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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/36453-8.txt b/36453-8.txt new file mode 100644 index 0000000..fafb1dc --- /dev/null +++ b/36453-8.txt @@ -0,0 +1,12095 @@ +The Project Gutenberg EBook of La guardia blanca, by Arthur Conan Doyle + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La guardia blanca + novela histórica escrita en inglés + +Author: Arthur Conan Doyle + +Translator: Juan L. Iribas + +Release Date: June 17, 2011 [EBook #36453] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUARDIA BLANCA *** + + + + +Produced by David Starner, Chuck Greif and the Online +Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This +book was produced from scanned images of public domain +material from the Google Print project.) + + + + + + + + +En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del +original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el +texto. (nota del transcriptor) + + + LA GUARDIA BLANCA + + _NOVELA HISTÓRICA ESCRITA EN INGLÉS_ + + POR + + A. CONAN DOYLE + + TRADUCIDA AL CASTELLANO + + POR JUAN L. IRIBAS + + NUEVA YORK + D. APPLETON Y COMPAÑÍA + EDITORES + 1896 + + COPYRIGHT, 1896, + + BY D. APPLETON AND COMPANY. + + +_La propiedad de esta obra está protegida por la ley en +varios países, donde se perseguirá á los que la +reproduzcan fraudulentamente._ + + + + +Á QUIEN LEYERE. + + +En la moderna literatura inglesa, menos quizás que en ninguna otra, +espera encontrar el lector obras que por su carácter y forma le +recuerden las narraciones históricas de tipos caballerescos, empresas +aventuradas y altas hazañas, que han inmortalizado los nombres de +escritores españoles, franceses é italianos. Diríase que esas novelas de +capa y espada, galanas y airosas, en las que palpita la vida entera de +hidalga tierra y se refleja el espíritu de toda una raza, son patrimonio +exclusivo de otros pueblos y otros autores que los nacidos en la +nebulosa Albión. + +De aquí la novedad y el buen éxito merecidísimo de la obra de Conan +Doyle cuya traducción castellana ofrecemos al público en este volumen. +Con erudición y exactitud sorprendentes reproduce el escritor inglés en +_La Guardia Blanca_ una serie de episodios fidelísimos de la época en +que se desarrolla el argumento de su novela. Época tan agitada como lo +fué para Inglaterra la segunda mitad del siglo XIV, en la que á pesar de +sus grandes y recientes victorias de Crécy y Poitiers y del tratado de +Bretigny, volvía á encenderse, más fiera y sañuda si cabe, aquella lucha +interminable conocida en la historia con el nombre de Guerra de los Cien +Años. + +Á imitación de las famosas Compañías Blancas de Duguesclín, personaje +que también figura en esta obra de muy pintoresca manera, la _Guardia +Blanca_ inglesa se lanza de lleno en la contienda y tras breve +permanencia en el Ducado de Aquitania, arrebatado por entonces á la +corona de Francia, entra en España á la vanguardia del poderoso ejército +que Eduardo de Inglaterra pusiera á las órdenes del Príncipe Negro para +reinstalar en el solio de Castilla á su aliado Don Pedro el Cruel, á la +sazón destronado por su hermano Don Enrique de Trastamara. + +Las proezas y aventuras de los expedicionarios ingleses y de su +indomable capitán, las descripciones interesantísimas de tipos y +costumbres de la época, los múltiples incidentes de aquellas marciales +jornadas, ora sangrientos y heróicos ora altamente cómicos, todo en +suma, está ideado y referido con tal naturalidad, con exactitud y gracia +tantas, que hacen de este libro una obra acabada y uno de los más +preciados timbres de la fama literaria de su autor. + +J. L. I. + +HARTFORD, _Abril de 1896_. + + + + +LA GUARDIA BLANCA + + + + +CAPÍTULO I + +DE CÓMO LA OVEJA DESCARRIADA ABANDONÓ EL REDIL + + +La gran campana del monasterio de Belmonte dejaba oir sus sonoros +tañidos por todo el valle y aun más allá de la obscura línea formada por +los bosques. Los leñadores y carboneros que trabajaban por la parte de +Vernel y los pescadores del río Lande, suspendían momentáneamente sus +tareas para dirigirse interrogadoras miradas; pues aunque el sonido de +las campanas de la abadía era tan familiar y conocido por aquellos +contornos como el canto de las alondras ó la charla de las urracas en +setos y bardales, los repiques tenían sus horas fijas, y aquella tarde +la de nona había sonado ya y faltaba no poco para la oración. ¿Qué +suceso extraordinario lanzaba á vuelo, tan á deshora, la campana mayor +de la abadía? + +Por todas partes se veía llegar á los religiosos, cuyos blancos hábitos +se destacaban vivamente sobre el césped que cubría las avenidas de +nudosos robles. Procedían unos de los viñedos y lagares pertenecientes á +la comunidad, otros de la vaquería, de las margueras y salinas, y +algunos llegaban, apresurando el paso, de las lejanas fundiciones de +Solent y la granja de San Bernardo. No les cogía de sorpresa el +inusitado campaneo, porque ya la noche anterior había despachado el abad +un mensajero especial á todas las dependencias exteriores del +monasterio, con orden de anunciar en ellas la proyectada reunión general +del día siguiente. En cambio el hermano lego Atanasio, que durante un +cuarto de siglo había limpiado y bruñido el pesado aldabón de bronce de +la abadía, declaraba con asombro que jamás había presenciado convocación +tan extemporánea y urgente de todos los miembros de la comunidad. + +Bastaba observar á éstos para comprender la gran variedad de ocupaciones +á que se dedicaban y para formar idea, aunque incompleta, de los +inmensos recursos de la abadía, centro de activísima vida. Veíase aquí á +dos religiosos cuyas manos y antebrazos teñía de rojo el mosto; más allá +otro, anciano y robusto, llevaba al hombro el hacha con que acababa de +cortar grandes haces de leña; seguíale el hermano esquilador, cuya +ocupación denunciaban las enormes tijeras que llevaba colgadas al cinto +y las vedijas de lana adheridas al sayal. Un numeroso grupo iba provisto +de azadas y layas, y los dos monjes que cerraban la marcha conducían con +trabajo una pesada cesta llena de carpas, truchas y tencas, pues siendo +el siguiente día de vigilia, había que proveer al sustento de cincuenta +religiosos con un apetito á toda prueba. Verdad es que trabajaban de +firme, porque el venerable abad Fray Diego de Berguén era tan severo con +todos ellos como consigo mismo, que es mucho decir, y en su convento no +se toleraban holgazanes. + +Mientras se reunían frailes y novicios el abad, cruzadas las manos y +preocupado el semblante, recorría de extremo á extremo la gran sala del +monasterio destinada á los actos solemnes. Sus delgadas facciones y +hundidas mejillas revelaban al asceta que ha sabido triunfar de sus +pasiones, no sin cruel y larga lucha, hasta dominarlas por completo. +Aunque de apariencia endeble, su mirada imperiosa y enérgica recordaba +que por sus venas corría sangre de famosos guerreros y que su hermano +mellizo, el capitán Bartolomé de Berguén, era uno de los esforzados +campeones ingleses que habían plantado la cruz de San Jorge sobre los +muros de París. Apenas sonó la última campanada, se acercó el abad á una +mesa y tocó el timbre que servía para llamar al hermano lego de +servicio, al cual preguntó en el dialecto anglo-francés usado en los +monasterios ingleses durante casi todo el siglo catorce: + +--¿Han llegado los hermanos? + +--Reunidos están en el claustro mayor, reverendo padre, contestó el +lego, que se hallaba en actitud humilde, cruzadas las manos sobre el +pecho y fija en el suelo la vista. + +--¿Todos? + +--Treinta y dos profesos y quince novicios. Fray Marcos, postrado por la +fiebre, es el único que falta. Dice que.... + +--No hace al caso lo que él diga. Enfermo ó no, importaba ante todo +acatar mi mandato. Domeñaré su espíritu rebelde, como lo haré con otros +miembros de esta abadía que necesitan severa disciplina. Y vos mismo, +hermano Francisco, estáis en falta. Ha llegado á mis oídos que habéis +alzado la voz en el refectorio, mientras el hermano lector comentaba la +palabra divina. ¿Qué contestáis á esa acusación? + +El lego no chistó, ni se movió siquiera. + +--Mil avemarías y otros tantos credos rezados con los brazos en cruz +ante el altar de la Virgen, servirán para recordaros que el Supremo +Creador nos dió dos orejas y una sola lengua, para que oigamos mucho y +hablemos poco. Enviadme aquí al hermano Maestro. + +El atemorizado lego salió de puntillas, cerrando tras sí la puerta, que +se abrió algunos momentos después para dar paso á un monje, corto de +estatura, robusto de cuerpo y cuya imperiosa mirada acentuaba la +expresión severa del semblante. + +--¿Me habéis llamado, reverendo padre? + +--Sí, hermano Maestro. Deseo que el acto de hoy, que me impone un deber +durísimo, se verifique con el menor escándalo posible; y sin embargo, es +fuerza dar al culpable una lección pública, para ejemplo de los +restantes. + +Dijo el abad estas palabras en latín, lengua en que de ordinario hablaba +á los religiosos á quienes por sus años ó por razón de su cargo ó de sus +méritos, juzgaba dignos de especial deferencia. + +--Es mi parecer que los novicios no presencien el juicio, observó el +hermano Maestro. En la acusación figura una mujer y temo que pérfidas +imágenes empañen la pureza de sus pensamientos.... + +--¡Mujer, mujer! murmuró el abad. _Radix malorum_, que dijo el venerable +Crisóstomo, definición exacta y aplicable desde Eva hasta nuestros +días. ¿Quién denunciará al pecador? + +--El hermano Ambrosio. + +--Casto y piadoso mancebo. + +--Y modelo de novicios. + +--Procédase, pues, al juicio de acuerdo con las prácticas tradicionales +de la orden. Ved que se admita y acomode á los profesos por orden de +edad y que á su tiempo comparezca el maleado Tristán de Horla, cuya +conducta exige ya medidas severas. + +--¿Y los novicios? + +--Esperarán en el claustro de la capilla, donde convendrá que el lector +les refresque la memoria sobre el tema _Gesta beati Benedicti_. Así se +evitará toda conversación ociosa y toda ocasión de liviandad. + +Una vez solo el abad, volvió á fijar sus miradas en las páginas +caprichosamente iluminadas de su breviario y permaneció en aquella +actitud basta que hubo entrado en la sala el último de los monjes. +Tomaron éstos asiento en los dos bancos de tallado roble que iban desde +el estrado hasta el extremo opuesto de la estancia, donde el hermano +Ambrosio y el Maestro de novicios ocuparon sendos sitiales. Era el +primero un joven enteco, alto y pálido, que oprimía nerviosamente entre +sus manos un enrollado pergamino. El abad contempló desde su asiento en +el estrado las dos hileras de monjes, cuyos rostros plácidos, rollizos y +bronceados por el sol, con raras excepciones, y cuya expresión +satisfecha, daban clara muestra de la vida tranquila y feliz que allí +llevaban. + +Fray Diego fijó después su penetrante mirada en el joven religioso +sentado frente á él y dijo: + +--Sois el acusador, hermano Ambrosio. Quiera nuestro venerado patrón San +Benito concederos su gracia y dirigir nuestros juicios en esta ocasión, +para el bien de la comunidad y para la mayor gloria de Dios. ¿Cuántos +son los cargos dirigidos contra el novicio Tristán? + +--Cuatro, reverendo padre, contestó el interpelado en voz baja y sumisa. + +--¿Los habéis enumerado y expuesto conforme lo manda nuestra santa +regla? + +--Contenidos están en este pergamino.... + +--Que entregaréis al hermano relator para su lectura cuando llegue el +momento. Introducid al acusado. + +Al oir aquella orden, un lego situado junto á la puerta la abrió de par +en par, dando entrada á un joven novicio y á otros dos legos que hasta +entonces lo habían acompañado y vigilado en la antecámara. Era el +novicio Tristán de Horla mancebo de aventajada estatura y atléticas +formas, cuyos ojos negros contrastaban con el rojo cabello y cuyas +facciones, nada desagradables, revelaban de ordinario la franqueza y el +buen humor, si bien en aquel momento se reflejaba en ellas una expresión +de reto y enojo. Caída sobre los hombros la capucha, desabrochado el +hábito que mostraba el hercúleo cuello, desnudos hasta el codo los +velludos brazos que tenía cruzados sobre el pecho, saludó reverentemente +al abad y se dirigió con toda calma al reclinatorio que le estaba +reservado en el centro de la sala. Sus negros ojos pasaron rápida +revista á los circunstantes y acabaron por fijarse, con expresión un +tanto irónica, en el hermano acusador. + +Entregó éste el pergamino al relator de la orden, quien lo leyó con voz +pausada y entonación solemne, escuchado atentamente por todos los +religiosos allí congregados. El documento decía así: + +"Cargos formulados el día de la Asunción, en el año de gracia de mil +trescientos sesenta y seis, contra el hermano Tristán, antes llamado +Tristán de Horla y al presente novicio de la santa orden monástica del +Císter. Leídos el jueves siguiente á dicha fiesta de la Asunción, en la +abadía de Belmonte, ante el reverendo abad Fray Diego de Berguén y la +comunidad reunida en capítulo. Los cargos aducidos son: + +"Primero: Que habiéndose distribuido á los novicios determinada cantidad +de cerveza floja, como concesión especial con motivo de la precitada +festividad y en la proporción de un azumbre por cada cuatro novicios, el +acusado se apoderó violentamente del jarro y se bebió el azumbre de una +sentada, en detrimento de sus compañeros de mesa Pablo, Porfirio y +Ambrosio; quienes declararon que á duras penas pudieron comer los +arenques salados que formaron la refacción de aquel día." + +Al oir aquellos detalles el acusado se mordió los labios para disimular +una sonrisa y varios religiosos se miraron de soslayo; otros tosieron á +fin de no soltar la carcajada. Pero el abad permaneció impasible y +severo, mientras el relator continuaba su lectura: + +"Segundo: Que como el Maestro de novicios castigase aquel desafuero +poniendo al culpable á pan y agua por tres días, en honor de Santa +Tiburcia, aquel pecador impenitente declaró en presencia del novicio +Ambrosio que quisiera ver á una legión de demonios llevándose por los +aires al susodicho hermano Maestro. + +"Tercero: Que amonestado por éste nuevamente, el acusado cogió á su +denunciador por el pescuezo y lo zabulló en el estanque de la huerta, +por espacio suficiente para que la víctima de tamaño atropello pudiera +acabar el credo que rezó mentalmente con objeto de encomendar su alma á +Dios, creyendo llegada la última hora." + +Las exclamaciones de sorpresa y censura que se oyeron en ambos bancos +indicaron que los miembros de la comunidad apreciaban la gravedad del +último cargo; pero el abad impuso silencio, levantando su huesuda mano. + +--Continuad, dijo al lector. + +--"Y cuarto: Que poco antes de vísperas, el día de Santiago Apóstol, se +vió al citado Tristán en el camino de Vernel, en conversación con una +mujer, la llamada María Soley, hija del guardabosque de este nombre. Y +que después de muchas risas y resistencias por parte de la susodicha +doncella, el acusado la tomó en brazos y la condujo al otro lado del +riachuelo de Las Hayas, para evitar que aquella emisaria de Satán se +mojase los pies. Esta infracción inaudita de nuestra santa regla fué +presenciada por tres miembros de la comunidad, con gran escándalo suyo y +con indudable regocijo de todo el infierno, que así veía caer en mortal +pecado á un novicio de nuestra orden." + +El silencio profundo que siguió á aquellas palabras, aun más que los +ademanes y el aspecto horrorizado de algunos religiosos, reveló cuán +profunda y unánime era la reprobación de los oyentes. + +--¿Quiénes son los testigos de tan enorme pecado? preguntó el abad con +voz que delataba su indignación. + +--Yo soy uno de ellos, dijo levantándose el hermano Ambrosio; y conmigo +lo presenciaron Porfirio y Marcos, el cual se afectó de tal manera que +desde entonces se halla en la enfermería..... + +--¿Y la mujer? continuó Fray Diego. ¿No prorrumpió en acongojado llanto +al presenciar aquella conducta de un hombre que vestía nuestro sagrado +hábito? + +--No, reverendo abad. Antes bien sonrió dulcemente cuando él la depositó +allende el vado y le dió las gracias y le tendió su mano. Lo ví con mis +propios ojos, como lo vió Marcos.... + +--¡Lo visteis, desgraciados! gritó el abad. ¿Y acaso no sabíais que el +capítulo treinta y cinco de los reglamentos de esta orden os lo prohibía +terminantemente? ¿De cuándo acá habéis olvidado que en presencia de una +mujer debemos todos bajar la vista y aun volver la cara? Y si hubierais +tenido fija la mirada en vuestras sandalias, ¿cómo ver las sonrisas y +mohines de aquel demonio disfrazado de mujer? ¡Á vuestras celdas, falsos +hermanos, á pan y agua hasta el próximo domingo, con dobles laudes y +maitines para que aprendáis á obedecer las leyes que nos rigen! + +Ambrosio y Porfirio, atemorizados ante aquella inesperada reprimenda, +cayeron temblando en sus asientos. El abad apartó de ellos la vista para +fijarla en el principal culpable, quien lejos de mostrar temor é +inclinar la frente sostuvo con toda calma la mirada furibunda de Fray +Diego. + +--¿Qué alegáis en vuestra defensa, hermano Tristán? + +--Poca cosa, padre mío, fué la contestación del joven, dada con el +pronunciado acento sajón que por entonces caracterizaba á los campesinos +ingleses del Oeste. Por cierto que el inusitado acento llamó mucho la +atención de los religiosos, ingleses de pura raza en su mayoría. Pero el +abad sólo se fijó en la tranquilidad y la indiferencia que la respuesta +del novicio revelaba y la indignación coloreó su rostro enjuto. + +--¡Hablad! ordenó golpeando con el puño el brazo del sitial. + +--Pues cuanto á lo de la cerveza, observó Tristán sin inmutarse lo más +mínimo, téngase en cuenta que acababa yo de llegar del trabajo en el +campo y que apenas empiné el jarro ya le ví el fondo y sin saber cómo lo +dejé en seco. Grande debió de ser mi sed. Cierto es que perdí los +estribos cuando el buen Maestro me mandó ayunar, pero bien se explica +eso recordando que pan y agua es triste dieta para un cuerpo y un +apetito como los que Dios me ha dado. También es verdad que le senté la +mano el cernícalo de Ambrosio, pero la zabullida de que se queja no pasó +de un susto sin consecuencias. Y como no niego ninguno de los cargos +anteriores, tampoco puedo negar, si tal cargo es, el de haber ayudado á +la hija de Soley á pasar el vado de Las Hayas, en atención á que la +pobre muchacha tenía puestos zapatos y medias y su saya de los domingos, +al paso que yo iba descalzo y se me importaba un bledo remojarme los +pies. Y tengo para mí que el no haberme portado cual entonces lo hice +hubiera sido una vergüenza, para un novicio como para cualquier otro +hombre que se respete y que respete á la mujer.... + +Aquellas palabras colmaron la exasperación del abad, sobre todo +pronunciadas como fueron con la sonrisa burlona que apenas había +desaparecido un momento de los labios de Tristán desde el comienzo de su +perorata. + +--¡Basta ya! exclamó Fray Diego. Lejos de defenderse el culpado confiesa +y agrava su falta con sus livianas palabras. Sólo me resta imponerle el +condigno castigo. + +Al decir esto dejó el abad su asiento y todos los monjes le imitaron, +dirigiendo temerosas miradas al irritado semblante de su superior. + +--Tristán de Horla, continuó éste, en los dos meses de vuestro noviciado +habéis dado pruebas evidentes de perversidad y de que por ningún +concepto merecéis vestir el blanco hábito símbolo de un espíritu sin +mancha. Seréis, pues, despojado de ese hábito y despedido de esta +abadía, de sus tierras y pertenencias, sin renta ni beneficio de ninguna +clase y sin las gracias espirituales que gozan cuantos viven bajo la +tutela y especial protección de San Benito. Vuestro nombre será borrado +de los registros de la orden y os queda prohibido volver á pisar los +umbrales de la abadía y entrar en ninguna de las granjas y posesiones de +Belmonte. + +Aquella primera parte de la sentencia pareció terrible á los monjes, +especialmente á los más ancianos, acostumbrados como estaban á la vida +sosegada de la abadía, fuera de la cual se hubieran visto tan +desamparados y desvalidos como niños abandonados á sus propias fuerzas. +Pero evidentemente la vida mundanal no tenía terrores para el novicio, +antes le atraía y agradaba, á juzgar por la expresión regocijada con que +oyó el anuncio de su expulsión. Su contento acrecentó la iracundia de +Fray Diego, quien continuó diciendo: + +--Esto por lo que al castigo espiritual se refiere. Pero á los malos +servidores de Dios, de corazón empedernido, poco les duelen tales penas. +Yo sé cómo castigaros de manera que lo sintáis, ahora que vuestras +fechorías os han privado de la protección de la iglesia. ¡Á ver! ¡Tres +hermanos legos, Francisco, Atanasio y José, apoderaos del truhán, atadle +los brazos y decid al hermano portero que le aplique unas cuantas +docenas de azotes con un buen rebenque! + +Al acercársele los robustos legos para obedecer las órdenes del abad, +desapareció toda la placidez del novicio, que asió con ambas manos el +pesado reclinatorio de roble y levantándolo en alto como una maza, gritó +con voz potente: + +--¡Teneos! ¡Juro por San Jorge que al primero de vosotros que ose +tocarme le rompo la cabeza en mil pedazos! + +La advertencia no podía ser más clara ni más enérgica, y unida á la +amenazadora actitud del novicio, cuyas fuerzas eran bien conocidas de +todos, bastó para que los legos retrocedieran más que de prisa y para +espantar á los religiosos, que se precipitaron en tropel hacia la +puerta. Sólo el abad pareció pronto á lanzarse sobre el rebelde novicio, +pero dos monjes que junto á él se hallaban lo asieron por los brazos y +lograron ponerlo fuera de peligro. + +--¡Está poseído del demonio! gritaban los fugitivos. ¡Pedid socorro! Que +venga el hortelano con su ballesta, y llamad también á los mozos de +cuadra. ¡Pronto, decidles que estamos en peligro de muerte! ¡Corred, +hermanos! ¡Ved que ya nos alcanza! + +Pero el victorioso Tristán de Horla no pensaba en perseguirlos. Estrelló +contra el suelo el reclinatorio, derribó de un revés á su delator +Ambrosio, que puso el grito en el cielo, y atropellando á los +aturrullados frailes que formaban la retaguardia, bajó á escape la +escalera. El portero Atanasio vió pasar rápidamente una gigantesca forma +blanca y antes de enterarse de lo que aquello significaba y de la causa +del tumulto que en la escalera se oía, ya el indómito Tristán estaba +lejos de la abadía y á grandes zancadas recorrió el polvoriento camino +de Vernel. + + + + +CAPÍTULO II + +DE CÓMO ROGER DE CLINTON EMPEZÓ Á VER EL MUNDO + + +Los muros del antiguo convento no habían presenciado jamás escándalo +semejante. Pero Fray Diego de Berguén tenía en mucho la buena disciplina +de la comunidad para permitir que ésta quedase bajo la impresión de la +rebeldía triunfante del novicio; así fué que convocando nuevamente á los +hermanos les dirigió una filípica como pocas, comparando la expulsión +del iracundo Tristán á la de nuestros primeros padres del Paraíso, +llamando sobre él los castigos del cielo y advirtiendo de paso á sus +oyentes que si algunos de ellos no mostraban más celo y obediencia que +hasta entonces, la expulsión de aquel día no sería la última. Con esto +quedó restablecida la calma y en buen lugar la autoridad de Fray Diego, +quien ordenó á los religiosos que volvieran á sus faenas respectivas y +se retiró á su celda. + +Apenas comenzadas sus oraciones oyó que llamaban suavemente á la puerta. + +--Entrad, dijo con voz en que se traslucía el mal humor; pero apenas +fijó los ojos en el importuno que así le interrumpía, desapareció la +expresión ceñuda del semblante, reemplazándola bondadosa sonrisa. + +El que llegaba era un esbelto doncel, de facciones algo delgadas, rubios +cabellos, buena presencia y muy joven á juzgar por la expresión aniñada +del rostro. Sus claros y hermosos ojos revelaban también un candor casi +infantil; su mirada era la del adolescente cuyo espíritu se había +desarrollado hasta entonces lejos de las emociones, de las penas y de +los combates del mundo. Sin embargo, las líneas de la boca y la +pronunciada forma de la barba indicaban un carácter enérgico y +resuelto. + +Aunque no vestía el hábito monástico, su ropilla, calzas y gruesas +medias eran de obscuro color, cual convenía á un morador de aquella +santa casa. De una ancha correa cruzada al hombro pendía henchido zurrón +de los que por entonces usaban los viajeros; llevaba en la diestra un +grueso bastón herrado y en la otra mano su gorra de paño pardo, que +tenía cosida al frente una gran medalla con la imagen de Nuestra Señora +de Rocamador. + +--Veo que estás ya pronto á ponerte en camino, hijo querido. Y no deja +de ser coincidencia curiosa, continuó el abad con aire pensativo, la de +que en un mismo día salgan de este monasterio el más perverso de sus +novicios y el mancebo á quien todos consideramos como el más digno de +nuestros jóvenes discípulos y que es también el predilecto de mi +corazón. + +--Sois demasiado bondadoso, padre mío, contestó el doncel. Por mi parte, +si me fuese dado elegir, acabaría mis días en Belmonte. Aquí he tenido +mi dulce hogar desde la infancia y al salir de esta casa lo hago con +verdadero pesar. + +--Pruebas impuestas por Dios son esas penas, Roger, y cada cual tiene su +cruz. Pero tu partida, que á todos nos contrista, es inevitable. Yo +prometí á tu padre que al cumplir los veinte años saldrías de Belmonte, +para ver algo del mundo y juzgar por tí mismo si preferías seguir en él +ó volver á este sagrado refugio. Acerca ese escabel y toma asiento. + +Hízolo así Roger y el abad continuó diciendo, después de reflexionar +algunos momentos: + +--Veinte años hace que tu padre, el arrendador de la granja de Munster, +murió, dejando valiosos cortijos y terrenos á la abadía y dejándonos +también á su hijo menor, niño de pocos meses, á condición de criarlo y +educarlo en el monasterio. Hízolo así el buen hidalgo no sólo porque +había muerto tu santa madre, sino porque Hugo de Clinton, su hijo mayor +y único hermano tuyo, había dado ya pruebas de su carácter díscolo y +violento, y hubiera sido absurdo dejarte encomendado á él. Pero como +dije antes, tu padre no quería dedicarte irrevocablemente á la vida +monástica; la elección dependerá de tí, y no has de hacerla ahora, sino +cuando tengas alguna experiencia de la vida, para resolver con acierto. + +--¿Y no impedirán mi partida los cargos que he ejercido ya en la +comunidad, aparte de mis funciones de amanuense? + +--En manera alguna. Veamos: ¿has sido despensero y acólito? + +--Sí, padre. + +--¿Exorcista y lector después? + +--Sí, padre. + +--Y obediente y piadoso como un hermano profeso, pero nunca has hecho +voto de castidad. ¿No es cierto? + +--Así es, padre mío. + +--Pues nada te impide entrar en el mundo y vivir en él tan libremente +como el que nunca ha pisado el claustro. Y puedo decir con placer que +esa nueva vida se abre ante tí con buenos auspicios, porque además de +los sanos principios que te hemos inculcado, eres hábil y puedes +bastarte á tí mismo haciéndote útil á otros. Dime qué has aprendido +últimamente; ya sé que eres escultor de no mediano mérito y que pocos +mancebos de tu edad te ganan á tocar la cítara y el rabel. Y nada diré +de tu voz; nuestro coro pierde contigo el mejor de sus cantores. + +Sonrióse complacido el doncel y dijo: + +--Á la paciencia del buen hermano Jerónimo debo también el oficio de +grabador, que he aprendido pasablemente y llevo hechos muchos trabajos +en madera, marfil, bronce y plata. Con Fray Gregorio he aprendido á +pintar sobre pergamino, metal y vidrio. Sé esmaltar, conozco algo el +tallado de piedras preciosas, puedo construir muchos instrumentos +músicos y cuanto á la heráldica, no hay en Belmonte amanuense ni novicio +que la sepa mejor que yo. + +--¡Pues no es corta la lista! exclamó el superior con alegre acento. No +hubieras aprendido más en el Real Colegio de Exeter. Pero ¿qué me dices +de tus otros estudios, de tus lecturas y composiciones? + +--Sin ser mucho lo que he leído, el hermano Canciller os podrá decir que +no he descuidado la biblioteca. Los Evangelios comentados, Santo Tomás, +la Colección de Cánones.... + +--Bueno es todo eso, pero más necesitas hoy otra clase de lecturas, algo +de ciencias naturales, geografía y matemáticas. Veamos: desde esta +ventana se divisa la desembocadura del Lande y más allá unas cuantas +velas de barcos pescadores que han cruzado la barra y salido al mar. +Supongamos que en lugar de volver esta noche al puerto, continuasen esas +barcas su viaje por días y días en la dirección que ahora llevan. ¿Sabes +á dónde llegarían? + +--Tienen puesta la proa en dirección á Oriente, contestó prontamente el +joven, y van en derechura hacia aquella región de Francia que hoy forma +parte de los dominios de nuestro poderoso señor el Rey de Inglaterra. +Volviendo la proa hacia el sur llegarían á España y por el nordeste +encontrarían los estados de Flandes y más allá la gente moscovita. + +--Cierto es. ¿Y si después de llegar á los dominios de nuestro rey en +Francia emprendiese un caminante la marcha en dirección á Oriente? + +--Pues visitaría las tierras francesas que todavía están en tela de +juicio y la famosa ciudad de Avignón, donde reside temporalmente Su +Santidad. Más allá se extienden los estados de Alemania, el gran Imperio +Romano, las tribus de los paganos Hunos y Lituanos y por último la +ciudad de Constantino y el dominio de los odiados hijos de Mahoma. + +--Bien, Roger. ¿Y más allá? + +--Jerusalén, la Tierra Santa y el caudaloso río que tuvo sus fuentes en +el paraíso terrenal. Después... no sé, padre mío; pero el fin del mundo +no andará muy lejos de aquellos lugares, á lo que imagino. + +--No tal, mi buen Roger, y eso te probará que siempre queda algo que +aprender. Has de saber que entre los Santos Lugares y el fin del mundo +habitan muchos y muy numerosos pueblos, cuales son el de las amazonas, +el de los pigmeos y aun el de ciertas mujeres, tan bellas como +peligrosas, que matan con la mirada, como se dice del basilisco. Y al +oriente de todas esas naciones está el reino del Preste Juan, cuyas +vagas descripciones habrás hallado en los libros. Todo esto lo sé de +buena tinta, por habérmelo asegurado y descrito un valiente capitán y +gran viajero, el señor Farfán de Setién, que descansó en Belmonte á su +paso para Southampton y nos refirió sus viajes, descubrimientos y +aventuras en el refectorio, con detalles tan curiosos é interesantes que +muchos hermanos se olvidaron de comer por el placer de escucharle sin +perder una sílaba de su relato. + +--Lo que yo quisiera saber, padre mío, es qué hay al fin del mundo.... + +--Poco á poco, amiguito, interrumpió el abad. Lo que allí hay ó deja de +haber no es para preguntado. Pero hablemos de tu viaje. ¿Cuál será tu +primera etapa? + +--La casa de mi hermano en Munster. No sólo deseo conocerlo, sino que +los informes desfavorables que siempre he tenido de su carácter y método +de vida me parecen una razón más para intentar reformarlo y atraerlo al +buen camino. + +El abad movió la cabeza negativamente. + +--Pronto se echa de ver tu inexperiencia. La mala reputación del +arrendador de Munster data de antiguo, y quiera Dios que no sea él quien +logre apartarte del buen camino que has seguido hasta ahora. Pero ya +vivas con él ya te lleve la suerte por otros rumbos, desconfía sobre +todo de los falsos atractivos y de las artes de la mujer, el mayor +peligro que amenaza á los hombres de tu edad y sobre todo á los que como +tú no han encontrado jamás en su camino á ese enemigo de nuestra +tranquilidad. Adiós, hijo mío. Abrázame y recibe la bendición del cielo +que invoco sobre tu cabeza. Encomiéndote también fervientemente al +glorioso San Julián, patrón de los viajeros. Sea tu vida cristiana y +feliz. + +Penosa fué la despedida de aquellos dos hombres, el uno animado por el +cariño paternal que profesaba al huérfano y el otro por su gratitud +infinita hacia el bondadoso protector de toda su vida. Hacía más dura su +separación la idea que ambos tenían formada del mundo, al que +consideraban desde su tranquilo refugio como centro de iniquidades, +peligros y rencores. Los monjes y novicios que no habían salido á sus +quehaceres esperaban á Roger en el pórtico, donde se despidieron de él +con efusión, pues de todos era grandemente apreciado. También le +hicieron algunos regalos; un pequeño crucifijo de marfil, un libro de +oraciones y un cuadrito que representaba la Degollación de los +Inocentes, artísticamente ejecutado en pergamino. Todos aquellos +recuerdos de sus cariñosos amigos quedaron pronto bien acondicionados en +el zurrón, sobre el cual el previsor hermano Atanasio colocó también un +paquete que recomendó mucho á Roger y que según descubrió éste después, +contenía una hogaza de pan blanco, un magnífico queso y una botella de +buen vino. + +Púsose por fin en camino el conmovido joven, en cuyos oídos resonaban +las bendiciones y las frases de despedida de los bondadosos monjes. Al +llegar á una altura vecina se detuvo para contemplar por última vez +aquellos lugares en los que se había deslizado su vida tranquila y +dichosa. Allí el obscuro y monumental edificio de la abadía, la +residencia de Fray Diego, con su capilla adjunta, los jardines y +huertos, iluminado todo ello por un sol espléndido. Más allá la +anchurosa ría del Lande, el vetusto pozo de piedra, la capilla de la +Virgen y en la esplanada frente al convento el grupo de blancos hábitos, +aquellos amigos de su adolescencia, que al verle detenido renovaron sus +saludos. + +Dos lágrimas surcaron las mejillas de Roger, que suspiró profundamente y +volvió á emprender su jornada. + + + + +CAPÍTULO III + +DE CÓMO TRISTÁN DE HORLA DEJÓ AL BATANERO EN PERNETAS + + +Caso muy raro sería que un joven de veinte años, lleno de salud y vida, +dedicase las primeras horas de absoluta independencia gozadas desde la +infancia á llorar la celda de su convento y la disciplina del claustro. +Sucedió, pues, que la emoción de Roger fué poco duradera y que aun antes +de perder de vista á Belmonte recobró la alegría propia de sus años y +pudo apreciar en toda su belleza los primores del paisaje. Era una tarde +hermosísima; los rayos del sol caían oblicuamente sobre los frondosos +árboles, trazando en el camino arabescos de sombras, alternados con +anchas franjas doradas. Entre los árboles y en cuanto alcanzaba la +vista, tupidos arbustos, amarilleando algunos al soplo del otoño. Al +perfume de las flores se unían las gratas emanaciones resinosas de los +pinares y sólo el rumor de claros arroyuelos interrumpía de cuando en +cuando el murmullo de la brisa entre las ramas y el canto de los +pájaros. + +Pero aquella soledad y quietud de los campos eran sólo aparentes. La +vida se desarrollaba vigorosa y activa en ellos y en los vecinos +bosques. Insectos de brillantes colores zumbaban en torno de hojas y +flores; juguetonas ardillas suspendían sus escarceos para mirar al +insólito caminante desde lo alto de las ramas, y ya se oía el gruñido +del fiero jabalí en el matorral, ya el roce de las hojas secas pisadas +por el gamo, que huía á todo correr. + +No tardó el risueño caminante en dejar muy atrás á Belmonte y sus verdes +praderas y de aquí que fuera mayor su sorpresa al divisar sentado en una +piedra junto al camino á uno al parecer religioso de aquella comunidad, +á juzgar por los blancos hábitos que vestía. Pero al acercarse notó +Roger que el rostro del fraile, desapacible y coloradote, le era +totalmente desconocido y que por sus ademanes y la expresión dolorida +del semblante más parecía caminante desbalijado que otra cosa. De pronto +le vió incorporarse y correr camino arriba, recogiendo y levantando con +ambas manos el sayal, lo menos dos palmos más largo de lo que pedía el +cuerpo bajo y rechoncho del desconocido. Pero no tardó éste en +detenerse, resoplando como si le faltara el aliento y acabando por +dejarse caer sobre la hierba. Roger se dirigió hacia él apresuradamente +y el otro le preguntó: + +--¿Conocéis, buen amigo, la abadía de Belmonte? + +--Mucho que sí, de allí vengo y en ella he vivido hasta hoy. + +--Loado sea Dios, porque en tal caso podréis decirme quién es un fraile +como un dragón, con la cara llena de pecas, los ojos negros y el pelo +rojo, á quien por mi mal acabo de encontrarme en este camino. ¿Le +conocéis? No puede haber otro tan grande ni tan malvado como él en la +abadía. + +--Por las señas es ése el novicio Tristán de Horla. ¿Qué os ha hecho? + +--¡Pesia mi alma que lo hecho por él no lo hicieran conmigo salteadores +de camino! No sino que el menguado me quitó cuanta ropa llevaba puesta +dejándome en gregüescos y después me enjaretó este sayal blanco, +quedándome yo aquí corrido y sin atreverme á volver al pueblo y mucho +menos á presentarme á mi mujer, que si me ve en esta guisa pondrá el +grito en el cielo, tratándome de borracho y correntón. + +--¿Pero cómo fué eso? preguntó el amanuense, que á duras penas podía +contener la risa. + +--Yo os lo contaré de la cruz á la fecha, repuso el otro. Pasaba por +este mismo camino y muy cerca del lugar en que estamos, cuando me topé +con el fraile bandido de la cabeza roja. Creyéndolo un religioso como +Dios manda, entregado á sus oraciones, lo saludé y seguí mi marcha hacia +Léminton, donde vivo y me gano el sustento como batanero que soy. Pero á +los pocos pasos oí que me llamaba; volvíme y me preguntó si tenía +noticia de la nueva indulgencia concedida á favor de los monjes del +Císter. "No," le contesté. "Tanto peor para vuestra salvación eterna," +me dijo; y habló largamente de la gran estimación de Su Santidad por las +virtudes del abad de Berguén y cómo en reconocimiento y recompensa de +las mismas había resuelto el Papa conceder indulgencia plenaria á todo +pecador que vistiese el hábito cisterciense y lo tuviese puesto el +tiempo necesario para recitar los siete Salmos de David. Al oirlo me +arrodillé á sus pies, rogándole que me dejase obtener tan grande gracia +prestándome su hábito, á lo que se avino después de muchas súplicas y de +entregarle yo doce sueldos para dorar la imagen del bendito San Lorenzo. +Quitádose que hubo esta vestimenta, tuve que prestarle mi buen jubón y +calzas de paño para que no le viese algún caminante en ropas menores y +aun me pidió el grueso par de medias que yo llevaba para preservarse, +dijo, del airecillo algo frío, mientras rezaba yo mis oraciones. Llegado +apenas al segundo salmo, acabó él de arroparse y gritándome que +procurase conducirme cual cuadraba á un piadoso fraile, apretó á correr +camino arriba como si lo persiguieran los demonios. Cuanto á mí, +pecador, ni puedo correr metido en este saco harinero que por todos +lados me sobra, ni tampoco es cosa de quitármelo y presentarme en el +pueblo sin más vestimenta que una almilla rabona, unos gregüescos +remendados y un par de zapatos. Ni siquiera medias. ¡Por vida del fraile +ladrón! + +--No os descorazonéis, buen hombre, dijo el doncel, que bien podréis +trocar vuestro sayal por un jubón en el convento, cuando no tengáis más +cerca algún conocido que os saque del paso. + +--Sí tengo, repuso el batanero. Allende el seto vive un pariente de mi +mujer, pero la suya es lo más mordaz y maldiciente que conozco y como mi +aventura llegase á oidos de aquella bruja no me atrevería á asomar la +cara fuera de mi casa en un mes. Pero si vos quisierais, mi buen señor, +podríais hacerme una grandísima merced con sólo desviaros de vuestro +camino cosa de dos tiros de ballesta y.... + +--Eso haré yo de muy buena gana, dijo Roger compadecido del pobre hombre +á quien en tan duro trance habían puesto las diabluras de Tristán, su +amigo del convento. + +--Pues tomad aquel sendero de la izquierda, que no tardará en llevaros +á un claro del bosque, y allí veréis la choza de un carbonero. Decidle +que os dé un par de prendas de ropa y que os envía con grande urgencia +maese Rampas, el batanero de Léminton. Razones tiene para no negarme eso +que en nombre mío váis á pedirle. + +Hízolo Roger como se lo decían y halló muy pronto la cabaña y sola en +ella á la mujer del carbonero, por hallarse su marido trabajando en el +monte. Expuso su misión y complaciente la mujer comenzó enseguida á +preparar el hatillo, mientras Roger la contemplaba con la curiosidad +natural en quien jamás había hablado á una mujer y mucho menos vístose +mano á mano con una hija de Eva en solitaria cabaña perdida en el +bosque. Observó que sus desnudos brazos eran de redondeadas formas, +aunque requemados por el sol y que llevaba modesta basquiña parda y un +pañolón cruzado y prendido sobre el pecho con enorme alfiler de cobre. + +--¡Maese Rampas el batanero! repetía ella yendo de aquí para allá en +busca de las ropas. Si fuese yo su mujer ya le enseñaría á dejarse +desbalijar en medio del camino por el primer perdulario que pase. Pero á +bien que él ha sido siempre un alma de Dios y que no he de ser yo quien +le ponga tachas ni le niegue un favor, que muy grande me lo hizo él +pagando de su bolsillo el entierro de Frasquillo, mi hijo mayor, á quien +tenía de aprendiz en el batán y me lo llevó la peste negra de hace dos +años. ¿Y quién sois vos, mi buen señor? + +--Un caminante. Vengo de Belmonte y me propongo llegar á Munster esta +noche ó mañana. + +--Y viniendo de Belmonte, me basta miraros para conocer que habéis sido +discípulo de los monjes. Pero conmigo no hay por qué bajar los ojos ni +poneros rojo como un pimiento. ¡Bah! ¿Á mí qué? ¡Buenas cosas os habrán +contado los frailes de nosotras las mujeres, y á fe que se diría que +ninguno de ellos ha conocido ni querido á su propia madre! ¡Bonito +estaría el mundo si los padres priores echasen de él á todas las +mujeres! + +--No lo quiera Dios, dijo fervientemente Roger. + +--Amén mil veces. Pero vos sois un gentil mozo y tanto más me lo +parecéis á mí por lo mismo que sois á la vez modesto y comedido. Fácil +es ver también que no habéis pasado vuestros pocos años á la +intemperie, sufriendo las inclemencias del frío en invierno y quemado +por los rayos del sol en verano, como tuvo que sufrirlo mi pobre +Frasquillo, y eso que no había cumplido los catorce cuando me lo llevó +Dios. + +--La verdad es que he visto muy poco del mundo, buena mujer, respondió +el joven. + +--Tanto mejor para vos. Y ahora, aquí tenéis el hatillo para el bueno de +Rampas y decidle que no se dé prisa por devolver esas ropas. Cuando +buenamente pase por aquí cerca puede dejarlas en la cabaña. ¡Virgen +Santa, cómo estáis cubierto de polvo! Bien se ve que en los conventos no +hay mujer que os cuide. Os limpiaré un poco. ¡Vaya! Y ahora, dadme un +beso é id en paz. + +Inclinóse Roger para que ella lo besase, saludo muy en boga en +Inglaterra por aquella época, y así lo hizo notar Erasmo mucho después, +diciendo que el beso como saludo era más usado en aquel reino que en +ningún otro país. Pero la experiencia era nueva para Roger, y el +contacto de la villana le produjo una impresión para él desconocida +hasta entonces. Pensando iba en ello al dejar la casuca y recordó las +palabras del abad, acabando por preguntarse qué hubiera dicho y sentido +éste en caso parecido al suyo. Pero llegado de nuevo al camino vió Roger +un cuadro que le hizo olvidar todo lo restante. + +El malhadado maese Rampas se hallaba á corta distancia del lugar donde +él lo dejara, gimiendo, pateando y desesperándose más que nunca y lo que +era peor, sin el hábito, ni más vestimenta que una cortísima almilla y +los zapatos. Á lo lejos desaparecía entre los árboles á todo correr un +hombrachón que llevaba un lío en una mano y apoyaba la otra sobre el +costado como si le dolieran los ijares de tanto reirse. + +--¡Vedlo! aulló el batanero. ¡Allí va! Vos me sois testigo, para dar con +él en la cárcel de Chester. ¡Que se me lleva mi hábito! + +--¿Pero qué ha pasado aquí? ¿Quién es aquel hombre? + +--¿Quién ha de ser, pesia mí, sino vuestro Tristán el ladrón, Tristán el +bandido, que no contento con haberme dejado casi en cueros vivos, volvió +para llevárseme el sayal, como si un cristiano pudiera andar por el +camino público con este camisín. ¡Me ha robado mi hábito, mi hábito! + +--Perdonad, buen hombre, el hábito era suyo.... + +--Corriente, pues que se lo lleve todo. No tardará en volver para +despojarme de los zapatos y de este camisolín, que para lo que tapa.... +¡Nuestra Señora de Rocamador me valga! + +--¿Y cómo fué ello? preguntó Roger, lleno de asombro. + +--¿Son ésas las ropas que me traéis? Dadme acá, por favor, que éstas ni +el Papa me las quita, aunque le ayude todo el Sacro Colegio. ¿Que cómo +fué? Pues apenas me dejasteis volvió corriendo don ladrón y como yo +empezase á apostrofarle me preguntó muy dulcemente si creía posible que +un buen religioso abandonase su sayal nuevecito y abrigado para vestir +el jubón y las calzas de un artesano. Empecé á quitarme el hábito muy +regocijado, mientras él explicaba que se había ausentado para que yo +dijera mis oraciones con mayor recogimiento. También hizo como que se +desabrochaba mi jubón para devolvérmelo, pero no bien le entregué su +sayal apretó á correr otra vez, dejándome con lo puesto, que no es mucho +que digamos. ¡Habrá tuno! ¡Y cómo se reía el bigardón! + +Roger escuchó el relato de aquellas lástimas con toda la seriedad que +pudo. Pero cuando contempló al pobre hombre vestido con los guiñapos del +carbonero y vió la expresión de dignidad ofendida que tenían el rostro +mofletudo y los ojillos saltones de maese Rampas, le fué imposible +contener la risa. Jamás se había reido tanta ni de tan buena gana, é +incapaz de tenerse de pie se apoyó contra el tronco de un árbol, sin +poder hablar, saltándosele las lágrimas y riéndose á todo trapo. + +El batanero le miró gravemente; nuevos accesos de hilaridad retorcieron +el cuerpo de Roger y maese Rampas, viendo que aquello no llevaba trazas +de acabar, le hizo un ceremonioso saludo y se alejó pausada y +altivamente, contoneándose. Roger le miró hasta perderle de vista, y aun +después de ponerse él mismo en camino se reía de todo corazón cada vez +que recordaba la facha y los visajes del batanero de Léminton. + + + + +CAPÍTULO IV + +DE LA JUSTICIA INGLESA EN EL SIGLO CATORCE + + +El camino que seguía Roger era poco frecuentado, mas no tanto que el +viandante dejase de encontrar de vez en cuando ya unos arrieros, ya un +pobre pedigüeño, y otros viajeros tan cansados como él. Entre los que +halló Roger á su paso se contó también uno al parecer fraile, que +gimoteando le pidió algunos cornados para comprar pan, pues estaba +muerto de hambre. El joven apresuró el paso sin contestarle, porque en +el convento había aprendido á desconfiar de esos frailes vagabundos; sin +contar con que del morral que el pordiosero llevaba á la espalda vió +salir el hueso no muy mondo de una pierna de cordero que para sí la +hubiera querido el buen Roger. No anduvo largo trecho sin oir las +maldiciones que le lanzaba el supuesto religioso; seguidas de tales +blasfemias que el caminante echó á correr por no oirlas y no paró hasta +perder de vista al deslenguado fraile. + +En los linderos del bosque descubrió Roger á un chalán que con su mujer +despachaba un enorme pastel de liebre y un frasco de sidra, sentados +ambos al borde del camino. El brutal chalán lanzó una exclamación +grosera al pasar Roger, quien siguió su marcha sin darse por entendido; +pero como á la mujer se le ocurriese llamar á gritos al apuesto joven +invitándole á comer con ellos, su marido se enfureció de tal manera que +empuñando la vara empezó á dar de palos á su caritativa compañera. El +joven comprendió que lo mejor era poner tierra por medio, muy +apesadumbrado al ver que por todas partes sólo hallaba violencias, +engaños é injusticias. + +Pensando iba en ello y comparando aquellos episodios de su jornada con +la vida monótona del convento, cuando detrás de un vallado que á su +derecha quedaba vió el más raro espectáculo que imaginarse pueda. Cuatro +piernas cubiertas con ajustadas medias de arlequinados colores y largos +borceguíes de retorcidas puntas en los pies, se movían á compás, sin que +el matorral permitiese ver los cuerpos invertidos á que pertenecían +aquellas extremidades. Acercándose prudentemente oyó Roger los sonidos +de una flauta y rodeando el vallado creció de punto su sorpresa al ver á +dos jóvenes que, sin gran dificultad al parecer, se sostenían cabeza +abajo sobre la hierba y tocaban sendas flautas, á la vez que imitaban +con los pies los movimientos de la danza. Hizo Roger la señal de la cruz +y tentado estuvo de echar á correr; pero en aquel momento lo +descubrieron los músicos, que inmediatamente se le acercaron dando +saltos sobre sus cabezas, como si fueran éstas de pedernal y no de carne +y hueso. Llegados á pocos pasos de Roger, doblaron sus cuerpos aquellos +rarísimos danzantes, y posando los pies en el suelo asumieron sin el +menor esfuerzo su posición normal y se adelantaron sonrientes, con la +mano sobre el corazón, en la actitud de acróbatas ó payasos saludando al +público. + +--Sed generoso, príncipe mío, dijo uno de ellos tendiendo un birrete +galoneado que recogió del suelo. + +--Mano al bolsillo, apuesto doncel, repuso el otro. Aceptamos toda clase +de moneda y en cualquiera cantidad que sea, desde una talega de ducados +ó un puñado de doblas, hasta un solo cornado, si no podéis hacer mayor +ofrenda. + +Roger creyó hallarse en presencia de un par de duendes y aun procuró +recordar la fórmula del exorcismo; pero los dos desconocidos +prorrumpieron en grandes carcajadas al ver el espanto y la sorpresa +reflejados en su semblante. Uno de ellos dió un salto y cayendo sobre +las manos comenzó á andar con ellas, dando zapatetas en el aire. El otro +preguntó: + +--¿No habéis visto nunca juglares? Por lo menos habréis oído hablar de +ellos. Tales somos, que no brujos ni demonios. + +--¿Á qué ese espanto, rubio querubín? preguntó el otro. + +--No os extrañe mi sorpresa, repuso por fin Roger. No había visto un +juglar en mi vida y mucho menos esperaba contemplar en el aire dos pares +de piernas danzando misteriosamente. ¿Pues y el saltar sobre vuestros +cráneos? Bien quisiera saber por qué hacéis cosas tan extraordinarias. + +--Difícil es la respuesta, y á buen seguro que si de mí dependiera no +volveríais á verme andando cabeza abajo, tragando estopa encendida ni +tocando el laúd con los pies, para entretenimiento de mirones y espanto +de tiernos pajecillos como vos.... Pero ¿qué veo? ¡Un frasco! ¡Y lleno, +lleno "del rico zumo de las dulces uvas"! ¡Decomiso! + +Y haciendo y diciendo se apoderó de la botella de vino que el hermano +despensero regaló á Roger y que éste llevaba en el entreabierto zurrón. +Beberse la mitad del vino fué obra de un instante para el juglar, que +después pasó el frasco á su compañero. Apenas lo agotó éste hizo ademán +de tragárselo, con tanta verdad que asustó á Roger; después reapareció +el evaporado frasco en la diestra del juglar, que lanzándolo en alto lo +recibió sobre la pantorrilla izquierda, de la cual pareció extraerlo +para presentárselo á Roger, acompañado de cómica reverencia. + +--Gracias por el vino, mocito, dijo; es de lo poco bueno que hemos +probado en largos días. Y contestando á vuestra pregunta, os diremos que +nuestra profesión nos obliga á inventar y ensayar continuamente nuevas +suertes, una de las cuales y de las más difíciles y aplaudidas habéis +presenciado. Venimos de Chester, donde hemos hecho la admiración de +nobles y plebeyos y nos dirigimos á las ferias de Pleyel, donde si no +ganamos muchos ducados no nos faltarán aplausos. De mí os aseguro que +daría buen número de éstos por uno de aquellos. Ó por otro trago de +vuestro riquísimo vino. Y ahora, amiguito, si os sentáis en aquella +piedra, nosotros continuaremos nuestro ensayo y vos pasaréis el rato +entretenido. + +Hízolo así Roger, quien notó entonces los dos enormes fardos que +formaban el equipaje de los juglares y que por lo que dejaban ver +contenían jubones de seda, cintos relucientes y franjas de oropel y +falsa pedrería. Junto á ellos yacía una vihuela que Roger tomó y empezó +á tocar con gran maestría, mientras los acróbatas continuaban sus +sorprendentes ejercicios. No tardaron éstos en tomar el compás de la +vihuela y era cosa de verlos con los pies en el aire, bailando sobre las +manos, con tanta presteza y facilidad como si toda la vida hubiesen +andado en aquella postura. + +--¡Más aprisa, más aprisa! gritaban al tañedor, que los complacía +riéndose á carcajadas. + +--¡Bravo, don alfeñique! exclamó por fin uno de los danzantes, dejándose +caer rendido sobre la hierba. + +--¡Por vida de! Muy callado lo teníais, señor músico, dijo el otro +imitándolo. ¿Dónde aprendisteis á tañer de tal suerte? + +--Lo que acabo de tocar lo aprendí yo solo, sin música ni maestro, por +haberlo oído varias veces allá en Belmonte, de donde vengo. + +--¡El diablo me lleve si no sois vos el auxiliar que nos hace falta! +dijo el juglar que parecía de más edad. Tiempo hace que busco un +vihuelista, flautista, ó lo que sea, que nos acompañe y pueda tocar de +oído, y vos lo tenéis magnífico. Venid con nosotros á Pleyel, que no os +ha de pesar, ni os faltarán algunos ducados, buena cerveza y mejor humor +mientras sigamos juntos. + +--Sin contar con que jamás hemos tenido cena sin una buena tajada de +carne en el plato y vos no seréis menos. Por mi parte os prometo media +azumbre de vino los domingos, mientras estemos en poblado, dijo el otro. +Es gascón y del añejo, agregó guiñando un ojo para dar más valor á su +oferta. + +--No, no puede ser, contestó el joven. Otro es mi destino y si he de +llegar á él en sazón no puedo permitirme muchas paradas tan largas como +ésta. Con Dios quedad. + +Dicho esto se alejó apresuradamente, sin atender á las repetidas ofertas +de los juglares, quienes por fin se despidieron de él deseándole buena +suerte. La última vez que los vió, antes de doblar un recodo del +sendero, el más joven de los saltimbanquis se había subido sobre los +hombros de su compañero y desde aquella altura lo saludaba con dos +banderolas de chillones colores, que agitaba sobre su cabeza. + +Roger les hizo un ademán de despedida y emprendió sonriente el camino de +Munster. + +Extraños y en gran manera interesantes le parecían todos aquellos +variados incidentes de su jornada. Las pocas horas pasadas desde que +abandonó el apacible claustro le habían procurado más emociones que un +año de vida en Belmonte. Se le hacía increíble que el fresco pan que iba +comiendo con placer fuese reciensalido de los hornos de la abadía. + +No tardó en dejar el terreno montañoso cubierto de arbolado y se halló +en la vasta llanura de Solent, cuyos campos esmaltados de florecillas +multicolores presentaban aquí y allá grupos verdes ó bronceados de +ondulantes helechos. Á la izquierda del viajero y no muy lejos +continuaba el espeso bosque, pero la senda divergía rápidamente de él y +serpenteaba por el valle. El sol próximo á su ocaso entre purpurinas +nubes, iluminaba con luz suave los alegres campos y rozaba de soslayo +los primeros árboles del bosque, poniendo entre las ramas toques +inimitables de oro y rojo. Admiró Roger el bellísimo paisaje, pero sin +detenerse, porque según sus informes lo separaba todavía una legua larga +del primer mesón donde se proponía pasar la noche. Lo único que hizo fué +dar algunos mordiscos al pan y al apetitoso queso que llevaba de +repuesto. + +Por aquella parte del camino se cruzó el viajero con buen número de +personas. Vió primero á dos frailes dominicos de negros hábitos, que +pasaron sin mirarle siquiera, fija la vista en el suelo y murmurando sus +oraciones. Siguióles un obeso franciscano, mofletudo y sonriente, que +detuvo á Roger para preguntarle si no había por allí cierta venta famosa +por sus tortas de anguilas; y como el joven le contestase que siempre +había oído poner por las nubes los guisos de anguilas de Solent, el +epicúreo padre tomó el camino de aquel pueblo relamiéndose de gusto. +Poco después vió venir nuestro viajero á tres segadores que cantaban á +voz en cuello, con acento y jerga tan diferentes de cuanto hasta +entonces había oído en su convento, que más bien le parecieron hombres +de otra raza expresándose en lenguaje bárbaro. Llevaba uno de ellos una +garza que habían cogido en la ciénaga vecina y se la ofreció á Roger por +dos cornados. Excusóse éste como pudo y se alegró de dejar atrás á los +cantantes, cuyos enmarañados cabellos rojos, afiladas hoces y risa +brutal los hacían nada gratos compañeros de viaje y menos para +encontrados al caer la noche en campo raso. + +Más peligroso que aquellos alegres campesinos demostró ser un macilento +pordiosero que le salió al encuentro poco después, supliendo con una +muleta la pierna que le faltaba. Aunque endeble y humilde al parecer, no +bien hubo pasado Roger sin depositar en el grasiento sombrero la moneda +que le pedía, oyó el grito de rabia del miserable y una blasfemia atroz, +seguida de una pedrada que si hubiera acertado á nuestro héroe en la +cabeza habría puesto probablemente fin á sus aventuras. Por suerte la +piedra pasó rozándole una oreja y fue á dar violentamente contra un +árbol cercano. Detrás de su tronco se guareció Roger de un salto y desde +allí efectuó su retirada ocultándose entre la maleza, sin volver al +sendero hasta que hubo puesto buen trecho entre su persona y el +andrajoso energúmeno. Íbale pareciendo que en Inglaterra no había más +protección de vidas y haciendas que la que cada cual pudiese +proporcionarse con sus propios puños ó con la ligereza de sus piernas. +¿Dónde estaba la ley, aquella ley de que había oído hablar en el +claustro, superior á prelados y barones y de la cual no veía indicio ni +señal? Sin embargo, no debía de ocultarse el sol aquel día sin que Roger +viese por sí mismo un ejemplo inolvidable de la ley durísima de aquella +época y de la más pronta distribución de justicia que jamás presenciaron +ojos humanos. + +En el centro del valle había una hondonada por la que corrían las aguas +de cristalino arroyuelo. Á la derecha del camino, en el punto donde +cruzaba el arroyo, veíase un informe montón de piedras, acaso un antiguo +túmulo, que desaparecía casi por completo bajo los brezos y helechos. +Buscando estaba Roger el vado cuando vió venir por el lado opuesto á una +pobre mujer cargada de años y achaques, que por dos veces trató +inútilmente de poner el pie sobre una ancha piedra plana colocada en +medio del arroyo. Roger la vió sentarse desalentada en el ribazo y +cruzando el vado se le acercó y le ofreció ayudarla. + +--Venid, buena mujer; el paso no es tan difícil como parece. + +--No puedo, doncel; la edad ha nublado mis ojos y aunque sé que hay una +piedra en el vado, no acierto á verla. + +--Pues por eso no ha de quedar, dijo Roger; y tomando en brazos á la +enjuta viejecilla la trasladó prontamente á la otra margen. Muy débil y +anciana parecéis para viajar sola, continuó cuando la vió vacilar y caer +de rodillas. ¿Venís de muy lejos? + +--De Balsain, donde dejé mi arruinada casuca tres días há. Voy en busca +de mi hijo, que es montero del rey en Corvalle y me ha ofrecido cuidar +de mí estos últimos días de mi vida. + +--Deber suyo es hacerlo, que vos cuidasteis de él en su niñez. Pero +¿habéis comido? ¿Lleváis provisiones? + +--Tomé un bocado al rayar el día, en el ventorrillo de Dunán.... Pero +allí dejé también la última moneda que me quedaba y por eso necesito +llegar esta misma noche á Corvalle, donde nada me faltará. ¡Si vierais á +mi hijo, tan arrogante, tan generoso! Olvido mis tribulaciones al +figurármelo con su verde sayo de montero, bordadas sobre el pecho las +armas del rey. + +--Grande es la tirada de aquí á Corvalle, sobre todo para vos y ya casi +de noche. Pero aquí tenéis un poco de pan y queso y también algunos +sueldos para que con ellos completéis vuestra cena en el primer mesón. Á +Dios quedad. + +--Él os guarde, generoso mancebo, dijo la viejecilla alejándose y +menudeando sus bendiciones. + +Al volverse Roger para emprender la marcha descubrió lo que hasta +entonces no había reparado; que su breve entrevista con la pobre mujer +había tenido testigos. Eran éstos dos hombres, ocultos hasta entonces +entre los brezos que cubrían el montón de piedras antes citado y que +abandonando su escondrijo se dirigían hacia la hondonada. Uno de ellos, +viejo de andrajosos vestidos, inculta barba y retorcida nariz, tenía más +apariencias de bandido que de caminante; el otro era uno de los pocos +negros que había en Inglaterra por aquella época, y Roger contempló +asombrado los abultados labios y grandes y blancos dientes que hacían +resaltar la negrura de la tez. Pero el aspecto de ambos desconocidos era +tan sospechoso que Roger creyó prudente subir el ribazo y tomar el +camino á buen paso, á fin de evitar su encuentro. No le siguieron los +otros, pero antes de alejarse gran espacio oyó las voces de socorro que +daba la vieja, detenida en medio del camino por ambos bribones, que la +despojaban apresuradamente de las monedas que él le había dado, de su +mantón de lana y de la cestilla que en la mano llevaba. Soltó Roger el +zurrón y empuñando su herrado garrote volvió atrás, cruzó el arroyo de +un salto y se dirigió á todo correr hacia el grupo que formaban los +salteadores y su víctima. + +Pero aquéllos no parecían dispuestos á ceder el campo, pues viéndole +venir el negro, sacó un reluciente cuchillo y lo esperó á pie firme; el +otro empuño su nudoso bastón y entre amenazas y maldiciones invitó á +Roger á acercarse. Ningún peligro hubiera detenido en aquel momento al +denodado joven, de ordinario tan comedido y pacífico, pero cuyo +semblante indicaba que la indignación y la cólera lo cegaban, +convirtiéndolo en temible adversario. Llegado frente al negro, le +descargó tan furioso garrotazo que soltó el cuchillo y huyó lanzando +gritos de dolor. Al verlo el viejo, se abalanzó sobre Roger y rodeándole +fuertemente la cintura con ambos brazos, gritó al otro que apuñaleara á +su enemigo por la espalda. Acercóse el negro, recogió su arma y Roger +creyó llegada su última hora, si bien no dejó de hacer vigorosos +esfuerzos para derribar á su adversario, cuya garganta apretaba con +furia mientras forcejeaban ambos de uno á otro lado del camino. En aquel +momento supremo se oyó claramente el galope de numerosos caballos sobre +las piedras y casi al mismo tiempo una exclamación de terror del negro, +que huyó á todo correr y no tardó en ocultarse entre la maleza. El otro +bandido, cuyos ojos delataban el miedo que se había apoderado de él, +hizo esfuerzos desesperados por rechazar á Roger, pero éste logró al fin +derribarlo y sujetarlo firmemente, contando recibir pronto refuerzo. + +Los jinetes llegaban á todo correr, precedidos por el que parecía ser +jefe de la partida, que montaba un hermoso caballo negro y vestía fino +sayo de vellorí, cruzado el pecho por ancha banda de rojo color recamada +de oro y cubierta la cabeza con un birrete de blancas plumas. Seguíanle +seis ballesteros, con jubones de paño buriel, cintos de baqueta, +capacetes sin plumas y á la espalda ballesta y saetas. Bajaron la +cuesta, cruzaron el vado y en pocos momentos llegaron al lugar de la +lucha. + +--¡Aquí está uno de ellos! exclamó el jefe, echando pie á tierra y +sacudiendo al bandido por el cuello. Á ver las cuerdas, Pedro, y que lo +ates de pies y manos de manera que no vuelva á escurrirse. Le ha llegado +la hora y ¡por San Jorge! que de esta vez las pagará todas juntas. +¿Quién sois, joven? preguntó á Roger. + +--Un amanuense de la abadía de Belmonte, señor. + +--¿Tenéis carta ó papel que lo acredite? ¿No seréis uno de tantos +pordioseros como infestan estos caminos? + +--Hé aquí las cartas del abad de Berguén. No necesito pedir limosna, +dijo el joven algo ofendido. + +--Tanto mejor para vos. ¿Sabéis quién soy? + +--No, señor. + +--Yo soy la ley, soy el corregidor del condado y represento la justicia +de nuestro bondadoso soberano, Eduardo III. + +--Á tiempo llegáis, señor, dijo Roger inclinándose ante el personaje. +Unos momentos más y sólo hubierais hallado aquí mi cadáver y quizás +también el de esta pobre mujer. + +--¡Pero nos falta el otro! exclamó el corregidor. ¿No habéis visto á un +negro? Era el cómplice de ese ladrón y juntos huían.... + +--El negro escapó en aquella dirección al oiros, dijo Roger señalando +hacia las piedras del desmoronado túmulo. + +--Se esconde en la maleza y no puede estar lejos, dijo uno de los +ballesteros preparando su temible arma. Desde que llegamos he estado +vigilando los alrededores. Él sabe que con nuestros caballos lo +alcanzaríamos en un santiamén y se guardará de huir. + +--¡Pues á buscarlo! Nunca se dirá que un criminal de su laya escapó al +corregidor de Southampton y á sus ballesteros. Dejad á ese bandido +tendido en el polvo. Y ahora, muchachos, formad en línea, á bastante +distancia uno de otro, y empiece el ojeo; aprestad las ballestas y yo os +procuraré caza como el mismo rey no puede tenerla. Norris, aquí, á la +izquierda; Jacobo el Rojo á la derecha. Eso es. Mucho ojo con los +matorrales, y un cuartillo de vino para el buen tirador que acierte á la +pieza. + +El negro se había deslizado entre los brezos hasta llegar al derruido +monumento, tras cuyas piedras se escondió; al poco rato quiso averiguar +lo que hacían ó proyectaban sus perseguidores, á quienes vió separarse +formando extensa línea y adelantar por la maleza en la dirección que él +había tomado y que les había indicado Roger. Aunque el fugitivo asomó la +cabeza lo más prudentemente posible, el ligero movimiento de unos +helechos bastó para denunciar su presencia al corregidor, que en aquel +momento miraba fijamente la eminencia formada por las piedras y el +matorral que en parte las cubría. + +--¡Ah, bellaco! gritó el funcionario sacando la espada y señalándolo á +sus soldados. ¡Allí le tenéis! ¡Á pie firme, ballesteros! Ya abandona su +guarida y corre como un gamo. ¡Tirad! + +Así era en efecto, porque al oir el negro las voces del corregidor y +verse descubierto, emprendió la fuga á todo correr. + +--Apunta dos varas á la derecha, muchacho, dijo un ballestero veterano, +inmediato á Roger. + +--No, apenas hay viento; con vara y media basta, contestó su compañero, +soltando la cuerda de su ballesta. + +Roger se estremeció, porque el acerado dardo pareció atravesar de parte +á parte al fugitivo. Pero éste siguió corriendo. + +--Dos varas te digo, bodoque, comentó el viejo ballestero, apuntando con +tanta calma como si tirase al blanco. + +Partió silbando la mortífera saeta y se vió al negro dar de repente un +enorme salto, abrir los brazos y caer de cara al suelo, donde quedó +inmóvil. + +--Debajo de la espaldilla izquierda, fué lo único que dijo su matador, +adelantándose á recobrar su dardo. + +--Á perro viejo no hay tus tus. Esta noche podrás emborracharte con el +mejor vino de Southampton, dijo el personaje á su impasible ballestero. +¿Estás seguro de haberlo despachado? + +--Tan muerto está como mi abuela, señor. + +--Corriente. Ahora al otro bribón. No faltan árboles allá en el bosque, +pero no tenemos tiempo que perder. Anda, Lobato, saca esa espada y +córtale la cabeza al canalla, como tú sabes hacerlo. + +--¡Por favor, concededme una gracia que os pido! suplicó el sentenciado +dando diente con diente. + +--¿Qué es ello? preguntó el magistrado. + +--Antes confesaré mi crimen. El negro y yo fuímos, en efecto, quienes +después de robar cuanto pudimos en la barca _Rosamaría_ de la que él era +cocinero, asesinamos y despojamos al mercader flamenco en Belfast. +Pronto estoy á que me enviéis allá, ante mis jueces. + +--Poco mérito tiene esa confesión y no te valdrá. Es que además de tus +fechorías en Belfast y en todas partes acabas de cometer un asalto en +despoblado dentro del territorio de mi jurisdicción y vas á morir. Basta +de charla. + +--Pero señor, observó Roger pálido de emoción; no ha sido juzgado y.... + +--Vos, mocito, me complaceréis grandemente no hablando de lo que no +entendéis y menos os importa. Y tú, belitre, continuó dirigiéndose al +reo, ¿qué gracia es esa que pides? + +--Tengo en la bota del pie izquierdo un trocito de madera envuelto en +lienzo. Perteneció un tiempo á la barca en que iba el bendito San Pablo +cuando las olas lo arrojaron á la isla de Melita. Lo compré por tres +doblas á un marinero que venía de Levante. Os pido que me permitáis +morir con esa reliquia en la mano, y de esta manera no sólo obtendré mi +salvación eterna sino también la vuestra, pues debiéndoos tan gran +merced, no dejaré de interceder por vos un solo día. + +Á una señal de su jefe, el ballestero Jacobo descalzó al malhechor y +halló en la bota la valiosa reliquia, envuelta en luenga tira de fino +cendal. Los soldados se santiguaron devotamente y el corregidor se +descubrió al tomarla y entregársela al sentenciado. + +--Si sucediese que por los méritos del gran apóstol San Pablo te fuesen +perdonados tus delitos y abiertas las puertas del Paraíso, dijo el +crédulo magistrado, espero que no olvides la gracia que te concedo y la +promesa que me haces. Y ten también presente que toda tu intercesión ha +de ser por Roberto de York, corregidor de Southampton y no por Roberto +de York mi primo hermano, el condestable de Chester. Y ahora, Jacobo, al +avío, que todavía tenemos una buena tirada de aquí á Munster y el sol se +ha puesto ya. + +Con los ojos dilatados por el espanto contempló Roger aquella +conmovedora escena; el obeso personaje ricamente vestido, el grupo de +ballesteros que miraban indiferentes, teniendo asidas las riendas de +sus caballos; la viejecilla, tan espantada como él, que esperaba el +final del sangriento drama sentada á un lado del camino y por último el +malhechor de pie, atados los brazos y pálido como un muerto. El más +viejo de los ballesteros se adelantó en aquel momento y desenvainó la +cortante hoja; Roger volvió la espalda y se retiró apresuradamente, pero +á los pocos pasos oyó un sonido sordo, horrible, que le hizo temblar, +seguido del golpe que dió el cuerpo al caer en tierra. Momentos después +pasaron trotando junto á Roger el corregidor y cuatro ballesteros, +habiendo recibido los otros dos la orden de cavar una fosa y enterrar +los cadáveres. Uno de los soldados limpiaba la larga hoja de su espada +en las crines del caballo, y al verlo Roger le sobrecogió tal angustia +que arrojándose sobre la hierba prorrumpió en sollozos convulsivos. +"¡Mundo perverso, se decía, hombres de corazón duro, así los criminales +como los encargados de administrar una justicia brutal y cruenta!" + + + + +CAPÍTULO V + +DE LA EXTRAÑA COMPAÑÍA QUE SE REUNIÓ EN LA VENTA DEL PÁJARO VERDE + + +Había cerrado la noche y brillaba la luna entre ligeras nubes cuando +Roger, cansado y hambriento, llegó al mesón de Dunán, famoso en diez +leguas á la redonda y situado fuera del pueblo, en la intersección de +los tres caminos de Balsain, Corvalle y Munster. Era un edificio bajo y +sombrío, cuya puerta señalaban al caminante y alumbraban de noche dos +hachones encendidos. De la ventana central proyectaba una larga barra á +manera de asta, de cuya punta pendía enorme rama seca, señal cierta de +que el sediento viajero hallaría en la venta toda clase de bebidas, y en +especial la dorada cerveza y el buen vino que tanto contribuían á la +justa fama del establecimiento. + +Á su puerta se detuvo el joven, contemplando distraídamente un caballo +ensillado que allí esperaba piafando, atado á una gruesa argolla fija en +la pared. Era la primera vez que el descendiente de los Clinton de +Munster entraba en un mesón y preguntábase qué clase de gentes serían +sus compañeros de hospedaje y qué recibimiento le harían. Pero pensó +también que si la distancia á Munster no era larga, en cambio él no +conocía á su hermano, de quien tenía los peores informes; y que lo +derecho era pasar la noche en el albergue de Dunán y presentarse de día +en casa de su pariente, que ni lo esperaba, ni sabía de él, ni jamás le +había mostrado el menor interés. + +La viva luz que iluminaba la puerta del mesón, las carcajadas que desde +ella se oían y el rumor de vasos entrechocados hicieron vacilar un +momento al inexperto viajero, que hasta entonces había pasado sus noches +en la pulcra y callada celda del convento. Pero hizo un esfuerzo y +diciéndose que era aquella una posada pública en la que él tenía tanto +derecho á entrar como cualquier otro, franqueó la puerta y se halló en +la sala común. + +Aunque era la noche una de las primeras del otoño y nada fría, ardían en +el hogar gruesos leños cuyo humo salía en parte por la chimenea y en +parte invadía también la estancia y oprimía las gargantas de cuantos en +ella se encontraban. Sobre el fuego se veía un gran caldero cuyo +contenido hervía á borbotones y despedía el más apetitoso olor. Sentados +en torno una docena ó más de toscos bebedores, quienes al ver á Roger +prorrumpieron en voces tales que éste se quedo indeciso, mirándolos á +través del humo que llenaba el local. + +--¡Otra tanda, otra tanda! gritó un gandul zarrapastroso. ¡Venga mi +cerveza y que pague la tanda el recienllegado! + +--Esa es la ley del _Pájaro Verde_, aulló otro. ¡Cómo se entiende, tía +Rojana! ¿Parroquiano nuevo y vasos vacíos? + +--Un momento, mis buenos señores, un momento. Si no he preguntado lo que +queréis es porque ya lo sé, y escanciando estoy la cerveza para los +leñadores, aguamiel para el músico, sidra para el herrero y vino para +todos los demás. Llegaos aquí, buen hidalgo, dijo á Roger, y sed muy +bienvenido. Sabed que ha sido siempre costumbre del _Pájaro Verde_ que +el último en llegar pague una convidada. ¿Os conformáis á ello? + +--Me guardaré yo de contravenir los usos de vuestra casa, señora +ventera. Pero no estará de más decir que si mi voluntad es buena mi +bolsa no está muy henchida; sin embargo, daré con gusto hasta un ducado +por obsequiar á los presentes. + +--¡Bravo! gritaron todos á una voz, chocando y vaciando sus vasos. + +--¡Bien dicho, frailecico mío! exclamó un vozarrón sonoro, á tiempo que +una pesada mano caía sobre el hombro de Roger. Volvióse éste y vió á su +lado á Tristán de Horla, su compañero de claustro, expulsado de la +abadía aquella mañana. + +--¡Por la cruz de Gestas! Malos días se le preparan á Belmonte, +continuó el fornido exnovicio. En veinticuatro horas han dicho adiós á +sus vetustos paredones dos de los tres hombres que había en todo el +convento. Porque hace tiempo que te conozco, Roger amigo, y á pesar de +tu carita de muñeca llegaras á ser todo un hombre. El otro á quien me +refiero es el buen abad. Ni él es mi amigo ni yo le debo favores, pero +tiene un corazón animoso y sangre de pura raza y vale mucho más que la +partida de gansos que tiene á sus órdenes. ¿No es así, Rogerito? + +--Los monjes de Belmonte son unos santos.... + +--Santos calabacines, que sólo entienden de darse buena vida y llenar el +buche. ¿Crees tú que estos brazos míos y esa cabeza tuya nos fueron +dados para llevar semejante vida? Mucho hay que hacer y que ganar en el +mundo, amigo, pero no para los que se encierran entre cuatro paredes. + +--Pues entonces ¿por qué te hiciste novicio? + +--Justa es la pregunta, á fe mía y no difícil la respuesta. Porque la +rubia Margot, de la Granja Real, se casó con Gandolfo el Zurdo, un +pillete de siete suelas, dejando plantado á Tristán de Horla, no +obstante sus promesas y otras cosas que yo me sé. Y estando dicho +Tristán enamorado como un bolonio, se metió en el convento, en lugar de +pedir al rey una alabarda ó un arco y de dar al Zurdo un pie de paliza +como para él solo. Con la calma vino la reflexión, le pegué un susto al +soplón Ambrosio, hice que me quitaran el hábito blanco, se enfureció el +abad, y por él lo siento, dejé para siempre el monasterio y aquí me +tienes más contento que unas pascuas. + +Echáronse á reir sus oyentes, á tiempo que llegaba la patrona con dos +grandes jarros de vino y cerveza y tras ella una sirvienta con platos y +cucharas que distribuyó á los parroquianos. Dos de éstos que vestían el +verde sayo de los guardabosques retiraron el caldero del fuego é +hicieron plato á los restantes y todos atacaron con apetito el humeante +potaje. Roger se instaló en un ángulo algo apartado del fuego, donde +podía comer y beber con sosiego á la vez que observar los hechos y +dichos de aquella extraña reunión, iluminada por la luz del hogar y tres +ó cuatro antorchas colocadas en aros de hierro fijos en las ennegrecidas +paredes. Además de los guardabosques y algunos robustos jayanes que +ganaban su vida carboneando y cortando leña en los vecinos montes, +veíase allí á un músico de rubicunda nariz, á un alegre estudiante de +Exeter, y más allá un sujeto de enmarañados cabellos y luenga barba, +envuelto en tosco tabardo y un joven, al parecer montero ó paje, cuyo +raído jubón no reflejaba gran crédito sobre la munificencia de su señor, +quienquiera que fuese. Junto á él comía con apetito el alegre exnovicio, +á cuya derecha quedaban tres rudos mozos de labranza. En el rincón más +apartado del hogar roncaba un parroquiano, rendido por las frecuentes +libaciones á que sin duda se había entregado antes de la llegada de los +otros huéspedes. + +--Ese es Ferrus el pintor, dijo la tía Rojana señalando con el cucharón +al dormido bebedor. ¡Y yo, tonta de mí, que le creí y le dí de beber +antes de que me pintara la muestra prometida y ahora me quedo sin +muestra y sin el vino que se me ha tragado ese perdulario! Figuraos, +continuó la indignada ventera dirigiéndose á Roger, que Ferrus me +ofreció esta mañana pintarme una enseña con un pájaro verde, nombre que +ha llevado por luengos años esta honrada venta, á condición de darle +todo el vino que quisiese durante su trabajo; ¡y ved aquí lo que ese +farsante ha pintado y quiere que cuelgue yo á la puerta de mi casa! + +Diciendo esto presentó la buena mujer un tablero en el que sobre fondo +rojizo y nada limpio se contoneaba una especie de gallina moribunda +pintarrajeada de verde, con un ojo saltón y amarillento colocado más +cerca del pescuezo que del pico; era éste encorvado y enorme, y de él +pendía un cartelón pintado de blanco con esta inscripción en letras +negras: _¡Al Pagaro Berde!_ + +Aquella obra maestra del pintor ambulante fué acogida con grandes risas, +y el mismo Roger no pudo menos de convenir con la ventera en que aquel +papagayo bizco y aquella ortografía fantástica perjudicarían á la buena +fama del mesón y moverían á risa á los señores que allí se detuviesen á +descansar y refrescar durante sus frecuentes cacerías. + +--Sería la ruina de mi casa, exclamó la tía Rojana. + +--No os apuréis, buena mujer, que yo espero mejorar algo el cuadro, dijo +Roger, si vos me dáis los colores y pinceles del artista Ferrus. + +--El cielo os prospere si así lo hacéis, lindo señor, dijo ella +sorprendida y encantada con aquella oferta; y en un santiamén le llevó y +abrió el zurrón de Ferrus, admirando la prontitud y habilidad con que +Roger manejó colores, paleta y pinceles y borrando el espantajo verde +comenzó á pintar el fondo de la nueva muestra. + +--El barón de Ansur tendrá que arar él mismo sus campos, si quiere +grano, voceaba en tanto uno de los bebedores, con zamarra y gruesas +botas de cuero. Lo que es yo no vuelvo á poner el pie en sus tierras. +Doscientos años hace que toda mi parentela suda la gota gorda para que +los señores de Ansur tengan buen vino en sus mesas y copas de oro en que +beberlo y brocados y sedas con que vestirse. ¡Voto á tal que desde hoy +me quito la librea y no vuelvo á trabajar para esos señorones +holgazanes! + +--Tened la lengua, Rodín, advirtió la ventera. + +--No, no, dejadle, dijo uno de los leñadores. Lo que necesitamos es que +muchos villanos piensen como Rodín y sacudan el yugo. Medrados estamos +si hasta el hablar se nos niega. Por mi parte, aunque me corten las +orejas.... + +--Ved que eso de cortar orejas, tan bonitamente pueden hacerlo los +verdugos de los barones como los cuchillos de los leñadores, añadió otro +de éstos. ¡Por San Jorge! De mí sé decir que prefiero vivir en el monte +á servir á un criado del rey. + +--Yo no tengo más amo que el rey, declaró otro de los presentes, después +de empinar un jarro lleno de cerveza. + +--¿Y quién es el rey? aventuró Rodín, que estaba ya entre dos luces. ¿Es +por ventura un rey inglés cuando su lengua se niega á decir dos palabras +en nuestro idioma? Acordaos de su visita del año pasado al castillo de +Malvar, donde se presentó con gran golpe de senescales, justicias, +condestables, monteros y guardas. En una de las cacerías vigilaba yo la +verja de Glendale cuando héte al rey que me echa encima su caballo, +diciendo "_¡Ouvrez, ouvrez!_" ó cosa parecida. ¿Es ese el rey que ahora +tenemos los ingleses? + +--¡Á callar se ha dicho! gritó de repente Tristán de Horla, dando un +tremendo puntapié al escabel que tenía delante y lanzándolo contra los +troncos del hogar, que despidieron millares de chispas. Nadie insulte en +mi presencia al buen rey Eduardo, ni le nombre siquiera si no ha de ser +con el respeto debido. De lo contrario, ¡por la cruz de Gestas!... Si no +sabe hablar inglés sabe combatir mejor que muchos ingleses, que pasaban +la vida atiborrándose de jugosa carne y buena cerveza mientras él daba y +recibía mandobles bajo los muros de París! + +Tan enérgicas palabras, dichas por aquel nervudo mocetón, desalentaron á +los gruñones, que desde aquel punto y hora hablaron menos y bebieron +más. Así pudo Roger oir lo que se decía en otro grupo compuesto, según +le había dicho al oído la agradecida ventera, de un sangrador, un +dentista ambulante y el músico de la encendida nariz. + +--Una rata cruda es mi receta invariable contra la peste, decía +gravemente el medicastro; una rata cruda abierta en canal. + +--¿No sería mejor asarla un poco, señor físico? preguntó el sacamuelas. +Porque eso de comer ratas crudas.... + +--¿Quién habla de comerlas, maese Verdín? exclamó con desdén el +discípulo de Esculapio. El animalito abierto en canal se aplica sobre la +llaga ó sobre la inflamación que precede á ésta. Y siendo la rata animal +inmundo, atrae y absorbe por su propia naturaleza los malos humores, +libertando de ellos el cuerpo del paciente. + +--¿Y con tal remedio se cura también la viruela? preguntó el músico, +después de convencerse de que su jarro no contenía gota de cerveza. + +--Con tanta seguridad como la peste, afirmó el físico, limpiando su +plato con un mendrugo de pan. + +--Pues entonces, continuó el músico, me alegro de que vuestro +tratamiento no sea muy conocido, porque para mi santiguada que la +viruela y la peste son las mejores amigas del pobre en Inglaterra. + +--¿Cómo es eso, amigo? preguntó Tristán. + +--Escanciad un poco de cerveza de vuestro jarro en este cubilete y os lo +diré. Pues bien, muchas veces se me ha ocurrido que si la peste y otras +plagas se llevasen la mitad de la gente que hoy vive en los dominios del +señor rey Eduardo, los que quedasen podrían habitar buenas casas, +trabajar poco ó nada y vivir en la abundancia. + +--¡Miren por dónde asoma el arpista! exclamó maese Verdín. Pues ya que +tan duras entrañas tenéis, os deseo que cuando la plaga empiece á matar +ingleses se os lleve á vos el primero.... + +--¡Pesia mí! Lo que á vos os duele, seor dentista, es que muriéndose +medio mundo os quedaríais poco menos que sin trabajo, vos que sólo +entendéis de despoblar quijadas y apenas ganáis hoy para pan y queso. + +Renovóse la risa á costa del buen Verdín y el músico se levantó para +tomar de un rincón su arpa vetusta, que empezó á tañer con vigor. + +--¡Paso al coplero! exclamaron los leñadores; sentaos aquí junto al +fuego, y venga una tonada alegre, como las que tocasteis en la romería +de Malvar. + +--¡Que toque "La Rosa de Lancaster"! + +--¡No, no, "Las Niñas de Dunán"! + +--"¡El Arquero y la Villana!" + +Sin hacer el menor caso de aquellas voces, el músico seguía pulsando las +cuerdas, fija la mirada en el ahumado techo, como tratando de recordar +la letra de su canto. Luégo entonó con ronca voz una de las canciones +más obscenas de la época, con visible aprobación de la mayoría de sus +oyentes. La sangre se agolpó al rostro de Roger, que abandonando su +asiento, exclamó imperiosamente: + +--¡Callad! ¡Qué vergüenza! ¡Vos, vos, un anciano que debería dar buen +ejemplo á los otros! + +La sorpresa de todas aquellas gentes fué profunda. + +--¡Por las barbas del rey de Francia! exclamó uno de los monteros. El +estudiantino ha recobrado el uso de la palabra y va á echarnos un +sermón. + +--Se ha ofendido la damisela, dijo un campesino. Venid acá, señor +físico, y sangrad á este querubín antes que se nos desmaye. + +--¡Seguid vuestra canción, maese Lucas, que no hay tilde que ponerle! +¿Estamos en una venta ó en el salón de mi señora la baronesa? + +--¡Que me aspen si toco ni canto más! decía malhumorado el músico, +enfundando su arpa. ¿Pues qué esperaba vuesa merced, un himno sacro ó la +letanía? ¿Desde cuándo asustan á los pajecillos las trovas que entonan +todos los juglares del reino? Lo dicho, no canto más. + +--Sí haréis, repuso uno de sus oyentes. Á ver, tía Rojana, un jarro de +lo bueno para maese Lucas. Yo convido. Vengan trovas, y si al doncel no +le gustan, que se largue, ó si no.... + +--Poco á poco, don valiente, interrumpió Tristán, poniéndose delante de +Roger, como para protegerlo. Mi compañero ha reprendido al viejo +coplista porque ni ha oído jamás las desvergüenzas que os parecen +gracias, ni está en él creer que pueda decirlas sin protesta un hombre +de cabeza cana como la del maese, por más que su nariz lo proclame +borrachín de oficio. Pero ya que este frailecico rubio no quiere oir +vuestras trovas, ni vos las cantaréis hoy, ni vos, seor bravucón, lo +echaréis á él de esta venta. + +--¡Rayos de Dios, y qué justicia mayor nos ha caído hoy encima! exclamó +poniéndose en pie un ceñudo campesino. + +--¿Habéis acaso comprado _El Pájaro Verde_? preguntó otro. Ved que no +sólo el paje llorón sino vos también váis á dar de bruces en el camino. + +--¡Tregua, Tristán! exclamó Roger apresuradamente. Me voy, antes que ser +ocasión de una lucha. + +--Cállate, muchacho, le contestó su amigo, arremangándose y mostrando +los hercúleos brazos. Mal año para mí si esta gentuza no ha dado con la +horma de su zapato. Hazte á un lado y verás cómo les arde el pelo.... +¡Acercaos, mandrias! ¡Venid á trabar conocimiento con los puños de +Tristán de Horla, bellacos! + +Viendo que la cosa iba de veras, levantáronse precipitadamente los +guardabosques y monteros para poner paz, mientras la ventera y el físico +se dirigían ya á los campesinos y leñadores, ya al brioso Tristán, +procurando aplacarlos con buenas palabras. En aquel momento se abrió +violentamente la puerta del mesón, y la atención de todos se fijó en el +recienllegado que con tan poca ceremonia se presentaba. + + + + +CAPÍTULO VI + +DE CÓMO EL ARQUERO SIMÓN APOSTÓ SU COBERTOR DE PLUMA + + +Era el desconocido hombre de mediana estatura, vigoroso y bien plantado; +moreno el rostro, afeitado cuidadosamente, y acentuadas y un tanto rudas +las facciones, desfiguradas en parte por tremenda cicatriz que cruzaba +la mejilla izquierda, desde la nariz hasta el cuello. Vivos los ojos, +con expresión de amenaza en su brillo y en la contracción habitual de +las cejas. Su boca de duras líneas y apretados labios no suavizaba por +cierto la severidad del semblante, que revelaba al hombre familiarizado +con el peligro y dispuesto siempre á combatirlo. Su larga tizona y el +fuerte arco que llevaba á la espalda revelaban su profesión, así como +las averías de su cota de malla y las abolladuras del casco decían á las +claras que llegaba de los campos de batalla, á la sazón teñidos en +sangre inglesa y francesa en la guerra que proseguían Eduardo III y su +hijo el Príncipe Negro contra el Rey Carlos V de Francia. Del hombro +izquierdo del arquero pendía un ferreruelo blanco, con la roja cruz de +San Jorge en su centro. + +--¡Hola! exclamó guiñando rápidamente los ojos, deslumbrados por la +brillante luz del hogar y de las antorchas. ¡Buena lumbre, buena +compañía y buena cerveza! Dios os guarde, camaradas. ¡Una mujer, por +vida mía! dijo al ver á la tía Rojana, que en aquel momento pasaba junto +á él con un par de jarros rebosantes de cerveza. ¡Salud, prenda! y +rodeando con su brazo el talle de la ventera, estampó dos sonoros besos +en sus mejillas. + +--_¡Ah, c'est l'amour, madame, c'est l'amour!_ tarareó. Mal haya el +pícaro francés, que se me ha pegado á la lengua y voy á tener que +ahogarlo en buena cerveza inglesa. Porque habéis de saber que no tengo +una gota de sangre francesa en las venas y que soy el arquero Simón +Aluardo, inglés de buena cepa y contentísimo de volver á poner los pies +en su tierra. Así fué que al desembarcar de la galera en la playa de +Boyne besé la tierra, porque hacía ya ocho años que no la veía, como os +he besado á vos, bella ventera, porque de Boyne aquí apenas si he visto +media docena de buenas mozas, y ninguna tan apetitosa como vos.... Pero +¡por mi espada! que esos bribones se han largado con la carga, exclamó +lanzándose hacia la puerta. ¡Hola! ¿estáis ahí? ¡Entrad luego, truhanes! + +Á su voz entraron en la estancia tres cargadores con sendos fardos y +permanecieron alineados cerca de la pared. + +--Veamos si me devolvéis intacta mi hacienda, buscones. Número uno: un +cobertor francés de pluma finísima, dos sobrecamas de seda labrada de +damasco y veinte varas de terciopelo genovés. + +--Aquí está todo, señor capitán. + +--¡Qué capitán ni qué niño muerto! Á ver, el segundo: un rollo de tela +de púrpura, que no se ha visto matiz más hermoso en Inglaterra y otro de +paño de oro; ponlo ahí en el suelo junto al fardo del otro, y si algo +resulta manchado ó averiado te corto las orejas. Número tres: una caja +cerrada que contiene broches de oro y plata, dos dagas de gran valor, un +relicario guarnecido de perlas y otros despojos, ganados por mí con la +punta de mi fiel espada. Item más, un paquete con un cáliz y dos +crucifijos, todo ello de plata de ley y hallado por mí en la iglesia de +San Dionisio de Narbona, durante el saqueo de aquella ciudad; objetos +que me apropié para evitar que cayeran en manos peores que las muy +limpias de un arquero del rey Eduardo. ¡Corriente, monigotes! La cuenta +está completa. Aquí tenéis dos sueldos por barba, que no debiera +dároslos, sino dos puntapiés á cada uno; y decid á la patrona que os +eche un trago, que yo pago. + +Todos contemplaban y oían con interés al veterano, quien apenas aplacó +la sed apurando un enorme cubilete de estaño lleno de cerveza, volvió á +tomar la palabra: + +--Y ahora, á cenar, _ma belle_. Un capón asado, un trozo de carne digno +de mi apetito y dos ó tres frascos de buen vino gascón. Tengo doblas de +oro y cornados de plata en el bolsillo, y sé gastarlos, como buen +soldado. Por lo pronto, cuantos me oyen van á tomar un trago de lo que +gusten conmigo. + +La invitación no era para rehusada; volvieron á llenarse los jarros y +bebieron á la salud del alegre arquero, á quien rodearon todos, á +excepción de algunos leñadores y pecheros que vivían lejos y muy á su +pesar tuvieron que abandonar la venta. El recienllegado se había quitado +cota, casco y manto y puéstolos sobre sus fardos, junto con la espada, +arco y flechas. Sentado frente al hogar, desabrochada la almilla y +asiendo con la fuerte y atezada diestra el asa de un jarro de buen +tamaño lleno hasta los bordes, sonreía con expresión de profundo +contento. Los encrespados cabellos de castaño color le cubrían el cuello +y no parecía tener más de cuarenta años, á pesar de las profundas +huellas impresas en su rostro por las penalidades de sus largas campañas +y por los excesos del placer y la bebida. Roger había suspendido la +pintura de la famosa muestra y contemplaba admirado aquel tipo del +guerrero de la época tan nuevo para él, y que en corto espacio habíase +mostrado duro y violento, galante, generoso, sonriente y apacible por +fin, seguro de su fuerza y satisfecho de sí mismo. En aquel momento +acertó á mirarle el arquero y vió la sorpresa y la curiosidad retratadas +en el rostro del joven. + +--¡Á tu salud, _mon garçon_! exclamó levantando su jarro y con sonrisa +que descubrió dos hileras de firmes y blancos dientes ¡Por mi espada, +que no has visto tú muchos hombres de armas, ó no me mirarías como si +fuese yo un moro recienllegado de España! + +--Jamás había visto un soldado de nuestras guerras, confesó Roger +francamente, aunque sí oído y leído mucho sobre sus proezas. + +--Pues á fe que si cruzas el mar los verás más numerosos que abejas en +la colmena. Hoy no podrías disparar una flecha en las calles de Burdeos +sin ensartar arquero, paje, caballero ó escudero de uno ú otro bando. Y +no de los que estilamos por aquí, con justillo y manto, sino con cota de +malla ó coraza. + +--¿Y dónde habéis hallado todas esas lindas cosas que ahí tenéis? +preguntó Tristán, señalando las riquezas amontonadas del arquero. + +--Donde hay otras muchas y mejores esperando que vayan á recogerlas los +mozos bien plantados como tú, que no deberían de seguir enmoheciéndose +aquí, esperando que el amo les pague el salario, sino ir á ganarlo y +cobrarlo por sí mismos, allá en tierra de Francia. ¡Voto á tal, que es +aquella vida digna de hombres, noble y honrada cual ninguna! ¡Ea, bebed +conmigo á la salud de mis camaradas, á la gloria del Príncipe Negro, +hijo del buen rey Eduardo y sobre todo á la del noble señor Claudio +Latour, jefe de la invicta Guardia Blanca! + +--¡Claudio Latour y la Guardia Blanca! exclamaron á una voz los +presentes, casi todos conocedores de los altos hechos de aquel esforzado +capitán y del invencible cuerpo de su mando, los famosos Arqueros +Blancos, que habían tomando parte principalísima en las luchas contra +Francia. + +--¡Bravo, camaradas! Volveré á llenar vuestros cubiletes, por lo bien +que habéis brindado en honor de los valientes que visten el coleto +blanco. ¡Venga esa cerveza, ángel mío! y dirigiéndose á la tía Rojana, +que le miraba sonriente y complacida, entonó una canción bélica, con +vozarrón tremendo y desafinando á todo trapo. + +--Á fe mía que más entiendo yo de dar flechazos que de cantar trovas. + +--La canción esa me la sé yo de la cruz á la fecha, y mi arpa la conoce +tan bien como yo, dijo el músico. Y si este señor predicador, añadió +mirando á Roger, no tiene en ello inconveniente, la tocaré y cantaré en +obsequio de este valiente arquero.... + +Muchas veces recordó después Roger el animado y pintoresco cuadro que +presentaba la sala del _Pájaro Verde_ en aquellos momentos. En el centro +del corro el mofletudo y enrojecido rostro del juglar, cantando con +mucha expresión las populares estrofas; el grupo de oyentes, el arquero +Simón llevando el compás con la cabeza y con la mano, y el exnovicio +Tristán, que no era de los menos complacidos con el canto de maese +Lucas, á juzgar por la sonrisa que animaba su rostro bonachón. + +--¡Por el filo de mi espada! exclamó el arquero al terminar la canción. +Muchas noches he oído esa misma trova en el campo inglés y cuenta que +le hacíamos coro más de doscientos soldados del rey; pero este viejo +bebedor deja muy atrás á los que tenemos por oficio manejar el arco, la +ballesta y la alabarda. + +Entretanto, la ventera y una buena moza que la ayudaba habían colocado +sobre la maciza mesa de encina los apetitosos platos que formaban la +cena de Simón, acompañados de algunas enormes rebanadas de plan blanco. + +--Lo que no entiendo, continuó alegremente el arquero mientras se +preparaba á despachar su cena, es que mocetones como vosotros os +avengáis á vivir pegados al terruño, doblando el espinazo y sudando el +quilo, cuando tan buena vida podríais llevar bajo las banderas del rey. +Miradme á mí. ¿Qué tengo que hacer? Lo que dice la canción que acabáis +de oir: la mano en la cuerda, la cuerda en la flecha y la flecha en el +blanco. Que es precisamente lo que vosotros hacéis como distracción y +pasatiempo los domingos, después del rudo trabajo de la semana. + +--¿Y la paga? preguntó uno. + +--Pues ya lo estáis viendo: como bien, bebo mejor, convido á quien me +place, no pido favores á nadie y le traigo á mi novia telas de seda y +brocado dignas de una princesa. ¿Qué os parece la paga, _mes garçons_? +¿Y qué del montón de chucherías y dijes que véis en aquel rincón? Todo +ello viene en derechura del sur de Francia, donde hemos hecho la última +campaña. ¿Cuándo esperáis ganar vosotros la centésima parte de ese +botín? + +--Rico es, á fe mía, dijo el sacamuelas. + +--Y luego, la posibilidad de embolsarse un buen rescate. ¿No sabéis lo +que pasó hace pocos años en las batallas de Crécy y de Poitiers? No hubo +hombre de armas ni paje ó escudero inglés que no hiciera prisionero por +lo menos á un rico barón, conde ó alto caballero francés. Ahí está mi +primo Roberto, un gañán como hay pocos, que al empezar la retirada del +enemigo en Poitiers puso sus manazas sobre el paladín francés Amaury de +Chateauville, dueño y señor de cien villas y castillos, quien tuvo que +aprontar cinco mil libras de oro por su rescate, amén de dos caballos +soberbios con riquísimas preseas. Cierto que el zafio de Roberto no +tardó en quedarse sin blanca, gracias á una mozuela francesa, linda como +una perla y más lista que una ardilla. Pero esas son cuentas suyas, y +además ¿no se han hecho las doblas para gastarlas, sobre todo en +compañía de un buen palmito? ¿Verdad, _ma belle_? + +--Bien dicen que nuestros valientes arqueros vuelven al país no sólo +ricos sino corteses, replicó la Rojana, á quien habían impresionado +vivamente la franqueza, el buen humor y la generosidad de su nuevo +huésped. + +--¡Á vuestra salud, ojos de cielo! fué la réplica del galante soldado, +levantando su vaso y sonriendo á la ventera. + +--Una cosa no veo yo muy clara, señor arquero, dijo el estudiante de +Exeter. Y es que habiendo firmado nuestro buen príncipe el tratado de +Bretigny con el soberano francés, después de nuestras recientes y +grandes victorias, nos habléis de guerra con Francia y de rescates y +botines.... + +--Lo cual quiere decir que yo miento, barbilindo, interrumpió el +soldado, asiendo por las patas el enorme capón asado que delante tenía, +como si fuese una maza de combate. + +--Líbreme Dios de semejante atrevimiento, exclamó apresuradamente el +jovencillo. De allá venís vos, y quizás traigáis nuevas nunca oídas +todavía en Inglaterra. La tregua con Francia no ha de ser eterna.... + +--Ni mucho menos. Pero aun cuando es muy cierto, como decís, que hoy por +hoy no estamos á rompernos los huesos con los soldados del rey Carlos, +vuestra pregunta prueba que sois novicio en achaques de guerra. Habéis +de saber que en tierra de Francia continúan los cintarazos, porque andan +como siempre divididos y en armas brabantinos, nanteses, gascones y +aventureros de todas clases, sin contar numerosas bandas de rufianes sin +bandera, que cercan y saquean ciudades y dan y reciben cuchilladas sin +cuento. Y malo sería que cuando cada quisque tiene la mano en la +garganta del vecino y cada baroncillo marcha al frente de su mesnada +contra el primero que se le ponga en el camino, no tuvieran medios de +ganarse la vida en aquel río revuelto los quinientos arqueros ingleses +que forman la invencible Guardia Blanca. No son tantos ahora, porque el +caballero de Montclus se llevó un centenar de ellos en su expedición á +Milán contra el Marqués de Monferrato; pero cuento reclutar yo mismo +aquí no pocos muchachos ganosos de honra y provecho, y completar con +ellos las filas del cuerpo más lucido que hoy campea bajo la bandera de +San Jorge. Lo único que nos falta es que Sir León de Morel se avenga á +dejar su castillo una vez más y á empuñar la espada, poniéndose al +frente de nuestros arqueros. + +--No sería poca fortuna para ellos, observó el físico, porque +exceptuando á nuestro príncipe y al noble señor de Chandos, no hay en +todo el reino mejor lanza, ni valor más probado que el de Sir León de +Morel. + +--Habláis como un libro, que yo le he visto batir el cobre y apenas hay +quien le iguale. Nadie lo diría, con su cuerpecillo de paje, sus +corteses maneras y su suave voz; pero ¡por mi espada! desde que nos +embarcamos en Orvel hasta el sitio de París, y de esto hace ya casi +veinte años, no hubo caballero inglés que diera mejor ejemplo, ni +escaramuza, emboscada, asalto ó salida en que él no figurase en primera +línea. En busca suya voy al castillo de Monteagudo, antes de reclutar mi +gente, para entregarle una carta de Sir Claudio Latour, rogándole que +ocupe el mando vacante por la partida de Montclus. Pero no quisiera +presentarme a él solo, sino por lo menos con un buen par de futuros +arqueros blancos.... ¿Qué dices tú á eso, ganapán? preguntó Simón +dirigiéndose á un atlético leñador. + +--Mujer y tres hijos tengo en mi cabaña, replicó éste y no puedo +dejarlos por servir al rey. + +--¿Y tú, mocito? + +--Yo soy hombre de paz, contestó Roger, y además tengo otra misión muy +distinta. + +--¡No estáis vosotros malas gallinas! ¿Dónde están los hombres de Dunán, +de Malvar, de Balsain? ¿No hay ya más que mujeres en Corvalle y Vernel? +Pues entonces ¡rayos y truenos! ¿por qué no vestís guardapiés y cofia y +os ponéis á manejar la rueca, que no á beber con hombres? + +En aquel momento cayó una pesada mano sobre el hombro de Simón, la +manaza de Tristán de Horla, á quien se oyó decir con gran calma: + +--Sois un embustero de tomo y lomo, señor arquero, como lo prueban las +patrañas que nos endilgáis hace media hora; y sois además un deslenguado +y os abofetearé lindamente si repetís las palabras que acabáis de +decir. + +--¡Bravo, _mon garçon_! gritó el arquero riendo á carcajadas. Ya sabía +yo que de haber un hombre en el corro no me costaría trabajo +descubrirlo. ¿Conque tú quieres abofetearme, eh? Pues mira, otra cosa te +propongo. Una lucha en regla. No á puñadas, porque yo tengo mi plan y no +quiero echar á perder esa cara de pascua que Dios te ha dado. Nos +plantamos aquí en medio de la sala, nos agarramos cómo y por dónde +podamos, y si tú me derribas te regalo aquel soberbio cobertor de pluma, +que gané en la toma de Narbona y que no tiene igual ni en la cámara del +rey.... + +--Qué me place, asintió Tristán, quitándose apresuradamente ropilla y +jubón y dejando ver los poderosos músculos de su cuello, pecho y brazos. +Venid, arquero; ya podéis despediros de vuestro cobertor, y por lo menos +de un par de huesos que voy á romperos contra el suelo. + +--Eres todo un hombre, cabeza roja, exclamó el arquero con gran risa, +poniendo á un lado su jarro y apretando el ancho cinto de cuero. + +--Esperad, un momento, dijo un montero. Ya sabemos lo que el soldado +apuesta; pero si vos perdéis, amigo Tristán ¿qué ganará con ello el +otro? + +--Yo nada tengo que apostar, replicó Tristán muy contrariado y mirando á +Simón. + +--Sí tienes, gigante mío, sí tienes, dijo éste. Si me derribas, te +llevas el cobertor de una princesa; pero si te derribo yo, me llevo tu +cuerpo, sin ser el diablo, y lo alisto por cuatro años en la Guardia +Blanca, con otros mocetones como tú que espero llevarme á Francia y que +si escapan con vida me lo han de agradecer. + +--¡Eso es! Justa es la propuesta, exclamaron tres ó cuatro voces. + +--Aceptado, y basta de charla, dijo Tristán adelantando el pie +izquierdo, echando hacia atrás el cuerpo y abriendo y cerrando las +enormes manos. + +El arquero, aunque de estatura mucho menor, tenía músculos de acero y +era luchador experto. Acercóse con cauto paso á su adversario, que le +miraba con ceño, erizada la roja cabellera y pronto á asirle entre sus +garras. Sonrióse el arquero, y de pronto se lanzó sobre su contrincante +con la velocidad del rayo, rodeó con su pierna la de Tristán y +enlazándole la cintura con sus nervudos brazos, procuró hacer caer de +espaldas al gigante. Pocos hombres hubieran resistido aquel ataque +furioso, pero Tristán, sin perder pie, dió al arquero una sacudida +terrible y lo arrojó contra la pared como disparado por una catapulta. + +--_¡Ma foi!_ En poco ha estado que te ganaras el cobertor y me hicieras +abrir con la cabeza una ventana más en esta honrada hostelería, dijo el +sorprendido soldado, que á duras penas pudo conservar el equilibrio. +Probemos otra vez. + +Y volviendo al centro de la estancia fingió repetir su ataque anterior; +inclinóse Tristán para echarle mano, tomando así la actitud que deseaba +Simón, quien con rapidez increíble lo asió por ambas piernas, ó más bien +se lanzó contra ellas, obligando á Tristán á caer hacia adelante y sobre +las espaldas del arquero y de ellas de cabeza al suelo. Graves +consecuencias hubiera tenido el golpazo para nuestro exnovicio, á no +haberlo dado de lleno en la panza del malhadado pintor, que seguía +durmiendo la mona en su rincón, ajeno á cuanto en la venta ocurría. +Despertóse sobresaltado y dando grandes gritos, hiciéronle coro los +espectadores con sus carcajadas y bravos; pero sobre todo aquel +estrépito se oyeron las voces estentóreas del vencido atleta, pidiendo +que continuase la lucha. + +--¡Otra vez, otra vez! ¡Venid, arquero y por San Pacomio que os he de +estrujar como un guiñapo! + +--No en mis días, replicó Simón abrochando su coleto. Vencido estás en +buena lid y no eres tú falderillo con quien se pueda jugar á menudo y +sin riesgo. + +--¿En buena lid, decís? Ha sido una trampa infame.... + +--No trampa, sino una jugarreta muy conocida de los luchadores franceses +y que añadirá un magnífico recluta á las filas de la Guardia Blanca. + +--Cuanto á eso, repuso Tristán, no me pesa haber perdido, pues hace una +hora resolví irme con vos, que me placen vuestro talante y la vida de +soldado, para la que me creo nacido. Sin embargo, hubiera querido daros +una costalada y ganarme el cobertor de pluma. + +--No lo dudo, _mon ami_, pero de tí depende buscarte un par de ellos +donde abundan y con tus propios puños. ¡Á tu salud! ¿Pero qué le pasa +al menguado ese, que tanto berrea? + +Referíanse estas últimas palabras al dolorido pintor, que seguía sentado +en su rincón y poniendo el grito en el cielo. De repente se levantó y +mirando al corro con ojos espantados exclamó: + +--¡Dios me valga! ¡No bebáis! La cerveza, el vino... ¡envenenados! y +llevándose ambas manos al vientre echó á correr, traspuso la puerta y +desapareció en la obscuridad, dejando á Simón, Tristán y demás bebedores +desternillándose de risa. + +Poco después se retiraron á sus casas algunos de éstos y á sus no muy +blandos lechos los huéspedes de la tía Rojana. Roger, cansado de cuerpo +y espíritu, cayó pronto en profundo mas no sosegado sueño y se imaginó +presenciar ruidoso aquelarre en el que figuraban, á vueltas con sendas +brujas y trasgos, juglares, pordioseros, monjes, soldados y los muchos y +muy curiosos tipos congregados aquella noche en la posada del _Pájaro +Verde_. + + + + +CAPÍTULO VII + +DE CÓMO LOS CAMINANTES ATRAVESARON EL BOSQUE + + +Al romper el alba estaba ya la buena ventera atizando el fuego en la +cocina, malhumorada con la pérdida de los doce sueldos que le debía el +estudiante de Exeter, quien aprovechando las últimas sombras de la noche +había tomado su hatillo y salido calladamente de la hospitalaria casa. +Los lamentos de la tía Rojana y el cacareo de las gallinas que +tranquilamente invadieron la sala común apenas abrió aquella la puerta +de la venta, no tardaron en despertar á los huéspedes. Terminado el +frugal desayuno, púsose en camino el físico, caballero en su pacífica +mula y seguido á corta distancia por el sacamuelas y el músico, +amodorrado éste todavía á consecuencia de los jarros de cerveza de la +víspera. Pero el arquero Simón, que había bebido tanto ó más que los +otros, dejó el duro lecho más alegre que unas castañuelas, cantando á +voz en cuello _Los Amores de Albuino_, trova muy popular á la sazón; y +después de besar á la patrona y de perseguir á la criada hasta el +desván, se fué al arroyo cercano, en cuyas cristalinas aguas sumergió +repetidas veces la cabeza, "como en campaña," según decía. + +--¿Á dónde os encamináis esta mañana, moro de paz? preguntó á Roger +apenas le vió. + +--Á Munster, á casa de mi hermano, donde permaneceré probablemente algún +tiempo, contestó Roger. Decidme lo que os debo, buena mujer. + +--¿Lo que vos me debéis? exclamó la ventera, que contemplaba admirada la +muestra pintada por el joven la noche anterior. Decid más bien cuánto os +debo yo, señor pintor. ¡Este sí que es un pájaro y no un muñeco; venid +aquí, vosotros, y contemplad esta bella enseña! + +--¡Calla, y tiene los ojos de color de fuego! exclamó la criada. + +--Y unas garras y un pico que dan miedo, dijo Tristán. + +--Miren el niño, y qué callado lo tenía, comentó el arquero. Es ese un +gran pájaro y una bonita enseña para vos, patrona. + +Complacido quedó el modesto artista al oir aquellos espontáneos elogios, +y no menos al pensar que en la vida no todo eran rencores, luchas, +crímenes y engaño, sino que podía ofrecer también momentos de legítima +satisfacción. La ventera se negó redondamente á recibir un solo sueldo +de Roger por su hospedaje, y el arquero y Tristán lo sentaron á la mesa +entre ambos, invitándole á compartir su abundante almuerzo. + +--No me sorprendería saber, dijo Simón, que también sabes leer +pergaminos, cuando tan listo eres con pinceles y colores. + +--Gran vergüenza sería para mí y para los buenos religiosos de Belmonte, +que yo no supiera leer, contestó Roger. Como que he sido amanuense del +convento por cinco años, y á los monjes debo todo lo que sé. + +--¡Este mozalbete es un prodigio! exclamó el arquero mirándole con +admiración. ¡Y sin pelo de barba y con esa cara de niña! Cuidado que yo +le pego un flechazo al blanco, por pequeño que sea y á trescientos +cincuenta pasos, cosa que no pueden hacer muchos y muy buenos arqueros +de ambos reinos; pero que me ahorquen si puedo leer mi nombre trazado +con esos garabatos que vosotros usáis. En toda la Guardia Blanca un solo +soldado sabía leer y recuerdo que se cayó en una cisterna durante el +asalto de Ventadour; lo que prueba que el leer y escribir no es para +hombres de guerra, por mucho que le pueda servir á un amanuense. + +--También yo entiendo algo de letra, dijo Tristán con la boca llena; por +más que no estuve bastante tiempo con los monjes para aprenderlo bien, +que ello es cosa de mucho intríngulis. + +--¿Sí? Pues aquí tengo yo algo que te permitirá lucirte, repuso el +arquero, sacando del pecho un pergamino que entregó á Tristán. Era un +delgado rollo, firmemente sujeto con una cinta de seda roja y cerrado +por ambos extremos con grandes sellos de igual color. El exnovicio miró +y remiró largo tiempo la inscripción exterior, contraídas las cejas y +medio cerrados los ojos. + +--Como no he leído mucho estos días, acabó por decir, no estoy del todo +seguro de lo que aquí reza. Yo puedo creer que dice una cosa y otro +puede leer otra muy diferente. Pero á juzgar por lo largo de las líneas, +paréceme que se trata de unos versículos de la Biblia. + +--No estás tu mal versículo, camarada, dijo Simón moviendo la cabeza +negativamente. Lo que es á mí no me haces creer que el señor Claudio +Latour, valiente capitán si los hay, me ha hecho cruzar el canal sin más +embajada que una salmodia. Pasa el rollo al mocito y apuesto un escudo á +que nos lo lee de golpe. + +--Pues por lo pronto, esto no es inglés, dijo Roger apenas leyó algunas +palabras. Está escrito en francés, con muy primorosa letra por cierto, y +traducido dice así: "Al muy alto y muy poderoso Barón León de Morel, de +su fiel amigo Claudio Latour, Capitán de la Guardia Blanca, castellano +de Biscar, señor de Altamonte y vasallo del invicto Gastón, Conde de +Foix, señor de alta y baja justicia." + +--¿Qué tal? dijo el arquero recobrando el precioso documento. Vales +mucho, chiquillo. + +--Ya me figuraba yo que decía algo por el estilo, comentó Tristán, pero +me callé porque no entendí eso de alta y baja justicia. + +--¡Vive Dios y qué bien lo entenderías si fueras francés! Lo de baja +justicia quiere decir que tu señor tiene el derecho de esquilmarte, y la +alta justicia lo autoriza para colgarte de una almena, sin más +requilorios. Pero aquí está la misiva que debo llevar al barón de Morel, +limpios quedan los platos y seco el jarro; hora es ya de ponernos en +camino. Tú te vienes conmigo, Tristán, y cuanto al barbilindo ¿á dónde +dijiste que ibas? + +--Á Munster. + +--¡Ah, sí! Conozco bien este condado, aunque nací en el de Austin, en la +aldehuela de Cando, y nada tengo que decir contra vosotros los de +Hanson, pues no hay en la Guardia Blanca arqueros ni camaradas mejores +que los que aprendieron á tirar el arco por estos contornos. Iremos +contigo hasta Munster, muchacho, ya que eso poco nos apartará de nuestro +camino. + +--¡Andando! exclamó alegremente Roger, que se felicitaba de continuar su +viaje en tan buena compañía. + +--Pero antes importa poner mi botín en seguridad y creo que lo estará +por completo en esta venta, de cuya dueña tengo los mejores informes. +Oid, bella patrona. ¿Véis esos fardos? Pues quisiera dejarlos aquí, á +vuestro cuidado, con todas las buenas cosas que contienen, á excepción +de esta cajita de plata labrada, cristal y piedras preciosas, regalo de +mi capitán á la baronesa de Morel. ¿Queréis guardarme mi tesoro? + +--Descuidad, arquero, que conmigo estará tan seguro como en las arcas +del rey. Volved cuando queráis, que aquí habréis de hallarlo todo +intacto. + +--Sois un ángel, _bonne amie_. Es lo que yo digo: tierra y mujer +inglesas, vino y botín franceses. Volveré, sí, no sólo á buscar mi +hacienda sino por veros. Algún día terminarán las guerras, ó me cansaré +yo de ellas, y vendré á esta tierra bendita para no dejarla más, +buscándome por aquí una mujercita tan retrechera como vos.... ¿Qué os +parece mi plan? Pero ya hablaremos de esto. ¡Hola, Tristán! Á paso +largo, hijos míos, que ya el sol ha traspuesto la cima de aquellos +árboles y es una vergüenza perder estas horas de camino. _¡Adieu, ma +vie!_ No olvidéis al buen Simón, que os quiere de veras. ¡Otro beso! +¿No? Pues adiós, y que San Julián nos depare siempre ventas tan buenas +como ésta. + +Hermoso y templado día, que convirtió en gratísimo paseo el camino de +los tres amigos hasta Dunán, en cuyas calles vieron numerosos hombres de +armas, guardias y escuderos de la escolta del rey y de sus nobles, +hospedados por entonces en el vecino castillo de Malvar, centro de las +reales cacerías. En las ventanas de algunas casas menos humildes y +destartaladas que las restantes se veían pequeños escudos de armas que +señalaban el alojamiento de un barón ó hidalgo de los muchos que no +había sido posible aposentar en el castillo. El veterano arquero, como +casi todos los soldados de la época, reconoció fácilmente las armas y +divisas de muchos de aquellos caballeros. + +--Ahí está la cabeza del Sarraceno, iba diciendo á sus compañeros; lo +cual prueba que por aquí anda Sir Bernardo de Brocas, á quien esas armas +pertenecen. Yo le ví en Poitiers, en la última acometida que dimos á los +elegantes caballeros franceses y os aseguro que peleó como un león. Es +montero mayor de Su Alteza y trovador como hay pocos, pero no iguala al +señor de Chandos, que canta unas trovas alegres con más gracia que +nadie. Tres águilas de oro en campo azul; ese es uno de los Lutreles, +dos hermanos á cual más esforzado. Por la media luna que va encima juzgo +que debe de ser la divisa de Hugo Lutrel, hijo mayor del viejo +condestable, á quien retiramos del campo de batalla de Romorantín con el +pie atravesado por un dardo. Allí á la izquierda campea el casco con +plumas rizadas de los Debrays. Serví un tiempo á las órdenes del señor +Rolando Debray, gran bebedor y buena lanza, hasta que la gordura le +impidió montar á caballo. + +Así continuó comentando Simón, atentamente escuchado por Roger, mientras +su hercúleo compañero contemplaba con interés los grupos de pajes y +escuderos, los magníficos lebreles y los mozos que limpiaban armas y +monturas ó discutían sobre los méritos de los corceles pertenecientes á +sus señores respectivos. Al pasar frente á la iglesia se abrieron las +puertas de ésta para dar salida á numeroso grupo de fieles. Roger dobló +la rodilla y se descubrió, pero antes de que terminara su corta oración +ya habían desaparecido sus dos compañeros en el recodo que más allá de +la iglesia formaba la calle del pueblo y Roger tuvo que correr para +alcanzarlos. + +--¡Cómo! exclamó. ¿Ni siquiera un avemaría ante las abiertas puertas de +la casa del Señor? ¿Así esperáis que Él bendiga vuestra jornada? + +--Amigo, repuso Tristán, he rezado tanto en los últimos dos meses, no +sólo al levantarme y acostarme sino en maitines, laudes y vísperas, que +todavía me da sueño al pensar en ello y creo que tengo rezos anticipados +para algunas semanas por lo menos. + +--Nunca están demás las oraciones, observó Roger con calor. Es lo único +que puede valernos. ¿Qué es, sino una bestia, el hombre para quien la +vida se reduce á comer, beber y dormir? Sólo cuando se acuerda del +inmortal espíritu que lo anima se eleva y se convierte en hombre, en +sér racional. ¡Pensad cuán triste sería que el Redentor hubiese +derramado en vano su preciosa sangre! + +--¡Tate, y qué gran cosa es el muchacho éste, que se ruboriza como una +doncella y al propio tiempo sermonea como todo el sacro Colegio de +Cardenales! exclamó el arquero. Y á propósito, ya que de la muerte de +Nuestro Señor nos hablas, juro que no puedo pensar en ello sin desear +que aquel bribón de Judas Iscariote, que por la cuenta debió de ser +francés, hubiese venido por estas tierras, para tener el gusto de +pegarle cien flechazos, desde los pies hasta la coronilla. Y no fueron +menos canallas los que crucificaron á Jesús. Por mi parte, la muerte que +prefiero es la que se recibe en el campo de batalla, cerca de la gran +bandera roja con su león rampante, entre las voces de los combatientes, +el chocar de las armas y el silbido de las flechas. Pero eso sí, máteme +lanza, espada ó dardo, caiga yo á los golpes del hacha de combate ó +atravesado por alabarda ó daga; pero me parecería una vergüenza recibir +la muerte de una de esas bombardas que ahora empiezan á usar gentes +cobardes, que derrengan á un valiente desde lejos y son más propias para +asustar mujercillas y niños con sus fogonazos y estampidos que para +habérselas con hombres de pelo en pecho. + +--Algo he leído en el claustro sobre esas nuevas máquinas de guerra, +dijo Roger. Y á duras penas comprendo cómo una bombarda pueda lanzar +pesada esfera de hierro á doble distancia que la alcanzada por la flecha +del mejor arquero, y con fuerza suficiente á destrozar armaduras y batir +murallas. + +--Así es, en efecto. Pero también es cierto que mientras los noveles +armeros limpiaban sus bombardas y les hacían tragar un polvo negro que +debe de ser obra del diablo y les atacaban una de sus pelotas de hierro, +nosotros los arqueros blancos solíamos atizarles hasta diez flechazos +cada uno, dejando ensartados y tendidos á buen número de aquellos +bellacos, que Dios confunda. Sin embargo, no negaré que en el cerco de +una plaza ó una fortaleza, las compañías de pedreros y bombardas prestan +magno servicio y abren á los verdaderos soldados la brecha que +necesitamos para ir á verle de cerca la cara al enemigo.... Pero ¿qué +esto? Alguien gravemente herido ha pasado hace poco por aquí. ¡Mirad! + +Al decir esto señalaba y seguía el soldado un rastro de sangre que teñía +la hierba y las piedras del camino. + +--Un ciervo herido, quizás.... + +--No lo creo. Soy bastante buen cazador para descubrir su pista, si +alguno hubiera pasado por aquí. Quienquiera que sea, no anda lejos. +¿Oís? + +Los tres se pusieron á escuchar. De entre los árboles del bosque llegaba +hasta ellos el ruido de unos golpes dados á intervalos regulares, el eco +de ayes y lamentos dolorosos y una voz que entonaba acompasado canto. +Llenos de curiosidad, se adelantaron rápidamente y vieron entre los +árboles á un hombre alto, delgado, que vestía largo hábito blanco y +andaba lentamente, inclinada la cabeza y cruzadas las manos. Abierto y +caído el hábito desde los hombros hasta la cintura, dejaba descubiertas +las espaldas, que aparecían cárdenas y ensangrentadas, dejando correr +hilos de sangre que manchaban la túnica y goteaban sobre el suelo. Iba +tras él otro individuo de menor estatura y más edad, vestido como el +primero y con un libro abierto en la mano izquierda, al paso que la +derecha empuñaba unas largas disciplinas, con las que azotaba cruelmente +á su compañero al terminar la lectura de cada una de las oraciones que +en francés salmodiaba. + +Asombrados contemplaban nuestros viajeros el inesperado espectáculo, +cuando el azotador entregó libro y disciplinas á su compañero y +descubrió sus propias espaldas, de las que muy pronto empezó á correr la +sangre, á los zurriagazos furibundos que le daba su verdugo. Cosa +extraña y nueva aquella para Roger y Tristán, mas no para el arquero. + +--Son los Penitentes, dijo; unos frailes que á cada paso encontrábamos +en Francia y muy numerosos en Italia y Bohemia, pero apenas conocidos +todavía en Inglaterra, donde ciertamente no esperaba yo verlos. Aun los +pocos que aquí hay son todos extranjeros, según me han dicho. _¡En +avant!_ Pongámonos al habla con esos reverendos que en tan poco estiman +su pellejo. + +--Bastante os habéis azotado ya, padres míos, les dijo el arquero en +buen francés al llegar junto á los penitentes. Largo es el reguero de +vuestra sangre en el camino. ¿Por qué os maltratáis de esa manera? + +--_¡C'est pour vos péchés, pour vos péchés!_ murmuraron ambos, fijando +en los recienllegados sus tristes miradas. Y volvieron á manejar las +disciplinas tan vigorosamente como antes, sin atender á las palabras y +súplicas de los desconocidos, quienes renunciaron á seguir contemplando +aquel triste cuadro ya que no podían impedirlo, y se pusieron +apresuradamente en camino. + +--¡Por vida de los babiecas estos! exclamó Simón. Si mis pecados +necesitan sangre que los lave, más de dos azumbres de la que corre por +mis venas he dejado yo en tierra de Francia; pero perdida en buena lucha +y no friamente y gota á gota, como la derraman los penitentes sin más ni +más. Pero ¿qué es eso, mocito? Estás más blanco que las famosas plumas +del casco de Montclus, que nos servían para reconocerle y seguirle allá +en Narbona. ¿Qué te pasa? + +--No es nada, dijo Roger. No estoy acostumbrado á ver correr la sangre +humana. + +--Caso extraño es para mí, dijo el veterano, que quien tan bien piensa y +mejor habla tenga el corazón tan débil.... + +--¡Alto ahí! exclamó Tristán. No es flaqueza de ánimo, que yo conozco +bien á este muchacho. Su corazón es tan entero como el tuyo ó el mío; lo +que hay es que tiene en su mollera mucho más de lo que tú tendrás nunca +debajo de ese puchero de peltre que te cubre el cráneo y por +consiguiente ve más allá y siente más hondo que nosotros, y se afecta +con lo que no puede afectarnos. + +--No hay duda que para mirar con indiferencia correr la sangre se +requiere aprendizaje, asintió Simón, después de reirse de la +irrespetuosa salida de su recluta. + +--Estos religiosos extranjeros me parecen gente muy santa, observó +Roger, pues de lo contrario no se impondrían tan cruel martirio en +satisfacción de pecados ajenos. + +--Pues yo me río de ellos y de sus azotes, salmos y melindres, dijo +Tristán. ¿Á quién aprovecha la sangre que derraman? Déjate de simplezas, +Roger, que después de todo esos frailes pueden ser muy bien como algunos +que tú y yo conocemos, ¿eh? Más les valiera dejar tranquilas sus +espaldas y no meterse á redentores sino ser algo más humildes, que á la +legua se les trasluce el orgullo. + +--¡Por el rabo de Satanás, recluta, jamás creí que con esa cabeza color +de zanahoria pudieras tú pensar cosas tan discretas! Diga lo que quiera +el sabio Roger, ni este arquero, ni por lo visto este mameluco rojo, +creerán jamás que al buen Dios le guste ver á los hombres, frailes ó no +frailes, abriéndose las carnes con un rebenque. De seguro que mira con +mejores ojos á un soldado franco y alegre como yo, que nunca ofendió al +vencido ni volvió la espalda al enemigo. + +--Pensáis como podéis, y creéis decir bien, repuso Roger. Pero ¿acaso +imagináis que no hay en el mundo otros enemigos que los guerreros +franceses, ni más gloria que la que pueda alcanzarse combatiéndolos? Vos +tendríais por esforzado campeón al que en un solo día venciese á siete +poderosos rivales. Pues ¿qué me decís del justo que ataque, venza y +subyugue á esos otros siete y más poderosos enemigos del alma, los +pecados capitales, con algunos de los cuales ha de durar su lucha años +enteros? Esos campeones que yo admiro son los modestos servidores de +Dios que mortifican la carne para dominar el espíritu. Los admiro y los +respeto. + +--Sea en buen hora, _mon petit_, y nadie te lo ha de impedir mientras yo +ande cerca. Para predicador no tienes precio. Como que me recuerdas al +difunto padre Bernardo, que fué un tiempo capellán de la Guardia Blanca +y que era un ángel con verrugas y cabellos canos. Por cierto que en la +batalla de Brignais lo atravesó con su pica un soldado tudesco al +servicio del rey de Francia, sacrilegio por el cual obtuvimos que el +Papa de Avignón excomulgara al matador. Pero como nadie le conocía y +sólo sabíamos de él que era bajo y rechoncho y manejaba la pica como un +ariete, es de temer que la excomunión no le haya alcanzado, ó lo que es +peor, que haya recaído sobre algún otro maldito tudesco de los muchos +que dejan su tierra para dejar después el pellejo en Francia. + +Rióse Roger de los fantásticos conocimientos canónicos del veterano, á +quien preguntó si la valiente Guardia Blanca había llegado en efecto +hasta Avignón y doblado la rodilla ante el sucesor de San Pedro. + +--No lo dudes, chiquillo, contestó Simón. Dos veces he visto yo al Papa +Urbano con mis propios ojos. Es, ó era, porque en el campamento se habló +hace poco de su muerte, un viejecillo chiquitín, con ojos muy grandes, +nariz encorvada y un mechón de pelo blanco en la barba. La primera vez +le sacamos diez mil ducados, pero gritó y se enfureció de mala manera. +La segunda entrevista fué para pedirle veinte mil ducados más, y te +aseguro que armó un cisco feroz. Tres días de reyertas y cabildeos nos +costó antes de que nuestro capitán nos llamara para recibir y conducir +las talegas que contenían las doblas de oro. Yo he creído siempre que +hubiéramos salido mejor librados saqueando el palacio del Papa, pero los +jefes ingleses se opusieron á ello. Recuerdo que un cardenal vino á +preguntarnos si preferíamos recibir quince mil ducados con una +indulgencia plenaria para cada arquero, ó veinte mil ducados con la +maldición de Urbano V. En todo el campo no hubo más que una opinión: +veinte mil ducados. Sin embargo nuestro capitán acabó por ceder y +recibimos la bendición apostólica contra toda nuestra voluntad y un sin +fin de indulgencias. Quizás valiera más así, porque bien las +necesitábamos los arqueros blancos por aquel entonces. + +El piadoso Roger escuchaba horrorizado aquellos detalles. Las creencias +de toda su vida, su profundo respeto por la dignidad pontificia, la +veneración que profesaba al jefe visible de la Iglesia, todo le +impulsaba á protestar contra la escandalosa irreverencia del soldado. +Parecíale que con solo escuchar el impío relato había pecado él mismo; +que el sol debía ocultar sus brillantes rayos tras negras nubes y trocar +el campo sus alegres galas por la desolación y la tristeza del desierto. +Sólo recobró un tanto la perdida calma cuando se hubo postrado de +hinojos ante una de las toscas cruces inmediatas al camino y orado +fervorosamente, pidiendo para el arquero y para sí mismo el perdón del +Cielo. + + + + +CAPÍTULO VIII + +LOS TRES AMIGOS + + +Tristán y Simón siguieron andando. Al terminar Roger sus oraciones +recogió bastón y hatillo y corriendo como un gamo no tardó en llegar á +una cabaña situada á la izquierda del sendero y rodeada de una cerca, +junto á la cual estaban el arquero y su recluta, mirando á dos niños de +unos ocho y diez años respectivamente; plantados ambos en medio del +jardinillo que cercaba la casa, silenciosos é inmóviles, fija la vista +en los árboles del otro lado del camino y teniendo en la mano izquierda, +extendido horizontalmente el brazo, unos largos palos á manera de pica ó +alabarda, parecían dos soldados en miniatura. Eran ambos de agraciadas +facciones, azules ojos y rubio cabello; el bronceado color de su tez era +claro indicio de la vida que hacían al aire libre en la soledad del +frondoso bosque. + +--¡De tal palo tal astilla! gritaba regocijado el buen Simón al llegar +Roger. Esta es la manera de criar chiquillos. ¡Por mi espada! yo mismo +no hubiera podido adiestrarlos mejor. + +--Pero ¿qué es ello? preguntó Roger. Parecen dos estatuas. ¿Les pasa +algo? + +--No, sino que están acostumbrando y fortaleciendo el brazo izquierdo +para sostener debidamente, cuando sean hombres, el pesado arco de +combate. Así mismo me enseñó mi padre y seis días de la semana tenía que +aguantarme en esa posición lo menos una hora por día, sosteniendo á +brazo tendido el pesado bastón herrado de mi padre, hasta que el brazo +me parecía de plomo. ¡Hola, bribonzuelos! ¿cuánto os falta todavía? + +--Hasta que el sol salga por encima de aquel roble más alto y nos haga +cerrar los ojos, contestó el mayor. + +--¿Y qué váis á ser vosotros? ¿Pecheros, leñadores? + +--¡No, arqueros! dijeron ambos á una voz. + +--¡Bien contestado, granujas! Ya se echa de ver que vuestro padre es de +los míos. Pero ¿qué haréis cuando seáis soldados? + +--Matar escoceses, dijo el chiquitín frunciendo el ceño. + +--¡Acabáramos! ¿Y qué entuerto os han hecho los pobres súbditos del rey +Roberto? Sé que las galeras de España y Francia no han andado muy lejos +de Southampton en estos últimos tiempos, pero dudo que los escoceses +asomen por aquí ahora ni en muchos años. + +--Pues nosotros, insistió el mayor de los niños, aprendemos á manejar el +arco para matar escoceses, y no franceses ni españoles, porque aquéllos +fueron los que cortaron los dedos á nuestro padre, para que no pudiera +volver á manejar su arco. + +--Muy cierto es eso, dijo una voz sonora detrás de los caminantes. + +Era el que hablaba un rudo campesino de alta estatura, que al acercarse +levantó ambas manos, á cada una de las cuales le faltaban el pulgar y +los dos primeros dedos. + +--¡Por San Jorge! ¿Quién os ha maltratado de esa manera, camarada? +preguntó Simón. + +--Bien se echa de ver, repuso el otro, que sois nacido lejos de la +tierra maldita de Escocia y que aunque soldado, no os han conducido +nuestras banderas á las guaridas de aquellos lobos. De lo contrario +reconoceríais desde luego en estas mutilaciones la barbarie de Douglas +el Diablo, ó el Conde Negro, como también le llaman. + +--¿Os hizo prisionero? + +--Sí, por mi mal. Nací en el norte, en Beverley, cerca de la frontera +escocesa, y bien puedo decir que por muchos años no hubo mejor arquero +desde Trent hasta Inverness. Mi fama me perdió, lo mismo que á otros +muchos buenos tiradores ingleses, pues cuando nuestras luchas nos +hicieron caer en manos de Douglas, aquella hiena, en lugar de matarnos, +nos hizo cortar tres dedos de cada mano para que no pudiésemos +despacharle más soldados ó atravesarle á él mismo los hígados de un +flechazo. ¡Quiera Dios que estos dos hijos míos paguen un día con creces +la deuda de su padre! Entre tanto, el rey me ha dado esa casita y +algunas tierras acá en el sur, y de su producto vivimos. ¡Á ver, +muchachos! ¿Cuál es el precio de los dos pulgares de vuestro padre? + +--Veinte vidas escocesas, contestó el mayor. + +--¿Y por los otros cuatro dedos que me faltan? + +--Diez vidas más, dijo su hermanito. + +--Total treinta. Cuando puedan doblar mi gran arco de guerra, los +enviaré á la frontera, para que se alisten á las órdenes del invencible +Copeland, gobernador de Carlisle. Y os aseguro que como lleguen á verse +frente á frente de mi verdugo y á menos de cuatrocientos pasos, no +cortará más dedos ingleses el viejo zorro de Douglas. + +--Así viváis para verlo, camarada, dijo Simón. Y vosotros, _mes +enfants_, tened presente el consejo de un arquero veterano y que sabe su +oficio: al tender el arco, la mano derecha pegada al cuerpo, para tirar +de la cuerda no sólo con la fuerza del brazo, sino con ayuda del costado +y muslo derechos. Y por vuestra vida, aprended también á disparar +formando curva, pues aunque de ordinario la flecha va derecha al blanco, +os hallaréis muchas veces atacando á gentes parapetadas tras las almenas +ó en lo alto de una torre, ó á enemigos que ocultan pecho y cara con el +escudo y á quienes sólo matan las flechas que les caen del cielo. No he +tendido un arco hace dos semanas, pero eso no quita que os pueda dar una +lección práctica, para que sepáis cómo taladrarle los sesos á un +escocés, aunque sólo le veáis las plumas de la gorra. + +Diciendo esto, asió Simón el poderoso arco que á la espalda llevaba, +tomó tres flechas y señaló á los niños, que ávidamente seguían todos sus +movimientos, un altísimo árbol y más allá, en un claro del bosque, un +tronco carcomido de un pie de diámetro y no más de dos ó tres de altura. +Midió el arquero la distancia con mirada de águila y en seguida lanzó +las tres flechas una tras otra, con increíble rapidez y apuntando á lo +alto. Las flechas pasaron rozando las ramas más elevadas del árbol y dos +de ellas fueron á clavarse en el tronco de que hemos hablado, +describiendo una curva enorme y perfecta. La tercera flecha rozó el +seco tronco y penetró profundamente en la tierra, á dos pulgadas de +aquél. + +--¡Soberbio! exclamó el mutilado arquero. ¡Aprended, muchachos, que este +es buen maestro! + +--Á fe mía que si empezara á hablaros de arcos y ballestas no acabara en +todo el día, dijo Simón. En la Guardia Blanca tenemos tiradores capaces +de asaetear uno por uno todos los encajes y junturas de la armadura +mejor construida. Y ahora, pequeñuelos, id á traerme mis flechas, que +algo cuestan y mucho sirven y no es cosa de dejarlas clavadas en los +troncos secos del camino. Adiós, camarada; os deseo que adiestréis ese +par de halconcillos de manera que un día puedan traeros buena caza y le +saquen también los ojos al pajarraco con quien tenéis pendiente tan +grave cuenta. + +Dejando atrás al mutilado arquero, siguieron la senda que se estrechaba +al penetrar en el bosque, cuyo silencio interrumpió de pronto el ruido +de una carrera precipitada entre la maleza. Un instante después saltó al +camino una hermosa pareja de gamos, y aunque los viajeros se detuvieron, +el macho, alarmado, saltó de nuevo y desapareció á la izquierda del +camino. La hembra permaneció unos instantes como asombrada, mirando al +grupo con sus grandes y dulces ojos. Contemplaba Roger con admiración el +soberbio animal, pero Simón no pudo resistir el instinto del cazador y +preparó su arco. + +--_¡Tête Dieu!_ exclamó en voz baja. No vamos á tener mal asado en la +comida. + +--¡Teneos, amigo! dijo Tristán posando la mano sobre el arco de Simón, á +tiempo que el gamo desaparecía á todo correr. ¿No sabéis que la ley es +rigorosísima? En mi mismo pueblo de Horla recuerdo á dos cazadores á +quienes sacaron los ojos por matar esos animales. Confieso que no me +fuisteis muy simpático la primera vez que os ví y oí, pero desde +entonces he aprendido á estimaros y ¡por la cruz de Gestas! no quisiera +ver el cuchillo de los guardabosques jugándoos una mala partida. + +--Tengo por oficio arriesgar mi pellejo, repuso Simón encogiéndose de +hombros. + +Sin embargo, volvió á poner la flecha en su aljaba, se echó el arco al +hombro y continuó andando entre sus dos amigos. Iban subiendo una +cuesta y pronto llegaron á un punto elevado desde el cual pudieron ver á +la izquierda y detrás de ellos el espeso bosque y hacia la derecha, +aunque á gran distancia, la alta torre blanca de Salisbury, cuyas +alegres casitas rodeaban la iglesia y se extendían por la ladera. La +vegetación poderosa, el aire puro de la montaña, el canto de multitud de +pajarillos y la vista de los ondulantes prados que más allá de Salisbury +se divisaban, eran espectáculo tan nuevo como interesante para Roger, +que hasta entonces había vivido en la costa. Respiraba con delicia y +sentía que la sangre corría con más fuerza por sus venas. El mismo +Tristán apreció la belleza del paisaje y el robusto arquero entonó, ó +por mejor decir, desentonó algunas picantes canciones francesas, con voz +y berridos capaces de no dejar un solo pájaro en media milla á la +redonda. + +Tendiéronse sobre la hierba y tras breve silencio dijo Simón: + +--Me gusta el compañero ese que hemos dejado allá abajo. Se le ve en la +cara el odio que guarda á su verdugo, y á la verdad, me placen los +hombres que saben preparar una venganza justa y mostrar un poco de hiel +cuando llega la ocasión. + +--¿No sería más humano y más noble mostrar un poco de amor al prójimo? +preguntó Roger. + +--Sermoncico tenemos, dijo Simón. Pero á bien que en eso de amor al +prójimo estoy contigo, padre predicador; porque supongo que incluirás al +bello sexo, que no tiene admirador más ferviente que yo. ¡Ah, _les +petites_, como decíamos en Francia, han nacido para ser adoradas! Me +alegro de ver que los frailes de Belmonte te han dado tan buenas +lecciones, muchacho. + +--No, no hablo del bello sexo ni de amor mundano. Lo que quise decir fué +que bien pudo el vengativo campesino tener en su corazón menos odio á +sus enemigos. + +--Es imposible, contestó Simón moviendo la cabeza negativamente. El +hombre ama naturalmente á los suyos, á los de su raza. Pero ¿cómo puede +comprenderse que un inglés sienta el menor afecto por escoceses ó +franceses? No los has visto tú en una de sus correrías, hendiendo +cabezas y sajando cuerpos de hermanos nuestros. ¡Por el filo de mi +espada! preferiría darle un abrazo al mismo Belcebú antes que estrechar +la mano de uno de esos bergantes, aunque se llame el rey Roberto, ó +Douglas el Diablo de Escocia, ó sea el mismísimo condestable Bertrán +Duguesclín de Francia. Voy sospechando, _mon garçon_, que los obispos +saben más que los abades, ó por lo menos dejan muy atrás á tu abad de +Belmonte, porque yo mismo he visto con estos ojos al obispo de Lincoln +agarrar con ambas manos un hacha de dos filos y atizarle á un soldado +escocés tamaño hachazo que le partió la cabeza en dos, desde la +coronilla hasta la barba. Con que si esa es la manera de mostrar amor +fraternal, tú dirás. + +Ante argumento tan irresistible como el hachazo del obispo se quedó +Roger sin réplica y no poco escandalizado. + +--¿Es decir que también habéis hecho armas contra los escoceses? +preguntó por fin. + +--¡Pues bueno fuera! El primer flechazo que tiré desde las filas, y á +matar, fué allá por Milne, un pedregal escocés lleno de cañadas y +vericuetos. Nos mandaban Berwick y Copeland, el mismo que después hizo +prisionero al rey de aquellos montañeses. Buena escuela, recluta, buena +escuela es aquella para gente de guerra, y siento que antes de llevarte +á Francia no hayas dado un paseo por aquellos riscos. + +--Tengo entendido que son los escoceses buenos guerreros, observó +Tristán. + +--Fuertes y sufridos; no adelantan durante el combate, pero tampoco +huyen, sino que se aguantan á pie firme, dando cada toque que saca +chispas de cascos y coseletes. Con el hacha y la espada de combate no +tienen igual, pero son muy malos ballesteros, y lo que es con el arco, +no se diga. Además, los escoceses son por lo general muy pobres, aun sus +jefes, y pocos de ellos pueden comprarse una cota de malla tan modesta +como la que yo llevo puesta. De aquí que luchen con gran desventaja +contra nuestros caballeros, muchos de los cuales llevan encima yelmos, +petos, manoplas y cotas que representan el valor de cuatro ó seis +mayorazgos escoceses. Hombre por hombre, con iguales armas, son tan +buenos soldados como los mejores de Inglaterra y de toda la cristiandad. + +--¿Y qué nos decís de los franceses? + +--Son también combatientes de gran pujanza. Nuestras armas han sido muy +afortunadas en Francia, mas no por eso hay que tener en menos á sus +soldados. Los he visto pelear en campo abierto y encerrados en sus +fortalezas, en asaltos, emboscadas, salidas, sorpresas nocturnas, +duelos, justas y torneos; y puedo aseguraros, muchachos, que tienen el +corazón valiente y el brazo duro. Entre los caballeros que seguían á +Duguesclín podría citaros en este momento una veintena capaces de romper +lanzas, sin desventaja, con los más brillantes paladines de Inglaterra. +En tanto el pueblo, agobiado con tributos y gabelas, sufre, trabaja y +calla, y vive como Dios le da á entender. + +--¿Habéis visitado otros países? preguntó Roger, á quien aquellos +relatos é informes interesaban sobre manera. + +--He estado en Holanda, en Flandes y el Brabante y creo que de esta +hecha Tristán tendrá oportunidad de ver no sólo buena parte de Francia, +sino también algo y aun algos de la hermosa tierra de España. Del +holandés os diré que es tardo y pesado, y que no desenvaina la espada +por los bellos ojos de una doncella ni por un quítame allá esas pajas; +pero con justa causa y buenos capitanes, sabe defender su país, más +mojado que charca de ranas; y sobre todo, no toquéis sus fardos de lana, +sus terciopelos de la antigua Brujas y demás mercaderías, porque +entonces se enfurece y hay que matarlo para hacerlo entrar en razón. +¡Sí, reíos! Pues acordaos de lo que les pasó á los franceses en +Courtrai, donde los gordinflones holandeses les enseñaron que sabían +manejar el acero tan bien como forjarlo. + +--¿Qué pensáis de los españoles? preguntó Roger. + +--Raza guerrera de veras. Como que á la fecha llevan seis siglos largos +de continua lucha con lo más aguerrido de la gente árabe, que se +posesionaron de casi todo el país y á lo que creo ocupan todavía la +mitad de la Península. Me las hube con los súbditos del rey de Castilla +en el mar, cuando su flota vino á retarnos en Chelsea, y allí tuvimos +con ellos un zafarrancho de mil demonios, en el que participaron ochenta +naves inglesas y españolas. Y ahora que he contestado á tus preguntas, +mocito, voy á hacerte una proposición. Veo que te interesan mis relatos, +sé que harías carrera en el ejército á pesar de que pareces un +alfeñique, pero tienes buen consejo. Pues oye, elige uno cualquiera de +los objetos que dejé en la venta, el que te parezca más valioso, y te lo +regalo, á condición de que te vengas con este zagalón y conmigo á +Francia, en cuanto termine la misión que me lleva al castillo de +Monteagudo. + +--No puede ser, replicó el joven. De mil amores iría con vos á Francia ó +á cualquier otro país, no sólo porque me place escucharos, sino porque +fuera de Belmonte sois los únicos amigos que tengo en el mundo. Pero +debo acatar la voluntad de mi padre muerto y ver ante todo á mi único +hermano. Lo que después suceda está por ver, pero desde luego os digo +que haríais conmigo una triste adquisición para vuestra Guardia Blanca, +pues ni por temperamento ni por educación sirvo yo para ese continuo +batallar en que vos vivís. + +--¡Culpa es de mi parlera lengua! gritó el arquero. No le doy suelta sin +que se ponga á hablar de flechazos y estocadas, como si nada más hubiera +en el mundo. Pero ven acá, doctorcillo mío, y déjame explicarte lo que +tengo en mientes. Has de saber que no sólo necesitamos soldados y +ballestas. En primer lugar, por cada pergamino que se ve en Inglaterra +hay que escribir ó descifrar veinte en Francia. Por cada estatua, por +cada piedra preciosa tallada, por cada blasón, escudo ó divisa, moldura +y relieve que aquí pueda ocupar y dar de comer á un amanuense hábil y +discreto como tú, hay allí ciento. En el saco de Carcasona ví yo +habitaciones enteras atestadas de pergaminos, sin que ninguno de +nosotros pudiera leer una palabra de tanto fárrago. En Arlés y Nimes hay +ruinas de arcos y palacios y santuarios, mosaicos, pinturas é +inscripciones, tan antiguos unos y tan primorosos otros, que multitud de +gentes van á admirarlos, no sólo de toda Francia sino de otras naciones. +En tus ojos veo ya el deseo de contemplar tanta cosa buena. ¡Vente con +nosotros y voto á tal que no ha de pesarte! + +--Mucho desearía yo ver todas esas riquezas de la antigüedad y esos +primores del arte, dijo Roger. + +--Otra cosa. Allá he dejado yo más de trescientos arqueros blancos que +desde hace dos años no han oído una sola palabra de consejo, ni una +plática religiosa y bien sabe Dios que nadie lo necesita tanto como +ellos. Si tienes deberes aquí, tampoco es mala misión la que te ofrezco. +Hasta ahora tu hermano se ha pasado sin tí muy bonitamente y por Tristán +sé que en veinte años no se ha tomado una sola vez el trabajo de ir á +Belmonte para mirarte á la cara. ¡Valiente hermanito vas tú á buscar! + +--¡No, pues y la fama que tiene en toda la comarca! añadió Tristán. Todo +el mundo sabe y de ello hemos hablado tú y yo en el convento, que tu +pariente Hugo de Clinton es un bebedor sin tasa, pendenciero y jugador, +que ha dado escándalos mayúsculos y que probablemente hará tanto caso de +tí como de un perro, si es que no te maltrata. + +--No puedo creerlo, repuso Roger. Y si tan malo es, mayor deber tengo +yo, su único hermano, de darle algunos buenos consejos. No insistáis, +amigos, que yo de buena gana os siguiera, si fuese libre mi elección. Y +ahora, separémonos. Hé allí la torre cuadrada de Munster y aquí el +sendero que según me explicó el abad lleva directamente al pueblo. + +--Dios te guarde, muchacho, exclamó el arquero dándole un estrecho +abrazo. Soy pronto en odiar y en querer, y te aseguro que me duele +separarme de tí. + +--¿No sería bien aguardar aquí hasta ver qué recibimiento le hace su +hermano? propuso Tristán. + +--No tal, dijo Roger. Bien ó mal recibido, lo probable es que me quede +en la granja de Munster y esperarme aquí sería tiempo perdido. + +--Sin embargo, observó Simón, por lo que pueda ocurrir bueno será que +sepas dónde hallarnos, llegado el caso. Mira; Tristán y yo vamos á +seguir ese camino de la izquierda, dejando á la derecha el bosque y el +atajo que vas á tomar. Al caer la noche llegaremos al castillo de +Monteagudo, residencia antes del conde Guillermo de Salisbury, de quien +es condestable el barón de Morel que ahora habita aquel castillo. ¿Te +acordarás? Es muy probable que allí permanezcamos alojados cosa de un +mes, hasta nuestra salida para Francia. + +Gran esfuerzo costó á Roger separarse de aquellos dos buenos amigos, +sobre todo inclinado como estaba á la vida de viajes y aventuras que +tanto le atraía, no por los alicientes que en ella pudieran hallar +hombres como el arquero y su recluta, sino por el vasto campo que +ofrecía á su vivo deseo de aprender, de ver el mundo y de aprovechar +prácticamente los variados conocimientos, oficios y artes adquiridos en +el convento de Belmonte. No se atrevió á mirar atrás por temor de que +flaqueara su resolución, y sólo cuando hubo andado buen trecho y +ocultádose entre los árboles arriesgó una última mirada. El arquero +continuaba inmóvil en el lugar mismo donde se habían despedido, cruzado +de brazos y mirando al suelo pensativamente. El sol hacía brillar su +almete y las mallas de su cota y sobre el hombro se veía la extremidad +del enorme arco de guerra. Junto á él estaba el gigantesco Tristán, +llevando todavía la raida vestimenta del batanero de Léminton. Momentos +después siguieron ambos su camino y Roger tomó á buen paso el de la +granja de su hermano. + + + + +CAPÍTULO IX + +EN LA SELVA DE MUNSTER + + +Pasaba el sendero entre corpulentos y elevados árboles, cuyas ramas +formaban en muchos puntos verdes arcos sobre el camino, recubierto de +hierba y hojas secas. Pocas personas solían recorrerlo y el silencio era +completo; una sola vez oyó Roger á lo lejos el agudo ladrido de los +perros de caza. + +No sin alguna emoción recordaba el viajero que todo aquel bosque y gran +parte de las tierras colindantes habían pertenecido un día á la entonces +poderosa familia de Clinton. Conocedor de la historia de su casa, sabía +que descendía de aquel Godofredo de Clinton, señor de las villas de +Munster y Bisterne cuando los normandos posaron por primera vez la +planta en territorio inglés. Pero las vicisitudes de la época privaron á +sus descendientes de gran parte de aquellos dominios y por fin les fué +confiscado el señorío de Bisterne en provecho del patrimonio real, por +complicidad de uno de los Clinton en un alzamiento sajón. Las +depredaciones de grandes señores feudales siguieron aminorando la +propiedad, y no menos la redujeron algunas donaciones á la iglesia, como +la hecha por el padre de Roger, que abrió á éste las puertas de +Belmonte. Convertido aquél en arrendatario de Belmonte, ocupó hasta su +muerte la antigua casa señorial de Munster, habitada ahora por su hijo +mayor, á quien dejó encomendado el cultivo de dos granjas y la propiedad +de algún ganado y parte del bosque. No ignoraba Roger que á pesar de la +decadencia de la familia, su hermano Hugo ocupaba todavía una posición +independiente y de relativa importancia en la comarca, y contemplaba con +orgullo aquellos gigantes del bosque perteneciente por tantas +generaciones á los Clinton de Munster. Absorto en sus recuerdos, +sorprendióle la repentina aparición de un hombre vestido como los +campesinos del país, alto y vigoroso, que le interceptó el paso +enarbolando largo y nudoso bastón. + +--¡Ni un paso más! gritó el desconocido. ¿Quién eres que así te atreves +á poner el pie en este bosque? ¿Qué buscas y á dónde vas? + +--¿Y quién sois vos para hacerme esas preguntas? dijo á su vez Roger +poniéndose en guardia. + +--Quien puede abrirte el cráneo de un garrotazo si tienes tarda la +lengua, fué la brutal respuesta. Pero ¿dónde he visto yo antes esa cara? + +--Anoche, sin ir más lejos, en la posada del _Pájaro Verde_, dijo Roger, +que acababa de reconocer á Rodín, el pechero amenazado por Tristán y que +tan violentamente se expresara contra el rey y sus nobles y en +particular contra su señor el barón de Ansur. + +--¡Calla, pues es verdad! ¿Y qué llevas en ese zurrón? + +--Nada de valor, alguna ropa y media docena de libros. + +--Eso es lo que tú dices, pero lo que es á mí, ver y creer. Venga el +zurrón. + +--No lo esperéis. + +--¡Por los clavos de Cristo! ¿No sabes, rapaz, que puedo descuartizarte +en un santiamén? + +--Dado os hubiera las pocas monedas que poseo si me hubiérais pedido en +nombre de la caridad. Pero amenazáis como un bandido y sabré defenderme. +Sin contar que no escaparéis á la venganza del arrendatario de Munster +cuando sepa la villana manera como tratáis á su hermano en sus mismas +tierras. + +--¡Nuestra Señora de Rocamador me valga! exclamó asustado el malhechor +bajando su arma. ¿Vos hermano de Hugo de Clinton? ¡Cómo había de +figurármelo! No seré yo quien os robe ni os detenga un momento más. + +--Puesto que conocéis á mi hermano, hacedme la merced de indicarme el +más corto camino para su casa. + +Antes de que pudiera contestar el bandolero se oyeron las sonoras notas +de una trompa de caza y vió Roger un hermoso caballo blanco que pasó á +la carrera entre los árboles á corta distancia, seguido de la traílla y +de numerosos cazadores. Las voces de éstos, el galopar de los caballos y +los ladridos de los perros resonaron ruidosamente en todo el bosque. +Oíanse todavía los gritos con que animaban á los sabuesos: "¡Sus, +Bayardo, Moro, Lebrel! ¡Sus, Sus!" cuando resonó de nuevo el trote de +los caballos y apareció un grupo de cazadores á pocos pasos de Roger. + +Precedíalos un hombre de cincuenta á sesenta años de edad, de robusto +cuerpo y atezado rostro, bajo cuyas pobladísimas cejas brillaban dos +ojos de imperiosa y penetrante mirada. Llevaba larga barba entrecana y +todo en su aspecto y ademanes revelaba al hombre acostumbrado á mandar y +á ser obedecido. Manejaba el hermoso corcel con gracia soberana y vestía +rica túnica de seda blanca bordada de pequeñas flores de lis de oro, +flotante de sus hombros luengo manto de púrpura. Era imposible no +reconocer desde luego á Eduardo III, el invasor de Francia y +conquistador de la Normandía, al vencedor de Crécy, uno de los más +brillantes guerreros entre los muchos y muy esforzados que habían regido +al pueblo anglo-sajón. Roger se quitó la gorra reverentemente, pero el +pechero apoyó ambas manos sobre su bastón y miró con expresión nada +amistosa al grupo de caballeros que seguían al rey. + +--¡Hola! exclamó Eduardo deteniendo su caballo en medio del camino y +mirando á Roger y su compañero. _¡Le cerf! ¿Est-il passé? ¿Non? Ici, +Brocas, tu parles l'anglais._ + +--¿Habéis visto el ciervo, bergantes? preguntó imperiosamente un +caballero de la escolta. Si lo habéis espantado y hecho desviar os +cuesta las orejas. + +--Pasó entre aquellos dos árboles, señaló Roger, y los perros le seguían +de cerca. + +--Bien está, dijo el monarca, que siguió hablando en francés, pues +aunque comprendía la lengua de su pueblo, jamás llegó á poseerla bien, +ni quiso hablar lo que él llamaba idioma áspero y bárbaro. Os aseguro, +continuó, volviéndose en la silla hacia el grupo de caballeros, que ó +mucho me engaño ó es un venado de seis puntas, el más soberbio de +cuantos hemos levantado hoy. ¡Adelante! + +Tras él desaparecieron á carrera tendida guerreros y cortesanos, excepto +uno, el barón de Brocas, que haciendo dar un salto á su caballo, +levantó el látigo y cruzó con él la cara del pechero, gritándole: + +--¡Descúbrete, perro! ¡Descúbrete siempre que tu rey se digne mirarte! Y +dando rienda al caballo se lanzó en seguimiento de los cazadores. + +El villano recibió el latigazo sin mover un solo músculo. Después alzó +el puño en dirección de su verdugo, y rugió: + +--¡Te conozco, maldito cerdo gascón, y algún día la pagarás! ¡Malhaya el +en que dejaste tu pocilga de Rochecourt para pisar la tierra inglesa! +¡Así te vea yo descuartizado y muertos de hambre á tu mujer y á tus +hijos! + +--Tened la lengua, buen hombre, dijo Roger; aunque cobarde fué el golpe +y capaz de encender en ira al más humilde. Dejadme buscar en mi zurrón +un ungüento que llevo y que os será de mucho alivio. + +--No, una sola cosa puede calmar el dolor y lavar la afrenta, y esa el +tiempo quizás me la depare. Ahí tenéis vuestro camino, el atajo que pasa +entre aquel matorral y el árbol con la rama tronchada. Apresurad el +paso, que hoy tiene Hugo de Clinton una reunión alegre con sus +compañeros de francachela y no os traería cuenta retrasarle la fiesta ni +tampoco presentárosle en medio de ella. Yo tengo que quedarme aquí por +ahora. + +Aparte del dolor que causaban á Roger aquellas repetidas alusiones de +todos á la vida licenciosa de su hermano, sorprendíale y angustiábale +también el odio ciego que notaba entre las clases que constituían la +sociedad de su tiempo. El trabajador maldiciendo á los poderosos, los +nobles tratando á los humildes como bestias de carga. Antes, cuando la +nobleza era el más firme baluarte de la nación, la toleraba el pueblo; +ahora, sabido ya que las grandes victorias obtenidas en Francia lo +habían sido no por la pujanza de tales ó cuales barones, por la lanza de +este ó aquel caballero, sino por el valor de los soldados, hijos del +pueblo de Inglaterra y Gales, había desaparecido en gran parte el +prestigio de la nobleza militante y se protestaba contra sus exacciones +y se censuraba su arrogancia. Los hombres cuyos padres y hermanos habían +peleado como leones en Crécy y Poitiers y visto estrellarse lo más +florido de la caballería europea contra los muros de hierro que formaban +los plebeyos disciplinados de Inglaterra, no concebían que un gran señor +pudiese infundirles temor y mucho menos respeto. El poder había +cambiado de manos. El protector habíase convertido en protegido y todo +el vetusto armatoste feudal vacilaba sobre sus carcomidos cimientos. De +aquí las continuas quejas y murmuraciones del pueblo anglo-sajón, su +descontento perenne, las asonadas locales, todo aquel malestar que +culminó algunos años más tarde en el gran alzamiento de Tyler. Aquello +que tanto inquietaba á Roger á medida que iba conociendo el estado de +los ánimos en la comarca de Hanson, hubiera sorprendido igualmente á +cualquier otro viajero en todos los restantes condados del reino, desde +el Canal hasta los riscos y las lagunas de Escocia. + +Los temores del doncel aumentaban á medida que se acercaba á la morada +de Hugo, á la casa paterna. Pronto se hizo menos espesa la arboleda y +por fin se presentó ante su vista una gran pradera en la que pastaban +hermosas vacas; más allá se divisaban numerosas piaras de cerdos y por +el centro del llano corría un ancho arroyo. Rústico puente conducía á un +camino que llevaba en derechura hasta la puerta de un vasto edificio de +madera que Roger contempló con emoción profunda. Una columna de humo +salía por la alta chimenea y á la puerta dormía tranquilamente un mastín +encadenado. + +Rumor de voces sacó de su contemplación al viajero, que vió salir de +entre los árboles y dirigirse hacia el puente á un hombre y una mujer, +en animada conversación. Llevaba el primero un traje de elegante corte, +aunque de obscuro color y sin los adornos y preseas que distinguían á +los señores de la escolta real. Largos y muy rubios el cabello y la +barba, contrastaban con la negra cabellera de la hermosísima joven que +iba á su lado. Era alta y esbelta, de moreno y agraciado rostro. Llevaba +una gorra de terciopelo rojo coquetamente ladeada, rico y bien ceñido +traje y en la enguantada diestra un pequeño halcón, cuyas erizadas +plumas acariciaba suavemente. Roger notó que la hermosa desconocida +tenía todo un lado del vestido manchado de lodo. Oculto á medias en la +sombra de un roble enorme, contempló embebecido aquella aparición +radiante, aquel rostro puro y bello que le recordaba los de los ángeles +pintados y esculpidos en los altares de Belmonte. + +Por fin la joven se adelantó algunos pasos á su acompañante y ambos +cruzaron rápidamente el prado hasta llegar al puentecillo rústico, donde +se detuvieron y reanudaron la interrumpida plática. ¿Dos amantes? Tal +creyó desde luego el único testigo de aquella escena, mas pronto notó +que el hombre interceptaba el paso del puente á la joven y que ésta se +expresaba con gran animación, llegando á tomar su voz algunas veces +acentos de amenaza y cólera. De vez en cuando dirigía una mirada hacia +el bosque, como en espera de auxilio por aquel lado y por fin tomó su +rostro tal expresión de angustia que Roger, incapaz de resistir aquella +muda apelación, abandonó su escondite y se dirigió aceleradamente hacia +el puente. Llegado había muy cerca de ambos personajes sin que éstos +notaran su presencia, cuando el hombre enlazó repentinamente con su +brazo el talle de la joven y la estrechó contra su pecho. Soltó ella el +asustado halcón y lanzando un agudo grito abofeteó y arañó el rostro del +rufián, procurando en vano desasirse. + +--No os encolericéis, linda paloma, dijo él con gran risa; sólo +conseguiréis lastimaros. Lo dicho, bella Constanza, estáis en mis +tierras y no saldréis de ellas sin pagarme el tributo de vuestra +hermosura. + +--¡Soltad, villano! exclamó ella. ¿Es esta vuestra hospitalidad? ¡Antes +la muerte que cederos! ¡Soltadme, ó si no!... ¡Á mí, doncel! gritó +desesperadamente al ver á Roger. ¡Amparadme, por Dios! + +--Sí haré, exclamó el joven acudiendo en su auxilio. ¡Dejad libre á esa +dama, que vergüenza debiera daros vuestra conducta! + +El agresor dirigió á Roger una mirada centelleante, que denotaba su +furor. Al joven le pareció en aquel momento el hombre más hermoso que +había visto en su vida, por más que la ira contraía sus facciones +acentuando su expresión algo siniestra. + +--¡Miserable loco! exclamó, sin soltar á la doncella, que se debatía +inútilmente. ¿Osas darme órdenes? ¡Sigue tu camino, aléjate á toda +prisa, si no quieres que te arroje de aquí á puntapiés! ¡Largo, te digo! +Esta buena moza ha venido á visitarme y no quiero que me deje tan +pronto. ¿No es así? dijo soltando el talle de la joven y asiéndola por +una muñeca. + +--¡Mentís! gritó ella, é inclinándose rápidamente clavó los dientes en +la mano que la apresaba. + +Soltóla él, lanzando un rugido de dolor y la doncella corrió á +guarecerse detrás de Roger. + +--¡Fuera de mis tierras, vagabundo! gritó furioso el otro. Por la pinta +y el traje me pareces uno de esos ratones de sacristía que engordan en +los conventos y no son ni hombre ni mujer. ¡Largo de aquí, antes que te +corte las orejas, belitre! + +--¿Decís que son estas vuestras tierras? preguntó vivamente Roger, +desoyendo amenazas é improperios. + +--¿Pues de quién han de ser, farsante, sino mías? ¿Por ventura no soy yo +Hugo de Clinton, descendiente de Godofredo y de todos los señores que ha +tenido Munster por más de trescientos años? ¿Pretendes disputármelo, +falderillo? Pero no, que tú eres de una raza tan perezosa para trabajar +como cobarde para habértelas con un hombre. ¡Huye ó te estrello! + +--¡Por piedad, no me abandonéis! exclamó temblando la llorosa doncella. + +--No lo temáis, le dijo Roger resueltamente. Y vos, Hugo de Clinton, no +debiérais olvidar, pues noble sois, que nobleza obliga. Deponed vuestro +furor y dejad partir en paz á esta dama, como os lo pide +encarecidamente, no un villano, sino un hombre tan bien nacido como vos. + +--¡Mientes! No hay en todo el condado quien pueda pretender nobleza cual +la mía. + +--Excepto yo, repuso Roger, que soy también descendiente directo de +Godofredo de Clinton y de todos los señores que ha tenido Munster en los +últimos tres siglos. Aquí está mi mano, continuó sonriendo; no dudo que +ahora me daréis la bienvenida. Somos las dos únicas ramas que quedan del +noble y antiguo tronco sajón. + +Pero Hugo rechazó con una blasfemia la mano que le tendía Roger y en su +rostro se dibujó una expresión de odio. + +--¿Es decir que eres el lobezno de Belmonte? Debí figurármelo y +reconocer en tí al novicio hipócrita que no se atreve á contestar á la +injuria con la injuria, sino con melosas palabras. Tu padre, á pesar de +sus faltas, tenía corazón de león y pocos hombres le hubieran mirado á +la cara en sus momentos de cólera. ¡Pero tú! ¿Sabes lo que le costaste +á él y lo que me has arrebatado á mí? Mira aquellos pastos, y las +siembras de la colina, y el huerto inmediato á la iglesia. ¿Sabes que +todo eso y mucho más se lo arrebataron á tu padre moribundo los +insaciables frailes, á cambio de hacer de tí un santurrón inútil en su +convento? Por tí me robaron antes y ahora vienes tú en persona, +probablemente para pedirme con tus lloriqueos otro pedazo de mi hacienda +con que engordar á tus amigotes. Lo que voy á hacer es soltar los perros +para que te acuerdes toda la vida de tu primera y última visita á +Munster; y entre tanto, ¡abre paso! + +Diciendo esto empujó á Roger violentamente y asió otra vez el brazo de +su víctima. Pero toda idea de reconciliación había desaparecido de la +mente del doncel, que acudió rápido en auxilio de la joven y enarbolando +su grueso bastón gritó: + +--¡Á mí podréis decirme lo que queráis, pero hermano ó no, juro por la +salvación de mi alma que os mato como un perro si no respetáis á esta +dama! ¡Soltad, ú os parto el brazo! + +El movimiento amenazador del garrote y la mirada y la expresión de Roger +indicaban claramente que iba á hacerlo como lo decía. Era en aquel +momento el descendiente de los nobles Clinton, convertido en temible +paladín del honor de una dama. Su corazón latía con violencia y hubiera +combatido hasta la muerte, no con uno sino con diez enemigos. Hugo +comprendió inmediatamente con quién tenía que habérselas. Soltó el brazo +de la doncella y miró á uno y otro lado buscando un arma cualquiera, un +palo ó una piedra; y no hallándolos, se lanzó á la carrera en dirección +de la casa, á la vez que aplicaba un silbato á sus labios y lanzaba +prolongado y penetrante silbido. + +--¡Huid, por Dios! exclamó la joven. ¡Ponéos en salvo antes que vuelva! + +--¡No sin vos, por vida mía! dijo resueltamente Roger. Dejad que llame á +cuantos perros quiera. + +--¡Venid, venid conmigo, pues! ¡Os lo ruego! insistió ella tirándole del +brazo. Conozco á ese hombre y sé que os matará sin compasión.... + +--¡Pues bien, huyamos! y asidos de la mano corrieron en dirección al +bosque. + +No bien había llegado la nueva pareja á los primeros árboles, vieron que +Hugo salía de la casa apresuradamente; llevaba en la mano una espada +desnuda que brillaba á los rayos del sol, pero no le seguían sus perros +y se detuvo un momento á la puerta para soltar al mastín que allí tenía +encadenado. + +--Por aquí, dijo la joven, que al parecer conocía perfectamente el +bosque. Por la maleza, hasta aquel fresno cuyas ramas se inclinan sobre +el agua. No os ocupéis de mí, que sé correr tan ligeramente como vos. Y +ahora, por el arroyo. Nos mojaremos los pies, pero hay que hacer perder +la pista al perro, que probablemente es de tan mala ralea como su amo. + +Diciendo esto, corría la hermosa doncella por el centro del arroyo, +llevando posado en el hombro su asustado halcón, apartando rápidamente +con las manos las ramas que le impedían el paso, saltando á veces de +piedra en piedra y ganando terreno con ligereza tanta que á Roger le +costaba trabajo seguirla. Admirábale aquella joven tan animosa, tan +bella, á quien había salvado y que á su vez procuraba salvarle á él. +Larga fué su carrera por el lecho del tortuoso arroyo, y cuando á Roger +empezaba á faltarle el aliento, su hermosa guía se arrojó palpitante +sobre la hierba, oprimiendo con ambas manos el agitado pecho. Roger se +detuvo. Á los pocos momentos recobró la fugitiva su buen humor habitual, +y sentándose, casi olvidada del peligro reciente, exclamó: + +--¡La Santa Virgen me proteja! Ved cómo me he puesto de agua y lodo. De +esta hecha me encierra mi madre por una semana en mi cámara, haciéndome +bordar mañana y tarde la famosa tapicería de los Siete Pares de Francia. +Ya me amenazó con ello el otro día, cuando me caí en el estanque del +parque. Y eso porque sabe que no puedo sufrir la tapicería y que mi +gusto es correr por los campos y el bosque á pie ó á caballo. + +Roger la contemplaba embelesado, admirando sus negros cabellos, el +perfecto óvalo de su rostro, los alegres y hermosos ojos y la franca +sonrisa que le dirigía y que demostraba su confianza en él. Por ella +recordó Roger el peligro que los amenazaba. + +--Haced un esfuerzo, dijo, y continuemos alejándonos. Todavía puede +alcanzarnos y tiemblo, no por mí, sino por vos. + +--Ha pasado el peligro, contestó ella. No sólo estamos fuera de sus +tierras, sino que habiéndolo despistado tomando el arroyo, le es casi +imposible hallarnos en este inmenso bosque. Pero decidme; habiéndole +tenido á vuestra merced ¿por qué no lo matasteis? + +--¿Matar á mi hermano? + +--¿Y por qué no? dijo la resuelta doncella con expresión de cólera que +dió nuevo encanto á su lindo rostro. Él os hubiera dado muerte sin +vacilar. ¡Qué infame! De haber yo tenido en la mano el garrote ése, el +vil Hugo de Clinton se hubiera acordado de mí. + +--Demasiado siento lo que he hecho, dijo Roger sentándose junto á ella y +ocultando el rostro entre las manos. ¡Dios me asista! En aquel momento +perdí la serenidad, me olvidé de todo, y si tarda un momento más en +soltaros... ¡Á mi único hermano, al hombre en cuya casa pensaba vivir y +cuyo cariño ansiaba conquistarme! ¡Cuán débil he sido! + +--¿Débil? repuso ella. No creo que mi mismo padre os creyese tal, y eso +que es severo cual ninguno en juzgar el valor y la entereza de los +hombres. Pero ¿sabéis que no es nada lisonjero para mí el oiros lamentar +lo que habéis hecho? Pensándolo bien, reconozco que una mujer, una +extraña para vos, no debe separar á dos hermanos; y si queréis, volvamos +pie atrás y haced las paces con Hugo entregándole á vuestra prisionera. +Yo sabré deshacerme de él. + +--Muy miserable y cobarde sería el hombre que tal hiciese. Lamento, sí, +que vuestro agresor haya sido mi propio hermano, ¿pero entregaros? ¡Eso +nunca! + +--Bien está, dijo la doncella sonriéndose, y comprendo lo que os pasa. +La verdad es que os presentasteis tan repentinamente como lo hacen los +juglares en sus comedias; fuisteis el valiente campeón que salva á la +afligida dama en los momentos en que va á devorarla el horrible dragón. +Pero venid, dijo incorporándose, llamando al halcón y arreglando como +pudo sus mojadas ropas. Salgamos al claro y es muy probable que +encontremos á mi paje Rubín con _Trovador_, mi palafrén, á cuya caída +debo yo todos mis percances de este día y el haberme visto en manos del +ogro de Munster. Pero hacedme la merced de darme el brazo; estoy más +cansada de lo que creía y casi tan asustada como mi pobre halconcillo. +Mirad cómo tiembla. Él también está indignado de ver á su ama tan +maltratada. + +Roger oía con delicia la charla de la joven y la sostenía con su brazo +todo lo posible, apartando las ramas y buscando en vano un sendero +practicable. + +--Callado estáis, señor campeón, le dijo al fin su alegre compañera. ¿No +queréis saber quién soy ni oir mi historia? + +--Si á vos os place contármela.... + +--Oh, si tan poco os interesa, lo mejor será guardármela.... + +--No, por favor, dijo él vivamente. Contad, que me desvivo por saber +algo de vos. + +--Pues bien, sabréis la historia, pero no el nombre. Algo he de otorgar +al hombre que ha hecho de su hermano un enemigo, por culpa mía. Después +de todo, Hugo dijo que venís derechamente del convento, de suerte que +será esto á manera de confesión, como si fuerais un reverendo de barba +blanca ¿eh? Sabed, pues, que vuestro pariente ha pretendido mi mano, no +tanto, á lo que imagino, por prendas que no tengo, sino por los caudales +que le aportaría su matrimonio con la hija única de... mi padre, porque +ya os he dicho que no sabréis quién soy. No es mi padre excesivamente +rico, pero sí hombre de alta alcurnia, valiente caballero, en verdad, +guerrero famoso, á quien las pretensiones de ese hombre grosero y +bellaco.... ¡Perdonad! Olvidé que lleváis el mismo nombre. + +--No importa; continuad, os lo suplico. + +--De un mismo manantial suelen proceder arroyos muy distintos; turbio +uno, claro y cristalino el otro, dijo ella prontamente. Abreviando, os +diré que ni mi padre ni yo podíamos tolerar tales pretensiones, y que +ese hombre violento y vengativo ha sido desde entonces nuestro enemigo. +Temeroso mi padre del daño que pudiera causarme, me tiene prohibido +cazar en toda la parte del bosque situada al norte del camino de +Munster; pero esta mañana mi valiente halcón dió caza á una garza enorme +y mi paje Rubín y yo olvidamos por completo el camino que seguíamos y la +distancia recorrida, sin pensar más que en las peripecias de la caza. +_Trovador_ tropezó, por desgracia, lanzándome con violencia al suelo, y +echando á perder mi falda, la segunda que llevo desgarrada y manchada +esta semana, para mayor indignación de mi madre y dolor de Águeda, mi +buena aya.... + +--¿Y después? preguntó ansiosamente Roger. + +--Entre el tropezón, mi caída, el grito que dí y las voces de Rubín, se +asustó el caballo de tal manera que salió á escape, perseguido por el +paje. Antes de que pudiera levantarme ví á mi lado al desairado +pretendiente, quien me anunció que estaba en sus tierras y me ofreció +cortésmente acompañarme hasta su casa, donde podría esperar con +comodidad el regreso del paje. No me atreví á rehusar, pero muy pronto +conocí por sus miradas y palabras que había hecho mal; quise tomar por +el puente, me lo impidió descaradamente y después ¡Jesús me valga! no +puedo pensar en sus soeces insultos sin estremecerme. ¡Cuánto os debo! Y +cuando recuerdo que yo.... ¡Qué asco! + +--¿Qué es ello? preguntó Roger admirado. + +--Cuando recuerdo que mordí su mano, que posé mis labios sobre la carne +del malvado, me parece haber sufrido el contacto asqueroso de una +serpiente. Pero vos ¡cuán animoso y enérgico ante tan temible enemigo! +Si yo fuera hombre me enorgullecería de actos como ese. + +--Poca cosa cuando tan grande es el placer de serviros, contestó Roger, +vivamente complacido al oir aquel elogio de tales labios. ¿Y vos? ¿Qué +pensáis hacer ahora? + +--¿Véis á lo lejos, allá abajo, aquel enorme tronco, junto al rosal +silvestre? Pues ó mucho me engaño ó no tardará en llegar á él Rubín con +los caballos, por ser ese el lugar donde me detengo á descansar en casi +todas mis excursiones por estos rumbos. Después, á casa sin tardanza. Un +galope de dos leguas secará completamente pies y ropas. + +--Pero ¿qué hará vuestro padre? + +--No le diré una palabra de lo ocurrido. Si le conocierais sabríais que +no es posible desobedecerle sin atenerse á terribles consecuencias, y yo +le he desobedecido. Él me vengaría, es cierto, pero no es en él en quien +buscaré vengador. Día llegará, en justa ó torneo, en que un hidalgo +quiera llevar mis colores al palenque y yo le diré que hay una afrenta +pendiente, que su competidor está elegido y que es Hugo de Clinton. +Ofensa lavada y un corazón villano de menos en el mundo.... ¿Qué os +parece mi plan? + +--Indigno de vos. ¿Cómo podéis hablar de venganza y muerte, vos, tan +joven y cándida, en cuyos labios sólo deberían oirse palabras de bondad +y perdón? ¡Mundo cruel, que á cada paso me hace recordar el retiro y la +paz de mi celda! Cuando así habláis me parecéis un ángel del Señor +aconsejando seguir al espíritu del mal. + +--Gracias mil por el favor, señor hidalgo, repuso ella soltando su brazo +y mirándole severamente. ¿Es decir que no solo sentís haberme encontrado +en vuestro camino sino que me llamáis en suma diablo predicador? Cuidado +que mi padre es violento cuando se irrita, pero ni aun él me ha dicho +jamás cosa semejante. Tomad ese camino de la izquierda, señor de +Clinton, que yo no soy buena compañía para vos. Y haciéndole una seca +cortesía se alejó rápidamente. + +Sorprendido quedó el doncel y lamentando su inexperiencia que por dos +veces le había hecho decir á la bella cosa muy distinta de lo que +ansiaba expresar. Miróla tristemente, esperando en vano que se detuviera +ó que con una mirada le anunciase su perdón; pero ella siguió bajando á +buen paso el pendiente sendero, hasta que sólo se divisó á trechos entre +las ramas su roja toquilla. Lanzando un profundo suspiro, tomó Roger la +senda que ella le indicara y anduvo buen espacio con el corazón +oprimido, repasando en la memoria todos los incidentes de aquel +inolvidable encuentro. De pronto oyó á su espalda ligero paso y +volviéndose vivamente se halló cara á cara con la hermosa, inclinada la +frente, fijos en el suelo los ojos y convertida en imagen del más +humilde arrepentimiento. + +--No volveré á ofenderos, ni siquiera á hablar, dijo la joven, pero +quisiera continuar en vuestra compañía hasta salir del bosque. + +--¡Vos no podéis ofenderme! exclamó Roger alborozado al verla. Lejos de +eso, yo soy quien debí refrenar la lengua. Pero tened en cuenta, para +perdonarme, que he pasado mi vida entre hombres y mal puedo saber cómo +hablar á una mujer de suerte que ni aun ligeramente lleguen á +disgustarla mis palabras. + +--Así me gusta. Y ahora, completad vuestra retractación; decid que tenía +yo razón al querer vengarme de mi ofensor. + +--¡Ah, eso no! contestó él gravemente. + +--¿Lo véis? exclamó triunfante y sonriendo la joven. ¿Quién es aquí el +corazón duro é inflexible, el predicador severo, el que se empeña en que +continuemos reñidos? Pues bien, cederé yo, porque lo que es vos habéis +de seguir haciendo méritos hasta obtener, como os lo deseo, la mitra de +obispo ó el capelo cardenalicio. Oidme; por vos perdono á vuestro +hermano y tomo sobre mí toda la culpa de lo ocurrido, ya que yo misma +fuí en busca del peligro. ¿Estáis contento? + +--¡Cuán dignas de vos son esas palabras! En ellas hallaréis sin duda más +placer que en vuestras primeras ideas de venganza. + +Movió ella la cabeza en señal de duda y al mirar á lo lejos lanzó una +ligera exclamación que revelaba más sorpresa que placer. + +--¡Ah! dijo. Allí está Rubín con los caballos. + +También los había visto el pajecillo, cuyos rubios y largos cabellos +rizados rodeaban el gracioso rostro. Cabalgaba alegremente, llevando de +la brida el blanco palafrén causa involuntaria de las aventuras de su +dueña. + +--¡Os he buscado en vano por todas partes, mi señora Doña Constanza! +gritó agitando en el aire la emplumada gorra. _Trovador_ no se detuvo +hasta El Castañar, añadió echando pie á tierra y teniendo el estribo á +su ama; y aun así, trabajo me costó cogerlo. ¿Os ha sucedido algo +desagradable? Estaréis cansada ¿verdad? + +--Nada me ha sucedido, Rubín, gracias á la cortesía de este doncel, +dijo, mientras el paje miraba atentamente á Roger. Y ahora, señor de +Clinton, continuó, tomando la rienda y montando ligeramente, no quiero +separarme de vos sin deciros que os habéis conducido hoy como honrado +caballero y sin daros las gracias. Sois joven y no os creo rico; quizás +mi padre pueda serviros en vuestra carrera futura, cualquiera que sea. +Es respetado de todos y tiene amigos poderosos. ¿No me diréis cuáles son +vuestros proyectos, ahora que no podéis contar con vuestro hermano? + +--¿Proyectos? Ninguno; no puedo tenerlos. Sólo dos amigos cuento fuera +de la abadía de Belmonte y de ellos me separé esta mañana. Quizás pueda +reunirme con ellos en Salisbury. + +--¿Y qué han ido á hacer allí? + +--Uno de ellos, bravo soldado, lleva importante mensaje al castillo de +Monteagudo para el barón León de Morel.... + +Una alegre carcajada de la hermosa hizo enmudecer al sorprendido joven, +que momentos después se vió solo en medio del camino, contemplando la +nube de polvo que levantaban los caballos. Llegados á una pequeña +eminencia, detuvo la dama su corcel y le envió amistosa señal de +despedida. Allí permaneció Roger inmóvil hasta que perdió de vista á su +linda compañera. Después tomó lentamente el camino del pueblo, con ideas +y sentimientos muy distintos de los del inexperto mancebo, casi un niño, +que pocas horas antes había dejado aquel mismo camino por el atajo del +bosque. + + + + +CAPÍTULO X + +UN CAPITÁN COMO HAY POCOS + + +Pensando iba Roger que ni podía regresar á Belmonte en el término de un +año, ni asomar por las inmediaciones de la casa paterna sin que su +atrabiliario hermano le echase los perros encima; y que por consiguiente +se hallaba en el mundo á la ventura, sin saber qué hacer y harto escaso +de recursos para continuar viajando y gastando, sin oficio ni beneficio. +Con los diez ducados de plata que el buen abad había depositado en su +escarcela podría vivir escasamente un mes, pero no doce. Su única +esperanza era reunirse cuanto antes á los dos camaradas por quienes +sentía el afecto que ellos también le habían mostrado. Apretó pues el +paso, y corrió á trechos, comiendo el pan que llevaba en el zurrón y +apagando la sed en los cristalinos arroyos que halló á su paso. + +Al cabo de una hora tuvo la fortuna de alcanzar á un leñador que con su +hacha al hombro llevaba la misma dirección que él, lo que le evitó +perder más tiempo y aun extraviarse en los numerosos senderos que +cruzaban el bosque. No fué muy animada la conversación entre ambos, pues +el leñador sólo platicaba sobre asuntos de su oficio, la calidad de +tales ó cuales maderas y las reyertas entre trabajadores de éste ó aquel +villorrio, al paso que Roger no podía apartar de su imaginación el +recuerdo de la encantadora desconocida. Tan distraído y preocupado iba +que su compañero acabó por callarse, hasta que torció á la izquierda por +el sendero de El Castañar, dejando á Roger en el ancho camino de +Salisbury. + +Algunos pordioseros, un correo del rey, varios leñadores y otras +personas que encontró en su camino le indicaron la proximidad del +poblado. También vió pasar á un jinete corpulento, de luenga y negra +barba, que llevaba un rosario de gruesas cuentas en la mano y enorme +espadón pendiente del cinto. Por la forma y color del hábito y la +estrella de ocho puntas bordada en la manga reconoció en él á uno de los +caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, cuyo maestre residía +en Bristol. El joven viajero recibió descubierto y reverente la +bendición del hospitalario, lleno de admiración por aquella famosa +orden, sin saber que á la sazón había adquirido ya gran parte de las +cuantiosas riquezas de los templarios y que los un tiempo humildes y +desinteresados caballeros de San Juan preferían ya las comodidades de +sus palacios á las aventuras y peligros de la campaña contra los +infieles del Oriente. + +El sol se había ocultado tras negras nubes y á poco empezó á llover. Un +frondoso árbol cercano ofrecía el mejor refugio y bajo sus ramas se +cobijó Roger, aun antes de oir la cordial invitación de dos viajeros que +le habían precedido y que sentados al pie del árbol tenían delante media +docena de arenques salados, un pan moreno y una bota que después resultó +estar llena de leche fresca y no de vino. Eran dos jóvenes estudiantes +de los muchos que por aquella época se veían no sólo en las grandes +ciudades sino en los caminos y ventorrillos de casi toda Inglaterra. +Disputaban más que comían y saludaron alegremente al recienllegado. + +--¡Venid aquí, camarada! dijo uno de ellos, bajo y rechoncho. _Vultus +ingenui puer._ No os asuste la cara de mi compañero, que como dijo +Horacio, _foenum habet in cornu_; pero es más inofensivo de lo que +parece. + +--No rebuznes tan fuerte, Colás, repuso el otro, que era enteco y alto. +Si á citar vamos á Horacio, recuerda aquello de _loquaces si sapiat_... +ó como diríamos en buen inglés, huye de los charlatanes como de la +peste. Y á fe mía, que de seguir todos el consejo habías de verte tú +solo en el mundo. + +--¡Buena lógica, buena! Como de costumbre, te enredas en tus propios +argumentos y te caes de bruces, dijo Colás con gran risa. Primera +premisa: los hombres deben huir de mi locuacidad. Segunda: tú estás aquí +comiendo arenques mano á mano conmigo. _Ergo_, tú no eres hombre. Que +es lo que se quería demostrar, Florián amigo, y lo que yo me tenía muy +sabido; que eres un monigote y no un nombre. + +Roger y Florián se rieron de buena gana y el primero se sentó junto á +los polemistas. + +--Ahí va un arenque, compañero, dijo Florián; pero antes de participar +de nuestra espléndida hospitalidad, tenemos que imponeros ciertas +condiciones. + +--La que á mí más me interesa, repuso Roger jovialmente, es que con el +arenque venga también una rebanada de pan. + +--¿Lo ves, gandul? preguntó Colás al otro estudiante. ¿No te he dicho +cien veces que el ingenio y la gracia en el decir me rodean como un aura +sutil y que nadie se me acerca sin dar á poco muestras evidentes de la +agudeza que en mí rebosa? Tú mismo eras el mostrenco más zafio que he +conocido en toda mi vida, pero en la semana que llevas conmigo has hecho +ya dos ó tres juegos de palabras muy pasables y esta mañana un +comentario asaz agudo, que yo no tendría inconveniente en aceptar por +mío. + +--Como lo harás á la primera oportunidad, socarrón, para pavonearte con +plumas ajenas. Pero decidme, amigo, ¿sois estudiante? Y siéndolo ¿venís +de las aulas de Oxford ó de las de París? + +--Algo he estudiado, contestó Roger, pero no en esas grandes +universidades, sino con los monjes del Císter, en su convento de +Belmonte. + +--¡Bah! poco y malo probablemente. ¿Qué diablos de enseñanza pueden dar +allí? + +--_Non cui vis contingit adire Corinthum_, observó Roger. + +--¡Toma y vuelve por otra, hermano Florián! Pero dejémonos de +discusiones y á comer se ha dicho, que se _enfrían_ los arenques y el +pan amenaza convertirse en guijarro y la leche en requesón. + +Lo cual no impidió que mientras Roger comía renovasen los otros sus +argucias y que á poco menudeasen argumentos y sofismas y lloviesen las +citas latinas y griegas, escolásticas y evangélicas, silogismos, +premisas, inferencias y deducciones. Sucedíanse las preguntas y +respuestas como los golpes de incansables espadas sobre fuertes +escudos. Por fin, aplacóse un tanto Colás, mientras su compañero siguió +perorando, triunfante y engreído. + +--¡Ah, ladrón! gritó de pronto. ¡Te has comido mis arenques! + +--Y muy ricos que estaban, contestó Colás con sorna. Pero eso es parte +de mi argumentación, el esfuerzo final, la _peroratio_, que dicen los +oradores. Porque amigo Florián, siendo _cosas_ las ideas, como lo acabas +de dejar muy bien sentado y probado, no tienes más que pensar ó idearte +un par de arenques rollizos y conjurar un frasco de leche de dos +azumbres, con lo cual quedará tu estómago tan satisfecho y tan campante. + +--¿Con que esas tenemos, eh? Buen argumento, bueno, pero hay que +contestarlo; y haciendo y diciendo atizó al rubicundo Colás una bofetada +que lo hizo caer de espaldas. Y ahora, continuó, levantándose, imagínate +que no te has llevado ese revés y verás cómo ni te duele, ni vuelves á +robar arenques. + +El estudiante santiguado agarró el garrote de Roger y en poco estuvo que +le rompiese un hueso á su compañero. Por fin consiguió Roger ponerlos en +paz, y habiendo cesado la lluvia se despidió de aquellos divertidos +polemistas. No tardó en divisar grupos de cabañas, campos cultivados y +una que otra granja; pero el sol se acercaba á su ocaso cuando el +viajero vió á distancia la elevada torre del priorato de Salisbury. +Alegróse de llegar al término de su viaje por aquel día, y mucho más +cuando al rodear las tapias de un huerto descubrió á Simón y Tristán, +sentados muy sosegadamente sobre un árbol caído. + +Ninguno de ellos notó su presencia porque dedicaban toda su atención á +la partida de dados que tenían empeñada. Acercóse Roger muy quedamente y +observó con sorpresa que Tristán tenía cruzado á la espalda el arco de +Simón y ceñida la espada de éste y que entre los dos, como si fuese la +puesta de la próxima jugada, se hallaba el casco del arquero. + +--¡Maldición! exclamó éste al mirar los dados. ¡Uno y tres! No he tenido +suerte peor desde que salí de Rennes, donde perdí hasta los borceguíes. +_À toi, camarade._ + +--Cuatro y tres, dijo Tristán con voz de bajo profundo. Venga el +capacete. Y ahora te lo apuesto contra tu coleto, arquero. + +--¡Apostado! Pero como siga la mala racha voy á llegar al castillo en +camisa. ¡Voto á sanes! Bonita facha para un embajador. ¡Hola! gritó +levantándose apresuradamente al ver á Roger y echándole los brazos al +cuello; mira quién nos ha caído de las nubes, recluta. + +No menos complacido que el arquero quedó Tristán, pero se limitó á abrir +la bocaza y entornar los ojos, que era su manera de sonreirse, +procurando con ambas manos ponerse el casco de Simón sobre la enorme +melena roja. + +--¿Vienes á quedarte con nosotros, _petit_? preguntó el veterano, dando +golpecitos en la espalda de Roger. + +--Por lo menos así lo deseo, respondió éste, conmovido ante la cariñosa +acogida de sus amigos. + +--¡Bravo, muchacho! Juntos iremos los tres á la guerra, y que el diablo +se lleve la veleta del convento de Belmonte. Pero ¿dónde te has metido, +que vienes de barro hasta las rodillas? + +--En un arroyo, dijo Roger; y tomando la palabra les refirió los +incidentes de su jornada, el ataque del bandolero, su encuentro con el +rey, la recepción que le hizo su hermano y el rescate de la hermosa +cazadora. Escuchábanle los otros atentamente, pero no había acabado su +relato, que hacía andando entre los dos amigos, cuando Simón volvió pie +atrás y se alejó dando resoplidos. + +--¿Qué os pasa, arquero? gritó Roger corriendo tras él y echándole mano +al coleto. ¿Á dónde váis? + +--Á Munster. ¡Suelta, muñeco! + +--Pero ¿qué váis á hacer allí? + +--Meterle seis pulgadas de hierro á tu hermanito en la barriga. ¡Cómo! +¡Insultar á una doncella inglesa y azuzar los perros contra su hermano! +Pues ¿para qué tengo yo esta espada? Digo, no, que la tiene el gandul +ese de Tristán y se la voy á quitar ahora mismo. + +--¡Á mí, Tristán! ¡Échale mano! gritó Roger riendo á carcajadas y +tirando de Simón. Ni ella ni yo sufrimos un rasguño. ¡Venid, amigo! y +entre los dos lograron por fin ponerlo de nuevo en dirección de +Salisbury. Sin embargo, anduvo buen trecho con la cara hosca, hasta que +divisó una fresca labradora y le envió con un beso una sonrisa. + +--Pero vamos á ver, dijo Roger. ¿Cómo es que el soldado no lleva ahora +consigo las herramientas de su oficio? Y tú Tristán ¿qué haces con arco, +espada y casco en tiempo de paz? + +--Te diré. Es un juego que el amigo Simón se empeñó en enseñarme. + +--Y el bribón resultó maestro, gruñó el arquero. Me ha desplumado como +si hubiese caído en manos de los ballesteros del rey de Francia. Pero +¡por mis pecados! que me has de devolver esos trastos, amigo, si he de +cumplir la misión de Sir Claudio Latour, y te los pagaré como nuevos, á +precio de armero. + +--Aquí tienes todo lo que te he ganado y no hables de pagármelo, dijo +Tristán. Mi único deseo era llevar encima esos arreos por un rato, para +tomarles el peso, ya que en Francia y España he de llevarlos á diario +por algunos años. + +--_Ma foi_, has nacido para soldado y buen compañero, exclamó regocijado +Simón. Eso es hablar y portarse como se debe. ¡Bien, recluta! ¿Quién ha +visto jamás arquero sin arco? Descuida, que yo te procuraré uno tan +bueno como éste, allá en el ejército. Pero ¡mirad! Á la derecha del +priorato se destaca la torre parda y cuadrada del castillo en la +eminencia, y aun á esta distancia me parece distinguir en la bandera que +allí ondea el rojo corzo de las armas de Monteagudo. + +--Rojo en campo blanco, dijo Roger, pero no sé si es corzo, león ó +águila. ¿Qué es aquello que brilla sobre el muro? En la almena, debajo +de la bandera. + +--El casco de acero de un centinela, contestó Simón. Pero apretemos el +paso si hemos de llegar antes que la campana dé la señal de vísperas y +el clarín la de alzar el puente levadizo; porque el barón de Morel, á +fuer de buen soldado, es lo más exigente y riguroso en punto á +disciplina. + +Pronto se hallaron los tres camaradas en la extensa población construída +al pie de la antigua iglesia y del amenazador castillo. El barón de +Morel había cenado aquella tarde antes de ponerse el sol, según su +costumbre; visitó después las caballerizas, donde sus dos corceles de +batalla, _Darío_ y _Armorel_, descansaban de sus pasadas campañas, en +unión de otros buenos caballos y de los palafrenes de las damas, y por +último dispuso que los monteros sacasen á los perros y los dejasen +correr y retozar en libertad por media hora en las avenidas del +castillo. Unos treinta contenían las perreras y no fué mal concierto de +ladridos el que armaron al precipitarse en tropel perdigueros y +lebreles, mastines, galgos, sabuesos y podencos, de todos tamaños y +colores. Detrás de los monteros y pajes que con sus voces aumentaban la +algazara, veíase al noble señor de Morel, que contemplaba sonriente +aquel animado cuadro. Iba á su lado la buena baronesa y ambos siguieron +andando hasta el puente de piedra que separaba el pueblo del castillo. + +Era el famoso guerrero de corta estatura y pocas carnes, y ni su aspecto +ni sus maneras revelaban en él al esforzado campeón inglés cuyos altos +hechos andaban en lenguas de todos. Los años habían encorvado algo su +cuerpo, aunque no pasaban de cuarenta y ocho los que tenía; y en la +época en que le conocemos sufría todavía de la vista á consecuencia de +haberle vaciado encima una espuerta de cal viva los sitiados de +Bergerac, cuando el barón dirigía el asalto de aquella plaza al frente +de los veteranos de Derby. El constante ejercicio de las armas y las +penalidades de su pasada vida de soldado lo habían conservado vigoroso y +activo como siempre; era delgado de rostro, de color moreno y llevaba el +retorcido bigote y larga perilla que por entonces estaban en boga entre +los caballeros del ejército. El chambergo de fino fieltro con airosa +pluma blanca, algo inclinado sobre la oreja derecha, ocultaba en parte +la cicatriz de una larga herida que partía desde la sien; la mitad de +aquella oreja se la llevó una bala de bombarda allá en Tournay, en las +guerras de Flandes. Vestía rico traje de terciopelo negro y capa corta +del mismo color, y usaba calzado de retorcida punta, aunque no tan +desmesurada como fué uso llevarla en el siguiente reinado. Ceñíale el +cuerpo un cinturón bordado de oro, en cuya ancha hebilla estaban +grabadas las armas de los Morel, cinco rosas gules en campo de plata. + +Á su lado y apoyada en el parapeto del puente, la baronesa parecía el +tipo acabado de las altivas castellanas de la época. Más alta que su +esposo, tenía la mirada dominante y la robustez física que había hecho +posibles las heróicas proezas de Agnes Dunbar, de las condesas de +Salisbury y de Monfort y de otras damas inglesas que habían demostrado +ser tan animosas como sus nobles maridos llegada la ocasión, y poco +menos expertas que ellos en el manejo de la espada ó del hacha de +combate. Pero muchas de aquellas heroínas inglesas y otras que +pudiéramos citar, como las de Monteagudo, Chandos y Belver, eran no sólo +valerosas sino bellas, calificativo este último que por ningún concepto +podía aplicarse á la baronesa de Morel. + +--Os repito, barón, que una doncella como nuestra hija no debería pasar +su vida cazando y corriendo por campos y bosques, decía la imponente +dama á su esposo. Si la dejamos que siga rodeada de caballos y perros, +pajes, monteros y soldados, cuidando halcones y aprendiendo, la muy +taimada, trovas francesas, que tal hacía cuando la sorprendí ayer en su +cuarto, ¿cómo ha de servir para esposa de un noble compañero y para +gobernar un castillo, cual lo he hecho yo en vuestras largas ausencias, +con un centenar de hombres de armas y sirvientes á sus órdenes, la mitad +de los cuales sólo entienden de holgar y beber cerveza? Y cuenta que las +trovas de que os hablo, que ella escondió bajo la almohada al verme +entrar, se las había prestado, según confesión suya, el mismísimo padre +Cristóbal, del Priorato. Es verdad que siempre me dice lo mismo. + +--Muy cierto es todo eso, mi buena amiga, respondió el magnate, pero +tened en cuenta que es muy joven, llena de vida y salud, traviesa y +alegre como una niña y que tiempo hay para todo. + +--Sus travesuras van siendo graves por demás y demandan de vos severa +corrección. + +--No querréis decir seguramente que llegue yo á levantarle la mano. +Jamás lo he hecho con ninguna mujer y no exceptuaré precisamente á la +que lleva mi sangre en sus venas. En vos confío para enmendarla, cuando +su conducta merezca enmienda; sobre todo en mi ausencia, querida mía, +pues si llevo largo tiempo de asueto en el castillo, sólo por vos ha +sido, y os confieso que sin vuestra presencia no podría tolerar una +semana esta vida tranquila y regalona. Soldado nací y soldado he de +morir. + +--Eso era lo que yo temía, exclamó angustiada la baronesa. ¿Creéis que +no he notado vuestro desasosiego de estos últimos tiempos, y la revista +que habéis pasado á vuestras armas en compañía de Renato el escudero? +¡Nuestra Señora de Embrún me valga! + +--No os aflijáis. No se trata sólo de inclinación mía, sino de un deber, +de un llamamiento á nuestro honor. Bien sabéis que la renovación de la +guerra es cosa resuelta, que nuestras tropas se reconcentran en Burdeos +y ¡por San Jorge! sería cosa de ver que junto á los leones del +estandarte real figurasen las armas de toda la nobleza inglesa, excepto +las rosas de Morel. + +--No lo hubiera permitido yo misma diez ó quince años hace; pero ¿no +habéis servido al rey como el primero? ¿No habéis dado pruebas +brillantes de valor en diez campañas? Díganlo las heridas de vuestro +cuerpo y la fama de vuestro nombre. El mismo rey no espera de vos que +combatáis hasta morir y el más bravo soldado depone un día las armas y +regresa al hogar. + +--No está en mí el hacerlo, creedme. Cuando nuestro gracioso soberano se +apresura á vestir la armadura de combate á los setenta años y el señor +de Chandos le imita á los setenta y cinco, con tantas campañas y heridas +como cuento yo, mal puede quedar en reposo la lanza del barón León de +Morel. Mi propia fama me obliga, ya que tanto más notada sería mi +ausencia. No, Leonor, debo partir. Sin contar que nuestra hacienda no es +tan grande cual yo por vos y por nuestra hija la quisiera, y que sólo el +cargo de condestable que ejerzo aquí por merced de mi buen y poderoso +amigo el conde de Monteagudo, cuyo castillo habitamos, nos permite +sostener la posición correspondiente á nuestro rango. Y bien sabéis que +en la guerra es donde el noble y el bravo hallan hoy no sólo honores, +sino riquezas. La recompensa regia, el rico botín y los rescates enormes +de esta guerra nos pondrán para siempre al abrigo de todo temor, por lo +que á nuestros bienes de fortuna se refiere. + +--Rescates y botín soberbios habéis ganado con vuestro esfuerzo, pero +sois tan generoso como valiente y otros se han aprovechado de vuestra +hacienda. + +--Descuidad. No más esplendidez á costa de la tranquilidad y el +bienestar de los míos. Cobrad ánimos; la campaña no será larga y ansío +recibir noticias definitivas. + +--Mirad, barón, cerca de la última casa del pueblo, aquellos tres +hombres que toman el camino del castillo. Soldado es uno de ellos. + +Nuestros tres conocidos llegaban, en efecto, al término de su viaje, +cubiertos de polvo, pero sin señal de fatiga y platicando alegremente. +El barón se fijó desde luego en el joven de rubios cabellos é +inteligente rostro, que observaba atentamente el castillo y sus +alrededores. Iba á su derecha un gigante pobremente vestido, que por lo +estrechos y cortos que le venían sus arreos decían bien claro no haber +sido cortados para él. El caminante de la izquierda era un veterano +robusto y de atezado rostro, con espada al cinto y largo arco á la +espalda; el abollado capacete y los desteñidos colores del león de San +Jorge que llevaba cosido en el coleto no dejaban duda sobre la +procedencia del soldado, cuyo aspecto todo denotaba sus recientes +campañas. Llegados al puente, miró el arquero fijamente al noble +capitán, saludó á la baronesa con una inclinación respetuosa y dijo: + +--Perdonad, señor barón, pero á pesar de los años transcurridos os he +reconocido al momento, y eso que hasta hoy no os había visto vistiendo +terciopelo, sino yelmo y coselete. Junto á vos he tendido muchas veces +mi arco en Romorantín, La Roche, Maupertuis, Auray, Nogent y otros +lugares. + +--Y yo me felicito de verte, y darte la bienvenida al castillo de Morel. +Mi mayordomo os proporcionará en él buen lecho y buena mesa á tí y á tus +compañeros. Espera, arquero; sí, me parece recordar tu rostro, aunque ya +no puedo fiarme de mi vista como antes. Descansa un tanto y después te +llamaré para que me des noticias de lo que en Francia ocurre. Hasta aquí +han llegado rumores de que antes de terminar el año ondearán nuestras +banderas al sur de las grandes montañas de la frontera española. + +--Mucho se hablaba de ello en Burdeos á mi partida, repuso Simón, y á fe +que los armeros trabajaban sin descanso y que ví llegar buen número de +soldados. Pero permitid que os entregue esta misiva que para vos puso en +mis manos el bravo caballero gascón Sir Claudio Latour. Y á vos, señora, +os traigo de él este joyero, que le fué presentado en Narbona y que os +ofrece con sus respetos. + +El arquero se había repetido muchas veces durante su viaje aquellas +palabras, que eran las mismas pronunciadas por su capitán; pero la +verdad es que la dama, aunque estimando el rico presente, no se fijó en +las frases del arquero porque estaba tan absorta como su esposo en la +lectura del pergamino, que aquél le hacía en voz baja. Roger y Tristán, +que se habían detenido á algunos pasos de distancia del arquero, vieron +que la baronesa palidecía y que su esposo se sonreía satisfecho. + +--Ya véis, señora mía, dijo, que no quieren dejar tranquilo al viejo +lebrel cuando se preparan á levantar la caza. ¿Qué me dices, arquero, de +esta Guardia Blanca de que aquí me hablan? + +--De lebreles hablasteis vos, señor barón, y os aseguro que no hay mejor +jauría que aquella Guardia en ambos reinos, cuando se trata de correr +caza mayor, sobre todo si los dirige un buen montero. Juntos hemos +estado en las guerras, señor, pero jamás he visto cuerpo de arqueros más +valientes ni más temibles. Todos os queremos tener por capitán en esta +próxima campaña; y lo que la Guardia Blanca quiere ¿quién lo impide? + +--¡Pues me gusta! exclamó el barón sin ocultar su contento. La verdad es +que si todos aquellos arqueros se os parecen, no hay jefe que no deba +sentirse orgulloso de mandarlos. ¿Cómo os llamáis? + +--Simón Aluardo, del condado de Austin. + +--¿Y el gigante ese? + +--Es Tristán de Horla, un montañés como hay pocos, á quien acabo de +alistar en la Guardia Blanca. + +--Hará un soldado excelente. ¿Buenos puños, eh? Robusto y forzudo +pareces, arquero, pero estoy seguro de que ese buen mozo lo es más +todavía. Á ver, Tristán, si avergüenzas á todos mis ballesteros, ninguno +de los cuales pudo ayer hacer rodar aquella piedra y arrojarla al +torrente. Aunque me temo que ni tus brazos de hércules puedan con ella. + +Tristán se dirigió al peñasco sonriéndose. Era de enorme peso y hundido +en parte en la tierra; pero el coloso lo arrancó de su húmedo lecho á la +primera sacudida, y no contentándose con hacerlo rodar lo levantó del +suelo y lo lanzó al agua. La noble pareja manifestó su admiración ante +aquel prodigio de fuerza, mientras Tristán se limpiaba el barro de las +manos, sin dejar de sonreirse bonachonamente. + +--Esos brazos suyos me han rodeado una vez las costillas, dijo Simón, y +todavía me parece oirlas crujir. Este otro compañero mío, continuó al +notar que el barón miraba á Roger, ha sido hasta ahora amanuense en la +abadía de Belmonte, donde deja el mejor recuerdo, como lo atestiguan las +letras del abad que consigo lleva. Y es también doncel de mucha ciencia, +aunque de pocos años. Su nombre, Roger de Clinton y es hermano del +arrendatario de Munster. + +--Mala recomendación esta última, dijo el señor de Morel frunciendo el +ceño; y si á tu hermano te pareces por los hechos.... + +--Lejos de eso, señor, dijo vivamente el arquero. Puedo aseguraros lo +contrario, y á fe que hoy mismo lo amenazó de muerte su hermano y le +soltó los perros. + +--¿Perteneces también á la Guardia Blanca? Á juzgar por tu rostro, edad +y porte, no has tenido mucha práctica militar. + +--Quisiera ir á Francia con estos dos amigos, señor, dijo Roger. Pero no +sé que sirva para soldado, porque he sido siempre hombre de paz; +estudiante desde que salí de la niñez y también lector, exorcista, +acólito y amanuense en la abadía. + +--Eso no quita, observó el barón, y nunca está de más que cada compañía +tenga su amanuense, alguien que entienda más de leer un pergamino y de +redactar un informe que de andar á flechazos con el enemigo. Todavía +recuerdo yo á un secretario que tuve en la campaña de Calais, llamado +Sandal, que era también trovador y juglar de mérito. Habíais de oir las +rimas que compuso describiendo combates, asaltos y salidas, y cuantos +incidentes ocurrieron en el largo asedio de aquella plaza. Pero bastante +hemos hablado y hora es de regresar al castillo. Reposad, comed y bebed +con mis hombres de armas, que son gente de buena y alegre compañía. +Venid, señora, si gustáis. + +--Sí, que el aire ha refrescado mucho, dijo la dama, tomando el brazo +del barón. + +Dirigióse la noble pareja hacia el castillo, seguida de Simón, que se +alegraba de haber desempeñado su misión y visto á su querido capitán de +otros tiempos, y de Roger, admirado de hallar en el afamado guerrero á +un hombre modesto y afable, sin sombra de la insufrible altivez de +muchos nobles. Sólo Tristán parecía descontento y lo manifestaba con +sordos gruñidos. + +--¿Qué le pasa al mastuerzo éste? dijo Simón en voz baja, deteniéndose y +mirando á Tristán. + +--Me pasa que me has engañado, que me prometiste hacerme servir á las +órdenes de uno de los más grandes capitanes del reino y en su lugar +buscas para capitán de la Guardia Blanca á ese alfeñique vestido de +terciopelo, con sus ojillos llorosos y que por lo flaco y desmedrado +parece no haber comido en tres días.... + +--¡Hola, con que ahí es donde te duele! Pues mira, Sansón, procura que +no te oiga él, el chiquitín ese de los ojillos llorosos, porque sólo +entonces conocerías tú la fuerza de sus puños. Por lo demás, tres meses +de plazo te doy para cambiar de opinión. Al capitán Morel sólo le +conocen los que lo han visto hilar por lo fino en la guerra. Ya verás, +ya verás. + +En aquel momento se oyó gran gritería en las calles del pueblo; hombres, +mujeres y niños corrían de uno á otro lado de la calle central dando +voces y se refugiaban en las casas. Al otro lado del puente y corriendo +cuanto podía en dirección al castillo, apareció un hombre, que al ver á +la baronesa se llegó á ella y gritó, sudoroso y jadeante: + +--¡Huid, señora, huid! ¡Salvadla! ¡El oso, el oso! + +En efecto, corriendo hacia ellos venía un oso negro enorme, de terrible +aspecto, entreabierta la boca y con un trozo de cadena atado al cuello. +En dos saltos se puso Tristán al lado de la baronesa, á quien levantó en +sus brazos como si fuera una pluma, y con ella corrió rápidamente fuera +del camino, hasta llegar á unos árboles vecinos. Roger solo acertó á dar +algunos pasos en igual dirección y se quedó mirando atónito al furioso +animal; entre tanto soltaba Simón una retahila de tacos franceses é +ingleses y preparaba su arco. Entonces, con sorpresa de todos, vieron +que el barón de Morel no sólo no había huido sino que se dirigía en +derechura al oso con tranquilo paso, llevando en la mano el rojo pañuelo +de seda que en ella tenía cuando hablaba con Simón y sus amigos. El oso +llegó hasta él, dió un sordo gruñido, y alzándose sobre las patas +traseras, levantó la poderosa zarpa. + +--¡Hola, feo! ¿Con que estamos de mal humor? dijo tranquilamente el +barón, cruzando por dos veces con su pañuelo de seda el hocico del oso. + +El animal, sorprendido, le miró un momento, cayó sobre las cuatro patas +y gruñó de nuevo, mirando á derecha é izquierda como sin saber qué +resolución tomar, mientras el barón, á dos pasos, lo contemplaba con +curiosidad, guiñando sus irritados ojillos. En aquel momento llegaron +cuatro gañanes con gruesas cuerdas y en pocos instantes tuvieron +asegurado al fugitivo. El dueño del oso llegó también, temeroso del +castigo que pudiera aguardarle y descubriéndose explicó al barón que +había dejado á la fiera bien encadenada á la puerta de una taberna +mientras él tomaba un vaso de cerveza, y que habiendo llegado de súbito +los perros del castillo, atacaron al oso, enfureciéndolo y haciéndole +romper la cadena. Lejos de castigarlo ó reprenderlo el barón le dió +algunas monedas de plata, con escándalo de la baronesa, á la que todavía +no se le había pasado el susto. + +--Te pido perdón, camarada, dijo Tristán al arquero, á tiempo que +entraban por las puertas del castillo. El señor de Morel es todo un +hombre. ¡Digo, qué calma y qué nervio! Por mi parte, no quiero más jefe +que él. + + + + +CAPÍTULO XI + +DEL CONVENTO Á ESCUDERO Y DE DISCÍPULO Á MAESTRO + + +Sobre el macizo arco que daba entrada á la fortaleza se veía el escudo +de los Monteagudo, un corzo gules en campo de plata, y junto á él las +armas del veterano condestable, las rosas de Morel. Al pasar el puente +levadizo le pareció á Roger que en una de las saeteras brillaba la +armadura de un soldado; y apenas estuvieron todos en el pórtico, sonó un +clarín y el pesado puente se elevó tras ellos como impulsado por manos +invisibles, con gran ruido de cadenas. El barón acompañó á su esposa á +la sala del castillo y un obeso mayordomo se encargó de los tres +recienllegados, á quienes trató á cuerpo de rey. Satisfechos ampliamente +sus estómagos y refrescados con un baño en la cercana acequia, siguieron +Tristán y Roger al arquero, que examinaba atentamente la fortaleza con +la práctica de quien tantas había visto en su vida. Á sus dos +compañeros, que por primera vez se hallaban en un castillo, les parecían +aquellos gruesos muros del todo inexpugnables, y veían con asombro el +número de centinelas apostados en puertas, murallas y almenas, sin +contar los soldados del cuerpo de guardia situado cerca del puente +levadizo, que limpiaban sus armas, cantaban ó hablaban con sus mujeres é +hijos en el ancho pórtico. + +--Me parece que un puñado de rústicos podría defender esta fortaleza +contra diez compañías del rey, dijo Tristán. + +--Lo mismo digo, asintió Roger. + +--Pues bien os equivocáis, _mes garçons_, exclamó el arquero. Mucho más +formidables que ésta las he visto yo rendidas en una sola noche. ¡Por el +filo de mi espada! Pues ¿y el castillo de Monleón, en Picardía, que +parecía un cerro y que batimos, tomamos y saqueamos los soldados de Sir +Roberto Nolles, antes de que existiera la Guardia Blanca? De allí saqué +yo unos arreos de caballo, de plata maciza, que me valieron cien +ducados. + +--¿Sois vos el arquero Aluardo? le preguntó en aquel momento un +ballestero que acababa de cruzar el patio del castillo. + +--Simón Aluardo, para serviros. + +--Pues mírame bien, camarada, y no tendré necesidad de nombrarme. + +--¡Mala bombarda me parta si no es esa la cáfila de Reno el arquero! +_Embrasse-moi_, camarada; y ambos amigos se estrecharon como dos osos. + +--Sí, el arquero Reno, ahora ballestero al servicio del barón, y casi +olvidado ya de disparar ballesta ó arco. Pero ven acá, viejo lobo; en la +sala de armas se habla de recorrer una vez más la buena tierra de +Francia y aun se dice que el barón en persona.... + +--Las buenas noticias se saben pronto, á lo que veo, dijo Simón dando +una carcajada y guiñando el ojo á Tristán. + +--¡Bravo! gritó Reno. Desde ahora ofrezco un cirio de dos libras á mi +santo patrón. ¡Si supieras tú lo que es pudrirse aquí la sangre, entre +cuatro paredes, para un soldado como yo! Vengan en buenhora aquellos +tiempos en que teníamos franceses que matar y saetazos que dar y +recibir, sin hablar de lo que siempre se gana y se divide con los +amigos. + +--Qué me place verte tan bien dispuesto, repuso Simón. Pero oye, amigo +¿tan vacía está tu bolsa? Porque en tal caso, mientras entramos en el +primer campo, castillo ó villa de Francia, aquí llevo yo mi vieja +escarcela de cuero al cinto y no tienes más que meter en ella la mano. +Ya sabes que entre hermanos de armas no hay tuyo ni mío. + +--No, amigo; aquí ni dinero se necesita. No es como en Francia, donde +andábamos siempre á puñadas con los hombres y con la rodilla en tierra y +la mano abierta ante las mujeres. ¡Qué tiempos aquellos! Con tal que +vuelvan pronto.... Y además, se trata de saldar una cuentecilla +pendiente. Tú no lo sabes, pero mientras nosotros batíamos el cobre en +Rennes, las galeras francesas hicieron un desembarco en Chelsea y +quemaron y mataron hasta cansarse y cuando volví á mi pueblo me +encontré con que entre las víctimas de sus alabardas se contaban mi +madre, mi hermana y sus dos hijos, dos chiquitines que apenas sabían +hablar. ¡Rayos de Dios! Cuando te digo que ardo en deseos de verme otra +vez frente á frente de aquella canalla.... + +--Pues descuida, Reno, que si bien parece que esta vez nos esperan en +España más que en Francia, andan las cosas tan revueltas que siempre +habrá trabajo en todas partes y para todos los gustos. Desde luego +hallaremos por Castilla el famoso Duguesclín, que con las mejores lanzas +francesas anda al servicio de un príncipe español, Don Enrique de +Trastamara, empeñado en ponerlo en el trono, al paso que el monarca +legítimo Don Pedro, hermano del pretendiente, se ha dirigido á nuestro +rey Eduardo en demanda de auxilio y creo que el mismísimo Príncipe Negro +nos llevará al combate. Ya ves, pues, que habrá ocasión de poner una +flecha tan pronto en un castellano como en un francés. Pero entre tanto, +amigo Reno, creo que también tú y yo tenemos nuestra cuenta pendiente +y.... + +--¡Pesia mí, que lo había olvidado con la alegría de verte, camarada! +dijo Reno. Muy cierto es ello, y también que apenas nos habíamos puesto +en guardia nos separaron el maldito preboste y sus hombres de armas. + +--Á quienes la peste se lleve por entremetidos. Pero como quedamos en +aclarar el punto en nuestra próxima entrevista, y veo que llevas puesta +la espada, en guardia, Reno amigo y á quien Dios se la dé.... + +--Palabra empeñada y cuestión de honra son cosa sagrada, dijo Reno +desenvainando el acero. La luz de la luna basta para vernos el bulto y +estos dos mozos servirán de testigos. Cuestión de honra, compañeros. + +--¿Qué decís? exclamó Roger. ¿Qué cuestión de honra puede inducir á dos +amigos como vosotros á matarse á sangre fría? ¡Tened! Pero ¿no sabéis +que eso es un pecado mortal, que el odio os ciega? ¡Por favor, Simón! + +--No hay odio ni cosa que se le parezca, frailecico mío, repuso +jovialmente Simón, mientras el otro veterano miraba sorprendido al +doncel. No hay sino una cuestioncilla no terminada á gusto nuestro. ¡Ojo +á mi espada, Reno! + +--Guárdate de la mía, Simón hermano, que hace meses no he tenido +ocasión de esgrimirla una sola vez y necesito esta escaramuza para +ejercitar la muñeca. ¡Á ello! + +--¿Pero qué espíritu sanguinario os anima? ¡No lo consentiré y antes +tendréis que matarme! gritó Roger poniéndose delante del arquero. + +--Tampoco lo consentiré yo, exclamó el no menos sorprendido Tristán, +enarbolando un pesado tablón que vió apoyado contra el muro. ¡Ea, basta +de broma! Al primero que mueva el chafarote lo aplasto como un sapo. +¡Pues no faltaba más! + +--¿Qué mala mosca ha picado á este par de gansos? preguntó Reno. +Cuidado, gigantón, no empiece yo por darte una sangría y te caiga encima +la tabla esa.... + +--Decidme, Simón, interrumpió vivamente Roger, la causa de vuestra +querella, para ver si ello admite honroso arreglo, antes de que os +degolléis como enemigos implacables. + +El arquero miró pensativamente al suelo y después á la luna. + +--¿La causa, muchacho? ¿Y cómo quieres tú que yo me acuerde de tal cosa, +cuando nuestra disputa ocurrió allá en Limoges hace más de dos años? +Pero ahí está Reno, que te lo dirá en un santiamén. + +--No tal, dijo Reno bajando la espada. Desde entonces he tenido otras +muchas cosas en que pensar y aunque me rompa la crisma no lo recordaré +nunca. Creo que estábamos jugando á los dados. No, creo que fué cuestión +de faldas. ¿Eh, Simón? + +--Dados ó mujeres, creo que le andas cerca. Á ver, en Limoges conocíamos +á... ¡Calla! ¿pues no te acuerdas de aquella Rosa tan frescachona, que +servía en el mesón de Los Tres Cuervos? _¡Aux Trois Corbeaux!_ Apuesto á +que ya no sabes una palabra de francés, animal. ¡Qué chica aquella! Yo +me enamoré como un bendito. + +--Y yo, y otros muchos también, dijo Reno. No estoy seguro de que fuese +ella el objeto de nuestra reyerta, pero sé muy bien que el mismo día que +íbamos á batirnos desapareció de la venta en compañía de Ivón, el +arquero aquel de Gales ¿te acuerdas? Un licenciado del ejército me dijo +después que habían abierto una taberna, en no sé qué ciudad del Garona y +que Rosa sigue haciendo de las suyas y él bebe tanto vino y cerveza +como diez de sus parroquianos. + +--¿Sí? Pues aquí acaba nuestra querella, dijo Simón envainando la +espada. No se dirá que por una chiquilla capaz de preferir á un desertor +y sobre todo á un hijo de Gales, se han dado de cuchilladas dos mozos +como nosotros. + +--Más vale así, repuso Reno envainando á su vez, porque el barón nos +hubiera oído ó hubiera sabido el duelo y tiene pregonado que á los +duelistas de la guarnición les hará cortar la mano derecha. Y ya sabes +que cuando él dice una cosa.... + +--Como si lo dijera la Biblia, ya lo sé. Ea, una visita al mayordomo, +que me parece buen hombre, á ver si nos da alguna cerveza con que +brindar por el barón. + +Dirigiéronse los cuatro hacia las cocinas del castillo, pero al salir +del patio vieron á un gentil pajecillo que se dirigió á Roger +diciéndole: + +--El señor de Morel os espera arriba, en la saleta contigua á su cámara. + +--¿Y mis compañeros? + +--Á vos solo. + +Siguió Roger al paje, que le condujo por una ancha escalera al corredor +del primer piso y á una cámara cuyas paredes cubrían tapices y +panoplias, donde le dejó solo. Descubrióse el doncel y no viendo á nadie +comenzó á examinar las armas y los antiguos y macizos muebles de roble +tallado. Había desaparecido la primitiva sencillez de las habitaciones +en los castillos, debido en parte al deseo de proporcionar mayores +comodidades á las damas y sobre todo al ejemplo de los cruzados, que +habían traído de Oriente el lujo y las riquezas incompatibles con la +vida incómoda y mezquina de las fortalezas feudales. Influencia no menos +poderosa había sido después la de las grandes guerras con Francia, +nación que en el siglo XIV adelantaba en mucho á Inglaterra en las artes +de la paz y cuyos progresos y refinamientos dejaron huella marcadísima +en las costumbres inglesas de aquella época. + +Absorto estaba Roger en la contemplación de los objetos de arte que +enriquecían la estancia, cuando oyó la risa mal reprimida de una mujer. +Miró á todos lados sin ver persona alguna, repitióse la risa y por fin +distinguió detrás de la mampara que á su izquierda tenía una blanca +mano que sustentaba un espejo con marco y mango de plata, puesto de +manera que reflejaba todos sus movimientos. Permaneció el joven por +algunos momentos inmóvil, sin saber qué hacer y luégo vió que +desaparecían mano y espejo y que se adelantaba hacia él una hermosísima +joven, con traje tan elegante como rico. En su rostro sonriente +reconoció Roger el de la doncella á quien aquella mañana librara él de +las asechanzas de su hermano, y su sorpresa creció de punto. + +--Veo que os admira hallarme aquí, dijo alegremente la encantadora dama. +Trovador quisiera ser para cantar cual se merece nuestra aventura de +ayer; el perverso Hugo, la cuitada doncella y el paladín esforzado que +la rescata de las garras del tirano. Mis trovas os harían célebre y +pasaríais á la posteridad cual otro Percival ó Amadís famoso y gran +desfacedor de entuertos. + +--Insignificante fué lo que yo hice para merecer tanto elogio, pudo +decir por fin Roger. Mas no sabéis, señora, cuánta es mi alegría al +volver á veros y saber que llegasteis sana y salva á vuestra morada, +suponiendo que lo sea este castillo. + +--Lo es, y el barón León de Morel es mi padre. Pude revelároslo al +despedirnos, pero como me dijisteis que era este el término de vuestro +viaje, preferí callarme y daros una sorpresa, antes de que volváis á +encerraros entre las cuatro paredes de vuestra celda. Pero ante todo, os +he hecho llamar para haceros un encargo, mejor dicho, para pediros un +servicio. + +--¿Qué deseáis? + +--¡Cuan poco galante sois! Pero en fin, no me extraña. Un caballero más +acostumbrado al trato de las damas se hubiera puesto desde luego á mis +órdenes, pero vos me preguntáis qué os quiero. Pues bien, necesito que +corroboréis con vuestro testimonio mis palabras. Voy á decir á mi padre +que os encontré en la parte del bosque situada al sur del camino de +Munster. De lo contrario, si averigua que le desobedecí y puse la planta +en las tierras de Clinton, no escapo sin una encerrona atroz y lo menos +una semana de rueca y tapicería. + +--Si el barón me interroga no le contestaré. + +--¡Cómo! Pero es que tendréis que contestarle. Y asegurarle lo que os he +dicho, ó lo pasaré muy mal. + +--¿Pero cómo he de poder decirle lo que no es cierto? ¿Seríais capaz de +hacerlo vos, sabiendo que estabais leguas al norte del camino?... + +--¡Oh, me aburrís con vuestros sermones! ¿Os negáis? Pues yo sé lo que +debo hacer. + +--No os ofendáis, por favor. Pensad en lo que me pedís.... Pero aquí +está vuestro noble padre. + +--Estadme atento y veréis si soy ó no buena discípula vuestra. Padre +mío, continuó dirigiéndose al barón, que acababa de entrar; estoy +altamente obligada á este caballero, á quien encontré esta mañana en el +bosque de Munster y que me prestó un valioso servicio. Ocurrió el hecho +á dos leguas justas al norte del camino de Munster y por consiguiente en +una propiedad donde vos me habíais prohibido poner los pies. + +--¡Ah, Constanza! repuso el señor de Morel, que daba el brazo á una +anciana dama; me cuesta más hacerme obedecer de tí que de aquellos +doscientos arqueros de la piel del diablo á quienes capitaneaba yo en el +sitio de Guiena. Pero silencio, niña, que tu madre estará aquí dentro de +un momento y no hay necesidad de que se entere. Por esta vez no +llamaremos al preboste y sus guardas ¿eh? Pero retírate á tu cámara y no +vuelvas á las andadas. Sentáos aquí, junto al fuego, madre mía, dijo á +la anciana cuando se hubo retirado su hija. Acercáos, Roger de Clinton; +deseo hablaros, y en presencia de mi madre, sin cuyo buen consejo no +gusto de resolver siempre que puedo consultarla. + +Roger, sorprendido, se inclinó. + +--Yo misma indiqué al barón que os hiciera llamar, dijo la noble dama, +porque tengo de vos los mejores informes y creo que merecéis entera +confianza. Conozco algo vuestra historia; habéis vivido en el claustro y +es bien que veáis ahora algo del mundo antes de elegir entre uno y otro. +Precisamente, mi hijo necesita junto á sí una persona como vos, que vele +por él, que lo atienda. Entre vuestros compañeros, si aceptáis, veréis +jóvenes de la mejor nobleza del reino. + +--¿Sois jinete? preguntó el barón. + +--He cabalgado mucho en las posesiones de Belmonte. + +--Sin embargo, tendremos en cuenta la diferencia entre la pacífica mula +de los frailes y el caballo de batalla. ¿Sois músico? + +--Sé cantar y toco la cítara, la flauta, el rabel.... + +--¡Bravo! ¿Y en heráldica? ¿Leéis blasón? + +--¡Oh sí, perfectamente! Lo aprendí, como todo lo demás, en el convento. + +--Pues en tal caso, interpretad aquellas armas; y el señor de Morel +señaló uno de los escudos que ocupaban el testero de la habitación. + +--Plata; cuatro cuarteles, azul y gules; triple león rampante; la rosa +heráldica, unida al blasón de la torre, plata sobre gules; brazo armado, +con espada doble; grifo, medio vuelo y casco de cimera. + +--Olvidásteis que uno de los tres leones, el de mis deudos los Lutrel, +va también armado y los otros no. Pero bien está para un novicio. Sé que +además leéis y escribís bien, cosa muy útil en ocasiones, cuando de un +mensaje secreto depende la vida de muchos, la suerte de una plaza y +quizás el éxito de la guerra. ¿Creéis poder servir de escudero á un +noble en la campaña que vamos á emprender? + +--Tengo buena voluntad y aprenderé lo que no sepa, contestó Roger, á +quien llenaba de gozo la perspectiva de obtener aquel puesto cerca del +barón. + +--Pues vos seréis el escudero de mi hijo, agregó la anciana. Cuidaréis +de sus efectos, de sus armas, de cuanto le haga falta y pueda contribuir +á su mayor comodidad, aunque nunca fué mucha la de los campamentos. Y +vos cuidaréis también de su escarcela, porque mi querido barón es tan +generoso que probablemente la vaciaría en manos del primer desdichado +que le diera lástima. No sería la primera vez. Muchos detalles del +servicio escuderil os son desconocidos, naturalmente, pero como decís +vos mismo, no tardaréis en aprenderlos y creo que seréis el mejor +escudero de cuantos hasta ahora ha tenido mi hijo. + +--Señora, dijo el doncel muy conmovido, aprecio la alta honra que vos y +el señor barón me hacéis, confiándome cargo tan cercano á la persona de +uno de los más famosos caballeros del reino. Al aceptar tan gran merced, +tanto más bienvenida para mí por las circunstancias y el aislamiento en +que me hallo, sólo temo que mi inexperiencia me haga indigno de vuestro +favor. + +--No sólo instruido, sino modesto; cualidades bien raras por cierto en +pajes y escuderos, continuó la bondadosa dama. Descansad esta noche y +mañana os verá mi hijo. Conocimos y estimamos á vuestro padre y nos +place hacer algo por su hijo, si bien no podemos conceder nuestra +estimación á vuestro hermano, uno de los espíritus más turbulentos de la +comarca. + +--Nos será imposible partir en todo el mes, dijo el barón, pues hay +mucho que preparar y tiempo tendréis de familiarizaros con vuestros +deberes. Rubín, el paje de mi hija, está loco por seguirme, pero es aun +más joven que vos, casi un niño, y vacilo en exponerlo á las penalidades +de esta guerra en lejanos países. + +--Puesto que no partiréis en algunas semanas, observó la anciana, se me +ocurre que este joven puede prestarnos un buen servicio durante su +permanencia en el castillo. ¿Entiendo que en la abadía habéis aprendido +mucho? + +--He estudiado mucho, señora, pero aprendido sólo una pequeña parte de +lo que saben mis buenos maestros. + +--Lo que sabéis basta á mi propósito. Quisiera que desde mañana +dedicáseis un par de horas diarias á instruir en lo posible á mi nieta +Constanza, que bien lo necesita y no gusta de estudios. No parece sino +que aprendió á leer para devorar novelas sentimentales é inútiles ó +trovas insulsas. El padre Cristóbal viene del priorato á enseñarle lo +que puede, pero no sólo es muy anciano sino que su discípula lo domina y +poco provecho saca de sus conferencias con el buen padre. Con ella y con +Luisa y Dorotea de Pierpont, doncellas de buena familia que con nosotros +residen, formaréis una pequeña clase. Hasta mañana. + +Así se vió Roger convertido no sólo en escudero del barón León de Morel, +futuro capitán de la Guardia Blanca, sino en maestro de tres nobles +doncellas, cargo este último en que jamás soñara. Pensando en ello y +gozoso del cambio ocurrido en su suerte, resolvió no omitir por su parte +esfuerzo alguno para complacer á sus bienhechores. + + + + +CAPÍTULO XII + +DE CÓMO ROGER APRENDIÓ MÁS DE LO QUE ÉL PODÍA ENSEÑAR + + +En todo el sur de Inglaterra comenzaron simultáneamente y con gran vigor +los preparativos de guerra. Las nuevas que Simón y otros emisarios de +los jefes del ejército en Francia habían llevado á la corte y á los +castillos del reino fueron recibidas con entusiasmo por nobles y +soldados, para quienes una nueva campaña en tierra ajena significaba +gloria y provecho. Seis años de paz tenían impacientes á millares de +veteranos que habían participado en las jornadas de Crécy, Nogent y +Poitiers y para quienes no existía perspectiva más risueña que la de +invadir el territorio de Francia ó España, mandados por el hijo de su +soberano, el famoso Príncipe Negro; y de uno á otro mar sólo se hablaba +de aprestos bélicos, de reclutamientos y de concentración de fuerzas en +los puntos de antemano señalados. + +Cada villa, cada aldea preparó y facilitó su contingente sin tardanza, y +en todo aquel otoño y parte del siguiente invierno se oyó de continuo +por los caminos el toque de los clarines, el trotar de los caballos y el +paso acompasado de los infantes, arqueros, ballesteros y hombres de +armas, ya en compañías organizadas ya en grupos aislados, que de todas +partes se dirigían á éste ó aquel castillo ó puerto. + +El antiguo y populoso condado de Hanson fué de los primeros en responder +al llamamiento con gran golpe de soldados. Al norte ondeaban los +estandartes de los señores de Brocas y Roche, el primero con la cortada +cabeza de sarraceno en el centro del escudo y el segundo con el +histórico castillo rojo de la casa de Roche, seguidos ambos por +numerosos combatientes. Los vasallos de Embrún en el este y los del +potentado Juan de Montague en el oeste se unieron en pocas semanas á las +fuerzas levantadas por los señores de Bruin, Liscombe, Oliver de Buitrón +y Bruce, procedentes de Andover, Arlesford, Chester y York y marcharon +al sur, en dirección de Southampton. Pero el más nutrido y brillante +contingente del condado fué el que se agrupó en torno del estandarte de +Morel, gracias á la fama del barón. Arqueros de la Selva de Balsain, +montañeses y cazadores de Vernel, Dunán y Malvar, hombres de armas +veteranos y bisoños y nobles caballeros ganosos de prestigio, dirigíanse +todos á Salisbury, desde las riberas del Avón hasta las del Lande, para +alistarse bajo la bandera de las cinco rosas gules de Morel. + +Sin embargo, no era el barón uno de aquellos acaudalados magnates que +podían mantener en armas numerosa hueste, y con dolor se vió obligado á +despedir gran número de voluntarios, que buscaron otros jefes, +limitándose él á seguir las instrucciones que le había enviado su amigo +Claudio Latour, autorizándole para equipar cien arqueros y cincuenta +hombre de armas, que unidos á los trescientos veteranos de la Guardia +Blanca que quedaban en Francia, formarían un cuerpo cuyo mando podría +aceptar sin vacilación tan gran capitán como el barón de Morel. Con el +auxilio de Simón, nombrado sargento instructor, Reno y otros veteranos, +eligió cuidadosamente sus hombres y á mediados de Noviembre tenía ya +completa una fuerza escogida, cien de los mejores arqueros de Hanson y +cincuenta hombres de armas bien montados. Dos nobles amigos del barón le +encomendaron á sus hijos, jóvenes y apuestos caballeros llamados Froilán +de Roda y Gualtero de Pleyel, para que compartiesen con Roger de Clinton +los honores, peligros y deberes del cargo de escuderos. + +Las piezas de armadura para los hombres de armas y la mayor parte de las +espadas, hachas y lanzas aguardaban á los soldados de Morel en Burdeos, +donde podían procurarse mejores y mucho menos costosas que en +Inglaterra; mas no así los grandes arcos de combate, en cuyo material y +buena construcción los armeros ingleses superaban á todos los demás. +También hubo que uniformar á hombres de armas y arqueros con el capacete +liso, cota de malla, blanco coleto sin mangas sobre la cota y con el +rojo león de San Jorge en el pecho, todo lo cual componía el uniforme de +la famosa Guardia Blanca que con tanto orgullo llevaba Simón Aluardo. +Soberbio aspecto presentaron las fuerzas de Morel cuando su veterano +capitán, montando su mejor caballo de batalla, les pasó revista final en +el gran patio del castillo. De los ciento cincuenta hombres la mitad por +lo menos habían sido soldados, algunos toda su vida; entre los reclutas +llamaba la atención el gigantesco Tristán de Horla, que cerraba la +marcha, llevando á la espalda su enorme arco de guerra. + +El equipo de la compañía requirió algunas semanas y Roger y sus amigos +llevaban dos meses en el castillo cuando el barón anunció á su esposa +que todo estaba pronto para la marcha. Aquellos dos meses transformaron +por completo el porvenir de Roger, despertaron en él un sentimiento +desconocido y le hicieron más grata la vida. Entonces aprendió también á +bendecir la previsión de su padre, que le había permitido conocer algo +el mundo, antes de sepultarse para siempre en la soledad del claustro. +¡Cuán diferente le parecía entonces la vida, cuán exageradas las +palabras del Maestro de los novicios al describirle con los más negros +colores la manada de lobos, como él decía, que le esperaban para +devorarle apenas abandonase los muros protectores de Belmonte! Junto á +los criminales y depravados había hallado también hombres de corazón +valiente, amigos cordiales, un noble jefe cien veces más útil á su país +y á sus compatriotas que el virtuoso abad de Berguén, cuya vida +transcurría olvidada y monótona de año en año, en un círculo mezquino, +rodeado de aquellos monjes que rezaban, comían y trabajaban +sosegadamente, aislados del resto de los mortales y como si en el mundo +no hubiera más habitantes que ellos ni más horizontes que el de los +terrenos de la abadía. Su propio criterio dijo á Roger que al pasar del +servicio del abad al del barón, lejos de perder había efectuado un +cambio ventajoso. Cierto que su carácter apacible le hacía mirar con +horror las violencias de la guerra, pero en aquella época de órdenes +militares no era tan marcada como en nuestros días la separación entre +el religioso y el soldado, unidos entonces con frecuencia en una sola +persona. + +En justicia á Roger debe decirse que antes de aceptar definitivamente la +oferta del barón meditó mucho y pidió consejo al cielo en sus oraciones; +pero el resultado fué que á los tres días eligió armas y caballo, cuyo +importe ofreció pagar con parte de lo que le correspondiese como botín +de guerra. Dedicó desde entonces largas horas al manejo de las armas, y +como sobraban buenos maestros y él era joven, ágil y vigoroso, no tardó +en dirigir su caballo y esgrimir la espada muy diestramente, mereciendo +palabras de aprobación de los veteranos y haciendo frente con su tizona +á Froilán y Gualtero, los otros dos escuderos de su señor. + +Pero es casi innecesario decir que Roger tenía otra razón muy poderosa +para preferir la carrera de las armas y despedirse del convento. La vida +le ofrecía un atractivo irresistible, la presencia de la mujer amada. La +mujer, que allá en el claustro representaba la suma de todas las +tentaciones, peligros y asechanzas mundanales, el escollo que ante todo +debía evitar el hombre para perseverar en el buen camino, el ser á quien +los monjes del Císter no podían mirar sin pecado ni tocar sin exponerse +á los más severos castigos de la regla. En cambio Roger se veía +diariamente, una hora después de la de nona y otra antes de la oración, +en compañía de tres lindas doncellas, sus discípulas; y lejos de +parecerle la presencia de aquellas jóvenes cosa reprensible ni +pecaminosa, sentíase más dichoso que nunca al instruirlas, contestar á +sus preguntas ó sostener con ellas amena plática. + +Pocas discípulas como Constanza de Morel. Á un hombre de más edad y +experiencia que Roger le hubieran sorprendido, é irritado quizás, sus +réplicas, las súbitas alteraciones de su carácter, la prontitud con que +se ofendía algunas veces y las lágrimas y protestas con que se sometía +otras á las indicaciones de su maestro. Si el objeto de la lección la +interesaba, seguía las explicaciones con entusiasmo sorprendente y +dejaba muy atrás á sus compañeras. Pero si el tema le parecía pesado y +árido, no había medio de atraer su atención ni de hacerle comprender ó +recordar lo explicado. Alguna que otra vez se rebelaba abiertamente +contra Roger, quien sin la menor irritación, con paciencia infinita, +continuaba su lección; poco después la rebelde discípula se arrepentía y +humillaba, acusándose á sí misma, avergonzada de la injusticia hecha á +Roger con su conducta. En cambio no permitía que sus otras dos +compañeras mostrasen el más leve indicio de desatención ó rebeldía; una +sola vez intentó Dorotea contradecir á Roger, y fué tanta la indignación +de Constanza y tales sus reproches, que la pobre niña abandonó la +habitación con los ojos llenos de lágrimas, lo que valió á Constanza la +más severa reprensión que jamás recibiera del joven profesor. + +Pero pasadas las primeras semanas se notó la influencia de Roger, de su +paciencia y dignidad inalterables, en la conducta de la noble doncella. +Comprendía que la rectitud y la elevación de ideas de Roger eran un +ejemplo admirable y apreciaba los altos méritos del apuesto escudero. Y +Roger por su parte comprendía también que de día en día era mayor su +admiración por aquella adorable joven, cuya imagen y cuyo recuerdo no le +abandonaban un instante. Decíase también que era la única hija del barón +de Morel y que mal podía poner los ojos en ella el pobre escudero, sin +un puñado de plata con que pagar el caballo y las armas con que por +primera vez iba á buscar nombre y fortuna en la guerra. Pero su amor por +Constanza era su vida. Ninguna consideración, ningún obstáculo, podían +hacerle renunciar á él. + +Era una hermosa tarde de otoño. Roger y su compañero Froilán de Roda +habían ido á Bristol para apresurar la terminación y entrega de la +última remesa de arcos de repuesto que el barón tenía encomendados á los +armeros de aquella ciudad. Acercábase el día de la partida. Los dos +escuderos, terminada su comisión, cabalgaban por el camino de Salisbury +y Roger notó con sorpresa el insólito mutismo de su compañero. Froilán +era un muchacho alegre y decidor, encantado de dejar la tranquila casa +paterna por las aventuras y emociones del largo viaje que iban á +emprender y de la guerra futura. Pero aquel día lo veía Roger callado y +pensativo, contestando apenas á sus preguntas. + +--Dime con toda franqueza, amigo Roger, exclamó de pronto, si no te +parece como á mí que la bella Doña Constanza anda estos días +entristecida y pálida, cual si la atormentase ignorada cuita. + +--Nada he notado, contestó Roger sorprendido, mas bien pudiera ser como +lo dices. + +--Oh, sin duda. Mírala sentada y pensativa hora tras hora, ó paseando +por la terraza del castillo, olvidada de su halcón, de _Trovador_ y de +la caza. Sospecho, amigo Roger, que tanto estudio y tanta ciencia como +tú le enseñas sean tarea demasiado pesada para ella, que poco ó nada +estudiaba antes, y la preocupen y aun puedan llegar á enfermarle el +ánimo y el cuerpo. + +--Orden es de la baronesa, su señora madre.... + +--Pues sin que ello sea faltarle al respeto, creo yo que mi señora la +baronesa estaría más en su lugar defendiendo las murallas del castillo ó +mandando una compañía en el asalto de una plaza que encargada de la +educación de su hija. Pero oye, Roger amigo, lo que á nadie he revelado +hasta ahora. Yo amo á Doña Constanza, y por ella daría gustoso mi +vida.... + +Roger palideció y guardó silencio. + +--Mi padre es rico, siguió diciendo Froilán, y yo su hijo único y +heredero de los dominios de Roda. No creo que el barón tenga objeción +que hacer por lo que á caudal y nobleza se refiere. + +--Pero ¿y ella? preguntó Roger en voz baja y sin mirar al escudero para +que éste no notase su turbación. + +--Eso es lo que me desespera. Nunca he visto indiferencia como la suya y +hasta ahora tanto me hubiera valido suspirar ante una de las estatuas de +mármol del parque de Roda. ¿Recuerdas aquel finísino velo blanco que +llevaba ayer? Pues se lo pedí como una merced para ponerlo en mi yelmo +en combates y torneos, cual emblema de la dama y señora de mis +pensamientos. Se limitó á darme la negativa más fría y más rotunda, +agregando que si cierto caballero cuidaba de pedirle el velo, se lo +entregaría; de lo contrario, no se lo daría á nadie. No tengo la menor +idea de quién sea ese mortal afortunado. ¿Y tú, Roger? ¿Sabes á quién +ama? + +--Ni lo sospecho siquiera, contestó Roger; y sin embargo, al decir +aquellas palabras se despertó en él una gratísima esperanza. + +--Desde ayer me devano los sesos tratando de averiguarlo; no es Doña +Constanza doncella que oculte sus amores, si los tiene, y por +consiguiente el galán debe sernos conocido. Pero ¿á quién ve y habla +ella, además de sus padres, sus dos amigas y la servidumbre del +castillo? Te voy á dar la lista completa de los hombres que con ella han +hablado en estos dos meses: tú y nuestro camarada Gualtero de Pleyel, el +padre Cristóbal, del priorato, el pajecillo Rubín y yo. ¿Sabes de algún +otro? + +--No por cierto, respondió Roger; y ambos apuestos jóvenes siguieron +cabalgando en silencio hasta llegar al castillo. + +Durante la lección de la mañana siguiente notó Roger que la hermosa +joven estaba, en efecto, pálida y triste. Su rostro parecía adelgazado y +los bellos ojos habían perdido en parte la viveza y alegría que les +daban tan precioso atractivo. Terminada la hora de clase interrogó el +joven profesor á las señoritas de Pierpont, sus otras dos discípulas. + +--Constanza sufre, es muy cierto, le contestó Dorotea con picaresca +sonrisa. Pero su enfermedad no es de las que matan. + +--¡No lo quiera Dios! exclamó Roger. Pero decidme, os ruego, ¿qué mal la +aqueja? + +--Uno que en mi opinión aqueja también á otra persona, cuyo nombre +podría decir sin temor de equivocarme, repuso á su vez Luisa de +Pierpont. Y vos que tanto sabéis ¿no adivináis su mal? + +--No. Parece cansada y triste, ella siempre tan alegre.... + +--Pues bien, pensad que dentro de tres días partiréis todos y quedará el +castillo poco menos que desierto y nosotras sin ver alma viviente, como +no sea un soldado ó un rústico.... + +--Cierto es, exclamó Roger. No había pensado en que dentro de tres días +tendrá que separarse de su padre.... + +--¡Su padre! dijeron ambas jóvenes, lanzando argentina carcajada. ¡Ah +sí, su padre! ¡Hasta la tarde, señor Roger! y se alejaron alegremente, +llamando á voces á su amiga Constanza. + +Roger se quedó absorto. Le parecía ver una insinuación clarísima en las +palabras y en la risa de ambas jóvenes, y sin embargo apenas osaba dar á +la tristeza y á los suspiros de Constanza la interpretación que su amor +anhelaba. + + + + +CAPÍTULO XIII + +DE CÓMO LA GUARDIA BLANCA PARTIÓ PARA LA GUERRA + + +El día de San Andrés, último de Noviembre, fué el designado para la +marcha. Á hora muy temprana comenzó el redoble de los atabales, que +llamaba á los soldados, seguido de los toques de clarín ordenando la +formación de la Guardia Blanca en el patio de honor de la fortaleza. +Desde una ventana de la armería contemplaba Roger el interesante +espectáculo; las filas de robustos arqueros y tras ellos el imponente +grupo de los hombres de armas, cubiertos de hierro é inmóviles sobre sus +caballos, que piafaban impacientes. Mandábalos el veterano Reno, de cuya +lanza ondeaba estrecho y largo pendón con las cinco rosas; frente á los +infantes, el arquero Simón, orgulloso de la magnífica compañía que tenía +á sus órdenes. Acudieron también al patio los sirvientes del castillo y +algunos hombres de armas que debían quedarse de guarnición en la +fortaleza y querían despedirse de sus amigos. Admiraba Roger el marcial +talante de la tropa, cuando le sorprendió un sollozo que oyó á su +espalda. Volvióse vivamente y vió con asombro á Doña Constanza, que +pálida y desfallecida se apoyaba en el muro de la habitación y procuraba +ahogar con un pañuelo posado sobre los labios los sollozos que agitaban +su pecho. Los hermosos ojos fijos en el suelo, estaban llenos de +lágrimas. + +--¡Oh, no lloréis! exclamó Roger corriendo á su lado. + +--Me hace daño la vista de todos esos valientes, cuando pienso en su +destino y en la suerte que á muchos de ellos aguarda. + +--¡Quiera Dios que volváis á verlos á todos antes que transcurra un +año! No os aflijáis así, dijo el doncel atreviéndose á tomarle una mano. + +--Quisiera poder partir yo también, añadió Constanza, mirándole á través +de sus lágrimas y sonriéndose tristemente. Pero en tiempo de guerra sólo +nos está permitido consumirnos de impaciencia entre los muros de una +fortaleza, hilando ó bordando, mientras que allá, en los campos de +batalla... ¡Ah, de qué sirvo yo en este mundo! + +--¡Vos! exclamó Roger apasionadamente. ¡Vos sois un ángel del cielo, mi +único pensamiento, mi vida entera! ¡Oh, Constanza, sin vos no puedo +vivir, como puedo dejaros sin una palabra de amor! Desde que os ví por +vez primera todo ha cambiado para mí. Soy pobre y no de vuestra +alcurnia, aunque de origen noble, pero os ofrezco un amor acendrado, una +adoración constante y eterna. Decidme una sola palabra de afecto, ya que +no de amor y ella bastará para animarme y sostenerme en vuestra +ausencia, más mortal mil veces que todos los peligros de la guerra. Pero +¡ay de mí! os he atemorizado con mis palabras, ofendídoos quizás.... + +La conmovida doncella se había llevado las manos al pecho y por dos +veces trató de replicar, pero inútilmente. Al fin dijo con débil voz: + +--Me habéis sorprendido, sí, mas no ofendido. Completo y súbito ha sido +el cambio realizado en vos. ¿No cambiaréis otra vez en la ausencia? + +--¡Cruel! ¿Cómo dejar de amaros? ¡Por favor, una sola palabra de +esperanza, una mirada, para atesorarla como un bien supremo y saber que +puedo seguir adorándoos! No os pido juramento ni promesa.... Decidme +solamente que no me prohibís amaros, que algún día tendréis quizás una +palabra afectuosa para mí.... + +Mirábale la joven con dulzura, entreabiertos los labios por una ligera +sonrisa y á Roger le parecía oir ya la anhelada respuesta; pero en aquel +momento resonó en el patio del castillo una voz potente, seguida de gran +ruido de armas y pasos y el trote de los caballos. La columna se ponía +en marcha. + +--¿Oís? exclamó la joven, erguida, brillante la mirada. Van á partir. Es +la voz de mi padre. Vuestro puesto está á su lado, desde este momento +hasta su regreso, hasta el regreso de ambos. Ni una palabra más, Roger. +Conquistad ante todo la estimación de mi padre. El buen caballero no +espera recompensa hasta después de haber cumplido su deber. ¡Adiós, y el +cielo os proteja! + +El doncel, lleno de alegría al escuchar aquellas palabras, se inclinó +para besar la mano de su amada. Retiróla ésta prontamente, al sentir el +contacto de los ardientes labios de Roger y salió presurosa de la +habitación, dejando en manos del atónito y alborozado escudero el velo +blanco que en vano había solicitado Froilán de Roda como preciadísima +presea. Oyóse en aquel momento el chirrido de las cadenas que bajaban el +puente levadizo; los expedicionarios aclamaron á su jefe, que puesto al +frente de la columna había dado la voz de marcha y Roger, besando +fervorosamente el fino cendal, lo ocultó en el pecho y salió corriendo +al patio. + +Soplaba un viento frío y el cielo empezaba á cubrirse de nubes cuando +los soldados de Morel tomaron el pendiente camino del pueblo. Á orillas +del Avón los esperaban casi todos los vecinos de Salisbury, que vieron +en primer lugar á Reno, vistiendo armadura completa, caballero en negro +corcel y llevando majestuosamente el pendón de su famoso capitán. Tras +él, de tres en fondo, doce veteranos de las grandes guerras, que +conocían la costa de Francia y las principales ciudades, desde Calais +hasta Burdeos, tan bien como los bosques y villas de su tierra natal, el +condado de Hanson. Iban armados hasta los dientes, con lanza, espada y +hacha de dos filos y llevaban al brazo izquierdo el escudo corto y +cuadrado que usaban los hombres de armas de la época. + +Campesinos, mujeres y niños aclamaron con entusiasmo la bandera de las +cinco rosas y su arrogante guardia de honor. Seguíanla cincuenta +arqueros escogidos, robustos y de elevada estatura, que llevaban el +casco sencillo, la cota de armas y sobre ella el coleto blanco con el +rojo león de San Jorge y calzaban recios borceguíes anudados á la pierna +con luengas correa, todo lo cual constituía el equipo de los Arqueros +Blancos. Á la espalda la bien provista aljaba de cuero y el arco de +combate, arma la más terrible y mortífera de las conocidas hasta la +fecha y pendiente del cinto la espada, el hacha ó la maza, según la +elección de cada cual. Á pocos pasos de los arqueros iban los atabales +y clarines, cuatro en número, y tras ellos diez ó doce mulas con la +impedimenta de la pequeña columna, tiendas, ropas, armas de repuesto, +batería de cocina, provisiones, herramientas, arneses, herraduras y +demás artículos indispensables ó siquiera útiles en campaña. Un servidor +del barón conducía la blanca mula vistosamente enjaezada que llevaba las +ropas, armas y otros efectos de la propiedad del noble guerrero. Formaba +el centro de la columna un centenar de arqueros y cerraba la marcha el +resto de la caballería, es decir, los hombres de armas reclutados +recientemente, soldados escogidos todos ellos, aunque no veteranos como +sus compañeros de la vanguardia. Mandaba el grueso de los arqueros +nuestro amigo Simón y tras él, en primera línea, descollaba Tristán de +Horla, un Alcides con capacete, cota de malla, arco, flechas y maza +descomunal. + +Apenas desembocó la columna en la calle del pueblo comenzó un fuego +graneado de chanzas, y menudearon las despedidas y los abrazos. + +--¡Hola, maese Retinto! gritó Simón al ver la nariz amoratada del +tabernero. ¿Qué harás con tu vinagre y tu cerveza aguada, ahora que nos +vamos nosotros? + +--Pues voy á descansar, porque tú y tus compañeros os habéis bebido +hasta la última gota de cuanto tenía en casa, excepto el agua. + +--¡Tus toneles estarán enjutos, pero tu escarcela repleta, truhán! +exclamó otro arquero. Á ver si haces buena provisión para cuando +volvamos. + +--Trae tú el gaznate ileso, que lo que es cerveza y vino no te faltarán, +arquero, gritó una voz entre la multitud, respondiéndole grandes +carcajadas. + +--Estrechar filas, que aquí la calle es callejuela, ordenó Simón. ¡Por +vida de! Allí está Catalina, la molinerita, más preciosa que nunca. _¡Au +revoir, ma belle!_ Aprieta ese cinturón, Guillermo, ó el hacha te va á +cortar los callos. Y á ver si andas con un poco más de vida, moviendo +esos hombros y alta la cabeza, como sólo saben andar los arqueros +blancos. Y tú, Reinaldo, no vuelvas á sacudirte el polvo del coleto. ¿Si +creerás que vamos á alguna parada? Aguarda, hijo, que antes de llegar al +puerto estarás tan empolvado como yo, por mucho que te limpies. + +Había llegado la columna á las últimas casas del pueblo cuando el señor +de Morel salió del castillo, caballero en el brioso _Ardorel_, negro +como el azabache y el mejor caballo de batalla de todo el condado. +Vestía el barón de terciopelo negro y birrete de lo mismo con larga +pluma blanca, sujeta por un broche de oro, y no llevaba más armas que su +espada, suspendida del arzón. Pero los tres galanos escuderos que le +seguían bien montados llevaban, además de sus propias armas, Froilán el +yelmo con celada de su señor, Gualtero la robusta lanza y Roger el +escudo blasonado. Junto al barón trotaba el blanco palafrén de su +esposa, pues ésta deseaba acompañarle hasta la entrada del bosque. La +buena baronesa no había querido confiar á nadie la tarea de elegir y +empaquetar cuidadosamente las ropas y efectos de su esposo; todo lo +había dispuesto ella misma, á excepción de las armas. Y eran de oir las +instrucciones que daba á Roger y á los otros escuderos, al encomendarles +la persona del barón. + +--Creo que nada se ha olvidado, iba diciéndoles. Te lo recomiendo mucho, +Roger. La ropa va toda en esa caja, al lado derecho de la mula. Las +botellas de Malvasía en el cestillo de la izquierda; le prepararás un +vaso de ese vino, bien caliente, por las noches, para que lo tome antes +de acostarse. Cuida de que no permanezca horas y horas con los pies +mojados, porque lo que es él jamás se acuerda de tal cosa. Entre la ropa +va un estuchillo con las drogas más indispensables; y cuanto á las +mantas del lecho, han de estar bien secas, sobre todo en campaña.... + +--No os inquietéis por mí, dijo el barón riéndose al oir aquella +enumeración. Os agradezco en el alma vuestra solicitud, pero queréis que +mis escuderos me traten más bien como viejo achacoso que como soldado +aguerrido. ¿Y tú qué dices, Roger? ¿Por qué tan pálido? ¿No te alegra el +corazón, como á mí, el ver las cinco rosas sirviendo de enseña á tan +bizarros soldados? + +--Ya te he dado la escarcela, Roger, continuó impávida la baronesa, para +evitar que tu señor se quede sin blanca desde los primeros días de +marcha. Mucho cuidado con el dinero. Los borceguíes bordados de oro son +exclusivamente para el día que el barón se presente á nuestro gracioso +soberano, ó al príncipe su heredero, y para las reuniones de los +nobles. Después los vuelves á guardar, antes de que el barón se vaya de +caza con ellos puestos y los destroce.... + +--Mi buena amiga, observó el señor de Morel, duéleme en el alma +separarme de vos, pero hemos llegado á los linderos del bosque y no +debéis ir más lejos. La Virgen os guarde á vos y á Constanza basta mi +regreso. Pero antes de separarnos, entregadme, os ruego, uno de vuestros +guantes, que lo quiero llevar al frente de mi casco en torneos y +combates, como prenda de la mujer amada. + +--Dejad, barón, que yo soy vieja y nada hermosa y los apuestos señores +de la corte se reirían de vos si os proclamaseis paladín de tan pobre +dama.... + +--¡Oid, escuderos! exclamó el señor de Morel. Vuestra vista es mejor que +la mía, y quiero que si véis á un caballero, por noble y alto que sea, +menospreciar esta prenda de la dama á quien sirvo, le anunciéis +inmediatamente que tiene que habérselas con el barón León de Morel, á +caballo con lanza y escudo ó á pie con espada y daga, en combate á +muerte. + +Dicho esto, recibió respetuosamente el guante que le tendía la baronesa +y lo aseguró en su gorra, con el mismo broche de oro que sostenía la +ondulante pluma. Despidióse después afectuosamente de la dama anegada en +lágrimas y poniendo su caballo al trote, seguido de los escuderos, tomó +el camino del bosque. + + + + +CAPÍTULO XIV + +AVENTURAS DE VIAJE + + +El barón permaneció algún tiempo cabizbajo; Froilán y Roger no iban +menos silenciosos y pensativos que él, pero el alegre Gualtero, que no +tenía penas ni amores, se entretenía en blandir la pesada lanza de su +señor, amenazando con ella á los árboles y dirigiendo grandes botes á +imaginarios enemigos, aunque cuidando mucho de que el barón no +advirtiese su belicosa pantomima. Iban á retaguardia de la columna, y á +veces oía Roger el paso acompasado de los arqueros y los relinchos de +los caballos. + +--Venid á mi lado, muchachos, dijo el señor de Morel al pasar frente á +un cortijo, donde el camino se ensanchaba notablemente. Puesto que me +habéis de seguir á la guerra, bueno será que os diga cómo quiero ser +servido. No dudo que Froilán de Roda mostrará ser digno hijo de su +valiente padre, y tú, Gualtero, del tuyo, el noble señor de Pleyel. +Cuanto á Roger, recuerda siempre la casa á que perteneces y el honor que +te hace y los deberes que te impone la larga línea de los señores de +Clinton. No cometáis el error, muy común entre soldados, de creer que +nuestra expedición tiene por objeto principal el de obtener botín y +rescates, aunque ambas cosas puede y suele conseguirlas todo buen +caballero. Vamos á Francia, y á España según espero, en primer lugar +para sostener el brillo de las armas inglesas y en segundo término para +hacer famosos nuestro nombre y nuestro escudo, ventaja inmensa del +caballero sobre el villano. Y ese prestigio puede obtenerse no sólo en +combates y asedios sino en justas y duelos, para los cuales nunca falta +razón ó pretexto. Pero en tierra extraña ó en territorio enemigo ni +pretexto se necesita y basta desenvainar la espada é invitar +cortésmente á otro hidalgo á duelo singular. Por ejemplo, si +estuviéramos en Francia diría yo ahora á Gualtero que se dirigiese al +galope hacia aquel caballero que allí viene y que después de saludarlo +en mi nombre lo invitase á cruzar conmigo la espada. + +--Pues no se llevaría mal susto el infeliz, exclamó Gualtero, que miraba +atentamente al desconocido. Como que es el molinero de Salisbury, +caballero en su mula bermeja y probablemente atiborrado de cerveza, +según costumbre. + +--Por eso es que el escudero debe preguntar, en caso de duda, si el +pasante es ó no caballero. Yo he tenido muchas y muy interesantes +aventuras de viaje, y una de las que más recuerdo es mi encuentro á una +legua de Reims con un paladín francés con quien combatí cerca de una +hora. Rota su espada, me dió con la maza tan terrible golpe que caí +maltrecho y no pude despedirme como deseaba de aquel valiente campeón, +ni preguntarle su nombre. Sólo recuerdo que tenía por armas una cabeza +de grifo sobre franja azul. En parecida ocasión recibí en el hombro una +estocada de León de Montcourt, con quien tuve la honra de cruzar la +espada en el camino de Burdeos. Fué aquella nuestra única entrevista y +conservo de ella el más grato recuerdo, porgue mi enemigo se condujo +como cumplido caballero. Y no olvidemos al bravo justador Le Capillet, +que hubiera llegado á ser un gran capitán de las huestes francesas.... + +--¿Murió? preguntó Roger. + +--Tuve la desgracia de matarlo en un delicioso bosquecillo inmediato á +los muros de Tarbes. Aventuras parecidas las hallábamos en todas partes, +en el Languedoc, Ventadour, Bergerac, Narbona, aun sin buscarlas, porque +á menudo nos esperaba un escudero francés, á la vuelta del camino, +portador de cortés mensaje de su señor para el primer caballero inglés +que quisiera aceptar el reto. Uno de ellos rompió tres lanzas conmigo en +Ventadour, en honor de su dama. + +--¿Pereció en la demanda, señor barón? dijo Froilán. + +--Nunca lo he sabido. Sus servidores se lo llevaron en brazos, aturdido, +desmayado ó muerto. Por entonces no cuidé de indagar su suerte porque yo +mismo salí de la lucha contuso y malparado. Pero allí viene un jinete +al galope, como si lo persiguiera una legión de enemigos. + +El viento barría el camino, que en aquel punto formaba suave pendiente. +Al otro lado de una hondonada volvía á subir y se perdía en un +bosquecillo, entre cuyos primeros árboles desaparecía en aquel momento +la retaguardia de la columna. El jinete pasó junto á ésta sin detenerse +y empezó á subir la cuesta en cuya cima estaban el barón y sus +servidores, hostigando incesantemente á su caballo con espuela y látigo. +Roger vió que el corcel venía cubierto de polvo y sudor y que lo montaba +uno al parecer soldado, de duras facciones y con casco, coleto de ante y +espada. Sobre el arzón llevaba un paquete envuelto en blanco lienzo. + +--¡Paso al mensajero del rey! gritó al acercarse. + +--Poco á poco, seor gritón, dijo el noble atravesando su caballo en el +camino. También yo he sido servidor del rey por más de treinta años, +pero jamás lo he ido pregonando á voces. + +--Estoy de servicio y llevo conmigo lo que al rey pertenece. Me impedís +el paso á vuestra costa.... + +--Entre mis muchas aventuras tampoco me ha faltado la de toparme de +manos á boca con bergantes que encubrían sus traidores designios +pretendiendo ser mensajeros de Su Alteza, insistió el señor de Morel. +Veamos qué credenciales os abonan. + +--¡Á la fuerza, entonces! gritó el jinete echando mano á la espada. + +--Si sois caballero, dijo el barón, continuaremos nuestra entrevista +aquí mismo. Si plebeyo, cualquiera de estos tres escuderos míos, aunque +de noble cuna, se dará por bien servido con castigar vuestra audacia. + +El desconocido los miró airado y soltando el puño de la espada comenzó á +desenvolver apresuradamente el paquete que sobre el arzón llevaba. + +--Yo no soy caballero ni escudero, dijo, sino antiguo soldado y ahora +servidor de la justicia de nuestro príncipe. ¿Queréis credenciales? Pues +aquí las tenéis; y presentó á los horrorizados caballeros una pierna +humana reciéncortada. Esta es la pierna de un ladrón descuartizado en +Dunán y que por orden del justiciero mayor llevo á Milton para clavarla +allí en un poste donde todos la vean y sirva de escarmiento. + +--¡Peste! exclamó el barón. Hacéos á un lado con vuestra carga. Seguidme +al trote, escuderos, y dejemos atrás cuanto antes á este ayudante del +verdugo. ¡Uf! Os aseguro, continuó cuando estuvieron en la ladera +opuesta, que los montones de muertos en un campo de batalla no me causan +tanta repugnancia como una sola de esas carnicerías del cadalso. + +--Pues á bien que no han faltado atrocidades en las guerras de Francia, +según los relatos de nuestros soldados, observó Roger. + +--Cierto es, contestó el barón. Pero sabed que los mejores combatientes, +los verdaderos soldados, no maltratan jamás á un hombre vencido y +desarmado, ni degüellan y destrozan prisioneros, ni se encarnizan en los +débiles en el saqueo de una plaza. Esa tarea cruel se queda para los +cobardes y los viles, que por desgracia nunca faltan y para esas turbas +de merodeadores que van como buitres en seguimiento de las tropas y en +busca de fáciles presas. Si no me engaño, allí á la derecha del camino +hay una casa entre los árboles. + +--Una capilla de la Virgen, dijo Froilán, y á su puerta un anciano +pordiosero. + +El noble se descubrió y deteniendo su caballo á la puerta de la modesta +capilla, rogó en alta voz á la Reina de los Cielos que bendijese sus +armas y las de sus soldados en la próxima campaña. + +--Una limosna, mis buenos señores, dijo entonces el mendigo, con voz +suplicante. Favoreced á este pobre ciego, que hace veinte años no ve la +luz del día. + +--¿Cómo perdisteis la vista, abuelo? preguntó el barón. + +--Entre las llamas de un incendio, que me quemaron toda la cara. + +--Grande es vuestra desdicha, pero también os libra de ver no pocas +miserias, como la que acabamos de contemplar nosotros en este mismo +camino, dijo el señor de Morel, recordando la ensangrentada pierna del +ladrón descuartizado. Dale mi bolsa, Roger, y apresuremos el paso, que +nos hemos quedado muy atrás. + +Roger se guardó muy bien de obedecer la orden de su señor y recordando +las instrucciones de la baronesa, tomó una sola moneda de la escarcela +encomendada á su cuidado y se la dió al mendigo, que la recibió +murmurando gracias y oraciones. + +Desde una eminencia cercana vieron los viajeros el pueblo de Horla, +situado en el fondo de un valle y á cuyas primeras casas llegaba en +aquel momento la vanguardia de las fuerzas de Morel. Éste y sus +escuderos pusieron los caballos al galope y muy pronto alcanzaron las +últimas filas, á tiempo que se oyó una voz estridente y estallaron las +carcajadas de los soldados. El barón vió entonces un gigantesco arquero +que marchaba fuera de las filas y tras él una viejecilla diminuta, +vestida pobremente y con una vara en la mano, con la cual sacudía +vigorosamente las espaldas del arquero á cada pocos pasos, sin dejar de +reñirlo á gritos. La víctima de aquella novel ejecución hacía tanto caso +de los palos que recibía como si hubiesen sido dados en uno de los +robles del bosque. + +--¿Qué es eso, Simón? preguntó el señor de Morel. ¿Qué atropello ha +cometido el arquero? Si ha ofendido á esa mujer ó apoderádose de su +hacienda, juro dejarlo colgado en la plaza del pueblo, aunque sea el +mejor soldado de mi compañía. + +--No, señor barón, contestó el veterano esforzándose por contener la +risa. El arquero Tristán es de este pueblo de Horla y la mujer es su +madre, que le da la bienvenida á su manera. + +--¡Yo te enseñaré, holgazán, perdido, gandul! gritaba la vieja +esgrimiendo la vara. + +--Poco á poco, madre, decía Tristán, que ya no ando de vago sino que soy +arquero del rey y voy á las guerras de Francia. + +--¿Con que á Francia, bribón? Más te valiera quedarte aquí, que yo te +daré toda la guerra que quieras, sin ir tan lejos. + +--Eso no lo dudaré yo, buena mujer, dijo Simón, que ni franceses ni +españoles han de sacudirle el polvo como vos lo hacéis. + +--¿Y á tí qué te importa, deslenguado? exclamó la viejecilla volviéndose +airada contra Simón. ¡Bonito soldado estás tú también, entrometido, +borrachín! + +--¡Aguanta, Simón! dijeron los arqueos en coro, con gran risa. + +--Dejadla en paz, camaradas, dijo Tristán, que ha sido siempre buena +madre y lo que la desespera es que yo he hecho mi santa voluntad toda la +vida, en lugar de trabajar como un forzado con los leñadores de Horla. +Ya es hora de decirnos adiós, madre, continuó, levantando á la endeble +mujer como una pluma y besándola cariñosamente. Quedad tranquila, que os +he de traer una saya de seda y un manto de terciopelo que ni para una +reina y decid á Juanilla mi hermana que también habrá para ella buenos +ducados de plata cuando yo vuelva. + +Dicho esto regresó el arquero á las filas y continuó la marcha con sus +compañeros. La mujer se quedó lloriqueando, y al llegar junto á ella el +barón le dijo: + +--¿Lo véis, señor? Siempre ha sido lo mismo; primero se metió á fraile +para holgazanear, y porque una mozuela no le quiso, y ahora se me marcha +á la guerra dejándome vieja y pobre, sin un alma de Dios que me traiga +un brazado de leña del monte.... + +--Consoláos, buena mujer, que con la protección de Dios él volverá sano +y salvo y no sin su parte de botín. Lo que siento es haber dado mi bolsa +á un mendigo allá en el bosque.... + +--Perdonad, señor, dijo Roger; todavía quedan en ella algunas monedas. + +--Pues dádselas á la madre del arquero, ordenó el noble, poniendo al +trote su caballo, mientras Roger depositaba dos ducados en la mano de la +vieja, que olvidando su cólera invocó las bendiciones del cielo sobre el +barón, Tristán y sus compañeros. + +Llegada la columna al río Léminton se dió la voz de alto para comer y +descansar, y antes de que el sol empezara su marcha hacia el ocaso +reanudaron la suya los soldados, entonando alegres canciones. Por su +parte el barón deseaba vivamente llegar al término de su viaje y á +tierra enemiga, para cruzar la espada y romper lanzas una vez más con +los adversarios de sus anteriores campañas. Pensando iba en ellas cuando +él y sus escuderos vieron venir por el camino á dos hombres que desde +luego llamaron toda su atención. El que iba delante era un ser raquítico +y deforme, cuyos alborotados cabellos rojos aumentaban el volumen de +una cabeza enorme; cruel y torva la mirada de los húmedos ojos, parecía +lleno de terror y tenía en la mano un pequeño crucifijo que alzaba en +alto, como mostrándolo á todos los pasantes. Iba tras él un sujeto alto +y fornido, con luenga barba negra, llevando al hombro una maza +claveteada que á intervalos alzaba sobre la cabeza del otro, +amenazándole de muerte. + +--¡Por San Jorge, aventura tenemos! dijo el barón. Averigua, Roger, qué +gente es esa y por qué uno de los villanos así amenaza y espanta al +otro. + +Pero no necesitó adelantarse el escudero, porque los dos hombres +siguieron andando y pronto llegaron á pocos pasos del barón. El que +llevaba el crucifijo se dejó caer entonces sobre la hierba y el otro +enarboló enseguida la pesada maza, con tal expresión de furor y odio que +en verdad parecía llegada la última hora del caído. + +--¡Teneos! gritó el barón. ¿Quién sois y qué os ha hecho ese infeliz? + +--No tengo que dar cuenta de mis actos á los viandantes que encuentro en +el camino, contestó secamente el desconocido. La ley me protege. + +--No es esa mi opinión, dijo el noble, que si la ley os permite amenazar +con esa clava á un hombre indefenso, tampoco me ha de impedir á mí +poneros la espada al pecho. + +--¡Por los clavos de Cristo, protejedme, buen caballero! exclamó en +aquel punto el del crucifijo, poniéndose de rodillas y tendiendo las +manos en ademán suplicante. Cien doblas tengo en el cinto y vuestras son +si matáis á mi verdugo. + +--¿Cómo se entiende, tunante? ¿Pretendes comprar con oro el brazo y la +espada de un noble? Creyendo estoy, á fe mía, que eres tan ruin de alma +como de cuerpo y que tienes merecido el trato que recibes. + +--Gran verdad decís, señor caballero, repuso el de la maza, que es éste +Pedro el Bermejo, salteador de caminos y con más de una muerte sobre la +conciencia, terror por muchos meses de Chester y toda la comarca. Una +semana hace que mató á mi hermano alevosamente, perseguíle con otros +vecinos míos y acosado de cerca se refugió en el monasterio de San Juan. +El reverendo prior no quiso entregármelo hasta que hube jurado respetar +la vida de este asesino mientras tenga en la mano el crucifijo que le +dió en prenda de asilo. He respetado mi juramento hasta ahora como buen +cristiano, pero también he jurado seguir al miserable hasta que caiga +rendido y matarlo como un perro, tan luego se le escape de las manos la +santa cruz que aun le protege. + +El bandido rugió como una fiera, acercósele amenazante el otro con la +maza en alto y los espectadores de aquella escena los contemplaron algún +tiempo en silencio, alejándose después por el camino que llevaba la +columna. + + + + +CAPÍTULO XV + +DE CÓMO EL GALEÓN AMARILLO SE HIZO Á LA VELA + + +Los soldados de Morel durmieron aquella noche en San Leonardo, +repartidos entre las granjas, graneros y dependencias de aquel poblado, +perteneciente, como tantos otros, á la rica abadía de Belmonte, que no +muy lejos quedaba. Roger volvió á ver con alegría el hábito blanco de +algunos religiosos allí aposentados y recordó conmovido sus años de vida +monástica al oir la campana de la capilla convocando á vísperas. Al +rayar el alba se embarcaron hombres de armas, arqueros y servidores en +anchas barcas que los esperaban en la ría del Lande y pasando frente al +pintoresco pueblo de Esbury llegaron á la rada de Solent y al puerto de +Lepe, donde debía de efectuarse su embarco en la galera del rey. En el +puerto vieron multitud de barcas y botes, y anclado á buena distancia un +buque de gran tamaño que se balanceaba sobre las espumosas olas. + +--¡Dios sea loado! exclamó el barón. Nuestros amigos de Southampton han +cumplido su promesa y hé allí el galeón pintado de amarillo que nos +describían y ofrecían enviarnos á Lepe en sus últimas cartas. + +--Amarillo canario, dijo Roger. Y á lo que parece, bastante grande para +recibir á bordo más soldados que semillas tiene una granada. + +--De lo cual me alegro, observó Froilán, porque ó mucho me engaño ó no +haremos el viaje solos. ¿No véis allá á lo lejos, entre aquellas +casuchas de la playa, los colores de un gonfalón y el brillo de las +armas? Esos reflejos no proceden de remos de pescadores ni de ropilla de +villanos. + +--Muy cierto es ello, contestó Gualtero. Mirad, allá va un bote lleno de +hombres de armas, con dirección á la nave. Tendremos compañía numerosa, +tanto mejor. Y por lo pronto nos dan la bienvenida; ved á los del pueblo +que vienen á recibirnos. + +Grupos numerosos de hombres, mujeres y niños se dirigían al encuentro de +las barcas y agitaban desde la playa sombreros y pañuelos, lanzando +alegres exclamaciones y vitoreando al famoso capitán. Apenas saltaron á +tierra los arqueros de la primera barca, mandados por el sargento Simón, +se acercó á éste un obeso personaje ricamente vestido, que llevaba al +cuello gruesa cadena de oro de la que pendía sobre el pecho enorme +medalla del mismo metal. + +--Sed bienvenido, alto y poderoso señor, dijo descubriendo una gran +calva y saludando profundamente á Simón. Sed bienvenido á nuestra ciudad +y aceptad nuestros humildes respetos. Dadme desde luego vuestras +órdenes, capitán ilustre, y decidme en qué puedo serviros, á vos y á +vuestra gente. + +--Pues ya que tan atento lo ofrecéis, contestó Simón con sorna, por lo +que á mí toca me contentaré con un par de eslabones de esa cadena que +lleváis al cuello, que más gruesa no la he visto jamás, ni aun entre los +más opulentos caballeros de Francia. + +--Sin duda os chanceáis, señor barón, repuso admirado el personaje, que +no era otro sino el corregidor de Lepe. ¿Cómo he de entregaros parte de +esta cadena, insignia del municipio de nuestra ciudad? + +--Acabáramos, gruñó el veterano. Vos buscáis al barón de Morel, nuestro +valiente capitán, y allí lo tenéis, que acaba de desembarcar y monta el +caballo negro. + +El corregidor contempló sorprendido al barón, cuya endeble apariencia +mal se avenía con la fama de sus proezas. + +--Sois tanto más bienvenido, díjole después de repetir el respetuoso +saludo que antes había dirigido al taimado arquero, por cuanto esta leal +ciudad de Lepe necesita más que nunca defensores como vos y vuestros +soldados. + +--¿Qué decís? Explicaos, exclamó el señor de Morel, esperando +atentamente la respuesta del funcionario. + +--Lo que pasa, señor, es que el sanguinario pirata Cabeza Negra, uno de +los más crueles bandidos normandos, acompañado del genovés Tito Carleti, +ha aparecido últimamente por nuestras costas, saqueando, incendiando y +matando. Ni el valor de nuestro pueblo ni las vetustas murallas de Lepe +ofrecen protección suficiente contra tan temibles enemigos, y el día que +se presenten por aquí.... + +--Adiós Lepe, concluyó Gontrán el escudero, á media voz. + +--¿Pero tenéis motivos para creer que atacarán vuestra villa? preguntó +el barón. + +--Sin duda alguna. Las dos grandes galeras cargadas de piratas han +saqueado ya las vecinas poblaciones de Veymouz y Porland y ayer +incendiaron á Coves. Muy pronto nos tocará el turno. + +--Pero es el caso, observó el señor de Morel poniendo su caballo en +dirección de las puertas de la ciudad, que el príncipe real nos espera +en Burdeos y por nada en el mundo quisiera verle en camino dejándome +rezagado. No obstante, os prometo dirigirme á Coves y hacer todo lo +posible para descubrir y castigar á esos bandidos por aquellas +cercanías, tratándolos de suerte que no piensen en nuevas expediciones +ni desembarcos. + +--Mucho os agradecemos la oferta, repuso el magistrado, pero no veo cómo +podáis triunfar con vuestro único barco sobre las dos poderosas galeras +corsarias, al paso que con vuestros arqueros en los muros de Lepe fácil +os sería dar á los piratas una lección sangrienta. + +--Ya os he dicho mis razones para no detenerme aquí. Y por lo que hace á +la desigualdad de fuerzas, creed que me infunde gran confianza el +aspecto de aquel galeón amarillo que allí me espera, y que con mi gente +á bordo no temeré los ataques de dos ni de tres barcos piratas. Hoy +mismo nos haremos á la vela. + +--Perdonad, señor barón dijo entonces uno de los que acompañaban al +corregidor. Me llamo Golvín y soy capitán del _Galeón Amarillo_, +destinado á conduciros. Marino desde la infancia, he peleado á bordo de +barcos ingleses contra normandos y genoveses, bretones, españoles y +sarracenos, y os aseguro que la nave de mi mando es muy débil para +atacar corsarios. Lo único que conseguiréis si dáis con ellos será el +degüello de la mitad de vuestra gente y la perspectiva, para los que +sobrevivan, de ser vendidos como esclavos y pasar la vida remando en +galeras piratas ó moras. + +--Pues no creáis, señor capitán, que me han faltado combates navales en +mi larga carrera de soldado, replicó el noble, y por lo mismo que el +castigo de esos bribones presenta dificultades tanto mayor es mi deseo +de vérmelas con ellos y sentarles la mano. Á pesar de vuestras palabras, +capitán, me parecéis marino experto y valeroso y creo que conmigo +ganaréis honra y provecho en esta empresa. + +--He cumplido mi deber diciéndoos francamente lo que de ella opino, en +las condiciones en que váis á emprenderla, dijo Golvín, lisonjeado por +las palabras del barón. Pero ¡por Santa Bárbara! marino viejo soy y no +sé lo que es el miedo. Que nos hundamos ó no, contad conmigo. Á Coves os +he de llevar, y si á los amos del barco no les gusta el viaje, que +busquen otro capitán después del zafarrancho. + +Tras el grupo de jefes y escuderos entraron en la población los soldados +de Morel, mezclados con multitud de gentes del pueblo en cuyos +semblantes se leía el contento que les causaba la llegada de aquellos +bizarros defensores. El tuno de Simón llevaba del brazo á dos robustas +muchachas, á las que juraba amor eterno, y entre las últimas filas +descollaba la elevada estatura de Tristán, en cuyo ancho hombro se +sentaba una chicuela pescadora de quince abriles, que un tanto asustada +asía con ambas manos el casco del gigante. + +Pensativo cabalgaba el corregidor junto á su ilustre huésped y no notó +que un caballero de obesidad portentosa y rubicundo semblante se abría +paso entre las filas de curiosos y se dirigía precipitadamente á su +encuentro. + +--¡Cómo se entiende, señor corregidor! gritó el recienllegado con +esfuerzo tal que se le amorató el rostro. ¿Dónde están las ostras y +almejas prometidas para la comida de hoy? + +--Calmaos, Sir Oliver, dijo el magistrado. Es muy posible que mi +mayordomo y mi cocinero hayan olvidado los ostras ó no hayan podido +conseguirlas; pero no hay motivo para desesperarse por tal bicoca. No +faltará que comer. + +--¿Bicoca? ¡Pues me gusta! Una comida sin ostras, sin una miserable +almeja. ¿Qué va á ser de mí? Nunca me hubierais convidado á vuestra +mesa.... + +--Vamos, quedaos siquiera un día sin ostras, amigo Oliver, exclamó el +barón riéndose, que si hoy habéis perdido vuestro plato favorito en +cambio volvéis á ver á un amigo, á un compañero de armas. + +--¡Por San Martín! gritó el mofletudo personaje, olvidando toda su +cólera. ¡Vos, Sir León, el paladín del Garona! ¡Bienvenido seáis! Ah, +con vos se renueva la memoria de aquellos buenos tiempos. ¡Qué +aventuras, qué tajos y qué guerreros! ¿Os acordáis? + +--Sí á fe mía. Felices días y gloriosos triunfos aquellos. + +--Pero tampoco nos faltaron tribulaciones y pesares. ¿Recordáis lo que +nos pasó en Medoc? + +--No sería gran cosa, buen Oliver; alguna escaramuza que tuvisteis y en +la que no tomé parte, pues recuerdo muy bien no haber desenvainado la +espada mientras en Medoc estuve.... + +--Siempre el mismo, furibundo Morel, fierabrás incorregible. No se trata +de dar ni recibir lanzadas y mandobles, sino de la calamidad +irremediable que nos sucedió en aquel figón, donde nos quedamos sin la +más apetitosa empanada de liebre que he visto en mi vida porque el bruto +del posadero, en lugar de sal, la llenó de azúcar. ¡Dios de justicia, +cómo olvidar tamaño desastre! + +--¡Ja, ja, ja! Veo que también vos seguís siendo el mismo, Sir Oliver, +gastrónomo incomparable, cuyo apetito iguala á vuestro valor. ¡Oh, sí! +La posada de Medoc, en compañía de Lord Pomers y Claudio Latour, y +vuestra desesperación al ver perdido el guisado, y cómo perseguisteis al +mesonero espada en mano hasta la calle y quisisteis pegar fuego al +figón. ¡Ja, ja! Creedme, señor corregidor; mi amigo y compañero el noble +Oliver de Butrón es hombre peligroso cuando enristra la lanza y cuando +se queja su estómago, y lo mejor que podéis hacer es procurarle cuanto +antes esos mariscos que tanto anhela. + +--Antes de una hora los tendrá en su plato, dijo el corregidor. Con la +alarma en que estamos no he podido pensar en nada y confieso que olvidé +por completo la promesa que hice anoche á vuestro noble amigo de +proporcionarle uno de sus platos favoritos. Pero supongo, señor de +Morel, que vos también honraréis mi pobre mesa. + +--Mucho tengo que hacer todavía, contestó el barón, pues me propongo +embarcar á toda mi gente esta misma tarde. ¿Qué fuerza mandáis, Sir +Oliver? + +--Cuarenta y tres hombres. Los cuarenta están borrachos perdidos y los +tres entre dos luces, pero los tengo á todos seguros á bordo. + +--Pues bueno será que no beban un trago más, porque antes de que cierre +la noche me propongo darles tarea cumplida, lanzándolos con mi gente +sobre esos piratas normandos y genoveses de quienes habréis oído hablar. + +--Y que llevan consigo buena provisión de caviar y finas especias de +Levante y otras golosinas apetitosas que me prometo gustar, dijo el +corpulento noble relamiéndose los labios. Sin contar el buen negocio que +puede hacerse con la venta de las especias sobrantes. Os ruego, señor +capitán, que cuando volváis á bordo mandéis á los marineros que echen un +cubo de agua sobre cuantos soldados de mi mando estén todavía +calamocanos. + +Dejando á su noble amigo y á los personajes de la ciudad congregados +para el banquete, dirigióse el barón con su Guardia Blanca á la playa, +donde comenzó rápidamente el embarque de hombres, caballos y armas en +grandes barcas que los condujeron á bordo del galeón. Tanta prisa les +dió el barón y con tan buena maña los recibieron y acomodaron á bordo el +capitán y sus marinos, que se dió la señal de levar el ancla cuando el +señor de Butrón estaba todavía engullendo los delicados manjares que +cubrían la mesa del corregidor. No es de extrañar tanta presteza si se +recuerda que poco antes había embarcado el Príncipe Negro cincuenta mil +hombres en el puerto de Orvel, con caballos, artillería é impedimenta, +haciéndose la escuadra á la vela á las veinticuatro horas de comenzado +el embarque. En el último bote que dejó la playa de Lepe iban los dos +famosos capitanes, el barón León de Morel y el caballero Oliver de +Butrón, formando por su aspecto el mayor contraste imaginable. Seguíalos +otra barca llena de grandes piedras que el barón había ordenado llevar á +bordo. Poco después se hacía á la vela el enorme _Galeón Amarillo_, +enarbolando el pabellón morado con una imagen dorada de San Cristóbal en +su centro y saludado por las aclamaciones de la multitud que se agolpaba +en la playa. Más allá de Lepe se extendían los bosques de Hanson y tras +ellos las verdes colinas en línea no interrumpida, formando un paisaje +risueño y pintoresco. + +--¡Juro por mis pecados que bien vale la pena de pelear y morir por +tierra tan hermosa! exclamó el barón, que de pie en la popa tenía fijos +los ojos en aquella costa fértil y poblada cual ninguna. Pero mirad +allí, Sir Oliver, entre aquellas rocas; ¿no os ha parecido ver á un +jorobado? + +--Nada puedo ver, contestó el interpelado con melancólico acento, porque +con las prisas que vos nos dáis siempre que se trata de ir á romperse el +alma con alguien, tengo atragantada una ostra como el puño y no puedo +olvidar la botella de vino de Chipre que tuve que dejar sobre la mesa, +sin más que catarlo. + +--Yo lo he visto, señor barón, dijo Froilán; el jorobado estaba sobre la +roca más alta, mirando nuestro barco, y desapareció de súbito. + +--Su presencia confirma los buenos augurios que he observado hoy, repuso +el barón. Al dirigirnos á la playa cruzaron nuestro paso un religioso y +una mujer, y ahora divisamos un jorobado antes de perder de vista la +costa. Presagio dichoso. ¿Qué piensas tú de ello, Roger? + +--No sé qué deciros, señor barón, contesto el doncel. Romanos y griegos, +con ser pueblos de gran ilustración, tenían completa fe en esos +augurios, pero no faltan entre los modernos pensadores y hombres de +ciencia muchos que consideran tales signos como vanos y pueriles. + +--No diré yo tal, observó el señor de Butrón, recordando en aquel +momento otro de los desastres gastronómicos que tanto lamentaba. Los +presagios nunca fallan, y si no dígalo todo el ejército del príncipe +Eduardo, que allá en el paso de los Pirineos oyó de repente un trueno +formidable en medio del día, sin que una sola nube ocultase el azul del +cielo. Todos sabíamos lo que aquello significaba y que estábamos +amenazados de una gran calamidad; y en efecto, trece días después +desapareció de la puerta de mi tienda un soberbio cuarto de venado y mis +escuderos descubrieron que se habían agriado seis botellas de vino +bearnés que llevaba para mi mesa.... + +--Pues ya que de escuderos habláis, dijo el barón cuando cesó la risa +provocada por los recuerdos de Sir Oliver, debo decir á los míos que hoy +mismo tendrán brillante ocasión de acreditar su valor y de imitar el +ejemplo que les han dejado nobles antecesores. Id á la cámara, +muchachos, y traedme mi arnés; el señor de Butrón y yo nos armaremos +aquí, sobre cubierta, con vuestra ayuda. Después aprestaos vosotros, por +lo que pueda ocurrir y decid á los oficiales que tengan hombres y armas +dispuestos á la primera señal. ¿Quién de nosotros mandará en jefe, Sir +Oliver? + +--Vos, amigo mío, vos. Yo soy guerrero viejo como vos y conozco mi +oficio, pero no puedo compararme con el gran capitán que fué un tiempo +escudero de Guillermo de Marny. Lo que hagáis estará bien hecho. + +--Corriente y gracias. Vuestro pabellón ondeará en la proa y el mío á +popa. Os daré como vanguardia vuestros cuarenta hombres y otros tantos +arqueros míos. Cincuenta hombres más con mis escuderos formarán la +guardia de popa. Los demás en el centro y á los costados del barco, á +excepción de una docena armados de arcos y ballestas, que irán á las +cofas. ¿Qué os parece la distribución? + +--Inmejorable. Pero aquí me traen mi armadura y el ponérmela es ya para +mí tarea larga y difícil. + +Entretanto se notaba gran movimiento á bordo, los arqueros y hombres de +armas formaban en grupos sobre cubierta, examinando aquéllos sus arcos y +atendiendo á los consejos que les daban el sargento Simón y otros +veteranos, expertos en el manejo de la temible arma. + +--Firmes, muchachos y que no se mueva nadie de donde yo lo ponga, iba +diciendo Simón de grupo en grupo. Mientras tengáis un buen arco en la +mano no hay pirata que se acerque. Y sobre todo, no olvidéis que en +cuanto se suelta una flecha ya debe estar la otra en la mano y en la +cuerda. Esta ha sido siempre la regla en la Guardia Blanca. + +--Y digo yo, amigo Simón ¿no es también regla el dar á cada soldado +medio cuartillo de vino mientras espera á los piratas con el gaznate +seco? preguntó Tristán de Horla. + +--Eso vendrá después, borrachín, pero ahora hay que ganarlo. Cada uno á +su puesto, que ó mucho me engaño ó apuntan por allí dos mástiles, tras +las Agujas de Coves. + +Arqueros y hombres de armas se tendieron sobre cubierta, en cumplimiento +de las órdenes del barón. Cerca de la proa colgaba de una robusta lanza +el escudo de armas de Butrón, una cabeza negra de jabalí en campo de +oro, y en el centro de la proa Reno el veterano clavaba el estandarte +con las cinco rosas de Morel. Cubrían el centro de la nave los atezados +marinos de Southampton, gente aguerrida toda, armada con hachas de +abordaje, mazas y picas. Su jefe el capitán Golvín hablaba con el barón +á popa, escudriñando ambos el horizonte y vigilando el velamen y los dos +timoneles. + +--Dad orden, dijo el barón, de que ningún soldado ni marino se deje ver +hasta que el clarín les mande tender los arcos. Conviene que esos +corsarios tomen al _Galeón_ por un barco mercante de Southampton que +huye al descubrir sus naves. + +--¡Allí están! ¿No lo dije yo? exclamó el capitán volviendo apresurado +junto al barón después de transmitir su orden. Ved las dos galeras +balanceándose plácidamente en la bahía exterior de Coves, y mirad +también en tierra, hacia el este, la humareda que levantan sus últimos +incendios. ¡Ah, perros! Ya nos han visto; las lanchas de los +incendiarios se apartan de la costa á todo remo, dirigiéndose á sus +galeras, que Dios confunda. ¡Y qué multitud á bordo! Parece aquello un +hormiguero. Os repito, señor barón, que la empresa pudiera muy bien +resultar superior á nuestras fuerzas. Esos buques piratas son de primer +orden y sus tripulantes gente desesperada, que lucha hasta morir. + +--Pues amigo, os envidio la buena vista que tenéis, contestó el señor de +Morel con imperturbable calma, guiñando sus ojillos irritados. Por lo +pronto, hacedme la merced de decir á la gente que hoy no se da cuartel á +nadie. Tratándose de esas fieras, no quiero prisioneros. ¿Tenéis á bordo +un sacerdote ó un religioso? + +--No, señor barón. + +--No importa. La Guardia Blanca se puede pasar sin ellos, porque los +tengo á todos bien confesados desde Salisbury y maldito si han tenido +ocasión de cometer fechorías desde que emprendimos la marcha. Pero á la +verdad, lo siento por el contingente de Vinchester que manda mi noble +amigo de Butrón, pues según noticias y señales, es gente díscola y la +han corrido en grande estos días. Á ver, dad orden de que recen todos un +padrenuestro y un avemaría mientras esperan la señal de ataque. + +No tardó en oirse el prolongado murmullo de todas aquellas preces, +dichas con singular recogimiento por arqueros, marinos y hombres de +armas tan devotos como valientes. Muchos de ellos sacaron cruces y +reliquias que besaron fervientemente, tendidos sobre cubierta y sin +mostrarse al enemigo. + +El _Galeón Amarillo_ había abandonado las aguas del Solent y se alejaba +de la costa á toda vela, cortando pesadamente las espumosas olas. En su +seguimiento se habían lanzado las dos naves piratas, pintadas de negro, +de corte estrecho y largo, que contrastaba con la mayor altura y rotunda +forma del galeón á que daban caza. Parecían dos lobos hambrientos en +seguimiento de su presa. + +--Pero decidme, señor barón. Esos perros han visto ya el escudo y pendón +que llevamos á proa y popa y saben que tenemos dos nobles á bordo, dijo +Golvín. + +--Ya había pensado yo en ello, pero no es de caballeros ni de jefes de +tropas reales el ocultar su presencia. Se dirán que os dirigís á Gascuña +y habéis recibido nobles pasajeros con destino al cuartel general de +nuestro príncipe. ¡Cómo acortan la distancia! Á juzgar por su aspecto y +el nuestro diríase que dos halcones se preparan á caer sobre inocente +paloma. Pero no es maravilla que nos alcancen tan pronto, con su triple +hilera de remos, al paso que nosotros sólo tenemos las velas. ¿Véis +alguna señal ó bandera á bordo de esos barcos? + +--En la vela mayor del de la izquierda hay pintada una enorme cabeza +negra, respondió el capitán. + +--Es la galera del cruel pirata normando y la primera vez que la ví fué +en Chelsea. También lo ví á él, _Cabeza Negra_, en medio del combate. Es +un gigante con la fuerza de seis hombres y los crímenes de sesenta sobre +la conciencia. + +--Sólo á un bárbaro como él se le ocurriría entrar en combate con dos +infelices colgados de las vergas de su buque. ¿Los véis? + +--Así es en efecto, replicó el barón. La Virgen de Embrún me concederá +la merced de ahorcarlo también á él dentro de pocas horas. ¿Qué insignia +es aquella en las velas del otro pirata? + +--La cruz roja de Génova. + +--Lo que prueba que tenemos allí al barbudo Tito Carleti, tan valiente y +casi tan malo como su compañero de piraterías. Ese genovés pretende que +no hay en el mundo arqueros ni soldados como los suyos y tenemos que +probarle lo contrario. + +--Se lo probaremos, asintió el animoso capitán. Pero entre tanto, bueno +será que los arqueros y ballesteros escogidos de antemano suban á las +cofas disimulando su presencia y su número lo más posible. Las tres +anclas están ya en el centro del buque, con veinte pies de cable cada +una y sólidamente amarradas al palo mayor, con cuatro buenos marineros á +cargo de cada ancla. Según vuestras órdenes, diez hombres distribuídos á +lo largo de la cubierta, con pellejos llenos de agua, cuidarán de apagar +todo fuego que puedan producir las flechas incendiarias si las usan esos +bandidos. Las piedras están también en las cofas, y los arqueros se +encargarán de aplastar con ellas á cuanto grupo de piratas se les ponga +á tiro. + +--Enviadles á más de las piedras cualquier otro objeto pesado que +tengáis á bordo, dispuso el barón. + +--Pues en tal caso lo mejor será izarles á Sir Oliver, apuntó Gualtero. + +--¡Brava ocasión para chanzas! dijo el señor de Morel, con mirada tal +que hizo temblar al escudero. Además, no se dirá que un servidor mío ha +hecho burla de un noble en mi presencia sin el debido correctivo. +Después de todo, continuó reprimiendo con trabajo una sonrisa, demasiado +sé que ha sido esa una chanza de muchacho, sin intención aviesa. Sin +embargo, Gualtero, debo á vuestro padre Carter de Pleyel el ordenaros +que procuréis refrenar la lengua. + +--Ataque por babor y estribor á la vez, exclamó el capitán Golvín, +viendo separarse los dos barcos enemigos. El normando tiene á proa un +pedrero y se preparan á disparar. + +--Á ver, Simón, tres arqueros, los mejores que tengas, ordenó el barón; +que elijan los arcos más poderosos que haya á mano y den una lección á +los artilleros apenas crean que no perderán sus flechas. + +--¡Arnoldo, Renato y Jaime, á popa! exclamó enseguida el veterano. Una +sangría al primer babieca que toque aquel pedrero. Trescientos cincuenta +pasos, á lo sumo. Arnoldo, hijo mío, tú el primero y á ver si te luces. +¿Ves el canalla aquel con la gorra roja? Pues á ensartarlo, antes de que +disparen. + +Los tres arqueros nombrados, fija la mirada en la proa del barco +enemigo, tendían lentamente la cuerda de sus enormes arcos, sin cuidarse +ya de si los veían ó no los piratas. El numeroso grupo que éstos +formaban se había apartado del pedrero, dejando solos junto á él á dos +hombres encargados de dispararlo. El de la gorra roja se inclinó para +apuntar, abrió los brazos y cayó de bruces con una flecha clavada en el +costado. Casi en el mismo instante recibió el otro pirata un dardo en la +garganta y otro en una pierna y quedó retorciéndose sobre cubierta. + +Al grito de furor de los piratas respondieron las carcajadas de los +arqueros. + +--¡Bien, muchachos! gritó Simón. Pero ocultaos de nuevo tras la borda, +porque veo que han resuelto aprovechar la lección y tienden red de malla +para protegerse contra nuestras flechas. Que nadie asome. No tardaremos +en oir silbar las piedras de esos jayanes. + + + + +CAPÍTULO XVI + +DEL COMBATE ENTRE EL GALEÓN AMARILLO Y LOS DOS PIRATAS. + + +El supuesto barco mercante y sus dos perseguidores se dirigían +rápidamente hacia el oeste, dejando al norte la costa de San Albano. No +se divisaba otra vela en todo el horizonte. Roger permanecía cerca del +timón, mirando las galeras enemigas y recibiendo de lleno en el rostro +la fuerte brisa del mar que agitaba su rizado cabello rubio. Digno +descendiente de tantos famosos guerreros sajones, su corazón latía con +violencia y hubiera deseado llegar á las manos con los piratas sin más +tardanza. + +De pronto le pareció que una voz ronca le hablaba al oído, y volviéndose +prontamente dirigió al timonel una mirada interrogadora. El marino, +sonriente, señaló con el pie una gruesa saeta clavada profundamente en +un tablón á tres pasos de la cabeza de Roger. Pocos segundos después el +timonel cayó de bruces y Roger vió en su espalda el asta ensangrentada +de otra flecha. Inclinóse para levantar al infeliz y oyó el ruido de los +dardos que caían á bordo, semejante al que produce la lluvia de otoño +sobre las hojas secas del bosque. + +--¡Redes de malla á popa! ordenó el barón. + +--¡Y otro hombre al timón! dijo imperiosamente el capitán. + +--Tú con diez arqueros entretén á los normandos, añadió el señor de +Morel dirigiéndose á Simón y que otros diez hombres de Sir Oliver hagan +lo mismo con los genoveses. No quiero revelarles todavía toda nuestra +fuerza. + +Diez arqueros escogidos mandados por Simón se apostaron enseguida en el +lado de la popa por donde avanzaba el barco normando, y los tres +escuderos vieron con admiración la calma de aquellos veteranos en tales +momentos y la precisión con que obedecían las voces de mando, moviéndose +á la vez como si fueran un solo hombre. Sus compañeros, ocultos tras la +borda, no les escaseaban las chanzas y los consejos. + +--Más alto, Fernán, más alto, que todavía no suben al abordaje. Pégate +al arco, Renato; no parece sino que le tienes miedo ó temes que la +cuerda te manche el coleto. Ten en cuenta el viento, y no desperdicies +flecha. + +Entre tanto los dos pedreros enemigos habían tomado la ofensiva, bien +protegidos los servidores de ambas piezas por alta red de malla. La +primera piedra del genovés pasó silbando sobre las cabezas de los +arqueros y cayó al mar; la del pedrero normando mató un caballo y +derribó á varios soldados, otra abrió un boquete enorme en la vela del +_Galeón_ y la cuarta dió en el centro de la proa y rebotando, arrojó al +agua dos hombres de armas de Butrón. El capitán miró fijamente al barón. + +--Se mantienen á distancia, dijo, porque nuestros veinte arqueros les +han causado grandes pérdidas. Pero nos van á matar mucha gente con sus +pedreros. + +--Pues una estratagema para que se acerquen, y el barón dió brevemente +sus órdenes. + +Trasmitidas que fueron éstas, los arqueros empezaron á caer como si la +artillería y las flechas de los piratas causasen en ellos grandes +estragos. Muy pronto no quedaron más que tres arqueros por banda y los +barcos enemigos se acercaron rápidamente, con las cubiertas llenas de +una turba horrible que lanzaba gritos de triunfo y blandía sables, +hachas, puñales y picas. + +--Acuden como peces al cebo, exclamó el barón. ¡Á ellos, soldados, á +ellos! El estandarte aquí, á mi lado, y los escuderos á defenderlo. +Tened las anclas listas para lanzarlas á bordo de esos condenados. +¡Suenen los clarines y Dios proteja nuestra causa! + +Una aclamación unánime le respondió y las bordas del barco inglés +aparecieron repentinamente cubiertas de proa á popa por una doble línea +de cascos. La turba enemiga lanzó gritos de rabia, sobre todo al recibir +el nublado de flechas que lanzaron los arqueros ingleses en el centro +de aquella abigarrada multitud, compuesta de hombres de todas cataduras +y colores, normandos, sicilianos, genoveses, levantinos y moros. La +confusión á bordo de ambos piratas fué espantosa y grande la matanza, +pues los arqueros lanzaban sus flechas y dardos desde lo alto del enorme +_Galeón_, que dominaba las cubiertas enemigas. Además, en aquella masa +compacta, pronta al abordaje del que creían ser punto menos que +inofensivo buque mercante, no se perdía una sola flecha y los piratas +caían á montones, muertos ó heridos. En tanto los hombres de armas +destinados al efecto habían lanzado dos anclas á bordo de los buques +enemigos, para impedirles la retirada y las tres naves quedaron unidas +por doble lazo de hierro, cabeceando pesadamente. + +Entonces empezó una de esas luchas frenéticas, sangrientas y heróicas, +no referidas por ningún historiador, no cantadas por ningún poeta, de +las que no queda otra señal ni monumento que una nación poderosa y feliz +y una costa no devastada por las depredaciones que un tiempo la +asolaran. + +Los arqueros habían limpiado de enemigos la proa y popa de ambas +galeras, pero los piratas éstos atacaron en gran número el centro del +_Galeón_, cayendo con furia por ambos costados sobre los marinos y +hombres de armas y luchando con ellos cuerpo á cuerpo, en confusión tal +que los soldados y marineros situados en las cofas no se atrevían á +lanzar dardos ni peñascos, temerosos de herir y aplastar á sus propios +compañeros. En aquella masa confusa de hombres sólo se veía el brillo de +sables y hachas que caían con ruido estridente sobre cascos y armaduras, +derribando ingleses, genoveses y normandos, en medio de una gritería +espantosa, de un tumulto indescriptible. El gigante _Cabeza Negra_, +cubierto de hierro y con una tremenda maza, anonadaba á cuantos se +ponían á su alcance; cada golpe de su maza derribaba una víctima. Por +estribor se había lanzado al abordaje con no menos ímpetu el genovés +Carleti, bajo de estatura, pero cuyos anchos hombros, robusto cuerpo y +membrudos brazos denotaban su fuerza. Á la cabeza de cincuenta italianos +escogidos y bien armados se abrió paso casi hasta el mástil del barco +inglés y los marinos se vieron cogidos como entre dos muros de hierro +por sus fieros asaltantes, dando y recibiendo la muerte sin pedir +cuartel. + +Pero en aquel instante supremo les llegó el auxilio que tanto +necesitaban. El señor de Butrón con sus hombres de armas y el barón +seguido de sus escuderos, de Reno, Simón, Tristán de Horla y otros +veinte, se lanzaron como leones contra las turbas que por ambos lados +habían invadido la cubierta y abriéndose sangriento paso llegaron á lo +más recio de la lucha. Roger no se apartó de su señor un solo momento y +aunque mucho había oído de sus proezas, nunca hasta entonces había +tenido idea de su valor, de su calma en el combate y de la presteza de +sus movimientos. Saltaba de uno á otro pirata, derribándolos de una +estocada ó un tajo, parando los golpes que le asestaban con el escudo y +la espada y llevando el terror entre sus enemigos. Uno de sus golpes +alcanzó á Tito Carleti, hiriéndolo en el cuello y por fin el mismo +_Cabeza Negra_ resolvió concluir con aquel temible combatiente y +lanzándose á su encuentro alzó sobre él la pesada maza. Inclinóse el +barón para protegerse mejor con el escudo, al propio tiempo que paraba +los golpes del furioso genovés, pero en aquel instante resbaló en un +charco de sangre y cayó sobre cubierta. Roger atacó al gigante normando, +pero un golpe de la maza de éste hizo pedazos su espada y lo derribó +sobre un grupo de muertos y heridos. Iba _Cabeza Negra_ á repetir el +golpe, cuando sintió su muñeca cogida como con unas tenazas de hierro y +vió á su lado á Tristán, el hercúleo arquero, que doblando hacia atrás +el cuerpo del normando, haciendo gala de su increíble fuerza, acabó por +romperle el brazo y tenderlo cuan largo era sobre las tablas del puente. +Una vez derribado le puso el puñal al rostro por entre las barras de la +visera y el temible pirata permaneció inmóvil, único modo de evitar la +muerte que tan de cerca le amenazaba. + +Desalentados los normandos con la pérdida de su jefe y acosados de +cerca, volvieron la espalda y abandonaron el _Galeón_, saltando +atropelladamente sobre la cubierta de su barco, donde empezaron á +diezmarlos las flechas de los arqueros ingleses y los peñascos que desde +las cofas les lanzaban los marinos. Además, unido firmemente el barco +pirata al _Galeón_ por el ancla de éste, pasaron á bordo del normando el +señor de Butrón y cincuenta veteranos, en persecución de los fugitivos. + +Á estribor continuaba encarnizada la lucha. El genovés y sus secuaces +se defendían con vigor, retrocediendo paso á paso ante los furiosos +ataques del barón de Morel, Roger, Reno y sus arqueros. Carleti, ronco +de ira y de cansancio y cubierto de heridas de las que manaba la sangre +en abundancia, volvió á bordo de su buque con los piratas que le +quedaban, sin cesar de defenderse y perseguido por una docena de +ingleses que se lanzaron al abordaje de la galera. Entonces Carleti +abandonó de un salto á sus compañeros, corrió á lo largo de la cubierta +y regresando á bordo del _Galeón_ cortó de un tajo el cable del ancla +que retenía á su barco. Hecho esto saltó de nuevo sobre la cubierta de +su galera, cuyos remeros empezaron á impelirla y apartarla del _Galeón_. + +--¡San Jorge nos asista! gritó Gualtero de Pleyel. ¡El barón está en la +galera, peleando con los genoveses! ¡Se lo llevan! + +--¡Está perdido! gritó á su vez Froilán de Roda. ¡Saltemos, Gualtero! +Ambos jóvenes, de pie sobre la borda del _Galeón_, se lanzaron al +espacio. El desgraciado Froilán cayó sobre los remos de la galera pirata +y desapareció entre las olas; más afortunado Gualtero, alcanzó la +cubierta del barco enemigo y se unió á los compañeros del barón. Roger +quiso seguir á sus dos amigos en defensa de su señor, pero Tristán de +Horla se lo impidió á la fuerza. + +--¿Cómo has de dar ese salto de muerte, muchacho, si apenas puedes +sostenerte en pie? le dijo. Tienes la cabeza llena de sangre. + +--¡Mi puesto está al lado del barón! rugió Roger, forcejeando +inútilmente. + +--Quédate aquí, te digo, y te quedarás á las buenas ó á las malas. +Necesitarías alas para llegar á la galera. Esta se alejaba gradualmente. + +--¡Mirad qué valor, cómo se defienden, cómo atacan! continuó Tristán +siguiendo los detalles de la lucha á bordo del pirata. Los nuestros han +limpiado la popa de enemigos y adelantan, con el barón á la cabeza. +¡Bravo Simón, buen golpe! Reno se bate como un tigre. El genovés, aunque +bandido, es un valiente, no hay que dudarlo. Ha conseguido reunir á su +gente en la proa.... ¡Por la Cruz de Gestas, ya cayó un arquero, y otro! +¡Maldito Carleti! Pero allá va el barón, á dar cuenta de él. ¡Mira, +Roger! + +--El barón ha caído.... + +--No, una de sus tretas. Ahí lo tienes otra vez, más brioso que nunca, +¡Qué espada! El jefe pirata retrocede, cae, atravesado de parte á parte. +¡Viva, viva! Los otros huyen, se rinden. Allá va Simón. ¡Por vida de! Ya +arría la bandera de la cruz roja, ya iza la de Morel, las cinco +rosas.... ¡Viva! + +La muerte de Tito Carleti puso fin á toda resistencia y su galera, +cambiando de bordada, se dirigió de nuevo hacia el _Galeón_, saludada +por los gritos de entusiasmo de los soldados. El barón y Sir Oliver no +tardaron en reunirse sobre la cubierta del barco inglés, y retirada el +ancla que lo aferraba á la galera del normando, se hicieron las tres +naves á la vela, á corta distancia una de otra. Roger, más débil á cada +momento que pasaba, oyó con admiración la voz tranquila del capitán que +seguía mandando la maniobra con tanta calma como lo había hecho durante +el combate. + +--No deja de tener averías bastante graves nuestro pobre _Galeón_, dijo +Golvín al señor de Morel apenas pudo hablarle. La borda destrozada, la +vela mayor hecha trizas. ¿Qué dirán los armadores cuando me presente con +su barco en tan triste estado? + +--Lo triste sería, dijo el barón, que fueseis vos á sufrir por causa +mía, sobre todo después de la faena de hoy y de vuestro brillante +comportamiento. Nada, os lleváis esas dos galeras como prueba de la +jornada y que las vendan los armadores. Con el importe se reembolsarán +de los perjuicios que haya sufrido el _Galeón Amarillo_ y el resto que +lo guarden hasta mi regreso, para distribuirlo entre todos. No os +quejaréis de vuestra parte. Por la mía, debo á la Virgen del Priorato +una imagen de plata de diez libras por haberme otorgado la merced de +vencer y matar al pirata genovés, cuyo valor y pericia en el manejo de +las armas soy el primero en reconocer. ¿Y tú, Roger? ¿Herido? + +--No es nada, dijo el doncel con voz débil, quitándose el casco que +conservaba claras señales de la poderosa maza del normando. Pero apenas +se hubo descubierto, la sangre inundó su rostro y cayó desvanecido. + +--Pronto volverá en sí, dijo el noble después de examinarlo atentamente. +He perdido hoy un valiente escudero y mal puedo perder otro. ¿Cuántas +bajas hemos tenido, Simón? + +--Nueve arqueros, siete marinos, once hombres de armas y vuestro +escudero el joven señor de Roda. + +--¿Y el enemigo? + +--Sólo queda con vida el jefe normando. Ahí está, bien agarrotado. Vos +dispondréis de él, señor barón. + +--Ahórcalo sin tardanza. Hice el voto y hay que cumplirlo. Pero cuélgalo +de una verga de su propio barco, que tal fué mi promesa. + +_Cabeza Negra_, aunque herido y con un brazo roto, se había mantenido de +pie junto á la borda, entre dos arqueros. Al oir las palabras del barón +se estremeció y su rostro se contrajo violentamente. + +--¿Ahorcado, yo? exclamó en francés. ¿Muerte de villano, á mí? + +--Pues según noticias, dijo el señor de Morel, vos ahorcabais á cuantos +caían vivos en vuestras manos, sin distinción de nobles ó plebeyos. +Además he hecho voto de colgaros. + +--Soy señor de Andelys y corre por mis venas sangre real.... + +--Sois un pirata desalmado, replicó el barón volviéndole la espalda, á +tiempo que dos marineros asían á _Cabeza Negra_ y le echaban el dogal al +cuello. + +Al sentir la cuerda hizo el jefe pirata un esfuerzo supremo y rompió las +ligaduras que ataban sus manos, derribó á uno de los arqueros que le +guardaban y asiendo por la cintura con su único brazo sano al marinero +que sujetaba la cuerda, lo levantó y se arrojó con él al mar. + +--¡Se ha escapado! gritó Simón, corriendo hacia el punto de la cubierta +por donde había desaparecido _Cabeza Negra_. + +--Decid más bien que ha muerto, repuso el capitán. Ambos se han hundido +en las aguas como un plomo. + +--No me pesa, dijo el barón; que si bien no he podido cumplir mi voto, +el tal pirata se ha portado como valiente en la lucha, ha muerto como +tal y hubiera sido lástima ahorcarlo cual si se tratara de uno de esos +menguados que lo acompañaban. + + + + +CAPÍTULO XVII + +EN LA BARRA DEL GARONA + + +Por dos días navegó el _Galeón Amarillo_ á velas desplegadas, impelido +por vientos favorables del nordeste, dejó atrás á Ouessant, punto más +occidental de Francia y al tercer día pasó frente á Bella Isla y avistó +algunos transportes que regresaban á Inglaterra. Los dos nobles hicieron +colgar sus escudos de armas al costado del barco y observaron con el +mayor interés las señales con que respondían los transportes y que les +indicaban los nombres de aquellos caballeros á quienes las enfermedades +ó las heridas hacían regresar á sus hogares en tan críticos momentos. + +Por la tarde se notaron señales de próxima tempestad que alarmaron +profundamente al capitán Golvín, pues no sólo había perdido la tercera +parte de sus marineros sino que la mitad de los restantes estaban á +bordo de las dos galeras apresadas; y unido esto á las averías sufridas +por su propio barco, lo ponían en muy malas condiciones para arrostrar +las tempestades de aquella peligrosa costa. El viento sopló con +violencia toda la noche, imprimiendo al pesado transporte fuertes +balances. Roger, aunque debilitado por la pérdida de sangre, subió sobre +cubierta al despuntar el día, prefiriendo que lo mojaran las olas á +continuar encerrado en los estrechos y obscuros camarotes, nauseabundos +y llenos de ratas. Asido á una driza, contempló con emoción el +espectáculo del mar alborotado, cubierto de innumerables olas y +reflejando el negro color de las nubes. Las dos galeras apresadas +seguían al _Galeón_ á corta distancia, luchando también con el viento y +las olas. Á la izquierda, entre la bruma, se veía la tierra de Francia, +aquella tierra donde sus antepasados habían derramado su sangre y +conquistado imperecedera gloria; Francia, patria de tantos famosos +caballeros, de tantas beldades, teatro de altos hechos inolvidables y +asiento de los grandes monumentos, del arte, el lujo y la riqueza. En +presencia de aquella costa francesa besó Roger el preciado velo que le +diera la bella Constanza de Morel, y besándolo hizo el juramento de +conquistar con su valor fama digna de tan noble dama, ó perecer en la +demanda. Sacóle de sus meditaciones la ronca voz del capitán, que +dominando el tumulto de los elementos, le gritó: + +--Mal gesto tenéis, señor caballero, y no me extraña, que yo mismo con +haber navegado desde la infancia, no recuerdo haber visto nunca promesa +tan segura de una tempestad deshecha. Mal día y peor noche nos esperan. + +--Otros eran mis pensamientos, dijo el escudero, muy ajenos á la +tempestad que nos amaga. + +--Disponed de mí, si en algo puedo serviros. Pero hablando de +pensamientos, no son menos negros los que me asaltan al figurarme las +dificultades de mi viaje de vuelta; vientos contrarios, la vela mayor +partida en dos, muertos la tercera parte de mis marineros, y el barco +con averías y boquetes por todos lados. Creo que antes de llegar de +nuevo á Southampton hemos de vernos convertidos en arenques salados, á +juzgar por la cantidad de agua que espero embarcar en cuanto ponga la +proa á Inglaterra. + +--¿Y qué dice á ello mi señor? + +--Abajo está, ayudando á su amigo á descifrar blasones. Lo único que me +contesta es que no le hable de tales pequeñeces. ¡Pequeñeces! Pues ¿y +Sir Oliver? En cuanto le digo que me faltan marineros me contesta que +los guise á todos con salsa de Gascuña. Me dirigí á los arqueros. ¡Que +si quieres! Allá se están las horas muertas jugando á los dados, +presididos por el sargento Simón y Reno, y el gigantón cabeza roja que +le rompió el brazo al pirata. "Mirad que el _Galeón_ éste se va á hundir +de un momento á otro," les digo. Y maldito lo que se les importa. "Esa +es cuenta vuestra, mal capitán," me dice uno. "Seis y blanco," gruñe +otro. Y ese Simón que Dios confunda acaba por mandarme al demonio. +¡Desde aquí se les oye, manada de tiburones! + +En efecto, á pesar del rumor del viento y de las olas, llegaba hasta +ellos el eco de los juramentos y las carcajadas de los jugadores que +llenaban la proa. + +--Si yo puedo ayudaros... propuso Roger. + +--Bastante tenéis que hacer con cuidar vuestra averiada cabeza, ó lo que +de ella os queda gracias al capacete que aguantó lo mejor del golpe. +Pero cuanto puede hacerse por ahora está hecho; tapada con velas y +cables entrelazados la brecha de estribor, sólo falta ver lo que +sucederá cuando cambiemos de rumbo para evitar las rocas y bajíos de la +costa, á la cual nos vamos acercando demasiado. Aquí viene el barón y á +fe mía que llega á tiempo. + +--No toméis á desaire mi distracción, maese Golvín, dijo el caballero, +andando con dificultad á consecuencia de los balances del barco. Estaba +muy preocupado con una difícil cuestión heráldica, sobre la cual +quisiera oir vuestra opinión, Roger. Se trata de los cuarteles del +escudo perteneciente á la familia de Sosire, cuyo jefe Sir Leiton es mi +tío, casado con la viuda de Sir Enrique Oglander, de Nunvel. La +delimitación de esos cuarteles ha sido cuestión muy debatida entre +cuantos entienden de blasones. ¿Qué tal vamos, capitán? + +--Me preocupa el estado de la nave, señor barón. Tendremos que orzar muy +pronto y en cuanto lo intente empezará el pobre _Galeón_ á embarcar +agua. + +--¡Que llamen enseguida á Sir Oliver! gritó el barón. + +Poco después llegaba á popa el obeso caballero, resbalando á cada paso, +agarrándose á la borda, á las drizas y á cuanto se le ponía á mano, +abotargado el rostro y maldiciendo su suerte. + +--¿Qué barco es éste, señor capitán, exclamó entre dos balances, en el +que un honrado caballero no puede dar un paso sin exponerse á partirse +el alma? Si ha de continuar mucho tiempo esta danza, ponedme á bordo de +uno de esos piratas, que más saltarines que vuestra nave no pueden ser, +á buen seguro. Cuando ya no podía tenerme de debilidad, me senté ante un +frasco de malvasía y un jigote de carnero, y al primer bandazo se me +vino encima el frasco, poniéndome de perlas ropilla y calzas, y el guiso +fué á dar con salsa y todo en el santo suelo. Allá quedan mis pajes +corriendo tras él, como lebreles en seguimiento de una cierva. ¡Rayos +del cielo, qué galera ni qué tarasca!... Pero ¿me habéis llamado, amigo +Morel? + +--Para oir vuestra opinión, desgraciado y hambriento caballero. Aquí +tenéis á maese Golvín temeroso de que si vira de bordo el _Galeón_ +empezará á hacer agua. + +--Pues que no vire, la cosa es clara. Y con vuestra venia, barón, me +vuelvo á ver qué hacen aquellos tunantes de pajes.... + +--Pero es que si no viramos iremos á dar en las rocas antes que os +sentéis de nuevo á la mesa, dijo el capitán. + +--Pues entonces, virad, con mil de á caballo, gruñó el señor de Butrón. +¿Permitís, amigo barón? + +En aquel instante se oyó la voz de los vigías: "¡Rocas á proa!" En el +centro de una ola enorme, á cien varas de distancia, aparecieron las +obscuras piedras de un arrecife, cubiertas de espuma. El capitán se +lanzó al timón y comenzó á dar voces de mando, los marineros practicaron +las maniobras sin perder momento, giró el botalón con prolongado +chirrido y el galeón cambió de rumbo, á cortísima distancia de los +amenazadores peñascos. + +--No creo poder salvarlos á tiempo, rugió el capitán aferrado al timón. +¡San Cristóbal nos valga! + +--Pues en tan gran peligro estamos, quiero que ondee mi pabellón sobre +cubierta, dijo el barón tranquilamente. Id á buscarlo, Roger, y clavadlo +aquí. + +--Y yo, exclamó Sir Oliver, prometo á mi excelso patrón Santiago de +Compostela visitar su santuario allá en España, si me saca en bien de +este trance, y comerme una carpa más cada día de vigilia, durante un +año. ¡Cómo ruge el mar! ¿Qué decís, capitán? + +--¡Pasamos, pasamos! gritó Golvín, fija la vista en las rompientes más +inmediatas á la proa. ¡Á la buena de Dios! + +Siguieron unos momentos de espera y luégo se sintió en todo el barco el +roce de la quilla sobre las rocas. Una de éstas, cuya punta proyectaba +oblícuamente, raspó con fuerza el costado del casco, arrancándole largas +astillas. Un momento después el _Galeón Amarillo_ completaba su +evolución, el viento hinchaba las velas y escapaban todos al gravísimo +peligro, huyendo de la amenazadora costa, entre las aclamaciones de +marineros y soldados. + +--¡Dios sea loado! exclamó el capitán enjugando el sudor que le bañaba +la frente. No volveré á Southampton sin ofrecer un cirio de cinco libras +al buen San Cristóbal en la capilla del convento. + +--Vaya, pues me alegro, comentó Sir Oliver, porque á la verdad prefiero +morir enjuto, por más que después de haber comido tanto pescado en esta +vida, sería muy justo que los peces me comiesen á mí. Y ya que de comer +se trata, á mi cámara me vuelvo.... + +--Esperad algo más, querido compañero, dijo el barón, porque si no he +entendido mal, escapamos de un peligro para caer en otro. + +--¡Capitán! gritó en aquel momento el contramaestre ¡las olas se han +llevado las velas que cerraban el boquete de babor! ¡El barco hace agua! + +Tras el contramaestre aparecieron corriendo muchos marineros, anunciando +que el agua inundaba el interior del barco y que los caballos estaban en +inmediato peligro. Obedeciendo las órdenes enérgicas de Golvín, +afianzaron velas sobre el boquete abierto en el costado, operación +dificilísima en aquellas circunstancias y que una vez terminada impidió, +aunque no totalmente, la entrada del agua. El _Galeón_ se había hundido +bastante y las olas barrían la cubierta con frecuencia. + +--No creo que resista en la dirección que llevamos, dijo el capitán, +pero si viro encallamos en la costa. + +--¿Y amainando velas? sugirió el barón. ¿No podríamos esperar la calma +del mar y el viento? + +--No, una y otro no tardarían en arrojarnos contra las rocas. En treinta +años que llevo á bordo no me he visto en lance igual. ¡Los santos del +cielo se apiaden de nosotros! + +--Y muy particularmente confío yo en la protección del gran Santiago, en +cuyo día hago voto de comerme otra carpa, además de la prometida ya para +todos los días de vigilia del año.... + +Golvín miró en dirección de las dos galeras apresadas; veíaselas á gran +distancia, ya saltando sobre las olas ya cayendo pesadamente entre +ellas. + +--Si estuviesen más cerca, dijo el marino, todavía podríamos salvarnos. +Por lo pronto, señor barón, convendría que os quitáseis la armadura, +porque de un momento á otro podemos vernos en el agua. + +--No acepto el consejo, respondió el caballero. No se dirá que un noble +se desarma voluntariamente porque le amenazan Eolo y Neptuno. Lo que +haré será convocar sobre cubierta á la Guardia Blanca y aguardar con +ella la buena ó mala suerte que el cielo nos depare. Pero ¿qué es +aquello, maese Golvín? Por escasa que sea mi vista me parece no ser ésta +la primera vez que contemplo aquellos dos promontorios, allá á la +izquierda. + +--¡Por San Cristóbal bendito! exclamó el marino con voz gozosa y mirando +ávidamente en la dirección indicada. ¡Es La Tremblade! ¡Y yo que creía +no haber pasado de Olorón! Allí, frente á nosotros, está la +desembocadura del Garona, y una vez pasada la barra habrá desaparecido +el peligro. ¡Orza, muchachos! ¡Timón á babor! + +Movióse otra vez el botalón, el viento cogió las velas á estribor é +impulsó el asendereado barco en la nueva dirección que le ofrecía tan +inesperado refugio. De uno á otro extremo de la anchurosa ría formaban +las olas movible barrera coronada de espuma que se extendía, por el +norte, hasta un elevado pico y por el sud hasta una punta baja y +arenosa. En el centro una pequeña isla contra la cual se estrellaban +furiosas las olas. + +--Entre la isla y el promontorio hay un canal, dijo el capitán; me lo +indicó el piloto del príncipe real en persona. Veremos si el _Galeón_ +obedece á mi mano, cargado de agua como vá y sumergido una braza más de +lo que debiera. + +--Adelante, maese, exclamó el señor de Butrón; dos veces nos ha sido +favorable la fortuna en los inminentes peligros de este día, y si nos +protege ahora, hago voto al bendito Santiago de.... + +--Tened la lengua, Butrón amigo, que si seguís ofreciéndoos carpas +acabaréis por atraernos la indignación del santo.... + +--Os ruego ordenéis á los soldados que se tiendan sobre cubierta y +permanezcan inmóviles, dijo el capitán. Dentro de pocos minutos +estaremos salvados ó habrá llegado nuestra última hora. + +Arqueros y hombres de armas obedecieron prontamente. Golvín se aferró +al timón y miró fijamente á proa, por debajo de la hinchada vela mayor. +Los dos jefes, inmóviles á popa, contemplaban también la temida barra. +Por fin el _Galeón Amarillo_ llegó á las rompientes, evitó los +obstáculos y en cortos momentos, dejando atrás todo peligro, surcó las +tranquilas aguas del Garona. + + + + +CAPÍTULO XVIII + +DE CÓMO EL BARÓN HIZO VOTO DE PONERSE UN PARCHE + + +Un viernes por la mañana, el veintinueve de Diciembre, dos días antes +del de San Silvestre, ancló el _Galeón Amarillo_ frente á la noble +ciudad de Burdeos. Grandes fueron el interés y la admiración de Roger al +contemplar desde á bordo el bosque de mástiles, los numerosos botes que +cruzaban en todas direcciones y la hermosa ciudad extendida en forma de +media luna á orillas del río, con sus altas torres y la multitud de +edificios de arquitectura y colores variadísimos. Nunca en su tranquila +vida había visto ciudad de igual importancia, ni contaba Inglaterra, con +la sola excepción de Londres, otra que pudiera comparársele en extensión +y riqueza. Á Burdeos llegaban por aquella época los productos de todas +las fértiles comarcas bañadas por el Dordoña y el Garona; los tejidos +del sud, las pieles de Guiena, los vinos del Medoc, para exportarlos +después á Hull, Exeter, Dartmouth, Bristol ó Chester, en cambio de las +lanas y lanillas inglesas. En Burdeos se hallaban también los famosos +hornos de fundición y las forjas que habían dado á sus aceros universal +renombre y con los cuales se forjaban las espadas y lanzas mejor +templadas. Desde su galeón veía Roger el humo que despedían las altas +chimeneas de las fundiciones y la brisa le llevaba de cuando en cuando +el toque de los clarines que resonaba en las murallas de la plaza. + +--¡Hola, _mon petit_! dijo Simón acercándosele. Hete ya escudero hecho y +derecho y en camino de calzarte muy pronto la espuela de oro, mientras +que yo soy y seré sargento instructor de arqueros y nada más. Apenas me +atrevo á seguir hablándote con la misma franqueza que cuando +trincábamos en los mesones de nuestra tierra. Sin embargo, todavía puedo +servirte de guía por estos rumbos, nuevos para tí y sobre todo en +Burdeos, cuyas casas conozco una por una, tan bien como conoce el fraile +las cuentas de su rosario. + +--Demasiado me conocéis también á mí, Simón, para creer que pueda yo +menospreciar á un amigo como vos porque la fortuna parece sonreirme, +contestó el doncel poniendo una mano sobre el hombro del veterano. +Siento que hayáis pensado cosa semejante. + +--No, camarada, ni pensarlo siquiera. Fué una prueba para ver si seguías +siendo el mismo, aunque no debí dudarlo un momento. + +--¿Dónde estaría yo hoy, á no haberos conocido en la venta de Dunán? +Desde luego no hubiera ido al castillo de Monteagudo, ni sería escudero +de nuestro valiente capitán, y probablemente no hubiera visto nunca +á.... + +Aquí se detuvo ruborizándose, pero Simón no lo notó, absorto como estaba +con sus propios recuerdos. + +--Buen mesón el del _Pájaro Verde_ ¿eh? ¡Por el filo de mi espada! +Peores cosas podría hacer que casarme con aquella ventera tan fresca y +rolliza, cuando me llegue el día de trocar este coleto y la cota de +malla por la ropilla de paño. + +--Pues yo creía que habíais dado palabra de casamiento á una muchacha de +Salisbury. + +--Á tres, amigo Roger, á tres. Y mucho me temo no volver jamás á aquel +pueblo, á fin de evitar un recibimiento más caluroso que el que pudieran +hacerme tres escuadrones franceses en Gascuña.... Pero mira aquella gran +torre donde flamea el estandarte de los leones de oro; es la bandera +real inglesa, con la divisa de nuestro príncipe. El edificio es la +abadía de San Andrés, y allí se hospeda con su corte hace más de un año. + +--¿Y aquella otra torre gris? + +--La iglesia de San Miguel, y á la izquierda la de San Remo. El caserón +inmediato es el palacio de Berland. Mira también esas fuertes murallas, +con tres poternas hacia el río y diez y seis en todo el circuito de +tierra. + +--¿Y á qué el continuo sonar de tantos clarines? + +--Mal puede ser otra cosa, cuando casi todos los grandes señores de +Inglaterra y Gascuña están aposentados detrás de esos muros y el que más +y el que menos quiere que el clarín á su servicio se oiga tanto y tan +frecuentemente como el de su vecino. Á fe mía que me recuerdan un +campamento escocés por la zambra que arman éstos con sus gaitas. Allí +avanza un grupo de pajes que van á dar de beber á los caballos. Cada uno +de esos corceles indica la presencia de un caballero en Burdeos, porque +tengo entendido que los hombres de armas y arqueros han marchado ya con +dirección á Dax. + +--¡Simón! llamó el señor de Morel. Avisa á la gente que dentro de una +hora estarán aquí las lanchas y que lo tengan todo listo para el +desembarco. + +El arquero saludó y se dirigió apresuradamente á proa. Sir Oliver no +tardó en reunirse á su amigo y ambos caballeros empezaron á pasear sobre +cubierta, observando y comentando la vista de la ciudad. Vestía el barón +un traje de terciopelo negro, con gorra redonda de igual material y +color, y sujeto á ésta el guante de la baronesa, cubierto en parte por +rizada pluma blanca. Con la modestia aparente del rico pero obscuro +traje contrastaban los brillantes arreos de Sir Oliver, vestido á la +última moda, con justillo, calzón y capa corta de terciopelo verde, +acuchilladas de rojo las mangas y con birrete rojo también y de gran +tamaño. Las puntas de su calzado, encorvadas _à la poulaine_, parecían +amenazar las piernas del rechoncho caballero. + +--Una vez más nos vemos frente á esta puerta de honor que en tantas +ocasiones nos ha franqueado el paso á los campos del combate y de la +gloria, dijo el barón contemplando la ciudad con brillante mirada. Allí +ondea el pabellón del príncipe y justo es que ante todo le rindamos +homenaje. Ya veo dirigirse hacia aquí las lanchas que deben de +conducirnos. + +--No es maleja la posada inmediata á la puerta del oeste, contestó el +glotón, y bien pudiéramos aplacar el hambre antes de ir á saludar al +príncipe, porque la mesa de éste, aunque cubierta de brocado y plata, no +es gran cosa para gentes de mi apetito, ni Su Alteza tiene la menor +simpatía por sus superiores.... + +--¿Sus superiores? + +--En la mesa y con el tenedor en la mano, quiero decir. Dios me libre +de faltarle al respeto, pero le he visto sonreirse porque yo miraba por +cuarta vez al trinchante un día que nos sirvieron caza soberbia. Y en +cambio él me da lástima en la mesa, jugueteando con su cubilete de oro, +en el que bebe cuando más un poco de vino aguado. Y os recuerdo lo del +mesón, amigo, porque la guerra y la gloria no bastan á un cuerpo como el +mío, ni es cosa de estrechar el cinto por la prisa de saludar á Su +Alteza. + +--Casi todas las naves cercanas á la nuestra ostentan el escudo de algún +noble, continuó el señor de Morel. Hé allí el de los Percy, é inmediatos +los de Abercombe, Moreland, Bruce y tantos otros. Extraño sería que de +tal reunión de bizarros caballeros no resultasen notables hechos de +armas. Aquí está nuestra lancha, Butrón, y si es vuestro parecer iremos +directamente á la abadía con nuestros escuderos, dejando á maese Golvín +al cuidado de armas y bagajes y de su desembarque. + +Pronto quedaron instalados caballeros y escuderos en una de las lanchas +y sus caballos en una barcaza prevenida al efecto. Apenas llegó el barón +á tierra hincó la rodilla y elevó al cielo ferviente súplica. Después +sacó de su pecho un pequeño parche negro y poniéndoselo sobre el ojo +izquierdo lo ató firmemente, diciendo: + +--¡Por San Jorge y por mi dama! Hago voto de no descubrir este ojo hasta +haber visto la tierra de España y realizado en ella un hecho de armas +que redunde en honra de mi patria y de mi nombre. Así lo juro sobre mi +espada y sobre el guante de mi dama. + +--Al veros y oiros me siento rejuvenecer veinte años, Morel, le dijo su +amigo cuando hubieron montado y puéstose en camino hacia la Puerta del +Mar. Pero, por merced, si un caballero cegato como vos se quita +voluntariamente la mitad de la poca vista que le queda, no váis á +distinguir un arquero inglés de un capitán español. Paréceme que no +habéis andado muy cuerdo en la elección de vuestro voto. + +--Sabed, señor caballero, repuso el barón con voz imperiosa, que siempre +veré lo bastante para distinguir la senda del deber y de la gloria, +camino en el cual no necesito guía. + +--¡Medrados estamos, y no es mal humorcillo el que mostráis apenas +llegado á tierra de Francia! exclamó Sir Oliver. Pero á bien que si me +buscáis querella, y con vos no he de tenerla, aprovecharé la ocasión +para dejaros solo y visitar una vez más la _Cabeza de Oro_ aquí cercana, +cuyos guisos de perdices adobadas han dejado en mí eterna remembranza. + +--No, amigo, dijo sonriente el barón. Nos conocemos y estimamos +demasiado para reñir por palabra más ó menos, como dos pajecillos. +Creedme, venid conmigo á saludar al príncipe y después buscaremos +alojamiento y mesa; aunque tengo para mí que verá con pesar á tan buen +servidor como vos trocar la mesa del príncipe por la de un figón. Pero +¿quién viene ahí? ¿No es ese caballero que nos saluda el señor Roberto +Delvar? ¡Dios sea con vos, buen Roberto! Y aquí está también De Cheney. +¡Qué grato encuentro! + +Los cuatro caballeros continuaron juntos su camino, seguidos de Roger, +Gualtero y Juan de Norbury, escudero de Sir Oliver. Tras ellos iban Reno +y Verney, portaestandartes de Morel y Butrón. Norbury era un joven alto +y seco, que cabalgaba erguido y sin mirar á derecha ni izquierda, como +muy conocedor de la ciudad, donde ya había estado pocos años antes; pero +Gualtero y Roger, llenos de curiosidad, lo escudriñaban todo, paseantes, +calles, edificios y blasones, llamándose mutuamente la atención á cada +instante hacia cuanto les rodeaba. El joven de Pleyel no se cansaba de +oir la nueva lengua en que se expresaban los vendedores de los puestos +ambulantes y los grupos de gentes del pueblo. + +--¿Pero has oído en tu vida cosa semejante? preguntaba á su compañero. +Lo raro es que no se les haya ocurrido aprender el inglés y hablar como +Dios manda, ahora que su tierra pertenece á la corona de Inglaterra. Y +¡por vida mía! que estas muchachas francesas valen un imperio. Mira esa +moza del zagalejo azul. ¡Vaya un palmito! + +No es maravilla que el aspecto de la ciudad produjera profunda impresión +en los que la contemplaban por vez primera. Rica, populosa, animadísima, +Burdeos se hallaba entonces en su apogeo. Además de sus industrias, +armerías y gran comercio, las prolongadas guerras que habían arruinado á +tantas otras villas francesas la habían favorecido notablemente. En +Burdeos se acaparaba y se vendía inmenso botín, procedente de batallas, +saqueos y presas marítimas, cuyo producto en ella se gastaba casi +totalmente. Además, la numerosa corte del Príncipe Negro allí instalada +definitivamente, había atraído á multitud de nobles ingleses con sus +familias y servidores, elemento fastuoso cuyo entretenimiento, fiestas y +grandes gastos contribuían no poco á la prosperidad de la noble villa +del Garona. Sin embargo, la reciente acumulación de fuerzas numerosas +para la próxima expedición á España en auxilio de Don Pedro de Castilla +contra su hermano bastardo Don Enrique de Trastamara, había producido +gran escasez y carestía de provisiones y el Príncipe Negro acababa de +enviar la mayor parte de sus tercios y escuadrones á la comarca de Dax, +en Gascuña. + +Frente á la abadía de San Andrés se abría una gran plaza que á la +llegada de nuestros caballeros estaba ocupada por multitud de gentes del +pueblo atraídas por la curiosidad, soldados, religiosos, pajes y +vendedores ambulantes. Algunos brillantes caballeros que se dirigían á +la morada del príncipe cruzaban la plaza á intervalos, separando con +dificultad los grupos de hombres, mujeres y chiquillos que se +precipitaban á su paso. Las enormes puertas de roble y hierro estaban +abiertas de par en par, indicando que el príncipe daba audiencia en +aquel momento; y una veintena de arqueros apostados frente al edificio +mantenía las turbas á debida distancia, no sin distribuir de cuando en +cuando cintarazos sendos entre los curiosos más osados. En el ancho +portal daban guardia dos caballeros armados de punta en blanco, calada +la visera y apoyados en sus lanzas; y entre ellos, sentado á una mesa +baja y atendido por dos pajes, se hallaba el secretario de Su Alteza, +encargado de anotar en el registro que delante tenía el nombre y títulos +de los nobles visitantes y en especial los de aquellos recién llegados á +la corte. Era aquel personaje hombre de avanzada edad, cuyos largos +cabellos y barba blancos le daban venerable aspecto, realzado por el +amplio ropaje de color púrpura que lo cubría hasta los pies. + +--Ahí tenéis á Roldán de Parington, secretario regio, dijo el señor de +Morel. Pobre del que trate de engañarle ó de contradecir sus notas y +registros, porque es el hombre más versado que existe en asuntos +genealógicos y tiene en la memoria los títulos y blasones de cuantos +caballeros hay en Francia é Inglaterra y creo que también la historia +completa de sus alianzas y servicios. Dejemos aquí nuestros caballos y +entremos con los escuderos. + +Llegados al portal y al secretario regio, halláronle en animado coloquio +con un joven y elegante caballero, muy deseoso al parecer de conseguir +entrada en la abadía. + +--¿Os llamáis Marvel? decía Roldán de Parington. Pues me parece que no +habéis sido presentado aún. + +--Así es, contestó el otro. Aunque sólo llevo veinticuatro horas en +Burdeos, no he querido diferir la presentación de mis respetos á Su +Alteza. + +--Que no deja de tener otros muchos y muy graves asuntos á que atender. +Pero siendo Marvel por fuerza pertenecéis á los Marvel de Normanton, y +así lo veo en efecto por vuestro blasón: sable y armiño. + +--Marvel de Normanton soy, afirmó el joven tras un momento de +vacilación. + +--En tal caso vuestro nombre es Esteban Marvel, hijo primogénito del +barón Guy del mismo apellido, muerto recientemente. + +--El barón Esteban es mi hermano mayor, confesó en voz baja el noble y +yo soy Arturo, el segundo de mi casa y de mi nombre. + +--¡Acabáramos! exclamó el implacable secretario. Y siendo ello así +¿dónde está en vuestro escudo el crestón que lo denote? ¿Para cuándo es +la media luna de plata que debería de llevar vuestro blasón para indicar +que no es el del jefe de la familia, sino el de un segundón? Retiraos, +señor mío y no esperéis ser presentado al príncipe hasta tener vuestro +escudo de armas muy en regla. + +Retiróse confuso el noble, siguióle con la vista el secretario y notó +casi en seguida el estandarte con las cinco rosas encarnadas que tan +orgullosamente portaba el veterano Reno. + +--¡Por mi nombre! exclamó Parington. Huéspedes tenemos hoy aquí á +quienes no hay que preguntar si los abona nobleza de primer orden. ¡Las +Rosas de Morel! ¡Y digo, la cabeza de jabalí de los Butrón! ¡Ah! +Pendones son esos que podrán estarse aquí en fila, esperando turno, pero +que han figurado y figurarán siempre en primera línea en los campos de +batalla. ¡Bienvenidos, señores! ¡Qué alegría la del canciller De Chandos +cuando vea y abrace á sus predilectos compañeros de armas! Por aquí, +caballeros. Vuestros escuderos son sin duda dignos del renombre de sus +señores. Á ver las armas. ¡Hola! aquí tenemos á un Clinton, de la +antigua familia de Hanson y á uno de los Pleyel, rancia nobleza sajona. +¿Y vos? Norbury. Los hay en Chesire y también en la frontera de Escocia. +Corriente, señores míos; vuestra admisión y presentación tendrán efecto +al instante. + +Los pajes abrieron una puerta inmediata que daba entrada á un amplio +salón, en el que nuestros caballeros hallaron congregados á otros muchos +nobles que como ellos esperaban audiencia. En el testero fronterizo á la +puerta de entrada había otra guardada por dos hombres de armas. Abríase +á intervalos para dar paso á un funcionario que nombraba en alta voz al +noble designado por el príncipe. + +Butrón y Morel tomaron asiento y Roger no tardó en distinguir entre los +grupos de apuestos caballeros á uno que hacia él se dirigía y á quienes +todos saludaban con respeto y miraban con evidente interés. Muy alto y +delgado, blanco el cabello y blancos también los desmesurados bigotes +que caían laciamente hacia el cuello, parecía conservar por su mirada de +águila, la viveza de sus ademanes y la gracia de su paso todo el vigor +de la juventud. Tenía el rostro lleno de cicatrices, señal indeleble, +algunas de tremendas heridas, que lo desfiguraban por completo; +faltábale además un ojo, y con tantas averías hubiera sido imposible +reconocer en él al bizarro doncel que cuarenta años antes había sido el +encanto de la corte inglesa por su valor, su fama y su presencia y el +caballero predilecto de las damas. Pero entonces como después seguía +siendo el canciller De Chandos honra y prez de la nobleza del reino, una +de sus mejores lanzas y el más respetado de sus caballeros, el héroe de +Crécy, Chelsea, Poitiers, Auray y de tántos otros combates como años +contaba su larga y gloriosa vida. + +--¡Ah, por fin os encuentro, corazón de oro! exclamó Chandos abrazando +estrechamente al barón de Morel. Tenía noticias de vuestra llegada y no +he parado hasta dar con vos. + +--Grande es el placer que me causa volver á ver al amigo querido y al +modelo de caballeros, dijo Morel devolviendo el abrazo. + +--Y por lo que veo, añadió riéndose el de Chandos, en esta campaña +seremos tal para cual, porque á mí me falta un ojo y vos os habéis +tapado uno de los vuestros. ¡Bienvenido, Sir Oliver! No os había visto. +Entraremos á saludar al príncipe cuanto antes, pero os prevengo que si +hace esperar á tales caballeros es porque está ocupadísimo. Don Pedro de +Castilla por una parte, el rey de Aragón por otra, el de Navarra, que +cambia de parecer de la noche á la mañana, y luégo el enjambre de +señores gascones, añadió bajando la voz, con sus interminables +pretensiones, todo contribuye á que el príncipe no tenga una hora suya. +¿Cómo dejasteis á mi señora de Morel? + +--Bien de salud, pero entristecido el ánimo. Mucho me encargó que os +saludara en su nombre. + +--Soy siempre su caballero y su esclavo. ¿Y vuestro viaje? + +--No pudiera desearlo mejor, contestó el barón. La mar algo alborotada, +pero tuvimos la suerte de avistar unas galeras piratas, á las que +dijimos dos palabras. + +--¡Siempre afortunado, Morel! Ya nos contaréis la aventura esa. Pero +ahora, dejad aquí á vuestros escuderos, seguidme de cerca y creo que el +príncipe no vacilará en recibiros fuera de turno, cuando sepa qué par de +veteranos ilustres están haciendo antesala. + +Los señores de Morel y Butrón siguieron al de Chandos, saludando á su +paso entre los grupos de nobles á muchos antiguos compañeros de armas. + + + + +CAPÍTULO XIX + +ANTE EL DUQUE DE AQUITANIA + + +Aunque no de grandes dimensiones, la cámara del príncipe estaba +amueblada y decorada con tanto gusto como riqueza. En el testero, sobre +un estrado, dos regios sillones con dosel de terciopelo carmesí +esmaltado de flores de lis de plata. Sitiales tallados recubiertos de +damasco, tapices, alfombras y almohadones ricamente guarnecidos +completaban el mueblaje. + +Ocupaba uno de los sillones del estrado un personaje de elevada estatura +y formas bien proporcionadas, pálido el rostro y cuya mirada algo dura +daba al semblante expresión un tanto amenazadora. Era éste Don Pedro de +Castilla. En el sillón de la izquierda se sentaba otro príncipe español, +Don Jaime, quien lejos de parecer aburrido como su compañero, mostraba +gran interés en cuanto le rodeaba y acogía con sonrisas y saludos á los +caballeros ingleses y gascones. Cerca de ambos y sobre el mismo estrado +ocupaba también un sitial más bajo el famoso Príncipe Negro, Eduardo, +hijo del soberano de Inglaterra. Vestido modestamente, nadie que no le +conociese hubiera soñado ver en él al vencedor de tantas y tan grandes +victorias, cuya fama llenaba el mundo. En su preocupado semblante se +reflejaba en aquellos momentos una expresión de enojo. Á uno y otro lado +del salón veíase triple fila de prelados y altos dignatarios de +Aquitania, barones, caballeros y cortesanos. + +--Hé allí al príncipe, dijo Chandos al entrar. Los dos personajes +sentados detrás de él son los monarcas españoles para quienes, con la +ayuda de Dios y nuestro esfuerzo, vamos á conquistar respectivamente á +Castilla y Mallorca. Muy preocupado está Su Alteza, y no me asombra. + +Pero el príncipe había notado su entrada y placentera sonrisa animó su +rostro. + +--Innecesarios son esta vez vuestros buenos oficios, Chandos, dijo +levantándose. Estos valientes caballeros me son muy bien conocidos para +necesitar introductor. Bienvenidos á mi ducado de Aquitania sean Sir +León de Morel y Sir Oliver Butrón. No, amigos; doblad la rodilla ante el +rey mi padre en Windsor; á mí dadme vuestras manos. Bien llegáis, pues +cuento daros no poco que hacer antes de que volváis á ver vuestra tierra +de Hanson. ¿Habéis estado en España, señor de Butrón? + +--Sí, Alteza, y lo que más recuerdo es aquella famosa y deliciosísima +olla podrida del país.... + +--¡Siempre el mismo, á lo que veo! exclamó el príncipe riéndose, lo +mismo que otros muchos caballeros. Pero descuidad, que una vez allí +trataremos de que obtengáis vuestro plato español favorito, preparado +con todas las reglas del arte. Ya ve Vuestra Alteza, continuó +dirigiéndose al rey Don Pedro, que no faltan entre nuestros caballeros +admiradores entusiastas de la cocina española. Pero, dicho sea en honor +de Sir Oliver, también sabe pelear con el estómago vacío. Bien lo probó +allá en Poitiers, cuando batallamos por dos días sin más alimento que +unos mendrugos de pan y unos tragos de agua cenagosa; y todavía recuerdo +cómo se lanzó en lo más recio del combate y de un solo tajo hizo rodar +por tierra la cabeza de un brillante caballero picardo. + +--Porque se le ocurrió impedirme el paso á un carro cargado de víveres +que tenían los franceses, observó Sir Oliver, con gran risa de todos los +presentes. + +--¿Cuántos reclutas me traéis? le preguntó el príncipe. + +--Cuarenta hombres de armas, señor, contestó Sir Oliver. + +--Y yo cien arqueros y cincuenta lanzas, dijo el señor de Morel; pero +cerca de la frontera navarra me esperan otros doscientos hombres. + +--¿Qué fuerza es esa, barón? + +--Una compañía famosa, llamada la Guardia Blanca. + +Con gran sorpresa del barón, sus palabras fueron acogidas con unánime +carcajada. El mismo príncipe y los dos reyes extranjeros participaron de +la hilaridad general. El barón de Morel miró tranquilamente á uno y +otro lado, y fijándose por último en un fornido caballero de poblada +barba negra situado cerca de él y que se reía más ruidosamente que los +demás, se dirigió á él y tocándole el brazo le dijo: + +--Cuando hayáis acabado de reíros no me negaréis la merced de una breve +entrevista, en lugar donde podamos entendernos cara á cara y espada en +mano.... + +--¡Calma, barón! exclamó Su Alteza. No busquéis querella al señor +Roberto Briquet, que tanta culpa tiene él como todos nosotros. La verdad +es que cuando entrasteis acabábamos de oir, y yo con enojo, noticias de +las fechorías cometidas por esa misma Guardia Blanca, tales y tántas que +juré ahorcar al capitán de esa compañía. Lejos estaba yo de hallarlo +entre los más valientes y escogidos de mis jefes. Pero mi juramento es +nulo, en vista de que acabáis de llegar de Inglaterra y ni sabéis lo que +ha hecho vuestra gente por aquí, ni es posible exigiros por ello asomo +de responsabilidad. + +--Que yo sea ahorcado es cuestión de poca monta, señor, contestó al +punto el barón, si bien el género de muerte es menos noble de lo que yo +esperara. Pero lo esencial es que el príncipe de Inglaterra y modelo de +caballeros, no deje sin cumplir su juramento, por ninguna razón ni +pretexto.... + +--No insistáis, barón. Al oir hace poco á un vecino de Montaubán, que +nos refería los saqueos y depredaciones de esos foragidos, hice voto de +castigar duramente al que en realidad los manda hoy. Vos y el señor de +Butrón quedáis invitados á mi mesa y por lo pronto formáis parte de los +caballeros de mi séquito. + +Inclináronse ambos nobles y siguiendo al señor de Chandos, llegaron al +extremo opuesto del salón, fuera de los apretados grupos de guerreros y +cortesanos. + +--Muchos deseos tenéis de que os ahorquen, mi buen amigo, dijo Chandos, +y por vida mía, en tal caso lo mejor hubiera sido dirigiros al rey Don +Pedro, que no hubiera tardado en complaceros, atendido á que vuestra +Guardia Blanca se ha conducido en la frontera como una manada de lobos. + +--No tardaré en meterlos en cintura, con el favor de San Jorge y una +buena cuerda para ahorcar á los más díscolos. Y ahora os ruego, noble +amigo, que me digáis los nombres de algunos de estos caballeros, pues +son muchas las caras desconocidas que me rodean. En cambio otras las +conozco desde que ciño espada. + +--Mirad ante todo aquellos graves religiosos, inmediatos á los regios +asientos. Es uno el arzobispo de Burdeos y el otro el obispo de Agén. +Aquel caballero de la barba entrecana, que sin duda ha llamado vuestra +atención por su imponente figura y marcial aspecto, es Sir Guillermo +Fenton. Tengo la honra de compartir con él las funciones de la +Cancillería de Aquitania. + +--¿Y los nobles situados á la derecha de Don Pedro? + +--Son distinguidos capitanes españoles que han seguido al monarca en su +destierro, y entre ellos he de nombraros á Don Fernando de Castro, el +primero junto á las gradas, modelo de caballeros y tan hidalgo como +valiente. Frente á nosotros están los señores gascones, cuyo serio y +enojado aspecto revela el reciente disgusto que han tenido con Su +Alteza. El de elevada estatura y hercúleo cuerpo es Captal de Buch, +nombre que habréis oído con frecuencia, pues no hay en Gascuña más +famosa lanza. Habla con él Oliverio de Clisón, apellidado el +Pendenciero, pronto siempre á enconar los ánimos y atizar la discordia. +Una cuchillada en la mejilla izquierda os señalará al señor de Pomers, á +quien acompañan sus dos hermanos y les siguen en línea los señores de +Lesparre, de Rosem, de Albret, de Mucident y de la Trane. Tras ellos veo +numerosos caballeros procedentes del Limosín, Saintonges, Quercy, Poitou +y Aquitania, con el valiente Guiscardo de Angle en último término, el +del jubón púrpura y ferreruelo guarnecido de armiño. + +--¿Qué de los caballeros situados á este lado del salón? + +--Son todos ingleses, unos del séquito regio y otros, como vos, +capitanes de compañías auxiliares ó del ejército. Ahí tenéis á los +señores de Neville, Cosinton, Gourney, Huet y Tomás Fenton, hermano del +canciller Guillermo. Fijaos bien en aquel caballero de la nariz aguileña +y roja barba, que pone la mano sobre el hombro del capitán de moreno +rostro, dura mirada y modesto traje. + +--Bien los veo, dijo el barón. Y juraría que ambos están más +acostumbrados á ceñir la armadura y repartir mandobles que á figurar +entre cortesanos en la regia cámara. + +--Á otros muchos nos pasa lo mismo, Sir León, repuso Chandos, y bien +puedo asegurar que el mismo príncipe respira más á sus anchas en el +campo de batalla que en su palacio. Pero oid los nombres de aquellos dos +capitanes: Hugo Calverley y Roberto Nolles. + +El señor de Morel se inclinó para contemplar á su sabor á tan famosos +guerreros; uno capitán de compañías auxiliares y guerrillero +incomparable; el otro paladín renombrado, que desde muy modesta posición +habíase elevado hasta ocupar el segundo lugar después de Chandos entre +las mejores lanzas inglesas, y conquistádose inmensa popularidad entre +los soldados de todo el ejército. + +--Pesada mano la de Nolles en tiempo de guerra, continuó el señor de +Chandos. Á su paso por tierra enemiga deja siempre tras sí rastro +sangriento y en el norte de Francia llaman todavía "Ruinas de Nolles" á +los castillos desmantelados y pueblos destruídos que Sir Roberto dejó en +aquellas asoladas comarcas. + +--Conozco su nombre y no me disgustaría romper una lanza con tan +principal y temido caballero, dijo el barón. Pero mirad, muy enojado +está el príncipe. + +Mientras hablaban ambos nobles había recibido Guillermo el homenaje de +otros recién llegados y oído con impaciencia las propuestas de algunos, +por lo general aventureros, que ofrecían vender su espada y las +reclamaciones de no pocos negociantes y armadores de la ciudad, +perjudicados, según ellos, por los excesos de la soldadesca. De repente, +al oir uno de los nombres anunciados por el funcionario encargado de +presentar á los que solicitaban audiencia, levantóse apresuradamente el +príncipe y exclamó: + +--¡Por fin! Acercaos, Don Martín de la Carra. ¿Qué nuevas y sobre todo +qué mensaje me traéis de parte de mi muy amado primo el de Navarra? + +Era el recién llegado caballero de arrogante figura y majestuoso porte. +Su moreno rostro y negrísimos ojos, cabellos y barba indicaban su origen +meridional. Sobre el traje de corte llevaba luenga capa negra, de forma +y material muy diferentes de los usados en Francia é Inglaterra. +Adelantóse con mesurado paso y saludando profundamente, dijo: + +--Mi poderoso é ilustre señor, Carlos, rey de Navarra, conde de Evreux y +de Champaña y señor del Bearn, me ordena saludar fraternalmente á su muy +amado primo Eduardo, príncipe de Gales, duque de Aquitania, +lugarteniente.... + +--¡Basta ya, Don Martín! interrumpió impacientemente el príncipe. +Conozco los títulos de vuestro soberano y ciertamente no ignoro los +míos. Decidme sin más preámbulos si se halla libre el paso por los +desfiladeros, ó si vuestro señor opta por faltar á la palabra que me dió +pocos meses há, en nuestra última entrevista. + +--Mal podría el rey de Navarra faltar á su palabra, dijo el enviado +español con irritado acento. Lo único que mi ilustre soberano recaba es +la prolongación del plazo para el cumplimiento de lo pactado, así como +ciertas condiciones.... + +--¡Condiciones, aplazamientos! ¿Habla vuestro rey con el príncipe real +de Inglaterra ó con el preboste de una de sus villas? ¡Condiciones! Yo +se las dictaré bien pronto. Pero vamos á lo que importa. ¿Entiendo que +hallaremos cerrados los pasos de la cordillera? + +--No, Alteza.... + +--¿Libres, entonces, y expedito el paso? + +--No, Alteza, pero yo.... + +--¡Nada más digáis, Don Martín! Triste espectáculo en verdad el de tan +noble y respetable caballero abogando por causa tan mezquina. Sé lo que +ha hecho Carlos de Navarra, y cómo mientras con una mano recibía los +cincuenta mil soberanos de oro convenidos á cambio de dejarnos libre el +paso de la frontera, tendía la otra mano á Don Enrique el de Trastamara +ó al rey de Francia, recibiendo en ella rica compensación por +disputarnos la entrada. Pero juro por mi santo patrón que tan bien como +conozco yo á mi primo de Navarra me conocerá él á mí muy pronto. +¡Falso!... + +--¡Señor, permitidme recordaros que si tales palabras fuesen +pronunciadas por otros labios que los vuestros, yo exigiría retractación +inmediata! dijo el de Carra, trémulo de indignación. + +Don Pedro frunció el entrecejo y miró sañudo á su compatriota, pero el +príncipe inglés acogió aquellas palabras con aprobadora sonrisa. + +--¡Bien, Don Martín! exclamó, ¡digno es de vos ese arranque! Decid á +vuestro rey que si cumple lo convenido entre nosotros, no tocaré una +piedra de sus castillos ni un cabello de sus súbditos; pero que de lo +contrario, os seguiré de cerca, llevando conmigo una llave que abrirá de +par en par cuantas puertas él nos cierre. Y ¡ay entonces de Carlos y ay +de Navarra! + +Inclinóse después Su Alteza hacia los dos caudillos Nolles y Calverley, +que cerca tenía, y habló con ellos breves instantes. Ambos nobles +salieron inmediatamente de la cámara con altanero paso y gozosa sonrisa. + +--Juro por los santos del Paraíso, continuó el príncipe, que así como he +sido aliado generoso, sabré ser también enemigo implacable. Vos, +Chandos, dad las órdenes oportunas para que el señor de la Carra sea +tratado y atendido cual lo merece por su rango y por sus prendas. + +--Siempre bondadoso, observó Don Pedro. + +--Aun con los que se le muestran tan altivos como acaba de hacerlo ese +enviado, añadió Don Jaime. + +--Decid más bien que procuro ser siempre justo, repuso el príncipe +Eduardo. Pero aquí tengo noticias de interés para Vuestras Altezas; un +pliego de mi hermano el duque de Lancaster anunciándome su salida de +Windsor para traernos el refuerzo de cuatrocientas lanzas y otros tantos +arqueros. Tan luego mi esposa la duquesa recobre la salud, y espero que +no tardará mucho, emprenderemos nuestra marcha con la gracia de Dios, +para unirnos al grueso del ejército en Dax y poner á Vuestras Altezas en +posesión de sus estados. + +Un murmullo de aprobación acogió aquellas palabras y el príncipe +contempló con satisfacción los rostros de todos aquellos capitanes, +ganosos de seguirle y distinguirse bajo sus banderas. + +--El titulado rey de Castilla, Enrique de Trastamara, contra cuyas +fuerzas vamos á luchar, es un guerrero hábil y animoso y la campaña +proporcionará ocasión de conquistar lauros sin cuento. Á sus órdenes +tiene cincuenta mil soldados castellanos y leoneses, con más doce mil +hombres de armas de las compañías francesas que tiene á sueldo, +veteranos cuyo valor reconozco. También es un hecho la misión del sin +par Bertrán Duguesclín cerca del Duque de Anjou, para atraerlo á la +causa de Enrique y volver á España con tercios numerosos reclutados en +Bretaña y Picardía. Y probablemente lo hará como se propone, porque el +gran condestable es uno de los hombres de más prestigio y energía de +nuestra época. ¿Qué decís á ello, Captal? Duguesclín os venció en +Cocherel y esta campaña os ofrece la revancha. + +El guerrero gascón acogió aquella alusión del príncipe con avinagrado +gesto y no hizo mejor gracia á los caballeros gascones que rodeaban á +Captal de Buch, pues les recordaba que la única vez que habían atacado á +las tropas francesas sin el auxilio de Inglaterra les había tocado en +suerte completa derrota. + +--No es menos cierto, Alteza, dijo Clisón, que la revancha la hemos +obtenido ya, pues sin el concurso de las espadas gasconas no hubierais +hecho prisionero á Duguesclín en Auray, ni quizás roto las huestes del +rey Juan en Poitiers.... + +--Muy alto pretende picar el gallo gascón, y apenas levanta del suelo un +palmo, interrumpió un caballero inglés. + +--Cuanto más pequeño el gallo mayores suelen ser los espolones, repuso +con fuerte voz Captal de Buch. + +--Si no se los corta quien puede hacerlo, dijo el señor de Abercombe. + +--Á osados y altaneros nos ganáis vosotros los ingleses, contestó el +capitán Roberto Briquet. Pero gascón soy, y vos, Abercombe, me daréis +cuenta de esas palabras. + +--Cuando gustéis, dijo el otro volviéndole la espalda. + +--Como vos me la daréis á mí, señor de Clisón, exclamó á su vez Sir +Vivián Bruce. + +--Ocasión inmejorable, se oyó decir entonces al barón de Morel, para que +tan lucida lanza gascona como la del señor de Pomers me haga el honor de +cruzarse con la muy humilde mía. + +Oyéronse en pocos instantes una docena de retos, que revelaban la mala +voluntad y los rencores existentes entre gascones é ingleses. +Gesticulaban furiosos los primeros, contestábanles los segundos con +impasible desprecio y en tanto el príncipe Eduardo los contemplaba en +silencio, secretamente complacido de presenciar aquella escena tan +conforme con su espíritu batallador. Sin embargo, la división entre sus +propios jefes ningún buen resultado podía darle y se apresuró á calmar +los ánimos. + +--Haya paz, señores, ordenó extendiendo el brazo. Quienquiera de +vosotros que continúe tan tonta querella fuera de aquí, tendrá que darme +cuenta de ello. Necesito el concurso de todas vuestras espadas y no +permitiré que las volváis unos contra otros. Abercombe, Morel, Bruce +¿dudáis acaso del valor de los caballeros gascones? + +--Eso no haré yo, contestó Bruce, pues demasiadas veces los he visto +pelear como buenos. + +--Valientes son, sin duda, pero no hay temor de que nadie lo olvide +mientras tengan lengua para proclamarlo á todas horas, sin ton ni son, +dijo á su vez Abercombe. + +--No os demandéis de nuevo, se apresuró á decir el príncipe. Si es de +gente gascona el decir en alta voz lo que piensan, tampoco falta quien +tache á los ingleses de fríos y taciturnos. Pero ya lo habéis oído, +señores de Gascuña; los mismos que acaban de tener con vosotros una +querella pueril os reconocen el valor y las dotes de todo honrado +caballero. Captal, Clisón, Pomers, Briquet, cuento con vuestra palabra. + +--La tiene Vuestra Alteza, respondieron los gascones, aunque sin ocultar +que lo hacían de pésima gana. + +--¡Y ahora, á la sala del banquete! prosiguió Eduardo. Ahoguemos hasta +el último recuerdo de esta contienda en unos cuantos frascos de buena +malvasía. + +Volviéndose entonces hacia sus regios huéspedes, los condujo con toda +cortesía á los puestos de honor que les estaban reservados en la mesa +servida en la vecina estancia. Tras ellos siguieron los brillantes +caballeros de antemano invitados á la mesa del príncipe. + + + + +CAPÍTULO XX + +DE CÓMO ROGER DESHIZO UN ENTUERTO Y TOMÓ UN BAÑO + + +Recordará el lector que Gualtero y Roger se habían quedado en la +antecámara, donde no tardó en rodearlos animado grupo de jóvenes +caballeros ingleses, deseosos de obtener noticias recientes de su país. +Las preguntas menudearon: + +--¿Sigue nuestro amado soberano en Windsor? + +--¿Qué nos decís de la buena reina Felipa? + +--¿Y qué de la bella Alicia Perla, la otra reina? + +--El diablo te lleve, Haroldo, dijo un alto y fornido escudero, asiendo +por el cuello y sacudiendo al que acababa de hablar. ¿Sabes que si el +príncipe hubiera oído la preguntilla esa te podría costar la cabeza? + +--Y como está vacía poco perdería con ella el buen Haroldo. + +--No tan vacía como tu escarcela, Rodolfo. Pero ¿qué demonios piensa el +mayordomo? Todavía no han empezado á poner la mesa. + +--¡Pardiez! En todo Burdeos no hay doncel más hambriento. Si las +espuelas de caballero y los ricos cargos se ganasen con el estómago, +serías ya lo menos condestable. + +--Pues digo, que si se ganasen empinando el codo, Rodolfito mío, te +tendríamos de canciller hace años. + +--Basta de charla, exclamó otro, y que hablen los escuderos de Morel. +¿Qué se dice por Inglaterra, mocitos? + +--Probablemente lo mismo que al salir de ella vosotros, contestó picado +Gualtero. Sin embargo, tengo para mí que no se hablaba ya tanto como +cuando andaban por allí muchos parlanchines.... + +--¡Hola! ¿Qué quiere decir eso, moderno Salomón? + +--Averiguadlo si podéis. + +--Medrados estamos con el paladín éste, que todavía no se ha quitado de +los zapatos el barro amarillo de los breñales de Hanson y ya viene +tratándonos de parlanchines. + +--¡Qué gente tan lista la de esta tierra, Roger! dijo Gualtero con +sorna, guiñando el ojo á su amigo. + +--¿Cómo debemos tomar vuestras palabras, señor mío? + +--Tomadlas por donde podáis sin quemaros, respondió Gualtero. + +--¡Otra agudeza! + +--Gracias por el cumplido. + +--Mira, Germán, lo mejor será que lo dejes, porque el escudero de Morel +es más despierto y más listo de lengua que tú. + +--De lengua, lo concedo. ¿Y de espada? preguntó Germán. + +--Punto es ese, observó Rodolfo, que podrá esclarecerse dentro de dos +días, la víspera del gran torneo. + +--Poco á poco, Germán, exclamó entonces un escudero de rudas facciones, +cuyo robusto cuello y anchos hombros revelaban su fuerza. Tomáis los +insultos de esta gente con asombrosa calma, y yo no estoy dispuesto á +que me llamen parlanchín sin más ni más. El barón de Morel ha dado +pruebas repetidas de lo que puede y vale, pero ¿quién conoce á estos +caballeritos? Este otro ni siquiera chista. ¿Qué decís vos á ello? + +Al pronunciar estas palabras posó su pesada mano sobre el hombro de +Roger. + +--Á vos nada tengo que deciros, respondió el doncel procurando +contenerse. + +--Vamos, este no es escudero, sino tierno pajecillo. Pero descuidad, que +vuestras mejillas tendrán menos colorete y más bríos vuestra mano antes +de que volváis á guareceros tras el guardapié de vuestra nodriza. + +--De mi mano puedo deciros que está siempre pronta.... + +--¿Pronta á qué? + +--Á castigar una insolencia, señor mío, replicó Roger, airado el rostro +y centelleante la mirada. + +--¡Pero qué interesante se va poniendo el querubín éste! continuó el +rudo escudero. Vamos á ver si lo describo: ojos de gacela, piel +finísima, como la de mi prima Berta, y unos buclecillos tan luengos y +tan rubios... Al decir esto, su mano tocó el rizado cabello de Roger. + +--Buscáis pendencia.... + +--¿Y aunque así fuera? + +--Yo os diría que lo hacéis como un patán, y no como hombre bien nacido. +Os diría también que en la escuela de mi señor no se aprende á buscar un +lance por medio de tan groseros modos.... + +--¿Y cómo habéis aprendido á hacerlo vos, modelo de escuderos? + +--No siendo brutal ni insolente, sino dirigiéndome á vos, por ejemplo, +para deciros cortésmente: "He resuelto mataros y espero que me hagáis la +merced de designar hora y lugar donde podamos vernos cara á cara y +espada en mano." Y tratándose de un escudero comedido y digno de ese +nombre, me quitaría el guante, como lo hago ahora y lo dejaría caer á +sus pies; pero teniendo que habérmelas con un destripaterrones como vos, +se lo lanzaría á la cara! + +Y con toda su fuerza arrojó el guante al rostro burlón del escudero. + +--¡Lo pagaréis con vuestra vida! rugió éste, blanco de ira. + +--Si podéis quitármela, repuso Roger con entereza. + +--¡Bravo, muchacho! exclamó Gualtero. Tente firme. + +--Se ha portado como debía y puede contar conmigo, agregó Norbury, +escudero de Sir Oliver. + +--Tú tienes la culpa de todo esto, Tránter, dijo Germán. ¿No andas +siempre buscando pendencia á los recien llegados? Pues ahí la tienes. +Pero sería una vergüenza que el asunto pasase á mayores. El mozo no ha +hecho más que contestar á una provocación con otra. + +--¡Imposible! exclamaron algunos. ¡Tránter ha recibido un golpe! Tanto +valdría quedarse con una bofetada. + +--¿Pues y los insultos de Tránter? ¿No empezó él por poner su mano en +los cabellos del otro? dijo Haroldo. + +--Habla tú, Tránter. Ha habido ofensa por ambas partes y bien podrían +quedar las cosas como están. + +--Todos vosotros me conocéis, dijo Tránter, y no podéis dudar de mi +valor. Que recoja su guante y reconozca que ha hecho mal, y no volveré á +hablar del asunto. + +--Mala centella lo parta si tal hace, murmuró Gualtero. + +--¿Lo oís, joven? preguntó Germán. El escudero ofendido olvidará el +golpe si le decís que habéis obrado precipitadamente. + +--No puedo decir tal cosa, declaró Roger. + +--Tened en cuenta que solemos poner á prueba el valor de los escuderos +recien llegados, para saber si debemos de tratarlos como amigos. Vos +habéis tomado esa prueba como ofensa mortal y contestado con un golpe. +Decid que lo sentís, y basta. + +--No llevéis las cosas á punta de lanza, dijo entonces Norbury al oído +de Roger. Conozco al tal Tránter, que no sólo es superior á vos en +fuerza física sino muy hábil en el manejo de la espada. + +Pero Roger de Clinton tenía en las venas noble sangre sajona, y una vez +irritado era muy difícil aplacarlo. Las palabras de Norbury que le +indicaban un peligro acabaron de afirmarlo en su resolución. + +--He venido aquí acompañando á mi señor, dijo, y en la inteligencia de +que me rodeaban ingleses y amigos. Pero ese escudero me ha hecho un +recibimiento brutal y lo ocurrido es culpa suya. Pronto estoy á recoger +mi guante, mas ¡por Dios vivo! no sin que antes me pida él perdón por +sus palabras y ademanes. + +--¡Basta ya! exclamó Tránter encogiéndose de hombros. Tú, Germán, has +hecho todo lo posible para sustraerlo á mi venganza. Lo que procede es +solventar la cuestión en seguida. + +--Lo mismo digo, asintió Roger. + +--Después del banquete hay consejo de jefes y tenemos lo menos dos horas +disponibles, dijo un escudero de cabellos grises. + +--¿Y el lugar del combate? + +--Desierto está el campo del torneo, y en él podemos.... + +--Nada de eso; ha de ser dentro de los límites de este edificio donde +reside la corte. De lo contrario, recaería sobre todos nosotros la +indignación del príncipe. + +--¡Bah! Conozco yo un lugar inmejorable para tales lances, á la orilla +misma del río. Salimos de los terrenos de la abadía y tomamos por la +calle de los Apóstoles. En tres minutos estamos allí. + +--Pues entonces _¡en avant!_, dijo Tránter, echando á andar con gran +prisa, seguido de numerosos escuderos. + +Á orillas del Garona había una pequeña pradera limitada en dos de sus +extremos por altos paredones. El terreno formaba rápido declive al +acercarse al río, muy profundo en aquel punto, y los únicos dos ó tres +botes visibles estaban amarrados á gran distancia. En el centro del río +anclaban algunos barcos. Ambos combatientes se despojaron prontamente de +sus ropillas y birretes y empuñaron las espadas. En aquella época no se +conocía la etiqueta del duelo, pero eran muy frecuentes los encuentros +singulares como el que describimos, y en ellos, así como en las justas, +habíase conquistado el escudero Tránter una reputación que justificaba +sobradamente la amistosa advertencia de Norbury. Roger no había +descuidado por su parte el diario ejercicio de las armas y podía +considerársele como tirador no despreciable, ya que no de los primeros. +Grande era el contraste que ambos combatientes presentaban: moreno y +robusto Tránter, mostraba el velludo pecho y la recia musculatura de +hombros y brazos, en tanto que Roger, rubio y sonrosado, personificaba +la gracia juvenil. La mayor parte de los espectadores preveían una lucha +desigual, mas no faltaban dos ó tres lidiadores expertos que notaban con +aprobación la firme mirada y los ágiles movimientos del doncel. + +--¡Alto, señores! exclamó Norbury apenas se cruzaron las espadas. El +arma de Tránter es casi un palmo más larga que la de su adversario. + +--Toma la mía, Roger, dijo Gualtero de Pleyel. + +--Dejad, amigos, respondió el servidor de Morel. Conozco bien el peso y +alcance de mi espada y estoy acostumbrado á ella. Nada importa la +desigualdad. ¡Adelante, señor mío, que pueden necesitarnos en la abadía! + +La desmesurada tizona de Tránter dábale, en efecto, marcada ventaja. +Bien separados los pies y algo dobladas ambas rodillas, parecía pronto á +precipitarse de un salto sobre su enemigo, al cual presentaba la punta +de su larga espada á la altura de los ojos. La empuñadura tenía una +guarda de gran tamaño que protegía bien mano y muñeca, y al comienzo de +la cruz, junto á la hoja, una profunda muesca destinada á recibir y +retener la espada del adversario y á romperla ó desarmarlo por medio de +un vigoroso movimiento de la muñeca. En cambio Roger tenía que confiar +por completo en su propia destreza; el arma que empuñaba, aunque del +mejor temple, era delgada y de sencilla empuñadura; una espada de corte +más que de combate. + +Conocedor Tránter de las ventajas que le favorecían no tardó en +aprovecharlas y adelantándose de un salto dirigió á Roger una estocada +vigorosa, seguida de tremendo tajo capaz de cortarlo en dos; pero con no +menos rapidez acudió Roger al doble quite, aunque la violencia del +ataque le hizo retroceder un paso y aun así, la punta de la hoja enemiga +le desgarró el justillo sobre el pecho. Pronto como el rayo atacó á su +vez, mas la espada de Tránter apartó violentamente la suya y continuando +su giro descargó otro tajo terrible, que si bien fué parado á tiempo, +sobrecogió á los espectadores amigos de Roger. Pero el peligro parecía +atraer á éste, que contestó con dos estocadas á fondo, rapidísimas, la +segunda de las cuales apenas pudo parar Tránter, y al trazar el quite su +espada rozó la frente de Roger, tanto se había aproximado éste. La +sangre brotó abundante y cubrió su rostro, obligándole á retroceder para +ponerse fuera del alcance de su enemigo, quien se detuvo por un momento +respirando agitadamente, mientras los testigos de aquella lucha rompían +el silencio que hasta entonces guardaran. + +--¡Bien por ambos! exclamó Germán. Sois tan valientes como diestros y +aquí debe terminar esta contienda. + +--Con lo hecho basta, Roger, dijo Norbury. + +--¡Sí, sí! exclamaron otros; se ha portado como bueno. + +--Por mi parte, no tengo el menor deseo de matar á este doncel, si se +confiesa vencido, dijo Tránter enjugando el sudor que bañaba su frente. + +--¿Me pedís perdón por haberme insultado? le preguntó Roger súbitamente. + +--¿Yo? No en mis días, contestó Tránter. + +--¡En guardia, pues! + +Los relucientes aceros chocaron con furia. Roger cuidó de adelantar +continuamente, impidiendo al enemigo el libre manejo de su larga tizona; +alcanzóle ésta levemente en un hombro y casi al mismo tiempo hirió él +también á Tránter en un muslo, pero al elevar su espada para dirigirle +otro golpe al pecho, la sintió firmemente trabada en el corte hecho con +ese objeto en la hoja del contrario. Un instante después se oyó el ruido +seco que hacía la espada de Roger al romperse, quedándole tan sólo en la +mano un pedazo de hoja de no más de tres palmos de largo. + +--Vuestra vida está en mis manos, exclamó Tránter con triunfante +sonrisa. + +--¡Teneos! ¡se rinde! exclamaron á una varios escuderos. + +--¡Otra espada! gritó Gualtero. + +--Imposible, dijo Rodolfo; sería contra todas las reglas del duelo. + +--Pues entonces, Roger, tirad al suelo ese trozo de espada, aconsejó +Norbury. + +--¿Me pedís perdón? repitió Roger dirigiéndose á Tránter. + +--¿Estáis loco? contestó éste. + +--¡Pues en guardia otra vez! gritó Roger, renovando el ataque con vigor +tal que compensó la pequeñez de su arma. + +Había notado que la respiración de Tránter era fatigosa y se propuso +hostigarle y cansarle, haciendo valer la propia agilidad. Su adversario +paraba como podía aquel diluvio de golpes, atisbando la oportunidad de +acabar el combate con uno de sus mortales tajos; mas ni la corta +distancia á que de propósito se mantenía Roger, ni la prontitud de los +movimientos de éste le permitían usar su larga espada con ventaja. Pero +Tránter, duelista experto, sabía que era imposible sostener dos minutos +más aquel ataque violentísimo y fatigoso cual ninguno y que muy pronto +cedería el nublado de golpes que caían sobre su espada con rapidez +vertiginosa. Así sucedió, en efecto; el cansancio paralizaba ya el brazo +de Roger, su adversario comprendió que había llegado el momento de dar +un golpe decisivo y oprimiendo con fuerza el puño de su acero, saltó +hacia atrás para ganar el espacio que necesitaba.... Aquel movimiento +salvó á Roger; su adversario había retrocedido sin cesar desde la +renovación del combate y llegado sin saberlo á la misma orilla. Al +retroceder una vez más le faltó pie y se hundió en las aguas del +Garona. + +Con una exclamación general de sorpresa precipitáronse todos en auxilio +de Tránter, que había desaparecido por completo en las profundas y +heladas aguas del río. Dos veces apareció sobre ellas su angustiado +rostro y en vano procuró asir los cintos, espadas y ramas que sus +compañeros le tendían. Roger había lanzado al suelo su rota espada y +contemplaba aquella dolorosa agonía con profunda lástima. Todo su furor +habíase disipado como por encanto. En aquel momento apareció por tercera +vez sobre las aguas el rostro contraído del escudero; su mirada se cruzó +con la de Roger y éste, incapaz de resistir aquella muda apelación, +apartó violentamente á un escudero que delante tenía y se lanzó al +Garona. + +Nadador experto, pocas brazadas bastaron para llevarle junto á su +adversario, á quien asió por los cabellos. Pero la corriente era +poderosa y muy pronto comprendió el animoso doncel la dificultad de +sostener á flote el cuerpo de Tránter y nadar al propio tiempo hacia la +orilla. Á pesar de los más vigorosos esfuerzos no parecía ganar una +línea. Dió con desesperación algunas brazadas más y un grito de júbilo +de cuantos estaban en tierra le anunció que había salido de la peligrosa +corriente y llegado á un tranquilo remanso allí formado por una +proyección del terreno. Momentos después caía en su diestra mano la +extremidad del cinto de Gualtero, al que había anudado éste los de +algunos otros escuderos. Asiólo con fuerza, incapaz de seguir nadando un +momento más, pero sin soltar á Tránter. Los escuderos los sacaron del +agua en un tris, depositándolos casi exánimes sobre la hierba. + +Tránter, que no había luchado como su adversario contra la impetuosa +corriente, fué el primero en salir de aquel letargo. Incorporóse +lentamente y contempló á Roger, que no tardó en abrir los ojos y en +sonreirse complacido al escuchar los elogios que todos á porfía le +prodigaban. + +--Os estoy muy reconocido, señor mío, díjole Tránter, con no muy +amistoso acento. Sin vos hubiera perecido en el río, porque soy natural +de las montañas de Varén, donde se cuentan muy pocos que sepan nadar. + +--No pido ni espero gracias, repuso Roger. Ayúdame á levantarme, +Gualtero. + +--El río ha sido hoy mi enemigo, continuó Tránter, pero se ha portado +como bueno con vos, pues á él le debéis la vida que yo iba á +arrancaros.... + +--Eso estaba por ver, repuso Roger. + +--¡Todo ha concluído! exclamó Germán, y más felizmente de lo que yo +creía. Lo que no ofrece duda es que este joven, cuyo nombre me dicen es +Roger de Clinton, ha ganado brillantemente el derecho de pertenecer al +muy honrado gremio de los escuderos de Burdeos. Aquí está vuestra +ropilla, Tránter. + +--Y vos, Clinton, echaos esta capa sobre los hombros y venid cuanto +antes. + +--Lo que más deploro es la pérdida de mi buena espada, que yace en el +fondo del río, suspiró Tránter. + +--¡Á la abadía! exclamaron varios escuderos. + +--¡Un momento, señores! dijo entonces Roger, que había recogido del +suelo su rota espada y se apoyaba en el hombro de Gualtero. No he oído á +este hidalgo retractar las palabras que me dirigió y.... + +--¡Cómo! ¿Todavía insistís? preguntó Tránter sorprendido. + +--¿Y por qué no? Soy tardo en recoger las provocaciones, pero una vez +resuelto á obtener reparación la exijo mientras me quedan fuerzas y +alientos. + +--_Ma foi_, pues bien pocos os quedan ya, exclamó Germán bruscamente. +Estáis blanco como la cera. Seguid mi consejo y dad por terminada la +cuestión, que no os podéis quejar del resultado. + +--No, insistió Roger. Yo no provoqué esta querella, pero ya comenzada, +juro no partir hasta haber obtenido lo que vine á buscar ó perecer en la +demanda. No hay más que hablar; dadme vuestras excusas ó procuraos otra +espada y reanudemos el combate. + +El joven escudero, pálido como un muerto, extenuado con el tremendo +esfuerzo que acababa de hacer para salvar á su enemigo y con la pérdida +de sangre que manchaba su hombro y su frente, probaba sin embargo con su +actitud, sus palabras y su acento que lo animaba una resolución +inquebrantable. El mismo Tránter admiró aquella energía invencible y +cedió ante la gran fuerza de carácter que acababa de demostrar el joven +hidalgo. + +--Puesto que á tal punto lleváis lo que debisteis de considerar como +inocente broma, me avengo á declarar que siento haberos dicho lo que +tanto os ofende, dijo Tránter en voz baja. + +--Y yo deploro también la respuesta que á ello dí, repuso prontamente +Roger. Hé aquí mi mano. + +--Y con esta van tres veces que suena la campana llamándonos á comer, +exclamó Germán mientras todos se dirigían en grupos hacia la abadía, +comentando las peripecias del combate. ¡Por Dios vivo! señor de Pleyel, +dad una copa de buen vino á vuestro amigo en cuanto lleguéis, porque +está transido, sin contar que ha tragado dos azumbres de agua. Confieso +que á juzgar por su aspecto no hubiera esperado de él tanta entereza. + +--Pues yo declaro que el aire de Burdeos ha trocado á mi compañero en +gallo de pelea, porque jamás había salido del condado de Hanson joven +más apacible y modesto que él. + +--¿Sí, eh? Pues también tiene fama de modesto y apacible como una dama +su señor el de Morel; y la verdad es que ni uno ni otro aguantan moscas. +¡Cáspita con el mozo! + + + + +CAPÍTULO XXI + +DONDE AGUSTÍN PISANO ARRIESGA SU CABEZA + + +Abundante y bien servida era la mesa de los escuderos en la abadía de +San Andrés desde que el príncipe Eduardo estableció su corte en aquel +histórico edificio. Allí aprendió Roger lo que el lujo y el buen gusto +significaban, sobre todo al comparar aquellos festines con las frugales +comidas del convento y la parsimonia de la mesa de Morel. Cabezas de +jabalí deliciosamente adobadas, faisanes asados, dulces y cremas nunca +gustados antes, prodigios de repostería, uno de los cuales representaba +en todos sus detalles el exterior del regio palacio de Windsor, tales +fueron algunas de las maravillas culinarias que saboreó Roger en la +antigua abadía francesa. Un arquero se apresuró á llevarle ropas y traje +de los que á bordo del galeón dejara, y después de mudarse y lavar sus +heridas no tardó en recobrar fuerzas y buen humor, olvidado por completo +de la fatiga de aquella mañana. Un paje le anunció que su señor se +proponía visitar aquella noche al canciller de Chandos y deseaba que sus +dos escuderos se alojasen en el hostal de la _Media Luna_, al fin de la +calle de los Apóstoles. Al cual mesón se dirigieron Roger y Gualtero al +anochecer, después de su larga comida y de oir los brindis y canciones +con que pasaron rápidas las horas en compañía de los otros alegres +escuderos. + +Caía menuda lluvia cuando los dos camaradas empezaron á recorrer las +calles de Burdeos, después de dejar bien cuidados sus corceles y el del +barón en las caballerizas del príncipe. No hallaban á su paso más +alumbrado que el muy escaso de tal cual farol de aceite colgado en una +esquina ó á la entrada de las casas principales de la ciudad; pero ni la +semiobscuridad ni la lluvia impedían que las calles siguiesen casi tan +concurridas como en pleno día. Los transeuntes pertenecían á todas las +clases de aquella rica y por entonces bélica ciudad. Allí el obeso +comerciante, cuyo rostro complacido y sonriente, traje obscuro de fino +paño y repleta escarcela pregonaban su riqueza y bienestar. Tras él +modesta sirviente, llevando la encendida linterna que indicaba á su amo +donde poner los pies sin grave tropiezo. En dirección contraria veíase +un grupo de mocetones ingleses, arqueros del condado de Estápleton á +juzgar por el pelícano azul cosido sobre el coleto; gente alegre de +cascos y dura de puños, que bebían á más y mejor y cantaban á voz en +cuello y cuya presencia obligaba al mercader á apresurar el paso, +mientras su fámula ocultaba el rostro con el manto al oir los piropos +nada delicados de aquella turba. No escaseaban los soldados de la +guardia real, los pajes ingleses elegantemente ataviados, las mujeres +del pueblo cuyas agudas voces se oían á gran distancia, parejas de +frailes, filas de ballesteros y hombres de armas, marineros, soldados de +los cuerpos de guardia, caballeros gascones que vociferaban y +gesticulaban según costumbre invariable, campesinos del Medoc, escuderos +ingleses y gascones y tantas otras gentes, que cruzaban en todas +direcciones ó hablaban en grupos, empleando ya las lenguas inglesa, +francesa y del país de Gales, ya el vascuence ó los dialectos de Gascuña +y Guiena. Á veces se abrían los grupos para dar paso á la litera de una +noble dama, ó á los arqueros que con antorchas encendidas precedían á un +caballero de alto rango camino de su alojamiento y procedente de los +festines de la corte. Las pisadas y el relinchar de los caballos, los +gritos de los vendedores ambulantes, el choque de las armas, las voces +de borrachos pendencieros, las carcajadas de hombres y mujeres, todo +aquel clamor se elevaba y se cernía, como la neblina en el pantano, +sobre las calles obscuras y atestadas de la gran ciudad. + +La atención de nuestros escuderos se fijó particularmente en dos +personas que iban delante y en la misma dirección que ellos. Eran un +hombre y una mujer, alto, cojo caído de hombros el primero, que llevaba +debajo del brazo un objeto grande y plano envuelto en negro lienzo. La +mujer era joven y gracioso su andar, pero mal podía vérsele el rostro, +cubierto por tupido manto que sólo daba paso á la brillante mirada de +unos ojos grandes y pardos y descubría uno ó dos rizos de negrísimo +pelo. El hombre se apoyaba pesadamente en el brazo de la joven, y +procuraba proteger cuanto podía el envoltorio que llevaba, evitando el +encuentro de los transeuntes que con él pudieran tropezar en la +obscuridad. La ansiedad evidente de aquel hombre, que parecía llevar +oculta preciosa carga y el aspecto de su compañera despertaron el +interés de los dos jóvenes ingleses que los seguían á dos pasos de +distancia. + +--¡Ánimo, hija mía! exclamó el desconocido en lo que parecía ser uno de +los dialectos de aquella región. Cien pasos más y lo ponemos en salvo. + +--Cuidadlo bien, padre, y no temáis ya, repuso la mujer en la misma +extraña habla. + +--La verdad es que nos rodea una turba de bárbaros, borrachos muchos de +ellos. Cincuenta pasos más, Tita mía, y juro por el bendito San Telmo no +poner otra vez los pies fuera de casa hasta que el enjambre éste se +halle en Dax ó donde lo lleven los demonios. ¡Cómo empujan y aullan! +Procura apartarlos, hija, adelantando un poco el cuerpo. Dale un codazo +á ese animal. Ya es imposible andar. ¡Buena la hemos hecho! + +La multitud apiñada que los precedía formaba allí una barrera +infranqueable y tuvieron que detenerse. Algunos arqueros ingleses +repletos de cerveza se fijaron en la extraña pareja y empezaron á +examinarla con curiosidad. + +--¡Por el rabo de Satanás! exclamó uno, mirad la arrogante muleta que +usa este viejo. No te apoyes tanto en la chica y más en tus piernas, +abuelo. + +--¡Cómo se entiende! dijo otro arquero. Los soldados del rey sin una +muchacha que los mire, porque los viejos franceses se las llevan de +paseo. ¡Vente conmigo, reina! + +--Ó conmigo, paloma. ¡Por San Jorge! la vida es corta y lo mejor es +hacerla alegre. ¡No vuelvan á ver mis ojos el puente de Chester si no le +digo dos palabritas á esta buena moza! + +--¿Qué lleva el lagarto ese bajo el brazo? preguntó un tercero. + +--Á ver, manojo de huesos. Venga el envoltorio. + +Los arqueros rodeaban á la pareja y el hombre, azorado, sin comprender +una palabra de lo que decían, oprimía con una mano el brazo de la mujer +y con la otra apoyaba sobre el pecho el precioso paquete, dirigiendo en +torno miradas suplicantes. + +--¡Ea, muchachos! exclamó Gualtero de Pleyel con imperiosa voz, +apartando al arquero que más cerca tenía. Os portáis como villanos. +¡Quedas las manos, ó puede costaros caro! + +--¡Tened vos la lengua ó más caro ha de costaros todavía! respondió el +soldado más ebrio. ¿Quién sois vos para impedir que los arqueros +ingleses se diviertan? + +--Un escudero palurdo, acabado de desembarcar, dijo otro. ¡Bonito sería +que además de nuestros jefes viniera á darnos órdenes el primer +muchachuelo que abandone á su mamá y se aparezca en Aquitania! + +--¡Por Dios, mis buenos señores! suplicó la joven en mal francés +¡amparadnos! ¡Impedid que estos hombres nos maltraten! + +--Nada temáis, señora, dijo cortésmente Roger. ¡Suelta, rufián! ordenó +dirigiéndose á un arquero que había enlazado con su brazo el talle de la +joven. + +--¡No la sueltes, Bastián! aulló un hombre de armas gigantesco, de +luenga barba negra, cuya coraza brillaba á la tenue luz del farol más +próximo. Y vosotros, mozalbetes, cuidado con tocar esos espadines que +lleváis ú os hago tragar un palmo de hierro en menos que canta un gallo. + +--¡Dios sea loado! exclamó en aquel momento Roger, viendo venir hacia +ellos un casco enorme sobre roja melena, que descollaba entre la +multitud. ¡Á mí, Tristán! Y también Simón. ¡Á mí, compañeros, ayudadme á +proteger á una mujer y un anciano! + +--¡Hola, _mon petit_! gritó Simón con voz tonante, abriéndose paso en un +santiamén y seguido del sonriente Tristán de Horla. ¿Qué pasa aquí? ¡Por +el filo de mi espada! te advierto, Roger, que si vas á proteger á +cuantos se hallen en apuro en esta tierra ya tienes tela cortada para +rato. Pero descuida, que al cabo de un año de aprendizaje en la Guardia +Blanca harás menos caso de lo que digan y emprendan unos cuantos +arqueros calamocanos. ¿De qué se trata, repito? Por ahí viene el +preboste con sus guardias y es muy probable que si no tomáis soleta +tendremos aquí un par de arqueros ahorcados en menos de diez minutos. + +--¡Digo, pues si es este el viejo Simón Aluardo, de la Guardia Blanca! +exclamó el hombre de armas que tan insolente se había mostrado con los +escuderos. ¡Un abrazo, Simón! Por vida mía, tiempo hubo en que desde +Limoges hasta Navarra no se conocía arquero más pronto en conquistar á +una muchacha ó derrengar á un enemigo. + +--No lo dudo, amigo Carlín, repuso Simón, y á fe que no creo haber +cambiado mucho desde entonces. Pero también sabes que ni tomo yo un beso +á la fuerza, ni ataco al enemigo por la espalda y diez contra uno. Al +buen entendedor.... + +Una mirada al resuelto rostro del sargento y á las manazas de Tristán +convenció á los arqueros de que allí nada bueno podrían sacar á la +fuerza. La mujer y su padre comenzaron á abrirse paso sin que nadie +intentase impedírselo y Gualtero y Roger fueron tras ellos. + +--Un momento, camarada, dijo Simón á Roger. Ya sé que esta mañana has +hecho proezas en la abadía; pero te recomiendo alguna prudencia en eso +de sacar la espada á relucir. Mira que he sido yo quien te ha metido en +estos líos y que si te pasa algo lo sentiré de veras, muchacho. + +--Descuidad, Simón, seré prudente. + +--No busques el peligro, _mon petit_, y espera á tener la muñeca algo +más sólida. Oye; esta noche nos reuniremos algunos amigos en la _Rosa de +Aquitania_, á dos puertas de tu hostería de la _Media Luna_, y si +quieres vaciar un vaso en compañía de simples arqueros ¡bienvenido! + +Prometió el doncel reunirse con ellos si se lo permitían sus deberes de +escudero y deslizándose entre los grupos llegó á donde estaba Gualtero, +en conversación con el viejo y la muchacha, en el portal de su casa. + +--¡Gracias, valiente caballero! exclamó el desconocido abrazando á +Roger. ¿Cómo manifestaros mi gratitud? Sin vuestro auxilio y el de +vuestros amigos habría yo perdido la cabeza y sabe Dios qué suerte +hubiera cabido á mi pobre Tita.... + +--No creo que aquellos energúmenos se hubieran propasado á tal extremo, +dijo el joven algo sorprendido. + +--_¡Ah, diavolo!_ exclamó el otro soltando la carcajada, no hablo de mi +cabeza sino de la que llevo aquí bajo el brazo. + +--Quizás estos caballeros deseen entrar y reposar un momento en nuestra +casa, padre mío. Si seguimos aquí puede estallar otro tumulto de un +momento á otro. + +--¡Tienes razón, hija! Entrad, señores. ¡Una luz, Jacobo, pronto! Siete +escalones, eso es. Tomad asiento. _¡Corpo di Bacco_, qué susto me han +dado esos canallas! Pero no es extraño. Tomad un vándalo, un normando y +un alano, mezcladlos con el moro más redomado, emborrachad al aborto +resultante de esa mezcla y ya tenéis un inglés hecho y derecho.... Me +dicen que ahora están invadiendo á Italia, mi patria, como han invadido +á Francia. ¡Qué gente, Dios eterno! En todas partes se meten, menos en +el cielo. + +--Padre mío, dijo la joven mientras ayudaba al anciano á sentarse en +cómoda poltrona, olvidáis que estos buenos señores que nos han protegido +son también ingleses.... + +--¡Mil perdones! Pero ¡quién lo dijera! Mirad, señores míos, estas obras +de arte que aquí tengo; quizás os interesen, aunque entiendo que allá en +vuestra isla no se conoce más arte que el de la guerra. + +Cuatro lámparas iluminaban ampliamente la estancia de artesonado techo +en que se hallaban. Colgadas de las paredes, sobre los muebles, en los +rincones, por todas partes se veían placas de vidrio de diferentes +tamaños y formas, pintadas delicadamente. Gualtero y Roger miraron en +torno asombrados, porque jamás habían visto juntas tantas y tan +magníficas obras de arte. + +--Veo que os gustan, dijo el artista al notar la expresión de grata +sorpresa reflejada en los semblantes de ambos hidalgos. Lo cual me +prueba que no faltan ingleses capaces de apreciar tales fruslerías. + +--Nunca lo hubiera creído posible, exclamó Roger. ¡Qué colorido, qué +perfilado! Admira, Gualtero, este Martirio de San Esteban; no parece +sino que tú ó yo podríamos coger esas piedras ahí pintadas. + +--¿Pues y este ciervo, con la cruz que sobre su cabeza destella como una +aparición portentosa? Es perfecto; no he visto ciervos más naturales en +los bosques de Bere. + +--Mira la hierba, de un verde claro, que parece movida por el viento. +¡Por vida de! Cuanto he pintado hasta la fecha ha sido juego de niños. +Este hombre debe de ser uno de aquellos grandes artistas de quienes me +hablaba el hermano Bartolomé allá en Belmonte. + +Una expresión de profundo contento animó el cetrino rostro del artista +al oir aquellos espontáneos elogios. Su hija se había quitado el manto +que hasta entonces cubriera sus hombros y cabeza y los dos jóvenes +admiraron en ella uno de los tipos más acabados de la belleza italiana, +que muy pronto atrajo toda la atención y las miradas de Gualtero. + +--¿Y qué me decís de esto? preguntó el anciano, desenvolviendo el +paquete que tantas zozobras le había proporcionado. + +Era una lámina de vidrio en forma de hoja enorme y pintada en ella una +cabeza de admirables líneas, rodeada de resplandeciente aureola. Era tan +natural el colorido, tanta la verdad y la expresión del rostro, que +parecía imagen viva, mirando dulcemente á los ojos de Roger. Este +palmoteó, con el entusiasmo que la belleza produce siempre en todo +verdadero artista. + +--¡Es un portento! exclamó; y me admira que hayáis arriesgado por las +calles una maravilla tan frágil como ésta. + +--Confieso que fué grave imprudencia. ¡Un frasco de vino, Tita, pero del +mejor, del florentino! Sin vuestro auxilio no sé qué hubiera sucedido. +Examinad bien la tez; á mí mismo me resulta muchas veces demasiado +obscura, enrojecida por haberse caldeado los colores, ó pálida y falta +de vida. Pero aquí se ven latir las sienes y se siente correr la sangre +bajo esa piel bronceada. La pérdida de este trabajo hubiera sido para mí +una calamidad irreparable. Está destinado á la iglesia de San Remo y +esta tarde fuí con mi hija para ver si ajustaba bien en el marco de +piedra que allí lo espera. Me demoré más de lo que esperaba, cerró la +noche y ya sabéis lo que sucedió después. Pero vos también, hidalgo, +parecéis tener aficiones artísticas. ¿Sois pintor? + +--Apenas me atrevo á responderos afirmativamente después de lo que aquí +he visto, contestó Roger. Criado y educado en el claustro, no fué tarea +muy difícil la de manejar los pinceles mejor que los otros novicios. + +--Ahí tenéis colores, pinceles y cartón, dijo el viejo artista, y no os +doy vidrio porque eso requiere conocimientos especiales y bastante +tiempo. Os ruego que me déis una muestra de vuestro trabajo. Gracias, +hija mía. Llena los vasos hasta el borde. + +Gualtero sostenía conversación animada y al parecer muy interesante con +la hermosa doncella, expresándose él en una mezcla de francés é inglés y +ella en graciosas frases franco-italianas, lo cual no les impedía +entenderse perfectamente. El artista examinaba atento su última y +maravillosa creación para ver si la pintura había sufrido algún rasguño +y en tanto Roger manejaba rápidamente los pinceles, hasta dejar +bosquejadas las facciones y el torneado cuello de bellísima mujer. + +--¡Bravo! exclamó el maestro; sois pintor, no hay que dudarlo y podéis +llegar á serlo muy bueno. ¡Es la cara de un ángel! + +--Decid más bien la cara de mi señora Constanza de Morel, exclamó +sorprendido Gualtero. + +--Algo se le parece, á fe mía, dijo Roger un tanto confuso. + +--¿Con que un retrato? Tanto mejor y más difícil. Joven, soy Agustín +Pisano, hijo del maestro Andrés Pisano y os repito que tenéis mano de +artista. Diré más; que si os quedáis en mi compañía os enseñaré el +secreto de la preparación de esos trabajos sobre vidrio que ahí véis; la +composición de los pigmentos y sus mezclas, cómo espesarlos, cuáles +penetran el vidrio y cuáles no, el caldeado y glaseado de las placas, en +fin, todos los detalles del oficio. + +--Mucho me placería practicar y aprender con tan gran maestro, dijo el +doncel, pero mi deber me obliga á seguir á mi señor, por lo menos +mientras dure la guerra. + +--¡Guerra, guerra! ¡Siempre lo mismo! exclamó Pisano. Y por consiguiente +llamáis héroes y grandes hombres á los que más destruyen y matan. _¡Per +Bacco!_ para hombres notables, de verdadero mérito, dignos de toda +gloria, los artistas que tenemos en Italia, los que edifican en lugar de +destruir, los que han creado las bellezas artísticas de mi noble Pisa, +los que ennoblecen á toda la nación, los Andrés Orcagna, Tadeo Gaddi, +Giottino, Stefano, Simón Memmi, maestros cuyos colores sería yo indigno +de mezclar. Y me ha tocado en suerte el contemplar con mis propios ojos +sus obras inmortales. He visto al anciano Giotto, discípulo á su vez del +gran Cimabue, con anterioridad al cual sostengo que no existía el arte +en Italia y hubo que importar artistas griegos para decorar la capilla +de los Gondi de Florencia. ¡Ah, señores, esos son los grandes hombres, +los bienhechores de la humanidad, cuyos nombres vivirán eternamente! +¡Qué contraste con vuestros soldados, que aspiran á la gloria asolando +comarcas enteras, recorriendo la tierra á sangre y fuego! + +--Pues tengo para mí que tampoco están de más los soldados, observó +Gualtero. De otra suerte ¿cómo podrían esos artistas que nombráis +proteger y conservar los productos de su genio? + +--De los cuales tenemos no pocos á la vista, agregó Roger. ¿Son todos +estos trabajos de vuestra mano? + +--Todos. Notaréis que algunos están concluídos en diferentes placas, que +unidas forman cuadros de gran tamaño. Aquí en Francia tienen á Clemente +de Chartres y algunos otros artífices de mérito, dedicados á esta misma +clase de trabajos. Pero ¿oís? Ya suena otra vez el clarín bélico para +recordarnos que vivimos bajo la mano férrea del conquistador y no en las +regiones donde impera el arte. + +--Señal es esa también para nosotros, dijo Gualtero al oir el toque de +los clarines. Bien quisiera yo permanecer aquí más largo tiempo, rodeado +de tantas cosas bellas--y al decirlo miraba con admiración á la ruborosa +Tita--pero fuerza es volver á nuestra posada y eso antes de que á ella +regrese el señor de Morel. + +Renovaron Pisano y su hija las demostraciones de gratitud, prometieron +los escuderos repetir tan grata visita y habiendo cesado la lluvia, se +dirigieron éstos de la calle del Rey, donde vivía el artista italiano, á +la de los Apóstoles, en cuya esquina ostentaba su muestra la _Hostería +de la Media Luna_. + + + + +CAPÍTULO XXII + +UNA NOCHE DE HOLGORIO EN "LA ROSA DE AQUITANIA" + + +--¿Has visto cara más hermosa, Roger? preguntó Gualtero apenas se +apartaron de la puerta de Pisano. ¡Qué ojos, qué perfil divino! + +--No puedo negar que es bella. ¿Pues y aquel color moreno de las +mejillas y los negrísimos rizos que circundan el óvalo perfecto de la +cara? + +--¿Dónde me dejas los ojos? De mirada tan clara y tan profunda á la vez; +tan inocentes al par que tan expresivos.... + +--Si algún pero se le puede poner está en la barba. + +--Pues no lo he notado.... + +--Graciosamente cortada, eso sí. + +--Una barbilla preciosa, Roger. + +--Sin embargo ¿no te parece que el conjunto hubiera ganado bastante con +medio palmo más de bien poblada barba? + +--¡Ave María Purísima! Pero ¿de dónde has sacado tú que Tita tenga +barbas? + +--¿Tita? ¿Quién habla de ella? + +--¿Pues de quién demonios estás hablando? + +--De la magnífica figura destinada á la iglesia de San Remo, ¿no +recuerdas? Aquella cabeza de santo.... + +--¡Anda, anda! exclamó Gualtero riéndose. Miren con lo que nos sale +ahora. Tú sí que eres un menjurje de vándalo, normando, alano y perro +moro, como nos llamaba á los ingleses el buen Pisano. ¿Quién se acuerda +de cuadros ni pinturas cuando se tiene delante un ángel del cielo, +hechura del mismo Dios, como la incomparable Tita? ¡Quién va! + +--Me manda el sargento Simón, dijo un arquero acercándoseles +apresuradamente, para deciros que el señor barón ha resuelto pasar la +noche en el alojamiento del canciller de Chandos y no necesitará +vuestros servicios. Simón está en esa taberna con algunos camaradas y +dice que si quisierais trincar con nosotros.... + +--Á fe mía, dijo riéndose Gualtero, que con sus cantos y gritos hacen +bastante algazara para anunciar su presencia sin necesidad de guías ni +emisarios. ¡Adelante! + +Á dos puertas se oía el estrépito de la francachela. Entraron por un +portalón bajo y al final de estrecho corredor se hallaron en una gran +sala iluminada por dos antorchas. Junto á las paredes, en casi toda la +extensión del local, montones de paja sobre la cual reposaban veinte ó +treinta arqueros de la Guardia Blanca, sentados ó reclinados sobre el +codo, sin capacetes, coletos ni espadas y con sendos recipientes de +cuero y estaño llenos de cerveza ó vino, según el gusto de cada cual. +Dos toneles colocados en un extremo de la estancia indicaban que no +faltaría con qué llenar de nuevo aquellos enormes cubiletes, cuantas +veces lo exigiese la sed de los arqueros. Junto á los toneles y como +presidiendo la reunión, hallábanse el portaestandarte Reno, Simón, +Tristán y otros tres ó cuatro arqueros veteranos, amén del valiente +Golvín, capitán del _Galeón Amarillo_, que había ido á tomar unos tragos +en compañía de sus alegres compañeros de viaje antes de emprender el de +regreso á Inglaterra. Gualtero y Roger tomaron asiento entre Reno y +Simón, sin que su llegada acallara por un momento el bullicio. + +--¡Cerveza ó vino, camaradas! gritó Simón. Que elija cada cual y no me +vengáis con arrumacos, porque la mezcla emborracha y ha de ser una cosa +ú otra. Aquí está tu cubilete, Rubén, rebosando vino generoso. ¿Sabéis +la noticia, barbilindos? + +--No. ¿Qué es ello? dijeron ambos escuderos. + +--Pues que tendremos torneo. + +--¡Bravo! + +--Sí. El arrogante Captal de Buch se ha empeñado en demostrarnos que él +y otros cuatro caballeros gascones pueden hacer morder el polvo á los +cinco mejores paladines ingleses de cuantos hay en Burdeos á la fecha. +Chandos aceptó el reto sobre la marcha, encargándose de elegir á +nuestros campeones; el príncipe ha prometido una hermosa copa de oro al +que más altos honores obtenga y en toda la corte no se habla hoy de otra +cosa. + +--¿Por qué han de ser los grandes señores los únicos que se diviertan? +preguntó Tristán de Horla. Bien pudieran abrirnos el palenque á los +arqueros y ¡por la cruz de Gestas! que sería cosa de ver cómo +descoyuntábamos á cinco arqueros gascones. + +--Ó cómo otros tantos hombres de armas baldábamos á igual número de +soldados de esta tierra, dijo Reno. + +--¿Quiénes son los mantenedores ingleses? preguntó Golvín. + +--Trescientos cuarenta y un caballeros tenemos hoy en Burdeos, y ya se +han recibido trescientos cuarenta carteles aceptando el reto. El único +que falta es el de Sir Mauricio de Ravens, á quien la gota tiene clavado +en el lecho. + +--Un arquero de la guardia me ha dicho que el príncipe quería romper una +lanza, pero que sus consejeros no se lo han permitido, porque habrá más +de combate que de torneo, tal están que arden los señores gascones. + +--Por lo pronto tenemos á Chandos. + +--Su Alteza le ha prohibido tomar parte en la próxima justa. Chandos +será juez del campo, en unión de Sir Guillermo Fenton y el duque de +Armagnac. Nuestros campeones serán los señores de Abercombe, Percy, +Beauchamp y Leiton, y el invencible barón de Morel. + +--¡Viva! ¡San Jorge le proteja! ¡Buena elección! vociferaron los +arqueros. + +--¡Buena, como hay Dios! exclamó Simón. No hay para un soldado de buena +fibra honra mayor que la de tenerle por jefe. Ya veréis á dónde nos +lleva, muchachos, y en qué aventuras nos mete. Noto que desde su llegada +á Burdeos anda con un parche en un ojo, lo mismo que hizo la víspera de +Poitiers. Pues ese parche va á costar mucha sangre, os lo digo yo. + +--¿Cómo fué lo de Poitiers, sargento? preguntó un joven arquero. + +--¡Cuéntalo, Simón! exclamaron otros. + +--¡Á la salud de Simón Aluardo! dijeron muchos empinando el codo. + +--Preguntádselo á éste, peneques, contestó modestamente el veterano +señalando á Reno. Él vió más que yo, pero ¡por los clavos de Cristo! no +dejé de tomar también parte y buena en aquella tremolina. + +--Gran día fué aquel, dijo Reno moviendo la cabeza y entornando los +ojos; como no espero volver á verlo. Muchos y muy buenos arqueros +cayeron también en la jornada. + +--¿Buenos? Pues no hay más que nombrar á Gofredo, Calvino, el Payo, +Nelson, que antes de caer para no levantarse más se aferró á un gran +señor francés y le cortó la cabeza á cercén. Mejores arqueros no los he +visto en mi pícara vida. + +--¡Pero la batalla, Simón, la batalla! gritaron muchos. ¡Cuenta, cuenta! + +--¡Á callar se ha dicho, moscones! berreó el sargento. "¡Cuenta, Simón!" +Pues no hay cuento que valga hasta que me haya remojado el gaznate. +¡Buena cerveza! Era en el otoño de 1356; nuestro príncipe Eduardo tomó +por Auvernia, el Berry, Anjou y Turena, y de Auvernia os diré que las +muchachas son zalameras y el vino agriado. En Berry dadle vuelta y +aprended que las mozas son hoscas y el vino una bendición. Pero Anjou es +gran tierra para los arqueros decentes, porque allí vino y mujeres son +unas mieles. Lo único que saqué de Turena fué una descalabradura, pero +en Vierzón, en un monasterio de órdago, me hice con un copón de oro por +el cual me dió treinta ducados un judío genovés. De allí, anda que anda +hasta llegar á Bourges, donde me tocó en suerte una túnica de seda +carmesí labrada de oro y perlas, como vosotros no la veréis jamás, y un +par de borceguíes con borlas de seda blanca, lo mismo que los del rey +nuestro señor. + +--¿Los arrebañaste en alguna tienda, Simón? + +--¡Se los quité de los pies á un caballero enemigo, so lagarto! Bien +pensado el caso, me dije que él no había de necesitarlos más, visto que +le salía por pecho y espalda una flecha mía de las gordas.... + +--¿Qué más, qué más? + +--Nos dimos otra zampada de camino, y éramos lo menos seis mil arqueros +cuando llegamos á Isodún, donde también me favoreció la suerte. + +--¿Otra batalla? ¿Otro par de botas, Simón? se oyó decir á los +arqueros. + +--No, algo mejor que eso. En las batallas poco hay que ganar, como no +sean testarazos, á menos que se logre rescate por algún pájaro gordo. Lo +que hubo fué que en Isodún yo y otros tres muchachos de Gales nos +metimos en un caserón muy grande que los otros camaradas pasaron por +alto y allí descubrí y me apropié un cobertor de finas plumas como sólo +los estilan las duquesas de Francia. Tú lo has visto, Tristán, y sabes +si es rico y mullido. Lo acomodé bien envuelto sobre una mula del +vivandero y allá lo tengo en una venta cerca de Dunán, para el día en +que me case. ¿Te acuerdas de la ventera, _mon petit_? preguntó á Roger, +guiñándole el ojo. + +--¡Adelante! vocearon tres ó cuatro arqueros. + +--Eso es, continuó el veterano. Que otros saquen las castañas del fuego +para que vosotros os estéis como unos papanatas oyendo historias con la +boca abierta. ¡Buena cerveza! Nuestros seis mil tunantes, el príncipe y +sus caballeros, yo y la mula con el cobertor de pluma salimos por fin de +Turena, dejando allí sangrienta memoria. En Romorantín topé con una +cadena y unos brazaletes de oro, pero topé también con una mozuela como +un sol, que me los robó al día siguiente. Porque habéis de saber que hay +gentes que no vacilan en apoderarse de lo ajeno.... + +--¡Al grano, Simón! ¡Esa batalla! + +--Todo se andará, cachorros, si me dejáis respirar. Pues sucedió que el +rey de Francia, llamado Juan II, se puso al frente de cincuenta mil +hombres y nos persiguió furiosamente. Pero lo bueno fué que cuando nos +alcanzó, seguro de pasarnos á cuchillo, se halló con que no supo cómo +atacarnos ni cómo cogernos, porque lo esperamos esparcidos por los +vallados y viñedos de unas alturas, hasta donde sólo podían subir por +una ladera y eso al descubierto, ofreciéndonos magnífico blanco. Así +ocultos y protegidos, formaban nuestra derecha los arqueros, con los +hombres de armas á la izquierda, los caballeros en el centro y detrás de +ellos la mula del cobertor. Trescientos caballeros franceses se +dirigieron hacia ella en línea recta, para empezar, y muy valientes y +apuestos parecían, pero los cogió en el camino tal nublado de flechas +que pocos escaparon con vida. Tras ellos subieron al ataque los soldados +tudescos al servicio del rey Juan y pelearon muy guapamente, tanto que +tres ó cuatro se colaron por entre los arqueros y corrieron hacia la +preciosa mula. Pero trabajo inútil, porque ví á nuestro capitán, el sin +par barón de Morel, destacarse del grupo de nobles, con su parchecito +sobre un ojo como lo lleva estos días y despachar á aquellos perdularios +con toda calma. En seguida el barón se lanzó contra el grueso de los +asaltantes, seguido de Lord Abercombe con sus cuatro escuderos del +Chesire y otros de igual temple, tras ellos Chandos y el príncipe y +detrás nosotros con espada y hacha, porque habíamos agotado las flechas. +Muy imprudente fué aquella maniobra nuestra, porque no sólo abandonamos +la protección del terreno sino que dejamos sin defensa á la mula del +vivandero y cualquier taimado francés ó tudesco pudo hacerla prisionera +con el tesoro mío que llevaba encima. Pero todo salió bien, cayeron en +nuestro poder el rey Juan y su hijo, Nelson y yo descubrimos un carro +con doce barriles de vino generoso destinado á la mesa del rey... y no +sé cómo fué, muchachos, pero os aseguro que no me acuerdo de lo que +sucedió después, ni tampoco pudo recordarlo Nelson. + +--¿Y al día siguiente? + +--Como podéis figuraros, no perdimos mucho tiempo por aquellos +andurriales, sino que tomamos al trote el camino de Burdeos, á donde +llegamos sin tropiezo con el rey de Francia y el cobertor de pluma. +Vendí el resto de mi botín, _mes garçons_, por tantas monedas de oro +como cupieron en mi bolsón de cuero y por siete días tuve doce velas +encendidas en el altar del bendito San Andrés, porque sabido es que si +olvidáis á los santos cuando las cosas marchan bien es muy probable que +ellos se olviden de vosotros cuando los necesitéis. + +--Decidme, sargento, preguntó un mozalbete desde el extremo opuesto del +cuarto ¿á qué cuento fué la batalla aquella? + +--¿Ahora salimos con esas, rocín? ¿Pues á qué cuento había de ser sino á +dejar sentado una vez por todas quién había de llevar la corona de +Francia? + +--Bueno es saberlo. Creíame yo que era para averiguar quién debía de +quedarse con vuestro cobertor de pluma.... + +--Mira, hijo, que si me llego á tí con este cinto mío y empiezo á darte +zurriagazos lo vas á sentir de veras, dijo Simón entre las carcajadas de +todo el concurso. Pero se hace tarde, Reno, y cuando los polluelos +empiezan á piar contra gallos viejos como yo, es hora de que vuelvan al +gallinero. + +--¡No, no, venga otra canción! gritaron muchos. + +--¡Que cante Sabas! Como él no hay otro en la Guardia Blanca. ¡Que +cante, que cante! + +--¡Alto ahí! dijo entonces el capitán Golvín. Para entonar unas trovas +como Dios manda nadie mejor que el mocetón éste. Y al decirlo puso la +mano en el hombro de Tristán. + +--Muy cierto es, que á bordo del galeón parecía rugir la tempestad +cuando él cantaba "Las campanas de Milton." + +--Ó "La Molinera de York." ¡Anda, Tristán! + +El exnovicio se pasó el dorso de la mano sobre los labios y mirando á la +pared de enfrente entonó la canción pedida con un vozarrón tremendo. Al +concluir lo saludaron sus oyentes con una tempestad de aplausos y +gritos, y Tristán agarró el vaso de cerveza que halló más cerca y lo +vació de un tirón. + +--La primera vez que canté "La Molinera," dijo modestamente, fué en la +taberna de Horla, cuando ni soñaba ser arquero. + +--¡Otro trago, camaradas! gritó Reno sumergiendo su enorme recipiente de +cuero en el tonel. ¡Á la salud de la Guardia Blanca y de cuantos siguen +el estandarte de las cinco rosas! + +--¡Por la guerra próxima y la victoria segura! brindó el capitán Golvín. + +--¡Por el montón de oro que aguarda á los buenos arqueros! + +--¡Y por las muchachas bonitas! gritó Simón. ¡Y se acabaron los brindis, +canastos! añadió pegando tremebundo puntapié al tonel que tenía más +cerca. + +Con cantos, risas y chanzas fueron desfilando los alegres arqueros, y no +tardó en reinar completo silencio en la poco antes bulliciosa sala de +_La Rosa de Aquitania_. + + + + +CAPÍTULO XXIII + +LAS JUSTAS DE BURDEOS + + +La fama y brillo de la corte que rodeaba al príncipe Eduardo desde su +instalación como Duque de Aquitania, atraían á numerosos caballeros de +toda Europa y los torneos y justas eran por entonces espectáculos que +con frecuencia presenciaban los vecinos de Burdeos. Con los más afamados +paladines ingleses y franceses solían romper lanzas diestros justadores +de Alemania, caballeros de Calatrava, nobles portugueses é italianos y +aun formidables guerreros de la Escandinavia y otras regiones del norte +y del oeste. + +Pero en la ciudad y en toda la comarca fué objeto del mayor interés y de +incesantes comentarios la noticia de que cinco caballeros ingleses entre +los más esforzados habían dirigido un cartel de reto á otros tantos +nobles de la cristiandad, quienesquiera que fuesen. Había gran +curiosidad por ver quienes lo aceptarían y sabíase además que aquellas +justas serían las últimas por entonces, ya que el príncipe se aprestaba +á salir con toda su gente para la guerra de España. La víspera del +torneo llegaron á Burdeos multitud de gentes de todo el Medoc, que +tuvieron que acampar fuera de las murallas, en el llano y á orillas del +Garona. Tampoco faltaron oficiales del ejército acuartelado en Dax, ni +nobles y burgueses de Blaye, Bourg, Libourne, Cardillac, Ryons y otras +muchas villas, que llegaron durante el día y parte de la noche anterior +al combate, á pie, á caballo y en vehículos de todas clases. + +No fué pequeña empresa la de elegir cinco caballeros por banda, cuando +tantos y tan valientes y ganosos de gloria los había congregados allí; y +en poco estuvo que la elección ocasionase una serie de duelos +preliminares que sólo pudieron evitarse con la intervención del príncipe +y de los nobles de más edad y merecimientos. Hasta la víspera del día +fijado para el torneo no se fijaron en la liza, pendientes de sendas +lanzas, los escudos de los campeones, para que los heraldos y el público +supiesen sus nombres y también para que se presentase ante los jueces de +campo toda fundada querella ó protesta contra la participación de +cualquiera de ellos en el torneo. + +Los dos aguerridos capitanes Roberto Nolles y Hugo Calverley no habían +regresado de la expedición á Navarra que el príncipe les encomendara, lo +cual privó á los justadores ingleses de dos de sus mejores lanzas. Pero +eran tantas y tan buenas las que aun quedaban que los señores Chandos y +Fenton, á quienes en definitiva se encomendó la elección, tuvieron que +discutir y pesar uno por uno los méritos y hazañas de muchos aspirantes; +decidiéndose por fin á favor de Morel de Hanson y Abercombe de Chesire, +renombradísimo el primero entre los nobles veteranos y héroe de Poitiers +el segundo. De los caballeros más jóvenes resultaron agraciados tres +brillantes paladines: Tomás Percy, Guillermo Beauchamp y Raniero Leiton. +Desde luego aceptaron el reto inglés todos los caballeros gascones y la +elección, difícil de suyo, favoreció á Captal de Buch, Oliverio de +Clisón, Pedro de Albret, el señor de Mucident y un caballero teutón +llamado Segismundo de Bohemia. Al mirar aquellos diez escudos los +veteranos ingleses se prometían un torneo brillante cual ninguno, pues +eran los mantenedores hombres de gloriosa historia y de valor y esfuerzo +probadísimos. + +--Á fe mía, Chandos, dijo el príncipe mientras cabalgaba junto al +canciller por las estrechas y tortuosas calles de la ciudad, camino del +palenque; bien quisiera yo romper una lanza en estas justas, suponiendo +que los jueces de campo no me creyesen indigno de alternar con tan +famosos campeones. + +--No hay en el ejército mejor ni más digno paladín que vos, señor, +replicó Chandos, pero dadas las circunstancias de este torneo, creedme, +no conviene que participéis en él. No es de vuestro alto cargo el tomar +aquí partido á favor de ingleses contra gascones, ni poneros con éstos +frente á aquellos, lanza en ristre ó espada en mano. Demasiado +sobreexcitados están ya los ánimos. + +--Siempre la razón de estado, Chandos, que vos sacáis á relucir no sólo +en la sala del consejo sino camino de fiesta tan alegre y lucida como +ésta. ¿Y qué piensan de ella mis hermanos de Castilla y Mallorca? +preguntó dirigiéndose á los príncipes españoles, que á su derecha +cabalgaban. + +--Mi opinión es que hoy presenciaremos no pocas proezas, dijo Don Pedro, +en vista de la fama y pujanza de los justadores. + +--¡Por Santiago! observó Don Jaime, otra cosa va llamando mi atención y +es el buen porte y mejores vestidos de esos burgueses de Burdeos que se +agolpan á mirarnos. Rica en verdad debe de ser esta gran villa y holgada +la condición de sus moradores, á pesar de recientes guerras y +trastornos. + +--Pues si el aspecto de los buenos burgueses os admira, repuso Don +Pedro, ¿qué me decís de esos hombres de armas escogidos y de los bien +plantados arqueros? Difícil sería igualar y menos vencer fuerzas tan +apuestas y bien disciplinadas. + +--Con esos soldados cuento, dijo el príncipe inglés, y con otros muchos +como ellos, para hacer entrar en razón á los usurpadores de Castilla y +Mallorca. + +Sonriéronse ambos pretendientes, revelando en sus semblantes la +satisfacción y la confianza con que habían oído aquellas palabras. + +--Y una vez hecha justicia, dijo Don Pedro de Castilla, uniremos las +fuerzas de Inglaterra, Aquitania y España y mucho sería que de tal unión +no resultasen magnas consecuencias. + +--Por ejemplo, agregó el príncipe Eduardo con evidente entusiasmo, +completar para siempre la expulsión de los infieles del territorio de +Europa. No creo que pudiéramos acometer empresa más grata para la Santa +Virgen, excelsa patrona de Aquitania. + +--Ni más aceptable para todo español. En tal empresa cuente Vuestra +Alteza con el apoyo absoluto de nobles y plebeyos, así en León y +Castilla como en Asturias, Navarra, Mallorca y Aragón. Y aun para +perseguir á los moros allende el mar y combatirlos en sus guaridas del +África y de Oriente. + +--¡Sí, por Dios! exclamó el Príncipe Negro. Ese ha sido uno de mis +sueños dorados, ver ondear el estandarte inglés sobre los muros y +mezquitas de la ciudad santa. + +--La conquista de Jerusalén no puede parecer peligrosa ni ardua á +quienes han realizado la conquista de París. + +--Ni me había de contentar yo con eso, sino con el sitio y toma de +Constantinopla y la guerra á muerte contra el Sultán de Damasco. Y +vencido éste, todavía podríamos imponer tributo á las hordas tártaras, +otra amenaza de la cristiandad. Decidme, Chandos, ¿no habríamos de poder +llegar nosotros hasta donde llegó Ricardo Corazón de León? + +--Poder hacerlo es una cosa, replicó el prudente consejero, y otra muy +distinta saber si conviene y debe hacerse. Desde luego, cuente Vuestra +Alteza con que el rey de Francia vería el cielo abierto el día que los +ejércitos ingleses cruzasen el mar, en persecución de los infieles de +Oriente. + +--Os conozco demasiado, Chandos, para no saber que esas palabras os las +dicta vuestra razón, no el temor ni el cansancio de las guerras. ¡Qué +enorme multitud! No recuerdo haber visto tantos curiosos desde el día en +que recorrí las calles de Londres acompañando á mi prisionero el rey de +Francia. + +Un mar de cabezas cubría por completo la vasta llanura que se extendía +desde la Puerta del Norte hasta los primeros viñedos del este de la +ciudad y hasta las orillas del río. Entre los obscuros tonos de aquella +multitud se destacaban ya las toquillas de vivos colores de las mujeres, +ya el casco de un arquero herido por los rayos del sol. En el centro de +la llanura, quedaba el espacio cercado que se destinaba á las justas, +con gradas y tribunas engalanadas con multitud de gallardetes y +banderas. Trabajo costó abrir estrecho paso á los príncipes y su séquito +entre aquella masa compacta, que los saludó con aclamaciones +atronadoras. Tras ellos fueron llegando numerosos nobles y damas +ricamente ataviadas y pronto quedaron llenas las tribunas, relucientes +de oro y pedrería. En el numeroso séquito del príncipe y sus regios +huéspedes figuraban capitanes y cortesanos de Gascuña y España, de +Inglaterra, el Lemosín y Saintonge. En los asientos y gradas encantaban +la mirada las morenas bellezas del Garona y junto á ellas las rubias +beldades inglesas, ostentando unas y otras sus mejores galas. De las +balaustradas de las tribunas colgaban ricos tapices y anchas franjas de +terciopelo en cuyo centro destacábanse, bordados en oro, plata y sedas +de vivos colores, los escudos de armas de cien nobles. No tardaron en +tomar éstos asiento, la multitud y los soldados se acomodaron como mejor +pudieron y los pajes y palafreneros se encargaron de las armas y +monturas de sus señores. + +Los mantenedores ocupaban la extremidad del campo más cercana á las +puertas de la ciudad. Frente á sus respectivos pabellones se veían los +escudos de armas de los cinco campeones ingleses, sostenidos por otros +tantos escuderos; allí las rosas de Morel, las barras gules de Leiton, +el león de Percy, los grifos de Abercombe y las plateadas alas de +Beauchamp. Tras los pabellones piafaban impacientes los grandes caballos +de batalla lujosamente enjaezados. La gran mayoría de los arqueros y +hombres de armas ingleses se agrupaban en aquel extremo de la liza, +ganosos de contemplar y vitorear á sus famosos campeones, que sentados á +la puerta de sus tiendas, armados completamente y con el yelmo sobre las +rodillas, departían tranquilamente sobre el gran suceso del día en que +tan importante parte les tocaba desempeñar. Pero el pueblo gascón no +ocultaba su preferencia por Captal de Buch y sus compañeros, pues la +popularidad de los ingleses había decaído mucho desde las enconadas +contiendas originadas por la captura del rey de Francia y el destino que +debía de darse al regio prisionero. De aquí que no fueran generales, +aunque sí muy nutridos, los aplausos que acogieron la proclamación del +rey de armas, anunciando los nombres y títulos de los caballeros +ingleses que estaban prontos, "por su Dios, por su patria, por su rey y +por su dama," á combatir contra cuantos hidalgos les hiciesen la honra +de romper lanzas con ellos. Más que aplausos, en cambio, fueron +aclamaciones ensordecedoras las que saludaron al heraldo que en el +opuesto extremo de la liza enumeró los nombres popularísimos de los +justadores gascones. + +--Comienzo á creer que teníais mucha razón, Chandos, al aconsejarme que +no tomase hoy partido ni enristrase lanza, dijo el príncipe en voz baja +al notar el estado de los ánimos. Paréceme, señor de Armagnac, que +nuestros amigos de Aquitania no verían con malos ojos la derrota de los +campeones ingleses. + +--Bien pudiera ser, príncipe, como no dudo que en iguales circunstancias +el pueblo de Londres ó Windsor favorecería ó aclamaría á sus +compatriotas. + +--Y no está lejos la demostración palpable de lo que decís, exclamó +riéndose el príncipe, porque allá diviso unas veintenas de arqueros cuyo +vocerío no cede al de la multitud. Mucho me temo que sufran amargo +desencanto si la copa de oro que he ofrecido al vencedor se queda en +Aquitania en vez de cruzar el mar. ¿Cuáles son las condiciones, Chandos? + +--Cada pareja justará no menos de tres veces y la victoria será del +partido cuyos campeones hayan triunfado en mayor número de encuentros +singulares. El que más se distinga entre ellos recibirá el trofeo +ofrecido por Vuestra Alteza, y el más diestro justador de los vencidos +un broche de oro y piedras preciosas. ¿Doy la señal? + +Contestó el príncipe afirmativamente, sonaron los clarines y los +mantenedores fueron entrando en liza uno tras otro y arremetiendo á sus +contrarios, con varia fortuna para ambos bandos. Así, Sir Guillermo +Beauchamp cayó al poderoso golpe de Captal de Buch, pero Percy desarzonó +al de Mucident; Lord Abercombe derribó á su vez al señor de Albret y por +fin el hercúleo Oliverio de Clisón igualó la suerte del combate con la +victoria que alcanzó sobre Sir Raniero Leiton. + +--¡Por Santiago! exclamó Don Pedro, buenas lanzas y grande empuje, tanto +los señores gascones como los ingleses. + +--¿Quién es el próximo adalid inglés? preguntó el príncipe con voz que +denotaba su viva emoción. + +--El barón León de Morel, de Hanson, respondió Chandos. + +--Campeón esforzado y diestro si los hay. + +--Sin duda alguna, señor, pero su vista, como la mía, se halla muy +quebrantada tras largas campañas. Con su poderoso brazo ganó en buena +lid la diadema de oro ofrecida como trofeo por la reina Felipa, augusta +madre de Vuestra Alteza, en las grandes justas con que se celebró en +Inglaterra la toma de Calais. En el castillo de Monteagudo, donde +reside, tiene un tesoro en premios y trofeos. + +--Ojalá vaya á reunirse con ellos la copa de este torneo, dijo el +príncipe en voz baja. Aquí tenemos al paladín alemán y por su aspecto +parece muy temible enemigo. Advertid al rey de armas que les permita +encontrarse por tres veces en la liza, ya que tanto depende ahora del +resultado de este combate. + +Sonaron de nuevo los clarines, hizo el rey de armas la señal que +repitieron los farautes y se adelantó el último campeón de los gascones +entre los vítores desaforados de la multitud. Era un guerrero de gran +talla y fornido cuerpo, con yelmo y armadura negros y escudo sin divisa, +pues prohibían tenerla los estatutos de la orden teutónica á que +pertenecía. Flotaba á su espalda amplio manto blanco que tenía bordada +en su centro la cruz negra orillada de plata de aquella orden. Manejaba +briosamente su soberbio bridón, negro como el azabache y de gran alzada; +y después de saludar al príncipe volvió grupas y ocupó su puesto á un +extremo de la liza. + +Inmediatamente salió el barón de Morel de su tienda y se dirigió al +galope hacia el balconcillo regio, ante el cual detuvo súbitamente al +fogoso corcel con tal fuerza que lo hizo retroceder y alzarse de manos, +á tiempo que el jinete saludaba profundamente. Llevaba el barón +brillante armadura blanca, escudo blasonado y yelmo con largo y airoso +penacho de plumas también blancas. La gracia y viveza de sus +movimientos, el esplendor de su armadura y de los paramentos de su +caballo y los corveteos de éste hicieron estallar unánimes aplausos. El +barón saludó otra vez con singular donaire y se dirigió al punto del +campo frontero al que ocupaba su contrario, haciendo caracolear al noble +bruto y más como quien se dirige á una alegre fiesta que á fiero +combate. + +Tan luego se hallaron frente á frente ambos campeones reinó absoluto +silencio en todo el palenque. Del resultado dependía no sólo la gloria +que pudiera caber al vencedor sino la victoria ó la derrota del bando +que respectivamente representaban. Guerreros ambos de mucha nombradía, +sus proezas los habían llevado á muy distintos países y campos de +combate, sin darles hasta entonces la oportunidad de medirse cuerpo á +cuerpo. Dióse la señal, y puestas las lanzas en los ristres arremetieron +uno contra otro ambos combatientes, encontrándose con tremendo choque +frente á la regia tribuna. Aunque el teutón se estremeció al golpe +furibundo del caballero inglés, su lanza alcanzó á éste en la visera con +fuerza tal que rompió las cintas que sujetaban el casco y éste cayó +hecho pedazos, pero el barón continuó su carrera, descubierta la calva +cabeza que brillaba á los rayos del sol. Millares de pañuelos y gorras +agitados en el aire y un vocerío inmenso acogieron aquella ligera +ventaja del caballero teutón. + +Nada desanimado el de Morel, llegóse á escape á su pabellón y se +presentó á los pocos momentos con otro fuerte yelmo, pronto para la +segunda justa. El resultado de ésta fué tan igual para ambos que los +mejores jueces no hubieran podido adjudicar la victoria á uno ni otro. +Así Morel como el de Bohemia resistieron impávidos el bote formidable +del contrario, que ambos recibieron de lleno en el pecho y sin perder la +silla. Pero en el tercer encuentro la lanza del barón se clavó entre las +barras de la celada del contrario, arrancándole de golpe la visera, á +tiempo que el de Bohemia, con singular mala suerte, desviaba su lanza y +daba con ella fuerte golpe en el muslo de Morel, contra todas las reglas +del torneo, que prohibían herir al contrario de la cintura abajo y +declaraban vencido al que tal hiciera. También daba á Morel aquel +malhadado golpe el derecho de apropiarse las armas y el caballo del +enemigo, si hubiera querido ejercerlo. Los aplausos y gritos delirantes +de los soldados ingleses y el silencio y los ceñudos rostros del pueblo +anunciaron, antes que lo hicieran los farautes, el triunfo de los +primeros, que habían obtenido ventaja en tres encuentros, contra dos que +ganaran los gascones. Ya se habían congregado los diez combatientes +frente á la tribuna del príncipe para recibir dos de ellos el galardón +merecido, cuando el agudo toque de un clarín llamó la atención de los +presentes hacia un extremo del palenque, ganosos todos de ver al +inesperado caballero que así anunciaba su llegada. + + + + +CAPÍTULO XXIV + +DE CÓMO EL ESTE ENVIÓ UN FAMOSO CAMPEÓN + + +Dicho queda que las grandes justas de Burdeos, para las cuales era +estrecha y de todo punto inadecuada la plaza frontera á la abadía de San +Andrés, se celebraban extramuros, en la vasta llanura inmediata al río. +Al este de aquella se elevaba el terreno, cubierto de verdes viñedos en +verano, por entre los cuales serpenteaba el camino que conducía al +interior, muy frecuentado de ordinario pero solitario aquel día en que +todos, así viajeros como habitantes de la ciudad, formaban parte de la +multitud espectadora. + +Mirando en la dirección de aquel camino hubiera podido verse, aun mucho +antes de terminar el combate, dos puntos brillantes y móviles que fueron +acercándose hasta mostrar al observador que procedían del reflejo del +sol sobre los cascos de dos jinetes que se adelantaban al galope en +dirección á Burdeos. Era el primero de ellos un caballero armado de +punta en blanco, que montaba brioso corcel negro con blanca estrella en +la frente. Parecía el jinete de corta estatura pero robusto y ancho de +hombros, y llevaba calada la visera, sin empresa ni blasón sobre el +blanco arnés ni el liso y bruñido escudo. El otro era evidentemente su +escudero, sin más armas ofensivas ni defensivas que su yelmo y la +poderosa lanza de su señor, que empuñaba con la diestra mano. En la +izquierda, además de las riendas de su propia montura, tenía también la +brida de un soberbio alazán con lujosos paramentos que le llegaban hasta +los corvejones. Llegados ambos jinetes con los tres caballos á la +entrada del palenque, dió el escudero aquel vibrante toque que tanto +sorprendió á los espectadores. + +--¿Quién es ese caballero, Chandos, y qué desea? preguntó el príncipe +Eduardo. + +--Á fe mía, replicó el canciller con no disimulada sorpresa, que ó mucho +me engaño ó es un noble francés. + +--¡Francés! exclamó Don Pedro de Castilla. ¿Qué os induce á creerlo si +no lleva blasón ni divisa que lo acredite? + +--Me basta mirar la forma de su armadura, señor, más redondeada en el +codo y las hombreras que cuantas proceden de Inglaterra ó de España. +También podría ser arnés de fabricación italiana, sin la curva especial +del peto; y cuanto más lo miro más seguro estoy de que ese coselete ha +sido hecho por artífices de la parte de acá del Rin. Pero aquí viene su +escudero y no tardará Vuestra Alteza en saber qué lo trae por estos +rumbos. + +Llegado el escudero ante el príncipe detuvo su caballo, tocó por segunda +vez la bocina que llevaba suspendida del cinto y dijo con sonora voz y +marcado acento bretón: + +--Vengo como heraldo y escudero de mi señor, noble y esforzado caballero +y súbdito fiel del muy poderoso rey Carlos de Francia. Sabedor de que se +celebraban estas justas, solicita mi señor la honra de medir sus armas +con un caballero inglés que quiera aceptar su reto, ya rompiendo lanzas, +ya combatiendo con espada y daga, maza ó hacha de armas. Y me ha +ordenado muy expresamente declarar que su cartel va dirigido tan sólo á +los nobles caballeros ingleses, no á los que sin serlo, ni ser tampoco +buenos franceses, hablan la lengua de éstos y sirven bajo la bandera de +aquéllos. + +--¡Osado sois, voto á tal! exclamó el de Clisón con voz tonante, á la +vez que otros señores gascones llevaban la mano á la espada. + +--Mi señor, continuó el enviado sin hacer caso de las palabras de uno ni +del ademán amenazador de los otros, está pronto á justar desde luego, á +pesar de que su caballo de batalla acaba de recorrer largo trecho sin +descanso, pues temíamos llegar tarde al torneo. + +--Tarde habéis llegado, en efecto, repuso el príncipe, pues sólo falta +adjudicar el premio á los vencedores. Pero no dudo que entre estos +caballeros míos los habrá dispuestos á complacer al campeón de Francia. + +--Y cuanto al trofeo, dijo el barón de Morel, seguro estoy de +interpretar los deseos de estos señores al declarar que le será +entregado, á pesar de su tardanza, si logra ganarlo en buena lid. + +--Llevad, escudero, ambas respuestas á vuestro amo, dijo el príncipe, y +pedidle que nombre á uno de los cinco mantenedores ingleses que han +justado hoy para romper lanzas con él. Un momento; ese caballero no +lleva blasón ni divisa y necesitamos conocer su nombre. + +--Mi señor ha hecho voto de no revelar su nombre ni alzar la celada +hasta pisar de nuevo la tierra de Francia. + +--Pero entonces ¿qué garantía tenemos de que no es un rústico diestro en +el manejo de las armas, ó un palafrenero disfrazado con el arnés de su +amo, cuando no un noble deshonrado con quien no se dignaría combatir +ninguno de mis caballeros? + +--¡No hay tal, señor, lo juro por lo más sagrado! dijo el escudero con +vehemencia. Antes bien declaro que no hay en el mundo caballero que no +se tenga por muy honrado en cruzar la espada con quien aquí me envía. + +--Arrogante es la respuesta del escudero, dijo el príncipe, pero +mientras no nos déis mejores pruebas de la noble calidad de vuestro amo, +no consiento que con él justen las mejores lanzas de mi corte. + +--¿Rehusa Vuestra Alteza? + +--Rehuso resueltamente. + +--En tal caso, señor, el mío me ha autorizado para revelar secretamente +su nombre al muy ilustre señor de Chandos, y sólo á él, para que declare +si Vuestra Alteza misma podría ó no romper lanzas con mi señor, sin el +menor desdoro. + +--Acepto la propuesta, dijo vivamente el príncipe. + +Acercóse Chandos al escudero, díjole éste algunas palabras al oído y el +anciano canciller hizo un ademán de profunda sorpresa, á la vez que +miraba con curiosidad é interés evidentes al inmóvil caballero que á +distancia esperaba el resultado de aquellas negociaciones. + +--¿Será posible? exclamó. + +--Es la pura verdad, señor, dijo el escudero. Lo juro por San Iván de +Bretaña. + +--Debí sospecharlo, agregó Chandos retorciendo los largos bigotes y +mirando fijamente al apartado caballero. + +--¿Qué decís, Chandos? preguntó el príncipe. + +--Señor, una gracia os pido. Permitid á mi escudero que me traiga arnés +para revestirlo y tener la alta honra de cruzar la espada con el campeón +francés. + +--Poco á poco, mi buen Chandos. Tenéis, y muy bien ganados, cuantos +lauros puede conquistar un hombre y hora es ya de que descanséis. +Escudero, decid á vuestro amo que es muy bienvenido á mi corte, y que si +gusta de tomar algún descanso y refrescar en mi compañía antes de la +justa, pronto estoy á obsequiarle. + +--Perdonad, señor, no puede beber con Vuestra Alteza. + +--Que designe, pues, al caballero de su elección. + +--Desea justar con los cinco mantenedores ingleses, y con las armas que +cada uno de ellos prefiera y elija. + +--Grande es su confianza, á lo que veo. Pero no es bien prolongar su +espera ni tenemos ya mucho tiempo disponible, pues el sol se acerca al +ocaso. Á vuestros puestos, caballeros, y veamos si este desconocido +iguala con la alteza de sus hechos la arrogancia de sus palabras. + +Mientras duraron aquellos preliminares permaneció el incógnito campeón +inmóvil como una estatua de acero, erguido en la silla de su caballo de +batalla y apoyado en la robusta lanza. El ojo experto de nobles y +soldados adivinaba un adversario temible en aquel hombre de atléticas +formas é imponente aspecto. El arquero Simón, que figuraba en primera +línea con Reno, Tristán y otros camaradas, no escaseaba sus comentarios +más encomiásticos sobre el talante del desconocido y la maestría con que +momentos antes había manejado caballo y lanza. Á fuerza de mirarle +pareció despertarse un confuso recuerdo en la memoria del veterano. + +--Apuesto los bigotes del gran turco, dijo contrayendo las cejas, á que +yo he visto antes al buen mozo ese, aunque no recuerdo dónde. ¿Fué en +Nogent, fué en Auray? Lo que os digo, muchachos, es que estáis mirando á +una de las primeras lanzas de Francia, y cuenta que mejores no las hay +en el mundo y que yo sé lo que me digo. + +--Pues yo digo que todos estos torneos y melindres son pura niñería, +gruñó Tristán de Horla. ¡Por la cruz de Gestas! No sino dejad que me +vinieran á mí con lancitas y puyazos.... + +--¿Pues cómo combatirías tú, Tristán? preguntaron algunos. + +--Varios modos hay de hacerlo, replicó el gigante reflexionando; pero me +parece que yo empezaría por romper mi espada. + +--Eso es lo que todos procuran hacer. + +--¡Ah, no! Pero es que yo no la rompería tontamente sobre el escudo del +otro, sino contra mi rodilla. Y así convertiría lo que no es más que un +pincho inútil en una buena maza. + +--¿Y después? + +--Dejaría que el otro me clavase su espadín en una pierna ó en el brazo, +ó donde mejor le pareciese y luego y con toda calma le estrellaría los +sesos con mi maza. + +--¡Bravo, Tristán! Vamos, que daría yo mi cobertor de pluma por verte +suelto en la liza. ¡Bonita manera de justar la tuya! exclamó Simón. + +--Pues á mí me parece la mejor, dijo muy serio Tristán. Ó si no, +agarraría yo al otro por la cintura, lo arrancaría de la silla quieras +que no y me lo llevaría á mi tienda para no soltarlo hasta que me pagase +un buen rescate. + +Grandes carcajadas acogieron aquella salida del valiente arquero y Simón +prometió hacer todo lo posible para que nombrasen á Tristán rey de armas +y pudiese llevar á la práctica sus peregrinas ideas sobre justas y +torneos. + +--Allí viene Sir Guillermo Beauchamp, dijo Reno. Valiente caballero, +pero temo que no pueda resistir el bote que promete darle la lanza del +francés. + +Y así fué, porque si bien Beauchamp asestó á su contrario fuerte golpe +en el yelmo, recibió en cambio tan furiosa lanzada que lo sacó de la +silla y lo hizo rodar por el suelo. No tuvo mejor suerte el de Percy, +que sacó roto el escudo y desguarnecido el brazo izquierdo, amén de una +ligera herida en el costado. Abercombe dirigió su lanza á la cabeza del +desconocido y éste le imitó, manteniéndose firme y erguido en la silla +después del choque, al paso que el inglés quedó doblado hacia atrás, +medio caído sobre la grupa del caballo, que recorrió la mitad del campo +antes de que el jinete recobrase su posición normal. Leiton cayó á los +golpes de maza del francés, arma elegida por el primero; sus servidores +lo llevaron en brazos á su pabellón. Aquellas rápidas victorias sobre +cuatro famosos guerreros llenaron de admiración á los espectadores, y +así los soldados como las gentes del pueblo le prodigaron sus aplausos. + +--Temible campeón, comentó el príncipe; pero ya se adelanta el bravo de +Morel, á pie y espada en mano, arma en que es quizás el más diestro de +nuestro reino. + +Los combatientes se acercaron llevando al hombro y asidas con ambas +manos las enormes espadas de combate. La lucha fué empeñada y brillante; +se atacaban con denuedo y se defendían con destreza increíble, +menudeando los golpes formidables que resonaban al chocar las espadas +entre sí ó sobre los fuertes arneses. Por fin levantó el francés su arma +para descargar un tajo decisivo, pero aquel momento bastó para que el +barón descubriera un punto vulnerable en la armadura del contrario, y +pronta como el rayo se clavó su espada en el brazo del francés, en la +unión de aquél con el hombro. Poco profunda fué la herida, pero bastó +para hacer brotar la sangre, que trazó roja línea sobre el bruñido peto. +Aunque el desconocido parecía dispuesto á continuar la lucha, el rey de +armas lanzó su dorado bastón á la liza y los combatientes bajaron las +espadas. + +El príncipe dispuso inmediatamente que invitasen al campeón francés á +permanecer algún tiempo en su corte, y si esto no fuera posible, á +sentarse á su mesa aquella noche y descansar algunas horas en Burdeos. +Oyó el caballero el cortés mensaje y se dirigió al trote de su corcel +hacia la tribuna regia, vendado el hombro con blanco pañuelo de seda. + +--Señor, dijo con firme voz, saludando al príncipe; no puedo sentarme á +vuestra mesa. Francés soy y por ende enemigo vuestro. El día más feliz +de mi vida será aquel en que vea desaparecer en el horizonte la última +de las galeras inglesas, llevándose al último de los soldados +extranjeros que hoy pisan y dominan parte de esta tierra de Francia. +Duras os parecerán mis palabras, pero os lo repito, soy vuestro enemigo. + +--Y por las muestras que hoy habéis dado, un enemigo valeroso y temible. +El rey de Francia puede enorgullecerse de tener servidores como vos. +Pero vuestra herida.... + +--Es insignificante y mi caballo puede hacer muy bien la jornada de +vuelta, que emprenderé ahora mismo. Con Dios quedad; y saludando de +nuevo se dirigió al galope á la entrada del palenque y desapareció +seguido de su escudero. + +--Valiente, patriota y altivo, exclamó el príncipe. Tengo para mí que el +justador desconocido de hoy es un gran guerrero francés. + +--No lo dudéis, señor, dijo Chandos, y de los más famosos. + + + + +CAPÍTULO XXV + +DE UNA CARTA Y UNAS RELIQUIAS + + +Cuando Roger se presentó en la cámara del barón al siguiente día, +hallóle muy ocupado en trazar sobre emborronado pergamino unos signos +retorcidos y enormes, que según averiguó después eran un conato de carta +del barón á su esposa. + +--Bien vienes, Roger, dijo alborozado apenas divisó al joven. Confieso +que no soy muy fuerte en achaques de escritura, y aquí me tienes sudando +para contar á mi señora la baronesa muchas cosas que quiero decirle, con +unos garabatos que se empeñan en no salir derechos y que no los +entenderá ella, ni tú, ni yo mismo. + +Sonrióse el fiel escudero, ofreció al barón escribirle en un santiamén +cuantas cartas quisiese y poco tardó en quedar firmada y sellada la en +que el caballero refería ligeramente los principales episodios de su +viaje, el encuentro con los piratas, la desgraciada muerte del joven +escudero Froilán de Roda, su presentación en la corte y cómo se proponía +salir sin tardanza para Montaubán, donde el resto de la famosa Guardia +Blanca de su mando entretenía sus ocios quemando y saqueando. + +--Algo falta, señor, observó Roger, y si me lo permitís.... + +--Escribe lo que gustes, Roger, y agrégalo á mi carta, que cuanto digas +habrá de ser interesante y agradable para mi señora la baronesa. + +Aprovechando el permiso, describió el doncel lo que por modestia callaba +el barón, la gloria alcanzada por éste en combates y justas; aseguró á +la castellana de Morel que la salud del barón era inmejorable, que +todavía quedaban en la escarcela confiada á su guarda muy buenos +ducados y durarían hasta llegar él con su señor á Montaubán, y por +último rogaba á la baronesa que aceptase sus respetos y se sirviese +presentárselos muy rendidos á su hija la sin par Constanza. + +--Muy bien expresado está todo eso, dijo el barón, moviendo satisfecho +su calva cabeza. Y ahora, Roger, si algo quieres escribir á tus +parientes de Inglaterra, lo enviaré con el mismo mensajero que ha de +llevar mis cartas. + +--No tengo parientes, señor, dijo Roger tristemente. Mi hermano es el +único.... + +--Sí, recuerdo cómo os separasteis y te aseguro que no pierdes mucho. +Pero ya que no personas de tu misma sangre ¿no tienes allá alguien que +te sea querido? + +--Oh, sí, replicó el joven, suspirando. + +--Vamos, ya veo. ¿Es hermosa? + +--Bellísima. + +--¿Buena? + +--Como un ángel. + +--¿Y no te ama? + +--No puedo decir que ame á otro. + +--En tal caso, tu deber es hacerte digno de su amor. Sé honrado y +valiente; sin humillarte ante el poderoso, muéstrate afable y dulce con +el pobre y humilde, y á su tiempo te verás honrado con el amor de una +doncella pura y buena, el mayor galardón á que aspirar pueda todo +cumplido caballero. ¿Es tu amada de noble alcurnia? + +--De nuestra más distinguida nobleza, señor. + +--Cuidado, Roger, cuidado. No piques muy alto y recojas desengaños y +amarguras. + +--Vos conocisteis á mi padre, señor barón, y sabéis también lo que vale +el linaje de los Clinton de Hanson.... + +--Rancia é indiscutible nobleza y gloriosa historia. Mas no lo digo por +tus blasones, hijo mío, sino por tu carencia de fortuna. Si fueras tú el +señor de Munster, en lugar de tu bullicioso hermano.... Pero, ó mucho me +engaño ó los pasos que resuenan son los de Sir Oliver. + +No tardó en presentarse el rechoncho caballero, rojo de indignación, con +la inaudita noticia de que acababa de enviar un cartel de desafío á los +señores de Chandos y Fenton, cancilleres del ducado de Aquitania y á +quienes el príncipe encomendara la elección de los caballeros que con +tanto lucimiento sostuvieron el honor de las armas inglesas en el torneo +de la víspera. Atónito el de Morel ante tamaño desplante, averiguó que +el señor de Butrón se sentía ofendido por no haber figurado su nombre +entre los cinco elegidos y se proponía pedir cuenta de aquel desacato á +Chandos y Fenton. Trabajo le costó al barón apaciguar á su alborotado +amigo, quien acabó por confesarle que sólo esperaba saborear un nuevo y +gustoso guiso que en aquel momento le preparaban, para enviar también un +cartel al mismo príncipe. + +--Pero ¿estáis dejado de la mano de Dios? le preguntó el barón. ¿Qué os +ha hecho el príncipe? + +--Me tiene en poco, lo mismo que Chandos, y empieza á convertirme en +blanco de sus pullas y cuchufletas. ¿Sabéis la que me lanzó anoche +después del torneo? Alababa uno de mis amigos la fuerza de mi brazo y el +príncipe tuvo á bien decir que por fuerte que fuera el brazo nunca lo +sería tanto como el espinazo de mi caballo. Gracia ésta que fué recibida +con gran risa por todos los presentes. + +Rióse también el barón, volvió á calmar á su pletórico amigo lo mejor +que supo y pudo, y viéndolo ya más dispuesto á gozar de sus guisos y +golosinas que á seguir lanzando retos á troche y moche, se despidió de +él hasta verse de nuevo en Dax. Sir Oliver se encargaba de mandar los +doscientos hombres de Morel y conducirlos á Dax en unión de sus +cincuenta ganapanes, mientras el barón anticipaba su salida de Burdeos +para dirigirse á Montaubán, tomar el mando del resto de la Guardia +Blanca que por allí merodeaba y reunirse al grueso del ejército en Dax +antes de que el príncipe emprendiese la marcha con dirección á España. + +--Tú, Gualtero y el sargento Simón me acompañaréis, y también otro +arquero que Simón elija para que cuide de mis armas y arnés, dispuso el +barón. + +Poco después salía éste de Burdeos acompañado de Gualtero de Pleyel y +dos horas más tarde se ponían en su seguimiento Roger, Simón y Tristán +de Horla, para quienes el primero tuvo que procurarse dos caballejos de +las Landas, de tan pobre apariencia como excelentes cualidades. Por el +camino iba pensando Roger, mientras sus dos compañeros departían +animadamente, en la conversación que poco antes había tenido con el +barón y se preguntaba si debió de haber completado su confesión +revelándole que no era otra su adorada que la bella heredera de Morel. +¿Cómo hubiera acogido éste semejante declaración? Desde luégo, declarado +había que por su nobleza podía aspirar á la mano de la más linajuda +dama, sin otro obstáculo en su camino que la falta de bienes de fortuna. +Por primera vez en su vida deseó tenerlos, y aunque no dudaba del amor +de Constanza, sabía también que la hechicera joven no le daría su mano +sin contar antes con la plena aprobación de su padre. + +--¿Dónde dijo el capitán que le encontraríamos? preguntó á la sazón el +veterano arquero, volviéndose hacia Roger y sacándolo de sus +meditaciones. + +--En Marmande ó Aiguillón, y añadió que no había extravío posible porque +desde Burdeos hasta los dos pueblos nombrados no hay otro camino que +éste que seguimos. + +--Y que yo conozco como la palma de mi mano, dijo Simón. Quiera mi buena +suerte que al regreso lo recorra tan bien provisto de botín como la +última vez que por él pasé. ¿Véis á lo lejos aquel pueblecillo con el +castillejo feudal? Pues es Cadillac, nombre y lugar que tengo en la +memoria gracias á la taberna que estas gentes llaman del _Mouton d'Or_ y +que yo llamaría del buen vino, que probaremos muy pronto. Á orillas del +Garona veremos después el villorrio de Bazán, donde me detuve tres días +á mi regreso de la última campaña; y la culpa fué de las hijas del +talabartero del lugar, tres pimpollos á cual más rozagante y á las +cuales dí palabra de casamiento. + +--¿Á las tres? + +--El diablo enredó las cosas de manera que no hubo medio de dejar una ó +dos buscando novio. Lo cual hubiera sido de muy mal gusto, á fe mía, y +más tratándose de un arquero galante, porque son á cual más bonita y el +diablo me lleve si hubiera yo podido preferir y elegir una de las tres. + +--Pedigüeño tenemos, dijo en aquel punto Tristán, señalando hacia un +árbol cercano á cuya sombra se sentaba un viejo, cubierto desde el +cuello hasta los descalzos pies con tosco sayal gris de triple esclavina +y llevando un grasiento sombrero de anchas alas con tres conchas +cosidas en hilera al frente de la copa. + +--Diría que es un religioso ó peregrino, á no ser por las extrañas +mercancías que parece tener de venta, dijo Simón. + +Acercándose vieron que sobre una tabla que delante tenía se hallaban +colocados en línea algunos trozos de madera, varias piedras y un clavo +de buen tamaño. + +--Socorred, señores, á un pobre peregrino, exclamó el viejo, que perdió +la vista de sus ojos después de contemplar con ellos los Santos Lugares +y que no prueba bocado desde hace dos días. + +--Pues nadie lo diría al ver lo repleto y lucio que estáis, buen hombre, +dijo Simón mirándole atentamente. + +--Con esas ligeras palabras no hacéis más que aumentar mi pena, dijo el +ciego. Me véis repleto y obeso al parecer y por ende me creéis bien +comido, cuando lo que en realidad me hincha y me mata es una hidropesía +incurable. + +--¡Pobre hombre! murmuró Roger. + +--¡Mala centella me parta si vuelvo á decir palabra! exclamó el arquero +arrepentido. + +--No juréis, dijo el peregrino, y por lo que á mí toca os perdono de +corazón. Mis desgracias y mi desamparo han llegado á tal extremo que por +fin me veo obligado á deshacerme de mis tesoros para procurarme algunos +recursos con que terminar mi viaje. Voy al santuario de Nuestra Señora +de Rocamador y allí espero acabar mis días. + +--¿Y qué tesoros son esos de que habláis? + +--Helos aquí, sobre esta tabla. Ante todo este clavo, uno de los que +contribuyeron al infame suplicio que tuvo por consecuencia la redención +de la humanidad. Obtuve esta reliquia invaluable de los descendientes de +José de Arimatea, que viven todavía en Jerusalén. + +--¿Y esas piedras y maderas? preguntó Tristán, no menos sorprendido que +sus compañeros. + +--Una astilla de la verdadera cruz, otra del arca de Noé y la tercera de +la puerta del gran templo de Salomón. De los tres cantos que aquí tengo, +el menor fué uno de los que le arrojaron á San Esteban sus crueles +verdugos, y los otros dos proceden de la torre de Babel. Mucho me ha +costado obtener estas preciadas reliquias y por todo el oro del mundo no +me hubiera separado de ellas; pero próximo á morir, porque siento que +mis días están contados, os ofrezco las que queráis, al precio que +vuestros recursos os permitan ofrecerme. + +Transportado Roger y sin reflexionar gran cosa, se volvió hacia sus +compañeros diciéndoles: + +--Ocasión como esta no volverá á presentársenos en toda la vida. Sin el +clavo ese no me quedo, y se lo he de llevar y ofrecer á la abadía de +Belmonte. + +--Como yo le llevaré á mi madre esa piedra que le arrojaron al santo, +dijo Tristán. + +--Pues á mi vez prefiero la astilla de las puertas del templo, dijo por +su parte Simón, y aquí os entrego tres ducados, de cuatro que me quedan. + +--Y aquí van dos más, agregó Tristán. + +--Y cuatro míos, dijo Roger. + +Con lo cual se despidieron del piadoso y cuitado peregrino, llevándose +aquellas venerables reliquias tan impensada cuanto fácilmente +adquiridas. + +Lo malo fué que á poco andar dieron con una herrería, donde se +detuvieron para atender al caballo de Simón, que mucho necesitaba los +servicios del herrero. En conversación con éste, contóle Simón su +reciente encuentro y la gran compra que habían hecho; ver el rústico las +reliquias y echarse á reir fué todo uno, y asiendo un cajón lleno de +luengos clavos se lo presentó á Roger. + +--Mirad, le dijo, si vuestro clavo no es uno de estos y si los cascorros +y astillas del santo varón no proceden del montón aquel que está á mi +puerta y donde yo mismo se los ví tomar no hace dos horas y meterlos en +su zurrón. El clavo me lo pidió él mismo y yo se lo dí. ¡Por vida de! +Sobrado crédulos sois para soldados. + +Oir aquello y echar á correr en busca del tramoyista viejo fué todo uno. +Á poco lo vieron en lo alto de una cuesta que formaba el camino, pero +también los divisó él á buena distancia y suponiendo la embajada que +llevaban, prescindió de su ceguera y dejando el camino se metió por los +jarales y ganó el bosque, dejando más que mohinos á los tres amigos, tan +bonitamente burlados. + + + + +CAPÍTULO XXVI + +DONDE SE AVERIGUA QUIÉN ERA EL MISTERIOSO PALADÍN + + +En Aiguillón, á donde llegaron aquella noche, los esperaban el barón de +Morel y el risueño Gualtero, cómodamente instalados en la hostería del +_Bâton Rouge_. El noble inglés sostenía interesante coloquio con un +afamado caballero del Poitou, Gastón de Estela, que acababa de llegar de +Lituania, donde había servido con los caballeros teutones á las órdenes +del gran maestre de Marienberga. Complacidísimo el señor de Morel con +aquel encuentro, se pasó las horas muertas hablando de campañas, +asedios, justas y aventuras y amanecía cuando se despidió del de Estela. +No le impidió esto ponerse en camino á la temprana hora que había fijado +la víspera, y dejando en Aiguillón el curso del Garona, tomó con sus +cuatro acompañantes por la orilla del Lot, no ya en dirección de +Montaubán sino de Villafranca, por donde, según noticias recogidas en el +camino, andaban sueltos unos arqueros ingleses más malos que Caín y que +desde luego supuso eran los mismos á quienes buscaba y de quienes era +capitán. Numerosos indicios revelaban la agitación y el estado de alarma +predominantes en aquella comarca y más de una vez se vió cercada y +detenida la pequeña cabalgata por numerosos grupos de vecinos armados, á +quienes tuvieron que dar cuenta del objeto de su viaje, so pena de +hacerse sospechosos y verse metidos en un mal lance. + +--Bien se echa de ver que la paz de Bretigny no ha procurado gran +sosiego á esta región, dijo el señor de Morel. En ella parecen haberse +congregado cuanto malsín y aventurero quedaron por Francia y Aquitania +después de la guerra, gente sin fe ni ley que vive del despojo y la +violencia. Aquellas altas torres que allí véis pertenecen á la villa de +Cahors, y más allá queda la tierra de Francia. + +En Cahors descansaron los caminantes, sin incidente ni aventura que +merezcan relato aparte, y al dejar aquella población se apartaron +también de las orillas del río, tomando una senda estrecha y tortuosa +que atravesaba extensa y desolada llanura. Limitábala por el sur +frondoso bosque, al salir del cual anunció el barón á sus escuderos que +habían dejado atrás los dominios de Inglaterra y pisaban el territorio +francés. Por todas partes se veían montones de ruinas, árboles y campos +quemados, viñedos cubiertos de piedras, puentes destrozados y aquí y +allá un castillo ó un monasterio convertidos en escombros; señales por +doquier del asolamiento y la rapiña. Aquel espectáculo contristó el +ánimo de los viajeros y el barón empezó á preguntarse con recelo si en +tal yermo hallaría provisiones para su pequeña tropa. Grande fué por lo +tanto la satisfacción de hidalgos y arqueros al notar que el sendero +desembocaba en ancho camino y que á poca distancia del cruce se veía una +casa intacta, grande y cuadrada, una de cuyas ventanas ostentaba la +enorme rama seca que anunciaba un mesón ó paradero. + +--¡Ya era tiempo, vive Dios! exclamó el barón regocijado. Adelántate, +Roger, y dí al dueño de esa hostería ó taberna ó lo que sea que prepare +alojamiento para un caballero inglés y sus servidores. + +Picó Roger espuelas á su caballo y llegó á la puerta de la casa, dejando +á sus compañeros á un tiro de ballesta. No viendo alma viviente, empujó +la entornada puerta, entró en el zaguán y llamó á gritos al mesonero. Ni +por esas; y como no era cosa de quedarse plantado allí, el joven +escudero se coló bonitamente en una gran pieza que á la izquierda +quedaba y en cuyo hogar chisporroteaban y ardían con alegre llama unos +gruesos troncos. Junto al fuego y sentada en un sillón de baqueta de +altísimo respaldo, hallábase una dama cuya edad no pasaría de los +treinta y cinco, y cuyos ojos, cejas y cabellos negrísimos contrastaban +con la extremada blancura de la tez. Pero más que su hermosura llamaban +en ella la atención su aire majestuoso y digno y la expresión grave y +pensativa del semblante. Sentado frente á ella en un escabel se hallaba +un hidalgo de robusta apariencia, cuyos anchos hombros cubría holgada +capa negra y que tenía puesta una gorra de terciopelo negro también, con +rizada pluma blanca. Sobre la tosca mesa cercana se veían un jarro de +vino y un cubilete de estaño, que el hidalgo llenaba y vaciaba de cuando +en cuando; al entrar Roger se ocupaba en partir y comer nueces, de las +que había un plato lleno sobre la mesa y cuyas cáscaras arrojaba entre +las llamas del hogar. Volvió un tanto el rostro para mirar á Roger y +éste contempló con sorpresa unas facciones deformes, cruzadas de +cicatrices, unos ojillos verdosos y la nariz abollada y torcida como si +hubiera recibido tremendo golpe. + +--¿Sois vos el que así vocea? exclamó con voz gutural y desabrido +acento. ¿Habráse visto jovenzuelo con más frescura y menos miramientos? +Ganas tengo de coger mi látigo y daros una lección que bien necesitáis. + +El asombro de Roger creció de punto, sobreponiéndose á su indignación y +por algunos instantes permaneció inmóvil, mirando al insolente caballero +y sin saber cómo contestarle en presencia de la dama. En aquel momento +llegaron á la puerta el barón, Gualtero y los dos soldados y echaron pie +á tierra; mas apenas oyó el desconocido sus voces y la lengua en que +hablaban, enfureciósele el rostro y arrojando con fuerza al suelo el +plato de nueces empezó á dar voces desaforadas llamando al hostalero. +Acudió éste pálido y temblando y dirigiéndose á la puerta de la casa +dijo en voz baja á los recién llegados: + +--No lo encolericéis, mis buenos señores, por el amor de Dios lo pido. + +--¿Qué decís? ¿De quién se trata? preguntó el barón. + +Antes de que Roger pudiera explicarse resonó de nuevo la voz del +irritado huésped: + +--¿Pero qué sentina es ésta? gritó. ¿No os pregunté al llegar, posadero +de los demonios, si estaba vuestra casa limpia de sabandijas, para que +pudiera alojarse en ella mi noble esposa sin asco ni molestias? + +--Y os contesté, poderoso señor, que está limpia como una patena, +replicó el otro humildemente. + +--¿Pues cómo se entiende, bellaco, que apenas llegados á ella oigamos ya +la charla de esos condenados ingleses? ¿Qué peores ni más dañinas +sabandijas para un buen caballero francés? ¡Que se larguen pronto, +maese, y de lo contrario, tanto peor para ellos y para vos! + +No se lo hizo repetir el posadero, que salió corriendo de la estancia, á +tiempo que la dama protestaba dulcemente contra el violento lenguaje del +caballero. + +--¡Por amor de Dios! dijo el atribulado posadero á los ingleses, hacedme +la merced de seguir vuestro camino. Villafranca no dista más de dos +leguas y allí encontraréis cómodo alojamiento en la posada de Anjou. + +--No haré yo tal, dijo el barón de Morel, sin ver antes á quien así +habla y decirle dos palabras. ¿Cuáles son su nombre y sus títulos? + +--Imposible nombrarle, señor, sin su permiso. Pero ved que si entráis +montará en ira y entonces.... Creedme, mi buen señor; ¡no sabéis de +quién se trata! Discreto sois, avisado estáis; ¡seguid, por merced, +vuestro camino! + +--¡Calle el ventero! exclamó furioso ya el noble inglés. Ó mejor, id á +decir á ese tan formidable caballero que aquí está y aquí se queda el +barón León de Morel, porque así le place y sin que él ni nadie sea osado +á impedírselo. ¡Id! + +Azorado el pobre hombre y sin saber á qué santo encomendarse, dió +algunos pasos por el zaguán, cuando se abrió de golpe la puerta interior +y apareció el furibundo francés, cerrados los puños y las deformes +facciones convulsas por la ira. + +--¡Todavía estáis ahí, perros ingleses! gritó. ¡Mi espada, venga mi +espada! Pero en aquel instante se fijaron sus ojos en el escudo +blasonado del barón, sostenido por Tristán, y después de contemplarlo un +instante suavizóse la expresión de su semblante y apareció en sus labios +una sonrisa. + +--_¡Mort Dieu!_ exclamó, ¡pues si es mi espadachín de Burdeos! Las cinco +rosas. Motivos tengo para recordarlas desde que las ví, no hace tres +días, en las justas del Garona. ¡Ah, señor León de Morel, tengo +contraída con vos una deuda! y al decir esto señaló su hombro derecho, +vendado con un pañuelo de seda. + +Pero la sorpresa del desconocido al ver al barón no pudo compararse con +la de éste. Miró fijamente al herido y por fin exclamó con acento que +revelaba su profundo regocijo: + +--¡Bertrán Duguesclín! + +--El mismo que viste y calza, replicó el otro riéndose. Bien hice, á fe +mía, en ocultar el rostro allá en Burdeos, pues quien lo ve una vez +jamás lo olvida. Yo soy, señor de Morel, y hé aquí mi mano, que jamás +estrechará otras manos inglesas que la vuestra y la de Chandos. + +--No soy joven, repuso el barón, y las guerras han añadido algunos años +á los que ya tengo, pero hasta ahora no me había otorgado el cielo la +merced y la honra de cruzar mi espada con otra de tan limpia y merecida +fama como la que me opusisteis vos en la liza de Burdeos. ¡Feliz yo mil +veces! Imposible me parece todavía haber tenido tan alta honra. + +--¡Voto á! Motivos me habéis dado para no dudarlo, querido barón, dijo +el famoso guerrero con gran risa. Pero venid, y entren también vuestros +escuderos. No quiero privar á mi amada compañera del placer de ver en +vos á un modelo de nobles, aunque inglés, y á un guerrero famoso. + +Recibiólos la noble dama con bondadosa sonrisa y á los pocos minutos de +conversación se había conquistado ya todo el respeto y toda la +admiración de Morel y sus escuderos. Con el aire de una reina y las +maneras de la más aristocrática dama, poseía un tacto incomparable, un +encanto que á todos seducía. Únase á esto el misterio de que la rodeaba +la creencia general de que poseía una facultad sobrenatural, la de +adivinar y predecir lo futuro y se comprenderá la impresión vivísima que +produjo en los tres hidalgos ingleses. + +El mismo Duguesclín observaba con evidente satisfacción el interés que +en ellos despertaban la conversación amena de su esposa, sus puras y +elevadas ideas y la ilustración nada común de que daba clara muestra sin +la menor pesadez ni afectación. + +--Perdonad, dijo por fin el guerrero francés. Tan noble y grata compañía +merece digno albergue y este ventorrillo no puede ofrecéroslo para pasar +la noche. Aprovechemos el poco tiempo que nos queda para montar á +caballo y llegar al castillo de Tristán de Rochefort, situado á una +legua de Villafranca y al cual nos dirigíamos cuando resolvimos +descansar aquí algunas horas. Es el señor de Rochefort antiguo +compañero de mis campañas y hoy senescal de Auvernia. + +--Y os recibirá en palmas, á no dudarlo, dijo el barón. Mas ¿qué pensará +el senescal de nuestra llaneza? + +--Pues os bendecirá cuando sepa que venís á limpiar la comarca de esos +tunantes uniformados que la devastan. ¡Á caballo, señores! Y vos, maese, +aquí tenéis unas monedas de oro; si algo sobra, tenédselo en cuenta al +primer caballero necesitado que por aquí aporte. + +Momentos después cabalgaban ambos señores y la dama entre ellos, +escoltados por el joven Pleyel. Habíase retardado Roger en el mesón +llamando á los arqueros, cuando oyó una voz angustiada pidiendo favor á +gritos. Acercóse á la puerta de la estancia de donde procedían las voces +y se halló de manos á boca con Simón y Tristán, que se reían á +carcajadas y se dirigieron apresuradamente á la puerta del caserón, +donde los esperaban sus monturas. Entró Roger en la habitación y quedó +atónito al ver que de un fuerte garfio de hierro pendiente del techo +colgaba un hombrecillo que era quien tan desaforadamente gritaba. El +garfio lo tenía sujeto por el cinto y el infeliz manoteaba y perneaba +como un poseído. + +--_¡À moi, mes amis!_ seguía berreando, cárdeno el rostro. ¡Favor al +campeón del Obispo de Montaubán! _¡À moi!_ + +Llegó el ventero en aquel instante, precipitóse con Roger en auxilio del +colgado, para lo cual tuvieron que subirse sobre la pesada mesa de +encina en la que se veían los restos del refrigerio de ambos arqueros, y +no sin trabajo lograron desenganchar al campeón del obispo. + +--¿Se ha ido? preguntó apenas puso los pies en el suelo. + +--¿Quién? + +--El gigante, el monstruo de la cabellera roja. + +--¡Ah, vamos! Tristán el arquero. Sí, se ha ido, dijo Roger. + +--¿Y no volverá? + +--No. + +--¡De buena ha escapado! exclamó el hombrecillo dando un suspiro de +satisfacción. ¡Cobarde! ¡Atreverse conmigo y huir! ¡Ah, de haberme +esperado hubiera hecho con él un escarmiento, como hay Dios, para +ejemplo de pícaros! + +--Permitidme, señor de Pelisier, dijo el ventero, que ponga á vuestra +disposición mi caballejo, con el cual no tardaréis en alcanzar al +descortés arquero. + +--Ni pensarlo, exclamó apresuradamente el fanfarrón. Tengo estropeada +una pierna desde el día en que maté á tres enemigos, en el combate de +Castelnau. + +--¡Pues corro á buscarlo yo mismo, para que lo castiguéis cual se merece +quien de tal suerte ofende á mi buen parroquiano, el señor Oscar +Reginaldo Bombardón de Pelisier! + +--_¡Pas si vite, mon ami!_ Yo sabré buscarlo en su día. Imaginaos el +destrozo que sufriría vuestra hacienda si ese gigante y yo trabásemos +aquí descomunal combate. + +En aquel momento se oyó el trote de un caballo que se detuvo á la puerta +de la hostería, palideció el prudente Pelisier y se agazapó bajo la +mesa, á tiempo que se oía la voz de Gualtero llamando á Roger. Dejó éste +la venta con su compañero y pronto alcanzaron á los dos arqueros. + +--Bonita manera de tratar al señor Bombardón de Pelisier, dijo Roger á +Tristán con fingida severidad. + +--No lo hice adrede... comenzó á decir el mocetón, á la vez que Simón +prorrumpía en sonoras carcajadas. + +--¡Por el filo de mi espada! exclamó. Fanfarrón más insoportable no +espero volver á verlo en mi vida. Se negó á comer y beber con nosotros y +aun á dirigirnos la palabra. Después empezó á contar sus proezas á las +vigas del techo y acabó diciendo que había matado más ingleses que pelos +tenía en la cabeza. Iba yo á despanzurrarlo de un puntapie, cuando este +mameluco alargó su manaza y agarrando á Bombardón me lo colgó del gancho +como un cochinillo ó un trozo de cecina. ¡Por vida de! ¡Ja, ja, ja! + +Reíanse todavía de la aventura los cuatro amigos cuando alcanzaron á su +capitán y poco después llegaron todos al castillo de Rochefort, cuyas +puertas se les abrieron de par en par apenas oyeron los que las +guardaban el nombre de Bertrán Duguesclín. + + + + +CAPÍTULO XXVII + +VISIÓN PROFÉTICA + + +Tristán de Rochefort, senescal de Auvernia y señor de Villafranca, había +encanecido peleando contra los invasores ingleses y desde que se firmó +la paz no había tenido punto de reposo, persiguiendo á las partidas de +aventureros, salteadores y vagos que infestaban la comarca de su mando. +De aquellas excursiones regresaba unas veces vencedor, con una docena de +prisioneros que no tardaban en aparecer ahorcados sobre los muros de la +fortaleza; y otras se le veía volver huyendo y perseguido de cerca por +desertores y bandidos de todas razas y cataduras. Odiado por sus +enemigos, lo era también por los mismos á quienes gobernaba y defendía, +pues aparte de su dureza y despotismo no le perdonaban los azotes y las +torturas con que les había obligado á pagar su propio rescate, las dos +veces que los ingleses lo habían hecho prisionero. + +Su residencia era una sombría fortaleza de sólidas murallas y con alta +torre almenada en su centro. Numerosa era la guardia que nuestros +viajeros hallaron á la puerta del castillo, pero la doble águila de +Duguesclín ofrecía por entonces el mejor salvoconducto para viajar en +aquella turbulenta región y era también llave de oro capaz de abrir +todas las fortalezas de Francia. El noble veterano acudió presuroso á +recibir á su amigo y compañero de armas; y fué grande su júbilo al saber +que el acompañante de Duguesclín no tardaría en librar al país de +aquellos endemoniados arqueros ingleses que más de una vez habían puesto +en fuga á los soldados del senescal enviados contra ellos. + +Una hora después tomaban asiento en torno de la bien servida mesa los +tres nobles guerreros y las damas de Duguesclín y Rochefort, alegre y +amable esta última y mucho más joven que su dueño y señor; otros dos +huéspedes del senescal eran Amaury de Monticourt, de la orden de los +Hospitalarios y Otón Reiter, caballero bohemio de gran fama, y también +tomaron asiento con sus señores cuatro escuderos franceses, los dos de +Morel, Roger y Gualtero y el capellán de la fortaleza. Larga y alegre +fué la cena, sin que uno siquiera de los comensales se acordase de los +rencorosos y hambrientos pecheros que en aquellos mismos instantes, +ocultos entre la maleza, contemplaban desde lejos y con ideas de +venganza y muerte las ventanas iluminadas del castillo. + +Levantados los manteles, tomaron cómodo asiento los huéspedes del +senescal en torno de un gran fuego, porque estaba la noche desapacible y +fría. El señor de Rochefort manifestó como de costumbre el desprecio que +le inspiraban los que él llamaba guardadores de cerdos y soeces +villanos; defendió el bondadoso capellán á las pobres gentes del pueblo; +comentóse la osadía creciente de los pecheros y su menguante respeto por +los privilegios de la nobleza y en amena plática pasaron agradablemente +las horas. Rato hacía que Roger contemplaba con interés y no sin alguna +alarma el rostro de la noble esposa de Duguesclín, que hundida en su +sillón parecía últimamente ajena á cuanto en torno suyo se decía, +brillantes los ojos, fija la mirada y empalidecidas las mejillas. Notó +Roger que Duguesclín observaba también á su esposa, inquieto y trémulo. + +--¿Qué tenéis, esposa mía? le preguntó. + +--Nada, Bertrán, dijo ella con voz apagada y sin apartar los ojos del +muro opuesto en que fijos los tenía. Pero allí... una visión.... + +--Me lo temía, dijo el célebre guerrero francés. Os debo una +explicación, señores. Mi buena esposa está dotada de una facultad +profética que se manifiesta en ella de tarde en tarde y le permite +predecir determinados acontecimientos futuros. Misterio es éste +incomprensible para mí, pero ese poder extraordinario había hecho ya la +admiración de todos allá en Bretaña, mucho antes de que yo viese por +primera vez á mi Leonor en Dinán. Lo que puedo aseguraros es que ese dón +suyo procede del cielo y no del espíritu del mal, que es lo que +constituye la diferencia entre la magia blanca y la magia negra. Y por +indicios que me son harto conocidos, comprendo que mi buena compañera se +halla al presente en uno de esos momentos lúcidos. La última vez que la +ví en el mismo estado, la víspera de la batalla de Auray, me predijo que +el siguiente día sería fatal para mí y para Carlos de Blois. Veinte y +cuatro horas después había muerto éste y veíame yo prisionero del señor +de Chandos.... + +--¡Bertrán, Bertrán! llamó la vidente con dulce voz. + +--Decidme, amada mía, qué me reserva la suerte. + +--Un peligro grande te amenaza, Bertrán, en este mismo instante. + +--¡Bah! Un soldado está siempre en peligro, dijo el gran campeón francés +con tranquila sonrisa. + +--Pero tus enemigos se ocultan, se arrastran, te rodean en este momento. +¡Ah, Bertrán! ¡Guárdate! + +Tal expresión de terror manifestaban sus facciones descompuestas y los +ojos desmesuradamente abiertos, que Duguesclín miró rápidamente en torno +de la sala, clavó la vista por breves instantes en los tapices que +cubrían las paredes y luégo en los anhelantes rostros de sus amigos. + +--Esperaré ese peligro si él no me espera á mí, dijo. Y ahora, Leonor, +habla. ¿Cuál será el término de la guerra de España? + +--Apenas puedo ver lo que allí sucede. Espera.... Grandes montañas y más +allá una extensa y árida llanura, el chocar de las armas, los gritos del +combate. El fracaso mismo de tu misión en España te dará el triunfo en +definitiva.... + +--¿Qué decís á eso, barón? Amargo y dulce á la vez, ó como si dijéramos, +un favor y un disfavor. ¿No queréis hacer vos mismo alguna pregunta? + +--Si me lo permitís. ¿Os place decirme, señora, qué sucede allá en el +castillo de Monteagudo? + +--Para contestar á esa pregunta necesito posar mi mano sobre una persona +cuya memoria y cuya mente estén fijas de continuo en ese castillo de que +habláis. ¿Vuestra mano? No, barón; otra persona hay aquí cuyo +pensamiento permanece fijo en Monteagudo aun con más insistencia que el +vuestro.... + +--Me asombráis, noble señora, balbuceó Morel. + +--Acercáos, joven de los rubios cabellos rizados, dijo doña Leonor +extendiendo la diestra en dirección de Roger. Poned vuestra mano sobre +mi frente. Así, esperad. Una niebla espesa de la cual se destaca enorme +torre cuadrada; la niebla se disipa, ya veo las murallas, la fortaleza +toda, en una verde colina, con el río á sus pies, las olas del mar á +distancia y una iglesia á tiro de ballesta de las almenas. Junto al río +se alzan las tiendas de los sitiadores. + +--¡Los sitiadores! exclamaron á la vez el barón, Gualtero y Roger. + +--Sí, que asaltan los muros con vigor. Ya plantan las escalas y disparan +un nublado de flechas. Allí su jefe, alto y hermoso, con luenga barba +rubia, lanza á sus soldados contra la maciza puerta. Pero los del +castillo se defienden valerosamente. Una mujer, sí, una heroína los +manda. Dos, dos mujeres sobre la muralla animan á las gentes de Morel, +que devuelven golpe por golpe y lanzan grandes piedras sobre sus +enemigos. Cayó el jefe de éstos y sus soldados retroceden, huyen, todo +se obscurece, nada más veo ya.... + +--¡Por San Jorge! exclamó el barón. Apenas puedo creer que Salisbury y +Monteagudo sean teatro de tales escenas; pero habéis hecho tan exacta +descripción del terreno y la fortaleza que me llenáis de asombro y de +temor. + +--Aprovechad los momentos si algo más queréis saber, dijo Duguesclín. + +--¿Cuál será el resultado de esta larga serie de luchas entre Francia é +Inglaterra? preguntó uno de los escuderos franceses. + +--Ambas conservarán lo que es suyo, contestó la dama. + +--¿Luego nosotros seguiremos dominando en Gascuña y Aquitania? preguntó +el señor de Morel. + +--No. Tierra francesa, sangre y lengua francesas. De Francia son y ella +las reconquistará y conservará. + +--¿Pero no Burdeos? + +--Burdeos es también Francia. + +--¿Y Calais? + +--También Calais. + +--¡Negra estrella la nuestra si tal sucede! exclamó el barón. ¿Qué le +quedará entonces á Inglaterra? + +--Permitid, barón; y vos, señora, decidme antes ¿cuál será el porvenir +de nuestra amada patria? preguntó lleno de júbilo Duguesclín. + +--Grande, rica y poderosa. Á través de los siglos véola al frente de las +otras naciones, pueblo rey entre todos los pueblos, grande en la guerra +pero más grande aún en la paz, progresiva y feliz, sin más monarca que +la voluntad de sus hijos, una desde Calais hasta los azules mares del +sur. + +--¿Oíslo, señor de Morel? exclamó triunfante el caudillo francés. + +--Pero ¿qué de Inglaterra? preguntó tristemente el barón. La profetisa +parecía contemplar con profunda sorpresa un cuadro insólito, un +espectáculo para ella inesperado. + +--¡Dios mío! exclamó por fin. ¿De dónde proceden esos vastos pueblos, +esos estados poderosos que ante mí se levantan? Y más allá otros, y +otros, allende los mares. Ocupan continentes enteros en los que resuenan +los martillos de sus fábricas y las campanas de sus iglesias. Sus +nombres, muchos, son ingleses y también la lengua que hablan. Otras +tierras, cercadas por otros mares y bajo diverso cielo, pero son también +tierras inglesas. La bandera de San Jorge ondea por todas partes, así +bajo el sol de los trópicos como entre las nieves del polo. La sombra de +Inglaterra se extiende al otro lado de los mares. ¡Bertrán, Bertrán! +¡Nos vencen, porque el menor de sus capullos es más hermoso que la mejor +y más perfumada de nuestras flores! + +La profetisa dió una gran voz, alzóse del asiento y cayó desvanecida en +brazos de su esposo, que dijo conmovido: + +--¡Ha terminado la visión, la hora sagrada y misteriosa que revela el +secreto de lo porvenir! + + + + +CAPÍTULO XXVIII + +ATAQUE Y DEFENSA DEL CASTILLO DE VILLAFRANCA + + +Muy tarde era cuando Roger pudo retirarse á descansar, no sin dejar +antes cómodamente instalado al barón en la habitación que le había sido +destinada. La suya, situada en el piso segundo de la feudal morada, +contenía un pequeño lecho para él y tendidos en el suelo dos colchones +en los que al entrar Roger dormían y roncaban Simón y Tristán. Rezaba el +joven sus oraciones cuando oyó un discreto golpe dado á la puerta y casi +en seguida entró Gualtero con un candil, pálido el rostro y temblorosas +las manos. + +--¿Qué ocurre, amigo? le preguntó prontamente Roger. + +--Apenas sé qué decirte. Me asaltan los más tristes presentimientos y +tiemblo sin saber por qué. ¿Te acuerdas de Tita, la hija del artista de +Burdeos? Yo la requerí de amores allá en la calle de los Apóstoles y le +dí una sortija de oro que me prometió llevar siempre en recuerdo mío. Al +despedirnos me dijo que su pensamiento me seguiría en las guerras y que +mis peligros serían también los suyos propios.... Pues acabo de verla. + +--¡Bah! Estás sobreexcitado con las profecías y los espasmos de mi +señora Duguesclín y se te antojan los dedos huéspedes. + +--Te digo que la he visto ahora mismo, al subir la escalera, tan +distintamente como veo á esos dos arqueros dormidos. Tenía los ojos +anegados en lágrimas y sus manos se adelantaban como para protegerme.... + +--Mira, Gualtero, es tarde y necesitas descansar. ¿Dónde está tu cuarto? + +--En el próximo piso. Queda precisamente sobre éste. ¡La santa Virgen +nos proteja! + +Oyó Roger las pisadas de su amigo en la escalera, y dirigiéndose después +á la ventana contempló el paisaje iluminado por la luna. Por aquella +parte del castillo se extendía una ancha faja de terreno cubierto de +menuda hierba y algo más lejos dos bosquecillos separados por un espacio +descubierto en el que sólo crecían algunos matorrales, plateados por los +rayos de la luna. Mirábalos Roger distraído, cuando vió que un hombre +salía lentamente de entre los árboles de la derecha y cruzando con +rapidez el claro, inclinándose como si quisiera ocultarse, desapareció +en el bosquecillo de la izquierda. Tras él pasó otro y después otro, y +luego muchos más, solos ó en grupos, llevando no pocos de ellos unos +grandes bultos asegurados á la espalda. Absorto quedó el joven escudero +por un momento, pero muy pronto se inclinó y tocó ligeramente el hombro +de Simón. + +--¿Quién va? exclamó el arquero levantándose de un salto. ¡Hola, _mon +petit_! Creí que nos sorprendía el enemigo. ¿Qué me quieres? + +Llevóle Roger á la ventana y díjole lo que acababa de ver. + +--Mira, mocito, fué la contestación del veterano; en este endemoniado +país yo ya no me admiro de nada. Á bien que hay en él más tunantes que +conejos en los sotos de Hanson, gentes desalmadas todas, que se pasean +de noche porque si lo hicieran de día no tardaría en echarles mano el +verdugo. ¡Mala centella los parta y á dormir se ha dicho! Pero antes no +estará de más correr este cerrojo, que estamos en casa extraña. +Acuéstate y duerme. + +Con esto se tendió el arquero en su jergón y á los dos minutos dormía +profundamente. Imitóle Roger, pensó que serían ya cerca de las tres de +la mañana y dormitando se hallaba cuando le pareció que alguien empujaba +y hacía crujir la puerta del cuarto, procurando en vano abrirla. Púsose +á escuchar sobresaltado y oyó pasos cautelosos que se alejaban de su +puerta y continuaban escalera arriba. Poco después resonó algo como un +grito ahogado, como un lamento de agonía y cuando Roger se disponía á +saltar del lecho, dirigió la vista á la ventana y quedó casi paralizado +de terror. Un cuerpo humano se balanceaba lentamente ante el hueco de la +ventana y de la parte exterior del muro. Pendía de una cuerda anudada +al cuello y fija evidentemente por el otro extremo en la ventana del +piso superior. Una atracción irresistible obligó á Roger á saltar del +lecho y acercarse, á tiempo que la luz de la luna daba de lleno en el +rostro del ahorcado. Era Gualtero de Pleyel, cobardemente sorprendido y +asesinado. Al tremendo grito de sorpresa y de dolor que lanzó Roger se +despertaron sobresaltados los dos arqueros. + +--El pedernal y la yesca, pronto, dijo Tristán con reposada voz. Esta +luz de luna es cosa de espectros. Aquí está el candil y ahora nos +veremos las caras. + +--Es el pobre Pleyel, no hay duda, gruñó Simón. ¡Pero que me aspen si no +le ajusto yo las cuentas á este senescal de los demonios por la manera +que tiene de tratar á sus huéspedes! + +--No, no, Simón, los asesinos son aquellos bandidos ocultos en el bosque +de que te hablé antes. Y el barón, sabe Dios qué suerte le habrá cabido. +Vuelo á su lado.... + +--Un momento, camarada, que yo soy perro viejo y sé cómo se hacen estas +cosas. Lo primero es poner mi casco en la punta del arco. Tú abres la +puerta lentamente y yo presento el cebo á esos canallas, si por ventura +están ahí esperando degollarnos. + +Así lo hicieron, y no bien se abrió la puerta y asomó por ella el +almete, recibió éste un tremendo tajo y estallaron los gritos de los +asesinos. Pero antes de que pudieran repetir el golpe brilló la espada +de Simón, y uno de sus enemigos cayó atravesado de parte á parte. + +--¡Adelante! ¡Seguidme, y á ellos! gritó Simón, y abriendo de par en par +la puerta se lanzaron los tres ingleses fuera del cuarto, atropellando +violentamente á dos hombres que hallaron á su paso y bajando las +escaleras á toda prisa. + +Los gritos partían del piso inferior, cuyo vestíbulo iluminaban +vivamente algunas antorchas clavadas en los trofeos que adornaban sus +paredes. Frente á una de las tres puertas que daban al vestíbulo veíanse +los ensangrentados cadáveres del senescal y de su esposa, ésta con la +cabeza separada del tronco y aquél atravesado el cuerpo por una pica. +Junto á ellos, muertos también, tres servidores del castillo, +destrozados é informes como si hubiera caído sobre ellos una manada de +lobos. En la puerta inmediata, Duguesclín y el barón de Morel, á medio +vestir y mal armados, tenían á raya á los asesinos; en los ojos de ambos +guerreros brillaba con luz siniestra el fuego del combate y ante ellos +se amontonaban los cadáveres enemigos. Un numeroso grupo de hombres +andrajosos, con horrendos visajes y armados de picas, hoces y chuzos, +arremetía de nuevo contra los dos caballeros, que hacían prodigios de +valor y destreza, en el momento en que les llegó el refuerzo de Roger y +los dos arqueros, cuyas espadas abrieron sangriento camino en la +vocinglera turba. Retrocedió ésta con gritos de rabia, uniéronse y +adelantáronse los cinco defensores del castillo y no tardó en quedar +libre de enemigos el vestíbulo. Tristán se apoderó de los dos últimos y +los lanzó escaleras abajo, sobre las cabezas de sus compañeros. + +--¡No los sigáis! gritó Duguesclín. Si nos separamos estamos perdidos. +Poco me importaría morir matando, pero tengo que proteger á mi pobre +esposa. ¿Qué nos aconsejáis, barón? + +--Para consejos estoy yo, que todavía no sé á qué viene ni qué significa +esta matanza. + +--Son esos perros bandidos del bosque, la ralea peor que se conoce en la +tierra. Se han apoderado del castillo. Mirad por esa ventana. + +--¡El cielo me valga! Hay más de un millar dentro de la fortaleza y +sobre las murallas. En aquel grupo con antorchas están descuartizando á +un arquero. Allí arrojan á otro desde el muro. Por las abiertas puertas +entran ahora muchos con grandes haces de leña y ramaje.... + +--Justo, para pegar fuego al castillo. + +--¡Quién me diera ahora mi Guardia Blanca! Pero ¿dónde está Gualtero? + +--Ha sido asesinado, señor. + +--¡Dios acoja su alma! Y ahora, á defendernos y sobretodo á defender á +una dama que necesita de todo nuestro esfuerzo. Aquí llega quien quizás +pueda servirnos de guía por estos corredores y aun conducirnos fuera de +la fortaleza. + +--En la cual no tardaremos en morir asados si no la dejamos pronto, +agregó Duguesclín. + +Los que llegaban bajando los escalones de cuatro en cuatro eran un +escudero francés y el caballero bohemio, con una herida en la frente el +último. + +--Habla, Godofredo, dijo Duguesclín al escudero. ¿Conoces alguna salida +libre? + +--La única es el subterráneo secreto que da al campo y por él han +entrado esos bandidos con el auxilio de algún traidor dentro de la +fortaleza. El caballero hospitalario, que venía delante de nosotros, +cayó muerto allá arriba de un hachazo en el cráneo. La servidumbre y la +guarnición han sido pasadas á cuchillo. Somos los únicos que han +escapado con vida hasta ahora. En mi opinión el único recurso es +refugiarnos en la torre, cuyas llaves véis allí, pendientes del cinto de +mi infortunado señor. Una vez en ella podremos defender con más ventaja +la estrecha escalera; los muros de la torre son gruesos y el fuego +tardará mucho en consumirlos. Con tal que podamos conducir á la dama.... + +--Iré yo misma, se oyó decir á la noble señora, que apareció pálida y +grave á la puerta de la habitación que con su esposo ocupara aquella +noche fatal. Estoy acostumbrada á los azares de la guerra, y si vuestra +protección, valientes caballeros, fuese insuficiente, jamás caeré viva +en manos de esos malvados. + +Al decir esto, mostró en su diestra agudísima daga. + +--Leonor, dijo Duguesclín, os he amado siempre, pero en este instante +más que nunca. Si la Virgen nos permite protegeros, hago voto de ofrecer +una corona de oro á Nuestra Señora de Rennes. ¡Adelante, amigos! + +Los asaltantes, cansados de matar, se dedicaban al saqueo. Sólo un grupo +bastante numeroso atizaba el fuego y observaba en silencio los progresos +del incendio. Al pie de la escalera tortuosa por donde los guió el +escudero francés hallaron los fugitivos á un desarrapado centinela, de +quien dió pronta cuenta una flecha disparada por la segura mano de +Simón. Pequeña puerta los separaba del gran patio del castillo y al otro +lado de ella se oían las voces y carcajadas de multitud de enemigos, +ebrios de sangre y enloquecidos con su triunfo. Aun el hombre más +animoso hubiera vacilado antes de salvar aquella frágil barrera, pero +Duguesclín puso fin á toda indecisión abriendo de golpe la puertecilla. + +--¡Hacia la torre, á la carrera! gritó. ¡Los dos arqueros delante, mi +esposa entre los dos escuderos y los señores de Reiter y Morel á +retaguardia, para contener á esa gentuza! + +Así lo hicieron y con tanta rapidez que habían recorrido ya la mitad del +gran patio del castillo, antes de que los sorprendidos villanos +comenzaran á atacarlos. Los arqueros derribaron en un abrir y cerrar de +ojos á los pocos que se pusieron en su camino, y los que llegaron á +perseguirlos de cerca mordieron el polvo, atravesados por las temibles +espadas de los tres nobles. Llegaron sin tropiezo á la puerta de la +torre y el escudero francés, que procuraba abrirla, lanzó de repente un +grito de angustia y desesperación. + +--¡Esta no es la llave! exclamó, y fuera de sí dió dos pasos en +dirección del ala del castillo que acababan de dejar, como si quisiera +ir á pedir al cadáver de su señor la llave salvadora. + +En aquel momento un hercúleo campesino lanzó contra él enorme piedra, +que le dió de lleno en la cabeza y lo tendió sin sentido á los pies del +barón. + +--¡Esta es para mí la mejor llave! rugió Tristán; y levantando la pesada +roca la lanzó á su vez con irresistible fuerza contra la puerta de la +torre. + +Un momento después acababa de echarla abajo el gigantesco arquero y los +fugitivos entraron por fin en aquel momentáneo refugio. + +--¡Vos arriba, señora! exclamó el barón indicando á Doña Leonor la +escalera de piedra, en tanto que Duguesclín y sus compañeros derribaban +malheridos á los cuatro agresores más próximos. + +Los demás retrocedieron vociferando y amenazadores siempre, pero +quedándose á prudente distancia, después de destrozar el cuerpo del +infeliz escudero; acto de crueldad que vengó Tristán abalanzándose sobre +la chusma y asiendo con sus nervudas manos á dos villanos, cuyas cabezas +golpeó una contra otra con fuerza tal que ambos quedaron tendidos en el +suelo, sin dar señales de vida. + +--Ahora organicemos la defensa de la torre, dijo Duguesclín. El barón y +yo al pie de la escalera; Inglaterra y Francia pelearán hoy juntas +contra el enemigo común. El señor Otón de Reiter y el joven escudero de +Morel ahí, en el primer escalón; los arqueros algo más arriba, para que +puedan manejar sus arcos. ¡Atención! + +Á la primera señal de ataque por parte de la furiosa multitud se oyeron +silbar dos flechas, lanzadas por Tristán y Simón, y los dos que parecían +jefes de los bandidos quedaron revolcándose en su sangre á la entrada de +la torre. Otros dos tuvieron igual suerte y entonces los sitiadores +desesperados se lanzaron en tropel al ataque. Poco hubiera durado la +resistencia sin la estrechez de la puerta y de la escalera, que impedían +los movimientos del enemigo, en tanto que cuatro espadas incansables +hacían tremendo estrago en aquella apretada masa de hombres mal armados. +Porfiada fué la lucha, pero terminó con la retirada del enemigo, no sin +que los sitiados tuvieran que deplorar la muerte de Reiter, el caballero +bohemio, á quién alcanzó en la cabeza un golpe de maza. + +--Primera etapa, dijo tranquilamente Duguesclín. Parece que por ahora +tienen bastante. + +--Y no deja de haber entre esos perros algunos muy valientes y que se +baten bien, comentó el señor de Morel. Pero ¿qué hacen ahora? + +--¡Nuestra Señora de Rennes nos valga! dijo el paladín francés. Se +proponen pegar fuego á la torre y asarnos en ella. Me lo temía. Duro en +ellos, arqueros, que ahora de nada nos sirven nuestras espadas. + +Una docena de sitiadores se adelantaron escudándose con enormes haces de +leña y ramas secas, que colocaron contra los muros. Otros les pegaron +fuego con antorchas y pronto estuvo la torre rodeada en su base por un +círculo de llamas. El humo obligó á sus defensores á refugiarse en el +primer piso, pero pronto empezaron á arder las tablas del suelo, se +llenó de humo espeso aquella estancia y á duras penas pudieron subir sin +ahogarse el último tramo y llegar á lo más alto de la torre. + +Imponente era el cuadro que desde aquella elevación se divisaba. Prados +y bosque iluminados dulcemente por la luz argentada de la luna; oíase á +lo lejos el tañido penetrante de una campana; á un lado de la torre se +desmoronaban los muros del castillo, presa de las llamas, y al pie de su +último refugio agitábase con ademanes furiosos y roncos gritos la +multitud de sus enemigos. + +--¡Por el filo de mi espada! exclamó Simón. Paréceme, amigo Tristán, que +de este viaje no veremos á España; ni tampoco mi cobertor de pluma, que +por fortuna se halla en buenas manos. Trece flechas me quedan y que me +ahorquen si una sola de ellas no da en el blanco. La primera para el +maldito aquel que agita el manto de seda de la pobre castellana. +¡Ensartado por la cintura, un palmo más abajo de lo que yo esperaba! +Número dos: regalo de despedida al condenado aquel que lleva una cabeza +clavada en la pica. Ya está tendido panza arriba. ¡Buen flechazo también +el tuyo, Tristán! Has hecho caer á ese buen mozo de narices en el fuego. +¡Allá va otra! + +Mientras ambos arqueros se despachaban á su gusto, Duguesclín y su +esposa consultaban con el barón y Roger, y reconocían lo desesperado de +su situación. + +--Por ella lo siento, decía el famoso guerrero francés. + +--No te apesadumbre mi suerte, contestó la amante y valerosa dama, que +pues la muerte me amenaza, nunca tan bienvenida como recibiéndola +contigo á mi lado. + +--Bien, señora, dijo el barón; esa es sin duda la respuesta que en +iguales circunstancias me hubiera dado mi inolvidable esposa, para quien +son mis últimos pensamientos. + +--¿Qué es esto, señor barón? exclamó en aquel momento Roger con fuerte +voz, desde el lado opuesto de la terraza. + +--¿Esto? ¡Por San Jorge! dijo el barón acudiendo presuroso, un montón de +proyectiles para bombardas. Y aquí está la caja de hierro destinada á la +pólvora. Ahora veréis el destrozo que vamos á hacer en la canalla. Tú, +Tristán, levanta esa caja y ponla sobre el parapeto. Y tú, Simón, alza +la tapa. Bien, está casi llena. Ahora dejad caer la caja al pie de la +torre, entre las llamas. + +No bien quedó cumplida la orden resonó una detonación espantosa. La +torre tembló y quedó cuarteada, amenazando desplomarse de un momento á +otro. Los sitiados, pálidos y mudos de terror, se asieron al parapeto y +contemplaron los estragos de la explosión. Desde el pie de la torre +hasta una distancia de cincuenta varas se veía una masa confusa de +cuerpos destrozados, de heridos que lanzaban pavorosos gritos, muchos de +ellos envueltos por las llamas que consumían sus harapos. Más allá de +aquella escena de destrucción numerosos grupos de gentes aterrorizadas +que huían á todo correr, ansiosos de alejarse cuanto antes de la funesta +torre y de sus temibles defensores. + +--¡Una salida, Duguesclín! gritó el barón. Aprovechemos su confusión +para salir de aquí y huir si posible es. + +Dicho esto desenvainó la espada y comenzó á bajar rápidamente la +escalera, seguido de sus compañeros, pero antes de llegar al piso +inmediato se detuvo, con el desaliento reflejado en el rostro. + +--¿Qué pasa? + +--Mirad. La explosión ha derribado la pared, cuyos escombros interceptan +por completo la escalera. Y más abajo el fuego continúa minando la +torre. + +--Estamos perdidos, dijo Duguesclín. + +Volvieron todos lentamente á la terraza superior y apenas llegados lanzó +Simón una exclamación de alegría. + +--¡Albricias! exclamó. ¿Oís? Es el canto de guerra de la Guardia Blanca. +Antes de bajar me pareció oirlo también como un eco lejano, pero no +estaba seguro de ello. Nuestros amigos llegan. ¡Oid! + +Todos se pusieron á escuchar. La duda no era posible. Del valle se +elevaba un canto marcial y sonoro, más grato para los sitiados que la +más armoniosa melodía. + +--¡Allí, allí! prosiguió Simón. Vedlos que salen del bosque y toman el +camino del castillo. Han visto las llamas y también la turba de esos +condenados y cantan como siempre que la Guardia Blanca se prepara á dar +y recibir testarazos. ¡Ah, valientes! ¡Á mí, Yonson, Roldán, Vifredo! + +--¿Quién va? preguntó una voz potente. + +--¡Simón Aluardo, voto á bríos, que no quiere morir asado! ¡Y aquí en la +torre tenéis también una dama á quien rescatar, junto con vuestro +capitán el barón de Morel! ¡Pronto, bergantes! ¡La flecha y la cuerda, +Vifredo, como en el sitio de Maupertuis! + +--¡Viva Simón! se oyó gritar á los arqueros y poco después la voz de +Vifredo, que decía: ¿Estás pronto, camarada? + +--¡Tira! contestó Simón. + +El arquero tendió su arco y la flecha cayó dentro del parapeto. Atado á +su extremo tenía un largo bramante del que Simón se apoderó con avidez. + +--¡Salvados! dijo, y luégo inclinándose hacia sus camaradas, gritó: +¡Atad ahora la cuerda, larga y fuerte! + +Á los pocos momentos tenía en sus manos la gruesa cuerda salvadora. Con +su auxilio bajaron primero á la noble dama y no tardaron en verse todos +al pie de la torre, rodeados de los valientes arqueros de la Guardia +Blanca. + + + + +CAPÍTULO XXIX + +EL PASO DE RONCESVALLES + + +--¿Dónde está el capitán Claudio Latour? fué lo primero que preguntó el +barón de Morel, apenas sus pies tocaron el suelo. + +--En nuestro campamento de Montpezat, señor barón, á dos horas de camino +de aquí, dijo respetuosamente Yonson, el sargento que mandaba á los +arqueros. + +--Pues en marcha sin pérdida de momento, muchachos, que quiero veros á +todos en el cuartel general de Dax, á tiempo para marchar á la +vanguardia del príncipe. + +En aquel instante trajeron al señor de Morel y á Roger sus caballos, así +como los de Duguesclín y su esposa, abandonados por los villanos en su +precipitada fuga. La despedida de los dos guerreros fué por manera +afectuosa. + +--Gran ventura ha sido para mí, dijo Duguesclín, la de haber conocido y +tratado en tan excepcionales circunstancias al caudillo famoso cuyo +nombre tantas veces me anunciara la fama. Pero es fuerza separarnos, +porque mi puesto está al lado del rey de España, á cuyas órdenes debo +ponerme antes de que vos crucéis las montañas de la frontera. + +--Á la verdad, yo os creía en España con el valiente Enrique de +Trastamara. + +--Allá estuve, barón, y á Francia vine con la misión de reclutar gente +en su auxilio. En España me hallaréis, al frente de cuatro mil lanzas +francesas escogidas, para hacer á vuestro príncipe una acogida digna de +él y de sus valientes caballeros. ¡Dios os guarde, amigo barón, y nos +permita volver á vernos en circunstancias más propicias! + +--No creo que exista caballero más cumplido en toda la cristiandad, dijo +el de Morel mirándole alejarse en compañía de su animosa consorte. Pero +¿estás herido, Roger? ¿Qué palidez es esa? + +--Lo único que tengo, señor barón, es pesar amargo por la desdichada +muerte de mi buen compañero de Pleyel. + +--¡Ah, sí! dijo tristemente el noble. Dos valientes escuderos he perdido +ya y me pregunto por qué la implacable suerte arrebata de mi lado á esos +jóvenes de brillante porvenir, dejando intactas las blancas cabezas como +la mía. ¿Pero no recuerdas, Roger, cómo Doña Leonor nos predijo todos +estos peligros y desgracias de la pasada noche? + +--Así es en efecto, señor. + +--Lo cual renueva mis temores de ver cumplida también su otra visión +profética sobre el asedio de Monteagudo. Pero no puedo creer que haya +llegado hasta Salisbury una fuerza enemiga francesa ó escocesa bastante +numerosa para atacar el castillo. Convoca á esa gente, Simón, y en +marcha. + +Al primer toque de clarín acudieron presurosos los arqueros blancos, +cargados de botín, y el barón no ocultó una sonrisa de satisfacción al +recorrer con su penetrante mirada las filas de aquellos aguerridos +soldados. Pocos jefes podían enorgullecerse de mandar una fuerza tan +temible y tan marcial como aquella. No faltaban allí algunos veteranos +de las grandes guerras de Francia, pero en su mayoría formaban la +Guardia Blanca jóvenes arqueros, robustos mocetones ingleses, sobre +cuyos petos lucían ricas bandas de seda y oro y brillaban las piedras +preciosas, muestra evidente del abundante botín recogido en su larga +campaña del sur. Perfectamente armados y protegidos con sus cascos de +acero, cota de malla recubierta por el coleto blanco con la cruz roja de +San Jorge en el pecho, el largo arco á la espalda y la maza ó el hacha +de combate colgada del cinto, sentíase el barón capaz de grandes +empresas al frente de aquellos hombres denodados. + +Dos horas de marcha por la orilla del Aveyron los llevaron al campamento +de la Guardia Blanca, formado por unas cincuenta tiendas, y entre los +primeros en acudir á su encuentro figuraba un jinete ricamente vestido, +que saludó al barón con entusiasmo. + +--¡Por fin! exclamó estrechándole las manos. Más de un mes hace que os +esperamos ansiosos, señor de Morel. ¡Bienvenido seáis! ¿Recibísteis mi +carta? + +--Sólo á ella se debe mi presencia aquí. Pero me admira, en verdad, +señor de Latour, que no hayáis tomado vos mismo el mando de estos +valientes arqueros. + +--¡Imposible, mi noble amigo! exclamó el jefe gascón. Ya sabéis cómo son +estos ingleses y no hay medio de que acaten como jefe á quien no sea +compatriota suyo. Yo mismo no he podido conquistarme su confianza y +obediencia; tuvieron como de costumbre su conciliábulo y los muy tercos, +dirigidos por ese cabeza dura que ahí traéis, Simón Aluardo, resolvieron +que habíais de ser vos y no otro quien los mandara. Pero vuestro plan +era reforzar la Guardia con un centenar de reclutas, barón. ¿Dónde +están? + +--Esperándonos en Dax, donde no tardaremos en reunirnos con ellos. + +--Venid á mi tienda, donde descansaréis y vos y vuestro escudero +repondréis un tanto las fuerzas con lo poco que aquí puedo ofreceros. + +En el curso de la conversación no tardó Claudio Latour en exponer su +proyecto de atacar á Montpezat y Castelnau, villas cercanas y mal +defendidas, en la primera de las cuales aseguró al barón que hallarían +más de doscientos mil ducados ocultos en la fortaleza, amén de otro +botín nada despreciable. + +--Muy diferentes son mis planes, señor de Latour, dijo irritado el de +Morel. He venido aquí para capitanear á esos arqueros, poniéndolos al +servicio del rey nuestro señor y del príncipe su hijo, que necesita de +todo nuestro auxilio para reinstalar á su aliado Don Pedro en el trono +de Castilla. Hoy mismo me propongo seguir la marcha en dirección á Dax. + +--Pues por mí, repuso Latour con evidente sorpresa y disgusto, estoy muy +satisfecho con la vida que aquí llevo, no tengo el menor interés en esa +guerra de que habláis y desde luego no me veréis en Dax. + +--En tal caso, señor mío, tendré el disgusto de ponerme al frente de la +Guardia Blanca sin vos. + +--Si la Guardia os sigue, barón, cuando sepa que pensáis sacarla de esta +comarca, donde vive en la abundancia, sin más ley que su voluntad. + +--Pues á averiguarlo en seguida, replicó impetuosamente el barón. Si soy +su jefe, se vienen conmigo á Dax en este momento; y si no lo soy ¡por mi +nombre! entonces no sé qué hago yo en Auvernia, en vez de ocupar mi +puesto en la escolta del príncipe. + +No tardaron en hallarse congregados los arqueros, á quienes el barón, +con voz firme y ademán enérgico, dirigió la palabra en estos términos: + +--Me dicen, arqueros, que os habéis aficionado á esta regalada vida que +aquí lleváis, hasta el punto de no querer salir de Auvernia. Pero ¡por +San Jorge! que no he de creerlo de tan valientes soldados, sobre todo +cuando sepáis que vuestro príncipe prepara una gran empresa y necesita +de vosotros. Me habéis elegido por jefe y lo seré para guiaros á España; +os juro que el estandarte de las cinco rosas ondeará siempre allí donde +haya más lauros que conquistar. Pero si es vuestro deseo cambiar gloria +y renombre por vil lucro y seguir en esta comarca entre la molicie y el +saqueo, buscad otro jefe, que yo he vivido honrado y con honra he de +morir. Entre vosotros hay muchos hijos del condado de Hanson; que hablen +los primeros y digan si están prontos á seguir la bandera de Morel. + +Inmediatamente se destacó de la columna un numeroso grupo de arqueros, +montañeses robustos de Hanson, que aclamaron al barón con entusiasmo. + +--¡Por la cruz de mi espada, muchachos! gritó en aquel punto Simón +saltando sobre un tronco caído. ¡Sería una vergüenza para la Guardia +Blanca permitir que el príncipe cruzase las montañas del sur sin que le +abriésemos camino con nuestros arcos! La guerra está declarada, el +estandarte real ondea al viento, y bajo sus pliegues se hallará al viejo +Simón, aunque tenga que ir solo hasta Dax.... + +--¡No, no! ¡Viva Simón! ¡Iremos todos! gritaron los arqueros, que en su +mayor parte no necesitaban del ejemplo dado tan oportunamente por el +popularísimo veterano. + +--¡Que hable el capitán Latour! se oyó decir en las filas. + +--¡Sí, oigamos también al gascón! apoyó otra voz. + +--¡Soldados! exclamó Claudio Latour sin hacerse de rogar. No haré más +que recordaros lo mucho y bueno que aquí dejáis y la triste recompensa +que váis á buscar en lejana guerra. La libertad y el rico botín en +Auvernia, la severa disciplina y mísera paga en el ejército. Ya sabéis +lo que han ganado vuestros camaradas de la Guardia Blanca que fueron á +Italia; el saco de Mantua y el rescate de seiscientos nobles. Yo os +proporcionaré aquí golpes de mano tan brillantes como ese.... + +--¡Que los convertirán en una gavilla de ladrones! vociferó Tristán, +furioso con aquella arenga. + +--Sin embargo, no va del todo descaminado el capitán gascón, dijo +tímidamente un arquero de torva mirada. + +--¡Tú has sido siempre un cobarde y un traidor, Marcos! rugió Simón +enseñándole el puño. + +--Haya paz, dijo el barón con voz tranquila. Los que prefieran servir al +señor de Latour, libres son de seguirle. Los demás, conmigo á donde nos +llaman el deber y el patriotismo. + +Una docena de arqueros se deslizaron avergonzados en dirección á la +tienda del gascón, despedidos por la rechifla de toda la columna, que +poco después se ponía en marcha con el barón, camino del cuartel general +inglés. + +En toda la comarca, de ordinario tan tranquila, que se extiende desde el +Adour hasta la frontera de Navarra, vivaqueaban los numerosos cuerpos +del magno ejército; por todas partes se veían las tiendas de jefes y +soldados de Aquitania, gascones é ingleses. Acababa de llegar de +Inglaterra el duque de Lancaster, hermano del príncipe, con séquito de +cuatrocientos caballeros y numerosa fuerza de arqueros, último refuerzo +que se esperaba y todo estaba pronto para la marcha. + +Los desfiladeros de Navarra seguían en manos del vacilante Carlos, que +había tratado de negociar á la vez con Enrique de Castilla y con Eduardo +de Inglaterra; pero la mano de hierro del Príncipe Negro le obligó á +ceder y dejar libres los pasos de la cordillera. Para conseguirlo +comisionó el príncipe al capitán Hugo Calverley, quien al frente de su +compañía entró rápidamente en Navarra y pegó fuego á Puente la Reina y +Miranda. Aquel reto bastó para que el rey Carlos desistiese de toda +oposición al paso del fuerte ejército invasor por territorio navarro. + +Á principios de Febrero, tres días después de la llegada del barón de +Morel y su Guardia Blanca á Dax, recibió el ejército inglés la orden de +marcha en dirección á Roncesvalles. Los primeros en obedecerla, por +disposición expresa del príncipe, fueron los trescientos arqueros de +Morel, elegidos para abrir el camino y situarse en el último tramo de la +cordillera, á fin {de} esperar y proteger allí el paso de todo el +ejército. Orgulloso en verdad cabalgaba el barón á la cabeza de su +gente, armado de punta en blanco y seguido de Roger, Simón y Reno, +portando este último el estandarte del famoso guerrero. + +--Á fe mía, Roger, dijo éste, que hubiera preferido ver á Carlos de +Navarra disputarnos el paso de esos montes, que tengo entendido fueron +teatro de un reñido combate en el que perdió la vida cierto valeroso +Roldán. + +--Si me lo permitís, señor barón, repuso Reno, os diré que conozco bien +el país por haber servido á las órdenes del rey de Navarra. Aquel +edificio cuyo techo véis entre los árboles es un asilo y monasterio y +señala el lugar donde pereció Roldán. El pueblo que á la izquierda mano +queda es Orbaiceta, tierra del buen vino. + +--Y á la derecha veo un caserío.... + +--Es el pueblo de Los Aldudes, y más allá los picachos de Altavista. + +El barón hizo notar á Roger, que contemplaba admirado tan hermoso +cuadro, el contraste que desde aquella altura presentaban las áridas +llanuras gasconas del norte con las verdes praderas y las colinas +pintorescas de la tierra navarra. Tampoco dejaban de ver aquí y allá, en +lo alto de las rocas ó al torcer de un camino, pequeños grupos de +caballeros y soldados del rey Carlos, que los contemplaban en silencio; +vista que ponía de muy mal humor al barón, quien hablaba nada menos que +de caer espada en mano sobre aquellos soldados neutrales. El veterano +echaba de menos los días en que, según él decía, jamás se compraba con +oro ni tratados el paso por tierra extranjera, sino que se ganaba á +punta de lanza ó se perecía en la demanda. Por fin llegaron los arqueros +á un lugar de la sierra desde el cual se divisaban en el lejano +horizonte las torres de Pamplona, y allí se detuvo la Guardia Blanca, en +cumplimiento de las órdenes del príncipe. Los altos montes estaban +cubiertos de nieve y los arqueros se acomodaron lo mejor que pudieron +en una aldea vecina. Roger dedicó el resto de aquel día y parte del +siguiente, á ver desfilar el brillante ejército reunido para aquella +expedición bajo las banderas del rey de Inglaterra. No tardó en +reunírsele Simón, que tomó asiento á su lado sobre una elevada roca. + +--Hombres, caballos, armas y arreos, todo esto es magnífico, Roger, y +digno de la atención que le dedicas, dijo el veterano. Nuestro valiente +capitán está furioso porque hemos cruzado los montes sin andar á +flechazos ni lanzadas, pero ó mucho me engaño ó esta campaña de Castilla +le proporcionará tantas ocasiones de combatir como pueda pedirle el +cuerpo, antes de que volvamos á emprender la marcha hacia el norte. +Dicen en el ejército que Enrique de Trastamara puede lanzar contra +nosotros cuarenta mil soldados, sin contar las lanzas francesas de +Duguesclín y que todos ellos han jurado morir antes que ver á Don Pedro +otra vez en el trono de Castilla. + +--Pero nuestro ejército es también numeroso y aguerrido. + +--Veinte y siete mil hombres por junto y en tierra extraña. Pero +atención, _mon petit_, que aquí llega Chandos en persona con su compañía +y tras ella pendones y escudos entre los que reconocerás á lo mejor de +nuestra nobleza. + +Mientras hablaba Simón había desfilado ante ellos fuerte columna de +arqueros, seguidos de un portaestandarte que llevaba en alto el pendón +de Chandos. Cabalgaba éste á corta distancia, revestido de armadura +completa á excepción del casco con luengas plumas blancas, que sostenía +sobre el arzón uno de los escuderos de su escolta. Cubría sus blancos +cabellos un birrete de terciopelo color de púrpura y un paje le llevaba +la poderosa lanza. Sonrióse complacido al ver el estandarte de las cinco +rosas que ondeaba sobre la aldehuela y con una señal de despedida tomó +tras sus arqueros el camino de Pamplona. + +Á corta distancia de él iban mil doscientos caballeros ingleses, cuyos +almetes, petos y armas relucían al sol, formando deslumbrador escuadrón, +escoltado por Lord Audley en persona con sus seiscientos arqueros y los +cuatro renombrados escuderos que tamaña gloria conquistaran en Poitiers. +Doscientos jinetes pesadamente armados precedían al duque de Lancaster y +su brillante séquito, en el que descollaban cuatro heraldos cuyos +luengos tabardos llevaban bordadas sobre el pecho las armas reales. Á +uno y otro lado del joven príncipe cabalgaban los dos senescales de +Aquitania, Guiscardo de Angle y Esteban Cosinton, portando el primero la +bandera del ducado y el segundo la de San Jorge. Más allá, en cuanto del +camino abarcaba la vista, se extendía sin cesar columna tras columna, +como un río de acero, dominado por airosas cimeras, gonfalones y +blasonados escudos. + +Gran parte de aquel día permaneció absorto el buen Roger en la +contemplación de los lúcidos escuadrones y compañías que ante él +desfilaron, á la vez que escuchaba atento los nombres que citaba y los +interesantes comentarios que hacía el veterano Simón, hasta que los +últimos hombres de armas hubieron desaparecido en los profundos +desfiladeros de Roncesvalles, con dirección á los llanos de Navarra. + +En compañía del duque de Lancaster llegaron á Pamplona, con la +vanguardia inglesa, los reyes de Mallorca y de Navarra y el impaciente +Don Pedro de Castilla. También se contaban allí apuestos caballeros +gascones, procedentes de Aquitania y de Saintonge, de La Rochelle, +Quercy, el Lemosín, Agenois, Poitou y Bigorre, con los pendones y +fuerzas de sus distritos respectivos. Y no es de omitir el numeroso +contingente del país de Gales, bajo la bandera escarlata de Merlín. Allí +también el anciano duque de Armagnac con su sobrino el señor de Albret, +los de Esparre, Breteuil y tantos más. + +Al cuarto día todo el ejército quedó acampado en el valle de Pamplona y +el príncipe inglés convocó á sus jefes á consejo en el palacio real de +la antigua capital de Navarra. + + + + +CAPÍTULO XXX + +LA GUARDIA BLANCA EN EL VALLE DE PAMPLONA + + +Mientras se celebraba el consejo de guerra en Pamplona hallábase +acampada la Guardia Blanca en las afueras de la ciudad, entre las +compañías del jefe gascón La Nuit y del flamenco Ortingo, y allí se +divertían tirando la espada, luchando cuerpo á cuerpo como antiguos +gladiadores ó mostrando su habilidad en el manejo del arco, para lo cual +les servían de blanco escudos colocados sobre las cercanas eminencias +del terreno. Los arqueros bisoños se adelantaban formados en filas y +tendían cuidadosamente los grandes arcos, en tanto que los veteranos +como Yonson, Reno, Simón y otros seguían con atención el vuelo de las +flechas, comentando, aplaudiendo ó corrigiendo los esfuerzos de los +tiradores. Tras ellos se agrupaban muchos ballesteros de La Nuit y del +Brabante, que observaban con interés el ejercicio á que se entregaban +sus aliados ingleses. + +--¡Bravo, Gerardo! dijo el viejo Yonson á un mocetón de ojos azules y +rubio cabello que con labios entreabiertos y fija mirada, seguía la +dirección de la flecha que acababa de lanzar. Ahí la tienes en el centro +del blanco, y así lo esperaba desde que la ví salir de tu mano. ¡Buen +arquero, muchacho! + +--Tirad siempre de la cuerda lentamente y por igual y soltad la flecha +sin mover la mano, pero de pronto, dijo Simón. Y acordaos de que esas +reglas son ley lo mismo cuando tiréis al blanco que cuando tras del +escudo se os venga encima un jinete lanza en ristre ó espada en alto, +dispuesto á partiros el alma. Pero ¿quién es ése que agarra el arco como +un cayado y que hace tantas muecas para apuntar? + +--Es Sabas, de Bristol. ¡Oye tú, Sabas! gritó Vifredo, no dobles el +espinazo, hijo, ni saques la lengua, que maldito lo que eso te ayudará +para poner la flecha en el blanco. Levanta esa cara tan fea que Dios te +ha dado, tente tieso, y extiende bien el brazo izquierdo, sin moverlo; +ahora tira despacio de la cuerda con la derecha. + +--Á fe mía, que más entiendo yo de manejar la espada y la pica que el +arco, dijo Reno, pero he llevado tantos años entre arqueros que recuerdo +haber presenciado prodigios. Buenos tiradores hay aquí, pero no como +algunos que recuerdo. + +--¿Ves aquello? preguntó Yonson al veterano, extendiendo el brazo hacia +una bombarda que á no gran distancia se alzaba sobre su poco airosa +cureña. Pues la culpa la tienen esos armatostes, con sus humaredas y sus +rugidos. Ante ellos van desapareciendo poco á poco los arqueros de la +buena escuela. Y es maravilla que tan gentil guerrero como nuestro +príncipe lleve consigo esas sucias máquinas, que ojalá revienten todas +con mil demonios. + +--Para arqueros de primer orden algunos que teníamos en el sitio de +Calais, observó Simón. Recuerdo que en una de las muchas salidas un +genovés levantó el brazo y lo agitó como amenazándonos. Diez de nuestros +muchachos le soltaron en el acto otras tantas flechas, y cuando +descubrimos después su cadáver se vió que tenía ocho de ellas clavadas +en el antebrazo. + +--Pues yo os diré, repuso Vifredo, que cuando los franceses nos cogieron +el galeón _Cristóbal_ y lo anclaron á doscientos pasos de la playa, dos +arqueros de marca, Robín y Elías, no necesitaron más de cuatro flechas +para cortar el cable del ancla como con un cuchillo, de suerte que por +poco se estrella el galeón contra las rocas y á los de á bordo los +asaeteamos de lo lindo. + +--Buenos tiempos aquellos y mejores arqueros, en verdad, dijo Reno, pero +á bien que ahí está Simón Aluardo, tan perito como el que más; y cuanto +á tí, Yonson, como si no te hubiera visto yo ganarte el buey gordo allá +en Fenbury, cuando te lo disputaron en el tiro al blanco los primeros +arqueros de Londres. + +Habíalos estado escuchando muy atentamente, apoyado en su ballesta, un +robusto flamenco de penetrante mirada y atezado rostro, cuyo traje y +porte revelaban á un oficial subalterno de las tropas del Brabante. + +--No comprendo, dijo dirigiéndose á los arqueros ingleses, por qué os +gusta tanto la percha esa de seis pies de largo, que os hace tirar y +esforzaros como mulos de carga, cuando yo con el molinete de mi ballesta +obtengo sin molestia los mismos resultados. + +--Buenos tiros de ballesta han visto mis ojos, contestó Simón, pero +permitidme deciros, camarada, que comparando vuestra arma con el arco me +parece una bicoca propia de mujeres, que pueden dispararla con tanta +facilidad y tanto acierto como vos. + +--Mucho habría que decir sobre eso, repuso bruscamente el flamenco. Pero +desde luego aseguro que con mi ballesta hago yo lo que ninguno de +vosotros con el arco. + +--¡Bien dicho, _mon garçon!_ exclamó Simón. El buen gallo canta siempre +alto. Pero á los hechos me atengo y como yo he practicado muy poco con +el arco en estos últimos tiempos, ahí está el viejo Yonson, que sabe +hacer bien las cosas y sostendrá contra vos el honor de la Guardia +Blanca. + +--Un galón de vino del Jura apuesto por el arco, dijo Reno, y por mis +barbas que preferiría apostarlo de buena cerveza de Londres si tal +hubiera por estas tierras. + +--¡Apostado! exclamó el ballestero. Lo que no veo, continuó mirando +rápidamente en derredor, es un blanco que merezca tal nombre, pues yo no +he de perder el tiempo tirando á esos escudos, buenos para ejercitar +reclutas. + +--El tío ese es el mejor tirador de las compañías aliadas, dijo en voz +baja á Simón un hombre de armas inglés. Esta misma mañana oí decir de él +que fué quien derribó malherido al condestable de Borbón. + +--Respondo de Yonson, á quien he visto manejar el arco durante veinte +años, contestó Simón. ¿Qué tal, viejo mío? ¿Te resuelves á demostrar á +este camarada lo que vale un arco inglés? + +--Á buena parte vienes, Simón, como si para lances tales valiera más un +arquero machucho, por bueno que haya sido, que uno de esos zánganos +mozos con ojos de lince y puños de hierro. Pero en fin, déjame tomarle +el tiento á ese arco tuyo, Roldán, que me parece de los buenos. Escocés +de construcción, no hay más que verlo, ligero y flexible á la vez que +poderoso. No, esas flechas no; una de aquellas, tres plumas por banda y +punta estrecha y larga. + +--Esas son las que á mí me gustan, marrullero, dijo Simón. + +--¿Estáis pronto? preguntó el ballestero, poniendo cuidadosamente en su +arma un grueso dardo. + +La noticia de la prueba que se preparaba había cundido por el campo y +numerosos espectadores de las diferentes compañías formaban extenso +semicírculo detrás de los dos justadores. La mirada del ballestero se +fijó de pronto en una cigüeña que trasponiendo lejana colina continuó su +perezoso vuelo en dirección al campamento. Al acercarse divisaron todos +un punto negro que se cernía á grande altura, y que muy pronto +conocieron era un milano en seguimiento de su víctima. Aterrorizada la +cigüeña llegó á unos cien pasos de los arqueros y el ave de rapiña +empezó á trazar pequeños círculos, como si se preparase á caer sobre +ella, cuando el ballestero, apuntando rápidamente, atravesó con su dardo +á la pobre cigüeña. Casi al mismo tiempo tendió Yonson su temible arco y +la flecha detuvo en su vuelo al milano, que empezó á caer velozmente; +alzóse gran clamoreo de los espectadores, que aplaudían ambas proezas; +pero la aprobación de todos se trocó en asombro al ver que Yonson ponía +apresurado otra flecha en su arco apenas disparada la primera y +apuntando horizontalmente clavaba á su vez una saeta en la infeliz +cigüeña, casi en los momentos de dar ésta con su cuerpo en el suelo. Un +grito unánime de los arqueros, resonante expresión de triunfo, acogió +aquella doble hazaña de su camarada, á quien abrazó estrechamente Simón, +que danzaba de gozo. + +--¡Ah, viejo lobo! gritó. Esta la celebraremos juntos vaciando un +azumbre de lo bueno. No contento con el milano habías de ensartar +también la cigüeña. ¡Por las barbas del gran turco! ¡Otro abrazo! + +--Buen tirador sois, á fe mía, dijo gravemente el ballestero, pero no +habéis probado serlo mejor que yo. Apunté á la cigüeña y dí en el +blanco; nadie hubiera podido hacer más. + +--No pretendo aventajaros como tirador, repuso Yonson, pues conozco +vuestra fama; pero sí quería demostrar que con el arco es posible hacer +lo que no hubierais podido realizar con vuestra ballesta en igual +tiempo, dado el que necesitáis para armarla y disparar por segunda vez. + +--Cierto es ello, pero ahora me toca á mí enseñaros una ventaja de la +ballesta sobre el arco. Tended el vuestro cuanto podáis y lanzad la +flecha lo más lejos que alcance. Mi dardo la dejará muy atrás. Marca las +distancias, Arnaldo, clavando en tierra una pica á cada cien pasos y +espérate junto á la quinta para recoger y traerme mis dardos. + +Hízolo así el soldado y momentos después partía silbando la flecha de +Yonson. + +--¡Más allá de la cuarta pica! gritó Simón. + +--¡Bravo, Yonson! exclamaron los arqueros. + +--¡Cuatrocientos veinte pasos! dijo un ballestero que con Arnaldo +acababa de medir la distancia exacta y llegó corriendo al grupo. + +--Pues ahora veréis cómo vuela un buen dardo del Brabante, dijo +tranquilamente el ballestero. + +--¡Por la cruz de Gestas! gruñó Tristán, ha caído cerca de la quinta +pica. + +--¡No, más allá, más allá! gritaron entusiasmados los flamencos. + +--¡Quinientos ocho pasos! voceó Arnaldo y repitieron todos con asombro. + +--¿Cuál de las dos armas vence ahora? preguntó orgullosamente el +ballestero. + +--En el tiro á distancia, la vuestra lleva la ventaja, lo confieso, +replicó Yonson cortésmente. + +--¡Poco á poco! gritó en aquel punto nuestro amigo Tristán con un +vozarrón tremendo y adelantándose hasta llegar junto al engreído +ballestero. Este arco que aquí véis alcanza más lejos que esa maquinaria +vuestra, con molinillo y todo, y os lo voy á probar ahora mismo. +¿Preferís tirar otra vez? + +--Me atengo á los quinientos ocho pasos de mi último dardo. + +--Pues allá va el mío camino de los seiscientos, dijo el gigantesco +arquero tendiéndose en el suelo, poniendo un pie en cada extremo de su +arco y tirando vigorosamente de la cuerda, después de colocar en ella +larguísima flecha. + +--Vas á hacer un pan como unas hostias, gandul, le dijo Simón. ¿De +cuándo acá pretendes tú superar á los arqueros veteranos? + +--Calma, Simón, que esta es una treta mía y yo sé lo que me hago. + +--¡Bien por Tristán! ¡Rompe el arco si es preciso, camarada! vocearon +los arqueros. + +--¿Quién es aquel imbécil que está allí plantado, camino de mi flecha? +preguntó Tristán alzando la cabeza y mirando hacia la última pica. + +--Es mi soldado Arnaldo, que marca el lugar donde cayó mi dardo y sabe +que allí nada tiene que temer de vos, dijo el ballestero. + +--¿No? ¡Pues que Dios lo perdone! exclamó Tristán tendiéndose de nuevo +en el suelo, afirmando los pies y tirando de la cuerda hasta hacer +crujir el arco. ¡Allá va! + +El silbido de la flecha se oyó á gran distancia; el medidor del terreno +se arrojó de cara al suelo y levantándose enseguida echó á correr en +dirección opuesta al grupo que formaban los tiradores. + +--¡Aprieta, Tristán! ¡Si no se tira al suelo no lo cuenta! ¡Bien, +muchacho! exclamaron los arqueros. + +--_¡Mon Dieu!_ No he visto jamás proeza igual, dijo el de Brabante. + +--Lo dicho, es una treta mía con la cual me he ganado muy buenos +cuartillos de cerveza allá en las ferias de Hanson, repuso Tristán +levantándose y sonriendo satisfecho. + +--La flecha ha caído á ciento treinta pasos más allá de la quinta pica, +dijeron varios arqueros y soldados. + +--¡Seiscientos treinta pasos! Es un tiro descomunal, pero nada prueba á +favor de vuestra arma, robusto amigo, porque para llegar á tal distancia +os habéis convertido vos mismo en arco y eso no era lo pactado. + +--¡No deja de ser verdad lo que decís! asintió Simón riéndose. Pero +probados ya el tiro al blanco y el de distancia, voy á demostraros á mi +vez cómo el arco gana á la ballesta en fuerza de penetración. ¿Véis +aquel escudo, en la altura? Es de roble recubierto de cuero. Clavad en +él vuestro dardo lo más profundamente que podáis. + +--Allá va, dijo el ballestero, á quien imitó Simón después de ensebar +con cuidado la punta de su flecha. + +--Tráeme el escudo, Elías, dijo Simón á un arquero. + +Cariacontecidos quedaron los ingleses y grande fué la risa de los de La +Nuit y Brabante al ver que el sólido escudo sólo tenía el dardo del +ballestero clavado profundamente y ni señales de la flecha de Simón. + +--¡Por vida de los tres reyes! exclamó el flamenco. Ni siquiera habéis +dado en el blanco, seor inglés. + +--¿No, eh? replicó el veterano con sorna; y dando vuelta al escudo +señaló en la cara interior de éste un pequeño agujero. ¿Véis esto? Pues +es que ha sucedido lo que yo esperaba; vuestro dardo ha quedado +atarugado en el roble á poco de atravesar el cuero, en tanto que mi +flecha ha horadado el escudo de parte á parte. + +El semblante del oficial reveló su humillación y su disgusto, pero antes +de que pudiera despegar los labios llegó al galope Roger, que +dirigiéndose á los arqueros les dijo: + +--Nuestro capitán el barón de Morel me sigue de cerca y quiere hallar +reunidos á sus soldados para darles en persona una buena noticia. + +Arqueros y hombres de armas se calaron á toda prisa los cascos, +endosaron cotas de malla y coletos, asieron sus respectivas armas y en +dos minutos quedó perfectamente formada la Guardia Blanca. Poco después +llegó el barón al trote de su brioso corcel y contempló con evidente +satisfacción el marcial aspecto de su gente. + +--Soldados, les dijo, vengo á anunciaros que la Guardia Blanca acaba de +ser objeto de un alto honor. El príncipe nos ha elegido para formar la +vanguardia y seremos los primeros en atacar al enemigo. Si alguno de +vosotros vacila en este momento.... + +--¡Os seguiremos hasta el último! ¡Viva nuestro capitán! gritaron á una +los arqueros. + +--Bien está. ¡Por San Jorge! no esperaba menos de vosotros. Nos +pondremos en marcha mañana al despuntar el día, y montaréis los caballos +de la compañía Loring, que por ahora queda incorporada á la reserva. +Hasta mañana. + +Los arqueros rompieron filas con mil exclamaciones de contento, +palmoteando y abrazándose como si acabasen de ganar una victoria. +Contemplábalos sonriente el barón cuando cayó sobre su hombro una pesada +mano y volviéndose halló el rostro coloradote y mofletudo de Sir Oliver +Butrón. + +--¡Aquí tenéis otro recluta, caballero andante! le dijo el rollizo +guerrero. Acabo de saber que seréis el primero en marchar camino del +Ebro y con vos me largo aunque no queráis. + +--¡Bienvenido, Oliver! Vuestra compañía, á más de gustosa, es honra para +mí. + +--Pero debo confesaros con franqueza que tengo para ello una razón +poderosa.... + +--Sí, vuestro deseo de hallaros siempre donde hay peligros que correr y +lauros que conquistar. + +--No precisamente.... + +--¿Qué buscáis, pues? + +--Gallinas. + +--¿Eh? + +--Os explicaré. Hasta ahora hemos debido de tener por vanguardia una +partida de gentes famélicas, á juzgar por la limpia de vituallas que han +hecho en todo el camino. Desde que salimos de Dax trae á la grupa mi +escudero un saco de exquisitas trufas, pero estad seguro de que no +hallaremos una sola gallina ni un mal pollastre con que comerlas +mientras no dejemos atrás á esos voraces merodeadores. Y hé aquí por +qué, mi buen León, me alisto desde ahora bajo vuestra bandera, con +trufas y todo. + +--¡Siempre el mismo, Oliver! dijo el barón riéndose de la salida de su +amigo é invitándolo á entrar en su tienda. + + + + +CAPÍTULO XXXI + +DE CÓMO TRISTÁN Y EL BARÓN HICIERON DOS PRISIONEROS + + +Dos días de acelerada marcha llevaron al barón y su gente á la orilla +opuesta del rápido Arga y más allá de Estella, hasta dejar atrás los +valles y las cañadas de Navarra y hallarse frente al anchuroso Ebro, en +cuyas riberas se alzaban numerosos caseríos. Durante toda una noche +contemplaron los sorprendidos habitantes de Viana el paso del río por +aquella tropa, que hablaba una lengua extraña á sus oídos y cuyas armas +y equipo llamaban no menos poderosamente su atención. Desde aquel +momento se hallaba la Guardia Blanca en tierra de Castilla y la próxima +jornada los dejó en un pinar cercano á la ciudad de Logroño, en el cual +se detuvieron para tomar hombres y caballos el muy necesitado descanso, +mientras los jefes celebraban consejo presidido por el barón. + +Tenía éste consigo á los señores Guillermo Fenton, Oliver de Butrón, +Burley, llamado el caballero andante de Escocia, Ricardo Causton y el +conde de Angus, distinguidos todos ellos entre los primeros caballeros +del ejército. Componían el resto de la fuerza sesenta hombres de armas +veteranos y trescientos veinte arqueros. Don Enrique de Trastamara, rey +de Castilla, se hallaba acampado con su ejército á unas diez leguas de +distancia en dirección á Burgos, según informes suministrados al barón +por numerosos espías. Por éstos supo también que el monarca castellano +mandaba poderosa hueste de cuarenta mil infantes y veinte mil caballos. + +Largas fueron las deliberaciones del consejo, y aunque Fenton y Burley +sostuvieron que la misión de la vanguardia quedaba bien cumplida por +entonces, pues habían averiguado la posición y número del enemigo, y +que era temeridad continuar allí con sólo cuatrocientos hombres, entre +un ejército de sesenta mil y un caudaloso río, prevaleció la opinión del +señor de Morel y otros caballeros, que no querían repasar el Ebro sin +ver á un solo enemigo ni intentar hazaña ó aventura por arriesgada que +fuese. + +Continuaron, pues, la marcha, protegidos por la obscuridad de la noche y +guiados por un pastor de cuya guarda se encargó Reno, empezando por +atarle sólidamente una muñeca con recia cuerda cuyo otro extremo aseguró +al arzón de su silla. Momentos después de amanecer, cuando ya el paso +por aquellas breñas iba haciéndose harto difícil, les anunció temblando +su guía que en la obscuridad había perdido el camino; palabras que +indignaron á los arqueros más próximos, sospechosos de una traición y +que á punto estuvo de costar la vida al pastor, cuando repentino toque +de cornetas y tambores reveló á los expedicionarios la inmediación del +enemigo. + +--¡Habla, villano! ¿Qué significa ese rumor? preguntó en buen castellano +el señor de Fenton al tembloroso guía. + +--¡Ya sé dónde estamos! exclamó éste. El ejército acampa en aquel valle. +Salgamos de esta cañada y desde esa altura que á la izquierda queda +veréis las tiendas del rey. + +Tomó Fenton ladera arriba, siguiéronle sigilosamente los otros y al +llegar á la cumbre miraron con precaución el barón y los caballeros por +entre rocas y matorrales. + +El cuadro que el inmediato valle ofreció á su vista los dejó atónitos. +Frente á ellos se extendía una gran llanura cubierta de verde hierba y +por la que serpenteaban dos riachuelos. En todo el valle, hasta donde +alcanzaba la vista, millares de blancas tiendas, adornadas muchas de +ellas con enseñas y pendones de los altivos señores castellanos y +leoneses. Á gran distancia, en el centro de aquella improvisada ciudad, +una tienda mayor y más vistosa que todas las restantes era sin duda la +vivienda del monarca. El toque que habían oído los ingleses era la +primera llamada matutina; el campamento despertaba, numerosos soldados +salían de las tiendas, dirigiéndose unos al riachuelo más cercano y +preparando y encendiendo otros multitud de fogatas que empezaron á +desprender columnas de humo. + +Largo rato continuaron en acecho los ingleses y vieron que algunos +grupos de nobles castellanos, montando sus hermosos corceles y seguidos +de pajes que llevaban halcones y azores adiestrados, se preparaban á +entregarse á su ejercicio favorito de la caza. Á su lado corrían y +saltaban grandes lebreles. + +--Arrogantes galanes, á fe mía, dijo Simón á Roger, que olvidado de todo +contemplaba con embeleso espectáculo tan nuevo para él. + +--Lo que yo pienso, dijo á su vez Tristán, es que si pudiera apoderarme +de uno de aquellos alegres jinetes y hacerle pagar rescate, podría +también comprarle a mi madre un par de vacas.... + +--No seas cernícalo, Tristán, repuso Simón. Dí más bien que con el +rescate podrías comprar una hermosa granja inglesa y diez aranzadas de +terreno á orillas del Avón. + +--¿Sí? Pues allá voy á traerme uno de ellos, exclamó Tristán haciendo +ademán de bajar al valle y en voz tan alta que llamó la atención de +Morel. + +--Nadie se mueva, ordenó éste. Quitáos los cascos y bajad las armas para +que el brillo del acero á los rayos del sol no llame la atención del +enemigo. Aquí hemos de aguardar ocultos hasta la noche. + +Así lo hicieron, temiendo verse descubiertos y aniquilados de un momento +á otro, cosa que pareció inevitable cuando á eso de mediodía vieron +subir por el sendero del valle á un apuesto caballero, ligeramente +armado, que montaba un caballo blanco y llevaba posado sobre el puño +izquierdo un halcón. El cazador siguió trepando hasta llegar á la +cumbre, obligó á su caballo á trasponer la valla natural que formaban +los arbustos y cuando menos lo esperaba se halló rodeado de los extraños +guerreros allí ocultos. Lanzando una exclamación de sorpresa y despecho +hizo volver grupas á su caballo, derribó éste á los dos arqueros que +intentaban detenerlo é iba ya á lanzarse al galope hacia el valle, +cuando caballo y caballero se vieron detenidos bruscamente por las +férreas manazas de Tristán. Un momento después yacía el jinete derribado +en el suelo. + +--Rescate tenemos, dijo Tristán. + +--Si no me engaño, arquero, dijo el barón adelantándose después de mirar +atentamente al sorprendido cautivo, acabas de hacer prisionero al noble +caballero español Don Diego de Álvarez, á quien tuve la honra de ver un +tiempo en la corte de nuestro príncipe. + +--Don Diego soy, repuso el caballero, y preferiría mil veces la muerte á +verme hecho prisionero en una emboscada y por las villanas manos de un +arquero.... Tomad vos mi espada, señor capitán. + +--Poco á poco, caballero, dijo el barón. Sois prisionero del soldado que +os ha hecho cautivo, mozo valiente y honrado. Potentados de más alto +rango que vos hanse visto antes de ahora prisioneros de arqueros +ingleses.... + +--¿Qué rescate pide ese hombre? interrumpió el castellano. + +--Pues yo, dijo titubeando Tristán cuando le hubieron traducido la +pregunta, quisiera unas cuantas vacas, y una casita aunque fuese +pequeña, con su huerto y.... + +--¡Basta, basta! dijo el barón con gran risa. Déjame arreglar este +asunto por tí, arquero. Todo lo que el soldado quiere, Don Diego, puede +comprarse con dinero, y creo que cinco mil ducados no es mucho pedir por +la libertad de tan renombrado caballero. + +--Le serán pagados. + +--Me veo obligado, eso sí, á reteneros entre nosotros por algunos días, +y á pediros permiso para usar vuestra armadura, escudo y caballo en una +expedición que proyecto. + +--Mi arnés, armas y caballo vuestros son por la ley de la guerra. + +--Pero os serán devueltos. Coloca centinelas, Simón, ahí en la entrada +del paso y una guardia de arqueros con armas preparadas por si algún +otro caballero nos visita. + +Pasaron las horas y los ingleses siguieron vigilando todos los +movimientos de la gran hueste enemiga. Al caer la tarde se notó gran +agitación en el campo y luégo fuertes clamores y el toque de cien +cornetas. No tardó en descubrirse la causa; por el camino más lejano del +punto donde se hallaban agazapados los arqueros llegaba una fuerte +columna, nuevos refuerzos para el ejército castellano. + +--¡El diablo me lleve, dijo por fin Burley, si al frente de esos +caballos no ondea el estandarte con la doble águila de Duguesclín! + +--Así es, dijo el de Angus, y con él los caballeros franceses alistados +en Bretaña y Anjou. + +--Cuatro mil jinetes lo menos, repuso Guillermo Fenton. Y allí veo al +gran Bertrán en persona, junto á su bandera. El rey Enrique sale á su +encuentro con heraldos, caballeros y pendones. Vedlos que juntos se +dirigen hacia la tienda real. + +En tanto el barón de Morel había revestido la armadura de su prisionero +Don Diego y tan luego se puso el sol dió orden á su gente de preparar +las armas. + +--Señor de Fenton, dijo, he resuelto intentar no pequeña empresa y os he +elegido para mandar á nuestros soldados en una salida y sorpresa al +campamento castellano. Antes saldré yo con dirección al centro del +campo, con sólo mi escudero y dos arqueros. Caed sobre el enemigo cuando +me veáis llegar á la tienda del rey. Dejaréis veinte hombres aquí, en el +sendero que parte de la cañada, y regresaréis apresuradamente á este +mismo lugar después de vuestro rápido ataque. + +--¿Qué proyectáis, Morel? + +--Después lo veréis. Roger, me seguirás llevando por la brida un caballo +de repuesto. Que vengan con nosotros, bien montados, los dos arqueros +que nos acompañaron en nuestro viaje por Francia, y en quienes tengo +confianza absoluta. Dejarán aquí sus arcos y ni ellos ni tú diréis +palabra, aunque os hablen en el campo. ¿Estás pronto? + +--Á vuestras órdenes, señor barón, dijo Roger. + +--¡Y también nosotros! exclamaron Simón y Tristán, montando y +adelantándose á su vez. + +--En vos confío, Fenton, dijo el barón. Si Dios nos protege hemos de +vernos reunidos otra vez aquí antes de una hora. ¡Adelante! + +Montó el barón el blanco caballo de Don Diego de Álvarez, y salió +tranquilamente de su escondite seguido de sus tres compañeros. Llegados +al valle hallaron multitud de grupos de soldados y caballeros +castellanos y franceses que fraternizaban, por entre los cuales pasaron +sin que su presencia llamase la atención, y deslizándose entre las filas +de tiendas no tardaron en hallarse frente á la que ostentaba el +estandarte real. En aquel momento estallaron grandes gritos de sorpresa +y terror á la izquierda del campo, hacia donde se dirigieron velozmente +millares de infantes y jinetes y muy pronto se oyó á lo lejos el rumor +de furioso combate. Á excepción de algunos centinelas y pajes, cuantos +se hallaban cercanos á la tienda real habían desaparecido, voceando y +arma en mano, en dirección al lugar de la lucha. + +--¡He venido aquí á apoderarme del rey! dijo entonces el barón á los +suyos; y lo conseguiré ó pereceré en la demanda. + +Roger y Simón cayeron en seguida sobre los hombres de armas que +guardaban la puerta y los tendieron á los pies de sus caballos. +Desmontaron rápidamente, como ya lo había hecho el barón y los tres se +precipitaron en la tienda espada en mano, seguidos un momento después +por Tristán que se había encargado de asegurar los cinco caballos cerca +de la puerta. Oyéronse gritos y choque de armas dentro de la tienda y á +los pocos instantes volvieron á salir los audaces guerreros, tintas en +sangre las espadas y llevando Tristán á cuestas el cuerpo ricamente +ataviado de un hombre desvanecido ó muerto, que en un abrir y cerrar de +ojos quedó asegurado sobre el caballo de repuesto. Poco costó al barón y +sus soldados, una vez montados, dispersar á los pajes y servidores del +rey que los rodeaban, y se lanzaron al galope en dirección á la colina +donde esperaban refugiarse. + +El inesperado y furioso ataque de Guillermo Fenton con sus cuatrocientos +arqueros había llevado á medio campamento una confusión espantosa y +sembrado la muerte á su paso. Multitud de jinetes castellanos corrían en +todas direcciones, sin hallar al enemigo, confundiéndolo en la +obscuridad con sus aliados los franceses. En tanto el barón, Roger y los +dos arqueros con su cautivo salían del campo por otro lado, sin hallar á +su paso más que dos á tres grupos de soldados, que sorprendieron y +dispersaron fácilmente. Los pocos que dieron en perseguirlos +retrocedieron á toda prisa al llegar á la cañada y oir las cornetas y +atabales que allí tocaban furiosamente los veinte arqueros emboscados al +efecto. Los perseguidores, como lo había previsto el barón, creyeron que +una gran fuerza inglesa, quizás todo el ejército del Príncipe Negro, +había tomado posesión de aquellas alturas. Lo mismo sucedió cuando poco +después llegaron á escape y perseguidos los jinetes mandados por Sir +Guillermo Fenton, sin que el enemigo se atreviera á continuar la +persecución en la espesura, donde evidentemente se hallaban emboscados +los ingleses en considerable número. + +--¡Contemplad mi conquista, Morel! gritó apenas llegado Oliver de +Butrón, agitando sobre su cabeza un enorme jamón que había arrebatado al +enemigo. Os convido, amigo barón, aunque es lástima que no tengamos una +botella de buen vino con que rociarlo.... + +--Más tarde hablaremos, Oliver, dijo el barón jadeante. Por ahora lo que +importa es marchar á toda prisa hacia el Ebro, por lo más cerrado del +bosque. + +--¡Paciencia! dijo el señor de Butrón. Pero ¿quién es ese individuo que +ahí traéis? + +--Un prisionero que acabo de hacer en la tienda real y que á juzgar por +su ropaje y el escudo con las armas de Castilla bordado sobre el pecho +espero sea el mismísimo rey Don Enrique. + +--¡El rey! exclamaron asombrados sus oyentes, rodeando al desconocido. + +--Os engañáis, barón, dijo Fenton, que miraba atentamente al cautivo. +Dos veces he visto al de Trastamara y este hombre en nada se le parece. + +--Pues entonces ¡por el cielo! juro volver ahora mismo al campo y +traerme al rey, vivo ó muerto. + +--Sería una temeridad inútil, barón. El campo enemigo está todo sobre +las armas. ¿Quién sois vos? preguntó bruscamente Fenton en castellano, +dirigiéndose al desconocido. ¿Y cómo no siendo el rey ostentáis el +escudo de Castilla? + +El prisionero había vuelto en sí del desmayo que le ocasionaran los +vigorosos puños de Tristán, que le habían apretado el pescuezo sin +compasión ni miramientos. + +--Formo parte, dijo, de la guardia de nobles encargados de velar por la +persona del rey. Mi soberano se hallaba por fortuna en la tienda +destinada á Duguesclín cuando vos me sorprendisteis. Soy Don Sancho de +Penelosa, caballero aragonés al servicio de su alteza Don Enrique de +Castilla y pronto estoy á pagar el rescate que se me exija. + +--Guardaos en buenhora vuestro dinero, dijo el barón, profundamente +disgustado con el fracaso de su atrevida empresa. Libre estáis. Decid á +vuestro señor que un noble inglés, el barón León de Morel, ha hecho esta +noche todo lo posible, aunque inútilmente, por ofrecerle sus respetos en +persona. Otra vez será. ¡Y ahora, amigos míos, á caballo y en marcha! +Había creído poder quitarme esta noche el parche que cubre mi ojo, pero +por lo visto tengo que llevarlo puesto algún tiempo todavía. ¡En +marcha! + + + + +CAPÍTULO XXXII + +DONDE EL SEÑOR DE MOREL CUMPLE SU VOTO + + +La mañana siguiente, desapacible y fría como muchas del mes de Marzo en +aquellos contornos, halló á nuestros arqueros en un terreno pedregoso y +al pie de elevadísimas rocas, cuyas cimas empezaba á dorar el sol +naciente. En uno de los grupos que apresuradamente disponían el desayuno +figuraban Reno, Simón y Yonson, más atentos á preparar sus flechas y +afilar sus espadas que á vigilar el guiso, del cual cuidaba solícito el +voraz Tristán. Roger y Norbury, el silencioso escudero de Sir Oliver, +procuraban calentar al fuego de la hoguera sus manos ateridas. + +--¡Ya hierve el guisote! exclamó Yonson poniendo á un lado el espadón. +¡Á comer, antes de que nos den la orden de marcha ó nos caiga encima un +nublado de castellanos y franceses! + +--¡Por vida de! dijo Simón mirando á su amigo Tristán, ahora que este +cernícalo está en vísperas de recibir el cuantioso rescate de su +prisionero desdeñará quizas comer con pobres arqueros. ¿Eh, Tristán? No +más cubiletes de cerveza ni medias raciones de cecina, cuanto te veas +otra vez en Horla, sino vino gascón á diario y carne asada hasta que te +hartes. + +--Lo que en Horla haré, sargento, si allá llego otra vez, está por ver; +lo que sí sé es que por ahora voy á meter mi casco en esa caldera y á +comer cuanto pueda, por si no volvemos á ver un guiso en todo el día. + +--¡Bien dicho, muchacho! ¡Ea, cada cual para sí! ¿Á quién buscas, Robín? + +--El señor barón desea veros en su tienda, dijo á Roger un joven +arquero. + +Apenas llegado Roger á presencia de su señor entrególe éste un abultado +pergamino, diciendo: + +--Acaba de traérmelo un mensajero de Su Alteza, quien me dice que fué +portador de ese y otros pergaminos un caballero recienllegado de +Inglaterra al cuartel general. + +--Está dirigido á vos, señor barón y escrito, según aquí reza, "de mano +de Cristóbal, siervo de Dios y Prior del monasterio de Salisbury." + +--Lee pronto, Roger. + +El joven escudero recorrió con la vista las primeras líneas, palideció y +lanzó una exclamación de sorpresa y dolor. + +--¿Qué es ello? preguntó el barón. ¿Vas á darme malas noticias de la +señora baronesa ó de mi hija Constanza? + +--¡Mi hermano, mi desgraciado hermano! exclamó Roger. ¡Hugo ha muerto! + +--Te trató en vida como á mortal enemigo, Roger, y no veo fundado motivo +para que tanto sientas su muerte. + +--Era el único pariente que me quedaba en el mundo. Pero ¡qué noticias! +¡Cuánto inesperado desastre! Oid, señor barón. + +El prior escribía que poco después de la partida de Morel se había +congregado en la granja de Munster y puéstose á las órdenes del díscolo +Hugo de Clinton numerosa fuerza compuesta de aventureros, bandidos y +gente perdida de toda la comarca, quienes después de derrotar á las +gentes de justicia y soldados del rey enviados contra ellos, habían +puesto sitio al castillo de Monteagudo, habitado por la esposa é hija +del barón. Que la baronesa, lejos de entregar la fortaleza, había +organizado y dirigido la defensa con tantos bríos y acierto tal que al +segundo día, después de empeñados y mortíferos asaltos, había perdido la +vida Hugo, el jefe de los sitiadores, y huído y dispersádose éstos. La +carta terminaba dando las mejores noticias sobre la salud de ambas damas +é invocando sobre el barón las bendiciones del cielo. + +--¡La profecía! dijo el barón tras larga pausa. ¿Recuerdas, Roger lo que +nos dijo aquella noche memorable y fatal la esposa de Duguesclín? El +asalto del castillo, el jefe de la barba rubia, todo, todo. ¡Es +portentoso! Y á propósito, Roger; nunca te he preguntado por qué la +noble profetisa dijo de tí que tenías el pensamiento puesto en el +castillo de Monteagudo con más constancia y cariño que yo mismo.... + +--Quizás tuviera también razón al decirlo, señor, replicó el escudero +ruborizándose, porque os confieso que en aquel castillo pienso todo el +día y con él sueño de noche. + +--¡Hola! exclamó el barón. ¿Y cómo es eso, Roger? + +--Debo confesároslo. Amo á mi señora Doña Constanza, vuestra hija, con +el más puro y profundo amor.... + +--Me sorprendes, doncel, dijo el barón frunciendo el ceño. ¡Por San +Jorge! ¿sabes que es muy noble nuestra sangre y muy antiguo nuestro +nombre? + +--También lo es el mío, señor barón, y muy noble la sangre heredada de +mis mayores. + +--Constanza es nuestra única hija y cuanto tenemos le pertenecerá algún +día. + +--También soy yo ahora el único Clinton, y muerto sin hijos mi hermano +soy dueño y señor de Munster. + +--Cierto es. Pero ¿cómo no me has hablado antes del caso? + +--No podía hacerlo, señor barón, porque ni aun sé si vuestra hija me ama +y no media entre nosotros oferta ni promesa. + +Quedóse pensativo el famoso guerrero y por fin se echó á reir. + +--¡Juro por San Jorge no tomar cartas en el asunto! exclamó. Mi muy +amada hija es árbitra de su elección, pues la juzgo muy capaz de mirar +por sí misma y elegir con acierto. La conozco, amigo Roger, y si como me +figuro está ella pensando en tí como tú en ella, ni Enrique de +Trastamara con sus sesenta mil soldados puede impedir que mi Constanza +haga su voluntad y deje de amar á quien ame. Lo que sí me toca recordar +aquí es que siempre he deseado para esposo de mi hija á un caballero +valiente y cumplido. Tú, Roger de Clinton, estás en camino de ser una +brillante lanza si Dios te protege. Sigue haciendo méritos y +conquistando lauros. Pero basta de este asunto, que volveremos á tratar +cuando veamos otra vez las costas de Inglaterra. Nos hallamos en +situación gravísima é importa salir de ella cuanto antes. Hazme la +merced de llamar al señor de Fenton, con quien deseo conferenciar antes +de que nos alcance el enemigo en esta desventajosa posición. + +Obedeció Roger inmediatamente y sentándose después sobre apartada roca +trató de recordar una á una las palabras del barón y su propia +confesión; comparó también las desfavorables circunstancias que le +rodeaban cuando por primera vez vió á su amada, novicio indigente y sin +hogar, con la holgada posición que le creaba la prematura muerte de su +hermano. Además, había sabido ganarse el aprecio y la confianza del +barón, sus compañeros de armas lo consideraban como valiente entre los +valientes de la Guardia Blanca, á pesar de sus pocos años, y sobre todo, +el barón acababa de oir la revelación de su amor más complacido que +enojado. El resultado de sus meditaciones fué la resolución de no +abandonar aquellas montañas sin conquistar lauros brillantes, que +acabaran de hacerle digno de merced tan alta y felicidad tan cumplida +cual podía prometerse el futuro esposo de la encantadora Constanza de +Morel. + +En aquel instante oyó Roger, tres veces repetida, la nota penetrante de +un clarín, y saltando de la roca en que estaba sentado vió que los +arqueros empuñaban sus armas y se dirigían apresuradamente hacia los +caballos. Llegó en pocos momentos al grupo que formaban los jefes y oyó +al señor de Fenton que decía: + +--No me queda duda, es el toque del clarín enemigo. Pero es imposible +que las tropas de Enrique nos hayan dado alcance tan pronto. + +--Olvidáis, dijo el barón, los informes del villano á quien sorprendimos +anoche. Un hermano del rey castellano, nos dijo, se había adelantado al +grueso del ejército para hostigar á nuestras avanzadas con un cuerpo de +seis mil jinetes y mucho me temo que nuestra precipitada marcha nos haya +alejado de un peligro para hacernos caer en otro. + +--Así es, en efecto, dijo el de Angus. ¿Qué hacer? + +--Tomar posiciones en aquella altura y vender caras nuestras vidas, ó +salvarlas si nos llegan refuerzos. La más alta de aquellas colinas, de +difícil subida por todos lados y con una planicie bastante extensa en la +cumbre, nos ofrece una admirable fortaleza natural. Dad, Fenton, la +orden de marcha sin perder momento. Conservad, señores, vuestros +caballos, pero que abandonen los suyos los soldados. Si vencemos nos +sobrarán caballos del enemigo. Puesto que el jefe castellano nos ha +descubierto y no se oculta, enseñémosle también los colores de nuestra +bandera. Nuestras almas están en manos de Dios, nuestros cuerpos al +servicio del rey. ¡Desenvainemos las espadas, por San Jorge é +Inglaterra! + +El entusiasmo del barón se comunicó á sus soldados, y la Guardia toda +escaló con resuelto paso la ladera menos pendiente, erizada de peñascos +y cubierta de rocas sueltas que rodaban á su paso é iban á perderse, +rebotando, en el fondo del valle. La altura á que por fin llegaron los +arqueros ingleses constituía en efecto una posición fortísima, un enorme +cono truncado desde cuya base superior podían barrer con sus flechas el +pendiente camino que ellos acababan de recorrer con gran dificultad, al +paso que por los otros lados la roca cortada á pico hacía la posición +inexpugnable. + +La niebla que hasta entonces cubriera el valle comenzó á disiparse, +flotando en grandes jirones que rozaban por un momento las copas de los +árboles y luégo se elevaban desvaneciéndose en el espacio. El sol +iluminó entonces los alrededores de la roca convertida en fortaleza y +nobles y arqueros contemplaron con admiración la vasta fuerza que los +cercaba. Brillaban los cascos y corazas de numerosos escuadrones y las +voces que dieron y el toque de las cornetas y atabales indicaron también +que habían descubierto el refugio de sus enemigos y que se preparaban +para el ataque. El barón y sus jefes se reunieron ante los cuatro +estandartes de su fuerza, que eran el de las armas inglesas, el de Morel +y los de Butrón y Merlín, enseña este último de unos sesenta arqueros +del país de Gales. + +--¿Véis, barón, aquella hermosa bandera bordada de oro que ondea al +frente de las otras? preguntó Fenton. Pues es la de los famosos +caballeros de Calatrava, y no lejos de ella la de la Orden de Santiago. +En el centro el estandarte real, y ó mucho me engaño ó hay también en +esa fuerza muchos caballeros franceses. ¿Qué decís á ello, Don Diego? + +El prisionero de Tristán de Horla contemplaba con alegría y entusiasmo +las brillantes cohortes de sus compatriotas. + +--¡Por Santiago! exclamó. Vos y vuestros amigos váis á caer al empuje de +los más afamados caballeros de León y Castilla. Manda esa fuerza un +hermano de nuestro rey, y sin contar los gloriosos pendones de Calatrava +y de Santiago, veo allí los de Albornoz, Toledo, Cazorla, Rodríguez +Tavera y tantos otros, amén de los de muchos nobles aragoneses y +franceses. + +No se hizo esperar el ataque. Los brillantes escuadrones de las dos +grandes órdenes militares se adelantaron en formación perfecta, y cuando +ya los arqueros preparaban sus armas vieron con sorpresa que sus +enemigos se detenían, blandiendo lanzas y espadas, y que de sus filas se +adelantaban dos guerreros armados de punta en blanco, caladas las +viseras y con grandes penachos blancos que sobre los relucientes yelmos +ondeaban al viento. Alzados ambos sobre los estribos y blandiendo las +lanzas, era evidente que dirigían un reto á los caballeros ingleses. + +--¡Un cartel, por vida mía! gritó el barón, brillándole el único ojo que +tenía descubierto. No se dirá que el barón de Morel ha rehusado tan +cortés propuesta. ¿Y vos, Fenton? + +La contestación del caballero inglés fué saltar sobre su caballo, y +empuñando, como el barón, la lanza y embrazando el escudo, ambos jinetes +descendieron con peligrosa rapidez la enhiesta pendiente, en dirección á +los dos campeones castellanos, que á su vez les salieron al encuentro. +Era el contrincante de Guillermo Fenton un apuesto caballero, joven y +vigoroso en apariencia, cuya lanza dió en el escudo del inglés tan recio +golpe que lo partió en dos, á tiempo que la acerada lanza de Fenton le +atravesaba la garganta, derribándolo moribundo. Impulsado Sir Guillermo +por el entusiasmo del triunfo y el ardor del combate, siguió su furiosa +carrera y desapareció entre las apretadas filas de los caballeros de +Calatrava, que en un abrir y cerrar de ojos dieron cuenta del valeroso +campeón inglés. + +El barón en tanto había hallado un competidor digno de su esfuerzo y +bríos en guerrero tan famoso como Don Sebastián de Gomera, lanza +escogida de los caballeros de la Orden de Santiago. Acometiéronse con +tal furia que al primer encuentro quedaron rotas ambas lanzas, y +empuñando los aceros se atacaron con denuedo sin igual. Largo fué el +combate, brillantes los golpes y paradas que demostraron la pericia de +ambos, hasta que impaciente el de Santiago hizo saltar á su caballo +hasta tocar al del inglés, y abalanzándose sobre el barón le rodeó el +cuerpo con sus brazos. Cayeron al suelo ambos enemigos estrechamente +unidos, logró el castellano dominar á su adversario, de cuerpo más +endeble que el suyo, y posándole una rodilla en el pecho alzó el brazo +armado para poner de una estocada fin al furioso combate. Pero nunca +llegó á dar el golpe mortal. La espada del barón, rápida como el rayo, +entró oblícuamente por debajo del levantado brazo de su enemigo, y éste +cayó pesadamente en tierra, lanzando ahogado grito. Confusa gritería de +aplauso y de despecho se dejó oir en uno y otro bando y el barón, +saltando sobre su caballo, se lanzó hacia la altura, á la vez que los +sitiadores emprendían el ataque de la posición inglesa. + +Los arqueros los recibieron con una granizada de flechas que hicieron +morder el polvo á filas enteras de los asaltantes. Inútiles fueron los +esfuerzos denodados de éstos por llegar hasta la altura; la estrechez y +la pendiente del camino y los obstáculos que añadían á su paso los +cuerpos de hombres y caballos hacinados y revolcándose en sangrientos +montones sólo les permitían avanzar lentamente, haciéndolos fácil blanco +de las flechas enemigas, y muy pronto se oyó el toque de retirada. + +Felicitábanse los arqueros cuando descubrieron otro enemigo aun más +temible que las impotentes lanzas de los jinetes. Numerosos honderos +castellanos habían tomado posesión de otras alturas cercanas y desde +ellas lanzaron mortíferas piedras, con fuerza y acierto tal que en pocos +momentos quedaron tendidos sin vida el veterano Yonson y algunos otros +arqueros y malheridos quince de éstos y seis hombres de armas. +Parapetáronse los ingleses lo mejor que pudieron detrás de los peñascos, +tendiéronse muchos en el suelo y dirigieron sus certeras flechas contra +los honderos. + +--¡Barón! exclamó en aquel momento el señor de Burley; acaba de decirme +Simón que no nos quedan más de doscientas flechas por junto. ¿Qué hacer? +En mi opinión ha llegado la hora de parlamentar ó de morir casi +indefensos. + +--¡Por lo pronto, contestó el barón de Morel arrancándose el parche que +por tanto tiempo cubriera su ojo izquierdo, creo haber cumplido mi voto +dando muerte en leal combate á uno de los más pujantes y famosos +caballeros enemigos! Y ahora ¡á morir matando! + +--Lo mismo digo, asintió tranquilamente Oliver de Butrón, enarbolando +pesada maza. + +--¡Disparad hasta vuestra última flecha, arqueros! gritó el de Morel. +¡Entonces os quedarán todavía espadas y hachas para vender caras +vuestras vidas! + + + + +CAPÍTULO XXXIII + +"LA ROCA DE LOS INGLESES" + + +Como si el enemigo hubiera oído ó adivinado las palabras del intrépido +jefe, alzóse entonces en todo el valle y en las cumbres vecinas el grito +de venganza y exterminio de aquella raza aguerrida, que llevaba siglos +enteros de lucha con los árabes y que preparaba el anonadamiento de otro +puñado de invasores, no menos odiados que los sectarios de Mahoma. +Cruenta y terrible fué la lucha, tan larga, tan encarnizada que aun hoy +día conserva memoria de ella la tradición y entre los montañeses de la +comarca se conoce el teatro de la hecatombe con el nombre de la "Roca de +los Ingleses." + +Mas no cedieron éstos al segundo asalto. Agotadas muy pronto las flechas +de los arqueros, lucharon desesperadamente con espadas, picas, hachas y +mazas, aprovechando todas las ventajas de su posición. Por fortuna, el +combate cuerpo á cuerpo impidió á los honderos castellanos continuar su +obra de destrucción. Sitiadores y sitiados luchaban confundidos en el +único punto del camino por donde podía escalarse la altura y allí +acudieron, dando el ejemplo á sus soldados, los pocos nobles ingleses +que rodeaban al barón. Momentos hubo en que éste, Roger y Butrón +hubieran perecido sin el oportuno refuerzo del escocés Burley al frente +de los veteranos de Gales, que cayeron sobre el enemigo con furia sin +igual, obligándole á retroceder buen trecho. Pero las pérdidas de los +sitiados eran irreparables, al paso que los castellanos tenían +escuadrones y compañías enteras de reserva en el valle, imposibilitados +unos y otras de tomar parte en la lucha hasta entonces por las +condiciones del terreno. + +Un gigantesco caballero de Santiago llegó á escalar los últimos +peñascos, y derribando á tres arqueros de otros tantos golpes blandía de +nuevo la tajante espada, cuando le asió entre sus nervudos brazos el +animoso Sir Oliver. Forcejeando furiosamente ambos enemigos, y rodando +por el suelo en mortal abrazo, llegaron al borde de la elevada planicie +y cayeron despeñados en el horrendo precipicio. La espada de Simón y la +enorme hacha de Tristán brillaban al sol y golpeaban incesantemente +sobre las cabezas enemigas, en primera línea. Reno cayó á su lado, +malherido, y también pereció allí Sir Ricardo Causton. El señor de +Morel, cubierto de sangre, hacía prodigios de valor, acudiendo á todas +partes, animando y dirigiendo á sus soldados, seguido de cerca por +Roger, que devolvía golpe por golpe, más ganoso de proteger á su señor +que á sí mismo. Por último, los arqueros y hombres de armas que formaban +á derecha é izquierda del lugar donde era más encarnizada la lucha, +hicieron un esfuerzo supremo y precipitándose sobre los sitiadores, +persiguiéndolos y atacándolos con desesperación, hicieron retroceder un +tanto aquella incesante columna enemiga, en la que parecían no hacer +mella las incesantes bajas. + +Mientras se rehacían las fuerzas castellanas y consultaban sus jefes, +aquella retirada parcial proporcionó á los ingleses que aun quedaban con +vida el descanso que tanto necesitaban. Grandes habían sido sus +pérdidas. De los trescientos setenta hombres que contaban al emprender +la defensa de aquella altura, no quedaban en pie más de ciento +cincuenta, heridos muchos de ellos. Entre los muertos se contaban ya los +valientes nobles Burley, Butrón y Causton y los veteranos Yonson y Reno. +Ni fué completo el respiro de los sobrevivientes, porque apenas +deslindados los campos reanudaron el ataque los honderos posesionados de +las cumbres inmediatas. + +--Ahora más que nunca me enorgullezco de mandaros, dijo el barón +contemplando con amor al puñado de héroes que le rodeaba. ¿Qué es eso, +Roger? ¿Estás herido? + +--Un rasguño, señor barón, contestó el escudero restañando la sangre de +un tajo que le cruzaba la frente. + +--Deseo hablarte, Roger, y también á vos, Norbury, dijo el barón +dirigiéndose al escudero de Sir Oliver. + +Los tres se encaminaron al extremo opuesto de la elevada planicie, bajo +la cual se veía la roca cortada casi á pico, con algunos peñascos +salientes de trecho en trecho. + +--Es indispensable, continuó el señor de Morel, que el príncipe tenga +noticia exacta de lo ocurrido. Podremos quizás resistir otra acometida +porque no pueden atacarnos todos á la vez, pero el fin no está lejano. +En cambio, la llegada de auxilios oportunos permitiría prolongar la +defensa de esta posición y salvar la vida de los que aún quedasen +defendiéndola. ¿Véis aquellos caballos que pastan allá bajo, entre las +rocas? + +--Sí, señor barón, contestaron los escuderos. + +--¿Y aquel sendero que se pierde más lejos entre los árboles y parece +conducir al otro extremo del valle? Un jinete resuelto podría quizás +llegar hasta el campo del príncipe, ó cruzarse en el camino con las +fuerzas de Sir Hugo Calverley, que no deben de estar muy lejos, y +procurarnos el ansiado socorro. Hé aquí una cuerda suficientemente larga +y fuerte para que uno de vosotros pueda bajar hasta los primeros +peñascos de la hondonada. ¿Qué decís? + +--Digo, señor, replicó Roger, que estoy pronto á obedeceros ahora mismo. +Pero ¿cómo apartarme de vos en estas circunstancias? + +--Para servirme mejor y quizás para salvarme, Roger. ¿Y vos, Norbury? + +Por toda respuesta el escudero, no menos animoso que Roger, asió la +cuerda y empezó á asegurarla firmemente en torno de una saliente roca. +Después se quitó algunas piezas de la armadura, ayudado por Roger, que +hizo lo propio con la suya, mientras el barón continuaba, dirigiéndose á +Norbury: + +--Si el príncipe ha pasado ya con el grueso del ejército, indagad como +podáis el paradero de Chandos, Calverley ó Nolles. ¡Dios os proteja! + +El barón y Roger, profundamente conmovidos, siguieron con la vista, +inclinados sobre las rocas, el peligroso descenso del joven escudero. +Llegado había éste á corta distancia y trataba de apoyar el pie en una +hendidura de la roca, cuando recibió la primera descarga de los honderos +enemigos. Una de las piedras le alcanzó de lleno en la sien y +extendiendo los brazos cayó desplomado al abismo. + +--Si Dios no me da mejor fortuna que á ese infeliz, dijo Roger al barón, +hacedme la merced de decir á vuestra hija que he muerto pensando en ella +y con su nombre en los labios. + +Las lágrimas asomaron á los ojos del noble guerrero, que poniendo ambas +manos en los hombros de Roger lo besó cariñosamente. El joven corrió á +la cuerda y se deslizó por ella con gran presteza; las piedras lanzadas +por las hondas enemigas se estrellaban contra la roca, una le rozó los +cabellos y por fin otra le alcanzó en un costado, ocasionándole vivísimo +dolor. Llegado, sin embargo, al extremo de la cuerda, se dejó caer desde +no pequeña altura sobre la cumbre del más alto risco, que quedaba al pie +de la formidable roca donde se hallaban sitiados sus amigos. Tan alta +era ésta que todavía tuvo que descender Roger más de veinte varas, por +una escarpada pendiente que apenas le ofrecía punto de apoyo. +Aferrándose desesperadamente á las plantas silvestres que crecían en las +hendiduras de las rocas, poniendo los pies en ligerísimas depresiones +del inclinado plano, ó en piedras que con frecuencia se desprendían y +amenazaban arrastrarlo consigo, expuesto á morir diez veces, llegó por +fin á terreno firme y saltando de roca en roca ó corriendo entre los +matorrales, se vió sano y salvo en la planicie que desde arriba le había +mostrado el barón y donde pacían algunos caballos. Tendía ya la mano +para asir la brida de uno de ellos, cuando recibió en la cabeza fuerte +pedrada que lo derribó aturdido. + +El hondero autor de aquella hazaña, viendo á Roger solo y exánime y +juzgando por el aspecto y traje del joven que se trataba de un caballero +inglés, comenzó á bajar precipitadamente de la colina donde se hallaba +apostado con otros, ansioso de despojar á su víctima y sabedor de que +los arqueros habían agotado todas sus flechas. Pero no contaba con +Tristán de Horla, que levantando con sus forzudas manos pesado peñasco +lo dejó caer á plomo sobre el hondero, al pasar éste al pie de la roca, +con tanto tino que le destrozó un hombro, derribándolo al suelo, donde +empezó á dar grandes gritos. Al oírlos se incorporó Roger, miró en +derredor como atontado, y de pronto vió uno de los caballos que á pocos +pasos de él estaba. Un momento le bastó para ponerse en la silla y +lanzarse al galope por el sendero que debía conducirlo fuera de aquel +valle fatal. Pero bien pronto conoció que iban á faltarle las fuerzas; +sintió en el costado un dolor atroz, nublóse su vista y haciendo un +esfuerzo supremo se inclinó sobre el cuello del caballo, lo estrechó +fuertemente entre sus brazos y cerró los ojos, casi insensible ya á +cuanto le rodeaba. + +Nunca supo Roger lo que duró aquella carrera desenfrenada. Cuando volvió +en sí se halló rodeado de soldados ingleses que le prestaban solícitos +cuidados. Era un destacamento de doscientos arqueros y hombres de armas +mandados por el temible Hugo de Calverley, quien á las primeras palabras +de Roger despachó mensajeros con dirección al cercano campamento del +príncipe y poniéndose al frente de sus soldados se lanzó al galope en +auxilio del barón de Morel. Con él fué también Roger, atado sobre el +caballo que le conducía, casi exánime por la pérdida de sangre, los +golpes recibidos y las peripecias de aquella tremenda jornada. + +Llegados los ingleses á una altura que dominaba en parte el valle +divisaron en la cima de la roca convertida en fortaleza la bandera +castellana. El enemigo se había apoderado por fin de aquel baluarte con +tanto heroísmo defendido. Pero la lucha no había cesado por completo; en +un extremo de la elevada planicie oponía todavía débil resistencia un +puñado de ingleses. Aquel espectáculo arrancó un grito de furor á Sir +Hugo y sus soldados, que clavando las espuelas en los ijares de sus +caballos se lanzaron, ciegos de ira, contra los escuadrones enemigos. + +El furioso ataque sorprendió á éstos sobre manera, é ignorantes del +número de sus enemigos y creyendo que los rodeaba el grueso del ejército +inglés que se hallaba por aquellos contornos, dieron la señal de +retirada, apresurándose á dejar el valle en busca de posición más +favorable para la defensa. + +Los ingleses no pensaron en continuar su ataque ni en perseguirlos. Su +principal anhelo era llegar á la altura donde esperaban rescatar á +algunos de sus amigos. Triste cuadro se ofreció á su vista; montones de +muertos y heridos castellanos y leoneses, franceses é ingleses; y mas +allá, al pie de una roca, siete arqueros, con el indomable Tristán de +Horla en el centro, heridos todos pero no vencidos todavía, blandiendo +las ensangrentadas espadas y saludando á sus salvadores con un grito de +bienvenida. + +--¡Tremenda lucha y defensa heróica la vuestra! exclamó Sir Hugo, +contemplando con asombro aquella escena asoladora. Pero ¿qué es eso? +¿También habéis hecho prisioneros? continuó diciendo al ver á Don Diego +de Álvarez desarmado entre los arqueros. + +--Sólo uno, y me pertenece, respondió Tristán. Lo he custodiado y +defendido cuidadosamente, porque representa mi fortuna y la de mi +viejecita madre si vuelvo á verme algún día en Horla.... + +--Tristán, ¿dónde está el barón de Morel? interrumpió Roger +ansiosamente. + +--Creo que ha perecido, como casi todos. Yo ví al enemigo poner su +cuerpo sobre un caballo. Estaba desvanecido ó muerto y se lo +llevaron.... + +--¡Dios del cielo! ¿Y Simón? + +--También le ví arrojarse espada en mano sobre los captores de nuestro +señor, y no sé si lo mataron ó lo hicieron prisionero. + +--¡Den los clarines la orden de marcha! gritó Sir Hugo con voz tonante. +¡Maldición! ¡Volvamos al campo, y os prometo que antes de tres días +habremos vengado al barón de Morel! Cuento con vosotros, valientes, y +desde ahora quedáis incorporados á mi escuadrón predilecto. + +--Somos arqueros y pertenecemos á la Guardia Blanca, señor, se aventuró +á decir Tristán. + +--¡Ah, sí! ¡La famosa Guardia Blanca! repuso el gran guerrillero inglés, +mirando tristemente en torno. Pero la Guardia ya no existe; la muerte se +ha encargado de desbandarla. Cuidadme bien á ese valiente escudero, +porque temo que no vuelva á ver la luz del sol, añadió señalando á Roger +desfallecido. ¡En marcha! + + + + +CAPÍTULO XXXIV + +REGRESO Á LA PATRIA + + +Nos hallamos en Inglaterra, en una hermosa mañana de Julio, cuatro meses +después de los sucesos que quedan relatados. Por el camino que conducía +derechamente á la antigua ciudad de Vinchester y á no muy grande +distancia de ella iban dos jinetes, joven, apuesto y ricamente ataviado +el uno, con las espuelas de oro del caballero, al paso que el otro, +hercúleo mocetón, tenía más trazas de gañán que de soldado, á no revelar +su profesión la formidable espada que al cinto llevaba. Sobre la grupa +de su caballo veíase un saco que contenía, entre otras cosas, los cinco +mil ducados que pagara por su rescate Don Diego de Álvarez. Inútil es +decir que era el jinete nuestro jovial amigo Tristán de Horla, elevado +recientemente á la dignidad de escudero de Sir Roger de Clinton, señor +de Munster, á cuyo lado cabalgaba en aquel momento. + +Roger había sido armado caballero por el Príncipe Negro en persona, con +aplauso de todo el ejército que le consideraba como uno de los más +brillantes soldados del reino. Aquella defensa inaudita, aquel esfuerzo +supremo de la Guardia Blanca había sido referido y ensalzado en toda la +cristiandad y el príncipe heredero, en nombre del soberano, había +colmado de honores á los escasos sobrevivientes de tan honroso hecho de +armas. Por más de un mes fluctuó Roger entre la vida y la muerte, y tan +luego triunfó su juventud y cesó el delirio, supo que había terminado la +guerra y que nada se había podido averiguar sobre el paradero ni la +suerte del barón de Morel. Recibió las felicitaciones y alabanzas que le +prodigó en persona el príncipe, y tan luego se halló en disposición de +soportar el viaje á Londres se embarcó acompañado de su fiel Tristán. +Inmediatamente que llegaron á aquella ciudad emprendieron el camino de +Hanson, pues Roger carecía de toda noticia desde la carta del prior que +le anunció la muerte de su hermano. + +Tristán comentaba con admiración y entusiasmo cuanto veían en el camino, +la verdura y lozanía de los campos, los matices de las flores y la +hermosa apariencia del ganado. + +--Bien está que te regocijes, amigo Tristán, le dijo el joven caballero, +pero cuanto á mí jamás pensé volver á la patria con tanta amargura en el +corazón. Lloro por mi señor y por el valiente Simón Aluardo, y no sé +cómo atreverme á comunicar la pérdida del primero á la baronesa y á su +hija, suponiendo que no tengan ya noticia de su desgracia. + +--¡Ay de mí! exclamó Tristán dando un gemido que espantó á los caballos. +Duro es el trance en que os véis y también yo lamento la muerte de +ambos. Pero descuidad, que la mitad de estos ducados que aquí llevo se +la daré á mi madre y la otra mitad la agregaremos á los dineros que vos +tengáis, para comprar el _Galeón Amarillo_ que nos llevó á Burdeos y con +él saldremos en busca del barón. + +--¡Buen Tristán! dijo Roger sonriéndose. Pero ¡ah! que si el barón +viviese ya hubiéramos tenido nuevas suyas. ¿Qué villa es esa? preguntó +poco después. + +--¡Romsey! La conozco bien. Allí está el monasterio con su vieja torre +parda. Permitidme que dé una moneda al venerable ermitaño que allí véis, +sentado en aquella piedra junto al camino. + +Suspendió el anciano sus preces para aceptar la dádiva del arquero. + +--Soldados sois á lo que veo, hijos míos, y mis oraciones os acompañarán +en vuestras empresas. + +--De España venimos, reverendo padre, dijo Tristán. + +--¿De España decís? ¡Ah! Infortunada expedición en la que tantos bravos +ingleses han sacrificado las vidas que Dios les concediera. Hoy mismo he +dado mi bendición á una noble dama que ha perdido cuanto amaba en esa +cruel y lejana guerra. + +--¿Qué decís? preguntó Roger con vivo interés. + +--Sí, una joven y principalísima dama de esta comarca, tranquila y +dichosa cual ninguna pocos meses hace y que se prepara á tomar el velo +en el convento de Romsey. ¿No habéis oído hablar, mis buenos caballeros, +de una compañía llamada la Guardia Blanca? + +--¡Oh, sí, mucho! dijeron ambos á la vez. + +--Pues el padre de la dama de que os hablo era el jefe de esa valiente +fuerza, y su prometido era escudero del famoso capitán. Llegó aquí la +nueva de que ni un solo miembro de la Guardia había sobrevivido á una +serie de cruentos combates y la pobre doncella.... + +--¡Acabad! gritó Roger. ¿Habláis de Doña Constanza de Morel? + +--La misma. + +--¡Constanza monja! ¿Qué decís? ¿Tan terrible efecto le ha causado la +pérdida de su padre? + +--De su padre y del gallardo mancebo de rubios cabellos á quien adoraba. +La muerte de este último es la que en verdad abre para ella las puertas +del claustro.... + +--¡Á escape, Tristán! ¡Á Romsey! gritó Roger espoleando á su caballo, +que partió como una flecha. + +Grande había sido la alegría de las monjas de Romsey al saber que la +noble cuanto hermosa Constanza de Morel había pedido ser recibida como +hermana suya, tras corto noviciado. Hechos estaban todos los +preparativos para la solemne ceremonia, decorado el templo, cubierto de +flores el altar y numerosos grupos de gentes del pueblo se hallaban +congregados en el atrio ó se encaminaban hacia la iglesia inmediata al +monasterio, ansiosos de presenciar el imponente acto. Ya habían visto +pasar á la venerable abadesa con su gran crucifijo de oro, seguida de +las hermanas, del clero y los acólitos con los humeantes incensarios y +de unas hermosas niñas que iban alfombrando de flores el suelo, al paso +de la novicia. Seguíalas ésta entre cuatro compañeras suyas, cubierta de +la cabeza á los pies por el blanco velo, y centro de todas las miradas. + +Aquella solemne procesión llegó á las puertas del templo y se disponía á +entrar en él cuando se notó súbita confusión en uno de los ángulos de la +plaza, de donde pronto partieron grandes clamores. La multitud osciló +primero y abrió luego paso á un jinete, á un joven caballero cubierto de +polvo, que sin miramientos lanzaba su corcel sobre la compacta masa del +pueblo. Era el mensajero de la juventud y del amor, que llegaba á +tiempo de arrancar al claustro una vida que por ningún concepto le +estaba destinaba. Llegado á los escalones que conducían al atrio saltó +de su caballo, y apartando bruscamente á la sorprendida abadesa, +dirigióse el doncel al punto donde se hallaba la novicia y extendiendo +hacia ella sus brazos, exclamó con amoroso acento, en el que palpitaba +profundísima emoción: + +--¡Constanza! + +--¡Roger! + +La novicia iba á caer desvanecida, pero Roger la recibió en sus brazos y +la estrechó amorosamente, con gran escándalo de la abadesa y con no +menor admiración de las veinte monjas y novicias que presenciaban tan +inesperado desenlace. Pero Constanza y Roger no se daban cuenta de lo +que en torno de ellos sucedía, perdidos como estaban en mutua +contemplación, embriagados con la felicidad inmensa de verse reunidos +después de una separación que ella había creído eterna. Tras los amantes +quedaba el obscuro arco de entrada del templo; frente á ellos la vida +entera, llena de luz, de alegría y felicidad. Su elección quedó hecha en +un momento y se dirigieron, entrelazadas las manos, hacia la luz, en +busca del amor, abandonando ella para siempre el claustro, olvidados +ambos por el momento de sus pasadas tristezas. + +El anciano padre Cristóbal bendijo poco tiempo después su unión en la +iglesia del Priorato de Salisbury. Los únicos testigos de la tierna +ceremonia fueron la baronesa, Tristán de Horla y una docena de arqueros +y servidores del castillo. La animosa señora de Morel, tras largos meses +de ansiedad y amargos sufrimientos, dudaba todavía de la muerte del +barón; parecíale imposible que habiendo regresado de tantas y tan +mortíferas campañas, hubiese sonado para él la hora suprema en aquella +última expedición, lejos de su hogar, privado del amor de los suyos y de +los solícitos cuidados de su amante esposa. Desde luego manifestó el +deseo de ir á España en persona y agotar todos los recursos para +averiguar el paradero del barón. Disuadióla Roger de su proyecto, +convenciéndola de que á él le tocaba emprender aquel viaje, debiendo +quedarse ella acompañando á su hija y al cuidado de los múltiples +intereses que suponía la administración de las vastas propiedades de +Munster, unidas á la del castillo de Monteagudo y sus dependencias. + +Fletó Roger el _Galeón Amarillo_, mandado por el mismo valiente capitán +Golvín, y un mes después de su boda partió el joven señor de Munster +para Sorel, acompañado de su fiel Tristán, á fin de averiguar si había +llegado de Southampton el para ellos inolvidable galeón. Poco antes de +llegar á Sorel se detuvieron en Dalton, pueblecillo de la costa, donde +notó Roger la presencia de una pequeña galera recienllegada, á juzgar +por el número de botes y lanchas que la rodeaban para conducir á tierra +su cargamento. + +Á un tiro de ballesta del pueblo había un pequeño edificio, entre mesón +y taberna, hacia el cual se dirigieron los dos viajeros. Á una ventana +del primero y único piso de la casita se asomaba un individuo que +parecía contemplarlos con curiosidad. Mirándole estaba Tristán cuando +salió corriendo del mesón una robusta moza, riéndose á carcajadas y +perseguida de cerca por un truhán que muy pronto desapareció, lo mismo +que la muchacha, entre los árboles del huerto. Echando pie á tierra los +jinetes, ataron sus caballos á la cerca y apenas tomaron por el sendero +que á la casa conducía se detuvieron atónitos, contemplándose en +silencio, presa de profunda emoción. + +--¡Ah, _ma belle!_ decía una voz sonora. ¿Con que así tratas á un viejo +soldado que hace tiempo no ha visto tan siquiera una buena moza inglesa? +¡Por el filo de mi espada! aguarda un poco y en lugar de un beso te daré +media docena.... + +Una exclamación de alegría se escapó de los labios sonrientes de Roger y +Tristán. ¡Era Simón, no cabía duda! Simón bueno y sano, que apenas +puesto el pie en tierra volvía á las andadas. Iban á precipitarse en su +busca, á llamarle á gritos, cuando oyeron otra voz que partía de la +ventana. + +--¿Qué ocurre, Simón? decía. Si me necesitas, no pido cosa mejor que +empuñar la espada y desentumecer un poco el brazo, metiendo en cintura +al primero que se desmande y nos busque pendencia, aunque sea en tierra +propia. + +Apareció Simón al oir la voz de su señor y en un instante se vió asido +por los formidables brazos de Tristán, de los que pasó á los de Roger. +No había vuelto de su sorpresa el buen Simón cuando se presentó en la +puerta el barón de Morel, espada en mano y guiñando más que nunca sus +ojillos, en busca de imaginario enemigo. Renováronse entonces los +abrazos, que el barón y el veterano no tardaron en devolver con creces, +poseídos de inmensa alegría. + +Durante el viaje de regreso oyeron sus amigos el relato de sus +portentosas aventuras. Hechos prisioneros ambos en la homérica lucha, +allá en España, viéronse cautivos de un noble aragonés, que tras largo +viaje los condujo á la costa, donde los embarcó con rumbo á unas +posesiones que por allí tenía. Sorprendida su embarcación en alta mar +por los piratas berberiscos, se acrecentaron sus sufrimientos bajo el +yugo bárbaro de su nuevo amo; pero llegados á un puertecillo africano, +el indomable barón halló modo de matar al capitán pirata en la barca que +á tierra los conducía y arrojándose después al agua seguido de Simón +ganaron á nado la tierra y tras mil penalidades lograron embarcarse en +la galera que acababa de llevarlos á Inglaterra, no sin rico botín +arrebatado con astucia á sus crueles enemigos. Inútil es hablar de su +recepción en el castillo de Monteagudo, y de la inmensa ventura que +llenó aquel dichoso hogar, poco antes tan agobiado por la tristeza y el +dolor. + +El barón León de Morel vivió todavía largos años, colmado de honores, +tranquilo y feliz. La dicha de Roger de Clinton y su esposa adorada fué +también completa. Dos veces guerreó él en Francia, conquistando +preciados laureles y altísima fama. Concediósele distinguido puesto en +la corte y por muchos años ejerció brillantes cargos en los reinados de +Ricardo y de Enrique IV, quien le confirió la orden de la Jarretiera y +le honró como á uno de los primeros caballeros y más valientes campeones +de su tiempo. + +Cuanto á Tristán de Horla, se casó con una linda muchacha de Dunán y +allí se estableció definitivamente, gozando del prestigio que le daban +sus proezas y los cinco mil ducados tan briosamente ganados allá en +tierra de España. Él y su inseparable amigo Simón animaron +frecuentemente con su presencia y su alegría perenne las bulliciosas +veladas del _Pájaro Verde_. Simón acabó por ofrecer su amor y su nombre +á la buena ventera que tan fielmente le guardara su botín de anteriores +campañas. Así vivieron aquellos hombres, rudos si se quiere, como la +época que los vió nacer y morir, pero francos, honrados y valientes, +dejando á las generaciones venideras un ejemplo digno de imitación y +aplauso. + +FIN. + + +GEOGRAFÍAS, MAPAS, CARTAS, ETC., PUBLICADAS POR LA CASA EDITORIAL DE D. +APPLETON Y CÍA., Nueva York. + + +I. + + _=La Geografía Científica.=_ Un tomo de 171 páginas, con mapas y + diagramas; encartonado y uniforme con nuestra serie de Cartillas de + las cuales forma parte. Precio, 30 centavos. + +La Cartilla que hemos publicado bajo este título, por GROVE, es la +primera de su clase en los países españoles é hispanoamericanos. No es +la geografía de este ó de aquel país, ó de tal ó cual estado, sino la +geografía propiamente dicha, la Geografía como ciencia; y bajo este +punto de vista, no está lejano el día en que se comience á enseñar á los +jóvenes LA GEOGRAFÍA CIENTÍFICA. Sin el conocimiento de los rudimentos +de esta ciencia, ¿cómo se podrá jamás llegar con provecho al estudio y +menos aún, al conocimiento de la geografía patria ni de la universal? + + +II. + + _=Geografía Elemental, la Novísima, de Cornell.=_ Traducida por + VEITELLE, corregida y adicionada recientemente por varios + profesores. Un tomo en 4º menor, 71 páginas, con nuevos mapas, + muchas láminas. Undécima edición corregida. Encartonada. Precio, 30 + centavos. + +Obra adoptada como texto en las escuelas de varias repúblicas +hispanoamericanas. + +La undécima edición, es más completa que todas las anteriores. Lleva al +fin un _Cuestionario_ de mucha utilidad práctica; y se la ha mejorado +generalmente en la parte material. + +En grandes cantidades, la facturamos á precios _netos_. + + +III. + + _=Geografía de Smith, ó Primer Libro de Geografía Elemental=_, + dispuesto para los Niños. Adornado con cíen grabados y catorce + Mapas. Por ASA SMITH. Traducido del inglés y adaptado al uso de las + Escuelas de la América del Sur, las Antillas y Méjico, con + Adiciones, por TEMÍSTOCLES PAREDES. La nueva edición está adornada + con más de 100 grabados, 18 mapas y un cuadro cromo-litográfico de + las banderas de todas las Naciones. La obra ha sido enteramente + refundida y arreglada por varios profesores. Es la única que + conserva el plan original del autor y la ortografía Castellana + moderna de la Academia. La nueva edición se vende á 50 centavos. + +Esta obrita se ha preparado expresamente para el uso de las Escuelas +Primarias. Examinándola, se hallará sumamente simple y fácil. Las +definiciones de las divisiones naturales de la superficie de la tierra, +son breves; las ilustraciones atractivas, los mapas claros y hermosos y +el todo arreglado á la capacidad de los jóvenes estudiantes. + +Los libros de Geografía de Smith que se han publicado en inglés, son las +obras más populares para los niños en los Estados Unidos. + + _La Geografía de Smith publicada por esta casa, es la única + autorizada por el autor._ Multitud de ediciones inferiores y + fraudulentas, se han hecho de ella; pero ninguna ha logrado los + resultados que la nuestra, de la cual hemos publicado ya numerosas + ediciones y cuya impresión se hace por millones de ejemplares. + + La edición especial para la República Argentina, contiene un cuadro + cromo-litográfico de Prohombres de aquel país. + + IMPORTANTE.--Esta Geografía, si se ordenan grandes cantidades, se + factura á precio _neto_. + + +IV. + + _=Nociones de Geografía Física.=_ Por ARCHIBALDO GEIKIE. Un tomo de + unas 150 páginas, con láminas. Encartonado y uniforme con nuestra + serie de CARTILLAS de las cuales forma parte. Precio, 20 centavos. + + +V. + + _=Nociones de Geografía Antigua ó Clásica.=_ Por TOZER. Un tomo + encartonado y uniforme con nuestra serie de CARTILLAS de las cuales + forma parte. Precio, 30 centavos. + +Aunque de ésta como de otras muchas de nuestras CARTILLAS, se han hecho +traducciones y reimpresiones que abundan en el mercado á precios +sumamente bajos; en nuestro deseo de completar la serie de CARTILLAS, +que venimos publicando desde hace muchos años, y de hacer una edición +legítima y completa, de una buena traducción castellana, hemos dispuesto +llevar á cabo la de ésta obrita, que está ilustrada con mapas y +arreglada á los Planes de Estudios de España y de la América española. + + +VI. + + _=Libro Segundo de Geografía Descriptiva.=_ Por D. RAMÓN PÁEZ. + Destinado á seguir al PRIMERO DE SMITH. Adornado con doce grandes + Mapas enteramente nuevos y multitud de grabados. Forma un tomo de + unas 100 páginas grandes, y la NUEVA EDICIÓN DE 1886, no obstante + las grandes mejoras, se vende al mismo precio de $1.25. + +Edición Enteramente Nueva, corregida y aumentada, conforme á los últimos +datos estadísticos y cambios políticos, y arreglada al uso de las +escuelas hispanoamericanas. + + +VII. + + _=Geografía Superior Ilustrada de Appleton.=_ "_La mejor de cuantas + se conocen hasta ahora en español._" Un hermoso tomo de 156 grandes + páginas, con numerosos grabados y mapas coloreados, impreso en + papel fino y satinado. Precio, $2.00. + +El libro ha sido escrito con un espíritu imparcial para los PAÍSES DE +AMÉRICA Á QUE ESTÁ ESPECIALMENTE DESTINADO, y ni las antigüedades de sus +primeras épocas, ni las maravillas y riquezas útiles de su suelo, ni su +interés actual y porvenir, fueron desatendidos un solo momento en su +preparación, compuesta en estricta obediencia con los adelantos de la +_educación moderna_. + + +VIII. + + _=Geografía Física Superior de Appleton.=_ (GEOGRAFÍA FÍSICA + UNIVERSAL.) Un tomo de 120 grandes páginas, con numerosos grabados, + mapas de colores, diagramas, etc. Impreso en papel satinado fino y + bien encuadernado. Precio,----. + +Esta obra, escrita en inglés por los más notables profesores de la +materia en los Estados Unidos, encierra todos los descubrimientos y +adelantos hechos hasta el día en ésta ciencia. Está á la altura de las +mejores obras de su clase escritas en otras lenguas, ventajosamente +puede competir con todas, y _es la mejor que en su género se ha +publicado en castellano_. + + +IX. + + _=Mapas Mudos de Cornell.=_ Juego de 13 Mapas Mudos, con los Lugares + marcados con números en vez de sus nombres. Precio, $15.00. + +No. 1. MAPAS MUDOS (Pliego-doble), comprendiendo los Hemisferios +Occidental y Oriental, Diagramas de los Meridianos y Paralelos, Trópicos +y Zonas, los Hemisferios del Norte y del Sur, y las Alturas de las +Montañas principales. + +No. 2. LA AMÉRICA DEL NORTE. + +No. 3. LOS ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ. + +No. 4. LOS ESTADOS OCCIDENTALES Y CENTRALES, con planos grandes de las +ciudades de Boston y Nueva York y sus alrededores. + +No. 5. LOS ESTADOS DEL SUR. + +No. 6. LOS ESTADOS OCCIDENTALES. + +No. 7. MÉJICO, AMÉRICA CENTRAL, Y LAS INDIAS OCCIDENTALES, con planos +grandes del istmo de Nicaragua y las Grandes Antillas. + +No. 8. LA AMÉRICA DEL SUR. + +No. 9. EUROPA. + +No. 10. LAS ISLAS BRITÁNICAS. + +No. 11. EUROPA CENTRAL, MERIDIONAL Y OCCIDENTAL. + +No. 12. ASIA, con planos grandes de la Palestina y las Islas de +Sandwich. + +No. 13. ÁFRICA, con planos grandes de Egipto, Liberia y la Colonia del +Cabo. + + _Cada juego va acompañado de una cartera y una clave._ + + =CLAVE DE LOS MAPAS MUDOS DE CORNELL.= Para uso del Maestro. Un tomo + de 59 páginas en 12º. Precio, 50 centavos. + + =MAPA MUDO, NO. 14, DE LA REPÚBLICA ARGENTINA=, con Clave especial + Precio, $1.00. + + +X. + + _=Mapa General de la República Argentina=_ y Países Limítrofes. El + ejemplar en papel cartulina, artísticamente coloreado, $12.00. + + +XI. + + _=Mapa-Carta de la Isla de Cuba.=_ Con el mar y las divisorias + provinciales en color, papel cartulina, $8.50. El mismo, forrado en + tela, barnizado, ribeteado, montado en cañas, $10.00. + + +XII. + + _=Mapas para Escuelas y para Oficinas en General.=_ Proyectados por + Colton y Cía., Publicados por D. Appleton y Cía. + + I. HEMISFERIO ORIENTAL cuyo tamaño es de 40 por 35 pulgadas. + II. HEMISFERIO OCCIDENTAL, de tamaño y condiciones iguales á + los del precedente. + +Estos mapas contienen, no solamente el dibujo principal, sino otros +accesorios, colocados en los ángulos y espacios libres, cada cual +completo en su género; como los Hemisferios Norte y Sur, los de agua y +tierra, los del Atlántico y del Pacifico y otros que determinan las +corrientes del Océano, las cuencas de desagüe, vientos dominantes, +temperaturas, productos principales, etc. + + III. EUROPA--cuyo tamaño es de 40 por 40 pulgadas. + IV. ASIA--de iguales dimensiones que el anterior. + V. ÁFRICA--de 40 por 35 pulgadas. + VI. AMÉRICA DEL NORTE--de tamaño igual al del precedente. + VII. AMÉRICA DEL SUR--de idénticas dimensiones que los anteriores. + VIII. AMÉRICA CENTRAL--abraza los tres canales ó vías interoceánicas. + +Cada uno de estos mapas de las grandes divisiones del mundo, lleva +perfiles que presentan las principales alturas de cada país, y otros +hechos en analogía con la materia, todos ellos sobre la misma escala +vertical para facilitar la comparación. + + +XIII. + + _=Cuadros Murales=_, compuestos por MARCIO WILLSON y N. A. CALKINS, + pudiendo usarse, bien por separado, bien como complemento del + MANUAL DE ENSEÑANZA OBJETIVA de Calkins. La colección, montados en + cartón. Precio, $14.00. + +Son trece cuadros de _Dibujo y Perspectiva_, _Líneas y Medidas_, _Formas +y Sólidos_, _Colores_, _Escala Cromática_ (de los Colores), _Zoología_: +partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª; y _Botánica_: partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª. Todas +las figuras de estos cartones, están coloreadas y sombreadas, y á su +incuestionable utilidad reunen las cualidades de adorno y belleza en los +planteles de enseñanza. Son un medio eficaz para iniciar á los jóvenes +en el conocimiento elemental de estas Ciencias, despertar en ellos el +amor á estudios más completos de cada una de ellas y muy particularmente +de la Zoología y de la Botánica. + + +XIV. + + _=Cartones de Appleton=_ para el Estudio y Práctica del Dibujo de + Mapas. Arreglados para ser adaptados á cualquiera geografía y muy + especialmente á la Superior Universal de APPLETON. La colección de + cartones y diagramas con instrucciones completas, todo colocado en + una cartera de papel, 75 centavos. + +La serie se compone de seis diagramas con instrucciones para dibujar los +mapas de la América del Norte, América del Sur, Europa, Asia, África y +Australia, y quince cartones en los cuales los paralelos y meridianos, +están calculados para construir los mapas siguientes: + + 1. HEMISFERIO OCCIDENTAL. + 2. HEMISFERIO ORIENTAL. + 3. AMÉRICA DEL NORTE. + 4. ESTADOS UNIDOS. + 5. MÉJICO. + 6. AMÉRICA CENTRAL. + 7. LAS ANTILLAS. + 8. AMÉRICA DEL SUR. + 9. COLOMBIA, VENEZUELA Y GUAYANAS. + 10. ECUADOR, PERÚ Y BOLIVIA. + 11. REP. ARGENTINA, URUGUAY, PARAGUAY Y CHILE. + 12. EUROPA. + 13. ASIA. + 14. ÁFRICA. + 15. OCEANÍA. + +Los diagramas, se han preparado con instrucciones para levantar las +líneas de construcción, y en los cartones, los meridianos y paralelos +están calculados para los mapas de las cinco partes del mundo; y el +resto, para los de los países principales de América. Después de haber +hecho dibujos aproximados, pueden los alumnos, provistos de ellos, +reunir los resultados de sus estudios en Geografía construyendo mapas +completos de cada Continente y de países especiales, y llenarlos con +tanta minuciosidad como juzguen oportuna. + + +OBRAS DE HISTORIA NATURAL + +PUBLICADAS POR + +LA CASA EDITORIAL DE D. APPLETON Y CÍA., + +Nueva York. + + +I. + + _=El Reino Animal para Niños.=_ Por el Doctor JUAN GARCÍA PURÓN. + Instruir Deleitando. Serie de Libros Primarios de EL REINO ANIMAL + PARA NIÑOS. Arreglados para la instrucción gradual y progresiva de + la infancia, en las escuelas y en la familia. Cada cuaderno, + contiene 6 hermosas láminas de colores, yendo en cada una numeradas + las figuras de los varios animales; y 8 páginas de lectura amena, + variada y progresiva, con una cubierta iluminada. En paquetes de + una docena surtida (dos ejemplares de cada número). El paquete, + $2.00. + +La serie se compone de seis libros ó cuadernos: + + No. 1. ANIMALES DOMÉSTICOS. + No. 2. AVES MAYORES. + No. 3. ANIMALES DE CAZA. + No. 4. ANIMALES SALVAJES. + No. 5. AVES MENORES. + No. 6. CUADRUMANOS Y PEQUEÑOS CUADRÚPEDOS. + +Recomienda Rollin que se enseñe á los niños la Historia Natural; pero +del modo que conviene á su edad. "Llamo, dice, _Física de los niños_, á +un estudio de la Naturaleza que no requiere sino _vista_, y que por lo +mismo está al alcance de toda clase de personas, hasta de los niños. +Desde la más temprana edad se les puede imponer á los niños; pero +proporcionándolo á sus pocos años, y llamando su atención sobre lo que +esté más á su alcance, ya sea en lo referente á hechos, ya acerca de las +reflexiones á que estos den ocasión. Parece increíble el número de +conocimientos agradables y útiles con que ese ejercicio continuado desde +los primeros años y metódicamente, llenaría el espíritu de los +niños...." Un maestro cuidadoso, encuentra en este estudio el medio de +formar el corazón de sus discípulos y de guiarlos á la verdad y el bien +valiéndose de la misma Naturaleza. + +"El primer libro para instruir á la infancia, dice Figuier, debe versar +sobre la Historia Natural; y en lugar de llamar la atención de las +jóvenes inteligencias hacia las fábulas y cuentos sin doctrina, es +necesario dirigirlas hacia los sencillos y verídicos espectáculos de la +Naturaleza; tales como la estructura de un árbol, la composición de una +flor, los órganos de los animales, la perfección de las formas +cristalinas de un mineral, ó la disposición interior de las capas que +componen la tierra que hollamos con nuestra planta." Tal es el objeto +con que el autor ha preparado estos libros, en los que ha reunido la +instrucción, los ejemplos de moral y el deleite de la infancia. + + +II. + + _=Nociones de Botánica.=_ Por J. D. HOOKER. Precio, 20 centavos. + +Esta pequeña obra, que forma parte de nuestra serie de CARTILLAS +CIENTÍFICAS, contiene una serie de lecciones elementales sobre los +carácteres generales de las plantas que dan flores; trata de la célula y +los tegidos, del alimento y desarrollo de la semilla y de la planta, de +la raiz, el tallo, las yemas, las hojas, la flor, el cáliz, la corola y +de multitud de otros asuntos presentados de un modo fácil y sencillo. Se +ocupa de los Jardines Botánicos para colegios, y da modelos para +ejercicios de lecciones con hojas y flores. + + +III. + + _=Libro Primero de Zoología.=_ Por el Doctor JUAN GARCÍA PURÓN. _Obra + adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos._ + Forma un tomo uniforme con la BOTÁNICA y la MINERALOGÍA del mismo + autor; está ilustrado profusamente con hermosos grabados + intercalados en el texto y elegantemente encuadernado. Precio, 70 + centavos. + +EL LIBRO PRIMERO DE ZOOLOGÍA que ofrecemos al público, está considerado +como el mejor de cuantos se conocen, y el único de su género en +castellano. El autor, elevándose á las necesidades de la época y á los +adelantos de la ciencia moderna; ha puesto su obra á la altura de los +tiempos y al alcance de la juventud. Conduce gradualmente, _de lo +conocido, á lo desconocido por medio de lo semejante_, despertando el +interés del joven, y á la ves deleitándolo con el estudio. No existe un +libro tan ameno é interesante, ni tan apropósito para el estudio del +reino animal; al que no sólo da á conocer en todas sus fases, sino que +inspira en los niños el amor hacia los animales. + + +IV. + + _=Libro Primero de Botánica.=_ Por el Doctor JUAN GARCÍA PURÓN. _Obra + adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos._ + Precio, 80 centavos. + +En esta obra, la BOTÁNICA está tratada desde el punto de vista del +_estudio objetivo_, que tanto facilita á los jóvenes el conocimiento de +dicha ciencia. Como en la ZOOLOGÍA y la MINERALOGÍA del mismo autor, el +plan seguido en la Botánica, es _llegar á lo desconocido por medio de lo +conocido y lo semejante_; empleando para ello, el estudio de lo que más +pueda interesar y grabarse en la imaginación de los niños. + +La obra, está ilustrada con numerosos grabados; tiene una excelente +impresión sobre papel satinado y muy bien encuadernada; circunstancias, +que como complemento á su selecto contenido científico, la hacen sin +rival en su género. Es un tomo uniforme con los de ZOOLOGÍA y +MINERALOGÍA. + + +V. + + _=Libro Primero de Mineralogía.=_ Por el Doctor JUAN GARCÍA PURÓN. + _Obra adoptada de texto en España y varios países + Hispano-Americanos._ Precio, 80 centavos. + +Este tratado de MINERALOGÍA, que con las de ZOOLOGÍA y BOTÁNICA por el +mismo autor, forma un _Curso Completo de Historia Natural_; además de +tratar extensamente de todo lo que atañe directamente á la Mineralogía, +propiamente dicha, estudia las relaciones entre ésta y la _Geología_, y +por lo tanto trata de los fósiles, ó sea de la _Paleontología_; +siguiendo los principios más modernos en su parte didáctica. + +La obra tiene numerosos grabados intercalados en el texto; es rica en +estilo y asuntos interesantes, y se halla impresa en magnífico papel +satinado y empastada en uniformidad con la BOTÁNICA y la ZOOLOGÍA. + + * * * * * + +Los _=Cuadros Murales=_ de WILLSON y CALKINS además de otros asuntos, +tratan tambien de la + + ZOOLOGÍA en las partes 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, y de la + BOTÁNICA en las 1ª, 2ª, 3ª, 4ª. + +La colección de trece, artísticamente sombreados, coloreados y montados +en cartón. Precio, $14.00. + + +LAS AVENTURAS DEL VICARIO DE WAKEFIELD. + +Por OLIVERIO GOLDSMITH. + + +VERSIÓN castellana hecha con sumo esmero y la única completa en nuestra +lengua, de esta famosísima obra, considerada universalmente como +CLÁSICA. + +Un tomo de unas 300 páginas, bien impreso, con preciosos grabados y +encuadernado artísticamente. + +Edición económica 50 centavos. De medio lujo 75 centavos. + + +EL VICARIO DE WAKEFIELD.--"La novela más interesante en lengua +inglesa."--LORD BYRON. + +EL VICARIO DE WAKEFIELD.--"Excelente, interesante, lo mejor de cuanto se +ha escrito como novela doméstica."--GOETHE. + +EL VICARIO DE WAKEFIELD.--"Lo más delicado de cuanto la inteligencia +humana ha producido en su género."--WALTER SCOTT. + +EL VICARIO DE WAKEFIELD.--"Ningún otro escritor ha logrado con tan buen +suceso llegar á los fines del moralista. Pensamientos, humoradas y +agudezas abundan en cada página."--WASHINGTON IRVING. + + +La única versión española del VICARIO DE WAKEFIELD, completa y correcta +es la publicada por + + D. APPLETON Y COMPAÑÍA, + EDITORES, + NUEVA YORK. + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La guardia blanca, by Arthur Conan Doyle + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUARDIA BLANCA *** + +***** This file should be named 36453-8.txt or 36453-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/6/4/5/36453/ + +Produced by David Starner, Chuck Greif and the Online +Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This +book was produced from scanned images of public domain +material from the Google Print project.) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La guardia blanca + novela histórica escrita en inglés + +Author: Arthur Conan Doyle + +Translator: Juan L. Iribas + +Release Date: June 17, 2011 [EBook #36453] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUARDIA BLANCA *** + + + + +Produced by David Starner, Chuck Greif and the Online +Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This +book was produced from scanned images of public domain +material from the Google Print project.) + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<table summary="note" border="4" cellpadding="10" style="background-color: #ffffff;"> +<tr><td valign="top" align="center">En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del +original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el +texto. (nota del transcriptor)</td></tr> +</table> + +<h1>GUARDIA BLANCA</h1> + +<p class="cb"><i>NOVELA HISTÓRICA ESCRITA EN INGLÉS</i></p> + +<p><a name="page_001" id="page_001"></a></p> + +<p> +<br /> +<br /> +<br /> +</p> + +<p class="cb"><small>POR</small><br /> +A. CONAN DOYLE</p> + +<p> +<br /> +</p> + +<p class="cb"><small>TRADUCIDA AL CASTELLANO</small><br /> +P<small>OR</small> JUAN L. IRIBAS</p> + +<p> +<br /> +<br /> +<br /> +</p> + +<p class="cb">NUEVA YORK<br /> +D. APPLETON Y COMPAÑÍA<br /> +EDITORES<br /> +1896</p> + +<p> +<br /> +<br /> +<br /> +</p> + +<p><a name="page_002" id="page_002"></a></p> + +<p class="c"><small>C<small>OPYRIGHT</small>, 1896,<br /> +B<small>Y</small> D. APPLETON AND COMPANY.</small></p> + +<p> +<br /> +<br /> +<br /> +</p> + +<p class="c"><small><i>La propiedad de esta obra está protegida por la ley en<br /> +varios países, donde se perseguirá á los que la<br /> +reproduzcan fraudulentamente.</i></small></p> + +<p> +<br /> +<br /> +<br /> +<br /> +<a name="CONTENTS" id="CONTENTS"></a></p> + +<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary=""> +<tr><td align="center"><a href="#LA_GUARDIA_BLANCA">LA GUARDIA BLANCA: </a> +<a href="#CAPITULO_I">Capítulo I, </a> +<a href="#CAPITULO_II">II, </a> +<a href="#CAPITULO_III">III, </a> +<a href="#CAPITULO_IV">IV, </a> +<a href="#CAPITULO_V">V, </a> +<a href="#CAPITULO_VI">VI, </a> +<a href="#CAPITULO_VII">VII, </a> +<a href="#CAPITULO_VIII">VIII, </a> +<a href="#CAPITULO_IX">IX, </a> +<a href="#CAPITULO_X">X, </a> +<a href="#CAPITULO_XI">XI, </a> +<a href="#CAPITULO_XII">XII, </a> +<a href="#CAPITULO_XIII">XIII, </a> +<a href="#CAPITULO_XIV">XIV, </a> +<a href="#CAPITULO_XV">XV, </a> +<a href="#CAPITULO_XVI">XVI, </a> +<a href="#CAPITULO_XVII">XVII, </a> +<a href="#CAPITULO_XVIII">XVIII, </a> +<a href="#CAPITULO_XIX">XIX, </a> +<a href="#CAPITULO_XX">XX, </a> +<a href="#CAPITULO_XXI">XXI, </a> +<a href="#CAPITULO_XXII">XXII, </a> +<a href="#CAPITULO_XXIII">XXIII, </a> +<a href="#CAPITULO_XXIV">XXIV, </a> +<a href="#CAPITULO_XXV">XXV, </a> +<a href="#CAPITULO_XXVI">XXVI, </a> +<a href="#CAPITULO_XXVII">XXVII, </a> +<a href="#CAPITULO_XXVIII">XXVIII, </a> +<a href="#CAPITULO_XXIX">XXIX, </a> +<a href="#CAPITULO_XXX">XXX, </a> +<a href="#CAPITULO_XXXI">XXXI, </a> +<a href="#CAPITULO_XXXII">XXXII, </a> +<a href="#CAPITULO_XXXIII">XXXIII, </a> +<a href="#CAPITULO_XXXIV">XXXIV</a> +</td></tr> +</table> + +<p><a name="page_003" id="page_003"></a></p> + +<h3>Á QUIEN LEYERE.</h3> + +<p class="cb">————</p> + +<p>E<small>N</small> la moderna literatura inglesa, menos quizás que en ninguna otra, +espera encontrar el lector obras que por su carácter y forma le +recuerden las narraciones históricas de tipos caballerescos, empresas +aventuradas y altas hazañas, que han inmortalizado los nombres de +escritores españoles, franceses é italianos. Diríase que esas novelas de +capa y espada, galanas y airosas, en las que palpita la vida entera de +hidalga tierra y se refleja el espíritu de toda una raza, son patrimonio +exclusivo de otros pueblos y otros autores que los nacidos en la +nebulosa Albión.</p> + +<p>De aquí la novedad y el buen éxito merecidísimo de la obra de Conan +Doyle cuya traducción castellana ofrecemos al público en este volumen. +Con erudición y exactitud sorprendentes reproduce el escritor inglés en +<i>La Guardia Blanca</i> una serie de episodios fidelísimos de la época en +que se desarrolla el argumento de su novela. Época tan agitada como lo +fué para Inglaterra la segunda mitad del siglo XIV, en la que á pesar de +sus grandes y recientes victorias de Crécy y Poitiers y del tratado de +Bretigny, volvía á encenderse, más fiera y sañuda si cabe, aquella lucha +interminable conocida en la historia con el nombre de Guerra de los Cien +Años.</p> + +<p>Á imitación de las famosas Compañías Blancas de Duguesclín, personaje +que también figura en esta obra de muy<a name="page_004" id="page_004"></a> pintoresca manera, la <i>Guardia +Blanca</i> inglesa se lanza de lleno en la contienda y tras breve +permanencia en el Ducado de Aquitania, arrebatado por entonces á la +corona de Francia, entra en España á la vanguardia del poderoso ejército +que Eduardo de Inglaterra pusiera á las órdenes del Príncipe Negro para +reinstalar en el solio de Castilla á su aliado Don Pedro el Cruel, á la +sazón destronado por su hermano Don Enrique de Trastamara.</p> + +<p>Las proezas y aventuras de los expedicionarios ingleses y de su +indomable capitán, las descripciones interesantísimas de tipos y +costumbres de la época, los múltiples incidentes de aquellas marciales +jornadas, ora sangrientos y heróicos ora altamente cómicos, todo en +suma, está ideado y referido con tal naturalidad, con exactitud y gracia +tantas, que hacen de este libro una obra acabada y uno de los más +preciados timbres de la fama literaria de su autor.</p> + +<p class="r">J. L. I.</p> + +<p><small>H<small>ARTFORD</small>, <i>Abril de 1896</i>.</small></p> + +<p><a name="page_005" id="page_005"></a></p> + +<h3><a name="LA_GUARDIA_BLANCA" id="LA_GUARDIA_BLANCA"></a>LA GUARDIA BLANCA</h3> + +<h3><a name="CAPITULO_I" id="CAPITULO_I"></a>CAPÍTULO I<br /><br /> +<small>DE CÓMO LA OVEJA DESCARRIADA ABANDONÓ EL REDIL</small></h3> + +<p>L<small>A</small> gran campana del monasterio de Belmonte dejaba oir sus sonoros +tañidos por todo el valle y aun más allá de la obscura línea formada por +los bosques. Los leñadores y carboneros que trabajaban por la parte de +Vernel y los pescadores del río Lande, suspendían momentáneamente sus +tareas para dirigirse interrogadoras miradas; pues aunque el sonido de +las campanas de la abadía era tan familiar y conocido por aquellos +contornos como el canto de las alondras ó la charla de las urracas en +setos y bardales, los repiques tenían sus horas fijas, y aquella tarde +la de nona había sonado ya y faltaba no poco para la oración. ¿Qué +suceso extraordinario lanzaba á vuelo, tan á deshora, la campana mayor +de la abadía?</p> + +<p>Por todas partes se veía llegar á los religiosos, cuyos blancos hábitos +se destacaban vivamente sobre el césped que cubría las avenidas de +nudosos robles. Procedían unos de los viñedos y lagares pertenecientes á +la comunidad, otros de la vaquería, de las margueras y salinas, y +algunos llegaban, apresurando el paso, de las lejanas fundiciones de +Solent y la granja de San Bernardo. No les cogía de sorpresa el +inusitado campaneo, porque ya la noche anterior había despachado el abad +un mensajero especial á todas las dependencias exteriores del +monasterio, con orden de anunciar en ellas la proyectada reunión general +del día siguiente. En cambio el hermano lego Atanasio, que durante un<a name="page_006" id="page_006"></a> +cuarto de siglo había limpiado y bruñido el pesado aldabón de bronce de +la abadía, declaraba con asombro que jamás había presenciado convocación +tan extemporánea y urgente de todos los miembros de la comunidad.</p> + +<p>Bastaba observar á éstos para comprender la gran variedad de ocupaciones +á que se dedicaban y para formar idea, aunque incompleta, de los +inmensos recursos de la abadía, centro de activísima vida. Veíase aquí á +dos religiosos cuyas manos y antebrazos teñía de rojo el mosto; más allá +otro, anciano y robusto, llevaba al hombro el hacha con que acababa de +cortar grandes haces de leña; seguíale el hermano esquilador, cuya +ocupación denunciaban las enormes tijeras que llevaba colgadas al cinto +y las vedijas de lana adheridas al sayal. Un numeroso grupo iba provisto +de azadas y layas, y los dos monjes que cerraban la marcha conducían con +trabajo una pesada cesta llena de carpas, truchas y tencas, pues siendo +el siguiente día de vigilia, había que proveer al sustento de cincuenta +religiosos con un apetito á toda prueba. Verdad es que trabajaban de +firme, porque el venerable abad Fray Diego de Berguén era tan severo con +todos ellos como consigo mismo, que es mucho decir, y en su convento no +se toleraban holgazanes.</p> + +<p>Mientras se reunían frailes y novicios el abad, cruzadas las manos y +preocupado el semblante, recorría de extremo á extremo la gran sala del +monasterio destinada á los actos solemnes. Sus delgadas facciones y +hundidas mejillas revelaban al asceta que ha sabido triunfar de sus +pasiones, no sin cruel y larga lucha, hasta dominarlas por completo. +Aunque de apariencia endeble, su mirada imperiosa y enérgica recordaba +que por sus venas corría sangre de famosos guerreros y que su hermano +mellizo, el capitán Bartolomé de Berguén, era uno de los esforzados +campeones ingleses que habían plantado la cruz de San Jorge sobre los +muros de París. Apenas sonó la última campanada, se acercó el abad á una +mesa y tocó el timbre que servía para llamar al hermano lego de +servicio, al cual preguntó en el dialecto anglo-francés usado en los +monasterios ingleses durante casi todo el siglo catorce:</p> + +<p>—¿Han llegado los hermanos?</p> + +<p>—Reunidos están en el claustro mayor, reverendo padre,<a name="page_007" id="page_007"></a> contestó el +lego, que se hallaba en actitud humilde, cruzadas las manos sobre el +pecho y fija en el suelo la vista.</p> + +<p>—¿Todos?</p> + +<p>—Treinta y dos profesos y quince novicios. Fray Marcos, postrado por la +fiebre, es el único que falta. Dice que....</p> + +<p>—No hace al caso lo que él diga. Enfermo ó no, importaba ante todo +acatar mi mandato. Domeñaré su espíritu rebelde, como lo haré con otros +miembros de esta abadía que necesitan severa disciplina. Y vos mismo, +hermano Francisco, estáis en falta. Ha llegado á mis oídos que habéis +alzado la voz en el refectorio, mientras el hermano lector comentaba la +palabra divina. ¿Qué contestáis á esa acusación?</p> + +<p>El lego no chistó, ni se movió siquiera.</p> + +<p>—Mil avemarías y otros tantos credos rezados con los brazos en cruz +ante el altar de la Virgen, servirán para recordaros que el Supremo +Creador nos dió dos orejas y una sola lengua, para que oigamos mucho y +hablemos poco. Enviadme aquí al hermano Maestro.</p> + +<p>El atemorizado lego salió de puntillas, cerrando tras sí la puerta, que +se abrió algunos momentos después para dar paso á un monje, corto de +estatura, robusto de cuerpo y cuya imperiosa mirada acentuaba la +expresión severa del semblante.</p> + +<p>—¿Me habéis llamado, reverendo padre?</p> + +<p>—Sí, hermano Maestro. Deseo que el acto de hoy, que me impone un deber +durísimo, se verifique con el menor escándalo posible; y sin embargo, es +fuerza dar al culpable una lección pública, para ejemplo de los +restantes.</p> + +<p>Dijo el abad estas palabras en latín, lengua en que de ordinario hablaba +á los religiosos á quienes por sus años ó por razón de su cargo ó de sus +méritos, juzgaba dignos de especial deferencia.</p> + +<p>—Es mi parecer que los novicios no presencien el juicio, observó el +hermano Maestro. En la acusación figura una mujer y temo que pérfidas +imágenes empañen la pureza de sus pensamientos....</p> + +<p>—¡Mujer, mujer! murmuró el abad. <i>Radix malorum</i>, que dijo el venerable +Crisóstomo, definición exacta y aplicable<a name="page_008" id="page_008"></a> desde Eva hasta nuestros +días. ¿Quién denunciará al pecador?</p> + +<p>—El hermano Ambrosio.</p> + +<p>—Casto y piadoso mancebo.</p> + +<p>—Y modelo de novicios.</p> + +<p>—Procédase, pues, al juicio de acuerdo con las prácticas tradicionales +de la orden. Ved que se admita y acomode á los profesos por orden de +edad y que á su tiempo comparezca el maleado Tristán de Horla, cuya +conducta exige ya medidas severas.</p> + +<p>—¿Y los novicios?</p> + +<p>—Esperarán en el claustro de la capilla, donde convendrá que el lector +les refresque la memoria sobre el tema <i>Gesta beati Benedicti</i>. Así se +evitará toda conversación ociosa y toda ocasión de liviandad.</p> + +<p>Una vez solo el abad, volvió á fijar sus miradas en las páginas +caprichosamente iluminadas de su breviario y permaneció en aquella +actitud basta que hubo entrado en la sala el último de los monjes. +Tomaron éstos asiento en los dos bancos de tallado roble que iban desde +el estrado hasta el extremo opuesto de la estancia, donde el hermano +Ambrosio y el Maestro de novicios ocuparon sendos sitiales. Era el +primero un joven enteco, alto y pálido, que oprimía nerviosamente entre +sus manos un enrollado pergamino. El abad contempló desde su asiento en +el estrado las dos hileras de monjes, cuyos rostros plácidos, rollizos y +bronceados por el sol, con raras excepciones, y cuya expresión +satisfecha, daban clara muestra de la vida tranquila y feliz que allí +llevaban.</p> + +<p>Fray Diego fijó después su penetrante mirada en el joven religioso +sentado frente á él y dijo:</p> + +<p>—Sois el acusador, hermano Ambrosio. Quiera nuestro venerado patrón San +Benito concederos su gracia y dirigir nuestros juicios en esta ocasión, +para el bien de la comunidad y para la mayor gloria de Dios. ¿Cuántos +son los cargos dirigidos contra el novicio Tristán?</p> + +<p>—Cuatro, reverendo padre, contestó el interpelado en voz baja y sumisa.</p> + +<p>—¿Los habéis enumerado y expuesto conforme lo manda nuestra santa +regla?</p> + +<p>—Contenidos están en este pergamino....<a name="page_009" id="page_009"></a></p> + +<p>—Que entregaréis al hermano relator para su lectura cuando llegue el +momento. Introducid al acusado.</p> + +<p>Al oir aquella orden, un lego situado junto á la puerta la abrió de par +en par, dando entrada á un joven novicio y á otros dos legos que hasta +entonces lo habían acompañado y vigilado en la antecámara. Era el +novicio Tristán de Horla mancebo de aventajada estatura y atléticas +formas, cuyos ojos negros contrastaban con el rojo cabello y cuyas +facciones, nada desagradables, revelaban de ordinario la franqueza y el +buen humor, si bien en aquel momento se reflejaba en ellas una expresión +de reto y enojo. Caída sobre los hombros la capucha, desabrochado el +hábito que mostraba el hercúleo cuello, desnudos hasta el codo los +velludos brazos que tenía cruzados sobre el pecho, saludó reverentemente +al abad y se dirigió con toda calma al reclinatorio que le estaba +reservado en el centro de la sala. Sus negros ojos pasaron rápida +revista á los circunstantes y acabaron por fijarse, con expresión un +tanto irónica, en el hermano acusador.</p> + +<p>Entregó éste el pergamino al relator de la orden, quien lo leyó con voz +pausada y entonación solemne, escuchado atentamente por todos los +religiosos allí congregados. El documento decía así:</p> + +<p>"Cargos formulados el día de la Asunción, en el año de gracia de mil +trescientos sesenta y seis, contra el hermano Tristán, antes llamado +Tristán de Horla y al presente novicio de la santa orden monástica del +Císter. Leídos el jueves siguiente á dicha fiesta de la Asunción, en la +abadía de Belmonte, ante el reverendo abad Fray Diego de Berguén y la +comunidad reunida en capítulo. Los cargos aducidos son:</p> + +<p>"Primero: Que habiéndose distribuido á los novicios determinada cantidad +de cerveza floja, como concesión especial con motivo de la precitada +festividad y en la proporción de un azumbre por cada cuatro novicios, el +acusado se apoderó violentamente del jarro y se bebió el azumbre de una +sentada, en detrimento de sus compañeros de mesa Pablo, Porfirio y +Ambrosio; quienes declararon que á duras penas pudieron comer los +arenques salados que formaron la refacción de aquel día."</p> + +<p>Al oir aquellos detalles el acusado se mordió los labios<a name="page_010" id="page_010"></a> para disimular +una sonrisa y varios religiosos se miraron de soslayo; otros tosieron á +fin de no soltar la carcajada. Pero el abad permaneció impasible y +severo, mientras el relator continuaba su lectura:</p> + +<p>"Segundo: Que como el Maestro de novicios castigase aquel desafuero +poniendo al culpable á pan y agua por tres días, en honor de Santa +Tiburcia, aquel pecador impenitente declaró en presencia del novicio +Ambrosio que quisiera ver á una legión de demonios llevándose por los +aires al susodicho hermano Maestro.</p> + +<p>"Tercero: Que amonestado por éste nuevamente, el acusado cogió á su +denunciador por el pescuezo y lo zabulló en el estanque de la huerta, +por espacio suficiente para que la víctima de tamaño atropello pudiera +acabar el credo que rezó mentalmente con objeto de encomendar su alma á +Dios, creyendo llegada la última hora."</p> + +<p>Las exclamaciones de sorpresa y censura que se oyeron en ambos bancos +indicaron que los miembros de la comunidad apreciaban la gravedad del +último cargo; pero el abad impuso silencio, levantando su huesuda mano.</p> + +<p>—Continuad, dijo al lector.</p> + +<p>—"Y cuarto: Que poco antes de vísperas, el día de Santiago Apóstol, se +vió al citado Tristán en el camino de Vernel, en conversación con una +mujer, la llamada María Soley, hija del guardabosque de este nombre. Y +que después de muchas risas y resistencias por parte de la susodicha +doncella, el acusado la tomó en brazos y la condujo al otro lado del +riachuelo de Las Hayas, para evitar que aquella emisaria de Satán se +mojase los pies. Esta infracción inaudita de nuestra santa regla fué +presenciada por tres miembros de la comunidad, con gran escándalo suyo y +con indudable regocijo de todo el infierno, que así veía caer en mortal +pecado á un novicio de nuestra orden."</p> + +<p>El silencio profundo que siguió á aquellas palabras, aun más que los +ademanes y el aspecto horrorizado de algunos religiosos, reveló cuán +profunda y unánime era la reprobación de los oyentes.</p> + +<p>—¿Quiénes son los testigos de tan enorme pecado? preguntó el abad con +voz que delataba su indignación.</p> + +<p>—Yo soy uno de ellos, dijo levantándose el hermano Ambrosio; y conmigo +lo presenciaron Porfirio y Marcos, el<a name="page_011" id="page_011"></a> cual se afectó de tal manera que +desde entonces se halla en la enfermería.....</p> + +<p>—¿Y la mujer? continuó Fray Diego. ¿No prorrumpió en acongojado llanto +al presenciar aquella conducta de un hombre que vestía nuestro sagrado +hábito?</p> + +<p>—No, reverendo abad. Antes bien sonrió dulcemente cuando él la depositó +allende el vado y le dió las gracias y le tendió su mano. Lo ví con mis +propios ojos, como lo vió Marcos....</p> + +<p>—¡Lo visteis, desgraciados! gritó el abad. ¿Y acaso no sabíais que el +capítulo treinta y cinco de los reglamentos de esta orden os lo prohibía +terminantemente? ¿De cuándo acá habéis olvidado que en presencia de una +mujer debemos todos bajar la vista y aun volver la cara? Y si hubierais +tenido fija la mirada en vuestras sandalias, ¿cómo ver las sonrisas y +mohines de aquel demonio disfrazado de mujer? ¡Á vuestras celdas, falsos +hermanos, á pan y agua hasta el próximo domingo, con dobles laudes y +maitines para que aprendáis á obedecer las leyes que nos rigen!</p> + +<p>Ambrosio y Porfirio, atemorizados ante aquella inesperada reprimenda, +cayeron temblando en sus asientos. El abad apartó de ellos la vista para +fijarla en el principal culpable, quien lejos de mostrar temor é +inclinar la frente sostuvo con toda calma la mirada furibunda de Fray +Diego.</p> + +<p>—¿Qué alegáis en vuestra defensa, hermano Tristán?</p> + +<p>—Poca cosa, padre mío, fué la contestación del joven, dada con el +pronunciado acento sajón que por entonces caracterizaba á los campesinos +ingleses del Oeste. Por cierto que el inusitado acento llamó mucho la +atención de los religiosos, ingleses de pura raza en su mayoría. Pero el +abad sólo se fijó en la tranquilidad y la indiferencia que la respuesta +del novicio revelaba y la indignación coloreó su rostro enjuto.</p> + +<p>—¡Hablad! ordenó golpeando con el puño el brazo del sitial.</p> + +<p>—Pues cuanto á lo de la cerveza, observó Tristán sin inmutarse lo más +mínimo, téngase en cuenta que acababa yo de llegar del trabajo en el +campo y que apenas empiné el jarro ya le ví el fondo y sin saber cómo lo +dejé en seco.<a name="page_012" id="page_012"></a> Grande debió de ser mi sed. Cierto es que perdí los +estribos cuando el buen Maestro me mandó ayunar, pero bien se explica +eso recordando que pan y agua es triste dieta para un cuerpo y un +apetito como los que Dios me ha dado. También es verdad que le senté la +mano el cernícalo de Ambrosio, pero la zabullida de que se queja no pasó +de un susto sin consecuencias. Y como no niego ninguno de los cargos +anteriores, tampoco puedo negar, si tal cargo es, el de haber ayudado á +la hija de Soley á pasar el vado de Las Hayas, en atención á que la +pobre muchacha tenía puestos zapatos y medias y su saya de los domingos, +al paso que yo iba descalzo y se me importaba un bledo remojarme los +pies. Y tengo para mí que el no haberme portado cual entonces lo hice +hubiera sido una vergüenza, para un novicio como para cualquier otro +hombre que se respete y que respete á la mujer....</p> + +<p>Aquellas palabras colmaron la exasperación del abad, sobre todo +pronunciadas como fueron con la sonrisa burlona que apenas había +desaparecido un momento de los labios de Tristán desde el comienzo de su +perorata.</p> + +<p>—¡Basta ya! exclamó Fray Diego. Lejos de defenderse el culpado confiesa +y agrava su falta con sus livianas palabras. Sólo me resta imponerle el +condigno castigo.</p> + +<p>Al decir esto dejó el abad su asiento y todos los monjes le imitaron, +dirigiendo temerosas miradas al irritado semblante de su superior.</p> + +<p>—Tristán de Horla, continuó éste, en los dos meses de vuestro noviciado +habéis dado pruebas evidentes de perversidad y de que por ningún +concepto merecéis vestir el blanco hábito símbolo de un espíritu sin +mancha. Seréis, pues, despojado de ese hábito y despedido de esta +abadía, de sus tierras y pertenencias, sin renta ni beneficio de ninguna +clase y sin las gracias espirituales que gozan cuantos viven bajo la +tutela y especial protección de San Benito. Vuestro nombre será borrado +de los registros de la orden y os queda prohibido volver á pisar los +umbrales de la abadía y entrar en ninguna de las granjas y posesiones de +Belmonte.</p> + +<p>Aquella primera parte de la sentencia pareció terrible á los monjes, +especialmente á los más ancianos, acostumbrados<a name="page_013" id="page_013"></a> como estaban á la vida +sosegada de la abadía, fuera de la cual se hubieran visto tan +desamparados y desvalidos como niños abandonados á sus propias fuerzas. +Pero evidentemente la vida mundanal no tenía terrores para el novicio, +antes le atraía y agradaba, á juzgar por la expresión regocijada con que +oyó el anuncio de su expulsión. Su contento acrecentó la iracundia de +Fray Diego, quien continuó diciendo:</p> + +<p>—Esto por lo que al castigo espiritual se refiere. Pero á los malos +servidores de Dios, de corazón empedernido, poco les duelen tales penas. +Yo sé cómo castigaros de manera que lo sintáis, ahora que vuestras +fechorías os han privado de la protección de la iglesia. ¡Á ver! ¡Tres +hermanos legos, Francisco, Atanasio y José, apoderaos del truhán, atadle +los brazos y decid al hermano portero que le aplique unas cuantas +docenas de azotes con un buen rebenque!</p> + +<p>Al acercársele los robustos legos para obedecer las órdenes del abad, +desapareció toda la placidez del novicio, que asió con ambas manos el +pesado reclinatorio de roble y levantándolo en alto como una maza, gritó +con voz potente:</p> + +<p>—¡Teneos! ¡Juro por San Jorge que al primero de vosotros que ose +tocarme le rompo la cabeza en mil pedazos!</p> + +<p>La advertencia no podía ser más clara ni más enérgica, y unida á la +amenazadora actitud del novicio, cuyas fuerzas eran bien conocidas de +todos, bastó para que los legos retrocedieran más que de prisa y para +espantar á los religiosos, que se precipitaron en tropel hacia la +puerta. Sólo el abad pareció pronto á lanzarse sobre el rebelde novicio, +pero dos monjes que junto á él se hallaban lo asieron por los brazos y +lograron ponerlo fuera de peligro.</p> + +<p>—¡Está poseído del demonio! gritaban los fugitivos. ¡Pedid socorro! Que +venga el hortelano con su ballesta, y llamad también á los mozos de +cuadra. ¡Pronto, decidles que estamos en peligro de muerte! ¡Corred, +hermanos! ¡Ved que ya nos alcanza!</p> + +<p>Pero el victorioso Tristán de Horla no pensaba en perseguirlos. Estrelló +contra el suelo el reclinatorio, derribó de un revés á su delator +Ambrosio, que puso el grito en el cielo, y atropellando á los +aturrullados frailes que formaban<a name="page_014" id="page_014"></a> la retaguardia, bajó á escape la +escalera. El portero Atanasio vió pasar rápidamente una gigantesca forma +blanca y antes de enterarse de lo que aquello significaba y de la causa +del tumulto que en la escalera se oía, ya el indómito Tristán estaba +lejos de la abadía y á grandes zancadas recorrió el polvoriento camino +de Vernel.<a name="page_015" id="page_015"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_II" id="CAPITULO_II"></a>CAPÍTULO II<br /><br /> +<small>DE CÓMO ROGER DE CLINTON EMPEZÓ Á VER EL MUNDO</small></h3> + +<p>L<small>OS</small> muros del antiguo convento no habían presenciado jamás escándalo +semejante. Pero Fray Diego de Berguén tenía en mucho la buena disciplina +de la comunidad para permitir que ésta quedase bajo la impresión de la +rebeldía triunfante del novicio; así fué que convocando nuevamente á los +hermanos les dirigió una filípica como pocas, comparando la expulsión +del iracundo Tristán á la de nuestros primeros padres del Paraíso, +llamando sobre él los castigos del cielo y advirtiendo de paso á sus +oyentes que si algunos de ellos no mostraban más celo y obediencia que +hasta entonces, la expulsión de aquel día no sería la última. Con esto +quedó restablecida la calma y en buen lugar la autoridad de Fray Diego, +quien ordenó á los religiosos que volvieran á sus faenas respectivas y +se retiró á su celda.</p> + +<p>Apenas comenzadas sus oraciones oyó que llamaban suavemente á la puerta.</p> + +<p>—Entrad, dijo con voz en que se traslucía el mal humor; pero apenas +fijó los ojos en el importuno que así le interrumpía, desapareció la +expresión ceñuda del semblante, reemplazándola bondadosa sonrisa.</p> + +<p>El que llegaba era un esbelto doncel, de facciones algo delgadas, rubios +cabellos, buena presencia y muy joven á juzgar por la expresión aniñada +del rostro. Sus claros y hermosos ojos revelaban también un candor casi +infantil; su mirada era la del adolescente cuyo espíritu se había +desarrollado hasta entonces lejos de las emociones, de las penas y de +los combates del mundo. Sin embargo, las líneas de la boca y la +pronunciada forma de la barba indicaban un carácter enérgico y +resuelto.<a name="page_016" id="page_016"></a></p> + +<p>Aunque no vestía el hábito monástico, su ropilla, calzas y gruesas +medias eran de obscuro color, cual convenía á un morador de aquella +santa casa. De una ancha correa cruzada al hombro pendía henchido zurrón +de los que por entonces usaban los viajeros; llevaba en la diestra un +grueso bastón herrado y en la otra mano su gorra de paño pardo, que +tenía cosida al frente una gran medalla con la imagen de Nuestra Señora +de Rocamador.</p> + +<p>—Veo que estás ya pronto á ponerte en camino, hijo querido. Y no deja +de ser coincidencia curiosa, continuó el abad con aire pensativo, la de +que en un mismo día salgan de este monasterio el más perverso de sus +novicios y el mancebo á quien todos consideramos como el más digno de +nuestros jóvenes discípulos y que es también el predilecto de mi +corazón.</p> + +<p>—Sois demasiado bondadoso, padre mío, contestó el doncel. Por mi parte, +si me fuese dado elegir, acabaría mis días en Belmonte. Aquí he tenido +mi dulce hogar desde la infancia y al salir de esta casa lo hago con +verdadero pesar.</p> + +<p>—Pruebas impuestas por Dios son esas penas, Roger, y cada cual tiene su +cruz. Pero tu partida, que á todos nos contrista, es inevitable. Yo +prometí á tu padre que al cumplir los veinte años saldrías de Belmonte, +para ver algo del mundo y juzgar por tí mismo si preferías seguir en él +ó volver á este sagrado refugio. Acerca ese escabel y toma asiento.</p> + +<p>Hízolo así Roger y el abad continuó diciendo, después de reflexionar +algunos momentos:</p> + +<p>—Veinte años hace que tu padre, el arrendador de la granja de Munster, +murió, dejando valiosos cortijos y terrenos á la abadía y dejándonos +también á su hijo menor, niño de pocos meses, á condición de criarlo y +educarlo en el monasterio. Hízolo así el buen hidalgo no sólo porque +había muerto tu santa madre, sino porque Hugo de Clinton, su hijo mayor +y único hermano tuyo, había dado ya pruebas de su carácter díscolo y +violento, y hubiera sido absurdo dejarte encomendado á él. Pero como +dije antes, tu padre no quería dedicarte irrevocablemente á la vida +monástica; la elección dependerá de tí, y no has de hacerla ahora, sino +cuando tengas alguna experiencia de la vida, para resolver con acierto.<a name="page_017" id="page_017"></a></p> + +<p>—¿Y no impedirán mi partida los cargos que he ejercido ya en la +comunidad, aparte de mis funciones de amanuense?</p> + +<p>—En manera alguna. Veamos: ¿has sido despensero y acólito?</p> + +<p>—Sí, padre.</p> + +<p>—¿Exorcista y lector después?</p> + +<p>—Sí, padre.</p> + +<p>—Y obediente y piadoso como un hermano profeso, pero nunca has hecho +voto de castidad. ¿No es cierto?</p> + +<p>—Así es, padre mío.</p> + +<p>—Pues nada te impide entrar en el mundo y vivir en él tan libremente +como el que nunca ha pisado el claustro. Y puedo decir con placer que +esa nueva vida se abre ante tí con buenos auspicios, porque además de +los sanos principios que te hemos inculcado, eres hábil y puedes +bastarte á tí mismo haciéndote útil á otros. Dime qué has aprendido +últimamente; ya sé que eres escultor de no mediano mérito y que pocos +mancebos de tu edad te ganan á tocar la cítara y el rabel. Y nada diré +de tu voz; nuestro coro pierde contigo el mejor de sus cantores.</p> + +<p>Sonrióse complacido el doncel y dijo:</p> + +<p>—Á la paciencia del buen hermano Jerónimo debo también el oficio de +grabador, que he aprendido pasablemente y llevo hechos muchos trabajos +en madera, marfil, bronce y plata. Con Fray Gregorio he aprendido á +pintar sobre pergamino, metal y vidrio. Sé esmaltar, conozco algo el +tallado de piedras preciosas, puedo construir muchos instrumentos +músicos y cuanto á la heráldica, no hay en Belmonte amanuense ni novicio +que la sepa mejor que yo.</p> + +<p>—¡Pues no es corta la lista! exclamó el superior con alegre acento. No +hubieras aprendido más en el Real Colegio de Exeter. Pero ¿qué me dices +de tus otros estudios, de tus lecturas y composiciones?</p> + +<p>—Sin ser mucho lo que he leído, el hermano Canciller os podrá decir que +no he descuidado la biblioteca. Los Evangelios comentados, Santo Tomás, +la Colección de Cánones....</p> + +<p>—Bueno es todo eso, pero más necesitas hoy otra clase de lecturas, algo +de ciencias naturales, geografía y matemáticas. Veamos: desde esta +ventana se divisa la desembocadura<a name="page_018" id="page_018"></a> del Lande y más allá unas cuantas +velas de barcos pescadores que han cruzado la barra y salido al mar. +Supongamos que en lugar de volver esta noche al puerto, continuasen esas +barcas su viaje por días y días en la dirección que ahora llevan. ¿Sabes +á dónde llegarían?</p> + +<p>—Tienen puesta la proa en dirección á Oriente, contestó prontamente el +joven, y van en derechura hacia aquella región de Francia que hoy forma +parte de los dominios de nuestro poderoso señor el Rey de Inglaterra. +Volviendo la proa hacia el sur llegarían á España y por el nordeste +encontrarían los estados de Flandes y más allá la gente moscovita.</p> + +<p>—Cierto es. ¿Y si después de llegar á los dominios de nuestro rey en +Francia emprendiese un caminante la marcha en dirección á Oriente?</p> + +<p>—Pues visitaría las tierras francesas que todavía están en tela de +juicio y la famosa ciudad de Avignón, donde reside temporalmente Su +Santidad. Más allá se extienden los estados de Alemania, el gran Imperio +Romano, las tribus de los paganos Hunos y Lituanos y por último la +ciudad de Constantino y el dominio de los odiados hijos de Mahoma.</p> + +<p>—Bien, Roger. ¿Y más allá?</p> + +<p>—Jerusalén, la Tierra Santa y el caudaloso río que tuvo sus fuentes en +el paraíso terrenal. Después... no sé, padre mío; pero el fin del mundo +no andará muy lejos de aquellos lugares, á lo que imagino.</p> + +<p>—No tal, mi buen Roger, y eso te probará que siempre queda algo que +aprender. Has de saber que entre los Santos Lugares y el fin del mundo +habitan muchos y muy numerosos pueblos, cuales son el de las amazonas, +el de los pigmeos y aun el de ciertas mujeres, tan bellas como +peligrosas, que matan con la mirada, como se dice del basilisco. Y al +oriente de todas esas naciones está el reino del Preste Juan, cuyas +vagas descripciones habrás hallado en los libros. Todo esto lo sé de +buena tinta, por habérmelo asegurado y descrito un valiente capitán y +gran viajero, el señor Farfán de Setién, que descansó en Belmonte á su +paso para Southampton y nos refirió sus viajes, descubrimientos y +aventuras en el refectorio, con detalles tan curiosos é interesantes que +muchos hermanos se olvidaron de comer por el placer de escucharle sin +perder una sílaba de su relato.<a name="page_019" id="page_019"></a></p> + +<p>—Lo que yo quisiera saber, padre mío, es qué hay al fin del mundo....</p> + +<p>—Poco á poco, amiguito, interrumpió el abad. Lo que allí hay ó deja de +haber no es para preguntado. Pero hablemos de tu viaje. ¿Cuál será tu +primera etapa?</p> + +<p>—La casa de mi hermano en Munster. No sólo deseo conocerlo, sino que +los informes desfavorables que siempre he tenido de su carácter y método +de vida me parecen una razón más para intentar reformarlo y atraerlo al +buen camino.</p> + +<p>El abad movió la cabeza negativamente.</p> + +<p>—Pronto se echa de ver tu inexperiencia. La mala reputación del +arrendador de Munster data de antiguo, y quiera Dios que no sea él quien +logre apartarte del buen camino que has seguido hasta ahora. Pero ya +vivas con él ya te lleve la suerte por otros rumbos, desconfía sobre +todo de los falsos atractivos y de las artes de la mujer, el mayor +peligro que amenaza á los hombres de tu edad y sobre todo á los que como +tú no han encontrado jamás en su camino á ese enemigo de nuestra +tranquilidad. Adiós, hijo mío. Abrázame y recibe la bendición del cielo +que invoco sobre tu cabeza. Encomiéndote también fervientemente al +glorioso San Julián, patrón de los viajeros. Sea tu vida cristiana y +feliz.</p> + +<p>Penosa fué la despedida de aquellos dos hombres, el uno animado por el +cariño paternal que profesaba al huérfano y el otro por su gratitud +infinita hacia el bondadoso protector de toda su vida. Hacía más dura su +separación la idea que ambos tenían formada del mundo, al que +consideraban desde su tranquilo refugio como centro de iniquidades, +peligros y rencores. Los monjes y novicios que no habían salido á sus +quehaceres esperaban á Roger en el pórtico, donde se despidieron de él +con efusión, pues de todos era grandemente apreciado. También le +hicieron algunos regalos; un pequeño crucifijo de marfil, un libro de +oraciones y un cuadrito que representaba la Degollación de los +Inocentes, artísticamente ejecutado en pergamino. Todos aquellos +recuerdos de sus cariñosos amigos quedaron pronto bien acondicionados en +el zurrón, sobre el cual el previsor hermano Atanasio colocó también un +paquete que recomendó mucho á Roger y que según descubrió éste después, +contenía una<a name="page_020" id="page_020"></a> hogaza de pan blanco, un magnífico queso y una botella de +buen vino.</p> + +<p>Púsose por fin en camino el conmovido joven, en cuyos oídos resonaban +las bendiciones y las frases de despedida de los bondadosos monjes. Al +llegar á una altura vecina se detuvo para contemplar por última vez +aquellos lugares en los que se había deslizado su vida tranquila y +dichosa. Allí el obscuro y monumental edificio de la abadía, la +residencia de Fray Diego, con su capilla adjunta, los jardines y +huertos, iluminado todo ello por un sol espléndido. Más allá la +anchurosa ría del Lande, el vetusto pozo de piedra, la capilla de la +Virgen y en la esplanada frente al convento el grupo de blancos hábitos, +aquellos amigos de su adolescencia, que al verle detenido renovaron sus +saludos.</p> + +<p>Dos lágrimas surcaron las mejillas de Roger, que suspiró profundamente y +volvió á emprender su jornada.<a name="page_021" id="page_021"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_III" id="CAPITULO_III"></a>CAPÍTULO III<br /><br /> +<small>DE CÓMO TRISTÁN DE HORLA DEJÓ AL BATANERO EN PERNETAS</small></h3> + +<p>C<small>ASO</small> muy raro sería que un joven de veinte años, lleno de salud y vida, +dedicase las primeras horas de absoluta independencia gozadas desde la +infancia á llorar la celda de su convento y la disciplina del claustro. +Sucedió, pues, que la emoción de Roger fué poco duradera y que aun antes +de perder de vista á Belmonte recobró la alegría propia de sus años y +pudo apreciar en toda su belleza los primores del paisaje. Era una tarde +hermosísima; los rayos del sol caían oblicuamente sobre los frondosos +árboles, trazando en el camino arabescos de sombras, alternados con +anchas franjas doradas. Entre los árboles y en cuanto alcanzaba la +vista, tupidos arbustos, amarilleando algunos al soplo del otoño. Al +perfume de las flores se unían las gratas emanaciones resinosas de los +pinares y sólo el rumor de claros arroyuelos interrumpía de cuando en +cuando el murmullo de la brisa entre las ramas y el canto de los +pájaros.</p> + +<p>Pero aquella soledad y quietud de los campos eran sólo aparentes. La +vida se desarrollaba vigorosa y activa en ellos y en los vecinos +bosques. Insectos de brillantes colores zumbaban en torno de hojas y +flores; juguetonas ardillas suspendían sus escarceos para mirar al +insólito caminante desde lo alto de las ramas, y ya se oía el gruñido +del fiero jabalí en el matorral, ya el roce de las hojas secas pisadas +por el gamo, que huía á todo correr.</p> + +<p>No tardó el risueño caminante en dejar muy atrás á Belmonte y sus verdes +praderas y de aquí que fuera mayor su sorpresa al divisar sentado en una +piedra junto al camino á uno al parecer religioso de aquella comunidad, +á juzgar<a name="page_022" id="page_022"></a> por los blancos hábitos que vestía. Pero al acercarse notó +Roger que el rostro del fraile, desapacible y coloradote, le era +totalmente desconocido y que por sus ademanes y la expresión dolorida +del semblante más parecía caminante desbalijado que otra cosa. De pronto +le vió incorporarse y correr camino arriba, recogiendo y levantando con +ambas manos el sayal, lo menos dos palmos más largo de lo que pedía el +cuerpo bajo y rechoncho del desconocido. Pero no tardó éste en +detenerse, resoplando como si le faltara el aliento y acabando por +dejarse caer sobre la hierba. Roger se dirigió hacia él apresuradamente +y el otro le preguntó:</p> + +<p>—¿Conocéis, buen amigo, la abadía de Belmonte?</p> + +<p>—Mucho que sí, de allí vengo y en ella he vivido hasta hoy.</p> + +<p>—Loado sea Dios, porque en tal caso podréis decirme quién es un fraile +como un dragón, con la cara llena de pecas, los ojos negros y el pelo +rojo, á quien por mi mal acabo de encontrarme en este camino. ¿Le +conocéis? No puede haber otro tan grande ni tan malvado como él en la +abadía.</p> + +<p>—Por las señas es ése el novicio Tristán de Horla. ¿Qué os ha hecho?</p> + +<p>—¡Pesia mi alma que lo hecho por él no lo hicieran conmigo salteadores +de camino! No sino que el menguado me quitó cuanta ropa llevaba puesta +dejándome en gregüescos y después me enjaretó este sayal blanco, +quedándome yo aquí corrido y sin atreverme á volver al pueblo y mucho +menos á presentarme á mi mujer, que si me ve en esta guisa pondrá el +grito en el cielo, tratándome de borracho y correntón.</p> + +<p>—¿Pero cómo fué eso? preguntó el amanuense, que á duras penas podía +contener la risa.</p> + +<p>—Yo os lo contaré de la cruz á la fecha, repuso el otro. Pasaba por +este mismo camino y muy cerca del lugar en que estamos, cuando me topé +con el fraile bandido de la cabeza roja. Creyéndolo un religioso como +Dios manda, entregado á sus oraciones, lo saludé y seguí mi marcha hacia +Léminton, donde vivo y me gano el sustento como batanero que soy. Pero á +los pocos pasos oí que me llamaba; volvíme y me preguntó si tenía +noticia de la nueva indulgencia<a name="page_023" id="page_023"></a> concedida á favor de los monjes del +Císter. "No," le contesté. "Tanto peor para vuestra salvación eterna," +me dijo; y habló largamente de la gran estimación de Su Santidad por las +virtudes del abad de Berguén y cómo en reconocimiento y recompensa de +las mismas había resuelto el Papa conceder indulgencia plenaria á todo +pecador que vistiese el hábito cisterciense y lo tuviese puesto el +tiempo necesario para recitar los siete Salmos de David. Al oirlo me +arrodillé á sus pies, rogándole que me dejase obtener tan grande gracia +prestándome su hábito, á lo que se avino después de muchas súplicas y de +entregarle yo doce sueldos para dorar la imagen del bendito San Lorenzo. +Quitádose que hubo esta vestimenta, tuve que prestarle mi buen jubón y +calzas de paño para que no le viese algún caminante en ropas menores y +aun me pidió el grueso par de medias que yo llevaba para preservarse, +dijo, del airecillo algo frío, mientras rezaba yo mis oraciones. Llegado +apenas al segundo salmo, acabó él de arroparse y gritándome que +procurase conducirme cual cuadraba á un piadoso fraile, apretó á correr +camino arriba como si lo persiguieran los demonios. Cuanto á mí, +pecador, ni puedo correr metido en este saco harinero que por todos +lados me sobra, ni tampoco es cosa de quitármelo y presentarme en el +pueblo sin más vestimenta que una almilla rabona, unos gregüescos +remendados y un par de zapatos. Ni siquiera medias. ¡Por vida del fraile +ladrón!</p> + +<p>—No os descorazonéis, buen hombre, dijo el doncel, que bien podréis +trocar vuestro sayal por un jubón en el convento, cuando no tengáis más +cerca algún conocido que os saque del paso.</p> + +<p>—Sí tengo, repuso el batanero. Allende el seto vive un pariente de mi +mujer, pero la suya es lo más mordaz y maldiciente que conozco y como mi +aventura llegase á oidos de aquella bruja no me atrevería á asomar la +cara fuera de mi casa en un mes. Pero si vos quisierais, mi buen señor, +podríais hacerme una grandísima merced con sólo desviaros de vuestro +camino cosa de dos tiros de ballesta y....</p> + +<p>—Eso haré yo de muy buena gana, dijo Roger compadecido del pobre hombre +á quien en tan duro trance habían puesto las diabluras de Tristán, su +amigo del convento.</p> + +<p>—Pues tomad aquel sendero de la izquierda, que no tardará<a name="page_024" id="page_024"></a> en llevaros +á un claro del bosque, y allí veréis la choza de un carbonero. Decidle +que os dé un par de prendas de ropa y que os envía con grande urgencia +maese Rampas, el batanero de Léminton. Razones tiene para no negarme eso +que en nombre mío váis á pedirle.</p> + +<p>Hízolo Roger como se lo decían y halló muy pronto la cabaña y sola en +ella á la mujer del carbonero, por hallarse su marido trabajando en el +monte. Expuso su misión y complaciente la mujer comenzó enseguida á +preparar el hatillo, mientras Roger la contemplaba con la curiosidad +natural en quien jamás había hablado á una mujer y mucho menos vístose +mano á mano con una hija de Eva en solitaria cabaña perdida en el +bosque. Observó que sus desnudos brazos eran de redondeadas formas, +aunque requemados por el sol y que llevaba modesta basquiña parda y un +pañolón cruzado y prendido sobre el pecho con enorme alfiler de cobre.</p> + +<p>—¡Maese Rampas el batanero! repetía ella yendo de aquí para allá en +busca de las ropas. Si fuese yo su mujer ya le enseñaría á dejarse +desbalijar en medio del camino por el primer perdulario que pase. Pero á +bien que él ha sido siempre un alma de Dios y que no he de ser yo quien +le ponga tachas ni le niegue un favor, que muy grande me lo hizo él +pagando de su bolsillo el entierro de Frasquillo, mi hijo mayor, á quien +tenía de aprendiz en el batán y me lo llevó la peste negra de hace dos +años. ¿Y quién sois vos, mi buen señor?</p> + +<p>—Un caminante. Vengo de Belmonte y me propongo llegar á Munster esta +noche ó mañana.</p> + +<p>—Y viniendo de Belmonte, me basta miraros para conocer que habéis sido +discípulo de los monjes. Pero conmigo no hay por qué bajar los ojos ni +poneros rojo como un pimiento. ¡Bah! ¿Á mí qué? ¡Buenas cosas os habrán +contado los frailes de nosotras las mujeres, y á fe que se diría que +ninguno de ellos ha conocido ni querido á su propia madre! ¡Bonito +estaría el mundo si los padres priores echasen de él á todas las +mujeres!</p> + +<p>—No lo quiera Dios, dijo fervientemente Roger.</p> + +<p>—Amén mil veces. Pero vos sois un gentil mozo y tanto más me lo +parecéis á mí por lo mismo que sois á la vez modesto y comedido. Fácil +es ver también que no habéis<a name="page_025" id="page_025"></a> pasado vuestros pocos años á la +intemperie, sufriendo las inclemencias del frío en invierno y quemado +por los rayos del sol en verano, como tuvo que sufrirlo mi pobre +Frasquillo, y eso que no había cumplido los catorce cuando me lo llevó +Dios.</p> + +<p>—La verdad es que he visto muy poco del mundo, buena mujer, respondió +el joven.</p> + +<p>—Tanto mejor para vos. Y ahora, aquí tenéis el hatillo para el bueno de +Rampas y decidle que no se dé prisa por devolver esas ropas. Cuando +buenamente pase por aquí cerca puede dejarlas en la cabaña. ¡Virgen +Santa, cómo estáis cubierto de polvo! Bien se ve que en los conventos no +hay mujer que os cuide. Os limpiaré un poco. ¡Vaya! Y ahora, dadme un +beso é id en paz.</p> + +<p>Inclinóse Roger para que ella lo besase, saludo muy en boga en +Inglaterra por aquella época, y así lo hizo notar Erasmo mucho después, +diciendo que el beso como saludo era más usado en aquel reino que en +ningún otro país. Pero la experiencia era nueva para Roger, y el +contacto de la villana le produjo una impresión para él desconocida +hasta entonces. Pensando iba en ello al dejar la casuca y recordó las +palabras del abad, acabando por preguntarse qué hubiera dicho y sentido +éste en caso parecido al suyo. Pero llegado de nuevo al camino vió Roger +un cuadro que le hizo olvidar todo lo restante.</p> + +<p>El malhadado maese Rampas se hallaba á corta distancia del lugar donde +él lo dejara, gimiendo, pateando y desesperándose más que nunca y lo que +era peor, sin el hábito, ni más vestimenta que una cortísima almilla y +los zapatos. Á lo lejos desaparecía entre los árboles á todo correr un +hombrachón que llevaba un lío en una mano y apoyaba la otra sobre el +costado como si le dolieran los ijares de tanto reirse.</p> + +<p>—¡Vedlo! aulló el batanero. ¡Allí va! Vos me sois testigo, para dar con +él en la cárcel de Chester. ¡Que se me lleva mi hábito!</p> + +<p>—¿Pero qué ha pasado aquí? ¿Quién es aquel hombre?</p> + +<p>—¿Quién ha de ser, pesia mí, sino vuestro Tristán el ladrón, Tristán el +bandido, que no contento con haberme dejado casi en cueros vivos, volvió +para llevárseme el sayal,<a name="page_026" id="page_026"></a> como si un cristiano pudiera andar por el +camino público con este camisín. ¡Me ha robado mi hábito, mi hábito!</p> + +<p>—Perdonad, buen hombre, el hábito era suyo....</p> + +<p>—Corriente, pues que se lo lleve todo. No tardará en volver para +despojarme de los zapatos y de este camisolín, que para lo que tapa.... +¡Nuestra Señora de Rocamador me valga!</p> + +<p>—¿Y cómo fué ello? preguntó Roger, lleno de asombro.</p> + +<p>—¿Son ésas las ropas que me traéis? Dadme acá, por favor, que éstas ni +el Papa me las quita, aunque le ayude todo el Sacro Colegio. ¿Que cómo +fué? Pues apenas me dejasteis volvió corriendo don ladrón y como yo +empezase á apostrofarle me preguntó muy dulcemente si creía posible que +un buen religioso abandonase su sayal nuevecito y abrigado para vestir +el jubón y las calzas de un artesano. Empecé á quitarme el hábito muy +regocijado, mientras él explicaba que se había ausentado para que yo +dijera mis oraciones con mayor recogimiento. También hizo como que se +desabrochaba mi jubón para devolvérmelo, pero no bien le entregué su +sayal apretó á correr otra vez, dejándome con lo puesto, que no es mucho +que digamos. ¡Habrá tuno! ¡Y cómo se reía el bigardón!</p> + +<p>Roger escuchó el relato de aquellas lástimas con toda la seriedad que +pudo. Pero cuando contempló al pobre hombre vestido con los guiñapos del +carbonero y vió la expresión de dignidad ofendida que tenían el rostro +mofletudo y los ojillos saltones de maese Rampas, le fué imposible +contener la risa. Jamás se había reido tanta ni de tan buena gana, é +incapaz de tenerse de pie se apoyó contra el tronco de un árbol, sin +poder hablar, saltándosele las lágrimas y riéndose á todo trapo.</p> + +<p>El batanero le miró gravemente; nuevos accesos de hilaridad retorcieron +el cuerpo de Roger y maese Rampas, viendo que aquello no llevaba trazas +de acabar, le hizo un ceremonioso saludo y se alejó pausada y +altivamente, contoneándose. Roger le miró hasta perderle de vista, y aun +después de ponerse él mismo en camino se reía de todo corazón cada vez +que recordaba la facha y los visajes del batanero de Léminton.<a name="page_027" id="page_027"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_IV" id="CAPITULO_IV"></a>CAPÍTULO IV<br /><br /> +<small>DE LA JUSTICIA INGLESA EN EL SIGLO CATORCE</small></h3> + +<p>E<small>L</small> camino que seguía Roger era poco frecuentado, mas no tanto que el +viandante dejase de encontrar de vez en cuando ya unos arrieros, ya un +pobre pedigüeño, y otros viajeros tan cansados como él. Entre los que +halló Roger á su paso se contó también uno al parecer fraile, que +gimoteando le pidió algunos cornados para comprar pan, pues estaba +muerto de hambre. El joven apresuró el paso sin contestarle, porque en +el convento había aprendido á desconfiar de esos frailes vagabundos; sin +contar con que del morral que el pordiosero llevaba á la espalda vió +salir el hueso no muy mondo de una pierna de cordero que para sí la +hubiera querido el buen Roger. No anduvo largo trecho sin oir las +maldiciones que le lanzaba el supuesto religioso; seguidas de tales +blasfemias que el caminante echó á correr por no oirlas y no paró hasta +perder de vista al deslenguado fraile.</p> + +<p>En los linderos del bosque descubrió Roger á un chalán que con su mujer +despachaba un enorme pastel de liebre y un frasco de sidra, sentados +ambos al borde del camino. El brutal chalán lanzó una exclamación +grosera al pasar Roger, quien siguió su marcha sin darse por entendido; +pero como á la mujer se le ocurriese llamar á gritos al apuesto joven +invitándole á comer con ellos, su marido se enfureció de tal manera que +empuñando la vara empezó á dar de palos á su caritativa compañera. El +joven comprendió que lo mejor era poner tierra por medio, muy +apesadumbrado al ver que por todas partes sólo hallaba violencias, +engaños é injusticias.</p> + +<p>Pensando iba en ello y comparando aquellos episodios<a name="page_028" id="page_028"></a> de su jornada con +la vida monótona del convento, cuando detrás de un vallado que á su +derecha quedaba vió el más raro espectáculo que imaginarse pueda. Cuatro +piernas cubiertas con ajustadas medias de arlequinados colores y largos +borceguíes de retorcidas puntas en los pies, se movían á compás, sin que +el matorral permitiese ver los cuerpos invertidos á que pertenecían +aquellas extremidades. Acercándose prudentemente oyó Roger los sonidos +de una flauta y rodeando el vallado creció de punto su sorpresa al ver á +dos jóvenes que, sin gran dificultad al parecer, se sostenían cabeza +abajo sobre la hierba y tocaban sendas flautas, á la vez que imitaban +con los pies los movimientos de la danza. Hizo Roger la señal de la cruz +y tentado estuvo de echar á correr; pero en aquel momento lo +descubrieron los músicos, que inmediatamente se le acercaron dando +saltos sobre sus cabezas, como si fueran éstas de pedernal y no de carne +y hueso. Llegados á pocos pasos de Roger, doblaron sus cuerpos aquellos +rarísimos danzantes, y posando los pies en el suelo asumieron sin el +menor esfuerzo su posición normal y se adelantaron sonrientes, con la +mano sobre el corazón, en la actitud de acróbatas ó payasos saludando al +público.</p> + +<p>—Sed generoso, príncipe mío, dijo uno de ellos tendiendo un birrete +galoneado que recogió del suelo.</p> + +<p>—Mano al bolsillo, apuesto doncel, repuso el otro. Aceptamos toda clase +de moneda y en cualquiera cantidad que sea, desde una talega de ducados +ó un puñado de doblas, hasta un solo cornado, si no podéis hacer mayor +ofrenda.</p> + +<p>Roger creyó hallarse en presencia de un par de duendes y aun procuró +recordar la fórmula del exorcismo; pero los dos desconocidos +prorrumpieron en grandes carcajadas al ver el espanto y la sorpresa +reflejados en su semblante. Uno de ellos dió un salto y cayendo sobre +las manos comenzó á andar con ellas, dando zapatetas en el aire. El otro +preguntó:</p> + +<p>—¿No habéis visto nunca juglares? Por lo menos habréis oído hablar de +ellos. Tales somos, que no brujos ni demonios.</p> + +<p>—¿Á qué ese espanto, rubio querubín? preguntó el otro.</p> + +<p>—No os extrañe mi sorpresa, repuso por fin Roger. No<a name="page_029" id="page_029"></a> había visto un +juglar en mi vida y mucho menos esperaba contemplar en el aire dos pares +de piernas danzando misteriosamente. ¿Pues y el saltar sobre vuestros +cráneos? Bien quisiera saber por qué hacéis cosas tan extraordinarias.</p> + +<p>—Difícil es la respuesta, y á buen seguro que si de mí dependiera no +volveríais á verme andando cabeza abajo, tragando estopa encendida ni +tocando el laúd con los pies, para entretenimiento de mirones y espanto +de tiernos pajecillos como vos.... Pero ¿qué veo? ¡Un frasco! ¡Y lleno, +lleno "del rico zumo de las dulces uvas"! ¡Decomiso!</p> + +<p>Y haciendo y diciendo se apoderó de la botella de vino que el hermano +despensero regaló á Roger y que éste llevaba en el entreabierto zurrón. +Beberse la mitad del vino fué obra de un instante para el juglar, que +después pasó el frasco á su compañero. Apenas lo agotó éste hizo ademán +de tragárselo, con tanta verdad que asustó á Roger; después reapareció +el evaporado frasco en la diestra del juglar, que lanzándolo en alto lo +recibió sobre la pantorrilla izquierda, de la cual pareció extraerlo +para presentárselo á Roger, acompañado de cómica reverencia.</p> + +<p>—Gracias por el vino, mocito, dijo; es de lo poco bueno que hemos +probado en largos días. Y contestando á vuestra pregunta, os diremos que +nuestra profesión nos obliga á inventar y ensayar continuamente nuevas +suertes, una de las cuales y de las más difíciles y aplaudidas habéis +presenciado. Venimos de Chester, donde hemos hecho la admiración de +nobles y plebeyos y nos dirigimos á las ferias de Pleyel, donde si no +ganamos muchos ducados no nos faltarán aplausos. De mí os aseguro que +daría buen número de éstos por uno de aquellos. Ó por otro trago de +vuestro riquísimo vino. Y ahora, amiguito, si os sentáis en aquella +piedra, nosotros continuaremos nuestro ensayo y vos pasaréis el rato +entretenido.</p> + +<p>Hízolo así Roger, quien notó entonces los dos enormes fardos que +formaban el equipaje de los juglares y que por lo que dejaban ver +contenían jubones de seda, cintos relucientes y franjas de oropel y +falsa pedrería. Junto á ellos yacía una vihuela que Roger tomó y empezó +á tocar con gran maestría, mientras los acróbatas continuaban sus<a name="page_030" id="page_030"></a> +sorprendentes ejercicios. No tardaron éstos en tomar el compás de la +vihuela y era cosa de verlos con los pies en el aire, bailando sobre las +manos, con tanta presteza y facilidad como si toda la vida hubiesen +andado en aquella postura.</p> + +<p>—¡Más aprisa, más aprisa! gritaban al tañedor, que los complacía +riéndose á carcajadas.</p> + +<p>—¡Bravo, don alfeñique! exclamó por fin uno de los danzantes, dejándose +caer rendido sobre la hierba.</p> + +<p>—¡Por vida de! Muy callado lo teníais, señor músico, dijo el otro +imitándolo. ¿Dónde aprendisteis á tañer de tal suerte?</p> + +<p>—Lo que acabo de tocar lo aprendí yo solo, sin música ni maestro, por +haberlo oído varias veces allá en Belmonte, de donde vengo.</p> + +<p>—¡El diablo me lleve si no sois vos el auxiliar que nos hace falta! +dijo el juglar que parecía de más edad. Tiempo hace que busco un +vihuelista, flautista, ó lo que sea, que nos acompañe y pueda tocar de +oído, y vos lo tenéis magnífico. Venid con nosotros á Pleyel, que no os +ha de pesar, ni os faltarán algunos ducados, buena cerveza y mejor humor +mientras sigamos juntos.</p> + +<p>—Sin contar con que jamás hemos tenido cena sin una buena tajada de +carne en el plato y vos no seréis menos. Por mi parte os prometo media +azumbre de vino los domingos, mientras estemos en poblado, dijo el otro. +Es gascón y del añejo, agregó guiñando un ojo para dar más valor á su +oferta.</p> + +<p>—No, no puede ser, contestó el joven. Otro es mi destino y si he de +llegar á él en sazón no puedo permitirme muchas paradas tan largas como +ésta. Con Dios quedad.</p> + +<p>Dicho esto se alejó apresuradamente, sin atender á las repetidas ofertas +de los juglares, quienes por fin se despidieron de él deseándole buena +suerte. La última vez que los vió, antes de doblar un recodo del +sendero, el más joven de los saltimbanquis se había subido sobre los +hombros de su compañero y desde aquella altura lo saludaba con dos +banderolas de chillones colores, que agitaba sobre su cabeza.</p> + +<p>Roger les hizo un ademán de despedida y emprendió sonriente el camino de +Munster.<a name="page_031" id="page_031"></a></p> + +<p>Extraños y en gran manera interesantes le parecían todos aquellos +variados incidentes de su jornada. Las pocas horas pasadas desde que +abandonó el apacible claustro le habían procurado más emociones que un +año de vida en Belmonte. Se le hacía increíble que el fresco pan que iba +comiendo con placer fuese reciensalido de los hornos de la abadía.</p> + +<p>No tardó en dejar el terreno montañoso cubierto de arbolado y se halló +en la vasta llanura de Solent, cuyos campos esmaltados de florecillas +multicolores presentaban aquí y allá grupos verdes ó bronceados de +ondulantes helechos. Á la izquierda del viajero y no muy lejos +continuaba el espeso bosque, pero la senda divergía rápidamente de él y +serpenteaba por el valle. El sol próximo á su ocaso entre purpurinas +nubes, iluminaba con luz suave los alegres campos y rozaba de soslayo +los primeros árboles del bosque, poniendo entre las ramas toques +inimitables de oro y rojo. Admiró Roger el bellísimo paisaje, pero sin +detenerse, porque según sus informes lo separaba todavía una legua larga +del primer mesón donde se proponía pasar la noche. Lo único que hizo fué +dar algunos mordiscos al pan y al apetitoso queso que llevaba de +repuesto.</p> + +<p>Por aquella parte del camino se cruzó el viajero con buen número de +personas. Vió primero á dos frailes dominicos de negros hábitos, que +pasaron sin mirarle siquiera, fija la vista en el suelo y murmurando sus +oraciones. Siguióles un obeso franciscano, mofletudo y sonriente, que +detuvo á Roger para preguntarle si no había por allí cierta venta famosa +por sus tortas de anguilas; y como el joven le contestase que siempre +había oído poner por las nubes los guisos de anguilas de Solent, el +epicúreo padre tomó el camino de aquel pueblo relamiéndose de gusto. +Poco después vió venir nuestro viajero á tres segadores que cantaban á +voz en cuello, con acento y jerga tan diferentes de cuanto hasta +entonces había oído en su convento, que más bien le parecieron hombres +de otra raza expresándose en lenguaje bárbaro. Llevaba uno de ellos una +garza que habían cogido en la ciénaga vecina y se la ofreció á Roger por +dos cornados. Excusóse éste como pudo y se alegró de dejar atrás á los +cantantes, cuyos enmarañados cabellos rojos, afiladas hoces y risa +brutal los hacían nada gratos compañeros<a name="page_032" id="page_032"></a> de viaje y menos para +encontrados al caer la noche en campo raso.</p> + +<p>Más peligroso que aquellos alegres campesinos demostró ser un macilento +pordiosero que le salió al encuentro poco después, supliendo con una +muleta la pierna que le faltaba. Aunque endeble y humilde al parecer, no +bien hubo pasado Roger sin depositar en el grasiento sombrero la moneda +que le pedía, oyó el grito de rabia del miserable y una blasfemia atroz, +seguida de una pedrada que si hubiera acertado á nuestro héroe en la +cabeza habría puesto probablemente fin á sus aventuras. Por suerte la +piedra pasó rozándole una oreja y fue á dar violentamente contra un +árbol cercano. Detrás de su tronco se guareció Roger de un salto y desde +allí efectuó su retirada ocultándose entre la maleza, sin volver al +sendero hasta que hubo puesto buen trecho entre su persona y el +andrajoso energúmeno. Íbale pareciendo que en Inglaterra no había más +protección de vidas y haciendas que la que cada cual pudiese +proporcionarse con sus propios puños ó con la ligereza de sus piernas. +¿Dónde estaba la ley, aquella ley de que había oído hablar en el +claustro, superior á prelados y barones y de la cual no veía indicio ni +señal? Sin embargo, no debía de ocultarse el sol aquel día sin que Roger +viese por sí mismo un ejemplo inolvidable de la ley durísima de aquella +época y de la más pronta distribución de justicia que jamás presenciaron +ojos humanos.</p> + +<p>En el centro del valle había una hondonada por la que corrían las aguas +de cristalino arroyuelo. Á la derecha del camino, en el punto donde +cruzaba el arroyo, veíase un informe montón de piedras, acaso un antiguo +túmulo, que desaparecía casi por completo bajo los brezos y helechos. +Buscando estaba Roger el vado cuando vió venir por el lado opuesto á una +pobre mujer cargada de años y achaques, que por dos veces trató +inútilmente de poner el pie sobre una ancha piedra plana colocada en +medio del arroyo. Roger la vió sentarse desalentada en el ribazo y +cruzando el vado se le acercó y le ofreció ayudarla.</p> + +<p>—Venid, buena mujer; el paso no es tan difícil como parece.</p> + +<p>—No puedo, doncel; la edad ha nublado mis ojos y aunque sé que hay una +piedra en el vado, no acierto á verla.</p> + +<p>—Pues por eso no ha de quedar, dijo Roger; y tomando<a name="page_033" id="page_033"></a> en brazos á la +enjuta viejecilla la trasladó prontamente á la otra margen. Muy débil y +anciana parecéis para viajar sola, continuó cuando la vió vacilar y caer +de rodillas. ¿Venís de muy lejos?</p> + +<p>—De Balsain, donde dejé mi arruinada casuca tres días há. Voy en busca +de mi hijo, que es montero del rey en Corvalle y me ha ofrecido cuidar +de mí estos últimos días de mi vida.</p> + +<p>—Deber suyo es hacerlo, que vos cuidasteis de él en su niñez. Pero +¿habéis comido? ¿Lleváis provisiones?</p> + +<p>—Tomé un bocado al rayar el día, en el ventorrillo de Dunán.... Pero +allí dejé también la última moneda que me quedaba y por eso necesito +llegar esta misma noche á Corvalle, donde nada me faltará. ¡Si vierais á +mi hijo, tan arrogante, tan generoso! Olvido mis tribulaciones al +figurármelo con su verde sayo de montero, bordadas sobre el pecho las +armas del rey.</p> + +<p>—Grande es la tirada de aquí á Corvalle, sobre todo para vos y ya casi +de noche. Pero aquí tenéis un poco de pan y queso y también algunos +sueldos para que con ellos completéis vuestra cena en el primer mesón. Á +Dios quedad.</p> + +<p>—Él os guarde, generoso mancebo, dijo la viejecilla alejándose y +menudeando sus bendiciones.</p> + +<p>Al volverse Roger para emprender la marcha descubrió lo que hasta +entonces no había reparado; que su breve entrevista con la pobre mujer +había tenido testigos. Eran éstos dos hombres, ocultos hasta entonces +entre los brezos que cubrían el montón de piedras antes citado y que +abandonando su escondrijo se dirigían hacia la hondonada. Uno de ellos, +viejo de andrajosos vestidos, inculta barba y retorcida nariz, tenía más +apariencias de bandido que de caminante; el otro era uno de los pocos +negros que había en Inglaterra por aquella época, y Roger contempló +asombrado los abultados labios y grandes y blancos dientes que hacían +resaltar la negrura de la tez. Pero el aspecto de ambos desconocidos era +tan sospechoso que Roger creyó prudente subir el ribazo y tomar el +camino á buen paso, á fin de evitar su encuentro. No le siguieron los +otros, pero antes de alejarse gran espacio oyó las voces de socorro que +daba la vieja, detenida en medio del camino por ambos bribones,<a name="page_034" id="page_034"></a> que la +despojaban apresuradamente de las monedas que él le había dado, de su +mantón de lana y de la cestilla que en la mano llevaba. Soltó Roger el +zurrón y empuñando su herrado garrote volvió atrás, cruzó el arroyo de +un salto y se dirigió á todo correr hacia el grupo que formaban los +salteadores y su víctima.</p> + +<p>Pero aquéllos no parecían dispuestos á ceder el campo, pues viéndole +venir el negro, sacó un reluciente cuchillo y lo esperó á pie firme; el +otro empuño su nudoso bastón y entre amenazas y maldiciones invitó á +Roger á acercarse. Ningún peligro hubiera detenido en aquel momento al +denodado joven, de ordinario tan comedido y pacífico, pero cuyo +semblante indicaba que la indignación y la cólera lo cegaban, +convirtiéndolo en temible adversario. Llegado frente al negro, le +descargó tan furioso garrotazo que soltó el cuchillo y huyó lanzando +gritos de dolor. Al verlo el viejo, se abalanzó sobre Roger y rodeándole +fuertemente la cintura con ambos brazos, gritó al otro que apuñaleara á +su enemigo por la espalda. Acercóse el negro, recogió su arma y Roger +creyó llegada su última hora, si bien no dejó de hacer vigorosos +esfuerzos para derribar á su adversario, cuya garganta apretaba con +furia mientras forcejeaban ambos de uno á otro lado del camino. En aquel +momento supremo se oyó claramente el galope de numerosos caballos sobre +las piedras y casi al mismo tiempo una exclamación de terror del negro, +que huyó á todo correr y no tardó en ocultarse entre la maleza. El otro +bandido, cuyos ojos delataban el miedo que se había apoderado de él, +hizo esfuerzos desesperados por rechazar á Roger, pero éste logró al fin +derribarlo y sujetarlo firmemente, contando recibir pronto refuerzo.</p> + +<p>Los jinetes llegaban á todo correr, precedidos por el que parecía ser +jefe de la partida, que montaba un hermoso caballo negro y vestía fino +sayo de vellorí, cruzado el pecho por ancha banda de rojo color recamada +de oro y cubierta la cabeza con un birrete de blancas plumas. Seguíanle +seis ballesteros, con jubones de paño buriel, cintos de baqueta, +capacetes sin plumas y á la espalda ballesta y saetas. Bajaron la +cuesta, cruzaron el vado y en pocos momentos llegaron al lugar de la +lucha.</p> + +<p>—¡Aquí está uno de ellos! exclamó el jefe, echando pie<a name="page_035" id="page_035"></a> á tierra y +sacudiendo al bandido por el cuello. Á ver las cuerdas, Pedro, y que lo +ates de pies y manos de manera que no vuelva á escurrirse. Le ha llegado +la hora y ¡por San Jorge! que de esta vez las pagará todas juntas. +¿Quién sois, joven? preguntó á Roger.</p> + +<p>—Un amanuense de la abadía de Belmonte, señor.</p> + +<p>—¿Tenéis carta ó papel que lo acredite? ¿No seréis uno de tantos +pordioseros como infestan estos caminos?</p> + +<p>—Hé aquí las cartas del abad de Berguén. No necesito pedir limosna, +dijo el joven algo ofendido.</p> + +<p>—Tanto mejor para vos. ¿Sabéis quién soy?</p> + +<p>—No, señor.</p> + +<p>—Yo soy la ley, soy el corregidor del condado y represento la justicia +de nuestro bondadoso soberano, Eduardo III.</p> + +<p>—Á tiempo llegáis, señor, dijo Roger inclinándose ante el personaje. +Unos momentos más y sólo hubierais hallado aquí mi cadáver y quizás +también el de esta pobre mujer.</p> + +<p>—¡Pero nos falta el otro! exclamó el corregidor. ¿No habéis visto á un +negro? Era el cómplice de ese ladrón y juntos huían....</p> + +<p>—El negro escapó en aquella dirección al oiros, dijo Roger señalando +hacia las piedras del desmoronado túmulo.</p> + +<p>—Se esconde en la maleza y no puede estar lejos, dijo uno de los +ballesteros preparando su temible arma. Desde que llegamos he estado +vigilando los alrededores. Él sabe que con nuestros caballos lo +alcanzaríamos en un santiamén y se guardará de huir.</p> + +<p>—¡Pues á buscarlo! Nunca se dirá que un criminal de su laya escapó al +corregidor de Southampton y á sus ballesteros. Dejad á ese bandido +tendido en el polvo. Y ahora, muchachos, formad en línea, á bastante +distancia uno de otro, y empiece el ojeo; aprestad las ballestas y yo os +procuraré caza como el mismo rey no puede tenerla. Norris, aquí, á la +izquierda; Jacobo el Rojo á la derecha. Eso es. Mucho ojo con los +matorrales, y un cuartillo de vino para el buen tirador que acierte á la +pieza.</p> + +<p>El negro se había deslizado entre los brezos hasta llegar al derruido +monumento, tras cuyas piedras se escondió; al poco rato quiso averiguar +lo que hacían ó proyectaban sus<a name="page_036" id="page_036"></a> perseguidores, á quienes vió separarse +formando extensa línea y adelantar por la maleza en la dirección que él +había tomado y que les había indicado Roger. Aunque el fugitivo asomó la +cabeza lo más prudentemente posible, el ligero movimiento de unos +helechos bastó para denunciar su presencia al corregidor, que en aquel +momento miraba fijamente la eminencia formada por las piedras y el +matorral que en parte las cubría.</p> + +<p>—¡Ah, bellaco! gritó el funcionario sacando la espada y señalándolo á +sus soldados. ¡Allí le tenéis! ¡Á pie firme, ballesteros! Ya abandona su +guarida y corre como un gamo. ¡Tirad!</p> + +<p>Así era en efecto, porque al oir el negro las voces del corregidor y +verse descubierto, emprendió la fuga á todo correr.</p> + +<p>—Apunta dos varas á la derecha, muchacho, dijo un ballestero veterano, +inmediato á Roger.</p> + +<p>—No, apenas hay viento; con vara y media basta, contestó su compañero, +soltando la cuerda de su ballesta.</p> + +<p>Roger se estremeció, porque el acerado dardo pareció atravesar de parte +á parte al fugitivo. Pero éste siguió corriendo.</p> + +<p>—Dos varas te digo, bodoque, comentó el viejo ballestero, apuntando con +tanta calma como si tirase al blanco.</p> + +<p>Partió silbando la mortífera saeta y se vió al negro dar de repente un +enorme salto, abrir los brazos y caer de cara al suelo, donde quedó +inmóvil.</p> + +<p>—Debajo de la espaldilla izquierda, fué lo único que dijo su matador, +adelantándose á recobrar su dardo.</p> + +<p>—Á perro viejo no hay tus tus. Esta noche podrás emborracharte con el +mejor vino de Southampton, dijo el personaje á su impasible ballestero. +¿Estás seguro de haberlo despachado?</p> + +<p>—Tan muerto está como mi abuela, señor.</p> + +<p>—Corriente. Ahora al otro bribón. No faltan árboles allá en el bosque, +pero no tenemos tiempo que perder. Anda, Lobato, saca esa espada y +córtale la cabeza al canalla, como tú sabes hacerlo.</p> + +<p>—¡Por favor, concededme una gracia que os pido! suplicó el sentenciado +dando diente con diente.</p> + +<p>—¿Qué es ello? preguntó el magistrado.<a name="page_037" id="page_037"></a></p> + +<p>—Antes confesaré mi crimen. El negro y yo fuímos, en efecto, quienes +después de robar cuanto pudimos en la barca <i>Rosamaría</i> de la que él era +cocinero, asesinamos y despojamos al mercader flamenco en Belfast. +Pronto estoy á que me enviéis allá, ante mis jueces.</p> + +<p>—Poco mérito tiene esa confesión y no te valdrá. Es que además de tus +fechorías en Belfast y en todas partes acabas de cometer un asalto en +despoblado dentro del territorio de mi jurisdicción y vas á morir. Basta +de charla.</p> + +<p>—Pero señor, observó Roger pálido de emoción; no ha sido juzgado y....</p> + +<p>—Vos, mocito, me complaceréis grandemente no hablando de lo que no +entendéis y menos os importa. Y tú, belitre, continuó dirigiéndose al +reo, ¿qué gracia es esa que pides?</p> + +<p>—Tengo en la bota del pie izquierdo un trocito de madera envuelto en +lienzo. Perteneció un tiempo á la barca en que iba el bendito San Pablo +cuando las olas lo arrojaron á la isla de Melita. Lo compré por tres +doblas á un marinero que venía de Levante. Os pido que me permitáis +morir con esa reliquia en la mano, y de esta manera no sólo obtendré mi +salvación eterna sino también la vuestra, pues debiéndoos tan gran +merced, no dejaré de interceder por vos un solo día.</p> + +<p>Á una señal de su jefe, el ballestero Jacobo descalzó al malhechor y +halló en la bota la valiosa reliquia, envuelta en luenga tira de fino +cendal. Los soldados se santiguaron devotamente y el corregidor se +descubrió al tomarla y entregársela al sentenciado.</p> + +<p>—Si sucediese que por los méritos del gran apóstol San Pablo te fuesen +perdonados tus delitos y abiertas las puertas del Paraíso, dijo el +crédulo magistrado, espero que no olvides la gracia que te concedo y la +promesa que me haces. Y ten también presente que toda tu intercesión ha +de ser por Roberto de York, corregidor de Southampton y no por Roberto +de York mi primo hermano, el condestable de Chester. Y ahora, Jacobo, al +avío, que todavía tenemos una buena tirada de aquí á Munster y el sol se +ha puesto ya.</p> + +<p>Con los ojos dilatados por el espanto contempló Roger aquella +conmovedora escena; el obeso personaje ricamente vestido, el grupo de +ballesteros que miraban indiferentes,<a name="page_038" id="page_038"></a> teniendo asidas las riendas de +sus caballos; la viejecilla, tan espantada como él, que esperaba el +final del sangriento drama sentada á un lado del camino y por último el +malhechor de pie, atados los brazos y pálido como un muerto. El más +viejo de los ballesteros se adelantó en aquel momento y desenvainó la +cortante hoja; Roger volvió la espalda y se retiró apresuradamente, pero +á los pocos pasos oyó un sonido sordo, horrible, que le hizo temblar, +seguido del golpe que dió el cuerpo al caer en tierra. Momentos después +pasaron trotando junto á Roger el corregidor y cuatro ballesteros, +habiendo recibido los otros dos la orden de cavar una fosa y enterrar +los cadáveres. Uno de los soldados limpiaba la larga hoja de su espada +en las crines del caballo, y al verlo Roger le sobrecogió tal angustia +que arrojándose sobre la hierba prorrumpió en sollozos convulsivos. +"¡Mundo perverso, se decía, hombres de corazón duro, así los criminales +como los encargados de administrar una justicia brutal y cruenta!"<a name="page_039" id="page_039"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_V" id="CAPITULO_V"></a>CAPÍTULO V<br /><br /> +<small>DE LA EXTRAÑA COMPAÑÍA QUE SE REUNIÓ EN LA VENTA DEL PÁJARO VERDE</small></h3> + +<p>H<small>ABÍA</small> cerrado la noche y brillaba la luna entre ligeras nubes cuando +Roger, cansado y hambriento, llegó al mesón de Dunán, famoso en diez +leguas á la redonda y situado fuera del pueblo, en la intersección de +los tres caminos de Balsain, Corvalle y Munster. Era un edificio bajo y +sombrío, cuya puerta señalaban al caminante y alumbraban de noche dos +hachones encendidos. De la ventana central proyectaba una larga barra á +manera de asta, de cuya punta pendía enorme rama seca, señal cierta de +que el sediento viajero hallaría en la venta toda clase de bebidas, y en +especial la dorada cerveza y el buen vino que tanto contribuían á la +justa fama del establecimiento.</p> + +<p>Á su puerta se detuvo el joven, contemplando distraídamente un caballo +ensillado que allí esperaba piafando, atado á una gruesa argolla fija en +la pared. Era la primera vez que el descendiente de los Clinton de +Munster entraba en un mesón y preguntábase qué clase de gentes serían +sus compañeros de hospedaje y qué recibimiento le harían. Pero pensó +también que si la distancia á Munster no era larga, en cambio él no +conocía á su hermano, de quien tenía los peores informes; y que lo +derecho era pasar la noche en el albergue de Dunán y presentarse de día +en casa de su pariente, que ni lo esperaba, ni sabía de él, ni jamás le +había mostrado el menor interés.</p> + +<p>La viva luz que iluminaba la puerta del mesón, las carcajadas que desde +ella se oían y el rumor de vasos entrechocados hicieron vacilar un +momento al inexperto viajero, que hasta entonces había pasado sus noches +en la pulcra y<a name="page_040" id="page_040"></a> callada celda del convento. Pero hizo un esfuerzo y +diciéndose que era aquella una posada pública en la que él tenía tanto +derecho á entrar como cualquier otro, franqueó la puerta y se halló en +la sala común.</p> + +<p>Aunque era la noche una de las primeras del otoño y nada fría, ardían en +el hogar gruesos leños cuyo humo salía en parte por la chimenea y en +parte invadía también la estancia y oprimía las gargantas de cuantos en +ella se encontraban. Sobre el fuego se veía un gran caldero cuyo +contenido hervía á borbotones y despedía el más apetitoso olor. Sentados +en torno una docena ó más de toscos bebedores, quienes al ver á Roger +prorrumpieron en voces tales que éste se quedo indeciso, mirándolos á +través del humo que llenaba el local.</p> + +<p>—¡Otra tanda, otra tanda! gritó un gandul zarrapastroso. ¡Venga mi +cerveza y que pague la tanda el recienllegado!</p> + +<p>—Esa es la ley del <i>Pájaro Verde</i>, aulló otro. ¡Cómo se entiende, tía +Rojana! ¿Parroquiano nuevo y vasos vacíos?</p> + +<p>—Un momento, mis buenos señores, un momento. Si no he preguntado lo que +queréis es porque ya lo sé, y escanciando estoy la cerveza para los +leñadores, aguamiel para el músico, sidra para el herrero y vino para +todos los demás. Llegaos aquí, buen hidalgo, dijo á Roger, y sed muy +bienvenido. Sabed que ha sido siempre costumbre del <i>Pájaro Verde</i> que +el último en llegar pague una convidada. ¿Os conformáis á ello?</p> + +<p>—Me guardaré yo de contravenir los usos de vuestra casa, señora +ventera. Pero no estará de más decir que si mi voluntad es buena mi +bolsa no está muy henchida; sin embargo, daré con gusto hasta un ducado +por obsequiar á los presentes.</p> + +<p>—¡Bravo! gritaron todos á una voz, chocando y vaciando sus vasos.</p> + +<p>—¡Bien dicho, frailecico mío! exclamó un vozarrón sonoro, á tiempo que +una pesada mano caía sobre el hombro de Roger. Volvióse éste y vió á su +lado á Tristán de Horla, su compañero de claustro, expulsado de la +abadía aquella mañana.</p> + +<p>—¡Por la cruz de Gestas! Malos días se le preparan á<a name="page_041" id="page_041"></a> Belmonte, +continuó el fornido exnovicio. En veinticuatro horas han dicho adiós á +sus vetustos paredones dos de los tres hombres que había en todo el +convento. Porque hace tiempo que te conozco, Roger amigo, y á pesar de +tu carita de muñeca llegaras á ser todo un hombre. El otro á quien me +refiero es el buen abad. Ni él es mi amigo ni yo le debo favores, pero +tiene un corazón animoso y sangre de pura raza y vale mucho más que la +partida de gansos que tiene á sus órdenes. ¿No es así, Rogerito?</p> + +<p>—Los monjes de Belmonte son unos santos....</p> + +<p>—Santos calabacines, que sólo entienden de darse buena vida y llenar el +buche. ¿Crees tú que estos brazos míos y esa cabeza tuya nos fueron +dados para llevar semejante vida? Mucho hay que hacer y que ganar en el +mundo, amigo, pero no para los que se encierran entre cuatro paredes.</p> + +<p>—Pues entonces ¿por qué te hiciste novicio?</p> + +<p>—Justa es la pregunta, á fe mía y no difícil la respuesta. Porque la +rubia Margot, de la Granja Real, se casó con Gandolfo el Zurdo, un +pillete de siete suelas, dejando plantado á Tristán de Horla, no +obstante sus promesas y otras cosas que yo me sé. Y estando dicho +Tristán enamorado como un bolonio, se metió en el convento, en lugar de +pedir al rey una alabarda ó un arco y de dar al Zurdo un pie de paliza +como para él solo. Con la calma vino la reflexión, le pegué un susto al +soplón Ambrosio, hice que me quitaran el hábito blanco, se enfureció el +abad, y por él lo siento, dejé para siempre el monasterio y aquí me +tienes más contento que unas pascuas.</p> + +<p>Echáronse á reir sus oyentes, á tiempo que llegaba la patrona con dos +grandes jarros de vino y cerveza y tras ella una sirvienta con platos y +cucharas que distribuyó á los parroquianos. Dos de éstos que vestían el +verde sayo de los guardabosques retiraron el caldero del fuego é +hicieron plato á los restantes y todos atacaron con apetito el humeante +potaje. Roger se instaló en un ángulo algo apartado del fuego, donde +podía comer y beber con sosiego á la vez que observar los hechos y +dichos de aquella extraña reunión, iluminada por la luz del hogar y tres +ó cuatro antorchas colocadas en aros de hierro fijos en las ennegrecidas +paredes. Además de los guardabosques y algunos robustos<a name="page_042" id="page_042"></a> jayanes que +ganaban su vida carboneando y cortando leña en los vecinos montes, +veíase allí á un músico de rubicunda nariz, á un alegre estudiante de +Exeter, y más allá un sujeto de enmarañados cabellos y luenga barba, +envuelto en tosco tabardo y un joven, al parecer montero ó paje, cuyo +raído jubón no reflejaba gran crédito sobre la munificencia de su señor, +quienquiera que fuese. Junto á él comía con apetito el alegre exnovicio, +á cuya derecha quedaban tres rudos mozos de labranza. En el rincón más +apartado del hogar roncaba un parroquiano, rendido por las frecuentes +libaciones á que sin duda se había entregado antes de la llegada de los +otros huéspedes.</p> + +<p>—Ese es Ferrus el pintor, dijo la tía Rojana señalando con el cucharón +al dormido bebedor. ¡Y yo, tonta de mí, que le creí y le dí de beber +antes de que me pintara la muestra prometida y ahora me quedo sin +muestra y sin el vino que se me ha tragado ese perdulario! Figuraos, +continuó la indignada ventera dirigiéndose á Roger, que Ferrus me +ofreció esta mañana pintarme una enseña con un pájaro verde, nombre que +ha llevado por luengos años esta honrada venta, á condición de darle +todo el vino que quisiese durante su trabajo; ¡y ved aquí lo que ese +farsante ha pintado y quiere que cuelgue yo á la puerta de mi casa!</p> + +<p>Diciendo esto presentó la buena mujer un tablero en el que sobre fondo +rojizo y nada limpio se contoneaba una especie de gallina moribunda +pintarrajeada de verde, con un ojo saltón y amarillento colocado más +cerca del pescuezo que del pico; era éste encorvado y enorme, y de él +pendía un cartelón pintado de blanco con esta inscripción en letras +negras: <i>¡Al Pagaro Berde!</i></p> + +<p>Aquella obra maestra del pintor ambulante fué acogida con grandes risas, +y el mismo Roger no pudo menos de convenir con la ventera en que aquel +papagayo bizco y aquella ortografía fantástica perjudicarían á la buena +fama del mesón y moverían á risa á los señores que allí se detuviesen á +descansar y refrescar durante sus frecuentes cacerías.</p> + +<p>—Sería la ruina de mi casa, exclamó la tía Rojana.</p> + +<p>—No os apuréis, buena mujer, que yo espero mejorar algo el cuadro, dijo +Roger, si vos me dáis los colores y pinceles del artista Ferrus.</p> + +<p>—El cielo os prospere si así lo hacéis, lindo señor, dijo<a name="page_043" id="page_043"></a> ella +sorprendida y encantada con aquella oferta; y en un santiamén le llevó y +abrió el zurrón de Ferrus, admirando la prontitud y habilidad con que +Roger manejó colores, paleta y pinceles y borrando el espantajo verde +comenzó á pintar el fondo de la nueva muestra.</p> + +<p>—El barón de Ansur tendrá que arar él mismo sus campos, si quiere +grano, voceaba en tanto uno de los bebedores, con zamarra y gruesas +botas de cuero. Lo que es yo no vuelvo á poner el pie en sus tierras. +Doscientos años hace que toda mi parentela suda la gota gorda para que +los señores de Ansur tengan buen vino en sus mesas y copas de oro en que +beberlo y brocados y sedas con que vestirse. ¡Voto á tal que desde hoy +me quito la librea y no vuelvo á trabajar para esos señorones +holgazanes!</p> + +<p>—Tened la lengua, Rodín, advirtió la ventera.</p> + +<p>—No, no, dejadle, dijo uno de los leñadores. Lo que necesitamos es que +muchos villanos piensen como Rodín y sacudan el yugo. Medrados estamos +si hasta el hablar se nos niega. Por mi parte, aunque me corten las +orejas....</p> + +<p>—Ved que eso de cortar orejas, tan bonitamente pueden hacerlo los +verdugos de los barones como los cuchillos de los leñadores, añadió otro +de éstos. ¡Por San Jorge! De mí sé decir que prefiero vivir en el monte +á servir á un criado del rey.</p> + +<p>—Yo no tengo más amo que el rey, declaró otro de los presentes, después +de empinar un jarro lleno de cerveza.</p> + +<p>—¿Y quién es el rey? aventuró Rodín, que estaba ya entre dos luces. ¿Es +por ventura un rey inglés cuando su lengua se niega á decir dos palabras +en nuestro idioma? Acordaos de su visita del año pasado al castillo de +Malvar, donde se presentó con gran golpe de senescales, justicias, +condestables, monteros y guardas. En una de las cacerías vigilaba yo la +verja de Glendale cuando héte al rey que me echa encima su caballo, +diciendo "<i>¡Ouvrez, ouvrez!</i>" ó cosa parecida. ¿Es ese el rey que ahora +tenemos los ingleses?</p> + +<p>—¡Á callar se ha dicho! gritó de repente Tristán de Horla, dando un +tremendo puntapié al escabel que tenía delante y lanzándolo contra los +troncos del hogar, que despidieron millares de chispas. Nadie insulte en +mi presencia al buen rey Eduardo, ni le nombre siquiera si no ha de ser<a name="page_044" id="page_044"></a> +con el respeto debido. De lo contrario, ¡por la cruz de Gestas!... Si no +sabe hablar inglés sabe combatir mejor que muchos ingleses, que pasaban +la vida atiborrándose de jugosa carne y buena cerveza mientras él daba y +recibía mandobles bajo los muros de París!</p> + +<p>Tan enérgicas palabras, dichas por aquel nervudo mocetón, desalentaron á +los gruñones, que desde aquel punto y hora hablaron menos y bebieron +más. Así pudo Roger oir lo que se decía en otro grupo compuesto, según +le había dicho al oído la agradecida ventera, de un sangrador, un +dentista ambulante y el músico de la encendida nariz.</p> + +<p>—Una rata cruda es mi receta invariable contra la peste, decía +gravemente el medicastro; una rata cruda abierta en canal.</p> + +<p>—¿No sería mejor asarla un poco, señor físico? preguntó el sacamuelas. +Porque eso de comer ratas crudas....</p> + +<p>—¿Quién habla de comerlas, maese Verdín? exclamó con desdén el +discípulo de Esculapio. El animalito abierto en canal se aplica sobre la +llaga ó sobre la inflamación que precede á ésta. Y siendo la rata animal +inmundo, atrae y absorbe por su propia naturaleza los malos humores, +libertando de ellos el cuerpo del paciente.</p> + +<p>—¿Y con tal remedio se cura también la viruela? preguntó el músico, +después de convencerse de que su jarro no contenía gota de cerveza.</p> + +<p>—Con tanta seguridad como la peste, afirmó el físico, limpiando su +plato con un mendrugo de pan.</p> + +<p>—Pues entonces, continuó el músico, me alegro de que vuestro +tratamiento no sea muy conocido, porque para mi santiguada que la +viruela y la peste son las mejores amigas del pobre en Inglaterra.</p> + +<p>—¿Cómo es eso, amigo? preguntó Tristán.</p> + +<p>—Escanciad un poco de cerveza de vuestro jarro en este cubilete y os lo +diré. Pues bien, muchas veces se me ha ocurrido que si la peste y otras +plagas se llevasen la mitad de la gente que hoy vive en los dominios del +señor rey Eduardo, los que quedasen podrían habitar buenas casas, +trabajar poco ó nada y vivir en la abundancia.</p> + +<p>—¡Miren por dónde asoma el arpista! exclamó maese Verdín. Pues ya que +tan duras entrañas tenéis, os deseo<a name="page_045" id="page_045"></a> que cuando la plaga empiece á matar +ingleses se os lleve á vos el primero....</p> + +<p>—¡Pesia mí! Lo que á vos os duele, seor dentista, es que muriéndose +medio mundo os quedaríais poco menos que sin trabajo, vos que sólo +entendéis de despoblar quijadas y apenas ganáis hoy para pan y queso.</p> + +<p>Renovóse la risa á costa del buen Verdín y el músico se levantó para +tomar de un rincón su arpa vetusta, que empezó á tañer con vigor.</p> + +<p>—¡Paso al coplero! exclamaron los leñadores; sentaos aquí junto al +fuego, y venga una tonada alegre, como las que tocasteis en la romería +de Malvar.</p> + +<p>—¡Que toque "La Rosa de Lancaster"!</p> + +<p>—¡No, no, "Las Niñas de Dunán"!</p> + +<p>—"¡El Arquero y la Villana!"</p> + +<p>Sin hacer el menor caso de aquellas voces, el músico seguía pulsando las +cuerdas, fija la mirada en el ahumado techo, como tratando de recordar +la letra de su canto. Luégo entonó con ronca voz una de las canciones +más obscenas de la época, con visible aprobación de la mayoría de sus +oyentes. La sangre se agolpó al rostro de Roger, que abandonando su +asiento, exclamó imperiosamente:</p> + +<p>—¡Callad! ¡Qué vergüenza! ¡Vos, vos, un anciano que debería dar buen +ejemplo á los otros!</p> + +<p>La sorpresa de todas aquellas gentes fué profunda.</p> + +<p>—¡Por las barbas del rey de Francia! exclamó uno de los monteros. El +estudiantino ha recobrado el uso de la palabra y va á echarnos un +sermón.</p> + +<p>—Se ha ofendido la damisela, dijo un campesino. Venid acá, señor +físico, y sangrad á este querubín antes que se nos desmaye.</p> + +<p>—¡Seguid vuestra canción, maese Lucas, que no hay tilde que ponerle! +¿Estamos en una venta ó en el salón de mi señora la baronesa?</p> + +<p>—¡Que me aspen si toco ni canto más! decía malhumorado el músico, +enfundando su arpa. ¿Pues qué esperaba vuesa merced, un himno sacro ó la +letanía? ¿Desde cuándo asustan á los pajecillos las trovas que entonan +todos los juglares del reino? Lo dicho, no canto más.</p> + +<p>—Sí haréis, repuso uno de sus oyentes. Á ver, tía Rojana, un jarro de +lo bueno para maese Lucas. Yo convido.<a name="page_046" id="page_046"></a> Vengan trovas, y si al doncel no +le gustan, que se largue, ó si no....</p> + +<p>—Poco á poco, don valiente, interrumpió Tristán, poniéndose delante de +Roger, como para protegerlo. Mi compañero ha reprendido al viejo +coplista porque ni ha oído jamás las desvergüenzas que os parecen +gracias, ni está en él creer que pueda decirlas sin protesta un hombre +de cabeza cana como la del maese, por más que su nariz lo proclame +borrachín de oficio. Pero ya que este frailecico rubio no quiere oir +vuestras trovas, ni vos las cantaréis hoy, ni vos, seor bravucón, lo +echaréis á él de esta venta.</p> + +<p>—¡Rayos de Dios, y qué justicia mayor nos ha caído hoy encima! exclamó +poniéndose en pie un ceñudo campesino.</p> + +<p>—¿Habéis acaso comprado <i>El Pájaro Verde</i>? preguntó otro. Ved que no +sólo el paje llorón sino vos también váis á dar de bruces en el camino.</p> + +<p>—¡Tregua, Tristán! exclamó Roger apresuradamente. Me voy, antes que ser +ocasión de una lucha.</p> + +<p>—Cállate, muchacho, le contestó su amigo, arremangándose y mostrando +los hercúleos brazos. Mal año para mí si esta gentuza no ha dado con la +horma de su zapato. Hazte á un lado y verás cómo les arde el pelo.... +¡Acercaos, mandrias! ¡Venid á trabar conocimiento con los puños de +Tristán de Horla, bellacos!</p> + +<p>Viendo que la cosa iba de veras, levantáronse precipitadamente los +guardabosques y monteros para poner paz, mientras la ventera y el físico +se dirigían ya á los campesinos y leñadores, ya al brioso Tristán, +procurando aplacarlos con buenas palabras. En aquel momento se abrió +violentamente la puerta del mesón, y la atención de todos se fijó en el +recienllegado que con tan poca ceremonia se presentaba.<a name="page_047" id="page_047"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_VI" id="CAPITULO_VI"></a>CAPÍTULO VI<br /><br /> +<small>DE CÓMO EL ARQUERO SIMÓN APOSTÓ SU COBERTOR DE PLUMA</small></h3> + +<p>E<small>RA</small> el desconocido hombre de mediana estatura, vigoroso y bien plantado; +moreno el rostro, afeitado cuidadosamente, y acentuadas y un tanto rudas +las facciones, desfiguradas en parte por tremenda cicatriz que cruzaba +la mejilla izquierda, desde la nariz hasta el cuello. Vivos los ojos, +con expresión de amenaza en su brillo y en la contracción habitual de +las cejas. Su boca de duras líneas y apretados labios no suavizaba por +cierto la severidad del semblante, que revelaba al hombre familiarizado +con el peligro y dispuesto siempre á combatirlo. Su larga tizona y el +fuerte arco que llevaba á la espalda revelaban su profesión, así como +las averías de su cota de malla y las abolladuras del casco decían á las +claras que llegaba de los campos de batalla, á la sazón teñidos en +sangre inglesa y francesa en la guerra que proseguían Eduardo III y su +hijo el Príncipe Negro contra el Rey Carlos V de Francia. Del hombro +izquierdo del arquero pendía un ferreruelo blanco, con la roja cruz de +San Jorge en su centro.</p> + +<p>—¡Hola! exclamó guiñando rápidamente los ojos, deslumbrados por la +brillante luz del hogar y de las antorchas. ¡Buena lumbre, buena +compañía y buena cerveza! Dios os guarde, camaradas. ¡Una mujer, por +vida mía! dijo al ver á la tía Rojana, que en aquel momento pasaba junto +á él con un par de jarros rebosantes de cerveza. ¡Salud, prenda! y +rodeando con su brazo el talle de la ventera, estampó dos sonoros besos +en sus mejillas.</p> + +<p>—<i>¡Ah, c'est l'amour, madame, c'est l'amour!</i> tarareó. Mal haya el +pícaro francés, que se me ha pegado á la lengua<a name="page_048" id="page_048"></a> y voy á tener que +ahogarlo en buena cerveza inglesa. Porque habéis de saber que no tengo +una gota de sangre francesa en las venas y que soy el arquero Simón +Aluardo, inglés de buena cepa y contentísimo de volver á poner los pies +en su tierra. Así fué que al desembarcar de la galera en la playa de +Boyne besé la tierra, porque hacía ya ocho años que no la veía, como os +he besado á vos, bella ventera, porque de Boyne aquí apenas si he visto +media docena de buenas mozas, y ninguna tan apetitosa como vos.... Pero +¡por mi espada! que esos bribones se han largado con la carga, exclamó +lanzándose hacia la puerta. ¡Hola! ¿estáis ahí? ¡Entrad luego, truhanes!</p> + +<p>Á su voz entraron en la estancia tres cargadores con sendos fardos y +permanecieron alineados cerca de la pared.</p> + +<p>—Veamos si me devolvéis intacta mi hacienda, buscones. Número uno: un +cobertor francés de pluma finísima, dos sobrecamas de seda labrada de +damasco y veinte varas de terciopelo genovés.</p> + +<p>—Aquí está todo, señor capitán.</p> + +<p>—¡Qué capitán ni qué niño muerto! Á ver, el segundo: un rollo de tela +de púrpura, que no se ha visto matiz más hermoso en Inglaterra y otro de +paño de oro; ponlo ahí en el suelo junto al fardo del otro, y si algo +resulta manchado ó averiado te corto las orejas. Número tres: una caja +cerrada que contiene broches de oro y plata, dos dagas de gran valor, un +relicario guarnecido de perlas y otros despojos, ganados por mí con la +punta de mi fiel espada. Item más, un paquete con un cáliz y dos +crucifijos, todo ello de plata de ley y hallado por mí en la iglesia de +San Dionisio de Narbona, durante el saqueo de aquella ciudad; objetos +que me apropié para evitar que cayeran en manos peores que las muy +limpias de un arquero del rey Eduardo. ¡Corriente, monigotes! La cuenta +está completa. Aquí tenéis dos sueldos por barba, que no debiera +dároslos, sino dos puntapiés á cada uno; y decid á la patrona que os +eche un trago, que yo pago.</p> + +<p>Todos contemplaban y oían con interés al veterano, quien apenas aplacó +la sed apurando un enorme cubilete de estaño lleno de cerveza, volvió á +tomar la palabra:</p> + +<p>—Y ahora, á cenar, <i>ma belle</i>. Un capón asado, un trozo<a name="page_049" id="page_049"></a> de carne digno +de mi apetito y dos ó tres frascos de buen vino gascón. Tengo doblas de +oro y cornados de plata en el bolsillo, y sé gastarlos, como buen +soldado. Por lo pronto, cuantos me oyen van á tomar un trago de lo que +gusten conmigo.</p> + +<p>La invitación no era para rehusada; volvieron á llenarse los jarros y +bebieron á la salud del alegre arquero, á quien rodearon todos, á +excepción de algunos leñadores y pecheros que vivían lejos y muy á su +pesar tuvieron que abandonar la venta. El recienllegado se había quitado +cota, casco y manto y puéstolos sobre sus fardos, junto con la espada, +arco y flechas. Sentado frente al hogar, desabrochada la almilla y +asiendo con la fuerte y atezada diestra el asa de un jarro de buen +tamaño lleno hasta los bordes, sonreía con expresión de profundo +contento. Los encrespados cabellos de castaño color le cubrían el cuello +y no parecía tener más de cuarenta años, á pesar de las profundas +huellas impresas en su rostro por las penalidades de sus largas campañas +y por los excesos del placer y la bebida. Roger había suspendido la +pintura de la famosa muestra y contemplaba admirado aquel tipo del +guerrero de la época tan nuevo para él, y que en corto espacio habíase +mostrado duro y violento, galante, generoso, sonriente y apacible por +fin, seguro de su fuerza y satisfecho de sí mismo. En aquel momento +acertó á mirarle el arquero y vió la sorpresa y la curiosidad retratadas +en el rostro del joven.</p> + +<p>—¡Á tu salud, <i>mon garçon</i>! exclamó levantando su jarro y con sonrisa +que descubrió dos hileras de firmes y blancos dientes ¡Por mi espada, +que no has visto tú muchos hombres de armas, ó no me mirarías como si +fuese yo un moro recienllegado de España!</p> + +<p>—Jamás había visto un soldado de nuestras guerras, confesó Roger +francamente, aunque sí oído y leído mucho sobre sus proezas.</p> + +<p>—Pues á fe que si cruzas el mar los verás más numerosos que abejas en +la colmena. Hoy no podrías disparar una flecha en las calles de Burdeos +sin ensartar arquero, paje, caballero ó escudero de uno ú otro bando. Y +no de los que estilamos por aquí, con justillo y manto, sino con cota de +malla ó coraza.</p> + +<p>—¿Y dónde habéis hallado todas esas lindas cosas que<a name="page_050" id="page_050"></a> ahí tenéis? +preguntó Tristán, señalando las riquezas amontonadas del arquero.</p> + +<p>—Donde hay otras muchas y mejores esperando que vayan á recogerlas los +mozos bien plantados como tú, que no deberían de seguir enmoheciéndose +aquí, esperando que el amo les pague el salario, sino ir á ganarlo y +cobrarlo por sí mismos, allá en tierra de Francia. ¡Voto á tal, que es +aquella vida digna de hombres, noble y honrada cual ninguna! ¡Ea, bebed +conmigo á la salud de mis camaradas, á la gloria del Príncipe Negro, +hijo del buen rey Eduardo y sobre todo á la del noble señor Claudio +Latour, jefe de la invicta Guardia Blanca!</p> + +<p>—¡Claudio Latour y la Guardia Blanca! exclamaron á una voz los +presentes, casi todos conocedores de los altos hechos de aquel esforzado +capitán y del invencible cuerpo de su mando, los famosos Arqueros +Blancos, que habían tomando parte principalísima en las luchas contra +Francia.</p> + +<p>—¡Bravo, camaradas! Volveré á llenar vuestros cubiletes, por lo bien +que habéis brindado en honor de los valientes que visten el coleto +blanco. ¡Venga esa cerveza, ángel mío! y dirigiéndose á la tía Rojana, +que le miraba sonriente y complacida, entonó una canción bélica, con +vozarrón tremendo y desafinando á todo trapo.</p> + +<p>—Á fe mía que más entiendo yo de dar flechazos que de cantar trovas.</p> + +<p>—La canción esa me la sé yo de la cruz á la fecha, y mi arpa la conoce +tan bien como yo, dijo el músico. Y si este señor predicador, añadió +mirando á Roger, no tiene en ello inconveniente, la tocaré y cantaré en +obsequio de este valiente arquero....</p> + +<p>Muchas veces recordó después Roger el animado y pintoresco cuadro que +presentaba la sala del <i>Pájaro Verde</i> en aquellos momentos. En el centro +del corro el mofletudo y enrojecido rostro del juglar, cantando con +mucha expresión las populares estrofas; el grupo de oyentes, el arquero +Simón llevando el compás con la cabeza y con la mano, y el exnovicio +Tristán, que no era de los menos complacidos con el canto de maese +Lucas, á juzgar por la sonrisa que animaba su rostro bonachón.</p> + +<p>—¡Por el filo de mi espada! exclamó el arquero al terminar la canción. +Muchas noches he oído esa misma trova<a name="page_051" id="page_051"></a> en el campo inglés y cuenta que +le hacíamos coro más de doscientos soldados del rey; pero este viejo +bebedor deja muy atrás á los que tenemos por oficio manejar el arco, la +ballesta y la alabarda.</p> + +<p>Entretanto, la ventera y una buena moza que la ayudaba habían colocado +sobre la maciza mesa de encina los apetitosos platos que formaban la +cena de Simón, acompañados de algunas enormes rebanadas de plan blanco.</p> + +<p>—Lo que no entiendo, continuó alegremente el arquero mientras se +preparaba á despachar su cena, es que mocetones como vosotros os +avengáis á vivir pegados al terruño, doblando el espinazo y sudando el +quilo, cuando tan buena vida podríais llevar bajo las banderas del rey. +Miradme á mí. ¿Qué tengo que hacer? Lo que dice la canción que acabáis +de oir: la mano en la cuerda, la cuerda en la flecha y la flecha en el +blanco. Que es precisamente lo que vosotros hacéis como distracción y +pasatiempo los domingos, después del rudo trabajo de la semana.</p> + +<p>—¿Y la paga? preguntó uno.</p> + +<p>—Pues ya lo estáis viendo: como bien, bebo mejor, convido á quien me +place, no pido favores á nadie y le traigo á mi novia telas de seda y +brocado dignas de una princesa. ¿Qué os parece la paga, <i>mes garçons</i>? +¿Y qué del montón de chucherías y dijes que véis en aquel rincón? Todo +ello viene en derechura del sur de Francia, donde hemos hecho la última +campaña. ¿Cuándo esperáis ganar vosotros la centésima parte de ese +botín?</p> + +<p>—Rico es, á fe mía, dijo el sacamuelas.</p> + +<p>—Y luego, la posibilidad de embolsarse un buen rescate. ¿No sabéis lo +que pasó hace pocos años en las batallas de Crécy y de Poitiers? No hubo +hombre de armas ni paje ó escudero inglés que no hiciera prisionero por +lo menos á un rico barón, conde ó alto caballero francés. Ahí está mi +primo Roberto, un gañán como hay pocos, que al empezar la retirada del +enemigo en Poitiers puso sus manazas sobre el paladín francés Amaury de +Chateauville, dueño y señor de cien villas y castillos, quien tuvo que +aprontar cinco mil libras de oro por su rescate, amén de dos caballos +soberbios con riquísimas preseas. Cierto que el zafio de Roberto no +tardó en quedarse sin blanca, gracias á una mozuela francesa, linda como +una perla y más lista que una ardilla.<a name="page_052" id="page_052"></a> Pero esas son cuentas suyas, y +además ¿no se han hecho las doblas para gastarlas, sobre todo en +compañía de un buen palmito? ¿Verdad, <i>ma belle</i>?</p> + +<p>—Bien dicen que nuestros valientes arqueros vuelven al país no sólo +ricos sino corteses, replicó la Rojana, á quien habían impresionado +vivamente la franqueza, el buen humor y la generosidad de su nuevo +huésped.</p> + +<p>—¡Á vuestra salud, ojos de cielo! fué la réplica del galante soldado, +levantando su vaso y sonriendo á la ventera.</p> + +<p>—Una cosa no veo yo muy clara, señor arquero, dijo el estudiante de +Exeter. Y es que habiendo firmado nuestro buen príncipe el tratado de +Bretigny con el soberano francés, después de nuestras recientes y +grandes victorias, nos habléis de guerra con Francia y de rescates y +botines....</p> + +<p>—Lo cual quiere decir que yo miento, barbilindo, interrumpió el +soldado, asiendo por las patas el enorme capón asado que delante tenía, +como si fuese una maza de combate.</p> + +<p>—Líbreme Dios de semejante atrevimiento, exclamó apresuradamente el +jovencillo. De allá venís vos, y quizás traigáis nuevas nunca oídas +todavía en Inglaterra. La tregua con Francia no ha de ser eterna....</p> + +<p>—Ni mucho menos. Pero aun cuando es muy cierto, como decís, que hoy por +hoy no estamos á rompernos los huesos con los soldados del rey Carlos, +vuestra pregunta prueba que sois novicio en achaques de guerra. Habéis +de saber que en tierra de Francia continúan los cintarazos, porque andan +como siempre divididos y en armas brabantinos, nanteses, gascones y +aventureros de todas clases, sin contar numerosas bandas de rufianes sin +bandera, que cercan y saquean ciudades y dan y reciben cuchilladas sin +cuento. Y malo sería que cuando cada quisque tiene la mano en la +garganta del vecino y cada baroncillo marcha al frente de su mesnada +contra el primero que se le ponga en el camino, no tuvieran medios de +ganarse la vida en aquel río revuelto los quinientos arqueros ingleses +que forman la invencible Guardia Blanca. No son tantos ahora, porque el +caballero de Montclus se llevó un centenar de ellos en su expedición á +Milán contra el Marqués de Monferrato; pero cuento reclutar yo mismo +aquí no pocos muchachos<a name="page_053" id="page_053"></a> ganosos de honra y provecho, y completar con +ellos las filas del cuerpo más lucido que hoy campea bajo la bandera de +San Jorge. Lo único que nos falta es que Sir León de Morel se avenga á +dejar su castillo una vez más y á empuñar la espada, poniéndose al +frente de nuestros arqueros.</p> + +<p>—No sería poca fortuna para ellos, observó el físico, porque +exceptuando á nuestro príncipe y al noble señor de Chandos, no hay en +todo el reino mejor lanza, ni valor más probado que el de Sir León de +Morel.</p> + +<p>—Habláis como un libro, que yo le he visto batir el cobre y apenas hay +quien le iguale. Nadie lo diría, con su cuerpecillo de paje, sus +corteses maneras y su suave voz; pero ¡por mi espada! desde que nos +embarcamos en Orvel hasta el sitio de París, y de esto hace ya casi +veinte años, no hubo caballero inglés que diera mejor ejemplo, ni +escaramuza, emboscada, asalto ó salida en que él no figurase en primera +línea. En busca suya voy al castillo de Monteagudo, antes de reclutar mi +gente, para entregarle una carta de Sir Claudio Latour, rogándole que +ocupe el mando vacante por la partida de Montclus. Pero no quisiera +presentarme a él solo, sino por lo menos con un buen par de futuros +arqueros blancos.... ¿Qué dices tú á eso, ganapán? preguntó Simón +dirigiéndose á un atlético leñador.</p> + +<p>—Mujer y tres hijos tengo en mi cabaña, replicó éste y no puedo +dejarlos por servir al rey.</p> + +<p>—¿Y tú, mocito?</p> + +<p>—Yo soy hombre de paz, contestó Roger, y además tengo otra misión muy +distinta.</p> + +<p>—¡No estáis vosotros malas gallinas! ¿Dónde están los hombres de Dunán, +de Malvar, de Balsain? ¿No hay ya más que mujeres en Corvalle y Vernel? +Pues entonces ¡rayos y truenos! ¿por qué no vestís guardapiés y cofia y +os ponéis á manejar la rueca, que no á beber con hombres?</p> + +<p>En aquel momento cayó una pesada mano sobre el hombro de Simón, la +manaza de Tristán de Horla, á quien se oyó decir con gran calma:</p> + +<p>—Sois un embustero de tomo y lomo, señor arquero, como lo prueban las +patrañas que nos endilgáis hace media hora; y sois además un deslenguado +y os abofetearé lindamente si repetís las palabras que acabáis de +decir.<a name="page_054" id="page_054"></a></p> + +<p>—¡Bravo, <i>mon garçon</i>! gritó el arquero riendo á carcajadas. Ya sabía +yo que de haber un hombre en el corro no me costaría trabajo +descubrirlo. ¿Conque tú quieres abofetearme, eh? Pues mira, otra cosa te +propongo. Una lucha en regla. No á puñadas, porque yo tengo mi plan y no +quiero echar á perder esa cara de pascua que Dios te ha dado. Nos +plantamos aquí en medio de la sala, nos agarramos cómo y por dónde +podamos, y si tú me derribas te regalo aquel soberbio cobertor de pluma, +que gané en la toma de Narbona y que no tiene igual ni en la cámara del +rey....</p> + +<p>—Qué me place, asintió Tristán, quitándose apresuradamente ropilla y +jubón y dejando ver los poderosos músculos de su cuello, pecho y brazos. +Venid, arquero; ya podéis despediros de vuestro cobertor, y por lo menos +de un par de huesos que voy á romperos contra el suelo.</p> + +<p>—Eres todo un hombre, cabeza roja, exclamó el arquero con gran risa, +poniendo á un lado su jarro y apretando el ancho cinto de cuero.</p> + +<p>—Esperad, un momento, dijo un montero. Ya sabemos lo que el soldado +apuesta; pero si vos perdéis, amigo Tristán ¿qué ganará con ello el +otro?</p> + +<p>—Yo nada tengo que apostar, replicó Tristán muy contrariado y mirando á +Simón.</p> + +<p>—Sí tienes, gigante mío, sí tienes, dijo éste. Si me derribas, te +llevas el cobertor de una princesa; pero si te derribo yo, me llevo tu +cuerpo, sin ser el diablo, y lo alisto por cuatro años en la Guardia +Blanca, con otros mocetones como tú que espero llevarme á Francia y que +si escapan con vida me lo han de agradecer.</p> + +<p>—¡Eso es! Justa es la propuesta, exclamaron tres ó cuatro voces.</p> + +<p>—Aceptado, y basta de charla, dijo Tristán adelantando el pie +izquierdo, echando hacia atrás el cuerpo y abriendo y cerrando las +enormes manos.</p> + +<p>El arquero, aunque de estatura mucho menor, tenía músculos de acero y +era luchador experto. Acercóse con cauto paso á su adversario, que le +miraba con ceño, erizada la roja cabellera y pronto á asirle entre sus +garras. Sonrióse el arquero, y de pronto se lanzó sobre su contrincante +con la velocidad del rayo, rodeó con su pierna la de Tristán y +enlazándole<a name="page_055" id="page_055"></a> la cintura con sus nervudos brazos, procuró hacer caer de +espaldas al gigante. Pocos hombres hubieran resistido aquel ataque +furioso, pero Tristán, sin perder pie, dió al arquero una sacudida +terrible y lo arrojó contra la pared como disparado por una catapulta.</p> + +<p>—<i>¡Ma foi!</i> En poco ha estado que te ganaras el cobertor y me hicieras +abrir con la cabeza una ventana más en esta honrada hostelería, dijo el +sorprendido soldado, que á duras penas pudo conservar el equilibrio. +Probemos otra vez.</p> + +<p>Y volviendo al centro de la estancia fingió repetir su ataque anterior; +inclinóse Tristán para echarle mano, tomando así la actitud que deseaba +Simón, quien con rapidez increíble lo asió por ambas piernas, ó más bien +se lanzó contra ellas, obligando á Tristán á caer hacia adelante y sobre +las espaldas del arquero y de ellas de cabeza al suelo. Graves +consecuencias hubiera tenido el golpazo para nuestro exnovicio, á no +haberlo dado de lleno en la panza del malhadado pintor, que seguía +durmiendo la mona en su rincón, ajeno á cuanto en la venta ocurría. +Despertóse sobresaltado y dando grandes gritos, hiciéronle coro los +espectadores con sus carcajadas y bravos; pero sobre todo aquel +estrépito se oyeron las voces estentóreas del vencido atleta, pidiendo +que continuase la lucha.</p> + +<p>—¡Otra vez, otra vez! ¡Venid, arquero y por San Pacomio que os he de +estrujar como un guiñapo!</p> + +<p>—No en mis días, replicó Simón abrochando su coleto. Vencido estás en +buena lid y no eres tú falderillo con quien se pueda jugar á menudo y +sin riesgo.</p> + +<p>—¿En buena lid, decís? Ha sido una trampa infame....</p> + +<p>—No trampa, sino una jugarreta muy conocida de los luchadores franceses +y que añadirá un magnífico recluta á las filas de la Guardia Blanca.</p> + +<p>—Cuanto á eso, repuso Tristán, no me pesa haber perdido, pues hace una +hora resolví irme con vos, que me placen vuestro talante y la vida de +soldado, para la que me creo nacido. Sin embargo, hubiera querido daros +una costalada y ganarme el cobertor de pluma.</p> + +<p>—No lo dudo, <i>mon ami</i>, pero de tí depende buscarte un par de ellos +donde abundan y con tus propios puños. ¡Á<a name="page_056" id="page_056"></a> tu salud! ¿Pero qué le pasa +al menguado ese, que tanto berrea?</p> + +<p>Referíanse estas últimas palabras al dolorido pintor, que seguía sentado +en su rincón y poniendo el grito en el cielo. De repente se levantó y +mirando al corro con ojos espantados exclamó:</p> + +<p>—¡Dios me valga! ¡No bebáis! La cerveza, el vino... ¡envenenados! y +llevándose ambas manos al vientre echó á correr, traspuso la puerta y +desapareció en la obscuridad, dejando á Simón, Tristán y demás bebedores +desternillándose de risa.</p> + +<p>Poco después se retiraron á sus casas algunos de éstos y á sus no muy +blandos lechos los huéspedes de la tía Rojana. Roger, cansado de cuerpo +y espíritu, cayó pronto en profundo mas no sosegado sueño y se imaginó +presenciar ruidoso aquelarre en el que figuraban, á vueltas con sendas +brujas y trasgos, juglares, pordioseros, monjes, soldados y los muchos y +muy curiosos tipos congregados aquella noche en la posada del <i>Pájaro +Verde</i>.<a name="page_057" id="page_057"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_VII" id="CAPITULO_VII"></a>CAPÍTULO VII<br /><br /> +<small>DE CÓMO LOS CAMINANTES ATRAVESARON EL BOSQUE</small></h3> + +<p>A<small>L</small> romper el alba estaba ya la buena ventera atizando el fuego en la +cocina, malhumorada con la pérdida de los doce sueldos que le debía el +estudiante de Exeter, quien aprovechando las últimas sombras de la noche +había tomado su hatillo y salido calladamente de la hospitalaria casa. +Los lamentos de la tía Rojana y el cacareo de las gallinas que +tranquilamente invadieron la sala común apenas abrió aquella la puerta +de la venta, no tardaron en despertar á los huéspedes. Terminado el +frugal desayuno, púsose en camino el físico, caballero en su pacífica +mula y seguido á corta distancia por el sacamuelas y el músico, +amodorrado éste todavía á consecuencia de los jarros de cerveza de la +víspera. Pero el arquero Simón, que había bebido tanto ó más que los +otros, dejó el duro lecho más alegre que unas castañuelas, cantando á +voz en cuello <i>Los Amores de Albuino</i>, trova muy popular á la sazón; y +después de besar á la patrona y de perseguir á la criada hasta el +desván, se fué al arroyo cercano, en cuyas cristalinas aguas sumergió +repetidas veces la cabeza, "como en campaña," según decía.</p> + +<p>—¿Á dónde os encamináis esta mañana, moro de paz? preguntó á Roger +apenas le vió.</p> + +<p>—Á Munster, á casa de mi hermano, donde permaneceré probablemente algún +tiempo, contestó Roger. Decidme lo que os debo, buena mujer.</p> + +<p>—¿Lo que vos me debéis? exclamó la ventera, que contemplaba admirada la +muestra pintada por el joven la noche anterior. Decid más bien cuánto os +debo yo, señor pintor. ¡Este sí que es un pájaro y no un muñeco; venid +aquí, vosotros, y contemplad esta bella enseña!<a name="page_058" id="page_058"></a></p> + +<p>—¡Calla, y tiene los ojos de color de fuego! exclamó la criada.</p> + +<p>—Y unas garras y un pico que dan miedo, dijo Tristán.</p> + +<p>—Miren el niño, y qué callado lo tenía, comentó el arquero. Es ese un +gran pájaro y una bonita enseña para vos, patrona.</p> + +<p>Complacido quedó el modesto artista al oir aquellos espontáneos elogios, +y no menos al pensar que en la vida no todo eran rencores, luchas, +crímenes y engaño, sino que podía ofrecer también momentos de legítima +satisfacción. La ventera se negó redondamente á recibir un solo sueldo +de Roger por su hospedaje, y el arquero y Tristán lo sentaron á la mesa +entre ambos, invitándole á compartir su abundante almuerzo.</p> + +<p>—No me sorprendería saber, dijo Simón, que también sabes leer +pergaminos, cuando tan listo eres con pinceles y colores.</p> + +<p>—Gran vergüenza sería para mí y para los buenos religiosos de Belmonte, +que yo no supiera leer, contestó Roger. Como que he sido amanuense del +convento por cinco años, y á los monjes debo todo lo que sé.</p> + +<p>—¡Este mozalbete es un prodigio! exclamó el arquero mirándole con +admiración. ¡Y sin pelo de barba y con esa cara de niña! Cuidado que yo +le pego un flechazo al blanco, por pequeño que sea y á trescientos +cincuenta pasos, cosa que no pueden hacer muchos y muy buenos arqueros +de ambos reinos; pero que me ahorquen si puedo leer mi nombre trazado +con esos garabatos que vosotros usáis. En toda la Guardia Blanca un solo +soldado sabía leer y recuerdo que se cayó en una cisterna durante el +asalto de Ventadour; lo que prueba que el leer y escribir no es para +hombres de guerra, por mucho que le pueda servir á un amanuense.</p> + +<p>—También yo entiendo algo de letra, dijo Tristán con la boca llena; por +más que no estuve bastante tiempo con los monjes para aprenderlo bien, +que ello es cosa de mucho intríngulis.</p> + +<p>—¿Sí? Pues aquí tengo yo algo que te permitirá lucirte, repuso el +arquero, sacando del pecho un pergamino que entregó á Tristán. Era un +delgado rollo, firmemente sujeto con una cinta de seda roja y cerrado +por ambos extremos<a name="page_059" id="page_059"></a> con grandes sellos de igual color. El exnovicio miró +y remiró largo tiempo la inscripción exterior, contraídas las cejas y +medio cerrados los ojos.</p> + +<p>—Como no he leído mucho estos días, acabó por decir, no estoy del todo +seguro de lo que aquí reza. Yo puedo creer que dice una cosa y otro +puede leer otra muy diferente. Pero á juzgar por lo largo de las líneas, +paréceme que se trata de unos versículos de la Biblia.</p> + +<p>—No estás tu mal versículo, camarada, dijo Simón moviendo la cabeza +negativamente. Lo que es á mí no me haces creer que el señor Claudio +Latour, valiente capitán si los hay, me ha hecho cruzar el canal sin más +embajada que una salmodia. Pasa el rollo al mocito y apuesto un escudo á +que nos lo lee de golpe.</p> + +<p>—Pues por lo pronto, esto no es inglés, dijo Roger apenas leyó algunas +palabras. Está escrito en francés, con muy primorosa letra por cierto, y +traducido dice así: "Al muy alto y muy poderoso Barón León de Morel, de +su fiel amigo Claudio Latour, Capitán de la Guardia Blanca, castellano +de Biscar, señor de Altamonte y vasallo del invicto Gastón, Conde de +Foix, señor de alta y baja justicia."</p> + +<p>—¿Qué tal? dijo el arquero recobrando el precioso documento. Vales +mucho, chiquillo.</p> + +<p>—Ya me figuraba yo que decía algo por el estilo, comentó Tristán, pero +me callé porque no entendí eso de alta y baja justicia.</p> + +<p>—¡Vive Dios y qué bien lo entenderías si fueras francés! Lo de baja +justicia quiere decir que tu señor tiene el derecho de esquilmarte, y la +alta justicia lo autoriza para colgarte de una almena, sin más +requilorios. Pero aquí está la misiva que debo llevar al barón de Morel, +limpios quedan los platos y seco el jarro; hora es ya de ponernos en +camino. Tú te vienes conmigo, Tristán, y cuanto al barbilindo ¿á dónde +dijiste que ibas?</p> + +<p>—Á Munster.</p> + +<p>—¡Ah, sí! Conozco bien este condado, aunque nací en el de Austin, en la +aldehuela de Cando, y nada tengo que decir contra vosotros los de +Hanson, pues no hay en la Guardia Blanca arqueros ni camaradas mejores +que los que aprendieron á tirar el arco por estos contornos. Iremos<a name="page_060" id="page_060"></a> +contigo hasta Munster, muchacho, ya que eso poco nos apartará de nuestro +camino.</p> + +<p>—¡Andando! exclamó alegremente Roger, que se felicitaba de continuar su +viaje en tan buena compañía.</p> + +<p>—Pero antes importa poner mi botín en seguridad y creo que lo estará +por completo en esta venta, de cuya dueña tengo los mejores informes. +Oid, bella patrona. ¿Véis esos fardos? Pues quisiera dejarlos aquí, á +vuestro cuidado, con todas las buenas cosas que contienen, á excepción +de esta cajita de plata labrada, cristal y piedras preciosas, regalo de +mi capitán á la baronesa de Morel. ¿Queréis guardarme mi tesoro?</p> + +<p>—Descuidad, arquero, que conmigo estará tan seguro como en las arcas +del rey. Volved cuando queráis, que aquí habréis de hallarlo todo +intacto.</p> + +<p>—Sois un ángel, <i>bonne amie</i>. Es lo que yo digo: tierra y mujer +inglesas, vino y botín franceses. Volveré, sí, no sólo á buscar mi +hacienda sino por veros. Algún día terminarán las guerras, ó me cansaré +yo de ellas, y vendré á esta tierra bendita para no dejarla más, +buscándome por aquí una mujercita tan retrechera como vos.... ¿Qué os +parece mi plan? Pero ya hablaremos de esto. ¡Hola, Tristán! Á paso +largo, hijos míos, que ya el sol ha traspuesto la cima de aquellos +árboles y es una vergüenza perder estas horas de camino. <i>¡Adieu, ma +vie!</i> No olvidéis al buen Simón, que os quiere de veras. ¡Otro beso! +¿No? Pues adiós, y que San Julián nos depare siempre ventas tan buenas +como ésta.</p> + +<p>Hermoso y templado día, que convirtió en gratísimo paseo el camino de +los tres amigos hasta Dunán, en cuyas calles vieron numerosos hombres de +armas, guardias y escuderos de la escolta del rey y de sus nobles, +hospedados por entonces en el vecino castillo de Malvar, centro de las +reales cacerías. En las ventanas de algunas casas menos humildes y +destartaladas que las restantes se veían pequeños escudos de armas que +señalaban el alojamiento de un barón ó hidalgo de los muchos que no +había sido posible aposentar en el castillo. El veterano arquero, como +casi todos los soldados de la época, reconoció fácilmente las armas y +divisas de muchos de aquellos caballeros.</p> + +<p>—Ahí está la cabeza del Sarraceno, iba diciendo á sus<a name="page_061" id="page_061"></a> compañeros; lo +cual prueba que por aquí anda Sir Bernardo de Brocas, á quien esas armas +pertenecen. Yo le ví en Poitiers, en la última acometida que dimos á los +elegantes caballeros franceses y os aseguro que peleó como un león. Es +montero mayor de Su Alteza y trovador como hay pocos, pero no iguala al +señor de Chandos, que canta unas trovas alegres con más gracia que +nadie. Tres águilas de oro en campo azul; ese es uno de los Lutreles, +dos hermanos á cual más esforzado. Por la media luna que va encima juzgo +que debe de ser la divisa de Hugo Lutrel, hijo mayor del viejo +condestable, á quien retiramos del campo de batalla de Romorantín con el +pie atravesado por un dardo. Allí á la izquierda campea el casco con +plumas rizadas de los Debrays. Serví un tiempo á las órdenes del señor +Rolando Debray, gran bebedor y buena lanza, hasta que la gordura le +impidió montar á caballo.</p> + +<p>Así continuó comentando Simón, atentamente escuchado por Roger, mientras +su hercúleo compañero contemplaba con interés los grupos de pajes y +escuderos, los magníficos lebreles y los mozos que limpiaban armas y +monturas ó discutían sobre los méritos de los corceles pertenecientes á +sus señores respectivos. Al pasar frente á la iglesia se abrieron las +puertas de ésta para dar salida á numeroso grupo de fieles. Roger dobló +la rodilla y se descubrió, pero antes de que terminara su corta oración +ya habían desaparecido sus dos compañeros en el recodo que más allá de +la iglesia formaba la calle del pueblo y Roger tuvo que correr para +alcanzarlos.</p> + +<p>—¡Cómo! exclamó. ¿Ni siquiera un avemaría ante las abiertas puertas de +la casa del Señor? ¿Así esperáis que Él bendiga vuestra jornada?</p> + +<p>—Amigo, repuso Tristán, he rezado tanto en los últimos dos meses, no +sólo al levantarme y acostarme sino en maitines, laudes y vísperas, que +todavía me da sueño al pensar en ello y creo que tengo rezos anticipados +para algunas semanas por lo menos.</p> + +<p>—Nunca están demás las oraciones, observó Roger con calor. Es lo único +que puede valernos. ¿Qué es, sino una bestia, el hombre para quien la +vida se reduce á comer, beber y dormir? Sólo cuando se acuerda del +inmortal espíritu que lo anima se eleva y se convierte en hombre, en +sér<a name="page_062" id="page_062"></a> racional. ¡Pensad cuán triste sería que el Redentor hubiese +derramado en vano su preciosa sangre!</p> + +<p>—¡Tate, y qué gran cosa es el muchacho éste, que se ruboriza como una +doncella y al propio tiempo sermonea como todo el sacro Colegio de +Cardenales! exclamó el arquero. Y á propósito, ya que de la muerte de +Nuestro Señor nos hablas, juro que no puedo pensar en ello sin desear +que aquel bribón de Judas Iscariote, que por la cuenta debió de ser +francés, hubiese venido por estas tierras, para tener el gusto de +pegarle cien flechazos, desde los pies hasta la coronilla. Y no fueron +menos canallas los que crucificaron á Jesús. Por mi parte, la muerte que +prefiero es la que se recibe en el campo de batalla, cerca de la gran +bandera roja con su león rampante, entre las voces de los combatientes, +el chocar de las armas y el silbido de las flechas. Pero eso sí, máteme +lanza, espada ó dardo, caiga yo á los golpes del hacha de combate ó +atravesado por alabarda ó daga; pero me parecería una vergüenza recibir +la muerte de una de esas bombardas que ahora empiezan á usar gentes +cobardes, que derrengan á un valiente desde lejos y son más propias para +asustar mujercillas y niños con sus fogonazos y estampidos que para +habérselas con hombres de pelo en pecho.</p> + +<p>—Algo he leído en el claustro sobre esas nuevas máquinas de guerra, +dijo Roger. Y á duras penas comprendo cómo una bombarda pueda lanzar +pesada esfera de hierro á doble distancia que la alcanzada por la flecha +del mejor arquero, y con fuerza suficiente á destrozar armaduras y batir +murallas.</p> + +<p>—Así es, en efecto. Pero también es cierto que mientras los noveles +armeros limpiaban sus bombardas y les hacían tragar un polvo negro que +debe de ser obra del diablo y les atacaban una de sus pelotas de hierro, +nosotros los arqueros blancos solíamos atizarles hasta diez flechazos +cada uno, dejando ensartados y tendidos á buen número de aquellos +bellacos, que Dios confunda. Sin embargo, no negaré que en el cerco de +una plaza ó una fortaleza, las compañías de pedreros y bombardas prestan +magno servicio y abren á los verdaderos soldados la brecha que +necesitamos para ir á verle de cerca la cara al enemigo.... Pero ¿qué +esto? Alguien gravemente herido ha pasado hace poco por aquí. ¡Mirad!<a name="page_063" id="page_063"></a></p> + +<p>Al decir esto señalaba y seguía el soldado un rastro de sangre que teñía +la hierba y las piedras del camino.</p> + +<p>—Un ciervo herido, quizás....</p> + +<p>—No lo creo. Soy bastante buen cazador para descubrir su pista, si +alguno hubiera pasado por aquí. Quienquiera que sea, no anda lejos. +¿Oís?</p> + +<p>Los tres se pusieron á escuchar. De entre los árboles del bosque llegaba +hasta ellos el ruido de unos golpes dados á intervalos regulares, el eco +de ayes y lamentos dolorosos y una voz que entonaba acompasado canto. +Llenos de curiosidad, se adelantaron rápidamente y vieron entre los +árboles á un hombre alto, delgado, que vestía largo hábito blanco y +andaba lentamente, inclinada la cabeza y cruzadas las manos. Abierto y +caído el hábito desde los hombros hasta la cintura, dejaba descubiertas +las espaldas, que aparecían cárdenas y ensangrentadas, dejando correr +hilos de sangre que manchaban la túnica y goteaban sobre el suelo. Iba +tras él otro individuo de menor estatura y más edad, vestido como el +primero y con un libro abierto en la mano izquierda, al paso que la +derecha empuñaba unas largas disciplinas, con las que azotaba cruelmente +á su compañero al terminar la lectura de cada una de las oraciones que +en francés salmodiaba.</p> + +<p>Asombrados contemplaban nuestros viajeros el inesperado espectáculo, +cuando el azotador entregó libro y disciplinas á su compañero y +descubrió sus propias espaldas, de las que muy pronto empezó á correr la +sangre, á los zurriagazos furibundos que le daba su verdugo. Cosa +extraña y nueva aquella para Roger y Tristán, mas no para el arquero.</p> + +<p>—Son los Penitentes, dijo; unos frailes que á cada paso encontrábamos +en Francia y muy numerosos en Italia y Bohemia, pero apenas conocidos +todavía en Inglaterra, donde ciertamente no esperaba yo verlos. Aun los +pocos que aquí hay son todos extranjeros, según me han dicho. <i>¡En +avant!</i> Pongámonos al habla con esos reverendos que en tan poco estiman +su pellejo.</p> + +<p>—Bastante os habéis azotado ya, padres míos, les dijo el arquero en +buen francés al llegar junto á los penitentes. Largo es el reguero de +vuestra sangre en el camino. ¿Por qué os maltratáis de esa manera?<a name="page_064" id="page_064"></a></p> + +<p>—<i>¡C'est pour vos péchés, pour vos péchés!</i> murmuraron ambos, fijando +en los recienllegados sus tristes miradas. Y volvieron á manejar las +disciplinas tan vigorosamente como antes, sin atender á las palabras y +súplicas de los desconocidos, quienes renunciaron á seguir contemplando +aquel triste cuadro ya que no podían impedirlo, y se pusieron +apresuradamente en camino.</p> + +<p>—¡Por vida de los babiecas estos! exclamó Simón. Si mis pecados +necesitan sangre que los lave, más de dos azumbres de la que corre por +mis venas he dejado yo en tierra de Francia; pero perdida en buena lucha +y no friamente y gota á gota, como la derraman los penitentes sin más ni +más. Pero ¿qué es eso, mocito? Estás más blanco que las famosas plumas +del casco de Montclus, que nos servían para reconocerle y seguirle allá +en Narbona. ¿Qué te pasa?</p> + +<p>—No es nada, dijo Roger. No estoy acostumbrado á ver correr la sangre +humana.</p> + +<p>—Caso extraño es para mí, dijo el veterano, que quien tan bien piensa y +mejor habla tenga el corazón tan débil....</p> + +<p>—¡Alto ahí! exclamó Tristán. No es flaqueza de ánimo, que yo conozco +bien á este muchacho. Su corazón es tan entero como el tuyo ó el mío; lo +que hay es que tiene en su mollera mucho más de lo que tú tendrás nunca +debajo de ese puchero de peltre que te cubre el cráneo y por +consiguiente ve más allá y siente más hondo que nosotros, y se afecta +con lo que no puede afectarnos.</p> + +<p>—No hay duda que para mirar con indiferencia correr la sangre se +requiere aprendizaje, asintió Simón, después de reirse de la +irrespetuosa salida de su recluta.</p> + +<p>—Estos religiosos extranjeros me parecen gente muy santa, observó +Roger, pues de lo contrario no se impondrían tan cruel martirio en +satisfacción de pecados ajenos.</p> + +<p>—Pues yo me río de ellos y de sus azotes, salmos y melindres, dijo +Tristán. ¿Á quién aprovecha la sangre que derraman? Déjate de simplezas, +Roger, que después de todo esos frailes pueden ser muy bien como algunos +que tú y yo conocemos, ¿eh? Más les valiera dejar tranquilas sus +espaldas y no meterse á redentores sino ser algo más humildes, que á la +legua se les trasluce el orgullo.</p> + +<p>—¡Por el rabo de Satanás, recluta, jamás creí que con<a name="page_065" id="page_065"></a> esa cabeza color +de zanahoria pudieras tú pensar cosas tan discretas! Diga lo que quiera +el sabio Roger, ni este arquero, ni por lo visto este mameluco rojo, +creerán jamás que al buen Dios le guste ver á los hombres, frailes ó no +frailes, abriéndose las carnes con un rebenque. De seguro que mira con +mejores ojos á un soldado franco y alegre como yo, que nunca ofendió al +vencido ni volvió la espalda al enemigo.</p> + +<p>—Pensáis como podéis, y creéis decir bien, repuso Roger. Pero ¿acaso +imagináis que no hay en el mundo otros enemigos que los guerreros +franceses, ni más gloria que la que pueda alcanzarse combatiéndolos? Vos +tendríais por esforzado campeón al que en un solo día venciese á siete +poderosos rivales. Pues ¿qué me decís del justo que ataque, venza y +subyugue á esos otros siete y más poderosos enemigos del alma, los +pecados capitales, con algunos de los cuales ha de durar su lucha años +enteros? Esos campeones que yo admiro son los modestos servidores de +Dios que mortifican la carne para dominar el espíritu. Los admiro y los +respeto.</p> + +<p>—Sea en buen hora, <i>mon petit</i>, y nadie te lo ha de impedir mientras yo +ande cerca. Para predicador no tienes precio. Como que me recuerdas al +difunto padre Bernardo, que fué un tiempo capellán de la Guardia Blanca +y que era un ángel con verrugas y cabellos canos. Por cierto que en la +batalla de Brignais lo atravesó con su pica un soldado tudesco al +servicio del rey de Francia, sacrilegio por el cual obtuvimos que el +Papa de Avignón excomulgara al matador. Pero como nadie le conocía y +sólo sabíamos de él que era bajo y rechoncho y manejaba la pica como un +ariete, es de temer que la excomunión no le haya alcanzado, ó lo que es +peor, que haya recaído sobre algún otro maldito tudesco de los muchos +que dejan su tierra para dejar después el pellejo en Francia.</p> + +<p>Rióse Roger de los fantásticos conocimientos canónicos del veterano, á +quien preguntó si la valiente Guardia Blanca había llegado en efecto +hasta Avignón y doblado la rodilla ante el sucesor de San Pedro.</p> + +<p>—No lo dudes, chiquillo, contestó Simón. Dos veces he visto yo al Papa +Urbano con mis propios ojos. Es, ó era, porque en el campamento se habló +hace poco de su<a name="page_066" id="page_066"></a> muerte, un viejecillo chiquitín, con ojos muy grandes, +nariz encorvada y un mechón de pelo blanco en la barba. La primera vez +le sacamos diez mil ducados, pero gritó y se enfureció de mala manera. +La segunda entrevista fué para pedirle veinte mil ducados más, y te +aseguro que armó un cisco feroz. Tres días de reyertas y cabildeos nos +costó antes de que nuestro capitán nos llamara para recibir y conducir +las talegas que contenían las doblas de oro. Yo he creído siempre que +hubiéramos salido mejor librados saqueando el palacio del Papa, pero los +jefes ingleses se opusieron á ello. Recuerdo que un cardenal vino á +preguntarnos si preferíamos recibir quince mil ducados con una +indulgencia plenaria para cada arquero, ó veinte mil ducados con la +maldición de Urbano V. En todo el campo no hubo más que una opinión: +veinte mil ducados. Sin embargo nuestro capitán acabó por ceder y +recibimos la bendición apostólica contra toda nuestra voluntad y un sin +fin de indulgencias. Quizás valiera más así, porque bien las +necesitábamos los arqueros blancos por aquel entonces.</p> + +<p>El piadoso Roger escuchaba horrorizado aquellos detalles. Las creencias +de toda su vida, su profundo respeto por la dignidad pontificia, la +veneración que profesaba al jefe visible de la Iglesia, todo le +impulsaba á protestar contra la escandalosa irreverencia del soldado. +Parecíale que con solo escuchar el impío relato había pecado él mismo; +que el sol debía ocultar sus brillantes rayos tras negras nubes y trocar +el campo sus alegres galas por la desolación y la tristeza del desierto. +Sólo recobró un tanto la perdida calma cuando se hubo postrado de +hinojos ante una de las toscas cruces inmediatas al camino y orado +fervorosamente, pidiendo para el arquero y para sí mismo el perdón del +Cielo.<a name="page_067" id="page_067"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_VIII" id="CAPITULO_VIII"></a>CAPÍTULO VIII<br /><br /> +<small>LOS TRES AMIGOS</small></h3> + +<p>T<small>RISTÁN</small> y Simón siguieron andando. Al terminar Roger sus oraciones +recogió bastón y hatillo y corriendo como un gamo no tardó en llegar á +una cabaña situada á la izquierda del sendero y rodeada de una cerca, +junto á la cual estaban el arquero y su recluta, mirando á dos niños de +unos ocho y diez años respectivamente; plantados ambos en medio del +jardinillo que cercaba la casa, silenciosos é inmóviles, fija la vista +en los árboles del otro lado del camino y teniendo en la mano izquierda, +extendido horizontalmente el brazo, unos largos palos á manera de pica ó +alabarda, parecían dos soldados en miniatura. Eran ambos de agraciadas +facciones, azules ojos y rubio cabello; el bronceado color de su tez era +claro indicio de la vida que hacían al aire libre en la soledad del +frondoso bosque.</p> + +<p>—¡De tal palo tal astilla! gritaba regocijado el buen Simón al llegar +Roger. Esta es la manera de criar chiquillos. ¡Por mi espada! yo mismo +no hubiera podido adiestrarlos mejor.</p> + +<p>—Pero ¿qué es ello? preguntó Roger. Parecen dos estatuas. ¿Les pasa +algo?</p> + +<p>—No, sino que están acostumbrando y fortaleciendo el brazo izquierdo +para sostener debidamente, cuando sean hombres, el pesado arco de +combate. Así mismo me enseñó mi padre y seis días de la semana tenía que +aguantarme en esa posición lo menos una hora por día, sosteniendo á +brazo tendido el pesado bastón herrado de mi padre, hasta que el brazo +me parecía de plomo. ¡Hola, bribonzuelos! ¿cuánto os falta todavía?<a name="page_068" id="page_068"></a></p> + +<p>—Hasta que el sol salga por encima de aquel roble más alto y nos haga +cerrar los ojos, contestó el mayor.</p> + +<p>—¿Y qué váis á ser vosotros? ¿Pecheros, leñadores?</p> + +<p>—¡No, arqueros! dijeron ambos á una voz.</p> + +<p>—¡Bien contestado, granujas! Ya se echa de ver que vuestro padre es de +los míos. Pero ¿qué haréis cuando seáis soldados?</p> + +<p>—Matar escoceses, dijo el chiquitín frunciendo el ceño.</p> + +<p>—¡Acabáramos! ¿Y qué entuerto os han hecho los pobres súbditos del rey +Roberto? Sé que las galeras de España y Francia no han andado muy lejos +de Southampton en estos últimos tiempos, pero dudo que los escoceses +asomen por aquí ahora ni en muchos años.</p> + +<p>—Pues nosotros, insistió el mayor de los niños, aprendemos á manejar el +arco para matar escoceses, y no franceses ni españoles, porque aquéllos +fueron los que cortaron los dedos á nuestro padre, para que no pudiera +volver á manejar su arco.</p> + +<p>—Muy cierto es eso, dijo una voz sonora detrás de los caminantes.</p> + +<p>Era el que hablaba un rudo campesino de alta estatura, que al acercarse +levantó ambas manos, á cada una de las cuales le faltaban el pulgar y +los dos primeros dedos.</p> + +<p>—¡Por San Jorge! ¿Quién os ha maltratado de esa manera, camarada? +preguntó Simón.</p> + +<p>—Bien se echa de ver, repuso el otro, que sois nacido lejos de la +tierra maldita de Escocia y que aunque soldado, no os han conducido +nuestras banderas á las guaridas de aquellos lobos. De lo contrario +reconoceríais desde luego en estas mutilaciones la barbarie de Douglas +el Diablo, ó el Conde Negro, como también le llaman.</p> + +<p>—¿Os hizo prisionero?</p> + +<p>—Sí, por mi mal. Nací en el norte, en Beverley, cerca de la frontera +escocesa, y bien puedo decir que por muchos años no hubo mejor arquero +desde Trent hasta Inverness. Mi fama me perdió, lo mismo que á otros +muchos buenos tiradores ingleses, pues cuando nuestras luchas nos +hicieron caer en manos de Douglas, aquella hiena, en lugar de matarnos, +nos hizo cortar tres dedos de cada mano para que no pudiésemos +despacharle más soldados ó atravesarle á él<a name="page_069" id="page_069"></a> mismo los hígados de un +flechazo. ¡Quiera Dios que estos dos hijos míos paguen un día con creces +la deuda de su padre! Entre tanto, el rey me ha dado esa casita y +algunas tierras acá en el sur, y de su producto vivimos. ¡Á ver, +muchachos! ¿Cuál es el precio de los dos pulgares de vuestro padre?</p> + +<p>—Veinte vidas escocesas, contestó el mayor.</p> + +<p>—¿Y por los otros cuatro dedos que me faltan?</p> + +<p>—Diez vidas más, dijo su hermanito.</p> + +<p>—Total treinta. Cuando puedan doblar mi gran arco de guerra, los +enviaré á la frontera, para que se alisten á las órdenes del invencible +Copeland, gobernador de Carlisle. Y os aseguro que como lleguen á verse +frente á frente de mi verdugo y á menos de cuatrocientos pasos, no +cortará más dedos ingleses el viejo zorro de Douglas.</p> + +<p>—Así viváis para verlo, camarada, dijo Simón. Y vosotros, <i>mes +enfants</i>, tened presente el consejo de un arquero veterano y que sabe su +oficio: al tender el arco, la mano derecha pegada al cuerpo, para tirar +de la cuerda no sólo con la fuerza del brazo, sino con ayuda del costado +y muslo derechos. Y por vuestra vida, aprended también á disparar +formando curva, pues aunque de ordinario la flecha va derecha al blanco, +os hallaréis muchas veces atacando á gentes parapetadas tras las almenas +ó en lo alto de una torre, ó á enemigos que ocultan pecho y cara con el +escudo y á quienes sólo matan las flechas que les caen del cielo. No he +tendido un arco hace dos semanas, pero eso no quita que os pueda dar una +lección práctica, para que sepáis cómo taladrarle los sesos á un +escocés, aunque sólo le veáis las plumas de la gorra.</p> + +<p>Diciendo esto, asió Simón el poderoso arco que á la espalda llevaba, +tomó tres flechas y señaló á los niños, que ávidamente seguían todos sus +movimientos, un altísimo árbol y más allá, en un claro del bosque, un +tronco carcomido de un pie de diámetro y no más de dos ó tres de altura. +Midió el arquero la distancia con mirada de águila y en seguida lanzó +las tres flechas una tras otra, con increíble rapidez y apuntando á lo +alto. Las flechas pasaron rozando las ramas más elevadas del árbol y dos +de ellas fueron á clavarse en el tronco de que hemos hablado, +describiendo una curva enorme y perfecta. La tercera flecha rozó el<a name="page_070" id="page_070"></a> +seco tronco y penetró profundamente en la tierra, á dos pulgadas de +aquél.</p> + +<p>—¡Soberbio! exclamó el mutilado arquero. ¡Aprended, muchachos, que este +es buen maestro!</p> + +<p>—Á fe mía que si empezara á hablaros de arcos y ballestas no acabara en +todo el día, dijo Simón. En la Guardia Blanca tenemos tiradores capaces +de asaetear uno por uno todos los encajes y junturas de la armadura +mejor construida. Y ahora, pequeñuelos, id á traerme mis flechas, que +algo cuestan y mucho sirven y no es cosa de dejarlas clavadas en los +troncos secos del camino. Adiós, camarada; os deseo que adiestréis ese +par de halconcillos de manera que un día puedan traeros buena caza y le +saquen también los ojos al pajarraco con quien tenéis pendiente tan +grave cuenta.</p> + +<p>Dejando atrás al mutilado arquero, siguieron la senda que se estrechaba +al penetrar en el bosque, cuyo silencio interrumpió de pronto el ruido +de una carrera precipitada entre la maleza. Un instante después saltó al +camino una hermosa pareja de gamos, y aunque los viajeros se detuvieron, +el macho, alarmado, saltó de nuevo y desapareció á la izquierda del +camino. La hembra permaneció unos instantes como asombrada, mirando al +grupo con sus grandes y dulces ojos. Contemplaba Roger con admiración el +soberbio animal, pero Simón no pudo resistir el instinto del cazador y +preparó su arco.</p> + +<p>—<i>¡Tête Dieu!</i> exclamó en voz baja. No vamos á tener mal asado en la +comida.</p> + +<p>—¡Teneos, amigo! dijo Tristán posando la mano sobre el arco de Simón, á +tiempo que el gamo desaparecía á todo correr. ¿No sabéis que la ley es +rigorosísima? En mi mismo pueblo de Horla recuerdo á dos cazadores á +quienes sacaron los ojos por matar esos animales. Confieso que no me +fuisteis muy simpático la primera vez que os ví y oí, pero desde +entonces he aprendido á estimaros y ¡por la cruz de Gestas! no quisiera +ver el cuchillo de los guardabosques jugándoos una mala partida.</p> + +<p>—Tengo por oficio arriesgar mi pellejo, repuso Simón encogiéndose de +hombros.</p> + +<p>Sin embargo, volvió á poner la flecha en su aljaba, se echó el arco al +hombro y continuó andando entre sus dos<a name="page_071" id="page_071"></a> amigos. Iban subiendo una +cuesta y pronto llegaron á un punto elevado desde el cual pudieron ver á +la izquierda y detrás de ellos el espeso bosque y hacia la derecha, +aunque á gran distancia, la alta torre blanca de Salisbury, cuyas +alegres casitas rodeaban la iglesia y se extendían por la ladera. La +vegetación poderosa, el aire puro de la montaña, el canto de multitud de +pajarillos y la vista de los ondulantes prados que más allá de Salisbury +se divisaban, eran espectáculo tan nuevo como interesante para Roger, +que hasta entonces había vivido en la costa. Respiraba con delicia y +sentía que la sangre corría con más fuerza por sus venas. El mismo +Tristán apreció la belleza del paisaje y el robusto arquero entonó, ó +por mejor decir, desentonó algunas picantes canciones francesas, con voz +y berridos capaces de no dejar un solo pájaro en media milla á la +redonda.</p> + +<p>Tendiéronse sobre la hierba y tras breve silencio dijo Simón:</p> + +<p>—Me gusta el compañero ese que hemos dejado allá abajo. Se le ve en la +cara el odio que guarda á su verdugo, y á la verdad, me placen los +hombres que saben preparar una venganza justa y mostrar un poco de hiel +cuando llega la ocasión.</p> + +<p>—¿No sería más humano y más noble mostrar un poco de amor al prójimo? +preguntó Roger.</p> + +<p>—Sermoncico tenemos, dijo Simón. Pero á bien que en eso de amor al +prójimo estoy contigo, padre predicador; porque supongo que incluirás al +bello sexo, que no tiene admirador más ferviente que yo. ¡Ah, <i>les +petites</i>, como decíamos en Francia, han nacido para ser adoradas! Me +alegro de ver que los frailes de Belmonte te han dado tan buenas +lecciones, muchacho.</p> + +<p>—No, no hablo del bello sexo ni de amor mundano. Lo que quise decir fué +que bien pudo el vengativo campesino tener en su corazón menos odio á +sus enemigos.</p> + +<p>—Es imposible, contestó Simón moviendo la cabeza negativamente. El +hombre ama naturalmente á los suyos, á los de su raza. Pero ¿cómo puede +comprenderse que un inglés sienta el menor afecto por escoceses ó +franceses? No los has visto tú en una de sus correrías, hendiendo +cabezas y sajando cuerpos de hermanos nuestros. ¡Por el filo de mi +espada! preferiría darle un abrazo al mismo Belcebú<a name="page_072" id="page_072"></a> antes que estrechar +la mano de uno de esos bergantes, aunque se llame el rey Roberto, ó +Douglas el Diablo de Escocia, ó sea el mismísimo condestable Bertrán +Duguesclín de Francia. Voy sospechando, <i>mon garçon</i>, que los obispos +saben más que los abades, ó por lo menos dejan muy atrás á tu abad de +Belmonte, porque yo mismo he visto con estos ojos al obispo de Lincoln +agarrar con ambas manos un hacha de dos filos y atizarle á un soldado +escocés tamaño hachazo que le partió la cabeza en dos, desde la +coronilla hasta la barba. Con que si esa es la manera de mostrar amor +fraternal, tú dirás.</p> + +<p>Ante argumento tan irresistible como el hachazo del obispo se quedó +Roger sin réplica y no poco escandalizado.</p> + +<p>—¿Es decir que también habéis hecho armas contra los escoceses? +preguntó por fin.</p> + +<p>—¡Pues bueno fuera! El primer flechazo que tiré desde las filas, y á +matar, fué allá por Milne, un pedregal escocés lleno de cañadas y +vericuetos. Nos mandaban Berwick y Copeland, el mismo que después hizo +prisionero al rey de aquellos montañeses. Buena escuela, recluta, buena +escuela es aquella para gente de guerra, y siento que antes de llevarte +á Francia no hayas dado un paseo por aquellos riscos.</p> + +<p>—Tengo entendido que son los escoceses buenos guerreros, observó +Tristán.</p> + +<p>—Fuertes y sufridos; no adelantan durante el combate, pero tampoco +huyen, sino que se aguantan á pie firme, dando cada toque que saca +chispas de cascos y coseletes. Con el hacha y la espada de combate no +tienen igual, pero son muy malos ballesteros, y lo que es con el arco, +no se diga. Además, los escoceses son por lo general muy pobres, aun sus +jefes, y pocos de ellos pueden comprarse una cota de malla tan modesta +como la que yo llevo puesta. De aquí que luchen con gran desventaja +contra nuestros caballeros, muchos de los cuales llevan encima yelmos, +petos, manoplas y cotas que representan el valor de cuatro ó seis +mayorazgos escoceses. Hombre por hombre, con iguales armas, son tan +buenos soldados como los mejores de Inglaterra y de toda la cristiandad.</p> + +<p>—¿Y qué nos decís de los franceses?</p> + +<p>—Son también combatientes de gran pujanza. Nuestras armas han sido muy +afortunadas en Francia, mas no por eso<a name="page_073" id="page_073"></a> hay que tener en menos á sus +soldados. Los he visto pelear en campo abierto y encerrados en sus +fortalezas, en asaltos, emboscadas, salidas, sorpresas nocturnas, +duelos, justas y torneos; y puedo aseguraros, muchachos, que tienen el +corazón valiente y el brazo duro. Entre los caballeros que seguían á +Duguesclín podría citaros en este momento una veintena capaces de romper +lanzas, sin desventaja, con los más brillantes paladines de Inglaterra. +En tanto el pueblo, agobiado con tributos y gabelas, sufre, trabaja y +calla, y vive como Dios le da á entender.</p> + +<p>—¿Habéis visitado otros países? preguntó Roger, á quien aquellos +relatos é informes interesaban sobre manera.</p> + +<p>—He estado en Holanda, en Flandes y el Brabante y creo que de esta +hecha Tristán tendrá oportunidad de ver no sólo buena parte de Francia, +sino también algo y aun algos de la hermosa tierra de España. Del +holandés os diré que es tardo y pesado, y que no desenvaina la espada +por los bellos ojos de una doncella ni por un quítame allá esas pajas; +pero con justa causa y buenos capitanes, sabe defender su país, más +mojado que charca de ranas; y sobre todo, no toquéis sus fardos de lana, +sus terciopelos de la antigua Brujas y demás mercaderías, porque +entonces se enfurece y hay que matarlo para hacerlo entrar en razón. +¡Sí, reíos! Pues acordaos de lo que les pasó á los franceses en +Courtrai, donde los gordinflones holandeses les enseñaron que sabían +manejar el acero tan bien como forjarlo.</p> + +<p>—¿Qué pensáis de los españoles? preguntó Roger.</p> + +<p>—Raza guerrera de veras. Como que á la fecha llevan seis siglos largos +de continua lucha con lo más aguerrido de la gente árabe, que se +posesionaron de casi todo el país y á lo que creo ocupan todavía la +mitad de la Península. Me las hube con los súbditos del rey de Castilla +en el mar, cuando su flota vino á retarnos en Chelsea, y allí tuvimos +con ellos un zafarrancho de mil demonios, en el que participaron ochenta +naves inglesas y españolas. Y ahora que he contestado á tus preguntas, +mocito, voy á hacerte una proposición. Veo que te interesan mis relatos, +sé que harías carrera en el ejército á pesar de que pareces un +alfeñique, pero tienes buen consejo. Pues oye, elige uno cualquiera de +los objetos que dejé en la venta, el que te parezca más valioso, y te lo +regalo, á condición de que te vengas con<a name="page_074" id="page_074"></a> este zagalón y conmigo á +Francia, en cuanto termine la misión que me lleva al castillo de +Monteagudo.</p> + +<p>—No puede ser, replicó el joven. De mil amores iría con vos á Francia ó +á cualquier otro país, no sólo porque me place escucharos, sino porque +fuera de Belmonte sois los únicos amigos que tengo en el mundo. Pero +debo acatar la voluntad de mi padre muerto y ver ante todo á mi único +hermano. Lo que después suceda está por ver, pero desde luego os digo +que haríais conmigo una triste adquisición para vuestra Guardia Blanca, +pues ni por temperamento ni por educación sirvo yo para ese continuo +batallar en que vos vivís.</p> + +<p>—¡Culpa es de mi parlera lengua! gritó el arquero. No le doy suelta sin +que se ponga á hablar de flechazos y estocadas, como si nada más hubiera +en el mundo. Pero ven acá, doctorcillo mío, y déjame explicarte lo que +tengo en mientes. Has de saber que no sólo necesitamos soldados y +ballestas. En primer lugar, por cada pergamino que se ve en Inglaterra +hay que escribir ó descifrar veinte en Francia. Por cada estatua, por +cada piedra preciosa tallada, por cada blasón, escudo ó divisa, moldura +y relieve que aquí pueda ocupar y dar de comer á un amanuense hábil y +discreto como tú, hay allí ciento. En el saco de Carcasona ví yo +habitaciones enteras atestadas de pergaminos, sin que ninguno de +nosotros pudiera leer una palabra de tanto fárrago. En Arlés y Nimes hay +ruinas de arcos y palacios y santuarios, mosaicos, pinturas é +inscripciones, tan antiguos unos y tan primorosos otros, que multitud de +gentes van á admirarlos, no sólo de toda Francia sino de otras naciones. +En tus ojos veo ya el deseo de contemplar tanta cosa buena. ¡Vente con +nosotros y voto á tal que no ha de pesarte!</p> + +<p>—Mucho desearía yo ver todas esas riquezas de la antigüedad y esos +primores del arte, dijo Roger.</p> + +<p>—Otra cosa. Allá he dejado yo más de trescientos arqueros blancos que +desde hace dos años no han oído una sola palabra de consejo, ni una +plática religiosa y bien sabe Dios que nadie lo necesita tanto como +ellos. Si tienes deberes aquí, tampoco es mala misión la que te ofrezco. +Hasta ahora tu hermano se ha pasado sin tí muy bonitamente y por Tristán +sé que en veinte años no se ha tomado<a name="page_075" id="page_075"></a> una sola vez el trabajo de ir á +Belmonte para mirarte á la cara. ¡Valiente hermanito vas tú á buscar!</p> + +<p>—¡No, pues y la fama que tiene en toda la comarca! añadió Tristán. Todo +el mundo sabe y de ello hemos hablado tú y yo en el convento, que tu +pariente Hugo de Clinton es un bebedor sin tasa, pendenciero y jugador, +que ha dado escándalos mayúsculos y que probablemente hará tanto caso de +tí como de un perro, si es que no te maltrata.</p> + +<p>—No puedo creerlo, repuso Roger. Y si tan malo es, mayor deber tengo +yo, su único hermano, de darle algunos buenos consejos. No insistáis, +amigos, que yo de buena gana os siguiera, si fuese libre mi elección. Y +ahora, separémonos. Hé allí la torre cuadrada de Munster y aquí el +sendero que según me explicó el abad lleva directamente al pueblo.</p> + +<p>—Dios te guarde, muchacho, exclamó el arquero dándole un estrecho +abrazo. Soy pronto en odiar y en querer, y te aseguro que me duele +separarme de tí.</p> + +<p>—¿No sería bien aguardar aquí hasta ver qué recibimiento le hace su +hermano? propuso Tristán.</p> + +<p>—No tal, dijo Roger. Bien ó mal recibido, lo probable es que me quede +en la granja de Munster y esperarme aquí sería tiempo perdido.</p> + +<p>—Sin embargo, observó Simón, por lo que pueda ocurrir bueno será que +sepas dónde hallarnos, llegado el caso. Mira; Tristán y yo vamos á +seguir ese camino de la izquierda, dejando á la derecha el bosque y el +atajo que vas á tomar. Al caer la noche llegaremos al castillo de +Monteagudo, residencia antes del conde Guillermo de Salisbury, de quien +es condestable el barón de Morel que ahora habita aquel castillo. ¿Te +acordarás? Es muy probable que allí permanezcamos alojados cosa de un +mes, hasta nuestra salida para Francia.</p> + +<p>Gran esfuerzo costó á Roger separarse de aquellos dos buenos amigos, +sobre todo inclinado como estaba á la vida de viajes y aventuras que +tanto le atraía, no por los alicientes que en ella pudieran hallar +hombres como el arquero y su recluta, sino por el vasto campo que +ofrecía á su vivo deseo de aprender, de ver el mundo y de aprovechar +prácticamente los variados conocimientos, oficios y artes adquiridos en +el convento de Belmonte. No se atrevió á mirar<a name="page_076" id="page_076"></a> atrás por temor de que +flaqueara su resolución, y sólo cuando hubo andado buen trecho y +ocultádose entre los árboles arriesgó una última mirada. El arquero +continuaba inmóvil en el lugar mismo donde se habían despedido, cruzado +de brazos y mirando al suelo pensativamente. El sol hacía brillar su +almete y las mallas de su cota y sobre el hombro se veía la extremidad +del enorme arco de guerra. Junto á él estaba el gigantesco Tristán, +llevando todavía la raida vestimenta del batanero de Léminton. Momentos +después siguieron ambos su camino y Roger tomó á buen paso el de la +granja de su hermano.<a name="page_077" id="page_077"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_IX" id="CAPITULO_IX"></a>CAPÍTULO IX<br /><br /> +<small>EN LA SELVA DE MUNSTER</small></h3> + +<p>P<small>ASABA</small> el sendero entre corpulentos y elevados árboles, cuyas ramas +formaban en muchos puntos verdes arcos sobre el camino, recubierto de +hierba y hojas secas. Pocas personas solían recorrerlo y el silencio era +completo; una sola vez oyó Roger á lo lejos el agudo ladrido de los +perros de caza.</p> + +<p>No sin alguna emoción recordaba el viajero que todo aquel bosque y gran +parte de las tierras colindantes habían pertenecido un día á la entonces +poderosa familia de Clinton. Conocedor de la historia de su casa, sabía +que descendía de aquel Godofredo de Clinton, señor de las villas de +Munster y Bisterne cuando los normandos posaron por primera vez la +planta en territorio inglés. Pero las vicisitudes de la época privaron á +sus descendientes de gran parte de aquellos dominios y por fin les fué +confiscado el señorío de Bisterne en provecho del patrimonio real, por +complicidad de uno de los Clinton en un alzamiento sajón. Las +depredaciones de grandes señores feudales siguieron aminorando la +propiedad, y no menos la redujeron algunas donaciones á la iglesia, como +la hecha por el padre de Roger, que abrió á éste las puertas de +Belmonte. Convertido aquél en arrendatario de Belmonte, ocupó hasta su +muerte la antigua casa señorial de Munster, habitada ahora por su hijo +mayor, á quien dejó encomendado el cultivo de dos granjas y la propiedad +de algún ganado y parte del bosque. No ignoraba Roger que á pesar de la +decadencia de la familia, su hermano Hugo ocupaba todavía una posición +independiente y de relativa importancia en la comarca, y contemplaba con +orgullo aquellos gigantes del bosque perteneciente por tantas<a name="page_078" id="page_078"></a> +generaciones á los Clinton de Munster. Absorto en sus recuerdos, +sorprendióle la repentina aparición de un hombre vestido como los +campesinos del país, alto y vigoroso, que le interceptó el paso +enarbolando largo y nudoso bastón.</p> + +<p>—¡Ni un paso más! gritó el desconocido. ¿Quién eres que así te atreves +á poner el pie en este bosque? ¿Qué buscas y á dónde vas?</p> + +<p>—¿Y quién sois vos para hacerme esas preguntas? dijo á su vez Roger +poniéndose en guardia.</p> + +<p>—Quien puede abrirte el cráneo de un garrotazo si tienes tarda la +lengua, fué la brutal respuesta. Pero ¿dónde he visto yo antes esa cara?</p> + +<p>—Anoche, sin ir más lejos, en la posada del <i>Pájaro Verde</i>, dijo Roger, +que acababa de reconocer á Rodín, el pechero amenazado por Tristán y que +tan violentamente se expresara contra el rey y sus nobles y en +particular contra su señor el barón de Ansur.</p> + +<p>—¡Calla, pues es verdad! ¿Y qué llevas en ese zurrón?</p> + +<p>—Nada de valor, alguna ropa y media docena de libros.</p> + +<p>—Eso es lo que tú dices, pero lo que es á mí, ver y creer. Venga el +zurrón.</p> + +<p>—No lo esperéis.</p> + +<p>—¡Por los clavos de Cristo! ¿No sabes, rapaz, que puedo descuartizarte +en un santiamén?</p> + +<p>—Dado os hubiera las pocas monedas que poseo si me hubiérais pedido en +nombre de la caridad. Pero amenazáis como un bandido y sabré defenderme. +Sin contar que no escaparéis á la venganza del arrendatario de Munster +cuando sepa la villana manera como tratáis á su hermano en sus mismas +tierras.</p> + +<p>—¡Nuestra Señora de Rocamador me valga! exclamó asustado el malhechor +bajando su arma. ¿Vos hermano de Hugo de Clinton? ¡Cómo había de +figurármelo! No seré yo quien os robe ni os detenga un momento más.</p> + +<p>—Puesto que conocéis á mi hermano, hacedme la merced de indicarme el +más corto camino para su casa.</p> + +<p>Antes de que pudiera contestar el bandolero se oyeron las sonoras notas +de una trompa de caza y vió Roger un hermoso caballo blanco que pasó á +la carrera entre los árboles<a name="page_079" id="page_079"></a> á corta distancia, seguido de la traílla y +de numerosos cazadores. Las voces de éstos, el galopar de los caballos y +los ladridos de los perros resonaron ruidosamente en todo el bosque. +Oíanse todavía los gritos con que animaban á los sabuesos: "¡Sus, +Bayardo, Moro, Lebrel! ¡Sus, Sus!" cuando resonó de nuevo el trote de +los caballos y apareció un grupo de cazadores á pocos pasos de Roger.</p> + +<p>Precedíalos un hombre de cincuenta á sesenta años de edad, de robusto +cuerpo y atezado rostro, bajo cuyas pobladísimas cejas brillaban dos +ojos de imperiosa y penetrante mirada. Llevaba larga barba entrecana y +todo en su aspecto y ademanes revelaba al hombre acostumbrado á mandar y +á ser obedecido. Manejaba el hermoso corcel con gracia soberana y vestía +rica túnica de seda blanca bordada de pequeñas flores de lis de oro, +flotante de sus hombros luengo manto de púrpura. Era imposible no +reconocer desde luego á Eduardo III, el invasor de Francia y +conquistador de la Normandía, al vencedor de Crécy, uno de los más +brillantes guerreros entre los muchos y muy esforzados que habían regido +al pueblo anglo-sajón. Roger se quitó la gorra reverentemente, pero el +pechero apoyó ambas manos sobre su bastón y miró con expresión nada +amistosa al grupo de caballeros que seguían al rey.</p> + +<p>—¡Hola! exclamó Eduardo deteniendo su caballo en medio del camino y +mirando á Roger y su compañero. <i>¡Le cerf! ¿Est-il passé? ¿Non? Ici, +Brocas, tu parles l'anglais.</i></p> + +<p>—¿Habéis visto el ciervo, bergantes? preguntó imperiosamente un +caballero de la escolta. Si lo habéis espantado y hecho desviar os +cuesta las orejas.</p> + +<p>—Pasó entre aquellos dos árboles, señaló Roger, y los perros le seguían +de cerca.</p> + +<p>—Bien está, dijo el monarca, que siguió hablando en francés, pues +aunque comprendía la lengua de su pueblo, jamás llegó á poseerla bien, +ni quiso hablar lo que él llamaba idioma áspero y bárbaro. Os aseguro, +continuó, volviéndose en la silla hacia el grupo de caballeros, que ó +mucho me engaño ó es un venado de seis puntas, el más soberbio de +cuantos hemos levantado hoy. ¡Adelante!</p> + +<p>Tras él desaparecieron á carrera tendida guerreros y cortesanos, excepto +uno, el barón de Brocas, que haciendo dar<a name="page_080" id="page_080"></a> un salto á su caballo, +levantó el látigo y cruzó con él la cara del pechero, gritándole:</p> + +<p>—¡Descúbrete, perro! ¡Descúbrete siempre que tu rey se digne mirarte! Y +dando rienda al caballo se lanzó en seguimiento de los cazadores.</p> + +<p>El villano recibió el latigazo sin mover un solo músculo. Después alzó +el puño en dirección de su verdugo, y rugió:</p> + +<p>—¡Te conozco, maldito cerdo gascón, y algún día la pagarás! ¡Malhaya el +en que dejaste tu pocilga de Rochecourt para pisar la tierra inglesa! +¡Así te vea yo descuartizado y muertos de hambre á tu mujer y á tus +hijos!</p> + +<p>—Tened la lengua, buen hombre, dijo Roger; aunque cobarde fué el golpe +y capaz de encender en ira al más humilde. Dejadme buscar en mi zurrón +un ungüento que llevo y que os será de mucho alivio.</p> + +<p>—No, una sola cosa puede calmar el dolor y lavar la afrenta, y esa el +tiempo quizás me la depare. Ahí tenéis vuestro camino, el atajo que pasa +entre aquel matorral y el árbol con la rama tronchada. Apresurad el +paso, que hoy tiene Hugo de Clinton una reunión alegre con sus +compañeros de francachela y no os traería cuenta retrasarle la fiesta ni +tampoco presentárosle en medio de ella. Yo tengo que quedarme aquí por +ahora.</p> + +<p>Aparte del dolor que causaban á Roger aquellas repetidas alusiones de +todos á la vida licenciosa de su hermano, sorprendíale y angustiábale +también el odio ciego que notaba entre las clases que constituían la +sociedad de su tiempo. El trabajador maldiciendo á los poderosos, los +nobles tratando á los humildes como bestias de carga. Antes, cuando la +nobleza era el más firme baluarte de la nación, la toleraba el pueblo; +ahora, sabido ya que las grandes victorias obtenidas en Francia lo +habían sido no por la pujanza de tales ó cuales barones, por la lanza de +este ó aquel caballero, sino por el valor de los soldados, hijos del +pueblo de Inglaterra y Gales, había desaparecido en gran parte el +prestigio de la nobleza militante y se protestaba contra sus exacciones +y se censuraba su arrogancia. Los hombres cuyos padres y hermanos habían +peleado como leones en Crécy y Poitiers y visto estrellarse lo más +florido de la caballería europea contra los muros de hierro que formaban +los plebeyos disciplinados de Inglaterra, no concebían que un gran señor +pudiese<a name="page_081" id="page_081"></a> infundirles temor y mucho menos respeto. El poder había +cambiado de manos. El protector habíase convertido en protegido y todo +el vetusto armatoste feudal vacilaba sobre sus carcomidos cimientos. De +aquí las continuas quejas y murmuraciones del pueblo anglo-sajón, su +descontento perenne, las asonadas locales, todo aquel malestar que +culminó algunos años más tarde en el gran alzamiento de Tyler. Aquello +que tanto inquietaba á Roger á medida que iba conociendo el estado de +los ánimos en la comarca de Hanson, hubiera sorprendido igualmente á +cualquier otro viajero en todos los restantes condados del reino, desde +el Canal hasta los riscos y las lagunas de Escocia.</p> + +<p>Los temores del doncel aumentaban á medida que se acercaba á la morada +de Hugo, á la casa paterna. Pronto se hizo menos espesa la arboleda y +por fin se presentó ante su vista una gran pradera en la que pastaban +hermosas vacas; más allá se divisaban numerosas piaras de cerdos y por +el centro del llano corría un ancho arroyo. Rústico puente conducía á un +camino que llevaba en derechura hasta la puerta de un vasto edificio de +madera que Roger contempló con emoción profunda. Una columna de humo +salía por la alta chimenea y á la puerta dormía tranquilamente un mastín +encadenado.</p> + +<p>Rumor de voces sacó de su contemplación al viajero, que vió salir de +entre los árboles y dirigirse hacia el puente á un hombre y una mujer, +en animada conversación. Llevaba el primero un traje de elegante corte, +aunque de obscuro color y sin los adornos y preseas que distinguían á +los señores de la escolta real. Largos y muy rubios el cabello y la +barba, contrastaban con la negra cabellera de la hermosísima joven que +iba á su lado. Era alta y esbelta, de moreno y agraciado rostro. Llevaba +una gorra de terciopelo rojo coquetamente ladeada, rico y bien ceñido +traje y en la enguantada diestra un pequeño halcón, cuyas erizadas +plumas acariciaba suavemente. Roger notó que la hermosa desconocida +tenía todo un lado del vestido manchado de lodo. Oculto á medias en la +sombra de un roble enorme, contempló embebecido aquella aparición +radiante, aquel rostro puro y bello que le recordaba los de los ángeles +pintados y esculpidos en los altares de Belmonte.</p> + +<p>Por fin la joven se adelantó algunos pasos á su acompañante<a name="page_082" id="page_082"></a> y ambos +cruzaron rápidamente el prado hasta llegar al puentecillo rústico, donde +se detuvieron y reanudaron la interrumpida plática. ¿Dos amantes? Tal +creyó desde luego el único testigo de aquella escena, mas pronto notó +que el hombre interceptaba el paso del puente á la joven y que ésta se +expresaba con gran animación, llegando á tomar su voz algunas veces +acentos de amenaza y cólera. De vez en cuando dirigía una mirada hacia +el bosque, como en espera de auxilio por aquel lado y por fin tomó su +rostro tal expresión de angustia que Roger, incapaz de resistir aquella +muda apelación, abandonó su escondite y se dirigió aceleradamente hacia +el puente. Llegado había muy cerca de ambos personajes sin que éstos +notaran su presencia, cuando el hombre enlazó repentinamente con su +brazo el talle de la joven y la estrechó contra su pecho. Soltó ella el +asustado halcón y lanzando un agudo grito abofeteó y arañó el rostro del +rufián, procurando en vano desasirse.</p> + +<p>—No os encolericéis, linda paloma, dijo él con gran risa; sólo +conseguiréis lastimaros. Lo dicho, bella Constanza, estáis en mis +tierras y no saldréis de ellas sin pagarme el tributo de vuestra +hermosura.</p> + +<p>—¡Soltad, villano! exclamó ella. ¿Es esta vuestra hospitalidad? ¡Antes +la muerte que cederos! ¡Soltadme, ó si no!... ¡Á mí, doncel! gritó +desesperadamente al ver á Roger. ¡Amparadme, por Dios!</p> + +<p>—Sí haré, exclamó el joven acudiendo en su auxilio. ¡Dejad libre á esa +dama, que vergüenza debiera daros vuestra conducta!</p> + +<p>El agresor dirigió á Roger una mirada centelleante, que denotaba su +furor. Al joven le pareció en aquel momento el hombre más hermoso que +había visto en su vida, por más que la ira contraía sus facciones +acentuando su expresión algo siniestra.</p> + +<p>—¡Miserable loco! exclamó, sin soltar á la doncella, que se debatía +inútilmente. ¿Osas darme órdenes? ¡Sigue tu camino, aléjate á toda +prisa, si no quieres que te arroje de aquí á puntapiés! ¡Largo, te digo! +Esta buena moza ha venido á visitarme y no quiero que me deje tan +pronto. ¿No es así? dijo soltando el talle de la joven y asiéndola por +una muñeca.<a name="page_083" id="page_083"></a></p> + +<p>—¡Mentís! gritó ella, é inclinándose rápidamente clavó los dientes en +la mano que la apresaba.</p> + +<p>Soltóla él, lanzando un rugido de dolor y la doncella corrió á +guarecerse detrás de Roger.</p> + +<p>—¡Fuera de mis tierras, vagabundo! gritó furioso el otro. Por la pinta +y el traje me pareces uno de esos ratones de sacristía que engordan en +los conventos y no son ni hombre ni mujer. ¡Largo de aquí, antes que te +corte las orejas, belitre!</p> + +<p>—¿Decís que son estas vuestras tierras? preguntó vivamente Roger, +desoyendo amenazas é improperios.</p> + +<p>—¿Pues de quién han de ser, farsante, sino mías? ¿Por ventura no soy yo +Hugo de Clinton, descendiente de Godofredo y de todos los señores que ha +tenido Munster por más de trescientos años? ¿Pretendes disputármelo, +falderillo? Pero no, que tú eres de una raza tan perezosa para trabajar +como cobarde para habértelas con un hombre. ¡Huye ó te estrello!</p> + +<p>—¡Por piedad, no me abandonéis! exclamó temblando la llorosa doncella.</p> + +<p>—No lo temáis, le dijo Roger resueltamente. Y vos, Hugo de Clinton, no +debiérais olvidar, pues noble sois, que nobleza obliga. Deponed vuestro +furor y dejad partir en paz á esta dama, como os lo pide +encarecidamente, no un villano, sino un hombre tan bien nacido como vos.</p> + +<p>—¡Mientes! No hay en todo el condado quien pueda pretender nobleza cual +la mía.</p> + +<p>—Excepto yo, repuso Roger, que soy también descendiente directo de +Godofredo de Clinton y de todos los señores que ha tenido Munster en los +últimos tres siglos. Aquí está mi mano, continuó sonriendo; no dudo que +ahora me daréis la bienvenida. Somos las dos únicas ramas que quedan del +noble y antiguo tronco sajón.</p> + +<p>Pero Hugo rechazó con una blasfemia la mano que le tendía Roger y en su +rostro se dibujó una expresión de odio.</p> + +<p>—¿Es decir que eres el lobezno de Belmonte? Debí figurármelo y +reconocer en tí al novicio hipócrita que no se atreve á contestar á la +injuria con la injuria, sino con melosas palabras. Tu padre, á pesar de +sus faltas, tenía corazón de león y pocos hombres le hubieran mirado á +la cara<a name="page_084" id="page_084"></a> en sus momentos de cólera. ¡Pero tú! ¿Sabes lo que le costaste +á él y lo que me has arrebatado á mí? Mira aquellos pastos, y las +siembras de la colina, y el huerto inmediato á la iglesia. ¿Sabes que +todo eso y mucho más se lo arrebataron á tu padre moribundo los +insaciables frailes, á cambio de hacer de tí un santurrón inútil en su +convento? Por tí me robaron antes y ahora vienes tú en persona, +probablemente para pedirme con tus lloriqueos otro pedazo de mi hacienda +con que engordar á tus amigotes. Lo que voy á hacer es soltar los perros +para que te acuerdes toda la vida de tu primera y última visita á +Munster; y entre tanto, ¡abre paso!</p> + +<p>Diciendo esto empujó á Roger violentamente y asió otra vez el brazo de +su víctima. Pero toda idea de reconciliación había desaparecido de la +mente del doncel, que acudió rápido en auxilio de la joven y enarbolando +su grueso bastón gritó:</p> + +<p>—¡Á mí podréis decirme lo que queráis, pero hermano ó no, juro por la +salvación de mi alma que os mato como un perro si no respetáis á esta +dama! ¡Soltad, ú os parto el brazo!</p> + +<p>El movimiento amenazador del garrote y la mirada y la expresión de Roger +indicaban claramente que iba á hacerlo como lo decía. Era en aquel +momento el descendiente de los nobles Clinton, convertido en temible +paladín del honor de una dama. Su corazón latía con violencia y hubiera +combatido hasta la muerte, no con uno sino con diez enemigos. Hugo +comprendió inmediatamente con quién tenía que habérselas. Soltó el brazo +de la doncella y miró á uno y otro lado buscando un arma cualquiera, un +palo ó una piedra; y no hallándolos, se lanzó á la carrera en dirección +de la casa, á la vez que aplicaba un silbato á sus labios y lanzaba +prolongado y penetrante silbido.</p> + +<p>—¡Huid, por Dios! exclamó la joven. ¡Ponéos en salvo antes que vuelva!</p> + +<p>—¡No sin vos, por vida mía! dijo resueltamente Roger. Dejad que llame á +cuantos perros quiera.</p> + +<p>—¡Venid, venid conmigo, pues! ¡Os lo ruego! insistió ella tirándole del +brazo. Conozco á ese hombre y sé que os matará sin compasión....</p> + +<p>—¡Pues bien, huyamos! y asidos de la mano corrieron en dirección al +bosque.<a name="page_085" id="page_085"></a></p> + +<p>No bien había llegado la nueva pareja á los primeros árboles, vieron que +Hugo salía de la casa apresuradamente; llevaba en la mano una espada +desnuda que brillaba á los rayos del sol, pero no le seguían sus perros +y se detuvo un momento á la puerta para soltar al mastín que allí tenía +encadenado.</p> + +<p>—Por aquí, dijo la joven, que al parecer conocía perfectamente el +bosque. Por la maleza, hasta aquel fresno cuyas ramas se inclinan sobre +el agua. No os ocupéis de mí, que sé correr tan ligeramente como vos. Y +ahora, por el arroyo. Nos mojaremos los pies, pero hay que hacer perder +la pista al perro, que probablemente es de tan mala ralea como su amo.</p> + +<p>Diciendo esto, corría la hermosa doncella por el centro del arroyo, +llevando posado en el hombro su asustado halcón, apartando rápidamente +con las manos las ramas que le impedían el paso, saltando á veces de +piedra en piedra y ganando terreno con ligereza tanta que á Roger le +costaba trabajo seguirla. Admirábale aquella joven tan animosa, tan +bella, á quien había salvado y que á su vez procuraba salvarle á él. +Larga fué su carrera por el lecho del tortuoso arroyo, y cuando á Roger +empezaba á faltarle el aliento, su hermosa guía se arrojó palpitante +sobre la hierba, oprimiendo con ambas manos el agitado pecho. Roger se +detuvo. Á los pocos momentos recobró la fugitiva su buen humor habitual, +y sentándose, casi olvidada del peligro reciente, exclamó:</p> + +<p>—¡La Santa Virgen me proteja! Ved cómo me he puesto de agua y lodo. De +esta hecha me encierra mi madre por una semana en mi cámara, haciéndome +bordar mañana y tarde la famosa tapicería de los Siete Pares de Francia. +Ya me amenazó con ello el otro día, cuando me caí en el estanque del +parque. Y eso porque sabe que no puedo sufrir la tapicería y que mi +gusto es correr por los campos y el bosque á pie ó á caballo.</p> + +<p>Roger la contemplaba embelesado, admirando sus negros cabellos, el +perfecto óvalo de su rostro, los alegres y hermosos ojos y la franca +sonrisa que le dirigía y que demostraba su confianza en él. Por ella +recordó Roger el peligro que los amenazaba.</p> + +<p>—Haced un esfuerzo, dijo, y continuemos alejándonos.<a name="page_086" id="page_086"></a> Todavía puede +alcanzarnos y tiemblo, no por mí, sino por vos.</p> + +<p>—Ha pasado el peligro, contestó ella. No sólo estamos fuera de sus +tierras, sino que habiéndolo despistado tomando el arroyo, le es casi +imposible hallarnos en este inmenso bosque. Pero decidme; habiéndole +tenido á vuestra merced ¿por qué no lo matasteis?</p> + +<p>—¿Matar á mi hermano?</p> + +<p>—¿Y por qué no? dijo la resuelta doncella con expresión de cólera que +dió nuevo encanto á su lindo rostro. Él os hubiera dado muerte sin +vacilar. ¡Qué infame! De haber yo tenido en la mano el garrote ése, el +vil Hugo de Clinton se hubiera acordado de mí.</p> + +<p>—Demasiado siento lo que he hecho, dijo Roger sentándose junto á ella y +ocultando el rostro entre las manos. ¡Dios me asista! En aquel momento +perdí la serenidad, me olvidé de todo, y si tarda un momento más en +soltaros... ¡Á mi único hermano, al hombre en cuya casa pensaba vivir y +cuyo cariño ansiaba conquistarme! ¡Cuán débil he sido!</p> + +<p>—¿Débil? repuso ella. No creo que mi mismo padre os creyese tal, y eso +que es severo cual ninguno en juzgar el valor y la entereza de los +hombres. Pero ¿sabéis que no es nada lisonjero para mí el oiros lamentar +lo que habéis hecho? Pensándolo bien, reconozco que una mujer, una +extraña para vos, no debe separar á dos hermanos; y si queréis, volvamos +pie atrás y haced las paces con Hugo entregándole á vuestra prisionera. +Yo sabré deshacerme de él.</p> + +<p>—Muy miserable y cobarde sería el hombre que tal hiciese. Lamento, sí, +que vuestro agresor haya sido mi propio hermano, ¿pero entregaros? ¡Eso +nunca!</p> + +<p>—Bien está, dijo la doncella sonriéndose, y comprendo lo que os pasa. +La verdad es que os presentasteis tan repentinamente como lo hacen los +juglares en sus comedias; fuisteis el valiente campeón que salva á la +afligida dama en los momentos en que va á devorarla el horrible dragón. +Pero venid, dijo incorporándose, llamando al halcón y arreglando como +pudo sus mojadas ropas. Salgamos al claro y es muy probable que +encontremos á mi paje Rubín con <i>Trovador</i>, mi palafrén, á cuya caída +debo yo todos mis percances<a name="page_087" id="page_087"></a> de este día y el haberme visto en manos del +ogro de Munster. Pero hacedme la merced de darme el brazo; estoy más +cansada de lo que creía y casi tan asustada como mi pobre halconcillo. +Mirad cómo tiembla. Él también está indignado de ver á su ama tan +maltratada.</p> + +<p>Roger oía con delicia la charla de la joven y la sostenía con su brazo +todo lo posible, apartando las ramas y buscando en vano un sendero +practicable.</p> + +<p>—Callado estáis, señor campeón, le dijo al fin su alegre compañera. ¿No +queréis saber quién soy ni oir mi historia?</p> + +<p>—Si á vos os place contármela....</p> + +<p>—Oh, si tan poco os interesa, lo mejor será guardármela....</p> + +<p>—No, por favor, dijo él vivamente. Contad, que me desvivo por saber +algo de vos.</p> + +<p>—Pues bien, sabréis la historia, pero no el nombre. Algo he de otorgar +al hombre que ha hecho de su hermano un enemigo, por culpa mía. Después +de todo, Hugo dijo que venís derechamente del convento, de suerte que +será esto á manera de confesión, como si fuerais un reverendo de barba +blanca ¿eh? Sabed, pues, que vuestro pariente ha pretendido mi mano, no +tanto, á lo que imagino, por prendas que no tengo, sino por los caudales +que le aportaría su matrimonio con la hija única de... mi padre, porque +ya os he dicho que no sabréis quién soy. No es mi padre excesivamente +rico, pero sí hombre de alta alcurnia, valiente caballero, en verdad, +guerrero famoso, á quien las pretensiones de ese hombre grosero y +bellaco.... ¡Perdonad! Olvidé que lleváis el mismo nombre.</p> + +<p>—No importa; continuad, os lo suplico.</p> + +<p>—De un mismo manantial suelen proceder arroyos muy distintos; turbio +uno, claro y cristalino el otro, dijo ella prontamente. Abreviando, os +diré que ni mi padre ni yo podíamos tolerar tales pretensiones, y que +ese hombre violento y vengativo ha sido desde entonces nuestro enemigo. +Temeroso mi padre del daño que pudiera causarme, me tiene prohibido +cazar en toda la parte del bosque situada al norte del camino de +Munster; pero esta mañana mi valiente halcón dió caza á una garza enorme +y mi paje Rubín y yo olvidamos por completo el camino que seguíamos y la +distancia<a name="page_088" id="page_088"></a> recorrida, sin pensar más que en las peripecias de la caza. +<i>Trovador</i> tropezó, por desgracia, lanzándome con violencia al suelo, y +echando á perder mi falda, la segunda que llevo desgarrada y manchada +esta semana, para mayor indignación de mi madre y dolor de Águeda, mi +buena aya....</p> + +<p>—¿Y después? preguntó ansiosamente Roger.</p> + +<p>—Entre el tropezón, mi caída, el grito que dí y las voces de Rubín, se +asustó el caballo de tal manera que salió á escape, perseguido por el +paje. Antes de que pudiera levantarme ví á mi lado al desairado +pretendiente, quien me anunció que estaba en sus tierras y me ofreció +cortésmente acompañarme hasta su casa, donde podría esperar con +comodidad el regreso del paje. No me atreví á rehusar, pero muy pronto +conocí por sus miradas y palabras que había hecho mal; quise tomar por +el puente, me lo impidió descaradamente y después ¡Jesús me valga! no +puedo pensar en sus soeces insultos sin estremecerme. ¡Cuánto os debo! Y +cuando recuerdo que yo.... ¡Qué asco!</p> + +<p>—¿Qué es ello? preguntó Roger admirado.</p> + +<p>—Cuando recuerdo que mordí su mano, que posé mis labios sobre la carne +del malvado, me parece haber sufrido el contacto asqueroso de una +serpiente. Pero vos ¡cuán animoso y enérgico ante tan temible enemigo! +Si yo fuera hombre me enorgullecería de actos como ese.</p> + +<p>—Poca cosa cuando tan grande es el placer de serviros, contestó Roger, +vivamente complacido al oir aquel elogio de tales labios. ¿Y vos? ¿Qué +pensáis hacer ahora?</p> + +<p>—¿Véis á lo lejos, allá abajo, aquel enorme tronco, junto al rosal +silvestre? Pues ó mucho me engaño ó no tardará en llegar á él Rubín con +los caballos, por ser ese el lugar donde me detengo á descansar en casi +todas mis excursiones por estos rumbos. Después, á casa sin tardanza. Un +galope de dos leguas secará completamente pies y ropas.</p> + +<p>—Pero ¿qué hará vuestro padre?</p> + +<p>—No le diré una palabra de lo ocurrido. Si le conocierais sabríais que +no es posible desobedecerle sin atenerse á terribles consecuencias, y yo +le he desobedecido. Él me vengaría, es cierto, pero no es en él en quien +buscaré vengador. Día llegará, en justa ó torneo, en que un hidalgo +quiera llevar mis colores al palenque y yo le diré que hay<a name="page_089" id="page_089"></a> una afrenta +pendiente, que su competidor está elegido y que es Hugo de Clinton. +Ofensa lavada y un corazón villano de menos en el mundo.... ¿Qué os +parece mi plan?</p> + +<p>—Indigno de vos. ¿Cómo podéis hablar de venganza y muerte, vos, tan +joven y cándida, en cuyos labios sólo deberían oirse palabras de bondad +y perdón? ¡Mundo cruel, que á cada paso me hace recordar el retiro y la +paz de mi celda! Cuando así habláis me parecéis un ángel del Señor +aconsejando seguir al espíritu del mal.</p> + +<p>—Gracias mil por el favor, señor hidalgo, repuso ella soltando su brazo +y mirándole severamente. ¿Es decir que no solo sentís haberme encontrado +en vuestro camino sino que me llamáis en suma diablo predicador? Cuidado +que mi padre es violento cuando se irrita, pero ni aun él me ha dicho +jamás cosa semejante. Tomad ese camino de la izquierda, señor de +Clinton, que yo no soy buena compañía para vos. Y haciéndole una seca +cortesía se alejó rápidamente.</p> + +<p>Sorprendido quedó el doncel y lamentando su inexperiencia que por dos +veces le había hecho decir á la bella cosa muy distinta de lo que +ansiaba expresar. Miróla tristemente, esperando en vano que se detuviera +ó que con una mirada le anunciase su perdón; pero ella siguió bajando á +buen paso el pendiente sendero, hasta que sólo se divisó á trechos entre +las ramas su roja toquilla. Lanzando un profundo suspiro, tomó Roger la +senda que ella le indicara y anduvo buen espacio con el corazón +oprimido, repasando en la memoria todos los incidentes de aquel +inolvidable encuentro. De pronto oyó á su espalda ligero paso y +volviéndose vivamente se halló cara á cara con la hermosa, inclinada la +frente, fijos en el suelo los ojos y convertida en imagen del más +humilde arrepentimiento.</p> + +<p>—No volveré á ofenderos, ni siquiera á hablar, dijo la joven, pero +quisiera continuar en vuestra compañía hasta salir del bosque.</p> + +<p>—¡Vos no podéis ofenderme! exclamó Roger alborozado al verla. Lejos de +eso, yo soy quien debí refrenar la lengua. Pero tened en cuenta, para +perdonarme, que he pasado mi vida entre hombres y mal puedo saber cómo +hablar á una mujer de suerte que ni aun ligeramente lleguen á +disgustarla mis palabras.<a name="page_090" id="page_090"></a></p> + +<p>—Así me gusta. Y ahora, completad vuestra retractación; decid que tenía +yo razón al querer vengarme de mi ofensor.</p> + +<p>—¡Ah, eso no! contestó él gravemente.</p> + +<p>—¿Lo véis? exclamó triunfante y sonriendo la joven. ¿Quién es aquí el +corazón duro é inflexible, el predicador severo, el que se empeña en que +continuemos reñidos? Pues bien, cederé yo, porque lo que es vos habéis +de seguir haciendo méritos hasta obtener, como os lo deseo, la mitra de +obispo ó el capelo cardenalicio. Oidme; por vos perdono á vuestro +hermano y tomo sobre mí toda la culpa de lo ocurrido, ya que yo misma +fuí en busca del peligro. ¿Estáis contento?</p> + +<p>—¡Cuán dignas de vos son esas palabras! En ellas hallaréis sin duda más +placer que en vuestras primeras ideas de venganza.</p> + +<p>Movió ella la cabeza en señal de duda y al mirar á lo lejos lanzó una +ligera exclamación que revelaba más sorpresa que placer.</p> + +<p>—¡Ah! dijo. Allí está Rubín con los caballos.</p> + +<p>También los había visto el pajecillo, cuyos rubios y largos cabellos +rizados rodeaban el gracioso rostro. Cabalgaba alegremente, llevando de +la brida el blanco palafrén causa involuntaria de las aventuras de su +dueña.</p> + +<p>—¡Os he buscado en vano por todas partes, mi señora Doña Constanza! +gritó agitando en el aire la emplumada gorra. <i>Trovador</i> no se detuvo +hasta El Castañar, añadió echando pie á tierra y teniendo el estribo á +su ama; y aun así, trabajo me costó cogerlo. ¿Os ha sucedido algo +desagradable? Estaréis cansada ¿verdad?</p> + +<p>—Nada me ha sucedido, Rubín, gracias á la cortesía de este doncel, +dijo, mientras el paje miraba atentamente á Roger. Y ahora, señor de +Clinton, continuó, tomando la rienda y montando ligeramente, no quiero +separarme de vos sin deciros que os habéis conducido hoy como honrado +caballero y sin daros las gracias. Sois joven y no os creo rico; quizás +mi padre pueda serviros en vuestra carrera futura, cualquiera que sea. +Es respetado de todos y tiene amigos poderosos. ¿No me diréis cuáles son +vuestros proyectos, ahora que no podéis contar con vuestro hermano?</p> + +<p>—¿Proyectos? Ninguno; no puedo tenerlos. Sólo<a name="page_091" id="page_091"></a> dos amigos cuento fuera +de la abadía de Belmonte y de ellos me separé esta mañana. Quizás pueda +reunirme con ellos en Salisbury.</p> + +<p>—¿Y qué han ido á hacer allí?</p> + +<p>—Uno de ellos, bravo soldado, lleva importante mensaje al castillo de +Monteagudo para el barón León de Morel....</p> + +<p>Una alegre carcajada de la hermosa hizo enmudecer al sorprendido joven, +que momentos después se vió solo en medio del camino, contemplando la +nube de polvo que levantaban los caballos. Llegados á una pequeña +eminencia, detuvo la dama su corcel y le envió amistosa señal de +despedida. Allí permaneció Roger inmóvil hasta que perdió de vista á su +linda compañera. Después tomó lentamente el camino del pueblo, con ideas +y sentimientos muy distintos de los del inexperto mancebo, casi un niño, +que pocas horas antes había dejado aquel mismo camino por el atajo del +bosque.<a name="page_092" id="page_092"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_X" id="CAPITULO_X"></a>CAPÍTULO X<br /><br /> +<small>UN CAPITÁN COMO HAY POCOS</small></h3> + +<p>P<small>ENSANDO</small> iba Roger que ni podía regresar á Belmonte en el término de un +año, ni asomar por las inmediaciones de la casa paterna sin que su +atrabiliario hermano le echase los perros encima; y que por consiguiente +se hallaba en el mundo á la ventura, sin saber qué hacer y harto escaso +de recursos para continuar viajando y gastando, sin oficio ni beneficio. +Con los diez ducados de plata que el buen abad había depositado en su +escarcela podría vivir escasamente un mes, pero no doce. Su única +esperanza era reunirse cuanto antes á los dos camaradas por quienes +sentía el afecto que ellos también le habían mostrado. Apretó pues el +paso, y corrió á trechos, comiendo el pan que llevaba en el zurrón y +apagando la sed en los cristalinos arroyos que halló á su paso.</p> + +<p>Al cabo de una hora tuvo la fortuna de alcanzar á un leñador que con su +hacha al hombro llevaba la misma dirección que él, lo que le evitó +perder más tiempo y aun extraviarse en los numerosos senderos que +cruzaban el bosque. No fué muy animada la conversación entre ambos, pues +el leñador sólo platicaba sobre asuntos de su oficio, la calidad de +tales ó cuales maderas y las reyertas entre trabajadores de éste ó aquel +villorrio, al paso que Roger no podía apartar de su imaginación el +recuerdo de la encantadora desconocida. Tan distraído y preocupado iba +que su compañero acabó por callarse, hasta que torció á la izquierda por +el sendero de El Castañar, dejando á Roger en el ancho camino de +Salisbury.</p> + +<p>Algunos pordioseros, un correo del rey, varios leñadores<a name="page_093" id="page_093"></a> y otras +personas que encontró en su camino le indicaron la proximidad del +poblado. También vió pasar á un jinete corpulento, de luenga y negra +barba, que llevaba un rosario de gruesas cuentas en la mano y enorme +espadón pendiente del cinto. Por la forma y color del hábito y la +estrella de ocho puntas bordada en la manga reconoció en él á uno de los +caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, cuyo maestre residía +en Bristol. El joven viajero recibió descubierto y reverente la +bendición del hospitalario, lleno de admiración por aquella famosa +orden, sin saber que á la sazón había adquirido ya gran parte de las +cuantiosas riquezas de los templarios y que los un tiempo humildes y +desinteresados caballeros de San Juan preferían ya las comodidades de +sus palacios á las aventuras y peligros de la campaña contra los +infieles del Oriente.</p> + +<p>El sol se había ocultado tras negras nubes y á poco empezó á llover. Un +frondoso árbol cercano ofrecía el mejor refugio y bajo sus ramas se +cobijó Roger, aun antes de oir la cordial invitación de dos viajeros que +le habían precedido y que sentados al pie del árbol tenían delante media +docena de arenques salados, un pan moreno y una bota que después resultó +estar llena de leche fresca y no de vino. Eran dos jóvenes estudiantes +de los muchos que por aquella época se veían no sólo en las grandes +ciudades sino en los caminos y ventorrillos de casi toda Inglaterra. +Disputaban más que comían y saludaron alegremente al recienllegado.</p> + +<p>—¡Venid aquí, camarada! dijo uno de ellos, bajo y rechoncho. <i>Vultus +ingenui puer.</i> No os asuste la cara de mi compañero, que como dijo +Horacio, <i>fœnum habet in cornu</i>; pero es más inofensivo de lo que +parece.</p> + +<p>—No rebuznes tan fuerte, Colás, repuso el otro, que era enteco y alto. +Si á citar vamos á Horacio, recuerda aquello de <i>loquaces si sapiat</i>... +ó como diríamos en buen inglés, huye de los charlatanes como de la +peste. Y á fe mía, que de seguir todos el consejo habías de verte tú +solo en el mundo.</p> + +<p>—¡Buena lógica, buena! Como de costumbre, te enredas en tus propios +argumentos y te caes de bruces, dijo Colás con gran risa. Primera +premisa: los hombres deben huir de mi locuacidad. Segunda: tú estás aquí +comiendo arenques mano á mano conmigo. <i>Ergo</i>, tú no eres hombre.<a name="page_094" id="page_094"></a> Que +es lo que se quería demostrar, Florián amigo, y lo que yo me tenía muy +sabido; que eres un monigote y no un nombre.</p> + +<p>Roger y Florián se rieron de buena gana y el primero se sentó junto á +los polemistas.</p> + +<p>—Ahí va un arenque, compañero, dijo Florián; pero antes de participar +de nuestra espléndida hospitalidad, tenemos que imponeros ciertas +condiciones.</p> + +<p>—La que á mí más me interesa, repuso Roger jovialmente, es que con el +arenque venga también una rebanada de pan.</p> + +<p>—¿Lo ves, gandul? preguntó Colás al otro estudiante. ¿No te he dicho +cien veces que el ingenio y la gracia en el decir me rodean como un aura +sutil y que nadie se me acerca sin dar á poco muestras evidentes de la +agudeza que en mí rebosa? Tú mismo eras el mostrenco más zafio que he +conocido en toda mi vida, pero en la semana que llevas conmigo has hecho +ya dos ó tres juegos de palabras muy pasables y esta mañana un +comentario asaz agudo, que yo no tendría inconveniente en aceptar por +mío.</p> + +<p>—Como lo harás á la primera oportunidad, socarrón, para pavonearte con +plumas ajenas. Pero decidme, amigo, ¿sois estudiante? Y siéndolo ¿venís +de las aulas de Oxford ó de las de París?</p> + +<p>—Algo he estudiado, contestó Roger, pero no en esas grandes +universidades, sino con los monjes del Císter, en su convento de +Belmonte.</p> + +<p>—¡Bah! poco y malo probablemente. ¿Qué diablos de enseñanza pueden dar +allí?</p> + +<p>—<i>Non cui vis contingit adire Corinthum</i>, observó Roger.</p> + +<p>—¡Toma y vuelve por otra, hermano Florián! Pero dejémonos de +discusiones y á comer se ha dicho, que se <i>enfrían</i> los arenques y el +pan amenaza convertirse en guijarro y la leche en requesón.</p> + +<p>Lo cual no impidió que mientras Roger comía renovasen los otros sus +argucias y que á poco menudeasen argumentos y sofismas y lloviesen las +citas latinas y griegas, escolásticas y evangélicas, silogismos, +premisas, inferencias y deducciones. Sucedíanse las preguntas y +respuestas como los golpes de incansables espadas sobre fuertes +escudos.<a name="page_095" id="page_095"></a> Por fin, aplacóse un tanto Colás, mientras su compañero siguió +perorando, triunfante y engreído.</p> + +<p>—¡Ah, ladrón! gritó de pronto. ¡Te has comido mis arenques!</p> + +<p>—Y muy ricos que estaban, contestó Colás con sorna. Pero eso es parte +de mi argumentación, el esfuerzo final, la <i>peroratio</i>, que dicen los +oradores. Porque amigo Florián, siendo <i>cosas</i> las ideas, como lo acabas +de dejar muy bien sentado y probado, no tienes más que pensar ó idearte +un par de arenques rollizos y conjurar un frasco de leche de dos +azumbres, con lo cual quedará tu estómago tan satisfecho y tan campante.</p> + +<p>—¿Con que esas tenemos, eh? Buen argumento, bueno, pero hay que +contestarlo; y haciendo y diciendo atizó al rubicundo Colás una bofetada +que lo hizo caer de espaldas. Y ahora, continuó, levantándose, imagínate +que no te has llevado ese revés y verás cómo ni te duele, ni vuelves á +robar arenques.</p> + +<p>El estudiante santiguado agarró el garrote de Roger y en poco estuvo que +le rompiese un hueso á su compañero. Por fin consiguió Roger ponerlos en +paz, y habiendo cesado la lluvia se despidió de aquellos divertidos +polemistas. No tardó en divisar grupos de cabañas, campos cultivados y +una que otra granja; pero el sol se acercaba á su ocaso cuando el +viajero vió á distancia la elevada torre del priorato de Salisbury. +Alegróse de llegar al término de su viaje por aquel día, y mucho más +cuando al rodear las tapias de un huerto descubrió á Simón y Tristán, +sentados muy sosegadamente sobre un árbol caído.</p> + +<p>Ninguno de ellos notó su presencia porque dedicaban toda su atención á +la partida de dados que tenían empeñada. Acercóse Roger muy quedamente y +observó con sorpresa que Tristán tenía cruzado á la espalda el arco de +Simón y ceñida la espada de éste y que entre los dos, como si fuese la +puesta de la próxima jugada, se hallaba el casco del arquero.</p> + +<p>—¡Maldición! exclamó éste al mirar los dados. ¡Uno y tres! No he tenido +suerte peor desde que salí de Rennes, donde perdí hasta los borceguíes. +<i>À toi, camarade.</i></p> + +<p>—Cuatro y tres, dijo Tristán con voz de bajo profundo.<a name="page_096" id="page_096"></a> Venga el +capacete. Y ahora te lo apuesto contra tu coleto, arquero.</p> + +<p>—¡Apostado! Pero como siga la mala racha voy á llegar al castillo en +camisa. ¡Voto á sanes! Bonita facha para un embajador. ¡Hola! gritó +levantándose apresuradamente al ver á Roger y echándole los brazos al +cuello; mira quién nos ha caído de las nubes, recluta.</p> + +<p>No menos complacido que el arquero quedó Tristán, pero se limitó á abrir +la bocaza y entornar los ojos, que era su manera de sonreirse, +procurando con ambas manos ponerse el casco de Simón sobre la enorme +melena roja.</p> + +<p>—¿Vienes á quedarte con nosotros, <i>petit</i>? preguntó el veterano, dando +golpecitos en la espalda de Roger.</p> + +<p>—Por lo menos así lo deseo, respondió éste, conmovido ante la cariñosa +acogida de sus amigos.</p> + +<p>—¡Bravo, muchacho! Juntos iremos los tres á la guerra, y que el diablo +se lleve la veleta del convento de Belmonte. Pero ¿dónde te has metido, +que vienes de barro hasta las rodillas?</p> + +<p>—En un arroyo, dijo Roger; y tomando la palabra les refirió los +incidentes de su jornada, el ataque del bandolero, su encuentro con el +rey, la recepción que le hizo su hermano y el rescate de la hermosa +cazadora. Escuchábanle los otros atentamente, pero no había acabado su +relato, que hacía andando entre los dos amigos, cuando Simón volvió pie +atrás y se alejó dando resoplidos.</p> + +<p>—¿Qué os pasa, arquero? gritó Roger corriendo tras él y echándole mano +al coleto. ¿Á dónde váis?</p> + +<p>—Á Munster. ¡Suelta, muñeco!</p> + +<p>—Pero ¿qué váis á hacer allí?</p> + +<p>—Meterle seis pulgadas de hierro á tu hermanito en la barriga. ¡Cómo! +¡Insultar á una doncella inglesa y azuzar los perros contra su hermano! +Pues ¿para qué tengo yo esta espada? Digo, no, que la tiene el gandul +ese de Tristán y se la voy á quitar ahora mismo.</p> + +<p>—¡Á mí, Tristán! ¡Échale mano! gritó Roger riendo á carcajadas y +tirando de Simón. Ni ella ni yo sufrimos un rasguño. ¡Venid, amigo! y +entre los dos lograron por fin ponerlo de nuevo en dirección de +Salisbury. Sin embargo, anduvo buen trecho con la cara hosca, hasta que<a name="page_097" id="page_097"></a> +divisó una fresca labradora y le envió con un beso una sonrisa.</p> + +<p>—Pero vamos á ver, dijo Roger. ¿Cómo es que el soldado no lleva ahora +consigo las herramientas de su oficio? Y tú Tristán ¿qué haces con arco, +espada y casco en tiempo de paz?</p> + +<p>—Te diré. Es un juego que el amigo Simón se empeñó en enseñarme.</p> + +<p>—Y el bribón resultó maestro, gruñó el arquero. Me ha desplumado como +si hubiese caído en manos de los ballesteros del rey de Francia. Pero +¡por mis pecados! que me has de devolver esos trastos, amigo, si he de +cumplir la misión de Sir Claudio Latour, y te los pagaré como nuevos, á +precio de armero.</p> + +<p>—Aquí tienes todo lo que te he ganado y no hables de pagármelo, dijo +Tristán. Mi único deseo era llevar encima esos arreos por un rato, para +tomarles el peso, ya que en Francia y España he de llevarlos á diario +por algunos años.</p> + +<p>—<i>Ma foi</i>, has nacido para soldado y buen compañero, exclamó regocijado +Simón. Eso es hablar y portarse como se debe. ¡Bien, recluta! ¿Quién ha +visto jamás arquero sin arco? Descuida, que yo te procuraré uno tan +bueno como éste, allá en el ejército. Pero ¡mirad! Á la derecha del +priorato se destaca la torre parda y cuadrada del castillo en la +eminencia, y aun á esta distancia me parece distinguir en la bandera que +allí ondea el rojo corzo de las armas de Monteagudo.</p> + +<p>—Rojo en campo blanco, dijo Roger, pero no sé si es corzo, león ó +águila. ¿Qué es aquello que brilla sobre el muro? En la almena, debajo +de la bandera.</p> + +<p>—El casco de acero de un centinela, contestó Simón. Pero apretemos el +paso si hemos de llegar antes que la campana dé la señal de vísperas y +el clarín la de alzar el puente levadizo; porque el barón de Morel, á +fuer de buen soldado, es lo más exigente y riguroso en punto á +disciplina.</p> + +<p>Pronto se hallaron los tres camaradas en la extensa población construída +al pie de la antigua iglesia y del amenazador castillo. El barón de +Morel había cenado aquella tarde antes de ponerse el sol, según su +costumbre; visitó después las caballerizas, donde sus dos corceles de +batalla, <i>Darío</i> y <i>Armorel</i>, descansaban de sus pasadas campañas,<a name="page_098" id="page_098"></a> en +unión de otros buenos caballos y de los palafrenes de las damas, y por +último dispuso que los monteros sacasen á los perros y los dejasen +correr y retozar en libertad por media hora en las avenidas del +castillo. Unos treinta contenían las perreras y no fué mal concierto de +ladridos el que armaron al precipitarse en tropel perdigueros y +lebreles, mastines, galgos, sabuesos y podencos, de todos tamaños y +colores. Detrás de los monteros y pajes que con sus voces aumentaban la +algazara, veíase al noble señor de Morel, que contemplaba sonriente +aquel animado cuadro. Iba á su lado la buena baronesa y ambos siguieron +andando hasta el puente de piedra que separaba el pueblo del castillo.</p> + +<p>Era el famoso guerrero de corta estatura y pocas carnes, y ni su aspecto +ni sus maneras revelaban en él al esforzado campeón inglés cuyos altos +hechos andaban en lenguas de todos. Los años habían encorvado algo su +cuerpo, aunque no pasaban de cuarenta y ocho los que tenía; y en la +época en que le conocemos sufría todavía de la vista á consecuencia de +haberle vaciado encima una espuerta de cal viva los sitiados de +Bergerac, cuando el barón dirigía el asalto de aquella plaza al frente +de los veteranos de Derby. El constante ejercicio de las armas y las +penalidades de su pasada vida de soldado lo habían conservado vigoroso y +activo como siempre; era delgado de rostro, de color moreno y llevaba el +retorcido bigote y larga perilla que por entonces estaban en boga entre +los caballeros del ejército. El chambergo de fino fieltro con airosa +pluma blanca, algo inclinado sobre la oreja derecha, ocultaba en parte +la cicatriz de una larga herida que partía desde la sien; la mitad de +aquella oreja se la llevó una bala de bombarda allá en Tournay, en las +guerras de Flandes. Vestía rico traje de terciopelo negro y capa corta +del mismo color, y usaba calzado de retorcida punta, aunque no tan +desmesurada como fué uso llevarla en el siguiente reinado. Ceñíale el +cuerpo un cinturón bordado de oro, en cuya ancha hebilla estaban +grabadas las armas de los Morel, cinco rosas gules en campo de plata.</p> + +<p>Á su lado y apoyada en el parapeto del puente, la baronesa parecía el +tipo acabado de las altivas castellanas de la época. Más alta que su +esposo, tenía la mirada dominante y la robustez física que había hecho +posibles las heróicas<a name="page_099" id="page_099"></a> proezas de Agnes Dunbar, de las condesas de +Salisbury y de Monfort y de otras damas inglesas que habían demostrado +ser tan animosas como sus nobles maridos llegada la ocasión, y poco +menos expertas que ellos en el manejo de la espada ó del hacha de +combate. Pero muchas de aquellas heroínas inglesas y otras que +pudiéramos citar, como las de Monteagudo, Chandos y Belver, eran no sólo +valerosas sino bellas, calificativo este último que por ningún concepto +podía aplicarse á la baronesa de Morel.</p> + +<p>—Os repito, barón, que una doncella como nuestra hija no debería pasar +su vida cazando y corriendo por campos y bosques, decía la imponente +dama á su esposo. Si la dejamos que siga rodeada de caballos y perros, +pajes, monteros y soldados, cuidando halcones y aprendiendo, la muy +taimada, trovas francesas, que tal hacía cuando la sorprendí ayer en su +cuarto, ¿cómo ha de servir para esposa de un noble compañero y para +gobernar un castillo, cual lo he hecho yo en vuestras largas ausencias, +con un centenar de hombres de armas y sirvientes á sus órdenes, la mitad +de los cuales sólo entienden de holgar y beber cerveza? Y cuenta que las +trovas de que os hablo, que ella escondió bajo la almohada al verme +entrar, se las había prestado, según confesión suya, el mismísimo padre +Cristóbal, del Priorato. Es verdad que siempre me dice lo mismo.</p> + +<p>—Muy cierto es todo eso, mi buena amiga, respondió el magnate, pero +tened en cuenta que es muy joven, llena de vida y salud, traviesa y +alegre como una niña y que tiempo hay para todo.</p> + +<p>—Sus travesuras van siendo graves por demás y demandan de vos severa +corrección.</p> + +<p>—No querréis decir seguramente que llegue yo á levantarle la mano. +Jamás lo he hecho con ninguna mujer y no exceptuaré precisamente á la +que lleva mi sangre en sus venas. En vos confío para enmendarla, cuando +su conducta merezca enmienda; sobre todo en mi ausencia, querida mía, +pues si llevo largo tiempo de asueto en el castillo, sólo por vos ha +sido, y os confieso que sin vuestra presencia no podría tolerar una +semana esta vida tranquila y regalona. Soldado nací y soldado he de +morir.</p> + +<p>—Eso era lo que yo temía, exclamó angustiada la baronesa. ¿Creéis que +no he notado vuestro desasosiego de<a name="page_100" id="page_100"></a> estos últimos tiempos, y la revista +que habéis pasado á vuestras armas en compañía de Renato el escudero? +¡Nuestra Señora de Embrún me valga!</p> + +<p>—No os aflijáis. No se trata sólo de inclinación mía, sino de un deber, +de un llamamiento á nuestro honor. Bien sabéis que la renovación de la +guerra es cosa resuelta, que nuestras tropas se reconcentran en Burdeos +y ¡por San Jorge! sería cosa de ver que junto á los leones del +estandarte real figurasen las armas de toda la nobleza inglesa, excepto +las rosas de Morel.</p> + +<p>—No lo hubiera permitido yo misma diez ó quince años hace; pero ¿no +habéis servido al rey como el primero? ¿No habéis dado pruebas +brillantes de valor en diez campañas? Díganlo las heridas de vuestro +cuerpo y la fama de vuestro nombre. El mismo rey no espera de vos que +combatáis hasta morir y el más bravo soldado depone un día las armas y +regresa al hogar.</p> + +<p>—No está en mí el hacerlo, creedme. Cuando nuestro gracioso soberano se +apresura á vestir la armadura de combate á los setenta años y el señor +de Chandos le imita á los setenta y cinco, con tantas campañas y heridas +como cuento yo, mal puede quedar en reposo la lanza del barón León de +Morel. Mi propia fama me obliga, ya que tanto más notada sería mi +ausencia. No, Leonor, debo partir. Sin contar que nuestra hacienda no es +tan grande cual yo por vos y por nuestra hija la quisiera, y que sólo el +cargo de condestable que ejerzo aquí por merced de mi buen y poderoso +amigo el conde de Monteagudo, cuyo castillo habitamos, nos permite +sostener la posición correspondiente á nuestro rango. Y bien sabéis que +en la guerra es donde el noble y el bravo hallan hoy no sólo honores, +sino riquezas. La recompensa regia, el rico botín y los rescates enormes +de esta guerra nos pondrán para siempre al abrigo de todo temor, por lo +que á nuestros bienes de fortuna se refiere.</p> + +<p>—Rescates y botín soberbios habéis ganado con vuestro esfuerzo, pero +sois tan generoso como valiente y otros se han aprovechado de vuestra +hacienda.</p> + +<p>—Descuidad. No más esplendidez á costa de la tranquilidad y el +bienestar de los míos. Cobrad ánimos; la campaña no será larga y ansío +recibir noticias definitivas.<a name="page_101" id="page_101"></a></p> + +<p>—Mirad, barón, cerca de la última casa del pueblo, aquellos tres +hombres que toman el camino del castillo. Soldado es uno de ellos.</p> + +<p>Nuestros tres conocidos llegaban, en efecto, al término de su viaje, +cubiertos de polvo, pero sin señal de fatiga y platicando alegremente. +El barón se fijó desde luego en el joven de rubios cabellos é +inteligente rostro, que observaba atentamente el castillo y sus +alrededores. Iba á su derecha un gigante pobremente vestido, que por lo +estrechos y cortos que le venían sus arreos decían bien claro no haber +sido cortados para él. El caminante de la izquierda era un veterano +robusto y de atezado rostro, con espada al cinto y largo arco á la +espalda; el abollado capacete y los desteñidos colores del león de San +Jorge que llevaba cosido en el coleto no dejaban duda sobre la +procedencia del soldado, cuyo aspecto todo denotaba sus recientes +campañas. Llegados al puente, miró el arquero fijamente al noble +capitán, saludó á la baronesa con una inclinación respetuosa y dijo:</p> + +<p>—Perdonad, señor barón, pero á pesar de los años transcurridos os he +reconocido al momento, y eso que hasta hoy no os había visto vistiendo +terciopelo, sino yelmo y coselete. Junto á vos he tendido muchas veces +mi arco en Romorantín, La Roche, Maupertuis, Auray, Nogent y otros +lugares.</p> + +<p>—Y yo me felicito de verte, y darte la bienvenida al castillo de Morel. +Mi mayordomo os proporcionará en él buen lecho y buena mesa á tí y á tus +compañeros. Espera, arquero; sí, me parece recordar tu rostro, aunque ya +no puedo fiarme de mi vista como antes. Descansa un tanto y después te +llamaré para que me des noticias de lo que en Francia ocurre. Hasta aquí +han llegado rumores de que antes de terminar el año ondearán nuestras +banderas al sur de las grandes montañas de la frontera española.</p> + +<p>—Mucho se hablaba de ello en Burdeos á mi partida, repuso Simón, y á fe +que los armeros trabajaban sin descanso y que ví llegar buen número de +soldados. Pero permitid que os entregue esta misiva que para vos puso en +mis manos el bravo caballero gascón Sir Claudio Latour. Y á vos, señora, +os traigo de él este joyero, que le fué presentado en Narbona y que os +ofrece con sus respetos.</p> + +<p>El arquero se había repetido muchas veces durante su<a name="page_102" id="page_102"></a> viaje aquellas +palabras, que eran las mismas pronunciadas por su capitán; pero la +verdad es que la dama, aunque estimando el rico presente, no se fijó en +las frases del arquero porque estaba tan absorta como su esposo en la +lectura del pergamino, que aquél le hacía en voz baja. Roger y Tristán, +que se habían detenido á algunos pasos de distancia del arquero, vieron +que la baronesa palidecía y que su esposo se sonreía satisfecho.</p> + +<p>—Ya véis, señora mía, dijo, que no quieren dejar tranquilo al viejo +lebrel cuando se preparan á levantar la caza. ¿Qué me dices, arquero, de +esta Guardia Blanca de que aquí me hablan?</p> + +<p>—De lebreles hablasteis vos, señor barón, y os aseguro que no hay mejor +jauría que aquella Guardia en ambos reinos, cuando se trata de correr +caza mayor, sobre todo si los dirige un buen montero. Juntos hemos +estado en las guerras, señor, pero jamás he visto cuerpo de arqueros más +valientes ni más temibles. Todos os queremos tener por capitán en esta +próxima campaña; y lo que la Guardia Blanca quiere ¿quién lo impide?</p> + +<p>—¡Pues me gusta! exclamó el barón sin ocultar su contento. La verdad es +que si todos aquellos arqueros se os parecen, no hay jefe que no deba +sentirse orgulloso de mandarlos. ¿Cómo os llamáis?</p> + +<p>—Simón Aluardo, del condado de Austin.</p> + +<p>—¿Y el gigante ese?</p> + +<p>—Es Tristán de Horla, un montañés como hay pocos, á quien acabo de +alistar en la Guardia Blanca.</p> + +<p>—Hará un soldado excelente. ¿Buenos puños, eh? Robusto y forzudo +pareces, arquero, pero estoy seguro de que ese buen mozo lo es más +todavía. Á ver, Tristán, si avergüenzas á todos mis ballesteros, ninguno +de los cuales pudo ayer hacer rodar aquella piedra y arrojarla al +torrente. Aunque me temo que ni tus brazos de hércules puedan con ella.</p> + +<p>Tristán se dirigió al peñasco sonriéndose. Era de enorme peso y hundido +en parte en la tierra; pero el coloso lo arrancó de su húmedo lecho á la +primera sacudida, y no contentándose con hacerlo rodar lo levantó del +suelo y lo lanzó al agua. La noble pareja manifestó su admiración ante +aquel prodigio de fuerza, mientras Tristán se limpiaba<a name="page_103" id="page_103"></a> el barro de las +manos, sin dejar de sonreirse bonachonamente.</p> + +<p>—Esos brazos suyos me han rodeado una vez las costillas, dijo Simón, y +todavía me parece oirlas crujir. Este otro compañero mío, continuó al +notar que el barón miraba á Roger, ha sido hasta ahora amanuense en la +abadía de Belmonte, donde deja el mejor recuerdo, como lo atestiguan las +letras del abad que consigo lleva. Y es también doncel de mucha ciencia, +aunque de pocos años. Su nombre, Roger de Clinton y es hermano del +arrendatario de Munster.</p> + +<p>—Mala recomendación esta última, dijo el señor de Morel frunciendo el +ceño; y si á tu hermano te pareces por los hechos....</p> + +<p>—Lejos de eso, señor, dijo vivamente el arquero. Puedo aseguraros lo +contrario, y á fe que hoy mismo lo amenazó de muerte su hermano y le +soltó los perros.</p> + +<p>—¿Perteneces también á la Guardia Blanca? Á juzgar por tu rostro, edad +y porte, no has tenido mucha práctica militar.</p> + +<p>—Quisiera ir á Francia con estos dos amigos, señor, dijo Roger. Pero no +sé que sirva para soldado, porque he sido siempre hombre de paz; +estudiante desde que salí de la niñez y también lector, exorcista, +acólito y amanuense en la abadía.</p> + +<p>—Eso no quita, observó el barón, y nunca está de más que cada compañía +tenga su amanuense, alguien que entienda más de leer un pergamino y de +redactar un informe que de andar á flechazos con el enemigo. Todavía +recuerdo yo á un secretario que tuve en la campaña de Calais, llamado +Sandal, que era también trovador y juglar de mérito. Habíais de oir las +rimas que compuso describiendo combates, asaltos y salidas, y cuantos +incidentes ocurrieron en el largo asedio de aquella plaza. Pero bastante +hemos hablado y hora es de regresar al castillo. Reposad, comed y bebed +con mis hombres de armas, que son gente de buena y alegre compañía. +Venid, señora, si gustáis.</p> + +<p>—Sí, que el aire ha refrescado mucho, dijo la dama, tomando el brazo +del barón.</p> + +<p>Dirigióse la noble pareja hacia el castillo, seguida de Simón, que se +alegraba de haber desempeñado su misión y visto á su querido capitán de +otros tiempos, y de Roger,<a name="page_104" id="page_104"></a> admirado de hallar en el afamado guerrero á +un hombre modesto y afable, sin sombra de la insufrible altivez de +muchos nobles. Sólo Tristán parecía descontento y lo manifestaba con +sordos gruñidos.</p> + +<p>—¿Qué le pasa al mastuerzo éste? dijo Simón en voz baja, deteniéndose y +mirando á Tristán.</p> + +<p>—Me pasa que me has engañado, que me prometiste hacerme servir á las +órdenes de uno de los más grandes capitanes del reino y en su lugar +buscas para capitán de la Guardia Blanca á ese alfeñique vestido de +terciopelo, con sus ojillos llorosos y que por lo flaco y desmedrado +parece no haber comido en tres días....</p> + +<p>—¡Hola, con que ahí es donde te duele! Pues mira, Sansón, procura que +no te oiga él, el chiquitín ese de los ojillos llorosos, porque sólo +entonces conocerías tú la fuerza de sus puños. Por lo demás, tres meses +de plazo te doy para cambiar de opinión. Al capitán Morel sólo le +conocen los que lo han visto hilar por lo fino en la guerra. Ya verás, +ya verás.</p> + +<p>En aquel momento se oyó gran gritería en las calles del pueblo; hombres, +mujeres y niños corrían de uno á otro lado de la calle central dando +voces y se refugiaban en las casas. Al otro lado del puente y corriendo +cuanto podía en dirección al castillo, apareció un hombre, que al ver á +la baronesa se llegó á ella y gritó, sudoroso y jadeante:</p> + +<p>—¡Huid, señora, huid! ¡Salvadla! ¡El oso, el oso!</p> + +<p>En efecto, corriendo hacia ellos venía un oso negro enorme, de terrible +aspecto, entreabierta la boca y con un trozo de cadena atado al cuello. +En dos saltos se puso Tristán al lado de la baronesa, á quien levantó en +sus brazos como si fuera una pluma, y con ella corrió rápidamente fuera +del camino, hasta llegar á unos árboles vecinos. Roger solo acertó á dar +algunos pasos en igual dirección y se quedó mirando atónito al furioso +animal; entre tanto soltaba Simón una retahila de tacos franceses é +ingleses y preparaba su arco. Entonces, con sorpresa de todos, vieron +que el barón de Morel no sólo no había huido sino que se dirigía en +derechura al oso con tranquilo paso, llevando en la mano el rojo pañuelo +de seda que en ella tenía cuando hablaba con Simón y sus amigos. El oso +llegó hasta él, dió un sordo<a name="page_105" id="page_105"></a> gruñido, y alzándose sobre las patas +traseras, levantó la poderosa zarpa.</p> + +<p>—¡Hola, feo! ¿Con que estamos de mal humor? dijo tranquilamente el +barón, cruzando por dos veces con su pañuelo de seda el hocico del oso.</p> + +<p>El animal, sorprendido, le miró un momento, cayó sobre las cuatro patas +y gruñó de nuevo, mirando á derecha é izquierda como sin saber qué +resolución tomar, mientras el barón, á dos pasos, lo contemplaba con +curiosidad, guiñando sus irritados ojillos. En aquel momento llegaron +cuatro gañanes con gruesas cuerdas y en pocos instantes tuvieron +asegurado al fugitivo. El dueño del oso llegó también, temeroso del +castigo que pudiera aguardarle y descubriéndose explicó al barón que +había dejado á la fiera bien encadenada á la puerta de una taberna +mientras él tomaba un vaso de cerveza, y que habiendo llegado de súbito +los perros del castillo, atacaron al oso, enfureciéndolo y haciéndole +romper la cadena. Lejos de castigarlo ó reprenderlo el barón le dió +algunas monedas de plata, con escándalo de la baronesa, á la que todavía +no se le había pasado el susto.</p> + +<p>—Te pido perdón, camarada, dijo Tristán al arquero, á tiempo que +entraban por las puertas del castillo. El señor de Morel es todo un +hombre. ¡Digo, qué calma y qué nervio! Por mi parte, no quiero más jefe +que él.<a name="page_106" id="page_106"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XI" id="CAPITULO_XI"></a>CAPÍTULO XI<br /><br /> +<small>DEL CONVENTO Á ESCUDERO Y DE DISCÍPULO Á MAESTRO</small></h3> + +<p>S<small>OBRE</small> el macizo arco que daba entrada á la fortaleza se veía el escudo +de los Monteagudo, un corzo gules en campo de plata, y junto á él las +armas del veterano condestable, las rosas de Morel. Al pasar el puente +levadizo le pareció á Roger que en una de las saeteras brillaba la +armadura de un soldado; y apenas estuvieron todos en el pórtico, sonó un +clarín y el pesado puente se elevó tras ellos como impulsado por manos +invisibles, con gran ruido de cadenas. El barón acompañó á su esposa á +la sala del castillo y un obeso mayordomo se encargó de los tres +recienllegados, á quienes trató á cuerpo de rey. Satisfechos ampliamente +sus estómagos y refrescados con un baño en la cercana acequia, siguieron +Tristán y Roger al arquero, que examinaba atentamente la fortaleza con +la práctica de quien tantas había visto en su vida. Á sus dos +compañeros, que por primera vez se hallaban en un castillo, les parecían +aquellos gruesos muros del todo inexpugnables, y veían con asombro el +número de centinelas apostados en puertas, murallas y almenas, sin +contar los soldados del cuerpo de guardia situado cerca del puente +levadizo, que limpiaban sus armas, cantaban ó hablaban con sus mujeres é +hijos en el ancho pórtico.</p> + +<p>—Me parece que un puñado de rústicos podría defender esta fortaleza +contra diez compañías del rey, dijo Tristán.</p> + +<p>—Lo mismo digo, asintió Roger.</p> + +<p>—Pues bien os equivocáis, <i>mes garçons</i>, exclamó el arquero. Mucho más +formidables que ésta las he visto yo rendidas en una sola noche. ¡Por el +filo de mi espada! Pues ¿y el castillo de Monleón, en Picardía, que +parecía un cerro y que batimos, tomamos y saqueamos los soldados<a name="page_107" id="page_107"></a> de Sir +Roberto Nolles, antes de que existiera la Guardia Blanca? De allí saqué +yo unos arreos de caballo, de plata maciza, que me valieron cien +ducados.</p> + +<p>—¿Sois vos el arquero Aluardo? le preguntó en aquel momento un +ballestero que acababa de cruzar el patio del castillo.</p> + +<p>—Simón Aluardo, para serviros.</p> + +<p>—Pues mírame bien, camarada, y no tendré necesidad de nombrarme.</p> + +<p>—¡Mala bombarda me parta si no es esa la cáfila de Reno el arquero! +<i>Embrasse-moi</i>, camarada; y ambos amigos se estrecharon como dos osos.</p> + +<p>—Sí, el arquero Reno, ahora ballestero al servicio del barón, y casi +olvidado ya de disparar ballesta ó arco. Pero ven acá, viejo lobo; en la +sala de armas se habla de recorrer una vez más la buena tierra de +Francia y aun se dice que el barón en persona....</p> + +<p>—Las buenas noticias se saben pronto, á lo que veo, dijo Simón dando +una carcajada y guiñando el ojo á Tristán.</p> + +<p>—¡Bravo! gritó Reno. Desde ahora ofrezco un cirio de dos libras á mi +santo patrón. ¡Si supieras tú lo que es pudrirse aquí la sangre, entre +cuatro paredes, para un soldado como yo! Vengan en buenhora aquellos +tiempos en que teníamos franceses que matar y saetazos que dar y +recibir, sin hablar de lo que siempre se gana y se divide con los +amigos.</p> + +<p>—Qué me place verte tan bien dispuesto, repuso Simón. Pero oye, amigo +¿tan vacía está tu bolsa? Porque en tal caso, mientras entramos en el +primer campo, castillo ó villa de Francia, aquí llevo yo mi vieja +escarcela de cuero al cinto y no tienes más que meter en ella la mano. +Ya sabes que entre hermanos de armas no hay tuyo ni mío.</p> + +<p>—No, amigo; aquí ni dinero se necesita. No es como en Francia, donde +andábamos siempre á puñadas con los hombres y con la rodilla en tierra y +la mano abierta ante las mujeres. ¡Qué tiempos aquellos! Con tal que +vuelvan pronto.... Y además, se trata de saldar una cuentecilla +pendiente. Tú no lo sabes, pero mientras nosotros batíamos el cobre en +Rennes, las galeras francesas hicieron un desembarco en Chelsea y +quemaron y mataron hasta cansarse<a name="page_108" id="page_108"></a> y cuando volví á mi pueblo me +encontré con que entre las víctimas de sus alabardas se contaban mi +madre, mi hermana y sus dos hijos, dos chiquitines que apenas sabían +hablar. ¡Rayos de Dios! Cuando te digo que ardo en deseos de verme otra +vez frente á frente de aquella canalla....</p> + +<p>—Pues descuida, Reno, que si bien parece que esta vez nos esperan en +España más que en Francia, andan las cosas tan revueltas que siempre +habrá trabajo en todas partes y para todos los gustos. Desde luego +hallaremos por Castilla el famoso Duguesclín, que con las mejores lanzas +francesas anda al servicio de un príncipe español, Don Enrique de +Trastamara, empeñado en ponerlo en el trono, al paso que el monarca +legítimo Don Pedro, hermano del pretendiente, se ha dirigido á nuestro +rey Eduardo en demanda de auxilio y creo que el mismísimo Príncipe Negro +nos llevará al combate. Ya ves, pues, que habrá ocasión de poner una +flecha tan pronto en un castellano como en un francés. Pero entre tanto, +amigo Reno, creo que también tú y yo tenemos nuestra cuenta pendiente +y....</p> + +<p>—¡Pesia mí, que lo había olvidado con la alegría de verte, camarada! +dijo Reno. Muy cierto es ello, y también que apenas nos habíamos puesto +en guardia nos separaron el maldito preboste y sus hombres de armas.</p> + +<p>—Á quienes la peste se lleve por entremetidos. Pero como quedamos en +aclarar el punto en nuestra próxima entrevista, y veo que llevas puesta +la espada, en guardia, Reno amigo y á quien Dios se la dé....</p> + +<p>—Palabra empeñada y cuestión de honra son cosa sagrada, dijo Reno +desenvainando el acero. La luz de la luna basta para vernos el bulto y +estos dos mozos servirán de testigos. Cuestión de honra, compañeros.</p> + +<p>—¿Qué decís? exclamó Roger. ¿Qué cuestión de honra puede inducir á dos +amigos como vosotros á matarse á sangre fría? ¡Tened! Pero ¿no sabéis +que eso es un pecado mortal, que el odio os ciega? ¡Por favor, Simón!</p> + +<p>—No hay odio ni cosa que se le parezca, frailecico mío, repuso +jovialmente Simón, mientras el otro veterano miraba sorprendido al +doncel. No hay sino una cuestioncilla no terminada á gusto nuestro. ¡Ojo +á mi espada, Reno!</p> + +<p>—Guárdate de la mía, Simón hermano, que hace meses<a name="page_109" id="page_109"></a> no he tenido +ocasión de esgrimirla una sola vez y necesito esta escaramuza para +ejercitar la muñeca. ¡Á ello!</p> + +<p>—¿Pero qué espíritu sanguinario os anima? ¡No lo consentiré y antes +tendréis que matarme! gritó Roger poniéndose delante del arquero.</p> + +<p>—Tampoco lo consentiré yo, exclamó el no menos sorprendido Tristán, +enarbolando un pesado tablón que vió apoyado contra el muro. ¡Ea, basta +de broma! Al primero que mueva el chafarote lo aplasto como un sapo. +¡Pues no faltaba más!</p> + +<p>—¿Qué mala mosca ha picado á este par de gansos? preguntó Reno. +Cuidado, gigantón, no empiece yo por darte una sangría y te caiga encima +la tabla esa....</p> + +<p>—Decidme, Simón, interrumpió vivamente Roger, la causa de vuestra +querella, para ver si ello admite honroso arreglo, antes de que os +degolléis como enemigos implacables.</p> + +<p>El arquero miró pensativamente al suelo y después á la luna.</p> + +<p>—¿La causa, muchacho? ¿Y cómo quieres tú que yo me acuerde de tal cosa, +cuando nuestra disputa ocurrió allá en Limoges hace más de dos años? +Pero ahí está Reno, que te lo dirá en un santiamén.</p> + +<p>—No tal, dijo Reno bajando la espada. Desde entonces he tenido otras +muchas cosas en que pensar y aunque me rompa la crisma no lo recordaré +nunca. Creo que estábamos jugando á los dados. No, creo que fué cuestión +de faldas. ¿Eh, Simón?</p> + +<p>—Dados ó mujeres, creo que le andas cerca. Á ver, en Limoges conocíamos +á... ¡Calla! ¿pues no te acuerdas de aquella Rosa tan frescachona, que +servía en el mesón de Los Tres Cuervos? <i>¡Aux Trois Corbeaux!</i> Apuesto á +que ya no sabes una palabra de francés, animal. ¡Qué chica aquella! Yo +me enamoré como un bendito.</p> + +<p>—Y yo, y otros muchos también, dijo Reno. No estoy seguro de que fuese +ella el objeto de nuestra reyerta, pero sé muy bien que el mismo día que +íbamos á batirnos desapareció de la venta en compañía de Ivón, el +arquero aquel de Gales ¿te acuerdas? Un licenciado del ejército me dijo +después que habían abierto una taberna, en no sé qué ciudad del Garona y +que Rosa sigue haciendo de las suyas y<a name="page_110" id="page_110"></a> él bebe tanto vino y cerveza +como diez de sus parroquianos.</p> + +<p>—¿Sí? Pues aquí acaba nuestra querella, dijo Simón envainando la +espada. No se dirá que por una chiquilla capaz de preferir á un desertor +y sobre todo á un hijo de Gales, se han dado de cuchilladas dos mozos +como nosotros.</p> + +<p>—Más vale así, repuso Reno envainando á su vez, porque el barón nos +hubiera oído ó hubiera sabido el duelo y tiene pregonado que á los +duelistas de la guarnición les hará cortar la mano derecha. Y ya sabes +que cuando él dice una cosa....</p> + +<p>—Como si lo dijera la Biblia, ya lo sé. Ea, una visita al mayordomo, +que me parece buen hombre, á ver si nos da alguna cerveza con que +brindar por el barón.</p> + +<p>Dirigiéronse los cuatro hacia las cocinas del castillo, pero al salir +del patio vieron á un gentil pajecillo que se dirigió á Roger +diciéndole:</p> + +<p>—El señor de Morel os espera arriba, en la saleta contigua á su cámara.</p> + +<p>—¿Y mis compañeros?</p> + +<p>—Á vos solo.</p> + +<p>Siguió Roger al paje, que le condujo por una ancha escalera al corredor +del primer piso y á una cámara cuyas paredes cubrían tapices y +panoplias, donde le dejó solo. Descubrióse el doncel y no viendo á nadie +comenzó á examinar las armas y los antiguos y macizos muebles de roble +tallado. Había desaparecido la primitiva sencillez de las habitaciones +en los castillos, debido en parte al deseo de proporcionar mayores +comodidades á las damas y sobre todo al ejemplo de los cruzados, que +habían traído de Oriente el lujo y las riquezas incompatibles con la +vida incómoda y mezquina de las fortalezas feudales. Influencia no menos +poderosa había sido después la de las grandes guerras con Francia, +nación que en el siglo XIV adelantaba en mucho á Inglaterra en las artes +de la paz y cuyos progresos y refinamientos dejaron huella marcadísima +en las costumbres inglesas de aquella época.</p> + +<p>Absorto estaba Roger en la contemplación de los objetos de arte que +enriquecían la estancia, cuando oyó la risa mal reprimida de una mujer. +Miró á todos lados sin ver persona alguna, repitióse la risa y por fin +distinguió detrás<a name="page_111" id="page_111"></a> de la mampara que á su izquierda tenía una blanca +mano que sustentaba un espejo con marco y mango de plata, puesto de +manera que reflejaba todos sus movimientos. Permaneció el joven por +algunos momentos inmóvil, sin saber qué hacer y luégo vió que +desaparecían mano y espejo y que se adelantaba hacia él una hermosísima +joven, con traje tan elegante como rico. En su rostro sonriente +reconoció Roger el de la doncella á quien aquella mañana librara él de +las asechanzas de su hermano, y su sorpresa creció de punto.</p> + +<p>—Veo que os admira hallarme aquí, dijo alegremente la encantadora dama. +Trovador quisiera ser para cantar cual se merece nuestra aventura de +ayer; el perverso Hugo, la cuitada doncella y el paladín esforzado que +la rescata de las garras del tirano. Mis trovas os harían célebre y +pasaríais á la posteridad cual otro Percival ó Amadís famoso y gran +desfacedor de entuertos.</p> + +<p>—Insignificante fué lo que yo hice para merecer tanto elogio, pudo +decir por fin Roger. Mas no sabéis, señora, cuánta es mi alegría al +volver á veros y saber que llegasteis sana y salva á vuestra morada, +suponiendo que lo sea este castillo.</p> + +<p>—Lo es, y el barón León de Morel es mi padre. Pude revelároslo al +despedirnos, pero como me dijisteis que era este el término de vuestro +viaje, preferí callarme y daros una sorpresa, antes de que volváis á +encerraros entre las cuatro paredes de vuestra celda. Pero ante todo, os +he hecho llamar para haceros un encargo, mejor dicho, para pediros un +servicio.</p> + +<p>—¿Qué deseáis?</p> + +<p>—¡Cuan poco galante sois! Pero en fin, no me extraña. Un caballero más +acostumbrado al trato de las damas se hubiera puesto desde luego á mis +órdenes, pero vos me preguntáis qué os quiero. Pues bien, necesito que +corroboréis con vuestro testimonio mis palabras. Voy á decir á mi padre +que os encontré en la parte del bosque situada al sur del camino de +Munster. De lo contrario, si averigua que le desobedecí y puse la planta +en las tierras de Clinton, no escapo sin una encerrona atroz y lo menos +una semana de rueca y tapicería.</p> + +<p>—Si el barón me interroga no le contestaré.<a name="page_112" id="page_112"></a></p> + +<p>—¡Cómo! Pero es que tendréis que contestarle. Y asegurarle lo que os he +dicho, ó lo pasaré muy mal.</p> + +<p>—¿Pero cómo he de poder decirle lo que no es cierto? ¿Seríais capaz de +hacerlo vos, sabiendo que estabais leguas al norte del camino?...</p> + +<p>—¡Oh, me aburrís con vuestros sermones! ¿Os negáis? Pues yo sé lo que +debo hacer.</p> + +<p>—No os ofendáis, por favor. Pensad en lo que me pedís.... Pero aquí +está vuestro noble padre.</p> + +<p>—Estadme atento y veréis si soy ó no buena discípula vuestra. Padre +mío, continuó dirigiéndose al barón, que acababa de entrar; estoy +altamente obligada á este caballero, á quien encontré esta mañana en el +bosque de Munster y que me prestó un valioso servicio. Ocurrió el hecho +á dos leguas justas al norte del camino de Munster y por consiguiente en +una propiedad donde vos me habíais prohibido poner los pies.</p> + +<p>—¡Ah, Constanza! repuso el señor de Morel, que daba el brazo á una +anciana dama; me cuesta más hacerme obedecer de tí que de aquellos +doscientos arqueros de la piel del diablo á quienes capitaneaba yo en el +sitio de Guiena. Pero silencio, niña, que tu madre estará aquí dentro de +un momento y no hay necesidad de que se entere. Por esta vez no +llamaremos al preboste y sus guardas ¿eh? Pero retírate á tu cámara y no +vuelvas á las andadas. Sentáos aquí, junto al fuego, madre mía, dijo á +la anciana cuando se hubo retirado su hija. Acercáos, Roger de Clinton; +deseo hablaros, y en presencia de mi madre, sin cuyo buen consejo no +gusto de resolver siempre que puedo consultarla.</p> + +<p>Roger, sorprendido, se inclinó.</p> + +<p>—Yo misma indiqué al barón que os hiciera llamar, dijo la noble dama, +porque tengo de vos los mejores informes y creo que merecéis entera +confianza. Conozco algo vuestra historia; habéis vivido en el claustro y +es bien que veáis ahora algo del mundo antes de elegir entre uno y otro. +Precisamente, mi hijo necesita junto á sí una persona como vos, que vele +por él, que lo atienda. Entre vuestros compañeros, si aceptáis, veréis +jóvenes de la mejor nobleza del reino.</p> + +<p>—¿Sois jinete? preguntó el barón.<a name="page_113" id="page_113"></a></p> + +<p>—He cabalgado mucho en las posesiones de Belmonte.</p> + +<p>—Sin embargo, tendremos en cuenta la diferencia entre la pacífica mula +de los frailes y el caballo de batalla. ¿Sois músico?</p> + +<p>—Sé cantar y toco la cítara, la flauta, el rabel....</p> + +<p>—¡Bravo! ¿Y en heráldica? ¿Leéis blasón?</p> + +<p>—¡Oh sí, perfectamente! Lo aprendí, como todo lo demás, en el convento.</p> + +<p>—Pues en tal caso, interpretad aquellas armas; y el señor de Morel +señaló uno de los escudos que ocupaban el testero de la habitación.</p> + +<p>—Plata; cuatro cuarteles, azul y gules; triple león rampante; la rosa +heráldica, unida al blasón de la torre, plata sobre gules; brazo armado, +con espada doble; grifo, medio vuelo y casco de cimera.</p> + +<p>—Olvidásteis que uno de los tres leones, el de mis deudos los Lutrel, +va también armado y los otros no. Pero bien está para un novicio. Sé que +además leéis y escribís bien, cosa muy útil en ocasiones, cuando de un +mensaje secreto depende la vida de muchos, la suerte de una plaza y +quizás el éxito de la guerra. ¿Creéis poder servir de escudero á un +noble en la campaña que vamos á emprender?</p> + +<p>—Tengo buena voluntad y aprenderé lo que no sepa, contestó Roger, á +quien llenaba de gozo la perspectiva de obtener aquel puesto cerca del +barón.</p> + +<p>—Pues vos seréis el escudero de mi hijo, agregó la anciana. Cuidaréis +de sus efectos, de sus armas, de cuanto le haga falta y pueda contribuir +á su mayor comodidad, aunque nunca fué mucha la de los campamentos. Y +vos cuidaréis también de su escarcela, porque mi querido barón es tan +generoso que probablemente la vaciaría en manos del primer desdichado +que le diera lástima. No sería la primera vez. Muchos detalles del +servicio escuderil os son desconocidos, naturalmente, pero como decís +vos mismo, no tardaréis en aprenderlos y creo que seréis el mejor +escudero de cuantos hasta ahora ha tenido mi hijo.</p> + +<p>—Señora, dijo el doncel muy conmovido, aprecio la alta honra que vos y +el señor barón me hacéis, confiándome cargo tan cercano á la persona de +uno de los más famosos caballeros del reino. Al aceptar tan gran merced, +tanto más bienvenida para mí por las circunstancias y el aislamiento<a name="page_114" id="page_114"></a> en +que me hallo, sólo temo que mi inexperiencia me haga indigno de vuestro +favor.</p> + +<p>—No sólo instruido, sino modesto; cualidades bien raras por cierto en +pajes y escuderos, continuó la bondadosa dama. Descansad esta noche y +mañana os verá mi hijo. Conocimos y estimamos á vuestro padre y nos +place hacer algo por su hijo, si bien no podemos conceder nuestra +estimación á vuestro hermano, uno de los espíritus más turbulentos de la +comarca.</p> + +<p>—Nos será imposible partir en todo el mes, dijo el barón, pues hay +mucho que preparar y tiempo tendréis de familiarizaros con vuestros +deberes. Rubín, el paje de mi hija, está loco por seguirme, pero es aun +más joven que vos, casi un niño, y vacilo en exponerlo á las penalidades +de esta guerra en lejanos países.</p> + +<p>—Puesto que no partiréis en algunas semanas, observó la anciana, se me +ocurre que este joven puede prestarnos un buen servicio durante su +permanencia en el castillo. ¿Entiendo que en la abadía habéis aprendido +mucho?</p> + +<p>—He estudiado mucho, señora, pero aprendido sólo una pequeña parte de +lo que saben mis buenos maestros.</p> + +<p>—Lo que sabéis basta á mi propósito. Quisiera que desde mañana +dedicáseis un par de horas diarias á instruir en lo posible á mi nieta +Constanza, que bien lo necesita y no gusta de estudios. No parece sino +que aprendió á leer para devorar novelas sentimentales é inútiles ó +trovas insulsas. El padre Cristóbal viene del priorato á enseñarle lo +que puede, pero no sólo es muy anciano sino que su discípula lo domina y +poco provecho saca de sus conferencias con el buen padre. Con ella y con +Luisa y Dorotea de Pierpont, doncellas de buena familia que con nosotros +residen, formaréis una pequeña clase. Hasta mañana.</p> + +<p>Así se vió Roger convertido no sólo en escudero del barón León de Morel, +futuro capitán de la Guardia Blanca, sino en maestro de tres nobles +doncellas, cargo este último en que jamás soñara. Pensando en ello y +gozoso del cambio ocurrido en su suerte, resolvió no omitir por su parte +esfuerzo alguno para complacer á sus bienhechores.<a name="page_115" id="page_115"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XII" id="CAPITULO_XII"></a>CAPÍTULO XII<br /><br /> +<small>DE CÓMO ROGER APRENDIÓ MÁS DE LO QUE ÉL PODÍA ENSEÑAR</small></h3> + +<p>E<small>N</small> todo el sur de Inglaterra comenzaron simultáneamente y con gran vigor +los preparativos de guerra. Las nuevas que Simón y otros emisarios de +los jefes del ejército en Francia habían llevado á la corte y á los +castillos del reino fueron recibidas con entusiasmo por nobles y +soldados, para quienes una nueva campaña en tierra ajena significaba +gloria y provecho. Seis años de paz tenían impacientes á millares de +veteranos que habían participado en las jornadas de Crécy, Nogent y +Poitiers y para quienes no existía perspectiva más risueña que la de +invadir el territorio de Francia ó España, mandados por el hijo de su +soberano, el famoso Príncipe Negro; y de uno á otro mar sólo se hablaba +de aprestos bélicos, de reclutamientos y de concentración de fuerzas en +los puntos de antemano señalados.</p> + +<p>Cada villa, cada aldea preparó y facilitó su contingente sin tardanza, y +en todo aquel otoño y parte del siguiente invierno se oyó de continuo +por los caminos el toque de los clarines, el trotar de los caballos y el +paso acompasado de los infantes, arqueros, ballesteros y hombres de +armas, ya en compañías organizadas ya en grupos aislados, que de todas +partes se dirigían á éste ó aquel castillo ó puerto.</p> + +<p>El antiguo y populoso condado de Hanson fué de los primeros en responder +al llamamiento con gran golpe de soldados. Al norte ondeaban los +estandartes de los señores de Brocas y Roche, el primero con la cortada +cabeza de sarraceno en el centro del escudo y el segundo con el +histórico castillo rojo de la casa de Roche, seguidos ambos por<a name="page_116" id="page_116"></a> +numerosos combatientes. Los vasallos de Embrún en el este y los del +potentado Juan de Montague en el oeste se unieron en pocas semanas á las +fuerzas levantadas por los señores de Bruin, Liscombe, Oliver de Buitrón +y Bruce, procedentes de Andover, Arlesford, Chester y York y marcharon +al sur, en dirección de Southampton. Pero el más nutrido y brillante +contingente del condado fué el que se agrupó en torno del estandarte de +Morel, gracias á la fama del barón. Arqueros de la Selva de Balsain, +montañeses y cazadores de Vernel, Dunán y Malvar, hombres de armas +veteranos y bisoños y nobles caballeros ganosos de prestigio, dirigíanse +todos á Salisbury, desde las riberas del Avón hasta las del Lande, para +alistarse bajo la bandera de las cinco rosas gules de Morel.</p> + +<p>Sin embargo, no era el barón uno de aquellos acaudalados magnates que +podían mantener en armas numerosa hueste, y con dolor se vió obligado á +despedir gran número de voluntarios, que buscaron otros jefes, +limitándose él á seguir las instrucciones que le había enviado su amigo +Claudio Latour, autorizándole para equipar cien arqueros y cincuenta +hombre de armas, que unidos á los trescientos veteranos de la Guardia +Blanca que quedaban en Francia, formarían un cuerpo cuyo mando podría +aceptar sin vacilación tan gran capitán como el barón de Morel. Con el +auxilio de Simón, nombrado sargento instructor, Reno y otros veteranos, +eligió cuidadosamente sus hombres y á mediados de Noviembre tenía ya +completa una fuerza escogida, cien de los mejores arqueros de Hanson y +cincuenta hombres de armas bien montados. Dos nobles amigos del barón le +encomendaron á sus hijos, jóvenes y apuestos caballeros llamados Froilán +de Roda y Gualtero de Pleyel, para que compartiesen con Roger de Clinton +los honores, peligros y deberes del cargo de escuderos.</p> + +<p>Las piezas de armadura para los hombres de armas y la mayor parte de las +espadas, hachas y lanzas aguardaban á los soldados de Morel en Burdeos, +donde podían procurarse mejores y mucho menos costosas que en +Inglaterra; mas no así los grandes arcos de combate, en cuyo material y +buena construcción los armeros ingleses superaban á todos los demás. +También hubo que uniformar á hombres de armas y arqueros con el capacete +liso, cota de malla, blanco<a name="page_117" id="page_117"></a> coleto sin mangas sobre la cota y con el +rojo león de San Jorge en el pecho, todo lo cual componía el uniforme de +la famosa Guardia Blanca que con tanto orgullo llevaba Simón Aluardo. +Soberbio aspecto presentaron las fuerzas de Morel cuando su veterano +capitán, montando su mejor caballo de batalla, les pasó revista final en +el gran patio del castillo. De los ciento cincuenta hombres la mitad por +lo menos habían sido soldados, algunos toda su vida; entre los reclutas +llamaba la atención el gigantesco Tristán de Horla, que cerraba la +marcha, llevando á la espalda su enorme arco de guerra.</p> + +<p>El equipo de la compañía requirió algunas semanas y Roger y sus amigos +llevaban dos meses en el castillo cuando el barón anunció á su esposa +que todo estaba pronto para la marcha. Aquellos dos meses transformaron +por completo el porvenir de Roger, despertaron en él un sentimiento +desconocido y le hicieron más grata la vida. Entonces aprendió también á +bendecir la previsión de su padre, que le había permitido conocer algo +el mundo, antes de sepultarse para siempre en la soledad del claustro. +¡Cuán diferente le parecía entonces la vida, cuán exageradas las +palabras del Maestro de los novicios al describirle con los más negros +colores la manada de lobos, como él decía, que le esperaban para +devorarle apenas abandonase los muros protectores de Belmonte! Junto á +los criminales y depravados había hallado también hombres de corazón +valiente, amigos cordiales, un noble jefe cien veces más útil á su país +y á sus compatriotas que el virtuoso abad de Berguén, cuya vida +transcurría olvidada y monótona de año en año, en un círculo mezquino, +rodeado de aquellos monjes que rezaban, comían y trabajaban +sosegadamente, aislados del resto de los mortales y como si en el mundo +no hubiera más habitantes que ellos ni más horizontes que el de los +terrenos de la abadía. Su propio criterio dijo á Roger que al pasar del +servicio del abad al del barón, lejos de perder había efectuado un +cambio ventajoso. Cierto que su carácter apacible le hacía mirar con +horror las violencias de la guerra, pero en aquella época de órdenes +militares no era tan marcada como en nuestros días la separación entre +el religioso y el soldado, unidos entonces con frecuencia en una sola +persona.<a name="page_118" id="page_118"></a></p> + +<p>En justicia á Roger debe decirse que antes de aceptar definitivamente la +oferta del barón meditó mucho y pidió consejo al cielo en sus oraciones; +pero el resultado fué que á los tres días eligió armas y caballo, cuyo +importe ofreció pagar con parte de lo que le correspondiese como botín +de guerra. Dedicó desde entonces largas horas al manejo de las armas, y +como sobraban buenos maestros y él era joven, ágil y vigoroso, no tardó +en dirigir su caballo y esgrimir la espada muy diestramente, mereciendo +palabras de aprobación de los veteranos y haciendo frente con su tizona +á Froilán y Gualtero, los otros dos escuderos de su señor.</p> + +<p>Pero es casi innecesario decir que Roger tenía otra razón muy poderosa +para preferir la carrera de las armas y despedirse del convento. La vida +le ofrecía un atractivo irresistible, la presencia de la mujer amada. La +mujer, que allá en el claustro representaba la suma de todas las +tentaciones, peligros y asechanzas mundanales, el escollo que ante todo +debía evitar el hombre para perseverar en el buen camino, el ser á quien +los monjes del Císter no podían mirar sin pecado ni tocar sin exponerse +á los más severos castigos de la regla. En cambio Roger se veía +diariamente, una hora después de la de nona y otra antes de la oración, +en compañía de tres lindas doncellas, sus discípulas; y lejos de +parecerle la presencia de aquellas jóvenes cosa reprensible ni +pecaminosa, sentíase más dichoso que nunca al instruirlas, contestar á +sus preguntas ó sostener con ellas amena plática.</p> + +<p>Pocas discípulas como Constanza de Morel. Á un hombre de más edad y +experiencia que Roger le hubieran sorprendido, é irritado quizás, sus +réplicas, las súbitas alteraciones de su carácter, la prontitud con que +se ofendía algunas veces y las lágrimas y protestas con que se sometía +otras á las indicaciones de su maestro. Si el objeto de la lección la +interesaba, seguía las explicaciones con entusiasmo sorprendente y +dejaba muy atrás á sus compañeras. Pero si el tema le parecía pesado y +árido, no había medio de atraer su atención ni de hacerle comprender ó +recordar lo explicado. Alguna que otra vez se rebelaba abiertamente +contra Roger, quien sin la menor irritación, con paciencia infinita, +continuaba su lección; poco después la rebelde discípula se arrepentía y +humillaba, acusándose á sí<a name="page_119" id="page_119"></a> misma, avergonzada de la injusticia hecha á +Roger con su conducta. En cambio no permitía que sus otras dos +compañeras mostrasen el más leve indicio de desatención ó rebeldía; una +sola vez intentó Dorotea contradecir á Roger, y fué tanta la indignación +de Constanza y tales sus reproches, que la pobre niña abandonó la +habitación con los ojos llenos de lágrimas, lo que valió á Constanza la +más severa reprensión que jamás recibiera del joven profesor.</p> + +<p>Pero pasadas las primeras semanas se notó la influencia de Roger, de su +paciencia y dignidad inalterables, en la conducta de la noble doncella. +Comprendía que la rectitud y la elevación de ideas de Roger eran un +ejemplo admirable y apreciaba los altos méritos del apuesto escudero. Y +Roger por su parte comprendía también que de día en día era mayor su +admiración por aquella adorable joven, cuya imagen y cuyo recuerdo no le +abandonaban un instante. Decíase también que era la única hija del barón +de Morel y que mal podía poner los ojos en ella el pobre escudero, sin +un puñado de plata con que pagar el caballo y las armas con que por +primera vez iba á buscar nombre y fortuna en la guerra. Pero su amor por +Constanza era su vida. Ninguna consideración, ningún obstáculo, podían +hacerle renunciar á él.</p> + +<p>Era una hermosa tarde de otoño. Roger y su compañero Froilán de Roda +habían ido á Bristol para apresurar la terminación y entrega de la +última remesa de arcos de repuesto que el barón tenía encomendados á los +armeros de aquella ciudad. Acercábase el día de la partida. Los dos +escuderos, terminada su comisión, cabalgaban por el camino de Salisbury +y Roger notó con sorpresa el insólito mutismo de su compañero. Froilán +era un muchacho alegre y decidor, encantado de dejar la tranquila casa +paterna por las aventuras y emociones del largo viaje que iban á +emprender y de la guerra futura. Pero aquel día lo veía Roger callado y +pensativo, contestando apenas á sus preguntas.</p> + +<p>—Dime con toda franqueza, amigo Roger, exclamó de pronto, si no te +parece como á mí que la bella Doña Constanza anda estos días +entristecida y pálida, cual si la atormentase ignorada cuita.</p> + +<p>—Nada he notado, contestó Roger sorprendido, mas bien pudiera ser como +lo dices.<a name="page_120" id="page_120"></a></p> + +<p>—Oh, sin duda. Mírala sentada y pensativa hora tras hora, ó paseando +por la terraza del castillo, olvidada de su halcón, de <i>Trovador</i> y de +la caza. Sospecho, amigo Roger, que tanto estudio y tanta ciencia como +tú le enseñas sean tarea demasiado pesada para ella, que poco ó nada +estudiaba antes, y la preocupen y aun puedan llegar á enfermarle el +ánimo y el cuerpo.</p> + +<p>—Orden es de la baronesa, su señora madre....</p> + +<p>—Pues sin que ello sea faltarle al respeto, creo yo que mi señora la +baronesa estaría más en su lugar defendiendo las murallas del castillo ó +mandando una compañía en el asalto de una plaza que encargada de la +educación de su hija. Pero oye, Roger amigo, lo que á nadie he revelado +hasta ahora. Yo amo á Doña Constanza, y por ella daría gustoso mi +vida....</p> + +<p>Roger palideció y guardó silencio.</p> + +<p>—Mi padre es rico, siguió diciendo Froilán, y yo su hijo único y +heredero de los dominios de Roda. No creo que el barón tenga objeción +que hacer por lo que á caudal y nobleza se refiere.</p> + +<p>—Pero ¿y ella? preguntó Roger en voz baja y sin mirar al escudero para +que éste no notase su turbación.</p> + +<p>—Eso es lo que me desespera. Nunca he visto indiferencia como la suya y +hasta ahora tanto me hubiera valido suspirar ante una de las estatuas de +mármol del parque de Roda. ¿Recuerdas aquel finísino velo blanco que +llevaba ayer? Pues se lo pedí como una merced para ponerlo en mi yelmo +en combates y torneos, cual emblema de la dama y señora de mis +pensamientos. Se limitó á darme la negativa más fría y más rotunda, +agregando que si cierto caballero cuidaba de pedirle el velo, se lo +entregaría; de lo contrario, no se lo daría á nadie. No tengo la menor +idea de quién sea ese mortal afortunado. ¿Y tú, Roger? ¿Sabes á quién +ama?</p> + +<p>—Ni lo sospecho siquiera, contestó Roger; y sin embargo, al decir +aquellas palabras se despertó en él una gratísima esperanza.</p> + +<p>—Desde ayer me devano los sesos tratando de averiguarlo; no es Doña +Constanza doncella que oculte sus amores, si los tiene, y por +consiguiente el galán debe sernos conocido. Pero ¿á quién ve y habla +ella, además de sus<a name="page_121" id="page_121"></a> padres, sus dos amigas y la servidumbre del +castillo? Te voy á dar la lista completa de los hombres que con ella han +hablado en estos dos meses: tú y nuestro camarada Gualtero de Pleyel, el +padre Cristóbal, del priorato, el pajecillo Rubín y yo. ¿Sabes de algún +otro?</p> + +<p>—No por cierto, respondió Roger; y ambos apuestos jóvenes siguieron +cabalgando en silencio hasta llegar al castillo.</p> + +<p>Durante la lección de la mañana siguiente notó Roger que la hermosa +joven estaba, en efecto, pálida y triste. Su rostro parecía adelgazado y +los bellos ojos habían perdido en parte la viveza y alegría que les +daban tan precioso atractivo. Terminada la hora de clase interrogó el +joven profesor á las señoritas de Pierpont, sus otras dos discípulas.</p> + +<p>—Constanza sufre, es muy cierto, le contestó Dorotea con picaresca +sonrisa. Pero su enfermedad no es de las que matan.</p> + +<p>—¡No lo quiera Dios! exclamó Roger. Pero decidme, os ruego, ¿qué mal la +aqueja?</p> + +<p>—Uno que en mi opinión aqueja también á otra persona, cuyo nombre +podría decir sin temor de equivocarme, repuso á su vez Luisa de +Pierpont. Y vos que tanto sabéis ¿no adivináis su mal?</p> + +<p>—No. Parece cansada y triste, ella siempre tan alegre....</p> + +<p>—Pues bien, pensad que dentro de tres días partiréis todos y quedará el +castillo poco menos que desierto y nosotras sin ver alma viviente, como +no sea un soldado ó un rústico....</p> + +<p>—Cierto es, exclamó Roger. No había pensado en que dentro de tres días +tendrá que separarse de su padre....</p> + +<p>—¡Su padre! dijeron ambas jóvenes, lanzando argentina carcajada. ¡Ah +sí, su padre! ¡Hasta la tarde, señor Roger! y se alejaron alegremente, +llamando á voces á su amiga Constanza.</p> + +<p>Roger se quedó absorto. Le parecía ver una insinuación clarísima en las +palabras y en la risa de ambas jóvenes, y sin embargo apenas osaba dar á +la tristeza y á los suspiros de Constanza la interpretación que su amor +anhelaba.<a name="page_122" id="page_122"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XIII" id="CAPITULO_XIII"></a>CAPÍTULO XIII<br /><br /> +<small>DE CÓMO LA GUARDIA BLANCA PARTIÓ PARA LA GUERRA</small></h3> + +<p>E<small>L</small> día de San Andrés, último de Noviembre, fué el designado para la +marcha. Á hora muy temprana comenzó el redoble de los atabales, que +llamaba á los soldados, seguido de los toques de clarín ordenando la +formación de la Guardia Blanca en el patio de honor de la fortaleza. +Desde una ventana de la armería contemplaba Roger el interesante +espectáculo; las filas de robustos arqueros y tras ellos el imponente +grupo de los hombres de armas, cubiertos de hierro é inmóviles sobre sus +caballos, que piafaban impacientes. Mandábalos el veterano Reno, de cuya +lanza ondeaba estrecho y largo pendón con las cinco rosas; frente á los +infantes, el arquero Simón, orgulloso de la magnífica compañía que tenía +á sus órdenes. Acudieron también al patio los sirvientes del castillo y +algunos hombres de armas que debían quedarse de guarnición en la +fortaleza y querían despedirse de sus amigos. Admiraba Roger el marcial +talante de la tropa, cuando le sorprendió un sollozo que oyó á su +espalda. Volvióse vivamente y vió con asombro á Doña Constanza, que +pálida y desfallecida se apoyaba en el muro de la habitación y procuraba +ahogar con un pañuelo posado sobre los labios los sollozos que agitaban +su pecho. Los hermosos ojos fijos en el suelo, estaban llenos de +lágrimas.</p> + +<p>—¡Oh, no lloréis! exclamó Roger corriendo á su lado.</p> + +<p>—Me hace daño la vista de todos esos valientes, cuando pienso en su +destino y en la suerte que á muchos de ellos aguarda.</p> + +<p>—¡Quiera Dios que volváis á verlos á todos antes<a name="page_123" id="page_123"></a> que transcurra un +año! No os aflijáis así, dijo el doncel atreviéndose á tomarle una mano.</p> + +<p>—Quisiera poder partir yo también, añadió Constanza, mirándole á través +de sus lágrimas y sonriéndose tristemente. Pero en tiempo de guerra sólo +nos está permitido consumirnos de impaciencia entre los muros de una +fortaleza, hilando ó bordando, mientras que allá, en los campos de +batalla... ¡Ah, de qué sirvo yo en este mundo!</p> + +<p>—¡Vos! exclamó Roger apasionadamente. ¡Vos sois un ángel del cielo, mi +único pensamiento, mi vida entera! ¡Oh, Constanza, sin vos no puedo +vivir, como puedo dejaros sin una palabra de amor! Desde que os ví por +vez primera todo ha cambiado para mí. Soy pobre y no de vuestra +alcurnia, aunque de origen noble, pero os ofrezco un amor acendrado, una +adoración constante y eterna. Decidme una sola palabra de afecto, ya que +no de amor y ella bastará para animarme y sostenerme en vuestra +ausencia, más mortal mil veces que todos los peligros de la guerra. Pero +¡ay de mí! os he atemorizado con mis palabras, ofendídoos quizás....</p> + +<p>La conmovida doncella se había llevado las manos al pecho y por dos +veces trató de replicar, pero inútilmente. Al fin dijo con débil voz:</p> + +<p>—Me habéis sorprendido, sí, mas no ofendido. Completo y súbito ha sido +el cambio realizado en vos. ¿No cambiaréis otra vez en la ausencia?</p> + +<p>—¡Cruel! ¿Cómo dejar de amaros? ¡Por favor, una sola palabra de +esperanza, una mirada, para atesorarla como un bien supremo y saber que +puedo seguir adorándoos! No os pido juramento ni promesa.... Decidme +solamente que no me prohibís amaros, que algún día tendréis quizás una +palabra afectuosa para mí....</p> + +<p>Mirábale la joven con dulzura, entreabiertos los labios por una ligera +sonrisa y á Roger le parecía oir ya la anhelada respuesta; pero en aquel +momento resonó en el patio del castillo una voz potente, seguida de gran +ruido de armas y pasos y el trote de los caballos. La columna se ponía +en marcha.</p> + +<p>—¿Oís? exclamó la joven, erguida, brillante la mirada. Van á partir. Es +la voz de mi padre. Vuestro puesto está á su lado, desde este momento +hasta su regreso, hasta el regreso<a name="page_124" id="page_124"></a> de ambos. Ni una palabra más, Roger. +Conquistad ante todo la estimación de mi padre. El buen caballero no +espera recompensa hasta después de haber cumplido su deber. ¡Adiós, y el +cielo os proteja!</p> + +<p>El doncel, lleno de alegría al escuchar aquellas palabras, se inclinó +para besar la mano de su amada. Retiróla ésta prontamente, al sentir el +contacto de los ardientes labios de Roger y salió presurosa de la +habitación, dejando en manos del atónito y alborozado escudero el velo +blanco que en vano había solicitado Froilán de Roda como preciadísima +presea. Oyóse en aquel momento el chirrido de las cadenas que bajaban el +puente levadizo; los expedicionarios aclamaron á su jefe, que puesto al +frente de la columna había dado la voz de marcha y Roger, besando +fervorosamente el fino cendal, lo ocultó en el pecho y salió corriendo +al patio.</p> + +<p>Soplaba un viento frío y el cielo empezaba á cubrirse de nubes cuando +los soldados de Morel tomaron el pendiente camino del pueblo. Á orillas +del Avón los esperaban casi todos los vecinos de Salisbury, que vieron +en primer lugar á Reno, vistiendo armadura completa, caballero en negro +corcel y llevando majestuosamente el pendón de su famoso capitán. Tras +él, de tres en fondo, doce veteranos de las grandes guerras, que +conocían la costa de Francia y las principales ciudades, desde Calais +hasta Burdeos, tan bien como los bosques y villas de su tierra natal, el +condado de Hanson. Iban armados hasta los dientes, con lanza, espada y +hacha de dos filos y llevaban al brazo izquierdo el escudo corto y +cuadrado que usaban los hombres de armas de la época.</p> + +<p>Campesinos, mujeres y niños aclamaron con entusiasmo la bandera de las +cinco rosas y su arrogante guardia de honor. Seguíanla cincuenta +arqueros escogidos, robustos y de elevada estatura, que llevaban el +casco sencillo, la cota de armas y sobre ella el coleto blanco con el +rojo león de San Jorge y calzaban recios borceguíes anudados á la pierna +con luengas correa, todo lo cual constituía el equipo de los Arqueros +Blancos. Á la espalda la bien provista aljaba de cuero y el arco de +combate, arma la más terrible y mortífera de las conocidas hasta la +fecha y pendiente del cinto la espada, el hacha ó la maza, según la +elección de<a name="page_125" id="page_125"></a> cada cual. Á pocos pasos de los arqueros iban los atabales +y clarines, cuatro en número, y tras ellos diez ó doce mulas con la +impedimenta de la pequeña columna, tiendas, ropas, armas de repuesto, +batería de cocina, provisiones, herramientas, arneses, herraduras y +demás artículos indispensables ó siquiera útiles en campaña. Un servidor +del barón conducía la blanca mula vistosamente enjaezada que llevaba las +ropas, armas y otros efectos de la propiedad del noble guerrero. Formaba +el centro de la columna un centenar de arqueros y cerraba la marcha el +resto de la caballería, es decir, los hombres de armas reclutados +recientemente, soldados escogidos todos ellos, aunque no veteranos como +sus compañeros de la vanguardia. Mandaba el grueso de los arqueros +nuestro amigo Simón y tras él, en primera línea, descollaba Tristán de +Horla, un Alcides con capacete, cota de malla, arco, flechas y maza +descomunal.</p> + +<p>Apenas desembocó la columna en la calle del pueblo comenzó un fuego +graneado de chanzas, y menudearon las despedidas y los abrazos.</p> + +<p>—¡Hola, maese Retinto! gritó Simón al ver la nariz amoratada del +tabernero. ¿Qué harás con tu vinagre y tu cerveza aguada, ahora que nos +vamos nosotros?</p> + +<p>—Pues voy á descansar, porque tú y tus compañeros os habéis bebido +hasta la última gota de cuanto tenía en casa, excepto el agua.</p> + +<p>—¡Tus toneles estarán enjutos, pero tu escarcela repleta, truhán! +exclamó otro arquero. Á ver si haces buena provisión para cuando +volvamos.</p> + +<p>—Trae tú el gaznate ileso, que lo que es cerveza y vino no te faltarán, +arquero, gritó una voz entre la multitud, respondiéndole grandes +carcajadas.</p> + +<p>—Estrechar filas, que aquí la calle es callejuela, ordenó Simón. ¡Por +vida de! Allí está Catalina, la molinerita, más preciosa que nunca. <i>¡Au +revoir, ma belle!</i> Aprieta ese cinturón, Guillermo, ó el hacha te va á +cortar los callos. Y á ver si andas con un poco más de vida, moviendo +esos hombros y alta la cabeza, como sólo saben andar los arqueros +blancos. Y tú, Reinaldo, no vuelvas á sacudirte el polvo del coleto. ¿Si +creerás que vamos á alguna parada? Aguarda, hijo, que antes de llegar al +puerto estarás tan empolvado como yo, por mucho que te limpies.<a name="page_126" id="page_126"></a></p> + +<p>Había llegado la columna á las últimas casas del pueblo cuando el señor +de Morel salió del castillo, caballero en el brioso <i>Ardorel</i>, negro +como el azabache y el mejor caballo de batalla de todo el condado. +Vestía el barón de terciopelo negro y birrete de lo mismo con larga +pluma blanca, sujeta por un broche de oro, y no llevaba más armas que su +espada, suspendida del arzón. Pero los tres galanos escuderos que le +seguían bien montados llevaban, además de sus propias armas, Froilán el +yelmo con celada de su señor, Gualtero la robusta lanza y Roger el +escudo blasonado. Junto al barón trotaba el blanco palafrén de su +esposa, pues ésta deseaba acompañarle hasta la entrada del bosque. La +buena baronesa no había querido confiar á nadie la tarea de elegir y +empaquetar cuidadosamente las ropas y efectos de su esposo; todo lo +había dispuesto ella misma, á excepción de las armas. Y eran de oir las +instrucciones que daba á Roger y á los otros escuderos, al encomendarles +la persona del barón.</p> + +<p>—Creo que nada se ha olvidado, iba diciéndoles. Te lo recomiendo mucho, +Roger. La ropa va toda en esa caja, al lado derecho de la mula. Las +botellas de Malvasía en el cestillo de la izquierda; le prepararás un +vaso de ese vino, bien caliente, por las noches, para que lo tome antes +de acostarse. Cuida de que no permanezca horas y horas con los pies +mojados, porque lo que es él jamás se acuerda de tal cosa. Entre la ropa +va un estuchillo con las drogas más indispensables; y cuanto á las +mantas del lecho, han de estar bien secas, sobre todo en campaña....</p> + +<p>—No os inquietéis por mí, dijo el barón riéndose al oir aquella +enumeración. Os agradezco en el alma vuestra solicitud, pero queréis que +mis escuderos me traten más bien como viejo achacoso que como soldado +aguerrido. ¿Y tú qué dices, Roger? ¿Por qué tan pálido? ¿No te alegra el +corazón, como á mí, el ver las cinco rosas sirviendo de enseña á tan +bizarros soldados?</p> + +<p>—Ya te he dado la escarcela, Roger, continuó impávida la baronesa, para +evitar que tu señor se quede sin blanca desde los primeros días de +marcha. Mucho cuidado con el dinero. Los borceguíes bordados de oro son +exclusivamente para el día que el barón se presente á nuestro gracioso +soberano, ó al príncipe su heredero, y para las reuniones<a name="page_127" id="page_127"></a> de los +nobles. Después los vuelves á guardar, antes de que el barón se vaya de +caza con ellos puestos y los destroce....</p> + +<p>—Mi buena amiga, observó el señor de Morel, duéleme en el alma +separarme de vos, pero hemos llegado á los linderos del bosque y no +debéis ir más lejos. La Virgen os guarde á vos y á Constanza basta mi +regreso. Pero antes de separarnos, entregadme, os ruego, uno de vuestros +guantes, que lo quiero llevar al frente de mi casco en torneos y +combates, como prenda de la mujer amada.</p> + +<p>—Dejad, barón, que yo soy vieja y nada hermosa y los apuestos señores +de la corte se reirían de vos si os proclamaseis paladín de tan pobre +dama....</p> + +<p>—¡Oid, escuderos! exclamó el señor de Morel. Vuestra vista es mejor que +la mía, y quiero que si véis á un caballero, por noble y alto que sea, +menospreciar esta prenda de la dama á quien sirvo, le anunciéis +inmediatamente que tiene que habérselas con el barón León de Morel, á +caballo con lanza y escudo ó á pie con espada y daga, en combate á +muerte.</p> + +<p>Dicho esto, recibió respetuosamente el guante que le tendía la baronesa +y lo aseguró en su gorra, con el mismo broche de oro que sostenía la +ondulante pluma. Despidióse después afectuosamente de la dama anegada en +lágrimas y poniendo su caballo al trote, seguido de los escuderos, tomó +el camino del bosque.<a name="page_128" id="page_128"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XIV" id="CAPITULO_XIV"></a>CAPÍTULO XIV<br /><br /> +<small>AVENTURAS DE VIAJE</small></h3> + +<p>E<small>L</small> barón permaneció algún tiempo cabizbajo; Froilán y Roger no iban +menos silenciosos y pensativos que él, pero el alegre Gualtero, que no +tenía penas ni amores, se entretenía en blandir la pesada lanza de su +señor, amenazando con ella á los árboles y dirigiendo grandes botes á +imaginarios enemigos, aunque cuidando mucho de que el barón no +advirtiese su belicosa pantomima. Iban á retaguardia de la columna, y á +veces oía Roger el paso acompasado de los arqueros y los relinchos de +los caballos.</p> + +<p>—Venid á mi lado, muchachos, dijo el señor de Morel al pasar frente á +un cortijo, donde el camino se ensanchaba notablemente. Puesto que me +habéis de seguir á la guerra, bueno será que os diga cómo quiero ser +servido. No dudo que Froilán de Roda mostrará ser digno hijo de su +valiente padre, y tú, Gualtero, del tuyo, el noble señor de Pleyel. +Cuanto á Roger, recuerda siempre la casa á que perteneces y el honor que +te hace y los deberes que te impone la larga línea de los señores de +Clinton. No cometáis el error, muy común entre soldados, de creer que +nuestra expedición tiene por objeto principal el de obtener botín y +rescates, aunque ambas cosas puede y suele conseguirlas todo buen +caballero. Vamos á Francia, y á España según espero, en primer lugar +para sostener el brillo de las armas inglesas y en segundo término para +hacer famosos nuestro nombre y nuestro escudo, ventaja inmensa del +caballero sobre el villano. Y ese prestigio puede obtenerse no sólo en +combates y asedios sino en justas y duelos, para los cuales nunca falta +razón ó pretexto. Pero en tierra extraña ó en territorio enemigo ni +pretexto se necesita y basta<a name="page_129" id="page_129"></a> desenvainar la espada é invitar +cortésmente á otro hidalgo á duelo singular. Por ejemplo, si +estuviéramos en Francia diría yo ahora á Gualtero que se dirigiese al +galope hacia aquel caballero que allí viene y que después de saludarlo +en mi nombre lo invitase á cruzar conmigo la espada.</p> + +<p>—Pues no se llevaría mal susto el infeliz, exclamó Gualtero, que miraba +atentamente al desconocido. Como que es el molinero de Salisbury, +caballero en su mula bermeja y probablemente atiborrado de cerveza, +según costumbre.</p> + +<p>—Por eso es que el escudero debe preguntar, en caso de duda, si el +pasante es ó no caballero. Yo he tenido muchas y muy interesantes +aventuras de viaje, y una de las que más recuerdo es mi encuentro á una +legua de Reims con un paladín francés con quien combatí cerca de una +hora. Rota su espada, me dió con la maza tan terrible golpe que caí +maltrecho y no pude despedirme como deseaba de aquel valiente campeón, +ni preguntarle su nombre. Sólo recuerdo que tenía por armas una cabeza +de grifo sobre franja azul. En parecida ocasión recibí en el hombro una +estocada de León de Montcourt, con quien tuve la honra de cruzar la +espada en el camino de Burdeos. Fué aquella nuestra única entrevista y +conservo de ella el más grato recuerdo, porgue mi enemigo se condujo +como cumplido caballero. Y no olvidemos al bravo justador Le Capillet, +que hubiera llegado á ser un gran capitán de las huestes francesas....</p> + +<p>—¿Murió? preguntó Roger.</p> + +<p>—Tuve la desgracia de matarlo en un delicioso bosquecillo inmediato á +los muros de Tarbes. Aventuras parecidas las hallábamos en todas partes, +en el Languedoc, Ventadour, Bergerac, Narbona, aun sin buscarlas, porque +á menudo nos esperaba un escudero francés, á la vuelta del camino, +portador de cortés mensaje de su señor para el primer caballero inglés +que quisiera aceptar el reto. Uno de ellos rompió tres lanzas conmigo en +Ventadour, en honor de su dama.</p> + +<p>—¿Pereció en la demanda, señor barón? dijo Froilán.</p> + +<p>—Nunca lo he sabido. Sus servidores se lo llevaron en brazos, aturdido, +desmayado ó muerto. Por entonces no cuidé de indagar su suerte porque yo +mismo salí de la lucha<a name="page_130" id="page_130"></a> contuso y malparado. Pero allí viene un jinete +al galope, como si lo persiguiera una legión de enemigos.</p> + +<p>El viento barría el camino, que en aquel punto formaba suave pendiente. +Al otro lado de una hondonada volvía á subir y se perdía en un +bosquecillo, entre cuyos primeros árboles desaparecía en aquel momento +la retaguardia de la columna. El jinete pasó junto á ésta sin detenerse +y empezó á subir la cuesta en cuya cima estaban el barón y sus +servidores, hostigando incesantemente á su caballo con espuela y látigo. +Roger vió que el corcel venía cubierto de polvo y sudor y que lo montaba +uno al parecer soldado, de duras facciones y con casco, coleto de ante y +espada. Sobre el arzón llevaba un paquete envuelto en blanco lienzo.</p> + +<p>—¡Paso al mensajero del rey! gritó al acercarse.</p> + +<p>—Poco á poco, seor gritón, dijo el noble atravesando su caballo en el +camino. También yo he sido servidor del rey por más de treinta años, +pero jamás lo he ido pregonando á voces.</p> + +<p>—Estoy de servicio y llevo conmigo lo que al rey pertenece. Me impedís +el paso á vuestra costa....</p> + +<p>—Entre mis muchas aventuras tampoco me ha faltado la de toparme de +manos á boca con bergantes que encubrían sus traidores designios +pretendiendo ser mensajeros de Su Alteza, insistió el señor de Morel. +Veamos qué credenciales os abonan.</p> + +<p>—¡Á la fuerza, entonces! gritó el jinete echando mano á la espada.</p> + +<p>—Si sois caballero, dijo el barón, continuaremos nuestra entrevista +aquí mismo. Si plebeyo, cualquiera de estos tres escuderos míos, aunque +de noble cuna, se dará por bien servido con castigar vuestra audacia.</p> + +<p>El desconocido los miró airado y soltando el puño de la espada comenzó á +desenvolver apresuradamente el paquete que sobre el arzón llevaba.</p> + +<p>—Yo no soy caballero ni escudero, dijo, sino antiguo soldado y ahora +servidor de la justicia de nuestro príncipe. ¿Queréis credenciales? Pues +aquí las tenéis; y presentó á los horrorizados caballeros una pierna +humana reciéncortada. Esta es la pierna de un ladrón descuartizado en +Dunán y que por orden del justiciero mayor llevo á Milton para clavarla<a name="page_131" id="page_131"></a> +allí en un poste donde todos la vean y sirva de escarmiento.</p> + +<p>—¡Peste! exclamó el barón. Hacéos á un lado con vuestra carga. Seguidme +al trote, escuderos, y dejemos atrás cuanto antes á este ayudante del +verdugo. ¡Uf! Os aseguro, continuó cuando estuvieron en la ladera +opuesta, que los montones de muertos en un campo de batalla no me causan +tanta repugnancia como una sola de esas carnicerías del cadalso.</p> + +<p>—Pues á bien que no han faltado atrocidades en las guerras de Francia, +según los relatos de nuestros soldados, observó Roger.</p> + +<p>—Cierto es, contestó el barón. Pero sabed que los mejores combatientes, +los verdaderos soldados, no maltratan jamás á un hombre vencido y +desarmado, ni degüellan y destrozan prisioneros, ni se encarnizan en los +débiles en el saqueo de una plaza. Esa tarea cruel se queda para los +cobardes y los viles, que por desgracia nunca faltan y para esas turbas +de merodeadores que van como buitres en seguimiento de las tropas y en +busca de fáciles presas. Si no me engaño, allí á la derecha del camino +hay una casa entre los árboles.</p> + +<p>—Una capilla de la Virgen, dijo Froilán, y á su puerta un anciano +pordiosero.</p> + +<p>El noble se descubrió y deteniendo su caballo á la puerta de la modesta +capilla, rogó en alta voz á la Reina de los Cielos que bendijese sus +armas y las de sus soldados en la próxima campaña.</p> + +<p>—Una limosna, mis buenos señores, dijo entonces el mendigo, con voz +suplicante. Favoreced á este pobre ciego, que hace veinte años no ve la +luz del día.</p> + +<p>—¿Cómo perdisteis la vista, abuelo? preguntó el barón.</p> + +<p>—Entre las llamas de un incendio, que me quemaron toda la cara.</p> + +<p>—Grande es vuestra desdicha, pero también os libra de ver no pocas +miserias, como la que acabamos de contemplar nosotros en este mismo +camino, dijo el señor de Morel, recordando la ensangrentada pierna del +ladrón descuartizado. Dale mi bolsa, Roger, y apresuremos el paso, que +nos hemos quedado muy atrás.</p> + +<p>Roger se guardó muy bien de obedecer la orden de su<a name="page_132" id="page_132"></a> señor y recordando +las instrucciones de la baronesa, tomó una sola moneda de la escarcela +encomendada á su cuidado y se la dió al mendigo, que la recibió +murmurando gracias y oraciones.</p> + +<p>Desde una eminencia cercana vieron los viajeros el pueblo de Horla, +situado en el fondo de un valle y á cuyas primeras casas llegaba en +aquel momento la vanguardia de las fuerzas de Morel. Éste y sus +escuderos pusieron los caballos al galope y muy pronto alcanzaron las +últimas filas, á tiempo que se oyó una voz estridente y estallaron las +carcajadas de los soldados. El barón vió entonces un gigantesco arquero +que marchaba fuera de las filas y tras él una viejecilla diminuta, +vestida pobremente y con una vara en la mano, con la cual sacudía +vigorosamente las espaldas del arquero á cada pocos pasos, sin dejar de +reñirlo á gritos. La víctima de aquella novel ejecución hacía tanto caso +de los palos que recibía como si hubiesen sido dados en uno de los +robles del bosque.</p> + +<p>—¿Qué es eso, Simón? preguntó el señor de Morel. ¿Qué atropello ha +cometido el arquero? Si ha ofendido á esa mujer ó apoderádose de su +hacienda, juro dejarlo colgado en la plaza del pueblo, aunque sea el +mejor soldado de mi compañía.</p> + +<p>—No, señor barón, contestó el veterano esforzándose por contener la +risa. El arquero Tristán es de este pueblo de Horla y la mujer es su +madre, que le da la bienvenida á su manera.</p> + +<p>—¡Yo te enseñaré, holgazán, perdido, gandul! gritaba la vieja +esgrimiendo la vara.</p> + +<p>—Poco á poco, madre, decía Tristán, que ya no ando de vago sino que soy +arquero del rey y voy á las guerras de Francia.</p> + +<p>—¿Con que á Francia, bribón? Más te valiera quedarte aquí, que yo te +daré toda la guerra que quieras, sin ir tan lejos.</p> + +<p>—Eso no lo dudaré yo, buena mujer, dijo Simón, que ni franceses ni +españoles han de sacudirle el polvo como vos lo hacéis.</p> + +<p>—¿Y á tí qué te importa, deslenguado? exclamó la viejecilla volviéndose +airada contra Simón. ¡Bonito soldado estás tú también, entrometido, +borrachín!<a name="page_133" id="page_133"></a></p> + +<p>—¡Aguanta, Simón! dijeron los arqueos en coro, con gran risa.</p> + +<p>—Dejadla en paz, camaradas, dijo Tristán, que ha sido siempre buena +madre y lo que la desespera es que yo he hecho mi santa voluntad toda la +vida, en lugar de trabajar como un forzado con los leñadores de Horla. +Ya es hora de decirnos adiós, madre, continuó, levantando á la endeble +mujer como una pluma y besándola cariñosamente. Quedad tranquila, que os +he de traer una saya de seda y un manto de terciopelo que ni para una +reina y decid á Juanilla mi hermana que también habrá para ella buenos +ducados de plata cuando yo vuelva.</p> + +<p>Dicho esto regresó el arquero á las filas y continuó la marcha con sus +compañeros. La mujer se quedó lloriqueando, y al llegar junto á ella el +barón le dijo:</p> + +<p>—¿Lo véis, señor? Siempre ha sido lo mismo; primero se metió á fraile +para holgazanear, y porque una mozuela no le quiso, y ahora se me marcha +á la guerra dejándome vieja y pobre, sin un alma de Dios que me traiga +un brazado de leña del monte....</p> + +<p>—Consoláos, buena mujer, que con la protección de Dios él volverá sano +y salvo y no sin su parte de botín. Lo que siento es haber dado mi bolsa +á un mendigo allá en el bosque....</p> + +<p>—Perdonad, señor, dijo Roger; todavía quedan en ella algunas monedas.</p> + +<p>—Pues dádselas á la madre del arquero, ordenó el noble, poniendo al +trote su caballo, mientras Roger depositaba dos ducados en la mano de la +vieja, que olvidando su cólera invocó las bendiciones del cielo sobre el +barón, Tristán y sus compañeros.</p> + +<p>Llegada la columna al río Léminton se dió la voz de alto para comer y +descansar, y antes de que el sol empezara su marcha hacia el ocaso +reanudaron la suya los soldados, entonando alegres canciones. Por su +parte el barón deseaba vivamente llegar al término de su viaje y á +tierra enemiga, para cruzar la espada y romper lanzas una vez más con +los adversarios de sus anteriores campañas. Pensando iba en ellas cuando +él y sus escuderos vieron venir por el camino á dos hombres que desde +luego llamaron toda su atención. El que iba delante era un ser raquítico +y deforme, cuyos<a name="page_134" id="page_134"></a> alborotados cabellos rojos aumentaban el volumen de +una cabeza enorme; cruel y torva la mirada de los húmedos ojos, parecía +lleno de terror y tenía en la mano un pequeño crucifijo que alzaba en +alto, como mostrándolo á todos los pasantes. Iba tras él un sujeto alto +y fornido, con luenga barba negra, llevando al hombro una maza +claveteada que á intervalos alzaba sobre la cabeza del otro, +amenazándole de muerte.</p> + +<p>—¡Por San Jorge, aventura tenemos! dijo el barón. Averigua, Roger, qué +gente es esa y por qué uno de los villanos así amenaza y espanta al +otro.</p> + +<p>Pero no necesitó adelantarse el escudero, porque los dos hombres +siguieron andando y pronto llegaron á pocos pasos del barón. El que +llevaba el crucifijo se dejó caer entonces sobre la hierba y el otro +enarboló enseguida la pesada maza, con tal expresión de furor y odio que +en verdad parecía llegada la última hora del caído.</p> + +<p>—¡Teneos! gritó el barón. ¿Quién sois y qué os ha hecho ese infeliz?</p> + +<p>—No tengo que dar cuenta de mis actos á los viandantes que encuentro en +el camino, contestó secamente el desconocido. La ley me protege.</p> + +<p>—No es esa mi opinión, dijo el noble, que si la ley os permite amenazar +con esa clava á un hombre indefenso, tampoco me ha de impedir á mí +poneros la espada al pecho.</p> + +<p>—¡Por los clavos de Cristo, protejedme, buen caballero! exclamó en +aquel punto el del crucifijo, poniéndose de rodillas y tendiendo las +manos en ademán suplicante. Cien doblas tengo en el cinto y vuestras son +si matáis á mi verdugo.</p> + +<p>—¿Cómo se entiende, tunante? ¿Pretendes comprar con oro el brazo y la +espada de un noble? Creyendo estoy, á fe mía, que eres tan ruin de alma +como de cuerpo y que tienes merecido el trato que recibes.</p> + +<p>—Gran verdad decís, señor caballero, repuso el de la maza, que es éste +Pedro el Bermejo, salteador de caminos y con más de una muerte sobre la +conciencia, terror por muchos meses de Chester y toda la comarca. Una +semana hace que mató á mi hermano alevosamente, perseguíle con otros +vecinos míos y acosado de cerca se refugió en el monasterio de San Juan. +El reverendo prior no quiso entregármelo<a name="page_135" id="page_135"></a> hasta que hube jurado respetar +la vida de este asesino mientras tenga en la mano el crucifijo que le +dió en prenda de asilo. He respetado mi juramento hasta ahora como buen +cristiano, pero también he jurado seguir al miserable hasta que caiga +rendido y matarlo como un perro, tan luego se le escape de las manos la +santa cruz que aun le protege.</p> + +<p>El bandido rugió como una fiera, acercósele amenazante el otro con la +maza en alto y los espectadores de aquella escena los contemplaron algún +tiempo en silencio, alejándose después por el camino que llevaba la +columna.<a name="page_136" id="page_136"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XV" id="CAPITULO_XV"></a>CAPÍTULO XV<br /><br /> +<small>DE CÓMO EL GALEÓN AMARILLO SE HIZO Á LA VELA</small></h3> + +<p>L<small>OS</small> soldados de Morel durmieron aquella noche en San Leonardo, +repartidos entre las granjas, graneros y dependencias de aquel poblado, +perteneciente, como tantos otros, á la rica abadía de Belmonte, que no +muy lejos quedaba. Roger volvió á ver con alegría el hábito blanco de +algunos religiosos allí aposentados y recordó conmovido sus años de vida +monástica al oir la campana de la capilla convocando á vísperas. Al +rayar el alba se embarcaron hombres de armas, arqueros y servidores en +anchas barcas que los esperaban en la ría del Lande y pasando frente al +pintoresco pueblo de Esbury llegaron á la rada de Solent y al puerto de +Lepe, donde debía de efectuarse su embarco en la galera del rey. En el +puerto vieron multitud de barcas y botes, y anclado á buena distancia un +buque de gran tamaño que se balanceaba sobre las espumosas olas.</p> + +<p>—¡Dios sea loado! exclamó el barón. Nuestros amigos de Southampton han +cumplido su promesa y hé allí el galeón pintado de amarillo que nos +describían y ofrecían enviarnos á Lepe en sus últimas cartas.</p> + +<p>—Amarillo canario, dijo Roger. Y á lo que parece, bastante grande para +recibir á bordo más soldados que semillas tiene una granada.</p> + +<p>—De lo cual me alegro, observó Froilán, porque ó mucho me engaño ó no +haremos el viaje solos. ¿No véis allá á lo lejos, entre aquellas +casuchas de la playa, los colores de un gonfalón y el brillo de las +armas? Esos reflejos no proceden de remos de pescadores ni de ropilla de +villanos.</p> + +<p>—Muy cierto es ello, contestó Gualtero. Mirad, allá va un bote lleno de +hombres de armas, con dirección á la nave.<a name="page_137" id="page_137"></a> Tendremos compañía numerosa, +tanto mejor. Y por lo pronto nos dan la bienvenida; ved á los del pueblo +que vienen á recibirnos.</p> + +<p>Grupos numerosos de hombres, mujeres y niños se dirigían al encuentro de +las barcas y agitaban desde la playa sombreros y pañuelos, lanzando +alegres exclamaciones y vitoreando al famoso capitán. Apenas saltaron á +tierra los arqueros de la primera barca, mandados por el sargento Simón, +se acercó á éste un obeso personaje ricamente vestido, que llevaba al +cuello gruesa cadena de oro de la que pendía sobre el pecho enorme +medalla del mismo metal.</p> + +<p>—Sed bienvenido, alto y poderoso señor, dijo descubriendo una gran +calva y saludando profundamente á Simón. Sed bienvenido á nuestra ciudad +y aceptad nuestros humildes respetos. Dadme desde luego vuestras +órdenes, capitán ilustre, y decidme en qué puedo serviros, á vos y á +vuestra gente.</p> + +<p>—Pues ya que tan atento lo ofrecéis, contestó Simón con sorna, por lo +que á mí toca me contentaré con un par de eslabones de esa cadena que +lleváis al cuello, que más gruesa no la he visto jamás, ni aun entre los +más opulentos caballeros de Francia.</p> + +<p>—Sin duda os chanceáis, señor barón, repuso admirado el personaje, que +no era otro sino el corregidor de Lepe. ¿Cómo he de entregaros parte de +esta cadena, insignia del municipio de nuestra ciudad?</p> + +<p>—Acabáramos, gruñó el veterano. Vos buscáis al barón de Morel, nuestro +valiente capitán, y allí lo tenéis, que acaba de desembarcar y monta el +caballo negro.</p> + +<p>El corregidor contempló sorprendido al barón, cuya endeble apariencia +mal se avenía con la fama de sus proezas.</p> + +<p>—Sois tanto más bienvenido, díjole después de repetir el respetuoso +saludo que antes había dirigido al taimado arquero, por cuanto esta leal +ciudad de Lepe necesita más que nunca defensores como vos y vuestros +soldados.</p> + +<p>—¿Qué decís? Explicaos, exclamó el señor de Morel, esperando +atentamente la respuesta del funcionario.</p> + +<p>—Lo que pasa, señor, es que el sanguinario pirata Cabeza Negra, uno de +los más crueles bandidos normandos, acompañado del genovés Tito Carleti, +ha aparecido últimamente por nuestras costas, saqueando, incendiando y +matando.<a name="page_138" id="page_138"></a> Ni el valor de nuestro pueblo ni las vetustas murallas de Lepe +ofrecen protección suficiente contra tan temibles enemigos, y el día que +se presenten por aquí....</p> + +<p>—Adiós Lepe, concluyó Gontrán el escudero, á media voz.</p> + +<p>—¿Pero tenéis motivos para creer que atacarán vuestra villa? preguntó +el barón.</p> + +<p>—Sin duda alguna. Las dos grandes galeras cargadas de piratas han +saqueado ya las vecinas poblaciones de Veymouz y Porland y ayer +incendiaron á Coves. Muy pronto nos tocará el turno.</p> + +<p>—Pero es el caso, observó el señor de Morel poniendo su caballo en +dirección de las puertas de la ciudad, que el príncipe real nos espera +en Burdeos y por nada en el mundo quisiera verle en camino dejándome +rezagado. No obstante, os prometo dirigirme á Coves y hacer todo lo +posible para descubrir y castigar á esos bandidos por aquellas +cercanías, tratándolos de suerte que no piensen en nuevas expediciones +ni desembarcos.</p> + +<p>—Mucho os agradecemos la oferta, repuso el magistrado, pero no veo cómo +podáis triunfar con vuestro único barco sobre las dos poderosas galeras +corsarias, al paso que con vuestros arqueros en los muros de Lepe fácil +os sería dar á los piratas una lección sangrienta.</p> + +<p>—Ya os he dicho mis razones para no detenerme aquí. Y por lo que hace á +la desigualdad de fuerzas, creed que me infunde gran confianza el +aspecto de aquel galeón amarillo que allí me espera, y que con mi gente +á bordo no temeré los ataques de dos ni de tres barcos piratas. Hoy +mismo nos haremos á la vela.</p> + +<p>—Perdonad, señor barón dijo entonces uno de los que acompañaban al +corregidor. Me llamo Golvín y soy capitán del <i>Galeón Amarillo</i>, +destinado á conduciros. Marino desde la infancia, he peleado á bordo de +barcos ingleses contra normandos y genoveses, bretones, españoles y +sarracenos, y os aseguro que la nave de mi mando es muy débil para +atacar corsarios. Lo único que conseguiréis si dáis con ellos será el +degüello de la mitad de vuestra gente y la perspectiva, para los que +sobrevivan, de ser vendidos como esclavos y pasar la vida remando en +galeras piratas ó moras.<a name="page_139" id="page_139"></a></p> + +<p>—Pues no creáis, señor capitán, que me han faltado combates navales en +mi larga carrera de soldado, replicó el noble, y por lo mismo que el +castigo de esos bribones presenta dificultades tanto mayor es mi deseo +de vérmelas con ellos y sentarles la mano. Á pesar de vuestras palabras, +capitán, me parecéis marino experto y valeroso y creo que conmigo +ganaréis honra y provecho en esta empresa.</p> + +<p>—He cumplido mi deber diciéndoos francamente lo que de ella opino, en +las condiciones en que váis á emprenderla, dijo Golvín, lisonjeado por +las palabras del barón. Pero ¡por Santa Bárbara! marino viejo soy y no +sé lo que es el miedo. Que nos hundamos ó no, contad conmigo. Á Coves os +he de llevar, y si á los amos del barco no les gusta el viaje, que +busquen otro capitán después del zafarrancho.</p> + +<p>Tras el grupo de jefes y escuderos entraron en la población los soldados +de Morel, mezclados con multitud de gentes del pueblo en cuyos +semblantes se leía el contento que les causaba la llegada de aquellos +bizarros defensores. El tuno de Simón llevaba del brazo á dos robustas +muchachas, á las que juraba amor eterno, y entre las últimas filas +descollaba la elevada estatura de Tristán, en cuyo ancho hombro se +sentaba una chicuela pescadora de quince abriles, que un tanto asustada +asía con ambas manos el casco del gigante.</p> + +<p>Pensativo cabalgaba el corregidor junto á su ilustre huésped y no notó +que un caballero de obesidad portentosa y rubicundo semblante se abría +paso entre las filas de curiosos y se dirigía precipitadamente á su +encuentro.</p> + +<p>—¡Cómo se entiende, señor corregidor! gritó el recienllegado con +esfuerzo tal que se le amorató el rostro. ¿Dónde están las ostras y +almejas prometidas para la comida de hoy?</p> + +<p>—Calmaos, Sir Oliver, dijo el magistrado. Es muy posible que mi +mayordomo y mi cocinero hayan olvidado los ostras ó no hayan podido +conseguirlas; pero no hay motivo para desesperarse por tal bicoca. No +faltará que comer.</p> + +<p>—¿Bicoca? ¡Pues me gusta! Una comida sin ostras, sin una miserable +almeja. ¿Qué va á ser de mí? Nunca me hubierais convidado á vuestra +mesa....</p> + +<p>—Vamos, quedaos siquiera un día sin ostras, amigo<a name="page_140" id="page_140"></a> Oliver, exclamó el +barón riéndose, que si hoy habéis perdido vuestro plato favorito en +cambio volvéis á ver á un amigo, á un compañero de armas.</p> + +<p>—¡Por San Martín! gritó el mofletudo personaje, olvidando toda su +cólera. ¡Vos, Sir León, el paladín del Garona! ¡Bienvenido seáis! Ah, +con vos se renueva la memoria de aquellos buenos tiempos. ¡Qué +aventuras, qué tajos y qué guerreros! ¿Os acordáis?</p> + +<p>—Sí á fe mía. Felices días y gloriosos triunfos aquellos.</p> + +<p>—Pero tampoco nos faltaron tribulaciones y pesares. ¿Recordáis lo que +nos pasó en Medoc?</p> + +<p>—No sería gran cosa, buen Oliver; alguna escaramuza que tuvisteis y en +la que no tomé parte, pues recuerdo muy bien no haber desenvainado la +espada mientras en Medoc estuve....</p> + +<p>—Siempre el mismo, furibundo Morel, fierabrás incorregible. No se trata +de dar ni recibir lanzadas y mandobles, sino de la calamidad +irremediable que nos sucedió en aquel figón, donde nos quedamos sin la +más apetitosa empanada de liebre que he visto en mi vida porque el bruto +del posadero, en lugar de sal, la llenó de azúcar. ¡Dios de justicia, +cómo olvidar tamaño desastre!</p> + +<p>—¡Ja, ja, ja! Veo que también vos seguís siendo el mismo, Sir Oliver, +gastrónomo incomparable, cuyo apetito iguala á vuestro valor. ¡Oh, sí! +La posada de Medoc, en compañía de Lord Pomers y Claudio Latour, y +vuestra desesperación al ver perdido el guisado, y cómo perseguisteis al +mesonero espada en mano hasta la calle y quisisteis pegar fuego al +figón. ¡Ja, ja! Creedme, señor corregidor; mi amigo y compañero el noble +Oliver de Butrón es hombre peligroso cuando enristra la lanza y cuando +se queja su estómago, y lo mejor que podéis hacer es procurarle cuanto +antes esos mariscos que tanto anhela.</p> + +<p>—Antes de una hora los tendrá en su plato, dijo el corregidor. Con la +alarma en que estamos no he podido pensar en nada y confieso que olvidé +por completo la promesa que hice anoche á vuestro noble amigo de +proporcionarle uno de sus platos favoritos. Pero supongo, señor de +Morel, que vos también honraréis mi pobre mesa.</p> + +<p>—Mucho tengo que hacer todavía, contestó el barón,<a name="page_141" id="page_141"></a> pues me propongo +embarcar á toda mi gente esta misma tarde. ¿Qué fuerza mandáis, Sir +Oliver?</p> + +<p>—Cuarenta y tres hombres. Los cuarenta están borrachos perdidos y los +tres entre dos luces, pero los tengo á todos seguros á bordo.</p> + +<p>—Pues bueno será que no beban un trago más, porque antes de que cierre +la noche me propongo darles tarea cumplida, lanzándolos con mi gente +sobre esos piratas normandos y genoveses de quienes habréis oído hablar.</p> + +<p>—Y que llevan consigo buena provisión de caviar y finas especias de +Levante y otras golosinas apetitosas que me prometo gustar, dijo el +corpulento noble relamiéndose los labios. Sin contar el buen negocio que +puede hacerse con la venta de las especias sobrantes. Os ruego, señor +capitán, que cuando volváis á bordo mandéis á los marineros que echen un +cubo de agua sobre cuantos soldados de mi mando estén todavía +calamocanos.</p> + +<p>Dejando á su noble amigo y á los personajes de la ciudad congregados +para el banquete, dirigióse el barón con su Guardia Blanca á la playa, +donde comenzó rápidamente el embarque de hombres, caballos y armas en +grandes barcas que los condujeron á bordo del galeón. Tanta prisa les +dió el barón y con tan buena maña los recibieron y acomodaron á bordo el +capitán y sus marinos, que se dió la señal de levar el ancla cuando el +señor de Butrón estaba todavía engullendo los delicados manjares que +cubrían la mesa del corregidor. No es de extrañar tanta presteza si se +recuerda que poco antes había embarcado el Príncipe Negro cincuenta mil +hombres en el puerto de Orvel, con caballos, artillería é impedimenta, +haciéndose la escuadra á la vela á las veinticuatro horas de comenzado +el embarque. En el último bote que dejó la playa de Lepe iban los dos +famosos capitanes, el barón León de Morel y el caballero Oliver de +Butrón, formando por su aspecto el mayor contraste imaginable. Seguíalos +otra barca llena de grandes piedras que el barón había ordenado llevar á +bordo. Poco después se hacía á la vela el enorme <i>Galeón Amarillo</i>, +enarbolando el pabellón morado con una imagen dorada de San Cristóbal en +su centro y saludado por las aclamaciones de la multitud que se agolpaba +en la playa. Más allá de Lepe se extendían los bosques de Hanson y tras +ellos las verdes<a name="page_142" id="page_142"></a> colinas en línea no interrumpida, formando un paisaje +risueño y pintoresco.</p> + +<p>—¡Juro por mis pecados que bien vale la pena de pelear y morir por +tierra tan hermosa! exclamó el barón, que de pie en la popa tenía fijos +los ojos en aquella costa fértil y poblada cual ninguna. Pero mirad +allí, Sir Oliver, entre aquellas rocas; ¿no os ha parecido ver á un +jorobado?</p> + +<p>—Nada puedo ver, contestó el interpelado con melancólico acento, porque +con las prisas que vos nos dáis siempre que se trata de ir á romperse el +alma con alguien, tengo atragantada una ostra como el puño y no puedo +olvidar la botella de vino de Chipre que tuve que dejar sobre la mesa, +sin más que catarlo.</p> + +<p>—Yo lo he visto, señor barón, dijo Froilán; el jorobado estaba sobre la +roca más alta, mirando nuestro barco, y desapareció de súbito.</p> + +<p>—Su presencia confirma los buenos augurios que he observado hoy, repuso +el barón. Al dirigirnos á la playa cruzaron nuestro paso un religioso y +una mujer, y ahora divisamos un jorobado antes de perder de vista la +costa. Presagio dichoso. ¿Qué piensas tú de ello, Roger?</p> + +<p>—No sé qué deciros, señor barón, contesto el doncel. Romanos y griegos, +con ser pueblos de gran ilustración, tenían completa fe en esos +augurios, pero no faltan entre los modernos pensadores y hombres de +ciencia muchos que consideran tales signos como vanos y pueriles.</p> + +<p>—No diré yo tal, observó el señor de Butrón, recordando en aquel +momento otro de los desastres gastronómicos que tanto lamentaba. Los +presagios nunca fallan, y si no dígalo todo el ejército del príncipe +Eduardo, que allá en el paso de los Pirineos oyó de repente un trueno +formidable en medio del día, sin que una sola nube ocultase el azul del +cielo. Todos sabíamos lo que aquello significaba y que estábamos +amenazados de una gran calamidad; y en efecto, trece días después +desapareció de la puerta de mi tienda un soberbio cuarto de venado y mis +escuderos descubrieron que se habían agriado seis botellas de vino +bearnés que llevaba para mi mesa....</p> + +<p>—Pues ya que de escuderos habláis, dijo el barón cuando cesó la risa +provocada por los recuerdos de Sir Oliver, debo decir á los míos que hoy +mismo tendrán brillante ocasión de<a name="page_143" id="page_143"></a> acreditar su valor y de imitar el +ejemplo que les han dejado nobles antecesores. Id á la cámara, +muchachos, y traedme mi arnés; el señor de Butrón y yo nos armaremos +aquí, sobre cubierta, con vuestra ayuda. Después aprestaos vosotros, por +lo que pueda ocurrir y decid á los oficiales que tengan hombres y armas +dispuestos á la primera señal. ¿Quién de nosotros mandará en jefe, Sir +Oliver?</p> + +<p>—Vos, amigo mío, vos. Yo soy guerrero viejo como vos y conozco mi +oficio, pero no puedo compararme con el gran capitán que fué un tiempo +escudero de Guillermo de Marny. Lo que hagáis estará bien hecho.</p> + +<p>—Corriente y gracias. Vuestro pabellón ondeará en la proa y el mío á +popa. Os daré como vanguardia vuestros cuarenta hombres y otros tantos +arqueros míos. Cincuenta hombres más con mis escuderos formarán la +guardia de popa. Los demás en el centro y á los costados del barco, á +excepción de una docena armados de arcos y ballestas, que irán á las +cofas. ¿Qué os parece la distribución?</p> + +<p>—Inmejorable. Pero aquí me traen mi armadura y el ponérmela es ya para +mí tarea larga y difícil.</p> + +<p>Entretanto se notaba gran movimiento á bordo, los arqueros y hombres de +armas formaban en grupos sobre cubierta, examinando aquéllos sus arcos y +atendiendo á los consejos que les daban el sargento Simón y otros +veteranos, expertos en el manejo de la temible arma.</p> + +<p>—Firmes, muchachos y que no se mueva nadie de donde yo lo ponga, iba +diciendo Simón de grupo en grupo. Mientras tengáis un buen arco en la +mano no hay pirata que se acerque. Y sobre todo, no olvidéis que en +cuanto se suelta una flecha ya debe estar la otra en la mano y en la +cuerda. Esta ha sido siempre la regla en la Guardia Blanca.</p> + +<p>—Y digo yo, amigo Simón ¿no es también regla el dar á cada soldado +medio cuartillo de vino mientras espera á los piratas con el gaznate +seco? preguntó Tristán de Horla.</p> + +<p>—Eso vendrá después, borrachín, pero ahora hay que ganarlo. Cada uno á +su puesto, que ó mucho me engaño ó apuntan por allí dos mástiles, tras +las Agujas de Coves.</p> + +<p>Arqueros y hombres de armas se tendieron sobre cubierta, en cumplimiento +de las órdenes del barón. Cerca de la proa colgaba de una robusta lanza +el escudo de armas de Butrón, una cabeza negra de jabalí en campo de +oro, y en<a name="page_144" id="page_144"></a> el centro de la proa Reno el veterano clavaba el estandarte +con las cinco rosas de Morel. Cubrían el centro de la nave los atezados +marinos de Southampton, gente aguerrida toda, armada con hachas de +abordaje, mazas y picas. Su jefe el capitán Golvín hablaba con el barón +á popa, escudriñando ambos el horizonte y vigilando el velamen y los dos +timoneles.</p> + +<p>—Dad orden, dijo el barón, de que ningún soldado ni marino se deje ver +hasta que el clarín les mande tender los arcos. Conviene que esos +corsarios tomen al <i>Galeón</i> por un barco mercante de Southampton que +huye al descubrir sus naves.</p> + +<p>—¡Allí están! ¿No lo dije yo? exclamó el capitán volviendo apresurado +junto al barón después de transmitir su orden. Ved las dos galeras +balanceándose plácidamente en la bahía exterior de Coves, y mirad +también en tierra, hacia el este, la humareda que levantan sus últimos +incendios. ¡Ah, perros! Ya nos han visto; las lanchas de los +incendiarios se apartan de la costa á todo remo, dirigiéndose á sus +galeras, que Dios confunda. ¡Y qué multitud á bordo! Parece aquello un +hormiguero. Os repito, señor barón, que la empresa pudiera muy bien +resultar superior á nuestras fuerzas. Esos buques piratas son de primer +orden y sus tripulantes gente desesperada, que lucha hasta morir.</p> + +<p>—Pues amigo, os envidio la buena vista que tenéis, contestó el señor de +Morel con imperturbable calma, guiñando sus ojillos irritados. Por lo +pronto, hacedme la merced de decir á la gente que hoy no se da cuartel á +nadie. Tratándose de esas fieras, no quiero prisioneros. ¿Tenéis á bordo +un sacerdote ó un religioso?</p> + +<p>—No, señor barón.</p> + +<p>—No importa. La Guardia Blanca se puede pasar sin ellos, porque los +tengo á todos bien confesados desde Salisbury y maldito si han tenido +ocasión de cometer fechorías desde que emprendimos la marcha. Pero á la +verdad, lo siento por el contingente de Vinchester que manda mi noble +amigo de Butrón, pues según noticias y señales, es gente díscola y la +han corrido en grande estos días. Á ver, dad orden de que recen todos un +padrenuestro y un avemaría mientras esperan la señal de ataque.<a name="page_145" id="page_145"></a></p> + +<p>No tardó en oirse el prolongado murmullo de todas aquellas preces, +dichas con singular recogimiento por arqueros, marinos y hombres de +armas tan devotos como valientes. Muchos de ellos sacaron cruces y +reliquias que besaron fervientemente, tendidos sobre cubierta y sin +mostrarse al enemigo.</p> + +<p>El <i>Galeón Amarillo</i> había abandonado las aguas del Solent y se alejaba +de la costa á toda vela, cortando pesadamente las espumosas olas. En su +seguimiento se habían lanzado las dos naves piratas, pintadas de negro, +de corte estrecho y largo, que contrastaba con la mayor altura y rotunda +forma del galeón á que daban caza. Parecían dos lobos hambrientos en +seguimiento de su presa.</p> + +<p>—Pero decidme, señor barón. Esos perros han visto ya el escudo y pendón +que llevamos á proa y popa y saben que tenemos dos nobles á bordo, dijo +Golvín.</p> + +<p>—Ya había pensado yo en ello, pero no es de caballeros ni de jefes de +tropas reales el ocultar su presencia. Se dirán que os dirigís á Gascuña +y habéis recibido nobles pasajeros con destino al cuartel general de +nuestro príncipe. ¡Cómo acortan la distancia! Á juzgar por su aspecto y +el nuestro diríase que dos halcones se preparan á caer sobre inocente +paloma. Pero no es maravilla que nos alcancen tan pronto, con su triple +hilera de remos, al paso que nosotros sólo tenemos las velas. ¿Véis +alguna señal ó bandera á bordo de esos barcos?</p> + +<p>—En la vela mayor del de la izquierda hay pintada una enorme cabeza +negra, respondió el capitán.</p> + +<p>—Es la galera del cruel pirata normando y la primera vez que la ví fué +en Chelsea. También lo ví á él, <i>Cabeza Negra</i>, en medio del combate. Es +un gigante con la fuerza de seis hombres y los crímenes de sesenta sobre +la conciencia.</p> + +<p>—Sólo á un bárbaro como él se le ocurriría entrar en combate con dos +infelices colgados de las vergas de su buque. ¿Los véis?</p> + +<p>—Así es en efecto, replicó el barón. La Virgen de Embrún me concederá +la merced de ahorcarlo también á él dentro de pocas horas. ¿Qué insignia +es aquella en las velas del otro pirata?</p> + +<p>—La cruz roja de Génova.<a name="page_146" id="page_146"></a></p> + +<p>—Lo que prueba que tenemos allí al barbudo Tito Carleti, tan valiente y +casi tan malo como su compañero de piraterías. Ese genovés pretende que +no hay en el mundo arqueros ni soldados como los suyos y tenemos que +probarle lo contrario.</p> + +<p>—Se lo probaremos, asintió el animoso capitán. Pero entre tanto, bueno +será que los arqueros y ballesteros escogidos de antemano suban á las +cofas disimulando su presencia y su número lo más posible. Las tres +anclas están ya en el centro del buque, con veinte pies de cable cada +una y sólidamente amarradas al palo mayor, con cuatro buenos marineros á +cargo de cada ancla. Según vuestras órdenes, diez hombres distribuídos á +lo largo de la cubierta, con pellejos llenos de agua, cuidarán de apagar +todo fuego que puedan producir las flechas incendiarias si las usan esos +bandidos. Las piedras están también en las cofas, y los arqueros se +encargarán de aplastar con ellas á cuanto grupo de piratas se les ponga +á tiro.</p> + +<p>—Enviadles á más de las piedras cualquier otro objeto pesado que +tengáis á bordo, dispuso el barón.</p> + +<p>—Pues en tal caso lo mejor será izarles á Sir Oliver, apuntó Gualtero.</p> + +<p>—¡Brava ocasión para chanzas! dijo el señor de Morel, con mirada tal +que hizo temblar al escudero. Además, no se dirá que un servidor mío ha +hecho burla de un noble en mi presencia sin el debido correctivo. +Después de todo, continuó reprimiendo con trabajo una sonrisa, demasiado +sé que ha sido esa una chanza de muchacho, sin intención aviesa. Sin +embargo, Gualtero, debo á vuestro padre Carter de Pleyel el ordenaros +que procuréis refrenar la lengua.</p> + +<p>—Ataque por babor y estribor á la vez, exclamó el capitán Golvín, +viendo separarse los dos barcos enemigos. El normando tiene á proa un +pedrero y se preparan á disparar.</p> + +<p>—Á ver, Simón, tres arqueros, los mejores que tengas, ordenó el barón; +que elijan los arcos más poderosos que haya á mano y den una lección á +los artilleros apenas crean que no perderán sus flechas.</p> + +<p>—¡Arnoldo, Renato y Jaime, á popa! exclamó enseguida el veterano. Una +sangría al primer babieca que toque aquel pedrero. Trescientos cincuenta +pasos, á lo sumo. Arnoldo, hijo mío, tú el primero y á ver si te luces.<a name="page_147" id="page_147"></a> +¿Ves el canalla aquel con la gorra roja? Pues á ensartarlo, antes de que +disparen.</p> + +<p>Los tres arqueros nombrados, fija la mirada en la proa del barco +enemigo, tendían lentamente la cuerda de sus enormes arcos, sin cuidarse +ya de si los veían ó no los piratas. El numeroso grupo que éstos +formaban se había apartado del pedrero, dejando solos junto á él á dos +hombres encargados de dispararlo. El de la gorra roja se inclinó para +apuntar, abrió los brazos y cayó de bruces con una flecha clavada en el +costado. Casi en el mismo instante recibió el otro pirata un dardo en la +garganta y otro en una pierna y quedó retorciéndose sobre cubierta.</p> + +<p>Al grito de furor de los piratas respondieron las carcajadas de los +arqueros.</p> + +<p>—¡Bien, muchachos! gritó Simón. Pero ocultaos de nuevo tras la borda, +porque veo que han resuelto aprovechar la lección y tienden red de malla +para protegerse contra nuestras flechas. Que nadie asome. No tardaremos +en oir silbar las piedras de esos jayanes.<a name="page_148" id="page_148"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XVI" id="CAPITULO_XVI"></a>CAPÍTULO XVI<br /><br /> +<small>DEL COMBATE ENTRE EL GALEÓN AMARILLO Y LOS DOS PIRATAS.</small></h3> + +<p>E<small>L</small> supuesto barco mercante y sus dos perseguidores se dirigían +rápidamente hacia el oeste, dejando al norte la costa de San Albano. No +se divisaba otra vela en todo el horizonte. Roger permanecía cerca del +timón, mirando las galeras enemigas y recibiendo de lleno en el rostro +la fuerte brisa del mar que agitaba su rizado cabello rubio. Digno +descendiente de tantos famosos guerreros sajones, su corazón latía con +violencia y hubiera deseado llegar á las manos con los piratas sin más +tardanza.</p> + +<p>De pronto le pareció que una voz ronca le hablaba al oído, y volviéndose +prontamente dirigió al timonel una mirada interrogadora. El marino, +sonriente, señaló con el pie una gruesa saeta clavada profundamente en +un tablón á tres pasos de la cabeza de Roger. Pocos segundos después el +timonel cayó de bruces y Roger vió en su espalda el asta ensangrentada +de otra flecha. Inclinóse para levantar al infeliz y oyó el ruido de los +dardos que caían á bordo, semejante al que produce la lluvia de otoño +sobre las hojas secas del bosque.</p> + +<p>—¡Redes de malla á popa! ordenó el barón.</p> + +<p>—¡Y otro hombre al timón! dijo imperiosamente el capitán.</p> + +<p>—Tú con diez arqueros entretén á los normandos, añadió el señor de +Morel dirigiéndose á Simón y que otros diez hombres de Sir Oliver hagan +lo mismo con los genoveses. No quiero revelarles todavía toda nuestra +fuerza.</p> + +<p>Diez arqueros escogidos mandados por Simón se apostaron enseguida en el +lado de la popa por donde avanzaba el<a name="page_149" id="page_149"></a> barco normando, y los tres +escuderos vieron con admiración la calma de aquellos veteranos en tales +momentos y la precisión con que obedecían las voces de mando, moviéndose +á la vez como si fueran un solo hombre. Sus compañeros, ocultos tras la +borda, no les escaseaban las chanzas y los consejos.</p> + +<p>—Más alto, Fernán, más alto, que todavía no suben al abordaje. Pégate +al arco, Renato; no parece sino que le tienes miedo ó temes que la +cuerda te manche el coleto. Ten en cuenta el viento, y no desperdicies +flecha.</p> + +<p>Entre tanto los dos pedreros enemigos habían tomado la ofensiva, bien +protegidos los servidores de ambas piezas por alta red de malla. La +primera piedra del genovés pasó silbando sobre las cabezas de los +arqueros y cayó al mar; la del pedrero normando mató un caballo y +derribó á varios soldados, otra abrió un boquete enorme en la vela del +<i>Galeón</i> y la cuarta dió en el centro de la proa y rebotando, arrojó al +agua dos hombres de armas de Butrón. El capitán miró fijamente al barón.</p> + +<p>—Se mantienen á distancia, dijo, porque nuestros veinte arqueros les +han causado grandes pérdidas. Pero nos van á matar mucha gente con sus +pedreros.</p> + +<p>—Pues una estratagema para que se acerquen, y el barón dió brevemente +sus órdenes.</p> + +<p>Trasmitidas que fueron éstas, los arqueros empezaron á caer como si la +artillería y las flechas de los piratas causasen en ellos grandes +estragos. Muy pronto no quedaron más que tres arqueros por banda y los +barcos enemigos se acercaron rápidamente, con las cubiertas llenas de +una turba horrible que lanzaba gritos de triunfo y blandía sables, +hachas, puñales y picas.</p> + +<p>—Acuden como peces al cebo, exclamó el barón. ¡Á ellos, soldados, á +ellos! El estandarte aquí, á mi lado, y los escuderos á defenderlo. +Tened las anclas listas para lanzarlas á bordo de esos condenados. +¡Suenen los clarines y Dios proteja nuestra causa!</p> + +<p>Una aclamación unánime le respondió y las bordas del barco inglés +aparecieron repentinamente cubiertas de proa á popa por una doble línea +de cascos. La turba enemiga lanzó gritos de rabia, sobre todo al recibir +el nublado de flechas que lanzaron los arqueros ingleses en el centro +de<a name="page_150" id="page_150"></a> aquella abigarrada multitud, compuesta de hombres de todas cataduras +y colores, normandos, sicilianos, genoveses, levantinos y moros. La +confusión á bordo de ambos piratas fué espantosa y grande la matanza, +pues los arqueros lanzaban sus flechas y dardos desde lo alto del enorme +<i>Galeón</i>, que dominaba las cubiertas enemigas. Además, en aquella masa +compacta, pronta al abordaje del que creían ser punto menos que +inofensivo buque mercante, no se perdía una sola flecha y los piratas +caían á montones, muertos ó heridos. En tanto los hombres de armas +destinados al efecto habían lanzado dos anclas á bordo de los buques +enemigos, para impedirles la retirada y las tres naves quedaron unidas +por doble lazo de hierro, cabeceando pesadamente.</p> + +<p>Entonces empezó una de esas luchas frenéticas, sangrientas y heróicas, +no referidas por ningún historiador, no cantadas por ningún poeta, de +las que no queda otra señal ni monumento que una nación poderosa y feliz +y una costa no devastada por las depredaciones que un tiempo la +asolaran.</p> + +<p>Los arqueros habían limpiado de enemigos la proa y popa de ambas +galeras, pero los piratas éstos atacaron en gran número el centro del +<i>Galeón</i>, cayendo con furia por ambos costados sobre los marinos y +hombres de armas y luchando con ellos cuerpo á cuerpo, en confusión tal +que los soldados y marineros situados en las cofas no se atrevían á +lanzar dardos ni peñascos, temerosos de herir y aplastar á sus propios +compañeros. En aquella masa confusa de hombres sólo se veía el brillo de +sables y hachas que caían con ruido estridente sobre cascos y armaduras, +derribando ingleses, genoveses y normandos, en medio de una gritería +espantosa, de un tumulto indescriptible. El gigante <i>Cabeza Negra</i>, +cubierto de hierro y con una tremenda maza, anonadaba á cuantos se +ponían á su alcance; cada golpe de su maza derribaba una víctima. Por +estribor se había lanzado al abordaje con no menos ímpetu el genovés +Carleti, bajo de estatura, pero cuyos anchos hombros, robusto cuerpo y +membrudos brazos denotaban su fuerza. Á la cabeza de cincuenta italianos +escogidos y bien armados se abrió paso casi hasta el mástil del barco +inglés y los marinos se vieron cogidos como entre dos muros de hierro +por sus fieros asaltantes, dando y recibiendo la muerte sin pedir +cuartel.<a name="page_151" id="page_151"></a></p> + +<p>Pero en aquel instante supremo les llegó el auxilio que tanto +necesitaban. El señor de Butrón con sus hombres de armas y el barón +seguido de sus escuderos, de Reno, Simón, Tristán de Horla y otros +veinte, se lanzaron como leones contra las turbas que por ambos lados +habían invadido la cubierta y abriéndose sangriento paso llegaron á lo +más recio de la lucha. Roger no se apartó de su señor un solo momento y +aunque mucho había oído de sus proezas, nunca hasta entonces había +tenido idea de su valor, de su calma en el combate y de la presteza de +sus movimientos. Saltaba de uno á otro pirata, derribándolos de una +estocada ó un tajo, parando los golpes que le asestaban con el escudo y +la espada y llevando el terror entre sus enemigos. Uno de sus golpes +alcanzó á Tito Carleti, hiriéndolo en el cuello y por fin el mismo +<i>Cabeza Negra</i> resolvió concluir con aquel temible combatiente y +lanzándose á su encuentro alzó sobre él la pesada maza. Inclinóse el +barón para protegerse mejor con el escudo, al propio tiempo que paraba +los golpes del furioso genovés, pero en aquel instante resbaló en un +charco de sangre y cayó sobre cubierta. Roger atacó al gigante normando, +pero un golpe de la maza de éste hizo pedazos su espada y lo derribó +sobre un grupo de muertos y heridos. Iba <i>Cabeza Negra</i> á repetir el +golpe, cuando sintió su muñeca cogida como con unas tenazas de hierro y +vió á su lado á Tristán, el hercúleo arquero, que doblando hacia atrás +el cuerpo del normando, haciendo gala de su increíble fuerza, acabó por +romperle el brazo y tenderlo cuan largo era sobre las tablas del puente. +Una vez derribado le puso el puñal al rostro por entre las barras de la +visera y el temible pirata permaneció inmóvil, único modo de evitar la +muerte que tan de cerca le amenazaba.</p> + +<p>Desalentados los normandos con la pérdida de su jefe y acosados de +cerca, volvieron la espalda y abandonaron el <i>Galeón</i>, saltando +atropelladamente sobre la cubierta de su barco, donde empezaron á +diezmarlos las flechas de los arqueros ingleses y los peñascos que desde +las cofas les lanzaban los marinos. Además, unido firmemente el barco +pirata al <i>Galeón</i> por el ancla de éste, pasaron á bordo del normando el +señor de Butrón y cincuenta veteranos, en persecución de los fugitivos.</p> + +<p>Á estribor continuaba encarnizada la lucha. El genovés<a name="page_152" id="page_152"></a> y sus secuaces +se defendían con vigor, retrocediendo paso á paso ante los furiosos +ataques del barón de Morel, Roger, Reno y sus arqueros. Carleti, ronco +de ira y de cansancio y cubierto de heridas de las que manaba la sangre +en abundancia, volvió á bordo de su buque con los piratas que le +quedaban, sin cesar de defenderse y perseguido por una docena de +ingleses que se lanzaron al abordaje de la galera. Entonces Carleti +abandonó de un salto á sus compañeros, corrió á lo largo de la cubierta +y regresando á bordo del <i>Galeón</i> cortó de un tajo el cable del ancla +que retenía á su barco. Hecho esto saltó de nuevo sobre la cubierta de +su galera, cuyos remeros empezaron á impelirla y apartarla del <i>Galeón</i>.</p> + +<p>—¡San Jorge nos asista! gritó Gualtero de Pleyel. ¡El barón está en la +galera, peleando con los genoveses! ¡Se lo llevan!</p> + +<p>—¡Está perdido! gritó á su vez Froilán de Roda. ¡Saltemos, Gualtero! +Ambos jóvenes, de pie sobre la borda del <i>Galeón</i>, se lanzaron al +espacio. El desgraciado Froilán cayó sobre los remos de la galera pirata +y desapareció entre las olas; más afortunado Gualtero, alcanzó la +cubierta del barco enemigo y se unió á los compañeros del barón. Roger +quiso seguir á sus dos amigos en defensa de su señor, pero Tristán de +Horla se lo impidió á la fuerza.</p> + +<p>—¿Cómo has de dar ese salto de muerte, muchacho, si apenas puedes +sostenerte en pie? le dijo. Tienes la cabeza llena de sangre.</p> + +<p>—¡Mi puesto está al lado del barón! rugió Roger, forcejeando +inútilmente.</p> + +<p>—Quédate aquí, te digo, y te quedarás á las buenas ó á las malas. +Necesitarías alas para llegar á la galera. Esta se alejaba gradualmente.</p> + +<p>—¡Mirad qué valor, cómo se defienden, cómo atacan! continuó Tristán +siguiendo los detalles de la lucha á bordo del pirata. Los nuestros han +limpiado la popa de enemigos y adelantan, con el barón á la cabeza. +¡Bravo Simón, buen golpe! Reno se bate como un tigre. El genovés, aunque +bandido, es un valiente, no hay que dudarlo. Ha conseguido reunir á su +gente en la proa.... ¡Por la Cruz de Gestas, ya cayó un arquero, y otro! +¡Maldito Carleti! Pero allá va el barón, á dar cuenta de él. ¡Mira, +Roger!<a name="page_153" id="page_153"></a></p> + +<p>—El barón ha caído....</p> + +<p>—No, una de sus tretas. Ahí lo tienes otra vez, más brioso que nunca, +¡Qué espada! El jefe pirata retrocede, cae, atravesado de parte á parte. +¡Viva, viva! Los otros huyen, se rinden. Allá va Simón. ¡Por vida de! Ya +arría la bandera de la cruz roja, ya iza la de Morel, las cinco +rosas.... ¡Viva!</p> + +<p>La muerte de Tito Carleti puso fin á toda resistencia y su galera, +cambiando de bordada, se dirigió de nuevo hacia el <i>Galeón</i>, saludada +por los gritos de entusiasmo de los soldados. El barón y Sir Oliver no +tardaron en reunirse sobre la cubierta del barco inglés, y retirada el +ancla que lo aferraba á la galera del normando, se hicieron las tres +naves á la vela, á corta distancia una de otra. Roger, más débil á cada +momento que pasaba, oyó con admiración la voz tranquila del capitán que +seguía mandando la maniobra con tanta calma como lo había hecho durante +el combate.</p> + +<p>—No deja de tener averías bastante graves nuestro pobre <i>Galeón</i>, dijo +Golvín al señor de Morel apenas pudo hablarle. La borda destrozada, la +vela mayor hecha trizas. ¿Qué dirán los armadores cuando me presente con +su barco en tan triste estado?</p> + +<p>—Lo triste sería, dijo el barón, que fueseis vos á sufrir por causa +mía, sobre todo después de la faena de hoy y de vuestro brillante +comportamiento. Nada, os lleváis esas dos galeras como prueba de la +jornada y que las vendan los armadores. Con el importe se reembolsarán +de los perjuicios que haya sufrido el <i>Galeón Amarillo</i> y el resto que +lo guarden hasta mi regreso, para distribuirlo entre todos. No os +quejaréis de vuestra parte. Por la mía, debo á la Virgen del Priorato +una imagen de plata de diez libras por haberme otorgado la merced de +vencer y matar al pirata genovés, cuyo valor y pericia en el manejo de +las armas soy el primero en reconocer. ¿Y tú, Roger? ¿Herido?</p> + +<p>—No es nada, dijo el doncel con voz débil, quitándose el casco que +conservaba claras señales de la poderosa maza del normando. Pero apenas +se hubo descubierto, la sangre inundó su rostro y cayó desvanecido.</p> + +<p>—Pronto volverá en sí, dijo el noble después de examinarlo atentamente. +He perdido hoy un valiente escudero<a name="page_154" id="page_154"></a> y mal puedo perder otro. ¿Cuántas +bajas hemos tenido, Simón?</p> + +<p>—Nueve arqueros, siete marinos, once hombres de armas y vuestro +escudero el joven señor de Roda.</p> + +<p>—¿Y el enemigo?</p> + +<p>—Sólo queda con vida el jefe normando. Ahí está, bien agarrotado. Vos +dispondréis de él, señor barón.</p> + +<p>—Ahórcalo sin tardanza. Hice el voto y hay que cumplirlo. Pero cuélgalo +de una verga de su propio barco, que tal fué mi promesa.</p> + +<p><i>Cabeza Negra</i>, aunque herido y con un brazo roto, se había mantenido de +pie junto á la borda, entre dos arqueros. Al oir las palabras del barón +se estremeció y su rostro se contrajo violentamente.</p> + +<p>—¿Ahorcado, yo? exclamó en francés. ¿Muerte de villano, á mí?</p> + +<p>—Pues según noticias, dijo el señor de Morel, vos ahorcabais á cuantos +caían vivos en vuestras manos, sin distinción de nobles ó plebeyos. +Además he hecho voto de colgaros.</p> + +<p>—Soy señor de Andelys y corre por mis venas sangre real....</p> + +<p>—Sois un pirata desalmado, replicó el barón volviéndole la espalda, á +tiempo que dos marineros asían á <i>Cabeza Negra</i> y le echaban el dogal al +cuello.</p> + +<p>Al sentir la cuerda hizo el jefe pirata un esfuerzo supremo y rompió las +ligaduras que ataban sus manos, derribó á uno de los arqueros que le +guardaban y asiendo por la cintura con su único brazo sano al marinero +que sujetaba la cuerda, lo levantó y se arrojó con él al mar.</p> + +<p>—¡Se ha escapado! gritó Simón, corriendo hacia el punto de la cubierta +por donde había desaparecido <i>Cabeza Negra</i>.</p> + +<p>—Decid más bien que ha muerto, repuso el capitán. Ambos se han hundido +en las aguas como un plomo.</p> + +<p>—No me pesa, dijo el barón; que si bien no he podido cumplir mi voto, +el tal pirata se ha portado como valiente en la lucha, ha muerto como +tal y hubiera sido lástima ahorcarlo cual si se tratara de uno de esos +menguados que lo acompañaban.<a name="page_155" id="page_155"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XVII" id="CAPITULO_XVII"></a>CAPÍTULO XVII<br /><br /> +<small>EN LA BARRA DEL GARONA</small></h3> + +<p>P<small>OR</small> dos días navegó el <i>Galeón Amarillo</i> á velas desplegadas, impelido +por vientos favorables del nordeste, dejó atrás á Ouessant, punto más +occidental de Francia y al tercer día pasó frente á Bella Isla y avistó +algunos transportes que regresaban á Inglaterra. Los dos nobles hicieron +colgar sus escudos de armas al costado del barco y observaron con el +mayor interés las señales con que respondían los transportes y que les +indicaban los nombres de aquellos caballeros á quienes las enfermedades +ó las heridas hacían regresar á sus hogares en tan críticos momentos.</p> + +<p>Por la tarde se notaron señales de próxima tempestad que alarmaron +profundamente al capitán Golvín, pues no sólo había perdido la tercera +parte de sus marineros sino que la mitad de los restantes estaban á +bordo de las dos galeras apresadas; y unido esto á las averías sufridas +por su propio barco, lo ponían en muy malas condiciones para arrostrar +las tempestades de aquella peligrosa costa. El viento sopló con +violencia toda la noche, imprimiendo al pesado transporte fuertes +balances. Roger, aunque debilitado por la pérdida de sangre, subió sobre +cubierta al despuntar el día, prefiriendo que lo mojaran las olas á +continuar encerrado en los estrechos y obscuros camarotes, nauseabundos +y llenos de ratas. Asido á una driza, contempló con emoción el +espectáculo del mar alborotado, cubierto de innumerables olas y +reflejando el negro color de las nubes. Las dos galeras apresadas +seguían al <i>Galeón</i> á corta distancia, luchando también con el viento y +las olas. Á la izquierda, entre la bruma, se veía la tierra de Francia, +aquella tierra donde sus antepasados habían derramado su<a name="page_156" id="page_156"></a> sangre y +conquistado imperecedera gloria; Francia, patria de tantos famosos +caballeros, de tantas beldades, teatro de altos hechos inolvidables y +asiento de los grandes monumentos, del arte, el lujo y la riqueza. En +presencia de aquella costa francesa besó Roger el preciado velo que le +diera la bella Constanza de Morel, y besándolo hizo el juramento de +conquistar con su valor fama digna de tan noble dama, ó perecer en la +demanda. Sacóle de sus meditaciones la ronca voz del capitán, que +dominando el tumulto de los elementos, le gritó:</p> + +<p>—Mal gesto tenéis, señor caballero, y no me extraña, que yo mismo con +haber navegado desde la infancia, no recuerdo haber visto nunca promesa +tan segura de una tempestad deshecha. Mal día y peor noche nos esperan.</p> + +<p>—Otros eran mis pensamientos, dijo el escudero, muy ajenos á la +tempestad que nos amaga.</p> + +<p>—Disponed de mí, si en algo puedo serviros. Pero hablando de +pensamientos, no son menos negros los que me asaltan al figurarme las +dificultades de mi viaje de vuelta; vientos contrarios, la vela mayor +partida en dos, muertos la tercera parte de mis marineros, y el barco +con averías y boquetes por todos lados. Creo que antes de llegar de +nuevo á Southampton hemos de vernos convertidos en arenques salados, á +juzgar por la cantidad de agua que espero embarcar en cuanto ponga la +proa á Inglaterra.</p> + +<p>—¿Y qué dice á ello mi señor?</p> + +<p>—Abajo está, ayudando á su amigo á descifrar blasones. Lo único que me +contesta es que no le hable de tales pequeñeces. ¡Pequeñeces! Pues ¿y +Sir Oliver? En cuanto le digo que me faltan marineros me contesta que +los guise á todos con salsa de Gascuña. Me dirigí á los arqueros. ¡Que +si quieres! Allá se están las horas muertas jugando á los dados, +presididos por el sargento Simón y Reno, y el gigantón cabeza roja que +le rompió el brazo al pirata. "Mirad que el <i>Galeón</i> éste se va á hundir +de un momento á otro," les digo. Y maldito lo que se les importa. "Esa +es cuenta vuestra, mal capitán," me dice uno. "Seis y blanco," gruñe +otro. Y ese Simón que Dios confunda acaba por mandarme al demonio. +¡Desde aquí se les oye, manada de tiburones!</p> + +<p>En efecto, á pesar del rumor del viento y de las olas,<a name="page_157" id="page_157"></a> llegaba hasta +ellos el eco de los juramentos y las carcajadas de los jugadores que +llenaban la proa.</p> + +<p>—Si yo puedo ayudaros... propuso Roger.</p> + +<p>—Bastante tenéis que hacer con cuidar vuestra averiada cabeza, ó lo que +de ella os queda gracias al capacete que aguantó lo mejor del golpe. +Pero cuanto puede hacerse por ahora está hecho; tapada con velas y +cables entrelazados la brecha de estribor, sólo falta ver lo que +sucederá cuando cambiemos de rumbo para evitar las rocas y bajíos de la +costa, á la cual nos vamos acercando demasiado. Aquí viene el barón y á +fe mía que llega á tiempo.</p> + +<p>—No toméis á desaire mi distracción, maese Golvín, dijo el caballero, +andando con dificultad á consecuencia de los balances del barco. Estaba +muy preocupado con una difícil cuestión heráldica, sobre la cual +quisiera oir vuestra opinión, Roger. Se trata de los cuarteles del +escudo perteneciente á la familia de Sosire, cuyo jefe Sir Leiton es mi +tío, casado con la viuda de Sir Enrique Oglander, de Nunvel. La +delimitación de esos cuarteles ha sido cuestión muy debatida entre +cuantos entienden de blasones. ¿Qué tal vamos, capitán?</p> + +<p>—Me preocupa el estado de la nave, señor barón. Tendremos que orzar muy +pronto y en cuanto lo intente empezará el pobre <i>Galeón</i> á embarcar +agua.</p> + +<p>—¡Que llamen enseguida á Sir Oliver! gritó el barón.</p> + +<p>Poco después llegaba á popa el obeso caballero, resbalando á cada paso, +agarrándose á la borda, á las drizas y á cuanto se le ponía á mano, +abotargado el rostro y maldiciendo su suerte.</p> + +<p>—¿Qué barco es éste, señor capitán, exclamó entre dos balances, en el +que un honrado caballero no puede dar un paso sin exponerse á partirse +el alma? Si ha de continuar mucho tiempo esta danza, ponedme á bordo de +uno de esos piratas, que más saltarines que vuestra nave no pueden ser, +á buen seguro. Cuando ya no podía tenerme de debilidad, me senté ante un +frasco de malvasía y un jigote de carnero, y al primer bandazo se me +vino encima el frasco, poniéndome de perlas ropilla y calzas, y el guiso +fué á dar con salsa y todo en el santo suelo. Allá quedan mis pajes +corriendo tras él, como lebreles en seguimiento de una cierva. ¡Rayos<a name="page_158" id="page_158"></a> +del cielo, qué galera ni qué tarasca!... Pero ¿me habéis llamado, amigo +Morel?</p> + +<p>—Para oir vuestra opinión, desgraciado y hambriento caballero. Aquí +tenéis á maese Golvín temeroso de que si vira de bordo el <i>Galeón</i> +empezará á hacer agua.</p> + +<p>—Pues que no vire, la cosa es clara. Y con vuestra venia, barón, me +vuelvo á ver qué hacen aquellos tunantes de pajes....</p> + +<p>—Pero es que si no viramos iremos á dar en las rocas antes que os +sentéis de nuevo á la mesa, dijo el capitán.</p> + +<p>—Pues entonces, virad, con mil de á caballo, gruñó el señor de Butrón. +¿Permitís, amigo barón?</p> + +<p>En aquel instante se oyó la voz de los vigías: "¡Rocas á proa!" En el +centro de una ola enorme, á cien varas de distancia, aparecieron las +obscuras piedras de un arrecife, cubiertas de espuma. El capitán se +lanzó al timón y comenzó á dar voces de mando, los marineros practicaron +las maniobras sin perder momento, giró el botalón con prolongado +chirrido y el galeón cambió de rumbo, á cortísima distancia de los +amenazadores peñascos.</p> + +<p>—No creo poder salvarlos á tiempo, rugió el capitán aferrado al timón. +¡San Cristóbal nos valga!</p> + +<p>—Pues en tan gran peligro estamos, quiero que ondee mi pabellón sobre +cubierta, dijo el barón tranquilamente. Id á buscarlo, Roger, y clavadlo +aquí.</p> + +<p>—Y yo, exclamó Sir Oliver, prometo á mi excelso patrón Santiago de +Compostela visitar su santuario allá en España, si me saca en bien de +este trance, y comerme una carpa más cada día de vigilia, durante un +año. ¡Cómo ruge el mar! ¿Qué decís, capitán?</p> + +<p>—¡Pasamos, pasamos! gritó Golvín, fija la vista en las rompientes más +inmediatas á la proa. ¡Á la buena de Dios!</p> + +<p>Siguieron unos momentos de espera y luégo se sintió en todo el barco el +roce de la quilla sobre las rocas. Una de éstas, cuya punta proyectaba +oblícuamente, raspó con fuerza el costado del casco, arrancándole largas +astillas. Un momento después el <i>Galeón Amarillo</i> completaba su +evolución, el viento hinchaba las velas y escapaban todos al gravísimo +peligro, huyendo de la amenazadora costa, entre las aclamaciones de +marineros y soldados.<a name="page_159" id="page_159"></a></p> + +<p>—¡Dios sea loado! exclamó el capitán enjugando el sudor que le bañaba +la frente. No volveré á Southampton sin ofrecer un cirio de cinco libras +al buen San Cristóbal en la capilla del convento.</p> + +<p>—Vaya, pues me alegro, comentó Sir Oliver, porque á la verdad prefiero +morir enjuto, por más que después de haber comido tanto pescado en esta +vida, sería muy justo que los peces me comiesen á mí. Y ya que de comer +se trata, á mi cámara me vuelvo....</p> + +<p>—Esperad algo más, querido compañero, dijo el barón, porque si no he +entendido mal, escapamos de un peligro para caer en otro.</p> + +<p>—¡Capitán! gritó en aquel momento el contramaestre ¡las olas se han +llevado las velas que cerraban el boquete de babor! ¡El barco hace agua!</p> + +<p>Tras el contramaestre aparecieron corriendo muchos marineros, anunciando +que el agua inundaba el interior del barco y que los caballos estaban en +inmediato peligro. Obedeciendo las órdenes enérgicas de Golvín, +afianzaron velas sobre el boquete abierto en el costado, operación +dificilísima en aquellas circunstancias y que una vez terminada impidió, +aunque no totalmente, la entrada del agua. El <i>Galeón</i> se había hundido +bastante y las olas barrían la cubierta con frecuencia.</p> + +<p>—No creo que resista en la dirección que llevamos, dijo el capitán, +pero si viro encallamos en la costa.</p> + +<p>—¿Y amainando velas? sugirió el barón. ¿No podríamos esperar la calma +del mar y el viento?</p> + +<p>—No, una y otro no tardarían en arrojarnos contra las rocas. En treinta +años que llevo á bordo no me he visto en lance igual. ¡Los santos del +cielo se apiaden de nosotros!</p> + +<p>—Y muy particularmente confío yo en la protección del gran Santiago, en +cuyo día hago voto de comerme otra carpa, además de la prometida ya para +todos los días de vigilia del año....</p> + +<p>Golvín miró en dirección de las dos galeras apresadas; veíaselas á gran +distancia, ya saltando sobre las olas ya cayendo pesadamente entre +ellas.</p> + +<p>—Si estuviesen más cerca, dijo el marino, todavía podríamos salvarnos. +Por lo pronto, señor barón, convendría<a name="page_160" id="page_160"></a> que os quitáseis la armadura, +porque de un momento á otro podemos vernos en el agua.</p> + +<p>—No acepto el consejo, respondió el caballero. No se dirá que un noble +se desarma voluntariamente porque le amenazan Eolo y Neptuno. Lo que +haré será convocar sobre cubierta á la Guardia Blanca y aguardar con +ella la buena ó mala suerte que el cielo nos depare. Pero ¿qué es +aquello, maese Golvín? Por escasa que sea mi vista me parece no ser ésta +la primera vez que contemplo aquellos dos promontorios, allá á la +izquierda.</p> + +<p>—¡Por San Cristóbal bendito! exclamó el marino con voz gozosa y mirando +ávidamente en la dirección indicada. ¡Es La Tremblade! ¡Y yo que creía +no haber pasado de Olorón! Allí, frente á nosotros, está la +desembocadura del Garona, y una vez pasada la barra habrá desaparecido +el peligro. ¡Orza, muchachos! ¡Timón á babor!</p> + +<p>Movióse otra vez el botalón, el viento cogió las velas á estribor é +impulsó el asendereado barco en la nueva dirección que le ofrecía tan +inesperado refugio. De uno á otro extremo de la anchurosa ría formaban +las olas movible barrera coronada de espuma que se extendía, por el +norte, hasta un elevado pico y por el sud hasta una punta baja y +arenosa. En el centro una pequeña isla contra la cual se estrellaban +furiosas las olas.</p> + +<p>—Entre la isla y el promontorio hay un canal, dijo el capitán; me lo +indicó el piloto del príncipe real en persona. Veremos si el <i>Galeón</i> +obedece á mi mano, cargado de agua como vá y sumergido una braza más de +lo que debiera.</p> + +<p>—Adelante, maese, exclamó el señor de Butrón; dos veces nos ha sido +favorable la fortuna en los inminentes peligros de este día, y si nos +protege ahora, hago voto al bendito Santiago de....</p> + +<p>—Tened la lengua, Butrón amigo, que si seguís ofreciéndoos carpas +acabaréis por atraernos la indignación del santo....</p> + +<p>—Os ruego ordenéis á los soldados que se tiendan sobre cubierta y +permanezcan inmóviles, dijo el capitán. Dentro de pocos minutos +estaremos salvados ó habrá llegado nuestra última hora.</p> + +<p>Arqueros y hombres de armas obedecieron prontamente.<a name="page_161" id="page_161"></a> Golvín se aferró +al timón y miró fijamente á proa, por debajo de la hinchada vela mayor. +Los dos jefes, inmóviles á popa, contemplaban también la temida barra. +Por fin el <i>Galeón Amarillo</i> llegó á las rompientes, evitó los +obstáculos y en cortos momentos, dejando atrás todo peligro, surcó las +tranquilas aguas del Garona.<a name="page_162" id="page_162"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XVIII" id="CAPITULO_XVIII"></a>CAPÍTULO XVIII<br /><br /> +<small>DE CÓMO EL BARÓN HIZO VOTO DE PONERSE UN PARCHE</small></h3> + +<p>U<small>N</small> viernes por la mañana, el veintinueve de Diciembre, dos días antes +del de San Silvestre, ancló el <i>Galeón Amarillo</i> frente á la noble +ciudad de Burdeos. Grandes fueron el interés y la admiración de Roger al +contemplar desde á bordo el bosque de mástiles, los numerosos botes que +cruzaban en todas direcciones y la hermosa ciudad extendida en forma de +media luna á orillas del río, con sus altas torres y la multitud de +edificios de arquitectura y colores variadísimos. Nunca en su tranquila +vida había visto ciudad de igual importancia, ni contaba Inglaterra, con +la sola excepción de Londres, otra que pudiera comparársele en extensión +y riqueza. Á Burdeos llegaban por aquella época los productos de todas +las fértiles comarcas bañadas por el Dordoña y el Garona; los tejidos +del sud, las pieles de Guiena, los vinos del Medoc, para exportarlos +después á Hull, Exeter, Dartmouth, Bristol ó Chester, en cambio de las +lanas y lanillas inglesas. En Burdeos se hallaban también los famosos +hornos de fundición y las forjas que habían dado á sus aceros universal +renombre y con los cuales se forjaban las espadas y lanzas mejor +templadas. Desde su galeón veía Roger el humo que despedían las altas +chimeneas de las fundiciones y la brisa le llevaba de cuando en cuando +el toque de los clarines que resonaba en las murallas de la plaza.</p> + +<p>—¡Hola, <i>mon petit</i>! dijo Simón acercándosele. Hete ya escudero hecho y +derecho y en camino de calzarte muy pronto la espuela de oro, mientras +que yo soy y seré sargento instructor de arqueros y nada más. Apenas me +atrevo á seguir hablándote con la misma franqueza que<a name="page_163" id="page_163"></a> cuando +trincábamos en los mesones de nuestra tierra. Sin embargo, todavía puedo +servirte de guía por estos rumbos, nuevos para tí y sobre todo en +Burdeos, cuyas casas conozco una por una, tan bien como conoce el fraile +las cuentas de su rosario.</p> + +<p>—Demasiado me conocéis también á mí, Simón, para creer que pueda yo +menospreciar á un amigo como vos porque la fortuna parece sonreirme, +contestó el doncel poniendo una mano sobre el hombro del veterano. +Siento que hayáis pensado cosa semejante.</p> + +<p>—No, camarada, ni pensarlo siquiera. Fué una prueba para ver si seguías +siendo el mismo, aunque no debí dudarlo un momento.</p> + +<p>—¿Dónde estaría yo hoy, á no haberos conocido en la venta de Dunán? +Desde luego no hubiera ido al castillo de Monteagudo, ni sería escudero +de nuestro valiente capitán, y probablemente no hubiera visto nunca +á....</p> + +<p>Aquí se detuvo ruborizándose, pero Simón no lo notó, absorto como estaba +con sus propios recuerdos.</p> + +<p>—Buen mesón el del <i>Pájaro Verde</i> ¿eh? ¡Por el filo de mi espada! +Peores cosas podría hacer que casarme con aquella ventera tan fresca y +rolliza, cuando me llegue el día de trocar este coleto y la cota de +malla por la ropilla de paño.</p> + +<p>—Pues yo creía que habíais dado palabra de casamiento á una muchacha de +Salisbury.</p> + +<p>—Á tres, amigo Roger, á tres. Y mucho me temo no volver jamás á aquel +pueblo, á fin de evitar un recibimiento más caluroso que el que pudieran +hacerme tres escuadrones franceses en Gascuña.... Pero mira aquella gran +torre donde flamea el estandarte de los leones de oro; es la bandera +real inglesa, con la divisa de nuestro príncipe. El edificio es la +abadía de San Andrés, y allí se hospeda con su corte hace más de un año.</p> + +<p>—¿Y aquella otra torre gris?</p> + +<p>—La iglesia de San Miguel, y á la izquierda la de San Remo. El caserón +inmediato es el palacio de Berland. Mira también esas fuertes murallas, +con tres poternas hacia el río y diez y seis en todo el circuito de +tierra.</p> + +<p>—¿Y á qué el continuo sonar de tantos clarines?</p> + +<p>—Mal puede ser otra cosa, cuando casi todos los grandes<a name="page_164" id="page_164"></a> señores de +Inglaterra y Gascuña están aposentados detrás de esos muros y el que más +y el que menos quiere que el clarín á su servicio se oiga tanto y tan +frecuentemente como el de su vecino. Á fe mía que me recuerdan un +campamento escocés por la zambra que arman éstos con sus gaitas. Allí +avanza un grupo de pajes que van á dar de beber á los caballos. Cada uno +de esos corceles indica la presencia de un caballero en Burdeos, porque +tengo entendido que los hombres de armas y arqueros han marchado ya con +dirección á Dax.</p> + +<p>—¡Simón! llamó el señor de Morel. Avisa á la gente que dentro de una +hora estarán aquí las lanchas y que lo tengan todo listo para el +desembarco.</p> + +<p>El arquero saludó y se dirigió apresuradamente á proa. Sir Oliver no +tardó en reunirse á su amigo y ambos caballeros empezaron á pasear sobre +cubierta, observando y comentando la vista de la ciudad. Vestía el barón +un traje de terciopelo negro, con gorra redonda de igual material y +color, y sujeto á ésta el guante de la baronesa, cubierto en parte por +rizada pluma blanca. Con la modestia aparente del rico pero obscuro +traje contrastaban los brillantes arreos de Sir Oliver, vestido á la +última moda, con justillo, calzón y capa corta de terciopelo verde, +acuchilladas de rojo las mangas y con birrete rojo también y de gran +tamaño. Las puntas de su calzado, encorvadas <i>à la poulaine</i>, parecían +amenazar las piernas del rechoncho caballero.</p> + +<p>—Una vez más nos vemos frente á esta puerta de honor que en tantas +ocasiones nos ha franqueado el paso á los campos del combate y de la +gloria, dijo el barón contemplando la ciudad con brillante mirada. Allí +ondea el pabellón del príncipe y justo es que ante todo le rindamos +homenaje. Ya veo dirigirse hacia aquí las lanchas que deben de +conducirnos.</p> + +<p>—No es maleja la posada inmediata á la puerta del oeste, contestó el +glotón, y bien pudiéramos aplacar el hambre antes de ir á saludar al +príncipe, porque la mesa de éste, aunque cubierta de brocado y plata, no +es gran cosa para gentes de mi apetito, ni Su Alteza tiene la menor +simpatía por sus superiores....</p> + +<p>—¿Sus superiores?</p> + +<p>—En la mesa y con el tenedor en la mano, quiero decir.<a name="page_165" id="page_165"></a> Dios me libre +de faltarle al respeto, pero le he visto sonreirse porque yo miraba por +cuarta vez al trinchante un día que nos sirvieron caza soberbia. Y en +cambio él me da lástima en la mesa, jugueteando con su cubilete de oro, +en el que bebe cuando más un poco de vino aguado. Y os recuerdo lo del +mesón, amigo, porque la guerra y la gloria no bastan á un cuerpo como el +mío, ni es cosa de estrechar el cinto por la prisa de saludar á Su +Alteza.</p> + +<p>—Casi todas las naves cercanas á la nuestra ostentan el escudo de algún +noble, continuó el señor de Morel. Hé allí el de los Percy, é inmediatos +los de Abercombe, Moreland, Bruce y tantos otros. Extraño sería que de +tal reunión de bizarros caballeros no resultasen notables hechos de +armas. Aquí está nuestra lancha, Butrón, y si es vuestro parecer iremos +directamente á la abadía con nuestros escuderos, dejando á maese Golvín +al cuidado de armas y bagajes y de su desembarque.</p> + +<p>Pronto quedaron instalados caballeros y escuderos en una de las lanchas +y sus caballos en una barcaza prevenida al efecto. Apenas llegó el barón +á tierra hincó la rodilla y elevó al cielo ferviente súplica. Después +sacó de su pecho un pequeño parche negro y poniéndoselo sobre el ojo +izquierdo lo ató firmemente, diciendo:</p> + +<p>—¡Por San Jorge y por mi dama! Hago voto de no descubrir este ojo hasta +haber visto la tierra de España y realizado en ella un hecho de armas +que redunde en honra de mi patria y de mi nombre. Así lo juro sobre mi +espada y sobre el guante de mi dama.</p> + +<p>—Al veros y oiros me siento rejuvenecer veinte años, Morel, le dijo su +amigo cuando hubieron montado y puéstose en camino hacia la Puerta del +Mar. Pero, por merced, si un caballero cegato como vos se quita +voluntariamente la mitad de la poca vista que le queda, no váis á +distinguir un arquero inglés de un capitán español. Paréceme que no +habéis andado muy cuerdo en la elección de vuestro voto.</p> + +<p>—Sabed, señor caballero, repuso el barón con voz imperiosa, que siempre +veré lo bastante para distinguir la senda del deber y de la gloria, +camino en el cual no necesito guía.</p> + +<p>—¡Medrados estamos, y no es mal humorcillo el que mostráis apenas +llegado á tierra de Francia! exclamó Sir Oliver. Pero á bien que si me +buscáis querella, y con vos<a name="page_166" id="page_166"></a> no he de tenerla, aprovecharé la ocasión +para dejaros solo y visitar una vez más la <i>Cabeza de Oro</i> aquí cercana, +cuyos guisos de perdices adobadas han dejado en mí eterna remembranza.</p> + +<p>—No, amigo, dijo sonriente el barón. Nos conocemos y estimamos +demasiado para reñir por palabra más ó menos, como dos pajecillos. +Creedme, venid conmigo á saludar al príncipe y después buscaremos +alojamiento y mesa; aunque tengo para mí que verá con pesar á tan buen +servidor como vos trocar la mesa del príncipe por la de un figón. Pero +¿quién viene ahí? ¿No es ese caballero que nos saluda el señor Roberto +Delvar? ¡Dios sea con vos, buen Roberto! Y aquí está también De Cheney. +¡Qué grato encuentro!</p> + +<p>Los cuatro caballeros continuaron juntos su camino, seguidos de Roger, +Gualtero y Juan de Norbury, escudero de Sir Oliver. Tras ellos iban Reno +y Verney, portaestandartes de Morel y Butrón. Norbury era un joven alto +y seco, que cabalgaba erguido y sin mirar á derecha ni izquierda, como +muy conocedor de la ciudad, donde ya había estado pocos años antes; pero +Gualtero y Roger, llenos de curiosidad, lo escudriñaban todo, paseantes, +calles, edificios y blasones, llamándose mutuamente la atención á cada +instante hacia cuanto les rodeaba. El joven de Pleyel no se cansaba de +oir la nueva lengua en que se expresaban los vendedores de los puestos +ambulantes y los grupos de gentes del pueblo.</p> + +<p>—¿Pero has oído en tu vida cosa semejante? preguntaba á su compañero. +Lo raro es que no se les haya ocurrido aprender el inglés y hablar como +Dios manda, ahora que su tierra pertenece á la corona de Inglaterra. Y +¡por vida mía! que estas muchachas francesas valen un imperio. Mira esa +moza del zagalejo azul. ¡Vaya un palmito!</p> + +<p>No es maravilla que el aspecto de la ciudad produjera profunda impresión +en los que la contemplaban por vez primera. Rica, populosa, animadísima, +Burdeos se hallaba entonces en su apogeo. Además de sus industrias, +armerías y gran comercio, las prolongadas guerras que habían arruinado á +tantas otras villas francesas la habían favorecido notablemente. En +Burdeos se acaparaba y se vendía inmenso botín, procedente de batallas, +saqueos y presas marítimas, cuyo producto en ella se gastaba casi +totalmente.<a name="page_167" id="page_167"></a> Además, la numerosa corte del Príncipe Negro allí instalada +definitivamente, había atraído á multitud de nobles ingleses con sus +familias y servidores, elemento fastuoso cuyo entretenimiento, fiestas y +grandes gastos contribuían no poco á la prosperidad de la noble villa +del Garona. Sin embargo, la reciente acumulación de fuerzas numerosas +para la próxima expedición á España en auxilio de Don Pedro de Castilla +contra su hermano bastardo Don Enrique de Trastamara, había producido +gran escasez y carestía de provisiones y el Príncipe Negro acababa de +enviar la mayor parte de sus tercios y escuadrones á la comarca de Dax, +en Gascuña.</p> + +<p>Frente á la abadía de San Andrés se abría una gran plaza que á la +llegada de nuestros caballeros estaba ocupada por multitud de gentes del +pueblo atraídas por la curiosidad, soldados, religiosos, pajes y +vendedores ambulantes. Algunos brillantes caballeros que se dirigían á +la morada del príncipe cruzaban la plaza á intervalos, separando con +dificultad los grupos de hombres, mujeres y chiquillos que se +precipitaban á su paso. Las enormes puertas de roble y hierro estaban +abiertas de par en par, indicando que el príncipe daba audiencia en +aquel momento; y una veintena de arqueros apostados frente al edificio +mantenía las turbas á debida distancia, no sin distribuir de cuando en +cuando cintarazos sendos entre los curiosos más osados. En el ancho +portal daban guardia dos caballeros armados de punta en blanco, calada +la visera y apoyados en sus lanzas; y entre ellos, sentado á una mesa +baja y atendido por dos pajes, se hallaba el secretario de Su Alteza, +encargado de anotar en el registro que delante tenía el nombre y títulos +de los nobles visitantes y en especial los de aquellos recién llegados á +la corte. Era aquel personaje hombre de avanzada edad, cuyos largos +cabellos y barba blancos le daban venerable aspecto, realzado por el +amplio ropaje de color púrpura que lo cubría hasta los pies.</p> + +<p>—Ahí tenéis á Roldán de Parington, secretario regio, dijo el señor de +Morel. Pobre del que trate de engañarle ó de contradecir sus notas y +registros, porque es el hombre más versado que existe en asuntos +genealógicos y tiene en la memoria los títulos y blasones de cuantos +caballeros hay en Francia é Inglaterra y creo que también la historia +completa<a name="page_168" id="page_168"></a> de sus alianzas y servicios. Dejemos aquí nuestros caballos y +entremos con los escuderos.</p> + +<p>Llegados al portal y al secretario regio, halláronle en animado coloquio +con un joven y elegante caballero, muy deseoso al parecer de conseguir +entrada en la abadía.</p> + +<p>—¿Os llamáis Marvel? decía Roldán de Parington. Pues me parece que no +habéis sido presentado aún.</p> + +<p>—Así es, contestó el otro. Aunque sólo llevo veinticuatro horas en +Burdeos, no he querido diferir la presentación de mis respetos á Su +Alteza.</p> + +<p>—Que no deja de tener otros muchos y muy graves asuntos á que atender. +Pero siendo Marvel por fuerza pertenecéis á los Marvel de Normanton, y +así lo veo en efecto por vuestro blasón: sable y armiño.</p> + +<p>—Marvel de Normanton soy, afirmó el joven tras un momento de +vacilación.</p> + +<p>—En tal caso vuestro nombre es Esteban Marvel, hijo primogénito del +barón Guy del mismo apellido, muerto recientemente.</p> + +<p>—El barón Esteban es mi hermano mayor, confesó en voz baja el noble y +yo soy Arturo, el segundo de mi casa y de mi nombre.</p> + +<p>—¡Acabáramos! exclamó el implacable secretario. Y siendo ello así +¿dónde está en vuestro escudo el crestón que lo denote? ¿Para cuándo es +la media luna de plata que debería de llevar vuestro blasón para indicar +que no es el del jefe de la familia, sino el de un segundón? Retiraos, +señor mío y no esperéis ser presentado al príncipe hasta tener vuestro +escudo de armas muy en regla.</p> + +<p>Retiróse confuso el noble, siguióle con la vista el secretario y notó +casi en seguida el estandarte con las cinco rosas encarnadas que tan +orgullosamente portaba el veterano Reno.</p> + +<p>—¡Por mi nombre! exclamó Parington. Huéspedes tenemos hoy aquí á +quienes no hay que preguntar si los abona nobleza de primer orden. ¡Las +Rosas de Morel! ¡Y digo, la cabeza de jabalí de los Butrón! ¡Ah! +Pendones son esos que podrán estarse aquí en fila, esperando turno, pero +que han figurado y figurarán siempre en primera línea en los campos de +batalla. ¡Bienvenidos, señores! ¡Qué alegría la del canciller De Chandos +cuando vea y<a name="page_169" id="page_169"></a> abrace á sus predilectos compañeros de armas! Por aquí, +caballeros. Vuestros escuderos son sin duda dignos del renombre de sus +señores. Á ver las armas. ¡Hola! aquí tenemos á un Clinton, de la +antigua familia de Hanson y á uno de los Pleyel, rancia nobleza sajona. +¿Y vos? Norbury. Los hay en Chesire y también en la frontera de Escocia. +Corriente, señores míos; vuestra admisión y presentación tendrán efecto +al instante.</p> + +<p>Los pajes abrieron una puerta inmediata que daba entrada á un amplio +salón, en el que nuestros caballeros hallaron congregados á otros muchos +nobles que como ellos esperaban audiencia. En el testero fronterizo á la +puerta de entrada había otra guardada por dos hombres de armas. Abríase +á intervalos para dar paso á un funcionario que nombraba en alta voz al +noble designado por el príncipe.</p> + +<p>Butrón y Morel tomaron asiento y Roger no tardó en distinguir entre los +grupos de apuestos caballeros á uno que hacia él se dirigía y á quienes +todos saludaban con respeto y miraban con evidente interés. Muy alto y +delgado, blanco el cabello y blancos también los desmesurados bigotes +que caían laciamente hacia el cuello, parecía conservar por su mirada de +águila, la viveza de sus ademanes y la gracia de su paso todo el vigor +de la juventud. Tenía el rostro lleno de cicatrices, señal indeleble, +algunas de tremendas heridas, que lo desfiguraban por completo; +faltábale además un ojo, y con tantas averías hubiera sido imposible +reconocer en él al bizarro doncel que cuarenta años antes había sido el +encanto de la corte inglesa por su valor, su fama y su presencia y el +caballero predilecto de las damas. Pero entonces como después seguía +siendo el canciller De Chandos honra y prez de la nobleza del reino, una +de sus mejores lanzas y el más respetado de sus caballeros, el héroe de +Crécy, Chelsea, Poitiers, Auray y de tántos otros combates como años +contaba su larga y gloriosa vida.</p> + +<p>—¡Ah, por fin os encuentro, corazón de oro! exclamó Chandos abrazando +estrechamente al barón de Morel. Tenía noticias de vuestra llegada y no +he parado hasta dar con vos.</p> + +<p>—Grande es el placer que me causa volver á ver al amigo querido y al +modelo de caballeros, dijo Morel devolviendo el abrazo.<a name="page_170" id="page_170"></a></p> + +<p>—Y por lo que veo, añadió riéndose el de Chandos, en esta campaña +seremos tal para cual, porque á mí me falta un ojo y vos os habéis +tapado uno de los vuestros. ¡Bienvenido, Sir Oliver! No os había visto. +Entraremos á saludar al príncipe cuanto antes, pero os prevengo que si +hace esperar á tales caballeros es porque está ocupadísimo. Don Pedro de +Castilla por una parte, el rey de Aragón por otra, el de Navarra, que +cambia de parecer de la noche á la mañana, y luégo el enjambre de +señores gascones, añadió bajando la voz, con sus interminables +pretensiones, todo contribuye á que el príncipe no tenga una hora suya. +¿Cómo dejasteis á mi señora de Morel?</p> + +<p>—Bien de salud, pero entristecido el ánimo. Mucho me encargó que os +saludara en su nombre.</p> + +<p>—Soy siempre su caballero y su esclavo. ¿Y vuestro viaje?</p> + +<p>—No pudiera desearlo mejor, contestó el barón. La mar algo alborotada, +pero tuvimos la suerte de avistar unas galeras piratas, á las que +dijimos dos palabras.</p> + +<p>—¡Siempre afortunado, Morel! Ya nos contaréis la aventura esa. Pero +ahora, dejad aquí á vuestros escuderos, seguidme de cerca y creo que el +príncipe no vacilará en recibiros fuera de turno, cuando sepa qué par de +veteranos ilustres están haciendo antesala.</p> + +<p>Los señores de Morel y Butrón siguieron al de Chandos, saludando á su +paso entre los grupos de nobles á muchos antiguos compañeros de armas.<a name="page_171" id="page_171"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XIX" id="CAPITULO_XIX"></a>CAPÍTULO XIX<br /><br /> +<small>ANTE EL DUQUE DE AQUITANIA</small></h3> + +<p>A<small>UNQUE</small> no de grandes dimensiones, la cámara del príncipe estaba +amueblada y decorada con tanto gusto como riqueza. En el testero, sobre +un estrado, dos regios sillones con dosel de terciopelo carmesí +esmaltado de flores de lis de plata. Sitiales tallados recubiertos de +damasco, tapices, alfombras y almohadones ricamente guarnecidos +completaban el mueblaje.</p> + +<p>Ocupaba uno de los sillones del estrado un personaje de elevada estatura +y formas bien proporcionadas, pálido el rostro y cuya mirada algo dura +daba al semblante expresión un tanto amenazadora. Era éste Don Pedro de +Castilla. En el sillón de la izquierda se sentaba otro príncipe español, +Don Jaime, quien lejos de parecer aburrido como su compañero, mostraba +gran interés en cuanto le rodeaba y acogía con sonrisas y saludos á los +caballeros ingleses y gascones. Cerca de ambos y sobre el mismo estrado +ocupaba también un sitial más bajo el famoso Príncipe Negro, Eduardo, +hijo del soberano de Inglaterra. Vestido modestamente, nadie que no le +conociese hubiera soñado ver en él al vencedor de tantas y tan grandes +victorias, cuya fama llenaba el mundo. En su preocupado semblante se +reflejaba en aquellos momentos una expresión de enojo. Á uno y otro lado +del salón veíase triple fila de prelados y altos dignatarios de +Aquitania, barones, caballeros y cortesanos.</p> + +<p>—Hé allí al príncipe, dijo Chandos al entrar. Los dos personajes +sentados detrás de él son los monarcas españoles para quienes, con la +ayuda de Dios y nuestro esfuerzo, vamos á conquistar respectivamente á +Castilla y Mallorca. Muy preocupado está Su Alteza, y no me asombra.<a name="page_172" id="page_172"></a></p> + +<p>Pero el príncipe había notado su entrada y placentera sonrisa animó su +rostro.</p> + +<p>—Innecesarios son esta vez vuestros buenos oficios, Chandos, dijo +levantándose. Estos valientes caballeros me son muy bien conocidos para +necesitar introductor. Bienvenidos á mi ducado de Aquitania sean Sir +León de Morel y Sir Oliver Butrón. No, amigos; doblad la rodilla ante el +rey mi padre en Windsor; á mí dadme vuestras manos. Bien llegáis, pues +cuento daros no poco que hacer antes de que volváis á ver vuestra tierra +de Hanson. ¿Habéis estado en España, señor de Butrón?</p> + +<p>—Sí, Alteza, y lo que más recuerdo es aquella famosa y deliciosísima +olla podrida del país....</p> + +<p>—¡Siempre el mismo, á lo que veo! exclamó el príncipe riéndose, lo +mismo que otros muchos caballeros. Pero descuidad, que una vez allí +trataremos de que obtengáis vuestro plato español favorito, preparado +con todas las reglas del arte. Ya ve Vuestra Alteza, continuó +dirigiéndose al rey Don Pedro, que no faltan entre nuestros caballeros +admiradores entusiastas de la cocina española. Pero, dicho sea en honor +de Sir Oliver, también sabe pelear con el estómago vacío. Bien lo probó +allá en Poitiers, cuando batallamos por dos días sin más alimento que +unos mendrugos de pan y unos tragos de agua cenagosa; y todavía recuerdo +cómo se lanzó en lo más recio del combate y de un solo tajo hizo rodar +por tierra la cabeza de un brillante caballero picardo.</p> + +<p>—Porque se le ocurrió impedirme el paso á un carro cargado de víveres +que tenían los franceses, observó Sir Oliver, con gran risa de todos los +presentes.</p> + +<p>—¿Cuántos reclutas me traéis? le preguntó el príncipe.</p> + +<p>—Cuarenta hombres de armas, señor, contestó Sir Oliver.</p> + +<p>—Y yo cien arqueros y cincuenta lanzas, dijo el señor de Morel; pero +cerca de la frontera navarra me esperan otros doscientos hombres.</p> + +<p>—¿Qué fuerza es esa, barón?</p> + +<p>—Una compañía famosa, llamada la Guardia Blanca.</p> + +<p>Con gran sorpresa del barón, sus palabras fueron acogidas con unánime +carcajada. El mismo príncipe y los dos reyes extranjeros participaron de +la hilaridad general. El<a name="page_173" id="page_173"></a> barón de Morel miró tranquilamente á uno y +otro lado, y fijándose por último en un fornido caballero de poblada +barba negra situado cerca de él y que se reía más ruidosamente que los +demás, se dirigió á él y tocándole el brazo le dijo:</p> + +<p>—Cuando hayáis acabado de reíros no me negaréis la merced de una breve +entrevista, en lugar donde podamos entendernos cara á cara y espada en +mano....</p> + +<p>—¡Calma, barón! exclamó Su Alteza. No busquéis querella al señor +Roberto Briquet, que tanta culpa tiene él como todos nosotros. La verdad +es que cuando entrasteis acabábamos de oir, y yo con enojo, noticias de +las fechorías cometidas por esa misma Guardia Blanca, tales y tántas que +juré ahorcar al capitán de esa compañía. Lejos estaba yo de hallarlo +entre los más valientes y escogidos de mis jefes. Pero mi juramento es +nulo, en vista de que acabáis de llegar de Inglaterra y ni sabéis lo que +ha hecho vuestra gente por aquí, ni es posible exigiros por ello asomo +de responsabilidad.</p> + +<p>—Que yo sea ahorcado es cuestión de poca monta, señor, contestó al +punto el barón, si bien el género de muerte es menos noble de lo que yo +esperara. Pero lo esencial es que el príncipe de Inglaterra y modelo de +caballeros, no deje sin cumplir su juramento, por ninguna razón ni +pretexto....</p> + +<p>—No insistáis, barón. Al oir hace poco á un vecino de Montaubán, que +nos refería los saqueos y depredaciones de esos foragidos, hice voto de +castigar duramente al que en realidad los manda hoy. Vos y el señor de +Butrón quedáis invitados á mi mesa y por lo pronto formáis parte de los +caballeros de mi séquito.</p> + +<p>Inclináronse ambos nobles y siguiendo al señor de Chandos, llegaron al +extremo opuesto del salón, fuera de los apretados grupos de guerreros y +cortesanos.</p> + +<p>—Muchos deseos tenéis de que os ahorquen, mi buen amigo, dijo Chandos, +y por vida mía, en tal caso lo mejor hubiera sido dirigiros al rey Don +Pedro, que no hubiera tardado en complaceros, atendido á que vuestra +Guardia Blanca se ha conducido en la frontera como una manada de lobos.</p> + +<p>—No tardaré en meterlos en cintura, con el favor de San Jorge y una +buena cuerda para ahorcar á los más díscolos.<a name="page_174" id="page_174"></a> Y ahora os ruego, noble +amigo, que me digáis los nombres de algunos de estos caballeros, pues +son muchas las caras desconocidas que me rodean. En cambio otras las +conozco desde que ciño espada.</p> + +<p>—Mirad ante todo aquellos graves religiosos, inmediatos á los regios +asientos. Es uno el arzobispo de Burdeos y el otro el obispo de Agén. +Aquel caballero de la barba entrecana, que sin duda ha llamado vuestra +atención por su imponente figura y marcial aspecto, es Sir Guillermo +Fenton. Tengo la honra de compartir con él las funciones de la +Cancillería de Aquitania.</p> + +<p>—¿Y los nobles situados á la derecha de Don Pedro?</p> + +<p>—Son distinguidos capitanes españoles que han seguido al monarca en su +destierro, y entre ellos he de nombraros á Don Fernando de Castro, el +primero junto á las gradas, modelo de caballeros y tan hidalgo como +valiente. Frente á nosotros están los señores gascones, cuyo serio y +enojado aspecto revela el reciente disgusto que han tenido con Su +Alteza. El de elevada estatura y hercúleo cuerpo es Captal de Buch, +nombre que habréis oído con frecuencia, pues no hay en Gascuña más +famosa lanza. Habla con él Oliverio de Clisón, apellidado el +Pendenciero, pronto siempre á enconar los ánimos y atizar la discordia. +Una cuchillada en la mejilla izquierda os señalará al señor de Pomers, á +quien acompañan sus dos hermanos y les siguen en línea los señores de +Lesparre, de Rosem, de Albret, de Mucident y de la Trane. Tras ellos veo +numerosos caballeros procedentes del Limosín, Saintonges, Quercy, Poitou +y Aquitania, con el valiente Guiscardo de Angle en último término, el +del jubón púrpura y ferreruelo guarnecido de armiño.</p> + +<p>—¿Qué de los caballeros situados á este lado del salón?</p> + +<p>—Son todos ingleses, unos del séquito regio y otros, como vos, +capitanes de compañías auxiliares ó del ejército. Ahí tenéis á los +señores de Neville, Cosinton, Gourney, Huet y Tomás Fenton, hermano del +canciller Guillermo. Fijaos bien en aquel caballero de la nariz aguileña +y roja barba, que pone la mano sobre el hombro del capitán de moreno +rostro, dura mirada y modesto traje.</p> + +<p>—Bien los veo, dijo el barón. Y juraría que ambos<a name="page_175" id="page_175"></a> están más +acostumbrados á ceñir la armadura y repartir mandobles que á figurar +entre cortesanos en la regia cámara.</p> + +<p>—Á otros muchos nos pasa lo mismo, Sir León, repuso Chandos, y bien +puedo asegurar que el mismo príncipe respira más á sus anchas en el +campo de batalla que en su palacio. Pero oid los nombres de aquellos dos +capitanes: Hugo Calverley y Roberto Nolles.</p> + +<p>El señor de Morel se inclinó para contemplar á su sabor á tan famosos +guerreros; uno capitán de compañías auxiliares y guerrillero +incomparable; el otro paladín renombrado, que desde muy modesta posición +habíase elevado hasta ocupar el segundo lugar después de Chandos entre +las mejores lanzas inglesas, y conquistádose inmensa popularidad entre +los soldados de todo el ejército.</p> + +<p>—Pesada mano la de Nolles en tiempo de guerra, continuó el señor de +Chandos. Á su paso por tierra enemiga deja siempre tras sí rastro +sangriento y en el norte de Francia llaman todavía "Ruinas de Nolles" á +los castillos desmantelados y pueblos destruídos que Sir Roberto dejó en +aquellas asoladas comarcas.</p> + +<p>—Conozco su nombre y no me disgustaría romper una lanza con tan +principal y temido caballero, dijo el barón. Pero mirad, muy enojado +está el príncipe.</p> + +<p>Mientras hablaban ambos nobles había recibido Guillermo el homenaje de +otros recién llegados y oído con impaciencia las propuestas de algunos, +por lo general aventureros, que ofrecían vender su espada y las +reclamaciones de no pocos negociantes y armadores de la ciudad, +perjudicados, según ellos, por los excesos de la soldadesca. De repente, +al oir uno de los nombres anunciados por el funcionario encargado de +presentar á los que solicitaban audiencia, levantóse apresuradamente el +príncipe y exclamó:</p> + +<p>—¡Por fin! Acercaos, Don Martín de la Carra. ¿Qué nuevas y sobre todo +qué mensaje me traéis de parte de mi muy amado primo el de Navarra?</p> + +<p>Era el recién llegado caballero de arrogante figura y majestuoso porte. +Su moreno rostro y negrísimos ojos, cabellos y barba indicaban su origen +meridional. Sobre el traje de corte llevaba luenga capa negra, de forma +y material muy diferentes de los usados en Francia é Inglaterra.<a name="page_176" id="page_176"></a> +Adelantóse con mesurado paso y saludando profundamente, dijo:</p> + +<p>—Mi poderoso é ilustre señor, Carlos, rey de Navarra, conde de Evreux y +de Champaña y señor del Bearn, me ordena saludar fraternalmente á su muy +amado primo Eduardo, príncipe de Gales, duque de Aquitania, +lugarteniente....</p> + +<p>—¡Basta ya, Don Martín! interrumpió impacientemente el príncipe. +Conozco los títulos de vuestro soberano y ciertamente no ignoro los +míos. Decidme sin más preámbulos si se halla libre el paso por los +desfiladeros, ó si vuestro señor opta por faltar á la palabra que me dió +pocos meses há, en nuestra última entrevista.</p> + +<p>—Mal podría el rey de Navarra faltar á su palabra, dijo el enviado +español con irritado acento. Lo único que mi ilustre soberano recaba es +la prolongación del plazo para el cumplimiento de lo pactado, así como +ciertas condiciones....</p> + +<p>—¡Condiciones, aplazamientos! ¿Habla vuestro rey con el príncipe real +de Inglaterra ó con el preboste de una de sus villas? ¡Condiciones! Yo +se las dictaré bien pronto. Pero vamos á lo que importa. ¿Entiendo que +hallaremos cerrados los pasos de la cordillera?</p> + +<p>—No, Alteza....</p> + +<p>—¿Libres, entonces, y expedito el paso?</p> + +<p>—No, Alteza, pero yo....</p> + +<p>—¡Nada más digáis, Don Martín! Triste espectáculo en verdad el de tan +noble y respetable caballero abogando por causa tan mezquina. Sé lo que +ha hecho Carlos de Navarra, y cómo mientras con una mano recibía los +cincuenta mil soberanos de oro convenidos á cambio de dejarnos libre el +paso de la frontera, tendía la otra mano á Don Enrique el de Trastamara +ó al rey de Francia, recibiendo en ella rica compensación por +disputarnos la entrada. Pero juro por mi santo patrón que tan bien como +conozco yo á mi primo de Navarra me conocerá él á mí muy pronto. +¡Falso!...</p> + +<p>—¡Señor, permitidme recordaros que si tales palabras fuesen +pronunciadas por otros labios que los vuestros, yo exigiría retractación +inmediata! dijo el de Carra, trémulo de indignación.</p> + +<p>Don Pedro frunció el entrecejo y miró sañudo á su compatriota,<a name="page_177" id="page_177"></a> pero el +príncipe inglés acogió aquellas palabras con aprobadora sonrisa.</p> + +<p>—¡Bien, Don Martín! exclamó, ¡digno es de vos ese arranque! Decid á +vuestro rey que si cumple lo convenido entre nosotros, no tocaré una +piedra de sus castillos ni un cabello de sus súbditos; pero que de lo +contrario, os seguiré de cerca, llevando conmigo una llave que abrirá de +par en par cuantas puertas él nos cierre. Y ¡ay entonces de Carlos y ay +de Navarra!</p> + +<p>Inclinóse después Su Alteza hacia los dos caudillos Nolles y Calverley, +que cerca tenía, y habló con ellos breves instantes. Ambos nobles +salieron inmediatamente de la cámara con altanero paso y gozosa sonrisa.</p> + +<p>—Juro por los santos del Paraíso, continuó el príncipe, que así como he +sido aliado generoso, sabré ser también enemigo implacable. Vos, +Chandos, dad las órdenes oportunas para que el señor de la Carra sea +tratado y atendido cual lo merece por su rango y por sus prendas.</p> + +<p>—Siempre bondadoso, observó Don Pedro.</p> + +<p>—Aun con los que se le muestran tan altivos como acaba de hacerlo ese +enviado, añadió Don Jaime.</p> + +<p>—Decid más bien que procuro ser siempre justo, repuso el príncipe +Eduardo. Pero aquí tengo noticias de interés para Vuestras Altezas; un +pliego de mi hermano el duque de Lancaster anunciándome su salida de +Windsor para traernos el refuerzo de cuatrocientas lanzas y otros tantos +arqueros. Tan luego mi esposa la duquesa recobre la salud, y espero que +no tardará mucho, emprenderemos nuestra marcha con la gracia de Dios, +para unirnos al grueso del ejército en Dax y poner á Vuestras Altezas en +posesión de sus estados.</p> + +<p>Un murmullo de aprobación acogió aquellas palabras y el príncipe +contempló con satisfacción los rostros de todos aquellos capitanes, +ganosos de seguirle y distinguirse bajo sus banderas.</p> + +<p>—El titulado rey de Castilla, Enrique de Trastamara, contra cuyas +fuerzas vamos á luchar, es un guerrero hábil y animoso y la campaña +proporcionará ocasión de conquistar lauros sin cuento. Á sus órdenes +tiene cincuenta mil soldados castellanos y leoneses, con más doce mil +hombres de armas de las compañías francesas que tiene á sueldo,<a name="page_178" id="page_178"></a> +veteranos cuyo valor reconozco. También es un hecho la misión del sin +par Bertrán Duguesclín cerca del Duque de Anjou, para atraerlo á la +causa de Enrique y volver á España con tercios numerosos reclutados en +Bretaña y Picardía. Y probablemente lo hará como se propone, porque el +gran condestable es uno de los hombres de más prestigio y energía de +nuestra época. ¿Qué decís á ello, Captal? Duguesclín os venció en +Cocherel y esta campaña os ofrece la revancha.</p> + +<p>El guerrero gascón acogió aquella alusión del príncipe con avinagrado +gesto y no hizo mejor gracia á los caballeros gascones que rodeaban á +Captal de Buch, pues les recordaba que la única vez que habían atacado á +las tropas francesas sin el auxilio de Inglaterra les había tocado en +suerte completa derrota.</p> + +<p>—No es menos cierto, Alteza, dijo Clisón, que la revancha la hemos +obtenido ya, pues sin el concurso de las espadas gasconas no hubierais +hecho prisionero á Duguesclín en Auray, ni quizás roto las huestes del +rey Juan en Poitiers....</p> + +<p>—Muy alto pretende picar el gallo gascón, y apenas levanta del suelo un +palmo, interrumpió un caballero inglés.</p> + +<p>—Cuanto más pequeño el gallo mayores suelen ser los espolones, repuso +con fuerte voz Captal de Buch.</p> + +<p>—Si no se los corta quien puede hacerlo, dijo el señor de Abercombe.</p> + +<p>—Á osados y altaneros nos ganáis vosotros los ingleses, contestó el +capitán Roberto Briquet. Pero gascón soy, y vos, Abercombe, me daréis +cuenta de esas palabras.</p> + +<p>—Cuando gustéis, dijo el otro volviéndole la espalda.</p> + +<p>—Como vos me la daréis á mí, señor de Clisón, exclamó á su vez Sir +Vivián Bruce.</p> + +<p>—Ocasión inmejorable, se oyó decir entonces al barón de Morel, para que +tan lucida lanza gascona como la del señor de Pomers me haga el honor de +cruzarse con la muy humilde mía.</p> + +<p>Oyéronse en pocos instantes una docena de retos, que revelaban la mala +voluntad y los rencores existentes entre gascones é ingleses. +Gesticulaban furiosos los primeros, contestábanles los segundos con +impasible desprecio y en<a name="page_179" id="page_179"></a> tanto el príncipe Eduardo los contemplaba en +silencio, secretamente complacido de presenciar aquella escena tan +conforme con su espíritu batallador. Sin embargo, la división entre sus +propios jefes ningún buen resultado podía darle y se apresuró á calmar +los ánimos.</p> + +<p>—Haya paz, señores, ordenó extendiendo el brazo. Quienquiera de +vosotros que continúe tan tonta querella fuera de aquí, tendrá que darme +cuenta de ello. Necesito el concurso de todas vuestras espadas y no +permitiré que las volváis unos contra otros. Abercombe, Morel, Bruce +¿dudáis acaso del valor de los caballeros gascones?</p> + +<p>—Eso no haré yo, contestó Bruce, pues demasiadas veces los he visto +pelear como buenos.</p> + +<p>—Valientes son, sin duda, pero no hay temor de que nadie lo olvide +mientras tengan lengua para proclamarlo á todas horas, sin ton ni son, +dijo á su vez Abercombe.</p> + +<p>—No os demandéis de nuevo, se apresuró á decir el príncipe. Si es de +gente gascona el decir en alta voz lo que piensan, tampoco falta quien +tache á los ingleses de fríos y taciturnos. Pero ya lo habéis oído, +señores de Gascuña; los mismos que acaban de tener con vosotros una +querella pueril os reconocen el valor y las dotes de todo honrado +caballero. Captal, Clisón, Pomers, Briquet, cuento con vuestra palabra.</p> + +<p>—La tiene Vuestra Alteza, respondieron los gascones, aunque sin ocultar +que lo hacían de pésima gana.</p> + +<p>—¡Y ahora, á la sala del banquete! prosiguió Eduardo. Ahoguemos hasta +el último recuerdo de esta contienda en unos cuantos frascos de buena +malvasía.</p> + +<p>Volviéndose entonces hacia sus regios huéspedes, los condujo con toda +cortesía á los puestos de honor que les estaban reservados en la mesa +servida en la vecina estancia. Tras ellos siguieron los brillantes +caballeros de antemano invitados á la mesa del príncipe.<a name="page_180" id="page_180"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XX" id="CAPITULO_XX"></a>CAPÍTULO XX<br /><br /> +<small>DE CÓMO ROGER DESHIZO UN ENTUERTO Y TOMÓ UN BAÑO</small></h3> + +<p>R<small>ECORDARÁ</small> el lector que Gualtero y Roger se habían quedado en la +antecámara, donde no tardó en rodearlos animado grupo de jóvenes +caballeros ingleses, deseosos de obtener noticias recientes de su país. +Las preguntas menudearon:</p> + +<p>—¿Sigue nuestro amado soberano en Windsor?</p> + +<p>—¿Qué nos decís de la buena reina Felipa?</p> + +<p>—¿Y qué de la bella Alicia Perla, la otra reina?</p> + +<p>—El diablo te lleve, Haroldo, dijo un alto y fornido escudero, asiendo +por el cuello y sacudiendo al que acababa de hablar. ¿Sabes que si el +príncipe hubiera oído la preguntilla esa te podría costar la cabeza?</p> + +<p>—Y como está vacía poco perdería con ella el buen Haroldo.</p> + +<p>—No tan vacía como tu escarcela, Rodolfo. Pero ¿qué demonios piensa el +mayordomo? Todavía no han empezado á poner la mesa.</p> + +<p>—¡Pardiez! En todo Burdeos no hay doncel más hambriento. Si las +espuelas de caballero y los ricos cargos se ganasen con el estómago, +serías ya lo menos condestable.</p> + +<p>—Pues digo, que si se ganasen empinando el codo, Rodolfito mío, te +tendríamos de canciller hace años.</p> + +<p>—Basta de charla, exclamó otro, y que hablen los escuderos de Morel. +¿Qué se dice por Inglaterra, mocitos?</p> + +<p>—Probablemente lo mismo que al salir de ella vosotros, contestó picado +Gualtero. Sin embargo, tengo para mí que no se hablaba ya tanto como +cuando andaban por allí muchos parlanchines....<a name="page_181" id="page_181"></a></p> + +<p>—¡Hola! ¿Qué quiere decir eso, moderno Salomón?</p> + +<p>—Averiguadlo si podéis.</p> + +<p>—Medrados estamos con el paladín éste, que todavía no se ha quitado de +los zapatos el barro amarillo de los breñales de Hanson y ya viene +tratándonos de parlanchines.</p> + +<p>—¡Qué gente tan lista la de esta tierra, Roger! dijo Gualtero con +sorna, guiñando el ojo á su amigo.</p> + +<p>—¿Cómo debemos tomar vuestras palabras, señor mío?</p> + +<p>—Tomadlas por donde podáis sin quemaros, respondió Gualtero.</p> + +<p>—¡Otra agudeza!</p> + +<p>—Gracias por el cumplido.</p> + +<p>—Mira, Germán, lo mejor será que lo dejes, porque el escudero de Morel +es más despierto y más listo de lengua que tú.</p> + +<p>—De lengua, lo concedo. ¿Y de espada? preguntó Germán.</p> + +<p>—Punto es ese, observó Rodolfo, que podrá esclarecerse dentro de dos +días, la víspera del gran torneo.</p> + +<p>—Poco á poco, Germán, exclamó entonces un escudero de rudas facciones, +cuyo robusto cuello y anchos hombros revelaban su fuerza. Tomáis los +insultos de esta gente con asombrosa calma, y yo no estoy dispuesto á +que me llamen parlanchín sin más ni más. El barón de Morel ha dado +pruebas repetidas de lo que puede y vale, pero ¿quién conoce á estos +caballeritos? Este otro ni siquiera chista. ¿Qué decís vos á ello?</p> + +<p>Al pronunciar estas palabras posó su pesada mano sobre el hombro de +Roger.</p> + +<p>—Á vos nada tengo que deciros, respondió el doncel procurando +contenerse.</p> + +<p>—Vamos, este no es escudero, sino tierno pajecillo. Pero descuidad, que +vuestras mejillas tendrán menos colorete y más bríos vuestra mano antes +de que volváis á guareceros tras el guardapié de vuestra nodriza.</p> + +<p>—De mi mano puedo deciros que está siempre pronta....</p> + +<p>—¿Pronta á qué?</p> + +<p>—Á castigar una insolencia, señor mío, replicó Roger, airado el rostro +y centelleante la mirada.</p> + +<p>—¡Pero qué interesante se va poniendo el querubín éste! continuó el +rudo escudero. Vamos á ver si lo describo:<a name="page_182" id="page_182"></a> ojos de gacela, piel +finísima, como la de mi prima Berta, y unos buclecillos tan luengos y +tan rubios... Al decir esto, su mano tocó el rizado cabello de Roger.</p> + +<p>—Buscáis pendencia....</p> + +<p>—¿Y aunque así fuera?</p> + +<p>—Yo os diría que lo hacéis como un patán, y no como hombre bien nacido. +Os diría también que en la escuela de mi señor no se aprende á buscar un +lance por medio de tan groseros modos....</p> + +<p>—¿Y cómo habéis aprendido á hacerlo vos, modelo de escuderos?</p> + +<p>—No siendo brutal ni insolente, sino dirigiéndome á vos, por ejemplo, +para deciros cortésmente: "He resuelto mataros y espero que me hagáis la +merced de designar hora y lugar donde podamos vernos cara á cara y +espada en mano." Y tratándose de un escudero comedido y digno de ese +nombre, me quitaría el guante, como lo hago ahora y lo dejaría caer á +sus pies; pero teniendo que habérmelas con un destripaterrones como vos, +se lo lanzaría á la cara!</p> + +<p>Y con toda su fuerza arrojó el guante al rostro burlón del escudero.</p> + +<p>—¡Lo pagaréis con vuestra vida! rugió éste, blanco de ira.</p> + +<p>—Si podéis quitármela, repuso Roger con entereza.</p> + +<p>—¡Bravo, muchacho! exclamó Gualtero. Tente firme.</p> + +<p>—Se ha portado como debía y puede contar conmigo, agregó Norbury, +escudero de Sir Oliver.</p> + +<p>—Tú tienes la culpa de todo esto, Tránter, dijo Germán. ¿No andas +siempre buscando pendencia á los recien llegados? Pues ahí la tienes. +Pero sería una vergüenza que el asunto pasase á mayores. El mozo no ha +hecho más que contestar á una provocación con otra.</p> + +<p>—¡Imposible! exclamaron algunos. ¡Tránter ha recibido un golpe! Tanto +valdría quedarse con una bofetada.</p> + +<p>—¿Pues y los insultos de Tránter? ¿No empezó él por poner su mano en +los cabellos del otro? dijo Haroldo.</p> + +<p>—Habla tú, Tránter. Ha habido ofensa por ambas partes y bien podrían +quedar las cosas como están.</p> + +<p>—Todos vosotros me conocéis, dijo Tránter, y no podéis dudar de mi +valor. Que recoja su guante y reconozca que ha hecho mal, y no volveré á +hablar del asunto.<a name="page_183" id="page_183"></a></p> + +<p>—Mala centella lo parta si tal hace, murmuró Gualtero.</p> + +<p>—¿Lo oís, joven? preguntó Germán. El escudero ofendido olvidará el +golpe si le decís que habéis obrado precipitadamente.</p> + +<p>—No puedo decir tal cosa, declaró Roger.</p> + +<p>—Tened en cuenta que solemos poner á prueba el valor de los escuderos +recien llegados, para saber si debemos de tratarlos como amigos. Vos +habéis tomado esa prueba como ofensa mortal y contestado con un golpe. +Decid que lo sentís, y basta.</p> + +<p>—No llevéis las cosas á punta de lanza, dijo entonces Norbury al oído +de Roger. Conozco al tal Tránter, que no sólo es superior á vos en +fuerza física sino muy hábil en el manejo de la espada.</p> + +<p>Pero Roger de Clinton tenía en las venas noble sangre sajona, y una vez +irritado era muy difícil aplacarlo. Las palabras de Norbury que le +indicaban un peligro acabaron de afirmarlo en su resolución.</p> + +<p>—He venido aquí acompañando á mi señor, dijo, y en la inteligencia de +que me rodeaban ingleses y amigos. Pero ese escudero me ha hecho un +recibimiento brutal y lo ocurrido es culpa suya. Pronto estoy á recoger +mi guante, mas ¡por Dios vivo! no sin que antes me pida él perdón por +sus palabras y ademanes.</p> + +<p>—¡Basta ya! exclamó Tránter encogiéndose de hombros. Tú, Germán, has +hecho todo lo posible para sustraerlo á mi venganza. Lo que procede es +solventar la cuestión en seguida.</p> + +<p>—Lo mismo digo, asintió Roger.</p> + +<p>—Después del banquete hay consejo de jefes y tenemos lo menos dos horas +disponibles, dijo un escudero de cabellos grises.</p> + +<p>—¿Y el lugar del combate?</p> + +<p>—Desierto está el campo del torneo, y en él podemos....</p> + +<p>—Nada de eso; ha de ser dentro de los límites de este edificio donde +reside la corte. De lo contrario, recaería sobre todos nosotros la +indignación del príncipe.</p> + +<p>—¡Bah! Conozco yo un lugar inmejorable para tales lances, á la orilla +misma del río. Salimos de los terrenos<a name="page_184" id="page_184"></a> de la abadía y tomamos por la +calle de los Apóstoles. En tres minutos estamos allí.</p> + +<p>—Pues entonces <i>¡en avant!</i>, dijo Tránter, echando á andar con gran +prisa, seguido de numerosos escuderos.</p> + +<p>Á orillas del Garona había una pequeña pradera limitada en dos de sus +extremos por altos paredones. El terreno formaba rápido declive al +acercarse al río, muy profundo en aquel punto, y los únicos dos ó tres +botes visibles estaban amarrados á gran distancia. En el centro del río +anclaban algunos barcos. Ambos combatientes se despojaron prontamente de +sus ropillas y birretes y empuñaron las espadas. En aquella época no se +conocía la etiqueta del duelo, pero eran muy frecuentes los encuentros +singulares como el que describimos, y en ellos, así como en las justas, +habíase conquistado el escudero Tránter una reputación que justificaba +sobradamente la amistosa advertencia de Norbury. Roger no había +descuidado por su parte el diario ejercicio de las armas y podía +considerársele como tirador no despreciable, ya que no de los primeros. +Grande era el contraste que ambos combatientes presentaban: moreno y +robusto Tránter, mostraba el velludo pecho y la recia musculatura de +hombros y brazos, en tanto que Roger, rubio y sonrosado, personificaba +la gracia juvenil. La mayor parte de los espectadores preveían una lucha +desigual, mas no faltaban dos ó tres lidiadores expertos que notaban con +aprobación la firme mirada y los ágiles movimientos del doncel.</p> + +<p>—¡Alto, señores! exclamó Norbury apenas se cruzaron las espadas. El +arma de Tránter es casi un palmo más larga que la de su adversario.</p> + +<p>—Toma la mía, Roger, dijo Gualtero de Pleyel.</p> + +<p>—Dejad, amigos, respondió el servidor de Morel. Conozco bien el peso y +alcance de mi espada y estoy acostumbrado á ella. Nada importa la +desigualdad. ¡Adelante, señor mío, que pueden necesitarnos en la abadía!</p> + +<p>La desmesurada tizona de Tránter dábale, en efecto, marcada ventaja. +Bien separados los pies y algo dobladas ambas rodillas, parecía pronto á +precipitarse de un salto sobre su enemigo, al cual presentaba la punta +de su larga espada á la altura de los ojos. La empuñadura tenía una +guarda de gran tamaño que protegía bien mano y muñeca, y al comienzo de +la cruz, junto á la hoja, una profunda<a name="page_185" id="page_185"></a> muesca destinada á recibir y +retener la espada del adversario y á romperla ó desarmarlo por medio de +un vigoroso movimiento de la muñeca. En cambio Roger tenía que confiar +por completo en su propia destreza; el arma que empuñaba, aunque del +mejor temple, era delgada y de sencilla empuñadura; una espada de corte +más que de combate.</p> + +<p>Conocedor Tránter de las ventajas que le favorecían no tardó en +aprovecharlas y adelantándose de un salto dirigió á Roger una estocada +vigorosa, seguida de tremendo tajo capaz de cortarlo en dos; pero con no +menos rapidez acudió Roger al doble quite, aunque la violencia del +ataque le hizo retroceder un paso y aun así, la punta de la hoja enemiga +le desgarró el justillo sobre el pecho. Pronto como el rayo atacó á su +vez, mas la espada de Tránter apartó violentamente la suya y continuando +su giro descargó otro tajo terrible, que si bien fué parado á tiempo, +sobrecogió á los espectadores amigos de Roger. Pero el peligro parecía +atraer á éste, que contestó con dos estocadas á fondo, rapidísimas, la +segunda de las cuales apenas pudo parar Tránter, y al trazar el quite su +espada rozó la frente de Roger, tanto se había aproximado éste. La +sangre brotó abundante y cubrió su rostro, obligándole á retroceder para +ponerse fuera del alcance de su enemigo, quien se detuvo por un momento +respirando agitadamente, mientras los testigos de aquella lucha rompían +el silencio que hasta entonces guardaran.</p> + +<p>—¡Bien por ambos! exclamó Germán. Sois tan valientes como diestros y +aquí debe terminar esta contienda.</p> + +<p>—Con lo hecho basta, Roger, dijo Norbury.</p> + +<p>—¡Sí, sí! exclamaron otros; se ha portado como bueno.</p> + +<p>—Por mi parte, no tengo el menor deseo de matar á este doncel, si se +confiesa vencido, dijo Tránter enjugando el sudor que bañaba su frente.</p> + +<p>—¿Me pedís perdón por haberme insultado? le preguntó Roger súbitamente.</p> + +<p>—¿Yo? No en mis días, contestó Tránter.</p> + +<p>—¡En guardia, pues!</p> + +<p>Los relucientes aceros chocaron con furia. Roger cuidó de adelantar +continuamente, impidiendo al enemigo el libre manejo de su larga tizona; +alcanzóle ésta levemente en un<a name="page_186" id="page_186"></a> hombro y casi al mismo tiempo hirió él +también á Tránter en un muslo, pero al elevar su espada para dirigirle +otro golpe al pecho, la sintió firmemente trabada en el corte hecho con +ese objeto en la hoja del contrario. Un instante después se oyó el ruido +seco que hacía la espada de Roger al romperse, quedándole tan sólo en la +mano un pedazo de hoja de no más de tres palmos de largo.</p> + +<p>—Vuestra vida está en mis manos, exclamó Tránter con triunfante +sonrisa.</p> + +<p>—¡Teneos! ¡se rinde! exclamaron á una varios escuderos.</p> + +<p>—¡Otra espada! gritó Gualtero.</p> + +<p>—Imposible, dijo Rodolfo; sería contra todas las reglas del duelo.</p> + +<p>—Pues entonces, Roger, tirad al suelo ese trozo de espada, aconsejó +Norbury.</p> + +<p>—¿Me pedís perdón? repitió Roger dirigiéndose á Tránter.</p> + +<p>—¿Estáis loco? contestó éste.</p> + +<p>—¡Pues en guardia otra vez! gritó Roger, renovando el ataque con vigor +tal que compensó la pequeñez de su arma.</p> + +<p>Había notado que la respiración de Tránter era fatigosa y se propuso +hostigarle y cansarle, haciendo valer la propia agilidad. Su adversario +paraba como podía aquel diluvio de golpes, atisbando la oportunidad de +acabar el combate con uno de sus mortales tajos; mas ni la corta +distancia á que de propósito se mantenía Roger, ni la prontitud de los +movimientos de éste le permitían usar su larga espada con ventaja. Pero +Tránter, duelista experto, sabía que era imposible sostener dos minutos +más aquel ataque violentísimo y fatigoso cual ninguno y que muy pronto +cedería el nublado de golpes que caían sobre su espada con rapidez +vertiginosa. Así sucedió, en efecto; el cansancio paralizaba ya el brazo +de Roger, su adversario comprendió que había llegado el momento de dar +un golpe decisivo y oprimiendo con fuerza el puño de su acero, saltó +hacia atrás para ganar el espacio que necesitaba.... Aquel movimiento +salvó á Roger; su adversario había retrocedido sin cesar desde la +renovación del combate y llegado sin saberlo á la misma orilla. Al +retroceder una vez más le faltó pie y se hundió en las aguas del +Garona.<a name="page_187" id="page_187"></a></p> + +<p>Con una exclamación general de sorpresa precipitáronse todos en auxilio +de Tránter, que había desaparecido por completo en las profundas y +heladas aguas del río. Dos veces apareció sobre ellas su angustiado +rostro y en vano procuró asir los cintos, espadas y ramas que sus +compañeros le tendían. Roger había lanzado al suelo su rota espada y +contemplaba aquella dolorosa agonía con profunda lástima. Todo su furor +habíase disipado como por encanto. En aquel momento apareció por tercera +vez sobre las aguas el rostro contraído del escudero; su mirada se cruzó +con la de Roger y éste, incapaz de resistir aquella muda apelación, +apartó violentamente á un escudero que delante tenía y se lanzó al +Garona.</p> + +<p>Nadador experto, pocas brazadas bastaron para llevarle junto á su +adversario, á quien asió por los cabellos. Pero la corriente era +poderosa y muy pronto comprendió el animoso doncel la dificultad de +sostener á flote el cuerpo de Tránter y nadar al propio tiempo hacia la +orilla. Á pesar de los más vigorosos esfuerzos no parecía ganar una +línea. Dió con desesperación algunas brazadas más y un grito de júbilo +de cuantos estaban en tierra le anunció que había salido de la peligrosa +corriente y llegado á un tranquilo remanso allí formado por una +proyección del terreno. Momentos después caía en su diestra mano la +extremidad del cinto de Gualtero, al que había anudado éste los de +algunos otros escuderos. Asiólo con fuerza, incapaz de seguir nadando un +momento más, pero sin soltar á Tránter. Los escuderos los sacaron del +agua en un tris, depositándolos casi exánimes sobre la hierba.</p> + +<p>Tránter, que no había luchado como su adversario contra la impetuosa +corriente, fué el primero en salir de aquel letargo. Incorporóse +lentamente y contempló á Roger, que no tardó en abrir los ojos y en +sonreirse complacido al escuchar los elogios que todos á porfía le +prodigaban.</p> + +<p>—Os estoy muy reconocido, señor mío, díjole Tránter, con no muy +amistoso acento. Sin vos hubiera perecido en el río, porque soy natural +de las montañas de Varén, donde se cuentan muy pocos que sepan nadar.</p> + +<p>—No pido ni espero gracias, repuso Roger. Ayúdame á levantarme, +Gualtero.</p> + +<p>—El río ha sido hoy mi enemigo, continuó Tránter, pero<a name="page_188" id="page_188"></a> se ha portado +como bueno con vos, pues á él le debéis la vida que yo iba á +arrancaros....</p> + +<p>—Eso estaba por ver, repuso Roger.</p> + +<p>—¡Todo ha concluído! exclamó Germán, y más felizmente de lo que yo +creía. Lo que no ofrece duda es que este joven, cuyo nombre me dicen es +Roger de Clinton, ha ganado brillantemente el derecho de pertenecer al +muy honrado gremio de los escuderos de Burdeos. Aquí está vuestra +ropilla, Tránter.</p> + +<p>—Y vos, Clinton, echaos esta capa sobre los hombros y venid cuanto +antes.</p> + +<p>—Lo que más deploro es la pérdida de mi buena espada, que yace en el +fondo del río, suspiró Tránter.</p> + +<p>—¡Á la abadía! exclamaron varios escuderos.</p> + +<p>—¡Un momento, señores! dijo entonces Roger, que había recogido del +suelo su rota espada y se apoyaba en el hombro de Gualtero. No he oído á +este hidalgo retractar las palabras que me dirigió y....</p> + +<p>—¡Cómo! ¿Todavía insistís? preguntó Tránter sorprendido.</p> + +<p>—¿Y por qué no? Soy tardo en recoger las provocaciones, pero una vez +resuelto á obtener reparación la exijo mientras me quedan fuerzas y +alientos.</p> + +<p>—<i>Ma foi</i>, pues bien pocos os quedan ya, exclamó Germán bruscamente. +Estáis blanco como la cera. Seguid mi consejo y dad por terminada la +cuestión, que no os podéis quejar del resultado.</p> + +<p>—No, insistió Roger. Yo no provoqué esta querella, pero ya comenzada, +juro no partir hasta haber obtenido lo que vine á buscar ó perecer en la +demanda. No hay más que hablar; dadme vuestras excusas ó procuraos otra +espada y reanudemos el combate.</p> + +<p>El joven escudero, pálido como un muerto, extenuado con el tremendo +esfuerzo que acababa de hacer para salvar á su enemigo y con la pérdida +de sangre que manchaba su hombro y su frente, probaba sin embargo con su +actitud, sus palabras y su acento que lo animaba una resolución +inquebrantable. El mismo Tránter admiró aquella energía invencible y +cedió ante la gran fuerza de carácter que acababa de demostrar el joven +hidalgo.</p> + +<p>—Puesto que á tal punto lleváis lo que debisteis de considerar<a name="page_189" id="page_189"></a> como +inocente broma, me avengo á declarar que siento haberos dicho lo que +tanto os ofende, dijo Tránter en voz baja.</p> + +<p>—Y yo deploro también la respuesta que á ello dí, repuso prontamente +Roger. Hé aquí mi mano.</p> + +<p>—Y con esta van tres veces que suena la campana llamándonos á comer, +exclamó Germán mientras todos se dirigían en grupos hacia la abadía, +comentando las peripecias del combate. ¡Por Dios vivo! señor de Pleyel, +dad una copa de buen vino á vuestro amigo en cuanto lleguéis, porque +está transido, sin contar que ha tragado dos azumbres de agua. Confieso +que á juzgar por su aspecto no hubiera esperado de él tanta entereza.</p> + +<p>—Pues yo declaro que el aire de Burdeos ha trocado á mi compañero en +gallo de pelea, porque jamás había salido del condado de Hanson joven +más apacible y modesto que él.</p> + +<p>—¿Sí, eh? Pues también tiene fama de modesto y apacible como una dama +su señor el de Morel; y la verdad es que ni uno ni otro aguantan moscas. +¡Cáspita con el mozo!<a name="page_190" id="page_190"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXI" id="CAPITULO_XXI"></a>CAPÍTULO XXI<br /><br /> +<small>DONDE AGUSTÍN PISANO ARRIESGA SU CABEZA</small></h3> + +<p>A<small>BUNDANTE</small> y bien servida era la mesa de los escuderos en la abadía de +San Andrés desde que el príncipe Eduardo estableció su corte en aquel +histórico edificio. Allí aprendió Roger lo que el lujo y el buen gusto +significaban, sobre todo al comparar aquellos festines con las frugales +comidas del convento y la parsimonia de la mesa de Morel. Cabezas de +jabalí deliciosamente adobadas, faisanes asados, dulces y cremas nunca +gustados antes, prodigios de repostería, uno de los cuales representaba +en todos sus detalles el exterior del regio palacio de Windsor, tales +fueron algunas de las maravillas culinarias que saboreó Roger en la +antigua abadía francesa. Un arquero se apresuró á llevarle ropas y traje +de los que á bordo del galeón dejara, y después de mudarse y lavar sus +heridas no tardó en recobrar fuerzas y buen humor, olvidado por completo +de la fatiga de aquella mañana. Un paje le anunció que su señor se +proponía visitar aquella noche al canciller de Chandos y deseaba que sus +dos escuderos se alojasen en el hostal de la <i>Media Luna</i>, al fin de la +calle de los Apóstoles. Al cual mesón se dirigieron Roger y Gualtero al +anochecer, después de su larga comida y de oir los brindis y canciones +con que pasaron rápidas las horas en compañía de los otros alegres +escuderos.</p> + +<p>Caía menuda lluvia cuando los dos camaradas empezaron á recorrer las +calles de Burdeos, después de dejar bien cuidados sus corceles y el del +barón en las caballerizas del príncipe. No hallaban á su paso más +alumbrado que el muy escaso de tal cual farol de aceite colgado en una +esquina ó á la entrada de las casas principales de la ciudad; pero ni la +semiobscuridad ni la lluvia impedían que las calles siguiesen<a name="page_191" id="page_191"></a> casi tan +concurridas como en pleno día. Los transeuntes pertenecían á todas las +clases de aquella rica y por entonces bélica ciudad. Allí el obeso +comerciante, cuyo rostro complacido y sonriente, traje obscuro de fino +paño y repleta escarcela pregonaban su riqueza y bienestar. Tras él +modesta sirviente, llevando la encendida linterna que indicaba á su amo +donde poner los pies sin grave tropiezo. En dirección contraria veíase +un grupo de mocetones ingleses, arqueros del condado de Estápleton á +juzgar por el pelícano azul cosido sobre el coleto; gente alegre de +cascos y dura de puños, que bebían á más y mejor y cantaban á voz en +cuello y cuya presencia obligaba al mercader á apresurar el paso, +mientras su fámula ocultaba el rostro con el manto al oir los piropos +nada delicados de aquella turba. No escaseaban los soldados de la +guardia real, los pajes ingleses elegantemente ataviados, las mujeres +del pueblo cuyas agudas voces se oían á gran distancia, parejas de +frailes, filas de ballesteros y hombres de armas, marineros, soldados de +los cuerpos de guardia, caballeros gascones que vociferaban y +gesticulaban según costumbre invariable, campesinos del Medoc, escuderos +ingleses y gascones y tantas otras gentes, que cruzaban en todas +direcciones ó hablaban en grupos, empleando ya las lenguas inglesa, +francesa y del país de Gales, ya el vascuence ó los dialectos de Gascuña +y Guiena. Á veces se abrían los grupos para dar paso á la litera de una +noble dama, ó á los arqueros que con antorchas encendidas precedían á un +caballero de alto rango camino de su alojamiento y procedente de los +festines de la corte. Las pisadas y el relinchar de los caballos, los +gritos de los vendedores ambulantes, el choque de las armas, las voces +de borrachos pendencieros, las carcajadas de hombres y mujeres, todo +aquel clamor se elevaba y se cernía, como la neblina en el pantano, +sobre las calles obscuras y atestadas de la gran ciudad.</p> + +<p>La atención de nuestros escuderos se fijó particularmente en dos +personas que iban delante y en la misma dirección que ellos. Eran un +hombre y una mujer, alto, cojo caído de hombros el primero, que llevaba +debajo del brazo un objeto grande y plano envuelto en negro lienzo. La +mujer era joven y gracioso su andar, pero mal podía vérsele el rostro, +cubierto por tupido manto que sólo daba paso á<a name="page_192" id="page_192"></a> la brillante mirada de +unos ojos grandes y pardos y descubría uno ó dos rizos de negrísimo +pelo. El hombre se apoyaba pesadamente en el brazo de la joven, y +procuraba proteger cuanto podía el envoltorio que llevaba, evitando el +encuentro de los transeuntes que con él pudieran tropezar en la +obscuridad. La ansiedad evidente de aquel hombre, que parecía llevar +oculta preciosa carga y el aspecto de su compañera despertaron el +interés de los dos jóvenes ingleses que los seguían á dos pasos de +distancia.</p> + +<p>—¡Ánimo, hija mía! exclamó el desconocido en lo que parecía ser uno de +los dialectos de aquella región. Cien pasos más y lo ponemos en salvo.</p> + +<p>—Cuidadlo bien, padre, y no temáis ya, repuso la mujer en la misma +extraña habla.</p> + +<p>—La verdad es que nos rodea una turba de bárbaros, borrachos muchos de +ellos. Cincuenta pasos más, Tita mía, y juro por el bendito San Telmo no +poner otra vez los pies fuera de casa hasta que el enjambre éste se +halle en Dax ó donde lo lleven los demonios. ¡Cómo empujan y aullan! +Procura apartarlos, hija, adelantando un poco el cuerpo. Dale un codazo +á ese animal. Ya es imposible andar. ¡Buena la hemos hecho!</p> + +<p>La multitud apiñada que los precedía formaba allí una barrera +infranqueable y tuvieron que detenerse. Algunos arqueros ingleses +repletos de cerveza se fijaron en la extraña pareja y empezaron á +examinarla con curiosidad.</p> + +<p>—¡Por el rabo de Satanás! exclamó uno, mirad la arrogante muleta que +usa este viejo. No te apoyes tanto en la chica y más en tus piernas, +abuelo.</p> + +<p>—¡Cómo se entiende! dijo otro arquero. Los soldados del rey sin una +muchacha que los mire, porque los viejos franceses se las llevan de +paseo. ¡Vente conmigo, reina!</p> + +<p>—Ó conmigo, paloma. ¡Por San Jorge! la vida es corta y lo mejor es +hacerla alegre. ¡No vuelvan á ver mis ojos el puente de Chester si no le +digo dos palabritas á esta buena moza!</p> + +<p>—¿Qué lleva el lagarto ese bajo el brazo? preguntó un tercero.</p> + +<p>—Á ver, manojo de huesos. Venga el envoltorio.</p> + +<p>Los arqueros rodeaban á la pareja y el hombre, azorado, sin comprender +una palabra de lo que decían, oprimía con<a name="page_193" id="page_193"></a> una mano el brazo de la mujer +y con la otra apoyaba sobre el pecho el precioso paquete, dirigiendo en +torno miradas suplicantes.</p> + +<p>—¡Ea, muchachos! exclamó Gualtero de Pleyel con imperiosa voz, +apartando al arquero que más cerca tenía. Os portáis como villanos. +¡Quedas las manos, ó puede costaros caro!</p> + +<p>—¡Tened vos la lengua ó más caro ha de costaros todavía! respondió el +soldado más ebrio. ¿Quién sois vos para impedir que los arqueros +ingleses se diviertan?</p> + +<p>—Un escudero palurdo, acabado de desembarcar, dijo otro. ¡Bonito sería +que además de nuestros jefes viniera á darnos órdenes el primer +muchachuelo que abandone á su mamá y se aparezca en Aquitania!</p> + +<p>—¡Por Dios, mis buenos señores! suplicó la joven en mal francés +¡amparadnos! ¡Impedid que estos hombres nos maltraten!</p> + +<p>—Nada temáis, señora, dijo cortésmente Roger. ¡Suelta, rufián! ordenó +dirigiéndose á un arquero que había enlazado con su brazo el talle de la +joven.</p> + +<p>—¡No la sueltes, Bastián! aulló un hombre de armas gigantesco, de +luenga barba negra, cuya coraza brillaba á la tenue luz del farol más +próximo. Y vosotros, mozalbetes, cuidado con tocar esos espadines que +lleváis ú os hago tragar un palmo de hierro en menos que canta un gallo.</p> + +<p>—¡Dios sea loado! exclamó en aquel momento Roger, viendo venir hacia +ellos un casco enorme sobre roja melena, que descollaba entre la +multitud. ¡Á mí, Tristán! Y también Simón. ¡Á mí, compañeros, ayudadme á +proteger á una mujer y un anciano!</p> + +<p>—¡Hola, <i>mon petit</i>! gritó Simón con voz tonante, abriéndose paso en un +santiamén y seguido del sonriente Tristán de Horla. ¿Qué pasa aquí? ¡Por +el filo de mi espada! te advierto, Roger, que si vas á proteger á +cuantos se hallen en apuro en esta tierra ya tienes tela cortada para +rato. Pero descuida, que al cabo de un año de aprendizaje en la Guardia +Blanca harás menos caso de lo que digan y emprendan unos cuantos +arqueros calamocanos. ¿De qué se trata, repito? Por ahí viene el +preboste con sus guardias y es muy probable que si no tomáis soleta +tendremos aquí<a name="page_194" id="page_194"></a> un par de arqueros ahorcados en menos de diez minutos.</p> + +<p>—¡Digo, pues si es este el viejo Simón Aluardo, de la Guardia Blanca! +exclamó el hombre de armas que tan insolente se había mostrado con los +escuderos. ¡Un abrazo, Simón! Por vida mía, tiempo hubo en que desde +Limoges hasta Navarra no se conocía arquero más pronto en conquistar á +una muchacha ó derrengar á un enemigo.</p> + +<p>—No lo dudo, amigo Carlín, repuso Simón, y á fe que no creo haber +cambiado mucho desde entonces. Pero también sabes que ni tomo yo un beso +á la fuerza, ni ataco al enemigo por la espalda y diez contra uno. Al +buen entendedor....</p> + +<p>Una mirada al resuelto rostro del sargento y á las manazas de Tristán +convenció á los arqueros de que allí nada bueno podrían sacar á la +fuerza. La mujer y su padre comenzaron á abrirse paso sin que nadie +intentase impedírselo y Gualtero y Roger fueron tras ellos.</p> + +<p>—Un momento, camarada, dijo Simón á Roger. Ya sé que esta mañana has +hecho proezas en la abadía; pero te recomiendo alguna prudencia en eso +de sacar la espada á relucir. Mira que he sido yo quien te ha metido en +estos líos y que si te pasa algo lo sentiré de veras, muchacho.</p> + +<p>—Descuidad, Simón, seré prudente.</p> + +<p>—No busques el peligro, <i>mon petit</i>, y espera á tener la muñeca algo +más sólida. Oye; esta noche nos reuniremos algunos amigos en la <i>Rosa de +Aquitania</i>, á dos puertas de tu hostería de la <i>Media Luna</i>, y si +quieres vaciar un vaso en compañía de simples arqueros ¡bienvenido!</p> + +<p>Prometió el doncel reunirse con ellos si se lo permitían sus deberes de +escudero y deslizándose entre los grupos llegó á donde estaba Gualtero, +en conversación con el viejo y la muchacha, en el portal de su casa.</p> + +<p>—¡Gracias, valiente caballero! exclamó el desconocido abrazando á +Roger. ¿Cómo manifestaros mi gratitud? Sin vuestro auxilio y el de +vuestros amigos habría yo perdido la cabeza y sabe Dios qué suerte +hubiera cabido á mi pobre Tita....</p> + +<p>—No creo que aquellos energúmenos se hubieran propasado á tal extremo, +dijo el joven algo sorprendido.</p> + +<p>—<i>¡Ah, diavolo!</i> exclamó el otro soltando la carcajada,<a name="page_195" id="page_195"></a> no hablo de mi +cabeza sino de la que llevo aquí bajo el brazo.</p> + +<p>—Quizás estos caballeros deseen entrar y reposar un momento en nuestra +casa, padre mío. Si seguimos aquí puede estallar otro tumulto de un +momento á otro.</p> + +<p>—¡Tienes razón, hija! Entrad, señores. ¡Una luz, Jacobo, pronto! Siete +escalones, eso es. Tomad asiento. <i>¡Corpo di Bacco</i>, qué susto me han +dado esos canallas! Pero no es extraño. Tomad un vándalo, un normando y +un alano, mezcladlos con el moro más redomado, emborrachad al aborto +resultante de esa mezcla y ya tenéis un inglés hecho y derecho.... Me +dicen que ahora están invadiendo á Italia, mi patria, como han invadido +á Francia. ¡Qué gente, Dios eterno! En todas partes se meten, menos en +el cielo.</p> + +<p>—Padre mío, dijo la joven mientras ayudaba al anciano á sentarse en +cómoda poltrona, olvidáis que estos buenos señores que nos han protegido +son también ingleses....</p> + +<p>—¡Mil perdones! Pero ¡quién lo dijera! Mirad, señores míos, estas obras +de arte que aquí tengo; quizás os interesen, aunque entiendo que allá en +vuestra isla no se conoce más arte que el de la guerra.</p> + +<p>Cuatro lámparas iluminaban ampliamente la estancia de artesonado techo +en que se hallaban. Colgadas de las paredes, sobre los muebles, en los +rincones, por todas partes se veían placas de vidrio de diferentes +tamaños y formas, pintadas delicadamente. Gualtero y Roger miraron en +torno asombrados, porque jamás habían visto juntas tantas y tan +magníficas obras de arte.</p> + +<p>—Veo que os gustan, dijo el artista al notar la expresión de grata +sorpresa reflejada en los semblantes de ambos hidalgos. Lo cual me +prueba que no faltan ingleses capaces de apreciar tales fruslerías.</p> + +<p>—Nunca lo hubiera creído posible, exclamó Roger. ¡Qué colorido, qué +perfilado! Admira, Gualtero, este Martirio de San Esteban; no parece +sino que tú ó yo podríamos coger esas piedras ahí pintadas.</p> + +<p>—¿Pues y este ciervo, con la cruz que sobre su cabeza destella como una +aparición portentosa? Es perfecto; no he visto ciervos más naturales en +los bosques de Bere.</p> + +<p>—Mira la hierba, de un verde claro, que parece movida<a name="page_196" id="page_196"></a> por el viento. +¡Por vida de! Cuanto he pintado hasta la fecha ha sido juego de niños. +Este hombre debe de ser uno de aquellos grandes artistas de quienes me +hablaba el hermano Bartolomé allá en Belmonte.</p> + +<p>Una expresión de profundo contento animó el cetrino rostro del artista +al oir aquellos espontáneos elogios. Su hija se había quitado el manto +que hasta entonces cubriera sus hombros y cabeza y los dos jóvenes +admiraron en ella uno de los tipos más acabados de la belleza italiana, +que muy pronto atrajo toda la atención y las miradas de Gualtero.</p> + +<p>—¿Y qué me decís de esto? preguntó el anciano, desenvolviendo el +paquete que tantas zozobras le había proporcionado.</p> + +<p>Era una lámina de vidrio en forma de hoja enorme y pintada en ella una +cabeza de admirables líneas, rodeada de resplandeciente aureola. Era tan +natural el colorido, tanta la verdad y la expresión del rostro, que +parecía imagen viva, mirando dulcemente á los ojos de Roger. Este +palmoteó, con el entusiasmo que la belleza produce siempre en todo +verdadero artista.</p> + +<p>—¡Es un portento! exclamó; y me admira que hayáis arriesgado por las +calles una maravilla tan frágil como ésta.</p> + +<p>—Confieso que fué grave imprudencia. ¡Un frasco de vino, Tita, pero del +mejor, del florentino! Sin vuestro auxilio no sé qué hubiera sucedido. +Examinad bien la tez; á mí mismo me resulta muchas veces demasiado +obscura, enrojecida por haberse caldeado los colores, ó pálida y falta +de vida. Pero aquí se ven latir las sienes y se siente correr la sangre +bajo esa piel bronceada. La pérdida de este trabajo hubiera sido para mí +una calamidad irreparable. Está destinado á la iglesia de San Remo y +esta tarde fuí con mi hija para ver si ajustaba bien en el marco de +piedra que allí lo espera. Me demoré más de lo que esperaba, cerró la +noche y ya sabéis lo que sucedió después. Pero vos también, hidalgo, +parecéis tener aficiones artísticas. ¿Sois pintor?</p> + +<p>—Apenas me atrevo á responderos afirmativamente después de lo que aquí +he visto, contestó Roger. Criado y educado en el claustro, no fué tarea +muy difícil la de manejar los pinceles mejor que los otros novicios.<a name="page_197" id="page_197"></a></p> + +<p>—Ahí tenéis colores, pinceles y cartón, dijo el viejo artista, y no os +doy vidrio porque eso requiere conocimientos especiales y bastante +tiempo. Os ruego que me déis una muestra de vuestro trabajo. Gracias, +hija mía. Llena los vasos hasta el borde.</p> + +<p>Gualtero sostenía conversación animada y al parecer muy interesante con +la hermosa doncella, expresándose él en una mezcla de francés é inglés y +ella en graciosas frases franco-italianas, lo cual no les impedía +entenderse perfectamente. El artista examinaba atento su última y +maravillosa creación para ver si la pintura había sufrido algún rasguño +y en tanto Roger manejaba rápidamente los pinceles, hasta dejar +bosquejadas las facciones y el torneado cuello de bellísima mujer.</p> + +<p>—¡Bravo! exclamó el maestro; sois pintor, no hay que dudarlo y podéis +llegar á serlo muy bueno. ¡Es la cara de un ángel!</p> + +<p>—Decid más bien la cara de mi señora Constanza de Morel, exclamó +sorprendido Gualtero.</p> + +<p>—Algo se le parece, á fe mía, dijo Roger un tanto confuso.</p> + +<p>—¿Con que un retrato? Tanto mejor y más difícil. Joven, soy Agustín +Pisano, hijo del maestro Andrés Pisano y os repito que tenéis mano de +artista. Diré más; que si os quedáis en mi compañía os enseñaré el +secreto de la preparación de esos trabajos sobre vidrio que ahí véis; la +composición de los pigmentos y sus mezclas, cómo espesarlos, cuáles +penetran el vidrio y cuáles no, el caldeado y glaseado de las placas, en +fin, todos los detalles del oficio.</p> + +<p>—Mucho me placería practicar y aprender con tan gran maestro, dijo el +doncel, pero mi deber me obliga á seguir á mi señor, por lo menos +mientras dure la guerra.</p> + +<p>—¡Guerra, guerra! ¡Siempre lo mismo! exclamó Pisano. Y por consiguiente +llamáis héroes y grandes hombres á los que más destruyen y matan. <i>¡Per +Bacco!</i> para hombres notables, de verdadero mérito, dignos de toda +gloria, los artistas que tenemos en Italia, los que edifican en lugar de +destruir, los que han creado las bellezas artísticas de mi noble Pisa, +los que ennoblecen á toda la nación, los Andrés Orcagna, Tadeo Gaddi, +Giottino, Stefano, Simón Memmi, maestros cuyos colores sería yo indigno +de mezclar.<a name="page_198" id="page_198"></a> Y me ha tocado en suerte el contemplar con mis propios ojos +sus obras inmortales. He visto al anciano Giotto, discípulo á su vez del +gran Cimabue, con anterioridad al cual sostengo que no existía el arte +en Italia y hubo que importar artistas griegos para decorar la capilla +de los Gondi de Florencia. ¡Ah, señores, esos son los grandes hombres, +los bienhechores de la humanidad, cuyos nombres vivirán eternamente! +¡Qué contraste con vuestros soldados, que aspiran á la gloria asolando +comarcas enteras, recorriendo la tierra á sangre y fuego!</p> + +<p>—Pues tengo para mí que tampoco están de más los soldados, observó +Gualtero. De otra suerte ¿cómo podrían esos artistas que nombráis +proteger y conservar los productos de su genio?</p> + +<p>—De los cuales tenemos no pocos á la vista, agregó Roger. ¿Son todos +estos trabajos de vuestra mano?</p> + +<p>—Todos. Notaréis que algunos están concluídos en diferentes placas, que +unidas forman cuadros de gran tamaño. Aquí en Francia tienen á Clemente +de Chartres y algunos otros artífices de mérito, dedicados á esta misma +clase de trabajos. Pero ¿oís? Ya suena otra vez el clarín bélico para +recordarnos que vivimos bajo la mano férrea del conquistador y no en las +regiones donde impera el arte.</p> + +<p>—Señal es esa también para nosotros, dijo Gualtero al oir el toque de +los clarines. Bien quisiera yo permanecer aquí más largo tiempo, rodeado +de tantas cosas bellas—y al decirlo miraba con admiración á la ruborosa +Tita—pero fuerza es volver á nuestra posada y eso antes de que á ella +regrese el señor de Morel.</p> + +<p>Renovaron Pisano y su hija las demostraciones de gratitud, prometieron +los escuderos repetir tan grata visita y habiendo cesado la lluvia, se +dirigieron éstos de la calle del Rey, donde vivía el artista italiano, á +la de los Apóstoles, en cuya esquina ostentaba su muestra la <i>Hostería +de la Media Luna</i>.<a name="page_199" id="page_199"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXII" id="CAPITULO_XXII"></a>CAPÍTULO XXII<br /><br /> +<small>UNA NOCHE DE HOLGORIO EN "LA ROSA DE AQUITANIA"</small></h3> + +<p>—¿H<small>AS</small> visto cara más hermosa, Roger? preguntó Gualtero apenas se +apartaron de la puerta de Pisano. ¡Qué ojos, qué perfil divino!</p> + +<p>—No puedo negar que es bella. ¿Pues y aquel color moreno de las +mejillas y los negrísimos rizos que circundan el óvalo perfecto de la +cara?</p> + +<p>—¿Dónde me dejas los ojos? De mirada tan clara y tan profunda á la vez; +tan inocentes al par que tan expresivos....</p> + +<p>—Si algún pero se le puede poner está en la barba.</p> + +<p>—Pues no lo he notado....</p> + +<p>—Graciosamente cortada, eso sí.</p> + +<p>—Una barbilla preciosa, Roger.</p> + +<p>—Sin embargo ¿no te parece que el conjunto hubiera ganado bastante con +medio palmo más de bien poblada barba?</p> + +<p>—¡Ave María Purísima! Pero ¿de dónde has sacado tú que Tita tenga +barbas?</p> + +<p>—¿Tita? ¿Quién habla de ella?</p> + +<p>—¿Pues de quién demonios estás hablando?</p> + +<p>—De la magnífica figura destinada á la iglesia de San Remo, ¿no +recuerdas? Aquella cabeza de santo....</p> + +<p>—¡Anda, anda! exclamó Gualtero riéndose. Miren con lo que nos sale +ahora. Tú sí que eres un menjurje de vándalo, normando, alano y perro +moro, como nos llamaba á los ingleses el buen Pisano. ¿Quién se acuerda +de cuadros ni pinturas cuando se tiene delante un ángel del cielo, +hechura del mismo Dios, como la incomparable Tita? ¡Quién va!</p> + +<p>—Me manda el sargento Simón, dijo un arquero acercándoseles<a name="page_200" id="page_200"></a> +apresuradamente, para deciros que el señor barón ha resuelto pasar la +noche en el alojamiento del canciller de Chandos y no necesitará +vuestros servicios. Simón está en esa taberna con algunos camaradas y +dice que si quisierais trincar con nosotros....</p> + +<p>—Á fe mía, dijo riéndose Gualtero, que con sus cantos y gritos hacen +bastante algazara para anunciar su presencia sin necesidad de guías ni +emisarios. ¡Adelante!</p> + +<p>Á dos puertas se oía el estrépito de la francachela. Entraron por un +portalón bajo y al final de estrecho corredor se hallaron en una gran +sala iluminada por dos antorchas. Junto á las paredes, en casi toda la +extensión del local, montones de paja sobre la cual reposaban veinte ó +treinta arqueros de la Guardia Blanca, sentados ó reclinados sobre el +codo, sin capacetes, coletos ni espadas y con sendos recipientes de +cuero y estaño llenos de cerveza ó vino, según el gusto de cada cual. +Dos toneles colocados en un extremo de la estancia indicaban que no +faltaría con qué llenar de nuevo aquellos enormes cubiletes, cuantas +veces lo exigiese la sed de los arqueros. Junto á los toneles y como +presidiendo la reunión, hallábanse el portaestandarte Reno, Simón, +Tristán y otros tres ó cuatro arqueros veteranos, amén del valiente +Golvín, capitán del <i>Galeón Amarillo</i>, que había ido á tomar unos tragos +en compañía de sus alegres compañeros de viaje antes de emprender el de +regreso á Inglaterra. Gualtero y Roger tomaron asiento entre Reno y +Simón, sin que su llegada acallara por un momento el bullicio.</p> + +<p>—¡Cerveza ó vino, camaradas! gritó Simón. Que elija cada cual y no me +vengáis con arrumacos, porque la mezcla emborracha y ha de ser una cosa +ú otra. Aquí está tu cubilete, Rubén, rebosando vino generoso. ¿Sabéis +la noticia, barbilindos?</p> + +<p>—No. ¿Qué es ello? dijeron ambos escuderos.</p> + +<p>—Pues que tendremos torneo.</p> + +<p>—¡Bravo!</p> + +<p>—Sí. El arrogante Captal de Buch se ha empeñado en demostrarnos que él +y otros cuatro caballeros gascones pueden hacer morder el polvo á los +cinco mejores paladines ingleses de cuantos hay en Burdeos á la fecha. +Chandos aceptó el reto sobre la marcha, encargándose de elegir á<a name="page_201" id="page_201"></a> +nuestros campeones; el príncipe ha prometido una hermosa copa de oro al +que más altos honores obtenga y en toda la corte no se habla hoy de otra +cosa.</p> + +<p>—¿Por qué han de ser los grandes señores los únicos que se diviertan? +preguntó Tristán de Horla. Bien pudieran abrirnos el palenque á los +arqueros y ¡por la cruz de Gestas! que sería cosa de ver cómo +descoyuntábamos á cinco arqueros gascones.</p> + +<p>—Ó cómo otros tantos hombres de armas baldábamos á igual número de +soldados de esta tierra, dijo Reno.</p> + +<p>—¿Quiénes son los mantenedores ingleses? preguntó Golvín.</p> + +<p>—Trescientos cuarenta y un caballeros tenemos hoy en Burdeos, y ya se +han recibido trescientos cuarenta carteles aceptando el reto. El único +que falta es el de Sir Mauricio de Ravens, á quien la gota tiene clavado +en el lecho.</p> + +<p>—Un arquero de la guardia me ha dicho que el príncipe quería romper una +lanza, pero que sus consejeros no se lo han permitido, porque habrá más +de combate que de torneo, tal están que arden los señores gascones.</p> + +<p>—Por lo pronto tenemos á Chandos.</p> + +<p>—Su Alteza le ha prohibido tomar parte en la próxima justa. Chandos +será juez del campo, en unión de Sir Guillermo Fenton y el duque de +Armagnac. Nuestros campeones serán los señores de Abercombe, Percy, +Beauchamp y Leiton, y el invencible barón de Morel.</p> + +<p>—¡Viva! ¡San Jorge le proteja! ¡Buena elección! vociferaron los +arqueros.</p> + +<p>—¡Buena, como hay Dios! exclamó Simón. No hay para un soldado de buena +fibra honra mayor que la de tenerle por jefe. Ya veréis á dónde nos +lleva, muchachos, y en qué aventuras nos mete. Noto que desde su llegada +á Burdeos anda con un parche en un ojo, lo mismo que hizo la víspera de +Poitiers. Pues ese parche va á costar mucha sangre, os lo digo yo.</p> + +<p>—¿Cómo fué lo de Poitiers, sargento? preguntó un joven arquero.</p> + +<p>—¡Cuéntalo, Simón! exclamaron otros.</p> + +<p>—¡Á la salud de Simón Aluardo! dijeron muchos empinando el codo.</p> + +<p>—Preguntádselo á éste, peneques, contestó modestamente<a name="page_202" id="page_202"></a> el veterano +señalando á Reno. Él vió más que yo, pero ¡por los clavos de Cristo! no +dejé de tomar también parte y buena en aquella tremolina.</p> + +<p>—Gran día fué aquel, dijo Reno moviendo la cabeza y entornando los +ojos; como no espero volver á verlo. Muchos y muy buenos arqueros +cayeron también en la jornada.</p> + +<p>—¿Buenos? Pues no hay más que nombrar á Gofredo, Calvino, el Payo, +Nelson, que antes de caer para no levantarse más se aferró á un gran +señor francés y le cortó la cabeza á cercén. Mejores arqueros no los he +visto en mi pícara vida.</p> + +<p>—¡Pero la batalla, Simón, la batalla! gritaron muchos. ¡Cuenta, cuenta!</p> + +<p>—¡Á callar se ha dicho, moscones! berreó el sargento. "¡Cuenta, Simón!" +Pues no hay cuento que valga hasta que me haya remojado el gaznate. +¡Buena cerveza! Era en el otoño de 1356; nuestro príncipe Eduardo tomó +por Auvernia, el Berry, Anjou y Turena, y de Auvernia os diré que las +muchachas son zalameras y el vino agriado. En Berry dadle vuelta y +aprended que las mozas son hoscas y el vino una bendición. Pero Anjou es +gran tierra para los arqueros decentes, porque allí vino y mujeres son +unas mieles. Lo único que saqué de Turena fué una descalabradura, pero +en Vierzón, en un monasterio de órdago, me hice con un copón de oro por +el cual me dió treinta ducados un judío genovés. De allí, anda que anda +hasta llegar á Bourges, donde me tocó en suerte una túnica de seda +carmesí labrada de oro y perlas, como vosotros no la veréis jamás, y un +par de borceguíes con borlas de seda blanca, lo mismo que los del rey +nuestro señor.</p> + +<p>—¿Los arrebañaste en alguna tienda, Simón?</p> + +<p>—¡Se los quité de los pies á un caballero enemigo, so lagarto! Bien +pensado el caso, me dije que él no había de necesitarlos más, visto que +le salía por pecho y espalda una flecha mía de las gordas....</p> + +<p>—¿Qué más, qué más?</p> + +<p>—Nos dimos otra zampada de camino, y éramos lo menos seis mil arqueros +cuando llegamos á Isodún, donde también me favoreció la suerte.</p> + +<p>—¿Otra batalla? ¿Otro par de botas, Simón? se oyó decir á los +arqueros.<a name="page_203" id="page_203"></a></p> + +<p>—No, algo mejor que eso. En las batallas poco hay que ganar, como no +sean testarazos, á menos que se logre rescate por algún pájaro gordo. Lo +que hubo fué que en Isodún yo y otros tres muchachos de Gales nos +metimos en un caserón muy grande que los otros camaradas pasaron por +alto y allí descubrí y me apropié un cobertor de finas plumas como sólo +los estilan las duquesas de Francia. Tú lo has visto, Tristán, y sabes +si es rico y mullido. Lo acomodé bien envuelto sobre una mula del +vivandero y allá lo tengo en una venta cerca de Dunán, para el día en +que me case. ¿Te acuerdas de la ventera, <i>mon petit</i>? preguntó á Roger, +guiñándole el ojo.</p> + +<p>—¡Adelante! vocearon tres ó cuatro arqueros.</p> + +<p>—Eso es, continuó el veterano. Que otros saquen las castañas del fuego +para que vosotros os estéis como unos papanatas oyendo historias con la +boca abierta. ¡Buena cerveza! Nuestros seis mil tunantes, el príncipe y +sus caballeros, yo y la mula con el cobertor de pluma salimos por fin de +Turena, dejando allí sangrienta memoria. En Romorantín topé con una +cadena y unos brazaletes de oro, pero topé también con una mozuela como +un sol, que me los robó al día siguiente. Porque habéis de saber que hay +gentes que no vacilan en apoderarse de lo ajeno....</p> + +<p>—¡Al grano, Simón! ¡Esa batalla!</p> + +<p>—Todo se andará, cachorros, si me dejáis respirar. Pues sucedió que el +rey de Francia, llamado Juan II, se puso al frente de cincuenta mil +hombres y nos persiguió furiosamente. Pero lo bueno fué que cuando nos +alcanzó, seguro de pasarnos á cuchillo, se halló con que no supo cómo +atacarnos ni cómo cogernos, porque lo esperamos esparcidos por los +vallados y viñedos de unas alturas, hasta donde sólo podían subir por +una ladera y eso al descubierto, ofreciéndonos magnífico blanco. Así +ocultos y protegidos, formaban nuestra derecha los arqueros, con los +hombres de armas á la izquierda, los caballeros en el centro y detrás de +ellos la mula del cobertor. Trescientos caballeros franceses se +dirigieron hacia ella en línea recta, para empezar, y muy valientes y +apuestos parecían, pero los cogió en el camino tal nublado de flechas +que pocos escaparon con vida. Tras ellos subieron al ataque los soldados +tudescos al servicio del rey Juan y pelearon muy guapamente, tanto que +tres ó cuatro<a name="page_204" id="page_204"></a> se colaron por entre los arqueros y corrieron hacia la +preciosa mula. Pero trabajo inútil, porque ví á nuestro capitán, el sin +par barón de Morel, destacarse del grupo de nobles, con su parchecito +sobre un ojo como lo lleva estos días y despachar á aquellos perdularios +con toda calma. En seguida el barón se lanzó contra el grueso de los +asaltantes, seguido de Lord Abercombe con sus cuatro escuderos del +Chesire y otros de igual temple, tras ellos Chandos y el príncipe y +detrás nosotros con espada y hacha, porque habíamos agotado las flechas. +Muy imprudente fué aquella maniobra nuestra, porque no sólo abandonamos +la protección del terreno sino que dejamos sin defensa á la mula del +vivandero y cualquier taimado francés ó tudesco pudo hacerla prisionera +con el tesoro mío que llevaba encima. Pero todo salió bien, cayeron en +nuestro poder el rey Juan y su hijo, Nelson y yo descubrimos un carro +con doce barriles de vino generoso destinado á la mesa del rey... y no +sé cómo fué, muchachos, pero os aseguro que no me acuerdo de lo que +sucedió después, ni tampoco pudo recordarlo Nelson.</p> + +<p>—¿Y al día siguiente?</p> + +<p>—Como podéis figuraros, no perdimos mucho tiempo por aquellos +andurriales, sino que tomamos al trote el camino de Burdeos, á donde +llegamos sin tropiezo con el rey de Francia y el cobertor de pluma. +Vendí el resto de mi botín, <i>mes garçons</i>, por tantas monedas de oro +como cupieron en mi bolsón de cuero y por siete días tuve doce velas +encendidas en el altar del bendito San Andrés, porque sabido es que si +olvidáis á los santos cuando las cosas marchan bien es muy probable que +ellos se olviden de vosotros cuando los necesitéis.</p> + +<p>—Decidme, sargento, preguntó un mozalbete desde el extremo opuesto del +cuarto ¿á qué cuento fué la batalla aquella?</p> + +<p>—¿Ahora salimos con esas, rocín? ¿Pues á qué cuento había de ser sino á +dejar sentado una vez por todas quién había de llevar la corona de +Francia?</p> + +<p>—Bueno es saberlo. Creíame yo que era para averiguar quién debía de +quedarse con vuestro cobertor de pluma....</p> + +<p>—Mira, hijo, que si me llego á tí con este cinto mío y<a name="page_205" id="page_205"></a> empiezo á darte +zurriagazos lo vas á sentir de veras, dijo Simón entre las carcajadas de +todo el concurso. Pero se hace tarde, Reno, y cuando los polluelos +empiezan á piar contra gallos viejos como yo, es hora de que vuelvan al +gallinero.</p> + +<p>—¡No, no, venga otra canción! gritaron muchos.</p> + +<p>—¡Que cante Sabas! Como él no hay otro en la Guardia Blanca. ¡Que +cante, que cante!</p> + +<p>—¡Alto ahí! dijo entonces el capitán Golvín. Para entonar unas trovas +como Dios manda nadie mejor que el mocetón éste. Y al decirlo puso la +mano en el hombro de Tristán.</p> + +<p>—Muy cierto es, que á bordo del galeón parecía rugir la tempestad +cuando él cantaba "Las campanas de Milton."</p> + +<p>—Ó "La Molinera de York." ¡Anda, Tristán!</p> + +<p>El exnovicio se pasó el dorso de la mano sobre los labios y mirando á la +pared de enfrente entonó la canción pedida con un vozarrón tremendo. Al +concluir lo saludaron sus oyentes con una tempestad de aplausos y +gritos, y Tristán agarró el vaso de cerveza que halló más cerca y lo +vació de un tirón.</p> + +<p>—La primera vez que canté "La Molinera," dijo modestamente, fué en la +taberna de Horla, cuando ni soñaba ser arquero.</p> + +<p>—¡Otro trago, camaradas! gritó Reno sumergiendo su enorme recipiente de +cuero en el tonel. ¡Á la salud de la Guardia Blanca y de cuantos siguen +el estandarte de las cinco rosas!</p> + +<p>—¡Por la guerra próxima y la victoria segura! brindó el capitán Golvín.</p> + +<p>—¡Por el montón de oro que aguarda á los buenos arqueros!</p> + +<p>—¡Y por las muchachas bonitas! gritó Simón. ¡Y se acabaron los brindis, +canastos! añadió pegando tremebundo puntapié al tonel que tenía más +cerca.</p> + +<p>Con cantos, risas y chanzas fueron desfilando los alegres arqueros, y no +tardó en reinar completo silencio en la poco antes bulliciosa sala de +<i>La Rosa de Aquitania</i>.<a name="page_206" id="page_206"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXIII" id="CAPITULO_XXIII"></a>CAPÍTULO XXIII<br /><br /> +<small>LAS JUSTAS DE BURDEOS</small></h3> + +<p>L<small>A</small> fama y brillo de la corte que rodeaba al príncipe Eduardo desde su +instalación como Duque de Aquitania, atraían á numerosos caballeros de +toda Europa y los torneos y justas eran por entonces espectáculos que +con frecuencia presenciaban los vecinos de Burdeos. Con los más afamados +paladines ingleses y franceses solían romper lanzas diestros justadores +de Alemania, caballeros de Calatrava, nobles portugueses é italianos y +aun formidables guerreros de la Escandinavia y otras regiones del norte +y del oeste.</p> + +<p>Pero en la ciudad y en toda la comarca fué objeto del mayor interés y de +incesantes comentarios la noticia de que cinco caballeros ingleses entre +los más esforzados habían dirigido un cartel de reto á otros tantos +nobles de la cristiandad, quienesquiera que fuesen. Había gran +curiosidad por ver quienes lo aceptarían y sabíase además que aquellas +justas serían las últimas por entonces, ya que el príncipe se aprestaba +á salir con toda su gente para la guerra de España. La víspera del +torneo llegaron á Burdeos multitud de gentes de todo el Medoc, que +tuvieron que acampar fuera de las murallas, en el llano y á orillas del +Garona. Tampoco faltaron oficiales del ejército acuartelado en Dax, ni +nobles y burgueses de Blaye, Bourg, Libourne, Cardillac, Ryons y otras +muchas villas, que llegaron durante el día y parte de la noche anterior +al combate, á pie, á caballo y en vehículos de todas clases.</p> + +<p>No fué pequeña empresa la de elegir cinco caballeros por banda, cuando +tantos y tan valientes y ganosos de gloria los había congregados allí; y +en poco estuvo que la elección<a name="page_207" id="page_207"></a> ocasionase una serie de duelos +preliminares que sólo pudieron evitarse con la intervención del príncipe +y de los nobles de más edad y merecimientos. Hasta la víspera del día +fijado para el torneo no se fijaron en la liza, pendientes de sendas +lanzas, los escudos de los campeones, para que los heraldos y el público +supiesen sus nombres y también para que se presentase ante los jueces de +campo toda fundada querella ó protesta contra la participación de +cualquiera de ellos en el torneo.</p> + +<p>Los dos aguerridos capitanes Roberto Nolles y Hugo Calverley no habían +regresado de la expedición á Navarra que el príncipe les encomendara, lo +cual privó á los justadores ingleses de dos de sus mejores lanzas. Pero +eran tantas y tan buenas las que aun quedaban que los señores Chandos y +Fenton, á quienes en definitiva se encomendó la elección, tuvieron que +discutir y pesar uno por uno los méritos y hazañas de muchos aspirantes; +decidiéndose por fin á favor de Morel de Hanson y Abercombe de Chesire, +renombradísimo el primero entre los nobles veteranos y héroe de Poitiers +el segundo. De los caballeros más jóvenes resultaron agraciados tres +brillantes paladines: Tomás Percy, Guillermo Beauchamp y Raniero Leiton. +Desde luego aceptaron el reto inglés todos los caballeros gascones y la +elección, difícil de suyo, favoreció á Captal de Buch, Oliverio de +Clisón, Pedro de Albret, el señor de Mucident y un caballero teutón +llamado Segismundo de Bohemia. Al mirar aquellos diez escudos los +veteranos ingleses se prometían un torneo brillante cual ninguno, pues +eran los mantenedores hombres de gloriosa historia y de valor y esfuerzo +probadísimos.</p> + +<p>—Á fe mía, Chandos, dijo el príncipe mientras cabalgaba junto al +canciller por las estrechas y tortuosas calles de la ciudad, camino del +palenque; bien quisiera yo romper una lanza en estas justas, suponiendo +que los jueces de campo no me creyesen indigno de alternar con tan +famosos campeones.</p> + +<p>—No hay en el ejército mejor ni más digno paladín que vos, señor, +replicó Chandos, pero dadas las circunstancias de este torneo, creedme, +no conviene que participéis en él. No es de vuestro alto cargo el tomar +aquí partido á favor de ingleses contra gascones, ni poneros con éstos +frente á<a name="page_208" id="page_208"></a> aquellos, lanza en ristre ó espada en mano. Demasiado +sobreexcitados están ya los ánimos.</p> + +<p>—Siempre la razón de estado, Chandos, que vos sacáis á relucir no sólo +en la sala del consejo sino camino de fiesta tan alegre y lucida como +ésta. ¿Y qué piensan de ella mis hermanos de Castilla y Mallorca? +preguntó dirigiéndose á los príncipes españoles, que á su derecha +cabalgaban.</p> + +<p>—Mi opinión es que hoy presenciaremos no pocas proezas, dijo Don Pedro, +en vista de la fama y pujanza de los justadores.</p> + +<p>—¡Por Santiago! observó Don Jaime, otra cosa va llamando mi atención y +es el buen porte y mejores vestidos de esos burgueses de Burdeos que se +agolpan á mirarnos. Rica en verdad debe de ser esta gran villa y holgada +la condición de sus moradores, á pesar de recientes guerras y +trastornos.</p> + +<p>—Pues si el aspecto de los buenos burgueses os admira, repuso Don +Pedro, ¿qué me decís de esos hombres de armas escogidos y de los bien +plantados arqueros? Difícil sería igualar y menos vencer fuerzas tan +apuestas y bien disciplinadas.</p> + +<p>—Con esos soldados cuento, dijo el príncipe inglés, y con otros muchos +como ellos, para hacer entrar en razón á los usurpadores de Castilla y +Mallorca.</p> + +<p>Sonriéronse ambos pretendientes, revelando en sus semblantes la +satisfacción y la confianza con que habían oído aquellas palabras.</p> + +<p>—Y una vez hecha justicia, dijo Don Pedro de Castilla, uniremos las +fuerzas de Inglaterra, Aquitania y España y mucho sería que de tal unión +no resultasen magnas consecuencias.</p> + +<p>—Por ejemplo, agregó el príncipe Eduardo con evidente entusiasmo, +completar para siempre la expulsión de los infieles del territorio de +Europa. No creo que pudiéramos acometer empresa más grata para la Santa +Virgen, excelsa patrona de Aquitania.</p> + +<p>—Ni más aceptable para todo español. En tal empresa cuente Vuestra +Alteza con el apoyo absoluto de nobles y plebeyos, así en León y +Castilla como en Asturias, Navarra, Mallorca y Aragón. Y aun para +perseguir á los moros<a name="page_209" id="page_209"></a> allende el mar y combatirlos en sus guaridas del +África y de Oriente.</p> + +<p>—¡Sí, por Dios! exclamó el Príncipe Negro. Ese ha sido uno de mis +sueños dorados, ver ondear el estandarte inglés sobre los muros y +mezquitas de la ciudad santa.</p> + +<p>—La conquista de Jerusalén no puede parecer peligrosa ni ardua á +quienes han realizado la conquista de París.</p> + +<p>—Ni me había de contentar yo con eso, sino con el sitio y toma de +Constantinopla y la guerra á muerte contra el Sultán de Damasco. Y +vencido éste, todavía podríamos imponer tributo á las hordas tártaras, +otra amenaza de la cristiandad. Decidme, Chandos, ¿no habríamos de poder +llegar nosotros hasta donde llegó Ricardo Corazón de León?</p> + +<p>—Poder hacerlo es una cosa, replicó el prudente consejero, y otra muy +distinta saber si conviene y debe hacerse. Desde luego, cuente Vuestra +Alteza con que el rey de Francia vería el cielo abierto el día que los +ejércitos ingleses cruzasen el mar, en persecución de los infieles de +Oriente.</p> + +<p>—Os conozco demasiado, Chandos, para no saber que esas palabras os las +dicta vuestra razón, no el temor ni el cansancio de las guerras. ¡Qué +enorme multitud! No recuerdo haber visto tantos curiosos desde el día en +que recorrí las calles de Londres acompañando á mi prisionero el rey de +Francia.</p> + +<p>Un mar de cabezas cubría por completo la vasta llanura que se extendía +desde la Puerta del Norte hasta los primeros viñedos del este de la +ciudad y hasta las orillas del río. Entre los obscuros tonos de aquella +multitud se destacaban ya las toquillas de vivos colores de las mujeres, +ya el casco de un arquero herido por los rayos del sol. En el centro de +la llanura, quedaba el espacio cercado que se destinaba á las justas, +con gradas y tribunas engalanadas con multitud de gallardetes y +banderas. Trabajo costó abrir estrecho paso á los príncipes y su séquito +entre aquella masa compacta, que los saludó con aclamaciones +atronadoras. Tras ellos fueron llegando numerosos nobles y damas +ricamente ataviadas y pronto quedaron llenas las tribunas, relucientes +de oro y pedrería. En el numeroso séquito del príncipe y sus regios +huéspedes figuraban capitanes y cortesanos de<a name="page_210" id="page_210"></a> Gascuña y España, de +Inglaterra, el Lemosín y Saintonge. En los asientos y gradas encantaban +la mirada las morenas bellezas del Garona y junto á ellas las rubias +beldades inglesas, ostentando unas y otras sus mejores galas. De las +balaustradas de las tribunas colgaban ricos tapices y anchas franjas de +terciopelo en cuyo centro destacábanse, bordados en oro, plata y sedas +de vivos colores, los escudos de armas de cien nobles. No tardaron en +tomar éstos asiento, la multitud y los soldados se acomodaron como mejor +pudieron y los pajes y palafreneros se encargaron de las armas y +monturas de sus señores.</p> + +<p>Los mantenedores ocupaban la extremidad del campo más cercana á las +puertas de la ciudad. Frente á sus respectivos pabellones se veían los +escudos de armas de los cinco campeones ingleses, sostenidos por otros +tantos escuderos; allí las rosas de Morel, las barras gules de Leiton, +el león de Percy, los grifos de Abercombe y las plateadas alas de +Beauchamp. Tras los pabellones piafaban impacientes los grandes caballos +de batalla lujosamente enjaezados. La gran mayoría de los arqueros y +hombres de armas ingleses se agrupaban en aquel extremo de la liza, +ganosos de contemplar y vitorear á sus famosos campeones, que sentados á +la puerta de sus tiendas, armados completamente y con el yelmo sobre las +rodillas, departían tranquilamente sobre el gran suceso del día en que +tan importante parte les tocaba desempeñar. Pero el pueblo gascón no +ocultaba su preferencia por Captal de Buch y sus compañeros, pues la +popularidad de los ingleses había decaído mucho desde las enconadas +contiendas originadas por la captura del rey de Francia y el destino que +debía de darse al regio prisionero. De aquí que no fueran generales, +aunque sí muy nutridos, los aplausos que acogieron la proclamación del +rey de armas, anunciando los nombres y títulos de los caballeros +ingleses que estaban prontos, "por su Dios, por su patria, por su rey y +por su dama," á combatir contra cuantos hidalgos les hiciesen la honra +de romper lanzas con ellos. Más que aplausos, en cambio, fueron +aclamaciones ensordecedoras las que saludaron al heraldo que en el +opuesto extremo de la liza enumeró los nombres popularísimos de los +justadores gascones.</p> + +<p>—Comienzo á creer que teníais mucha razón, Chandos,<a name="page_211" id="page_211"></a> al aconsejarme que +no tomase hoy partido ni enristrase lanza, dijo el príncipe en voz baja +al notar el estado de los ánimos. Paréceme, señor de Armagnac, que +nuestros amigos de Aquitania no verían con malos ojos la derrota de los +campeones ingleses.</p> + +<p>—Bien pudiera ser, príncipe, como no dudo que en iguales circunstancias +el pueblo de Londres ó Windsor favorecería ó aclamaría á sus +compatriotas.</p> + +<p>—Y no está lejos la demostración palpable de lo que decís, exclamó +riéndose el príncipe, porque allá diviso unas veintenas de arqueros cuyo +vocerío no cede al de la multitud. Mucho me temo que sufran amargo +desencanto si la copa de oro que he ofrecido al vencedor se queda en +Aquitania en vez de cruzar el mar. ¿Cuáles son las condiciones, Chandos?</p> + +<p>—Cada pareja justará no menos de tres veces y la victoria será del +partido cuyos campeones hayan triunfado en mayor número de encuentros +singulares. El que más se distinga entre ellos recibirá el trofeo +ofrecido por Vuestra Alteza, y el más diestro justador de los vencidos +un broche de oro y piedras preciosas. ¿Doy la señal?</p> + +<p>Contestó el príncipe afirmativamente, sonaron los clarines y los +mantenedores fueron entrando en liza uno tras otro y arremetiendo á sus +contrarios, con varia fortuna para ambos bandos. Así, Sir Guillermo +Beauchamp cayó al poderoso golpe de Captal de Buch, pero Percy desarzonó +al de Mucident; Lord Abercombe derribó á su vez al señor de Albret y por +fin el hercúleo Oliverio de Clisón igualó la suerte del combate con la +victoria que alcanzó sobre Sir Raniero Leiton.</p> + +<p>—¡Por Santiago! exclamó Don Pedro, buenas lanzas y grande empuje, tanto +los señores gascones como los ingleses.</p> + +<p>—¿Quién es el próximo adalid inglés? preguntó el príncipe con voz que +denotaba su viva emoción.</p> + +<p>—El barón León de Morel, de Hanson, respondió Chandos.</p> + +<p>—Campeón esforzado y diestro si los hay.</p> + +<p>—Sin duda alguna, señor, pero su vista, como la mía, se halla muy +quebrantada tras largas campañas. Con su poderoso brazo ganó en buena +lid la diadema de oro ofrecida<a name="page_212" id="page_212"></a> como trofeo por la reina Felipa, augusta +madre de Vuestra Alteza, en las grandes justas con que se celebró en +Inglaterra la toma de Calais. En el castillo de Monteagudo, donde +reside, tiene un tesoro en premios y trofeos.</p> + +<p>—Ojalá vaya á reunirse con ellos la copa de este torneo, dijo el +príncipe en voz baja. Aquí tenemos al paladín alemán y por su aspecto +parece muy temible enemigo. Advertid al rey de armas que les permita +encontrarse por tres veces en la liza, ya que tanto depende ahora del +resultado de este combate.</p> + +<p>Sonaron de nuevo los clarines, hizo el rey de armas la señal que +repitieron los farautes y se adelantó el último campeón de los gascones +entre los vítores desaforados de la multitud. Era un guerrero de gran +talla y fornido cuerpo, con yelmo y armadura negros y escudo sin divisa, +pues prohibían tenerla los estatutos de la orden teutónica á que +pertenecía. Flotaba á su espalda amplio manto blanco que tenía bordada +en su centro la cruz negra orillada de plata de aquella orden. Manejaba +briosamente su soberbio bridón, negro como el azabache y de gran alzada; +y después de saludar al príncipe volvió grupas y ocupó su puesto á un +extremo de la liza.</p> + +<p>Inmediatamente salió el barón de Morel de su tienda y se dirigió al +galope hacia el balconcillo regio, ante el cual detuvo súbitamente al +fogoso corcel con tal fuerza que lo hizo retroceder y alzarse de manos, +á tiempo que el jinete saludaba profundamente. Llevaba el barón +brillante armadura blanca, escudo blasonado y yelmo con largo y airoso +penacho de plumas también blancas. La gracia y viveza de sus +movimientos, el esplendor de su armadura y de los paramentos de su +caballo y los corveteos de éste hicieron estallar unánimes aplausos. El +barón saludó otra vez con singular donaire y se dirigió al punto del +campo frontero al que ocupaba su contrario, haciendo caracolear al noble +bruto y más como quien se dirige á una alegre fiesta que á fiero +combate.</p> + +<p>Tan luego se hallaron frente á frente ambos campeones reinó absoluto +silencio en todo el palenque. Del resultado dependía no sólo la gloria +que pudiera caber al vencedor sino la victoria ó la derrota del bando +que respectivamente representaban. Guerreros ambos de mucha nombradía, +sus<a name="page_213" id="page_213"></a> proezas los habían llevado á muy distintos países y campos de +combate, sin darles hasta entonces la oportunidad de medirse cuerpo á +cuerpo. Dióse la señal, y puestas las lanzas en los ristres arremetieron +uno contra otro ambos combatientes, encontrándose con tremendo choque +frente á la regia tribuna. Aunque el teutón se estremeció al golpe +furibundo del caballero inglés, su lanza alcanzó á éste en la visera con +fuerza tal que rompió las cintas que sujetaban el casco y éste cayó +hecho pedazos, pero el barón continuó su carrera, descubierta la calva +cabeza que brillaba á los rayos del sol. Millares de pañuelos y gorras +agitados en el aire y un vocerío inmenso acogieron aquella ligera +ventaja del caballero teutón.</p> + +<p>Nada desanimado el de Morel, llegóse á escape á su pabellón y se +presentó á los pocos momentos con otro fuerte yelmo, pronto para la +segunda justa. El resultado de ésta fué tan igual para ambos que los +mejores jueces no hubieran podido adjudicar la victoria á uno ni otro. +Así Morel como el de Bohemia resistieron impávidos el bote formidable +del contrario, que ambos recibieron de lleno en el pecho y sin perder la +silla. Pero en el tercer encuentro la lanza del barón se clavó entre las +barras de la celada del contrario, arrancándole de golpe la visera, á +tiempo que el de Bohemia, con singular mala suerte, desviaba su lanza y +daba con ella fuerte golpe en el muslo de Morel, contra todas las reglas +del torneo, que prohibían herir al contrario de la cintura abajo y +declaraban vencido al que tal hiciera. También daba á Morel aquel +malhadado golpe el derecho de apropiarse las armas y el caballo del +enemigo, si hubiera querido ejercerlo. Los aplausos y gritos delirantes +de los soldados ingleses y el silencio y los ceñudos rostros del pueblo +anunciaron, antes que lo hicieran los farautes, el triunfo de los +primeros, que habían obtenido ventaja en tres encuentros, contra dos que +ganaran los gascones. Ya se habían congregado los diez combatientes +frente á la tribuna del príncipe para recibir dos de ellos el galardón +merecido, cuando el agudo toque de un clarín llamó la atención de los +presentes hacia un extremo del palenque, ganosos todos de ver al +inesperado caballero que así anunciaba su llegada.<a name="page_214" id="page_214"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXIV" id="CAPITULO_XXIV"></a>CAPÍTULO XXIV<br /><br /> +<small>DE CÓMO EL ESTE ENVIÓ UN FAMOSO CAMPEÓN</small></h3> + +<p>D<small>ICHO</small> queda que las grandes justas de Burdeos, para las cuales era +estrecha y de todo punto inadecuada la plaza frontera á la abadía de San +Andrés, se celebraban extramuros, en la vasta llanura inmediata al río. +Al este de aquella se elevaba el terreno, cubierto de verdes viñedos en +verano, por entre los cuales serpenteaba el camino que conducía al +interior, muy frecuentado de ordinario pero solitario aquel día en que +todos, así viajeros como habitantes de la ciudad, formaban parte de la +multitud espectadora.</p> + +<p>Mirando en la dirección de aquel camino hubiera podido verse, aun mucho +antes de terminar el combate, dos puntos brillantes y móviles que fueron +acercándose hasta mostrar al observador que procedían del reflejo del +sol sobre los cascos de dos jinetes que se adelantaban al galope en +dirección á Burdeos. Era el primero de ellos un caballero armado de +punta en blanco, que montaba brioso corcel negro con blanca estrella en +la frente. Parecía el jinete de corta estatura pero robusto y ancho de +hombros, y llevaba calada la visera, sin empresa ni blasón sobre el +blanco arnés ni el liso y bruñido escudo. El otro era evidentemente su +escudero, sin más armas ofensivas ni defensivas que su yelmo y la +poderosa lanza de su señor, que empuñaba con la diestra mano. En la +izquierda, además de las riendas de su propia montura, tenía también la +brida de un soberbio alazán con lujosos paramentos que le llegaban hasta +los corvejones. Llegados ambos jinetes con los tres caballos á la +entrada del palenque, dió el escudero aquel vibrante toque que tanto +sorprendió á los espectadores.<a name="page_215" id="page_215"></a></p> + +<p>—¿Quién es ese caballero, Chandos, y qué desea? preguntó el príncipe +Eduardo.</p> + +<p>—Á fe mía, replicó el canciller con no disimulada sorpresa, que ó mucho +me engaño ó es un noble francés.</p> + +<p>—¡Francés! exclamó Don Pedro de Castilla. ¿Qué os induce á creerlo si +no lleva blasón ni divisa que lo acredite?</p> + +<p>—Me basta mirar la forma de su armadura, señor, más redondeada en el +codo y las hombreras que cuantas proceden de Inglaterra ó de España. +También podría ser arnés de fabricación italiana, sin la curva especial +del peto; y cuanto más lo miro más seguro estoy de que ese coselete ha +sido hecho por artífices de la parte de acá del Rin. Pero aquí viene su +escudero y no tardará Vuestra Alteza en saber qué lo trae por estos +rumbos.</p> + +<p>Llegado el escudero ante el príncipe detuvo su caballo, tocó por segunda +vez la bocina que llevaba suspendida del cinto y dijo con sonora voz y +marcado acento bretón:</p> + +<p>—Vengo como heraldo y escudero de mi señor, noble y esforzado caballero +y súbdito fiel del muy poderoso rey Carlos de Francia. Sabedor de que se +celebraban estas justas, solicita mi señor la honra de medir sus armas +con un caballero inglés que quiera aceptar su reto, ya rompiendo lanzas, +ya combatiendo con espada y daga, maza ó hacha de armas. Y me ha +ordenado muy expresamente declarar que su cartel va dirigido tan sólo á +los nobles caballeros ingleses, no á los que sin serlo, ni ser tampoco +buenos franceses, hablan la lengua de éstos y sirven bajo la bandera de +aquéllos.</p> + +<p>—¡Osado sois, voto á tal! exclamó el de Clisón con voz tonante, á la +vez que otros señores gascones llevaban la mano á la espada.</p> + +<p>—Mi señor, continuó el enviado sin hacer caso de las palabras de uno ni +del ademán amenazador de los otros, está pronto á justar desde luego, á +pesar de que su caballo de batalla acaba de recorrer largo trecho sin +descanso, pues temíamos llegar tarde al torneo.</p> + +<p>—Tarde habéis llegado, en efecto, repuso el príncipe, pues sólo falta +adjudicar el premio á los vencedores. Pero no dudo que entre estos +caballeros míos los habrá dispuestos á complacer al campeón de Francia.</p> + +<p>—Y cuanto al trofeo, dijo el barón de Morel, seguro estoy de +interpretar los deseos de estos señores al declarar<a name="page_216" id="page_216"></a> que le será +entregado, á pesar de su tardanza, si logra ganarlo en buena lid.</p> + +<p>—Llevad, escudero, ambas respuestas á vuestro amo, dijo el príncipe, y +pedidle que nombre á uno de los cinco mantenedores ingleses que han +justado hoy para romper lanzas con él. Un momento; ese caballero no +lleva blasón ni divisa y necesitamos conocer su nombre.</p> + +<p>—Mi señor ha hecho voto de no revelar su nombre ni alzar la celada +hasta pisar de nuevo la tierra de Francia.</p> + +<p>—Pero entonces ¿qué garantía tenemos de que no es un rústico diestro en +el manejo de las armas, ó un palafrenero disfrazado con el arnés de su +amo, cuando no un noble deshonrado con quien no se dignaría combatir +ninguno de mis caballeros?</p> + +<p>—¡No hay tal, señor, lo juro por lo más sagrado! dijo el escudero con +vehemencia. Antes bien declaro que no hay en el mundo caballero que no +se tenga por muy honrado en cruzar la espada con quien aquí me envía.</p> + +<p>—Arrogante es la respuesta del escudero, dijo el príncipe, pero +mientras no nos déis mejores pruebas de la noble calidad de vuestro amo, +no consiento que con él justen las mejores lanzas de mi corte.</p> + +<p>—¿Rehusa Vuestra Alteza?</p> + +<p>—Rehuso resueltamente.</p> + +<p>—En tal caso, señor, el mío me ha autorizado para revelar secretamente +su nombre al muy ilustre señor de Chandos, y sólo á él, para que declare +si Vuestra Alteza misma podría ó no romper lanzas con mi señor, sin el +menor desdoro.</p> + +<p>—Acepto la propuesta, dijo vivamente el príncipe.</p> + +<p>Acercóse Chandos al escudero, díjole éste algunas palabras al oído y el +anciano canciller hizo un ademán de profunda sorpresa, á la vez que +miraba con curiosidad é interés evidentes al inmóvil caballero que á +distancia esperaba el resultado de aquellas negociaciones.</p> + +<p>—¿Será posible? exclamó.</p> + +<p>—Es la pura verdad, señor, dijo el escudero. Lo juro por San Iván de +Bretaña.</p> + +<p>—Debí sospecharlo, agregó Chandos retorciendo los largos bigotes y +mirando fijamente al apartado caballero.</p> + +<p>—¿Qué decís, Chandos? preguntó el príncipe.<a name="page_217" id="page_217"></a></p> + +<p>—Señor, una gracia os pido. Permitid á mi escudero que me traiga arnés +para revestirlo y tener la alta honra de cruzar la espada con el campeón +francés.</p> + +<p>—Poco á poco, mi buen Chandos. Tenéis, y muy bien ganados, cuantos +lauros puede conquistar un hombre y hora es ya de que descanséis. +Escudero, decid á vuestro amo que es muy bienvenido á mi corte, y que si +gusta de tomar algún descanso y refrescar en mi compañía antes de la +justa, pronto estoy á obsequiarle.</p> + +<p>—Perdonad, señor, no puede beber con Vuestra Alteza.</p> + +<p>—Que designe, pues, al caballero de su elección.</p> + +<p>—Desea justar con los cinco mantenedores ingleses, y con las armas que +cada uno de ellos prefiera y elija.</p> + +<p>—Grande es su confianza, á lo que veo. Pero no es bien prolongar su +espera ni tenemos ya mucho tiempo disponible, pues el sol se acerca al +ocaso. Á vuestros puestos, caballeros, y veamos si este desconocido +iguala con la alteza de sus hechos la arrogancia de sus palabras.</p> + +<p>Mientras duraron aquellos preliminares permaneció el incógnito campeón +inmóvil como una estatua de acero, erguido en la silla de su caballo de +batalla y apoyado en la robusta lanza. El ojo experto de nobles y +soldados adivinaba un adversario temible en aquel hombre de atléticas +formas é imponente aspecto. El arquero Simón, que figuraba en primera +línea con Reno, Tristán y otros camaradas, no escaseaba sus comentarios +más encomiásticos sobre el talante del desconocido y la maestría con que +momentos antes había manejado caballo y lanza. Á fuerza de mirarle +pareció despertarse un confuso recuerdo en la memoria del veterano.</p> + +<p>—Apuesto los bigotes del gran turco, dijo contrayendo las cejas, á que +yo he visto antes al buen mozo ese, aunque no recuerdo dónde. ¿Fué en +Nogent, fué en Auray? Lo que os digo, muchachos, es que estáis mirando á +una de las primeras lanzas de Francia, y cuenta que mejores no las hay +en el mundo y que yo sé lo que me digo.</p> + +<p>—Pues yo digo que todos estos torneos y melindres son pura niñería, +gruñó Tristán de Horla. ¡Por la cruz de Gestas! No sino dejad que me +vinieran á mí con lancitas y puyazos....<a name="page_218" id="page_218"></a></p> + +<p>—¿Pues cómo combatirías tú, Tristán? preguntaron algunos.</p> + +<p>—Varios modos hay de hacerlo, replicó el gigante reflexionando; pero me +parece que yo empezaría por romper mi espada.</p> + +<p>—Eso es lo que todos procuran hacer.</p> + +<p>—¡Ah, no! Pero es que yo no la rompería tontamente sobre el escudo del +otro, sino contra mi rodilla. Y así convertiría lo que no es más que un +pincho inútil en una buena maza.</p> + +<p>—¿Y después?</p> + +<p>—Dejaría que el otro me clavase su espadín en una pierna ó en el brazo, +ó donde mejor le pareciese y luego y con toda calma le estrellaría los +sesos con mi maza.</p> + +<p>—¡Bravo, Tristán! Vamos, que daría yo mi cobertor de pluma por verte +suelto en la liza. ¡Bonita manera de justar la tuya! exclamó Simón.</p> + +<p>—Pues á mí me parece la mejor, dijo muy serio Tristán. Ó si no, +agarraría yo al otro por la cintura, lo arrancaría de la silla quieras +que no y me lo llevaría á mi tienda para no soltarlo hasta que me pagase +un buen rescate.</p> + +<p>Grandes carcajadas acogieron aquella salida del valiente arquero y Simón +prometió hacer todo lo posible para que nombrasen á Tristán rey de armas +y pudiese llevar á la práctica sus peregrinas ideas sobre justas y +torneos.</p> + +<p>—Allí viene Sir Guillermo Beauchamp, dijo Reno. Valiente caballero, +pero temo que no pueda resistir el bote que promete darle la lanza del +francés.</p> + +<p>Y así fué, porque si bien Beauchamp asestó á su contrario fuerte golpe +en el yelmo, recibió en cambio tan furiosa lanzada que lo sacó de la +silla y lo hizo rodar por el suelo. No tuvo mejor suerte el de Percy, +que sacó roto el escudo y desguarnecido el brazo izquierdo, amén de una +ligera herida en el costado. Abercombe dirigió su lanza á la cabeza del +desconocido y éste le imitó, manteniéndose firme y erguido en la silla +después del choque, al paso que el inglés quedó doblado hacia atrás, +medio caído sobre la grupa del caballo, que recorrió la mitad del campo +antes de que el jinete recobrase su posición normal. Leiton cayó á los +golpes de maza del francés, arma elegida por el primero; sus servidores +lo llevaron en brazos á su pabellón. Aquellas<a name="page_219" id="page_219"></a> rápidas victorias sobre +cuatro famosos guerreros llenaron de admiración á los espectadores, y +así los soldados como las gentes del pueblo le prodigaron sus aplausos.</p> + +<p>—Temible campeón, comentó el príncipe; pero ya se adelanta el bravo de +Morel, á pie y espada en mano, arma en que es quizás el más diestro de +nuestro reino.</p> + +<p>Los combatientes se acercaron llevando al hombro y asidas con ambas +manos las enormes espadas de combate. La lucha fué empeñada y brillante; +se atacaban con denuedo y se defendían con destreza increíble, +menudeando los golpes formidables que resonaban al chocar las espadas +entre sí ó sobre los fuertes arneses. Por fin levantó el francés su arma +para descargar un tajo decisivo, pero aquel momento bastó para que el +barón descubriera un punto vulnerable en la armadura del contrario, y +pronta como el rayo se clavó su espada en el brazo del francés, en la +unión de aquél con el hombro. Poco profunda fué la herida, pero bastó +para hacer brotar la sangre, que trazó roja línea sobre el bruñido peto. +Aunque el desconocido parecía dispuesto á continuar la lucha, el rey de +armas lanzó su dorado bastón á la liza y los combatientes bajaron las +espadas.</p> + +<p>El príncipe dispuso inmediatamente que invitasen al campeón francés á +permanecer algún tiempo en su corte, y si esto no fuera posible, á +sentarse á su mesa aquella noche y descansar algunas horas en Burdeos. +Oyó el caballero el cortés mensaje y se dirigió al trote de su corcel +hacia la tribuna regia, vendado el hombro con blanco pañuelo de seda.</p> + +<p>—Señor, dijo con firme voz, saludando al príncipe; no puedo sentarme á +vuestra mesa. Francés soy y por ende enemigo vuestro. El día más feliz +de mi vida será aquel en que vea desaparecer en el horizonte la última +de las galeras inglesas, llevándose al último de los soldados +extranjeros que hoy pisan y dominan parte de esta tierra de Francia. +Duras os parecerán mis palabras, pero os lo repito, soy vuestro enemigo.</p> + +<p>—Y por las muestras que hoy habéis dado, un enemigo valeroso y temible. +El rey de Francia puede enorgullecerse de tener servidores como vos. +Pero vuestra herida....</p> + +<p>—Es insignificante y mi caballo puede hacer muy bien<a name="page_220" id="page_220"></a> la jornada de +vuelta, que emprenderé ahora mismo. Con Dios quedad; y saludando de +nuevo se dirigió al galope á la entrada del palenque y desapareció +seguido de su escudero.</p> + +<p>—Valiente, patriota y altivo, exclamó el príncipe. Tengo para mí que el +justador desconocido de hoy es un gran guerrero francés.</p> + +<p>—No lo dudéis, señor, dijo Chandos, y de los más famosos.<a name="page_221" id="page_221"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXV" id="CAPITULO_XXV"></a>CAPÍTULO XXV<br /><br /> +<small>DE UNA CARTA Y UNAS RELIQUIAS</small></h3> + +<p>C<small>UANDO</small> Roger se presentó en la cámara del barón al siguiente día, +hallóle muy ocupado en trazar sobre emborronado pergamino unos signos +retorcidos y enormes, que según averiguó después eran un conato de carta +del barón á su esposa.</p> + +<p>—Bien vienes, Roger, dijo alborozado apenas divisó al joven. Confieso +que no soy muy fuerte en achaques de escritura, y aquí me tienes sudando +para contar á mi señora la baronesa muchas cosas que quiero decirle, con +unos garabatos que se empeñan en no salir derechos y que no los +entenderá ella, ni tú, ni yo mismo.</p> + +<p>Sonrióse el fiel escudero, ofreció al barón escribirle en un santiamén +cuantas cartas quisiese y poco tardó en quedar firmada y sellada la en +que el caballero refería ligeramente los principales episodios de su +viaje, el encuentro con los piratas, la desgraciada muerte del joven +escudero Froilán de Roda, su presentación en la corte y cómo se proponía +salir sin tardanza para Montaubán, donde el resto de la famosa Guardia +Blanca de su mando entretenía sus ocios quemando y saqueando.</p> + +<p>—Algo falta, señor, observó Roger, y si me lo permitís....</p> + +<p>—Escribe lo que gustes, Roger, y agrégalo á mi carta, que cuanto digas +habrá de ser interesante y agradable para mi señora la baronesa.</p> + +<p>Aprovechando el permiso, describió el doncel lo que por modestia callaba +el barón, la gloria alcanzada por éste en combates y justas; aseguró á +la castellana de Morel que la salud del barón era inmejorable, que +todavía quedaban en<a name="page_222" id="page_222"></a> la escarcela confiada á su guarda muy buenos +ducados y durarían hasta llegar él con su señor á Montaubán, y por +último rogaba á la baronesa que aceptase sus respetos y se sirviese +presentárselos muy rendidos á su hija la sin par Constanza.</p> + +<p>—Muy bien expresado está todo eso, dijo el barón, moviendo satisfecho +su calva cabeza. Y ahora, Roger, si algo quieres escribir á tus +parientes de Inglaterra, lo enviaré con el mismo mensajero que ha de +llevar mis cartas.</p> + +<p>—No tengo parientes, señor, dijo Roger tristemente. Mi hermano es el +único....</p> + +<p>—Sí, recuerdo cómo os separasteis y te aseguro que no pierdes mucho. +Pero ya que no personas de tu misma sangre ¿no tienes allá alguien que +te sea querido?</p> + +<p>—Oh, sí, replicó el joven, suspirando.</p> + +<p>—Vamos, ya veo. ¿Es hermosa?</p> + +<p>—Bellísima.</p> + +<p>—¿Buena?</p> + +<p>—Como un ángel.</p> + +<p>—¿Y no te ama?</p> + +<p>—No puedo decir que ame á otro.</p> + +<p>—En tal caso, tu deber es hacerte digno de su amor. Sé honrado y +valiente; sin humillarte ante el poderoso, muéstrate afable y dulce con +el pobre y humilde, y á su tiempo te verás honrado con el amor de una +doncella pura y buena, el mayor galardón á que aspirar pueda todo +cumplido caballero. ¿Es tu amada de noble alcurnia?</p> + +<p>—De nuestra más distinguida nobleza, señor.</p> + +<p>—Cuidado, Roger, cuidado. No piques muy alto y recojas desengaños y +amarguras.</p> + +<p>—Vos conocisteis á mi padre, señor barón, y sabéis también lo que vale +el linaje de los Clinton de Hanson....</p> + +<p>—Rancia é indiscutible nobleza y gloriosa historia. Mas no lo digo por +tus blasones, hijo mío, sino por tu carencia de fortuna. Si fueras tú el +señor de Munster, en lugar de tu bullicioso hermano.... Pero, ó mucho me +engaño ó los pasos que resuenan son los de Sir Oliver.</p> + +<p>No tardó en presentarse el rechoncho caballero, rojo de indignación, con +la inaudita noticia de que acababa de enviar un cartel de desafío á los +señores de Chandos y Fenton, cancilleres del ducado de Aquitania y á +quienes el príncipe<a name="page_223" id="page_223"></a> encomendara la elección de los caballeros que con +tanto lucimiento sostuvieron el honor de las armas inglesas en el torneo +de la víspera. Atónito el de Morel ante tamaño desplante, averiguó que +el señor de Butrón se sentía ofendido por no haber figurado su nombre +entre los cinco elegidos y se proponía pedir cuenta de aquel desacato á +Chandos y Fenton. Trabajo le costó al barón apaciguar á su alborotado +amigo, quien acabó por confesarle que sólo esperaba saborear un nuevo y +gustoso guiso que en aquel momento le preparaban, para enviar también un +cartel al mismo príncipe.</p> + +<p>—Pero ¿estáis dejado de la mano de Dios? le preguntó el barón. ¿Qué os +ha hecho el príncipe?</p> + +<p>—Me tiene en poco, lo mismo que Chandos, y empieza á convertirme en +blanco de sus pullas y cuchufletas. ¿Sabéis la que me lanzó anoche +después del torneo? Alababa uno de mis amigos la fuerza de mi brazo y el +príncipe tuvo á bien decir que por fuerte que fuera el brazo nunca lo +sería tanto como el espinazo de mi caballo. Gracia ésta que fué recibida +con gran risa por todos los presentes.</p> + +<p>Rióse también el barón, volvió á calmar á su pletórico amigo lo mejor +que supo y pudo, y viéndolo ya más dispuesto á gozar de sus guisos y +golosinas que á seguir lanzando retos á troche y moche, se despidió de +él hasta verse de nuevo en Dax. Sir Oliver se encargaba de mandar los +doscientos hombres de Morel y conducirlos á Dax en unión de sus +cincuenta ganapanes, mientras el barón anticipaba su salida de Burdeos +para dirigirse á Montaubán, tomar el mando del resto de la Guardia +Blanca que por allí merodeaba y reunirse al grueso del ejército en Dax +antes de que el príncipe emprendiese la marcha con dirección á España.</p> + +<p>—Tú, Gualtero y el sargento Simón me acompañaréis, y también otro +arquero que Simón elija para que cuide de mis armas y arnés, dispuso el +barón.</p> + +<p>Poco después salía éste de Burdeos acompañado de Gualtero de Pleyel y +dos horas más tarde se ponían en su seguimiento Roger, Simón y Tristán +de Horla, para quienes el primero tuvo que procurarse dos caballejos de +las Landas, de tan pobre apariencia como excelentes cualidades. Por el +camino iba pensando Roger, mientras sus dos compañeros<a name="page_224" id="page_224"></a> departían +animadamente, en la conversación que poco antes había tenido con el +barón y se preguntaba si debió de haber completado su confesión +revelándole que no era otra su adorada que la bella heredera de Morel. +¿Cómo hubiera acogido éste semejante declaración? Desde luégo, declarado +había que por su nobleza podía aspirar á la mano de la más linajuda +dama, sin otro obstáculo en su camino que la falta de bienes de fortuna. +Por primera vez en su vida deseó tenerlos, y aunque no dudaba del amor +de Constanza, sabía también que la hechicera joven no le daría su mano +sin contar antes con la plena aprobación de su padre.</p> + +<p>—¿Dónde dijo el capitán que le encontraríamos? preguntó á la sazón el +veterano arquero, volviéndose hacia Roger y sacándolo de sus +meditaciones.</p> + +<p>—En Marmande ó Aiguillón, y añadió que no había extravío posible porque +desde Burdeos hasta los dos pueblos nombrados no hay otro camino que +éste que seguimos.</p> + +<p>—Y que yo conozco como la palma de mi mano, dijo Simón. Quiera mi buena +suerte que al regreso lo recorra tan bien provisto de botín como la +última vez que por él pasé. ¿Véis á lo lejos aquel pueblecillo con el +castillejo feudal? Pues es Cadillac, nombre y lugar que tengo en la +memoria gracias á la taberna que estas gentes llaman del <i>Mouton d'Or</i> y +que yo llamaría del buen vino, que probaremos muy pronto. Á orillas del +Garona veremos después el villorrio de Bazán, donde me detuve tres días +á mi regreso de la última campaña; y la culpa fué de las hijas del +talabartero del lugar, tres pimpollos á cual más rozagante y á las +cuales dí palabra de casamiento.</p> + +<p>—¿Á las tres?</p> + +<p>—El diablo enredó las cosas de manera que no hubo medio de dejar una ó +dos buscando novio. Lo cual hubiera sido de muy mal gusto, á fe mía, y +más tratándose de un arquero galante, porque son á cual más bonita y el +diablo me lleve si hubiera yo podido preferir y elegir una de las tres.</p> + +<p>—Pedigüeño tenemos, dijo en aquel punto Tristán, señalando hacia un +árbol cercano á cuya sombra se sentaba un viejo, cubierto desde el +cuello hasta los descalzos pies con tosco sayal gris de triple esclavina +y llevando un grasiento<a name="page_225" id="page_225"></a> sombrero de anchas alas con tres conchas +cosidas en hilera al frente de la copa.</p> + +<p>—Diría que es un religioso ó peregrino, á no ser por las extrañas +mercancías que parece tener de venta, dijo Simón.</p> + +<p>Acercándose vieron que sobre una tabla que delante tenía se hallaban +colocados en línea algunos trozos de madera, varias piedras y un clavo +de buen tamaño.</p> + +<p>—Socorred, señores, á un pobre peregrino, exclamó el viejo, que perdió +la vista de sus ojos después de contemplar con ellos los Santos Lugares +y que no prueba bocado desde hace dos días.</p> + +<p>—Pues nadie lo diría al ver lo repleto y lucio que estáis, buen hombre, +dijo Simón mirándole atentamente.</p> + +<p>—Con esas ligeras palabras no hacéis más que aumentar mi pena, dijo el +ciego. Me véis repleto y obeso al parecer y por ende me creéis bien +comido, cuando lo que en realidad me hincha y me mata es una hidropesía +incurable.</p> + +<p>—¡Pobre hombre! murmuró Roger.</p> + +<p>—¡Mala centella me parta si vuelvo á decir palabra! exclamó el arquero +arrepentido.</p> + +<p>—No juréis, dijo el peregrino, y por lo que á mí toca os perdono de +corazón. Mis desgracias y mi desamparo han llegado á tal extremo que por +fin me veo obligado á deshacerme de mis tesoros para procurarme algunos +recursos con que terminar mi viaje. Voy al santuario de Nuestra Señora +de Rocamador y allí espero acabar mis días.</p> + +<p>—¿Y qué tesoros son esos de que habláis?</p> + +<p>—Helos aquí, sobre esta tabla. Ante todo este clavo, uno de los que +contribuyeron al infame suplicio que tuvo por consecuencia la redención +de la humanidad. Obtuve esta reliquia invaluable de los descendientes de +José de Arimatea, que viven todavía en Jerusalén.</p> + +<p>—¿Y esas piedras y maderas? preguntó Tristán, no menos sorprendido que +sus compañeros.</p> + +<p>—Una astilla de la verdadera cruz, otra del arca de Noé y la tercera de +la puerta del gran templo de Salomón. De los tres cantos que aquí tengo, +el menor fué uno de los que le arrojaron á San Esteban sus crueles +verdugos, y los otros dos proceden de la torre de Babel. Mucho me ha +costado obtener estas preciadas reliquias y por todo el oro del mundo no +me hubiera separado de ellas; pero próximo á morir,<a name="page_226" id="page_226"></a> porque siento que +mis días están contados, os ofrezco las que queráis, al precio que +vuestros recursos os permitan ofrecerme.</p> + +<p>Transportado Roger y sin reflexionar gran cosa, se volvió hacia sus +compañeros diciéndoles:</p> + +<p>—Ocasión como esta no volverá á presentársenos en toda la vida. Sin el +clavo ese no me quedo, y se lo he de llevar y ofrecer á la abadía de +Belmonte.</p> + +<p>—Como yo le llevaré á mi madre esa piedra que le arrojaron al santo, +dijo Tristán.</p> + +<p>—Pues á mi vez prefiero la astilla de las puertas del templo, dijo por +su parte Simón, y aquí os entrego tres ducados, de cuatro que me quedan.</p> + +<p>—Y aquí van dos más, agregó Tristán.</p> + +<p>—Y cuatro míos, dijo Roger.</p> + +<p>Con lo cual se despidieron del piadoso y cuitado peregrino, llevándose +aquellas venerables reliquias tan impensada cuanto fácilmente +adquiridas.</p> + +<p>Lo malo fué que á poco andar dieron con una herrería, donde se +detuvieron para atender al caballo de Simón, que mucho necesitaba los +servicios del herrero. En conversación con éste, contóle Simón su +reciente encuentro y la gran compra que habían hecho; ver el rústico las +reliquias y echarse á reir fué todo uno, y asiendo un cajón lleno de +luengos clavos se lo presentó á Roger.</p> + +<p>—Mirad, le dijo, si vuestro clavo no es uno de estos y si los cascorros +y astillas del santo varón no proceden del montón aquel que está á mi +puerta y donde yo mismo se los ví tomar no hace dos horas y meterlos en +su zurrón. El clavo me lo pidió él mismo y yo se lo dí. ¡Por vida de! +Sobrado crédulos sois para soldados.</p> + +<p>Oir aquello y echar á correr en busca del tramoyista viejo fué todo uno. +Á poco lo vieron en lo alto de una cuesta que formaba el camino, pero +también los divisó él á buena distancia y suponiendo la embajada que +llevaban, prescindió de su ceguera y dejando el camino se metió por los +jarales y ganó el bosque, dejando más que mohinos á los tres amigos, tan +bonitamente burlados.<a name="page_227" id="page_227"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXVI" id="CAPITULO_XXVI"></a>CAPÍTULO XXVI<br /><br /> +<small>DONDE SE AVERIGUA QUIÉN ERA EL MISTERIOSO PALADÍN</small></h3> + +<p>E<small>N</small> Aiguillón, á donde llegaron aquella noche, los esperaban el barón de +Morel y el risueño Gualtero, cómodamente instalados en la hostería del +<i>Bâton Rouge</i>. El noble inglés sostenía interesante coloquio con un +afamado caballero del Poitou, Gastón de Estela, que acababa de llegar de +Lituania, donde había servido con los caballeros teutones á las órdenes +del gran maestre de Marienberga. Complacidísimo el señor de Morel con +aquel encuentro, se pasó las horas muertas hablando de campañas, +asedios, justas y aventuras y amanecía cuando se despidió del de Estela. +No le impidió esto ponerse en camino á la temprana hora que había fijado +la víspera, y dejando en Aiguillón el curso del Garona, tomó con sus +cuatro acompañantes por la orilla del Lot, no ya en dirección de +Montaubán sino de Villafranca, por donde, según noticias recogidas en el +camino, andaban sueltos unos arqueros ingleses más malos que Caín y que +desde luego supuso eran los mismos á quienes buscaba y de quienes era +capitán. Numerosos indicios revelaban la agitación y el estado de alarma +predominantes en aquella comarca y más de una vez se vió cercada y +detenida la pequeña cabalgata por numerosos grupos de vecinos armados, á +quienes tuvieron que dar cuenta del objeto de su viaje, so pena de +hacerse sospechosos y verse metidos en un mal lance.</p> + +<p>—Bien se echa de ver que la paz de Bretigny no ha procurado gran +sosiego á esta región, dijo el señor de Morel. En ella parecen haberse +congregado cuanto malsín y aventurero quedaron por Francia y Aquitania +después de la guerra, gente sin fe ni ley que vive del despojo y la +violencia.<a name="page_228" id="page_228"></a> Aquellas altas torres que allí véis pertenecen á la villa de +Cahors, y más allá queda la tierra de Francia.</p> + +<p>En Cahors descansaron los caminantes, sin incidente ni aventura que +merezcan relato aparte, y al dejar aquella población se apartaron +también de las orillas del río, tomando una senda estrecha y tortuosa +que atravesaba extensa y desolada llanura. Limitábala por el sur +frondoso bosque, al salir del cual anunció el barón á sus escuderos que +habían dejado atrás los dominios de Inglaterra y pisaban el territorio +francés. Por todas partes se veían montones de ruinas, árboles y campos +quemados, viñedos cubiertos de piedras, puentes destrozados y aquí y +allá un castillo ó un monasterio convertidos en escombros; señales por +doquier del asolamiento y la rapiña. Aquel espectáculo contristó el +ánimo de los viajeros y el barón empezó á preguntarse con recelo si en +tal yermo hallaría provisiones para su pequeña tropa. Grande fué por lo +tanto la satisfacción de hidalgos y arqueros al notar que el sendero +desembocaba en ancho camino y que á poca distancia del cruce se veía una +casa intacta, grande y cuadrada, una de cuyas ventanas ostentaba la +enorme rama seca que anunciaba un mesón ó paradero.</p> + +<p>—¡Ya era tiempo, vive Dios! exclamó el barón regocijado. Adelántate, +Roger, y dí al dueño de esa hostería ó taberna ó lo que sea que prepare +alojamiento para un caballero inglés y sus servidores.</p> + +<p>Picó Roger espuelas á su caballo y llegó á la puerta de la casa, dejando +á sus compañeros á un tiro de ballesta. No viendo alma viviente, empujó +la entornada puerta, entró en el zaguán y llamó á gritos al mesonero. Ni +por esas; y como no era cosa de quedarse plantado allí, el joven +escudero se coló bonitamente en una gran pieza que á la izquierda +quedaba y en cuyo hogar chisporroteaban y ardían con alegre llama unos +gruesos troncos. Junto al fuego y sentada en un sillón de baqueta de +altísimo respaldo, hallábase una dama cuya edad no pasaría de los +treinta y cinco, y cuyos ojos, cejas y cabellos negrísimos contrastaban +con la extremada blancura de la tez. Pero más que su hermosura llamaban +en ella la atención su aire majestuoso y digno y la expresión grave y +pensativa del semblante. Sentado frente á ella en un escabel se hallaba +un hidalgo de robusta<a name="page_229" id="page_229"></a> apariencia, cuyos anchos hombros cubría holgada +capa negra y que tenía puesta una gorra de terciopelo negro también, con +rizada pluma blanca. Sobre la tosca mesa cercana se veían un jarro de +vino y un cubilete de estaño, que el hidalgo llenaba y vaciaba de cuando +en cuando; al entrar Roger se ocupaba en partir y comer nueces, de las +que había un plato lleno sobre la mesa y cuyas cáscaras arrojaba entre +las llamas del hogar. Volvió un tanto el rostro para mirar á Roger y +éste contempló con sorpresa unas facciones deformes, cruzadas de +cicatrices, unos ojillos verdosos y la nariz abollada y torcida como si +hubiera recibido tremendo golpe.</p> + +<p>—¿Sois vos el que así vocea? exclamó con voz gutural y desabrido +acento. ¿Habráse visto jovenzuelo con más frescura y menos miramientos? +Ganas tengo de coger mi látigo y daros una lección que bien necesitáis.</p> + +<p>El asombro de Roger creció de punto, sobreponiéndose á su indignación y +por algunos instantes permaneció inmóvil, mirando al insolente caballero +y sin saber cómo contestarle en presencia de la dama. En aquel momento +llegaron á la puerta el barón, Gualtero y los dos soldados y echaron pie +á tierra; mas apenas oyó el desconocido sus voces y la lengua en que +hablaban, enfureciósele el rostro y arrojando con fuerza al suelo el +plato de nueces empezó á dar voces desaforadas llamando al hostalero. +Acudió éste pálido y temblando y dirigiéndose á la puerta de la casa +dijo en voz baja á los recién llegados:</p> + +<p>—No lo encolericéis, mis buenos señores, por el amor de Dios lo pido.</p> + +<p>—¿Qué decís? ¿De quién se trata? preguntó el barón.</p> + +<p>Antes de que Roger pudiera explicarse resonó de nuevo la voz del +irritado huésped:</p> + +<p>—¿Pero qué sentina es ésta? gritó. ¿No os pregunté al llegar, posadero +de los demonios, si estaba vuestra casa limpia de sabandijas, para que +pudiera alojarse en ella mi noble esposa sin asco ni molestias?</p> + +<p>—Y os contesté, poderoso señor, que está limpia como una patena, +replicó el otro humildemente.</p> + +<p>—¿Pues cómo se entiende, bellaco, que apenas llegados á ella oigamos ya +la charla de esos condenados ingleses? ¿Qué peores ni más dañinas +sabandijas para un buen caballero<a name="page_230" id="page_230"></a> francés? ¡Que se larguen pronto, +maese, y de lo contrario, tanto peor para ellos y para vos!</p> + +<p>No se lo hizo repetir el posadero, que salió corriendo de la estancia, á +tiempo que la dama protestaba dulcemente contra el violento lenguaje del +caballero.</p> + +<p>—¡Por amor de Dios! dijo el atribulado posadero á los ingleses, hacedme +la merced de seguir vuestro camino. Villafranca no dista más de dos +leguas y allí encontraréis cómodo alojamiento en la posada de Anjou.</p> + +<p>—No haré yo tal, dijo el barón de Morel, sin ver antes á quien así +habla y decirle dos palabras. ¿Cuáles son su nombre y sus títulos?</p> + +<p>—Imposible nombrarle, señor, sin su permiso. Pero ved que si entráis +montará en ira y entonces.... Creedme, mi buen señor; ¡no sabéis de +quién se trata! Discreto sois, avisado estáis; ¡seguid, por merced, +vuestro camino!</p> + +<p>—¡Calle el ventero! exclamó furioso ya el noble inglés. Ó mejor, id á +decir á ese tan formidable caballero que aquí está y aquí se queda el +barón León de Morel, porque así le place y sin que él ni nadie sea osado +á impedírselo. ¡Id!</p> + +<p>Azorado el pobre hombre y sin saber á qué santo encomendarse, dió +algunos pasos por el zaguán, cuando se abrió de golpe la puerta interior +y apareció el furibundo francés, cerrados los puños y las deformes +facciones convulsas por la ira.</p> + +<p>—¡Todavía estáis ahí, perros ingleses! gritó. ¡Mi espada, venga mi +espada! Pero en aquel instante se fijaron sus ojos en el escudo +blasonado del barón, sostenido por Tristán, y después de contemplarlo un +instante suavizóse la expresión de su semblante y apareció en sus labios +una sonrisa.</p> + +<p>—<i>¡Mort Dieu!</i> exclamó, ¡pues si es mi espadachín de Burdeos! Las cinco +rosas. Motivos tengo para recordarlas desde que las ví, no hace tres +días, en las justas del Garona. ¡Ah, señor León de Morel, tengo +contraída con vos una deuda! y al decir esto señaló su hombro derecho, +vendado con un pañuelo de seda.</p> + +<p>Pero la sorpresa del desconocido al ver al barón no pudo compararse con +la de éste. Miró fijamente al herido y por fin exclamó con acento que +revelaba su profundo regocijo:<a name="page_231" id="page_231"></a></p> + +<p>—¡Bertrán Duguesclín!</p> + +<p>—El mismo que viste y calza, replicó el otro riéndose. Bien hice, á fe +mía, en ocultar el rostro allá en Burdeos, pues quien lo ve una vez +jamás lo olvida. Yo soy, señor de Morel, y hé aquí mi mano, que jamás +estrechará otras manos inglesas que la vuestra y la de Chandos.</p> + +<p>—No soy joven, repuso el barón, y las guerras han añadido algunos años +á los que ya tengo, pero hasta ahora no me había otorgado el cielo la +merced y la honra de cruzar mi espada con otra de tan limpia y merecida +fama como la que me opusisteis vos en la liza de Burdeos. ¡Feliz yo mil +veces! Imposible me parece todavía haber tenido tan alta honra.</p> + +<p>—¡Voto á! Motivos me habéis dado para no dudarlo, querido barón, dijo +el famoso guerrero con gran risa. Pero venid, y entren también vuestros +escuderos. No quiero privar á mi amada compañera del placer de ver en +vos á un modelo de nobles, aunque inglés, y á un guerrero famoso.</p> + +<p>Recibiólos la noble dama con bondadosa sonrisa y á los pocos minutos de +conversación se había conquistado ya todo el respeto y toda la +admiración de Morel y sus escuderos. Con el aire de una reina y las +maneras de la más aristocrática dama, poseía un tacto incomparable, un +encanto que á todos seducía. Únase á esto el misterio de que la rodeaba +la creencia general de que poseía una facultad sobrenatural, la de +adivinar y predecir lo futuro y se comprenderá la impresión vivísima que +produjo en los tres hidalgos ingleses.</p> + +<p>El mismo Duguesclín observaba con evidente satisfacción el interés que +en ellos despertaban la conversación amena de su esposa, sus puras y +elevadas ideas y la ilustración nada común de que daba clara muestra sin +la menor pesadez ni afectación.</p> + +<p>—Perdonad, dijo por fin el guerrero francés. Tan noble y grata compañía +merece digno albergue y este ventorrillo no puede ofrecéroslo para pasar +la noche. Aprovechemos el poco tiempo que nos queda para montar á +caballo y llegar al castillo de Tristán de Rochefort, situado á una +legua de Villafranca y al cual nos dirigíamos cuando resolvimos +descansar aquí algunas horas. Es el señor de Rochefort<a name="page_232" id="page_232"></a> antiguo +compañero de mis campañas y hoy senescal de Auvernia.</p> + +<p>—Y os recibirá en palmas, á no dudarlo, dijo el barón. Mas ¿qué pensará +el senescal de nuestra llaneza?</p> + +<p>—Pues os bendecirá cuando sepa que venís á limpiar la comarca de esos +tunantes uniformados que la devastan. ¡Á caballo, señores! Y vos, maese, +aquí tenéis unas monedas de oro; si algo sobra, tenédselo en cuenta al +primer caballero necesitado que por aquí aporte.</p> + +<p>Momentos después cabalgaban ambos señores y la dama entre ellos, +escoltados por el joven Pleyel. Habíase retardado Roger en el mesón +llamando á los arqueros, cuando oyó una voz angustiada pidiendo favor á +gritos. Acercóse á la puerta de la estancia de donde procedían las voces +y se halló de manos á boca con Simón y Tristán, que se reían á +carcajadas y se dirigieron apresuradamente á la puerta del caserón, +donde los esperaban sus monturas. Entró Roger en la habitación y quedó +atónito al ver que de un fuerte garfio de hierro pendiente del techo +colgaba un hombrecillo que era quien tan desaforadamente gritaba. El +garfio lo tenía sujeto por el cinto y el infeliz manoteaba y perneaba +como un poseído.</p> + +<p>—<i>¡À moi, mes amis!</i> seguía berreando, cárdeno el rostro. ¡Favor al +campeón del Obispo de Montaubán! <i>¡À moi!</i></p> + +<p>Llegó el ventero en aquel instante, precipitóse con Roger en auxilio del +colgado, para lo cual tuvieron que subirse sobre la pesada mesa de +encina en la que se veían los restos del refrigerio de ambos arqueros, y +no sin trabajo lograron desenganchar al campeón del obispo.</p> + +<p>—¿Se ha ido? preguntó apenas puso los pies en el suelo.</p> + +<p>—¿Quién?</p> + +<p>—El gigante, el monstruo de la cabellera roja.</p> + +<p>—¡Ah, vamos! Tristán el arquero. Sí, se ha ido, dijo Roger.</p> + +<p>—¿Y no volverá?</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—¡De buena ha escapado! exclamó el hombrecillo dando un suspiro de +satisfacción. ¡Cobarde! ¡Atreverse conmigo y huir! ¡Ah, de haberme +esperado hubiera hecho<a name="page_233" id="page_233"></a> con él un escarmiento, como hay Dios, para +ejemplo de pícaros!</p> + +<p>—Permitidme, señor de Pelisier, dijo el ventero, que ponga á vuestra +disposición mi caballejo, con el cual no tardaréis en alcanzar al +descortés arquero.</p> + +<p>—Ni pensarlo, exclamó apresuradamente el fanfarrón. Tengo estropeada +una pierna desde el día en que maté á tres enemigos, en el combate de +Castelnau.</p> + +<p>—¡Pues corro á buscarlo yo mismo, para que lo castiguéis cual se merece +quien de tal suerte ofende á mi buen parroquiano, el señor Oscar +Reginaldo Bombardón de Pelisier!</p> + +<p>—<i>¡Pas si vite, mon ami!</i> Yo sabré buscarlo en su día. Imaginaos el +destrozo que sufriría vuestra hacienda si ese gigante y yo trabásemos +aquí descomunal combate.</p> + +<p>En aquel momento se oyó el trote de un caballo que se detuvo á la puerta +de la hostería, palideció el prudente Pelisier y se agazapó bajo la +mesa, á tiempo que se oía la voz de Gualtero llamando á Roger. Dejó éste +la venta con su compañero y pronto alcanzaron á los dos arqueros.</p> + +<p>—Bonita manera de tratar al señor Bombardón de Pelisier, dijo Roger á +Tristán con fingida severidad.</p> + +<p>—No lo hice adrede... comenzó á decir el mocetón, á la vez que Simón +prorrumpía en sonoras carcajadas.</p> + +<p>—¡Por el filo de mi espada! exclamó. Fanfarrón más insoportable no +espero volver á verlo en mi vida. Se negó á comer y beber con nosotros y +aun á dirigirnos la palabra. Después empezó á contar sus proezas á las +vigas del techo y acabó diciendo que había matado más ingleses que pelos +tenía en la cabeza. Iba yo á despanzurrarlo de un puntapie, cuando este +mameluco alargó su manaza y agarrando á Bombardón me lo colgó del gancho +como un cochinillo ó un trozo de cecina. ¡Por vida de! ¡Ja, ja, ja!</p> + +<p>Reíanse todavía de la aventura los cuatro amigos cuando alcanzaron á su +capitán y poco después llegaron todos al castillo de Rochefort, cuyas +puertas se les abrieron de par en par apenas oyeron los que las +guardaban el nombre de Bertrán Duguesclín.<a name="page_234" id="page_234"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXVII" id="CAPITULO_XXVII"></a>CAPÍTULO XXVII<br /><br /> +<small>VISIÓN PROFÉTICA</small></h3> + +<p>T<small>RISTÁN</small> de Rochefort, senescal de Auvernia y señor de Villafranca, había +encanecido peleando contra los invasores ingleses y desde que se firmó +la paz no había tenido punto de reposo, persiguiendo á las partidas de +aventureros, salteadores y vagos que infestaban la comarca de su mando. +De aquellas excursiones regresaba unas veces vencedor, con una docena de +prisioneros que no tardaban en aparecer ahorcados sobre los muros de la +fortaleza; y otras se le veía volver huyendo y perseguido de cerca por +desertores y bandidos de todas razas y cataduras. Odiado por sus +enemigos, lo era también por los mismos á quienes gobernaba y defendía, +pues aparte de su dureza y despotismo no le perdonaban los azotes y las +torturas con que les había obligado á pagar su propio rescate, las dos +veces que los ingleses lo habían hecho prisionero.</p> + +<p>Su residencia era una sombría fortaleza de sólidas murallas y con alta +torre almenada en su centro. Numerosa era la guardia que nuestros +viajeros hallaron á la puerta del castillo, pero la doble águila de +Duguesclín ofrecía por entonces el mejor salvoconducto para viajar en +aquella turbulenta región y era también llave de oro capaz de abrir +todas las fortalezas de Francia. El noble veterano acudió presuroso á +recibir á su amigo y compañero de armas; y fué grande su júbilo al saber +que el acompañante de Duguesclín no tardaría en librar al país de +aquellos endemoniados arqueros ingleses que más de una vez habían puesto +en fuga á los soldados del senescal enviados contra ellos.</p> + +<p>Una hora después tomaban asiento en torno de la bien servida mesa los +tres nobles guerreros y las damas de Duguesclín<a name="page_235" id="page_235"></a> y Rochefort, alegre y +amable esta última y mucho más joven que su dueño y señor; otros dos +huéspedes del senescal eran Amaury de Monticourt, de la orden de los +Hospitalarios y Otón Reiter, caballero bohemio de gran fama, y también +tomaron asiento con sus señores cuatro escuderos franceses, los dos de +Morel, Roger y Gualtero y el capellán de la fortaleza. Larga y alegre +fué la cena, sin que uno siquiera de los comensales se acordase de los +rencorosos y hambrientos pecheros que en aquellos mismos instantes, +ocultos entre la maleza, contemplaban desde lejos y con ideas de +venganza y muerte las ventanas iluminadas del castillo.</p> + +<p>Levantados los manteles, tomaron cómodo asiento los huéspedes del +senescal en torno de un gran fuego, porque estaba la noche desapacible y +fría. El señor de Rochefort manifestó como de costumbre el desprecio que +le inspiraban los que él llamaba guardadores de cerdos y soeces +villanos; defendió el bondadoso capellán á las pobres gentes del pueblo; +comentóse la osadía creciente de los pecheros y su menguante respeto por +los privilegios de la nobleza y en amena plática pasaron agradablemente +las horas. Rato hacía que Roger contemplaba con interés y no sin alguna +alarma el rostro de la noble esposa de Duguesclín, que hundida en su +sillón parecía últimamente ajena á cuanto en torno suyo se decía, +brillantes los ojos, fija la mirada y empalidecidas las mejillas. Notó +Roger que Duguesclín observaba también á su esposa, inquieto y trémulo.</p> + +<p>—¿Qué tenéis, esposa mía? le preguntó.</p> + +<p>—Nada, Bertrán, dijo ella con voz apagada y sin apartar los ojos del +muro opuesto en que fijos los tenía. Pero allí... una visión....</p> + +<p>—Me lo temía, dijo el célebre guerrero francés. Os debo una +explicación, señores. Mi buena esposa está dotada de una facultad +profética que se manifiesta en ella de tarde en tarde y le permite +predecir determinados acontecimientos futuros. Misterio es éste +incomprensible para mí, pero ese poder extraordinario había hecho ya la +admiración de todos allá en Bretaña, mucho antes de que yo viese por +primera vez á mi Leonor en Dinán. Lo que puedo aseguraros es que ese dón +suyo procede del cielo y no del espíritu del mal, que es lo que +constituye la diferencia<a name="page_236" id="page_236"></a> entre la magia blanca y la magia negra. Y por +indicios que me son harto conocidos, comprendo que mi buena compañera se +halla al presente en uno de esos momentos lúcidos. La última vez que la +ví en el mismo estado, la víspera de la batalla de Auray, me predijo que +el siguiente día sería fatal para mí y para Carlos de Blois. Veinte y +cuatro horas después había muerto éste y veíame yo prisionero del señor +de Chandos....</p> + +<p>—¡Bertrán, Bertrán! llamó la vidente con dulce voz.</p> + +<p>—Decidme, amada mía, qué me reserva la suerte.</p> + +<p>—Un peligro grande te amenaza, Bertrán, en este mismo instante.</p> + +<p>—¡Bah! Un soldado está siempre en peligro, dijo el gran campeón francés +con tranquila sonrisa.</p> + +<p>—Pero tus enemigos se ocultan, se arrastran, te rodean en este momento. +¡Ah, Bertrán! ¡Guárdate!</p> + +<p>Tal expresión de terror manifestaban sus facciones descompuestas y los +ojos desmesuradamente abiertos, que Duguesclín miró rápidamente en torno +de la sala, clavó la vista por breves instantes en los tapices que +cubrían las paredes y luégo en los anhelantes rostros de sus amigos.</p> + +<p>—Esperaré ese peligro si él no me espera á mí, dijo. Y ahora, Leonor, +habla. ¿Cuál será el término de la guerra de España?</p> + +<p>—Apenas puedo ver lo que allí sucede. Espera.... Grandes montañas y más +allá una extensa y árida llanura, el chocar de las armas, los gritos del +combate. El fracaso mismo de tu misión en España te dará el triunfo en +definitiva....</p> + +<p>—¿Qué decís á eso, barón? Amargo y dulce á la vez, ó como si dijéramos, +un favor y un disfavor. ¿No queréis hacer vos mismo alguna pregunta?</p> + +<p>—Si me lo permitís. ¿Os place decirme, señora, qué sucede allá en el +castillo de Monteagudo?</p> + +<p>—Para contestar á esa pregunta necesito posar mi mano sobre una persona +cuya memoria y cuya mente estén fijas de continuo en ese castillo de que +habláis. ¿Vuestra mano? No, barón; otra persona hay aquí cuyo +pensamiento permanece fijo en Monteagudo aun con más insistencia que el +vuestro....</p> + +<p>—Me asombráis, noble señora, balbuceó Morel.<a name="page_237" id="page_237"></a></p> + +<p>—Acercáos, joven de los rubios cabellos rizados, dijo doña Leonor +extendiendo la diestra en dirección de Roger. Poned vuestra mano sobre +mi frente. Así, esperad. Una niebla espesa de la cual se destaca enorme +torre cuadrada; la niebla se disipa, ya veo las murallas, la fortaleza +toda, en una verde colina, con el río á sus pies, las olas del mar á +distancia y una iglesia á tiro de ballesta de las almenas. Junto al río +se alzan las tiendas de los sitiadores.</p> + +<p>—¡Los sitiadores! exclamaron á la vez el barón, Gualtero y Roger.</p> + +<p>—Sí, que asaltan los muros con vigor. Ya plantan las escalas y disparan +un nublado de flechas. Allí su jefe, alto y hermoso, con luenga barba +rubia, lanza á sus soldados contra la maciza puerta. Pero los del +castillo se defienden valerosamente. Una mujer, sí, una heroína los +manda. Dos, dos mujeres sobre la muralla animan á las gentes de Morel, +que devuelven golpe por golpe y lanzan grandes piedras sobre sus +enemigos. Cayó el jefe de éstos y sus soldados retroceden, huyen, todo +se obscurece, nada más veo ya....</p> + +<p>—¡Por San Jorge! exclamó el barón. Apenas puedo creer que Salisbury y +Monteagudo sean teatro de tales escenas; pero habéis hecho tan exacta +descripción del terreno y la fortaleza que me llenáis de asombro y de +temor.</p> + +<p>—Aprovechad los momentos si algo más queréis saber, dijo Duguesclín.</p> + +<p>—¿Cuál será el resultado de esta larga serie de luchas entre Francia é +Inglaterra? preguntó uno de los escuderos franceses.</p> + +<p>—Ambas conservarán lo que es suyo, contestó la dama.</p> + +<p>—¿Luego nosotros seguiremos dominando en Gascuña y Aquitania? preguntó +el señor de Morel.</p> + +<p>—No. Tierra francesa, sangre y lengua francesas. De Francia son y ella +las reconquistará y conservará.</p> + +<p>—¿Pero no Burdeos?</p> + +<p>—Burdeos es también Francia.</p> + +<p>—¿Y Calais?</p> + +<p>—También Calais.</p> + +<p>—¡Negra estrella la nuestra si tal sucede! exclamó el barón. ¿Qué le +quedará entonces á Inglaterra?</p> + +<p>—Permitid, barón; y vos, señora, decidme antes ¿cuál<a name="page_238" id="page_238"></a> será el porvenir +de nuestra amada patria? preguntó lleno de júbilo Duguesclín.</p> + +<p>—Grande, rica y poderosa. Á través de los siglos véola al frente de las +otras naciones, pueblo rey entre todos los pueblos, grande en la guerra +pero más grande aún en la paz, progresiva y feliz, sin más monarca que +la voluntad de sus hijos, una desde Calais hasta los azules mares del +sur.</p> + +<p>—¿Oíslo, señor de Morel? exclamó triunfante el caudillo francés.</p> + +<p>—Pero ¿qué de Inglaterra? preguntó tristemente el barón. La profetisa +parecía contemplar con profunda sorpresa un cuadro insólito, un +espectáculo para ella inesperado.</p> + +<p>—¡Dios mío! exclamó por fin. ¿De dónde proceden esos vastos pueblos, +esos estados poderosos que ante mí se levantan? Y más allá otros, y +otros, allende los mares. Ocupan continentes enteros en los que resuenan +los martillos de sus fábricas y las campanas de sus iglesias. Sus +nombres, muchos, son ingleses y también la lengua que hablan. Otras +tierras, cercadas por otros mares y bajo diverso cielo, pero son también +tierras inglesas. La bandera de San Jorge ondea por todas partes, así +bajo el sol de los trópicos como entre las nieves del polo. La sombra de +Inglaterra se extiende al otro lado de los mares. ¡Bertrán, Bertrán! +¡Nos vencen, porque el menor de sus capullos es más hermoso que la mejor +y más perfumada de nuestras flores!</p> + +<p>La profetisa dió una gran voz, alzóse del asiento y cayó desvanecida en +brazos de su esposo, que dijo conmovido:</p> + +<p>—¡Ha terminado la visión, la hora sagrada y misteriosa que revela el +secreto de lo porvenir!<a name="page_239" id="page_239"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXVIII" id="CAPITULO_XXVIII"></a>CAPÍTULO XXVIII<br /><br /> +<small>ATAQUE Y DEFENSA DEL CASTILLO DE VILLAFRANCA</small></h3> + +<p>M<small>UY</small> tarde era cuando Roger pudo retirarse á descansar, no sin dejar +antes cómodamente instalado al barón en la habitación que le había sido +destinada. La suya, situada en el piso segundo de la feudal morada, +contenía un pequeño lecho para él y tendidos en el suelo dos colchones +en los que al entrar Roger dormían y roncaban Simón y Tristán. Rezaba el +joven sus oraciones cuando oyó un discreto golpe dado á la puerta y casi +en seguida entró Gualtero con un candil, pálido el rostro y temblorosas +las manos.</p> + +<p>—¿Qué ocurre, amigo? le preguntó prontamente Roger.</p> + +<p>—Apenas sé qué decirte. Me asaltan los más tristes presentimientos y +tiemblo sin saber por qué. ¿Te acuerdas de Tita, la hija del artista de +Burdeos? Yo la requerí de amores allá en la calle de los Apóstoles y le +dí una sortija de oro que me prometió llevar siempre en recuerdo mío. Al +despedirnos me dijo que su pensamiento me seguiría en las guerras y que +mis peligros serían también los suyos propios.... Pues acabo de verla.</p> + +<p>—¡Bah! Estás sobreexcitado con las profecías y los espasmos de mi +señora Duguesclín y se te antojan los dedos huéspedes.</p> + +<p>—Te digo que la he visto ahora mismo, al subir la escalera, tan +distintamente como veo á esos dos arqueros dormidos. Tenía los ojos +anegados en lágrimas y sus manos se adelantaban como para protegerme....</p> + +<p>—Mira, Gualtero, es tarde y necesitas descansar. ¿Dónde está tu cuarto?</p> + +<p>—En el próximo piso. Queda precisamente sobre éste. ¡La santa Virgen +nos proteja!<a name="page_240" id="page_240"></a></p> + +<p>Oyó Roger las pisadas de su amigo en la escalera, y dirigiéndose después +á la ventana contempló el paisaje iluminado por la luna. Por aquella +parte del castillo se extendía una ancha faja de terreno cubierto de +menuda hierba y algo más lejos dos bosquecillos separados por un espacio +descubierto en el que sólo crecían algunos matorrales, plateados por los +rayos de la luna. Mirábalos Roger distraído, cuando vió que un hombre +salía lentamente de entre los árboles de la derecha y cruzando con +rapidez el claro, inclinándose como si quisiera ocultarse, desapareció +en el bosquecillo de la izquierda. Tras él pasó otro y después otro, y +luego muchos más, solos ó en grupos, llevando no pocos de ellos unos +grandes bultos asegurados á la espalda. Absorto quedó el joven escudero +por un momento, pero muy pronto se inclinó y tocó ligeramente el hombro +de Simón.</p> + +<p>—¿Quién va? exclamó el arquero levantándose de un salto. ¡Hola, <i>mon +petit</i>! Creí que nos sorprendía el enemigo. ¿Qué me quieres?</p> + +<p>Llevóle Roger á la ventana y díjole lo que acababa de ver.</p> + +<p>—Mira, mocito, fué la contestación del veterano; en este endemoniado +país yo ya no me admiro de nada. Á bien que hay en él más tunantes que +conejos en los sotos de Hanson, gentes desalmadas todas, que se pasean +de noche porque si lo hicieran de día no tardaría en echarles mano el +verdugo. ¡Mala centella los parta y á dormir se ha dicho! Pero antes no +estará de más correr este cerrojo, que estamos en casa extraña. +Acuéstate y duerme.</p> + +<p>Con esto se tendió el arquero en su jergón y á los dos minutos dormía +profundamente. Imitóle Roger, pensó que serían ya cerca de las tres de +la mañana y dormitando se hallaba cuando le pareció que alguien empujaba +y hacía crujir la puerta del cuarto, procurando en vano abrirla. Púsose +á escuchar sobresaltado y oyó pasos cautelosos que se alejaban de su +puerta y continuaban escalera arriba. Poco después resonó algo como un +grito ahogado, como un lamento de agonía y cuando Roger se disponía á +saltar del lecho, dirigió la vista á la ventana y quedó casi paralizado +de terror. Un cuerpo humano se balanceaba lentamente ante el hueco de la +ventana y de la parte exterior del muro.<a name="page_241" id="page_241"></a> Pendía de una cuerda anudada +al cuello y fija evidentemente por el otro extremo en la ventana del +piso superior. Una atracción irresistible obligó á Roger á saltar del +lecho y acercarse, á tiempo que la luz de la luna daba de lleno en el +rostro del ahorcado. Era Gualtero de Pleyel, cobardemente sorprendido y +asesinado. Al tremendo grito de sorpresa y de dolor que lanzó Roger se +despertaron sobresaltados los dos arqueros.</p> + +<p>—El pedernal y la yesca, pronto, dijo Tristán con reposada voz. Esta +luz de luna es cosa de espectros. Aquí está el candil y ahora nos +veremos las caras.</p> + +<p>—Es el pobre Pleyel, no hay duda, gruñó Simón. ¡Pero que me aspen si no +le ajusto yo las cuentas á este senescal de los demonios por la manera +que tiene de tratar á sus huéspedes!</p> + +<p>—No, no, Simón, los asesinos son aquellos bandidos ocultos en el bosque +de que te hablé antes. Y el barón, sabe Dios qué suerte le habrá cabido. +Vuelo á su lado....</p> + +<p>—Un momento, camarada, que yo soy perro viejo y sé cómo se hacen estas +cosas. Lo primero es poner mi casco en la punta del arco. Tú abres la +puerta lentamente y yo presento el cebo á esos canallas, si por ventura +están ahí esperando degollarnos.</p> + +<p>Así lo hicieron, y no bien se abrió la puerta y asomó por ella el +almete, recibió éste un tremendo tajo y estallaron los gritos de los +asesinos. Pero antes de que pudieran repetir el golpe brilló la espada +de Simón, y uno de sus enemigos cayó atravesado de parte á parte.</p> + +<p>—¡Adelante! ¡Seguidme, y á ellos! gritó Simón, y abriendo de par en par +la puerta se lanzaron los tres ingleses fuera del cuarto, atropellando +violentamente á dos hombres que hallaron á su paso y bajando las +escaleras á toda prisa.</p> + +<p>Los gritos partían del piso inferior, cuyo vestíbulo iluminaban +vivamente algunas antorchas clavadas en los trofeos que adornaban sus +paredes. Frente á una de las tres puertas que daban al vestíbulo veíanse +los ensangrentados cadáveres del senescal y de su esposa, ésta con la +cabeza separada del tronco y aquél atravesado el cuerpo por una pica. +Junto á ellos, muertos también, tres servidores del castillo, +destrozados é informes como si hubiera caído sobre<a name="page_242" id="page_242"></a> ellos una manada de +lobos. En la puerta inmediata, Duguesclín y el barón de Morel, á medio +vestir y mal armados, tenían á raya á los asesinos; en los ojos de ambos +guerreros brillaba con luz siniestra el fuego del combate y ante ellos +se amontonaban los cadáveres enemigos. Un numeroso grupo de hombres +andrajosos, con horrendos visajes y armados de picas, hoces y chuzos, +arremetía de nuevo contra los dos caballeros, que hacían prodigios de +valor y destreza, en el momento en que les llegó el refuerzo de Roger y +los dos arqueros, cuyas espadas abrieron sangriento camino en la +vocinglera turba. Retrocedió ésta con gritos de rabia, uniéronse y +adelantáronse los cinco defensores del castillo y no tardó en quedar +libre de enemigos el vestíbulo. Tristán se apoderó de los dos últimos y +los lanzó escaleras abajo, sobre las cabezas de sus compañeros.</p> + +<p>—¡No los sigáis! gritó Duguesclín. Si nos separamos estamos perdidos. +Poco me importaría morir matando, pero tengo que proteger á mi pobre +esposa. ¿Qué nos aconsejáis, barón?</p> + +<p>—Para consejos estoy yo, que todavía no sé á qué viene ni qué significa +esta matanza.</p> + +<p>—Son esos perros bandidos del bosque, la ralea peor que se conoce en la +tierra. Se han apoderado del castillo. Mirad por esa ventana.</p> + +<p>—¡El cielo me valga! Hay más de un millar dentro de la fortaleza y +sobre las murallas. En aquel grupo con antorchas están descuartizando á +un arquero. Allí arrojan á otro desde el muro. Por las abiertas puertas +entran ahora muchos con grandes haces de leña y ramaje....</p> + +<p>—Justo, para pegar fuego al castillo.</p> + +<p>—¡Quién me diera ahora mi Guardia Blanca! Pero ¿dónde está Gualtero?</p> + +<p>—Ha sido asesinado, señor.</p> + +<p>—¡Dios acoja su alma! Y ahora, á defendernos y sobretodo á defender á +una dama que necesita de todo nuestro esfuerzo. Aquí llega quien quizás +pueda servirnos de guía por estos corredores y aun conducirnos fuera de +la fortaleza.</p> + +<p>—En la cual no tardaremos en morir asados si no la dejamos pronto, +agregó Duguesclín.</p> + +<p>Los que llegaban bajando los escalones de cuatro en<a name="page_243" id="page_243"></a> cuatro eran un +escudero francés y el caballero bohemio, con una herida en la frente el +último.</p> + +<p>—Habla, Godofredo, dijo Duguesclín al escudero. ¿Conoces alguna salida +libre?</p> + +<p>—La única es el subterráneo secreto que da al campo y por él han +entrado esos bandidos con el auxilio de algún traidor dentro de la +fortaleza. El caballero hospitalario, que venía delante de nosotros, +cayó muerto allá arriba de un hachazo en el cráneo. La servidumbre y la +guarnición han sido pasadas á cuchillo. Somos los únicos que han +escapado con vida hasta ahora. En mi opinión el único recurso es +refugiarnos en la torre, cuyas llaves véis allí, pendientes del cinto de +mi infortunado señor. Una vez en ella podremos defender con más ventaja +la estrecha escalera; los muros de la torre son gruesos y el fuego +tardará mucho en consumirlos. Con tal que podamos conducir á la dama....</p> + +<p>—Iré yo misma, se oyó decir á la noble señora, que apareció pálida y +grave á la puerta de la habitación que con su esposo ocupara aquella +noche fatal. Estoy acostumbrada á los azares de la guerra, y si vuestra +protección, valientes caballeros, fuese insuficiente, jamás caeré viva +en manos de esos malvados.</p> + +<p>Al decir esto, mostró en su diestra agudísima daga.</p> + +<p>—Leonor, dijo Duguesclín, os he amado siempre, pero en este instante +más que nunca. Si la Virgen nos permite protegeros, hago voto de ofrecer +una corona de oro á Nuestra Señora de Rennes. ¡Adelante, amigos!</p> + +<p>Los asaltantes, cansados de matar, se dedicaban al saqueo. Sólo un grupo +bastante numeroso atizaba el fuego y observaba en silencio los progresos +del incendio. Al pie de la escalera tortuosa por donde los guió el +escudero francés hallaron los fugitivos á un desarrapado centinela, de +quien dió pronta cuenta una flecha disparada por la segura mano de +Simón. Pequeña puerta los separaba del gran patio del castillo y al otro +lado de ella se oían las voces y carcajadas de multitud de enemigos, +ebrios de sangre y enloquecidos con su triunfo. Aun el hombre más +animoso hubiera vacilado antes de salvar aquella frágil barrera, pero +Duguesclín puso fin á toda indecisión abriendo de golpe la puertecilla.<a name="page_244" id="page_244"></a></p> + +<p>—¡Hacia la torre, á la carrera! gritó. ¡Los dos arqueros delante, mi +esposa entre los dos escuderos y los señores de Reiter y Morel á +retaguardia, para contener á esa gentuza!</p> + +<p>Así lo hicieron y con tanta rapidez que habían recorrido ya la mitad del +gran patio del castillo, antes de que los sorprendidos villanos +comenzaran á atacarlos. Los arqueros derribaron en un abrir y cerrar de +ojos á los pocos que se pusieron en su camino, y los que llegaron á +perseguirlos de cerca mordieron el polvo, atravesados por las temibles +espadas de los tres nobles. Llegaron sin tropiezo á la puerta de la +torre y el escudero francés, que procuraba abrirla, lanzó de repente un +grito de angustia y desesperación.</p> + +<p>—¡Esta no es la llave! exclamó, y fuera de sí dió dos pasos en +dirección del ala del castillo que acababan de dejar, como si quisiera +ir á pedir al cadáver de su señor la llave salvadora.</p> + +<p>En aquel momento un hercúleo campesino lanzó contra él enorme piedra, +que le dió de lleno en la cabeza y lo tendió sin sentido á los pies del +barón.</p> + +<p>—¡Esta es para mí la mejor llave! rugió Tristán; y levantando la pesada +roca la lanzó á su vez con irresistible fuerza contra la puerta de la +torre.</p> + +<p>Un momento después acababa de echarla abajo el gigantesco arquero y los +fugitivos entraron por fin en aquel momentáneo refugio.</p> + +<p>—¡Vos arriba, señora! exclamó el barón indicando á Doña Leonor la +escalera de piedra, en tanto que Duguesclín y sus compañeros derribaban +malheridos á los cuatro agresores más próximos.</p> + +<p>Los demás retrocedieron vociferando y amenazadores siempre, pero +quedándose á prudente distancia, después de destrozar el cuerpo del +infeliz escudero; acto de crueldad que vengó Tristán abalanzándose sobre +la chusma y asiendo con sus nervudas manos á dos villanos, cuyas cabezas +golpeó una contra otra con fuerza tal que ambos quedaron tendidos en el +suelo, sin dar señales de vida.</p> + +<p>—Ahora organicemos la defensa de la torre, dijo Duguesclín. El barón y +yo al pie de la escalera; Inglaterra y Francia pelearán hoy juntas +contra el enemigo común. El señor Otón de Reiter y el joven escudero de +Morel ahí, en<a name="page_245" id="page_245"></a> el primer escalón; los arqueros algo más arriba, para que +puedan manejar sus arcos. ¡Atención!</p> + +<p>Á la primera señal de ataque por parte de la furiosa multitud se oyeron +silbar dos flechas, lanzadas por Tristán y Simón, y los dos que parecían +jefes de los bandidos quedaron revolcándose en su sangre á la entrada de +la torre. Otros dos tuvieron igual suerte y entonces los sitiadores +desesperados se lanzaron en tropel al ataque. Poco hubiera durado la +resistencia sin la estrechez de la puerta y de la escalera, que impedían +los movimientos del enemigo, en tanto que cuatro espadas incansables +hacían tremendo estrago en aquella apretada masa de hombres mal armados. +Porfiada fué la lucha, pero terminó con la retirada del enemigo, no sin +que los sitiados tuvieran que deplorar la muerte de Reiter, el caballero +bohemio, á quién alcanzó en la cabeza un golpe de maza.</p> + +<p>—Primera etapa, dijo tranquilamente Duguesclín. Parece que por ahora +tienen bastante.</p> + +<p>—Y no deja de haber entre esos perros algunos muy valientes y que se +baten bien, comentó el señor de Morel. Pero ¿qué hacen ahora?</p> + +<p>—¡Nuestra Señora de Rennes nos valga! dijo el paladín francés. Se +proponen pegar fuego á la torre y asarnos en ella. Me lo temía. Duro en +ellos, arqueros, que ahora de nada nos sirven nuestras espadas.</p> + +<p>Una docena de sitiadores se adelantaron escudándose con enormes haces de +leña y ramas secas, que colocaron contra los muros. Otros les pegaron +fuego con antorchas y pronto estuvo la torre rodeada en su base por un +círculo de llamas. El humo obligó á sus defensores á refugiarse en el +primer piso, pero pronto empezaron á arder las tablas del suelo, se +llenó de humo espeso aquella estancia y á duras penas pudieron subir sin +ahogarse el último tramo y llegar á lo más alto de la torre.</p> + +<p>Imponente era el cuadro que desde aquella elevación se divisaba. Prados +y bosque iluminados dulcemente por la luz argentada de la luna; oíase á +lo lejos el tañido penetrante de una campana; á un lado de la torre se +desmoronaban los muros del castillo, presa de las llamas, y al pie de su +último refugio agitábase con ademanes furiosos y roncos gritos la +multitud de sus enemigos.<a name="page_246" id="page_246"></a></p> + +<p>—¡Por el filo de mi espada! exclamó Simón. Paréceme, amigo Tristán, que +de este viaje no veremos á España; ni tampoco mi cobertor de pluma, que +por fortuna se halla en buenas manos. Trece flechas me quedan y que me +ahorquen si una sola de ellas no da en el blanco. La primera para el +maldito aquel que agita el manto de seda de la pobre castellana. +¡Ensartado por la cintura, un palmo más abajo de lo que yo esperaba! +Número dos: regalo de despedida al condenado aquel que lleva una cabeza +clavada en la pica. Ya está tendido panza arriba. ¡Buen flechazo también +el tuyo, Tristán! Has hecho caer á ese buen mozo de narices en el fuego. +¡Allá va otra!</p> + +<p>Mientras ambos arqueros se despachaban á su gusto, Duguesclín y su +esposa consultaban con el barón y Roger, y reconocían lo desesperado de +su situación.</p> + +<p>—Por ella lo siento, decía el famoso guerrero francés.</p> + +<p>—No te apesadumbre mi suerte, contestó la amante y valerosa dama, que +pues la muerte me amenaza, nunca tan bienvenida como recibiéndola +contigo á mi lado.</p> + +<p>—Bien, señora, dijo el barón; esa es sin duda la respuesta que en +iguales circunstancias me hubiera dado mi inolvidable esposa, para quien +son mis últimos pensamientos.</p> + +<p>—¿Qué es esto, señor barón? exclamó en aquel momento Roger con fuerte +voz, desde el lado opuesto de la terraza.</p> + +<p>—¿Esto? ¡Por San Jorge! dijo el barón acudiendo presuroso, un montón de +proyectiles para bombardas. Y aquí está la caja de hierro destinada á la +pólvora. Ahora veréis el destrozo que vamos á hacer en la canalla. Tú, +Tristán, levanta esa caja y ponla sobre el parapeto. Y tú, Simón, alza +la tapa. Bien, está casi llena. Ahora dejad caer la caja al pie de la +torre, entre las llamas.</p> + +<p>No bien quedó cumplida la orden resonó una detonación espantosa. La +torre tembló y quedó cuarteada, amenazando desplomarse de un momento á +otro. Los sitiados, pálidos y mudos de terror, se asieron al parapeto y +contemplaron los estragos de la explosión. Desde el pie de la torre +hasta una distancia de cincuenta varas se veía una masa confusa de +cuerpos destrozados, de heridos que lanzaban pavorosos gritos, muchos de +ellos envueltos por las llamas que consumían<a name="page_247" id="page_247"></a> sus harapos. Más allá de +aquella escena de destrucción numerosos grupos de gentes aterrorizadas +que huían á todo correr, ansiosos de alejarse cuanto antes de la funesta +torre y de sus temibles defensores.</p> + +<p>—¡Una salida, Duguesclín! gritó el barón. Aprovechemos su confusión +para salir de aquí y huir si posible es.</p> + +<p>Dicho esto desenvainó la espada y comenzó á bajar rápidamente la +escalera, seguido de sus compañeros, pero antes de llegar al piso +inmediato se detuvo, con el desaliento reflejado en el rostro.</p> + +<p>—¿Qué pasa?</p> + +<p>—Mirad. La explosión ha derribado la pared, cuyos escombros interceptan +por completo la escalera. Y más abajo el fuego continúa minando la +torre.</p> + +<p>—Estamos perdidos, dijo Duguesclín.</p> + +<p>Volvieron todos lentamente á la terraza superior y apenas llegados lanzó +Simón una exclamación de alegría.</p> + +<p>—¡Albricias! exclamó. ¿Oís? Es el canto de guerra de la Guardia Blanca. +Antes de bajar me pareció oirlo también como un eco lejano, pero no +estaba seguro de ello. Nuestros amigos llegan. ¡Oid!</p> + +<p>Todos se pusieron á escuchar. La duda no era posible. Del valle se +elevaba un canto marcial y sonoro, más grato para los sitiados que la +más armoniosa melodía.</p> + +<p>—¡Allí, allí! prosiguió Simón. Vedlos que salen del bosque y toman el +camino del castillo. Han visto las llamas y también la turba de esos +condenados y cantan como siempre que la Guardia Blanca se prepara á dar +y recibir testarazos. ¡Ah, valientes! ¡Á mí, Yonson, Roldán, Vifredo!</p> + +<p>—¿Quién va? preguntó una voz potente.</p> + +<p>—¡Simón Aluardo, voto á bríos, que no quiere morir asado! ¡Y aquí en la +torre tenéis también una dama á quien rescatar, junto con vuestro +capitán el barón de Morel! ¡Pronto, bergantes! ¡La flecha y la cuerda, +Vifredo, como en el sitio de Maupertuis!</p> + +<p>—¡Viva Simón! se oyó gritar á los arqueros y poco después la voz de +Vifredo, que decía: ¿Estás pronto, camarada?</p> + +<p>—¡Tira! contestó Simón.</p> + +<p>El arquero tendió su arco y la flecha cayó dentro del<a name="page_248" id="page_248"></a> parapeto. Atado á +su extremo tenía un largo bramante del que Simón se apoderó con avidez.</p> + +<p>—¡Salvados! dijo, y luégo inclinándose hacia sus camaradas, gritó: +¡Atad ahora la cuerda, larga y fuerte!</p> + +<p>Á los pocos momentos tenía en sus manos la gruesa cuerda salvadora. Con +su auxilio bajaron primero á la noble dama y no tardaron en verse todos +al pie de la torre, rodeados de los valientes arqueros de la Guardia +Blanca.<a name="page_249" id="page_249"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXIX" id="CAPITULO_XXIX"></a>CAPÍTULO XXIX<br /><br /> +<small>EL PASO DE RONCESVALLES</small></h3> + +<p>—¿D<small>ÓNDE</small> está el capitán Claudio Latour? fué lo primero que preguntó el +barón de Morel, apenas sus pies tocaron el suelo.</p> + +<p>—En nuestro campamento de Montpezat, señor barón, á dos horas de camino +de aquí, dijo respetuosamente Yonson, el sargento que mandaba á los +arqueros.</p> + +<p>—Pues en marcha sin pérdida de momento, muchachos, que quiero veros á +todos en el cuartel general de Dax, á tiempo para marchar á la +vanguardia del príncipe.</p> + +<p>En aquel instante trajeron al señor de Morel y á Roger sus caballos, así +como los de Duguesclín y su esposa, abandonados por los villanos en su +precipitada fuga. La despedida de los dos guerreros fué por manera +afectuosa.</p> + +<p>—Gran ventura ha sido para mí, dijo Duguesclín, la de haber conocido y +tratado en tan excepcionales circunstancias al caudillo famoso cuyo +nombre tantas veces me anunciara la fama. Pero es fuerza separarnos, +porque mi puesto está al lado del rey de España, á cuyas órdenes debo +ponerme antes de que vos crucéis las montañas de la frontera.</p> + +<p>—Á la verdad, yo os creía en España con el valiente Enrique de +Trastamara.</p> + +<p>—Allá estuve, barón, y á Francia vine con la misión de reclutar gente +en su auxilio. En España me hallaréis, al frente de cuatro mil lanzas +francesas escogidas, para hacer á vuestro príncipe una acogida digna de +él y de sus valientes caballeros. ¡Dios os guarde, amigo barón, y nos +permita volver á vernos en circunstancias más propicias!</p> + +<p>—No creo que exista caballero más cumplido en toda la cristiandad, dijo +el de Morel mirándole alejarse en compañía<a name="page_250" id="page_250"></a> de su animosa consorte. Pero +¿estás herido, Roger? ¿Qué palidez es esa?</p> + +<p>—Lo único que tengo, señor barón, es pesar amargo por la desdichada +muerte de mi buen compañero de Pleyel.</p> + +<p>—¡Ah, sí! dijo tristemente el noble. Dos valientes escuderos he perdido +ya y me pregunto por qué la implacable suerte arrebata de mi lado á esos +jóvenes de brillante porvenir, dejando intactas las blancas cabezas como +la mía. ¿Pero no recuerdas, Roger, cómo Doña Leonor nos predijo todos +estos peligros y desgracias de la pasada noche?</p> + +<p>—Así es en efecto, señor.</p> + +<p>—Lo cual renueva mis temores de ver cumplida también su otra visión +profética sobre el asedio de Monteagudo. Pero no puedo creer que haya +llegado hasta Salisbury una fuerza enemiga francesa ó escocesa bastante +numerosa para atacar el castillo. Convoca á esa gente, Simón, y en +marcha.</p> + +<p>Al primer toque de clarín acudieron presurosos los arqueros blancos, +cargados de botín, y el barón no ocultó una sonrisa de satisfacción al +recorrer con su penetrante mirada las filas de aquellos aguerridos +soldados. Pocos jefes podían enorgullecerse de mandar una fuerza tan +temible y tan marcial como aquella. No faltaban allí algunos veteranos +de las grandes guerras de Francia, pero en su mayoría formaban la +Guardia Blanca jóvenes arqueros, robustos mocetones ingleses, sobre +cuyos petos lucían ricas bandas de seda y oro y brillaban las piedras +preciosas, muestra evidente del abundante botín recogido en su larga +campaña del sur. Perfectamente armados y protegidos con sus cascos de +acero, cota de malla recubierta por el coleto blanco con la cruz roja de +San Jorge en el pecho, el largo arco á la espalda y la maza ó el hacha +de combate colgada del cinto, sentíase el barón capaz de grandes +empresas al frente de aquellos hombres denodados.</p> + +<p>Dos horas de marcha por la orilla del Aveyron los llevaron al campamento +de la Guardia Blanca, formado por unas cincuenta tiendas, y entre los +primeros en acudir á su encuentro figuraba un jinete ricamente vestido, +que saludó al barón con entusiasmo.</p> + +<p>—¡Por fin! exclamó estrechándole las manos. Más de<a name="page_251" id="page_251"></a> un mes hace que os +esperamos ansiosos, señor de Morel. ¡Bienvenido seáis! ¿Recibísteis mi +carta?</p> + +<p>—Sólo á ella se debe mi presencia aquí. Pero me admira, en verdad, +señor de Latour, que no hayáis tomado vos mismo el mando de estos +valientes arqueros.</p> + +<p>—¡Imposible, mi noble amigo! exclamó el jefe gascón. Ya sabéis cómo son +estos ingleses y no hay medio de que acaten como jefe á quien no sea +compatriota suyo. Yo mismo no he podido conquistarme su confianza y +obediencia; tuvieron como de costumbre su conciliábulo y los muy tercos, +dirigidos por ese cabeza dura que ahí traéis, Simón Aluardo, resolvieron +que habíais de ser vos y no otro quien los mandara. Pero vuestro plan +era reforzar la Guardia con un centenar de reclutas, barón. ¿Dónde +están?</p> + +<p>—Esperándonos en Dax, donde no tardaremos en reunirnos con ellos.</p> + +<p>—Venid á mi tienda, donde descansaréis y vos y vuestro escudero +repondréis un tanto las fuerzas con lo poco que aquí puedo ofreceros.</p> + +<p>En el curso de la conversación no tardó Claudio Latour en exponer su +proyecto de atacar á Montpezat y Castelnau, villas cercanas y mal +defendidas, en la primera de las cuales aseguró al barón que hallarían +más de doscientos mil ducados ocultos en la fortaleza, amén de otro +botín nada despreciable.</p> + +<p>—Muy diferentes son mis planes, señor de Latour, dijo irritado el de +Morel. He venido aquí para capitanear á esos arqueros, poniéndolos al +servicio del rey nuestro señor y del príncipe su hijo, que necesita de +todo nuestro auxilio para reinstalar á su aliado Don Pedro en el trono +de Castilla. Hoy mismo me propongo seguir la marcha en dirección á Dax.</p> + +<p>—Pues por mí, repuso Latour con evidente sorpresa y disgusto, estoy muy +satisfecho con la vida que aquí llevo, no tengo el menor interés en esa +guerra de que habláis y desde luego no me veréis en Dax.</p> + +<p>—En tal caso, señor mío, tendré el disgusto de ponerme al frente de la +Guardia Blanca sin vos.</p> + +<p>—Si la Guardia os sigue, barón, cuando sepa que pensáis sacarla de esta +comarca, donde vive en la abundancia, sin más ley que su voluntad.<a name="page_252" id="page_252"></a></p> + +<p>—Pues á averiguarlo en seguida, replicó impetuosamente el barón. Si soy +su jefe, se vienen conmigo á Dax en este momento; y si no lo soy ¡por mi +nombre! entonces no sé qué hago yo en Auvernia, en vez de ocupar mi +puesto en la escolta del príncipe.</p> + +<p>No tardaron en hallarse congregados los arqueros, á quienes el barón, +con voz firme y ademán enérgico, dirigió la palabra en estos términos:</p> + +<p>—Me dicen, arqueros, que os habéis aficionado á esta regalada vida que +aquí lleváis, hasta el punto de no querer salir de Auvernia. Pero ¡por +San Jorge! que no he de creerlo de tan valientes soldados, sobre todo +cuando sepáis que vuestro príncipe prepara una gran empresa y necesita +de vosotros. Me habéis elegido por jefe y lo seré para guiaros á España; +os juro que el estandarte de las cinco rosas ondeará siempre allí donde +haya más lauros que conquistar. Pero si es vuestro deseo cambiar gloria +y renombre por vil lucro y seguir en esta comarca entre la molicie y el +saqueo, buscad otro jefe, que yo he vivido honrado y con honra he de +morir. Entre vosotros hay muchos hijos del condado de Hanson; que hablen +los primeros y digan si están prontos á seguir la bandera de Morel.</p> + +<p>Inmediatamente se destacó de la columna un numeroso grupo de arqueros, +montañeses robustos de Hanson, que aclamaron al barón con entusiasmo.</p> + +<p>—¡Por la cruz de mi espada, muchachos! gritó en aquel punto Simón +saltando sobre un tronco caído. ¡Sería una vergüenza para la Guardia +Blanca permitir que el príncipe cruzase las montañas del sur sin que le +abriésemos camino con nuestros arcos! La guerra está declarada, el +estandarte real ondea al viento, y bajo sus pliegues se hallará al viejo +Simón, aunque tenga que ir solo hasta Dax....</p> + +<p>—¡No, no! ¡Viva Simón! ¡Iremos todos! gritaron los arqueros, que en su +mayor parte no necesitaban del ejemplo dado tan oportunamente por el +popularísimo veterano.</p> + +<p>—¡Que hable el capitán Latour! se oyó decir en las filas.</p> + +<p>—¡Sí, oigamos también al gascón! apoyó otra voz.</p> + +<p>—¡Soldados! exclamó Claudio Latour sin hacerse de rogar. No haré más +que recordaros lo mucho y bueno<a name="page_253" id="page_253"></a> que aquí dejáis y la triste recompensa +que váis á buscar en lejana guerra. La libertad y el rico botín en +Auvernia, la severa disciplina y mísera paga en el ejército. Ya sabéis +lo que han ganado vuestros camaradas de la Guardia Blanca que fueron á +Italia; el saco de Mantua y el rescate de seiscientos nobles. Yo os +proporcionaré aquí golpes de mano tan brillantes como ese....</p> + +<p>—¡Que los convertirán en una gavilla de ladrones! vociferó Tristán, +furioso con aquella arenga.</p> + +<p>—Sin embargo, no va del todo descaminado el capitán gascón, dijo +tímidamente un arquero de torva mirada.</p> + +<p>—¡Tú has sido siempre un cobarde y un traidor, Marcos! rugió Simón +enseñándole el puño.</p> + +<p>—Haya paz, dijo el barón con voz tranquila. Los que prefieran servir al +señor de Latour, libres son de seguirle. Los demás, conmigo á donde nos +llaman el deber y el patriotismo.</p> + +<p>Una docena de arqueros se deslizaron avergonzados en dirección á la +tienda del gascón, despedidos por la rechifla de toda la columna, que +poco después se ponía en marcha con el barón, camino del cuartel general +inglés.</p> + +<p>En toda la comarca, de ordinario tan tranquila, que se extiende desde el +Adour hasta la frontera de Navarra, vivaqueaban los numerosos cuerpos +del magno ejército; por todas partes se veían las tiendas de jefes y +soldados de Aquitania, gascones é ingleses. Acababa de llegar de +Inglaterra el duque de Lancaster, hermano del príncipe, con séquito de +cuatrocientos caballeros y numerosa fuerza de arqueros, último refuerzo +que se esperaba y todo estaba pronto para la marcha.</p> + +<p>Los desfiladeros de Navarra seguían en manos del vacilante Carlos, que +había tratado de negociar á la vez con Enrique de Castilla y con Eduardo +de Inglaterra; pero la mano de hierro del Príncipe Negro le obligó á +ceder y dejar libres los pasos de la cordillera. Para conseguirlo +comisionó el príncipe al capitán Hugo Calverley, quien al frente de su +compañía entró rápidamente en Navarra y pegó fuego á Puente la Reina y +Miranda. Aquel reto bastó para que el rey Carlos desistiese de toda +oposición al paso del fuerte ejército invasor por territorio navarro.</p> + +<p>Á principios de Febrero, tres días después de la llegada<a name="page_254" id="page_254"></a> del barón de +Morel y su Guardia Blanca á Dax, recibió el ejército inglés la orden de +marcha en dirección á Roncesvalles. Los primeros en obedecerla, por +disposición expresa del príncipe, fueron los trescientos arqueros de +Morel, elegidos para abrir el camino y situarse en el último tramo de la +cordillera, á fin {de} esperar y proteger allí el paso de todo el +ejército. Orgulloso en verdad cabalgaba el barón á la cabeza de su +gente, armado de punta en blanco y seguido de Roger, Simón y Reno, +portando este último el estandarte del famoso guerrero.</p> + +<p>—Á fe mía, Roger, dijo éste, que hubiera preferido ver á Carlos de +Navarra disputarnos el paso de esos montes, que tengo entendido fueron +teatro de un reñido combate en el que perdió la vida cierto valeroso +Roldán.</p> + +<p>—Si me lo permitís, señor barón, repuso Reno, os diré que conozco bien +el país por haber servido á las órdenes del rey de Navarra. Aquel +edificio cuyo techo véis entre los árboles es un asilo y monasterio y +señala el lugar donde pereció Roldán. El pueblo que á la izquierda mano +queda es Orbaiceta, tierra del buen vino.</p> + +<p>—Y á la derecha veo un caserío....</p> + +<p>—Es el pueblo de Los Aldudes, y más allá los picachos de Altavista.</p> + +<p>El barón hizo notar á Roger, que contemplaba admirado tan hermoso +cuadro, el contraste que desde aquella altura presentaban las áridas +llanuras gasconas del norte con las verdes praderas y las colinas +pintorescas de la tierra navarra. Tampoco dejaban de ver aquí y allá, en +lo alto de las rocas ó al torcer de un camino, pequeños grupos de +caballeros y soldados del rey Carlos, que los contemplaban en silencio; +vista que ponía de muy mal humor al barón, quien hablaba nada menos que +de caer espada en mano sobre aquellos soldados neutrales. El veterano +echaba de menos los días en que, según él decía, jamás se compraba con +oro ni tratados el paso por tierra extranjera, sino que se ganaba á +punta de lanza ó se perecía en la demanda. Por fin llegaron los arqueros +á un lugar de la sierra desde el cual se divisaban en el lejano +horizonte las torres de Pamplona, y allí se detuvo la Guardia Blanca, en +cumplimiento de las órdenes del príncipe. Los altos montes estaban +cubiertos de nieve y los arqueros se acomodaron lo<a name="page_255" id="page_255"></a> mejor que pudieron +en una aldea vecina. Roger dedicó el resto de aquel día y parte del +siguiente, á ver desfilar el brillante ejército reunido para aquella +expedición bajo las banderas del rey de Inglaterra. No tardó en +reunírsele Simón, que tomó asiento á su lado sobre una elevada roca.</p> + +<p>—Hombres, caballos, armas y arreos, todo esto es magnífico, Roger, y +digno de la atención que le dedicas, dijo el veterano. Nuestro valiente +capitán está furioso porque hemos cruzado los montes sin andar á +flechazos ni lanzadas, pero ó mucho me engaño ó esta campaña de Castilla +le proporcionará tantas ocasiones de combatir como pueda pedirle el +cuerpo, antes de que volvamos á emprender la marcha hacia el norte. +Dicen en el ejército que Enrique de Trastamara puede lanzar contra +nosotros cuarenta mil soldados, sin contar las lanzas francesas de +Duguesclín y que todos ellos han jurado morir antes que ver á Don Pedro +otra vez en el trono de Castilla.</p> + +<p>—Pero nuestro ejército es también numeroso y aguerrido.</p> + +<p>—Veinte y siete mil hombres por junto y en tierra extraña. Pero +atención, <i>mon petit</i>, que aquí llega Chandos en persona con su compañía +y tras ella pendones y escudos entre los que reconocerás á lo mejor de +nuestra nobleza.</p> + +<p>Mientras hablaba Simón había desfilado ante ellos fuerte columna de +arqueros, seguidos de un portaestandarte que llevaba en alto el pendón +de Chandos. Cabalgaba éste á corta distancia, revestido de armadura +completa á excepción del casco con luengas plumas blancas, que sostenía +sobre el arzón uno de los escuderos de su escolta. Cubría sus blancos +cabellos un birrete de terciopelo color de púrpura y un paje le llevaba +la poderosa lanza. Sonrióse complacido al ver el estandarte de las cinco +rosas que ondeaba sobre la aldehuela y con una señal de despedida tomó +tras sus arqueros el camino de Pamplona.</p> + +<p>Á corta distancia de él iban mil doscientos caballeros ingleses, cuyos +almetes, petos y armas relucían al sol, formando deslumbrador escuadrón, +escoltado por Lord Audley en persona con sus seiscientos arqueros y los +cuatro renombrados escuderos que tamaña gloria conquistaran en Poitiers. +Doscientos jinetes pesadamente armados precedían al duque de Lancaster y +su brillante séquito, en el que descollaban<a name="page_256" id="page_256"></a> cuatro heraldos cuyos +luengos tabardos llevaban bordadas sobre el pecho las armas reales. Á +uno y otro lado del joven príncipe cabalgaban los dos senescales de +Aquitania, Guiscardo de Angle y Esteban Cosinton, portando el primero la +bandera del ducado y el segundo la de San Jorge. Más allá, en cuanto del +camino abarcaba la vista, se extendía sin cesar columna tras columna, +como un río de acero, dominado por airosas cimeras, gonfalones y +blasonados escudos.</p> + +<p>Gran parte de aquel día permaneció absorto el buen Roger en la +contemplación de los lúcidos escuadrones y compañías que ante él +desfilaron, á la vez que escuchaba atento los nombres que citaba y los +interesantes comentarios que hacía el veterano Simón, hasta que los +últimos hombres de armas hubieron desaparecido en los profundos +desfiladeros de Roncesvalles, con dirección á los llanos de Navarra.</p> + +<p>En compañía del duque de Lancaster llegaron á Pamplona, con la +vanguardia inglesa, los reyes de Mallorca y de Navarra y el impaciente +Don Pedro de Castilla. También se contaban allí apuestos caballeros +gascones, procedentes de Aquitania y de Saintonge, de La Rochelle, +Quercy, el Lemosín, Agenois, Poitou y Bigorre, con los pendones y +fuerzas de sus distritos respectivos. Y no es de omitir el numeroso +contingente del país de Gales, bajo la bandera escarlata de Merlín. Allí +también el anciano duque de Armagnac con su sobrino el señor de Albret, +los de Esparre, Breteuil y tantos más.</p> + +<p>Al cuarto día todo el ejército quedó acampado en el valle de Pamplona y +el príncipe inglés convocó á sus jefes á consejo en el palacio real de +la antigua capital de Navarra.<a name="page_257" id="page_257"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXX" id="CAPITULO_XXX"></a>CAPÍTULO XXX<br /><br /> +<small>LA GUARDIA BLANCA EN EL VALLE DE PAMPLONA</small></h3> + +<p>M<small>IENTRAS</small> se celebraba el consejo de guerra en Pamplona hallábase +acampada la Guardia Blanca en las afueras de la ciudad, entre las +compañías del jefe gascón La Nuit y del flamenco Ortingo, y allí se +divertían tirando la espada, luchando cuerpo á cuerpo como antiguos +gladiadores ó mostrando su habilidad en el manejo del arco, para lo cual +les servían de blanco escudos colocados sobre las cercanas eminencias +del terreno. Los arqueros bisoños se adelantaban formados en filas y +tendían cuidadosamente los grandes arcos, en tanto que los veteranos +como Yonson, Reno, Simón y otros seguían con atención el vuelo de las +flechas, comentando, aplaudiendo ó corrigiendo los esfuerzos de los +tiradores. Tras ellos se agrupaban muchos ballesteros de La Nuit y del +Brabante, que observaban con interés el ejercicio á que se entregaban +sus aliados ingleses.</p> + +<p>—¡Bravo, Gerardo! dijo el viejo Yonson á un mocetón de ojos azules y +rubio cabello que con labios entreabiertos y fija mirada, seguía la +dirección de la flecha que acababa de lanzar. Ahí la tienes en el centro +del blanco, y así lo esperaba desde que la ví salir de tu mano. ¡Buen +arquero, muchacho!</p> + +<p>—Tirad siempre de la cuerda lentamente y por igual y soltad la flecha +sin mover la mano, pero de pronto, dijo Simón. Y acordaos de que esas +reglas son ley lo mismo cuando tiréis al blanco que cuando tras del +escudo se os venga encima un jinete lanza en ristre ó espada en alto, +dispuesto á partiros el alma. Pero ¿quién es ése que agarra el arco como +un cayado y que hace tantas muecas para apuntar?<a name="page_258" id="page_258"></a></p> + +<p>—Es Sabas, de Bristol. ¡Oye tú, Sabas! gritó Vifredo, no dobles el +espinazo, hijo, ni saques la lengua, que maldito lo que eso te ayudará +para poner la flecha en el blanco. Levanta esa cara tan fea que Dios te +ha dado, tente tieso, y extiende bien el brazo izquierdo, sin moverlo; +ahora tira despacio de la cuerda con la derecha.</p> + +<p>—Á fe mía, que más entiendo yo de manejar la espada y la pica que el +arco, dijo Reno, pero he llevado tantos años entre arqueros que recuerdo +haber presenciado prodigios. Buenos tiradores hay aquí, pero no como +algunos que recuerdo.</p> + +<p>—¿Ves aquello? preguntó Yonson al veterano, extendiendo el brazo hacia +una bombarda que á no gran distancia se alzaba sobre su poco airosa +cureña. Pues la culpa la tienen esos armatostes, con sus humaredas y sus +rugidos. Ante ellos van desapareciendo poco á poco los arqueros de la +buena escuela. Y es maravilla que tan gentil guerrero como nuestro +príncipe lleve consigo esas sucias máquinas, que ojalá revienten todas +con mil demonios.</p> + +<p>—Para arqueros de primer orden algunos que teníamos en el sitio de +Calais, observó Simón. Recuerdo que en una de las muchas salidas un +genovés levantó el brazo y lo agitó como amenazándonos. Diez de nuestros +muchachos le soltaron en el acto otras tantas flechas, y cuando +descubrimos después su cadáver se vió que tenía ocho de ellas clavadas +en el antebrazo.</p> + +<p>—Pues yo os diré, repuso Vifredo, que cuando los franceses nos cogieron +el galeón <i>Cristóbal</i> y lo anclaron á doscientos pasos de la playa, dos +arqueros de marca, Robín y Elías, no necesitaron más de cuatro flechas +para cortar el cable del ancla como con un cuchillo, de suerte que por +poco se estrella el galeón contra las rocas y á los de á bordo los +asaeteamos de lo lindo.</p> + +<p>—Buenos tiempos aquellos y mejores arqueros, en verdad, dijo Reno, pero +á bien que ahí está Simón Aluardo, tan perito como el que más; y cuanto +á tí, Yonson, como si no te hubiera visto yo ganarte el buey gordo allá +en Fenbury, cuando te lo disputaron en el tiro al blanco los primeros +arqueros de Londres.</p> + +<p>Habíalos estado escuchando muy atentamente, apoyado<a name="page_259" id="page_259"></a> en su ballesta, un +robusto flamenco de penetrante mirada y atezado rostro, cuyo traje y +porte revelaban á un oficial subalterno de las tropas del Brabante.</p> + +<p>—No comprendo, dijo dirigiéndose á los arqueros ingleses, por qué os +gusta tanto la percha esa de seis pies de largo, que os hace tirar y +esforzaros como mulos de carga, cuando yo con el molinete de mi ballesta +obtengo sin molestia los mismos resultados.</p> + +<p>—Buenos tiros de ballesta han visto mis ojos, contestó Simón, pero +permitidme deciros, camarada, que comparando vuestra arma con el arco me +parece una bicoca propia de mujeres, que pueden dispararla con tanta +facilidad y tanto acierto como vos.</p> + +<p>—Mucho habría que decir sobre eso, repuso bruscamente el flamenco. Pero +desde luego aseguro que con mi ballesta hago yo lo que ninguno de +vosotros con el arco.</p> + +<p>—¡Bien dicho, <i>mon garçon!</i> exclamó Simón. El buen gallo canta siempre +alto. Pero á los hechos me atengo y como yo he practicado muy poco con +el arco en estos últimos tiempos, ahí está el viejo Yonson, que sabe +hacer bien las cosas y sostendrá contra vos el honor de la Guardia +Blanca.</p> + +<p>—Un galón de vino del Jura apuesto por el arco, dijo Reno, y por mis +barbas que preferiría apostarlo de buena cerveza de Londres si tal +hubiera por estas tierras.</p> + +<p>—¡Apostado! exclamó el ballestero. Lo que no veo, continuó mirando +rápidamente en derredor, es un blanco que merezca tal nombre, pues yo no +he de perder el tiempo tirando á esos escudos, buenos para ejercitar +reclutas.</p> + +<p>—El tío ese es el mejor tirador de las compañías aliadas, dijo en voz +baja á Simón un hombre de armas inglés. Esta misma mañana oí decir de él +que fué quien derribó malherido al condestable de Borbón.</p> + +<p>—Respondo de Yonson, á quien he visto manejar el arco durante veinte +años, contestó Simón. ¿Qué tal, viejo mío? ¿Te resuelves á demostrar á +este camarada lo que vale un arco inglés?</p> + +<p>—Á buena parte vienes, Simón, como si para lances tales valiera más un +arquero machucho, por bueno que haya sido, que uno de esos zánganos +mozos con ojos de lince y puños de hierro. Pero en fin, déjame tomarle +el tiento á ese arco<a name="page_260" id="page_260"></a> tuyo, Roldán, que me parece de los buenos. Escocés +de construcción, no hay más que verlo, ligero y flexible á la vez que +poderoso. No, esas flechas no; una de aquellas, tres plumas por banda y +punta estrecha y larga.</p> + +<p>—Esas son las que á mí me gustan, marrullero, dijo Simón.</p> + +<p>—¿Estáis pronto? preguntó el ballestero, poniendo cuidadosamente en su +arma un grueso dardo.</p> + +<p>La noticia de la prueba que se preparaba había cundido por el campo y +numerosos espectadores de las diferentes compañías formaban extenso +semicírculo detrás de los dos justadores. La mirada del ballestero se +fijó de pronto en una cigüeña que trasponiendo lejana colina continuó su +perezoso vuelo en dirección al campamento. Al acercarse divisaron todos +un punto negro que se cernía á grande altura, y que muy pronto +conocieron era un milano en seguimiento de su víctima. Aterrorizada la +cigüeña llegó á unos cien pasos de los arqueros y el ave de rapiña +empezó á trazar pequeños círculos, como si se preparase á caer sobre +ella, cuando el ballestero, apuntando rápidamente, atravesó con su dardo +á la pobre cigüeña. Casi al mismo tiempo tendió Yonson su temible arco y +la flecha detuvo en su vuelo al milano, que empezó á caer velozmente; +alzóse gran clamoreo de los espectadores, que aplaudían ambas proezas; +pero la aprobación de todos se trocó en asombro al ver que Yonson ponía +apresurado otra flecha en su arco apenas disparada la primera y +apuntando horizontalmente clavaba á su vez una saeta en la infeliz +cigüeña, casi en los momentos de dar ésta con su cuerpo en el suelo. Un +grito unánime de los arqueros, resonante expresión de triunfo, acogió +aquella doble hazaña de su camarada, á quien abrazó estrechamente Simón, +que danzaba de gozo.</p> + +<p>—¡Ah, viejo lobo! gritó. Esta la celebraremos juntos vaciando un +azumbre de lo bueno. No contento con el milano habías de ensartar +también la cigüeña. ¡Por las barbas del gran turco! ¡Otro abrazo!</p> + +<p>—Buen tirador sois, á fe mía, dijo gravemente el ballestero, pero no +habéis probado serlo mejor que yo. Apunté á la cigüeña y dí en el +blanco; nadie hubiera podido hacer más.</p> + +<p>—No pretendo aventajaros como tirador, repuso Yonson,<a name="page_261" id="page_261"></a> pues conozco +vuestra fama; pero sí quería demostrar que con el arco es posible hacer +lo que no hubierais podido realizar con vuestra ballesta en igual +tiempo, dado el que necesitáis para armarla y disparar por segunda vez.</p> + +<p>—Cierto es ello, pero ahora me toca á mí enseñaros una ventaja de la +ballesta sobre el arco. Tended el vuestro cuanto podáis y lanzad la +flecha lo más lejos que alcance. Mi dardo la dejará muy atrás. Marca las +distancias, Arnaldo, clavando en tierra una pica á cada cien pasos y +espérate junto á la quinta para recoger y traerme mis dardos.</p> + +<p>Hízolo así el soldado y momentos después partía silbando la flecha de +Yonson.</p> + +<p>—¡Más allá de la cuarta pica! gritó Simón.</p> + +<p>—¡Bravo, Yonson! exclamaron los arqueros.</p> + +<p>—¡Cuatrocientos veinte pasos! dijo un ballestero que con Arnaldo +acababa de medir la distancia exacta y llegó corriendo al grupo.</p> + +<p>—Pues ahora veréis cómo vuela un buen dardo del Brabante, dijo +tranquilamente el ballestero.</p> + +<p>—¡Por la cruz de Gestas! gruñó Tristán, ha caído cerca de la quinta +pica.</p> + +<p>—¡No, más allá, más allá! gritaron entusiasmados los flamencos.</p> + +<p>—¡Quinientos ocho pasos! voceó Arnaldo y repitieron todos con asombro.</p> + +<p>—¿Cuál de las dos armas vence ahora? preguntó orgullosamente el +ballestero.</p> + +<p>—En el tiro á distancia, la vuestra lleva la ventaja, lo confieso, +replicó Yonson cortésmente.</p> + +<p>—¡Poco á poco! gritó en aquel punto nuestro amigo Tristán con un +vozarrón tremendo y adelantándose hasta llegar junto al engreído +ballestero. Este arco que aquí véis alcanza más lejos que esa maquinaria +vuestra, con molinillo y todo, y os lo voy á probar ahora mismo. +¿Preferís tirar otra vez?</p> + +<p>—Me atengo á los quinientos ocho pasos de mi último dardo.</p> + +<p>—Pues allá va el mío camino de los seiscientos, dijo el gigantesco +arquero tendiéndose en el suelo, poniendo un pie en cada extremo de su +arco y tirando vigorosamente de la cuerda, después de colocar en ella +larguísima flecha.<a name="page_262" id="page_262"></a></p> + +<p>—Vas á hacer un pan como unas hostias, gandul, le dijo Simón. ¿De +cuándo acá pretendes tú superar á los arqueros veteranos?</p> + +<p>—Calma, Simón, que esta es una treta mía y yo sé lo que me hago.</p> + +<p>—¡Bien por Tristán! ¡Rompe el arco si es preciso, camarada! vocearon +los arqueros.</p> + +<p>—¿Quién es aquel imbécil que está allí plantado, camino de mi flecha? +preguntó Tristán alzando la cabeza y mirando hacia la última pica.</p> + +<p>—Es mi soldado Arnaldo, que marca el lugar donde cayó mi dardo y sabe +que allí nada tiene que temer de vos, dijo el ballestero.</p> + +<p>—¿No? ¡Pues que Dios lo perdone! exclamó Tristán tendiéndose de nuevo +en el suelo, afirmando los pies y tirando de la cuerda hasta hacer +crujir el arco. ¡Allá va!</p> + +<p>El silbido de la flecha se oyó á gran distancia; el medidor del terreno +se arrojó de cara al suelo y levantándose enseguida echó á correr en +dirección opuesta al grupo que formaban los tiradores.</p> + +<p>—¡Aprieta, Tristán! ¡Si no se tira al suelo no lo cuenta! ¡Bien, +muchacho! exclamaron los arqueros.</p> + +<p>—<i>¡Mon Dieu!</i> No he visto jamás proeza igual, dijo el de Brabante.</p> + +<p>—Lo dicho, es una treta mía con la cual me he ganado muy buenos +cuartillos de cerveza allá en las ferias de Hanson, repuso Tristán +levantándose y sonriendo satisfecho.</p> + +<p>—La flecha ha caído á ciento treinta pasos más allá de la quinta pica, +dijeron varios arqueros y soldados.</p> + +<p>—¡Seiscientos treinta pasos! Es un tiro descomunal, pero nada prueba á +favor de vuestra arma, robusto amigo, porque para llegar á tal distancia +os habéis convertido vos mismo en arco y eso no era lo pactado.</p> + +<p>—¡No deja de ser verdad lo que decís! asintió Simón riéndose. Pero +probados ya el tiro al blanco y el de distancia, voy á demostraros á mi +vez cómo el arco gana á la ballesta en fuerza de penetración. ¿Véis +aquel escudo, en la altura? Es de roble recubierto de cuero. Clavad en +él vuestro dardo lo más profundamente que podáis.</p> + +<p>—Allá va, dijo el ballestero, á quien imitó Simón después de ensebar +con cuidado la punta de su flecha.<a name="page_263" id="page_263"></a></p> + +<p>—Tráeme el escudo, Elías, dijo Simón á un arquero.</p> + +<p>Cariacontecidos quedaron los ingleses y grande fué la risa de los de La +Nuit y Brabante al ver que el sólido escudo sólo tenía el dardo del +ballestero clavado profundamente y ni señales de la flecha de Simón.</p> + +<p>—¡Por vida de los tres reyes! exclamó el flamenco. Ni siquiera habéis +dado en el blanco, seor inglés.</p> + +<p>—¿No, eh? replicó el veterano con sorna; y dando vuelta al escudo +señaló en la cara interior de éste un pequeño agujero. ¿Véis esto? Pues +es que ha sucedido lo que yo esperaba; vuestro dardo ha quedado +atarugado en el roble á poco de atravesar el cuero, en tanto que mi +flecha ha horadado el escudo de parte á parte.</p> + +<p>El semblante del oficial reveló su humillación y su disgusto, pero antes +de que pudiera despegar los labios llegó al galope Roger, que +dirigiéndose á los arqueros les dijo:</p> + +<p>—Nuestro capitán el barón de Morel me sigue de cerca y quiere hallar +reunidos á sus soldados para darles en persona una buena noticia.</p> + +<p>Arqueros y hombres de armas se calaron á toda prisa los cascos, +endosaron cotas de malla y coletos, asieron sus respectivas armas y en +dos minutos quedó perfectamente formada la Guardia Blanca. Poco después +llegó el barón al trote de su brioso corcel y contempló con evidente +satisfacción el marcial aspecto de su gente.</p> + +<p>—Soldados, les dijo, vengo á anunciaros que la Guardia Blanca acaba de +ser objeto de un alto honor. El príncipe nos ha elegido para formar la +vanguardia y seremos los primeros en atacar al enemigo. Si alguno de +vosotros vacila en este momento....</p> + +<p>—¡Os seguiremos hasta el último! ¡Viva nuestro capitán! gritaron á una +los arqueros.</p> + +<p>—Bien está. ¡Por San Jorge! no esperaba menos de vosotros. Nos +pondremos en marcha mañana al despuntar el día, y montaréis los caballos +de la compañía Loring, que por ahora queda incorporada á la reserva. +Hasta mañana.</p> + +<p>Los arqueros rompieron filas con mil exclamaciones de contento, +palmoteando y abrazándose como si acabasen de ganar una victoria. +Contemplábalos sonriente el barón cuando cayó sobre su hombro una pesada +mano y volviéndose<a name="page_264" id="page_264"></a> halló el rostro coloradote y mofletudo de Sir Oliver +Butrón.</p> + +<p>—¡Aquí tenéis otro recluta, caballero andante! le dijo el rollizo +guerrero. Acabo de saber que seréis el primero en marchar camino del +Ebro y con vos me largo aunque no queráis.</p> + +<p>—¡Bienvenido, Oliver! Vuestra compañía, á más de gustosa, es honra para +mí.</p> + +<p>—Pero debo confesaros con franqueza que tengo para ello una razón +poderosa....</p> + +<p>—Sí, vuestro deseo de hallaros siempre donde hay peligros que correr y +lauros que conquistar.</p> + +<p>—No precisamente....</p> + +<p>—¿Qué buscáis, pues?</p> + +<p>—Gallinas.</p> + +<p>—¿Eh?</p> + +<p>—Os explicaré. Hasta ahora hemos debido de tener por vanguardia una +partida de gentes famélicas, á juzgar por la limpia de vituallas que han +hecho en todo el camino. Desde que salimos de Dax trae á la grupa mi +escudero un saco de exquisitas trufas, pero estad seguro de que no +hallaremos una sola gallina ni un mal pollastre con que comerlas +mientras no dejemos atrás á esos voraces merodeadores. Y hé aquí por +qué, mi buen León, me alisto desde ahora bajo vuestra bandera, con +trufas y todo.</p> + +<p>—¡Siempre el mismo, Oliver! dijo el barón riéndose de la salida de su +amigo é invitándolo á entrar en su tienda.<a name="page_265" id="page_265"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXXI" id="CAPITULO_XXXI"></a>CAPÍTULO XXXI<br /><br /> +<small>DE CÓMO TRISTÁN Y EL BARÓN HICIERON DOS PRISIONEROS</small></h3> + +<p>D<small>OS</small> días de acelerada marcha llevaron al barón y su gente á la orilla +opuesta del rápido Arga y más allá de Estella, hasta dejar atrás los +valles y las cañadas de Navarra y hallarse frente al anchuroso Ebro, en +cuyas riberas se alzaban numerosos caseríos. Durante toda una noche +contemplaron los sorprendidos habitantes de Viana el paso del río por +aquella tropa, que hablaba una lengua extraña á sus oídos y cuyas armas +y equipo llamaban no menos poderosamente su atención. Desde aquel +momento se hallaba la Guardia Blanca en tierra de Castilla y la próxima +jornada los dejó en un pinar cercano á la ciudad de Logroño, en el cual +se detuvieron para tomar hombres y caballos el muy necesitado descanso, +mientras los jefes celebraban consejo presidido por el barón.</p> + +<p>Tenía éste consigo á los señores Guillermo Fenton, Oliver de Butrón, +Burley, llamado el caballero andante de Escocia, Ricardo Causton y el +conde de Angus, distinguidos todos ellos entre los primeros caballeros +del ejército. Componían el resto de la fuerza sesenta hombres de armas +veteranos y trescientos veinte arqueros. Don Enrique de Trastamara, rey +de Castilla, se hallaba acampado con su ejército á unas diez leguas de +distancia en dirección á Burgos, según informes suministrados al barón +por numerosos espías. Por éstos supo también que el monarca castellano +mandaba poderosa hueste de cuarenta mil infantes y veinte mil caballos.</p> + +<p>Largas fueron las deliberaciones del consejo, y aunque Fenton y Burley +sostuvieron que la misión de la vanguardia quedaba bien cumplida por +entonces, pues habían averiguado<a name="page_266" id="page_266"></a> la posición y número del enemigo, y +que era temeridad continuar allí con sólo cuatrocientos hombres, entre +un ejército de sesenta mil y un caudaloso río, prevaleció la opinión del +señor de Morel y otros caballeros, que no querían repasar el Ebro sin +ver á un solo enemigo ni intentar hazaña ó aventura por arriesgada que +fuese.</p> + +<p>Continuaron, pues, la marcha, protegidos por la obscuridad de la noche y +guiados por un pastor de cuya guarda se encargó Reno, empezando por +atarle sólidamente una muñeca con recia cuerda cuyo otro extremo aseguró +al arzón de su silla. Momentos después de amanecer, cuando ya el paso +por aquellas breñas iba haciéndose harto difícil, les anunció temblando +su guía que en la obscuridad había perdido el camino; palabras que +indignaron á los arqueros más próximos, sospechosos de una traición y +que á punto estuvo de costar la vida al pastor, cuando repentino toque +de cornetas y tambores reveló á los expedicionarios la inmediación del +enemigo.</p> + +<p>—¡Habla, villano! ¿Qué significa ese rumor? preguntó en buen castellano +el señor de Fenton al tembloroso guía.</p> + +<p>—¡Ya sé dónde estamos! exclamó éste. El ejército acampa en aquel valle. +Salgamos de esta cañada y desde esa altura que á la izquierda queda +veréis las tiendas del rey.</p> + +<p>Tomó Fenton ladera arriba, siguiéronle sigilosamente los otros y al +llegar á la cumbre miraron con precaución el barón y los caballeros por +entre rocas y matorrales.</p> + +<p>El cuadro que el inmediato valle ofreció á su vista los dejó atónitos. +Frente á ellos se extendía una gran llanura cubierta de verde hierba y +por la que serpenteaban dos riachuelos. En todo el valle, hasta donde +alcanzaba la vista, millares de blancas tiendas, adornadas muchas de +ellas con enseñas y pendones de los altivos señores castellanos y +leoneses. Á gran distancia, en el centro de aquella improvisada ciudad, +una tienda mayor y más vistosa que todas las restantes era sin duda la +vivienda del monarca. El toque que habían oído los ingleses era la +primera llamada matutina; el campamento despertaba, numerosos soldados +salían de las tiendas, dirigiéndose unos al riachuelo más cercano y +preparando y encendiendo otros multitud<a name="page_267" id="page_267"></a> de fogatas que empezaron á +desprender columnas de humo.</p> + +<p>Largo rato continuaron en acecho los ingleses y vieron que algunos +grupos de nobles castellanos, montando sus hermosos corceles y seguidos +de pajes que llevaban halcones y azores adiestrados, se preparaban á +entregarse á su ejercicio favorito de la caza. Á su lado corrían y +saltaban grandes lebreles.</p> + +<p>—Arrogantes galanes, á fe mía, dijo Simón á Roger, que olvidado de todo +contemplaba con embeleso espectáculo tan nuevo para él.</p> + +<p>—Lo que yo pienso, dijo á su vez Tristán, es que si pudiera apoderarme +de uno de aquellos alegres jinetes y hacerle pagar rescate, podría +también comprarle a mi madre un par de vacas....</p> + +<p>—No seas cernícalo, Tristán, repuso Simón. Dí más bien que con el +rescate podrías comprar una hermosa granja inglesa y diez aranzadas de +terreno á orillas del Avón.</p> + +<p>—¿Sí? Pues allá voy á traerme uno de ellos, exclamó Tristán haciendo +ademán de bajar al valle y en voz tan alta que llamó la atención de +Morel.</p> + +<p>—Nadie se mueva, ordenó éste. Quitáos los cascos y bajad las armas para +que el brillo del acero á los rayos del sol no llame la atención del +enemigo. Aquí hemos de aguardar ocultos hasta la noche.</p> + +<p>Así lo hicieron, temiendo verse descubiertos y aniquilados de un momento +á otro, cosa que pareció inevitable cuando á eso de mediodía vieron +subir por el sendero del valle á un apuesto caballero, ligeramente +armado, que montaba un caballo blanco y llevaba posado sobre el puño +izquierdo un halcón. El cazador siguió trepando hasta llegar á la +cumbre, obligó á su caballo á trasponer la valla natural que formaban +los arbustos y cuando menos lo esperaba se halló rodeado de los extraños +guerreros allí ocultos. Lanzando una exclamación de sorpresa y despecho +hizo volver grupas á su caballo, derribó éste á los dos arqueros que +intentaban detenerlo é iba ya á lanzarse al galope hacia el valle, +cuando caballo y caballero se vieron detenidos bruscamente por las +férreas manazas de Tristán. Un momento después yacía el jinete derribado +en el suelo.</p> + +<p>—Rescate tenemos, dijo Tristán.<a name="page_268" id="page_268"></a></p> + +<p>—Si no me engaño, arquero, dijo el barón adelantándose después de mirar +atentamente al sorprendido cautivo, acabas de hacer prisionero al noble +caballero español Don Diego de Álvarez, á quien tuve la honra de ver un +tiempo en la corte de nuestro príncipe.</p> + +<p>—Don Diego soy, repuso el caballero, y preferiría mil veces la muerte á +verme hecho prisionero en una emboscada y por las villanas manos de un +arquero.... Tomad vos mi espada, señor capitán.</p> + +<p>—Poco á poco, caballero, dijo el barón. Sois prisionero del soldado que +os ha hecho cautivo, mozo valiente y honrado. Potentados de más alto +rango que vos hanse visto antes de ahora prisioneros de arqueros +ingleses....</p> + +<p>—¿Qué rescate pide ese hombre? interrumpió el castellano.</p> + +<p>—Pues yo, dijo titubeando Tristán cuando le hubieron traducido la +pregunta, quisiera unas cuantas vacas, y una casita aunque fuese +pequeña, con su huerto y....</p> + +<p>—¡Basta, basta! dijo el barón con gran risa. Déjame arreglar este +asunto por tí, arquero. Todo lo que el soldado quiere, Don Diego, puede +comprarse con dinero, y creo que cinco mil ducados no es mucho pedir por +la libertad de tan renombrado caballero.</p> + +<p>—Le serán pagados.</p> + +<p>—Me veo obligado, eso sí, á reteneros entre nosotros por algunos días, +y á pediros permiso para usar vuestra armadura, escudo y caballo en una +expedición que proyecto.</p> + +<p>—Mi arnés, armas y caballo vuestros son por la ley de la guerra.</p> + +<p>—Pero os serán devueltos. Coloca centinelas, Simón, ahí en la entrada +del paso y una guardia de arqueros con armas preparadas por si algún +otro caballero nos visita.</p> + +<p>Pasaron las horas y los ingleses siguieron vigilando todos los +movimientos de la gran hueste enemiga. Al caer la tarde se notó gran +agitación en el campo y luégo fuertes clamores y el toque de cien +cornetas. No tardó en descubrirse la causa; por el camino más lejano del +punto donde se hallaban agazapados los arqueros llegaba una fuerte +columna, nuevos refuerzos para el ejército castellano.</p> + +<p>—¡El diablo me lleve, dijo por fin Burley, si al frente<a name="page_269" id="page_269"></a> de esos +caballos no ondea el estandarte con la doble águila de Duguesclín!</p> + +<p>—Así es, dijo el de Angus, y con él los caballeros franceses alistados +en Bretaña y Anjou.</p> + +<p>—Cuatro mil jinetes lo menos, repuso Guillermo Fenton. Y allí veo al +gran Bertrán en persona, junto á su bandera. El rey Enrique sale á su +encuentro con heraldos, caballeros y pendones. Vedlos que juntos se +dirigen hacia la tienda real.</p> + +<p>En tanto el barón de Morel había revestido la armadura de su prisionero +Don Diego y tan luego se puso el sol dió orden á su gente de preparar +las armas.</p> + +<p>—Señor de Fenton, dijo, he resuelto intentar no pequeña empresa y os he +elegido para mandar á nuestros soldados en una salida y sorpresa al +campamento castellano. Antes saldré yo con dirección al centro del +campo, con sólo mi escudero y dos arqueros. Caed sobre el enemigo cuando +me veáis llegar á la tienda del rey. Dejaréis veinte hombres aquí, en el +sendero que parte de la cañada, y regresaréis apresuradamente á este +mismo lugar después de vuestro rápido ataque.</p> + +<p>—¿Qué proyectáis, Morel?</p> + +<p>—Después lo veréis. Roger, me seguirás llevando por la brida un caballo +de repuesto. Que vengan con nosotros, bien montados, los dos arqueros +que nos acompañaron en nuestro viaje por Francia, y en quienes tengo +confianza absoluta. Dejarán aquí sus arcos y ni ellos ni tú diréis +palabra, aunque os hablen en el campo. ¿Estás pronto?</p> + +<p>—Á vuestras órdenes, señor barón, dijo Roger.</p> + +<p>—¡Y también nosotros! exclamaron Simón y Tristán, montando y +adelantándose á su vez.</p> + +<p>—En vos confío, Fenton, dijo el barón. Si Dios nos protege hemos de +vernos reunidos otra vez aquí antes de una hora. ¡Adelante!</p> + +<p>Montó el barón el blanco caballo de Don Diego de Álvarez, y salió +tranquilamente de su escondite seguido de sus tres compañeros. Llegados +al valle hallaron multitud de grupos de soldados y caballeros +castellanos y franceses que fraternizaban, por entre los cuales pasaron +sin que su presencia llamase la atención, y deslizándose entre las filas +de tiendas no tardaron en hallarse frente á la que ostentaba<a name="page_270" id="page_270"></a> el +estandarte real. En aquel momento estallaron grandes gritos de sorpresa +y terror á la izquierda del campo, hacia donde se dirigieron velozmente +millares de infantes y jinetes y muy pronto se oyó á lo lejos el rumor +de furioso combate. Á excepción de algunos centinelas y pajes, cuantos +se hallaban cercanos á la tienda real habían desaparecido, voceando y +arma en mano, en dirección al lugar de la lucha.</p> + +<p>—¡He venido aquí á apoderarme del rey! dijo entonces el barón á los +suyos; y lo conseguiré ó pereceré en la demanda.</p> + +<p>Roger y Simón cayeron en seguida sobre los hombres de armas que +guardaban la puerta y los tendieron á los pies de sus caballos. +Desmontaron rápidamente, como ya lo había hecho el barón y los tres se +precipitaron en la tienda espada en mano, seguidos un momento después +por Tristán que se había encargado de asegurar los cinco caballos cerca +de la puerta. Oyéronse gritos y choque de armas dentro de la tienda y á +los pocos instantes volvieron á salir los audaces guerreros, tintas en +sangre las espadas y llevando Tristán á cuestas el cuerpo ricamente +ataviado de un hombre desvanecido ó muerto, que en un abrir y cerrar de +ojos quedó asegurado sobre el caballo de repuesto. Poco costó al barón y +sus soldados, una vez montados, dispersar á los pajes y servidores del +rey que los rodeaban, y se lanzaron al galope en dirección á la colina +donde esperaban refugiarse.</p> + +<p>El inesperado y furioso ataque de Guillermo Fenton con sus cuatrocientos +arqueros había llevado á medio campamento una confusión espantosa y +sembrado la muerte á su paso. Multitud de jinetes castellanos corrían en +todas direcciones, sin hallar al enemigo, confundiéndolo en la +obscuridad con sus aliados los franceses. En tanto el barón, Roger y los +dos arqueros con su cautivo salían del campo por otro lado, sin hallar á +su paso más que dos á tres grupos de soldados, que sorprendieron y +dispersaron fácilmente. Los pocos que dieron en perseguirlos +retrocedieron á toda prisa al llegar á la cañada y oir las cornetas y +atabales que allí tocaban furiosamente los veinte arqueros emboscados al +efecto. Los perseguidores, como lo había previsto el barón, creyeron que +una gran fuerza inglesa, quizás todo el ejército del Príncipe Negro, +había tomado posesión de<a name="page_271" id="page_271"></a> aquellas alturas. Lo mismo sucedió cuando poco +después llegaron á escape y perseguidos los jinetes mandados por Sir +Guillermo Fenton, sin que el enemigo se atreviera á continuar la +persecución en la espesura, donde evidentemente se hallaban emboscados +los ingleses en considerable número.</p> + +<p>—¡Contemplad mi conquista, Morel! gritó apenas llegado Oliver de +Butrón, agitando sobre su cabeza un enorme jamón que había arrebatado al +enemigo. Os convido, amigo barón, aunque es lástima que no tengamos una +botella de buen vino con que rociarlo....</p> + +<p>—Más tarde hablaremos, Oliver, dijo el barón jadeante. Por ahora lo que +importa es marchar á toda prisa hacia el Ebro, por lo más cerrado del +bosque.</p> + +<p>—¡Paciencia! dijo el señor de Butrón. Pero ¿quién es ese individuo que +ahí traéis?</p> + +<p>—Un prisionero que acabo de hacer en la tienda real y que á juzgar por +su ropaje y el escudo con las armas de Castilla bordado sobre el pecho +espero sea el mismísimo rey Don Enrique.</p> + +<p>—¡El rey! exclamaron asombrados sus oyentes, rodeando al desconocido.</p> + +<p>—Os engañáis, barón, dijo Fenton, que miraba atentamente al cautivo. +Dos veces he visto al de Trastamara y este hombre en nada se le parece.</p> + +<p>—Pues entonces ¡por el cielo! juro volver ahora mismo al campo y +traerme al rey, vivo ó muerto.</p> + +<p>—Sería una temeridad inútil, barón. El campo enemigo está todo sobre +las armas. ¿Quién sois vos? preguntó bruscamente Fenton en castellano, +dirigiéndose al desconocido. ¿Y cómo no siendo el rey ostentáis el +escudo de Castilla?</p> + +<p>El prisionero había vuelto en sí del desmayo que le ocasionaran los +vigorosos puños de Tristán, que le habían apretado el pescuezo sin +compasión ni miramientos.</p> + +<p>—Formo parte, dijo, de la guardia de nobles encargados de velar por la +persona del rey. Mi soberano se hallaba por fortuna en la tienda +destinada á Duguesclín cuando vos me sorprendisteis. Soy Don Sancho de +Penelosa, caballero aragonés al servicio de su alteza Don Enrique de +Castilla y pronto estoy á pagar el rescate que se me exija.<a name="page_272" id="page_272"></a></p> + +<p>—Guardaos en buenhora vuestro dinero, dijo el barón, profundamente +disgustado con el fracaso de su atrevida empresa. Libre estáis. Decid á +vuestro señor que un noble inglés, el barón León de Morel, ha hecho esta +noche todo lo posible, aunque inútilmente, por ofrecerle sus respetos en +persona. Otra vez será. ¡Y ahora, amigos míos, á caballo y en marcha! +Había creído poder quitarme esta noche el parche que cubre mi ojo, pero +por lo visto tengo que llevarlo puesto algún tiempo todavía. ¡En +marcha!<a name="page_273" id="page_273"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXXII" id="CAPITULO_XXXII"></a>CAPÍTULO XXXII<br /><br /> +<small>DONDE EL SEÑOR DE MOREL CUMPLE SU VOTO</small></h3> + +<p>L<small>A</small> mañana siguiente, desapacible y fría como muchas del mes de Marzo en +aquellos contornos, halló á nuestros arqueros en un terreno pedregoso y +al pie de elevadísimas rocas, cuyas cimas empezaba á dorar el sol +naciente. En uno de los grupos que apresuradamente disponían el desayuno +figuraban Reno, Simón y Yonson, más atentos á preparar sus flechas y +afilar sus espadas que á vigilar el guiso, del cual cuidaba solícito el +voraz Tristán. Roger y Norbury, el silencioso escudero de Sir Oliver, +procuraban calentar al fuego de la hoguera sus manos ateridas.</p> + +<p>—¡Ya hierve el guisote! exclamó Yonson poniendo á un lado el espadón. +¡Á comer, antes de que nos den la orden de marcha ó nos caiga encima un +nublado de castellanos y franceses!</p> + +<p>—¡Por vida de! dijo Simón mirando á su amigo Tristán, ahora que este +cernícalo está en vísperas de recibir el cuantioso rescate de su +prisionero desdeñará quizas comer con pobres arqueros. ¿Eh, Tristán? No +más cubiletes de cerveza ni medias raciones de cecina, cuanto te veas +otra vez en Horla, sino vino gascón á diario y carne asada hasta que te +hartes.</p> + +<p>—Lo que en Horla haré, sargento, si allá llego otra vez, está por ver; +lo que sí sé es que por ahora voy á meter mi casco en esa caldera y á +comer cuanto pueda, por si no volvemos á ver un guiso en todo el día.</p> + +<p>—¡Bien dicho, muchacho! ¡Ea, cada cual para sí! ¿Á quién buscas, Robín?</p> + +<p>—El señor barón desea veros en su tienda, dijo á Roger un joven +arquero.<a name="page_274" id="page_274"></a></p> + +<p>Apenas llegado Roger á presencia de su señor entrególe éste un abultado +pergamino, diciendo:</p> + +<p>—Acaba de traérmelo un mensajero de Su Alteza, quien me dice que fué +portador de ese y otros pergaminos un caballero recienllegado de +Inglaterra al cuartel general.</p> + +<p>—Está dirigido á vos, señor barón y escrito, según aquí reza, "de mano +de Cristóbal, siervo de Dios y Prior del monasterio de Salisbury."</p> + +<p>—Lee pronto, Roger.</p> + +<p>El joven escudero recorrió con la vista las primeras líneas, palideció y +lanzó una exclamación de sorpresa y dolor.</p> + +<p>—¿Qué es ello? preguntó el barón. ¿Vas á darme malas noticias de la +señora baronesa ó de mi hija Constanza?</p> + +<p>—¡Mi hermano, mi desgraciado hermano! exclamó Roger. ¡Hugo ha muerto!</p> + +<p>—Te trató en vida como á mortal enemigo, Roger, y no veo fundado motivo +para que tanto sientas su muerte.</p> + +<p>—Era el único pariente que me quedaba en el mundo. Pero ¡qué noticias! +¡Cuánto inesperado desastre! Oid, señor barón.</p> + +<p>El prior escribía que poco después de la partida de Morel se había +congregado en la granja de Munster y puéstose á las órdenes del díscolo +Hugo de Clinton numerosa fuerza compuesta de aventureros, bandidos y +gente perdida de toda la comarca, quienes después de derrotar á las +gentes de justicia y soldados del rey enviados contra ellos, habían +puesto sitio al castillo de Monteagudo, habitado por la esposa é hija +del barón. Que la baronesa, lejos de entregar la fortaleza, había +organizado y dirigido la defensa con tantos bríos y acierto tal que al +segundo día, después de empeñados y mortíferos asaltos, había perdido la +vida Hugo, el jefe de los sitiadores, y huído y dispersádose éstos. La +carta terminaba dando las mejores noticias sobre la salud de ambas damas +é invocando sobre el barón las bendiciones del cielo.</p> + +<p>—¡La profecía! dijo el barón tras larga pausa. ¿Recuerdas, Roger lo que +nos dijo aquella noche memorable y fatal la esposa de Duguesclín? El +asalto del castillo, el jefe de la barba rubia, todo, todo. ¡Es +portentoso! Y á<a name="page_275" id="page_275"></a> propósito, Roger; nunca te he preguntado por qué la +noble profetisa dijo de tí que tenías el pensamiento puesto en el +castillo de Monteagudo con más constancia y cariño que yo mismo....</p> + +<p>—Quizás tuviera también razón al decirlo, señor, replicó el escudero +ruborizándose, porque os confieso que en aquel castillo pienso todo el +día y con él sueño de noche.</p> + +<p>—¡Hola! exclamó el barón. ¿Y cómo es eso, Roger?</p> + +<p>—Debo confesároslo. Amo á mi señora Doña Constanza, vuestra hija, con +el más puro y profundo amor....</p> + +<p>—Me sorprendes, doncel, dijo el barón frunciendo el ceño. ¡Por San +Jorge! ¿sabes que es muy noble nuestra sangre y muy antiguo nuestro +nombre?</p> + +<p>—También lo es el mío, señor barón, y muy noble la sangre heredada de +mis mayores.</p> + +<p>—Constanza es nuestra única hija y cuanto tenemos le pertenecerá algún +día.</p> + +<p>—También soy yo ahora el único Clinton, y muerto sin hijos mi hermano +soy dueño y señor de Munster.</p> + +<p>—Cierto es. Pero ¿cómo no me has hablado antes del caso?</p> + +<p>—No podía hacerlo, señor barón, porque ni aun sé si vuestra hija me ama +y no media entre nosotros oferta ni promesa.</p> + +<p>Quedóse pensativo el famoso guerrero y por fin se echó á reir.</p> + +<p>—¡Juro por San Jorge no tomar cartas en el asunto! exclamó. Mi muy +amada hija es árbitra de su elección, pues la juzgo muy capaz de mirar +por sí misma y elegir con acierto. La conozco, amigo Roger, y si como me +figuro está ella pensando en tí como tú en ella, ni Enrique de +Trastamara con sus sesenta mil soldados puede impedir que mi Constanza +haga su voluntad y deje de amar á quien ame. Lo que sí me toca recordar +aquí es que siempre he deseado para esposo de mi hija á un caballero +valiente y cumplido. Tú, Roger de Clinton, estás en camino de ser una +brillante lanza si Dios te protege. Sigue haciendo méritos y +conquistando lauros. Pero basta de este asunto, que volveremos á tratar +cuando veamos otra vez las costas de Inglaterra. Nos hallamos en +situación gravísima é importa salir de ella cuanto antes. Hazme la +merced de<a name="page_276" id="page_276"></a> llamar al señor de Fenton, con quien deseo conferenciar antes +de que nos alcance el enemigo en esta desventajosa posición.</p> + +<p>Obedeció Roger inmediatamente y sentándose después sobre apartada roca +trató de recordar una á una las palabras del barón y su propia +confesión; comparó también las desfavorables circunstancias que le +rodeaban cuando por primera vez vió á su amada, novicio indigente y sin +hogar, con la holgada posición que le creaba la prematura muerte de su +hermano. Además, había sabido ganarse el aprecio y la confianza del +barón, sus compañeros de armas lo consideraban como valiente entre los +valientes de la Guardia Blanca, á pesar de sus pocos años, y sobre todo, +el barón acababa de oir la revelación de su amor más complacido que +enojado. El resultado de sus meditaciones fué la resolución de no +abandonar aquellas montañas sin conquistar lauros brillantes, que +acabaran de hacerle digno de merced tan alta y felicidad tan cumplida +cual podía prometerse el futuro esposo de la encantadora Constanza de +Morel.</p> + +<p>En aquel instante oyó Roger, tres veces repetida, la nota penetrante de +un clarín, y saltando de la roca en que estaba sentado vió que los +arqueros empuñaban sus armas y se dirigían apresuradamente hacia los +caballos. Llegó en pocos momentos al grupo que formaban los jefes y oyó +al señor de Fenton que decía:</p> + +<p>—No me queda duda, es el toque del clarín enemigo. Pero es imposible +que las tropas de Enrique nos hayan dado alcance tan pronto.</p> + +<p>—Olvidáis, dijo el barón, los informes del villano á quien sorprendimos +anoche. Un hermano del rey castellano, nos dijo, se había adelantado al +grueso del ejército para hostigar á nuestras avanzadas con un cuerpo de +seis mil jinetes y mucho me temo que nuestra precipitada marcha nos haya +alejado de un peligro para hacernos caer en otro.</p> + +<p>—Así es, en efecto, dijo el de Angus. ¿Qué hacer?</p> + +<p>—Tomar posiciones en aquella altura y vender caras nuestras vidas, ó +salvarlas si nos llegan refuerzos. La más alta de aquellas colinas, de +difícil subida por todos lados y con una planicie bastante extensa en la +cumbre, nos ofrece una admirable fortaleza natural. Dad, Fenton, la +orden de<a name="page_277" id="page_277"></a> marcha sin perder momento. Conservad, señores, vuestros +caballos, pero que abandonen los suyos los soldados. Si vencemos nos +sobrarán caballos del enemigo. Puesto que el jefe castellano nos ha +descubierto y no se oculta, enseñémosle también los colores de nuestra +bandera. Nuestras almas están en manos de Dios, nuestros cuerpos al +servicio del rey. ¡Desenvainemos las espadas, por San Jorge é +Inglaterra!</p> + +<p>El entusiasmo del barón se comunicó á sus soldados, y la Guardia toda +escaló con resuelto paso la ladera menos pendiente, erizada de peñascos +y cubierta de rocas sueltas que rodaban á su paso é iban á perderse, +rebotando, en el fondo del valle. La altura á que por fin llegaron los +arqueros ingleses constituía en efecto una posición fortísima, un enorme +cono truncado desde cuya base superior podían barrer con sus flechas el +pendiente camino que ellos acababan de recorrer con gran dificultad, al +paso que por los otros lados la roca cortada á pico hacía la posición +inexpugnable.</p> + +<p>La niebla que hasta entonces cubriera el valle comenzó á disiparse, +flotando en grandes jirones que rozaban por un momento las copas de los +árboles y luégo se elevaban desvaneciéndose en el espacio. El sol +iluminó entonces los alrededores de la roca convertida en fortaleza y +nobles y arqueros contemplaron con admiración la vasta fuerza que los +cercaba. Brillaban los cascos y corazas de numerosos escuadrones y las +voces que dieron y el toque de las cornetas y atabales indicaron también +que habían descubierto el refugio de sus enemigos y que se preparaban +para el ataque. El barón y sus jefes se reunieron ante los cuatro +estandartes de su fuerza, que eran el de las armas inglesas, el de Morel +y los de Butrón y Merlín, enseña este último de unos sesenta arqueros +del país de Gales.</p> + +<p>—¿Véis, barón, aquella hermosa bandera bordada de oro que ondea al +frente de las otras? preguntó Fenton. Pues es la de los famosos +caballeros de Calatrava, y no lejos de ella la de la Orden de Santiago. +En el centro el estandarte real, y ó mucho me engaño ó hay también en +esa fuerza muchos caballeros franceses. ¿Qué decís á ello, Don Diego?</p> + +<p>El prisionero de Tristán de Horla contemplaba con alegría<a name="page_278" id="page_278"></a> y entusiasmo +las brillantes cohortes de sus compatriotas.</p> + +<p>—¡Por Santiago! exclamó. Vos y vuestros amigos váis á caer al empuje de +los más afamados caballeros de León y Castilla. Manda esa fuerza un +hermano de nuestro rey, y sin contar los gloriosos pendones de Calatrava +y de Santiago, veo allí los de Albornoz, Toledo, Cazorla, Rodríguez +Tavera y tantos otros, amén de los de muchos nobles aragoneses y +franceses.</p> + +<p>No se hizo esperar el ataque. Los brillantes escuadrones de las dos +grandes órdenes militares se adelantaron en formación perfecta, y cuando +ya los arqueros preparaban sus armas vieron con sorpresa que sus +enemigos se detenían, blandiendo lanzas y espadas, y que de sus filas se +adelantaban dos guerreros armados de punta en blanco, caladas las +viseras y con grandes penachos blancos que sobre los relucientes yelmos +ondeaban al viento. Alzados ambos sobre los estribos y blandiendo las +lanzas, era evidente que dirigían un reto á los caballeros ingleses.</p> + +<p>—¡Un cartel, por vida mía! gritó el barón, brillándole el único ojo que +tenía descubierto. No se dirá que el barón de Morel ha rehusado tan +cortés propuesta. ¿Y vos, Fenton?</p> + +<p>La contestación del caballero inglés fué saltar sobre su caballo, y +empuñando, como el barón, la lanza y embrazando el escudo, ambos jinetes +descendieron con peligrosa rapidez la enhiesta pendiente, en dirección á +los dos campeones castellanos, que á su vez les salieron al encuentro. +Era el contrincante de Guillermo Fenton un apuesto caballero, joven y +vigoroso en apariencia, cuya lanza dió en el escudo del inglés tan recio +golpe que lo partió en dos, á tiempo que la acerada lanza de Fenton le +atravesaba la garganta, derribándolo moribundo. Impulsado Sir Guillermo +por el entusiasmo del triunfo y el ardor del combate, siguió su furiosa +carrera y desapareció entre las apretadas filas de los caballeros de +Calatrava, que en un abrir y cerrar de ojos dieron cuenta del valeroso +campeón inglés.</p> + +<p>El barón en tanto había hallado un competidor digno de su esfuerzo y +bríos en guerrero tan famoso como Don Sebastián de Gomera, lanza +escogida de los caballeros de la Orden de Santiago. Acometiéronse con +tal furia que al<a name="page_279" id="page_279"></a> primer encuentro quedaron rotas ambas lanzas, y +empuñando los aceros se atacaron con denuedo sin igual. Largo fué el +combate, brillantes los golpes y paradas que demostraron la pericia de +ambos, hasta que impaciente el de Santiago hizo saltar á su caballo +hasta tocar al del inglés, y abalanzándose sobre el barón le rodeó el +cuerpo con sus brazos. Cayeron al suelo ambos enemigos estrechamente +unidos, logró el castellano dominar á su adversario, de cuerpo más +endeble que el suyo, y posándole una rodilla en el pecho alzó el brazo +armado para poner de una estocada fin al furioso combate. Pero nunca +llegó á dar el golpe mortal. La espada del barón, rápida como el rayo, +entró oblícuamente por debajo del levantado brazo de su enemigo, y éste +cayó pesadamente en tierra, lanzando ahogado grito. Confusa gritería de +aplauso y de despecho se dejó oir en uno y otro bando y el barón, +saltando sobre su caballo, se lanzó hacia la altura, á la vez que los +sitiadores emprendían el ataque de la posición inglesa.</p> + +<p>Los arqueros los recibieron con una granizada de flechas que hicieron +morder el polvo á filas enteras de los asaltantes. Inútiles fueron los +esfuerzos denodados de éstos por llegar hasta la altura; la estrechez y +la pendiente del camino y los obstáculos que añadían á su paso los +cuerpos de hombres y caballos hacinados y revolcándose en sangrientos +montones sólo les permitían avanzar lentamente, haciéndolos fácil blanco +de las flechas enemigas, y muy pronto se oyó el toque de retirada.</p> + +<p>Felicitábanse los arqueros cuando descubrieron otro enemigo aun más +temible que las impotentes lanzas de los jinetes. Numerosos honderos +castellanos habían tomado posesión de otras alturas cercanas y desde +ellas lanzaron mortíferas piedras, con fuerza y acierto tal que en pocos +momentos quedaron tendidos sin vida el veterano Yonson y algunos otros +arqueros y malheridos quince de éstos y seis hombres de armas. +Parapetáronse los ingleses lo mejor que pudieron detrás de los peñascos, +tendiéronse muchos en el suelo y dirigieron sus certeras flechas contra +los honderos.</p> + +<p>—¡Barón! exclamó en aquel momento el señor de Burley; acaba de decirme +Simón que no nos quedan más de doscientas flechas por junto. ¿Qué hacer? +En mi opinión<a name="page_280" id="page_280"></a> ha llegado la hora de parlamentar ó de morir casi +indefensos.</p> + +<p>—¡Por lo pronto, contestó el barón de Morel arrancándose el parche que +por tanto tiempo cubriera su ojo izquierdo, creo haber cumplido mi voto +dando muerte en leal combate á uno de los más pujantes y famosos +caballeros enemigos! Y ahora ¡á morir matando!</p> + +<p>—Lo mismo digo, asintió tranquilamente Oliver de Butrón, enarbolando +pesada maza.</p> + +<p>—¡Disparad hasta vuestra última flecha, arqueros! gritó el de Morel. +¡Entonces os quedarán todavía espadas y hachas para vender caras +vuestras vidas!<a name="page_281" id="page_281"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXXIII" id="CAPITULO_XXXIII"></a>CAPÍTULO XXXIII<br /><br /> +<small>"LA ROCA DE LOS INGLESES"</small></h3> + +<p>C<small>OMO</small> si el enemigo hubiera oído ó adivinado las palabras del intrépido +jefe, alzóse entonces en todo el valle y en las cumbres vecinas el grito +de venganza y exterminio de aquella raza aguerrida, que llevaba siglos +enteros de lucha con los árabes y que preparaba el anonadamiento de otro +puñado de invasores, no menos odiados que los sectarios de Mahoma. +Cruenta y terrible fué la lucha, tan larga, tan encarnizada que aun hoy +día conserva memoria de ella la tradición y entre los montañeses de la +comarca se conoce el teatro de la hecatombe con el nombre de la "Roca de +los Ingleses."</p> + +<p>Mas no cedieron éstos al segundo asalto. Agotadas muy pronto las flechas +de los arqueros, lucharon desesperadamente con espadas, picas, hachas y +mazas, aprovechando todas las ventajas de su posición. Por fortuna, el +combate cuerpo á cuerpo impidió á los honderos castellanos continuar su +obra de destrucción. Sitiadores y sitiados luchaban confundidos en el +único punto del camino por donde podía escalarse la altura y allí +acudieron, dando el ejemplo á sus soldados, los pocos nobles ingleses +que rodeaban al barón. Momentos hubo en que éste, Roger y Butrón +hubieran perecido sin el oportuno refuerzo del escocés Burley al frente +de los veteranos de Gales, que cayeron sobre el enemigo con furia sin +igual, obligándole á retroceder buen trecho. Pero las pérdidas de los +sitiados eran irreparables, al paso que los castellanos tenían +escuadrones y compañías enteras de reserva en el valle, imposibilitados +unos y otras de tomar parte en la lucha hasta entonces por las +condiciones del terreno.<a name="page_282" id="page_282"></a></p> + +<p>Un gigantesco caballero de Santiago llegó á escalar los últimos +peñascos, y derribando á tres arqueros de otros tantos golpes blandía de +nuevo la tajante espada, cuando le asió entre sus nervudos brazos el +animoso Sir Oliver. Forcejeando furiosamente ambos enemigos, y rodando +por el suelo en mortal abrazo, llegaron al borde de la elevada planicie +y cayeron despeñados en el horrendo precipicio. La espada de Simón y la +enorme hacha de Tristán brillaban al sol y golpeaban incesantemente +sobre las cabezas enemigas, en primera línea. Reno cayó á su lado, +malherido, y también pereció allí Sir Ricardo Causton. El señor de +Morel, cubierto de sangre, hacía prodigios de valor, acudiendo á todas +partes, animando y dirigiendo á sus soldados, seguido de cerca por +Roger, que devolvía golpe por golpe, más ganoso de proteger á su señor +que á sí mismo. Por último, los arqueros y hombres de armas que formaban +á derecha é izquierda del lugar donde era más encarnizada la lucha, +hicieron un esfuerzo supremo y precipitándose sobre los sitiadores, +persiguiéndolos y atacándolos con desesperación, hicieron retroceder un +tanto aquella incesante columna enemiga, en la que parecían no hacer +mella las incesantes bajas.</p> + +<p>Mientras se rehacían las fuerzas castellanas y consultaban sus jefes, +aquella retirada parcial proporcionó á los ingleses que aun quedaban con +vida el descanso que tanto necesitaban. Grandes habían sido sus +pérdidas. De los trescientos setenta hombres que contaban al emprender +la defensa de aquella altura, no quedaban en pie más de ciento +cincuenta, heridos muchos de ellos. Entre los muertos se contaban ya los +valientes nobles Burley, Butrón y Causton y los veteranos Yonson y Reno. +Ni fué completo el respiro de los sobrevivientes, porque apenas +deslindados los campos reanudaron el ataque los honderos posesionados de +las cumbres inmediatas.</p> + +<p>—Ahora más que nunca me enorgullezco de mandaros, dijo el barón +contemplando con amor al puñado de héroes que le rodeaba. ¿Qué es eso, +Roger? ¿Estás herido?</p> + +<p>—Un rasguño, señor barón, contestó el escudero restañando la sangre de +un tajo que le cruzaba la frente.</p> + +<p>—Deseo hablarte, Roger, y también á vos, Norbury, dijo el barón +dirigiéndose al escudero de Sir Oliver.</p> + +<p>Los tres se encaminaron al extremo opuesto de la elevada<a name="page_283" id="page_283"></a> planicie, bajo +la cual se veía la roca cortada casi á pico, con algunos peñascos +salientes de trecho en trecho.</p> + +<p>—Es indispensable, continuó el señor de Morel, que el príncipe tenga +noticia exacta de lo ocurrido. Podremos quizás resistir otra acometida +porque no pueden atacarnos todos á la vez, pero el fin no está lejano. +En cambio, la llegada de auxilios oportunos permitiría prolongar la +defensa de esta posición y salvar la vida de los que aún quedasen +defendiéndola. ¿Véis aquellos caballos que pastan allá bajo, entre las +rocas?</p> + +<p>—Sí, señor barón, contestaron los escuderos.</p> + +<p>—¿Y aquel sendero que se pierde más lejos entre los árboles y parece +conducir al otro extremo del valle? Un jinete resuelto podría quizás +llegar hasta el campo del príncipe, ó cruzarse en el camino con las +fuerzas de Sir Hugo Calverley, que no deben de estar muy lejos, y +procurarnos el ansiado socorro. Hé aquí una cuerda suficientemente larga +y fuerte para que uno de vosotros pueda bajar hasta los primeros +peñascos de la hondonada. ¿Qué decís?</p> + +<p>—Digo, señor, replicó Roger, que estoy pronto á obedeceros ahora mismo. +Pero ¿cómo apartarme de vos en estas circunstancias?</p> + +<p>—Para servirme mejor y quizás para salvarme, Roger. ¿Y vos, Norbury?</p> + +<p>Por toda respuesta el escudero, no menos animoso que Roger, asió la +cuerda y empezó á asegurarla firmemente en torno de una saliente roca. +Después se quitó algunas piezas de la armadura, ayudado por Roger, que +hizo lo propio con la suya, mientras el barón continuaba, dirigiéndose á +Norbury:</p> + +<p>—Si el príncipe ha pasado ya con el grueso del ejército, indagad como +podáis el paradero de Chandos, Calverley ó Nolles. ¡Dios os proteja!</p> + +<p>El barón y Roger, profundamente conmovidos, siguieron con la vista, +inclinados sobre las rocas, el peligroso descenso del joven escudero. +Llegado había éste á corta distancia y trataba de apoyar el pie en una +hendidura de la roca, cuando recibió la primera descarga de los honderos +enemigos. Una de las piedras le alcanzó de lleno en la sien y +extendiendo los brazos cayó desplomado al abismo.<a name="page_284" id="page_284"></a></p> + +<p>—Si Dios no me da mejor fortuna que á ese infeliz, dijo Roger al barón, +hacedme la merced de decir á vuestra hija que he muerto pensando en ella +y con su nombre en los labios.</p> + +<p>Las lágrimas asomaron á los ojos del noble guerrero, que poniendo ambas +manos en los hombros de Roger lo besó cariñosamente. El joven corrió á +la cuerda y se deslizó por ella con gran presteza; las piedras lanzadas +por las hondas enemigas se estrellaban contra la roca, una le rozó los +cabellos y por fin otra le alcanzó en un costado, ocasionándole vivísimo +dolor. Llegado, sin embargo, al extremo de la cuerda, se dejó caer desde +no pequeña altura sobre la cumbre del más alto risco, que quedaba al pie +de la formidable roca donde se hallaban sitiados sus amigos. Tan alta +era ésta que todavía tuvo que descender Roger más de veinte varas, por +una escarpada pendiente que apenas le ofrecía punto de apoyo. +Aferrándose desesperadamente á las plantas silvestres que crecían en las +hendiduras de las rocas, poniendo los pies en ligerísimas depresiones +del inclinado plano, ó en piedras que con frecuencia se desprendían y +amenazaban arrastrarlo consigo, expuesto á morir diez veces, llegó por +fin á terreno firme y saltando de roca en roca ó corriendo entre los +matorrales, se vió sano y salvo en la planicie que desde arriba le había +mostrado el barón y donde pacían algunos caballos. Tendía ya la mano +para asir la brida de uno de ellos, cuando recibió en la cabeza fuerte +pedrada que lo derribó aturdido.</p> + +<p>El hondero autor de aquella hazaña, viendo á Roger solo y exánime y +juzgando por el aspecto y traje del joven que se trataba de un caballero +inglés, comenzó á bajar precipitadamente de la colina donde se hallaba +apostado con otros, ansioso de despojar á su víctima y sabedor de que +los arqueros habían agotado todas sus flechas. Pero no contaba con +Tristán de Horla, que levantando con sus forzudas manos pesado peñasco +lo dejó caer á plomo sobre el hondero, al pasar éste al pie de la roca, +con tanto tino que le destrozó un hombro, derribándolo al suelo, donde +empezó á dar grandes gritos. Al oírlos se incorporó Roger, miró en +derredor como atontado, y de pronto vió uno de los caballos que á pocos +pasos de él estaba. Un momento le bastó para ponerse en la silla y +lanzarse al galope por el<a name="page_285" id="page_285"></a> sendero que debía conducirlo fuera de aquel +valle fatal. Pero bien pronto conoció que iban á faltarle las fuerzas; +sintió en el costado un dolor atroz, nublóse su vista y haciendo un +esfuerzo supremo se inclinó sobre el cuello del caballo, lo estrechó +fuertemente entre sus brazos y cerró los ojos, casi insensible ya á +cuanto le rodeaba.</p> + +<p>Nunca supo Roger lo que duró aquella carrera desenfrenada. Cuando volvió +en sí se halló rodeado de soldados ingleses que le prestaban solícitos +cuidados. Era un destacamento de doscientos arqueros y hombres de armas +mandados por el temible Hugo de Calverley, quien á las primeras palabras +de Roger despachó mensajeros con dirección al cercano campamento del +príncipe y poniéndose al frente de sus soldados se lanzó al galope en +auxilio del barón de Morel. Con él fué también Roger, atado sobre el +caballo que le conducía, casi exánime por la pérdida de sangre, los +golpes recibidos y las peripecias de aquella tremenda jornada.</p> + +<p>Llegados los ingleses á una altura que dominaba en parte el valle +divisaron en la cima de la roca convertida en fortaleza la bandera +castellana. El enemigo se había apoderado por fin de aquel baluarte con +tanto heroísmo defendido. Pero la lucha no había cesado por completo; en +un extremo de la elevada planicie oponía todavía débil resistencia un +puñado de ingleses. Aquel espectáculo arrancó un grito de furor á Sir +Hugo y sus soldados, que clavando las espuelas en los ijares de sus +caballos se lanzaron, ciegos de ira, contra los escuadrones enemigos.</p> + +<p>El furioso ataque sorprendió á éstos sobre manera, é ignorantes del +número de sus enemigos y creyendo que los rodeaba el grueso del ejército +inglés que se hallaba por aquellos contornos, dieron la señal de +retirada, apresurándose á dejar el valle en busca de posición más +favorable para la defensa.</p> + +<p>Los ingleses no pensaron en continuar su ataque ni en perseguirlos. Su +principal anhelo era llegar á la altura donde esperaban rescatar á +algunos de sus amigos. Triste cuadro se ofreció á su vista; montones de +muertos y heridos castellanos y leoneses, franceses é ingleses; y mas +allá, al pie de una roca, siete arqueros, con el indomable Tristán de +Horla en el centro, heridos todos pero no vencidos todavía,<a name="page_286" id="page_286"></a> blandiendo +las ensangrentadas espadas y saludando á sus salvadores con un grito de +bienvenida.</p> + +<p>—¡Tremenda lucha y defensa heróica la vuestra! exclamó Sir Hugo, +contemplando con asombro aquella escena asoladora. Pero ¿qué es eso? +¿También habéis hecho prisioneros? continuó diciendo al ver á Don Diego +de Álvarez desarmado entre los arqueros.</p> + +<p>—Sólo uno, y me pertenece, respondió Tristán. Lo he custodiado y +defendido cuidadosamente, porque representa mi fortuna y la de mi +viejecita madre si vuelvo á verme algún día en Horla....</p> + +<p>—Tristán, ¿dónde está el barón de Morel? interrumpió Roger +ansiosamente.</p> + +<p>—Creo que ha perecido, como casi todos. Yo ví al enemigo poner su +cuerpo sobre un caballo. Estaba desvanecido ó muerto y se lo +llevaron....</p> + +<p>—¡Dios del cielo! ¿Y Simón?</p> + +<p>—También le ví arrojarse espada en mano sobre los captores de nuestro +señor, y no sé si lo mataron ó lo hicieron prisionero.</p> + +<p>—¡Den los clarines la orden de marcha! gritó Sir Hugo con voz tonante. +¡Maldición! ¡Volvamos al campo, y os prometo que antes de tres días +habremos vengado al barón de Morel! Cuento con vosotros, valientes, y +desde ahora quedáis incorporados á mi escuadrón predilecto.</p> + +<p>—Somos arqueros y pertenecemos á la Guardia Blanca, señor, se aventuró +á decir Tristán.</p> + +<p>—¡Ah, sí! ¡La famosa Guardia Blanca! repuso el gran guerrillero inglés, +mirando tristemente en torno. Pero la Guardia ya no existe; la muerte se +ha encargado de desbandarla. Cuidadme bien á ese valiente escudero, +porque temo que no vuelva á ver la luz del sol, añadió señalando á Roger +desfallecido. ¡En marcha!<a name="page_287" id="page_287"></a></p> + +<h3><a name="CAPITULO_XXXIV" id="CAPITULO_XXXIV"></a>CAPÍTULO XXXIV<br /><br /> +<small>REGRESO Á LA PATRIA</small></h3> + +<p>N<small>OS</small> hallamos en Inglaterra, en una hermosa mañana de Julio, cuatro meses +después de los sucesos que quedan relatados. Por el camino que conducía +derechamente á la antigua ciudad de Vinchester y á no muy grande +distancia de ella iban dos jinetes, joven, apuesto y ricamente ataviado +el uno, con las espuelas de oro del caballero, al paso que el otro, +hercúleo mocetón, tenía más trazas de gañán que de soldado, á no revelar +su profesión la formidable espada que al cinto llevaba. Sobre la grupa +de su caballo veíase un saco que contenía, entre otras cosas, los cinco +mil ducados que pagara por su rescate Don Diego de Álvarez. Inútil es +decir que era el jinete nuestro jovial amigo Tristán de Horla, elevado +recientemente á la dignidad de escudero de Sir Roger de Clinton, señor +de Munster, á cuyo lado cabalgaba en aquel momento.</p> + +<p>Roger había sido armado caballero por el Príncipe Negro en persona, con +aplauso de todo el ejército que le consideraba como uno de los más +brillantes soldados del reino. Aquella defensa inaudita, aquel esfuerzo +supremo de la Guardia Blanca había sido referido y ensalzado en toda la +cristiandad y el príncipe heredero, en nombre del soberano, había +colmado de honores á los escasos sobrevivientes de tan honroso hecho de +armas. Por más de un mes fluctuó Roger entre la vida y la muerte, y tan +luego triunfó su juventud y cesó el delirio, supo que había terminado la +guerra y que nada se había podido averiguar sobre el paradero ni la +suerte del barón de Morel. Recibió las felicitaciones y alabanzas que le +prodigó en persona el príncipe, y tan luego se halló en disposición de +soportar el viaje á Londres se embarcó acompañado<a name="page_288" id="page_288"></a> de su fiel Tristán. +Inmediatamente que llegaron á aquella ciudad emprendieron el camino de +Hanson, pues Roger carecía de toda noticia desde la carta del prior que +le anunció la muerte de su hermano.</p> + +<p>Tristán comentaba con admiración y entusiasmo cuanto veían en el camino, +la verdura y lozanía de los campos, los matices de las flores y la +hermosa apariencia del ganado.</p> + +<p>—Bien está que te regocijes, amigo Tristán, le dijo el joven caballero, +pero cuanto á mí jamás pensé volver á la patria con tanta amargura en el +corazón. Lloro por mi señor y por el valiente Simón Aluardo, y no sé +cómo atreverme á comunicar la pérdida del primero á la baronesa y á su +hija, suponiendo que no tengan ya noticia de su desgracia.</p> + +<p>—¡Ay de mí! exclamó Tristán dando un gemido que espantó á los caballos. +Duro es el trance en que os véis y también yo lamento la muerte de +ambos. Pero descuidad, que la mitad de estos ducados que aquí llevo se +la daré á mi madre y la otra mitad la agregaremos á los dineros que vos +tengáis, para comprar el <i>Galeón Amarillo</i> que nos llevó á Burdeos y con +él saldremos en busca del barón.</p> + +<p>—¡Buen Tristán! dijo Roger sonriéndose. Pero ¡ah! que si el barón +viviese ya hubiéramos tenido nuevas suyas. ¿Qué villa es esa? preguntó +poco después.</p> + +<p>—¡Romsey! La conozco bien. Allí está el monasterio con su vieja torre +parda. Permitidme que dé una moneda al venerable ermitaño que allí véis, +sentado en aquella piedra junto al camino.</p> + +<p>Suspendió el anciano sus preces para aceptar la dádiva del arquero.</p> + +<p>—Soldados sois á lo que veo, hijos míos, y mis oraciones os acompañarán +en vuestras empresas.</p> + +<p>—De España venimos, reverendo padre, dijo Tristán.</p> + +<p>—¿De España decís? ¡Ah! Infortunada expedición en la que tantos bravos +ingleses han sacrificado las vidas que Dios les concediera. Hoy mismo he +dado mi bendición á una noble dama que ha perdido cuanto amaba en esa +cruel y lejana guerra.</p> + +<p>—¿Qué decís? preguntó Roger con vivo interés.</p> + +<p>—Sí, una joven y principalísima dama de esta comarca, tranquila y +dichosa cual ninguna pocos meses hace y que<a name="page_289" id="page_289"></a> se prepara á tomar el velo +en el convento de Romsey. ¿No habéis oído hablar, mis buenos caballeros, +de una compañía llamada la Guardia Blanca?</p> + +<p>—¡Oh, sí, mucho! dijeron ambos á la vez.</p> + +<p>—Pues el padre de la dama de que os hablo era el jefe de esa valiente +fuerza, y su prometido era escudero del famoso capitán. Llegó aquí la +nueva de que ni un solo miembro de la Guardia había sobrevivido á una +serie de cruentos combates y la pobre doncella....</p> + +<p>—¡Acabad! gritó Roger. ¿Habláis de Doña Constanza de Morel?</p> + +<p>—La misma.</p> + +<p>—¡Constanza monja! ¿Qué decís? ¿Tan terrible efecto le ha causado la +pérdida de su padre?</p> + +<p>—De su padre y del gallardo mancebo de rubios cabellos á quien adoraba. +La muerte de este último es la que en verdad abre para ella las puertas +del claustro....</p> + +<p>—¡Á escape, Tristán! ¡Á Romsey! gritó Roger espoleando á su caballo, +que partió como una flecha.</p> + +<p>Grande había sido la alegría de las monjas de Romsey al saber que la +noble cuanto hermosa Constanza de Morel había pedido ser recibida como +hermana suya, tras corto noviciado. Hechos estaban todos los +preparativos para la solemne ceremonia, decorado el templo, cubierto de +flores el altar y numerosos grupos de gentes del pueblo se hallaban +congregados en el atrio ó se encaminaban hacia la iglesia inmediata al +monasterio, ansiosos de presenciar el imponente acto. Ya habían visto +pasar á la venerable abadesa con su gran crucifijo de oro, seguida de +las hermanas, del clero y los acólitos con los humeantes incensarios y +de unas hermosas niñas que iban alfombrando de flores el suelo, al paso +de la novicia. Seguíalas ésta entre cuatro compañeras suyas, cubierta de +la cabeza á los pies por el blanco velo, y centro de todas las miradas.</p> + +<p>Aquella solemne procesión llegó á las puertas del templo y se disponía á +entrar en él cuando se notó súbita confusión en uno de los ángulos de la +plaza, de donde pronto partieron grandes clamores. La multitud osciló +primero y abrió luego paso á un jinete, á un joven caballero cubierto de +polvo, que sin miramientos lanzaba su corcel sobre la compacta masa del +pueblo. Era el mensajero de la juventud<a name="page_290" id="page_290"></a> y del amor, que llegaba á +tiempo de arrancar al claustro una vida que por ningún concepto le +estaba destinaba. Llegado á los escalones que conducían al atrio saltó +de su caballo, y apartando bruscamente á la sorprendida abadesa, +dirigióse el doncel al punto donde se hallaba la novicia y extendiendo +hacia ella sus brazos, exclamó con amoroso acento, en el que palpitaba +profundísima emoción:</p> + +<p>—¡Constanza!</p> + +<p>—¡Roger!</p> + +<p>La novicia iba á caer desvanecida, pero Roger la recibió en sus brazos y +la estrechó amorosamente, con gran escándalo de la abadesa y con no +menor admiración de las veinte monjas y novicias que presenciaban tan +inesperado desenlace. Pero Constanza y Roger no se daban cuenta de lo +que en torno de ellos sucedía, perdidos como estaban en mutua +contemplación, embriagados con la felicidad inmensa de verse reunidos +después de una separación que ella había creído eterna. Tras los amantes +quedaba el obscuro arco de entrada del templo; frente á ellos la vida +entera, llena de luz, de alegría y felicidad. Su elección quedó hecha en +un momento y se dirigieron, entrelazadas las manos, hacia la luz, en +busca del amor, abandonando ella para siempre el claustro, olvidados +ambos por el momento de sus pasadas tristezas.</p> + +<p>El anciano padre Cristóbal bendijo poco tiempo después su unión en la +iglesia del Priorato de Salisbury. Los únicos testigos de la tierna +ceremonia fueron la baronesa, Tristán de Horla y una docena de arqueros +y servidores del castillo. La animosa señora de Morel, tras largos meses +de ansiedad y amargos sufrimientos, dudaba todavía de la muerte del +barón; parecíale imposible que habiendo regresado de tantas y tan +mortíferas campañas, hubiese sonado para él la hora suprema en aquella +última expedición, lejos de su hogar, privado del amor de los suyos y de +los solícitos cuidados de su amante esposa. Desde luego manifestó el +deseo de ir á España en persona y agotar todos los recursos para +averiguar el paradero del barón. Disuadióla Roger de su proyecto, +convenciéndola de que á él le tocaba emprender aquel viaje, debiendo +quedarse ella acompañando á su hija y al cuidado de los múltiples +intereses que suponía la administración de las vastas propiedades de +Munster,<a name="page_291" id="page_291"></a> unidas á la del castillo de Monteagudo y sus dependencias.</p> + +<p>Fletó Roger el <i>Galeón Amarillo</i>, mandado por el mismo valiente capitán +Golvín, y un mes después de su boda partió el joven señor de Munster +para Sorel, acompañado de su fiel Tristán, á fin de averiguar si había +llegado de Southampton el para ellos inolvidable galeón. Poco antes de +llegar á Sorel se detuvieron en Dalton, pueblecillo de la costa, donde +notó Roger la presencia de una pequeña galera recienllegada, á juzgar +por el número de botes y lanchas que la rodeaban para conducir á tierra +su cargamento.</p> + +<p>Á un tiro de ballesta del pueblo había un pequeño edificio, entre mesón +y taberna, hacia el cual se dirigieron los dos viajeros. Á una ventana +del primero y único piso de la casita se asomaba un individuo que +parecía contemplarlos con curiosidad. Mirándole estaba Tristán cuando +salió corriendo del mesón una robusta moza, riéndose á carcajadas y +perseguida de cerca por un truhán que muy pronto desapareció, lo mismo +que la muchacha, entre los árboles del huerto. Echando pie á tierra los +jinetes, ataron sus caballos á la cerca y apenas tomaron por el sendero +que á la casa conducía se detuvieron atónitos, contemplándose en +silencio, presa de profunda emoción.</p> + +<p>—¡Ah, <i>ma belle!</i> decía una voz sonora. ¿Con que así tratas á un viejo +soldado que hace tiempo no ha visto tan siquiera una buena moza inglesa? +¡Por el filo de mi espada! aguarda un poco y en lugar de un beso te daré +media docena....</p> + +<p>Una exclamación de alegría se escapó de los labios sonrientes de Roger y +Tristán. ¡Era Simón, no cabía duda! Simón bueno y sano, que apenas +puesto el pie en tierra volvía á las andadas. Iban á precipitarse en su +busca, á llamarle á gritos, cuando oyeron otra voz que partía de la +ventana.</p> + +<p>—¿Qué ocurre, Simón? decía. Si me necesitas, no pido cosa mejor que +empuñar la espada y desentumecer un poco el brazo, metiendo en cintura +al primero que se desmande y nos busque pendencia, aunque sea en tierra +propia.</p> + +<p>Apareció Simón al oir la voz de su señor y en un instante<a name="page_292" id="page_292"></a> se vió asido +por los formidables brazos de Tristán, de los que pasó á los de Roger. +No había vuelto de su sorpresa el buen Simón cuando se presentó en la +puerta el barón de Morel, espada en mano y guiñando más que nunca sus +ojillos, en busca de imaginario enemigo. Renováronse entonces los +abrazos, que el barón y el veterano no tardaron en devolver con creces, +poseídos de inmensa alegría.</p> + +<p>Durante el viaje de regreso oyeron sus amigos el relato de sus +portentosas aventuras. Hechos prisioneros ambos en la homérica lucha, +allá en España, viéronse cautivos de un noble aragonés, que tras largo +viaje los condujo á la costa, donde los embarcó con rumbo á unas +posesiones que por allí tenía. Sorprendida su embarcación en alta mar +por los piratas berberiscos, se acrecentaron sus sufrimientos bajo el +yugo bárbaro de su nuevo amo; pero llegados á un puertecillo africano, +el indomable barón halló modo de matar al capitán pirata en la barca que +á tierra los conducía y arrojándose después al agua seguido de Simón +ganaron á nado la tierra y tras mil penalidades lograron embarcarse en +la galera que acababa de llevarlos á Inglaterra, no sin rico botín +arrebatado con astucia á sus crueles enemigos. Inútil es hablar de su +recepción en el castillo de Monteagudo, y de la inmensa ventura que +llenó aquel dichoso hogar, poco antes tan agobiado por la tristeza y el +dolor.</p> + +<p>El barón León de Morel vivió todavía largos años, colmado de honores, +tranquilo y feliz. La dicha de Roger de Clinton y su esposa adorada fué +también completa. Dos veces guerreó él en Francia, conquistando +preciados laureles y altísima fama. Concediósele distinguido puesto en +la corte y por muchos años ejerció brillantes cargos en los reinados de +Ricardo y de Enrique IV, quien le confirió la orden de la Jarretiera y +le honró como á uno de los primeros caballeros y más valientes campeones +de su tiempo.</p> + +<p>Cuanto á Tristán de Horla, se casó con una linda muchacha de Dunán y +allí se estableció definitivamente, gozando del prestigio que le daban +sus proezas y los cinco mil ducados tan briosamente ganados allá en +tierra de España. Él y su inseparable amigo Simón animaron +frecuentemente con su presencia y su alegría perenne las bulliciosas<a name="page_293" id="page_293"></a> +veladas del <i>Pájaro Verde</i>. Simón acabó por ofrecer su amor y su nombre +á la buena ventera que tan fielmente le guardara su botín de anteriores +campañas. Así vivieron aquellos hombres, rudos si se quiere, como la +época que los vió nacer y morir, pero francos, honrados y valientes, +dejando á las generaciones venideras un ejemplo digno de imitación y +aplauso.</p> + +<p class="c"> +<br /> +<br /> +<br /> +FIN.</p> + +<hr /> + +<p class="cb"><big>G<small>EOGRAFÍAS</small>, M<small>APAS</small>, C<small>ARTAS</small>, E<small>TC</small>.,</big><br /> +<small><small>PUBLICADAS POR</small></small><br /> +LA CASA EDITORIAL DE D. +APPLETON <small>Y</small> CÍA.,<br /> +<small>Nueva York.</small></p> + +<p class="cb">I.</p> + +<p class="hang"><i><b>La Geografía Científica.</b></i> Un tomo de 171 páginas, con mapas y +diagramas; encartonado y uniforme con nuestra serie de Cartillas de +las cuales forma parte. Precio, 30 centavos.</p> + +<p>La Cartilla que hemos publicado bajo este título, por <span class="smcap">Grove</span>, es la +primera de su clase en los países españoles é hispanoamericanos. No es +la geografía de este ó de aquel país, ó de tal ó cual estado, sino la +geografía propiamente dicha, la Geografía como ciencia; y bajo este +punto de vista, no está lejano el día en que se comience á enseñar á los +jóvenes <span class="smcap">La Geografía Científica</span>. Sin el conocimiento de los rudimentos +de esta ciencia, ¿cómo se podrá jamás llegar con provecho al estudio y +menos aún, al conocimiento de la geografía patria ni de la universal?</p> + +<p class="cb">II.</p> + +<p class="hang"><i><b>Geografía Elemental, la Novísima, de Cornell.</b></i> Traducida por +<span class="smcap">Veitelle</span>, corregida y adicionada recientemente por varios +profesores. Un tomo en 4º menor, 71 páginas, con nuevos mapas, +muchas láminas. Undécima edición corregida. Encartonada. Precio, 30 +centavos.</p> + +<p>Obra adoptada como texto en las escuelas de varias repúblicas +hispanoamericanas.</p> + +<p>La undécima edición, es más completa que todas las anteriores. Lleva al +fin un <i>Cuestionario</i> de mucha utilidad práctica; y se la ha mejorado +generalmente en la parte material.</p> + +<p>En grandes cantidades, la facturamos á precios <i>netos</i>.</p> + +<p class="cb">III.</p> + +<p class="hang"><i><b>Geografía de Smith, ó Primer Libro de Geografía Elemental</b></i>, +dispuesto para los Niños. Adornado con cíen grabados y catorce +Mapas. Por <span class="smcap">Asa Smith</span>. Traducido del inglés y adaptado al uso de las +Escuelas de la América del Sur, las Antillas y Méjico, con +Adiciones, por <span class="smcap">Temístocles Paredes</span>. La nueva edición está adornada +con más de 100 grabados, 18 mapas y un cuadro cromo-litográfico de +las banderas de todas las Naciones. La obra ha sido enteramente +refundida y arreglada por varios profesores. Es la única que +conserva el plan original del autor y la ortografía Castellana +moderna de la Academia. La nueva edición se vende á 50 centavos.</p> + +<p>Esta obrita se ha preparado expresamente para el uso de las Escuelas +Primarias. Examinándola, se hallará sumamente simple y fácil. Las +definiciones de las divisiones naturales de la superficie de la tierra, +son breves; las ilustraciones atractivas, los mapas claros y hermosos y +el todo arreglado á la capacidad de los jóvenes estudiantes.</p> + +<p>Los libros de Geografía de Smith que se han publicado en inglés, son las +obras más populares para los niños en los Estados Unidos.</p> + +<p class="hang"><i>La Geografía de Smith publicada por esta casa, es la única +autorizada por el autor.</i> Multitud de ediciones inferiores y +fraudulentas, se han hecho de ella; pero ninguna ha logrado los +resultados que la nuestra, de la cual hemos publicado ya numerosas +ediciones y cuya impresión se hace por millones de ejemplares.</p> + +<p>La edición especial para la República Argentina, contiene un cuadro +cromo-litográfico de Prohombres de aquel país.</p> + +<p><span class="smcap">Importante.</span>—Esta Geografía, si se ordenan grandes cantidades, se +factura á precio <i>neto</i>.</p> + +<p class="cb">IV.</p> + +<p class="hang"><i><b>Nociones de Geografía Física.</b></i> Por <span class="smcap">Archibaldo Geikie</span>. Un tomo de +unas 150 páginas, con láminas. Encartonado y uniforme con nuestra +serie de <span class="smcap">Cartillas</span> de las cuales forma parte. Precio, 20 centavos.</p> + +<p class="cb">V.</p> + +<p class="hang"><i><b>Nociones de Geografía Antigua ó Clásica.</b></i> Por <span class="smcap">Tozer</span>. Un tomo +encartonado y uniforme con nuestra serie de <span class="smcap">Cartillas</span> de las cuales +forma parte. Precio, 30 centavos.</p> + +<p>Aunque de ésta como de otras muchas de nuestras <span class="smcap">Cartillas</span>, se han hecho +traducciones y reimpresiones que abundan en el mercado á precios +sumamente bajos; en nuestro deseo de completar la serie de <span class="smcap">Cartillas</span>, +que venimos publicando desde hace muchos años, y de hacer una edición +legítima y completa, de una buena traducción castellana, hemos dispuesto +llevar á cabo la de ésta obrita, que está ilustrada con mapas y +arreglada á los Planes de Estudios de España y de la América española.</p> + +<p class="cb">VI.</p> + +<p class="hang"><i><b>Libro Segundo de Geografía Descriptiva.</b></i> Por <span class="smcap">D. Ramón Páez</span>. +Destinado á seguir al <span class="smcap">Primero de Smith</span>. Adornado con doce grandes +Mapas enteramente nuevos y multitud de grabados. Forma un tomo de +unas 100 páginas grandes, y la <span class="smcap">NUEVA EDICIÓN DE</span> 1886, no obstante +las grandes mejoras, se vende al mismo precio de $1.25.</p> + +<p>Edición Enteramente Nueva, corregida y aumentada, conforme á los últimos +datos estadísticos y cambios políticos, y arreglada al uso de las +escuelas hispanoamericanas.</p> + +<p class="cb">VII.</p> + +<p class="hang"><i><b>Geografía Superior Ilustrada de Appleton.</b></i> "<i>La mejor de cuantas +se conocen hasta ahora en español.</i>" Un hermoso tomo de 156 grandes +páginas, con numerosos grabados y mapas coloreados, impreso en +papel fino y satinado. Precio, $2.00.</p> + +<p>El libro ha sido escrito con un espíritu imparcial para los <span class="smcap">países de +América á que está especialmente destinado</span>, y ni las antigüedades de sus +primeras épocas, ni las maravillas y riquezas útiles de su suelo, ni su +interés actual y porvenir, fueron desatendidos un solo momento en su +preparación, compuesta en estricta obediencia con los adelantos de la +<i>educación moderna</i>.</p> + +<p class="cb">VIII.</p> + +<p class="hang"><i><b>Geografía Física Superior de Appleton.</b></i> (<span class="smcap">Geografía Física +Universal.</span>) Un tomo de 120 grandes páginas, con numerosos grabados, +mapas de colores, diagramas, etc. Impreso en papel satinado fino y +bien encuadernado. Precio,——.</p> + +<p>Esta obra, escrita en inglés por los más notables profesores de la +materia en los Estados Unidos, encierra todos los descubrimientos y +adelantos hechos hasta el día en ésta ciencia. Está á la altura de las +mejores obras de su clase escritas en otras lenguas, ventajosamente +puede competir con todas, y <i>es la mejor que en su género se ha +publicado en castellano</i>.</p> + +<p class="cb">IX.</p> + +<p class="hang"><i><b>Mapas Mudos de Cornell.</b></i> Juego de 13 Mapas Mudos, con los Lugares +marcados con números en vez de sus nombres. Precio, $15.00.</p> + +<p>No. 1. <span class="smcap">Mapas Mudos</span> (Pliego-doble), comprendiendo los Hemisferios +Occidental y Oriental, Diagramas de los Meridianos y Paralelos, Trópicos +y Zonas, los Hemisferios del Norte y del Sur, y las Alturas de las +Montañas principales.</p> + +<p>No. 2. <span class="smcap">La América del Norte.</span></p> + +<p>No. 3. <span class="smcap">Los Estados Unidos y Canadá.</span></p> + +<p>No. 4. <span class="smcap">Los Estados Occidentales y Centrales</span>, con planos grandes de las +ciudades de Boston y Nueva York y sus alrededores.</p> + +<p>No. 5. <span class="smcap">Los Estados del Sur.</span></p> + +<p>No. 6. <span class="smcap">Los Estados Occidentales.</span></p> + +<p>No. 7. <span class="smcap">Méjico, América Central, y Las Indias Occidentales</span>, con planos +grandes del istmo de Nicaragua y las Grandes Antillas.</p> + +<p>No. 8. <span class="smcap">La América del Sur.</span></p> + +<p>No. 9. <span class="smcap">Europa.</span></p> + +<p>No. 10. <span class="smcap">Las Islas Británicas.</span></p> + +<p>No. 11. <span class="smcap">Europa Central, Meridional y Occidental.</span></p> + +<p>No. 12. <span class="smcap">Asia</span>, con planos grandes de la Palestina y las Islas de +Sandwich.</p> + +<p>No. 13. <span class="smcap">África</span>, con planos grandes de Egipto, Liberia y la Colonia del +Cabo.</p> + +<p> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Cada juego va acompañado de una cartera y una clave.</i></span><br /> +</p> + +<p class="hang"><span class="smcap"><b>Clave de los Mapas Mudos de Cornell.</b></span> Para uso del Maestro. Un tomo +de 59 páginas en 12º. Precio, 50 centavos.</p> + +<p class="hang"><span class="smcap"><b>Mapa Mudo, No. 14, de la República Argentina</b></span>, con Clave especial +Precio, $1.00.</p> + +<p class="cb">X.</p> + +<p class="hang"><i><b>Mapa General de la República Argentina</b></i> y Países Limítrofes. El +ejemplar en papel cartulina, artísticamente coloreado, $12.00.</p> + +<p class="cb">XI.</p> + +<p class="hang"><i><b>Mapa-Carta de la Isla de Cuba.</b></i> Con el mar y las divisorias +provinciales en color, papel cartulina, $8.50. El mismo, forrado en +tela, barnizado, ribeteado, montado en cañas, $10.00.</p> + +<p class="cb">XII.</p> + +<p class="hang"><i><b>Mapas para Escuelas y para Oficinas en General.</b></i> Proyectados por +Colton y Cía., Publicados por D. Appleton y Cía.</p> + +<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary=""> +<tr><td align="right">I.</td><td align="left">Hemisferio Oriental cuyo tamaño es de 40 por 35 pulgadas.</td></tr> +<tr><td align="right">II.</td><td align="left">Hemisferio Occidental, de tamaño y condiciones iguales á los del precedente.</td></tr> +<tr><td align="left" colspan="2"><p>Estos mapas contienen, no solamente el dibujo principal, sino otros +accesorios, colocados en los ángulos y espacios libres, cada cual +completo en su género; como los Hemisferios Norte y Sur, los de agua y +tierra, los del Atlántico y del Pacifico y otros que determinan las +corrientes del Océano, las cuencas de desagüe, vientos dominantes, +temperaturas, productos principales, etc.</p></td></tr> +<tr><td align="right">III.</td><td align="left">Europa—cuyo tamaño es de 40 por 40 pulgadas.</td></tr> +<tr><td align="right">IV.</td><td align="left">Asia—de iguales dimensiones que el anterior.</td></tr> +<tr><td align="right">V.</td><td align="left">África—de 40 por 35 pulgadas.</td></tr> +<tr><td align="right">VI.</td><td align="left">América del Norte—de tamaño igual al del precedente.</td></tr> +<tr><td align="right">VII.</td><td align="left">América del Sur—de idénticas dimensiones que los anteriores.</td></tr> +<tr><td align="right">VIII.</td><td align="left">América Central—abraza los tres canales ó vías interoceánicas.</td></tr> +<tr><td align="left" colspan="2"><p>Cada uno de estos mapas de las grandes divisiones del mundo, lleva +perfiles que presentan las principales alturas de cada país, y otros +hechos en analogía con la materia, todos ellos sobre la misma escala +vertical para facilitar la comparación.</p></td></tr> +</table> + +<p class="cb">XIII.</p> + +<p class="hang"><i><b>Cuadros Murales</b></i>, compuestos por <span class="smcap">Marcio Willson</span> y <span class="smcap">N. A. Calkins</span>, +pudiendo usarse, bien por separado, bien como complemento del +<span class="smcap">Manual de Enseñanza Objetiva</span> de Calkins. La colección, montados en +cartón. Precio, $14.00.</p> + +<p>Son trece cuadros de <i>Dibujo y Perspectiva</i>, <i>Líneas y Medidas</i>, <i>Formas +y Sólidos</i>, <i>Colores</i>, <i>Escala Cromática</i> (de los Colores), <i>Zoología</i>: +partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª; y <i>Botánica</i>: partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª. Todas +las figuras de estos cartones, están coloreadas y sombreadas, y á su +incuestionable utilidad reunen las cualidades de adorno y belleza en los +planteles de enseñanza. Son un medio eficaz para iniciar á los jóvenes +en el conocimiento elemental de estas Ciencias, despertar en ellos el +amor á estudios más completos de cada una de ellas y muy particularmente +de la Zoología y de la Botánica.</p> + +<p class="cb">XIV.</p> + +<p class="hang"><i><b>Cartones de Appleton</b></i> para el Estudio y Práctica del Dibujo de +Mapas. Arreglados para ser adaptados á cualquiera geografía y muy +especialmente á la Superior Universal de <span class="smcap">Appleton</span>. La colección de +cartones y diagramas con instrucciones completas, todo colocado en +una cartera de papel, 75 centavos.</p> + +<p>La serie se compone de seis diagramas con instrucciones para dibujar los +mapas de la América del Norte, América del Sur, Europa, Asia, África y +Australia, y quince cartones en los cuales los paralelos y meridianos, +están calculados para construir los mapas siguientes:</p> + +<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary=""> +<tr valign="top"><td align="right">1.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Hemisferio Occidental. </td><td align="right">9.</td><td align="left">Colombia, Venezuela y Guayanas.</td></tr> +<tr valign="top"><td align="right">2.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Hemisferio Oriental.</td><td align="right">10.</td><td align="left">Ecuador, Perú y Bolivia.</td></tr> +<tr valign="top"><td align="right">3.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">América del Norte.</td><td align="right">11.</td><td align="left">Rep. Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile.</td></tr> +<tr valign="top"><td align="right">4.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Estados Unidos.</td><td align="right">12.</td><td align="left">Europa.</td></tr> +<tr valign="top"><td align="right">5.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Méjico.</td><td align="right">13.</td><td align="left">Asia.</td></tr> +<tr valign="top"><td align="right">6.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">América Central.</td><td align="right">14.</td><td align="left">África.</td></tr> +<tr valign="top"><td align="right">7.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Las Antillas.</td><td align="right">15.</td><td align="left">Oceanía.</td></tr> +<tr valign="top"><td align="right">8.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">América del Sur.</td><td> </td></tr> +</table> + +<p>Los diagramas, se han preparado con instrucciones para levantar las +líneas de construcción, y en los cartones, los meridianos y paralelos +están calculados para los mapas de las cinco partes del mundo; y el +resto, para los de los países principales de América. Después de haber +hecho dibujos aproximados, pueden los alumnos, provistos de ellos, +reunir los resultados de sus estudios en Geografía construyendo mapas +completos de cada Continente y de países especiales, y llenarlos con +tanta minuciosidad como juzguen oportuna.</p> + +<p> +<br /> +<br /> +<br /> +</p> + +<p class="cb"><big>O<small>BRAS DE</small> H<small>ISTORIA</small> N<small>ATURAL</small></big></p> + +<p class="cb"><small>PUBLICADAS POR</small></p> + +<p class="cb">LA CASA EDITORIAL DE D. APPLETON <span class="smcap">Y</span> CÍA.,</p> + +<p class="cb">Nueva York.</p> + +<p class="cb">I.</p> + +<p class="hang"><i><b>El Reino Animal para Niños.</b></i> Por el Doctor <span class="smcap">Juan García Purón</span>. +Instruir Deleitando. Serie de Libros Primarios de <span class="smcap">El Reino Animal +para Niños</span>. Arreglados para la instrucción gradual y progresiva de +la infancia, en las escuelas y en la familia. Cada cuaderno, +contiene 6 hermosas láminas de colores, yendo en cada una numeradas +las figuras de los varios animales; y 8 páginas de lectura amena, +variada y progresiva, con una cubierta iluminada. En paquetes de +una docena surtida (dos ejemplares de cada número). El paquete, +$2.00.</p> + +<p>La serie se compone de seis libros ó cuadernos:</p> + +<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary=""> +<tr><td align="left">No. 1. Animales Domésticos.</td></tr> +<tr><td align="left">No. 2. Aves Mayores.</td></tr> +<tr><td align="left">No. 3. Animales de Caza.</td></tr> +<tr><td align="left">No. 4. Animales Salvajes.</td></tr> +<tr><td align="left">No. 5. Aves Menores.</td></tr> +<tr><td align="left">No. 6. Cuadrumanos y Pequeños Cuadrúpedos.</td></tr> +</table> + +<p>Recomienda Rollin que se enseñe á los niños la Historia Natural; pero +del modo que conviene á su edad. "Llamo, dice, <i>Física de los niños</i>, á +un estudio de la Naturaleza que no requiere sino <i>vista</i>, y que por lo +mismo está al alcance de toda clase de personas, hasta de los niños. +Desde la más temprana edad se les puede imponer á los niños; pero +proporcionándolo á sus pocos años, y llamando su atención sobre lo que +esté más á su alcance, ya sea en lo referente á hechos, ya acerca de las +reflexiones á que estos den ocasión. Parece increíble el número de +conocimientos agradables y útiles con que ese ejercicio continuado desde +los primeros años y metódicamente, llenaría el espíritu de los +niños...." Un maestro cuidadoso, encuentra en este estudio el medio de +formar el corazón de sus discípulos y de guiarlos á la verdad y el bien +valiéndose de la misma Naturaleza.</p> + +<p>"El primer libro para instruir á la infancia, dice Figuier, debe versar +sobre la Historia Natural; y en lugar de llamar la atención de las +jóvenes inteligencias hacia las fábulas y cuentos sin doctrina, es +necesario dirigirlas hacia los sencillos y verídicos espectáculos de la +Naturaleza; tales como la estructura de un árbol, la composición de una +flor, los órganos de los animales, la perfección de las formas +cristalinas de un mineral, ó la disposición interior de las capas que +componen la tierra que hollamos con nuestra planta." Tal es el objeto +con que el autor ha preparado estos libros, en los que ha reunido la +instrucción, los ejemplos de moral y el deleite de la infancia.</p> + +<p class="cb">II.</p> + +<p class="hang"><i><b>Nociones de Botánica.</b></i> Por <span class="smcap">J. D. Hooker</span>. Precio, 20 centavos.</p> + +<p>Esta pequeña obra, que forma parte de nuestra serie de <span class="smcap">Cartillas +Científicas</span>, contiene una serie de lecciones elementales sobre los +carácteres generales de las plantas que dan flores; trata de la célula y +los tegidos, del alimento y desarrollo de la semilla y de la planta, de +la raiz, el tallo, las yemas, las hojas, la flor, el cáliz, la corola y +de multitud de otros asuntos presentados de un modo fácil y sencillo. Se +ocupa de los Jardines Botánicos para colegios, y da modelos para +ejercicios de lecciones con hojas y flores.</p> + +<p class="cb">III.</p> + +<p class="hang"><i><b>Libro Primero de Zoología.</b></i> Por el Doctor <span class="smcap">Juan García Purón</span>. <i>Obra +adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos.</i> +Forma un tomo uniforme con la <span class="smcap">Botánica</span> y la <span class="smcap">Mineralogía</span> del mismo +autor; está ilustrado profusamente con hermosos grabados +intercalados en el texto y elegantemente encuadernado. Precio, 70 +centavos.</p> + +<p><span class="smcap">El Libro Primero de Zoología</span> que ofrecemos al público, está considerado +como el mejor de cuantos se conocen, y el único de su género en +castellano. El autor, elevándose á las necesidades de la época y á los +adelantos de la ciencia moderna; ha puesto su obra á la altura de los +tiempos y al alcance de la juventud. Conduce gradualmente, <i>de lo +conocido, á lo desconocido por medio de lo semejante</i>, despertando el +interés del joven, y á la ves deleitándolo con el estudio. No existe un +libro tan ameno é interesante, ni tan apropósito para el estudio del +reino animal; al que no sólo da á conocer en todas sus fases, sino que +inspira en los niños el amor hacia los animales.</p> + +<p class="cb">IV.</p> + +<p class="hang"><i><b>Libro Primero de Botánica.</b></i> Por el Doctor <span class="smcap">Juan García Purón</span>. <i>Obra +adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos.</i> +Precio, 80 centavos.</p> + +<p>En esta obra, la <span class="smcap">Botánica</span> está tratada desde el punto de vista del +<i>estudio objetivo</i>, que tanto facilita á los jóvenes el conocimiento de +dicha ciencia. Como en la <span class="smcap">Zoología</span> y la <span class="smcap">Mineralogía</span> del mismo autor, el +plan seguido en la Botánica, es <i>llegar á lo desconocido por medio de lo +conocido y lo semejante</i>; empleando para ello, el estudio de lo que más +pueda interesar y grabarse en la imaginación de los niños.</p> + +<p>La obra, está ilustrada con numerosos grabados; tiene una excelente +impresión sobre papel satinado y muy bien encuadernada; circunstancias, +que como complemento á su selecto contenido científico, la hacen sin +rival en su género. Es un tomo uniforme con los de <span class="smcap">Zoología</span> y +<span class="smcap">Mineralogía</span>.</p> + +<p class="cb">V.</p> + +<p class="hang"><i><b>Libro Primero de Mineralogía.</b></i> Por el Doctor <span class="smcap">Juan García Purón</span>. +<i>Obra adoptada de texto en España y varios países +Hispano-Americanos.</i> Precio, 80 centavos.</p> + +<p>Este tratado de <span class="smcap">Mineralogía</span>, que con las de <span class="smcap">Zoología</span> y <span class="smcap">Botánica</span> por el +mismo autor, forma un <i>Curso Completo de Historia Natural</i>; además de +tratar extensamente de todo lo que atañe directamente á la Mineralogía, +propiamente dicha, estudia las relaciones entre ésta y la <i>Geología</i>, y +por lo tanto trata de los fósiles, ó sea de la <i>Paleontología</i>; +siguiendo los principios más modernos en su parte didáctica.</p> + +<p>La obra tiene numerosos grabados intercalados en el texto; es rica en +estilo y asuntos interesantes, y se halla impresa en magnífico papel +satinado y empastada en uniformidad con la <span class="smcap">Botánica</span> y la <span class="smcap">Zoología</span>.</p> + +<p class="cb">*<br /> +* *</p> + +<p>Los <i><b>Cuadros Murales</b></i> de <span class="smcap">Willson</span> y <span class="smcap">Calkins</span> además de otros asuntos, +tratan tambien de la</p> + +<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary=""> +<tr><td align="left">ZOOLOGÍA en las partes 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, y de la</td></tr> +<tr><td align="left">BOTÁNICA en las 1ª, 2ª, 3ª, 4ª.</td></tr> +</table> + +<p>La colección de trece, artísticamente sombreados, coloreados y montados +en cartón. Precio, $14.00.</p> + +<p> +<br /> +<br /> +<br /> +</p> + +<p class="cb"><big>LAS AVENTURAS DEL<br /><br /> +<big>VICARIO DE WAKEFIELD.</big><br /><br /> +Por OLIVERIO GOLDSMITH.</big></p> + +<p class="cb">—————</p> + +<p><span class="smcap">Versión</span> castellana hecha con sumo esmero y la única completa en nuestra +lengua, de esta famosísima obra, considerada universalmente como +<span class="smcap">Clásica</span>.</p> + +<p>Un tomo de unas 300 páginas, bien impreso, con preciosos grabados y +encuadernado artísticamente.</p> + +<p>Edición económica 50 centavos. De medio lujo 75 centavos.</p> + +<p class="cb">—————</p> +<p><span class="smcap">El Vicario de Wakefield.</span>—"La novela más interesante en lengua +inglesa."—<span class="smcap">Lord Byron.</span></p> + +<p><span class="smcap">El Vicario de Wakefield.</span>—"Excelente, interesante, lo mejor de cuanto se +ha escrito como novela doméstica."—<span class="smcap">Goethe.</span></p> + +<p><span class="smcap">El Vicario de Wakefield.</span>—"Lo más delicado de cuanto la inteligencia +humana ha producido en su género."—<span class="smcap">Walter Scott.</span></p> + +<p><span class="smcap">El Vicario de Wakefield.</span>—"Ningún otro escritor ha logrado con tan buen +suceso llegar á los fines del moralista. Pensamientos, humoradas y +agudezas abundan en cada página."—<span class="smcap">Washington Irving.</span></p> + +<p class="cb">—————</p> + +<p>La única versión española del <span class="smcap">Vicario de Wakefield</span>, completa y correcta +es la publicada por</p> + +<p class="cb"><br /> +D. APPLETON Y COMPAÑÍA,<br /> +EDITORES,<br /> +NUEVA YORK.</p> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La guardia blanca, by Arthur Conan Doyle + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUARDIA BLANCA *** + +***** This file should be named 36453-h.htm or 36453-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/6/4/5/36453/ + +Produced by David Starner, Chuck Greif and the Online +Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This +book was produced from scanned images of public domain +material from the Google Print project.) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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