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| author | nfenwick <nfenwick@pglaf.org> | 2025-03-08 00:55:56 -0800 |
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Aquella mujer tiene en la historia de mi vida un recuerdo +galante, cruel y glorioso, como lo tienen en la historia de los pueblos +Thais la de Grecia, y Ninon la de Francia, esas dos cortesanas menos +bellas que su destino. ¡Acaso el único destino que merece ser envidiado! +Yo hubiérale tenido igual, y quizá más grande, de haber nacido mujer: +Entonces lograría lo que jamás pude lograr. Á las mujeres para ser +felices les basta con no tener escrúpulos, y probablemente, no los +hubiera tenido esa quimérica Marquesa de Bradomín. Dios mediante, haría +como las gentiles marquesas de mi tiempo que ahora se confiesan todos +los viernes, después de haber pecado todos los días. Por cierto que +algunas se han arrepentido todavía bellas y tentadoras, olvidando que +basta un punto de contrición al sentir cercana la vejez. + +Por aquellos días de peregrinación sentimental era yo joven y algo +poeta, con ninguna experiencia y harta novelería en la cabeza. Creía +de buena fe en muchas cosas que ahora pongo en duda, y libre de +escepticismos, dábame buena prisa á gozar de la existencia. Aunque +no lo confesase, y acaso sin saberlo, era feliz, con esa felicidad +indefinible que da el poder amar á todas las mujeres. Sin ser un +donjuanista, he vivido una juventud amorosa y apasionada, pero de amor +juvenil y bullente, de pasión equilibrada y sanguínea. Los decadentismos +de la generación nueva no los he sentido jamás, Todavía hoy, después de +haber pecado tanto, tengo las mañanas triunfantes, y no puedo menos de +sonreir recordando que hubo una época lejana donde lloré por muerto á mi +corazón: Muerto de celos, de rabia y de amor. + +Decidido á correr tierras, al principio dudé sin saber á dónde dirigir +mis pasos: Después, dejándome llevar de un impulso romántico, fuí á +México. Yo sentía levantarse en mi alma, como un canto homérico, la +tradición aventurera de todo mi linaje. Uno de mis antepasados, Gonzalo +de Sandoval, había fundado en aquellas tierras el Reino de la Nueva +Galicia, otro había sido Inquisidor General, y todavía el Marqués de +Bradomín conservaba allí los restos de un mayorazgo, deshecho entre +legajos de un pleito. Sin meditarlo más, resolví atravesar los mares. Me +atraía la leyenda mexicana con sus viejas dinastías y sus dioses crueles. + +Embarqué en Londres, donde vivía emigrado desde la traición de Vergara, +é hice el viaje á vela en aquella fragata «La Dalila» que después +naufragó en las costas de Yucatán. Como un aventurero de otros tiempos, +iba á perderme en la vastedad del viejo Imperio Azteca, imperio de +historia desconocida, sepultada para siempre con las momias de sus +reyes, entre restos ciclópeos que hablan de civilizaciones, de cultos, +de razas que fueron y sólo tienen par en ese misterioso cuanto remoto +Oriente. + +[imagen no disponible] + + + + +AUN CUANDO toda la navegación tuvimos tiempo de bonanza, +como yo iba herido de mal de amores, apenas salía de mi camarote ni +hablaba con nadie. Cierto que viajaba para olvidar, pero hallaba tan +novelescas mis cuitas, que no me resolvía á ponerlas en olvido. En +todo me ayudaba aquello de ser inglesa la fragata y componerse el +pasaje de herejes y mercaderes. ¡Ojos perjuros y barbas de azafrán! +La raza sajona es la más despreciable de la tierra. Yo contemplando +sus pugilatos grotescos y pueriles sobre la cubierta de la fragata, he +sentido un nuevo matiz de la vergüenza: La vergüenza zoológica. + +¡Cuán diferente había sido mi primer viaje á bordo de un navío genovés, +que conducía viajeros de todas las partes del mundo! Recuerdo que al +tercer día ya tuteaba á un príncipe napolitano, y no hubo entonces +damisela mareada á cuya pálida y despeinada frente no sirviese mi mano +de reclinatorio. Érame divertido entrar en los corros que se formaban +sobre cubierta á la sombra de grandes toldos de lona, y aquí chapurrear +el italiano con los mercaderes griegos de rojo fez y fino bigote negro, +y allá encender el cigarro en la pipa de los misioneros armenios. Había +gente de toda laya: Tahures que parecían diplomáticos, cantantes +con los dedos cubiertos de sortijas, abates barbilindos que dejaban +un rastro de almizcle, y generales americanos, y toreros españoles, +y judíos rusos, y grandes señores ingleses. Una farándula exótica y +pintoresca que con su algarabía causaba vértigo y mareo. Era por los +mares de Oriente, con rumbo á Jafa. Yo iba como peregrino á Tierra Santa. + +El amanecer de las selvas tropicales, cuando sus macacos aulladores +y sus verdes bandadas de guacamayos saludan al sol, me ha recordado +muchas veces los tres puentes del navío genovés, con su feria babélica +de tipos, de trajes y de lenguas, pero más, mucho más me lo recordaron +las horas untadas de opio que constituían la vida á bordo de «La +Dalila». Por todas partes asomaban rostros pecosos y bermejos, cabellos +azafranados y ojos perjuros. Herejes y mercaderes en el puente, herejes +y mercaderes en la cámara. ¡Cualquiera tendría para desesperarse! Yo, +sin embargo, lo llevaba con paciencia. Mi corazón estaba muerto, tan +muerto, que no digo la trompeta del Juicio, ni siquiera unas castañuelas +le resucitarían. Desde que el cuitado diera las boqueadas, yo parecía +otro hombre: Habíame vestido de luto, y en presencia de las mujeres, á +poco lindos que tuviesen los ojos, adoptaba una actitud lúgubre de poeta +sepulturero y doliente. En la soledad del camarote edificaba mi espíritu +con largas reflexiones, considerando cuán pocos hombres tienen la suerte +de llorar una infidelidad que hubiera cantado el divino Petrarca. + +Por no ver aquella taifa luterana, apenas asomaba sobre cubierta. +Solamente cuando el sol declinaba iba á sentarme en la popa, y allí, +libre de importunos, pasábame las horas viendo borrarse la estela de +la fragata. El mar de las Antillas, con su trémulo seno de esmeralda +donde penetraba la vista, me atraía, me fascinaba, como fascinan los +ojos verdes y traicioneros de las hadas que habitan palacios de cristal +en el fondo de los lagos. Pensaba siempre en mi primer viaje. Allá, +muy lejos, en la lontananza azul donde se disipan las horas felices, +percibía como en esbozo fantástico las viejas placenterías. El lamento +informe y sinfónico de las olas despertaba en mí un mundo de recuerdos: +Perfiles desvanecidos, ecos de risas, murmullo de lenguas extranjeras, +y los aplausos y el aleteo de los abanicos mezclándose á las notas +de la tirolesa que en la cámara de los espejos cantaba Lilí. Era una +resurrección de sensaciones, una esfumación deliciosa del pasado, algo +etéreo, brillante, cubierto de polvo de oro, como esas reminiscencias +que los sueños nos dan á veces de la vida. + + + + +Nuestra primera escala en aguas de México, fué San Juan +de Tuxtlan. Recuerdo que era media mañana cuando bajo un sol abrasador +que resecaba las maderas y derretía la brea, dimos fondo en aquellas +aguas de bruñida plata. Los barqueros indios, verdosos como antiguos +bronces, asaltan la fragata por ambos costados, y del fondo de sus +canoas sacan exóticas mercancías: Cocos esculpidos, abanicos de palma y +bastones de carey, que muestran sonriendo como mendigos á los pasajeros +que se apoyan sobre la borda. Cuando levanto los ojos hasta los peñascos +de la ribera, que asoman la tostada cabeza entre las olas, distingo +grupos de muchachos desnudos que se arrojan desde ellos y nadan grandes +distancias, hablándose á medida que se separan y lanzando gritos. +Algunos descansan sentados en las rocas, con los pies en el agua: Otros +se encaraman para secarse al sol, que los ilumina de soslayo, gráciles y +desnudos, como figuras de un friso del Parthenón. + +Por huir del enojo que me causaba la vida á bordo, decidíme á +desembarcar. No olvidaré nunca las tres horas mortales que duró el +pasaje desde la fragata á la playa. Aletargado por el calor, voy todo +este tiempo echado en el fondo de la canoa de un negro africano que +mueve los remos con lentitud desesperante. Á través de los párpados +entornados veía erguirse y doblarse sobre mí, guardando el mareante +compás de la bogada, aquella figura de carbón, que unas veces me +sonríe con sus abultados labios de gigante, y otras silba esos aires +cargados de religioso sopor, una música compuesta solamente de tres +notas tristes, con que los magnetizadores de algunas tribus salvajes +adormecen á las grandes culebras. Así debía ser el viaje infernal de los +antiguos en la barca de Carón: Sol abrasador, horizontes blanquecinos y +calcinados, mar en calma sin brisas ni murmullos, y en el aire todo el +calor de las fraguas de Vulcano. + +Cuando arribamos á la playa, se levantaba una fresca ventolina, y el +mar, que momentos antes semejaba de plomo, empezaba á rizarse. «La +Dalila» no tardaría en levar anclas para aprovechar el viento que +llegaba tras largos días de calma. Solamente me quedaban algunas horas +para recorrer aquel villaje indio. De mi paseo por las calles arenosas +de San Juan de Tuxtlan conservo una impresión somnolente y confusa, +parecida á la que deja un libro de grabados hojeado perezosamente +en la hamaca durante el bochorno de la siesta. Hasta me parece que +cerrando los ojos, el recuerdo se aviva y cobra relieve. Vuelvo á +sentir la angustia de la sed y el polvo: Atiendo el despacioso ir y +venir de aquellos indios ensabanados como fantasmas, oigo la voz melosa +de aquellas criollas ataviadas con graciosa ingenuidad de estatuas +clásicas, el cabello suelto, los hombros desnudos, velados apenas por +rebocillo de transparente seda. + +Aun á riesgo de que la fragata se hiciese al mar, busqué un caballo y +me aventuré hasta las ruinas de Tequil. Un indio adolescente me sirvió +de guía. El calor era insoportable. Casi siempre al galope, recorrí +extensas llanuras de Tierra Caliente, plantíos que no acaban nunca, +de henequen y caña dulce. En la línea del horizonte se perfilaban +las colinas de configuración volcánica revestidas de maleza espesa y +verdinegra. En la llanura los chaparros tendían sus ramas, formando una +á modo de sombrilla gigantesca, y sentados en rueda, algunos indios +devoraban la miserable ración de tamales. + +Nosotros seguíamos una senda roja y polvorienta. El guía, casi desnudo, +corría delante de mi caballo. Sin hacer alto una sola vez, llegamos +á Tequil. En aquellas ruinas de palacios, de pirámides y de templos +gigantes, donde crecen polvorientos sicomoros y anidan verdes reptiles, +he visto por vez primera una singular mujer, á quien sus criados indios, +casi estoy por decir sus siervos, llamaban dulcemente la Niña Chole. +Me pareció la Salambó de aquellos palacios. Venía de camino hacia San +Juan de Tuxtlan y descansaba á la sombra de una pirámide, entre el +cortejo de sus servidores. Era una belleza bronceada, exótica, con esa +gracia extraña y ondulante de las razas nómadas, una figura hierática y +serpentina, cuya contemplación evocaba el recuerdo de aquellas princesas +hijas del sol, que en los poemas indios resplandecen con el doble +encanto sacerdotal y voluptuoso. Vestía como las criollas yucatecas, +albo hipil recamado con sedas de colores, vestidura indígena semejante á +una tunicela antigua, y zagalejo andaluz, que en aquellas tierras ayer +españolas, llaman todavía con el castizo y jacaresco nombre de fustán. +El negro cabello caíale suelto, el hipil jugaba sobre el clásico seno. +Por desgracia, yo solamente podía verla el rostro aquellas raras veces +que hacia mí lo tornaba, y la Niña Chole tenía esas bellas actitudes +de ídolo, esa quietud estática y sagrada de la raza maya, raza tan +antigua, tan noble, tan misteriosa, que parece haber emigrado del fondo +de la Asiria. Pero á cambio del rostro, desquitábame en aquello que no +alcanzaba á velar el rebocillo, admirando como se merecía la tornátil +morbidez de los hombros y el contorno del cuello. ¡Válgame Dios! Me +parecía que de aquel cuerpo bruñido por el ardiente sol de México se +exhalaban lánguidos efluvios, y que yo los aspiraba, los bebía, que me +embriagaba con ellos... + +Un criado indio trae del diestro el palafrén de aquella Salambó, que +le habla en su vieja lengua y cabalga sonriendo. Entonces, al verla de +frente, el corazón me dió un vuelco. Tenía la misma sonrisa de Lilí. +¡Aquella Lilí, no sé si amada, si aborrecida! + + + + +DESCANSÉ en un bohío levantado en medio de las ruinas, y +adormecí en la hamaca colgada de un cedro gigantesco que daba sombra á +la puerta. El campo se hundía lentamente en el silencio amoroso y lleno +de suspiros de un atardecer ardiente. La brisa aromada y fecunda de los +crepúsculos tropicales oreaba mi frente. La campiña toda se estremecía +cual si acercarse sintiese la hora de sus nupcias, y exhalaba de sus +entrañas vírgenes un vaho caliente de negra enamorada, potente y deseosa. + +Adormecido por el ajetreo, el calor y el polvo, soñé como un árabe que +imaginase haber traspasado los umbrales del Paraíso. ¿Necesitaré decir +que las siete huríes con que me regaló el Profeta eran siete criollas +vestidas de fustán é hipil, y que todas tenían la sonrisa de Lilí y el +mirar de la Niña Chole? Verdaderamente, aquella Salambó de los palacios +de Tequil empezaba á preocuparme demasiado. Lo advertí con terror, +porque estaba seguro de concluir enamorándome locamente de sus lindos +ojos si tenía la desgracia de volver á verlos. Afortunadamente, las +mujeres que así tan de súbito nos cautivan suelen no aparecerse más que +una vez en la vida. Pasan como sombras, envueltas en el misterio de un +crepúsculo ideal. Si volviesen á pasar, quizá desvaneceríase el encanto. +¡Y á qué volver, si una mirada suya basta á comunicarnos todas las +secretas melancolías del amor! + +¡Oh románticos devaneos, pobres hijos del ideal, nacidos durante algunas +horas de viaje! ¿Quién llegó á viejo y no ha sentido estremecerse +el corazón bajo la caricia de vuestra ala blanca? ¡Yo guardo en el +alma tantos de estos amores! Aun hoy, con la cabeza llena de canas, +viejo prematuro, no puedo recordar sin melancolía un rostro de mujer, +entrevisto cierta madrugada entre Urbino y Roma, cuando yo estaba en +la Guardia Noble de Su Santidad: Es una figura de ensueño pálida y +suspirante, que flota en lo pasado y esparce sobre todos mis recuerdos +juveniles el perfume ideal de esas flores secas que entre cartas y +rizos, guardan los enamorados, y en el fondo de algún cofrecillo parecen +exhalar el cándido secreto de los primeros amores. + +Los ojos de la Niña Chole habían removido en mi alma tan lejanas +memorias, tenues como fantasmas, blancas como bañadas por luz de luna. +Aquella sonrisa, evocadora de la sonrisa de Lilí, había encendido en +mi sangre tumultuosos deseos y en mi espíritu ansia vaga de amor. +Rejuvenecido y feliz, con cierta felicidad melancólica, suspiraba por +los amores ya vividos, al mismo tiempo que me embriagaba con el perfume +de aquellas rosas abrileñas que tornaban á engalanar el viejo tronco. El +corazón, tanto tiempo muerto, sentía con la ola de savia juvenil que lo +inundaba nuevamente, la nostalgia de viejas sensaciones: Sumergíase en +la niebla del pasado y saboreaba el placer de los recuerdos, ese placer +de moribundo que amó mucho y en formas muy diversas. ¡Ay, era delicioso +aquel estremecimiento que la imaginación excitada comunicaba á los +nervios!... + +Y en tanto, la noche detendía por la gran llanura su sombra llena de +promesas apasionadas, y los pájaros de largas alas volaban de las +ruinas. Di algunos pasos, y con voces que repitió el eco milenario de +aquellos palacios, llamé al indio que me servía de guía. Con el overo +ya embridado asomó tras un ídolo gigantesco esculpido en piedra roja. +Cabalgué y partimos. El horizonte relampagueaba. Un vago olor marino, +olor de algas y brea, mezclábase por veces al mareante de la campiña, +y allá, muy lejos, en el fondo oscuro del Oriente, se divisaba el +resplandor rojizo de la selva que ardía. La naturaleza, lujuriosa y +salvaje, aún palpitante del calor de la tarde, semejaba dormir el sueño +profundo y jadeante de una fiera fecundada. En aquellas tinieblas +pobladas de susurros nupciales y de moscas de luz que danzan entre las +altas yerbas, raudas y quiméricas, me parecía respirar una esencia +suave, deliciosa, divina: La esencia que la madurez del Estío vierte en +el cáliz de las flores y en los corazones. + + + + +YA METIDA LA NOCHE llegamos á San Juan de Tuxtlan. +Descabalgué y arrojando al guía las riendas del caballo, por una calle +solitaria bajé solo á la playa. Al darme en el rostro la brisa del mar, +avizoréme pensando si la fragata habría zarpado. En estas dudas iba, +cuando percibo á mi espalda blando rumor de pisadas descalzas. Un indio +ensabanado se me acerca: + +--¿No tiene mi amito cosita que me ordenar? + +Nada, nada... + +El indio hace señal de alejarse: + +--¿Ni precisa que le guíe, niño? + +--No preciso nada. + +Sombrío y musitando, embózase mejor en la sábana que le sirve de clámide +y se va. Yo sigo adelante camino de la playa. De pronto la voz mansa +y humilde del indio llega nuevamente á mi oído. Vuelvo la cabeza y +le descubro á pocos pasos. Venía á la carrera y cantaba los gozos de +Nuestra Señora de Guadalupe. Me dió alcance y murmuró emparejándose: + +--De verdad, niño, si se pierde no sabrá salir de los médanos... + +El hombre empieza á cansarme, y me resuelvo á no contestarle. Esto, sin +duda, le anima, porque sigue acosándome buen rato de camino. Calla un +momento y luego, en tono misterioso, añade: + +--¿No quiere que le lleve junto á una chinita, mi jefe?... Una tapatia +de quince años que vive aquí merito. Andele, niño, verá bailar el +jarabe. Todavía no hace un mes que la perdió el amo del ranchito de +Huaxila: Niño Nacho, no sabe? + +De pronto se interrumpe, y con un salto de salvaje plántaseme delante +en ánimo y actitud de cerrarme el paso: Encorvado, el sombrero en una +mano á guisa de broquel, la otra echada fieramente atrás, armada de una +faca ancha y reluciente. Confieso que me sobrecogí. El paraje era á +propósito para tal linaje de asechanzas: Médanos pantanosos cercados de +negros charcos donde se reflejaba la luna, y allá lejos una barraca de +siniestro aspecto, con los resquicios iluminados por la luz de dentro. +Quizá me dejo robar entonces si llega á ser menos cortés el ladrón y me +habla torvo y amenazante, jurando arrancarme las entrañas y prometiendo +beberse toda mi sangre. Pero en vez de la intimación breve é imperiosa +que esperaba, le escucho murmurar con su eterna voz de esclavo: + +--No se llegue, mi amito, que puede clavarse... + +Oirle y recobrarme fué obra de un instante. El indio ya se recogía, como +un gato montés, dispuesto á saltar sobre mí. Parecióme sentir en la +medula el frío del acero: Tuve horror á morir apuñalado, y de pronto me +sentí fuerte y valeroso. Con ligero estremecimiento en la voz, grité al +truhán adelantando un paso, apercibido á resistirle: + +--¡Andando ó te dejo seco! + +El indio no se movió. Su voz de siervo parecióme llena de ironía: + +--¡No se arrugue, valedor!... Si quiere pasar, ahí merito, sobre esa +piedra, arríe la plata. Andele, luego, luego. + +Otra vez volví á tener miedo de aquella faca reluciente. Sin embargo, +murmuré resuelto: + +--¡Ahora vamos á verlo, bandido! + +No llevaba armas, pero en las ruinas de Tequil á un indio que vendía +pieles de jaguar, había tenido el capricho de comprarle su bordón que +me encantó por la rareza de las labores. Aún lo conservo: Parece el +cetro de un rey negro, tan oriental, y al mismo tiempo tan ingenua y +primitiva, es la fantasía con que está labrado. Me afirmé los quevedos, +requerí el palo, y con gentil compás de pies, como diría un bravo de ha +dos siglos, adelanté hacia el ladrón, que dió un paso procurando herirme +de soslayo. Por ventura mía, la luna dábale de lleno y advertí el ataque +en sazón de evitarlo. Recuerdo confusamente que intenté un desarme con +amago á la cabeza y golpe al brazo, y que el indio lo evitó jugándome la +luz con destreza de salvaje. Después no sé. Sólo conservo una impresión +angustiosa como de pesadilla. El médano iluminado por la luna; la arena +negra y movediza donde se entierran los pies; el brazo que se cansa; +la vista que se turba; el indio que desaparece, vuelve, me acosa, se +encorva y salta con furia fantástica de gato embrujado; y cuando el +palo va á desprenderse de mi mano, un bulto que huye y el brillo de la +faca que pasa sobre mi cabeza y queda temblando como víbora de plata +clavada en el árbol negro y retorcido de una cruz hecha de dos troncos +chamuscados... Quedéme un momento azorado y sin darme cuenta cabal del +suceso. Como á través de niebla muy espesa, vi abrirse sigilosamente +la puerta de la barraca y salir dos hombres á catear la playa. Recelé +algún encuentro como el pasado y tomé á buen paso camino del mar. Llegué +á punto que largaba un bote de la fragata, donde iba el segundo de á +bordo. Gritéle, y mandó virar para recogerme. + + + + +LLEGADO que fuí á la fragata, recogíme á mi camarote, y +como estuviese muy fatigado, me acosté en seguida. Cátate que no bien +apago la luz empiezan á removerse las víboras mal dormidas del deseo +que desde todo el día llevaba enroscadas al corazón, apercibidas á +morderle. Al mismo tiempo sentíame invadido por una gran melancolía, +llena de confusión y de misterio. La melancolía del sexo, germen de +la gran tristeza humana. El recuerdo de la Niña Chole perseguíame +con mariposeo ingrávido y terco. Su belleza índica, y aquel encanto +sacerdotal, aquella gracia serpentina, y el mirar sibilino, y las +caderas ondulosas, la sonrisa inquietante, los pies de niña, los hombros +desnudos, todo cuanto la mente adivinaba, cuanto los ojos vieran, +todo, todo era hoguera voraz en que mi carne ardía. Me figuraba que +las formas juveniles y gloriosas de aquella Venus de bronce florecían +entre céfiros, y que veladas primero se entreabrían turgentes, frescas, +lujuriosas, fragantes como rosas de Alejandría en los jardines de Tierra +Caliente. Y era tal el poder sugestivo del recuerdo, que en algunos +momentos creí respirar el perfume voluptuoso que al andar esparcía su +falda, con ondulaciones suaves. + +Poco á poco cerróme los ojos la fatiga, y el arrullo monótono y regular +del agua acabó de sumirme en un sueño amoroso, febril é inquieto, +representación y símbolo de mi vida. Despertéme al amanecer con los +nervios vibrantes, cual si hubiese pasado la noche en un invernadero, +entre plantas exóticas, de aromas raros, afroditas y penetrantes. Sobre +mi cabeza sonaban voces confusas y blando pataleo de pies descalzos, +todo ello acompañado de mucho chapoteo y trajín. Empezaba la faena del +baldeo. Me levanté y subí al puente. Heme ya respirando la ventolina que +huele á brea y algas. En aquella hora el calor es deleitante. Percíbense +en el aire estremecimientos voluptuosos: El horizonte ríe bajo un +hermoso sol. + +Envuelto en el rosado vapor que la claridad del alba extendía sobre +el mar azul, adelantaba un esquife. Era tan esbelto, ligero y blanco, +que la clásica comparación con la gaviota y con el cisne veníale de +perlas. En las bancas traía hasta seis remeros. Bajo un palio de lona, +levantado á popa, se guarecía del sol una figura vestida de blanco. +Cuando el esquife tocó la escalera de la fragata ya estaba yo allí, en +confusa espera de no sé qué gran ventura. Una mujer viene sentada al +timón. El toldo solamente me deja ver el borde de la falda y los pies +de reina calzados con chapines de raso blanco, pero mi alma la adivina. +¡Es ella, la Salambó de los palacios de Tequil!... Sí, era ella, más +gentil que nunca, velada apenas en el rebocillo de seda. Hela en pie +sobre la banca, apoyada en los hercúleos hombros de un marinero negro. +El labio abultado y rojo de la criolla sonríe con la gracia inquietante +de una egipcia, de una turania. Sus ojos, envueltos en la sombra de las +pestañas, tienen algo de misterioso, de quimérico y lejano, algo que +hace recordar las antiguas y nobles razas que en remotas edades fundaron +grandes imperios en los países del sol... El esquife cabecea al costado +de la fragata. La criolla, entre asustada y divertida, se agarra á los +crespos cabellos del gigante, que impensadamente la toma al vuelo y se +lanza con ella á la escala. Los dos ríen envueltos en un salsero que +les moja la cara. Ya sobre cubierta, el coloso negro la deja sola y se +aparta secreteando con el contramaestre. + +Yo gano la cámara por donde necesariamente han de pasar. Nunca el +corazón me ha latido con más violencia. Recuerdo perfectamente que +estaba desierta y un poco oscura. Las luces del amanecer cabrilleaban en +los cristales. Pasa un momento. Oigo voces y gorjeos: Un rayo de sol más +juguetón, más vivo, más alegre, ilumina la cámara, y en el fondo de los +espejos se refleja la imagen de la Niña Chole. + + + + +FUÉ AQUÉL uno de esos largos días de mar encalmados +y bochornosos que navegando á vela no tienen fin. Sólo de tiempo en +tiempo alguna ráfaga cálida pasaba entre las jarcias y hacía flamear el +velamen. Yo andaba avizorado y errabundo, con la esperanza de que la +Niña Chole se dejase ver sobre cubierta algún momento. Vana esperanza. +La Niña Chole permaneció retirada en su camarote, y acaso por esto las +horas me parecieron, como nunca, llenas de tedio. Desengañado de aquella +sonrisa que yo había visto y amado en otros labios, fuí á sentarme en la +popa. + +Sobre el dormido cristal de esmeralda, la fragata dejaba una estela de +bullentes rizos. Sin saber cómo resurgió en mi memoria cierta canción +americana que Nieves Agar, la amiga querida de mi madre, me enseñaba +hace muchos años, allá en tiempos cuando yo era rubio como un tesoro +y solía dormirme en el regazo de las señoras que iban de tertulia al +Palacio de Bradomín. Esta afición á dormir en un regazo femenino la +conservo todavía. ¡Pobre Nieves Agar, cuántas veces me has mecido en tus +rodillas al compás de aquel danzón que cuenta la historia de una criolla +más bella que Atala, dormida en hamaca de seda, á la sombra de los +cocoteros! ¡Tal vez la historia de otra Niña Chole! + +Ensoñador y melancólico permanecí toda la tarde sentado á la sombra del +foque, que caía lacio sobre mi cabeza. Solamente al declinar el sol se +levantó una ventolina, y la fragata, con todo su velamen desplegado, +pudo doblar la Isla de Sacrificios y dar fondo en aguas de Veracruz. +Cautiva el alma de religiosa emoción, contemplé la abrasada playa +donde desembarcaron antes que pueblo alguno de la vieja Europa, los +aventureros españoles, hijos de Alarico el bárbaro y de Tarik el moro. +Vi la ciudad que fundaron, y á la que dieron abolengo de valentía, +espejarse en el mar quieto y de plomo como si mirase fascinada la ruta +que trajeron los hombres blancos: Á un lado, sobre desierto islote +de granito, baña sus pies en las olas el Castillo de Ulúa, sombra +romántica que evoca un pasado feudal que allí no hubo, y á lo lejos la +cordillera del Orizaba, blanca como la cabeza de un abuelo, dibújase +con indecisión fantástica sobre un cielo clásico, de límpido y profundo +azul. Recordé lecturas casi olvidadas que, niño aún, me habían hecho +soñar con aquella tierra hija del sol: Narraciones medio históricas, +medio novelescas, en que siempre se dibujaban hombres de tez cobriza, +tristes y silenciosos, como cumple á los héroes vencidos, y selvas +vírgenes, pobladas de pájaros de brillante plumaje, y mujeres como +la Niña Chole, ardientes y morenas, símbolo de la pasión que dijo un +cuitado poeta de estos tiempos. + +Como no es posible renunciar á la patria, yo, español y caballero, +sentía el corazón henchido de entusiasmo y poblada de visiones +gloriosas la mente, y la memoria llena de recuerdos históricos. La +imaginación exaltada me fingía al aventurero extremeño poniendo fuego +á sus naves, y á sus hombres esparcidos por la arena, atisbándole de +través, los mostachos enhiestos al antiguo uso marcial, y sombríos +los rostros varoniles, curtidos y con pátina, como las figuras de los +cuadros muy viejos. Yo iba á desembarcar en aquella playa sagrada, +siguiendo los impulsos de una vida errante, y al perderme, quizá para +siempre, en la vastedad del viejo Imperio Azteca, sentía levantarse en +mi alma de aventurero, de hidalgo y de cristiano, el rumor augusto de la +Historia. + +Apenas anclamos sale en tropel de la ribera una gentil flotilla, +compuesta de esquifes y canoas. Desde muy lejos se oye el son +monótono del remo. Centenares de cabezas asoman sobre la borda de la +fragata, y abigarrada muchedumbre hormiguea, se agita y se desata en +el entrepuente. Hablase á gritos el español, el inglés, el chino. Los +pasajeros hacen señas á los barqueros indios para que se aproximen: +Ajustan, disputan, regatean, y al cabo, como rosario que se desgrana, +van cayendo en el fondo de las canoas que rodean la escalera y esperan +ya con los remos armados. La flotilla se dispersa. Todavía á larga +distancia vese una diminuta figura moverse agitando los brazos, y se +oyen sus voces, que destaca y agranda la quietud solemne de aquellas +regiones abrasadas. Ni una sola cabeza se ha vuelto hacia la fragata +para mandarle un adiós de despedida. Allá van, sin otro deseo que +tocar cuanto antes la orilla. Son los conquistadores del oro. La noche +se avecina. En esta hora del crepúsculo, el deseo ardiente que la Niña +Chole me produce se aquilata y purifica, hasta convertirse en ansia vaga +de amor ideal y poético. Todo oscurece lentamente: Gime la brisa, riela +la luna, el cielo azul turquí se torna negro, de un negro solemne donde +las estrellas adquieren una limpidez profunda. Es la noche americana de +los poetas. + + + + +ACABABA de bajar á mi camarote, y hallábame tendido en +la litera fumando una pipa, y quizá soñando con la Niña Chole, cuando +se abre la puerta y veo aparecer á Julio César, un rapazuelo mulato que +me había regalado en Jamaica cierto aventurero portugués que, andando +el tiempo, llegó á general en la República Dominicana. Julio César se +detiene en la puerta, bajo el pabellón que forman las cortinas: + +--¡Mi amito! Á bordo viene un moreno que mata los tiburones en el agua +con el trinchete. ¡Suba, mi amito, no se dilate!... + +Y desaparece velozmente, como esos etíopes carceleros de princesas en +los castillos encantados. Yo, espoleado por la curiosidad, salgo tras +él. Heme en el puente que ilumina la plácida claridad del plenilunio. +Un negro colosal, con el traje de tela chorreando agua, se sacude +como un gorila, en medio del corro que á su rededor han formado los +pasajeros, y sonríe mostrando sus blancos dientes de animal familiar. Á +pocos pasos dos marineros encorvados sobre la borda de estribor, halan +un tiburón medio degollado, que se balancea fuera del agua, al costado +de la fragata. Mas he ahí que de pronto rompe el cable, y el tiburón +desaparece en medio de un remolino de espumas. El negrazo musita +apretando los labios elefancíacos: + +--¡Pendejos! + +Y se va, dejando como un rastro en la cubierta del navío las huellas +húmedas de sus pies descalzos. Una voz femenina le grita desde lejos: + +--¡Che, moreno!... + +--¡Voy, horita!... No me dilato. + +La forma de una mujer blanquea sobre negro fondo en la puerta de la +cámara. ¡No hay duda, es ella! ¿Pero cómo no la he adivinado? ¿Qué +hacías tú, corazón, que no me anunciabas su presencia? ¡Oh, con cuánto +gusto hubiérate entonces puesto bajo sus lindos pies para castigo! El +marinero se acerca: + +--¿Manda alguna cosa la Niña Chole? + +--Quiero verte matar un tiburón. + +El negro sonríe con esa sonrisa blanca de los salvajes, y pronuncia +lentamente, sin apartar los ojos de las olas que argenta la luna: + +--No puede ser, mi amita: Se ha juntado una punta de tiburones, ¿sabe? + +--¿Y tienes miedo? + +--¡Qué va!... Aunque fácilmente, como la sazón está peligrosa... Vea su +merced no más... + +La Niña Chole no le dejó concluir: + +--¿Cuánto te han dado esos señores? + +--Veinte tostones: Dos centenes, ¿sabe? + +Oyó la respuesta el contramaestre, que pasaba ordenando una maniobra, y +con esa concisión dura y franca de los marinos curtidos, sin apartar el +pito de los labios ni volver la cabeza, apuntóle: + +--¡Cuatro monedas y no seas guaje!... + +El negro pareció dudar. Asomóse al barandal de estribor y observó un +instante el fondo del mar donde temblaban amortiguadas las estrellas. +Veíanse cruzar argentados y fantásticos peces que dejaban tras sí estela +de fosforescentes chispas y desaparecían confundidos con los rieles de +la luna: En la zona de sombra que sobre el azul de las olas proyectaba +el costado de la fragata, esbozábase la informe mancha de una cuadrilla +de tiburones. El marinero se apartó reflexionando. Todavía volvióse una +ó dos veces á mirar las dormidas olas, como penetrado de la queja que +lanzaban en el silencio de la noche. Picó un cigarro con las uñas, y se +acercó: + +--Cuatro centenes, ¿le apetece á mi amita? + +La Niña Chole, con ese desdén patricio que las criollas opulentas +sienten por los negros, volvió á él su hermosa cabeza de reina india, y +en tono tal, que las palabras parecían dormirse cargadas de tedio en el +borde de los labios, murmuró: + +--¿Acabarás?... ¡Sean los cuatro centenes!... + +Los labios hidrópicos del negro esbozaron una sonrisa de ogro avaro y +sensual: Seguidamente despojóse de la blusa, desenvainó el cuchillo que +llevaba en la cintura y como un perro de Terranova tomóle entre los +dientes y se encaramó sobre la borda. El agua del mar relucía aún en +aquel torso desnudo que parecía de barnizado ébano. Inclinóse el negrazo +sondando con los ojos el abismo: Luego, cuando los tiburones salieron +á la superficie, le vi erguirse negro y mitológico sobre el barandal +que iluminaba la luna, y con los brazos extendidos echarse de cabeza +y desaparecer buceando. Tripulación y pasajeros, cuantos se hallaban +sobre cubierta, agolpáronse á la borda. Sumiéronse los tiburones en +busca del negro, y todas las miradas quedaron fijas en un remolino +que no tuvo tiempo á borrarse, porque casi incontinenti una mancha de +espumas rojas coloreó el mar, y en medio de los hurras de la marinería +y el vigoroso aplaudir de las manos coloradotas y plebeyas de los +mercaderes salió á flote la testa chata y lanuda del marinero que nadaba +ayudándose de un solo brazo, mientras con el otro sostenía entre aguas +un tiburón degollado por la garganta, donde traía clavado el cuchillo. +Tratóse en tropel de izar al negro: Arrojáronse cuerdas, ya para el +caso prevenidas, y cuando levantaba medio cuerpo fuera del agua rasgó +el aire un alarido horrible, y le vimos abrir los brazos y desaparecer +sorbido por los tiburones. Yo permanecía aún sobrecogido cuando sonó á +mi espalda una voz que decía: + +--¿Quiere hacerme sitio, señor? + +Al mismo tiempo alguien tocó suavemente mi hombro. Volví la cabeza y +halléme con la Niña Chole. Vagaba cual siempre, por su labio inquietante +sonrisa, y abría y cerraba velozmente una de sus manos, en cuya palma vi +lucir varias monedas de oro. Rogóme con cierto misterio que la dejase +sitio, y doblándose sobre la borda las arrojó lo más lejos que pudo. En +seguida volvióse á mí con gentil escorzo de todo el busto: + +--¡Ya tiene para el flete de Carón!... + +Yo debía estar más pálido que la muerte, pero como ella fijaba en mí +sus hermosos ojos y sonreía, vencióme el encanto de los sentidos, y mis +labios aún trémulos, pagaron aquella sonrisa de reina antigua con la +sonrisa del esclavo, que aprueba cuanto hace su señor. La crueldad de +la criolla me horrorizaba y me atraía: Nunca como entonces me pareciera +tentadora y bella. Del mar oscuro y misterioso subían murmullos y +aromas: La blanca luna les prestaba no sé qué rara voluptuosidad. La +trágica muerte de aquel coloso negro, el mudo espanto que se pintaba +aún en todos los rostros, un violín que lloraba en la cámara, todo en +aquella noche, bajo aquella luna, era para mí objeto de voluptuosidad +depravada y sutil... + +Alejóse la Niña Chole con ese andar rítmico y ondulante que recuerda al +tigre, y al desaparecer, una duda cruel me mordió el corazón. Hasta +entonces no había reparado que á mi lado estaba un adolescente bello y +rubio, que recordé haber visto al desembarcar en la playa de Tuxtlan. +¿Sería para él la sonrisa de aquella boca, en donde parecía dormir el +enigma de algún antiguo culto licencioso, cruel y diabólico? + +[imagen no disponible] + + + + +CON LAS PRIMERAS luces del alba desembarqué en Veracruz. +Tuve miedo de aquella sonrisa de Lilí, que ahora se me aparecía en +boca de otra mujer. Tuve miedo de aquellos labios, los labios de Lilí, +frescos, rojos, fragantes como las cerezas de nuestro huerto, que +tanto gustaba de ofrecerme en ellos. Si el pobre corazón es liberal, y +dió hospedaje al amor más de una y de dos veces, y gustó sus contadas +alegrías, y padeció sus innumerables tristezas, no pueden menos de +causarle temblores, miradas y sonrisas cuando los ojos y los labios que +las prodigan son como los de la Niña Chole. ¡Yo he temblado entonces, +y temblaría hoy, que la nieve de tantos inviernos cayó sin deshelarse +sobre mi cabeza! + +Ya otras veces había sentido ese mismo terror de amar, pero llegado el +trance de poner tierra por medio, siempre me habían faltado los ánimos +como á una romántica damisela. ¡Flaquezas del corazón mimado toda la +vida por mi ternura, y toda la vida dándome sinsabores! Hoy tengo por +experiencia averiguado que únicamente los grandes santos y los grandes +pecadores, poseen la virtud necesaria para huir las tentaciones del +amor. Yo confieso humildemente que sólo en aquella ocasión pude dejar +de ofrecerle el nido de mi pecho al sentir el roce de sus alas. ¡Tal vez +por eso el destino tomó á empeño probar el temple de mi alma! + +Cuando arribábamos á la playa en un esquife de la fragata, otro esquife +empavesado con banderas y gallardetes, acababa de varar en ella, y mis +ojos adivinaron á la Niña Chole en aquella mujer blanca y velada que +desde la proa saltó á la orilla. Sin duda estaba escrito que yo había de +ser tentado y vencido. Hay mártires con quienes el diablo se divierte +robándoles la palma, y desgraciadamente, yo he sido uno de esos toda la +vida. Pasé por el mundo como un santo caído de su altar y descalabrado. +Por fortuna, algunas veces pude hallar manos blancas y piadosas que +vendasen mi corazón herido. Hoy, al contemplar las viejas cicatrices y +recordar cómo fuí vencido, casi me consuelo. En una Historia de España, +donde leía siendo niño, aprendí que lo mismo da triunfar que hacer +gloriosa la derrota. + +Al desembarcar en Veracruz, mi alma se llenó de sentimientos heroicos. +Yo crucé ante la Niña Chole orgulloso y soberbio como un conquistador +antiguo. Allá en sus tiempos mi antepasado Gonzalo de Sandoval, que +fundó en México el reino de la Nueva Galicia, no habrá mostrado mayor +desvío ante las princesas aztecas sus prisioneras, y sin duda la Niña +Chole era como aquellas princesas que sentían el amor al ser ultrajadas +y vencidas, porque me miraron largamente sus ojos y la sonrisa más bella +de su boca fué para mí. La deshojaron los labios como las esclavas +deshojaban las rosas al paso triunfal de los vencedores. Yo, sin +embargo, supe permanecer desdeñoso. + +Por aquella playa de dorada arena subimos á la par, la Niña Chole entre +un cortejo de criados indios, yo precedido de mi esclavo negro. Casi +rozando nuestras cabezas, volaban torpes bandadas de feos y negros +pajarracos. Era un continuado y asustadizo batir de alas que pasaban +oscureciendo el sol. Yo las sentía en el rostro como fieros abanicazos. +Tan presto iban rastreando como se remontaban en la claridad azul. +Aquellas largas y sombrías bandadas cerníanse en la altura con revuelo +quimérico, y al caer sobre las blancas azoteas moriscas las ennegrecían, +y al posarse en los cocoteros del arenal desgajaban las palmas. Parecían +aves de las ruinas con su cabeza leprosa, y sus alas flequeadas, y su +plumaje de luto, de un negro miserable, sin brillo ni tornasoles. Había +cientos, había miles. Un esquilón tocaba á misa de alba en la iglesia de +los Dominicos que estaba al paso, y la Niña Chole entró con el cortejo +de sus criados. Todavía desde la puerta me envió una sonrisa. ¡Pero lo +que acabó de prendarme fue aquella muestra de piedad! + +[imagen no disponible] + + + + +EN LA VILLA Rica de la Veracruz fué mi alojamiento un +venerable parador que acordaba el tiempo feliz de los virreyes. Yo +esperaba detenerme allí pocas horas. Quería reunir una escolta aquel +mismo día y ponerme en camino para las tierras que habían constituido mi +mayorazgo. Por entonces sólo con buena guardia de escopeteros era dado +aventurarse en los caminos mexicanos, donde señoreaban cuadrillas de +bandoleros: ¡Aquellos plateados tan famosos por su fiera bravura y su +lujoso arreo! Eran los tiempos de Adriano Cuéllar y Juan de Guzmán. + +De pronto, en el patio lleno de sol apareció la Niña Chole con su +séquito de criados. Majestuosa y altiva se acercaba con lentitud, dando +órdenes á un caballerango que escuchaba con los ojos bajos y respondía +en lengua yucateca, esa vieja lengua que tiene la dulzura del italiano +y la ingenuidad pintoresca de los idiomas primitivos. Al verme hizo +una gentil cortesía, y por su mandato corrieron á buscarme tres indias +núbiles que parecían sus azafatas. Hablaban alternativamente como +novicias que han aprendido una letanía, y recitan aquello que mejor +saben. Hablaban lentas y humildes, sin levantar la mirada: + +--Es la Niña que nos envía, señor... + +--Nos envía para decirle... + +--Perdone vos, para rogarle, señor... + +--Como ha sabido la Niña que vos, señor, junta una escolta, y ella +también tiene de hacer camino. + +--¡Mucho camino, señor! + +--¡Hartas leguas, señor! + +--¡Más de dos días, señor! + +Seguí á las azafatas. La Niña Chole me recibió agitando las manos: + +--¡Oh! Perdone el enojo. + +Su voz era queda, salmodiada y dulce, voz de sacerdotisa y de princesa. +Yo, después de haberla contemplado intensamente, me incliné. ¡Viejas +artes de enamorar, aprendidas en el viejo Ovidio! La Niña Chole +prosiguió: + +--En este mero instante acabo de saber que junta usted una escolta para +ponerse en viaje. Si hiciésemos la misma jornada podríamos reunir la +gente. Yo voy á Necoxtla. + +Haciendo una cortesía versallesca y suspirando, respondí: + +--Necoxtla, está seguramente en mi camino. + +La Niña Chole interrogó curiosa: + +--¿Va usted muy lejos? ¿Acaso á Nueva Sigüenza? + +--Voy á los llanos de Tixul, que ignoro dónde están. Una herencia del +tiempo de los virreyes, entre Grijalba y Tlacotalpan. + +La Niña Chole me miró con sorpresa: + +--¿Qué dice, señor? Es diferente nuestra ruta. Grijalba está en la +costa, y hubiérale sido mejor continuar embarcado. + +Me incliné de nuevo con rendimiento: + +--Necoxtla está en mi camino. + +Ella sonrió desdeñosa: + +--Pero no reuniremos nuestras gentes. + +--¿Por qué? + +--Porque no debe ser. Le ruego, señor, que siga su camino. Yo seguiré el +mío. + +--Es uno mismo el de los dos. Tengo el propósito de secuestrarla á usted +apenas nos hallemos en despoblado. + +Los ojos de la Niña Chole, tan esquivos antes, se cubrieron con una +amable claridad: + +--¿Diga, son locos todos los españoles? + +Yo repuse con arrogancia: + +--Los españoles nos dividimos en dos grandes bandos: Uno, el Marqués de +Bradomín, y el otro todos los demás. + +La Niña Chole me miró risueña: + +--¡Cuánta jactancia, señor! + +En aquel momento el caballerango vino á decirle que habían ensillado, +y que la gente estaba dispuesta á ponerse en camino si tal era su +voluntad. Al oirle, la Niña Chole me miró intensamente, seria y muda. +Después volviéndose al criado, le interrogó: + +--¿Qué caballo me habéis dispuesto? + +--Aquel alazano, Niña. Véale allí. + +--¿El alazano rodado? + +--¡Qué va, Niña! El otro alazano del belfo blanco que bebe en el agua. +Vea qué linda estampa. Tiene un paso que se traga los caminos, y la +boca una seda. Lleva sobre el borrén la cantarilla de una ranchera, y +galopando no la derrama. + +--¿Dónde haremos parada? + +--En el convento de San Juan de Tegusco. + +--¿Llegaremos de noche? + +--Llegaremos al levantarse la luna. + +--Pues advierte á la gente de montar luego, luego. + +El caballerango obedeció. La Niña Chole me pareció que apenas podía +disimular una sonrisa: + +--Señor, mal se verá para seguirme, porque parto en el mero instante. + +--Yo también. + +--¿Pero acaso tiene dispuesta su gente? + +--Como yo esté dispuesto, basta. + +Vea que camino á reunirme con mi marido y no quiera balearse con él. +Pregunte y le dirán quién es el general Diego Bermúdez. + +Oyéndola, sonreí desdeñosamente. Tornaba en esto el caballerango, y +quedóse á distancia esperando silencioso y humilde. La Niña Chole le +llamó: + +--Llega, cálzame la espuela. + +Ya obedecía, cuando yo arranqué de sus manos el espolín de plata é +hinqué la rodilla ante la Niña Chole, que sonriendo me mostró su lindo +pie prisionero en chapín de seda. Con las manos trémulas le calcé el +espolín. Mi noble amigo Barbey D'Aurevilly hubiera dicho de aquel pie +que era hecho para pisar un zócalo de Pharos. Yo no dije nada, pero lo +besé con tan apasionado rendimiento, que la Niña Chole exclamó risueña: + +--Señor, deténgase en los umbrales. + +Y dejó caer la falda, que con dedos de ninfa sostenía levemente alzada. +Seguida de sus azafatas cruzó como una reina ofendida el anchuroso +patio sombreado por toldos de lona, que bajo la luz adquirían tenue +tinte dorado de marinas velas. Los cínifes zumbaban en torno de un +surtidor que gallardeaba al sol su airón de plata, y llovía en menudas +irisadas gotas sobre el tazón de alabastro. En medio de aquel ambiente +encendido, bajo aquel cielo azul donde la palmera abre su rumoroso +parasol, la fresca música del agua me recordaba de un modo sensacional +y remoto las fatigas del desierto y el deleitoso sestear en los oasis. +De tiempo en tiempo un jinete entraba en el patio: Los mercenarios +que debían darnos escolta á través de los arenales de Tierra Caliente +empezaban á juntarse. Pronto estuvieron reunidas las dos huestes: Una y +otra se componían de gente marcial y silenciosa: Antiguos salteadores +que fatigados de la vida aventurera, y despechados del botín incierto, +preferían servir á quien mejor les pagaba, sin que ninguna empresa +les arredrase: Su lealtad era legendaria. Ya estaba ensillado mi +caballo con las pistolas en el arzón, y á la grupa las vistosas y +moriscas alforjas donde iba el viático para la jornada, cuando la Niña +Chole reapareció en el patio. Al verla me acerqué sonriendo, y ella +fingiéndose enojada, batió el suelo con su lindo pie. + +[imagen no disponible] + + + + +MONTAMOS, y en tropel atravesamos la ciudad. Ya fuera +de sus puertas hicimos un alto para contarnos. Después dió comienzo la +jornada fatigosa y larga. Aquí y allá, en el fondo de las dunas y en la +falda de arenosas colinas, se alzaban algunos jacales que entre vallados +de enormes cactus asomaban sus agudas techumbres de cáñamo gris medio +podrido. Mujeres de tez cobriza y mirar dulce salían á los umbrales, +é indiferentes y silenciosas nos veían pasar. La actitud de aquellas +figuras broncíneas revelaba esa tristeza transmitida, vetusta, de las +razas vencidas. Su rostro era humilde, con dientes muy blancos y grandes +ojos negros, selváticos, indolentes y velados. Parecían nacidas para +vivir eternamente en los aduares y descansar al pie de las palmeras y de +los ahuehuetles. + +Ya puesto el sol divisamos una aldea india. Estaba todavía muy lejana +y se aparecía envuelta en luz azulada y en silencio de paz. Rebaños +polvorientos y dispersos adelantaban por un camino de tierra roja +abierto entre maizales gigantes. El campanario de la iglesia, con su +enorme nido de zopilotes, descollaba sobre las techumbres de palma. +Aquella aldea silenciosa y humilde, dormida en el fondo de un valle, +me hizo recordar las remotas aldeas abandonadas al acercarse los +aventureros españoles. Ya estaban cerradas todas las puertas y subía de +los hogares un humo tenue y blanco que se disipaba en la claridad del +crepúsculo como salutación patriarcal. + +Nos detuvimos á la entrada y pedimos hospedaje en un antiguo priorato de +Comendadoras Santiaguistas. Á los golpes que un espolique descargó en +la puerta, una cabeza con tocas asomó en la reja y hubo largo coloquio. +Nosotros, aún bastante lejos, íbamos al paso de nuestros caballos, +abandonadas las riendas y distraídos en plática galante. Cuando llegamos +la monja se retiraba de la reja: Poco después las pesadas puertas de +cedro se abrían lentamente, y una monja donada toda blanca en su hábito, +apareció en el umbral: + +--Pasen, hermanos, si quieren reposar en esta santa casa. + +Nunca las Comendadoras Santiaguistas negaban hospitalidad. Á todo +caminante que la demandase debía serle concedida. Así estaba dispuesto +por los estatutos de la fundadora Doña Beatriz de Zayas, favorita y dama +de un virrey. El escudo nobiliario de la fundadora todavía campeaba +sobre el arco de la puerta. La hermana donada nos guió á través de un +claustro sombreado por oscuros naranjos. Allí era el cementerio de las +Comendadoras. Sobre los sepulcros, donde quedaban borrosos epitafios, +nuestros pasos resonaron. Una fuente lloraba monótona y triste. Empezaba +la noche, y las moscas de luz danzaban entre el negro follaje de los +naranjos. Cruzamos el claustro y nos detuvimos ante una puerta forrada +de cuero y claveteada de bronce. La hermana abrió. El manojo de llaves +que colgaba de su cintura produjo un largo son y quedó meciéndose. La +donada cruzó las manos sobre el escapulario, y pegándose al muro nos +dejó paso al mismo tiempo que murmuraba gangosa: + +--Esta es la hospedería, hermanos. + +Era la hospedería una estancia fresca, con ventanas de mohosa y labrada +reja, que caían sobre el jardín. En uno de los testeros campeaba el +retrato de la fundadora, que ostentaba larga leyenda al pie, y en el +otro un altar con paños de cándido lino. La mortecina claridad apenas +dejaba entrever los cuadros de un Vía-Crucis que se desenvolvía en torno +del muro. La hermana donada llegó sigilosa á demandarme qué camino hacía +y cuál era mi nombre. Yo, en voz queda y devota, como ella me había +interrogado, respondí: + +--Soy el Marqués de Bradomín, hermana, y mi ruta acaba en esta santa +casa. + +La donada murmuró con tímida curiosidad: + +--Si desea ver á la Madre Abadesa, le llevaré recado. Siempre tendrá +que tener un poco de paciencia, pues ahora la Madre Abadesa se halla +platicando con el señor Obispo de Colima, que llegó antier. + +--Tendré paciencia, hermana. Veré á la Madre Abadesa cuando sea ocasión. + +--¿El Señor la conoce ya? + +--No, hermana. Llego á esta santa casa para cumplir un voto. + +En aquel momento se acercaba la Niña Chole, y la monja, mirándola +complacida, murmuró: + +--¿La Señora mi Marquesa también? + +La Niña Chole cambió conmigo una mirada burlona que me pareció de +alegres desposorios. Los dos respondimos á un tiempo: + +--También, hermana, también. + +--Pues ahora mismo prevengo á la Madre Abadesa. Tendrá mucho contento +cuando sepa que han llegado personas de tanto linaje: Ella también es +muy española. + +Y la hermana donada, haciendo una profunda reverencia, se alejó moviendo +leve rumor de hábitos y de sandalias. Tras ella salieron los criados, +y la Niña Chole quedó sola conmigo. Yo besé su mano, y ella, con una +sonrisa de extraña crueldad, murmuró: + +--¡Téngase por muerto si llega á saber algo de esta burla el general +Diego Bermúdez! + +La Niña Chole llegó ante el altar, y cubriéndose la cabeza con el +rebocillo se arrodilló. Sus siervos, agrupados en la puerta de la +hospedería, la imitaron, santiguándose en medio de un piadoso murmullo. +La Niña Chole alzó la voz, rezando en acción de gracias por nuestra +venturosa jornada. Los siervos respondían á coro. Yo, como caballero +santiaguista, recé mis oraciones dispensado de arrodillarme por el fuero +que tenemos de canónigos agustinos. + +[imagen no disponible] + + + + +ENTRARON primero dos legas, que traían una gran bandeja +de plata cargada de refrescos y confituras, y luego entró la Madre +Abadesa, flotante el blanco hábito, que ostentaba la roja cruz de +Santiago. Detúvose en la puerta, y con leve sonrisa, al par amable y +soberana, saludó en latín: + +--¡Deo gratias! + +Nosotros respondimos en romance: + +--¡Á Dios sean dadas! + +La Madre Abadesa tenía hermoso aspecto de infanzona: Era blanca y rubia, +de buen donaire y de gran cortesanía. Sus palabras de bienvenida fueron +éstas: + +--Yo también soy española, nacida en Viana del Prior. Cuando niña, he +conocido á un caballero muy anciano que llevaba el título de Marqués de +Bradomín. ¡Era un santo! + +Yo repuse sin orgullo: + +--Además de un santo, era mi abuelo. + +La Madre Abadesa sonrió benévola, y después suspiró: + +--¿Habrá muerto hace muchos años? + +--¡Muchos! + +--Dios le tenga en Gloria. Le recuerdo muy bien. Tenía corrido mucho +mundo, y hasta creo que había estado aquí, en México. + +--Aquí hizo la guerra cuando la sublevación del cura Hidalgo. + +--¡Es verdad!... ¡Es verdad! Aunque muy niña, me acuerdo de haberle oído +contar... Era gran amigo de mi casa. Yo pertenezco á los Andrade de Cela. + +--¡Los Andrades de Cela! ¡Un antiguo mayorazgo! + +--Desapareció á la muerte de mi padre. ¡Qué destino el de las nobles +casas, y qué tiempos tan ingratos los nuestros! En todas partes +gobiernan los enemigos de la religión y de las tradiciones, aquí lo +mismo que en España. + +La Madre Abadesa suspiró levantando los ojos y cruzando las manos: +Así terminó su plática conmigo. Después acercóse á la Niña Chole con +la sonrisa amable y soberana de una hija de reyes retirada á la vida +contemplativa: + +--¿Sin duda la Marquesa es mexicana? + +La Niña Chole inclinó los ojos poniéndose encendida: + +--Sí, Madre Abadesa. + +--¿Pero de origen español? + +--Sí, Madre Abadesa. + +Como la Niña Chole vacilaba al responder, y sus mejillas se teñían de +rosa, yo intervine ayudándola galante. En honor suyo inventé toda una +leyenda de amor, caballeresca y romántica, como aquellas que entonces +se escribían. La Madre Abadesa conmovióse tanto, que durante mi relato +vi temblar en sus pestañas dos lágrimas grandes y cristalinas. Yo, de +tiempo en tiempo, miraba á la Niña Chole y esperaba cambiar con ella una +sonrisa, pero mis ojos nunca hallaban los suyos. Escuchaba inmóvil, con +rara ansiedad. Yo mismo me maravillaba al ver cómo fluía de mis labios +aquel enredo de comedia antigua. Estuve tan inspirado, que de pronto +la Niña Chole sepultó el rostro entre las manos, sollozando con amargo +duelo. La Madre Abadesa, muy conmovida, le oreó la frente dándole aire +con el santo escapulario de su hábito, mientras yo, á viva fuerza le +tenía sujetas las manos. Poco á poco tranquilizóse, y la Madre Abadesa +nos llevó al jardín, para que respirando la brisa nocturna, acabase de +serenarse la Marquesa. Allí nos dejó solos, porque tenía que asistir al +coro para rezar los maitines. + +El jardín estaba amurallado como una ciudadela. Era vasto y sombrío, +lleno de susurros y de aromas. Los árboles de las avenidas juntaban tan +estrechamente sus ramas, que sólo con grandes espacios veíamos algunos +follajes argentados por la luna. Caminamos en silencio. La Marquesa +suspirante, yo pensativo, sin acertar á consolarla. Entre los árboles +divisamos un paraje raso con oscuros arrayanes bordeados por blancas y +tortuosas sendas: La luna derramaba sobre ellas su luz lejana é ideal +como un milagro. La Marquesa se detuvo. Dos legas estaban sentadas al +pie de una fuente rodeada de laureles enanos, que tienen la virtud +de alejar el rayo. No se sabía si las dos legas rezaban ó se decían +secretos del convento, porque el murmullo de sus voces se confundía +con el murmullo del agua. Estaban llenando sus ánforas. Al acercarnos +saludaron cristianamente: + +--¡Ave María Purísima! + +--¡Sin pecado concebida! + +Yo quise beber de la fuente, y ellas me lo impidieron con grandes gritos: + +--¡Señor! ¿Qué hace, señor? + +Me detuve un poco inmutado: + +--¿Es venenosa esta agua? + +--Santígüese, señor. Es agua bendita, y solamente la Comunidad tiene +bula para beberla. Bula del Santo Padre, venida de Roma. ¡Es agua santa +del Niño Jesús! + +Y las dos legas, hablando á coro, mostrábanme el angelote desnudo, que +enredador y tronera vertía el agua en el tazón de alabastro por su +menuda y cándida virilidad. Me dijeron que era el Niño Jesús. Oyendo +esto, la Marquesa santiguóse devotamente. Yo aseguré á las legas que +también tenía bula para beber las aguas del Niño Jesús. Ellas me +miraron mostrando gran respeto, y disputáronse ofrecerme sus ánforas, +pero yo preferí saciar mi sed aplicando los labios al santo surtidor de +donde el agua manaba. Me acometió tal tentación de risa, que por poco +me ahogo. La Niña Chole, que no podía creer la historia de mi bula, me +recordó en voz baja que Dios castiga siempre el sacrilegio. + +[imagen no disponible] + + + + +DESPUÉS de los maitines vino á buscarnos una monja y nos +condujo al refectorio donde estaba dispuesta la colación. Hablaba con +las manos juntas: Era vieja y gangosa. Nosotros la seguimos, pero al +pisar los umbrales del convento la Niña Chole se detuvo vacilante: + +--Hermana, yo guardo el día ayunando, y no puedo entrar en el refectorio +para hacer colación. + +Al mismo tiempo sus ojos de reina india imploraban mi ayuda: Se la +otorgué liberal. Comprendí que la Niña Chole temía ser conocida de +algún caminante, pues todos los que llegaban al convento se reunían á +son de campana para hacer colación. La monja edificada por aquel ayuno, +interrogó solícita: + +--¿Qué desea mi señora? + +--Retirarme á descansar, hermana. + +--Pues cuando le plazca, mi señora. ¿Sin duda traen muy larga jornada? + +--Desde Veracruz. + +--Cierto que sentirá grande fatiga la pobrecita. + +Hablando de esta suerte nos hizo cruzar un largo corredor. Por las +ventanas entraba la luz blanca de la luna. En aquella santa paz el +acompasado son de mis espuelas despertaba un eco sacrílego y marcial, y +como amedrentadas por él, la monja y la Marquesa caminaban ante mí con +leve y devoto rumor. La monja abrió una puerta de antigua tracería, y +apartándose á un lado murmuró: + +--Pase mi señora: Yo nada me retardo. Guío al Señor Marqués al +refectorio, y torno á servirla luego, luego. + +La Marquesa entró sin mirarme. La monja cerró la puerta y alejóse como +una sombra llamándome con vago ademán. Guióme hasta el refectorio, y +saludando más gangosa que nunca, se alejó. Entré, y cuando mis ojos +buscaban un sitial vacío en torno de la mesa, alzóse el capellán del +convento, y vino á decirme con gran cortesanía que mi puesto estaba á +la cabecera. El capellán era un fraile dominico, humanista y poeta, +que había vivido muchos años desterrado de México por el Arzobispo, y +privado de licencias para confesar y decir misa. Todo ello por una falsa +delación. Esta historia me la contaba en tanto me servía. Al terminar, +me habló así: + +--Ya sabe el Señor Marqués de Bradomín la vida y milagros de Fray Lope +Castellar. Si necesita un capellán para su casa, créame que con sumo +gusto dejaré á estas santas señoras. Aun cuando sea para cruzar los +mares, mi Señor Marqués. + +--Ya tengo capellanes en España. + +--Perdone entonces. Pues para servirle aquí, en este México de mis +pecados, donde en un santiamén dejan sin vida á un cristiano. Créame, +quien pueda pagarse un capellán, debe hacerlo, aun cuando sólo sea para +tener á mano quien le absuelva en trance de muerte. + +Había terminado la colación, y entre el sordo y largo rumor producido +por los sitiales, todos nos pusimos en pie para rezar una oración de +gracias compuesta por la piadosa fundadora Doña Beatriz de Zayas. Las +legas comenzaron á levantar los manteles, y la Madre Abadesa entró +sonriendo benévolamente: + +--¿El Señor Marqués, prefiere que se disponga otra celda para su +descanso? + +El rubor que asomó en las mejillas de la Madre Abadesa me hizo +comprender, y sin dominar una sonrisa respondí: + +--Haré compañía á la Marquesa, que es muy medrosa, si lo consienten los +estatutos de esta santa casa. + +La Madre Abadesa me interrumpió: + +--Los estatutos de esta santa casa no pueden ir en contra de la +Religión. + +Sentí un vago sobresalto. La Madre Abadesa inclinó los ojos, y +permaneciendo con ellos bajos, dijo pausada y doctoral: + +--Para Nuestro Señor Jesucristo merecen igual amor las criaturas que +junta con santo lazo su voluntad, que aquellas apartadas de la vida +mundana, también por su Gracia... Yo no soy como el fariseo que se creía +mejor que los demás, Señor Marqués. + +La Madre Abadesa, con su hábito blanco, estaba muy bella, y como me +parecía una gran dama, capaz de comprender la vida y el amor, sentí +la tentación de pedirle que me acogiese en su celda, pero fué sólo +la tentación. Acercóse con una lámpara encendida aquella monja vieja +y gangosa que me había acompañado al refectorio, y la Madre Abadesa, +después de haberle encomendado que me guiase, se despidió. Confieso que +sentí una vaga tristeza viéndola alejarse por el corredor, flotante el +noble hábito que blanqueaba en las tinieblas. Volviéndome á la monja, +que esperaba inmóvil con la lámpara, le pregunté: + +--¿Debe besársele la mano á la Madre Abadesa? + +La monja, echándose la toca sobre la frente, respondió: + +--Aquí solamente se la besamos al Señor Obispo, cuando se digna +visitarnos. + +Y con leve rumor de sandalias comenzó á caminar delante de mí, +alumbrándome hasta la puerta de la celda nupcial. Una celda espaciosa +y perfumada de albahaca, con una reja abierta sobre el jardín, donde +el argentado azul de la noche tropical destacaba negras y confusas las +copas de los cedros. El canto igual y monótono de un grillo rompía +el silencio. Yo cerré la puerta de la celda con llaves y cerrojos, y +andando sin ruido, fuí á entreabrir el blanco mosquitero con que se +velaba pudoroso y monjil, el único lecho que había en la estancia. + +[imagen no disponible] + + + + +LA NIÑA CHOLE reposaba con sueño cándido y feliz: En sus +labios aún vagaba dormido un rezo. Yo me incliné para besarlos: Era mi +primer beso de esposo. La Niña Chole se despertó sofocando un grito: + +--¿Qué hace usted aquí, señor? + +Yo repuse entre galante y paternal: + +--Reina y señora, velar tu sueño. + +La Niña Chole no acertaba á comprender cómo yo podía hallarme en su +celda, y tuve que recordarle mis derechos conyugales, reconocidos por +la Madre Abadesa. Ante aquel gentil recuerdo se mostró llena de enojo. +Clavándome los ojos repetía: + +--¡Oh!... ¡Qué terrible venganza tomará el general Diego Bermúdez!... + +Y ciega de cólera porque al oirla sonreía, me puso en la faz sus manos +de princesa india, manos cubiertas de anillos, enanas y morenas, que +yo hice prisioneras. Sin dejar de mirarla, se las oprimí hasta que +lanzó un grito, y después dominando mi despecho, se las besé. Ella, +sollozante, dejóse caer sobre las almohadas: Yo, sin intentar consolarla +me alejé. Sentía un fiero desdeño lleno de injurias altaneras, y para +disimular el temblor de mis labios que debían estar lívidos, sonreía. +Largo tiempo permanecí apoyado en la reja, contemplando el jardín +susurrante y oscuro. El grillo cantaba, y era su canto un ritmo remoto y +primitivo. De tarde en tarde llegaba hasta mí algún sollozo de la Niña +Chole, tan apagado y tenue, que el corazón siempre dispuesto á perdonar, +se conmovía. De pronto, en el silencio de la noche, una campana del +convento comenzó á doblar. La Niña Chole me llamó temblorosa: + +--¿Señor, no conoce la señal de agonía? + +Y al mismo tiempo se santiguó devotamente. Sin desplegar los labios me +acerqué á su lecho, y quedé mirándola grave y triste. Ella, con la voz +asustada, murmuró: + +--¡Una monja se halla moribunda! + +Yo entonces tomando sus manos entre las mías, le dije amorosamente: + +--¿Y esto te causa miedo? + +--¡Oh!... ¿Quién será? Ahora entrega su alma á Dios Nuestro Señor. ¿Será +alguna novicia? + +Sonriendo diabólicamente, le dije: + +--¡Acaso sea yo!... + +--¿Cómo, señor? + +--Estará á las puertas del convento el general Diego Bermúdez. + +--¡No!... ¡No!... + +Y oprimiéndome las manos, comenzó á llorar. Yo quise enjugar sus +lágrimas con mis labios, y ella echando la cabeza sobre las almohadas, +suplicó: + +--¡Por favor!... ¡Por favor!... + +Velada y queda desfallecía su voz. Quedó mirándome, temblorosos los +párpados y entreabierta la rosa de su boca. La campana seguía sonando +lenta y triste. En el jardín susurraban los follajes, y la brisa que +hacía flamear el blanco y rizado mosquitero, nos traía aromas. Cesó +el toque de agonía, y juzgando propicio el instante, besé á la Niña +Chole. Ella parecía consentir, cuando de pronto en medio del silencio, +la campana dobló á muerto. La Niña Chole dió un grito y se estrechó á +mi pecho: Palpitante de miedo, se refugiaba en mis brazos. Mis manos, +distraídas y paternales, comenzaron á desflorar sus senos. Ella, +suspirando, entornó los ojos, y celebramos nuestras bodas con siete +copiosos sacrificios que ofrecimos á los dioses como el triunfo de la +vida. + +[imagen no disponible] + + + + +COMENZABAN los pájaros á cantar en los árboles del +jardín, saludando al sol, cuando nosotros, ya dispuestos para la jornada +de aquel día, nos asomamos á la reja. Las albahacas, húmedas de rocío, +daban una fragancia intensa, casi desusada, que tenía como una evocación +de serrallo morisco y de verbenas. La Niña Chole reclinó sobre mi hombro +la cabeza, suspiró débilmente, y sus ojos, sus hermosos ojos de mirar +hipnótico y sagrado, me acariciaron románticos. Yo entonces le dije: + +--¿Niña, estás triste? + +--Estoy triste porque debemos separarnos. La más leve sospecha nos +podría costar la vida. + +Pasé amorosamente mis dedos entre la seda de sus cabellos, y respondí +con arrogancia: + +--No temas: Yo sabré imponer silencio á tus criados. + +--Son indios, señor... Aquí prometerían de rodillas, y allá, apenas su +amo les mirase con los ojos fieros, todo se lo dirían... ¡Debemos darnos +un adiós! + +Yo besé sus manos apasionado y rendido: + +--¡Niña, no digas eso!... Volveremos á Veracruz. «La Dalila» quizá +permanezca en el puerto: Nos embarcaremos para Grijalba: Iremos á +escondernos en mi Hacienda de Tixul. + +La Niña Chole me acarició con una mirada larga, indefinible. Aquellos +ojos de reina india eran lánguidos y brillantes: Me pareció que á la vez +reprochaban y consentían. Cruzó el rebocillo sobre el pecho y murmuró +poniéndose encendida: + +--¡Mi historia es muy triste! + +Y para que no pudiese quedarme duda, asomaron dos lágrimas en sus ojos. +Yo creí adivinar, y le dije con generosa galantería: + +--No intentes contármela: Las historias tristes me recuerdan la mía. + +Ella sollozó: + +--Hay en mi vida algo imperdonable. + +--Los hombres como yo todo lo perdonan. + +Al oirme escondió el rostro entre las manos: + +--He cometido el más abominable de los pecados: Un pecado del que sólo +puede absolverme Nuestro Santo Padre. + +Viéndola tan afligida, acaricié su cabeza reclinándola sobre mi pecho, y +le dije: + +--Niña, cuenta con mi valimiento en el Vaticano. Yo he sido capitán en +la Guardia Noble. Si quieres, iremos á Roma en peregrinación, y nos +echaremos á los pies de Gregorio XVI. + +--Iré yo sola... Mi pecado es mío nada más. + +--Por amor y por galantería, yo debo cometer uno igual... ¡Acaso ya lo +habré cometido! + +La Niña Chole levantó hacia mí los ojos llenos de lágrimas, y suplicó: + +--No digas eso... ¡Es imposible! + +Sonreí incrédulamente, y ella, arrancándose de mis brazos, huyó al +fondo de la celda. Desde allí, clavándome una mirada fiera y llorosa, +gritó: + +--Si fuese verdad, te aborrecería... Yo era una pobre criatura inocente +cuando fuí víctima de aquel amor maldito. + +Volvió á cubrirse el rostro con las manos, y en el mismo instante yo +adiviné su pecado. Era el magnífico pecado de las tragedias antiguas. La +Niña Chole estaba maldita como Mirra y como Salomé. Acerquéme lleno de +indulgencia, le descubrí la cara húmeda de llanto, y puse en sus labios +un beso de noble perdón. Después en voz baja y dulce, le dije: + +--Todo lo sé. El general Diego Bermúdez es tu padre. + +Ella gimió con rabia: + +--¡Ojalá no lo fuese! Cuando vino de la emigración, yo tenía doce años +y apenas le recordaba... + +--No le recuerdes ahora tampoco. + +La Niña Chole, conmovida de gratitud y de amor, ocultó la cabeza en mi +hombro: + +--¡Eres muy generoso! + +Mis labios temblaron ardientes sobre su oreja fresca, nacarada y suave +como concha de perlas: + +--Niña, volveremos á Veracruz. + +--No... + +--¿Acaso temes mi abandono? ¿No comprendes que soy tu esclavo para toda +la vida? + +--¡Toda la vida!... Sería tan corta la de los dos... + +--¿Por qué? + +--Porque nos mataría... ¡Lo ha jurado!... + +--Todo será que no cumpla el juramento. + +--Lo cumpliría. + +Y ahogada por los sollozos se enlazó á mi cuello. Sus ojos llenos de +lágrimas, quedaron fijos en los míos como queriendo leer en ellos. Yo +fingiéndome deslumbrado por aquella mirada, los cerré. Ella suspiró: + +--¿Quieres llevarme contigo sin saber toda mi historia? + +--Ya la sé. + +--No. + +--Tú me contarás lo que falta cuando dejemos de querernos, si llega ese +día. + +--Todo, todo debes saberlo ahora, aun cuando estoy segura de tu +desprecio... Eres el único hombre á quien he querido, te lo juro, el +único... Y, sin embargo, por huir de mi padre, he tenido un amante que +murió asesinado. + +Calló sollozante. Yo, tembloroso de pasión, la besé en los ojos, y la +besé en los labios. ¡Aquellos labios sangrientos, aquellos ojos sombríos +tan bellos como su historia!... + +[imagen no disponible] + + + + +LAS CAMPANAS del convento tocaron á misa, y la Niña +Chole quiso oirla antes de comenzar la jornada. Fué una larga misa de +difuntos. Ofició Fray Lope Castellar, y en descargo de mis pecados, +yo serví de acólito. Las Comendadoras cantaban en el coro los Salmos +Penitenciales, y sus figuras blancas y señoriles, arrastrando los +luengos hábitos, iban y venían en torno del facistol que sostenía +abierto el misal de rojas letras. En el fondo de la iglesia, sobre +negro paño rodeado de cirios, estaba el féretro de una monja. Tenía las +manos en cruz, y envuelto á los dedos amoratados el rosario. Un pañuelo +blanco le sujetaba la barbeta y mantenía cerrada la boca, que se sumía +como una boca sin dientes: Los párpados permanecían entreabiertos, +rígidos, azulencos: Las sienes parecían prolongarse inmensamente bajo la +toca. Estaba amortajada en su hábito, y la fimbra se doblaba sobre los +pies descalzos, amarillos como la cera... + +Al terminarse los responsos, cuando Fray Lope Castellar se volvía para +bendecir á los fieles, alzáronse en tropel algunos mercenarios de mi +escolta, apostados en la puerta durante la misa, y como gerifaltes +cayeron sobre el prebisterio, aprisionando á un mancebo arrodillado, +que se revolvió bravamente al sentir sobre sus hombros tantas manos, y +luchó encorvado y rugiente, hasta que, vencido por el número, cayó sobre +las gradas. Las monjas, dando alaridos, huyeron del coro. Fray Lope +Castellar adelantóse estrechando el cáliz sobre el pecho: + +--¿Qué hacéis, mal nacidos? + +Y el mancebo, que jadeaba derribado en tierra, gritó: + +--¡Fray Lope!... ¡No se vende así al amigo! + +--¡Ni tal sospeches, Guzmán! + +Y entonces aquel hombre hizo como el jabalí herido y acosado que se +sacude los alanos: De pronto le vi erguido en pie, revolverse entre +el tropel que le sujetaba, libertar los brazos y atravesar la iglesia +corriendo. Llegó á la puerta, y encontrándola cerrada, se revolvió +con denuedo. De un golpe arrancó la cadena que servía para tocar las +campanas, y armado con ella hizo defensa. Yo, admirando como se merecía +tanto valor y tanto brío, saqué las pistolas y me puse de su lado: + +--¡Alto ahí!... + +Los hombres de la escolta quedaron indecisos, y en aquel momento, Fray +Lope, que permanecía en el presbiterio, abrió la puerta de la sacristía, +que rechinó largamente. El mancebo, haciendo con la cadena un terrible +molinete, pasó sobre el féretro de la monja, rompió la hilera de cirios +y ganó aquella salida. Los otros le persiguieron dando gritos, pero la +puerta se cerró de golpe ante ellos, y volviéronse contra mí, alzando +los brazos con amenazador despecho. Yo, apoyado en la reja del coro, +dejé que se acercasen, y disparé mis dos pistolas. Abrióse el grupo +repentinamente silencioso, y cayeron dos hombres. La Niña Chole se +levantó trágica y bella: + +--¡Quietos!... ¡Quietos!... + +Aquellos mercenarios no la oyeron. Con encarnizado vocerío viniéronse +para mí, amenazándome con sus pistolas. Una lluvia de balas se aplastó +en la reja del coro. Yo, milagrosamente ileso, puse mano al machete: + +--¡Atrás!... ¡Atrás, canalla! + +La Niña Chole se interpuso, gritando con angustia: + +--¡Si respetáis su vida, he de daros harta plata! + +Un viejo que á guisa de capitán estaba delante, volvió hacia ella los +ojos fieros y encendidos. Sus barbas chivas temblaban de cólera: + +--Niña, la cabeza de Juan Guzmán está pregonada. + +--Ya lo sé. + +--Si le hubiésemos entregado vivo, tendríamos cien onzas. + +--Las tendréis. + +Hubo otra ráfaga de voces violentas y apasionadas. El viejo mercenario +alzó los brazos imponiendo silencio: + +--¡Dejad á la gente que platique! + +Y con la barba siempre temblona, volvióse á nosotros: + +--¿Los compañeros ahí tendidos como perros, no valen ninguna cosa? + +--La Niña Chole murmuró con afán: + +--¡Sí!... ¿Qué quieres? + +--Eso ha de tratarse con despacio. + +--Bueno... + +--Es menester otra prenda que la palabra. + +La Niña Chole arrancóse los anillos, que parecían dar un aspecto sagrado +á sus manos de princesa, y llena de altivez se los arrojó: + +--Repartid eso y dejadnos. + +Entre aquellos hombres hubo un murmullo de indecisión, y lentamente se +alejaron por la nave de la iglesia. En el presbiterio detuviéronse á +deliberar. La Niña Chole apoyó sus manos sobre mis hombros y me miró en +el fondo de los ojos: + +--¡Oh!... ¡Qué español tan loco! ¡Un león en pie!... + +Respondí con una vaga sonrisa. Yo experimentaba la más violenta angustia +en presencia de aquellos dos hombres caídos en medio de la iglesia, +el uno sobre el otro. Lentamente se iba formando en torno de ellos +un gran charco de sangre que corría por las junturas de las losas. +Sentíase el borboteo de las heridas, y el estertor del que estaba caído +debajo. De tiempo en tiempo se agitaba y movía una mano lívida, con +estremecimientos nerviosos. + +[imagen no disponible] + + + + +FRAY LOPE CASTELLAR nos esperaba en la sacristía leyendo +el breviario. Sobre labrado arcón estaban las vestiduras plegadas con +piadoso esmero. La sacristía era triste, con una ventana alta y enrejada +oscurecida por las ramas de un cedro. Fray Lope, al vernos llegar, +alzóse del escaño: + +--¡Muertos les he creído! ¡Ha sido un milagro!... Siéntense: Es menester +que esta dama cobre ánimos. Van á probar el vino con que celebra la +misa Su Ilustrísima, cuando se digna visitarnos. Un vino de España. +¡Famoso, famoso!... Ya lo dice el adagio indiano: Vino, mujer y bretaña, +de España. + +Hablando de esta suerte, acercóse á una grande y lustrosa alacena, y la +abrió de par en par. Sacó de lo más hondo un pegajoso cangilón, y le +olió con regalo: + +--Ahora verán qué néctar. Este humilde fraile celebra su misa con un +licor menos delicado. Sin embargo, todo es sangre de Nuestro Señor +Jesucristo. + +Llenó con mano temblona un vaso de plata, y presentóselo á la Niña +Chole, que lo recibió en silencio, y, en silencio también, me lo pasó á +mí. Fray Lope, en aquel momento, colmaba otro vaso igual: + +--¡Qué hace mi señora! Si el noble Marqués tiene aquí... + +La Niña Chole sonrió con languidez: + +--¡Le acompaña usted, Fray Lope! + +Fray Lope rió sonoramente: Sentóse sobre el arcón, y dejó el vaso á su +lado: + +--El noble Marqués me permitirá una pregunta: ¿De qué conoce á Juan de +Guzmán? + +--¡No le conozco!... + +--¿Y cómo le defendió tan bravamente? + +--Una fantasía que me vino en aquel momento. + +Fray Lope movió la tonsurada cabeza, y apuró un sorbo del vaso que tenía +á su diestra: + +--¡Una fantasía! ¡Una fantasía!... Juan de Guzmán es mi amigo, y, sin +embargo, yo jamás hubiera osado tanto. + +La Niña Chole murmuró con altivo desdén: + +--No todos los hombres son iguales... + +Yo, agradecido al buen vino que Fray Lope me escanciaba, intervine +cortesano: + +--¡Más valor hace falta para cantar misa! + +Fray Lope me miró con ojos burlones: + +--Eso no se llama valor: Es la Gracia... + +Hablando así, alzamos los vasos y á un tiempo les dimos fin. Fray Lope +tornó á llenarlos: + +--¿Y el noble Marqués hasta ignorará quién es Juan de Guzmán? + +--Ayer, cuando juntaba mi escolta en Veracruz, oí por primera vez su +nombre... Creo que es un famoso capitán de bandidos. + +--¡Famoso! Tiene la cabeza pregonada. + +--¿Conseguirá ponerse en salvo? + +Fray Lope juntó las manos y entornó los párpados gravemente: + +--¡Y quién sabe, mi señor!... + +--¿Cómo se arriesgó á entrar en la iglesia? + +--Es muy piadoso... Además tiene por madrina á la Madre Abadesa. + +En aquel momento alzóse la tapa del arcón, y un hombre que allí estaba +oculto asomó la cabeza. Era Juan de Guzmán. Fray Lope corrió á la puerta +y echó los cerrojos. Juan de Guzmán saltó en medio de la sacristía, y +con los ojos húmedos y brillantes quiso besarme las manos. Yo le tendí +los brazos. Fray Lope volvió á nuestro lado, y con la voz temblorosa y +colérica murmuró: + +--¡Quien ama el peligro perece en él! + +Juan de Guzmán sonrió desdeñosamente: + +--¡Todos hemos de morir, Fray Lope!... + +--Bajen siquiera la voz. + +Avizorado miraba alternativamente á la puerta y á la gran reja de +la sacristía. Seguimos su prudente consejo, y mientras nosotros +platicábamos retirados en un extremo de la sacristía, en el otro rezaba +medrosamente la Niña Chole. + +[imagen no disponible] + + + + +JUAN DE GUZMÁN tenía la cabeza pregonada, aquella +magnífica cabeza de aventurero español. En el siglo XVI hubiera +conquistado su Real Ejecutoria de Hidalguía peleando bajo las banderas +de Hernán Cortés, y acaso entonces nos dejase una hermosa memoria aquel +capitán de bandoleros con aliento caballeresco, porque había nacido para +ilustrar su nombre en las Indias saqueando ciudades, violando princesas +y esclavizando emperadores. Viejo y cansado, cubierto de cicatrices +y de gloria, tornaríase á su tierra llevando en buenas doblas de oro +el botín conquistado acaso en Otumba, acaso en Mangoré. ¡Las batallas +gloriosas de alto y sonoro nombre! Levantaría una torre, fundaría +un mayorazgo con licencia del Señor Rey, y al morir tendría noble +enterramiento en la iglesia de algún monasterio. La piedra de armas +y un largo epitafio, recordarían las hazañas del caballero, y muchos +años después, su estatua de piedra, dormida bajo el arco sepulcral, aún +serviría á las madres para asustar á sus hijos pequeños. + +Yo confieso mi admiración por aquella noble abadesa que había sabido +ser su madrina sin dejar de ser una santa. Á mí seguramente hubiérame +tentado el diablo, porque el capitán de los plateados tenía el gesto +dominador y galán, con que aparecen en los retratos antiguos los +capitanes del Renacimiento: Era hermoso como un bastardo de César +Borgia. Cuentan, que al igual de aquel príncipe, mató siempre sin saña, +con frialdad, como matan los hombres que desprecian la vida, y que, sin +duda por eso, no miran como un crimen dar la muerte. Sus sangrientas +hazañas son las hazañas que en otro tiempo hicieron florecer las +epopeyas. Hoy sólo de tarde en tarde alcanzan tan alta soberanía, porque +las almas son cada vez menos ardientes, menos impetuosas, menos fuertes. +¡Es triste ver cómo los hermanos espirituales de aquellos aventureros +de Indias no hallan ya otro destino en la vida que el bandolerismo +caballeresco! + +Aquel capitán de los plateados también tenía una leyenda de amores. +Era tan famoso por su fiera bravura como por su galán arreo. Señoreaba +en los caminos y en las ventas: Con valeroso alarde se mostraba solo, +caracoleando el caballo y levantada sobre la frente el ala del chambergo +entoquillado de oro. El zarape blanco envolvíale flotante como alquicel +morisco. Era hermoso, con hermosura varonil y fiera. Tenía las niñas +de los ojos pequeñas, tenaces y brillantes, el corvar de la nariz +soberbio, las mejillas nobles y atezadas, los mostachos enhiestos, la +barba de negra seda. En la llama de su mirar vibraba el alma de los +grandes capitanes, gallarda y de través como los gavilanes de la espada. +Desgraciadamente, ya quedan pocas almas así. + +¡Qué hermoso destino el de ese Juan de Guzmán, si al final de sus días +se hubiese arrepentido y retirado en la paz de un monasterio para hacer +penitencia, como San Francisco de Sena! + +[imagen no disponible] + + + + +SIN OTRA ESCOLTA que algunos fieles caballerangos, +nos tornamos á Veracruz. «La Dalila» continuaba anclada bajo el +Castillo de Ulua, y la divisamos desde larga distancia, cuando nuestros +caballos fatigados, sedientos, subían la falda arenosa de una colina. +Sin hacer alto atravesamos la ciudad y nos dirigimos á la playa para +embarcar inmediatamente. Poco después la fragata hacíase á la vela por +aprovechar el viento que corría á lo lejos, rizando un mar verde como +mar de ensueño. Apenas flameó la lona, cuando la Niña Chole despeinada y +pálida con la angustia del mareo, fué á reclinarse sobre la borda. + +El capitán, con sombrero de palma y traje blanco, se paseaba en la +toldilla: Algunos marineros dormitaban echados á la banda de estribor, +que el aparejo dejaba en sombra, y dos jarochos que habían embarcado +en San Juan de Tuxtlan jugaban al parar sentados bajo un toldo de lona +levantado á popa. Eran padre é hijo. Los dos flacos y cetrinos: El viejo +con grandes barbas de chivo, y el mozo todavía imberbe. Se querellaban á +cada jugada, y el que perdía amenazaba de muerte al ganancioso. Contaba +cada cual su dinero, y musitando airada y torvamente lo embolsaba. Por +un instante los naipes quedaban esparcidos sobre el zarape puesto entre +los jugadores. Después el viejo recogíalos lentamente y comenzaba á +barajar de nuevo. El mozo, siempre de mal talante, sacaba de la cintura +su bolsa de cuero recamada de oro, y la volcaba sobre el zarape. El +juego proseguía como antes. + +Lleguéme á ellos y estuve viéndoles. El viejo, que en aquel momento +tenía la baraja, me invitó cortésmente y mandó levantar al mozo para que +yo tuviese sitio á la sombra. No me hice rogar. Tomé asiento entre los +dos jarochos, conté diez doblones fernandinos y los puse á la primera +carta que salió. Gané, y aquello me hizo proseguir jugando, aunque desde +el primer momento tuve al viejo por un redomado tahur. Su mano atezada +y enjuta, que hacía recordar la garra del milano, tiraba los naipes +lentamente. El mozo permanecía silencioso y sombrío, miraba al viejo de +soslayo, y jugaba siempre las cartas que jugaba yo. Como el viejo perdía +sin impacientarse, sospeché que abrigaba el propósito de robarme, y me +previne. Sin embargo, continué ganando. + +Ya puesto el sol asomaron sobre cubierta algunos pasajeros. El viejo +jarocho comenzó á tener corro, y creció su ganancia. Entre los jugadores +estaba aquel adolescente taciturno y bello que en otra ocasión me había +disputado una sonrisa de la Niña Chole. Apenas nuestras miradas se +cruzaron comencé á perder. Tal vez haya sido superstición, pero es lo +cierto que yo tuve el presentimiento. El adolescente tampoco ganaba: +Visto con espacio, parecióme misterioso y extraño: Era gigantesco, de +ojos azules y rubio ceño, de mejillas bermejas y frente muy blanca: +Peinábase como los antiguos nazarenos, y al mirar entornaba los párpados +con arrobo casi místico. De pronto le vi alargar ambos brazos y detener +al jarocho, que había vuelto la baraja y comenzaba á tirar. Meditó un +instante, y luego, lento y tardío, murmuró: + +--Me arriesgo con todo. ¡Copo! + +El mozo, sin apartar los ojos del viejo, exclamó: + +--¡Padre, copa! + +--Lo he oído, pendejo. Ve contando ese dinero. + +Volvió la baraja y comenzó á tirar. Todas las miradas quedaron inmóviles +sobre la mano del jarocho. Tiraba lentamente. Era una mano sádica +que hacía doloroso el placer y lo prolongaba. De pronto se levantó un +murmullo: + +--¡La sota! ¡La sota! + +Aquella era la carta del bello adolescente. El jarocho se incorporó, +soltando la baraja con despecho: + +--Hijo, ve pagando... + +Y echándose el zarape sobre los hombros, se alejó. El corro se deshizo +entre murmullos y comentos: + +--¡Ha ganado setecientos doblones! + +--¡Más de mil! + +Instintivamente volví la cabeza, y mis ojos descubrieron á la Niña +Chole. Allí estaba, reclinada en la borda: Apartábase lánguidamente los +rizos que, deshechos por el viento marino, se le metían en los ojos, y +sonreía al bello y blondo adolescente. Experimenté tan vivo impulso +de celos y de cólera, que me sentí palidecer. Si hubiera tenido en las +pupilas el poder del basilisco, allí se quedan hechos polvo. ¡No lo +tenía, y la Niña Chole pudo seguir profanando aquella sonrisa de reina +antigua!... + +[imagen no disponible] + + + + +CUANDO se encendieron las luces de á bordo, yo +continuaba en el puente, y la Niña Chole vino á colgarse de mi brazo, +rozándose como una gata zalamera y traidora. Sin mostrarme celoso, supe +mostrarme altivo, y ella se detuvo, clavándome los ojos con tímido +reproche. Después miró en torno, y alzándose en la punta de los pies me +besó celerosa: + +--¿Estás triste? + +--No. + +--Entonces, ¿estás enojado conmigo? + +--No. + +--Sí tal. + +Nos hallábamos solos en el puente, y la Niña Chole se colgó de mis +hombros suspirante y quejumbrosa: + +--¡Ya no me quieres! ¡Ahora qué será de mí!... ¡Me moriré!... ¡Me +mataré!... + +Y sus hermosos ojos, llenos de lágrimas, se volvieron hacia el mar, +donde rielaba la luna. Yo permanecí silencioso, aun cuando estaba +profundamente conmovido. Ya cedía al deseo de consolarla, cuando +apareció sobre cubierta el blondo y taciturno adolescente. La Niña +Chole, un poco turbada, se enjugó las lágrimas. Creo que la expresión +de mis ojos le dió espanto, porque sus manos temblaban. Al cabo de un +momento, con voz apasionada y contrita, murmuró á mi oído: + +--¡Perdóname! + +Yo repuse vagamente: + +--¿Que te perdone dices? + +--Sí. + +--No tengo nada que perdonarte. + +Ella se sonrió, todavía con los ojos húmedos: + +--¿Para qué me lo niegas? Estás enojado conmigo porque antes he mirado á +ése... Como no le conoces, me explico tus celos. + +Calló, y en su boca muda y sangrienta vi aparecer la sonrisa de un +enigma perverso. El blondo adolescente conversaba en voz baja con un +grumete mulato. Se apartaron lentamente y fueron á reclinarse en la +borda. Yo pregunté, dominado por una cólera violenta: + +--¿Quién es? + +--Un príncipe ruso. + +--¿Está enamorado de ti? + +--No. + +--Dos veces le sonreíste... + +La Niña Chole exclamó con picaresca alegría: + +--Y tres también, y cuatro... Pero seguramente tus sonrisas le conmueven +más que las mías... ¡Mírale! + +El hermoso, el blondo, el gigantesco adolescente, seguía hablando con +el mulato, y reclinado en la borda estrechábale por la cintura. El otro +reía alegremente: Era uno de esos grumetes que parecen aculatados en +largas navegaciones trasatlánticas por regiones de sol. Estaba casi +desnudo, y con aquella coloración caliente de terracota también era +hermoso. La Niña Chole apartó los ojos con altivo desdén: + +--¿Te convences de que no podía inspirarte celos? + +Yo, libre de tan cruel incertidumbre, sonreí: + +--Tú debías tenerlos... + +La Niña Chole se miró en mis ojos, orgullosa y feliz: + +--Yo tampoco. Tú eres un hombre. + +--Niña, tú olvidas que puede sacrificarse á Hebe y á Ganimedes. + +--No entiendo lo que quieres decirme. + +--¡Mejor es así!... + +Y repentinamente entristecido, incliné la cabeza sobre el pecho. No +quise ver más, y medité, porque tengo amado á los clásicos casi tanto +como á las mujeres. Es la educación recibida en el Seminario de Nobles. +Leyendo á ese amable Petronio, he suspirado más de una vez lamentando +que los siglos hayan hecho un pecado desconocido de las divinas fiestas +voluptuosas. Hoy, solamente en el sagrado misterio vagan las sombras +de algunos escogidos que hacen renacer el tiempo antiguo de griegos y +romanos, cuando los efebos coronados de rosas sacrifican en los altares +de Afrodita. ¡Felices y aborrecidas sombras: Me llaman y no puedo +seguirlas! + +Aquel bello pecado, regalo de los dioses y tentación de los poetas, es +para mí un fruto hermético. El cielo, siempre enemigo, dispuso que sólo +las rosas de Venus floreciesen en mi alma, y á medida que envejezco, +eso me desconsuela más. Presiento que debe ser grato, cuando la vida +declina, poder penetrar en el jardín de los amores perversos. Á mí, +desgraciadamente, ni aun me queda la esperanza. Sobre mi alma ha pasado +el aliento de Satanás encendiendo todos los pecados: Sobre mi alma +ha pasado el suspiro del Arcángel encendiendo todas las virtudes. He +padecido todos los dolores, he gustado todas las alegrías: He apagado +mi sed en todas las fuentes, he reposado mi cabeza en el polvo de todos +los caminos: Un tiempo fuí amado de las mujeres, sus voces me eran +familiares: Sólo dos cosas han permanecido siempre arcanas para mí: El +amor de los efebos y la música de ese teutón que llaman Wagner. + +[imagen no disponible] + + + + +PERMANECIMOS toda la noche sobre cubierta. La fragata +daba bordos en busca del viento, que parecía correr á lo lejos, allá +donde el mar fosforecía. Por la banda de babor comenzó á esfumarse la +costa, unas veces plana y otras ondulada en colinas. Así navegamos mucho +tiempo. Las estrellas habían palidecido lentamente, y el azul del cielo +iba tornándose casi blanco. Dos marineros subidos á la cofa de mesana, +cantaban relingando el aparejo. Sonó el pito del contramaestre, orzó la +fragata y el velamen flameó indeciso. En aquel momento hacíamos proa á +la costa. Poco después las banderas tremolaron en los masteleros alegres +y vistosas: La fragata daba vista á Grijalba, y rayaba el sol. + +En aquella hora el calor era deleitante, fresca la ventolina, y con olor +de brea y algas. Percibíase en el aire estremecimientos voluptuosos. +Reía el horizonte bajo un hermoso sol. Ráfagas venidas de las selvas +vírgenes, tibias y acariciadoras como aliento de mujeres ardientes, +jugaban en las jarcias, y penetraba y enlanguidecía el alma el perfume +que se alzaba del oleaje casi muerto. Dijérase que el dilatado Golfo +Mexicano sentía en sus verdosas profundidades la pereza de aquel +amanecer cargado de pólenes misteriosos y fecundos, como si fuese el +serrallo del Universo. Á la sombra del foque, y con ayuda de un catalejo +marino, contemplé la ciudad á mi talante. Grijalba, vista desde el mar, +recuerda esos paisajes de caserío inverosímil, que dibujan los niños +precoces: Es blanca, azul, encarnada, de todos los colores del iris. +Una ciudad que sonríe, como criolla vestida con trapos de primavera que +sumerge la punta de los piececillos lindos en la orilla del puerto. Algo +extraña resulta, con sus azoteas enchapadas de brillantes azulejos y +sus lejanías límpidas, donde la palmera recorta su gallarda silueta que +parece hablar del desierto remoto, y de caravanas fatigadas que sestean +á la sombra propicia. + +Espesos bosques de gigantescos árboles rodean la ensenada, y entre +la masa incierta del follaje sobresalen los penachos de las palmeras +reales. Un río silencioso y dormido, de aguas blanquecinas como la +leche, abre profunda herida en el bosque, y se derrama en holganza por +la playa que llena de islas. Aquellas aguas nubladas de blanco, donde no +se espeja el cielo, arrastraban un árbol desarraigado, y en las ramas +medio sumergidas revoloteaban algunos pájaros de quimérico y legendario +plumaje. Detrás, descendía la canoa de un indio que remaba sentado en la +proa. Volaban los celajes al soplo de las brisas, y bajo los rayos del +sol naciente, aquella ensenada de color verde esmeralda rielaba llena de +gracia, como un mar divino y antiguo habitado por sirenas y tritones. + +¡Cuán bellos se me aparecen todavía esos lejanos países tropicales! +Quien una vez los ha visto, no los olvidará jamás. Aquella calma azul +del mar y del cielo, aquel sol que ciega y quema, aquella brisa cargada +con todos los aromas de Tierra Caliente, como ciertas queridas muy +amadas, dejan en la carne, en los sentidos, en el alma, reminiscencias +tan voluptuosas, que el deseo de hacerlas revivir sólo se apaga en la +vejez. Mi pensamiento rejuvenece hoy recordando la inmensa extensión +plateada de ese Golfo Mexicano, que no he vuelto á cruzar. Por mi +memoria desfilan las torres de Veracruz, los bosques de Campeche, las +arenas de Yucatán, los palacios de Palenque, las palmeras de Tuxtlan y +Laguna... ¡Y siempre, siempre unido al recuerdo de aquel hermoso país +lejano, el recuerdo de la Niña Chole, tal como la vi por vez primera +entre el cortejo de sus servidores, descansando á la sombra de una +pirámide, suelto el cabello y vestido el blanco hipil de las antiguas +sacerdotisas mayas!... + +[imagen no disponible] + + + + +APENAS DESEMBARCAMOS, una turba negruzca y lastimera +nos cercó pidiendo limosna. Casi acosados, llegamos al parador, que +era conventual y vetusto, con gran soportal de piedra, donde unas +viejas caducas se peinaban. En aquel parador volví á encontrarme con +los jugadores jarochos que venían á bordo de la fragata. Descubríles +retirados hacia el fondo del patio, cercanos á una puerta ancha y baja +por donde á cada momento entraban y salían caballerangos, charros y +mozos de espuela. También allí los dos jarochos jugaban al parar, y se +movían querella. Me reconocieron desde lejos, y se alzaron saludándome +con muestras de gran cortesía. Luego el viejo entregó los naipes al +mozo, y vínose para mí, haciendo profundas zalemas: + +--Aquí estamos para servirle, señor. Si le place saber á dónde llega una +buena voluntad, mande no más, señor. + +Y después de abrazarme con tal brío que me alzó del suelo, usanza +mexicana que muestra amor y majeza, el viejo jarocho continuó: + +--Si quiere tentar la suerte, ya sabe su merced dónde toparnos. Aquí +demoramos. ¿Cuándo se camina, mi Señor Marqués? + +--Mañana al amanecer, si esta misma noche no puedo hacerlo. + +El viejo acaricióse las barbas, y sonrió picaresco y ladino: + +--Siempre nos veremos antes. Hemos de saber hasta dónde hay verdad en +aquello que dicen: Albur de viajero, pronto y certero. + +Yo contesté riéndome: + +--Lo sabremos. Esas profundas sentencias no deben permanecer dudosas. + +El jarocho hizo un grave ademán en muestra de asentimiento: + +--Ya veo que mi Señor Marqués tiene por devoción cumplimentarlas. Hace +bien. Solamente por eso merecía ser Arzobispo de México. + +De nuevo sonrió picaresco. Sin decir palabra esperó á que pasasen dos +indios caballerangos, y cuando ya no podían oirle, prosiguió en voz +baja y misteriosa: + +--Una cosa me falta por decirle. Ponemos para comienzo quinientas onzas, +y quedan más de mil para reponer si vienen malas. Plata de un compadre, +señor. Otra vez platicaremos con más espacio. Mire cómo se impacienta +aquel manís. Un potro sin rendaje, señor. Eso me enoja... ¡Vaya, nos +vemos!... + +Y se alejó haciendo fieras señas al mozo para calmar su impaciencia. +Tendióse á la sombra, y tomando los naipes comenzó á barajar. Presto +tuvo corro de jugadores. Los caballerangos, los boyeros, los mozos de +espuela, cada vez que entraban y salían parábanse á jugar una carta. Dos +jinetes que asomaron encorvados bajo la puerta, refrenaron un momento +sus cabalgaduras, y desde lo alto de las sillas arrojaron las bolsas. +El mozo las alzó sopesándolas, y el viejo le interrogó con la mirada: +Fué la respuesta un gesto ambiguo: Entonces el viejo le habló impaciente: + +--Deja quedas las bolsas, manís. Tiempo hay de contar. + +En el mismo momento salió la carta. Ganaba el jarocho, y los jinetes se +alejaron: El mozo volcó sobre el zarape las bolsas, y empezó á contar. +Crecía el corro de jugadores. Llegaban los charros haciendo sonar las +pesadas y suntuosas espuelas, derribados gallardamente sobre las cejas +aquellos jaranos castoreños entoquillados de plata, fanfarrones y +marciales. Llegaban los indios ensabanados como fantasmas, humildes y +silenciosos, apagando el rumor de sus pisadas. Llegaban otros jarochos +armados como infantes, las pistolas en la cinta y el machete en bordado +tahalí. De tarde en tarde, atravesaba el patio lleno de sol algún lépero +con su gallo de pelea: Una figura astuta y maleante, de ojos burlones +y de lacia greña, de boca cínica y de manos escuetas y negruzcas, que +tanto son de ladrón como de mendigo. Huroneaba en el corro, arriesgaba +un mísero tostón, y rezongando truhanerías se alejaba. + +[imagen no disponible] + + + + +YO ANSIABA verme á solas con la Niña Chole. La noche +de nuestras bodas en el convento se me aparecía ya muy lejana, con el +encanto de un sueño que se recuerda siempre y nunca se precisa. Desde +entonces habíamos vivido en forzosa castidad, y mis ojos, que aún lo +ignoraban todo, tenían envidia de mis manos que todo lo sabían... + +En aquel vetusto parador gusté las mayores venturas amorosas, urdidas +con el hilo dorado de la fantasía. Quise primero que la Niña Chole se +destrenzase el cabello, y vestido el blanco hipil me hablase en su vieja +lengua, como una princesa prisionera á un capitán conquistador. Ella +obedeció sonriendo. Yo la tenía en mis brazos, y las palabras más bellas +y musicales las besaba, sin comprenderlas, sobre sus labios. Después +fué nuestro numen Pedro Aretino, y como oraciones, pude recitar en +italiano siete sonetos gloria del Renacimiento: Uno distinto para cada +sacrificio. El último lo repetí dos veces: Era aquel divino soneto que +evoca la figura de un centauro, sin cuerpo de corcel y con dos cabezas. +Después nos dormimos. + +La Niña Chole se levantó al amanecer y abrió los balcones. En la alcoba +penetró un rayo de sol tan juguetón, tan vivo, tan alegre, que al +verse en el espejo se deshizo en carcajadas de oro. El sinsonte agitóse +dentro de su jaula y prorrumpió en gorjeos: La Niña Chole también +gorjeó el estribillo de una canción fresca como la mañana. Estaba muy +bella arrebujada en aquella túnica de seda, que envolvía en una celeste +diafanidad su cuerpo de diosa. Me miraba guiñando los ojos y entre +borboteos de risas y canciones besaba los jazmines que se retorcían á la +reja. Con el cabello destrenzándose sobre los hombros desnudos, con su +boca riente y su carne morena, la Niña Chole era una tentación. Tenía +despertares de aurora alegres y triunfantes. De pronto se volvió hacia +mí con un mohín delicioso: + +--¡Arriba, perezoso!... ¡Arriba! + +Al mismo tiempo salpicábame á la cara el agua de rosas que por la noche +dejara en el balcón á serenar: + +--¡Arriba!... ¡Arriba!... + +Me eché de la hamaca. Viéndome ya en pie, huyó velozmente alborotando +la casa con sus trinos. Saltaba de una canción á otra, como el sinsonte +los travesaños de la jaula, con gentil aturdimiento, con gozo infantil +porque el día era azul, porque el rayo del sol reía allá en el fondo +encantado del espejo. Bajo los balcones resonaba la voz del caballerango +que se daba prisa á embridar nuestros caballos. Las persianas caídas +temblaban al soplo de matinales auras, y el jazmín de la reja, por +aromarlas, sacudía su caperuza de campanillas. La Niña Chole volvió +á entrar. Yo la vi en la luna del tocador, acercarse sobre la punta +de sus chapines de raso, con un picaresco reir de los labios y de los +dientes. Alborozada me gritó al oído: + +--¡Vanidoso! ¿Para quién te acicalas? + +--¡Para ti, Niña! + +--¿De veras? + +Mirábame con los ojos entornados, y hundía los dedos entre mis cabellos, +arremolinándomelos. Luego reía locamente y me alargaba un espolín de +oro para que se lo calzase en aquel pie de reina, que no pude menos +de besar. Salimos al patio, donde el indio esperaba con los caballos +del diestro: Montamos y partimos. Las cumbres azules de los montes +se vestían de luz bajo un sol dorado y triunfal. Volaba la brisa en +desiguales ráfagas, húmedas y agrestes como aliento de arroyos y +yerbazales. El alba tenía largos estremecimientos de rubia y sensual +desposada. Las copas de los cedros, iluminadas por el sol naciente, eran +altar donde bandadas de pájaros se casaban, besándose los picos. La Niña +Chole, tan pronto ponía su caballo á galope como le dejaba mordisquear +en los jarales. + +Durante todo el camino no dejamos de cruzarnos con alegres cabalgatas +de criollos y mulatos: Desfilaban entre nubes de polvo, al trote de +gallardos potros, enjaezados á la usanza mexicana con sillas recamadas +de oro y gualdrapas bordadas, deslumbrantes como capas pluviales. +Sonaban los bocados y las espuelas, restallaban los látigos, y la +cabalgata pasaba veloz á través de la campiña. El sol arrancaba á +los arneses blondos resplandores y destellaba fugaz en los machetes +pendientes de los arzones. Habían comenzado las ferias, aquellas +famosas ferias de Grijalba, que se juntaban y hacían en la ciudad y +en los bohíos, en las praderas verdes y en los caminos polvorientos, +todo ello al acaso, sin más concierto que el deparado por la ventura. +Nosotros refrenamos los caballos que relinchaban y sacudían las crines. +La Niña Chole me miraba sonriendo, y me alargaba la mano para correr +unidos, sin separarnos. + +[imagen no disponible] + + + + +SALIENDO de un bosque de palmeras, dimos vista á una +tablada tumultuosa, impaciente con su ondular de hombres y cabalgaduras. +El eco retozón de los cencerros acompañaba las apuestas y decires +chalanescos, y la llanura parecía jadear ante aquel marcial y fanfarrón +estrépito de trotes y de colleras, de fustas y de bocados. Desde +que entramos en aquel campo, monstruosa turba de lisiados nos cercó +clamorante: Ciegos y tullidos, enanos y lazarados nos acosaban, nos +perseguían, rodando bajo las patas de los caballos, corriendo á rastras +por el camino, entre aullidos y oraciones, con las llagas llenas de +polvo, con las canillas echadas á la espalda, secas, desmedradas, +horribles. Se enracimaban golpeándose en los hombros, arrancándose los +chapeos, gateando la moneda que les arrojábamos al paso. + +Y así, entre aquel cortejo de hampones, llegamos al jacal de un negro +que era liberto. El paso de las cabalgaduras y el pedigüeño rezo de los +mendigos trájole á la puerta antes que descabalgásemos: Al vernos corrió +ahuyentando con el rebenque la astrosa turba, y vino á tener el estribo +de la Niña Chole, besándola las manos con tantas muestras de humildad +y contento cual si fuese una princesa la que llegaba. Á las voces del +negro acudió toda la prole. El liberto hallábase casado con una andaluza +que había sido doncella de la Niña Chole. La mujer levantó los brazos al +encontrarse con nosotros: + +--¡Virgen de mi alma! ¡Los amitos! + +Y tomando de la mano á la Niña Chole, hízola entrar en el jacal. + +--¡Que no me la retueste el sol, reina mía, piñoncico de oro, que viene +á honrar mi pobreza! + +El negro sonreía, mirándonos con sus ojos de res enferma: Ojos de una +mansedumbre verdaderamente animal. Nos hicieron sentar, y ellos quedaron +en pie. Se miraron, y hablando á un tiempo empezaron el relato de la +misma historia: + +--Un jarocho tenía dos potricas blancas. ¡Cosa más linda! Blancas como +palomas. ¿Sabe? ¡Qué pintura para la volanta de la Niña! + +Y aquí fué donde la Niña Chole no quiso oir más: + +--¡Yo deseo verlas! ¡Deseo que me las compres! + +Habíase puesto en pie, y se echaba el rebocillo apresuradamente: + +--¡Vamos! ¡Vamos! + +La andaluza reía maliciosamente: + +--¡Cómo se conoce que su merced no le satisface ningún antojico! + +Dejó de sonreir, y añadió cual si todo estuviese ya resuelto: + +--El amito va con mi hombre. Para la Niña está muy calurosa la sazón. + +Entonces el negro abrió la puerta, y la Niña Chole me empujó con mimos +y arrumacos muy gentiles. Salí acompañado del antiguo esclavo, que, al +verse fuera, empezó por suspirar y concluyó salmodiando el viejo cuento +de sus tristezas. Caminaba á mi lado con la cabeza baja, siguiéndome +como un perro entre la multitud, interrumpiéndose y tornando á empezar, +siempre zongueando cuitas de paria y de celoso: + +--¡Ella toda la vida con hombres, amito! ¡Una perdición!... ¡Y no es con +blancos, niño! ¡Ay, amito, no es con blancos!... Á la gran chiva se le +da todo por los morenos. ¡Dígame no más que sinvergüenzada, niño!... + +Su voz era lastimera, resignada, llena de penas: Verdadera voz de +siervo. No le dolía el engaño por la afrenta de hacerle cornudo, sino +por la baja elección que la andaluza hacía: Era celoso intermitente, +como ocurre con la gente cortesana que medra de sus mujeres. El Duque +de Saint Simón le hubiera loado en sus Memorias, con aquel delicado y +filosófico juicio que muestra hablando de España, cuando se desvanece en +un éxtasis, ante el contenido moral de estas dos palabras tan castizas: +Cornudo Consentido. + +[imagen no disponible] + + + + +DE UN CABO al otro recorrimos la feria. Sobre el lindar +del bosque, á la sombra de los cocoteros, la gente criolla bebía y +cantaba con ruidoso jaleo de olés y palmadas. Reía el vino en las copas, +y la guitarra española, sultana de la fiesta, lloraba sus celos moriscos +y sus amores con la blanca luna de la Alpujarra. El largo lamento de +las guajiras expiraba deshecho entre las herraduras de los caballos. +Los asiáticos, mercaderes chinos y japoneses, pasaban estrujados en +el ardiente torbellino de la feria, siempre lacios, siempre mustios, +sin que un estremecimiento alegre recorriese su trenza. Amarillentos +como figuras de cera, arrastraban sus chinelas entre el negro gentío, +pregonando con femeniles voces abanicos de sándalo y bastones de carey. +Recorrimos la feria sin dar vista por parte alguna á las tales jacas +blancas. Ya nos tornábamos, cuando me sentí detenido por el brazo. +Era la Niña Chole: Estaba muy pálida, y aun cuando procuraba sonreir, +temblaban sus labios, y adiviné una gran turbación en sus ojos: Puso +ambas manos en mis hombros y exclamó con fingida alegría: + +--Oye, no quiero verte enfadado. + +Colgándose de mi brazo, añadió: + +--Me aburría, y he salido... Á espaldas del jacal hay un reñidero de +gallos. ¿No sabes? ¡Estuve allí, he jugado y he perdido! + +Interrumpióse volviendo la cabeza con gracioso movimiento, y me indicó +al blondo, al gigantesco adolescente, que se descoyuntó saludando: + +--Este caballero tiene la honra de ser mi acreedor. + +Aquellas extravagancias producían siempre en mi ánimo un despecho sordo +y celoso, tal, que pronuncié con altivez: + +--¿Qué ha perdido esta señora? + +Habíame figurado que el jugador rehusaría galantemente cobrar su deuda, +y quería obligarle con mi actitud fría y desdeñosa. El bello adolescente +sonrió con la mayor cortesía: + +--Antes de apostar, esta señora me advirtió que no tenía dinero. +Entonces convinimos que cada beso suyo valía cien tostones: Tres besos +ha jugado y los tres ha perdido. + +Yo me sentí palidecer. Pero cuál no sería mi asombro al ver que la Niña +Chole, retorciéndose las manos, pálida, casi trágica, se adelantaba +exclamando: + +--¡Yo pagaré! ¡Yo pagaré! + +La detuve con un gesto, y enfrentándome con el hermoso adolescente, le +grité restallando las palabras como latigazos: + +--Esta mujer es mía, y su deuda también. + +Y me alejé, arrastrando á la Niña Chole. Anduvimos algún tiempo en +silencio: De pronto, ella, oprimiéndome el brazo, murmuró en voz muy +queda: + +--¡Oh, qué gran señor eres! + +Yo no contesté. La Niña Chole empezó á llorar en silencio, apoyó la +cabeza en mi hombro, y exclamó con un sollozo de pasión infinita: + +--¡Dios mío! ¡Qué no haría yo por ti!... + +Sentadas á las puertas de los jacales, indias andrajosas, adornadas +con amuletos y sartas de corales, vendían plátanos y cocos. Eran +viejas de treinta años, arrugadas y caducas, con esa fealdad quimérica +de los ídolos. Su espalda lustrosa brillaba al sol, sus senos negros +y colgantes recordaban las orgías de las brujas y de los trasgos. +Acurrucadas al borde del camino, como si tiritasen bajo aquel sol +ardiente, medio desnudas, desgreñadas, arrojando maldiciones sobre la +multitud, parecían sibilas de algún antiguo culto lúbrico y sangriento. +Sus críos, tiznados y esbeltos como diablos, acechaban por los +resquicios de las barracas, y, huroneando, se metían bajo los toldos de +lona, donde tocaban organillos dislocados. Mulatas y jarochos ejecutaban +aquellas extrañas danzas voluptuosas que los esclavos trajeron del +África, y el zagalejo de colores vivos flameaba en los quiebros y +mudanzas de los bailes sagrados con que á la sombra patriarcal del +baobad eran sacrificados los cautivos. + +[imagen no disponible] + + + + +LLEGAMOS al jacal. Yo ceñudo y de mal talante, me arrojé +sobre la hamaca, y con grandes voces mandé á los caballerangos que +ensillasen para partir inmediatamente. La sombra negruzca de un indio +asomó en la puerta: + +--Señor, el ruano que montaba la Niña tiene desenclavada una +herradura... ¿Se la enclavo, señor? + +Me incorporé en la hamaca con tal violencia, que el indio retrocedió +asustado. Volviendo á tenderme le grité: + +--¡Date prisa, con mil demonios, Cuactemocín! + +La Niña Chole me miró pálida y suplicante: + +--No grites. ¡Si supieses cómo me asustas!... + +Yo cerré los ojos sin contestar, y hubo un largo silencio en el interior +oscuro y caluroso del jacal. El negro iba y venía con tácitas pisadas, +regando el suelo alfombrado de yerba. Fuera se oía el piafar de los +caballos, y las voces de los indios, que al embridarlos les hablaban. +En el hueco luminoso de la puerta, las moscas del ganado zumbaban su +monótona canción estival. La Niña Chole se levantó y vino á mi lado. +Silenciosa y suspirante me acarició la frente con dedos de hada: Después +me dijo: + +--¡Oh!... ¿Serías capaz de matarme si el ruso fuese un hombre? + +--No... + +--¿De matarlo á él? + +--Tampoco. + +--¿No harías nada? + +--Nada. + +--¿Es que me desprecias? + +--Es que no eres la Marquesa de Bradomín. + +Quedó un momento indecisa, con los labios trémulos. Yo cerré los ojos +y esperé sus lágrimas, sus quejas, sus denuestos, pero la Niña Chole +guardó silencio, y continuó acariciando mis cabellos como una esclava +sumisa. Al cabo, sus dedos de hada borraron mi ceño y me sentí dispuesto +á perdonar. Yo sabía que el pecado de la Niña Chole era el eterno +pecado femenino, y mi alma enamorada no podía menos de inclinarse á la +indulgencia. Sin duda la Niña Chole era curiosa y perversa como aquella +mujer de Lot convertida en estatua de sal. Pero al cabo de los siglos, +también la justicia divina se muestra mucho más clemente que antaño, +con las mujeres de los hombres. Sin darme cuenta caí en la tentación +de admirar como una gloria linajuda, aquel remoto abolengo envuelto en +una leyenda bíblica. Era indudable que el alto Cielo perdonaba á la +Niña Chole, y juzgué que no podía menos de hacer lo mismo el Marqués de +Bradomín. Libre el corazón de todo rencor, abrí los ojos bajo el suave +cosquilleo de aquellos dedos invisibles, y murmuré sonriente: + +--Niña, no sé qué bebedizo me has dado que todo lo olvido... + +Ella repuso, al mismo tiempo que sus mejillas se teñían de rosa: + +--Es porque no soy la Marquesa de Bradomín. + +Y calló, tal vez esperando una disculpa amante, pero yo preferí guardar +silencio, y juzgué que era bastante desagravio besar su mano. Ella la +retiró esquiva, y en un silencio lento, sus hermosos ojos de princesa +oriental se arrasaron de lágrimas. Felizmente no rodaban aún por sus +mejillas, cuando el indio reapareció en la puerta trayendo nuestros +caballos del diestro, y pude salir del jacal como si nada de aquel dolor +hubiese visto. Cuando la Niña Chole asomó en la puerta, ya parecía +serena. Le tuve el estribo para que montase, y un instante después, con +alegre y trotante fanfarria, atravesamos el real. + +Un jinete cruzó por delante de nosotros caracoleando su caballo, y +me pareció que la Niña Chole palidecía al verle, y se tapaba con el +rebocillo. Yo simulé no advertirlo, y nada dije, huyendo de mostrarme +celoso. Después, cuando salíamos al rojo y polvoriento camino, divisé +otros jinetes apostados lejos, en lo alto de una loma: Y como si +allí estuviesen en espera nuestra, bajaron al galope cuando pasamos +faldeándola. Apenas lo advertí me detuve, y mandé detener á mi gente. El +que venía al frente del otro bando daba fieras voces y corría con las +espuelas puestas en los ijares. La Niña Chole, al reconocerle, lanzó un +grito y se arrojó á tierra, implorando perdón con los brazos abiertos: + +--¡Vuelven á verte mis ojos!... ¡Mátame, aquí me tienes! ¡Mi rey! ¡Mi +rey querido!... + +El jinete levantó de manos su caballo con amenazador continente, y +quiso venir sobre mí. La Niña Chole lo estorbó asiéndose á las riendas +desolada y trágica: + +--¡Su vida, no! ¡Su vida, no! + +Al ver aquella postrera muestra de amor me sentí conmovido. Yo estaba +á la cabeza de mi gente, que parecía temerosa, y el jinete, alzado en +los estribos, la contó con sus ojos fieros, que acabaron lanzándome una +mirada sañuda. Juraría que también tuvo miedo: Sin desplegar los labios +alzó el látigo sobre la Niña Chole, y le cruzó el rostro. Ella todavía +gimió: + +--¡Mi rey!... ¡Mi rey querido!... + +El jinete se dobló sobre el arzón donde asomaban las pistolas, y rudo +y fiero la alzó del suelo asentándola en la silla. Después, como un +raptor de los tiempos heroicos, huyó lanzándome terribles denuestos. +Pálido y mudo vi cómo se la llevaba: Hubiera podido rescatarla, y, sin +embargo, no lo hice. Yo había sido otras veces un gran pecador, pero +entonces al adivinar quién era aquel hombre, sentíame arrepentido. +La Niña Chole por hija y por esposa, pertenecía al fiero mexicano, +y mi corazón se humillaba resignado acatando aquellas dos sagradas +potestades. Desengañado para siempre del amor y del mundo, hinqué las +espuelas al caballo y galopé hacia los llanos solitarios del Tixul, +seguido de mi gente que se hablaba en voz baja comentando el suceso. +Todos aquellos indios hubieran seguido de buen grado al raptor de la +Niña Chole. Parecían fascinados como ella, por el látigo del general +Diego Bermúdez. Yo sentía una fiera y dolorosa altivez al dominarme. +Mis enemigos, los que osan acusarme de todos los crímenes, no podrán +acusarme de haber reñido por una mujer. Nunca como entonces he sido fiel +á mi divisa: Despreciar á los demás y no amarse á sí mismo. + +[imagen no disponible] + + + + +ENCORVADOS bajo aquel sol ardiente, abandonadas las +riendas sobre el cuello de los caballos, silenciosos, fatigados y +sedientos, cruzábamos la arenosa sabana, viendo eternamente en la +lejanía el lago del Tixul, que ondulaba con movimiento perezoso y +fresco, mojando la cabellera de los mimbrales que se reflejaban en el +fondo de los remansos encantados... Atravesábamos las grandes dunas, +parajes yermos sin brisas ni murmullos. Sobre la arena caliente se +paseaban los lagartos con caduca y temblona beatitud de faquires +centenarios, y el sol caía implacable requemando la tierra estéril que +parecía sufrir el castigo de algún oscuro crimen geológico. Nuestros +caballos, extenuados por jornada tan penosa, alargaban el cuello, que +se bajaba y se tendía en un vaivén de sopor y de cansancio: Con los +ijares flácidos y ensangrentados, adelantaban trabajosamente enterrando +los cascos en la arena negra y movediza. Durante horas y horas, los +ojos se fatigaban contemplando un horizonte blanquecino y calcinado. La +angustia del mareo pesaba en los párpados, que se cerraban con modorra +para abrirse después de un instante sobre las mismas lejanías muertas y +olvidadas... + +Hicimos un largo día de cabalgada á través de negros arenales, y tal +era mi fatiga y tal mi adormecimiento, que para espolear el caballo +necesitaba hacer ánimos. Apenas si podía tenerme sobre la montura. +Como en una expiación dantesca, veía á lo lejos el verdeante lago del +Tixul, donde esperaba hacer un alto. Era ya mediada la tarde, y los +rayos del sol dejaban en las aguas una estela de oro cual si acabase de +surcarlas el bajel de las hadas... Aún nos hallábamos á larga distancia, +cuando advertimos el almizclado olor de los cocodrilos aletargados +fuera del agua, en la playa cenagosa. La inquietud de mi caballo, que +temblaba levantando las orejas y sacudiendo la crin, me hizo enderezar +en la silla, afirmarme y recobrar las riendas que llevaba sueltas +sobre el borrén. Como la proximidad de los caimanes le asustaba y el +miedo dábale bríos para retroceder piafante, hube de castigarle con +la espuela, y le puse al galope. Toda la escolta me siguió. Cuando +estuvimos cerca, los cocodrilos entraron perezosamente en el agua. +Nosotros bajamos en tropel hasta la playa. Algunos pájaros de largas +alas, que hacían nido en la junquera, levantaron el vuelo asustados +por la zalagarda de los criados, que entraban en el agua cabalgando, +metiéndose hasta más arriba de la cincha. En la otra orilla un cocodrilo +permaneció aletargado sobre la ciénaga con las fauces abiertas, con los +ojos vueltos hacia el sol, inmóvil, monstruoso, indiferente como una +divinidad antigua. + +Vino presuroso mi caballerango á tenerme el estribo, pero yo rehusé +apearme. Había cambiado de propósito, y quería vadear el Tixul sin +darle descanso á las cabalgaduras, pues ya la noche se nos echaba +encima. Atentos á mi deseo los indios que venían en la escolta, +magníficos jinetes todos ellos, metiéronse resueltamente lago adelante: +Con sus picas de boyeros tentaban el vado. Grandes y extrañas flores +temblaban sobre el terso cristal entre verdosas y repugnantes algas. +Los jinetes, silenciosos y casi desnudos, avanzaban al paso con suma +cautela: Era un tropel de negros centauros. Á lo lejos cruzaban por +delante de los caballos islas flotantes de gigantescas nínfeas, y +vivaces lagartos saltaban de unas en otras como duendes enredadores y +burlescos. Aquellas islas floridas se deslizaban bajo alegre palio de +mariposas, como en un lago de ensueño, lenta, lentamente, casi ocultas +por el revoloteo de las alas blancas y azules bordadas de oro. El lago +del Tixul parecía uno de esos jardines como sólo existen en los cuentos. +Cuando yo era niño me adormecían refiriéndome la historia de un jardín +así... ¡También estaba sobre un lago, una hechicera lo habitaba y en las +flores pérfidas y quiméricas, rubias princesas y rubios príncipes tenían +encantamento!... + +[imagen no disponible] + + + + +YA EL TROPEL de centauros nadaba por el centro del +Tixul, cuando un cocodrilo que en la otra orilla parecía sumido en +éxtasis, entró lentamente en el agua y desapareció... No quise hacer +más larga espera en la playa, y halagando el cuello de mi caballo, le +fuí metiendo en la laguna paso á paso. Cuando tuvo el agua á la cincha +comenzó á nadar, y casi al mismo tiempo me reconocí cercado por un copo +fantástico de ojos redondos, amarillentos, nebulosos, que aparecían +solos á flor de agua... ¡Aquellos ojos me miraban, estaban fijos en +mí!... Confieso que en tal momento sentí el frío y el estremecimiento +del miedo. El sol hallábase en el ocaso, y como yo lo llevaba de frente, +me hería y casi me cegaba, de suerte que para esquivarle érame forzoso +contemplar las mudas ondas del Tixul, aun cuando me daba vértigo aquel +poder de los caimanes para no dejar fuera del agua más que los ojos de +monstruos, ojos sin párpados, que unas veces giran en todos sentidos +y otras se fijan con una mirada estacionaria... Hasta que el caballo +volvió á cobrar tierra bajo el casco, lanzándose seguro hacia la orilla, +no respiré sin zozobra. Mi gente esperaba tendida á lo largo, corriendo +y caracoleando. Nos reunimos y continuamos la ruta á través de los +negros arenales. + +Se puso el sol entre presagios de tormenta. El terral soplaba con furia, +removiendo y aventando las arenas, como si quisiese tomar posesión de +aquel páramo inmenso todo el día letargado por el calor. Espoleamos +los caballos y corrimos contra el viento y el polvo. Ante nosotros se +extendían las dunas en la indecisión del crepúsculo desolado y triste, +agitado por las ráfagas apocalípticas de un ciclón. Casi rasando la +tierra pasaban bandadas de buitres con revoloteo tardo, fatigado é +incierto. Cerró la noche y á lo lejos vimos llamear muchas hogueras. +De tiempo en tiempo un relámpago rasgaba el horizonte y las dunas +aparecían solitarias y lívidas. Empezaron á caer gruesas gotas de agua. +Los caballos sacudían las orejas y temblaban como calenturientos. +Las hogueras, atormentadas por el huracán, se agitaban de improviso ó +menguaban hasta desaparecer. Los relámpagos, cada vez más frecuentes, +dejaban en los ojos la visión temblorosa y fugaz del paraje inhospito. +Nuestros caballos con las crines al viento, lanzaban relinchos de +espanto y procuraban orientarse, buscándose en la oscuridad de la +noche bajo el aguacero. La luz caótica de los relámpagos, daba á la +yerma vastedad el aspecto de esos parajes quiméricos de las leyendas +penitentes: Desiertos de cenizas y arenales sin fin que rodean el +Infierno. + +Guiándonos por las hogueras, llegamos á un gran raso de yerba donde +cabeceaban, sacudidos por el viento, algunos cocoteros desgreñados, +enanos y salvajes. El aguacero había cesado repentinamente y la +tormenta parecía ya muy lejana. Dos ó tres perros salieron ladrando á +nuestro encuentro, y en la lejanía otros ladridos respondieron á los +suyos. Vimos en torno de la lumbre agitarse y vagar figuras de mal +agüero: Rostros negros y dientes blancos que las llamas iluminaban. Nos +hallábamos en un campo de jarochos, mitad bandoleros y mitad pastores, +que conducían numerosos rebaños á las ferias de Grijalba. + +Al vernos llegar galopando en tropel, de todas partes acudían hombres +negros y canes famélicos: Los hombres tenían la esbeltez que da el +desierto y actitudes de reyes bárbaros magníficas, sanguinarias... En el +cielo la luna, enlutada como viuda ideal, dejaba caer la tenue sonrisa +de su luz sobre la ruda y aulladora tribu. Á veces entre el vigilante +ladrido de los canes y el áspero vocear del pastoreo errante, percibíase +el estremecimiento de las ovejas, y llegaban hasta nosotros ráfagas +de establo, campesinas y robustas como un aliento de vida primitiva. +Sonaban las esquilas con ingrávido campanilleo, ardían en las fogatas +haces de olorosos rastrojos, y el humo subía blanco, feliz y cargado de +aromas, como el humo de los rústicos y patriarcales sacrificios. + +[imagen no disponible] + + + + +YO VEIA DANZAR entre las lenguas de la llama una +sombra femenil indecisa y desnuda: La veía, aun cerrando los ojos, con +la fuerza quimérica y angustiosa que tienen los sueños de la fiebre. +¡Cuitado de mí! Era una de esas visiones místicas y carnales con que el +diablo tentaba en otro tiempo á los santos ermitaños: Yo creía haber +roto para siempre las redes amorosas del pecado, y el Cielo castigaba +tanta arrogancia dejándome en abandono. Aquella mujer desnuda, velada +por las llamas, era la Niña Chole. Tenía su sonrisa y su mirar. Mi alma +empezaba á cubrirse de tristeza y á suspirar románticamente. La carne +flaca se estremecía de celos y de cólera. Todo en mí clamaba por la +Niña Chole. Estaba arrepentido de no haber dado muerte al incestuoso +raptor, y el pensamiento de buscarle á través de la tierra mexicana se +hacía doloroso: Era una culebra enroscada al corazón, que me mordía y +me envenenaba. Para libertarme de aquel suplicio, llamé al indio que +llevaba de guía. Acudió tiritando: + +--¿Qué mandaba, señor? + +--Vamos á ponernos en camino. + +--Mala es la sazón, señor. Corren ahora muchas torrenteras. + +Yo tuve un momento de duda: + +--¿Qué distancia hay á la Hacienda de Tixul? + +--Dos horas de camino, señor. + +Me incorporé violentamente: + +--Que ensillen. + +Y esperé calentándome ante el fuego, mientras el guía llevaba la orden y +se ponía la gente en traza de partir. Mi sombra bailaba con la llama de +las hogueras, y alargábase fantástica sobre la tierra negra. Yo sentía +dentro de mí la sensación de un misterio pavoroso y siniestro. Quizá iba +á mudar de propósito cuando un tropel de indios acudió con mi caballo. +Á la luz de la hoguera ajustaron las cinchas y repararon las bridas. El +guía, silencioso y humilde, vino á tomar el diestro. Monté y partimos. + +Caminamos largo tiempo por un terreno onduloso, entre cactus gigantescos +que sacudidos por el viento, imitaban rumor de torrentes. De tiempo en +tiempo la luna rasgaba los trágicos nubarrones, é iluminaba nuestra +marcha derramando tibia claridad. Delante de mi caballo volaba, con +silencioso vuelo, un pájaro nocturno: Se posaba á corta distancia, y al +acercarme agitaba las negras alas é iba á posarse más lejos, lanzando un +graznido plañidero, que era su canto. Mi guía, supersticioso como todos +los indios, creía entender en aquel grito la palabra judío, y cuando oía +esta ofensa que el pájaro le lanzaba siempre al abrir las sombrías alas, +replicaba gravemente: + +--¡Cristiano, y muy cristiano! + +Yo le interrogué: + +--¿Qué pájaro es ese?... + +--El tapa-caminos, señor. + +De esta suerte llegamos á mis dominios. La casa, mandada edificar por +un virrey, tenía el aspecto señorial y campesino que tienen en España +las casas de los hidalgos. Un tropel de jinetes estaba delante de la +puerta. Á juzgar por su atavío, eran plateados. Formaban rueda, y las +calabazas llenas de café, corrían de mano en mano. Los chambergos +bordados brillaban á la luz de la luna. En mitad del camino estaba +apostado un jinete: Era viejo y avellanado: Tenía los ojos fieros y una +mano cercenada. Al acercarnos nos gritó: + +--¡Ténganse allá! + +Yo respondí de mal talante, enderezándome en la silla: + +--Soy el Marqués de Bradomín. + +El viejo partió al galope y reunióse con los que apuraban las calabazas +de café ante la puerta. Yo distinguí claramente á la luz de la luna, +cómo se volvían los unos á los otros, y cómo se hablaban tomando +consejo, y cómo después recobraban las riendas y se partían. Cuando yo +llegué, la puerta estaba franca y aún se oía el galope de sus caballos. +El mayordomo que esperaba en el umbral, adelantóse á recibirme, y +tomando el caballo del rendaje tornóse hacia la casa, gritando: + +--¡Sacad acá un candil!... ¡Alumbrad la escalera!... + +En lo alto de la ventana asomó la forma negra de una vieja con un velón +encendido: + +--¡Alabado sea Dios que le trujo con bien por medio de tantos peligros! + +Y para alumbrarnos mejor, encorvábase fuera de la ventana y alargaba su +brazo negro, que temblaba con el velón. Entramos en el zaguán, y casi al +mismo tiempo reaparecía la vieja en lo alto de la escalera: + +--¡Alabado sea Dios, y cómo se le conoce la mucha nobleza y generosidad +de su sangre! + +La vieja nos guió hasta una sala enjalbegada, que tenía todas las +ventanas abiertas. Dejó el velón sobre una mesa de torneados pies, y se +alejó: + +--¡Alabado sea Dios, y qué juventud más galana! + +Me senté, y el mayordomo quedóse á distancia contemplándome. Era un +antiguo soldado de Don Carlos, emigrado después de la traición de +Vergara. Sus ojos negros y hundidos tenían un brillo de lágrimas. Yo le +tendí la mano con familiar afecto: + +--Siéntate, Brión... ¿Qué tropa era esa? + +--Plateados, señor. + +--¿Son amigos tuyos? + +--¡Y buenos amigos!... Aquí hay que vivir como vivía en sus cortijos de +Andalucía mi señora la Condesa de Barbazón, abuela de vuecencia. José +María la respetaba como á una reina, porque tenía en mi señora su mejor +madrina... + +--¿Y estos cuatreros mexicanos tienen el garbo de los andaluces? + +Brión bajó la voz para responder: + +--Saben robar... No les impone el matar... Tienen discurso... Y con todo +no llegan á los ladrones de la Andalucía. Les falta la gracia, que es al +modo de la sal en la vianda. ¡Y no son los de la Andalucía más guapos en +el arreo! ¡No es el arreo!... + +En aquel momento entró la vieja á decir que estaba dispuesta la +colación. Yo me puse de pie, y ella tomó la luz de encima de la mesa +para alumbrarme el camino. + +[imagen no disponible] + + + + +ME ACOSTÉ rendido, pero el recuerdo de la Niña Chole +túvome desvelado hasta cerca del amanecer. Eran vanos todos mis +esfuerzos por ahuyentarle: Revoloteaba en mi memoria, surgía entre la +niebla de mis pensamientos, ingrávido, funambulesco, torturador. Muchas +veces, en el vago tránsito de la vigilia al sueño, me desperté con +sobresalto. Al cabo, vencido por la fatiga, caí en un sopor febril, +poblado de pesadillas. De pronto abrí los ojos en la oscuridad. Con +gran sorpresa mía hallábame completamente despierto. Quise conciliar +otra vez el sueño, pero no pude conseguirlo. Un perro comenzó á ladrar +debajo de mi ventana, y entonces recordé vagamente haber escuchado sus +ladridos momentos antes, mientras dormía. Agitado por el desvelo me +incorporé en las almohadas. La luz de la luna esclarecía el fondo de +la estancia, porque yo había dejado abiertas las ventanas á causa del +calor. Me pareció oir voces apagadas de gente que vagaba por el huerto. +El perro había enmudecido, las voces se desvanecían. De nuevo quedó todo +en silencio, y en medio del silencio oí el galope de un caballo que +se alejaba. Me levanté para cerrar la ventana. La cancela del huerto +estaba abierta, y sentí nacer una sospecha, aun cuando el camino rojo, +iluminado por la luna, veíase desierto entre los susurrantes maizales. +Permanecí algún tiempo en atalaya. Aquellos campos parecían muertos bajo +la luz blanca de la luna: Sólo reinaba sobre ellos el viento murmurador. +Sintiendo que el sueño me volvía, cerré la ventana. Sacudido por largo +estremecimiento me acosté. Apenas había cerrado los ojos cuando el +eco apagado de algunos escopetazos me sobresaltó: Lejanos silbidos +eran contestados por otros: Volvía á oirse el galope de un caballo. +Iba á levantarme cuando quedó todo en silencio. Después al cabo de +mucho tiempo, resonaron en el huerto sordos golpes de azada, como si +estuviesen cavando una cueva. Debía ser cerca del amanecer, y me dormí. +Cuando el mayordomo entró á despertarme, dudaba si había soñado: Sin +embargo le interrogué: + +--¿Qué batalla habéis dado esta noche? + +El mayordomo inclinó la cabeza tristemente: + +--¡Esta noche han matado al valedor más valedor de México! + +--¿Quién le mató? + +--Una bala, señor. + +--¿Una bala, de quién? + +--Pues de algún hijo de mala madre. + +--¿Ha salido mal el golpe de los plateados? + +--Mal, señor. + +--¿Tú llevabas parte? + +El mayordomo levantó hasta mí los ojos ardientes: + +--Yo, jamás, señor. + +La fiera arrogancia con que llevó su mano al corazón, me hizo sonreir, +porque el viejo soldado de Don Carlos, con su atezada estampa y el +chambergo arremangado sobre la frente, y los ojos sombríos, y el machete +al costado, lo mismo parecía un hidalgo que un bandolero. Quedó un +momento caviloso, y luego, manoseando la barba, me dijo: + +--Sépalo vuecencia: Si tengo amistad con los plateados, es porque espero +valerme de ellos... Son gente brava y me ayudarán... Desde que llegué +á esta tierra tengo un pensamiento. Sépalo vuecencia: Quiero hacer +emperador á Don Carlos V. + +El viejo soldado se enjugó una lágrima. Yo quedé mirándole fijamente: + +--¿Y cómo le daremos un Imperio, Brión? + +Las pupilas del mayordomo brillaron enfoscadas bajo las cejas grises: + +--Se lo daremos, señor... Y después la corona de España. + +Volví á preguntarle con una punta de burla: + +--¿Pero ese Imperio cómo se lo daremos? + +--Volviéndole estas Indias. Más difícil cosa fué ganarlas en los tiempos +antiguos de Hernán Cortés. Yo tengo el libro de esa Historia. ¿Ya lo +habrá leído vuecencia? + +Los ojos del mayordomo estaban llenos de lágrimas. Un rudo temblor que +no podía dominar agitaba su barba berberisca. Se asomó á la ventana, y +mirando hacia el camino guardó silencio. Después suspiró: + +--¡Esta noche hemos perdido al hombre que más podía ayudarnos! Á la +sombra de aquel cedro está enterrado. + +--¿Quién era? + +--El capitán de los plateados, que halló aquí vuecencia. + +--¿Y sus hombres han muerto también? + +--Se dispersaron. Entró en ellos el pánico. Habían secuestrado á una +linda criolla, que tiene harta plata, y la dejaron desmayada en medio +del camino. Yo, compadecido, la traje hasta aquí. ¡Si quiere verla +vuecencia! + +--¿Es linda de veras? + +--Como una santa. + +Me levanté, y precedido de Brión, salí. La criolla estaba en el huerto +tendida en una hamaca colgada de dos árboles. Algunos pequeñuelos +indios, casi desnudos, se disputaban mecerla. La criolla tenía el +pañuelo sobre los ojos y suspiraba. Al sentir nuestros pasos volvió +lánguidamente la cabeza y lanzó un grito: + +--¡Mi rey!... ¡Mi rey querido!... + +Sin desplegar los labios le tendí los brazos. Yo he creído siempre que +en achaques de amor todo se cifra en aquella máxima divina que nos manda +olvidar las injurias. + +[imagen no disponible] + + + + +FELIZ y caprichosa me mordía las manos mandándome estar +quieto. No quería que yo la tocase. Ella sola, lenta, muy lentamente, +desabrochó los botones de su corpiño y destrenzó el cabello ante el +espejo, donde se contempló sonriendo. Parecía olvidada de mí. Cuando se +halló desnuda tornó á sonreir y á contemplarse. Semejante á una princesa +oriental, ungióse con esencias. Después envuelta en seda y encajes, +tendióse en la hamaca y esperó: Los párpados entornados y palpitantes, +la boca siempre sonriente, con aquella sonrisa que un poeta de hoy +hubiera llamado estrofa alada de nieve y rosas. Yo, aun cuando parezca +extraño, no me acerqué. Gustaba la divina voluptuosidad de verla, y con +la ciencia profunda, exquisita y sádica de un decadente, quería retardar +todas las otras, gozarlas una á una, en la quietud sagrada de aquella +noche. Por el balcón abierto se alcanzaba á ver el cielo de un azul +profundo, apenas argentado por la luna. El céfiro nocturno traía del +jardín aromas y susurros: El mensaje romántico que le daban las rosas al +deshojarse. El recogimiento era amoroso y tentador. Oscilaba la luz de +las bujías, y las sombras danzaban sobre los muros. Allá en el fondo +tenebroso del corredor, el reloj de cuco, que acordaba el tiempo de los +virreyes, dió las doce. Poco después cantó un gallo. Era la hora nupcial +y augusta de la media noche. La Niña Chole murmuró á mi oído: + +--¡Dime si hay nada tan dulce como esta reconciliación nuestra! + +No contesté y puse mi boca en la suya queriendo así sellarla, porque el +silencio es arca santa del placer. Pero la Niña Chole tenía la costumbre +de hablar en los trances supremos, y después de un momento suspiró: + +--Tienes que perdonarme. Si hubiésemos estado siempre juntos, ahora no +gozaríamos así. Tienes que perdonarme. + +¡Aun cuando el pobre corazón sangraba un poco, yo la perdoné! Mis labios +buscaron nuevamente aquellos labios crueles. Fuerza, sin embargo, +es confesar que no he sido un héroe, como pudiera creerse. Aquellas +palabras tenían el encanto apasionado y perverso que tienen esas bocas +rampantes de voluptuosidad, que cuando besan muerden. Sofocada entre mis +brazos, murmuró con desmayo: + +--¡Nunca nos hemos querido así! ¡Nunca! ¡Nunca!... + +La gran llama de la pasión, envolviéndonos toda temblorosa en su lengua +dorada, nos hacía invulnerables al cansancio, y nos daba la noble +resistencia que los dioses tienen para el placer. Al contacto de la +carne, florecían los besos en un mayo de amores. ¡Rosas de Alejandría, +yo las deshojaba sobre sus labios! ¡Nardos de Judea, yo los deshojaba +sobre sus senos! Y la Niña Chole se estremecía en delicioso éxtasis, +y sus manos adquirían la divina torpeza de las manos de una virgen. +Pobre Niña Chole, después de haber pecado tanto, aún no sabía que +el supremo deleite sólo se encuentra tras los abandonos crueles, en +las reconciliaciones cobardes. Á mí me estaba reservada la gloria de +enseñárselo. Yo, que en el fondo de aquellos ojos creía ver siempre el +enigma oscuro de su traición, no podía ignorar cuánto cuesta acercarse +á los altares de Venus Turbulenta. Desde entonces compadezco á los +desgraciados que engañados por una mujer, se consumen sin volver á +besarla. Para ellos será eternamente un misterio la exaltación gloriosa +de la carne. + +[imagen no disponible] + + ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO + EN LA IMPRENTA HELÉNICA + DE MADRID Á XXX DÍAS + DEL MES DE JUNIO + DE MCMXIII + AÑOS + +[imagen no disponible] + + JOSEPH MOJA + + ORNAVIT + + * * * * * + +Errores corregidos por el transcriptor del texto electrónico: + +gloriosas de aquela=> gloriosas de aquella {pg 44} + +los aventuros españoles=> los aventureros españoles {pg 51} + +la Niña tie=> la Niña tiene {pg 189} + +si mirase facisnada=> si mirase fascinada {pg 51} + + + + + +End of Project Gutenberg's Sonata de estío, by Ramón del Valle-Inclán + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 42424 *** |
