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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 42424 ***
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+ [imagen no disponible: COSTE DIECISEIS-REALES DE VELLON]
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+ PERLADO, PAEZ Y COMPAÑÍA, EDITORES.--MADRID
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+ OPERA OMNIA
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+ SONATA DE ESTIO
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+ MEMORIAS DEL MARQVES DE BRADOMIN
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+ VOL VI
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+ SONATA DE ESTIO
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+ MEMORIAS DEL MARQVES DE BRADOMIN
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+ LAS PVBLICA DON RAMON DEL VALLE-INCLAN
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+ OPERA OMNIA
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+ VOL VI
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+ [imagen no disponible]
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+ MEMORIAS
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+ DEL
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+ MARQVÉS DE BRADOMIN
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+QUERÍA OLVIDAR unos amores desgraciados, y pensé
+recorrer el mundo en romántica peregrinacion. ¡Aún suspiro al
+recordarlo! Aquella mujer tiene en la historia de mi vida un recuerdo
+galante, cruel y glorioso, como lo tienen en la historia de los pueblos
+Thais la de Grecia, y Ninon la de Francia, esas dos cortesanas menos
+bellas que su destino. ¡Acaso el único destino que merece ser envidiado!
+Yo hubiérale tenido igual, y quizá más grande, de haber nacido mujer:
+Entonces lograría lo que jamás pude lograr. Á las mujeres para ser
+felices les basta con no tener escrúpulos, y probablemente, no los
+hubiera tenido esa quimérica Marquesa de Bradomín. Dios mediante, haría
+como las gentiles marquesas de mi tiempo que ahora se confiesan todos
+los viernes, después de haber pecado todos los días. Por cierto que
+algunas se han arrepentido todavía bellas y tentadoras, olvidando que
+basta un punto de contrición al sentir cercana la vejez.
+
+Por aquellos días de peregrinación sentimental era yo joven y algo
+poeta, con ninguna experiencia y harta novelería en la cabeza. Creía
+de buena fe en muchas cosas que ahora pongo en duda, y libre de
+escepticismos, dábame buena prisa á gozar de la existencia. Aunque
+no lo confesase, y acaso sin saberlo, era feliz, con esa felicidad
+indefinible que da el poder amar á todas las mujeres. Sin ser un
+donjuanista, he vivido una juventud amorosa y apasionada, pero de amor
+juvenil y bullente, de pasión equilibrada y sanguínea. Los decadentismos
+de la generación nueva no los he sentido jamás, Todavía hoy, después de
+haber pecado tanto, tengo las mañanas triunfantes, y no puedo menos de
+sonreir recordando que hubo una época lejana donde lloré por muerto á mi
+corazón: Muerto de celos, de rabia y de amor.
+
+Decidido á correr tierras, al principio dudé sin saber á dónde dirigir
+mis pasos: Después, dejándome llevar de un impulso romántico, fuí á
+México. Yo sentía levantarse en mi alma, como un canto homérico, la
+tradición aventurera de todo mi linaje. Uno de mis antepasados, Gonzalo
+de Sandoval, había fundado en aquellas tierras el Reino de la Nueva
+Galicia, otro había sido Inquisidor General, y todavía el Marqués de
+Bradomín conservaba allí los restos de un mayorazgo, deshecho entre
+legajos de un pleito. Sin meditarlo más, resolví atravesar los mares. Me
+atraía la leyenda mexicana con sus viejas dinastías y sus dioses crueles.
+
+Embarqué en Londres, donde vivía emigrado desde la traición de Vergara,
+é hice el viaje á vela en aquella fragata «La Dalila» que después
+naufragó en las costas de Yucatán. Como un aventurero de otros tiempos,
+iba á perderme en la vastedad del viejo Imperio Azteca, imperio de
+historia desconocida, sepultada para siempre con las momias de sus
+reyes, entre restos ciclópeos que hablan de civilizaciones, de cultos,
+de razas que fueron y sólo tienen par en ese misterioso cuanto remoto
+Oriente.
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+AUN CUANDO toda la navegación tuvimos tiempo de bonanza,
+como yo iba herido de mal de amores, apenas salía de mi camarote ni
+hablaba con nadie. Cierto que viajaba para olvidar, pero hallaba tan
+novelescas mis cuitas, que no me resolvía á ponerlas en olvido. En
+todo me ayudaba aquello de ser inglesa la fragata y componerse el
+pasaje de herejes y mercaderes. ¡Ojos perjuros y barbas de azafrán!
+La raza sajona es la más despreciable de la tierra. Yo contemplando
+sus pugilatos grotescos y pueriles sobre la cubierta de la fragata, he
+sentido un nuevo matiz de la vergüenza: La vergüenza zoológica.
+
+¡Cuán diferente había sido mi primer viaje á bordo de un navío genovés,
+que conducía viajeros de todas las partes del mundo! Recuerdo que al
+tercer día ya tuteaba á un príncipe napolitano, y no hubo entonces
+damisela mareada á cuya pálida y despeinada frente no sirviese mi mano
+de reclinatorio. Érame divertido entrar en los corros que se formaban
+sobre cubierta á la sombra de grandes toldos de lona, y aquí chapurrear
+el italiano con los mercaderes griegos de rojo fez y fino bigote negro,
+y allá encender el cigarro en la pipa de los misioneros armenios. Había
+gente de toda laya: Tahures que parecían diplomáticos, cantantes
+con los dedos cubiertos de sortijas, abates barbilindos que dejaban
+un rastro de almizcle, y generales americanos, y toreros españoles,
+y judíos rusos, y grandes señores ingleses. Una farándula exótica y
+pintoresca que con su algarabía causaba vértigo y mareo. Era por los
+mares de Oriente, con rumbo á Jafa. Yo iba como peregrino á Tierra Santa.
+
+El amanecer de las selvas tropicales, cuando sus macacos aulladores
+y sus verdes bandadas de guacamayos saludan al sol, me ha recordado
+muchas veces los tres puentes del navío genovés, con su feria babélica
+de tipos, de trajes y de lenguas, pero más, mucho más me lo recordaron
+las horas untadas de opio que constituían la vida á bordo de «La
+Dalila». Por todas partes asomaban rostros pecosos y bermejos, cabellos
+azafranados y ojos perjuros. Herejes y mercaderes en el puente, herejes
+y mercaderes en la cámara. ¡Cualquiera tendría para desesperarse! Yo,
+sin embargo, lo llevaba con paciencia. Mi corazón estaba muerto, tan
+muerto, que no digo la trompeta del Juicio, ni siquiera unas castañuelas
+le resucitarían. Desde que el cuitado diera las boqueadas, yo parecía
+otro hombre: Habíame vestido de luto, y en presencia de las mujeres, á
+poco lindos que tuviesen los ojos, adoptaba una actitud lúgubre de poeta
+sepulturero y doliente. En la soledad del camarote edificaba mi espíritu
+con largas reflexiones, considerando cuán pocos hombres tienen la suerte
+de llorar una infidelidad que hubiera cantado el divino Petrarca.
+
+Por no ver aquella taifa luterana, apenas asomaba sobre cubierta.
+Solamente cuando el sol declinaba iba á sentarme en la popa, y allí,
+libre de importunos, pasábame las horas viendo borrarse la estela de
+la fragata. El mar de las Antillas, con su trémulo seno de esmeralda
+donde penetraba la vista, me atraía, me fascinaba, como fascinan los
+ojos verdes y traicioneros de las hadas que habitan palacios de cristal
+en el fondo de los lagos. Pensaba siempre en mi primer viaje. Allá,
+muy lejos, en la lontananza azul donde se disipan las horas felices,
+percibía como en esbozo fantástico las viejas placenterías. El lamento
+informe y sinfónico de las olas despertaba en mí un mundo de recuerdos:
+Perfiles desvanecidos, ecos de risas, murmullo de lenguas extranjeras,
+y los aplausos y el aleteo de los abanicos mezclándose á las notas
+de la tirolesa que en la cámara de los espejos cantaba Lilí. Era una
+resurrección de sensaciones, una esfumación deliciosa del pasado, algo
+etéreo, brillante, cubierto de polvo de oro, como esas reminiscencias
+que los sueños nos dan á veces de la vida.
+
+
+
+
+Nuestra primera escala en aguas de México, fué San Juan
+de Tuxtlan. Recuerdo que era media mañana cuando bajo un sol abrasador
+que resecaba las maderas y derretía la brea, dimos fondo en aquellas
+aguas de bruñida plata. Los barqueros indios, verdosos como antiguos
+bronces, asaltan la fragata por ambos costados, y del fondo de sus
+canoas sacan exóticas mercancías: Cocos esculpidos, abanicos de palma y
+bastones de carey, que muestran sonriendo como mendigos á los pasajeros
+que se apoyan sobre la borda. Cuando levanto los ojos hasta los peñascos
+de la ribera, que asoman la tostada cabeza entre las olas, distingo
+grupos de muchachos desnudos que se arrojan desde ellos y nadan grandes
+distancias, hablándose á medida que se separan y lanzando gritos.
+Algunos descansan sentados en las rocas, con los pies en el agua: Otros
+se encaraman para secarse al sol, que los ilumina de soslayo, gráciles y
+desnudos, como figuras de un friso del Parthenón.
+
+Por huir del enojo que me causaba la vida á bordo, decidíme á
+desembarcar. No olvidaré nunca las tres horas mortales que duró el
+pasaje desde la fragata á la playa. Aletargado por el calor, voy todo
+este tiempo echado en el fondo de la canoa de un negro africano que
+mueve los remos con lentitud desesperante. Á través de los párpados
+entornados veía erguirse y doblarse sobre mí, guardando el mareante
+compás de la bogada, aquella figura de carbón, que unas veces me
+sonríe con sus abultados labios de gigante, y otras silba esos aires
+cargados de religioso sopor, una música compuesta solamente de tres
+notas tristes, con que los magnetizadores de algunas tribus salvajes
+adormecen á las grandes culebras. Así debía ser el viaje infernal de los
+antiguos en la barca de Carón: Sol abrasador, horizontes blanquecinos y
+calcinados, mar en calma sin brisas ni murmullos, y en el aire todo el
+calor de las fraguas de Vulcano.
+
+Cuando arribamos á la playa, se levantaba una fresca ventolina, y el
+mar, que momentos antes semejaba de plomo, empezaba á rizarse. «La
+Dalila» no tardaría en levar anclas para aprovechar el viento que
+llegaba tras largos días de calma. Solamente me quedaban algunas horas
+para recorrer aquel villaje indio. De mi paseo por las calles arenosas
+de San Juan de Tuxtlan conservo una impresión somnolente y confusa,
+parecida á la que deja un libro de grabados hojeado perezosamente
+en la hamaca durante el bochorno de la siesta. Hasta me parece que
+cerrando los ojos, el recuerdo se aviva y cobra relieve. Vuelvo á
+sentir la angustia de la sed y el polvo: Atiendo el despacioso ir y
+venir de aquellos indios ensabanados como fantasmas, oigo la voz melosa
+de aquellas criollas ataviadas con graciosa ingenuidad de estatuas
+clásicas, el cabello suelto, los hombros desnudos, velados apenas por
+rebocillo de transparente seda.
+
+Aun á riesgo de que la fragata se hiciese al mar, busqué un caballo y
+me aventuré hasta las ruinas de Tequil. Un indio adolescente me sirvió
+de guía. El calor era insoportable. Casi siempre al galope, recorrí
+extensas llanuras de Tierra Caliente, plantíos que no acaban nunca,
+de henequen y caña dulce. En la línea del horizonte se perfilaban
+las colinas de configuración volcánica revestidas de maleza espesa y
+verdinegra. En la llanura los chaparros tendían sus ramas, formando una
+á modo de sombrilla gigantesca, y sentados en rueda, algunos indios
+devoraban la miserable ración de tamales.
+
+Nosotros seguíamos una senda roja y polvorienta. El guía, casi desnudo,
+corría delante de mi caballo. Sin hacer alto una sola vez, llegamos
+á Tequil. En aquellas ruinas de palacios, de pirámides y de templos
+gigantes, donde crecen polvorientos sicomoros y anidan verdes reptiles,
+he visto por vez primera una singular mujer, á quien sus criados indios,
+casi estoy por decir sus siervos, llamaban dulcemente la Niña Chole.
+Me pareció la Salambó de aquellos palacios. Venía de camino hacia San
+Juan de Tuxtlan y descansaba á la sombra de una pirámide, entre el
+cortejo de sus servidores. Era una belleza bronceada, exótica, con esa
+gracia extraña y ondulante de las razas nómadas, una figura hierática y
+serpentina, cuya contemplación evocaba el recuerdo de aquellas princesas
+hijas del sol, que en los poemas indios resplandecen con el doble
+encanto sacerdotal y voluptuoso. Vestía como las criollas yucatecas,
+albo hipil recamado con sedas de colores, vestidura indígena semejante á
+una tunicela antigua, y zagalejo andaluz, que en aquellas tierras ayer
+españolas, llaman todavía con el castizo y jacaresco nombre de fustán.
+El negro cabello caíale suelto, el hipil jugaba sobre el clásico seno.
+Por desgracia, yo solamente podía verla el rostro aquellas raras veces
+que hacia mí lo tornaba, y la Niña Chole tenía esas bellas actitudes
+de ídolo, esa quietud estática y sagrada de la raza maya, raza tan
+antigua, tan noble, tan misteriosa, que parece haber emigrado del fondo
+de la Asiria. Pero á cambio del rostro, desquitábame en aquello que no
+alcanzaba á velar el rebocillo, admirando como se merecía la tornátil
+morbidez de los hombros y el contorno del cuello. ¡Válgame Dios! Me
+parecía que de aquel cuerpo bruñido por el ardiente sol de México se
+exhalaban lánguidos efluvios, y que yo los aspiraba, los bebía, que me
+embriagaba con ellos...
+
+Un criado indio trae del diestro el palafrén de aquella Salambó, que
+le habla en su vieja lengua y cabalga sonriendo. Entonces, al verla de
+frente, el corazón me dió un vuelco. Tenía la misma sonrisa de Lilí.
+¡Aquella Lilí, no sé si amada, si aborrecida!
+
+
+
+
+DESCANSÉ en un bohío levantado en medio de las ruinas, y
+adormecí en la hamaca colgada de un cedro gigantesco que daba sombra á
+la puerta. El campo se hundía lentamente en el silencio amoroso y lleno
+de suspiros de un atardecer ardiente. La brisa aromada y fecunda de los
+crepúsculos tropicales oreaba mi frente. La campiña toda se estremecía
+cual si acercarse sintiese la hora de sus nupcias, y exhalaba de sus
+entrañas vírgenes un vaho caliente de negra enamorada, potente y deseosa.
+
+Adormecido por el ajetreo, el calor y el polvo, soñé como un árabe que
+imaginase haber traspasado los umbrales del Paraíso. ¿Necesitaré decir
+que las siete huríes con que me regaló el Profeta eran siete criollas
+vestidas de fustán é hipil, y que todas tenían la sonrisa de Lilí y el
+mirar de la Niña Chole? Verdaderamente, aquella Salambó de los palacios
+de Tequil empezaba á preocuparme demasiado. Lo advertí con terror,
+porque estaba seguro de concluir enamorándome locamente de sus lindos
+ojos si tenía la desgracia de volver á verlos. Afortunadamente, las
+mujeres que así tan de súbito nos cautivan suelen no aparecerse más que
+una vez en la vida. Pasan como sombras, envueltas en el misterio de un
+crepúsculo ideal. Si volviesen á pasar, quizá desvaneceríase el encanto.
+¡Y á qué volver, si una mirada suya basta á comunicarnos todas las
+secretas melancolías del amor!
+
+¡Oh románticos devaneos, pobres hijos del ideal, nacidos durante algunas
+horas de viaje! ¿Quién llegó á viejo y no ha sentido estremecerse
+el corazón bajo la caricia de vuestra ala blanca? ¡Yo guardo en el
+alma tantos de estos amores! Aun hoy, con la cabeza llena de canas,
+viejo prematuro, no puedo recordar sin melancolía un rostro de mujer,
+entrevisto cierta madrugada entre Urbino y Roma, cuando yo estaba en
+la Guardia Noble de Su Santidad: Es una figura de ensueño pálida y
+suspirante, que flota en lo pasado y esparce sobre todos mis recuerdos
+juveniles el perfume ideal de esas flores secas que entre cartas y
+rizos, guardan los enamorados, y en el fondo de algún cofrecillo parecen
+exhalar el cándido secreto de los primeros amores.
+
+Los ojos de la Niña Chole habían removido en mi alma tan lejanas
+memorias, tenues como fantasmas, blancas como bañadas por luz de luna.
+Aquella sonrisa, evocadora de la sonrisa de Lilí, había encendido en
+mi sangre tumultuosos deseos y en mi espíritu ansia vaga de amor.
+Rejuvenecido y feliz, con cierta felicidad melancólica, suspiraba por
+los amores ya vividos, al mismo tiempo que me embriagaba con el perfume
+de aquellas rosas abrileñas que tornaban á engalanar el viejo tronco. El
+corazón, tanto tiempo muerto, sentía con la ola de savia juvenil que lo
+inundaba nuevamente, la nostalgia de viejas sensaciones: Sumergíase en
+la niebla del pasado y saboreaba el placer de los recuerdos, ese placer
+de moribundo que amó mucho y en formas muy diversas. ¡Ay, era delicioso
+aquel estremecimiento que la imaginación excitada comunicaba á los
+nervios!...
+
+Y en tanto, la noche detendía por la gran llanura su sombra llena de
+promesas apasionadas, y los pájaros de largas alas volaban de las
+ruinas. Di algunos pasos, y con voces que repitió el eco milenario de
+aquellos palacios, llamé al indio que me servía de guía. Con el overo
+ya embridado asomó tras un ídolo gigantesco esculpido en piedra roja.
+Cabalgué y partimos. El horizonte relampagueaba. Un vago olor marino,
+olor de algas y brea, mezclábase por veces al mareante de la campiña,
+y allá, muy lejos, en el fondo oscuro del Oriente, se divisaba el
+resplandor rojizo de la selva que ardía. La naturaleza, lujuriosa y
+salvaje, aún palpitante del calor de la tarde, semejaba dormir el sueño
+profundo y jadeante de una fiera fecundada. En aquellas tinieblas
+pobladas de susurros nupciales y de moscas de luz que danzan entre las
+altas yerbas, raudas y quiméricas, me parecía respirar una esencia
+suave, deliciosa, divina: La esencia que la madurez del Estío vierte en
+el cáliz de las flores y en los corazones.
+
+
+
+
+YA METIDA LA NOCHE llegamos á San Juan de Tuxtlan.
+Descabalgué y arrojando al guía las riendas del caballo, por una calle
+solitaria bajé solo á la playa. Al darme en el rostro la brisa del mar,
+avizoréme pensando si la fragata habría zarpado. En estas dudas iba,
+cuando percibo á mi espalda blando rumor de pisadas descalzas. Un indio
+ensabanado se me acerca:
+
+--¿No tiene mi amito cosita que me ordenar?
+
+Nada, nada...
+
+El indio hace señal de alejarse:
+
+--¿Ni precisa que le guíe, niño?
+
+--No preciso nada.
+
+Sombrío y musitando, embózase mejor en la sábana que le sirve de clámide
+y se va. Yo sigo adelante camino de la playa. De pronto la voz mansa
+y humilde del indio llega nuevamente á mi oído. Vuelvo la cabeza y
+le descubro á pocos pasos. Venía á la carrera y cantaba los gozos de
+Nuestra Señora de Guadalupe. Me dió alcance y murmuró emparejándose:
+
+--De verdad, niño, si se pierde no sabrá salir de los médanos...
+
+El hombre empieza á cansarme, y me resuelvo á no contestarle. Esto, sin
+duda, le anima, porque sigue acosándome buen rato de camino. Calla un
+momento y luego, en tono misterioso, añade:
+
+--¿No quiere que le lleve junto á una chinita, mi jefe?... Una tapatia
+de quince años que vive aquí merito. Andele, niño, verá bailar el
+jarabe. Todavía no hace un mes que la perdió el amo del ranchito de
+Huaxila: Niño Nacho, no sabe?
+
+De pronto se interrumpe, y con un salto de salvaje plántaseme delante
+en ánimo y actitud de cerrarme el paso: Encorvado, el sombrero en una
+mano á guisa de broquel, la otra echada fieramente atrás, armada de una
+faca ancha y reluciente. Confieso que me sobrecogí. El paraje era á
+propósito para tal linaje de asechanzas: Médanos pantanosos cercados de
+negros charcos donde se reflejaba la luna, y allá lejos una barraca de
+siniestro aspecto, con los resquicios iluminados por la luz de dentro.
+Quizá me dejo robar entonces si llega á ser menos cortés el ladrón y me
+habla torvo y amenazante, jurando arrancarme las entrañas y prometiendo
+beberse toda mi sangre. Pero en vez de la intimación breve é imperiosa
+que esperaba, le escucho murmurar con su eterna voz de esclavo:
+
+--No se llegue, mi amito, que puede clavarse...
+
+Oirle y recobrarme fué obra de un instante. El indio ya se recogía, como
+un gato montés, dispuesto á saltar sobre mí. Parecióme sentir en la
+medula el frío del acero: Tuve horror á morir apuñalado, y de pronto me
+sentí fuerte y valeroso. Con ligero estremecimiento en la voz, grité al
+truhán adelantando un paso, apercibido á resistirle:
+
+--¡Andando ó te dejo seco!
+
+El indio no se movió. Su voz de siervo parecióme llena de ironía:
+
+--¡No se arrugue, valedor!... Si quiere pasar, ahí merito, sobre esa
+piedra, arríe la plata. Andele, luego, luego.
+
+Otra vez volví á tener miedo de aquella faca reluciente. Sin embargo,
+murmuré resuelto:
+
+--¡Ahora vamos á verlo, bandido!
+
+No llevaba armas, pero en las ruinas de Tequil á un indio que vendía
+pieles de jaguar, había tenido el capricho de comprarle su bordón que
+me encantó por la rareza de las labores. Aún lo conservo: Parece el
+cetro de un rey negro, tan oriental, y al mismo tiempo tan ingenua y
+primitiva, es la fantasía con que está labrado. Me afirmé los quevedos,
+requerí el palo, y con gentil compás de pies, como diría un bravo de ha
+dos siglos, adelanté hacia el ladrón, que dió un paso procurando herirme
+de soslayo. Por ventura mía, la luna dábale de lleno y advertí el ataque
+en sazón de evitarlo. Recuerdo confusamente que intenté un desarme con
+amago á la cabeza y golpe al brazo, y que el indio lo evitó jugándome la
+luz con destreza de salvaje. Después no sé. Sólo conservo una impresión
+angustiosa como de pesadilla. El médano iluminado por la luna; la arena
+negra y movediza donde se entierran los pies; el brazo que se cansa;
+la vista que se turba; el indio que desaparece, vuelve, me acosa, se
+encorva y salta con furia fantástica de gato embrujado; y cuando el
+palo va á desprenderse de mi mano, un bulto que huye y el brillo de la
+faca que pasa sobre mi cabeza y queda temblando como víbora de plata
+clavada en el árbol negro y retorcido de una cruz hecha de dos troncos
+chamuscados... Quedéme un momento azorado y sin darme cuenta cabal del
+suceso. Como á través de niebla muy espesa, vi abrirse sigilosamente
+la puerta de la barraca y salir dos hombres á catear la playa. Recelé
+algún encuentro como el pasado y tomé á buen paso camino del mar. Llegué
+á punto que largaba un bote de la fragata, donde iba el segundo de á
+bordo. Gritéle, y mandó virar para recogerme.
+
+
+
+
+LLEGADO que fuí á la fragata, recogíme á mi camarote, y
+como estuviese muy fatigado, me acosté en seguida. Cátate que no bien
+apago la luz empiezan á removerse las víboras mal dormidas del deseo
+que desde todo el día llevaba enroscadas al corazón, apercibidas á
+morderle. Al mismo tiempo sentíame invadido por una gran melancolía,
+llena de confusión y de misterio. La melancolía del sexo, germen de
+la gran tristeza humana. El recuerdo de la Niña Chole perseguíame
+con mariposeo ingrávido y terco. Su belleza índica, y aquel encanto
+sacerdotal, aquella gracia serpentina, y el mirar sibilino, y las
+caderas ondulosas, la sonrisa inquietante, los pies de niña, los hombros
+desnudos, todo cuanto la mente adivinaba, cuanto los ojos vieran,
+todo, todo era hoguera voraz en que mi carne ardía. Me figuraba que
+las formas juveniles y gloriosas de aquella Venus de bronce florecían
+entre céfiros, y que veladas primero se entreabrían turgentes, frescas,
+lujuriosas, fragantes como rosas de Alejandría en los jardines de Tierra
+Caliente. Y era tal el poder sugestivo del recuerdo, que en algunos
+momentos creí respirar el perfume voluptuoso que al andar esparcía su
+falda, con ondulaciones suaves.
+
+Poco á poco cerróme los ojos la fatiga, y el arrullo monótono y regular
+del agua acabó de sumirme en un sueño amoroso, febril é inquieto,
+representación y símbolo de mi vida. Despertéme al amanecer con los
+nervios vibrantes, cual si hubiese pasado la noche en un invernadero,
+entre plantas exóticas, de aromas raros, afroditas y penetrantes. Sobre
+mi cabeza sonaban voces confusas y blando pataleo de pies descalzos,
+todo ello acompañado de mucho chapoteo y trajín. Empezaba la faena del
+baldeo. Me levanté y subí al puente. Heme ya respirando la ventolina que
+huele á brea y algas. En aquella hora el calor es deleitante. Percíbense
+en el aire estremecimientos voluptuosos: El horizonte ríe bajo un
+hermoso sol.
+
+Envuelto en el rosado vapor que la claridad del alba extendía sobre
+el mar azul, adelantaba un esquife. Era tan esbelto, ligero y blanco,
+que la clásica comparación con la gaviota y con el cisne veníale de
+perlas. En las bancas traía hasta seis remeros. Bajo un palio de lona,
+levantado á popa, se guarecía del sol una figura vestida de blanco.
+Cuando el esquife tocó la escalera de la fragata ya estaba yo allí, en
+confusa espera de no sé qué gran ventura. Una mujer viene sentada al
+timón. El toldo solamente me deja ver el borde de la falda y los pies
+de reina calzados con chapines de raso blanco, pero mi alma la adivina.
+¡Es ella, la Salambó de los palacios de Tequil!... Sí, era ella, más
+gentil que nunca, velada apenas en el rebocillo de seda. Hela en pie
+sobre la banca, apoyada en los hercúleos hombros de un marinero negro.
+El labio abultado y rojo de la criolla sonríe con la gracia inquietante
+de una egipcia, de una turania. Sus ojos, envueltos en la sombra de las
+pestañas, tienen algo de misterioso, de quimérico y lejano, algo que
+hace recordar las antiguas y nobles razas que en remotas edades fundaron
+grandes imperios en los países del sol... El esquife cabecea al costado
+de la fragata. La criolla, entre asustada y divertida, se agarra á los
+crespos cabellos del gigante, que impensadamente la toma al vuelo y se
+lanza con ella á la escala. Los dos ríen envueltos en un salsero que
+les moja la cara. Ya sobre cubierta, el coloso negro la deja sola y se
+aparta secreteando con el contramaestre.
+
+Yo gano la cámara por donde necesariamente han de pasar. Nunca el
+corazón me ha latido con más violencia. Recuerdo perfectamente que
+estaba desierta y un poco oscura. Las luces del amanecer cabrilleaban en
+los cristales. Pasa un momento. Oigo voces y gorjeos: Un rayo de sol más
+juguetón, más vivo, más alegre, ilumina la cámara, y en el fondo de los
+espejos se refleja la imagen de la Niña Chole.
+
+
+
+
+FUÉ AQUÉL uno de esos largos días de mar encalmados
+y bochornosos que navegando á vela no tienen fin. Sólo de tiempo en
+tiempo alguna ráfaga cálida pasaba entre las jarcias y hacía flamear el
+velamen. Yo andaba avizorado y errabundo, con la esperanza de que la
+Niña Chole se dejase ver sobre cubierta algún momento. Vana esperanza.
+La Niña Chole permaneció retirada en su camarote, y acaso por esto las
+horas me parecieron, como nunca, llenas de tedio. Desengañado de aquella
+sonrisa que yo había visto y amado en otros labios, fuí á sentarme en la
+popa.
+
+Sobre el dormido cristal de esmeralda, la fragata dejaba una estela de
+bullentes rizos. Sin saber cómo resurgió en mi memoria cierta canción
+americana que Nieves Agar, la amiga querida de mi madre, me enseñaba
+hace muchos años, allá en tiempos cuando yo era rubio como un tesoro
+y solía dormirme en el regazo de las señoras que iban de tertulia al
+Palacio de Bradomín. Esta afición á dormir en un regazo femenino la
+conservo todavía. ¡Pobre Nieves Agar, cuántas veces me has mecido en tus
+rodillas al compás de aquel danzón que cuenta la historia de una criolla
+más bella que Atala, dormida en hamaca de seda, á la sombra de los
+cocoteros! ¡Tal vez la historia de otra Niña Chole!
+
+Ensoñador y melancólico permanecí toda la tarde sentado á la sombra del
+foque, que caía lacio sobre mi cabeza. Solamente al declinar el sol se
+levantó una ventolina, y la fragata, con todo su velamen desplegado,
+pudo doblar la Isla de Sacrificios y dar fondo en aguas de Veracruz.
+Cautiva el alma de religiosa emoción, contemplé la abrasada playa
+donde desembarcaron antes que pueblo alguno de la vieja Europa, los
+aventureros españoles, hijos de Alarico el bárbaro y de Tarik el moro.
+Vi la ciudad que fundaron, y á la que dieron abolengo de valentía,
+espejarse en el mar quieto y de plomo como si mirase fascinada la ruta
+que trajeron los hombres blancos: Á un lado, sobre desierto islote
+de granito, baña sus pies en las olas el Castillo de Ulúa, sombra
+romántica que evoca un pasado feudal que allí no hubo, y á lo lejos la
+cordillera del Orizaba, blanca como la cabeza de un abuelo, dibújase
+con indecisión fantástica sobre un cielo clásico, de límpido y profundo
+azul. Recordé lecturas casi olvidadas que, niño aún, me habían hecho
+soñar con aquella tierra hija del sol: Narraciones medio históricas,
+medio novelescas, en que siempre se dibujaban hombres de tez cobriza,
+tristes y silenciosos, como cumple á los héroes vencidos, y selvas
+vírgenes, pobladas de pájaros de brillante plumaje, y mujeres como
+la Niña Chole, ardientes y morenas, símbolo de la pasión que dijo un
+cuitado poeta de estos tiempos.
+
+Como no es posible renunciar á la patria, yo, español y caballero,
+sentía el corazón henchido de entusiasmo y poblada de visiones
+gloriosas la mente, y la memoria llena de recuerdos históricos. La
+imaginación exaltada me fingía al aventurero extremeño poniendo fuego
+á sus naves, y á sus hombres esparcidos por la arena, atisbándole de
+través, los mostachos enhiestos al antiguo uso marcial, y sombríos
+los rostros varoniles, curtidos y con pátina, como las figuras de los
+cuadros muy viejos. Yo iba á desembarcar en aquella playa sagrada,
+siguiendo los impulsos de una vida errante, y al perderme, quizá para
+siempre, en la vastedad del viejo Imperio Azteca, sentía levantarse en
+mi alma de aventurero, de hidalgo y de cristiano, el rumor augusto de la
+Historia.
+
+Apenas anclamos sale en tropel de la ribera una gentil flotilla,
+compuesta de esquifes y canoas. Desde muy lejos se oye el son
+monótono del remo. Centenares de cabezas asoman sobre la borda de la
+fragata, y abigarrada muchedumbre hormiguea, se agita y se desata en
+el entrepuente. Hablase á gritos el español, el inglés, el chino. Los
+pasajeros hacen señas á los barqueros indios para que se aproximen:
+Ajustan, disputan, regatean, y al cabo, como rosario que se desgrana,
+van cayendo en el fondo de las canoas que rodean la escalera y esperan
+ya con los remos armados. La flotilla se dispersa. Todavía á larga
+distancia vese una diminuta figura moverse agitando los brazos, y se
+oyen sus voces, que destaca y agranda la quietud solemne de aquellas
+regiones abrasadas. Ni una sola cabeza se ha vuelto hacia la fragata
+para mandarle un adiós de despedida. Allá van, sin otro deseo que
+tocar cuanto antes la orilla. Son los conquistadores del oro. La noche
+se avecina. En esta hora del crepúsculo, el deseo ardiente que la Niña
+Chole me produce se aquilata y purifica, hasta convertirse en ansia vaga
+de amor ideal y poético. Todo oscurece lentamente: Gime la brisa, riela
+la luna, el cielo azul turquí se torna negro, de un negro solemne donde
+las estrellas adquieren una limpidez profunda. Es la noche americana de
+los poetas.
+
+
+
+
+ACABABA de bajar á mi camarote, y hallábame tendido en
+la litera fumando una pipa, y quizá soñando con la Niña Chole, cuando
+se abre la puerta y veo aparecer á Julio César, un rapazuelo mulato que
+me había regalado en Jamaica cierto aventurero portugués que, andando
+el tiempo, llegó á general en la República Dominicana. Julio César se
+detiene en la puerta, bajo el pabellón que forman las cortinas:
+
+--¡Mi amito! Á bordo viene un moreno que mata los tiburones en el agua
+con el trinchete. ¡Suba, mi amito, no se dilate!...
+
+Y desaparece velozmente, como esos etíopes carceleros de princesas en
+los castillos encantados. Yo, espoleado por la curiosidad, salgo tras
+él. Heme en el puente que ilumina la plácida claridad del plenilunio.
+Un negro colosal, con el traje de tela chorreando agua, se sacude
+como un gorila, en medio del corro que á su rededor han formado los
+pasajeros, y sonríe mostrando sus blancos dientes de animal familiar. Á
+pocos pasos dos marineros encorvados sobre la borda de estribor, halan
+un tiburón medio degollado, que se balancea fuera del agua, al costado
+de la fragata. Mas he ahí que de pronto rompe el cable, y el tiburón
+desaparece en medio de un remolino de espumas. El negrazo musita
+apretando los labios elefancíacos:
+
+--¡Pendejos!
+
+Y se va, dejando como un rastro en la cubierta del navío las huellas
+húmedas de sus pies descalzos. Una voz femenina le grita desde lejos:
+
+--¡Che, moreno!...
+
+--¡Voy, horita!... No me dilato.
+
+La forma de una mujer blanquea sobre negro fondo en la puerta de la
+cámara. ¡No hay duda, es ella! ¿Pero cómo no la he adivinado? ¿Qué
+hacías tú, corazón, que no me anunciabas su presencia? ¡Oh, con cuánto
+gusto hubiérate entonces puesto bajo sus lindos pies para castigo! El
+marinero se acerca:
+
+--¿Manda alguna cosa la Niña Chole?
+
+--Quiero verte matar un tiburón.
+
+El negro sonríe con esa sonrisa blanca de los salvajes, y pronuncia
+lentamente, sin apartar los ojos de las olas que argenta la luna:
+
+--No puede ser, mi amita: Se ha juntado una punta de tiburones, ¿sabe?
+
+--¿Y tienes miedo?
+
+--¡Qué va!... Aunque fácilmente, como la sazón está peligrosa... Vea su
+merced no más...
+
+La Niña Chole no le dejó concluir:
+
+--¿Cuánto te han dado esos señores?
+
+--Veinte tostones: Dos centenes, ¿sabe?
+
+Oyó la respuesta el contramaestre, que pasaba ordenando una maniobra, y
+con esa concisión dura y franca de los marinos curtidos, sin apartar el
+pito de los labios ni volver la cabeza, apuntóle:
+
+--¡Cuatro monedas y no seas guaje!...
+
+El negro pareció dudar. Asomóse al barandal de estribor y observó un
+instante el fondo del mar donde temblaban amortiguadas las estrellas.
+Veíanse cruzar argentados y fantásticos peces que dejaban tras sí estela
+de fosforescentes chispas y desaparecían confundidos con los rieles de
+la luna: En la zona de sombra que sobre el azul de las olas proyectaba
+el costado de la fragata, esbozábase la informe mancha de una cuadrilla
+de tiburones. El marinero se apartó reflexionando. Todavía volvióse una
+ó dos veces á mirar las dormidas olas, como penetrado de la queja que
+lanzaban en el silencio de la noche. Picó un cigarro con las uñas, y se
+acercó:
+
+--Cuatro centenes, ¿le apetece á mi amita?
+
+La Niña Chole, con ese desdén patricio que las criollas opulentas
+sienten por los negros, volvió á él su hermosa cabeza de reina india, y
+en tono tal, que las palabras parecían dormirse cargadas de tedio en el
+borde de los labios, murmuró:
+
+--¿Acabarás?... ¡Sean los cuatro centenes!...
+
+Los labios hidrópicos del negro esbozaron una sonrisa de ogro avaro y
+sensual: Seguidamente despojóse de la blusa, desenvainó el cuchillo que
+llevaba en la cintura y como un perro de Terranova tomóle entre los
+dientes y se encaramó sobre la borda. El agua del mar relucía aún en
+aquel torso desnudo que parecía de barnizado ébano. Inclinóse el negrazo
+sondando con los ojos el abismo: Luego, cuando los tiburones salieron
+á la superficie, le vi erguirse negro y mitológico sobre el barandal
+que iluminaba la luna, y con los brazos extendidos echarse de cabeza
+y desaparecer buceando. Tripulación y pasajeros, cuantos se hallaban
+sobre cubierta, agolpáronse á la borda. Sumiéronse los tiburones en
+busca del negro, y todas las miradas quedaron fijas en un remolino
+que no tuvo tiempo á borrarse, porque casi incontinenti una mancha de
+espumas rojas coloreó el mar, y en medio de los hurras de la marinería
+y el vigoroso aplaudir de las manos coloradotas y plebeyas de los
+mercaderes salió á flote la testa chata y lanuda del marinero que nadaba
+ayudándose de un solo brazo, mientras con el otro sostenía entre aguas
+un tiburón degollado por la garganta, donde traía clavado el cuchillo.
+Tratóse en tropel de izar al negro: Arrojáronse cuerdas, ya para el
+caso prevenidas, y cuando levantaba medio cuerpo fuera del agua rasgó
+el aire un alarido horrible, y le vimos abrir los brazos y desaparecer
+sorbido por los tiburones. Yo permanecía aún sobrecogido cuando sonó á
+mi espalda una voz que decía:
+
+--¿Quiere hacerme sitio, señor?
+
+Al mismo tiempo alguien tocó suavemente mi hombro. Volví la cabeza y
+halléme con la Niña Chole. Vagaba cual siempre, por su labio inquietante
+sonrisa, y abría y cerraba velozmente una de sus manos, en cuya palma vi
+lucir varias monedas de oro. Rogóme con cierto misterio que la dejase
+sitio, y doblándose sobre la borda las arrojó lo más lejos que pudo. En
+seguida volvióse á mí con gentil escorzo de todo el busto:
+
+--¡Ya tiene para el flete de Carón!...
+
+Yo debía estar más pálido que la muerte, pero como ella fijaba en mí
+sus hermosos ojos y sonreía, vencióme el encanto de los sentidos, y mis
+labios aún trémulos, pagaron aquella sonrisa de reina antigua con la
+sonrisa del esclavo, que aprueba cuanto hace su señor. La crueldad de
+la criolla me horrorizaba y me atraía: Nunca como entonces me pareciera
+tentadora y bella. Del mar oscuro y misterioso subían murmullos y
+aromas: La blanca luna les prestaba no sé qué rara voluptuosidad. La
+trágica muerte de aquel coloso negro, el mudo espanto que se pintaba
+aún en todos los rostros, un violín que lloraba en la cámara, todo en
+aquella noche, bajo aquella luna, era para mí objeto de voluptuosidad
+depravada y sutil...
+
+Alejóse la Niña Chole con ese andar rítmico y ondulante que recuerda al
+tigre, y al desaparecer, una duda cruel me mordió el corazón. Hasta
+entonces no había reparado que á mi lado estaba un adolescente bello y
+rubio, que recordé haber visto al desembarcar en la playa de Tuxtlan.
+¿Sería para él la sonrisa de aquella boca, en donde parecía dormir el
+enigma de algún antiguo culto licencioso, cruel y diabólico?
+
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+
+
+
+
+CON LAS PRIMERAS luces del alba desembarqué en Veracruz.
+Tuve miedo de aquella sonrisa de Lilí, que ahora se me aparecía en
+boca de otra mujer. Tuve miedo de aquellos labios, los labios de Lilí,
+frescos, rojos, fragantes como las cerezas de nuestro huerto, que
+tanto gustaba de ofrecerme en ellos. Si el pobre corazón es liberal, y
+dió hospedaje al amor más de una y de dos veces, y gustó sus contadas
+alegrías, y padeció sus innumerables tristezas, no pueden menos de
+causarle temblores, miradas y sonrisas cuando los ojos y los labios que
+las prodigan son como los de la Niña Chole. ¡Yo he temblado entonces,
+y temblaría hoy, que la nieve de tantos inviernos cayó sin deshelarse
+sobre mi cabeza!
+
+Ya otras veces había sentido ese mismo terror de amar, pero llegado el
+trance de poner tierra por medio, siempre me habían faltado los ánimos
+como á una romántica damisela. ¡Flaquezas del corazón mimado toda la
+vida por mi ternura, y toda la vida dándome sinsabores! Hoy tengo por
+experiencia averiguado que únicamente los grandes santos y los grandes
+pecadores, poseen la virtud necesaria para huir las tentaciones del
+amor. Yo confieso humildemente que sólo en aquella ocasión pude dejar
+de ofrecerle el nido de mi pecho al sentir el roce de sus alas. ¡Tal vez
+por eso el destino tomó á empeño probar el temple de mi alma!
+
+Cuando arribábamos á la playa en un esquife de la fragata, otro esquife
+empavesado con banderas y gallardetes, acababa de varar en ella, y mis
+ojos adivinaron á la Niña Chole en aquella mujer blanca y velada que
+desde la proa saltó á la orilla. Sin duda estaba escrito que yo había de
+ser tentado y vencido. Hay mártires con quienes el diablo se divierte
+robándoles la palma, y desgraciadamente, yo he sido uno de esos toda la
+vida. Pasé por el mundo como un santo caído de su altar y descalabrado.
+Por fortuna, algunas veces pude hallar manos blancas y piadosas que
+vendasen mi corazón herido. Hoy, al contemplar las viejas cicatrices y
+recordar cómo fuí vencido, casi me consuelo. En una Historia de España,
+donde leía siendo niño, aprendí que lo mismo da triunfar que hacer
+gloriosa la derrota.
+
+Al desembarcar en Veracruz, mi alma se llenó de sentimientos heroicos.
+Yo crucé ante la Niña Chole orgulloso y soberbio como un conquistador
+antiguo. Allá en sus tiempos mi antepasado Gonzalo de Sandoval, que
+fundó en México el reino de la Nueva Galicia, no habrá mostrado mayor
+desvío ante las princesas aztecas sus prisioneras, y sin duda la Niña
+Chole era como aquellas princesas que sentían el amor al ser ultrajadas
+y vencidas, porque me miraron largamente sus ojos y la sonrisa más bella
+de su boca fué para mí. La deshojaron los labios como las esclavas
+deshojaban las rosas al paso triunfal de los vencedores. Yo, sin
+embargo, supe permanecer desdeñoso.
+
+Por aquella playa de dorada arena subimos á la par, la Niña Chole entre
+un cortejo de criados indios, yo precedido de mi esclavo negro. Casi
+rozando nuestras cabezas, volaban torpes bandadas de feos y negros
+pajarracos. Era un continuado y asustadizo batir de alas que pasaban
+oscureciendo el sol. Yo las sentía en el rostro como fieros abanicazos.
+Tan presto iban rastreando como se remontaban en la claridad azul.
+Aquellas largas y sombrías bandadas cerníanse en la altura con revuelo
+quimérico, y al caer sobre las blancas azoteas moriscas las ennegrecían,
+y al posarse en los cocoteros del arenal desgajaban las palmas. Parecían
+aves de las ruinas con su cabeza leprosa, y sus alas flequeadas, y su
+plumaje de luto, de un negro miserable, sin brillo ni tornasoles. Había
+cientos, había miles. Un esquilón tocaba á misa de alba en la iglesia de
+los Dominicos que estaba al paso, y la Niña Chole entró con el cortejo
+de sus criados. Todavía desde la puerta me envió una sonrisa. ¡Pero lo
+que acabó de prendarme fue aquella muestra de piedad!
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+EN LA VILLA Rica de la Veracruz fué mi alojamiento un
+venerable parador que acordaba el tiempo feliz de los virreyes. Yo
+esperaba detenerme allí pocas horas. Quería reunir una escolta aquel
+mismo día y ponerme en camino para las tierras que habían constituido mi
+mayorazgo. Por entonces sólo con buena guardia de escopeteros era dado
+aventurarse en los caminos mexicanos, donde señoreaban cuadrillas de
+bandoleros: ¡Aquellos plateados tan famosos por su fiera bravura y su
+lujoso arreo! Eran los tiempos de Adriano Cuéllar y Juan de Guzmán.
+
+De pronto, en el patio lleno de sol apareció la Niña Chole con su
+séquito de criados. Majestuosa y altiva se acercaba con lentitud, dando
+órdenes á un caballerango que escuchaba con los ojos bajos y respondía
+en lengua yucateca, esa vieja lengua que tiene la dulzura del italiano
+y la ingenuidad pintoresca de los idiomas primitivos. Al verme hizo
+una gentil cortesía, y por su mandato corrieron á buscarme tres indias
+núbiles que parecían sus azafatas. Hablaban alternativamente como
+novicias que han aprendido una letanía, y recitan aquello que mejor
+saben. Hablaban lentas y humildes, sin levantar la mirada:
+
+--Es la Niña que nos envía, señor...
+
+--Nos envía para decirle...
+
+--Perdone vos, para rogarle, señor...
+
+--Como ha sabido la Niña que vos, señor, junta una escolta, y ella
+también tiene de hacer camino.
+
+--¡Mucho camino, señor!
+
+--¡Hartas leguas, señor!
+
+--¡Más de dos días, señor!
+
+Seguí á las azafatas. La Niña Chole me recibió agitando las manos:
+
+--¡Oh! Perdone el enojo.
+
+Su voz era queda, salmodiada y dulce, voz de sacerdotisa y de princesa.
+Yo, después de haberla contemplado intensamente, me incliné. ¡Viejas
+artes de enamorar, aprendidas en el viejo Ovidio! La Niña Chole
+prosiguió:
+
+--En este mero instante acabo de saber que junta usted una escolta para
+ponerse en viaje. Si hiciésemos la misma jornada podríamos reunir la
+gente. Yo voy á Necoxtla.
+
+Haciendo una cortesía versallesca y suspirando, respondí:
+
+--Necoxtla, está seguramente en mi camino.
+
+La Niña Chole interrogó curiosa:
+
+--¿Va usted muy lejos? ¿Acaso á Nueva Sigüenza?
+
+--Voy á los llanos de Tixul, que ignoro dónde están. Una herencia del
+tiempo de los virreyes, entre Grijalba y Tlacotalpan.
+
+La Niña Chole me miró con sorpresa:
+
+--¿Qué dice, señor? Es diferente nuestra ruta. Grijalba está en la
+costa, y hubiérale sido mejor continuar embarcado.
+
+Me incliné de nuevo con rendimiento:
+
+--Necoxtla está en mi camino.
+
+Ella sonrió desdeñosa:
+
+--Pero no reuniremos nuestras gentes.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque no debe ser. Le ruego, señor, que siga su camino. Yo seguiré el
+mío.
+
+--Es uno mismo el de los dos. Tengo el propósito de secuestrarla á usted
+apenas nos hallemos en despoblado.
+
+Los ojos de la Niña Chole, tan esquivos antes, se cubrieron con una
+amable claridad:
+
+--¿Diga, son locos todos los españoles?
+
+Yo repuse con arrogancia:
+
+--Los españoles nos dividimos en dos grandes bandos: Uno, el Marqués de
+Bradomín, y el otro todos los demás.
+
+La Niña Chole me miró risueña:
+
+--¡Cuánta jactancia, señor!
+
+En aquel momento el caballerango vino á decirle que habían ensillado,
+y que la gente estaba dispuesta á ponerse en camino si tal era su
+voluntad. Al oirle, la Niña Chole me miró intensamente, seria y muda.
+Después volviéndose al criado, le interrogó:
+
+--¿Qué caballo me habéis dispuesto?
+
+--Aquel alazano, Niña. Véale allí.
+
+--¿El alazano rodado?
+
+--¡Qué va, Niña! El otro alazano del belfo blanco que bebe en el agua.
+Vea qué linda estampa. Tiene un paso que se traga los caminos, y la
+boca una seda. Lleva sobre el borrén la cantarilla de una ranchera, y
+galopando no la derrama.
+
+--¿Dónde haremos parada?
+
+--En el convento de San Juan de Tegusco.
+
+--¿Llegaremos de noche?
+
+--Llegaremos al levantarse la luna.
+
+--Pues advierte á la gente de montar luego, luego.
+
+El caballerango obedeció. La Niña Chole me pareció que apenas podía
+disimular una sonrisa:
+
+--Señor, mal se verá para seguirme, porque parto en el mero instante.
+
+--Yo también.
+
+--¿Pero acaso tiene dispuesta su gente?
+
+--Como yo esté dispuesto, basta.
+
+Vea que camino á reunirme con mi marido y no quiera balearse con él.
+Pregunte y le dirán quién es el general Diego Bermúdez.
+
+Oyéndola, sonreí desdeñosamente. Tornaba en esto el caballerango, y
+quedóse á distancia esperando silencioso y humilde. La Niña Chole le
+llamó:
+
+--Llega, cálzame la espuela.
+
+Ya obedecía, cuando yo arranqué de sus manos el espolín de plata é
+hinqué la rodilla ante la Niña Chole, que sonriendo me mostró su lindo
+pie prisionero en chapín de seda. Con las manos trémulas le calcé el
+espolín. Mi noble amigo Barbey D'Aurevilly hubiera dicho de aquel pie
+que era hecho para pisar un zócalo de Pharos. Yo no dije nada, pero lo
+besé con tan apasionado rendimiento, que la Niña Chole exclamó risueña:
+
+--Señor, deténgase en los umbrales.
+
+Y dejó caer la falda, que con dedos de ninfa sostenía levemente alzada.
+Seguida de sus azafatas cruzó como una reina ofendida el anchuroso
+patio sombreado por toldos de lona, que bajo la luz adquirían tenue
+tinte dorado de marinas velas. Los cínifes zumbaban en torno de un
+surtidor que gallardeaba al sol su airón de plata, y llovía en menudas
+irisadas gotas sobre el tazón de alabastro. En medio de aquel ambiente
+encendido, bajo aquel cielo azul donde la palmera abre su rumoroso
+parasol, la fresca música del agua me recordaba de un modo sensacional
+y remoto las fatigas del desierto y el deleitoso sestear en los oasis.
+De tiempo en tiempo un jinete entraba en el patio: Los mercenarios
+que debían darnos escolta á través de los arenales de Tierra Caliente
+empezaban á juntarse. Pronto estuvieron reunidas las dos huestes: Una y
+otra se componían de gente marcial y silenciosa: Antiguos salteadores
+que fatigados de la vida aventurera, y despechados del botín incierto,
+preferían servir á quien mejor les pagaba, sin que ninguna empresa
+les arredrase: Su lealtad era legendaria. Ya estaba ensillado mi
+caballo con las pistolas en el arzón, y á la grupa las vistosas y
+moriscas alforjas donde iba el viático para la jornada, cuando la Niña
+Chole reapareció en el patio. Al verla me acerqué sonriendo, y ella
+fingiéndose enojada, batió el suelo con su lindo pie.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+MONTAMOS, y en tropel atravesamos la ciudad. Ya fuera
+de sus puertas hicimos un alto para contarnos. Después dió comienzo la
+jornada fatigosa y larga. Aquí y allá, en el fondo de las dunas y en la
+falda de arenosas colinas, se alzaban algunos jacales que entre vallados
+de enormes cactus asomaban sus agudas techumbres de cáñamo gris medio
+podrido. Mujeres de tez cobriza y mirar dulce salían á los umbrales,
+é indiferentes y silenciosas nos veían pasar. La actitud de aquellas
+figuras broncíneas revelaba esa tristeza transmitida, vetusta, de las
+razas vencidas. Su rostro era humilde, con dientes muy blancos y grandes
+ojos negros, selváticos, indolentes y velados. Parecían nacidas para
+vivir eternamente en los aduares y descansar al pie de las palmeras y de
+los ahuehuetles.
+
+Ya puesto el sol divisamos una aldea india. Estaba todavía muy lejana
+y se aparecía envuelta en luz azulada y en silencio de paz. Rebaños
+polvorientos y dispersos adelantaban por un camino de tierra roja
+abierto entre maizales gigantes. El campanario de la iglesia, con su
+enorme nido de zopilotes, descollaba sobre las techumbres de palma.
+Aquella aldea silenciosa y humilde, dormida en el fondo de un valle,
+me hizo recordar las remotas aldeas abandonadas al acercarse los
+aventureros españoles. Ya estaban cerradas todas las puertas y subía de
+los hogares un humo tenue y blanco que se disipaba en la claridad del
+crepúsculo como salutación patriarcal.
+
+Nos detuvimos á la entrada y pedimos hospedaje en un antiguo priorato de
+Comendadoras Santiaguistas. Á los golpes que un espolique descargó en
+la puerta, una cabeza con tocas asomó en la reja y hubo largo coloquio.
+Nosotros, aún bastante lejos, íbamos al paso de nuestros caballos,
+abandonadas las riendas y distraídos en plática galante. Cuando llegamos
+la monja se retiraba de la reja: Poco después las pesadas puertas de
+cedro se abrían lentamente, y una monja donada toda blanca en su hábito,
+apareció en el umbral:
+
+--Pasen, hermanos, si quieren reposar en esta santa casa.
+
+Nunca las Comendadoras Santiaguistas negaban hospitalidad. Á todo
+caminante que la demandase debía serle concedida. Así estaba dispuesto
+por los estatutos de la fundadora Doña Beatriz de Zayas, favorita y dama
+de un virrey. El escudo nobiliario de la fundadora todavía campeaba
+sobre el arco de la puerta. La hermana donada nos guió á través de un
+claustro sombreado por oscuros naranjos. Allí era el cementerio de las
+Comendadoras. Sobre los sepulcros, donde quedaban borrosos epitafios,
+nuestros pasos resonaron. Una fuente lloraba monótona y triste. Empezaba
+la noche, y las moscas de luz danzaban entre el negro follaje de los
+naranjos. Cruzamos el claustro y nos detuvimos ante una puerta forrada
+de cuero y claveteada de bronce. La hermana abrió. El manojo de llaves
+que colgaba de su cintura produjo un largo son y quedó meciéndose. La
+donada cruzó las manos sobre el escapulario, y pegándose al muro nos
+dejó paso al mismo tiempo que murmuraba gangosa:
+
+--Esta es la hospedería, hermanos.
+
+Era la hospedería una estancia fresca, con ventanas de mohosa y labrada
+reja, que caían sobre el jardín. En uno de los testeros campeaba el
+retrato de la fundadora, que ostentaba larga leyenda al pie, y en el
+otro un altar con paños de cándido lino. La mortecina claridad apenas
+dejaba entrever los cuadros de un Vía-Crucis que se desenvolvía en torno
+del muro. La hermana donada llegó sigilosa á demandarme qué camino hacía
+y cuál era mi nombre. Yo, en voz queda y devota, como ella me había
+interrogado, respondí:
+
+--Soy el Marqués de Bradomín, hermana, y mi ruta acaba en esta santa
+casa.
+
+La donada murmuró con tímida curiosidad:
+
+--Si desea ver á la Madre Abadesa, le llevaré recado. Siempre tendrá
+que tener un poco de paciencia, pues ahora la Madre Abadesa se halla
+platicando con el señor Obispo de Colima, que llegó antier.
+
+--Tendré paciencia, hermana. Veré á la Madre Abadesa cuando sea ocasión.
+
+--¿El Señor la conoce ya?
+
+--No, hermana. Llego á esta santa casa para cumplir un voto.
+
+En aquel momento se acercaba la Niña Chole, y la monja, mirándola
+complacida, murmuró:
+
+--¿La Señora mi Marquesa también?
+
+La Niña Chole cambió conmigo una mirada burlona que me pareció de
+alegres desposorios. Los dos respondimos á un tiempo:
+
+--También, hermana, también.
+
+--Pues ahora mismo prevengo á la Madre Abadesa. Tendrá mucho contento
+cuando sepa que han llegado personas de tanto linaje: Ella también es
+muy española.
+
+Y la hermana donada, haciendo una profunda reverencia, se alejó moviendo
+leve rumor de hábitos y de sandalias. Tras ella salieron los criados,
+y la Niña Chole quedó sola conmigo. Yo besé su mano, y ella, con una
+sonrisa de extraña crueldad, murmuró:
+
+--¡Téngase por muerto si llega á saber algo de esta burla el general
+Diego Bermúdez!
+
+La Niña Chole llegó ante el altar, y cubriéndose la cabeza con el
+rebocillo se arrodilló. Sus siervos, agrupados en la puerta de la
+hospedería, la imitaron, santiguándose en medio de un piadoso murmullo.
+La Niña Chole alzó la voz, rezando en acción de gracias por nuestra
+venturosa jornada. Los siervos respondían á coro. Yo, como caballero
+santiaguista, recé mis oraciones dispensado de arrodillarme por el fuero
+que tenemos de canónigos agustinos.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+ENTRARON primero dos legas, que traían una gran bandeja
+de plata cargada de refrescos y confituras, y luego entró la Madre
+Abadesa, flotante el blanco hábito, que ostentaba la roja cruz de
+Santiago. Detúvose en la puerta, y con leve sonrisa, al par amable y
+soberana, saludó en latín:
+
+--¡Deo gratias!
+
+Nosotros respondimos en romance:
+
+--¡Á Dios sean dadas!
+
+La Madre Abadesa tenía hermoso aspecto de infanzona: Era blanca y rubia,
+de buen donaire y de gran cortesanía. Sus palabras de bienvenida fueron
+éstas:
+
+--Yo también soy española, nacida en Viana del Prior. Cuando niña, he
+conocido á un caballero muy anciano que llevaba el título de Marqués de
+Bradomín. ¡Era un santo!
+
+Yo repuse sin orgullo:
+
+--Además de un santo, era mi abuelo.
+
+La Madre Abadesa sonrió benévola, y después suspiró:
+
+--¿Habrá muerto hace muchos años?
+
+--¡Muchos!
+
+--Dios le tenga en Gloria. Le recuerdo muy bien. Tenía corrido mucho
+mundo, y hasta creo que había estado aquí, en México.
+
+--Aquí hizo la guerra cuando la sublevación del cura Hidalgo.
+
+--¡Es verdad!... ¡Es verdad! Aunque muy niña, me acuerdo de haberle oído
+contar... Era gran amigo de mi casa. Yo pertenezco á los Andrade de Cela.
+
+--¡Los Andrades de Cela! ¡Un antiguo mayorazgo!
+
+--Desapareció á la muerte de mi padre. ¡Qué destino el de las nobles
+casas, y qué tiempos tan ingratos los nuestros! En todas partes
+gobiernan los enemigos de la religión y de las tradiciones, aquí lo
+mismo que en España.
+
+La Madre Abadesa suspiró levantando los ojos y cruzando las manos:
+Así terminó su plática conmigo. Después acercóse á la Niña Chole con
+la sonrisa amable y soberana de una hija de reyes retirada á la vida
+contemplativa:
+
+--¿Sin duda la Marquesa es mexicana?
+
+La Niña Chole inclinó los ojos poniéndose encendida:
+
+--Sí, Madre Abadesa.
+
+--¿Pero de origen español?
+
+--Sí, Madre Abadesa.
+
+Como la Niña Chole vacilaba al responder, y sus mejillas se teñían de
+rosa, yo intervine ayudándola galante. En honor suyo inventé toda una
+leyenda de amor, caballeresca y romántica, como aquellas que entonces
+se escribían. La Madre Abadesa conmovióse tanto, que durante mi relato
+vi temblar en sus pestañas dos lágrimas grandes y cristalinas. Yo, de
+tiempo en tiempo, miraba á la Niña Chole y esperaba cambiar con ella una
+sonrisa, pero mis ojos nunca hallaban los suyos. Escuchaba inmóvil, con
+rara ansiedad. Yo mismo me maravillaba al ver cómo fluía de mis labios
+aquel enredo de comedia antigua. Estuve tan inspirado, que de pronto
+la Niña Chole sepultó el rostro entre las manos, sollozando con amargo
+duelo. La Madre Abadesa, muy conmovida, le oreó la frente dándole aire
+con el santo escapulario de su hábito, mientras yo, á viva fuerza le
+tenía sujetas las manos. Poco á poco tranquilizóse, y la Madre Abadesa
+nos llevó al jardín, para que respirando la brisa nocturna, acabase de
+serenarse la Marquesa. Allí nos dejó solos, porque tenía que asistir al
+coro para rezar los maitines.
+
+El jardín estaba amurallado como una ciudadela. Era vasto y sombrío,
+lleno de susurros y de aromas. Los árboles de las avenidas juntaban tan
+estrechamente sus ramas, que sólo con grandes espacios veíamos algunos
+follajes argentados por la luna. Caminamos en silencio. La Marquesa
+suspirante, yo pensativo, sin acertar á consolarla. Entre los árboles
+divisamos un paraje raso con oscuros arrayanes bordeados por blancas y
+tortuosas sendas: La luna derramaba sobre ellas su luz lejana é ideal
+como un milagro. La Marquesa se detuvo. Dos legas estaban sentadas al
+pie de una fuente rodeada de laureles enanos, que tienen la virtud
+de alejar el rayo. No se sabía si las dos legas rezaban ó se decían
+secretos del convento, porque el murmullo de sus voces se confundía
+con el murmullo del agua. Estaban llenando sus ánforas. Al acercarnos
+saludaron cristianamente:
+
+--¡Ave María Purísima!
+
+--¡Sin pecado concebida!
+
+Yo quise beber de la fuente, y ellas me lo impidieron con grandes gritos:
+
+--¡Señor! ¿Qué hace, señor?
+
+Me detuve un poco inmutado:
+
+--¿Es venenosa esta agua?
+
+--Santígüese, señor. Es agua bendita, y solamente la Comunidad tiene
+bula para beberla. Bula del Santo Padre, venida de Roma. ¡Es agua santa
+del Niño Jesús!
+
+Y las dos legas, hablando á coro, mostrábanme el angelote desnudo, que
+enredador y tronera vertía el agua en el tazón de alabastro por su
+menuda y cándida virilidad. Me dijeron que era el Niño Jesús. Oyendo
+esto, la Marquesa santiguóse devotamente. Yo aseguré á las legas que
+también tenía bula para beber las aguas del Niño Jesús. Ellas me
+miraron mostrando gran respeto, y disputáronse ofrecerme sus ánforas,
+pero yo preferí saciar mi sed aplicando los labios al santo surtidor de
+donde el agua manaba. Me acometió tal tentación de risa, que por poco
+me ahogo. La Niña Chole, que no podía creer la historia de mi bula, me
+recordó en voz baja que Dios castiga siempre el sacrilegio.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+DESPUÉS de los maitines vino á buscarnos una monja y nos
+condujo al refectorio donde estaba dispuesta la colación. Hablaba con
+las manos juntas: Era vieja y gangosa. Nosotros la seguimos, pero al
+pisar los umbrales del convento la Niña Chole se detuvo vacilante:
+
+--Hermana, yo guardo el día ayunando, y no puedo entrar en el refectorio
+para hacer colación.
+
+Al mismo tiempo sus ojos de reina india imploraban mi ayuda: Se la
+otorgué liberal. Comprendí que la Niña Chole temía ser conocida de
+algún caminante, pues todos los que llegaban al convento se reunían á
+son de campana para hacer colación. La monja edificada por aquel ayuno,
+interrogó solícita:
+
+--¿Qué desea mi señora?
+
+--Retirarme á descansar, hermana.
+
+--Pues cuando le plazca, mi señora. ¿Sin duda traen muy larga jornada?
+
+--Desde Veracruz.
+
+--Cierto que sentirá grande fatiga la pobrecita.
+
+Hablando de esta suerte nos hizo cruzar un largo corredor. Por las
+ventanas entraba la luz blanca de la luna. En aquella santa paz el
+acompasado son de mis espuelas despertaba un eco sacrílego y marcial, y
+como amedrentadas por él, la monja y la Marquesa caminaban ante mí con
+leve y devoto rumor. La monja abrió una puerta de antigua tracería, y
+apartándose á un lado murmuró:
+
+--Pase mi señora: Yo nada me retardo. Guío al Señor Marqués al
+refectorio, y torno á servirla luego, luego.
+
+La Marquesa entró sin mirarme. La monja cerró la puerta y alejóse como
+una sombra llamándome con vago ademán. Guióme hasta el refectorio, y
+saludando más gangosa que nunca, se alejó. Entré, y cuando mis ojos
+buscaban un sitial vacío en torno de la mesa, alzóse el capellán del
+convento, y vino á decirme con gran cortesanía que mi puesto estaba á
+la cabecera. El capellán era un fraile dominico, humanista y poeta,
+que había vivido muchos años desterrado de México por el Arzobispo, y
+privado de licencias para confesar y decir misa. Todo ello por una falsa
+delación. Esta historia me la contaba en tanto me servía. Al terminar,
+me habló así:
+
+--Ya sabe el Señor Marqués de Bradomín la vida y milagros de Fray Lope
+Castellar. Si necesita un capellán para su casa, créame que con sumo
+gusto dejaré á estas santas señoras. Aun cuando sea para cruzar los
+mares, mi Señor Marqués.
+
+--Ya tengo capellanes en España.
+
+--Perdone entonces. Pues para servirle aquí, en este México de mis
+pecados, donde en un santiamén dejan sin vida á un cristiano. Créame,
+quien pueda pagarse un capellán, debe hacerlo, aun cuando sólo sea para
+tener á mano quien le absuelva en trance de muerte.
+
+Había terminado la colación, y entre el sordo y largo rumor producido
+por los sitiales, todos nos pusimos en pie para rezar una oración de
+gracias compuesta por la piadosa fundadora Doña Beatriz de Zayas. Las
+legas comenzaron á levantar los manteles, y la Madre Abadesa entró
+sonriendo benévolamente:
+
+--¿El Señor Marqués, prefiere que se disponga otra celda para su
+descanso?
+
+El rubor que asomó en las mejillas de la Madre Abadesa me hizo
+comprender, y sin dominar una sonrisa respondí:
+
+--Haré compañía á la Marquesa, que es muy medrosa, si lo consienten los
+estatutos de esta santa casa.
+
+La Madre Abadesa me interrumpió:
+
+--Los estatutos de esta santa casa no pueden ir en contra de la
+Religión.
+
+Sentí un vago sobresalto. La Madre Abadesa inclinó los ojos, y
+permaneciendo con ellos bajos, dijo pausada y doctoral:
+
+--Para Nuestro Señor Jesucristo merecen igual amor las criaturas que
+junta con santo lazo su voluntad, que aquellas apartadas de la vida
+mundana, también por su Gracia... Yo no soy como el fariseo que se creía
+mejor que los demás, Señor Marqués.
+
+La Madre Abadesa, con su hábito blanco, estaba muy bella, y como me
+parecía una gran dama, capaz de comprender la vida y el amor, sentí
+la tentación de pedirle que me acogiese en su celda, pero fué sólo
+la tentación. Acercóse con una lámpara encendida aquella monja vieja
+y gangosa que me había acompañado al refectorio, y la Madre Abadesa,
+después de haberle encomendado que me guiase, se despidió. Confieso que
+sentí una vaga tristeza viéndola alejarse por el corredor, flotante el
+noble hábito que blanqueaba en las tinieblas. Volviéndome á la monja,
+que esperaba inmóvil con la lámpara, le pregunté:
+
+--¿Debe besársele la mano á la Madre Abadesa?
+
+La monja, echándose la toca sobre la frente, respondió:
+
+--Aquí solamente se la besamos al Señor Obispo, cuando se digna
+visitarnos.
+
+Y con leve rumor de sandalias comenzó á caminar delante de mí,
+alumbrándome hasta la puerta de la celda nupcial. Una celda espaciosa
+y perfumada de albahaca, con una reja abierta sobre el jardín, donde
+el argentado azul de la noche tropical destacaba negras y confusas las
+copas de los cedros. El canto igual y monótono de un grillo rompía
+el silencio. Yo cerré la puerta de la celda con llaves y cerrojos, y
+andando sin ruido, fuí á entreabrir el blanco mosquitero con que se
+velaba pudoroso y monjil, el único lecho que había en la estancia.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+LA NIÑA CHOLE reposaba con sueño cándido y feliz: En sus
+labios aún vagaba dormido un rezo. Yo me incliné para besarlos: Era mi
+primer beso de esposo. La Niña Chole se despertó sofocando un grito:
+
+--¿Qué hace usted aquí, señor?
+
+Yo repuse entre galante y paternal:
+
+--Reina y señora, velar tu sueño.
+
+La Niña Chole no acertaba á comprender cómo yo podía hallarme en su
+celda, y tuve que recordarle mis derechos conyugales, reconocidos por
+la Madre Abadesa. Ante aquel gentil recuerdo se mostró llena de enojo.
+Clavándome los ojos repetía:
+
+--¡Oh!... ¡Qué terrible venganza tomará el general Diego Bermúdez!...
+
+Y ciega de cólera porque al oirla sonreía, me puso en la faz sus manos
+de princesa india, manos cubiertas de anillos, enanas y morenas, que
+yo hice prisioneras. Sin dejar de mirarla, se las oprimí hasta que
+lanzó un grito, y después dominando mi despecho, se las besé. Ella,
+sollozante, dejóse caer sobre las almohadas: Yo, sin intentar consolarla
+me alejé. Sentía un fiero desdeño lleno de injurias altaneras, y para
+disimular el temblor de mis labios que debían estar lívidos, sonreía.
+Largo tiempo permanecí apoyado en la reja, contemplando el jardín
+susurrante y oscuro. El grillo cantaba, y era su canto un ritmo remoto y
+primitivo. De tarde en tarde llegaba hasta mí algún sollozo de la Niña
+Chole, tan apagado y tenue, que el corazón siempre dispuesto á perdonar,
+se conmovía. De pronto, en el silencio de la noche, una campana del
+convento comenzó á doblar. La Niña Chole me llamó temblorosa:
+
+--¿Señor, no conoce la señal de agonía?
+
+Y al mismo tiempo se santiguó devotamente. Sin desplegar los labios me
+acerqué á su lecho, y quedé mirándola grave y triste. Ella, con la voz
+asustada, murmuró:
+
+--¡Una monja se halla moribunda!
+
+Yo entonces tomando sus manos entre las mías, le dije amorosamente:
+
+--¿Y esto te causa miedo?
+
+--¡Oh!... ¿Quién será? Ahora entrega su alma á Dios Nuestro Señor. ¿Será
+alguna novicia?
+
+Sonriendo diabólicamente, le dije:
+
+--¡Acaso sea yo!...
+
+--¿Cómo, señor?
+
+--Estará á las puertas del convento el general Diego Bermúdez.
+
+--¡No!... ¡No!...
+
+Y oprimiéndome las manos, comenzó á llorar. Yo quise enjugar sus
+lágrimas con mis labios, y ella echando la cabeza sobre las almohadas,
+suplicó:
+
+--¡Por favor!... ¡Por favor!...
+
+Velada y queda desfallecía su voz. Quedó mirándome, temblorosos los
+párpados y entreabierta la rosa de su boca. La campana seguía sonando
+lenta y triste. En el jardín susurraban los follajes, y la brisa que
+hacía flamear el blanco y rizado mosquitero, nos traía aromas. Cesó
+el toque de agonía, y juzgando propicio el instante, besé á la Niña
+Chole. Ella parecía consentir, cuando de pronto en medio del silencio,
+la campana dobló á muerto. La Niña Chole dió un grito y se estrechó á
+mi pecho: Palpitante de miedo, se refugiaba en mis brazos. Mis manos,
+distraídas y paternales, comenzaron á desflorar sus senos. Ella,
+suspirando, entornó los ojos, y celebramos nuestras bodas con siete
+copiosos sacrificios que ofrecimos á los dioses como el triunfo de la
+vida.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+COMENZABAN los pájaros á cantar en los árboles del
+jardín, saludando al sol, cuando nosotros, ya dispuestos para la jornada
+de aquel día, nos asomamos á la reja. Las albahacas, húmedas de rocío,
+daban una fragancia intensa, casi desusada, que tenía como una evocación
+de serrallo morisco y de verbenas. La Niña Chole reclinó sobre mi hombro
+la cabeza, suspiró débilmente, y sus ojos, sus hermosos ojos de mirar
+hipnótico y sagrado, me acariciaron románticos. Yo entonces le dije:
+
+--¿Niña, estás triste?
+
+--Estoy triste porque debemos separarnos. La más leve sospecha nos
+podría costar la vida.
+
+Pasé amorosamente mis dedos entre la seda de sus cabellos, y respondí
+con arrogancia:
+
+--No temas: Yo sabré imponer silencio á tus criados.
+
+--Son indios, señor... Aquí prometerían de rodillas, y allá, apenas su
+amo les mirase con los ojos fieros, todo se lo dirían... ¡Debemos darnos
+un adiós!
+
+Yo besé sus manos apasionado y rendido:
+
+--¡Niña, no digas eso!... Volveremos á Veracruz. «La Dalila» quizá
+permanezca en el puerto: Nos embarcaremos para Grijalba: Iremos á
+escondernos en mi Hacienda de Tixul.
+
+La Niña Chole me acarició con una mirada larga, indefinible. Aquellos
+ojos de reina india eran lánguidos y brillantes: Me pareció que á la vez
+reprochaban y consentían. Cruzó el rebocillo sobre el pecho y murmuró
+poniéndose encendida:
+
+--¡Mi historia es muy triste!
+
+Y para que no pudiese quedarme duda, asomaron dos lágrimas en sus ojos.
+Yo creí adivinar, y le dije con generosa galantería:
+
+--No intentes contármela: Las historias tristes me recuerdan la mía.
+
+Ella sollozó:
+
+--Hay en mi vida algo imperdonable.
+
+--Los hombres como yo todo lo perdonan.
+
+Al oirme escondió el rostro entre las manos:
+
+--He cometido el más abominable de los pecados: Un pecado del que sólo
+puede absolverme Nuestro Santo Padre.
+
+Viéndola tan afligida, acaricié su cabeza reclinándola sobre mi pecho, y
+le dije:
+
+--Niña, cuenta con mi valimiento en el Vaticano. Yo he sido capitán en
+la Guardia Noble. Si quieres, iremos á Roma en peregrinación, y nos
+echaremos á los pies de Gregorio XVI.
+
+--Iré yo sola... Mi pecado es mío nada más.
+
+--Por amor y por galantería, yo debo cometer uno igual... ¡Acaso ya lo
+habré cometido!
+
+La Niña Chole levantó hacia mí los ojos llenos de lágrimas, y suplicó:
+
+--No digas eso... ¡Es imposible!
+
+Sonreí incrédulamente, y ella, arrancándose de mis brazos, huyó al
+fondo de la celda. Desde allí, clavándome una mirada fiera y llorosa,
+gritó:
+
+--Si fuese verdad, te aborrecería... Yo era una pobre criatura inocente
+cuando fuí víctima de aquel amor maldito.
+
+Volvió á cubrirse el rostro con las manos, y en el mismo instante yo
+adiviné su pecado. Era el magnífico pecado de las tragedias antiguas. La
+Niña Chole estaba maldita como Mirra y como Salomé. Acerquéme lleno de
+indulgencia, le descubrí la cara húmeda de llanto, y puse en sus labios
+un beso de noble perdón. Después en voz baja y dulce, le dije:
+
+--Todo lo sé. El general Diego Bermúdez es tu padre.
+
+Ella gimió con rabia:
+
+--¡Ojalá no lo fuese! Cuando vino de la emigración, yo tenía doce años
+y apenas le recordaba...
+
+--No le recuerdes ahora tampoco.
+
+La Niña Chole, conmovida de gratitud y de amor, ocultó la cabeza en mi
+hombro:
+
+--¡Eres muy generoso!
+
+Mis labios temblaron ardientes sobre su oreja fresca, nacarada y suave
+como concha de perlas:
+
+--Niña, volveremos á Veracruz.
+
+--No...
+
+--¿Acaso temes mi abandono? ¿No comprendes que soy tu esclavo para toda
+la vida?
+
+--¡Toda la vida!... Sería tan corta la de los dos...
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque nos mataría... ¡Lo ha jurado!...
+
+--Todo será que no cumpla el juramento.
+
+--Lo cumpliría.
+
+Y ahogada por los sollozos se enlazó á mi cuello. Sus ojos llenos de
+lágrimas, quedaron fijos en los míos como queriendo leer en ellos. Yo
+fingiéndome deslumbrado por aquella mirada, los cerré. Ella suspiró:
+
+--¿Quieres llevarme contigo sin saber toda mi historia?
+
+--Ya la sé.
+
+--No.
+
+--Tú me contarás lo que falta cuando dejemos de querernos, si llega ese
+día.
+
+--Todo, todo debes saberlo ahora, aun cuando estoy segura de tu
+desprecio... Eres el único hombre á quien he querido, te lo juro, el
+único... Y, sin embargo, por huir de mi padre, he tenido un amante que
+murió asesinado.
+
+Calló sollozante. Yo, tembloroso de pasión, la besé en los ojos, y la
+besé en los labios. ¡Aquellos labios sangrientos, aquellos ojos sombríos
+tan bellos como su historia!...
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+LAS CAMPANAS del convento tocaron á misa, y la Niña
+Chole quiso oirla antes de comenzar la jornada. Fué una larga misa de
+difuntos. Ofició Fray Lope Castellar, y en descargo de mis pecados,
+yo serví de acólito. Las Comendadoras cantaban en el coro los Salmos
+Penitenciales, y sus figuras blancas y señoriles, arrastrando los
+luengos hábitos, iban y venían en torno del facistol que sostenía
+abierto el misal de rojas letras. En el fondo de la iglesia, sobre
+negro paño rodeado de cirios, estaba el féretro de una monja. Tenía las
+manos en cruz, y envuelto á los dedos amoratados el rosario. Un pañuelo
+blanco le sujetaba la barbeta y mantenía cerrada la boca, que se sumía
+como una boca sin dientes: Los párpados permanecían entreabiertos,
+rígidos, azulencos: Las sienes parecían prolongarse inmensamente bajo la
+toca. Estaba amortajada en su hábito, y la fimbra se doblaba sobre los
+pies descalzos, amarillos como la cera...
+
+Al terminarse los responsos, cuando Fray Lope Castellar se volvía para
+bendecir á los fieles, alzáronse en tropel algunos mercenarios de mi
+escolta, apostados en la puerta durante la misa, y como gerifaltes
+cayeron sobre el prebisterio, aprisionando á un mancebo arrodillado,
+que se revolvió bravamente al sentir sobre sus hombros tantas manos, y
+luchó encorvado y rugiente, hasta que, vencido por el número, cayó sobre
+las gradas. Las monjas, dando alaridos, huyeron del coro. Fray Lope
+Castellar adelantóse estrechando el cáliz sobre el pecho:
+
+--¿Qué hacéis, mal nacidos?
+
+Y el mancebo, que jadeaba derribado en tierra, gritó:
+
+--¡Fray Lope!... ¡No se vende así al amigo!
+
+--¡Ni tal sospeches, Guzmán!
+
+Y entonces aquel hombre hizo como el jabalí herido y acosado que se
+sacude los alanos: De pronto le vi erguido en pie, revolverse entre
+el tropel que le sujetaba, libertar los brazos y atravesar la iglesia
+corriendo. Llegó á la puerta, y encontrándola cerrada, se revolvió
+con denuedo. De un golpe arrancó la cadena que servía para tocar las
+campanas, y armado con ella hizo defensa. Yo, admirando como se merecía
+tanto valor y tanto brío, saqué las pistolas y me puse de su lado:
+
+--¡Alto ahí!...
+
+Los hombres de la escolta quedaron indecisos, y en aquel momento, Fray
+Lope, que permanecía en el presbiterio, abrió la puerta de la sacristía,
+que rechinó largamente. El mancebo, haciendo con la cadena un terrible
+molinete, pasó sobre el féretro de la monja, rompió la hilera de cirios
+y ganó aquella salida. Los otros le persiguieron dando gritos, pero la
+puerta se cerró de golpe ante ellos, y volviéronse contra mí, alzando
+los brazos con amenazador despecho. Yo, apoyado en la reja del coro,
+dejé que se acercasen, y disparé mis dos pistolas. Abrióse el grupo
+repentinamente silencioso, y cayeron dos hombres. La Niña Chole se
+levantó trágica y bella:
+
+--¡Quietos!... ¡Quietos!...
+
+Aquellos mercenarios no la oyeron. Con encarnizado vocerío viniéronse
+para mí, amenazándome con sus pistolas. Una lluvia de balas se aplastó
+en la reja del coro. Yo, milagrosamente ileso, puse mano al machete:
+
+--¡Atrás!... ¡Atrás, canalla!
+
+La Niña Chole se interpuso, gritando con angustia:
+
+--¡Si respetáis su vida, he de daros harta plata!
+
+Un viejo que á guisa de capitán estaba delante, volvió hacia ella los
+ojos fieros y encendidos. Sus barbas chivas temblaban de cólera:
+
+--Niña, la cabeza de Juan Guzmán está pregonada.
+
+--Ya lo sé.
+
+--Si le hubiésemos entregado vivo, tendríamos cien onzas.
+
+--Las tendréis.
+
+Hubo otra ráfaga de voces violentas y apasionadas. El viejo mercenario
+alzó los brazos imponiendo silencio:
+
+--¡Dejad á la gente que platique!
+
+Y con la barba siempre temblona, volvióse á nosotros:
+
+--¿Los compañeros ahí tendidos como perros, no valen ninguna cosa?
+
+--La Niña Chole murmuró con afán:
+
+--¡Sí!... ¿Qué quieres?
+
+--Eso ha de tratarse con despacio.
+
+--Bueno...
+
+--Es menester otra prenda que la palabra.
+
+La Niña Chole arrancóse los anillos, que parecían dar un aspecto sagrado
+á sus manos de princesa, y llena de altivez se los arrojó:
+
+--Repartid eso y dejadnos.
+
+Entre aquellos hombres hubo un murmullo de indecisión, y lentamente se
+alejaron por la nave de la iglesia. En el presbiterio detuviéronse á
+deliberar. La Niña Chole apoyó sus manos sobre mis hombros y me miró en
+el fondo de los ojos:
+
+--¡Oh!... ¡Qué español tan loco! ¡Un león en pie!...
+
+Respondí con una vaga sonrisa. Yo experimentaba la más violenta angustia
+en presencia de aquellos dos hombres caídos en medio de la iglesia,
+el uno sobre el otro. Lentamente se iba formando en torno de ellos
+un gran charco de sangre que corría por las junturas de las losas.
+Sentíase el borboteo de las heridas, y el estertor del que estaba caído
+debajo. De tiempo en tiempo se agitaba y movía una mano lívida, con
+estremecimientos nerviosos.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+FRAY LOPE CASTELLAR nos esperaba en la sacristía leyendo
+el breviario. Sobre labrado arcón estaban las vestiduras plegadas con
+piadoso esmero. La sacristía era triste, con una ventana alta y enrejada
+oscurecida por las ramas de un cedro. Fray Lope, al vernos llegar,
+alzóse del escaño:
+
+--¡Muertos les he creído! ¡Ha sido un milagro!... Siéntense: Es menester
+que esta dama cobre ánimos. Van á probar el vino con que celebra la
+misa Su Ilustrísima, cuando se digna visitarnos. Un vino de España.
+¡Famoso, famoso!... Ya lo dice el adagio indiano: Vino, mujer y bretaña,
+de España.
+
+Hablando de esta suerte, acercóse á una grande y lustrosa alacena, y la
+abrió de par en par. Sacó de lo más hondo un pegajoso cangilón, y le
+olió con regalo:
+
+--Ahora verán qué néctar. Este humilde fraile celebra su misa con un
+licor menos delicado. Sin embargo, todo es sangre de Nuestro Señor
+Jesucristo.
+
+Llenó con mano temblona un vaso de plata, y presentóselo á la Niña
+Chole, que lo recibió en silencio, y, en silencio también, me lo pasó á
+mí. Fray Lope, en aquel momento, colmaba otro vaso igual:
+
+--¡Qué hace mi señora! Si el noble Marqués tiene aquí...
+
+La Niña Chole sonrió con languidez:
+
+--¡Le acompaña usted, Fray Lope!
+
+Fray Lope rió sonoramente: Sentóse sobre el arcón, y dejó el vaso á su
+lado:
+
+--El noble Marqués me permitirá una pregunta: ¿De qué conoce á Juan de
+Guzmán?
+
+--¡No le conozco!...
+
+--¿Y cómo le defendió tan bravamente?
+
+--Una fantasía que me vino en aquel momento.
+
+Fray Lope movió la tonsurada cabeza, y apuró un sorbo del vaso que tenía
+á su diestra:
+
+--¡Una fantasía! ¡Una fantasía!... Juan de Guzmán es mi amigo, y, sin
+embargo, yo jamás hubiera osado tanto.
+
+La Niña Chole murmuró con altivo desdén:
+
+--No todos los hombres son iguales...
+
+Yo, agradecido al buen vino que Fray Lope me escanciaba, intervine
+cortesano:
+
+--¡Más valor hace falta para cantar misa!
+
+Fray Lope me miró con ojos burlones:
+
+--Eso no se llama valor: Es la Gracia...
+
+Hablando así, alzamos los vasos y á un tiempo les dimos fin. Fray Lope
+tornó á llenarlos:
+
+--¿Y el noble Marqués hasta ignorará quién es Juan de Guzmán?
+
+--Ayer, cuando juntaba mi escolta en Veracruz, oí por primera vez su
+nombre... Creo que es un famoso capitán de bandidos.
+
+--¡Famoso! Tiene la cabeza pregonada.
+
+--¿Conseguirá ponerse en salvo?
+
+Fray Lope juntó las manos y entornó los párpados gravemente:
+
+--¡Y quién sabe, mi señor!...
+
+--¿Cómo se arriesgó á entrar en la iglesia?
+
+--Es muy piadoso... Además tiene por madrina á la Madre Abadesa.
+
+En aquel momento alzóse la tapa del arcón, y un hombre que allí estaba
+oculto asomó la cabeza. Era Juan de Guzmán. Fray Lope corrió á la puerta
+y echó los cerrojos. Juan de Guzmán saltó en medio de la sacristía, y
+con los ojos húmedos y brillantes quiso besarme las manos. Yo le tendí
+los brazos. Fray Lope volvió á nuestro lado, y con la voz temblorosa y
+colérica murmuró:
+
+--¡Quien ama el peligro perece en él!
+
+Juan de Guzmán sonrió desdeñosamente:
+
+--¡Todos hemos de morir, Fray Lope!...
+
+--Bajen siquiera la voz.
+
+Avizorado miraba alternativamente á la puerta y á la gran reja de
+la sacristía. Seguimos su prudente consejo, y mientras nosotros
+platicábamos retirados en un extremo de la sacristía, en el otro rezaba
+medrosamente la Niña Chole.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+JUAN DE GUZMÁN tenía la cabeza pregonada, aquella
+magnífica cabeza de aventurero español. En el siglo XVI hubiera
+conquistado su Real Ejecutoria de Hidalguía peleando bajo las banderas
+de Hernán Cortés, y acaso entonces nos dejase una hermosa memoria aquel
+capitán de bandoleros con aliento caballeresco, porque había nacido para
+ilustrar su nombre en las Indias saqueando ciudades, violando princesas
+y esclavizando emperadores. Viejo y cansado, cubierto de cicatrices
+y de gloria, tornaríase á su tierra llevando en buenas doblas de oro
+el botín conquistado acaso en Otumba, acaso en Mangoré. ¡Las batallas
+gloriosas de alto y sonoro nombre! Levantaría una torre, fundaría
+un mayorazgo con licencia del Señor Rey, y al morir tendría noble
+enterramiento en la iglesia de algún monasterio. La piedra de armas
+y un largo epitafio, recordarían las hazañas del caballero, y muchos
+años después, su estatua de piedra, dormida bajo el arco sepulcral, aún
+serviría á las madres para asustar á sus hijos pequeños.
+
+Yo confieso mi admiración por aquella noble abadesa que había sabido
+ser su madrina sin dejar de ser una santa. Á mí seguramente hubiérame
+tentado el diablo, porque el capitán de los plateados tenía el gesto
+dominador y galán, con que aparecen en los retratos antiguos los
+capitanes del Renacimiento: Era hermoso como un bastardo de César
+Borgia. Cuentan, que al igual de aquel príncipe, mató siempre sin saña,
+con frialdad, como matan los hombres que desprecian la vida, y que, sin
+duda por eso, no miran como un crimen dar la muerte. Sus sangrientas
+hazañas son las hazañas que en otro tiempo hicieron florecer las
+epopeyas. Hoy sólo de tarde en tarde alcanzan tan alta soberanía, porque
+las almas son cada vez menos ardientes, menos impetuosas, menos fuertes.
+¡Es triste ver cómo los hermanos espirituales de aquellos aventureros
+de Indias no hallan ya otro destino en la vida que el bandolerismo
+caballeresco!
+
+Aquel capitán de los plateados también tenía una leyenda de amores.
+Era tan famoso por su fiera bravura como por su galán arreo. Señoreaba
+en los caminos y en las ventas: Con valeroso alarde se mostraba solo,
+caracoleando el caballo y levantada sobre la frente el ala del chambergo
+entoquillado de oro. El zarape blanco envolvíale flotante como alquicel
+morisco. Era hermoso, con hermosura varonil y fiera. Tenía las niñas
+de los ojos pequeñas, tenaces y brillantes, el corvar de la nariz
+soberbio, las mejillas nobles y atezadas, los mostachos enhiestos, la
+barba de negra seda. En la llama de su mirar vibraba el alma de los
+grandes capitanes, gallarda y de través como los gavilanes de la espada.
+Desgraciadamente, ya quedan pocas almas así.
+
+¡Qué hermoso destino el de ese Juan de Guzmán, si al final de sus días
+se hubiese arrepentido y retirado en la paz de un monasterio para hacer
+penitencia, como San Francisco de Sena!
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+SIN OTRA ESCOLTA que algunos fieles caballerangos,
+nos tornamos á Veracruz. «La Dalila» continuaba anclada bajo el
+Castillo de Ulua, y la divisamos desde larga distancia, cuando nuestros
+caballos fatigados, sedientos, subían la falda arenosa de una colina.
+Sin hacer alto atravesamos la ciudad y nos dirigimos á la playa para
+embarcar inmediatamente. Poco después la fragata hacíase á la vela por
+aprovechar el viento que corría á lo lejos, rizando un mar verde como
+mar de ensueño. Apenas flameó la lona, cuando la Niña Chole despeinada y
+pálida con la angustia del mareo, fué á reclinarse sobre la borda.
+
+El capitán, con sombrero de palma y traje blanco, se paseaba en la
+toldilla: Algunos marineros dormitaban echados á la banda de estribor,
+que el aparejo dejaba en sombra, y dos jarochos que habían embarcado
+en San Juan de Tuxtlan jugaban al parar sentados bajo un toldo de lona
+levantado á popa. Eran padre é hijo. Los dos flacos y cetrinos: El viejo
+con grandes barbas de chivo, y el mozo todavía imberbe. Se querellaban á
+cada jugada, y el que perdía amenazaba de muerte al ganancioso. Contaba
+cada cual su dinero, y musitando airada y torvamente lo embolsaba. Por
+un instante los naipes quedaban esparcidos sobre el zarape puesto entre
+los jugadores. Después el viejo recogíalos lentamente y comenzaba á
+barajar de nuevo. El mozo, siempre de mal talante, sacaba de la cintura
+su bolsa de cuero recamada de oro, y la volcaba sobre el zarape. El
+juego proseguía como antes.
+
+Lleguéme á ellos y estuve viéndoles. El viejo, que en aquel momento
+tenía la baraja, me invitó cortésmente y mandó levantar al mozo para que
+yo tuviese sitio á la sombra. No me hice rogar. Tomé asiento entre los
+dos jarochos, conté diez doblones fernandinos y los puse á la primera
+carta que salió. Gané, y aquello me hizo proseguir jugando, aunque desde
+el primer momento tuve al viejo por un redomado tahur. Su mano atezada
+y enjuta, que hacía recordar la garra del milano, tiraba los naipes
+lentamente. El mozo permanecía silencioso y sombrío, miraba al viejo de
+soslayo, y jugaba siempre las cartas que jugaba yo. Como el viejo perdía
+sin impacientarse, sospeché que abrigaba el propósito de robarme, y me
+previne. Sin embargo, continué ganando.
+
+Ya puesto el sol asomaron sobre cubierta algunos pasajeros. El viejo
+jarocho comenzó á tener corro, y creció su ganancia. Entre los jugadores
+estaba aquel adolescente taciturno y bello que en otra ocasión me había
+disputado una sonrisa de la Niña Chole. Apenas nuestras miradas se
+cruzaron comencé á perder. Tal vez haya sido superstición, pero es lo
+cierto que yo tuve el presentimiento. El adolescente tampoco ganaba:
+Visto con espacio, parecióme misterioso y extraño: Era gigantesco, de
+ojos azules y rubio ceño, de mejillas bermejas y frente muy blanca:
+Peinábase como los antiguos nazarenos, y al mirar entornaba los párpados
+con arrobo casi místico. De pronto le vi alargar ambos brazos y detener
+al jarocho, que había vuelto la baraja y comenzaba á tirar. Meditó un
+instante, y luego, lento y tardío, murmuró:
+
+--Me arriesgo con todo. ¡Copo!
+
+El mozo, sin apartar los ojos del viejo, exclamó:
+
+--¡Padre, copa!
+
+--Lo he oído, pendejo. Ve contando ese dinero.
+
+Volvió la baraja y comenzó á tirar. Todas las miradas quedaron inmóviles
+sobre la mano del jarocho. Tiraba lentamente. Era una mano sádica
+que hacía doloroso el placer y lo prolongaba. De pronto se levantó un
+murmullo:
+
+--¡La sota! ¡La sota!
+
+Aquella era la carta del bello adolescente. El jarocho se incorporó,
+soltando la baraja con despecho:
+
+--Hijo, ve pagando...
+
+Y echándose el zarape sobre los hombros, se alejó. El corro se deshizo
+entre murmullos y comentos:
+
+--¡Ha ganado setecientos doblones!
+
+--¡Más de mil!
+
+Instintivamente volví la cabeza, y mis ojos descubrieron á la Niña
+Chole. Allí estaba, reclinada en la borda: Apartábase lánguidamente los
+rizos que, deshechos por el viento marino, se le metían en los ojos, y
+sonreía al bello y blondo adolescente. Experimenté tan vivo impulso
+de celos y de cólera, que me sentí palidecer. Si hubiera tenido en las
+pupilas el poder del basilisco, allí se quedan hechos polvo. ¡No lo
+tenía, y la Niña Chole pudo seguir profanando aquella sonrisa de reina
+antigua!...
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+CUANDO se encendieron las luces de á bordo, yo
+continuaba en el puente, y la Niña Chole vino á colgarse de mi brazo,
+rozándose como una gata zalamera y traidora. Sin mostrarme celoso, supe
+mostrarme altivo, y ella se detuvo, clavándome los ojos con tímido
+reproche. Después miró en torno, y alzándose en la punta de los pies me
+besó celerosa:
+
+--¿Estás triste?
+
+--No.
+
+--Entonces, ¿estás enojado conmigo?
+
+--No.
+
+--Sí tal.
+
+Nos hallábamos solos en el puente, y la Niña Chole se colgó de mis
+hombros suspirante y quejumbrosa:
+
+--¡Ya no me quieres! ¡Ahora qué será de mí!... ¡Me moriré!... ¡Me
+mataré!...
+
+Y sus hermosos ojos, llenos de lágrimas, se volvieron hacia el mar,
+donde rielaba la luna. Yo permanecí silencioso, aun cuando estaba
+profundamente conmovido. Ya cedía al deseo de consolarla, cuando
+apareció sobre cubierta el blondo y taciturno adolescente. La Niña
+Chole, un poco turbada, se enjugó las lágrimas. Creo que la expresión
+de mis ojos le dió espanto, porque sus manos temblaban. Al cabo de un
+momento, con voz apasionada y contrita, murmuró á mi oído:
+
+--¡Perdóname!
+
+Yo repuse vagamente:
+
+--¿Que te perdone dices?
+
+--Sí.
+
+--No tengo nada que perdonarte.
+
+Ella se sonrió, todavía con los ojos húmedos:
+
+--¿Para qué me lo niegas? Estás enojado conmigo porque antes he mirado á
+ése... Como no le conoces, me explico tus celos.
+
+Calló, y en su boca muda y sangrienta vi aparecer la sonrisa de un
+enigma perverso. El blondo adolescente conversaba en voz baja con un
+grumete mulato. Se apartaron lentamente y fueron á reclinarse en la
+borda. Yo pregunté, dominado por una cólera violenta:
+
+--¿Quién es?
+
+--Un príncipe ruso.
+
+--¿Está enamorado de ti?
+
+--No.
+
+--Dos veces le sonreíste...
+
+La Niña Chole exclamó con picaresca alegría:
+
+--Y tres también, y cuatro... Pero seguramente tus sonrisas le conmueven
+más que las mías... ¡Mírale!
+
+El hermoso, el blondo, el gigantesco adolescente, seguía hablando con
+el mulato, y reclinado en la borda estrechábale por la cintura. El otro
+reía alegremente: Era uno de esos grumetes que parecen aculatados en
+largas navegaciones trasatlánticas por regiones de sol. Estaba casi
+desnudo, y con aquella coloración caliente de terracota también era
+hermoso. La Niña Chole apartó los ojos con altivo desdén:
+
+--¿Te convences de que no podía inspirarte celos?
+
+Yo, libre de tan cruel incertidumbre, sonreí:
+
+--Tú debías tenerlos...
+
+La Niña Chole se miró en mis ojos, orgullosa y feliz:
+
+--Yo tampoco. Tú eres un hombre.
+
+--Niña, tú olvidas que puede sacrificarse á Hebe y á Ganimedes.
+
+--No entiendo lo que quieres decirme.
+
+--¡Mejor es así!...
+
+Y repentinamente entristecido, incliné la cabeza sobre el pecho. No
+quise ver más, y medité, porque tengo amado á los clásicos casi tanto
+como á las mujeres. Es la educación recibida en el Seminario de Nobles.
+Leyendo á ese amable Petronio, he suspirado más de una vez lamentando
+que los siglos hayan hecho un pecado desconocido de las divinas fiestas
+voluptuosas. Hoy, solamente en el sagrado misterio vagan las sombras
+de algunos escogidos que hacen renacer el tiempo antiguo de griegos y
+romanos, cuando los efebos coronados de rosas sacrifican en los altares
+de Afrodita. ¡Felices y aborrecidas sombras: Me llaman y no puedo
+seguirlas!
+
+Aquel bello pecado, regalo de los dioses y tentación de los poetas, es
+para mí un fruto hermético. El cielo, siempre enemigo, dispuso que sólo
+las rosas de Venus floreciesen en mi alma, y á medida que envejezco,
+eso me desconsuela más. Presiento que debe ser grato, cuando la vida
+declina, poder penetrar en el jardín de los amores perversos. Á mí,
+desgraciadamente, ni aun me queda la esperanza. Sobre mi alma ha pasado
+el aliento de Satanás encendiendo todos los pecados: Sobre mi alma
+ha pasado el suspiro del Arcángel encendiendo todas las virtudes. He
+padecido todos los dolores, he gustado todas las alegrías: He apagado
+mi sed en todas las fuentes, he reposado mi cabeza en el polvo de todos
+los caminos: Un tiempo fuí amado de las mujeres, sus voces me eran
+familiares: Sólo dos cosas han permanecido siempre arcanas para mí: El
+amor de los efebos y la música de ese teutón que llaman Wagner.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+PERMANECIMOS toda la noche sobre cubierta. La fragata
+daba bordos en busca del viento, que parecía correr á lo lejos, allá
+donde el mar fosforecía. Por la banda de babor comenzó á esfumarse la
+costa, unas veces plana y otras ondulada en colinas. Así navegamos mucho
+tiempo. Las estrellas habían palidecido lentamente, y el azul del cielo
+iba tornándose casi blanco. Dos marineros subidos á la cofa de mesana,
+cantaban relingando el aparejo. Sonó el pito del contramaestre, orzó la
+fragata y el velamen flameó indeciso. En aquel momento hacíamos proa á
+la costa. Poco después las banderas tremolaron en los masteleros alegres
+y vistosas: La fragata daba vista á Grijalba, y rayaba el sol.
+
+En aquella hora el calor era deleitante, fresca la ventolina, y con olor
+de brea y algas. Percibíase en el aire estremecimientos voluptuosos.
+Reía el horizonte bajo un hermoso sol. Ráfagas venidas de las selvas
+vírgenes, tibias y acariciadoras como aliento de mujeres ardientes,
+jugaban en las jarcias, y penetraba y enlanguidecía el alma el perfume
+que se alzaba del oleaje casi muerto. Dijérase que el dilatado Golfo
+Mexicano sentía en sus verdosas profundidades la pereza de aquel
+amanecer cargado de pólenes misteriosos y fecundos, como si fuese el
+serrallo del Universo. Á la sombra del foque, y con ayuda de un catalejo
+marino, contemplé la ciudad á mi talante. Grijalba, vista desde el mar,
+recuerda esos paisajes de caserío inverosímil, que dibujan los niños
+precoces: Es blanca, azul, encarnada, de todos los colores del iris.
+Una ciudad que sonríe, como criolla vestida con trapos de primavera que
+sumerge la punta de los piececillos lindos en la orilla del puerto. Algo
+extraña resulta, con sus azoteas enchapadas de brillantes azulejos y
+sus lejanías límpidas, donde la palmera recorta su gallarda silueta que
+parece hablar del desierto remoto, y de caravanas fatigadas que sestean
+á la sombra propicia.
+
+Espesos bosques de gigantescos árboles rodean la ensenada, y entre
+la masa incierta del follaje sobresalen los penachos de las palmeras
+reales. Un río silencioso y dormido, de aguas blanquecinas como la
+leche, abre profunda herida en el bosque, y se derrama en holganza por
+la playa que llena de islas. Aquellas aguas nubladas de blanco, donde no
+se espeja el cielo, arrastraban un árbol desarraigado, y en las ramas
+medio sumergidas revoloteaban algunos pájaros de quimérico y legendario
+plumaje. Detrás, descendía la canoa de un indio que remaba sentado en la
+proa. Volaban los celajes al soplo de las brisas, y bajo los rayos del
+sol naciente, aquella ensenada de color verde esmeralda rielaba llena de
+gracia, como un mar divino y antiguo habitado por sirenas y tritones.
+
+¡Cuán bellos se me aparecen todavía esos lejanos países tropicales!
+Quien una vez los ha visto, no los olvidará jamás. Aquella calma azul
+del mar y del cielo, aquel sol que ciega y quema, aquella brisa cargada
+con todos los aromas de Tierra Caliente, como ciertas queridas muy
+amadas, dejan en la carne, en los sentidos, en el alma, reminiscencias
+tan voluptuosas, que el deseo de hacerlas revivir sólo se apaga en la
+vejez. Mi pensamiento rejuvenece hoy recordando la inmensa extensión
+plateada de ese Golfo Mexicano, que no he vuelto á cruzar. Por mi
+memoria desfilan las torres de Veracruz, los bosques de Campeche, las
+arenas de Yucatán, los palacios de Palenque, las palmeras de Tuxtlan y
+Laguna... ¡Y siempre, siempre unido al recuerdo de aquel hermoso país
+lejano, el recuerdo de la Niña Chole, tal como la vi por vez primera
+entre el cortejo de sus servidores, descansando á la sombra de una
+pirámide, suelto el cabello y vestido el blanco hipil de las antiguas
+sacerdotisas mayas!...
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+APENAS DESEMBARCAMOS, una turba negruzca y lastimera
+nos cercó pidiendo limosna. Casi acosados, llegamos al parador, que
+era conventual y vetusto, con gran soportal de piedra, donde unas
+viejas caducas se peinaban. En aquel parador volví á encontrarme con
+los jugadores jarochos que venían á bordo de la fragata. Descubríles
+retirados hacia el fondo del patio, cercanos á una puerta ancha y baja
+por donde á cada momento entraban y salían caballerangos, charros y
+mozos de espuela. También allí los dos jarochos jugaban al parar, y se
+movían querella. Me reconocieron desde lejos, y se alzaron saludándome
+con muestras de gran cortesía. Luego el viejo entregó los naipes al
+mozo, y vínose para mí, haciendo profundas zalemas:
+
+--Aquí estamos para servirle, señor. Si le place saber á dónde llega una
+buena voluntad, mande no más, señor.
+
+Y después de abrazarme con tal brío que me alzó del suelo, usanza
+mexicana que muestra amor y majeza, el viejo jarocho continuó:
+
+--Si quiere tentar la suerte, ya sabe su merced dónde toparnos. Aquí
+demoramos. ¿Cuándo se camina, mi Señor Marqués?
+
+--Mañana al amanecer, si esta misma noche no puedo hacerlo.
+
+El viejo acaricióse las barbas, y sonrió picaresco y ladino:
+
+--Siempre nos veremos antes. Hemos de saber hasta dónde hay verdad en
+aquello que dicen: Albur de viajero, pronto y certero.
+
+Yo contesté riéndome:
+
+--Lo sabremos. Esas profundas sentencias no deben permanecer dudosas.
+
+El jarocho hizo un grave ademán en muestra de asentimiento:
+
+--Ya veo que mi Señor Marqués tiene por devoción cumplimentarlas. Hace
+bien. Solamente por eso merecía ser Arzobispo de México.
+
+De nuevo sonrió picaresco. Sin decir palabra esperó á que pasasen dos
+indios caballerangos, y cuando ya no podían oirle, prosiguió en voz
+baja y misteriosa:
+
+--Una cosa me falta por decirle. Ponemos para comienzo quinientas onzas,
+y quedan más de mil para reponer si vienen malas. Plata de un compadre,
+señor. Otra vez platicaremos con más espacio. Mire cómo se impacienta
+aquel manís. Un potro sin rendaje, señor. Eso me enoja... ¡Vaya, nos
+vemos!...
+
+Y se alejó haciendo fieras señas al mozo para calmar su impaciencia.
+Tendióse á la sombra, y tomando los naipes comenzó á barajar. Presto
+tuvo corro de jugadores. Los caballerangos, los boyeros, los mozos de
+espuela, cada vez que entraban y salían parábanse á jugar una carta. Dos
+jinetes que asomaron encorvados bajo la puerta, refrenaron un momento
+sus cabalgaduras, y desde lo alto de las sillas arrojaron las bolsas.
+El mozo las alzó sopesándolas, y el viejo le interrogó con la mirada:
+Fué la respuesta un gesto ambiguo: Entonces el viejo le habló impaciente:
+
+--Deja quedas las bolsas, manís. Tiempo hay de contar.
+
+En el mismo momento salió la carta. Ganaba el jarocho, y los jinetes se
+alejaron: El mozo volcó sobre el zarape las bolsas, y empezó á contar.
+Crecía el corro de jugadores. Llegaban los charros haciendo sonar las
+pesadas y suntuosas espuelas, derribados gallardamente sobre las cejas
+aquellos jaranos castoreños entoquillados de plata, fanfarrones y
+marciales. Llegaban los indios ensabanados como fantasmas, humildes y
+silenciosos, apagando el rumor de sus pisadas. Llegaban otros jarochos
+armados como infantes, las pistolas en la cinta y el machete en bordado
+tahalí. De tarde en tarde, atravesaba el patio lleno de sol algún lépero
+con su gallo de pelea: Una figura astuta y maleante, de ojos burlones
+y de lacia greña, de boca cínica y de manos escuetas y negruzcas, que
+tanto son de ladrón como de mendigo. Huroneaba en el corro, arriesgaba
+un mísero tostón, y rezongando truhanerías se alejaba.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+YO ANSIABA verme á solas con la Niña Chole. La noche
+de nuestras bodas en el convento se me aparecía ya muy lejana, con el
+encanto de un sueño que se recuerda siempre y nunca se precisa. Desde
+entonces habíamos vivido en forzosa castidad, y mis ojos, que aún lo
+ignoraban todo, tenían envidia de mis manos que todo lo sabían...
+
+En aquel vetusto parador gusté las mayores venturas amorosas, urdidas
+con el hilo dorado de la fantasía. Quise primero que la Niña Chole se
+destrenzase el cabello, y vestido el blanco hipil me hablase en su vieja
+lengua, como una princesa prisionera á un capitán conquistador. Ella
+obedeció sonriendo. Yo la tenía en mis brazos, y las palabras más bellas
+y musicales las besaba, sin comprenderlas, sobre sus labios. Después
+fué nuestro numen Pedro Aretino, y como oraciones, pude recitar en
+italiano siete sonetos gloria del Renacimiento: Uno distinto para cada
+sacrificio. El último lo repetí dos veces: Era aquel divino soneto que
+evoca la figura de un centauro, sin cuerpo de corcel y con dos cabezas.
+Después nos dormimos.
+
+La Niña Chole se levantó al amanecer y abrió los balcones. En la alcoba
+penetró un rayo de sol tan juguetón, tan vivo, tan alegre, que al
+verse en el espejo se deshizo en carcajadas de oro. El sinsonte agitóse
+dentro de su jaula y prorrumpió en gorjeos: La Niña Chole también
+gorjeó el estribillo de una canción fresca como la mañana. Estaba muy
+bella arrebujada en aquella túnica de seda, que envolvía en una celeste
+diafanidad su cuerpo de diosa. Me miraba guiñando los ojos y entre
+borboteos de risas y canciones besaba los jazmines que se retorcían á la
+reja. Con el cabello destrenzándose sobre los hombros desnudos, con su
+boca riente y su carne morena, la Niña Chole era una tentación. Tenía
+despertares de aurora alegres y triunfantes. De pronto se volvió hacia
+mí con un mohín delicioso:
+
+--¡Arriba, perezoso!... ¡Arriba!
+
+Al mismo tiempo salpicábame á la cara el agua de rosas que por la noche
+dejara en el balcón á serenar:
+
+--¡Arriba!... ¡Arriba!...
+
+Me eché de la hamaca. Viéndome ya en pie, huyó velozmente alborotando
+la casa con sus trinos. Saltaba de una canción á otra, como el sinsonte
+los travesaños de la jaula, con gentil aturdimiento, con gozo infantil
+porque el día era azul, porque el rayo del sol reía allá en el fondo
+encantado del espejo. Bajo los balcones resonaba la voz del caballerango
+que se daba prisa á embridar nuestros caballos. Las persianas caídas
+temblaban al soplo de matinales auras, y el jazmín de la reja, por
+aromarlas, sacudía su caperuza de campanillas. La Niña Chole volvió
+á entrar. Yo la vi en la luna del tocador, acercarse sobre la punta
+de sus chapines de raso, con un picaresco reir de los labios y de los
+dientes. Alborozada me gritó al oído:
+
+--¡Vanidoso! ¿Para quién te acicalas?
+
+--¡Para ti, Niña!
+
+--¿De veras?
+
+Mirábame con los ojos entornados, y hundía los dedos entre mis cabellos,
+arremolinándomelos. Luego reía locamente y me alargaba un espolín de
+oro para que se lo calzase en aquel pie de reina, que no pude menos
+de besar. Salimos al patio, donde el indio esperaba con los caballos
+del diestro: Montamos y partimos. Las cumbres azules de los montes
+se vestían de luz bajo un sol dorado y triunfal. Volaba la brisa en
+desiguales ráfagas, húmedas y agrestes como aliento de arroyos y
+yerbazales. El alba tenía largos estremecimientos de rubia y sensual
+desposada. Las copas de los cedros, iluminadas por el sol naciente, eran
+altar donde bandadas de pájaros se casaban, besándose los picos. La Niña
+Chole, tan pronto ponía su caballo á galope como le dejaba mordisquear
+en los jarales.
+
+Durante todo el camino no dejamos de cruzarnos con alegres cabalgatas
+de criollos y mulatos: Desfilaban entre nubes de polvo, al trote de
+gallardos potros, enjaezados á la usanza mexicana con sillas recamadas
+de oro y gualdrapas bordadas, deslumbrantes como capas pluviales.
+Sonaban los bocados y las espuelas, restallaban los látigos, y la
+cabalgata pasaba veloz á través de la campiña. El sol arrancaba á
+los arneses blondos resplandores y destellaba fugaz en los machetes
+pendientes de los arzones. Habían comenzado las ferias, aquellas
+famosas ferias de Grijalba, que se juntaban y hacían en la ciudad y
+en los bohíos, en las praderas verdes y en los caminos polvorientos,
+todo ello al acaso, sin más concierto que el deparado por la ventura.
+Nosotros refrenamos los caballos que relinchaban y sacudían las crines.
+La Niña Chole me miraba sonriendo, y me alargaba la mano para correr
+unidos, sin separarnos.
+
+[imagen no disponible]
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+
+
+SALIENDO de un bosque de palmeras, dimos vista á una
+tablada tumultuosa, impaciente con su ondular de hombres y cabalgaduras.
+El eco retozón de los cencerros acompañaba las apuestas y decires
+chalanescos, y la llanura parecía jadear ante aquel marcial y fanfarrón
+estrépito de trotes y de colleras, de fustas y de bocados. Desde
+que entramos en aquel campo, monstruosa turba de lisiados nos cercó
+clamorante: Ciegos y tullidos, enanos y lazarados nos acosaban, nos
+perseguían, rodando bajo las patas de los caballos, corriendo á rastras
+por el camino, entre aullidos y oraciones, con las llagas llenas de
+polvo, con las canillas echadas á la espalda, secas, desmedradas,
+horribles. Se enracimaban golpeándose en los hombros, arrancándose los
+chapeos, gateando la moneda que les arrojábamos al paso.
+
+Y así, entre aquel cortejo de hampones, llegamos al jacal de un negro
+que era liberto. El paso de las cabalgaduras y el pedigüeño rezo de los
+mendigos trájole á la puerta antes que descabalgásemos: Al vernos corrió
+ahuyentando con el rebenque la astrosa turba, y vino á tener el estribo
+de la Niña Chole, besándola las manos con tantas muestras de humildad
+y contento cual si fuese una princesa la que llegaba. Á las voces del
+negro acudió toda la prole. El liberto hallábase casado con una andaluza
+que había sido doncella de la Niña Chole. La mujer levantó los brazos al
+encontrarse con nosotros:
+
+--¡Virgen de mi alma! ¡Los amitos!
+
+Y tomando de la mano á la Niña Chole, hízola entrar en el jacal.
+
+--¡Que no me la retueste el sol, reina mía, piñoncico de oro, que viene
+á honrar mi pobreza!
+
+El negro sonreía, mirándonos con sus ojos de res enferma: Ojos de una
+mansedumbre verdaderamente animal. Nos hicieron sentar, y ellos quedaron
+en pie. Se miraron, y hablando á un tiempo empezaron el relato de la
+misma historia:
+
+--Un jarocho tenía dos potricas blancas. ¡Cosa más linda! Blancas como
+palomas. ¿Sabe? ¡Qué pintura para la volanta de la Niña!
+
+Y aquí fué donde la Niña Chole no quiso oir más:
+
+--¡Yo deseo verlas! ¡Deseo que me las compres!
+
+Habíase puesto en pie, y se echaba el rebocillo apresuradamente:
+
+--¡Vamos! ¡Vamos!
+
+La andaluza reía maliciosamente:
+
+--¡Cómo se conoce que su merced no le satisface ningún antojico!
+
+Dejó de sonreir, y añadió cual si todo estuviese ya resuelto:
+
+--El amito va con mi hombre. Para la Niña está muy calurosa la sazón.
+
+Entonces el negro abrió la puerta, y la Niña Chole me empujó con mimos
+y arrumacos muy gentiles. Salí acompañado del antiguo esclavo, que, al
+verse fuera, empezó por suspirar y concluyó salmodiando el viejo cuento
+de sus tristezas. Caminaba á mi lado con la cabeza baja, siguiéndome
+como un perro entre la multitud, interrumpiéndose y tornando á empezar,
+siempre zongueando cuitas de paria y de celoso:
+
+--¡Ella toda la vida con hombres, amito! ¡Una perdición!... ¡Y no es con
+blancos, niño! ¡Ay, amito, no es con blancos!... Á la gran chiva se le
+da todo por los morenos. ¡Dígame no más que sinvergüenzada, niño!...
+
+Su voz era lastimera, resignada, llena de penas: Verdadera voz de
+siervo. No le dolía el engaño por la afrenta de hacerle cornudo, sino
+por la baja elección que la andaluza hacía: Era celoso intermitente,
+como ocurre con la gente cortesana que medra de sus mujeres. El Duque
+de Saint Simón le hubiera loado en sus Memorias, con aquel delicado y
+filosófico juicio que muestra hablando de España, cuando se desvanece en
+un éxtasis, ante el contenido moral de estas dos palabras tan castizas:
+Cornudo Consentido.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+DE UN CABO al otro recorrimos la feria. Sobre el lindar
+del bosque, á la sombra de los cocoteros, la gente criolla bebía y
+cantaba con ruidoso jaleo de olés y palmadas. Reía el vino en las copas,
+y la guitarra española, sultana de la fiesta, lloraba sus celos moriscos
+y sus amores con la blanca luna de la Alpujarra. El largo lamento de
+las guajiras expiraba deshecho entre las herraduras de los caballos.
+Los asiáticos, mercaderes chinos y japoneses, pasaban estrujados en
+el ardiente torbellino de la feria, siempre lacios, siempre mustios,
+sin que un estremecimiento alegre recorriese su trenza. Amarillentos
+como figuras de cera, arrastraban sus chinelas entre el negro gentío,
+pregonando con femeniles voces abanicos de sándalo y bastones de carey.
+Recorrimos la feria sin dar vista por parte alguna á las tales jacas
+blancas. Ya nos tornábamos, cuando me sentí detenido por el brazo.
+Era la Niña Chole: Estaba muy pálida, y aun cuando procuraba sonreir,
+temblaban sus labios, y adiviné una gran turbación en sus ojos: Puso
+ambas manos en mis hombros y exclamó con fingida alegría:
+
+--Oye, no quiero verte enfadado.
+
+Colgándose de mi brazo, añadió:
+
+--Me aburría, y he salido... Á espaldas del jacal hay un reñidero de
+gallos. ¿No sabes? ¡Estuve allí, he jugado y he perdido!
+
+Interrumpióse volviendo la cabeza con gracioso movimiento, y me indicó
+al blondo, al gigantesco adolescente, que se descoyuntó saludando:
+
+--Este caballero tiene la honra de ser mi acreedor.
+
+Aquellas extravagancias producían siempre en mi ánimo un despecho sordo
+y celoso, tal, que pronuncié con altivez:
+
+--¿Qué ha perdido esta señora?
+
+Habíame figurado que el jugador rehusaría galantemente cobrar su deuda,
+y quería obligarle con mi actitud fría y desdeñosa. El bello adolescente
+sonrió con la mayor cortesía:
+
+--Antes de apostar, esta señora me advirtió que no tenía dinero.
+Entonces convinimos que cada beso suyo valía cien tostones: Tres besos
+ha jugado y los tres ha perdido.
+
+Yo me sentí palidecer. Pero cuál no sería mi asombro al ver que la Niña
+Chole, retorciéndose las manos, pálida, casi trágica, se adelantaba
+exclamando:
+
+--¡Yo pagaré! ¡Yo pagaré!
+
+La detuve con un gesto, y enfrentándome con el hermoso adolescente, le
+grité restallando las palabras como latigazos:
+
+--Esta mujer es mía, y su deuda también.
+
+Y me alejé, arrastrando á la Niña Chole. Anduvimos algún tiempo en
+silencio: De pronto, ella, oprimiéndome el brazo, murmuró en voz muy
+queda:
+
+--¡Oh, qué gran señor eres!
+
+Yo no contesté. La Niña Chole empezó á llorar en silencio, apoyó la
+cabeza en mi hombro, y exclamó con un sollozo de pasión infinita:
+
+--¡Dios mío! ¡Qué no haría yo por ti!...
+
+Sentadas á las puertas de los jacales, indias andrajosas, adornadas
+con amuletos y sartas de corales, vendían plátanos y cocos. Eran
+viejas de treinta años, arrugadas y caducas, con esa fealdad quimérica
+de los ídolos. Su espalda lustrosa brillaba al sol, sus senos negros
+y colgantes recordaban las orgías de las brujas y de los trasgos.
+Acurrucadas al borde del camino, como si tiritasen bajo aquel sol
+ardiente, medio desnudas, desgreñadas, arrojando maldiciones sobre la
+multitud, parecían sibilas de algún antiguo culto lúbrico y sangriento.
+Sus críos, tiznados y esbeltos como diablos, acechaban por los
+resquicios de las barracas, y, huroneando, se metían bajo los toldos de
+lona, donde tocaban organillos dislocados. Mulatas y jarochos ejecutaban
+aquellas extrañas danzas voluptuosas que los esclavos trajeron del
+África, y el zagalejo de colores vivos flameaba en los quiebros y
+mudanzas de los bailes sagrados con que á la sombra patriarcal del
+baobad eran sacrificados los cautivos.
+
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+
+
+
+
+LLEGAMOS al jacal. Yo ceñudo y de mal talante, me arrojé
+sobre la hamaca, y con grandes voces mandé á los caballerangos que
+ensillasen para partir inmediatamente. La sombra negruzca de un indio
+asomó en la puerta:
+
+--Señor, el ruano que montaba la Niña tiene desenclavada una
+herradura... ¿Se la enclavo, señor?
+
+Me incorporé en la hamaca con tal violencia, que el indio retrocedió
+asustado. Volviendo á tenderme le grité:
+
+--¡Date prisa, con mil demonios, Cuactemocín!
+
+La Niña Chole me miró pálida y suplicante:
+
+--No grites. ¡Si supieses cómo me asustas!...
+
+Yo cerré los ojos sin contestar, y hubo un largo silencio en el interior
+oscuro y caluroso del jacal. El negro iba y venía con tácitas pisadas,
+regando el suelo alfombrado de yerba. Fuera se oía el piafar de los
+caballos, y las voces de los indios, que al embridarlos les hablaban.
+En el hueco luminoso de la puerta, las moscas del ganado zumbaban su
+monótona canción estival. La Niña Chole se levantó y vino á mi lado.
+Silenciosa y suspirante me acarició la frente con dedos de hada: Después
+me dijo:
+
+--¡Oh!... ¿Serías capaz de matarme si el ruso fuese un hombre?
+
+--No...
+
+--¿De matarlo á él?
+
+--Tampoco.
+
+--¿No harías nada?
+
+--Nada.
+
+--¿Es que me desprecias?
+
+--Es que no eres la Marquesa de Bradomín.
+
+Quedó un momento indecisa, con los labios trémulos. Yo cerré los ojos
+y esperé sus lágrimas, sus quejas, sus denuestos, pero la Niña Chole
+guardó silencio, y continuó acariciando mis cabellos como una esclava
+sumisa. Al cabo, sus dedos de hada borraron mi ceño y me sentí dispuesto
+á perdonar. Yo sabía que el pecado de la Niña Chole era el eterno
+pecado femenino, y mi alma enamorada no podía menos de inclinarse á la
+indulgencia. Sin duda la Niña Chole era curiosa y perversa como aquella
+mujer de Lot convertida en estatua de sal. Pero al cabo de los siglos,
+también la justicia divina se muestra mucho más clemente que antaño,
+con las mujeres de los hombres. Sin darme cuenta caí en la tentación
+de admirar como una gloria linajuda, aquel remoto abolengo envuelto en
+una leyenda bíblica. Era indudable que el alto Cielo perdonaba á la
+Niña Chole, y juzgué que no podía menos de hacer lo mismo el Marqués de
+Bradomín. Libre el corazón de todo rencor, abrí los ojos bajo el suave
+cosquilleo de aquellos dedos invisibles, y murmuré sonriente:
+
+--Niña, no sé qué bebedizo me has dado que todo lo olvido...
+
+Ella repuso, al mismo tiempo que sus mejillas se teñían de rosa:
+
+--Es porque no soy la Marquesa de Bradomín.
+
+Y calló, tal vez esperando una disculpa amante, pero yo preferí guardar
+silencio, y juzgué que era bastante desagravio besar su mano. Ella la
+retiró esquiva, y en un silencio lento, sus hermosos ojos de princesa
+oriental se arrasaron de lágrimas. Felizmente no rodaban aún por sus
+mejillas, cuando el indio reapareció en la puerta trayendo nuestros
+caballos del diestro, y pude salir del jacal como si nada de aquel dolor
+hubiese visto. Cuando la Niña Chole asomó en la puerta, ya parecía
+serena. Le tuve el estribo para que montase, y un instante después, con
+alegre y trotante fanfarria, atravesamos el real.
+
+Un jinete cruzó por delante de nosotros caracoleando su caballo, y
+me pareció que la Niña Chole palidecía al verle, y se tapaba con el
+rebocillo. Yo simulé no advertirlo, y nada dije, huyendo de mostrarme
+celoso. Después, cuando salíamos al rojo y polvoriento camino, divisé
+otros jinetes apostados lejos, en lo alto de una loma: Y como si
+allí estuviesen en espera nuestra, bajaron al galope cuando pasamos
+faldeándola. Apenas lo advertí me detuve, y mandé detener á mi gente. El
+que venía al frente del otro bando daba fieras voces y corría con las
+espuelas puestas en los ijares. La Niña Chole, al reconocerle, lanzó un
+grito y se arrojó á tierra, implorando perdón con los brazos abiertos:
+
+--¡Vuelven á verte mis ojos!... ¡Mátame, aquí me tienes! ¡Mi rey! ¡Mi
+rey querido!...
+
+El jinete levantó de manos su caballo con amenazador continente, y
+quiso venir sobre mí. La Niña Chole lo estorbó asiéndose á las riendas
+desolada y trágica:
+
+--¡Su vida, no! ¡Su vida, no!
+
+Al ver aquella postrera muestra de amor me sentí conmovido. Yo estaba
+á la cabeza de mi gente, que parecía temerosa, y el jinete, alzado en
+los estribos, la contó con sus ojos fieros, que acabaron lanzándome una
+mirada sañuda. Juraría que también tuvo miedo: Sin desplegar los labios
+alzó el látigo sobre la Niña Chole, y le cruzó el rostro. Ella todavía
+gimió:
+
+--¡Mi rey!... ¡Mi rey querido!...
+
+El jinete se dobló sobre el arzón donde asomaban las pistolas, y rudo
+y fiero la alzó del suelo asentándola en la silla. Después, como un
+raptor de los tiempos heroicos, huyó lanzándome terribles denuestos.
+Pálido y mudo vi cómo se la llevaba: Hubiera podido rescatarla, y, sin
+embargo, no lo hice. Yo había sido otras veces un gran pecador, pero
+entonces al adivinar quién era aquel hombre, sentíame arrepentido.
+La Niña Chole por hija y por esposa, pertenecía al fiero mexicano,
+y mi corazón se humillaba resignado acatando aquellas dos sagradas
+potestades. Desengañado para siempre del amor y del mundo, hinqué las
+espuelas al caballo y galopé hacia los llanos solitarios del Tixul,
+seguido de mi gente que se hablaba en voz baja comentando el suceso.
+Todos aquellos indios hubieran seguido de buen grado al raptor de la
+Niña Chole. Parecían fascinados como ella, por el látigo del general
+Diego Bermúdez. Yo sentía una fiera y dolorosa altivez al dominarme.
+Mis enemigos, los que osan acusarme de todos los crímenes, no podrán
+acusarme de haber reñido por una mujer. Nunca como entonces he sido fiel
+á mi divisa: Despreciar á los demás y no amarse á sí mismo.
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+
+
+ENCORVADOS bajo aquel sol ardiente, abandonadas las
+riendas sobre el cuello de los caballos, silenciosos, fatigados y
+sedientos, cruzábamos la arenosa sabana, viendo eternamente en la
+lejanía el lago del Tixul, que ondulaba con movimiento perezoso y
+fresco, mojando la cabellera de los mimbrales que se reflejaban en el
+fondo de los remansos encantados... Atravesábamos las grandes dunas,
+parajes yermos sin brisas ni murmullos. Sobre la arena caliente se
+paseaban los lagartos con caduca y temblona beatitud de faquires
+centenarios, y el sol caía implacable requemando la tierra estéril que
+parecía sufrir el castigo de algún oscuro crimen geológico. Nuestros
+caballos, extenuados por jornada tan penosa, alargaban el cuello, que
+se bajaba y se tendía en un vaivén de sopor y de cansancio: Con los
+ijares flácidos y ensangrentados, adelantaban trabajosamente enterrando
+los cascos en la arena negra y movediza. Durante horas y horas, los
+ojos se fatigaban contemplando un horizonte blanquecino y calcinado. La
+angustia del mareo pesaba en los párpados, que se cerraban con modorra
+para abrirse después de un instante sobre las mismas lejanías muertas y
+olvidadas...
+
+Hicimos un largo día de cabalgada á través de negros arenales, y tal
+era mi fatiga y tal mi adormecimiento, que para espolear el caballo
+necesitaba hacer ánimos. Apenas si podía tenerme sobre la montura.
+Como en una expiación dantesca, veía á lo lejos el verdeante lago del
+Tixul, donde esperaba hacer un alto. Era ya mediada la tarde, y los
+rayos del sol dejaban en las aguas una estela de oro cual si acabase de
+surcarlas el bajel de las hadas... Aún nos hallábamos á larga distancia,
+cuando advertimos el almizclado olor de los cocodrilos aletargados
+fuera del agua, en la playa cenagosa. La inquietud de mi caballo, que
+temblaba levantando las orejas y sacudiendo la crin, me hizo enderezar
+en la silla, afirmarme y recobrar las riendas que llevaba sueltas
+sobre el borrén. Como la proximidad de los caimanes le asustaba y el
+miedo dábale bríos para retroceder piafante, hube de castigarle con
+la espuela, y le puse al galope. Toda la escolta me siguió. Cuando
+estuvimos cerca, los cocodrilos entraron perezosamente en el agua.
+Nosotros bajamos en tropel hasta la playa. Algunos pájaros de largas
+alas, que hacían nido en la junquera, levantaron el vuelo asustados
+por la zalagarda de los criados, que entraban en el agua cabalgando,
+metiéndose hasta más arriba de la cincha. En la otra orilla un cocodrilo
+permaneció aletargado sobre la ciénaga con las fauces abiertas, con los
+ojos vueltos hacia el sol, inmóvil, monstruoso, indiferente como una
+divinidad antigua.
+
+Vino presuroso mi caballerango á tenerme el estribo, pero yo rehusé
+apearme. Había cambiado de propósito, y quería vadear el Tixul sin
+darle descanso á las cabalgaduras, pues ya la noche se nos echaba
+encima. Atentos á mi deseo los indios que venían en la escolta,
+magníficos jinetes todos ellos, metiéronse resueltamente lago adelante:
+Con sus picas de boyeros tentaban el vado. Grandes y extrañas flores
+temblaban sobre el terso cristal entre verdosas y repugnantes algas.
+Los jinetes, silenciosos y casi desnudos, avanzaban al paso con suma
+cautela: Era un tropel de negros centauros. Á lo lejos cruzaban por
+delante de los caballos islas flotantes de gigantescas nínfeas, y
+vivaces lagartos saltaban de unas en otras como duendes enredadores y
+burlescos. Aquellas islas floridas se deslizaban bajo alegre palio de
+mariposas, como en un lago de ensueño, lenta, lentamente, casi ocultas
+por el revoloteo de las alas blancas y azules bordadas de oro. El lago
+del Tixul parecía uno de esos jardines como sólo existen en los cuentos.
+Cuando yo era niño me adormecían refiriéndome la historia de un jardín
+así... ¡También estaba sobre un lago, una hechicera lo habitaba y en las
+flores pérfidas y quiméricas, rubias princesas y rubios príncipes tenían
+encantamento!...
+
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+
+
+
+YA EL TROPEL de centauros nadaba por el centro del
+Tixul, cuando un cocodrilo que en la otra orilla parecía sumido en
+éxtasis, entró lentamente en el agua y desapareció... No quise hacer
+más larga espera en la playa, y halagando el cuello de mi caballo, le
+fuí metiendo en la laguna paso á paso. Cuando tuvo el agua á la cincha
+comenzó á nadar, y casi al mismo tiempo me reconocí cercado por un copo
+fantástico de ojos redondos, amarillentos, nebulosos, que aparecían
+solos á flor de agua... ¡Aquellos ojos me miraban, estaban fijos en
+mí!... Confieso que en tal momento sentí el frío y el estremecimiento
+del miedo. El sol hallábase en el ocaso, y como yo lo llevaba de frente,
+me hería y casi me cegaba, de suerte que para esquivarle érame forzoso
+contemplar las mudas ondas del Tixul, aun cuando me daba vértigo aquel
+poder de los caimanes para no dejar fuera del agua más que los ojos de
+monstruos, ojos sin párpados, que unas veces giran en todos sentidos
+y otras se fijan con una mirada estacionaria... Hasta que el caballo
+volvió á cobrar tierra bajo el casco, lanzándose seguro hacia la orilla,
+no respiré sin zozobra. Mi gente esperaba tendida á lo largo, corriendo
+y caracoleando. Nos reunimos y continuamos la ruta á través de los
+negros arenales.
+
+Se puso el sol entre presagios de tormenta. El terral soplaba con furia,
+removiendo y aventando las arenas, como si quisiese tomar posesión de
+aquel páramo inmenso todo el día letargado por el calor. Espoleamos
+los caballos y corrimos contra el viento y el polvo. Ante nosotros se
+extendían las dunas en la indecisión del crepúsculo desolado y triste,
+agitado por las ráfagas apocalípticas de un ciclón. Casi rasando la
+tierra pasaban bandadas de buitres con revoloteo tardo, fatigado é
+incierto. Cerró la noche y á lo lejos vimos llamear muchas hogueras.
+De tiempo en tiempo un relámpago rasgaba el horizonte y las dunas
+aparecían solitarias y lívidas. Empezaron á caer gruesas gotas de agua.
+Los caballos sacudían las orejas y temblaban como calenturientos.
+Las hogueras, atormentadas por el huracán, se agitaban de improviso ó
+menguaban hasta desaparecer. Los relámpagos, cada vez más frecuentes,
+dejaban en los ojos la visión temblorosa y fugaz del paraje inhospito.
+Nuestros caballos con las crines al viento, lanzaban relinchos de
+espanto y procuraban orientarse, buscándose en la oscuridad de la
+noche bajo el aguacero. La luz caótica de los relámpagos, daba á la
+yerma vastedad el aspecto de esos parajes quiméricos de las leyendas
+penitentes: Desiertos de cenizas y arenales sin fin que rodean el
+Infierno.
+
+Guiándonos por las hogueras, llegamos á un gran raso de yerba donde
+cabeceaban, sacudidos por el viento, algunos cocoteros desgreñados,
+enanos y salvajes. El aguacero había cesado repentinamente y la
+tormenta parecía ya muy lejana. Dos ó tres perros salieron ladrando á
+nuestro encuentro, y en la lejanía otros ladridos respondieron á los
+suyos. Vimos en torno de la lumbre agitarse y vagar figuras de mal
+agüero: Rostros negros y dientes blancos que las llamas iluminaban. Nos
+hallábamos en un campo de jarochos, mitad bandoleros y mitad pastores,
+que conducían numerosos rebaños á las ferias de Grijalba.
+
+Al vernos llegar galopando en tropel, de todas partes acudían hombres
+negros y canes famélicos: Los hombres tenían la esbeltez que da el
+desierto y actitudes de reyes bárbaros magníficas, sanguinarias... En el
+cielo la luna, enlutada como viuda ideal, dejaba caer la tenue sonrisa
+de su luz sobre la ruda y aulladora tribu. Á veces entre el vigilante
+ladrido de los canes y el áspero vocear del pastoreo errante, percibíase
+el estremecimiento de las ovejas, y llegaban hasta nosotros ráfagas
+de establo, campesinas y robustas como un aliento de vida primitiva.
+Sonaban las esquilas con ingrávido campanilleo, ardían en las fogatas
+haces de olorosos rastrojos, y el humo subía blanco, feliz y cargado de
+aromas, como el humo de los rústicos y patriarcales sacrificios.
+
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+
+
+
+
+YO VEIA DANZAR entre las lenguas de la llama una
+sombra femenil indecisa y desnuda: La veía, aun cerrando los ojos, con
+la fuerza quimérica y angustiosa que tienen los sueños de la fiebre.
+¡Cuitado de mí! Era una de esas visiones místicas y carnales con que el
+diablo tentaba en otro tiempo á los santos ermitaños: Yo creía haber
+roto para siempre las redes amorosas del pecado, y el Cielo castigaba
+tanta arrogancia dejándome en abandono. Aquella mujer desnuda, velada
+por las llamas, era la Niña Chole. Tenía su sonrisa y su mirar. Mi alma
+empezaba á cubrirse de tristeza y á suspirar románticamente. La carne
+flaca se estremecía de celos y de cólera. Todo en mí clamaba por la
+Niña Chole. Estaba arrepentido de no haber dado muerte al incestuoso
+raptor, y el pensamiento de buscarle á través de la tierra mexicana se
+hacía doloroso: Era una culebra enroscada al corazón, que me mordía y
+me envenenaba. Para libertarme de aquel suplicio, llamé al indio que
+llevaba de guía. Acudió tiritando:
+
+--¿Qué mandaba, señor?
+
+--Vamos á ponernos en camino.
+
+--Mala es la sazón, señor. Corren ahora muchas torrenteras.
+
+Yo tuve un momento de duda:
+
+--¿Qué distancia hay á la Hacienda de Tixul?
+
+--Dos horas de camino, señor.
+
+Me incorporé violentamente:
+
+--Que ensillen.
+
+Y esperé calentándome ante el fuego, mientras el guía llevaba la orden y
+se ponía la gente en traza de partir. Mi sombra bailaba con la llama de
+las hogueras, y alargábase fantástica sobre la tierra negra. Yo sentía
+dentro de mí la sensación de un misterio pavoroso y siniestro. Quizá iba
+á mudar de propósito cuando un tropel de indios acudió con mi caballo.
+Á la luz de la hoguera ajustaron las cinchas y repararon las bridas. El
+guía, silencioso y humilde, vino á tomar el diestro. Monté y partimos.
+
+Caminamos largo tiempo por un terreno onduloso, entre cactus gigantescos
+que sacudidos por el viento, imitaban rumor de torrentes. De tiempo en
+tiempo la luna rasgaba los trágicos nubarrones, é iluminaba nuestra
+marcha derramando tibia claridad. Delante de mi caballo volaba, con
+silencioso vuelo, un pájaro nocturno: Se posaba á corta distancia, y al
+acercarme agitaba las negras alas é iba á posarse más lejos, lanzando un
+graznido plañidero, que era su canto. Mi guía, supersticioso como todos
+los indios, creía entender en aquel grito la palabra judío, y cuando oía
+esta ofensa que el pájaro le lanzaba siempre al abrir las sombrías alas,
+replicaba gravemente:
+
+--¡Cristiano, y muy cristiano!
+
+Yo le interrogué:
+
+--¿Qué pájaro es ese?...
+
+--El tapa-caminos, señor.
+
+De esta suerte llegamos á mis dominios. La casa, mandada edificar por
+un virrey, tenía el aspecto señorial y campesino que tienen en España
+las casas de los hidalgos. Un tropel de jinetes estaba delante de la
+puerta. Á juzgar por su atavío, eran plateados. Formaban rueda, y las
+calabazas llenas de café, corrían de mano en mano. Los chambergos
+bordados brillaban á la luz de la luna. En mitad del camino estaba
+apostado un jinete: Era viejo y avellanado: Tenía los ojos fieros y una
+mano cercenada. Al acercarnos nos gritó:
+
+--¡Ténganse allá!
+
+Yo respondí de mal talante, enderezándome en la silla:
+
+--Soy el Marqués de Bradomín.
+
+El viejo partió al galope y reunióse con los que apuraban las calabazas
+de café ante la puerta. Yo distinguí claramente á la luz de la luna,
+cómo se volvían los unos á los otros, y cómo se hablaban tomando
+consejo, y cómo después recobraban las riendas y se partían. Cuando yo
+llegué, la puerta estaba franca y aún se oía el galope de sus caballos.
+El mayordomo que esperaba en el umbral, adelantóse á recibirme, y
+tomando el caballo del rendaje tornóse hacia la casa, gritando:
+
+--¡Sacad acá un candil!... ¡Alumbrad la escalera!...
+
+En lo alto de la ventana asomó la forma negra de una vieja con un velón
+encendido:
+
+--¡Alabado sea Dios que le trujo con bien por medio de tantos peligros!
+
+Y para alumbrarnos mejor, encorvábase fuera de la ventana y alargaba su
+brazo negro, que temblaba con el velón. Entramos en el zaguán, y casi al
+mismo tiempo reaparecía la vieja en lo alto de la escalera:
+
+--¡Alabado sea Dios, y cómo se le conoce la mucha nobleza y generosidad
+de su sangre!
+
+La vieja nos guió hasta una sala enjalbegada, que tenía todas las
+ventanas abiertas. Dejó el velón sobre una mesa de torneados pies, y se
+alejó:
+
+--¡Alabado sea Dios, y qué juventud más galana!
+
+Me senté, y el mayordomo quedóse á distancia contemplándome. Era un
+antiguo soldado de Don Carlos, emigrado después de la traición de
+Vergara. Sus ojos negros y hundidos tenían un brillo de lágrimas. Yo le
+tendí la mano con familiar afecto:
+
+--Siéntate, Brión... ¿Qué tropa era esa?
+
+--Plateados, señor.
+
+--¿Son amigos tuyos?
+
+--¡Y buenos amigos!... Aquí hay que vivir como vivía en sus cortijos de
+Andalucía mi señora la Condesa de Barbazón, abuela de vuecencia. José
+María la respetaba como á una reina, porque tenía en mi señora su mejor
+madrina...
+
+--¿Y estos cuatreros mexicanos tienen el garbo de los andaluces?
+
+Brión bajó la voz para responder:
+
+--Saben robar... No les impone el matar... Tienen discurso... Y con todo
+no llegan á los ladrones de la Andalucía. Les falta la gracia, que es al
+modo de la sal en la vianda. ¡Y no son los de la Andalucía más guapos en
+el arreo! ¡No es el arreo!...
+
+En aquel momento entró la vieja á decir que estaba dispuesta la
+colación. Yo me puse de pie, y ella tomó la luz de encima de la mesa
+para alumbrarme el camino.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+ME ACOSTÉ rendido, pero el recuerdo de la Niña Chole
+túvome desvelado hasta cerca del amanecer. Eran vanos todos mis
+esfuerzos por ahuyentarle: Revoloteaba en mi memoria, surgía entre la
+niebla de mis pensamientos, ingrávido, funambulesco, torturador. Muchas
+veces, en el vago tránsito de la vigilia al sueño, me desperté con
+sobresalto. Al cabo, vencido por la fatiga, caí en un sopor febril,
+poblado de pesadillas. De pronto abrí los ojos en la oscuridad. Con
+gran sorpresa mía hallábame completamente despierto. Quise conciliar
+otra vez el sueño, pero no pude conseguirlo. Un perro comenzó á ladrar
+debajo de mi ventana, y entonces recordé vagamente haber escuchado sus
+ladridos momentos antes, mientras dormía. Agitado por el desvelo me
+incorporé en las almohadas. La luz de la luna esclarecía el fondo de
+la estancia, porque yo había dejado abiertas las ventanas á causa del
+calor. Me pareció oir voces apagadas de gente que vagaba por el huerto.
+El perro había enmudecido, las voces se desvanecían. De nuevo quedó todo
+en silencio, y en medio del silencio oí el galope de un caballo que
+se alejaba. Me levanté para cerrar la ventana. La cancela del huerto
+estaba abierta, y sentí nacer una sospecha, aun cuando el camino rojo,
+iluminado por la luna, veíase desierto entre los susurrantes maizales.
+Permanecí algún tiempo en atalaya. Aquellos campos parecían muertos bajo
+la luz blanca de la luna: Sólo reinaba sobre ellos el viento murmurador.
+Sintiendo que el sueño me volvía, cerré la ventana. Sacudido por largo
+estremecimiento me acosté. Apenas había cerrado los ojos cuando el
+eco apagado de algunos escopetazos me sobresaltó: Lejanos silbidos
+eran contestados por otros: Volvía á oirse el galope de un caballo.
+Iba á levantarme cuando quedó todo en silencio. Después al cabo de
+mucho tiempo, resonaron en el huerto sordos golpes de azada, como si
+estuviesen cavando una cueva. Debía ser cerca del amanecer, y me dormí.
+Cuando el mayordomo entró á despertarme, dudaba si había soñado: Sin
+embargo le interrogué:
+
+--¿Qué batalla habéis dado esta noche?
+
+El mayordomo inclinó la cabeza tristemente:
+
+--¡Esta noche han matado al valedor más valedor de México!
+
+--¿Quién le mató?
+
+--Una bala, señor.
+
+--¿Una bala, de quién?
+
+--Pues de algún hijo de mala madre.
+
+--¿Ha salido mal el golpe de los plateados?
+
+--Mal, señor.
+
+--¿Tú llevabas parte?
+
+El mayordomo levantó hasta mí los ojos ardientes:
+
+--Yo, jamás, señor.
+
+La fiera arrogancia con que llevó su mano al corazón, me hizo sonreir,
+porque el viejo soldado de Don Carlos, con su atezada estampa y el
+chambergo arremangado sobre la frente, y los ojos sombríos, y el machete
+al costado, lo mismo parecía un hidalgo que un bandolero. Quedó un
+momento caviloso, y luego, manoseando la barba, me dijo:
+
+--Sépalo vuecencia: Si tengo amistad con los plateados, es porque espero
+valerme de ellos... Son gente brava y me ayudarán... Desde que llegué
+á esta tierra tengo un pensamiento. Sépalo vuecencia: Quiero hacer
+emperador á Don Carlos V.
+
+El viejo soldado se enjugó una lágrima. Yo quedé mirándole fijamente:
+
+--¿Y cómo le daremos un Imperio, Brión?
+
+Las pupilas del mayordomo brillaron enfoscadas bajo las cejas grises:
+
+--Se lo daremos, señor... Y después la corona de España.
+
+Volví á preguntarle con una punta de burla:
+
+--¿Pero ese Imperio cómo se lo daremos?
+
+--Volviéndole estas Indias. Más difícil cosa fué ganarlas en los tiempos
+antiguos de Hernán Cortés. Yo tengo el libro de esa Historia. ¿Ya lo
+habrá leído vuecencia?
+
+Los ojos del mayordomo estaban llenos de lágrimas. Un rudo temblor que
+no podía dominar agitaba su barba berberisca. Se asomó á la ventana, y
+mirando hacia el camino guardó silencio. Después suspiró:
+
+--¡Esta noche hemos perdido al hombre que más podía ayudarnos! Á la
+sombra de aquel cedro está enterrado.
+
+--¿Quién era?
+
+--El capitán de los plateados, que halló aquí vuecencia.
+
+--¿Y sus hombres han muerto también?
+
+--Se dispersaron. Entró en ellos el pánico. Habían secuestrado á una
+linda criolla, que tiene harta plata, y la dejaron desmayada en medio
+del camino. Yo, compadecido, la traje hasta aquí. ¡Si quiere verla
+vuecencia!
+
+--¿Es linda de veras?
+
+--Como una santa.
+
+Me levanté, y precedido de Brión, salí. La criolla estaba en el huerto
+tendida en una hamaca colgada de dos árboles. Algunos pequeñuelos
+indios, casi desnudos, se disputaban mecerla. La criolla tenía el
+pañuelo sobre los ojos y suspiraba. Al sentir nuestros pasos volvió
+lánguidamente la cabeza y lanzó un grito:
+
+--¡Mi rey!... ¡Mi rey querido!...
+
+Sin desplegar los labios le tendí los brazos. Yo he creído siempre que
+en achaques de amor todo se cifra en aquella máxima divina que nos manda
+olvidar las injurias.
+
+[imagen no disponible]
+
+
+
+
+FELIZ y caprichosa me mordía las manos mandándome estar
+quieto. No quería que yo la tocase. Ella sola, lenta, muy lentamente,
+desabrochó los botones de su corpiño y destrenzó el cabello ante el
+espejo, donde se contempló sonriendo. Parecía olvidada de mí. Cuando se
+halló desnuda tornó á sonreir y á contemplarse. Semejante á una princesa
+oriental, ungióse con esencias. Después envuelta en seda y encajes,
+tendióse en la hamaca y esperó: Los párpados entornados y palpitantes,
+la boca siempre sonriente, con aquella sonrisa que un poeta de hoy
+hubiera llamado estrofa alada de nieve y rosas. Yo, aun cuando parezca
+extraño, no me acerqué. Gustaba la divina voluptuosidad de verla, y con
+la ciencia profunda, exquisita y sádica de un decadente, quería retardar
+todas las otras, gozarlas una á una, en la quietud sagrada de aquella
+noche. Por el balcón abierto se alcanzaba á ver el cielo de un azul
+profundo, apenas argentado por la luna. El céfiro nocturno traía del
+jardín aromas y susurros: El mensaje romántico que le daban las rosas al
+deshojarse. El recogimiento era amoroso y tentador. Oscilaba la luz de
+las bujías, y las sombras danzaban sobre los muros. Allá en el fondo
+tenebroso del corredor, el reloj de cuco, que acordaba el tiempo de los
+virreyes, dió las doce. Poco después cantó un gallo. Era la hora nupcial
+y augusta de la media noche. La Niña Chole murmuró á mi oído:
+
+--¡Dime si hay nada tan dulce como esta reconciliación nuestra!
+
+No contesté y puse mi boca en la suya queriendo así sellarla, porque el
+silencio es arca santa del placer. Pero la Niña Chole tenía la costumbre
+de hablar en los trances supremos, y después de un momento suspiró:
+
+--Tienes que perdonarme. Si hubiésemos estado siempre juntos, ahora no
+gozaríamos así. Tienes que perdonarme.
+
+¡Aun cuando el pobre corazón sangraba un poco, yo la perdoné! Mis labios
+buscaron nuevamente aquellos labios crueles. Fuerza, sin embargo,
+es confesar que no he sido un héroe, como pudiera creerse. Aquellas
+palabras tenían el encanto apasionado y perverso que tienen esas bocas
+rampantes de voluptuosidad, que cuando besan muerden. Sofocada entre mis
+brazos, murmuró con desmayo:
+
+--¡Nunca nos hemos querido así! ¡Nunca! ¡Nunca!...
+
+La gran llama de la pasión, envolviéndonos toda temblorosa en su lengua
+dorada, nos hacía invulnerables al cansancio, y nos daba la noble
+resistencia que los dioses tienen para el placer. Al contacto de la
+carne, florecían los besos en un mayo de amores. ¡Rosas de Alejandría,
+yo las deshojaba sobre sus labios! ¡Nardos de Judea, yo los deshojaba
+sobre sus senos! Y la Niña Chole se estremecía en delicioso éxtasis,
+y sus manos adquirían la divina torpeza de las manos de una virgen.
+Pobre Niña Chole, después de haber pecado tanto, aún no sabía que
+el supremo deleite sólo se encuentra tras los abandonos crueles, en
+las reconciliaciones cobardes. Á mí me estaba reservada la gloria de
+enseñárselo. Yo, que en el fondo de aquellos ojos creía ver siempre el
+enigma oscuro de su traición, no podía ignorar cuánto cuesta acercarse
+á los altares de Venus Turbulenta. Desde entonces compadezco á los
+desgraciados que engañados por una mujer, se consumen sin volver á
+besarla. Para ellos será eternamente un misterio la exaltación gloriosa
+de la carne.
+
+[imagen no disponible]
+
+ ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO
+ EN LA IMPRENTA HELÉNICA
+ DE MADRID Á XXX DÍAS
+ DEL MES DE JUNIO
+ DE MCMXIII
+ AÑOS
+
+[imagen no disponible]
+
+ JOSEPH MOJA
+
+ ORNAVIT
+
+ * * * * *
+
+Errores corregidos por el transcriptor del texto electrónico:
+
+gloriosas de aquela=> gloriosas de aquella {pg 44}
+
+los aventuros españoles=> los aventureros españoles {pg 51}
+
+la Niña tie=> la Niña tiene {pg 189}
+
+si mirase facisnada=> si mirase fascinada {pg 51}
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Sonata de estío, by Ramón del Valle-Inclán
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 42424 ***