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+The Project Gutenberg EBook of Abel Sánchez, by Miguel De Unamuno
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Abel Sánchez
+ Una Historia de Pasión
+
+Author: Miguel De Unamuno
+
+Release Date: December 25, 2013 [EBook #44512]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ABEL SÁNCHEZ ***
+
+
+
+
+Produced by Carlos Colón and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was
+created from images of public domain material made available
+by the University of Toronto Libraries
+(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).)
+
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+ Nota del Transcriptor:
+
+ Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
+
+ Con la intención de conservar el texto original, signos de
+ interrogación y exclamación no se usan al principio de la mayoría de
+ las preguntas y exclamaciones respectivamente.
+
+ Páginas en blanco han sido eliminadas.
+
+ Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
+
+ Letras oscuras son denotadas con =signos de igual=.
+
+
+
+
+ ABEL SÁNCHEZ
+
+
+ UNA HISTORIA DE PASIÓN
+
+ IMP. JOSÉ POVEDA.--PRÍNCIPE, 24.--MADRID
+
+
+
+
+ ABEL SÁNCHEZ
+
+ UNA HISTORIA DE PASIÓN
+
+ POR
+ MIGUEL DE UNAMUNO
+
+
+ [Ilustración]
+
+
+ RENACIMIENTO
+ SAN MARCOS, 42
+ MADRID
+ 1917
+
+
+
+
+ABEL SÁNCHEZ
+
+UNA HISTORIA DE PASIÓN
+
+
+Al morir Joaquín Monegro encontróse entre sus papeles una especie de
+Memoria de la sombría pasión que le hubo devorado en vida. Entremézclase
+en este relato fragmentos tomados de esa confesión--así lo rotuló--, y
+que vienen a ser al modo de comentario que se hacía Joaquín a sí mismo
+de su propia dolencia. Esos fragmentos van entrecomillados. La
+=Confesión= iba dirigida a su hija.
+
+
+
+
+I
+
+
+No recordaban Abel Sánchez y Joaquín Monegro desde cuándo se conocían.
+Eran conocidos desde antes de la niñez, desde la primera infancia, pues
+ya sus sendas nodrizas se juntaban y los juntaban cuando aun ellos no
+sabían hablar. Aprendió cada uno de ellos a conocerse conociendo al
+otro. Y así vivieron y se hicieron juntos amigos desde nacimiento casi,
+más bien hermanos de crianza.
+
+En sus paseos, en sus juegos, en sus otras amistades comunes, parecía
+dominar e iniciarlo todo Joaquín, el más voluntarioso; pero era Abel
+quien, pareciendo ceder, hacía la suya siempre. Y es que le importaba
+más no obedecer que mandar. Casi nunca reñían. «Por mí como tú
+quieras...!» le decía Abel a Joaquín, y éste se exasperaba a las veces
+porque con aquel «como tú quieras...!» esquivaba las disputas.
+
+--Nunca me dices que no!--exclamaba Joaquín.
+
+--Y para qué?--respondía el otro.
+
+--Bueno, este no quiere que vayamos al Pinar--dijo una vez aquel cuando
+varios compañeros se disponían a un paseo.
+
+--Yo? pues no he de quererlo...!--exclamó Abel.--Sí, hombre, sí; como tú
+quieras. Vamos allá!
+
+--No, como yo quiera, no! Ya te he dicho otras veces que no! Como yo
+quiera no! Tú no quieres ir!
+
+--Que sí, hombre...
+
+--Pues entonces no lo quiero yo...
+
+--Ni yo tampoco...
+
+--Eso no vale--gritó ya Joaquín.--O con él o conmigo!
+
+Y todos se fueron con Abel, dejándole a Joaquín solo.
+
+Al comentar éste en sus _Confesiones_ tal suceso de la infancia,
+escribía: «Ya desde entonces era él simpático, no sabía por qué, y
+antipático yo, sin que se me alcanzara mejor la causa de ello, y me
+dejaban solo. Desde niño me aislaron mis amigos».
+
+Durante los estudios del bachillerato, que siguieron juntos, Joaquín era
+el empollón, el que iba a la caza de los premios, el primero en las
+aulas y el primero Abel fuera de ellas, en el patio del Instituto, en la
+calle, en el campo, en los novillos, entre los compañeros. Abel era el
+que hacía reir con sus gracias y, sobre todo, obtenía triunfos de
+aplauso por las caricaturas que de los catedráticos hacía. «Joaquín es
+mucho más aplicado, pero Abel es más listo... si se pusiera a
+estudiar...» Y este juicio común de los compañeros, sabido por Joaquín,
+no hacía sino envenenarle el corazón. Llegó a sentir la tentación de
+descuidar el estudio y tratar de vencer al otro en el otro campo, pero
+diciéndose: «bah! qué saben ellos...» siguió fiel a su propio natural.
+Además, por más que procuraba aventajar al otro en ingenio y donosura no
+lo conseguía. Sus chistes no eran reídos y pasaba por ser
+fundamentalmente serio. «Tú eres fúnebre»--solía decirle Federico
+Cuadrado--«tus chistes son chistes de duelo».
+
+Concluyeron ambos el bachillerato. Abel se dedicó a ser artista
+siguiendo el estudio de la pintura y Joaquín se matriculó en la Facultad
+de Medicina. Veíanse con frecuencia y hablaba cada uno al otro de los
+progresos que en sus respectivos estudios hacían, empeñándose Joaquín en
+probarle a Abel que la Medicina era también un arte y hasta un arte
+bella, en que cabía inspiración poética. Otras veces, en cambio, daba en
+menospreciar las bellas artes, enervadoras del espíritu, exaltando la
+ciencia, que es la que eleva, fortifica y ensancha el espíritu con la
+verdad.
+
+--Pero es que la Medicina tampoco es ciencia--le decía Abel.--No es sino
+un arte, una práctica derivada de ciencias.
+
+--Es que yo no he de dedicarme al oficio de curar enfermos--replicaba
+Joaquín.
+
+--Oficio muy honrado y muy útil...--añadía el otro.
+
+--Sí, pero no para mí. Será todo lo honrado y todo lo útil que quieras,
+pero detesto esa honradez y esa utilidad. Para otros el hacer dinero
+tomando el pulso, mirando la lengua y recetando cualquier cosa. Yo
+aspiro a más.
+
+--A más?
+
+--Sí, yo aspiro a abrir nuevos caminos. Pienso dedicarme a la
+investigación científica. La gloria médica es de los que descubrieron el
+secreto de alguna enfermedad y no de los que aplicaron el descubrimiento
+con mayor o menor fortuna.
+
+--Me gusta verte así, tan idealista.
+
+--Pues qué, ¿crees que sólo vosotros, los artistas, los pintores, soñáis
+con la gloria?
+
+--Hombre, nadie te ha dicho que yo sueñe con tal cosa...
+
+--Que no? pues por qué, si no, te has dedicado a pintar?
+
+--Porque si se acierta es oficio que promete...
+
+--Que promete?
+
+--Vamos, sí, que da dinero.
+
+--A otro perro con ese hueso, Abel. Te conozco desde que nacimos casi. A
+mí no me la das. Te conozco.
+
+--Y he pretendido nunca engañarte?
+
+--No, pero tú engañas sin pretenderlo. Con ese aire de no importarte
+nada, de tomar la vida en juego, de dársete un comino de todo, eres un
+terrible ambicioso...
+
+--Ambicioso yo?
+
+--Sí, ambicioso de gloria, de fama, de renombre... Lo fuiste siempre, de
+nacimiento. Sólo que solapadamente.
+
+--Pero ven acá, Joaquín, y dime: te disputé nunca tus premios? no fuiste
+tú siempre el primero en clase? el chico que promete?
+
+--Sí, pero el gallito, el niño mimado de los compañeros tú...
+
+--Y qué iba yo a hacerle...?
+
+--Me querrás hacer creer que no buscabas esa especie de popularidad...?
+
+--Haberla buscado tú...
+
+--Yo? yo? Desprecio a la masa!
+
+--Bueno, bueno, déjame de esas tonterías y cúrate de ellas. Mejor será
+que me hables otra vez de tu novia.
+
+--Novia?
+
+--Bueno, de esa tu primita que quieres que lo sea.
+
+Porque Joaquín estaba queriendo forzar el corazón de su prima Helena y
+había puesto en su empeño amoroso todo el ahinco de su ánimo
+reconcentrado y suspicaz. Y sus desahogos, los inevitables y saludables
+desahogos de enamorado en lucha, eran con su amigo Abel.
+
+Y lo que Helena le hacía sufrir!
+
+--Cada vez la entiendo menos--solía decirle a Abel.--Esa muchacha es
+para mí una esfinge...
+
+--Ya sabes lo que decía Oscar Wilde, o quien fuese, que toda mujer es
+una esfinge sin secreto.
+
+--Pues Helena parece tenerlo. Debe de querer a otro, aunque éste no lo
+sepa. Estoy seguro de que quiere a otro.
+
+--Y por qué?
+
+--De otro modo no me explico su actitud conmigo...
+
+--Es decir, que porque no quiere quererte a ti... quererte para novio,
+que como primo sí te querrá...
+
+--¡No te burles!
+
+--Bueno, pues porque no quiere quererte para novio, o más claro, para
+marido, tiene que estar enamorada de otro? Bonita lógica!
+
+--Yo me entiendo!
+
+--Sí, y también yo te entiendo.
+
+--Tú?
+
+--No pretendes ser quien mejor me conoce? Qué mucho, pues, que yo
+pretenda conocerte? Nos conocimos a un tiempo.
+
+--Te digo que esa mujer me trae loco y me hará perder la paciencia. Está
+jugando conmigo. Si me hubiera dicho desde un principio que no, bien
+estaba, pero tenerme así, diciendo que lo verá, que lo pensará... Esas
+cosas no se piensan... coqueta!
+
+--Es que te está estudiando.
+
+--Estudiándome a mí? Ella? Qué tengo yo que estudiar? Qué puede ella
+estudiar?
+
+--Joaquín, Joaquín, te estás rebajando y la estás rebajando...! O crees
+que no más verte y oirte y saber que la quieres y ya debía rendírsete?
+
+--Sí, siempre he sido antipático...
+
+--Vamos, hombre, no te pongas así...
+
+--Es que esa mujer está jugando conmigo! Es que no es noble jugar así
+con un hombre como yo, franco, leal, abierto... Pero si vieras qué
+hermosa está! Y cuanto más fría y más desdeñosa se pone más hermosa. Hay
+veces que no sé si la quiero o la aborrezco más...! Quieres que te
+presente a ella...?
+
+--Hombre, si tú...
+
+--Bueno; os presentaré.
+
+--Y si ella quiere...
+
+--Qué?
+
+--Le haré un retrato.
+
+--Hombre, sí!
+
+Mas aquella noche durmió Joaquín mal rumiando lo del retrato, pensando
+en que Abel Sánchez, el simpático sin proponérselo, el mimado del favor
+ajeno, iba a retratarle a Helena.
+
+Qué saldría de allí? Encontraría también Helena, como sus compañeros de
+ellos, más simpático a Abel? Pensó negarse a la presentación, mas como
+ya se la había prometido.
+
+
+
+
+II
+
+
+--Qué tal te pareció mi prima?--le preguntaba Joaquín a Abel al día
+siguiente de habérsela presentado y propuesto a ella, a Helena, lo del
+retrato, que acojió alborozada de satisfacción.
+
+--Hombre, quieres la verdad?
+
+--La verdad siempre, Abel; si nos dijéramos siempre la verdad, toda la
+verdad, esto sería el paraíso.
+
+--Sí, y si se la dijera cada cual a sí mismo...
+
+--Bueno, pues la verdad!
+
+--La verdad es que tu prima y futura novia, acaso esposa, Helena, me
+parece una pava real... es decir, un pavo real hembra... ya me
+entiendes...
+
+--Sí, te entiendo.
+
+--Como no sé expresarme bien más que con el pincel...
+
+--Y vas a pintar la pava real, o el pavo real hembra, haciendo la rueda
+acaso, con su cola llena de ojos, su cabecita...
+
+--Para modelo, excelente! Excelente, chico! Qué ojos! Qué boca! Esa boca
+carnosa y a la vez fruncida... esos ojos que no miran... Qué cuello! Y
+sobre todo qué color de tez! Si no te incomodas...
+
+--Incomodarme yo?
+
+--Te diré que tiene un color como de india brava, o mejor, de fiera
+indómita. Hay algo, en el mejor sentido, de pantera en ella. Y todo ello
+fríamente.
+
+--Y tan fríamente!
+
+--Nada, chico, que espero hacerte un retrato estupendo.
+
+--A mí? Será a ella?
+
+--No, el retrato será para ti, aunque de ella.
+
+--No, eso no, el retrato será para ella!
+
+--Bien, para los dos. Quién sabe... Acaso con él os una.
+
+--Vamos, sí, que de retratista pasas a...
+
+--A lo que quieras, Joaquín, a celestino, con tal de que dejes de sufrir
+así. Me duele verte de esa manera.
+
+Empezaron las sesiones de pintura, reuniéndose los tres. Helena se
+posaba en su asiento solemne y fría, henchida de desdén, como una diosa
+llevada por el destino. «Puedo hablar?», preguntó al primer día, y Abel
+le contestó: «Sí, puede usted hablar y moverse; para mí es mejor que
+hable y se mueva, porque así vive la fisonomía... Esto no es fotografía,
+y además no la quiero hecha estatua...» Y ella hablaba, hablaba, pero
+moviéndose poco y estudiando la postura. Qué hablaba? Ellos no lo
+sabían. Porque uno y otro no hacían sino devorarla con los ojos; la
+veían, no la oían hablar.
+
+Y ella hablaba, hablaba, por creer de buena educación no estarse
+callada, y hablaba zahiriendo a Joaquín cuanto podía.
+
+--Qué tal vas de clientela, primito?--le preguntaba.
+
+--Tanto te importa eso?...
+
+--Pues no ha de importarme, hombre, pues no ha de importarme...!
+Figúrate...
+
+--No, no me figuro.
+
+--Interesándote tú tanto como por mí te interesas, no cumplo con menos
+que con interesarme yo por ti. Y además, quién sabe...
+
+--Quién sabe, qué?
+
+--Bueno, dejen eso--interrumpía Abel;--no hacen sino regañar.
+
+--Es lo natural--decía Helena--entre parientes... Y además, dicen que
+así se empieza.
+
+--Se empieza, qué?--preguntó Joaquín.
+
+--Eso tú lo sabrás, primo, que tú has empezado.
+
+--Lo que voy a hacer es acabar!
+
+--Hay varios modos de acabar, primo.
+
+--Y varios de empezar.
+
+--Sin duda. Qué, me descompongo con este floreteo, Abel?
+
+--No, no, todo lo contrario. Este floreteo, como le llama, le da más
+expresión a la mirada y al gesto. Pero...
+
+A los dos días tuteábanse ya Abel y Helena; lo había querido así
+Joaquín. Quien al tercer día faltó a una sesión.
+
+--A ver, a ver cómo va eso--dijo Helena levantándose para ir a ver el
+retrato.
+
+--Qué te parece?
+
+--Yo no entiendo, y además no soy quien mejor puede saber si se me
+parece o no.
+
+--Qué? No tienes espejo? No te has mirado a él?
+
+--Sí, pero...
+
+--Pero qué...
+
+--Qué sé yo...
+
+--No te encuentras bastante guapa en este espejo?
+
+--No seas adulón.
+
+--Bien, se lo preguntaremos a Joaquín.
+
+--No me hables de él, por favor. Qué pelma!
+
+--Pues de él he de hablarte.
+
+--Entonces me marcho...
+
+--No, y oye. Está muy mal lo que estás haciendo con ese chico.
+
+--¡Ah! ¿Pero ahora vienes a abogar por él? Es esto del retrato un
+achaque.
+
+--Mira, Helena, no está bien que estés así, jugando con tu primo. El es
+algo, vamos, algo...
+
+--Sí, insoportable!
+
+--No, él es reconcentrado, altivo por dentro, terco, lleno de sí mismo,
+pero es bueno, honrado a carta cabal, inteligente, le espera un
+brillante porvenir en su carrera, te quiere con delirio...
+
+--Y si a pesar de todo eso no le quiero yo?
+
+--Pues debes entonces desengañarle.
+
+--Y poco que le he desengañado! Estoy harta de decirle que me parece un
+buen chico, pero que por eso, porque me parece un buen chico, un
+excelente primo--y no quiero hacer un chiste,--por eso no le quiero para
+novio con lo que luego viene.
+
+--Pues él dice...
+
+--Si él te ha dicho otra cosa, no te ha dicho la verdad, Abel. Es que
+voy a despedirle y prohibirle que me hable siendo como es mi primo?
+Primo! Qué gracia!
+
+--No te burles así.
+
+--Si es que no puedo...
+
+--Y él sospecha más, y es que se empeña en creer que puesto que no
+quieres quererle a él, estás en secreto enamorada de otro...
+
+--Eso te ha dicho?
+
+--Sí, eso me ha dicho.
+
+Helena se mordió los labios, se ruborizó y calló un momento.
+
+--Sí, eso me ha dicho--repitió Abel, descansando la diestra sobre el
+tiento que apoyaba en el lienzo, y mirando fijamente a Helena, como
+queriendo adivinar el sentido de algún rasgo de su cara.
+
+--Pues si se empeña...
+
+-Qué...?
+
+--Que acabará por conseguir que me enamore de algún otro...
+
+Aquella tarde no pintó ya más Abel. Y salieron novios.
+
+
+
+
+III
+
+
+El éxito del retrato de Helena por Abel fué clamoroso. Siempre había
+alguien contemplándolo frente al escaparate en que fué expuesto. «Ya
+tenemos un gran pintor más», decían. Y ella, Helena, procuraba pasar
+junto al lugar en que su retrato se exponía para oir los comentarios y
+paseábase por las calles de la ciudad como un inmortal retrato viviente,
+como una obra de arte haciendo la rueda. No había acaso nacido para eso?
+
+Joaquín apenas dormía.
+
+--Está peor que nunca--le dijo a Abel.--Ahora es cuando juega conmigo.
+Me va a matar!
+
+--Naturalmente! Se siente ya belleza profesional...
+
+--Sí, la has inmortalizado! Otra Joconda!
+
+--Pero tú, como médico, puedes alargarle la vida...
+
+--O acortársela.
+
+--No te pongas así, trágico.
+
+--Y qué voy a hacer, Abel, qué voy a hacer...?
+
+--Tener paciencia...
+
+--Además, me ha dicho cosas de donde he sacado que le has contado lo de
+que la creo enamorada de otro...
+
+--Fué por hacer tu causa...
+
+--Por hacer mi causa... Abel, Abel, tú estás de acuerdo con ella...
+vosotros me engañáis...
+
+--Engañarte? En qué? Te ha prometido algo?
+
+--Y a ti?
+
+--Es tu novia acaso?
+
+--Y es ya la tuya?
+
+Callóse Abel, mudándosele la color.
+
+--Lo ves?--exclamó Joaquín, balbuciente y tembloroso.--Lo ves?
+
+--El qué?
+
+--Y lo negarás ahora? Tendrás cara para negármelo?
+
+--Pues bien, Joaquín, somos amigos de antes de conocernos, casi
+hermanos...
+
+--Y al hermano, puñalada trapera, no es eso?
+
+--No te sulfures así; ten paciencia...
+
+--Paciencia? Y qué es mi vida sino continua paciencia, continuo
+padecer?... Tú el simpático, tú el festejado, tú el vencedor, tú el
+artista... Y yo...
+
+Lágrimas que le reventaron en los ojos cortáronle la palabra.
+
+--Y qué iba a hacer, Joaquín, qué querías que hiciese...?
+
+--No haberla solicitado, pues que la quería yo...!
+
+--Pero si ha sido ella, Joaquín, si ha sido ella...
+
+--Claro, a ti, al artista, al afortunado, al favorito de la fortuna, a
+ti son ellas las que te solicitan. Ya la tienes, pues...
+
+--Me tiene ella, te digo.
+
+--Sí, ya te tiene la pava real, la belleza profesional, la Joconda...
+Serás su pintor... La pintarás en todas posturas y en todas formas, a
+todas las luces, vestida y sin vestir...
+
+--Joaquín!
+
+--Y así la inmortalizarás. Vivirá tanto como tus cuadros vivan. Es
+decir, vivirá, no! Porque Helena no vive; durará. Durará como el mármol,
+de que es. Porque es de piedra, fría y dura, fría y dura como tú. Montón
+de carne...!
+
+--No te sulfures, te he dicho.
+
+--Pues no he de sulfurarme, hombre, pues no he de sulfurarme! Esto es
+una infamia, una canallada!
+
+Sintióse abatido y calló, como si le faltaran palabras para la violencia
+de su pasión.
+
+--Pero ven acá, hombre--le dijo Abel con su voz más dulce, que era la
+más terrible--y reflexiona. Iba yo a hacer que te quisiese si ella no
+quiere quererte? Para novio no le eres...
+
+--Sí, no soy simpático a nadie; nací condenado.
+
+--Te juro, Joaquín...
+
+--No jures!
+
+--Te juro que si en mí sólo consistiese, Helena sería tu novia, y mañana
+tu mujer. Si pudiese cedértela...
+
+--Me la venderías por un plato de lentejas, no es eso?
+
+--No, vendértela no! Te la cedería gratis y gozaría en veros felices,
+pero...
+
+--Sí, que ella no me quiere y te quiere a ti, no es eso?
+
+--Eso es!
+
+--Que me rechaza a mí, que la buscaba, y te busca a ti, que la
+rechazabas.
+
+--Eso! Aunque no lo creas; soy un seducido.
+
+--Qué manera de darte postín! Me das asco!
+
+--Postín?
+
+--Sí, ser así, seducido, es más que ser seductor. Pobre víctima! Se
+pelean por ti las mujeres...
+
+--No me saques de quicio, Joaquín...
+
+--A ti? Sacarte a ti de quicio? Te digo que esto es una canallada, una
+infamia, un crimen... Hemos acabado para siempre!
+
+Y luego, cambiando de tono, con lágrimas insondables en la voz:
+
+--Ten compasión de mí, Abel, ten compasión. Ve que todos me miran de
+reojo, ve que todos son obstáculos para mí... Tú eres joven, afortunado,
+mimado, te sobran mujeres... Déjame a Helena, mira que no sabré
+dirigirme a otra... Déjame a Helena...
+
+--Pero si ya te la dejo...
+
+--Haz que me oiga; haz que me conozca; haz que sepa que muero por ella,
+que sin ella no viviré...
+
+--No la conoces...
+
+--Sí, os conozco! Pero, por Dios... Júrame que no has de casarte con
+ella...
+
+--Y quién ha hablado de casamiento?
+
+--Ah, entonces es por darme celos nada más? Sí, ella no es más que una
+coqueta... peor que una coqueta, una...
+
+--Cállate!--rugió Abel.
+
+Y fué tal el rugido, que Joaquín se quedó callado, mirándole.
+
+--Es imposible, Joaquín; contigo no se puede! Eres imposible!
+
+Y Abel marchóse.
+
+«Pasé una noche horrible--dejó escrito en su _Confesión_
+Joaquín--volviéndome a un lado y otro en la cama, mordiendo a ratos la
+almohada, levantándome a beber agua del jarro del lavabo. Tuve fiebre. A
+ratos me amodorraba en sueños acerbos. Pensaba matarles y urdía
+mentalmente, como si se tratase de un drama o de una novela que iba
+componiendo, los detalles de mi sangrienta venganza, y tramaba diálogos
+con ellos. Parecíame que Helena había querido afrentarme y nada más, que
+había enamorado a Abel por menosprecio a mí, pero que no podía, montón
+de carne al espejo, querer a nadie. Y la deseaba más que nunca y con más
+furia que nunca. En alguna de las interminables modorras de aquella
+noche me soñé poseyéndola y junto al cuerpo frío e inerte de Abel. Fué
+una tempestad de malos deseos, de cóleras, de apetitos sucios, de rabia.
+Con el día y el cansancio de tanto sufrir volvióme la reflexión,
+comprendí que no tenía derecho alguno a Helena, pero empecé a odiar a
+Abel con toda mi alma y a proponerme a la vez ocultar ese odio,
+abonarlo, criarlo, cuidarlo en lo recóndito de las entrañas de mi alma.
+Odio? Aun no quería darle su nombre, ni quería reconocer que nací,
+predestinado, con su masa y con su semilla. Aquella noche nací al
+infierno de mi vida.»
+
+
+
+
+IV
+
+
+--Helena--le decía Abel,--eso de Joaquín me quita el sueño...!
+
+--El qué?
+
+--Cuando le diga que vamos a casarnos no sé lo que va a ser. Y eso que
+parece ya tranquilo y como si se resignase a nuestras relaciones...
+
+--Sí, bonito es él para resignarse!
+
+--La verdad es que esto no estuvo del todo bien.
+
+--Qué? También tú? Es que vamos a ser las mujeres como bestias, que se
+dan y prestan y alquilan y venden?
+
+--No, pero...
+
+--Pero qué?
+
+--Que fué él quien me presentó a ti, para que te hiciera el retrato, y
+me aproveché...
+
+--Y bien aprovechado! Estaba yo acaso comprometida con él? Y aunque lo
+hubiese estado! Cada cual va a lo suyo.
+
+--Sí, pero...
+
+--Qué? Te pesa? Pues por mí... Aunque si tú me dejases ahora, ahora que
+estoy comprometida y todas saben que eres mi novio oficial y que me vas
+a pedir un día de estos, no por eso buscaría a Joaquín, no! Menos que
+nunca! Me sobrarían pretendientes, así, como los dedos de las manos--y
+levantaba sus dos largas manos, de ahusados dedos, aquellas manos que
+con tanto amor pintara Abel, y sacudía los dedos, como si revolotearan.
+
+Abel le cojió las dos manos en las recias suyas, se las llevó a la boca
+y las besó alargadamente. Y luego en la boca...
+
+--Estate quieto, Abel!
+
+--Tienes razón, Helena, no vamos a turbar nuestra felicidad pensando en
+lo que sienta y sufra por ella el pobre Joaquín...
+
+--Pobre? No es más que un envidioso!
+
+--Pero hay envidias, Helena...
+
+--Que se fastidie!
+
+Y después de una pausa llena de un negro silencio:
+
+--Por supuesto, le convidaremos a la boda...
+
+--Helena!
+
+--Y qué mal hay en ello? Es mi primo, tu primer amigo, a él debemos el
+habernos conocido. Y si no le convidas tú, le convidaré yo. Que no va?
+Mejor! Que va? Mejor que mejor!
+
+
+
+
+V
+
+
+Al anunciar Abel a Joaquín su casamiento, éste dijo:
+
+--Así tenía que ser. Tal para cual.
+
+--Pero bien comprendes...
+
+--Sí, lo comprendo, no me creas un demente o un furioso; lo comprendo,
+está bien, que seáis felices... Yo no lo podré ser ya...
+
+--Pero, Joaquín, por Dios, por lo que más quieras...
+
+--Basta y no hablemos más de ello. Haz feliz a Helena y que ella te haga
+feliz... Os he perdonado ya...
+
+--De veras?
+
+--Sí, de veras. Quiero perdonaros. Me buscaré mi vida.
+
+--Entonces me atrevo a convidarte a la boda, en mi nombre...
+
+--Y en el de ella, eh?
+
+--Sí, en el de ella también.
+
+--Lo comprendo. Iré a realzar vuestra dicha. Iré.
+
+Como regalo de boda mandó Joaquín a Abel un par de magníficas pistolas
+damasquinadas, como para un artista.
+
+--Son para que te pegues un tiro cuando te canses de mí--le dijo Helena
+a su futuro marido.
+
+--Qué cosas tienes, mujer!
+
+--Quién sabe sus intenciones... Se pasa la vida tramándolas...
+
+«En los días que siguieron a aquel en que me dijo que se
+casaban--escribió en su _Confesión_ Joaquín--sentí como si el alma toda
+se me helase. Y el hielo me apretaba el corazón. Eran como llamas de
+hielo. Me costaba respirar. El odio a Helena, y sobre todo, a Abel,
+porque era odio, odio frío cuyas raíces me llenaban el ánimo, se me
+había empedernido. No era una mala planta, era un témpano que se me
+había clavado en el alma; era, más bien, mi alma toda congelada en
+aquel odio. Y un hielo tan cristalino, que lo veía todo a su través con
+una claridad perfecta. Me daba acabada cuenta de que razón, lo que se
+llama razón, eran ellos los que la tenían; que yo no podía alegar
+derecho alguno sobre ella; que no se debe ni se puede forzar el afecto
+de una mujer, que, pues se querían, debían unirse. Pero sentía también
+confusamente que fuí yo quien les llevó, no sólo a conocerse, sino a
+quererse, que fué por desprecio a mí por lo que se entendieron, que en
+la resolución de Helena entraba por mucho el hacerme rabiar y sufrir, el
+darme dentera, el rebajarme a Abel, y en la de éste el soberano egoísmo
+que nunca le dejó sentir el sufrimiento ajeno. Ingenuamente,
+sencillamente no se daba cuenta de que existieran otros. Los demás
+éramos para él, a lo sumo, modelos para sus cuadros. No sabía ni odiar;
+tan lleno de sí vivía.»
+
+»Fuí a la boda con el alma escarchada de odio, el corazón garapiñado en
+hielo agrio pero sobrecojido de un mortal terror, temiendo que al oir
+el _sí_ de ellos, el hielo se me resquebrajara y hendido el corazón
+quedase allí muerto o imbécil. Fuí a ella como quien va a la muerte. Y
+lo que me ocurrió fué más mortal que la muerte misma; fué peor, mucho
+peor que morirse. Ojalá me hubiese entonces muerto allí.
+
+»Ella estaba hermosísima. Cuando me saludó sentí que una espada de
+hielo, de hielo dentro del hielo de mi corazón, junto a la cual aun era
+tibio el mío, me lo atravesaba; era la sonrisa insolente de su
+compasión. _Gracias!_ me dijo, y entendí: _Pobre Joaquín!_ El, Abel, él
+ni sé si me vió. «Comprendo tu sacrificio--me dijo, por no callarse.»
+No, no hay tal--le repliqué;--te dije que vendría y vengo; ya ves que
+soy razonable; no podía faltar a mi amigo de siempre, a mi... hermano.»
+Debió de parecerle interesante mi actitud, aunque poco pictórica. Yo era
+allí el convidado de piedra.
+
+»Al acercarse el momento fatal, yo contaba los segundos. «Dentro de
+poco--me decía--ha terminado para mí todo!» Creo que se me paró el
+corazón. Oí claros y distintos los dos _sís_, el de él y el de ella.
+Ella me miró al pronunciarlo. Y quedé más frío que antes, sin un
+sobresalto, sin una palpitación, como si nada que me tocase hubiese
+oído. Y ello me llenó de un infernal terror a mí mismo. Me sentí peor
+que un monstruo, me sentí como si no existiera, como si no fuese nada
+más que un pedazo de hielo, y esto para siempre. Llegué a palparme la
+carne, a pellizcármela, a tomarme el pulso. «Pero estoy vivo? Yo soy
+yo?»--me dije.
+
+»No quiero recordar todo lo que sucedió aquel día. Se despidieron de mí
+y fuéronse a su viaje de luna de miel. Yo me hundí en mis libros, en mi
+estudio, en mi clientela, que empezaba ya a tenerla. El despejo mental
+que me dió aquel golpe de lo ya irreparable, el descubrimiento en mí
+mismo de que no hay alma, moviéronme a buscar en el estudio, no ya
+consuelo--consuelo, ni lo necesitaba ni lo quería,--sino apoyo para una
+ambición inmensa. Tenía que aplastar con la fama de mi nombre la fama,
+ya incipiente, de Abel; mis descubrimientos científicos, obra de arte,
+de verdadera poesía, tenían que hacer sombra a sus cuadros. Tenía que
+llegar a comprender un día Helena que era yo, el médico, el antipático,
+quien habría de darle aureola de gloria, y no él, no el pintor. Me hundí
+en el estudio. Hasta llegué a creer que los olvidaría! Quise hacer de la
+ciencia un narcótico y a la vez un estimulante!»
+
+
+
+
+VI
+
+
+Al poco de haber vuelto los novios de su viaje de luna de miel, cayó
+Abel enfermo de alguna gravedad y llamaron a Joaquín a que le viese y le
+asistiese.
+
+--Estoy muy intranquila, Joaquín--le dijo Helena;--anoche no ha hecho
+sino delirar, y en el delirio no hacía sino llamarte.
+
+Examinó Joaquín con todo cuidado y minucia a su amigo, y luego, mirando
+ojos a ojos a su prima, le dijo:
+
+--La cosa es grave, pero creo que le salvaré. Yo soy quien no tiene
+salvación ya.
+
+--Sí, sálvamelo!--exclamó ella.--Y ya sabes...
+
+--Sí, lo sé todo!--y se salió.
+
+Helena se fué al lecho de su marido, le puso una mano sobre la frente,
+que le ardía, y se puso a temblar. «Joaquín, Joaquín--deliraba
+Abel,--perdónanos, perdóname!»
+
+--Calla--le dijo casi al oído Helena,--calla; ha venido a verte y dice
+que te curará, que te sanará... Dice que te calles...
+
+--Que me curará...?--añadió maquinalmente el enfermo.
+
+Joaquín llegó a su casa también febril, pero con una especie de fiebre
+de hielo. «Y si se muriera...!» pensaba. Echóse vestido sobre la cama y
+se puso a imaginar escenas de lo que acaecería si Abel se muriese: el
+luto de Helena, sus entrevistas con la viuda, el remordimiento de ésta,
+el descubrimiento por parte de ella de quién era él, Joaquín, y de cómo,
+con qué violencia necesitaba el desquite y la necesitaba a ella, y cómo
+caía al fin ella en sus brazos y reconocía que lo otro, la traición, no
+había sido sino una pesadilla, un mal sueño de coqueta, que siempre le
+había querido a él, a Joaquín y no a otro. «Pero no se morirá!», se dijo
+luego. «No dejaré yo que se muera, no debo dejarlo, está comprometido
+mi honor, y luego... necesito que viva!»
+
+Y al decirse este: «necesito que viva!», temblábale toda el alma, como
+tiembla el follaje de una encina a la sacudida del huracán.
+
+«Fueron unos días atroces aquellos de la enfermedad de Abel--escribía en
+su _Confesión_ el otro--unos días de tortura increíble. Estaba en mi
+mano dejarle morir, aun más, hacerle morir sin que nadie lo sospechase,
+sin que de ello quedase rastro alguno. He conocido en mi práctica
+profesional casos de extrañas muertes misteriosas que he podido ver
+luego iluminadas al trágico fulgor de sucesos posteriores, una nueva
+boda de la viuda y otros así. Luché entonces como no he luchado nunca
+conmigo mismo, con este hediondo dragón que me ha envenenado y
+entenebrecido la vida. Estaba allí comprometido mi honor de médico, mi
+honor de hombre, y estaba comprometida mi salud mental, mi razón.
+Comprendí que me agitaba bajo las garras de la locura; vi el espectro
+de la demencia haciendo sombra a mi corazón. Y vencí. Salvé a Abel de la
+muerte. Nunca he estado más feliz, más acertado. El exceso de mi
+infelicidad me hizo estar felicísimo de acierto.»
+
+--Ya está fuera de todo cuidado tu... marido--le dijo un día Joaquín a
+Helena.
+
+--Gracias, Joaquín, gracias--y le cojió la mano, que él se la dejó entre
+las suyas;--no sabes cuánto te debemos...
+
+--Ni vosotros sabéis cuánto os debo...
+
+--Por Dios, no seas así... ahora que tanto te debemos, no volvamos a
+eso...
+
+--No, si no vuelvo a nada. Os debo mucho. Esta enfermedad de Abel me ha
+enseñado mucho, pero mucho...
+
+--Ah, le tomas como a un caso?
+
+--No, Helena, no; el caso soy yo!
+
+--Pues no te entiendo.
+
+--Ni yo del todo. Y te digo que estos días luchando por salvar a tu
+marido...
+
+--Di a Abel!
+
+--Bien, sea; luchando por salvarle he estudiado con su enfermedad la mía
+y vuestra felicidad y he decidido... casarme!
+
+--Ah, pero tienes novia?
+
+--No, no la tengo aún, pero la buscaré. Necesito un hogar. Buscaré
+mujer. O crees tú, Helena, que no encontraré una mujer que me quiera?
+
+--Pues no la has de encontrar, hombre, pues no la has de encontrar...!
+
+--Una mujer que me quiera, digo.
+
+--Sí, te he entendido, una mujer que te quiera, sí!
+
+--Porque como partido...
+
+--Sí, sin duda eres un buen partido... joven, no pobre, con una buena
+carrera, empezando a tener fama, bueno...
+
+--Bueno... sí, y antipático, no es eso?
+
+--No, hombre, no; tú no eres antipático!
+
+--Ay, Helena, Helena, dónde encontraré una mujer...
+
+--Que te quiera?
+
+--No, sino que no me engañe, que me diga la verdad, que no se burle de
+mí, Helena, que no se burle de mí...! Que se case conmigo por
+desesperación, porque yo la mantenga, pero que me lo diga...
+
+--Bien has dicho que estás enfermo, Joaquín. Cásate!
+
+--Y crees, Helena, que hay alguien, hombre o mujer, que pueda quererme?
+
+--No hay nadie que no pueda encontrar quien le quiera.
+
+--Y querré yo a mi mujer? Podré quererla, dime?
+
+--Hombre, pues no faltaba más...
+
+--Porque mira, Helena, no es lo peor no ser querido, no poder ser
+querido; lo peor es no poder querer.
+
+--Eso dice don Mateo, el párroco, del demonio, que no puede querer.
+
+--Y el demonio anda por la tierra, Helena.
+
+--Cállate y no me digas esas cosas.
+
+--Es peor que me las diga a mí mismo.
+
+--Pues cállate!
+
+
+
+
+VII
+
+
+Dedicóse Joaquín, para salvarse, requiriendo amparo a su pasión, a
+buscar mujer, los brazos maternales de una esposa en que defenderse de
+aquel odio que sentía, un regazo en que esconder la cabeza, como un niño
+que siente terror al coco, para no ver los ojos infernales del dragón de
+hielo.
+
+Aquella pobre Antonia!
+
+Antonia había nacido para madre; era todo ternura, todo compasión.
+Adivinó en Joaquín, con divino instinto, un enfermo, un inválido del
+alma, un poseso, y sin saber de qué, enamoróse de su desgracia. Sentía
+un misterioso atractivo en las palabras frías y cortantes de aquel
+médico que no creía en la virtud ajena.
+
+Antonia era la hija única de una viuda a que asistía Joaquín.
+
+--Cree usted que saldrá de ésta?--le preguntaba a él.
+
+--Lo veo difícil, muy difícil. Está la pobre muy trabajada, muy acabada;
+ha debido de sufrir mucho... su corazón está muy débil...
+
+--Sálvemela usted, don Joaquín, sálvemela usted, por Dios! Si pudiera,
+daría mi vida por la suya!
+
+--No, eso no se puede. Y, además, quién sabe? La vida de usted, Antonia,
+ha de hacer más falta que la suya...
+
+--La mía? Para qué? Para quién?
+
+--Quién sabe...!
+
+Llegó la muerte de la pobre viuda.
+
+--No ha podido ser, Antonia--dijo Joaquín.--La ciencia es impotente!
+
+--Sí, Dios lo ha querido!
+
+--Dios?
+
+--Ah--y los ojos bañados en lágrimas de Antonia clavaron su mirada en
+los de Joaquín, enjutos y acerados.--Pero usted no cree en Dios?
+
+--Yo...? No lo sé...!
+
+A la pobre huérfana la compunción de piedad que entonces sintió por el
+médico aquel le hizo olvidar un momento la muerte de su madre.
+
+--Y si yo no creyera en él, qué haría ahora?
+
+--La vida todo lo puede, Antonia.
+
+--Puede más la muerte! Y ahora... tan sola... sin nadie...
+
+--Eso sí, la soledad es terrible. Pero usted tiene el recuerdo de su
+santa madre, el vivir para encomendarla a Dios... Hay otra soledad mucho
+más terrible!
+
+--Cual?
+
+--La de aquel a quien todos menosprecian, de quien todos se burlan... la
+del que no encuentra quien le diga la verdad...
+
+--Y qué verdad quiere usted que se le diga?
+
+--Me la dirá usted, ahora, aquí, sobre el cuerpo aun tibio de su madre?
+Jura usted decírmela?
+
+--Sí, se la diré.
+
+--Bien, yo soy antipático, no es así?
+
+--No, no es así!
+
+--La verdad, Antonia...
+
+--No, no es así!
+
+--Pues qué soy...?
+
+--Usted? Usted es un desgraciado, un hombre que sufre...
+
+Derritiósele a Joaquín el hielo y asomáronsele unas lágrimas a los ojos.
+Y volvió a temblar hasta las raíces del alma.
+
+Poco después Joaquín y la huérfana formalizaban sus relaciones,
+dispuestos a casarse luego que pasase el año de luto de ella.
+
+«Pobre mi mujercita!--escribía, años después, Joaquín en su
+_Confesión_--empeñada en quererme y en curarme, en vencer la repugnancia
+que sin duda yo debía de inspirarle. Nunca me lo dijo, nunca me lo dió a
+entender, pero podía no inspirarle yo repugnancia, sobre todo cuando le
+descubrí la lepra de mi alma, la gangrena de mis odios? Se casó conmigo
+como se habría casado con un leproso, no me cabe duda de ello, por
+divina piedad, por espíritu de abnegación y de sacrificio cristianos,
+para salvar mi alma y así salvar la suya, por heroísmo de santidad. Y
+fué una santa! Pero no me curó de Helena; no me curó de Abel! Su
+santidad fué para mí un remordimiento más.
+
+»Su mansedumbre me irritaba. Había veces en que, Dios me perdone!, la
+habría querido mala, colérica, despreciativa.»
+
+
+
+
+VIII
+
+
+En tanto la gloria artística de Abel seguía creciendo y confirmándose.
+Era ya uno de los pintores de más nombradía de la nación toda, y su
+renombre empezaba a traspasar las fronteras. Y esa fama creciente era
+como una granizada desoladora en el alma de Joaquín. «Sí, es un pintor
+muy científico; domina la técnica; sabe mucho, mucho; es
+habilísimo»--decía de su amigo, con palabras que silbaban. Era un modo
+de fingir exaltarle deprimiéndole.
+
+Porque él, Joaquín, presumía ser un artista, un verdadero poeta en su
+profesión, un clínico genial, creador, intuitivo, y seguía soñando con
+dejar su clientela para dedicarse a la ciencia pura, a la patología
+teórica, a la investigación. Pero ganaba tanto...!
+
+«No era, sin embargo, la ganancia--dice en su _Confesión_ póstuma--lo
+que más me impedía dedicarme a la investigación científica. Tirábame a
+ésta por un lado el deseo de adquirir fama y renombre, de hacerme una
+gran reputación científica y asombrar con ella la artística de Abel, de
+castigar así a Helena, de vengarme de ellos, de ellos y de todos los
+demás, y aquí encadenaba los más locos de mis ensueños, mas por otra
+parte, esa misma pasión fangosa, el exceso de mi despecho y mi odio me
+quitaban serenidad de espíritu. No, no tenía el ánimo para el estudio,
+que lo requiere limpio y tranquilo. La clientela me distraía.
+
+La clientela me distraía, pero a las veces temblaba pensando que el
+estado de distracción en que mi pasión me tenía preso me impidiera
+prestar el debido cuidado a las dolencias de mis pobres enfermos.
+
+«Ocurrióme un caso que me sacudió las entrañas. Asistía a una pobre
+señora, enferma de algún riesgo, pero no caso desesperado, a la que él
+había hecho un retrato, un retrato magnífico, uno de sus mejores
+retratos, de los que han quedado como definitivos de entre los que ha
+pintado, y aquel retrato era lo primero que se me venía a los ojos y al
+odio así que entraba en la casa de la enferma. Estaba viva en el
+retrato, más viva que en el lecho la de carne y hueso sufrientes. Y el
+retrato parecía decirme: «Mira, él me ha dado vida para siempre; a ver
+si tú me alargas esta otra de aquí abajo.» Y junto a la pobre enferma,
+auscultándola, tomándole el pulso, no veía sino a la otra, a la
+retratada. Estuve torpe, torpísimo, y la pobre enferma se me murió; la
+dejé morir más bien, por mi torpeza, por mi criminal distracción. Sentí
+horror de mí mismo, de mi miseria.
+
+»A los pocos días de muerta la señora aquella, tuve que ir a su casa, a
+ver allí otro enfermo, y entré dispuesto a no mirar al retrato. Pero era
+inútil, porque era él, el retrato el que me miraba aunque yo no le
+mirase y me atraía la mirada. Al despedirme me acompañó hasta la puerta
+el viudo. Nos detuvimos al pie del retrato, y yo, como empujado por una
+fuerza irresistible y fatal, exclamé:
+
+»--Magnífico retrato! Es de lo mejor que ha hecho Abel!
+
+»--Sí--me contestó el viudo,--es el mayor consuelo que me queda. Me paso
+largas horas contemplándola. Parece como que me habla.
+
+»--Sí, sí--añadí,--este Abel es un artista estupendo!
+
+»Y al salir me decía: «Yo la dejé morir y él la resucita!»
+
+Sufría Joaquín mucho cada vez que se le morían algunos de sus enfermos,
+sobre todo los niños, pero la muerte de otros le tenía sin grave
+cuidado. «Para qué querrá vivir...?--decíase de algunos.--Hasta le haría
+un favor dejándole morir...»
+
+Sus facultades de observador psicólogo habíansele aguzado con su pasión
+de ánimo y adivinaba al punto las más ocultas lacerías morales.
+Percatábase en seguida, bajo el embuste de las convenciones, de que
+maridos preveían sin pena, cuando no deseaban, la muerte de sus mujeres
+y qué mujeres ansiaban verse libres de sus maridos, acaso para tomar
+otros de antemano escojidos ya. Cuando al año de la muerte de su cliente
+Alvarez, la viuda se casó con Menéndez, amigo íntimo del difunto,
+Joaquín se dijo: «Sí que fué rara aquella muerte... Ahora me la
+explico... La humanidad es lo más cochino que hay, y la tal señora, dama
+caritativa, una de las señoras de lo más honrado...!»
+
+--Doctor--le decía una vez uno de sus enfermos--máteme usted, por Dios,
+máteme usted sin decirme nada, que ya no puedo más... Deme algo que me
+haga dormir para siempre...
+
+«Y por qué no había de hacer lo que este hombre quiere?--se decía
+Joaquín--si no vive más que para sufrir? Me da pena! Cochino mundo!»
+
+Y eran sus enfermos para él no pocas veces espejos.
+
+Un día le llegó una pobre mujer de la vecindad, gastada por los años y
+los trabajos, cuyo marido, en los veinticinco años de matrimonio, se
+había enredado con una pobre aventurera. Iba a contarle sus cuitas la
+mujer desdeñada.
+
+--Ay, don Joaquín--le decía,--usted, que dicen que sabe tanto, a ver si
+me da un remedio para que le cure a mi pobre marido del bebedizo que le
+ha dado esa pelona.
+
+--Pero qué bebedizo, mujer de Dios?
+
+--Se va a ir a vivir con ella, dejándome a mí, al cabo de veinticinco
+años...
+
+--Más extraño es que la hubiese dejado de recién casados, cuando usted
+era joven y acaso...
+
+--Ah, no, señor, no! Es que le ha dado un bebedizo trastornándole el
+seso, porque si no, no podría ser... no podría ser...
+
+--Bebedizo... bebedizo...--murmuró Joaquín.
+
+--Sí, don Joaquín, sí, un bebedizo... Y usted, que sabe tanto, deme un
+remedio para él.
+
+--Ay, buena mujer; ya los antiguos trabajaron en balde para encontrar un
+agua que los rejuveneciese...
+
+Y cuando la pobre mujer se fué desolada, Joaquín se decía: «Pero no se
+mirará al espejo esta desdichada? No verá el estrago de los años de
+rudo trabajo? Estas gentes del pueblo todo lo atribuyen a bebedizos o a
+envidias... Que no encuentran trabajo...? Envidias! Que les sale algo
+mal? Envidias. El que todos sus fracasos los atribuye a ajenas envidias
+es un envidioso. Y no lo seremos todos? No me habrán dado un bebedizo?»
+
+Durante unos días apenas pensó más que en el bebedizo. Y acabó
+diciéndose: «Es el pecado original!»
+
+
+
+
+IX
+
+
+Casóse Joaquín con Antonia buscando en ella un amparo, y la pobre
+adivinó desde luego su menester, el oficio que hacía en el corazón de su
+marido y cómo le era un escudo y un posible consuelo. Tomaba por marido
+a un enfermo, acaso a un inválido incurable, del alma; su misión era la
+de una enfermera. Y le aceptó llena de compasión, llena de amor a la
+desgracia de quien así unía su vida a la de ella.
+
+Sentía Antonia que entre ella y su Joaquín había como un muro invisible,
+una cristalina y trasparente muralla de hielo. Aquel hombre no podía ser
+de su mujer, porque no era de sí mismo, dueño de sí, sino a la vez un
+enajenado y un poseído. En los más íntimos trasportes del trato
+conyugal, una invisible sombra fatídica se interponía entre ellos. Los
+besos de su marido parecíanle besos robados, cuando no de rabia.
+
+Joaquín evitaba hablar de su prima Helena delante de su mujer, y ésta,
+que se percató de ello al punto, no hacía sino sacarla a colación a cada
+paso en sus conversaciones.
+
+Esto en un principio, que más adelante evitó mentarla.
+
+Llamáronle un día a Joaquín a casa de Abel, como a médico, y se enteró
+de que Helena llevaba ya en sus entrañas fruto de su marido, mientras
+que su mujer, Antonia, no ofrecía aún muestra alguna de ello. Y al pobre
+le asaltó una tentación vergonzosa, de que se sentía abochornado, y era
+la de un diablo que le decía: «Ves? Hasta es más hombre que tú! El, el
+que con su arte resucita e inmortaliza a los que tú dejas morir por tu
+torpeza, él tendrá pronto un hijo, traerá un nuevo viviente, una obra
+suya de carne y sangre y hueso al mundo, mientras tú... Tú acaso no
+seas capaz de ello... Es más hombre que tú!»
+
+Entró mustio y sombrío en el puerto de su hogar.
+
+--Vienes de casa de Abel, no?--le preguntó su mujer.
+
+--Sí. En qué lo has conocido?
+
+--En tu cara. Esa casa es tu tormento. No debías ir a ella...
+
+--Y qué voy a hacer?
+
+--Excusarte! Lo primero es tu salud y tu tranquilidad...
+
+--Aprensiones tuyas...
+
+--No, Joaquín, no quieras ocultármelo...--y no pudo continuar, porque
+las lágrimas le ahogaron la voz.
+
+Sentóse la pobre Antonia. Los sollozos se le arrancaban de cuajo.
+
+--Pero qué te pasa, mujer, qué es eso...?
+
+--Dime tú lo que a ti te pasa, Joaquín, confíamelo todo, confiésate
+conmigo...
+
+--No tengo nada de que acusarme...
+
+--Vamos, me dirás la verdad, Joaquín, la verdad?
+
+El hombre vaciló un momento, pareciendo luchar con un enemigo
+invisible, con el diablo de su guarda, y con voz arrancada de una
+resolución súbita, desesperada, gritó casi:
+
+--Sí, te diré la verdad, toda la verdad!
+
+--Tú quieres a Helena; tú estás enamorado todavía de Helena.
+
+--No, no lo estoy! no lo estoy! lo estuve; pero no lo estoy ya, no!
+
+--Pues entonces?...
+
+--Entonces, qué?
+
+--A qué esa tortura en que vives? Porque esa casa, la casa de Helena, es
+la fuente de tu malhumor, esa casa es la que no te deja vivir en paz, es
+Helena...
+
+--Helena no! Es Abel!
+
+--Tienes celos de Abel?
+
+--Sí, tengo celos de Abel; le odio, le odio, le odio--y cerraba la boca
+y los puños al decirlo, pronunciándolo entre dientes.
+
+--Tienes celos de Abel... luego quieres a Helena.
+
+--No, no quiero a Helena. Si fuese de otro no tendría celos de este
+otro. No, no quiero a Helena, la desprecio, desprecio a la pava real
+esa, a la belleza profesional, a la modelo del pintor de moda, a la
+querida de Abel...
+
+--Por Dios, Joaquín, por Dios...!
+
+--Sí, a su querida... legítima. O es que crees que la bendición de un
+cura cambia un arrimo en matrimonio?
+
+--Mira, Joaquín, que estamos casados como ellos...
+
+--Como ellos no, Antonia, como ellos, no! Ellos se casaron por
+rebajarme, por humillarme, por denigrarme; ellos se casaron para
+burlarse de mí; ellos se casaron contra mí.
+
+Y el pobre hombre rompió en unos sollozos que le ahogaban el pecho,
+cortándole el respiro. Se creía morir.
+
+--Antonia... Antonia...--suspiró con un hilito de voz apagada.
+
+--Pobre hijo mío!--exclamó ella abrazándole.
+
+Y le tomó en su regazo como a un niño enfermo, acariciándole. Y le
+decía:
+
+--Cálmate, mi Joaquín, cálmate... Estoy aquí yo, tu mujer, toda tuya y
+sólo tuya. Y ahora que sé del todo tu secreto, soy más tuya que antes y
+te quiero más que nunca... Olvídalos... desprécialos... Habría sido
+peor que una mujer así te hubiese querido...
+
+--Sí, pero él, Antonia, él...
+
+--Olvídale!
+
+--No puedo olvidarle... me persigue... su fama, su gloria me sigue a
+todas partes...
+
+--Trabaja tú y tendrás fama y gloria, porque no vales menos que él. Deja
+la clientela, que no la necesitamos, vámonos de aquí a Renada, a la casa
+que fué de mis padres, y allí dedícate a lo que más te guste, a la
+ciencia, a hacer descubrimientos de esos y que se hable de ti... yo te
+ayudaré en lo que pueda... yo haré que no te distraigan... y serás más
+que él...
+
+--No puedo, Antonia, no puedo; sus éxitos me quitan el sueño y no me
+dejarían trabajar en paz... la visión de sus cuadros maravillosos se
+pondría entre mis ojos y el microscopio y no me dejaría ver lo que otros
+no han visto aún por él... No puedo... no puedo...
+
+Y bajando la voz como un niño, casi balbuciendo como atontado por la
+caída en la sima de su abyección, sollozó diciendo:
+
+--Y van a tener un hijo, Antonia...
+
+--También nosotros lo tendremos--le suspiró ella al oído, envolviéndolo
+en un beso--no me lo negará la Santísima Virgen a quien se lo pido todos
+los días... Y el agua bendita de Lourdes...
+
+--También tú crees en bebedizos, Antonia?
+
+--Creo en Dios!
+
+--«Creo en Dios»--se repitió Joaquín al verse sólo; sólo con el otro--;
+«y qué es creer en Dios? Dónde está Dios? Tendré que buscarle!»
+
+
+
+
+X
+
+
+«Cuando Abel tuvo su hijo--escribía en su _Confesión_ Joaquín--sentí que
+el odio se me enconaba. Me había invitado a asistir a Helena al parto,
+pero me excusé con que yo no asistía a partos, lo que era cierto y con
+que no sabría conservar toda la sangre fría, mi sangre arrecida más
+bien, ante mi prima si se viera en peligro. Pero mi diablo me insinuó la
+feroz tentación de ir a asistirla y de ahogar a hurtadillas al niño.
+Vencí a la asquerosa idea.
+
+»Aquel nuevo triunfo de Abel, del hombre, no ya del artista--el niño era
+una hermosura, una obra maestra de salud y de vigor, un angelito»
+decían--me apretó aun más a mi Antonia, de quien esperaba el mío.
+Quería, necesitaba que la pobre víctima de mi ciego odio--pues la
+víctima era mi mujer más que yo--fuese madre de hijos míos, de carne de
+mi carne, de entrañas de mis entrañas torturadas por el demonio. Sería
+la madre de mis hijos y por ellos superiora a las madres de los hijos de
+otros. Ella, la pobre, me había preferido a mí, al antipático, al
+despreciado, al afrentado; ella había tomado lo que otra desechó con
+desdén y burla. Y hasta me hablaba bien de ellos!
+
+»El hijo de Abel, Abelín, pues le pusieron el nombre mismo de su padre y
+como para que continuara su linaje y la gloria de él, el hijo de Abel;
+que habría de ser andando el tiempo instrumento de mi desquite, era una
+maravilla de niño. Y yo necesitaba tener uno así, más hermoso aún que
+él.»
+
+
+
+
+XI
+
+
+--Y qué preparas ahora?--le preguntó a Abel Joaquín un día en que,
+habiendo ido a ver al niño, se encontraron en el cuarto de estudio de
+aquél.
+
+--Pues ahora voy a pintar un cuadro de Historia, o mejor, de Antiguo
+Testamento, y me estoy documentando...
+
+--Cómo? Buscando modelos de aquella época?
+
+--No, leyendo la Biblia y comentarios a ella.
+
+--Bien digo yo, que tú eres un pintor científico...
+
+--Y tú un médico artista, no es eso?
+
+--Peor que un pintor científico... literato! Cuida de no hacer con el
+pincel literatura!
+
+--Gracias por el consejo.
+
+--Y cuál va a ser el asunto de tu cuadro?
+
+--La muerte de Abel por Caín, el primer fratricidio.
+
+Joaquín palideció aún más, y mirando fijamente a su primer amigo, le
+preguntó a media voz:
+
+--Y cómo se te ha ocurrido eso?
+
+--Muy sencillo--contestó Abel sin haberse percatado del ánimo de su
+amigo;--es la sugestión del nombre. Como me llamo Abel... Dos estudios
+de desnudo...
+
+--Sí, desnudo del cuerpo...
+
+--Y aun del alma...
+
+--Pero piensas pintar sus almas?
+
+--Claro está! El alma de Caín, de la envidia, y el alma de Abel...
+
+--Alma de qué?
+
+--En eso estoy ahora. No acierto a dar con la expresión, con el alma de
+Abel. Porque quiero pintarle antes de morir, derribado en tierra y
+herido de muerte por su hermano. Aquí tengo el Génesis y el _Caín_ de
+lord Byron; lo conoces?
+
+--No, no conozco el _Caín_ de lord Byron. Y qué has sacado de la Biblia?
+
+--Poca cosa... Verás--y tomando un libro, leyó: «y conoció Adán a su
+mujer Eva, la cual concibió y parió a Caín y dijo: He adquirido varón
+por Jehová. Y después parió a su hermano Abel y fué Abel pastor de
+ovejas, y Caín fué labrador de la tierra. Y aconteció, andando el
+tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová y
+Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas y de su grosura. Y miró
+Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, mas no miró propicio a Caín y a
+la ofrenda suya...»
+
+--Y eso, por qué?--interrumpió Joaquín. Por qué miró Dios con agrado la
+ofrenda de Abel y con desdén la de Caín?
+
+--No lo explica aquí...
+
+--Y no te lo has preguntado tú antes de ponerte a pintar tu cuadro?
+
+--Aún no... Acaso porque Dios veía ya en Caín el futuro matador de su
+hermano... al envidioso...
+
+--Entonces es que le había hecho envidioso, es que le había dado un
+bebedizo. Sigue leyendo.
+
+--«Y ensañóse Caín en gran manera y decayó su semblante. Y entonces
+Jehová dijo a Caín: Por qué te has ensañado? y por qué se ha demudado tu
+rostro? Si bien hicieres, no serás ensalzado? y si no hicieres bien el
+pecado está a tu puerta. Ahí está que te desea, pero tú le dominarás...»
+
+--Y le venció el pecado--interrumpió Joaquín--porque Dios le había
+dejado de su mano. Sigue!
+
+--«Y habló Caín a su hermano Abel, y aconteció que estando ellos en el
+campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y le mató. Y Jehová dijo a
+Caín...»
+
+--Basta! No leas más. No me interesa lo que Jehová dijo a Caín luego que
+la cosa no tenía ya remedio.
+
+Apoyó Joaquín los codos en la mesa, la cara entre las palmas de la mano,
+y clavando una mirada helada y punzante en la mirada de Abel, sin saber
+de qué alarmado, le dijo:
+
+--No has oído nunca una especie de broma que gastan con los niños que
+aprenden de memoria la Historia sagrada cuando les preguntan: «Quién
+mató a Caín?»
+
+--No!
+
+--Pues sí, les preguntan eso y los niños, confundiéndose, suelen decir:
+«su hermano Abel!»
+
+--No sabía eso.
+
+--Pues ahora lo sabes. Y dime, tú que vas a pintar esa escena bíblica...
+y tan bíblica! no se te ha ocurrido pensar que si Caín no mata a Abel
+habría sido éste el que habría acabado matando a su hermano?
+
+--Y cómo se te puede ocurrir eso?
+
+--Las ovejas de Abel eran aceptas a Dios, y Abel, el pastor, hallaba
+gracia a los ojos del Señor, pero los frutos de la tierra de Caín, del
+labrador, no gustaban a Dios ni tenía para él gracia Caín. El agraciado,
+el favorito de Dios era Abel... el desgraciado Caín...
+
+--Y qué culpa tenía Abel de eso?
+
+--Ah, pero tú crees que los afortunados, los agraciados, los favoritos,
+no tienen culpa de ello? La tienen de no ocultar y ocultar como una
+vergüenza, que lo es todo favor gratuito, todo privilegio no ganado por
+propios méritos, de no ocultar esa gracia en vez de hacer ostentación de
+ella. Porque no me cabe duda de que Abel restregaría a los hocicos de
+Caín su gracia, le azuzaría con el humo de sus ovejas sacrificadas a
+Dios. Los que se creen justos suelen ser unos arrogantes que van a
+deprimir a los otros con la ostentación de su justicia. Ya dijo quien lo
+dijera que no hay canalla mayor que las personas honradas...
+
+--Y tú sabes--le preguntó Abel sobrecojido por la gravedad de la
+conversación--qué Abel se jactara de su gracia?
+
+--No me cabe duda, ni de que no tuvo respeto a su hermano mayor, ni
+pidió al Señor gracia también para él. Y sé más, y es que los abelitas
+han inventado el infierno para los cainitas porque si no su gloria les
+resultaría insípida. Su goce está en ver, libres de padecimiento,
+padecer a los otros...
+
+--Ay, Joaquín, Joaquín, qué malo estás!
+
+--Sí, nadie es médico de sí mismo. Y ahora, dame ese Caín de lord Byron,
+que quiero leerlo.
+
+--Tómalo!
+
+--Y dime, no te inspira tu mujer algo para ese cuadro? no te da alguna
+idea?
+
+--Mi mujer? En esta tragedia no hubo mujer.
+
+--En toda tragedia la hay, Abel.
+
+--Sería acaso Eva...
+
+--Acaso... La que les dió la misma leche; el bebedizo...
+
+
+
+
+XII
+
+
+Leyó Joaquín el _Caín_ de lord Byron. Y en su _Confesión_ escribía más
+tarde:
+
+«Fué terrible el efecto que la lectura de aquel libro me hizo. Sentí la
+necesidad de desahogarme y tomé unas notas que aún conservo y las tengo
+ahora aquí, presentes. Pero fué sólo por desahogarme? No; fué con el
+propósito de aprovecharlas algún día pensando que podrían servirme de
+materiales para una obra genial. La vanidad nos consume. Hacemos
+espectáculo de nuestras más íntimas y asquerosas dolencias. Me figuro
+que habrá quien desee tener un tumor pestífero como no le ha tenido
+antes ninguno para hombrearse con él. Esta misma _Confesión_ no es algo
+más que un desahogo?
+
+»He pensado alguna vez romperla para librarme de ella. Pero me libraría?
+No! Vale más darse en espectáculo que consumirse. Y al fin y al cabo no
+es más que espectáculo la vida.
+
+»La lectura del _Caín_ de lord Byron me entró hasta lo más íntimo. Con
+que razón culpaba Caín a sus padres de que hubieran cojido de los frutos
+del árbol de la ciencia en vez de cojer de la del árbol de la vida! A
+mí, por lo menos, la ciencia no ha hecho más que exacerbarme la herida.
+
+»Ojalá nunca hubiera vivido!--digo con aquel Caín. Por qué me hicieron?
+Por qué he de vivir? Y lo que no me explico es cómo Caín no se decidió
+por el suicidio. Habría sido el más noble comienzo de la historia
+humana. Pero por qué no se suicidaron Adán y Eva después de la caída y
+antes de haber dado hijos? Ah, es que entonces Jehová habría hecho otros
+iguales y otro Caín y otro Abel. No se repetirá esta misma tragedia en
+otros mundos, allá por las estrellas? Acaso la tragedia tiene otras
+representaciones, sin que baste el extremo de la tierra. Pero fué
+extremo?
+
+»Cuando leí cómo Luzbel le declaraba a Caín cómo era éste, Caín,
+inmortal, es cuando empecé con terror a pensar si yo también seré
+inmortal y si será inmortal en mí mi odio. «Tendré alma--me dije
+entonces»--será este mi odio alma? y llegué a pensar que no podría ser
+de otro modo, que no puede ser función de un cuerpo un odio así. Lo que
+no había encontrado con el escalpelo en otros lo encontré en mí. Un
+organismo corruptible no podía odiar como yo odiaba. Luzbel aspiraba a
+ser Dios, y yo desde muy niño, no aspiré a anular a los demás? Y cómo
+podía ser yo tan desgraciado si no me hizo tal el creador de la
+desgracia?
+
+»Nada le costaba a Abel criar sus ovejas, como nada le costaba a él, al
+otro, hacer sus cuadros; pero a mí? a mí me costaba mucho diagnosticar
+las dolencias de mis enfermos.
+
+«Quejábase Caín de que Adah, su propia querida Adah, su mujer y hermana,
+no comprendiera el espíritu que a él le abrumaba. Pero sí, sí, mi Adah,
+mi pobre Adah comprendía mi espíritu. Es que era cristiana. Mas tampoco
+yo encontré algo que conmigo simpatizara.
+
+»Hasta que leí y releí el _Caín_ byroniano, yo, que tantos hombres había
+visto agonizar y morir, no pensé en la muerte, no la descubrí. Y
+entonces pensé si al morir me moriría con mi odio, si se moriría conmigo
+o si me sobreviviría; pensé si el odio sobrevive a los odiadores, si es
+algo sustancial y que se trasmite, si es el alma, la esencia misma del
+alma. Y empecé a creer en el Infierno y que la muerte es un ser, es el
+Demonio, es el Odio hecho persona, es el Dios del alma. Todo lo que mi
+ciencia no me enseñó me enseñaba el terrible poema de aquel gran odiador
+que fué lord Byron.
+
+»Mi Adah también me echaba dulcemente en cara cuando yo no trabajaba,
+cuando no podía trabajar. Y Luzbel estaba entre mi Adah y yo. «No vayas
+con ese Espíritu!»--me gritaba mi Adán. Pobre Antonia! Y me pedía
+también que le salvara de aquel Espíritu. Mi pobre Adán no llegó a
+odiarlos como los odiaba yo. Pero llegué yo a querer de veras a mi
+Antonia? Ah, si hubiera sido capaz de quererla me habría salvado. Era
+para mí otro instrumento de venganza. Queríala para madre de un hijo o
+de una hija que me vengaran. Aunque pensé, necio de mí, que una vez
+padre se me curaría aquello. Mas acaso no me casé sino para hacer
+odiosos como yo, para trasmitir mi odio, para inmortalizarlo.
+
+»Se me quedó grabada en el alma como con fuego aquella escena de Caín y
+Luzbel en el abismo del espacio. Vi mi ciencia a través de mi pecado y
+la miseria de dar vida para propagar la muerte. Y vi que aquel odio
+inmortal era mi alma. Ese odio pensé que debió de haber precedido a mi
+nacimiento y que sobreviviría a mi muerte. Y me sobrecojí de espanto al
+pensar en vivir siempre para aborrecer siempre. Era el Infierno. Y yo
+que tanto me había reído de la creencia en él! Era el Infierno!
+
+»Cuando leí cómo Adah habló a Caín de su hijo, de Enoc, pensé en el
+hijo, o en la hija que habría de tener; pensé en ti, hija mía, mi
+redención y mi consuelo; pensé en que tú vendrías a salvarme un día. Y
+al leer lo que aquel Caín decía a su hijo dormido e inocente, que no
+sabía que estaba desnudo, pensé si no había sido en mí un crimen
+engendrarte, pobre hija mía! Me perdonarás haberte hecho? Y al leer lo
+que Adah decía a su Caín, recordé mis años de paraíso, cuando aun no iba
+a cazar premios, cuando no soñaba en superar a todos los demás. No, hija
+mía, no; no ofrecí mis estudios a Dios con corazón puro, no busqué la
+verdad y el saber, sino que busqué los premios y la fama y ser más que
+él.
+
+»El, Abel, amaba su arte y lo cultivaba con pureza de intención y no
+trató nunca de imponérseme. No, no fué él quien me la quitó, no! Y yo
+llegué a pensar en derribar el altar de Abel, loco de mí! Y es que no
+había pensado más que en mí.
+
+»El relato de la muerte de Abel tal y como aquel terrible poeta del
+demonio nos le expone, me cegó. Al leerlo sentí que se me iban las cosas
+y hasta creo que sufrí un mareo. Y desde aquel día, gracias al impío
+Byron, empecé a creer.»
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Le dió Antonia a Joaquín una hija. «Una hija--se dijo--y él un hijo!»
+Mas pronto se repuso de esta nueva treta de su demonio. Y empezó a
+querer a su hija con toda la fuerza de su pasión y por ella a la madre.
+«Será mi vengadora»--se dijo primero, sin saber de qué habría de
+vengarle, y luego: «Será mi purificadora».
+
+«Empecé a escribir esto--dejó escrito en su _Confesión_--más tarde para
+mi hija, para que ella, después de yo muerto, pudiese conocer a su pobre
+padre y compadecerle y quererle. Mirándola dormir en la cuna, soñando su
+inocencia, pensaba que para criarla y educarla pura tenía yo que
+purificarme de mi pasión, limpiarme de la lepra de mi alma. Y decidí
+hacerle que amase a todos y sobre todo a ellos. Y allí, sobre la
+inocencia de su sueño, juré libertarme de mi infernal cadena. Tenía que
+ser yo el mayor heraldo de la gloria de Abel.»
+
+Y sucedió que habiendo Abel Sánchez acabado su cuadro, lo llevó a una
+Exposición, donde obtuvo un aplauso general y fué admirado como
+estupenda obra maestra, y se le dió la medalla de honor.
+
+Joaquín iba a la sala de la Exposición a contemplar el cuadro y a mirar
+en él, como si mirase en un espejo, al Caín de la pintura y a espiar en
+los ojos de las gentes si le miraban a él, después de haber mirado al
+otro.
+
+«Torturábame la sospecha--escribió en su _Confesión_--de que Abel
+hubiese pensado en mí al pintar su Caín, de que hubiese descubierto
+todas las insondables negruras de la conversación que con él mantuve en
+su casa cuando me anunció su propósito de pintarlo y cuando me leyó los
+pasajes del Génesis, y yo me olvidé tanto de él y pensé tanto en mí
+mismo, que puse al desnudo mi alma enferma. Pero no! No había en el Caín
+de Abel el menor parecido conmigo, no pensó en mí al pintarlo, es decir,
+no me despreció, no lo pintó desdeñándome, ni Helena debió de decirle
+nada de mí. Les bastaba con saborear el futuro triunfo, el que
+esperaban. Ni siquiera pensaban en mí!
+
+»Y esta idea de que ni siquiera pensasen en mí, de que no me odiaran,
+torturábame aun más que lo otro. Ser odiado por él con un odio como el
+que yo le tenía, era algo y podía haber sido mi salvación.»
+
+Y fué más allá, o entró más dentro de sí Joaquín, y fué que lanzó la
+idea de dar un banquete a Abel para celebrar su triunfo y que él, su
+amigo de siempre, su amigo de antes de conocerse, le ofrecería el
+banquete.
+
+Joaquín gozaba de cierta fama de orador. En la Academia de Medicina y
+Ciencias era el que dominaba a los demás con su palabra cortante y fría,
+precisa y sarcástica de ordinario. Sus discursos solían ser chorros de
+agua fría sobre los entusiasmos de los principiantes, acres lecciones de
+escepticismo pesimista. Su tesis ordinaria que nada se sabía de cierto
+en Medicina, que todo era hipótesis y un continuo tejer y destejer, que
+lo más seguro era la desconfianza. Por esto, al saberse que era él,
+Joaquín, quien ofrecería el banquete, echáronse los más a esperar
+alborozados un discurso de doble filo, una disección despiadada, bajo
+apariencias de elogio, de la pintura científica y documentada, o bien un
+encomio sarcástico de ella. Y un regocijo malévolo corría por los
+corazones de todos los que habían oído alguna vez hablar a Joaquín del
+arte de Abel. Apercibiéronle a éste del peligro.
+
+--Os equivocáis--les dijo Abel.--Conozco a Joaquín y no le creo capaz de
+eso. Sé algo de lo que le pasa, pero tiene un profundo sentido artístico
+y dirá cosas que valga la pena de oirlas. Y ahora quiero hacerle un
+retrato...
+
+--Un retrato?
+
+--Sí, vosotros no le conocéis como yo. Es un alma de fuego,
+tormentosa...
+
+--Hombre más frío...
+
+--Por fuera. Y en todo caso dicen que el fuego quema. Es una figura que
+ni a posta...
+
+Y este juicio de Abel llegó a oídos del juzgado, de Joaquín, y le sumió
+más en sus cavilaciones. «Qué pensará en realidad de mí?», se
+decía.--«Será cierto que me tiene así, por un alma de fuego, tormentosa?
+Será cierto que me reconoce víctima del capricho de la suerte?»
+
+Llegó en esto a algo de que tuvo que avergonzarse hondamente, y fué que,
+recibida en su casa una criada que había servido en la de Abel, la
+requirió de ambiguas familiaridades aun sin comprometerse, no más que
+para inquirir de ella lo que en la otra casa hubiera oído decir de él.
+
+--Pero, vamos, dime, es que no les oíste nunca nada de mí?
+
+--Nada, señorito, nada.
+
+--Pero no hablaban alguna vez de mí?
+
+--Como hablar, sí, creo que sí, pero no decían nada.
+
+--Nada, nunca nada?
+
+--Yo no les oía hablar. En la mesa, mientras yo les servía, hablaban
+poco y cosas de esas de que se habla en la mesa. De los cuadros de
+él...
+
+--Lo comprendo. Pero nada, nunca nada de mí?
+
+--No me acuerdo.
+
+Y al separarse de la criada sintió Joaquín entrañada aversión a sí
+mismo. «Me estoy idiotizando--se dijo.--Qué pensará de mí esta
+muchacha!» Y tanto le acongojó esto que hizo que con un pretexto
+cualquiera se le despachase a aquella criada. «Y si ahora va--se dijo
+luego--y vuelve a servir a Abel y le cuenta esto?» Por lo que estuvo a
+punto de pedir a su mujer que volviera a llamarla. Mas no se atrevió. E
+iba siempre temblando de encontrarla por la calle.
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Llegó el día del banquete. Joaquín no durmió la noche de la víspera.
+
+--Voy a la batalla, Antonia--le dijo a su mujer al salir de casa.
+
+--Que Dios te ilumine y te guíe, Joaquín.
+
+--Quiero ver a la niña, a la pobre Joaquinita...
+
+--Sí, ven, mírala... está dormida...
+
+--Pobrecilla! No sabe lo que es el demonio! Pero yo te juro, Antonia,
+que sabré arrancármelo. Me lo arrancaré, lo estrangularé y lo echaré a
+los pies de Abel. Le daría un beso si no fuese que temo despertarla...
+
+---No, no! Bésala!
+
+Inclinóse el padre y besó a la niña dormida, que sonrió al sentirse
+besada en sueños.
+
+--Ves, Joaquín, también ella te bendice.
+
+--Adiós, mujer!--Y le dió un beso largo, muy largo.
+
+Ella se fué a rezar ante la imagen de la Virgen.
+
+Corría una maliciosa expectación por debajo de las conversaciones
+mantenidas durante el banquete. Joaquín, sentado a la derecha de Abel, e
+intensamente pálido, apenas comía ni hablaba. Abel mismo empezó a temer
+algo.
+
+A los postres se oyeron siseos, empezó a cuajar el silencio, y alguien
+dijo: «Que hable!» Levantóse Joaquín. Su voz empezó temblona y sorda,
+pero pronto se aclaró y vibraba con un acento nuevo. No se oía más que
+su voz, que llenaba el silencio. El asombro era general. Jamás se había
+pronunciado un elogio más férvido, más encendido, más lleno de
+admiración y de cariño a la obra y a su autor. Sintieron muchos
+asomárseles las lágrimas cuando Joaquín evocó aquellos días de su común
+infancia con Abel, cuando ni uno ni otro soñaban lo que habrían de ser.
+
+«Nadie le ha conocido más adentro que yo--decía;--creo conocerte mejor
+que me conozco a mí mismo, más puramente, porque de nosotros mismos no
+vemos en nuestras entrañas sino el fango de que hemos sido hechos. Es en
+otros donde vemos lo mejor de nosotros y lo amamos, y eso es la
+admiración. El ha hecho en su arte lo que yo habría querido hacer en el
+mío, y por eso es uno de mis modelos; su gloria es un acicate para mi
+trabajo y es un consuelo de la gloria que no he podido adquirir. El es
+nuestro, de todos, él es mío sobre todo, y yo, gozando su obra, la hago
+tan mía como él la hizo suya creándola. Y me consuelo de verme sujeto a
+mi medianía...»
+
+Su voz lloraba a las veces. El público estaba subyugado, vislumbrando
+oscuramente la lucha gigantesca de aquel alma con su demonio.
+
+«Y ved la figura de Caín--decía Joaquín dejando gotear las ardientes
+palabras,--del trágico Caín, del labrador errante, del primero que
+fundó ciudades, del padre de la industria, de la envidia y de la vida
+civil, vedla! Ved con qué cariño, con qué compasión, con qué amor al
+desgraciado está pintada. Pobre Caín! Nuestro Abel Sánchez admira a Caín
+como Milton admiraba a Satán, está enamorado de su Caín como Milton lo
+estuvo de su Satán, porque admirar es amar y amar es compadecer. Nuestro
+Abel ha sentido toda la miseria, toda la desgracia inmerecida del que
+mató al primer Abel, del que trajo, según la leyenda bíblica, la muerte
+al mundo. Nuestro Abel nos hace comprender la culpa de Caín, porque hubo
+culpa, y compadecerle y amarle... Este cuadro es un acto de amor!»
+
+Cuando acabó Joaquín de hablar medió un silencio espeso, hasta que
+estalló una salva de aplausos. Levantóse entonces Abel y, pálido,
+convulso, tartamudeante, con lágrimas en los ojos, le dijo a su amigo:
+
+--Joaquín, lo que acabas de decir vale más, mucho más que mi cuadro, más
+que todos los cuadros que he pintado, más que todos los que pintaré...
+Eso, eso es una obra de arte y de corazón. Yo no sabía lo que he hecho
+hasta que te he oído. Tú y no yo has hecho mi cuadro, tú!
+
+Y abrazáronse llorando los dos amigos de siempre entre los clamorosos
+aplausos y vivas de la concurrencia puesta en pie. Y al abrazarse le
+dijo a Joaquín su demonio: «Si pudieses ahora ahogarle en tus
+brazos...!»
+
+--Estupendo!--decían.--Qué orador! Qué discurso! Quién podía haber
+esperado esto? Lástima que no se haya traído taquígrafos!
+
+--Esto es prodigioso--decía uno.--No espero volver a oir cosa igual.
+
+--A mí--añadía otro--me corrían escalofríos al oirlo.
+
+--Pero mírale, mírale qué pálido está!
+
+Y así era. Joaquín, sintiéndose, después de su victoria, vencido, sentía
+hundirse en una sima de tristeza. No, su demonio no estaba muerto. Aquel
+discurso fué un éxito como no lo había tenido, como no volvería a
+tenerlo, y le hizo concebir la idea de dedicarse a la oratoria para
+adquirir en ella gloria con que oscurecer la de su amigo en la pintura.
+
+--Has visto cómo lloraba Abel?--decía uno al salir.
+
+--Es que este discurso de Joaquín vale por todos los cuadros del otro.
+El discurso ha hecho el cuadro. Habrá que llamarle el cuadro del
+discurso. Quita el discurso y qué queda del cuadro? Nada! A pesar del
+primer premio.
+
+Cuando Joaquín llegó a casa, Antonia salió a abrirle la puerta y a
+abrazarle:
+
+--Ya lo sé, ya me lo han dicho. Así, así! Vales más que él, mucho más
+que él; que sepa que si su cuadro vale será por tu discurso.
+
+--Es verdad, Antonia, es verdad, pero...
+
+--Pero qué? Todavía...
+
+--Todavía, sí. No quiero decirte las cosas que el demonio, mi demonio,
+me decía mientras nos abrazábamos...
+
+--No, no me las digas, cállate!
+
+--Pues tápame la boca.
+
+Y ella se la tapó con un beso largo, cálido, húmedo, mientras se le
+nublaban de lágrimas los ojos.
+
+--A ver si así me sacas el demonio, Antonia, a ver si me lo sorbes.
+
+--Sí, para quedarme con él, no es eso?--y procuraba reirse la pobre.
+
+--Sí, sórbemelo, que a ti no puede hacerte daño, que en ti se morirá, se
+ahogará en tu sangre como en agua bendita...
+
+Y cuando Abel se encontró en su casa, a solas con su Helena, ésta le
+dijo:
+
+--Ya han venido a contarme lo del discurso de Joaquín. Ha tenido que
+tragar tu triunfo... ha tenido que tragarte...!
+
+--No hables así, mujer, que no le has oído.
+
+--Como si le hubiese oído,
+
+--Le salía del corazón. Me ha conmovido. Te digo que ni yo sé lo que he
+pintado hasta que no le he oído a él explicárnoslo.
+
+--No te fíes... no te fíes de él... cuando tanto le ha elogiado, por
+algo será...
+
+--Y no puede haber dicho lo que sentía?
+
+---Tú sabes que está muerto de envidia de ti...
+
+--Cállate.
+
+--Muerto, sí, muertito de envidia de ti...
+
+--Cállate, cállate, mujer, cállate!
+
+--No, no son celos, porque él ya no me quiere, si es que me quiso... es
+envidia... envidia...
+
+--Cállate! Cállate!--rugió Abel.
+
+--Bueno, me callo, pero tú verás...
+
+--Ya he visto y he oído y me basta. Cállate, digo!
+
+
+
+
+XV
+
+
+Pero no, no! Aquel acto heroico no le curó al pobre Joaquín.
+
+«Empecé a sentir remordimiento--escribió en su _Confesión_--de haber
+dicho lo que dije, de no haber dejado estallar mi mala pasión para así
+librarme de ella, de no haber acabado con él artísticamente, denunciando
+los engaños y falsos efectismos de su arte, sus imitaciones, su técnica
+fría y calculada, su falta de emoción; de no haber matado su gloria. Y
+así me habría librado de lo otro, diciendo la verdad, reduciendo su
+prestigio a su verdadera tasa. Acaso Caín, el bíblico, el que mató al
+otro Abel, empezó a querer a éste luego que le vió muerto. Y entonces
+fué cuando empecé a creer: de los efectos de aquel discurso provino mi
+conversión.»
+
+Lo que Joaquín llamaba así en su _Confesión_ fué que Antonia, su mujer,
+que le vió no curado, que le temió acaso incurable, fué induciéndole a
+que buscase armas en la religión de sus padres, en la de ella, en la que
+había de ser de su hija, en la oración.
+
+--Tú lo que debes hacer es ir a confesarte...
+
+--Pero, mujer, si hace años que no voy a la iglesia...
+
+--Por lo mismo.
+
+--Pero si no creo en esas cosas...
+
+--Eso creerás tú, pero a mí me ha explicado el padre cómo vosotros, los
+hombres de ciencia, creéis no creer, pero creéis. Yo sé que las cosas
+que te enseñó tu madre, las que yo enseñaré a nuestra hija...
+
+--Bueno, bueno, déjame!
+
+--No, no te dejaré. Vete a confesarte, te lo ruego.
+
+--Y qué dirán los que conocen mis ideas?
+
+--Ah, es eso? Son respetos humanos?
+
+Mas la cosa empezó a hacer mella en el corazón de Joaquín y se preguntó
+si realmente no creía y aun sin creer quiso probar si la Iglesia podría
+curarle. Y empezó a frecuentar el templo, algo demasiado a las claras,
+como en son de desafío a los que conocían sus ideas irreligiosas, y
+acabó yendo a un confesor. Y una vez en el confesonario se le desató el
+alma.
+
+--Le odio, padre, le odio con toda mi alma, y a no creer como creo, a no
+querer creer como quiero creer, le mataría...
+
+--Pero eso, hijo mío, eso no es odio; eso es más bien envidia.
+
+--Todo odio es envidia, padre, todo odio es envidia.
+
+--Pero debe cambiarlo en noble emulación, en deseo de hacer en su
+profesión y sirviendo a Dios, lo mejor que pueda...
+
+--No puedo, no puedo, no puedo trabajar. Su gloria no me deja.
+
+--Hay que hacer un esfuerzo... para eso el hombre es libre...
+
+--No creo en el libre albedrío, padre. Soy médico.
+
+--Pero...
+
+--Qué hice yo para que Dios me hiciese así, rencoroso, envidioso, malo?
+Qué mala sangre me legó mi padre?
+
+--Hijo mío... hijo mío...
+
+--No, no creo en la libertad humana, y el que no cree en la libertad no
+es libre. No, no lo soy! Ser libre es creer serlo!
+
+--Es usted malo porque desconfía de Dios.
+
+--El desconfiar de Dios es maldad, padre?
+
+--No quiero decir eso, sino que la mala pasión de usted proviene de que
+desconfía de Dios...
+
+--El desconfiar de Dios es maldad? Vuelvo a preguntárselo.
+
+--Sí, es maldad.
+
+--Luego desconfío de Dios porque me hizo malo, como a Caín le hizo malo.
+Dios me hizo desconfiado...
+
+--Le hizo libre.
+
+--Sí, libre de ser malo.
+
+--Y de ser bueno!
+
+--Por qué nací, padre?
+
+--Pregunte más bien que para qué nació...
+
+
+
+
+XVI
+
+
+Abel había pintado una Virgen con el niño en brazos, que no era sino un
+retrato de Helena, su mujer, con el hijo, Abelito. El cuadro tuvo éxito,
+fué reproducido, y ante una espléndida fotografía de él rezaba Joaquín a
+la Virgen Santísima, diciéndole: «Protégeme! Sálvame!»
+
+Pero mientras así rezaba, susurrándose en voz baja y como para oirse,
+quería acallar otra voz más honda, que brotándole de las entrañas le
+decía: «Así se muera! Así te la deje libre!»
+
+--Con que te has hecho ahora reaccionario?--le dijo un día Abel a
+Joaquín.
+
+--Yo?
+
+--Sí, me han dicho que te has dado a la iglesia y que oyes misa diaria,
+y como nunca has creído ni en Dios ni en el Diablo, y no es cosa de
+convertirse así, sin más ni menos, pues que te has hecho reaccionario!
+
+--Y a ti qué?
+
+--No, si no te pido cuentas; pero... crees de veras?
+
+--Necesito creer.
+
+--Eso es otra cosa. Pero crees?
+
+--Ya te he dicho que necesito creer, y no me preguntes más.
+
+--Pues a mí con el arte me basta; el arte es mi religión.
+
+--Pues has pintado Vírgenes...
+
+--Sí, a Helena.
+
+--Que no lo es precisamente.
+
+--Para mí como si lo fuese. Es la madre de mi hijo...
+
+--Nada más?
+
+--Y toda madre es virgen en cuanto es madre.
+
+--Ya estás haciendo teología!
+
+--No sé, pero aborrezco el reaccionarismo y la gazmoñería. Todo eso me
+parece que no nace sino de la envidia, y me extraña en ti, que te creo
+muy capaz de distinguirte del vulgo, de los mediocres, me extraña que te
+pongas ese uniforme.
+
+--A ver, a ver, Abel, explícate!
+
+---Es muy claro. Los espíritus vulgares, ramplones, no consiguen
+distinguirse, y como no pueden sufrir que otros se distingan, les
+quieren imponer el uniforme del dogma, que es un traje de munición, para
+que no se distingan. El origen de toda ortodoxia, lo mismo en religión
+que en arte, es la envidia, no te quepa duda. Si a todos se nos deja
+vestirnos como se nos antoje, a uno se le ocurre un atavío que llame la
+atención y pone de realce su natural elegancia, y si es hombre hace que
+las mujeres le admiren, y se enamoren de él mientras otro, naturalmente
+ramplón y vulgar, no logra sino ponerse en ridículo buscando vestirse a
+su modo, y por eso los vulgares, los ramplones, que son los envidiosos,
+han ideado una especie de uniforme, un modo de vestirse como muñecos,
+que pueda ser moda, porque la moda es otra ortodoxia. Desengáñate,
+Joaquín: eso que llaman ideas peligrosas, atrevidas, impías, no son sino
+las que no se les ocurre a los pobres de ingenio rutinario, a los que no
+tienen ni pizca de sentido propio ni originalidad y sí sólo sentido
+común y vulgaridad. Lo que más odian es la imaginación y porque no la
+tienen.
+
+--Y aunque así sea--exclamó Joaquín,--es que esos que llaman los
+vulgares, los ramplones, los mediocres, no tienen derecho a defenderse?
+
+--Otra vez defendiste en mi casa, ¿te acuerdas?, a Caín, al envidioso, y
+luego, en aquel inolvidable discurso que me moriré leyéndotelo, en aquel
+discurso a que debo lo más de mi reputación, nos enseñaste, me enseñaste
+a mí al menos, el alma de Caín. Pero Caín no era ningún vulgar, ningún
+ramplón, ningún mediocre...
+
+--Pero fué el padre de los envidiosos...
+
+--Sí, pero de otra envidia, no de la de esa gente... La envidia de Caín
+era algo grande; la del fanático inquisidor es lo más pequeño que hay. Y
+me choca verte entre ellos...
+
+«Pero este hombre--se decía Joaquín al separarse de Abel--es que lee en
+mí? Aunque no, parece no darse cuenta de lo que me pasa. Habla y piensa
+como pinta, sin saber lo que dice y lo que pinta. Es un inconsciente,
+aunque yo me empeñe en ver en él un técnico reflexivo...»
+
+
+
+
+XVII
+
+
+Enteróse Joaquín de que Abel andaba enredado con una antigua modelo, y
+esto le corroboró en su aprensión de que no se había casado con Helena
+por amor. «Se casaron--decíase--por humillarme.» Y luego se añadía: «Ni
+ella, ni Helena le quiere, ni puede quererle... ella no quiere a nadie,
+es incapaz de cariño, no es más que un hermoso estuche de vanidad... Por
+vanidad, y por desdén a mí, se casó, y por vanidad o por capricho es
+capaz de faltar a su marido... Y hasta con el mismo a quien no quiso
+para marido...» Surgíale a la vez de entre pavesas una brasa que creía
+apagada al hielo de su odio, y era su antiguo amor a Helena. Seguía,
+sí, a pesar de todo, enamorado de la pava real, de la coqueta, de la
+modelo de su marido. Antonia le era muy superior, sin duda, pero la otra
+era la otra. Y luego, la venganza... es tan dulce la venganza! Tan tibia
+para un corazón helado!
+
+A los pocos días fué a casa de Abel, acechando la hora en que éste se
+hallara fuera de ella. Encontró a Helena sola con el niño, a aquella
+Helena, a cuya imagen divinizada había en vano pedido protección y
+salvación.
+
+--Ya me ha dicho Abel--le dijo su prima--que ahora te ha dado por la
+iglesia. Es que Antonia te ha llevado a ella, o es que vas huyendo de
+Antonia?
+
+--Pues?
+
+--Porque los hombres soléis haceros beatos o a rastras de la mujer o
+escapando de ella...
+
+--Hay quien escapa de la mujer, y no para ir a la iglesia precisamente.
+
+--Sí, eh?
+
+--Sí, pero tu marido, que te ha venido con el cuento ese, no sabe algo
+más, y es que no sólo rezo en la iglesia...
+
+--Es claro! Todo hombre devoto debe hacer sus devociones en casa.
+
+--Y las hago. Y la principal es pedir a la Virgen que me proteja y me
+salve.
+
+--Me parece muy bien.
+
+--Y sabes ante qué imagen pido eso?
+
+--Si tú no me lo dices...
+
+--Ante la que pintó tu marido...
+
+Helena volvió la cara de pronto, enrojecida, al niño que dormía en un
+rincón del gabinete. La brusca violencia del ataque la desconcertó. Mas
+reponiéndose dijo:
+
+--Eso me parece una impiedad de tu parte y prueba, Joaquín, que tu nueva
+devoción no es más que una farsa y algo peor...
+
+--Te juro, Helena...
+
+--El segundo: no jurar su santo nombre en vano.
+
+--Pues te juro, Helena, que mi conversión fué verdadera, es decir que he
+querido creer, que he querido defenderme con la fe de una pasión que me
+devora...
+
+--Sí, conozco tu pasión.
+
+--No, no la conoces!
+
+--La conozco. No puedes sufrir a Abel.
+
+--Pero por qué no puedo sufrirle?
+
+--Eso tú lo sabrás. No has podido sufrirle nunca, ni aun antes de que me
+le presentases.
+
+--Falso!... Falso!
+
+--Verdad! Verdad!
+
+--Y por qué no he de poder sufrirle?
+
+--Pues porque adquiere fama, porque tiene renombre... No tienes tú
+clientela? No ganas con ella?
+
+--Pues mira, Helena, voy a decirte la verdad, toda la verdad. No me
+basta con eso! Yo querría haberme hecho famoso, haber hallado algo nuevo
+en mi ciencia, haber unido mi nombre a algún descubrimiento
+científico...
+
+--Pues ponte a ello, que talento no te falta.
+
+--Ponerme a ello... ponerme a ello... Habríame puesto a ello, sí,
+Helena, si hubiese podido haber puesto esa gloria a tus pies...
+
+--Y por qué no a los de Antonia?
+
+--No hablemos de ella!
+
+--Ah, pero has venido a esto? Has espiado el que mi Abel--y recalcó el
+_mi_--estuviese fuera para venir a esto?
+
+--Tu Abel... tu Abel... valiente caso hace de ti tu Abel!
+
+--Qué? También delator, acusique, soplón?
+
+--Tu Abel tiene otros modelos que tú.
+
+--Y qué?--exclamó Helena, irguiéndose.--Y qué si las tiene? Señal de que
+sabe ganarlas! O es que también de eso le tienes envidia? Es que no
+tienes más remedio que contentarte con... tu Antonia? Ah, y porque él ha
+sabido buscarse otra vienes tú aquí hoy a buscarte otra también? Y
+vienes así, con chismes de estos? No te da vergüenza, Joaquín? Quítate,
+quítate de ahí, que me da bascas sólo el verte.
+
+--Por Dios, Helena, que me estás matando... que me estás matando!
+
+--Anda, vete, vete a la iglesia, hipócrita, envidioso; vete a que tu
+mujer te cure, que estás muy malo.
+
+--Helena, Helena, que tú sola puedes curarme! Por cuanto más quieras,
+Helena, mira que pierdes para siempre a un hombre!
+
+--Ah, y quieres que por salvarte a ti pierda a otro, al mío?
+
+--A ese no le pierdes; le tienes ya perdido. Nada le importa de ti. Es
+incapaz de quererte. Yo, yo soy el que te quiero, con toda mi alma, con
+un cariño como no puedes soñar.
+
+Helena se levantó, fué al niño y despertándolo, cojiólo en brazos, y
+volviendo a Joaquín le dijo: «Vete! Es éste, el hijo de Abel, quien te
+echa de su casa; vete!»
+
+
+
+
+XVIII
+
+
+Joaquín empeoró. La ira al conocer que se había desnudado el alma ante
+Helena, y el despecho por la manera como ésta le rechazó, en que vió
+claro que le despreciaba, acabó de enconarle el ánimo. Mas se dominó
+buscando en su mujer y en su hija consuelo y remedio. Ensombreciósele
+aun más su vida de hogar; se le agrió el humor.
+
+Tenía entonces en casa una criada muy devota, que procuraba oir misa
+diaria y se pasaba las horas que el servicio le dejaba libre, encerrada
+en su cuarto haciendo sus devociones. Andaba con los ojos bajos, fijos
+en el suelo, y respondía a todo con la mayor mansedumbre y en voz algo
+gangosa. Joaquín no podía resistirla y la regañaba con cualquier
+pretexto. «Tiene razón el señor», solía decirle ella.
+
+--Cómo que tengo razón?--exclamó una vez, ya perdida la paciencia, él,
+el amo.--No, ahora no tengo razón!
+
+--Bueno, señor, no se enfade, no la tendrá.
+
+--Y nada más?
+
+--No le entiendo, señor.
+
+--Cómo que no me entiendes, gazmoña, hipócrita? Por qué no te defiendes?
+Por qué, no me replicas? Por qué no te rebelas?
+
+--Rebelarme yo? Dios y la Santísima Virgen me defiendan de ello, señor.
+
+--Pero quieres más--intervino Antonia--sino que reconozca sus faltas?
+
+--No, no las reconoce. Está llena de soberbia!
+
+--De soberbia yo, señor?
+
+--Lo ves? Es la hipócrita soberbia de no reconocerla. Es que está
+haciendo conmigo, a mi costa, ejercicios de humildad y de paciencia; es
+que toma mis accesos de mal humor como cilicios para ejercitarse en la
+virtud de la paciencia. Y a mi costa, no! No, no y no! A mi costa, no!
+A mí no se me toma de instrumento para hacer méritos para el cielo. Eso
+es hipocresía!
+
+La criadita lloraba, rezando entre dientes.
+
+--Pero y si es verdad, Joaquín--dijo Antonia--que realmente es
+humilde... Por qué va a rebelarse? Si se hubiese rebelado te habrías
+irritado aún más.
+
+--No! Es una canallada tomar las flaquezas del prójimo como medio para
+ejercitarnos en la virtud. Que me replique, que se insolente, que sea
+persona... y no criada...
+
+--Entonces, Joaquín, te irritaría más.
+
+--No, lo que más me irrita son esas pretensiones a mayor perfección.
+
+--Se equivoca usted, señor--dijo la criada, sin levantar los ojos del
+suelo;--yo no me creo mejor que nadie.
+
+--No, eh? Pues yo sí! Y el que no se crea mejor que otro, es un
+mentecato. Tú te creerás la más pecadora de las mujeres, es eso? Anda,
+responde!
+
+--Esas cosas no se preguntan, señor.
+
+--Anda, responde, que también San Luis Gonzaga dicen que se creía el
+más pecador de los hombres; responde: te crees, sí o no, la más pecadora
+de las mujeres?
+
+--Los pecados de las otras no van a mi cuenta, señor.
+
+--Idiota, más que idiota. Vete de ahí!
+
+--Dios le perdone, como yo le perdono, señor.
+
+--De qué? Ven y dímelo, de qué? De qué me tiene que perdonar Dios? Anda,
+dilo.
+
+--Bueno, señora, lo siento por usted, pero me voy de esta casa.
+
+--Por ahí debiste empezar--concluyó Joaquín.
+
+Y luego, a solas con su mujer, le decía:
+
+--Y no irá diciendo esta gatita muerta que estoy loco? No lo estoy
+acaso, Antonia? Dime, estoy loco, sí o no?
+
+--Por Dios, Joaquín, no te pongas así...
+
+--Sí, sí creo estar loco... Enciérrame. Esto va a acabar conmigo.
+
+--Acaba tú con ello.
+
+
+
+
+XIX
+
+
+Concentró entonces todo su ahinco en su hija, en criarla y educarla, en
+mantenerla libre de las inmundicias morales del mundo.
+
+--Mira--solía decirle a su mujer,--es una suerte que sea sola, que no
+hayamos tenido más.
+
+--No te habría gustado un hijo?
+
+--No, no, es mejor hija, es más fácil aislarla del mundo indecente.
+Además, si hubiésemos tenido dos, habrían nacido envidias entre ellos...
+
+--O no!
+
+--O sí. No se puede repartir el cariño igualmente entre varios: lo que
+se le da al uno se le quita al otro. Cada uno pide todo para él y sólo
+para él. No, no, no quisiera verme en el caso de Dios...
+
+--Y cuál es ese caso?
+
+--El de tener tantos hijos. No dicen que somos todos hijos de Dios?
+
+--No digas esas cosas, Joaquín...
+
+--Unos están sanos para que otros estén enfermos... Hay que ver el
+reparto de las enfermedades...
+
+No quería que su hija tratase con nadie. La llevó una maestra particular
+a casa, y él mismo, en ratos de ocio, le enseñaba algo.
+
+La pobre Joaquina adivinó en su padre a un paciente mientras recibía de
+él una concepción tétrica del mundo y de la vida.
+
+--Te digo--le decía Joaquín a su mujer--que es mejor, mucho mejor que
+tengamos una hija sola, que no tengamos que repartir el cariño...
+
+--Dicen que cuanto más se reparte crece más...
+
+--No creas así. Te acuerdas de aquel pobre Ramírez, el procurador? Su
+padre tenía dos hijos y dos hijas y pocos recursos. En su casa no se
+comía sino sota, caballo y rey, cocido, pero no principio; sólo el
+padre, Ramírez padre, tomaba principio, del cual daba alguna vez a uno
+de los hijos y a una de las hijas, pero nunca a los otros. Cuando
+repicaban gordo, en días señalados, había dos principios para todos y
+otro además para él, para el amo de la casa, que en algo había de
+distinguirse. Hay que conservar la jerarquía. Y a la noche, al recojerse
+a dormir Ramírez padre daba siempre un beso a uno de los hijos y a una
+de las hijas, pero no a los otros dos.
+
+--Qué horror! Y por qué?
+
+--Qué sé yo... Le parecerían más guapos los preferidos...
+
+--Es como lo de Carvajal, que no puede ver a su hija menor...
+
+--Es que le ha llegado la última, seis años después de la anterior y
+cuando andaba mal de recursos. Es una nueva carga, e inesperada. Por eso
+le llama la intrusa.
+
+--Qué horrores, Dios mío!
+
+--Así es la vida, Antonia, un semillero de horrores. Y bendigamos a
+Dios el no tener que repartir nuestro cariño.
+
+--Cállate!
+
+--Cállome!
+
+Y le hizo callar.
+
+
+
+
+XX
+
+
+El hijo de Abel estudiaba Medicina, y su padre solía dar a Joaquín
+noticias de la marcha de sus estudios. Habló Joaquín algunas veces con
+el muchacho mismo y le cobró algún afecto; tan insignificante le
+pareció.
+
+--Y cómo le dedicas a médico y no a pintor?--le preguntó a su amigo.
+
+--No le dedico yo, se dedica él. No siente vocación alguna por el
+arte...
+
+--Claro, y para estudiar Medicina no hace falta vocación...
+
+--No he dicho eso. Tú siempre tan mal pensado. Y no sólo no siente
+vocación por la pintura, pero ni curiosidad. Apenas si se detiene a ver
+lo que pinto ni se informa de ello.
+
+--Es mejor así acaso...
+
+--Por qué?
+
+--Porque si se hubiera dedicado a la pintura, o lo hacía mejor que tú, o
+peor. Si peor, eso de ser Abel Sánchez, hijo, al que llamarían Abel
+Sánchez el Malo o Sánchez el Malo o Abel el Malo, no está bien ni él lo
+sufriría...
+
+--Y si fuera mejor que yo?
+
+--Entonces serías tú quien no lo sufriría.
+
+--Piensa el ladrón que todos son de su condición.
+
+--Sí, venme ahora a mí, a mí, con esas pamemas. Un artista no soporta la
+gloria de otro, y menos si es su propio hijo o su hermano. Antes la de
+un extraño. Eso de que uno de su sangre le supere... eso no! Cómo
+explicarlo? Haces bien en dedicarle a la Medicina.
+
+--Además, así ganará más.
+
+--Pero quieres hacerme creer que no ganas mucho con la pintura?
+
+--Bah, algo.
+
+--Y además, gloria.
+
+--Gloria? Para lo que dura...
+
+--Menos dura el dinero.
+
+--Pero es más sólido.
+
+--No seas farsante, Abel, no finjas despreciar la gloria.
+
+--Te aseguro que lo que hoy me preocupa es dejar una fortuna a mi hijo.
+
+--Le dejarás un nombre.
+
+--Los nombres no se cotizan.
+
+--El tuyo, sí!
+
+--Mi firma, pero es... Sánchez! Y menos mal si no le da por firmar Abel
+S. Puig!--que le hagan marqués de Casa Sánchez. Y luego el Abel quita la
+malicia al Sánchez. Abel Sánchez suena bien.
+
+
+
+
+XXI
+
+
+Huyendo de sí mismo, y para ahogar con la constante presencia del otro,
+de Abel, en su espíritu, la triste conciencia enferma que se le
+presentaba, empezó a frecuentar una peña del Casino. Aquella
+conversación ligera le serviría como de narcótico, o más bien se
+embriagaría con ella. No hay quien se entrega a la bebida para ahogar
+una pasión devastadora en ella, para derretir en vino un amor frustrado?
+Pues él se entregaría a la conversación casinera, a oirla más que a
+tomar parte muy activa en ella, para ahogar también su pasión. Sólo que
+el remedio, fué peor que la enfermedad.
+
+Iba siempre decidido a contenerse, a reir y bromear, a murmurar como por
+juego, a presentarse a modo de desinteresado espectador de la vida,
+bondadoso como un escéptico de profesión, atento a lo de que comprender
+es perdonar, y sin dejar traslucir el cáncer que le devoraba la
+voluntad. Pero el mal le salía por la boca, en las palabras, cuando
+menos lo esperaba, y percibían todos en ellas el hedor del mal. Y volvía
+a casa irritado contra sí mismo, reprochándose su cobardía y el poco
+dominio sobre sí y decidido a no volver más a la peña del Casino.
+«No--se decía--no vuelvo, no debo volver; esto me empeora, me agrava;
+aquel ámbito es deletéreo; no se respira allí más que malas pasiones
+retenidas; no, no vuelvo; lo que yo necesito es soledad, soledad. Santa
+soledad!»
+
+Y volvía.
+
+Volvía por no poder sufrir la soledad. Pues en la soledad, jamás lograba
+estar solo, sino que siempre allí el otro. El otro! Llegó a sorprenderse
+en diálogo con él, tramando lo que el otro le decía. Y el otro, en estos
+diálogos solitarios, en estos monólogos dialogados, le decía cosas
+indiferentes o gratas, no le mostraba ningún rencor. «Por qué no me
+odia, Dios mío!--llegó a decirse.--Por qué no me odia?»
+
+Y se sorprendió un día a sí mismo a punto de pedir a Dios, en infame
+oración diabólica, que infiltrase en el alma de Abel odio a él, a
+Joaquín. Y otra vez: «Ah, si me envidiase... si me envidiase...!» Y a
+esta idea, que como fulgor lívido cruzó por las tinieblas de su espíritu
+de amargura, sintió un gozo como de derretimiento, un gozo que le hizo
+temblar hasta los tuétanos del alma, escalofriados. Ser envidiado...!
+Ser envidiado...!
+
+«Mas no es esto--se dijo luego--que me odio, que me envidio a mí
+mismo...?» Fuese a la puerta, la cerró con llave, miró a todos lados, y
+al verse solo arrodillóse murmurando con lágrimas de las que escaldan en
+la voz: «Señor, Señor. Tú me dijiste: ama a tu prójimo como a ti mismo!
+Y yo no amo al prójimo, no puedo amarle, porque no me amo, no sé amarme,
+no puedo amarme a mí mismo. Qué has hecho de mí, Señor!»
+
+Fué luego a cojer la Biblia y la abrió por donde dice: «Y Jehová dijo a
+Caín: dónde está Abel tu hermano?» Cerró lentamente el libro,
+murmurando: «Y dónde estoy yo?» Oyó entonces ruido fuera y se apresuró a
+abrir la puerta. «Papá, papaíto!», exclamó su hija al entrar. Aquella
+voz fresca pareció volverle a la luz. Besó a la muchacha y rozándole el
+oído con la boca le dijo bajo, muy bajito, para que no lo oyera nadie:
+«Reza por tu padre, hija mía!»
+
+--Padre! Padre!--gimió la muchacha, echándole los brazos al cuello.
+
+Ocultó la cabeza en el hombro de la hija y rompió a llorar.
+
+--Qué te pasa, papá, estás enfermo?
+
+--Sí, estoy enfermo. Pero no quieras saber más.
+
+
+
+
+XXII
+
+
+Y volvió al Casino. Era inútil resistirlo. Cada día se inventaba a sí
+mismo un pretexto para ir allá. Y el molino de la peña seguía moliendo.
+
+Allí estaba Federico Cuadrado, implacable, que en cuanto oía que alguien
+elogiaba a otro preguntaba: «Contra quién va ese elogio?»
+
+--Porque a mí--decía con su vocecita fría y cortante--no me la dan con
+queso; cuando se elogia mucho a uno, se tiene presente a otro al que se
+trata de rebajar con ese elogio, a un rival del elogiado. Eso cuando no
+se le elogia con mala intención, por ensañarse en él... Nadie elogia con
+buena intención.
+
+--Hombre--le replicaba León Gómez, que se gozaba en dar cuerda al cínico
+Cuadrado--ahí tienes a don Leovigildo, al cual nadie le ha oído todavía
+hablar mal de otro...
+
+--Bueno--intercalaba un diputado provincial,--es que don Leovigildo es
+un político y los políticos deben estar a bien con todo el mundo. Qué
+dices Federico?
+
+--Digo que don Leovigildo se morirá sin haber hablado mal ni pensado
+bien de nadie. El no dará acaso ni el más lijero empujoncito para que
+otro caiga, ni aunque no se lo vean, porque no sólo teme al código
+penal, sino también al infierno; pero si el otro se cae y se rompe la
+crisma, se alegrará hasta los tuétanos. Y para gozarse en la rotura de
+la crisma del otro, será el primero que irá a condolerse de su desgracia
+y darle el pésame.
+
+--Yo no sé cómo se puede vivir sintiendo así--dijo Joaquín.
+
+--Sintiendo cómo?--le arguyó al punto Federico.--Como siente don
+Leovigildo, como siento yo o como sientes tú?
+
+--De mí nadie ha hablado!--Y esto lo dijo con acre displicencia.
+
+--Pero hablo yo, hijo mío, porque aquí todos nos conocemos...
+
+Joaquín se sintió palidecer. Le llegaba como un puñal de hielo hasta las
+entrañas de la voluntad aquel _hijo mío!_ que prodigaba Federico, su
+demonio de la guarda, cuando echaba la garra sobre alguien.
+
+--No sé por qué le tienes esa tirria a don Leovigildo--añadió Joaquín,
+arrepintiéndose de haberlo dicho apenas lo dijera, pues sintió que
+estaba atizando la mala lumbre.
+
+--Tirria? Tirria yo? Y a don Leovigildo?
+
+--Sí, no sé qué mal te ha hecho...
+
+--En primer lugar, hijo mío, no hace falta que le hayan hecho a uno mal
+alguno para tenerle tirria. Cuando se le tiene a uno tirria, es fácil
+inventar ese mal, es decir, figurarse uno que se lo han hecho... Y yo no
+le tengo a don Leovigildo más tirria que a otro cualquiera. Es un hombre
+y basta. Y un hombre honrado!
+
+--Como tú eres un misántropo profesional...--empezó el diputado
+provincial.
+
+--El hombre es el bicho más podrido y más indecente, ya os lo he dicho
+cien veces. Y el hombre honrado es el peor de los hombres.
+
+--Anda, anda, qué dices a eso tú, que hablabas el otro día del político
+honrado, refiriéndote a don Leovigildo?--le dijo León Gómez al diputado.
+
+--Político honrado!--saltó Federico.--Eso sí que no!
+
+--Y por qué?--preguntaron tres a coro.
+
+--Que por qué? Porque lo ha dicho él mismo. Porque tuvo en un discurso
+la avilantez de llamarse a sí mismo honrado. No es honrado declararse
+tal. Dice el Evangelio que Cristo Nuestro Señor...
+
+--No mientes a Cristo, te lo suplico!--le interrumpió Joaquín.
+
+--Qué? Te duele también Cristo, hijo mío?
+
+Hubo un breve silencio, oscuro y frío.
+
+--Dijo Cristo Nuestro Señor--recalcó Federico--que no le llamaran bueno,
+que bueno era sólo Dios. Y hay cochinos cristianos que se atreven a
+llamarse a sí mismos honrados!
+
+--Es que honrado no es precisamente bueno--intercaló don Vicente, el
+magistrado.
+
+--Ahora lo ha dicho usted, don Vicente. Y gracias a Dios que le oigo a
+un magistrado alguna sentencia razonable y justa!
+
+--De modo--dijo Joaquín--que uno no debe confesarse honrado. Y pillo?
+
+--No hace falta.
+
+--Lo que quiere el señor Cuadrado--dijo don Vicente, el magistrado--es
+que los hombres se confiesen bellacos y sigan siéndolo; no es eso?
+
+--Bravo!--exclamó el diputado provincial.
+
+--Le diré a usted, hijo mío--contestó Federico, pensando la
+respuesta.--Usted debe saber cuál es la excelencia del sacramento de la
+confesión en nuestra sapientísima Madre Iglesia...
+
+--Alguna otra barbaridad--interrumpió el magistrado.
+
+--Barbaridad, no, sino muy sabia institución. La confesión sirve para
+pecar más tranquilamente, pues ya sabe uno que le ha de ser perdonado su
+pecado. No es así, Joaquín?
+
+--Hombre, si uno no se arrepiente...
+
+--Sí, hijo mío, sí, si uno se arrepiente, pero vuelve a pecar y vuelve a
+arrepentirse y sabe cuando peca que se arrepentirá y sabe cuando se
+arrepiente que volverá a pecar, y acaba por pecar y arrepentirse a la
+vez; no es así?
+
+--El hombre es un misterio--dijo León Gómez.
+
+--Hombre, no digas sandeces!--le replicó Federico.
+
+--Sandez, por qué?
+
+--Toda sentencia filosófica, así, todo axioma, toda proposición general
+y solemne, enunciada aforísticamente, es una sandez.
+
+--Y la filosofía, entonces?
+
+--No hay más filosofía que ésta, la que hacemos aquí...
+
+--Sí, desollar al prójimo.
+
+--Exacto. Nunca está mejor que desollado.
+
+Al levantarse la tertulia, Federico se acercó a Joaquín a preguntarle si
+se iba a su casa, pues gustaría de acompañarle un rato, y al decirle
+éste que no, que iba a hacer una visita allí, al lado, aquél le dijo:
+
+--Sí, te comprendo; eso de la visita es un achaque. Lo que tú quieres
+es verte solo. Lo comprendo.
+
+--Y por qué lo comprendes?
+
+--Nunca se está mejor que solo. Pero cuando te pese la soledad, acude a
+mí. Nadie te distraerá mejor de tus penas.
+
+--Y las tuyas?--le espetó Joaquín.
+
+--Bah! ¡Quién piensa en eso...!
+
+Y se separaron.
+
+
+
+
+XXIII
+
+
+Andaba por la ciudad un pobre hombre necesitado, aragonés, padre de
+cinco hijos y que se ganaba la vida como podía, de escribiente y a lo
+que saliera. El pobre acudía con frecuencia a conocidos y amigos, si es
+que un hombre así los tiene, pidiéndoles con mil pretextos que le
+anticiparan dos o tres duros. Y lo que era más triste, mandaba a alguno
+de sus hijos, y alguna vez a su mujer, a las casas de los conocidos con
+cartitas de petición. Joaquín le había socorrido algunas veces, sobre
+todo cuando le llamaba a que viese, como médico, a personas de su
+familia. Y hallaba un singular alivio en socorrer a aquel pobre hombre.
+Adivinaba en él una víctima de la maldad humana.
+
+Preguntóle una vez por él a Abel.
+
+--Sí, le conozco--le dijo éste,--y hasta le tuve algún tiempo empleado.
+Pero es un haragán, un vago. Con el pretexto de que tiene que ahogar sus
+penas, no deja de ir ningún día al café, aunque en su casa no se
+encienda la cocina. Y no le faltará su cajetilla de cigarros. Tiene que
+convertir sus pesares en humo.
+
+--Eso no es decir nada, Abel. Habría que ver el caso por dentro...
+
+--Mira, déjate de garambainas. Y por lo que no paso es por la mentira
+esa de pedirme prestado y lo de «se lo devolveré en cuanto pueda...» Que
+pida limosna y al avío. Es más claro y más noble. La última vez me pidió
+tres duros adelantados y le di tres pesetas, pero diciéndole: «Y sin
+devolución!» Es un haragán!
+
+--Y qué culpa tiene él...!
+
+--Vamos, sí, ya salió aquello, qué culpa tiene...
+
+--Pues claro! De quién son las culpas?
+
+--Bueno, mira, dejémonos de esas cosas. Y si quieres socorrerle,
+socórrele, que yo no me opongo. Y yo mismo estoy seguro de que si me
+vuelve a pedir, le daré.
+
+--Eso ya lo sabía yo, porque en el fondo tú...
+
+--No nos metamos al fondo. Soy pintor y no pinto los fondos de las
+personas. Es más, estoy convencido de que todo hombre lleva fuera todo
+lo que tiene dentro.
+
+--Vamos, sí, que para ti un hombre no es más que un modelo...
+
+--Te parece poco? Y para ti un enfermo. Porque tú eres el que les andas
+mirando y auscultando a los hombres por dentro...
+
+--Mediano oficio...
+
+--Por qué?
+
+--Porque acostumbrado uno a mirar a los demás por dentro, da en ponerse
+a mirarse a sí mismo, a auscultarse.
+
+--Ve ahí mi ventaja. Yo con mirarme al espejo tengo bastante...
+
+--Y te has mirado de veras alguna vez?
+
+--Naturalmente! Pues no sabes que me he hecho un autorretrato?
+
+--Que será una obra maestra...
+
+--Hombre, no está del todo mal... Y tú, te has registrado por dentro
+bien?
+
+ * * * * *
+
+Al día siguiente de esta conversación Joaquín salió del Casino con
+Federico para preguntarle si conocía a aquel pobre hombre que andaba así
+pidiendo de manera vergonzante. «Y dime la verdad, eh, que estamos
+solos; nada de tus ferocidades».
+
+--Pues mira, ese es un pobre diablo que debía estar en la cárcel, donde
+por lo menos comería mejor que come y viviría más tranquilo.
+
+--Pues qué ha hecho?
+
+--No, no ha hecho nada; debió hacer, y por eso digo que debería estar en
+la cárcel.
+
+--Y qué es lo que debió haber hecho?
+
+--Matar a su hermano.
+
+--Ya empiezas!
+
+--Te lo explicaré. Ese pobre hombre es, como sabes, aragonés y allá en
+su tierra aún subsiste la absoluta libertad de testar. Tuvo la desgracia
+de nacer el primero a su padre, de ser el mayorazgo y luego tuvo la
+desgracia de enamorarse de una muchacha pobre, guapa y honrada, según
+parecía. El padre se opuso con todas sus fuerzas a esas relaciones
+amenazándole con desheredarle si llegaba a casarse con ella. Y él, ciego
+de amor, comprometió primero gravemente a la muchacha, pensando
+convencer así al padre, y acaso por casarse con ella y por salir de
+casa. Y siguió en el pueblo, trabajando como podía en casa de sus
+suegros, y esperando convencer y ablandar a su padre. Y éste, buen
+aragonés, tesa que tesa. Y murió desheredándole al pobre diablo y
+dejando su hacienda al hijo segundo; una hacienda regular. Y muertos
+poco después los suegros del hoy aquí sablista, acudió éste a su hermano
+pidiéndole amparo y trabajo, y su hermano se los negó, y por no matarle,
+que es lo que le pedía el coraje, se ha venido acá a vivir de limosna y
+del sable. Esta es la historia, como ves, muy edificante.
+
+--Y tan edificante!
+
+--Si le hubiera matado a su hermano, a esa especie de Jacob, mal, muy
+mal, y no habiéndole matado mal, muy mal también...
+
+--Acaso peor.
+
+--No digas eso, Federico.
+
+--Sí, porque no sólo vive miserable y vergonzosamente, del sable, sino
+que vive odiando a su hermano.
+
+--Y si le hubiera matado?
+
+--Entonces se le habría curado el odio, y hoy, arrepentido de su crimen,
+querría su memoria. La acción libra del mal sentimiento, y es el mal
+sentimiento el que envenena el alma. Créemelo, Joaquín, que lo sé muy
+bien.
+
+Miróle Joaquín a la mirada fijamente y le espetó un:
+
+--Y tú?
+
+--Yo? No quieras saber, hijo mío, lo que no te importa. Bástete saber
+que todo mi cinismo es defensivo. Yo no soy hijo del que todos vosotros
+tenéis por mi padre; yo soy hijo adulterino y a nadie odio en este mundo
+más que a mi propio padre, al natural, que ha sido el verdugo del otro,
+del que por vileza y cobardía me dió su nombre, este indecente nombre
+que llevo.
+
+--Pero padre no es el que engendra; es el que cría...
+
+--Es que ese, el que creéis que me ha criado, no me ha criado sino que
+me destetó con el veneno del odio que guarda al otro, al que me hizo y
+le obligó a casarse con mi madre.
+
+
+
+
+XXIV
+
+
+Concluyó la carrera el hijo de Abel, Abelín, y acudió su padre, a su
+amigo, por si quería tomarle de ayudante para que a su lado practicase.
+Lo aceptó Joaquín.
+
+«Le admití--escribía más tarde en su _Confesión_, dedicada a su
+hija--por una extraña mezcla de curiosidad, de aborrecimiento a su
+padre, de afecto al muchacho, que me parecía entonces una medianía y por
+un deseo de libertarme así de mi mala pasión a la vez que, por más
+debajo de mi alma, mi demonio me decía que con el fracaso del hijo me
+vengaría del encumbramiento del padre. Quería por un lado, con el cariño
+al hijo, redimirme del odio al padre, y por otro lado me regodeaba
+esperando que si Abel Sánchez triunfó en la pintura, otro Abel Sánchez
+de su sangre marraría en la Medicina. Nunca pude figurarme entonces cuán
+hondo cariño cobraría luego al hijo del que me amargaba y entenebrecía
+la vida del corazón.»
+
+Y así fué que Joaquín y el hijo de Abel sintiéronse atraídos el uno al
+otro. Era Abelín rápido de comprensión y se interesaba por las
+enseñanzas de Joaquín, a quien empezó llamando maestro. Este su maestro
+se propuso hacer de él un buen médico y confiarle el tesoro de su
+experiencia clínica. «Le guiaré--se decía--a descubrir las cosas que
+esta maldita inquietud de mi ánimo me ha impedido descubrir a mí».
+
+--Maestro,--le preguntó un día Abelín,--por qué no recoje usted todas
+esas observaciones dispersas, todas esas notas y apuntes que me ha
+enseñado y escribe un libro? Sería interesantísimo y de mucha enseñanza.
+Hay cosas hasta geniales, de una extraordinaria sagacidad científica.
+
+--Pues mira, hijo--(que así solía llamarle) respondió--yo no puedo, no
+puedo... No tengo humor para ello, me faltan ganas, coraje, serenidad,
+no sé qué...
+
+--Todo sería ponerse a ello...
+
+--Sí, hijo, sí, todo sería ponerse a ello, pero cuantas veces lo he
+pensado no he llegado a decidirme. Ponerme a escribir un libro... y en
+España... y sobre Medicina...! No vale la pena. Caería en el vacío...
+
+--No, el de usted, no, maestro, se lo respondo.
+
+--Lo que yo debía haber hecho es lo que tú has de hacer, dejar esta
+insoportable clientela y dedicarte a la investigación pura, a la
+verdadera ciencia, a la fisiología, a la histología, a la patología y no
+a los enfermos de pago. Tú que tienes alguna fortuna, pues los cuadros
+de tu padre han debido dársela, dedícate a eso.
+
+--Acaso tenga usted razón, maestro; pero ello no quita para que usted
+deba publicar sus memorias de clínico.
+
+--Mira, si quieres, hagamos una cosa. Yo te doy mis notas todas, te las
+amplío de palabra, te digo cuanto me preguntes y publica tú el libro. Te
+parece?
+
+--De perlas, maestro. Ya vengo apuntando desde que le ayudo todo lo que
+le oigo y todo lo que a su lado aprendo.
+
+--Muy bien, hijo, muy bien!--y le abrazó conmovido.
+
+Y luego se decía Joaquín: «Este, éste será mi obra! Mío y no de su
+padre. Acabará venerándome y comprendiendo que yo valgo mucho más que su
+padre y que hay en mi práctica de la Medicina mucha más arte que en la
+pintura de su padre. Y al cabo se lo quitaré, sí, se lo quitaré! El me
+quitó a Helena, yo les quitaré el hijo. Que será mío, y quién sabe?...
+acaso concluya renegando de su padre, cuando le conozca y sepa lo que me
+hizo».
+
+
+
+
+XXV
+
+
+--Pero dime--le preguntó un día Joaquín a su discípulo--cómo se te
+ocurrió estudiar Medicina?
+
+--No lo sé...
+
+--Porque lo natural es que hubieses sentido inclinación a la pintura.
+Los muchachos se sienten llamados a la profesión de sus padres; es el
+espíritu de imitación... el ambiente...
+
+--Nunca me ha interesado la pintura, maestro.
+
+--Lo sé, lo sé por tu padre, hijo.
+
+--Y la de mi padre menos.
+
+--Hombre, hombre, y cómo así?
+
+--No la siento y no sé si la siente él...
+
+--Eso es más grande. A ver, explícate.
+
+--Estamos solos; nadie nos oye; usted, maestro, es como si fuese mi
+segundo padre... segundo... Bueno. Además usted es el más antiguo amigo
+suyo, le he oído decir que de siempre, de toda la vida, de antes de
+tener uso de razón, que son como hermanos...
+
+--Sí, sí, así es; Abel y yo somos como hermanos... Sigue.
+
+--Pues bien, quiero abrirle hoy mi corazón, maestro.
+
+--Ábremelo. Lo que me digas caerá en él como en el vacío, nadie lo
+sabrá!
+
+--Pues sí, dudo que mi padre sienta la pintura ni nada. Pinta como una
+máquina, es un don natural, pero sentir?
+
+--Siempre he creído eso.
+
+--Pues fué usted, maestro, quien, según dicen; hizo la mayor fama de mi
+padre con aquel famoso discurso de que aún se habla...
+
+--Y qué iba yo a decir?
+
+--Algo así me pasa. Pero mi padre no siente ni la pintura ni nada. Es de
+corcho, maestro, de corcho.
+
+--No tanto, hijo.
+
+--Sí, de corcho. No vive más que para su gloria. Todo eso de que la
+desprecia es farsa, farsa, farsa. No busca más que el aplauso. Y es un
+egoísta, un perfecto egoísta. No quiere a nadie.
+
+--Hombre, a nadie...
+
+--A nadie, maestro, a nadie! Ni sé cómo se casó con mi madre. Dudo que
+fuera por amor.
+
+Joaquín palideció.
+
+--Sé--prosiguió el hijo--que ha tenido enredos y líos con algunas
+modelos, pero eso no es más que capricho y algo de jactancia. No quiere
+a nadie.
+
+--Pero me parece que no eres tú quien debieras...
+
+--A mí nunca me ha hecho caso. A mí me ha mantenido, ha pagado mi
+educación y mis estudios, no me ha escatimado ni me escatima su dinero,
+pero yo apenas si existo para él. Cuando alguna vez le he preguntado
+algo, de historia del arte, de técnica, de la pintura o de sus viajes o
+de otra cosa, me ha dicho: «Déjame, déjame en paz» y una vez llegó a
+decirme: «apréndelo, como lo he aprendido yo! ahí tienes los libros».
+Qué diferencia con usted, maestro!
+
+--Sería que no lo sabía, hijo. Porque mira, los padres quedan a las
+veces mal con sus hijos por no confesarse más ignorantes o más torpes
+que ellos.
+
+--No era eso. Y hay algo peor.
+
+--Peor? A ver!
+
+--Peor, sí. Jamás me ha reprendido, haya hecho yo lo que hiciera. No
+soy, no he sido nunca un calavera, un disoluto, pero todos los jóvenes
+tenemos nuestras caídas, nuestros tropiezos. Pues bien, jamás los ha
+inquirido y si por acaso los sabía nada me ha dicho.
+
+--Eso es respeto a tu personalidad, confianza en ti... Es acaso la
+manera más generosa y noble de educar a un hijo, es fiarse...
+
+--No, no es nada de eso, maestro. Es sencillamente indiferencia.
+
+--No, no, no exageres, no es eso... Qué te iba a decir que tú no te lo
+dijeras? Un padre no puede ser un juez...
+
+--Pero sí un compañero, un consejero, un amigo o un maestro como usted.
+
+--Pero hay cosas que el pudor impide se traten entre padres e hijos.
+
+--Es natural que usted, su mayor y más antiguo amigo, su casi hermano,
+le defienda aunque...
+
+--Aunque qué?
+
+--Puedo decirlo todo?
+
+--Sí, dilo todo!
+
+--Pues bien, de usted no le he oído nunca hablar sino muy bien,
+demasiado bien, pero...
+
+--Pero qué?
+
+--Que habla demasiado bien de usted.
+
+--Qué es eso de demasiado?
+
+--Que antes de conocerle yo a usted, maestro, le creía otro.
+
+--Explícate.
+
+--Para mi padre es usted una especie de personaje trágico, de ánimo
+torturado, de hondas pasiones. «Si se pudiera pintar el alma de
+Joaquín!» suele decir. Habla de un modo como si mediase entre usted y él
+algún secreto...
+
+--Aprensiones tuyas...
+
+--No, no lo son.
+
+--Y tu madre?
+
+--Mi madre...
+
+
+
+
+XXVI
+
+
+--Mira, Joaquín--le dijo un día Antonia a su marido,--me parece que el
+mejor día nuestra hija se nos va o nos la llevan...
+
+--Joaquina? Y a dónde?
+
+--Al convento!
+
+--Imposible!
+
+--No, sino muy posible. Tú distraído con tus cosas y ahora con ese hijo
+de Abel al que pareces haber prohijado... cualquiera diría que le
+quieres más que a tu hija...
+
+--Es que trato de salvarle, de redimirle de los suyos...
+
+--No; de lo que tratas es de vengarte. Qué vengativo eres! Ni olvidas ni
+perdonas! Temo que Dios te va a castigar, va a castigarnos...
+
+--Ah, y es por eso por lo que Joaquina se quiere ir al convento?
+
+--Yo no he dicho eso.
+
+--Pero lo digo yo y es lo mismo. Se va acaso por celos de Abelín? Es que
+teme que le llegue a querer más que a ella? Pues si es por eso...
+
+--Por eso no.
+
+--Entonces?
+
+--Qué sé yo...! Dice que tiene vocación, que es adonde Dios la llama...
+
+--Dios... Dios... será su confesor. Quién es?
+
+--El padre Echevarría.
+
+--El que me confesaba a mí?
+
+--El mismo!
+
+Quedóse Joaquín mustio y cabizbajo, y al día siguiente, llamando a solas
+a su mujer, le dijo:
+
+--Creo haber penetrado en los motivos que empujan a Joaquina al
+claustro, o mejor, en los motivos por que le induce el padre Echevarría
+a que entre en él. Tú recuerdas cómo busqué refugio y socorro en la
+iglesia contra esta maldita obsesión que me embarga el ánimo todo,
+contra este despecho que con los años se hace más viejo, es decir, más
+duro y más terco, y cómo, después de los mayores esfuerzos, no pude
+lograrlo? No, no me dió remedio el padre Echevarría, no pudo dármelo.
+Para este mal no hay más que un remedio, uno sólo.
+
+Callóse un momento como esperando una pregunta de su mujer, y como ella
+callara, prosiguió diciéndole:
+
+--Para ese mal no hay más remedio que la muerte. Quién sabe... Acaso
+nací con él y con él moriré. Pues bien, ese padrecito que no pudo
+remediarme ni reducirme empuja ahora, sin duda, a mi hija, a tu hija, a
+nuestra hija, al convento, para que en él ruegue por mí, para que se
+sacrifique salvándome...
+
+--Pero si no es sacrificio... si dice que es su vocación...
+
+--Mentira, Antonia; te digo que eso es mentira. Las más de las que van
+monjas o van a trabajar poco, a pasar una vida pobre, pero descansada, a
+sestear místicamente o van huyendo de casa, y nuestra hija huye de casa,
+huye de nosotros...
+
+--Será de ti...
+
+--Sí, huye de mí! Me ha adivinado!
+
+--Y ahora que le has cobrado ese apego a ese...
+
+--Quieres decirme que huye de él?
+
+--No sino de tu nuevo capricho...
+
+--Capricho? capricho? capricho dices? Yo seré todo menos caprichoso,
+Antonia. Yo tomo todo en serio, todo, lo entiendes?
+
+--Sí, demasiado en serio--agregó la mujer llorando.
+
+--Vamos, no llores así, Antonia, mi santa, mi ángel bueno, y perdóname
+si he dicho algo...
+
+--No es peor lo que dices, sino lo que callas.
+
+--Pero, por Dios, Antonia, por Dios, haz que nuestra hija no nos deje;
+que si se va al convento, me mata, sí, me mata, porque me mata! Que se
+quede... que yo haré lo que ella quiera... que si quiere que le despache
+a Abelín, le despacharé...
+
+--Me acuerdo cuando decías que te alegrabas de que no tuviéramos más que
+una hija, porque así no teníamos que repartir el cariño...
+
+--Pero si no lo reparto!
+
+--Algo peor entonces...
+
+--Sí, Antonia, esa hija quiere sacrificarse por mí, y no sabe que si se
+va al convento me deja desesperado. Su convento es esta casa!
+
+
+
+
+XXVII
+
+
+Dos días después encerrábase en el gabinete Joaquín con su mujer y su
+hija.
+
+--Papá, Dios lo quiere!--exclamó resueltamente y mirándole cara a cara
+su hija Joaquina.
+
+--Pues, no! No es Dios quien lo quiere, sino el padrecito ese--replicó
+él.--Qué sabes tú, mocosuela, lo que quiere Dios? Cuándo te has
+comunicado con él?
+
+--Comulgo cada semana, papá.
+
+--Y se te antojan revelaciones de Dios los desvanecimientos que te suben
+del estómago en ayunas.
+
+--Peores son los del corazón en ayunas.
+
+--No, no, eso no puede ser; eso no lo quiere Dios, no puede quererlo, te
+digo que no lo puede querer!
+
+--Yo no sé lo que Dios quiere, y tú, padre, sabes lo que no puede
+querer, eh? De cosas del cuerpo sabrás mucho, pero de cosas de Dios, del
+alma...
+
+--Del alma, eh? Con que tú crees que no sé del alma?
+
+--Acaso lo que mejor te sería no saber.
+
+--Me acusas?
+
+--No, eres tú, papá, quien se acusa a sí mismo.
+
+--Lo ves, Antonia, lo ves, no te lo decía?
+
+--Y qué te decía, mamá?
+
+--Nada, hija mía, nada; aprensiones, cavilaciones de tu padre...
+
+--Pues bueno--exclamó Joaquín como quien se decide,--tú vas al convento
+para salvarme, no es eso?
+
+--Acaso no andes lejos de la verdad.
+
+--Y salvarme de qué?
+
+--No lo sé bien.
+
+--Lo sabré yo...! De qué? de quién?
+
+--De quién, padre, de quién? Pues del demonio o de ti mismo.
+
+--Y tú qué sabes?
+
+--Por Dios, Joaquín, por Dios--suplicó la madre con lágrimas en la voz,
+llena de miedo ante la mirada y el tono de su marido.
+
+--Déjanos, mujer, déjanos, déjanos a ella y a mí. Esto no te toca!
+
+--Pues no ha de tocarme? Pero si es mi hija...
+
+--La mía! Déjanos, ella es una Monegro, yo soy un Monegro; déjanos. Tú
+no entiendes, tú no puedes entender estas cosas...
+
+--Padre, si trata así a madre delante mío, me voy. No llores, mamá.
+
+--Pero tú crees, hija mía...?
+
+--Lo que yo creo y sé es que soy tan hija suya como tuya.
+
+--Tanto?
+
+--Acaso más.
+
+--No digáis esas cosas, por Dios--exclamó la madre llorando--si no me
+voy...
+
+--Sería lo mejor--añadió la hija.--A solas nos veríamos mejor las caras,
+digo, las almas, nosotros, los Monegros.
+
+La madre besó a la hija y se salió.
+
+--Y bueno--dijo fríamente el padre, así que se vió a solas con su
+hija,--para salvarme de qué o de quién te vas al convento?
+
+--Pues bien, padre, no sé de quién, no sé de qué, pero hay que salvarte.
+Yo no sé lo que anda por dentro de esta casa, entre tú y mi madre, no sé
+lo que anda dentro de ti, pero es algo malo...
+
+--Eso te lo ha dicho el padrecito ese?
+
+--No, no me lo ha dicho el padrecito; no ha tenido que decírmelo; no me
+lo ha dicho nadie, sino que lo he respirado desde que nací. Aquí, en
+esta casa, se vive como en tinieblas espirituales!
+
+--Bah, esas son cosas que has leído en tus libros...
+
+--Como tú has leído otras en los tuyos. O es que crees que sólo los
+libros que hablan de lo que hay dentro del cuerpo, esos libros tuyos con
+esas láminas feas, son los que enseñan la verdad?
+
+--Y bien, esas tinieblas espirituales que dices, qué son?
+
+--Tú lo sabrás mejor que yo, papá; pero no me niegues que aquí pasa
+algo, que aquí hay, como si fuese una niebla oscura, una tristeza que se
+mete por todas partes, que tú no estás contento nunca, que sufres, que
+es como si llevases a cuestas una culpa grande...
+
+--Sí, el pecado original--dijo Joaquín con sorna.
+
+--Ese, ese!--exclamó la hija.--Ese, del que no te has sanado!
+
+--Pues me bautizaron...!
+
+--No importa.
+
+--Y como remedio para esto vas a meterte monja, no es eso? Pues lo
+primero era averiguar qué es ello, a qué se debe todo esto...
+
+--Dios me libre, papá, de tal cosa. Nada de querer juzgaros.
+
+--Pero de condenarme, sí, no es eso?
+
+--Condenarte?
+
+--Sí, condenarme; eso de irte así es condenarme...
+
+--Y si me fuese con un marido? Si te dejara por un hombre...?
+
+--Según el hombre.
+
+Hubo un breve silencio.
+
+--Pues sí, hija mía--reanudó Joaquín,--yo no estoy bien, yo sufro, sufro
+casi toda mi vida; hay mucho de verdad en lo que has adivinado; pero con
+tu resolución de meterte monja me acabas de matar, exacerbas y enconas
+mis males. Ten compasión de tu padre, de tu pobre padre...
+
+--Es por compasión...
+
+--No, es por egoísmo. Tú huyes; me ves sufrir y huyes. Es el egoísmo, es
+el despego, es el desamor lo que te lleva al claustro. Figúrate que yo
+tuviese una enfermedad pegajosa y larga, una lepra, me dejarías yendo al
+convento a rogar por Dios que me sanara? Vamos, contesta, me dejarías?
+
+--No, no te dejaría, pues soy tu única hija.
+
+--Pues haz cuenta que soy un leproso. Quédate a cuidarme. Me pondré bajo
+tu cuidado, haré lo que me mandes.
+
+--Si es así...
+
+Levantóse el padre, y mirando a su hija a través de lágrimas, abrazóla,
+y teniéndola así, en sus brazos, con voz de susurro, le dijo al oído:
+
+--Quieres curarme, hija mía?
+
+--Sí, papá.
+
+--Pues bien, cásate con Abelín.
+
+--Eh?--exclamó Joaquina, separándose de su padre y mirándole cara a
+cara.
+
+--Qué? Qué te sorprende?--balbució el padre, sorprendido a su vez.
+
+--Casarme? Yo? Con Abelín? Con el hijo de tu enemigo?
+
+--Quién te ha dicho eso?
+
+--Tu silencio de años.
+
+--Pues por eso, por ser el hijo del que llamas mi enemigo.
+
+--Yo no sé lo que hay entre vosotros, no quiero saberlo, pero al verte
+últimamente cómo te aficionabas a su hijo, me dió miedo... temí... no sé
+lo que temí. Ese tu cariño a Abelín me parecía monstruoso, algo
+infernal...
+
+--Pues no, hija, no! Buscaba en él redención. Y créeme, si logras
+traerle a mi casa, si le haces mi hijo, será como si sale al fin el sol
+en mi alma...
+
+--Pero pretendes tú, tú, mi padre, que yo le solicite, le busque?
+
+--No digo eso.
+
+--Pues entonces?
+
+--Y si él...
+
+--Ah, pero lo teníais ya tramado entre los dos y sin contar conmigo?
+
+--No, lo tenía pensado yo, yo, tu padre, tu pobre padre, yo...
+
+--Me das pena, padre.
+
+--También yo me doy pena. Y ahora todo corre de mi cuenta. No pensabas
+sacrificarte por mí?
+
+--Pues bien, sí, me sacrificaré por ti. Dispón de mí!
+
+Fué el padre a besarla, y ella, desasiéndosele, exclamó:
+
+--No, ahora no! Cuando lo merezcas. O es que quieres que también yo te
+haga callar con besos?
+
+--Dónde has aprendido eso, hija?
+
+--Las paredes oyen, papá.
+
+--Y acusan!
+
+
+
+
+XXVIII
+
+
+--Quién fuera usted, don Joaquín--decíale un día a éste aquel pobre
+desheredado aragonés, el padre de los cinco hijos, luego que le hubo
+sacado algún dinero.
+
+--Querer ser yo! No lo comprendo!
+
+--Pues sí, lo daría todo por poder ser usted, don Joaquín.
+
+--Y qué es eso todo que daría usted?
+
+--Todo lo que puedo dar, todo lo que tengo.
+
+--Y qué es ello?
+
+--La vida!
+
+--La vida por ser yo!--y a sí mismo se añadió Joaquín: «Pues yo la
+daría por poder ser otro!»
+
+--Sí, la vida por ser usted.
+
+--He ahí una cosa que no comprendo bien, amigo mío; no comprendo que
+nadie se disponga a dar la vida por poder ser otro, ni siquiera
+comprendo que nadie quiera ser otro. Ser otro es dejar de ser uno, de
+ser el que se es.
+
+--Sin duda.
+
+--Y eso es dejar de existir.
+
+--Sin duda.
+
+--Pero no para ser otro...
+
+--Sin duda.
+
+--Entonces...
+
+--Quiero decir, don Joaquín, que de buena gana dejaría de ser, o dicho
+más claro, me pegaría un tiro o me echaría al río si supiera que los
+míos, los que me atan a esta vida perra, los que no me dejan suicidarme,
+habrían de encontrar un padre en usted. No comprende usted ahora?
+
+--Sí que lo comprendo. De modo que...
+
+--Que maldito el apego que tengo a la vida y que de buena gana me
+separaría de mí mismo y mataría para siempre mis recuerdos si no fuese
+por los míos. Aunque también me retiene otra cosa.
+
+--Qué?
+
+--El temor de que mis recuerdos, de que mi historia me acompañen más
+allá de la muerte. Quién fuera usted, don Joaquín!
+
+--Y si a mí me retuvieran en la vida, amigo mío, motivos como los de
+usted?
+
+--Bah, usted es rico.
+
+--Rico... rico...
+
+--Y un rico nunca tiene motivo de queja. A usted no le falta nada.
+Mujer, hija, una buena clientela, reputación... qué más quiere usted? A
+usted no le desheredó su padre; a usted no le echó de su casa su hermano
+a pedir... A usted no le han obligado a hacerse un mendigo! Quién fuera
+usted, D. Joaquín!
+
+Y al quedarse luego éste solo se decía: «Quién fuera yo! Ese hombre me
+envidia! me envidia! Y yo quién quiero ser?»
+
+
+
+
+XXIX
+
+
+Pocos días después Abelín y Joaquina estaban en relaciones de noviazgo.
+Y en su _Confesión_, dedicada a su hija, escribía algo después Joaquín:
+
+«No es posible, hija mía, que te explique cómo llevé a Abel, tu marido
+de hoy, a que te solicitase por novia pidiéndote relaciones. Tuve que
+darle a entender que tú estabas enamorada de él o que por lo menos te
+gustaría que de ti se enamorase sin descubrir lo más mínimo de aquella
+nuestra conversación a solas, luego que tu madre me hizo saber como
+querías entrar por mi causa en un convento. Veía en ello mi salvación.
+Sólo uniendo tu suerte a la suerte del hijo único de quien me ha
+envenenado la fuente de la vida, sólo mezclando así nuestras sangres
+esperaba poder salvarme.
+
+»Pensaba que acaso un día tus hijos, mis nietos, los hijos de su hijo,
+sus nietos, al heredar nuestras sangres, se encontraran con la guerra
+dentro, con el odio en sí mismos. Pero no es acaso el odio a sí mismo, a
+la propia sangre, el único remedio contra el odio a los demás? La
+escritura dice que en el seno de Rebeca se peleaban ya Esaú y Jacob.
+Quién sabe si un día no concebirás tú dos mellizos, el uno con mi sangre
+y el otro con la suya, y se pelearán y se odiarán ya desde tu seno y
+antes de salir al aire y a la conciencia! Porque esta es la tragedia
+humana y todo hombre es, como Job, hijo de contradicción.
+
+»Y he temblado al pensar que acaso os junté, no para unir, sino para
+separar aún más vuestras sangres, para perpetuar un odio. Perdóname!
+Deliro.
+
+»Pero no son sólo nuestras sangres, la de él y la mía; es también la de
+ella, la de Helena. La sangre de Helena! Esto es lo que más me turba;
+esa sangre que le florece en las mejillas, en la frente, en los labios,
+que le hace marco a la mirada, esa sangre que me cegó desde su carne!
+
+»Y queda otra, la sangre de Antonia, de la pobre Antonia, de tu santa
+madre. Esta sangre es agua de bautismo. Esta sangre es la redentora.
+Sólo la sangre de tu madre, Joaquina, puede salvar a tus hijos, a
+nuestros nietos. Esa es la sangre sin mancha que puede redimirlos.
+
+»Y que no vea nunca ella, Antonia, esta _Confesión_; que no la vea. Que
+se vaya de este mundo, si me sobrevive, sin haber más que vislumbrado
+nuestro misterio de iniquidad.»
+
+Los novios comprendiéronse muy pronto y se cobraron cariño. En íntimas
+conversaciones conociéronse sendas víctimas de sus hogares, de dos
+ámbitos tristes, de frívola impasibilidad el uno, de helada pasión
+oculta el otro. Buscaron su apoyo en Antonia, en la madre de ella.
+Tenían que encender un hogar, un verdadero hogar, un nido de amor
+sereno que vive de sí mismo, que no espía los otros amores, un castillo
+de soledad amorosa, y unir en él a las dos desgraciadas familias. Le
+harían ver a Abel, al pintor, que la vida íntima del hogar es la
+sustancia imperecedera de que no es sino resplandor, cuando no sombra,
+el arte; a Helena, que la juventud perpetua está en el alma que sabe
+hundirse en la corriente viva del linaje, en el alma de la familia; a
+Joaquín, que nuestro nombre se pierde con nuestra sangre, pero para
+recobrarse en los nombres y en las sangres de los que las mezclan a los
+nuestros; a Antonia no le tenían que hacerle ver nada, porque era una
+mujer nacida para vivir y revivir en la dulzura de la costumbre.
+
+Joaquín sentía renacerse. Hablaba con emoción de cariño de su antiguo
+amigo, de Abel, y llegó a confesar que fué una fortuna que le quitase
+toda esperanza respecto a Helena.
+
+--Pues bien--le decía una vez a solas a su hija;--ahora que todo parece
+tomar otro cauce, te lo diré. Yo quería a Helena, o por lo menos creía
+quererla y la solicité sin conseguir nada de ella. Porque, eso sí, la
+verdad, jamás me dió la menor esperanza. Y entonces le presenté a Abel,
+al que será tu suegro... tu otro padre, y al punto se entendieron. Lo
+que tomé yo por un menosprecio, una ofensa... Qué derecho tenía yo a
+ella?
+
+--Es verdad eso, pero así sois los hombres.
+
+--Tienes razón, hija mía, tienes razón. He vivido como loco, rumiando
+esa que estimaba una ofensa, una traición...
+
+--Nada más, papá?
+
+--Cómo nada más?
+
+--No había más que eso, nada más?
+
+--Que yo sepa... no!
+
+Y al decirlo, el pobre hombre se cerraba los ojos hacia adentro y no
+lograba contener al corazón.
+
+--Ahora os casaréis--continuó--y viviréis conmigo, sí, viviréis conmigo,
+y haré de tu marido, de mi nuevo hijo, un gran médico, un artista de la
+Medicina, todo un artista, que pueda igualar siquiera la gloria de su
+padre.
+
+--Y él escribirá, papá, tu obra, pues así me lo ha dicho.
+
+--Sí, la que yo no he podido escribir...
+
+--Me ha dicho que en tu carrera, en la práctica de la Medicina, tienes
+cosas geniales y que has hecho, descubrimientos...
+
+--Aduladores!
+
+--No, así me ha dicho. Y que como no se te conoce, y al no conocerte no
+se te estima en todo lo que vales, que quiere escribir ese libro para
+darte a conocer.
+
+--A buena hora...
+
+--Nunca es tarde si la dicha es buena.
+
+--Ay, hija mía, si en vez de haberme somormujado en esto de la
+clientela, en esta maldita práctica de la profesión que ni deja respirar
+libre ni aprender... si en vez de eso me hubiese dedicado a la ciencia
+pura, a la investigación...! Eso que ha descubierto el doctor Alvarez y
+García y por lo que tanto le bombean, lo habría descubierto antes yo,
+yo, tu padre, yo lo habría descubierto, pues estuve a punto de ello.
+Pero esto de ponerse a trabajar para ganarse la vida...
+
+--Sin embargo, no necesitábamos de ello.
+
+--Sí, pero... Y además, qué sé yo... Mas todo eso ha pasado y ahora
+comienza vida nueva. Ahora voy a dejar la clientela...
+
+--De veras?
+
+--Sí, voy a dejársela al que va a ser tu marido, bajo mi alta
+inspección, por supuesto. Lo guiaré, y yo a mis cosas! Y viviremos todos
+juntos, y será otra vida... otra vida... Empezaré a vivir; seré otro...
+otro... otro...
+
+--Ay, papá, qué gusto! Cómo me alegra oirte hablar así. Al cabo!
+
+--Qué te alegra oirme decir que seré otro?
+
+La hija le miró a los ojos al oir el tono de lo que había debajo de su
+voz.
+
+--Te alegra oirme decir que seré otro?--volvió a preguntar el padre.
+
+--Sí, papá, me alegra!
+
+--Es decir que el otro, que el otro, el que soy, te parece mal?
+
+--Y a ti, papá?--le preguntó a su vez, resueltamente, la hija.
+
+--Tápame la boca!--gimió él.
+
+Y se la tapó con un beso.
+
+
+
+
+XXX
+
+
+--Ya te figurarás a lo que vengo--le dijo Abel a Joaquín apenas se
+encontraron a solas en el despacho de éste.
+
+--Sí, lo sé. Tu hijo me ha anunciado tu visita.
+
+--Mi hijo y pronto tuyo, de los dos. Y no sabes bien cuánto me alegro!
+Es como debía acabar nuestra amistad. Y mi hijo es ya casi tuyo; te
+quiere ya como a padre, no sólo como a maestro. Estoy por decir que te
+quiere más que a mí...
+
+--Hombre... no... no... no digas así.
+
+--Y qué? Crees que tengo celos? No, no soy celoso. Y mira, Joaquín, si
+entre nosotros había algo...
+
+--No sigas por ahí, Abel, te lo ruego, no sigas...
+
+--Es preciso. Ahora que van a unirse nuestras sangres, ahora que mi hijo
+va a serlo tuyo y mía tu hija, tenemos que hablar de esa vieja cuenta,
+tenemos que ser absolutamente sinceros.
+
+--No, no, de ningún modo, y si hablas de ella, me voy!
+
+--Bien, sea! Pero no creas que olvido, no lo olvidaré nunca, tu discurso
+aquel cuando lo del cuadro.
+
+--Tampoco quiero que hables de eso.
+
+--Pues de qué?
+
+--Nada de lo pasado, nada! Hablemos sólo del porvenir...
+
+--Pues si tú y yo, a nuestra edad, no hablamos del pasado, de que vamos
+a hablar? Si nosotros no tenemos ya más que pasado!
+
+--No digas eso!--casi gritó Joaquín.
+
+--Nosotros ya no podemos vivir más que de recuerdos!
+
+--Cállate, Abel, cállate!
+
+--Y si te he de decir la verdad, vale más vivir de recuerdos que de
+esperanzas. Al fin, ellos fueron y de éstas no se sabe si serán.
+
+--No, no, recuerdos, no!
+
+--En todo caso, hablemos de nuestros hijos, que son nuestras esperanzas.
+
+--Eso sí!
+
+--De ellos y no de nosotros, de ellos, de nuestros hijos...
+
+--Él tendrá en ti un maestro y un padre...
+
+--Sí, pienso dejarle mi clientela, es decir, la que quiera tomarlo, que
+ya la he preparado para eso. Le ayudaré en los casos graves.
+
+--Gracias, gracias.
+
+--Eso además de la dote que doy a Joaquina. Pero vivirán conmigo.
+
+--Eso me ha dicho mi hijo. Yo, sin embargo, creo que deben poner casa;
+el casado, casa quiere.
+
+--No, no puedo separarme de mi hija.
+
+--Y nosotros de nuestro hijo, sí, eh?
+
+--Más separados que estáis de él... Un hombre apenas vive en casa; una
+mujer apenas sale de ella. Necesito a mi hija.
+
+--Sea. Ya ves si soy complaciente.
+
+--Y más que esta casa será la vuestra, la tuya, la de Helena...
+
+--Gracias por la hospitalidad. Eso se entiende.
+
+Después de una larga entrevista en que convinieron todo lo atañedero al
+establecimiento de sus hijos, al ir a separarse Abel, mirándole a
+Joaquín a los ojos, con mirada franca, le tendió la mano, y sacando la
+voz de las entrañas de su común infancia le dijo: «Joaquín!»
+Asomáronsele a éste las lágrimas a los ojos al cojer aquella mano.
+
+--No te había visto llorar desde que fuimos niños, Joaquín.
+
+--No volveremos a serlo, Abel.
+
+--Sí, y es lo peor.
+
+Se separaron.
+
+
+
+
+XXXI
+
+
+Con el casamiento de su hija pareció entrar el sol, un sol de ocaso de
+otoño, en el hogar antes frío de Joaquín, y éste empezar a vivir de
+veras. Fué dejándole al yerno su clientela, aunque acudiendo, como en
+consulta, en los casos graves y repitiendo que era bajo su dirección
+como aquél ejercía.
+
+Abelín, con las notas de su suegro, a quien llamaba su padre, tuteándole
+ya, y con sus ampliaciones y explicaciones verbales, iba componiendo la
+obra en que se recojía la ciencia médica del doctor Joaquín Monegro, y
+con un acento de veneración admirativa que el mismo Joaquín no habría
+podido darle. «Era mejor, sí--pensaba éste--era mucho mejor que
+escribiese otro aquella obra, como fué Platón quien expuso la doctrina
+socrática.» No era él mismo quien podía, con toda libertad de ánimo y
+sin que ello pareciese no ya presuntuoso, mas un esfuerzo para violentar
+el aplauso de la posteridad, que se estimaba no conseguible; no era él
+quien podía exaltar su saber y su pericia. Reservaba su actividad
+literaria para otros empeños.
+
+Fué entonces, en efecto, cuando empezó a escribir su _Confesión_, que
+así la llamaba, dedicada a su hija y para que ésta la abriese luego que
+él hubiese muerto, y que era el relato de su lucha íntima con la pasión
+que fué su vida, con aquel demonio con quien peleó casi desde el albor
+de su mente dueña de sí hasta entonces, hasta cuando lo escribía. Esta
+confesión se decía dirigida a su hija, pero tan penetrado estaba él del
+profundo valor trágico de su vida de pasión y de la pasión de su vida,
+que acariciaba la esperanza de que un día su hija o sus nietos la dieran
+al mundo, para que éste se sobrecojiera de admiración y de espanto ante
+aquel héroe de la angustia tenebrosa que pasó sin que le conocieran en
+todo su fondo los que con él convivieron. Porque Joaquín se creía un
+espíritu de excepción, y como tal torturado y más capaz de dolor que los
+otros, un alma señalada al nacer por Dios con la señal de los grandes
+predestinados.
+
+«Mi vida, hija mía--escribía en la _Confesión_,--ha sido un arder
+continuo, pero no la habría cambiado por la de otro. He odiado como
+nadie, como ningún otro ha sabido odiar, pero es que he sentido más que
+los otros la suprema injusticia de los cariños del mundo y de los
+favores de la fortuna. No, no, aquello que hicieron conmigo los padres
+de tu marido no fué humano ni noble; fué infame, pero fué peor, mucho
+peor, lo que me hicieron todos, todos los que encontré desde que, niño
+aún y lleno de confianza, busqué el apoyo y el amor de mis semejantes.
+Por qué me rechazaban? Por qué me acojían fríamente y como obligados a
+ello? Por qué preferían al lijero, al inconstante, al egoísta? Todos,
+todos me amargaron la vida. Y comprendí que el mundo es naturalmente
+injusto y que yo no había nacido entre los míos. Esta fué mi desgracia,
+no haber nacido entre los míos. La baja mezquindad, la vil ramplonería
+de los que me rodeaban, me perdió.»
+
+Y a la vez que escribía esta _Confesión_, preparaba, por si ésta
+marrase, otra obra que sería la puerta de entrada de su nombre en el
+panteón de los ingenios inmortales de su pueblo y casta. Titularíase
+_Memorias de un médico viejo_ y sería la mies del saber de mundo, de
+pasiones, de vida, de tristezas y alegrías, hasta de crímenes ocultos,
+que había cosechado de la práctica de su profesión de médico. Un espejo
+de la vida, pero de las entrañas, y de las más negras, de ésta; una
+bajada a las simas de la vileza humana; un libro de alta literatura y de
+filosofía acibarada a la vez. Allí pondría toda su alma sin hablar de sí
+mismo; allí, para desnudar las almas de los otros, desnudaría la suya;
+allí se vengaría del mundo vil en que había tenido que vivir. Y las
+gentes, al verse así, al desnudo, admirarían primero y quedarían
+agradecidas después al que las desnudó. Y allí, cambiando los nombres a
+guisa de ficción, haría el retrato que para siempre habría de quedar de
+Abel y de Helena. Y su retrato valdría por todos los que Abel pintara. Y
+se regodeaba a solas pensando que si él acertaba aquel retrato literario
+de Abel Sánchez, le habría de inmortalizar a éste más que todos sus
+propios cuadros, cuando los comentaristas y eruditos del porvenir
+llegasen a descubrir, bajo el débil velo de la ficción, al personaje
+histórico. «Sí, Abel, sí--se decía Joaquín a sí mismo--la mayor
+coyuntura que tienes de lograr eso por lo que tanto has luchado, por lo
+único que has luchado, por lo único que te preocupa, por lo que me
+despreciaste siempre o, aun peor, no hiciste caso de mí, la mayor
+coyuntura que tienes de perpetuarte en la memoria de los venideros, no
+son tus cuadros, no! sino es que yo acierte a pintarte con mi pluma tal
+y como eres. Y acertaré, acertaré, porque te conozco, porque te he
+sufrido, porque has pesado toda mi vida sobre mí. Te pondré para siempre
+en el rollo, y no serás Abel Sánchez, no, sino el nombre que yo te dé.
+Y cuando se hable de ti como pintor de tus cuadros, dirán las gentes:
+«Ah, sí, el de Joaquín Monegro!» Porque serás de este modo mío, mío, y
+vivirás lo que mi obra viva, y tu nombre irá por los suelos, por el
+fango, a rastras del mío, como van arrastrados por el Dante los que
+colocó en el Infierno. Y serás la cifra del envidioso.»
+
+Del envidioso! Pues Joaquín dió en creer que toda la pasión que bajo su
+aparente impasibilidad de egoísta animaba a Abel, era la envidia, la
+envidia de él, a Joaquín, que por envidia le arrebatara de mozo el
+afecto de los compañeros, que por envidia le quitó a Helena. Y cómo,
+entonces, se dejó quitar el hijo? «Ah--se decía Joaquín,--es que él no
+se cuida de su hijo, sino de su nombre, de su fama, no cree que vivirá
+en las vidas de sus descendientes de carne, sino en las de los que
+admiren sus cuadros, y me deja su hijo para mejor quedarse con su
+gloria. Pero yo le desnudaré!»
+
+Inquietábale la edad a que emprendía la composición de esas _Memorias_,
+entrado ya en los cincuenta y cinco años, pero, no había acaso empezado
+Cervantes su _Quijote_ a los cincuenta y siete de su edad? Y se dió a
+averiguar qué obras maestras escribieron sus autores después de haber
+pasado la edad suya. Y a la par se sentía fuerte, dueño de su mente
+toda, rico de experiencia, maduro de juicio y con su pasión, fermentada
+en tantos años, contenida pero bullente.
+
+Ahora, para cumplir su obra, se contendría. Pobre Abel! La que le
+esperaba...! Y empezó a sentir desprecio y compasión hacia él. Mirábale
+como a un modelo y como a una víctima, y le observaba y le estudiaba. No
+mucho, pues Abel iba poco, muy poco, a casa de su hijo.
+
+--Debe de andar muy ocupado tu padre--decía Joaquín a su yerno;--apenas
+parece por aquí. Tendrá alguna queja? Le habremos ofendido yo, Antonia o
+mi hija en algo? Lo sentiría...
+
+--No, no, papá--así le llamaba ya Abelín,--no es nada de eso. En casa
+tampoco paraba. No te dije que no le importa nada más que sus cosas? Y
+sus cosas son las de su arte y qué sé yo...
+
+--No, hijo, no, exageras... algo más habrá...
+
+--No, no hay más.
+
+Y Joaquín insistía para oir la misma versión.
+
+--Y Abel, cómo no viene?--le preguntaba a Helena.
+
+--Bah, él es así con todos!--respondía ésta.
+
+Ella, Helena, sí solía ir a casa de su nuera.
+
+
+
+
+XXXII
+
+
+--Pero dime--le decía un día Joaquín a su yerno--cómo no se le ocurrió a
+tu padre nunca inclinarte a la pintura?
+
+--No me ha gustado nunca...
+
+--No importa; parecía lo natural que él quisiera iniciarte en su arte...
+
+--Pues, no, sino que antes más bien le molestaba que yo me interesase en
+él. Jamás me animó a que cuando niño hiciera lo que es natural en niños,
+figuras y dibujos.
+
+--Es raro... es raro...--murmuraba Joaquín.--Pero...
+
+Abel sentía desasosiego al ver la expresión del rostro de su suegro, el
+lívido fulgor de sus ojos. Sentíase que algo le escarabajeaba dentro,
+algo doloroso y que deseaba echar fuera; algún veneno sin duda. Siguióse
+a esas últimas palabras un silencio cargado de acre amargura. Y lo
+rompió Joaquín diciendo:
+
+--No me explico que no quisiese dedicarte a pintor...
+
+--No, no quería que fuese lo que él...
+
+Siguióse otro silencio, que volvió a romper, como con pesar, Joaquín,
+exclamando como quien se decide a una confesión:
+
+--Pues sí, lo comprendo!
+
+Abel tembló, sin saber a punto cierto por qué, al oir el tono y timbre
+con que su suegro pronunció esas palabras.
+
+--Pues...?--interrogó el yerno.
+
+--No... nada...--Y el otro pareció recojerse en sí.
+
+--Dímelo!--suplicó el yerno, que por ruego de Joaquín ya le tuteaba como
+a padre amigo--amigo y cómplice!--aunque temblaba de oir lo que pedía
+que se le dijese.
+
+--No; no, no quiero que digas luego...
+
+--Pues eso es peor, padre, que decírmelo, sea lo que fuere. Además, que
+creo adivinarlo...
+
+--Qué?--preguntó el suegro, atravesándole los ojos con la mirada.
+
+--Que acaso temiese que yo con el tiempo eclipsara su gloria...
+
+--Sí--añadió con reconcentrada voz Joaquín,--sí, eso! Abel Sánchez hijo,
+o Abel Sánchez el Joven! Y que luego se le recordase a él como tu padre
+y no a ti como a su hijo. Es tragedia que se ha visto más de una vez
+dentro de las familias... Eso de que un hijo haga sombra a su padre...
+
+--Pero eso es...--dijo el yerno, por decir algo.
+
+--Eso es envidia, hijo, nada más que envidia.
+
+--Envidia de un hijo...! Y un padre!
+
+--Sí, y la más natural. La envidia no puede ser entre personas que no se
+conocen apenas. No se envidia al de otras tierras ni al de otros
+tiempos. No se envidia al forastero, sino los del mismo pueblo entre sí;
+no al de más edad, al de otra generación, sino al contemporáneo, al
+camarada. Y la mayor envidia entre hermanos. Por algo es la leyenda de
+Caín y Abel... Los celos más terribles, tenlo por seguro, han de ser los
+de uno que cree que su hermano pone ojos en su mujer, en la cuñada... Y
+entre padres e hijos...
+
+--Pero y la diferencia de edad en este caso?
+
+--No importa! Eso de que nos llegue a oscurecer aquel a quien hicimos...
+
+--Y del maestro al discípulo?--preguntó Abel.
+
+Joaquín se calló, clavó un momento su vista en el suelo, bajo el que
+adivinaba la tierra, y luego añadió, como hablando con ella, con la
+tierra:
+
+--Decididamente, la envidia es una forma de parentesco.
+
+Y luego:
+
+--Pero hablemos de otra cosa, y todo esto, hijo, como si no lo hubiese
+dicho. Lo has oído?
+
+--No!
+
+--Cómo que no?...
+
+--Que no he oído lo que antes dijiste.
+
+--Ojalá no lo hubiese oído yo tampoco!--y la voz le lloraba.
+
+
+
+
+XXXIII
+
+
+Solía ir Helena a casa de su nuera, de sus hijos, para introducir un
+poco de gusto más fino, de mayor elegancia, en aquel hogar de burgueses
+sin distinción, para corregir--así lo creía ella--los defectos de la
+educación de la pobre Joaquina, criada por aquel padre lleno de una
+soberbia sin fundamento y por aquella pobre madre que había tenido que
+cargar con el hombre que otra desdeñó. Y cada día dictaba alguna lección
+de buen tono y de escojidas maneras.
+
+--Bien, como quieras!--solía decirle Antonia.
+
+Y Joaquina, aunque recomiéndose, resignábase. Pero dispuesta a
+rebelarse un día. Y si no lo hizo fué por los ruegos de su marido.
+
+--Como usted quiera, señora--le dijo una vez y recalcando el _usted_,
+que no habían logrado lo dejase al hablarle;--yo no entiendo de esas
+cosas ni me importa. En todo eso se hará su gusto...
+
+--Pero si no es mi gusto, hija, si es...
+
+--Lo mismo da! Yo me he criado en la casa de un médico, que es ésta, y
+cuando se trate de higiene, de salubridad, y luego que nos llegue el
+hijo, de criarle, sé lo que he de hacer, pero ahora, en estas cosas que
+llama usted de gusto, de distinción, me someto a quien se ha formado en
+casa de un artista.
+
+--Pero no te pongas así, chicuela...
+
+--No, si no me pongo. Es que siempre nos está usted echando en cara que
+si esto no se hace así, que si se hace asá. Después de todo no vamos a
+dar saraos ni tés danzantes.
+
+--No sé de dónde te ha venido, hija, ese fingido desprecio, fingido, sí,
+fingido, lo repito, fingido...
+
+--Pero si yo no he dicho nada, señora...
+
+--Ese fingido desprecio a las buenas formas, a las conveniencias
+sociales. Aviados estaríamos sin ellas...! No se podría vivir!
+
+Como a Joaquina le habían recomendado su padre y su marido que se
+pasease, que airease y solease la sangre que iba dando al hijo que
+vendría, y como ellos no podían siempre acompañarla, y Antonia no
+gustaba de salir de casa, escoltábala Helena, su suegra. Y se complacía
+en ello, en llevarla al lado como a una hermana menor, pues por tal la
+tomaban los que no las conocían, en hacerle sombra con su espléndida
+hermosura casi intacta por los años. A su lado su nuera se borraba a los
+ojos precipitados de los transeuntes. El encanto de Joaquina era para
+paladeado lentamente por los ojos, mientras que Helena se ataviaba para
+barrer las miradas de los distraídos. «Me quedo con la madre!»--oyó que
+una vez decía un mocetón, a modo de chicoleo, cuando al pasar ellas le
+oyó que llamaba _hija_ a Joaquina, y respiró más fuerte, humedeciéndose
+con la punta de la lengua los labios.
+
+--Mira, hija--solía decirle a Joaquina,--haz lo más por disimular tu
+estado, es muy feo eso de que se conozca que una muchacha está
+encinta... es así como una petulancia...
+
+--Lo que yo hago, madre, es andar cómoda y no cuidarme de lo que crean o
+no crean... Aunque estoy en lo que los cursis llaman estado interesante,
+no me hago la tal como otras se habrán hecho y se hacen. No me preocupo
+de esas cosas.
+
+--Pues hay que preocuparse; se vive en el mundo.
+
+--Y qué más da que lo conozcan...? O es que no le gusta a usted, madre,
+que sepan que va para abuela?--añadió con sorna.
+
+Helena se escocía al oir la palabra odiosa: abuela, pero se contuvo.
+
+--Pues mira, lo que es por edad...--dijo, picada.
+
+--Sí, por edad podía usted ser madre de nuevo--repuso la nuera,
+hiriéndola en lo vivo.
+
+--Claro, claro...--dijo Helena, sofocada y sorprendida, inerme por el
+brusco ataque.--Pero eso de que se te queden mirando...
+
+--No; esté tranquila, pues a usted es más bien a la que miran. Se
+acuerdan de aquel magnífico retrato, de aquella obra de arte...
+
+--Pues yo en tu caso...--empezó la suegra.
+
+--Usted en mi caso, madre, y si pudiese acompañarme en mi estado mismo,
+entonces?
+
+--Mira, niña, si sigues así nos volvemos en seguida y no vuelvo a salir
+contigo ni a pisar tu casa... es decir, la de tu padre.
+
+--La mía, señora, la mía, y la de mi marido y la de usted...!
+
+--Pero de dónde has sacado ese geniecillo, niña?
+
+--Geniecillo? Ah, sí, el genio es de otros!
+
+--Miren, miren la mosquita muerta... la que se iba a ir monja antes de
+que su padre le pescase a mi hijo...
+
+--Le he dicho a usted ya, señora, que no vuelva a mentarme eso. Yo sé lo
+que me hice.
+
+--Y mi hijo también.
+
+--Sí, sabe también lo que se hizo, y no hablemos más de ello.
+
+
+
+
+XXXIV
+
+
+Y vino al mundo el hijo de Abelín y de Joaquina, en quien se mezclaron
+las sangres de Abel Sánchez y de Joaquín Monegro.
+
+La primer batalla fué la del nombre que había de ponérsele; su madre
+quería que Joaquín; Helena, que Abel, y Abel, su hijo Abelín y Antonia,
+remitieron la decisión a Joaquín, que sería quien le diese nombre. Y fué
+un combate en el alma de Monegro. Un acto tan sencillo como es dar
+nombre a un hombre nuevo, tomaba para él tamaño de algo agorero, de un
+sortilegio fatídico. Era como si se decidiera el porvenir del nuevo
+espíritu.
+
+«Joaquín--se decía éste,--Joaquín, sí, como yo, y luego será Joaquín S.
+Monegro y hasta borrará la ese, la ese a que se le reducirá ese odioso
+Sánchez, y desaparecerá su nombre, el de su hijo, y su linaje quedará
+anegado en el mío... Pero no, es mejor que sea Abel Monegro. Abel S.
+Monegro, y se redima así el Abel? Abel es su abuelo, pero Abel es
+también su padre, mi yerno, mi hijo, que es ya mío, un Abel mío, que he
+hecho yo. Y qué más da que se llame Abel si él, el otro, su otro abuelo,
+no será Abel ni nadie le conocerá por tal, sino será como yo le llame en
+las _Memorias_, con el nombre con que le marque en la frente con fuego?
+Pero no...»
+
+Y, mientras, así dudaba, fué Abel Sánchez, el pintor, quien decidió la
+cuestión, diciendo:
+
+--Que se llame Joaquín. Abel el abuelo, Abel el padre, Abel el hijo,
+tres Abeles... son muchos! Además, no me gusta, es nombre de víctima...
+
+--Pues bien dejaste ponérselo a tu hijo--objetó Helena.
+
+--Sí, fué un empeño tuyo, y por no oponerme... Pero figúrate que en vez
+de haberse dedicado a médico se dedica a pintor, pues... Abel Sánchez
+el Viejo y Abel Sánchez el Joven...
+
+--Y Abel Sánchez no puede haber más que uno--añadió Joaquín,
+sotorriéndose.
+
+--Por mí que haya ciento--replicó aquél. Yo siempre he de ser yo.
+
+--Y quién lo duda?--dijo su amigo.
+
+--Nada, nada, que le llamen Joaquín, decidido!
+
+--Y que no se dedique a la pintura, eh?
+
+--Ni a la medicina!--concluyó Abel, fingiendo seguir la fingida broma.
+
+Y Joaquín se llamó el niño.
+
+
+
+
+XXXV
+
+
+Tomaba al niño su abuela Antonia, que era quien le cuidaba, y
+apechugándolo como para ampararlo y cual si presintiese alguna
+desgracia, le decía: «Duerme, hijo mío, duerme, que cuanto más duermas,
+mejor. Así crecerás sano y fuerte. Y luego también, mejor dormido que
+despierto, sobre todo en esta casa. Qué va a ser de ti? Dios quiera que
+no riñan en ti tus dos sangres!» Y dormido el niño, ella, teniéndole en
+brazos, rezaba y rezaba.
+
+Y el niño crecía a la par que la _Confesión_ y las _Memorias_ de su
+abuelo de madre y que la fama de pintor de su abuelo de padre. Pues
+nunca fué más grande la reputación de Abel que en este tiempo. El cual,
+por su parte, parecía preocuparse muy poco de toda otra cosa que no
+fuese su reputación.
+
+Una vez se fijó más intensamente en el nietecillo, y fué que al verle
+una mañana dormido exclamó: «Qué precioso apunte!» Y tomando un álbum se
+puso a hacer un bosquejo a lápiz del niño dormido.
+
+---Qué lástima--exclamó--no tener aquí mi paleta y mis colores! Ese
+juego de la luz en la mejilla, que parece como de melocotón, es
+encantador. Y el color del pelo! Si parecen rayos del sol los rizos!
+
+--Y luego--le dijo Joaquín,--cómo le llamarías al cuadro? Inocencia?
+
+--Eso de poner títulos a los cuadros se queda para los literatos, como
+para los médicos el poner nombres a las enfermedades, aunque no se
+curen.
+
+--Y quién te ha dicho, Abel, que sea lo propio de la medicina curar las
+enfermedades?
+
+--Entonces, qué es?
+
+--Conocerlas. El fin de la ciencia es conocer.
+
+--Yo creí que conocer para curar. De qué nos serviría haber probado del
+fruto de la ciencia del bien y del mal si no era para librarnos de éste?
+
+--Y el fin del arte, cuál es? Cuál es el fin de ese dibujo de nuestro
+nieto que acabas de hacer?
+
+--Eso tiene su fin en sí. Es una cosa bonita y basta.
+
+--Qué es lo bonito? Tu dibujo o nuestro nieto?
+
+--Los dos!
+
+--Acaso crees que tu dibujo es más hermoso que él, que Joaquinito?
+
+--Ya estás en las tuyas! Joaquín! Joaquín!
+
+Y vino Antonia, la abuela, y cojió al niño de la cuna y se lo llevó como
+para defenderlo de uno y de otro abuelo. Y le decía: «Ay, hijo, hijito,
+hijo mío, corderito de Dios, sol de la casa, angelito sin culpa, que no
+te retraten, que no te curen! No seas modelo de pintor, no seas enfermo
+de médico... Déjales, déjales con su arte y con su ciencia y vente con
+tu abuelita, tú, vida, vida, vidita, vidita mía! Tú eres mi vida; tú
+eres nuestra vida; tú eres el sol de esta casa. Yo te enseñaré a rezar
+por tus abuelos y Dios te oirá. Vente conmigo, vidita, vida, corderito
+sin mancha, corderito de Dios!» Y no quiso Antonia ver el apunte de
+Abel.
+
+
+
+
+XXXVI
+
+
+Joaquín seguía con su enfermiza ansiedad el crecimiento en cuerpo y en
+espíritu de su nieto Joaquinito. A quién salía? A quién se parecía? De
+qué sangre era? Sobre todo cuando empezó a balbucir.
+
+Desasosegábale al abuelo que el otro abuelo, Abel, desde que tuvo el
+nieto, frecuentaba la casa de su hijo y hacía que le llevasen a la suya
+el pequeñuelo. Aquel grandísimo egoísta--por tal le tenían su hijo y su
+consuegro--parecía ablandarse de corazón y aun aniñarse ante el niño.
+Solía ir a hacerle dibujos, lo que encantaba a la criatura. «_Abelito_,
+santos!», le pedía. Y Abel no se cansaba de dibujarle perros, gatos,
+caballos, toros, figuras humanas. Ya le pedía un jinete, ya dos chicos
+haciendo cachetina, ya un niño corriendo de un perro que le sigue, y que
+las escenas se repitiesen.
+
+--En mi vida he trabajado con más gusto--decía Abel;--esto, esto es arte
+puro y lo demás... chanfaina!
+
+--Puedes hacer un álbum de dibujos para los niños--le dijo Joaquín.
+
+--No, así no tiene gracia, para los niños... no! Eso no sería arte
+sino...
+
+--Pedagogía--dijo Joaquín.
+
+--Eso, sí, sea lo que fuere, pero arte no. Esto es arte, esto; estos
+dibujos que dentro de media hora romperá nuestro nieto.
+
+--Y si yo los guardase?--preguntó Joaquín.
+
+--Guardarlos? Para qué?
+
+--Para tu gloria. He oído de no sé qué pintor de fama que se han
+publicado los dibujos que les hacía, para divertirlos, a sus hijos, y
+que son de lo mejor de él.
+
+--Yo no los hago para que los publiquen luego, entiendes? Y, en cuanto a
+eso de la gloria, que es una de tus reticencias, Joaquín, sábete que no
+se me da un comino de ella.
+
+--Hipócrita! Si es lo único que de veras te preocupa...
+
+--Lo único? Parece mentira que me lo digas ahora. Hoy lo que me preocupa
+es este niño. Y será un gran artista!
+
+--Que herede tu genio, no?
+
+--Y el tuyo!
+
+El niño miraba sin comprender el duelo entre sus dos abuelos, pero
+adivinando algo en sus actitudes.
+
+--Qué le pasa a mi padre?--preguntaba a Joaquín su yerno--que está
+chocho con el nieto, él que apenas nunca me hizo caso? Ni recuerdo que
+siendo yo niño me hiciese esos dibujos...
+
+--Es que vamos para viejos, hijo--le respondió Joaquín,--y la vejez
+enseña mucho.
+
+--Y hasta el otro día, a no sé qué pregunta del niño, le vi llorar. Es
+decir, le salieron las lágrimas. Las primeras que le he visto.
+
+--Bah! Eso es cardíaco!
+
+--Cómo?
+
+--Que tu padre está ya gastado por los años y el trabajo y por el
+esfuerzo de la inspiración artística y por las emociones; que tiene muy
+mermadas las reservas del corazón y que el mejor día...
+
+--Qué?
+
+--Os da, es decir, nos da un susto. Y me alegro que haya llegado ocasión
+de decírtelo, aunque ya pensaba en ello. Adviérteselo a Helena, a tu
+madre.
+
+--Sí, él se queja de fatiga, de disnea, será...?
+
+--Eso es. Me ha hecho que le reconozca sin saberlo tú y le he
+reconocido. Necesita cuidado.
+
+Y así era que en cuanto se encrudecía el tiempo Abel se quedaba en casa
+y hacía que le llevasen a ella al nieto, lo que amargaba para el día
+todo al otro abuelo. «Me lo está mimando--se decía Joaquín--, quiere
+arrebatarme su cariño; quiere ser el primero; quiere vengarse de lo de
+su hijo. Sí, sí, es por venganza, nada más que por venganza. Quiere
+quitarme este último consuelo. Vuelve a ser él, él, él, que me quitaba
+los amigos cuando éramos mozos.»
+
+Y en tanto Abel le repetía al nietecito que quisiera mucho al abuelito
+Joaquín.
+
+--Te quiero más a ti--le dijo una vez el nieto.
+
+--Pues no! No debes quererme a mí más; hay que querer a todos igual.
+Primero a papá y mamá y luego a los abuelos y a todos lo mismo. El
+abuelito Joaquín es muy bueno, te quiere mucho, te compra juguetes...
+
+--También tú me los compras...
+
+--Te cuenta cuentos...
+
+--Me gustan más los dibujos que tú me haces. Anda, píntame un toro y un
+picador a caballo!
+
+
+
+
+XXXVII
+
+
+--Mira, Abel--le dijo solemnemente Joaquín, así que se encontraron
+solos,--vengo a hablarte de una cosa grave, muy grave, de una cuestión
+de vida o muerte.
+
+--De mi enfermedad?
+
+--No, pero si quieres de la mía.
+
+--De la tuya?
+
+--De la mía, sí! Vengo a hablarte de nuestro nieto. Y para no andar con
+rodeos es menester que te vayas, que te alejes, que nos pierdas de
+vista; te lo ruego, te lo suplico...
+
+--Yo? Pero estás loco, Joaquín? Y por qué?
+
+--El niño te quiere a ti más que a mí. Esto es claro. Yo no sé lo que
+haces con él... no quiero saberlo...
+
+--Le aojaré o le daré algún bebedizo, sin duda...
+
+--No lo sé. Le haces esos dibujos, esos malditos dibujos, le entretienes
+con las artes perversas de tu maldito arte...
+
+--Ah, pero eso también es malo? Tú no estás bueno, Joaquín.
+
+--Puede ser que no esté bueno, pero eso no importa ya. No estoy en edad
+de curarme. Y si estoy malo debes respetarme. Mira, Abel, que me
+amargaste la juventud, que me has perseguido la vida toda...
+
+--Yo?
+
+--Sí, tú, tú.
+
+--Pues lo ignoraba.
+
+--No finjas. Me has despreciado siempre...
+
+--Mira, si sigues así, me voy, porque me pones malo de verdad. Ya sabes
+mejor que nadie, que no estoy para oir locuras de ese jaez. Vete a un
+manicomio a que te curen o te cuiden y déjanos en paz.
+
+--Mira, Abel, que me quitaste, por humillarme, por rebajarme, a
+Helena...
+
+--Y no has tenido a Antonia...?
+
+--No, no es por ella, no! Fué el desprecio, la afrenta, la burla.
+
+--Tú no estás bueno, te lo repito, Joaquín, no estás bueno...
+
+--Peor estás tú.
+
+--De salud del cuerpo, desde luego. Sé que no estoy para vivir mucho.
+
+--Demasiado...
+
+--Ah, pero me deseas la muerte?
+
+--No, Abel, no, no digo eso--y tomó Joaquín tono de quejumbrosa súplica,
+diciéndole: Vete, vete de aquí, vete a vivir a otra parte, déjame con
+él... no me lo quites... por lo que te queda...
+
+--Pues por lo que me queda, déjame con él.
+
+--No, que le envenenas con tus mañas, que le desapegas de mí, que le
+enseñas a despreciarme...
+
+--Mentira, mentira y mentira! Jamás me ha oído ni me oirá nada en
+desprestigio tuyo.
+
+--Sí, pero basta con lo que le engatusas.
+
+--Y crees tú que por irme yo, por quitarme yo de en medio habría de
+quererte? Si a ti, Joaquín, aunque uno se proponga no puede quererte...
+Si rechazas a la gente....
+
+--Lo ves, lo ves...
+
+--Y si el niño no te quiere como tú quieres ser querido, con exclusión
+de los demás o más que a ellos, es que presiente el peligro, es que
+teme...
+
+--Y qué teme?--preguntó Joaquín, palideciendo.
+
+---El contagio de tu mala sangre.
+
+Levantóse entonces Joaquín, lívido, se fué a Abel y le puso las dos
+manos, como dos garras, en el cuello, diciendo: Bandido!
+
+Mas al punto las soltó. Abel dió un grito, llevándose las manos al
+pecho, suspiró un «Me muero!» y dió el último respiro. Joaquín se dijo:
+«El ataque de angina; ya no hay remedio; se acabó!»
+
+En aquel momento oyó la voz del nieto que llamaba: «Abuelito! Abuelito!»
+Joaquín se volvió:
+
+--A quién llamas? A qué abuelo llamas? A mí?--Y como el niño callara
+lleno de estupor ante el misterio que veía:--Vamos, dí, a qué abuelo? A
+mí?
+
+--No, al abuelito Abel.
+
+--A Abel? Ahí le tienes... muerto. Sabes lo que es eso? Muerto.
+
+Después de haber sostenido en la butaca en que murió el cuerpo de Abel,
+se volvió Joaquín al nieto y con voz de otro mundo le dijo:
+
+--Muerto, sí! Y le he matado yo, yo, ha matado a Abel Caín, tu abuelo
+Caín. Mátame ahora si quieres. Me quería robarte; quería quitarme tu
+cariño. Y me lo ha quitado. Pero él tuvo la culpa; él.
+
+Y rompiendo a llorar, añadió:
+
+--Me quería robarte a ti, a ti, al único consuelo que le quedaba al
+pobre Caín! No le dejarán a Caín nada? Ven acá, abrázame.
+
+El niño huyó sin comprender nada de aquello, como se huye de un loco.
+Huyó llamando a Helena: abuela, abuela!
+
+--Le he matado, sí--continuó Joaquín solo;--pero él me estaba matando;
+hace más de cuarenta años que me estaba matando. Me envenenó los caminos
+de la vida con su alegría y con sus triunfos. Quería robarme el
+nieto...
+
+Al oir pasos precipitados, volviendo Joaquín en sí, volvióse. Era
+Helena, que entraba.
+
+--Qué pasa... qué sucede... qué dice el niño...
+
+--Que la enfermedad de tu marido ha tenido su fatal desenlace--dijo
+Joaquín heladamente.
+
+--Y tú?
+
+--Yo no he podido hacer nada. En esto se llega siempre tarde.
+
+Helena le miró fijamente y le dijo:
+
+--Tú... tú has sido!
+
+Luego se fué, pálida y convulsa, pero sin perder su compostura, al
+cuerpo de su marido.
+
+
+
+
+XXXVIII
+
+
+Pasó un año, en que Joaquín cayó en una honda melancolía. Abandonó sus
+_Memorias_, evitaba ver a todo el mundo, incluso a sus hijos. La muerte
+de Abel había aparecido el natural desenlace de su dolencia, conocida
+por su hija, pero un espeso bochorno de misterio pesaba sobre la casa.
+Helena encontró que el traje de luto la favorecía mucho y empezó a
+vender los cuadros que de su marido le quedaban. Parecía tener cierta
+aversión al nieto. Al cual le había nacido ya una hermanita.
+
+Postróle, al fin, una oscura enfermedad en el lecho. Y sintiéndose
+morir, llamó un día a sus hijos, a su mujer, a Helena.
+
+--Os dijo verdad el niño--empezó diciendo,--yo le maté.
+
+--No digas esas cosas, padre--suplicó Abel, su yerno.
+
+--No es hora de interrupciones ni de embustes. Yo le maté. O como si yo
+le hubiera matado, pues murió en mis manos...
+
+--Eso es otra cosa.
+
+--Se me murió teniéndole yo en mis manos, cojido del cuello. Aquello fué
+como un sueño. Toda mi vida ha sido como un sueño. Por eso ha sido como
+una de esas pesadillas dolorosas que nos caen encima poco antes de
+despertar, al alba, entre el sueño y la vela. No he vivido ni dormido...
+ojalá! ni despierto. No me acuerdo ya de mis padres, no quiero acordarme
+de ellos y confío en que ya muertos me hayan olvidado. Me olvidará
+también Dios? Sería lo mejor acaso, el eterno olvido. Olvidadme, hijos
+míos!
+
+--Nunca!--exclamó Abel, yendo a besarle la mano.
+
+--Déjala! Estuvo en el cuello de tu padre al morirse éste. Déjala! Pero
+no me dejéis. Rogad por mí.
+
+--Padre, padre!--suplicó la hija.
+
+--Por qué he sido tan envidioso, tan malo? Qué hice para ser así? Qué
+leche mamé? Era un bebedizo de odio? Ha sido un bebedizo mi sangre? Por
+qué nací en tierra de odios? En tierra en que el precepto parece ser:
+«Odia a tu prójimo como a ti mismo.» Porque he vivido odiándome; porque
+aquí todos vivimos odiándonos. Pero... traed al niño.
+
+--Padre!
+
+--Traed al niño!
+
+Y cuando el niño llegó le hizo acercarse:
+
+--Me perdonas?--le preguntó.
+
+--No hay de qué--dijo Abel.
+
+--Dí que sí, arrímate al abuelo--le dijo su madre.
+
+--Sí!--susurró el niño.
+
+--Dí claro, hijo mío, dí si me perdonas.
+
+--Sí.
+
+--Así, sólo de ti, sólo de ti, que no tienes todavía uso de razón, de ti
+que eres inocente, necesito perdón. Y no olvides a tu abuelo Abel, al
+que te hacía los dibujos. Le olvidarás?
+
+--No!
+
+--No, no le olvides, hijo mío, no le olvides. Y tú, Helena...
+
+Helena, la vista en el suelo, callaba.
+
+--Y tú, Helena...
+
+--Yo, Joaquín, te tengo hace tiempo perdonado.
+
+--No te pedía eso. Sólo quiero verte junto a Antonia. Antonia...
+
+La pobre mujer, henchidos de lágrimas los ojos, se echó sobre la cabeza
+de su marido y como queriendo protegerla.
+
+--Tú has sido aquí la víctima. No pudiste curarme, no pudiste hacerme
+bueno...
+
+--Pero si lo has sido, Joaquín... Has sufrido tanto!...
+
+--Sí, la tisis del alma. Y no pudiste hacerme bueno porque no te he
+querido.
+
+--No digas eso!
+
+--Sí, lo digo, lo tengo que decir, y lo digo aquí, delante de todos. No
+te he querido. Si te hubiera querido me había curado. No te he querido.
+Y ahora me duele no haberte querido. Si pudiéramos volver a empezar...
+
+--Joaquín! Joaquín!--clamaba desde el destrozado corazón la pobre
+mujer.--No digas esas cosas. Ten piedad de mí; ten piedad de tus hijos,
+de tu nieto que te oye, y que, aunque parece no entenderte, acaso
+mañana...
+
+--Por eso lo digo, por piedad. No, no te he querido; no he querido
+quererte. Si volviésemos a empezar! Ahora, ahora es cuando...
+
+No le dejó acabar su mujer, tapándole la moribunda con su boca y como si
+quisiera recojer en el propio su último aliento.
+
+--Esto te salva, Joaquín.
+
+--Salvarme? Y a qué llamas salvarse?
+
+--Aun puedes vivir unos años, si lo quieres.
+
+--Para qué? Para llegar a viejo? A la verdadera vejez? No; la vejez, no!
+La vejez egoísta no es más que una infancia en que hay conciencia de la
+muerte. El viejo es un niño que sabe que ha de morir. No, no quiero
+llegar a viejo. Reñiría con los nietos por celos, les odiaría... No,
+no... basta de odio! Pude quererte, debí quererte, que habría sido mi
+salvación, y no te quise.
+
+Calló. No quiso o no pudo proseguir. Besó a los suyos. Horas después
+rendía su último cansado respiro.
+
+
+
+
+OBRAS DEL MISMO AUTOR
+
+EDITADAS POR LA BIBLIOTECA
+
+RENACIMIENTO
+
+
+ Ptas.
+
+ Por tierras de Portugal y España 3,50
+
+ Soliloquios y conversaciones 3,50
+
+ Contra esto y aquello 3,50
+
+ Del sentimiento trágico de la vida 3,50
+
+ Vida de Don Quijote y Sancho 4,00
+
+ Niebla, _novela_ 3,50
+
+ Recuerdos de niñez y de mocedad 3,00
+
+ Poesías 3,00
+
+ De mi país 2,00
+
+ Rosario de sonetos líricos 3,00
+
+ El espejo de la muerte, _novelas_ 1,00
+
+ Abel Sánchez 3,50
+
+
+UNAMUNO Y GANIVET
+
+ El porvenir de España 2,00
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Abel Sánchez, by Miguel De Unamuno
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ABEL SÁNCHEZ ***
+
+***** This file should be named 44512-8.txt or 44512-8.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ http://www.gutenberg.org/4/4/5/1/44512/
+
+Produced by Carlos Colón and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was
+created from images of public domain material made available
+by the University of Toronto Libraries
+(http://link.library.utoronto.ca/booksonline/).)
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
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+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
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+To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
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+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
+Gutenberg-tm License available with this file or online at
+ www.gutenberg.org/license.
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+Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
+electronic works
+
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+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
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+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
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+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
+
+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
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+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
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+creating derivative works based on this work or any other Project
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+States.
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+Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
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+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
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+posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
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+with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
+work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
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+
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+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
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+received the work on a physical medium, you must return the medium with
+your written explanation. The person or entity that provided you with
+the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
+refund. If you received the work electronically, the person or entity
+providing it to you may choose to give you a second opportunity to
+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
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+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation information page at www.gutenberg.org
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at 809
+North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email
+contact links and up to date contact information can be found at the
+Foundation's web site and official page at www.gutenberg.org/contact
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit www.gutenberg.org/donate
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For forty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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