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diff --git a/old/44512-8.txt b/old/44512-8.txt new file mode 100644 index 0000000..e5ba7f1 --- /dev/null +++ b/old/44512-8.txt @@ -0,0 +1,5039 @@ +The Project Gutenberg EBook of Abel Sánchez, by Miguel De Unamuno + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Abel Sánchez + Una Historia de Pasión + +Author: Miguel De Unamuno + +Release Date: December 25, 2013 [EBook #44512] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ABEL SÁNCHEZ *** + + + + +Produced by Carlos Colón and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +created from images of public domain material made available +by the University of Toronto Libraries +(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).) + + + + + + + + + + Nota del Transcriptor: + + Errores obvios de imprenta han sido corregidos. + + Con la intención de conservar el texto original, signos de + interrogación y exclamación no se usan al principio de la mayoría de + las preguntas y exclamaciones respectivamente. + + Páginas en blanco han sido eliminadas. + + Letras itálicas son denotadas con _líneas_. + + Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=. + + + + + ABEL SÁNCHEZ + + + UNA HISTORIA DE PASIÓN + + IMP. JOSÉ POVEDA.--PRÍNCIPE, 24.--MADRID + + + + + ABEL SÁNCHEZ + + UNA HISTORIA DE PASIÓN + + POR + MIGUEL DE UNAMUNO + + + [Ilustración] + + + RENACIMIENTO + SAN MARCOS, 42 + MADRID + 1917 + + + + +ABEL SÁNCHEZ + +UNA HISTORIA DE PASIÓN + + +Al morir Joaquín Monegro encontróse entre sus papeles una especie de +Memoria de la sombría pasión que le hubo devorado en vida. Entremézclase +en este relato fragmentos tomados de esa confesión--así lo rotuló--, y +que vienen a ser al modo de comentario que se hacía Joaquín a sí mismo +de su propia dolencia. Esos fragmentos van entrecomillados. La +=Confesión= iba dirigida a su hija. + + + + +I + + +No recordaban Abel Sánchez y Joaquín Monegro desde cuándo se conocían. +Eran conocidos desde antes de la niñez, desde la primera infancia, pues +ya sus sendas nodrizas se juntaban y los juntaban cuando aun ellos no +sabían hablar. Aprendió cada uno de ellos a conocerse conociendo al +otro. Y así vivieron y se hicieron juntos amigos desde nacimiento casi, +más bien hermanos de crianza. + +En sus paseos, en sus juegos, en sus otras amistades comunes, parecía +dominar e iniciarlo todo Joaquín, el más voluntarioso; pero era Abel +quien, pareciendo ceder, hacía la suya siempre. Y es que le importaba +más no obedecer que mandar. Casi nunca reñían. «Por mí como tú +quieras...!» le decía Abel a Joaquín, y éste se exasperaba a las veces +porque con aquel «como tú quieras...!» esquivaba las disputas. + +--Nunca me dices que no!--exclamaba Joaquín. + +--Y para qué?--respondía el otro. + +--Bueno, este no quiere que vayamos al Pinar--dijo una vez aquel cuando +varios compañeros se disponían a un paseo. + +--Yo? pues no he de quererlo...!--exclamó Abel.--Sí, hombre, sí; como tú +quieras. Vamos allá! + +--No, como yo quiera, no! Ya te he dicho otras veces que no! Como yo +quiera no! Tú no quieres ir! + +--Que sí, hombre... + +--Pues entonces no lo quiero yo... + +--Ni yo tampoco... + +--Eso no vale--gritó ya Joaquín.--O con él o conmigo! + +Y todos se fueron con Abel, dejándole a Joaquín solo. + +Al comentar éste en sus _Confesiones_ tal suceso de la infancia, +escribía: «Ya desde entonces era él simpático, no sabía por qué, y +antipático yo, sin que se me alcanzara mejor la causa de ello, y me +dejaban solo. Desde niño me aislaron mis amigos». + +Durante los estudios del bachillerato, que siguieron juntos, Joaquín era +el empollón, el que iba a la caza de los premios, el primero en las +aulas y el primero Abel fuera de ellas, en el patio del Instituto, en la +calle, en el campo, en los novillos, entre los compañeros. Abel era el +que hacía reir con sus gracias y, sobre todo, obtenía triunfos de +aplauso por las caricaturas que de los catedráticos hacía. «Joaquín es +mucho más aplicado, pero Abel es más listo... si se pusiera a +estudiar...» Y este juicio común de los compañeros, sabido por Joaquín, +no hacía sino envenenarle el corazón. Llegó a sentir la tentación de +descuidar el estudio y tratar de vencer al otro en el otro campo, pero +diciéndose: «bah! qué saben ellos...» siguió fiel a su propio natural. +Además, por más que procuraba aventajar al otro en ingenio y donosura no +lo conseguía. Sus chistes no eran reídos y pasaba por ser +fundamentalmente serio. «Tú eres fúnebre»--solía decirle Federico +Cuadrado--«tus chistes son chistes de duelo». + +Concluyeron ambos el bachillerato. Abel se dedicó a ser artista +siguiendo el estudio de la pintura y Joaquín se matriculó en la Facultad +de Medicina. Veíanse con frecuencia y hablaba cada uno al otro de los +progresos que en sus respectivos estudios hacían, empeñándose Joaquín en +probarle a Abel que la Medicina era también un arte y hasta un arte +bella, en que cabía inspiración poética. Otras veces, en cambio, daba en +menospreciar las bellas artes, enervadoras del espíritu, exaltando la +ciencia, que es la que eleva, fortifica y ensancha el espíritu con la +verdad. + +--Pero es que la Medicina tampoco es ciencia--le decía Abel.--No es sino +un arte, una práctica derivada de ciencias. + +--Es que yo no he de dedicarme al oficio de curar enfermos--replicaba +Joaquín. + +--Oficio muy honrado y muy útil...--añadía el otro. + +--Sí, pero no para mí. Será todo lo honrado y todo lo útil que quieras, +pero detesto esa honradez y esa utilidad. Para otros el hacer dinero +tomando el pulso, mirando la lengua y recetando cualquier cosa. Yo +aspiro a más. + +--A más? + +--Sí, yo aspiro a abrir nuevos caminos. Pienso dedicarme a la +investigación científica. La gloria médica es de los que descubrieron el +secreto de alguna enfermedad y no de los que aplicaron el descubrimiento +con mayor o menor fortuna. + +--Me gusta verte así, tan idealista. + +--Pues qué, ¿crees que sólo vosotros, los artistas, los pintores, soñáis +con la gloria? + +--Hombre, nadie te ha dicho que yo sueñe con tal cosa... + +--Que no? pues por qué, si no, te has dedicado a pintar? + +--Porque si se acierta es oficio que promete... + +--Que promete? + +--Vamos, sí, que da dinero. + +--A otro perro con ese hueso, Abel. Te conozco desde que nacimos casi. A +mí no me la das. Te conozco. + +--Y he pretendido nunca engañarte? + +--No, pero tú engañas sin pretenderlo. Con ese aire de no importarte +nada, de tomar la vida en juego, de dársete un comino de todo, eres un +terrible ambicioso... + +--Ambicioso yo? + +--Sí, ambicioso de gloria, de fama, de renombre... Lo fuiste siempre, de +nacimiento. Sólo que solapadamente. + +--Pero ven acá, Joaquín, y dime: te disputé nunca tus premios? no fuiste +tú siempre el primero en clase? el chico que promete? + +--Sí, pero el gallito, el niño mimado de los compañeros tú... + +--Y qué iba yo a hacerle...? + +--Me querrás hacer creer que no buscabas esa especie de popularidad...? + +--Haberla buscado tú... + +--Yo? yo? Desprecio a la masa! + +--Bueno, bueno, déjame de esas tonterías y cúrate de ellas. Mejor será +que me hables otra vez de tu novia. + +--Novia? + +--Bueno, de esa tu primita que quieres que lo sea. + +Porque Joaquín estaba queriendo forzar el corazón de su prima Helena y +había puesto en su empeño amoroso todo el ahinco de su ánimo +reconcentrado y suspicaz. Y sus desahogos, los inevitables y saludables +desahogos de enamorado en lucha, eran con su amigo Abel. + +Y lo que Helena le hacía sufrir! + +--Cada vez la entiendo menos--solía decirle a Abel.--Esa muchacha es +para mí una esfinge... + +--Ya sabes lo que decía Oscar Wilde, o quien fuese, que toda mujer es +una esfinge sin secreto. + +--Pues Helena parece tenerlo. Debe de querer a otro, aunque éste no lo +sepa. Estoy seguro de que quiere a otro. + +--Y por qué? + +--De otro modo no me explico su actitud conmigo... + +--Es decir, que porque no quiere quererte a ti... quererte para novio, +que como primo sí te querrá... + +--¡No te burles! + +--Bueno, pues porque no quiere quererte para novio, o más claro, para +marido, tiene que estar enamorada de otro? Bonita lógica! + +--Yo me entiendo! + +--Sí, y también yo te entiendo. + +--Tú? + +--No pretendes ser quien mejor me conoce? Qué mucho, pues, que yo +pretenda conocerte? Nos conocimos a un tiempo. + +--Te digo que esa mujer me trae loco y me hará perder la paciencia. Está +jugando conmigo. Si me hubiera dicho desde un principio que no, bien +estaba, pero tenerme así, diciendo que lo verá, que lo pensará... Esas +cosas no se piensan... coqueta! + +--Es que te está estudiando. + +--Estudiándome a mí? Ella? Qué tengo yo que estudiar? Qué puede ella +estudiar? + +--Joaquín, Joaquín, te estás rebajando y la estás rebajando...! O crees +que no más verte y oirte y saber que la quieres y ya debía rendírsete? + +--Sí, siempre he sido antipático... + +--Vamos, hombre, no te pongas así... + +--Es que esa mujer está jugando conmigo! Es que no es noble jugar así +con un hombre como yo, franco, leal, abierto... Pero si vieras qué +hermosa está! Y cuanto más fría y más desdeñosa se pone más hermosa. Hay +veces que no sé si la quiero o la aborrezco más...! Quieres que te +presente a ella...? + +--Hombre, si tú... + +--Bueno; os presentaré. + +--Y si ella quiere... + +--Qué? + +--Le haré un retrato. + +--Hombre, sí! + +Mas aquella noche durmió Joaquín mal rumiando lo del retrato, pensando +en que Abel Sánchez, el simpático sin proponérselo, el mimado del favor +ajeno, iba a retratarle a Helena. + +Qué saldría de allí? Encontraría también Helena, como sus compañeros de +ellos, más simpático a Abel? Pensó negarse a la presentación, mas como +ya se la había prometido. + + + + +II + + +--Qué tal te pareció mi prima?--le preguntaba Joaquín a Abel al día +siguiente de habérsela presentado y propuesto a ella, a Helena, lo del +retrato, que acojió alborozada de satisfacción. + +--Hombre, quieres la verdad? + +--La verdad siempre, Abel; si nos dijéramos siempre la verdad, toda la +verdad, esto sería el paraíso. + +--Sí, y si se la dijera cada cual a sí mismo... + +--Bueno, pues la verdad! + +--La verdad es que tu prima y futura novia, acaso esposa, Helena, me +parece una pava real... es decir, un pavo real hembra... ya me +entiendes... + +--Sí, te entiendo. + +--Como no sé expresarme bien más que con el pincel... + +--Y vas a pintar la pava real, o el pavo real hembra, haciendo la rueda +acaso, con su cola llena de ojos, su cabecita... + +--Para modelo, excelente! Excelente, chico! Qué ojos! Qué boca! Esa boca +carnosa y a la vez fruncida... esos ojos que no miran... Qué cuello! Y +sobre todo qué color de tez! Si no te incomodas... + +--Incomodarme yo? + +--Te diré que tiene un color como de india brava, o mejor, de fiera +indómita. Hay algo, en el mejor sentido, de pantera en ella. Y todo ello +fríamente. + +--Y tan fríamente! + +--Nada, chico, que espero hacerte un retrato estupendo. + +--A mí? Será a ella? + +--No, el retrato será para ti, aunque de ella. + +--No, eso no, el retrato será para ella! + +--Bien, para los dos. Quién sabe... Acaso con él os una. + +--Vamos, sí, que de retratista pasas a... + +--A lo que quieras, Joaquín, a celestino, con tal de que dejes de sufrir +así. Me duele verte de esa manera. + +Empezaron las sesiones de pintura, reuniéndose los tres. Helena se +posaba en su asiento solemne y fría, henchida de desdén, como una diosa +llevada por el destino. «Puedo hablar?», preguntó al primer día, y Abel +le contestó: «Sí, puede usted hablar y moverse; para mí es mejor que +hable y se mueva, porque así vive la fisonomía... Esto no es fotografía, +y además no la quiero hecha estatua...» Y ella hablaba, hablaba, pero +moviéndose poco y estudiando la postura. Qué hablaba? Ellos no lo +sabían. Porque uno y otro no hacían sino devorarla con los ojos; la +veían, no la oían hablar. + +Y ella hablaba, hablaba, por creer de buena educación no estarse +callada, y hablaba zahiriendo a Joaquín cuanto podía. + +--Qué tal vas de clientela, primito?--le preguntaba. + +--Tanto te importa eso?... + +--Pues no ha de importarme, hombre, pues no ha de importarme...! +Figúrate... + +--No, no me figuro. + +--Interesándote tú tanto como por mí te interesas, no cumplo con menos +que con interesarme yo por ti. Y además, quién sabe... + +--Quién sabe, qué? + +--Bueno, dejen eso--interrumpía Abel;--no hacen sino regañar. + +--Es lo natural--decía Helena--entre parientes... Y además, dicen que +así se empieza. + +--Se empieza, qué?--preguntó Joaquín. + +--Eso tú lo sabrás, primo, que tú has empezado. + +--Lo que voy a hacer es acabar! + +--Hay varios modos de acabar, primo. + +--Y varios de empezar. + +--Sin duda. Qué, me descompongo con este floreteo, Abel? + +--No, no, todo lo contrario. Este floreteo, como le llama, le da más +expresión a la mirada y al gesto. Pero... + +A los dos días tuteábanse ya Abel y Helena; lo había querido así +Joaquín. Quien al tercer día faltó a una sesión. + +--A ver, a ver cómo va eso--dijo Helena levantándose para ir a ver el +retrato. + +--Qué te parece? + +--Yo no entiendo, y además no soy quien mejor puede saber si se me +parece o no. + +--Qué? No tienes espejo? No te has mirado a él? + +--Sí, pero... + +--Pero qué... + +--Qué sé yo... + +--No te encuentras bastante guapa en este espejo? + +--No seas adulón. + +--Bien, se lo preguntaremos a Joaquín. + +--No me hables de él, por favor. Qué pelma! + +--Pues de él he de hablarte. + +--Entonces me marcho... + +--No, y oye. Está muy mal lo que estás haciendo con ese chico. + +--¡Ah! ¿Pero ahora vienes a abogar por él? Es esto del retrato un +achaque. + +--Mira, Helena, no está bien que estés así, jugando con tu primo. El es +algo, vamos, algo... + +--Sí, insoportable! + +--No, él es reconcentrado, altivo por dentro, terco, lleno de sí mismo, +pero es bueno, honrado a carta cabal, inteligente, le espera un +brillante porvenir en su carrera, te quiere con delirio... + +--Y si a pesar de todo eso no le quiero yo? + +--Pues debes entonces desengañarle. + +--Y poco que le he desengañado! Estoy harta de decirle que me parece un +buen chico, pero que por eso, porque me parece un buen chico, un +excelente primo--y no quiero hacer un chiste,--por eso no le quiero para +novio con lo que luego viene. + +--Pues él dice... + +--Si él te ha dicho otra cosa, no te ha dicho la verdad, Abel. Es que +voy a despedirle y prohibirle que me hable siendo como es mi primo? +Primo! Qué gracia! + +--No te burles así. + +--Si es que no puedo... + +--Y él sospecha más, y es que se empeña en creer que puesto que no +quieres quererle a él, estás en secreto enamorada de otro... + +--Eso te ha dicho? + +--Sí, eso me ha dicho. + +Helena se mordió los labios, se ruborizó y calló un momento. + +--Sí, eso me ha dicho--repitió Abel, descansando la diestra sobre el +tiento que apoyaba en el lienzo, y mirando fijamente a Helena, como +queriendo adivinar el sentido de algún rasgo de su cara. + +--Pues si se empeña... + +-Qué...? + +--Que acabará por conseguir que me enamore de algún otro... + +Aquella tarde no pintó ya más Abel. Y salieron novios. + + + + +III + + +El éxito del retrato de Helena por Abel fué clamoroso. Siempre había +alguien contemplándolo frente al escaparate en que fué expuesto. «Ya +tenemos un gran pintor más», decían. Y ella, Helena, procuraba pasar +junto al lugar en que su retrato se exponía para oir los comentarios y +paseábase por las calles de la ciudad como un inmortal retrato viviente, +como una obra de arte haciendo la rueda. No había acaso nacido para eso? + +Joaquín apenas dormía. + +--Está peor que nunca--le dijo a Abel.--Ahora es cuando juega conmigo. +Me va a matar! + +--Naturalmente! Se siente ya belleza profesional... + +--Sí, la has inmortalizado! Otra Joconda! + +--Pero tú, como médico, puedes alargarle la vida... + +--O acortársela. + +--No te pongas así, trágico. + +--Y qué voy a hacer, Abel, qué voy a hacer...? + +--Tener paciencia... + +--Además, me ha dicho cosas de donde he sacado que le has contado lo de +que la creo enamorada de otro... + +--Fué por hacer tu causa... + +--Por hacer mi causa... Abel, Abel, tú estás de acuerdo con ella... +vosotros me engañáis... + +--Engañarte? En qué? Te ha prometido algo? + +--Y a ti? + +--Es tu novia acaso? + +--Y es ya la tuya? + +Callóse Abel, mudándosele la color. + +--Lo ves?--exclamó Joaquín, balbuciente y tembloroso.--Lo ves? + +--El qué? + +--Y lo negarás ahora? Tendrás cara para negármelo? + +--Pues bien, Joaquín, somos amigos de antes de conocernos, casi +hermanos... + +--Y al hermano, puñalada trapera, no es eso? + +--No te sulfures así; ten paciencia... + +--Paciencia? Y qué es mi vida sino continua paciencia, continuo +padecer?... Tú el simpático, tú el festejado, tú el vencedor, tú el +artista... Y yo... + +Lágrimas que le reventaron en los ojos cortáronle la palabra. + +--Y qué iba a hacer, Joaquín, qué querías que hiciese...? + +--No haberla solicitado, pues que la quería yo...! + +--Pero si ha sido ella, Joaquín, si ha sido ella... + +--Claro, a ti, al artista, al afortunado, al favorito de la fortuna, a +ti son ellas las que te solicitan. Ya la tienes, pues... + +--Me tiene ella, te digo. + +--Sí, ya te tiene la pava real, la belleza profesional, la Joconda... +Serás su pintor... La pintarás en todas posturas y en todas formas, a +todas las luces, vestida y sin vestir... + +--Joaquín! + +--Y así la inmortalizarás. Vivirá tanto como tus cuadros vivan. Es +decir, vivirá, no! Porque Helena no vive; durará. Durará como el mármol, +de que es. Porque es de piedra, fría y dura, fría y dura como tú. Montón +de carne...! + +--No te sulfures, te he dicho. + +--Pues no he de sulfurarme, hombre, pues no he de sulfurarme! Esto es +una infamia, una canallada! + +Sintióse abatido y calló, como si le faltaran palabras para la violencia +de su pasión. + +--Pero ven acá, hombre--le dijo Abel con su voz más dulce, que era la +más terrible--y reflexiona. Iba yo a hacer que te quisiese si ella no +quiere quererte? Para novio no le eres... + +--Sí, no soy simpático a nadie; nací condenado. + +--Te juro, Joaquín... + +--No jures! + +--Te juro que si en mí sólo consistiese, Helena sería tu novia, y mañana +tu mujer. Si pudiese cedértela... + +--Me la venderías por un plato de lentejas, no es eso? + +--No, vendértela no! Te la cedería gratis y gozaría en veros felices, +pero... + +--Sí, que ella no me quiere y te quiere a ti, no es eso? + +--Eso es! + +--Que me rechaza a mí, que la buscaba, y te busca a ti, que la +rechazabas. + +--Eso! Aunque no lo creas; soy un seducido. + +--Qué manera de darte postín! Me das asco! + +--Postín? + +--Sí, ser así, seducido, es más que ser seductor. Pobre víctima! Se +pelean por ti las mujeres... + +--No me saques de quicio, Joaquín... + +--A ti? Sacarte a ti de quicio? Te digo que esto es una canallada, una +infamia, un crimen... Hemos acabado para siempre! + +Y luego, cambiando de tono, con lágrimas insondables en la voz: + +--Ten compasión de mí, Abel, ten compasión. Ve que todos me miran de +reojo, ve que todos son obstáculos para mí... Tú eres joven, afortunado, +mimado, te sobran mujeres... Déjame a Helena, mira que no sabré +dirigirme a otra... Déjame a Helena... + +--Pero si ya te la dejo... + +--Haz que me oiga; haz que me conozca; haz que sepa que muero por ella, +que sin ella no viviré... + +--No la conoces... + +--Sí, os conozco! Pero, por Dios... Júrame que no has de casarte con +ella... + +--Y quién ha hablado de casamiento? + +--Ah, entonces es por darme celos nada más? Sí, ella no es más que una +coqueta... peor que una coqueta, una... + +--Cállate!--rugió Abel. + +Y fué tal el rugido, que Joaquín se quedó callado, mirándole. + +--Es imposible, Joaquín; contigo no se puede! Eres imposible! + +Y Abel marchóse. + +«Pasé una noche horrible--dejó escrito en su _Confesión_ +Joaquín--volviéndome a un lado y otro en la cama, mordiendo a ratos la +almohada, levantándome a beber agua del jarro del lavabo. Tuve fiebre. A +ratos me amodorraba en sueños acerbos. Pensaba matarles y urdía +mentalmente, como si se tratase de un drama o de una novela que iba +componiendo, los detalles de mi sangrienta venganza, y tramaba diálogos +con ellos. Parecíame que Helena había querido afrentarme y nada más, que +había enamorado a Abel por menosprecio a mí, pero que no podía, montón +de carne al espejo, querer a nadie. Y la deseaba más que nunca y con más +furia que nunca. En alguna de las interminables modorras de aquella +noche me soñé poseyéndola y junto al cuerpo frío e inerte de Abel. Fué +una tempestad de malos deseos, de cóleras, de apetitos sucios, de rabia. +Con el día y el cansancio de tanto sufrir volvióme la reflexión, +comprendí que no tenía derecho alguno a Helena, pero empecé a odiar a +Abel con toda mi alma y a proponerme a la vez ocultar ese odio, +abonarlo, criarlo, cuidarlo en lo recóndito de las entrañas de mi alma. +Odio? Aun no quería darle su nombre, ni quería reconocer que nací, +predestinado, con su masa y con su semilla. Aquella noche nací al +infierno de mi vida.» + + + + +IV + + +--Helena--le decía Abel,--eso de Joaquín me quita el sueño...! + +--El qué? + +--Cuando le diga que vamos a casarnos no sé lo que va a ser. Y eso que +parece ya tranquilo y como si se resignase a nuestras relaciones... + +--Sí, bonito es él para resignarse! + +--La verdad es que esto no estuvo del todo bien. + +--Qué? También tú? Es que vamos a ser las mujeres como bestias, que se +dan y prestan y alquilan y venden? + +--No, pero... + +--Pero qué? + +--Que fué él quien me presentó a ti, para que te hiciera el retrato, y +me aproveché... + +--Y bien aprovechado! Estaba yo acaso comprometida con él? Y aunque lo +hubiese estado! Cada cual va a lo suyo. + +--Sí, pero... + +--Qué? Te pesa? Pues por mí... Aunque si tú me dejases ahora, ahora que +estoy comprometida y todas saben que eres mi novio oficial y que me vas +a pedir un día de estos, no por eso buscaría a Joaquín, no! Menos que +nunca! Me sobrarían pretendientes, así, como los dedos de las manos--y +levantaba sus dos largas manos, de ahusados dedos, aquellas manos que +con tanto amor pintara Abel, y sacudía los dedos, como si revolotearan. + +Abel le cojió las dos manos en las recias suyas, se las llevó a la boca +y las besó alargadamente. Y luego en la boca... + +--Estate quieto, Abel! + +--Tienes razón, Helena, no vamos a turbar nuestra felicidad pensando en +lo que sienta y sufra por ella el pobre Joaquín... + +--Pobre? No es más que un envidioso! + +--Pero hay envidias, Helena... + +--Que se fastidie! + +Y después de una pausa llena de un negro silencio: + +--Por supuesto, le convidaremos a la boda... + +--Helena! + +--Y qué mal hay en ello? Es mi primo, tu primer amigo, a él debemos el +habernos conocido. Y si no le convidas tú, le convidaré yo. Que no va? +Mejor! Que va? Mejor que mejor! + + + + +V + + +Al anunciar Abel a Joaquín su casamiento, éste dijo: + +--Así tenía que ser. Tal para cual. + +--Pero bien comprendes... + +--Sí, lo comprendo, no me creas un demente o un furioso; lo comprendo, +está bien, que seáis felices... Yo no lo podré ser ya... + +--Pero, Joaquín, por Dios, por lo que más quieras... + +--Basta y no hablemos más de ello. Haz feliz a Helena y que ella te haga +feliz... Os he perdonado ya... + +--De veras? + +--Sí, de veras. Quiero perdonaros. Me buscaré mi vida. + +--Entonces me atrevo a convidarte a la boda, en mi nombre... + +--Y en el de ella, eh? + +--Sí, en el de ella también. + +--Lo comprendo. Iré a realzar vuestra dicha. Iré. + +Como regalo de boda mandó Joaquín a Abel un par de magníficas pistolas +damasquinadas, como para un artista. + +--Son para que te pegues un tiro cuando te canses de mí--le dijo Helena +a su futuro marido. + +--Qué cosas tienes, mujer! + +--Quién sabe sus intenciones... Se pasa la vida tramándolas... + +«En los días que siguieron a aquel en que me dijo que se +casaban--escribió en su _Confesión_ Joaquín--sentí como si el alma toda +se me helase. Y el hielo me apretaba el corazón. Eran como llamas de +hielo. Me costaba respirar. El odio a Helena, y sobre todo, a Abel, +porque era odio, odio frío cuyas raíces me llenaban el ánimo, se me +había empedernido. No era una mala planta, era un témpano que se me +había clavado en el alma; era, más bien, mi alma toda congelada en +aquel odio. Y un hielo tan cristalino, que lo veía todo a su través con +una claridad perfecta. Me daba acabada cuenta de que razón, lo que se +llama razón, eran ellos los que la tenían; que yo no podía alegar +derecho alguno sobre ella; que no se debe ni se puede forzar el afecto +de una mujer, que, pues se querían, debían unirse. Pero sentía también +confusamente que fuí yo quien les llevó, no sólo a conocerse, sino a +quererse, que fué por desprecio a mí por lo que se entendieron, que en +la resolución de Helena entraba por mucho el hacerme rabiar y sufrir, el +darme dentera, el rebajarme a Abel, y en la de éste el soberano egoísmo +que nunca le dejó sentir el sufrimiento ajeno. Ingenuamente, +sencillamente no se daba cuenta de que existieran otros. Los demás +éramos para él, a lo sumo, modelos para sus cuadros. No sabía ni odiar; +tan lleno de sí vivía.» + +»Fuí a la boda con el alma escarchada de odio, el corazón garapiñado en +hielo agrio pero sobrecojido de un mortal terror, temiendo que al oir +el _sí_ de ellos, el hielo se me resquebrajara y hendido el corazón +quedase allí muerto o imbécil. Fuí a ella como quien va a la muerte. Y +lo que me ocurrió fué más mortal que la muerte misma; fué peor, mucho +peor que morirse. Ojalá me hubiese entonces muerto allí. + +»Ella estaba hermosísima. Cuando me saludó sentí que una espada de +hielo, de hielo dentro del hielo de mi corazón, junto a la cual aun era +tibio el mío, me lo atravesaba; era la sonrisa insolente de su +compasión. _Gracias!_ me dijo, y entendí: _Pobre Joaquín!_ El, Abel, él +ni sé si me vió. «Comprendo tu sacrificio--me dijo, por no callarse.» +No, no hay tal--le repliqué;--te dije que vendría y vengo; ya ves que +soy razonable; no podía faltar a mi amigo de siempre, a mi... hermano.» +Debió de parecerle interesante mi actitud, aunque poco pictórica. Yo era +allí el convidado de piedra. + +»Al acercarse el momento fatal, yo contaba los segundos. «Dentro de +poco--me decía--ha terminado para mí todo!» Creo que se me paró el +corazón. Oí claros y distintos los dos _sís_, el de él y el de ella. +Ella me miró al pronunciarlo. Y quedé más frío que antes, sin un +sobresalto, sin una palpitación, como si nada que me tocase hubiese +oído. Y ello me llenó de un infernal terror a mí mismo. Me sentí peor +que un monstruo, me sentí como si no existiera, como si no fuese nada +más que un pedazo de hielo, y esto para siempre. Llegué a palparme la +carne, a pellizcármela, a tomarme el pulso. «Pero estoy vivo? Yo soy +yo?»--me dije. + +»No quiero recordar todo lo que sucedió aquel día. Se despidieron de mí +y fuéronse a su viaje de luna de miel. Yo me hundí en mis libros, en mi +estudio, en mi clientela, que empezaba ya a tenerla. El despejo mental +que me dió aquel golpe de lo ya irreparable, el descubrimiento en mí +mismo de que no hay alma, moviéronme a buscar en el estudio, no ya +consuelo--consuelo, ni lo necesitaba ni lo quería,--sino apoyo para una +ambición inmensa. Tenía que aplastar con la fama de mi nombre la fama, +ya incipiente, de Abel; mis descubrimientos científicos, obra de arte, +de verdadera poesía, tenían que hacer sombra a sus cuadros. Tenía que +llegar a comprender un día Helena que era yo, el médico, el antipático, +quien habría de darle aureola de gloria, y no él, no el pintor. Me hundí +en el estudio. Hasta llegué a creer que los olvidaría! Quise hacer de la +ciencia un narcótico y a la vez un estimulante!» + + + + +VI + + +Al poco de haber vuelto los novios de su viaje de luna de miel, cayó +Abel enfermo de alguna gravedad y llamaron a Joaquín a que le viese y le +asistiese. + +--Estoy muy intranquila, Joaquín--le dijo Helena;--anoche no ha hecho +sino delirar, y en el delirio no hacía sino llamarte. + +Examinó Joaquín con todo cuidado y minucia a su amigo, y luego, mirando +ojos a ojos a su prima, le dijo: + +--La cosa es grave, pero creo que le salvaré. Yo soy quien no tiene +salvación ya. + +--Sí, sálvamelo!--exclamó ella.--Y ya sabes... + +--Sí, lo sé todo!--y se salió. + +Helena se fué al lecho de su marido, le puso una mano sobre la frente, +que le ardía, y se puso a temblar. «Joaquín, Joaquín--deliraba +Abel,--perdónanos, perdóname!» + +--Calla--le dijo casi al oído Helena,--calla; ha venido a verte y dice +que te curará, que te sanará... Dice que te calles... + +--Que me curará...?--añadió maquinalmente el enfermo. + +Joaquín llegó a su casa también febril, pero con una especie de fiebre +de hielo. «Y si se muriera...!» pensaba. Echóse vestido sobre la cama y +se puso a imaginar escenas de lo que acaecería si Abel se muriese: el +luto de Helena, sus entrevistas con la viuda, el remordimiento de ésta, +el descubrimiento por parte de ella de quién era él, Joaquín, y de cómo, +con qué violencia necesitaba el desquite y la necesitaba a ella, y cómo +caía al fin ella en sus brazos y reconocía que lo otro, la traición, no +había sido sino una pesadilla, un mal sueño de coqueta, que siempre le +había querido a él, a Joaquín y no a otro. «Pero no se morirá!», se dijo +luego. «No dejaré yo que se muera, no debo dejarlo, está comprometido +mi honor, y luego... necesito que viva!» + +Y al decirse este: «necesito que viva!», temblábale toda el alma, como +tiembla el follaje de una encina a la sacudida del huracán. + +«Fueron unos días atroces aquellos de la enfermedad de Abel--escribía en +su _Confesión_ el otro--unos días de tortura increíble. Estaba en mi +mano dejarle morir, aun más, hacerle morir sin que nadie lo sospechase, +sin que de ello quedase rastro alguno. He conocido en mi práctica +profesional casos de extrañas muertes misteriosas que he podido ver +luego iluminadas al trágico fulgor de sucesos posteriores, una nueva +boda de la viuda y otros así. Luché entonces como no he luchado nunca +conmigo mismo, con este hediondo dragón que me ha envenenado y +entenebrecido la vida. Estaba allí comprometido mi honor de médico, mi +honor de hombre, y estaba comprometida mi salud mental, mi razón. +Comprendí que me agitaba bajo las garras de la locura; vi el espectro +de la demencia haciendo sombra a mi corazón. Y vencí. Salvé a Abel de la +muerte. Nunca he estado más feliz, más acertado. El exceso de mi +infelicidad me hizo estar felicísimo de acierto.» + +--Ya está fuera de todo cuidado tu... marido--le dijo un día Joaquín a +Helena. + +--Gracias, Joaquín, gracias--y le cojió la mano, que él se la dejó entre +las suyas;--no sabes cuánto te debemos... + +--Ni vosotros sabéis cuánto os debo... + +--Por Dios, no seas así... ahora que tanto te debemos, no volvamos a +eso... + +--No, si no vuelvo a nada. Os debo mucho. Esta enfermedad de Abel me ha +enseñado mucho, pero mucho... + +--Ah, le tomas como a un caso? + +--No, Helena, no; el caso soy yo! + +--Pues no te entiendo. + +--Ni yo del todo. Y te digo que estos días luchando por salvar a tu +marido... + +--Di a Abel! + +--Bien, sea; luchando por salvarle he estudiado con su enfermedad la mía +y vuestra felicidad y he decidido... casarme! + +--Ah, pero tienes novia? + +--No, no la tengo aún, pero la buscaré. Necesito un hogar. Buscaré +mujer. O crees tú, Helena, que no encontraré una mujer que me quiera? + +--Pues no la has de encontrar, hombre, pues no la has de encontrar...! + +--Una mujer que me quiera, digo. + +--Sí, te he entendido, una mujer que te quiera, sí! + +--Porque como partido... + +--Sí, sin duda eres un buen partido... joven, no pobre, con una buena +carrera, empezando a tener fama, bueno... + +--Bueno... sí, y antipático, no es eso? + +--No, hombre, no; tú no eres antipático! + +--Ay, Helena, Helena, dónde encontraré una mujer... + +--Que te quiera? + +--No, sino que no me engañe, que me diga la verdad, que no se burle de +mí, Helena, que no se burle de mí...! Que se case conmigo por +desesperación, porque yo la mantenga, pero que me lo diga... + +--Bien has dicho que estás enfermo, Joaquín. Cásate! + +--Y crees, Helena, que hay alguien, hombre o mujer, que pueda quererme? + +--No hay nadie que no pueda encontrar quien le quiera. + +--Y querré yo a mi mujer? Podré quererla, dime? + +--Hombre, pues no faltaba más... + +--Porque mira, Helena, no es lo peor no ser querido, no poder ser +querido; lo peor es no poder querer. + +--Eso dice don Mateo, el párroco, del demonio, que no puede querer. + +--Y el demonio anda por la tierra, Helena. + +--Cállate y no me digas esas cosas. + +--Es peor que me las diga a mí mismo. + +--Pues cállate! + + + + +VII + + +Dedicóse Joaquín, para salvarse, requiriendo amparo a su pasión, a +buscar mujer, los brazos maternales de una esposa en que defenderse de +aquel odio que sentía, un regazo en que esconder la cabeza, como un niño +que siente terror al coco, para no ver los ojos infernales del dragón de +hielo. + +Aquella pobre Antonia! + +Antonia había nacido para madre; era todo ternura, todo compasión. +Adivinó en Joaquín, con divino instinto, un enfermo, un inválido del +alma, un poseso, y sin saber de qué, enamoróse de su desgracia. Sentía +un misterioso atractivo en las palabras frías y cortantes de aquel +médico que no creía en la virtud ajena. + +Antonia era la hija única de una viuda a que asistía Joaquín. + +--Cree usted que saldrá de ésta?--le preguntaba a él. + +--Lo veo difícil, muy difícil. Está la pobre muy trabajada, muy acabada; +ha debido de sufrir mucho... su corazón está muy débil... + +--Sálvemela usted, don Joaquín, sálvemela usted, por Dios! Si pudiera, +daría mi vida por la suya! + +--No, eso no se puede. Y, además, quién sabe? La vida de usted, Antonia, +ha de hacer más falta que la suya... + +--La mía? Para qué? Para quién? + +--Quién sabe...! + +Llegó la muerte de la pobre viuda. + +--No ha podido ser, Antonia--dijo Joaquín.--La ciencia es impotente! + +--Sí, Dios lo ha querido! + +--Dios? + +--Ah--y los ojos bañados en lágrimas de Antonia clavaron su mirada en +los de Joaquín, enjutos y acerados.--Pero usted no cree en Dios? + +--Yo...? No lo sé...! + +A la pobre huérfana la compunción de piedad que entonces sintió por el +médico aquel le hizo olvidar un momento la muerte de su madre. + +--Y si yo no creyera en él, qué haría ahora? + +--La vida todo lo puede, Antonia. + +--Puede más la muerte! Y ahora... tan sola... sin nadie... + +--Eso sí, la soledad es terrible. Pero usted tiene el recuerdo de su +santa madre, el vivir para encomendarla a Dios... Hay otra soledad mucho +más terrible! + +--Cual? + +--La de aquel a quien todos menosprecian, de quien todos se burlan... la +del que no encuentra quien le diga la verdad... + +--Y qué verdad quiere usted que se le diga? + +--Me la dirá usted, ahora, aquí, sobre el cuerpo aun tibio de su madre? +Jura usted decírmela? + +--Sí, se la diré. + +--Bien, yo soy antipático, no es así? + +--No, no es así! + +--La verdad, Antonia... + +--No, no es así! + +--Pues qué soy...? + +--Usted? Usted es un desgraciado, un hombre que sufre... + +Derritiósele a Joaquín el hielo y asomáronsele unas lágrimas a los ojos. +Y volvió a temblar hasta las raíces del alma. + +Poco después Joaquín y la huérfana formalizaban sus relaciones, +dispuestos a casarse luego que pasase el año de luto de ella. + +«Pobre mi mujercita!--escribía, años después, Joaquín en su +_Confesión_--empeñada en quererme y en curarme, en vencer la repugnancia +que sin duda yo debía de inspirarle. Nunca me lo dijo, nunca me lo dió a +entender, pero podía no inspirarle yo repugnancia, sobre todo cuando le +descubrí la lepra de mi alma, la gangrena de mis odios? Se casó conmigo +como se habría casado con un leproso, no me cabe duda de ello, por +divina piedad, por espíritu de abnegación y de sacrificio cristianos, +para salvar mi alma y así salvar la suya, por heroísmo de santidad. Y +fué una santa! Pero no me curó de Helena; no me curó de Abel! Su +santidad fué para mí un remordimiento más. + +»Su mansedumbre me irritaba. Había veces en que, Dios me perdone!, la +habría querido mala, colérica, despreciativa.» + + + + +VIII + + +En tanto la gloria artística de Abel seguía creciendo y confirmándose. +Era ya uno de los pintores de más nombradía de la nación toda, y su +renombre empezaba a traspasar las fronteras. Y esa fama creciente era +como una granizada desoladora en el alma de Joaquín. «Sí, es un pintor +muy científico; domina la técnica; sabe mucho, mucho; es +habilísimo»--decía de su amigo, con palabras que silbaban. Era un modo +de fingir exaltarle deprimiéndole. + +Porque él, Joaquín, presumía ser un artista, un verdadero poeta en su +profesión, un clínico genial, creador, intuitivo, y seguía soñando con +dejar su clientela para dedicarse a la ciencia pura, a la patología +teórica, a la investigación. Pero ganaba tanto...! + +«No era, sin embargo, la ganancia--dice en su _Confesión_ póstuma--lo +que más me impedía dedicarme a la investigación científica. Tirábame a +ésta por un lado el deseo de adquirir fama y renombre, de hacerme una +gran reputación científica y asombrar con ella la artística de Abel, de +castigar así a Helena, de vengarme de ellos, de ellos y de todos los +demás, y aquí encadenaba los más locos de mis ensueños, mas por otra +parte, esa misma pasión fangosa, el exceso de mi despecho y mi odio me +quitaban serenidad de espíritu. No, no tenía el ánimo para el estudio, +que lo requiere limpio y tranquilo. La clientela me distraía. + +La clientela me distraía, pero a las veces temblaba pensando que el +estado de distracción en que mi pasión me tenía preso me impidiera +prestar el debido cuidado a las dolencias de mis pobres enfermos. + +«Ocurrióme un caso que me sacudió las entrañas. Asistía a una pobre +señora, enferma de algún riesgo, pero no caso desesperado, a la que él +había hecho un retrato, un retrato magnífico, uno de sus mejores +retratos, de los que han quedado como definitivos de entre los que ha +pintado, y aquel retrato era lo primero que se me venía a los ojos y al +odio así que entraba en la casa de la enferma. Estaba viva en el +retrato, más viva que en el lecho la de carne y hueso sufrientes. Y el +retrato parecía decirme: «Mira, él me ha dado vida para siempre; a ver +si tú me alargas esta otra de aquí abajo.» Y junto a la pobre enferma, +auscultándola, tomándole el pulso, no veía sino a la otra, a la +retratada. Estuve torpe, torpísimo, y la pobre enferma se me murió; la +dejé morir más bien, por mi torpeza, por mi criminal distracción. Sentí +horror de mí mismo, de mi miseria. + +»A los pocos días de muerta la señora aquella, tuve que ir a su casa, a +ver allí otro enfermo, y entré dispuesto a no mirar al retrato. Pero era +inútil, porque era él, el retrato el que me miraba aunque yo no le +mirase y me atraía la mirada. Al despedirme me acompañó hasta la puerta +el viudo. Nos detuvimos al pie del retrato, y yo, como empujado por una +fuerza irresistible y fatal, exclamé: + +»--Magnífico retrato! Es de lo mejor que ha hecho Abel! + +»--Sí--me contestó el viudo,--es el mayor consuelo que me queda. Me paso +largas horas contemplándola. Parece como que me habla. + +»--Sí, sí--añadí,--este Abel es un artista estupendo! + +»Y al salir me decía: «Yo la dejé morir y él la resucita!» + +Sufría Joaquín mucho cada vez que se le morían algunos de sus enfermos, +sobre todo los niños, pero la muerte de otros le tenía sin grave +cuidado. «Para qué querrá vivir...?--decíase de algunos.--Hasta le haría +un favor dejándole morir...» + +Sus facultades de observador psicólogo habíansele aguzado con su pasión +de ánimo y adivinaba al punto las más ocultas lacerías morales. +Percatábase en seguida, bajo el embuste de las convenciones, de que +maridos preveían sin pena, cuando no deseaban, la muerte de sus mujeres +y qué mujeres ansiaban verse libres de sus maridos, acaso para tomar +otros de antemano escojidos ya. Cuando al año de la muerte de su cliente +Alvarez, la viuda se casó con Menéndez, amigo íntimo del difunto, +Joaquín se dijo: «Sí que fué rara aquella muerte... Ahora me la +explico... La humanidad es lo más cochino que hay, y la tal señora, dama +caritativa, una de las señoras de lo más honrado...!» + +--Doctor--le decía una vez uno de sus enfermos--máteme usted, por Dios, +máteme usted sin decirme nada, que ya no puedo más... Deme algo que me +haga dormir para siempre... + +«Y por qué no había de hacer lo que este hombre quiere?--se decía +Joaquín--si no vive más que para sufrir? Me da pena! Cochino mundo!» + +Y eran sus enfermos para él no pocas veces espejos. + +Un día le llegó una pobre mujer de la vecindad, gastada por los años y +los trabajos, cuyo marido, en los veinticinco años de matrimonio, se +había enredado con una pobre aventurera. Iba a contarle sus cuitas la +mujer desdeñada. + +--Ay, don Joaquín--le decía,--usted, que dicen que sabe tanto, a ver si +me da un remedio para que le cure a mi pobre marido del bebedizo que le +ha dado esa pelona. + +--Pero qué bebedizo, mujer de Dios? + +--Se va a ir a vivir con ella, dejándome a mí, al cabo de veinticinco +años... + +--Más extraño es que la hubiese dejado de recién casados, cuando usted +era joven y acaso... + +--Ah, no, señor, no! Es que le ha dado un bebedizo trastornándole el +seso, porque si no, no podría ser... no podría ser... + +--Bebedizo... bebedizo...--murmuró Joaquín. + +--Sí, don Joaquín, sí, un bebedizo... Y usted, que sabe tanto, deme un +remedio para él. + +--Ay, buena mujer; ya los antiguos trabajaron en balde para encontrar un +agua que los rejuveneciese... + +Y cuando la pobre mujer se fué desolada, Joaquín se decía: «Pero no se +mirará al espejo esta desdichada? No verá el estrago de los años de +rudo trabajo? Estas gentes del pueblo todo lo atribuyen a bebedizos o a +envidias... Que no encuentran trabajo...? Envidias! Que les sale algo +mal? Envidias. El que todos sus fracasos los atribuye a ajenas envidias +es un envidioso. Y no lo seremos todos? No me habrán dado un bebedizo?» + +Durante unos días apenas pensó más que en el bebedizo. Y acabó +diciéndose: «Es el pecado original!» + + + + +IX + + +Casóse Joaquín con Antonia buscando en ella un amparo, y la pobre +adivinó desde luego su menester, el oficio que hacía en el corazón de su +marido y cómo le era un escudo y un posible consuelo. Tomaba por marido +a un enfermo, acaso a un inválido incurable, del alma; su misión era la +de una enfermera. Y le aceptó llena de compasión, llena de amor a la +desgracia de quien así unía su vida a la de ella. + +Sentía Antonia que entre ella y su Joaquín había como un muro invisible, +una cristalina y trasparente muralla de hielo. Aquel hombre no podía ser +de su mujer, porque no era de sí mismo, dueño de sí, sino a la vez un +enajenado y un poseído. En los más íntimos trasportes del trato +conyugal, una invisible sombra fatídica se interponía entre ellos. Los +besos de su marido parecíanle besos robados, cuando no de rabia. + +Joaquín evitaba hablar de su prima Helena delante de su mujer, y ésta, +que se percató de ello al punto, no hacía sino sacarla a colación a cada +paso en sus conversaciones. + +Esto en un principio, que más adelante evitó mentarla. + +Llamáronle un día a Joaquín a casa de Abel, como a médico, y se enteró +de que Helena llevaba ya en sus entrañas fruto de su marido, mientras +que su mujer, Antonia, no ofrecía aún muestra alguna de ello. Y al pobre +le asaltó una tentación vergonzosa, de que se sentía abochornado, y era +la de un diablo que le decía: «Ves? Hasta es más hombre que tú! El, el +que con su arte resucita e inmortaliza a los que tú dejas morir por tu +torpeza, él tendrá pronto un hijo, traerá un nuevo viviente, una obra +suya de carne y sangre y hueso al mundo, mientras tú... Tú acaso no +seas capaz de ello... Es más hombre que tú!» + +Entró mustio y sombrío en el puerto de su hogar. + +--Vienes de casa de Abel, no?--le preguntó su mujer. + +--Sí. En qué lo has conocido? + +--En tu cara. Esa casa es tu tormento. No debías ir a ella... + +--Y qué voy a hacer? + +--Excusarte! Lo primero es tu salud y tu tranquilidad... + +--Aprensiones tuyas... + +--No, Joaquín, no quieras ocultármelo...--y no pudo continuar, porque +las lágrimas le ahogaron la voz. + +Sentóse la pobre Antonia. Los sollozos se le arrancaban de cuajo. + +--Pero qué te pasa, mujer, qué es eso...? + +--Dime tú lo que a ti te pasa, Joaquín, confíamelo todo, confiésate +conmigo... + +--No tengo nada de que acusarme... + +--Vamos, me dirás la verdad, Joaquín, la verdad? + +El hombre vaciló un momento, pareciendo luchar con un enemigo +invisible, con el diablo de su guarda, y con voz arrancada de una +resolución súbita, desesperada, gritó casi: + +--Sí, te diré la verdad, toda la verdad! + +--Tú quieres a Helena; tú estás enamorado todavía de Helena. + +--No, no lo estoy! no lo estoy! lo estuve; pero no lo estoy ya, no! + +--Pues entonces?... + +--Entonces, qué? + +--A qué esa tortura en que vives? Porque esa casa, la casa de Helena, es +la fuente de tu malhumor, esa casa es la que no te deja vivir en paz, es +Helena... + +--Helena no! Es Abel! + +--Tienes celos de Abel? + +--Sí, tengo celos de Abel; le odio, le odio, le odio--y cerraba la boca +y los puños al decirlo, pronunciándolo entre dientes. + +--Tienes celos de Abel... luego quieres a Helena. + +--No, no quiero a Helena. Si fuese de otro no tendría celos de este +otro. No, no quiero a Helena, la desprecio, desprecio a la pava real +esa, a la belleza profesional, a la modelo del pintor de moda, a la +querida de Abel... + +--Por Dios, Joaquín, por Dios...! + +--Sí, a su querida... legítima. O es que crees que la bendición de un +cura cambia un arrimo en matrimonio? + +--Mira, Joaquín, que estamos casados como ellos... + +--Como ellos no, Antonia, como ellos, no! Ellos se casaron por +rebajarme, por humillarme, por denigrarme; ellos se casaron para +burlarse de mí; ellos se casaron contra mí. + +Y el pobre hombre rompió en unos sollozos que le ahogaban el pecho, +cortándole el respiro. Se creía morir. + +--Antonia... Antonia...--suspiró con un hilito de voz apagada. + +--Pobre hijo mío!--exclamó ella abrazándole. + +Y le tomó en su regazo como a un niño enfermo, acariciándole. Y le +decía: + +--Cálmate, mi Joaquín, cálmate... Estoy aquí yo, tu mujer, toda tuya y +sólo tuya. Y ahora que sé del todo tu secreto, soy más tuya que antes y +te quiero más que nunca... Olvídalos... desprécialos... Habría sido +peor que una mujer así te hubiese querido... + +--Sí, pero él, Antonia, él... + +--Olvídale! + +--No puedo olvidarle... me persigue... su fama, su gloria me sigue a +todas partes... + +--Trabaja tú y tendrás fama y gloria, porque no vales menos que él. Deja +la clientela, que no la necesitamos, vámonos de aquí a Renada, a la casa +que fué de mis padres, y allí dedícate a lo que más te guste, a la +ciencia, a hacer descubrimientos de esos y que se hable de ti... yo te +ayudaré en lo que pueda... yo haré que no te distraigan... y serás más +que él... + +--No puedo, Antonia, no puedo; sus éxitos me quitan el sueño y no me +dejarían trabajar en paz... la visión de sus cuadros maravillosos se +pondría entre mis ojos y el microscopio y no me dejaría ver lo que otros +no han visto aún por él... No puedo... no puedo... + +Y bajando la voz como un niño, casi balbuciendo como atontado por la +caída en la sima de su abyección, sollozó diciendo: + +--Y van a tener un hijo, Antonia... + +--También nosotros lo tendremos--le suspiró ella al oído, envolviéndolo +en un beso--no me lo negará la Santísima Virgen a quien se lo pido todos +los días... Y el agua bendita de Lourdes... + +--También tú crees en bebedizos, Antonia? + +--Creo en Dios! + +--«Creo en Dios»--se repitió Joaquín al verse sólo; sólo con el otro--; +«y qué es creer en Dios? Dónde está Dios? Tendré que buscarle!» + + + + +X + + +«Cuando Abel tuvo su hijo--escribía en su _Confesión_ Joaquín--sentí que +el odio se me enconaba. Me había invitado a asistir a Helena al parto, +pero me excusé con que yo no asistía a partos, lo que era cierto y con +que no sabría conservar toda la sangre fría, mi sangre arrecida más +bien, ante mi prima si se viera en peligro. Pero mi diablo me insinuó la +feroz tentación de ir a asistirla y de ahogar a hurtadillas al niño. +Vencí a la asquerosa idea. + +»Aquel nuevo triunfo de Abel, del hombre, no ya del artista--el niño era +una hermosura, una obra maestra de salud y de vigor, un angelito» +decían--me apretó aun más a mi Antonia, de quien esperaba el mío. +Quería, necesitaba que la pobre víctima de mi ciego odio--pues la +víctima era mi mujer más que yo--fuese madre de hijos míos, de carne de +mi carne, de entrañas de mis entrañas torturadas por el demonio. Sería +la madre de mis hijos y por ellos superiora a las madres de los hijos de +otros. Ella, la pobre, me había preferido a mí, al antipático, al +despreciado, al afrentado; ella había tomado lo que otra desechó con +desdén y burla. Y hasta me hablaba bien de ellos! + +»El hijo de Abel, Abelín, pues le pusieron el nombre mismo de su padre y +como para que continuara su linaje y la gloria de él, el hijo de Abel; +que habría de ser andando el tiempo instrumento de mi desquite, era una +maravilla de niño. Y yo necesitaba tener uno así, más hermoso aún que +él.» + + + + +XI + + +--Y qué preparas ahora?--le preguntó a Abel Joaquín un día en que, +habiendo ido a ver al niño, se encontraron en el cuarto de estudio de +aquél. + +--Pues ahora voy a pintar un cuadro de Historia, o mejor, de Antiguo +Testamento, y me estoy documentando... + +--Cómo? Buscando modelos de aquella época? + +--No, leyendo la Biblia y comentarios a ella. + +--Bien digo yo, que tú eres un pintor científico... + +--Y tú un médico artista, no es eso? + +--Peor que un pintor científico... literato! Cuida de no hacer con el +pincel literatura! + +--Gracias por el consejo. + +--Y cuál va a ser el asunto de tu cuadro? + +--La muerte de Abel por Caín, el primer fratricidio. + +Joaquín palideció aún más, y mirando fijamente a su primer amigo, le +preguntó a media voz: + +--Y cómo se te ha ocurrido eso? + +--Muy sencillo--contestó Abel sin haberse percatado del ánimo de su +amigo;--es la sugestión del nombre. Como me llamo Abel... Dos estudios +de desnudo... + +--Sí, desnudo del cuerpo... + +--Y aun del alma... + +--Pero piensas pintar sus almas? + +--Claro está! El alma de Caín, de la envidia, y el alma de Abel... + +--Alma de qué? + +--En eso estoy ahora. No acierto a dar con la expresión, con el alma de +Abel. Porque quiero pintarle antes de morir, derribado en tierra y +herido de muerte por su hermano. Aquí tengo el Génesis y el _Caín_ de +lord Byron; lo conoces? + +--No, no conozco el _Caín_ de lord Byron. Y qué has sacado de la Biblia? + +--Poca cosa... Verás--y tomando un libro, leyó: «y conoció Adán a su +mujer Eva, la cual concibió y parió a Caín y dijo: He adquirido varón +por Jehová. Y después parió a su hermano Abel y fué Abel pastor de +ovejas, y Caín fué labrador de la tierra. Y aconteció, andando el +tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y +Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas y de su grosura. Y miró +Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, mas no miró propicio a Caín y a +la ofrenda suya...» + +--Y eso, por qué?--interrumpió Joaquín. Por qué miró Dios con agrado la +ofrenda de Abel y con desdén la de Caín? + +--No lo explica aquí... + +--Y no te lo has preguntado tú antes de ponerte a pintar tu cuadro? + +--Aún no... Acaso porque Dios veía ya en Caín el futuro matador de su +hermano... al envidioso... + +--Entonces es que le había hecho envidioso, es que le había dado un +bebedizo. Sigue leyendo. + +--«Y ensañóse Caín en gran manera y decayó su semblante. Y entonces +Jehová dijo a Caín: Por qué te has ensañado? y por qué se ha demudado tu +rostro? Si bien hicieres, no serás ensalzado? y si no hicieres bien el +pecado está a tu puerta. Ahí está que te desea, pero tú le dominarás...» + +--Y le venció el pecado--interrumpió Joaquín--porque Dios le había +dejado de su mano. Sigue! + +--«Y habló Caín a su hermano Abel, y aconteció que estando ellos en el +campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y le mató. Y Jehová dijo a +Caín...» + +--Basta! No leas más. No me interesa lo que Jehová dijo a Caín luego que +la cosa no tenía ya remedio. + +Apoyó Joaquín los codos en la mesa, la cara entre las palmas de la mano, +y clavando una mirada helada y punzante en la mirada de Abel, sin saber +de qué alarmado, le dijo: + +--No has oído nunca una especie de broma que gastan con los niños que +aprenden de memoria la Historia sagrada cuando les preguntan: «Quién +mató a Caín?» + +--No! + +--Pues sí, les preguntan eso y los niños, confundiéndose, suelen decir: +«su hermano Abel!» + +--No sabía eso. + +--Pues ahora lo sabes. Y dime, tú que vas a pintar esa escena bíblica... +y tan bíblica! no se te ha ocurrido pensar que si Caín no mata a Abel +habría sido éste el que habría acabado matando a su hermano? + +--Y cómo se te puede ocurrir eso? + +--Las ovejas de Abel eran aceptas a Dios, y Abel, el pastor, hallaba +gracia a los ojos del Señor, pero los frutos de la tierra de Caín, del +labrador, no gustaban a Dios ni tenía para él gracia Caín. El agraciado, +el favorito de Dios era Abel... el desgraciado Caín... + +--Y qué culpa tenía Abel de eso? + +--Ah, pero tú crees que los afortunados, los agraciados, los favoritos, +no tienen culpa de ello? La tienen de no ocultar y ocultar como una +vergüenza, que lo es todo favor gratuito, todo privilegio no ganado por +propios méritos, de no ocultar esa gracia en vez de hacer ostentación de +ella. Porque no me cabe duda de que Abel restregaría a los hocicos de +Caín su gracia, le azuzaría con el humo de sus ovejas sacrificadas a +Dios. Los que se creen justos suelen ser unos arrogantes que van a +deprimir a los otros con la ostentación de su justicia. Ya dijo quien lo +dijera que no hay canalla mayor que las personas honradas... + +--Y tú sabes--le preguntó Abel sobrecojido por la gravedad de la +conversación--qué Abel se jactara de su gracia? + +--No me cabe duda, ni de que no tuvo respeto a su hermano mayor, ni +pidió al Señor gracia también para él. Y sé más, y es que los abelitas +han inventado el infierno para los cainitas porque si no su gloria les +resultaría insípida. Su goce está en ver, libres de padecimiento, +padecer a los otros... + +--Ay, Joaquín, Joaquín, qué malo estás! + +--Sí, nadie es médico de sí mismo. Y ahora, dame ese Caín de lord Byron, +que quiero leerlo. + +--Tómalo! + +--Y dime, no te inspira tu mujer algo para ese cuadro? no te da alguna +idea? + +--Mi mujer? En esta tragedia no hubo mujer. + +--En toda tragedia la hay, Abel. + +--Sería acaso Eva... + +--Acaso... La que les dió la misma leche; el bebedizo... + + + + +XII + + +Leyó Joaquín el _Caín_ de lord Byron. Y en su _Confesión_ escribía más +tarde: + +«Fué terrible el efecto que la lectura de aquel libro me hizo. Sentí la +necesidad de desahogarme y tomé unas notas que aún conservo y las tengo +ahora aquí, presentes. Pero fué sólo por desahogarme? No; fué con el +propósito de aprovecharlas algún día pensando que podrían servirme de +materiales para una obra genial. La vanidad nos consume. Hacemos +espectáculo de nuestras más íntimas y asquerosas dolencias. Me figuro +que habrá quien desee tener un tumor pestífero como no le ha tenido +antes ninguno para hombrearse con él. Esta misma _Confesión_ no es algo +más que un desahogo? + +»He pensado alguna vez romperla para librarme de ella. Pero me libraría? +No! Vale más darse en espectáculo que consumirse. Y al fin y al cabo no +es más que espectáculo la vida. + +»La lectura del _Caín_ de lord Byron me entró hasta lo más íntimo. Con +que razón culpaba Caín a sus padres de que hubieran cojido de los frutos +del árbol de la ciencia en vez de cojer de la del árbol de la vida! A +mí, por lo menos, la ciencia no ha hecho más que exacerbarme la herida. + +»Ojalá nunca hubiera vivido!--digo con aquel Caín. Por qué me hicieron? +Por qué he de vivir? Y lo que no me explico es cómo Caín no se decidió +por el suicidio. Habría sido el más noble comienzo de la historia +humana. Pero por qué no se suicidaron Adán y Eva después de la caída y +antes de haber dado hijos? Ah, es que entonces Jehová habría hecho otros +iguales y otro Caín y otro Abel. No se repetirá esta misma tragedia en +otros mundos, allá por las estrellas? Acaso la tragedia tiene otras +representaciones, sin que baste el extremo de la tierra. Pero fué +extremo? + +»Cuando leí cómo Luzbel le declaraba a Caín cómo era éste, Caín, +inmortal, es cuando empecé con terror a pensar si yo también seré +inmortal y si será inmortal en mí mi odio. «Tendré alma--me dije +entonces»--será este mi odio alma? y llegué a pensar que no podría ser +de otro modo, que no puede ser función de un cuerpo un odio así. Lo que +no había encontrado con el escalpelo en otros lo encontré en mí. Un +organismo corruptible no podía odiar como yo odiaba. Luzbel aspiraba a +ser Dios, y yo desde muy niño, no aspiré a anular a los demás? Y cómo +podía ser yo tan desgraciado si no me hizo tal el creador de la +desgracia? + +»Nada le costaba a Abel criar sus ovejas, como nada le costaba a él, al +otro, hacer sus cuadros; pero a mí? a mí me costaba mucho diagnosticar +las dolencias de mis enfermos. + +«Quejábase Caín de que Adah, su propia querida Adah, su mujer y hermana, +no comprendiera el espíritu que a él le abrumaba. Pero sí, sí, mi Adah, +mi pobre Adah comprendía mi espíritu. Es que era cristiana. Mas tampoco +yo encontré algo que conmigo simpatizara. + +»Hasta que leí y releí el _Caín_ byroniano, yo, que tantos hombres había +visto agonizar y morir, no pensé en la muerte, no la descubrí. Y +entonces pensé si al morir me moriría con mi odio, si se moriría conmigo +o si me sobreviviría; pensé si el odio sobrevive a los odiadores, si es +algo sustancial y que se trasmite, si es el alma, la esencia misma del +alma. Y empecé a creer en el Infierno y que la muerte es un ser, es el +Demonio, es el Odio hecho persona, es el Dios del alma. Todo lo que mi +ciencia no me enseñó me enseñaba el terrible poema de aquel gran odiador +que fué lord Byron. + +»Mi Adah también me echaba dulcemente en cara cuando yo no trabajaba, +cuando no podía trabajar. Y Luzbel estaba entre mi Adah y yo. «No vayas +con ese Espíritu!»--me gritaba mi Adán. Pobre Antonia! Y me pedía +también que le salvara de aquel Espíritu. Mi pobre Adán no llegó a +odiarlos como los odiaba yo. Pero llegué yo a querer de veras a mi +Antonia? Ah, si hubiera sido capaz de quererla me habría salvado. Era +para mí otro instrumento de venganza. Queríala para madre de un hijo o +de una hija que me vengaran. Aunque pensé, necio de mí, que una vez +padre se me curaría aquello. Mas acaso no me casé sino para hacer +odiosos como yo, para trasmitir mi odio, para inmortalizarlo. + +»Se me quedó grabada en el alma como con fuego aquella escena de Caín y +Luzbel en el abismo del espacio. Vi mi ciencia a través de mi pecado y +la miseria de dar vida para propagar la muerte. Y vi que aquel odio +inmortal era mi alma. Ese odio pensé que debió de haber precedido a mi +nacimiento y que sobreviviría a mi muerte. Y me sobrecojí de espanto al +pensar en vivir siempre para aborrecer siempre. Era el Infierno. Y yo +que tanto me había reído de la creencia en él! Era el Infierno! + +»Cuando leí cómo Adah habló a Caín de su hijo, de Enoc, pensé en el +hijo, o en la hija que habría de tener; pensé en ti, hija mía, mi +redención y mi consuelo; pensé en que tú vendrías a salvarme un día. Y +al leer lo que aquel Caín decía a su hijo dormido e inocente, que no +sabía que estaba desnudo, pensé si no había sido en mí un crimen +engendrarte, pobre hija mía! Me perdonarás haberte hecho? Y al leer lo +que Adah decía a su Caín, recordé mis años de paraíso, cuando aun no iba +a cazar premios, cuando no soñaba en superar a todos los demás. No, hija +mía, no; no ofrecí mis estudios a Dios con corazón puro, no busqué la +verdad y el saber, sino que busqué los premios y la fama y ser más que +él. + +»El, Abel, amaba su arte y lo cultivaba con pureza de intención y no +trató nunca de imponérseme. No, no fué él quien me la quitó, no! Y yo +llegué a pensar en derribar el altar de Abel, loco de mí! Y es que no +había pensado más que en mí. + +»El relato de la muerte de Abel tal y como aquel terrible poeta del +demonio nos le expone, me cegó. Al leerlo sentí que se me iban las cosas +y hasta creo que sufrí un mareo. Y desde aquel día, gracias al impío +Byron, empecé a creer.» + + + + +XIII + + +Le dió Antonia a Joaquín una hija. «Una hija--se dijo--y él un hijo!» +Mas pronto se repuso de esta nueva treta de su demonio. Y empezó a +querer a su hija con toda la fuerza de su pasión y por ella a la madre. +«Será mi vengadora»--se dijo primero, sin saber de qué habría de +vengarle, y luego: «Será mi purificadora». + +«Empecé a escribir esto--dejó escrito en su _Confesión_--más tarde para +mi hija, para que ella, después de yo muerto, pudiese conocer a su pobre +padre y compadecerle y quererle. Mirándola dormir en la cuna, soñando su +inocencia, pensaba que para criarla y educarla pura tenía yo que +purificarme de mi pasión, limpiarme de la lepra de mi alma. Y decidí +hacerle que amase a todos y sobre todo a ellos. Y allí, sobre la +inocencia de su sueño, juré libertarme de mi infernal cadena. Tenía que +ser yo el mayor heraldo de la gloria de Abel.» + +Y sucedió que habiendo Abel Sánchez acabado su cuadro, lo llevó a una +Exposición, donde obtuvo un aplauso general y fué admirado como +estupenda obra maestra, y se le dió la medalla de honor. + +Joaquín iba a la sala de la Exposición a contemplar el cuadro y a mirar +en él, como si mirase en un espejo, al Caín de la pintura y a espiar en +los ojos de las gentes si le miraban a él, después de haber mirado al +otro. + +«Torturábame la sospecha--escribió en su _Confesión_--de que Abel +hubiese pensado en mí al pintar su Caín, de que hubiese descubierto +todas las insondables negruras de la conversación que con él mantuve en +su casa cuando me anunció su propósito de pintarlo y cuando me leyó los +pasajes del Génesis, y yo me olvidé tanto de él y pensé tanto en mí +mismo, que puse al desnudo mi alma enferma. Pero no! No había en el Caín +de Abel el menor parecido conmigo, no pensó en mí al pintarlo, es decir, +no me despreció, no lo pintó desdeñándome, ni Helena debió de decirle +nada de mí. Les bastaba con saborear el futuro triunfo, el que +esperaban. Ni siquiera pensaban en mí! + +»Y esta idea de que ni siquiera pensasen en mí, de que no me odiaran, +torturábame aun más que lo otro. Ser odiado por él con un odio como el +que yo le tenía, era algo y podía haber sido mi salvación.» + +Y fué más allá, o entró más dentro de sí Joaquín, y fué que lanzó la +idea de dar un banquete a Abel para celebrar su triunfo y que él, su +amigo de siempre, su amigo de antes de conocerse, le ofrecería el +banquete. + +Joaquín gozaba de cierta fama de orador. En la Academia de Medicina y +Ciencias era el que dominaba a los demás con su palabra cortante y fría, +precisa y sarcástica de ordinario. Sus discursos solían ser chorros de +agua fría sobre los entusiasmos de los principiantes, acres lecciones de +escepticismo pesimista. Su tesis ordinaria que nada se sabía de cierto +en Medicina, que todo era hipótesis y un continuo tejer y destejer, que +lo más seguro era la desconfianza. Por esto, al saberse que era él, +Joaquín, quien ofrecería el banquete, echáronse los más a esperar +alborozados un discurso de doble filo, una disección despiadada, bajo +apariencias de elogio, de la pintura científica y documentada, o bien un +encomio sarcástico de ella. Y un regocijo malévolo corría por los +corazones de todos los que habían oído alguna vez hablar a Joaquín del +arte de Abel. Apercibiéronle a éste del peligro. + +--Os equivocáis--les dijo Abel.--Conozco a Joaquín y no le creo capaz de +eso. Sé algo de lo que le pasa, pero tiene un profundo sentido artístico +y dirá cosas que valga la pena de oirlas. Y ahora quiero hacerle un +retrato... + +--Un retrato? + +--Sí, vosotros no le conocéis como yo. Es un alma de fuego, +tormentosa... + +--Hombre más frío... + +--Por fuera. Y en todo caso dicen que el fuego quema. Es una figura que +ni a posta... + +Y este juicio de Abel llegó a oídos del juzgado, de Joaquín, y le sumió +más en sus cavilaciones. «Qué pensará en realidad de mí?», se +decía.--«Será cierto que me tiene así, por un alma de fuego, tormentosa? +Será cierto que me reconoce víctima del capricho de la suerte?» + +Llegó en esto a algo de que tuvo que avergonzarse hondamente, y fué que, +recibida en su casa una criada que había servido en la de Abel, la +requirió de ambiguas familiaridades aun sin comprometerse, no más que +para inquirir de ella lo que en la otra casa hubiera oído decir de él. + +--Pero, vamos, dime, es que no les oíste nunca nada de mí? + +--Nada, señorito, nada. + +--Pero no hablaban alguna vez de mí? + +--Como hablar, sí, creo que sí, pero no decían nada. + +--Nada, nunca nada? + +--Yo no les oía hablar. En la mesa, mientras yo les servía, hablaban +poco y cosas de esas de que se habla en la mesa. De los cuadros de +él... + +--Lo comprendo. Pero nada, nunca nada de mí? + +--No me acuerdo. + +Y al separarse de la criada sintió Joaquín entrañada aversión a sí +mismo. «Me estoy idiotizando--se dijo.--Qué pensará de mí esta +muchacha!» Y tanto le acongojó esto que hizo que con un pretexto +cualquiera se le despachase a aquella criada. «Y si ahora va--se dijo +luego--y vuelve a servir a Abel y le cuenta esto?» Por lo que estuvo a +punto de pedir a su mujer que volviera a llamarla. Mas no se atrevió. E +iba siempre temblando de encontrarla por la calle. + + + + +XIV + + +Llegó el día del banquete. Joaquín no durmió la noche de la víspera. + +--Voy a la batalla, Antonia--le dijo a su mujer al salir de casa. + +--Que Dios te ilumine y te guíe, Joaquín. + +--Quiero ver a la niña, a la pobre Joaquinita... + +--Sí, ven, mírala... está dormida... + +--Pobrecilla! No sabe lo que es el demonio! Pero yo te juro, Antonia, +que sabré arrancármelo. Me lo arrancaré, lo estrangularé y lo echaré a +los pies de Abel. Le daría un beso si no fuese que temo despertarla... + +---No, no! Bésala! + +Inclinóse el padre y besó a la niña dormida, que sonrió al sentirse +besada en sueños. + +--Ves, Joaquín, también ella te bendice. + +--Adiós, mujer!--Y le dió un beso largo, muy largo. + +Ella se fué a rezar ante la imagen de la Virgen. + +Corría una maliciosa expectación por debajo de las conversaciones +mantenidas durante el banquete. Joaquín, sentado a la derecha de Abel, e +intensamente pálido, apenas comía ni hablaba. Abel mismo empezó a temer +algo. + +A los postres se oyeron siseos, empezó a cuajar el silencio, y alguien +dijo: «Que hable!» Levantóse Joaquín. Su voz empezó temblona y sorda, +pero pronto se aclaró y vibraba con un acento nuevo. No se oía más que +su voz, que llenaba el silencio. El asombro era general. Jamás se había +pronunciado un elogio más férvido, más encendido, más lleno de +admiración y de cariño a la obra y a su autor. Sintieron muchos +asomárseles las lágrimas cuando Joaquín evocó aquellos días de su común +infancia con Abel, cuando ni uno ni otro soñaban lo que habrían de ser. + +«Nadie le ha conocido más adentro que yo--decía;--creo conocerte mejor +que me conozco a mí mismo, más puramente, porque de nosotros mismos no +vemos en nuestras entrañas sino el fango de que hemos sido hechos. Es en +otros donde vemos lo mejor de nosotros y lo amamos, y eso es la +admiración. El ha hecho en su arte lo que yo habría querido hacer en el +mío, y por eso es uno de mis modelos; su gloria es un acicate para mi +trabajo y es un consuelo de la gloria que no he podido adquirir. El es +nuestro, de todos, él es mío sobre todo, y yo, gozando su obra, la hago +tan mía como él la hizo suya creándola. Y me consuelo de verme sujeto a +mi medianía...» + +Su voz lloraba a las veces. El público estaba subyugado, vislumbrando +oscuramente la lucha gigantesca de aquel alma con su demonio. + +«Y ved la figura de Caín--decía Joaquín dejando gotear las ardientes +palabras,--del trágico Caín, del labrador errante, del primero que +fundó ciudades, del padre de la industria, de la envidia y de la vida +civil, vedla! Ved con qué cariño, con qué compasión, con qué amor al +desgraciado está pintada. Pobre Caín! Nuestro Abel Sánchez admira a Caín +como Milton admiraba a Satán, está enamorado de su Caín como Milton lo +estuvo de su Satán, porque admirar es amar y amar es compadecer. Nuestro +Abel ha sentido toda la miseria, toda la desgracia inmerecida del que +mató al primer Abel, del que trajo, según la leyenda bíblica, la muerte +al mundo. Nuestro Abel nos hace comprender la culpa de Caín, porque hubo +culpa, y compadecerle y amarle... Este cuadro es un acto de amor!» + +Cuando acabó Joaquín de hablar medió un silencio espeso, hasta que +estalló una salva de aplausos. Levantóse entonces Abel y, pálido, +convulso, tartamudeante, con lágrimas en los ojos, le dijo a su amigo: + +--Joaquín, lo que acabas de decir vale más, mucho más que mi cuadro, más +que todos los cuadros que he pintado, más que todos los que pintaré... +Eso, eso es una obra de arte y de corazón. Yo no sabía lo que he hecho +hasta que te he oído. Tú y no yo has hecho mi cuadro, tú! + +Y abrazáronse llorando los dos amigos de siempre entre los clamorosos +aplausos y vivas de la concurrencia puesta en pie. Y al abrazarse le +dijo a Joaquín su demonio: «Si pudieses ahora ahogarle en tus +brazos...!» + +--Estupendo!--decían.--Qué orador! Qué discurso! Quién podía haber +esperado esto? Lástima que no se haya traído taquígrafos! + +--Esto es prodigioso--decía uno.--No espero volver a oir cosa igual. + +--A mí--añadía otro--me corrían escalofríos al oirlo. + +--Pero mírale, mírale qué pálido está! + +Y así era. Joaquín, sintiéndose, después de su victoria, vencido, sentía +hundirse en una sima de tristeza. No, su demonio no estaba muerto. Aquel +discurso fué un éxito como no lo había tenido, como no volvería a +tenerlo, y le hizo concebir la idea de dedicarse a la oratoria para +adquirir en ella gloria con que oscurecer la de su amigo en la pintura. + +--Has visto cómo lloraba Abel?--decía uno al salir. + +--Es que este discurso de Joaquín vale por todos los cuadros del otro. +El discurso ha hecho el cuadro. Habrá que llamarle el cuadro del +discurso. Quita el discurso y qué queda del cuadro? Nada! A pesar del +primer premio. + +Cuando Joaquín llegó a casa, Antonia salió a abrirle la puerta y a +abrazarle: + +--Ya lo sé, ya me lo han dicho. Así, así! Vales más que él, mucho más +que él; que sepa que si su cuadro vale será por tu discurso. + +--Es verdad, Antonia, es verdad, pero... + +--Pero qué? Todavía... + +--Todavía, sí. No quiero decirte las cosas que el demonio, mi demonio, +me decía mientras nos abrazábamos... + +--No, no me las digas, cállate! + +--Pues tápame la boca. + +Y ella se la tapó con un beso largo, cálido, húmedo, mientras se le +nublaban de lágrimas los ojos. + +--A ver si así me sacas el demonio, Antonia, a ver si me lo sorbes. + +--Sí, para quedarme con él, no es eso?--y procuraba reirse la pobre. + +--Sí, sórbemelo, que a ti no puede hacerte daño, que en ti se morirá, se +ahogará en tu sangre como en agua bendita... + +Y cuando Abel se encontró en su casa, a solas con su Helena, ésta le +dijo: + +--Ya han venido a contarme lo del discurso de Joaquín. Ha tenido que +tragar tu triunfo... ha tenido que tragarte...! + +--No hables así, mujer, que no le has oído. + +--Como si le hubiese oído, + +--Le salía del corazón. Me ha conmovido. Te digo que ni yo sé lo que he +pintado hasta que no le he oído a él explicárnoslo. + +--No te fíes... no te fíes de él... cuando tanto le ha elogiado, por +algo será... + +--Y no puede haber dicho lo que sentía? + +---Tú sabes que está muerto de envidia de ti... + +--Cállate. + +--Muerto, sí, muertito de envidia de ti... + +--Cállate, cállate, mujer, cállate! + +--No, no son celos, porque él ya no me quiere, si es que me quiso... es +envidia... envidia... + +--Cállate! Cállate!--rugió Abel. + +--Bueno, me callo, pero tú verás... + +--Ya he visto y he oído y me basta. Cállate, digo! + + + + +XV + + +Pero no, no! Aquel acto heroico no le curó al pobre Joaquín. + +«Empecé a sentir remordimiento--escribió en su _Confesión_--de haber +dicho lo que dije, de no haber dejado estallar mi mala pasión para así +librarme de ella, de no haber acabado con él artísticamente, denunciando +los engaños y falsos efectismos de su arte, sus imitaciones, su técnica +fría y calculada, su falta de emoción; de no haber matado su gloria. Y +así me habría librado de lo otro, diciendo la verdad, reduciendo su +prestigio a su verdadera tasa. Acaso Caín, el bíblico, el que mató al +otro Abel, empezó a querer a éste luego que le vió muerto. Y entonces +fué cuando empecé a creer: de los efectos de aquel discurso provino mi +conversión.» + +Lo que Joaquín llamaba así en su _Confesión_ fué que Antonia, su mujer, +que le vió no curado, que le temió acaso incurable, fué induciéndole a +que buscase armas en la religión de sus padres, en la de ella, en la que +había de ser de su hija, en la oración. + +--Tú lo que debes hacer es ir a confesarte... + +--Pero, mujer, si hace años que no voy a la iglesia... + +--Por lo mismo. + +--Pero si no creo en esas cosas... + +--Eso creerás tú, pero a mí me ha explicado el padre cómo vosotros, los +hombres de ciencia, creéis no creer, pero creéis. Yo sé que las cosas +que te enseñó tu madre, las que yo enseñaré a nuestra hija... + +--Bueno, bueno, déjame! + +--No, no te dejaré. Vete a confesarte, te lo ruego. + +--Y qué dirán los que conocen mis ideas? + +--Ah, es eso? Son respetos humanos? + +Mas la cosa empezó a hacer mella en el corazón de Joaquín y se preguntó +si realmente no creía y aun sin creer quiso probar si la Iglesia podría +curarle. Y empezó a frecuentar el templo, algo demasiado a las claras, +como en son de desafío a los que conocían sus ideas irreligiosas, y +acabó yendo a un confesor. Y una vez en el confesonario se le desató el +alma. + +--Le odio, padre, le odio con toda mi alma, y a no creer como creo, a no +querer creer como quiero creer, le mataría... + +--Pero eso, hijo mío, eso no es odio; eso es más bien envidia. + +--Todo odio es envidia, padre, todo odio es envidia. + +--Pero debe cambiarlo en noble emulación, en deseo de hacer en su +profesión y sirviendo a Dios, lo mejor que pueda... + +--No puedo, no puedo, no puedo trabajar. Su gloria no me deja. + +--Hay que hacer un esfuerzo... para eso el hombre es libre... + +--No creo en el libre albedrío, padre. Soy médico. + +--Pero... + +--Qué hice yo para que Dios me hiciese así, rencoroso, envidioso, malo? +Qué mala sangre me legó mi padre? + +--Hijo mío... hijo mío... + +--No, no creo en la libertad humana, y el que no cree en la libertad no +es libre. No, no lo soy! Ser libre es creer serlo! + +--Es usted malo porque desconfía de Dios. + +--El desconfiar de Dios es maldad, padre? + +--No quiero decir eso, sino que la mala pasión de usted proviene de que +desconfía de Dios... + +--El desconfiar de Dios es maldad? Vuelvo a preguntárselo. + +--Sí, es maldad. + +--Luego desconfío de Dios porque me hizo malo, como a Caín le hizo malo. +Dios me hizo desconfiado... + +--Le hizo libre. + +--Sí, libre de ser malo. + +--Y de ser bueno! + +--Por qué nací, padre? + +--Pregunte más bien que para qué nació... + + + + +XVI + + +Abel había pintado una Virgen con el niño en brazos, que no era sino un +retrato de Helena, su mujer, con el hijo, Abelito. El cuadro tuvo éxito, +fué reproducido, y ante una espléndida fotografía de él rezaba Joaquín a +la Virgen Santísima, diciéndole: «Protégeme! Sálvame!» + +Pero mientras así rezaba, susurrándose en voz baja y como para oirse, +quería acallar otra voz más honda, que brotándole de las entrañas le +decía: «Así se muera! Así te la deje libre!» + +--Con que te has hecho ahora reaccionario?--le dijo un día Abel a +Joaquín. + +--Yo? + +--Sí, me han dicho que te has dado a la iglesia y que oyes misa diaria, +y como nunca has creído ni en Dios ni en el Diablo, y no es cosa de +convertirse así, sin más ni menos, pues que te has hecho reaccionario! + +--Y a ti qué? + +--No, si no te pido cuentas; pero... crees de veras? + +--Necesito creer. + +--Eso es otra cosa. Pero crees? + +--Ya te he dicho que necesito creer, y no me preguntes más. + +--Pues a mí con el arte me basta; el arte es mi religión. + +--Pues has pintado Vírgenes... + +--Sí, a Helena. + +--Que no lo es precisamente. + +--Para mí como si lo fuese. Es la madre de mi hijo... + +--Nada más? + +--Y toda madre es virgen en cuanto es madre. + +--Ya estás haciendo teología! + +--No sé, pero aborrezco el reaccionarismo y la gazmoñería. Todo eso me +parece que no nace sino de la envidia, y me extraña en ti, que te creo +muy capaz de distinguirte del vulgo, de los mediocres, me extraña que te +pongas ese uniforme. + +--A ver, a ver, Abel, explícate! + +---Es muy claro. Los espíritus vulgares, ramplones, no consiguen +distinguirse, y como no pueden sufrir que otros se distingan, les +quieren imponer el uniforme del dogma, que es un traje de munición, para +que no se distingan. El origen de toda ortodoxia, lo mismo en religión +que en arte, es la envidia, no te quepa duda. Si a todos se nos deja +vestirnos como se nos antoje, a uno se le ocurre un atavío que llame la +atención y pone de realce su natural elegancia, y si es hombre hace que +las mujeres le admiren, y se enamoren de él mientras otro, naturalmente +ramplón y vulgar, no logra sino ponerse en ridículo buscando vestirse a +su modo, y por eso los vulgares, los ramplones, que son los envidiosos, +han ideado una especie de uniforme, un modo de vestirse como muñecos, +que pueda ser moda, porque la moda es otra ortodoxia. Desengáñate, +Joaquín: eso que llaman ideas peligrosas, atrevidas, impías, no son sino +las que no se les ocurre a los pobres de ingenio rutinario, a los que no +tienen ni pizca de sentido propio ni originalidad y sí sólo sentido +común y vulgaridad. Lo que más odian es la imaginación y porque no la +tienen. + +--Y aunque así sea--exclamó Joaquín,--es que esos que llaman los +vulgares, los ramplones, los mediocres, no tienen derecho a defenderse? + +--Otra vez defendiste en mi casa, ¿te acuerdas?, a Caín, al envidioso, y +luego, en aquel inolvidable discurso que me moriré leyéndotelo, en aquel +discurso a que debo lo más de mi reputación, nos enseñaste, me enseñaste +a mí al menos, el alma de Caín. Pero Caín no era ningún vulgar, ningún +ramplón, ningún mediocre... + +--Pero fué el padre de los envidiosos... + +--Sí, pero de otra envidia, no de la de esa gente... La envidia de Caín +era algo grande; la del fanático inquisidor es lo más pequeño que hay. Y +me choca verte entre ellos... + +«Pero este hombre--se decía Joaquín al separarse de Abel--es que lee en +mí? Aunque no, parece no darse cuenta de lo que me pasa. Habla y piensa +como pinta, sin saber lo que dice y lo que pinta. Es un inconsciente, +aunque yo me empeñe en ver en él un técnico reflexivo...» + + + + +XVII + + +Enteróse Joaquín de que Abel andaba enredado con una antigua modelo, y +esto le corroboró en su aprensión de que no se había casado con Helena +por amor. «Se casaron--decíase--por humillarme.» Y luego se añadía: «Ni +ella, ni Helena le quiere, ni puede quererle... ella no quiere a nadie, +es incapaz de cariño, no es más que un hermoso estuche de vanidad... Por +vanidad, y por desdén a mí, se casó, y por vanidad o por capricho es +capaz de faltar a su marido... Y hasta con el mismo a quien no quiso +para marido...» Surgíale a la vez de entre pavesas una brasa que creía +apagada al hielo de su odio, y era su antiguo amor a Helena. Seguía, +sí, a pesar de todo, enamorado de la pava real, de la coqueta, de la +modelo de su marido. Antonia le era muy superior, sin duda, pero la otra +era la otra. Y luego, la venganza... es tan dulce la venganza! Tan tibia +para un corazón helado! + +A los pocos días fué a casa de Abel, acechando la hora en que éste se +hallara fuera de ella. Encontró a Helena sola con el niño, a aquella +Helena, a cuya imagen divinizada había en vano pedido protección y +salvación. + +--Ya me ha dicho Abel--le dijo su prima--que ahora te ha dado por la +iglesia. Es que Antonia te ha llevado a ella, o es que vas huyendo de +Antonia? + +--Pues? + +--Porque los hombres soléis haceros beatos o a rastras de la mujer o +escapando de ella... + +--Hay quien escapa de la mujer, y no para ir a la iglesia precisamente. + +--Sí, eh? + +--Sí, pero tu marido, que te ha venido con el cuento ese, no sabe algo +más, y es que no sólo rezo en la iglesia... + +--Es claro! Todo hombre devoto debe hacer sus devociones en casa. + +--Y las hago. Y la principal es pedir a la Virgen que me proteja y me +salve. + +--Me parece muy bien. + +--Y sabes ante qué imagen pido eso? + +--Si tú no me lo dices... + +--Ante la que pintó tu marido... + +Helena volvió la cara de pronto, enrojecida, al niño que dormía en un +rincón del gabinete. La brusca violencia del ataque la desconcertó. Mas +reponiéndose dijo: + +--Eso me parece una impiedad de tu parte y prueba, Joaquín, que tu nueva +devoción no es más que una farsa y algo peor... + +--Te juro, Helena... + +--El segundo: no jurar su santo nombre en vano. + +--Pues te juro, Helena, que mi conversión fué verdadera, es decir que he +querido creer, que he querido defenderme con la fe de una pasión que me +devora... + +--Sí, conozco tu pasión. + +--No, no la conoces! + +--La conozco. No puedes sufrir a Abel. + +--Pero por qué no puedo sufrirle? + +--Eso tú lo sabrás. No has podido sufrirle nunca, ni aun antes de que me +le presentases. + +--Falso!... Falso! + +--Verdad! Verdad! + +--Y por qué no he de poder sufrirle? + +--Pues porque adquiere fama, porque tiene renombre... No tienes tú +clientela? No ganas con ella? + +--Pues mira, Helena, voy a decirte la verdad, toda la verdad. No me +basta con eso! Yo querría haberme hecho famoso, haber hallado algo nuevo +en mi ciencia, haber unido mi nombre a algún descubrimiento +científico... + +--Pues ponte a ello, que talento no te falta. + +--Ponerme a ello... ponerme a ello... Habríame puesto a ello, sí, +Helena, si hubiese podido haber puesto esa gloria a tus pies... + +--Y por qué no a los de Antonia? + +--No hablemos de ella! + +--Ah, pero has venido a esto? Has espiado el que mi Abel--y recalcó el +_mi_--estuviese fuera para venir a esto? + +--Tu Abel... tu Abel... valiente caso hace de ti tu Abel! + +--Qué? También delator, acusique, soplón? + +--Tu Abel tiene otros modelos que tú. + +--Y qué?--exclamó Helena, irguiéndose.--Y qué si las tiene? Señal de que +sabe ganarlas! O es que también de eso le tienes envidia? Es que no +tienes más remedio que contentarte con... tu Antonia? Ah, y porque él ha +sabido buscarse otra vienes tú aquí hoy a buscarte otra también? Y +vienes así, con chismes de estos? No te da vergüenza, Joaquín? Quítate, +quítate de ahí, que me da bascas sólo el verte. + +--Por Dios, Helena, que me estás matando... que me estás matando! + +--Anda, vete, vete a la iglesia, hipócrita, envidioso; vete a que tu +mujer te cure, que estás muy malo. + +--Helena, Helena, que tú sola puedes curarme! Por cuanto más quieras, +Helena, mira que pierdes para siempre a un hombre! + +--Ah, y quieres que por salvarte a ti pierda a otro, al mío? + +--A ese no le pierdes; le tienes ya perdido. Nada le importa de ti. Es +incapaz de quererte. Yo, yo soy el que te quiero, con toda mi alma, con +un cariño como no puedes soñar. + +Helena se levantó, fué al niño y despertándolo, cojiólo en brazos, y +volviendo a Joaquín le dijo: «Vete! Es éste, el hijo de Abel, quien te +echa de su casa; vete!» + + + + +XVIII + + +Joaquín empeoró. La ira al conocer que se había desnudado el alma ante +Helena, y el despecho por la manera como ésta le rechazó, en que vió +claro que le despreciaba, acabó de enconarle el ánimo. Mas se dominó +buscando en su mujer y en su hija consuelo y remedio. Ensombreciósele +aun más su vida de hogar; se le agrió el humor. + +Tenía entonces en casa una criada muy devota, que procuraba oir misa +diaria y se pasaba las horas que el servicio le dejaba libre, encerrada +en su cuarto haciendo sus devociones. Andaba con los ojos bajos, fijos +en el suelo, y respondía a todo con la mayor mansedumbre y en voz algo +gangosa. Joaquín no podía resistirla y la regañaba con cualquier +pretexto. «Tiene razón el señor», solía decirle ella. + +--Cómo que tengo razón?--exclamó una vez, ya perdida la paciencia, él, +el amo.--No, ahora no tengo razón! + +--Bueno, señor, no se enfade, no la tendrá. + +--Y nada más? + +--No le entiendo, señor. + +--Cómo que no me entiendes, gazmoña, hipócrita? Por qué no te defiendes? +Por qué, no me replicas? Por qué no te rebelas? + +--Rebelarme yo? Dios y la Santísima Virgen me defiendan de ello, señor. + +--Pero quieres más--intervino Antonia--sino que reconozca sus faltas? + +--No, no las reconoce. Está llena de soberbia! + +--De soberbia yo, señor? + +--Lo ves? Es la hipócrita soberbia de no reconocerla. Es que está +haciendo conmigo, a mi costa, ejercicios de humildad y de paciencia; es +que toma mis accesos de mal humor como cilicios para ejercitarse en la +virtud de la paciencia. Y a mi costa, no! No, no y no! A mi costa, no! +A mí no se me toma de instrumento para hacer méritos para el cielo. Eso +es hipocresía! + +La criadita lloraba, rezando entre dientes. + +--Pero y si es verdad, Joaquín--dijo Antonia--que realmente es +humilde... Por qué va a rebelarse? Si se hubiese rebelado te habrías +irritado aún más. + +--No! Es una canallada tomar las flaquezas del prójimo como medio para +ejercitarnos en la virtud. Que me replique, que se insolente, que sea +persona... y no criada... + +--Entonces, Joaquín, te irritaría más. + +--No, lo que más me irrita son esas pretensiones a mayor perfección. + +--Se equivoca usted, señor--dijo la criada, sin levantar los ojos del +suelo;--yo no me creo mejor que nadie. + +--No, eh? Pues yo sí! Y el que no se crea mejor que otro, es un +mentecato. Tú te creerás la más pecadora de las mujeres, es eso? Anda, +responde! + +--Esas cosas no se preguntan, señor. + +--Anda, responde, que también San Luis Gonzaga dicen que se creía el +más pecador de los hombres; responde: te crees, sí o no, la más pecadora +de las mujeres? + +--Los pecados de las otras no van a mi cuenta, señor. + +--Idiota, más que idiota. Vete de ahí! + +--Dios le perdone, como yo le perdono, señor. + +--De qué? Ven y dímelo, de qué? De qué me tiene que perdonar Dios? Anda, +dilo. + +--Bueno, señora, lo siento por usted, pero me voy de esta casa. + +--Por ahí debiste empezar--concluyó Joaquín. + +Y luego, a solas con su mujer, le decía: + +--Y no irá diciendo esta gatita muerta que estoy loco? No lo estoy +acaso, Antonia? Dime, estoy loco, sí o no? + +--Por Dios, Joaquín, no te pongas así... + +--Sí, sí creo estar loco... Enciérrame. Esto va a acabar conmigo. + +--Acaba tú con ello. + + + + +XIX + + +Concentró entonces todo su ahinco en su hija, en criarla y educarla, en +mantenerla libre de las inmundicias morales del mundo. + +--Mira--solía decirle a su mujer,--es una suerte que sea sola, que no +hayamos tenido más. + +--No te habría gustado un hijo? + +--No, no, es mejor hija, es más fácil aislarla del mundo indecente. +Además, si hubiésemos tenido dos, habrían nacido envidias entre ellos... + +--O no! + +--O sí. No se puede repartir el cariño igualmente entre varios: lo que +se le da al uno se le quita al otro. Cada uno pide todo para él y sólo +para él. No, no, no quisiera verme en el caso de Dios... + +--Y cuál es ese caso? + +--El de tener tantos hijos. No dicen que somos todos hijos de Dios? + +--No digas esas cosas, Joaquín... + +--Unos están sanos para que otros estén enfermos... Hay que ver el +reparto de las enfermedades... + +No quería que su hija tratase con nadie. La llevó una maestra particular +a casa, y él mismo, en ratos de ocio, le enseñaba algo. + +La pobre Joaquina adivinó en su padre a un paciente mientras recibía de +él una concepción tétrica del mundo y de la vida. + +--Te digo--le decía Joaquín a su mujer--que es mejor, mucho mejor que +tengamos una hija sola, que no tengamos que repartir el cariño... + +--Dicen que cuanto más se reparte crece más... + +--No creas así. Te acuerdas de aquel pobre Ramírez, el procurador? Su +padre tenía dos hijos y dos hijas y pocos recursos. En su casa no se +comía sino sota, caballo y rey, cocido, pero no principio; sólo el +padre, Ramírez padre, tomaba principio, del cual daba alguna vez a uno +de los hijos y a una de las hijas, pero nunca a los otros. Cuando +repicaban gordo, en días señalados, había dos principios para todos y +otro además para él, para el amo de la casa, que en algo había de +distinguirse. Hay que conservar la jerarquía. Y a la noche, al recojerse +a dormir Ramírez padre daba siempre un beso a uno de los hijos y a una +de las hijas, pero no a los otros dos. + +--Qué horror! Y por qué? + +--Qué sé yo... Le parecerían más guapos los preferidos... + +--Es como lo de Carvajal, que no puede ver a su hija menor... + +--Es que le ha llegado la última, seis años después de la anterior y +cuando andaba mal de recursos. Es una nueva carga, e inesperada. Por eso +le llama la intrusa. + +--Qué horrores, Dios mío! + +--Así es la vida, Antonia, un semillero de horrores. Y bendigamos a +Dios el no tener que repartir nuestro cariño. + +--Cállate! + +--Cállome! + +Y le hizo callar. + + + + +XX + + +El hijo de Abel estudiaba Medicina, y su padre solía dar a Joaquín +noticias de la marcha de sus estudios. Habló Joaquín algunas veces con +el muchacho mismo y le cobró algún afecto; tan insignificante le +pareció. + +--Y cómo le dedicas a médico y no a pintor?--le preguntó a su amigo. + +--No le dedico yo, se dedica él. No siente vocación alguna por el +arte... + +--Claro, y para estudiar Medicina no hace falta vocación... + +--No he dicho eso. Tú siempre tan mal pensado. Y no sólo no siente +vocación por la pintura, pero ni curiosidad. Apenas si se detiene a ver +lo que pinto ni se informa de ello. + +--Es mejor así acaso... + +--Por qué? + +--Porque si se hubiera dedicado a la pintura, o lo hacía mejor que tú, o +peor. Si peor, eso de ser Abel Sánchez, hijo, al que llamarían Abel +Sánchez el Malo o Sánchez el Malo o Abel el Malo, no está bien ni él lo +sufriría... + +--Y si fuera mejor que yo? + +--Entonces serías tú quien no lo sufriría. + +--Piensa el ladrón que todos son de su condición. + +--Sí, venme ahora a mí, a mí, con esas pamemas. Un artista no soporta la +gloria de otro, y menos si es su propio hijo o su hermano. Antes la de +un extraño. Eso de que uno de su sangre le supere... eso no! Cómo +explicarlo? Haces bien en dedicarle a la Medicina. + +--Además, así ganará más. + +--Pero quieres hacerme creer que no ganas mucho con la pintura? + +--Bah, algo. + +--Y además, gloria. + +--Gloria? Para lo que dura... + +--Menos dura el dinero. + +--Pero es más sólido. + +--No seas farsante, Abel, no finjas despreciar la gloria. + +--Te aseguro que lo que hoy me preocupa es dejar una fortuna a mi hijo. + +--Le dejarás un nombre. + +--Los nombres no se cotizan. + +--El tuyo, sí! + +--Mi firma, pero es... Sánchez! Y menos mal si no le da por firmar Abel +S. Puig!--que le hagan marqués de Casa Sánchez. Y luego el Abel quita la +malicia al Sánchez. Abel Sánchez suena bien. + + + + +XXI + + +Huyendo de sí mismo, y para ahogar con la constante presencia del otro, +de Abel, en su espíritu, la triste conciencia enferma que se le +presentaba, empezó a frecuentar una peña del Casino. Aquella +conversación ligera le serviría como de narcótico, o más bien se +embriagaría con ella. No hay quien se entrega a la bebida para ahogar +una pasión devastadora en ella, para derretir en vino un amor frustrado? +Pues él se entregaría a la conversación casinera, a oirla más que a +tomar parte muy activa en ella, para ahogar también su pasión. Sólo que +el remedio, fué peor que la enfermedad. + +Iba siempre decidido a contenerse, a reir y bromear, a murmurar como por +juego, a presentarse a modo de desinteresado espectador de la vida, +bondadoso como un escéptico de profesión, atento a lo de que comprender +es perdonar, y sin dejar traslucir el cáncer que le devoraba la +voluntad. Pero el mal le salía por la boca, en las palabras, cuando +menos lo esperaba, y percibían todos en ellas el hedor del mal. Y volvía +a casa irritado contra sí mismo, reprochándose su cobardía y el poco +dominio sobre sí y decidido a no volver más a la peña del Casino. +«No--se decía--no vuelvo, no debo volver; esto me empeora, me agrava; +aquel ámbito es deletéreo; no se respira allí más que malas pasiones +retenidas; no, no vuelvo; lo que yo necesito es soledad, soledad. Santa +soledad!» + +Y volvía. + +Volvía por no poder sufrir la soledad. Pues en la soledad, jamás lograba +estar solo, sino que siempre allí el otro. El otro! Llegó a sorprenderse +en diálogo con él, tramando lo que el otro le decía. Y el otro, en estos +diálogos solitarios, en estos monólogos dialogados, le decía cosas +indiferentes o gratas, no le mostraba ningún rencor. «Por qué no me +odia, Dios mío!--llegó a decirse.--Por qué no me odia?» + +Y se sorprendió un día a sí mismo a punto de pedir a Dios, en infame +oración diabólica, que infiltrase en el alma de Abel odio a él, a +Joaquín. Y otra vez: «Ah, si me envidiase... si me envidiase...!» Y a +esta idea, que como fulgor lívido cruzó por las tinieblas de su espíritu +de amargura, sintió un gozo como de derretimiento, un gozo que le hizo +temblar hasta los tuétanos del alma, escalofriados. Ser envidiado...! +Ser envidiado...! + +«Mas no es esto--se dijo luego--que me odio, que me envidio a mí +mismo...?» Fuese a la puerta, la cerró con llave, miró a todos lados, y +al verse solo arrodillóse murmurando con lágrimas de las que escaldan en +la voz: «Señor, Señor. Tú me dijiste: ama a tu prójimo como a ti mismo! +Y yo no amo al prójimo, no puedo amarle, porque no me amo, no sé amarme, +no puedo amarme a mí mismo. Qué has hecho de mí, Señor!» + +Fué luego a cojer la Biblia y la abrió por donde dice: «Y Jehová dijo a +Caín: dónde está Abel tu hermano?» Cerró lentamente el libro, +murmurando: «Y dónde estoy yo?» Oyó entonces ruido fuera y se apresuró a +abrir la puerta. «Papá, papaíto!», exclamó su hija al entrar. Aquella +voz fresca pareció volverle a la luz. Besó a la muchacha y rozándole el +oído con la boca le dijo bajo, muy bajito, para que no lo oyera nadie: +«Reza por tu padre, hija mía!» + +--Padre! Padre!--gimió la muchacha, echándole los brazos al cuello. + +Ocultó la cabeza en el hombro de la hija y rompió a llorar. + +--Qué te pasa, papá, estás enfermo? + +--Sí, estoy enfermo. Pero no quieras saber más. + + + + +XXII + + +Y volvió al Casino. Era inútil resistirlo. Cada día se inventaba a sí +mismo un pretexto para ir allá. Y el molino de la peña seguía moliendo. + +Allí estaba Federico Cuadrado, implacable, que en cuanto oía que alguien +elogiaba a otro preguntaba: «Contra quién va ese elogio?» + +--Porque a mí--decía con su vocecita fría y cortante--no me la dan con +queso; cuando se elogia mucho a uno, se tiene presente a otro al que se +trata de rebajar con ese elogio, a un rival del elogiado. Eso cuando no +se le elogia con mala intención, por ensañarse en él... Nadie elogia con +buena intención. + +--Hombre--le replicaba León Gómez, que se gozaba en dar cuerda al cínico +Cuadrado--ahí tienes a don Leovigildo, al cual nadie le ha oído todavía +hablar mal de otro... + +--Bueno--intercalaba un diputado provincial,--es que don Leovigildo es +un político y los políticos deben estar a bien con todo el mundo. Qué +dices Federico? + +--Digo que don Leovigildo se morirá sin haber hablado mal ni pensado +bien de nadie. El no dará acaso ni el más lijero empujoncito para que +otro caiga, ni aunque no se lo vean, porque no sólo teme al código +penal, sino también al infierno; pero si el otro se cae y se rompe la +crisma, se alegrará hasta los tuétanos. Y para gozarse en la rotura de +la crisma del otro, será el primero que irá a condolerse de su desgracia +y darle el pésame. + +--Yo no sé cómo se puede vivir sintiendo así--dijo Joaquín. + +--Sintiendo cómo?--le arguyó al punto Federico.--Como siente don +Leovigildo, como siento yo o como sientes tú? + +--De mí nadie ha hablado!--Y esto lo dijo con acre displicencia. + +--Pero hablo yo, hijo mío, porque aquí todos nos conocemos... + +Joaquín se sintió palidecer. Le llegaba como un puñal de hielo hasta las +entrañas de la voluntad aquel _hijo mío!_ que prodigaba Federico, su +demonio de la guarda, cuando echaba la garra sobre alguien. + +--No sé por qué le tienes esa tirria a don Leovigildo--añadió Joaquín, +arrepintiéndose de haberlo dicho apenas lo dijera, pues sintió que +estaba atizando la mala lumbre. + +--Tirria? Tirria yo? Y a don Leovigildo? + +--Sí, no sé qué mal te ha hecho... + +--En primer lugar, hijo mío, no hace falta que le hayan hecho a uno mal +alguno para tenerle tirria. Cuando se le tiene a uno tirria, es fácil +inventar ese mal, es decir, figurarse uno que se lo han hecho... Y yo no +le tengo a don Leovigildo más tirria que a otro cualquiera. Es un hombre +y basta. Y un hombre honrado! + +--Como tú eres un misántropo profesional...--empezó el diputado +provincial. + +--El hombre es el bicho más podrido y más indecente, ya os lo he dicho +cien veces. Y el hombre honrado es el peor de los hombres. + +--Anda, anda, qué dices a eso tú, que hablabas el otro día del político +honrado, refiriéndote a don Leovigildo?--le dijo León Gómez al diputado. + +--Político honrado!--saltó Federico.--Eso sí que no! + +--Y por qué?--preguntaron tres a coro. + +--Que por qué? Porque lo ha dicho él mismo. Porque tuvo en un discurso +la avilantez de llamarse a sí mismo honrado. No es honrado declararse +tal. Dice el Evangelio que Cristo Nuestro Señor... + +--No mientes a Cristo, te lo suplico!--le interrumpió Joaquín. + +--Qué? Te duele también Cristo, hijo mío? + +Hubo un breve silencio, oscuro y frío. + +--Dijo Cristo Nuestro Señor--recalcó Federico--que no le llamaran bueno, +que bueno era sólo Dios. Y hay cochinos cristianos que se atreven a +llamarse a sí mismos honrados! + +--Es que honrado no es precisamente bueno--intercaló don Vicente, el +magistrado. + +--Ahora lo ha dicho usted, don Vicente. Y gracias a Dios que le oigo a +un magistrado alguna sentencia razonable y justa! + +--De modo--dijo Joaquín--que uno no debe confesarse honrado. Y pillo? + +--No hace falta. + +--Lo que quiere el señor Cuadrado--dijo don Vicente, el magistrado--es +que los hombres se confiesen bellacos y sigan siéndolo; no es eso? + +--Bravo!--exclamó el diputado provincial. + +--Le diré a usted, hijo mío--contestó Federico, pensando la +respuesta.--Usted debe saber cuál es la excelencia del sacramento de la +confesión en nuestra sapientísima Madre Iglesia... + +--Alguna otra barbaridad--interrumpió el magistrado. + +--Barbaridad, no, sino muy sabia institución. La confesión sirve para +pecar más tranquilamente, pues ya sabe uno que le ha de ser perdonado su +pecado. No es así, Joaquín? + +--Hombre, si uno no se arrepiente... + +--Sí, hijo mío, sí, si uno se arrepiente, pero vuelve a pecar y vuelve a +arrepentirse y sabe cuando peca que se arrepentirá y sabe cuando se +arrepiente que volverá a pecar, y acaba por pecar y arrepentirse a la +vez; no es así? + +--El hombre es un misterio--dijo León Gómez. + +--Hombre, no digas sandeces!--le replicó Federico. + +--Sandez, por qué? + +--Toda sentencia filosófica, así, todo axioma, toda proposición general +y solemne, enunciada aforísticamente, es una sandez. + +--Y la filosofía, entonces? + +--No hay más filosofía que ésta, la que hacemos aquí... + +--Sí, desollar al prójimo. + +--Exacto. Nunca está mejor que desollado. + +Al levantarse la tertulia, Federico se acercó a Joaquín a preguntarle si +se iba a su casa, pues gustaría de acompañarle un rato, y al decirle +éste que no, que iba a hacer una visita allí, al lado, aquél le dijo: + +--Sí, te comprendo; eso de la visita es un achaque. Lo que tú quieres +es verte solo. Lo comprendo. + +--Y por qué lo comprendes? + +--Nunca se está mejor que solo. Pero cuando te pese la soledad, acude a +mí. Nadie te distraerá mejor de tus penas. + +--Y las tuyas?--le espetó Joaquín. + +--Bah! ¡Quién piensa en eso...! + +Y se separaron. + + + + +XXIII + + +Andaba por la ciudad un pobre hombre necesitado, aragonés, padre de +cinco hijos y que se ganaba la vida como podía, de escribiente y a lo +que saliera. El pobre acudía con frecuencia a conocidos y amigos, si es +que un hombre así los tiene, pidiéndoles con mil pretextos que le +anticiparan dos o tres duros. Y lo que era más triste, mandaba a alguno +de sus hijos, y alguna vez a su mujer, a las casas de los conocidos con +cartitas de petición. Joaquín le había socorrido algunas veces, sobre +todo cuando le llamaba a que viese, como médico, a personas de su +familia. Y hallaba un singular alivio en socorrer a aquel pobre hombre. +Adivinaba en él una víctima de la maldad humana. + +Preguntóle una vez por él a Abel. + +--Sí, le conozco--le dijo éste,--y hasta le tuve algún tiempo empleado. +Pero es un haragán, un vago. Con el pretexto de que tiene que ahogar sus +penas, no deja de ir ningún día al café, aunque en su casa no se +encienda la cocina. Y no le faltará su cajetilla de cigarros. Tiene que +convertir sus pesares en humo. + +--Eso no es decir nada, Abel. Habría que ver el caso por dentro... + +--Mira, déjate de garambainas. Y por lo que no paso es por la mentira +esa de pedirme prestado y lo de «se lo devolveré en cuanto pueda...» Que +pida limosna y al avío. Es más claro y más noble. La última vez me pidió +tres duros adelantados y le di tres pesetas, pero diciéndole: «Y sin +devolución!» Es un haragán! + +--Y qué culpa tiene él...! + +--Vamos, sí, ya salió aquello, qué culpa tiene... + +--Pues claro! De quién son las culpas? + +--Bueno, mira, dejémonos de esas cosas. Y si quieres socorrerle, +socórrele, que yo no me opongo. Y yo mismo estoy seguro de que si me +vuelve a pedir, le daré. + +--Eso ya lo sabía yo, porque en el fondo tú... + +--No nos metamos al fondo. Soy pintor y no pinto los fondos de las +personas. Es más, estoy convencido de que todo hombre lleva fuera todo +lo que tiene dentro. + +--Vamos, sí, que para ti un hombre no es más que un modelo... + +--Te parece poco? Y para ti un enfermo. Porque tú eres el que les andas +mirando y auscultando a los hombres por dentro... + +--Mediano oficio... + +--Por qué? + +--Porque acostumbrado uno a mirar a los demás por dentro, da en ponerse +a mirarse a sí mismo, a auscultarse. + +--Ve ahí mi ventaja. Yo con mirarme al espejo tengo bastante... + +--Y te has mirado de veras alguna vez? + +--Naturalmente! Pues no sabes que me he hecho un autorretrato? + +--Que será una obra maestra... + +--Hombre, no está del todo mal... Y tú, te has registrado por dentro +bien? + + * * * * * + +Al día siguiente de esta conversación Joaquín salió del Casino con +Federico para preguntarle si conocía a aquel pobre hombre que andaba así +pidiendo de manera vergonzante. «Y dime la verdad, eh, que estamos +solos; nada de tus ferocidades». + +--Pues mira, ese es un pobre diablo que debía estar en la cárcel, donde +por lo menos comería mejor que come y viviría más tranquilo. + +--Pues qué ha hecho? + +--No, no ha hecho nada; debió hacer, y por eso digo que debería estar en +la cárcel. + +--Y qué es lo que debió haber hecho? + +--Matar a su hermano. + +--Ya empiezas! + +--Te lo explicaré. Ese pobre hombre es, como sabes, aragonés y allá en +su tierra aún subsiste la absoluta libertad de testar. Tuvo la desgracia +de nacer el primero a su padre, de ser el mayorazgo y luego tuvo la +desgracia de enamorarse de una muchacha pobre, guapa y honrada, según +parecía. El padre se opuso con todas sus fuerzas a esas relaciones +amenazándole con desheredarle si llegaba a casarse con ella. Y él, ciego +de amor, comprometió primero gravemente a la muchacha, pensando +convencer así al padre, y acaso por casarse con ella y por salir de +casa. Y siguió en el pueblo, trabajando como podía en casa de sus +suegros, y esperando convencer y ablandar a su padre. Y éste, buen +aragonés, tesa que tesa. Y murió desheredándole al pobre diablo y +dejando su hacienda al hijo segundo; una hacienda regular. Y muertos +poco después los suegros del hoy aquí sablista, acudió éste a su hermano +pidiéndole amparo y trabajo, y su hermano se los negó, y por no matarle, +que es lo que le pedía el coraje, se ha venido acá a vivir de limosna y +del sable. Esta es la historia, como ves, muy edificante. + +--Y tan edificante! + +--Si le hubiera matado a su hermano, a esa especie de Jacob, mal, muy +mal, y no habiéndole matado mal, muy mal también... + +--Acaso peor. + +--No digas eso, Federico. + +--Sí, porque no sólo vive miserable y vergonzosamente, del sable, sino +que vive odiando a su hermano. + +--Y si le hubiera matado? + +--Entonces se le habría curado el odio, y hoy, arrepentido de su crimen, +querría su memoria. La acción libra del mal sentimiento, y es el mal +sentimiento el que envenena el alma. Créemelo, Joaquín, que lo sé muy +bien. + +Miróle Joaquín a la mirada fijamente y le espetó un: + +--Y tú? + +--Yo? No quieras saber, hijo mío, lo que no te importa. Bástete saber +que todo mi cinismo es defensivo. Yo no soy hijo del que todos vosotros +tenéis por mi padre; yo soy hijo adulterino y a nadie odio en este mundo +más que a mi propio padre, al natural, que ha sido el verdugo del otro, +del que por vileza y cobardía me dió su nombre, este indecente nombre +que llevo. + +--Pero padre no es el que engendra; es el que cría... + +--Es que ese, el que creéis que me ha criado, no me ha criado sino que +me destetó con el veneno del odio que guarda al otro, al que me hizo y +le obligó a casarse con mi madre. + + + + +XXIV + + +Concluyó la carrera el hijo de Abel, Abelín, y acudió su padre, a su +amigo, por si quería tomarle de ayudante para que a su lado practicase. +Lo aceptó Joaquín. + +«Le admití--escribía más tarde en su _Confesión_, dedicada a su +hija--por una extraña mezcla de curiosidad, de aborrecimiento a su +padre, de afecto al muchacho, que me parecía entonces una medianía y por +un deseo de libertarme así de mi mala pasión a la vez que, por más +debajo de mi alma, mi demonio me decía que con el fracaso del hijo me +vengaría del encumbramiento del padre. Quería por un lado, con el cariño +al hijo, redimirme del odio al padre, y por otro lado me regodeaba +esperando que si Abel Sánchez triunfó en la pintura, otro Abel Sánchez +de su sangre marraría en la Medicina. Nunca pude figurarme entonces cuán +hondo cariño cobraría luego al hijo del que me amargaba y entenebrecía +la vida del corazón.» + +Y así fué que Joaquín y el hijo de Abel sintiéronse atraídos el uno al +otro. Era Abelín rápido de comprensión y se interesaba por las +enseñanzas de Joaquín, a quien empezó llamando maestro. Este su maestro +se propuso hacer de él un buen médico y confiarle el tesoro de su +experiencia clínica. «Le guiaré--se decía--a descubrir las cosas que +esta maldita inquietud de mi ánimo me ha impedido descubrir a mí». + +--Maestro,--le preguntó un día Abelín,--por qué no recoje usted todas +esas observaciones dispersas, todas esas notas y apuntes que me ha +enseñado y escribe un libro? Sería interesantísimo y de mucha enseñanza. +Hay cosas hasta geniales, de una extraordinaria sagacidad científica. + +--Pues mira, hijo--(que así solía llamarle) respondió--yo no puedo, no +puedo... No tengo humor para ello, me faltan ganas, coraje, serenidad, +no sé qué... + +--Todo sería ponerse a ello... + +--Sí, hijo, sí, todo sería ponerse a ello, pero cuantas veces lo he +pensado no he llegado a decidirme. Ponerme a escribir un libro... y en +España... y sobre Medicina...! No vale la pena. Caería en el vacío... + +--No, el de usted, no, maestro, se lo respondo. + +--Lo que yo debía haber hecho es lo que tú has de hacer, dejar esta +insoportable clientela y dedicarte a la investigación pura, a la +verdadera ciencia, a la fisiología, a la histología, a la patología y no +a los enfermos de pago. Tú que tienes alguna fortuna, pues los cuadros +de tu padre han debido dársela, dedícate a eso. + +--Acaso tenga usted razón, maestro; pero ello no quita para que usted +deba publicar sus memorias de clínico. + +--Mira, si quieres, hagamos una cosa. Yo te doy mis notas todas, te las +amplío de palabra, te digo cuanto me preguntes y publica tú el libro. Te +parece? + +--De perlas, maestro. Ya vengo apuntando desde que le ayudo todo lo que +le oigo y todo lo que a su lado aprendo. + +--Muy bien, hijo, muy bien!--y le abrazó conmovido. + +Y luego se decía Joaquín: «Este, éste será mi obra! Mío y no de su +padre. Acabará venerándome y comprendiendo que yo valgo mucho más que su +padre y que hay en mi práctica de la Medicina mucha más arte que en la +pintura de su padre. Y al cabo se lo quitaré, sí, se lo quitaré! El me +quitó a Helena, yo les quitaré el hijo. Que será mío, y quién sabe?... +acaso concluya renegando de su padre, cuando le conozca y sepa lo que me +hizo». + + + + +XXV + + +--Pero dime--le preguntó un día Joaquín a su discípulo--cómo se te +ocurrió estudiar Medicina? + +--No lo sé... + +--Porque lo natural es que hubieses sentido inclinación a la pintura. +Los muchachos se sienten llamados a la profesión de sus padres; es el +espíritu de imitación... el ambiente... + +--Nunca me ha interesado la pintura, maestro. + +--Lo sé, lo sé por tu padre, hijo. + +--Y la de mi padre menos. + +--Hombre, hombre, y cómo así? + +--No la siento y no sé si la siente él... + +--Eso es más grande. A ver, explícate. + +--Estamos solos; nadie nos oye; usted, maestro, es como si fuese mi +segundo padre... segundo... Bueno. Además usted es el más antiguo amigo +suyo, le he oído decir que de siempre, de toda la vida, de antes de +tener uso de razón, que son como hermanos... + +--Sí, sí, así es; Abel y yo somos como hermanos... Sigue. + +--Pues bien, quiero abrirle hoy mi corazón, maestro. + +--Ábremelo. Lo que me digas caerá en él como en el vacío, nadie lo +sabrá! + +--Pues sí, dudo que mi padre sienta la pintura ni nada. Pinta como una +máquina, es un don natural, pero sentir? + +--Siempre he creído eso. + +--Pues fué usted, maestro, quien, según dicen; hizo la mayor fama de mi +padre con aquel famoso discurso de que aún se habla... + +--Y qué iba yo a decir? + +--Algo así me pasa. Pero mi padre no siente ni la pintura ni nada. Es de +corcho, maestro, de corcho. + +--No tanto, hijo. + +--Sí, de corcho. No vive más que para su gloria. Todo eso de que la +desprecia es farsa, farsa, farsa. No busca más que el aplauso. Y es un +egoísta, un perfecto egoísta. No quiere a nadie. + +--Hombre, a nadie... + +--A nadie, maestro, a nadie! Ni sé cómo se casó con mi madre. Dudo que +fuera por amor. + +Joaquín palideció. + +--Sé--prosiguió el hijo--que ha tenido enredos y líos con algunas +modelos, pero eso no es más que capricho y algo de jactancia. No quiere +a nadie. + +--Pero me parece que no eres tú quien debieras... + +--A mí nunca me ha hecho caso. A mí me ha mantenido, ha pagado mi +educación y mis estudios, no me ha escatimado ni me escatima su dinero, +pero yo apenas si existo para él. Cuando alguna vez le he preguntado +algo, de historia del arte, de técnica, de la pintura o de sus viajes o +de otra cosa, me ha dicho: «Déjame, déjame en paz» y una vez llegó a +decirme: «apréndelo, como lo he aprendido yo! ahí tienes los libros». +Qué diferencia con usted, maestro! + +--Sería que no lo sabía, hijo. Porque mira, los padres quedan a las +veces mal con sus hijos por no confesarse más ignorantes o más torpes +que ellos. + +--No era eso. Y hay algo peor. + +--Peor? A ver! + +--Peor, sí. Jamás me ha reprendido, haya hecho yo lo que hiciera. No +soy, no he sido nunca un calavera, un disoluto, pero todos los jóvenes +tenemos nuestras caídas, nuestros tropiezos. Pues bien, jamás los ha +inquirido y si por acaso los sabía nada me ha dicho. + +--Eso es respeto a tu personalidad, confianza en ti... Es acaso la +manera más generosa y noble de educar a un hijo, es fiarse... + +--No, no es nada de eso, maestro. Es sencillamente indiferencia. + +--No, no, no exageres, no es eso... Qué te iba a decir que tú no te lo +dijeras? Un padre no puede ser un juez... + +--Pero sí un compañero, un consejero, un amigo o un maestro como usted. + +--Pero hay cosas que el pudor impide se traten entre padres e hijos. + +--Es natural que usted, su mayor y más antiguo amigo, su casi hermano, +le defienda aunque... + +--Aunque qué? + +--Puedo decirlo todo? + +--Sí, dilo todo! + +--Pues bien, de usted no le he oído nunca hablar sino muy bien, +demasiado bien, pero... + +--Pero qué? + +--Que habla demasiado bien de usted. + +--Qué es eso de demasiado? + +--Que antes de conocerle yo a usted, maestro, le creía otro. + +--Explícate. + +--Para mi padre es usted una especie de personaje trágico, de ánimo +torturado, de hondas pasiones. «Si se pudiera pintar el alma de +Joaquín!» suele decir. Habla de un modo como si mediase entre usted y él +algún secreto... + +--Aprensiones tuyas... + +--No, no lo son. + +--Y tu madre? + +--Mi madre... + + + + +XXVI + + +--Mira, Joaquín--le dijo un día Antonia a su marido,--me parece que el +mejor día nuestra hija se nos va o nos la llevan... + +--Joaquina? Y a dónde? + +--Al convento! + +--Imposible! + +--No, sino muy posible. Tú distraído con tus cosas y ahora con ese hijo +de Abel al que pareces haber prohijado... cualquiera diría que le +quieres más que a tu hija... + +--Es que trato de salvarle, de redimirle de los suyos... + +--No; de lo que tratas es de vengarte. Qué vengativo eres! Ni olvidas ni +perdonas! Temo que Dios te va a castigar, va a castigarnos... + +--Ah, y es por eso por lo que Joaquina se quiere ir al convento? + +--Yo no he dicho eso. + +--Pero lo digo yo y es lo mismo. Se va acaso por celos de Abelín? Es que +teme que le llegue a querer más que a ella? Pues si es por eso... + +--Por eso no. + +--Entonces? + +--Qué sé yo...! Dice que tiene vocación, que es adonde Dios la llama... + +--Dios... Dios... será su confesor. Quién es? + +--El padre Echevarría. + +--El que me confesaba a mí? + +--El mismo! + +Quedóse Joaquín mustio y cabizbajo, y al día siguiente, llamando a solas +a su mujer, le dijo: + +--Creo haber penetrado en los motivos que empujan a Joaquina al +claustro, o mejor, en los motivos por que le induce el padre Echevarría +a que entre en él. Tú recuerdas cómo busqué refugio y socorro en la +iglesia contra esta maldita obsesión que me embarga el ánimo todo, +contra este despecho que con los años se hace más viejo, es decir, más +duro y más terco, y cómo, después de los mayores esfuerzos, no pude +lograrlo? No, no me dió remedio el padre Echevarría, no pudo dármelo. +Para este mal no hay más que un remedio, uno sólo. + +Callóse un momento como esperando una pregunta de su mujer, y como ella +callara, prosiguió diciéndole: + +--Para ese mal no hay más remedio que la muerte. Quién sabe... Acaso +nací con él y con él moriré. Pues bien, ese padrecito que no pudo +remediarme ni reducirme empuja ahora, sin duda, a mi hija, a tu hija, a +nuestra hija, al convento, para que en él ruegue por mí, para que se +sacrifique salvándome... + +--Pero si no es sacrificio... si dice que es su vocación... + +--Mentira, Antonia; te digo que eso es mentira. Las más de las que van +monjas o van a trabajar poco, a pasar una vida pobre, pero descansada, a +sestear místicamente o van huyendo de casa, y nuestra hija huye de casa, +huye de nosotros... + +--Será de ti... + +--Sí, huye de mí! Me ha adivinado! + +--Y ahora que le has cobrado ese apego a ese... + +--Quieres decirme que huye de él? + +--No sino de tu nuevo capricho... + +--Capricho? capricho? capricho dices? Yo seré todo menos caprichoso, +Antonia. Yo tomo todo en serio, todo, lo entiendes? + +--Sí, demasiado en serio--agregó la mujer llorando. + +--Vamos, no llores así, Antonia, mi santa, mi ángel bueno, y perdóname +si he dicho algo... + +--No es peor lo que dices, sino lo que callas. + +--Pero, por Dios, Antonia, por Dios, haz que nuestra hija no nos deje; +que si se va al convento, me mata, sí, me mata, porque me mata! Que se +quede... que yo haré lo que ella quiera... que si quiere que le despache +a Abelín, le despacharé... + +--Me acuerdo cuando decías que te alegrabas de que no tuviéramos más que +una hija, porque así no teníamos que repartir el cariño... + +--Pero si no lo reparto! + +--Algo peor entonces... + +--Sí, Antonia, esa hija quiere sacrificarse por mí, y no sabe que si se +va al convento me deja desesperado. Su convento es esta casa! + + + + +XXVII + + +Dos días después encerrábase en el gabinete Joaquín con su mujer y su +hija. + +--Papá, Dios lo quiere!--exclamó resueltamente y mirándole cara a cara +su hija Joaquina. + +--Pues, no! No es Dios quien lo quiere, sino el padrecito ese--replicó +él.--Qué sabes tú, mocosuela, lo que quiere Dios? Cuándo te has +comunicado con él? + +--Comulgo cada semana, papá. + +--Y se te antojan revelaciones de Dios los desvanecimientos que te suben +del estómago en ayunas. + +--Peores son los del corazón en ayunas. + +--No, no, eso no puede ser; eso no lo quiere Dios, no puede quererlo, te +digo que no lo puede querer! + +--Yo no sé lo que Dios quiere, y tú, padre, sabes lo que no puede +querer, eh? De cosas del cuerpo sabrás mucho, pero de cosas de Dios, del +alma... + +--Del alma, eh? Con que tú crees que no sé del alma? + +--Acaso lo que mejor te sería no saber. + +--Me acusas? + +--No, eres tú, papá, quien se acusa a sí mismo. + +--Lo ves, Antonia, lo ves, no te lo decía? + +--Y qué te decía, mamá? + +--Nada, hija mía, nada; aprensiones, cavilaciones de tu padre... + +--Pues bueno--exclamó Joaquín como quien se decide,--tú vas al convento +para salvarme, no es eso? + +--Acaso no andes lejos de la verdad. + +--Y salvarme de qué? + +--No lo sé bien. + +--Lo sabré yo...! De qué? de quién? + +--De quién, padre, de quién? Pues del demonio o de ti mismo. + +--Y tú qué sabes? + +--Por Dios, Joaquín, por Dios--suplicó la madre con lágrimas en la voz, +llena de miedo ante la mirada y el tono de su marido. + +--Déjanos, mujer, déjanos, déjanos a ella y a mí. Esto no te toca! + +--Pues no ha de tocarme? Pero si es mi hija... + +--La mía! Déjanos, ella es una Monegro, yo soy un Monegro; déjanos. Tú +no entiendes, tú no puedes entender estas cosas... + +--Padre, si trata así a madre delante mío, me voy. No llores, mamá. + +--Pero tú crees, hija mía...? + +--Lo que yo creo y sé es que soy tan hija suya como tuya. + +--Tanto? + +--Acaso más. + +--No digáis esas cosas, por Dios--exclamó la madre llorando--si no me +voy... + +--Sería lo mejor--añadió la hija.--A solas nos veríamos mejor las caras, +digo, las almas, nosotros, los Monegros. + +La madre besó a la hija y se salió. + +--Y bueno--dijo fríamente el padre, así que se vió a solas con su +hija,--para salvarme de qué o de quién te vas al convento? + +--Pues bien, padre, no sé de quién, no sé de qué, pero hay que salvarte. +Yo no sé lo que anda por dentro de esta casa, entre tú y mi madre, no sé +lo que anda dentro de ti, pero es algo malo... + +--Eso te lo ha dicho el padrecito ese? + +--No, no me lo ha dicho el padrecito; no ha tenido que decírmelo; no me +lo ha dicho nadie, sino que lo he respirado desde que nací. Aquí, en +esta casa, se vive como en tinieblas espirituales! + +--Bah, esas son cosas que has leído en tus libros... + +--Como tú has leído otras en los tuyos. O es que crees que sólo los +libros que hablan de lo que hay dentro del cuerpo, esos libros tuyos con +esas láminas feas, son los que enseñan la verdad? + +--Y bien, esas tinieblas espirituales que dices, qué son? + +--Tú lo sabrás mejor que yo, papá; pero no me niegues que aquí pasa +algo, que aquí hay, como si fuese una niebla oscura, una tristeza que se +mete por todas partes, que tú no estás contento nunca, que sufres, que +es como si llevases a cuestas una culpa grande... + +--Sí, el pecado original--dijo Joaquín con sorna. + +--Ese, ese!--exclamó la hija.--Ese, del que no te has sanado! + +--Pues me bautizaron...! + +--No importa. + +--Y como remedio para esto vas a meterte monja, no es eso? Pues lo +primero era averiguar qué es ello, a qué se debe todo esto... + +--Dios me libre, papá, de tal cosa. Nada de querer juzgaros. + +--Pero de condenarme, sí, no es eso? + +--Condenarte? + +--Sí, condenarme; eso de irte así es condenarme... + +--Y si me fuese con un marido? Si te dejara por un hombre...? + +--Según el hombre. + +Hubo un breve silencio. + +--Pues sí, hija mía--reanudó Joaquín,--yo no estoy bien, yo sufro, sufro +casi toda mi vida; hay mucho de verdad en lo que has adivinado; pero con +tu resolución de meterte monja me acabas de matar, exacerbas y enconas +mis males. Ten compasión de tu padre, de tu pobre padre... + +--Es por compasión... + +--No, es por egoísmo. Tú huyes; me ves sufrir y huyes. Es el egoísmo, es +el despego, es el desamor lo que te lleva al claustro. Figúrate que yo +tuviese una enfermedad pegajosa y larga, una lepra, me dejarías yendo al +convento a rogar por Dios que me sanara? Vamos, contesta, me dejarías? + +--No, no te dejaría, pues soy tu única hija. + +--Pues haz cuenta que soy un leproso. Quédate a cuidarme. Me pondré bajo +tu cuidado, haré lo que me mandes. + +--Si es así... + +Levantóse el padre, y mirando a su hija a través de lágrimas, abrazóla, +y teniéndola así, en sus brazos, con voz de susurro, le dijo al oído: + +--Quieres curarme, hija mía? + +--Sí, papá. + +--Pues bien, cásate con Abelín. + +--Eh?--exclamó Joaquina, separándose de su padre y mirándole cara a +cara. + +--Qué? Qué te sorprende?--balbució el padre, sorprendido a su vez. + +--Casarme? Yo? Con Abelín? Con el hijo de tu enemigo? + +--Quién te ha dicho eso? + +--Tu silencio de años. + +--Pues por eso, por ser el hijo del que llamas mi enemigo. + +--Yo no sé lo que hay entre vosotros, no quiero saberlo, pero al verte +últimamente cómo te aficionabas a su hijo, me dió miedo... temí... no sé +lo que temí. Ese tu cariño a Abelín me parecía monstruoso, algo +infernal... + +--Pues no, hija, no! Buscaba en él redención. Y créeme, si logras +traerle a mi casa, si le haces mi hijo, será como si sale al fin el sol +en mi alma... + +--Pero pretendes tú, tú, mi padre, que yo le solicite, le busque? + +--No digo eso. + +--Pues entonces? + +--Y si él... + +--Ah, pero lo teníais ya tramado entre los dos y sin contar conmigo? + +--No, lo tenía pensado yo, yo, tu padre, tu pobre padre, yo... + +--Me das pena, padre. + +--También yo me doy pena. Y ahora todo corre de mi cuenta. No pensabas +sacrificarte por mí? + +--Pues bien, sí, me sacrificaré por ti. Dispón de mí! + +Fué el padre a besarla, y ella, desasiéndosele, exclamó: + +--No, ahora no! Cuando lo merezcas. O es que quieres que también yo te +haga callar con besos? + +--Dónde has aprendido eso, hija? + +--Las paredes oyen, papá. + +--Y acusan! + + + + +XXVIII + + +--Quién fuera usted, don Joaquín--decíale un día a éste aquel pobre +desheredado aragonés, el padre de los cinco hijos, luego que le hubo +sacado algún dinero. + +--Querer ser yo! No lo comprendo! + +--Pues sí, lo daría todo por poder ser usted, don Joaquín. + +--Y qué es eso todo que daría usted? + +--Todo lo que puedo dar, todo lo que tengo. + +--Y qué es ello? + +--La vida! + +--La vida por ser yo!--y a sí mismo se añadió Joaquín: «Pues yo la +daría por poder ser otro!» + +--Sí, la vida por ser usted. + +--He ahí una cosa que no comprendo bien, amigo mío; no comprendo que +nadie se disponga a dar la vida por poder ser otro, ni siquiera +comprendo que nadie quiera ser otro. Ser otro es dejar de ser uno, de +ser el que se es. + +--Sin duda. + +--Y eso es dejar de existir. + +--Sin duda. + +--Pero no para ser otro... + +--Sin duda. + +--Entonces... + +--Quiero decir, don Joaquín, que de buena gana dejaría de ser, o dicho +más claro, me pegaría un tiro o me echaría al río si supiera que los +míos, los que me atan a esta vida perra, los que no me dejan suicidarme, +habrían de encontrar un padre en usted. No comprende usted ahora? + +--Sí que lo comprendo. De modo que... + +--Que maldito el apego que tengo a la vida y que de buena gana me +separaría de mí mismo y mataría para siempre mis recuerdos si no fuese +por los míos. Aunque también me retiene otra cosa. + +--Qué? + +--El temor de que mis recuerdos, de que mi historia me acompañen más +allá de la muerte. Quién fuera usted, don Joaquín! + +--Y si a mí me retuvieran en la vida, amigo mío, motivos como los de +usted? + +--Bah, usted es rico. + +--Rico... rico... + +--Y un rico nunca tiene motivo de queja. A usted no le falta nada. +Mujer, hija, una buena clientela, reputación... qué más quiere usted? A +usted no le desheredó su padre; a usted no le echó de su casa su hermano +a pedir... A usted no le han obligado a hacerse un mendigo! Quién fuera +usted, D. Joaquín! + +Y al quedarse luego éste solo se decía: «Quién fuera yo! Ese hombre me +envidia! me envidia! Y yo quién quiero ser?» + + + + +XXIX + + +Pocos días después Abelín y Joaquina estaban en relaciones de noviazgo. +Y en su _Confesión_, dedicada a su hija, escribía algo después Joaquín: + +«No es posible, hija mía, que te explique cómo llevé a Abel, tu marido +de hoy, a que te solicitase por novia pidiéndote relaciones. Tuve que +darle a entender que tú estabas enamorada de él o que por lo menos te +gustaría que de ti se enamorase sin descubrir lo más mínimo de aquella +nuestra conversación a solas, luego que tu madre me hizo saber como +querías entrar por mi causa en un convento. Veía en ello mi salvación. +Sólo uniendo tu suerte a la suerte del hijo único de quien me ha +envenenado la fuente de la vida, sólo mezclando así nuestras sangres +esperaba poder salvarme. + +»Pensaba que acaso un día tus hijos, mis nietos, los hijos de su hijo, +sus nietos, al heredar nuestras sangres, se encontraran con la guerra +dentro, con el odio en sí mismos. Pero no es acaso el odio a sí mismo, a +la propia sangre, el único remedio contra el odio a los demás? La +escritura dice que en el seno de Rebeca se peleaban ya Esaú y Jacob. +Quién sabe si un día no concebirás tú dos mellizos, el uno con mi sangre +y el otro con la suya, y se pelearán y se odiarán ya desde tu seno y +antes de salir al aire y a la conciencia! Porque esta es la tragedia +humana y todo hombre es, como Job, hijo de contradicción. + +»Y he temblado al pensar que acaso os junté, no para unir, sino para +separar aún más vuestras sangres, para perpetuar un odio. Perdóname! +Deliro. + +»Pero no son sólo nuestras sangres, la de él y la mía; es también la de +ella, la de Helena. La sangre de Helena! Esto es lo que más me turba; +esa sangre que le florece en las mejillas, en la frente, en los labios, +que le hace marco a la mirada, esa sangre que me cegó desde su carne! + +»Y queda otra, la sangre de Antonia, de la pobre Antonia, de tu santa +madre. Esta sangre es agua de bautismo. Esta sangre es la redentora. +Sólo la sangre de tu madre, Joaquina, puede salvar a tus hijos, a +nuestros nietos. Esa es la sangre sin mancha que puede redimirlos. + +»Y que no vea nunca ella, Antonia, esta _Confesión_; que no la vea. Que +se vaya de este mundo, si me sobrevive, sin haber más que vislumbrado +nuestro misterio de iniquidad.» + +Los novios comprendiéronse muy pronto y se cobraron cariño. En íntimas +conversaciones conociéronse sendas víctimas de sus hogares, de dos +ámbitos tristes, de frívola impasibilidad el uno, de helada pasión +oculta el otro. Buscaron su apoyo en Antonia, en la madre de ella. +Tenían que encender un hogar, un verdadero hogar, un nido de amor +sereno que vive de sí mismo, que no espía los otros amores, un castillo +de soledad amorosa, y unir en él a las dos desgraciadas familias. Le +harían ver a Abel, al pintor, que la vida íntima del hogar es la +sustancia imperecedera de que no es sino resplandor, cuando no sombra, +el arte; a Helena, que la juventud perpetua está en el alma que sabe +hundirse en la corriente viva del linaje, en el alma de la familia; a +Joaquín, que nuestro nombre se pierde con nuestra sangre, pero para +recobrarse en los nombres y en las sangres de los que las mezclan a los +nuestros; a Antonia no le tenían que hacerle ver nada, porque era una +mujer nacida para vivir y revivir en la dulzura de la costumbre. + +Joaquín sentía renacerse. Hablaba con emoción de cariño de su antiguo +amigo, de Abel, y llegó a confesar que fué una fortuna que le quitase +toda esperanza respecto a Helena. + +--Pues bien--le decía una vez a solas a su hija;--ahora que todo parece +tomar otro cauce, te lo diré. Yo quería a Helena, o por lo menos creía +quererla y la solicité sin conseguir nada de ella. Porque, eso sí, la +verdad, jamás me dió la menor esperanza. Y entonces le presenté a Abel, +al que será tu suegro... tu otro padre, y al punto se entendieron. Lo +que tomé yo por un menosprecio, una ofensa... Qué derecho tenía yo a +ella? + +--Es verdad eso, pero así sois los hombres. + +--Tienes razón, hija mía, tienes razón. He vivido como loco, rumiando +esa que estimaba una ofensa, una traición... + +--Nada más, papá? + +--Cómo nada más? + +--No había más que eso, nada más? + +--Que yo sepa... no! + +Y al decirlo, el pobre hombre se cerraba los ojos hacia adentro y no +lograba contener al corazón. + +--Ahora os casaréis--continuó--y viviréis conmigo, sí, viviréis conmigo, +y haré de tu marido, de mi nuevo hijo, un gran médico, un artista de la +Medicina, todo un artista, que pueda igualar siquiera la gloria de su +padre. + +--Y él escribirá, papá, tu obra, pues así me lo ha dicho. + +--Sí, la que yo no he podido escribir... + +--Me ha dicho que en tu carrera, en la práctica de la Medicina, tienes +cosas geniales y que has hecho, descubrimientos... + +--Aduladores! + +--No, así me ha dicho. Y que como no se te conoce, y al no conocerte no +se te estima en todo lo que vales, que quiere escribir ese libro para +darte a conocer. + +--A buena hora... + +--Nunca es tarde si la dicha es buena. + +--Ay, hija mía, si en vez de haberme somormujado en esto de la +clientela, en esta maldita práctica de la profesión que ni deja respirar +libre ni aprender... si en vez de eso me hubiese dedicado a la ciencia +pura, a la investigación...! Eso que ha descubierto el doctor Alvarez y +García y por lo que tanto le bombean, lo habría descubierto antes yo, +yo, tu padre, yo lo habría descubierto, pues estuve a punto de ello. +Pero esto de ponerse a trabajar para ganarse la vida... + +--Sin embargo, no necesitábamos de ello. + +--Sí, pero... Y además, qué sé yo... Mas todo eso ha pasado y ahora +comienza vida nueva. Ahora voy a dejar la clientela... + +--De veras? + +--Sí, voy a dejársela al que va a ser tu marido, bajo mi alta +inspección, por supuesto. Lo guiaré, y yo a mis cosas! Y viviremos todos +juntos, y será otra vida... otra vida... Empezaré a vivir; seré otro... +otro... otro... + +--Ay, papá, qué gusto! Cómo me alegra oirte hablar así. Al cabo! + +--Qué te alegra oirme decir que seré otro? + +La hija le miró a los ojos al oir el tono de lo que había debajo de su +voz. + +--Te alegra oirme decir que seré otro?--volvió a preguntar el padre. + +--Sí, papá, me alegra! + +--Es decir que el otro, que el otro, el que soy, te parece mal? + +--Y a ti, papá?--le preguntó a su vez, resueltamente, la hija. + +--Tápame la boca!--gimió él. + +Y se la tapó con un beso. + + + + +XXX + + +--Ya te figurarás a lo que vengo--le dijo Abel a Joaquín apenas se +encontraron a solas en el despacho de éste. + +--Sí, lo sé. Tu hijo me ha anunciado tu visita. + +--Mi hijo y pronto tuyo, de los dos. Y no sabes bien cuánto me alegro! +Es como debía acabar nuestra amistad. Y mi hijo es ya casi tuyo; te +quiere ya como a padre, no sólo como a maestro. Estoy por decir que te +quiere más que a mí... + +--Hombre... no... no... no digas así. + +--Y qué? Crees que tengo celos? No, no soy celoso. Y mira, Joaquín, si +entre nosotros había algo... + +--No sigas por ahí, Abel, te lo ruego, no sigas... + +--Es preciso. Ahora que van a unirse nuestras sangres, ahora que mi hijo +va a serlo tuyo y mía tu hija, tenemos que hablar de esa vieja cuenta, +tenemos que ser absolutamente sinceros. + +--No, no, de ningún modo, y si hablas de ella, me voy! + +--Bien, sea! Pero no creas que olvido, no lo olvidaré nunca, tu discurso +aquel cuando lo del cuadro. + +--Tampoco quiero que hables de eso. + +--Pues de qué? + +--Nada de lo pasado, nada! Hablemos sólo del porvenir... + +--Pues si tú y yo, a nuestra edad, no hablamos del pasado, de que vamos +a hablar? Si nosotros no tenemos ya más que pasado! + +--No digas eso!--casi gritó Joaquín. + +--Nosotros ya no podemos vivir más que de recuerdos! + +--Cállate, Abel, cállate! + +--Y si te he de decir la verdad, vale más vivir de recuerdos que de +esperanzas. Al fin, ellos fueron y de éstas no se sabe si serán. + +--No, no, recuerdos, no! + +--En todo caso, hablemos de nuestros hijos, que son nuestras esperanzas. + +--Eso sí! + +--De ellos y no de nosotros, de ellos, de nuestros hijos... + +--Él tendrá en ti un maestro y un padre... + +--Sí, pienso dejarle mi clientela, es decir, la que quiera tomarlo, que +ya la he preparado para eso. Le ayudaré en los casos graves. + +--Gracias, gracias. + +--Eso además de la dote que doy a Joaquina. Pero vivirán conmigo. + +--Eso me ha dicho mi hijo. Yo, sin embargo, creo que deben poner casa; +el casado, casa quiere. + +--No, no puedo separarme de mi hija. + +--Y nosotros de nuestro hijo, sí, eh? + +--Más separados que estáis de él... Un hombre apenas vive en casa; una +mujer apenas sale de ella. Necesito a mi hija. + +--Sea. Ya ves si soy complaciente. + +--Y más que esta casa será la vuestra, la tuya, la de Helena... + +--Gracias por la hospitalidad. Eso se entiende. + +Después de una larga entrevista en que convinieron todo lo atañedero al +establecimiento de sus hijos, al ir a separarse Abel, mirándole a +Joaquín a los ojos, con mirada franca, le tendió la mano, y sacando la +voz de las entrañas de su común infancia le dijo: «Joaquín!» +Asomáronsele a éste las lágrimas a los ojos al cojer aquella mano. + +--No te había visto llorar desde que fuimos niños, Joaquín. + +--No volveremos a serlo, Abel. + +--Sí, y es lo peor. + +Se separaron. + + + + +XXXI + + +Con el casamiento de su hija pareció entrar el sol, un sol de ocaso de +otoño, en el hogar antes frío de Joaquín, y éste empezar a vivir de +veras. Fué dejándole al yerno su clientela, aunque acudiendo, como en +consulta, en los casos graves y repitiendo que era bajo su dirección +como aquél ejercía. + +Abelín, con las notas de su suegro, a quien llamaba su padre, tuteándole +ya, y con sus ampliaciones y explicaciones verbales, iba componiendo la +obra en que se recojía la ciencia médica del doctor Joaquín Monegro, y +con un acento de veneración admirativa que el mismo Joaquín no habría +podido darle. «Era mejor, sí--pensaba éste--era mucho mejor que +escribiese otro aquella obra, como fué Platón quien expuso la doctrina +socrática.» No era él mismo quien podía, con toda libertad de ánimo y +sin que ello pareciese no ya presuntuoso, mas un esfuerzo para violentar +el aplauso de la posteridad, que se estimaba no conseguible; no era él +quien podía exaltar su saber y su pericia. Reservaba su actividad +literaria para otros empeños. + +Fué entonces, en efecto, cuando empezó a escribir su _Confesión_, que +así la llamaba, dedicada a su hija y para que ésta la abriese luego que +él hubiese muerto, y que era el relato de su lucha íntima con la pasión +que fué su vida, con aquel demonio con quien peleó casi desde el albor +de su mente dueña de sí hasta entonces, hasta cuando lo escribía. Esta +confesión se decía dirigida a su hija, pero tan penetrado estaba él del +profundo valor trágico de su vida de pasión y de la pasión de su vida, +que acariciaba la esperanza de que un día su hija o sus nietos la dieran +al mundo, para que éste se sobrecojiera de admiración y de espanto ante +aquel héroe de la angustia tenebrosa que pasó sin que le conocieran en +todo su fondo los que con él convivieron. Porque Joaquín se creía un +espíritu de excepción, y como tal torturado y más capaz de dolor que los +otros, un alma señalada al nacer por Dios con la señal de los grandes +predestinados. + +«Mi vida, hija mía--escribía en la _Confesión_,--ha sido un arder +continuo, pero no la habría cambiado por la de otro. He odiado como +nadie, como ningún otro ha sabido odiar, pero es que he sentido más que +los otros la suprema injusticia de los cariños del mundo y de los +favores de la fortuna. No, no, aquello que hicieron conmigo los padres +de tu marido no fué humano ni noble; fué infame, pero fué peor, mucho +peor, lo que me hicieron todos, todos los que encontré desde que, niño +aún y lleno de confianza, busqué el apoyo y el amor de mis semejantes. +Por qué me rechazaban? Por qué me acojían fríamente y como obligados a +ello? Por qué preferían al lijero, al inconstante, al egoísta? Todos, +todos me amargaron la vida. Y comprendí que el mundo es naturalmente +injusto y que yo no había nacido entre los míos. Esta fué mi desgracia, +no haber nacido entre los míos. La baja mezquindad, la vil ramplonería +de los que me rodeaban, me perdió.» + +Y a la vez que escribía esta _Confesión_, preparaba, por si ésta +marrase, otra obra que sería la puerta de entrada de su nombre en el +panteón de los ingenios inmortales de su pueblo y casta. Titularíase +_Memorias de un médico viejo_ y sería la mies del saber de mundo, de +pasiones, de vida, de tristezas y alegrías, hasta de crímenes ocultos, +que había cosechado de la práctica de su profesión de médico. Un espejo +de la vida, pero de las entrañas, y de las más negras, de ésta; una +bajada a las simas de la vileza humana; un libro de alta literatura y de +filosofía acibarada a la vez. Allí pondría toda su alma sin hablar de sí +mismo; allí, para desnudar las almas de los otros, desnudaría la suya; +allí se vengaría del mundo vil en que había tenido que vivir. Y las +gentes, al verse así, al desnudo, admirarían primero y quedarían +agradecidas después al que las desnudó. Y allí, cambiando los nombres a +guisa de ficción, haría el retrato que para siempre habría de quedar de +Abel y de Helena. Y su retrato valdría por todos los que Abel pintara. Y +se regodeaba a solas pensando que si él acertaba aquel retrato literario +de Abel Sánchez, le habría de inmortalizar a éste más que todos sus +propios cuadros, cuando los comentaristas y eruditos del porvenir +llegasen a descubrir, bajo el débil velo de la ficción, al personaje +histórico. «Sí, Abel, sí--se decía Joaquín a sí mismo--la mayor +coyuntura que tienes de lograr eso por lo que tanto has luchado, por lo +único que has luchado, por lo único que te preocupa, por lo que me +despreciaste siempre o, aun peor, no hiciste caso de mí, la mayor +coyuntura que tienes de perpetuarte en la memoria de los venideros, no +son tus cuadros, no! sino es que yo acierte a pintarte con mi pluma tal +y como eres. Y acertaré, acertaré, porque te conozco, porque te he +sufrido, porque has pesado toda mi vida sobre mí. Te pondré para siempre +en el rollo, y no serás Abel Sánchez, no, sino el nombre que yo te dé. +Y cuando se hable de ti como pintor de tus cuadros, dirán las gentes: +«Ah, sí, el de Joaquín Monegro!» Porque serás de este modo mío, mío, y +vivirás lo que mi obra viva, y tu nombre irá por los suelos, por el +fango, a rastras del mío, como van arrastrados por el Dante los que +colocó en el Infierno. Y serás la cifra del envidioso.» + +Del envidioso! Pues Joaquín dió en creer que toda la pasión que bajo su +aparente impasibilidad de egoísta animaba a Abel, era la envidia, la +envidia de él, a Joaquín, que por envidia le arrebatara de mozo el +afecto de los compañeros, que por envidia le quitó a Helena. Y cómo, +entonces, se dejó quitar el hijo? «Ah--se decía Joaquín,--es que él no +se cuida de su hijo, sino de su nombre, de su fama, no cree que vivirá +en las vidas de sus descendientes de carne, sino en las de los que +admiren sus cuadros, y me deja su hijo para mejor quedarse con su +gloria. Pero yo le desnudaré!» + +Inquietábale la edad a que emprendía la composición de esas _Memorias_, +entrado ya en los cincuenta y cinco años, pero, no había acaso empezado +Cervantes su _Quijote_ a los cincuenta y siete de su edad? Y se dió a +averiguar qué obras maestras escribieron sus autores después de haber +pasado la edad suya. Y a la par se sentía fuerte, dueño de su mente +toda, rico de experiencia, maduro de juicio y con su pasión, fermentada +en tantos años, contenida pero bullente. + +Ahora, para cumplir su obra, se contendría. Pobre Abel! La que le +esperaba...! Y empezó a sentir desprecio y compasión hacia él. Mirábale +como a un modelo y como a una víctima, y le observaba y le estudiaba. No +mucho, pues Abel iba poco, muy poco, a casa de su hijo. + +--Debe de andar muy ocupado tu padre--decía Joaquín a su yerno;--apenas +parece por aquí. Tendrá alguna queja? Le habremos ofendido yo, Antonia o +mi hija en algo? Lo sentiría... + +--No, no, papá--así le llamaba ya Abelín,--no es nada de eso. En casa +tampoco paraba. No te dije que no le importa nada más que sus cosas? Y +sus cosas son las de su arte y qué sé yo... + +--No, hijo, no, exageras... algo más habrá... + +--No, no hay más. + +Y Joaquín insistía para oir la misma versión. + +--Y Abel, cómo no viene?--le preguntaba a Helena. + +--Bah, él es así con todos!--respondía ésta. + +Ella, Helena, sí solía ir a casa de su nuera. + + + + +XXXII + + +--Pero dime--le decía un día Joaquín a su yerno--cómo no se le ocurrió a +tu padre nunca inclinarte a la pintura? + +--No me ha gustado nunca... + +--No importa; parecía lo natural que él quisiera iniciarte en su arte... + +--Pues, no, sino que antes más bien le molestaba que yo me interesase en +él. Jamás me animó a que cuando niño hiciera lo que es natural en niños, +figuras y dibujos. + +--Es raro... es raro...--murmuraba Joaquín.--Pero... + +Abel sentía desasosiego al ver la expresión del rostro de su suegro, el +lívido fulgor de sus ojos. Sentíase que algo le escarabajeaba dentro, +algo doloroso y que deseaba echar fuera; algún veneno sin duda. Siguióse +a esas últimas palabras un silencio cargado de acre amargura. Y lo +rompió Joaquín diciendo: + +--No me explico que no quisiese dedicarte a pintor... + +--No, no quería que fuese lo que él... + +Siguióse otro silencio, que volvió a romper, como con pesar, Joaquín, +exclamando como quien se decide a una confesión: + +--Pues sí, lo comprendo! + +Abel tembló, sin saber a punto cierto por qué, al oir el tono y timbre +con que su suegro pronunció esas palabras. + +--Pues...?--interrogó el yerno. + +--No... nada...--Y el otro pareció recojerse en sí. + +--Dímelo!--suplicó el yerno, que por ruego de Joaquín ya le tuteaba como +a padre amigo--amigo y cómplice!--aunque temblaba de oir lo que pedía +que se le dijese. + +--No; no, no quiero que digas luego... + +--Pues eso es peor, padre, que decírmelo, sea lo que fuere. Además, que +creo adivinarlo... + +--Qué?--preguntó el suegro, atravesándole los ojos con la mirada. + +--Que acaso temiese que yo con el tiempo eclipsara su gloria... + +--Sí--añadió con reconcentrada voz Joaquín,--sí, eso! Abel Sánchez hijo, +o Abel Sánchez el Joven! Y que luego se le recordase a él como tu padre +y no a ti como a su hijo. Es tragedia que se ha visto más de una vez +dentro de las familias... Eso de que un hijo haga sombra a su padre... + +--Pero eso es...--dijo el yerno, por decir algo. + +--Eso es envidia, hijo, nada más que envidia. + +--Envidia de un hijo...! Y un padre! + +--Sí, y la más natural. La envidia no puede ser entre personas que no se +conocen apenas. No se envidia al de otras tierras ni al de otros +tiempos. No se envidia al forastero, sino los del mismo pueblo entre sí; +no al de más edad, al de otra generación, sino al contemporáneo, al +camarada. Y la mayor envidia entre hermanos. Por algo es la leyenda de +Caín y Abel... Los celos más terribles, tenlo por seguro, han de ser los +de uno que cree que su hermano pone ojos en su mujer, en la cuñada... Y +entre padres e hijos... + +--Pero y la diferencia de edad en este caso? + +--No importa! Eso de que nos llegue a oscurecer aquel a quien hicimos... + +--Y del maestro al discípulo?--preguntó Abel. + +Joaquín se calló, clavó un momento su vista en el suelo, bajo el que +adivinaba la tierra, y luego añadió, como hablando con ella, con la +tierra: + +--Decididamente, la envidia es una forma de parentesco. + +Y luego: + +--Pero hablemos de otra cosa, y todo esto, hijo, como si no lo hubiese +dicho. Lo has oído? + +--No! + +--Cómo que no?... + +--Que no he oído lo que antes dijiste. + +--Ojalá no lo hubiese oído yo tampoco!--y la voz le lloraba. + + + + +XXXIII + + +Solía ir Helena a casa de su nuera, de sus hijos, para introducir un +poco de gusto más fino, de mayor elegancia, en aquel hogar de burgueses +sin distinción, para corregir--así lo creía ella--los defectos de la +educación de la pobre Joaquina, criada por aquel padre lleno de una +soberbia sin fundamento y por aquella pobre madre que había tenido que +cargar con el hombre que otra desdeñó. Y cada día dictaba alguna lección +de buen tono y de escojidas maneras. + +--Bien, como quieras!--solía decirle Antonia. + +Y Joaquina, aunque recomiéndose, resignábase. Pero dispuesta a +rebelarse un día. Y si no lo hizo fué por los ruegos de su marido. + +--Como usted quiera, señora--le dijo una vez y recalcando el _usted_, +que no habían logrado lo dejase al hablarle;--yo no entiendo de esas +cosas ni me importa. En todo eso se hará su gusto... + +--Pero si no es mi gusto, hija, si es... + +--Lo mismo da! Yo me he criado en la casa de un médico, que es ésta, y +cuando se trate de higiene, de salubridad, y luego que nos llegue el +hijo, de criarle, sé lo que he de hacer, pero ahora, en estas cosas que +llama usted de gusto, de distinción, me someto a quien se ha formado en +casa de un artista. + +--Pero no te pongas así, chicuela... + +--No, si no me pongo. Es que siempre nos está usted echando en cara que +si esto no se hace así, que si se hace asá. Después de todo no vamos a +dar saraos ni tés danzantes. + +--No sé de dónde te ha venido, hija, ese fingido desprecio, fingido, sí, +fingido, lo repito, fingido... + +--Pero si yo no he dicho nada, señora... + +--Ese fingido desprecio a las buenas formas, a las conveniencias +sociales. Aviados estaríamos sin ellas...! No se podría vivir! + +Como a Joaquina le habían recomendado su padre y su marido que se +pasease, que airease y solease la sangre que iba dando al hijo que +vendría, y como ellos no podían siempre acompañarla, y Antonia no +gustaba de salir de casa, escoltábala Helena, su suegra. Y se complacía +en ello, en llevarla al lado como a una hermana menor, pues por tal la +tomaban los que no las conocían, en hacerle sombra con su espléndida +hermosura casi intacta por los años. A su lado su nuera se borraba a los +ojos precipitados de los transeuntes. El encanto de Joaquina era para +paladeado lentamente por los ojos, mientras que Helena se ataviaba para +barrer las miradas de los distraídos. «Me quedo con la madre!»--oyó que +una vez decía un mocetón, a modo de chicoleo, cuando al pasar ellas le +oyó que llamaba _hija_ a Joaquina, y respiró más fuerte, humedeciéndose +con la punta de la lengua los labios. + +--Mira, hija--solía decirle a Joaquina,--haz lo más por disimular tu +estado, es muy feo eso de que se conozca que una muchacha está +encinta... es así como una petulancia... + +--Lo que yo hago, madre, es andar cómoda y no cuidarme de lo que crean o +no crean... Aunque estoy en lo que los cursis llaman estado interesante, +no me hago la tal como otras se habrán hecho y se hacen. No me preocupo +de esas cosas. + +--Pues hay que preocuparse; se vive en el mundo. + +--Y qué más da que lo conozcan...? O es que no le gusta a usted, madre, +que sepan que va para abuela?--añadió con sorna. + +Helena se escocía al oir la palabra odiosa: abuela, pero se contuvo. + +--Pues mira, lo que es por edad...--dijo, picada. + +--Sí, por edad podía usted ser madre de nuevo--repuso la nuera, +hiriéndola en lo vivo. + +--Claro, claro...--dijo Helena, sofocada y sorprendida, inerme por el +brusco ataque.--Pero eso de que se te queden mirando... + +--No; esté tranquila, pues a usted es más bien a la que miran. Se +acuerdan de aquel magnífico retrato, de aquella obra de arte... + +--Pues yo en tu caso...--empezó la suegra. + +--Usted en mi caso, madre, y si pudiese acompañarme en mi estado mismo, +entonces? + +--Mira, niña, si sigues así nos volvemos en seguida y no vuelvo a salir +contigo ni a pisar tu casa... es decir, la de tu padre. + +--La mía, señora, la mía, y la de mi marido y la de usted...! + +--Pero de dónde has sacado ese geniecillo, niña? + +--Geniecillo? Ah, sí, el genio es de otros! + +--Miren, miren la mosquita muerta... la que se iba a ir monja antes de +que su padre le pescase a mi hijo... + +--Le he dicho a usted ya, señora, que no vuelva a mentarme eso. Yo sé lo +que me hice. + +--Y mi hijo también. + +--Sí, sabe también lo que se hizo, y no hablemos más de ello. + + + + +XXXIV + + +Y vino al mundo el hijo de Abelín y de Joaquina, en quien se mezclaron +las sangres de Abel Sánchez y de Joaquín Monegro. + +La primer batalla fué la del nombre que había de ponérsele; su madre +quería que Joaquín; Helena, que Abel, y Abel, su hijo Abelín y Antonia, +remitieron la decisión a Joaquín, que sería quien le diese nombre. Y fué +un combate en el alma de Monegro. Un acto tan sencillo como es dar +nombre a un hombre nuevo, tomaba para él tamaño de algo agorero, de un +sortilegio fatídico. Era como si se decidiera el porvenir del nuevo +espíritu. + +«Joaquín--se decía éste,--Joaquín, sí, como yo, y luego será Joaquín S. +Monegro y hasta borrará la ese, la ese a que se le reducirá ese odioso +Sánchez, y desaparecerá su nombre, el de su hijo, y su linaje quedará +anegado en el mío... Pero no, es mejor que sea Abel Monegro. Abel S. +Monegro, y se redima así el Abel? Abel es su abuelo, pero Abel es +también su padre, mi yerno, mi hijo, que es ya mío, un Abel mío, que he +hecho yo. Y qué más da que se llame Abel si él, el otro, su otro abuelo, +no será Abel ni nadie le conocerá por tal, sino será como yo le llame en +las _Memorias_, con el nombre con que le marque en la frente con fuego? +Pero no...» + +Y, mientras, así dudaba, fué Abel Sánchez, el pintor, quien decidió la +cuestión, diciendo: + +--Que se llame Joaquín. Abel el abuelo, Abel el padre, Abel el hijo, +tres Abeles... son muchos! Además, no me gusta, es nombre de víctima... + +--Pues bien dejaste ponérselo a tu hijo--objetó Helena. + +--Sí, fué un empeño tuyo, y por no oponerme... Pero figúrate que en vez +de haberse dedicado a médico se dedica a pintor, pues... Abel Sánchez +el Viejo y Abel Sánchez el Joven... + +--Y Abel Sánchez no puede haber más que uno--añadió Joaquín, +sotorriéndose. + +--Por mí que haya ciento--replicó aquél. Yo siempre he de ser yo. + +--Y quién lo duda?--dijo su amigo. + +--Nada, nada, que le llamen Joaquín, decidido! + +--Y que no se dedique a la pintura, eh? + +--Ni a la medicina!--concluyó Abel, fingiendo seguir la fingida broma. + +Y Joaquín se llamó el niño. + + + + +XXXV + + +Tomaba al niño su abuela Antonia, que era quien le cuidaba, y +apechugándolo como para ampararlo y cual si presintiese alguna +desgracia, le decía: «Duerme, hijo mío, duerme, que cuanto más duermas, +mejor. Así crecerás sano y fuerte. Y luego también, mejor dormido que +despierto, sobre todo en esta casa. Qué va a ser de ti? Dios quiera que +no riñan en ti tus dos sangres!» Y dormido el niño, ella, teniéndole en +brazos, rezaba y rezaba. + +Y el niño crecía a la par que la _Confesión_ y las _Memorias_ de su +abuelo de madre y que la fama de pintor de su abuelo de padre. Pues +nunca fué más grande la reputación de Abel que en este tiempo. El cual, +por su parte, parecía preocuparse muy poco de toda otra cosa que no +fuese su reputación. + +Una vez se fijó más intensamente en el nietecillo, y fué que al verle +una mañana dormido exclamó: «Qué precioso apunte!» Y tomando un álbum se +puso a hacer un bosquejo a lápiz del niño dormido. + +---Qué lástima--exclamó--no tener aquí mi paleta y mis colores! Ese +juego de la luz en la mejilla, que parece como de melocotón, es +encantador. Y el color del pelo! Si parecen rayos del sol los rizos! + +--Y luego--le dijo Joaquín,--cómo le llamarías al cuadro? Inocencia? + +--Eso de poner títulos a los cuadros se queda para los literatos, como +para los médicos el poner nombres a las enfermedades, aunque no se +curen. + +--Y quién te ha dicho, Abel, que sea lo propio de la medicina curar las +enfermedades? + +--Entonces, qué es? + +--Conocerlas. El fin de la ciencia es conocer. + +--Yo creí que conocer para curar. De qué nos serviría haber probado del +fruto de la ciencia del bien y del mal si no era para librarnos de éste? + +--Y el fin del arte, cuál es? Cuál es el fin de ese dibujo de nuestro +nieto que acabas de hacer? + +--Eso tiene su fin en sí. Es una cosa bonita y basta. + +--Qué es lo bonito? Tu dibujo o nuestro nieto? + +--Los dos! + +--Acaso crees que tu dibujo es más hermoso que él, que Joaquinito? + +--Ya estás en las tuyas! Joaquín! Joaquín! + +Y vino Antonia, la abuela, y cojió al niño de la cuna y se lo llevó como +para defenderlo de uno y de otro abuelo. Y le decía: «Ay, hijo, hijito, +hijo mío, corderito de Dios, sol de la casa, angelito sin culpa, que no +te retraten, que no te curen! No seas modelo de pintor, no seas enfermo +de médico... Déjales, déjales con su arte y con su ciencia y vente con +tu abuelita, tú, vida, vida, vidita, vidita mía! Tú eres mi vida; tú +eres nuestra vida; tú eres el sol de esta casa. Yo te enseñaré a rezar +por tus abuelos y Dios te oirá. Vente conmigo, vidita, vida, corderito +sin mancha, corderito de Dios!» Y no quiso Antonia ver el apunte de +Abel. + + + + +XXXVI + + +Joaquín seguía con su enfermiza ansiedad el crecimiento en cuerpo y en +espíritu de su nieto Joaquinito. A quién salía? A quién se parecía? De +qué sangre era? Sobre todo cuando empezó a balbucir. + +Desasosegábale al abuelo que el otro abuelo, Abel, desde que tuvo el +nieto, frecuentaba la casa de su hijo y hacía que le llevasen a la suya +el pequeñuelo. Aquel grandísimo egoísta--por tal le tenían su hijo y su +consuegro--parecía ablandarse de corazón y aun aniñarse ante el niño. +Solía ir a hacerle dibujos, lo que encantaba a la criatura. «_Abelito_, +santos!», le pedía. Y Abel no se cansaba de dibujarle perros, gatos, +caballos, toros, figuras humanas. Ya le pedía un jinete, ya dos chicos +haciendo cachetina, ya un niño corriendo de un perro que le sigue, y que +las escenas se repitiesen. + +--En mi vida he trabajado con más gusto--decía Abel;--esto, esto es arte +puro y lo demás... chanfaina! + +--Puedes hacer un álbum de dibujos para los niños--le dijo Joaquín. + +--No, así no tiene gracia, para los niños... no! Eso no sería arte +sino... + +--Pedagogía--dijo Joaquín. + +--Eso, sí, sea lo que fuere, pero arte no. Esto es arte, esto; estos +dibujos que dentro de media hora romperá nuestro nieto. + +--Y si yo los guardase?--preguntó Joaquín. + +--Guardarlos? Para qué? + +--Para tu gloria. He oído de no sé qué pintor de fama que se han +publicado los dibujos que les hacía, para divertirlos, a sus hijos, y +que son de lo mejor de él. + +--Yo no los hago para que los publiquen luego, entiendes? Y, en cuanto a +eso de la gloria, que es una de tus reticencias, Joaquín, sábete que no +se me da un comino de ella. + +--Hipócrita! Si es lo único que de veras te preocupa... + +--Lo único? Parece mentira que me lo digas ahora. Hoy lo que me preocupa +es este niño. Y será un gran artista! + +--Que herede tu genio, no? + +--Y el tuyo! + +El niño miraba sin comprender el duelo entre sus dos abuelos, pero +adivinando algo en sus actitudes. + +--Qué le pasa a mi padre?--preguntaba a Joaquín su yerno--que está +chocho con el nieto, él que apenas nunca me hizo caso? Ni recuerdo que +siendo yo niño me hiciese esos dibujos... + +--Es que vamos para viejos, hijo--le respondió Joaquín,--y la vejez +enseña mucho. + +--Y hasta el otro día, a no sé qué pregunta del niño, le vi llorar. Es +decir, le salieron las lágrimas. Las primeras que le he visto. + +--Bah! Eso es cardíaco! + +--Cómo? + +--Que tu padre está ya gastado por los años y el trabajo y por el +esfuerzo de la inspiración artística y por las emociones; que tiene muy +mermadas las reservas del corazón y que el mejor día... + +--Qué? + +--Os da, es decir, nos da un susto. Y me alegro que haya llegado ocasión +de decírtelo, aunque ya pensaba en ello. Adviérteselo a Helena, a tu +madre. + +--Sí, él se queja de fatiga, de disnea, será...? + +--Eso es. Me ha hecho que le reconozca sin saberlo tú y le he +reconocido. Necesita cuidado. + +Y así era que en cuanto se encrudecía el tiempo Abel se quedaba en casa +y hacía que le llevasen a ella al nieto, lo que amargaba para el día +todo al otro abuelo. «Me lo está mimando--se decía Joaquín--, quiere +arrebatarme su cariño; quiere ser el primero; quiere vengarse de lo de +su hijo. Sí, sí, es por venganza, nada más que por venganza. Quiere +quitarme este último consuelo. Vuelve a ser él, él, él, que me quitaba +los amigos cuando éramos mozos.» + +Y en tanto Abel le repetía al nietecito que quisiera mucho al abuelito +Joaquín. + +--Te quiero más a ti--le dijo una vez el nieto. + +--Pues no! No debes quererme a mí más; hay que querer a todos igual. +Primero a papá y mamá y luego a los abuelos y a todos lo mismo. El +abuelito Joaquín es muy bueno, te quiere mucho, te compra juguetes... + +--También tú me los compras... + +--Te cuenta cuentos... + +--Me gustan más los dibujos que tú me haces. Anda, píntame un toro y un +picador a caballo! + + + + +XXXVII + + +--Mira, Abel--le dijo solemnemente Joaquín, así que se encontraron +solos,--vengo a hablarte de una cosa grave, muy grave, de una cuestión +de vida o muerte. + +--De mi enfermedad? + +--No, pero si quieres de la mía. + +--De la tuya? + +--De la mía, sí! Vengo a hablarte de nuestro nieto. Y para no andar con +rodeos es menester que te vayas, que te alejes, que nos pierdas de +vista; te lo ruego, te lo suplico... + +--Yo? Pero estás loco, Joaquín? Y por qué? + +--El niño te quiere a ti más que a mí. Esto es claro. Yo no sé lo que +haces con él... no quiero saberlo... + +--Le aojaré o le daré algún bebedizo, sin duda... + +--No lo sé. Le haces esos dibujos, esos malditos dibujos, le entretienes +con las artes perversas de tu maldito arte... + +--Ah, pero eso también es malo? Tú no estás bueno, Joaquín. + +--Puede ser que no esté bueno, pero eso no importa ya. No estoy en edad +de curarme. Y si estoy malo debes respetarme. Mira, Abel, que me +amargaste la juventud, que me has perseguido la vida toda... + +--Yo? + +--Sí, tú, tú. + +--Pues lo ignoraba. + +--No finjas. Me has despreciado siempre... + +--Mira, si sigues así, me voy, porque me pones malo de verdad. Ya sabes +mejor que nadie, que no estoy para oir locuras de ese jaez. Vete a un +manicomio a que te curen o te cuiden y déjanos en paz. + +--Mira, Abel, que me quitaste, por humillarme, por rebajarme, a +Helena... + +--Y no has tenido a Antonia...? + +--No, no es por ella, no! Fué el desprecio, la afrenta, la burla. + +--Tú no estás bueno, te lo repito, Joaquín, no estás bueno... + +--Peor estás tú. + +--De salud del cuerpo, desde luego. Sé que no estoy para vivir mucho. + +--Demasiado... + +--Ah, pero me deseas la muerte? + +--No, Abel, no, no digo eso--y tomó Joaquín tono de quejumbrosa súplica, +diciéndole: Vete, vete de aquí, vete a vivir a otra parte, déjame con +él... no me lo quites... por lo que te queda... + +--Pues por lo que me queda, déjame con él. + +--No, que le envenenas con tus mañas, que le desapegas de mí, que le +enseñas a despreciarme... + +--Mentira, mentira y mentira! Jamás me ha oído ni me oirá nada en +desprestigio tuyo. + +--Sí, pero basta con lo que le engatusas. + +--Y crees tú que por irme yo, por quitarme yo de en medio habría de +quererte? Si a ti, Joaquín, aunque uno se proponga no puede quererte... +Si rechazas a la gente.... + +--Lo ves, lo ves... + +--Y si el niño no te quiere como tú quieres ser querido, con exclusión +de los demás o más que a ellos, es que presiente el peligro, es que +teme... + +--Y qué teme?--preguntó Joaquín, palideciendo. + +---El contagio de tu mala sangre. + +Levantóse entonces Joaquín, lívido, se fué a Abel y le puso las dos +manos, como dos garras, en el cuello, diciendo: Bandido! + +Mas al punto las soltó. Abel dió un grito, llevándose las manos al +pecho, suspiró un «Me muero!» y dió el último respiro. Joaquín se dijo: +«El ataque de angina; ya no hay remedio; se acabó!» + +En aquel momento oyó la voz del nieto que llamaba: «Abuelito! Abuelito!» +Joaquín se volvió: + +--A quién llamas? A qué abuelo llamas? A mí?--Y como el niño callara +lleno de estupor ante el misterio que veía:--Vamos, dí, a qué abuelo? A +mí? + +--No, al abuelito Abel. + +--A Abel? Ahí le tienes... muerto. Sabes lo que es eso? Muerto. + +Después de haber sostenido en la butaca en que murió el cuerpo de Abel, +se volvió Joaquín al nieto y con voz de otro mundo le dijo: + +--Muerto, sí! Y le he matado yo, yo, ha matado a Abel Caín, tu abuelo +Caín. Mátame ahora si quieres. Me quería robarte; quería quitarme tu +cariño. Y me lo ha quitado. Pero él tuvo la culpa; él. + +Y rompiendo a llorar, añadió: + +--Me quería robarte a ti, a ti, al único consuelo que le quedaba al +pobre Caín! No le dejarán a Caín nada? Ven acá, abrázame. + +El niño huyó sin comprender nada de aquello, como se huye de un loco. +Huyó llamando a Helena: abuela, abuela! + +--Le he matado, sí--continuó Joaquín solo;--pero él me estaba matando; +hace más de cuarenta años que me estaba matando. Me envenenó los caminos +de la vida con su alegría y con sus triunfos. Quería robarme el +nieto... + +Al oir pasos precipitados, volviendo Joaquín en sí, volvióse. Era +Helena, que entraba. + +--Qué pasa... qué sucede... qué dice el niño... + +--Que la enfermedad de tu marido ha tenido su fatal desenlace--dijo +Joaquín heladamente. + +--Y tú? + +--Yo no he podido hacer nada. En esto se llega siempre tarde. + +Helena le miró fijamente y le dijo: + +--Tú... tú has sido! + +Luego se fué, pálida y convulsa, pero sin perder su compostura, al +cuerpo de su marido. + + + + +XXXVIII + + +Pasó un año, en que Joaquín cayó en una honda melancolía. Abandonó sus +_Memorias_, evitaba ver a todo el mundo, incluso a sus hijos. La muerte +de Abel había aparecido el natural desenlace de su dolencia, conocida +por su hija, pero un espeso bochorno de misterio pesaba sobre la casa. +Helena encontró que el traje de luto la favorecía mucho y empezó a +vender los cuadros que de su marido le quedaban. Parecía tener cierta +aversión al nieto. Al cual le había nacido ya una hermanita. + +Postróle, al fin, una oscura enfermedad en el lecho. Y sintiéndose +morir, llamó un día a sus hijos, a su mujer, a Helena. + +--Os dijo verdad el niño--empezó diciendo,--yo le maté. + +--No digas esas cosas, padre--suplicó Abel, su yerno. + +--No es hora de interrupciones ni de embustes. Yo le maté. O como si yo +le hubiera matado, pues murió en mis manos... + +--Eso es otra cosa. + +--Se me murió teniéndole yo en mis manos, cojido del cuello. Aquello fué +como un sueño. Toda mi vida ha sido como un sueño. Por eso ha sido como +una de esas pesadillas dolorosas que nos caen encima poco antes de +despertar, al alba, entre el sueño y la vela. No he vivido ni dormido... +ojalá! ni despierto. No me acuerdo ya de mis padres, no quiero acordarme +de ellos y confío en que ya muertos me hayan olvidado. Me olvidará +también Dios? Sería lo mejor acaso, el eterno olvido. Olvidadme, hijos +míos! + +--Nunca!--exclamó Abel, yendo a besarle la mano. + +--Déjala! Estuvo en el cuello de tu padre al morirse éste. Déjala! Pero +no me dejéis. Rogad por mí. + +--Padre, padre!--suplicó la hija. + +--Por qué he sido tan envidioso, tan malo? Qué hice para ser así? Qué +leche mamé? Era un bebedizo de odio? Ha sido un bebedizo mi sangre? Por +qué nací en tierra de odios? En tierra en que el precepto parece ser: +«Odia a tu prójimo como a ti mismo.» Porque he vivido odiándome; porque +aquí todos vivimos odiándonos. Pero... traed al niño. + +--Padre! + +--Traed al niño! + +Y cuando el niño llegó le hizo acercarse: + +--Me perdonas?--le preguntó. + +--No hay de qué--dijo Abel. + +--Dí que sí, arrímate al abuelo--le dijo su madre. + +--Sí!--susurró el niño. + +--Dí claro, hijo mío, dí si me perdonas. + +--Sí. + +--Así, sólo de ti, sólo de ti, que no tienes todavía uso de razón, de ti +que eres inocente, necesito perdón. Y no olvides a tu abuelo Abel, al +que te hacía los dibujos. Le olvidarás? + +--No! + +--No, no le olvides, hijo mío, no le olvides. Y tú, Helena... + +Helena, la vista en el suelo, callaba. + +--Y tú, Helena... + +--Yo, Joaquín, te tengo hace tiempo perdonado. + +--No te pedía eso. Sólo quiero verte junto a Antonia. Antonia... + +La pobre mujer, henchidos de lágrimas los ojos, se echó sobre la cabeza +de su marido y como queriendo protegerla. + +--Tú has sido aquí la víctima. No pudiste curarme, no pudiste hacerme +bueno... + +--Pero si lo has sido, Joaquín... Has sufrido tanto!... + +--Sí, la tisis del alma. Y no pudiste hacerme bueno porque no te he +querido. + +--No digas eso! + +--Sí, lo digo, lo tengo que decir, y lo digo aquí, delante de todos. No +te he querido. Si te hubiera querido me había curado. No te he querido. +Y ahora me duele no haberte querido. Si pudiéramos volver a empezar... + +--Joaquín! Joaquín!--clamaba desde el destrozado corazón la pobre +mujer.--No digas esas cosas. Ten piedad de mí; ten piedad de tus hijos, +de tu nieto que te oye, y que, aunque parece no entenderte, acaso +mañana... + +--Por eso lo digo, por piedad. No, no te he querido; no he querido +quererte. Si volviésemos a empezar! Ahora, ahora es cuando... + +No le dejó acabar su mujer, tapándole la moribunda con su boca y como si +quisiera recojer en el propio su último aliento. + +--Esto te salva, Joaquín. + +--Salvarme? Y a qué llamas salvarse? + +--Aun puedes vivir unos años, si lo quieres. + +--Para qué? Para llegar a viejo? A la verdadera vejez? No; la vejez, no! +La vejez egoísta no es más que una infancia en que hay conciencia de la +muerte. El viejo es un niño que sabe que ha de morir. No, no quiero +llegar a viejo. Reñiría con los nietos por celos, les odiaría... No, +no... basta de odio! Pude quererte, debí quererte, que habría sido mi +salvación, y no te quise. + +Calló. No quiso o no pudo proseguir. Besó a los suyos. Horas después +rendía su último cansado respiro. + + + + +OBRAS DEL MISMO AUTOR + +EDITADAS POR LA BIBLIOTECA + +RENACIMIENTO + + + Ptas. + + Por tierras de Portugal y España 3,50 + + Soliloquios y conversaciones 3,50 + + Contra esto y aquello 3,50 + + Del sentimiento trágico de la vida 3,50 + + Vida de Don Quijote y Sancho 4,00 + + Niebla, _novela_ 3,50 + + Recuerdos de niñez y de mocedad 3,00 + + Poesías 3,00 + + De mi país 2,00 + + Rosario de sonetos líricos 3,00 + + El espejo de la muerte, _novelas_ 1,00 + + Abel Sánchez 3,50 + + +UNAMUNO Y GANIVET + + El porvenir de España 2,00 + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Abel Sánchez, by Miguel De Unamuno + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ABEL SÁNCHEZ *** + +***** This file should be named 44512-8.txt or 44512-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/4/4/5/1/44512/ + +Produced by Carlos Colón and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was +created from images of public domain material made available +by the University of Toronto Libraries +(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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