Sí, pero basta con lo que le engatusas. + +--Y crees tú que por irme yo, por quitarme yo de en medio habría de +quererte? Si a ti, Joaquín, aunque uno se proponga no puede quererte... +Si rechazas a la gente.... + +--Lo ves, lo ves... + +--Y si el niño no te quiere como tú quieres ser querido, con exclusión +de los demás o más que a ellos, es que presiente el peligro, es que +teme... + +--Y qué teme?--preguntó Joaquín, palideciendo. + +---El contagio de tu mala sangre. + +Levantóse entonces Joaquín, lívido, se fué a Abel y le puso las dos +manos, como dos garras, en el cuello, diciendo: Bandido! + +Mas al punto las soltó. Abel dió un grito, llevándose las manos al +pecho, suspiró un «Me muero!» y dió el último respiro. Joaquín se dijo: +«El ataque de angina; ya no hay remedio; se acabó!» + +En aquel momento oyó la voz del nieto que llamaba: «Abuelito! Abuelito!» +Joaquín se volvió: + +--A quién llamas? A qué abuelo llamas? A mí?--Y como el niño callara +lleno de estupor ante el misterio que veía:--Vamos, dí, a qué abuelo? A +mí? + +--No, al abuelito Abel. + +--A Abel? Ahí le tienes... muerto. Sabes lo que es eso? Muerto. + +Después de haber sostenido en la butaca en que murió el cuerpo de Abel, +se volvió Joaquín al nieto y con voz de otro mundo le dijo: + +--Muerto, sí! Y le he matado yo, yo, ha matado a Abel Caín, tu abuelo +Caín. Mátame ahora si quieres. Me quería robarte; quería quitarme tu +cariño. Y me lo ha quitado. Pero él tuvo la culpa; él. + +Y rompiendo a llorar, añadió: + +--Me quería robarte a ti, a ti, al único consuelo que le quedaba al +pobre Caín! No le dejarán a Caín nada? Ven acá, abrázame. + +El niño huyó sin comprender nada de aquello, como se huye de un loco. +Huyó llamando a Helena: abuela, abuela! + +--Le he matado, sí--continuó Joaquín solo;--pero él me estaba matando; +hace más de cuarenta años que me estaba matando. Me envenenó los caminos +de la vida con su alegría y con sus triunfos. Quería robarme el +nieto... + +Al oir pasos precipitados, volviendo Joaquín en sí, volvióse. Era +Helena, que entraba. + +--Qué pasa... qué sucede... qué dice el niño... + +--Que la enfermedad de tu marido ha tenido su fatal desenlace--dijo +Joaquín heladamente. + +--Y tú? + +--Yo no he podido hacer nada. En esto se llega siempre tarde. + +Helena le miró fijamente y le dijo: + +--Tú... tú has sido! + +Luego se fué, pálida y convulsa, pero sin perder su compostura, al +cuerpo de su marido. + + + + +XXXVIII + + +Pasó un año, en que Joaquín cayó en una honda melancolía. Abandonó sus +_Memorias_, evitaba ver a todo el mundo, incluso a sus hijos. La muerte +de Abel había aparecido el natural desenlace de su dolencia, conocida +por su hija, pero un espeso bochorno de misterio pesaba sobre la casa. +Helena encontró que el traje de luto la favorecía mucho y empezó a +vender los cuadros que de su marido le quedaban. Parecía tener cierta +aversión al nieto. Al cual le había nacido ya una hermanita. + +Postróle, al fin, una oscura enfermedad en el lecho. Y sintiéndose +morir, llamó un día a sus hijos, a su mujer, a Helena. + +--Os dijo verdad el niño--empezó diciendo,--yo le maté. + +--No digas esas cosas, padre--suplicó Abel, su yerno. + +--No es hora de interrupciones ni de embustes. Yo le maté. O como si yo +le hubiera matado, pues murió en mis manos... + +--Eso es otra cosa. + +--Se me murió teniéndole yo en mis manos, cojido del cuello. Aquello fué +como un sueño. Toda mi vida ha sido como un sueño. Por eso ha sido como +una de esas pesadillas dolorosas que nos caen encima poco antes de +despertar, al alba, entre el sueño y la vela. No he vivido ni dormido... +ojalá! ni despierto. No me acuerdo ya de mis padres, no quiero acordarme +de ellos y confío en que ya muertos me hayan olvidado. Me olvidará +también Dios? Sería lo mejor acaso, el eterno olvido. Olvidadme, hijos +míos! + +--Nunca!--exclamó Abel, yendo a besarle la mano. + +--Déjala! Estuvo en el cuello de tu padre al morirse éste. Déjala! Pero +no me dejéis. Rogad por mí. + +--Padre, padre!--suplicó la hija. + +--Por qué he sido tan envidioso, tan malo? Qué hice para ser así? Qué +leche mamé? Era un bebedizo de odio? Ha sido un bebedizo mi sangre? Por +qué nací en tierra de odios? En tierra en que el precepto parece ser: +«Odia a tu prójimo como a ti mismo.» Porque he vivido odiándome; porque +aquí todos vivimos odiándonos. Pero... traed al niño. + +--Padre! + +--Traed al niño! + +Y cuando el niño llegó le hizo acercarse: + +--Me perdonas?--le preguntó. + +--No hay de qué--dijo Abel. + +--Dí que sí, arrímate al abuelo--le dijo su madre. + +--Sí!--susurró el niño. + +--Dí claro, hijo mío, dí si me perdonas. + +--Sí. + +--Así, sólo de ti, sólo de ti, que no tienes todavía uso de razón, de ti +que eres inocente, necesito perdón. Y no olvides a tu abuelo Abel, al +que te hacía los dibujos. Le olvidarás? + +--No! + +--No, no le olvides, hijo mío, no le olvides. Y tú, Helena... + +Helena, la vista en el suelo, callaba. + +--Y tú, Helena... + +--Yo, Joaquín, te tengo hace tiempo perdonado. + +--No te pedía eso. Sólo quiero verte junto a Antonia. Antonia... + +La pobre mujer, henchidos de lágrimas los ojos, se echó sobre la cabeza +de su marido y como queriendo protegerla. + +--Tú has sido aquí la víctima. No pudiste curarme, no pudiste hacerme +bueno... + +--Pero si lo has sido, Joaquín... Has sufrido tanto!... + +--Sí, la tisis del alma. Y no pudiste hacerme bueno porque no te he +querido. + +--No digas eso! + +--Sí, lo digo, lo tengo que decir, y lo digo aquí, delante de todos. No +te he querido. Si te hubiera querido me había curado. No te he querido. +Y ahora me duele no haberte querido. Si pudiéramos volver a empezar... + +--Joaquín! Joaquín!--clamaba desde el destrozado corazón la pobre +mujer.--No digas esas cosas. Ten piedad de mí; ten piedad de tus hijos, +de tu nieto que te oye, y que, aunque parece no entenderte, acaso +mañana... + +--Por eso lo digo, por piedad. No, no te he querido; no he querido +quererte. Si volviésemos a empezar! Ahora, ahora es cuando... + +No le dejó acabar su mujer, tapándole la moribunda con su boca y como si +quisiera recojer en el propio su último aliento. + +--Esto te salva, Joaquín. + +--Salvarme? Y a qué llamas salvarse? + +--Aun puedes vivir unos años, si lo quieres. + +--Para qué? Para llegar a viejo? A la verdadera vejez? No; la vejez, no! +La vejez egoísta no es más que una infancia en que hay conciencia de la +muerte. El viejo es un niño que sabe que ha de morir. No, no quiero +llegar a viejo. Reñiría con los nietos por celos, les odiaría... No, +no... basta de odio! Pude quererte, debí quererte, que habría sido mi +salvación, y no te quise. + +Calló. No quiso o no pudo proseguir. Besó a los suyos. Horas después +rendía su último cansado respiro. + + + + +OBRAS DEL MISMO AUTOR + +EDITADAS POR LA BIBLIOTECA + +RENACIMIENTO + + + Ptas. + + Por tierras de Portugal y España 3,50 + + Soliloquios y conversaciones 3,50 + + Contra esto y aquello 3,50 + + Del sentimiento trágico de la vida 3,50 + + Vida de Don Quijote y Sancho 4,00 + + Niebla, _novela_ 3,50 + + Recuerdos de niñez y de mocedad 3,00 + + Poesías 3,00 + + De mi país 2,00 + + Rosario de sonetos líricos 3,00 + + El espejo de la muerte, _novelas_ 1,00 + + Abel Sánchez 3,50 + + +UNAMUNO Y GANIVET + + El porvenir de España 2,00 + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Abel Sánchez, by Miguel De Unamuno + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44512 *** diff --git a/44512-h/44512-h.htm b/44512-h/44512-h.htm new file mode 100644 index 0000000..9f618b4 --- /dev/null +++ b/44512-h/44512-h.htm @@ -0,0 +1,6246 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=UTF-8" /> + <meta http-equiv="Content-Style-Type" content="text/css" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of Abel Sánchez, by Miguel de Unamuno. + </title> + <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> + <style type="text/css"> + +body { + margin-left: 10%; + margin-right: 10%; +} + + h1,h2{ + text-align: center; /* all headings centered */ + clear: both; + line-height: 2; +} + +h1 {margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} + +h2 {margin-top: 4em; margin-bottom: 2em;} + + +p { + margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + } + + .p6 {margin-top: 6em;} + .ht {page-break-after: always;} + +hr { + width: 33%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: auto; + margin-right: auto; + clear: both; +} + +hr.tb {width: 5%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} +hr.chap {width: 15%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em; + page-break-after: always;} + + + +.pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ + /* visibility: hidden; */ + position: absolute; + left: 92%; + font-size: smaller; + text-align: right; + /* not bold */ + font-weight: normal; + /* not italic */ + font-style: normal; + /* not small cap */ + font-variant: normal; +} /* page numbers */ + + +.center {text-align: center;} +.large {font-size: large;} + + +/* Images */ +.figcenter6m {margin: auto; + text-align: center; + margin-top: 6em;} + + +/* Transcriber's notes */ +.box {margin: auto; + border: 1px solid; + padding: 1em; + background-color: #F0FFFF; + width: 25em;} + +table { + margin-left: auto; + margin-right: auto; + margin-top: 2em; +} + + .tdl {text-align: left; } + .tdr {text-align: right; vertical-align: top;} + +th {padding-top: 1em; padding-bottom: 1em; font-weight: normal;} + + +@media print +{ + + hr.tb + { + width: 5%; + margin-left: 47.5%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + } + + hr.chap + { + width: 15%; + margin-left: 42.5%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + } +} + +@media handheld +{ + body + { + margin: 0; + padding: 0; + width: 90%; + } + + .box + { + width: auto; + } + + hr.tb + { + width: 5%; + margin-left: 47.5%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + } + + hr.chap + { + width: 15%; + margin-left: 42.5%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + } + +} + </style> + </head> +<body> +<div>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44512 ***</div> + +<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/> + Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br /> + + Con la intención de conservar el texto original, signos de interrogación y exclamación no se usan al + principio de la mayoría de las preguntas y exclamaciones respectivamente.<br /><br /> + + Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/> +</p> + + + +<p class="p6 large center">ABEL SÁNCHEZ</p> + +<p class="large center ht">UNA HISTORIA DE PASIÓN</p> + + +<p class="center p6 ht">IMP. JOSÉ POVEDA.—PRÍNCIPE, 24.—MADRID</p> + + + + +<h1>ABEL SÁNCHEZ<br /> +UNA HISTORIA DE PASIÓN</h1> + +<p class="center">POR</p> +<p class="center large">MIGUEL DE UNAMUNO</p> + + + +<div class="figcenter6m"><img src="images/title.jpg" width="125" +height="141" alt="logo" title="" /></div> + + +<p class="p6 center ht">RENACIMIENTO<br /> +SAN MARCOS, 42<br /> +MADRID<br /> +1917</p> + + + +<h2>ABEL SÁNCHEZ<br /> + +UNA HISTORIA DE PASIÓN</h2> + + +<p>Al morir Joaquín Monegro encontróse +entre sus papeles una especie de +Memoria de la sombría pasión que le +hubo devorado en vida. Entremézclase +en este relato fragmentos tomados +de esa confesión—así lo rotuló—, y +que vienen a ser al modo de comentario +que se hacía Joaquín a sí mismo +de su propia dolencia. Esos fragmentos +van entrecomillados. La <b>Confesión</b> +iba dirigida a su hija.</p> + +<hr class="chap" /> + + + + +<h2>I</h2> + + +<p>No recordaban Abel Sánchez y Joaquín +Monegro desde cuándo se conocían. Eran conocidos +desde antes de la niñez, desde la primera +infancia, pues ya sus sendas nodrizas +se juntaban y los juntaban cuando aun ellos +no sabían hablar. Aprendió cada uno de ellos +a conocerse conociendo al otro. Y así vivieron +y se hicieron juntos amigos desde nacimiento +casi, más bien hermanos de crianza.</p> + +<p>En sus paseos, en sus juegos, en sus otras +amistades comunes, parecía dominar e iniciarlo +todo Joaquín, el más voluntarioso; +pero era Abel quien, pareciendo ceder, hacía +la suya siempre. Y es que le importaba más +<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span> +no obedecer que mandar. Casi nunca reñían. +«Por mí como tú quieras...!» le decía Abel a +Joaquín, y éste se exasperaba a las veces porque +con aquel «como tú quieras...!» esquivaba +las disputas.</p> + +<p>—Nunca me dices que no!—exclamaba +Joaquín.</p> + +<p>—Y para qué?—respondía el otro.</p> + +<p>—Bueno, este no quiere que vayamos al +Pinar—dijo una vez aquel cuando varios +compañeros se disponían a un paseo.</p> + +<p>—Yo? pues no he de quererlo...!—exclamó +Abel.—Sí, hombre, sí; como tú quieras. +Vamos allá!</p> + +<p>—No, como yo quiera, no! Ya te he dicho +otras veces que no! Como yo quiera no! Tú +no quieres ir!</p> + +<p>—Que sí, hombre...</p> + +<p>—Pues entonces no lo quiero yo...</p> + +<p>—Ni yo tampoco...</p> + +<p>—Eso no vale—gritó ya Joaquín.—O con +él o conmigo!</p> + +<p>Y todos se fueron con Abel, dejándole a +Joaquín solo.</p> + +<p>Al comentar éste en sus <i>Confesiones</i> tal<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> +suceso de la infancia, escribía: «Ya desde entonces +era él simpático, no sabía por qué, y +antipático yo, sin que se me alcanzara mejor +la causa de ello, y me dejaban solo. +Desde niño me aislaron mis amigos».</p> + +<p>Durante los estudios del bachillerato, que +siguieron juntos, Joaquín era el empollón, el +que iba a la caza de los premios, el primero +en las aulas y el primero Abel fuera de ellas, +en el patio del Instituto, en la calle, en el campo, +en los novillos, entre los compañeros. +Abel era el que hacía reir con sus gracias y, +sobre todo, obtenía triunfos de aplauso por +las caricaturas que de los catedráticos hacía. +«Joaquín es mucho más aplicado, pero Abel +es más listo... si se pusiera a estudiar...» Y +este juicio común de los compañeros, sabido +por Joaquín, no hacía sino envenenarle el corazón. +Llegó a sentir la tentación de descuidar +el estudio y tratar de vencer al otro en el +otro campo, pero diciéndose: «bah! qué saben +ellos...» siguió fiel a su propio natural. Además, +por más que procuraba aventajar al +otro en ingenio y donosura no lo conseguía. +Sus chistes no eran reídos y pasaba por ser<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> +fundamentalmente serio. «Tú eres fúnebre»—solía +decirle Federico Cuadrado—«tus chistes +son chistes de duelo».</p> + +<p>Concluyeron ambos el bachillerato. Abel +se dedicó a ser artista siguiendo el estudio de +la pintura y Joaquín se matriculó en la Facultad +de Medicina. Veíanse con frecuencia y +hablaba cada uno al otro de los progresos que +en sus respectivos estudios hacían, empeñándose +Joaquín en probarle a Abel que la Medicina +era también un arte y hasta un arte +bella, en que cabía inspiración poética. Otras +veces, en cambio, daba en menospreciar las +bellas artes, enervadoras del espíritu, exaltando +la ciencia, que es la que eleva, fortifica +y ensancha el espíritu con la verdad.</p> + +<p>—Pero es que la Medicina tampoco es ciencia—le +decía Abel.—No es sino un arte, una +práctica derivada de ciencias.</p> + +<p>—Es que yo no he de dedicarme al oficio +de curar enfermos—replicaba Joaquín.</p> + +<p>—Oficio muy honrado y muy útil...—añadía +el otro.</p> + +<p>—Sí, pero no para mí. Será todo lo honrado +y todo lo útil que quieras, pero detesto<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> +esa honradez y esa utilidad. Para otros el hacer +dinero tomando el pulso, mirando la lengua +y recetando cualquier cosa. Yo aspiro a +más.</p> + +<p>—A más?</p> + +<p>—Sí, yo aspiro a abrir nuevos caminos. +Pienso dedicarme a la investigación científica. +La gloria médica es de los que descubrieron +el secreto de alguna enfermedad y no +de los que aplicaron el descubrimiento con +mayor o menor fortuna.</p> + +<p>—Me gusta verte así, tan idealista.</p> + +<p>—Pues qué, ¿crees que sólo vosotros, los +artistas, los pintores, soñáis con la gloria?</p> + +<p>—Hombre, nadie te ha dicho que yo sueñe +con tal cosa...</p> + +<p>—Que no? pues por qué, si no, te has dedicado +a pintar?</p> + +<p>—Porque si se acierta es oficio que promete...</p> + +<p>—Que promete?</p> + +<p>—Vamos, sí, que da dinero.</p> + +<p>—A otro perro con ese hueso, Abel. Te conozco +desde que nacimos casi. A mí no me la +das. Te conozco.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p> + +<p>—Y he pretendido nunca engañarte?</p> + +<p>—No, pero tú engañas sin pretenderlo. Con +ese aire de no importarte nada, de tomar la +vida en juego, de dársete un comino de todo, +eres un terrible ambicioso...</p> + +<p>—Ambicioso yo?</p> + +<p>—Sí, ambicioso de gloria, de fama, de renombre... +Lo fuiste siempre, de nacimiento. +Sólo que solapadamente.</p> + +<p>—Pero ven acá, Joaquín, y dime: te disputé +nunca tus premios? no fuiste tú siempre +el primero en clase? el chico que promete?</p> + +<p>—Sí, pero el gallito, el niño mimado de los +compañeros tú...</p> + +<p>—Y qué iba yo a hacerle...?</p> + +<p>—Me querrás hacer creer que no buscabas +esa especie de popularidad...?</p> + +<p>—Haberla buscado tú...</p> + +<p>—Yo? yo? Desprecio a la masa!</p> + +<p>—Bueno, bueno, déjame de esas tonterías +y cúrate de ellas. Mejor será que me hables +otra vez de tu novia.</p> + +<p>—Novia?</p> + +<p>—Bueno, de esa tu primita que quieres +que lo sea.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p> + +<p>Porque Joaquín estaba queriendo forzar +el corazón de su prima Helena y había puesto +en su empeño amoroso todo el ahinco de su +ánimo reconcentrado y suspicaz. Y sus desahogos, +los inevitables y saludables desahogos +de enamorado en lucha, eran con su amigo +Abel.</p> + +<p>Y lo que Helena le hacía sufrir!</p> + +<p>—Cada vez la entiendo menos—solía decirle +a Abel.—Esa muchacha es para mí una +esfinge...</p> + +<p>—Ya sabes lo que decía Oscar Wilde, o +quien fuese, que toda mujer es una esfinge +sin secreto.</p> + +<p>—Pues Helena parece tenerlo. Debe de +querer a otro, aunque éste no lo sepa. Estoy +seguro de que quiere a otro.</p> + +<p>—Y por qué?</p> + +<p>—De otro modo no me explico su actitud +conmigo...</p> + +<p>—Es decir, que porque no quiere quererte +a ti... quererte para novio, que como primo +sí te querrá...</p> + +<p>—¡No te burles!</p> + +<p>—Bueno, pues porque no quiere quererte<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> +para novio, o más claro, para marido, tiene +que estar enamorada de otro? Bonita lógica!</p> + +<p>—Yo me entiendo!</p> + +<p>—Sí, y también yo te entiendo.</p> + +<p>—Tú?</p> + +<p>—No pretendes ser quien mejor me conoce? +Qué mucho, pues, que yo pretenda conocerte? +Nos conocimos a un tiempo.</p> + +<p>—Te digo que esa mujer me trae loco y me +hará perder la paciencia. Está jugando conmigo. +Si me hubiera dicho desde un principio +que no, bien estaba, pero tenerme así, diciendo +que lo verá, que lo pensará... Esas cosas +no se piensan... coqueta!</p> + +<p>—Es que te está estudiando.</p> + +<p>—Estudiándome a mí? Ella? Qué tengo +yo que estudiar? Qué puede ella estudiar?</p> + +<p>—Joaquín, Joaquín, te estás rebajando y +la estás rebajando...! O crees que no más +verte y oirte y saber que la quieres y ya debía +rendírsete?</p> + +<p>—Sí, siempre he sido antipático...</p> + +<p>—Vamos, hombre, no te pongas así...</p> + +<p>—Es que esa mujer está jugando conmigo! +Es que no es noble jugar así con un hom<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span>bre +como yo, franco, leal, abierto... Pero si +vieras qué hermosa está! Y cuanto más fría +y más desdeñosa se pone más hermosa. Hay +veces que no sé si la quiero o la aborrezco +más...! Quieres que te presente a ella...?</p> + +<p>—Hombre, si tú...</p> + +<p>—Bueno; os presentaré.</p> + +<p>—Y si ella quiere...</p> + +<p>—Qué?</p> + +<p>—Le haré un retrato.</p> + +<p>—Hombre, sí!</p> + +<p>Mas aquella noche durmió Joaquín mal +rumiando lo del retrato, pensando en que +Abel Sánchez, el simpático sin proponérselo, +el mimado del favor ajeno, iba a retratarle a +Helena.</p> + +<p>Qué saldría de allí? Encontraría también +Helena, como sus compañeros de ellos, más +simpático a Abel? Pensó negarse a la presentación, +mas como ya se la había prometido.</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>II</h2> + + +<p>—Qué tal te pareció mi prima?—le preguntaba +Joaquín a Abel al día siguiente de +habérsela presentado y propuesto a ella, a +Helena, lo del retrato, que acojió alborozada +de satisfacción.</p> + +<p>—Hombre, quieres la verdad?</p> + +<p>—La verdad siempre, Abel; si nos dijéramos +siempre la verdad, toda la verdad, esto +sería el paraíso.</p> + +<p>—Sí, y si se la dijera cada cual a sí mismo...</p> + +<p>—Bueno, pues la verdad!</p> + +<p>—La verdad es que tu prima y futura novia, +acaso esposa, Helena, me parece una +pava real... es decir, un pavo real hembra... +ya me entiendes...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p> + +<p>—Sí, te entiendo.</p> + +<p>—Como no sé expresarme bien más que +con el pincel...</p> + +<p>—Y vas a pintar la pava real, o el pavo +real hembra, haciendo la rueda acaso, con +su cola llena de ojos, su cabecita...</p> + +<p>—Para modelo, excelente! Excelente, chico! +Qué ojos! Qué boca! Esa boca carnosa y a +la vez fruncida... esos ojos que no miran... +Qué cuello! Y sobre todo qué color de tez! Si +no te incomodas...</p> + +<p>—Incomodarme yo?</p> + +<p>—Te diré que tiene un color como de india +brava, o mejor, de fiera indómita. Hay algo, +en el mejor sentido, de pantera en ella. Y +todo ello fríamente.</p> + +<p>—Y tan fríamente!</p> + +<p>—Nada, chico, que espero hacerte un retrato +estupendo.</p> + +<p>—A mí? Será a ella?</p> + +<p>—No, el retrato será para ti, aunque de +ella.</p> + +<p>—No, eso no, el retrato será para ella!</p> + +<p>—Bien, para los dos. Quién sabe... Acaso +con él os una.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span></p> + +<p>—Vamos, sí, que de retratista pasas a...</p> + +<p>—A lo que quieras, Joaquín, a celestino, +con tal de que dejes de sufrir así. Me duele +verte de esa manera.</p> + +<p>Empezaron las sesiones de pintura, reuniéndose +los tres. Helena se posaba en su +asiento solemne y fría, henchida de desdén, +como una diosa llevada por el destino. «Puedo +hablar?», preguntó al primer día, y Abel +le contestó: «Sí, puede usted hablar y moverse; +para mí es mejor que hable y se mueva, +porque así vive la fisonomía... Esto no es fotografía, +y además no la quiero hecha estatua...» +Y ella hablaba, hablaba, pero moviéndose +poco y estudiando la postura. Qué +hablaba? Ellos no lo sabían. Porque uno y +otro no hacían sino devorarla con los ojos; la +veían, no la oían hablar.</p> + +<p>Y ella hablaba, hablaba, por creer de +buena educación no estarse callada, y +hablaba zahiriendo a Joaquín cuanto podía.</p> + +<p>—Qué tal vas de clientela, primito?—le +preguntaba.</p> + +<p>—Tanto te importa eso?...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span></p> + +<p>—Pues no ha de importarme, hombre, +pues no ha de importarme...! Figúrate...</p> + +<p>—No, no me figuro.</p> + +<p>—Interesándote tú tanto como por mí te +interesas, no cumplo con menos que con interesarme +yo por ti. Y además, quién sabe...</p> + +<p>—Quién sabe, qué?</p> + +<p>—Bueno, dejen eso—interrumpía Abel;—no +hacen sino regañar.</p> + +<p>—Es lo natural—decía Helena—entre parientes... +Y además, dicen que así se empieza.</p> + +<p>—Se empieza, qué?—preguntó Joaquín.</p> + +<p>—Eso tú lo sabrás, primo, que tú has empezado.</p> + +<p>—Lo que voy a hacer es acabar!</p> + +<p>—Hay varios modos de acabar, primo.</p> + +<p>—Y varios de empezar.</p> + +<p>—Sin duda. Qué, me descompongo con +este floreteo, Abel?</p> + +<p>—No, no, todo lo contrario. Este floreteo, +como le llama, le da más expresión a la mirada +y al gesto. Pero...</p> + +<p>A los dos días tuteábanse ya Abel y Helena; +lo había querido así Joaquín. Quien al +tercer día faltó a una sesión.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span></p> + +<p>—A ver, a ver cómo va eso—dijo Helena +levantándose para ir a ver el retrato.</p> + +<p>—Qué te parece?</p> + +<p>—Yo no entiendo, y además no soy quien +mejor puede saber si se me parece o no.</p> + +<p>—Qué? No tienes espejo? No te has mirado +a él?</p> + +<p>—Sí, pero...</p> + +<p>—Pero qué...</p> + +<p>—Qué sé yo...</p> + +<p>—No te encuentras bastante guapa en +este espejo?</p> + +<p>—No seas adulón.</p> + +<p>—Bien, se lo preguntaremos a Joaquín.</p> + +<p>—No me hables de él, por favor. Qué +pelma!</p> + +<p>—Pues de él he de hablarte.</p> + +<p>—Entonces me marcho...</p> + +<p>—No, y oye. Está muy mal lo que estás +haciendo con ese chico.</p> + +<p>—¡Ah! ¿Pero ahora vienes a abogar por él? +Es esto del retrato un achaque.</p> + +<p>—Mira, Helena, no está bien que estés así, +jugando con tu primo. El es algo, vamos, +algo...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p> + +<p>—Sí, insoportable!</p> + +<p>—No, él es reconcentrado, altivo por dentro, +terco, lleno de sí mismo, pero es bueno, +honrado a carta cabal, inteligente, le espera +un brillante porvenir en su carrera, te quiere +con delirio...</p> + +<p>—Y si a pesar de todo eso no le quiero yo?</p> + +<p>—Pues debes entonces desengañarle.</p> + +<p>—Y poco que le he desengañado! Estoy +harta de decirle que me parece un buen chico, +pero que por eso, porque me parece un buen +chico, un excelente primo—y no quiero hacer +un chiste,—por eso no le quiero para novio +con lo que luego viene.</p> + +<p>—Pues él dice...</p> + +<p>—Si él te ha dicho otra cosa, no te ha dicho +la verdad, Abel. Es que voy a despedirle y +prohibirle que me hable siendo como es mi +primo? Primo! Qué gracia!</p> + +<p>—No te burles así.</p> + +<p>—Si es que no puedo...</p> + +<p>—Y él sospecha más, y es que se empeña +en creer que puesto que no quieres quererle +a él, estás en secreto enamorada de otro...</p> + +<p>—Eso te ha dicho?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span></p> + +<p>—Sí, eso me ha dicho.</p> + +<p>Helena se mordió los labios, se ruborizó y +calló un momento.</p> + +<p>—Sí, eso me ha dicho—repitió Abel, descansando +la diestra sobre el tiento que apoyaba +en el lienzo, y mirando fijamente a +Helena, como queriendo adivinar el sentido +de algún rasgo de su cara.</p> + +<p>—Pues si se empeña...</p> + +<p>-Qué...?</p> + +<p>—Que acabará por conseguir que me enamore +de algún otro...</p> + +<p>Aquella tarde no pintó ya más Abel. Y +salieron novios.</p><hr class="chap" /> + + + + + +<h2>III</h2> + + +<p>El éxito del retrato de Helena por Abel +fué clamoroso. Siempre había alguien contemplándolo +frente al escaparate en que fué +expuesto. «Ya tenemos un gran pintor más», +decían. Y ella, Helena, procuraba pasar +junto al lugar en que su retrato se exponía +para oir los comentarios y paseábase por las +calles de la ciudad como un inmortal retrato +viviente, como una obra de arte haciendo la +rueda. No había acaso nacido para eso?</p> + +<p>Joaquín apenas dormía.</p> + +<p>—Está peor que nunca—le dijo a Abel.—Ahora +es cuando juega conmigo. Me va a +matar!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span></p> + +<p>—Naturalmente! Se siente ya belleza profesional...</p> + +<p>—Sí, la has inmortalizado! Otra Joconda!</p> + +<p>—Pero tú, como médico, puedes alargarle +la vida...</p> + +<p>—O acortársela.</p> + +<p>—No te pongas así, trágico.</p> + +<p>—Y qué voy a hacer, Abel, qué voy a +hacer...?</p> + +<p>—Tener paciencia...</p> + +<p>—Además, me ha dicho cosas de donde +he sacado que le has contado lo de que la creo +enamorada de otro...</p> + +<p>—Fué por hacer tu causa...</p> + +<p>—Por hacer mi causa... Abel, Abel, tú estás +de acuerdo con ella... vosotros me engañáis...</p> + +<p>—Engañarte? En qué? Te ha prometido +algo?</p> + +<p>—Y a ti?</p> + +<p>—Es tu novia acaso?</p> + +<p>—Y es ya la tuya?</p> + +<p>Callóse Abel, mudándosele la color.</p> + +<p>—Lo ves?—exclamó Joaquín, balbuciente +y tembloroso.—Lo ves?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span></p> + +<p>—El qué?</p> + +<p>—Y lo negarás ahora? Tendrás cara para +negármelo?</p> + +<p>—Pues bien, Joaquín, somos amigos de +antes de conocernos, casi hermanos...</p> + +<p>—Y al hermano, puñalada trapera, no es +eso?</p> + +<p>—No te sulfures así; ten paciencia...</p> + +<p>—Paciencia? Y qué es mi vida sino continua +paciencia, continuo padecer?... Tú el +simpático, tú el festejado, tú el vencedor, tú +el artista... Y yo...</p> + +<p>Lágrimas que le reventaron en los ojos +cortáronle la palabra.</p> + +<p>—Y qué iba a hacer, Joaquín, qué querías +que hiciese...?</p> + +<p>—No haberla solicitado, pues que la quería +yo...!</p> + +<p>—Pero si ha sido ella, Joaquín, si ha sido +ella...</p> + +<p>—Claro, a ti, al artista, al afortunado, al +favorito de la fortuna, a ti son ellas las que +te solicitan. Ya la tienes, pues...</p> + +<p>—Me tiene ella, te digo.</p> + +<p>—Sí, ya te tiene la pava real, la belleza<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> +profesional, la Joconda... Serás su pintor... +La pintarás en todas posturas y en todas +formas, a todas las luces, vestida y sin vestir...</p> + +<p>—Joaquín!</p> + +<p>—Y así la inmortalizarás. Vivirá tanto +como tus cuadros vivan. Es decir, vivirá, no! +Porque Helena no vive; durará. Durará +como el mármol, de que es. Porque es de +piedra, fría y dura, fría y dura como tú. +Montón de carne...!</p> + +<p>—No te sulfures, te he dicho.</p> + +<p>—Pues no he de sulfurarme, hombre, pues +no he de sulfurarme! Esto es una infamia, +una canallada!</p> + +<p>Sintióse abatido y calló, como si le faltaran +palabras para la violencia de su pasión.</p> + +<p>—Pero ven acá, hombre—le dijo Abel con +su voz más dulce, que era la más terrible—y +reflexiona. Iba yo a hacer que te quisiese si +ella no quiere quererte? Para novio no le +eres...</p> + +<p>—Sí, no soy simpático a nadie; nací condenado.</p> + +<p>—Te juro, Joaquín...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span></p> + +<p>—No jures!</p> + +<p>—Te juro que si en mí sólo consistiese, +Helena sería tu novia, y mañana tu mujer. +Si pudiese cedértela...</p> + +<p>—Me la venderías por un plato de lentejas, +no es eso?</p> + +<p>—No, vendértela no! Te la cedería gratis +y gozaría en veros felices, pero...</p> + +<p>—Sí, que ella no me quiere y te quiere +a ti, no es eso?</p> + +<p>—Eso es!</p> + +<p>—Que me rechaza a mí, que la buscaba, +y te busca a ti, que la rechazabas.</p> + +<p>—Eso! Aunque no lo creas; soy un seducido.</p> + +<p>—Qué manera de darte postín! Me das +asco!</p> + +<p>—Postín?</p> + +<p>—Sí, ser así, seducido, es más que ser seductor. +Pobre víctima! Se pelean por ti las +mujeres...</p> + +<p>—No me saques de quicio, Joaquín...</p> + +<p>—A ti? Sacarte a ti de quicio? Te digo que +esto es una canallada, una infamia, un crimen... +Hemos acabado para siempre!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p> + +<p>Y luego, cambiando de tono, con lágrimas +insondables en la voz:</p> + +<p>—Ten compasión de mí, Abel, ten compasión. +Ve que todos me miran de reojo, ve +que todos son obstáculos para mí... Tú eres +joven, afortunado, mimado, te sobran mujeres... +Déjame a Helena, mira que no sabré +dirigirme a otra... Déjame a Helena...</p> + +<p>—Pero si ya te la dejo...</p> + +<p>—Haz que me oiga; haz que me conozca; +haz que sepa que muero por ella, que sin ella +no viviré...</p> + +<p>—No la conoces...</p> + +<p>—Sí, os conozco! Pero, por Dios... Júrame +que no has de casarte con ella...</p> + +<p>—Y quién ha hablado de casamiento?</p> + +<p>—Ah, entonces es por darme celos nada +más? Sí, ella no es más que una coqueta... +peor que una coqueta, una...</p> + +<p>—Cállate!—rugió Abel.</p> + +<p>Y fué tal el rugido, que Joaquín se quedó +callado, mirándole.</p> + +<p>—Es imposible, Joaquín; contigo no se +puede! Eres imposible!</p> + +<p>Y Abel marchóse.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span></p> + +<p>«Pasé una noche horrible—dejó escrito en +su <i>Confesión</i> Joaquín—volviéndome a un +lado y otro en la cama, mordiendo a ratos +la almohada, levantándome a beber agua +del jarro del lavabo. Tuve fiebre. A ratos me +amodorraba en sueños acerbos. Pensaba +matarles y urdía mentalmente, como si se +tratase de un drama o de una novela que +iba componiendo, los detalles de mi sangrienta +venganza, y tramaba diálogos con +ellos. Parecíame que Helena había querido +afrentarme y nada más, que había enamorado +a Abel por menosprecio a mí, pero que +no podía, montón de carne al espejo, querer +a nadie. Y la deseaba más que nunca y +con más furia que nunca. En alguna de las +interminables modorras de aquella noche +me soñé poseyéndola y junto al cuerpo frío +e inerte de Abel. Fué una tempestad de malos +deseos, de cóleras, de apetitos sucios, de +rabia. Con el día y el cansancio de tanto sufrir +volvióme la reflexión, comprendí que no +tenía derecho alguno a Helena, pero empecé +a odiar a Abel con toda mi alma y a proponerme +a la vez ocultar ese odio, abonarlo,<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span> +criarlo, cuidarlo en lo recóndito de las entrañas +de mi alma. Odio? Aun no quería +darle su nombre, ni quería reconocer que +nací, predestinado, con su masa y con su +semilla. Aquella noche nací al infierno de mi +vida.»</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>IV</h2> + + +<p>—Helena—le decía Abel,—eso de Joaquín +me quita el sueño...!</p> + +<p>—El qué?</p> + +<p>—Cuando le diga que vamos a casarnos +no sé lo que va a ser. Y eso que parece ya +tranquilo y como si se resignase a nuestras +relaciones...</p> + +<p>—Sí, bonito es él para resignarse!</p> + +<p>—La verdad es que esto no estuvo del +todo bien.</p> + +<p>—Qué? También tú? Es que vamos a ser +las mujeres como bestias, que se dan y prestan +y alquilan y venden?</p> + +<p>—No, pero...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p> + +<p>—Pero qué?</p> + +<p>—Que fué él quien me presentó a ti, para +que te hiciera el retrato, y me aproveché...</p> + +<p>—Y bien aprovechado! Estaba yo acaso +comprometida con él? Y aunque lo hubiese +estado! Cada cual va a lo suyo.</p> + +<p>—Sí, pero...</p> + +<p>—Qué? Te pesa? Pues por mí... Aunque +si tú me dejases ahora, ahora que estoy comprometida +y todas saben que eres mi novio +oficial y que me vas a pedir un día de estos, +no por eso buscaría a Joaquín, no! Menos que +nunca! Me sobrarían pretendientes, así, como +los dedos de las manos—y levantaba sus dos +largas manos, de ahusados dedos, aquellas +manos que con tanto amor pintara Abel, y +sacudía los dedos, como si revolotearan.</p> + +<p>Abel le cojió las dos manos en las recias +suyas, se las llevó a la boca y las besó alargadamente. +Y luego en la boca...</p> + +<p>—Estate quieto, Abel!</p> + +<p>—Tienes razón, Helena, no vamos a turbar +nuestra felicidad pensando en lo que sienta +y sufra por ella el pobre Joaquín...</p> + +<p>—Pobre? No es más que un envidioso!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p> + +<p>—Pero hay envidias, Helena...</p> + +<p>—Que se fastidie!</p> + +<p>Y después de una pausa llena de un negro +silencio:</p> + +<p>—Por supuesto, le convidaremos a la +boda...</p> + +<p>—Helena!</p> + +<p>—Y qué mal hay en ello? Es mi primo, tu +primer amigo, a él debemos el habernos conocido. +Y si no le convidas tú, le convidaré +yo. Que no va? Mejor! Que va? Mejor que +mejor!</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>V</h2> + + +<p>Al anunciar Abel a Joaquín su casamiento, +éste dijo:</p> + +<p>—Así tenía que ser. Tal para cual.</p> + +<p>—Pero bien comprendes...</p> + +<p>—Sí, lo comprendo, no me creas un demente +o un furioso; lo comprendo, está bien, +que seáis felices... Yo no lo podré ser ya...</p> + +<p>—Pero, Joaquín, por Dios, por lo que más +quieras...</p> + +<p>—Basta y no hablemos más de ello. Haz +feliz a Helena y que ella te haga feliz... Os +he perdonado ya...</p> + +<p>—De veras?</p> + +<p>—Sí, de veras. Quiero perdonaros. Me +buscaré mi vida.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span></p> + +<p>—Entonces me atrevo a convidarte a la +boda, en mi nombre...</p> + +<p>—Y en el de ella, eh?</p> + +<p>—Sí, en el de ella también.</p> + +<p>—Lo comprendo. Iré a realzar vuestra +dicha. Iré.</p> + +<p>Como regalo de boda mandó Joaquín a +Abel un par de magníficas pistolas damasquinadas, +como para un artista.</p> + +<p>—Son para que te pegues un tiro cuando +te canses de mí—le dijo Helena a su futuro +marido.</p> + +<p>—Qué cosas tienes, mujer!</p> + +<p>—Quién sabe sus intenciones... Se pasa +la vida tramándolas...</p> + +<p>«En los días que siguieron a aquel en que +me dijo que se casaban—escribió en su <i>Confesión</i> +Joaquín—sentí como si el alma toda +se me helase. Y el hielo me apretaba el corazón. +Eran como llamas de hielo. Me costaba +respirar. El odio a Helena, y sobre +todo, a Abel, porque era odio, odio frío cuyas +raíces me llenaban el ánimo, se me había +empedernido. No era una mala planta, era +un témpano que se me había clavado en el<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> +alma; era, más bien, mi alma toda congelada +en aquel odio. Y un hielo tan cristalino, +que lo veía todo a su través con una +claridad perfecta. Me daba acabada cuenta +de que razón, lo que se llama razón, eran +ellos los que la tenían; que yo no podía alegar +derecho alguno sobre ella; que no se +debe ni se puede forzar el afecto de una mujer, +que, pues se querían, debían unirse. +Pero sentía también confusamente que fuí +yo quien les llevó, no sólo a conocerse, sino +a quererse, que fué por desprecio a mí por +lo que se entendieron, que en la resolución de +Helena entraba por mucho el hacerme rabiar +y sufrir, el darme dentera, el rebajarme +a Abel, y en la de éste el soberano egoísmo +que nunca le dejó sentir el sufrimiento ajeno. +Ingenuamente, sencillamente no se +daba cuenta de que existieran otros. Los +demás éramos para él, a lo sumo, modelos +para sus cuadros. No sabía ni odiar; tan +lleno de sí vivía.»</p> + +<p>»Fuí a la boda con el alma escarchada de +odio, el corazón garapiñado en hielo agrio +pero sobrecojido de un mortal terror, te<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>miendo +que al oir el <i>sí</i> de ellos, el hielo se +me resquebrajara y hendido el corazón quedase +allí muerto o imbécil. Fuí a ella como +quien va a la muerte. Y lo que me ocurrió +fué más mortal que la muerte misma; fué +peor, mucho peor que morirse. Ojalá me hubiese +entonces muerto allí.</p> + +<p>»Ella estaba hermosísima. Cuando me saludó +sentí que una espada de hielo, de hielo +dentro del hielo de mi corazón, junto a la +cual aun era tibio el mío, me lo atravesaba; +era la sonrisa insolente de su compasión. +<i>Gracias!</i> me dijo, y entendí: <i>Pobre Joaquín!</i> +El, Abel, él ni sé si me vió. «Comprendo tu +sacrificio—me dijo, por no callarse.» No, +no hay tal—le repliqué;—te dije que vendría +y vengo; ya ves que soy razonable; no +podía faltar a mi amigo de siempre, a mi... +hermano.» Debió de parecerle interesante +mi actitud, aunque poco pictórica. Yo era +allí el convidado de piedra.</p> + +<p>»Al acercarse el momento fatal, yo contaba +los segundos. «Dentro de poco—me decía—ha +terminado para mí todo!» Creo que se me +paró el corazón. Oí claros y distintos los dos<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span> +<i>sís</i>, el de él y el de ella. Ella me miró al pronunciarlo. +Y quedé más frío que antes, sin +un sobresalto, sin una palpitación, como si +nada que me tocase hubiese oído. Y ello +me llenó de un infernal terror a mí mismo. +Me sentí peor que un monstruo, me sentí +como si no existiera, como si no fuese nada +más que un pedazo de hielo, y esto para +siempre. Llegué a palparme la carne, a pellizcármela, +a tomarme el pulso. «Pero estoy +vivo? Yo soy yo?»—me dije.</p> + +<p>»No quiero recordar todo lo que sucedió +aquel día. Se despidieron de mí y fuéronse +a su viaje de luna de miel. Yo me hundí en +mis libros, en mi estudio, en mi clientela, +que empezaba ya a tenerla. El despejo mental +que me dió aquel golpe de lo ya irreparable, +el descubrimiento en mí mismo de +que no hay alma, moviéronme a buscar en +el estudio, no ya consuelo—consuelo, ni lo +necesitaba ni lo quería,—sino apoyo para +una ambición inmensa. Tenía que aplastar +con la fama de mi nombre la fama, ya incipiente, +de Abel; mis descubrimientos científicos, +obra de arte, de verdadera poesía,<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span> +tenían que hacer sombra a sus cuadros. Tenía +que llegar a comprender un día Helena +que era yo, el médico, el antipático, quien +habría de darle aureola de gloria, y no él, +no el pintor. Me hundí en el estudio. Hasta +llegué a creer que los olvidaría! Quise hacer +de la ciencia un narcótico y a la vez un estimulante!»</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>VI</h2> + + +<p>Al poco de haber vuelto los novios de su +viaje de luna de miel, cayó Abel enfermo de +alguna gravedad y llamaron a Joaquín a +que le viese y le asistiese.</p> + +<p>—Estoy muy intranquila, Joaquín—le +dijo Helena;—anoche no ha hecho sino delirar, +y en el delirio no hacía sino llamarte.</p> + +<p>Examinó Joaquín con todo cuidado y minucia +a su amigo, y luego, mirando ojos a +ojos a su prima, le dijo:</p> + +<p>—La cosa es grave, pero creo que le salvaré. +Yo soy quien no tiene salvación ya.</p> + +<p>—Sí, sálvamelo!—exclamó ella.—Y ya +sabes...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span></p> + +<p>—Sí, lo sé todo!—y se salió.</p> + +<p>Helena se fué al lecho de su marido, le +puso una mano sobre la frente, que le ardía, +y se puso a temblar. «Joaquín, Joaquín—deliraba +Abel,—perdónanos, perdóname!»</p> + +<p>—Calla—le dijo casi al oído Helena,—calla; +ha venido a verte y dice que te curará, +que te sanará... Dice que te calles...</p> + +<p>—Que me curará...?—añadió maquinalmente +el enfermo.</p> + +<p>Joaquín llegó a su casa también febril, +pero con una especie de fiebre de hielo. «Y +si se muriera...!» pensaba. Echóse vestido +sobre la cama y se puso a imaginar escenas +de lo que acaecería si Abel se muriese: el +luto de Helena, sus entrevistas con la viuda, +el remordimiento de ésta, el descubrimiento +por parte de ella de quién era él, Joaquín, y +de cómo, con qué violencia necesitaba el desquite +y la necesitaba a ella, y cómo caía al +fin ella en sus brazos y reconocía que lo otro, +la traición, no había sido sino una pesadilla, +un mal sueño de coqueta, que siempre le había +querido a él, a Joaquín y no a otro. «Pero +no se morirá!», se dijo luego. «No dejaré yo<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> +que se muera, no debo dejarlo, está comprometido +mi honor, y luego... necesito que +viva!»</p> + +<p>Y al decirse este: «necesito que viva!», +temblábale toda el alma, como tiembla el +follaje de una encina a la sacudida del huracán.</p> + +<p>«Fueron unos días atroces aquellos de la +enfermedad de Abel—escribía en su <i>Confesión</i> +el otro—unos días de tortura increíble. +Estaba en mi mano dejarle morir, aun +más, hacerle morir sin que nadie lo sospechase, +sin que de ello quedase rastro alguno. +He conocido en mi práctica profesional +casos de extrañas muertes misteriosas +que he podido ver luego iluminadas al trágico +fulgor de sucesos posteriores, una nueva +boda de la viuda y otros así. Luché entonces +como no he luchado nunca conmigo +mismo, con este hediondo dragón que me +ha envenenado y entenebrecido la vida. +Estaba allí comprometido mi honor de médico, +mi honor de hombre, y estaba comprometida +mi salud mental, mi razón. Comprendí +que me agitaba bajo las garras de la<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> +locura; vi el espectro de la demencia haciendo +sombra a mi corazón. Y vencí. Salvé +a Abel de la muerte. Nunca he estado más +feliz, más acertado. El exceso de mi infelicidad +me hizo estar felicísimo de acierto.»</p> + +<p>—Ya está fuera de todo cuidado tu... marido—le +dijo un día Joaquín a Helena.</p> + +<p>—Gracias, Joaquín, gracias—y le cojió la +mano, que él se la dejó entre las suyas;—no +sabes cuánto te debemos...</p> + +<p>—Ni vosotros sabéis cuánto os debo...</p> + +<p>—Por Dios, no seas así... ahora que tanto +te debemos, no volvamos a eso...</p> + +<p>—No, si no vuelvo a nada. Os debo mucho. +Esta enfermedad de Abel me ha enseñado +mucho, pero mucho...</p> + +<p>—Ah, le tomas como a un caso?</p> + +<p>—No, Helena, no; el caso soy yo!</p> + +<p>—Pues no te entiendo.</p> + +<p>—Ni yo del todo. Y te digo que estos días +luchando por salvar a tu marido...</p> + +<p>—Di a Abel!</p> + +<p>—Bien, sea; luchando por salvarle he estudiado +con su enfermedad la mía y vuestra +felicidad y he decidido... casarme!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p> + +<p>—Ah, pero tienes novia?</p> + +<p>—No, no la tengo aún, pero la buscaré. Necesito +un hogar. Buscaré mujer. O crees tú, +Helena, que no encontraré una mujer que me +quiera?</p> + +<p>—Pues no la has de encontrar, hombre, +pues no la has de encontrar...!</p> + +<p>—Una mujer que me quiera, digo.</p> + +<p>—Sí, te he entendido, una mujer que te +quiera, sí!</p> + +<p>—Porque como partido...</p> + +<p>—Sí, sin duda eres un buen partido... joven, +no pobre, con una buena carrera, empezando +a tener fama, bueno...</p> + +<p>—Bueno... sí, y antipático, no es eso?</p> + +<p>—No, hombre, no; tú no eres antipático!</p> + +<p>—Ay, Helena, Helena, dónde encontraré +una mujer...</p> + +<p>—Que te quiera?</p> + +<p>—No, sino que no me engañe, que me diga +la verdad, que no se burle de mí, Helena, que +no se burle de mí...! Que se case conmigo por +desesperación, porque yo la mantenga, pero +que me lo diga...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p> + +<p>—Bien has dicho que estás enfermo, Joaquín. +Cásate!</p> + +<p>—Y crees, Helena, que hay alguien, hombre +o mujer, que pueda quererme?</p> + +<p>—No hay nadie que no pueda encontrar +quien le quiera.</p> + +<p>—Y querré yo a mi mujer? Podré quererla, +dime?</p> + +<p>—Hombre, pues no faltaba más...</p> + +<p>—Porque mira, Helena, no es lo peor no +ser querido, no poder ser querido; lo peor es +no poder querer.</p> + +<p>—Eso dice don Mateo, el párroco, del demonio, +que no puede querer.</p> + +<p>—Y el demonio anda por la tierra, Helena.</p> + +<p>—Cállate y no me digas esas cosas.</p> + +<p>—Es peor que me las diga a mí mismo.</p> + +<p>—Pues cállate!</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>VII</h2> + + +<p>Dedicóse Joaquín, para salvarse, requiriendo +amparo a su pasión, a buscar mujer, +los brazos maternales de una esposa en que +defenderse de aquel odio que sentía, un regazo +en que esconder la cabeza, como un +niño que siente terror al coco, para no ver +los ojos infernales del dragón de hielo.</p> + +<p>Aquella pobre Antonia!</p> + +<p>Antonia había nacido para madre; era +todo ternura, todo compasión. Adivinó en +Joaquín, con divino instinto, un enfermo, +un inválido del alma, un poseso, y sin saber +de qué, enamoróse de su desgracia. Sentía +un misterioso atractivo en las palabras frías<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> +y cortantes de aquel médico que no creía en +la virtud ajena.</p> + +<p>Antonia era la hija única de una viuda a +que asistía Joaquín.</p> + +<p>—Cree usted que saldrá de ésta?—le preguntaba +a él.</p> + +<p>—Lo veo difícil, muy difícil. Está la pobre +muy trabajada, muy acabada; ha debido de +sufrir mucho... su corazón está muy débil...</p> + +<p>—Sálvemela usted, don Joaquín, sálvemela +usted, por Dios! Si pudiera, daría mi +vida por la suya!</p> + +<p>—No, eso no se puede. Y, además, quién +sabe? La vida de usted, Antonia, ha de hacer +más falta que la suya...</p> + +<p>—La mía? Para qué? Para quién?</p> + +<p>—Quién sabe...!</p> + +<p>Llegó la muerte de la pobre viuda.</p> + +<p>—No ha podido ser, Antonia—dijo Joaquín.—La +ciencia es impotente!</p> + +<p>—Sí, Dios lo ha querido!</p> + +<p>—Dios?</p> + +<p>—Ah—y los ojos bañados en lágrimas de +Antonia clavaron su mirada en los de Joa<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>quín, +enjutos y acerados.—Pero usted no +cree en Dios?</p> + +<p>—Yo...? No lo sé...!</p> + +<p>A la pobre huérfana la compunción de piedad +que entonces sintió por el médico aquel +le hizo olvidar un momento la muerte de su +madre.</p> + +<p>—Y si yo no creyera en él, qué haría ahora?</p> + +<p>—La vida todo lo puede, Antonia.</p> + +<p>—Puede más la muerte! Y ahora... tan +sola... sin nadie...</p> + +<p>—Eso sí, la soledad es terrible. Pero usted +tiene el recuerdo de su santa madre, el vivir +para encomendarla a Dios... Hay otra soledad +mucho más terrible!</p> + +<p>—Cual?</p> + +<p>—La de aquel a quien todos menosprecian, +de quien todos se burlan... la del que no encuentra +quien le diga la verdad...</p> + +<p>—Y qué verdad quiere usted que se le +diga?</p> + +<p>—Me la dirá usted, ahora, aquí, sobre el +cuerpo aun tibio de su madre? Jura usted decírmela?</p> + +<p>—Sí, se la diré.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p> + +<p>—Bien, yo soy antipático, no es así?</p> + +<p>—No, no es así!</p> + +<p>—La verdad, Antonia...</p> + +<p>—No, no es así!</p> + +<p>—Pues qué soy...?</p> + +<p>—Usted? Usted es un desgraciado, un +hombre que sufre...</p> + +<p>Derritiósele a Joaquín el hielo y asomáronsele +unas lágrimas a los ojos. Y volvió a +temblar hasta las raíces del alma.</p> + +<p>Poco después Joaquín y la huérfana formalizaban +sus relaciones, dispuestos a casarse +luego que pasase el año de luto de ella.</p> + +<p>«Pobre mi mujercita!—escribía, años después, +Joaquín en su <i>Confesión</i>—empeñada +en quererme y en curarme, en vencer la repugnancia +que sin duda yo debía de inspirarle. +Nunca me lo dijo, nunca me lo dió a +entender, pero podía no inspirarle yo repugnancia, +sobre todo cuando le descubrí la +lepra de mi alma, la gangrena de mis odios? +Se casó conmigo como se habría casado con +un leproso, no me cabe duda de ello, por divina +piedad, por espíritu de abnegación y +de sacrificio cristianos, para salvar mi alma<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span> +y así salvar la suya, por heroísmo de santidad. +Y fué una santa! Pero no me curó de +Helena; no me curó de Abel! Su santidad +fué para mí un remordimiento más.</p> + +<p>»Su mansedumbre me irritaba. Había veces +en que, Dios me perdone!, la habría querido +mala, colérica, despreciativa.»</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>VIII</h2> + + +<p>En tanto la gloria artística de Abel seguía +creciendo y confirmándose. Era ya uno de +los pintores de más nombradía de la nación +toda, y su renombre empezaba a traspasar +las fronteras. Y esa fama creciente era como +una granizada desoladora en el alma de Joaquín. +«Sí, es un pintor muy científico; domina +la técnica; sabe mucho, mucho; es habilísimo»—decía +de su amigo, con palabras +que silbaban. Era un modo de fingir exaltarle +deprimiéndole.</p> + +<p>Porque él, Joaquín, presumía ser un artista, +un verdadero poeta en su profesión, un +clínico genial, creador, intuitivo, y seguía<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span> +soñando con dejar su clientela para dedicarse +a la ciencia pura, a la patología teórica, a la +investigación. Pero ganaba tanto...!</p> + +<p>«No era, sin embargo, la ganancia—dice +en su <i>Confesión</i> póstuma—lo que más me +impedía dedicarme a la investigación científica. +Tirábame a ésta por un lado el deseo +de adquirir fama y renombre, de hacerme +una gran reputación científica y asombrar +con ella la artística de Abel, de castigar así +a Helena, de vengarme de ellos, de ellos y +de todos los demás, y aquí encadenaba los +más locos de mis ensueños, mas por otra +parte, esa misma pasión fangosa, el exceso +de mi despecho y mi odio me quitaban serenidad +de espíritu. No, no tenía el ánimo +para el estudio, que lo requiere limpio y +tranquilo. La clientela me distraía.</p> + +<p>La clientela me distraía, pero a las veces +temblaba pensando que el estado de distracción +en que mi pasión me tenía preso me +impidiera prestar el debido cuidado a las +dolencias de mis pobres enfermos.</p> + +<p>«Ocurrióme un caso que me sacudió las +entrañas. Asistía a una pobre señora, en<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>ferma +de algún riesgo, pero no caso desesperado, +a la que él había hecho un retrato, +un retrato magnífico, uno de sus mejores +retratos, de los que han quedado como definitivos +de entre los que ha pintado, y aquel +retrato era lo primero que se me venía a +los ojos y al odio así que entraba en la casa +de la enferma. Estaba viva en el retrato, +más viva que en el lecho la de carne y hueso +sufrientes. Y el retrato parecía decirme: +«Mira, él me ha dado vida para siempre; a +ver si tú me alargas esta otra de aquí abajo.» +Y junto a la pobre enferma, auscultándola, +tomándole el pulso, no veía sino a la otra, a +la retratada. Estuve torpe, torpísimo, y la +pobre enferma se me murió; la dejé morir +más bien, por mi torpeza, por mi criminal +distracción. Sentí horror de mí mismo, de +mi miseria.</p> + +<p>»A los pocos días de muerta la señora aquella, +tuve que ir a su casa, a ver allí otro enfermo, +y entré dispuesto a no mirar al retrato. +Pero era inútil, porque era él, el retrato +el que me miraba aunque yo no le mirase +y me atraía la mirada. Al despedirme<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> +me acompañó hasta la puerta el viudo. Nos +detuvimos al pie del retrato, y yo, como empujado +por una fuerza irresistible y fatal, +exclamé:</p> + +<p>»—Magnífico retrato! Es de lo mejor que +ha hecho Abel!</p> + +<p>»—Sí—me contestó el viudo,—es el mayor +consuelo que me queda. Me paso largas horas +contemplándola. Parece como que me +habla.</p> + +<p>»—Sí, sí—añadí,—este Abel es un artista +estupendo!</p> + +<p>»Y al salir me decía: «Yo la dejé morir y él +la resucita!»</p> + +<p>Sufría Joaquín mucho cada vez que se le +morían algunos de sus enfermos, sobre todo +los niños, pero la muerte de otros le tenía sin +grave cuidado. «Para qué querrá vivir...?—decíase +de algunos.—Hasta le haría un favor +dejándole morir...»</p> + +<p>Sus facultades de observador psicólogo +habíansele aguzado con su pasión de ánimo +y adivinaba al punto las más ocultas lacerías +morales. Percatábase en seguida, bajo +el embuste de las convenciones, de que ma<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>ridos +preveían sin pena, cuando no deseaban, +la muerte de sus mujeres y qué mujeres ansiaban +verse libres de sus maridos, acaso +para tomar otros de antemano escojidos ya. +Cuando al año de la muerte de su cliente Alvarez, +la viuda se casó con Menéndez, amigo +íntimo del difunto, Joaquín se dijo: «Sí que +fué rara aquella muerte... Ahora me la explico... +La humanidad es lo más cochino que +hay, y la tal señora, dama caritativa, una +de las señoras de lo más honrado...!»</p> + +<p>—Doctor—le decía una vez uno de sus enfermos—máteme +usted, por Dios, máteme +usted sin decirme nada, que ya no puedo +más... Deme algo que me haga dormir para +siempre...</p> + +<p>«Y por qué no había de hacer lo que este +hombre quiere?—se decía Joaquín—si no +vive más que para sufrir? Me da pena! Cochino +mundo!»</p> + +<p>Y eran sus enfermos para él no pocas veces +espejos.</p> + +<p>Un día le llegó una pobre mujer de la vecindad, +gastada por los años y los trabajos, +cuyo marido, en los veinticinco años de ma<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span>trimonio, +se había enredado con una pobre +aventurera. Iba a contarle sus cuitas la +mujer desdeñada.</p> + +<p>—Ay, don Joaquín—le decía,—usted, que +dicen que sabe tanto, a ver si me da un remedio +para que le cure a mi pobre marido +del bebedizo que le ha dado esa pelona.</p> + +<p>—Pero qué bebedizo, mujer de Dios?</p> + +<p>—Se va a ir a vivir con ella, dejándome a +mí, al cabo de veinticinco años...</p> + +<p>—Más extraño es que la hubiese dejado +de recién casados, cuando usted era joven y +acaso...</p> + +<p>—Ah, no, señor, no! Es que le ha dado un +bebedizo trastornándole el seso, porque si no, +no podría ser... no podría ser...</p> + +<p>—Bebedizo... bebedizo...—murmuró Joaquín.</p> + +<p>—Sí, don Joaquín, sí, un bebedizo... Y usted, +que sabe tanto, deme un remedio para él.</p> + +<p>—Ay, buena mujer; ya los antiguos trabajaron +en balde para encontrar un agua que +los rejuveneciese...</p> + +<p>Y cuando la pobre mujer se fué desolada, +Joaquín se decía: «Pero no se mirará al es<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>pejo +esta desdichada? No verá el estrago de +los años de rudo trabajo? Estas gentes del +pueblo todo lo atribuyen a bebedizos o a +envidias... Que no encuentran trabajo...? +Envidias! Que les sale algo mal? Envidias. +El que todos sus fracasos los atribuye a ajenas +envidias es un envidioso. Y no lo seremos +todos? No me habrán dado un bebedizo?»</p> + +<p>Durante unos días apenas pensó más que +en el bebedizo. Y acabó diciéndose: «Es el +pecado original!»</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>IX</h2> + + +<p>Casóse Joaquín con Antonia buscando en +ella un amparo, y la pobre adivinó desde +luego su menester, el oficio que hacía en el +corazón de su marido y cómo le era un escudo +y un posible consuelo. Tomaba por marido +a un enfermo, acaso a un inválido incurable, +del alma; su misión era la de una enfermera. +Y le aceptó llena de compasión, +llena de amor a la desgracia de quien así +unía su vida a la de ella.</p> + +<p>Sentía Antonia que entre ella y su Joaquín +había como un muro invisible, una cristalina +y trasparente muralla de hielo. Aquel +hombre no podía ser de su mujer, porque no<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> +era de sí mismo, dueño de sí, sino a la vez un +enajenado y un poseído. En los más íntimos +trasportes del trato conyugal, una invisible +sombra fatídica se interponía entre ellos. Los +besos de su marido parecíanle besos robados, +cuando no de rabia.</p> + +<p>Joaquín evitaba hablar de su prima Helena +delante de su mujer, y ésta, que se percató +de ello al punto, no hacía sino sacarla a +colación a cada paso en sus conversaciones.</p> + +<p>Esto en un principio, que más adelante +evitó mentarla.</p> + +<p>Llamáronle un día a Joaquín a casa de +Abel, como a médico, y se enteró de que Helena +llevaba ya en sus entrañas fruto de su +marido, mientras que su mujer, Antonia, no +ofrecía aún muestra alguna de ello. Y al pobre +le asaltó una tentación vergonzosa, de +que se sentía abochornado, y era la de un diablo +que le decía: «Ves? Hasta es más hombre +que tú! El, el que con su arte resucita e +inmortaliza a los que tú dejas morir por tu +torpeza, él tendrá pronto un hijo, traerá un +nuevo viviente, una obra suya de carne y +sangre y hueso al mundo, mientras tú... Tú<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> +acaso no seas capaz de ello... Es más hombre +que tú!»</p> + +<p>Entró mustio y sombrío en el puerto de +su hogar.</p> + +<p>—Vienes de casa de Abel, no?—le preguntó +su mujer.</p> + +<p>—Sí. En qué lo has conocido?</p> + +<p>—En tu cara. Esa casa es tu tormento. No +debías ir a ella...</p> + +<p>—Y qué voy a hacer?</p> + +<p>—Excusarte! Lo primero es tu salud y tu +tranquilidad...</p> + +<p>—Aprensiones tuyas...</p> + +<p>—No, Joaquín, no quieras ocultármelo...—y +no pudo continuar, porque las lágrimas le +ahogaron la voz.</p> + +<p>Sentóse la pobre Antonia. Los sollozos se +le arrancaban de cuajo.</p> + +<p>—Pero qué te pasa, mujer, qué es eso...?</p> + +<p>—Dime tú lo que a ti te pasa, Joaquín, +confíamelo todo, confiésate conmigo...</p> + +<p>—No tengo nada de que acusarme...</p> + +<p>—Vamos, me dirás la verdad, Joaquín, la +verdad?</p> + +<p>El hombre vaciló un momento, parecien<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>do +luchar con un enemigo invisible, con el +diablo de su guarda, y con voz arrancada de +una resolución súbita, desesperada, gritó casi:</p> + +<p>—Sí, te diré la verdad, toda la verdad!</p> + +<p>—Tú quieres a Helena; tú estás enamorado +todavía de Helena.</p> + +<p>—No, no lo estoy! no lo estoy! lo estuve; +pero no lo estoy ya, no!</p> + +<p>—Pues entonces?...</p> + +<p>—Entonces, qué?</p> + +<p>—A qué esa tortura en que vives? Porque +esa casa, la casa de Helena, es la fuente de +tu malhumor, esa casa es la que no te deja +vivir en paz, es Helena...</p> + +<p>—Helena no! Es Abel!</p> + +<p>—Tienes celos de Abel?</p> + +<p>—Sí, tengo celos de Abel; le odio, le odio, +le odio—y cerraba la boca y los puños al decirlo, +pronunciándolo entre dientes.</p> + +<p>—Tienes celos de Abel... luego quieres a +Helena.</p> + +<p>—No, no quiero a Helena. Si fuese de otro +no tendría celos de este otro. No, no quiero +a Helena, la desprecio, desprecio a la pava +real esa, a la belleza profesional, a la modelo<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span> +del pintor de moda, a la querida de Abel...</p> + +<p>—Por Dios, Joaquín, por Dios...!</p> + +<p>—Sí, a su querida... legítima. O es que +crees que la bendición de un cura cambia un +arrimo en matrimonio?</p> + +<p>—Mira, Joaquín, que estamos casados +como ellos...</p> + +<p>—Como ellos no, Antonia, como ellos, no! +Ellos se casaron por rebajarme, por humillarme, +por denigrarme; ellos se casaron para +burlarse de mí; ellos se casaron contra mí.</p> + +<p>Y el pobre hombre rompió en unos sollozos +que le ahogaban el pecho, cortándole el +respiro. Se creía morir.</p> + +<p>—Antonia... Antonia...—suspiró con un +hilito de voz apagada.</p> + +<p>—Pobre hijo mío!—exclamó ella abrazándole.</p> + +<p>Y le tomó en su regazo como a un niño enfermo, +acariciándole. Y le decía:</p> + +<p>—Cálmate, mi Joaquín, cálmate... Estoy +aquí yo, tu mujer, toda tuya y sólo tuya. Y +ahora que sé del todo tu secreto, soy más +tuya que antes y te quiero más que nunca... +Olvídalos... desprécialos... Habría sido<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span> +peor que una mujer así te hubiese querido...</p> + +<p>—Sí, pero él, Antonia, él...</p> + +<p>—Olvídale!</p> + +<p>—No puedo olvidarle... me persigue... su +fama, su gloria me sigue a todas partes...</p> + +<p>—Trabaja tú y tendrás fama y gloria, porque +no vales menos que él. Deja la clientela, +que no la necesitamos, vámonos de aquí a +Renada, a la casa que fué de mis padres, y +allí dedícate a lo que más te guste, a la ciencia, +a hacer descubrimientos de esos y que +se hable de ti... yo te ayudaré en lo que pueda... +yo haré que no te distraigan... y serás +más que él...</p> + +<p>—No puedo, Antonia, no puedo; sus éxitos +me quitan el sueño y no me dejarían trabajar +en paz... la visión de sus cuadros maravillosos +se pondría entre mis ojos y el microscopio +y no me dejaría ver lo que otros no han +visto aún por él... No puedo... no puedo...</p> + +<p>Y bajando la voz como un niño, casi balbuciendo +como atontado por la caída en la +sima de su abyección, sollozó diciendo:</p> + +<p>—Y van a tener un hijo, Antonia...</p> + +<p>—También nosotros lo tendremos—le sus<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>piró +ella al oído, envolviéndolo en un beso—no +me lo negará la Santísima Virgen a quien +se lo pido todos los días... Y el agua bendita +de Lourdes...</p> + +<p>—También tú crees en bebedizos, Antonia?</p> + +<p>—Creo en Dios!</p> + +<p>—«Creo en Dios»—se repitió Joaquín al +verse sólo; sólo con el otro—; «y qué es creer +en Dios? Dónde está Dios? Tendré que buscarle!»</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>X</h2> + + +<p>«Cuando Abel tuvo su hijo—escribía en su +<i>Confesión</i> Joaquín—sentí que el odio se me +enconaba. Me había invitado a asistir a Helena +al parto, pero me excusé con que yo no +asistía a partos, lo que era cierto y con que +no sabría conservar toda la sangre fría, mi +sangre arrecida más bien, ante mi prima si +se viera en peligro. Pero mi diablo me insinuó +la feroz tentación de ir a asistirla y de +ahogar a hurtadillas al niño. Vencí a la asquerosa +idea.</p> + +<p>»Aquel nuevo triunfo de Abel, del hombre, +no ya del artista—el niño era una hermosura, +una obra maestra de salud y de vigor, un +<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> +angelito» decían—me apretó aun más a mi +Antonia, de quien esperaba el mío. Quería, +necesitaba que la pobre víctima de mi ciego +odio—pues la víctima era mi mujer más +que yo—fuese madre de hijos míos, de carne +de mi carne, de entrañas de mis entrañas +torturadas por el demonio. Sería la madre +de mis hijos y por ellos superiora a las madres +de los hijos de otros. Ella, la pobre, me había +preferido a mí, al antipático, al despreciado, +al afrentado; ella había tomado lo +que otra desechó con desdén y burla. Y +hasta me hablaba bien de ellos!</p> + +<p>»El hijo de Abel, Abelín, pues le pusieron +el nombre mismo de su padre y como para +que continuara su linaje y la gloria de él, el +hijo de Abel; que habría de ser andando el +tiempo instrumento de mi desquite, era una +maravilla de niño. Y yo necesitaba tener +uno así, más hermoso aún que él.»</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>XI</h2> + + +<p>—Y qué preparas ahora?—le preguntó a +Abel Joaquín un día en que, habiendo ido +a ver al niño, se encontraron en el cuarto de +estudio de aquél.</p> + +<p>—Pues ahora voy a pintar un cuadro de +Historia, o mejor, de Antiguo Testamento, +y me estoy documentando...</p> + +<p>—Cómo? Buscando modelos de aquella +época?</p> + +<p>—No, leyendo la Biblia y comentarios a +ella.</p> + +<p>—Bien digo yo, que tú eres un pintor científico...</p> + +<p>—Y tú un médico artista, no es eso?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span></p> + +<p>—Peor que un pintor científico... literato! +Cuida de no hacer con el pincel literatura!</p> + +<p>—Gracias por el consejo.</p> + +<p>—Y cuál va a ser el asunto de tu cuadro?</p> + +<p>—La muerte de Abel por Caín, el primer +fratricidio.</p> + +<p>Joaquín palideció aún más, y mirando fijamente +a su primer amigo, le preguntó a media +voz:</p> + +<p>—Y cómo se te ha ocurrido eso?</p> + +<p>—Muy sencillo—contestó Abel sin haberse +percatado del ánimo de su amigo;—es la +sugestión del nombre. Como me llamo Abel... +Dos estudios de desnudo...</p> + +<p>—Sí, desnudo del cuerpo...</p> + +<p>—Y aun del alma...</p> + +<p>—Pero piensas pintar sus almas?</p> + +<p>—Claro está! El alma de Caín, de la envidia, +y el alma de Abel...</p> + +<p>—Alma de qué?</p> + +<p>—En eso estoy ahora. No acierto a dar con +la expresión, con el alma de Abel. Porque +quiero pintarle antes de morir, derribado en +tierra y herido de muerte por su hermano.<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> +Aquí tengo el Génesis y el <i>Caín</i> de lord Byron; +lo conoces?</p> + +<p>—No, no conozco el <i>Caín</i> de lord Byron. Y +qué has sacado de la Biblia?</p> + +<p>—Poca cosa... Verás—y tomando un libro, +leyó: «y conoció Adán a su mujer Eva, la +cual concibió y parió a Caín y dijo: He adquirido +varón por Jehová. Y después parió +a su hermano Abel y fué Abel pastor de ovejas, +y Caín fué labrador de la tierra. Y aconteció, +andando el tiempo, que Caín trajo del +fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y +Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas +y de su grosura. Y miró Jehová con agrado +a Abel y a su ofrenda, mas no miró propicio +a Caín y a la ofrenda suya...»</p> + +<p>—Y eso, por qué?—interrumpió Joaquín. +Por qué miró Dios con agrado la ofrenda de +Abel y con desdén la de Caín?</p> + +<p>—No lo explica aquí...</p> + +<p>—Y no te lo has preguntado tú antes de +ponerte a pintar tu cuadro?</p> + +<p>—Aún no... Acaso porque Dios veía ya en +Caín el futuro matador de su hermano... al +envidioso...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span></p> + +<p>—Entonces es que le había hecho envidioso, +es que le había dado un bebedizo. Sigue +leyendo.</p> + +<p>—«Y ensañóse Caín en gran manera y decayó +su semblante. Y entonces Jehová dijo +a Caín: Por qué te has ensañado? y por qué +se ha demudado tu rostro? Si bien hicieres, +no serás ensalzado? y si no hicieres bien el +pecado está a tu puerta. Ahí está que te +desea, pero tú le dominarás...»</p> + +<p>—Y le venció el pecado—interrumpió Joaquín—porque +Dios le había dejado de su +mano. Sigue!</p> + +<p>—«Y habló Caín a su hermano Abel, y +aconteció que estando ellos en el campo, Caín +se levantó contra su hermano Abel y le mató. +Y Jehová dijo a Caín...»</p> + +<p>—Basta! No leas más. No me interesa lo +que Jehová dijo a Caín luego que la cosa no +tenía ya remedio.</p> + +<p>Apoyó Joaquín los codos en la mesa, la +cara entre las palmas de la mano, y clavando +una mirada helada y punzante en la mirada +de Abel, sin saber de qué alarmado, le dijo:</p> + +<p>—No has oído nunca una especie de broma<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span> +que gastan con los niños que aprenden de +memoria la Historia sagrada cuando les preguntan: +«Quién mató a Caín?»</p> + +<p>—No!</p> + +<p>—Pues sí, les preguntan eso y los niños, +confundiéndose, suelen decir: «su hermano +Abel!»</p> + +<p>—No sabía eso.</p> + +<p>—Pues ahora lo sabes. Y dime, tú que +vas a pintar esa escena bíblica... y tan bíblica! +no se te ha ocurrido pensar que si Caín +no mata a Abel habría sido éste el que habría +acabado matando a su hermano?</p> + +<p>—Y cómo se te puede ocurrir eso?</p> + +<p>—Las ovejas de Abel eran aceptas a Dios, +y Abel, el pastor, hallaba gracia a los ojos +del Señor, pero los frutos de la tierra de Caín, +del labrador, no gustaban a Dios ni tenía +para él gracia Caín. El agraciado, el favorito +de Dios era Abel... el desgraciado Caín...</p> + +<p>—Y qué culpa tenía Abel de eso?</p> + +<p>—Ah, pero tú crees que los afortunados, +los agraciados, los favoritos, no tienen culpa +de ello? La tienen de no ocultar y ocultar +como una vergüenza, que lo es todo favor<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span> +gratuito, todo privilegio no ganado por propios +méritos, de no ocultar esa gracia en vez +de hacer ostentación de ella. Porque no me +cabe duda de que Abel restregaría a los hocicos +de Caín su gracia, le azuzaría con el +humo de sus ovejas sacrificadas a Dios. Los +que se creen justos suelen ser unos arrogantes +que van a deprimir a los otros con la ostentación +de su justicia. Ya dijo quien lo +dijera que no hay canalla mayor que las personas +honradas...</p> + +<p>—Y tú sabes—le preguntó Abel sobrecojido +por la gravedad de la conversación—qué +Abel se jactara de su gracia?</p> + +<p>—No me cabe duda, ni de que no tuvo respeto +a su hermano mayor, ni pidió al Señor +gracia también para él. Y sé más, y es que los +abelitas han inventado el infierno para los +cainitas porque si no su gloria les resultaría +insípida. Su goce está en ver, libres de padecimiento, +padecer a los otros...</p> + +<p>—Ay, Joaquín, Joaquín, qué malo estás!</p> + +<p>—Sí, nadie es médico de sí mismo. Y ahora, +dame ese Caín de lord Byron, que quiero +leerlo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p> + +<p>—Tómalo!</p> + +<p>—Y dime, no te inspira tu mujer algo para +ese cuadro? no te da alguna idea?</p> + +<p>—Mi mujer? En esta tragedia no hubo +mujer.</p> + +<p>—En toda tragedia la hay, Abel.</p> + +<p>—Sería acaso Eva...</p> + +<p>—Acaso... La que les dió la misma leche; +el bebedizo...</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>XII</h2> + + +<p>Leyó Joaquín el <i>Caín</i> de lord Byron. Y en +su <i>Confesión</i> escribía más tarde:</p> + +<p>«Fué terrible el efecto que la lectura de +aquel libro me hizo. Sentí la necesidad de +desahogarme y tomé unas notas que aún +conservo y las tengo ahora aquí, presentes. +Pero fué sólo por desahogarme? No; fué con +el propósito de aprovecharlas algún día pensando +que podrían servirme de materiales +para una obra genial. La vanidad nos consume. +Hacemos espectáculo de nuestras más +íntimas y asquerosas dolencias. Me figuro +que habrá quien desee tener un tumor pestífero +como no le ha tenido antes ninguno<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span> +para hombrearse con él. Esta misma <i>Confesión</i> +no es algo más que un desahogo?</p> + +<p>»He pensado alguna vez romperla para +librarme de ella. Pero me libraría? No! Vale +más darse en espectáculo que consumirse. Y +al fin y al cabo no es más que espectáculo la +vida.</p> + +<p>»La lectura del <i>Caín</i> de lord Byron me entró +hasta lo más íntimo. Con que razón culpaba +Caín a sus padres de que hubieran cojido +de los frutos del árbol de la ciencia en +vez de cojer de la del árbol de la vida! A +mí, por lo menos, la ciencia no ha hecho más +que exacerbarme la herida.</p> + +<p>»Ojalá nunca hubiera vivido!—digo con +aquel Caín. Por qué me hicieron? Por qué he +de vivir? Y lo que no me explico es cómo +Caín no se decidió por el suicidio. Habría sido +el más noble comienzo de la historia humana. +Pero por qué no se suicidaron Adán y Eva +después de la caída y antes de haber dado +hijos? Ah, es que entonces Jehová habría hecho +otros iguales y otro Caín y otro Abel. No +se repetirá esta misma tragedia en otros mundos, +allá por las estrellas? Acaso la tragedia<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span> +tiene otras representaciones, sin que baste +el extremo de la tierra. Pero fué extremo?</p> + +<p>»Cuando leí cómo Luzbel le declaraba a +Caín cómo era éste, Caín, inmortal, es cuando +empecé con terror a pensar si yo también +seré inmortal y si será inmortal en mí mi +odio. «Tendré alma—me dije entonces»—será +este mi odio alma? y llegué a pensar que +no podría ser de otro modo, que no puede ser +función de un cuerpo un odio así. Lo que no +había encontrado con el escalpelo en otros +lo encontré en mí. Un organismo corruptible +no podía odiar como yo odiaba. Luzbel +aspiraba a ser Dios, y yo desde muy niño, +no aspiré a anular a los demás? Y cómo podía +ser yo tan desgraciado si no me hizo +tal el creador de la desgracia?</p> + +<p>»Nada le costaba a Abel criar sus ovejas, +como nada le costaba a él, al otro, hacer sus +cuadros; pero a mí? a mí me costaba mucho +diagnosticar las dolencias de mis enfermos.</p> + +<p>«Quejábase Caín de que Adah, su propia +querida Adah, su mujer y hermana, no comprendiera +el espíritu que a él le abrumaba. +Pero sí, sí, mi Adah, mi pobre Adah com<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span>prendía +mi espíritu. Es que era cristiana. +Mas tampoco yo encontré algo que conmigo +simpatizara.</p> + +<p>»Hasta que leí y releí el <i>Caín</i> byroniano, yo, +que tantos hombres había visto agonizar y +morir, no pensé en la muerte, no la descubrí. +Y entonces pensé si al morir me moriría +con mi odio, si se moriría conmigo o si me +sobreviviría; pensé si el odio sobrevive a +los odiadores, si es algo sustancial y que se +trasmite, si es el alma, la esencia misma del +alma. Y empecé a creer en el Infierno y que +la muerte es un ser, es el Demonio, es el +Odio hecho persona, es el Dios del alma. +Todo lo que mi ciencia no me enseñó me enseñaba +el terrible poema de aquel gran odiador +que fué lord Byron.</p> + +<p>»Mi Adah también me echaba dulcemente +en cara cuando yo no trabajaba, cuando no +podía trabajar. Y Luzbel estaba entre mi +Adah y yo. «No vayas con ese Espíritu!»—me +gritaba mi Adán. Pobre Antonia! Y me +pedía también que le salvara de aquel Espíritu. +Mi pobre Adán no llegó a odiarlos +como los odiaba yo. Pero llegué yo a querer<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span> +de veras a mi Antonia? Ah, si hubiera sido +capaz de quererla me habría salvado. Era +para mí otro instrumento de venganza. Queríala +para madre de un hijo o de una hija +que me vengaran. Aunque pensé, necio de +mí, que una vez padre se me curaría aquello. +Mas acaso no me casé sino para hacer odiosos +como yo, para trasmitir mi odio, para +inmortalizarlo.</p> + +<p>»Se me quedó grabada en el alma como con +fuego aquella escena de Caín y Luzbel en el +abismo del espacio. Vi mi ciencia a través +de mi pecado y la miseria de dar vida para +propagar la muerte. Y vi que aquel odio inmortal +era mi alma. Ese odio pensé que debió +de haber precedido a mi nacimiento y que +sobreviviría a mi muerte. Y me sobrecojí de +espanto al pensar en vivir siempre para aborrecer +siempre. Era el Infierno. Y yo que +tanto me había reído de la creencia en él! +Era el Infierno!</p> + +<p>»Cuando leí cómo Adah habló a Caín de su +hijo, de Enoc, pensé en el hijo, o en la hija +que habría de tener; pensé en ti, hija mía, mi +redención y mi consuelo; pensé en que tú<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> +vendrías a salvarme un día. Y al leer lo que +aquel Caín decía a su hijo dormido e inocente, +que no sabía que estaba desnudo, +pensé si no había sido en mí un crimen engendrarte, +pobre hija mía! Me perdonarás +haberte hecho? Y al leer lo que Adah decía +a su Caín, recordé mis años de paraíso, cuando +aun no iba a cazar premios, cuando no +soñaba en superar a todos los demás. No, +hija mía, no; no ofrecí mis estudios a Dios +con corazón puro, no busqué la verdad y el +saber, sino que busqué los premios y la fama +y ser más que él.</p> + +<p>»El, Abel, amaba su arte y lo cultivaba +con pureza de intención y no trató nunca +de imponérseme. No, no fué él quien me la +quitó, no! Y yo llegué a pensar en derribar +el altar de Abel, loco de mí! Y es que no había +pensado más que en mí.</p> + +<p>»El relato de la muerte de Abel tal y como +aquel terrible poeta del demonio nos le expone, +me cegó. Al leerlo sentí que se me +iban las cosas y hasta creo que sufrí un mareo. +Y desde aquel día, gracias al impío Byron, +empecé a creer.»</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>XIII</h2> + + +<p>Le dió Antonia a Joaquín una hija. «Una +hija—se dijo—y él un hijo!» Mas pronto se +repuso de esta nueva treta de su demonio. Y +empezó a querer a su hija con toda la fuerza +de su pasión y por ella a la madre. «Será mi +vengadora»—se dijo primero, sin saber de +qué habría de vengarle, y luego: «Será mi +purificadora».</p> + +<p>«Empecé a escribir esto—dejó escrito en +su <i>Confesión</i>—más tarde para mi hija, para +que ella, después de yo muerto, pudiese conocer +a su pobre padre y compadecerle y +quererle. Mirándola dormir en la cuna, soñando +su inocencia, pensaba que para criar<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>la +y educarla pura tenía yo que purificarme +de mi pasión, limpiarme de la lepra de mi +alma. Y decidí hacerle que amase a todos y +sobre todo a ellos. Y allí, sobre la inocencia +de su sueño, juré libertarme de mi infernal +cadena. Tenía que ser yo el mayor heraldo +de la gloria de Abel.»</p> + +<p>Y sucedió que habiendo Abel Sánchez acabado +su cuadro, lo llevó a una Exposición, +donde obtuvo un aplauso general y fué admirado +como estupenda obra maestra, y se +le dió la medalla de honor.</p> + +<p>Joaquín iba a la sala de la Exposición a +contemplar el cuadro y a mirar en él, como +si mirase en un espejo, al Caín de la pintura +y a espiar en los ojos de las gentes si le miraban +a él, después de haber mirado al otro.</p> + +<p>«Torturábame la sospecha—escribió en su +<i>Confesión</i>—de que Abel hubiese pensado en +mí al pintar su Caín, de que hubiese descubierto +todas las insondables negruras de la +conversación que con él mantuve en su +casa cuando me anunció su propósito de +pintarlo y cuando me leyó los pasajes del +Génesis, y yo me olvidé tanto de él y pensé<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> +tanto en mí mismo, que puse al desnudo mi +alma enferma. Pero no! No había en el Caín +de Abel el menor parecido conmigo, no +pensó en mí al pintarlo, es decir, no me despreció, +no lo pintó desdeñándome, ni Helena +debió de decirle nada de mí. Les bastaba +con saborear el futuro triunfo, el que esperaban. +Ni siquiera pensaban en mí!</p> + +<p>»Y esta idea de que ni siquiera pensasen +en mí, de que no me odiaran, torturábame +aun más que lo otro. Ser odiado por él con +un odio como el que yo le tenía, era algo y +podía haber sido mi salvación.»</p> + +<p>Y fué más allá, o entró más dentro de sí +Joaquín, y fué que lanzó la idea de dar un +banquete a Abel para celebrar su triunfo y +que él, su amigo de siempre, su amigo de antes +de conocerse, le ofrecería el banquete.</p> + +<p>Joaquín gozaba de cierta fama de orador. +En la Academia de Medicina y Ciencias era +el que dominaba a los demás con su palabra +cortante y fría, precisa y sarcástica de ordinario. +Sus discursos solían ser chorros de +agua fría sobre los entusiasmos de los principiantes, +acres lecciones de escepticismo pe<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span>simista. +Su tesis ordinaria que nada se sabía +de cierto en Medicina, que todo era hipótesis +y un continuo tejer y destejer, que lo +más seguro era la desconfianza. Por esto, al +saberse que era él, Joaquín, quien ofrecería +el banquete, echáronse los más a esperar alborozados +un discurso de doble filo, una disección +despiadada, bajo apariencias de elogio, +de la pintura científica y documentada, +o bien un encomio sarcástico de ella. Y un +regocijo malévolo corría por los corazones de +todos los que habían oído alguna vez hablar +a Joaquín del arte de Abel. Apercibiéronle +a éste del peligro.</p> + +<p>—Os equivocáis—les dijo Abel.—Conozco +a Joaquín y no le creo capaz de eso. Sé algo +de lo que le pasa, pero tiene un profundo sentido +artístico y dirá cosas que valga la pena +de oirlas. Y ahora quiero hacerle un retrato...</p> + +<p>—Un retrato?</p> + +<p>—Sí, vosotros no le conocéis como yo. Es +un alma de fuego, tormentosa...</p> + +<p>—Hombre más frío...</p> + +<p>—Por fuera. Y en todo caso dicen que el +fuego quema. Es una figura que ni a posta...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span></p> + +<p>Y este juicio de Abel llegó a oídos del juzgado, +de Joaquín, y le sumió más en sus cavilaciones. +«Qué pensará en realidad de mí?», +se decía.—«Será cierto que me tiene así, por +un alma de fuego, tormentosa? Será cierto +que me reconoce víctima del capricho de la +suerte?»</p> + +<p>Llegó en esto a algo de que tuvo que avergonzarse +hondamente, y fué que, recibida en +su casa una criada que había servido en la +de Abel, la requirió de ambiguas familiaridades +aun sin comprometerse, no más que +para inquirir de ella lo que en la otra casa +hubiera oído decir de él.</p> + +<p>—Pero, vamos, dime, es que no les oíste +nunca nada de mí?</p> + +<p>—Nada, señorito, nada.</p> + +<p>—Pero no hablaban alguna vez de mí?</p> + +<p>—Como hablar, sí, creo que sí, pero no +decían nada.</p> + +<p>—Nada, nunca nada?</p> + +<p>—Yo no les oía hablar. En la mesa, mientras +yo les servía, hablaban poco y cosas de +esas de que se habla en la mesa. De los cuadros +de él...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p> + +<p>—Lo comprendo. Pero nada, nunca nada +de mí?</p> + +<p>—No me acuerdo.</p> + +<p>Y al separarse de la criada sintió Joaquín +entrañada aversión a sí mismo. «Me estoy +idiotizando—se dijo.—Qué pensará de mí +esta muchacha!» Y tanto le acongojó esto que +hizo que con un pretexto cualquiera se le +despachase a aquella criada. «Y si ahora +va—se dijo luego—y vuelve a servir a Abel +y le cuenta esto?» Por lo que estuvo a punto +de pedir a su mujer que volviera a llamarla. +Mas no se atrevió. E iba siempre temblando +de encontrarla por la calle.</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>XIV</h2> + + +<p>Llegó el día del banquete. Joaquín no durmió +la noche de la víspera.</p> + +<p>—Voy a la batalla, Antonia—le dijo a su +mujer al salir de casa.</p> + +<p>—Que Dios te ilumine y te guíe, Joaquín.</p> + +<p>—Quiero ver a la niña, a la pobre Joaquinita...</p> + +<p>—Sí, ven, mírala... está dormida...</p> + +<p>—Pobrecilla! No sabe lo que es el demonio! +Pero yo te juro, Antonia, que sabré arrancármelo. +Me lo arrancaré, lo estrangularé y +lo echaré a los pies de Abel. Le daría un beso +si no fuese que temo despertarla...</p> + +<p>---No, no! Bésala!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p> + +<p>Inclinóse el padre y besó a la niña dormida, +que sonrió al sentirse besada en +sueños.</p> + +<p>—Ves, Joaquín, también ella te bendice.</p> + +<p>—Adiós, mujer!—Y le dió un beso largo, +muy largo.</p> + +<p>Ella se fué a rezar ante la imagen de la +Virgen.</p> + +<p>Corría una maliciosa expectación por debajo +de las conversaciones mantenidas durante +el banquete. Joaquín, sentado a la +derecha de Abel, e intensamente pálido, apenas +comía ni hablaba. Abel mismo empezó +a temer algo.</p> + +<p>A los postres se oyeron siseos, empezó a +cuajar el silencio, y alguien dijo: «Que hable!» +Levantóse Joaquín. Su voz empezó +temblona y sorda, pero pronto se aclaró y +vibraba con un acento nuevo. No se oía más +que su voz, que llenaba el silencio. El asombro +era general. Jamás se había pronunciado +un elogio más férvido, más encendido, más +lleno de admiración y de cariño a la obra y a +su autor. Sintieron muchos asomárseles las +lágrimas cuando Joaquín evocó aquellos días<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> +de su común infancia con Abel, cuando ni +uno ni otro soñaban lo que habrían de ser.</p> + +<p>«Nadie le ha conocido más adentro que yo—decía;—creo +conocerte mejor que me conozco +a mí mismo, más puramente, porque +de nosotros mismos no vemos en nuestras +entrañas sino el fango de que hemos sido +hechos. Es en otros donde vemos lo mejor +de nosotros y lo amamos, y eso es la admiración. +El ha hecho en su arte lo que yo +habría querido hacer en el mío, y por eso es +uno de mis modelos; su gloria es un acicate +para mi trabajo y es un consuelo de la gloria +que no he podido adquirir. El es nuestro, +de todos, él es mío sobre todo, y yo, gozando +su obra, la hago tan mía como él la hizo suya +creándola. Y me consuelo de verme sujeto a +mi medianía...»</p> + +<p>Su voz lloraba a las veces. El público estaba +subyugado, vislumbrando oscuramente +la lucha gigantesca de aquel alma con su +demonio.</p> + +<p>«Y ved la figura de Caín—decía Joaquín +dejando gotear las ardientes palabras,—del +trágico Caín, del labrador errante, del pri<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>mero +que fundó ciudades, del padre de la industria, +de la envidia y de la vida civil, +vedla! Ved con qué cariño, con qué compasión, +con qué amor al desgraciado está pintada. +Pobre Caín! Nuestro Abel Sánchez admira +a Caín como Milton admiraba a Satán, +está enamorado de su Caín como Milton lo +estuvo de su Satán, porque admirar es amar +y amar es compadecer. Nuestro Abel ha sentido +toda la miseria, toda la desgracia inmerecida +del que mató al primer Abel, del que +trajo, según la leyenda bíblica, la muerte al +mundo. Nuestro Abel nos hace comprender +la culpa de Caín, porque hubo culpa, y compadecerle +y amarle... Este cuadro es un acto +de amor!»</p> + +<p>Cuando acabó Joaquín de hablar medió un +silencio espeso, hasta que estalló una salva +de aplausos. Levantóse entonces Abel y, pálido, +convulso, tartamudeante, con lágrimas +en los ojos, le dijo a su amigo:</p> + +<p>—Joaquín, lo que acabas de decir vale más, +mucho más que mi cuadro, más que todos +los cuadros que he pintado, más que todos los +que pintaré... Eso, eso es una obra de arte<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> +y de corazón. Yo no sabía lo que he hecho +hasta que te he oído. Tú y no yo has hecho +mi cuadro, tú!</p> + +<p>Y abrazáronse llorando los dos amigos de +siempre entre los clamorosos aplausos y vivas +de la concurrencia puesta en pie. Y al +abrazarse le dijo a Joaquín su demonio: «Si +pudieses ahora ahogarle en tus brazos...!»</p> + +<p>—Estupendo!—decían.—Qué orador! Qué +discurso! Quién podía haber esperado esto? +Lástima que no se haya traído taquígrafos!</p> + +<p>—Esto es prodigioso—decía uno.—No espero +volver a oir cosa igual.</p> + +<p>—A mí—añadía otro—me corrían escalofríos +al oirlo.</p> + +<p>—Pero mírale, mírale qué pálido está!</p> + +<p>Y así era. Joaquín, sintiéndose, después +de su victoria, vencido, sentía hundirse +en una sima de tristeza. No, su demonio no +estaba muerto. Aquel discurso fué un éxito +como no lo había tenido, como no volvería +a tenerlo, y le hizo concebir la idea de dedicarse +a la oratoria para adquirir en ella gloria +con que oscurecer la de su amigo en la +pintura.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p> + +<p>—Has visto cómo lloraba Abel?—decía +uno al salir.</p> + +<p>—Es que este discurso de Joaquín vale +por todos los cuadros del otro. El discurso +ha hecho el cuadro. Habrá que llamarle el +cuadro del discurso. Quita el discurso y qué +queda del cuadro? Nada! A pesar del primer +premio.</p> + +<p>Cuando Joaquín llegó a casa, Antonia salió +a abrirle la puerta y a abrazarle:</p> + +<p>—Ya lo sé, ya me lo han dicho. Así, así! +Vales más que él, mucho más que él; que sepa +que si su cuadro vale será por tu discurso.</p> + +<p>—Es verdad, Antonia, es verdad, pero...</p> + +<p>—Pero qué? Todavía...</p> + +<p>—Todavía, sí. No quiero decirte las cosas +que el demonio, mi demonio, me decía mientras +nos abrazábamos...</p> + +<p>—No, no me las digas, cállate!</p> + +<p>—Pues tápame la boca.</p> + +<p>Y ella se la tapó con un beso largo, cálido, +húmedo, mientras se le nublaban de lágrimas +los ojos.</p> + +<p>—A ver si así me sacas el demonio, Antonia, +a ver si me lo sorbes.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p> + +<p>—Sí, para quedarme con él, no es eso?—y +procuraba reirse la pobre.</p> + +<p>—Sí, sórbemelo, que a ti no puede hacerte +daño, que en ti se morirá, se ahogará en tu +sangre como en agua bendita...</p> + +<p>Y cuando Abel se encontró en su casa, a +solas con su Helena, ésta le dijo:</p> + +<p>—Ya han venido a contarme lo del discurso +de Joaquín. Ha tenido que tragar tu +triunfo... ha tenido que tragarte...!</p> + +<p>—No hables así, mujer, que no le has oído.</p> + +<p>—Como si le hubiese oído,</p> + +<p>—Le salía del corazón. Me ha conmovido. +Te digo que ni yo sé lo que he pintado hasta +que no le he oído a él explicárnoslo.</p> + +<p>—No te fíes... no te fíes de él... cuando +tanto le ha elogiado, por algo será...</p> + +<p>—Y no puede haber dicho lo que sentía?</p> + +<p>---Tú sabes que está muerto de envidia +de ti...</p> + +<p>—Cállate.</p> + +<p>—Muerto, sí, muertito de envidia de ti...</p> + +<p>—Cállate, cállate, mujer, cállate!</p> + +<p>—No, no son celos, porque él ya no me<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span> +quiere, si es que me quiso... es envidia... envidia...</p> + +<p>—Cállate! Cállate!—rugió Abel.</p> + +<p>—Bueno, me callo, pero tú verás...</p> + +<p>—Ya he visto y he oído y me basta. Cállate, +digo!</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XV</h2> + + +<p>Pero no, no! Aquel acto heroico no le curó +al pobre Joaquín.</p> + +<p>«Empecé a sentir remordimiento—escribió +en su <i>Confesión</i>—de haber dicho lo que +dije, de no haber dejado estallar mi mala +pasión para así librarme de ella, de no haber +acabado con él artísticamente, denunciando +los engaños y falsos efectismos de su arte, +sus imitaciones, su técnica fría y calculada, +su falta de emoción; de no haber matado +su gloria. Y así me habría librado de lo otro, +diciendo la verdad, reduciendo su prestigio +a su verdadera tasa. Acaso Caín, el bíblico, +el que mató al otro Abel, empezó a querer a<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span> +éste luego que le vió muerto. Y entonces fué +cuando empecé a creer: de los efectos de +aquel discurso provino mi conversión.»</p> + +<p>Lo que Joaquín llamaba así en su <i>Confesión</i> +fué que Antonia, su mujer, que le vió no +curado, que le temió acaso incurable, fué induciéndole +a que buscase armas en la religión +de sus padres, en la de ella, en la que había +de ser de su hija, en la oración.</p> + +<p>—Tú lo que debes hacer es ir a confesarte...</p> + +<p>—Pero, mujer, si hace años que no voy a +la iglesia...</p> + +<p>—Por lo mismo.</p> + +<p>—Pero si no creo en esas cosas...</p> + +<p>—Eso creerás tú, pero a mí me ha explicado +el padre cómo vosotros, los hombres de +ciencia, creéis no creer, pero creéis. Yo sé que +las cosas que te enseñó tu madre, las que yo +enseñaré a nuestra hija...</p> + +<p>—Bueno, bueno, déjame!</p> + +<p>—No, no te dejaré. Vete a confesarte, te +lo ruego.</p> + +<p>—Y qué dirán los que conocen mis ideas?</p> + +<p>—Ah, es eso? Son respetos humanos?</p> + +<p>Mas la cosa empezó a hacer mella en el co<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>razón +de Joaquín y se preguntó si realmente +no creía y aun sin creer quiso probar si la +Iglesia podría curarle. Y empezó a frecuentar +el templo, algo demasiado a las claras, como +en son de desafío a los que conocían sus ideas +irreligiosas, y acabó yendo a un confesor. Y +una vez en el confesonario se le desató el +alma.</p> + +<p>—Le odio, padre, le odio con toda mi alma, +y a no creer como creo, a no querer creer +como quiero creer, le mataría...</p> + +<p>—Pero eso, hijo mío, eso no es odio; eso +es más bien envidia.</p> + +<p>—Todo odio es envidia, padre, todo odio +es envidia.</p> + +<p>—Pero debe cambiarlo en noble emulación, +en deseo de hacer en su profesión y sirviendo +a Dios, lo mejor que pueda...</p> + +<p>—No puedo, no puedo, no puedo trabajar. +Su gloria no me deja.</p> + +<p>—Hay que hacer un esfuerzo... para eso +el hombre es libre...</p> + +<p>—No creo en el libre albedrío, padre. Soy +médico.</p> + +<p>—Pero...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p> + +<p>—Qué hice yo para que Dios me hiciese +así, rencoroso, envidioso, malo? Qué mala +sangre me legó mi padre?</p> + +<p>—Hijo mío... hijo mío...</p> + +<p>—No, no creo en la libertad humana, y el +que no cree en la libertad no es libre. No, no +lo soy! Ser libre es creer serlo!</p> + +<p>—Es usted malo porque desconfía de Dios.</p> + +<p>—El desconfiar de Dios es maldad, padre?</p> + +<p>—No quiero decir eso, sino que la mala +pasión de usted proviene de que desconfía +de Dios...</p> + +<p>—El desconfiar de Dios es maldad? Vuelvo +a preguntárselo.</p> + +<p>—Sí, es maldad.</p> + +<p>—Luego desconfío de Dios porque me hizo +malo, como a Caín le hizo malo. Dios me +hizo desconfiado...</p> + +<p>—Le hizo libre.</p> + +<p>—Sí, libre de ser malo.</p> + +<p>—Y de ser bueno!</p> + +<p>—Por qué nací, padre?</p> + +<p>—Pregunte más bien que para qué nació...</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XVI</h2> + + +<p>Abel había pintado una Virgen con el niño +en brazos, que no era sino un retrato de Helena, +su mujer, con el hijo, Abelito. El cuadro +tuvo éxito, fué reproducido, y ante una espléndida +fotografía de él rezaba Joaquín a +la Virgen Santísima, diciéndole: «Protégeme! +Sálvame!»</p> + +<p>Pero mientras así rezaba, susurrándose en +voz baja y como para oirse, quería acallar +otra voz más honda, que brotándole de las +entrañas le decía: «Así se muera! Así te la +deje libre!»</p> + +<p>—Con que te has hecho ahora reaccionario?—le +dijo un día Abel a Joaquín.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p> + +<p>—Yo?</p> + +<p>—Sí, me han dicho que te has dado a la +iglesia y que oyes misa diaria, y como nunca +has creído ni en Dios ni en el Diablo, y no es +cosa de convertirse así, sin más ni menos, +pues que te has hecho reaccionario!</p> + +<p>—Y a ti qué?</p> + +<p>—No, si no te pido cuentas; pero... crees +de veras?</p> + +<p>—Necesito creer.</p> + +<p>—Eso es otra cosa. Pero crees?</p> + +<p>—Ya te he dicho que necesito creer, y no +me preguntes más.</p> + +<p>—Pues a mí con el arte me basta; el arte +es mi religión.</p> + +<p>—Pues has pintado Vírgenes...</p> + +<p>—Sí, a Helena.</p> + +<p>—Que no lo es precisamente.</p> + +<p>—Para mí como si lo fuese. Es la madre +de mi hijo...</p> + +<p>—Nada más?</p> + +<p>—Y toda madre es virgen en cuanto es +madre.</p> + +<p>—Ya estás haciendo teología!</p> + +<p>—No sé, pero aborrezco el reaccionarismo<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span> +y la gazmoñería. Todo eso me parece que no +nace sino de la envidia, y me extraña en ti, +que te creo muy capaz de distinguirte del +vulgo, de los mediocres, me extraña que te +pongas ese uniforme.</p> + +<p>—A ver, a ver, Abel, explícate!</p> + +<p>---Es muy claro. Los espíritus vulgares, +ramplones, no consiguen distinguirse, y como +no pueden sufrir que otros se distingan, les +quieren imponer el uniforme del dogma, que +es un traje de munición, para que no se distingan. +El origen de toda ortodoxia, lo mismo +en religión que en arte, es la envidia, no te +quepa duda. Si a todos se nos deja vestirnos +como se nos antoje, a uno se le ocurre un +atavío que llame la atención y pone de realce +su natural elegancia, y si es hombre hace que +las mujeres le admiren, y se enamoren de él +mientras otro, naturalmente ramplón y vulgar, +no logra sino ponerse en ridículo buscando +vestirse a su modo, y por eso los vulgares, +los ramplones, que son los envidiosos, +han ideado una especie de uniforme, un +modo de vestirse como muñecos, que pueda +ser moda, porque la moda es otra ortodoxia.<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> +Desengáñate, Joaquín: eso que llaman ideas +peligrosas, atrevidas, impías, no son sino +las que no se les ocurre a los pobres de ingenio +rutinario, a los que no tienen ni pizca de +sentido propio ni originalidad y sí sólo sentido +común y vulgaridad. Lo que más odian +es la imaginación y porque no la tienen.</p> + +<p>—Y aunque así sea—exclamó Joaquín,—es +que esos que llaman los vulgares, los ramplones, +los mediocres, no tienen derecho a +defenderse?</p> + +<p>—Otra vez defendiste en mi casa, ¿te +acuerdas?, a Caín, al envidioso, y luego, en +aquel inolvidable discurso que me moriré leyéndotelo, +en aquel discurso a que debo lo +más de mi reputación, nos enseñaste, me +enseñaste a mí al menos, el alma de Caín. +Pero Caín no era ningún vulgar, ningún ramplón, +ningún mediocre...</p> + +<p>—Pero fué el padre de los envidiosos...</p> + +<p>—Sí, pero de otra envidia, no de la de esa +gente... La envidia de Caín era algo grande; +la del fanático inquisidor es lo más pequeño +que hay. Y me choca verte entre ellos...</p> + +<p>«Pero este hombre—se decía Joaquín al<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span> +separarse de Abel—es que lee en mí? Aunque +no, parece no darse cuenta de lo que me +pasa. Habla y piensa como pinta, sin saber +lo que dice y lo que pinta. Es un inconsciente, +aunque yo me empeñe en ver en él un +técnico reflexivo...»</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XVII</h2> + + +<p>Enteróse Joaquín de que Abel andaba enredado +con una antigua modelo, y esto le corroboró +en su aprensión de que no se había +casado con Helena por amor. «Se casaron—decíase—por +humillarme.» Y luego se añadía: +«Ni ella, ni Helena le quiere, ni puede +quererle... ella no quiere a nadie, es incapaz +de cariño, no es más que un hermoso estuche +de vanidad... Por vanidad, y por desdén +a mí, se casó, y por vanidad o por capricho +es capaz de faltar a su marido... Y hasta con +el mismo a quien no quiso para marido...» +Surgíale a la vez de entre pavesas una brasa +que creía apagada al hielo de su odio, y era<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span> +su antiguo amor a Helena. Seguía, sí, a pesar +de todo, enamorado de la pava real, de la +coqueta, de la modelo de su marido. Antonia +le era muy superior, sin duda, pero la otra +era la otra. Y luego, la venganza... es tan +dulce la venganza! Tan tibia para un corazón +helado!</p> + +<p>A los pocos días fué a casa de Abel, acechando +la hora en que éste se hallara fuera +de ella. Encontró a Helena sola con el niño, +a aquella Helena, a cuya imagen divinizada +había en vano pedido protección y salvación.</p> + +<p>—Ya me ha dicho Abel—le dijo su prima—que +ahora te ha dado por la iglesia. Es +que Antonia te ha llevado a ella, o es que vas +huyendo de Antonia?</p> + +<p>—Pues?</p> + +<p>—Porque los hombres soléis haceros beatos +o a rastras de la mujer o escapando de +ella...</p> + +<p>—Hay quien escapa de la mujer, y no para +ir a la iglesia precisamente.</p> + +<p>—Sí, eh?</p> + +<p>—Sí, pero tu marido, que te ha venido<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span> +con el cuento ese, no sabe algo más, y es que +no sólo rezo en la iglesia...</p> + +<p>—Es claro! Todo hombre devoto debe hacer +sus devociones en casa.</p> + +<p>—Y las hago. Y la principal es pedir a la +Virgen que me proteja y me salve.</p> + +<p>—Me parece muy bien.</p> + +<p>—Y sabes ante qué imagen pido eso?</p> + +<p>—Si tú no me lo dices...</p> + +<p>—Ante la que pintó tu marido...</p> + +<p>Helena volvió la cara de pronto, enrojecida, +al niño que dormía en un rincón del gabinete. +La brusca violencia del ataque la desconcertó. +Mas reponiéndose dijo:</p> + +<p>—Eso me parece una impiedad de tu +parte y prueba, Joaquín, que tu nueva devoción +no es más que una farsa y algo peor...</p> + +<p>—Te juro, Helena...</p> + +<p>—El segundo: no jurar su santo nombre +en vano.</p> + +<p>—Pues te juro, Helena, que mi conversión +fué verdadera, es decir que he querido +creer, que he querido defenderme con la fe +de una pasión que me devora...</p> + +<p>—Sí, conozco tu pasión.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span></p> + +<p>—No, no la conoces!</p> + +<p>—La conozco. No puedes sufrir a Abel.</p> + +<p>—Pero por qué no puedo sufrirle?</p> + +<p>—Eso tú lo sabrás. No has podido sufrirle +nunca, ni aun antes de que me le presentases.</p> + +<p>—Falso!... Falso!</p> + +<p>—Verdad! Verdad!</p> + +<p>—Y por qué no he de poder sufrirle?</p> + +<p>—Pues porque adquiere fama, porque +tiene renombre... No tienes tú clientela? No +ganas con ella?</p> + +<p>—Pues mira, Helena, voy a decirte la verdad, +toda la verdad. No me basta con eso! +Yo querría haberme hecho famoso, haber +hallado algo nuevo en mi ciencia, haber unido +mi nombre a algún descubrimiento científico...</p> + +<p>—Pues ponte a ello, que talento no te +falta.</p> + +<p>—Ponerme a ello... ponerme a ello... Habríame +puesto a ello, sí, Helena, si hubiese +podido haber puesto esa gloria a tus pies...</p> + +<p>—Y por qué no a los de Antonia?</p> + +<p>—No hablemos de ella!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span></p> + +<p>—Ah, pero has venido a esto? Has espiado +el que mi Abel—y recalcó el <i>mi</i>—estuviese +fuera para venir a esto?</p> + +<p>—Tu Abel... tu Abel... valiente caso hace +de ti tu Abel!</p> + +<p>—Qué? También delator, acusique, soplón?</p> + +<p>—Tu Abel tiene otros modelos que tú.</p> + +<p>—Y qué?—exclamó Helena, irguiéndose.—Y +qué si las tiene? Señal de que sabe ganarlas! +O es que también de eso le tienes envidia? +Es que no tienes más remedio que +contentarte con... tu Antonia? Ah, y porque +él ha sabido buscarse otra vienes tú aquí +hoy a buscarte otra también? Y vienes así, +con chismes de estos? No te da vergüenza, +Joaquín? Quítate, quítate de ahí, que me da +bascas sólo el verte.</p> + +<p>—Por Dios, Helena, que me estás matando... +que me estás matando!</p> + +<p>—Anda, vete, vete a la iglesia, hipócrita, +envidioso; vete a que tu mujer te cure, que +estás muy malo.</p> + +<p>—Helena, Helena, que tú sola puedes curarme! +Por cuanto más quieras, Helena, mira +que pierdes para siempre a un hombre!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span></p> + +<p>—Ah, y quieres que por salvarte a ti pierda +a otro, al mío?</p> + +<p>—A ese no le pierdes; le tienes ya perdido. +Nada le importa de ti. Es incapaz de quererte. +Yo, yo soy el que te quiero, con toda +mi alma, con un cariño como no puedes soñar.</p> + +<p>Helena se levantó, fué al niño y despertándolo, +cojiólo en brazos, y volviendo a +Joaquín le dijo: «Vete! Es éste, el hijo de +Abel, quien te echa de su casa; vete!»</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XVIII</h2> + + +<p>Joaquín empeoró. La ira al conocer que se +había desnudado el alma ante Helena, y el +despecho por la manera como ésta le rechazó, +en que vió claro que le despreciaba, acabó +de enconarle el ánimo. Mas se dominó buscando +en su mujer y en su hija consuelo y +remedio. Ensombreciósele aun más su vida +de hogar; se le agrió el humor.</p> + +<p>Tenía entonces en casa una criada muy +devota, que procuraba oir misa diaria y se +pasaba las horas que el servicio le dejaba +libre, encerrada en su cuarto haciendo sus devociones. +Andaba con los ojos bajos, fijos +en el suelo, y respondía a todo con la mayor<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span> +mansedumbre y en voz algo gangosa. Joaquín +no podía resistirla y la regañaba con +cualquier pretexto. «Tiene razón el señor», +solía decirle ella.</p> + +<p>—Cómo que tengo razón?—exclamó una +vez, ya perdida la paciencia, él, el amo.—No, +ahora no tengo razón!</p> + +<p>—Bueno, señor, no se enfade, no la tendrá.</p> + +<p>—Y nada más?</p> + +<p>—No le entiendo, señor.</p> + +<p>—Cómo que no me entiendes, gazmoña, +hipócrita? Por qué no te defiendes? Por +qué, no me replicas? Por qué no te rebelas?</p> + +<p>—Rebelarme yo? Dios y la Santísima Virgen +me defiendan de ello, señor.</p> + +<p>—Pero quieres más—intervino Antonia—sino +que reconozca sus faltas?</p> + +<p>—No, no las reconoce. Está llena de soberbia!</p> + +<p>—De soberbia yo, señor?</p> + +<p>—Lo ves? Es la hipócrita soberbia de no +reconocerla. Es que está haciendo conmigo, +a mi costa, ejercicios de humildad y de paciencia; +es que toma mis accesos de mal humor +como cilicios para ejercitarse en la vir<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>tud +de la paciencia. Y a mi costa, no! No, +no y no! A mi costa, no! A mí no se me toma +de instrumento para hacer méritos para el +cielo. Eso es hipocresía!</p> + +<p>La criadita lloraba, rezando entre dientes.</p> + +<p>—Pero y si es verdad, Joaquín—dijo Antonia—que +realmente es humilde... Por qué +va a rebelarse? Si se hubiese rebelado te habrías +irritado aún más.</p> + +<p>—No! Es una canallada tomar las flaquezas +del prójimo como medio para ejercitarnos +en la virtud. Que me replique, que +se insolente, que sea persona... y no criada...</p> + +<p>—Entonces, Joaquín, te irritaría más.</p> + +<p>—No, lo que más me irrita son esas pretensiones +a mayor perfección.</p> + +<p>—Se equivoca usted, señor—dijo la criada, +sin levantar los ojos del suelo;—yo no +me creo mejor que nadie.</p> + +<p>—No, eh? Pues yo sí! Y el que no se crea +mejor que otro, es un mentecato. Tú te +creerás la más pecadora de las mujeres, es +eso? Anda, responde!</p> + +<p>—Esas cosas no se preguntan, señor.</p> + +<p>—Anda, responde, que también San Luis<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span> +Gonzaga dicen que se creía el más pecador +de los hombres; responde: te crees, sí o no, +la más pecadora de las mujeres?</p> + +<p>—Los pecados de las otras no van a mi +cuenta, señor.</p> + +<p>—Idiota, más que idiota. Vete de ahí!</p> + +<p>—Dios le perdone, como yo le perdono, +señor.</p> + +<p>—De qué? Ven y dímelo, de qué? De qué +me tiene que perdonar Dios? Anda, dilo.</p> + +<p>—Bueno, señora, lo siento por usted, pero +me voy de esta casa.</p> + +<p>—Por ahí debiste empezar—concluyó Joaquín.</p> + +<p>Y luego, a solas con su mujer, le decía:</p> + +<p>—Y no irá diciendo esta gatita muerta +que estoy loco? No lo estoy acaso, Antonia? +Dime, estoy loco, sí o no?</p> + +<p>—Por Dios, Joaquín, no te pongas así...</p> + +<p>—Sí, sí creo estar loco... Enciérrame. Esto +va a acabar conmigo.</p> + +<p>—Acaba tú con ello.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XIX</h2> + + +<p>Concentró entonces todo su ahinco en su +hija, en criarla y educarla, en mantenerla libre +de las inmundicias morales del mundo.</p> + +<p>—Mira—solía decirle a su mujer,—es una +suerte que sea sola, que no hayamos tenido +más.</p> + +<p>—No te habría gustado un hijo?</p> + +<p>—No, no, es mejor hija, es más fácil aislarla +del mundo indecente. Además, si hubiésemos +tenido dos, habrían nacido envidias +entre ellos...</p> + +<p>—O no!</p> + +<p>—O sí. No se puede repartir el cariño +igualmente entre varios: lo que se le da al<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span> +uno se le quita al otro. Cada uno pide todo +para él y sólo para él. No, no, no quisiera +verme en el caso de Dios...</p> + +<p>—Y cuál es ese caso?</p> + +<p>—El de tener tantos hijos. No dicen que +somos todos hijos de Dios?</p> + +<p>—No digas esas cosas, Joaquín...</p> + +<p>—Unos están sanos para que otros estén +enfermos... Hay que ver el reparto de las enfermedades...</p> + +<p>No quería que su hija tratase con nadie. +La llevó una maestra particular a casa, +y él mismo, en ratos de ocio, le enseñaba +algo.</p> + +<p>La pobre Joaquina adivinó en su padre a +un paciente mientras recibía de él una concepción +tétrica del mundo y de la vida.</p> + +<p>—Te digo—le decía Joaquín a su mujer—que +es mejor, mucho mejor que tengamos +una hija sola, que no tengamos que repartir +el cariño...</p> + +<p>—Dicen que cuanto más se reparte crece +más...</p> + +<p>—No creas así. Te acuerdas de aquel pobre +Ramírez, el procurador? Su padre tenía<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> +dos hijos y dos hijas y pocos recursos. En su +casa no se comía sino sota, caballo y rey, cocido, +pero no principio; sólo el padre, Ramírez +padre, tomaba principio, del cual daba +alguna vez a uno de los hijos y a una de las +hijas, pero nunca a los otros. Cuando repicaban +gordo, en días señalados, había dos +principios para todos y otro además para él, +para el amo de la casa, que en algo había de +distinguirse. Hay que conservar la jerarquía. +Y a la noche, al recojerse a dormir Ramírez +padre daba siempre un beso a uno de los hijos +y a una de las hijas, pero no a los otros +dos.</p> + +<p>—Qué horror! Y por qué?</p> + +<p>—Qué sé yo... Le parecerían más guapos +los preferidos...</p> + +<p>—Es como lo de Carvajal, que no puede +ver a su hija menor...</p> + +<p>—Es que le ha llegado la última, seis años +después de la anterior y cuando andaba mal +de recursos. Es una nueva carga, e inesperada. +Por eso le llama la intrusa.</p> + +<p>—Qué horrores, Dios mío!</p> + +<p>—Así es la vida, Antonia, un semillero de<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span> +horrores. Y bendigamos a Dios el no tener +que repartir nuestro cariño.</p> + +<p>—Cállate!</p> + +<p>—Cállome!</p> + +<p>Y le hizo callar.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XX</h2> + + +<p>El hijo de Abel estudiaba Medicina, y su +padre solía dar a Joaquín noticias de la marcha +de sus estudios. Habló Joaquín algunas +veces con el muchacho mismo y le cobró algún +afecto; tan insignificante le pareció.</p> + +<p>—Y cómo le dedicas a médico y no a pintor?—le +preguntó a su amigo.</p> + +<p>—No le dedico yo, se dedica él. No siente +vocación alguna por el arte...</p> + +<p>—Claro, y para estudiar Medicina no hace +falta vocación...</p> + +<p>—No he dicho eso. Tú siempre tan mal +pensado. Y no sólo no siente vocación por +la pintura, pero ni curiosidad. Apenas si se<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> +detiene a ver lo que pinto ni se informa de +ello.</p> + +<p>—Es mejor así acaso...</p> + +<p>—Por qué?</p> + +<p>—Porque si se hubiera dedicado a la pintura, +o lo hacía mejor que tú, o peor. Si peor, +eso de ser Abel Sánchez, hijo, al que llamarían +Abel Sánchez el Malo o Sánchez el Malo +o Abel el Malo, no está bien ni él lo sufriría...</p> + +<p>—Y si fuera mejor que yo?</p> + +<p>—Entonces serías tú quien no lo sufriría.</p> + +<p>—Piensa el ladrón que todos son de su +condición.</p> + +<p>—Sí, venme ahora a mí, a mí, con esas +pamemas. Un artista no soporta la gloria +de otro, y menos si es su propio hijo o su +hermano. Antes la de un extraño. Eso de +que uno de su sangre le supere... eso no! +Cómo explicarlo? Haces bien en dedicarle +a la Medicina.</p> + +<p>—Además, así ganará más.</p> + +<p>—Pero quieres hacerme creer que no ganas +mucho con la pintura?</p> + +<p>—Bah, algo.</p> + +<p>—Y además, gloria.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> + +<p>—Gloria? Para lo que dura...</p> + +<p>—Menos dura el dinero.</p> + +<p>—Pero es más sólido.</p> + +<p>—No seas farsante, Abel, no finjas despreciar +la gloria.</p> + +<p>—Te aseguro que lo que hoy me preocupa +es dejar una fortuna a mi hijo.</p> + +<p>—Le dejarás un nombre.</p> + +<p>—Los nombres no se cotizan.</p> + +<p>—El tuyo, sí!</p> + +<p>—Mi firma, pero es... Sánchez! Y menos +mal si no le da por firmar Abel S. Puig!—que +le hagan marqués de Casa Sánchez. +Y luego el Abel quita la malicia al Sánchez. +Abel Sánchez suena bien.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXI</h2> + + +<p>Huyendo de sí mismo, y para ahogar con +la constante presencia del otro, de Abel, en +su espíritu, la triste conciencia enferma que +se le presentaba, empezó a frecuentar una +peña del Casino. Aquella conversación ligera +le serviría como de narcótico, o más bien se +embriagaría con ella. No hay quien se entrega +a la bebida para ahogar una pasión devastadora +en ella, para derretir en vino un +amor frustrado? Pues él se entregaría a la +conversación casinera, a oirla más que a +tomar parte muy activa en ella, para ahogar +también su pasión. Sólo que el remedio, +fué peor que la enfermedad.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span></p> + +<p>Iba siempre decidido a contenerse, a reir +y bromear, a murmurar como por juego, a +presentarse a modo de desinteresado espectador +de la vida, bondadoso como un escéptico +de profesión, atento a lo de que comprender +es perdonar, y sin dejar traslucir el +cáncer que le devoraba la voluntad. Pero el +mal le salía por la boca, en las palabras, cuando +menos lo esperaba, y percibían todos en +ellas el hedor del mal. Y volvía a casa irritado +contra sí mismo, reprochándose su cobardía +y el poco dominio sobre sí y decidido +a no volver más a la peña del Casino. «No—se +decía—no vuelvo, no debo volver; esto me +empeora, me agrava; aquel ámbito es deletéreo; +no se respira allí más que malas pasiones +retenidas; no, no vuelvo; lo que yo +necesito es soledad, soledad. Santa soledad!»</p> + +<p>Y volvía.</p> + +<p>Volvía por no poder sufrir la soledad. Pues +en la soledad, jamás lograba estar solo, sino +que siempre allí el otro. El otro! Llegó a sorprenderse +en diálogo con él, tramando lo +que el otro le decía. Y el otro, en estos diálogos +solitarios, en estos monólogos dialoga<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>dos, +le decía cosas indiferentes o gratas, no +le mostraba ningún rencor. «Por qué no me +odia, Dios mío!—llegó a decirse.—Por qué +no me odia?»</p> + +<p>Y se sorprendió un día a sí mismo a punto +de pedir a Dios, en infame oración diabólica, +que infiltrase en el alma de Abel odio +a él, a Joaquín. Y otra vez: «Ah, si me envidiase... +si me envidiase...!» Y a esta idea, que +como fulgor lívido cruzó por las tinieblas de +su espíritu de amargura, sintió un gozo +como de derretimiento, un gozo que le hizo +temblar hasta los tuétanos del alma, escalofriados. +Ser envidiado...! Ser envidiado...!</p> + +<p>«Mas no es esto—se dijo luego—que me +odio, que me envidio a mí mismo...?» Fuese a +la puerta, la cerró con llave, miró a todos lados, +y al verse solo arrodillóse murmurando +con lágrimas de las que escaldan en la voz: +«Señor, Señor. Tú me dijiste: ama a tu prójimo +como a ti mismo! Y yo no amo al prójimo, +no puedo amarle, porque no me amo, +no sé amarme, no puedo amarme a mí mismo. +Qué has hecho de mí, Señor!»</p> + +<p>Fué luego a cojer la Biblia y la abrió por<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> +donde dice: «Y Jehová dijo a Caín: dónde +está Abel tu hermano?» Cerró lentamente el +libro, murmurando: «Y dónde estoy yo?» Oyó +entonces ruido fuera y se apresuró a abrir la +puerta. «Papá, papaíto!», exclamó su hija al +entrar. Aquella voz fresca pareció volverle +a la luz. Besó a la muchacha y rozándole el +oído con la boca le dijo bajo, muy bajito, +para que no lo oyera nadie: «Reza por tu +padre, hija mía!»</p> + +<p>—Padre! Padre!—gimió la muchacha, +echándole los brazos al cuello.</p> + +<p>Ocultó la cabeza en el hombro de la hija +y rompió a llorar.</p> + +<p>—Qué te pasa, papá, estás enfermo?</p> + +<p>—Sí, estoy enfermo. Pero no quieras saber +más.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXII</h2> + + +<p>Y volvió al Casino. Era inútil resistirlo. +Cada día se inventaba a sí mismo un pretexto +para ir allá. Y el molino de la peña seguía +moliendo.</p> + +<p>Allí estaba Federico Cuadrado, implacable, +que en cuanto oía que alguien elogiaba a otro +preguntaba: «Contra quién va ese elogio?»</p> + +<p>—Porque a mí—decía con su vocecita fría +y cortante—no me la dan con queso; cuando +se elogia mucho a uno, se tiene presente a +otro al que se trata de rebajar con ese elogio, +a un rival del elogiado. Eso cuando no se le +elogia con mala intención, por ensañarse en +él... Nadie elogia con buena intención.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span></p> + +<p>—Hombre—le replicaba León Gómez, que +se gozaba en dar cuerda al cínico Cuadrado—ahí +tienes a don Leovigildo, al cual nadie le +ha oído todavía hablar mal de otro...</p> + +<p>—Bueno—intercalaba un diputado provincial,—es +que don Leovigildo es un político +y los políticos deben estar a bien con +todo el mundo. Qué dices Federico?</p> + +<p>—Digo que don Leovigildo se morirá sin +haber hablado mal ni pensado bien de nadie. +El no dará acaso ni el más lijero empujoncito +para que otro caiga, ni aunque no se lo +vean, porque no sólo teme al código penal, +sino también al infierno; pero si el otro se +cae y se rompe la crisma, se alegrará hasta +los tuétanos. Y para gozarse en la rotura de +la crisma del otro, será el primero que irá a +condolerse de su desgracia y darle el pésame.</p> + +<p>—Yo no sé cómo se puede vivir sintiendo +así—dijo Joaquín.</p> + +<p>—Sintiendo cómo?—le arguyó al punto +Federico.—Como siente don Leovigildo, +como siento yo o como sientes tú?</p> + +<p>—De mí nadie ha hablado!—Y esto lo +dijo con acre displicencia.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span></p> + +<p>—Pero hablo yo, hijo mío, porque aquí +todos nos conocemos...</p> + +<p>Joaquín se sintió palidecer. Le llegaba +como un puñal de hielo hasta las entrañas +de la voluntad aquel <i>hijo mío!</i> que prodigaba +Federico, su demonio de la guarda, +cuando echaba la garra sobre alguien.</p> + +<p>—No sé por qué le tienes esa tirria a don +Leovigildo—añadió Joaquín, arrepintiéndose +de haberlo dicho apenas lo dijera, pues sintió +que estaba atizando la mala lumbre.</p> + +<p>—Tirria? Tirria yo? Y a don Leovigildo?</p> + +<p>—Sí, no sé qué mal te ha hecho...</p> + +<p>—En primer lugar, hijo mío, no hace falta +que le hayan hecho a uno mal alguno para +tenerle tirria. Cuando se le tiene a uno tirria, +es fácil inventar ese mal, es decir, figurarse +uno que se lo han hecho... Y yo no le tengo +a don Leovigildo más tirria que a otro cualquiera. +Es un hombre y basta. Y un hombre +honrado!</p> + +<p>—Como tú eres un misántropo profesional...—empezó +el diputado provincial.</p> + +<p>—El hombre es el bicho más podrido y +más indecente, ya os lo he dicho cien veces.<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span> +Y el hombre honrado es el peor de los hombres.</p> + +<p>—Anda, anda, qué dices a eso tú, que hablabas +el otro día del político honrado, refiriéndote +a don Leovigildo?—le dijo León Gómez +al diputado.</p> + +<p>—Político honrado!—saltó Federico.—Eso +sí que no!</p> + +<p>—Y por qué?—preguntaron tres a coro.</p> + +<p>—Que por qué? Porque lo ha dicho él +mismo. Porque tuvo en un discurso la avilantez +de llamarse a sí mismo honrado. No es +honrado declararse tal. Dice el Evangelio +que Cristo Nuestro Señor...</p> + +<p>—No mientes a Cristo, te lo suplico!—le +interrumpió Joaquín.</p> + +<p>—Qué? Te duele también Cristo, hijo mío?</p> + +<p>Hubo un breve silencio, oscuro y frío.</p> + +<p>—Dijo Cristo Nuestro Señor—recalcó Federico—que +no le llamaran bueno, que bueno +era sólo Dios. Y hay cochinos cristianos +que se atreven a llamarse a sí mismos honrados!</p> + +<p>—Es que honrado no es precisamente bueno—intercaló +don Vicente, el magistrado.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p> + +<p>—Ahora lo ha dicho usted, don Vicente. +Y gracias a Dios que le oigo a un magistrado +alguna sentencia razonable y justa!</p> + +<p>—De modo—dijo Joaquín—que uno no +debe confesarse honrado. Y pillo?</p> + +<p>—No hace falta.</p> + +<p>—Lo que quiere el señor Cuadrado—dijo +don Vicente, el magistrado—es que los hombres +se confiesen bellacos y sigan siéndolo; +no es eso?</p> + +<p>—Bravo!—exclamó el diputado provincial.</p> + +<p>—Le diré a usted, hijo mío—contestó Federico, +pensando la respuesta.—Usted debe +saber cuál es la excelencia del sacramento de +la confesión en nuestra sapientísima Madre +Iglesia...</p> + +<p>—Alguna otra barbaridad—interrumpió +el magistrado.</p> + +<p>—Barbaridad, no, sino muy sabia institución. +La confesión sirve para pecar más +tranquilamente, pues ya sabe uno que le ha +de ser perdonado su pecado. No es así, Joaquín?</p> + +<p>—Hombre, si uno no se arrepiente...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span></p> + +<p>—Sí, hijo mío, sí, si uno se arrepiente, +pero vuelve a pecar y vuelve a arrepentirse +y sabe cuando peca que se arrepentirá y sabe +cuando se arrepiente que volverá a pecar, y +acaba por pecar y arrepentirse a la vez; no +es así?</p> + +<p>—El hombre es un misterio—dijo León +Gómez.</p> + +<p>—Hombre, no digas sandeces!—le replicó +Federico.</p> + +<p>—Sandez, por qué?</p> + +<p>—Toda sentencia filosófica, así, todo axioma, +toda proposición general y solemne, +enunciada aforísticamente, es una sandez.</p> + +<p>—Y la filosofía, entonces?</p> + +<p>—No hay más filosofía que ésta, la que hacemos +aquí...</p> + +<p>—Sí, desollar al prójimo.</p> + +<p>—Exacto. Nunca está mejor que desollado.</p> + +<p>Al levantarse la tertulia, Federico se acercó +a Joaquín a preguntarle si se iba a su casa, +pues gustaría de acompañarle un rato, y al +decirle éste que no, que iba a hacer una visita +allí, al lado, aquél le dijo:</p> + +<p>—Sí, te comprendo; eso de la visita es un<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> +achaque. Lo que tú quieres es verte solo. Lo +comprendo.</p> + +<p>—Y por qué lo comprendes?</p> + +<p>—Nunca se está mejor que solo. Pero +cuando te pese la soledad, acude a mí. Nadie +te distraerá mejor de tus penas.</p> + +<p>—Y las tuyas?—le espetó Joaquín.</p> + +<p>—Bah! ¡Quién piensa en eso...!</p> + +<p>Y se separaron.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXIII</h2> + + +<p>Andaba por la ciudad un pobre hombre +necesitado, aragonés, padre de cinco hijos y +que se ganaba la vida como podía, de escribiente +y a lo que saliera. El pobre acudía +con frecuencia a conocidos y amigos, si es +que un hombre así los tiene, pidiéndoles con +mil pretextos que le anticiparan dos o tres +duros. Y lo que era más triste, mandaba a +alguno de sus hijos, y alguna vez a su mujer, +a las casas de los conocidos con cartitas de +petición. Joaquín le había socorrido algunas +veces, sobre todo cuando le llamaba a que +viese, como médico, a personas de su familia. +Y hallaba un singular alivio en socorrer a<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span> +aquel pobre hombre. Adivinaba en él una +víctima de la maldad humana.</p> + +<p>Preguntóle una vez por él a Abel.</p> + +<p>—Sí, le conozco—le dijo éste,—y hasta le +tuve algún tiempo empleado. Pero es un haragán, +un vago. Con el pretexto de que tiene +que ahogar sus penas, no deja de ir ningún +día al café, aunque en su casa no se encienda +la cocina. Y no le faltará su cajetilla de cigarros. +Tiene que convertir sus pesares en +humo.</p> + +<p>—Eso no es decir nada, Abel. Habría que +ver el caso por dentro...</p> + +<p>—Mira, déjate de garambainas. Y por lo +que no paso es por la mentira esa de pedirme +prestado y lo de «se lo devolveré en cuanto +pueda...» Que pida limosna y al avío. Es más +claro y más noble. La última vez me pidió +tres duros adelantados y le di tres pesetas, +pero diciéndole: «Y sin devolución!» Es un +haragán!</p> + +<p>—Y qué culpa tiene él...!</p> + +<p>—Vamos, sí, ya salió aquello, qué culpa +tiene...</p> + +<p>—Pues claro! De quién son las culpas?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> + +<p>—Bueno, mira, dejémonos de esas cosas. +Y si quieres socorrerle, socórrele, que yo no +me opongo. Y yo mismo estoy seguro de que +si me vuelve a pedir, le daré.</p> + +<p>—Eso ya lo sabía yo, porque en el fondo +tú...</p> + +<p>—No nos metamos al fondo. Soy pintor +y no pinto los fondos de las personas. Es más, +estoy convencido de que todo hombre lleva +fuera todo lo que tiene dentro.</p> + +<p>—Vamos, sí, que para ti un hombre no es +más que un modelo...</p> + +<p>—Te parece poco? Y para ti un enfermo. +Porque tú eres el que les andas mirando y +auscultando a los hombres por dentro...</p> + +<p>—Mediano oficio...</p> + +<p>—Por qué?</p> + +<p>—Porque acostumbrado uno a mirar a los +demás por dentro, da en ponerse a mirarse +a sí mismo, a auscultarse.</p> + +<p>—Ve ahí mi ventaja. Yo con mirarme al +espejo tengo bastante...</p> + +<p>—Y te has mirado de veras alguna vez?</p> + +<p>—Naturalmente! Pues no sabes que me he +hecho un autorretrato?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p> + +<p>—Que será una obra maestra...</p> + +<p>—Hombre, no está del todo mal... Y tú, +te has registrado por dentro bien?</p> + +<hr class="tb" /> + +<p>Al día siguiente de esta conversación Joaquín +salió del Casino con Federico para preguntarle +si conocía a aquel pobre hombre que +andaba así pidiendo de manera vergonzante. +«Y dime la verdad, eh, que estamos solos; +nada de tus ferocidades».</p> + +<p>—Pues mira, ese es un pobre diablo que +debía estar en la cárcel, donde por lo menos +comería mejor que come y viviría más tranquilo.</p> + +<p>—Pues qué ha hecho?</p> + +<p>—No, no ha hecho nada; debió hacer, y +por eso digo que debería estar en la cárcel.</p> + +<p>—Y qué es lo que debió haber hecho?</p> + +<p>—Matar a su hermano.</p> + +<p>—Ya empiezas!</p> + +<p>—Te lo explicaré. Ese pobre hombre es,<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span> +como sabes, aragonés y allá en su tierra aún +subsiste la absoluta libertad de testar. Tuvo +la desgracia de nacer el primero a su padre, +de ser el mayorazgo y luego tuvo la desgracia +de enamorarse de una muchacha pobre, +guapa y honrada, según parecía. El padre se +opuso con todas sus fuerzas a esas relaciones +amenazándole con desheredarle si llegaba +a casarse con ella. Y él, ciego de amor, comprometió +primero gravemente a la muchacha, +pensando convencer así al padre, y acaso +por casarse con ella y por salir de casa. Y +siguió en el pueblo, trabajando como podía +en casa de sus suegros, y esperando convencer +y ablandar a su padre. Y éste, buen aragonés, +tesa que tesa. Y murió desheredándole +al pobre diablo y dejando su hacienda al +hijo segundo; una hacienda regular. Y muertos +poco después los suegros del hoy aquí +sablista, acudió éste a su hermano pidiéndole +amparo y trabajo, y su hermano se los negó, +y por no matarle, que es lo que le pedía el +coraje, se ha venido acá a vivir de limosna y +del sable. Esta es la historia, como ves, muy +edificante.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p> + +<p>—Y tan edificante!</p> + +<p>—Si le hubiera matado a su hermano, a +esa especie de Jacob, mal, muy mal, y no habiéndole +matado mal, muy mal también...</p> + +<p>—Acaso peor.</p> + +<p>—No digas eso, Federico.</p> + +<p>—Sí, porque no sólo vive miserable y vergonzosamente, +del sable, sino que vive odiando +a su hermano.</p> + +<p>—Y si le hubiera matado?</p> + +<p>—Entonces se le habría curado el odio, y +hoy, arrepentido de su crimen, querría su +memoria. La acción libra del mal sentimiento, +y es el mal sentimiento el que envenena +el alma. Créemelo, Joaquín, que lo sé +muy bien.</p> + +<p>Miróle Joaquín a la mirada fijamente y le +espetó un:</p> + +<p>—Y tú?</p> + +<p>—Yo? No quieras saber, hijo mío, lo que +no te importa. Bástete saber que todo mi cinismo +es defensivo. Yo no soy hijo del que +todos vosotros tenéis por mi padre; yo soy hijo +adulterino y a nadie odio en este mundo más +que a mi propio padre, al natural, que ha sido<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> +el verdugo del otro, del que por vileza y +cobardía me dió su nombre, este indecente +nombre que llevo.</p> + +<p>—Pero padre no es el que engendra; es +el que cría...</p> + +<p>—Es que ese, el que creéis que me ha criado, +no me ha criado sino que me destetó +con el veneno del odio que guarda al otro, +al que me hizo y le obligó a casarse con mi +madre.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXIV</h2> + + +<p>Concluyó la carrera el hijo de Abel, Abelín, +y acudió su padre, a su amigo, por si quería +tomarle de ayudante para que a su lado practicase. +Lo aceptó Joaquín.</p> + +<p>«Le admití—escribía más tarde en su <i>Confesión</i>, +dedicada a su hija—por una extraña +mezcla de curiosidad, de aborrecimiento a +su padre, de afecto al muchacho, que me +parecía entonces una medianía y por un +deseo de libertarme así de mi mala pasión a +la vez que, por más debajo de mi alma, mi +demonio me decía que con el fracaso del hijo +me vengaría del encumbramiento del padre. +Quería por un lado, con el cariño al hijo,<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> +redimirme del odio al padre, y por otro lado +me regodeaba esperando que si Abel Sánchez +triunfó en la pintura, otro Abel Sánchez de +su sangre marraría en la Medicina. Nunca +pude figurarme entonces cuán hondo cariño +cobraría luego al hijo del que me amargaba +y entenebrecía la vida del corazón.»</p> + +<p>Y así fué que Joaquín y el hijo de Abel sintiéronse +atraídos el uno al otro. Era Abelín +rápido de comprensión y se interesaba por las +enseñanzas de Joaquín, a quien empezó llamando +maestro. Este su maestro se propuso +hacer de él un buen médico y confiarle el +tesoro de su experiencia clínica. «Le guiaré—se +decía—a descubrir las cosas que esta maldita +inquietud de mi ánimo me ha impedido +descubrir a mí».</p> + +<p>—Maestro,—le preguntó un día Abelín,—por +qué no recoje usted todas esas observaciones +dispersas, todas esas notas y apuntes +que me ha enseñado y escribe un libro? Sería +interesantísimo y de mucha enseñanza. +Hay cosas hasta geniales, de una extraordinaria +sagacidad científica.</p> + +<p>—Pues mira, hijo—(que así solía llamar<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>le) +respondió—yo no puedo, no puedo... +No tengo humor para ello, me faltan ganas, +coraje, serenidad, no sé qué...</p> + +<p>—Todo sería ponerse a ello...</p> + +<p>—Sí, hijo, sí, todo sería ponerse a ello, +pero cuantas veces lo he pensado no he llegado +a decidirme. Ponerme a escribir un libro... +y en España... y sobre Medicina...! No +vale la pena. Caería en el vacío...</p> + +<p>—No, el de usted, no, maestro, se lo respondo.</p> + +<p>—Lo que yo debía haber hecho es lo que tú +has de hacer, dejar esta insoportable clientela +y dedicarte a la investigación pura, a la verdadera +ciencia, a la fisiología, a la histología, +a la patología y no a los enfermos de pago. Tú +que tienes alguna fortuna, pues los cuadros de +tu padre han debido dársela, dedícate a eso.</p> + +<p>—Acaso tenga usted razón, maestro; pero +ello no quita para que usted deba publicar +sus memorias de clínico.</p> + +<p>—Mira, si quieres, hagamos una cosa. Yo +te doy mis notas todas, te las amplío de palabra, +te digo cuanto me preguntes y publica +tú el libro. Te parece?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p> + +<p>—De perlas, maestro. Ya vengo apuntando +desde que le ayudo todo lo que le oigo y +todo lo que a su lado aprendo.</p> + +<p>—Muy bien, hijo, muy bien!—y le abrazó +conmovido.</p> + +<p>Y luego se decía Joaquín: «Este, éste será +mi obra! Mío y no de su padre. Acabará venerándome +y comprendiendo que yo valgo +mucho más que su padre y que hay en mi +práctica de la Medicina mucha más arte que +en la pintura de su padre. Y al cabo se lo +quitaré, sí, se lo quitaré! El me quitó a Helena, +yo les quitaré el hijo. Que será mío, y +quién sabe?... acaso concluya renegando de +su padre, cuando le conozca y sepa lo que +me hizo».</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXV</h2> + + +<p>—Pero dime—le preguntó un día Joaquín +a su discípulo—cómo se te ocurrió estudiar +Medicina?</p> + +<p>—No lo sé...</p> + +<p>—Porque lo natural es que hubieses sentido +inclinación a la pintura. Los muchachos +se sienten llamados a la profesión de sus +padres; es el espíritu de imitación... el ambiente...</p> + +<p>—Nunca me ha interesado la pintura, +maestro.</p> + +<p>—Lo sé, lo sé por tu padre, hijo.</p> + +<p>—Y la de mi padre menos.</p> + +<p>—Hombre, hombre, y cómo así?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p> + +<p>—No la siento y no sé si la siente él...</p> + +<p>—Eso es más grande. A ver, explícate.</p> + +<p>—Estamos solos; nadie nos oye; usted, +maestro, es como si fuese mi segundo padre... +segundo... Bueno. Además usted es el +más antiguo amigo suyo, le he oído decir que +de siempre, de toda la vida, de antes de tener +uso de razón, que son como hermanos...</p> + +<p>—Sí, sí, así es; Abel y yo somos como hermanos... +Sigue.</p> + +<p>—Pues bien, quiero abrirle hoy mi corazón, +maestro.</p> + +<p>—Ábremelo. Lo que me digas caerá en él +como en el vacío, nadie lo sabrá!</p> + +<p>—Pues sí, dudo que mi padre sienta la pintura +ni nada. Pinta como una máquina, es +un don natural, pero sentir?</p> + +<p>—Siempre he creído eso.</p> + +<p>—Pues fué usted, maestro, quien, según +dicen; hizo la mayor fama de mi padre con +aquel famoso discurso de que aún se habla...</p> + +<p>—Y qué iba yo a decir?</p> + +<p>—Algo así me pasa. Pero mi padre no siente +ni la pintura ni nada. Es de corcho, maestro, +de corcho.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span></p> + +<p>—No tanto, hijo.</p> + +<p>—Sí, de corcho. No vive más que para su +gloria. Todo eso de que la desprecia es farsa, +farsa, farsa. No busca más que el aplauso. +Y es un egoísta, un perfecto egoísta. No quiere +a nadie.</p> + +<p>—Hombre, a nadie...</p> + +<p>—A nadie, maestro, a nadie! Ni sé cómo se +casó con mi madre. Dudo que fuera por amor.</p> + +<p>Joaquín palideció.</p> + +<p>—Sé—prosiguió el hijo—que ha tenido +enredos y líos con algunas modelos, pero eso +no es más que capricho y algo de jactancia. +No quiere a nadie.</p> + +<p>—Pero me parece que no eres tú quien debieras...</p> + +<p>—A mí nunca me ha hecho caso. A mí me +ha mantenido, ha pagado mi educación y +mis estudios, no me ha escatimado ni me escatima +su dinero, pero yo apenas si existo +para él. Cuando alguna vez le he preguntado +algo, de historia del arte, de técnica, de la +pintura o de sus viajes o de otra cosa, me ha +dicho: «Déjame, déjame en paz» y una vez +llegó a decirme: «apréndelo, como lo he apren<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>dido +yo! ahí tienes los libros». Qué diferencia +con usted, maestro!</p> + +<p>—Sería que no lo sabía, hijo. Porque mira, +los padres quedan a las veces mal con sus +hijos por no confesarse más ignorantes o más +torpes que ellos.</p> + +<p>—No era eso. Y hay algo peor.</p> + +<p>—Peor? A ver!</p> + +<p>—Peor, sí. Jamás me ha reprendido, haya +hecho yo lo que hiciera. No soy, no he sido +nunca un calavera, un disoluto, pero todos +los jóvenes tenemos nuestras caídas, nuestros +tropiezos. Pues bien, jamás los ha inquirido +y si por acaso los sabía nada me ha dicho.</p> + +<p>—Eso es respeto a tu personalidad, confianza +en ti... Es acaso la manera más generosa +y noble de educar a un hijo, es fiarse...</p> + +<p>—No, no es nada de eso, maestro. Es sencillamente +indiferencia.</p> + +<p>—No, no, no exageres, no es eso... Qué te +iba a decir que tú no te lo dijeras? Un padre +no puede ser un juez...</p> + +<p>—Pero sí un compañero, un consejero, un +amigo o un maestro como usted.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p> + +<p>—Pero hay cosas que el pudor impide se +traten entre padres e hijos.</p> + +<p>—Es natural que usted, su mayor y más +antiguo amigo, su casi hermano, le defienda +aunque...</p> + +<p>—Aunque qué?</p> + +<p>—Puedo decirlo todo?</p> + +<p>—Sí, dilo todo!</p> + +<p>—Pues bien, de usted no le he oído nunca +hablar sino muy bien, demasiado bien, pero...</p> + +<p>—Pero qué?</p> + +<p>—Que habla demasiado bien de usted.</p> + +<p>—Qué es eso de demasiado?</p> + +<p>—Que antes de conocerle yo a usted, maestro, +le creía otro.</p> + +<p>—Explícate.</p> + +<p>—Para mi padre es usted una especie de +personaje trágico, de ánimo torturado, de hondas +pasiones. «Si se pudiera pintar el alma de +Joaquín!» suele decir. Habla de un modo como +si mediase entre usted y él algún secreto...</p> + +<p>—Aprensiones tuyas...</p> + +<p>—No, no lo son.</p> + +<p>—Y tu madre?</p> + +<p>—Mi madre...</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXVI</h2> + + +<p>—Mira, Joaquín—le dijo un día Antonia a +su marido,—me parece que el mejor día nuestra +hija se nos va o nos la llevan...</p> + +<p>—Joaquina? Y a dónde?</p> + +<p>—Al convento!</p> + +<p>—Imposible!</p> + +<p>—No, sino muy posible. Tú distraído con +tus cosas y ahora con ese hijo de Abel al que +pareces haber prohijado... cualquiera diría +que le quieres más que a tu hija...</p> + +<p>—Es que trato de salvarle, de redimirle de +los suyos...</p> + +<p>—No; de lo que tratas es de vengarte. Qué +vengativo eres! Ni olvidas ni perdonas! Temo<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span> +que Dios te va a castigar, va a castigarnos...</p> + +<p>—Ah, y es por eso por lo que Joaquina se +quiere ir al convento?</p> + +<p>—Yo no he dicho eso.</p> + +<p>—Pero lo digo yo y es lo mismo. Se va acaso +por celos de Abelín? Es que teme que le +llegue a querer más que a ella? Pues si es por +eso...</p> + +<p>—Por eso no.</p> + +<p>—Entonces?</p> + +<p>—Qué sé yo...! Dice que tiene vocación, +que es adonde Dios la llama...</p> + +<p>—Dios... Dios... será su confesor. Quién es?</p> + +<p>—El padre Echevarría.</p> + +<p>—El que me confesaba a mí?</p> + +<p>—El mismo!</p> + +<p>Quedóse Joaquín mustio y cabizbajo, y al +día siguiente, llamando a solas a su mujer, le +dijo:</p> + +<p>—Creo haber penetrado en los motivos +que empujan a Joaquina al claustro, o mejor, +en los motivos por que le induce el padre +Echevarría a que entre en él. Tú recuerdas +cómo busqué refugio y socorro en la iglesia +contra esta maldita obsesión que me embar<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>ga +el ánimo todo, contra este despecho que +con los años se hace más viejo, es decir, más +duro y más terco, y cómo, después de los mayores +esfuerzos, no pude lograrlo? No, no +me dió remedio el padre Echevarría, no pudo +dármelo. Para este mal no hay más que un +remedio, uno sólo.</p> + +<p>Callóse un momento como esperando una +pregunta de su mujer, y como ella callara, +prosiguió diciéndole:</p> + +<p>—Para ese mal no hay más remedio que +la muerte. Quién sabe... Acaso nací con él y +con él moriré. Pues bien, ese padrecito que +no pudo remediarme ni reducirme empuja +ahora, sin duda, a mi hija, a tu hija, a nuestra +hija, al convento, para que en él ruegue +por mí, para que se sacrifique salvándome...</p> + +<p>—Pero si no es sacrificio... si dice que es su +vocación...</p> + +<p>—Mentira, Antonia; te digo que eso es +mentira. Las más de las que van monjas o +van a trabajar poco, a pasar una vida pobre, +pero descansada, a sestear místicamente o +van huyendo de casa, y nuestra hija huye +de casa, huye de nosotros...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p> + +<p>—Será de ti...</p> + +<p>—Sí, huye de mí! Me ha adivinado!</p> + +<p>—Y ahora que le has cobrado ese apego a +ese...</p> + +<p>—Quieres decirme que huye de él?</p> + +<p>—No sino de tu nuevo capricho...</p> + +<p>—Capricho? capricho? capricho dices? Yo +seré todo menos caprichoso, Antonia. Yo +tomo todo en serio, todo, lo entiendes?</p> + +<p>—Sí, demasiado en serio—agregó la mujer +llorando.</p> + +<p>—Vamos, no llores así, Antonia, mi santa, +mi ángel bueno, y perdóname si he dicho +algo...</p> + +<p>—No es peor lo que dices, sino lo que callas.</p> + +<p>—Pero, por Dios, Antonia, por Dios, haz +que nuestra hija no nos deje; que si se va al +convento, me mata, sí, me mata, porque me +mata! Que se quede... que yo haré lo que ella +quiera... que si quiere que le despache a Abelín, +le despacharé...</p> + +<p>—Me acuerdo cuando decías que te alegrabas +de que no tuviéramos más que una +hija, porque así no teníamos que repartir el +cariño...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></p> + +<p>—Pero si no lo reparto!</p> + +<p>—Algo peor entonces...</p> + +<p>—Sí, Antonia, esa hija quiere sacrificarse +por mí, y no sabe que si se va al convento +me deja desesperado. Su convento es esta +casa!</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXVII</h2> + + +<p>Dos días después encerrábase en el gabinete +Joaquín con su mujer y su hija.</p> + +<p>—Papá, Dios lo quiere!—exclamó resueltamente +y mirándole cara a cara su hija Joaquina.</p> + +<p>—Pues, no! No es Dios quien lo quiere, +sino el padrecito ese—replicó él.—Qué sabes +tú, mocosuela, lo que quiere Dios? Cuándo +te has comunicado con él?</p> + +<p>—Comulgo cada semana, papá.</p> + +<p>—Y se te antojan revelaciones de Dios los +desvanecimientos que te suben del estómago +en ayunas.</p> + +<p>—Peores son los del corazón en ayunas.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span></p> + +<p>—No, no, eso no puede ser; eso no lo quiere +Dios, no puede quererlo, te digo que no lo +puede querer!</p> + +<p>—Yo no sé lo que Dios quiere, y tú, padre, +sabes lo que no puede querer, eh? De cosas +del cuerpo sabrás mucho, pero de cosas de +Dios, del alma...</p> + +<p>—Del alma, eh? Con que tú crees que no +sé del alma?</p> + +<p>—Acaso lo que mejor te sería no saber.</p> + +<p>—Me acusas?</p> + +<p>—No, eres tú, papá, quien se acusa a sí +mismo.</p> + +<p>—Lo ves, Antonia, lo ves, no te lo decía?</p> + +<p>—Y qué te decía, mamá?</p> + +<p>—Nada, hija mía, nada; aprensiones, cavilaciones +de tu padre...</p> + +<p>—Pues bueno—exclamó Joaquín como +quien se decide,—tú vas al convento para +salvarme, no es eso?</p> + +<p>—Acaso no andes lejos de la verdad.</p> + +<p>—Y salvarme de qué?</p> + +<p>—No lo sé bien.</p> + +<p>—Lo sabré yo...! De qué? de quién?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p> + +<p>—De quién, padre, de quién? Pues del demonio +o de ti mismo.</p> + +<p>—Y tú qué sabes?</p> + +<p>—Por Dios, Joaquín, por Dios—suplicó +la madre con lágrimas en la voz, llena de +miedo ante la mirada y el tono de su marido.</p> + +<p>—Déjanos, mujer, déjanos, déjanos a ella +y a mí. Esto no te toca!</p> + +<p>—Pues no ha de tocarme? Pero si es mi +hija...</p> + +<p>—La mía! Déjanos, ella es una Monegro, +yo soy un Monegro; déjanos. Tú no entiendes, +tú no puedes entender estas cosas...</p> + +<p>—Padre, si trata así a madre delante mío, +me voy. No llores, mamá.</p> + +<p>—Pero tú crees, hija mía...?</p> + +<p>—Lo que yo creo y sé es que soy tan hija +suya como tuya.</p> + +<p>—Tanto?</p> + +<p>—Acaso más.</p> + +<p>—No digáis esas cosas, por Dios—exclamó +la madre llorando—si no me voy...</p> + +<p>—Sería lo mejor—añadió la hija.—A solas +nos veríamos mejor las caras, digo, las almas, +nosotros, los Monegros.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span></p> + +<p>La madre besó a la hija y se salió.</p> + +<p>—Y bueno—dijo fríamente el padre, así +que se vió a solas con su hija,—para salvarme +de qué o de quién te vas al convento?</p> + +<p>—Pues bien, padre, no sé de quién, no sé +de qué, pero hay que salvarte. Yo no sé lo +que anda por dentro de esta casa, entre tú +y mi madre, no sé lo que anda dentro de ti, +pero es algo malo...</p> + +<p>—Eso te lo ha dicho el padrecito ese?</p> + +<p>—No, no me lo ha dicho el padrecito; no +ha tenido que decírmelo; no me lo ha dicho +nadie, sino que lo he respirado desde que +nací. Aquí, en esta casa, se vive como en tinieblas +espirituales!</p> + +<p>—Bah, esas son cosas que has leído en tus +libros...</p> + +<p>—Como tú has leído otras en los tuyos. O +es que crees que sólo los libros que hablan de +lo que hay dentro del cuerpo, esos libros tuyos +con esas láminas feas, son los que enseñan +la verdad?</p> + +<p>—Y bien, esas tinieblas espirituales que +dices, qué son?</p> + +<p>—Tú lo sabrás mejor que yo, papá; pero<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span> +no me niegues que aquí pasa algo, que aquí +hay, como si fuese una niebla oscura, una +tristeza que se mete por todas partes, que +tú no estás contento nunca, que sufres, que +es como si llevases a cuestas una culpa grande...</p> + +<p>—Sí, el pecado original—dijo Joaquín con +sorna.</p> + +<p>—Ese, ese!—exclamó la hija.—Ese, del +que no te has sanado!</p> + +<p>—Pues me bautizaron...!</p> + +<p>—No importa.</p> + +<p>—Y como remedio para esto vas a meterte +monja, no es eso? Pues lo primero era averiguar +qué es ello, a qué se debe todo esto...</p> + +<p>—Dios me libre, papá, de tal cosa. Nada +de querer juzgaros.</p> + +<p>—Pero de condenarme, sí, no es eso?</p> + +<p>—Condenarte?</p> + +<p>—Sí, condenarme; eso de irte así es condenarme...</p> + +<p>—Y si me fuese con un marido? Si te dejara +por un hombre...?</p> + +<p>—Según el hombre.</p> + +<p>Hubo un breve silencio.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p> + +<p>—Pues sí, hija mía—reanudó Joaquín,—yo +no estoy bien, yo sufro, sufro casi toda mi +vida; hay mucho de verdad en lo que has adivinado; +pero con tu resolución de meterte +monja me acabas de matar, exacerbas y enconas +mis males. Ten compasión de tu padre, +de tu pobre padre...</p> + +<p>—Es por compasión...</p> + +<p>—No, es por egoísmo. Tú huyes; me ves +sufrir y huyes. Es el egoísmo, es el despego, +es el desamor lo que te lleva al claustro. Figúrate +que yo tuviese una enfermedad pegajosa +y larga, una lepra, me dejarías yendo +al convento a rogar por Dios que me sanara? +Vamos, contesta, me dejarías?</p> + +<p>—No, no te dejaría, pues soy tu única +hija.</p> + +<p>—Pues haz cuenta que soy un leproso. +Quédate a cuidarme. Me pondré bajo tu cuidado, +haré lo que me mandes.</p> + +<p>—Si es así...</p> + +<p>Levantóse el padre, y mirando a su hija a +través de lágrimas, abrazóla, y teniéndola +así, en sus brazos, con voz de susurro, le dijo +al oído:</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p> + +<p>—Quieres curarme, hija mía?</p> + +<p>—Sí, papá.</p> + +<p>—Pues bien, cásate con Abelín.</p> + +<p>—Eh?—exclamó Joaquina, separándose +de su padre y mirándole cara a cara.</p> + +<p>—Qué? Qué te sorprende?—balbució el +padre, sorprendido a su vez.</p> + +<p>—Casarme? Yo? Con Abelín? Con el hijo +de tu enemigo?</p> + +<p>—Quién te ha dicho eso?</p> + +<p>—Tu silencio de años.</p> + +<p>—Pues por eso, por ser el hijo del que llamas +mi enemigo.</p> + +<p>—Yo no sé lo que hay entre vosotros, no +quiero saberlo, pero al verte últimamente +cómo te aficionabas a su hijo, me dió miedo... +temí... no sé lo que temí. Ese tu cariño a +Abelín me parecía monstruoso, algo infernal...</p> + +<p>—Pues no, hija, no! Buscaba en él redención. +Y créeme, si logras traerle a mi casa, +si le haces mi hijo, será como si sale al fin el +sol en mi alma...</p> + +<p>—Pero pretendes tú, tú, mi padre, que yo +le solicite, le busque?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span></p> + +<p>—No digo eso.</p> + +<p>—Pues entonces?</p> + +<p>—Y si él...</p> + +<p>—Ah, pero lo teníais ya tramado entre los +dos y sin contar conmigo?</p> + +<p>—No, lo tenía pensado yo, yo, tu padre, tu +pobre padre, yo...</p> + +<p>—Me das pena, padre.</p> + +<p>—También yo me doy pena. Y ahora todo +corre de mi cuenta. No pensabas sacrificarte +por mí?</p> + +<p>—Pues bien, sí, me sacrificaré por ti. Dispón +de mí!</p> + +<p>Fué el padre a besarla, y ella, desasiéndosele, +exclamó:</p> + +<p>—No, ahora no! Cuando lo merezcas. O es +que quieres que también yo te haga callar +con besos?</p> + +<p>—Dónde has aprendido eso, hija?</p> + +<p>—Las paredes oyen, papá.</p> + +<p>—Y acusan!</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXVIII</h2> + + +<p>—Quién fuera usted, don Joaquín—decíale +un día a éste aquel pobre desheredado +aragonés, el padre de los cinco hijos, luego +que le hubo sacado algún dinero.</p> + +<p>—Querer ser yo! No lo comprendo!</p> + +<p>—Pues sí, lo daría todo por poder ser usted, +don Joaquín.</p> + +<p>—Y qué es eso todo que daría usted?</p> + +<p>—Todo lo que puedo dar, todo lo que +tengo.</p> + +<p>—Y qué es ello?</p> + +<p>—La vida!</p> + +<p>—La vida por ser yo!—y a sí mismo se<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> +añadió Joaquín: «Pues yo la daría por poder +ser otro!»</p> + +<p>—Sí, la vida por ser usted.</p> + +<p>—He ahí una cosa que no comprendo bien, +amigo mío; no comprendo que nadie se disponga +a dar la vida por poder ser otro, ni siquiera +comprendo que nadie quiera ser otro. +Ser otro es dejar de ser uno, de ser el que +se es.</p> + +<p>—Sin duda.</p> + +<p>—Y eso es dejar de existir.</p> + +<p>—Sin duda.</p> + +<p>—Pero no para ser otro...</p> + +<p>—Sin duda.</p> + +<p>—Entonces...</p> + +<p>—Quiero decir, don Joaquín, que de buena +gana dejaría de ser, o dicho más claro, me +pegaría un tiro o me echaría al río si supiera +que los míos, los que me atan a esta vida perra, +los que no me dejan suicidarme, habrían +de encontrar un padre en usted. No comprende +usted ahora?</p> + +<p>—Sí que lo comprendo. De modo que...</p> + +<p>—Que maldito el apego que tengo a la +vida y que de buena gana me separaría de<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span> +mí mismo y mataría para siempre mis recuerdos +si no fuese por los míos. Aunque también +me retiene otra cosa.</p> + +<p>—Qué?</p> + +<p>—El temor de que mis recuerdos, de que +mi historia me acompañen más allá de la +muerte. Quién fuera usted, don Joaquín!</p> + +<p>—Y si a mí me retuvieran en la vida, amigo +mío, motivos como los de usted?</p> + +<p>—Bah, usted es rico.</p> + +<p>—Rico... rico...</p> + +<p>—Y un rico nunca tiene motivo de queja. +A usted no le falta nada. Mujer, hija, una +buena clientela, reputación... qué más quiere +usted? A usted no le desheredó su padre; +a usted no le echó de su casa su hermano a +pedir... A usted no le han obligado a hacerse +un mendigo! Quién fuera usted, D. Joaquín!</p> + +<p>Y al quedarse luego éste solo se decía: +«Quién fuera yo! Ese hombre me envidia! me +envidia! Y yo quién quiero ser?»</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXIX</h2> + + +<p>Pocos días después Abelín y Joaquina estaban +en relaciones de noviazgo. Y en su +<i>Confesión</i>, dedicada a su hija, escribía algo +después Joaquín:</p> + +<p>«No es posible, hija mía, que te explique +cómo llevé a Abel, tu marido de hoy, a que +te solicitase por novia pidiéndote relaciones. +Tuve que darle a entender que tú estabas +enamorada de él o que por lo menos te +gustaría que de ti se enamorase sin descubrir +lo más mínimo de aquella nuestra conversación +a solas, luego que tu madre me +hizo saber como querías entrar por mi causa +en un convento. Veía en ello mi salvación.<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span> +Sólo uniendo tu suerte a la suerte del hijo +único de quien me ha envenenado la fuente +de la vida, sólo mezclando así nuestras sangres +esperaba poder salvarme.</p> + +<p>»Pensaba que acaso un día tus hijos, mis +nietos, los hijos de su hijo, sus nietos, al heredar +nuestras sangres, se encontraran con +la guerra dentro, con el odio en sí mismos. +Pero no es acaso el odio a sí mismo, a la propia +sangre, el único remedio contra el odio +a los demás? La escritura dice que en el +seno de Rebeca se peleaban ya Esaú y Jacob. +Quién sabe si un día no concebirás tú +dos mellizos, el uno con mi sangre y el otro +con la suya, y se pelearán y se odiarán ya +desde tu seno y antes de salir al aire y a la +conciencia! Porque esta es la tragedia humana +y todo hombre es, como Job, hijo de +contradicción.</p> + +<p>»Y he temblado al pensar que acaso os +junté, no para unir, sino para separar aún +más vuestras sangres, para perpetuar un +odio. Perdóname! Deliro.</p> + +<p>»Pero no son sólo nuestras sangres, la de +él y la mía; es también la de ella, la de He<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span>lena. +La sangre de Helena! Esto es lo que +más me turba; esa sangre que le florece en +las mejillas, en la frente, en los labios, que +le hace marco a la mirada, esa sangre que +me cegó desde su carne!</p> + +<p>»Y queda otra, la sangre de Antonia, de +la pobre Antonia, de tu santa madre. Esta +sangre es agua de bautismo. Esta sangre es +la redentora. Sólo la sangre de tu madre, +Joaquina, puede salvar a tus hijos, a nuestros +nietos. Esa es la sangre sin mancha que +puede redimirlos.</p> + +<p>»Y que no vea nunca ella, Antonia, esta +<i>Confesión</i>; que no la vea. Que se vaya de +este mundo, si me sobrevive, sin haber más +que vislumbrado nuestro misterio de iniquidad.»</p> + +<p>Los novios comprendiéronse muy pronto +y se cobraron cariño. En íntimas conversaciones +conociéronse sendas víctimas de sus +hogares, de dos ámbitos tristes, de frívola +impasibilidad el uno, de helada pasión oculta +el otro. Buscaron su apoyo en Antonia, en +la madre de ella. Tenían que encender un +hogar, un verdadero hogar, un nido de amor<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> +sereno que vive de sí mismo, que no espía los +otros amores, un castillo de soledad amorosa, +y unir en él a las dos desgraciadas familias. +Le harían ver a Abel, al pintor, que la vida +íntima del hogar es la sustancia imperecedera +de que no es sino resplandor, cuando +no sombra, el arte; a Helena, que la juventud +perpetua está en el alma que sabe hundirse +en la corriente viva del linaje, en el alma de +la familia; a Joaquín, que nuestro nombre se +pierde con nuestra sangre, pero para recobrarse +en los nombres y en las sangres de +los que las mezclan a los nuestros; a Antonia +no le tenían que hacerle ver nada, porque era +una mujer nacida para vivir y revivir en la +dulzura de la costumbre.</p> + +<p>Joaquín sentía renacerse. Hablaba con +emoción de cariño de su antiguo amigo, de +Abel, y llegó a confesar que fué una fortuna +que le quitase toda esperanza respecto a Helena.</p> + +<p>—Pues bien—le decía una vez a solas a su +hija;—ahora que todo parece tomar otro +cauce, te lo diré. Yo quería a Helena, o por +lo menos creía quererla y la solicité sin con<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>seguir +nada de ella. Porque, eso sí, la verdad, +jamás me dió la menor esperanza. Y entonces +le presenté a Abel, al que será tu suegro... +tu otro padre, y al punto se entendieron. Lo +que tomé yo por un menosprecio, una ofensa... +Qué derecho tenía yo a ella?</p> + +<p>—Es verdad eso, pero así sois los hombres.</p> + +<p>—Tienes razón, hija mía, tienes razón. +He vivido como loco, rumiando esa que estimaba +una ofensa, una traición...</p> + +<p>—Nada más, papá?</p> + +<p>—Cómo nada más?</p> + +<p>—No había más que eso, nada más?</p> + +<p>—Que yo sepa... no!</p> + +<p>Y al decirlo, el pobre hombre se cerraba +los ojos hacia adentro y no lograba contener +al corazón.</p> + +<p>—Ahora os casaréis—continuó—y viviréis +conmigo, sí, viviréis conmigo, y haré de +tu marido, de mi nuevo hijo, un gran médico, +un artista de la Medicina, todo un artista, que +pueda igualar siquiera la gloria de su padre.</p> + +<p>—Y él escribirá, papá, tu obra, pues así +me lo ha dicho.</p> + +<p>—Sí, la que yo no he podido escribir...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span></p> + +<p>—Me ha dicho que en tu carrera, en la +práctica de la Medicina, tienes cosas geniales +y que has hecho, descubrimientos...</p> + +<p>—Aduladores!</p> + +<p>—No, así me ha dicho. Y que como no se +te conoce, y al no conocerte no se te estima +en todo lo que vales, que quiere escribir ese +libro para darte a conocer.</p> + +<p>—A buena hora...</p> + +<p>—Nunca es tarde si la dicha es buena.</p> + +<p>—Ay, hija mía, si en vez de haberme somormujado +en esto de la clientela, en esta +maldita práctica de la profesión que ni deja +respirar libre ni aprender... si en vez de eso +me hubiese dedicado a la ciencia pura, a la +investigación...! Eso que ha descubierto el +doctor Alvarez y García y por lo que tanto +le bombean, lo habría descubierto antes yo, +yo, tu padre, yo lo habría descubierto, pues +estuve a punto de ello. Pero esto de ponerse +a trabajar para ganarse la vida...</p> + +<p>—Sin embargo, no necesitábamos de ello.</p> + +<p>—Sí, pero... Y además, qué sé yo... Mas +todo eso ha pasado y ahora comienza vida +nueva. Ahora voy a dejar la clientela...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p> + +<p>—De veras?</p> + +<p>—Sí, voy a dejársela al que va a ser tu +marido, bajo mi alta inspección, por supuesto. +Lo guiaré, y yo a mis cosas! Y viviremos +todos juntos, y será otra vida... otra +vida... Empezaré a vivir; seré otro... otro... +otro...</p> + +<p>—Ay, papá, qué gusto! Cómo me alegra +oirte hablar así. Al cabo!</p> + +<p>—Qué te alegra oirme decir que seré otro?</p> + +<p>La hija le miró a los ojos al oir el tono de +lo que había debajo de su voz.</p> + +<p>—Te alegra oirme decir que seré otro?—volvió +a preguntar el padre.</p> + +<p>—Sí, papá, me alegra!</p> + +<p>—Es decir que el otro, que el otro, el que +soy, te parece mal?</p> + +<p>—Y a ti, papá?—le preguntó a su vez, resueltamente, +la hija.</p> + +<p>—Tápame la boca!—gimió él.</p> + +<p>Y se la tapó con un beso.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXX</h2> + + +<p>—Ya te figurarás a lo que vengo—le dijo +Abel a Joaquín apenas se encontraron a solas +en el despacho de éste.</p> + +<p>—Sí, lo sé. Tu hijo me ha anunciado tu visita.</p> + +<p>—Mi hijo y pronto tuyo, de los dos. Y no +sabes bien cuánto me alegro! Es como debía +acabar nuestra amistad. Y mi hijo es ya casi +tuyo; te quiere ya como a padre, no sólo como +a maestro. Estoy por decir que te quiere más +que a mí...</p> + +<p>—Hombre... no... no... no digas así.</p> + +<p>—Y qué? Crees que tengo celos? No, no<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> +soy celoso. Y mira, Joaquín, si entre nosotros +había algo...</p> + +<p>—No sigas por ahí, Abel, te lo ruego, no +sigas...</p> + +<p>—Es preciso. Ahora que van a unirse nuestras +sangres, ahora que mi hijo va a serlo +tuyo y mía tu hija, tenemos que hablar de +esa vieja cuenta, tenemos que ser absolutamente +sinceros.</p> + +<p>—No, no, de ningún modo, y si hablas de +ella, me voy!</p> + +<p>—Bien, sea! Pero no creas que olvido, no +lo olvidaré nunca, tu discurso aquel cuando +lo del cuadro.</p> + +<p>—Tampoco quiero que hables de eso.</p> + +<p>—Pues de qué?</p> + +<p>—Nada de lo pasado, nada! Hablemos sólo +del porvenir...</p> + +<p>—Pues si tú y yo, a nuestra edad, no hablamos +del pasado, de que vamos a hablar? +Si nosotros no tenemos ya más que pasado!</p> + +<p>—No digas eso!—casi gritó Joaquín.</p> + +<p>—Nosotros ya no podemos vivir más que +de recuerdos!</p> + +<p>—Cállate, Abel, cállate!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span></p> + +<p>—Y si te he de decir la verdad, vale más +vivir de recuerdos que de esperanzas. Al fin, +ellos fueron y de éstas no se sabe si serán.</p> + +<p>—No, no, recuerdos, no!</p> + +<p>—En todo caso, hablemos de nuestros hijos, +que son nuestras esperanzas.</p> + +<p>—Eso sí!</p> + +<p>—De ellos y no de nosotros, de ellos, de +nuestros hijos...</p> + +<p>—Él tendrá en ti un maestro y un padre...</p> + +<p>—Sí, pienso dejarle mi clientela, es decir, +la que quiera tomarlo, que ya la he preparado +para eso. Le ayudaré en los casos graves.</p> + +<p>—Gracias, gracias.</p> + +<p>—Eso además de la dote que doy a Joaquina. +Pero vivirán conmigo.</p> + +<p>—Eso me ha dicho mi hijo. Yo, sin embargo, +creo que deben poner casa; el casado, +casa quiere.</p> + +<p>—No, no puedo separarme de mi hija.</p> + +<p>—Y nosotros de nuestro hijo, sí, eh?</p> + +<p>—Más separados que estáis de él... Un +hombre apenas vive en casa; una mujer apenas +sale de ella. Necesito a mi hija.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span></p> + +<p>—Sea. Ya ves si soy complaciente.</p> + +<p>—Y más que esta casa será la vuestra, la +tuya, la de Helena...</p> + +<p>—Gracias por la hospitalidad. Eso se entiende.</p> + +<p>Después de una larga entrevista en que +convinieron todo lo atañedero al establecimiento +de sus hijos, al ir a separarse Abel, +mirándole a Joaquín a los ojos, con mirada +franca, le tendió la mano, y sacando la voz +de las entrañas de su común infancia le +dijo: «Joaquín!» Asomáronsele a éste las lágrimas +a los ojos al cojer aquella mano.</p> + +<p>—No te había visto llorar desde que fuimos +niños, Joaquín.</p> + +<p>—No volveremos a serlo, Abel.</p> + +<p>—Sí, y es lo peor.</p> + +<p>Se separaron.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXI</h2> + + +<p>Con el casamiento de su hija pareció entrar +el sol, un sol de ocaso de otoño, en el hogar +antes frío de Joaquín, y éste empezar a +vivir de veras. Fué dejándole al yerno su +clientela, aunque acudiendo, como en consulta, +en los casos graves y repitiendo que +era bajo su dirección como aquél ejercía.</p> + +<p>Abelín, con las notas de su suegro, a quien +llamaba su padre, tuteándole ya, y con sus +ampliaciones y explicaciones verbales, iba +componiendo la obra en que se recojía la +ciencia médica del doctor Joaquín Monegro, +y con un acento de veneración admirativa +que el mismo Joaquín no habría podido darle.<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span> +«Era mejor, sí—pensaba éste—era mucho +mejor que escribiese otro aquella obra, como +fué Platón quien expuso la doctrina socrática.» +No era él mismo quien podía, con toda +libertad de ánimo y sin que ello pareciese +no ya presuntuoso, mas un esfuerzo para +violentar el aplauso de la posteridad, que +se estimaba no conseguible; no era él quien +podía exaltar su saber y su pericia. Reservaba +su actividad literaria para otros empeños.</p> + +<p>Fué entonces, en efecto, cuando empezó +a escribir su <i>Confesión</i>, que así la llamaba, +dedicada a su hija y para que ésta la abriese +luego que él hubiese muerto, y que era el relato +de su lucha íntima con la pasión que fué +su vida, con aquel demonio con quien peleó +casi desde el albor de su mente dueña de sí +hasta entonces, hasta cuando lo escribía. +Esta confesión se decía dirigida a su hija, +pero tan penetrado estaba él del profundo +valor trágico de su vida de pasión y de la pasión +de su vida, que acariciaba la esperanza +de que un día su hija o sus nietos la dieran +al mundo, para que éste se sobrecojiera de<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span> +admiración y de espanto ante aquel héroe de +la angustia tenebrosa que pasó sin que le conocieran +en todo su fondo los que con él convivieron. +Porque Joaquín se creía un espíritu +de excepción, y como tal torturado y +más capaz de dolor que los otros, un alma +señalada al nacer por Dios con la señal de +los grandes predestinados.</p> + +<p>«Mi vida, hija mía—escribía en la <i>Confesión</i>,—ha +sido un arder continuo, pero no +la habría cambiado por la de otro. He odiado +como nadie, como ningún otro ha sabido +odiar, pero es que he sentido más que los +otros la suprema injusticia de los cariños +del mundo y de los favores de la fortuna. +No, no, aquello que hicieron conmigo los +padres de tu marido no fué humano ni noble; +fué infame, pero fué peor, mucho peor, +lo que me hicieron todos, todos los que encontré +desde que, niño aún y lleno de confianza, +busqué el apoyo y el amor de mis +semejantes. Por qué me rechazaban? Por +qué me acojían fríamente y como obligados +a ello? Por qué preferían al lijero, al +inconstante, al egoísta? Todos, todos me<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span> +amargaron la vida. Y comprendí que el +mundo es naturalmente injusto y que yo +no había nacido entre los míos. Esta fué mi +desgracia, no haber nacido entre los míos. +La baja mezquindad, la vil ramplonería de +los que me rodeaban, me perdió.»</p> + +<p>Y a la vez que escribía esta <i>Confesión</i>, preparaba, +por si ésta marrase, otra obra que sería +la puerta de entrada de su nombre en el +panteón de los ingenios inmortales de su pueblo +y casta. Titularíase <i>Memorias de un médico +viejo</i> y sería la mies del saber de mundo, +de pasiones, de vida, de tristezas y alegrías, +hasta de crímenes ocultos, que había cosechado +de la práctica de su profesión de médico. +Un espejo de la vida, pero de las entrañas, +y de las más negras, de ésta; una bajada +a las simas de la vileza humana; un libro de +alta literatura y de filosofía acibarada a la +vez. Allí pondría toda su alma sin hablar de +sí mismo; allí, para desnudar las almas de +los otros, desnudaría la suya; allí se vengaría +del mundo vil en que había tenido que +vivir. Y las gentes, al verse así, al desnudo, +admirarían primero y quedarían agradeci<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>das +después al que las desnudó. Y allí, cambiando +los nombres a guisa de ficción, haría +el retrato que para siempre habría de quedar +de Abel y de Helena. Y su retrato valdría por +todos los que Abel pintara. Y se regodeaba +a solas pensando que si él acertaba aquel retrato +literario de Abel Sánchez, le habría de +inmortalizar a éste más que todos sus propios +cuadros, cuando los comentaristas y +eruditos del porvenir llegasen a descubrir, +bajo el débil velo de la ficción, al personaje +histórico. «Sí, Abel, sí—se decía Joaquín a +sí mismo—la mayor coyuntura que tienes +de lograr eso por lo que tanto has luchado, +por lo único que has luchado, por lo único +que te preocupa, por lo que me despreciaste +siempre o, aun peor, no hiciste caso de mí, la +mayor coyuntura que tienes de perpetuarte +en la memoria de los venideros, no son tus +cuadros, no! sino es que yo acierte a pintarte +con mi pluma tal y como eres. Y acertaré, +acertaré, porque te conozco, porque te he +sufrido, porque has pesado toda mi vida sobre +mí. Te pondré para siempre en el rollo, +y no serás Abel Sánchez, no, sino el nombre<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span> +que yo te dé. Y cuando se hable de ti como +pintor de tus cuadros, dirán las gentes: «Ah, +sí, el de Joaquín Monegro!» Porque serás de +este modo mío, mío, y vivirás lo que mi obra +viva, y tu nombre irá por los suelos, por el +fango, a rastras del mío, como van arrastrados +por el Dante los que colocó en el Infierno. +Y serás la cifra del envidioso.»</p> + +<p>Del envidioso! Pues Joaquín dió en +creer que toda la pasión que bajo su aparente +impasibilidad de egoísta animaba a Abel, +era la envidia, la envidia de él, a Joaquín, +que por envidia le arrebatara de mozo el +afecto de los compañeros, que por envidia le +quitó a Helena. Y cómo, entonces, se dejó +quitar el hijo? «Ah—se decía Joaquín,—es +que él no se cuida de su hijo, sino de su nombre, +de su fama, no cree que vivirá en las vidas +de sus descendientes de carne, sino en +las de los que admiren sus cuadros, y me +deja su hijo para mejor quedarse con su gloria. +Pero yo le desnudaré!»</p> + +<p>Inquietábale la edad a que emprendía la +composición de esas <i>Memorias</i>, entrado ya +en los cincuenta y cinco años, pero, no había<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> +acaso empezado Cervantes su <i>Quijote</i> a los +cincuenta y siete de su edad? Y se dió a averiguar +qué obras maestras escribieron sus +autores después de haber pasado la edad +suya. Y a la par se sentía fuerte, dueño de +su mente toda, rico de experiencia, maduro +de juicio y con su pasión, fermentada en +tantos años, contenida pero bullente.</p> + +<p>Ahora, para cumplir su obra, se contendría. +Pobre Abel! La que le esperaba...! Y +empezó a sentir desprecio y compasión hacia +él. Mirábale como a un modelo y como a una +víctima, y le observaba y le estudiaba. No +mucho, pues Abel iba poco, muy poco, a casa +de su hijo.</p> + +<p>—Debe de andar muy ocupado tu padre—decía +Joaquín a su yerno;—apenas parece +por aquí. Tendrá alguna queja? Le habremos +ofendido yo, Antonia o mi hija en algo? Lo +sentiría...</p> + +<p>—No, no, papá—así le llamaba ya Abelín,—no +es nada de eso. En casa tampoco +paraba. No te dije que no le importa nada +más que sus cosas? Y sus cosas son las de su +arte y qué sé yo...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span></p> + +<p>—No, hijo, no, exageras... algo más habrá...</p> + +<p>—No, no hay más.</p> + +<p>Y Joaquín insistía para oir la misma versión.</p> + +<p>—Y Abel, cómo no viene?—le preguntaba +a Helena.</p> + +<p>—Bah, él es así con todos!—respondía +ésta.</p> + +<p>Ella, Helena, sí solía ir a casa de su nuera.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXXII</h2> + + +<p>—Pero dime—le decía un día Joaquín a su +yerno—cómo no se le ocurrió a tu padre +nunca inclinarte a la pintura?</p> + +<p>—No me ha gustado nunca...</p> + +<p>—No importa; parecía lo natural que él +quisiera iniciarte en su arte...</p> + +<p>—Pues, no, sino que antes más bien le molestaba +que yo me interesase en él. Jamás me +animó a que cuando niño hiciera lo que es +natural en niños, figuras y dibujos.</p> + +<p>—Es raro... es raro...—murmuraba Joaquín.—Pero...</p> + +<p>Abel sentía desasosiego al ver la expresión +del rostro de su suegro, el lívido ful<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>gor +de sus ojos. Sentíase que algo le escarabajeaba +dentro, algo doloroso y que deseaba +echar fuera; algún veneno sin duda. Siguióse +a esas últimas palabras un silencio cargado +de acre amargura. Y lo rompió Joaquín diciendo:</p> + +<p>—No me explico que no quisiese dedicarte +a pintor...</p> + +<p>—No, no quería que fuese lo que él...</p> + +<p>Siguióse otro silencio, que volvió a romper, +como con pesar, Joaquín, exclamando +como quien se decide a una confesión:</p> + +<p>—Pues sí, lo comprendo!</p> + +<p>Abel tembló, sin saber a punto cierto por +qué, al oir el tono y timbre con que su suegro +pronunció esas palabras.</p> + +<p>—Pues...?—interrogó el yerno.</p> + +<p>—No... nada...—Y el otro pareció recojerse +en sí.</p> + +<p>—Dímelo!—suplicó el yerno, que por ruego +de Joaquín ya le tuteaba como a padre +amigo—amigo y cómplice!—aunque temblaba +de oir lo que pedía que se le dijese.</p> + +<p>—No; no, no quiero que digas luego...</p> + +<p>—Pues eso es peor, padre, que decírmelo,<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span> +sea lo que fuere. Además, que creo adivinarlo...</p> + +<p>—Qué?—preguntó el suegro, atravesándole +los ojos con la mirada.</p> + +<p>—Que acaso temiese que yo con el tiempo +eclipsara su gloria...</p> + +<p>—Sí—añadió con reconcentrada voz Joaquín,—sí, +eso! Abel Sánchez hijo, o Abel +Sánchez el Joven! Y que luego se le recordase +a él como tu padre y no a ti como a su +hijo. Es tragedia que se ha visto más de una +vez dentro de las familias... Eso de que un +hijo haga sombra a su padre...</p> + +<p>—Pero eso es...—dijo el yerno, por decir +algo.</p> + +<p>—Eso es envidia, hijo, nada más que envidia.</p> + +<p>—Envidia de un hijo...! Y un padre!</p> + +<p>—Sí, y la más natural. La envidia no puede +ser entre personas que no se conocen apenas. +No se envidia al de otras tierras ni al de +otros tiempos. No se envidia al forastero, sino +los del mismo pueblo entre sí; no al de más +edad, al de otra generación, sino al contemporáneo, +al camarada. Y la mayor envidia<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> +entre hermanos. Por algo es la leyenda de +Caín y Abel... Los celos más terribles, tenlo +por seguro, han de ser los de uno que cree que +su hermano pone ojos en su mujer, en la cuñada... +Y entre padres e hijos...</p> + +<p>—Pero y la diferencia de edad en este +caso?</p> + +<p>—No importa! Eso de que nos llegue a +oscurecer aquel a quien hicimos...</p> + +<p>—Y del maestro al discípulo?—preguntó +Abel.</p> + +<p>Joaquín se calló, clavó un momento su +vista en el suelo, bajo el que adivinaba la +tierra, y luego añadió, como hablando con +ella, con la tierra:</p> + +<p>—Decididamente, la envidia es una forma +de parentesco.</p> + +<p>Y luego:</p> + +<p>—Pero hablemos de otra cosa, y todo esto, +hijo, como si no lo hubiese dicho. Lo has oído?</p> + +<p>—No!</p> + +<p>—Cómo que no?...</p> + +<p>—Que no he oído lo que antes dijiste.</p> + +<p>—Ojalá no lo hubiese oído yo tampoco!—y +la voz le lloraba.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXIII</h2> + + +<p>Solía ir Helena a casa de su nuera, de sus +hijos, para introducir un poco de gusto más +fino, de mayor elegancia, en aquel hogar de +burgueses sin distinción, para corregir—así +lo creía ella—los defectos de la educación +de la pobre Joaquina, criada por aquel padre +lleno de una soberbia sin fundamento y +por aquella pobre madre que había tenido +que cargar con el hombre que otra desdeñó. +Y cada día dictaba alguna lección de buen +tono y de escojidas maneras.</p> + +<p>—Bien, como quieras!—solía decirle Antonia.</p> + +<p>Y Joaquina, aunque recomiéndose, resig<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span>nábase. +Pero dispuesta a rebelarse un día. +Y si no lo hizo fué por los ruegos de su marido.</p> + +<p>—Como usted quiera, señora—le dijo una +vez y recalcando el <i>usted</i>, que no habían logrado +lo dejase al hablarle;—yo no entiendo +de esas cosas ni me importa. En todo eso se +hará su gusto...</p> + +<p>—Pero si no es mi gusto, hija, si es...</p> + +<p>—Lo mismo da! Yo me he criado en la +casa de un médico, que es ésta, y cuando se +trate de higiene, de salubridad, y luego que +nos llegue el hijo, de criarle, sé lo que he de +hacer, pero ahora, en estas cosas que llama +usted de gusto, de distinción, me someto a +quien se ha formado en casa de un artista.</p> + +<p>—Pero no te pongas así, chicuela...</p> + +<p>—No, si no me pongo. Es que siempre nos +está usted echando en cara que si esto no se +hace así, que si se hace asá. Después de todo +no vamos a dar saraos ni tés danzantes.</p> + +<p>—No sé de dónde te ha venido, hija, ese +fingido desprecio, fingido, sí, fingido, lo repito, +fingido...</p> + +<p>—Pero si yo no he dicho nada, señora...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span></p> + +<p>—Ese fingido desprecio a las buenas formas, +a las conveniencias sociales. Aviados +estaríamos sin ellas...! No se podría vivir!</p> + +<p>Como a Joaquina le habían recomendado +su padre y su marido que se pasease, que +airease y solease la sangre que iba dando al +hijo que vendría, y como ellos no podían +siempre acompañarla, y Antonia no gustaba +de salir de casa, escoltábala Helena, su suegra. +Y se complacía en ello, en llevarla al +lado como a una hermana menor, pues por +tal la tomaban los que no las conocían, en +hacerle sombra con su espléndida hermosura +casi intacta por los años. A su lado su nuera +se borraba a los ojos precipitados de los +transeuntes. El encanto de Joaquina era para +paladeado lentamente por los ojos, mientras +que Helena se ataviaba para barrer las miradas +de los distraídos. «Me quedo con la +madre!»—oyó que una vez decía un mocetón, +a modo de chicoleo, cuando al pasar ellas le +oyó que llamaba <i>hija</i> a Joaquina, y respiró +más fuerte, humedeciéndose con la punta +de la lengua los labios.</p> + +<p>—Mira, hija—solía decirle a Joaquina,—haz<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> +lo más por disimular tu estado, es muy +feo eso de que se conozca que una muchacha +está encinta... es así como una petulancia...</p> + +<p>—Lo que yo hago, madre, es andar cómoda +y no cuidarme de lo que crean o no +crean... Aunque estoy en lo que los cursis +llaman estado interesante, no me hago la +tal como otras se habrán hecho y se hacen. +No me preocupo de esas cosas.</p> + +<p>—Pues hay que preocuparse; se vive en +el mundo.</p> + +<p>—Y qué más da que lo conozcan...? O es +que no le gusta a usted, madre, que sepan +que va para abuela?—añadió con sorna.</p> + +<p>Helena se escocía al oir la palabra odiosa: +abuela, pero se contuvo.</p> + +<p>—Pues mira, lo que es por edad...—dijo, +picada.</p> + +<p>—Sí, por edad podía usted ser madre de +nuevo—repuso la nuera, hiriéndola en lo +vivo.</p> + +<p>—Claro, claro...—dijo Helena, sofocada y +sorprendida, inerme por el brusco ataque.—Pero +eso de que se te queden mirando...</p> + +<p>—No; esté tranquila, pues a usted es más<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span> +bien a la que miran. Se acuerdan de aquel +magnífico retrato, de aquella obra de arte...</p> + +<p>—Pues yo en tu caso...—empezó la suegra.</p> + +<p>—Usted en mi caso, madre, y si pudiese +acompañarme en mi estado mismo, entonces?</p> + +<p>—Mira, niña, si sigues así nos volvemos +en seguida y no vuelvo a salir contigo ni a +pisar tu casa... es decir, la de tu padre.</p> + +<p>—La mía, señora, la mía, y la de mi marido +y la de usted...!</p> + +<p>—Pero de dónde has sacado ese geniecillo, +niña?</p> + +<p>—Geniecillo? Ah, sí, el genio es de otros!</p> + +<p>—Miren, miren la mosquita muerta... la +que se iba a ir monja antes de que su padre +le pescase a mi hijo...</p> + +<p>—Le he dicho a usted ya, señora, que no +vuelva a mentarme eso. Yo sé lo que me +hice.</p> + +<p>—Y mi hijo también.</p> + +<p>—Sí, sabe también lo que se hizo, y no +hablemos más de ello.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXIV</h2> + + +<p>Y vino al mundo el hijo de Abelín y de +Joaquina, en quien se mezclaron las sangres +de Abel Sánchez y de Joaquín Monegro.</p> + +<p>La primer batalla fué la del nombre que +había de ponérsele; su madre quería que Joaquín; +Helena, que Abel, y Abel, su hijo Abelín +y Antonia, remitieron la decisión a Joaquín, +que sería quien le diese nombre. Y fué +un combate en el alma de Monegro. Un acto +tan sencillo como es dar nombre a un hombre +nuevo, tomaba para él tamaño de algo agorero, +de un sortilegio fatídico. Era como si se +decidiera el porvenir del nuevo espíritu.</p> + +<p>«Joaquín—se decía éste,—Joaquín, sí,<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> +como yo, y luego será Joaquín S. Monegro y +hasta borrará la ese, la ese a que se le reducirá +ese odioso Sánchez, y desaparecerá su +nombre, el de su hijo, y su linaje quedará +anegado en el mío... Pero no, es mejor que +sea Abel Monegro. Abel S. Monegro, y se +redima así el Abel? Abel es su abuelo, pero +Abel es también su padre, mi yerno, mi +hijo, que es ya mío, un Abel mío, que he hecho +yo. Y qué más da que se llame Abel si él, +el otro, su otro abuelo, no será Abel ni nadie +le conocerá por tal, sino será como yo le +llame en las <i>Memorias</i>, con el nombre con +que le marque en la frente con fuego? Pero +no...»</p> + +<p>Y, mientras, así dudaba, fué Abel Sánchez, +el pintor, quien decidió la cuestión, diciendo:</p> + +<p>—Que se llame Joaquín. Abel el abuelo, +Abel el padre, Abel el hijo, tres Abeles... son +muchos! Además, no me gusta, es nombre de +víctima...</p> + +<p>—Pues bien dejaste ponérselo a tu hijo—objetó +Helena.</p> + +<p>—Sí, fué un empeño tuyo, y por no oponerme... +Pero figúrate que en vez de ha<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span>berse +dedicado a médico se dedica a pintor, +pues... Abel Sánchez el Viejo y Abel Sánchez +el Joven...</p> + +<p>—Y Abel Sánchez no puede haber más +que uno—añadió Joaquín, sotorriéndose.</p> + +<p>—Por mí que haya ciento—replicó aquél. +Yo siempre he de ser yo.</p> + +<p>—Y quién lo duda?—dijo su amigo.</p> + +<p>—Nada, nada, que le llamen Joaquín, decidido!</p> + +<p>—Y que no se dedique a la pintura, eh?</p> + +<p>—Ni a la medicina!—concluyó Abel, fingiendo +seguir la fingida broma.</p> + +<p>Y Joaquín se llamó el niño.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXV</h2> + + +<p>Tomaba al niño su abuela Antonia, que +era quien le cuidaba, y apechugándolo como +para ampararlo y cual si presintiese alguna +desgracia, le decía: «Duerme, hijo mío, duerme, +que cuanto más duermas, mejor. Así +crecerás sano y fuerte. Y luego también, mejor +dormido que despierto, sobre todo en esta +casa. Qué va a ser de ti? Dios quiera que no +riñan en ti tus dos sangres!» Y dormido el +niño, ella, teniéndole en brazos, rezaba y +rezaba.</p> + +<p>Y el niño crecía a la par que la <i>Confesión</i> +y las <i>Memorias</i> de su abuelo de madre +y que la fama de pintor de su abuelo de pa<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span>dre. +Pues nunca fué más grande la reputación +de Abel que en este tiempo. El cual, por +su parte, parecía preocuparse muy poco de +toda otra cosa que no fuese su reputación.</p> + +<p>Una vez se fijó más intensamente en el +nietecillo, y fué que al verle una mañana +dormido exclamó: «Qué precioso apunte!» +Y tomando un álbum se puso a hacer un bosquejo +a lápiz del niño dormido.</p> + +<p>---Qué lástima—exclamó—no tener aquí +mi paleta y mis colores! Ese juego de la luz en +la mejilla, que parece como de melocotón, es +encantador. Y el color del pelo! Si parecen +rayos del sol los rizos!</p> + +<p>—Y luego—le dijo Joaquín,—cómo le llamarías +al cuadro? Inocencia?</p> + +<p>—Eso de poner títulos a los cuadros se +queda para los literatos, como para los médicos +el poner nombres a las enfermedades, +aunque no se curen.</p> + +<p>—Y quién te ha dicho, Abel, que sea lo +propio de la medicina curar las enfermedades?</p> + +<p>—Entonces, qué es?</p> + +<p>—Conocerlas. El fin de la ciencia es conocer.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span></p> + +<p>—Yo creí que conocer para curar. De qué +nos serviría haber probado del fruto de la +ciencia del bien y del mal si no era para librarnos +de éste?</p> + +<p>—Y el fin del arte, cuál es? Cuál es el fin +de ese dibujo de nuestro nieto que acabas de +hacer?</p> + +<p>—Eso tiene su fin en sí. Es una cosa bonita +y basta.</p> + +<p>—Qué es lo bonito? Tu dibujo o nuestro +nieto?</p> + +<p>—Los dos!</p> + +<p>—Acaso crees que tu dibujo es más hermoso +que él, que Joaquinito?</p> + +<p>—Ya estás en las tuyas! Joaquín! Joaquín!</p> + +<p>Y vino Antonia, la abuela, y cojió al niño +de la cuna y se lo llevó como para defenderlo +de uno y de otro abuelo. Y le decía: «Ay, +hijo, hijito, hijo mío, corderito de Dios, sol de +la casa, angelito sin culpa, que no te retraten, +que no te curen! No seas modelo de pintor, +no seas enfermo de médico... Déjales, déjales +con su arte y con su ciencia y vente con +tu abuelita, tú, vida, vida, vidita, vidita<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span> +mía! Tú eres mi vida; tú eres nuestra vida; +tú eres el sol de esta casa. Yo te enseñaré a +rezar por tus abuelos y Dios te oirá. Vente +conmigo, vidita, vida, corderito sin mancha, +corderito de Dios!» Y no quiso Antonia ver +el apunte de Abel.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXVI</h2> + + +<p>Joaquín seguía con su enfermiza ansiedad +el crecimiento en cuerpo y en espíritu de su +nieto Joaquinito. A quién salía? A quién se +parecía? De qué sangre era? Sobre todo cuando +empezó a balbucir.</p> + +<p>Desasosegábale al abuelo que el otro abuelo, +Abel, desde que tuvo el nieto, frecuentaba +la casa de su hijo y hacía que le llevasen +a la suya el pequeñuelo. Aquel grandísimo +egoísta—por tal le tenían su hijo y su consuegro—parecía +ablandarse de corazón y +aun aniñarse ante el niño. Solía ir a hacerle +dibujos, lo que encantaba a la criatura. +«<i>Abelito</i>, santos!», le pedía. Y Abel no se can<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span>saba +de dibujarle perros, gatos, caballos, toros, +figuras humanas. Ya le pedía un jinete, +ya dos chicos haciendo cachetina, ya un niño +corriendo de un perro que le sigue, y que las +escenas se repitiesen.</p> + +<p>—En mi vida he trabajado con más gusto—decía +Abel;—esto, esto es arte puro y lo +demás... chanfaina!</p> + +<p>—Puedes hacer un álbum de dibujos para +los niños—le dijo Joaquín.</p> + +<p>—No, así no tiene gracia, para los niños... +no! Eso no sería arte sino...</p> + +<p>—Pedagogía—dijo Joaquín.</p> + +<p>—Eso, sí, sea lo que fuere, pero arte no. +Esto es arte, esto; estos dibujos que dentro +de media hora romperá nuestro nieto.</p> + +<p>—Y si yo los guardase?—preguntó Joaquín.</p> + +<p>—Guardarlos? Para qué?</p> + +<p>—Para tu gloria. He oído de no sé qué pintor +de fama que se han publicado los dibujos +que les hacía, para divertirlos, a sus hijos, +y que son de lo mejor de él.</p> + +<p>—Yo no los hago para que los publiquen +luego, entiendes? Y, en cuanto a eso de la<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span> +gloria, que es una de tus reticencias, Joaquín, +sábete que no se me da un comino de +ella.</p> + +<p>—Hipócrita! Si es lo único que de veras +te preocupa...</p> + +<p>—Lo único? Parece mentira que me lo digas +ahora. Hoy lo que me preocupa es este +niño. Y será un gran artista!</p> + +<p>—Que herede tu genio, no?</p> + +<p>—Y el tuyo!</p> + +<p>El niño miraba sin comprender el duelo +entre sus dos abuelos, pero adivinando algo +en sus actitudes.</p> + +<p>—Qué le pasa a mi padre?—preguntaba +a Joaquín su yerno—que está chocho con el +nieto, él que apenas nunca me hizo caso? Ni +recuerdo que siendo yo niño me hiciese esos +dibujos...</p> + +<p>—Es que vamos para viejos, hijo—le respondió +Joaquín,—y la vejez enseña mucho.</p> + +<p>—Y hasta el otro día, a no sé qué pregunta +del niño, le vi llorar. Es decir, le salieron las +lágrimas. Las primeras que le he visto.</p> + +<p>—Bah! Eso es cardíaco!</p> + +<p>—Cómo?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></p> + +<p>—Que tu padre está ya gastado por los +años y el trabajo y por el esfuerzo de la inspiración +artística y por las emociones; que +tiene muy mermadas las reservas del corazón +y que el mejor día...</p> + +<p>—Qué?</p> + +<p>—Os da, es decir, nos da un susto. Y me +alegro que haya llegado ocasión de decírtelo, +aunque ya pensaba en ello. Adviérteselo +a Helena, a tu madre.</p> + +<p>—Sí, él se queja de fatiga, de disnea, será...?</p> + +<p>—Eso es. Me ha hecho que le reconozca +sin saberlo tú y le he reconocido. Necesita +cuidado.</p> + +<p>Y así era que en cuanto se encrudecía el +tiempo Abel se quedaba en casa y hacía que +le llevasen a ella al nieto, lo que amargaba +para el día todo al otro abuelo. «Me lo está +mimando—se decía Joaquín—, quiere arrebatarme +su cariño; quiere ser el primero; +quiere vengarse de lo de su hijo. Sí, sí, es +por venganza, nada más que por venganza. +Quiere quitarme este último consuelo. Vuelve +a ser él, él, él, que me quitaba los amigos +cuando éramos mozos.»</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p> + +<p>Y en tanto Abel le repetía al nietecito +que quisiera mucho al abuelito Joaquín.</p> + +<p>—Te quiero más a ti—le dijo una vez el +nieto.</p> + +<p>—Pues no! No debes quererme a mí más; +hay que querer a todos igual. Primero a papá +y mamá y luego a los abuelos y a todos lo +mismo. El abuelito Joaquín es muy bueno, +te quiere mucho, te compra juguetes...</p> + +<p>—También tú me los compras...</p> + +<p>—Te cuenta cuentos...</p> + +<p>—Me gustan más los dibujos que tú me +haces. Anda, píntame un toro y un picador +a caballo!</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXXVII</h2> + + +<p>—Mira, Abel—le dijo solemnemente Joaquín, +así que se encontraron solos,—vengo +a hablarte de una cosa grave, muy grave, de +una cuestión de vida o muerte.</p> + +<p>—De mi enfermedad?</p> + +<p>—No, pero si quieres de la mía.</p> + +<p>—De la tuya?</p> + +<p>—De la mía, sí! Vengo a hablarte de nuestro +nieto. Y para no andar con rodeos es menester +que te vayas, que te alejes, que nos +pierdas de vista; te lo ruego, te lo suplico...</p> + +<p>—Yo? Pero estás loco, Joaquín? Y por +qué?</p> + +<p>—El niño te quiere a ti más que a mí. Esto<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span> +es claro. Yo no sé lo que haces con él... no +quiero saberlo...</p> + +<p>—Le aojaré o le daré algún bebedizo, sin +duda...</p> + +<p>—No lo sé. Le haces esos dibujos, esos +malditos dibujos, le entretienes con las artes +perversas de tu maldito arte...</p> + +<p>—Ah, pero eso también es malo? Tú no +estás bueno, Joaquín.</p> + +<p>—Puede ser que no esté bueno, pero eso +no importa ya. No estoy en edad de curarme. +Y si estoy malo debes respetarme. Mira, +Abel, que me amargaste la juventud, que +me has perseguido la vida toda...</p> + +<p>—Yo?</p> + +<p>—Sí, tú, tú.</p> + +<p>—Pues lo ignoraba.</p> + +<p>—No finjas. Me has despreciado siempre...</p> + +<p>—Mira, si sigues así, me voy, porque me +pones malo de verdad. Ya sabes mejor que +nadie, que no estoy para oir locuras de ese +jaez. Vete a un manicomio a que te curen o +te cuiden y déjanos en paz.</p> + +<p>—Mira, Abel, que me quitaste, por humillarme, +por rebajarme, a Helena...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span></p> + +<p>—Y no has tenido a Antonia...?</p> + +<p>—No, no es por ella, no! Fué el desprecio, +la afrenta, la burla.</p> + +<p>—Tú no estás bueno, te lo repito, Joaquín, +no estás bueno...</p> + +<p>—Peor estás tú.</p> + +<p>—De salud del cuerpo, desde luego. Sé +que no estoy para vivir mucho.</p> + +<p>—Demasiado...</p> + +<p>—Ah, pero me deseas la muerte?</p> + +<p>—No, Abel, no, no digo eso—y tomó Joaquín +tono de quejumbrosa súplica, diciéndole: +Vete, vete de aquí, vete a vivir a otra +parte, déjame con él... no me lo quites... por +lo que te queda...</p> + +<p>—Pues por lo que me queda, déjame +con él.</p> + +<p>—No, que le envenenas con tus mañas, +que le desapegas de mí, que le enseñas a despreciarme...</p> + +<p>—Mentira, mentira y mentira! Jamás me +ha oído ni me oirá nada en desprestigio tuyo.</p> + +<p>—Sí, pero basta con lo que le engatusas.</p> + +<p>—Y crees tú que por irme yo, por quitarme +yo de en medio habría de quererte? Si a<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span> +ti, Joaquín, aunque uno se proponga no +puede quererte... Si rechazas a la gente....</p> + +<p>—Lo ves, lo ves...</p> + +<p>—Y si el niño no te quiere como tú quieres +ser querido, con exclusión de los demás o +más que a ellos, es que presiente el peligro, +es que teme...</p> + +<p>—Y qué teme?—preguntó Joaquín, palideciendo.</p> + +<p>---El contagio de tu mala sangre.</p> + +<p>Levantóse entonces Joaquín, lívido, se fué +a Abel y le puso las dos manos, como dos garras, +en el cuello, diciendo: Bandido!</p> + +<p>Mas al punto las soltó. Abel dió un grito, +llevándose las manos al pecho, suspiró un +«Me muero!» y dió el último respiro. Joaquín +se dijo: «El ataque de angina; ya no hay remedio; +se acabó!»</p> + +<p>En aquel momento oyó la voz del nieto +que llamaba: «Abuelito! Abuelito!» Joaquín +se volvió:</p> + +<p>—A quién llamas? A qué abuelo llamas? +A mí?—Y como el niño callara lleno de estupor +ante el misterio que veía:—Vamos, dí, +a qué abuelo? A mí?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span></p> + +<p>—No, al abuelito Abel.</p> + +<p>—A Abel? Ahí le tienes... muerto. Sabes +lo que es eso? Muerto.</p> + +<p>Después de haber sostenido en la butaca +en que murió el cuerpo de Abel, se volvió +Joaquín al nieto y con voz de otro mundo le +dijo:</p> + +<p>—Muerto, sí! Y le he matado yo, yo, ha +matado a Abel Caín, tu abuelo Caín. Mátame +ahora si quieres. Me quería robarte; quería +quitarme tu cariño. Y me lo ha quitado. +Pero él tuvo la culpa; él.</p> + +<p>Y rompiendo a llorar, añadió:</p> + +<p>—Me quería robarte a ti, a ti, al único consuelo +que le quedaba al pobre Caín! No le +dejarán a Caín nada? Ven acá, abrázame.</p> + +<p>El niño huyó sin comprender nada de +aquello, como se huye de un loco. Huyó llamando +a Helena: abuela, abuela!</p> + +<p>—Le he matado, sí—continuó Joaquín +solo;—pero él me estaba matando; hace más +de cuarenta años que me estaba matando. +Me envenenó los caminos de la vida con su +alegría y con sus triunfos. Quería robarme +el nieto...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span></p> + +<p>Al oir pasos precipitados, volviendo Joaquín +en sí, volvióse. Era Helena, que entraba.</p> + +<p>—Qué pasa... qué sucede... qué dice el +niño...</p> + +<p>—Que la enfermedad de tu marido ha tenido +su fatal desenlace—dijo Joaquín heladamente.</p> + +<p>—Y tú?</p> + +<p>—Yo no he podido hacer nada. En esto se +llega siempre tarde.</p> + +<p>Helena le miró fijamente y le dijo:</p> + +<p>—Tú... tú has sido!</p> + +<p>Luego se fué, pálida y convulsa, pero sin +perder su compostura, al cuerpo de su marido.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXXVIII</h2> + + +<p>Pasó un año, en que Joaquín cayó en una +honda melancolía. Abandonó sus <i>Memorias</i>, +evitaba ver a todo el mundo, incluso a +sus hijos. La muerte de Abel había aparecido +el natural desenlace de su dolencia, conocida +por su hija, pero un espeso bochorno +de misterio pesaba sobre la casa. Helena encontró +que el traje de luto la favorecía mucho +y empezó a vender los cuadros que de +su marido le quedaban. Parecía tener cierta +aversión al nieto. Al cual le había nacido ya +una hermanita.</p> + +<p>Postróle, al fin, una oscura enfermedad +en el lecho. Y sintiéndose morir, llamó un día +a sus hijos, a su mujer, a Helena.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p> + +<p>—Os dijo verdad el niño—empezó diciendo,—yo +le maté.</p> + +<p>—No digas esas cosas, padre—suplicó +Abel, su yerno.</p> + +<p>—No es hora de interrupciones ni de embustes. +Yo le maté. O como si yo le hubiera +matado, pues murió en mis manos...</p> + +<p>—Eso es otra cosa.</p> + +<p>—Se me murió teniéndole yo en mis manos, +cojido del cuello. Aquello fué como un +sueño. Toda mi vida ha sido como un sueño. +Por eso ha sido como una de esas pesadillas +dolorosas que nos caen encima poco antes de +despertar, al alba, entre el sueño y la vela. +No he vivido ni dormido... ojalá! ni despierto. +No me acuerdo ya de mis padres, no quiero +acordarme de ellos y confío en que ya +muertos me hayan olvidado. Me olvidará +también Dios? Sería lo mejor acaso, el +eterno olvido. Olvidadme, hijos míos!</p> + +<p>—Nunca!—exclamó Abel, yendo a besarle +la mano.</p> + +<p>—Déjala! Estuvo en el cuello de tu padre +al morirse éste. Déjala! Pero no me dejéis. +Rogad por mí.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span></p> + +<p>—Padre, padre!—suplicó la hija.</p> + +<p>—Por qué he sido tan envidioso, tan malo? +Qué hice para ser así? Qué leche mamé? Era +un bebedizo de odio? Ha sido un bebedizo mi +sangre? Por qué nací en tierra de odios? En +tierra en que el precepto parece ser: «Odia a +tu prójimo como a ti mismo.» Porque he vivido +odiándome; porque aquí todos vivimos +odiándonos. Pero... traed al niño.</p> + +<p>—Padre!</p> + +<p>—Traed al niño!</p> + +<p>Y cuando el niño llegó le hizo acercarse:</p> + +<p>—Me perdonas?—le preguntó.</p> + +<p>—No hay de qué—dijo Abel.</p> + +<p>—Dí que sí, arrímate al abuelo—le dijo +su madre.</p> + +<p>—Sí!—susurró el niño.</p> + +<p>—Dí claro, hijo mío, dí si me perdonas.</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—Así, sólo de ti, sólo de ti, que no tienes +todavía uso de razón, de ti que eres inocente, +necesito perdón. Y no olvides a tu abuelo +Abel, al que te hacía los dibujos. Le olvidarás?</p> + +<p>—No!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span></p> + +<p>—No, no le olvides, hijo mío, no le olvides. +Y tú, Helena...</p> + +<p>Helena, la vista en el suelo, callaba.</p> + +<p>—Y tú, Helena...</p> + +<p>—Yo, Joaquín, te tengo hace tiempo perdonado.</p> + +<p>—No te pedía eso. Sólo quiero verte junto +a Antonia. Antonia...</p> + +<p>La pobre mujer, henchidos de lágrimas los +ojos, se echó sobre la cabeza de su marido y +como queriendo protegerla.</p> + +<p>—Tú has sido aquí la víctima. No pudiste +curarme, no pudiste hacerme bueno...</p> + +<p>—Pero si lo has sido, Joaquín... Has sufrido +tanto!...</p> + +<p>—Sí, la tisis del alma. Y no pudiste hacerme +bueno porque no te he querido.</p> + +<p>—No digas eso!</p> + +<p>—Sí, lo digo, lo tengo que decir, y lo digo +aquí, delante de todos. No te he querido. Si +te hubiera querido me había curado. No te +he querido. Y ahora me duele no haberte +querido. Si pudiéramos volver a empezar...</p> + +<p>—Joaquín! Joaquín!—clamaba desde el +destrozado corazón la pobre mujer.—No di<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span>gas +esas cosas. Ten piedad de mí; ten piedad +de tus hijos, de tu nieto que te oye, y que, +aunque parece no entenderte, acaso mañana...</p> + +<p>—Por eso lo digo, por piedad. No, no te +he querido; no he querido quererte. Si volviésemos +a empezar! Ahora, ahora es cuando...</p> + +<p>No le dejó acabar su mujer, tapándole la +moribunda con su boca y como si quisiera +recojer en el propio su último aliento.</p> + +<p>—Esto te salva, Joaquín.</p> + +<p>—Salvarme? Y a qué llamas salvarse?</p> + +<p>—Aun puedes vivir unos años, si lo quieres.</p> + +<p>—Para qué? Para llegar a viejo? A la verdadera +vejez? No; la vejez, no! La vejez +egoísta no es más que una infancia en que +hay conciencia de la muerte. El viejo es un +niño que sabe que ha de morir. No, no quiero +llegar a viejo. Reñiría con los nietos por +celos, les odiaría... No, no... basta de odio! +Pude quererte, debí quererte, que habría sido +mi salvación, y no te quise.</p> + +<p>Calló. No quiso o no pudo proseguir. Besó +a los suyos. Horas después rendía su último +cansado respiro.</p><hr class="chap" /> + + + + + +<h2>OBRAS DEL MISMO AUTOR</h2> + +<p class="center">EDITADAS POR LA BIBLIOTECA</p> + +<p class="center large">RENACIMIENTO</p> + + +<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="obras"> + +<tr> + <td class="tdr" colspan="2">Ptas.</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Por tierras de Portugal y España</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Soliloquios y conversaciones</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Contra esto y aquello</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Del sentimiento trágico de la vida</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Vida de Don Quijote y Sancho</td> + <td class="tdr">4,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Niebla, <i>novela</i></td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Recuerdos de niñez y de mocedad</td> + <td class="tdr">3,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Poesías</td> + <td class="tdr">3,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">De mi país</td> + <td class="tdr">2,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Rosario de sonetos líricos</td> + <td class="tdr">3,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">El espejo de la muerte, <i>novelas</i></td> + <td class="tdr">1,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Abel Sánchez</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <th colspan="2">UNAMUNO Y GANIVET</th> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">El porvenir de España</td> + <td class="tdr">2,00</td> +</tr> + +</table> + +<div>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 44512 ***</div> +</body> +</html> diff --git a/44512-h/images/cover.jpg b/44512-h/images/cover.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..a6bcca4 --- /dev/null +++ b/44512-h/images/cover.jpg diff --git a/44512-h/images/title.jpg b/44512-h/images/title.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..6c0e551 --- /dev/null +++ b/44512-h/images/title.jpg diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..55d1f94 --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for +eBook #44512 (https://www.gutenberg.org/ebooks/44512) diff --git a/old/44512-8.txt b/old/44512-8.txt new file mode 100644 index 0000000..e5ba7f1 --- /dev/null +++ b/old/44512-8.txt @@ -0,0 +1,5039 @@ +The Project Gutenberg EBook of Abel Snchez, by Miguel De Unamuno + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Abel Snchez + Una Historia de Pasin + +Author: Miguel De Unamuno + +Release Date: December 25, 2013 [EBook #44512] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ABEL SNCHEZ *** + + + + +Produced by Carlos Coln and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +created from images of public domain material made available +by the University of Toronto Libraries +(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).) + + + + + + + + + + Nota del Transcriptor: + + Errores obvios de imprenta han sido corregidos. + + Con la intencin de conservar el texto original, signos de + interrogacin y exclamacin no se usan al principio de la mayora de + las preguntas y exclamaciones respectivamente. + + Pginas en blanco han sido eliminadas. + + Letras itlicas son denotadas con _lneas_. + + Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=. + + + + + ABEL SNCHEZ + + + UNA HISTORIA DE PASIN + + IMP. JOS POVEDA.--PRNCIPE, 24.--MADRID + + + + + ABEL SNCHEZ + + UNA HISTORIA DE PASIN + + POR + MIGUEL DE UNAMUNO + + + [Ilustracin] + + + RENACIMIENTO + SAN MARCOS, 42 + MADRID + 1917 + + + + +ABEL SNCHEZ + +UNA HISTORIA DE PASIN + + +Al morir Joaqun Monegro encontrse entre sus papeles una especie de +Memoria de la sombra pasin que le hubo devorado en vida. Entremzclase +en este relato fragmentos tomados de esa confesin--as lo rotul--, y +que vienen a ser al modo de comentario que se haca Joaqun a s mismo +de su propia dolencia. Esos fragmentos van entrecomillados. La +=Confesin= iba dirigida a su hija. + + + + +I + + +No recordaban Abel Snchez y Joaqun Monegro desde cundo se conocan. +Eran conocidos desde antes de la niez, desde la primera infancia, pues +ya sus sendas nodrizas se juntaban y los juntaban cuando aun ellos no +saban hablar. Aprendi cada uno de ellos a conocerse conociendo al +otro. Y as vivieron y se hicieron juntos amigos desde nacimiento casi, +ms bien hermanos de crianza. + +En sus paseos, en sus juegos, en sus otras amistades comunes, pareca +dominar e iniciarlo todo Joaqun, el ms voluntarioso; pero era Abel +quien, pareciendo ceder, haca la suya siempre. Y es que le importaba +ms no obedecer que mandar. Casi nunca rean. Por m como t +quieras...! le deca Abel a Joaqun, y ste se exasperaba a las veces +porque con aquel como t quieras...! esquivaba las disputas. + +--Nunca me dices que no!--exclamaba Joaqun. + +--Y para qu?--responda el otro. + +--Bueno, este no quiere que vayamos al Pinar--dijo una vez aquel cuando +varios compaeros se disponan a un paseo. + +--Yo? pues no he de quererlo...!--exclam Abel.--S, hombre, s; como t +quieras. Vamos all! + +--No, como yo quiera, no! Ya te he dicho otras veces que no! Como yo +quiera no! T no quieres ir! + +--Que s, hombre... + +--Pues entonces no lo quiero yo... + +--Ni yo tampoco... + +--Eso no vale--grit ya Joaqun.--O con l o conmigo! + +Y todos se fueron con Abel, dejndole a Joaqun solo. + +Al comentar ste en sus _Confesiones_ tal suceso de la infancia, +escriba: Ya desde entonces era l simptico, no saba por qu, y +antiptico yo, sin que se me alcanzara mejor la causa de ello, y me +dejaban solo. Desde nio me aislaron mis amigos. + +Durante los estudios del bachillerato, que siguieron juntos, Joaqun era +el empolln, el que iba a la caza de los premios, el primero en las +aulas y el primero Abel fuera de ellas, en el patio del Instituto, en la +calle, en el campo, en los novillos, entre los compaeros. Abel era el +que haca reir con sus gracias y, sobre todo, obtena triunfos de +aplauso por las caricaturas que de los catedrticos haca. Joaqun es +mucho ms aplicado, pero Abel es ms listo... si se pusiera a +estudiar... Y este juicio comn de los compaeros, sabido por Joaqun, +no haca sino envenenarle el corazn. Lleg a sentir la tentacin de +descuidar el estudio y tratar de vencer al otro en el otro campo, pero +dicindose: bah! qu saben ellos... sigui fiel a su propio natural. +Adems, por ms que procuraba aventajar al otro en ingenio y donosura no +lo consegua. Sus chistes no eran redos y pasaba por ser +fundamentalmente serio. T eres fnebre--sola decirle Federico +Cuadrado--tus chistes son chistes de duelo. + +Concluyeron ambos el bachillerato. Abel se dedic a ser artista +siguiendo el estudio de la pintura y Joaqun se matricul en la Facultad +de Medicina. Veanse con frecuencia y hablaba cada uno al otro de los +progresos que en sus respectivos estudios hacan, empendose Joaqun en +probarle a Abel que la Medicina era tambin un arte y hasta un arte +bella, en que caba inspiracin potica. Otras veces, en cambio, daba en +menospreciar las bellas artes, enervadoras del espritu, exaltando la +ciencia, que es la que eleva, fortifica y ensancha el espritu con la +verdad. + +--Pero es que la Medicina tampoco es ciencia--le deca Abel.--No es sino +un arte, una prctica derivada de ciencias. + +--Es que yo no he de dedicarme al oficio de curar enfermos--replicaba +Joaqun. + +--Oficio muy honrado y muy til...--aada el otro. + +--S, pero no para m. Ser todo lo honrado y todo lo til que quieras, +pero detesto esa honradez y esa utilidad. Para otros el hacer dinero +tomando el pulso, mirando la lengua y recetando cualquier cosa. Yo +aspiro a ms. + +--A ms? + +--S, yo aspiro a abrir nuevos caminos. Pienso dedicarme a la +investigacin cientfica. La gloria mdica es de los que descubrieron el +secreto de alguna enfermedad y no de los que aplicaron el descubrimiento +con mayor o menor fortuna. + +--Me gusta verte as, tan idealista. + +--Pues qu, crees que slo vosotros, los artistas, los pintores, sois +con la gloria? + +--Hombre, nadie te ha dicho que yo suee con tal cosa... + +--Que no? pues por qu, si no, te has dedicado a pintar? + +--Porque si se acierta es oficio que promete... + +--Que promete? + +--Vamos, s, que da dinero. + +--A otro perro con ese hueso, Abel. Te conozco desde que nacimos casi. A +m no me la das. Te conozco. + +--Y he pretendido nunca engaarte? + +--No, pero t engaas sin pretenderlo. Con ese aire de no importarte +nada, de tomar la vida en juego, de drsete un comino de todo, eres un +terrible ambicioso... + +--Ambicioso yo? + +--S, ambicioso de gloria, de fama, de renombre... Lo fuiste siempre, de +nacimiento. Slo que solapadamente. + +--Pero ven ac, Joaqun, y dime: te disput nunca tus premios? no fuiste +t siempre el primero en clase? el chico que promete? + +--S, pero el gallito, el nio mimado de los compaeros t... + +--Y qu iba yo a hacerle...? + +--Me querrs hacer creer que no buscabas esa especie de popularidad...? + +--Haberla buscado t... + +--Yo? yo? Desprecio a la masa! + +--Bueno, bueno, djame de esas tonteras y crate de ellas. Mejor ser +que me hables otra vez de tu novia. + +--Novia? + +--Bueno, de esa tu primita que quieres que lo sea. + +Porque Joaqun estaba queriendo forzar el corazn de su prima Helena y +haba puesto en su empeo amoroso todo el ahinco de su nimo +reconcentrado y suspicaz. Y sus desahogos, los inevitables y saludables +desahogos de enamorado en lucha, eran con su amigo Abel. + +Y lo que Helena le haca sufrir! + +--Cada vez la entiendo menos--sola decirle a Abel.--Esa muchacha es +para m una esfinge... + +--Ya sabes lo que deca Oscar Wilde, o quien fuese, que toda mujer es +una esfinge sin secreto. + +--Pues Helena parece tenerlo. Debe de querer a otro, aunque ste no lo +sepa. Estoy seguro de que quiere a otro. + +--Y por qu? + +--De otro modo no me explico su actitud conmigo... + +--Es decir, que porque no quiere quererte a ti... quererte para novio, +que como primo s te querr... + +--No te burles! + +--Bueno, pues porque no quiere quererte para novio, o ms claro, para +marido, tiene que estar enamorada de otro? Bonita lgica! + +--Yo me entiendo! + +--S, y tambin yo te entiendo. + +--T? + +--No pretendes ser quien mejor me conoce? Qu mucho, pues, que yo +pretenda conocerte? Nos conocimos a un tiempo. + +--Te digo que esa mujer me trae loco y me har perder la paciencia. Est +jugando conmigo. Si me hubiera dicho desde un principio que no, bien +estaba, pero tenerme as, diciendo que lo ver, que lo pensar... Esas +cosas no se piensan... coqueta! + +--Es que te est estudiando. + +--Estudindome a m? Ella? Qu tengo yo que estudiar? Qu puede ella +estudiar? + +--Joaqun, Joaqun, te ests rebajando y la ests rebajando...! O crees +que no ms verte y oirte y saber que la quieres y ya deba rendrsete? + +--S, siempre he sido antiptico... + +--Vamos, hombre, no te pongas as... + +--Es que esa mujer est jugando conmigo! Es que no es noble jugar as +con un hombre como yo, franco, leal, abierto... Pero si vieras qu +hermosa est! Y cuanto ms fra y ms desdeosa se pone ms hermosa. Hay +veces que no s si la quiero o la aborrezco ms...! Quieres que te +presente a ella...? + +--Hombre, si t... + +--Bueno; os presentar. + +--Y si ella quiere... + +--Qu? + +--Le har un retrato. + +--Hombre, s! + +Mas aquella noche durmi Joaqun mal rumiando lo del retrato, pensando +en que Abel Snchez, el simptico sin proponrselo, el mimado del favor +ajeno, iba a retratarle a Helena. + +Qu saldra de all? Encontrara tambin Helena, como sus compaeros de +ellos, ms simptico a Abel? Pens negarse a la presentacin, mas como +ya se la haba prometido. + + + + +II + + +--Qu tal te pareci mi prima?--le preguntaba Joaqun a Abel al da +siguiente de habrsela presentado y propuesto a ella, a Helena, lo del +retrato, que acoji alborozada de satisfaccin. + +--Hombre, quieres la verdad? + +--La verdad siempre, Abel; si nos dijramos siempre la verdad, toda la +verdad, esto sera el paraso. + +--S, y si se la dijera cada cual a s mismo... + +--Bueno, pues la verdad! + +--La verdad es que tu prima y futura novia, acaso esposa, Helena, me +parece una pava real... es decir, un pavo real hembra... ya me +entiendes... + +--S, te entiendo. + +--Como no s expresarme bien ms que con el pincel... + +--Y vas a pintar la pava real, o el pavo real hembra, haciendo la rueda +acaso, con su cola llena de ojos, su cabecita... + +--Para modelo, excelente! Excelente, chico! Qu ojos! Qu boca! Esa boca +carnosa y a la vez fruncida... esos ojos que no miran... Qu cuello! Y +sobre todo qu color de tez! Si no te incomodas... + +--Incomodarme yo? + +--Te dir que tiene un color como de india brava, o mejor, de fiera +indmita. Hay algo, en el mejor sentido, de pantera en ella. Y todo ello +framente. + +--Y tan framente! + +--Nada, chico, que espero hacerte un retrato estupendo. + +--A m? Ser a ella? + +--No, el retrato ser para ti, aunque de ella. + +--No, eso no, el retrato ser para ella! + +--Bien, para los dos. Quin sabe... Acaso con l os una. + +--Vamos, s, que de retratista pasas a... + +--A lo que quieras, Joaqun, a celestino, con tal de que dejes de sufrir +as. Me duele verte de esa manera. + +Empezaron las sesiones de pintura, reunindose los tres. Helena se +posaba en su asiento solemne y fra, henchida de desdn, como una diosa +llevada por el destino. Puedo hablar?, pregunt al primer da, y Abel +le contest: S, puede usted hablar y moverse; para m es mejor que +hable y se mueva, porque as vive la fisonoma... Esto no es fotografa, +y adems no la quiero hecha estatua... Y ella hablaba, hablaba, pero +movindose poco y estudiando la postura. Qu hablaba? Ellos no lo +saban. Porque uno y otro no hacan sino devorarla con los ojos; la +vean, no la oan hablar. + +Y ella hablaba, hablaba, por creer de buena educacin no estarse +callada, y hablaba zahiriendo a Joaqun cuanto poda. + +--Qu tal vas de clientela, primito?--le preguntaba. + +--Tanto te importa eso?... + +--Pues no ha de importarme, hombre, pues no ha de importarme...! +Figrate... + +--No, no me figuro. + +--Interesndote t tanto como por m te interesas, no cumplo con menos +que con interesarme yo por ti. Y adems, quin sabe... + +--Quin sabe, qu? + +--Bueno, dejen eso--interrumpa Abel;--no hacen sino regaar. + +--Es lo natural--deca Helena--entre parientes... Y adems, dicen que +as se empieza. + +--Se empieza, qu?--pregunt Joaqun. + +--Eso t lo sabrs, primo, que t has empezado. + +--Lo que voy a hacer es acabar! + +--Hay varios modos de acabar, primo. + +--Y varios de empezar. + +--Sin duda. Qu, me descompongo con este floreteo, Abel? + +--No, no, todo lo contrario. Este floreteo, como le llama, le da ms +expresin a la mirada y al gesto. Pero... + +A los dos das tutebanse ya Abel y Helena; lo haba querido as +Joaqun. Quien al tercer da falt a una sesin. + +--A ver, a ver cmo va eso--dijo Helena levantndose para ir a ver el +retrato. + +--Qu te parece? + +--Yo no entiendo, y adems no soy quien mejor puede saber si se me +parece o no. + +--Qu? No tienes espejo? No te has mirado a l? + +--S, pero... + +--Pero qu... + +--Qu s yo... + +--No te encuentras bastante guapa en este espejo? + +--No seas aduln. + +--Bien, se lo preguntaremos a Joaqun. + +--No me hables de l, por favor. Qu pelma! + +--Pues de l he de hablarte. + +--Entonces me marcho... + +--No, y oye. Est muy mal lo que ests haciendo con ese chico. + +--Ah! Pero ahora vienes a abogar por l? Es esto del retrato un +achaque. + +--Mira, Helena, no est bien que ests as, jugando con tu primo. El es +algo, vamos, algo... + +--S, insoportable! + +--No, l es reconcentrado, altivo por dentro, terco, lleno de s mismo, +pero es bueno, honrado a carta cabal, inteligente, le espera un +brillante porvenir en su carrera, te quiere con delirio... + +--Y si a pesar de todo eso no le quiero yo? + +--Pues debes entonces desengaarle. + +--Y poco que le he desengaado! Estoy harta de decirle que me parece un +buen chico, pero que por eso, porque me parece un buen chico, un +excelente primo--y no quiero hacer un chiste,--por eso no le quiero para +novio con lo que luego viene. + +--Pues l dice... + +--Si l te ha dicho otra cosa, no te ha dicho la verdad, Abel. Es que +voy a despedirle y prohibirle que me hable siendo como es mi primo? +Primo! Qu gracia! + +--No te burles as. + +--Si es que no puedo... + +--Y l sospecha ms, y es que se empea en creer que puesto que no +quieres quererle a l, ests en secreto enamorada de otro... + +--Eso te ha dicho? + +--S, eso me ha dicho. + +Helena se mordi los labios, se ruboriz y call un momento. + +--S, eso me ha dicho--repiti Abel, descansando la diestra sobre el +tiento que apoyaba en el lienzo, y mirando fijamente a Helena, como +queriendo adivinar el sentido de algn rasgo de su cara. + +--Pues si se empea... + +-Qu...? + +--Que acabar por conseguir que me enamore de algn otro... + +Aquella tarde no pint ya ms Abel. Y salieron novios. + + + + +III + + +El xito del retrato de Helena por Abel fu clamoroso. Siempre haba +alguien contemplndolo frente al escaparate en que fu expuesto. Ya +tenemos un gran pintor ms, decan. Y ella, Helena, procuraba pasar +junto al lugar en que su retrato se expona para oir los comentarios y +pasebase por las calles de la ciudad como un inmortal retrato viviente, +como una obra de arte haciendo la rueda. No haba acaso nacido para eso? + +Joaqun apenas dorma. + +--Est peor que nunca--le dijo a Abel.--Ahora es cuando juega conmigo. +Me va a matar! + +--Naturalmente! Se siente ya belleza profesional... + +--S, la has inmortalizado! Otra Joconda! + +--Pero t, como mdico, puedes alargarle la vida... + +--O acortrsela. + +--No te pongas as, trgico. + +--Y qu voy a hacer, Abel, qu voy a hacer...? + +--Tener paciencia... + +--Adems, me ha dicho cosas de donde he sacado que le has contado lo de +que la creo enamorada de otro... + +--Fu por hacer tu causa... + +--Por hacer mi causa... Abel, Abel, t ests de acuerdo con ella... +vosotros me engais... + +--Engaarte? En qu? Te ha prometido algo? + +--Y a ti? + +--Es tu novia acaso? + +--Y es ya la tuya? + +Callse Abel, mudndosele la color. + +--Lo ves?--exclam Joaqun, balbuciente y tembloroso.--Lo ves? + +--El qu? + +--Y lo negars ahora? Tendrs cara para negrmelo? + +--Pues bien, Joaqun, somos amigos de antes de conocernos, casi +hermanos... + +--Y al hermano, pualada trapera, no es eso? + +--No te sulfures as; ten paciencia... + +--Paciencia? Y qu es mi vida sino continua paciencia, continuo +padecer?... T el simptico, t el festejado, t el vencedor, t el +artista... Y yo... + +Lgrimas que le reventaron en los ojos cortronle la palabra. + +--Y qu iba a hacer, Joaqun, qu queras que hiciese...? + +--No haberla solicitado, pues que la quera yo...! + +--Pero si ha sido ella, Joaqun, si ha sido ella... + +--Claro, a ti, al artista, al afortunado, al favorito de la fortuna, a +ti son ellas las que te solicitan. Ya la tienes, pues... + +--Me tiene ella, te digo. + +--S, ya te tiene la pava real, la belleza profesional, la Joconda... +Sers su pintor... La pintars en todas posturas y en todas formas, a +todas las luces, vestida y sin vestir... + +--Joaqun! + +--Y as la inmortalizars. Vivir tanto como tus cuadros vivan. Es +decir, vivir, no! Porque Helena no vive; durar. Durar como el mrmol, +de que es. Porque es de piedra, fra y dura, fra y dura como t. Montn +de carne...! + +--No te sulfures, te he dicho. + +--Pues no he de sulfurarme, hombre, pues no he de sulfurarme! Esto es +una infamia, una canallada! + +Sintise abatido y call, como si le faltaran palabras para la violencia +de su pasin. + +--Pero ven ac, hombre--le dijo Abel con su voz ms dulce, que era la +ms terrible--y reflexiona. Iba yo a hacer que te quisiese si ella no +quiere quererte? Para novio no le eres... + +--S, no soy simptico a nadie; nac condenado. + +--Te juro, Joaqun... + +--No jures! + +--Te juro que si en m slo consistiese, Helena sera tu novia, y maana +tu mujer. Si pudiese cedrtela... + +--Me la venderas por un plato de lentejas, no es eso? + +--No, vendrtela no! Te la cedera gratis y gozara en veros felices, +pero... + +--S, que ella no me quiere y te quiere a ti, no es eso? + +--Eso es! + +--Que me rechaza a m, que la buscaba, y te busca a ti, que la +rechazabas. + +--Eso! Aunque no lo creas; soy un seducido. + +--Qu manera de darte postn! Me das asco! + +--Postn? + +--S, ser as, seducido, es ms que ser seductor. Pobre vctima! Se +pelean por ti las mujeres... + +--No me saques de quicio, Joaqun... + +--A ti? Sacarte a ti de quicio? Te digo que esto es una canallada, una +infamia, un crimen... Hemos acabado para siempre! + +Y luego, cambiando de tono, con lgrimas insondables en la voz: + +--Ten compasin de m, Abel, ten compasin. Ve que todos me miran de +reojo, ve que todos son obstculos para m... T eres joven, afortunado, +mimado, te sobran mujeres... Djame a Helena, mira que no sabr +dirigirme a otra... Djame a Helena... + +--Pero si ya te la dejo... + +--Haz que me oiga; haz que me conozca; haz que sepa que muero por ella, +que sin ella no vivir... + +--No la conoces... + +--S, os conozco! Pero, por Dios... Jrame que no has de casarte con +ella... + +--Y quin ha hablado de casamiento? + +--Ah, entonces es por darme celos nada ms? S, ella no es ms que una +coqueta... peor que una coqueta, una... + +--Cllate!--rugi Abel. + +Y fu tal el rugido, que Joaqun se qued callado, mirndole. + +--Es imposible, Joaqun; contigo no se puede! Eres imposible! + +Y Abel marchse. + +Pas una noche horrible--dej escrito en su _Confesin_ +Joaqun--volvindome a un lado y otro en la cama, mordiendo a ratos la +almohada, levantndome a beber agua del jarro del lavabo. Tuve fiebre. A +ratos me amodorraba en sueos acerbos. Pensaba matarles y urda +mentalmente, como si se tratase de un drama o de una novela que iba +componiendo, los detalles de mi sangrienta venganza, y tramaba dilogos +con ellos. Parecame que Helena haba querido afrentarme y nada ms, que +haba enamorado a Abel por menosprecio a m, pero que no poda, montn +de carne al espejo, querer a nadie. Y la deseaba ms que nunca y con ms +furia que nunca. En alguna de las interminables modorras de aquella +noche me so poseyndola y junto al cuerpo fro e inerte de Abel. Fu +una tempestad de malos deseos, de cleras, de apetitos sucios, de rabia. +Con el da y el cansancio de tanto sufrir volvime la reflexin, +comprend que no tena derecho alguno a Helena, pero empec a odiar a +Abel con toda mi alma y a proponerme a la vez ocultar ese odio, +abonarlo, criarlo, cuidarlo en lo recndito de las entraas de mi alma. +Odio? Aun no quera darle su nombre, ni quera reconocer que nac, +predestinado, con su masa y con su semilla. Aquella noche nac al +infierno de mi vida. + + + + +IV + + +--Helena--le deca Abel,--eso de Joaqun me quita el sueo...! + +--El qu? + +--Cuando le diga que vamos a casarnos no s lo que va a ser. Y eso que +parece ya tranquilo y como si se resignase a nuestras relaciones... + +--S, bonito es l para resignarse! + +--La verdad es que esto no estuvo del todo bien. + +--Qu? Tambin t? Es que vamos a ser las mujeres como bestias, que se +dan y prestan y alquilan y venden? + +--No, pero... + +--Pero qu? + +--Que fu l quien me present a ti, para que te hiciera el retrato, y +me aprovech... + +--Y bien aprovechado! Estaba yo acaso comprometida con l? Y aunque lo +hubiese estado! Cada cual va a lo suyo. + +--S, pero... + +--Qu? Te pesa? Pues por m... Aunque si t me dejases ahora, ahora que +estoy comprometida y todas saben que eres mi novio oficial y que me vas +a pedir un da de estos, no por eso buscara a Joaqun, no! Menos que +nunca! Me sobraran pretendientes, as, como los dedos de las manos--y +levantaba sus dos largas manos, de ahusados dedos, aquellas manos que +con tanto amor pintara Abel, y sacuda los dedos, como si revolotearan. + +Abel le coji las dos manos en las recias suyas, se las llev a la boca +y las bes alargadamente. Y luego en la boca... + +--Estate quieto, Abel! + +--Tienes razn, Helena, no vamos a turbar nuestra felicidad pensando en +lo que sienta y sufra por ella el pobre Joaqun... + +--Pobre? No es ms que un envidioso! + +--Pero hay envidias, Helena... + +--Que se fastidie! + +Y despus de una pausa llena de un negro silencio: + +--Por supuesto, le convidaremos a la boda... + +--Helena! + +--Y qu mal hay en ello? Es mi primo, tu primer amigo, a l debemos el +habernos conocido. Y si no le convidas t, le convidar yo. Que no va? +Mejor! Que va? Mejor que mejor! + + + + +V + + +Al anunciar Abel a Joaqun su casamiento, ste dijo: + +--As tena que ser. Tal para cual. + +--Pero bien comprendes... + +--S, lo comprendo, no me creas un demente o un furioso; lo comprendo, +est bien, que seis felices... Yo no lo podr ser ya... + +--Pero, Joaqun, por Dios, por lo que ms quieras... + +--Basta y no hablemos ms de ello. Haz feliz a Helena y que ella te haga +feliz... Os he perdonado ya... + +--De veras? + +--S, de veras. Quiero perdonaros. Me buscar mi vida. + +--Entonces me atrevo a convidarte a la boda, en mi nombre... + +--Y en el de ella, eh? + +--S, en el de ella tambin. + +--Lo comprendo. Ir a realzar vuestra dicha. Ir. + +Como regalo de boda mand Joaqun a Abel un par de magnficas pistolas +damasquinadas, como para un artista. + +--Son para que te pegues un tiro cuando te canses de m--le dijo Helena +a su futuro marido. + +--Qu cosas tienes, mujer! + +--Quin sabe sus intenciones... Se pasa la vida tramndolas... + +En los das que siguieron a aquel en que me dijo que se +casaban--escribi en su _Confesin_ Joaqun--sent como si el alma toda +se me helase. Y el hielo me apretaba el corazn. Eran como llamas de +hielo. Me costaba respirar. El odio a Helena, y sobre todo, a Abel, +porque era odio, odio fro cuyas races me llenaban el nimo, se me +haba empedernido. No era una mala planta, era un tmpano que se me +haba clavado en el alma; era, ms bien, mi alma toda congelada en +aquel odio. Y un hielo tan cristalino, que lo vea todo a su travs con +una claridad perfecta. Me daba acabada cuenta de que razn, lo que se +llama razn, eran ellos los que la tenan; que yo no poda alegar +derecho alguno sobre ella; que no se debe ni se puede forzar el afecto +de una mujer, que, pues se queran, deban unirse. Pero senta tambin +confusamente que fu yo quien les llev, no slo a conocerse, sino a +quererse, que fu por desprecio a m por lo que se entendieron, que en +la resolucin de Helena entraba por mucho el hacerme rabiar y sufrir, el +darme dentera, el rebajarme a Abel, y en la de ste el soberano egosmo +que nunca le dej sentir el sufrimiento ajeno. Ingenuamente, +sencillamente no se daba cuenta de que existieran otros. Los dems +ramos para l, a lo sumo, modelos para sus cuadros. No saba ni odiar; +tan lleno de s viva. + +Fu a la boda con el alma escarchada de odio, el corazn garapiado en +hielo agrio pero sobrecojido de un mortal terror, temiendo que al oir +el _s_ de ellos, el hielo se me resquebrajara y hendido el corazn +quedase all muerto o imbcil. Fu a ella como quien va a la muerte. Y +lo que me ocurri fu ms mortal que la muerte misma; fu peor, mucho +peor que morirse. Ojal me hubiese entonces muerto all. + +Ella estaba hermossima. Cuando me salud sent que una espada de +hielo, de hielo dentro del hielo de mi corazn, junto a la cual aun era +tibio el mo, me lo atravesaba; era la sonrisa insolente de su +compasin. _Gracias!_ me dijo, y entend: _Pobre Joaqun!_ El, Abel, l +ni s si me vi. Comprendo tu sacrificio--me dijo, por no callarse. +No, no hay tal--le repliqu;--te dije que vendra y vengo; ya ves que +soy razonable; no poda faltar a mi amigo de siempre, a mi... hermano. +Debi de parecerle interesante mi actitud, aunque poco pictrica. Yo era +all el convidado de piedra. + +Al acercarse el momento fatal, yo contaba los segundos. Dentro de +poco--me deca--ha terminado para m todo! Creo que se me par el +corazn. O claros y distintos los dos _ss_, el de l y el de ella. +Ella me mir al pronunciarlo. Y qued ms fro que antes, sin un +sobresalto, sin una palpitacin, como si nada que me tocase hubiese +odo. Y ello me llen de un infernal terror a m mismo. Me sent peor +que un monstruo, me sent como si no existiera, como si no fuese nada +ms que un pedazo de hielo, y esto para siempre. Llegu a palparme la +carne, a pellizcrmela, a tomarme el pulso. Pero estoy vivo? Yo soy +yo?--me dije. + +No quiero recordar todo lo que sucedi aquel da. Se despidieron de m +y furonse a su viaje de luna de miel. Yo me hund en mis libros, en mi +estudio, en mi clientela, que empezaba ya a tenerla. El despejo mental +que me di aquel golpe de lo ya irreparable, el descubrimiento en m +mismo de que no hay alma, movironme a buscar en el estudio, no ya +consuelo--consuelo, ni lo necesitaba ni lo quera,--sino apoyo para una +ambicin inmensa. Tena que aplastar con la fama de mi nombre la fama, +ya incipiente, de Abel; mis descubrimientos cientficos, obra de arte, +de verdadera poesa, tenan que hacer sombra a sus cuadros. Tena que +llegar a comprender un da Helena que era yo, el mdico, el antiptico, +quien habra de darle aureola de gloria, y no l, no el pintor. Me hund +en el estudio. Hasta llegu a creer que los olvidara! Quise hacer de la +ciencia un narctico y a la vez un estimulante! + + + + +VI + + +Al poco de haber vuelto los novios de su viaje de luna de miel, cay +Abel enfermo de alguna gravedad y llamaron a Joaqun a que le viese y le +asistiese. + +--Estoy muy intranquila, Joaqun--le dijo Helena;--anoche no ha hecho +sino delirar, y en el delirio no haca sino llamarte. + +Examin Joaqun con todo cuidado y minucia a su amigo, y luego, mirando +ojos a ojos a su prima, le dijo: + +--La cosa es grave, pero creo que le salvar. Yo soy quien no tiene +salvacin ya. + +--S, slvamelo!--exclam ella.--Y ya sabes... + +--S, lo s todo!--y se sali. + +Helena se fu al lecho de su marido, le puso una mano sobre la frente, +que le arda, y se puso a temblar. Joaqun, Joaqun--deliraba +Abel,--perdnanos, perdname! + +--Calla--le dijo casi al odo Helena,--calla; ha venido a verte y dice +que te curar, que te sanar... Dice que te calles... + +--Que me curar...?--aadi maquinalmente el enfermo. + +Joaqun lleg a su casa tambin febril, pero con una especie de fiebre +de hielo. Y si se muriera...! pensaba. Echse vestido sobre la cama y +se puso a imaginar escenas de lo que acaecera si Abel se muriese: el +luto de Helena, sus entrevistas con la viuda, el remordimiento de sta, +el descubrimiento por parte de ella de quin era l, Joaqun, y de cmo, +con qu violencia necesitaba el desquite y la necesitaba a ella, y cmo +caa al fin ella en sus brazos y reconoca que lo otro, la traicin, no +haba sido sino una pesadilla, un mal sueo de coqueta, que siempre le +haba querido a l, a Joaqun y no a otro. Pero no se morir!, se dijo +luego. No dejar yo que se muera, no debo dejarlo, est comprometido +mi honor, y luego... necesito que viva! + +Y al decirse este: necesito que viva!, temblbale toda el alma, como +tiembla el follaje de una encina a la sacudida del huracn. + +Fueron unos das atroces aquellos de la enfermedad de Abel--escriba en +su _Confesin_ el otro--unos das de tortura increble. Estaba en mi +mano dejarle morir, aun ms, hacerle morir sin que nadie lo sospechase, +sin que de ello quedase rastro alguno. He conocido en mi prctica +profesional casos de extraas muertes misteriosas que he podido ver +luego iluminadas al trgico fulgor de sucesos posteriores, una nueva +boda de la viuda y otros as. Luch entonces como no he luchado nunca +conmigo mismo, con este hediondo dragn que me ha envenenado y +entenebrecido la vida. Estaba all comprometido mi honor de mdico, mi +honor de hombre, y estaba comprometida mi salud mental, mi razn. +Comprend que me agitaba bajo las garras de la locura; vi el espectro +de la demencia haciendo sombra a mi corazn. Y venc. Salv a Abel de la +muerte. Nunca he estado ms feliz, ms acertado. El exceso de mi +infelicidad me hizo estar felicsimo de acierto. + +--Ya est fuera de todo cuidado tu... marido--le dijo un da Joaqun a +Helena. + +--Gracias, Joaqun, gracias--y le coji la mano, que l se la dej entre +las suyas;--no sabes cunto te debemos... + +--Ni vosotros sabis cunto os debo... + +--Por Dios, no seas as... ahora que tanto te debemos, no volvamos a +eso... + +--No, si no vuelvo a nada. Os debo mucho. Esta enfermedad de Abel me ha +enseado mucho, pero mucho... + +--Ah, le tomas como a un caso? + +--No, Helena, no; el caso soy yo! + +--Pues no te entiendo. + +--Ni yo del todo. Y te digo que estos das luchando por salvar a tu +marido... + +--Di a Abel! + +--Bien, sea; luchando por salvarle he estudiado con su enfermedad la ma +y vuestra felicidad y he decidido... casarme! + +--Ah, pero tienes novia? + +--No, no la tengo an, pero la buscar. Necesito un hogar. Buscar +mujer. O crees t, Helena, que no encontrar una mujer que me quiera? + +--Pues no la has de encontrar, hombre, pues no la has de encontrar...! + +--Una mujer que me quiera, digo. + +--S, te he entendido, una mujer que te quiera, s! + +--Porque como partido... + +--S, sin duda eres un buen partido... joven, no pobre, con una buena +carrera, empezando a tener fama, bueno... + +--Bueno... s, y antiptico, no es eso? + +--No, hombre, no; t no eres antiptico! + +--Ay, Helena, Helena, dnde encontrar una mujer... + +--Que te quiera? + +--No, sino que no me engae, que me diga la verdad, que no se burle de +m, Helena, que no se burle de m...! Que se case conmigo por +desesperacin, porque yo la mantenga, pero que me lo diga... + +--Bien has dicho que ests enfermo, Joaqun. Csate! + +--Y crees, Helena, que hay alguien, hombre o mujer, que pueda quererme? + +--No hay nadie que no pueda encontrar quien le quiera. + +--Y querr yo a mi mujer? Podr quererla, dime? + +--Hombre, pues no faltaba ms... + +--Porque mira, Helena, no es lo peor no ser querido, no poder ser +querido; lo peor es no poder querer. + +--Eso dice don Mateo, el prroco, del demonio, que no puede querer. + +--Y el demonio anda por la tierra, Helena. + +--Cllate y no me digas esas cosas. + +--Es peor que me las diga a m mismo. + +--Pues cllate! + + + + +VII + + +Dedicse Joaqun, para salvarse, requiriendo amparo a su pasin, a +buscar mujer, los brazos maternales de una esposa en que defenderse de +aquel odio que senta, un regazo en que esconder la cabeza, como un nio +que siente terror al coco, para no ver los ojos infernales del dragn de +hielo. + +Aquella pobre Antonia! + +Antonia haba nacido para madre; era todo ternura, todo compasin. +Adivin en Joaqun, con divino instinto, un enfermo, un invlido del +alma, un poseso, y sin saber de qu, enamorse de su desgracia. Senta +un misterioso atractivo en las palabras fras y cortantes de aquel +mdico que no crea en la virtud ajena. + +Antonia era la hija nica de una viuda a que asista Joaqun. + +--Cree usted que saldr de sta?--le preguntaba a l. + +--Lo veo difcil, muy difcil. Est la pobre muy trabajada, muy acabada; +ha debido de sufrir mucho... su corazn est muy dbil... + +--Slvemela usted, don Joaqun, slvemela usted, por Dios! Si pudiera, +dara mi vida por la suya! + +--No, eso no se puede. Y, adems, quin sabe? La vida de usted, Antonia, +ha de hacer ms falta que la suya... + +--La ma? Para qu? Para quin? + +--Quin sabe...! + +Lleg la muerte de la pobre viuda. + +--No ha podido ser, Antonia--dijo Joaqun.--La ciencia es impotente! + +--S, Dios lo ha querido! + +--Dios? + +--Ah--y los ojos baados en lgrimas de Antonia clavaron su mirada en +los de Joaqun, enjutos y acerados.--Pero usted no cree en Dios? + +--Yo...? No lo s...! + +A la pobre hurfana la compuncin de piedad que entonces sinti por el +mdico aquel le hizo olvidar un momento la muerte de su madre. + +--Y si yo no creyera en l, qu hara ahora? + +--La vida todo lo puede, Antonia. + +--Puede ms la muerte! Y ahora... tan sola... sin nadie... + +--Eso s, la soledad es terrible. Pero usted tiene el recuerdo de su +santa madre, el vivir para encomendarla a Dios... Hay otra soledad mucho +ms terrible! + +--Cual? + +--La de aquel a quien todos menosprecian, de quien todos se burlan... la +del que no encuentra quien le diga la verdad... + +--Y qu verdad quiere usted que se le diga? + +--Me la dir usted, ahora, aqu, sobre el cuerpo aun tibio de su madre? +Jura usted decrmela? + +--S, se la dir. + +--Bien, yo soy antiptico, no es as? + +--No, no es as! + +--La verdad, Antonia... + +--No, no es as! + +--Pues qu soy...? + +--Usted? Usted es un desgraciado, un hombre que sufre... + +Derritisele a Joaqun el hielo y asomronsele unas lgrimas a los ojos. +Y volvi a temblar hasta las races del alma. + +Poco despus Joaqun y la hurfana formalizaban sus relaciones, +dispuestos a casarse luego que pasase el ao de luto de ella. + +Pobre mi mujercita!--escriba, aos despus, Joaqun en su +_Confesin_--empeada en quererme y en curarme, en vencer la repugnancia +que sin duda yo deba de inspirarle. Nunca me lo dijo, nunca me lo di a +entender, pero poda no inspirarle yo repugnancia, sobre todo cuando le +descubr la lepra de mi alma, la gangrena de mis odios? Se cas conmigo +como se habra casado con un leproso, no me cabe duda de ello, por +divina piedad, por espritu de abnegacin y de sacrificio cristianos, +para salvar mi alma y as salvar la suya, por herosmo de santidad. Y +fu una santa! Pero no me cur de Helena; no me cur de Abel! Su +santidad fu para m un remordimiento ms. + +Su mansedumbre me irritaba. Haba veces en que, Dios me perdone!, la +habra querido mala, colrica, despreciativa. + + + + +VIII + + +En tanto la gloria artstica de Abel segua creciendo y confirmndose. +Era ya uno de los pintores de ms nombrada de la nacin toda, y su +renombre empezaba a traspasar las fronteras. Y esa fama creciente era +como una granizada desoladora en el alma de Joaqun. S, es un pintor +muy cientfico; domina la tcnica; sabe mucho, mucho; es +habilsimo--deca de su amigo, con palabras que silbaban. Era un modo +de fingir exaltarle deprimindole. + +Porque l, Joaqun, presuma ser un artista, un verdadero poeta en su +profesin, un clnico genial, creador, intuitivo, y segua soando con +dejar su clientela para dedicarse a la ciencia pura, a la patologa +terica, a la investigacin. Pero ganaba tanto...! + +No era, sin embargo, la ganancia--dice en su _Confesin_ pstuma--lo +que ms me impeda dedicarme a la investigacin cientfica. Tirbame a +sta por un lado el deseo de adquirir fama y renombre, de hacerme una +gran reputacin cientfica y asombrar con ella la artstica de Abel, de +castigar as a Helena, de vengarme de ellos, de ellos y de todos los +dems, y aqu encadenaba los ms locos de mis ensueos, mas por otra +parte, esa misma pasin fangosa, el exceso de mi despecho y mi odio me +quitaban serenidad de espritu. No, no tena el nimo para el estudio, +que lo requiere limpio y tranquilo. La clientela me distraa. + +La clientela me distraa, pero a las veces temblaba pensando que el +estado de distraccin en que mi pasin me tena preso me impidiera +prestar el debido cuidado a las dolencias de mis pobres enfermos. + +Ocurrime un caso que me sacudi las entraas. Asista a una pobre +seora, enferma de algn riesgo, pero no caso desesperado, a la que l +haba hecho un retrato, un retrato magnfico, uno de sus mejores +retratos, de los que han quedado como definitivos de entre los que ha +pintado, y aquel retrato era lo primero que se me vena a los ojos y al +odio as que entraba en la casa de la enferma. Estaba viva en el +retrato, ms viva que en el lecho la de carne y hueso sufrientes. Y el +retrato pareca decirme: Mira, l me ha dado vida para siempre; a ver +si t me alargas esta otra de aqu abajo. Y junto a la pobre enferma, +auscultndola, tomndole el pulso, no vea sino a la otra, a la +retratada. Estuve torpe, torpsimo, y la pobre enferma se me muri; la +dej morir ms bien, por mi torpeza, por mi criminal distraccin. Sent +horror de m mismo, de mi miseria. + +A los pocos das de muerta la seora aquella, tuve que ir a su casa, a +ver all otro enfermo, y entr dispuesto a no mirar al retrato. Pero era +intil, porque era l, el retrato el que me miraba aunque yo no le +mirase y me atraa la mirada. Al despedirme me acompa hasta la puerta +el viudo. Nos detuvimos al pie del retrato, y yo, como empujado por una +fuerza irresistible y fatal, exclam: + +--Magnfico retrato! Es de lo mejor que ha hecho Abel! + +--S--me contest el viudo,--es el mayor consuelo que me queda. Me paso +largas horas contemplndola. Parece como que me habla. + +--S, s--aad,--este Abel es un artista estupendo! + +Y al salir me deca: Yo la dej morir y l la resucita! + +Sufra Joaqun mucho cada vez que se le moran algunos de sus enfermos, +sobre todo los nios, pero la muerte de otros le tena sin grave +cuidado. Para qu querr vivir...?--decase de algunos.--Hasta le hara +un favor dejndole morir... + +Sus facultades de observador psiclogo habansele aguzado con su pasin +de nimo y adivinaba al punto las ms ocultas laceras morales. +Percatbase en seguida, bajo el embuste de las convenciones, de que +maridos prevean sin pena, cuando no deseaban, la muerte de sus mujeres +y qu mujeres ansiaban verse libres de sus maridos, acaso para tomar +otros de antemano escojidos ya. Cuando al ao de la muerte de su cliente +Alvarez, la viuda se cas con Menndez, amigo ntimo del difunto, +Joaqun se dijo: S que fu rara aquella muerte... Ahora me la +explico... La humanidad es lo ms cochino que hay, y la tal seora, dama +caritativa, una de las seoras de lo ms honrado...! + +--Doctor--le deca una vez uno de sus enfermos--mteme usted, por Dios, +mteme usted sin decirme nada, que ya no puedo ms... Deme algo que me +haga dormir para siempre... + +Y por qu no haba de hacer lo que este hombre quiere?--se deca +Joaqun--si no vive ms que para sufrir? Me da pena! Cochino mundo! + +Y eran sus enfermos para l no pocas veces espejos. + +Un da le lleg una pobre mujer de la vecindad, gastada por los aos y +los trabajos, cuyo marido, en los veinticinco aos de matrimonio, se +haba enredado con una pobre aventurera. Iba a contarle sus cuitas la +mujer desdeada. + +--Ay, don Joaqun--le deca,--usted, que dicen que sabe tanto, a ver si +me da un remedio para que le cure a mi pobre marido del bebedizo que le +ha dado esa pelona. + +--Pero qu bebedizo, mujer de Dios? + +--Se va a ir a vivir con ella, dejndome a m, al cabo de veinticinco +aos... + +--Ms extrao es que la hubiese dejado de recin casados, cuando usted +era joven y acaso... + +--Ah, no, seor, no! Es que le ha dado un bebedizo trastornndole el +seso, porque si no, no podra ser... no podra ser... + +--Bebedizo... bebedizo...--murmur Joaqun. + +--S, don Joaqun, s, un bebedizo... Y usted, que sabe tanto, deme un +remedio para l. + +--Ay, buena mujer; ya los antiguos trabajaron en balde para encontrar un +agua que los rejuveneciese... + +Y cuando la pobre mujer se fu desolada, Joaqun se deca: Pero no se +mirar al espejo esta desdichada? No ver el estrago de los aos de +rudo trabajo? Estas gentes del pueblo todo lo atribuyen a bebedizos o a +envidias... Que no encuentran trabajo...? Envidias! Que les sale algo +mal? Envidias. El que todos sus fracasos los atribuye a ajenas envidias +es un envidioso. Y no lo seremos todos? No me habrn dado un bebedizo? + +Durante unos das apenas pens ms que en el bebedizo. Y acab +dicindose: Es el pecado original! + + + + +IX + + +Casse Joaqun con Antonia buscando en ella un amparo, y la pobre +adivin desde luego su menester, el oficio que haca en el corazn de su +marido y cmo le era un escudo y un posible consuelo. Tomaba por marido +a un enfermo, acaso a un invlido incurable, del alma; su misin era la +de una enfermera. Y le acept llena de compasin, llena de amor a la +desgracia de quien as una su vida a la de ella. + +Senta Antonia que entre ella y su Joaqun haba como un muro invisible, +una cristalina y trasparente muralla de hielo. Aquel hombre no poda ser +de su mujer, porque no era de s mismo, dueo de s, sino a la vez un +enajenado y un posedo. En los ms ntimos trasportes del trato +conyugal, una invisible sombra fatdica se interpona entre ellos. Los +besos de su marido parecanle besos robados, cuando no de rabia. + +Joaqun evitaba hablar de su prima Helena delante de su mujer, y sta, +que se percat de ello al punto, no haca sino sacarla a colacin a cada +paso en sus conversaciones. + +Esto en un principio, que ms adelante evit mentarla. + +Llamronle un da a Joaqun a casa de Abel, como a mdico, y se enter +de que Helena llevaba ya en sus entraas fruto de su marido, mientras +que su mujer, Antonia, no ofreca an muestra alguna de ello. Y al pobre +le asalt una tentacin vergonzosa, de que se senta abochornado, y era +la de un diablo que le deca: Ves? Hasta es ms hombre que t! El, el +que con su arte resucita e inmortaliza a los que t dejas morir por tu +torpeza, l tendr pronto un hijo, traer un nuevo viviente, una obra +suya de carne y sangre y hueso al mundo, mientras t... T acaso no +seas capaz de ello... Es ms hombre que t! + +Entr mustio y sombro en el puerto de su hogar. + +--Vienes de casa de Abel, no?--le pregunt su mujer. + +--S. En qu lo has conocido? + +--En tu cara. Esa casa es tu tormento. No debas ir a ella... + +--Y qu voy a hacer? + +--Excusarte! Lo primero es tu salud y tu tranquilidad... + +--Aprensiones tuyas... + +--No, Joaqun, no quieras ocultrmelo...--y no pudo continuar, porque +las lgrimas le ahogaron la voz. + +Sentse la pobre Antonia. Los sollozos se le arrancaban de cuajo. + +--Pero qu te pasa, mujer, qu es eso...? + +--Dime t lo que a ti te pasa, Joaqun, confamelo todo, confisate +conmigo... + +--No tengo nada de que acusarme... + +--Vamos, me dirs la verdad, Joaqun, la verdad? + +El hombre vacil un momento, pareciendo luchar con un enemigo +invisible, con el diablo de su guarda, y con voz arrancada de una +resolucin sbita, desesperada, grit casi: + +--S, te dir la verdad, toda la verdad! + +--T quieres a Helena; t ests enamorado todava de Helena. + +--No, no lo estoy! no lo estoy! lo estuve; pero no lo estoy ya, no! + +--Pues entonces?... + +--Entonces, qu? + +--A qu esa tortura en que vives? Porque esa casa, la casa de Helena, es +la fuente de tu malhumor, esa casa es la que no te deja vivir en paz, es +Helena... + +--Helena no! Es Abel! + +--Tienes celos de Abel? + +--S, tengo celos de Abel; le odio, le odio, le odio--y cerraba la boca +y los puos al decirlo, pronuncindolo entre dientes. + +--Tienes celos de Abel... luego quieres a Helena. + +--No, no quiero a Helena. Si fuese de otro no tendra celos de este +otro. No, no quiero a Helena, la desprecio, desprecio a la pava real +esa, a la belleza profesional, a la modelo del pintor de moda, a la +querida de Abel... + +--Por Dios, Joaqun, por Dios...! + +--S, a su querida... legtima. O es que crees que la bendicin de un +cura cambia un arrimo en matrimonio? + +--Mira, Joaqun, que estamos casados como ellos... + +--Como ellos no, Antonia, como ellos, no! Ellos se casaron por +rebajarme, por humillarme, por denigrarme; ellos se casaron para +burlarse de m; ellos se casaron contra m. + +Y el pobre hombre rompi en unos sollozos que le ahogaban el pecho, +cortndole el respiro. Se crea morir. + +--Antonia... Antonia...--suspir con un hilito de voz apagada. + +--Pobre hijo mo!--exclam ella abrazndole. + +Y le tom en su regazo como a un nio enfermo, acaricindole. Y le +deca: + +--Clmate, mi Joaqun, clmate... Estoy aqu yo, tu mujer, toda tuya y +slo tuya. Y ahora que s del todo tu secreto, soy ms tuya que antes y +te quiero ms que nunca... Olvdalos... desprcialos... Habra sido +peor que una mujer as te hubiese querido... + +--S, pero l, Antonia, l... + +--Olvdale! + +--No puedo olvidarle... me persigue... su fama, su gloria me sigue a +todas partes... + +--Trabaja t y tendrs fama y gloria, porque no vales menos que l. Deja +la clientela, que no la necesitamos, vmonos de aqu a Renada, a la casa +que fu de mis padres, y all dedcate a lo que ms te guste, a la +ciencia, a hacer descubrimientos de esos y que se hable de ti... yo te +ayudar en lo que pueda... yo har que no te distraigan... y sers ms +que l... + +--No puedo, Antonia, no puedo; sus xitos me quitan el sueo y no me +dejaran trabajar en paz... la visin de sus cuadros maravillosos se +pondra entre mis ojos y el microscopio y no me dejara ver lo que otros +no han visto an por l... No puedo... no puedo... + +Y bajando la voz como un nio, casi balbuciendo como atontado por la +cada en la sima de su abyeccin, solloz diciendo: + +--Y van a tener un hijo, Antonia... + +--Tambin nosotros lo tendremos--le suspir ella al odo, envolvindolo +en un beso--no me lo negar la Santsima Virgen a quien se lo pido todos +los das... Y el agua bendita de Lourdes... + +--Tambin t crees en bebedizos, Antonia? + +--Creo en Dios! + +--Creo en Dios--se repiti Joaqun al verse slo; slo con el otro--; +y qu es creer en Dios? Dnde est Dios? Tendr que buscarle! + + + + +X + + +Cuando Abel tuvo su hijo--escriba en su _Confesin_ Joaqun--sent que +el odio se me enconaba. Me haba invitado a asistir a Helena al parto, +pero me excus con que yo no asista a partos, lo que era cierto y con +que no sabra conservar toda la sangre fra, mi sangre arrecida ms +bien, ante mi prima si se viera en peligro. Pero mi diablo me insinu la +feroz tentacin de ir a asistirla y de ahogar a hurtadillas al nio. +Venc a la asquerosa idea. + +Aquel nuevo triunfo de Abel, del hombre, no ya del artista--el nio era +una hermosura, una obra maestra de salud y de vigor, un angelito +decan--me apret aun ms a mi Antonia, de quien esperaba el mo. +Quera, necesitaba que la pobre vctima de mi ciego odio--pues la +vctima era mi mujer ms que yo--fuese madre de hijos mos, de carne de +mi carne, de entraas de mis entraas torturadas por el demonio. Sera +la madre de mis hijos y por ellos superiora a las madres de los hijos de +otros. Ella, la pobre, me haba preferido a m, al antiptico, al +despreciado, al afrentado; ella haba tomado lo que otra desech con +desdn y burla. Y hasta me hablaba bien de ellos! + +El hijo de Abel, Abeln, pues le pusieron el nombre mismo de su padre y +como para que continuara su linaje y la gloria de l, el hijo de Abel; +que habra de ser andando el tiempo instrumento de mi desquite, era una +maravilla de nio. Y yo necesitaba tener uno as, ms hermoso an que +l. + + + + +XI + + +--Y qu preparas ahora?--le pregunt a Abel Joaqun un da en que, +habiendo ido a ver al nio, se encontraron en el cuarto de estudio de +aqul. + +--Pues ahora voy a pintar un cuadro de Historia, o mejor, de Antiguo +Testamento, y me estoy documentando... + +--Cmo? Buscando modelos de aquella poca? + +--No, leyendo la Biblia y comentarios a ella. + +--Bien digo yo, que t eres un pintor cientfico... + +--Y t un mdico artista, no es eso? + +--Peor que un pintor cientfico... literato! Cuida de no hacer con el +pincel literatura! + +--Gracias por el consejo. + +--Y cul va a ser el asunto de tu cuadro? + +--La muerte de Abel por Can, el primer fratricidio. + +Joaqun palideci an ms, y mirando fijamente a su primer amigo, le +pregunt a media voz: + +--Y cmo se te ha ocurrido eso? + +--Muy sencillo--contest Abel sin haberse percatado del nimo de su +amigo;--es la sugestin del nombre. Como me llamo Abel... Dos estudios +de desnudo... + +--S, desnudo del cuerpo... + +--Y aun del alma... + +--Pero piensas pintar sus almas? + +--Claro est! El alma de Can, de la envidia, y el alma de Abel... + +--Alma de qu? + +--En eso estoy ahora. No acierto a dar con la expresin, con el alma de +Abel. Porque quiero pintarle antes de morir, derribado en tierra y +herido de muerte por su hermano. Aqu tengo el Gnesis y el _Can_ de +lord Byron; lo conoces? + +--No, no conozco el _Can_ de lord Byron. Y qu has sacado de la Biblia? + +--Poca cosa... Vers--y tomando un libro, ley: y conoci Adn a su +mujer Eva, la cual concibi y pari a Can y dijo: He adquirido varn +por Jehov. Y despus pari a su hermano Abel y fu Abel pastor de +ovejas, y Can fu labrador de la tierra. Y aconteci, andando el +tiempo, que Can trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehov y +Abel trajo de los primognitos de sus ovejas y de su grosura. Y mir +Jehov con agrado a Abel y a su ofrenda, mas no mir propicio a Can y a +la ofrenda suya... + +--Y eso, por qu?--interrumpi Joaqun. Por qu mir Dios con agrado la +ofrenda de Abel y con desdn la de Can? + +--No lo explica aqu... + +--Y no te lo has preguntado t antes de ponerte a pintar tu cuadro? + +--An no... Acaso porque Dios vea ya en Can el futuro matador de su +hermano... al envidioso... + +--Entonces es que le haba hecho envidioso, es que le haba dado un +bebedizo. Sigue leyendo. + +--Y ensase Can en gran manera y decay su semblante. Y entonces +Jehov dijo a Can: Por qu te has ensaado? y por qu se ha demudado tu +rostro? Si bien hicieres, no sers ensalzado? y si no hicieres bien el +pecado est a tu puerta. Ah est que te desea, pero t le dominars... + +--Y le venci el pecado--interrumpi Joaqun--porque Dios le haba +dejado de su mano. Sigue! + +--Y habl Can a su hermano Abel, y aconteci que estando ellos en el +campo, Can se levant contra su hermano Abel y le mat. Y Jehov dijo a +Can... + +--Basta! No leas ms. No me interesa lo que Jehov dijo a Can luego que +la cosa no tena ya remedio. + +Apoy Joaqun los codos en la mesa, la cara entre las palmas de la mano, +y clavando una mirada helada y punzante en la mirada de Abel, sin saber +de qu alarmado, le dijo: + +--No has odo nunca una especie de broma que gastan con los nios que +aprenden de memoria la Historia sagrada cuando les preguntan: Quin +mat a Can? + +--No! + +--Pues s, les preguntan eso y los nios, confundindose, suelen decir: +su hermano Abel! + +--No saba eso. + +--Pues ahora lo sabes. Y dime, t que vas a pintar esa escena bblica... +y tan bblica! no se te ha ocurrido pensar que si Can no mata a Abel +habra sido ste el que habra acabado matando a su hermano? + +--Y cmo se te puede ocurrir eso? + +--Las ovejas de Abel eran aceptas a Dios, y Abel, el pastor, hallaba +gracia a los ojos del Seor, pero los frutos de la tierra de Can, del +labrador, no gustaban a Dios ni tena para l gracia Can. El agraciado, +el favorito de Dios era Abel... el desgraciado Can... + +--Y qu culpa tena Abel de eso? + +--Ah, pero t crees que los afortunados, los agraciados, los favoritos, +no tienen culpa de ello? La tienen de no ocultar y ocultar como una +vergenza, que lo es todo favor gratuito, todo privilegio no ganado por +propios mritos, de no ocultar esa gracia en vez de hacer ostentacin de +ella. Porque no me cabe duda de que Abel restregara a los hocicos de +Can su gracia, le azuzara con el humo de sus ovejas sacrificadas a +Dios. Los que se creen justos suelen ser unos arrogantes que van a +deprimir a los otros con la ostentacin de su justicia. Ya dijo quien lo +dijera que no hay canalla mayor que las personas honradas... + +--Y t sabes--le pregunt Abel sobrecojido por la gravedad de la +conversacin--qu Abel se jactara de su gracia? + +--No me cabe duda, ni de que no tuvo respeto a su hermano mayor, ni +pidi al Seor gracia tambin para l. Y s ms, y es que los abelitas +han inventado el infierno para los cainitas porque si no su gloria les +resultara inspida. Su goce est en ver, libres de padecimiento, +padecer a los otros... + +--Ay, Joaqun, Joaqun, qu malo ests! + +--S, nadie es mdico de s mismo. Y ahora, dame ese Can de lord Byron, +que quiero leerlo. + +--Tmalo! + +--Y dime, no te inspira tu mujer algo para ese cuadro? no te da alguna +idea? + +--Mi mujer? En esta tragedia no hubo mujer. + +--En toda tragedia la hay, Abel. + +--Sera acaso Eva... + +--Acaso... La que les di la misma leche; el bebedizo... + + + + +XII + + +Ley Joaqun el _Can_ de lord Byron. Y en su _Confesin_ escriba ms +tarde: + +Fu terrible el efecto que la lectura de aquel libro me hizo. Sent la +necesidad de desahogarme y tom unas notas que an conservo y las tengo +ahora aqu, presentes. Pero fu slo por desahogarme? No; fu con el +propsito de aprovecharlas algn da pensando que podran servirme de +materiales para una obra genial. La vanidad nos consume. Hacemos +espectculo de nuestras ms ntimas y asquerosas dolencias. Me figuro +que habr quien desee tener un tumor pestfero como no le ha tenido +antes ninguno para hombrearse con l. Esta misma _Confesin_ no es algo +ms que un desahogo? + +He pensado alguna vez romperla para librarme de ella. Pero me librara? +No! Vale ms darse en espectculo que consumirse. Y al fin y al cabo no +es ms que espectculo la vida. + +La lectura del _Can_ de lord Byron me entr hasta lo ms ntimo. Con +que razn culpaba Can a sus padres de que hubieran cojido de los frutos +del rbol de la ciencia en vez de cojer de la del rbol de la vida! A +m, por lo menos, la ciencia no ha hecho ms que exacerbarme la herida. + +Ojal nunca hubiera vivido!--digo con aquel Can. Por qu me hicieron? +Por qu he de vivir? Y lo que no me explico es cmo Can no se decidi +por el suicidio. Habra sido el ms noble comienzo de la historia +humana. Pero por qu no se suicidaron Adn y Eva despus de la cada y +antes de haber dado hijos? Ah, es que entonces Jehov habra hecho otros +iguales y otro Can y otro Abel. No se repetir esta misma tragedia en +otros mundos, all por las estrellas? Acaso la tragedia tiene otras +representaciones, sin que baste el extremo de la tierra. Pero fu +extremo? + +Cuando le cmo Luzbel le declaraba a Can cmo era ste, Can, +inmortal, es cuando empec con terror a pensar si yo tambin ser +inmortal y si ser inmortal en m mi odio. Tendr alma--me dije +entonces--ser este mi odio alma? y llegu a pensar que no podra ser +de otro modo, que no puede ser funcin de un cuerpo un odio as. Lo que +no haba encontrado con el escalpelo en otros lo encontr en m. Un +organismo corruptible no poda odiar como yo odiaba. Luzbel aspiraba a +ser Dios, y yo desde muy nio, no aspir a anular a los dems? Y cmo +poda ser yo tan desgraciado si no me hizo tal el creador de la +desgracia? + +Nada le costaba a Abel criar sus ovejas, como nada le costaba a l, al +otro, hacer sus cuadros; pero a m? a m me costaba mucho diagnosticar +las dolencias de mis enfermos. + +Quejbase Can de que Adah, su propia querida Adah, su mujer y hermana, +no comprendiera el espritu que a l le abrumaba. Pero s, s, mi Adah, +mi pobre Adah comprenda mi espritu. Es que era cristiana. Mas tampoco +yo encontr algo que conmigo simpatizara. + +Hasta que le y rele el _Can_ byroniano, yo, que tantos hombres haba +visto agonizar y morir, no pens en la muerte, no la descubr. Y +entonces pens si al morir me morira con mi odio, si se morira conmigo +o si me sobrevivira; pens si el odio sobrevive a los odiadores, si es +algo sustancial y que se trasmite, si es el alma, la esencia misma del +alma. Y empec a creer en el Infierno y que la muerte es un ser, es el +Demonio, es el Odio hecho persona, es el Dios del alma. Todo lo que mi +ciencia no me ense me enseaba el terrible poema de aquel gran odiador +que fu lord Byron. + +Mi Adah tambin me echaba dulcemente en cara cuando yo no trabajaba, +cuando no poda trabajar. Y Luzbel estaba entre mi Adah y yo. No vayas +con ese Espritu!--me gritaba mi Adn. Pobre Antonia! Y me peda +tambin que le salvara de aquel Espritu. Mi pobre Adn no lleg a +odiarlos como los odiaba yo. Pero llegu yo a querer de veras a mi +Antonia? Ah, si hubiera sido capaz de quererla me habra salvado. Era +para m otro instrumento de venganza. Querala para madre de un hijo o +de una hija que me vengaran. Aunque pens, necio de m, que una vez +padre se me curara aquello. Mas acaso no me cas sino para hacer +odiosos como yo, para trasmitir mi odio, para inmortalizarlo. + +Se me qued grabada en el alma como con fuego aquella escena de Can y +Luzbel en el abismo del espacio. Vi mi ciencia a travs de mi pecado y +la miseria de dar vida para propagar la muerte. Y vi que aquel odio +inmortal era mi alma. Ese odio pens que debi de haber precedido a mi +nacimiento y que sobrevivira a mi muerte. Y me sobrecoj de espanto al +pensar en vivir siempre para aborrecer siempre. Era el Infierno. Y yo +que tanto me haba redo de la creencia en l! Era el Infierno! + +Cuando le cmo Adah habl a Can de su hijo, de Enoc, pens en el +hijo, o en la hija que habra de tener; pens en ti, hija ma, mi +redencin y mi consuelo; pens en que t vendras a salvarme un da. Y +al leer lo que aquel Can deca a su hijo dormido e inocente, que no +saba que estaba desnudo, pens si no haba sido en m un crimen +engendrarte, pobre hija ma! Me perdonars haberte hecho? Y al leer lo +que Adah deca a su Can, record mis aos de paraso, cuando aun no iba +a cazar premios, cuando no soaba en superar a todos los dems. No, hija +ma, no; no ofrec mis estudios a Dios con corazn puro, no busqu la +verdad y el saber, sino que busqu los premios y la fama y ser ms que +l. + +El, Abel, amaba su arte y lo cultivaba con pureza de intencin y no +trat nunca de imponrseme. No, no fu l quien me la quit, no! Y yo +llegu a pensar en derribar el altar de Abel, loco de m! Y es que no +haba pensado ms que en m. + +El relato de la muerte de Abel tal y como aquel terrible poeta del +demonio nos le expone, me ceg. Al leerlo sent que se me iban las cosas +y hasta creo que sufr un mareo. Y desde aquel da, gracias al impo +Byron, empec a creer. + + + + +XIII + + +Le di Antonia a Joaqun una hija. Una hija--se dijo--y l un hijo! +Mas pronto se repuso de esta nueva treta de su demonio. Y empez a +querer a su hija con toda la fuerza de su pasin y por ella a la madre. +Ser mi vengadora--se dijo primero, sin saber de qu habra de +vengarle, y luego: Ser mi purificadora. + +Empec a escribir esto--dej escrito en su _Confesin_--ms tarde para +mi hija, para que ella, despus de yo muerto, pudiese conocer a su pobre +padre y compadecerle y quererle. Mirndola dormir en la cuna, soando su +inocencia, pensaba que para criarla y educarla pura tena yo que +purificarme de mi pasin, limpiarme de la lepra de mi alma. Y decid +hacerle que amase a todos y sobre todo a ellos. Y all, sobre la +inocencia de su sueo, jur libertarme de mi infernal cadena. Tena que +ser yo el mayor heraldo de la gloria de Abel. + +Y sucedi que habiendo Abel Snchez acabado su cuadro, lo llev a una +Exposicin, donde obtuvo un aplauso general y fu admirado como +estupenda obra maestra, y se le di la medalla de honor. + +Joaqun iba a la sala de la Exposicin a contemplar el cuadro y a mirar +en l, como si mirase en un espejo, al Can de la pintura y a espiar en +los ojos de las gentes si le miraban a l, despus de haber mirado al +otro. + +Torturbame la sospecha--escribi en su _Confesin_--de que Abel +hubiese pensado en m al pintar su Can, de que hubiese descubierto +todas las insondables negruras de la conversacin que con l mantuve en +su casa cuando me anunci su propsito de pintarlo y cuando me ley los +pasajes del Gnesis, y yo me olvid tanto de l y pens tanto en m +mismo, que puse al desnudo mi alma enferma. Pero no! No haba en el Can +de Abel el menor parecido conmigo, no pens en m al pintarlo, es decir, +no me despreci, no lo pint desdendome, ni Helena debi de decirle +nada de m. Les bastaba con saborear el futuro triunfo, el que +esperaban. Ni siquiera pensaban en m! + +Y esta idea de que ni siquiera pensasen en m, de que no me odiaran, +torturbame aun ms que lo otro. Ser odiado por l con un odio como el +que yo le tena, era algo y poda haber sido mi salvacin. + +Y fu ms all, o entr ms dentro de s Joaqun, y fu que lanz la +idea de dar un banquete a Abel para celebrar su triunfo y que l, su +amigo de siempre, su amigo de antes de conocerse, le ofrecera el +banquete. + +Joaqun gozaba de cierta fama de orador. En la Academia de Medicina y +Ciencias era el que dominaba a los dems con su palabra cortante y fra, +precisa y sarcstica de ordinario. Sus discursos solan ser chorros de +agua fra sobre los entusiasmos de los principiantes, acres lecciones de +escepticismo pesimista. Su tesis ordinaria que nada se saba de cierto +en Medicina, que todo era hiptesis y un continuo tejer y destejer, que +lo ms seguro era la desconfianza. Por esto, al saberse que era l, +Joaqun, quien ofrecera el banquete, echronse los ms a esperar +alborozados un discurso de doble filo, una diseccin despiadada, bajo +apariencias de elogio, de la pintura cientfica y documentada, o bien un +encomio sarcstico de ella. Y un regocijo malvolo corra por los +corazones de todos los que haban odo alguna vez hablar a Joaqun del +arte de Abel. Apercibironle a ste del peligro. + +--Os equivocis--les dijo Abel.--Conozco a Joaqun y no le creo capaz de +eso. S algo de lo que le pasa, pero tiene un profundo sentido artstico +y dir cosas que valga la pena de oirlas. Y ahora quiero hacerle un +retrato... + +--Un retrato? + +--S, vosotros no le conocis como yo. Es un alma de fuego, +tormentosa... + +--Hombre ms fro... + +--Por fuera. Y en todo caso dicen que el fuego quema. Es una figura que +ni a posta... + +Y este juicio de Abel lleg a odos del juzgado, de Joaqun, y le sumi +ms en sus cavilaciones. Qu pensar en realidad de m?, se +deca.--Ser cierto que me tiene as, por un alma de fuego, tormentosa? +Ser cierto que me reconoce vctima del capricho de la suerte? + +Lleg en esto a algo de que tuvo que avergonzarse hondamente, y fu que, +recibida en su casa una criada que haba servido en la de Abel, la +requiri de ambiguas familiaridades aun sin comprometerse, no ms que +para inquirir de ella lo que en la otra casa hubiera odo decir de l. + +--Pero, vamos, dime, es que no les oste nunca nada de m? + +--Nada, seorito, nada. + +--Pero no hablaban alguna vez de m? + +--Como hablar, s, creo que s, pero no decan nada. + +--Nada, nunca nada? + +--Yo no les oa hablar. En la mesa, mientras yo les serva, hablaban +poco y cosas de esas de que se habla en la mesa. De los cuadros de +l... + +--Lo comprendo. Pero nada, nunca nada de m? + +--No me acuerdo. + +Y al separarse de la criada sinti Joaqun entraada aversin a s +mismo. Me estoy idiotizando--se dijo.--Qu pensar de m esta +muchacha! Y tanto le acongoj esto que hizo que con un pretexto +cualquiera se le despachase a aquella criada. Y si ahora va--se dijo +luego--y vuelve a servir a Abel y le cuenta esto? Por lo que estuvo a +punto de pedir a su mujer que volviera a llamarla. Mas no se atrevi. E +iba siempre temblando de encontrarla por la calle. + + + + +XIV + + +Lleg el da del banquete. Joaqun no durmi la noche de la vspera. + +--Voy a la batalla, Antonia--le dijo a su mujer al salir de casa. + +--Que Dios te ilumine y te gue, Joaqun. + +--Quiero ver a la nia, a la pobre Joaquinita... + +--S, ven, mrala... est dormida... + +--Pobrecilla! No sabe lo que es el demonio! Pero yo te juro, Antonia, +que sabr arrancrmelo. Me lo arrancar, lo estrangular y lo echar a +los pies de Abel. Le dara un beso si no fuese que temo despertarla... + +---No, no! Bsala! + +Inclinse el padre y bes a la nia dormida, que sonri al sentirse +besada en sueos. + +--Ves, Joaqun, tambin ella te bendice. + +--Adis, mujer!--Y le di un beso largo, muy largo. + +Ella se fu a rezar ante la imagen de la Virgen. + +Corra una maliciosa expectacin por debajo de las conversaciones +mantenidas durante el banquete. Joaqun, sentado a la derecha de Abel, e +intensamente plido, apenas coma ni hablaba. Abel mismo empez a temer +algo. + +A los postres se oyeron siseos, empez a cuajar el silencio, y alguien +dijo: Que hable! Levantse Joaqun. Su voz empez temblona y sorda, +pero pronto se aclar y vibraba con un acento nuevo. No se oa ms que +su voz, que llenaba el silencio. El asombro era general. Jams se haba +pronunciado un elogio ms frvido, ms encendido, ms lleno de +admiracin y de cario a la obra y a su autor. Sintieron muchos +asomrseles las lgrimas cuando Joaqun evoc aquellos das de su comn +infancia con Abel, cuando ni uno ni otro soaban lo que habran de ser. + +Nadie le ha conocido ms adentro que yo--deca;--creo conocerte mejor +que me conozco a m mismo, ms puramente, porque de nosotros mismos no +vemos en nuestras entraas sino el fango de que hemos sido hechos. Es en +otros donde vemos lo mejor de nosotros y lo amamos, y eso es la +admiracin. El ha hecho en su arte lo que yo habra querido hacer en el +mo, y por eso es uno de mis modelos; su gloria es un acicate para mi +trabajo y es un consuelo de la gloria que no he podido adquirir. El es +nuestro, de todos, l es mo sobre todo, y yo, gozando su obra, la hago +tan ma como l la hizo suya crendola. Y me consuelo de verme sujeto a +mi mediana... + +Su voz lloraba a las veces. El pblico estaba subyugado, vislumbrando +oscuramente la lucha gigantesca de aquel alma con su demonio. + +Y ved la figura de Can--deca Joaqun dejando gotear las ardientes +palabras,--del trgico Can, del labrador errante, del primero que +fund ciudades, del padre de la industria, de la envidia y de la vida +civil, vedla! Ved con qu cario, con qu compasin, con qu amor al +desgraciado est pintada. Pobre Can! Nuestro Abel Snchez admira a Can +como Milton admiraba a Satn, est enamorado de su Can como Milton lo +estuvo de su Satn, porque admirar es amar y amar es compadecer. Nuestro +Abel ha sentido toda la miseria, toda la desgracia inmerecida del que +mat al primer Abel, del que trajo, segn la leyenda bblica, la muerte +al mundo. Nuestro Abel nos hace comprender la culpa de Can, porque hubo +culpa, y compadecerle y amarle... Este cuadro es un acto de amor! + +Cuando acab Joaqun de hablar medi un silencio espeso, hasta que +estall una salva de aplausos. Levantse entonces Abel y, plido, +convulso, tartamudeante, con lgrimas en los ojos, le dijo a su amigo: + +--Joaqun, lo que acabas de decir vale ms, mucho ms que mi cuadro, ms +que todos los cuadros que he pintado, ms que todos los que pintar... +Eso, eso es una obra de arte y de corazn. Yo no saba lo que he hecho +hasta que te he odo. T y no yo has hecho mi cuadro, t! + +Y abrazronse llorando los dos amigos de siempre entre los clamorosos +aplausos y vivas de la concurrencia puesta en pie. Y al abrazarse le +dijo a Joaqun su demonio: Si pudieses ahora ahogarle en tus +brazos...! + +--Estupendo!--decan.--Qu orador! Qu discurso! Quin poda haber +esperado esto? Lstima que no se haya trado taqugrafos! + +--Esto es prodigioso--deca uno.--No espero volver a oir cosa igual. + +--A m--aada otro--me corran escalofros al oirlo. + +--Pero mrale, mrale qu plido est! + +Y as era. Joaqun, sintindose, despus de su victoria, vencido, senta +hundirse en una sima de tristeza. No, su demonio no estaba muerto. Aquel +discurso fu un xito como no lo haba tenido, como no volvera a +tenerlo, y le hizo concebir la idea de dedicarse a la oratoria para +adquirir en ella gloria con que oscurecer la de su amigo en la pintura. + +--Has visto cmo lloraba Abel?--deca uno al salir. + +--Es que este discurso de Joaqun vale por todos los cuadros del otro. +El discurso ha hecho el cuadro. Habr que llamarle el cuadro del +discurso. Quita el discurso y qu queda del cuadro? Nada! A pesar del +primer premio. + +Cuando Joaqun lleg a casa, Antonia sali a abrirle la puerta y a +abrazarle: + +--Ya lo s, ya me lo han dicho. As, as! Vales ms que l, mucho ms +que l; que sepa que si su cuadro vale ser por tu discurso. + +--Es verdad, Antonia, es verdad, pero... + +--Pero qu? Todava... + +--Todava, s. No quiero decirte las cosas que el demonio, mi demonio, +me deca mientras nos abrazbamos... + +--No, no me las digas, cllate! + +--Pues tpame la boca. + +Y ella se la tap con un beso largo, clido, hmedo, mientras se le +nublaban de lgrimas los ojos. + +--A ver si as me sacas el demonio, Antonia, a ver si me lo sorbes. + +--S, para quedarme con l, no es eso?--y procuraba reirse la pobre. + +--S, srbemelo, que a ti no puede hacerte dao, que en ti se morir, se +ahogar en tu sangre como en agua bendita... + +Y cuando Abel se encontr en su casa, a solas con su Helena, sta le +dijo: + +--Ya han venido a contarme lo del discurso de Joaqun. Ha tenido que +tragar tu triunfo... ha tenido que tragarte...! + +--No hables as, mujer, que no le has odo. + +--Como si le hubiese odo, + +--Le sala del corazn. Me ha conmovido. Te digo que ni yo s lo que he +pintado hasta que no le he odo a l explicrnoslo. + +--No te fes... no te fes de l... cuando tanto le ha elogiado, por +algo ser... + +--Y no puede haber dicho lo que senta? + +---T sabes que est muerto de envidia de ti... + +--Cllate. + +--Muerto, s, muertito de envidia de ti... + +--Cllate, cllate, mujer, cllate! + +--No, no son celos, porque l ya no me quiere, si es que me quiso... es +envidia... envidia... + +--Cllate! Cllate!--rugi Abel. + +--Bueno, me callo, pero t vers... + +--Ya he visto y he odo y me basta. Cllate, digo! + + + + +XV + + +Pero no, no! Aquel acto heroico no le cur al pobre Joaqun. + +Empec a sentir remordimiento--escribi en su _Confesin_--de haber +dicho lo que dije, de no haber dejado estallar mi mala pasin para as +librarme de ella, de no haber acabado con l artsticamente, denunciando +los engaos y falsos efectismos de su arte, sus imitaciones, su tcnica +fra y calculada, su falta de emocin; de no haber matado su gloria. Y +as me habra librado de lo otro, diciendo la verdad, reduciendo su +prestigio a su verdadera tasa. Acaso Can, el bblico, el que mat al +otro Abel, empez a querer a ste luego que le vi muerto. Y entonces +fu cuando empec a creer: de los efectos de aquel discurso provino mi +conversin. + +Lo que Joaqun llamaba as en su _Confesin_ fu que Antonia, su mujer, +que le vi no curado, que le temi acaso incurable, fu inducindole a +que buscase armas en la religin de sus padres, en la de ella, en la que +haba de ser de su hija, en la oracin. + +--T lo que debes hacer es ir a confesarte... + +--Pero, mujer, si hace aos que no voy a la iglesia... + +--Por lo mismo. + +--Pero si no creo en esas cosas... + +--Eso creers t, pero a m me ha explicado el padre cmo vosotros, los +hombres de ciencia, creis no creer, pero creis. Yo s que las cosas +que te ense tu madre, las que yo ensear a nuestra hija... + +--Bueno, bueno, djame! + +--No, no te dejar. Vete a confesarte, te lo ruego. + +--Y qu dirn los que conocen mis ideas? + +--Ah, es eso? Son respetos humanos? + +Mas la cosa empez a hacer mella en el corazn de Joaqun y se pregunt +si realmente no crea y aun sin creer quiso probar si la Iglesia podra +curarle. Y empez a frecuentar el templo, algo demasiado a las claras, +como en son de desafo a los que conocan sus ideas irreligiosas, y +acab yendo a un confesor. Y una vez en el confesonario se le desat el +alma. + +--Le odio, padre, le odio con toda mi alma, y a no creer como creo, a no +querer creer como quiero creer, le matara... + +--Pero eso, hijo mo, eso no es odio; eso es ms bien envidia. + +--Todo odio es envidia, padre, todo odio es envidia. + +--Pero debe cambiarlo en noble emulacin, en deseo de hacer en su +profesin y sirviendo a Dios, lo mejor que pueda... + +--No puedo, no puedo, no puedo trabajar. Su gloria no me deja. + +--Hay que hacer un esfuerzo... para eso el hombre es libre... + +--No creo en el libre albedro, padre. Soy mdico. + +--Pero... + +--Qu hice yo para que Dios me hiciese as, rencoroso, envidioso, malo? +Qu mala sangre me leg mi padre? + +--Hijo mo... hijo mo... + +--No, no creo en la libertad humana, y el que no cree en la libertad no +es libre. No, no lo soy! Ser libre es creer serlo! + +--Es usted malo porque desconfa de Dios. + +--El desconfiar de Dios es maldad, padre? + +--No quiero decir eso, sino que la mala pasin de usted proviene de que +desconfa de Dios... + +--El desconfiar de Dios es maldad? Vuelvo a preguntrselo. + +--S, es maldad. + +--Luego desconfo de Dios porque me hizo malo, como a Can le hizo malo. +Dios me hizo desconfiado... + +--Le hizo libre. + +--S, libre de ser malo. + +--Y de ser bueno! + +--Por qu nac, padre? + +--Pregunte ms bien que para qu naci... + + + + +XVI + + +Abel haba pintado una Virgen con el nio en brazos, que no era sino un +retrato de Helena, su mujer, con el hijo, Abelito. El cuadro tuvo xito, +fu reproducido, y ante una esplndida fotografa de l rezaba Joaqun a +la Virgen Santsima, dicindole: Protgeme! Slvame! + +Pero mientras as rezaba, susurrndose en voz baja y como para oirse, +quera acallar otra voz ms honda, que brotndole de las entraas le +deca: As se muera! As te la deje libre! + +--Con que te has hecho ahora reaccionario?--le dijo un da Abel a +Joaqun. + +--Yo? + +--S, me han dicho que te has dado a la iglesia y que oyes misa diaria, +y como nunca has credo ni en Dios ni en el Diablo, y no es cosa de +convertirse as, sin ms ni menos, pues que te has hecho reaccionario! + +--Y a ti qu? + +--No, si no te pido cuentas; pero... crees de veras? + +--Necesito creer. + +--Eso es otra cosa. Pero crees? + +--Ya te he dicho que necesito creer, y no me preguntes ms. + +--Pues a m con el arte me basta; el arte es mi religin. + +--Pues has pintado Vrgenes... + +--S, a Helena. + +--Que no lo es precisamente. + +--Para m como si lo fuese. Es la madre de mi hijo... + +--Nada ms? + +--Y toda madre es virgen en cuanto es madre. + +--Ya ests haciendo teologa! + +--No s, pero aborrezco el reaccionarismo y la gazmoera. Todo eso me +parece que no nace sino de la envidia, y me extraa en ti, que te creo +muy capaz de distinguirte del vulgo, de los mediocres, me extraa que te +pongas ese uniforme. + +--A ver, a ver, Abel, explcate! + +---Es muy claro. Los espritus vulgares, ramplones, no consiguen +distinguirse, y como no pueden sufrir que otros se distingan, les +quieren imponer el uniforme del dogma, que es un traje de municin, para +que no se distingan. El origen de toda ortodoxia, lo mismo en religin +que en arte, es la envidia, no te quepa duda. Si a todos se nos deja +vestirnos como se nos antoje, a uno se le ocurre un atavo que llame la +atencin y pone de realce su natural elegancia, y si es hombre hace que +las mujeres le admiren, y se enamoren de l mientras otro, naturalmente +rampln y vulgar, no logra sino ponerse en ridculo buscando vestirse a +su modo, y por eso los vulgares, los ramplones, que son los envidiosos, +han ideado una especie de uniforme, un modo de vestirse como muecos, +que pueda ser moda, porque la moda es otra ortodoxia. Desengate, +Joaqun: eso que llaman ideas peligrosas, atrevidas, impas, no son sino +las que no se les ocurre a los pobres de ingenio rutinario, a los que no +tienen ni pizca de sentido propio ni originalidad y s slo sentido +comn y vulgaridad. Lo que ms odian es la imaginacin y porque no la +tienen. + +--Y aunque as sea--exclam Joaqun,--es que esos que llaman los +vulgares, los ramplones, los mediocres, no tienen derecho a defenderse? + +--Otra vez defendiste en mi casa, te acuerdas?, a Can, al envidioso, y +luego, en aquel inolvidable discurso que me morir leyndotelo, en aquel +discurso a que debo lo ms de mi reputacin, nos enseaste, me enseaste +a m al menos, el alma de Can. Pero Can no era ningn vulgar, ningn +rampln, ningn mediocre... + +--Pero fu el padre de los envidiosos... + +--S, pero de otra envidia, no de la de esa gente... La envidia de Can +era algo grande; la del fantico inquisidor es lo ms pequeo que hay. Y +me choca verte entre ellos... + +Pero este hombre--se deca Joaqun al separarse de Abel--es que lee en +m? Aunque no, parece no darse cuenta de lo que me pasa. Habla y piensa +como pinta, sin saber lo que dice y lo que pinta. Es un inconsciente, +aunque yo me empee en ver en l un tcnico reflexivo... + + + + +XVII + + +Enterse Joaqun de que Abel andaba enredado con una antigua modelo, y +esto le corrobor en su aprensin de que no se haba casado con Helena +por amor. Se casaron--decase--por humillarme. Y luego se aada: Ni +ella, ni Helena le quiere, ni puede quererle... ella no quiere a nadie, +es incapaz de cario, no es ms que un hermoso estuche de vanidad... Por +vanidad, y por desdn a m, se cas, y por vanidad o por capricho es +capaz de faltar a su marido... Y hasta con el mismo a quien no quiso +para marido... Surgale a la vez de entre pavesas una brasa que crea +apagada al hielo de su odio, y era su antiguo amor a Helena. Segua, +s, a pesar de todo, enamorado de la pava real, de la coqueta, de la +modelo de su marido. Antonia le era muy superior, sin duda, pero la otra +era la otra. Y luego, la venganza... es tan dulce la venganza! Tan tibia +para un corazn helado! + +A los pocos das fu a casa de Abel, acechando la hora en que ste se +hallara fuera de ella. Encontr a Helena sola con el nio, a aquella +Helena, a cuya imagen divinizada haba en vano pedido proteccin y +salvacin. + +--Ya me ha dicho Abel--le dijo su prima--que ahora te ha dado por la +iglesia. Es que Antonia te ha llevado a ella, o es que vas huyendo de +Antonia? + +--Pues? + +--Porque los hombres solis haceros beatos o a rastras de la mujer o +escapando de ella... + +--Hay quien escapa de la mujer, y no para ir a la iglesia precisamente. + +--S, eh? + +--S, pero tu marido, que te ha venido con el cuento ese, no sabe algo +ms, y es que no slo rezo en la iglesia... + +--Es claro! Todo hombre devoto debe hacer sus devociones en casa. + +--Y las hago. Y la principal es pedir a la Virgen que me proteja y me +salve. + +--Me parece muy bien. + +--Y sabes ante qu imagen pido eso? + +--Si t no me lo dices... + +--Ante la que pint tu marido... + +Helena volvi la cara de pronto, enrojecida, al nio que dorma en un +rincn del gabinete. La brusca violencia del ataque la desconcert. Mas +reponindose dijo: + +--Eso me parece una impiedad de tu parte y prueba, Joaqun, que tu nueva +devocin no es ms que una farsa y algo peor... + +--Te juro, Helena... + +--El segundo: no jurar su santo nombre en vano. + +--Pues te juro, Helena, que mi conversin fu verdadera, es decir que he +querido creer, que he querido defenderme con la fe de una pasin que me +devora... + +--S, conozco tu pasin. + +--No, no la conoces! + +--La conozco. No puedes sufrir a Abel. + +--Pero por qu no puedo sufrirle? + +--Eso t lo sabrs. No has podido sufrirle nunca, ni aun antes de que me +le presentases. + +--Falso!... Falso! + +--Verdad! Verdad! + +--Y por qu no he de poder sufrirle? + +--Pues porque adquiere fama, porque tiene renombre... No tienes t +clientela? No ganas con ella? + +--Pues mira, Helena, voy a decirte la verdad, toda la verdad. No me +basta con eso! Yo querra haberme hecho famoso, haber hallado algo nuevo +en mi ciencia, haber unido mi nombre a algn descubrimiento +cientfico... + +--Pues ponte a ello, que talento no te falta. + +--Ponerme a ello... ponerme a ello... Habrame puesto a ello, s, +Helena, si hubiese podido haber puesto esa gloria a tus pies... + +--Y por qu no a los de Antonia? + +--No hablemos de ella! + +--Ah, pero has venido a esto? Has espiado el que mi Abel--y recalc el +_mi_--estuviese fuera para venir a esto? + +--Tu Abel... tu Abel... valiente caso hace de ti tu Abel! + +--Qu? Tambin delator, acusique, sopln? + +--Tu Abel tiene otros modelos que t. + +--Y qu?--exclam Helena, irguindose.--Y qu si las tiene? Seal de que +sabe ganarlas! O es que tambin de eso le tienes envidia? Es que no +tienes ms remedio que contentarte con... tu Antonia? Ah, y porque l ha +sabido buscarse otra vienes t aqu hoy a buscarte otra tambin? Y +vienes as, con chismes de estos? No te da vergenza, Joaqun? Qutate, +qutate de ah, que me da bascas slo el verte. + +--Por Dios, Helena, que me ests matando... que me ests matando! + +--Anda, vete, vete a la iglesia, hipcrita, envidioso; vete a que tu +mujer te cure, que ests muy malo. + +--Helena, Helena, que t sola puedes curarme! Por cuanto ms quieras, +Helena, mira que pierdes para siempre a un hombre! + +--Ah, y quieres que por salvarte a ti pierda a otro, al mo? + +--A ese no le pierdes; le tienes ya perdido. Nada le importa de ti. Es +incapaz de quererte. Yo, yo soy el que te quiero, con toda mi alma, con +un cario como no puedes soar. + +Helena se levant, fu al nio y despertndolo, cojilo en brazos, y +volviendo a Joaqun le dijo: Vete! Es ste, el hijo de Abel, quien te +echa de su casa; vete! + + + + +XVIII + + +Joaqun empeor. La ira al conocer que se haba desnudado el alma ante +Helena, y el despecho por la manera como sta le rechaz, en que vi +claro que le despreciaba, acab de enconarle el nimo. Mas se domin +buscando en su mujer y en su hija consuelo y remedio. Ensombrecisele +aun ms su vida de hogar; se le agri el humor. + +Tena entonces en casa una criada muy devota, que procuraba oir misa +diaria y se pasaba las horas que el servicio le dejaba libre, encerrada +en su cuarto haciendo sus devociones. Andaba con los ojos bajos, fijos +en el suelo, y responda a todo con la mayor mansedumbre y en voz algo +gangosa. Joaqun no poda resistirla y la regaaba con cualquier +pretexto. Tiene razn el seor, sola decirle ella. + +--Cmo que tengo razn?--exclam una vez, ya perdida la paciencia, l, +el amo.--No, ahora no tengo razn! + +--Bueno, seor, no se enfade, no la tendr. + +--Y nada ms? + +--No le entiendo, seor. + +--Cmo que no me entiendes, gazmoa, hipcrita? Por qu no te defiendes? +Por qu, no me replicas? Por qu no te rebelas? + +--Rebelarme yo? Dios y la Santsima Virgen me defiendan de ello, seor. + +--Pero quieres ms--intervino Antonia--sino que reconozca sus faltas? + +--No, no las reconoce. Est llena de soberbia! + +--De soberbia yo, seor? + +--Lo ves? Es la hipcrita soberbia de no reconocerla. Es que est +haciendo conmigo, a mi costa, ejercicios de humildad y de paciencia; es +que toma mis accesos de mal humor como cilicios para ejercitarse en la +virtud de la paciencia. Y a mi costa, no! No, no y no! A mi costa, no! +A m no se me toma de instrumento para hacer mritos para el cielo. Eso +es hipocresa! + +La criadita lloraba, rezando entre dientes. + +--Pero y si es verdad, Joaqun--dijo Antonia--que realmente es +humilde... Por qu va a rebelarse? Si se hubiese rebelado te habras +irritado an ms. + +--No! Es una canallada tomar las flaquezas del prjimo como medio para +ejercitarnos en la virtud. Que me replique, que se insolente, que sea +persona... y no criada... + +--Entonces, Joaqun, te irritara ms. + +--No, lo que ms me irrita son esas pretensiones a mayor perfeccin. + +--Se equivoca usted, seor--dijo la criada, sin levantar los ojos del +suelo;--yo no me creo mejor que nadie. + +--No, eh? Pues yo s! Y el que no se crea mejor que otro, es un +mentecato. T te creers la ms pecadora de las mujeres, es eso? Anda, +responde! + +--Esas cosas no se preguntan, seor. + +--Anda, responde, que tambin San Luis Gonzaga dicen que se crea el +ms pecador de los hombres; responde: te crees, s o no, la ms pecadora +de las mujeres? + +--Los pecados de las otras no van a mi cuenta, seor. + +--Idiota, ms que idiota. Vete de ah! + +--Dios le perdone, como yo le perdono, seor. + +--De qu? Ven y dmelo, de qu? De qu me tiene que perdonar Dios? Anda, +dilo. + +--Bueno, seora, lo siento por usted, pero me voy de esta casa. + +--Por ah debiste empezar--concluy Joaqun. + +Y luego, a solas con su mujer, le deca: + +--Y no ir diciendo esta gatita muerta que estoy loco? No lo estoy +acaso, Antonia? Dime, estoy loco, s o no? + +--Por Dios, Joaqun, no te pongas as... + +--S, s creo estar loco... Encirrame. Esto va a acabar conmigo. + +--Acaba t con ello. + + + + +XIX + + +Concentr entonces todo su ahinco en su hija, en criarla y educarla, en +mantenerla libre de las inmundicias morales del mundo. + +--Mira--sola decirle a su mujer,--es una suerte que sea sola, que no +hayamos tenido ms. + +--No te habra gustado un hijo? + +--No, no, es mejor hija, es ms fcil aislarla del mundo indecente. +Adems, si hubisemos tenido dos, habran nacido envidias entre ellos... + +--O no! + +--O s. No se puede repartir el cario igualmente entre varios: lo que +se le da al uno se le quita al otro. Cada uno pide todo para l y slo +para l. No, no, no quisiera verme en el caso de Dios... + +--Y cul es ese caso? + +--El de tener tantos hijos. No dicen que somos todos hijos de Dios? + +--No digas esas cosas, Joaqun... + +--Unos estn sanos para que otros estn enfermos... Hay que ver el +reparto de las enfermedades... + +No quera que su hija tratase con nadie. La llev una maestra particular +a casa, y l mismo, en ratos de ocio, le enseaba algo. + +La pobre Joaquina adivin en su padre a un paciente mientras reciba de +l una concepcin ttrica del mundo y de la vida. + +--Te digo--le deca Joaqun a su mujer--que es mejor, mucho mejor que +tengamos una hija sola, que no tengamos que repartir el cario... + +--Dicen que cuanto ms se reparte crece ms... + +--No creas as. Te acuerdas de aquel pobre Ramrez, el procurador? Su +padre tena dos hijos y dos hijas y pocos recursos. En su casa no se +coma sino sota, caballo y rey, cocido, pero no principio; slo el +padre, Ramrez padre, tomaba principio, del cual daba alguna vez a uno +de los hijos y a una de las hijas, pero nunca a los otros. Cuando +repicaban gordo, en das sealados, haba dos principios para todos y +otro adems para l, para el amo de la casa, que en algo haba de +distinguirse. Hay que conservar la jerarqua. Y a la noche, al recojerse +a dormir Ramrez padre daba siempre un beso a uno de los hijos y a una +de las hijas, pero no a los otros dos. + +--Qu horror! Y por qu? + +--Qu s yo... Le pareceran ms guapos los preferidos... + +--Es como lo de Carvajal, que no puede ver a su hija menor... + +--Es que le ha llegado la ltima, seis aos despus de la anterior y +cuando andaba mal de recursos. Es una nueva carga, e inesperada. Por eso +le llama la intrusa. + +--Qu horrores, Dios mo! + +--As es la vida, Antonia, un semillero de horrores. Y bendigamos a +Dios el no tener que repartir nuestro cario. + +--Cllate! + +--Cllome! + +Y le hizo callar. + + + + +XX + + +El hijo de Abel estudiaba Medicina, y su padre sola dar a Joaqun +noticias de la marcha de sus estudios. Habl Joaqun algunas veces con +el muchacho mismo y le cobr algn afecto; tan insignificante le +pareci. + +--Y cmo le dedicas a mdico y no a pintor?--le pregunt a su amigo. + +--No le dedico yo, se dedica l. No siente vocacin alguna por el +arte... + +--Claro, y para estudiar Medicina no hace falta vocacin... + +--No he dicho eso. T siempre tan mal pensado. Y no slo no siente +vocacin por la pintura, pero ni curiosidad. Apenas si se detiene a ver +lo que pinto ni se informa de ello. + +--Es mejor as acaso... + +--Por qu? + +--Porque si se hubiera dedicado a la pintura, o lo haca mejor que t, o +peor. Si peor, eso de ser Abel Snchez, hijo, al que llamaran Abel +Snchez el Malo o Snchez el Malo o Abel el Malo, no est bien ni l lo +sufrira... + +--Y si fuera mejor que yo? + +--Entonces seras t quien no lo sufrira. + +--Piensa el ladrn que todos son de su condicin. + +--S, venme ahora a m, a m, con esas pamemas. Un artista no soporta la +gloria de otro, y menos si es su propio hijo o su hermano. Antes la de +un extrao. Eso de que uno de su sangre le supere... eso no! Cmo +explicarlo? Haces bien en dedicarle a la Medicina. + +--Adems, as ganar ms. + +--Pero quieres hacerme creer que no ganas mucho con la pintura? + +--Bah, algo. + +--Y adems, gloria. + +--Gloria? Para lo que dura... + +--Menos dura el dinero. + +--Pero es ms slido. + +--No seas farsante, Abel, no finjas despreciar la gloria. + +--Te aseguro que lo que hoy me preocupa es dejar una fortuna a mi hijo. + +--Le dejars un nombre. + +--Los nombres no se cotizan. + +--El tuyo, s! + +--Mi firma, pero es... Snchez! Y menos mal si no le da por firmar Abel +S. Puig!--que le hagan marqus de Casa Snchez. Y luego el Abel quita la +malicia al Snchez. Abel Snchez suena bien. + + + + +XXI + + +Huyendo de s mismo, y para ahogar con la constante presencia del otro, +de Abel, en su espritu, la triste conciencia enferma que se le +presentaba, empez a frecuentar una pea del Casino. Aquella +conversacin ligera le servira como de narctico, o ms bien se +embriagara con ella. No hay quien se entrega a la bebida para ahogar +una pasin devastadora en ella, para derretir en vino un amor frustrado? +Pues l se entregara a la conversacin casinera, a oirla ms que a +tomar parte muy activa en ella, para ahogar tambin su pasin. Slo que +el remedio, fu peor que la enfermedad. + +Iba siempre decidido a contenerse, a reir y bromear, a murmurar como por +juego, a presentarse a modo de desinteresado espectador de la vida, +bondadoso como un escptico de profesin, atento a lo de que comprender +es perdonar, y sin dejar traslucir el cncer que le devoraba la +voluntad. Pero el mal le sala por la boca, en las palabras, cuando +menos lo esperaba, y perciban todos en ellas el hedor del mal. Y volva +a casa irritado contra s mismo, reprochndose su cobarda y el poco +dominio sobre s y decidido a no volver ms a la pea del Casino. +No--se deca--no vuelvo, no debo volver; esto me empeora, me agrava; +aquel mbito es deletreo; no se respira all ms que malas pasiones +retenidas; no, no vuelvo; lo que yo necesito es soledad, soledad. Santa +soledad! + +Y volva. + +Volva por no poder sufrir la soledad. Pues en la soledad, jams lograba +estar solo, sino que siempre all el otro. El otro! Lleg a sorprenderse +en dilogo con l, tramando lo que el otro le deca. Y el otro, en estos +dilogos solitarios, en estos monlogos dialogados, le deca cosas +indiferentes o gratas, no le mostraba ningn rencor. Por qu no me +odia, Dios mo!--lleg a decirse.--Por qu no me odia? + +Y se sorprendi un da a s mismo a punto de pedir a Dios, en infame +oracin diablica, que infiltrase en el alma de Abel odio a l, a +Joaqun. Y otra vez: Ah, si me envidiase... si me envidiase...! Y a +esta idea, que como fulgor lvido cruz por las tinieblas de su espritu +de amargura, sinti un gozo como de derretimiento, un gozo que le hizo +temblar hasta los tutanos del alma, escalofriados. Ser envidiado...! +Ser envidiado...! + +Mas no es esto--se dijo luego--que me odio, que me envidio a m +mismo...? Fuese a la puerta, la cerr con llave, mir a todos lados, y +al verse solo arrodillse murmurando con lgrimas de las que escaldan en +la voz: Seor, Seor. T me dijiste: ama a tu prjimo como a ti mismo! +Y yo no amo al prjimo, no puedo amarle, porque no me amo, no s amarme, +no puedo amarme a m mismo. Qu has hecho de m, Seor! + +Fu luego a cojer la Biblia y la abri por donde dice: Y Jehov dijo a +Can: dnde est Abel tu hermano? Cerr lentamente el libro, +murmurando: Y dnde estoy yo? Oy entonces ruido fuera y se apresur a +abrir la puerta. Pap, papato!, exclam su hija al entrar. Aquella +voz fresca pareci volverle a la luz. Bes a la muchacha y rozndole el +odo con la boca le dijo bajo, muy bajito, para que no lo oyera nadie: +Reza por tu padre, hija ma! + +--Padre! Padre!--gimi la muchacha, echndole los brazos al cuello. + +Ocult la cabeza en el hombro de la hija y rompi a llorar. + +--Qu te pasa, pap, ests enfermo? + +--S, estoy enfermo. Pero no quieras saber ms. + + + + +XXII + + +Y volvi al Casino. Era intil resistirlo. Cada da se inventaba a s +mismo un pretexto para ir all. Y el molino de la pea segua moliendo. + +All estaba Federico Cuadrado, implacable, que en cuanto oa que alguien +elogiaba a otro preguntaba: Contra quin va ese elogio? + +--Porque a m--deca con su vocecita fra y cortante--no me la dan con +queso; cuando se elogia mucho a uno, se tiene presente a otro al que se +trata de rebajar con ese elogio, a un rival del elogiado. Eso cuando no +se le elogia con mala intencin, por ensaarse en l... Nadie elogia con +buena intencin. + +--Hombre--le replicaba Len Gmez, que se gozaba en dar cuerda al cnico +Cuadrado--ah tienes a don Leovigildo, al cual nadie le ha odo todava +hablar mal de otro... + +--Bueno--intercalaba un diputado provincial,--es que don Leovigildo es +un poltico y los polticos deben estar a bien con todo el mundo. Qu +dices Federico? + +--Digo que don Leovigildo se morir sin haber hablado mal ni pensado +bien de nadie. El no dar acaso ni el ms lijero empujoncito para que +otro caiga, ni aunque no se lo vean, porque no slo teme al cdigo +penal, sino tambin al infierno; pero si el otro se cae y se rompe la +crisma, se alegrar hasta los tutanos. Y para gozarse en la rotura de +la crisma del otro, ser el primero que ir a condolerse de su desgracia +y darle el psame. + +--Yo no s cmo se puede vivir sintiendo as--dijo Joaqun. + +--Sintiendo cmo?--le arguy al punto Federico.--Como siente don +Leovigildo, como siento yo o como sientes t? + +--De m nadie ha hablado!--Y esto lo dijo con acre displicencia. + +--Pero hablo yo, hijo mo, porque aqu todos nos conocemos... + +Joaqun se sinti palidecer. Le llegaba como un pual de hielo hasta las +entraas de la voluntad aquel _hijo mo!_ que prodigaba Federico, su +demonio de la guarda, cuando echaba la garra sobre alguien. + +--No s por qu le tienes esa tirria a don Leovigildo--aadi Joaqun, +arrepintindose de haberlo dicho apenas lo dijera, pues sinti que +estaba atizando la mala lumbre. + +--Tirria? Tirria yo? Y a don Leovigildo? + +--S, no s qu mal te ha hecho... + +--En primer lugar, hijo mo, no hace falta que le hayan hecho a uno mal +alguno para tenerle tirria. Cuando se le tiene a uno tirria, es fcil +inventar ese mal, es decir, figurarse uno que se lo han hecho... Y yo no +le tengo a don Leovigildo ms tirria que a otro cualquiera. Es un hombre +y basta. Y un hombre honrado! + +--Como t eres un misntropo profesional...--empez el diputado +provincial. + +--El hombre es el bicho ms podrido y ms indecente, ya os lo he dicho +cien veces. Y el hombre honrado es el peor de los hombres. + +--Anda, anda, qu dices a eso t, que hablabas el otro da del poltico +honrado, refirindote a don Leovigildo?--le dijo Len Gmez al diputado. + +--Poltico honrado!--salt Federico.--Eso s que no! + +--Y por qu?--preguntaron tres a coro. + +--Que por qu? Porque lo ha dicho l mismo. Porque tuvo en un discurso +la avilantez de llamarse a s mismo honrado. No es honrado declararse +tal. Dice el Evangelio que Cristo Nuestro Seor... + +--No mientes a Cristo, te lo suplico!--le interrumpi Joaqun. + +--Qu? Te duele tambin Cristo, hijo mo? + +Hubo un breve silencio, oscuro y fro. + +--Dijo Cristo Nuestro Seor--recalc Federico--que no le llamaran bueno, +que bueno era slo Dios. Y hay cochinos cristianos que se atreven a +llamarse a s mismos honrados! + +--Es que honrado no es precisamente bueno--intercal don Vicente, el +magistrado. + +--Ahora lo ha dicho usted, don Vicente. Y gracias a Dios que le oigo a +un magistrado alguna sentencia razonable y justa! + +--De modo--dijo Joaqun--que uno no debe confesarse honrado. Y pillo? + +--No hace falta. + +--Lo que quiere el seor Cuadrado--dijo don Vicente, el magistrado--es +que los hombres se confiesen bellacos y sigan sindolo; no es eso? + +--Bravo!--exclam el diputado provincial. + +--Le dir a usted, hijo mo--contest Federico, pensando la +respuesta.--Usted debe saber cul es la excelencia del sacramento de la +confesin en nuestra sapientsima Madre Iglesia... + +--Alguna otra barbaridad--interrumpi el magistrado. + +--Barbaridad, no, sino muy sabia institucin. La confesin sirve para +pecar ms tranquilamente, pues ya sabe uno que le ha de ser perdonado su +pecado. No es as, Joaqun? + +--Hombre, si uno no se arrepiente... + +--S, hijo mo, s, si uno se arrepiente, pero vuelve a pecar y vuelve a +arrepentirse y sabe cuando peca que se arrepentir y sabe cuando se +arrepiente que volver a pecar, y acaba por pecar y arrepentirse a la +vez; no es as? + +--El hombre es un misterio--dijo Len Gmez. + +--Hombre, no digas sandeces!--le replic Federico. + +--Sandez, por qu? + +--Toda sentencia filosfica, as, todo axioma, toda proposicin general +y solemne, enunciada aforsticamente, es una sandez. + +--Y la filosofa, entonces? + +--No hay ms filosofa que sta, la que hacemos aqu... + +--S, desollar al prjimo. + +--Exacto. Nunca est mejor que desollado. + +Al levantarse la tertulia, Federico se acerc a Joaqun a preguntarle si +se iba a su casa, pues gustara de acompaarle un rato, y al decirle +ste que no, que iba a hacer una visita all, al lado, aqul le dijo: + +--S, te comprendo; eso de la visita es un achaque. Lo que t quieres +es verte solo. Lo comprendo. + +--Y por qu lo comprendes? + +--Nunca se est mejor que solo. Pero cuando te pese la soledad, acude a +m. Nadie te distraer mejor de tus penas. + +--Y las tuyas?--le espet Joaqun. + +--Bah! Quin piensa en eso...! + +Y se separaron. + + + + +XXIII + + +Andaba por la ciudad un pobre hombre necesitado, aragons, padre de +cinco hijos y que se ganaba la vida como poda, de escribiente y a lo +que saliera. El pobre acuda con frecuencia a conocidos y amigos, si es +que un hombre as los tiene, pidindoles con mil pretextos que le +anticiparan dos o tres duros. Y lo que era ms triste, mandaba a alguno +de sus hijos, y alguna vez a su mujer, a las casas de los conocidos con +cartitas de peticin. Joaqun le haba socorrido algunas veces, sobre +todo cuando le llamaba a que viese, como mdico, a personas de su +familia. Y hallaba un singular alivio en socorrer a aquel pobre hombre. +Adivinaba en l una vctima de la maldad humana. + +Preguntle una vez por l a Abel. + +--S, le conozco--le dijo ste,--y hasta le tuve algn tiempo empleado. +Pero es un haragn, un vago. Con el pretexto de que tiene que ahogar sus +penas, no deja de ir ningn da al caf, aunque en su casa no se +encienda la cocina. Y no le faltar su cajetilla de cigarros. Tiene que +convertir sus pesares en humo. + +--Eso no es decir nada, Abel. Habra que ver el caso por dentro... + +--Mira, djate de garambainas. Y por lo que no paso es por la mentira +esa de pedirme prestado y lo de se lo devolver en cuanto pueda... Que +pida limosna y al avo. Es ms claro y ms noble. La ltima vez me pidi +tres duros adelantados y le di tres pesetas, pero dicindole: Y sin +devolucin! Es un haragn! + +--Y qu culpa tiene l...! + +--Vamos, s, ya sali aquello, qu culpa tiene... + +--Pues claro! De quin son las culpas? + +--Bueno, mira, dejmonos de esas cosas. Y si quieres socorrerle, +socrrele, que yo no me opongo. Y yo mismo estoy seguro de que si me +vuelve a pedir, le dar. + +--Eso ya lo saba yo, porque en el fondo t... + +--No nos metamos al fondo. Soy pintor y no pinto los fondos de las +personas. Es ms, estoy convencido de que todo hombre lleva fuera todo +lo que tiene dentro. + +--Vamos, s, que para ti un hombre no es ms que un modelo... + +--Te parece poco? Y para ti un enfermo. Porque t eres el que les andas +mirando y auscultando a los hombres por dentro... + +--Mediano oficio... + +--Por qu? + +--Porque acostumbrado uno a mirar a los dems por dentro, da en ponerse +a mirarse a s mismo, a auscultarse. + +--Ve ah mi ventaja. Yo con mirarme al espejo tengo bastante... + +--Y te has mirado de veras alguna vez? + +--Naturalmente! Pues no sabes que me he hecho un autorretrato? + +--Que ser una obra maestra... + +--Hombre, no est del todo mal... Y t, te has registrado por dentro +bien? + + * * * * * + +Al da siguiente de esta conversacin Joaqun sali del Casino con +Federico para preguntarle si conoca a aquel pobre hombre que andaba as +pidiendo de manera vergonzante. Y dime la verdad, eh, que estamos +solos; nada de tus ferocidades. + +--Pues mira, ese es un pobre diablo que deba estar en la crcel, donde +por lo menos comera mejor que come y vivira ms tranquilo. + +--Pues qu ha hecho? + +--No, no ha hecho nada; debi hacer, y por eso digo que debera estar en +la crcel. + +--Y qu es lo que debi haber hecho? + +--Matar a su hermano. + +--Ya empiezas! + +--Te lo explicar. Ese pobre hombre es, como sabes, aragons y all en +su tierra an subsiste la absoluta libertad de testar. Tuvo la desgracia +de nacer el primero a su padre, de ser el mayorazgo y luego tuvo la +desgracia de enamorarse de una muchacha pobre, guapa y honrada, segn +pareca. El padre se opuso con todas sus fuerzas a esas relaciones +amenazndole con desheredarle si llegaba a casarse con ella. Y l, ciego +de amor, comprometi primero gravemente a la muchacha, pensando +convencer as al padre, y acaso por casarse con ella y por salir de +casa. Y sigui en el pueblo, trabajando como poda en casa de sus +suegros, y esperando convencer y ablandar a su padre. Y ste, buen +aragons, tesa que tesa. Y muri desheredndole al pobre diablo y +dejando su hacienda al hijo segundo; una hacienda regular. Y muertos +poco despus los suegros del hoy aqu sablista, acudi ste a su hermano +pidindole amparo y trabajo, y su hermano se los neg, y por no matarle, +que es lo que le peda el coraje, se ha venido ac a vivir de limosna y +del sable. Esta es la historia, como ves, muy edificante. + +--Y tan edificante! + +--Si le hubiera matado a su hermano, a esa especie de Jacob, mal, muy +mal, y no habindole matado mal, muy mal tambin... + +--Acaso peor. + +--No digas eso, Federico. + +--S, porque no slo vive miserable y vergonzosamente, del sable, sino +que vive odiando a su hermano. + +--Y si le hubiera matado? + +--Entonces se le habra curado el odio, y hoy, arrepentido de su crimen, +querra su memoria. La accin libra del mal sentimiento, y es el mal +sentimiento el que envenena el alma. Cremelo, Joaqun, que lo s muy +bien. + +Mirle Joaqun a la mirada fijamente y le espet un: + +--Y t? + +--Yo? No quieras saber, hijo mo, lo que no te importa. Bstete saber +que todo mi cinismo es defensivo. Yo no soy hijo del que todos vosotros +tenis por mi padre; yo soy hijo adulterino y a nadie odio en este mundo +ms que a mi propio padre, al natural, que ha sido el verdugo del otro, +del que por vileza y cobarda me di su nombre, este indecente nombre +que llevo. + +--Pero padre no es el que engendra; es el que cra... + +--Es que ese, el que creis que me ha criado, no me ha criado sino que +me destet con el veneno del odio que guarda al otro, al que me hizo y +le oblig a casarse con mi madre. + + + + +XXIV + + +Concluy la carrera el hijo de Abel, Abeln, y acudi su padre, a su +amigo, por si quera tomarle de ayudante para que a su lado practicase. +Lo acept Joaqun. + +Le admit--escriba ms tarde en su _Confesin_, dedicada a su +hija--por una extraa mezcla de curiosidad, de aborrecimiento a su +padre, de afecto al muchacho, que me pareca entonces una mediana y por +un deseo de libertarme as de mi mala pasin a la vez que, por ms +debajo de mi alma, mi demonio me deca que con el fracaso del hijo me +vengara del encumbramiento del padre. Quera por un lado, con el cario +al hijo, redimirme del odio al padre, y por otro lado me regodeaba +esperando que si Abel Snchez triunf en la pintura, otro Abel Snchez +de su sangre marrara en la Medicina. Nunca pude figurarme entonces cun +hondo cario cobrara luego al hijo del que me amargaba y entenebreca +la vida del corazn. + +Y as fu que Joaqun y el hijo de Abel sintironse atrados el uno al +otro. Era Abeln rpido de comprensin y se interesaba por las +enseanzas de Joaqun, a quien empez llamando maestro. Este su maestro +se propuso hacer de l un buen mdico y confiarle el tesoro de su +experiencia clnica. Le guiar--se deca--a descubrir las cosas que +esta maldita inquietud de mi nimo me ha impedido descubrir a m. + +--Maestro,--le pregunt un da Abeln,--por qu no recoje usted todas +esas observaciones dispersas, todas esas notas y apuntes que me ha +enseado y escribe un libro? Sera interesantsimo y de mucha enseanza. +Hay cosas hasta geniales, de una extraordinaria sagacidad cientfica. + +--Pues mira, hijo--(que as sola llamarle) respondi--yo no puedo, no +puedo... No tengo humor para ello, me faltan ganas, coraje, serenidad, +no s qu... + +--Todo sera ponerse a ello... + +--S, hijo, s, todo sera ponerse a ello, pero cuantas veces lo he +pensado no he llegado a decidirme. Ponerme a escribir un libro... y en +Espaa... y sobre Medicina...! No vale la pena. Caera en el vaco... + +--No, el de usted, no, maestro, se lo respondo. + +--Lo que yo deba haber hecho es lo que t has de hacer, dejar esta +insoportable clientela y dedicarte a la investigacin pura, a la +verdadera ciencia, a la fisiologa, a la histologa, a la patologa y no +a los enfermos de pago. T que tienes alguna fortuna, pues los cuadros +de tu padre han debido drsela, dedcate a eso. + +--Acaso tenga usted razn, maestro; pero ello no quita para que usted +deba publicar sus memorias de clnico. + +--Mira, si quieres, hagamos una cosa. Yo te doy mis notas todas, te las +amplo de palabra, te digo cuanto me preguntes y publica t el libro. Te +parece? + +--De perlas, maestro. Ya vengo apuntando desde que le ayudo todo lo que +le oigo y todo lo que a su lado aprendo. + +--Muy bien, hijo, muy bien!--y le abraz conmovido. + +Y luego se deca Joaqun: Este, ste ser mi obra! Mo y no de su +padre. Acabar venerndome y comprendiendo que yo valgo mucho ms que su +padre y que hay en mi prctica de la Medicina mucha ms arte que en la +pintura de su padre. Y al cabo se lo quitar, s, se lo quitar! El me +quit a Helena, yo les quitar el hijo. Que ser mo, y quin sabe?... +acaso concluya renegando de su padre, cuando le conozca y sepa lo que me +hizo. + + + + +XXV + + +--Pero dime--le pregunt un da Joaqun a su discpulo--cmo se te +ocurri estudiar Medicina? + +--No lo s... + +--Porque lo natural es que hubieses sentido inclinacin a la pintura. +Los muchachos se sienten llamados a la profesin de sus padres; es el +espritu de imitacin... el ambiente... + +--Nunca me ha interesado la pintura, maestro. + +--Lo s, lo s por tu padre, hijo. + +--Y la de mi padre menos. + +--Hombre, hombre, y cmo as? + +--No la siento y no s si la siente l... + +--Eso es ms grande. A ver, explcate. + +--Estamos solos; nadie nos oye; usted, maestro, es como si fuese mi +segundo padre... segundo... Bueno. Adems usted es el ms antiguo amigo +suyo, le he odo decir que de siempre, de toda la vida, de antes de +tener uso de razn, que son como hermanos... + +--S, s, as es; Abel y yo somos como hermanos... Sigue. + +--Pues bien, quiero abrirle hoy mi corazn, maestro. + +--bremelo. Lo que me digas caer en l como en el vaco, nadie lo +sabr! + +--Pues s, dudo que mi padre sienta la pintura ni nada. Pinta como una +mquina, es un don natural, pero sentir? + +--Siempre he credo eso. + +--Pues fu usted, maestro, quien, segn dicen; hizo la mayor fama de mi +padre con aquel famoso discurso de que an se habla... + +--Y qu iba yo a decir? + +--Algo as me pasa. Pero mi padre no siente ni la pintura ni nada. Es de +corcho, maestro, de corcho. + +--No tanto, hijo. + +--S, de corcho. No vive ms que para su gloria. Todo eso de que la +desprecia es farsa, farsa, farsa. No busca ms que el aplauso. Y es un +egosta, un perfecto egosta. No quiere a nadie. + +--Hombre, a nadie... + +--A nadie, maestro, a nadie! Ni s cmo se cas con mi madre. Dudo que +fuera por amor. + +Joaqun palideci. + +--S--prosigui el hijo--que ha tenido enredos y los con algunas +modelos, pero eso no es ms que capricho y algo de jactancia. No quiere +a nadie. + +--Pero me parece que no eres t quien debieras... + +--A m nunca me ha hecho caso. A m me ha mantenido, ha pagado mi +educacin y mis estudios, no me ha escatimado ni me escatima su dinero, +pero yo apenas si existo para l. Cuando alguna vez le he preguntado +algo, de historia del arte, de tcnica, de la pintura o de sus viajes o +de otra cosa, me ha dicho: Djame, djame en paz y una vez lleg a +decirme: aprndelo, como lo he aprendido yo! ah tienes los libros. +Qu diferencia con usted, maestro! + +--Sera que no lo saba, hijo. Porque mira, los padres quedan a las +veces mal con sus hijos por no confesarse ms ignorantes o ms torpes +que ellos. + +--No era eso. Y hay algo peor. + +--Peor? A ver! + +--Peor, s. Jams me ha reprendido, haya hecho yo lo que hiciera. No +soy, no he sido nunca un calavera, un disoluto, pero todos los jvenes +tenemos nuestras cadas, nuestros tropiezos. Pues bien, jams los ha +inquirido y si por acaso los saba nada me ha dicho. + +--Eso es respeto a tu personalidad, confianza en ti... Es acaso la +manera ms generosa y noble de educar a un hijo, es fiarse... + +--No, no es nada de eso, maestro. Es sencillamente indiferencia. + +--No, no, no exageres, no es eso... Qu te iba a decir que t no te lo +dijeras? Un padre no puede ser un juez... + +--Pero s un compaero, un consejero, un amigo o un maestro como usted. + +--Pero hay cosas que el pudor impide se traten entre padres e hijos. + +--Es natural que usted, su mayor y ms antiguo amigo, su casi hermano, +le defienda aunque... + +--Aunque qu? + +--Puedo decirlo todo? + +--S, dilo todo! + +--Pues bien, de usted no le he odo nunca hablar sino muy bien, +demasiado bien, pero... + +--Pero qu? + +--Que habla demasiado bien de usted. + +--Qu es eso de demasiado? + +--Que antes de conocerle yo a usted, maestro, le crea otro. + +--Explcate. + +--Para mi padre es usted una especie de personaje trgico, de nimo +torturado, de hondas pasiones. Si se pudiera pintar el alma de +Joaqun! suele decir. Habla de un modo como si mediase entre usted y l +algn secreto... + +--Aprensiones tuyas... + +--No, no lo son. + +--Y tu madre? + +--Mi madre... + + + + +XXVI + + +--Mira, Joaqun--le dijo un da Antonia a su marido,--me parece que el +mejor da nuestra hija se nos va o nos la llevan... + +--Joaquina? Y a dnde? + +--Al convento! + +--Imposible! + +--No, sino muy posible. T distrado con tus cosas y ahora con ese hijo +de Abel al que pareces haber prohijado... cualquiera dira que le +quieres ms que a tu hija... + +--Es que trato de salvarle, de redimirle de los suyos... + +--No; de lo que tratas es de vengarte. Qu vengativo eres! Ni olvidas ni +perdonas! Temo que Dios te va a castigar, va a castigarnos... + +--Ah, y es por eso por lo que Joaquina se quiere ir al convento? + +--Yo no he dicho eso. + +--Pero lo digo yo y es lo mismo. Se va acaso por celos de Abeln? Es que +teme que le llegue a querer ms que a ella? Pues si es por eso... + +--Por eso no. + +--Entonces? + +--Qu s yo...! Dice que tiene vocacin, que es adonde Dios la llama... + +--Dios... Dios... ser su confesor. Quin es? + +--El padre Echevarra. + +--El que me confesaba a m? + +--El mismo! + +Quedse Joaqun mustio y cabizbajo, y al da siguiente, llamando a solas +a su mujer, le dijo: + +--Creo haber penetrado en los motivos que empujan a Joaquina al +claustro, o mejor, en los motivos por que le induce el padre Echevarra +a que entre en l. T recuerdas cmo busqu refugio y socorro en la +iglesia contra esta maldita obsesin que me embarga el nimo todo, +contra este despecho que con los aos se hace ms viejo, es decir, ms +duro y ms terco, y cmo, despus de los mayores esfuerzos, no pude +lograrlo? No, no me di remedio el padre Echevarra, no pudo drmelo. +Para este mal no hay ms que un remedio, uno slo. + +Callse un momento como esperando una pregunta de su mujer, y como ella +callara, prosigui dicindole: + +--Para ese mal no hay ms remedio que la muerte. Quin sabe... Acaso +nac con l y con l morir. Pues bien, ese padrecito que no pudo +remediarme ni reducirme empuja ahora, sin duda, a mi hija, a tu hija, a +nuestra hija, al convento, para que en l ruegue por m, para que se +sacrifique salvndome... + +--Pero si no es sacrificio... si dice que es su vocacin... + +--Mentira, Antonia; te digo que eso es mentira. Las ms de las que van +monjas o van a trabajar poco, a pasar una vida pobre, pero descansada, a +sestear msticamente o van huyendo de casa, y nuestra hija huye de casa, +huye de nosotros... + +--Ser de ti... + +--S, huye de m! Me ha adivinado! + +--Y ahora que le has cobrado ese apego a ese... + +--Quieres decirme que huye de l? + +--No sino de tu nuevo capricho... + +--Capricho? capricho? capricho dices? Yo ser todo menos caprichoso, +Antonia. Yo tomo todo en serio, todo, lo entiendes? + +--S, demasiado en serio--agreg la mujer llorando. + +--Vamos, no llores as, Antonia, mi santa, mi ngel bueno, y perdname +si he dicho algo... + +--No es peor lo que dices, sino lo que callas. + +--Pero, por Dios, Antonia, por Dios, haz que nuestra hija no nos deje; +que si se va al convento, me mata, s, me mata, porque me mata! Que se +quede... que yo har lo que ella quiera... que si quiere que le despache +a Abeln, le despachar... + +--Me acuerdo cuando decas que te alegrabas de que no tuviramos ms que +una hija, porque as no tenamos que repartir el cario... + +--Pero si no lo reparto! + +--Algo peor entonces... + +--S, Antonia, esa hija quiere sacrificarse por m, y no sabe que si se +va al convento me deja desesperado. Su convento es esta casa! + + + + +XXVII + + +Dos das despus encerrbase en el gabinete Joaqun con su mujer y su +hija. + +--Pap, Dios lo quiere!--exclam resueltamente y mirndole cara a cara +su hija Joaquina. + +--Pues, no! No es Dios quien lo quiere, sino el padrecito ese--replic +l.--Qu sabes t, mocosuela, lo que quiere Dios? Cundo te has +comunicado con l? + +--Comulgo cada semana, pap. + +--Y se te antojan revelaciones de Dios los desvanecimientos que te suben +del estmago en ayunas. + +--Peores son los del corazn en ayunas. + +--No, no, eso no puede ser; eso no lo quiere Dios, no puede quererlo, te +digo que no lo puede querer! + +--Yo no s lo que Dios quiere, y t, padre, sabes lo que no puede +querer, eh? De cosas del cuerpo sabrs mucho, pero de cosas de Dios, del +alma... + +--Del alma, eh? Con que t crees que no s del alma? + +--Acaso lo que mejor te sera no saber. + +--Me acusas? + +--No, eres t, pap, quien se acusa a s mismo. + +--Lo ves, Antonia, lo ves, no te lo deca? + +--Y qu te deca, mam? + +--Nada, hija ma, nada; aprensiones, cavilaciones de tu padre... + +--Pues bueno--exclam Joaqun como quien se decide,--t vas al convento +para salvarme, no es eso? + +--Acaso no andes lejos de la verdad. + +--Y salvarme de qu? + +--No lo s bien. + +--Lo sabr yo...! De qu? de quin? + +--De quin, padre, de quin? Pues del demonio o de ti mismo. + +--Y t qu sabes? + +--Por Dios, Joaqun, por Dios--suplic la madre con lgrimas en la voz, +llena de miedo ante la mirada y el tono de su marido. + +--Djanos, mujer, djanos, djanos a ella y a m. Esto no te toca! + +--Pues no ha de tocarme? Pero si es mi hija... + +--La ma! Djanos, ella es una Monegro, yo soy un Monegro; djanos. T +no entiendes, t no puedes entender estas cosas... + +--Padre, si trata as a madre delante mo, me voy. No llores, mam. + +--Pero t crees, hija ma...? + +--Lo que yo creo y s es que soy tan hija suya como tuya. + +--Tanto? + +--Acaso ms. + +--No digis esas cosas, por Dios--exclam la madre llorando--si no me +voy... + +--Sera lo mejor--aadi la hija.--A solas nos veramos mejor las caras, +digo, las almas, nosotros, los Monegros. + +La madre bes a la hija y se sali. + +--Y bueno--dijo framente el padre, as que se vi a solas con su +hija,--para salvarme de qu o de quin te vas al convento? + +--Pues bien, padre, no s de quin, no s de qu, pero hay que salvarte. +Yo no s lo que anda por dentro de esta casa, entre t y mi madre, no s +lo que anda dentro de ti, pero es algo malo... + +--Eso te lo ha dicho el padrecito ese? + +--No, no me lo ha dicho el padrecito; no ha tenido que decrmelo; no me +lo ha dicho nadie, sino que lo he respirado desde que nac. Aqu, en +esta casa, se vive como en tinieblas espirituales! + +--Bah, esas son cosas que has ledo en tus libros... + +--Como t has ledo otras en los tuyos. O es que crees que slo los +libros que hablan de lo que hay dentro del cuerpo, esos libros tuyos con +esas lminas feas, son los que ensean la verdad? + +--Y bien, esas tinieblas espirituales que dices, qu son? + +--T lo sabrs mejor que yo, pap; pero no me niegues que aqu pasa +algo, que aqu hay, como si fuese una niebla oscura, una tristeza que se +mete por todas partes, que t no ests contento nunca, que sufres, que +es como si llevases a cuestas una culpa grande... + +--S, el pecado original--dijo Joaqun con sorna. + +--Ese, ese!--exclam la hija.--Ese, del que no te has sanado! + +--Pues me bautizaron...! + +--No importa. + +--Y como remedio para esto vas a meterte monja, no es eso? Pues lo +primero era averiguar qu es ello, a qu se debe todo esto... + +--Dios me libre, pap, de tal cosa. Nada de querer juzgaros. + +--Pero de condenarme, s, no es eso? + +--Condenarte? + +--S, condenarme; eso de irte as es condenarme... + +--Y si me fuese con un marido? Si te dejara por un hombre...? + +--Segn el hombre. + +Hubo un breve silencio. + +--Pues s, hija ma--reanud Joaqun,--yo no estoy bien, yo sufro, sufro +casi toda mi vida; hay mucho de verdad en lo que has adivinado; pero con +tu resolucin de meterte monja me acabas de matar, exacerbas y enconas +mis males. Ten compasin de tu padre, de tu pobre padre... + +--Es por compasin... + +--No, es por egosmo. T huyes; me ves sufrir y huyes. Es el egosmo, es +el despego, es el desamor lo que te lleva al claustro. Figrate que yo +tuviese una enfermedad pegajosa y larga, una lepra, me dejaras yendo al +convento a rogar por Dios que me sanara? Vamos, contesta, me dejaras? + +--No, no te dejara, pues soy tu nica hija. + +--Pues haz cuenta que soy un leproso. Qudate a cuidarme. Me pondr bajo +tu cuidado, har lo que me mandes. + +--Si es as... + +Levantse el padre, y mirando a su hija a travs de lgrimas, abrazla, +y tenindola as, en sus brazos, con voz de susurro, le dijo al odo: + +--Quieres curarme, hija ma? + +--S, pap. + +--Pues bien, csate con Abeln. + +--Eh?--exclam Joaquina, separndose de su padre y mirndole cara a +cara. + +--Qu? Qu te sorprende?--balbuci el padre, sorprendido a su vez. + +--Casarme? Yo? Con Abeln? Con el hijo de tu enemigo? + +--Quin te ha dicho eso? + +--Tu silencio de aos. + +--Pues por eso, por ser el hijo del que llamas mi enemigo. + +--Yo no s lo que hay entre vosotros, no quiero saberlo, pero al verte +ltimamente cmo te aficionabas a su hijo, me di miedo... tem... no s +lo que tem. Ese tu cario a Abeln me pareca monstruoso, algo +infernal... + +--Pues no, hija, no! Buscaba en l redencin. Y creme, si logras +traerle a mi casa, si le haces mi hijo, ser como si sale al fin el sol +en mi alma... + +--Pero pretendes t, t, mi padre, que yo le solicite, le busque? + +--No digo eso. + +--Pues entonces? + +--Y si l... + +--Ah, pero lo tenais ya tramado entre los dos y sin contar conmigo? + +--No, lo tena pensado yo, yo, tu padre, tu pobre padre, yo... + +--Me das pena, padre. + +--Tambin yo me doy pena. Y ahora todo corre de mi cuenta. No pensabas +sacrificarte por m? + +--Pues bien, s, me sacrificar por ti. Dispn de m! + +Fu el padre a besarla, y ella, desasindosele, exclam: + +--No, ahora no! Cuando lo merezcas. O es que quieres que tambin yo te +haga callar con besos? + +--Dnde has aprendido eso, hija? + +--Las paredes oyen, pap. + +--Y acusan! + + + + +XXVIII + + +--Quin fuera usted, don Joaqun--decale un da a ste aquel pobre +desheredado aragons, el padre de los cinco hijos, luego que le hubo +sacado algn dinero. + +--Querer ser yo! No lo comprendo! + +--Pues s, lo dara todo por poder ser usted, don Joaqun. + +--Y qu es eso todo que dara usted? + +--Todo lo que puedo dar, todo lo que tengo. + +--Y qu es ello? + +--La vida! + +--La vida por ser yo!--y a s mismo se aadi Joaqun: Pues yo la +dara por poder ser otro! + +--S, la vida por ser usted. + +--He ah una cosa que no comprendo bien, amigo mo; no comprendo que +nadie se disponga a dar la vida por poder ser otro, ni siquiera +comprendo que nadie quiera ser otro. Ser otro es dejar de ser uno, de +ser el que se es. + +--Sin duda. + +--Y eso es dejar de existir. + +--Sin duda. + +--Pero no para ser otro... + +--Sin duda. + +--Entonces... + +--Quiero decir, don Joaqun, que de buena gana dejara de ser, o dicho +ms claro, me pegara un tiro o me echara al ro si supiera que los +mos, los que me atan a esta vida perra, los que no me dejan suicidarme, +habran de encontrar un padre en usted. No comprende usted ahora? + +--S que lo comprendo. De modo que... + +--Que maldito el apego que tengo a la vida y que de buena gana me +separara de m mismo y matara para siempre mis recuerdos si no fuese +por los mos. Aunque tambin me retiene otra cosa. + +--Qu? + +--El temor de que mis recuerdos, de que mi historia me acompaen ms +all de la muerte. Quin fuera usted, don Joaqun! + +--Y si a m me retuvieran en la vida, amigo mo, motivos como los de +usted? + +--Bah, usted es rico. + +--Rico... rico... + +--Y un rico nunca tiene motivo de queja. A usted no le falta nada. +Mujer, hija, una buena clientela, reputacin... qu ms quiere usted? A +usted no le deshered su padre; a usted no le ech de su casa su hermano +a pedir... A usted no le han obligado a hacerse un mendigo! Quin fuera +usted, D. Joaqun! + +Y al quedarse luego ste solo se deca: Quin fuera yo! Ese hombre me +envidia! me envidia! Y yo quin quiero ser? + + + + +XXIX + + +Pocos das despus Abeln y Joaquina estaban en relaciones de noviazgo. +Y en su _Confesin_, dedicada a su hija, escriba algo despus Joaqun: + +No es posible, hija ma, que te explique cmo llev a Abel, tu marido +de hoy, a que te solicitase por novia pidindote relaciones. Tuve que +darle a entender que t estabas enamorada de l o que por lo menos te +gustara que de ti se enamorase sin descubrir lo ms mnimo de aquella +nuestra conversacin a solas, luego que tu madre me hizo saber como +queras entrar por mi causa en un convento. Vea en ello mi salvacin. +Slo uniendo tu suerte a la suerte del hijo nico de quien me ha +envenenado la fuente de la vida, slo mezclando as nuestras sangres +esperaba poder salvarme. + +Pensaba que acaso un da tus hijos, mis nietos, los hijos de su hijo, +sus nietos, al heredar nuestras sangres, se encontraran con la guerra +dentro, con el odio en s mismos. Pero no es acaso el odio a s mismo, a +la propia sangre, el nico remedio contra el odio a los dems? La +escritura dice que en el seno de Rebeca se peleaban ya Esa y Jacob. +Quin sabe si un da no concebirs t dos mellizos, el uno con mi sangre +y el otro con la suya, y se pelearn y se odiarn ya desde tu seno y +antes de salir al aire y a la conciencia! Porque esta es la tragedia +humana y todo hombre es, como Job, hijo de contradiccin. + +Y he temblado al pensar que acaso os junt, no para unir, sino para +separar an ms vuestras sangres, para perpetuar un odio. Perdname! +Deliro. + +Pero no son slo nuestras sangres, la de l y la ma; es tambin la de +ella, la de Helena. La sangre de Helena! Esto es lo que ms me turba; +esa sangre que le florece en las mejillas, en la frente, en los labios, +que le hace marco a la mirada, esa sangre que me ceg desde su carne! + +Y queda otra, la sangre de Antonia, de la pobre Antonia, de tu santa +madre. Esta sangre es agua de bautismo. Esta sangre es la redentora. +Slo la sangre de tu madre, Joaquina, puede salvar a tus hijos, a +nuestros nietos. Esa es la sangre sin mancha que puede redimirlos. + +Y que no vea nunca ella, Antonia, esta _Confesin_; que no la vea. Que +se vaya de este mundo, si me sobrevive, sin haber ms que vislumbrado +nuestro misterio de iniquidad. + +Los novios comprendironse muy pronto y se cobraron cario. En ntimas +conversaciones conocironse sendas vctimas de sus hogares, de dos +mbitos tristes, de frvola impasibilidad el uno, de helada pasin +oculta el otro. Buscaron su apoyo en Antonia, en la madre de ella. +Tenan que encender un hogar, un verdadero hogar, un nido de amor +sereno que vive de s mismo, que no espa los otros amores, un castillo +de soledad amorosa, y unir en l a las dos desgraciadas familias. Le +haran ver a Abel, al pintor, que la vida ntima del hogar es la +sustancia imperecedera de que no es sino resplandor, cuando no sombra, +el arte; a Helena, que la juventud perpetua est en el alma que sabe +hundirse en la corriente viva del linaje, en el alma de la familia; a +Joaqun, que nuestro nombre se pierde con nuestra sangre, pero para +recobrarse en los nombres y en las sangres de los que las mezclan a los +nuestros; a Antonia no le tenan que hacerle ver nada, porque era una +mujer nacida para vivir y revivir en la dulzura de la costumbre. + +Joaqun senta renacerse. Hablaba con emocin de cario de su antiguo +amigo, de Abel, y lleg a confesar que fu una fortuna que le quitase +toda esperanza respecto a Helena. + +--Pues bien--le deca una vez a solas a su hija;--ahora que todo parece +tomar otro cauce, te lo dir. Yo quera a Helena, o por lo menos crea +quererla y la solicit sin conseguir nada de ella. Porque, eso s, la +verdad, jams me di la menor esperanza. Y entonces le present a Abel, +al que ser tu suegro... tu otro padre, y al punto se entendieron. Lo +que tom yo por un menosprecio, una ofensa... Qu derecho tena yo a +ella? + +--Es verdad eso, pero as sois los hombres. + +--Tienes razn, hija ma, tienes razn. He vivido como loco, rumiando +esa que estimaba una ofensa, una traicin... + +--Nada ms, pap? + +--Cmo nada ms? + +--No haba ms que eso, nada ms? + +--Que yo sepa... no! + +Y al decirlo, el pobre hombre se cerraba los ojos hacia adentro y no +lograba contener al corazn. + +--Ahora os casaris--continu--y viviris conmigo, s, viviris conmigo, +y har de tu marido, de mi nuevo hijo, un gran mdico, un artista de la +Medicina, todo un artista, que pueda igualar siquiera la gloria de su +padre. + +--Y l escribir, pap, tu obra, pues as me lo ha dicho. + +--S, la que yo no he podido escribir... + +--Me ha dicho que en tu carrera, en la prctica de la Medicina, tienes +cosas geniales y que has hecho, descubrimientos... + +--Aduladores! + +--No, as me ha dicho. Y que como no se te conoce, y al no conocerte no +se te estima en todo lo que vales, que quiere escribir ese libro para +darte a conocer. + +--A buena hora... + +--Nunca es tarde si la dicha es buena. + +--Ay, hija ma, si en vez de haberme somormujado en esto de la +clientela, en esta maldita prctica de la profesin que ni deja respirar +libre ni aprender... si en vez de eso me hubiese dedicado a la ciencia +pura, a la investigacin...! Eso que ha descubierto el doctor Alvarez y +Garca y por lo que tanto le bombean, lo habra descubierto antes yo, +yo, tu padre, yo lo habra descubierto, pues estuve a punto de ello. +Pero esto de ponerse a trabajar para ganarse la vida... + +--Sin embargo, no necesitbamos de ello. + +--S, pero... Y adems, qu s yo... Mas todo eso ha pasado y ahora +comienza vida nueva. Ahora voy a dejar la clientela... + +--De veras? + +--S, voy a dejrsela al que va a ser tu marido, bajo mi alta +inspeccin, por supuesto. Lo guiar, y yo a mis cosas! Y viviremos todos +juntos, y ser otra vida... otra vida... Empezar a vivir; ser otro... +otro... otro... + +--Ay, pap, qu gusto! Cmo me alegra oirte hablar as. Al cabo! + +--Qu te alegra oirme decir que ser otro? + +La hija le mir a los ojos al oir el tono de lo que haba debajo de su +voz. + +--Te alegra oirme decir que ser otro?--volvi a preguntar el padre. + +--S, pap, me alegra! + +--Es decir que el otro, que el otro, el que soy, te parece mal? + +--Y a ti, pap?--le pregunt a su vez, resueltamente, la hija. + +--Tpame la boca!--gimi l. + +Y se la tap con un beso. + + + + +XXX + + +--Ya te figurars a lo que vengo--le dijo Abel a Joaqun apenas se +encontraron a solas en el despacho de ste. + +--S, lo s. Tu hijo me ha anunciado tu visita. + +--Mi hijo y pronto tuyo, de los dos. Y no sabes bien cunto me alegro! +Es como deba acabar nuestra amistad. Y mi hijo es ya casi tuyo; te +quiere ya como a padre, no slo como a maestro. Estoy por decir que te +quiere ms que a m... + +--Hombre... no... no... no digas as. + +--Y qu? Crees que tengo celos? No, no soy celoso. Y mira, Joaqun, si +entre nosotros haba algo... + +--No sigas por ah, Abel, te lo ruego, no sigas... + +--Es preciso. Ahora que van a unirse nuestras sangres, ahora que mi hijo +va a serlo tuyo y ma tu hija, tenemos que hablar de esa vieja cuenta, +tenemos que ser absolutamente sinceros. + +--No, no, de ningn modo, y si hablas de ella, me voy! + +--Bien, sea! Pero no creas que olvido, no lo olvidar nunca, tu discurso +aquel cuando lo del cuadro. + +--Tampoco quiero que hables de eso. + +--Pues de qu? + +--Nada de lo pasado, nada! Hablemos slo del porvenir... + +--Pues si t y yo, a nuestra edad, no hablamos del pasado, de que vamos +a hablar? Si nosotros no tenemos ya ms que pasado! + +--No digas eso!--casi grit Joaqun. + +--Nosotros ya no podemos vivir ms que de recuerdos! + +--Cllate, Abel, cllate! + +--Y si te he de decir la verdad, vale ms vivir de recuerdos que de +esperanzas. Al fin, ellos fueron y de stas no se sabe si sern. + +--No, no, recuerdos, no! + +--En todo caso, hablemos de nuestros hijos, que son nuestras esperanzas. + +--Eso s! + +--De ellos y no de nosotros, de ellos, de nuestros hijos... + +--l tendr en ti un maestro y un padre... + +--S, pienso dejarle mi clientela, es decir, la que quiera tomarlo, que +ya la he preparado para eso. Le ayudar en los casos graves. + +--Gracias, gracias. + +--Eso adems de la dote que doy a Joaquina. Pero vivirn conmigo. + +--Eso me ha dicho mi hijo. Yo, sin embargo, creo que deben poner casa; +el casado, casa quiere. + +--No, no puedo separarme de mi hija. + +--Y nosotros de nuestro hijo, s, eh? + +--Ms separados que estis de l... Un hombre apenas vive en casa; una +mujer apenas sale de ella. Necesito a mi hija. + +--Sea. Ya ves si soy complaciente. + +--Y ms que esta casa ser la vuestra, la tuya, la de Helena... + +--Gracias por la hospitalidad. Eso se entiende. + +Despus de una larga entrevista en que convinieron todo lo ataedero al +establecimiento de sus hijos, al ir a separarse Abel, mirndole a +Joaqun a los ojos, con mirada franca, le tendi la mano, y sacando la +voz de las entraas de su comn infancia le dijo: Joaqun! +Asomronsele a ste las lgrimas a los ojos al cojer aquella mano. + +--No te haba visto llorar desde que fuimos nios, Joaqun. + +--No volveremos a serlo, Abel. + +--S, y es lo peor. + +Se separaron. + + + + +XXXI + + +Con el casamiento de su hija pareci entrar el sol, un sol de ocaso de +otoo, en el hogar antes fro de Joaqun, y ste empezar a vivir de +veras. Fu dejndole al yerno su clientela, aunque acudiendo, como en +consulta, en los casos graves y repitiendo que era bajo su direccin +como aqul ejerca. + +Abeln, con las notas de su suegro, a quien llamaba su padre, tutendole +ya, y con sus ampliaciones y explicaciones verbales, iba componiendo la +obra en que se recoja la ciencia mdica del doctor Joaqun Monegro, y +con un acento de veneracin admirativa que el mismo Joaqun no habra +podido darle. Era mejor, s--pensaba ste--era mucho mejor que +escribiese otro aquella obra, como fu Platn quien expuso la doctrina +socrtica. No era l mismo quien poda, con toda libertad de nimo y +sin que ello pareciese no ya presuntuoso, mas un esfuerzo para violentar +el aplauso de la posteridad, que se estimaba no conseguible; no era l +quien poda exaltar su saber y su pericia. Reservaba su actividad +literaria para otros empeos. + +Fu entonces, en efecto, cuando empez a escribir su _Confesin_, que +as la llamaba, dedicada a su hija y para que sta la abriese luego que +l hubiese muerto, y que era el relato de su lucha ntima con la pasin +que fu su vida, con aquel demonio con quien pele casi desde el albor +de su mente duea de s hasta entonces, hasta cuando lo escriba. Esta +confesin se deca dirigida a su hija, pero tan penetrado estaba l del +profundo valor trgico de su vida de pasin y de la pasin de su vida, +que acariciaba la esperanza de que un da su hija o sus nietos la dieran +al mundo, para que ste se sobrecojiera de admiracin y de espanto ante +aquel hroe de la angustia tenebrosa que pas sin que le conocieran en +todo su fondo los que con l convivieron. Porque Joaqun se crea un +espritu de excepcin, y como tal torturado y ms capaz de dolor que los +otros, un alma sealada al nacer por Dios con la seal de los grandes +predestinados. + +Mi vida, hija ma--escriba en la _Confesin_,--ha sido un arder +continuo, pero no la habra cambiado por la de otro. He odiado como +nadie, como ningn otro ha sabido odiar, pero es que he sentido ms que +los otros la suprema injusticia de los carios del mundo y de los +favores de la fortuna. No, no, aquello que hicieron conmigo los padres +de tu marido no fu humano ni noble; fu infame, pero fu peor, mucho +peor, lo que me hicieron todos, todos los que encontr desde que, nio +an y lleno de confianza, busqu el apoyo y el amor de mis semejantes. +Por qu me rechazaban? Por qu me acojan framente y como obligados a +ello? Por qu preferan al lijero, al inconstante, al egosta? Todos, +todos me amargaron la vida. Y comprend que el mundo es naturalmente +injusto y que yo no haba nacido entre los mos. Esta fu mi desgracia, +no haber nacido entre los mos. La baja mezquindad, la vil ramplonera +de los que me rodeaban, me perdi. + +Y a la vez que escriba esta _Confesin_, preparaba, por si sta +marrase, otra obra que sera la puerta de entrada de su nombre en el +panten de los ingenios inmortales de su pueblo y casta. Titularase +_Memorias de un mdico viejo_ y sera la mies del saber de mundo, de +pasiones, de vida, de tristezas y alegras, hasta de crmenes ocultos, +que haba cosechado de la prctica de su profesin de mdico. Un espejo +de la vida, pero de las entraas, y de las ms negras, de sta; una +bajada a las simas de la vileza humana; un libro de alta literatura y de +filosofa acibarada a la vez. All pondra toda su alma sin hablar de s +mismo; all, para desnudar las almas de los otros, desnudara la suya; +all se vengara del mundo vil en que haba tenido que vivir. Y las +gentes, al verse as, al desnudo, admiraran primero y quedaran +agradecidas despus al que las desnud. Y all, cambiando los nombres a +guisa de ficcin, hara el retrato que para siempre habra de quedar de +Abel y de Helena. Y su retrato valdra por todos los que Abel pintara. Y +se regodeaba a solas pensando que si l acertaba aquel retrato literario +de Abel Snchez, le habra de inmortalizar a ste ms que todos sus +propios cuadros, cuando los comentaristas y eruditos del porvenir +llegasen a descubrir, bajo el dbil velo de la ficcin, al personaje +histrico. S, Abel, s--se deca Joaqun a s mismo--la mayor +coyuntura que tienes de lograr eso por lo que tanto has luchado, por lo +nico que has luchado, por lo nico que te preocupa, por lo que me +despreciaste siempre o, aun peor, no hiciste caso de m, la mayor +coyuntura que tienes de perpetuarte en la memoria de los venideros, no +son tus cuadros, no! sino es que yo acierte a pintarte con mi pluma tal +y como eres. Y acertar, acertar, porque te conozco, porque te he +sufrido, porque has pesado toda mi vida sobre m. Te pondr para siempre +en el rollo, y no sers Abel Snchez, no, sino el nombre que yo te d. +Y cuando se hable de ti como pintor de tus cuadros, dirn las gentes: +Ah, s, el de Joaqun Monegro! Porque sers de este modo mo, mo, y +vivirs lo que mi obra viva, y tu nombre ir por los suelos, por el +fango, a rastras del mo, como van arrastrados por el Dante los que +coloc en el Infierno. Y sers la cifra del envidioso. + +Del envidioso! Pues Joaqun di en creer que toda la pasin que bajo su +aparente impasibilidad de egosta animaba a Abel, era la envidia, la +envidia de l, a Joaqun, que por envidia le arrebatara de mozo el +afecto de los compaeros, que por envidia le quit a Helena. Y cmo, +entonces, se dej quitar el hijo? Ah--se deca Joaqun,--es que l no +se cuida de su hijo, sino de su nombre, de su fama, no cree que vivir +en las vidas de sus descendientes de carne, sino en las de los que +admiren sus cuadros, y me deja su hijo para mejor quedarse con su +gloria. Pero yo le desnudar! + +Inquietbale la edad a que emprenda la composicin de esas _Memorias_, +entrado ya en los cincuenta y cinco aos, pero, no haba acaso empezado +Cervantes su _Quijote_ a los cincuenta y siete de su edad? Y se di a +averiguar qu obras maestras escribieron sus autores despus de haber +pasado la edad suya. Y a la par se senta fuerte, dueo de su mente +toda, rico de experiencia, maduro de juicio y con su pasin, fermentada +en tantos aos, contenida pero bullente. + +Ahora, para cumplir su obra, se contendra. Pobre Abel! La que le +esperaba...! Y empez a sentir desprecio y compasin hacia l. Mirbale +como a un modelo y como a una vctima, y le observaba y le estudiaba. No +mucho, pues Abel iba poco, muy poco, a casa de su hijo. + +--Debe de andar muy ocupado tu padre--deca Joaqun a su yerno;--apenas +parece por aqu. Tendr alguna queja? Le habremos ofendido yo, Antonia o +mi hija en algo? Lo sentira... + +--No, no, pap--as le llamaba ya Abeln,--no es nada de eso. En casa +tampoco paraba. No te dije que no le importa nada ms que sus cosas? Y +sus cosas son las de su arte y qu s yo... + +--No, hijo, no, exageras... algo ms habr... + +--No, no hay ms. + +Y Joaqun insista para oir la misma versin. + +--Y Abel, cmo no viene?--le preguntaba a Helena. + +--Bah, l es as con todos!--responda sta. + +Ella, Helena, s sola ir a casa de su nuera. + + + + +XXXII + + +--Pero dime--le deca un da Joaqun a su yerno--cmo no se le ocurri a +tu padre nunca inclinarte a la pintura? + +--No me ha gustado nunca... + +--No importa; pareca lo natural que l quisiera iniciarte en su arte... + +--Pues, no, sino que antes ms bien le molestaba que yo me interesase en +l. Jams me anim a que cuando nio hiciera lo que es natural en nios, +figuras y dibujos. + +--Es raro... es raro...--murmuraba Joaqun.--Pero... + +Abel senta desasosiego al ver la expresin del rostro de su suegro, el +lvido fulgor de sus ojos. Sentase que algo le escarabajeaba dentro, +algo doloroso y que deseaba echar fuera; algn veneno sin duda. Siguise +a esas ltimas palabras un silencio cargado de acre amargura. Y lo +rompi Joaqun diciendo: + +--No me explico que no quisiese dedicarte a pintor... + +--No, no quera que fuese lo que l... + +Siguise otro silencio, que volvi a romper, como con pesar, Joaqun, +exclamando como quien se decide a una confesin: + +--Pues s, lo comprendo! + +Abel tembl, sin saber a punto cierto por qu, al oir el tono y timbre +con que su suegro pronunci esas palabras. + +--Pues...?--interrog el yerno. + +--No... nada...--Y el otro pareci recojerse en s. + +--Dmelo!--suplic el yerno, que por ruego de Joaqun ya le tuteaba como +a padre amigo--amigo y cmplice!--aunque temblaba de oir lo que peda +que se le dijese. + +--No; no, no quiero que digas luego... + +--Pues eso es peor, padre, que decrmelo, sea lo que fuere. Adems, que +creo adivinarlo... + +--Qu?--pregunt el suegro, atravesndole los ojos con la mirada. + +--Que acaso temiese que yo con el tiempo eclipsara su gloria... + +--S--aadi con reconcentrada voz Joaqun,--s, eso! Abel Snchez hijo, +o Abel Snchez el Joven! Y que luego se le recordase a l como tu padre +y no a ti como a su hijo. Es tragedia que se ha visto ms de una vez +dentro de las familias... Eso de que un hijo haga sombra a su padre... + +--Pero eso es...--dijo el yerno, por decir algo. + +--Eso es envidia, hijo, nada ms que envidia. + +--Envidia de un hijo...! Y un padre! + +--S, y la ms natural. La envidia no puede ser entre personas que no se +conocen apenas. No se envidia al de otras tierras ni al de otros +tiempos. No se envidia al forastero, sino los del mismo pueblo entre s; +no al de ms edad, al de otra generacin, sino al contemporneo, al +camarada. Y la mayor envidia entre hermanos. Por algo es la leyenda de +Can y Abel... Los celos ms terribles, tenlo por seguro, han de ser los +de uno que cree que su hermano pone ojos en su mujer, en la cuada... Y +entre padres e hijos... + +--Pero y la diferencia de edad en este caso? + +--No importa! Eso de que nos llegue a oscurecer aquel a quien hicimos... + +--Y del maestro al discpulo?--pregunt Abel. + +Joaqun se call, clav un momento su vista en el suelo, bajo el que +adivinaba la tierra, y luego aadi, como hablando con ella, con la +tierra: + +--Decididamente, la envidia es una forma de parentesco. + +Y luego: + +--Pero hablemos de otra cosa, y todo esto, hijo, como si no lo hubiese +dicho. Lo has odo? + +--No! + +--Cmo que no?... + +--Que no he odo lo que antes dijiste. + +--Ojal no lo hubiese odo yo tampoco!--y la voz le lloraba. + + + + +XXXIII + + +Sola ir Helena a casa de su nuera, de sus hijos, para introducir un +poco de gusto ms fino, de mayor elegancia, en aquel hogar de burgueses +sin distincin, para corregir--as lo crea ella--los defectos de la +educacin de la pobre Joaquina, criada por aquel padre lleno de una +soberbia sin fundamento y por aquella pobre madre que haba tenido que +cargar con el hombre que otra desde. Y cada da dictaba alguna leccin +de buen tono y de escojidas maneras. + +--Bien, como quieras!--sola decirle Antonia. + +Y Joaquina, aunque recomindose, resignbase. Pero dispuesta a +rebelarse un da. Y si no lo hizo fu por los ruegos de su marido. + +--Como usted quiera, seora--le dijo una vez y recalcando el _usted_, +que no haban logrado lo dejase al hablarle;--yo no entiendo de esas +cosas ni me importa. En todo eso se har su gusto... + +--Pero si no es mi gusto, hija, si es... + +--Lo mismo da! Yo me he criado en la casa de un mdico, que es sta, y +cuando se trate de higiene, de salubridad, y luego que nos llegue el +hijo, de criarle, s lo que he de hacer, pero ahora, en estas cosas que +llama usted de gusto, de distincin, me someto a quien se ha formado en +casa de un artista. + +--Pero no te pongas as, chicuela... + +--No, si no me pongo. Es que siempre nos est usted echando en cara que +si esto no se hace as, que si se hace as. Despus de todo no vamos a +dar saraos ni ts danzantes. + +--No s de dnde te ha venido, hija, ese fingido desprecio, fingido, s, +fingido, lo repito, fingido... + +--Pero si yo no he dicho nada, seora... + +--Ese fingido desprecio a las buenas formas, a las conveniencias +sociales. Aviados estaramos sin ellas...! No se podra vivir! + +Como a Joaquina le haban recomendado su padre y su marido que se +pasease, que airease y solease la sangre que iba dando al hijo que +vendra, y como ellos no podan siempre acompaarla, y Antonia no +gustaba de salir de casa, escoltbala Helena, su suegra. Y se complaca +en ello, en llevarla al lado como a una hermana menor, pues por tal la +tomaban los que no las conocan, en hacerle sombra con su esplndida +hermosura casi intacta por los aos. A su lado su nuera se borraba a los +ojos precipitados de los transeuntes. El encanto de Joaquina era para +paladeado lentamente por los ojos, mientras que Helena se ataviaba para +barrer las miradas de los distrados. Me quedo con la madre!--oy que +una vez deca un mocetn, a modo de chicoleo, cuando al pasar ellas le +oy que llamaba _hija_ a Joaquina, y respir ms fuerte, humedecindose +con la punta de la lengua los labios. + +--Mira, hija--sola decirle a Joaquina,--haz lo ms por disimular tu +estado, es muy feo eso de que se conozca que una muchacha est +encinta... es as como una petulancia... + +--Lo que yo hago, madre, es andar cmoda y no cuidarme de lo que crean o +no crean... Aunque estoy en lo que los cursis llaman estado interesante, +no me hago la tal como otras se habrn hecho y se hacen. No me preocupo +de esas cosas. + +--Pues hay que preocuparse; se vive en el mundo. + +--Y qu ms da que lo conozcan...? O es que no le gusta a usted, madre, +que sepan que va para abuela?--aadi con sorna. + +Helena se escoca al oir la palabra odiosa: abuela, pero se contuvo. + +--Pues mira, lo que es por edad...--dijo, picada. + +--S, por edad poda usted ser madre de nuevo--repuso la nuera, +hirindola en lo vivo. + +--Claro, claro...--dijo Helena, sofocada y sorprendida, inerme por el +brusco ataque.--Pero eso de que se te queden mirando... + +--No; est tranquila, pues a usted es ms bien a la que miran. Se +acuerdan de aquel magnfico retrato, de aquella obra de arte... + +--Pues yo en tu caso...--empez la suegra. + +--Usted en mi caso, madre, y si pudiese acompaarme en mi estado mismo, +entonces? + +--Mira, nia, si sigues as nos volvemos en seguida y no vuelvo a salir +contigo ni a pisar tu casa... es decir, la de tu padre. + +--La ma, seora, la ma, y la de mi marido y la de usted...! + +--Pero de dnde has sacado ese geniecillo, nia? + +--Geniecillo? Ah, s, el genio es de otros! + +--Miren, miren la mosquita muerta... la que se iba a ir monja antes de +que su padre le pescase a mi hijo... + +--Le he dicho a usted ya, seora, que no vuelva a mentarme eso. Yo s lo +que me hice. + +--Y mi hijo tambin. + +--S, sabe tambin lo que se hizo, y no hablemos ms de ello. + + + + +XXXIV + + +Y vino al mundo el hijo de Abeln y de Joaquina, en quien se mezclaron +las sangres de Abel Snchez y de Joaqun Monegro. + +La primer batalla fu la del nombre que haba de ponrsele; su madre +quera que Joaqun; Helena, que Abel, y Abel, su hijo Abeln y Antonia, +remitieron la decisin a Joaqun, que sera quien le diese nombre. Y fu +un combate en el alma de Monegro. Un acto tan sencillo como es dar +nombre a un hombre nuevo, tomaba para l tamao de algo agorero, de un +sortilegio fatdico. Era como si se decidiera el porvenir del nuevo +espritu. + +Joaqun--se deca ste,--Joaqun, s, como yo, y luego ser Joaqun S. +Monegro y hasta borrar la ese, la ese a que se le reducir ese odioso +Snchez, y desaparecer su nombre, el de su hijo, y su linaje quedar +anegado en el mo... Pero no, es mejor que sea Abel Monegro. Abel S. +Monegro, y se redima as el Abel? Abel es su abuelo, pero Abel es +tambin su padre, mi yerno, mi hijo, que es ya mo, un Abel mo, que he +hecho yo. Y qu ms da que se llame Abel si l, el otro, su otro abuelo, +no ser Abel ni nadie le conocer por tal, sino ser como yo le llame en +las _Memorias_, con el nombre con que le marque en la frente con fuego? +Pero no... + +Y, mientras, as dudaba, fu Abel Snchez, el pintor, quien decidi la +cuestin, diciendo: + +--Que se llame Joaqun. Abel el abuelo, Abel el padre, Abel el hijo, +tres Abeles... son muchos! Adems, no me gusta, es nombre de vctima... + +--Pues bien dejaste ponrselo a tu hijo--objet Helena. + +--S, fu un empeo tuyo, y por no oponerme... Pero figrate que en vez +de haberse dedicado a mdico se dedica a pintor, pues... Abel Snchez +el Viejo y Abel Snchez el Joven... + +--Y Abel Snchez no puede haber ms que uno--aadi Joaqun, +sotorrindose. + +--Por m que haya ciento--replic aqul. Yo siempre he de ser yo. + +--Y quin lo duda?--dijo su amigo. + +--Nada, nada, que le llamen Joaqun, decidido! + +--Y que no se dedique a la pintura, eh? + +--Ni a la medicina!--concluy Abel, fingiendo seguir la fingida broma. + +Y Joaqun se llam el nio. + + + + +XXXV + + +Tomaba al nio su abuela Antonia, que era quien le cuidaba, y +apechugndolo como para ampararlo y cual si presintiese alguna +desgracia, le deca: Duerme, hijo mo, duerme, que cuanto ms duermas, +mejor. As crecers sano y fuerte. Y luego tambin, mejor dormido que +despierto, sobre todo en esta casa. Qu va a ser de ti? Dios quiera que +no rian en ti tus dos sangres! Y dormido el nio, ella, tenindole en +brazos, rezaba y rezaba. + +Y el nio creca a la par que la _Confesin_ y las _Memorias_ de su +abuelo de madre y que la fama de pintor de su abuelo de padre. Pues +nunca fu ms grande la reputacin de Abel que en este tiempo. El cual, +por su parte, pareca preocuparse muy poco de toda otra cosa que no +fuese su reputacin. + +Una vez se fij ms intensamente en el nietecillo, y fu que al verle +una maana dormido exclam: Qu precioso apunte! Y tomando un lbum se +puso a hacer un bosquejo a lpiz del nio dormido. + +---Qu lstima--exclam--no tener aqu mi paleta y mis colores! Ese +juego de la luz en la mejilla, que parece como de melocotn, es +encantador. Y el color del pelo! Si parecen rayos del sol los rizos! + +--Y luego--le dijo Joaqun,--cmo le llamaras al cuadro? Inocencia? + +--Eso de poner ttulos a los cuadros se queda para los literatos, como +para los mdicos el poner nombres a las enfermedades, aunque no se +curen. + +--Y quin te ha dicho, Abel, que sea lo propio de la medicina curar las +enfermedades? + +--Entonces, qu es? + +--Conocerlas. El fin de la ciencia es conocer. + +--Yo cre que conocer para curar. De qu nos servira haber probado del +fruto de la ciencia del bien y del mal si no era para librarnos de ste? + +--Y el fin del arte, cul es? Cul es el fin de ese dibujo de nuestro +nieto que acabas de hacer? + +--Eso tiene su fin en s. Es una cosa bonita y basta. + +--Qu es lo bonito? Tu dibujo o nuestro nieto? + +--Los dos! + +--Acaso crees que tu dibujo es ms hermoso que l, que Joaquinito? + +--Ya ests en las tuyas! Joaqun! Joaqun! + +Y vino Antonia, la abuela, y coji al nio de la cuna y se lo llev como +para defenderlo de uno y de otro abuelo. Y le deca: Ay, hijo, hijito, +hijo mo, corderito de Dios, sol de la casa, angelito sin culpa, que no +te retraten, que no te curen! No seas modelo de pintor, no seas enfermo +de mdico... Djales, djales con su arte y con su ciencia y vente con +tu abuelita, t, vida, vida, vidita, vidita ma! T eres mi vida; t +eres nuestra vida; t eres el sol de esta casa. Yo te ensear a rezar +por tus abuelos y Dios te oir. Vente conmigo, vidita, vida, corderito +sin mancha, corderito de Dios! Y no quiso Antonia ver el apunte de +Abel. + + + + +XXXVI + + +Joaqun segua con su enfermiza ansiedad el crecimiento en cuerpo y en +espritu de su nieto Joaquinito. A quin sala? A quin se pareca? De +qu sangre era? Sobre todo cuando empez a balbucir. + +Desasosegbale al abuelo que el otro abuelo, Abel, desde que tuvo el +nieto, frecuentaba la casa de su hijo y haca que le llevasen a la suya +el pequeuelo. Aquel grandsimo egosta--por tal le tenan su hijo y su +consuegro--pareca ablandarse de corazn y aun aniarse ante el nio. +Sola ir a hacerle dibujos, lo que encantaba a la criatura. _Abelito_, +santos!, le peda. Y Abel no se cansaba de dibujarle perros, gatos, +caballos, toros, figuras humanas. Ya le peda un jinete, ya dos chicos +haciendo cachetina, ya un nio corriendo de un perro que le sigue, y que +las escenas se repitiesen. + +--En mi vida he trabajado con ms gusto--deca Abel;--esto, esto es arte +puro y lo dems... chanfaina! + +--Puedes hacer un lbum de dibujos para los nios--le dijo Joaqun. + +--No, as no tiene gracia, para los nios... no! Eso no sera arte +sino... + +--Pedagoga--dijo Joaqun. + +--Eso, s, sea lo que fuere, pero arte no. Esto es arte, esto; estos +dibujos que dentro de media hora romper nuestro nieto. + +--Y si yo los guardase?--pregunt Joaqun. + +--Guardarlos? Para qu? + +--Para tu gloria. He odo de no s qu pintor de fama que se han +publicado los dibujos que les haca, para divertirlos, a sus hijos, y +que son de lo mejor de l. + +--Yo no los hago para que los publiquen luego, entiendes? Y, en cuanto a +eso de la gloria, que es una de tus reticencias, Joaqun, sbete que no +se me da un comino de ella. + +--Hipcrita! Si es lo nico que de veras te preocupa... + +--Lo nico? Parece mentira que me lo digas ahora. Hoy lo que me preocupa +es este nio. Y ser un gran artista! + +--Que herede tu genio, no? + +--Y el tuyo! + +El nio miraba sin comprender el duelo entre sus dos abuelos, pero +adivinando algo en sus actitudes. + +--Qu le pasa a mi padre?--preguntaba a Joaqun su yerno--que est +chocho con el nieto, l que apenas nunca me hizo caso? Ni recuerdo que +siendo yo nio me hiciese esos dibujos... + +--Es que vamos para viejos, hijo--le respondi Joaqun,--y la vejez +ensea mucho. + +--Y hasta el otro da, a no s qu pregunta del nio, le vi llorar. Es +decir, le salieron las lgrimas. Las primeras que le he visto. + +--Bah! Eso es cardaco! + +--Cmo? + +--Que tu padre est ya gastado por los aos y el trabajo y por el +esfuerzo de la inspiracin artstica y por las emociones; que tiene muy +mermadas las reservas del corazn y que el mejor da... + +--Qu? + +--Os da, es decir, nos da un susto. Y me alegro que haya llegado ocasin +de decrtelo, aunque ya pensaba en ello. Advirteselo a Helena, a tu +madre. + +--S, l se queja de fatiga, de disnea, ser...? + +--Eso es. Me ha hecho que le reconozca sin saberlo t y le he +reconocido. Necesita cuidado. + +Y as era que en cuanto se encrudeca el tiempo Abel se quedaba en casa +y haca que le llevasen a ella al nieto, lo que amargaba para el da +todo al otro abuelo. Me lo est mimando--se deca Joaqun--, quiere +arrebatarme su cario; quiere ser el primero; quiere vengarse de lo de +su hijo. S, s, es por venganza, nada ms que por venganza. Quiere +quitarme este ltimo consuelo. Vuelve a ser l, l, l, que me quitaba +los amigos cuando ramos mozos. + +Y en tanto Abel le repeta al nietecito que quisiera mucho al abuelito +Joaqun. + +--Te quiero ms a ti--le dijo una vez el nieto. + +--Pues no! No debes quererme a m ms; hay que querer a todos igual. +Primero a pap y mam y luego a los abuelos y a todos lo mismo. El +abuelito Joaqun es muy bueno, te quiere mucho, te compra juguetes... + +--Tambin t me los compras... + +--Te cuenta cuentos... + +--Me gustan ms los dibujos que t me haces. Anda, pntame un toro y un +picador a caballo! + + + + +XXXVII + + +--Mira, Abel--le dijo solemnemente Joaqun, as que se encontraron +solos,--vengo a hablarte de una cosa grave, muy grave, de una cuestin +de vida o muerte. + +--De mi enfermedad? + +--No, pero si quieres de la ma. + +--De la tuya? + +--De la ma, s! Vengo a hablarte de nuestro nieto. Y para no andar con +rodeos es menester que te vayas, que te alejes, que nos pierdas de +vista; te lo ruego, te lo suplico... + +--Yo? Pero ests loco, Joaqun? Y por qu? + +--El nio te quiere a ti ms que a m. Esto es claro. Yo no s lo que +haces con l... no quiero saberlo... + +--Le aojar o le dar algn bebedizo, sin duda... + +--No lo s. Le haces esos dibujos, esos malditos dibujos, le entretienes +con las artes perversas de tu maldito arte... + +--Ah, pero eso tambin es malo? T no ests bueno, Joaqun. + +--Puede ser que no est bueno, pero eso no importa ya. No estoy en edad +de curarme. Y si estoy malo debes respetarme. Mira, Abel, que me +amargaste la juventud, que me has perseguido la vida toda... + +--Yo? + +--S, t, t. + +--Pues lo ignoraba. + +--No finjas. Me has despreciado siempre... + +--Mira, si sigues as, me voy, porque me pones malo de verdad. Ya sabes +mejor que nadie, que no estoy para oir locuras de ese jaez. Vete a un +manicomio a que te curen o te cuiden y djanos en paz. + +--Mira, Abel, que me quitaste, por humillarme, por rebajarme, a +Helena... + +--Y no has tenido a Antonia...? + +--No, no es por ella, no! Fu el desprecio, la afrenta, la burla. + +--T no ests bueno, te lo repito, Joaqun, no ests bueno... + +--Peor ests t. + +--De salud del cuerpo, desde luego. S que no estoy para vivir mucho. + +--Demasiado... + +--Ah, pero me deseas la muerte? + +--No, Abel, no, no digo eso--y tom Joaqun tono de quejumbrosa splica, +dicindole: Vete, vete de aqu, vete a vivir a otra parte, djame con +l... no me lo quites... por lo que te queda... + +--Pues por lo que me queda, djame con l. + +--No, que le envenenas con tus maas, que le desapegas de m, que le +enseas a despreciarme... + +--Mentira, mentira y mentira! Jams me ha odo ni me oir nada en +desprestigio tuyo. + +--S, pero basta con lo que le engatusas. + +--Y crees t que por irme yo, por quitarme yo de en medio habra de +quererte? Si a ti, Joaqun, aunque uno se proponga no puede quererte... +Si rechazas a la gente.... + +--Lo ves, lo ves... + +--Y si el nio no te quiere como t quieres ser querido, con exclusin +de los dems o ms que a ellos, es que presiente el peligro, es que +teme... + +--Y qu teme?--pregunt Joaqun, palideciendo. + +---El contagio de tu mala sangre. + +Levantse entonces Joaqun, lvido, se fu a Abel y le puso las dos +manos, como dos garras, en el cuello, diciendo: Bandido! + +Mas al punto las solt. Abel di un grito, llevndose las manos al +pecho, suspir un Me muero! y di el ltimo respiro. Joaqun se dijo: +El ataque de angina; ya no hay remedio; se acab! + +En aquel momento oy la voz del nieto que llamaba: Abuelito! Abuelito! +Joaqun se volvi: + +--A quin llamas? A qu abuelo llamas? A m?--Y como el nio callara +lleno de estupor ante el misterio que vea:--Vamos, d, a qu abuelo? A +m? + +--No, al abuelito Abel. + +--A Abel? Ah le tienes... muerto. Sabes lo que es eso? Muerto. + +Despus de haber sostenido en la butaca en que muri el cuerpo de Abel, +se volvi Joaqun al nieto y con voz de otro mundo le dijo: + +--Muerto, s! Y le he matado yo, yo, ha matado a Abel Can, tu abuelo +Can. Mtame ahora si quieres. Me quera robarte; quera quitarme tu +cario. Y me lo ha quitado. Pero l tuvo la culpa; l. + +Y rompiendo a llorar, aadi: + +--Me quera robarte a ti, a ti, al nico consuelo que le quedaba al +pobre Can! No le dejarn a Can nada? Ven ac, abrzame. + +El nio huy sin comprender nada de aquello, como se huye de un loco. +Huy llamando a Helena: abuela, abuela! + +--Le he matado, s--continu Joaqun solo;--pero l me estaba matando; +hace ms de cuarenta aos que me estaba matando. Me envenen los caminos +de la vida con su alegra y con sus triunfos. Quera robarme el +nieto... + +Al oir pasos precipitados, volviendo Joaqun en s, volvise. Era +Helena, que entraba. + +--Qu pasa... qu sucede... qu dice el nio... + +--Que la enfermedad de tu marido ha tenido su fatal desenlace--dijo +Joaqun heladamente. + +--Y t? + +--Yo no he podido hacer nada. En esto se llega siempre tarde. + +Helena le mir fijamente y le dijo: + +--T... t has sido! + +Luego se fu, plida y convulsa, pero sin perder su compostura, al +cuerpo de su marido. + + + + +XXXVIII + + +Pas un ao, en que Joaqun cay en una honda melancola. Abandon sus +_Memorias_, evitaba ver a todo el mundo, incluso a sus hijos. La muerte +de Abel haba aparecido el natural desenlace de su dolencia, conocida +por su hija, pero un espeso bochorno de misterio pesaba sobre la casa. +Helena encontr que el traje de luto la favoreca mucho y empez a +vender los cuadros que de su marido le quedaban. Pareca tener cierta +aversin al nieto. Al cual le haba nacido ya una hermanita. + +Postrle, al fin, una oscura enfermedad en el lecho. Y sintindose +morir, llam un da a sus hijos, a su mujer, a Helena. + +--Os dijo verdad el nio--empez diciendo,--yo le mat. + +--No digas esas cosas, padre--suplic Abel, su yerno. + +--No es hora de interrupciones ni de embustes. Yo le mat. O como si yo +le hubiera matado, pues muri en mis manos... + +--Eso es otra cosa. + +--Se me muri tenindole yo en mis manos, cojido del cuello. Aquello fu +como un sueo. Toda mi vida ha sido como un sueo. Por eso ha sido como +una de esas pesadillas dolorosas que nos caen encima poco antes de +despertar, al alba, entre el sueo y la vela. No he vivido ni dormido... +ojal! ni despierto. No me acuerdo ya de mis padres, no quiero acordarme +de ellos y confo en que ya muertos me hayan olvidado. Me olvidar +tambin Dios? Sera lo mejor acaso, el eterno olvido. Olvidadme, hijos +mos! + +--Nunca!--exclam Abel, yendo a besarle la mano. + +--Djala! Estuvo en el cuello de tu padre al morirse ste. Djala! Pero +no me dejis. Rogad por m. + +--Padre, padre!--suplic la hija. + +--Por qu he sido tan envidioso, tan malo? Qu hice para ser as? Qu +leche mam? Era un bebedizo de odio? Ha sido un bebedizo mi sangre? Por +qu nac en tierra de odios? En tierra en que el precepto parece ser: +Odia a tu prjimo como a ti mismo. Porque he vivido odindome; porque +aqu todos vivimos odindonos. Pero... traed al nio. + +--Padre! + +--Traed al nio! + +Y cuando el nio lleg le hizo acercarse: + +--Me perdonas?--le pregunt. + +--No hay de qu--dijo Abel. + +--D que s, arrmate al abuelo--le dijo su madre. + +--S!--susurr el nio. + +--D claro, hijo mo, d si me perdonas. + +--S. + +--As, slo de ti, slo de ti, que no tienes todava uso de razn, de ti +que eres inocente, necesito perdn. Y no olvides a tu abuelo Abel, al +que te haca los dibujos. Le olvidars? + +--No! + +--No, no le olvides, hijo mo, no le olvides. Y t, Helena... + +Helena, la vista en el suelo, callaba. + +--Y t, Helena... + +--Yo, Joaqun, te tengo hace tiempo perdonado. + +--No te peda eso. Slo quiero verte junto a Antonia. Antonia... + +La pobre mujer, henchidos de lgrimas los ojos, se ech sobre la cabeza +de su marido y como queriendo protegerla. + +--T has sido aqu la vctima. No pudiste curarme, no pudiste hacerme +bueno... + +--Pero si lo has sido, Joaqun... Has sufrido tanto!... + +--S, la tisis del alma. Y no pudiste hacerme bueno porque no te he +querido. + +--No digas eso! + +--S, lo digo, lo tengo que decir, y lo digo aqu, delante de todos. No +te he querido. Si te hubiera querido me haba curado. No te he querido. +Y ahora me duele no haberte querido. Si pudiramos volver a empezar... + +--Joaqun! Joaqun!--clamaba desde el destrozado corazn la pobre +mujer.--No digas esas cosas. Ten piedad de m; ten piedad de tus hijos, +de tu nieto que te oye, y que, aunque parece no entenderte, acaso +maana... + +--Por eso lo digo, por piedad. No, no te he querido; no he querido +quererte. Si volvisemos a empezar! Ahora, ahora es cuando... + +No le dej acabar su mujer, tapndole la moribunda con su boca y como si +quisiera recojer en el propio su ltimo aliento. + +--Esto te salva, Joaqun. + +--Salvarme? Y a qu llamas salvarse? + +--Aun puedes vivir unos aos, si lo quieres. + +--Para qu? Para llegar a viejo? A la verdadera vejez? No; la vejez, no! +La vejez egosta no es ms que una infancia en que hay conciencia de la +muerte. El viejo es un nio que sabe que ha de morir. No, no quiero +llegar a viejo. Reira con los nietos por celos, les odiara... No, +no... basta de odio! Pude quererte, deb quererte, que habra sido mi +salvacin, y no te quise. + +Call. No quiso o no pudo proseguir. Bes a los suyos. Horas despus +renda su ltimo cansado respiro. + + + + +OBRAS DEL MISMO AUTOR + +EDITADAS POR LA BIBLIOTECA + +RENACIMIENTO + + + Ptas. + + Por tierras de Portugal y Espaa 3,50 + + Soliloquios y conversaciones 3,50 + + Contra esto y aquello 3,50 + + Del sentimiento trgico de la vida 3,50 + + Vida de Don Quijote y Sancho 4,00 + + Niebla, _novela_ 3,50 + + Recuerdos de niez y de mocedad 3,00 + + Poesas 3,00 + + De mi pas 2,00 + + Rosario de sonetos lricos 3,00 + + El espejo de la muerte, _novelas_ 1,00 + + Abel Snchez 3,50 + + +UNAMUNO Y GANIVET + + El porvenir de Espaa 2,00 + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Abel Snchez, by Miguel De Unamuno + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ABEL SNCHEZ *** + +***** This file should be named 44512-8.txt or 44512-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/4/4/5/1/44512/ + +Produced by Carlos Coln and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +created from images of public domain material made available +by the University of Toronto Libraries +(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For forty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Abel Snchez + Una Historia de Pasin + +Author: Miguel De Unamuno + +Release Date: December 25, 2013 [EBook #44512] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ABEL SNCHEZ *** + + + + +Produced by Carlos Coln and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +created from images of public domain material made available +by the University of Toronto Libraries +(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).) + + + + + + +</pre> + + +<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/> + Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br /> + + Con la intencin de conservar el texto original, signos de interrogacin y exclamacin no se usan al + principio de la mayora de las preguntas y exclamaciones respectivamente.<br /><br /> + + Pginas en blanco han sido eliminadas.<br/> +</p> + + + +<p class="p6 large center">ABEL SNCHEZ</p> + +<p class="large center ht">UNA HISTORIA DE PASIN</p> + + +<p class="center p6 ht">IMP. JOS POVEDA.—PRNCIPE, 24.—MADRID</p> + + + + +<h1>ABEL SNCHEZ<br /> +UNA HISTORIA DE PASIN</h1> + +<p class="center">POR</p> +<p class="center large">MIGUEL DE UNAMUNO</p> + + + +<div class="figcenter6m"><img src="images/title.jpg" width="125" +height="141" alt="logo" title="" /></div> + + +<p class="p6 center ht">RENACIMIENTO<br /> +SAN MARCOS, 42<br /> +MADRID<br /> +1917</p> + + + +<h2>ABEL SNCHEZ<br /> + +UNA HISTORIA DE PASIN</h2> + + +<p>Al morir Joaqun Monegro encontrse +entre sus papeles una especie de +Memoria de la sombra pasin que le +hubo devorado en vida. Entremzclase +en este relato fragmentos tomados +de esa confesin—as lo rotul—, y +que vienen a ser al modo de comentario +que se haca Joaqun a s mismo +de su propia dolencia. Esos fragmentos +van entrecomillados. La <b>Confesin</b> +iba dirigida a su hija.</p> + +<hr class="chap" /> + + + + +<h2>I</h2> + + +<p>No recordaban Abel Snchez y Joaqun +Monegro desde cundo se conocan. Eran conocidos +desde antes de la niez, desde la primera +infancia, pues ya sus sendas nodrizas +se juntaban y los juntaban cuando aun ellos +no saban hablar. Aprendi cada uno de ellos +a conocerse conociendo al otro. Y as vivieron +y se hicieron juntos amigos desde nacimiento +casi, ms bien hermanos de crianza.</p> + +<p>En sus paseos, en sus juegos, en sus otras +amistades comunes, pareca dominar e iniciarlo +todo Joaqun, el ms voluntarioso; +pero era Abel quien, pareciendo ceder, haca +la suya siempre. Y es que le importaba ms +<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span> +no obedecer que mandar. Casi nunca rean. +Por m como t quieras...! le deca Abel a +Joaqun, y ste se exasperaba a las veces porque +con aquel como t quieras...! esquivaba +las disputas.</p> + +<p>—Nunca me dices que no!—exclamaba +Joaqun.</p> + +<p>—Y para qu?—responda el otro.</p> + +<p>—Bueno, este no quiere que vayamos al +Pinar—dijo una vez aquel cuando varios +compaeros se disponan a un paseo.</p> + +<p>—Yo? pues no he de quererlo...!—exclam +Abel.—S, hombre, s; como t quieras. +Vamos all!</p> + +<p>—No, como yo quiera, no! Ya te he dicho +otras veces que no! Como yo quiera no! T +no quieres ir!</p> + +<p>—Que s, hombre...</p> + +<p>—Pues entonces no lo quiero yo...</p> + +<p>—Ni yo tampoco...</p> + +<p>—Eso no vale—grit ya Joaqun.—O con +l o conmigo!</p> + +<p>Y todos se fueron con Abel, dejndole a +Joaqun solo.</p> + +<p>Al comentar ste en sus <i>Confesiones</i> tal<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> +suceso de la infancia, escriba: Ya desde entonces +era l simptico, no saba por qu, y +antiptico yo, sin que se me alcanzara mejor +la causa de ello, y me dejaban solo. +Desde nio me aislaron mis amigos.</p> + +<p>Durante los estudios del bachillerato, que +siguieron juntos, Joaqun era el empolln, el +que iba a la caza de los premios, el primero +en las aulas y el primero Abel fuera de ellas, +en el patio del Instituto, en la calle, en el campo, +en los novillos, entre los compaeros. +Abel era el que haca reir con sus gracias y, +sobre todo, obtena triunfos de aplauso por +las caricaturas que de los catedrticos haca. +Joaqun es mucho ms aplicado, pero Abel +es ms listo... si se pusiera a estudiar... Y +este juicio comn de los compaeros, sabido +por Joaqun, no haca sino envenenarle el corazn. +Lleg a sentir la tentacin de descuidar +el estudio y tratar de vencer al otro en el +otro campo, pero dicindose: bah! qu saben +ellos... sigui fiel a su propio natural. Adems, +por ms que procuraba aventajar al +otro en ingenio y donosura no lo consegua. +Sus chistes no eran redos y pasaba por ser<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> +fundamentalmente serio. T eres fnebre—sola +decirle Federico Cuadrado—tus chistes +son chistes de duelo.</p> + +<p>Concluyeron ambos el bachillerato. Abel +se dedic a ser artista siguiendo el estudio de +la pintura y Joaqun se matricul en la Facultad +de Medicina. Veanse con frecuencia y +hablaba cada uno al otro de los progresos que +en sus respectivos estudios hacan, empendose +Joaqun en probarle a Abel que la Medicina +era tambin un arte y hasta un arte +bella, en que caba inspiracin potica. Otras +veces, en cambio, daba en menospreciar las +bellas artes, enervadoras del espritu, exaltando +la ciencia, que es la que eleva, fortifica +y ensancha el espritu con la verdad.</p> + +<p>—Pero es que la Medicina tampoco es ciencia—le +deca Abel.—No es sino un arte, una +prctica derivada de ciencias.</p> + +<p>—Es que yo no he de dedicarme al oficio +de curar enfermos—replicaba Joaqun.</p> + +<p>—Oficio muy honrado y muy til...—aada +el otro.</p> + +<p>—S, pero no para m. Ser todo lo honrado +y todo lo til que quieras, pero detesto<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> +esa honradez y esa utilidad. Para otros el hacer +dinero tomando el pulso, mirando la lengua +y recetando cualquier cosa. Yo aspiro a +ms.</p> + +<p>—A ms?</p> + +<p>—S, yo aspiro a abrir nuevos caminos. +Pienso dedicarme a la investigacin cientfica. +La gloria mdica es de los que descubrieron +el secreto de alguna enfermedad y no +de los que aplicaron el descubrimiento con +mayor o menor fortuna.</p> + +<p>—Me gusta verte as, tan idealista.</p> + +<p>—Pues qu, crees que slo vosotros, los +artistas, los pintores, sois con la gloria?</p> + +<p>—Hombre, nadie te ha dicho que yo suee +con tal cosa...</p> + +<p>—Que no? pues por qu, si no, te has dedicado +a pintar?</p> + +<p>—Porque si se acierta es oficio que promete...</p> + +<p>—Que promete?</p> + +<p>—Vamos, s, que da dinero.</p> + +<p>—A otro perro con ese hueso, Abel. Te conozco +desde que nacimos casi. A m no me la +das. Te conozco.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p> + +<p>—Y he pretendido nunca engaarte?</p> + +<p>—No, pero t engaas sin pretenderlo. Con +ese aire de no importarte nada, de tomar la +vida en juego, de drsete un comino de todo, +eres un terrible ambicioso...</p> + +<p>—Ambicioso yo?</p> + +<p>—S, ambicioso de gloria, de fama, de renombre... +Lo fuiste siempre, de nacimiento. +Slo que solapadamente.</p> + +<p>—Pero ven ac, Joaqun, y dime: te disput +nunca tus premios? no fuiste t siempre +el primero en clase? el chico que promete?</p> + +<p>—S, pero el gallito, el nio mimado de los +compaeros t...</p> + +<p>—Y qu iba yo a hacerle...?</p> + +<p>—Me querrs hacer creer que no buscabas +esa especie de popularidad...?</p> + +<p>—Haberla buscado t...</p> + +<p>—Yo? yo? Desprecio a la masa!</p> + +<p>—Bueno, bueno, djame de esas tonteras +y crate de ellas. Mejor ser que me hables +otra vez de tu novia.</p> + +<p>—Novia?</p> + +<p>—Bueno, de esa tu primita que quieres +que lo sea.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p> + +<p>Porque Joaqun estaba queriendo forzar +el corazn de su prima Helena y haba puesto +en su empeo amoroso todo el ahinco de su +nimo reconcentrado y suspicaz. Y sus desahogos, +los inevitables y saludables desahogos +de enamorado en lucha, eran con su amigo +Abel.</p> + +<p>Y lo que Helena le haca sufrir!</p> + +<p>—Cada vez la entiendo menos—sola decirle +a Abel.—Esa muchacha es para m una +esfinge...</p> + +<p>—Ya sabes lo que deca Oscar Wilde, o +quien fuese, que toda mujer es una esfinge +sin secreto.</p> + +<p>—Pues Helena parece tenerlo. Debe de +querer a otro, aunque ste no lo sepa. Estoy +seguro de que quiere a otro.</p> + +<p>—Y por qu?</p> + +<p>—De otro modo no me explico su actitud +conmigo...</p> + +<p>—Es decir, que porque no quiere quererte +a ti... quererte para novio, que como primo +s te querr...</p> + +<p>—No te burles!</p> + +<p>—Bueno, pues porque no quiere quererte<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> +para novio, o ms claro, para marido, tiene +que estar enamorada de otro? Bonita lgica!</p> + +<p>—Yo me entiendo!</p> + +<p>—S, y tambin yo te entiendo.</p> + +<p>—T?</p> + +<p>—No pretendes ser quien mejor me conoce? +Qu mucho, pues, que yo pretenda conocerte? +Nos conocimos a un tiempo.</p> + +<p>—Te digo que esa mujer me trae loco y me +har perder la paciencia. Est jugando conmigo. +Si me hubiera dicho desde un principio +que no, bien estaba, pero tenerme as, diciendo +que lo ver, que lo pensar... Esas cosas +no se piensan... coqueta!</p> + +<p>—Es que te est estudiando.</p> + +<p>—Estudindome a m? Ella? Qu tengo +yo que estudiar? Qu puede ella estudiar?</p> + +<p>—Joaqun, Joaqun, te ests rebajando y +la ests rebajando...! O crees que no ms +verte y oirte y saber que la quieres y ya deba +rendrsete?</p> + +<p>—S, siempre he sido antiptico...</p> + +<p>—Vamos, hombre, no te pongas as...</p> + +<p>—Es que esa mujer est jugando conmigo! +Es que no es noble jugar as con un hom<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span>bre +como yo, franco, leal, abierto... Pero si +vieras qu hermosa est! Y cuanto ms fra +y ms desdeosa se pone ms hermosa. Hay +veces que no s si la quiero o la aborrezco +ms...! Quieres que te presente a ella...?</p> + +<p>—Hombre, si t...</p> + +<p>—Bueno; os presentar.</p> + +<p>—Y si ella quiere...</p> + +<p>—Qu?</p> + +<p>—Le har un retrato.</p> + +<p>—Hombre, s!</p> + +<p>Mas aquella noche durmi Joaqun mal +rumiando lo del retrato, pensando en que +Abel Snchez, el simptico sin proponrselo, +el mimado del favor ajeno, iba a retratarle a +Helena.</p> + +<p>Qu saldra de all? Encontrara tambin +Helena, como sus compaeros de ellos, ms +simptico a Abel? Pens negarse a la presentacin, +mas como ya se la haba prometido.</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>II</h2> + + +<p>—Qu tal te pareci mi prima?—le preguntaba +Joaqun a Abel al da siguiente de +habrsela presentado y propuesto a ella, a +Helena, lo del retrato, que acoji alborozada +de satisfaccin.</p> + +<p>—Hombre, quieres la verdad?</p> + +<p>—La verdad siempre, Abel; si nos dijramos +siempre la verdad, toda la verdad, esto +sera el paraso.</p> + +<p>—S, y si se la dijera cada cual a s mismo...</p> + +<p>—Bueno, pues la verdad!</p> + +<p>—La verdad es que tu prima y futura novia, +acaso esposa, Helena, me parece una +pava real... es decir, un pavo real hembra... +ya me entiendes...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p> + +<p>—S, te entiendo.</p> + +<p>—Como no s expresarme bien ms que +con el pincel...</p> + +<p>—Y vas a pintar la pava real, o el pavo +real hembra, haciendo la rueda acaso, con +su cola llena de ojos, su cabecita...</p> + +<p>—Para modelo, excelente! Excelente, chico! +Qu ojos! Qu boca! Esa boca carnosa y a +la vez fruncida... esos ojos que no miran... +Qu cuello! Y sobre todo qu color de tez! Si +no te incomodas...</p> + +<p>—Incomodarme yo?</p> + +<p>—Te dir que tiene un color como de india +brava, o mejor, de fiera indmita. Hay algo, +en el mejor sentido, de pantera en ella. Y +todo ello framente.</p> + +<p>—Y tan framente!</p> + +<p>—Nada, chico, que espero hacerte un retrato +estupendo.</p> + +<p>—A m? Ser a ella?</p> + +<p>—No, el retrato ser para ti, aunque de +ella.</p> + +<p>—No, eso no, el retrato ser para ella!</p> + +<p>—Bien, para los dos. Quin sabe... Acaso +con l os una.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span></p> + +<p>—Vamos, s, que de retratista pasas a...</p> + +<p>—A lo que quieras, Joaqun, a celestino, +con tal de que dejes de sufrir as. Me duele +verte de esa manera.</p> + +<p>Empezaron las sesiones de pintura, reunindose +los tres. Helena se posaba en su +asiento solemne y fra, henchida de desdn, +como una diosa llevada por el destino. Puedo +hablar?, pregunt al primer da, y Abel +le contest: S, puede usted hablar y moverse; +para m es mejor que hable y se mueva, +porque as vive la fisonoma... Esto no es fotografa, +y adems no la quiero hecha estatua... +Y ella hablaba, hablaba, pero movindose +poco y estudiando la postura. Qu +hablaba? Ellos no lo saban. Porque uno y +otro no hacan sino devorarla con los ojos; la +vean, no la oan hablar.</p> + +<p>Y ella hablaba, hablaba, por creer de +buena educacin no estarse callada, y +hablaba zahiriendo a Joaqun cuanto poda.</p> + +<p>—Qu tal vas de clientela, primito?—le +preguntaba.</p> + +<p>—Tanto te importa eso?...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span></p> + +<p>—Pues no ha de importarme, hombre, +pues no ha de importarme...! Figrate...</p> + +<p>—No, no me figuro.</p> + +<p>—Interesndote t tanto como por m te +interesas, no cumplo con menos que con interesarme +yo por ti. Y adems, quin sabe...</p> + +<p>—Quin sabe, qu?</p> + +<p>—Bueno, dejen eso—interrumpa Abel;—no +hacen sino regaar.</p> + +<p>—Es lo natural—deca Helena—entre parientes... +Y adems, dicen que as se empieza.</p> + +<p>—Se empieza, qu?—pregunt Joaqun.</p> + +<p>—Eso t lo sabrs, primo, que t has empezado.</p> + +<p>—Lo que voy a hacer es acabar!</p> + +<p>—Hay varios modos de acabar, primo.</p> + +<p>—Y varios de empezar.</p> + +<p>—Sin duda. Qu, me descompongo con +este floreteo, Abel?</p> + +<p>—No, no, todo lo contrario. Este floreteo, +como le llama, le da ms expresin a la mirada +y al gesto. Pero...</p> + +<p>A los dos das tutebanse ya Abel y Helena; +lo haba querido as Joaqun. Quien al +tercer da falt a una sesin.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span></p> + +<p>—A ver, a ver cmo va eso—dijo Helena +levantndose para ir a ver el retrato.</p> + +<p>—Qu te parece?</p> + +<p>—Yo no entiendo, y adems no soy quien +mejor puede saber si se me parece o no.</p> + +<p>—Qu? No tienes espejo? No te has mirado +a l?</p> + +<p>—S, pero...</p> + +<p>—Pero qu...</p> + +<p>—Qu s yo...</p> + +<p>—No te encuentras bastante guapa en +este espejo?</p> + +<p>—No seas aduln.</p> + +<p>—Bien, se lo preguntaremos a Joaqun.</p> + +<p>—No me hables de l, por favor. Qu +pelma!</p> + +<p>—Pues de l he de hablarte.</p> + +<p>—Entonces me marcho...</p> + +<p>—No, y oye. Est muy mal lo que ests +haciendo con ese chico.</p> + +<p>—Ah! Pero ahora vienes a abogar por l? +Es esto del retrato un achaque.</p> + +<p>—Mira, Helena, no est bien que ests as, +jugando con tu primo. El es algo, vamos, +algo...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span></p> + +<p>—S, insoportable!</p> + +<p>—No, l es reconcentrado, altivo por dentro, +terco, lleno de s mismo, pero es bueno, +honrado a carta cabal, inteligente, le espera +un brillante porvenir en su carrera, te quiere +con delirio...</p> + +<p>—Y si a pesar de todo eso no le quiero yo?</p> + +<p>—Pues debes entonces desengaarle.</p> + +<p>—Y poco que le he desengaado! Estoy +harta de decirle que me parece un buen chico, +pero que por eso, porque me parece un buen +chico, un excelente primo—y no quiero hacer +un chiste,—por eso no le quiero para novio +con lo que luego viene.</p> + +<p>—Pues l dice...</p> + +<p>—Si l te ha dicho otra cosa, no te ha dicho +la verdad, Abel. Es que voy a despedirle y +prohibirle que me hable siendo como es mi +primo? Primo! Qu gracia!</p> + +<p>—No te burles as.</p> + +<p>—Si es que no puedo...</p> + +<p>—Y l sospecha ms, y es que se empea +en creer que puesto que no quieres quererle +a l, ests en secreto enamorada de otro...</p> + +<p>—Eso te ha dicho?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span></p> + +<p>—S, eso me ha dicho.</p> + +<p>Helena se mordi los labios, se ruboriz y +call un momento.</p> + +<p>—S, eso me ha dicho—repiti Abel, descansando +la diestra sobre el tiento que apoyaba +en el lienzo, y mirando fijamente a +Helena, como queriendo adivinar el sentido +de algn rasgo de su cara.</p> + +<p>—Pues si se empea...</p> + +<p>-Qu...?</p> + +<p>—Que acabar por conseguir que me enamore +de algn otro...</p> + +<p>Aquella tarde no pint ya ms Abel. Y +salieron novios.</p><hr class="chap" /> + + + + + +<h2>III</h2> + + +<p>El xito del retrato de Helena por Abel +fu clamoroso. Siempre haba alguien contemplndolo +frente al escaparate en que fu +expuesto. Ya tenemos un gran pintor ms, +decan. Y ella, Helena, procuraba pasar +junto al lugar en que su retrato se expona +para oir los comentarios y pasebase por las +calles de la ciudad como un inmortal retrato +viviente, como una obra de arte haciendo la +rueda. No haba acaso nacido para eso?</p> + +<p>Joaqun apenas dorma.</p> + +<p>—Est peor que nunca—le dijo a Abel.—Ahora +es cuando juega conmigo. Me va a +matar!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span></p> + +<p>—Naturalmente! Se siente ya belleza profesional...</p> + +<p>—S, la has inmortalizado! Otra Joconda!</p> + +<p>—Pero t, como mdico, puedes alargarle +la vida...</p> + +<p>—O acortrsela.</p> + +<p>—No te pongas as, trgico.</p> + +<p>—Y qu voy a hacer, Abel, qu voy a +hacer...?</p> + +<p>—Tener paciencia...</p> + +<p>—Adems, me ha dicho cosas de donde +he sacado que le has contado lo de que la creo +enamorada de otro...</p> + +<p>—Fu por hacer tu causa...</p> + +<p>—Por hacer mi causa... Abel, Abel, t ests +de acuerdo con ella... vosotros me engais...</p> + +<p>—Engaarte? En qu? Te ha prometido +algo?</p> + +<p>—Y a ti?</p> + +<p>—Es tu novia acaso?</p> + +<p>—Y es ya la tuya?</p> + +<p>Callse Abel, mudndosele la color.</p> + +<p>—Lo ves?—exclam Joaqun, balbuciente +y tembloroso.—Lo ves?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span></p> + +<p>—El qu?</p> + +<p>—Y lo negars ahora? Tendrs cara para +negrmelo?</p> + +<p>—Pues bien, Joaqun, somos amigos de +antes de conocernos, casi hermanos...</p> + +<p>—Y al hermano, pualada trapera, no es +eso?</p> + +<p>—No te sulfures as; ten paciencia...</p> + +<p>—Paciencia? Y qu es mi vida sino continua +paciencia, continuo padecer?... T el +simptico, t el festejado, t el vencedor, t +el artista... Y yo...</p> + +<p>Lgrimas que le reventaron en los ojos +cortronle la palabra.</p> + +<p>—Y qu iba a hacer, Joaqun, qu queras +que hiciese...?</p> + +<p>—No haberla solicitado, pues que la quera +yo...!</p> + +<p>—Pero si ha sido ella, Joaqun, si ha sido +ella...</p> + +<p>—Claro, a ti, al artista, al afortunado, al +favorito de la fortuna, a ti son ellas las que +te solicitan. Ya la tienes, pues...</p> + +<p>—Me tiene ella, te digo.</p> + +<p>—S, ya te tiene la pava real, la belleza<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> +profesional, la Joconda... Sers su pintor... +La pintars en todas posturas y en todas +formas, a todas las luces, vestida y sin vestir...</p> + +<p>—Joaqun!</p> + +<p>—Y as la inmortalizars. Vivir tanto +como tus cuadros vivan. Es decir, vivir, no! +Porque Helena no vive; durar. Durar +como el mrmol, de que es. Porque es de +piedra, fra y dura, fra y dura como t. +Montn de carne...!</p> + +<p>—No te sulfures, te he dicho.</p> + +<p>—Pues no he de sulfurarme, hombre, pues +no he de sulfurarme! Esto es una infamia, +una canallada!</p> + +<p>Sintise abatido y call, como si le faltaran +palabras para la violencia de su pasin.</p> + +<p>—Pero ven ac, hombre—le dijo Abel con +su voz ms dulce, que era la ms terrible—y +reflexiona. Iba yo a hacer que te quisiese si +ella no quiere quererte? Para novio no le +eres...</p> + +<p>—S, no soy simptico a nadie; nac condenado.</p> + +<p>—Te juro, Joaqun...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span></p> + +<p>—No jures!</p> + +<p>—Te juro que si en m slo consistiese, +Helena sera tu novia, y maana tu mujer. +Si pudiese cedrtela...</p> + +<p>—Me la venderas por un plato de lentejas, +no es eso?</p> + +<p>—No, vendrtela no! Te la cedera gratis +y gozara en veros felices, pero...</p> + +<p>—S, que ella no me quiere y te quiere +a ti, no es eso?</p> + +<p>—Eso es!</p> + +<p>—Que me rechaza a m, que la buscaba, +y te busca a ti, que la rechazabas.</p> + +<p>—Eso! Aunque no lo creas; soy un seducido.</p> + +<p>—Qu manera de darte postn! Me das +asco!</p> + +<p>—Postn?</p> + +<p>—S, ser as, seducido, es ms que ser seductor. +Pobre vctima! Se pelean por ti las +mujeres...</p> + +<p>—No me saques de quicio, Joaqun...</p> + +<p>—A ti? Sacarte a ti de quicio? Te digo que +esto es una canallada, una infamia, un crimen... +Hemos acabado para siempre!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p> + +<p>Y luego, cambiando de tono, con lgrimas +insondables en la voz:</p> + +<p>—Ten compasin de m, Abel, ten compasin. +Ve que todos me miran de reojo, ve +que todos son obstculos para m... T eres +joven, afortunado, mimado, te sobran mujeres... +Djame a Helena, mira que no sabr +dirigirme a otra... Djame a Helena...</p> + +<p>—Pero si ya te la dejo...</p> + +<p>—Haz que me oiga; haz que me conozca; +haz que sepa que muero por ella, que sin ella +no vivir...</p> + +<p>—No la conoces...</p> + +<p>—S, os conozco! Pero, por Dios... Jrame +que no has de casarte con ella...</p> + +<p>—Y quin ha hablado de casamiento?</p> + +<p>—Ah, entonces es por darme celos nada +ms? S, ella no es ms que una coqueta... +peor que una coqueta, una...</p> + +<p>—Cllate!—rugi Abel.</p> + +<p>Y fu tal el rugido, que Joaqun se qued +callado, mirndole.</p> + +<p>—Es imposible, Joaqun; contigo no se +puede! Eres imposible!</p> + +<p>Y Abel marchse.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span></p> + +<p>Pas una noche horrible—dej escrito en +su <i>Confesin</i> Joaqun—volvindome a un +lado y otro en la cama, mordiendo a ratos +la almohada, levantndome a beber agua +del jarro del lavabo. Tuve fiebre. A ratos me +amodorraba en sueos acerbos. Pensaba +matarles y urda mentalmente, como si se +tratase de un drama o de una novela que +iba componiendo, los detalles de mi sangrienta +venganza, y tramaba dilogos con +ellos. Parecame que Helena haba querido +afrentarme y nada ms, que haba enamorado +a Abel por menosprecio a m, pero que +no poda, montn de carne al espejo, querer +a nadie. Y la deseaba ms que nunca y +con ms furia que nunca. En alguna de las +interminables modorras de aquella noche +me so poseyndola y junto al cuerpo fro +e inerte de Abel. Fu una tempestad de malos +deseos, de cleras, de apetitos sucios, de +rabia. Con el da y el cansancio de tanto sufrir +volvime la reflexin, comprend que no +tena derecho alguno a Helena, pero empec +a odiar a Abel con toda mi alma y a proponerme +a la vez ocultar ese odio, abonarlo,<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span> +criarlo, cuidarlo en lo recndito de las entraas +de mi alma. Odio? Aun no quera +darle su nombre, ni quera reconocer que +nac, predestinado, con su masa y con su +semilla. Aquella noche nac al infierno de mi +vida.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>IV</h2> + + +<p>—Helena—le deca Abel,—eso de Joaqun +me quita el sueo...!</p> + +<p>—El qu?</p> + +<p>—Cuando le diga que vamos a casarnos +no s lo que va a ser. Y eso que parece ya +tranquilo y como si se resignase a nuestras +relaciones...</p> + +<p>—S, bonito es l para resignarse!</p> + +<p>—La verdad es que esto no estuvo del +todo bien.</p> + +<p>—Qu? Tambin t? Es que vamos a ser +las mujeres como bestias, que se dan y prestan +y alquilan y venden?</p> + +<p>—No, pero...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p> + +<p>—Pero qu?</p> + +<p>—Que fu l quien me present a ti, para +que te hiciera el retrato, y me aprovech...</p> + +<p>—Y bien aprovechado! Estaba yo acaso +comprometida con l? Y aunque lo hubiese +estado! Cada cual va a lo suyo.</p> + +<p>—S, pero...</p> + +<p>—Qu? Te pesa? Pues por m... Aunque +si t me dejases ahora, ahora que estoy comprometida +y todas saben que eres mi novio +oficial y que me vas a pedir un da de estos, +no por eso buscara a Joaqun, no! Menos que +nunca! Me sobraran pretendientes, as, como +los dedos de las manos—y levantaba sus dos +largas manos, de ahusados dedos, aquellas +manos que con tanto amor pintara Abel, y +sacuda los dedos, como si revolotearan.</p> + +<p>Abel le coji las dos manos en las recias +suyas, se las llev a la boca y las bes alargadamente. +Y luego en la boca...</p> + +<p>—Estate quieto, Abel!</p> + +<p>—Tienes razn, Helena, no vamos a turbar +nuestra felicidad pensando en lo que sienta +y sufra por ella el pobre Joaqun...</p> + +<p>—Pobre? No es ms que un envidioso!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p> + +<p>—Pero hay envidias, Helena...</p> + +<p>—Que se fastidie!</p> + +<p>Y despus de una pausa llena de un negro +silencio:</p> + +<p>—Por supuesto, le convidaremos a la +boda...</p> + +<p>—Helena!</p> + +<p>—Y qu mal hay en ello? Es mi primo, tu +primer amigo, a l debemos el habernos conocido. +Y si no le convidas t, le convidar +yo. Que no va? Mejor! Que va? Mejor que +mejor!</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>V</h2> + + +<p>Al anunciar Abel a Joaqun su casamiento, +ste dijo:</p> + +<p>—As tena que ser. Tal para cual.</p> + +<p>—Pero bien comprendes...</p> + +<p>—S, lo comprendo, no me creas un demente +o un furioso; lo comprendo, est bien, +que seis felices... Yo no lo podr ser ya...</p> + +<p>—Pero, Joaqun, por Dios, por lo que ms +quieras...</p> + +<p>—Basta y no hablemos ms de ello. Haz +feliz a Helena y que ella te haga feliz... Os +he perdonado ya...</p> + +<p>—De veras?</p> + +<p>—S, de veras. Quiero perdonaros. Me +buscar mi vida.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span></p> + +<p>—Entonces me atrevo a convidarte a la +boda, en mi nombre...</p> + +<p>—Y en el de ella, eh?</p> + +<p>—S, en el de ella tambin.</p> + +<p>—Lo comprendo. Ir a realzar vuestra +dicha. Ir.</p> + +<p>Como regalo de boda mand Joaqun a +Abel un par de magnficas pistolas damasquinadas, +como para un artista.</p> + +<p>—Son para que te pegues un tiro cuando +te canses de m—le dijo Helena a su futuro +marido.</p> + +<p>—Qu cosas tienes, mujer!</p> + +<p>—Quin sabe sus intenciones... Se pasa +la vida tramndolas...</p> + +<p>En los das que siguieron a aquel en que +me dijo que se casaban—escribi en su <i>Confesin</i> +Joaqun—sent como si el alma toda +se me helase. Y el hielo me apretaba el corazn. +Eran como llamas de hielo. Me costaba +respirar. El odio a Helena, y sobre +todo, a Abel, porque era odio, odio fro cuyas +races me llenaban el nimo, se me haba +empedernido. No era una mala planta, era +un tmpano que se me haba clavado en el<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> +alma; era, ms bien, mi alma toda congelada +en aquel odio. Y un hielo tan cristalino, +que lo vea todo a su travs con una +claridad perfecta. Me daba acabada cuenta +de que razn, lo que se llama razn, eran +ellos los que la tenan; que yo no poda alegar +derecho alguno sobre ella; que no se +debe ni se puede forzar el afecto de una mujer, +que, pues se queran, deban unirse. +Pero senta tambin confusamente que fu +yo quien les llev, no slo a conocerse, sino +a quererse, que fu por desprecio a m por +lo que se entendieron, que en la resolucin de +Helena entraba por mucho el hacerme rabiar +y sufrir, el darme dentera, el rebajarme +a Abel, y en la de ste el soberano egosmo +que nunca le dej sentir el sufrimiento ajeno. +Ingenuamente, sencillamente no se +daba cuenta de que existieran otros. Los +dems ramos para l, a lo sumo, modelos +para sus cuadros. No saba ni odiar; tan +lleno de s viva.</p> + +<p>Fu a la boda con el alma escarchada de +odio, el corazn garapiado en hielo agrio +pero sobrecojido de un mortal terror, te<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>miendo +que al oir el <i>s</i> de ellos, el hielo se +me resquebrajara y hendido el corazn quedase +all muerto o imbcil. Fu a ella como +quien va a la muerte. Y lo que me ocurri +fu ms mortal que la muerte misma; fu +peor, mucho peor que morirse. Ojal me hubiese +entonces muerto all.</p> + +<p>Ella estaba hermossima. Cuando me salud +sent que una espada de hielo, de hielo +dentro del hielo de mi corazn, junto a la +cual aun era tibio el mo, me lo atravesaba; +era la sonrisa insolente de su compasin. +<i>Gracias!</i> me dijo, y entend: <i>Pobre Joaqun!</i> +El, Abel, l ni s si me vi. Comprendo tu +sacrificio—me dijo, por no callarse. No, +no hay tal—le repliqu;—te dije que vendra +y vengo; ya ves que soy razonable; no +poda faltar a mi amigo de siempre, a mi... +hermano. Debi de parecerle interesante +mi actitud, aunque poco pictrica. Yo era +all el convidado de piedra.</p> + +<p>Al acercarse el momento fatal, yo contaba +los segundos. Dentro de poco—me deca—ha +terminado para m todo! Creo que se me +par el corazn. O claros y distintos los dos<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span> +<i>ss</i>, el de l y el de ella. Ella me mir al pronunciarlo. +Y qued ms fro que antes, sin +un sobresalto, sin una palpitacin, como si +nada que me tocase hubiese odo. Y ello +me llen de un infernal terror a m mismo. +Me sent peor que un monstruo, me sent +como si no existiera, como si no fuese nada +ms que un pedazo de hielo, y esto para +siempre. Llegu a palparme la carne, a pellizcrmela, +a tomarme el pulso. Pero estoy +vivo? Yo soy yo?—me dije.</p> + +<p>No quiero recordar todo lo que sucedi +aquel da. Se despidieron de m y furonse +a su viaje de luna de miel. Yo me hund en +mis libros, en mi estudio, en mi clientela, +que empezaba ya a tenerla. El despejo mental +que me di aquel golpe de lo ya irreparable, +el descubrimiento en m mismo de +que no hay alma, movironme a buscar en +el estudio, no ya consuelo—consuelo, ni lo +necesitaba ni lo quera,—sino apoyo para +una ambicin inmensa. Tena que aplastar +con la fama de mi nombre la fama, ya incipiente, +de Abel; mis descubrimientos cientficos, +obra de arte, de verdadera poesa,<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span> +tenan que hacer sombra a sus cuadros. Tena +que llegar a comprender un da Helena +que era yo, el mdico, el antiptico, quien +habra de darle aureola de gloria, y no l, +no el pintor. Me hund en el estudio. Hasta +llegu a creer que los olvidara! Quise hacer +de la ciencia un narctico y a la vez un estimulante!</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>VI</h2> + + +<p>Al poco de haber vuelto los novios de su +viaje de luna de miel, cay Abel enfermo de +alguna gravedad y llamaron a Joaqun a +que le viese y le asistiese.</p> + +<p>—Estoy muy intranquila, Joaqun—le +dijo Helena;—anoche no ha hecho sino delirar, +y en el delirio no haca sino llamarte.</p> + +<p>Examin Joaqun con todo cuidado y minucia +a su amigo, y luego, mirando ojos a +ojos a su prima, le dijo:</p> + +<p>—La cosa es grave, pero creo que le salvar. +Yo soy quien no tiene salvacin ya.</p> + +<p>—S, slvamelo!—exclam ella.—Y ya +sabes...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span></p> + +<p>—S, lo s todo!—y se sali.</p> + +<p>Helena se fu al lecho de su marido, le +puso una mano sobre la frente, que le arda, +y se puso a temblar. Joaqun, Joaqun—deliraba +Abel,—perdnanos, perdname!</p> + +<p>—Calla—le dijo casi al odo Helena,—calla; +ha venido a verte y dice que te curar, +que te sanar... Dice que te calles...</p> + +<p>—Que me curar...?—aadi maquinalmente +el enfermo.</p> + +<p>Joaqun lleg a su casa tambin febril, +pero con una especie de fiebre de hielo. Y +si se muriera...! pensaba. Echse vestido +sobre la cama y se puso a imaginar escenas +de lo que acaecera si Abel se muriese: el +luto de Helena, sus entrevistas con la viuda, +el remordimiento de sta, el descubrimiento +por parte de ella de quin era l, Joaqun, y +de cmo, con qu violencia necesitaba el desquite +y la necesitaba a ella, y cmo caa al +fin ella en sus brazos y reconoca que lo otro, +la traicin, no haba sido sino una pesadilla, +un mal sueo de coqueta, que siempre le haba +querido a l, a Joaqun y no a otro. Pero +no se morir!, se dijo luego. No dejar yo<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> +que se muera, no debo dejarlo, est comprometido +mi honor, y luego... necesito que +viva!</p> + +<p>Y al decirse este: necesito que viva!, +temblbale toda el alma, como tiembla el +follaje de una encina a la sacudida del huracn.</p> + +<p>Fueron unos das atroces aquellos de la +enfermedad de Abel—escriba en su <i>Confesin</i> +el otro—unos das de tortura increble. +Estaba en mi mano dejarle morir, aun +ms, hacerle morir sin que nadie lo sospechase, +sin que de ello quedase rastro alguno. +He conocido en mi prctica profesional +casos de extraas muertes misteriosas +que he podido ver luego iluminadas al trgico +fulgor de sucesos posteriores, una nueva +boda de la viuda y otros as. Luch entonces +como no he luchado nunca conmigo +mismo, con este hediondo dragn que me +ha envenenado y entenebrecido la vida. +Estaba all comprometido mi honor de mdico, +mi honor de hombre, y estaba comprometida +mi salud mental, mi razn. Comprend +que me agitaba bajo las garras de la<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> +locura; vi el espectro de la demencia haciendo +sombra a mi corazn. Y venc. Salv +a Abel de la muerte. Nunca he estado ms +feliz, ms acertado. El exceso de mi infelicidad +me hizo estar felicsimo de acierto.</p> + +<p>—Ya est fuera de todo cuidado tu... marido—le +dijo un da Joaqun a Helena.</p> + +<p>—Gracias, Joaqun, gracias—y le coji la +mano, que l se la dej entre las suyas;—no +sabes cunto te debemos...</p> + +<p>—Ni vosotros sabis cunto os debo...</p> + +<p>—Por Dios, no seas as... ahora que tanto +te debemos, no volvamos a eso...</p> + +<p>—No, si no vuelvo a nada. Os debo mucho. +Esta enfermedad de Abel me ha enseado +mucho, pero mucho...</p> + +<p>—Ah, le tomas como a un caso?</p> + +<p>—No, Helena, no; el caso soy yo!</p> + +<p>—Pues no te entiendo.</p> + +<p>—Ni yo del todo. Y te digo que estos das +luchando por salvar a tu marido...</p> + +<p>—Di a Abel!</p> + +<p>—Bien, sea; luchando por salvarle he estudiado +con su enfermedad la ma y vuestra +felicidad y he decidido... casarme!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p> + +<p>—Ah, pero tienes novia?</p> + +<p>—No, no la tengo an, pero la buscar. Necesito +un hogar. Buscar mujer. O crees t, +Helena, que no encontrar una mujer que me +quiera?</p> + +<p>—Pues no la has de encontrar, hombre, +pues no la has de encontrar...!</p> + +<p>—Una mujer que me quiera, digo.</p> + +<p>—S, te he entendido, una mujer que te +quiera, s!</p> + +<p>—Porque como partido...</p> + +<p>—S, sin duda eres un buen partido... joven, +no pobre, con una buena carrera, empezando +a tener fama, bueno...</p> + +<p>—Bueno... s, y antiptico, no es eso?</p> + +<p>—No, hombre, no; t no eres antiptico!</p> + +<p>—Ay, Helena, Helena, dnde encontrar +una mujer...</p> + +<p>—Que te quiera?</p> + +<p>—No, sino que no me engae, que me diga +la verdad, que no se burle de m, Helena, que +no se burle de m...! Que se case conmigo por +desesperacin, porque yo la mantenga, pero +que me lo diga...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p> + +<p>—Bien has dicho que ests enfermo, Joaqun. +Csate!</p> + +<p>—Y crees, Helena, que hay alguien, hombre +o mujer, que pueda quererme?</p> + +<p>—No hay nadie que no pueda encontrar +quien le quiera.</p> + +<p>—Y querr yo a mi mujer? Podr quererla, +dime?</p> + +<p>—Hombre, pues no faltaba ms...</p> + +<p>—Porque mira, Helena, no es lo peor no +ser querido, no poder ser querido; lo peor es +no poder querer.</p> + +<p>—Eso dice don Mateo, el prroco, del demonio, +que no puede querer.</p> + +<p>—Y el demonio anda por la tierra, Helena.</p> + +<p>—Cllate y no me digas esas cosas.</p> + +<p>—Es peor que me las diga a m mismo.</p> + +<p>—Pues cllate!</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>VII</h2> + + +<p>Dedicse Joaqun, para salvarse, requiriendo +amparo a su pasin, a buscar mujer, +los brazos maternales de una esposa en que +defenderse de aquel odio que senta, un regazo +en que esconder la cabeza, como un +nio que siente terror al coco, para no ver +los ojos infernales del dragn de hielo.</p> + +<p>Aquella pobre Antonia!</p> + +<p>Antonia haba nacido para madre; era +todo ternura, todo compasin. Adivin en +Joaqun, con divino instinto, un enfermo, +un invlido del alma, un poseso, y sin saber +de qu, enamorse de su desgracia. Senta +un misterioso atractivo en las palabras fras<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> +y cortantes de aquel mdico que no crea en +la virtud ajena.</p> + +<p>Antonia era la hija nica de una viuda a +que asista Joaqun.</p> + +<p>—Cree usted que saldr de sta?—le preguntaba +a l.</p> + +<p>—Lo veo difcil, muy difcil. Est la pobre +muy trabajada, muy acabada; ha debido de +sufrir mucho... su corazn est muy dbil...</p> + +<p>—Slvemela usted, don Joaqun, slvemela +usted, por Dios! Si pudiera, dara mi +vida por la suya!</p> + +<p>—No, eso no se puede. Y, adems, quin +sabe? La vida de usted, Antonia, ha de hacer +ms falta que la suya...</p> + +<p>—La ma? Para qu? Para quin?</p> + +<p>—Quin sabe...!</p> + +<p>Lleg la muerte de la pobre viuda.</p> + +<p>—No ha podido ser, Antonia—dijo Joaqun.—La +ciencia es impotente!</p> + +<p>—S, Dios lo ha querido!</p> + +<p>—Dios?</p> + +<p>—Ah—y los ojos baados en lgrimas de +Antonia clavaron su mirada en los de Joa<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>qun, +enjutos y acerados.—Pero usted no +cree en Dios?</p> + +<p>—Yo...? No lo s...!</p> + +<p>A la pobre hurfana la compuncin de piedad +que entonces sinti por el mdico aquel +le hizo olvidar un momento la muerte de su +madre.</p> + +<p>—Y si yo no creyera en l, qu hara ahora?</p> + +<p>—La vida todo lo puede, Antonia.</p> + +<p>—Puede ms la muerte! Y ahora... tan +sola... sin nadie...</p> + +<p>—Eso s, la soledad es terrible. Pero usted +tiene el recuerdo de su santa madre, el vivir +para encomendarla a Dios... Hay otra soledad +mucho ms terrible!</p> + +<p>—Cual?</p> + +<p>—La de aquel a quien todos menosprecian, +de quien todos se burlan... la del que no encuentra +quien le diga la verdad...</p> + +<p>—Y qu verdad quiere usted que se le +diga?</p> + +<p>—Me la dir usted, ahora, aqu, sobre el +cuerpo aun tibio de su madre? Jura usted decrmela?</p> + +<p>—S, se la dir.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p> + +<p>—Bien, yo soy antiptico, no es as?</p> + +<p>—No, no es as!</p> + +<p>—La verdad, Antonia...</p> + +<p>—No, no es as!</p> + +<p>—Pues qu soy...?</p> + +<p>—Usted? Usted es un desgraciado, un +hombre que sufre...</p> + +<p>Derritisele a Joaqun el hielo y asomronsele +unas lgrimas a los ojos. Y volvi a +temblar hasta las races del alma.</p> + +<p>Poco despus Joaqun y la hurfana formalizaban +sus relaciones, dispuestos a casarse +luego que pasase el ao de luto de ella.</p> + +<p>Pobre mi mujercita!—escriba, aos despus, +Joaqun en su <i>Confesin</i>—empeada +en quererme y en curarme, en vencer la repugnancia +que sin duda yo deba de inspirarle. +Nunca me lo dijo, nunca me lo di a +entender, pero poda no inspirarle yo repugnancia, +sobre todo cuando le descubr la +lepra de mi alma, la gangrena de mis odios? +Se cas conmigo como se habra casado con +un leproso, no me cabe duda de ello, por divina +piedad, por espritu de abnegacin y +de sacrificio cristianos, para salvar mi alma<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span> +y as salvar la suya, por herosmo de santidad. +Y fu una santa! Pero no me cur de +Helena; no me cur de Abel! Su santidad +fu para m un remordimiento ms.</p> + +<p>Su mansedumbre me irritaba. Haba veces +en que, Dios me perdone!, la habra querido +mala, colrica, despreciativa.</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>VIII</h2> + + +<p>En tanto la gloria artstica de Abel segua +creciendo y confirmndose. Era ya uno de +los pintores de ms nombrada de la nacin +toda, y su renombre empezaba a traspasar +las fronteras. Y esa fama creciente era como +una granizada desoladora en el alma de Joaqun. +S, es un pintor muy cientfico; domina +la tcnica; sabe mucho, mucho; es habilsimo—deca +de su amigo, con palabras +que silbaban. Era un modo de fingir exaltarle +deprimindole.</p> + +<p>Porque l, Joaqun, presuma ser un artista, +un verdadero poeta en su profesin, un +clnico genial, creador, intuitivo, y segua<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span> +soando con dejar su clientela para dedicarse +a la ciencia pura, a la patologa terica, a la +investigacin. Pero ganaba tanto...!</p> + +<p>No era, sin embargo, la ganancia—dice +en su <i>Confesin</i> pstuma—lo que ms me +impeda dedicarme a la investigacin cientfica. +Tirbame a sta por un lado el deseo +de adquirir fama y renombre, de hacerme +una gran reputacin cientfica y asombrar +con ella la artstica de Abel, de castigar as +a Helena, de vengarme de ellos, de ellos y +de todos los dems, y aqu encadenaba los +ms locos de mis ensueos, mas por otra +parte, esa misma pasin fangosa, el exceso +de mi despecho y mi odio me quitaban serenidad +de espritu. No, no tena el nimo +para el estudio, que lo requiere limpio y +tranquilo. La clientela me distraa.</p> + +<p>La clientela me distraa, pero a las veces +temblaba pensando que el estado de distraccin +en que mi pasin me tena preso me +impidiera prestar el debido cuidado a las +dolencias de mis pobres enfermos.</p> + +<p>Ocurrime un caso que me sacudi las +entraas. Asista a una pobre seora, en<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>ferma +de algn riesgo, pero no caso desesperado, +a la que l haba hecho un retrato, +un retrato magnfico, uno de sus mejores +retratos, de los que han quedado como definitivos +de entre los que ha pintado, y aquel +retrato era lo primero que se me vena a +los ojos y al odio as que entraba en la casa +de la enferma. Estaba viva en el retrato, +ms viva que en el lecho la de carne y hueso +sufrientes. Y el retrato pareca decirme: +Mira, l me ha dado vida para siempre; a +ver si t me alargas esta otra de aqu abajo. +Y junto a la pobre enferma, auscultndola, +tomndole el pulso, no vea sino a la otra, a +la retratada. Estuve torpe, torpsimo, y la +pobre enferma se me muri; la dej morir +ms bien, por mi torpeza, por mi criminal +distraccin. Sent horror de m mismo, de +mi miseria.</p> + +<p>A los pocos das de muerta la seora aquella, +tuve que ir a su casa, a ver all otro enfermo, +y entr dispuesto a no mirar al retrato. +Pero era intil, porque era l, el retrato +el que me miraba aunque yo no le mirase +y me atraa la mirada. Al despedirme<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> +me acompa hasta la puerta el viudo. Nos +detuvimos al pie del retrato, y yo, como empujado +por una fuerza irresistible y fatal, +exclam:</p> + +<p>—Magnfico retrato! Es de lo mejor que +ha hecho Abel!</p> + +<p>—S—me contest el viudo,—es el mayor +consuelo que me queda. Me paso largas horas +contemplndola. Parece como que me +habla.</p> + +<p>—S, s—aad,—este Abel es un artista +estupendo!</p> + +<p>Y al salir me deca: Yo la dej morir y l +la resucita!</p> + +<p>Sufra Joaqun mucho cada vez que se le +moran algunos de sus enfermos, sobre todo +los nios, pero la muerte de otros le tena sin +grave cuidado. Para qu querr vivir...?—decase +de algunos.—Hasta le hara un favor +dejndole morir...</p> + +<p>Sus facultades de observador psiclogo +habansele aguzado con su pasin de nimo +y adivinaba al punto las ms ocultas laceras +morales. Percatbase en seguida, bajo +el embuste de las convenciones, de que ma<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>ridos +prevean sin pena, cuando no deseaban, +la muerte de sus mujeres y qu mujeres ansiaban +verse libres de sus maridos, acaso +para tomar otros de antemano escojidos ya. +Cuando al ao de la muerte de su cliente Alvarez, +la viuda se cas con Menndez, amigo +ntimo del difunto, Joaqun se dijo: S que +fu rara aquella muerte... Ahora me la explico... +La humanidad es lo ms cochino que +hay, y la tal seora, dama caritativa, una +de las seoras de lo ms honrado...!</p> + +<p>—Doctor—le deca una vez uno de sus enfermos—mteme +usted, por Dios, mteme +usted sin decirme nada, que ya no puedo +ms... Deme algo que me haga dormir para +siempre...</p> + +<p>Y por qu no haba de hacer lo que este +hombre quiere?—se deca Joaqun—si no +vive ms que para sufrir? Me da pena! Cochino +mundo!</p> + +<p>Y eran sus enfermos para l no pocas veces +espejos.</p> + +<p>Un da le lleg una pobre mujer de la vecindad, +gastada por los aos y los trabajos, +cuyo marido, en los veinticinco aos de ma<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span>trimonio, +se haba enredado con una pobre +aventurera. Iba a contarle sus cuitas la +mujer desdeada.</p> + +<p>—Ay, don Joaqun—le deca,—usted, que +dicen que sabe tanto, a ver si me da un remedio +para que le cure a mi pobre marido +del bebedizo que le ha dado esa pelona.</p> + +<p>—Pero qu bebedizo, mujer de Dios?</p> + +<p>—Se va a ir a vivir con ella, dejndome a +m, al cabo de veinticinco aos...</p> + +<p>—Ms extrao es que la hubiese dejado +de recin casados, cuando usted era joven y +acaso...</p> + +<p>—Ah, no, seor, no! Es que le ha dado un +bebedizo trastornndole el seso, porque si no, +no podra ser... no podra ser...</p> + +<p>—Bebedizo... bebedizo...—murmur Joaqun.</p> + +<p>—S, don Joaqun, s, un bebedizo... Y usted, +que sabe tanto, deme un remedio para l.</p> + +<p>—Ay, buena mujer; ya los antiguos trabajaron +en balde para encontrar un agua que +los rejuveneciese...</p> + +<p>Y cuando la pobre mujer se fu desolada, +Joaqun se deca: Pero no se mirar al es<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>pejo +esta desdichada? No ver el estrago de +los aos de rudo trabajo? Estas gentes del +pueblo todo lo atribuyen a bebedizos o a +envidias... Que no encuentran trabajo...? +Envidias! Que les sale algo mal? Envidias. +El que todos sus fracasos los atribuye a ajenas +envidias es un envidioso. Y no lo seremos +todos? No me habrn dado un bebedizo?</p> + +<p>Durante unos das apenas pens ms que +en el bebedizo. Y acab dicindose: Es el +pecado original!</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>IX</h2> + + +<p>Casse Joaqun con Antonia buscando en +ella un amparo, y la pobre adivin desde +luego su menester, el oficio que haca en el +corazn de su marido y cmo le era un escudo +y un posible consuelo. Tomaba por marido +a un enfermo, acaso a un invlido incurable, +del alma; su misin era la de una enfermera. +Y le acept llena de compasin, +llena de amor a la desgracia de quien as +una su vida a la de ella.</p> + +<p>Senta Antonia que entre ella y su Joaqun +haba como un muro invisible, una cristalina +y trasparente muralla de hielo. Aquel +hombre no poda ser de su mujer, porque no<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> +era de s mismo, dueo de s, sino a la vez un +enajenado y un posedo. En los ms ntimos +trasportes del trato conyugal, una invisible +sombra fatdica se interpona entre ellos. Los +besos de su marido parecanle besos robados, +cuando no de rabia.</p> + +<p>Joaqun evitaba hablar de su prima Helena +delante de su mujer, y sta, que se percat +de ello al punto, no haca sino sacarla a +colacin a cada paso en sus conversaciones.</p> + +<p>Esto en un principio, que ms adelante +evit mentarla.</p> + +<p>Llamronle un da a Joaqun a casa de +Abel, como a mdico, y se enter de que Helena +llevaba ya en sus entraas fruto de su +marido, mientras que su mujer, Antonia, no +ofreca an muestra alguna de ello. Y al pobre +le asalt una tentacin vergonzosa, de +que se senta abochornado, y era la de un diablo +que le deca: Ves? Hasta es ms hombre +que t! El, el que con su arte resucita e +inmortaliza a los que t dejas morir por tu +torpeza, l tendr pronto un hijo, traer un +nuevo viviente, una obra suya de carne y +sangre y hueso al mundo, mientras t... T<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> +acaso no seas capaz de ello... Es ms hombre +que t!</p> + +<p>Entr mustio y sombro en el puerto de +su hogar.</p> + +<p>—Vienes de casa de Abel, no?—le pregunt +su mujer.</p> + +<p>—S. En qu lo has conocido?</p> + +<p>—En tu cara. Esa casa es tu tormento. No +debas ir a ella...</p> + +<p>—Y qu voy a hacer?</p> + +<p>—Excusarte! Lo primero es tu salud y tu +tranquilidad...</p> + +<p>—Aprensiones tuyas...</p> + +<p>—No, Joaqun, no quieras ocultrmelo...—y +no pudo continuar, porque las lgrimas le +ahogaron la voz.</p> + +<p>Sentse la pobre Antonia. Los sollozos se +le arrancaban de cuajo.</p> + +<p>—Pero qu te pasa, mujer, qu es eso...?</p> + +<p>—Dime t lo que a ti te pasa, Joaqun, +confamelo todo, confisate conmigo...</p> + +<p>—No tengo nada de que acusarme...</p> + +<p>—Vamos, me dirs la verdad, Joaqun, la +verdad?</p> + +<p>El hombre vacil un momento, parecien<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>do +luchar con un enemigo invisible, con el +diablo de su guarda, y con voz arrancada de +una resolucin sbita, desesperada, grit casi:</p> + +<p>—S, te dir la verdad, toda la verdad!</p> + +<p>—T quieres a Helena; t ests enamorado +todava de Helena.</p> + +<p>—No, no lo estoy! no lo estoy! lo estuve; +pero no lo estoy ya, no!</p> + +<p>—Pues entonces?...</p> + +<p>—Entonces, qu?</p> + +<p>—A qu esa tortura en que vives? Porque +esa casa, la casa de Helena, es la fuente de +tu malhumor, esa casa es la que no te deja +vivir en paz, es Helena...</p> + +<p>—Helena no! Es Abel!</p> + +<p>—Tienes celos de Abel?</p> + +<p>—S, tengo celos de Abel; le odio, le odio, +le odio—y cerraba la boca y los puos al decirlo, +pronuncindolo entre dientes.</p> + +<p>—Tienes celos de Abel... luego quieres a +Helena.</p> + +<p>—No, no quiero a Helena. Si fuese de otro +no tendra celos de este otro. No, no quiero +a Helena, la desprecio, desprecio a la pava +real esa, a la belleza profesional, a la modelo<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span> +del pintor de moda, a la querida de Abel...</p> + +<p>—Por Dios, Joaqun, por Dios...!</p> + +<p>—S, a su querida... legtima. O es que +crees que la bendicin de un cura cambia un +arrimo en matrimonio?</p> + +<p>—Mira, Joaqun, que estamos casados +como ellos...</p> + +<p>—Como ellos no, Antonia, como ellos, no! +Ellos se casaron por rebajarme, por humillarme, +por denigrarme; ellos se casaron para +burlarse de m; ellos se casaron contra m.</p> + +<p>Y el pobre hombre rompi en unos sollozos +que le ahogaban el pecho, cortndole el +respiro. Se crea morir.</p> + +<p>—Antonia... Antonia...—suspir con un +hilito de voz apagada.</p> + +<p>—Pobre hijo mo!—exclam ella abrazndole.</p> + +<p>Y le tom en su regazo como a un nio enfermo, +acaricindole. Y le deca:</p> + +<p>—Clmate, mi Joaqun, clmate... Estoy +aqu yo, tu mujer, toda tuya y slo tuya. Y +ahora que s del todo tu secreto, soy ms +tuya que antes y te quiero ms que nunca... +Olvdalos... desprcialos... Habra sido<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span> +peor que una mujer as te hubiese querido...</p> + +<p>—S, pero l, Antonia, l...</p> + +<p>—Olvdale!</p> + +<p>—No puedo olvidarle... me persigue... su +fama, su gloria me sigue a todas partes...</p> + +<p>—Trabaja t y tendrs fama y gloria, porque +no vales menos que l. Deja la clientela, +que no la necesitamos, vmonos de aqu a +Renada, a la casa que fu de mis padres, y +all dedcate a lo que ms te guste, a la ciencia, +a hacer descubrimientos de esos y que +se hable de ti... yo te ayudar en lo que pueda... +yo har que no te distraigan... y sers +ms que l...</p> + +<p>—No puedo, Antonia, no puedo; sus xitos +me quitan el sueo y no me dejaran trabajar +en paz... la visin de sus cuadros maravillosos +se pondra entre mis ojos y el microscopio +y no me dejara ver lo que otros no han +visto an por l... No puedo... no puedo...</p> + +<p>Y bajando la voz como un nio, casi balbuciendo +como atontado por la cada en la +sima de su abyeccin, solloz diciendo:</p> + +<p>—Y van a tener un hijo, Antonia...</p> + +<p>—Tambin nosotros lo tendremos—le sus<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>pir +ella al odo, envolvindolo en un beso—no +me lo negar la Santsima Virgen a quien +se lo pido todos los das... Y el agua bendita +de Lourdes...</p> + +<p>—Tambin t crees en bebedizos, Antonia?</p> + +<p>—Creo en Dios!</p> + +<p>—Creo en Dios—se repiti Joaqun al +verse slo; slo con el otro—; y qu es creer +en Dios? Dnde est Dios? Tendr que buscarle!</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>X</h2> + + +<p>Cuando Abel tuvo su hijo—escriba en su +<i>Confesin</i> Joaqun—sent que el odio se me +enconaba. Me haba invitado a asistir a Helena +al parto, pero me excus con que yo no +asista a partos, lo que era cierto y con que +no sabra conservar toda la sangre fra, mi +sangre arrecida ms bien, ante mi prima si +se viera en peligro. Pero mi diablo me insinu +la feroz tentacin de ir a asistirla y de +ahogar a hurtadillas al nio. Venc a la asquerosa +idea.</p> + +<p>Aquel nuevo triunfo de Abel, del hombre, +no ya del artista—el nio era una hermosura, +una obra maestra de salud y de vigor, un +<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> +angelito decan—me apret aun ms a mi +Antonia, de quien esperaba el mo. Quera, +necesitaba que la pobre vctima de mi ciego +odio—pues la vctima era mi mujer ms +que yo—fuese madre de hijos mos, de carne +de mi carne, de entraas de mis entraas +torturadas por el demonio. Sera la madre +de mis hijos y por ellos superiora a las madres +de los hijos de otros. Ella, la pobre, me haba +preferido a m, al antiptico, al despreciado, +al afrentado; ella haba tomado lo +que otra desech con desdn y burla. Y +hasta me hablaba bien de ellos!</p> + +<p>El hijo de Abel, Abeln, pues le pusieron +el nombre mismo de su padre y como para +que continuara su linaje y la gloria de l, el +hijo de Abel; que habra de ser andando el +tiempo instrumento de mi desquite, era una +maravilla de nio. Y yo necesitaba tener +uno as, ms hermoso an que l.</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>XI</h2> + + +<p>—Y qu preparas ahora?—le pregunt a +Abel Joaqun un da en que, habiendo ido +a ver al nio, se encontraron en el cuarto de +estudio de aqul.</p> + +<p>—Pues ahora voy a pintar un cuadro de +Historia, o mejor, de Antiguo Testamento, +y me estoy documentando...</p> + +<p>—Cmo? Buscando modelos de aquella +poca?</p> + +<p>—No, leyendo la Biblia y comentarios a +ella.</p> + +<p>—Bien digo yo, que t eres un pintor cientfico...</p> + +<p>—Y t un mdico artista, no es eso?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span></p> + +<p>—Peor que un pintor cientfico... literato! +Cuida de no hacer con el pincel literatura!</p> + +<p>—Gracias por el consejo.</p> + +<p>—Y cul va a ser el asunto de tu cuadro?</p> + +<p>—La muerte de Abel por Can, el primer +fratricidio.</p> + +<p>Joaqun palideci an ms, y mirando fijamente +a su primer amigo, le pregunt a media +voz:</p> + +<p>—Y cmo se te ha ocurrido eso?</p> + +<p>—Muy sencillo—contest Abel sin haberse +percatado del nimo de su amigo;—es la +sugestin del nombre. Como me llamo Abel... +Dos estudios de desnudo...</p> + +<p>—S, desnudo del cuerpo...</p> + +<p>—Y aun del alma...</p> + +<p>—Pero piensas pintar sus almas?</p> + +<p>—Claro est! El alma de Can, de la envidia, +y el alma de Abel...</p> + +<p>—Alma de qu?</p> + +<p>—En eso estoy ahora. No acierto a dar con +la expresin, con el alma de Abel. Porque +quiero pintarle antes de morir, derribado en +tierra y herido de muerte por su hermano.<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> +Aqu tengo el Gnesis y el <i>Can</i> de lord Byron; +lo conoces?</p> + +<p>—No, no conozco el <i>Can</i> de lord Byron. Y +qu has sacado de la Biblia?</p> + +<p>—Poca cosa... Vers—y tomando un libro, +ley: y conoci Adn a su mujer Eva, la +cual concibi y pari a Can y dijo: He adquirido +varn por Jehov. Y despus pari +a su hermano Abel y fu Abel pastor de ovejas, +y Can fu labrador de la tierra. Y aconteci, +andando el tiempo, que Can trajo del +fruto de la tierra una ofrenda a Jehov y +Abel trajo de los primognitos de sus ovejas +y de su grosura. Y mir Jehov con agrado +a Abel y a su ofrenda, mas no mir propicio +a Can y a la ofrenda suya...</p> + +<p>—Y eso, por qu?—interrumpi Joaqun. +Por qu mir Dios con agrado la ofrenda de +Abel y con desdn la de Can?</p> + +<p>—No lo explica aqu...</p> + +<p>—Y no te lo has preguntado t antes de +ponerte a pintar tu cuadro?</p> + +<p>—An no... Acaso porque Dios vea ya en +Can el futuro matador de su hermano... al +envidioso...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span></p> + +<p>—Entonces es que le haba hecho envidioso, +es que le haba dado un bebedizo. Sigue +leyendo.</p> + +<p>—Y ensase Can en gran manera y decay +su semblante. Y entonces Jehov dijo +a Can: Por qu te has ensaado? y por qu +se ha demudado tu rostro? Si bien hicieres, +no sers ensalzado? y si no hicieres bien el +pecado est a tu puerta. Ah est que te +desea, pero t le dominars...</p> + +<p>—Y le venci el pecado—interrumpi Joaqun—porque +Dios le haba dejado de su +mano. Sigue!</p> + +<p>—Y habl Can a su hermano Abel, y +aconteci que estando ellos en el campo, Can +se levant contra su hermano Abel y le mat. +Y Jehov dijo a Can...</p> + +<p>—Basta! No leas ms. No me interesa lo +que Jehov dijo a Can luego que la cosa no +tena ya remedio.</p> + +<p>Apoy Joaqun los codos en la mesa, la +cara entre las palmas de la mano, y clavando +una mirada helada y punzante en la mirada +de Abel, sin saber de qu alarmado, le dijo:</p> + +<p>—No has odo nunca una especie de broma<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span> +que gastan con los nios que aprenden de +memoria la Historia sagrada cuando les preguntan: +Quin mat a Can?</p> + +<p>—No!</p> + +<p>—Pues s, les preguntan eso y los nios, +confundindose, suelen decir: su hermano +Abel!</p> + +<p>—No saba eso.</p> + +<p>—Pues ahora lo sabes. Y dime, t que +vas a pintar esa escena bblica... y tan bblica! +no se te ha ocurrido pensar que si Can +no mata a Abel habra sido ste el que habra +acabado matando a su hermano?</p> + +<p>—Y cmo se te puede ocurrir eso?</p> + +<p>—Las ovejas de Abel eran aceptas a Dios, +y Abel, el pastor, hallaba gracia a los ojos +del Seor, pero los frutos de la tierra de Can, +del labrador, no gustaban a Dios ni tena +para l gracia Can. El agraciado, el favorito +de Dios era Abel... el desgraciado Can...</p> + +<p>—Y qu culpa tena Abel de eso?</p> + +<p>—Ah, pero t crees que los afortunados, +los agraciados, los favoritos, no tienen culpa +de ello? La tienen de no ocultar y ocultar +como una vergenza, que lo es todo favor<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span> +gratuito, todo privilegio no ganado por propios +mritos, de no ocultar esa gracia en vez +de hacer ostentacin de ella. Porque no me +cabe duda de que Abel restregara a los hocicos +de Can su gracia, le azuzara con el +humo de sus ovejas sacrificadas a Dios. Los +que se creen justos suelen ser unos arrogantes +que van a deprimir a los otros con la ostentacin +de su justicia. Ya dijo quien lo +dijera que no hay canalla mayor que las personas +honradas...</p> + +<p>—Y t sabes—le pregunt Abel sobrecojido +por la gravedad de la conversacin—qu +Abel se jactara de su gracia?</p> + +<p>—No me cabe duda, ni de que no tuvo respeto +a su hermano mayor, ni pidi al Seor +gracia tambin para l. Y s ms, y es que los +abelitas han inventado el infierno para los +cainitas porque si no su gloria les resultara +inspida. Su goce est en ver, libres de padecimiento, +padecer a los otros...</p> + +<p>—Ay, Joaqun, Joaqun, qu malo ests!</p> + +<p>—S, nadie es mdico de s mismo. Y ahora, +dame ese Can de lord Byron, que quiero +leerlo.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p> + +<p>—Tmalo!</p> + +<p>—Y dime, no te inspira tu mujer algo para +ese cuadro? no te da alguna idea?</p> + +<p>—Mi mujer? En esta tragedia no hubo +mujer.</p> + +<p>—En toda tragedia la hay, Abel.</p> + +<p>—Sera acaso Eva...</p> + +<p>—Acaso... La que les di la misma leche; +el bebedizo...</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>XII</h2> + + +<p>Ley Joaqun el <i>Can</i> de lord Byron. Y en +su <i>Confesin</i> escriba ms tarde:</p> + +<p>Fu terrible el efecto que la lectura de +aquel libro me hizo. Sent la necesidad de +desahogarme y tom unas notas que an +conservo y las tengo ahora aqu, presentes. +Pero fu slo por desahogarme? No; fu con +el propsito de aprovecharlas algn da pensando +que podran servirme de materiales +para una obra genial. La vanidad nos consume. +Hacemos espectculo de nuestras ms +ntimas y asquerosas dolencias. Me figuro +que habr quien desee tener un tumor pestfero +como no le ha tenido antes ninguno<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span> +para hombrearse con l. Esta misma <i>Confesin</i> +no es algo ms que un desahogo?</p> + +<p>He pensado alguna vez romperla para +librarme de ella. Pero me librara? No! Vale +ms darse en espectculo que consumirse. Y +al fin y al cabo no es ms que espectculo la +vida.</p> + +<p>La lectura del <i>Can</i> de lord Byron me entr +hasta lo ms ntimo. Con que razn culpaba +Can a sus padres de que hubieran cojido +de los frutos del rbol de la ciencia en +vez de cojer de la del rbol de la vida! A +m, por lo menos, la ciencia no ha hecho ms +que exacerbarme la herida.</p> + +<p>Ojal nunca hubiera vivido!—digo con +aquel Can. Por qu me hicieron? Por qu he +de vivir? Y lo que no me explico es cmo +Can no se decidi por el suicidio. Habra sido +el ms noble comienzo de la historia humana. +Pero por qu no se suicidaron Adn y Eva +despus de la cada y antes de haber dado +hijos? Ah, es que entonces Jehov habra hecho +otros iguales y otro Can y otro Abel. No +se repetir esta misma tragedia en otros mundos, +all por las estrellas? Acaso la tragedia<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span> +tiene otras representaciones, sin que baste +el extremo de la tierra. Pero fu extremo?</p> + +<p>Cuando le cmo Luzbel le declaraba a +Can cmo era ste, Can, inmortal, es cuando +empec con terror a pensar si yo tambin +ser inmortal y si ser inmortal en m mi +odio. Tendr alma—me dije entonces—ser +este mi odio alma? y llegu a pensar que +no podra ser de otro modo, que no puede ser +funcin de un cuerpo un odio as. Lo que no +haba encontrado con el escalpelo en otros +lo encontr en m. Un organismo corruptible +no poda odiar como yo odiaba. Luzbel +aspiraba a ser Dios, y yo desde muy nio, +no aspir a anular a los dems? Y cmo poda +ser yo tan desgraciado si no me hizo +tal el creador de la desgracia?</p> + +<p>Nada le costaba a Abel criar sus ovejas, +como nada le costaba a l, al otro, hacer sus +cuadros; pero a m? a m me costaba mucho +diagnosticar las dolencias de mis enfermos.</p> + +<p>Quejbase Can de que Adah, su propia +querida Adah, su mujer y hermana, no comprendiera +el espritu que a l le abrumaba. +Pero s, s, mi Adah, mi pobre Adah com<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span>prenda +mi espritu. Es que era cristiana. +Mas tampoco yo encontr algo que conmigo +simpatizara.</p> + +<p>Hasta que le y rele el <i>Can</i> byroniano, yo, +que tantos hombres haba visto agonizar y +morir, no pens en la muerte, no la descubr. +Y entonces pens si al morir me morira +con mi odio, si se morira conmigo o si me +sobrevivira; pens si el odio sobrevive a +los odiadores, si es algo sustancial y que se +trasmite, si es el alma, la esencia misma del +alma. Y empec a creer en el Infierno y que +la muerte es un ser, es el Demonio, es el +Odio hecho persona, es el Dios del alma. +Todo lo que mi ciencia no me ense me enseaba +el terrible poema de aquel gran odiador +que fu lord Byron.</p> + +<p>Mi Adah tambin me echaba dulcemente +en cara cuando yo no trabajaba, cuando no +poda trabajar. Y Luzbel estaba entre mi +Adah y yo. No vayas con ese Espritu!—me +gritaba mi Adn. Pobre Antonia! Y me +peda tambin que le salvara de aquel Espritu. +Mi pobre Adn no lleg a odiarlos +como los odiaba yo. Pero llegu yo a querer<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span> +de veras a mi Antonia? Ah, si hubiera sido +capaz de quererla me habra salvado. Era +para m otro instrumento de venganza. Querala +para madre de un hijo o de una hija +que me vengaran. Aunque pens, necio de +m, que una vez padre se me curara aquello. +Mas acaso no me cas sino para hacer odiosos +como yo, para trasmitir mi odio, para +inmortalizarlo.</p> + +<p>Se me qued grabada en el alma como con +fuego aquella escena de Can y Luzbel en el +abismo del espacio. Vi mi ciencia a travs +de mi pecado y la miseria de dar vida para +propagar la muerte. Y vi que aquel odio inmortal +era mi alma. Ese odio pens que debi +de haber precedido a mi nacimiento y que +sobrevivira a mi muerte. Y me sobrecoj de +espanto al pensar en vivir siempre para aborrecer +siempre. Era el Infierno. Y yo que +tanto me haba redo de la creencia en l! +Era el Infierno!</p> + +<p>Cuando le cmo Adah habl a Can de su +hijo, de Enoc, pens en el hijo, o en la hija +que habra de tener; pens en ti, hija ma, mi +redencin y mi consuelo; pens en que t<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> +vendras a salvarme un da. Y al leer lo que +aquel Can deca a su hijo dormido e inocente, +que no saba que estaba desnudo, +pens si no haba sido en m un crimen engendrarte, +pobre hija ma! Me perdonars +haberte hecho? Y al leer lo que Adah deca +a su Can, record mis aos de paraso, cuando +aun no iba a cazar premios, cuando no +soaba en superar a todos los dems. No, +hija ma, no; no ofrec mis estudios a Dios +con corazn puro, no busqu la verdad y el +saber, sino que busqu los premios y la fama +y ser ms que l.</p> + +<p>El, Abel, amaba su arte y lo cultivaba +con pureza de intencin y no trat nunca +de imponrseme. No, no fu l quien me la +quit, no! Y yo llegu a pensar en derribar +el altar de Abel, loco de m! Y es que no haba +pensado ms que en m.</p> + +<p>El relato de la muerte de Abel tal y como +aquel terrible poeta del demonio nos le expone, +me ceg. Al leerlo sent que se me +iban las cosas y hasta creo que sufr un mareo. +Y desde aquel da, gracias al impo Byron, +empec a creer.</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>XIII</h2> + + +<p>Le di Antonia a Joaqun una hija. Una +hija—se dijo—y l un hijo! Mas pronto se +repuso de esta nueva treta de su demonio. Y +empez a querer a su hija con toda la fuerza +de su pasin y por ella a la madre. Ser mi +vengadora—se dijo primero, sin saber de +qu habra de vengarle, y luego: Ser mi +purificadora.</p> + +<p>Empec a escribir esto—dej escrito en +su <i>Confesin</i>—ms tarde para mi hija, para +que ella, despus de yo muerto, pudiese conocer +a su pobre padre y compadecerle y +quererle. Mirndola dormir en la cuna, soando +su inocencia, pensaba que para criar<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>la +y educarla pura tena yo que purificarme +de mi pasin, limpiarme de la lepra de mi +alma. Y decid hacerle que amase a todos y +sobre todo a ellos. Y all, sobre la inocencia +de su sueo, jur libertarme de mi infernal +cadena. Tena que ser yo el mayor heraldo +de la gloria de Abel.</p> + +<p>Y sucedi que habiendo Abel Snchez acabado +su cuadro, lo llev a una Exposicin, +donde obtuvo un aplauso general y fu admirado +como estupenda obra maestra, y se +le di la medalla de honor.</p> + +<p>Joaqun iba a la sala de la Exposicin a +contemplar el cuadro y a mirar en l, como +si mirase en un espejo, al Can de la pintura +y a espiar en los ojos de las gentes si le miraban +a l, despus de haber mirado al otro.</p> + +<p>Torturbame la sospecha—escribi en su +<i>Confesin</i>—de que Abel hubiese pensado en +m al pintar su Can, de que hubiese descubierto +todas las insondables negruras de la +conversacin que con l mantuve en su +casa cuando me anunci su propsito de +pintarlo y cuando me ley los pasajes del +Gnesis, y yo me olvid tanto de l y pens<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> +tanto en m mismo, que puse al desnudo mi +alma enferma. Pero no! No haba en el Can +de Abel el menor parecido conmigo, no +pens en m al pintarlo, es decir, no me despreci, +no lo pint desdendome, ni Helena +debi de decirle nada de m. Les bastaba +con saborear el futuro triunfo, el que esperaban. +Ni siquiera pensaban en m!</p> + +<p>Y esta idea de que ni siquiera pensasen +en m, de que no me odiaran, torturbame +aun ms que lo otro. Ser odiado por l con +un odio como el que yo le tena, era algo y +poda haber sido mi salvacin.</p> + +<p>Y fu ms all, o entr ms dentro de s +Joaqun, y fu que lanz la idea de dar un +banquete a Abel para celebrar su triunfo y +que l, su amigo de siempre, su amigo de antes +de conocerse, le ofrecera el banquete.</p> + +<p>Joaqun gozaba de cierta fama de orador. +En la Academia de Medicina y Ciencias era +el que dominaba a los dems con su palabra +cortante y fra, precisa y sarcstica de ordinario. +Sus discursos solan ser chorros de +agua fra sobre los entusiasmos de los principiantes, +acres lecciones de escepticismo pe<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span>simista. +Su tesis ordinaria que nada se saba +de cierto en Medicina, que todo era hiptesis +y un continuo tejer y destejer, que lo +ms seguro era la desconfianza. Por esto, al +saberse que era l, Joaqun, quien ofrecera +el banquete, echronse los ms a esperar alborozados +un discurso de doble filo, una diseccin +despiadada, bajo apariencias de elogio, +de la pintura cientfica y documentada, +o bien un encomio sarcstico de ella. Y un +regocijo malvolo corra por los corazones de +todos los que haban odo alguna vez hablar +a Joaqun del arte de Abel. Apercibironle +a ste del peligro.</p> + +<p>—Os equivocis—les dijo Abel.—Conozco +a Joaqun y no le creo capaz de eso. S algo +de lo que le pasa, pero tiene un profundo sentido +artstico y dir cosas que valga la pena +de oirlas. Y ahora quiero hacerle un retrato...</p> + +<p>—Un retrato?</p> + +<p>—S, vosotros no le conocis como yo. Es +un alma de fuego, tormentosa...</p> + +<p>—Hombre ms fro...</p> + +<p>—Por fuera. Y en todo caso dicen que el +fuego quema. Es una figura que ni a posta...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span></p> + +<p>Y este juicio de Abel lleg a odos del juzgado, +de Joaqun, y le sumi ms en sus cavilaciones. +Qu pensar en realidad de m?, +se deca.—Ser cierto que me tiene as, por +un alma de fuego, tormentosa? Ser cierto +que me reconoce vctima del capricho de la +suerte?</p> + +<p>Lleg en esto a algo de que tuvo que avergonzarse +hondamente, y fu que, recibida en +su casa una criada que haba servido en la +de Abel, la requiri de ambiguas familiaridades +aun sin comprometerse, no ms que +para inquirir de ella lo que en la otra casa +hubiera odo decir de l.</p> + +<p>—Pero, vamos, dime, es que no les oste +nunca nada de m?</p> + +<p>—Nada, seorito, nada.</p> + +<p>—Pero no hablaban alguna vez de m?</p> + +<p>—Como hablar, s, creo que s, pero no +decan nada.</p> + +<p>—Nada, nunca nada?</p> + +<p>—Yo no les oa hablar. En la mesa, mientras +yo les serva, hablaban poco y cosas de +esas de que se habla en la mesa. De los cuadros +de l...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p> + +<p>—Lo comprendo. Pero nada, nunca nada +de m?</p> + +<p>—No me acuerdo.</p> + +<p>Y al separarse de la criada sinti Joaqun +entraada aversin a s mismo. Me estoy +idiotizando—se dijo.—Qu pensar de m +esta muchacha! Y tanto le acongoj esto que +hizo que con un pretexto cualquiera se le +despachase a aquella criada. Y si ahora +va—se dijo luego—y vuelve a servir a Abel +y le cuenta esto? Por lo que estuvo a punto +de pedir a su mujer que volviera a llamarla. +Mas no se atrevi. E iba siempre temblando +de encontrarla por la calle.</p> + +<hr class="chap" /> + + + + + +<h2>XIV</h2> + + +<p>Lleg el da del banquete. Joaqun no durmi +la noche de la vspera.</p> + +<p>—Voy a la batalla, Antonia—le dijo a su +mujer al salir de casa.</p> + +<p>—Que Dios te ilumine y te gue, Joaqun.</p> + +<p>—Quiero ver a la nia, a la pobre Joaquinita...</p> + +<p>—S, ven, mrala... est dormida...</p> + +<p>—Pobrecilla! No sabe lo que es el demonio! +Pero yo te juro, Antonia, que sabr arrancrmelo. +Me lo arrancar, lo estrangular y +lo echar a los pies de Abel. Le dara un beso +si no fuese que temo despertarla...</p> + +<p>---No, no! Bsala!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span></p> + +<p>Inclinse el padre y bes a la nia dormida, +que sonri al sentirse besada en +sueos.</p> + +<p>—Ves, Joaqun, tambin ella te bendice.</p> + +<p>—Adis, mujer!—Y le di un beso largo, +muy largo.</p> + +<p>Ella se fu a rezar ante la imagen de la +Virgen.</p> + +<p>Corra una maliciosa expectacin por debajo +de las conversaciones mantenidas durante +el banquete. Joaqun, sentado a la +derecha de Abel, e intensamente plido, apenas +coma ni hablaba. Abel mismo empez +a temer algo.</p> + +<p>A los postres se oyeron siseos, empez a +cuajar el silencio, y alguien dijo: Que hable! +Levantse Joaqun. Su voz empez +temblona y sorda, pero pronto se aclar y +vibraba con un acento nuevo. No se oa ms +que su voz, que llenaba el silencio. El asombro +era general. Jams se haba pronunciado +un elogio ms frvido, ms encendido, ms +lleno de admiracin y de cario a la obra y a +su autor. Sintieron muchos asomrseles las +lgrimas cuando Joaqun evoc aquellos das<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> +de su comn infancia con Abel, cuando ni +uno ni otro soaban lo que habran de ser.</p> + +<p>Nadie le ha conocido ms adentro que yo—deca;—creo +conocerte mejor que me conozco +a m mismo, ms puramente, porque +de nosotros mismos no vemos en nuestras +entraas sino el fango de que hemos sido +hechos. Es en otros donde vemos lo mejor +de nosotros y lo amamos, y eso es la admiracin. +El ha hecho en su arte lo que yo +habra querido hacer en el mo, y por eso es +uno de mis modelos; su gloria es un acicate +para mi trabajo y es un consuelo de la gloria +que no he podido adquirir. El es nuestro, +de todos, l es mo sobre todo, y yo, gozando +su obra, la hago tan ma como l la hizo suya +crendola. Y me consuelo de verme sujeto a +mi mediana...</p> + +<p>Su voz lloraba a las veces. El pblico estaba +subyugado, vislumbrando oscuramente +la lucha gigantesca de aquel alma con su +demonio.</p> + +<p>Y ved la figura de Can—deca Joaqun +dejando gotear las ardientes palabras,—del +trgico Can, del labrador errante, del pri<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>mero +que fund ciudades, del padre de la industria, +de la envidia y de la vida civil, +vedla! Ved con qu cario, con qu compasin, +con qu amor al desgraciado est pintada. +Pobre Can! Nuestro Abel Snchez admira +a Can como Milton admiraba a Satn, +est enamorado de su Can como Milton lo +estuvo de su Satn, porque admirar es amar +y amar es compadecer. Nuestro Abel ha sentido +toda la miseria, toda la desgracia inmerecida +del que mat al primer Abel, del que +trajo, segn la leyenda bblica, la muerte al +mundo. Nuestro Abel nos hace comprender +la culpa de Can, porque hubo culpa, y compadecerle +y amarle... Este cuadro es un acto +de amor!</p> + +<p>Cuando acab Joaqun de hablar medi un +silencio espeso, hasta que estall una salva +de aplausos. Levantse entonces Abel y, plido, +convulso, tartamudeante, con lgrimas +en los ojos, le dijo a su amigo:</p> + +<p>—Joaqun, lo que acabas de decir vale ms, +mucho ms que mi cuadro, ms que todos +los cuadros que he pintado, ms que todos los +que pintar... Eso, eso es una obra de arte<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> +y de corazn. Yo no saba lo que he hecho +hasta que te he odo. T y no yo has hecho +mi cuadro, t!</p> + +<p>Y abrazronse llorando los dos amigos de +siempre entre los clamorosos aplausos y vivas +de la concurrencia puesta en pie. Y al +abrazarse le dijo a Joaqun su demonio: Si +pudieses ahora ahogarle en tus brazos...!</p> + +<p>—Estupendo!—decan.—Qu orador! Qu +discurso! Quin poda haber esperado esto? +Lstima que no se haya trado taqugrafos!</p> + +<p>—Esto es prodigioso—deca uno.—No espero +volver a oir cosa igual.</p> + +<p>—A m—aada otro—me corran escalofros +al oirlo.</p> + +<p>—Pero mrale, mrale qu plido est!</p> + +<p>Y as era. Joaqun, sintindose, despus +de su victoria, vencido, senta hundirse +en una sima de tristeza. No, su demonio no +estaba muerto. Aquel discurso fu un xito +como no lo haba tenido, como no volvera +a tenerlo, y le hizo concebir la idea de dedicarse +a la oratoria para adquirir en ella gloria +con que oscurecer la de su amigo en la +pintura.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p> + +<p>—Has visto cmo lloraba Abel?—deca +uno al salir.</p> + +<p>—Es que este discurso de Joaqun vale +por todos los cuadros del otro. El discurso +ha hecho el cuadro. Habr que llamarle el +cuadro del discurso. Quita el discurso y qu +queda del cuadro? Nada! A pesar del primer +premio.</p> + +<p>Cuando Joaqun lleg a casa, Antonia sali +a abrirle la puerta y a abrazarle:</p> + +<p>—Ya lo s, ya me lo han dicho. As, as! +Vales ms que l, mucho ms que l; que sepa +que si su cuadro vale ser por tu discurso.</p> + +<p>—Es verdad, Antonia, es verdad, pero...</p> + +<p>—Pero qu? Todava...</p> + +<p>—Todava, s. No quiero decirte las cosas +que el demonio, mi demonio, me deca mientras +nos abrazbamos...</p> + +<p>—No, no me las digas, cllate!</p> + +<p>—Pues tpame la boca.</p> + +<p>Y ella se la tap con un beso largo, clido, +hmedo, mientras se le nublaban de lgrimas +los ojos.</p> + +<p>—A ver si as me sacas el demonio, Antonia, +a ver si me lo sorbes.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p> + +<p>—S, para quedarme con l, no es eso?—y +procuraba reirse la pobre.</p> + +<p>—S, srbemelo, que a ti no puede hacerte +dao, que en ti se morir, se ahogar en tu +sangre como en agua bendita...</p> + +<p>Y cuando Abel se encontr en su casa, a +solas con su Helena, sta le dijo:</p> + +<p>—Ya han venido a contarme lo del discurso +de Joaqun. Ha tenido que tragar tu +triunfo... ha tenido que tragarte...!</p> + +<p>—No hables as, mujer, que no le has odo.</p> + +<p>—Como si le hubiese odo,</p> + +<p>—Le sala del corazn. Me ha conmovido. +Te digo que ni yo s lo que he pintado hasta +que no le he odo a l explicrnoslo.</p> + +<p>—No te fes... no te fes de l... cuando +tanto le ha elogiado, por algo ser...</p> + +<p>—Y no puede haber dicho lo que senta?</p> + +<p>---T sabes que est muerto de envidia +de ti...</p> + +<p>—Cllate.</p> + +<p>—Muerto, s, muertito de envidia de ti...</p> + +<p>—Cllate, cllate, mujer, cllate!</p> + +<p>—No, no son celos, porque l ya no me<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span> +quiere, si es que me quiso... es envidia... envidia...</p> + +<p>—Cllate! Cllate!—rugi Abel.</p> + +<p>—Bueno, me callo, pero t vers...</p> + +<p>—Ya he visto y he odo y me basta. Cllate, +digo!</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XV</h2> + + +<p>Pero no, no! Aquel acto heroico no le cur +al pobre Joaqun.</p> + +<p>Empec a sentir remordimiento—escribi +en su <i>Confesin</i>—de haber dicho lo que +dije, de no haber dejado estallar mi mala +pasin para as librarme de ella, de no haber +acabado con l artsticamente, denunciando +los engaos y falsos efectismos de su arte, +sus imitaciones, su tcnica fra y calculada, +su falta de emocin; de no haber matado +su gloria. Y as me habra librado de lo otro, +diciendo la verdad, reduciendo su prestigio +a su verdadera tasa. Acaso Can, el bblico, +el que mat al otro Abel, empez a querer a<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span> +ste luego que le vi muerto. Y entonces fu +cuando empec a creer: de los efectos de +aquel discurso provino mi conversin.</p> + +<p>Lo que Joaqun llamaba as en su <i>Confesin</i> +fu que Antonia, su mujer, que le vi no +curado, que le temi acaso incurable, fu inducindole +a que buscase armas en la religin +de sus padres, en la de ella, en la que haba +de ser de su hija, en la oracin.</p> + +<p>—T lo que debes hacer es ir a confesarte...</p> + +<p>—Pero, mujer, si hace aos que no voy a +la iglesia...</p> + +<p>—Por lo mismo.</p> + +<p>—Pero si no creo en esas cosas...</p> + +<p>—Eso creers t, pero a m me ha explicado +el padre cmo vosotros, los hombres de +ciencia, creis no creer, pero creis. Yo s que +las cosas que te ense tu madre, las que yo +ensear a nuestra hija...</p> + +<p>—Bueno, bueno, djame!</p> + +<p>—No, no te dejar. Vete a confesarte, te +lo ruego.</p> + +<p>—Y qu dirn los que conocen mis ideas?</p> + +<p>—Ah, es eso? Son respetos humanos?</p> + +<p>Mas la cosa empez a hacer mella en el co<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>razn +de Joaqun y se pregunt si realmente +no crea y aun sin creer quiso probar si la +Iglesia podra curarle. Y empez a frecuentar +el templo, algo demasiado a las claras, como +en son de desafo a los que conocan sus ideas +irreligiosas, y acab yendo a un confesor. Y +una vez en el confesonario se le desat el +alma.</p> + +<p>—Le odio, padre, le odio con toda mi alma, +y a no creer como creo, a no querer creer +como quiero creer, le matara...</p> + +<p>—Pero eso, hijo mo, eso no es odio; eso +es ms bien envidia.</p> + +<p>—Todo odio es envidia, padre, todo odio +es envidia.</p> + +<p>—Pero debe cambiarlo en noble emulacin, +en deseo de hacer en su profesin y sirviendo +a Dios, lo mejor que pueda...</p> + +<p>—No puedo, no puedo, no puedo trabajar. +Su gloria no me deja.</p> + +<p>—Hay que hacer un esfuerzo... para eso +el hombre es libre...</p> + +<p>—No creo en el libre albedro, padre. Soy +mdico.</p> + +<p>—Pero...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p> + +<p>—Qu hice yo para que Dios me hiciese +as, rencoroso, envidioso, malo? Qu mala +sangre me leg mi padre?</p> + +<p>—Hijo mo... hijo mo...</p> + +<p>—No, no creo en la libertad humana, y el +que no cree en la libertad no es libre. No, no +lo soy! Ser libre es creer serlo!</p> + +<p>—Es usted malo porque desconfa de Dios.</p> + +<p>—El desconfiar de Dios es maldad, padre?</p> + +<p>—No quiero decir eso, sino que la mala +pasin de usted proviene de que desconfa +de Dios...</p> + +<p>—El desconfiar de Dios es maldad? Vuelvo +a preguntrselo.</p> + +<p>—S, es maldad.</p> + +<p>—Luego desconfo de Dios porque me hizo +malo, como a Can le hizo malo. Dios me +hizo desconfiado...</p> + +<p>—Le hizo libre.</p> + +<p>—S, libre de ser malo.</p> + +<p>—Y de ser bueno!</p> + +<p>—Por qu nac, padre?</p> + +<p>—Pregunte ms bien que para qu naci...</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XVI</h2> + + +<p>Abel haba pintado una Virgen con el nio +en brazos, que no era sino un retrato de Helena, +su mujer, con el hijo, Abelito. El cuadro +tuvo xito, fu reproducido, y ante una esplndida +fotografa de l rezaba Joaqun a +la Virgen Santsima, dicindole: Protgeme! +Slvame!</p> + +<p>Pero mientras as rezaba, susurrndose en +voz baja y como para oirse, quera acallar +otra voz ms honda, que brotndole de las +entraas le deca: As se muera! As te la +deje libre!</p> + +<p>—Con que te has hecho ahora reaccionario?—le +dijo un da Abel a Joaqun.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p> + +<p>—Yo?</p> + +<p>—S, me han dicho que te has dado a la +iglesia y que oyes misa diaria, y como nunca +has credo ni en Dios ni en el Diablo, y no es +cosa de convertirse as, sin ms ni menos, +pues que te has hecho reaccionario!</p> + +<p>—Y a ti qu?</p> + +<p>—No, si no te pido cuentas; pero... crees +de veras?</p> + +<p>—Necesito creer.</p> + +<p>—Eso es otra cosa. Pero crees?</p> + +<p>—Ya te he dicho que necesito creer, y no +me preguntes ms.</p> + +<p>—Pues a m con el arte me basta; el arte +es mi religin.</p> + +<p>—Pues has pintado Vrgenes...</p> + +<p>—S, a Helena.</p> + +<p>—Que no lo es precisamente.</p> + +<p>—Para m como si lo fuese. Es la madre +de mi hijo...</p> + +<p>—Nada ms?</p> + +<p>—Y toda madre es virgen en cuanto es +madre.</p> + +<p>—Ya ests haciendo teologa!</p> + +<p>—No s, pero aborrezco el reaccionarismo<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span> +y la gazmoera. Todo eso me parece que no +nace sino de la envidia, y me extraa en ti, +que te creo muy capaz de distinguirte del +vulgo, de los mediocres, me extraa que te +pongas ese uniforme.</p> + +<p>—A ver, a ver, Abel, explcate!</p> + +<p>---Es muy claro. Los espritus vulgares, +ramplones, no consiguen distinguirse, y como +no pueden sufrir que otros se distingan, les +quieren imponer el uniforme del dogma, que +es un traje de municin, para que no se distingan. +El origen de toda ortodoxia, lo mismo +en religin que en arte, es la envidia, no te +quepa duda. Si a todos se nos deja vestirnos +como se nos antoje, a uno se le ocurre un +atavo que llame la atencin y pone de realce +su natural elegancia, y si es hombre hace que +las mujeres le admiren, y se enamoren de l +mientras otro, naturalmente rampln y vulgar, +no logra sino ponerse en ridculo buscando +vestirse a su modo, y por eso los vulgares, +los ramplones, que son los envidiosos, +han ideado una especie de uniforme, un +modo de vestirse como muecos, que pueda +ser moda, porque la moda es otra ortodoxia.<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> +Desengate, Joaqun: eso que llaman ideas +peligrosas, atrevidas, impas, no son sino +las que no se les ocurre a los pobres de ingenio +rutinario, a los que no tienen ni pizca de +sentido propio ni originalidad y s slo sentido +comn y vulgaridad. Lo que ms odian +es la imaginacin y porque no la tienen.</p> + +<p>—Y aunque as sea—exclam Joaqun,—es +que esos que llaman los vulgares, los ramplones, +los mediocres, no tienen derecho a +defenderse?</p> + +<p>—Otra vez defendiste en mi casa, te +acuerdas?, a Can, al envidioso, y luego, en +aquel inolvidable discurso que me morir leyndotelo, +en aquel discurso a que debo lo +ms de mi reputacin, nos enseaste, me +enseaste a m al menos, el alma de Can. +Pero Can no era ningn vulgar, ningn rampln, +ningn mediocre...</p> + +<p>—Pero fu el padre de los envidiosos...</p> + +<p>—S, pero de otra envidia, no de la de esa +gente... La envidia de Can era algo grande; +la del fantico inquisidor es lo ms pequeo +que hay. Y me choca verte entre ellos...</p> + +<p>Pero este hombre—se deca Joaqun al<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span> +separarse de Abel—es que lee en m? Aunque +no, parece no darse cuenta de lo que me +pasa. Habla y piensa como pinta, sin saber +lo que dice y lo que pinta. Es un inconsciente, +aunque yo me empee en ver en l un +tcnico reflexivo...</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XVII</h2> + + +<p>Enterse Joaqun de que Abel andaba enredado +con una antigua modelo, y esto le corrobor +en su aprensin de que no se haba +casado con Helena por amor. Se casaron—decase—por +humillarme. Y luego se aada: +Ni ella, ni Helena le quiere, ni puede +quererle... ella no quiere a nadie, es incapaz +de cario, no es ms que un hermoso estuche +de vanidad... Por vanidad, y por desdn +a m, se cas, y por vanidad o por capricho +es capaz de faltar a su marido... Y hasta con +el mismo a quien no quiso para marido... +Surgale a la vez de entre pavesas una brasa +que crea apagada al hielo de su odio, y era<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span> +su antiguo amor a Helena. Segua, s, a pesar +de todo, enamorado de la pava real, de la +coqueta, de la modelo de su marido. Antonia +le era muy superior, sin duda, pero la otra +era la otra. Y luego, la venganza... es tan +dulce la venganza! Tan tibia para un corazn +helado!</p> + +<p>A los pocos das fu a casa de Abel, acechando +la hora en que ste se hallara fuera +de ella. Encontr a Helena sola con el nio, +a aquella Helena, a cuya imagen divinizada +haba en vano pedido proteccin y salvacin.</p> + +<p>—Ya me ha dicho Abel—le dijo su prima—que +ahora te ha dado por la iglesia. Es +que Antonia te ha llevado a ella, o es que vas +huyendo de Antonia?</p> + +<p>—Pues?</p> + +<p>—Porque los hombres solis haceros beatos +o a rastras de la mujer o escapando de +ella...</p> + +<p>—Hay quien escapa de la mujer, y no para +ir a la iglesia precisamente.</p> + +<p>—S, eh?</p> + +<p>—S, pero tu marido, que te ha venido<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span> +con el cuento ese, no sabe algo ms, y es que +no slo rezo en la iglesia...</p> + +<p>—Es claro! Todo hombre devoto debe hacer +sus devociones en casa.</p> + +<p>—Y las hago. Y la principal es pedir a la +Virgen que me proteja y me salve.</p> + +<p>—Me parece muy bien.</p> + +<p>—Y sabes ante qu imagen pido eso?</p> + +<p>—Si t no me lo dices...</p> + +<p>—Ante la que pint tu marido...</p> + +<p>Helena volvi la cara de pronto, enrojecida, +al nio que dorma en un rincn del gabinete. +La brusca violencia del ataque la desconcert. +Mas reponindose dijo:</p> + +<p>—Eso me parece una impiedad de tu +parte y prueba, Joaqun, que tu nueva devocin +no es ms que una farsa y algo peor...</p> + +<p>—Te juro, Helena...</p> + +<p>—El segundo: no jurar su santo nombre +en vano.</p> + +<p>—Pues te juro, Helena, que mi conversin +fu verdadera, es decir que he querido +creer, que he querido defenderme con la fe +de una pasin que me devora...</p> + +<p>—S, conozco tu pasin.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span></p> + +<p>—No, no la conoces!</p> + +<p>—La conozco. No puedes sufrir a Abel.</p> + +<p>—Pero por qu no puedo sufrirle?</p> + +<p>—Eso t lo sabrs. No has podido sufrirle +nunca, ni aun antes de que me le presentases.</p> + +<p>—Falso!... Falso!</p> + +<p>—Verdad! Verdad!</p> + +<p>—Y por qu no he de poder sufrirle?</p> + +<p>—Pues porque adquiere fama, porque +tiene renombre... No tienes t clientela? No +ganas con ella?</p> + +<p>—Pues mira, Helena, voy a decirte la verdad, +toda la verdad. No me basta con eso! +Yo querra haberme hecho famoso, haber +hallado algo nuevo en mi ciencia, haber unido +mi nombre a algn descubrimiento cientfico...</p> + +<p>—Pues ponte a ello, que talento no te +falta.</p> + +<p>—Ponerme a ello... ponerme a ello... Habrame +puesto a ello, s, Helena, si hubiese +podido haber puesto esa gloria a tus pies...</p> + +<p>—Y por qu no a los de Antonia?</p> + +<p>—No hablemos de ella!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span></p> + +<p>—Ah, pero has venido a esto? Has espiado +el que mi Abel—y recalc el <i>mi</i>—estuviese +fuera para venir a esto?</p> + +<p>—Tu Abel... tu Abel... valiente caso hace +de ti tu Abel!</p> + +<p>—Qu? Tambin delator, acusique, sopln?</p> + +<p>—Tu Abel tiene otros modelos que t.</p> + +<p>—Y qu?—exclam Helena, irguindose.—Y +qu si las tiene? Seal de que sabe ganarlas! +O es que tambin de eso le tienes envidia? +Es que no tienes ms remedio que +contentarte con... tu Antonia? Ah, y porque +l ha sabido buscarse otra vienes t aqu +hoy a buscarte otra tambin? Y vienes as, +con chismes de estos? No te da vergenza, +Joaqun? Qutate, qutate de ah, que me da +bascas slo el verte.</p> + +<p>—Por Dios, Helena, que me ests matando... +que me ests matando!</p> + +<p>—Anda, vete, vete a la iglesia, hipcrita, +envidioso; vete a que tu mujer te cure, que +ests muy malo.</p> + +<p>—Helena, Helena, que t sola puedes curarme! +Por cuanto ms quieras, Helena, mira +que pierdes para siempre a un hombre!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span></p> + +<p>—Ah, y quieres que por salvarte a ti pierda +a otro, al mo?</p> + +<p>—A ese no le pierdes; le tienes ya perdido. +Nada le importa de ti. Es incapaz de quererte. +Yo, yo soy el que te quiero, con toda +mi alma, con un cario como no puedes soar.</p> + +<p>Helena se levant, fu al nio y despertndolo, +cojilo en brazos, y volviendo a +Joaqun le dijo: Vete! Es ste, el hijo de +Abel, quien te echa de su casa; vete!</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XVIII</h2> + + +<p>Joaqun empeor. La ira al conocer que se +haba desnudado el alma ante Helena, y el +despecho por la manera como sta le rechaz, +en que vi claro que le despreciaba, acab +de enconarle el nimo. Mas se domin buscando +en su mujer y en su hija consuelo y +remedio. Ensombrecisele aun ms su vida +de hogar; se le agri el humor.</p> + +<p>Tena entonces en casa una criada muy +devota, que procuraba oir misa diaria y se +pasaba las horas que el servicio le dejaba +libre, encerrada en su cuarto haciendo sus devociones. +Andaba con los ojos bajos, fijos +en el suelo, y responda a todo con la mayor<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span> +mansedumbre y en voz algo gangosa. Joaqun +no poda resistirla y la regaaba con +cualquier pretexto. Tiene razn el seor, +sola decirle ella.</p> + +<p>—Cmo que tengo razn?—exclam una +vez, ya perdida la paciencia, l, el amo.—No, +ahora no tengo razn!</p> + +<p>—Bueno, seor, no se enfade, no la tendr.</p> + +<p>—Y nada ms?</p> + +<p>—No le entiendo, seor.</p> + +<p>—Cmo que no me entiendes, gazmoa, +hipcrita? Por qu no te defiendes? Por +qu, no me replicas? Por qu no te rebelas?</p> + +<p>—Rebelarme yo? Dios y la Santsima Virgen +me defiendan de ello, seor.</p> + +<p>—Pero quieres ms—intervino Antonia—sino +que reconozca sus faltas?</p> + +<p>—No, no las reconoce. Est llena de soberbia!</p> + +<p>—De soberbia yo, seor?</p> + +<p>—Lo ves? Es la hipcrita soberbia de no +reconocerla. Es que est haciendo conmigo, +a mi costa, ejercicios de humildad y de paciencia; +es que toma mis accesos de mal humor +como cilicios para ejercitarse en la vir<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>tud +de la paciencia. Y a mi costa, no! No, +no y no! A mi costa, no! A m no se me toma +de instrumento para hacer mritos para el +cielo. Eso es hipocresa!</p> + +<p>La criadita lloraba, rezando entre dientes.</p> + +<p>—Pero y si es verdad, Joaqun—dijo Antonia—que +realmente es humilde... Por qu +va a rebelarse? Si se hubiese rebelado te habras +irritado an ms.</p> + +<p>—No! Es una canallada tomar las flaquezas +del prjimo como medio para ejercitarnos +en la virtud. Que me replique, que +se insolente, que sea persona... y no criada...</p> + +<p>—Entonces, Joaqun, te irritara ms.</p> + +<p>—No, lo que ms me irrita son esas pretensiones +a mayor perfeccin.</p> + +<p>—Se equivoca usted, seor—dijo la criada, +sin levantar los ojos del suelo;—yo no +me creo mejor que nadie.</p> + +<p>—No, eh? Pues yo s! Y el que no se crea +mejor que otro, es un mentecato. T te +creers la ms pecadora de las mujeres, es +eso? Anda, responde!</p> + +<p>—Esas cosas no se preguntan, seor.</p> + +<p>—Anda, responde, que tambin San Luis<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span> +Gonzaga dicen que se crea el ms pecador +de los hombres; responde: te crees, s o no, +la ms pecadora de las mujeres?</p> + +<p>—Los pecados de las otras no van a mi +cuenta, seor.</p> + +<p>—Idiota, ms que idiota. Vete de ah!</p> + +<p>—Dios le perdone, como yo le perdono, +seor.</p> + +<p>—De qu? Ven y dmelo, de qu? De qu +me tiene que perdonar Dios? Anda, dilo.</p> + +<p>—Bueno, seora, lo siento por usted, pero +me voy de esta casa.</p> + +<p>—Por ah debiste empezar—concluy Joaqun.</p> + +<p>Y luego, a solas con su mujer, le deca:</p> + +<p>—Y no ir diciendo esta gatita muerta +que estoy loco? No lo estoy acaso, Antonia? +Dime, estoy loco, s o no?</p> + +<p>—Por Dios, Joaqun, no te pongas as...</p> + +<p>—S, s creo estar loco... Encirrame. Esto +va a acabar conmigo.</p> + +<p>—Acaba t con ello.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XIX</h2> + + +<p>Concentr entonces todo su ahinco en su +hija, en criarla y educarla, en mantenerla libre +de las inmundicias morales del mundo.</p> + +<p>—Mira—sola decirle a su mujer,—es una +suerte que sea sola, que no hayamos tenido +ms.</p> + +<p>—No te habra gustado un hijo?</p> + +<p>—No, no, es mejor hija, es ms fcil aislarla +del mundo indecente. Adems, si hubisemos +tenido dos, habran nacido envidias +entre ellos...</p> + +<p>—O no!</p> + +<p>—O s. No se puede repartir el cario +igualmente entre varios: lo que se le da al<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span> +uno se le quita al otro. Cada uno pide todo +para l y slo para l. No, no, no quisiera +verme en el caso de Dios...</p> + +<p>—Y cul es ese caso?</p> + +<p>—El de tener tantos hijos. No dicen que +somos todos hijos de Dios?</p> + +<p>—No digas esas cosas, Joaqun...</p> + +<p>—Unos estn sanos para que otros estn +enfermos... Hay que ver el reparto de las enfermedades...</p> + +<p>No quera que su hija tratase con nadie. +La llev una maestra particular a casa, +y l mismo, en ratos de ocio, le enseaba +algo.</p> + +<p>La pobre Joaquina adivin en su padre a +un paciente mientras reciba de l una concepcin +ttrica del mundo y de la vida.</p> + +<p>—Te digo—le deca Joaqun a su mujer—que +es mejor, mucho mejor que tengamos +una hija sola, que no tengamos que repartir +el cario...</p> + +<p>—Dicen que cuanto ms se reparte crece +ms...</p> + +<p>—No creas as. Te acuerdas de aquel pobre +Ramrez, el procurador? Su padre tena<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> +dos hijos y dos hijas y pocos recursos. En su +casa no se coma sino sota, caballo y rey, cocido, +pero no principio; slo el padre, Ramrez +padre, tomaba principio, del cual daba +alguna vez a uno de los hijos y a una de las +hijas, pero nunca a los otros. Cuando repicaban +gordo, en das sealados, haba dos +principios para todos y otro adems para l, +para el amo de la casa, que en algo haba de +distinguirse. Hay que conservar la jerarqua. +Y a la noche, al recojerse a dormir Ramrez +padre daba siempre un beso a uno de los hijos +y a una de las hijas, pero no a los otros +dos.</p> + +<p>—Qu horror! Y por qu?</p> + +<p>—Qu s yo... Le pareceran ms guapos +los preferidos...</p> + +<p>—Es como lo de Carvajal, que no puede +ver a su hija menor...</p> + +<p>—Es que le ha llegado la ltima, seis aos +despus de la anterior y cuando andaba mal +de recursos. Es una nueva carga, e inesperada. +Por eso le llama la intrusa.</p> + +<p>—Qu horrores, Dios mo!</p> + +<p>—As es la vida, Antonia, un semillero de<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span> +horrores. Y bendigamos a Dios el no tener +que repartir nuestro cario.</p> + +<p>—Cllate!</p> + +<p>—Cllome!</p> + +<p>Y le hizo callar.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XX</h2> + + +<p>El hijo de Abel estudiaba Medicina, y su +padre sola dar a Joaqun noticias de la marcha +de sus estudios. Habl Joaqun algunas +veces con el muchacho mismo y le cobr algn +afecto; tan insignificante le pareci.</p> + +<p>—Y cmo le dedicas a mdico y no a pintor?—le +pregunt a su amigo.</p> + +<p>—No le dedico yo, se dedica l. No siente +vocacin alguna por el arte...</p> + +<p>—Claro, y para estudiar Medicina no hace +falta vocacin...</p> + +<p>—No he dicho eso. T siempre tan mal +pensado. Y no slo no siente vocacin por +la pintura, pero ni curiosidad. Apenas si se<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> +detiene a ver lo que pinto ni se informa de +ello.</p> + +<p>—Es mejor as acaso...</p> + +<p>—Por qu?</p> + +<p>—Porque si se hubiera dedicado a la pintura, +o lo haca mejor que t, o peor. Si peor, +eso de ser Abel Snchez, hijo, al que llamaran +Abel Snchez el Malo o Snchez el Malo +o Abel el Malo, no est bien ni l lo sufrira...</p> + +<p>—Y si fuera mejor que yo?</p> + +<p>—Entonces seras t quien no lo sufrira.</p> + +<p>—Piensa el ladrn que todos son de su +condicin.</p> + +<p>—S, venme ahora a m, a m, con esas +pamemas. Un artista no soporta la gloria +de otro, y menos si es su propio hijo o su +hermano. Antes la de un extrao. Eso de +que uno de su sangre le supere... eso no! +Cmo explicarlo? Haces bien en dedicarle +a la Medicina.</p> + +<p>—Adems, as ganar ms.</p> + +<p>—Pero quieres hacerme creer que no ganas +mucho con la pintura?</p> + +<p>—Bah, algo.</p> + +<p>—Y adems, gloria.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> + +<p>—Gloria? Para lo que dura...</p> + +<p>—Menos dura el dinero.</p> + +<p>—Pero es ms slido.</p> + +<p>—No seas farsante, Abel, no finjas despreciar +la gloria.</p> + +<p>—Te aseguro que lo que hoy me preocupa +es dejar una fortuna a mi hijo.</p> + +<p>—Le dejars un nombre.</p> + +<p>—Los nombres no se cotizan.</p> + +<p>—El tuyo, s!</p> + +<p>—Mi firma, pero es... Snchez! Y menos +mal si no le da por firmar Abel S. Puig!—que +le hagan marqus de Casa Snchez. +Y luego el Abel quita la malicia al Snchez. +Abel Snchez suena bien.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXI</h2> + + +<p>Huyendo de s mismo, y para ahogar con +la constante presencia del otro, de Abel, en +su espritu, la triste conciencia enferma que +se le presentaba, empez a frecuentar una +pea del Casino. Aquella conversacin ligera +le servira como de narctico, o ms bien se +embriagara con ella. No hay quien se entrega +a la bebida para ahogar una pasin devastadora +en ella, para derretir en vino un +amor frustrado? Pues l se entregara a la +conversacin casinera, a oirla ms que a +tomar parte muy activa en ella, para ahogar +tambin su pasin. Slo que el remedio, +fu peor que la enfermedad.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span></p> + +<p>Iba siempre decidido a contenerse, a reir +y bromear, a murmurar como por juego, a +presentarse a modo de desinteresado espectador +de la vida, bondadoso como un escptico +de profesin, atento a lo de que comprender +es perdonar, y sin dejar traslucir el +cncer que le devoraba la voluntad. Pero el +mal le sala por la boca, en las palabras, cuando +menos lo esperaba, y perciban todos en +ellas el hedor del mal. Y volva a casa irritado +contra s mismo, reprochndose su cobarda +y el poco dominio sobre s y decidido +a no volver ms a la pea del Casino. No—se +deca—no vuelvo, no debo volver; esto me +empeora, me agrava; aquel mbito es deletreo; +no se respira all ms que malas pasiones +retenidas; no, no vuelvo; lo que yo +necesito es soledad, soledad. Santa soledad!</p> + +<p>Y volva.</p> + +<p>Volva por no poder sufrir la soledad. Pues +en la soledad, jams lograba estar solo, sino +que siempre all el otro. El otro! Lleg a sorprenderse +en dilogo con l, tramando lo +que el otro le deca. Y el otro, en estos dilogos +solitarios, en estos monlogos dialoga<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>dos, +le deca cosas indiferentes o gratas, no +le mostraba ningn rencor. Por qu no me +odia, Dios mo!—lleg a decirse.—Por qu +no me odia?</p> + +<p>Y se sorprendi un da a s mismo a punto +de pedir a Dios, en infame oracin diablica, +que infiltrase en el alma de Abel odio +a l, a Joaqun. Y otra vez: Ah, si me envidiase... +si me envidiase...! Y a esta idea, que +como fulgor lvido cruz por las tinieblas de +su espritu de amargura, sinti un gozo +como de derretimiento, un gozo que le hizo +temblar hasta los tutanos del alma, escalofriados. +Ser envidiado...! Ser envidiado...!</p> + +<p>Mas no es esto—se dijo luego—que me +odio, que me envidio a m mismo...? Fuese a +la puerta, la cerr con llave, mir a todos lados, +y al verse solo arrodillse murmurando +con lgrimas de las que escaldan en la voz: +Seor, Seor. T me dijiste: ama a tu prjimo +como a ti mismo! Y yo no amo al prjimo, +no puedo amarle, porque no me amo, +no s amarme, no puedo amarme a m mismo. +Qu has hecho de m, Seor!</p> + +<p>Fu luego a cojer la Biblia y la abri por<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> +donde dice: Y Jehov dijo a Can: dnde +est Abel tu hermano? Cerr lentamente el +libro, murmurando: Y dnde estoy yo? Oy +entonces ruido fuera y se apresur a abrir la +puerta. Pap, papato!, exclam su hija al +entrar. Aquella voz fresca pareci volverle +a la luz. Bes a la muchacha y rozndole el +odo con la boca le dijo bajo, muy bajito, +para que no lo oyera nadie: Reza por tu +padre, hija ma!</p> + +<p>—Padre! Padre!—gimi la muchacha, +echndole los brazos al cuello.</p> + +<p>Ocult la cabeza en el hombro de la hija +y rompi a llorar.</p> + +<p>—Qu te pasa, pap, ests enfermo?</p> + +<p>—S, estoy enfermo. Pero no quieras saber +ms.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXII</h2> + + +<p>Y volvi al Casino. Era intil resistirlo. +Cada da se inventaba a s mismo un pretexto +para ir all. Y el molino de la pea segua +moliendo.</p> + +<p>All estaba Federico Cuadrado, implacable, +que en cuanto oa que alguien elogiaba a otro +preguntaba: Contra quin va ese elogio?</p> + +<p>—Porque a m—deca con su vocecita fra +y cortante—no me la dan con queso; cuando +se elogia mucho a uno, se tiene presente a +otro al que se trata de rebajar con ese elogio, +a un rival del elogiado. Eso cuando no se le +elogia con mala intencin, por ensaarse en +l... Nadie elogia con buena intencin.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span></p> + +<p>—Hombre—le replicaba Len Gmez, que +se gozaba en dar cuerda al cnico Cuadrado—ah +tienes a don Leovigildo, al cual nadie le +ha odo todava hablar mal de otro...</p> + +<p>—Bueno—intercalaba un diputado provincial,—es +que don Leovigildo es un poltico +y los polticos deben estar a bien con +todo el mundo. Qu dices Federico?</p> + +<p>—Digo que don Leovigildo se morir sin +haber hablado mal ni pensado bien de nadie. +El no dar acaso ni el ms lijero empujoncito +para que otro caiga, ni aunque no se lo +vean, porque no slo teme al cdigo penal, +sino tambin al infierno; pero si el otro se +cae y se rompe la crisma, se alegrar hasta +los tutanos. Y para gozarse en la rotura de +la crisma del otro, ser el primero que ir a +condolerse de su desgracia y darle el psame.</p> + +<p>—Yo no s cmo se puede vivir sintiendo +as—dijo Joaqun.</p> + +<p>—Sintiendo cmo?—le arguy al punto +Federico.—Como siente don Leovigildo, +como siento yo o como sientes t?</p> + +<p>—De m nadie ha hablado!—Y esto lo +dijo con acre displicencia.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span></p> + +<p>—Pero hablo yo, hijo mo, porque aqu +todos nos conocemos...</p> + +<p>Joaqun se sinti palidecer. Le llegaba +como un pual de hielo hasta las entraas +de la voluntad aquel <i>hijo mo!</i> que prodigaba +Federico, su demonio de la guarda, +cuando echaba la garra sobre alguien.</p> + +<p>—No s por qu le tienes esa tirria a don +Leovigildo—aadi Joaqun, arrepintindose +de haberlo dicho apenas lo dijera, pues sinti +que estaba atizando la mala lumbre.</p> + +<p>—Tirria? Tirria yo? Y a don Leovigildo?</p> + +<p>—S, no s qu mal te ha hecho...</p> + +<p>—En primer lugar, hijo mo, no hace falta +que le hayan hecho a uno mal alguno para +tenerle tirria. Cuando se le tiene a uno tirria, +es fcil inventar ese mal, es decir, figurarse +uno que se lo han hecho... Y yo no le tengo +a don Leovigildo ms tirria que a otro cualquiera. +Es un hombre y basta. Y un hombre +honrado!</p> + +<p>—Como t eres un misntropo profesional...—empez +el diputado provincial.</p> + +<p>—El hombre es el bicho ms podrido y +ms indecente, ya os lo he dicho cien veces.<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span> +Y el hombre honrado es el peor de los hombres.</p> + +<p>—Anda, anda, qu dices a eso t, que hablabas +el otro da del poltico honrado, refirindote +a don Leovigildo?—le dijo Len Gmez +al diputado.</p> + +<p>—Poltico honrado!—salt Federico.—Eso +s que no!</p> + +<p>—Y por qu?—preguntaron tres a coro.</p> + +<p>—Que por qu? Porque lo ha dicho l +mismo. Porque tuvo en un discurso la avilantez +de llamarse a s mismo honrado. No es +honrado declararse tal. Dice el Evangelio +que Cristo Nuestro Seor...</p> + +<p>—No mientes a Cristo, te lo suplico!—le +interrumpi Joaqun.</p> + +<p>—Qu? Te duele tambin Cristo, hijo mo?</p> + +<p>Hubo un breve silencio, oscuro y fro.</p> + +<p>—Dijo Cristo Nuestro Seor—recalc Federico—que +no le llamaran bueno, que bueno +era slo Dios. Y hay cochinos cristianos +que se atreven a llamarse a s mismos honrados!</p> + +<p>—Es que honrado no es precisamente bueno—intercal +don Vicente, el magistrado.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p> + +<p>—Ahora lo ha dicho usted, don Vicente. +Y gracias a Dios que le oigo a un magistrado +alguna sentencia razonable y justa!</p> + +<p>—De modo—dijo Joaqun—que uno no +debe confesarse honrado. Y pillo?</p> + +<p>—No hace falta.</p> + +<p>—Lo que quiere el seor Cuadrado—dijo +don Vicente, el magistrado—es que los hombres +se confiesen bellacos y sigan sindolo; +no es eso?</p> + +<p>—Bravo!—exclam el diputado provincial.</p> + +<p>—Le dir a usted, hijo mo—contest Federico, +pensando la respuesta.—Usted debe +saber cul es la excelencia del sacramento de +la confesin en nuestra sapientsima Madre +Iglesia...</p> + +<p>—Alguna otra barbaridad—interrumpi +el magistrado.</p> + +<p>—Barbaridad, no, sino muy sabia institucin. +La confesin sirve para pecar ms +tranquilamente, pues ya sabe uno que le ha +de ser perdonado su pecado. No es as, Joaqun?</p> + +<p>—Hombre, si uno no se arrepiente...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span></p> + +<p>—S, hijo mo, s, si uno se arrepiente, +pero vuelve a pecar y vuelve a arrepentirse +y sabe cuando peca que se arrepentir y sabe +cuando se arrepiente que volver a pecar, y +acaba por pecar y arrepentirse a la vez; no +es as?</p> + +<p>—El hombre es un misterio—dijo Len +Gmez.</p> + +<p>—Hombre, no digas sandeces!—le replic +Federico.</p> + +<p>—Sandez, por qu?</p> + +<p>—Toda sentencia filosfica, as, todo axioma, +toda proposicin general y solemne, +enunciada aforsticamente, es una sandez.</p> + +<p>—Y la filosofa, entonces?</p> + +<p>—No hay ms filosofa que sta, la que hacemos +aqu...</p> + +<p>—S, desollar al prjimo.</p> + +<p>—Exacto. Nunca est mejor que desollado.</p> + +<p>Al levantarse la tertulia, Federico se acerc +a Joaqun a preguntarle si se iba a su casa, +pues gustara de acompaarle un rato, y al +decirle ste que no, que iba a hacer una visita +all, al lado, aqul le dijo:</p> + +<p>—S, te comprendo; eso de la visita es un<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> +achaque. Lo que t quieres es verte solo. Lo +comprendo.</p> + +<p>—Y por qu lo comprendes?</p> + +<p>—Nunca se est mejor que solo. Pero +cuando te pese la soledad, acude a m. Nadie +te distraer mejor de tus penas.</p> + +<p>—Y las tuyas?—le espet Joaqun.</p> + +<p>—Bah! Quin piensa en eso...!</p> + +<p>Y se separaron.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXIII</h2> + + +<p>Andaba por la ciudad un pobre hombre +necesitado, aragons, padre de cinco hijos y +que se ganaba la vida como poda, de escribiente +y a lo que saliera. El pobre acuda +con frecuencia a conocidos y amigos, si es +que un hombre as los tiene, pidindoles con +mil pretextos que le anticiparan dos o tres +duros. Y lo que era ms triste, mandaba a +alguno de sus hijos, y alguna vez a su mujer, +a las casas de los conocidos con cartitas de +peticin. Joaqun le haba socorrido algunas +veces, sobre todo cuando le llamaba a que +viese, como mdico, a personas de su familia. +Y hallaba un singular alivio en socorrer a<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span> +aquel pobre hombre. Adivinaba en l una +vctima de la maldad humana.</p> + +<p>Preguntle una vez por l a Abel.</p> + +<p>—S, le conozco—le dijo ste,—y hasta le +tuve algn tiempo empleado. Pero es un haragn, +un vago. Con el pretexto de que tiene +que ahogar sus penas, no deja de ir ningn +da al caf, aunque en su casa no se encienda +la cocina. Y no le faltar su cajetilla de cigarros. +Tiene que convertir sus pesares en +humo.</p> + +<p>—Eso no es decir nada, Abel. Habra que +ver el caso por dentro...</p> + +<p>—Mira, djate de garambainas. Y por lo +que no paso es por la mentira esa de pedirme +prestado y lo de se lo devolver en cuanto +pueda... Que pida limosna y al avo. Es ms +claro y ms noble. La ltima vez me pidi +tres duros adelantados y le di tres pesetas, +pero dicindole: Y sin devolucin! Es un +haragn!</p> + +<p>—Y qu culpa tiene l...!</p> + +<p>—Vamos, s, ya sali aquello, qu culpa +tiene...</p> + +<p>—Pues claro! De quin son las culpas?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> + +<p>—Bueno, mira, dejmonos de esas cosas. +Y si quieres socorrerle, socrrele, que yo no +me opongo. Y yo mismo estoy seguro de que +si me vuelve a pedir, le dar.</p> + +<p>—Eso ya lo saba yo, porque en el fondo +t...</p> + +<p>—No nos metamos al fondo. Soy pintor +y no pinto los fondos de las personas. Es ms, +estoy convencido de que todo hombre lleva +fuera todo lo que tiene dentro.</p> + +<p>—Vamos, s, que para ti un hombre no es +ms que un modelo...</p> + +<p>—Te parece poco? Y para ti un enfermo. +Porque t eres el que les andas mirando y +auscultando a los hombres por dentro...</p> + +<p>—Mediano oficio...</p> + +<p>—Por qu?</p> + +<p>—Porque acostumbrado uno a mirar a los +dems por dentro, da en ponerse a mirarse +a s mismo, a auscultarse.</p> + +<p>—Ve ah mi ventaja. Yo con mirarme al +espejo tengo bastante...</p> + +<p>—Y te has mirado de veras alguna vez?</p> + +<p>—Naturalmente! Pues no sabes que me he +hecho un autorretrato?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span></p> + +<p>—Que ser una obra maestra...</p> + +<p>—Hombre, no est del todo mal... Y t, +te has registrado por dentro bien?</p> + +<hr class="tb" /> + +<p>Al da siguiente de esta conversacin Joaqun +sali del Casino con Federico para preguntarle +si conoca a aquel pobre hombre que +andaba as pidiendo de manera vergonzante. +Y dime la verdad, eh, que estamos solos; +nada de tus ferocidades.</p> + +<p>—Pues mira, ese es un pobre diablo que +deba estar en la crcel, donde por lo menos +comera mejor que come y vivira ms tranquilo.</p> + +<p>—Pues qu ha hecho?</p> + +<p>—No, no ha hecho nada; debi hacer, y +por eso digo que debera estar en la crcel.</p> + +<p>—Y qu es lo que debi haber hecho?</p> + +<p>—Matar a su hermano.</p> + +<p>—Ya empiezas!</p> + +<p>—Te lo explicar. Ese pobre hombre es,<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span> +como sabes, aragons y all en su tierra an +subsiste la absoluta libertad de testar. Tuvo +la desgracia de nacer el primero a su padre, +de ser el mayorazgo y luego tuvo la desgracia +de enamorarse de una muchacha pobre, +guapa y honrada, segn pareca. El padre se +opuso con todas sus fuerzas a esas relaciones +amenazndole con desheredarle si llegaba +a casarse con ella. Y l, ciego de amor, comprometi +primero gravemente a la muchacha, +pensando convencer as al padre, y acaso +por casarse con ella y por salir de casa. Y +sigui en el pueblo, trabajando como poda +en casa de sus suegros, y esperando convencer +y ablandar a su padre. Y ste, buen aragons, +tesa que tesa. Y muri desheredndole +al pobre diablo y dejando su hacienda al +hijo segundo; una hacienda regular. Y muertos +poco despus los suegros del hoy aqu +sablista, acudi ste a su hermano pidindole +amparo y trabajo, y su hermano se los neg, +y por no matarle, que es lo que le peda el +coraje, se ha venido ac a vivir de limosna y +del sable. Esta es la historia, como ves, muy +edificante.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p> + +<p>—Y tan edificante!</p> + +<p>—Si le hubiera matado a su hermano, a +esa especie de Jacob, mal, muy mal, y no habindole +matado mal, muy mal tambin...</p> + +<p>—Acaso peor.</p> + +<p>—No digas eso, Federico.</p> + +<p>—S, porque no slo vive miserable y vergonzosamente, +del sable, sino que vive odiando +a su hermano.</p> + +<p>—Y si le hubiera matado?</p> + +<p>—Entonces se le habra curado el odio, y +hoy, arrepentido de su crimen, querra su +memoria. La accin libra del mal sentimiento, +y es el mal sentimiento el que envenena +el alma. Cremelo, Joaqun, que lo s +muy bien.</p> + +<p>Mirle Joaqun a la mirada fijamente y le +espet un:</p> + +<p>—Y t?</p> + +<p>—Yo? No quieras saber, hijo mo, lo que +no te importa. Bstete saber que todo mi cinismo +es defensivo. Yo no soy hijo del que +todos vosotros tenis por mi padre; yo soy hijo +adulterino y a nadie odio en este mundo ms +que a mi propio padre, al natural, que ha sido<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> +el verdugo del otro, del que por vileza y +cobarda me di su nombre, este indecente +nombre que llevo.</p> + +<p>—Pero padre no es el que engendra; es +el que cra...</p> + +<p>—Es que ese, el que creis que me ha criado, +no me ha criado sino que me destet +con el veneno del odio que guarda al otro, +al que me hizo y le oblig a casarse con mi +madre.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXIV</h2> + + +<p>Concluy la carrera el hijo de Abel, Abeln, +y acudi su padre, a su amigo, por si quera +tomarle de ayudante para que a su lado practicase. +Lo acept Joaqun.</p> + +<p>Le admit—escriba ms tarde en su <i>Confesin</i>, +dedicada a su hija—por una extraa +mezcla de curiosidad, de aborrecimiento a +su padre, de afecto al muchacho, que me +pareca entonces una mediana y por un +deseo de libertarme as de mi mala pasin a +la vez que, por ms debajo de mi alma, mi +demonio me deca que con el fracaso del hijo +me vengara del encumbramiento del padre. +Quera por un lado, con el cario al hijo,<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> +redimirme del odio al padre, y por otro lado +me regodeaba esperando que si Abel Snchez +triunf en la pintura, otro Abel Snchez de +su sangre marrara en la Medicina. Nunca +pude figurarme entonces cun hondo cario +cobrara luego al hijo del que me amargaba +y entenebreca la vida del corazn.</p> + +<p>Y as fu que Joaqun y el hijo de Abel sintironse +atrados el uno al otro. Era Abeln +rpido de comprensin y se interesaba por las +enseanzas de Joaqun, a quien empez llamando +maestro. Este su maestro se propuso +hacer de l un buen mdico y confiarle el +tesoro de su experiencia clnica. Le guiar—se +deca—a descubrir las cosas que esta maldita +inquietud de mi nimo me ha impedido +descubrir a m.</p> + +<p>—Maestro,—le pregunt un da Abeln,—por +qu no recoje usted todas esas observaciones +dispersas, todas esas notas y apuntes +que me ha enseado y escribe un libro? Sera +interesantsimo y de mucha enseanza. +Hay cosas hasta geniales, de una extraordinaria +sagacidad cientfica.</p> + +<p>—Pues mira, hijo—(que as sola llamar<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>le) +respondi—yo no puedo, no puedo... +No tengo humor para ello, me faltan ganas, +coraje, serenidad, no s qu...</p> + +<p>—Todo sera ponerse a ello...</p> + +<p>—S, hijo, s, todo sera ponerse a ello, +pero cuantas veces lo he pensado no he llegado +a decidirme. Ponerme a escribir un libro... +y en Espaa... y sobre Medicina...! No +vale la pena. Caera en el vaco...</p> + +<p>—No, el de usted, no, maestro, se lo respondo.</p> + +<p>—Lo que yo deba haber hecho es lo que t +has de hacer, dejar esta insoportable clientela +y dedicarte a la investigacin pura, a la verdadera +ciencia, a la fisiologa, a la histologa, +a la patologa y no a los enfermos de pago. T +que tienes alguna fortuna, pues los cuadros de +tu padre han debido drsela, dedcate a eso.</p> + +<p>—Acaso tenga usted razn, maestro; pero +ello no quita para que usted deba publicar +sus memorias de clnico.</p> + +<p>—Mira, si quieres, hagamos una cosa. Yo +te doy mis notas todas, te las amplo de palabra, +te digo cuanto me preguntes y publica +t el libro. Te parece?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p> + +<p>—De perlas, maestro. Ya vengo apuntando +desde que le ayudo todo lo que le oigo y +todo lo que a su lado aprendo.</p> + +<p>—Muy bien, hijo, muy bien!—y le abraz +conmovido.</p> + +<p>Y luego se deca Joaqun: Este, ste ser +mi obra! Mo y no de su padre. Acabar venerndome +y comprendiendo que yo valgo +mucho ms que su padre y que hay en mi +prctica de la Medicina mucha ms arte que +en la pintura de su padre. Y al cabo se lo +quitar, s, se lo quitar! El me quit a Helena, +yo les quitar el hijo. Que ser mo, y +quin sabe?... acaso concluya renegando de +su padre, cuando le conozca y sepa lo que +me hizo.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXV</h2> + + +<p>—Pero dime—le pregunt un da Joaqun +a su discpulo—cmo se te ocurri estudiar +Medicina?</p> + +<p>—No lo s...</p> + +<p>—Porque lo natural es que hubieses sentido +inclinacin a la pintura. Los muchachos +se sienten llamados a la profesin de sus +padres; es el espritu de imitacin... el ambiente...</p> + +<p>—Nunca me ha interesado la pintura, +maestro.</p> + +<p>—Lo s, lo s por tu padre, hijo.</p> + +<p>—Y la de mi padre menos.</p> + +<p>—Hombre, hombre, y cmo as?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span></p> + +<p>—No la siento y no s si la siente l...</p> + +<p>—Eso es ms grande. A ver, explcate.</p> + +<p>—Estamos solos; nadie nos oye; usted, +maestro, es como si fuese mi segundo padre... +segundo... Bueno. Adems usted es el +ms antiguo amigo suyo, le he odo decir que +de siempre, de toda la vida, de antes de tener +uso de razn, que son como hermanos...</p> + +<p>—S, s, as es; Abel y yo somos como hermanos... +Sigue.</p> + +<p>—Pues bien, quiero abrirle hoy mi corazn, +maestro.</p> + +<p>—bremelo. Lo que me digas caer en l +como en el vaco, nadie lo sabr!</p> + +<p>—Pues s, dudo que mi padre sienta la pintura +ni nada. Pinta como una mquina, es +un don natural, pero sentir?</p> + +<p>—Siempre he credo eso.</p> + +<p>—Pues fu usted, maestro, quien, segn +dicen; hizo la mayor fama de mi padre con +aquel famoso discurso de que an se habla...</p> + +<p>—Y qu iba yo a decir?</p> + +<p>—Algo as me pasa. Pero mi padre no siente +ni la pintura ni nada. Es de corcho, maestro, +de corcho.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span></p> + +<p>—No tanto, hijo.</p> + +<p>—S, de corcho. No vive ms que para su +gloria. Todo eso de que la desprecia es farsa, +farsa, farsa. No busca ms que el aplauso. +Y es un egosta, un perfecto egosta. No quiere +a nadie.</p> + +<p>—Hombre, a nadie...</p> + +<p>—A nadie, maestro, a nadie! Ni s cmo se +cas con mi madre. Dudo que fuera por amor.</p> + +<p>Joaqun palideci.</p> + +<p>—S—prosigui el hijo—que ha tenido +enredos y los con algunas modelos, pero eso +no es ms que capricho y algo de jactancia. +No quiere a nadie.</p> + +<p>—Pero me parece que no eres t quien debieras...</p> + +<p>—A m nunca me ha hecho caso. A m me +ha mantenido, ha pagado mi educacin y +mis estudios, no me ha escatimado ni me escatima +su dinero, pero yo apenas si existo +para l. Cuando alguna vez le he preguntado +algo, de historia del arte, de tcnica, de la +pintura o de sus viajes o de otra cosa, me ha +dicho: Djame, djame en paz y una vez +lleg a decirme: aprndelo, como lo he apren<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>dido +yo! ah tienes los libros. Qu diferencia +con usted, maestro!</p> + +<p>—Sera que no lo saba, hijo. Porque mira, +los padres quedan a las veces mal con sus +hijos por no confesarse ms ignorantes o ms +torpes que ellos.</p> + +<p>—No era eso. Y hay algo peor.</p> + +<p>—Peor? A ver!</p> + +<p>—Peor, s. Jams me ha reprendido, haya +hecho yo lo que hiciera. No soy, no he sido +nunca un calavera, un disoluto, pero todos +los jvenes tenemos nuestras cadas, nuestros +tropiezos. Pues bien, jams los ha inquirido +y si por acaso los saba nada me ha dicho.</p> + +<p>—Eso es respeto a tu personalidad, confianza +en ti... Es acaso la manera ms generosa +y noble de educar a un hijo, es fiarse...</p> + +<p>—No, no es nada de eso, maestro. Es sencillamente +indiferencia.</p> + +<p>—No, no, no exageres, no es eso... Qu te +iba a decir que t no te lo dijeras? Un padre +no puede ser un juez...</p> + +<p>—Pero s un compaero, un consejero, un +amigo o un maestro como usted.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p> + +<p>—Pero hay cosas que el pudor impide se +traten entre padres e hijos.</p> + +<p>—Es natural que usted, su mayor y ms +antiguo amigo, su casi hermano, le defienda +aunque...</p> + +<p>—Aunque qu?</p> + +<p>—Puedo decirlo todo?</p> + +<p>—S, dilo todo!</p> + +<p>—Pues bien, de usted no le he odo nunca +hablar sino muy bien, demasiado bien, pero...</p> + +<p>—Pero qu?</p> + +<p>—Que habla demasiado bien de usted.</p> + +<p>—Qu es eso de demasiado?</p> + +<p>—Que antes de conocerle yo a usted, maestro, +le crea otro.</p> + +<p>—Explcate.</p> + +<p>—Para mi padre es usted una especie de +personaje trgico, de nimo torturado, de hondas +pasiones. Si se pudiera pintar el alma de +Joaqun! suele decir. Habla de un modo como +si mediase entre usted y l algn secreto...</p> + +<p>—Aprensiones tuyas...</p> + +<p>—No, no lo son.</p> + +<p>—Y tu madre?</p> + +<p>—Mi madre...</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXVI</h2> + + +<p>—Mira, Joaqun—le dijo un da Antonia a +su marido,—me parece que el mejor da nuestra +hija se nos va o nos la llevan...</p> + +<p>—Joaquina? Y a dnde?</p> + +<p>—Al convento!</p> + +<p>—Imposible!</p> + +<p>—No, sino muy posible. T distrado con +tus cosas y ahora con ese hijo de Abel al que +pareces haber prohijado... cualquiera dira +que le quieres ms que a tu hija...</p> + +<p>—Es que trato de salvarle, de redimirle de +los suyos...</p> + +<p>—No; de lo que tratas es de vengarte. Qu +vengativo eres! Ni olvidas ni perdonas! Temo<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span> +que Dios te va a castigar, va a castigarnos...</p> + +<p>—Ah, y es por eso por lo que Joaquina se +quiere ir al convento?</p> + +<p>—Yo no he dicho eso.</p> + +<p>—Pero lo digo yo y es lo mismo. Se va acaso +por celos de Abeln? Es que teme que le +llegue a querer ms que a ella? Pues si es por +eso...</p> + +<p>—Por eso no.</p> + +<p>—Entonces?</p> + +<p>—Qu s yo...! Dice que tiene vocacin, +que es adonde Dios la llama...</p> + +<p>—Dios... Dios... ser su confesor. Quin es?</p> + +<p>—El padre Echevarra.</p> + +<p>—El que me confesaba a m?</p> + +<p>—El mismo!</p> + +<p>Quedse Joaqun mustio y cabizbajo, y al +da siguiente, llamando a solas a su mujer, le +dijo:</p> + +<p>—Creo haber penetrado en los motivos +que empujan a Joaquina al claustro, o mejor, +en los motivos por que le induce el padre +Echevarra a que entre en l. T recuerdas +cmo busqu refugio y socorro en la iglesia +contra esta maldita obsesin que me embar<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>ga +el nimo todo, contra este despecho que +con los aos se hace ms viejo, es decir, ms +duro y ms terco, y cmo, despus de los mayores +esfuerzos, no pude lograrlo? No, no +me di remedio el padre Echevarra, no pudo +drmelo. Para este mal no hay ms que un +remedio, uno slo.</p> + +<p>Callse un momento como esperando una +pregunta de su mujer, y como ella callara, +prosigui dicindole:</p> + +<p>—Para ese mal no hay ms remedio que +la muerte. Quin sabe... Acaso nac con l y +con l morir. Pues bien, ese padrecito que +no pudo remediarme ni reducirme empuja +ahora, sin duda, a mi hija, a tu hija, a nuestra +hija, al convento, para que en l ruegue +por m, para que se sacrifique salvndome...</p> + +<p>—Pero si no es sacrificio... si dice que es su +vocacin...</p> + +<p>—Mentira, Antonia; te digo que eso es +mentira. Las ms de las que van monjas o +van a trabajar poco, a pasar una vida pobre, +pero descansada, a sestear msticamente o +van huyendo de casa, y nuestra hija huye +de casa, huye de nosotros...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p> + +<p>—Ser de ti...</p> + +<p>—S, huye de m! Me ha adivinado!</p> + +<p>—Y ahora que le has cobrado ese apego a +ese...</p> + +<p>—Quieres decirme que huye de l?</p> + +<p>—No sino de tu nuevo capricho...</p> + +<p>—Capricho? capricho? capricho dices? Yo +ser todo menos caprichoso, Antonia. Yo +tomo todo en serio, todo, lo entiendes?</p> + +<p>—S, demasiado en serio—agreg la mujer +llorando.</p> + +<p>—Vamos, no llores as, Antonia, mi santa, +mi ngel bueno, y perdname si he dicho +algo...</p> + +<p>—No es peor lo que dices, sino lo que callas.</p> + +<p>—Pero, por Dios, Antonia, por Dios, haz +que nuestra hija no nos deje; que si se va al +convento, me mata, s, me mata, porque me +mata! Que se quede... que yo har lo que ella +quiera... que si quiere que le despache a Abeln, +le despachar...</p> + +<p>—Me acuerdo cuando decas que te alegrabas +de que no tuviramos ms que una +hija, porque as no tenamos que repartir el +cario...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></p> + +<p>—Pero si no lo reparto!</p> + +<p>—Algo peor entonces...</p> + +<p>—S, Antonia, esa hija quiere sacrificarse +por m, y no sabe que si se va al convento +me deja desesperado. Su convento es esta +casa!</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXVII</h2> + + +<p>Dos das despus encerrbase en el gabinete +Joaqun con su mujer y su hija.</p> + +<p>—Pap, Dios lo quiere!—exclam resueltamente +y mirndole cara a cara su hija Joaquina.</p> + +<p>—Pues, no! No es Dios quien lo quiere, +sino el padrecito ese—replic l.—Qu sabes +t, mocosuela, lo que quiere Dios? Cundo +te has comunicado con l?</p> + +<p>—Comulgo cada semana, pap.</p> + +<p>—Y se te antojan revelaciones de Dios los +desvanecimientos que te suben del estmago +en ayunas.</p> + +<p>—Peores son los del corazn en ayunas.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span></p> + +<p>—No, no, eso no puede ser; eso no lo quiere +Dios, no puede quererlo, te digo que no lo +puede querer!</p> + +<p>—Yo no s lo que Dios quiere, y t, padre, +sabes lo que no puede querer, eh? De cosas +del cuerpo sabrs mucho, pero de cosas de +Dios, del alma...</p> + +<p>—Del alma, eh? Con que t crees que no +s del alma?</p> + +<p>—Acaso lo que mejor te sera no saber.</p> + +<p>—Me acusas?</p> + +<p>—No, eres t, pap, quien se acusa a s +mismo.</p> + +<p>—Lo ves, Antonia, lo ves, no te lo deca?</p> + +<p>—Y qu te deca, mam?</p> + +<p>—Nada, hija ma, nada; aprensiones, cavilaciones +de tu padre...</p> + +<p>—Pues bueno—exclam Joaqun como +quien se decide,—t vas al convento para +salvarme, no es eso?</p> + +<p>—Acaso no andes lejos de la verdad.</p> + +<p>—Y salvarme de qu?</p> + +<p>—No lo s bien.</p> + +<p>—Lo sabr yo...! De qu? de quin?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p> + +<p>—De quin, padre, de quin? Pues del demonio +o de ti mismo.</p> + +<p>—Y t qu sabes?</p> + +<p>—Por Dios, Joaqun, por Dios—suplic +la madre con lgrimas en la voz, llena de +miedo ante la mirada y el tono de su marido.</p> + +<p>—Djanos, mujer, djanos, djanos a ella +y a m. Esto no te toca!</p> + +<p>—Pues no ha de tocarme? Pero si es mi +hija...</p> + +<p>—La ma! Djanos, ella es una Monegro, +yo soy un Monegro; djanos. T no entiendes, +t no puedes entender estas cosas...</p> + +<p>—Padre, si trata as a madre delante mo, +me voy. No llores, mam.</p> + +<p>—Pero t crees, hija ma...?</p> + +<p>—Lo que yo creo y s es que soy tan hija +suya como tuya.</p> + +<p>—Tanto?</p> + +<p>—Acaso ms.</p> + +<p>—No digis esas cosas, por Dios—exclam +la madre llorando—si no me voy...</p> + +<p>—Sera lo mejor—aadi la hija.—A solas +nos veramos mejor las caras, digo, las almas, +nosotros, los Monegros.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span></p> + +<p>La madre bes a la hija y se sali.</p> + +<p>—Y bueno—dijo framente el padre, as +que se vi a solas con su hija,—para salvarme +de qu o de quin te vas al convento?</p> + +<p>—Pues bien, padre, no s de quin, no s +de qu, pero hay que salvarte. Yo no s lo +que anda por dentro de esta casa, entre t +y mi madre, no s lo que anda dentro de ti, +pero es algo malo...</p> + +<p>—Eso te lo ha dicho el padrecito ese?</p> + +<p>—No, no me lo ha dicho el padrecito; no +ha tenido que decrmelo; no me lo ha dicho +nadie, sino que lo he respirado desde que +nac. Aqu, en esta casa, se vive como en tinieblas +espirituales!</p> + +<p>—Bah, esas son cosas que has ledo en tus +libros...</p> + +<p>—Como t has ledo otras en los tuyos. O +es que crees que slo los libros que hablan de +lo que hay dentro del cuerpo, esos libros tuyos +con esas lminas feas, son los que ensean +la verdad?</p> + +<p>—Y bien, esas tinieblas espirituales que +dices, qu son?</p> + +<p>—T lo sabrs mejor que yo, pap; pero<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span> +no me niegues que aqu pasa algo, que aqu +hay, como si fuese una niebla oscura, una +tristeza que se mete por todas partes, que +t no ests contento nunca, que sufres, que +es como si llevases a cuestas una culpa grande...</p> + +<p>—S, el pecado original—dijo Joaqun con +sorna.</p> + +<p>—Ese, ese!—exclam la hija.—Ese, del +que no te has sanado!</p> + +<p>—Pues me bautizaron...!</p> + +<p>—No importa.</p> + +<p>—Y como remedio para esto vas a meterte +monja, no es eso? Pues lo primero era averiguar +qu es ello, a qu se debe todo esto...</p> + +<p>—Dios me libre, pap, de tal cosa. Nada +de querer juzgaros.</p> + +<p>—Pero de condenarme, s, no es eso?</p> + +<p>—Condenarte?</p> + +<p>—S, condenarme; eso de irte as es condenarme...</p> + +<p>—Y si me fuese con un marido? Si te dejara +por un hombre...?</p> + +<p>—Segn el hombre.</p> + +<p>Hubo un breve silencio.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p> + +<p>—Pues s, hija ma—reanud Joaqun,—yo +no estoy bien, yo sufro, sufro casi toda mi +vida; hay mucho de verdad en lo que has adivinado; +pero con tu resolucin de meterte +monja me acabas de matar, exacerbas y enconas +mis males. Ten compasin de tu padre, +de tu pobre padre...</p> + +<p>—Es por compasin...</p> + +<p>—No, es por egosmo. T huyes; me ves +sufrir y huyes. Es el egosmo, es el despego, +es el desamor lo que te lleva al claustro. Figrate +que yo tuviese una enfermedad pegajosa +y larga, una lepra, me dejaras yendo +al convento a rogar por Dios que me sanara? +Vamos, contesta, me dejaras?</p> + +<p>—No, no te dejara, pues soy tu nica +hija.</p> + +<p>—Pues haz cuenta que soy un leproso. +Qudate a cuidarme. Me pondr bajo tu cuidado, +har lo que me mandes.</p> + +<p>—Si es as...</p> + +<p>Levantse el padre, y mirando a su hija a +travs de lgrimas, abrazla, y tenindola +as, en sus brazos, con voz de susurro, le dijo +al odo:</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p> + +<p>—Quieres curarme, hija ma?</p> + +<p>—S, pap.</p> + +<p>—Pues bien, csate con Abeln.</p> + +<p>—Eh?—exclam Joaquina, separndose +de su padre y mirndole cara a cara.</p> + +<p>—Qu? Qu te sorprende?—balbuci el +padre, sorprendido a su vez.</p> + +<p>—Casarme? Yo? Con Abeln? Con el hijo +de tu enemigo?</p> + +<p>—Quin te ha dicho eso?</p> + +<p>—Tu silencio de aos.</p> + +<p>—Pues por eso, por ser el hijo del que llamas +mi enemigo.</p> + +<p>—Yo no s lo que hay entre vosotros, no +quiero saberlo, pero al verte ltimamente +cmo te aficionabas a su hijo, me di miedo... +tem... no s lo que tem. Ese tu cario a +Abeln me pareca monstruoso, algo infernal...</p> + +<p>—Pues no, hija, no! Buscaba en l redencin. +Y creme, si logras traerle a mi casa, +si le haces mi hijo, ser como si sale al fin el +sol en mi alma...</p> + +<p>—Pero pretendes t, t, mi padre, que yo +le solicite, le busque?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span></p> + +<p>—No digo eso.</p> + +<p>—Pues entonces?</p> + +<p>—Y si l...</p> + +<p>—Ah, pero lo tenais ya tramado entre los +dos y sin contar conmigo?</p> + +<p>—No, lo tena pensado yo, yo, tu padre, tu +pobre padre, yo...</p> + +<p>—Me das pena, padre.</p> + +<p>—Tambin yo me doy pena. Y ahora todo +corre de mi cuenta. No pensabas sacrificarte +por m?</p> + +<p>—Pues bien, s, me sacrificar por ti. Dispn +de m!</p> + +<p>Fu el padre a besarla, y ella, desasindosele, +exclam:</p> + +<p>—No, ahora no! Cuando lo merezcas. O es +que quieres que tambin yo te haga callar +con besos?</p> + +<p>—Dnde has aprendido eso, hija?</p> + +<p>—Las paredes oyen, pap.</p> + +<p>—Y acusan!</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXVIII</h2> + + +<p>—Quin fuera usted, don Joaqun—decale +un da a ste aquel pobre desheredado +aragons, el padre de los cinco hijos, luego +que le hubo sacado algn dinero.</p> + +<p>—Querer ser yo! No lo comprendo!</p> + +<p>—Pues s, lo dara todo por poder ser usted, +don Joaqun.</p> + +<p>—Y qu es eso todo que dara usted?</p> + +<p>—Todo lo que puedo dar, todo lo que +tengo.</p> + +<p>—Y qu es ello?</p> + +<p>—La vida!</p> + +<p>—La vida por ser yo!—y a s mismo se<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> +aadi Joaqun: Pues yo la dara por poder +ser otro!</p> + +<p>—S, la vida por ser usted.</p> + +<p>—He ah una cosa que no comprendo bien, +amigo mo; no comprendo que nadie se disponga +a dar la vida por poder ser otro, ni siquiera +comprendo que nadie quiera ser otro. +Ser otro es dejar de ser uno, de ser el que +se es.</p> + +<p>—Sin duda.</p> + +<p>—Y eso es dejar de existir.</p> + +<p>—Sin duda.</p> + +<p>—Pero no para ser otro...</p> + +<p>—Sin duda.</p> + +<p>—Entonces...</p> + +<p>—Quiero decir, don Joaqun, que de buena +gana dejara de ser, o dicho ms claro, me +pegara un tiro o me echara al ro si supiera +que los mos, los que me atan a esta vida perra, +los que no me dejan suicidarme, habran +de encontrar un padre en usted. No comprende +usted ahora?</p> + +<p>—S que lo comprendo. De modo que...</p> + +<p>—Que maldito el apego que tengo a la +vida y que de buena gana me separara de<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span> +m mismo y matara para siempre mis recuerdos +si no fuese por los mos. Aunque tambin +me retiene otra cosa.</p> + +<p>—Qu?</p> + +<p>—El temor de que mis recuerdos, de que +mi historia me acompaen ms all de la +muerte. Quin fuera usted, don Joaqun!</p> + +<p>—Y si a m me retuvieran en la vida, amigo +mo, motivos como los de usted?</p> + +<p>—Bah, usted es rico.</p> + +<p>—Rico... rico...</p> + +<p>—Y un rico nunca tiene motivo de queja. +A usted no le falta nada. Mujer, hija, una +buena clientela, reputacin... qu ms quiere +usted? A usted no le deshered su padre; +a usted no le ech de su casa su hermano a +pedir... A usted no le han obligado a hacerse +un mendigo! Quin fuera usted, D. Joaqun!</p> + +<p>Y al quedarse luego ste solo se deca: +Quin fuera yo! Ese hombre me envidia! me +envidia! Y yo quin quiero ser?</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXIX</h2> + + +<p>Pocos das despus Abeln y Joaquina estaban +en relaciones de noviazgo. Y en su +<i>Confesin</i>, dedicada a su hija, escriba algo +despus Joaqun:</p> + +<p>No es posible, hija ma, que te explique +cmo llev a Abel, tu marido de hoy, a que +te solicitase por novia pidindote relaciones. +Tuve que darle a entender que t estabas +enamorada de l o que por lo menos te +gustara que de ti se enamorase sin descubrir +lo ms mnimo de aquella nuestra conversacin +a solas, luego que tu madre me +hizo saber como queras entrar por mi causa +en un convento. Vea en ello mi salvacin.<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span> +Slo uniendo tu suerte a la suerte del hijo +nico de quien me ha envenenado la fuente +de la vida, slo mezclando as nuestras sangres +esperaba poder salvarme.</p> + +<p>Pensaba que acaso un da tus hijos, mis +nietos, los hijos de su hijo, sus nietos, al heredar +nuestras sangres, se encontraran con +la guerra dentro, con el odio en s mismos. +Pero no es acaso el odio a s mismo, a la propia +sangre, el nico remedio contra el odio +a los dems? La escritura dice que en el +seno de Rebeca se peleaban ya Esa y Jacob. +Quin sabe si un da no concebirs t +dos mellizos, el uno con mi sangre y el otro +con la suya, y se pelearn y se odiarn ya +desde tu seno y antes de salir al aire y a la +conciencia! Porque esta es la tragedia humana +y todo hombre es, como Job, hijo de +contradiccin.</p> + +<p>Y he temblado al pensar que acaso os +junt, no para unir, sino para separar an +ms vuestras sangres, para perpetuar un +odio. Perdname! Deliro.</p> + +<p>Pero no son slo nuestras sangres, la de +l y la ma; es tambin la de ella, la de He<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span>lena. +La sangre de Helena! Esto es lo que +ms me turba; esa sangre que le florece en +las mejillas, en la frente, en los labios, que +le hace marco a la mirada, esa sangre que +me ceg desde su carne!</p> + +<p>Y queda otra, la sangre de Antonia, de +la pobre Antonia, de tu santa madre. Esta +sangre es agua de bautismo. Esta sangre es +la redentora. Slo la sangre de tu madre, +Joaquina, puede salvar a tus hijos, a nuestros +nietos. Esa es la sangre sin mancha que +puede redimirlos.</p> + +<p>Y que no vea nunca ella, Antonia, esta +<i>Confesin</i>; que no la vea. Que se vaya de +este mundo, si me sobrevive, sin haber ms +que vislumbrado nuestro misterio de iniquidad.</p> + +<p>Los novios comprendironse muy pronto +y se cobraron cario. En ntimas conversaciones +conocironse sendas vctimas de sus +hogares, de dos mbitos tristes, de frvola +impasibilidad el uno, de helada pasin oculta +el otro. Buscaron su apoyo en Antonia, en +la madre de ella. Tenan que encender un +hogar, un verdadero hogar, un nido de amor<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> +sereno que vive de s mismo, que no espa los +otros amores, un castillo de soledad amorosa, +y unir en l a las dos desgraciadas familias. +Le haran ver a Abel, al pintor, que la vida +ntima del hogar es la sustancia imperecedera +de que no es sino resplandor, cuando +no sombra, el arte; a Helena, que la juventud +perpetua est en el alma que sabe hundirse +en la corriente viva del linaje, en el alma de +la familia; a Joaqun, que nuestro nombre se +pierde con nuestra sangre, pero para recobrarse +en los nombres y en las sangres de +los que las mezclan a los nuestros; a Antonia +no le tenan que hacerle ver nada, porque era +una mujer nacida para vivir y revivir en la +dulzura de la costumbre.</p> + +<p>Joaqun senta renacerse. Hablaba con +emocin de cario de su antiguo amigo, de +Abel, y lleg a confesar que fu una fortuna +que le quitase toda esperanza respecto a Helena.</p> + +<p>—Pues bien—le deca una vez a solas a su +hija;—ahora que todo parece tomar otro +cauce, te lo dir. Yo quera a Helena, o por +lo menos crea quererla y la solicit sin con<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>seguir +nada de ella. Porque, eso s, la verdad, +jams me di la menor esperanza. Y entonces +le present a Abel, al que ser tu suegro... +tu otro padre, y al punto se entendieron. Lo +que tom yo por un menosprecio, una ofensa... +Qu derecho tena yo a ella?</p> + +<p>—Es verdad eso, pero as sois los hombres.</p> + +<p>—Tienes razn, hija ma, tienes razn. +He vivido como loco, rumiando esa que estimaba +una ofensa, una traicin...</p> + +<p>—Nada ms, pap?</p> + +<p>—Cmo nada ms?</p> + +<p>—No haba ms que eso, nada ms?</p> + +<p>—Que yo sepa... no!</p> + +<p>Y al decirlo, el pobre hombre se cerraba +los ojos hacia adentro y no lograba contener +al corazn.</p> + +<p>—Ahora os casaris—continu—y viviris +conmigo, s, viviris conmigo, y har de +tu marido, de mi nuevo hijo, un gran mdico, +un artista de la Medicina, todo un artista, que +pueda igualar siquiera la gloria de su padre.</p> + +<p>—Y l escribir, pap, tu obra, pues as +me lo ha dicho.</p> + +<p>—S, la que yo no he podido escribir...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span></p> + +<p>—Me ha dicho que en tu carrera, en la +prctica de la Medicina, tienes cosas geniales +y que has hecho, descubrimientos...</p> + +<p>—Aduladores!</p> + +<p>—No, as me ha dicho. Y que como no se +te conoce, y al no conocerte no se te estima +en todo lo que vales, que quiere escribir ese +libro para darte a conocer.</p> + +<p>—A buena hora...</p> + +<p>—Nunca es tarde si la dicha es buena.</p> + +<p>—Ay, hija ma, si en vez de haberme somormujado +en esto de la clientela, en esta +maldita prctica de la profesin que ni deja +respirar libre ni aprender... si en vez de eso +me hubiese dedicado a la ciencia pura, a la +investigacin...! Eso que ha descubierto el +doctor Alvarez y Garca y por lo que tanto +le bombean, lo habra descubierto antes yo, +yo, tu padre, yo lo habra descubierto, pues +estuve a punto de ello. Pero esto de ponerse +a trabajar para ganarse la vida...</p> + +<p>—Sin embargo, no necesitbamos de ello.</p> + +<p>—S, pero... Y adems, qu s yo... Mas +todo eso ha pasado y ahora comienza vida +nueva. Ahora voy a dejar la clientela...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p> + +<p>—De veras?</p> + +<p>—S, voy a dejrsela al que va a ser tu +marido, bajo mi alta inspeccin, por supuesto. +Lo guiar, y yo a mis cosas! Y viviremos +todos juntos, y ser otra vida... otra +vida... Empezar a vivir; ser otro... otro... +otro...</p> + +<p>—Ay, pap, qu gusto! Cmo me alegra +oirte hablar as. Al cabo!</p> + +<p>—Qu te alegra oirme decir que ser otro?</p> + +<p>La hija le mir a los ojos al oir el tono de +lo que haba debajo de su voz.</p> + +<p>—Te alegra oirme decir que ser otro?—volvi +a preguntar el padre.</p> + +<p>—S, pap, me alegra!</p> + +<p>—Es decir que el otro, que el otro, el que +soy, te parece mal?</p> + +<p>—Y a ti, pap?—le pregunt a su vez, resueltamente, +la hija.</p> + +<p>—Tpame la boca!—gimi l.</p> + +<p>Y se la tap con un beso.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXX</h2> + + +<p>—Ya te figurars a lo que vengo—le dijo +Abel a Joaqun apenas se encontraron a solas +en el despacho de ste.</p> + +<p>—S, lo s. Tu hijo me ha anunciado tu visita.</p> + +<p>—Mi hijo y pronto tuyo, de los dos. Y no +sabes bien cunto me alegro! Es como deba +acabar nuestra amistad. Y mi hijo es ya casi +tuyo; te quiere ya como a padre, no slo como +a maestro. Estoy por decir que te quiere ms +que a m...</p> + +<p>—Hombre... no... no... no digas as.</p> + +<p>—Y qu? Crees que tengo celos? No, no<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> +soy celoso. Y mira, Joaqun, si entre nosotros +haba algo...</p> + +<p>—No sigas por ah, Abel, te lo ruego, no +sigas...</p> + +<p>—Es preciso. Ahora que van a unirse nuestras +sangres, ahora que mi hijo va a serlo +tuyo y ma tu hija, tenemos que hablar de +esa vieja cuenta, tenemos que ser absolutamente +sinceros.</p> + +<p>—No, no, de ningn modo, y si hablas de +ella, me voy!</p> + +<p>—Bien, sea! Pero no creas que olvido, no +lo olvidar nunca, tu discurso aquel cuando +lo del cuadro.</p> + +<p>—Tampoco quiero que hables de eso.</p> + +<p>—Pues de qu?</p> + +<p>—Nada de lo pasado, nada! Hablemos slo +del porvenir...</p> + +<p>—Pues si t y yo, a nuestra edad, no hablamos +del pasado, de que vamos a hablar? +Si nosotros no tenemos ya ms que pasado!</p> + +<p>—No digas eso!—casi grit Joaqun.</p> + +<p>—Nosotros ya no podemos vivir ms que +de recuerdos!</p> + +<p>—Cllate, Abel, cllate!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span></p> + +<p>—Y si te he de decir la verdad, vale ms +vivir de recuerdos que de esperanzas. Al fin, +ellos fueron y de stas no se sabe si sern.</p> + +<p>—No, no, recuerdos, no!</p> + +<p>—En todo caso, hablemos de nuestros hijos, +que son nuestras esperanzas.</p> + +<p>—Eso s!</p> + +<p>—De ellos y no de nosotros, de ellos, de +nuestros hijos...</p> + +<p>—l tendr en ti un maestro y un padre...</p> + +<p>—S, pienso dejarle mi clientela, es decir, +la que quiera tomarlo, que ya la he preparado +para eso. Le ayudar en los casos graves.</p> + +<p>—Gracias, gracias.</p> + +<p>—Eso adems de la dote que doy a Joaquina. +Pero vivirn conmigo.</p> + +<p>—Eso me ha dicho mi hijo. Yo, sin embargo, +creo que deben poner casa; el casado, +casa quiere.</p> + +<p>—No, no puedo separarme de mi hija.</p> + +<p>—Y nosotros de nuestro hijo, s, eh?</p> + +<p>—Ms separados que estis de l... Un +hombre apenas vive en casa; una mujer apenas +sale de ella. Necesito a mi hija.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span></p> + +<p>—Sea. Ya ves si soy complaciente.</p> + +<p>—Y ms que esta casa ser la vuestra, la +tuya, la de Helena...</p> + +<p>—Gracias por la hospitalidad. Eso se entiende.</p> + +<p>Despus de una larga entrevista en que +convinieron todo lo ataedero al establecimiento +de sus hijos, al ir a separarse Abel, +mirndole a Joaqun a los ojos, con mirada +franca, le tendi la mano, y sacando la voz +de las entraas de su comn infancia le +dijo: Joaqun! Asomronsele a ste las lgrimas +a los ojos al cojer aquella mano.</p> + +<p>—No te haba visto llorar desde que fuimos +nios, Joaqun.</p> + +<p>—No volveremos a serlo, Abel.</p> + +<p>—S, y es lo peor.</p> + +<p>Se separaron.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXI</h2> + + +<p>Con el casamiento de su hija pareci entrar +el sol, un sol de ocaso de otoo, en el hogar +antes fro de Joaqun, y ste empezar a +vivir de veras. Fu dejndole al yerno su +clientela, aunque acudiendo, como en consulta, +en los casos graves y repitiendo que +era bajo su direccin como aqul ejerca.</p> + +<p>Abeln, con las notas de su suegro, a quien +llamaba su padre, tutendole ya, y con sus +ampliaciones y explicaciones verbales, iba +componiendo la obra en que se recoja la +ciencia mdica del doctor Joaqun Monegro, +y con un acento de veneracin admirativa +que el mismo Joaqun no habra podido darle.<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span> +Era mejor, s—pensaba ste—era mucho +mejor que escribiese otro aquella obra, como +fu Platn quien expuso la doctrina socrtica. +No era l mismo quien poda, con toda +libertad de nimo y sin que ello pareciese +no ya presuntuoso, mas un esfuerzo para +violentar el aplauso de la posteridad, que +se estimaba no conseguible; no era l quien +poda exaltar su saber y su pericia. Reservaba +su actividad literaria para otros empeos.</p> + +<p>Fu entonces, en efecto, cuando empez +a escribir su <i>Confesin</i>, que as la llamaba, +dedicada a su hija y para que sta la abriese +luego que l hubiese muerto, y que era el relato +de su lucha ntima con la pasin que fu +su vida, con aquel demonio con quien pele +casi desde el albor de su mente duea de s +hasta entonces, hasta cuando lo escriba. +Esta confesin se deca dirigida a su hija, +pero tan penetrado estaba l del profundo +valor trgico de su vida de pasin y de la pasin +de su vida, que acariciaba la esperanza +de que un da su hija o sus nietos la dieran +al mundo, para que ste se sobrecojiera de<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span> +admiracin y de espanto ante aquel hroe de +la angustia tenebrosa que pas sin que le conocieran +en todo su fondo los que con l convivieron. +Porque Joaqun se crea un espritu +de excepcin, y como tal torturado y +ms capaz de dolor que los otros, un alma +sealada al nacer por Dios con la seal de +los grandes predestinados.</p> + +<p>Mi vida, hija ma—escriba en la <i>Confesin</i>,—ha +sido un arder continuo, pero no +la habra cambiado por la de otro. He odiado +como nadie, como ningn otro ha sabido +odiar, pero es que he sentido ms que los +otros la suprema injusticia de los carios +del mundo y de los favores de la fortuna. +No, no, aquello que hicieron conmigo los +padres de tu marido no fu humano ni noble; +fu infame, pero fu peor, mucho peor, +lo que me hicieron todos, todos los que encontr +desde que, nio an y lleno de confianza, +busqu el apoyo y el amor de mis +semejantes. Por qu me rechazaban? Por +qu me acojan framente y como obligados +a ello? Por qu preferan al lijero, al +inconstante, al egosta? Todos, todos me<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span> +amargaron la vida. Y comprend que el +mundo es naturalmente injusto y que yo +no haba nacido entre los mos. Esta fu mi +desgracia, no haber nacido entre los mos. +La baja mezquindad, la vil ramplonera de +los que me rodeaban, me perdi.</p> + +<p>Y a la vez que escriba esta <i>Confesin</i>, preparaba, +por si sta marrase, otra obra que sera +la puerta de entrada de su nombre en el +panten de los ingenios inmortales de su pueblo +y casta. Titularase <i>Memorias de un mdico +viejo</i> y sera la mies del saber de mundo, +de pasiones, de vida, de tristezas y alegras, +hasta de crmenes ocultos, que haba cosechado +de la prctica de su profesin de mdico. +Un espejo de la vida, pero de las entraas, +y de las ms negras, de sta; una bajada +a las simas de la vileza humana; un libro de +alta literatura y de filosofa acibarada a la +vez. All pondra toda su alma sin hablar de +s mismo; all, para desnudar las almas de +los otros, desnudara la suya; all se vengara +del mundo vil en que haba tenido que +vivir. Y las gentes, al verse as, al desnudo, +admiraran primero y quedaran agradeci<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>das +despus al que las desnud. Y all, cambiando +los nombres a guisa de ficcin, hara +el retrato que para siempre habra de quedar +de Abel y de Helena. Y su retrato valdra por +todos los que Abel pintara. Y se regodeaba +a solas pensando que si l acertaba aquel retrato +literario de Abel Snchez, le habra de +inmortalizar a ste ms que todos sus propios +cuadros, cuando los comentaristas y +eruditos del porvenir llegasen a descubrir, +bajo el dbil velo de la ficcin, al personaje +histrico. S, Abel, s—se deca Joaqun a +s mismo—la mayor coyuntura que tienes +de lograr eso por lo que tanto has luchado, +por lo nico que has luchado, por lo nico +que te preocupa, por lo que me despreciaste +siempre o, aun peor, no hiciste caso de m, la +mayor coyuntura que tienes de perpetuarte +en la memoria de los venideros, no son tus +cuadros, no! sino es que yo acierte a pintarte +con mi pluma tal y como eres. Y acertar, +acertar, porque te conozco, porque te he +sufrido, porque has pesado toda mi vida sobre +m. Te pondr para siempre en el rollo, +y no sers Abel Snchez, no, sino el nombre<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span> +que yo te d. Y cuando se hable de ti como +pintor de tus cuadros, dirn las gentes: Ah, +s, el de Joaqun Monegro! Porque sers de +este modo mo, mo, y vivirs lo que mi obra +viva, y tu nombre ir por los suelos, por el +fango, a rastras del mo, como van arrastrados +por el Dante los que coloc en el Infierno. +Y sers la cifra del envidioso.</p> + +<p>Del envidioso! Pues Joaqun di en +creer que toda la pasin que bajo su aparente +impasibilidad de egosta animaba a Abel, +era la envidia, la envidia de l, a Joaqun, +que por envidia le arrebatara de mozo el +afecto de los compaeros, que por envidia le +quit a Helena. Y cmo, entonces, se dej +quitar el hijo? Ah—se deca Joaqun,—es +que l no se cuida de su hijo, sino de su nombre, +de su fama, no cree que vivir en las vidas +de sus descendientes de carne, sino en +las de los que admiren sus cuadros, y me +deja su hijo para mejor quedarse con su gloria. +Pero yo le desnudar!</p> + +<p>Inquietbale la edad a que emprenda la +composicin de esas <i>Memorias</i>, entrado ya +en los cincuenta y cinco aos, pero, no haba<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> +acaso empezado Cervantes su <i>Quijote</i> a los +cincuenta y siete de su edad? Y se di a averiguar +qu obras maestras escribieron sus +autores despus de haber pasado la edad +suya. Y a la par se senta fuerte, dueo de +su mente toda, rico de experiencia, maduro +de juicio y con su pasin, fermentada en +tantos aos, contenida pero bullente.</p> + +<p>Ahora, para cumplir su obra, se contendra. +Pobre Abel! La que le esperaba...! Y +empez a sentir desprecio y compasin hacia +l. Mirbale como a un modelo y como a una +vctima, y le observaba y le estudiaba. No +mucho, pues Abel iba poco, muy poco, a casa +de su hijo.</p> + +<p>—Debe de andar muy ocupado tu padre—deca +Joaqun a su yerno;—apenas parece +por aqu. Tendr alguna queja? Le habremos +ofendido yo, Antonia o mi hija en algo? Lo +sentira...</p> + +<p>—No, no, pap—as le llamaba ya Abeln,—no +es nada de eso. En casa tampoco +paraba. No te dije que no le importa nada +ms que sus cosas? Y sus cosas son las de su +arte y qu s yo...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span></p> + +<p>—No, hijo, no, exageras... algo ms habr...</p> + +<p>—No, no hay ms.</p> + +<p>Y Joaqun insista para oir la misma versin.</p> + +<p>—Y Abel, cmo no viene?—le preguntaba +a Helena.</p> + +<p>—Bah, l es as con todos!—responda +sta.</p> + +<p>Ella, Helena, s sola ir a casa de su nuera.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXXII</h2> + + +<p>—Pero dime—le deca un da Joaqun a su +yerno—cmo no se le ocurri a tu padre +nunca inclinarte a la pintura?</p> + +<p>—No me ha gustado nunca...</p> + +<p>—No importa; pareca lo natural que l +quisiera iniciarte en su arte...</p> + +<p>—Pues, no, sino que antes ms bien le molestaba +que yo me interesase en l. Jams me +anim a que cuando nio hiciera lo que es +natural en nios, figuras y dibujos.</p> + +<p>—Es raro... es raro...—murmuraba Joaqun.—Pero...</p> + +<p>Abel senta desasosiego al ver la expresin +del rostro de su suegro, el lvido ful<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>gor +de sus ojos. Sentase que algo le escarabajeaba +dentro, algo doloroso y que deseaba +echar fuera; algn veneno sin duda. Siguise +a esas ltimas palabras un silencio cargado +de acre amargura. Y lo rompi Joaqun diciendo:</p> + +<p>—No me explico que no quisiese dedicarte +a pintor...</p> + +<p>—No, no quera que fuese lo que l...</p> + +<p>Siguise otro silencio, que volvi a romper, +como con pesar, Joaqun, exclamando +como quien se decide a una confesin:</p> + +<p>—Pues s, lo comprendo!</p> + +<p>Abel tembl, sin saber a punto cierto por +qu, al oir el tono y timbre con que su suegro +pronunci esas palabras.</p> + +<p>—Pues...?—interrog el yerno.</p> + +<p>—No... nada...—Y el otro pareci recojerse +en s.</p> + +<p>—Dmelo!—suplic el yerno, que por ruego +de Joaqun ya le tuteaba como a padre +amigo—amigo y cmplice!—aunque temblaba +de oir lo que peda que se le dijese.</p> + +<p>—No; no, no quiero que digas luego...</p> + +<p>—Pues eso es peor, padre, que decrmelo,<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span> +sea lo que fuere. Adems, que creo adivinarlo...</p> + +<p>—Qu?—pregunt el suegro, atravesndole +los ojos con la mirada.</p> + +<p>—Que acaso temiese que yo con el tiempo +eclipsara su gloria...</p> + +<p>—S—aadi con reconcentrada voz Joaqun,—s, +eso! Abel Snchez hijo, o Abel +Snchez el Joven! Y que luego se le recordase +a l como tu padre y no a ti como a su +hijo. Es tragedia que se ha visto ms de una +vez dentro de las familias... Eso de que un +hijo haga sombra a su padre...</p> + +<p>—Pero eso es...—dijo el yerno, por decir +algo.</p> + +<p>—Eso es envidia, hijo, nada ms que envidia.</p> + +<p>—Envidia de un hijo...! Y un padre!</p> + +<p>—S, y la ms natural. La envidia no puede +ser entre personas que no se conocen apenas. +No se envidia al de otras tierras ni al de +otros tiempos. No se envidia al forastero, sino +los del mismo pueblo entre s; no al de ms +edad, al de otra generacin, sino al contemporneo, +al camarada. Y la mayor envidia<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> +entre hermanos. Por algo es la leyenda de +Can y Abel... Los celos ms terribles, tenlo +por seguro, han de ser los de uno que cree que +su hermano pone ojos en su mujer, en la cuada... +Y entre padres e hijos...</p> + +<p>—Pero y la diferencia de edad en este +caso?</p> + +<p>—No importa! Eso de que nos llegue a +oscurecer aquel a quien hicimos...</p> + +<p>—Y del maestro al discpulo?—pregunt +Abel.</p> + +<p>Joaqun se call, clav un momento su +vista en el suelo, bajo el que adivinaba la +tierra, y luego aadi, como hablando con +ella, con la tierra:</p> + +<p>—Decididamente, la envidia es una forma +de parentesco.</p> + +<p>Y luego:</p> + +<p>—Pero hablemos de otra cosa, y todo esto, +hijo, como si no lo hubiese dicho. Lo has odo?</p> + +<p>—No!</p> + +<p>—Cmo que no?...</p> + +<p>—Que no he odo lo que antes dijiste.</p> + +<p>—Ojal no lo hubiese odo yo tampoco!—y +la voz le lloraba.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXIII</h2> + + +<p>Sola ir Helena a casa de su nuera, de sus +hijos, para introducir un poco de gusto ms +fino, de mayor elegancia, en aquel hogar de +burgueses sin distincin, para corregir—as +lo crea ella—los defectos de la educacin +de la pobre Joaquina, criada por aquel padre +lleno de una soberbia sin fundamento y +por aquella pobre madre que haba tenido +que cargar con el hombre que otra desde. +Y cada da dictaba alguna leccin de buen +tono y de escojidas maneras.</p> + +<p>—Bien, como quieras!—sola decirle Antonia.</p> + +<p>Y Joaquina, aunque recomindose, resig<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span>nbase. +Pero dispuesta a rebelarse un da. +Y si no lo hizo fu por los ruegos de su marido.</p> + +<p>—Como usted quiera, seora—le dijo una +vez y recalcando el <i>usted</i>, que no haban logrado +lo dejase al hablarle;—yo no entiendo +de esas cosas ni me importa. En todo eso se +har su gusto...</p> + +<p>—Pero si no es mi gusto, hija, si es...</p> + +<p>—Lo mismo da! Yo me he criado en la +casa de un mdico, que es sta, y cuando se +trate de higiene, de salubridad, y luego que +nos llegue el hijo, de criarle, s lo que he de +hacer, pero ahora, en estas cosas que llama +usted de gusto, de distincin, me someto a +quien se ha formado en casa de un artista.</p> + +<p>—Pero no te pongas as, chicuela...</p> + +<p>—No, si no me pongo. Es que siempre nos +est usted echando en cara que si esto no se +hace as, que si se hace as. Despus de todo +no vamos a dar saraos ni ts danzantes.</p> + +<p>—No s de dnde te ha venido, hija, ese +fingido desprecio, fingido, s, fingido, lo repito, +fingido...</p> + +<p>—Pero si yo no he dicho nada, seora...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span></p> + +<p>—Ese fingido desprecio a las buenas formas, +a las conveniencias sociales. Aviados +estaramos sin ellas...! No se podra vivir!</p> + +<p>Como a Joaquina le haban recomendado +su padre y su marido que se pasease, que +airease y solease la sangre que iba dando al +hijo que vendra, y como ellos no podan +siempre acompaarla, y Antonia no gustaba +de salir de casa, escoltbala Helena, su suegra. +Y se complaca en ello, en llevarla al +lado como a una hermana menor, pues por +tal la tomaban los que no las conocan, en +hacerle sombra con su esplndida hermosura +casi intacta por los aos. A su lado su nuera +se borraba a los ojos precipitados de los +transeuntes. El encanto de Joaquina era para +paladeado lentamente por los ojos, mientras +que Helena se ataviaba para barrer las miradas +de los distrados. Me quedo con la +madre!—oy que una vez deca un mocetn, +a modo de chicoleo, cuando al pasar ellas le +oy que llamaba <i>hija</i> a Joaquina, y respir +ms fuerte, humedecindose con la punta +de la lengua los labios.</p> + +<p>—Mira, hija—sola decirle a Joaquina,—haz<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> +lo ms por disimular tu estado, es muy +feo eso de que se conozca que una muchacha +est encinta... es as como una petulancia...</p> + +<p>—Lo que yo hago, madre, es andar cmoda +y no cuidarme de lo que crean o no +crean... Aunque estoy en lo que los cursis +llaman estado interesante, no me hago la +tal como otras se habrn hecho y se hacen. +No me preocupo de esas cosas.</p> + +<p>—Pues hay que preocuparse; se vive en +el mundo.</p> + +<p>—Y qu ms da que lo conozcan...? O es +que no le gusta a usted, madre, que sepan +que va para abuela?—aadi con sorna.</p> + +<p>Helena se escoca al oir la palabra odiosa: +abuela, pero se contuvo.</p> + +<p>—Pues mira, lo que es por edad...—dijo, +picada.</p> + +<p>—S, por edad poda usted ser madre de +nuevo—repuso la nuera, hirindola en lo +vivo.</p> + +<p>—Claro, claro...—dijo Helena, sofocada y +sorprendida, inerme por el brusco ataque.—Pero +eso de que se te queden mirando...</p> + +<p>—No; est tranquila, pues a usted es ms<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span> +bien a la que miran. Se acuerdan de aquel +magnfico retrato, de aquella obra de arte...</p> + +<p>—Pues yo en tu caso...—empez la suegra.</p> + +<p>—Usted en mi caso, madre, y si pudiese +acompaarme en mi estado mismo, entonces?</p> + +<p>—Mira, nia, si sigues as nos volvemos +en seguida y no vuelvo a salir contigo ni a +pisar tu casa... es decir, la de tu padre.</p> + +<p>—La ma, seora, la ma, y la de mi marido +y la de usted...!</p> + +<p>—Pero de dnde has sacado ese geniecillo, +nia?</p> + +<p>—Geniecillo? Ah, s, el genio es de otros!</p> + +<p>—Miren, miren la mosquita muerta... la +que se iba a ir monja antes de que su padre +le pescase a mi hijo...</p> + +<p>—Le he dicho a usted ya, seora, que no +vuelva a mentarme eso. Yo s lo que me +hice.</p> + +<p>—Y mi hijo tambin.</p> + +<p>—S, sabe tambin lo que se hizo, y no +hablemos ms de ello.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXIV</h2> + + +<p>Y vino al mundo el hijo de Abeln y de +Joaquina, en quien se mezclaron las sangres +de Abel Snchez y de Joaqun Monegro.</p> + +<p>La primer batalla fu la del nombre que +haba de ponrsele; su madre quera que Joaqun; +Helena, que Abel, y Abel, su hijo Abeln +y Antonia, remitieron la decisin a Joaqun, +que sera quien le diese nombre. Y fu +un combate en el alma de Monegro. Un acto +tan sencillo como es dar nombre a un hombre +nuevo, tomaba para l tamao de algo agorero, +de un sortilegio fatdico. Era como si se +decidiera el porvenir del nuevo espritu.</p> + +<p>Joaqun—se deca ste,—Joaqun, s,<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> +como yo, y luego ser Joaqun S. Monegro y +hasta borrar la ese, la ese a que se le reducir +ese odioso Snchez, y desaparecer su +nombre, el de su hijo, y su linaje quedar +anegado en el mo... Pero no, es mejor que +sea Abel Monegro. Abel S. Monegro, y se +redima as el Abel? Abel es su abuelo, pero +Abel es tambin su padre, mi yerno, mi +hijo, que es ya mo, un Abel mo, que he hecho +yo. Y qu ms da que se llame Abel si l, +el otro, su otro abuelo, no ser Abel ni nadie +le conocer por tal, sino ser como yo le +llame en las <i>Memorias</i>, con el nombre con +que le marque en la frente con fuego? Pero +no...</p> + +<p>Y, mientras, as dudaba, fu Abel Snchez, +el pintor, quien decidi la cuestin, diciendo:</p> + +<p>—Que se llame Joaqun. Abel el abuelo, +Abel el padre, Abel el hijo, tres Abeles... son +muchos! Adems, no me gusta, es nombre de +vctima...</p> + +<p>—Pues bien dejaste ponrselo a tu hijo—objet +Helena.</p> + +<p>—S, fu un empeo tuyo, y por no oponerme... +Pero figrate que en vez de ha<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span>berse +dedicado a mdico se dedica a pintor, +pues... Abel Snchez el Viejo y Abel Snchez +el Joven...</p> + +<p>—Y Abel Snchez no puede haber ms +que uno—aadi Joaqun, sotorrindose.</p> + +<p>—Por m que haya ciento—replic aqul. +Yo siempre he de ser yo.</p> + +<p>—Y quin lo duda?—dijo su amigo.</p> + +<p>—Nada, nada, que le llamen Joaqun, decidido!</p> + +<p>—Y que no se dedique a la pintura, eh?</p> + +<p>—Ni a la medicina!—concluy Abel, fingiendo +seguir la fingida broma.</p> + +<p>Y Joaqun se llam el nio.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXV</h2> + + +<p>Tomaba al nio su abuela Antonia, que +era quien le cuidaba, y apechugndolo como +para ampararlo y cual si presintiese alguna +desgracia, le deca: Duerme, hijo mo, duerme, +que cuanto ms duermas, mejor. As +crecers sano y fuerte. Y luego tambin, mejor +dormido que despierto, sobre todo en esta +casa. Qu va a ser de ti? Dios quiera que no +rian en ti tus dos sangres! Y dormido el +nio, ella, tenindole en brazos, rezaba y +rezaba.</p> + +<p>Y el nio creca a la par que la <i>Confesin</i> +y las <i>Memorias</i> de su abuelo de madre +y que la fama de pintor de su abuelo de pa<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span>dre. +Pues nunca fu ms grande la reputacin +de Abel que en este tiempo. El cual, por +su parte, pareca preocuparse muy poco de +toda otra cosa que no fuese su reputacin.</p> + +<p>Una vez se fij ms intensamente en el +nietecillo, y fu que al verle una maana +dormido exclam: Qu precioso apunte! +Y tomando un lbum se puso a hacer un bosquejo +a lpiz del nio dormido.</p> + +<p>---Qu lstima—exclam—no tener aqu +mi paleta y mis colores! Ese juego de la luz en +la mejilla, que parece como de melocotn, es +encantador. Y el color del pelo! Si parecen +rayos del sol los rizos!</p> + +<p>—Y luego—le dijo Joaqun,—cmo le llamaras +al cuadro? Inocencia?</p> + +<p>—Eso de poner ttulos a los cuadros se +queda para los literatos, como para los mdicos +el poner nombres a las enfermedades, +aunque no se curen.</p> + +<p>—Y quin te ha dicho, Abel, que sea lo +propio de la medicina curar las enfermedades?</p> + +<p>—Entonces, qu es?</p> + +<p>—Conocerlas. El fin de la ciencia es conocer.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span></p> + +<p>—Yo cre que conocer para curar. De qu +nos servira haber probado del fruto de la +ciencia del bien y del mal si no era para librarnos +de ste?</p> + +<p>—Y el fin del arte, cul es? Cul es el fin +de ese dibujo de nuestro nieto que acabas de +hacer?</p> + +<p>—Eso tiene su fin en s. Es una cosa bonita +y basta.</p> + +<p>—Qu es lo bonito? Tu dibujo o nuestro +nieto?</p> + +<p>—Los dos!</p> + +<p>—Acaso crees que tu dibujo es ms hermoso +que l, que Joaquinito?</p> + +<p>—Ya ests en las tuyas! Joaqun! Joaqun!</p> + +<p>Y vino Antonia, la abuela, y coji al nio +de la cuna y se lo llev como para defenderlo +de uno y de otro abuelo. Y le deca: Ay, +hijo, hijito, hijo mo, corderito de Dios, sol de +la casa, angelito sin culpa, que no te retraten, +que no te curen! No seas modelo de pintor, +no seas enfermo de mdico... Djales, djales +con su arte y con su ciencia y vente con +tu abuelita, t, vida, vida, vidita, vidita<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span> +ma! T eres mi vida; t eres nuestra vida; +t eres el sol de esta casa. Yo te ensear a +rezar por tus abuelos y Dios te oir. Vente +conmigo, vidita, vida, corderito sin mancha, +corderito de Dios! Y no quiso Antonia ver +el apunte de Abel.</p> + +<hr class="chap" /> + + + +<h2>XXXVI</h2> + + +<p>Joaqun segua con su enfermiza ansiedad +el crecimiento en cuerpo y en espritu de su +nieto Joaquinito. A quin sala? A quin se +pareca? De qu sangre era? Sobre todo cuando +empez a balbucir.</p> + +<p>Desasosegbale al abuelo que el otro abuelo, +Abel, desde que tuvo el nieto, frecuentaba +la casa de su hijo y haca que le llevasen +a la suya el pequeuelo. Aquel grandsimo +egosta—por tal le tenan su hijo y su consuegro—pareca +ablandarse de corazn y +aun aniarse ante el nio. Sola ir a hacerle +dibujos, lo que encantaba a la criatura. +<i>Abelito</i>, santos!, le peda. Y Abel no se can<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span>saba +de dibujarle perros, gatos, caballos, toros, +figuras humanas. Ya le peda un jinete, +ya dos chicos haciendo cachetina, ya un nio +corriendo de un perro que le sigue, y que las +escenas se repitiesen.</p> + +<p>—En mi vida he trabajado con ms gusto—deca +Abel;—esto, esto es arte puro y lo +dems... chanfaina!</p> + +<p>—Puedes hacer un lbum de dibujos para +los nios—le dijo Joaqun.</p> + +<p>—No, as no tiene gracia, para los nios... +no! Eso no sera arte sino...</p> + +<p>—Pedagoga—dijo Joaqun.</p> + +<p>—Eso, s, sea lo que fuere, pero arte no. +Esto es arte, esto; estos dibujos que dentro +de media hora romper nuestro nieto.</p> + +<p>—Y si yo los guardase?—pregunt Joaqun.</p> + +<p>—Guardarlos? Para qu?</p> + +<p>—Para tu gloria. He odo de no s qu pintor +de fama que se han publicado los dibujos +que les haca, para divertirlos, a sus hijos, +y que son de lo mejor de l.</p> + +<p>—Yo no los hago para que los publiquen +luego, entiendes? Y, en cuanto a eso de la<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span> +gloria, que es una de tus reticencias, Joaqun, +sbete que no se me da un comino de +ella.</p> + +<p>—Hipcrita! Si es lo nico que de veras +te preocupa...</p> + +<p>—Lo nico? Parece mentira que me lo digas +ahora. Hoy lo que me preocupa es este +nio. Y ser un gran artista!</p> + +<p>—Que herede tu genio, no?</p> + +<p>—Y el tuyo!</p> + +<p>El nio miraba sin comprender el duelo +entre sus dos abuelos, pero adivinando algo +en sus actitudes.</p> + +<p>—Qu le pasa a mi padre?—preguntaba +a Joaqun su yerno—que est chocho con el +nieto, l que apenas nunca me hizo caso? Ni +recuerdo que siendo yo nio me hiciese esos +dibujos...</p> + +<p>—Es que vamos para viejos, hijo—le respondi +Joaqun,—y la vejez ensea mucho.</p> + +<p>—Y hasta el otro da, a no s qu pregunta +del nio, le vi llorar. Es decir, le salieron las +lgrimas. Las primeras que le he visto.</p> + +<p>—Bah! Eso es cardaco!</p> + +<p>—Cmo?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></p> + +<p>—Que tu padre est ya gastado por los +aos y el trabajo y por el esfuerzo de la inspiracin +artstica y por las emociones; que +tiene muy mermadas las reservas del corazn +y que el mejor da...</p> + +<p>—Qu?</p> + +<p>—Os da, es decir, nos da un susto. Y me +alegro que haya llegado ocasin de decrtelo, +aunque ya pensaba en ello. Advirteselo +a Helena, a tu madre.</p> + +<p>—S, l se queja de fatiga, de disnea, ser...?</p> + +<p>—Eso es. Me ha hecho que le reconozca +sin saberlo t y le he reconocido. Necesita +cuidado.</p> + +<p>Y as era que en cuanto se encrudeca el +tiempo Abel se quedaba en casa y haca que +le llevasen a ella al nieto, lo que amargaba +para el da todo al otro abuelo. Me lo est +mimando—se deca Joaqun—, quiere arrebatarme +su cario; quiere ser el primero; +quiere vengarse de lo de su hijo. S, s, es +por venganza, nada ms que por venganza. +Quiere quitarme este ltimo consuelo. Vuelve +a ser l, l, l, que me quitaba los amigos +cuando ramos mozos.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p> + +<p>Y en tanto Abel le repeta al nietecito +que quisiera mucho al abuelito Joaqun.</p> + +<p>—Te quiero ms a ti—le dijo una vez el +nieto.</p> + +<p>—Pues no! No debes quererme a m ms; +hay que querer a todos igual. Primero a pap +y mam y luego a los abuelos y a todos lo +mismo. El abuelito Joaqun es muy bueno, +te quiere mucho, te compra juguetes...</p> + +<p>—Tambin t me los compras...</p> + +<p>—Te cuenta cuentos...</p> + +<p>—Me gustan ms los dibujos que t me +haces. Anda, pntame un toro y un picador +a caballo!</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXXVII</h2> + + +<p>—Mira, Abel—le dijo solemnemente Joaqun, +as que se encontraron solos,—vengo +a hablarte de una cosa grave, muy grave, de +una cuestin de vida o muerte.</p> + +<p>—De mi enfermedad?</p> + +<p>—No, pero si quieres de la ma.</p> + +<p>—De la tuya?</p> + +<p>—De la ma, s! Vengo a hablarte de nuestro +nieto. Y para no andar con rodeos es menester +que te vayas, que te alejes, que nos +pierdas de vista; te lo ruego, te lo suplico...</p> + +<p>—Yo? Pero ests loco, Joaqun? Y por +qu?</p> + +<p>—El nio te quiere a ti ms que a m. Esto<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span> +es claro. Yo no s lo que haces con l... no +quiero saberlo...</p> + +<p>—Le aojar o le dar algn bebedizo, sin +duda...</p> + +<p>—No lo s. Le haces esos dibujos, esos +malditos dibujos, le entretienes con las artes +perversas de tu maldito arte...</p> + +<p>—Ah, pero eso tambin es malo? T no +ests bueno, Joaqun.</p> + +<p>—Puede ser que no est bueno, pero eso +no importa ya. No estoy en edad de curarme. +Y si estoy malo debes respetarme. Mira, +Abel, que me amargaste la juventud, que +me has perseguido la vida toda...</p> + +<p>—Yo?</p> + +<p>—S, t, t.</p> + +<p>—Pues lo ignoraba.</p> + +<p>—No finjas. Me has despreciado siempre...</p> + +<p>—Mira, si sigues as, me voy, porque me +pones malo de verdad. Ya sabes mejor que +nadie, que no estoy para oir locuras de ese +jaez. Vete a un manicomio a que te curen o +te cuiden y djanos en paz.</p> + +<p>—Mira, Abel, que me quitaste, por humillarme, +por rebajarme, a Helena...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span></p> + +<p>—Y no has tenido a Antonia...?</p> + +<p>—No, no es por ella, no! Fu el desprecio, +la afrenta, la burla.</p> + +<p>—T no ests bueno, te lo repito, Joaqun, +no ests bueno...</p> + +<p>—Peor ests t.</p> + +<p>—De salud del cuerpo, desde luego. S +que no estoy para vivir mucho.</p> + +<p>—Demasiado...</p> + +<p>—Ah, pero me deseas la muerte?</p> + +<p>—No, Abel, no, no digo eso—y tom Joaqun +tono de quejumbrosa splica, dicindole: +Vete, vete de aqu, vete a vivir a otra +parte, djame con l... no me lo quites... por +lo que te queda...</p> + +<p>—Pues por lo que me queda, djame +con l.</p> + +<p>—No, que le envenenas con tus maas, +que le desapegas de m, que le enseas a despreciarme...</p> + +<p>—Mentira, mentira y mentira! Jams me +ha odo ni me oir nada en desprestigio tuyo.</p> + +<p>—S, pero basta con lo que le engatusas.</p> + +<p>—Y crees t que por irme yo, por quitarme +yo de en medio habra de quererte? Si a<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span> +ti, Joaqun, aunque uno se proponga no +puede quererte... Si rechazas a la gente....</p> + +<p>—Lo ves, lo ves...</p> + +<p>—Y si el nio no te quiere como t quieres +ser querido, con exclusin de los dems o +ms que a ellos, es que presiente el peligro, +es que teme...</p> + +<p>—Y qu teme?—pregunt Joaqun, palideciendo.</p> + +<p>---El contagio de tu mala sangre.</p> + +<p>Levantse entonces Joaqun, lvido, se fu +a Abel y le puso las dos manos, como dos garras, +en el cuello, diciendo: Bandido!</p> + +<p>Mas al punto las solt. Abel di un grito, +llevndose las manos al pecho, suspir un +Me muero! y di el ltimo respiro. Joaqun +se dijo: El ataque de angina; ya no hay remedio; +se acab!</p> + +<p>En aquel momento oy la voz del nieto +que llamaba: Abuelito! Abuelito! Joaqun +se volvi:</p> + +<p>—A quin llamas? A qu abuelo llamas? +A m?—Y como el nio callara lleno de estupor +ante el misterio que vea:—Vamos, d, +a qu abuelo? A m?</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span></p> + +<p>—No, al abuelito Abel.</p> + +<p>—A Abel? Ah le tienes... muerto. Sabes +lo que es eso? Muerto.</p> + +<p>Despus de haber sostenido en la butaca +en que muri el cuerpo de Abel, se volvi +Joaqun al nieto y con voz de otro mundo le +dijo:</p> + +<p>—Muerto, s! Y le he matado yo, yo, ha +matado a Abel Can, tu abuelo Can. Mtame +ahora si quieres. Me quera robarte; quera +quitarme tu cario. Y me lo ha quitado. +Pero l tuvo la culpa; l.</p> + +<p>Y rompiendo a llorar, aadi:</p> + +<p>—Me quera robarte a ti, a ti, al nico consuelo +que le quedaba al pobre Can! No le +dejarn a Can nada? Ven ac, abrzame.</p> + +<p>El nio huy sin comprender nada de +aquello, como se huye de un loco. Huy llamando +a Helena: abuela, abuela!</p> + +<p>—Le he matado, s—continu Joaqun +solo;—pero l me estaba matando; hace ms +de cuarenta aos que me estaba matando. +Me envenen los caminos de la vida con su +alegra y con sus triunfos. Quera robarme +el nieto...</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span></p> + +<p>Al oir pasos precipitados, volviendo Joaqun +en s, volvise. Era Helena, que entraba.</p> + +<p>—Qu pasa... qu sucede... qu dice el +nio...</p> + +<p>—Que la enfermedad de tu marido ha tenido +su fatal desenlace—dijo Joaqun heladamente.</p> + +<p>—Y t?</p> + +<p>—Yo no he podido hacer nada. En esto se +llega siempre tarde.</p> + +<p>Helena le mir fijamente y le dijo:</p> + +<p>—T... t has sido!</p> + +<p>Luego se fu, plida y convulsa, pero sin +perder su compostura, al cuerpo de su marido.</p> + +<hr class="chap" /> + + +<h2>XXXVIII</h2> + + +<p>Pas un ao, en que Joaqun cay en una +honda melancola. Abandon sus <i>Memorias</i>, +evitaba ver a todo el mundo, incluso a +sus hijos. La muerte de Abel haba aparecido +el natural desenlace de su dolencia, conocida +por su hija, pero un espeso bochorno +de misterio pesaba sobre la casa. Helena encontr +que el traje de luto la favoreca mucho +y empez a vender los cuadros que de +su marido le quedaban. Pareca tener cierta +aversin al nieto. Al cual le haba nacido ya +una hermanita.</p> + +<p>Postrle, al fin, una oscura enfermedad +en el lecho. Y sintindose morir, llam un da +a sus hijos, a su mujer, a Helena.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p> + +<p>—Os dijo verdad el nio—empez diciendo,—yo +le mat.</p> + +<p>—No digas esas cosas, padre—suplic +Abel, su yerno.</p> + +<p>—No es hora de interrupciones ni de embustes. +Yo le mat. O como si yo le hubiera +matado, pues muri en mis manos...</p> + +<p>—Eso es otra cosa.</p> + +<p>—Se me muri tenindole yo en mis manos, +cojido del cuello. Aquello fu como un +sueo. Toda mi vida ha sido como un sueo. +Por eso ha sido como una de esas pesadillas +dolorosas que nos caen encima poco antes de +despertar, al alba, entre el sueo y la vela. +No he vivido ni dormido... ojal! ni despierto. +No me acuerdo ya de mis padres, no quiero +acordarme de ellos y confo en que ya +muertos me hayan olvidado. Me olvidar +tambin Dios? Sera lo mejor acaso, el +eterno olvido. Olvidadme, hijos mos!</p> + +<p>—Nunca!—exclam Abel, yendo a besarle +la mano.</p> + +<p>—Djala! Estuvo en el cuello de tu padre +al morirse ste. Djala! Pero no me dejis. +Rogad por m.</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span></p> + +<p>—Padre, padre!—suplic la hija.</p> + +<p>—Por qu he sido tan envidioso, tan malo? +Qu hice para ser as? Qu leche mam? Era +un bebedizo de odio? Ha sido un bebedizo mi +sangre? Por qu nac en tierra de odios? En +tierra en que el precepto parece ser: Odia a +tu prjimo como a ti mismo. Porque he vivido +odindome; porque aqu todos vivimos +odindonos. Pero... traed al nio.</p> + +<p>—Padre!</p> + +<p>—Traed al nio!</p> + +<p>Y cuando el nio lleg le hizo acercarse:</p> + +<p>—Me perdonas?—le pregunt.</p> + +<p>—No hay de qu—dijo Abel.</p> + +<p>—D que s, arrmate al abuelo—le dijo +su madre.</p> + +<p>—S!—susurr el nio.</p> + +<p>—D claro, hijo mo, d si me perdonas.</p> + +<p>—S.</p> + +<p>—As, slo de ti, slo de ti, que no tienes +todava uso de razn, de ti que eres inocente, +necesito perdn. Y no olvides a tu abuelo +Abel, al que te haca los dibujos. Le olvidars?</p> + +<p>—No!</p><p><span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span></p> + +<p>—No, no le olvides, hijo mo, no le olvides. +Y t, Helena...</p> + +<p>Helena, la vista en el suelo, callaba.</p> + +<p>—Y t, Helena...</p> + +<p>—Yo, Joaqun, te tengo hace tiempo perdonado.</p> + +<p>—No te peda eso. Slo quiero verte junto +a Antonia. Antonia...</p> + +<p>La pobre mujer, henchidos de lgrimas los +ojos, se ech sobre la cabeza de su marido y +como queriendo protegerla.</p> + +<p>—T has sido aqu la vctima. No pudiste +curarme, no pudiste hacerme bueno...</p> + +<p>—Pero si lo has sido, Joaqun... Has sufrido +tanto!...</p> + +<p>—S, la tisis del alma. Y no pudiste hacerme +bueno porque no te he querido.</p> + +<p>—No digas eso!</p> + +<p>—S, lo digo, lo tengo que decir, y lo digo +aqu, delante de todos. No te he querido. Si +te hubiera querido me haba curado. No te +he querido. Y ahora me duele no haberte +querido. Si pudiramos volver a empezar...</p> + +<p>—Joaqun! Joaqun!—clamaba desde el +destrozado corazn la pobre mujer.—No di<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span>gas +esas cosas. Ten piedad de m; ten piedad +de tus hijos, de tu nieto que te oye, y que, +aunque parece no entenderte, acaso maana...</p> + +<p>—Por eso lo digo, por piedad. No, no te +he querido; no he querido quererte. Si volvisemos +a empezar! Ahora, ahora es cuando...</p> + +<p>No le dej acabar su mujer, tapndole la +moribunda con su boca y como si quisiera +recojer en el propio su ltimo aliento.</p> + +<p>—Esto te salva, Joaqun.</p> + +<p>—Salvarme? Y a qu llamas salvarse?</p> + +<p>—Aun puedes vivir unos aos, si lo quieres.</p> + +<p>—Para qu? Para llegar a viejo? A la verdadera +vejez? No; la vejez, no! La vejez +egosta no es ms que una infancia en que +hay conciencia de la muerte. El viejo es un +nio que sabe que ha de morir. No, no quiero +llegar a viejo. Reira con los nietos por +celos, les odiara... No, no... basta de odio! +Pude quererte, deb quererte, que habra sido +mi salvacin, y no te quise.</p> + +<p>Call. No quiso o no pudo proseguir. Bes +a los suyos. Horas despus renda su ltimo +cansado respiro.</p><hr class="chap" /> + + + + + +<h2>OBRAS DEL MISMO AUTOR</h2> + +<p class="center">EDITADAS POR LA BIBLIOTECA</p> + +<p class="center large">RENACIMIENTO</p> + + +<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="obras"> + +<tr> + <td class="tdr" colspan="2">Ptas.</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Por tierras de Portugal y Espaa</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Soliloquios y conversaciones</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Contra esto y aquello</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Del sentimiento trgico de la vida</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Vida de Don Quijote y Sancho</td> + <td class="tdr">4,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Niebla, <i>novela</i></td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Recuerdos de niez y de mocedad</td> + <td class="tdr">3,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Poesas</td> + <td class="tdr">3,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">De mi pas</td> + <td class="tdr">2,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Rosario de sonetos lricos</td> + <td class="tdr">3,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">El espejo de la muerte, <i>novelas</i></td> + <td class="tdr">1,00</td> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">Abel Snchez</td> + <td class="tdr">3,50</td> +</tr> + +<tr> + <th colspan="2">UNAMUNO Y GANIVET</th> +</tr> + +<tr> + <td class="tdl">El porvenir de Espaa</td> + <td class="tdr">2,00</td> +</tr> + +</table> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Abel Snchez, by Miguel De Unamuno + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ABEL SNCHEZ *** + +***** This file should be named 44512-h.htm or 44512-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/4/4/5/1/44512/ + +Produced by Carlos Coln and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +created from images of public domain material made available +by the University of Toronto Libraries +(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the +trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone +providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance +with this agreement, and any volunteers associated with the production, +promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, +harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, +that arise directly or indirectly from any of the following which you do +or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm +work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any +Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. + + +Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm + +Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of +electronic works in formats readable by the widest variety of computers +including obsolete, old, middle-aged and new computers. 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Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For forty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. 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